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Bogotá, Marzo 4 de 2013 Honorable Jorge Ignacio Pretelt Chaljub Magistrado Corte Constitucional de Colombia

Ref. Demanda de inconstitucionalidad contra el Acto Legislativo 01 de 2012 (parcial), “Por medio del cual se establecen instrumentos jurídicos de justicia transicional en el marco del artículo 22 de la Constitución Política y se dictan otras disposiciones”.

Paul Seils, Abogado y Vicepresidente del Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ, por su sigla en inglés, en adelante “el Centro” o “ICTJ”), entidad sin ánimo de lucro constituida y reconocida bajo las leyes del Estado de Maryland en Estados Unidos de América y Maria Camila Moreno, Directora del ICTJ Programa Colombia, se dirigen a usted y por su intermedio a la honorable Corte Constitucional, para presentar las observaciones del Centro en su condición de amicus curiae en el proceso de la referencia. El interés del ICTJ El ICTJ es una organización no gubernamental, internacional, sin ánimo de lucro, especializada en la justicia en períodos de transición, que trabaja en sociedades que buscan superar regímenes represivos o conflictos armados, así como en aquellos en donde injusticias históricas o abusos sistemáticos continúan sin resolverse. Para ello ofrece asistencia en distintos países en proceso de atribución de
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responsabilidad ante la comisión de atrocidades y violaciones masivas de los derechos humanos. El ICTJ, para hacer frente a estos legados, brinda apoyo y entabla diálogos con grupos de la sociedad civil, entidades estatales y organizaciones internacionales comprometidas en lograr un cambio en las sociedades y cuyo trabajo está orientado a la debida rendición de cuentas y al esclarecimiento de la verdad, en el marco de una solución integral. El anterior objetivo se cumple brindando asistencia técnica, a partir de la experiencia comparada relevante en el mundo en materia de justicia transicional. Asimismo, el Centro presta asistencia técnica a instituciones y responsables del diseño e implementación de políticas públicas en los ámbitos internacional, nacional, regional y local, e insiste en la necesidad de dar respuestas concretas a los abusos sucedidos. El ICTJ, igualmente, asiste y apoya a organizaciones de víctimas, comunidades, activistas de derechos humanos, organizaciones feministas y otros grupos de la sociedad civil, centrados en una agenda de justicia, con miras al desarrollo de capacidades y a la implementación de estrategias que incluyan persecución penal, iniciativas de reparación, búsqueda de la verdad y construcción de memoria. Por último, el ICTJ realiza investigaciones, análisis e informes sobre los desarrollos de la justicia transicional en el mundo, con el fin de promover la discusión, realizar propuestas innovadoras y dar cuenta de las mejores prácticas, lecciones aprendidas y procesos o estrategias fallidas, con el fin de que sean tenidas en cuenta en los procesos de construcción y desarrollo de políticas públicas e implementación de acciones.
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En correspondencia con la misión del ICTJ y los objetivos expuestos, el presente documento pretende brindar a la Honorable Corte Constitucional algunos elementos que contribuyan a una comprensión amplia de los objetivos de la justicia transicional y los desafíos de su aplicación en Colombia, a la luz de los estándares del derecho internacional en materia de lucha contra la impunidad e investigación de crímenes de sistema. Asimismo, se ponen de presente algunas reflexiones sobre el papel de la justicia penal en los procesos de justicia transicional y la imperante necesidad de realizar un riguroso ejercicio complementario de construcción de verdad en este tipo de procesos.

