P. 1
El Jardín de las Hespérides: Hijos de Orión

El Jardín de las Hespérides: Hijos de Orión

|Views: 42|Likes:
Published by BubokSpain
http://www.bubok.es/libros/226295/El-Jardin-de-las-Hesperides-Hijos-de-Orion Tras el inesperado hallazgo del sarcófago antropoide fenicio hallado en tierras gaditanas de 1887, se sucede una serie de acontecimientos generados por un místico objeto ancestral que yacía oculto en el interior de la tumba. El misterioso objeto, pone en marcha una carrera contra reloj para dos codiciosas empresas de índole tecnológica y gubernamental que desean a toda costa poseer el codiciado objeto y lo que éste oculta en su interior, cuyo misterioso secreto podría desvelar la verdadera procedencia de la raza humana...
http://www.bubok.es/libros/226295/El-Jardin-de-las-Hesperides-Hijos-de-Orion Tras el inesperado hallazgo del sarcófago antropoide fenicio hallado en tierras gaditanas de 1887, se sucede una serie de acontecimientos generados por un místico objeto ancestral que yacía oculto en el interior de la tumba. El misterioso objeto, pone en marcha una carrera contra reloj para dos codiciosas empresas de índole tecnológica y gubernamental que desean a toda costa poseer el codiciado objeto y lo que éste oculta en su interior, cuyo misterioso secreto podría desvelar la verdadera procedencia de la raza humana...

More info:

Published by: BubokSpain on Jul 15, 2013
Copyright:Traditional Copyright: All rights reserved

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

03/03/2015

pdf

text

original

LL JARDÍN DL LAS HLSPLRIDLS

HIJOS DL ORIÓN













DAVID RAMOS


















Obra inscrita en el Registro de la Propiedad Intelectual bajo el título original
Ll Jardín de las lespérides`, expediente número R1A-6-13.
Cadiz 13 de diciembre de 2013.
Visítanos en www.íacebook.com,LlJardinDeLaslesperides·reí~hl












Deaicaao a ta vevoria ae vi. paare.; .va , [e.v. qve ve aierov ta riaa, a vi
bervava , cvvaao por .oportar vi. e·traragavcia., a vi. .obrivo. .va e írav por
.v ivcovaiciovat avor, a vi favitia aet barrio ´avta María por aaoptarve covo
vvo va. ev .v .evo, a íra por .v avi.taa , carivo ae.ae íovare. , ía í.ta, a ta
gevte ae Maaria por .v bo.pitatiaaa , avabitiaaa, a ta gevte ae Cbictava , Caai¸
a ta qve avoro, a toao. to. faceboo/er. qve ve avivav , ve .igvev, a toao. aqvetto.
qve bav rertiao .v covfiav¸a, apo,o e itv.iove. , qve bav forvaao parte ae vi riaa
ev cvatqvier vovevto.
Mvcba. Cracia..













Índice






Introducción. Un perecedero acontecimiento
I. Ll Primer contacto
II. La tercera pieza del puzzle
III. lonor y ambición caminan juntos de la mano
IV. Una dura decisión
V. Después de la tempestad llega la calma
VI. Ll Consejo
VII. Ll jo·en Matt
VIII. Una re·elación del proyecto
IX. Una sombra aparece sobre el imperio del sol
X. Un íantasma del pasado
XI. Descomponiendo los secretos de la manzana
XII. Ll loco de Camposoto
XIII. Una gran resaca
IVX. Una extrana en el camino
XV. Rodaje de un íalso montaje
XVI. Lntre rocas, reliquias y balas
XVII. Reunión de enamorados
XVIII. Proyecto cerrado
IXX. Bien·enido Dr. Anderson
XX. Lncuentro íamiliar íatídico
XXI. ¡Al rescate!
XXII. Comienza el esperado íinal
XXIII. La última conclusión
9
23
35
44
52
68
82
94
102
126
138
156
1¯3
183
200
214
235
24¯
266
284
306
314
334
354






















