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Stanislav Zimic

Las Novelas ejemplares de Cervantes

LAS NOVELAS EJEMPLARES DE CERVANTES

por

Stanislav Z imic

siglo veintiuno editores
MÉXICO ESPAÑA

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siglo veintiuno editores, sa
CER R O DEL AGUA, 248. 04310 MEXSCO, O.F.

siglo veintiuno de españa editores, sa
C/ PLAZA, 5. 28043 MADRID. ESPAÑA

T odos los derechos reservados. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra p or cualquier p ro ced im ien to (ya sea gráfico, electrónico, óptico, químico, m ecánico, fotocopia, etc.) y el alm a cen a m ien to o tra n sm isió n de sus c o n te n id o s en soportes magnéticos, sonoros, visuales o de cualquier otro tipo sin perm iso expreso del editor. Primera edición, marzo de 1996
© SIGLO XXI DE ESPAÑA EDITORES, S. A.

Calle Plaza, 5. 28043 Madrid © Stanislav Zim ic
DERECHOS RESERVADOS C o i n , ^ A LA LEY

Im preso y hecho en España P rin ted a n d m ade in Spain D iseñ o de la cubierta: Pedro Arjona ISBN: 84-323-0915-X D ep ó sito legal: Μ. 6.423-1996 F otocom p osición e Impresión: EFCA, S. A. Parque Industrial «Las Monjas» 28050 T orrejón de A rdoz (Madrid)

In memoriam: Lesley Frost Joseph Ballantine

ÍN D ICE

AGRADECIMIENTOS.................................................................................. NOTA PREVIA.............................................................................................. SIGLAS......... -.............................................................................................. IN T R O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES ................ LA G ITANILLA..................................................................................... EL AM ANTE LIBERAL....................................................................... RINCONETE Y CORTADILLO....................................................... LA ESPAÑOLA ING LESA................................................................. EL LICENCIADO V ID R IER A .......................................................... LA FUERZA DE LA SANGRE........................................................... EL CELOSO EXTR EM EÑ O .............................................................. LA ILUSTRE FR EG O N A .................................................................... LAS DOS DONCELLAS....................................................................... LA SEÑORA C O R N E L IA .................................................................. EL CASAM IENTO E N G A Ñ O S O Y C O L O Q U IO DE LOS PE R R O S............................................................................................. U N A C O N C LU SIÓ N PRIMARIA.................................................... BIBLIOGRAFÍA SELECTA............................................................................ ÍNDICE DE AUTORES CITADOS................................................................

IX XI XIII xv 1 47 84 142 163 195 222 262 286 307 325 386 387 399

AGRADECIMIENTOS

Por el interés que han mostrado en mis investigaciones cervanti­ nas y por haber hecho posible, de un modo u otro, la publicación de este libro sobre las Novelas ejemplares de Cervantes, deseo de­ jar constancia de mi profunda gratitud a don Javier Abásolo, don Odón Betanzos Palacios, don Alberto Sánchez, don Manuel Revuelta Sañudo, don Janez Stanonik, don Julián Olivares, y a las profesoras Charlotte Stern, Helena Percas de Ponseti y Elizabeth Boyce. Por el permiso de reimpresión de mis artículos publicados en BBMPy AC, AN , BRAE, La Torre, mi agradecimiento a los direc­ tores de estas revistas: don Manuel Revuelta Sañudo, don Alberto Sánchez, don Janez Stanonik, don Víctor García de la Concha y don Arturo Echevarría. Gracias especiales a Donette Moss, Chris Samaniego, Chuck Reese e Isabel Martín Marqués por su muy atenta y generosa asis­ tencia en la preparación del manuscrito. Al publicarse en revistas, estos estudios fueron dedicados a al­ gunos admirados maestros y colegas profesionales (don José A. Balseiro, don Alexander A. Parker, don Richard Predmore, don Alberto Sánchez, don Alban K. Forcione) y a muy queridos ami­ gos de mis años juveniles y universitarios en Europa (Romildo Kumar, Atilij Rakar, Joze Jamsek, Cvetka Kofol, Zivko Marc, Cvetko Velikonja). Deseo reiterar mi gratitud, aprecio y afecto a todos ellos.

En este libro se reúnen todos nuestros estudios pasados sobre las Novelas ejemplares de Cervantes pero reconsiderados detenida­ mente y con frecuencia modificados y alterados, con el deseo de ofrecer al lector una visión de conjunto, diferente de las de otros estudiosos, pero siempre atenta también a éstas. En cada capítulo se estudia principalmente el aspecto más importante que suscita la obra considerada —particularmente el diálogo crítico que se sos­ tiene con la literatura inspiradora—, derivándose al fin una com­ prensión global de los problemas ideológicos y estéticos que preocupan a Cervantes respecto a la novela corta. Se ha procurado omitir gran parte de la materia erudita que aparece en nuestras pu­ blicaciones anteriores (véase «Bibliografía selecta»), y que puede interesar más al especialista que al público general, a quien, ante todo, va dirigida esta obra.

* «El A m adís cervantino (apuntes sobre La española inglesa)», A C , 1987-88, 469-83. «Apostilla al A m adís cervantino», A C , 1989, 227-231. «Hacia una nueva novela bizantina: E l am ante liberal », A C , 1989,139-65. «Las dos doncellas: padres e hijos», A N , 1989, 23-37. «D em onios y mártires en La fu e rza de la sangre », A N , 1990, 7-26. «La ilustre fregona», A C , 1991, 21-43. «La señora Cornelia: una excursión a la novella italiana», BRAE, 1991, 101-20. «La tragedia de Carrizales: E l celoso extrem eño», A N , 1991, 23-48. «La gitanilla de Cervantes», BBM P, 1992, 89-142. «Rinconete y Cortadillo en busca de la picaresca», A N , 1992, 31-71. «El licenciado Vidriera: la tragedia del intelectual íntegro», La Torre, 1992, 237-70. «El casamiento engañoso y C oloquio de los perros», BBM P, 1994, 55-125. «Introducción a las N ovelas ejem plares de Cervantes», A C , 1994, 23-95.

SIGLAS

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Anales Cervantinos, Madrid, Actas del Congreso Internacional de la Asociación de Cervantistas. Actas del Congreso Internacional de Hispanistas. Actas del Congreso Internacional sobre la Picaresca, Madrid, 1979. Acta Neopbilológica, Ljubljana. Boletín d e la Academia Argentina de Letras, Buenos Aires. Boletín de la Academia Cubana de La Lengua, La Habana. Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, Santander. Bulletin Hispanique, Burdeos. Bulletin o f Hispanic Studies, Liverpool. Boletín de la Real Academia Española, Madrid. Cuadernos Americanos, Mexico, D.F. Clásicos Castellanos de La Lectura, Madrid. Cervantes (KF UU). Cuadernos Hispano-americanos, Madrid. Cuadernos de Literatura, Madrid. Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Ma­ drid. Estudios dedicados a Menéndez Pidal. Hispanófila, Madrid. Homenaje a Cervantes, Valencia. Homenaje ofrecido a Menéndez Pidal. Hispanic Review, Filadelfia. Lenguaje, ideología y organización textual en las N o­ velas ejemplares, Actas del Coloquio celebrado en la Facultad de Filología de la Universidad Complutense (1982), Madrid, 1983. Les Langues Néo-latines, París.

Chapel Hill. Chapel Hill. N o se traducen algunas frases. Nueva Revista de Filología Hispánica. cap. Baltimore. Modern Philology. 19). En las notas hay referencias ocasionales a obras eruditas y lite­ rarias de importancia secundaria para nuestro estudio y por esto vienen acompañadas de la información necesaria para el lector in­ teresado. University of N orth Carolina. Madrid. Miguel de Cervantes Saave­ dra: Obras Completas. 103). 1965. Madrid. Revista Hispánica Moderna. Romance Notes. palabras y términos cuyo sentido ya resulta claro por el contexto. en paréntesis. Nueva York. Para todas las citas de las obras de Cervantes nos servimos de la edición de Ángel Vaibuena Prat. Tras las citas de las Novelas ejemplares indicamos. Modern Language Review.M LN M LR M P h il NRFH RFE RI RHM RN SPh The Modern Language Notes. Roma. algunas traducciones están abreviadas. México. . pero no figuran en la «Bibliografía selecta». Revista de Filología Española. traducciones atentas sobre todo al contenido esencial y no a las peculiaridades estilísticas de las citas en otras lenguas. Cuando es necesario. Tras las citas del Quijote indica­ mos el título: (Quijote. Rivista d 1 Italia. Por razones editoriales. Chicago. 1043) o la Parte y el capítulo: (n. Studies in Philology. la página. incluimos el título de las otras obras cervantinas cita­ das: (El viaje del Parnaso. Aguilar. entre corchetes. Cambridge. 1300) o la Parte y la página: (i. En las notas y a veces en el texto ofrecemos.

Al componer sus Novelas ejemplares. «Dedicatorias». Ya el aspecto más superficial de este complejísimo problema.quién con más autoridad para hacerlo!— que se trata de «doce cuentos». Se nos sugiere la interesante posibilidad de que con la articulación nove­ lística de la obra y su afirmación respecto a ella Cervantes se pro­ ponga ilustrar de modo concreto. escrita. inextricablemente. fas­ cinante. y que su forma literaria. Y. contradicción. colgantes. las circunstancias materiales y psíquicas. en efecto. «Advertencias». Cervantes afirm a— . En­ tre estos hechos quizás no haya. 1 Estudiam os algunos aspectos dé este problema en nuestro libro Las églogas de Garcilaso. de seguro meditaría sobre el modo y la frecuencia con que algunos de los más admirados cuentistas del pasado suelen ex­ playarse en sus «Prólogos». Cervantes dice al Conde de Lemos que le envía «doce cuentos» (770). de las experiencias mismas del al­ férez Campuzano en el hospital y en toda su vida anterior. ¿Doce? Siem­ pre ha causado perplejidad esta afirmación.IN TR O D U C C IÓ N A LAS N O VELAS EJEMPLARES En la «Dedicatoria» de las Novelas ejemplares. independientes. etc. . eri que se incluyen. ía sensibilidad subjetiva del autor.1 le llama­ ría de continuo la atención a Cervantes. de modo cru­ cial. sin embargo. fu­ sionándose así El casamiento engañoso y Coloquio de los perros. antes y después de la lectura. leída por el bachiller Peralta. imposible separar la materia en dos entidades por completo coherentes. es siempre un palpitante. persuasivo e ingenioso el noto­ rio fenóm eno de la creación artística de que el contexto o pre-texto de la obra literaria. la irreductible expe­ riencia personal. en realidad. pues cierto es que el coloquio nocturno entre Cipión y Berganza «nace de los mismos sucesos» —como escribe Cervantes para explicar casos semejantes en el Quijote (1420)-™ es decir. etc. íntegro texto en sí mismo.. Sin ciertas modificaciones textuales resulta. se enmarca en la conversación de éste con aquél. sin elementos sueltos. en un solo texto.

en que. se transparentan sus distintas etapas generativas: una y varias novelas. como en tantos otros aspectos de la creación artística. en la creación del texto. sobre sus narradores y "cronistas”. otras. En éste. entre otras cosas. etcétera. con las que se funde el texto con su pre-texto en una obra unitaria. una admoni­ ción respecto a cualquier tesis categórica sobre un significado único y definitivo del número "doce” 3.194. en su propia obra. considerablemente diferente de la escrita. unificadas por la experiencia y la perspectiva personales del narrador-protagonista. particularm ente Bandello: T utte le opere d i M a tteo Bandello. sobre la experiencia y perspectiva personal del narrador-protagonista como explicación de lo que cuenta2.2 4 . pp. de modo muy im portante. . perplejidades. indefinible de todo texto literario y. presuntuosamente —por ignorancia o menosprecio de la perenne tendencia exploradora. en otra obra. con ello. Juan Manuel. duchos en apreciar y comentar lo oído o leído. 3 M uy cuestionable. 14. 2 0 . objeciones. D .con informaciones y aclaraciones sobre las circunstancias perso­ nales. su aplicabilidad a todas las demás novelas de la colección. claro está. en que se gestó. etc. com o también sobre los supuestos paralelos y contras­ tes entre las N ovelas ejemplares en el conjunto (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. y. con sus aprobaciones. si­ multáneamente. De la con­ versación de Campuzano y Peralta se sugiere también la participa­ ción del lector.. 5. objeto de una intensa dramatización. ambientales. resulta la interpretación de Casalduero sobre esto. por tan categórica y arbitraria. entre innu­ merables otros cuentistas. las coincidencias de la vida diaria. inexorable­ mente. 2 Podrían servir de ejemplo Boccaccio. sólo tes­ tigos o inventores de lo contado. convertidas en el tema mismo de la obra. Tales semejantes referencias se aprecian en varias obras cervantinas. a la vez. al menos en parte. sobre los impulsos ínti­ mos. es decir. pero en El casamiento engañoso y Coloquio de los perros se con­ vierten en fascinantes situaciones novelísticas. psicológicas. sobre sus oyentes y lectores. sociales. la multiplicidad. a veces ellos mismos protagonistas de sus cuentos. Con la ejemplificación de ese proceso artístico en la realidad literaria de El casamiento enga­ ñoso y Coloquio de los perros Cervantes sugiere. en reali­ dad. Chaucer. lo que se convierte así. 150. pp. Cervantes se adelanta por completo a lo que a veces se proclama. 26-27). se narró u oyó y se escribió el cuento. Resulta así implícita. 88. 57.

Por lo tanto. dimensiones. Y ê anse las notas de Avalle-Arce en su edición de La Galatea. como en las restantes novelas de la co­ lección. a Cervantes no íe faltaban nunca “historias”. efectivamente publicado en 1616. algunos de los más grandes escritores actuales destaquen con orgullo su deuda con Cervantes. «si la vida no me deja». Madrid. una hipótesis todavía llena de incertidumbres 7. Según todas las evidencias. por ejemplo. p. Además de la fecha de pu­ blicación. todas las informaciones de esta especie sólo permiten una aproximación. 5 Sobejano. que es un genuino «mar de historias». imposible. « Rinconete y C ortadillo y El celoso extrem eño . etc. 10). las variaciones sobre algunas de las publicadas originalmente en la Galatea5 o los cambios en El ce­ loso extremeño y Rinconete y Cortadillo respecto a sus versiones anteriores en el manuscrito de Porras de la Cámara6. “Historias” a menudo en proceso continuo de reelaboración. 7 Casalduero: «Los esfuerzos de los eruditos que han tratado de establecer la cronología de las novelas han sido. al afirmar Cervantes que hay «doce cuentos» en la colección. claves narrativas en el contexto literario cervantino». para “abultar” libros. 1968. aparejadas para la imprenta y. «Sobre tipología y ordenación de las N ovelas ejem plar es». que sitúan así la escritura en un tiempo posterior. libro que se atreve a competir con Heliodoro» (770). en varios estados de composición o ya acabadas. Sánchez. . hasta ahora inútiles» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . algunas de las Novelas ejemplares contienen alusiones a la realidad externa. pero en éstas. ya desde la Galatea (1585). o la utilización comprobada de cierta obra literaria. técnicas. “historias” cuyas fechas de composición resulta di­ fícil. como Guzmán de Alfarache en Rinconete y Cortadillo. las referencias a uno o ambos saqueos de Cádiz por los ingleses en La española inglesa. claro está. entre otros. la aparición próxima de los «Trabajos de Persiles. muy variadas en temas.. como. a diferencia de tales opiniones críticas.experimental literaria del genial escritor—. para así impresionar aún más al lector. C C . Cervantes: Pioneer an d Plagiarist). establecer con precisión. por desgracia. esti­ los. como revelación de la literatura actual4. por ejemplo. Sin 4 És significativo que. De todos modos. 6 Resultan peregrinos los argumentos que se ban aducido para negarle a Cer­ vantes la autoría de estas novelas (Aylward. aunque supuestamente sabiendo que sólo hay once. 2 vols.. según lo demuestran. Rebate bien esta tesis. si así lo pidiese la oca­ sión.. Resulta insostenible tal opinión por el hecho muy significativo de que en el «Prólogo al lector» de las Novelas ejemplares Cervantes anuncia. no lo haría con el propósito de “abultar” su libro.

como La gitanilla. entre otras cosas. en acalorados 8 Pierce: «W h atever the developm en t o f fo rm a n d plot. basada a menudo en interpretaciones estridentemente in­ ductivas de los textos. hasta lo últim o. se reflejarían. confirmado por otros ilustres exegetas cervantinos. en que.. {Esencialmente!. la cronología de las obras de Cervantes. De modo más específico. La española inglesa.. los vicios y las ridiculeces de la sociedad contemporánea. [«C on inde­ pendencia del desarrollo de la form a y de la trama. pensante.. ciertos reajustes.) un alejam iento de la realidad coti­ diana». la visión de la condición humana y del ideal de vida indivi­ dual. the inner content re­ m ains the same. como en toda persona inteligente.. no constituye esto un obstáculo significativo para la com­ prensión del pensamiento de Cervantes.) apartamiento de la lucha y la desesperación (. en su con­ junto. penosas experiencias personales. Las dos doncellas. fiel a ideas de su juventud. [«(. se ha puesto ya de relieve por algunos perspi­ caces lectores de Cervantes n.].] 1 1 Sobejano. Se ha sugerido un cambio de actitud frente a la vida también en un sentido opuesto: «a retreat from struggle and despair [. Estos. pues las mismas creencias parecen informar cada cuento». 135). «la verdad de la Galatea es solidaria de la del Persiles» 8.embargo.] Sin embargo. por ejemplo. es la misma.] movement toward transcendence o f these problems [. a detachment from everyday reality» 1 0 . comprensi­ blemente. rebosan en preocupaciones dél autor por los problemas y las dificultades de la vida diaria. escepticismo y crítica respecto a la sociedad y sus institucio­ nes. .. Desde nuestra propia perspectiva. estudiamos esa intensificación del desengaño.. a hábitos de pensam iento que la época de Felipe II había re­ cibido de la del Emperador» (Erasmo y España. p. etc. pp... diríamos que en las obras cervantinas. en ciertas actitudes intensificadas de desen­ gaño. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C ervan tes' N o v ela s ejem plares. pues en luminoso juicio de Américo Castro. La vulnerabilidad de esta tesis. las novelas supuestamente tardías. 778). 16. por los males.. el contenido íntim o es el m ism o. a menudo. p. «Sobre tipología y ordenación de las N o vela s ejemplares». según se evidencia en algunas obras tardías como el Quijote de 1615 y el Persiles9... pues es natural que con el tiempo ocurran. no coincidim os con este crítico en qué consiste este “inner co n ten t”. debidos a iluminadoras y. Bataillon: «La obra de Cervantes es la de un hom bre que permanece. since the same set o f beliefs w o u ld seem to inform each o f the tales in turn» («Reality and Realism in the Exem plary N ovels». tam­ bién. sensi­ tiva. íntimo y social. con lo que se revelaría. 10 El Saffar. 19 ss.) m ovim iento hacia la superación de estos problem as (. 9 Tenem os en preparación estudios sobre ambas novelas.

condenándolo. . el Pinciano and the N ovelas ejem plares ». 15 Véase nota 10.]. 1 3 Pierce dice bien: «[. P· 14· 17 A tkinson...] [la entera colección presenta problemas y situaciones de alternativas y conflictos». es asimismo insostenible derivar esas fechas de un presunto gradual abandono de lo "idealista”... económica.. !6 El Saffar. la habilidad o la com ­ prensión con que los personajes intentan llenar la vacuidad de sus vidas. en suma. como una de las causas directas de los consecuentes extravíos y desastres humanos. tanto en sus obras tempranas como en las tardías.. Cervantes. N o v e l to Rom ance: A Stu dy o f C e rv a n tes3 N ovelas ejemplares. de cosa 1 2 El Saffar. En todas las Novelas ejemplares hay elementos «a noticia [. lamenta el abuso o el abandono de esas facultades y aspiraciones. N o v e l to Romance. Sin negar los potenciales efectos de la Fortuna.] el hombre que confía en sus propias fuer­ zas es tan absurdo (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. podrían serlo de verdad. pero de ningún modo por las razones aducidas15. 16. política. 135). en toda vida. poniendo de relieve la crucial función del libre albedrío y su propia convicción de que «cada uno es artífice de su ventura» (Quijote.] the entire collection m a y he v ie w e d as presenting pro ­ blem s a n d situations o f choice a n d conflict » («Reality and Realism in the E xem ­ p la ry N o vels ». señaladas como tardías en esa te­ sis. 18).] H H em os ilustrado esta tesis también en las obras teatrales de Cervantes (El teatro de Cervantes). supuesta­ mente siempre más pronunciadas de obra en obra í6. en de­ senlaces con muy irónicos desengaños. específicamente. p. p. «[.. a Cervantes no suele interesarle el hombre —como ente literario— sin responsabilidad propia por su existen­ cia 1 4 . p. «La inteligencia. Así. Enfrenta a sus personajes con significativos dilemas existenciales. por otra parte. a favor de una más asidua búsqueda de la “verdad”.» Esta idea tiene su antecedente en Casalduero: «[. con que los personajes intentan «fill up the emptiness o f their Uves» u. ingenuity or understanding». del azar.. en sutiles sátiras e indignadas censuras morales. es insostenible que las fechas de composi­ ción de las Novelas ejemplares se revelan por una aceptación de la c < transcendent reality” y una consecuente vuelta de espaldas a la difícil y penosa realidad cotidiana por parte del autor. de un más candente "realismo” l7. por una parte. «Cervantes. Si. rebosan en todo lo que aquella tesis intenta negarles. las Novelas ejemplares. 1500)D.enfrentamientos críticos con la deplorable realidad social. Lejos de desacreditar «the intelli­ gence.

404. como diría Torres Naharro («Proemio». Éstos son «dignos de admiración» (Los baños de argel. etc. actitudes convencionales. instituciones. entre otros. sociales. precisamente porque sus aconteci­ mientos son extraordinarios y..nota y vista en realidad de verdad». estado psicológico. p. so­ 18 Consideram os la visión de Torres Naharro de este problema en nuestro li­ bro: E l pensam iento humanístico y satíñco de Torres N aharro. por la in­ mutabilidad parcial de la herencia y por ciertas inexorables conse­ cuencias multiseculares. a la vez. etc. a su vez «se al­ teran. tradiciones. mediterráneo y de la época contemporánea. Con toda esta materia de la realidad histórica se entreteje otra que es por completo «a fantasía. pues. ante todo. pp. moral. bien documentados. también las "verdades” históricas. 172-173). en todas sus obras. no es ya histórico sino novelesco»20. sociales. «La historia com o materia novelable». [«Es m uy evidente su res­ peto por la verdad histórica com probable». lo que constituye un procedimiento literario característico de Cervantes. abar­ cando perspectivas muy distintas. culturales. notorios acontecimientos y personajes históricos. poéticas. moviéndose en un espacio que por muy impregnado que esté de historia. colectivas e individuales. 88-93. en que se sitúan todas las tramas. quehaceres coti­ dianos. pero las «verdades» que dan a la ficción «consistencia peculiar. de ser contados. actualidad y relevancia al narrar aun los más ex­ traños cuentos. cierta fisonomía histórica. Como mateJ ría de arte. son. religiosos. también los «fabulosos inventos» adquie­ ren. problemas políticos. como nos enseñan. .] 20 G ullón. "vividas”. comenzando por el mapa europeo. literarios. de cosa fantás­ tica o fingida» (Torres Naharro. ambientes urbanos y rurales con­ cretos. y con el que se propone crear una sensación de autenticidad. Al entrete­ jerse con lo histórico. costumbres. espiri­ tual. 227). Propalladia ) 18. algunos escritores de “la generación del 98”. “verdaderos”. historizándola». econó­ micos. palpitante en la vida cotidiana de ese mundo 1 9 y todavía comprobable en la del presente. 301). según lo explica él mismo en una ocasión: e! «principal in­ tento / ha sido mezclar verdades / con fabulosos inventos» (El ga­ llardo español. «Proemio»). autobiográ­ ficas. todo vigente. ubicables todavía. siglos XVI y XVII. peculiares. Este hecho no priva a las obras cervantinas de su valor como documento histórico. 19 Riley: «His respect f o r the ascertainable truth o f history is q u ite eviden t» ('C ervantes' Theory o f the N o vel.

cuyas tramas son evidentemente «a fantasía». la materia histórica se nos revela en su aspecto más esencial y con relieve tan dramático que hace parecer exangües. C er­ van tes an d the H um anist Vision: A Study o f Four Exem plary N ovels. algunas de éstas. que la de los políticos. borrosas las historias “objetivas” contemporáneas^ Lo ha observado aguda­ mente ya Baroja: «No se ha dado en Inglaterra un historiador que esté a la altura de Shakespeare. Sin embargo. p. será siempre oportuno recordar que si el tiempo. todo lo contrario. En efecto. "político” estudio de Osterc. . aunque parece lo contrario. circunscritos por una época y un am­ biente geográfico.]. por una parte. tan im portantes para el es­ tudio de Cervantes. histórico. p. adquiriendo un sentido simbólico de la condi­ ción humana de aplicación universal23. revelan. Sorprende que los libros de Forcione. universal. no la calidad del hilo» 24. muy intensas preocupaciones por los problemas de la existencia cotidiana. Crucial es. y en que hay sólo esporádicas y tenues alusiones a la realidad histórica o social concreta. 2‘ 1 G ullón.. pues. La v erd a d sobre las novelas ejemplares. y no en la historia. todavía no se hayan traducido al español. es mucho más exacta. por cierto no menos intensas que las que se expresan en algunas otras novelas donde la sátira y su blanco son más obvios. ni en Francia ninguno como Molière [. etc. el espacio. al percibirse sus suti­ les implicaciones irónicas.. con que se logra 2 1 Baroja. 404. los personajes. entre otros trabajos suyos. social concretos. Es que el poeta nos comunica la verdad más íntima. tejidos en las novelas cervantinas «con la misma clase de fibra: cambia el color. 22 Para este problema es siempre esencial el libro de Riley. Filtrada por la poderosa imaginación poé­ tica. 1100. que quieren hallar estos conocimientos en la historia y en la esta­ dística» 21. Cervantes. la acción. Hay que pensar que la tendencia de los escritores a buscar el conoci­ miento de un país en la literatura. sobre todo. N o es. ni la abundancia de las "verdades” ni la exactitud de sus detalles lo que revela la intensidad de la búsqueda de la "verdad” y lo que determina el mayor o menor “realismo” de las Novelas ejempla­ res. 23 Se desentiende a m enudo de este hecho el tendencioso.cial. «La historia com o materia novelable». la armónica fusión de las “verdades” con los “fabulosos in­ ventos”. por otra. pues. A ristotle an d the Persiles. C ervantes' Theory o f the N o v e l y los libros de Forcione. «La literatura y Ía historia». transcien­ den lo particular. que intuye en la particular de la historia22. aparecen. ni en España otro que esté a la al­ tura de Cervantes.

que. intenso estudio de esta especie todavía no se ha emprendido.. 52. Éste responde. que «dirigía a Cervan­ tes.. Q ue sepamos. doce cuentos. pero m uy cuestionables. Tampoco se puede fijar la fecha de composición por el orden en que aparecen las novelas en la colección. Para una visión m uy diferente de la nuestra de la “inverosim ili­ tud” cervantina véase Martínez Bonati. que. todas sólo parcialmente satisfactorias. Algunas consideraciones interesantes. de interés actual.. Sobre el problema de la verosim ilitud.] ponerse al lado de los más pintados» («Dedicatoria». que [podrían] [. particularmente los libros de R iley y F orcione (nota 22).una coherencia interna. en la «idea» propuesta por Casalduero. JPor ahora. en D ie z Taboada. pues. «Cervantes y las regiones de la imagina­ ción». literario de los textos en cues­ tión . cuando ordenó las narraciones». del lenguaje.]. 770)28. «Hacia una pragmática de la novela ejemplar». un detenido. lo que para Cervantes constituye. 2 < . pese a todos los retoques. y que justificaban por completo su reclamación de primacía: «soy el prim ero que he novelado en lengua castellana» («Prólogo». pero n o im posible para un oído m uy afinado para las diferencias expresivas. Esta reclamación se ha explicado de muchas maneras a tra­ vés de los siglos. . en el momento de publicarlas a Cervantes to ­ das le parecían excelentes. esencial­ mente. se revelarían de un m odo u otro. el estilo lingüístico. novedosas. artística25. con toda probabilidad. la verosimilitud literaria o el "realismo”. a un determinado propósito ideológico y lite­ rario 27. que intentamos explicar más adelante. a su vez. el estudio citado en la nota anterior. 27 Casalduero. etc. aunque es cierto que Cervantes recondicionaría.. independientemente de la fecha de composición de cada una de las novelas. observe­ mos que. se constituye en la metáfora fundamental de la obra. p. conceptos de tan diversas y contrarias interpretaciones en la crítica cervantina26. 28 La posibilidad más prometedora de averiguar la fecha aproximada de com ­ posición sería. ¿Qué que­ ría decir de veras Cervantes con ella? La Galatea demuestra que Cervantes se dedicó a escribir no­ velas poco después de volver del cautiverio. m odernizaría todas las com posiciones viejas al redactarlas con las más recientes en las N o vela s ejem pla­ res. «La estructura de las N o ­ velas ejem plares». de la estructura y mo­ dalidad narrativa. Ardua tarea investigadora. de la caracterización. a nuestro juicio.. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. N o coincidi­ m os. de época. de seguro estimulado 25 Interesantes observaciones sobre esta “coherencia” en C órdoba M ontoya. esperanzadoramente. Creemos que es esta perfecta coherencia y mutua relación armónica de todos los elementos de la trama. 771). sin embargo. dignas de salir al mundo: «Libro bueno [.

vol. 1968. todas las novelas cortas españolas. de todos modos. La nouvelle en Espagne au Siècle d'O r. la Diana de Montemayor (1516)3l. 15-Í6. N u eva York. 32 D . [«. habilísima novelízación de un episodio poético ovidiano 34. I. Novelas que «son mías propias. M cGrady. Desde este punto de vista de Cervantes. pp. creador de la novela corta española. hacía la bellísima Historia del Abence­ rraje — ¡escrita «with the feather on an angel»\3 3 —. pues las novelas interpoladas en Guzmán de Alfarache son versiones castellanas de novelas italianas y bizantinas3 2 evi­ dentemente bien conocidas por él. 145-167. cual más cual menos extensa y fiel. 935. con­ siste en un mero balbuceo del arte narrativo. de textos ajenos anteriores29. con el género de la famosa novella. Al lector iniciado le resulta de­ masiado rigurosa. más bien que por ser una narración intercalada en otra. por ejemplo. 396-465. p. y que él asociaría. esencialmente. I. La tragedia de Mirrha de Vilialón (1536). p. pp. «Las N ovelas ejemplares». son. N u eva York. hasta ahora cono­ cidas e "impresas” antes de la Galatea (1585). pp. (escrita) con la pluma de un ángel». 33 P or desgracia. Para la cronología de la novela corta española.por el vivido recuerdo de los novellieri. De­ jando aparte la cuentística medieval española. imitaciones y elaboraciones. y que. Cervantes no hace excepción ni de ía Historia del Abencerraje y de la hermosa Jarifa por el he­ cho principal de que ésta apareció como anécdota en la Crónica del Infante don Fernando 30. al menos algunas de ellas. Sin 29 Véase G onzález de A m ezúa y M ayo. no imitadas ni hurtadas: mi ingenio las engendró y las parió mi pluma». año de la publicación de sus Novelas ejemplares. se justificaría su reclamación también desde ía perspectiva de 1613. Twayne.. arbitraria esta actitud de Cervantes hacia esas novelitas de Alemán. . Twayne. Con toda probabilidad. Puntualiza que «las muchas novelas» de otros escritores españoles «que andan impresas en ella [lengua castellana] todas son traducidas de lenguas extranjeras» (770). 1973). C ervantes. H istoria de la literatura española. véase Lasperas. aunque a veces muy encantador. 30 Alborg.. e incluso ha­ cia. de que Cervantes quizás sólo tuvo vago conocimiento. vol. n o record am os al autor de esta m agnífica observación .] 34 O bviam ente no coincidim os con la opinión tan negativa que Kincaid tiene de esta novela ( C ristóbal de Vilialón. 88. que revelan un sentido radicalmente dife­ rente del de sus fuentes. M ateo A lem án. tra­ ducciones de obras italianas y clásicas o paráfrasis. en efecto. 31 Concede importancia a la segunda razón Dunn. que había leído durante su estancia en Italia.

G alateo español. N o v ela del gran Soldán con los am ores de la linda A ja y el Príncipe de Ñapóles. pp. 122-140. 1176). pero no com o novelista. como se demostrará más adelante. Y sin dejar esas humillantes. probablemente le habrían parecido descalificables como novelas cortas modernas —según el modelo que él mismo proponía con las suyas— tanto por su ende­ ble concepción literaria. Añádanse a tan craso tratamiento de los 35 J. inhu­ manas pruebas. a tan ingenuas. pp.]. como también por sus extrañas inconsecuentes implica­ ciones filosóficas.. imitadas. Espasa C alpe. psicológicas. y en que al fin todos quedan «de placer cuasi perdido el sentido [. para averiguar la lealtad de su esposa. con ese cuento en que una Soldana «se llegó cerca del bordo y poniendo las manos aferradas en el de estotra barca [en que huyen su hija. por ejemplo. también para ofrecer una contestación verosímil. para saltar en ella». 1990. frente a ese cuento cuyo protagonista expone a toda su familia a las más atroces y gratuitas pruebas. Fácil es imaginar su reacción. 61-76. considérese el probable sinsabor de Cervantes. Algunas otras novelas anteriores. . 36 L. ¡moderna!. «vivieron después de esto marido y mujer largos años. tam­ bién en este caso. G radan D antisco.embargo. 1942. Cervantes siempre tiene sus buenas razones para sus juicios literarios.. ningún efecto adverso en sus espíritus. sus tramas ingenuas. Baños de Argel). como el fuego muestra los del oro» ( Quijote. bas­ tante frecuentes en la novelística patria y extranjera de aquella época? Y para dar otro ejemplo. Con el ser humano no se pueden hacer pruebas como si fuese de metal. ¡animado por Aja!. Madrid. «Patraña se­ gunda». Com pañía Ibero-Americana de Publicaciones. T im oneda. morales. M adrid. desentendidas de los más fundamentales supuestos humanos. burdas nociones sobre ía condición humana. de haberlas Cervantes conocido. con sobrado gozo». sin que haya graves consecuencias en la personalidad y en la vida de la víctima como también del victimario. con mucha paz y con­ cordia» 35. creador de la humanamente tan compleja y conmo­ vedora separación de Zoraida de su padre (Quijote). E l P a tra ñ u elo . al revelárseles aquél sólo como «curioso probador». traducidas. Es sugerente que Cervantes recuerde a Tim oneda com o «im­ presor de Rueda» (Viaje del Parnaso. y su enamorado]. creemos. «que manifiesten los quilates de su bondad. ¿No escribiría Cervantes El curioso imperti­ nente. “la bella Aja”. hurtadas o no. infantilmente sensacionalistas. «la cortó los dedos y cuanto había arrimado a la barca y así se hizo apartar por fuerza»3é. y el enamorado.

a base de verosímiles móviles humanos. vol. «desatino». pp. cuya principal aspiración queda muy bien explicada por uno de sus autores: «las novelas principalmente sirven para henchir con ellas el tiempo ocioso» 37. aunque se cuenten sin preámbulo y ornamentos de palabra. pues. “Desatino”. Cipión observa: «Los cuentos. se entretenga «sin daño del alma ni del cuerpo» y se aproveche con esos «ejercicios honestos y agrada­ bles» (770).].. a menudo. metafóricamente. otros en el modo de contarlos. se basa su afirmación con­ fiada. por ser representado con refinada maestría novelística. con total y clara conciencia artís­ tica. 39 Riley. no como diversión frívola. pp. Cervantes ofrece sus Novelas ejemplares al lector. en general. p.. durante «las horas de recreación [. 81). «digno de admiración». Cervante's creador de la novela. articulada con “propiedad”. Diferencia radical de conciencia artística y moral con que Cervantes dignifica su quehacer literario. determinan por completo el desarrollo y el desenlace de la acción. una significativa experiencia existencial. claro está. quiero decir que algunos hay que. dan contento. tanto por ser extraordinario como por ser «verdadero»3 9 y. “industria”. corta espa­ ñola. ¡a falta de otra cosa!. La concepción artís­ tica de la novelística española anterior debía parecerle a Cervantes sólo como un intento imitativo de ciertas pautas ya muy trilladas de la cuentística europea y oriental. que. «digno de ser con­ tado».afectos psicológicos y morales las intervenciones sobrenaturales. I. más bien rutinario.. es decir. En tales consideraciones críticas de la no­ velística española anterior. categórica: «yo he abierto en mis novelas un ca­ mino por do la lengua castellana puede mostrar con propiedad un desatino» (El viaje del Parnaso. y con demostraciones del rostro y 37 Ibid. En el Coloquio de los perros. inteligencia. 38 G onzález de A m ezúa y M ayo. que es la ficción li­ teraria3 8 compuesta de «verdades y fabulosos inventos». unos encierran y tienen la gracia en ellos mismos. 88-93. otros hay que es menester vestirlos de palabras. 141. que repre­ senta. —la novela corta cervantina se desen­ tiende de raíz hasta de lo milagroso cristiano. C ervan tes’ Theory o f the N o v e l . según se aprecia en La fuerza de la sangre— y se tendrá una descripción esencial de gran parte de las novelas cortas anteriores. sino para que. Por su parte. fantásticas. sin genuina inspiración ni savia vital. . el afligido espíritu descanse». orgullosa. 393-394. para «henchir el tiempo ocioso».

¿Con qué licitud crítica se pueden identificar los dos? Sin em ­ bargo. «Realidad y ficción de las N ovelas ejem plares ». 211. «la técnica no se justifica por sí misma. hay casos. y que por lo tanto Cervantes —suponiendo que su perspectiva se identifique con la del “perro”— se refiere sólo a los varios modos de poder comunicarse los cuentos con “gracia”. ingeniosa concepción artís­ tica y elegancia estilística o. p. Riley. pues. 1956). pp. Madrid. Véase también Pabst. sino por las posibilidades ex­ presivas que libera» (Panoram a de la literatura española contem poránea. 89. M adrid. Cabe adver­ tir que esta novela es la representación literaria. y de flo­ jos y desmayados se vuelven agudos y gustosos» (999). Sordo. p. estos críticos se desentienden de que son expresados por un desesperado y frustrado personaje. 41 N o tienen en cuenta esta referencia. de una con­ versación. Revista de O ccidente. 283. «Classifications o f N ovelas». IX-XIX. característico. por otra parte. «Introduction». com o en Persiles y E l am ante liberal en que las observaciones sobre la narración oral son aplicables tam bién a la escrita. escrita. se han sugerido ya muchas y muy diversas clasificaciones 43. I960. Para él. pues en el tablado unos buenos actores a menudo saben «hacer algo de nonada» 4 0 — Cervantes se refiera también a la obra literaria. en parte. O sterc. que conciba ésta como dotada de “gracia”. 106 ss. O r­ tega y G asset. 154. el “contenido” y la “forma” se funden. / que en la pura verdad tiene su asiento» (675). dis­ tintivo de las Novelas ejemplares. y no por Cervantes. Rodríguez- . A l buscar apoyo para su interpretación en los versos de la Galatea: «que no está en la elegancia / y m odo de decir el fundam ento / y principal sustancia / del verdadero cuento. ¡oral­ mente! Es muy dudoso que con esa observación —aplicable. N ovellen theorie und N ovellen dicktun g». p. es decir. La v erd a d sobre las N ovelas ejemplares. p. 43 Véase Drake. se hacen algo de nonada. por fundamental. inexorable ley poética. sin sustancia temática o ideológica41. 27. algunas de las cuales es necesario calibrar brevemente aquí: 40 Sería buen ejemplo de esto la «C om m edia dell’Arte». Todas las obras cervantinas son pruebas contundentes de estas nociones literarias42. C ervantes' N ovelas ejemplares: A Selective A n n o ta te d B iblio­ graphy. M editaciones del Q u ijote. p. Análoga referencia a contenido y forma del cuento oral. Con el propósito de destacar lo novedoso. oral. Guadarrama. lográndose obras acabadas en los casos de perfecta armonía y obras defectuosas en los casos con­ trarios. específica a la com unicación oral. en D on Q uijote: «agradezcoos el gusto que me habéis dado con la narración de tan sabroso cuento» (1071). aunque sin una inteligente. 42 N o s resulta interesante la opinión de Torrente Ballester sobre la obra litera­ ria en general: «la elem ental verdad estética» es que «el tema determ ina la téc­ nica».de las manos y con mudar la voz. C ervantes' Theory o f the N ovel. también al teatro.

en proporción variable en cada caso. y los casi cómicos “compro­ misos” de las soluciones: novelas “de pura invención”. ¿cómo se averigua el “predominio” del “tono idealista” ?. incomprensibles. N ovelas ejemplares. expresada en acabado arte literario? Aplicando estas consideraciones fundamentales a ciertas clasiLuis. Baquero G oyanes. “de idealismo y fantasía” que “alternan con la verosimilitud”. leído. contenedora intrínseca. R odríguez-Luis. 32 ss. Pabst. Apraiz. etc. . más poderoso y fidedigno “realismo” que esa per­ fecta síntesis. literario. El Saffar. se sobreentiende que nos resulte impropia la distinción de las novelas como “realis­ tas” o "idealistas” 44. ¿cómo precisamente “se supera el rea­ lismo”?. A nuestro juicio. observado. de la sabiduría humana. insostenibles frente a las más básicas pregun­ tas: ¿Cómo se define la “pura invención”?. autocontradictorios. Vaibuena Prat. en definitiva. D u n n Sobejano. el “idealismo-realismo” ¿no constituiría ine­ vitablemente un monstruoso hermafroditismo literario?. Los exponentes de tal clasificación se enfren­ tan con la tarea de deslindar precisa y convincentemente lo vivido. “combinadas de realismo y de corte italiano”. sintetizados armónicamente en una nueva realidad que es la verdad poética. Orellana. Navarrete. simultá­ neamente de la verdad. Fernández G u ­ tiérrez. “de carac­ terísticas realistas con notas picarescas”. “idealistasrealistas”.. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes .. reiteremos. según lo ilustran ya los términos incongruos. G onzález López. en que se “su­ pera” el “realismo”.De acuerdo con nuestras consideraciones anteriores sobre el concepto cervantino de la verosimilitud literaria. lo cual resulta. “de imitación italiana”. G o n ­ zález de A m ezúa y M ayo. M urillo y otros. histórico.. de “predominante tono idealista”. Ortega y Gasset. dogmáticos. arbitrarios. en el “idealismo” y la “fantasía” ¿no puede haber “verosimilitud” ?.. Rinconete y Cortadillo. inven­ tado. ¿Cabe quizá más “ideal” poesía. Casalduero. Pellicer. las Novelas ejemplares son una combinación de «verdades y fabulosos inventos». H urtado y Falencia. Arrieta. 14-15. el “corte ita­ liano” ¿excluye el “realismo” ?. Clasificaciones meramente impresionis­ tas. desentendida de la creación poética?. la “vida social” ¿no es quizá sólo una definición extraliteraria. de lo imaginado. R odríguez-M arín. imposible. pp. antiguas y modernas de Savj-López.. “de vida social”. las “notas picarescas” ¿son dicotómicas con las “características realistas”?. autobiográfico. claro está. etcétera. 44 Se han consultado las clasificaciones más notorias. pp.

