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“El ABC del comunismo libertario” de Alexander Berkman

“El ABC del comunismo libertario” de Alexander Berkman

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No es las bombas, el desorden o el caos.
No es el robo y el asesinato.
No es una guerra de todos contra todos.
No es un retorno a la barbarie o al estado salvaje del hombre.
El anarquismo es precisamente lo opuesto a todo esto.

El anarquismo significa que tú serías libre, que nadie te esclavizaría, ni sería tu jefe, ni te robaría, ni se impondría a ti.

Significa que tú serías libre para hacer las cosas que deseas hacer y que tú no serías obligado a hacer lo que no quieres hacer.

Significa que tú tendrías una oportunidad para escoger el género de vida que deseas vivir y vivirla sin ninguna interferencia.
No es las bombas, el desorden o el caos.
No es el robo y el asesinato.
No es una guerra de todos contra todos.
No es un retorno a la barbarie o al estado salvaje del hombre.
El anarquismo es precisamente lo opuesto a todo esto.

El anarquismo significa que tú serías libre, que nadie te esclavizaría, ni sería tu jefe, ni te robaría, ni se impondría a ti.

Significa que tú serías libre para hacer las cosas que deseas hacer y que tú no serías obligado a hacer lo que no quieres hacer.

Significa que tú tendrías una oportunidad para escoger el género de vida que deseas vivir y vivirla sin ninguna interferencia.

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Published by: Libertaria Práxedis Guerrero on Jul 20, 2013
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05/14/2014

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Me alegro de que tu amigo hiciera la pregunta, pues cada trabajador se da cuenta de la
importancia que tiene este asunto del paro para él. Sabes lo que es tu vida cuando estás fuera
del trabajo; y cuando tienes un empleo, sabes cómo cuelga sobre ti el temor de perderlo.
También te das cuenta del peligro que supone el ejército permanente de parados cuando te
lanzas a la huelga por mejores condiciones. Sabes que los esquiroles son reclutados entre los
parados a los que el capitalismo siempre tiene a mano para ayudarle a romper tu huelga.

«¿Cómo dispone el capitalismo de los parados?», preguntas.

Simplemente obligándote a trabajar largas jornadas y lo más duro posible de modo que
produzcas la mayor cantidad. Todos los modernos esquemas de «eficiencia», el sistema Taylor
y otros sistemas de «economía» y de «racionalización» sirven tan sólo para exprimir grandes
ganancias del trabajador. Es economía tan sólo en interés del empresario. Pero en lo que se
refiere a ti, el trabajador, esta «economía» supone el gasto más grande de tu esfuerzo y de tu
energía, un desgaste fatal de tu vitalidad.

Le conviene al empresario utilizar y explotar tu fuerza y habilidad con la máxima intensidad.
Verdaderamente esto arruina tu salud y destruye tu sistema nervioso, te convierte en presa de
la enfermedad y los achaques (existen incluso especiales enfermedades proletarias), te mutila y
te lleva a una muerte temprana; pero, ¿qué le importa todo eso a tu patrón? ¿No hay miles de

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parados que esperan conseguir tu trabajo y que están dispuestos a cogerlo en el momento en
que estés incapacitado o muerto?

Por esta razón, le conviene al capitalista mantener un ejército de parados a mano. Es una parte
y una parcela del sistema salarial, una característica necesaria e inevitable de él.

Al pueblo le interesa que no haya paro, que todos tengan una oportunidad de trabajar y de
ganar su sustento, que todos contribuyan, cada uno de acuerdo con su habilidad y su fuerza, a
incrementar la riqueza del país, de modo que todos sean capaces de tener una participación
más grande en ella.

Pero el capitalismo no está interesado en el bienestar del pueblo. El capitalismo, como lo he
mostrado antes, está interesado tan sólo en la ganancia. Empleando menos gente y
haciéndoles trabajar largas jornadas se puede sacar más ganancia que dando trabajo a más
gente con jornadas más cortas. Por eso le interesa más a tu empresario, por ejemplo, hacer
trabajar a 100 personas durante diez horas diarias, que emplear a 200 durante cinco horas.
Necesitaría más espacio para 200 que para 100, una fábrica más grande, más herramientas y
maquinaria, etc. Es decir, necesitaría más inversión de capital. El empleo de una fuerza mayor
durante menos horas aportaría menos ganancia, y esa es la razón por la que tu empresario no
dirigiría su fábrica o su tienda en esa forma. Lo cual significa que un sistema de buscar
ganancias no es compatible con consideraciones de humanidad y de bienestar de los
trabajadores. Al contrario, cuanto más duro y más «eficientemente» trabajes, y cuantas más
horas permanezcas allí, tanto mejor para el empresario y tanta mayor será la ganancia.

Puedes ver, por tanto, que el capitalismo no está interesado en emplear a todos los que desean
y son capaces de trabajar. Al contrario, un mínimo de «brazos» y un máximo de esfuerzo es el
principio y la ganancia del sistema capitalista. Este es todo el secreto de cualquier esquema de
«racionalización». Y esta es la razón por la que encontrarás a millares de personas en cada
país capitalista deseando trabajar y ansiosos por trabajar, pero incapaces de conseguir un
empleo. Este ejército de parados es una amenaza constante a tu nivel de vida. Están
dispuestos a coger tu puesto con una paga inferior, porque la necesidad los impulsa a esto.
Esto es, por supuesto, muy ventajoso para el patrón; es un látigo en sus manos que mantiene
constantemente sobre ti, para que trabajes como un negro por él y sepas «comportarte».

Puedes ver por ti mismo lo peligrosa y degradante que es una situación así para el trabajador,
sin hablar de otros males del sistema.