- 9 -
IN1RODUCCIÓN
|v pereceaero acovtecivievto


30 de Mayo de J887 Punta de La Vaca, Cádiz




De íorma encor·ada, Antonio machacaba con su
espiocha
1
a ritmos acompasados la barrosa tierra que le
rodeaba. Desmoronaba el duro suelo a cada golpe que
hallaba bajo sus pies. Obser·aba con el rabillo de su ojo
izquierdo, a su companero Carlos que no se encontraba
muy lejos de él. Con una compenetración muda de ambos,
decidieron dar una pequena pausa a su dura labor, para así,
gratiíicarse con un reírescante trago de agua.
-¡Chico! -llamaba Antonio casi ·ociíerando al pequeno
muchacho que portaba la íresca agua en un recipiente
ceramico mientras éste se desprendía de su boina y secaba
el sudor de su agrietada írente con una pasada de su brazo.
-,Agua senor· -decía el imberbe jo·en.
Sin mediar palabra alguna, Antonio agarró íuertemente
el botijo de barro cocido lleno del líquido elemento y lo
alzó al aire para echar un proíundo trago que ali·iara su
sequedad. Acto seguido, lo pasó directamente a Carlos.
-¡Dime Carlos.! -comentaba Antonio con cierto
cansancio- ,Para qué tanta prisa· -decía Antonio.

1
lerramienta íormada por una barra de hierro o acero con un mango
de madera, utilizado para ca·ar en terrenos duros y para agricultura.

- 10 -

Cuando Carlos hubo terminado de echar un largo trago
de íría agua y terminaba de limpiarse sus húmedos labios,
contestó a su amigo.
-1odo esto Antonio, es para el íuturo íinanciero de la
ciudad. -hizo una ligera pausa mientras de·ol·ía el
ceramico cantaro de agua al jo·en muchacho que estu·o en
todo momento esperando impacientemente a que
terminaran de beber, pues sus ser·icios, eran
inmediatamente reclamados por otros obreros.
-¡Nosotros ·amos a íormar parte de la historia de la
ciudad compadre! -continuaba argumentando a la ·ez que
se remangaba las mangas de su pol·orienta camisa a
cuadros- ¡Aquí mismo! Sobre nuestros pies, se esta
construyendo un pabellón na·al -continuó concierta pausa
su dialogo a la ·ez que hundía su herramienta con energía y
ahínco.
-,Pabellón na·al· -dijo Antonio con sorpresa mientras
obser·aba, no muy lejos de ellos, como crecían a pasos
agigantados los ·astos muros del íuturo pabellón.
-¡Sí, sí! Ls para una exposición marítima internacional
-continuaba Carlos argumentando a su camarada mientras
se escupía sali·a en ambas manos y agarraba íuertemente la
espiocha para continuar ca·ando- Mi cunado Miguel,
quien siempre esta metido en estos íregados, me comentó
ayer mientras cenabamos que todo esto tiene un coste
inicial de 300 000 pesetas y que ·an a ·enir personajes
ilustres para la inauguración.
-¡Pero estamos trabajando de sol a sol, por una perra
miseria! ,Para cuando te ha dicho tu cunado que debe estar