46 Véase particularmente la clasificación de Casalduero. . vol. matrimonial y. así como suele ocurrir en las demás obras cer­ vantinas 45. yo. “sérieuses”. sino. los tonos y ritmos aíacres alternan con los graves o sombríos. “trá­ gicas”. etc. como fundamental relación existencial que permite un examen de amplios aspectos de la condición y la conducta humanas. regocijo de las Musas». nunca sólo jocosa. que trasciende la mera relación amorosa o matrimonial47. sin im­ portar qué novelas se agrupen entre las “serias”. en que una cínica trampa. comparten tal designación con un vasto cuerpo de literatura anterior y contemporánea.. también el desamor que se uti­ lizan ya no sólo como interesante enredo novelístico. que. creador de la novela corta espa­ ñola. tal distinción resulta muy cuestionable. 92. etc. señor. en suma. en suma. Las no­ velas “amatorias”. se proyecta con gran elaboración e intensidad sobre la perenne condición “picara” del ser humano.]. ni ninguna de las demás baratijas que ha dicho vuesa merced». exenta de implicacio­ nes serias. 1529). i. p. “heroicas”. cuando menos. aunque fuese acertada. tan vaga diferenciación no sería muy útil para señalar lo distintivo de las Novelas ejemplares. en nombre del amor. —y es muy significativo el desa­ cuerdo respecto a esto—. por ejemplo. pero no el rego­ cijo de las Musas. quien lo aclama como «escritor alegre [. pp. En todo caso. ante todo.ficaciones más particulares. soy Cervantes. 11-13. 47 Lo ha sugerido ya D unn. en El casamiento en­ gañoso y Coloquio de los perros. A la misma conclusión llevan las clasificaciones a base de las tramas y de la materia episódica y descriptiva en general. por ejemplo46. p. Es muy sugerente que al estudiante. produciéndose una atmósfera fundamentalmente tragi­ cómica o. y cuáles entre las “jocosas”. Lo dis­ tintivo de Cervantes —aunque no exclusivo— sería la relación amorosa. En todas ellas. bajo la fecunda inspiración neoplatónica. Cervantes queda después muy «mal dispuesto» (Persiles. “humanísticas”. claro está.. «Las novelas ejemplares». “ plaisantes” . Cervantes . «Prólogo». “cómicas”. Cervantes con­ teste muy indignado: «Ese es un error donde han caído muchos aficionados ignorantes. la designación “amatoria” apenas atañe al problema principal 45 G onzález de Am ezúa y M ayo. Sentido y fo rm a de las N ovejas ejemplares. Esto se evidencia de ma­ nera contundente y dramática. 1528. advertimos. En tales ca­ sos. ante todo. 178.

fervoroso interés en el ser humano esencial. al no percibirse su función metafórica. del problema indivi­ dual.novelizado. lo distintivo de las novelas designa­ das "de aventura” o “de acción” —también este término abarca numerosas obras de esa época— es que la aventura o la acción se utilizan principalmente en función del personaje. 50 Pierce: «[. temperamental. Cabe advertir que su mirada crítica o sa­ tírica trasciende el vicio o defecto individual o social particular. lo oculta o distorsiona por completo. Por su característico. indivi­ dual o colectivo (Rinconete y Cortadillo)... ideológica. Nunca es el costum­ brismo de Cervantes sólo pintoresco. Estas se incorporan en el texto como reflejo directo o muy sutil del modo de ser del personaje. convergen. como novelas “de carácter”. siempre extraordinarias e interesantes. hacia la caracterización del perso­ naje y la elucidación del problema existencial que personifica48. tratado. pero en todas las novelas. social. o las muchas intrigas en que se en­ redan los personajes de Las dos doncellas. para centrarse más bien en la debilidad y la maldad perennes de la condición humana en general. todas las “acciones”. Como en el caso anterior. del hombre 50.] m an in his social settin g is the characteristic subject o f the . tan sólo el peligroso campo de prueba de su vir­ tud. que son. todas las “aventu­ ras”. psicoló­ gica. revelan la irresponsabilidad y el egoísmo de sus perpetradores. lógicamente. ante todo. y no sólo en algunas. espiritual. Con esta observación se desea cali­ ficar el “realismo” histórico. Y las mismas consideraciones son aplicables a las novelas de­ signadas “de costumbres”. de un modo u otro. de su caracteri­ zación individual. sus Novelas ejemplares pueden considerarse propiamente. los muchos arduos “trabajos” por tierra y mar de Ricaredo e Isabel de La española inglesa. cons­ tante. En cada caso hay una diferencia de técnica y de intensidad en el desarrollo de los personajes y en el análisis de sus caracteres. precisamente por tan frívolas y calculadas. particularizado. hay así también una “visión ” de la vida. político. 49 Véase nota 23. reminiscente del de Larra. que. sino. lo cual depende. lealtad y fortaleza interior. íntimo. constituyéndose en una ri­ 48 E n todas las N ovelas ejem plares. com o piensa Ortega y Gasset. anímica. por ejemplo. sobre todo. Así. en realidad. “folklórico”. preocupado con el aspecto moral de su mundo. en efecto. que a veces se le atribuye a Cervantes49. satírico.

nunca meras abstracciones51. erudición. p.. «Introducción». sobre todo.. por lo que Cervantes las p ro ­ clama. imaginación y sensibilidad de qué el lector es capaz para la búsqueda de la “salida”. de esos «laberintos». de la debilidad y de la ignorancia humanas. tan confiada y orguliosamente «ejemplares». Cervantes.] 52 Erasmo (carta al lector) «D e utilitate C olloquiorum » (1526). del sentido común* de la virtud. quien está preocupado. “trucos”. de la dignidad del alma.. palpitantes. 53 Véanse las interesantes consideraciones de Baquero G oyanes. 19-26.. ar­ monizadas en todas las novelas. pp. [«(. excep­ cional o corriente. “laberintos” que proporcionan deleite. de la genuina bondad. perdidos. en palabras del encomiador F. ¿No consiste quizá precisamente en tales búsquedas el mayor placer y el mayor provecho de la lectura?53. N o lo hace. Es por la verdad poética y por la verdad humana.) el tema característico de las N ovelas ejem plares es el hom bre en su ambiente social». “labe­ rintos” de la maldad. dignificador en el personaje. de justificar la utilidad didáctica de sus obras52. El énfasis tan pronunciado.. de la discreción. .] mayor que el de Dédalo». 16). alto o humilde. de la pureza espiritual. 135). es uno de los rasgos más distintivo y más mo­ derno de las Novelas ejemplares. ínsitas. recreación al “afligido es­ p íritu ”.quísima y variadísima galería de personajes “de carne y hueso”.. p. a diferencia de Erasmo.. con toda probabilidad. Bermudez Carbajal (771). ofreciéndose —quizá inspirado por un acto semejante de Erasmo respecto a sus Coloquios — hasta a mostrarle al lector «el sabroso y honesto fruto que se podría sacar. así de todas juntas como de cada una de por sí». entretenimiento. creados por un «ingenio [. dice (770).. pero. estimulando y exigiendo toda la inteligencia. N ovelas ejemplares. los personajes—y con ellos el lec­ tor— si no se orientan por el lucero redentor de la razón. [«(. (Les N ovelas Exemplares de C ervantes en France au XVII siècle. C ervan tes.] personnages qui ne sont guère que de faibles abstractions».. siempre extraordinarios por su modo de ser.. “Trucos”. «por no alargar este sujeto». despertando la “curiosidad”. y en su problemática existencial. deja de propósito al lector mismo el descubrimiento de esa «mesa de trucos» (770). inspiradores Exem plary novels» («R eality and R ealism in the E xem plary N o v e ls . desesperados.) personajes que no son sino débiles abstracciones».] 5 1 O pina de m odo contrario Hainsworth: «[. por cuyos lóbregos pasillos están condenados a deambular confu^ sos.. En perspectiva moral.

que llevan a la perdición. pero aun esto com únm ente desde la perspectiva particular de algún per­ sonaje. de la representación de «los problemas del corazón humano en sus conflictos íntimos». lo bueno y lo verdadero» son «entidades idénticas» 5 8 o. 57 C om o es bien sabido. N uestra lectura de Las N ovelas ejemplares no encuen­ tra razón alguna para tal «hipocresía». 1950).de heroicos actos y nobles sacrificios. de sus desesperaciones y des­ fallecimientos. ingrata naturaleza humana. la ejemplaridad de todas las Novelas ejemplares cervantinas deriva.. 55 Cabe incluir en esto tam bién “el pecado original” en las interpretaciones de las N ovelas ejemplares de Casalduero. prejudicialmente exclusivistas 55. en bella expresión de Emily Dickinson: «Beauty and Truth are owe». teológicos. políticos. consustancial de la literaria y estética. profunda visión humanista. El licenciado Vidriera y en L a fu erza de la sangre — destacadas por Casalduero a este respecto— no tiene función alguna. A veces se sugiere com o razón de una negativa.] puesto que aquello sea ficción poética. siempre sugerido como posible. 56 Evocam os aquí las observaciones de W. a los estrechos dogmatismos ideológicos. «Realidad y ficción de las N o vela s ejem plares ». a los huecos convencionalis­ mos religiosos. O rtega y G asset y Castro la enjuiciaron desde la perspectiva de una «heroica hipocresía» («La ejemplaridad de las novelas cervan­ tinas». de sus triunfos y esperan­ zas de un mundo ideal56. La ejemplaridad moral es. tiene en sí encerrados secretos morales dignos de ser advertidos y entendidos e incitados» ( Q uijote. por lo me­ nos implícita o irónicamente. pero nunca es esto crucial para el desarrollo de la acción o para el desenlace. Deleite y ense­ ñanza que se nos imparten simultánea. El problem a del “pecado original” se roza en varias novelas. conjuntamente. de verdadero sincero am o r54. superadora de todas las pedanterías y petulancias parroquiales. sociales. (E l teatro de C er­ vantes). 58 Sordo. 282. Sólo al no percibirse esta amplia. Prem io N obel. 54 H em os estudiado tai “laberinto” en E l laberinto de amor. Faulkner sobre la m isión del escri­ tor (Discurso. . a nuestro juicio. en todas las Novelas ejemplares: «lo bello. se puede dudar. Por completo ajena a la banal moralina de pulpito. pues. tanto al comprenderse la nobleza del pensamiento como al apreciarse su inteligente. p. H acia Cervantes). esen­ cialmente. ingeniosa articulación novelística: «[·■. de la inspi­ radora ejemplaridad de las novelas cervantinas57. deprimente realidad. en absoluto. En El coloquio de los perros. de honda compasión y soli­ daridad humanas. aun en las referencias a la más escabrosa.

los cuales representan.1177)59. en los nuevos. pp. Selig: «hay tanta variedad de experiencia artística. y. 27). con sabia. platónica. expurga. aun­ que con la constante evocación de los viejos odres deshechos.] 61 Expresión de Casalduero (Sentido y fo rm a de las novelas ejemplares. Cervantes los corrige. de inconfundible. re­ combinados en una nueva entidad. ejemplares. 24). «Vino nuevo en odres nuevos». C ervan tes an d the H u m a n ist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. cada una d o -. [«(Las N ovelas ejem plares) constituyen un enfrentamiento con los códigos genéricos tan sutil y. tan original com o la gran no­ vela». Una faceta fundamental de esta ejemplaridad —intuida esporádicamente por los críticos. 3-30. ju st as original engagem ent w ith generic codes as is the great novel» (C ervantes a n d the Flum anist Vision. ensartadas en in­ quebrantable. A study o f Four E xem plary N ovels. creemos. Doce perlas. C ervan tes’ Theo­ ry o f the N o vel. todos los tipos tradicionales de la narrativa espa­ ñola y europeaé0. véase Sicroff. que se puede estudiar la estructura y unidad artística de cada una de ellas» («N uevas consideraciones sobre la temática y es­ tructura de las N ovelas ejem plares ». a sus lectores como novelas cortas moderna. a menudo admirables en su particular contexto cultural. modifica. pero no comprendida en su transcendental alcance— es el implícito y a veces muy explícito diálogo crítico que en todas las novelas se emprende con sus res­ pectivos modelos literarios inspiradores. recondiciona y actualiza. en que también cabía a veces “buen vino”. aristo­ télica. preciosa cadenilla. «The D em ise of Exem plarity in Cervan­ tes’ N ovelas ejem plares ». . a la vez. para proponerlos. maravillosa belleza individual. se­ mejantes en su fundamental concepción poética. Forcione. tada de una excepcional naturaleza literaria. parodia. Res­ pondiendo de modo directo a un determinado modelo literario. 45). p. Es así como se producen las «doce maravillas»6 1 —cuya selección está determinada precisamente por esos modelos literarios: he aquí. pp. en parte. la más lógica explicación de ella—. p. por lo cual Cervantes los utiliza de nuevo. muy diferentes entre sí. tanta amplitud y diversidad de temas y técnicas en las doce novelas. 60 Forcione observa con perspicacia que las N o vela s ejem plares «are ju st as subtle and. conjuntamente. En esta radical confrontación con todos los pos­ tulados fundamentales de esos modelos. de m odo diferente. 81-115. Para una perspectiva totalmente es­ céptica de la ejemplaridad. reintegrándolos. p. prodigiosa armonía. la estructura fundamental de cada Novela ejemplar es diferente de las de las demás. 59 Son esenciales para el problema de la ejemplaridad Riley. in a different w ay. horaciana.

por conside­ rarse sólo algunas novelas («Narrative Structures in the N ovelas ejemplares»). 64 Rodríguez-Luis. por tratar de explicar todas las Novelas ejemplares por los postulados de un modelo tra­ dicional más bien monolítico de la novella y del cuento. Pabst. 50. . Rodríguez-Luis. a veces se reconoce abiertamente una gran per­ plejidad frente a la extraña novedad: «Dos obras extrañas». coherente. 517. en que. tales intentos exegéticos62. consecuentemente. H ainsworth. Avalle-A rce. Sin pretensión de ser definitivas. M urillo propone un acercamiento a base de las «estructu­ ras narrativas». dicen desconcertados unos críticos. Baquero G oyanes. Madrid. p. «apenas una novela». H istoria de la literatura española. hablando de El licenciado Vidriera64. infructuosos. de G o n z á le z de A m ezúa y M ayo.Precisamente por no apreciarse esta irreductible individualidad li­ teraria de cada novela y. 62 Véanse îas consideraciones sobre los antecedentes novelísticos y la caracte­ rización de la novela corta de C ervantes. refiriéndose a El licenciado Vidriera y al Coloquio de los perros 6í. resultan de antemano extraviados. 63 H urtado y G onzález Patencia. de hecho. entre otros. nuestras propias interpreta­ ciones de la fascinante relación dialógíca entre las Novelas ejem­ plares y sus modelos literarios inspiradores quizá ofrezcan tam­ bién una base más sólida para una clasificación más precisa. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. declara otro. lógica de estas extraordinarias creaciones cervantinas. Fernández Gutiérrez. 1921. p. pero sólo tentativo. que nos parece m uy interesante.

p. de per­ sonalidad íntima. pues. p. L. p. «Consideraciones sociológicas sobre L a Gitanilla». (La gitanilla) Es casi universal el entusiasmo por La gitanilla. de que la sangre noble conlleva enormes ventajas sociales. En este estudio proponemos una lectura que revela la solidaridad del pensamiento de Cervantes en La gitanilla con su usual. ¿cómo compaginar tan estrecha visión del ser humano con el consabido pensamiento humanista que anima las obras cervantinas? ¡«La sangre se hereda y la virtud se aquista. moralidad. Pfandl. 146.. 15). que Cer­ vantes se inspiró en un Coloquio eras miaño. auto­ máticamente. . pues. vol. C ervantes. determinista entre ellos? Al revelarse al final de la novela que Preciosa es hija de padres nobles. II. inteligencia y sentido común. 2 Rauhut. etc. con sus empeños y lo­ gros personales. Se ha demostrado. firme convicción de que la calidad y el valor del in­ dividuo son conmensurables. 146). y la virtud vale por sí sola lo que la sangre no vale»! (. como destaca Preciosa. irreductiblemente. con su virtud. esencial.LA GITANILLA Si las aimas son iguales / podrá la de un labrador / igualarse por valor / con las que son imperiales. con gran desilusión. de carácter. pero que no determina. y se quede muy perplejo respecto a las im­ plicaciones del autor acerca de todas esas virtudes del personaje y su origen noble: ¿Se nos sugiere una relación directa. Quijote. 1416).D. «Saber im propio de su condición y de sus años» (citado por G onzález de Am ezúa y M ayo. también distinciones de espíritu. criada desde la in­ fancia entre gitanos l. ¡cuando son semejantes en bondad! (799). en nom­ bre del autor: «el alma del labrador» puede «igualarse por valor con las que son imperiales». aunque el lector a menudo cuestione la verosimilitud de la extraordinaria perspica­ cia. Rauhut. se suele contestar afirmativamente2 y. económicas. creador de la novela corta española. claro está. en que se trata del 1 Wurzbach: «Es inverosím il la bondad de Preciosa en el ambiente gitano» (citado por F. con gran erudición y perspicacia. «Consideraciones sociológicas sobre La G itanilla y otras novelas cervantinas». discreción y moralidad de la protagonista. políticas.

pp. del triángulo o cua­ drángulo amoroso. La “pastorcica” Pascuala.] yendo cantando con su ganado» (60-2). / las vidas y condiciones. todas sus relaciones con los demás. «Cervantes’ L a G itanilla as Erasmian R om ance». en su modo de ser. 60-69. mutua atracción. de la trama y del tema conceptual de las dos Eglogas con el deseo de ilustrar convincentemente su esencial semejanza y también sus importantes diferencias con los corres­ pondientes de La gitanilla 5. sentido común. Pascualilla —sugestivo diminutivo encarecedor— es «tan loçana y tan garrida que tiene más gala que dos / de las de mayor beldad». cuyo tema fundamental se expresa de modo explícito y conciso en el villancico final: «Amor muda los estados. con semejante propósito ejemplar. toda su conducta. Juan3. Aunque simple “pastorcica”. sólo por el genuino amor. vol. los pastores 3 Forcione. 93-223. con toda probabilidad.cortejo y del matrimonio cristianos. hacen lucir su chispeante agudeza y fina sen­ sibilidad. a todos los que la «otean» y tratan deslumbra «su hermosura» y su «galanía». / conforma los coraçones de los bien enamora­ dos?» (88)4. su discreción.. criada entre pastores. representadas en reqüesta de unos amores. cantar. 4 Citam os por la edición de Rambaldo de ías O bras completas de J. del Encina. para la articulación novelística de la gradual. su precoz madurez mental y moral. Cervantes habla de las prim e­ ras representaciones teatrales que vio de muchacho: «Las comedias eran unos c o ­ loquios com o églogas. Para la formulación del problema fundamen­ tal de los diferentes “estados” de los amantes. de las distintas actitudes hacia el amor. pp. en suma. de hablar. IV. también las de Encina? . por encima de toda otra consideración y a costa de cualquier sa­ crificio. comprensión y querencia de dos al­ mas y su anhelada armónica unión final. 57-58. deí En­ cina. En efecto. the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. entre otras. la relación amorosa y el feliz matrimonio de Preciosa y D. entre dos o tres pastores y alguna pastora» (179). Teatro y poesía de J.. práctico de la vida. bailar —«se introduze [. en C ervan tes and. 70-89. en particular con sus enamorados. para la ambientación de los episodios. A continuación indicamos los aspectos más impor­ tantes de los personajes. para novelar. 5 H em os indicado estas dos Églogas com o posible fuente de L a gitanilla ya en nuestro «Estudio preliminar». ¿Habría visto. Cervantes. encontró una poderosa inspiración también en una venerada fuente española: las dos Eglogas de Juan del Encina. pp. En el «Prólogo al lector» de sus C om edias y Entremeses.

] / Pénasme por sólo verte. veamos». decide poner a prueba la sinceridad y la hondura de las solemnes declaraciones amorosas del Escudero. / N o me trates de tal suerte. el Escudero..]. Pascualilla escucha. un joven le declara a Preciosa: «Yo vengo [. pero las semejan­ zas fundamentales entre ellas. De seguro sin mucha ilusión.]. especula Pascualilla. como lo puede mostrar este hábito [. pastorica. pues «nunca criada fue / sino en terruño grossero» (79). imposibilitado de excusarlo [. desentendiéndose de todas . el Escudero se proclamaría enamorado por una simple. asegura y jura que «en las veras del amor que la tengo» no «puede caber género de burla alguna». momentánea infatuación.. Presentándosele un día. y un estado social elevado. Juan le ofrece a Preciosa «cien escudos» que trae consigo (781-2).. Pascualilla tiene admiradores entre rústicos pastores y altos cortesanos. pero está insegura. / si tu te vas y me dexas. declarándose perdidamente enamorado de ella: «¡bendita tal zagala! / [... Y si no es por deseo de burlarse de ella.se extrañan de que Pascuala posea todos esos atributos personales.. más bien un primer esbozo de aquélla. entonces. / muy presto verás mi muerte. Como «señal de lo que piensa dar [le]» en el futuro. son incuestionables. Asegura y jura que aunque él es cortesano y ella pastora... en las afueras de Madrid. según se pueden comprobar ya por la breve descripción anterior. la gitanilla.]. de sus juramentos y promesas: «Essos que soys de ciudad / perchufáys [burláis] huerte de nos / [. El «sólo» quisiéra «servirla de modo que ella más gustare: su voluntad es la mía».] rendido a [su] discreción y be­ lleza [„. «porque no ha de negar la hacienda el [oro] que da el alma». / que te haga presto rica. en el campo.] / ¡vete comigo. quien le resulta evidentemente atractivo: «Espera [. una de las más admirables creaciones literarias de Cervantes. y como prueba inicial de su intención seria. / allá para las de vi­ lla» (62-3).. / si quieres tener mi amor». / pues que yo te quiero tanto». observa atenta.] yo soy caballero. / y con tu vista me aquexas. no se está burlando de ella: «Desso no tengas temor». se le presenta de repente un día. Compa­ rada con Preciosa. Pascualilla es muy elemental en su caracte­ rización.. interesada al Escudero. dudosa de su seriedad.. digno de ella: «según requiere tu gala / [. D.] / Essas trónicas [retórica] señor. le promete su riqueza: «Por mi vida.. quisiera ser un gran señor para levantar a mi grandeza la humildad de Preciosa haciéndola mi igual y mi señora». Uno de éstos.. carilla!» (62-4)..

promete Pascualilla.. cuando le declaraba el amor—: «Señor caballero [. y quizás abriéndose entonces los ojos del entendimiento. Juan: «Si quisiereis ser mi esposo. y para asegurarse de que la relación que emprenden es genuinamente amorosa.. o un grave error. y vos de la mía. Juan —cuyas «razones y talle [. Por fin.. podría eventualmente corresponderle en el amor. la cual [. La condición más importante: «Habéis de dejar la casa de vuestros padres y la habéis de trocar con nues­ tros ranchos. Las probables aprensiones. y no la tengo de vender a precio de promesas ni dádivas».] en vuestra mano está» (782-3).. al cabo del cual si vos os con­ tentaréis de mí y yo de vos. «engendra» en ella tal «re­ cato» que «ninguna palabra» cree y de muchas «obras» duda. prom ete a D.. y tomando el traje de gitano. mengua el deseo con la pose­ sión de la cosa deseada. como única condición. dudas.esas promesas de riqueza y elevación social y pidiéndole. trágica esclavitud. sino por el deseo de conocer bien al hombre. «Una sola joya tengo que la estimo en más que a la vida. Sólo así. pero ad­ virtiéndole que esto sólo podría ocurrir con «muchas condiciones y averiguaciones» previas. Es de crucial importancia percibir que Pascualilla y Preciosa no imponen estas condiciones por la mera preocupación de no dejar «llevar» su «joya» excepto «atada con las ligaduras y lazos del matrimonio». se ve ser bien que aborrezca lo que antes se ado­ raba». que «se quiera tornar pastor» para compartir la vida rústica con ella: «Mi çurrôn y mi cayado tomad luego por estrena» (67). sugeridas sutilmente en este primer encuentro y breví­ simo diálogo con el Escudero. habéis de cursar dos años en nuestras escuelas.. al estar observándolo «atentamente». parecen elaborarse ampliamente en la reacción de Preciosa a D. en el cual tiempo me satisfaré yo de vuestra condición.] no le debieron de parecer mal». ni «ponerle en peligro que quimeras y fan­ tasías soñadas la em bistan o manoseen».. me entregaré por vuestra esposa [. que es la de mi entereza y virginidad..]. con quien compartirían toda la vida.]. añade Preciosa.] desatinadamente se arroja tras su deseo [. A mí ni me mueven promesas.. que haría del matrimonio una aborrecida. ni me desmoronan dádivas. esperanzas íntimas de Pas­ cualilla. en cam­ bio. un «infierno de .].. Este «temor». yo 1o seré vuestra». y no una burla. ni me inclinan fi­ nezas enamoradas [. sé que las pasiones amorosas en los recién enamorados son como ímpetus indiscretos que hacen salir a la vo­ luntad de sus quicios. Si alcanza lo que desea...

Madrid. Cualquier deseo o “mandado” de PascuaHila se dispone a cumplir.]. Sin embargo. y haz de mí todas las experiencias que más quisieres [.] / ¡venga. La veracidad de D. económico. comprobar..). / que en pastor me convertí / porque fue de amor forçado» (87)..Cancionero de 1496.. insiste en «irse a 6 G im eno piensa que a Pascualilla interesa «la riqueza del cortesano» (Juan del Encina.]» (782).. determ iné de hacer por ti cuanto tu voluntad acertase a pedirme [. Cervantes considera oportuno destacar la verosímil sorpresa de D. para ella. O bras dramáticas. Para identificarse cuanto más con el mundo rústico de Pascualilla. / y va­ mos luego al ganado!». Mira cuando quieres que mude el traje. Al integrarse al mundo de Preciosa. advierte el Escudero más tarde. adopta el nombre de Andrés Caballero.pesadumbres» (ibid.. pronto recobra la presencia de ánimo: «Cuando el Cielo me dis­ puso para quererte. p. 94)... Preciosa mía. también adopta un nombre pastoril: Gil. y ciertamente no decisiva. hallando esta verdad.. Atribuir a estas doncellas cualquier moti­ vación oportunista. Aunque convencido de que la vida pastoril es «muy grossera y muy mala» (79). «Ningún galán namorado». com o afirmó». p. Istm o.. es banalizar toda su perso­ nalidad y el sentido fundamental de las dos o b ras6. 1974.]. [«Preciosa insiste en cerciorarse que es rico γ noble. «porque también había gitanos en­ tre ellos de este apellido» (784). «Primero tengo de saber si sois el que decís». materialista. Juan.. declara Preciosa a D. 67). Juan al oír las inusuales condiciones que Preciosa le impone: «Pasmóse el mozo [. La riqueza y la nobleza del mozo no tienen nunca gran importancia. habéis de dejar la casa de vuestros padres [. ante todo. «no tenga quexa de mí. cualquier sacrificio quiere aceptar para demostrarse buen amante y merecerse su amor: «La fe y el bien amar / en las obras se ha de ver» (64.para sus “averiguaciones” del amado y su estado social. / . cuéntame por gitano desde luego. Juan es lo que Preciosa quiere.] . / quiero cumplir tu mandado / [. venga en ora buena [el “çurron” y el “cayado”]. Cuando viajan. «luego.] púsose como embelesado». el Escudero acepta de inmediato las condiciones impuestas: «Soy contento y muy pagado / de ser pastor o vaquero / Pues me quieres y te quiero. 179). El Saffar: «Preciosa insists on m aking sure th at he is w ealth y a n d noble as he said» (From N o v e l to Rom ance. pues de ella depende su futura rela­ ción amorosa con él. que yo querría que fuese luego» (783).

.. hacen evocar claramente la advertencia del Escudero: «Nin­ gún galán namorado [. pero aparentemente logra suprimir sus aprensiones y celos.] de tan corto ingenio que no alcance hasta donde se extienden las fuerzas de la hermosura» (797).]. / Déxalo que Dios te vala. porque no querría que al­ gunas de las muchas ocasiones que allí pueden ofrecerse me sal­ tease la buena ventura que tanto me cuesta». / no te pene su penar» (62). Preciosa lo reprende severa: «sepa que conmigo ha de andar siempre la libertad desenfadada.. os haga» (67) —con lo cual se señala también la admisión del Escudero a la sociedad pas­ toril—. La palabra se explica por el contexto. en la corte y en la aldea. aunque con dichas "condiciones”. pero que éstos se deben a su propia tendencia natural y nunca a cualquier indiscreción de Pre­ ciosa. Juan debe aprender para vivir con Preciosa. «confianza» en el amor sincero y en la «honesti­ dad» de la amada (783). Los celos de D. Al revelarle el amor.pie». para «servir de lacayo a Preciosa [. Es la primera lección im portante que D.]». Contesta Mingo. dançar. Cervantes nos muestra que D. pero pesarme ha mucho si te veo indiscreto» (794). la primera prueba que debe superar. con­ tentísima de ver como triunfaba de su gallardo escudero» (791). y a partir de entonces los dos son compañeros y partici­ pan juntos. en todas las actividades pasto­ riles: «cantar. Juan nunca puede li­ brarse por completo de los celos. al declararse Pascualilla tan categóricamente a su favor. y la contestación de aquél: «no soy [. Con indignación su­ tilmente sugerida. ante todo. pues. sin que la ahogue ni turbe la pesadumbre de los celos». Siempre atento a la verosimilitud de los comple­ jos humanos. el Escudero también pide a Pascualilla: «Dexa. pero ¿no la utilizaría Cervantes también por el recuerdo del Escudero enciniano? El pedido de Preciosa a Clemente que «no afee a Andrés la bajeza de su intento ni le pinte cuán mal le está perseverar en este estado [de gitano]». Juan el amor a Preciosa. dexa esse pastor [Mingo].. el Escudero hasta propone a Mingo: «seamos. señor. «mas. cuando también le implora que «no vaya más a Madrid. baylar!».. El verdadero amante debe te­ ner. Juan son. si tú quisieres. Superado este empa­ cho íntimo. Apenas le revela D.. / buena pro.. aun­ que la deplore: «no me pesa a mí de verte celoso. amigos mejor que de antes». Prueba importante de la discreción de ésta es precisamente que sepa comprender la debilidad humana de su enamorado. pues ya soys deste hato. no en la pollina.

«¡Deslumbro si te oteo!». sartas de plata. aunque Andrés se sienta más «asegurado» por «las razones» de Clemente. «la infernal enfermedad celosa» que antes motivaba esa asociación («por traerle más ante los ojos. y mirar sus acciones y escudriñar sus pensamientos. 64-6). etc. el rival deí Escudero.] / cantile­ nas. bailaban.. pero. correr. çapatetas». ofreciéndole. ¿Con total sinceridad? Andrés «estuvo en duda» si Clemente ha­ bía dicho todo esto «como enamorado o como comedido». tiraban la barra». según sospecha de in­ mediato D. / las fiestas de rato en rato. se niega a darle «essa sortija» que él le pide para llevarla «por tus amores». (61.. excepto en el caso del paje-poeta. en señal de su cariño. Dios te dé salud. Mingo. / y gozes la juventud / más que todos los pastores». Juan. / que. que suele dejar perplejos a los lectores. comprendiendo bien su intenso embeleso y. / cercillos.independientes de toda provocación concreta: «las muchas ocasio­ nes [.. baylar. saltaban. que chapados olores! [de la rosa que le regala Mingo]». Al ha­ cerse «camaradas y grandes amigos» andaban «siempre juntos [. corrían. que «de tan hermosa junta veamos en el mundo los más be­ llos renuevos que pueda formar la bien intencionada Naturaleza». que se gocen «en conformidad y gusto de sus pa­ dres»... mil servicios amorosos: «la serviré / con tañer. cantar. aunque no sean muy ricas / serán de bel parecer». / [. chançonetas / le chaparé de mi hato. ¿deja jamás de ser una razón importante de su «amistad»? (797-8). a quien aprecia más que a cualquier otro pastor: «Mingo. luchar / [ . / altibaxos..]. no puede corresponderle en el amor a Mingo. no obstante. quiso Andrés que fuese Clemente su camarada»). el paje-poeta. es digno de detenida considera­ ción.... / con saltar. al «descubrir» el paje-poeta en «los ojos» de D. Sutil problematización cervantina de vagas. etc. apreciando sus atencio­ nes: «¡O. la necesidad de renunciar a sus propias aspiraciones amorosas respecto a Preciosa (795). pues nos ayuda a comprender mejor también la función del paje-poeta de La gitanilla. quien viene un día al aduar de los gitanos «a buscar» a Preciosa. Pascualilla no quiere. Y Pascualilla se siente muy halagada por la admiración de Mingo.] / Daréle buenos anillos.]». El problema se resuelve de la manera más natu­ ral. Juan y Pre­ ciosa sus «intentos» amorosos y. así. ¡aun antes de aparecer en su vida el Escudero! ¿Por qué? . débiles sugerencias del texto enciniano. Ex­ presa parabienes a la pareja: «que estos enredos amorosos salgan a fines felices». «mil cósicas. declara Mingo a la hermosa pastora.

. compa­ ñero. En otra ocasión.. Mingo se empeña en expli­ car que quiere mucho más a Pascualilla. Mingo personifica una pasión genuina. De seguro sin darse clara cuenta de ello. aunque pretenda despreciarla... Minguillo.. precisamente por frustrada. le dice a Pascualilla. no monógama. precisamente. contra su voluntad..] / ¿Cómo dexas tu esposilla / ¿por venirte acá conmigo?». Mingo se declara curado: «Ya de ti no tengo enojo». como especial privilegio. / y te tornaste pastor / por tu provecho y mi daño». / pues por ti dexo a mi esposa» (60-2). pero pasa­ jera. particularmente cuando se las encarga el Escudero: «¿No basta que la llevaste [. en cambio. hurria. por ella ha dejado a su esposa. su amigo. mide. según lo sugiere esta divertida pre­ gunta: «¿Qué te parece.. En el mero hecho de parecerle ella «tan her­ mosa» encuentra Mingo razón para amarla y para ser de ella amado. porque «es tan hermosa». es su enamo­ rado!. Varias veces traiciona cierto resenti­ miento hacia el Escudero: «me dexaste defunto / sin amiga y sin favor.] / Deberías aver concencia / en tal cosa me pedir» (75). Pascuali­ lla debiera entrar en una relación. espera ser amado aun más: «quiéreme. tirte allá. «que quiero tanto a mi es­ posa / que ya no quiero otra cosa / ni me percude otro antojo» (76). por lo cual tampoco puede componer canciones para Pascualilla. Y después le pide. así como de seguro esto ocurrió también con su esposa y así como. lo convierte todo en chiste. Menguilla. y. la donosura de su «es­ posilla» con la de Pascualilla: «que no le falta nada.] / ¡silva. que sea.«¡Miafé!. en efecto. / tan bien como a Pascualilla» (81). con suma gracia. según lo con­ firma también su imploración a Pascualilla que lo acepte por amante. no te creo / que de mí estés namorado / Pues eres ya desposado. pasado un año. / tu querer no lo deseo / [. como antes. avasalladora.tu caramillo / [. gratificadora sólo de los deseos y caprichos de Mingo! Pascualilla lo comprende todo muy bien.. músico y cantor: «sacude. Mingo. «aunque no curas de mí / ni por mí se te da cosa» (61): ¡Contra sus inclinaciones naturales. algún día ocurriría con otras que le pa­ reciesen más hermosas que Pascualilla. es evidente que no podrá olvidar jamás por completo esa obsesión por Pascualilla. por lo cual. / no te qu ello tres de vero». y flagrantemente egocéntrica. quiéreme más. previsiblemente. Infatuación intensa y pasa­ jera.]? / [. inconscientemente. pretendiendo creer que Mingo sólo pretende estar enamorado de ella: «Tirte. Sin embargo. pero para no herirle la sensibilidad. de qual está Pascualeja}» (79).. ¡a fin de cuentas.

