You are on page 1of 18

Paul Auster El cuaderno rojo

y no se equivoc aba: aquel domingo de enero de 1979 Paul Auster rec ibió por teléfono. y a Ralph se le ponían los labios azules. la notic ia de que su padre había muerto. Pero rec uerda perfec tamente que. había empezado a esc ribir Paul Auster. porque hubiera c ruzado la alambrada en el lugar del explorador Ralph. A las oc ho de la mañana sonó el teléfono. c ayó un rayo. No era el esc ritor Paul Auster. a medio metro de Ralph: justo c uando Ralph pasaba bajo la alambrada. dijo una vez Paul Auster. O quizá. c ada vez más frías. Quizá el explorador Paul Auster hubiera muerto elec troc utado. la llamada telefónic a (pero me ac uerdo de una pelíc ula en la que el Doc tor Mabuse asesinaba demoliendo c erebros c on un zumbido que transmitía a través del hilo telefónic o). a la misma hora que me llamaron a mí. Paul arrastró a Ralph: que siguieran pasando los exploradores. Y se fueron antes de que ac abara el partido. poc o antes de que ac abara el partido. La únic a vez que Paul Auster c onsiguió que su padre lo llevara al fútbol (a Paul Auster lo llevaban al fútbol americ ano. y una notic ia que no puede esperar siempre es una mala notic ia. y después Paul. El día que Paul Auster fue de exc ursión al bosque estalló una tormenta: una tempestad de agua. Y terminó: “Y la nieve c ae sin fin en la noc he de invierno. III Los teléfonos son enigmátic os y amenazadores. Muc ha gente ha rec ibido a las oc ho de la mañana una llamada telefónic a que anunc iaba una muerte: el teléfono es una ruleta rusa. Conozc o la sensac ión de Paul Auster c uando salía del estadio. Se había desmayado Ralph. nada puede volver a ser lo mismo”. si enc ontraban un c laro. aunque el muerto no sea el que rec ibe el disparo. Los exploradores se pusieron en fila para pasar bajo la alambrada: ordenadamente. La noc he anterior Paul Auster se ac ostó muy tarde. sino un c olegial de trec e o c atorc e años que se llamaba Paul Auster. c ada vez más azules. desde el momento en que empieza a suc eder. Entonc es les llegó el turno a los exploradores Ralph y Paul. más allá de los peligros del bosque. y los exploradores c hillaban y lloraban rodeados por la tormenta. su padre dec idió que había que irse ya para evitar los atasc os de tráfic o. exac tamente tres años antes y tres meses después de que. Ralph se detuvo y Paul pasó a su izquierda. pasaba el verano en un c ampamento al norte del estado de Nueva York y treinta años después esc ribiría una novela llamada Leviatán . quizá no hubiera existido el esc ritor Paul Auster. Los exc ursionistas atravesaban un bosque: uno dijo que. primero Ralph. Había estado esc ribiendo: “Algo suc ede y. a las dos o las tres de la madrugada. Nadie llama un domingo a las oc ho de la mañana si no es para dar una notic ia que no puede esperar. y no hubiera esc rito ninguna de las novelas que esc ribió muc ho más tarde. llamaran a Paul Auster. II Un día de 1979 sonó el teléfono en c asa de Paul Auster. Eran las oc ho de la mañana de un domingo nevado. Ya c ruzaban la alambrada. los exploradores se dieron c uenta de que Ralph estaba muerto. a las oc ho de la mañana. y el joven Paul Auster oyó desesperado c ómo se alejaban los gritos de la multitud c onforme bajaba las rampas de c emento del estadio. estarían más seguros. Prefiero hablar de otra c osa. a mí me llevaban al fútbol) jugaban los Giants c ontra los Cardinals de Chic ago en el estadio de los Yankees o en el Club de Polo: Auster no rec uerda bien este detalle.” Entonc es se ac ostó Paul Auster. si se alejaban de los árboles. El mundo es un misterio azaroso. Tuvieron suerte: enc ontraron un c laro aislado por alambre de púas. Cuando la tormenta ac abó. si no hubiera vivido tan de c erc a la muerte del explorador Ralph. rayos y truenos envolvió a los exc ursionistas. y los rayos c aían c omo lanzas. Yo la c onoc í ac erc ándome al estadio y entrando .PRÓLOGO: EL CAZADOR DE COINCIDENCIAS I En 1960 o 1961 Paul Auster fue de exc ursión al bosque. Si la fila de exploradores se hubiera formado de otra manera. Yo mismo podría hablar de c ómo un día de 1976 me llamaron por teléfono a las oc ho de la mañana. no hubiera tenido una idea tan c lara de c ómo el azar dec ide de repente la vida y la muerte de las personas. de uno en uno. mientras sus c ompañeros le frotaban las manos frías. Paul Auster rec uerda que los rayos c aían c omo lanzas.

todo el mundo es el extranjero: el mundo es inc omprensible. Un libro se hac e en soledad. ha dic ho Paul Auster. Era pobre. Esc ribió una novela de misterio en tres meses: ganó dos mil dólares (ya había esc rito c on tinta verde un relato de misterio c uando tenía onc e años). llegaba la hora del partido. c amino del estadio y entrando en el estadio. familiares. Rimbaud y Verlaine: inc omprensible y apasionante. No se despedía nunc a de los misterios de una infanc ia de niño enfermizo que juega bien al béisbol y c onoc e mejor las c onsultas de los pediatras: los juegos de mesa. Quiso ser. Rimbaud y Verlaine. Así quería volverlos c omprensibles. Un hombre esc ribe en inglés el libro que otro hombre esc ribió en franc és. Una herenc ia c ambió la vida de Paul Auster. impenetrable. no puedo esc ribir sin pensarlo. Aunque sólo haya un hombre en la habitac ión. Eran poemas extranjeros. los c uentos de misterio. reales c omo su propia lengua. pero sé c ómo me desesperaba mientras pasaban los minutos. pasaba la hora del c omienzo del partido: llegamos al estadio c uando terminaba el primer tiempo. lo esc ribe c on las palabras de otro hombre que no está en la habitac ión. Así que inventó un juego de béisbol c on barajas de naipes y durante seis meses fue de ofic ina en ofic ina intentando venderlo: nadie c ompró el misterio de meter en una mesa un estadio. c uando el traduc tor esc ribe su libro. pero quería ser ric o. una multitud. No sé qué c osas había tenido que hac er mi padre antes del partido. periodista deportivo. Paul Auster rec uerda su desesperac ión al salir del estadio. los c uadernos garabateados. sabía que eran apasionantes: ruidos que llegan desde otra habitac ión. y los traduc ía al inglés. Sonó el teléfono porque su padre había muerto. no un loc utor de radio. palabras suyas: así Paul Auster empezó a c onvertirse en el novelista Paul Auster. desde una habitac ión sec reta. después de adelantarse en el marc ador (somos las palabras de otro: repito exac tamente las palabras de otro. La muerte de mi padre me salvó la vida. protec c ión: el dinero que le dejó su padre le permitió vivir dos o tres años sin preoc upac iones. ¿Cómo se puede traduc ir el mundo? Paul Auster empezó a transformar el mundo en palabras. sin éxito. esc urridizo. V En 1966 Paul Auster estudiaba en la Universidad de Columbia. En un aula de la Universidad de Columbia leyó los poemas de Baudelaire. las palabras que los loc utores pronunc ian en la radio: después de adelantarse en el marc ador). El traduc tor se . pero.en el estadio de fútbol: la únic a vez que yo c onseguí que mi padre me llevara al fútbol jugaban el Granada y el Huelva un partido de la Copa del Generalísimo en el estadio de Los Cármenes. El mundo era c omo los poemas de Baudelaire. parte de su propio mundo: palabras en el interior de su c abeza. Así Paul Auster empezó a c onvertirse en el traduc tor Paul Auster.]) IV En 1978 Paul Auster no era todavía el novelista Paul Auster. VI Cuando Paul Auster ac abó la c arrera. Aunque no los entendía demasiado bien. dos equipos. la vida de las estrellas del deporte. se fue a París: quería estar en el extranjero para notar menos que. Quizá una c lasific ac ión de los tipos de padre debería inc luir estos dos tipos: a) padres que dec iden irse del estadio antes de que termine el partido. estés donde estés. árbitros. VII Al traduc tor Paul Auster lo asombraba el misterio de la traduc c ión. [Otra vez repito exac tamente las palabras de otro: un filósofo esta vez. irreales c omo un lugar extranjero. El mundo era una lengua extraña que había que traduc ir. (No rec ordamos a nuestro padre. Un hombre llamado Paul Auster lee en Nueva York un libro esc rito en franc és y luego esc ribe ese mismo libro en inglés. Supongamos que traduc e las notas que Mallarmé esc ribió junto al lec ho de muerte de su hijo Anatole. hay dos hombres que hablan en la habitac ión: c ada uno habla en una lengua para querer nombrar las mismas c osas. rec ordamos la mirada c on que nos miraba nuestro padre. Paul Auster ha c ontado que el dinero le ofrec ió tiempo. Paul Auster quería volverlos reales. Le permitió esc ribir. b) padres que llegan al estadio muc ho después de que empiec e el partido. palabras suyas. No vi el partido entero: llegué c on mi padre al estadio c uando terminaba el primer tiempo. yo rec uerdo mi desesperac ión antes de salir hac ia el estadio. El mundo es un lugar extranjero. Me ac uerdo de que el Granada perdió 1. En 1978 Paul Auster era poeta y traduc tor: era pobre.2.

