LA BELLEZA DEL HORROR

Vivimos en el fondo de un infierno cada instante del cual es un milagro... E.M. Cioran

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Cada vez que uno viaja a otras ciudades se tienen dos sensaciones constantes. que no concluyen hasta el regreso. La primera es de emoción, la segunda de miedo. Ambas van de la mano. En todo caso, si hubiera que definir tal estado de ánimo diría que se trata de una ilusión llena de misterio. Es esperar que algo nuevo esté a punto de suceder y al mismo tiempo no saber qué sobrevendrá. Y por eso, aunque uno ande atento, todo se vuelve sorpresivo. Y qué decir del temor. Una metrópoli desconocida es a la vez fascinación y pavura. Todo aquello que no es familiar está inscrito en los ojos del miedo. Un terror que sin embargo puede virar hacia la magia 'de lo insólito o el agradecimiento por la novedad. Así, el irnos midiendo con la urbe extranjera y su gente supone aprender a estar entre la esperanza y el asombro. Las ciudades ajenas siempre son una especie de misterio a descubrir, un secreto que debe develarse con los pasos. La clave está en dejarse llevar por lo que dicte el viento. La conocida sentencia de Walter Benjamin lo consigna: la única manera de conocer una ciudad es perderse en sus entrañas. Ir descubriendo en sus callejuelas y pasajes ese secreto que toda urbe - c u a l mujer agazapada- encierra, y sólo devela a los iniciados que se atreven a penetrarla. El extravío, en efecto, puede ser la clave de nuevos hallazgos: cuando uno está perdido, RlíA (Lp> cualquier pisada se vuelve ya búsqueda y encuentro; no ya más Lw\ d i a W ~pasos al despoblado. Los viajes a otras ciudades deberían ser eso: puertas a lo que somos, espejos de cómo hemos cambiado.
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Sí. las gargantas desconocen el aire puro. Y acaso no es que el viajelnos transforme. la honible de Sebastián Salvador Bondy hasta La ciudad ausente de Ricardo Piglia. entre tantos espectáculos de la miseria. "de amor y de espanto". T e odio con el odio de la ilusión marchita escribió Amado Nervo.Desde Lima. todo aquí tiende a consumirse entre la belleza y el despojo: la mirada adivina una atmósfera repleta de borrosas partículas -baile de una filigrana minúscula de polvo-. parece una especie de recuerdo que se mantiene vivido en la memoria. Terminó aquel país. desde hace tiempo. la ciudad aparece como consumación y pérdida. como si se tratara de un incesante acabamiento. sino como el territorio del miedo: el espacio público como territorio ajeno o enajenado. no como algo exterior. A diferencia de losfldneurs que vivían el París de fines del siglo XIX. la más monstruosa. y entonces es como si se revelara lo que antes no podíamos ver. ni para conocer. Y a nadie le importa: de ese horror quién puede tener nostalgia. No sé si sucede lo mismo con las capitales europeas. sino para compararla con el Distrito Federal. masoquista signo del gozo. inaugurando una voluntad por hacer de la tragedia síntoma de identidad. pero no lo podemos ya habitar. pero uno se encuentra con testimonios cada vez más desgarrados de las urbes latinoamericanas. sobre la urbe latinoamericana hallamos magníficas exaltaciones de su desgracia. para el habitante de la ciudad de México visitar otra urbe es siempre un acto de autoelogio. la palinodia del polvo que Reyes cifró. pasando por esa inquietante novela corta de Rubén Fonseca (El arte de carninar por las calles de Río). El chovinismo de la catdstrofe . Es algo que fue y se halla en proceso de extinción. en un inexplicable elogio del desastre. todas esas historias parecieran destinadas a decir: jiiunca un laberinto más hermoso! Así. como si se tratara de un signo alentador. procuramos mostrar nuestras tragedias a quien viene de paso. En efecto. Pero de estas monstruópolis no sólo hay detrimento. de dulce caos. Entre el horror y la maravilla. ya no éramos los mismos. de bizarra belleza. los rostros no saben ya si las calles se hallan en construcción o en ruinas. si el amor o el espanto/ Será por eso que la quiero tanto (Borges). también el horror causa fascinación. los caserones inmensos adquieren un aire de mausoleos fúnebres. la literatura latinoamericana se encuentra hoy repleta de relatos fragmentados y casi siempre nostálgicos sobre las ciudades ya perdidas. las ciudades siguen generando una atracción imposible. uno puede verse a sí mismo sin su entorno cotidiano. hasta las crónicas de Los rituales del caos de Monsiváis o la excepcional Ciudad de Dios de Paulo Lins.Al situarse en otro lugar. acaso síntoma de una terapéutica mirada frente al absurdo de seguir habitando aquí. suele provocar esas sensaciones encontradas de asfixia y abrazo. En la evocación. Lo mismo ocurre cuando tenemos un visitante extranjero en casa. sino como la propia morada. Con la misma actitud que los chilangos. Una ciudad como ésta. No hay memoria del México de aquellos años. los latinoamericanos de hoy no experimentan las calles como intimidad y cercanía. iCómo entender este rasgo ambivalente presente en toda nuestra literatura urbana? . sino que nos permite apreciar cómo. Algo parecido sucede con algunas ciudades latinoamencanas. Sin embargo. su fundador simbólico escribió: No sé qué nos une más. esos espacios convulsos y en decadencia que algún día fueron indómita belleza o transparencia nítida. Juan Villoro alguna vez comparaba tal sensación con la que genera la imagen de la mujer barbuda. Un ejemplo es el final emblemático de Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco: Se acabd esa ciudad. a cada instante se incrementa el relato del pavor. Refiriéndose a la ciudad de México.resulta siempre vencedor: ninguna como nuestra megalópolis -la más poblada y contaminada. Sobre Buenos Aires.c o m o bien llamó Carlos Monsivais a esta actitud. Se va a otra ciudad no para vacacionar.