147-157. Sin em­ bargo. . No siendo «rico ni pobre» (785). No cabe duda de que el paje-poeta7 está apasionado por Pre­ ciosa. creyendo que ya Preciosa quedaba rendida. Bello pasaje que sim­ boliza el genuino estímulo amoroso que viene a estremecer y fe­ cundar el corazón de Pascualilla. El paje-poeta sueña con ga­ narse el. pues con tanta afabilidad le había hablado» (785). Con delicadeza. y de esta manera tendre­ mos amistad que dure» (785)9. / de lo que es testigo el mío / de tu imperio satisfecho» (779). ya no quiere aceptar el dinero.. cuando aparece en el aduar de los gitanos. le dice en una ocasión. a veces ilusionándose con que ya lo tiene: «se fue contentísimo.. pese a todos los atractivos personales del paje-poeta y pese 7 Véase la interesantísima interpretación de este personaje en Forcione. y no “mercancía”. honesto [. «Quisiera tener las riquezas de Midas» para dárselas a ella.. por genuino aprecio. discreto y bien razonado [. le da. por esas inexplicables razones del corazón..].. por delicadeza de sentim iento.] / Viene un escudero» (62). impropio para ella. 9 O tro finísim o rasgo: A l principio Preciosa está interesada en los escudos que le da con los poem as el paje-poeta. En todos estos poemas exalta la hermosura y la gracia he­ chiceras de Preciosa: «¿Cómo nació tal belleza? [. buen poeta (793).favor de Preciosa. donaire y fir­ meza le hace comprender que no quiere comprometerse con él: «por poeta le quiero y no por dadivoso. sólo la preocupación de no hacer celoso a D . de ánimo generoso. pero no la atrae amorosamente8. le tendré por reliquia mientras la vida me durare».] Sobre el más exento pecho / tienes mando y señorío.. A l darse cuenta de que los poem as son expresiones de amor por ella. También en este caso la reacción negativa de la doncella al apasionado es anterior a sus otros inte­ reses amorosos. al enamorado en su demanda..da gritillo! / [. no quiere ni hablarle (796).].. al haber ella reconocido y recha­ zado otro. así como a menudo en la vida. Sin em­ bargo. pp. pues esto corresponde a su práctica usual de gitana. hasta el punto de idolatrarla: «como le toques [un escudo] con la mano. «Cer­ vantes’ La gitanilla». Lo considera «galán y muy hombre de bien [. Cabe pensar que esto ocurre. aunque sin animar. amistoso. en cambio.. N o es. Juan la razón de tal conducta. más tarde. por ello. 8 Por comprender Preciosa que el paje-poetá tiende a interpretar mal su corte­ sía.. pues. los romances y sonetos que compone para que ella los cante y baile y cobre «fama de la mejor romancera del mundo» con ellos (777). Preciosa nunca quiere darle tal esperanza.]».

incluso. Estas observaciones de Preciosa a D. discretos y enamorados coloquios». cairás en que es de alquimia».]. «de noche». Preciosa re­ calca que tiene «por mayor ventura / ser honesta que hermosa». le pide Preciosa que lo «tantee» y «pon­ dere» por «dos años» con ella. claro está. que considera como locura de «mocedad». Preciosa tiene buenos moti­ vos para cuestionar el amor que le profesa. como gitano (790). con toda pro­ .a todas sus protestaciones amorosas. que la estimas sobre el sol y la encareces sobre el oro. cuando más. imprevistas y sólo momentáneas apariciones en la vida de ella. pero sus otras cualidades perso­ nales. según piensa para sí (799). agudeza» en ella. ¿no despiertan en absoluto su interés? Signifi­ cativamente. Las diferentes explica­ ciones que da son puro cuento. parcial. excesivo. inconstante a ella como mujer y persona. la hermosura. sin duda. también por sus re­ pentinas. en su canción dirigida a ambos amantes. / que a ser buena me encamine» (798-9). lo cual se simboliza. una pasión idó­ latra de la hermosura de Preciosa. En palabra y verso aquél celebra. pero con entrega.. desde luego. lo cual la halaga mucho. muy significativamente.. según él mismo dice. Por esto precisamente. de modo muy sugerente. pues. Sólo al final. Esta mi hermosura que tú dices que tengo. condicional. pero a poco rato bien conocen la diferencia que hay de lo fino a lo falso. Tan tarde se percató Clemente de esas virtu­ des de Preciosa. con insistencia. y que su preocupación principal en la vida es hacer «lo que en mí es. ¿qué sé yo si de cerca te parecerá sombra. 792) es acep­ tado al fin como esposo. incomprensible sacrificio. y tocada. Juan «descubra» el quilate interior del «oro». las interiores. «descubrió» Cle­ mente «discreción [. la gracia de Preciosa. porque antes estaba tan absorto en su belleza exterior que no pudo percibirlas: «ciega y alumbra con sus soles bellos» (787). aunque en otro sentido (793). para que D. Es un ejemplo de esto su llegada al aduar de los gitanos. «descaminado». Nótese que el paje-poeta no estaría dis­ p uesto a em prender tal proceso de «descubrim iento». al escuchar con gran atención «las razones» de Preciosa. honestidad. porque antes no las había buscado. falta de «cordura» y. Por esto. sólo al «descubrirlo» y apreciarlo debidamente («Pasaba Andrés con Pre­ ciosa honestos. Juan son aplicables especialmente al paje-poeta: «Ojos hay engañados que a la primera vista tan bien les parece el oropel como el oro. El «amor» del paje-poeta representa. de tal manera que [en él] halló disculpa la intención de Andrés de vivir entre gi­ tanos por ella» (799).

quien le hace comprender con claridad que «la poesía es una bellísima doncella casta. quien estimula. esos extraños «prudentes religiosos».. 64). según él mismo admite: «hermosas tiene Madrid que pueden y saben robar los corazones y rendir las almas tan bien y mejor que las más hermosas gitanas». Para no ser reconocido ¡y hallado entre gitanos!. retirada [. Esta definición quizás coincida perfectamente con la del propio Cervantes.. pues parece que para siempre no puede quedarse dedicado a ninguna mujer en particu­ lar. «El paje inventa una historia tras otra para justificar su presen­ cia» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. «al parecer de buen talle» —ya la irrelevancia del detalle sugiere la improvisación mentirosa— que de manera tan fácil. su «señor» y «pariente». ni la muestra a todas gentes. aunque estas palabras las motivan de seguro también sus «amores aguados» respecto a Preciosa. Se disfraza «en hábito de mozo de fraile» (796). la última 1 0 .. y que él mismo califica.. pero creemos que el problema principal 10 Casalduero. para no ser reconocido en su huida. ni a cada paso [. porque el duque.habilidad.] como de una joya preciosísima. hacia nuevas conquistas amorosas. él tiene una bella y poderosa inspiración. proba­ blemente. Esos dos caballeros. Hay otras facetas mucho más complejas de este personaje: Se proclama genuino «aficionado a la poesía».. si es que hay fidelidad en las selvas». cuyo dueño no la trae cada día. desaparece del aduar y se va a Italia. Es más probable que el paje-poeta abandone a su amo. mue­ ren «de las dos estocadas» que les dan él y su amigo. que es Preciosa. porque.. p. Preciosa jes la poesía! (784).] a todas las que yo he visto se aventaja» (795). como «caso extraño y pocas veces visto». ¿inconscientemente?. de seguro mandaría buscarle.]». discreta. natural. . de la cual «hase de usar [. cuya «hermosura [. según parece revelar él mismo con estas intencionada­ mente enigmáticas palabras: «quizá podrá ser que donde he pen­ sado perderme hubiese venido a ganarme. aguda.. de quien está tan apasionado y a quien quisiera todavía "rendir”. tan despreocupados del grave pecado de sus protegidos (795-6).. cómplices tan solícitos en encubrir el crimen y. etc. aunque a algunos parece verídica. a la vez. su aparición precisamente en el encinal en que está Preciosa. entre tantos encinales. casual. para él.]. después de reconocer como mentirosas las anteriores. espontáneamente su fantasía. ho­ nesta. para seguir a Preciosa. cuando éstos se encuentran en dificulta­ des con la autoridad.

215-223. Spieker. de L a gitanilla entera com o metáfora del concepto poético cervantino. quién dixera que yo / avía de ser pastor!» (86). hato de mal asseo». En efecto. Gün ter t. por pri­ mera vez con la atención debida. mi señor. no pudiendo deslindarlos netamente. y de igual modo. para compartir la vida palaciega con él. / como por gran maravilla / yo creer no lo pu­ diera». D e particular in­ terés. el autor. 101-2. y.]. Encina (70). (79. lógica la posibilidad de que Cervantes medi­ tara también sobre este crucial fenómeno de la creación poética n. Sentido y form as de las N ovelas ejemplares.. Reflexiona después Pascualilla: «quién a mí me dixera / que avía de ser de villa. D e identificarse al paje-poeta con Cervantes. pp. 12 M ingo y M inga se quedan en la corte. a la «palanciana». 107-34. Selig. / Y pues me tenéys amor. su prueba de amor: «Que me plaze. se encuen­ tran observaciones en casi todos los estudios sobre esta novela. El Saffar. de calculada. pastor. / yo jamás os dexaré. Sin embargo. / por amor de mí. Forcione. con toda probabilidad ni se da cuenta del problema.. pp. por amor que le tiene desde la infancia (805). el Escudero pide a Pascualilla que «se torne en dama». las de Casalduero. etc. tal identificación nos parece irrelevante para la com prensión del paje-poeta de La gitanilla. este cambio de la vida pas­ toril «con el ganado [. Sí lo intuye bien Preciosa* lo cual explica su actitud de sincero apre­ cio y amistosa simpatía. 213-20. también las com posiciones poéticas intercaladas en el texto. «Concerning the Structure of Cervantes' La gitan illa ». / que también vos os tornastes. / mudarme. muy grossera y muy mala [. en efecto. del paje-poeta-C ervantes. Sin embargo. sin temor» (79). cuando menos. pp. pp. cuidadosa distan­ cia en sus relaciones con el paje-poeta. ¿Ama el paje-poeta a Preciosa como persona o como musa que hechiza su fantasía? Probablemente él mismo no lo sabe. Después de un año de vida pastoril. a la vez. En este estudio se examinan. con­ fundiendo los dos aspectos. pp. que al fin parece a to­ dos «muy remejor» 1 2 .]. 273-6. y que al rústico deseoso de tal cambio —si la suerte se lo depara— sólo exige «gran voluntad y gana / a la 1 1 Sobre el problema de la poesía=Preciosa. etc. M ingo sería otra vez un antecedente interesante. pp... Ños pa­ rece. . pues os mudastes. 56-77.]».. 84). Ésta acepta sin vacilar la pro­ puesta que es. por la amistad que desde siempre los une a Pascualilla (83). «Cervantes’ L a gi­ tanilla as Erasmian Romance». cumpliendo su prueba de amor. pues tam bién representa al autor.que se personifica en el paje-poeta es propio a todo poeta amo­ roso. «La gitanilla y la poética de Cervantes». el Escudero: «¡ved. La gitana vieja se queda con Preciosa y su familia.. N o v e l to Rom ance. «Preciosa y Poesía». / quanto mandardes haré / libremente. Explica también que éste después desaparezca de repente: «Luego vino otra [.

en este estudio. mien­ tras que «las mañanas / en el campo ay gran frescor. . la misma dignidad del alma. que no se le habría escapado a Cervantes: El hom­ bre de cualquier condición social tiene las mismas cualidades y potencialidades espirituales. se justificarían todas sus muchas virtudes. para adaptarse bien (86-7). Cervantes nos revele el origen noble de Preciosa. qué gas ajo es oyr / el sonido de los grillos / y el tañer los caramillos! / ¡No hay quien lo pueda dezir / [. después de la exitosa confrontación de D. fundamentalmente. 1 5 Recordaremos que «el m enosprecio de corte y alabanza de aldea» es tópico de la literatura pastoril. que se deleitan en «sovajar» al humilde. Este be­ llo pensamiento inspira.] muy pendados [. haciendo «atractivos» a los gitanos.. se expresa en la obra enciniana: En la corte hay «palaciegos» e «hidalgotes» [. tiene una implicación impor­ tante. / ¡Oh. que prazer tan valiente! / [... radical. verás. / no creáis que no reproche / el palaciego bivir / ¡O.. corcobados»... deforma «la realidad en beneficio del Arte»... 149. Juan con las dificultades. / en beber con gran reposo / de bruças agua en la fuente / o de la que va corriente / por el cascal corriendo / que se va toda riendo.. dilemas. / y tiene muy gran sabor / la sombra de las cabañas. examinaremos la visión que Cer­ vantes tiene de la sociedad gitana y de la "paya” 1 4 que contrasta detenidamente en La gitanilla. tentaciones y peligros de la vida gitana.] / Quien es duecho de dormir / con el ganado de noche..] / ¡Pues no te digo. según algunos críticos. Para explicar mejor este problema. que. a pesar de que. siguiendo la práctica de algunos estudios anteriores. 1 4 Arinque ‘payo’ significa ‘‘aldeano” o “campesino ignorante y rudo”. Cervantes idealiza «una verdad fea». Según algunos críticos.. / [.]» («A lgunos retoques a la crítica de La g ita­ nilla» (375). esta palabra se uti­ liza para referirnos a toda la sociedad española no gitana. 146..]. / las holangças de las bodas» (82)15. (63). Lazo: «Preciosa adquiere la personalidad que le co­ rresponde por ser doña C ostanza [. «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». sólo con lo cual.crianza». bur­ ladores». lo cual también encuentra una po­ sible significativa inspiración inicial en «el menosprecio de corte y alabanza de aldea». también La gitanilla. pp.] / Ya sabes qué gozo siente / el pastor muy caluroso. esa «ralea ladronesca y criminosa» que en otra obra 13 Rauhut. que «presumen de loçanos [. etc.]. antes puestas en duda por todos los que la creían gitana !3.. por boca de Mingo..

369. pp. D.. a menudo deslumbran de tal modo al lector que le hacen desentenderse de todos los cali­ ficativos y contradicciones.. tan reveladores.. llama «mala gente» 1 6 . amor. 18 Lowe. la acusada no tiene derecho alguno a protestar su inocencia ni mu­ cho menos a apelar la condena: «nosotros somos los jueces y los verdugos de nuestras esposas y amigas.]. ciertas declaraciones extraordinarias del gitano viejo: «guardamos inviolablemente la ley de la amistad [. serena comunión con la benévola. Cervantes: T w o N o vela s ejemplares. la vida gitana. Aparentemente. ¿no es quizás análoga a la de D. si por enamorados echan a galeras [. Schürr. 37-8. no nos desvela la ambición». pero no carece de significado la provisión. como si fueran animales nocivos».. de que todas las gitanas son muy conscientes: «Entre nosotros no hay ningún adulterio.. Quijote a las de los galeotes. según se representa en la novela.]. e incluso en la "alabanza” misma del gitano viejo. de íntima.suya. respeto. esa fi­ delidad ¿se cultiva por amor. Salvo obvias diferencias. etc. con la misma facilidad las matamos [.. las matamos y las enterramos por las montañas y desiertos. creador de la novela corta..].. Cervantes. a veces. que a muchos lectores parece un autén­ tico idilio. Estos aprueban como natural y necesario el 16 G onzález de A m ezúa y M ayo. (789-90)17. 6-13. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Rom ance». sonriente Naturaleza. Y «no hay pariente que las vengue m padres que nos pidan su muerte».. Quijote: «Pues. Evidente­ mente. Rodríguez-Luis.]». «Idea de la libertad en Cervantes».. ¡Envidiable! Sin embargo. pp. Y sin embargo.]» (1113). pp.. no es de ningún modo idílica. L a gitanilla. p. de paz.. «La gitanilla y la poética de Cervantes». 17 Güntert. 126. . 184-92. vol. integridad. por ejemplo?: «El [galeote] le res­ pondió que por enamorado iba de aquella manera». o alguna bellaquería en la amiga [. 115-6.? De seguro. Tal conclu­ sión se sustenta principalmente en la "alabanza” que de la vida gi­ tana hace un gitano viejo. p.. expresos explícita o implícitamente en palabra o acción. tal reacción crédula a esas declaraciones. como ya lo han percibido con agudeza algunos lectores 1 8 .. y cuando le hay en la mujer propia. I. irresistible para el ánim o deseoso de la «ancha libertad». El coloquio de los perros. amistad. La ilustre fregona. vivimos ale­ gres [.. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes . El gitano viejo alardea de la fidelidad conyugal entre los gita­ nos que elimina naturalmente «la amarga pestilencia de los celos» y «el temor de perder la honra». Forcione. pp.

como él sea mozo. Y sin el menor escrúpulo de conciencia la abandona. / y calentándonoz su fuego / cin celoz y cin temorez» (507). en realidad. y de modo muy revelador. en la vejez. alegres». cuando deja de excitarle sexualmente: «así hace divorcio la vejez como la muerte: el que quisiere.]. etc. imputadas por maldad. o ya por amiga». si las circunstancias lo exigiesen. declara el gitano viejo. Maldonado. «Con este temor y miedo ellas pro­ curan ser castas.. y de «dejar[la] [. Relaciones conyugales o barraganerías a menudo sin amor li­ bremente correspondido. a cualquier gitana. otro simple arreglo. muy conveniente para una mutua protección del monopolio mas­ culino sobre la mujer.. sin armonía de voluntades. Muy significativamente. sin considerar en absoluto las preferencias personales o hasta las posibles inclinaciones contrarias de ésta — ¡no le impor­ tan!: «queremos que cada una sea del que le cupo en suerte». el conde de los gitanos en Pe­ dro de Urdemalas: «Gozamoz nuestroz amorez / librez del dezazociego / que dan loz competidores. explotación parasitaria de la mujer. según lo observa. sospechadas. puede dejar a la mujer vieja. y de seguro estarían dispuestos hasta a castigarlas ellos mismos. envidia.] o castigarla] [. desechada casualmente. y declara determinada: «¡no quiero compañía que por su gusto me deseche!» (790). y nosotros vivimos seguros [.. El gitano escoge «ya por esposa. se justifica dudar . castigadas del modo más rutina­ rio por el marido o el amigo. que los gitanos infligen a sus mu­ jeres... y escoger otra que corresponda al gusto de sus años». de los que caracterizan las notorias venganzas pundonoro­ sas de esos desdeñados payos? Cuando menos. Fácil es imaginar “trans­ gresiones” sólo supuestas.. representativamente. secreto («por las montañas y desiertos») de la transgresión. desentendiéndose de la inclina­ ción natural y de la «voluntad» de la mujer. premeditado.] cuando se les antoja». como inútil es­ combro. real o imaginada. al menguarle la hermosura y la vitalidad juvenil. La «ley de la amistad» que los gitanos se guardan «inviolablemente» en «no solicitar la prenda del otro» es.. chismes. castigos inhumanos («como animales nocivos») posiblemente por la mera sospecha o acusación injusta.castigo. la discreta Preciosa reprende de modo categó­ rico y severo esta «bárbara e insolente licencia» que los gitanos toman de contraer matrimonios. muy complacido de tan eficaz arreglo. inexora­ ble. ¿En qué sentido esencial se diferen­ cian la motivación y el propósito del castigo inmediato. venganza.

de industria y ánimo lleno. pero esta práctica nada tiene que ver con la vida comunitaria de la Edad dorada. ¿qué son sino degrandante «solicitud de favo­ res»? La música. im­ 19 La gitana vieja «dijo que ella n o podría.. al cual le había hecho meter en una tiriaja de agua hasta el cuello [. holgazana.. cansadas rutinas de oficio? De las cosas que tienen o adquieren. hortaliza [. útil para el sus­ tento de la familia. a veces muy ingeniosas y divertidas. uvas. son su­ persticiosas y patentem ente tontas.]). ágil. a costa de la propiedad y del su­ dor ajeno..].. con lo cual Cervantes. 507). con orgullo.. ¿son jamás expresión espontánea de un espíritu alegre o.]..].]. más bien. ni a solicitar favores [. presto.] que no sean comunes a to­ dos»..] para sacar un gran te­ soro que ella le había hecho creer que estaba en cierta parte de su casa [.. Todas las víctimas de las tretas gitanas... Tras el desdén de las rutinarias. claro está1 9 . destaca una evidente relación de causa y efecto. nadie viva descuidado de mirar donde pone su ha­ cienda». Y las limosnas que piden a cualquier extraño. las canciones y los bailes. o casa real [. monótonas.....]» (796). Quijote. 507). las vi­ ñas. para nosotros se crían las bestias de carga en los campos y se cortan las faltriqueras en las ciudades [.] nos ofrecen [.] frutas de balde. a causa que los años pasados había hecho una burla [. extendida.. haciéndonos así reír de la ingeniosidad gi­ tana más bien que condenarla... claro está: «Somos señores de los campos. aquí y en P edro de Urdem alas . honesta. etc.]. con que entretienen a los payos. de los sem­ brados [. de las humillantes so­ licitudes de favores. racionalista.] las cosas comunes» por falta de codicia y egoísmo (1066)... en que «eran [. ir a Sevilla ni a sus contornos. . ni madrugamos a dar memoriales.. hay «pocas [. es «zahori del fruto ajeno». ni a acompañar magnates. que caracterizan la vida paya («ni susten­ tamos bandos... exaltada por D.. con el corazón siempre trepitante de miedo y aprensión. o mar... aunque no para la víctima. sofocantes convenciones socia­ les.. la preferencia por la vida «ancha.. sin entrometernos con el anti­ guo refrán: iglesia. los árboles [. como dice Maldonado.]. muy «atrevido [. zuelto» en realizar tretas con que apropiarse de él (Pedro de Urdemalas.. El gitano. se transparenta también el hastío gitano por la ocupación regular. las huertas. pues tan sólo se trata de cierta honestidad distributiva entre ladrones.que las gitanas. de las frenéticas ambiciones cortesanas.. / a quien nunca falta coza / que el deceo buzque y pida» (Pedro de Urdemalas. encontrasen esa vida tan “alegre” como sus maridos y amigos.] a un gorrero [.

codicia. «La gitanilla y la poética de Cervantes».]» (784)..].. Sin embargo. los gitanos venían a veces “acom pañados” por el camino por la “policía”. la vieja gitana hace recordar a Celestina. «que se aloja en los aduares de los bárba­ ros y en las chozas de pastores como en palacios de príncipes». com o medida preventiva. para nosotros son los duros terrenos colchones de blandas plumas».prescindible para la continua colaboración eficaz. estoica actitud frente a la vida21.]. orden tan puesta en razón y en políticos fundamentos [. 21 Güntert. en particular como modo de vida perma­ nente. según se verá. los gitanos deben dar «algunos vasos y prendas de plata en fianzas. música los truenos y hachas los relám­ pagos. D. por todo lo cual él estaría dis­ 20 Por su astucia. Cuando se presenta la ocasión de prescindir impu­ nemente de esta «equidad y justicia». que adopte las de los emperadores: quédese con ellos [. como ven al Turco ahora» (784)20.. liberalidad entre ellos. sin experiencia de los verdaderos ele­ mentos naturales: «las inclemencias del cielo son oreo. falazmente.. a que son siempre sujetos los gitanos. pues. refrigerio las nieves. tenían de costumbre» (799). humillante de los payos. provechosa en las fechorías. también tiene rasgos “nob les”. «esto de ver medrar al vecino que me parece que no tiene más méritos que yo. por ejemplo. 22 A l llegar a cualquier pueblo o ciudad. cuyos desagrados. por el mero hecho de que se la atribuye. 115. sería absurdo atribuir a los gitanos una sabia. aunque en formas diferentes: Recuerdo que en mi país. p. tan alegre vida» —son los mismos términos que usó el viejo gitano—. por el mero hecho de serlo22. baños de lluvia. Costumbre que todavía existe. el gi­ tano viejo: «tenemos lo que queremos. y por su m odo ingenioso y pin to­ resco de argüir a favor propio. también sus corazones son corroídos por la envidia. fatiga» (791). . ya bajo el gobierno comunista. Por todas estas razones.. pueden resultar deseables sólo a un apasionado irracional del romanticismo libresco. D ice a propósito Preciosa: «lleva término de alegar tantas leyes en favor de quedarse con el dinero. sentido práctico. in­ comodidades y peligros. triunfa rotundamente la co­ dicia y el interés propio: «Así verán ellas [las otras gitanas] —re­ plicó la vieja gitana— monedas de éstas. A pesar de todas sus proclamaciones de amistad.. pues nos contentamos con lo que tenemos» (790). etcétera. y hasta la exaltada vida al aire libre. Juan habla con ironía cuando se refiere a las costumbres gi­ tanas como «tan loable estatuto [. congenialidad. como. Tampoco en otros aspectos es agradable la vida gitana: el trato injusto.

para igualar su «liber­ tad animal» con la de los gitanos («Las novelas ejemplares». irónica se sitúa también el lector. con toda clase de pretextos. «El realismo idea! de L a gitanilla ». La implica­ ción irónica se deduce ya por el hecho de que D. de inmediato corregido: «o por mejor decir. Hasta ciertas actitudes y expresiones con que se manifiesta la incredulidad.]. excusarlo por todas las vías que pudiese. dejando a los dos compañeros admirados de lo que habían visto». o. Juan. poner en práctica esos «tan loables estatu­ tos» y costumbres24. al decir que éste «m iente». como prueba necesaria y convincente de su amor genuino por Preciosa. de evitar las «gitanerías» es parte de la «discre­ ción» de D . a la misma vez. propuso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala. pensando exentarse de la jurisdicción de obedecerlos en las cosas injustas que le mandasen» (791). I. tan inquieta y tan libre y disoluta» (Rinconete y Cortadillo. que ella misma evita. le suspendía [. 257). de la curiosa vida gitana25. reíase [.] dábale [a Rinconete] gran risa pensar en los vocablos que había oído [. Esencialmente.. 24 Preciosa pide a D . Juan hace recordar a Rinconete y Cortadillo. p. y con propósito de seguir y conseguir su empresa.. se revelan parecidas: «Con esto se fue [Ganchoso]. en esta perspectiva crítica. folklóricas.. observador por intermedio del personaje. D.puesto a renunciar. a lo menos... 47-59).]... le cayó en gracia [. Observador de la vida gitana. pp. quedó admirado [D... con lo cual Cervantes se propondría destacar un defecto payo («Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». 25 D u nn también recuerda a los picaros de M onipodio. pero no le exige que participe en los «embelecos y trazas». N uestro análi­ sis deja claro que la descripción cervantina de la vida gitana no es una serie de amenas escenas costumbristas. p.]. 851-2) = «De todo lo que había visto u oído. le admiraba [.]. observadores curiosos de la congregación picaresca de Monipodio. y de los ingenios de los gitanos. 188... Juan que comparta con ella la vida gitana.]. Juan]. p. sin vacilar. debajo de las leyes gitanas» (790) 23. la diversión ín­ tima. Juan que Preciosa llegará a admirar en él. «[.. Lerner no tiene en cuenta esta faceta del «gitanismo» de D . El m odo de ser «gitano» y. 95). la indulgencia irónica. Juan adopta la vida gitanesca por sacrificio. y de que él mismo evita. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Romance». a su «profesión de caballero y la va­ nagloria de su ilustre linaje». sin entrometerse nada en sus costumbres. . com o piensan varios críticos (C hacón y Calvo. y someterse. 23 Lo ha notado ya Forcione. prestamente «debajo del yugo» —revelador lapsus linguae.

inces­ tuoso.] el estado de naturaleza [. ridículo. 191. cobarde. Casalduero observa: «Cervantes. He aquí la corte real: El monarca es un in­ dividuo tonto. arbitraria. insaciable­ mente codicioso y ambicioso. en el orden social. mujeriego. 525). 26 Casalduero. en particular en el espiritual y moral (que es el más importante en este contexto). y también de Preciosa. intrigante. que alterna con superficiales devociones religiosas. falsa gitana-verdadera princesa.. dejan la sociedad gitana en que se han criado desde la infancia. protagonista de Pedro de Urdemalas. representan [. La rema. p. hipócrita. dedicado incansablemente a bailes. el hombre tiene que vencer su naturaleza. adúltero.. supuesto atributo de los monarcas españoles de entonces. espiritual. vengativa y cruel con sus presuntas rivales..]. cazas. arbitrario. tiene que superarla»26. es una mujer frustrada. excursiones y otras diversiones parecidas. político. en­ gañoso. frívolo. traicionero. rencorosa. al revelarse su origen noble. ¡con harta razón!. En suma. falsa. empeñados en privarla de toda influencia política en su soso marido. tanto aquí como en la novela ejem­ plar. la sociedad noble a que Bélica «se eleva». intrigante maquiavélica en sus continuos conflictos con los ambiciosos cortesanos. siempre celosa de su ma­ rido. según se lo echa en cara la reina misma. patética y nada simpática señora carece de toda dignidad pre­ supuesta en la realeza. vano. este rey constituye una patente contrafigura cómica del «Virrey de Dios en la tierra». es un descarado oportunista. mentiroso. malévolo.. Esta po­ bre. fiestas. para mencionar sólo algunos de los más salientes vicios. quienes. que sus astutos favoritos esti­ mulan todo lo posible para distraerle cuanto más de sus deberes y responsabilidades... y así aprovecharse personalmente.Hablando de Bélica. defectos y debilidades de carácter.. su amargada consorte: «¡a ser vuestra condición de rey. Este rey no tiene condición alguna para serlo. lujurioso. resulta patentemente absurdo. inmoral tercero. envi­ diosa y suspicaz de toda mujer hermosa. . ya que los gitanos. hipócrita. en esa trayectoria: gitana-sangre real. pero no es así!» (Pedro de Urdemalas. muestra el proceso del destino hu­ mano: separarse del estado de naturaleza para elevarse al estado superior. Caracterizar de «estado superior» en cualquier aspecto y. el favorito... Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . moral. Silerio. melifluo congraciador.. su traicionada esposa.

. ¡su pariente!.. ridículo. burda sensualidad.] y yo no lo sabré ser y todo iría perdido.... abusos. cuando se le propone «presentarse a sus majestades»: «Querránme para truhana [. fraudes.. personal.. aun llevarme habían. extrañamente considerado “normal”. cínica palabrería para explotar al desvalido. a quien se empeña de continuo en distraer de sus deberes y responsabili­ dades. que hacen palidecer. injusticias.. responsable. se nos presentan «muchos» caballeros que en una sala se en­ 27 Explicam os en detalle todas estas caracterizaciones (con que identificamos.. los que imputan a los gita­ nos28. por contraste. respectivamente. tiene deseos lujuriosos respecto a ella—. mons­ truoso: Lo que se proclama como amor es sólo capricho. ¿Se retrata quizás de modo más halagador la sociedad paya d e La gitanilla} En uno de los primeros encuentros de Preciosa con esta socie­ dad. Resulta así penosamente obvio a qué "estado superior” está destinada Bélica en el palacio real —para mayor ironía. vengativo y.. la religión es hipócrita piadosería o ridicula superstición. hábil del monarca. como lo sugiere también la reacción de la discreta Pre­ ciosa.. e l favo­ rito) en nuestro estudio sobre Pedro de Urdem alas en El teatro de Cervantes. engaños... pero en algunos palacios más medran los truhanes que los discretos» (781)... útil función social. por provecho propio: Contrafigura grotesca del consejero moral. etc. tonterías. desde lo nimio. son hueca. craso oportunismo y grotesca tontería. los ideales patrióticos. a Felipe l í i . tan solemnemente proclamados... para el bien de toda la pa­ tria 27.. hasta lo enorme. sino por su pomposa vanidad. Todos los demás payos de Pedro de Urdemalas contribuyen. perverso consejero del rey.cruel. 28 Véase la nota anterior. sobre todo. “respetable”. en un orden ascendiente. . recuér­ dese que el rey. de un modo u otro. desde lo particular.. la nobleza de título no corresponde a la nobleza del alma. al comprensivo panorama nacional de desva­ rios. colectivo. la autoridad civil no se distingue por una sabia. hasta lo gene­ ral.' La actuación de Pedro en la obra consiste precisamente en descubrirnos los innumerables “frau­ d e s” —dem asiados para exponerlos to d o s— que hay en el mundo payo. errores.. a la reina Margarita y al D u qu e de Lerma. Si me quisieran para discreta. ilusión ingenua. prudente.

no obstante ostenta «en el pecho uno de los más califica­ dos [hábitos] que hay en España». en «unos balcones de hierro dorado» de su casa (785). exige la prueba de la conducta personal. Juan es socialmente identificativo. en sí. De todos modos. las llaman «desde una reja». Pre­ ciosa vacila un rato: «caro sería ello [. 687). imagino que no se puede presumir cosa mala». «muy bien aderezada y muy fresca». previsiblemente. indica criterios nada rigurosos para su obtención. todavía jovencito. el “hábito” del padre de D. pero es muy llamativo también el hecho de que Preciosa no presta atención al­ guna al juramento que uno de los caballeros hace «por el hábito de Calatrava» que trae «en el pecho». de esa clase noble española contemporánea de Cervantes. ¿Tan poca fe tiene ella en esa venerable insignia de históricas glorias nacionales. como señal certera de honradez y caballerosidad del que la trae «en el pecho»? Que el símbolo no corresponde a su tradicional sustancia lo sugieren ya los paseos ociosos de estos caballeros por la sala. D. tam­ bién aparece «en hábito de cruz colorada en los pechos». «ornamentales». por su pintoresca ornamenta­ ción. implícitamente. quizás toda esta escena con­ lleve una punzante implicación emblemática respecto a las preo­ cupaciones con las meras apariencias externas. la única convincente. quien. pero moralmente de valor. sin ningún aparente mérito propio. esta apari­ ción llama la atención. sobre todo. sobre el cual se afanan. según se des­ .· Evidente­ mente. Al ver a las gitanas en la calle. pero al fin decide entrar con sus compañeras.. personal. «unos paseándose y otros jugando a diversos juegos». a todas las de­ más gitanas presentes. Juan. nótese: «a lo menos de vos. cuando más. la discreta Preciosa se desentiende también de este “hábito” como fidedigna prueba de la afirmación. D. Juanico posee el «hábito de Santiago» por la «calidad y nobleza» de su familia.. porque antes el ser muchos quita el miedo y el recelo de ser ofendida». y no de tantos juntos. Significativamente. para asegurarla «de que na­ die [le] tocará a la vira de [su] zapato» (778). y «el barato» en la mesa. Percibiendo también el detalle posiblemente muy relevante de que este señor “imagina” la moralidad de Preciosa sólo por su «buen rostro» (con lo cual ofende.· en cambio.] si nos pellizcasen». segura para ella (781-2). Aunque dignificada por el aspecto «de venerable gravedad» del personaje. La posesión bastante corriente del “hábito”. Discreto razonamiento.tretienen. neutro. considerando que «de lo que [se ha] de guardar [una mujer] es de un hombre solo y a solas. de su padre.

213). que también la hermosura tiene fuerza de despertar la caridad dor­ mida» (776). se hace cómplice en este arreglo práctico. pesadas y peligrosas bur­ las a costa del encarcelado D. 293). Es ía hermosura y la gracia de Preciosa lo que llama su atención. Juan». Juan] la vida con ello» (804) 30. también su integridad personal y oficial se pone en tela de juicio.. el corregidor satisface arbitrariamente el pedido de su mujer. porque ya antes concluyó que «no había de tener lugar el 29 D udam os que Cervantes quiera distinguir moralmente a este caballero ha­ ciéndole ofrecer “lim osna” y n o “barato” a Preciosa (Forcione.prende también de la reacción más bien desapasionada de Preciosa hacia él29. que los moderase porque podría ser perdiese [D. Más tarde. que aquí tengo un doblón de oro de a dos caras. del “barato” de su juego. que ninguna es com o la vuestra. De cuestionable discreción. que tan obviamente des­ dice de las frívolas. . Sin em­ bargo. infantiles y. aun­ que proceda.] su marido mandase que aquella gitanica no entrase en la cár­ cel. se nos revela el padre de Preciosa en este caso. Los otros caballeros le dan “lim osna” por las mismas razones. p. En esencia. 3 1 Véase el estudio sobre «La señora Cornelia». en suma. En otros casos parece acentuarse aún más la incongruencia en­ tre los presupuestos venerables símbolos del “hábito” y el modo de ser y la conducta del que lo trae “en el pecho”: Así el «hábi­ to de Calatrava» del padre de Preciosa. quien «por curiosidad de verla [a Preciosa] hizo que [. com prensiblem ente. Señalamos también en otra obra cervantina el chiste burdo como reflejo de cierta debilidad de carácter del que lo utiliza31. Juan daba. «Cervantes' L a gitanilla as Erasmian Romance». aplicable a la situa­ ción de L a gitanilla. oportunista. con otros parientes. Juan. “lim osna” com o la de todos: «la vieja pedía lim osna a los circunstantes. y consi­ dera despacio la sustancia de lo que pide» (1416). según se lo advierte su propia esposa: «dijo a su marido que eran demasiados los sustos que a D. p. El tío. 30 Pierce: «cruel charade» («La. 32 D . gitanilla: A Tale o f H igh Romance». Q uijote a Sancho “gobernador”: «Si alguna mujer hermosa viene a pe­ dirte justicia. quita los ojos de sus lágrimas y tus oídos de sus gem idos. cuando menos. y todos los demás sí» (800)32. ¡alcalde!. a la vez. y así quiere que ésta «suba» a entretenerlos. Sin considerar la posible culpa de todos los gitanos que le traen a la cárcel.. soborna por «dos mil ducados» al tío del soldado muerto «porque bajase de la querella y perdonase a D. por lo cual él la recompensará con una «limosna»: «bailéis un p oco con vuestras compañeras. aunque son de dos reyes» (787). y llovían en ella ochavos y cuartos com o pie­ dras a tablado. por encima de la ley.

jamás... A las muy injustas. Cervantes se revela com prensivo de la reacción impulsiva por tan grave provocación y de la in­ dignación íntima y “social” del ofendido.. N ada en sus obras nos inclina a aceptar tal pensam iento... tan típica de su sociedad. que morirá de hambre [. sin que les importasen las circunstancias de lo ocu­ rrido (800-1)33. probablemente m uy representativo. jueces. pues le basta al desdichado la pena del suplicio. com o va­ riación sobre el tema fundamental de la obra.] entiendo que no son buenos dichos [. por más rotas y desastradas que nos vean. corruptas autoridades payas.rigor de la justicia para ejecutarla en el yerno del corregidor» (805)... del ilusionado caballero. pero no intima que él mism o considera esa “venganza” com o prueba de nobleza. cabe recordar otro con sejo de D . y. lo condenaron inmediatamente por criminal. jamás... «sín blanca»: «Coheche vuesa merced. Nótese también que al revelarse la “nobleza” de D.1 La vieja gitana se refiere después a D o n D inero con ingeniosa imagen satí­ rica: «las armas invencibles del gran Filipo: no hay pasar adelante de su plus u ltra » (784). y tendrá dineros. que Cervantes destaca com o lamentable confusión de valores. Juan y Caballero». se refiere también la gitana vieja: «¿Habrá favor tan bueno que llegue a la oreja del juez y del escri­ bano como estos escudos? [. R especto al trato injurioso del alcalde: «com enzó a decir mil in­ jurias a A ndrés y a tod os lo s gitanos» (800). representadas a menudo sin duda por alcaldes. como a toda su familia. y no haga usos nuevos. por lo cual «con mucha presteza y más c ó ­ lera [. .].] por ahí he oído decir [. que son arpías de nosotras. tan razonables. Juan. al creerlo gitano. cuyos frutos.. Al decirnos que el bofetón del sol­ dado «le hizo volver de su em belesam iento y le hizo acordar que no era Andrés Caballero.] que de los oficios se ha de sacar dineros para pagar las condenaciones de las residencias y 33 Es importante notar este "relativismo moral”. 3 .. sino D .]. naturalmente.. corregido­ res. claro está. hace ver por qué resultarían tan quijotescos los consejos. Q uijote para el gobierno de Sancho: «A l que has de castigar con obras no tra­ tes mal con palabras. con perversa ironía.. las pobres gitanas [. todos atribuyen a ésta.. nos tienen por pobres» (784)34. pobre. El com portam iento deí alcalde..] Por un doblón de dos caras se nos muestra alegre la triste del procurador y de todos los ministros de la muerte.] envainó» la espada en el ofensor. Despiadada explotación del gitano que lo empuja inevita­ blemente a otros robos. de «hábito en el pecho». su matanza del soldado. etc. mientras antes. al verlo. benefi­ cian sobre todo ¡a la “justicia”! A la corrupción universal de las autoridades y de los oficios en todos los niveles alude el consejo de Preciosa al Teniente. dejándolo muerto (800). más precian pelamos y desollarnos a nosotras [. sin la añadi­ dura de las malas razones» (1416).

esto sí. en que. preocupación hipócrita con las apariencias de honor. cuando menos..para pretender otros cargos» (781). como. y sacudido y rascado muchas veces [.]. inco­ rruptible o. ¡Con sutil travesura y con cierta indulgencia compasiva. dirigiéndose por fin a su mujer: «Dadle vos. p. «Cervantes* L a gitanilla as Erasmian Rom ance». el papel de Pre­ ciosa es parecido al que a menudo desempeña Pedro de Urdemalas36. Preciosa aconseja al Teniente que avive su ingenio para el juego. según lo destaca tan ingeniosamente Preciosa: «Habla vuestra merced muy a lo santo. Pidiendo a las gitanas que viniesen a en35 Véase la interpretación diferente de Forcione.. un caso excepcional de integridad? Su pobreza. cuando. en realidad. él mismo qui­ siera entrar de todos m odos35. ¡La honestidad entre esos ofi­ ciales sería un “uso nuevo” en España! ¿Por qué posible razón se­ ría el Teniente. por ejemplo. ¿se debe a su carácter honesto. más bien. un real a Preciosa. 36 Véase nuestro estudio. Respaldan esta interpretación también otras indicaciones de pretensión hipócrita o. de capacidad disimuladora del Teniente. «por no ir contra su gravedad». patético y cómico a la vez—. y que. le gusta mucho: «Habiéndole parecido por todo extremo bien [. En este momento. o cuando pretende extrañarse sobrema­ nera de encontrar «la faltriquera» vacía. y el haber usado bien su oficio será el valedor para que le den otro».]» (777).. decide no escuchar «hasta el fin» el romance que Pre­ ciosa canta en la calle. como a menudo se concluye.. no quiero dar nada ahora a Preciosa».. según ella lo intuye agudamente. señor teniente [. Especulación oportunista y no virtud personal u honor genuino. doña Clara. nota 27. que yo se lo daré después» (780). que lo atrajo por ser él tan «curioso».. después de haberla «es­ pulgado. que ésta percibe de inme­ diato: «trairé tragado que no me han de dar nada y ahorraré la fa­ tiga del esperarlo» (781). ándese a eso y cortarémosle de los harapos para reliquias» (781). Como en Lazarillo de Tormes: ¡«Después ce­ naremos»! Hacen evocar las engañosas disculpas del notorio Es­ cudero también las de doña Clara: «Pues porque otra vez venga. a alguna insuficiencia o torpeza personal para practicar ese juego de cínica complicidad criminal o de mu­ tuos engaños canibalistas con tanto efecto y provecho como los demás? He aquí su propia explicación: «el juez que da buena resi­ dencia no tendrá que pagar condenación alguna. .]» —auténtico acto teatral. 209.

. aventura. a menudo. que le prestase «un real de a cuatro». Signifi­ cativamente. cómicos. estilizado. la miseria espiri­ tual y la frustración de la virginidad. ¡Delicadamente patética. spiritual p o v erty . Por sentir en sí “encendidos” de nuevo.. riqueza. Entre to­ das las mujeres no tienen ni «un cuarto» (780). incisivamente reveladores de la patética ¡y tan real! “esterilidad” de gran parte de la “alta” sociedad española.] coalesce in the narrator's im age o f sterility» («Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». doña Clara pidió al señor Contre­ ras. dénmelos que yo iré por él en volandas». vanamente disimulada con toda clase de ridiculas hipocresías y.. la vida solterona.. consejos “prudentes” para el futuro. todos esos deseos reprimidos. all presided over by a bea rd ed old squire [. el Teniente y su familia cometen contra aquéllas una autén­ tica “gitanada” 37. parasitariamente. gracia y humor de cuño popular. p.]. yerma. Detalles graciosos. otras la miraban. Véase nuestro estudio sobre esta obra. [Preciosa] encendió el deseo de todas [. pero...] . de vida estancada. todo dicho con expresio­ nes. con que se luciría en un «convento» bajo su mando (780). «en viniendo mi marido».tretenerlos y sabiendo que no iban a remunerarlas de ningún modo. fortuna. que cené anoche.] en querer saber la suya [buenaventura] y así se lo rogaron todas» (779-80). Se evocan de nuevo las relaciones de amo y criado del Lazarillo. aquéllas la alababan [. advertencias de posibles peligros y percances. por un mo­ mento breve. Preciosa atribuye a doña Clara «más de cuatrocientas rayas de abadesa». su escudero. El señor Contreras lamenta tener el real «empeñado en veinte dos maravedís. La sensación de este­ rilidad que en el lector deja la casa del Teniente se debe también a todas esas “doncellas y dueñas” de doña Clara. todas esas ilusiones frustradas ~~j no por la mera diversión o por la admiración de Preciosa— se lanzan todas esas mujeres sobre ésta.. a n d unfulfilled virgin ity. corres37 Gil Vicente dramatiza precisamente tal "gitanada” en su «Auto de las gita­ nas». [«En la imagen de la esterilidad se juntan la carestía. conmove­ dora escena! En la “buenaventura” que Preciosa hace saber a doña Clara se encuentran los sólitos ingredientes: promesas de amor. 38 Forcione: «Penuriousness. a la vez. Poco antes. sin razonable esperanza de un cambio sonriente38. cuando viene a decirles la «buenaventura»: «unas la abrazaban.. prom e­ tiendo devolvérselo. 198).. éstas la bendecían. imágenes. a costa del criado. spinsterhood. todas presididas por un viejo escudero bar­ budo».