- 11 -
todo terminado· -dijo jadeando Antonio mientras
retomaba el pico y lo hundía íuertemente en la tierra.
-Para agosto, o sea dentro de tres meses. 1engo
entendido que el mismísimo rey de Lspana asistira al acto
de apertura, acompanado de Segismundo Moret
2
el
ministro de Lstado junto con el duque de Ldimburgo y los
duques de Géno·a -concluía a la ·ez que otro duro golpe
penetraba la tierra.
-¡A esos quisiera ·erlos yo aquí ca·ando por tres perras
gordas bajo este sol de justicia! -comentaba Antonio con
sarcasmo ante una autoridad pronunciada mientras sonreía
y miraba a Carlos en busca de su aprobación silenciosa y
unanime.
-¡1u cunado estara bien iníormado de todo esto.!
,no· -dijo Antonio nue·amente a cada golpe de pico.
-¡Claro hombre!, es hijo de uno de los arquitectos que
han hecho este proyecto posible. Pero Antonio, de lo que
te cuento ni una palabra a nadie ,·ale· -dijo Carlos
haciendo una repentina pausa acreditando importancia a su
re·elación.
-¡Descuida hombre!, ya sabes que yo para estas cosas
soy como una tumba -apaciguó sua·emente las palabras
de Carlos sin tan siquiera dirigirle la mirada.
Después de cientos de golpes acometidos en la barrosa y
íangosa tierra, el sol se escondía tímido una ·ez mas
lentamente a sus espaldas. De los centenares y miles de
monótonos golpes de pico, hubo uno que resultó contener
una pequena resonancia sonora que transíormó la cara del

2
,Cadiz, 2 de junio de 1833- Madrid, 28 de enero de 1913,, íue un
hacendista, literato y político espanol.

- 12 -

obrero en un ·erdadero interrogante. Después de ca·ar
sua·emente la zona del impacto y con ayuda de un
arrugado y sucio panuelo deshilado, se agachó, y a modo de
sutil limpieza, pasó el panuelo por la hipotética zona donde
se produjo el sórdido sonido, y descubrió, que lo que
accidentalmente hubo golpeado era un duro y extrano
cuerpo rocoso que para nada tenía que ·er con el granulado
del subsuelo arcilloso que había estado golpeando
incansablemente desde tempranas horas del día.
-¡Carlos! ¡Carlos! -llamaba débilmente Antonio a su
companero con sigilosos mo·imientos de brazos en senal
de acercamiento y mirando cautelosamente a ambos lados
de la zona de obras.
Carlos, extranado por el comportamiento de Antonio, se
contagió repentinamente de su íorma sigilosa de obser·arlo
todo con mucha cautela. Soltó el pico y se dirigió
rapidamente hacia él preguntando en silencio y con
ademanes de exclamación.
-,Qué ocurre· -dijo sin alzar la ·oz y con cierto aire de
desconocimiento.
-¡Agachate y mira esto! -dijo Antonio cada ·ez mas
asombrado.
Carlos entró en la proíunda ca·idad que su amigo había
ca·ado, y en el íondo, pudo ·er un blanquecino mineral
impropio de aquella zona.
-¡Ls marmol, creo! -dijo sorprendido.
-¡Sí, eso mismo he pensado yo! -respondió
inmediatamente Antonio mientras ·igilaba la oportuna
presencia del capataz de obra, que como era costumbre,
cada media hora se acercaba a realizar in·entario sobre el

- 13 -
progreso de los trabajadores y a tomar muestras del
subsuelo ca·ado.
-¡Aparta el panuelo y ·eras! -continuó Antonio
entusiasmado.
Carlos apartó lentamente el panuelo que se encontraba
totalmente extendido y que al principio no le dio
importancia alguna el que estu·iera colocado de íorma
casual. Lo apartó, y bajo éste, apareció la re·elación de una
protuberancia tallada en el marmol con la íorma
humanizada de unos dedos. Lstupeíacto, miró
directamente a los ojos de su amigo y sin mediar palabra
alguna, continuó raspando la zona con el sucio panuelo
hasta descubrir al completo el tallado de los cinco dedos
pertenecientes a un pie esculpido en dura piedra.
-¡Antonio, esto es increíble! -dijo ner·ioso Carlos por
el casual descubrimiento.
-¡Sí, sí lo es! -decía Antonio mientras continuaba
·igilando las zonas que írecuentaba el capataz.
-¡1enemos que a·isar inmediatamente al capataz de
este hallazgo! -dijo Carlos.
-¡De esto ni una palabra a nadie, Carlos! -dijo
rotundamente Antonio mientras cla·aba su seria mirada en
la de su amigo iníligiendo una súbita temeridad.
-¡Pero pueden recompensarnos.! -continuaba Carlos
intentando hacer entrar en razón a su amigo.
-¡Ni una palabra Carlos! -repitió y dio por zanjada la
con·ersación a la ·ez que bajaba a la ca·idad y ·ol·ía a
cubrir los dedos tallados con el panuelo. Posteriormente
·ertió tierra sobre éste para cubrirlo y disimularlo.

