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El carnaval de siempre ¿De dónde salió ese auténtico rollo de que el carnaval debe volver a ser un “espectáculo familiar”

en Mérida? A lo mejor el desfile lo es y hasta en eso tengo mis dudas. Pero después, la suma de una avenida repleta, más calor de 38 grados, bulla caliente de música y litros de alcohol en la sangre, no me cuadra en un resultado precisamente sano. No lo cuestiono. Eso es el Carnaval: un fenómeno cultural complejo que ha cambiado, pero que sigue siendo, esencialmente, una fiesta de desfogue y relajo muy subido de tono. Ocurre en muchas partes del mundo. Todo pueblo necesita un eventual destrampe. De hecho, no todos los historiadores y expertos están de acuerdo en torno su origen, pero la mayoría coincide en señalar lo que sí hubo desde siempre: desfiles, alcohol, excesos. Ciertamente, las autoridades están haciendo su trabajo al ofrecer la imagen de una fiesta controlada y segura, lo cual es verdad en algunas zonas del derrotero. Pero no nos quieran dorar la píldora con el rollo de lo “familiar”. Son más honestas, en ese sentido, la frase de los anuncios: “lo que pasa en carnaval…”. Reitero que no estoy censurando la fiesta. Es necesaria. Por años, yo también recorrí sin falta el Paseo de Montejo. Pero hoy, con un hijo pequeño y una bellísima mujer a mi lado, daré si acaso una vuelta cerca del Monumento. Tampoco quiero decir que el derrotero sea tierra de nadie. No exageremos. Hay policía y mucha. Es solo que debe quedar claro que quien se interna en los gozosos manglares de la fiesta de la carne no acude a celebrar a Atenea, diosa de la sabiduría, sino a Momo, hijo de la noche y dios de la locura. Ése es el carnaval de siempre. arrabalycultura@gmail.com