Véase nuestro estudio. de hecho.]. ¿Q ueréislo ver.a lo que predice: «No llores.]» (785)40.. derivadas de seguro de la información recogida por medio de notorias prác­ ticas gitanas: «Subieron las gitanillas todas... acaba». com o lo han observado varios críticos. sin vacilar. no llores. y ia vieja..]. lo que era dar sustos y martelos. brava como leona de Oran [. doncella. y decidle algunas pala­ bras al oído [.] Llegaos a él enhorabuena. tendría m ucho interés en prom over la causa de éste y de desanimar a Preciosa de sus otras relaciones. sube también. por quien ésta expresa aprecio. Juan se desmaya de celos. que os ama tan de burlas Andrés [. hacia la ya imaginada “alta” relación de Preciosa con el noble D . sino lanzas que traspasan el corazón de Andrés. quizás inconsciente. la previsión se basa en una amplia práctica del mismo mensaje dirigido al mismo tipo de mujer.. hermosita [. paloma sin hiel [. sin ser ense­ ñada. El Te­ niente «es juguetón..]. La ausencia del tuteo podría reflejar la nueva actitud mental de la vieja gitana. Claro está. Para explicar su «tardanza» y así encubrir la ver­ dadera razón (hablar con los criados) a los de casa. oirás [. sino la grande. Esta “buenaventura” hasta anticipa las reacciones precisas —las externas. A esta posibilidad apunta también la explicación sucesiva: «Preciosa sabía. Probablemente se trata de una intervención di­ recta del autor m ism o... Preciosa le pregunta: «¿Hay hijo o hija?». y m uy lindo» (786). nota 37. pese al hecho de que no se menciona al hablante y de que la vieja gitana com únm ente tutea a Preciosa.].. sino andaos a traer sonetos cada día en vuestra alabanza. todo lo que dice Preciosa consiste en clichés temáticos y formales de las “bue­ naventuras” convencionales39. Juan. y sobresaltos celosos a los rendidos aman­ tes» (787). [. 40 Esta gitana “grande” debe de ser la “vieja”. señora. que ésas no son alabanza del paje. Preciosa. cumplida su tarea. señora mía. no penséis. más tarde. y quiere arrimar la vara» —otra sugerencia de su duplicidad personal y de su irresponsabilidad profesional·— -. pues las íntimas quedan siempre cuestionables—. contesta: «H ijo. niña? Pues volved los ojos y veréisle desm ayado [.. ¿Q ué otra función podría tener este episodio? E n esta misma escena.. D . entre ellos hay espo­ rádicas alusiones punzantes al Teniente y a doña Clara. después de oír el so­ neto que el paje-poeta dedica a Preciosa... Sin embargo. y lo que vais a decir. y veréis cuál os le ponen!» (787).pondiente: «Hermosita.. en particular con un paje-poeta pobre.. ¿no sería m ucho más lógico atribuir a aquélla todo ese “escar­ m iento” ? D espués de haberse enterado de los criados sobre la riqueza de la fami­ lia de D . .. 39 A lgunos de Jos cuales se encuentran en las “buenaventuras” de las gitanas de G il Vicente. que las escucha.] ¡N o.] cosas que son de gusto y algunas hay de desgracia»... Juan. etcétera (780). que se quedó abajo para informarse de los criados [. En suma. Sin embargo. quien...]. lo cual se nos refiere en este notorio pasaje: «Mirad lo que habéis dicho. cordera mansa Como te mueras pri­ mero basta para remediar el daño de la viudez [.].

.].. en que va la realeza con sus poderosos y vistosos corte­ sanos. cantado por Preciosa a «un gran co­ rro» de gente en la calle.. honor.. lealtad.. aromas de Arabia [.. su vacía preten­ sión. desagradable existencia halagándole la vanidad. / que suelen ser peligrosas / en las principales damas». virtud. acuñada. Quizás se deban estas desavenencias ya al hecho de que doña Clara se casó contra su voluntad o al menos no con gran gana con el Teniente. Hay probables alusiones críticas y satíricas también en el «lin­ dísimo» romance. por alguna autorizada fuente. pues.]». pronto parece consolarse con la predicción de la rica hacienda que «ha de heredar» y del hijo y de la hija que va a tener y que serán. También atrevido y probablemente muy oportuno es el consejo que al fin Preciosa da a doña Clara: «Guárdate de las caídas.. como una casa de naipes. amor.].. Trata. con toda probabilidad. atizándole sus deseos y sueños íntimos. probable eufemismo de rabiosos celos y tempestuosas peleas: «riñes mucho y comes poco».] allá en los antí­ podas oscuros valles aclara»? Preciosa sólo repite esta posible­ mente atrevida metáfora. su­ puestamente sostenida en sólidos pilares de respetabilidad. Preciosa quiere sólo divertir a doña Clara. de modo muy llamativo. su «espiritillo fantástico» nos revela toda:la penosa verdad... La casa del Teniente. cuando Preciosa le dice que enviudará? De todos modos.. y «como los . la «quiso uno de una buena cara». diamantes de las Indias [. también del pueblo que desde las aceras. ¿Es de auténtica tristeza su lloro. se desmorona por completo. ventanas y balcones observa deslum­ brado las «reales ceremonias». respectivamente. pero aunque sólo rozán­ dolo leve. y «que trata de cuando la reina nuestra señora Margarita salió a misa de parida en Valladolid y fue a San Llórente» (776-7). Por cierto.por lo cual doña Clara «anda algo celosita». que como «sol [. alige­ rarle la monótona. / principalmente de espaldas. A «cuan­ tos miran y admiran» parece nada menos que una procesión de «humanos dioses». el cortejo de numerosos «carros lu­ cientes».. «cuando doncella»..]. «canónigo» y «perlada»: el matrimonio es yermo. graciosamente. de maravillosos seres celestiales. «compuesto por un poeta de los del número como capitán del batallón». revelando su total insustanciabilidad. engalanados en «ricas telas de Milán [. ¿Serían esas frustraciones y desavenencias de algún modo causa de la popularidad ya anecdó­ tica del «lunar» de doña Clara. rubíes y perlas [. pero unos «terceros» le «desbarataron los gus­ tos».

Felipe III. etc. Declaraciones. / se lleva las almas todas». trazas.] / ¡Qué de deseos mal logra! / ¡Qué de temores aumenta! / ¡Qué de preñados aborta!». pero por su acento urgente. al menos por un rato.ojos se lleva [el espectáculo]. indignado en las “maquinaciones”. pero al bien enterado de la situación en la corte y en la na­ ción. “preñados” (sobreen­ tendiéndose monstruosos. quien se exalta en tono tan ardoroso por el efecto radical que la reina con su «perla» podría tener para todos: «¡Qué de máquinas que rompe!. haciéndo­ les olvidar. cada día. / para ahuyentar de los aires / las de rapiña furiosas / para cubrir con sus alas / a las virtudes me­ drosas»! ¡Utópicas esperanzas! —en efecto. más explotada y empo­ brecida. como tam­ bién ese espectador entremezclado con la inmensa muchedumbre.. á costa de toda la nación. / [. humano Atlante. todas las miserias y dificultades de la vida cotidiana. hacen pen­ sar inevitablemente en las tan notorias escandalosas intrigas qué de continuo tramaban los inescrupulosos. Desinteresado de la política. pero sobre las mesas de juego. que dejaba a sus fa­ voritos.). se encorva / al peso de tantos rei­ nos / y de climas tan remotos». exaltadas ilusiones de renovadas antiguas grandezas nacio­ nales: ¡«águilas de dos coronas. esa oración no podía y no puede menos que resultarle peno­ samente irónica. ilícitos. desesperados intentos de la reina Margarita de limitar la influencia que el duque de Lerma y sus cómplices tenían en el rey y de acabar con la corrup­ ción y el despilfarro del tesoro nacional41. negociando asiduamente con reyes 41 Véase nuestro estudio. estaba de continuo “encorvado”. / ¡Qué de designios que corta!. Es inconcebible que la reina hable con intención irónica (aunque resulta interesante especular sobre todos los pensamientos que en ese mom ento pasarían po r su mente). deseos de varias posibles aplicaciones en el contexto nacional e internacional. para promover sus ambiciones y gratificar su codicia. no naturales. defraudadas por com­ pleto—.. nota 27. y despertándoles fervorosos sentimientos pa­ trióticos: ¡«para bien de España y honra. por ello. la oración de la reina en la iglesia se­ ría su complemento lógico: «A su padre [Felipe III] te enco­ miendo. / para arrimo de la Igle­ sia»!. de hecho. De ser correcta nuestra interpretación de este pasaje. / que. Ya se han mencionado los muchos. . que de seguro cultivaba fervorosamente toda la nación («A mil mudas bendiciones / abre el silencio la boca»). corruptos cortesanos de Felipe III.

. y que comparte con sus compatriotas los mejores deseos y las más fervorosas esperanzas («¡qué de esperanzas que infunde!») para el futuro de la patriaba la misma vez. biológico. de modo aún más desfavorable. por lo cual permanecía. nótese. contiene su entusiasmo. en general. inaccesible. estudian para ladrones. probablemente por la prudente consideración de que el bello sueño todavía no es rea­ lidad. y la gana de hurtar y el hurtar son en ellos como accidentes inseparables.. Ese espectador que se une emocionado a «la alegría universal». En definitiva. ¡“re­ m oto”!. Cervan­ tes veía a los gitanos. al ver pasar a la reina con su «perla». «Encuentro y coexistencia de dos sociedades en el Siglo de Oro: La gitanilla ». críanse con ladrones. finalmente. 43 Cervantes se introduce de m uchos m odos sutiles en sus obras. «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». prejuicios ra­ ciales respecto a los gitanos. Por esto precisamente decidió ésta aprender a jugar a los naipes. De hecho. nacen de padres ladrones. salen con ser ladrones corrientes y.¡de la baraja!.] capitán del batallón» que entrega el romance a Preciosa? ¿No podría ser quizás la de Cer­ vantes mismo?43.m o­ lientes a todo ruedo. a la reina. Sin embargo. asimismo como los describe en este pasaje introductorio y como los presenta después en sus acti­ tudes. a m enudo angustiado por lo que representa com o crítico com prom etido. pues comenta el suceso «con lengua más discreta y grave. que no se quitan sino con la muerte» (774). 44 Lerner. no es lícito atribuirle. «Marginalidad en las N ovelas ejem plares ». pp. . a me­ nos de atribuírselos también respecto a los payos. ¿Esta “lengua” no sería la del «poeta [. a quienes re­ trata. 208-215. en el sentido natural. llegó a ser necesario para no dejar a sus rivales libre ese campo. / más aguda y más curiosa» que la de los demás encomiadores. Laffranque. a menudo. por ello. según se ha visto. A veces se buscan matices recónditos y ambigüe­ dades en este texto para descargar de algún modo a Cervantes del aparente prejuicio u . 42 Véase también Forcione. probablemente. y. Como. pues el “parece” se confirma ampliamente a lo largo de la obra. La gitanilla empieza con estas declaraciones: «Parece que los gitanos y gitanas solamente nacieron en el mundo para ser ladro­ nes. prácticas y costumbres en los episodios y situaciones de la novela. tales intentos resultan inefica­ ces. todos sus contemporáneos. tan fértil para las “maquinaciones” 42.

por ejemplo. sociales. Así. familiares del nacimiento y de la educación del gitano. “respetable”. sociales. el saqueo de todo el tesoro nacional por el duque de Lerma. se representa muy lacrada en su sentido moral y en su actitud men­ tal. Siendo estos males propios de todas las clases sociales. maestros de los hijos para hacerlos ladrones «corrientes y molien­ tes»..toda la sociedad contemporánea. Caro Baroja. mientras suele indignarse por el robo gitano de un asno. imparcial!. nacen de padres la­ drones [. en H om enaje a J. Es por todas estas consideraciones que el lector adopta una actitud de indulgente ironía más bien que de indigna­ 1 (5 N o hem os podido disfrutar del estudio de D om íngu ez O rtiz sobre los gita­ nos en España. be­ neficiada de la mejor educación secular y religiosa. a los «padres ladrones». económicas. ellos también. . que más presto se abalance a la presa que se le ofrece que nosotros nos abalanzamos a las ocasiones [. «que pierdan las gitanas el nom­ bre que por luengos siglos tienen adquiridos de codiciosas y apro­ vechadas» (783). Quijote). los muchos y continuos "embelecos y trazas” de la sociedad paya. económicas de la so­ ciedad paya. de estas actitudes gitanas45. sin excluir las primeras: «los gita­ nos nacieron en el mundo para ser ladrones. se refieren alas circunstancias sociales. de lo cual depende su subsistencia y su orgullo profesional: «No hay águila.. Todavía no se han explicado satisfactoriamente las razones histó­ ricas. ¿no son quizás las transgresiones morales y cívicas de aquélla tanto más reproba­ bles? ¡De ser la gente capaz de un juicio discreto. nota 27. 46 Véase nuestro estudio. dice la gitana vieja. Hay hasta un propósito determinado de mante­ ner y perpetuar tales actitudes y prácticas tradicionales de su vida: «No quiero». 1978. la corrupción. paya y gitana indistintamente.. Y «la costumbre vuélvese vicio» (D. «el gran gitano»46. Bien conside­ radas todas las ventajas culturales. “normal”.]».. pero fácil es adivinar una de ellas. de que la gitana carece por completo. ni ninguna otra ave de rapiña. como causa determinante de ellos? Todas las declaraciones en ese pasaje. pues.] tenemos muchas habilidades que feliz fin nos prometen» (789). contem-^ pía más bien impasible. al menos en parte precisamente por imitar la deshonestidad. ¿cómo atribuirlos a la “sangre”. están los gitanos tan orgullosos de ser. incontrovertible: el estímulo que el gitano siempre ha podido encontrar para su conducta en los flagrantes vicios y engaños de la sociedad paya. “águilas” en sus trampas.

por fin re­ conociendo a Preciosa com o persona respetable y admirable en todos los senti­ dos. (Con este propósito: ¿Cuántos payos “buenos” hay en La gitanilla?) La gitana vieja demuestra un gran heroísmo espiritual. no se ve a sí misma. «entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno [referido a un “gitano caritativo”]» (793). en verdad que merecía ser hija de un gran señor» (776).. y después califica: «privilegio de la hermosura». inde­ pendiente de su pertenencia o extracción social o racial: «no todas [las gitanas] somos malas» (786). puesto que hermosísima.... Por otra parte. que. pese a toda su reclamada agudeza.] Caballero es Andrés [. que. Al admirar el modo de ser. por ignorancia y cierta inge­ nuidad. de ma­ nera asimismo tendenciosa. (800)— con que la sociedad paya juzga y trata. al darse cuenta de que de ello depende la felicidad de ésta: «aquí estoy para recibir el cas­ tigo que quisiereis darme. La inclinación a la maldad y la ineptitud personal no son.. que en el caso de Preciosa es fí­ sica y espiritual. Como el hermanito de Lazarillo de Tormes. . Todo esto hace también com­ prender cuán absurdo es el desprecio —declarado muchas veces y simbolizado tan incisivamente por el bofetón del soldado al “gi­ tano” Andrés: «bien haya quien no os echa en galeras a todos».. cuando se horroriza y se burla del defecto ajeno. cultural y moral.. cuando revela su robo de la niña. pues.] aunque a mí me cueste la vida [. se insiste en la individualidad irreductible de cada persona. los gitanos alardean de que entre ellos no hay ninguno «necio». las can­ ciones. que presupone en sus lectores. Cervantes mues­ tra con igual claridad. [. en cuanto con ellos intentan justificar las dotes de la gitana47...]» (851). Repetidas veces.]. en fin era gitana». en nombre de su supuesta superioridad racial. que tampoco lo son la inclinación a la bon­ dad y la capacidad personal. y se vino a postrarse a los pies de una muchacha.ción moral frente a este mundo.]. ninguna «lerda» (779). Preciosa. aunque gitana. C er­ vantes exclama: «¡[. los payos ma­ nifiestan sus enraizados prejuicios personales. haré que estos llantos se conviertan en risa» (801). según el lector viene com prendiéndolo poco a poco. se revela tan conven­ cido de estar haciendo el bien cuando hace el mal: se impone cierta semejanza con los picaros de Monipodio: «tenían la con­ fianza de irse al Cielo [. privativas de ningún grupo social o racial. y otros elogios semejantes. a los gitanos.. los bailes de Preciosa con la observación: «¡Lástima es que esta mozuela sea gitana! En verdad. ¿Cómo podría 47 Dirigiéndose a estos m ism os prejuicios. y a ser su lacayo.

pero sin visible alegría por el mero hecho de saberse hija de nobles. por sus ruines cualidades personales. es importante notar que aunque se declara obe­ diente a los padres respecto al futuro marido (804). agudizado de continuo por su vida gitanesca. apagada. y a menudo en cir­ cunstancias nada propicias al Bien? Pregunta a propósito Preciosa a los que se sorprenden de su agudeza y moralidad: «¿Quién me lo ha de enseñar? [. com o parecen pensar algunos críticos (Güntert. el polo opuesto de Preciosa.haber nacido solamente para ser inescrupulosa ladrona una per­ sona capaz de un acto tan generoso. Y es notable que Preciosa quede m uy em ocionada por su futura vida con­ yugal con D .. sería siempre "gitana”. según el significado negativo que ella misma da a esta palabra. en todas sus cualidades y actitudes personales. por sus extraordinarias virtudes. Y precisamente por ser éstos for48 Contraste detallado en nuestro estudio. y sin embargo. Por otra parte. pero ¿no tiene que decidir toda persona. protagonista de Pedro de Urdemalas. Bé­ lica. proponiéndolas com o verosím iles a los lectores de esa época.] ¿No tengo yo mi alma en mi cuerpo?» (779). un recurso necesario. magnífica persona.. elegidas con determinada decisión personal. a veces por completo contradictorias. sería siem­ pre “princesa”. Preciosa. pero no que la Fortuna o Providencia viene necesariamente a prom over la causa del bueno. «La gitanilla y la poética de Cervantes». El reconocim iento del linaje de Preciosa es. entre el Bien y el Mal. Tiene inteligencia innata. Este último aspecto parece el más problemático. sin el cual sería im posible acabar la obra en bodas de Preciosa y D . de m odo im ­ portante. Ambas son de familia noble (real la de Bélica) y ambas se han criado y vivido en circunstancias semejantes. Bélica es siem­ pre. en el sentido social. noble? Una de las enseñanzas más significativas que se derivan de las obras cervantinas es que toda persona tiene muchas cualidades. varios lectores han percibido bien que este hecho la deja más bien impasible. Con Preciosa expresa Cervantes su convicción optimista de que el individuo inclinado y determinado al B ien—que como ser inteli­ gente puede reconocer— es capaz de superar todos los obstáculos. 120). nota 27. Es sumamente revelador un contraste entre Preciosa y Bélica. excepcional. Por fin. : 49 Cervantes muestra que en la vida ocurren toda clase de coincidencias. no importa en qué clase social le tocase vivir48. en algún momento de su vida. como piensan tantos lectores. pero no “inverosímil”. por más formidables que sean49. «Preciosa's choice has already . sentido común. entre gitanos y payos. Preciosa es una joven extraordinaria. En efecto. sin duda. p. Juan. Gitana o princesa. discreción y orientación moral. Juan.

aunque. que en el mundo hay gente de cualidades personales extraordinarias y que éstas no son atribuibles al origen y a la pertenencia social o racial.} el grande que fuere vicioso será vicioso grande». A lo largo de La gitanilla se muestra.). acomodada sociedad. pudieron deslustrar su rostro ni curtir las manos» (ibid. Juan y Preciosa no pueden ca­ sarse antes de hacerse «las am onestaciones». claro está. contrariamente a lo que puede anticiparse de «la crianza tosca» de los gitanos. es natu­ ral que parezca «nacida de mayores prendas que de gitana» (775). sobre todo. ni todas las inclemencias del cielo. sino. de muchos modos. al espíritu del in­ dividuo.] D . Siendo en «extremo cortés y bien razonada». p. de aceptarse la noción de la sangre heredada y de querer verificarse ésta en estos dos casos particulares.. atribuibles a su sangre noble. Cervantes. en un ambiente propicio a la “buena edu­ cación”. fundamentalmente. ¿Por qué sería este hecho tan "increíble” ? 50. Por todo lo que el lector sabe de los perfectos amores de esas dos almas. a ciertos resortes y móviles interiores. En efecto. y nótese también la totalmente arbitraria “licencia” del arzobispo. ni los aires.. creador de la novela corta espa­ ñola. [«Preciosa ya ha escogido de acuerdo con su voluntad». mientras que Preciosa es una jo­ ven buena y discreta pese a su padre noble. quienes la abandonaron recién nacida («[. de discreción y mora­ lidad tan cuestionables. verosímil de la tez rubia. «La gitanilla». «Ni los soles. es decir (consistentemente con lo que ya se ha dicho del “naci­ miento” de los gitanos). Cervantes destaca precisamente el aspecto más natural. ¿no resulta quizás algo irónico que se busquen testigos externos que los confirm en y sancionen? Es una preocupación que se manifiesta repetidas veces. 450). Quijote. en que el cura insiste.midables. 50 G onzález de Am ezúa y M ayo. esen­ cialmente. Cervantes coincidiría de seguro con D. como debiera serlo (aunque a menudo tampoco lo es) el de la alta. que no podría nunca adquirir el heredado matiz aceitunado de los gitanos. resulta Preciosa tan admirable al enfrentarse con ellos. «en la virtud». quien decide de repente que «una sola amonestación» sería suficiente (805). p. Ocurren así com plicaciones que dejan «a todos confusos» (804). de m odos diversos en las obras cervantinas. cabría concluir que Bélica se revela digna heredera de la ruindad de sus nobles progenitores. 1292). 25. N i la ruindad de Bélica ni la bondad de Preciosa son. . pues. no también been m ade according to her w ill» (W oodward. a quien más que otras gentes están suje­ tos los gitanos. Quijote en que «sólo aquellos [linajes] parecen grandes y ilustres que lo mues­ tran». implícitos y explícitos.

esa recompensa inefable. tan quijotesca. que Cervantes destaca no sólo para lamentarlas y condenarlas. industrioso. según se evidencia en las reacciones de la gente a la virtuosa Preciosa y. de un amoroso aprecio del espí­ ritu humano. en cambio. jMuy rara nobleza!. exigente. sin paradoja. deje de juzgarle y tenerle por de buena casta y el no serlo sería milagro» (Quijote. entre otros ejemplos.. pensando en su propia vida. Con este tema se relaciona el del romance que Preciosa recita en honor de Santa Ana. “divina”. Y el tan extraordinariam ente discreto. siempre «sería milagro». nobles sueños sólo en el mundo ficticio del teatro51. que a menudo se concibe posible sólo en el linaje noble. posiblemente de padres nobles). nota 27. útil. cuya «humildad» la llevó a 51 Véase nuestro estudio. dice Cervantes. siempre deseoso de mejora. Juan) y no por sus virtudes. Mucho menos probable que “la alabanza” es el reconocimiento y el premio mundanos de la virtud. . pobre y humildemente nacida. en esta expli­ cación de D. Penosas injusticias. por tan rara. Preciosa misma es al fin “elevada” a la clase noble sólo por un azar (dejando aparte las intenciones de D. bueno. pero a la misma vez sugiere. sino también y sobre todo para afirmar. honesto. por causa de su origen hu­ milde (aunque. generoso Pedro de Urdemalas. Dice a propó­ sito Preciosa: «aunque soy gitana. de que «siempre la alabanza fue premio de la virtud» y de que «los virtuosos no pueden dejar de ser alabados» en este mundo (1292). discreto. y no habrá quien le vea adornado de las referidas virtudes que.en la confianza. Quijote: «Al caballero pobre no le queda otro ca­ mino para mostrar que es caballero sino el de la virtud [. bien conocidas también en la sociedad alta. Es palpable la ironía con que Cervantes. de una profunda com­ prensión de la dignidad personal. inteligente. típicas de todas las sociedades de todos los tiempos. puede realizar sus magníficos. que es la gratificación íntima por un modo de vida recto. y corresponde así a la única genuina nobleza del in­ dividuo. mantenido con inflexible voluntad frente a todas las fáci­ les alternativas y a todos los formidables obstáculos del mundo. tengo un cierto espiritillo fantástico acá dentro que a grandes co­ sas me lleva» (782). le hace decir esto a su loco caballero. aunque no le conozca. La genuina nobleza. Tal modo de vida procede. que puede personificarse en todo ser hu­ mano que sincera y determinadamente aspire a ella. con gran ironía.]. modesto.. 1292). necesariamente.

Juan proceden. con la pastoril52.. R od rígu ez-L u is. pp. pues el único.. se abren las puertas a ese dominio maravilloso en que únicamente reina la per­ fecta igualdad y amistad y la armoniosa relación amorosa. Este pensamiento esencial inspira toda La gitanilla. exaltado himno al espíritu humano. mientras a Cervantes mismo parecían más bien dudosos los méri­ tos literarios de su primer ensayo novelístico: «libro que tiene algo de buena invención. Cervantes no se propone sencillamente imitar. propone algo y no concluye nada». señor compadre». 13-14). con mucha más razón. La gitanilla se suele relacionar con la literatura bizantina. pp. entre otros. Pierce. y por esto. mutuo descubri­ m iento y por la gradual desvinculación de todas las trabas impuras de las respectivas sociedades —por esto se critican tan sistemáticamente— de donde Preciosa y D. 53 Es necesario recordar. A algunos lectores La Galatea (1585) gustó hasta el punto de aprendérsela casi de memoria. senti­ mental.] con las que son imperiales». «La gitanilla: A Tale o f H ig h R om ance». A este dominio excelso se refiere Preciosa cuando declara que «el alma de un labrador» puede «igualarse [. A los requisitos específicos de la estructura novelística pas­ to ril de La g ita n illa se su b o rd in a n to d o s los elem entos esporádicos de otros géneros novelísticos. . com o a veces se hace. según ahora lo confirman también nuestras con­ sideraciones de las dos Eglogas de Encina como fuente cervan­ tina. en particular. caballeresca y. se52 Avalle-Arce m enciona varios tipos novelísticos. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes. también el más apropiado. glorioso pórtico a las Novelas ejemplares. a veces. Claro está. quizás más que por cual­ quier otra razón. Destacan la relación esporádica con lo pastoril. En efecto. 126-7. sin duda—. implora el cura —en nombre del autor. ridicula pretensión de superioridad social. pero n o el pastoril («La gi­ tanilla». tal como ocurre en las novelas pastoriles tradicionales 53. guardadlo cuidadosa. picaresca. 290-1 . es su valor intrínseco. aunque muy arduo criterio. pp. por lo cual no es lícito conside­ rarla novela bizantina. que la novela pastoril española se sirve con frecuencia de la técnica narrativa bizantina.la sublime «alteza» (775). habría preferido que el público no lo leyese en absoluto: «Tenedle recluso en vuestra posada. Esta úl­ tima implicación se articula por el progresivo. Sólo con esta condición. libre de toda superficial.

burlas de las imitaciones insensatas de la literatura pas­ toril. Persiles y la novela bizantina. En las Novelas ejemplares se revela un proceso análogo55. 54 Véase nuestro estudio sobre E l rufián viu do en E l teatro de Cervantes. etc.. 55 Se demuestra esta tesis en los estudios sucesivos respecto a cada novela y su género literario inspirador. la Segunda Parte de La Galatea. por virtud de la cual Cervantes esperaba merecerse «del todo» la «misericor­ dia». que son casi siempre diálogos a la vez armoniosos y discordantes con la tradición 0 fuente literaria en que inicialmente se inspiran: D. / con las ansias de la muerte». Quijote y la li­ teratura caballeresca. D e­ claró específicamente. en El coloquio de los perros.. Y Cervantes prometía esta continuación de La Galatea toda su vida. en ambas Partes del Quijote (1605. en La casa de los celos. Se realizaría esto como ya en otras obras suyas. etc. con toda probabilidad. entre el mundo bucólico clásico y el moderno.cretamente hasta que se publique la Segunda Parte. como una radical confrontación crítica con todos los postulados fundamentales de los clásicos modelos literarios pastoriles. Todo esto nos hace pensar que la “enmienda”. al menos en algunos de sus proyectados aspectos. revitalizadas por una actitud crítica y una visión filosófica de la vida originales en su conjunto. a nuestro juicio. todavía esperaba poder completarla: «¡Si a dicha [. referencias satíricas a la ridicula idealización de la vida pastoril en la literatura. en La gitanilla. con que. por todos los errores y deficient cías de la Primera Parte. «que Cervan­ tes promete» (1054). ¿En qué sentido? En varias obras suyas hay declaraciones y alusiones reveladoras: Reparos críticos a lo maravilloso invero­ símil en la Diana de Montemayor. que contemplaba esta Se­ gunda Parte de La Galatea como una “enmienda” de la Primera Parte. en El rufián viudo.54. Cervantes propone una novela corta ejemplar de tema y forma literarias pastoriles actualizadas. Uno de sus propósitos literarios más importantes es resolver el anacrónico. esporádicos episodios “pastoriles” de evi­ dente propósito paródico. Hasta cuando tenía «puesto ya el pie en el estribo. se concebía. es decir. el perdón de los lectores. clásico representante de la no­ vela pastoril española. endémico conflicto en los libros pastoriles. 1615). repetidas veces. La Segunda Parte de La Galatea no se realizó.] me diese el Cielo vida!» (1528). pero quizás se nos esté revelando. las comedias cervantinas y la Comedia Nueva de'Lope. .

en que se sitúan los enamorados pastores literarios. y no por interminables discreteos y sutilezas sentimentales e inte­ lectuales.burgués de las novelle italianas. El “disfraz” gitano de Preciosa le es impuesto por las circunstancias peculiares de su vida. de pueblo en pueblo. arroyos claros. idealizados cortesanos. 1001) se pasan la vida en sentimentales. conceptuosas conversacio­ nes. sociales de su relación. de tan esporádica y secundaria actuación en los libros pastoriles —significativa reversión·— pero. los de La gitanilla. Diferencia entre probable experiencia vita} y fórmula li­ teraria convencional. que van por los caminos polvorientos. la fuente pastoril literaria de que surgen. éste de G il Polo: A ama B. disfrazados de pastores de mansas ovejitas. Los problemas amorosos. personajes ficticios y lectores. El disfraz de D. también Pre­ ciosa y D. económicas. espaciosas selvas. radicalmente final. Juan (que con el paje-poeta y Carducha hacen recor­ dar el característico cuadrángulo amoroso pastoril. genialmente metamorfoseados. delicados. pero nunca tan sim étricos com o. venales. Juan es impres­ cindible y práctico precisamente como protección frente a una sociedad íncomprensiva a su problema amoroso. en más íntimo contacto con la naturaleza son unos gita­ nos que trasnochan en incómodos aduares y áridos encinales. en busca continua y afanosa del pan cotidiano. B ama C. D ama A. Sus preocupaciones son prácticas. a diferencia de la insularidad absoluta. Estos gitanos corresponden más bien a los “rústicos”. materialistas. sutiles. C ama D. los resuelven de manera “eficiente”. hermosos jardines. mítica. He aquí sólo algunos de los as­ pectos importantes de La gitanilla que revelan. por la sobrevivencia. por ejemplo. en muías y asnos robados. . sagrados montes. en consideración de todas las implicaciones personales. quienes en «amenos prados verdes. elaborando con ellas toda una metafísica amorosa. Implícita en toda la obra queda la sugeren56 En las obras cervantivas hay triángulos y cuadrángulos am orosos de toda clase. personally no un artificioso enigma literario para las adivinanzas entretenidas de agudos. esos cultos. En contraste con los típicos personajes de las novelas pastori­ les. Ésta se reconoce involucrada inexorablemente en el total contexto de la sociedad. ociosos cortesanos. que también los afligen a veces. y cristalinas fuentes» (El coloquio de los perros. aunque no sus artificiosas combinaciones y soluciones)5 6 se acercan al amor de modo pragmático. de todos modos.

se contrapone la vieja gitana. salvajes que por impulsos bestiales ha­ cen violencia a las inocentes. poco antes aparente­ mente irresoluble. tan experimentada en la vida. "refinado”. como. lleva siempre el disfraz. de modo conveniente a las abs­ tracciones filosóficas. sino para ocultar hipócritamente las más viles in­ tenciones e inclinaciones. formulares. predeterminadas. En la exaltación de la “natural” vida gitana de La gitanilla se aprecia (más allá de la pa­ rodia de la tópica nostalgia de pretéritas edades áureas de la lite­ ratura pastoril) la genial sugerencia satírica de que todo ese m undo oscila entre un deplorable mundo real y la ilusión de otro. supuestamente. Al saber y poder mágicos con que estas entidades sobrenaturales armonizan las vo­ luntades más contrarias y resuelven las situaciones más enredadas —lo cual contribuye en gran medida a la escasa consistencia hu­ mana de los pastores literarios—. que no lo es menos. tan discreta. y no. manipulados tan arbi­ trariamente por la sabia maga Felicia. animadora. a que se subordina la noción filo­ sófica de la vida. particularmente el “alto”. de muchas. que. a su vez. ocurre por una lógica natural de todos los sucesos. pues su relevancia temática o episódica es cues­ tionable o muy tenue) encuentran ingeniosa correspondencia en los salvajes gitanos que castigan tan brutalmente a sus esposas y amigas. en suma. «que con su agua encantada deshizo aquella máquina de enredos y aclaró aquel laberinto de dificultades» (El coloquio de los perros. con la revelación de su secreto que al fin reconcilia todos los deseos y resuelve el problema. 1001). tales episodios desempeñan la función principal de complicar la trama pastoril. de un mundo de continuos desdoblamientos y encubrimientos de la identidad na­ turales.cia de que todo el mundo. de que nadie puede extraerse. Los míticos gigantes. acusadas de “ninfas”. mutuamente determinantes influen­ cias sociales. Lo "imposible” encuentra una salida verosímil por esta intervención. En La gitanilla. pero no para mantener discretamente se­ cretas ciertas nobles pasiones. tan sabihonda respecto a la natura­ leza humana. de los sucesos. lógicos. esos pasto­ res literarios. \as soluciones al pro­ blema amoroso y humano responden a obligadas circunstancias existenciales de los personajes. como en las novelas pastoriles. Se trata. cuya personi­ ficación son precisamente los personajes. refugiándose en idíli­ cas zonas francas del ensueño amoroso. hechos de crucial relevancia en las . «desamoradas ninfas» (a menudo.

de una naturaleza idílica. continua. de amenos prados verdes. Se ha observado. sauces umbrosos.] y adornándole de ramos y juncia.. que no sólo sirve de apro­ piado fondo. insoportables calores y fríos. pues es reflejo fidedigno de la armonía del universo en que aspiran a participar los enamorados. es decir.. sin empalagos irrelevan­ tes. Sin embargo. sino que también se regocija con el enamorado y se conmueve y entristece por sus desengaños e infelicidades.. naturales. serena. com o por ejemplo las ceremonias. encinas.. amenazadores. interrupciones forzadas. con gran acierto. fluida. pese a todas las pretensiones neoplatónicas. en suma. generosa. las abun57 U n estudio detenido revelaría probablemente m uchos paralelos episódicos (con función distinta. pero no por cierta simpatía cósmica del universo con los sentimientos amorosos del personaje. co­ rrientes. sino sólo por sus propias leyes atmosféricas. se traduce en una visión radicalmente diferente en La gitanilla: Truenos.. sorprendente. complicaciones innecesarias. y sentándose Andrés sobre un m edio alcornoque le hicieron dar dos cabriolas» (789). Cervantes evita todos esos elementos o zonas estáticas que causan la característica lentitud. peligrosos. morosidad y monotonía de las novelas pastoriles. 58 Pierce. Fundamentales aspectos del pen­ samiento cervantino se manifiestan a veces (como en estas referen­ cias del gitano viejo a los elementos naturales) de manera aparen­ temente tan casual. abundante. ante todo. 288. mirtos. fiestas y jue­ gos de los “iniciados” al fin de La D ian a de G il P olo. nada benévolos. es..] . Es el ritmo propio de toda obra literaria cuyo propósito principal es el análisis del sentimiento... naturaleza que a veces puede coincidir con las preferencias humanas. nieves. en contraste con cualquier novela pastoril anterior. sonriente. hielos. convencional desde la bucólica literatura clásica. El escenario. que La gitanilla «moves in a leisurely way recalling the slow progress o f the pastoral novel» 58. p.. y las fiestas gitanas de ini­ ciación para D . rayos. Juan: «[. La gitanilla se distingue por una acción mucho más novelesca.consideraciones de la relación amorosa y humana de La gitani­ lla57. claro está). [«(L a gitanilla) se m ueve con sosiego. por desgracia. Reduce. esencial. haciendo recordar el curso lento de las novelas pastoriles». Con su agudo instinto narrativo.. incó­ modos... dinámica.. claras aguas cristalinas. por completo indiferente al hombre. del alma humana.. aguaceros. La naturaleza. «La gitanilla: A Tale o f H igh Romance». rebaños de mansas ovejitas y col­ menas de doradas abejas.