1. La Justicia Transicional: Instrumentos, estrategias y objetivos-El caso colombianoLa justicia transicional, en términos generales, se refiere al conjunto de medidas que diferentes países han utilizado para tratar y dar solución a los legados de abusos masivos y sistemáticos de derechos humanos. Existe un consenso emergente acerca de los elementos que constituyen el núcleo esencial de la justicia transicional, ya enumerados en el reporte de 2004 del Secretario General de las Naciones Unidas y que incluyen la justicia penal, la búsqueda de la verdad, la reparación a las víctimas y las reformas institucionales, especialmente aquellas tendientes a “depurar” los servicios de seguridad1.
“Informe del Secretario General al Consejo de Seguridad sobre el estado de derecho y la justicia de transición en las sociedades que sufren o han sufrido conflictos", S/2004/616, párrafos 8 y 26 (3 de agosto de 2004), disponible en:
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Los elementos mencionados no constituyen una lista taxativa y deben ser entendidos como partes de un todo que apuntan hacia la consecución de fines últimos como la construcción de democracia y la reconciliación. “Lejos de ser componentes de una lista al azar (random list), estas medidas son partes de la justicia transicional en virtud de compartir dos objetivos o fines ‘mediatos,’ a saber, proporcionar reconocimiento a las víctimas y promover la confianza cívica; y un objetivo final, contribuir al fortalecimiento de la norma de derecho democrática (democratic rule of law)2. La implementación de las medidas de justicia transicional tiene, entre otros, los siguientes objetivos principales: la “rendición de cuentas”, otorgando pleno reconocimiento a las víctimas como derechohabientes, promover la confianza cívica y fortalecer el Estado democrático de Derecho. Reconocer a las víctimas significa darles un lugar en el espacio público, esto es, escuchar los relatos de las violaciones de derechos humanos y el impacto sufrido, y reconocer y dar realidad a su estatus de derecho-habientes, con el fin de que recuperen su condición de ciudadanos con derechos iguales y efectivos. Promover la confianza cívica implica asumir que las decisiones de alguien están determinadas por principios claros que tienen en cuenta a los demás. La certeza que de ello se deriva, nos permite actuar con la tranquilidad de que existen unas mismas reglas para todos. En relación con el fin último, fortalecer el Estado democrático de Derecho, este va más allá de una posible concepción formalista e implica, entre otras, la posibilidad de participar en la definición, defensa y protección de las libertades, en una profunda
http://www.unhcr.org/cgibin/texis/vtx/refworld/rwmain/opendocpdf.pdf? reldoc=y&docid=4a895b752. 2 Pablo de Greiff, “Algunas reflexiones acerca del desarrollo de la Justicia Transicional”, p. 28 en http://www.anuariocdh.uchile.cl/index.php/ADH/article/viewFile/16994/18542

