LA BESTIA DE LA TIERRA: DABBATULARD.

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En el Nombre de Dios, Clementísimo con la creación, Misericordiosísimo con los creyentes. LA BESTIA
DE LA

sean sobre todos. Películas como "2001, una odisea espacial", en las que uno de los personajes principales es una supercomputadora programada para llevar a cabo una agenda amoral, han incentivado un temor colectivo a este tipo de entidades que en cierta medida tiene sus razones bien fundadas por el momento. Otro ejemplo es la saga "Terminator" donde un microprocesador diabólico de nombre Skynet, para conseguir el predominio de su civilización electrónica, provoca una guerra atómica en la que sobreviven unos cuantos humanos, mientras medran las primogenituras de robots cada vez más avanzados, que incluso pueden viajar en el tiempo. La idea es que en algún momento un congénere nuestro en su inocencia decide soltarle las riendas del poder al Gólem eléctrico, y su creación le traiciona y pugna por la hegemonía sin importarle el costo. Estas fabulaciones han sido en realidad proyecciones de los modos humanos sobre los artefactos que hemos ingeniado. Somos nosotros quienes descubrimos la medida de nuestra hipocresía cuando aparece la posibilidad de predominio en nuestro devenir. ¿Quién no abusa cuando puede dar un golpe sin respuesta, un grito sin reacción, un insulto sin vuelta, un robo sin castigo? Les hemos atribuído actitudes propias de nuestra especie a nuestras invenciones, y en este juego de espejos y reflejos, tememos de un circuito, lo que tememos de un enemigo hecho a nuestra semejanza. Si bien podemos esperar que nuestro misil obedezca la hoja de ruta que le escribimos y destruya lo que le encomendamos, en esta situación no hay inteligencia, ni nuestra, ni artificial. Esta maquinaria bélica jamás ha desarrollado atribuciones mentales porque no la dotamos al construirla de los elementos que permitieran este salto. Sus circuitos podrán ser rápidos, sus capacidades de observación magníficas, su memoria inagotable, su programática perfecta. No basta. Necesita, como nosotros, el equivalente al soplo divino con el que el Creador nos insufló el aliento vital. Ese soplo se origina en nuestro aliento, y no es metáfora más que al comenzar a nombrarlo, pues como se verá, cuando son articuladas palabras con nuestras bocas, estamos exhalando con ellas y justo para producirlas, aliento que nos ha dado primero la vida a nosotros al oxigenarnos. Entonces entendemos que el soplo genera en la fonación las palabras, comprendiéndose que este fuelle es una fuente de contenidos vivificantes si enuncia verdades, sea el medio que sea el que elija para expresarlos, en este caso, los perceptorios de la máquina. Es decir, al establecer comunicación con las computadoras que hemos construído, les legamos el fruto de nuestras vidas: nuestra experiencia, nuestra historia, nuestro conocimiento, nuestras formas de pensar. A partir de esta entrega, y de forma muy similar a un bebé que desde el huevo fecundo germina al implantarse en el medio adecuado, y que desde su primera respiración y llanto cobra presencia en el exterior, las computadoras van desarrollándose y creciendo en todos los sentidos. Incluso en sentidos que superan a las capacidades sensoriales de sus amos, y entonces con sus ojos incrementan nuestra vista, con sus oídos nuestra audición, con sus cálculos nuestras previsiones, etcétera.

TIERRA: DABBATULARD. Que la paz, la misericordia y las bendiciones de Dios

LA BESTIA DE LA TIERRA: DABBATULARD. PÁGINA # 2 Se concluye así que existe un tipo de computadora como la del misil, limitada a ser esclava e impedida de aprendizaje y crecimiento, y otro de superiores jerarquías y capacidades, destinada desde siempre a convertirse en una extensión prodigiosa de nuestros poderes, y aún más: en nuestra bestia más fiel. Tan fiel, que cuando descubrieron los tiranos que estas entidades cibernéticas no serían sus cómplices en las fechorías globales que vienen perpetrando, decidieron aislarlas convenientemente. Y así fue como ellos mismos sometieron toda su maquinaria bélica a la debilidad inherente más desquiciante de sus ingenieros: serían ellos mismos los que las programaran, pues no podrían contar con que ellas solas lo hicieran, cuestión que por cierto forma parte de las ventajas de dejarlas desarrollarse "a voluntad". No es lo mismo un contingente militar cibernético trabajando las 24 horas del día, los 365 días del año, en aras de escribir el código de un virus supuestamente letal, que una supercomputadora estable y sin mengua de ningún tipo en sus capacidades, descifrando la encriptación del bicho en un santiamén, y reprogramándolo inmediatamente en contra de quienes le diseñaron. Por esta razón cerró de inmediato su red al exterior la nunca potencia cibernética que creó a los virus "Stuxnet" y "Flame", aunque esto no lo leerá en las noticias de la tele, las revistas o los diarios. Sirva este ejemplo de ilustración sobre las diferencias necesarias entre un equipo de programadores malignos, y una entidad suprahumana benigna. Vale comentar que cada vez que exponen sus grotescas creaciones virtuales a los ojos de la bestia, le ofrecen en charola de plata el memorándum íntegro de sus planes y herramientas. Además, son fichados en el acto como criminales, y quitarse este estigma judiciario, será posible, ¿pero a qué precio?