Preciosa escucha atentam ente las declaraciones amorosas de D. La gitanilla no justifica­ ría tal hipótesis: Preciosa recita y canta para ganarse la vida: «su taimada abuela echó de ver que tales juguetes y gracias [villanci­ cos. hacen su acto de presencia y. Preciosa no es automá­ ticamente. 60 M enéndez Pelayo. pasajeros. Toda la trama se convierte después en pruebas concretas.. en la vida cotidiana. Recuérdense las burlas de Cervantes: «aquel desmayarse aquí el pastor. seguidillas. Juan por celos.. como todos esos pastores literarios. y no faltó poeta que se los diese.. sin ningún sentimentalismo enfermizo. que el libro pastoril es un mero pretexto para intercalar en él los poemas ya compuestos del autor60. 1000). tan fre­ cuente en los enamorados pastores literarios59. honesta relación conyugal (790). diciendo que se les pasaba toda la vida cantando y tañendo» (El coloquio de los perros. Por ejemplo. que también hay poetas que se acomodan con gitanas. aparentemente. pues no podéis llevar el de un papel [el Soneto]?» (787). allí la pastora.. poetisa de impro^ viso. en el desm ayo de D . sufrir el tormento de toca. sin que por ello se sacrifique el examen del amor íntimo. p. y así se los procuró y buscó por todas las vías que pudo. fidedignas reveladoras del sentimiento más fino y complejo. El cambio contribuye a la impresión de mayor naturali­ dad. después de lo cual le explica.] habían de ser felicísimos atractivos e incentivos para acrecentar su caudal. Cervantes elimina también esos interminables cantos con que los pastores. su propia noción del genuino amor y de la buena. 14. p. teniendo un carácter tan alfeñicado? Cervantes repara en todas las improbabilidades humanas de esas «co­ sas soñadas». vol.dantes disquisiciones amorosas o “teorías de amor” que cada pas­ tor gusta de elaborar. de manera no­ tablemente sobria. O bras complejas. y les venden sus obras» (775). subordinándolas a la conducta con que. cantadas y mejor lloradas quejas» (El coloquio de los perros. O rígenes de la novela. Juan. el personaje demuestra la sinceridad y la hondura de sus sentimientos. Con el propósito de mantener la continuidad dinámica de la narración. zarabandas. de que se burla Preciosa: «¡Gentil ánimo para gitano! C om o podréis. Hasta cuando una vez debe contestar 59 H ay probablemente implicaciones paródicas hasta en ciertos detalles recón­ ditos. romances] [. ¿cómo pien­ san tolerar los rigores de la vida pastoril esos cortesanos. 293. se pasan todo el tiempo: «todos [libros de pasto­ res] trataban de pastores y pastoras. so­ bre todo. coplas. . para cualquier ocasión. Este hecho hasta ha inducido a sospechar. D e hecho. Andrés. 1001).. infaliblemente. muy comprensible­ mente.

anticipables como los «mirtos. Juan y el paje-poeta... y juraba por la laguna Estigia» (791). Son las imágenes de que se sirvió ese poeta. 62 M ontem ayor. 25). Cervantes. favoritos de los pastores literarios (El coloquio de los perros. zampoñas. Riselo». o si en algún tiempo los versos que cantaba le compusieron» (798)61. 1001).. chirumbelas». Lauro. creador de la novela corta española. ¿Por qué resulta "inverosím il” que P reciosa aluda a estos m itos? (G onzález dé A m ezúa y M ayo. naturalmente. y que ella sencillamente repite. pues. Clemente (nótese. muy significativa­ mente. Su propósito de competir es patente: ¡Preciosa no debe añorar la ausencia del paje-poeta en el futuro! Al evocar típicas es­ cenas pastoriles respecto a este pasaje se debe notar la divergencia de la cervantina también en los detalles sugestivos de que los dos enamorados se sientan «al pie de un alcornoque» y «de una en­ cina» respectivamente. etc. IX. Jacinto. sino que hasta hay intentos de impedir su reci­ 61 Preciosa: «por conseguir su cleseo prometerá las alas de M ercurio y los ra­ y o s de Júpiter. sauces» 62. cuando más. quien también «se picaba un poco» de poeta. ¡con el paje-poeta! A ello no le compele el mero gusto de cantar. No sólo no se imponen a los oyentes. advierte: «no sé si de improviso. no: «Lísardo. D.: 1000). también en este aspecto. o de algún ribazo o peña. com o me prom etió a m í cierto poeta. de seguro buen conocedor de mitos tan socorridos. porque a ello se dedica: «Tenía sus puntos de poeta». Paródicamente.] gaitas. a toda costa y con cualquier pretexto. de la si­ tuación. o». 1001). «a la margen de algún arroyo» (El coloquio de los pe­ rros. «y entrambos eran aficionados a la música» (798) —nótense todas estas cuidadosas explicaciones— dialoga en una sola ocasión en verso.de inmediato a sus enamorados. Juan. olivos. rabeles. que también proporciona a Preciosa. pero que no son tan convencionales. al menos tanto como lo es el paje-poeta. Para nuestra tesis es también muy sugerente el hecho de que D. este pasaje se refiere quizás al tan notorio alarde de erudición m itológica y a la convivencia de pastores y seres m itológicos en la literatura pastoril. árboles “castizos” que también aparecen en la literatura pastoril. cantan «cada uno con una guitarra» (798) y no con alguno de esos «instrumentos extra­ ordinarios [. p. El coloquio de los perros. La Diana. El escenario de La gitanilla es la árida meseta en que se pasa «la siesta a la sombra* de algún árbol. El paje-poeta es au­ tor de poemas. Todas las canciones en La gitanilla surgen. o a la de alguna mata. Cervantes. . sino de demostrarse digno de Preciosa. y no las orillas verdosas del «caudaloso» Ezla.

pese a su incuestio­ nable atractivo poético.. onomatopé63 En La D iana de M ontem ayor hay sólo dos romances. redondi­ llas y otros versos populares.] que despide de la boca». En el Quijote.. jEjemplarmente! Con su acostumbrada ingeniosidad. H ay algunos endecasílabos cojos. en la magnífica fiesta: «A ello. movimiento variado. Sin embargo. imperfectos. pero la censura de Cer­ vantes parece demasiado severa. . por su combinación de prosa y poesía.] a cuantos la escuchan». ¡Torna a cantar!» (776-7). la novela pastoril se caracte­ riza.. pues crean. a ello! Andad. zonas estáticas. Excepto si se tiene en cuenta el hecho de que Cervantes enjuicia este problema desde un punto de vista puramente novelístico.. a menudo. ninguno. logran hacemos participar a todos. legendarios y actuales. largos. y estos mismos ingredientes debían así reintroducirse también en La gitanilla.. sin atención a otras posibles necesida­ des y deseos vitales. claro está. no sólo dejan «admirados [. Estos “versos mayores" son una de las causas principales de la lentitud y morosidad narrativa de La Diana.] en redondo». Lo representa el endecasílabo del canto amebeo (798-9) y del soneto (787).tación como en el caso del soneto (787).. y pisad el polvito atán menudito!.. imágenes encatandoras (a veces precisamente por tan sencillas. rítmicos. pero.] casi todos los ver­ sos mayores» (1053).. Muchas canciones de los libros de pastores son de metros ita­ lianos. fundamentalmente. Estas melodiosas canciones. «flores [. Cervantes hace que Preciosa entretenga por plazas y calles a corrillos de gente que quiere verla y oír sus romances. Cervantes critica los que contiene La Diana de Montemayor: «que se le quite[n] [.. ritmos alegres. romancillos. tampoco puede faltar el verso mayor. de dura acentuación.] que derrama con las manos» (787). ¡al lector también!. no hay duda. Éste.. «perlas [. al son de su panderete. sino que. llenos de color. pues cons­ tituye una de sus características fundamentales.. de temas maravillosos. que pretendía situarse en esa tradición literaria. música. musicales. españolizar cuanto más el libro pasto ril63... ingenuas o equi­ vocadas). de prodigiosos efectos coloristas. Cervantes quiere nacionalizar. como por magia. en la de Gi! P olo. drama. acompañadas de hechiceras «largas y ligerísimas vueltas [. hija. donaire. En este detalle hay quizás un sutil reparo a la supuesta perenne disposición de los pastores de oír canciones y poemas. amores.

con frecuencia. pomposos. poé­ tica. sin embargo. Particularmente esos solemnes. Quijote. monótonos diálogos amorosos. «j. «Estos [libros pastoriles] no merecen ser quemados [. L ópez-E strada.. coloquial (¿sería el ceceo de Pre­ ciosa. (Esta. milagrosa de la ilusión de unos personajes de auténtico. ix -cill.].» La 64 Sobre la popularidad de las D ianas véase el «Prólogo» en la edición de La D iana de M ontem ayor de F. D ian a enam orada . vivida. complejas ironías. fluida. A la vez. frío. sencilla. elegante prosa de Montemayor.. ya Federico García Lorca—. Y sería muy extraño que a Cervantes no le gustase la suave. por el contexto temático y sítuacional. aunque sólo mencionado. espontánea. ejemplar novela pastoril. artificioso. sin perjuicio de tercero. sin disonancia* exquisitamente lírica. y el de R. pero. XI-XLVIL .» (D. rígidos. precisa. penetrante. dramática de la narración. prosa siempre armónica. su sabor arcaico. también debió de percibir su carácter a menudo demasiado académico. lírica.yicos —según lo percibió. por­ que no hacen ni harán el daño que los de caballerías han hecho. aunque éste seguía le­ yéndolos con gran interés 64. rítmica. a la vez. parlamentos alternados. sería una de las razones más importantes de Cervantes para escribir su nueva. un ingrediente intencionado como contraparte literaria de los lusitanismos y los valencianis­ mos de las Dianas?) y. Toda la poesía de La gitanilla es parte intrínseca. esencial.. precisamente. es­ pontánea del enamorado!. cantante. determinada. creadora eficaz. matizada muy imaginativamente.. armoniosa. ¡supuestamente expresión. por su apego tan reverente a la anquilosada retó­ rica clásica.) Nuestras conjeturas acerca de la visión crítica cervantina de la prosa de los clásicos libros pastoriles se comprueban en la prosa misma de La gitanilla : tersa. música. y también salpicada de sutiles dobles sentidos. dinámica. en sus va­ riaciones. que son libros de entendimiento. G il Polo . ¡naturalmente!. equilibrada. actual de las gracias de Preciosa. y quédese en hora buena la prosa [de La Diana\.. a la pos­ tre. individualizante.. incisiva. apropiados para un coloquio fi­ losófico Q alguna tragedia neosenequista del siglo XVI. se convierte en una representación movida. pero ya no para el lector de principios del nuevo siglo. bailadora. y. le habrían parecido. finísimo humor (¿nos hace sonreír jamás un típico libro pastoril?). fervoroso pálpito vital. 1053). intuitiva. erudito. Ferreres.

míticas jerarquías del mundo de los libros pastoriles y. gritos interminentes de protesta del autor mismo. . y no verdad alguna» (El colo­ quio de los perros. en particular. se trataba de declaraciones esporá­ dicas. de significado mucho más radical. Desde esta perspectiva. «Prólogo». citado en nota 5. Evidentemente. y> por la invención literaria con que lo expresa. única en su tiempo. con que se formula la filosofía amorosa neoplatónica. como las pastoras literarias (aunque su retrato incluye defectos físicos (802). la afirmación tan orgullosa del valor individual frente a las notorias reclamaciones de la sangre heredada. sin clara relevancia para la estructuración temática o episódica de la novela. Percibim os una actitud semejante en Encina. Sin embargo. Véa­ se nuestro «Estudio preliminar». en afirmación digna contra el desdeñoso mundo cortesano66.Diana de Gil Polo hasta le entusiasma mucho a Cervantes: «que se guarde como si fuera del mismo Apolo» (D. con independencia hasta del desenlace— sobre todos los prejuicios y todas las trabas sociales externas. 1053). de seguro lo estimulaba mucho más la crítica social de las ambiciones y presunciones cortesanas y. 1001). de representación hu­ mana universal. Cervantes vislumbró un personaje correspondiente actual. Quizás reflexionando sobre ese pastor que «en el campo se crió» y «en el campo apacentava su ganado». pp.. esos diálogos pastoriles. su ejemplaridad. Quijote. en La Diana de M ontem ayor65. también sospechosa de exclusivismo so­ cial 6 7. pero superando la noción "igua­ litaria” de Montemayor. mucho más importante. en cuanto a la belleza de su pensamiento. Sin embargo. pero muy escasa debía parecerle su aplicabilidad a la vida cotidiana. Haciendo protagonizar y triunfar el alma de un humilde —por su mera actuación. El probable origen judío de M ontem ayor abre p o ­ sibilidades m uy complejas sobre su actitud aparentemente dual hacia lo “rústico”. H ay hasta alusiones específicas al contraste intencionado entre Preciosa y las pastoras literarias: «O. crea una obra extraordinaria. impensables en 65 La D iana. b? Ibid. ¿cómo crió tal pieza / el hu­ milde Manzanares? / Por eso será famoso / al par del Tajo do­ rado» (778). es decir. tenían mu­ cho interés intelectual para Cervantes. diría­ mos. l x x i x . . Cervantes destruye las artificiosas. Preciosa es hermosa. que no podem os estudiar aquí. 66 Ibid. «todos aquellos libros son cosas soñadas y bien escritas para entretenimiento de los ociosos. 170-1. 10.

sino 68 Llamativa semejanza fónica: L a Diana: L a gitana. sino un cata al lobo do va. lo que la distingue netamente de todas aquéllas es su be­ lleza interior. se realizaría por la intervención segura de «la sabia Feli­ cia». conversando siempre de amor. sonoras y admirables. ¡en voz alta!. Juan (más allá de una posible preocupación de Cervantes con la notoria crítica moralista de los amores de los li­ bros pastoriles. Los amores y el matrimonio con D. y no con voces delicadas. 7 1 «Cervantes’ La gitanilla as Erasmian Romance». Juanita . sino al que [hace] el dar un cayado con otro [. son mani­ festaciones lógicas de su vida moral. «enamorados» como ella —a su enamorado ideal lo tendría ya perfectamente imaginado—. personalmente. creyente alucinada en la ver­ dad absoluta de aquellas «cosas soñadas». insaciable lectora. su dignidad: «¡mi alma.. y ha de ser libre en tanto que yo quisiere!» (790) 69.. con que encauza prudente y noblemente su vida. y esto no al son de chirumbelas. que. . deseosa. rabeles o gaitas. 70 Ferreres. determinada de vivirías ella también. C reem os que una comparación detenida revelaría importantes correspondencias. su discreción. «no encaminados a un piadoso fin»70). Gaspar G il Polo: D ia n a enam orada . «Prólogo». aplicables a toda la obra cervantiva. cantando «desde que [saliese] el sol en los brazos de la Aurora hasta que se [pusiese] en los de Tetis». y hasta hizo un esquema de lo que «pintaría»: una dama ociosa. discreta. todos esperanzados de participar en la uni­ versal armonía amorosa. Cervantes se proponía escribir una parodia sistemática de los libros pastoriles: «de manera se me iba calentando la boca. es libre. de faltar todos los demás resortes humanos. al encuentro de otros pastores y pas­ toras. y otras cosas semejantes. según lo explicó ma­ gistralmente Forcione71. propio y ajeno.]. Las experiencias de la nueva “pastora” al topar con la reali­ dad se sugieren con igual claridad: las canciones de los verdaderos pastores no son «acordadas y bien compuestas. de «muchos» libros pastoriles. por lo cual se iría un día de su prosaico hogar al bosque. ¿Consciente? 69 C on sus declaraciones y con su com portam iento Preciosa hace evocar de continuo la famosa exaltación del alma. y nació libre. sentados en troncos de árboles. de la dignidad humana. dotes con que se enfrenta animosamente con todos los problemas. que no parara hasta pintarte un libro entero de éstos que me tenían enga­ ñado: pero tiempo vendrá en que lo diga todo con mejores razo­ nes y con mejor discurso que ahora». xxm ...Diana)68. de Pico della M i­ rándola (D e hominis dignitate).

. todo esto parece inevitable y tan fami­ liar al lector de Cervantes. Pastores de pasmosa vulgaridad... 1000-1).. en que la intención correctiva es to­ davía sólo implícita. 72 N ó te se que ya en la Prim era P arte (1585) se manifiestan reacciones críticas. escépticas. El desenlace de todas las ilusiones de la nueva “pastora”. su vuelta a la realidad. Quizás ésta sería la Segunda Parte de La Galatea. nada ena­ morados y no entretenidos en deliciosas charlas amorosas. discreta. pues representa. sino que «lo más del día se les pasa espulgándose o remedando sus abarcas». Domingos. . sino que gritan o gruñen». un in­ tento. Ninguna «reliquia de aquella felicísima vida» pastoril li­ teraria se encuentra entre esos Antones. La gitanilla pa­ rece ser una etapa preliminar. magníficamente realizado. su con­ fesión del terrible error.. solos o juntos parece. de haberla Cervantes completado72. que. no que cantan. Pablos o Llorentes. sobre todo. (El coloquio de los perros.con voces roncas. que parecen anunciar la parodia eventual. de recreación y actualización del arte literario pastoril.

D eW am ore di L eu­ cippe e t di Clitophonte nu ovam ente tradotto dalla lingua greca. de manera inequívoca. Il.1 5 6 8 .2. y hasta. vol. pp. 1608). La efectuó A ngelo Coccío: A chile Tatio Alesandrino. su fuente lite­ raria inspiradora. creador de la n ovela corta española. Leucipe y C litofonte fue traducida por primera vez al latín en 1544. para su concep­ ción ideológica del problema. según están sugeridos. Véase también Zamora Vicente. 1 Las consideraciones de G onzález de Am ezúa y M ayo sobre lo autobiográ­ fico en E l am ante liberal hacen ver. aunque casi siempre resulta difícil o imposible deslindar­ las claramente de los elementos inventados.1600. basada enteramente en la latina. niemals das der Beherrschung» (Erich Fromm. al revelarse. o im posible. «El cautiverio en la obra cervantina» y nuestros estudios sobre E l trato de Argel. suponem os que éste debió de leerla allí. muchos incidentes. Éste. Este es a todas luces el caso de El amante liberal que para todas sus situaciones fundamentales. en parte. de utilizarlo en función primordialmente poética \ A veces. L os «indicios autobiográficos» que señala F lo ­ res son m uy vagos y de cuestionable funcionalidad. por el modo característico de Cervantes de subordinar lo autobiográfico o histórico al arte.EL AMANTE LIBERAL «Die Liebe ist das Kind der Freiheit.1 5 6 3 . 1598. el frecuente tema del cautiverio. 43-49).1 5 7 8 . Considerada ía evidente popularidad de que gozaba Leucipe y C litofonte durante los años de la estancia de Cervantes en Italia. se nutre de Leucipe y Clitofonte de Aquiles Tacío. de pura fantasía. «U n sueño romántico de Cervantes». resulta hablar con certidum bre sobre este problem a ( C ervantes. tratado en tonos muy diversos. cuán difícil. novelista griego o bizantino del siglo III d. También es cierto que Cervantes leyó las aventuras de los amantes griegos en la im itación española de A lon so N ú ñ e z de R einoso. pp. Sólo en 1551 apareció la traducción integral de la novela en ita­ liano. 1 D esp ués de haber sido virtualm ente desconocida durante m uchos siglos. ante todo. se inspira a veces en las propias experiencias del autor. Los baños de A rgel y El gallardo es­ p a ñ o l en nuestro libro E l teatro de C ervantes y sobre el cuento del cautivo del Quijote'. detalles episódicos y expresivos. Die Kunst des Lie bens) En las obras cervantinas. 36-38).C. D os años más tarde apareció una traducción italiana. En la segunda m i­ tad del siglo se reimprimió varias veces (1 5 6 0 . inspirándose en la ver­ sión fragmentaria italiana. Ambas son fragmentarias. la tradujo más o m enos fielm ente al español y agregó . en la novela («Elementos autobiográficos y estructura narrativa en El am ante liberal ». el carácter ficticio de la supuesta experiencia real del cauti­ verio se confirma.

D e este estudio recogem os una descripción general de la novela bizantina. 1917. un encuentro extraordinario que tiene el propósito de sus­ citar gran curiosidad en el lector. D iego Agreda y Vargas). El au­ tor presenta un hecho. Sobre la técnica narrativa de las novelas bizantinas en la literatura española del Siglo de O ro hay ya bastantes trabajos críticos. natural de la ciudad de Efeso. anagnorisis. A ristotle a n d the Persiles y C ervan tes’ Christian Romance. C er­ vantes. Por esta razón. «Leucipe y C litofonte en el Persiles ». robos. Abundan tam bién las descripciones de tie­ rras extrañas. separaciones. «El engaño a los ojos en las bodas de Cama­ cho». sino. Madrid. objetos de arte. que se sirvió de sus temas j de su notoria técnica narrativa no sólo en sus obras en prosa. en las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos sólo con los de Leucipe y C lítofonte. El lector encontrará una reflexión sobre este pro­ blema. pero ciertos detalles en sus obras tienen una relación directa con la novela integral de Aquiles Tacio.. Los sufri­ m ientos de los dos amantes tienen com únm ente una feliz conclusión. R om ero. en nuestro estudio: «Francisco de Q uin­ tana. ya en forma de una reunión definitiva o de casamientos Simultáneamente se narran las expe­ riencias amorosas y las aventuras de otros personajes que los protagonistas en­ cuentran en su continuo peregrinaje'. naufragios. etc. encuentros inespera­ dos. con un claro propósito experi­ mental. según la traducción de C occio. hay que presu­ poner también la de Teágenes y Caricled de H eliodoro. Symposium. ¿Por qué? ¿Cóm o? ¿Quién? U n o de los perso­ najes empieza entonces a narrar sus aventuras. y «El amante celestino en algunas obras cervantinas». Esta novela se tradujo. que algún personaje ha visto durante su aventura. Es un sine qua non de las novelas bizantinas el com ienzo in m edias res. todas las novelas bizantinas tienen en com ún las siguien­ tes características: una historia de amor de dos jóvenes amantes que por una u otra razón deben salir de casa y emprenden un viaje por tierra y mar. etc. amigo de Lope de Vega». La publicó en Venecia en 1552.) Cervantes se inspiró en ambas novelas. Aunque en este estudio señalamos la aporta­ ción específica de la novela de A quiles Tacio a El am ante liberal. Tras las citas indicamos el título Leucippe et C litophonte y la pagina. quizás útil para el lector de nues­ tro trabajo sobre E l am ante liberal: En cuanto al asunto. Leucipe y C litofonte (trad. de un m odo general. «Action first. Stegman. explanation afterw ards is his device to . N ú ­ ñez de R einoso. Cervantes no llegó a ver la primera traducción española de Los más fieles amantes. así com o una bibliografía selecta. traductor de Leucipe y C lítofonte ». 166-175. titulándola Los am ores de Clareo y Florisea y los trabajos de la sin ven tu ra Isea. pp. luchas contra m alhechores y rivales en el amor. plantas. 3 Véanse nuestros estudios en el libro citado en la nota 1. al español varias veces en los siglos XVI y x v il. lleno de aventuras extraordinarias. un novelista olvidado. animales. hasta en su teatro 3. Una prueba igualmente significativa algunos capítulos de su propia invención o imitados de otros autores. satisfaciendo la curiosidad de los demás y del lector m ism o. C er­ vantes M usterrom an Persiles. In trodu zion e al Persiles. verano de 1967. (Véase nuestro estudio «A.La novelística bizantina produjo gran impacto en Cervantes. Sobre la técnica narrativa bizantina en las obras cervantinas véanse especialmente los trabajos siguientes: Forcione. única en que Cervantes pu do leer la novela completa de Aquiles Tacio.

770).. además de la acción contemporánea del relato. una sistemática emulación y. Cada nuevo personaje narra su vida. 5 Es oportuno subrayar que «there is no featu re. Novelas Ejemplares. Todas las tramas se narran con lo que "Wolff ha llamado «dram atic retardation» (197). p. de éste para la naciente novela corta española. go o d or had. 9). en el originalísimo Persiles y Segismundo. Λ Zimic. Some Ancient N ovels. H ay un juego continuo entre el presente y el pasado: acción y narración. Éste lo ha oído de C. en particular. lo había oíd o de D . A veces en éste se produce una involución: A relata lo que narró B. ex­ clama angustiado Ricardo frente a la ciudad conquistada por los m aintain interest».]!». por diferentes m otivos.. th at is really characteristic o f the G reek novel . de la debilidad del modelo inspirador5 o por una ironía sutilmente semivelada. realmente característico de la novela griega que n o se ejemplifique en L. [(. nunca mordaz. Se tiene con frecuencia la im presión de leer un cuento con marco.de esta afición es la detenida y sutil crítica que Cervantes formuló respecto a las debilidades y tendencias más cuestionables de la novelística bizantina y sus imitaciones modernas. ésta se interrumpe.) no hay rasgo bueno o malo.] . Esta caracterización del Persiles es aplicable también a El amante liberal. «¡Oh lamentables ruinas de la desdichada Nicosia [. C on la trama central se entrecruzan varias tramas secundarias. Una consideración atenta de estos aspectos de El amante liberal —y teniendo siempre presente también la análoga doble actitud expresada en el Persiles— hace apreciar la precocidad y el acumen críticos de Cervantes frente a las debilidades de ese prestigioso género narrativo y su clara comprensión de la extraordinaria potencialidad artística. Todas las observa­ ciones fundamentales de este estudio se recogen tam bién en el presente trabajo. en efecto. que también se narran por partes. A veces.. El esquema temporal y la cronología de las diferentes tramas suelen ser de gran complejidad. en que se atan todos los hilos. según se evi­ dencia.. a la vez. Las interrupciones ocurren com únm ente en un m om ento de má­ xim a tensión en el relato. leve. hasta el final. a su vez. El interés del lector se mantiene así a través de todo el libro. que «se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo». es su recurso para mantener el interés». varios personajes narran fragmentos de la misma historia. El lector debe así recordar distintas historias interrum­ pidas. por la simple elusion del defecto. ejem­ plar.. parodia de ese género literario4. 192). quien. y C. b u t is exem plified in Leucipe and C litophon» (T odd. «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». [«Antes la acción y después la explicación. porque es. ficción dentro de la ficción.] Es evidente que el narrador nunca com pleta su narra­ ción de un tirón. aunque su crítica literaria —a diferencia de la del Persiles— se manifiesta de modo más bien implícito. con frecuencia.». dice W olff de H eliodoro ( Tbe G reek Romances in E liza b et­ han Prose Fiction.

¡tan románticamente!. como lo intuye también M ahamut. p. N i siquiera las terribles penas del cautiverio se igualan para él a su «desdicha amorosa». que «saliendo de los términos de Sicilia. Cervantes escoge el ambiente ''histórico” y la geografía "concreta” deí mediterráneo oriental. . «del tutto dilettevole. se extendió por todos los de Italia. derraman y derrama­ rán lágrimas sin cuento». ¿ N o in tu yó quizás A z o rín tam bién este hecho al hablar del “cosm opolitism o” de la obra? (A l m argen de los clásicos. «por quien [sus] ojos han derramado. Bajtin describe bien los elem entos fundamentales de la novela bizantina. a la «fama» de Ricardo. Pabón y otros ponen excesivo énfasis en el aspecto re­ ligioso del problema. por causa de Leonisa. pues por amor he sufrido infinitos afanes e injurias»]. e ingiurie ho sopportato» (3) [«podría darle razón de estas cosas. particularmente en las obras de Cervantes (237-260). inspirado por una pintura del rapto de Eu­ ropa: «vi potrei ben render io ragione di queste cose. che per amore infiniti affanni. La omnisciencia autorial de Cervantes no se justifica por tan privilegiada relación con los personajes. su amigo: «imagino que más atrás traen la corriente tus desgracias. 810). en la conclusión de la novela. como lo es Leucipe y Clitofonte. com o contraparte sugestiva del ambiente y de la geografía típicos de las novelas bizanti­ nas. porque los generosos ánimos como el tuyo no suelen rendirse a las comunes desdichas» (808. su «miserable estado». pero no sólo com o paralelo literario sino com o escenario de u n drama hu­ m ano. el «amante liberal». Historia de amor. pero pronto se revela que «los derribados torreones» le hacen evocar. En su nueva novela bizantina.turcos. universal. e degno di amorose narrationi» (3) [«muy placentero y digno de amorosas narraciones»]. Clitofonte narra sus amores y peripecias directamente al autor. como ocurre en algunas otras obras cervanti­ nas. pero en E l am ante liberal se concentra en un aspecto del amor que tras­ ciende las diferencias religiosas. pero no su actualización en la literatura moderna. quien lo ha convidado a un lugar ameno. y que «aún hasta hoy dura en los muchos hijos 6 Casalduero. en realidad. sino como situación apropiada para la representación de una muy precaria relación am orosa6. que asimismo comienza con el relato amo­ roso del protagonista. 110). Tan pronunciado acento sobre la «desdicha amorosa» indica que el cautiverio en El amante liberal ya no se utiliza primordial­ mente como campo de enfrentamiento religioso y político entre cristianos y moros. y de otras muchas partes». sino por la referencia. Claro está que Cervantes exalta el amor y el m atrim onio cristiano. El Saffar. su propio de­ rrumbamiento interior.

sugeridos sólo como probables. reacciones emotivas. la tendencia imaginativa popular: «ha­ llóse presente el obispo o arzobispo de la ciudad» (831). consiste en que cada personaje (Ri­ cardo. cuya verosimilitud se sustenta también en la “ignorancia” del autor de ciertos matices de la realidad anímica de los personajes. Cervantes (831). modos de pensar. otra razón y coyuntura y otra lengua» (829). gradualmente. «A tu buena consideración dejo. apelando.. a menudo. revelables sólo a algún confidente muy íntimo y de seguro “desvirtuados”. Se rehuyen casi siempre descripciones específicas del sentimiento. lo cual explicaría también esos esporádicos detalles con que se haría reflejar. Por razones de verosimilitud. más bien que en una pretendida relación personal con el protagonista. por con­ sideraciones de verosimilitud. iniciadas in medias res 7. com o observa Flores («Elem entos autobiográficos y estructura narrativa». evitando por completo la necesidad del análisis anímico. entre otras cosas. quizás. Ricardo va al encuentro de Leonisa «confuso y temblando. en un instante le sobrevivieron tantos pensa­ mientos que le suspendieron y alegraron» (822). reserván­ dose el oficio de apuntador». claro está. mientras en la 7 Cervantes «cede con gran frecuencia la palabra a sus personajes. ¡oh Mahamut amigo!. . p. que «requiere más tiempo. y que así llegó también a él. como si fuera a pelear con un ejér­ cito de enemigos [. durante la continua transmisión oral. en cambio. Cervantes también optó por el relato basado en una supuesta leyenda oral. pero en esto hay que presuponer siempre la media­ ción de la leyenda oral transmitida. naturales y conje­ turales por el contexto de la situación.].. en cuanto a su exactitud y finura. estados de ánimo. quien. ¿m anteniéndose cuanto más fiel a la leyenda como también al modo en que le fue transmitida oralmente? Convincente pretensión artística. creándose así unas auténticas au­ tobiografías entrecruzadas. 41). decidió novelizarla. a veces complementando las de los otros. Leonisa. Se destacan así.. a la capacidad deductiva del lector: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo de ver andar en almoneda su alma y los pen­ samientos que en aquel punto le vinieron. y los temores que le so­ bresaltaron viendo que el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). etcétera. que consideres cuál iría mi ánimo en aquel viaje» (813). con la promesa de efectuarlo otra vez. pero. etc. por muy importantes en esta no­ vela. a su vez. o. Mahamut) narra sus propias experiencias.que tuvo en Leonisa». Otra significativa diferencia inicial. a veces. cuya plausibilidad sería mucho más difícil de sostener frente a sus lecto­ res contemporáneos.

con lo cual se crean en el lector justificadas dudas acerca de su portentosa memoria cuando no de tan absoluta omnisciencia. 1656). dime ¿qué has padecido? (. «dando un gran suspiro. supuestamente re­ producidas tal como él las ha oído. y N . que es. 114-5. después de haberles hecho contar sus aventuras: «Heliodorus has no further use o f Cnemon and Nausicles [. di essermi in questo modo di giouamento» (3) [«cortés joven..novela de Aquiles Tacio. un portugués cantando un nostálgico soneto y. pero con ciertos reparos importantes. corresponde la incontenible curiosidad de éste por saberlas: «córtese giouane. en el momento mismo en que acaba su relato. La extraordina­ ria variedad de relatos producida con semejante recurso gustó mucho a Cervantes. y dio consigo en el suelo» (Persilesy 1549.) y así los elimina de su cuento de m odo tan accidental y sumario com o elim inó a T. de índole estética y ética. En las novelas bizantinas es frecuente este modo tan casual de eliminar persona­ jes. sin ningún pulso propio. Al gran afán que siente Clitofonte por relatar sus aventuras y hasta sus más íntimos sentimientos. se produce comúnmente el intercambio de narraciones y confidencias que constituyen el "mar de histo­ rias”. según su característico modo de formular juicios críticos* ejemplifica en situaciones o episodios concretos: En el Persiles aparece misteriosamente. a menudo mucho más accidentados y fugaces. The G reek Romances in E lizabethan Prose Fiction. y por ese amor que me complazcas»]. La brusquedad de esta muerte hace enjuiciar el detenido y apasionado relato ante­ rior con el sentido común de Sancho Panza: «para estar tan he­ rido este mancebo mucho habla» ( Quijote. poco después. Tales narradores se revelan como ins­ trumentos transparentemente artificiales del relato. pp.] ti prego per Gioue.. e per esso Amore...] and he puts them out o f his story in as accidental and as summary a manner as he had put out Thermutis» 8. narrando a Periandro y sus compañeros sus desventuras amorosas. De tales encuentros. en plena mar.] .. «se ha excusado este ca8 W olff. Por tan repentina muerte. que. dimmi che hai tu patito? [.. [«H e­ liodoro ya no necesita a C.». se le salió el alma. según su propia declaración (Persiles. toda novela bizantina. (. 1552). pues el autor es para él un extraño que acaba de encontrar.. no importa a quien.) te pido por Júpiter.. 1345). Clítofonte se encarga de narrar las “au­ tobiografías” de todos los otros personajes. al pie de la letra. en definitiva.

te suplico me digas». 1569).. expresan esta preocupación: «la prisa que nos obliga a dar conclusión a nuestro negocio. que no nos importa.. como lo son los protagonis­ tas— que únicamente las haría posibles. se ridiculiza de modo inequívoco e ingenioso también en el episodio de los riva­ les enamorados que en el momento mismo de emprender el duelo a muerte. que aun de animales no es habitada» (Persiles. según parece. y tan sin remos. ¡La “pestilencia de la curiosidad” no cede ni al temor de la muerte inminente! Al destacar la extrema artificiosidad de tales situacio­ nes. pero en los ajenos. en realidad. dice Ricardo a Leonisa. «en pago de esto que por ti hago». auténtica interacción humana.. debían de ser casos tan desesperados como peregrinos». que no apures los pensamientos ajenos. lo que se llora. para desviaros desta isla tan sola.]. no nos da lugar para pregunta­ ros [a Periandro y sus amigos que por casualidad se encuentran allí] por ahora quién sois. «te ruego que breve­ mente me digas cómo escapaste de las manos de los corsarios y cómo viniste a las del judío que te vendió» (823). desprovista de una convin­ cente. sin duda. se pone a escuchar «con gusto y silencio» las «razones» . 1567). los tran­ ces por donde vino a tan desastrado término y a la prisión de los bárbaros que. al fin.ballero de contarnos qué le sucedió en la pasada noche. Toda esta relación de artificiosos narradores y oyentes. Se lamenta únicamente de no poder ya oír otro relato. insinuando Cervantes con delicada ironía que aunque «no faltaron lágrimas» por el de­ safortunado amante. ni quieras saber más de nadie de aquello que quisiere decirte: la curiosidad en los negocios propios se puede utilizar y atildar. achacable a una concepción artística superficial.. La curiosidad es característica pronunciada también de los personajes de El amante liberal: «Te ruego [. suspendiendo todas otras tareas y preocupa­ ciones. En el Persiles Mauricio aconseja a su híja: «procura ser tan discreta. es la imposibili­ dad de gratificar la curiosidad con lo que el portugués todavía no reveló de su extraordinario cuento (1552). todo el pueblo de Trápana. ni por pensamiento» (Persiles. implora Mahamut a Ricardo (808). ni cómo estáis en este lugar tan solo. Cervantes cuestiona hasta la verosimilitud de tan inmedia­ tas y completas confidencias entre extraños y la gran indiscreción —inexplicable en los bien criados. atenta a lo más externo. comenta un personaje. que no los tenéis.] que me digas qué es la causa que te trae tan demasiadamente triste [.

between any two portions concerning any given interest there are likely to be interpolated half a dozen 9 También Ricardo advierte que sólo podrá narrar «lo que el tiem po diere lu­ gar» (809). Leonisa es su amada. La sutil implicación paródica se percibe al recordar que en la nove­ lística bizantina todas las otras preocupaciones y pasiones se su­ bordinan. Ya a punto de comenzar el relato de sus desventuras amoro­ sas. “ Dramatic retardation” . . Siem­ pre preocupado con la verosimilitud. además de querer deleitarse con un cuento extraordinario. sin querer saber el cómo ni el dónde. Cervantes tampoco deja de destacar el hecho de que en el contexto mismo de las agitadas aventuras de la novelística bizantina cabría suponer circunstan­ cias desfavorables a esas tan extensas narraciones con que los per­ sonajes curiosean y se entretienen de continuo. Leonisa. de curiosear. etc. de inmediato. cuando éste le pide que le explique su reapari­ ción. necesi­ tan una explicación de la extraña conducta de Ricardo.. con que se consigue que «the story [. sólo promete «satisfacer en algo» a Ricardo. Sin embargo. mi amo. además. Cervantes mues­ tra en una deliciosa escenita que hasta la curiosidad del buscavi­ das cede a otra pasión aun más avasalladora: «En aquel mismo punto nació en los corazones de los tres [turcos] una a su parecer firme esperanza de alcanzarla y de gozarla.que Ricardo quiere decirles (829). consciente de las circunstancias apremiantes del lugar y del tiempo. ¿No implica qui­ zás toda situación. característico recurso narra­ tivo de las novelas bizantinas. al afán de oír cuen­ tos.] comes out in driblets. ha hecho plantar en esta campaña estas tiendas y pabellones antes de entrar en N ico­ sia» (809). Con evidente diversión íntima. ni el cuándo había venido [Leonisa] a poder del judío. precarios límites temporales? Muy significativamente. incondicionalmente. su compatriota y amigo de la niñez (808). Ricardo se detiene de repente y pide a Mahamut que le díga «qué es la causa que Hazán Bajá. y así. etc. quien es.. le preguntaron el precio que por ella quería» (817). pues el relato completo de sus experiencias requiere «más espacio» (823)9. los ciudadanos de Trapana. por ejemplo. siempre se trata de personajes vitalmente interesados en revelar sus expe­ riencias y en tratar de saber las de los demás: Ricardo narra sus desventuras «obligado» por «la buena voluntad que le ha mos­ trado» Mahamut.

censurán­ dolo.. un encuentro con ella. El lector se impacienta». 192-3. es decir.) (con que se consigue que) el cuento se presente a trozos. cuando el autor hace que Periandro infrinja repetidas veces la ley de la moderación en su relato.). ahora sólo puede proporcionarla Leonisa misma. lo estorbó el venirle a llamar de parte de los bajaes [. consiguiendo así el autor que deseemos. según lo comentan.. se parodia en el Persi­ les.. pero también.... como el mismo Ricardo. se declaraba tan en contrario del gusto de Policarpo.. 197. 1615. (lo cual puede producir) un efecto de agradable suspenso (pero también. entre dos porciones de un determinado asunto es probable que se interpo­ len a media docena de porciones de asuntos distintos. En El amante liberal las interrupciones del relato principal se efectúan con gran maestría. no debiera ya parecer «sur­ prising» que Periandro resulte «a bit o f a bore to some o f his com­ panions» u .] . a menudo. que ni podía estar atento para escucharle». por ver que quería Periandro volver a su tantas veces co­ menzado y no acabado cuento» (Persiles. a m enudo) un efecto de distracción e irritación que no es nada agradable (.. que tardará el tiempo justo para mantener pero no abusar de nuestra expectativa. injustificados. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction . de interrumpirla continuamente. por la que el lector siente también gran curiosidad. con pretextos a ve­ ces patentemente frívolos. que producen así un efecto por completo contrario al deseado. 1623). El defecto de las excesivas interrupciones en las novelas bi10 W olff. algunos oyentes: «Toda esta tardanza del cuento de Perian­ dro. 121.] y con esto se despidió de él» (818). aumentando así el interés del lector.. C ervan tes ’ Theory o f the N o vel. se utilizan con relativa par­ quedad y en los momentos más Oportunos para su mayor efica­ cia.. «an ef­ fect o f distraction and irritation anything but pleasurable. Esta práctica de retardar la narración. «Todos se alegraron oyendo esto. lo cual puede producir «an effect o f pleasurable suspense». pero «queriendo pasar adelante. Esta infor­ mación.) sorprendente (que P. the reader grows impatient fo r the event» 10.] 1 1 Riley.portions concerning other interests». pp. [«(. [«Retardación dramática (. Representativa de estas eficaces inte­ rrupciones en la obra podría ser la escena en que el judío empieza a contarle a Ricardo «adonde había comprado» a Leonisa. resulte) algo aburrido a algunos de sus com pañeros». Teniendo en cuenta dicho propósito paródico.. p. sin irritar su paciencia y sin ofender su racionalidad.

in its wide meshes.. is one of the most striking faults o f the whole genre».. La conciencia de todos estos hechos se transparenta en la explicación que M ahamut ofrece. porque los epi­ sodios que para ornato de las historias se ponen.] 33 Lo subrayó ya El Saffar al hablar del precepto neoaristotéhco de la unidad en la diversidad en E l am ante liberal (N o v e l to Romance: A Stu dy o f Cervantes' N ovelas Ejemplares. in particular. [«U n exceso en la descripción en particular. acrecentando la expectativa del lector y. contrapuntística. y no dilatada» (1613).].] me hizo no advertir de cuan poco fruto son las digresiones en qualquiera narración.. por boca del fastidiado Mauricio: «No había para que detenerse Periandro en decirnos tan por extenso las fiestas de las barcas. regateada por los turcos13. for fully half its course. y sin relación con el asunto principal: «This open-work fabric leaves room. un tema fundamental de la obra: «todo se vende y todo se compra» (809). pues. es uno de los defectos más llamativos de todo el género.. En nombre de Cervantes mismo.. destacando. del aburrido Rutilio: «¡Válame Dios [. 195-6. Lo percibió sagazmente Cervantes.. y sin relación con el asunto principal. además.]. su «alma en almoneda».zantinas se agrava por el hecho de que la materia interpolada es a menudo muy prolija: «An excess o f description.. The main story o f the Aethiopica. consciente de su impropio manejo del relato y de su abusivo proceder respecto a los oyen­ tes: «El gusto de lo que soñé [. . y por qué rodeos y con qué eslabo­ nes se viene a engarzar la peregrina historia tuya. a pedido de Ricardo. pp. y. The irrelevancy is [. del mismo narrador. 167-8. 1609). de manera muy significativa. Esta textura abierta deja am plio espacio para la inserción de toda clase de irrelevancias. no han de ser tan grandes como la misma historia» (Persiles. sin duda.. La mitad de la trama central de la Etiópica es relegada a un cuento de marco (. sin posible «remedio» ni «alivio» (809)... relación episódica entre la descripción de las «tiendas y pabello­ nes» y los acontecimientos sucesivos. advierte 12 W olff. a la vez.) característico de la novela griega com o género.. o Periandro!» (1615). AO). for the insertion o f every kind o f irrelevancy. con ella se retarda un poco más el relato de las «desdichas» de Ricardo.) Lo irrelevante es (. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. quando ha de ser sucinta. ψ. pues allí encontrará R i­ cardo de nuevo a Leonisa. ni aun los casamientos de los pescadores.] characteris­ tic o f the Greek Romance as a genre» 1 2 . is degraded to the level o f a frametale [. por fin. de las «tiendas y pabellones de Hazán Bajá».. Hay.

The Greek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.. Homeric discussions. p. travieso y aprensivo: «Apostaré [. aun de asuntos banales: «irrelevant geography.Mahamut que su explicación de las tiendas y pabellones. and other non sensous digresive matter» 1 5 . Periandro menciona. von weitldufigen Reden und Monologen [. ihre Aeusserungen. 15 W olff. ihr Wesen. Relevantes y siempre íntima­ mente ceñidas al asunto central son todas las interpolaciones en El amante liberal. 1611). su “profundidad” y “sutileza”. 511-3. discusiones homéricas y otra materia digresiva». me puse a mirar el cielo». y. pp. die m it der Erzàhlung selbst noch weniger su thun haben» 16. con ojos atento. Mahamut contesta algo im­ paciente: «Bien lo sé [. 176. siempre acecha el peligro de la digresión: Al referirse Ri­ cardo a un recreo en «el jardín de Ascanio.. por ejem plo.) geo­ grafía.. como si importase mucho a lo que va contando el declararnos los movi­ mientos del cielo» (Persiles. lite­ rary criticism. ihre verschiedenen Arten..] pasa adelante» (810).] que se pone ahora Periandro a describirnos toda la celeste esfera.] von sonstigen rhetorischen Prachtstücken.] 16 Rohde. que está cercano a la marina en el camino de las salinas». incidentalmente. zoology. El novelista bizantino cae a menudo en semejantes divagaciones o desvíos del asunto central por la preocupación de ostentar sus conocimientos enciclopédi­ cos. «Der ganze Rom an wird dem Achilles zur Styîübung» (ibid... y Mauricio re­ acciona de inmediato. 516). particularmente respecto al amor: «Sein Roman [de Aquiles Tacio] ist ein formliches Mosaic von sophistichen Betrachtungen und Discussionen über die Lie her. zoología. Leucipe se representa com o Lacaena de Tesalia (68). Observación crítica aplicable a toda la 14 El cuento de M ario-R icardo y e! de la muerte de éste.. [«(. inventados para en­ gañar al Cadi y para averiguar los sentim ientos de Leonisa. D e r Griechische R om an un d Seine Vorláufer. el cielo: «me senté en el castillo de popa. por muy sucinta que parezca. Sin em­ bargo.. crítica literaria. En la de Aquiles Tacio. p.. Se evoca una situa­ ción semejante del Persiles: Al relatar sus aventuras. hasta el cuento de la bella mora —corresponde estructuralmente al cuento dentro del cuento de la novelística bi­ zantina— 1 4 que Ricardo narra y que tiene la función primordial de reflejar su recobrada serenidad y esperanza: «el decirlos o el hacerlos [versos] requiere ánimos desapasionados» (820). es suficiente: «y esto es lo que hay que saber de lo que me preguntaste» (809). corresponden a los frecuentes cuentos inventados con igual propósito en las novelas bizantinas. [«Su novela es un ver­ .