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interacción

entre

derechos

liberales

clásicos

y

derechos

democráticos3. Las estrategias de la justicia transicional han evolucionado en su comprensión, pues han pasado de ser expectativas deseables e ideales a constituirse, bajo el derecho internacional, en obligaciones que tienen que ser honradas y satisfechas por parte de los Estados que pretendan superar situaciones de conflicto y la ocurrencia de atrocidades.4 En Colombia el concepto de justicia transicional emerge en el complejo y polémico contexto de la negociación con las Autodefensas Unidas de Colombia. Es durante la discusión de la ley de Justicia y Paz, en el año 2002, cuando en el país se empieza a debatir ampliamente sobre los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición. Una vez aprobado el marco jurídico para la desmovilización de los paramilitares, toma forma el modelo especial de persecución penal de los postulados a la ley de Justicia y Paz. Estos antecedentes explican la interpretación equívoca pero mayoritariamente aceptada en Colombia, de que la justicia transicional es un modelo de justicia orientada a conceder beneficios penales a quienes han sido responsables de graves violaciones de derechos humanos.
Ver, inter alia, Paul Seils, “Reconciliation in Guatemala: the role of intelligent justice”, 44 Race and Class, 33, 47 (2002). 4 Estas obligaciones aunque con diferentes nombres pueden encontrarse en instrumentos internacionales como el “Conjunto de principios actualizado para la protección y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la impunidad”, los “Principios y directrices básicos sobre el derecho de las víctimas de violaciones manifiestas de las normas internacionales de derechos humanos y de violaciones graves del derecho internacional humanitario a interponer recursos y obtener resoluciones”, así como en el informe general del secretario general de las Naciones Unidas de 12 de octubre de 2012 “El estado de derecho y la justicia de transición en las sociedades que sufren o han sufrido conflictos”. Asimismo, tales obligaciones han sido establecidas por decisiones judiciales como sentencias de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a las cuales haremos referencia más adelante.
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Contrario a esta interpretación, la justicia transicional es una respuesta multifacética para abordar violaciones sistemáticas o masivas de los derechos humanos que no pueden ser enfrentadas en su totalidad por los procedimientos e instituciones normales de la justicia penal. Es decir, una respuesta que maximice los mecanismos de rendición de cuentas para abordar de manera pertinente dichas situaciones, complementando las acciones de la justicia penal con otras medidas orientadas a lograr la verdad histórica, las reformas institucionales y la reparación de las víctimas. Normalmente, la justicia transicional opera luego de la finalización de un conflicto violento; sin embargo, en Colombia coexisten tanto la lógica de la guerra, como la ineludible necesidad de avanzar en la rendición de cuentas. En el contexto específico de Colombia, la justicia transicional podría contribuir a: • Hacer que los colombianos se relacionan unos a otros, y con las instituciones del Estado, como ciudadanos plenos, es decir como sujetos de derecho. • Romper la tendencia en la historia del país a recurrir a la violencia organizada como medio para resolver diferencias políticas. • Develar y desarticular los grupos armados y las redes políticas y económicas que los crearon, sostuvieron y siguen sosteniendo. En síntesis, los mecanismos de justicia transicional, aplicados de manera integral, pueden convertirse en una valiosa estrategia que permita cumplir con el núcleo esencial de protección exigido por los
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estándares internacionales de derechos humanos, sin desconocer la existencia de un conflicto armado y la posibilidad de una salida negociada al mismo. Al respecto, señala el Juez García Sayán en el voto concurrente del fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de Mozote vs el Salvador, que: “(…) Los derechos de las víctimas a la verdad, la justicia y la reparación, deben ser entendidos como interdependientes. Solo la aplicación integrada de medidas en favor de las víctimas en todos esos ámbitos puede conseguir resultados eficaces y concordantes con el ordenamiento interamericano de derechos humanos. Así, la simple aplicación de sanciones penales, sin que ellas impliquen un serio esfuerzo de encontrar y decir la verdad en su conjunto, podría convertirse en un proceso burocrático que no satisfaga la pretensión válida de las víctimas de llegar a la mayor verdad posible. Por otro lado, el otorgamiento de reparaciones sin que se sepa la verdad de las violaciones ocurridas, y sin sentar condiciones para una paz duradera, sólo produciría un aparente alivio en la situación de las víctimas, pero no una transformación de las condiciones que permiten la recurrencia de las violaciones. Esta armonización debe hacerse a través de un juicio de ponderación de estos derechos en el marco propio de una justicia transicional. En este sentido pueden plantearse, por cierto, particularidades y especificidades de procesamiento de estas obligaciones en el contexto de una paz negociada. Por ello, los Estados deben ponderar en este tipo de circunstancias el efecto de la justicia penal tanto sobre los derechos de las víctimas como sobre la necesidad de terminar el conflicto. Pero, para ser válidas en el derecho internacional, tendrían que atenerse a ciertos estándares básicos orientados a lo que