Situada entre el apocalipsis y la utopía. --- -------. Italo Calvino hablaba del infiemo que habitamos todos los días. Y aunque al habitar la ciudad muchas veces la empeoramos. la literatura se debate entre describir la manera en que hemos ido perdiendo la ciudad (deshabitando el espacio público) y postular unajorma de recuperarla. también de gozo.------ . los brazos y los pies decisivos. Pero es también cierto que la literatura suele transformar el horror en belleza. ese infierno construido por los otros y del cual podemos escapar también a través de los otros. Espacio distópico insalvable o lugar para pensar el futuro. a veces. en medio del tormento. Como dice Rilke. si comprendiéramosque lafascinacidn es un compuesto de ~ep&-tóqw&w& @kvioJazb)ique exusa paradojaase halla lo atractivo de esta ciudad monstruosa. sí. Es probable. y no no defatigas./ y los rostros perfectos. Paradigma de ello es la "Declaración de odio" de Efraín Huerta./ y la táctica en vilo de quienes hoy te odiad para amarte mañana cuando el alba sea alba/y no un chorro de insultos. expresa la conflictiva relación de los habitantes con su ciudad.. La ciudad hechiza justamente debido a esa mezcla de tragedia y hallazgo./ y no una puerta falsa para huir de rodillas. pero aun encantadora cual flautista que por medio de su música termina por hipnotizar el peligro? Salgamos entonces a recorrerla guiándonos por el azar -aquel otro nombre del destino-. sería más sencillo vivirla sin tanto agobio y sin tanto desprecio.- Al parecer. oh capital infame!" Sí. la urbe literaria es así una forma de exaltación de la modernidad cultural y a la vez. Margaret Mead no lo cree: escribió que el infierno es más vivo y convincente que el cielo. quizá debamos 570 \ comenzar a venerar la fealdad de la nuestra. En todo caso. cuando la capital sigue viva y al acecho allá afuera. para vivir en esta urbe se ha vuelto necesario aprender a amar el horror. la experiencia (y la escritura) citadtna se debate entre seguir dos direcciones disímiles y contradictorias. Calvino supone que amar el infiemo es la única manera de abrir puertas al paraíso. mejor que sufrir un infiemo es inventarlo. Si es que no decidimos abandonar la ciudad en busca de otras que provean los temores propios. iPara qué salir de aquí. Leemos así en la literatura un espacio urbano de doble signo: imán que atrae y prisión que encarcela. sin olvidar que amar siempre trae consigo sacrificios. que al fin nos provee de delirio y. De algún modo. sólo canjeable en un futuro ideal: Son las voces. a ese aire de belleza deteriorada.. Este doble movimiento descrito en esa experiencia dual del odio y el amor simultáneos. y los ojos de fuego.-----. pero que guardan una especial relación en cuya ambigüedad la urbe se percibe como contradicción constante: la esperanza y el miedo. donde se resume la forma en que el rencor se vuelve un fermento del amor hacia la ciudad. Y a lo había dicho Baudelaire: "j te amo. la distopia y el deseo. iCuá1 es en el fondo el sentido de la escritura urbana? iCómo amar una ciudad que se dirige hacia la calamidad y el caos? iLogra la literatura hacer del infierno tan querido un paraíso recobrado? Al final de Las ciudades invisibles. si el mundo nos ofrece tinieblas debemos aprender a amarlas. una protesta contra el incesante deterioro que el proceso de modernización provoca.

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