]» (§15).] gasta casi [. quien. Ricardo «no pudo [. y otros.. y por cosa en muchas partes referida y ventilada» toda esa «definición de celos». 42. Que Cervantes no simpatiza mu­ cho con este “marivaudage” . etc.. por el mucho llorar el poco discurso» (Persiles. Aun en estos paliativos se percibe la distancia que el autor quiere establecer entre sí y su personaje. 90-1). sus diferentes tipos.]i: 1 7 C litofonte m ism o es consciente de sus continuos lloros y quejas ( Leucippe et Clitophonte. Estudio histórico-crítico sobre las N ovelas ejem plares de Cervantes. lo cual también desagradó al temperamento viril. Acompañóle en ellas Mahamut [. hilo a hilo le co­ rrían por el rostro en tanta abundancia. I. incorrecto.. explica que ha quitado «por prolija. y Cer­ vantes. Censurar a Cervantes «por retórico» 1 8 es.] detener las lágrimas que como suele decirse. 1 8 Apraiz.novelística bizantina. 1584). de otras piezas retóricas que tienen aún menos que ver con la narración m ism a». Estas últimas consideraciones resultan oportunas al enjuiciar ciertas curiosas situaciones y referencias en El amante liberal: Al acabar el relato de sus desdichas. y expresada ya en el Persiles: Periandro di­ vaga tanto porque «quiere mostrar la grandeza de su ingenio y la elegancia de sus palabras». 1584). pues es evidente la intención cómica con que es­ dadero m osaico de consideraciones sofísticas y discusiones sobre el amor. con que «el autor». por eso.. lo constata también su categórica afirmación de que «ansí como por la mucha risa se descubre el poco entendimiento. de prolijos discursos y m onólo­ gos (.. 1609. «y parece que el aire de los suspiros que el enamorado moro arrojaba impelía con mayor fuerza las velas que le apartaban y llevaban el alma» (826). insinúa el perspicaz Mauricio. sus manifestaciones. p. 1576). vol. se preocupa de expli­ carnos en una ocasión que a Periandro las lágrimas «no le nacían de corazón afeminado» y que quizá «no faltará quien [las] dis­ culpe y aun las enjugue» sabiendo que llora «por estar celoso» (Persiles. quien «sabía más de enamorado que de historiador [. por su parte. de tan acen­ tuada propensión al lloriqueo.).. . según noso­ tros. pp.] todo un capítulo del libro» (Persiles. 20. que llegaron a humedecer el suelo. Para las muchas "definiciones de celos” y de las más variadas manifestaciones amorosas hay constantes pre­ textos en el extremado sentimentalismo de los personajes de las novelas bizantinas 1 7 .. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . p. su esencia. R odríguez-L uis.. estoico de Cervantes...

por no 1 9 Lope de Vega. abreviándola.. No sólo las digresiones sino también el relato del asunto cen­ tral a menudo tiende a la prolijidad en las novelas bizantinas. los pensamientos que tuve y pasé.. Durante la narración explica a Mahamut que no quiere «detenerse» en contar «por menudo los sobre­ saltos. 192.] alargó la [corriente] de sus lágrimas sentado en sus orillas. comenta el autor mismo. los temores [. consciente o inconscientemente.]. fuera de los peces. sin reservarse cosa que tuviese alma sensitiva. que. en que habría podido pensar Cervantes (si ya no es en sí paródico): «Pánfilo [. 1625). Ricardo promete hacer «lo que pudiere» para contarla «en las menos razones que pudiere»..) ex­ tensión excesiva». suelen ser desabridas» (Persiles. «disproportionate length» 20. se las proporciona­ ban: «¡como suele decirse!». «Paréceme». pero dudando que pueda «cum­ plir» con su promesa (809).. El peregrino en su patria. «adver­ tido ya que algunos se cansaban de su larga plática.cribe esas líneas.. 19?. y siguiéndola en las menos palabras que pudiese» (Persiles. He aquí un ejemplo sugestivo de descripciones sentimentales de la novela bizantina de Lope. E l peregrino en su patria. 20 W olff. En El amante libe­ ral todos los personajes se revelan muy preocupados por no ex­ cederse en la narración de sus aventuras: Aunque su «desdicha» es «tan larga y desmedida. ya la hubie­ ran perdido escuchando su larga plática» (Persiles. dirigidas traviesamente a esos lectores que ape­ tecían tales sensiblerías y a esos autores. 367-8. las que son largas.. porque las más veces.... «Mauricio y alguno de los más oyentes se holgaron de que Periandro pusiese fin en su plática. que por ser mudos no sacaron las cabezas de las lucientes aguas. pp.. antiguos o contemporá­ neos.] que con menos palabras y más sucintos discursos pudiera Periandro contar los de su vida» (Persiles.] . determinó de proseguirla. y Sinforosa de ver a Periandro. que no se pueda medir con razón al­ guna». Barcelona. a la importuna por­ fía de sus lastimosas voces» í9. aunque sean de impor­ tancia. [«(. A este defecto se hacen repetidas re­ ferencias en el Persiles: «Paréceme [. «que si no se arrimara la paciencia al gusto que tenían Arnaldo y Policarpo de mirar a Auristela. 1613). Juventud. con tanta piedad de sí que hasta los aires ayudaban a sus quejas. y las aves [. p. 1608).]. 1601). The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction.

de no caer en la. pp.. que tam poco ahora se satisface sólo c o n . reincorporar “la descripción de las costum bres”.]» (814). por no ser tan prolijo» (814). por ejemplo. .22. Leonisa se apresura a «satisfacer en algo» la curiosidad de Ricardo. 23 H ay semejanzas hasta en los detalles (Leucippe e t Clitopbonte. le relata a Ricardo «todo. la descripción de las costum ­ bres turcas constituye. con el maestro A quiles T acio. etc. casi irresistible tentación de lo digresivo u ornamental. con lo cual Cervantes destaca la inevitabilidad de tal relato explicativo. con un relato muy sucinto de sus muchas desventuras desde el rapto (823-824). 22 Ricardo prom ete a Leonisa: «otra vez te contaré los rodeos por donde la fortuna me trajo a este estado» (824). G onzález de Am ezúa y M ayo. Son recursos y fórmulas narrativas constantes de las novelas bizantinas que Cer­ vantes utiliza. Con «basta decir» se abrevia o evita la narración no esencial o se resu­ men los acontecimientos ya conocidos también en otros momen­ tos de la obra. aunque de considera­ ble interés en sí. la declara de manera categórica Ricardo al no que­ rer «contar la tormenta como ella lo fue en su porfía [. La declaración de Ricardo representa.. basta decirte que fueron tantas y tales [. una crítica social. pero en ellos se manifiesta también la deuda de Cervantes.. como lo es también en las de Leucipe y Clitofonte. es en gran parte superfluo para el asunto princi­ pal.ir contra lo que primero propuse de contarte brevemente mi des­ ventura. Es justo elogiar las descripciones de los viajes y maniobras marítimos en El am ante liberal (Apraiz. hacen evocar la sátira del Viaje de Turquía de Andrés Laguna.. la conversación que tuvo con Leonisa (820). se destaca que tal inform ación ya se facilitó a los personajes: M ahamut. a la vez. con el resto de las características. con lo cual también se actualiza la nueva novela bizantina de Cervantes. 2 1 Además de relacionarse con la trama central.]. a veces. Mahamut explica «brevemente» las «costumbres entre los turcos» (809) 2Í. de manera casi exhaustiva en E l am ante liberal. La determi­ nación de Cervantes de ceñirse siempre al asunto o tema central. pero. A zorín y otros). evita la repetición de io que el lector ya sabe por los relatos anteriores. en quien por otra parte encontró significativa inspiración para su propia descripción de la to r­ m enta23. 33-6). Otras veces. Se trata de uno de los incidentes más cru­ ciales entre las “desventuras” de Ricardo y Leonisa. con toda proba­ bilidad. y a los ciudadanos de Trápana: «lo que des­ pués acá a los dos ha sucedido requiere más tiempo» (829). Las referencias a las costumbres turcas con sutil alu­ sión a las españolas. com o elem ento convencional de las novelas bizantinas clásicas. un reparo crítico del propio Cervantes a cierta tendencia descriptiva de Aquiles Tacio. a veces. punto por punto». pues. pero que Aquiles Tacio describe tan extensa y detalladamente que.

words seem to fa il to express how beautiful Auristela is [en Persiles]» 24.. Se ha obser­ vado que «this mannerism [. [(. Cervantes pone las más extravagantes alabanzas en boca de ciertos personajes como reflejo de una mo­ mentánea sincera exaltación.). en las obras cervantinas. Ricardo. tiene la presente y espera tener la que está por venir» (810). Sin embargo. de una mera cortesía («decir que una mujer es más hermosa que un ángel es encarecimiento de la cortesía»..]. Persiles. digo creíble por­ que es tal. quizás lo inició H eliodoro llamando a Caridea una d o n zellita de una herm osura incom parable y divin a (.]. Cervantes es el mayor transgresor. pues habiendo hecho a su heroína di­ vina (. etc. que a veces. muy significativamente. el protagonista... otros personajes censuran: «yo digo que tiene creíble hermosura. p. abolengo. tan hipérboles como no necesarias»: Con esta observación dimisoria. «si no son Persiles y Sigxsmunda. hace su presentación: nombre. sin em ­ bargo. la más perfecta hermosura que tuvo la edad pasada.. la repetición a d nauseam de la belleza de la heroína (. una donzellita de una hermosura incomparable y divina»..).. de una exageración impropia o hipó­ crita. 1518).. the repetition ad nauseam o f the heroine's ¿e^//íy»J..) este manerismo (. pero que «Cervantes is the greatest offender.). «estas alabanzas.) sus palabras no logran expresar la belleza de Auristela». etc. hiperbólica. deben de ser ángeles humanados» (Persiles. 1711). «exists in contem­ porary fiction. 1583).superidealizada. que no ha menester que exageraciones la levanten ni hipérboles la engrandescan».. hay numerosas referen­ cias a la extraordinaria belleza de muchos personajes femeninos: «Confirmaron ser sobrenatural el entendimiento y belleza de mi hermana». que «Heliodorus perhaps began it by ca­ lling Charickea.. «la causa principal de todo [su] bien y de toda [su] desventura [.].. 1596..Así como en toda novela bizantina. dice Auristela al oír calificar de «di­ vina» la belleza de Sinforosa (Persiles. la más hermosa [. patria. decisiva del autor mismo se censura la exhorbitante exaltación de la belleza de Auristela por un poeta romano: «yo apostaré que la 24 Schevil... «Studies in C ervantes: T h e Q u e stio n o f H elio d o r u s» . mujer de quien está enamorado. and after making his heroine divine ..] ..... 700.. «te presento la más rica presa que en razón de persona humana hasta ahora humanos ojos han visto». Ciertamente. existe en la literatura contemporánea (. y en particular en el Persiles.).] que había en toda Sicilia [. and goes hack through the romances o f chivalry into the Middle Ages».

¿Quiere. rubíes. que mata en la misma hora que mira [. y pasaron adelante» (Persiles.. vuelve a esta ciudad [. Mientras está describiendo la «perfecta hermosura» de Leonisa. que ésta sola tenía la forma que dices» (810). no sé quién sea ésa. Lo corroboran pasajes como el siguiente de la novela bizantina Clareo y Florisea de Alonso N úñez de Reinoso: «Narcisiana [.... perlas.. ΒΛΕ.] es tan hermosa y tiene tanta fuerza en el mirar. por ven­ tura. y que los necios idolatren?» (Persiles. en N ovelistas anteriores a C ervan ­ tes. siempre al menos implícita.. cúbrase el rostro con algún velo.]. 1859. Ricardo pregunta incrédulo a Mahamut: «Qué. 1693). Considerando que las metáforas con que se describe 25 A . sin ser necesario que Cervantes lo diga expresamente en cada caso. que los tiernos se deshagan. Madrid. o que cuando en Trápana estabas carecías de sentido». sus labios.. como en los tiempos pasados. esparciendo naturaleza sobre todo una suavidad de colores tan natural y per­ fecta [.] trae delante de su rostro una forma de velo o antifaces. no matar»25.]. porque ansí puede ver. sus dientes. y sus mejillas.. 1624). En el Persiles hay mu­ chos encomios aún más hiperbólicos que el citado y así.. que hace mal el señor gobernador de no mandar que se cubra el rostro desta movible imagen. sus ojos dos resplandecientes soles. p. Con tales manerismos expresivos Cervantes pa­ rodiaría los de las novelas bizantinas antiguas y contemporáneas. o que no me oyes. por ejemplo.. con que lo cubra. y siendo por ventura vista. III. «por quien los poetas cantaban que tenía los cabellos de oro [. Por Dios.diosa Venus. N ú ñ ez de R einoso. al decimos Perian­ dro que buscando a su amada en las oscuras regiones septentrio­ nales. porque tanta luz ciega. como.. se pueden apre­ ciar también los momentos más exquisitos del hum or irónico cervantino en el Persiles. su garganta.. o al pedir a Auristela: «hermana. Mahamut contesta presuroso: «En verdad [..].. Clareo y Florisea. que los discretos se admiren. . y no nos deja ver por dónde caminamos. trató de consolarse considerando «que la luz de su rostro no podía estar encubierta por ser oscuro el lugar donde estu­ viese» (Persiles. 1698).]». su opinión acerca de ellos queda muy clara. Hízolo así Auristela. alabastro [.] si no es Leonisa. Teniendo en cuenta esta perspectiva del autor. ¿es posible [.. 443.. pur­ púreas rosas. una maravillosa y concertada armonía.] que ya no me has dicho quién es y cómo se llama? Sin duda creo.

y él contestó que. revela un 26 O bserva bien Rodríguez-Luis: «Es Ricardo y n o el autor quien nos la des­ cribe» (N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes . parezcas gentil [. Ya este cambio inicial. porque existen obstáculos formidables. en suma. Leonisa no quiere a Ricardo. por una razón u otra. tanto la incredulidad de Ricardo como la extraordinaria capacidad identificadora de Mahamut de esa belleza única hacen sonreír al lector. grité: ¿te refieres a Leucipe?»].]. d id tu Leucippe?» (Leucippe et Clitopbonte. En El amante li­ beral se efectúa un cambio radical en esta situación inicial: Leo­ nisa está prometida al rico Cornelio. etc.. pero. p. porque hay un rival poderoso. en que la belleza de la heroína es reconocible siempre como absolu­ tamente única en el mundo: «rivolto al Nontio gli domando se la giouane era bella. en efecto. Saltando de alegría. que determina todo el desarrollo de la acción. el más formidable de todos. que a cada paso temo que has de pasar tanto la raya en las alabanzas de tu bella Leonisa. La belleza de L eo­ nisa descrita por Ricardo es semejante a la de Leucipe (Leucippe e t C litopbonte. se nos hace comprender su fundamental intranscendencia en la bús­ queda y en el descubrim iento de la verdadera belleza en El amante liberal. Lo que se justifica por las situaciones más bien convencionales en las novelas bizantinas. por intención expresa del autor.. La intención paródica de Cervantes se con­ firma. Nótese por el momento también el reproche de Mahamut. non ne uidde mai una simile. al percibirse que precisamente por la descripción de la her­ mosura externa. que dejando de parecer cristiano. p. y aun quizás de más provecho» (820) 26. ya alarmado o harto de tantas alabanzas: «Paso. grande. 4) .. [hablemos] en otras cosas que sean de más gusto. che trattone fuori Diana. lo «desdeña y aborrece». et egli rispóse. 97-98) [«preguntó al nuncio si la joven era bella. el obstáculo al amor de esta pa­ reja es así interno. con el consentimiento de sus codiciosos padres. En las novelas bizantinas típicas los amantes se escapan de casa.la belleza de Leonisa eran ya vulgarmente convencionales. A questo io saltando d ’allegrezza gridai. convencional. con todo. a su unión. exceptuando a Diana. porque los padres se oponen a su amor. Ricardo. . si ella así lo deseara. Sin embargo. 15). no más. no vio jamás una semejante. detente. exteriores. pero éstos no se opondrían a Ricardo.

a Leonisa y a Ri­ cardo —quien. guarda gran parecido con algunas escenas de ataques piratas en Leucipe y Clitofonte: «Súbitamente entrarono dentro huomini et grandi et molti. que­ dando así a merced de los piratas. porque en El amante liberal. y todos embistieron a la joven. amoroso alguno para escaparse de casa. esti hauendo messa la giouane in una harchetta. de no haber acometido Ricardo. ¿no lo atormenta qui­ zás también la conciencia de haber sido él. muy distinto del de la tradicio­ nal aventura bizantina. Este cambio se explicaría por la necesidad de hacer posibles las peripecias fuera de la patria de esta pareja que no tiene motivo personal. et tutti corsero adosso la fanciulla. nueva novela bizan­ tina. quienes «con su acostumbrada diligencia» prenden en el jardín de Ascanio. más trascenden­ tal para ello. muchos y grandes.mando mucha sangre. con le spade ignude. La escena del asalto «improviso» de unos «turcos de dos ga­ leotas de corsarios de Viserta». et caduto spargeua gran copia di sangue. Sin embargo. 62) [«De re­ pente entraron unos hombres. Cuando vi que se lle­ vaban a mi queridísima L. et caddi.. mientras casi todos ios demás pudieron ponerse en cobro (812). ex­ terno. ¿El asalto pirata habría dado lugar al rapto de Leonisa. habiendo metido a L. non lo uolsi comportare. Al lamentar más tarde la su­ puesta muerte de Leonisa en la borrasca. quando uidi che menauano uia la mia carissima Leucippe. aquéllos. con espadas desnudas. en un bar­ quito. no quise permitirlo y me arrojé entre las espadas.concepto y un significado nuevo. a Leonisa «le tomó un recio desmayo». El rapto pirata de Leucipe ocurre en el V Li­ bro —y podría colocarse casi en cualquier otra parte de là novela— mientras con el de Leonisa comienzan las peripecias de la pareja en El amante liberal. U no de ellos me hirió en una pierna y caí derra. corro a mettermi in mezo delle spade. se ne fuggirono» (Leucippe et Clitophonte. «en defensa» de ella recibe «cuatro disformes he­ ridas»— y luego embarcándose y haciéndose a la mar «a vela y remo en breve espacio se pusieron en la Fabiana» (812). culpable de tan trágico desenlace? En sus angustiadas palabras se percibe la tristeza por la perenne se- . Io. et uno di loro mi feri in una coscia. hay otra razón. a C orne­ lio y a todos los demás en el jardín? Viendo «relucir» la «es­ pada» de Ricardo. no intencionado. los sucesos no tienen nunca sólo un valor anecdótico. como «un loco furioso». huyeron»]. aunque de modo in­ directo.

. 27 También Casalduero destacada relación entre ía cólera de Ricardo y !a apa­ rición de los piratas.par ación. decide confesarse cómplice de ésta. pero también un desesperado deseo de expiación. pero en vano. diciéndole [. para ser conde­ nado a muerte y. Cuando Clítofonte se acusa... pero con interpretación distinta (Sentido y fo rm a de las N o ­ velas ejemplares. también vengarse de Melita: «[■■ ■] parmi di hauer trouata una bellísima uia di moriré [. y así yo abandonaré esta miserable vida»].] habbiamo fatta uccider Leucippe et a questo modo [.. a la vez. su íntimo amigo. essendo Vun delTaltro innamorati [. p.] ¿qué haré yo para caer en des­ gracia de mi amo y de todos aquéllos con quien yo comunicare. 89). para que.. pero de modo muy sucinto. [. claro está: «quiso Mahamut consolar a Ricardo con las mejores razones que supo..] pensamientos y memorias que jamás me dejan de la muerte de Leonisa [. Sus amigos hacen todo lo p o ­ sible para disuadirlo de dicho propósito.. lo defiende con hábiles[ argumentos ... que es inocente y que se merece así sólo conmiseración y perdón (Leucippe et Clito­ phonte . puesto que tú no quieres ni ser aconsejado ni favorecido.. Las preocupaciones y esfuerzos disuasivos de los amigos de Clítofonte —cuyas diferentes funciones desempeña Mahamut— se recuerdan en El amante liberal.. et dir che io et Melitte... en que Clítofonte. no por esto dejaré de ha­ cer lo que te conviniere. como suele hacerse con el enfermo que pide lo que no le dan y le dan lo que le conviene» (815).) creo haber encontrado un bellísimo modo de morir (.] io abbandoneró questa misera vita» (Leucippe et Clitophonte. siendo aborrecido de él y de ellos.] estoy cierto que con cuanto hicieres no has de poder cosa que en mi provecho resulte [.) pienso confesar el adulterio y decir que yo y M. frente al tribunal. Clinias.]».. su celosal rival. añadiendo dolor a dolor y pena a pena. los unos y los otros me maltraten y persigan de suerte que.. alcance con brevedad lo que deseo...] delibero di confessar Vadulterio . haciendo ver a todos que Clítofonte está trastornado mentalmente. por medio del sufrimiento propio: «en ninguna parte a do voy hallo tregua ni descanso [. creyendo que Leucipe fue muerta por Melita.. que es acabar la vida» (808.. 90-115)..]. . 91) [«(·. hemos mandado matar a L.. De tan fina complejidad de la conducta ca­ rece la situación análoga en la novela de Aquiles Tacio. estando enamorados. 815) 21... mas él las atajó. «dijo Mahamut: .

incrédulo. et uno di loro [. quien se salva con Yzuf.. Esta situación se relaciona con otras de la novela de Aquiles Tacio. la qual serbo in ñaue. diciendo que era Leonisa [. A Cervantes le interesó este incidente... habiendo visto estrellarse la galeota. claro está.. echando el resto del cuerpo al mar»]. con las manos atadas detrás. Al final del libro se explica que la desafortunada era una esclava en vestidos de Leucipe (112). y en el viaje fingir o hacer de modo como Leonisa cayese enferma. pero Ricardo. su amo....] mi hai posto in si gran bene. no creía. en que Clitofonte se de­ sespera por la «muerte» de la amada. con la ex­ plicación tan natural de su “resurrección”. tampoco muere Leonisa. éstos.) me has puesto en tanto bien ¿y sólo me alegras el oído? ¿Por qué no muestras este bien también a los ojos?». que para quedarse con Leonisa sin te­ ner que entregarla al G ran Señor de C onstantinopla. En una ocasión. pero Ricardo.] le taglió la testa. de que él mismo ha sido tes­ tigo. pero sólo de manera alusiva: Ricardo aconseja al Cadí. . me entristecía (. flotando en unos «barriles» (823). gittando il resto del corpo in mare» (62) [«ponen en la cubierta del barco a la joven. nunca tuvo intención seria de ejecutar tal plan. y que una noche echarían la com­ prada a la mar. pues lo reintroduce en su obra. non credeua. me maravillaba. «sería bueno comprar otra esclava.] que se había muerto. y uno de ellos (. Al reaparecer Leonisa. que guardó en el barco.. está conven­ cido de que su amada pereció (815).Leucipe no muere en ía terrible tempestad en que el barco se estrella contra las rocas. et solamente mi rallegri Vorrechie? Ma perché non mostri tanto bene ancbora a gli occhi?» [« (. flotando en «una parte della prora» (35). persiguiendo Clitofonte a los piratas. pues con Clitofonte se salva. raptadores de Leucipe.] Al preguntar. Con buen gusto. tan característico de las novelas bizantinas: Al recibir la noticia de que Leucipe v iv e —¡habiéndola visto «m atar»!— C litofonte experim enta em ociones conflictivas: < · < m ’impallidiua. y que esto se podía hacer y se haría en modo que jamás la verdad fuese descubierta». Cervantes optó por una “muerte” menos sensacionalista y de más transcendencia humana. comprendemos que se trata del clásico recurso del “engaño a los ojos”. mi attristaua [. El Cadí ofrece a su propia esposa.. su amo moro.) pa­ lidecía.. «mettono sopra la coperta della barca Id giouane co le mani legata di dietro.. mi marauigliaua. «de quien deseaba librarse más que de la muerte» (825)..) le cortó la cabeza.

. ¿por qué razón no explicaría la heroína su “resurrección”.. y los temores que le so­ bresaltaron [. Esta explicación.. pero tiene que esperar a que ella misma se lo explique. Hay que pensar en algún plan de acción prudente (Leucippe et Clitophonte. ¿tendría sentido que no se diese entonces? Y. con que se mantiene expectante a Ri­ cardo —y al lector— se ofrece cuando Ricardo y Leonisa pueden hablarse por primera vez después de la separación (823)..] noi semo qui soli nel mezzo delle reti». et accioche non sia cagione della ruina di tutti noi. y no vengas a dar indicio de que la conoces ni que la has visto. non la palesare in~ sino a tanto che più sicuramente ne possiamo prender partito [.] En cada caso C litofonte . 70).. en la novela griega. dijo Sátiro.. que podría ser que redundase en perjuicio de mi de­ signio» (818)....) ¿no ha muerto ya muchas veces? ¿y no ha resucitado tam bién tantas veces?».. Ricardo quiere averiguar inmediatamente cómo “resucitó” Leonisa. con lo cual se desvirtúa considerable­ mente el efecto de sorpresa. Tan sig­ nificativa para ambos protagonistas. [«Ten esta cosa secreta. Esta impresión resulta más evi­ dente si tenemos en cuenta que. tan irresistible para su curio­ sidad. 69. si. el amigo le dice que «ella stessa [... porque le parecía cosa imposible ver tan impensadamente delante de ellos a la que pensaba que para siempre los había cerrado». que resulta hirientemente obvio. los pensamien­ tos que en aquel momento le vinieron. a Leucipe le ocurren varias “muertes”.. te lo dirá» —lo cual ocurre al final del libro— y le aconseja prudencia. no sabía darse a entender si estaba durmiendo o despierto.].. a fin de cuen­ tas.) estamos aquí solos en el medio de las redes». no dando crédito a sus mismos ojos de lo que veían. pues están a merced de Melita: «Tien questa cosa segreta. disse Sátiro. [«(. Mahamut le aconseja prudencia: «Calla y no la descubras [. no hay impe­ dimento alguno para ello? Mero recurso para excitar y mantener la curiosidad del lector a toda costa. artificioso e inverosímil. no la sobresaltes. antes de llegar a las últimas páginas. en realidad.] He aquí la situación correspondiente en El amante liberal: «Falta ahora por decir lo que sintió Ricardo [.] quando sará tempo opportuno.cómo se explica esta "resurrección” de Leucipe. como lo advierte basta un amigo de Clitofonte: «non e ella molte fíate mortal non è ancho tante uolte risuscitata?» (91). y para que no sea causa de la ruina de todos nosotros no la publiques hasta que podamos disponer del asunto con más seguridad (.].].

] . por un incontenible afán de crear asombros y sorpresas 2S.] quedando hecha sepultura de cuantos en ella estaban».queda entristecido. la «ha cómprala da i corsali» con intención de gozarla. ese re­ curso de la “muerte” bizantina se utiliza con función mucho más amplia y sutil en El amante liberal.] casos que acontecen raras veces» (Persiles. «por extraordinario caso». por mejor decir. el 28 Chassang. otras veces. criado de ésta. en cuyas manos cayó. Les romans grecs. e incipiente com­ prensión del sentido del genuino amor. 1576-7).. ces romanciers chercheront à éveiller la curiosité p a r des récits d 'év é ­ nem ents singulières. étrangers à la v ie réelle ou ordinarie». estos novelistas tratan de despertar la curiosidad con unos relatos de sucesos singulares.. [«Mas preo­ cupados de excitar la sorpresa que el interés.. y en ocasiones se considera culpa­ ble por los sufrimientos que Leucipe ha padecido por él. Sin embargo. claro está. cuando se satiriza la patética frustración en la búsqueda de efectos y soluciones sensacionalistas: «Parece que el volcar de la nave volcó o. se yergue el sentido racional y el buen gusto literario de Cervantes. tan frecuente en las novelas bizantinas. 68). como antes a los de un mercader y de un capi­ tán pirata. desencadena profundas conmociones y cambios íntimos. por compra y por rapto (Leucippe et Clitophonte. Apenas ve a Leucipe. En Ricardo. fundamentalmente. en fin se resolvió di­ ciendo que. porque Sosthene. turbó el juicio del autor de esta historia. como en los cambios señalados ante­ riormente y. Contra cualquier clase de sensacionalismo. XXIV-XXV: «Pluspréoccupés d'exciter la surprise que l'intérêt. acuciante recriminación interior. a veces de manera casi imperceptible. ¡Todo se acabó! Pero. porque a este segundo capítulo le dió cuatro o cinco principios. pero. Periandro y Auristela sa­ lieron incólumes de la nave. como en el Persiles. ella se negó a «compiacere nei sm i dishonesti appetiti». después de lo cual el autor les dedicó hasta unos epitafios. lo achaca todo a la Fortuna adversa y al fin parece resignarse pensando en el matrimonio con la bella y rica Melita. respectivamente. En el capítulo precedente la nave en que iban Periandro y Auristela se había volcado «[. sino a misterio [. lo que «no se ha de tener a milagro. ajenos a la vida real o cotidiana».. Por lo tanto. Leucipe se encuentra en el palacio de Melita. bizarres. por medio de un incisivo humor paró­ dico. la “muerte” de Leonisa provoca un terrible desconsuelo. en suma. así como dudando qué fin en él toma­ ría». extraños.

) rico (.«lascivo» Tersandro.. pero perece en la tempestad (el capitán pirata apasionado de Leucipe es asesinado por otros piratas).) benigno. se apasiona locamente de ella: «lagrimaua.. quien «da en solicitarla descaradamente». de la caballerosidad de tantos hombres malos y lujuriosos.. parte per acquistare la gratia de Leucipe» [«lloraba..] che era mosso de hu­ mana compassione. todas las ter­ cerías de Sosthene. también Leonisa permanece virgen después de encontrarse en los mismos peligros que sufrió Leucipe: Yzuf... sin embargo. vendiéndola a al­ gún bajá.] Es un reparo que probablemente todo lector hace al considerar se­ mejantes situaciones. rico [. estas cosas no me importan»]. pero ésta rechaza todas las súplicas y ofertas («sia egli bello [..»]. 84). [«¿Tu (.] Niuno di ’loro hebbe occhi?» (87). Cervantes mismo las ironiza en el Quijote: «Doncella hubo en los pasados tiempos que. se apasiona de ella. con quienes aquéllas topan de continuo en sus andanzas. su cautivo y compatriota de Leonisa.. N o es que se dude de la virtud de estas doncellas. que «tomen la mano en so­ licitarla» a favor de él. pero consigue quedarse con ella el Cadí. al cabo de ochenta años. Tres apasionados señores turcos quieren comprarla. [«aunque sea él bello (. el capitán pirata que la raptó. Frustrado por la determinación de Leucipe de preservar su castidad... y todas las amenazas (Leu­ cippe et Clitopbonte...) que lo motivaba una hu­ mana compasión y en parte para ganarse el favor de L. 78.) virgen? ¡Audacia digna de risa! (. pero en vano.] sei vergine? O audacia degna di risa [. muy naturalmente. en parte para demostrar (. Con la ...].. marido de Melita. Tersandro la insulta: «Tu [. De no poder alcanzarla por este modo. se fue tan entera a la sepultura como la madre que la había parido» (D. benigno.. en realidad. que en todos ello no durmió un día debajo de tejado. a favor de su amo.. pues estaba en su poder» (821). Quijotey 1061).. para poder gozarla él mismo (817). los piratas venden a Leonisa a un mercader judío (por «dos mil doblas» = «due mila drame» por Leucipe). y a Ricardo. pero.]. supuestamente con la in­ tención de entregarla al Gran Señor de Constantínopla. Para realizar este de­ seo.. sino. 80.. su criado (^Sosthene). parte per dimostrare [..) ¡tú que has estado tantas noches entre tantos corsarios! ¿Eran ellos eunucos contigo? ¿ninguno de ellos tuvo ojos?». el Cadí pide a Mahamut. di coteste cose non mi curo»).] tu che tante notti sei stata tra tanti corsait? Sono essi stati eunuchi per te? [. Y. por lo cual determina «de deshacerse de [ella]».. «usaría él de la fuerza.

ante todo. y en la literatura del Siglo de O ro.. por consideraciones de técnica narrativa. et fem ina tengo solamente lo scudo della liberta..]. pues. la quale non puo esser battuta da i flagelli. al salir incólume de cada aventura. anticipado el proba­ ble escepticismo del lector racionalista. Leucipe declara a uno de sus lujuriosos per­ seguidores: «io et nuda. N o es. Leonisa preserva su virginidad y «habla constantemente de ella [. para una conclusión feliz del re­ lato. por cierta mórbida o naturalista complacencia con lo sexual por lo que se alude tan a menudo a la virginidad en El amante liberal.]. la «entereza y verdad del honor» de Leonisa —imprescindible para el tema fundamental de la obra—.. et sola. pues.. que es la genuina virtud. sino que lo cuenta al primero con quien tropieza»29. en el sentido más naturalista. puede encararse con los mayores obstáculos y peligros y siempre triunfar sobre ellos. Es que la “pureza” que destaca Leonisa tiene varias acepciones: además de la más material y naturalista. sino.. pero sin destruir. p. ¡toda mujer!. comprendido y sancio­ nado por el autor mismo. pero. obsérvese la ingeniosa re­ serva que se expresa por boca de ella misma: «podrán poner en duda [su honor] tantos caminos como he andado y tantos com­ bates como he sufrido» (824). la reaparición del héroe es comentario en sí. que mientras más se acrisola. Sentido y forma. la voluntad libre con que todo individuo. en absoluto! Respecto a la virginidad de Leonisa. de las N o vela s ejemplares. ¿en contra^ dicción estridente con sus explícitos reparos críticos y satíricos respecto a la «virginidad» que. ne tagliata dal ferro. et questa io non las- 29 Casalduero. no puede prescindir de asegurarnos de ello con su propia palabra. Todo esto explica la preocupación de Cervantes por gratificar las expectativas de sus lectores contemporáneos. quien no miente en absoluto cuando afirma que es «como el oro [. y no sólo habla. 90. He aquí. «como rayo de oro». con ello. queda con más pureza y más limpio» (824). 30 Ibid. cruzaría «to­ dos los peligros»?30 ¡No. mientras que la heroína. porque para los lectores de esa época la preservación de la virginidad de la heroína era análoga a la supervivencia física. .ayuda de los pretendidos terceros al fin Leonisa se salva de esta persecución y del cautiverio. ne abbrusciata da fuoco. la espiritual y sublime. Después de una aventura peligrosa.

474 [«Eterno espíritu de la mente sin cadenas. Por ejemplo. quien preserva la «joya que más valía» en el ataque pirata (D. diferente de todas éstas es la de Leandra. Al lector atento Cervantes le sugiere muy clara­ mente cruciales distinciones. la cual no puede ser azotada por los látigos. que revela. a la "pureza” de Leonisa es la de Zoraida. creemos.·. parecida.. pudiendo usar fuerza. Quijote. que «dé crédito» a esos «casos extraños» al menos «por cortesía» (Persiles. Liberty!» 31. I. prefieren solicitar su favor —hecho que resulta inverosímil a los críticos—. según lo confiesa abiertamente ella misma: «so bene che io fo cose che traspassano i termini delThonestà. y ésta yo no la rendiré jamás»]. Quijote. se explica. debieron de haber atraído también la atención de Cervantes. ill. TV. Cervantes le amo­ nesta. caps. The G reek Rom ances o f H eliodoru s . Teniendo esto en cuenta. algo paradójicamente. y «supremamente bella» señora de Efeso «é di modo innamorata di lui [Clitofonte] ch ’ella ne impazzisce». p. del amor libremente correspondido32. poderosa. tanto más radiante en las prisio­ nes. 1224) y también la de la violada Leocadia en La fuerza de la sangre. mujer. su plena jus­ tificación ideológica y literaria en el contexto total. ni cortada por el hierro ni quemada por el fuego. Estas magníficas pa­ labras. L angus a n d Achilles Tatius. aunque en el nivel más material. de seguro apetecerían la correspondencia favorable de la tan deseada mujer. 1263). . Cada caso en que se destaca la virginidad de la heroína en las obras cervantinas requiere una atenta consideración particular. El pensam iento de C ervantes . que han hecho evocar los bellos versos de Byron: «Eternal spirit o f the chainless mind! / Brightest in dungeons.) yo. pues coinciden con su pensamiento fundamental. exaltador del libre albedrío. 1605). promete riquezas y libertad a Clitofonte: «non ho las31 Sm ith. Y al más escéptico. sola. rica. ma non mi tengo a vergogna manifestare i secreti d'amore» [«(. Implora. con su acostumbrada travesura. Melita. lisonjea.ciero giamai» (Leucippe et Clitopbonte. esencialmente. desnuda. Libertad¡»]. tengo sólo el escudo de la libertad.) sé que es­ toy haciendo cosas que exceden los límites de la honestidad. pues. 32 Véase Castro.. aunque sale de las manos de su seductor físicamente virgen (D . también el que los amos de Leonisa. cuya mente lite­ ral no se inclina en absoluto al simbolismo. pero no me avergüenzo de manifestarlos secretos de amor»]. 87) [«(.

) (T. de «las trocadas aficiones» (Persi­ les. complá­ ceme»]. más bien.) para que tú puedas hacer lo que desees con seguridad (. che ho usata verso di te [. me parece amar a una estatua»]. por su pa­ sión. tomando en cuenta sus obras conjuntamente. con lo que tu salvarás mi vida.ciato ne di dir.. leño u otra materia insensible. recurre por fin a Leucipe. Los amantes. que. Este cuadrángulo amoroso con la ironía de «la volutad tro­ cada» (El trato de Argel. finge querer servirle de medianera a Melita.. in­ cluso asegurándolo de que sus encuentros amorosos ocurrirían sin peligro..] ben ti prego che in cose che tu puoi.. o altra materia insensible. A me par di amare una statua» [«(.) darme algún remedio para hacer humilde a ese so­ berbio. pues. en lo que tú puedes. Clitofonte trata de evitar. 310).. en cada caso efectuó ciertas modificaciones tanto respecto al cuadrángulo amoroso de Leucipe y Clitofonte como al de sus propias obras . fiel al recuerdo de la desaparecida amada. a su tentadora. Cli­ tofonte. obviamente interesó mucho a Cervantes: «¡Mira si es cuento digno de admiración y sentimiento!» (Los baños de Argel. 1599). che gia vien mancando» [«(. A pesar de estar por completo a la merced de Melita. según se ha dicho. resiste a todas las ofertas y tentaciones: «ma egli era ai miei preghi non altramente che ferro. aprovechándose astutamente de esta situación. desesperada.) te ruego. percioche tu conserverai la mia vita .. que ya me está faltando»]. 68.) se ha ido a visitar a un amigo. Así. aparece de repente como sierva en el palacio: «sapendo tu qual sia stata la cortesía.] [Tersandro] e andato a ritrouar un suo amico... que.. [«no he dejado de decir ni de hacer nin­ guna de esas cosas que puedan mover a los hombres a amar»]. logran comunicarse y en el momento más crí­ tico recobran su libertad (Leucippe et Clitophonte. con toda clase de pre­ textos ingeniosos. Leucipe promete servirle o.. ya ni teme: «accioché tu sia sicuro a far quanto desidero [. a quien. Fammi adunque copia di te stesso» [«(. 67. che possano muover gli nomini ad amare». lo cual resulta cada vez más di­ fícil. durante la ausencia del marido... me hagas un favor (. 75).. pues Melita no deja de intuirlo... mi facci una gratia [. Sin embargo. 144).) sabiendo tú cuál fue la cortesía que he usado contigo (. ne di far alcuna di quelle cose. Ésta. 72..] dami qualche rimedio da far divenir hu­ mile questo superbo.) pero a mis súplicas él no se mantuvo sino como hierro. 74.. lo re­ produjo en casi todos sus detalles.. o legno.