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puede procesarse y concretarse de varias formas, incluyendo el papel de la verdad y la reparación.”
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2. El deber de investigar y sancionar las graves violaciones derechos humanos y las garantías de no repetición El derecho internacional público ha presentado un avance notorio en los últimos años en relación con los parámetros de exigencia frente a la respuesta del Estado cuando se abordan crímenes internacionales. El aumento de las obligaciones internacionales, las restricciones crecientes y progresivas en el tratamiento benévolo a los autores de crímenes y la exigencia para que el Estado dé una respuesta más adecuada a las víctimas y provea la verdad y reparación suficientes, son nuevos estándares establecidos en el reciente desarrollo jurídico, expresado en tratados, convenciones, jurisprudencia, doctrina y el derecho consuetudinario. En el marco del Sistema Interamericano de Protección de los Derechos Humanos, tanto en la Convención Americana de Derechos Humanos (en adelante, CADH)6, como en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (en adelante, Corte IDH), se enfatizan las obligaciones del Estado de respetar 7 y garantizar8 el
Voto concurrente del Juez Diego Garcia Sayan, Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Masacre El Mozote y lugares aledaños vs. El Salvador, de 25 de Octubre de 2012, párr.: 26-29. 6 Convención Americana de Derechos Humanos (CADH). Al ratificar esta Convención el Estado colombiano se obligó a respetar los derechos y libertades reconocidos en ella y a garantizar su libre y pleno ejercicio a toda persona que esté sujeta a su jurisdicción, sin discriminación alguna por motivos de raza, color, sexo, idioma, religión, opiniones políticas o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición social (artículo 1). 7 Que implica una obligación de carácter negativo, de no realizar injerencias indebidas en el goce y ejercicio de los derechos. 8 Que implica una obligación de carácter positivo, es decir de organizar todas las estructuras a través de las cuales se manifiesta el ejercicio del poder público, de manera tal que sean capaces de asegurar jurídicamente el libre y pleno ejercicio de los derechos humanos. Ver Corte IDH, Caso Velásquez Rodríguez vs Honduras. Sentencia de 28 de julio de 1988, párr. 167. Lo cual implica entre otras acciones,
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libre y pleno ejercicio de los derechos reconocidos en la Convención a toda persona sujeta a su jurisdicción. En relación con el deber de investigar y sancionar, la Corte IDH ha establecido, en primer lugar, que si el Estado actúa de modo tal que la violación queda impune se habrá incumplido con la obligación de garantía9. Adicionalmente, establece que investigar es una obligación de medio, es decir, que no se incumple por el sólo hecho de que la investigación no produzca un resultado satisfactorio. Sin embargo, la jurisprudencia exige que la investigación se emprenda con seriedad y no como una simple formalidad condenada, de antemano, a un resultado infructuoso. Debe tener un sentido y propósito claros, debe ser asumida por el Estado como un deber jurídico propio, derivada de su razón de ser, y no como una simple gestión de intereses. La investigación de los hechos violatorios de la Convención debe ceñirse a la debida diligencia y estar orientada a la determinación de la verdad, con el fin de garantizar la no repetición de los hechos, a partir del esclarecimiento de la compleja dinámica violenta. En este sentido, las investigaciones deben visibilizar los patrones sistemáticos que permitieron la comisión de graves violaciones de los derechos humanos10, tomando en cuenta la complejidad de los hechos, el contexto en que ocurrieron 11 y los patrones que explican su comisión, evitando omisiones en la recolección de prueba y en el seguimiento de líneas lógicas de investigación12. Actuar con la debida diligencia en las investigaciones implica, especialmente en un contexto de criminalidad sistemática, tomar en cuenta los patrones de actuación
revisar la legislación vigente y su eficacia en la protección de los derechos. 9 Corte IDH. Caso Velásquez Rodríguez vs Honduras. Sentencia de 28 de julio de 1988, párr. 176. 10 Corte IDH. Caso Masacre de la Rochela vs Colombia, supra nota 10, párr. 156. 11 Corte IDH Caso de las Hermanas Serrano Cruz vs El Salvador, párr. 88 y 105. 12 Corte IDH. Caso Masacre de la Rochela vs Colombia, supra nota 10, párr..158.