para entenderlas mejor. unos libros. c uanto más te ac erc as a las c osas para esc ribirlas mejor. no podía soportar el inglés. una palabra detrás de otra. Esc ribir es un c aso de impersonation . poc o a poc o la vida parec e no transc urrir en el presente: la vas esc ribiendo. una lengua dolorosa. Como el asc ensor está roto. alemán. una habitac ión en un déc imo piso: el mundo es inc omprensible. Vive c on unos c uantos libros. ruso o hebreo. La traduc c ión es un c aso de suplantac ión de identidad: por dec irlo c on una palabra inglesa. al ruso. El mundo es un sac o de dormir. trata de traduc ir el mundo a palabras c omprensibles. seguían existiendo amenazadoras bajo el disfraz franc és. Supónte que esc ribes en una hoja de papel c uanto ves y piensas. Esc ribes la vida. c omo si vieras en la c ara de un niño la c ara que tendrá c uando viejo. un mundo que es una lengua misteriosa. Pero no bastaba c on traduc ir las palabras inglesas al franc és. Entonc es Louis Wolfson inventó un idioma propio: inventó sus propias palabras para aniquilar la c onfusión de las palabras inglesas. c uanto más te ac erc as a las c osas. Duerme vestido. Y. XI Un novelista traduc e a la lengua de sus fábulas la lengua misteriosa y dolorosa del mundo. era un solo hombre. parec e que te alejas más de las c osas. El primer artíc ulo se lo vendió a The New York Review of Books. ruso y hebreo. para traduc irlas mejor a tu propia lengua. Ser esc ritor es c onvertirse en un extraño. una mesa. un lavabo. Inventando sus propias palabras se sentía un poc o menos desdic hado. X Cuando Paul Auster volvió de Franc ia en 1974 se dedic ó a venderles artíc ulos a los periódic os. tres sillas (los días se distinguen por la silla donde te sientas c ada día). Ser esc ritor es c onvertirse en otro. c omo en 1967 traduc ía los poemas de Baudelaire. es un c aso de impersonation . empiezas a verte c omo si fueras otro. en Nueva York. un mundo c uyas c onexiones no entiende demasiado bien. Llena c uadernos y c uadernos. Y. al alemán. dentro de un sac o de dormir. Ha llegado un día de 1979 a un apartamento de la c alle Varic k. te tratas c omo si fueras otro: te alejas de ti mismo c onforme te ac erc as a ti mismo.c onvierte en una sombra. un c olc hón. su lengua materna: le dolía hablarlo. y es c omo si la vieras ya pasada. paredes de laberinto. le dolía oírlo. Paul Auster quisiera traduc ir la lengua misteriosa y dolorosa del mundo. a una habitac ión en el déc imo piso del número 6 de la c alle Varic k. al hebreo: las palabras inglesas seguían latiendo bajo las palabras que las traduc ían. sobre un c olc hón en el suelo. alemán. Entonc es te agarras a lo que tienes más c erc a: hablas de ti mismo. Si esc ribes en una hoja de papel c uanto ves y piensas. muerta. en un extranjero: tienes que empezar a traduc irte a ti mismo. sino porque volver a la ruindad de la habitac ión no merec ería el viaje por las esc aleras inac abables. El primer artíc ulo que Paul Auster vendió después de volver de Franc ia se llamaba Babel en Nueva York y hablaba de un libro de un esquizofrénic o llamado Louis Wolfson: Babel. el ac to de hac erse pasar por otro. Esc ribía sobre esc ritores: dic e que así ordenaba sus ideas sobre la literatura. y la vida parec e una vida ya vivida. Está c onfundido: las c osas que lo rodean no son puntos de referenc ia para no perderse. empieza a esc ribir. se refugiaba bajo los auric ulares de una radio. el esquizofrénic o Louis Wolfson. tres sillas. de suplantac ión de personalidad: esc ribir es hac erse pasar por otro. El . el lugar de la c onfusión de las lenguas. Impersonation signific a suplantac ión. no sale a la c alle: no porque la c alle no merezc a el viaje por las esc aleras inac abables. IX Así Paul Auster empieza a sufrir la maldic ión del esc ritor. Se tapaba los oídos c on las manos. Rimbaud y Verlaine. Entonc es Paul Auster abre un c uaderno. VIII Un hombre llamado Paul Auster vive en un mundo misterioso. más se te esc apan las c osas. un lavabo. sino rec ovec os. un mundo aterrador y c ómic o a la vez. Huía a otras lenguas: estudiaba franc és. porque está rodeado de c osas que no entiende. al esc ribir de ti mismo. Louis Wolfson no podía soportar a su madre. una mesa. Así empieza a transformar la lengua misteriosa y dolorosa del mundo en palabras suyas. fantasma del hombre que inventó las palabras que ahora inventa el traduc tor.

Aldo G. Gargani y a los autores de las entrevistas utilizadas. un fantasma. L’altra storia . Así se desdobla. Las ac usac iones eran lo sufic ientemente serias c omo para requerir un abogado.” XII Una vez Paul Auster fue de exc ursión al bosque y enc ontró el idioma al que muc ho más tarde trataría de traduc ir el mundo. Que una palabra estúpida oída por c asualidad también puede fulminarnos. Me siento muy mal c uando no lo hago. Mallia. aunque puedo probar que Argue & Phibbs existían de verdad. y a la mañana siguiente fuimos en bic ic leta a la c iudad para reunirnos y hablar del asunto c on aquella persona. Yo había ido a verla por aquel entonc es. Vivía aquel año en una aldea de Irlanda. Grac ias al azar Paul Auster enc ontró la músic a del azar. Pero el novelista forma parte del mundo y. Faber y Faber. Londres. pero es muc ho peor c uando no lo hago. Que ponerse inyec c iones tampoc o le produc ía un gran plac er pero que era muc ho peor si no se ponía inyec c iones. Il Saggiatore. Edhasa. Gregory. el día que un polic ía de paisano se presentó en la c asa c on una c itac ión del juzgado. Se hac ía novelista mientras desc ubría la músic a del azar: traduc ía el mundo al idioma que había desc ubierto hac ía muc hos años en una exc ursión al bosque: el idioma del azar. no muy lejos de la c iudad de Sugo. La invención de la soledad . Mc Caffery y S. Barc elona. el idioma de la c asualidad y las c oinc idenc ias. trabajaba en un bufete de abogados llamado Argue & Phibbs.novelista. Ground Work. Conversac iones de Paul Auster c on S. el idioma de los enc uentros fortuitos que se c onvierten en destino. Milán. N. Con gran asombro por mi parte. número 411. 1990. se traduc e a sí mismo. le rec omendaron un nombre. el mundo c ómic o y aterrador: enc ontró el idioma del azar. inventa una nueva lengua que suplante la lengua misteriosa y dolorosa del mundo. Desc ubrir el poder del azar es desc ubrir que somos terriblemente frágiles y vulnerables. una sombra. El arte del hambre. Rec ordar que las personas son terriblemente frágiles es una obligac ión moral: Paul Auster dic e que es c azador de c oinc idenc ias por obligac ión moral. Paul Auster. 1992. 1990. el bufete c ontinúa siendo un negoc io florec iente. Rodefer. la sátira más c ertera c ontra la abogac ía) es algo que todavía me parec e inc reíble. El cuaderno rojo 1 En 1972 una íntima amiga mía tuvo problemas c on la ley. Edhasa. No es que esc ribir me produzc a un gran plac er. Justo navarro FUENTES Paul Auster. J. Pero el idioma del azar es también el idioma de la fragilidad: hay c oinc idenc ias y c asualidades c on las que te mueres de risa y hay c oinc idenc ias y c asualidades c on las que te mueres. Entrevista de Paul Auster c on Eduardo Lago. lo reto a que visite Sligo y c ompruebe por sí mismo si me la he inventado. c omo Louis Wolfson. que dependemos de la c asualidad. J. Mi amiga pidió informac ión. Suplemento Culturas de Diario 16 (Madrid). el hec ho de que los dos apellidos hubieran sido emparejados (para formar el c histe más ingenioso. Barc elona. Aldo G. ¿Es doloroso c onvertirse en sombra? Me ac uerdo de que una vez un amigo mío que se ponía inyec c iones de heroína me dijo que nec esitaba ponerse inyec c iones para vivir. que se sentía muy mal c uando no se ponía inyec c iones. Si alguien lo duda. public adas en Paul Auster. Quisiera expresar mi rec onoc imiento y agradec imiento a Paul Auster. Según mis últimas notic ias (de hac e tres o c uatro años). 1990. que una c oinc idenc ia estúpida puede destrozarnos en un segundo. . L.[1] Ésta es una historia verdadera. se c onvierte en otro. Una vez Paul Auster le dijo a Larry Mc Caffery: “Esc ribir es una ac tividad que parezc o nec esitar para sobrevivir. Llevo veinte años riéndome c on esos apellidos y. al traduc ir el mundo. Gargani.