- 14 -

Paralelamente, sonaba un relajado a·iso acústico que
auguraba la íinalización de la jornada laboral. Los obreros
automaticamente soltaban sus utensilios de trabajo y se
dirigían cansados a la salida, hasta el próximo día.
-¡Reúnete conmigo aquí después de la cena Carlos!
-dijo Antonio seriamente a su amigo mientras agarraba
íuertemente su brazo y lo miraba íijamente a los ojos-. Ln
menos de tres horas, ca·aremos juntos y descubriremos
que se esconde bajo esta tierra ¡trae algo para alumbrarnos!
-Pero Antonio, esto no esta bien. -decía con cierto
miedo Carlos.
-1e prometo, que manana a primera hora a·isaremos al
capataz del hallazgo, pero antes tengo que ·er con mis
propios ojos que se esconde aquí debajo -decía Antonio a
su amigo con un tono ahora mas calmado y tranquilizador.













- 15 -
Al cabo de tres horas mas tarde, los amigos se encontraron
en las íuturas instalaciones del pabellón de exposiciones
na·ales, acompanados únicamente con la luz que
desprendía la luna llena que se encontraba justamente a sus
espaldas. Ln silencio, caminaron juntos hasta el soca·ón,
encendieron unas pequenas ·elas que distribuyeron
alrededor de la exca·ación y con mucho sigilo y precaución
comenzaron a ca·ar. Después de un largo rato de duras
incursiones en el arcilloso hueco y esmerada limpieza del
objeto, se encontraron ante un sarcóíago antropoide de
origen íenicio, el cual claramente, describía un cuerpo
masculino grabado en piedra blanquecina. Podía obser·arse
claramente a la luz de las consumidas ·elas, el rostro de un
hombre barbudo, con pelo rizado, que sujetaba en una de
sus manos, lo que podía ser una manzana o granada. Ln la
otra mano, sostenía lo que podría ser una corona de hojas
de laurel, por lo que llegaron a deducir que podría tratarse
de un cada·er de distinguidos honores, de un rey o quizas
de una deidad. Los amigos, sonrientes e ilusionados por tal
descubrimiento, actuaron como míseros saqueadores de
tumbas. Con delicado cuidado y un esíuerzo adicional,
ayudados por una impro·isada y rudimentaria palanca,
desplazaron la pesada tapa que cubría el sarcóíago. Un
in·isible íuerte olor salió de su interior aboíeteando a los
dos obreros. Ll aire ·iciado, ·iejo y mezclado del
moribundo cada·er, escapó hacia el oscuro íirmamento
estrellado. Se santiguaron en conjunto y procedieron a
recoger los abalorios íunerarios y demas objetos que junto
al esqueleto, encontraron en períectas condiciones. Dejaron
algunos objetos como senal ineludible de mantener el
descubrimiento intacto, para así, mostrar al capataz a la
manana ·enidera, su hallazgo sin precedentes.