«¿Entonces por qué no suprimir el paro?», preguntas. Sí, sería estupendo suprimirlo. Pero sólo
se podría realizar suprimiendo el sistema capitalista y su esclavitud asalariada. Mientras que
tengas capitalismo -o cualquier otro sistema de explotación del trabajo y de hacer ganancias-,
tendrás paro. El capitalismo no puede existir sin él, es algo inherente al sistema salarial. Es la
condición fundamental de una producción capitalista con éxito.

«¿Por qué?»

Porque el sistema industrial capitalista no produce para las necesidades del pueblo, produce
para la ganancia. Los industriales no producen mercancías porque la gente las necesite y no
producen tantas cuantas se necesitan. Producen lo que esperan vender y vender con una
ganancia.

Si tuviéramos un sistema sensato, produciríamos las cosas que la gente necesita y la cantidad
que necesita. Supón que los habitantes de una cierta localidad necesitaran 1.000 pares de
zapatos, y supón que tuviéramos 50 zapateros para ese trabajo. Entonces en un trabajo de 20
horas esos zapateros producirían los zapatos que necesita nuestra comunidad.

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Pero el fabricante de calzado actual no sabe y no se preocupa de cuántos pares de zapatos
necesitan. Miles de personas pueden necesitar unos zapatos nuevos en tu ciudad, pero no
pueden permitirse el comprarlos. Por eso, ¿para qué necesita el fabricante conocer quién
necesita zapatos? Lo que necesita saber es quién puede comprar los zapatos que él hace,
cuántos pares puede él vender con ganancia.

¿Qué sucede? Bien, él hará que se produzcan aproximadamente tantos pares de zapatos como
piensa que será capaz de vender. Hará lo posible por producirlos tan baratos y venderlos tan
caros como pueda, de modo que saque una buena ganancia. Por consiguiente, empleará tan
pocos obreros como sea posible para producir la cantidad de zapatos que necesita y los hará
trabajar tan «eficientemente» y tan duramente como pueda obligarles a ello.

Ves que la producción para la ganancia significa largas jornadas y menos personas empleadas
que lo que sería la producción para el uso.

El capitalismo es el sistema de producción para la ganancia y por eso el capitalismo siempre
tiene que tener parados.

Pero sigue examinando este sistema de producción para la ganancia y verás que este mal
básico hace funcionar otros cien males.

Sigamos con el fabricante de calzado de tu ciudad. No tiene medio para saber, como ya he
indicado, quién será o no será capaz de comprar sus zapatos. Hace una conjetura grosera, él
calcula, y decide producir, digamos, 50.000 pares. Luego pone su producto en el mercado. Es
decir, el comerciante al por mayor, el agiotista y el detallista los poseen a la venta.

Supón que sólo se venden 30.000 pares; 20.000 pares permanecen disponibles. Nuestro
fabricante, incapaz de vender el saldo en su propia ciudad, intentará disponer de él en alguna
otra parte del país. Pero los fabricantes de calzado allí han tenido también la misma
experiencia. Por tanto, no pueden vender todo lo que han producido. La oferta de zapatos es
mayor que la demanda de ellos, según te dicen. Tienen que disminuir la producción. Esto
supone el despido de algunos de sus empleados, incrementando de esta manera el ejército de
parados.

«Sobreproducción» denominan a esto. Pero en verdad no es en modo alguno sobreproducción.
Es bajo consumo, porque hay mucha gente que necesita zapatos nuevos, pero que no pueden
permitirse el comprarlos.

¿El resultado? Los almacenes están repletos de los zapatos que el pueblo necesita pero que no
puede comprarse; las tiendas y las fábricas cierran por un «exceso de oferta». Lo mismo ocurre
en otras industrias. Te dicen que hay una «crisis» y que tienen que reducirse tus salarios.

Reducen tus salarios, te dejan trabajar sólo una parte de la jornada o pierdes tu trabajo del todo.
De esta manera arrojan de su empleo a miles de hombres y mujeres. Sus salarios se acaban y
no pueden comprar el alimento y las otras cosas que necesitan. ¿Es que no se tienen esas
cosas? No, al contrario; los almacenes y grandes tiendas están llenas de ellas, hay
demasiadas, hay «sobreproducción».

De este modo el sistema capitalista de producción para la ganancia desemboca en una
situación disparatada:

1) La gente tiene que morirse de hambre, no porque no haya suficiente alimento, sino porque
hay demasiado; tienen que prescindir de las cosas que necesitan, porque hay demasiadas
cosas disponibles;

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2) Porque hay demasiado, se disminuye la producción industrial, arrojando del trabajo a

millares;

3) Al encontrarse fuera del trabajo y, por consiguiente, al no ganar, estos millares pierden su
capacidad de compra, como resultado de esto sufren el tendero, el carnicero, el sastre, etc.
Esto supone un incremento general del paro, y la crisis se empeora.

Bajo el capitalismo esto ocurre en cada industria.

Tales crisis son inevitables en un sistema de producción para la ganancia. Ocurren de vez en
cuando; retornan periódicamente, y siempre se hacen peores. Privan a miles y a cientos de
miles del empleo, causando la pobreza, la angustia y una miseria indecible. Tienen como
resultado la bancarrota y las quiebras bancarias que se tragan todo lo poco que el trabajador ha
ahorrado en tiempos de «prosperidad». Causan necesidad e indigencia, empujan a la gente a la
desesperación y al crimen, al suicidio y a la locura.

Tales son los resultados de la producción para la ganancia; tales son los frutos del sistema del
capitalismo.

Sin embargo, no es esto todo. Hay otro resultado de este sistema, un resultado incluso peor que
todos los otros combinados.

Es la guerra.

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