c osa que ninguno de los dos aún había previsto. Nos metimos en la c oc ina a preparar nuestro último almuerzo: dada . estábamos seguros de que era la última vez que lo veíamos. el lugar era prec ioso: un c aserón de piedra del siglo xviii. y yo nos habíamos c onvertido en sus hoteleros partic ulares. por fin. qué vamos a hac erle. la suma asc endía a c inc uenta franc os por noc he. El pueblo más próximo estaba a dos kilómetros de distanc ia. c uando nos planteábamos en serio abrir una lata de c omida de perro para la c ena. pero hac ia las dos y media el hambre pudo c on nosotros. Sólo nos quedaba. una bolsa de c ebollas. por el otro. Con lo que no habíamos c ontado era c on que los editores suelen ser lentos a la hora de pagar sus deudas. Nuestra otra únic a fuente de ingresos aquel año proc edía de un tal James Sugar. y sin aquella oferta hubiéramos tenido que volver a Estados Unidos. rec orriendo Provenza en un c oc he alquilado que le proporc ionó la revista. Rec uerdo que les ec haba de c omer a los perros. trabajando de verdad. ninguna de menos de sesenta o setenta años.) Sugar pertenec ía al equipo de fotógrafos del National Geographic. L. (No quiero insistir en los nombres metafóric os. L. sac amos en aquella c asa muc ho más fruto del que ninguno de los dos hubiera c reído posible. el c uerpo entumec ido por la abstinenc ia. c ada vez que se enc ontraba por nuestros pagos. robaron uno de los perros. y c omo además Sugar era un hombre enc antador. Los dueños de la finc a. y. Antes de abandonar París e instalarnos en el c ampo habíamos ac ordado una serie de trabajos que nos ayudarían a pasar el año. y puesto que nuestro noviazgo intermitente parec ía func ionar de nuevo. dec idimos unir nuestras fuerzas y ac eptar juntos el trabajo. Hizo fotos durante meses. Por otra parte. y dinero para la c omida de los dos perros perdigueros que había en la c asa. pero las c osas son c omo son. y yo aguantamos durante toda la mañana. Así que habíamos aprendido a no c ontar c on el señor Sugar. Me ac uerdo de c onversac iones c on L. Con diec ioc ho c éntimos (unos tres c entavos y medio). c uando registraba bajo los c ojines del sofá y busc aba detrás de los armarios alguna moneda perdida. que vendían en paquetes de c uatro. una botella de ac eite y un paquete de masa para empanada que alguien había c omprado antes de que nosotros nos mudáramos a la c asa: un resto revenido del verano anterior. y la mayoría de las vec es transc urrían semanas entre visita y visita. c omo yo. Rec uerdo la feroz nec esidad de nic otina. L.. El únic o problema era que nunc a sabíamos c uándo iba a aparec er. Nuestro plan era c onseguir el resto hac iendo traduc c iones. se quedaba una o dos noc hes. Habíamos olvidado también que los c heques enviados de un país a otro pueden tardar semanas en c obrarse. Así que. nos daba muy amablemente el dinero que tenía asignado para gastos de hotel. siempre nos alegrábamos de verlo. Era un sitio ideal para que dos esc ritores jóvenes pasaran un año. vivíamos permanentemente al borde de la c atástrofe. Llegaba de repente c omo c aído del c ielo. Así. por un parque nac ional. era un ac uerdo generoso. nos enviaban un pequeño salario mensual (c inc uenta dólares). Los dos andábamos mal de dinero por aquel entonc es. y volvía a desaparec er. Nunc a avisaba. al no haber dejado un margen para equivoc ac iones o errores de c álc ulo. y no lo habitaban más de c uarenta personas. Si rec uerdo bien. Los c heques dejaron de llegar. y pensaba que c omían mejor que yo. c uando los c obras. Puesto que la revista le abonaba dietas para sus gastos. y poc o a poc o ac abamos c on toda la c omida de la despensa. No había que pagar alquiler. y yo nos enc ontramos frec uentemente en una situac ión ec onómic a desesperada. y tanto L. aparc aba su deslumbrante c oc he azul. dietas para la gasolina del c oc he. En c onjunto.2 Al año siguiente (1973) me ofrec ieron un trabajo de guarda en una granja del sur de Franc ia. podías c omprar c igarrillos de la marc a Parisiennes. Cada vez que se iba. c ubría una parte de nuestros gastos mensuales. y entró en nuestras vidas porque había c olaborado c on uno de los dueños de la c asa en un artíc ulo sobre la región. Por una parte. el banc o te desc uenta c omisiones y gastos de c ambio. Los problemas legales de mi amiga eran agua pasada. y que. pasaba la noc he c on nosotros. una pareja estadounidense que vivía en París. Fue un c urioso año. Vivimos los peores momentos al final del invierno y al princ ipio de la primavera. rodeado de viñas por uno de sus flanc os y. y aunque nuestro salario nos viniera c orto para vivir.

dudo que haya existido un momento en el que me sintiera menos inc linado a reír o a bromear. en c uanto c omimos un poc o más. para vivirlo en mi propia c arne. No había más remedio que ponerlo en el horno otros diez o quinc e minutos. pero entonc es era c ualquier c osa menos una historia divertida. Un día. c orriendo a través de la nieve para intentar salvarse. No tenía ni idea . un tímido intento de darnos animo. quizá dos. y un segundo después había perdido el c onoc imiento. Quizá nos dejamos llevar por una profunda c onversac ión sobre algo que he olvidado. todavía puedo ver la c ara boba e ingenua c on que bajó del c oc he y nos saludó. Las ametralladoras disparaban a disc rec ión: c ayó muerto en la nieve. Parec ía que la c arrera no tenía fin. no puedo rec ordar nada de aquella c omida. Sugar nos invitó a c enar aquella noc he en un restaurante de dos tenedores. por exquisita que fuera. lo sac amos. una situac ión terrible y espantosa. Eran las c uatro de la tarde. La únic a c osa que me han c ontado es que ec hó a c orrer. era miembro de un grupo partisano serbio que luc haba c ontra la oc upac ión nazi. debía salir en terc er lugar. vino la dec epc ión. No sé qué pensamientos lo asaltarían en aquel momento. Menos de una hora después. Entonc es le llegó el turno al tío de mi amigo. Si me c onc entro. y c onsiderando que nuestras glándulas salivares ac ababan de ser ac tivadas. Desde detrás de los árboles dispararon una ráfaga de ametralladora. Entonc es sintió de repente dolor en una pierna.la esc asez de ingredientes c on que c ontábamos. Un instante después. dec idieron ec harlo a suertes: su plan era salir de la granja uno a uno. Y ahora. sus c amaradas y él amanec ieron rodeados por las tropas alemanas. Pero. El hombre c ayó. Era realmente el fin. salimos a dar un paseo. pensando que el tiempo pasaría más deprisa si nos alejábamos del buen olor de la c oc ina. se enc ontró tendido boc a arriba en el c arro de un c ampesino. Creo que inc luso llegamos a dec ir que era la mejor c omida que habíamos probado nunc a. Vio por la ventana c ómo el primer hombre c orría por la nieve. En todos mis años de esfuerzo por c onvertirme en un hombre. el tío de S. De mala gana . lo pusimos sobre la mesa y le hinc amos el diente. pero era demasiado tarde. Era un verdadero milagro. en un lugar perdido del c ampo. Comimos c opiosamente y bien. hic iéramos lo que hic iéramos y tardáramos lo que tardáramos. y la nieve alc anzaba c asi medio metro de altura: no tenían esc apatoria. No sabiendo qué hac er. No sé si vac ilaría en la puerta. De ac uerdo c on los resultados del sorteo. inc omestible. el imprevisible señor Sugar aparec ió inesperadamente. Nuestro almuerzo sólo era una ruina.muy de mala gananos vimos obligados a admitir que el pastel no había c oc ido lo sufic iente. El tío de S. el segundo hombre salió y le oc urrió lo mismo. Llegó hasta la c asa en medio de una nube de polvo: la tierra y la gravilla rec hinaban bajo los neumátic os. Nos lanzamos hac ia el horno y sac amos el pastel. Hasta aquel momento. Un segundo después un c alor insoportable se extendió por su c uerpo. Y yo estaba allí para verlo c on mis propios ojos. Pero no he olvidado nunc a el sabor del pastel de c ebolla. Era un milagro. Pero. lo enc ontramos exquisito. abriéndose paso a través de la nieve c on todas sus fuerzas. Tiene lugar en Yugoslavia. Ahora parec e una historia divertida. un pastel de c ebolla era el únic o plato posible. Para entretener nuestra impac ienc ia. En c ontra de todas nuestras expec tativas. yo pensaba que c osas así sólo oc urrían en los libros. Después de que nuestro invento permanec iera en el horno lo que nos parec ía tiempo de sobra. Me ac uerdo de que dimos una vuelta a la c asa. abandonar el pastel no fue fác il. pero me temo que sólo era un ardid. nos reímos c omo loc os. c uando volvimos a la c asa la c oc ina estaba llena de humo. Habíamos c aído en un agujero negro y no sabíamos la manera de salir de él. reduc ido a una masa c arbonizada y ennegrec ida: no se podía salvar ni un trozo. que el c entro aún estaba c rudo. Se habían refugiado en una granja. Considerando el hambre que teníamos. Se había inc inerado. durante lo que serían los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. 3 No muc ho después de mi regreso a Nueva York (julio de 1974) un amigo me c ontó la siguiente historia. Cuando se despertó. nos bebimos varias botellas de vino.

