FILOSOFÍA Y ANALFABETISMO Cuenta el poeta José Coronel Urtecho que:1 (1) El gran poeta chino Po-Chu-Í no publicaba nada antes

de haberlo hecho aprobar por una vieja mendiga; (2) Anatole France hacía lo mismo con su criada; y (3) Él (Coronel Urtecho) hacía igual con sus hijos gemelos. ¿Cómo “sonaría” una filosofía que pudiera ser entendida por analfabetas o niños? ¿Habría de reducirse a “sabiduría popular” (refranes, fábulas, cuentos con moraleja, relatos míticos, etc.) o a recursos gnómicos, como los koan del budismo zen y las aporías de Zenón contra el movimiento (Aquiles y la tortuga, la flecha y la diana)? Ahora bien, ¿por qué pedirle a la filosofía algo que no se le pide a las ciencias o a las artes? ¿O también habría que pedírselo a las ciencias y a las artes? ¿Y qué pasaría si, en una sociedad dada, todos comenzaran a hacer filosofía? Quizás esa sociedad fuese una aproximación al infierno, antes de perecer por inanición o inacción. Tal vez lo verdaderamente filosófico no sea preguntarle a un o una analfabeta si entiende o no los discursos que se le endilgan sino sacarlo o sacarla de su analfabetismo. Aunque, quién sabe, pudiera ser que, para sacarlo de su analfabetismo literal (o técnico, político, cultural), haya primero que sacarlo del analfabetismo filosófico. Suponiendo, claro está, que quien pretenda auxiliarlo sea un verdadero filósofo y no un perfecto idiota filosófico, un pedante profesor de filosofía que deba sentarse a los pies de mendigos, criadas, niños y niñas para aprender a pensar y a ser persona.

1

Ver la Carta del 3/3/41 al P. Ángel Martínez Baigorri SJ, en Encuentro, n. 9, abril-sept. 1976, p. 77.

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