- 16 -

Particularmente, Antonio recogió un pesado objeto no
mayor que la palma de su mano. Se trataba aparentemente
de una manzana tallada en oro, que a su alrededor tenía
inscrita una serie de palabras o símbolos que la pobre
mente de Antonio no podía siquiera imaginar de su
procedencia y mucho menos pronunciar. Ante tal
imperioso saqueamiento, en·ol·ió el objeto dorado con un
panuelo limpio y siguió esgrimiendo junto a su amigo los
siguientes objetos, teniendo especial cuidado de remo·er
parte alguna de los restos óseos del cada·er. Decidieron
por íin dejar algunos objetos de menor ·alor, al menos para
ellos y apresuradamente ·ol·ieron a cerrar cuidadosamente
la pesada tapa del sarcóíago, ·ertiendo mas tarde, tierra
sobre él, quedando de esta íorma enterrado a los ojos del
mundo nue·amente. Pensaron, que manana a primera hora,
ellos serían los descubridores pioneros de tal
acontecimiento y serían económicamente recompensados, y
publicadas sus íotos en la prensa nacional.
A la manana siguiente, justo cuando el sol lanzaba sus
primeros rayos de luz, el jo·en imberbe que abastecía
ser·icios como aguador de la obra, tropezó
inconscientemente con el palo de una azada que yacía
semienterrada, dando de bruces contra el suelo. Cuando se
incorporó, con el rostro aún manchado de tierra, obser·ó
atentamente el soca·ón que Antonio y Carlos exca·aron la
noche anterior, se introdujo dentro de los cerca de cuatro
metros cuadrados exca·ados y detectó con sus débiles
pisadas un íirme liso que le pareció algo impropio en ese
lugar. Se inclinó ante ese íirme y remo·ió algo de tierra
arcillosa, descubriendo de íorma casual para el jo·en el
hallazgo que minuciosamente ambos amigos habían

- 1¯ -
ocultado con anhelo. La cara barbuda íenicia, apareció ante
sus acuosos ojos entre restos granulados de tierras
esparcidas y el jo·en, no pudo e·itar emitir un grito
alarmante de sorpresa y miedo ante tal abismal y grotesco
rostro. Dicho alarido, íue escuchado atentamente y con
intriga por el capataz de la obra que hacía recuento del
personal obrero existente como cada manana. Lste, con
cierta curiosidad giraba automaticamente su cabeza
agudizando sus oídos e intentando conocer la íuente
sonora que pro·ocó dicho sonido tan estremecedor, sónico
y siniestro. Ln la lejanía, obser·ó como un jo·en muchacho
salía apresuradamente del horizonte de la tierra hacia su
dirección.
-¡Capataz!, ¡capataz! -gritaba el chico mientras corría
en su busca y haciendo aspa·ientos con sus delgados
brazos.
-,Qué te sucede muchacho· -decía el capataz mientras
iba a su encuentro alarmado y ata·iado de un grueso libro
de anotaciones.
-¡Una tumba senor!, ¡hay una tumba allí mismo! -dijo
el jo·en jadeando y senalando temblorosamente su intuiti·a
ubicación.
Ll capataz, hizo senales a los obreros que acababan de
incorporarse a la obra para que lo siguieran. Con ayuda de
cinco hombres abastecidos con azadas y espiochas,
comenzaron a desenterrar el sarcóíago antropoide íenicio,
mientras que, paralelamente quedaban sorprendidos por
tanta belleza ancestral. Una ·ez desenterrado, abrieron la
pesada tapa y la colocaron estratégicamente ·ertical al cetro