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de la estructura de personas que cometen los crímenes y el entramado de relaciones, para lograr develar su composición y funcionamiento y su desmantelamiento definitivo. Sólo así será posible la no repetición de los hechos13. Es esta la razón por la cual, la obligación de investigar, la garantía del derecho a la verdad y la garantía de no repetición están estrechamente relacionadas. Así, el Estado está obligado a la adopción de diseños institucionales, y su debía implementación, que permitan conjunta determinar y de todas judicialmente las personas los patrones de actuación formas, que, de diversas

participaron en las violaciones, así como sus correspondientes responsabilidades14. Solo develar e identificar las estructuras responsables puede permitir el real desmantelamiento de las mismas y, en consecuencia, garantizar la no repetición de los hechos. 3. El papel de la Justicia Penal en los procesos de justicia transicional La justicia penal, señala Pablo de Greiff, contribuye al reconocimiento de los individuos como ciudadanos y en algunos casos restituye la ciudadanía, al negar la superioridad que los crímenes establecen entre el victimario y las víctimas. Asimismo, contribuye a la construcción y restablecimiento de la confianza cívica, al reafirmar la importancia y valía de las normas que garantizan la igualdad entre los ciudadanos, luego de romper las jerarquías generadas por la transgresión violenta adelantada por los perpetradores. Una efectiva justicia, además, promueve la disposición de los ciudadanos a denunciar los crímenes de los que fueron testigos o víctimas. La
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Corte IDH. Caso Masacre de la Rochela vs Colombia, supra nota 10, párr 165. Corte IDH. Caso Masacre de la Rochela vs Colombia.

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justicia penal fortalece el Estado democrático porque al llevarse a cabo juicios con garantía del debido proceso para todos sus intervinientes y al someter legítimamente a quienes ostentaron poder en el pasado de atrocidades o conflicto, queda establecida y reafirmada la generalidad y superioridad de la ley. “Sin embargo, la implementación de la justicia transicional en situaciones postconflicto ha sido problemática debido a varios factores, principalmente, la preferencia de los Estados de optar por una realpolitik y aplicación de leyes de amnistía en favor de los autores de violaciones graves de los derechos humanos, con el fin de lograr estabilidad política. En este sentido, debe tenerse en cuenta que la rendición de cuentas por las violaciones graves de los derechos humanos sigue siendo un factor importante en la consecución de justicia y paz en una situación de post-conflicto.15 La masividad de crímenes y perpetradores, como en el caso colombiano, impone retos en la provisión de justicia ante el riesgo de negar los crímenes cometidos, desconocer el sufrimiento de las víctimas y ahondar su sentimiento de frustración. La capacidad de persecución, investigación y sanción del aparato judicial en Colombia se ha visto desbordada y, ante la dificultad de juzgar y sancionar todos los hechos y a todos y cada uno de los perpetradores, es necesario redefinir las estrategias de persecución penal, a fin de lograr el juzgamiento y sanción de los máximos responsables de las violaciones, esclarecer la dinámica de la violencia y contribuir así a la desarticulación definitiva de los aparatos criminales. Debe tenerse en cuenta que en los crímenes perpetrados por aparatos
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organizados

de

poder,

estructuras

armadas

u

“Informe del Secretario-General a la Asamblea General sobre el fortalecimiento y la coordinación de las actividades de las Naciones Unidas orientadas a la promoción del estado de derecho”, A/66/133, p. 43, (8 de agosto de 2011), disponible en: http://www.unrol.org/files/Third%20Annual%20Report%20of%20the%20SecretaryGeneral.pdf.