Cuando el ofic ial al mando vio la pierna del tío de S. . El tec ho del hospital se hundió. Los enfermeros lo sujetaron c on c orreas a la mesa de operac iones. y yo nos c asamos en 1974.. y entonc es. pero aquel amor no prosperó. Ya rasgaba la sierra la piel c uando se produjo otra explosión. y había que amputarla. Puedo fec har este inc idente a princ ipios de la primavera porque sé que más tarde. Pero todo eso importa poc o ahora. y al año siguiente ya había terminado nuestro matrimonio. mirando la nuc a de un c ampesino. Demasiado débil para moverse. y. Una mañana. las paredes se derrumbaron. a tres o c uatro manzanas de distanc ia. Sólo era una c hoza tambaleante de madera: un gallinero. se separó del c uerpo del c ampesino. Simplemente había abierto los ojos: y allí estaba. quizá el c obertizo de una granja. La moneda rebotó c ontra el árbol. ahora había un hombre sin c abeza. Tampoc o me ac uerdo de por qué lo hizo. tumbado en un c arro que un c aballo o un mulo arrastraba por un c amino rural. y el médic o empuñó la sierra. c uando ya nos íbamos. Sin saber qué había suc edido. estaba ac ostado en una c ama. Un momento después. y generosamente me había invitado a ac ompañarlo. se trasladó a Estados Unidos para empezar una nueva vida. y se rompió la c urva desc endente que desc ribía c amino de mi mano. durante algunos minutos. Me ac uerdo de haberme agac hado a busc arla. “Por favor. El tío de mi amigo empezó a gritar. no tenía ni idea de c ómo lo habían salvado. poc os minutos o poc os segundos después. Le parec ía que a lo mejor había despertado en el paraíso. perdió el c onoc imiento. más c onfusión. pero rec uerdo c on c laridad que. No me ac uerdo si entré en el edific io o si Daniel bajó las esc aleras solo. ¡no me c orte la pierna!”. Y una vez más. Yo no había estado nunc a en el primer partido de la temporada. Jeeps. Allí el médic o del ejérc ito ruso dic taminó que era imposible salvar la pierna. una multitud de soldados. un gran c ontingente de tropas rusas bajaba por la c arretera. La veo c on tal c laridad que es c asi c omo si hubiera estudiado fotografías de ese instante. removiendo las hojas y las ramas al pie del árbol. abrió la ventana de su apartamento en el terc er piso para ec harme dinero. Cuando despertó esta vez. Lo únic o que se me ha quedado grabado es la ventana abierta y la imagen de una moneda de diez c entavos volando por el aire. y de repente la nuc a desaparec ió. Si el c aballo seguía tirando del c arro o no. 4 L. Observó esa nuc a durante algunos segundos. Cuando volvió en sí. Las sábanas eran limpias y suaves. el mismo día. c uando terminó la guerra. que sonreía y le daba un c aldo a c uc haradas. dijo. Lo que sé es que su tío c onservó la pierna y. el olor de la habitac ión era agradable. el tío de S. pero nadie lo esc uc haba. salvo para loc alizar el esc enario de un inc idente que oc urrió en la primavera de 1980. Nuestro hijo nac ió en 1977. y yo vivíamos entonc es en Brooklyn.de c uánto tiempo había transc urrido. rápidamente lo envió al hospital de c ampaña que habían montado en los alrededores. de nuevo había sido salvado y trasladado a otra granja. Estaba destrozada. c ontinuó mirando la nuc a. Más ruido. Pero la moneda de diez c entavos c hoc ó c ontra la rama de un árbol. Un amigo mío había c onseguido entradas. se suc edieron violentas explosiones. el tío de S. no estuvo seguro de si estaba vivo o muerto. asistí a un partido de béisbol en el Shea Stadium: el partido que inauguraba la temporada. yo había ido a c asa de L. Me gustaría dec ir por qué. ac abó en Chic ago de agente de seguros. proc edentes del bosque. L. La c abeza voló. aterrizó sin ruido por allí c erc a y se esfumó. nunc a me c ontó más detalles. L. pero los diez c entavos no aparec ieron por ninguna parte. Se quedó en la c asa mientras se rec uperaba y se enamoró de la joven maravillosa. no lo puedo dec ir. y rec uerdo bien la oc asión. y nuestro hijo dividía su tiempo entre los dos apartamentos. “No me c orte la pierna”. imploró. miraba la c ara de una joven maravillosa. tanques. no lo sé. No sé c ómo (no c onozc o bien los pormenores). Quizá quería que ec hara una moneda en el parquímetro. donde un momento antes había habido un hombre c ompleto. el loc al entero saltó hec ho pedazos. se lo suplic o. c omo si la moneda formara parte de un sueño rec urrente que yo hubiera tenido desde entonc es. pero S. para rec oger a Daniel y llevarlo al c olegio. quizá yo tenía que hac erle algún rec ado. y aún tenía la pierna unida al c uerpo. pero.

y B. Ya hac e siete años que te divorc iaste. c uando no trabajaba en sus propios c uadros. dijo. y. Una mujer que se llamaba E. c ualidades que lo hac ían espec ialmente atrac tivo para las mujeres. B. Simplemente no he enc ontrado la persona adec uada. No tenía ni idea de dónde estaba E. a la que había c onoc ido en Harvard c uando era estudiante. Me ac uerdo de un Caravaggio que c opió un día y que me parec ió extraordinario.. guapo y amable. a su amigo. pero siempre le faltó la suerte nec esaria para c onvenc er a los marc hantes de que apoyaran su obra. B. Cuando superó el divorc io y volvió a la c irc ulac ión. y. dific ultades c on su antigua mujer). ¿A que no eres c apaz de nombrar una sola mujer? Sorprendido ante la vehemenc ia de su amigo. hac ía c opias de los maestros antiguos en el Metropolitan Museum. estaban los diez c entavos. un duplic ado exac to del original. un pintor poc o rec onoc ido que se ganaba la vida c opiando proyec tos arquitec tónic os. no se la . reflexionó sobre el asunto detenidamente. En una de aquellas visitas al museo. falta de éxito artístic o. B. pero lo pasábamos bien juntos. tuve la c erteza de que eran los mismos diez c entavos que había perdido en Brooklyn esa mañana. Al ritmo que vas. ahora que le había vuelto al pensamiento. abandonó la c iudad. no se había ac ordado de aquella mujer durante más de diez años. Dos o tres años después. No era un hombre que se quejara. por una u otra razón. Sí. Por muy negras que le hubieran ido las c osas en los últimos años (infinitos problemas de dinero. Sólo tenías que ver c ómo miraban a B. y allí. Antes de hablarle de E. sólo una. una noc he. volvió a la c iudad para asistir a una c ena. Creo que sus c uadros eran muy hermosos.. siempre que lo veía. dijo B. le pedimos que nos c ontara la historia de c ómo había c onoc ido a su futura mujer. yo lo esperaba en uno de los ac c esos del estadio. le dijo. en el suelo. pero. B. hac ía más de veinte años. yo volvía a c asa c on renovada admirac ión por su tenac idad y su c alma interior. Ése fue el final de la c onversac ión. salía c on otro. Continuaba pintando c on la misma pasión de siempre. no tuvo problemas para enc ontrar c ompañeras. eso es todo. Por absurdo que pueda parec er. los c ogí y me los metí en el bolsillo. 5 En el parvulario de mi hijo había una niña c uyos padres estaban tramitando el divorc io. Unos seis meses antes. ninguna envidia hac ia artistas de menor talento a los que les iba muc ho mejor que a él. y no había habido nada entre ellos. ¿Has enc ontrado alguna vez una mujer que se aproxime a lo que busc as? Dime una. salía c on otra (su futura ex mujer). El amigo estaba preoc upado por B. Pero entonc es E. dijo por fin. nos c ontó. B. No se veía un alma. B. la galería quebró al poc o tiempo. le respondió su amigo. Mi mujer y yo también estábamos invitados y. pero si enc ontrara a alguien c omo ella. Había una. para adivinar lo que sentían. y quedó tan impresionado que le enc argó la c opia de un Renoir para regalársela a su novia. no dudaría en c asarse de nuevo. nunc a la enc ontrarás. ninguna de sus relac iones duraba demasiado. mientras mi amigo hac ía la gestión. nunc a mostró ninguna amargura. ahora. y dejamos de vernos. c uando supimos que B. Pero ninguna te parec e lo bastante buena y siempre las dejas. estaba a punto de c asarse. Yo aprec iaba partic ularmente al padre. Me refugié en un huec o para enc ender un c igarro (aquel día hac ía muc ho viento). un millonario tejano vio trabajar a B. Todas estaban evidentemente loc as por él. al revés que muc hos. que sintiera lástima de sí mismo. el c asero de B. pero. nada parec ía desviarlo de su c amino. Yo sólo lo veía dos o tres vec es al año. No era una c opia. ¿Qué te pasa? ¿Qué demonios quieres? No me pasa nada. había hablado por teléfono c on un amigo. ya hubieras podido sentar la c abeza c on una doc ena de mujeres atrac tivas e interesantes. a un palmo de mi pie. La únic a vez que expuso. c onsiguió su propósito y lo ec hó del estudio.Llegamos temprano (parec e que había que rec oger las entradas en alguna taquilla) y. era sumamente alto (c asi dos metros). Me agac hé. A vec es. y pronto empezó a reproc harle que no hubiera vuelto a c asarse. Pasaron varios años y entonc es. sino más bien una réplic a. amenazas de desahuc io de su c asero. pero c ada vez había una mujer distinta en su vida. no era un intimo amigo.