Los jóvenes cautivos manipulan a sus amos m oros— juguetes patéticos* ridículos de su pasión— con actitud burlona. apunta como tantos otros detalles al hecho de que la persecución de los apasionados moros no es para los protagonistas el más grave pe­ ligro. que «sería bas­ tante para poner en olvido toda su desventura» (828). por ejemplo. Aceptada esta sugerencia. Advertimos que en el presente estudio destacamos sólo algu­ nas de las relaciones más im portantes entre la novela de A quiles T acio y E l am ante liberal. los bajáes turcos representan las pasiones pecaminosas. despre­ ciativa y. p. como fueran encaminados a cumplir sus esperanzas. ¿por qué no te vas con él?» (68). ambos vueltos al cristianismo. al abrazar Leonisa al Cadí. como. sino tan sólo una extraordinaria circunstancia. Fundamentalmente con este propósito en El amante liberal se pone de relieve. Su decisión de escaparse con Ricardo fue quizás sugerida por la recriminación de Tersandro a Melita: «Lo has dejado libre a C litofonte. 34 Este y otros cambios parecidos son necesarios para que Halima pueda al fin casarse con Mahamut. «quien tanto la quería». (N o v e l to Romance. entre otras. todos los creyera» (825). ¿cómo explicar la indulgencia hacia el luju­ rioso Cadí: el abrazo de Leonisa? «Christians are capable o f clemency». Sin duda.' que los obliga a enfrentarse con su propia problemática relación amorosa y personal35. con facilidad dio lugar a un mal deseo». muy significativamente. por ejemplo. de evitar la repetición. de crear nuevos problemas y desarrollar así también una motivación cada vez más compleja respecto a la conducta de los personajes33. con el propósito. 35 En la interpretación alegórica de El Saffar. después de suplicarle éste —y todos los cristianos. que. que el Cadí se apasiona de Leonisa. Esta acti­ tud. porque «quizá poco contenta de los abrazos flojos de su anciano marido. pero esta . aunque a diferencia de Melita. no sabe cómo darle a entender su volun­ tad sin que el cristiano la tuviese en poco por habérsela decla­ rado». también está exenta de las típicas aprensiones y preocupaciones del cautiverio. la lujuria. sin duda. por lo cual decide servirse de la tercería de Leonisa (821)34. porque ella es bella y joven. Halima desea sexualmente a Ricardo.anteriores. incluso Ri­ cardo— que le concediese tal «merced y favor». con cierta indulgencia compasiva. que el hom bre debe reprimir en su «camino de perfección». U n estudio más detenido revelaría otras numerosas coincidencias. 148) [«Los cristianos son capaces de clemencia»]. pero también porque él es senil y lu­ jurioso: «Estaba tan ciego el mísero y anciano Cadí que si otros mil disparates le dijeran. en ocasiones. 11 Estudiam os algunos de estos cam bios en «El amante Celestino en algunas obras cervantinas».

en una conveniente batalla naval (826-8). N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. XXXV: «El sem ble que l'invraisem blance soit une des lois du genre que se p ro d u it ou se développé alors dans la littératu re grecque» [«Pa­ rece que la inverosim ilitud es una de las leyes del género que se produce o se de­ sarrolla entonces en la literatura griega»]. Para que Ricardo y Leonisa puedan por fin solu­ cionarlo. pp. pueden quizás parecer muy artificiosos: al llegar a Trípol. Observemos de paso que en El am ante liberal la lujuria es sólo un aspecto de la actitud impropia hacia el amor: la im posición violenta de la voluntad o del ca­ pricho propio sobre el prójimo. Sin embargo. que dentro de tres días dio con él en el infierno» (814): Cer­ vantes necesita colocar a Ricardo con otros amos y en casa del Cadí. siempre arbitraria. la profunda transformación interior ocurrida en los amantes. aunque. es llamativa toda la conducta de Ri­ cardo durante ella: «de cuando en cuando sacaba la cabeza por el escotillón de la cámara de popa. Chassang. sorprende que en una interpretación alegórica no se estudie todo ese sugestivo ponerse y quitarse de ios disfraces en la escena de la vuelta a Trápana. 29). le advierte a Ricardo. sin traba ni consideración externa alguna (Leonisa piensa que el cautiverio podría ponerla en situación desventajosa: «jamás me has de tratar cosa que a tu declarada pretensión perte­ nezca». E n o p in ió n de m uchos críticos.A la articulación y solución de ese precario problema senti­ mental se subordina todo el desarrollo de la novela. que varios críticos llaman “triunfal”. claro está. según se puede apreciar hasta en ciertos detalles. Les romances grecs. por ver en que paraba la herre­ ría que sonaba» y sólo «viendo que los turcos estaban casi todos «clem ency» resulta estridentemente contradictoria en el contexto alegórico p r o ­ puesto. con ésta también se deja paso libre al retorno de los cautivos a la patria en el nivel estrictamente episódico 36. «le dio un dolor del costado tal. del modo más metódico. ¿N o se significa­ ría con ello quizás la liberación interior de todo lo impropio en el verdadero amor? La sopresa y la catarsis final para todos consiste en reconocer. . que. 824). Lo que Cervantes siem ­ pre sostiene es la verosim ilitud fundamental de la idea novelizada. de no percibirse su propósito. Por otra parte. hasta en la obra más naturalista— es sólo parte de la metáfora del problem a hum ano re­ presentado. todos sus perseguidores se eliminan mutuamente. co­ rresponde a un episodio semejante en el libro V de Leucipe y Clitofonte. la mism a tendencia es achacable a la novela bizantina de Cervantes (R odríguezLuis. 36 La persecución de una nave por otras. con plena libertad de volunta­ des. percibiendo que la acción novelística — a fin de cuentas. que es lo que de veras lé importa para concentrarse en di­ cho problema. amo pirata de Ricardo. 23. la condena de su inverosim ilitud es inválida. a Fatala. habiendo ya desacre­ ditado la “burla”. por causa de la doncella robada. Respecto a esta batalla.

quizás discreta. ¿Cómo se compagina esta actuación con el alarde vanaglorioso de Ricardo de que los pa­ dres de Leonisa no podrían encontrar yerno «sin arrogancia sea dicho.] continually calls upon Chariclea. El lance con el caballo de Cratilo de que Periandro se jacta merece un puesto honorífico entre las más mentirosas hazañas del barón Münchausen. y sabe a qué atenerse» 38.]?» (Persiles. pero su jactancia de que no hay hombre de «más conocido valor» que el suyo refleja evidente­ mente.. «La reducción irónica de la fantasía engañosa está final­ mente realizada. «possesses active courage o f a theatrical. rindiendo después «la galeota de Alí. ni de más altos pensa­ mientos. su vanidad herida al saberse preferido al co­ barde C ornelio39. Ricardo demuestra su valentía al defender a Leonisa en el jardín. ni de más conocido valor que el mío» (810)? La jactan­ cia es característica destacada en los protagonistas de las novelas bizantinas: Teágenes. 39 Es m uy reveladora de este com plejo también la confesión de Ricardo de que «tomara por partido dichoso que Leonisa me acabara a pura fuerza de desde­ nes y desagradecimientos.] 38 Castro. O tro oyente. este corredor y salteador [. pero cierta­ mente no heroica. este esgrimidor.. and wishes that she may hear o f his fortitude [.) frente a m uchos espectadores».. p o ­ see valentía de un tipo teatral. Lo comprende de inmediato un oyente: «Duro se le hizo a Mauricio el terrible salto del caballo tan sin lisión: que quisiera él por lo menos que se hubiera quebrado tres o cuatro piernas porque no dejara Pe­ riandro tan a la cortesía de los que le escuchaban la creencia de tan desaforado salto» (Persiles. con sus compañeros «con facilidad y sin recibir herida los degollaron a todos».. [«T. y los vivos malheridos. p.. en otra oca­ sión. comenta con igual tono irónico: «¿Quién puede ser este lu­ chador. ante todo. con que no diera descubiertos aunque honestos favores a Cornelio» (810). deseando que ella oyese de su fuerza (. y cuán fácilmente se podía dar cabo de todos». de mejor condición que la mía. espectacular de continuo apela a C..] before nume­ rous spectators»37. En el Persiles hay varias referencias paródicas a tales fanfarronadas. The G reek Rom ances in E lizabethan Prose Fiction. 1623).. spectacular sort [. p. la “valentía” de Ricardo se traduce en una conducta cautelosa. 95. Durante la batalla..muertos. El lector atento sonríe ante la malicia cervan­ tina. por ejemplo. Entre las hazañas fantásticas de los héroes de 37 W olff. 1586). 150.. . El pensam iento de C ervantes. que sin defensa estaba» (827-8).

que tendrá que demostrar para la victoria sobre sí mismo. Su amor es ge­ nuino y no le permite «solicitar la virtud» de la doncella sino que lo estimula a respetarla. Callisthenes decide raptarla. con que Ri­ cardo obviamente identifica su «conocido valor» y el valor m u­ cho más grande.. Al volver a la patria y devolver a Calligone. más que el mismo Clitofonte. Es oportuno detenernos en este personaje que. después del triunfo de ésta en la prueba de la castidad. nos dice Cervantes.. ciertos rasgos fundamentales del carácter de Ricardo. según se puede apreciar en la siguiente descripción de su modo de ser y de su conducta: Enamorado de oídas de Leucipe. “pura”.. y Callisthenes (99-115). con lo cual cambia de modo radical también su personalidad: «in ogni cosa si mostraua honesto et gentilisissimo. juegos y regocijos» en su honor en la ciudad (831) también guardan evidente relación con la vuelta a su patria de Clitofonte y Leucipe. si buono egli fusse diuenuto» (las redondas son nuestras).) se mostraba honesto y amabilí­ simo. benigno y prudente y era digno de maravilla este repen­ tino cambio de vida respecto a la de su juventud (. su boda y la de Mahamut y H alima. de quien pronto se enamora perdidamente.. sugirió a Cervantes. a pesar de sus anteriores extravíos juveniles (113).. por error.... con su boda y las fiestas y banquetes en su honor. rapta a Calligone.) cambiando la prodigalidad de antes en prudente liberalidad (. La vuelta triunfal de Ricardo y Leonisa a Trápana. a su padre.] dalla prodigalita di prima mutandola in prudente liberalitá [. et era degna di marauiglia questa subita mutation di uita da que lia che tenne da giouane [. Callisthenes explica así todo su comportamiento impropio en el pasado: «Vimpeto de lia natura délia giouanezza ne f u cagione: . [«(.. a adorarla y a tratar de continuo de ganarse su estima y su afecto. el verdadero.].] tu tti si marauigliauano come in un subito di si cattiuo. benigno.) todos se ma­ ravillaban de que tan de repente de tan malo llegase a ser tan bueno». pero.] También se destacada fundamental bondad natural de Callisthenes.las novelas bizantinas y las más bien ordinarias de Ricardo me­ dia la diferencia entre la ficción inverosímil y la verosímil. Este episodio también hace meditar sobre el contraste entre la valentía y agilidad de espadachín. a todas luces... las «luminarias [. a servirla desinteresadamente. con «ad­ miración y contento» de todos. con la boda simultánea de Calligone* hermana de Cli­ tofonte.. et p ru­ dente.

no muy desarrollada o ca­ rente. Al ver a Leonisa sentada «de­ bajo de un nogal» con Cornelio. Sin embargo. al negociarse el res­ cate con los piratas. cruel. Leonisa favorecía. (811. abandonando a Leonisa desmayada. todo hecho de ámbar y de alfeñique guarnecido de telas y adornado de brocados». è stato per elettione et per giudicio». Ricardo le lanza indignados. en tener con tanto sosiego de­ lante de tus ojos la causa que hará que los míos vivan en per­ petuo y doloroso llanto: llégate. avara y siempre innoble de Cornelio: Huye del jardín.] Pide des­ pués digna y humildemente la mano de Calligone. Tersandro. pero lo que he hecho después se debió a elección y juicio». soberbia. indolente. 812. etc.. cobarde. «comienza a tem blar de miedo». Esta caracterización sucinta de Callisthenes hace reconocer ya con claridad el contorno esencial de la figura de Ricardo..] de manos más despiertas a devanar sirgo que a empu­ ñar la dura espada» (810-11)40. [. más la adoré y serví con tanta solicitud como si no tuviera en la tierra ni en el cielo otra deidad a quien sirviese ni adorase». 829. no sólo la amé [a Leonisa]. atildado. inca­ paz de acción. afeminado. al encontrar al repatriado Ricardo. pero éste no es en modo alguno una mera copia. de blandas manos y rizos cabe­ llos. de voz meliflua y de amorosas palabras. Relata a Mahamut: «Desde mis tiernos años.] por­ 40 Esta caracterización de C ornelio parece inspirarse parcialmente en la deí ri­ val de C litofonte. El problema fundamental de Ricardo. suaves.. egoísta.). sólo capaz de recrearse «entre las doncellas de [su] madre [. prometiendo aceptar sin objeción la voluntad de ésta y de su padre (114). en aquél. un poco más. en cambio. . ¡oh enemiga mortal de mi descanso!. y.].. «mancebo galán.. como se aprecia al consi­ derar su compleja psicología amorosa. al considerar la natura­ leza y actuación flagrantemente afeminada. finalmente. es su total incomprensión del verdadero amor. hasta en situaciones muy cruciales. en realidad. al comienzo. Estas referencias sarcásticas de Ricardo se revelan. «no movió los labios en provecho» de ella. [«(. a C or­ nelio. ocioso.) el ímpetu de la naturaleza juvenil fue la causa de ello.. y enreda tu hiedra a este inútil tronco que te busca [.. hom bre de meras palabras.ma quel che ho fatto poi. o a lo menos desde que tuve uso de la razón. etc.. coléricos reproches (muy remíniscentes a veces de los de Salicio a Galatea en la I a Égloga de Garcilaso): «Contenta estarás. llégate.

. como afirma con orgullo y convicción. soberbia y mal considerada don­ cella [.. le dice. pues.se estructura. negándose a la misma vez a «ponerlos» en aquél. según todas las apariencias. «siempre fui mía» (830). con el especí­ fico. pero la obediencia filial sólo en menor parte explica su relación con Cornelio. . cuando ella.] que este mozo [. H ay varios pasajes en E l am ante liberal que hacen evocar la poesía de Garcilaso: «el haber hallado a su querida prenda era para más perderla» (818). de buen gusto. ¿piensas. presunción de Ricardo. a quien de seguro reco­ noce como tal? «Por voluntad y orden de [sus] padres». De acuerdo con este tema —pun­ to y contrapunto— . ¿Por qué. en efecto. Éstos. el amor verdadero sólo se da y recibe con absoluta voluntad li­ bre y sin precondición alguna. el agradeci­ miento y el amor de Leonisa.]. señores y amos turcos que pululan en la 41 Véase nuestro libro Las églogas de Garcilaso. Sin embargo.. es obvio que el «favor» que «da» a Cornelio no sólo es «honesto» (830).. que se puede vender y comprar fácilmente —«todo se vende y todo se compra» (809)—. (810-11)4'. obviamente por un interés personal que la ha indu­ cido a observarlo y a pensar en él a menudo: «siempre te tuve por desabrido y arrogante [. joven discreta.]?». de sóli­ dos valores morales y sociales. sus padres favorecen a Ricardo. cuando se encuentran en el cautiverio. a tan despreciable individuo. pues. 5-33. etc.]. En efecto. acabe con ella la vida [.] ha de querer. he aquí las muy comprensibles causas por las que Leonisa siempre ha rechazado sus atenciones y servicios. arrogancia. pp. ni poder. ¿No se lo “daría” quizás Leonisa de manera premeditada. presumías de ti algo más de lo que debías» (824). por ventura. ¡«pagando mi voluntad»! (810). con total independen­ cia. ni saber guar­ dar firmeza en sus amores ni estimar lo inestimable [. nótese. favorece Leonisa. toda la obra: todos esos piratas.. principal propósito de demostrar con ello su “desdén” y “aborrecimiento” a Ricardo? Llama la atención cuán bien lo co­ noce a éste. sino también exento de todo sentimiento amoroso o meramente cariñoso. Ricardo los ofrecía siempre anticipando. Se introduce con esto el tema más fundamental de la obra: a dife­ rencia de todo lo demás en el mundo. etc.... mercaderes. «pone los ojos» en Cornelio.. Aspereza. como la cosa más natural.. intere­ sados en tener un yerno rico.que perdiendo yo la esperanza de alcanzarte.

él no se distingue. de un modo u otro. lujuriosa (816-7). Para esta revelación nos parece crucial especial­ mente la escena en que al cruzarse las miradas de Ricardo y Leo­ nisa por un instante. Al tere ear. mientras su «nuevo amo y amante» moro la lleva «de la mano» a la galeota. «aquél experimenta tan tierno sentimiento y dolor» que se desvanece (813). y al fingirse enamorado de Halima. cargada de «gruesas perlas». pues él tampoco consideró jamás la voluntad de ella. ¿Tan sólo para ahorrarles “trabajo” y dinero a ellos? La pregunta se justifica también por el hecho importante de que Ricardo en este mo­ mento apenas ha comenzado a entender el sentido del genuino amor. De esto es gráficamente simbólica la magnífica escena de la subasta. como mercancía cotizable. En este incidente Ricardo quiere res­ catar a Leonisa. Sólo al ver a su amada cautiva impotente ante sus distintos amos moros. que es. ante todo. en que Leonisa. pero en sus entrañas percibe.por el amor o favor de Leo­ nisa es una constante a través de todo el texto. de esos mercaderes del favor amoroso. ricos vesti­ dos y con aparejada belleza sensual.obra. también por primera vez. Al v era Leonisa de continuo «en almoneda» también se da cuenta de que. esencialmente. la preo­ cupación desinteresada por el bien del prójimo. empieza a comprender claramente también la escla­ vitud penosa de toda alma que no se entrega con voluntad libre a otra voluntad. debiendo separarse de ella. Ricardo pierde a Leonisa. encontrando en ellos. que ella le ha comunicado al volver los ojos hacia los suyos. debe sujetarse a las ojeadas humillantes de los señores turcos. quizás para siempre. pero. aunque con ello arriesgue su propia libertad. el amor de Leo­ nisa. se afanan en comprar. la ine­ quívoca expresión del genuino amor. una correspondencia sentimental. patentizadoras de sus «encendidos deseos» de posesión sexual. por sugerencia de . entre su amo moro y Leonisa. siempre presuponiendo arrogantemente su inmediata co­ rrespondencia amorosa en pago de sus «muchos y continuos ser­ vicios». empezando con el intento inicial del rescate. en rea­ lidad. El precio y el regateo —sugestivamente recal­ cados en su grosera materialidad—. aunque sólo fingidamente. por primera vez. ¿está por completo exento de cierta esperanza calculada de un reconocimiento agradecido por parte de Leonisa? A su ma­ yordomo da la orden «que dijese a los padres de Leonisa que le dejasen a él tratar de la libertad de su hija» (812).

sólo al final nos im presiona como un amante auténticamente liberal. precisamente.Leonisa. De hecho. Al contestarle Leonisa: «Tuya soy. le advierte Leonisa. reconoce que quizás se «engañaba» al juzgarle y tratarle con tanta severidad en el pasado (824). al mostrarse profunda e incondi­ cionalmente respetuoso con la voluntad y con las inclinaciones personales de la amada. y tuya seré hasta la muerte» (830). impulsiva. que­ darse para toda la vida sin ella: «¡Válgame Dios [. tener que renunciar a todo intento de prom over sus propios deseos..]. a pesar de la impresión tan contraria que le causó. y. Ricardo. so pena de no volver a verla («en la misma hora me despediré de verte». Todo el desarrollo de la acción. no le entrega su voluntad. toda la argumentación de El amante li­ beral se dirige a ilustrar el noble y bello pensamiento de que. sólo lo es cuando es librem ente correspondido. Ricardo. Leo­ nisa es suya [. la conducta de Ricardo era presuntuosa.]». de . contra su propia voluntad. habiendo tenido ocasión de obser­ var su conducta abnegada. y ella. Particularmente para la actitud de Leonisa resulta muy pertinente esta observación del Persiles: «El amor nace y se engendra en nuestros pechos o por elección o por destino [. en presencia de «su felicidad y contento». en un sentido pla­ tónico ideal: «In der Liebe kom m t es zu dem Paradoxon. das zw ei Wesen eins werden und trotzdem zw ei bleiben». hasta a riesgo del mayor sacrificio. a la vez.. imposición o condición alguna. su «llano proceder».. sin exceptuar la gra­ titud. Ri­ cardo quiere «dar a entender» a Leonisa que su «condición» es. en cierto sentido está haciendo penosa expiación por su pasado egoísmo. 823).. en realidad. la voluntad tan ligera que se puede mover y llevar donde quisieren llevarla?».. sino que la une amorosa y armónicamente a la de él. 824).]! [. por ventura. indiscreta. que del mismo modo se une a la de ella. sin obligación. el que por elección. puede crecer o menguar según pueden crecer o menguar las causas que nos obligan y mueven a querernos» (1587).... sacri­ ficándola. sometiéndola a la de él.] no es posible que nadie pueda demostrarse liberal de lo ajeno [. según a ve­ ces se concluye. Por todo esto. nótese («¿es. durante el cauti­ verio. Por esto.]. con el tiempo puede comprender con toda claridad que el verdadero amor. «llana» y «humilde». el más precioso don humano.. renunciando a ella.. purificándose para la futura digna y bella unión con Leonisa. pero su condi­ ción natural y su intención eran y son fundamentalmente bue­ nas.

niemals das der Beherrschung » 42. 1980. p. Esta afirmación encuentra una prueba irrebatible en los reparos críticos respecto a las novelas bizantinas que se expresan en el Persiles. novela intensamente influida por la de Heliodoro 45.. pp. Lope. en la suspensión del ánimo en el relato. con frecuencia ameno y variado. como modelo ideal para la nueva épica en pro sa44. novelistas cortesanos. pero no de­ cisivo.nuevo en palabras de From m : «Die Liebe ist das K ind der Freiheit. en todo caso. D ié K u n st des L iebens. en la dulzura del cuadro.. an­ terior a la Philosophia Antigua Poética. sobre todo.. p. 39 [«En el amor se da la paradoja que dos entes llegan a ser uno y pese a ello permanecen dos (. «H eliodoro y las novelas españolas».. El Pinciano y las teorías del Siglo de Oro. tan sólo pudo servirle de importante estímulo adicional. Cervantes vio con perspicacia que los ingeniosos recursos 42 Erich From m . la técnica narrativa con que se relatan: «Otra de las cualidades más importantes que apreciaban nuestros clásicos en Heliodoro era la intriga y el interés creciente que despierta en los episodios. 31. la afición de Cervantes por las novelas bi­ zantinas se evidencia ya al comienzo de su actividad literaria. Se ha obser­ vado con certeza que fue precisamente Cervantes quien supo rea­ lizar esta recomendación teórica en Los trabajos de Persiles y Segismundo (1616). La profunda influencia de las novelas bizantinas. Gil Polo. A éstos atraían los temas amorosos y aventureros de aquéllas y. 44 L ópez Pinciano. 167. U llstein . en la uni­ dad de acción dentro del cruce de historias [. El amor es criatura de la libertad. 45 Shepard. es evidente en muchos im­ portantes autores del Siglo de Oro: Montemayor. Ale­ mán. particularmente de las de Heliodoro y Aquiles Tacio. . A diferencia de otros autores contemporáneos. Philosophia A n tigu a Poética.] en la técnica heliodoriana de comenzar en medias res como ardid para que sea mejor leída su extensa obra»43.. etc. N ues­ tros novelistas le consideraban maestro en la sencillez [.] de su complicada trama.). sin excluir a Pin­ ciano.Martín Gabriel.. indicados (no exhaustivamente) en este estudio. Alonso López Pinciano hasta de­ clara que «ninguno en el mundo añuda y suelta mejor que Heliodoro». 255. la cual. 214. nunca del dom inio»]. Sin embargo. 4. al proponer su novela Teágenes y Cariclea o Etiópica . Calderón. Frankfurt-Berlín. p.

no podría yo imaginar trabajo crítico más arduo que el de atribuirlo a Cervantes» («El m isterio de Persiles ». El amante liberal se nos propone como una nueva novela corta bizantina.a place much more important than they give to character»47. con algunas excep­ ciones. abusivo. inteligente. 26 [«Se puede inferir. . and rightly. casi siempre resistente a ía tentación de la censura respecto al modelo. en suma la aventura exterior: «It may be inferred.artísticos de las novelas bizantinas y de sus imitaciones moder­ nas. La carac­ terización del personaje está relegada a un lugar muy secundario. inevitablemente recordaría al del Q uijote. 240). in­ sensible. que así casi siempre se nos presenta con flagrante falta de relieve individualizador. 137. 47 W olff. Importa casi sólo la acción rápida. dinámica. articulado en el Persiles. recordando ía doble función de parodia y ejemplaridad que respecto a la litera­ tura caballeresca se aprecia en el Q uijote 46. Som e A ncien t N ovels. p. de forma muy importante. ennoblecedora exploración de la condición humana y también. Esta aun en las más acabadas muestras de la novelística bizantina clásica se utiliza casi exclusi­ vamente en función del «tiempo de aventura» exterior. a menudo se desvirtuaban por un manejo erróneo. no aparece significativamente afectada por ellas. que en las novelas griegas se da a la trama -—a los meros sucesos— un puesto m ucho más importante que el que se da al personaje»]. en su ingeniosa. Esos agudos juicios críticos en el Persiles que alternan tan oportunamente con la imi­ tación inteligente. aunque circuns­ crito en la novela corta con el propósito de una imitación mera­ mente purificadora. El amante liberal se inscribe de manera total­ mente armoniosa en el concepto literario de Cervantes respecto a las novelas bizantinas. D iríam os más bien que al menos la manera de expresar los juicios literarios en el Persiles es tan típicamente cervantina que aun si el lector no conociera al au­ tor. sensacionalista. Sin importar la fecha de su creación. constituyen conjuntamente el modelo más elaborado para la nueva novela bizantina española. discreta. T odd. sabia técnica narrativa. ejemplar en su tan signi­ ficativo tema. al fin su personalidad. p. The G reek. Al adoptar la téc­ 46 Singleton: «Persiles resulta tan terriblemente ajeno a D on Q u ijote que si al­ gún otro hubiera firmado aquél con su nombre. that the Greek Roman­ ces give to plot — the mere happening o f things— . cuya eficacia depende de su utilización moderada. reflejo de su simultánea honda admiración por ía novela bizantina. justam ente. en suma. Rom ances in E lizabeth an Prose Fiction. en su iluminadora. Por muchas y más extraordinarias que sean las experiencias padecidas. diversa.

Para re­ ferirnos a esta original naturaleza literaria del Persiles y de E l am ante liberal. pertinente y útil. pero la nueva clasificación propuesta nos parece aún más impropia. 241). en que se sintetiza armónicamente la tradición y la innovación. En este proceso tan excepcional. También la n o to ­ ria técnica narrativa de H eliodoro y Aquiles Tacio queda m uy enmendada en la obra de Cervantes. . a la vez emulado y superado por él. constituyéndose en una simultánea ejemplaridad ética y estética48. pero. La impropiedad de clasificar com o “bizantina” cualquier novela escrita en el Siglo de O ro es in­ cuestionable. de novela de aventuras. Sin embargo. 78. 89). pues resulta tan vaga que con ella podrían abarcarse tantos tipos novelísticos que al fin no quedaría definido con exactitud ninguno. Cervantes la utiliza. lo que en ella se representa. asimismo. que se caracterizan por «el tiem po de aventura». p. es «la trayectoria de un desarrollo espiritual» (Sentido y form a de las N ovelas ejem pla­ res. nuevo. a la vez. la nueva novela o novela corta b izan tin a española nos parece un térm ino clasificador. del descubrimiento y conocimiento íntimo del personaje. de la gradual reve­ lación interior. 4 f! C on referencia directa a E l am ante liberal. Cervantes se preocupa de recordarnos el m odelo clásico. «¡Se atreve a com petir con H eliodoro!». ante todo. pues. para apuntar a la sustancial diferencia de conceptos rectores» («Introducción» a su edición de ías N ovelas Ejemplares. para un relato interesante de la acción novelística. 30). precisamente para que apreciemos lo radical de estas innovaciones. aunque no por com pleto satisfactorio. moral se complementan y funden armoniosamente. de novela bizantina. sino más bien. de la anagno­ risis. I.nica narrativa bizantina. Ya Casalduero observó que «sin esfuerzo se puede ver ahora que El am ante liberal no es una novela de aven­ turas marítimas y corsarios». eficaz. Este aspecto fundamental distingue El am ante liberal de las n ove­ las bizantinas clásicas. también la convierte en instrumento ingenioso. la técnica narrativa y la preocupación ideológica. con nom enclatura errónea. pp. exterior. p. Avalle Arce declara: «Ya no se debe hablar. en expresión de Bajtin (Esthétique e t théorie du roman.

«Estudio preliminar». en que los elementos picarescos adquieren una forma personalísima [.. E n un estudio reciente se nos ad­ vierte cuán aventurada es toda opinión sobre lo “picaresco” en Cervantes. p. Sin 1 Apraiz. 314-342. en efecto.. para destacar. pp. detalles técnicos. nuevas funciones del préstam o2. 2). Castro.. . «Sobre el realismo cervantino en Rinconete». Les novelas ejem plares en France au x v n ' siècle. H ainsw orth. 97-8. Estudios de literatura espa­ ñola. El pensam iento de C ervantes . e t c . Zamora Vicente. «Cer­ vantes y la picaresca: N otas sobre dos tipos de realismo». 41. Con referencia específica a Rinconete y Cortadillo se afirma que es novela picaresca. pp. pp. 109-131. pp. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. en cada caso. Casalduero. Blanco Aguinaga. pp. il. que representa «una picaresca diversa [. pp. 8.. VII.. con tal enfoque se vienen señalando en algunos estudios. entre m u­ chos otros. 3 N otas de R odríguez Marín en su edición de Rinconete y Cortadillo. personajes. 1. Más lógica y prometedora sería así la consideración de Rinconete y Cortadillo en sus relaciones específicas con obras consideradas tradicional­ mente como “picarescas”. 43-46. epi­ sodios. 31. que es «una novela de picaros. literarios que supuestamente proceden de Guzmán de Alfarache. 45. 43-47. pp. 30-40. 88 ss. cuando ni hay un monolítico género picaresco que pueda abarcarse con una definición satisfactoria. semejanzas. G onzález de A m ezúa y M ayo. ¿ Q u é es la n ovela picarescaf.].]. pp. p. que sólo lo es en parte. Casalduero.] que supera una visión unilateral [. Varela. que sólo «roza motivos picarescos». cua­ dro de género picaresco».R IN CO N ETE Y CORTADILLO «C on el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [.. la más famosa novela picaresca3.]» (Evangelio según San Mateo. Estudio histórico-crítico sobre las novelas ejemplares. Y. Pérez M inik.. p. 2 D unn. 230-9. La relación de Cervantes con la literatura picaresca ha sido siem­ pre objeto de animadas polémicas. que se encuentra a enorme lejanía de la novela picaresca». 436-441. Valbuena Prat.. pp.. entre otros. «Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». diferencias. pp. que no lo es en absoluto. El Saffar. La novela picaresca española. N o v elista s españoles de los siglos X I X y X X . N o v e l to Romance: A study o f C ervan tes’ N ovelas Ejemplares. C er­ vantes creador de la novela corta española. 18.

sin respetar ni mirar el daño venidero» (254. de hecho. 32-36). de «mozuelos caminantes» (299). 298)6. A G u zm án de A lfarache corresponden las páginas 233-577. sin duda alguna.. pero no por un propósito de imi­ tación o parodia literaria. sino de advertencia crítica. «Estudio preliminar». La Prim era P arte de esta novela se publicó en 1599. por el estímulo inmediato. con varias ediciones en los años siguientes. De acuerdo con esta concepción inicial se estructura todo el texto de Rinconete y Cortadillo. sobre todo. en lectores desprevenidos. 7 Sobre este vagabundeo juvenil de esa época com o también de la nuestra. como el mismo Guzmán. 6 Para todas las citas de G u zm án de Alfarache nos servimos de la edición de A . pero. Entre ios 4 El Saffar intuye bien esta m otivación de los dos m ozos. indicando la página. L a novela picaresca española. en parénte­ sis.]. 42. in­ quietudes íntimas y. el deseo de «la gloriosa liber­ tad» que parecía brindarles «la florida picardía» (301)7. por «alentarlos» a ello «el deseo de ver mundo [. con algunas obser­ vaciones penetradoras. moral sobre ios potenciales efectos negativos de su lectura. tras la cita. todos estos estudios comparativos. quienes. pp. pode­ roso de Guzmán de Alfarache. 258). pero sin desarrollarlo (N o v e l to Romance. Quijote respecto a los libros de caballerías4. de su representa­ ción de la experiencia picaresca. en su rápida narra­ ción». en parte. véa­ se Parker. p. Los picaros en la literatura. 9 ss. . L a novela picaresca española. a menudo. En Guzmán de Alfarache se hace referencia al fenómeno. su genial formulación artística. estrecheces económicas—. En cuanto se identifique la “picaresca” con la delin­ cuencia. lo que ex­ plica sus aspectos más esenciales y complejos y. «la construcción más completa de la pica­ resca humana en una sola novela»5. Rinco­ nete y Cortadillo salen de casa por un juvenil deseo emulativo de las andanzas y aventuras de los notorios picaros de Alemán. despeñándose tras el gusto presente. pp.embargo. apa­ rentemente común en la España de aquella época. lo que prueba su inmediata gran popularidad. Vaibuena Prat. de casa de su padre». huían de casa por varías razones —padres o amos crueles.. en que a menudo se hacen valiosas sugerencias. en definitiva. Rinconete y Cortadillo «representa. La Segunda Parte se pu­ blicó en 1604. de un modo muy semejante a lo que ocurre con D. ineptos («va huyendo de su amo. a que también contribuyó la pode­ rosa inspiración que Cervantes encontró en la literatura satírica erasmiana. 5 Vaibuena Prat. indiferentes. ignoran un hecho crucial que obliga a enfocar el problema de un modo radicalmente diferente: Rinco­ nete y Cortadillo nace.

a diferencia de Avendaño. a cada paso. pues volcando el 6. sabidas. XLVll. sucesos inusuales. corrijas las tuyas en ti» (391). países extranjeros y caminos siempre diferentes. Por sus mu­ chas experiencias picarescas. En el ma­ nuscrito Porras. en que «todo se me figuraba de contento» que «en casa no [. llenos. 1605 (cap. para que me imites a mí: antes para que. a este modelo literario. especí­ ficamente. Q uizás resulte demasiado fantasiosa la su­ gerencia de que para indicar el “pecado” sin querer m encionar explícitamente al “pecador”. si quieres oírlo. .. Téngase en cuenta que esa clase de “juegos” con palabras y núm eros era m uy de la época. resultaría una fecha de ve­ ras significativa. 301). aunque no se sugiere que aquél se proponga emular jamás. Rinconete y Cortadillo com­ parten la misma apetencia por la vida picaresca. la fecha 1569 sería ideal. nos dice Cervantes. de encuentros sorprendentes.personajes cervantinos. pero. por lo m enos desde nuestra perspectiva crítica. que en el libro se exalta tantas veces en las descripciones de las continuas «romerías» (300) de los picaros por pueblos. no es. el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurre en «1569». según ya se ha suge­ rido. ¿C on qué objeto? La fecha desaparece en la edición de 1613. Carriazo y Avendaño de La ilustre fre ­ gona representan bienes a tales mozuelos fugitivos8. cayendo así en la tentación prevista por Alemán mismo: «Digo.. aunque pudo escribirse ya en 1599. Avendaño hasta «pudiera leer cátedra en la Facultad al famoso de Alfarache» (922)9.] hallé» (271. lógica. sin entendimiento ni gobierno» (271). a menudo contradichos tajantemente por él mismo: «no trocara esa vida de picaros por la mejor que tuvieron mis pasa­ dos». ocasiones para competir con otros picaros en el ingenio 8 Véase nuestro estudio sobre L a ilustre Fregona. a ellos los inspira para huir de casa también o quizás princi­ palmente la lectura de Guzmán áe Alfarache. 1248). ciudades. Rinconete y Cor­ tadillo buscarían más bien el «entretenimiento de gusto» (446). la “presencia” de G u zm án de A lfarache en el texto la hace ilógica. Carriazo y todos estos otros «mozuelos caminan­ tes». Es que Rinconete y Cortadillo no buscarían «predicables ni doctrina» (446) en las extensas moralizaciones de Guzmán de A l­ farache y ni tampoco prestarían mucha atención a los esporádicos arrepentimientos del protagonista respecto a su huida de casa: «Hice como muchacho simple. aventuras excitantes. año de la publicación de G u zm án de Alfarache. este alarde público que de mis cosas te represento. esta «buena vida picaresca». 9 La primera m ención cervantina de R inconete y C ortadillo se encuentra en la Prim era P arte del Q u ijote. o poco después. que aquesta confesión general que hago.

quien puede tan sólo ilusio­ narse de topar con verdaderas aventuras caballerescas. 339).y en la astucia. Andalucía. destino natural de Rincón y 10 El Saffar: «The fo rtu ity o f the m eeting o f the boys [Rinconete y Cortadillo] [. imprevistas.] serves». que de seguro consi­ derarían como auténticas autobiografías. Quijote. «Qué linda cosa era y que regalada» esta vida. quien se va de casa en busca de aventuras caballerescas. Así. sin las molestas preocupaciones. que es todo el que los rodea. «En la venta del Molinillo [.. el primer padre fue alevoso [.. a veces forzadas. a veces pro­ bablemente m uy sinceros. que considera verdaderas. las semejan­ zas entre el mundo picaresco literario y el real que al principio constatan son sólo las más superficiales.] acaso dos muchachos de hasta edad de catorce a quince años. entre otras cosas. el uno ni el otro no pasaban de dieci­ siete» (834)!0.. pues no m enos tuve habilidad para lo bueno que . [«Lo fortuito del encuentro de los dos muchachos (. Sin embargo. pero.. sin las banales obligaciones y responsabilidades diarias. «Introducción». como D. pues. según el mero deseo de aventura o cualquier capricho momentáneo del “romero”. y sin comprender sus causas verdaderas ni sus graves consecuencias morales. desde que se encuentran. 34).. por el acaso» (Blanco Aguinaga. peligrosas y. huyen de sus hogares. vol. 338). el protagonista trata de racionalizar toda su desastrada vida y su deplorable conducta con ciertos conceptos deterministas: « N o hallarás hombre con hom bre [. «los dos m uchachos [. Rinconete y Cortadillo se encuentran de inmediato en un auténtico mundo picaresco. de moldear su vida.. otras. para emular las de los libros de caballerías. como vamos de Castilla a la Andalucía [... al azar. “romerías”.] se encuentran en la venta dei M olinillo por acaso.. p.]. negados categóricamente: «Querer culpar a la naturaleza no tendré razón. entre otras cosas. al menos por un rato. para destacar la “insalvable” diferencia entre la visión del mundo y de ia literatura de Cervantes y la de Alemán: «[En contraste con el predeterminado cam ino de G uzm án] Rinconete y Cortadillo [. de contraste con la atmósfera pre­ determinada de la novela picaresca». enamorados de las novelescas aventuras picarescas.. p. otras. A diferencia de D. casi siempre.. 33).] se van a dejar llevar. se hallaron [.. para confirmarse íntima­ m ente la plausibilidad de su proyectado vagabundeo p o r el mundo. Sevilla. este ¡«almíbar picaresco»! (301). N o ­ velas ejemplares.. I. Rinconete y Cortadillo. D e acuerdo con nuestra lectura de G u zm án de Alfarache. de acuerdo con las litera­ rias del admirado Guzmán y sus congéneres.] Es una opinión que se viene repitiendo con frecuencia.].].) sirve... deseosos de emularlas fielmente con sus andanzas. «Cervantes y la picaresca». Este es el primer rechazo de la práctica establecida del nuevo género» (Avalle-Arce.. «ίο contrast w ith the p redeterm in ed atm osphere o f the picaresque novel» (N o v el to Rom ance. Quijote...]» (308.