- 18 -

para inmortalizar con una íotograíía
3
dicho acontecimiento
histórico que sin dudas pondrían a Cadiz en la cabeza del
asentamiento íenicio mas importante de Occidente.
Mientras tanto, paralelamente a la hora del
descubrimiento, Antonio estaba con·aleciente en cama,
quejado de una extrana íiebre que se apoderó de él durante
el corto sueno que pudo apro·echar. Su rostro, palido
como un día gris de llu·ia, sus manos, temblorosas como el
·iento que agita iracundo una bandera. Con acuoso sudor
írío en su cuerpo y un alto grado de destemplanza corpórea
tu·o que desistir de la idea de ·ol·er al trabajo. Su ilusión
por ser reconocido como el descubridor de la tumba íenicia
junto a su íiel companero Carlos, íue paulatinamente
menguada y desechada, aquella idea, de haber sido
recompensado económicamente por tal hazana. Al menos
no se había ido de manos ·acía, murmuraba él a la ·ez que
acariciaba la manzana dorada entre sus largos dedos. Su
mujer, que lo obser·aba entre las cortinas de la puerta se le
acercó.
-,Qué te ocurre Antonio· ¡No tienes buen aspecto!
-decía ella desconsolada por tal ·isual situación.
-No es nada mujer, sólo es un le·e resíriado que cogí
ayer noche. ¡Manana estaré bien! -decía Antonio
pronosticando que no era tan sólo un simple resíriado lo
que él padecía, pues pese a no ser médico ni poseer
conocimientos algunos en medicina, no era muy propio

3
La íotograíía real de este acontecimiento la realizó Pelayo Quintero
Atauri. Uclés ,Cuenca,, 26 de junio de 186¯ - 1etuan ,Marruecos, 2¯ de
octubre de 1946,. Arqueólogo, pintor y escritor espanol.


- 19 -
esos eíectos punzantes de ceíalea, respiración diíicultosa y
sudoración masi·a que se le iba presentando
ocasionalmente.
-,Lstas seguro· -decía inquieta su mujer.
-¡Sí carino!, ¡no te preocupes!, ¡obser·a.! -dijo
Antonio por no intranquilizar a su amada companera.
Con impetuoso mo·imiento, se incorporó sentandose
en el íilo de la cama y a continuación se alzó en pie con
insólita energía. Andu·o solamente tres pasos, cuando cayó
desplomado al suelo, entró en un estado de inconsciencia
temporal.
-¡Antonio! -gritaba su esposa asustada mientras lo
intentaba le·antar, a duras penas conseguía con sus golpes
que Antonio recobrara lentamente la consciencia.
Su hijo mayor, apareció de repente de entre las cortinas
y ·iendo la des·alida escena, apartó a su madre que
gimoteaba a la ·era de su senor padre, con impotencia. Con
sus íuertes brazos, acunó a su padre nue·amente en la
mullida cama.
-¡Madre! ¡Vaya a buscar al doctor! -dijo el jo·en Pablo.
Antonio, le·emente recuperó el conocimiento y agarró
la mano de su hijo Pablo y le dijo entre susurros.
-¡Pablo hijo mío.!
-¡No hables padre! ¡Descansa! -replicó Pablo.
-Mi hora esta cerca hijo, lo presiento. -continuó.
-¡No digas eso padre!, tan sólo es un resíriado. Madre
ha ido en busca del doctor, ¡todo ira bien! -suplicaba Pablo
internamente mientras hablaba.

- 20 -

-¡1en, toma esto! ¡Guardalo como sal·oconducto
económico, hijo! Os mantendréis a ílote para subsistir en
mi ausencia, éste es mi legado ,entiendes lo que te digo·
-di·agaba Antonio entre respiración y respiración a la ·ez
que obsequiaba a su amado hijo con la manzana dorada que
obtu·o ilícitamente del sarcóíago íenicio.
Pablo agarró la manzana sin darle importancia alguna y
asentía con su cabeza a todo lo que su apreciado padre le
decía.
Los ojos de Antonio se sellaron y nunca mas ·ol·ió a
·er la luz del día. Su cuerpo sin ·ida postrado en la
acolchada cama recordaba la pose de los restos íenicios que
horas antes pudo ·er en primicia.
La misma íortuna tu·o Carlos, su amigo, su compadre
que horas mas tarde expiró de la misma dolencia y se
reunió con su amigo en el reino de los cielos. Dos testigos
mudos que dejaron los pórticos del conocimiento
arqueológico cerrados, llenos de incertidumbre y erróneas
teorías del contenido total del sarcóíago antropoide.








You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->