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organizaciones ilegales, no es fácil determinar quién puede ser un máximo responsable, pues tales organizaciones no solo se edifican exclusivamente desde la ilegalidad, sino que suelen contar en su estructura con miembros que pertenecen a la legalidad, además de establecer y consolidar relaciones con actores privados legales y/o funcionarios públicos. Por esta razón, no basta con señalar quién, por ejemplo, como dirigente político o comandante militar, dio la orden directa de cometer uno o varios crímenes, así como no es suficiente identificar a los miembros de la cúpula u órgano directivo de la organización que profirió una directriz consistente en ejecutar un determinado tipo de crimen. Así, es claro que no sólo los miembros superiores en la organización son máximos responsables, sino que también pueden serlo los patrocinadores o auspiciadores de tales estructuras, así como los miembros de las autoridades civiles, políticas o militares que les brindan o brindaron información, los avituallaron o les permitieron realizar sus acciones delictivas, sin que encontraran obstáculo alguno o que, con su apoyo, lograron minimizar los riesgos de persecución penal. 16 El concepto de máximo responsable no está circunscrito de manera exclusiva a una pertenencia orgánica, sino que implica el cumplimiento de roles significativos que contribuyan o permitan la efectiva comisión de los crímenes. El funcionamiento de tales estructuras y los crímenes que ejecutan en cumplimiento de sus planes tiene, además de la ejecución de ciertos propósitos económicos, políticos o de otro tipo, lograr la impunidad. El esclarecimiento de los hechos se dificulta debido a la conformación de redes de múltiples relaciones y estructuras complejas que
En el mismo sentido ver: Opinión Concurrente de la Juez Christine Van den Wyngaert, Prosecutor v. Mathieu Ngudjolo Chui (ICC-01/04-02/12-04), 18 de diciembre de 2012 parra. 23 (“…the fact that principals are connected more directly to the bringing about of the crime than accessories does not imply that they are inherently more blameworthy”).
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difuminan responsabilidades, ocultan roles y relaciones de mando e impiden conocer, con certeza, quienes se encargan de llevar las órdenes o directrices y a quiénes se les asigna su ejecución. En tal sentido, y a propósito de la judicialización de crímenes de sistema17, las iniciativas de enjuiciamiento de Naciones Unidas establecen que: “Los crímenes del sistema, como la mayor parte de la delincuencia organizada, se caracterizan en general por una división del trabajo entre planificadores y ejecutores, así como por unos esquemas en materia de estructura y ejecución que tienden a dificultar la determinación de relaciones entre esos dos niveles. Todo ello se complica por el hecho que a menudo, aunque no siempre, los crímenes del sistema son cometidos por entidades oficiales frecuentemente con la participación de personas que eran, o pueden seguir siendo, poderosas desde el punto de vista político. Los crímenes suelen afectar a gran número de víctimas, con lo que estos aspectos de escala y contexto hacen que las investigaciones sean más difíciles desde el punto de vista logístico.”18 Teniendo en cuenta lo anterior y ante la evidencia fáctica, las violaciones masivas cometidas en Colombia en el marco del conflicto armado no internacional deben ser entendidas como crímenes de sistema. El crimen de sistema desafía el entendimiento y la aplicación regular del derecho penal (particularmente, en relación con los conductos de responsabilidad e intervención en el acto criminal) 19. El objetivo de
Definidos como genocidio, crímenes de lesa humanidad y crímenes de guerra cometidos a gran escala; es decir, requieren de cierto grado de organización para ser cometidos. Cfr. Paul Seils and Marieke Wierda, “ Instrumentos del estado de derecho para sociedades que han salido de un conflicto. Iniciativas de enjuiciamiento.”, OHCHR, Ginebra, Nueva York, 2006, p. 12 18 Ibídem, p. 13. 19 OHCHR (2006).
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una iniciativa de judicialización de estos crímenes no es sólo esclarecer lo acontecido en hechos aislados, sino determinar el continuo de poder entre determinadores y seguidores y explicitar las políticas, prácticas y contextos que determinaron (o facilitaron) la perpetración de abusos de manera sistemática o generalizada 20. La tarea del aparato de investigación y de juzgamiento no es “la de sencillamente describir la comisión del acto criminal, sino la de elucidar la operación de los elementos de la maquinaria criminal” 21, entender la naturaleza final e instrumental de los casos, establecer patrones en el ejercicio de la violencia, hechos y sobre su motivación y justificación. En su informe sobre Colombia, la Corte Penal Internacional ha señalado que el reto de la judicialización no se debe limitar a los miembros de las estructuras sino que, para el caso de los grupos denominados “autodefensas”, por ejemplo, dada la complejidad de aparato criminal “parece ser necesario realizar nuevas investigaciones para descubrir la verdadera magnitud del fenómeno paramilitar durante el conflicto armado y, en particular, el apoyo y la complicidad que obtuvieron
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identificar contextos y

prácticas facilitadoras e indagar sobre el fondo ideológico de los

de

los

sistemas Lo

político, anterior

militar, implica,

económico y administrativo” responsabilidad en el

, con miras a establecer cadenas de nacional.