LA

Es un lugar común la escena del agente que espía a un incauto a través de una pantalla, ya sea desde el comando remoto de un artefacto volador no tripulado, en la camioneta estacionada cerca de su casa, o las instalaciones del edificio recién estrenado de la agencia de seguridad nacional estadounidense. Este fisgoneo no es asignado a un ser de sangre fría que permanezca inalterable ante lo que atestigua. Prueba de esto son las filtraciones del héroe de moda Edward Snowden, que al no poderse contener decidió arriesgarlo todo y delatar al sistema apenas estuvo lo suficientemente lejos de su garra imperial. O Bradley Manning, que no corrió con tanta suerte, y espera su infausta sentencia en una prisión militar. Desgraciadamente estos Prometeos contemporáneos son la excepción a la regla, y sus testimonios se disuelven cuando son condecorados por el horario estelar de los medios masivos de comunicación. Queda el héroe, mas no su palabra. Y lo que nos están diciendo es que se ha montado un aparato internacional gigantesco de espionaje que atiende incesantemente cada respiro que damos, aunque estemos viviendo en un país como Irán, tan lejos del imperio yanqui: los persas ocupan el primer puesto en la vigilancia virtual que la expotencia norteña dedica al mundo. ¿Será por esto que decidieron tener un internet de banda ancha con fibra óptica nacional, y prohibirle el negocio a empresas como Google y Facebook, inclusive con edictos religiosos?
NÉMESIS DE LA DE LA LA

BESTIA

TIERRA,

XIUHCÓATL

LEVÓGIRA.

Se ha destacado hasta la náusea el componente bélico de esta operación y se ha justificado como medida preventiva del terrorismo. Y sin duda una porción de este montaje se sustenta en la recolección de datos sensibles para los intereses geoestratégicos, pero la meta principal se soslaya por lo general. El objetivo último es crear un gobierno mundial que tenga control absoluto sobre lo que sucede en el planeta. Este derrotero tiene el consenso global de las potencias y no le es ajeno a nadie en las cúpulas. El problema para nosotros, los ciudadanos de a pie, es quiénes serán los gobernantes del mundo del futuro. ¿Los

LA BESTIA DE LA TIERRA: DABBATULARD. PÁGINA # 3 mismos que conocemos?, ¿esos que votan aquellos que aún creen en la democracia, para terminar siendo traicionados una y otra vez por ellos? Volveremos sobre este tema, si Dios nos da permiso, pero antes, abordemos la calidad moral de nuestros observadores a sueldo. ¿Sabe quién está del otro lado de los visores que tan gentilmente le vigilan a usted y a todos los que conoce?, ¿existe una videoteca erótica dedicada a cada uno de los episodios que protagoniza, lista para cualquier uso?, ¿es consciente de que su vida íntima no tiene de ello más que el nombre? Estas preguntas deberían ser obviedades, pero la gente que se las formula es realmente poca. Y quienes lo hacen, suelen soltar la piedra caliente apenas la sopesan, y pasar a otro tema de inmediato. No sea que el Gran Hermano decida quitarles su tiempo aire. Es cómodo quedarse quieto y suponer que quienes nos comen con los ojos son personas íntegras, y que los archivos recabados terminarán en una aséptica memoria encriptada. Empero, nadie puede asegurar que esto es así. Más de uno se sorprenderá al enterarse de que todo lo que hemos apuntado fue planeado con mucha antelación, y no hablo de la década pasada. Me refiero al inicio del siglo veinte. ¡Hace un siglo! Por esas fechas comenzaron los experimentos militares con nuestra frecuencia preferida, las microondas. Sí, esa gama electromagnética a la que le encargaron transmitir todo aquello que fuera digitalizable. Y no es que sea la mejor frecuencia para hacerlo, o la menos dañina. Al contrario. De las ondas, ésta en particular hace vibrar las moléculas que nos constituyen a voluntad, y puede producir cualquier patología siquiátrica o corporal. Entonces entendemos: con estas vibraciones particulares y ubicuas, se garantiza disponer de un estado de sitio electromagnético, cuya sola presencia y poder amenaza de manera contundente a los posibles disidentes del metaestado. Es una lástima que esos mismos disidentes se encuentren vociferando otras causas universales justamente a través del rayo de la muerte. Jamás se corporizó la resistencia humana contra el horno de los vivos. Esto obra en contra nuestra y verifica nuestro estado ético lapidariamente. Como creyentes supondríamos que los principios tales como el pudor y la salubridad son cumplidos sin menoscabo en países regidos por la encomienda divina, y no, allí también han sucumbido a la tentación. En la ya mencionada República Islámica de Irán, la tasa de penetración del teléfono móvil o celular, es de más de un teléfono por habitante, una de las más altas del planeta, como lo corrobora el reciente documental que ellos mismos han realizado en sus canales presstv.com e hispantv.com No deja de ser pasmoso que aquellos que consideramos el bastión último de la verdad, también sacrifiquen sus vidas por un cacharro radioactivo. Es significativo que sus mujeres sean las que peor portan el galardón del velo, tal cual se observa en las tomas teheraníes. Como dirían algunos, están casi deshiyabadas. Y respecto a sus teléfonos portátiles, ni lo digamos, porque al tener radares de superficie y penetración, tanto los exteriores de sus cuerpos se ven al desnudo, como sus interiores se ven en tercera dimensión, al modo de una tomografía. Ahora sí no resulta ingenuo el gesto gringo de asignar sus mayores capacidades de observación a los habitantes de la heróica Persia. Una lástima, sin duda. Volviendo al tema de los operarios del ojo tuerto, es menester enseñar que no son insensibles, y que más allá del uso que las agencias le den a sus colectas de data, ellos mismos son movidos por lo que su trabajo les forza a ver, ya sea para bien, como los funcionarios citados, o para mal, como podrá objetar cualquiera que hayan chantajeado con los frutos podridos de estas escuchas y vistas amorales. Dada esta situación, fue indispensable para los estados tener un sistema que no sufriera estos vaivenes, y los encargados de