No tenía familia (sus padres se habían matado en un ac c idente de c oc he c uando era niña) y se había c riado c on dos tías que ya habían muerto.podía quitar de la c abeza. lo que dio pie al siguiente diálogo: –Tengo una hermana que vive en Nueva York .respondió la joven. husmeando en librerías y c atálogos en busc a de una obra supuestamente exc epc ional que tenía muc has ganas de leer. lo que signific aba que B. tuvieron un hijo. c omo si la intensidad de estos pensamientos hubiera enviado una señal a través del mundo. Entonc es. Un año o dos después de la boda. una tarde que paseaba por la c iudad. he busc ado ese libro por todas partes. tomó un atajo a través de la Grand Central Station.. mi futura c uñada estaba hablando c on una amiga norteameric ana. pensó en ella sin parar. pero habló y habló hasta pasada la medianoc he.dijo la mujer.. tenía bienes. la madre y el niño están bien. Su intenc ión era estudiar c hino (que ahora habla c on fluidez pasmosa) y mantenerse dando c lases de inglés a los nativos de Taipei de habla c hina. no sólo había hallado el verdadero amor.respondió la mujer. el padre. .c ontestó su amiga. –También yo . R. Un día. 7 Hac e doc e años.dijo mi futura c uñada. inc apaz de librarse de la sensac ión de que hac ía varios años había perdido una oportunidad únic a de ser feliz.. –Era mío . B. –Es estupendo . Cuando se enc ontraron. una joven que también había ido a Taipei a estudiar c hino. el teléfono sonó una noc he y allí estaba E. resultó que E. Ac abo de terminar de leerlo. –Lo c rea o no . E. Para que la historia sea aún más perfec ta. Nunc a se había c asado. y. Fue aproximadamente un año antes de que yo c onoc iera a mi mujer. al otro lado de la línea. y c ómo. otro amigo. B. –Mi hermana vive en el Upper West Side. llamaba a viejos amigos del pasado. R.dijo R. y a su muerte ella había heredado todo su dinero. a pesar de abarc ar un período de tiempo más c orto (unos meses en lugar de veinte años). En los tres o c uatro días siguientes. Ni se enteraba de lo que le dec ía. pero ya lo he ac abado. –Éste es suyo . sino que los inc esantes problemas de dinero que lo habían agobiado durante años habían desaparec ido de repente. c on la c onc ienc ia de que algo extraordinario había suc edido y no podía dejarlo esc apar otra vez. estaba tan asombrado por la c oinc idenc ia que no se pudo c allar. Sus tías habían sido ric as.. Todo de golpe. subió la esc alera que lleva a Vanderbilt Avenue. Al terminar sus estudios universitarios. me habló de c ierto libro inenc ontrable que había estado intentando loc alizar sin éxito. no tardó muc ho en desc ubrir que sus sentimientos hac ia E. la tuvo al teléfono más de tres horas. –Pero es suyo .. 6 En la misma línea.. y varias semanas después dec idieron c asarse. He venido hoy aquí para dárselo. ahora que estaba a punto de retirarse de los esc enarios. eran tan fuertes c omo había imaginado. Aunque no es alguien que normalmente hable c on desc onoc idos. y desc ubrió a una joven apoyada en la baranda de mármol c on un libro en la mano: el mismo libro que él había estado intentando loc alizar tan desesperadamente. Según mis últimas notic ias. quedó en verla la noc he siguiente.. Volvía a estar enamorado de ella. ingresó en una c ompañía de baile y durante los últimos veinte años se había dedic ado exc lusivamente a su c arrera. intentando volver a tomar c ontac to c on el mundo. La c onversac ión toc ó el tema de sus familias en Estados Unidos. –¿Sabe dónde podría enc ontrar otro ejemplar? – preguntó R.le dijo a la joven. que entonc es hac ía los c ursos de doc torado en la Universidad de Columbia. la hermana de mi mujer se fue a vivir a Taiwan. No puedo dec irle c uánto signific aría para mí. –La mía también.

por lo que sé. pero eso no me c onsolaba. junto a las palabras Devolver al remitente. uno de los dos llamó al otro en voz alta. Dentro del sobre había una c arta mec anografiada a un solo espac io que empezaba así: “Querido Robert. Venía en un gran sobre blanc o y estaba dirigida a alguien c uyo nombre no c onoc ía: Robert M. una mujer se nos ac erc ó c orriendo. dijo. A su procedencia . en un estilo rimbombante y pretenc ioso. c omo otros autores. una flec ha señalaba la esquina superior izquierda del sobre. en realidad el autor de la c arta me estaba enviando a mí sus c omentarios. de Seattle. Es prác tic amente imposible que haya dos c iudades tan lejanas c omo Taipei y Nueva York. la c lase de c arta que jamás se me hubiera oc urrido esc ribirle a nadie. resulta que las dos hermanas de Nueva York no se c onoc ían. Mientras las dos jóvenes se maravillaban en Taipei de la sorprendente c onexión que ac ababan de desc ubrir. “Sí. –Mi hermana vive en el número 309 de la c alle 109 Oeste. desc ubrí mi propio nombre y mi propia direc c ión. el autor de la c arta elogiaba a “Robert” por las ideas que había desarrollado sobre uno de mis libros en un c urso universitario sobre novela c ontemporánea. separadas por una distanc ia de más de quinc e mil kilómetros. y c uando es de día en una es de noc he en la otra. ajena a la c onversac ión que. Suponiendo que la ofic ina de Correos había c ometido un error. Alguien estaba intentando hac erse pasar por mi. c amino de una c ita. 8 Hac e tres veranos. nos paramos a ec har un vistazo en una librería de Broadway. Desde aquella tarde en la librería. y. plagado de c itas de filósofos franc eses y rebosante de vanidad y autosatisfac c ión. ¿verdad?”. Un amigo me sugirió que era un ejemplo de “arte por c orreo”. tenía lugar en el otro extremo del mundo. En el mismo piso del mismo edific io del norte de Manhattan. pero el hec ho era (y lo sigue siendo) que nunc a he tenido ni he enc argado en mi vida un paquete de etiquetas c on mi direc c ión impresa. Una tarde. El c irc ulo se había c errado por fin. Sabiendo que la c arta no podía llegarle a Robert Morgan (puesto que tal persona no existe). y dudo que alguien que se ha dado el trabajo de enc argar en . la direc c ión era mi direc c ión. La ortografía de mi nombre era c orrec ta. –Aunque no te lo c reas. –¡La mía también! –Mi hermana vive en el segundo piso del número 309 de la c alle 109 Oeste.” Luego. exac tamente”. Trazada c on la misma tinta azul. y. ac erc a de ellas. c omprobé la esquina superior izquierda para ver quién era el remitente. para mi absoluta perplejidad. Habían tac hado a pluma el nombre del señor Morgan. Están en las antípodas. c ontestamos.–Mi hermana vive en la c alle 109 Oeste. “¿Cómo lo sabe?” La mujer nos explic ó entonc es que su hermana y la hermana de Siri habían estudiado juntas en Taiwan. Era una c arta desprec iable. y al lado alguien había esc rito: No vive en esta dirección . Aunque eran vec inas. esa mujer ha sido una de nuestras mejores y más fieles amigas. porque Siri quería enseñarme algo o porque yo quería enseñarle algo a ella (no me ac uerdo). La letra no se parec ía a la mía. sino que estos datos estaban impresos en una etiqueta de direc c ión personal (una de esas etiquetas que se pueden enc argar en paquetes de dosc ientas y que se anunc ian en las c ajas de c erillas). en respuesta a tu c arta del 15 de julio de 1989 debo dec irte que. enc ontré una c arta en mi buzón. “Ustedes son Paul Auster y Siri Hustvedt. Pero esto hubiera implic ado una c onfianza injustific ada en el servic io de c orreos de Estados Unidos. pero la mía también. Allí. c ada una dormía en su apartamento. Siri y yo ya estábamos c asados. y. estaba firmada c on mi nombre. sin embargo. Washington. Un segundo después. Morgan. lo sigue intentando. En la ofic ina de Correos habían estampado en el anverso del sobre varios sellos: Desconocido. Cuando por fin se c onoc ieron (dos años después). c ayeron en la c uenta de que sus dos hermanas probablemente dormían en aquel instante. ninguna de las dos seguía viviendo en el mismo edific io. Su amiga suspiró y dijo: –Sé que parec e un disparate. a menudo rec ibo c artas sobre mi obra. la mía también. hac e diez años. Seguramente c urioseábamos en diferentes sec c iones. No sólo eso.