nivel

adicionalmente, concebir como un todo e integrar a la estrategia de investigación los distintos procesos de persecución penal que se adelanten. Al referirse al caso Colombia, y en concreto al esfuerzo adelantado en aplicación de la Ley de Justicia y Paz, la CPI también ha señalado que: “Estos esfuerzos se podrían enriquecer con un
OHCHR (2006). OHCHR (2006: 12). 22 International Criminal Court, Office of the Prosecutor, Situation in Colombia: Interim Report- November 2012, par. 209.
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análisis exhaustivo de los hallazgos de la Corte Suprema en los casos de parapolítica así como de la evidencia recogida y el material producido durante las audiencias de Justicia y Paz y en otros procesos investigativos, y de la priorización de futuras investigaciones de los máximos responsables.”23 Por su parte, la Corte IDH también ha cualificado el deber de

investigar y sancionar los hechos constitutivos de violaciones de los derechos humanos. En su jurisprudencia ha mencionado que es preciso que se esclarezca la existencia de estructuras criminales complejas y las conexiones que tuvieron y permitieron la ejecución de las violaciones, pues la debida diligencia en las investigaciones adquiere una especial importancia de acuerdo con la gravedad de los hechos y la naturaleza de los derechos afectados.24 “Como parte de la obligación de investigar ejecuciones extrajudiciales como las la del presente caso, las autoridades estatales deben determinar procesalmente los patrones de actuación conjunta y todas personas que de diversas formas participaron en dichas basta el violaciones y sus correspondientes responsabilidades. No

conocimiento de la escena y circunstancias materiales del crimen, sino que resulta imprescindible analizar el conocimiento de las estructuras de poder que lo permitieron, diseñaron y ejecutaron intelectual y materialmente, así como de las personas o grupos que estaban interesados o se beneficiarían del crimen”. En el caso Manuel Cepeda Vargas vs Colombia fue más explícita al indicar: “En casos complejos, la obligación de investigar conlleva el deber de dirigir los esfuerzos del aparato estatal para desentrañar las
Ibídem Corte IDH, Caso de la Masacre de la Rochela Vs. Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 11 de mayo de 2007. Serie C No. 163, párr. 194; y Caso Valle Jaramillo y otros Vs. Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 27 de noviembre de 2008. Serie C No. 192, párr.101.
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estructuras que permitieron esas violaciones, sus causas, sus beneficiarios y sus consecuencias, y no sólo descubrir, enjuiciar y en su caso sancionar a los perpetradores inmediatos. Es decir, la protección de derechos humanos debe ser uno de los fines centrales que determine el actuar estatal en cualquier tipo de investigación. De tal forma, la determinación sobre los perpetradores de la ejecución extrajudicial del Senador… sólo puede resultar efectiva si se realiza a partir de una visión comprehensiva de los hechos, que tenga en cuenta los antecedentes y el contexto en que ocurrieron y que busque develar las estructuras de participación.” En este sentido, podemos observar que la Corte IDH ha insistido en la debida diligencia de los Estados en relación con la investigación de las violaciones de derechos humanos, al exigir que ésta vaya más allá de la determinación de simples responsabilidades individuales e inmediatas, comprenda la identificación del contexto en que las violaciones ocurrieron y establezca si éstas fueron parte del actuar propio de estructuras criminales organizadas como parte de la ejecución de planes determinados. Asimismo, la Corte ha establecido que cuando tales violaciones no fueron perpetradas de manera aislada, sino que hicieron parte de un plan sistemático relacionado con el funcionamiento de organizaciones criminales, este actuar debe ser identificado y esclarecido junto con los patrones de criminalidad que hayan sido llevados a cabo y la identificación de quienes se beneficiaron de las violaciones masivas de derechos humanos.25
25

Caso Anzualdo Castro Vs. Perú. Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 22 de septiembre de 2009. Serie C No. 202, párr. 179; Caso Escué-Zapata Vs. Colombia. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 4 de julio de 2007. Serie C No. 165, párr. 106; Caso García y familiares Vs. Guatemala. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 29 de noviembre de 2012. , párrafos 148, 150; Caso Radilla-Pacheco. vs. México. Corte IDH. Excepciones Preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 23 de noviembre de 2009. Serie C No.209, párr. 206; La Cantuta vs. Perú. Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 29 de noviembre de 2006. Serie C No. 162, párr. 82