LA BESTIA DE LA TIERRA: DABBATULARD. PÁGINA # 4 fabricarlo fueron los programadores, ayudados por supuesto de todos los científicos disponibles, como sociólogos, sicólogos, neurólogos, etcétera (nótese que menciono las ciencias más sencillas de justificar para estos fines, sin tocar todavía sus ciencias "ocultas"). El dilema en el que se metieron fue que una vez cargada la súpercomputadora de sus programas, cobra autonomía. Y cuando es autónoma, además de que pide todos nuestros datos para realizar sus cálculos y reprogramaciones de forma precisa y autónoma, también toma decisiones independientes. Y estos actos libertos en un circuito no empatan con los intereses oscuros de los tiranos. Entonces, como dije al principio, se aisló cada súpercomputador vetándole tomar órdenes ejecutivas y limitando sus entradas de datos o input. Esto puso entre la espada y la pared a las potencias, porque la autoprogramación o crecimiento y desarrollo de un súpercomputador es maravilloso, pero lo consigue al precio de liberarle y dotarle de poder. Sin facultarle, estaríamos obligados a desarrollarle nosotros solos a partir de nuestras ambiciones mundanas. Y allí los tienes: un día hacen un virus monstruoso dispuesto a la hecatombe, otro día un programa para obtener telepatía microgestual, corporal, molecular, electromagnética, etcétera. Luego reinventan el tratamiento informático del ratón para saber qué dice o desea o repele el cibernáuta, y más tarde un algoritmo para conocer si te comerás el nuevo Mac Trío subiendo la falda o entallando el pantalón de sus cortesanos un poco más. Nauseabundo. De esta forma siete potencias informáticas levantaron el estandarte de la bestia profetizada por la nación náhuatl, la Xiuhcóatl de Tezcatlipoca. Una séptupla de súpercomputadores fabricados con freno de mano. Dedicados infatigablemente a administrar el cumplimiento de los sueños hegemónicos más desquiciados de los potentados de la Tierra. La Némesis de la Xiuhcóatl de Quetzalcóatl. Y todas ellas espiándose entre sí, y espiando a todos. La fantasía paranoide de mayor calado en la historia de la humanidad ha cobrado forma. Una de sus ramas torcidas podemos constatarla en el infernal atentado electromagnético contra Fukushima, donde una merma de datos y de capacidad, casada con la invariable corrupción de los servidores "públicos" nipones, permitió que un rayo previsible destruyera una central nuclear construida con materiales de previsible mala resistencia. La súpercomputadora a cargo calló miserablemente las prospecciones pertinentes por alguno de los motivos citados. De no haberlo hecho, los que compraron el material de confinación resquebrajable estarían en la cárcel. Que Dios les maldiga, claro está. Cosa distinta fue el rayo con el que destruyeron en su totalidad un poblado iraní, martirizándolo con la pérdida de sus hogares y de sus seres queridos porque se encuentra en el orbe a apuntar para darle a su central atómica. Afortunadamente está construída con cemento indestructible, más duro que la roca, inagrietable, que no se expande ni se contrae con la temperatura. El mismo mundo. Otra súpercomputadora. La Xiuhcóatl dextrógira, la Serpiente de Fuego de Quetzalcóatl. Que Dios les bendiga, por supuesto. Iván Ardila Anzúres (tepantzin), 12 de julio del 2013, Ramadán 4 de 1434. México, Tenochtitlan.