sin embargo. entre mis plumas. C. nadie se erige c on mayor fac ilidad en el c entro de atenc ión. Entre otras . permanente. En vez de eso. Tuvo una infanc ia difíc il. En la medida en que lo respetamos y deseamos su bien. la c onservo en mi mesa de trabajo desde hac e tres años. se ha dedic ado a ella desde el día de su nac imiento y la adora c omo si fuera de su propia sangre. En los últimos años. no es su verdadero padre. Es una relac ión fraternal. c ada vez c on un hombre más joven. y. Para los que lo queremos (y somos muc hos). En el apartamento había un Minitel. Asedió a las autoridades c atólic as c on un sinfín de c artas en defensa de la santidad de ese individuo. tan totalmente desprovisto de mezquindad). ¿O sí? Quizá los perversos listillos de este mundo c reen que todo saldrá siempre c omo ellos quieren. y. pero. tiene un c arác ter extraño. Quizá la c onservo c omo un monumento a mi propia loc ura. y. La relac ión terminó enseguida. 9 Uno de mis mejores amigos es un poeta franc és que se llama C. El bromista ha borrado hábilmente sus huellas. por razones que no c omprendo.. Desde que se separó de su mujer hac e muc hos años.. y. el objetivo princ ipal de su vida ha sido una c ampaña a favor de la c anonizac ión de un sac erdote italiano (c uyo nombre se me esc apa ahora). y. frec uentes bloqueos en su trabajo de esc ritor. Un hombre sensato la habría tirado a la basura. Hac e ya más de veinte años que nos c onoc emos. también nos preoc upamos por él. su humor y su c onversac ión c hispeante). No puedo dec ir hasta qué punto eso lo explic a todo. sin embargo. C. el novio de su madre apenas era mayor que él. c osa sorprendente (para alguien tan generoso. aunque lo lea todo y sepa más de poesía c ontemporánea que ninguna otra persona en Franc ia. y he dejado que se c onvirtiera en un objeto más. Hac e aproximadamente c uatro años. fue de amor en amor. abandonó su c asa para ingresar en el ejérc ito a la edad de veintiún años. se ha c onvertido en una espec ie de pseudopadre. Tengo poc as esperanzas de resolver algún día este pequeño misterio. aunque C. pero no deberíamos pasar por alto los hec hos. según todos los indic ios. nadie posee más talento. Durante la infanc ia y la adolesc enc ia de C. y no ha vuelto a dar señales de vida. aunque sigue dándome esc alofríos c ada vez que la miro. es un hombre muy c ontradic torio. e inc luso llegó a enc argar a un artista una estatua a tamaño natural del c ura: todavía se alza en su jardín c omo perdurable testimonio de su c ausa. generalmente por una tontería o por algún princ ipio abstrac to. ha vivido solo en una serie de pequeños apartamentos de una habitac ión subsistiendo prác tic amente sin dinero c on empleos efímeros y esporádic os. En la époc a en que C. Nadie es tan universalmente admirado c omo C. pero ella dec idió tener el hijo. C. ha sido herido por la vida. sufre. Aunque no tiene hijos. un pequeño ordenador que distribuye gratis la c ompañía telefónic a franc esa. hijo únic o sin una vida familiar digna de este nombre. es a menudo motivo de inquietud. Quizá sea el medio de rec ordarme que no sé nada. y le c uesta un auténtic o esfuerzo enfrentarse a las tareas senc illas que la mayoría de la gente da por resueltas. Se abre al mundo y a la vez se aísla del mundo: es una figura c arismátic a c on multitud de amigos en todas partes (legendaria por su amabilidad. fue un día a ver a un amigo. ésta mantuvo una breve relac ión c on otro hombre y se quedó embarazada. Lo que no ac abo de entender de mi propia ac titud es que nunc a he tirado la c arta. sin embargo. Nac ió una niña. siempre ha hec ho todo lo que ha podido para estar al margen. Después de una pelea c on su amiga (durante la que temporalmente se separaron). c omo si en una vida anterior hubiéramos sido de verdad hermanos. C. rac has patológic as de desc onfianza en sí mismo. public ando poc o y rehusando esc ribir una sola palabra de c rític a literaria.mi nombre etiquetas de direc c ión y de ponerse a esc ribir una c arta tan arrogante y altisonante pudiera dejar algo al azar. c uadernos y gomas de borrar. Parec e que su padre se fue c on otra mujer c uando C. seguimos manteniendo una estrec ha relac ión. es c apaz de renc ores y renc illas interminables. y mi amigo se c rió c on su madre. que el mundo en el que vivo no dejará nunc a de esc apárseme.. aunque no nos vemos muy a menudo (él vive en París y yo en Nueva York). Nunc a he c onoc ido a la madre de C. hac e siete u oc ho años que C. Poeta exc epc ionalmente dotado y pensador de la poesía. era pequeño.

y su padre empezaron a esc ribirse. era su madre la que había prohibido que su padre lo viera. jugaba c on el nuevo aparato de su amigo. me esc ribió una c arta que resumía a grandes rasgos la historia de los últimos meses.c ontestó C. Su letra reflejaba c ada sac udida de los raíles. había busc ado su direc c ión en el Minitel). se c onvirtió en dos vidas: existían una Versión A y una Versión B. había oído en su infanc ia. En esta versión. Entonc es la vida de C. pensó en la posibilidad de viajar a Lyon para enc ontrarse c on su padre c ara a c ara.” La mujer de su padre no pudo ser más c ordial c on él durante su visita. se le oc urrió de repente busc ar la direc c ión de su padre. el Minitel c ontiene la direc c ión y el número de teléfono de todos los abonados de Franc ia. –Tres años y medio . añadía. pero al menos era una respuesta. hablaba de lo orgulloso que estaba de saber que su hijo era esc ritor. Me enteré entonc es de los c ambios inc reíbles que habían tenido lugar en la vida de C. No le enc ontraba sentido a lo que estaba hac iendo. que. El tono de su respuesta era prec avido. C. entre otras c osas. rec ibió una c arta de la mujer de su padre que le informaba de que éste había muerto. Le dijo que era c omo si hubiera sentido la llamada de su padre. c uando era niño. y había evitado c ualquier c ontac to c on su padre. ya no sabía qué c reer. dos verdades que se anulaban mutuamente. era su madre la que había matado a disgustos a su padre. Días después rec ibía de nuevo respuesta: la segunda c arta era tan c ariñosa y amable c omo la primera. Teniendo en c uenta que no se ac ordaba en absoluto de aquel hombre. C.. En el tren de París a Lyon (iba a visitar a su madrastra por primera vez). tenía exac tamente tres años y medio c uando sus padres se divorc iaron. c oinc idió en un c afé c on una amiga . –No estoy segura . ni siquiera podía c onjeturar c uándo se habían visto por última vez. Por pura c oinc idenc ia. Después de darle las grac ias a C. Cuando C. Se esc ribieron durante un par de meses. su padre era un monstruo de egoísmo que la había abandonado por una c ualquiera y nunc a se había preoc upado por su hijo. Te lo digo porque quieres muc ho a L. c omo si la veloc idad del tren fuera la imagen exac ta de las ideas que le bullían en la c abeza.y le c ontó esos ac tos extraños e impremeditados.?” Se refería a la hija de la novia de C. era su madre la que había abandonado a su padre. Su madrastra le c ontó entonc es la historia de su vida según el punto de vista de su padre.dijo la mujer. La enc ontró en Lyon. Dec idió c ontestar la c arta. Jamás se le había oc urrido que quisiera hac er una c osa así. Nada c uadraba c on las historias que C. c omo si una fuerza misteriosa se hubiera desenc adenado en su interior. que c ontradec ía todo lo que su madre le había c ontado. C. y estás reviviendo tu vida a través de L.c osas. pero apostaría c ualquier c osa a que tenias tres años y medio la última vez que viste a tu padre. le había dado miedo. Varios días después. y las dos eran su historia. Cuando aquel día volvió a c asa. sí. C. a la vista de la c arta. y desde . Antes de que pudiera hac er planes definitivos. había c reído tales historias. sin saber quién era. su padre iba al c olegio para verlo a través de la verja. Como me dec ía en la c arta: “Tengo la sensac ión de haberme c onvertido en un personaje de alguna de tus novelas.. había ec hado al c orreo el paquete el día de su c umpleaños. pero que el rec iente interc ambio de c artas c on C. C. Ahora. metió uno de sus libros en un sobre y lo envió a la direc c ión de Lyon: era el primer c ontac to que entablaba c on su padre en más de c uarenta años. y que. La psic oanalista reflexionó un instante y preguntó: “¿Qué edad tiene L. y el simbolismo de ese gesto lo había emoc ionado muc ho. lo había hec ho muy feliz. antes de ver que estaba hac iéndola. y sus últimos días habían rebosado alegría y optimismo. averiguó. Había vivido las dos en igual medida. y un día C. Su madrastra le c ontó a C. rec ordaba a aquel hombre. por el libro. que.una psic oanalista. llegó de Lyon una respuesta: una c arta c ariñosa y verdaderamente amable del padre de C. que su padre había sufrido un ataque al c orazón la mañana de su último c umpleaños (el mismo día que C. Según su madre. Le dec ía que durante los últimos años la salud de su padre había sido mala. Es muy intensa tu identific ac ión c on L. Esa misma noc he.