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Recientemente, el Presidente de la Corte en relación con el deber de investigar que tiene un Estado en un contexto de conflicto armado y en el marco de una negociación, ha manifestado: “ la solución negociada del mismo abre varios interrogantes y plantea enormes exigencias jurídicas y éticas en la búsqueda de la armonización entre justicia penal y paz negociada.” En su voto concurrente, en la Sentencia proferida en el caso Mozote vs El Salvador, nota que para concretar los derechos de las víctimas y atenerse a los estándares internacionales “se pueden diseñar pautas específicas para el tratamiento de los responsables de las más graves violaciones abriendo el camino, por ejemplo, de priorizar los casos más graves como ruta de manejo de una problemática en la que podrían ser, en teoría, muchos miles los procesados y atender los casos de menor gravedad a través de otros mecanismos. (…) El reconocimiento de responsabilidades por parte de los máximos líderes puede contribuir a promover un proceso de esclarecimiento tanto de los hechos como de las estructuras que hicieron posible esas violaciones.26 Develar las estructuras criminales, planes e identificar a los máximos responsables es, en realidad, una condición necesaria para la no repetición, la cual debe ser el objetivo primordial de la política criminal en un marco de justicia transicional. Sin embargo, dada la naturaleza de los crímenes de sistema, es pertinente contar con estrategias de judicialización para afrontar los desafíos relacionados con la comisión de un gran número de crímenes y un gran número de perpetradores, investigados o procesados, así como la limitación de recursos y la existencia de demandas sociales y políticas que reclaman la judicialización.

Voto concurrente del Juez Diego García Sayán, Sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Caso Masacre El Mozote y lugares aledaños vs. El Salvador, de 25 de Octubre de 2012, paras. 26 y 29.
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Si el objetivo es el esclarecimiento de los aparatos criminales y sus relaciones socio-políticas, aun cuando se trate de miembros o sectores de la institucionalidad estatal o agentes privados, 27 la priorización de casos debe considerar los siguientes elementos: a) Una investigación que parta de la óptica de la identificación y el desmantelamiento de aparatos criminales. b) La identificación de los aparatos criminales, entendidos no solo en un sentido estrecho de mando militar, sino en un sentido que corresponde a la realidad de las redes de relaciones que los constituyen, y que reconoce como mayores responsables no simplemente a quienes ocupan un determinado lugar en la estructura, más o menos formal, sino a quienes contribuyen de manera significativa a la consecución de los fines ilegales del aparato. c) La investigación priorizada debe identificar los aparatos criminales, los fines ilegales por los cuales se concertaron, las actividades adelantadas para lograr estos fines y la contribución de los mayores responsables en el desarrollo e implementación del plan criminal. A manera de conclusión En un contexto de justicia transicional hoy, el Estado Colombiano, asume como legado una historia de ocurrencia de masivas atrocidades que se explica por el accionar de una criminalidad sistemática, que ha llevado a que muchos de sus ciudadanos hayan visto sus derechos violados y, más aún, no restablecidos durante
Sobre la necesidad de la selección corresponder también a realidad histórica del conflicto, ver: Paul Seils, Restoring civic confidence through transitional justice , (2012) J.Almquist and Carlos Esposito (Eds.), Routledge, The Role of Courts in Transitional Justice (pp. 265–279).
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décadas y aún generaciones. El proceso judicial será, dentro del marco de la justicia transicional, el vehículo apropiado para contribuir al establecimiento de la responsabilidad por las atrocidades cometidas, por medio de una identificación clara de los máximos responsables y aparatos o sistemas de poder que participaban y/o contribuyeron con esa criminalidad. En un contexto de justicia transicional el cumplimiento de estas tareas por parte del sistema judicial Colombiano, responsable y garante de los derechos de sus ciudadanos servirá, sobre todo, para asegurar que el proceso de establecimiento de responsabilidades tenga una eficacia tal que asegure la identificación y desmantelamiento de los aparatos criminales y garantice, de esta forma, la no repetición de las atrocidades.

De la Honorable Corte Constitucional,

PAUL SEILS Vicepresidente Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ)

MARIA CAMILA MORENO Directora Programa Colombia Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ)

Centro Internacional para la Justicia Transicional – Programa Colombia Bogotá, 27 de febrero de 2013

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Contacto: Calle 73 No. 7 – 06 Oficina 701, Bogotá.

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