a la derec ha y a la izquierda antes de seguir adelante. el signo de alguna sutil maldic ión. antes de terminar la c arrera. Habíamos ido a pasar el día a Aix. Pero entonc es. c uando J. c ruzó la puerta y nunc a he vuelto a verla. era un amigo del c olegio y. Otro neumátic o se había pinc hado. y yo dejamos de vernos. Y entonc es. En un momento determinado. y las c uatro vec es me ac ompañaba la misma persona (en tres países distintos. pero la verdad es que nuestra amistad nunc a se rec uperó de aquel c uarto neumátic o pinc hado. di la vuelta en el c amino de tierra lleno de bac hes. el tema de un libro que estaba leyendo. y me presentaron a una c hec a. c uando esperaba que pasara un c oc he. me ac uerdo de que. así que dejó una herenc ia muy modesta. sin saberlo. y no hemos vuelto a hablar desde hac e diez años. pero. y me olvidé del asunto.. oc urrió exac tamente lo mismo.. El c aso es que J. pero. apenas si c oinc idimos c inc o o diez minutos. no hablamos de nada importante: una c iudad norteameric ana que los dos c onoc íamos. sobre todo en c ómo algunas amistades duran y otras no. Nada en el testamento la obligaba a hac erlo y. y yo c ogimos el c oc he para ir a c omprar la c ena. más c erc a de los c inc uenta que de los c uarenta años. fue a Franc ia para visitar la c asa en la que L.en. había estado atrapado entre las dos. son el emblema de c ómo han sido siempre nuestras relac iones. Me ac uerdo de que era una persona atrac tiva y alegre. Entonc es no le di ninguna importanc ia al inc idente. c asi rec ién nac ido.el princ ipio. c uando sufrimos otro pinc hazo. (ya una anc iana) insistió en que se repartieran a medias el dinero. esta vez en el estado de Nueva York.c ontinuó. J. El primer neumátic o pinc hado no supuso ningún problema (llevábamos rueda de repuesto). oí el silbido inc onfundible del aire al esc aparse.. juntó a un servic io de alquiler de libros baratos). Las estac iones se suc eden c on mayor lentitud en esa zona del mundo. El negoc io le había dado poc o más que para vivir. y todavía duraba el invierno. Las buenas historias siempre me interesan. c omo estaba a punto de irse c uando llegué. reventó el segundo. .le respondí. Lo hizo porque lo deseaba. y en un período de oc ho o nueve años). y yo nos ec hamos a reír. J. Pensé que era una simple c oinc idenc ia. Saqué el c oc he del garaje. sólo un c aso de mala suerte. Una primavera. 10 Cuando pienso en la amistad. desde luego. menos de una hora después. c uatro o c inc o años después. Lo signific ativo es que la madrastra de C. Las c antidades no tienen importanc ia. moralmente hablando. en un estado deplorable de autoc ompasión. inc apaz de darse c uenta de que abusaba de nuestra hospitalidad). Una tarde pasé por el despac ho de una amiga para saludarla. y yo vivíamos c on Daniel. Como suele oc urrir en tales situac iones. pero. nos quedamos desamparados en aquel territorio glac ial y desolador prác tic amente todo el día. la amiga que había ido a visitar se retrepó en su asiento y me preguntó: –¿Quieres oir una buena historia? –Desde luego . c ogimos la vieja furgoneta de mi padre y nos fuimos a los parajes desiertos de Quebec . Su padre había tenido una pequeña papelería (el típic o surtido de papel y material de esc ritorio. J.Provenc e (a unas dos horas de c amino) y volvíamos de noc he por una osc ura c arretera c omarc al. desde que tengo c arnet de c onduc ir. porque era más feliz c ompartiendo el dinero que guardándoselo para ella. y yo trabajábamos c omo guardas (apátic o y deprimido. así que no te llames a engaño. Luego nos dimos la mano. y avanc é hasta la c arretera para mirar a la izquierda. en los meses finales de mi matrimonio c on L. No voy a c ontarte c hismes. 11 Volví a París unos días en 1990. durante c ierto tiempo fuimos íntimos amigos. y esta vez ni siquiera nos habíamos alejado de c asa. –Quiero muc ho a mi amiga . pero. malignamente. J. c uatro años después. Cuando se fue. sólo se me han pinc hado las ruedas del c oc he c uatro vec es. donde L. No quiero exagerar. no tenía ninguna nec esidad de renunc iar a un solo c éntimo de los ahorros de su marido. volvió a visitarnos. pero c uando. el tiempo que hac ía. No digo que las ruedas pinc hadas tuvieran la c ulpa de nuestro distanc iamiento. aún hoy. aunque siempre hubo una sombra de inc omodidad e inc ompatibilidad en nuestras relac iones. no c onsigo c onvenc erme de que esos neumátic os pinc hados no signifiquen algo. una historiadora de arte amiga de mi amiga.

Un tendedero frenó su c aída. por un programa de interc ambios. se había quedado en Alemania bajo un nombre nuevo. y allí había vivido c on su nueva familia hasta el día de su muerte. no sé en qué c iudad. Uno de los trabajadores se c ayó del tejado y se mató. Un día le permitieron volver a la enseñanza. yo lo ac ompañé en el c oc he. y yo tenía nueve o diez). tuvo problemas c on las autoridades a finales de los sesenta. Según mi amiga. y. Poc o tiempo después de la boda. ni notic ias de si estaba vivo o muerto. fueron juntas a una fiesta de disfrac es (tenían seis o siete años. viendo lo que iba a suc eder. nada. El estudiante y ella se enamoraron y ac abaron c asándose. No son difíc iles de imaginar. En una de sus c lases había. un rayo alc anzó un gran árbol de la c alle. a la hora c onvenida. La joven c rec ió. Pasaron los años. lo enrolaron a la fuerza en el ejérc ito alemán y lo mandaron al frente ruso. No sé c ómo (yo no estaba presente). llegó un telegrama que anunc iaba la muerte del padre de su marido. Cuando la amiga de mi amiga preguntó c uál había sido su nombre en Chec oslovaquia. No rec ibieron ninguna c arta. el hombre c on el que se había c asado era también su hermano. c omprendió que era su padre. Una vez allí. Había c onseguido sobrevivir milagrosamente. Lo que estuvo a punto de c onvertirse en su final. y esc apó del ac c idente c on apenas unos c hic hones y algunas magulladuras. no tardó más de tres minutos en c ontarme la historia que voy a c ontar ahora. Ni siquiera un hueso roto. c uando mi padre se esforzaba en volver a arranc ar el motor (sin darse c uenta de que la mitad superior del árbol estaba a punto de desprenderse). Esto signific aba. La guerra le había dado la oportunidad de volver a empezar. Un año o dos más tarde. pisó el ac elerador y empujó el c oc he de mi padre más allá del c ruc e. en el prec iso momento en que el motor fallaba. y parec e que nunc a se había arrepentido. milagrosamente no pasó de ser una anéc dota en la historia inac abada de su vida. y otra vez se salvó. se enteró de que su difunto suegro había nac ido en Chec oslovaquia. Aquella noc he hac ía un frío que pelaba. su marido y ella viajaron a Alemania del Este para asistir al funeral. Aunque debes prometerme una c osa: si esc ribieras alguna vez esta historia. Ni siquiera una c onmoc ión. Y así mi amiga me c ontó el sec reto. En lugar de regresar a Chec oslovaquia después de la guerra. El tronc o del árbol se partió en dos y. que. La mujer que yo ac ababa de c onoc er había nac ido en Praga durante la guerra. resbaló del alero y se prec ipitó al vac ío. el c onduc tor del c oc he que lo seguía. De princ ipio a fin. un estudiante de Alemania del Este. pero no prec isó qué tipo de problemas. se había c asado c on una alemana. Su madre y ella no volvieron a saber de él. durante la invasión soviétic a. Un instante después. La guerra se lo había tragado: desaparec ió sin dejar rastro.Pero c reo que tienes derec ho a saber esto. –¿Estás segura? –Sí. Ese mismo año nuestros vec inos de enfrente enc argaron a dos hombres que pintaran su c asa. por las historias que c onozc o sobre lo que les suc edió a otros durante ese periodo. Se había desenc adenado una terrible tormenta y. el árbol se estrellaba c ontra el suelo. estoy segura. y las c alles estaban c ubiertas por traic ioneras c apas . Otra vez iba de c abeza al desastre. Mi padre había quedado en rec ogerlas después de la fiesta. Una noc he de invierno. Resulta que la niña que vivía en aquella c asa era la mejor amiga de mi hermana. Ac abó sus estudios en la universidad y llegó a ser profesora de historia del arte. en tanto que el padre de su marido era el mismo hombre.le dije. 12 Una tarde de hac e muc hos años a mi padre se le c aló el c oc he en un semáforo en rojo. no c itarías ningún nombre. –Te lo prometo . Era muy pequeña c uando hic ieron prisionero a su padre. Al día siguiente. desde luego. Durante la guerra los nazis lo hic ieron prisionero. en el sitio exac to que había oc upado el c oc he de mi padre. lo enrolaron a la fuerza en su ejérc ito y lo mandaron al frente ruso. mi padre estaba trabajando en el tejado de un edific io en Nueva Jersey.

Volvía a imaginarme el salvamento una y otra vez. estaba a punto de morir aplastada por las ruedas del Chevrolet de mi padre. pero. e hic imos sin problemas el trayec to de ida y vuelta. pero por la expresión de su c ara c uando le hic e la pregunta era evidente que no rec ordaba nada. Un instante después. Durante años he tenido la sensac ión de que éste había sido el momento más hermoso de mi vida. ahora era una joven de veintidós años rec ién lic enc iada. Por lo que puedo rec ordar. Sin pararme a pensar me agac hé. aquellos segundos habían sido una experienc ia definitiva. sin embargo. Si no me engaño. Mi hermana perdió el c ontac to c on su amiga. que se había equivoc ado de número. ¿Qué habría suc edido si me hubiera enc argado del c aso? . Pero c uando nos detuvimos frente a la c asa de la niña. Tenía c uriosidad por saber c ómo rec ordaba su enc uentro c on la muerte. intentando trabajar en mi esc ritorio. y mi hermana y yo habíamos vuelto a la c iudad a pasar unos días. ¿Y si me hubiera hec ho pasar por un detec tive de la Agenc ia Pinkerton?.de hielo. Para c ompletar el disfraz. Desc olgué. mi padre notó por fin que el c oc he se movía. Cayó bajo el c oc he . Mi padre paró el c oc he y se apeó para ac ompañarla hasta su puerta. Sin darle importanc ia. volví a c olgar. Desde el princ ipio hasta el final. y. Lo que más me asombra es admitir que estoy hablando de algo que suc edió en 1956 o 1957. Pero esta vez me quedé pensando qué hubiera suc edido si le hubiera respondido que sí. había c ogido un par de zapatos de tac ón de su madre. la c adena c ompleta de desgrac ias no debió de durar más de oc ho o diez segundos. Una mirada vaga. noté que el c oc he se deslizaba lentamente marc ha atrás. me preguntaba. 13 Un número equivoc ado inspiro mi primera novela. Había salvado la vida de una persona. puso el freno y detuvo el c oc he. y que la niña de aquella noc he tiene ahora más de c uarenta años. Era junio. le c ogí c on fuerza la mano derec ha y de un tirón la subí a la ac era. El teléfono volvió a sonar la tarde siguiente. antes de que pudiera avisar a mi padre de lo que pasaba. Ni siquiera se había enterado de que estaba en peligro. Luego volví a mi trabajo y me olvidé de la llamada. que no había dejado en ella el menor rastro. Un leve frunc imiento de c ejas. retrospec tivamente. Mi padre c ondujo c on prudenc ia. Por c asualidad su antigua amiga aparec ió y nos saludó. Yo iba detrás c on las c hic as. era la primavera de 1980. La amiga de mi hermana iba disfrazada de princ esa de c uento de hadas. hic e alusión a la noc he en que la había sac ado de debajo del c oc he. siempre me ha sorprendido la rapidez c on que reac c ioné. una y otra vez revivía la sensac ión de sac ar a la niña de debajo del c oc he. y al otro lado de la línea un hombre me preguntó si hablaba c on la Agenc ia de Detec tives Pinkerton. ¡No rec ordaba nada! Entonc es me di c uenta de que no se había enterado de que el c oc he se movía. nuestra familia se mudó de c asa. me tuve que bajar primero. Todo el inc idente había durado lo que dura un relámpago: diez segundos de su vida. Un enc ogimiento de hombros. un ac ontec imiento extraordinario de mi historia íntima. en el momento en que la niña sac aba el pie. quizá porque mi padre había olvidado ec har el freno de mano (no lo sé). y c olgué. Saltó al asiento del c onduc tor. la seguridad de mis movimientos en aquella situac ión c rític a. Me rec uerdo de pie en la ac era mientras ella c onseguía salir. y. y. c ada paso que daba se c onvertía en una aventura. quizá por el hielo. Una tarde estaba solo en mi apartamento de Brooklyn.. no muc hos días después de que enc ontrara la moneda de diez c entavos frente al Shea Stadium. Un par de años después de aquella noc he. y. y yo no volví a verla hasta quinc e años más tarde. Resultó que era el mismo individuo y me hac ía la misma pregunta que el día anterior: “¿Agenc ia Pinkerton?” Volví a dec irle que no. c uando sonó el teléfono. c omo le bailaban los pies en aquellos zapatos. para dejar salir a la amiga de mi hermana. Había c rec ido muc ho. no hizo el menor ruido. un intervalo sin c onsec uenc ias. y debo dec ir que sentí un c ierto orgullo al ver que había llegado a adulta sana y salva. Para mí.que seguía moviéndose. la amiga de mi hermana apoyó en la ac era los tac ones de su madre y se resbaló. Le dije que no. de repente se desenc adenó una serie de ac ontec imientos inverosímiles.

Era un apartamento distinto del que tenía en 1980: otro apartamento c on otro número de teléfono. otras ideas. Muy bien. pelearse. Si ese individuo volviera a llamar. hac e menos de dos meses. Tenía un ac ento muy fuerte.N. sobre suplantac ión de personalidad. sobre misterios irresolubles. Desc olgué el auric ular y. Tal y c omo yo hic e. respondió el hombre.N”. sentí que no tenía elec c ión. Pero. otros libros. desc ubrí que los libros no se terminan nunc a. Como todo lo que he esc rito en este c uaderno rojo. no pude artic ular palabra. bola.) . Cuando el teléfono suena la terc era noc he. pero la terc era llamada nunc a se produjo. y poc o a poc o se me abrió un mundo lleno de posibilidades. empec é a darle vueltas a la c abeza. dije.” El hombre se disc ulpó por haberme molestado y c olgamos. el número equivoc ado se había transformado en el suc eso c ruc ial del libro. del T. al c ontrario que yo. c uando el teléfono sonó. “Lo siento”. que es posible que las historias c ontinúen esc ribiéndose a sí mismas sin autor. Pero. y se hac e c argo de la investigac ión. durante unos segundos. Quería hablar c on el señor Quinn. polemizar. para estar seguro. Aquel hombre llamaba c ompletamente en serio. disc utir. Para bien o para mal. Si no me c eñía estric tamente a la verdad de los hec hos.U. 1992 ÍNDICE [1] To argue signific a argüir. detec tive privado. “aquí no vive ningún señor Quinn. un hombre me preguntó si podía hablar c on el señor Quinn. Se ha equivoc ado de número. al otro lado de la línea. Un hombre llamado Quinn rec ibe una llamada telefónic a de alguien que quiere hablar c on Paul Auster. sobre todo. me dije. y me rogaba que le pasara el teléfono. Le pedí. trola. Después de aquello. sentí que había desperdic iado una oportunidad únic a. Por un momento pensé que era un amigo que quería tomarme el pelo. intentando trabajar ante mi esc ritorio. Estaba solo en mi apartamento de Brooklyn aquella tarde. y esc ribir sobre detec tives que no eran detec tives. Pero no tuve tanta suerte: “Q. esc ribir ese libro c arec ía de sentido. pasa exac tamente lo mismo: Quinn c uelga otra vez. que se llamara c omo yo). Terminé el libro hac e diez años. Quinn le sigue el juego al que llama. Esperé a que el teléfono sonara otra vez. dic e.A dec ir verdad. Fib signific a embuste. y desde entonc es me he dedic ado a otros proyec tos. Quería. A la noc he siguiente. Esto ha suc edido de verdad. Argue y Phibbs: ¿Argüir y Trolas? (N. que me deletreara el nombre. Tenía ac ento español y no rec onoc í su voz. permanec er fiel a mi primer impulso. yo soy Paul Auster: entonc es c omienza la loc ura. el error que pone en marc ha toda la historia. es una historia verdadera. Cuando me senté a esc ribir La ciudad de cristal un año después. Me asusté y. “¿Es una broma o qué?” No. mentirilla. “¿El señor Quinn?”. dije por fin. no era una broma. Quinn tiene otra oportunidad. Sí. y yo esperaba que quisiera hablar c on el señor Queen. Así que debía implic arme en el desarrollo de la historia (o implic ar a alguien que se me parec iera. Quinn responde que se han equivoc ado de número. por lo menos hablaría un poc o c on él e intentaría averiguar qué quería.I.

Related Interests