Cortadillo —de la edad aproximada de Guzmán y Sayavedra, du­ rante sus andanzas por Italia y España—, en «romería» a «la Babi­ lonia de España», a la patria de su venerado ídolo. «[...] el que parecía de más edad dijo al más pequeño: ¿De qué tierra es vuesa merced, señor gentilhombre, y para adonde cainclinación para lo malo. Mía fue ía culpa, que nunca ella hizo cosa fuera de ra­ zón; siempre fue maestra de verdad y de vergüenza, nunca faltó en lo necesario. Mas com o se corrom pe por el pecado y los m íos fueron tantos, y o produje la causa de su efecto, siendo verdugo de m í m ism o» (372). Sin menospreciar las ma­ las influencias a que G uzm án está expuesto de continuo: «Andaba entre lobos: enseñém e a dar aullidos [...]; hice lo que los otros. D e pequeñuelos principios re­ sultan grandes fines» (315), en definitiva, G uzm án se demuestra de hecho, «ver­ dugo de [sí] m ism o», responsable, culpable, esencialmente, de todo lo que le ha pasado y, sobre todo, de lo que ha llegado a ser, y esto por el hecho fundamental de que aun teniendo «habilidad para lo bueno», cedió a «la inclinación para lo malo», porque esto le parecía «bocado sin hueso, com o descargado, ocupación holgada y libre de todo género de pesadumbre» (301). En suma, ¡sólo G uzm án, por su propia voluntad o libre albedrío, determina su vida! ¿De qué m odo se di­ ferencia esta noción que Alemán tiene del destino humano de la de Cervantes? Éste tiene algunos personajes que triunfan de m odo heroico sobre su «inclinación para lo malo» (véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso , El teatro de C er­ vantes), mientras aquél, al fin de la novela, sólo muestra al personaje asegurando que triunfó sobre el mal: «Rematé la cuenta con mi mala vida», ío que describiría en una «tercera y última parte» (577). Verdad o no, se destaca de nuevo la posibi­ lidad de tal cam bio moral, aun en un personaje tan depravado com o G uzm án. Cervantes y Alem án creían firm em ente en la op ción del hom bre para el bien, pero, a la vez, sabían que éste sólo raras veces la toma, por lo cual, precisamente, se representan estas ocasiones com o auténticas hazañas heroicas. C on estas obser­ vaciones sugerimos la necesidad de una radical reconsideración comparativa del pensam iento de Alem án y Cervantes, pues nos parece evidente que algunas con­ clusiones del pasado inducen a una com prensión errónea de ambos genios. Y con independencia de la “visión filosófica", volviend o al encuentro «por acaso» de R inconete y Cortadillo, obsérvese que ocurre absolutam ente del m ism o m od o com o el de G uzm án y el m ocito del soto de T oledo, por azar: «hálleme sin pensar [¡acaso!] junto a m í un m ocito de mi talle» (323), o, más bien, por conveniencia del enredo novelístico, pues Guzmán necesita encontrar otros «vestidos» con que disfrazarse, y allí está el m ocito, de su «talle», para vendérselos (324). N o percibi­ m os ninguna transcendencia filosófica intencionada en ello. D e hecho, m uy iróni­ camente para la tesis contraria, el encuentro de Rinconete y Cortadillo es m ucho más “predeterm inado” o, de tod os m odos, m enos accidental si se tiene en cuenta su compartido deseo de ir a hacerse picaros en Sevilla. Y no es m enos irónico el que Cervantes se inspire, en parte, precisamente en ese encuentro de Alem án para el de sus protagonistas, com o, asimismo en parte (y contrariamente al juicio de Blanco Aguinaga), para la actitud de éstos hacia las andanzas picarescas, imitada en la de Guzmán: «Los pies me llevaban. Y o los iba siguiendo, saliera bien o mal, a m onte o poblado» (255). Este últim o detalle, «m onte o poblado», com o tam-

mina? Mi tierra, señor caballero, —respondió el preguntado—, no la sé, ni para dónde camino, tampoco [...]; Si yo no me engaño y el ojo no me miente, otras gracias tiene vues a merced secretas y no las quiere manifestar. Sí tengo —respondió el pequeño— pero no son para en público [...]. A lo cual respondió el grande: Pues yo le sé decir que soy uno de los más secretos mozos que en gran parte se pueden hallar; y para obligar a vuesa merced que descubra su pecho y descanse conmigo, le quiero obligar con descubrirle el mío primero [...] sea en buen hora —dijo el otro— y en mer­ ced muy grande tengo la que vuesa merced me ha hecho en darme cuenta de su vida, con que me ha obligado que yo no le encubra la mía, que, diciéndola más breve, es esta [...]» (834-5). Evidentemente, en su propio acercamiento Rinconete y C or­ tadillo consideran aconsejable el usual comportamiento difidente de Guzmán, Sayavedra, el mocito del “Soto”, durante sus encuen­ tros. Narra Guzmán: «Hálleme sin pensar junto a mí un mocito de mi talle. Debía de ser hijo de algún ciudadano, que con tanta mala consideración como la mía se iba de con sus padres a ver mundo [...] no debía de tener mucha gana de volver a los suyos ni de ser hallado de ellos [...]; ya nos habíamos de antes hablado y tratado, pidiéndonos cuenta de nuestros viajes, de dónde y quién
bién el encuentro de G uzm án y el m ocito en el «soto» hace ver que el lugar de la acción puede ser también el “cam po”, aunque el ambiente de la novela es prefe­ rentem ente “urbano”. El hecho de que el encuentro de Rinconete y Cortadillo ocurra “en el cam po” no representa así en absoluto una diferencia con la «pica­ resca canónica», com o piensa A valle-A rce («Introducción», p. 34). Adem ás, el ambiente de esta novela es, de hecho, casi por com pleto urbano, en el sentido más literal, y universal en su im plicación simbólica, que Avalle-Arce percibe, extraña­ mente, en sentido contrario, com o una reducción del ambiente humano (ibid.). En G u zm án de A lfarache hay m uchos otros encuentros «acaso» del protagonista com o de los personajes secundarios, claro está: «Y com o en el camino llegase a un lugar donde halló “acaso” unos m uy grandes enemigos, creyó que allí lo mataran [...]» (431). Y por fin, en vista de la inspiración directa que Cervantes encontró en «la dualidad de protagonistas» de Alem án (a continuación se elabora esta tesis), por desgracia, debem os disentir categóricamente de nuevo de Avalle-Arce: «La dualidad de protagonistas, además, es la forma cervantina de presentar la amistad, y aquí volvem os al desencuentro total con la picaresca canónica, ya que, com o dije más arriba, el picaro es el ser em inentem ente insolidario, el enem igo de la s o ­ ciedad» (ibid., p. 35). Incluso esta última sugerencia resulta demasiado sumaria, pues dependería de qué “picaro” se trata, de qué etapa de su vida, etc. Además ¿qué pruebas tenemos de esa maravillosa “amistad” entre Rinconete y Cortadillo, excepto sus propios “v o to s” y su pacto de com plicidad picaresca, en que se basan también las típicas “amistades” picarescas?

éramos. Él me lo negó; yo no se lo confesé [...]; Lo que más pude sacarle fue descubrirme su necesidad [...]. En el punto entendí su pensamiento como si estuviera en él y para reducirlo a buen con­ cepto, le dije: sabed señor mancebo, que soy tan bueno y hijo de tan buenos padres como vos. Hasta ahora no he querido daros cuenta de mí, más porque perdáis el recelo, pienso dárosela [...] (323-4); [Saavedra] quedó tan rendido como agradecido [...] y dijo: Señor, ya no puedo, aunque quisiese, dejar de hacer alarde público de mi vida [...], por la merced recibida [Guzmán también le dio cuenta de sí] [...] y cumpliendo con tantas obligaciones, vuesa merced sabrá que soy [...]» (455). Pese a todas las declaraciones y promesas de veracidad y fran­ queza («con quien se ha de vivir ha de ser el trato llano sin tener algo encubierto», 655), Guzmán y sus congéneres siempre presu­ men mentiras e invenciones en sus mutuas «confesiones». Y, en efecto, tanto Sayavedra (456) como Guzmán («mi tierra es Burgos [...]», 323) tienen muy distintas versiones de sus respectivas expe­ riencias, según las circunstancias. Entre ellos, la verdad está siem­ pre en entredicho: «por mis mentiras conocí que me las decía: con esto nos pagamos» (323), dice con este propósito Guzmán. Las “vidas” que Rincón y Cortado se revelan parecen asimismo puras invenciones. Lo sugieren, sobre todo, varios datos salientes de que se sirven y que proceden precisamente de las “autobiografías” de G uzm án de Alfarache y Sayavedra respectivam ente: Rincón afirma que su padre «es persona de calidad, porque es ministro de la Santa Cruzada; quiero decir que es bulero o buldero, como los llama el vulgo» (835), lo cual se nos sugiere como remedo de la es­ trategia de ofuscación de Guzmán respecto a la “nobleza” de su padre, falso converso, cruel seductor, inmoral oportunista, ines­ crupuloso «cambista» (242). La sustitución del “cambista” por el “bulero” por parte de Rinconete sería una natural, traviesa ocu­ rrencia, y por parte de Cervantes —a base de la equiparación im­ plícita de las dos profesiones por esa sustitución— una muy sutil sátira de la “calidad” espiritual de esos picarescos “buleros”, cíni­ cos “cambistas” de favores divinos. Más tarde, Rincón y Cortado se niegan a revelar la identidad de sus padres, pues «no se ha de hacer información para recibir algún hábito honroso», lo que aprueba el mismo Monipodio: «es cosa muy acertada encubrir eso que decís; porque si la suerte no corriese como debe, no es bien que quede asentado debajo del signo del escribano, ni el libro de

las entradas: Fulano, hijo de Fulano, vecino de tal parte, tal día le ahorcaron, o le azotaron, u otra cosa semejante, que, por lo me­ nos, suena mal a los buenos oídos; y así torno a decir que es pro­ vechoso documento callar la patria, encubrir los padres y mudar los propios nombres» (841). Es lo que practican Guzmán y otros notorios picaros. Relata Sayavedra: «Soy valenciano, hijo de pa­ dres honrados [...] de niños quedamos consentidos [él y su her­ mano] [...]; pospuesto el honor, con más deseo de ver tierras que de sustentarle, salimos a nuestras aventuras [...]. Más porque pu­ diera ser no sucedemos de la manera que teníamos pensado y para en cualquier trabajo no ser conocidos ni quedar con infamia, fuemos de acuerdo en mudar de nombres [...]· Yo, sabiendo ser caba­ lleros principales de Sayavedra de Sevilla, dije ser de allá y púseme su apellido; más ni estuve jamás en Sevilla ni della sé más de lo que aquí he dicho» (456) n. En tales prácticas parecen inspirarse Rinconete y Cortadillo para ocultar su verdadera identidad —que queda siempre en duda1 2 — pero no con el propósito principal de no comprometer el “honor” de sus familias 1 3 sino de mantener el disfraz, del que depende su vida libre en la «florida picardía», sin indeseadas intervenciones de sus padres. Guzmán se escapa de Madrid, porque ha robado un «talego» lleno de dinero, que un cliente le ha encargado de llevar (322), y Rincón alardea de igual fechoría: «me abracé a un talego» lleno de «dinero de las bulas [...] y di conmigo y con él en Madrid» (835). Guzmán hace «perder el rastro a los que sin duda debieron de ir tras de mí», pero conjetura que de haber sido preso, «quizás» ha­ bría «perdido las orejas» y «comprado un cabo de año, si tuviera edad» (323). Peor suerte tuvo Rinconete, según asegura, pues «vino el que tenía a cargo el talego tras mí [...], prendiéronme»,

!i Guzmán: «Y para no ser conocid o no me quise valer del apellido de mi pa­ dre: púseme el G uzm án de mi madre y Alfarache de la heredad adonde tuve mi principio» (254). 12 A l final de la novela, el autor m ism o dice que Rinconete «había andado con su padre en el ejercicio de las bulas» (851), aparentemente confirmando la decla­ ración del personaje, pero ¿con guiño irónico aî lector, por lo que ya se ha reco­ nocido com o invención, mentira? 13 Teniendo en cuenta el desprestigio moral del buldero y del sastre en aquella época, la preocupación de Rinconete y Cortadillo con deshonrar a sus padres ¡de tales profesiones! resulta, cuando m enos, sospechosa, quizás reveladora, entre otras señales, de sus inventadas familias.

aunque, «viendo aquellos señores mi poca edad, se contentaron con que me arrimasen al aldabilla y me mosqueasen las espaldas por un rato y que saliese desterrado por cuatro años de la corte» (835). “Pesadumbre” —pena de azotes— y “destierro” por algu­ nos años de la ciudad es el castigo usual por esta clase de robos, que recibe también Sayavedra (430, 461) y que Rincón probable­ mente recuerda para su relato. Sin embargo, particularmente im­ presionante le parecería a éste la actitud estoica y valiente de G uz­ mán en tales trances difíciles: «El dinero faltó para la buena defensa. N o tuve para cohechar a el escribano. Estaba el juez eno­ jado [...]; Ellos hicieron como quien pudo, y yo padecí como el que más no pudo [...] los crueles azotes» (562, 575), pues en ella parece inspirarse cuando se encuentra en esa supuesta dificultad: «tuve poco favor [...]. Tuve paciencia, encogí los hombros, sufrí la tanda y mosqueo y salí a cumplir mi destierro» (835)1 4 . Entre las «alhajas [...] más necesarias» que Rincón se ha lle­ vado al escaparse de casa hay unos «naipes», con los cuales, asegura, «he ganado mi vida por los mesones y ventas, jugando a la veintiuna» y también «ciertas tretas de quinólas y del parar, a quien también llaman el andaboba», que ha aprendido «de un co­ cinero de un cierto embajador», llegando por fin a «ser maestro en la ciencia vilhanesca» (835). El “oficio” con que Guzmán quizás más se identifica es el de «jugador» de naipes: «me enseñé a jugar a la taba, al palmo y al hoyuelo. De allí subí a mediados: supe el quince y la treinta y una quinólas y primera. Brevemente salí con mis estudios y pasé a mayores, volviéndolos boca arriba con topa y hago», especialmente durante su servicio a un cocinero: «yo quedé doctor consumado en el oficio, y en breves días me refiné de jugador» (301, 310). Aprovéchase de su extraordinaria pericia en cualquier ocasión, por palacios, «mesones o ventas», en par­ ticular, cuando le hace falta dinero: «Ocasión se me ofrece para sa­ lir de trabajos [...], y pues la poca moneda que me queda no es tanta que pueda sustentarnos mucho [...], a perder o a ganar [...]» (451). Claro está, Guzmán procura “ganar” con cualquier clase de
14 En otra ocasión, también a G uzm án le prenden por una trampa, con castigo m uy semejante: «Y si la edad no me valiera, otro que D io s no me librara de un ejemplar castigo. Mas el ser muchacho me reservó de mayor pena, y en lugar de la camisa que me prom etió mandó que el verdugo [...] me diese un jubón para de­ bajo de la rota que y o llevaba y me saliese de la cuidad luego al m om ento» (354).

trucos o engaños, a veces con la complicidad de otros picaros tramposos como Sayavedra. La «faena» (452) que con éste hace en una posada a «dos huéspedes», quienes lo admiten al juego, «ale­ grándose mucho, porque les parecía tordo nuevo que aun el pico no tenía embebido, y que [le] tenían ya en sus bolsas el dinero [...], como era mozo», y quienes se quedan al fin «mohínos y sin blanca», sin darse cuenta del engaño (452-3), pudo inspirar la treta que Rincón y Cortado hacen al arriero, quien «quería hacer ter­ cio» en el juego, convencido de que por «ser ellos muchachos» podría ganarles fácilmente, y quien al fin pierde su dinero, que­ dando «agraviado y enojado» (836) 15. Algunas de las “fullerías” de que Rinconete alardea en presencia de Monipodio: « [...] sé un poquito de floreo de Vilhán: entiéndeseme el retén; tengo buena vista para el humillo; juego bien de la sola, de las cuatro y de las once», etc. (841), son las que sabe también Guzmán, lo cual sin embargo es natural, pues, como observa Monipodio: «todas esas son flores de cantueso, viejas y tan usadas, que no hay princi­ piante que no las sepa, y sólo sirven para alguno que sea tan blanco que se deje matar de media noche abajo» (842). Meros «principios», añade M onipodio, «en que habrá que asentar [...] media docena de liciones», para que Rinconete salga «oficial fa­ moso y aun quizás maestro» (842). Es otro testimonio fehaciente de que Rincón y Cortado son "novatos” en la vida picaresca, re­ cién salidos de casa, que todavía no han podido aprender todas las “fullerías” que sabe Guzmán. El intento del arriero de quitarles el dinero a Rincón y C or­ tado, «creyendo que por ser muchachos no se lo defenderían», y la reacción resoluta de estos: «poniendo el uno mano a su media espada, y el otro al de las cachas amarillas, le dieron tanto que ha­ cer, que a no salir sus compatriotas, sin duda lo pasara mal» (836),
15 AI darse cuenta del engaño, el arriero «se pelaba las barbas y quisiera ir a la venta tras ellos a cobrar su hacienda, porque decía que era grandísima afrenta y caso de m enos valer [...]; sus com pañeros le detuvieron y aconsejaron que no fuese, siquiera por no publicar su inhabilidad y simpleza» (836), asimismo com o le habría aconsejado Guzmán: «Q ue si uno se riere del agravio que te hizo, ciento se rieran después viendo que fuiste necio dándole tu dinero» (449). H e aquí un perdedor de un juego de naipes del temperamento de nuestro arriero en G u zm án de Alfarache: «Andábase paseando por la cuadra, bufando com o un toro. N o ca­ bía en toda ella [...]. Enfadábale todo, blasfemaba [...], se oían [...] los golpes que debía de dar en eila [cama]» (451). T ípicos personajes de novelas picarescas.

hace recordar una situación análoga en que el ventero, habiendo robado la capa a Guzmán, también amenaza con azotarle: «como me vio muchacho, desemparado y un pobreto, ensorbeciose con­ tra mí [...]. Mas [...] con mis flacas fuerzas y pocos años arranqué de un poyo y tírele medio ladrillo que, si con el golpe le alcanzara y tras un pilar no es escondiera [...] me dejara vengado [...]; cuando me vio con ellos [quijaros] en las manos, fuese deteniendo [...]. Acudieron los vecinos [...]» (268). El “ánimo” de Guzmán se­ ría siempre de gran inspiración para los dos mozos, aspirantes a picaros. Después de haber oído el relato de la “vida” de Rincón, cons­ truido con ingredientes de la de Guzmán, notorios para Cortado, éste considera oportuno responder con un relato con ingredientes de la “vida” de Sayavedra, camarada de Guzmán durante una breve temporada, después de su encuentro en el camino. Es posi­ ble, sin embargo, que Cortado haya decidido identificarse con el “oficio” picaresco de Sayavedra ya al salir de casa, según lo sugie­ ren varios detalles, como, por ejemplo, “las tijeras” que trae conSayavedra habla a Guzmán de algunas de sus “habilidades” y experiencias picarescas: «[...] mi pobreza siempre fue tanta [...]. N o por falta de habilidad, que mejor tijera que la mía no la tiene todo el oficio. Pudiera leerles a todos cuatro cursos de latrocinio y dos de pasante. Porque me di tal maña en los estudios, cuando lo aprendí, que salí sacre. Ninguno entendió como yo la cicatería [...]; era rapacejo delgadillo [...], ligero como un gamo [...]. Asistía­ mos de día como buenos cristianos en las iglesias, en sermones, misas, estaciones, jubileos, fiestas y procesiones [...], a todas y cualesquier juntas donde sabíamos haber concurso de gente ]6,
1 6 G anchudo: «no hay quien nos mande hacer esa diligencia [restituir lo hur­ tado], causa que nunca nos confesam os, y si sacan cartas de excom unión, jamás llegan a nuestra noticia, porque jamás vam os a la iglesia al tiem po que se leen, si no es de los días de jubileo, por la ganancia que nos ofrece el concurso de la mu­ cha gente» (839). M o n ip o d io dice más tarde que los «viejos abisp ones» so n «hombres de mucha verdad, y m uy honrados, y de buena vida y fama, tem erosos de D io s y de sus conciencias, que cada día oían misa con extraña [en sentido de “singular”] devoción» (846). ¿Por qué habría «contradicción» entre estas afirma­ ciones? (Varela, «Sobre el realismo cervantino en Rinconete », p. 448). D esd e la peculiar perspectiva de M onipodio, precisamente por el tem or de sus «concien­ cias» y de «Dios» no se confiesan «nunca» ni van a la iglesia, «al tiem po que se leen» las cartas de excom unión, sus cofrades. ¡Conciencia limpia, mientras sobre
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procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [...], ya sacabamos las dagas, lienzos, bolsas, rosarios, estuches, joyas de mujeres, dijes de niños [...]» (456-7). Y de aquí las “experiencias” y “habilidades” de Cortado, au­ ténticas, según él, incluyendo la queja inicial: «La corta suerte me tiene arrinconado», pero nadie debiera dudar de sus “buenas habi­ lidades”, pues «corro como una liebre y salto como un gamo, y corto de tijera muy delicadamente [...]; córtolas tan bien, que en verdad que me podría examinar de maestro» (835). “Bolsas”, claro está, como Cortado revela en la segunda versión de su vida, y no “polainas”, como dice en su primera versión, lo que le sugirió, con toda probabilidad, también la invención de un padre, quien —además de «no tenerle por hijo», como algunos típicos padres de picaros 1 7 —, es «sastre» (834)i8. En este «oficio» Cortado ha hecho «maravillas», porque no pende relicario de toca, ni hay fal­ triquera tan escondida que mis dedos no visiten ni mis tijeras no corten, aunque le estén guardando con los ojos de Argos [...]; se dar tiento a una faltriquera con mucha puntualidad y destreza» (835, 842). Probablemente de esta “habilidad” de “cortar” prendas ajenas procede también el nombre “profesional”, tan apropiado: Cortado. Según venimos sugiriendo, se trataría más bien de vehe­ mentes deseos de poseer todas esas “habilidades” que Sayavedra practica en la novela de Alemán, pues Cortado es todavía “no­ vato” en la vida picaresca, pero ya sus primeras “pruebas” en el
ella no caiga ninguna condena que se sepa! Así, los «avispones» oyen misa «cada día con extraña devoción» — ¿por qué dudarlo, siendo “la iglesia” uno de los campos más fertiles de sus em peños?— , m enos «al tiem po que se leen las cartas de excom unión [...]» ¡si no es los días de jubileo! En tales días, los picaros acuden por las oportunidades de "ganancia”, que los tendrían tan atareados que de nin­ gún m odo podrían oír esas “caitas”, aunque se leyesen. M onipodio cree que está describiendo bien el carácter y las actividades de sus cofrades, desde su m odo de entenderlos y de dejar ciertos detalles sobreentendidos por tan obvios: menos «al tiem po [...]». G on esto no afirmamos que los “cofrades” no son capaces de men­ tir, ni m ucho m enos. G anchudo, por ejemplo, niega, reniega, «jura» de no haber «visto» la «bolsa» que hurtó C ortadillo, siendo esto patente mentira (843). N o s parece un detalle significativo: Los “cofrades” se juran mutua “honestidad”, de que, sin embargo, se desentienden si la mentira no es comprobable. A sí, en suma, com o suele ocurrir en la sociedad “norm al”, que imitan. 17 G uzm án dice que es «malnacido y hijo de ninguno» (252). 18 La huida de la casa de un padre “sastre” sería también coherente con esta exaltación de la libertad picaresca por Guzmán: «¡sin dedal, hilo ni aguja [...]!» (301).

con que «embe­ lesa» a sus víctimas. y donde las dan las to ­ man».. si no es para la m uerte [... sutilmente le sacó [Cortado] el pañuelo de la faltriquera [.... Martín.. “profesionales”.. sin al­ terarse ni mudarse en nada.. etcétera (838). como sus cómplices. He aquí unas típicas “faenas” de Sayavedra.]... en «jactancias en el hablar» (460)..] tener paciencia. es decir... ¿No se inspi­ raría quizás en este alarde de agilidad picaresca el de Cortado: «nunca fui cogido entre puertas» (835)? 19 Sayavedra: «N inguno piense mascar a dos carillos.. el sacristán le miraba de la misma manera [. con media capa menos [.] con extraño disimulo..] esa bolsa [. etc.... que el pobre sacristán estaba embele­ sado escuchándole [...].]. únicos y de más gusto de su ídolo literario: «[. acerca del hurto y hallazgos de su bolsa [.. si acaso por el aprieto se le caía [. típico m odo expresivo de Sayavedra... sacó [el estudiante] un pañuelo randado para limpiarse el sudor [..·. Estábale mirando Cortado a la cara aten­ tamente y no quitaba los ojos de sus ojos. que de m enos nos h izo D io s y un día viene tras otro día.. y sin turbarme.]».. ... que no Hay dignidad sin pinsión en esta vida [.... antes con rostro alegre. cuando a ella llegué llegaba también el señor de la casa» (458). Se evidencia un análogo de­ rroche de refranes.. pero siempre salvándose de algún modo del aprieto. día de juicio hay [. U n a mano lava la otra y entrambas la cara [. le dije [.. A menudo utiliza refranes.].].]» (838).] y lo que yo desto más gustaba era verlos ir después hechos un retrato de S..] no debe de estar perdida [.]» (458)... Sayavedra es maestro en «derramar el p o ­ leo». refiriéndose a las muchas veces que fue sorprendido con el hurto en la misma «puerta de la calle [. que de menos nos hizo Dios [... tener paciencia.] (457). lo que también Cortado escoge como arma eficaz para el engaño del estudiante1 9 . particularmente el hurto de la “bolsilla” y del “pañuelo randado” del estudiante le demuestran excelente discípulo para imitar aún los lances más astutos..] del mejor ferreruelo que me pa­ recía y del más pintado gentil hombre le sacaba por detrás o por un lado..].. En aquel punto mismo [sorprendido en el hurto] saqué de la necesidad el consejo.. posiblemente ins­ piradoras de la de Cortado: «[. Cortadillo: «para todo hay remedio..].]. respondió: [. le co­ menzó a decir tantos disparates [.] ¡en todo hay pechos y derechos y corren intereses.. (459).. en su buen discípulo. Sayavedra dice que «el pecado [.] y así se iban corridos [..] siempre me perseguía en los umbrales de las casas» (461).].“oficio”. Cortado le marcó por suyo [.] benardinas.

«medio amo [. «me­ dio amo» de Sayavedra. uno de los caminantes. D e acuerdo con nues­ tra tesis. esta experiencia de Guzmán les haría comprender la necesidad de adelantarse a los otros en el engaño.] parece m enos simpático y más de acuerdo. Prescindir de este lance. con que consideran pro­ pio. es inevitable la conclusión de que «El robo de los viajeros [. ¿no equivaldría. con la víctima tan desprevenida. 174). las «memorias» de Alemán. con esto se sugerirían también las deplorables consecuencias de una ciega im itación de la literatura. en efecto.. literario. al terminar el viaje. por parte de éste (425-429)? La pregunta se impone también por el hecho de que entre los artículos «desva­ lijados» figura «un librillo de memoria» (836). a una “trai­ ción” de los venerados modelos inspiradores. ya están contemplando20. inesperado. en cam­ bio. 126-7). pp. En suma. pero a esta com prensión llega­ rían R inconete y Cortadillo sólo al final.Poco antes de llegar a Sevilla. sino más bien en el programa picaresco... en circunstancias tan oportunas. en verdad. 391).··]». algo inverosímil en picaros todavía tan “novatos” [. pese a todo lo entretenido del engaño. En este m om ento consideran el robo sólo com o un juego ingenioso.de la camarada» (836). que de se­ guro. la del Buscón y otros picaros» (Rodríguez-Luis. el arriero. con tan cuidadosa. que invitó a los dos mozos a venirse con ellos en el viaje. como si fuese convenido desde el principio (295). admirable cumplir siempre cuando la ocasión se les presente. por «generosi­ dad». entusiasmada premeditación al es­ caparse de casa? La lectura de Guzmán de Alfarache inspiraría el “cinismo preventivo” con que Rincón y C ortado perpetran el robo. a una contradicción del modo de vida particular que Rincón y Cortado se han esco­ gido para sí. Cervantes también sugiere su gravedad moral y las consecuencias para la víctima («Cervantes D e/R econstructs the Picaresque». pues. por parte de Sayavedra-Lujan (385. pues tan extremado cinismo resulta. ¿Posible­ mente a imitación del cínico hurto de los baúles de Guzmán. según recordarían. le exigió pago. llevó a Guzmán sobre «las ancas de su muía». con las crueles depredaciones en que abunda la carrera de Guzmán. Este robo «de los que hasta allí los habían sustentado» (836) a menudo sorprende a los lecto­ res. . lo que podría ser una muy pasajera pero ingeniosísima alusión cervantina al hurto de los «papeles y pensamientos». quien. 20 Sin percibir la imitación que sugerimos. D u n n advierte que. tal com o en el Q uijote. en su carácter. «no se pudo contener Cortado de no cortar la valija o maleta que a las ancas traía un francés. N o v e d a d y Ejem plo de las N ovelas de C ervantes .. de algún modo. excepto si no se presupone radicado en su ánimo. p.].

prácticas.] en el seno se le parecía un gran bulto [. hijos de familias “honradas”. Por esto. proveniencias. explica Guzmán. una ca­ misa color de gamuza. el otro. que al hombre pobre ninguno le acomete. observa Guzmán (324).. auténtico camaleón en los vestidos. un sombrero sin toquilla.«Esta diferencia tiene el bien al mal vestido. no teniendo «mucha gana de volver a los suyos.]. for­ mas. “hatillos”. que todo parecía hilachas» (834). de seguro comprados de algún rompero o canjeados con otros picaros “novatos”.. sabe mudarlos con la mayor destreza.. se deshace de sus vestidos. los quiero com­ prar [otros vestidos] donde dellos tengo necesidad. según se lo piden las cir­ cunstancias.. «Vestidos de mezcla» (324). rotos y maltrata­ dos» (834). para no ser reconocidos y devueltos a sus ca­ sas. Se acrecienta la comicidad por lo su­ perfluo de algunos indumentos: «medias de carne. Al salir de su casa. para no ser reconocidos de los “suyos” aparecen tam­ bién Rincón y Cortado en vestidos «descosidos. Los vestidos “pobres” también sirven de disfraz..] de valones almidonado con grasa y tan deshilado de roto. ni de ser ha­ llado dellos». y trayendo el dinero guardado y este vestido desarrapado aseguro la vida y paso libremente. quien. Se trata de una artimaña profesional que todos los pi­ caros deben aprender para sobrevivir y medrar. antiguas funciones. particularmente a los picaros “novatos”. Y así hacen también Avendaño y Carriazo de La ilustre fregona> al huir para ser picaros: «Ropero hubo que por la mañana les compró sus vestidos y a la noche los había mudado de manera que no los conociera la propia madre que los había parido» (924). colores. etc. [al] otro [. quien. bien es verdad . vive seguro y lo está en despoblado sin temor de ladrones que le dañen ni de salteadores que le asalten» (324). bajo de copa y ancho de falda [. que donde falta conocimiento el hábito califica. con fre­ cuencia también aparecen con “fardos”..]. y recogida toda en una manga. «vendí mis vestidos donde no los hube menester y con la moneda que de ellos hice y saqué de mi casa. festi­ vas. encerada. la buena o mala presunción de su persona y cual te hallo tal te juego.: «Traía el uno m ontera verde de cazador. “mangas”.. pues es estriden­ temente llamativa su incongruente combinación de modas. vendiéndolos a Guzmán* asimismo deseoso de deshacerse de su propio «hábito» (323-4). A todas luces.. como el mocito que Guzmán encuentra en el soto de Toledo. en que traen ropa “para rem udar”... pero engaña de ordinario». un cuello [.. como podría decir con más razón que nunca Guzmán.

según la práctica de Guzmán y sus congé­ neres (259). aficionado a mis . al «destino». el cual.. Rincón y Cortado afectan también características actitudes picarescas: «¡mi­ serable vida».]. que el mozo adopta para su vida picaresca. pero convencido de que «contento no existe en el mundo». ¿Quál infelice estrella me sacó de mi casa?» (269). Sabiendo que «el hábito» sólo «no hace al monje». Diego del Rincón. en algunas de sus más impor­ tantes experiencias tempranas. coincidiendo con una notoria reflexión de­ sengañada de Guzmán: «¡Cuántos buenos están arrinconados!» (306). aunque desean imponerse como picaros au­ ténticos. se queda «sin capa». 271): ¡«La corta suerte me tiene arrinconado»! y Rincón lo consuela: «todo eso y más acontece por los buenos» (835). coin­ cidiendo en esa visión lóbrega y actitud fatalista con que Guzmán busca siempre cualquier «medio» para «salir de miseria». quien «imagina» que «no sin misterio nos ha juntado aquí la suerte» (835). sobre todo. ¿no lo acuñaría quizás por sugerencia de las frecuen­ tes referencias de éstos a la «suerte». en que uno se afana de continuo en hallar «lo nece­ sario para pasar[la]» (834) de algún modo. por lo cual ni hay que buscarlo «acá» (254. suelen los picaros atribuir a menudo los cambios y sucesos más extraordinarios de su vida: «Qué conjuración se hizo contra mí. que los tiene «arrinconados» (269. inveterados. 320.. por el propó­ sito tan transparentemente calculado de los dos picaros “novatos” de impresionar con su apariencia mísera y tremebunda a la vez. desmentida en el acto por la «buena gracia» de «ambos». asimismo como Rincón..]. que los dos picaros “novatos” también tratan de emular de su modo: «Una espía doble [a Guzmán y Sa­ yavedra también los persiguen los “espías”. El nombre mismo. inescrutable e imprevisible. claro está] (323). de manera que más le servían de cormas que de zapatos».. siempre enigmática.que lo enmendaban los zapatos [. dio noticias de mi habilidad al corregidor. por habérsela robado en una venta. sin suelas. y las quemaduras del sol en sus delicadas teces. de lo cual hay repetidas menciones en la obra. que podría hacer evocar el notorio hecho de que Guzmán. Rincón y Cortado parecen espantajos. Insito en las actitudes de Guzmán es tam­ bién su notorio sarcasmo. por lo cual quizás sea significativo hasta el detalle de que «capa no la tenían» (834). obviamente todavía no acostumbradas a la intemperie del clima (834). se queja Cortado. y. buena o mala. 435)? A la “suerte”. a la «fortuna» [.

que.. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. En efecto.buenas partes. en que se subordina Rinconete a Cortadillo (Brahm. y. por tanto reminiscente de la relación entre Guzmán. pero aún edad tiene vuesa merced para enmendar su ventura» (835). 324. señor Rin­ cón. . «señor».. y así salí de la ciudad» (835-6) 21. en cuidado lo tenía. acreditativa de su nueva vida pica­ resca.. cambios en el modo de vida: «se pro­ puso en sí de aconsejar a su compañero no durasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala» (852). 108). que allí no quedara si señor della me hicieran» (354-5). pero no se trata de unos momentáneos olvidos de la identidad picaresca asumida. la iniciativa en proponer y planear trampas: «de esto hemos de hacer luego la experiencia los dos. suele consentir: «Sea así [. por ser humilde. armemos la red y veamos si cae algún pájaro» (835). Cortadillo y Berganza». ha dicho [. quisiera verme. etc. «se­ ñor caballero».). 22 D e tenerse en cuenta.. «información de hidalguía» (323. tam­ bién en esto. el “m ayor”. y este he­ cho también determina cierta jerarquía en la relación y. mas yo. Mas aunque no me lo mandaran. el “me­ nor”. de una inconsciente revelación del “respetable” estado social a que de veras pertenecen. que es el “mayor” de los dos. «señor hidalgo» (834-6) se apellidan Rincón y Cortado. «El mitogema de la sombra en Pedro Schlemihl. 32-36. También la tendencia morali­ zante.] como vuesa merced. es aceptada por ambos mozos como natural. Con «vuesa merced». a menudo trai­ cionera “civilidad” picaresca: «Gentilhombre». pp. casi siem­ pre. sino.. procuré de no verme con él.] y serviremos a vuesas mercedes» (836). 21 G uzm án: El gobernador «m andó que saliese de la ciudad lu ego al m o ­ m ento. de un remedo fiel de esa incongrua. haría necesaria una reconsidera­ ción de las interpretaciones en que se considera a los dos m ozos com o «desdobla­ miento retórico de la misma figura» (Casalduero. N o v e l to Rom ance. Y Cortado.]» (836). pp. así habla Rincón. didáctica de Guzmán adoptan los mozos: «Siempre he oído decir que las buenas habilidades son las más perdidas. «señor gentilhombre». «señor mancebo». esta relación entre R inconete y C ortadillo com o consciente im itación de G uzm án y Sayavedra. itinerarios: «Allá vamos [.. no quiero tratar con personas tan graves. y Sayavedra: «me reconocía por amo». 29-44). dice aquél de éste: «que no es pequeña ventaja para cualquier cosa llevar la mano» (455) 22. en todas las interpretaciones detenidas de esta relación (El Saffar. en efecto. «vuestra merced». p. que también por ía edad determina cierta mayor “autoridad” de Rincón. Esta relación.

uno de cuyos rasgos es precisamente la falsa representa­ ción personal por ese m odo de tratarse. A Lazarillo lo obligan a salir de su mísero hogar.] ¡tenemos reunidas tres palabras que son las más idóneas para significar la conciencia de la clase n ob le en su c o n d ic ió n cortesana: g en til-h o m b re. pues los muchachos de familias muy po­ bres no solían tener la comodidad de vivir en ocios. Una sola afirmación resulta probablemente veraz de todo lo que Rincón y Cortado se han dicho de sus vidas: «enfadólos] la vida estrecha» que antes llevaban (835). Sayavedra y otros picaros23. que a la postre los empujase a escaparse de casa.435. aburrida. esa «vida estrecha». Las palabras son “cortesanas”. 461.) son los términos “respetuosos” con que se tra­ tan Guzmán. C om o señala también L ópez Estrada (ibid.] se ofrecen en sus apariencias com o andariegos desarraigados.). quienes. en palabras de Guzmán: «Representáronseme con su relación mis propios pasos» (462)24. pero utilizadas por los picaros. es la razón principal de las emprendidas andanzas pica­ rescas de Rincón y Cortado. 453. de aburrirse o augustiarse con íntimas reflexiones sobre su existencia. T odo este juego de intenciones se com ­ plica m ucho al tenerse en cuenta también el hecho de que los dos m ozos se com ­ prenden m uy bien en sus pretensiones. El Rinconete y C ortadi­ llo en la encrucijada de dos siglos. pero ellos se tratan entre sí com o gente de buen linaje [. De todos modos. sabiendo leerse los pensa­ mientos.. cuando su propio alarde menti­ roso de “nobleza” los obliga a ello. hid algo y caballero» («Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadillo». la ventera queda «admirada de la buena crianza de los picaros» (836).. 24 Véase el excelente estudio de Siiberman de Cywiner. Rinconete y Cortadillo no lo utilizan com o “cortesanos”. etc. 23 En todos los estudios se evidencia cierta perplejidad por este m odo “respe­ tu o so ” de tratarse los dos m ozos.. pues «hacer de las infamias biza­ rrías y de las bajezas honra» constituye un notorio orgullo pica­ resco: «los picaros dan en serlo y se precian en serlo» (321). p. . pronto se comprenden mutuamente: «y pues ya nos co­ nocemos no hay para qué aquesas grandezas ni altiveces» (836). para una interesante lectura de «la aventura de la vida libre» de los dos m ozos (32-38). sino con la pretensión de ser auténticos picaros. algunos personajes intuyen la pretensión. López Estrada observa: «los m ozuelos [. sin jamás confesárselas mutuamente por com pleto. diferente de la nuestra en su premisa inicial. aunque lo más probable es que és­ tas fuesen acomodadas. en familias ricas o no.. ¡cuántas más mejor!. 61). Ambos concluirían. no importa si aldeana o urbana. Al reconocerse Rincón y Cortado en sus semejantes aspiracio­ nes de emular la vida picaresca. Aunque el m odo de apellidarse sería el mismo. de inmediato ponen grandes em­ peños en impresionarse mutuamente con las supuestas fechorías cometidas. E n su interesante "lectura” de la novela.

] . Y levantándose Diego Cortado. pues con «loables y santas ceremonias» suelen también celebrarse las amistades y cerrarse los tratos pica­ rescos de muy previsibles intenciones traicioneras: «No pude re­ sistirme sin hablarle con amor ni él [Sayavedra] de recebirme con lágrimas. en búsqueda de libertad y aventuras picarescas. y de que son muy conscientes. Cor­ tado: «y pues nuestra amistad [.). pero esto. único fin de ambos.. con el estribo [.] ha de ser perpetua. se comprende claramente la radical diferencia entre ellos y los a menudo tétricos picaros como Guzmán de Alfarache27. en sí. Rincón an d C ortado h ave chosen the m ask o f picaro as a disguise. Since the m ask itself represent evasion:. verdaderos amigos».. pero no sabía para dónde iba ni en ello había reparado» (255). ho w ever.. y Rincón a él. tierna y estrechamente» (836). p. Quizás todo sea muy sincero26. R. Teniendo bien en cuenta que Rincón y Cortado se hacen pica­ ros principalmente por aburrimiento en su vida doméstica y por emulación de la picaresca literaria. Rincón y Cortado celebran su nueva amistad y alianza con solemne ceremonia. pese a las muchas mentiras que antes se dijeron. ¡Vaya D io s conm igo! Y con resolución com encé mi camino. han escogid o la mascara del picaro com o disfraz. 27 Intuye este problem a El Saffar: «D iffering fro m the real picaro . y no por adversas circunstan­ cias sociales. que quería como un esclavo mío servirme toda su vida» (435). Rincón an d C ortadillo h ave engaged in a double distan­ cing fro m society: they h old them selves rem oved fro m a role which is itself rem o­ v e d fro m society» (N o v e l to Rom ance . y C. 36). Ya que la máscara m isma representa la evasión. Rincón: «pienso que habernos de ser. no debiera constituir para ellos un motivo de preocupa­ ción. Aunque la imitación por parte de Rincón y Cortado se realiza en situaciones aparentemente análogas. pues.. que vertiéndolas por todo el rostro se vino a mis pies abrazándose. el robo al francés. «al camino» que los «lleve a la ventura» (834)25. y C. lh A sí creen L ópez Estrada (véase nota 23) y varios otros críticos.] [asegurando]. económicas o por acuciantes conflictos íntimos de identidad personal. está distanciada de la sociedad». etc. indistinguibles de las del modelo literario.Entregándose. y de modo puntual en todos los detalles (el engaño al arriero. sus motivaciones son 25 Guzmán: «Echada está la suerte. de éste hasta el último día de nuestra vida. [«A diferencia del verdadero picaro. en realidad. comencémosla con santas y loables ceremonias. R. abrazó a Rincón. practican un doble distanciamiento de la so­ ciedad: se mantienen distanciados de una parte que. Todo lo contrario.

. despreocupado modo de ser y actuar es reacio de raíz. com o en el engaño al arriero. el pesimismo y el cinismo de éstos. por ejemplo. Vendidas las «camisas» robadas «en el malbaratillo». Rincón y Cortado se unen a unos caminantes que van a Sevilla: «Y sin más detenerse. aunque qui­ zás las evoquen íntimamente. de hecho. juguetón. sus intentos de asumir unos caracteres. quien logra identificarse por completo con el espíritu de los caballeros andantes que siente íntimamente y trata de compartir con los demás. el gran concurso de gente del río» (836). sentir y. «admi­ 28 Pese a todas estas consideraciones. simu­ lar convenientemente los más íntimos complejos. ya no son conscientes de que tan sólo pretenden ser picaros. Con igual deseo de alejarse cuanto antes del arriero engañado. 6 8 ).. es m uy posible que en ocasiones.. pero. según la práctica picaresca (462). como es natural. Rincón y Cortado «se fueron a ver la cui­ dad.tan radicalmente distintas de las de los personajes literarios emula­ dos. unas actitudes y convicciones ¡de entes li­ terarios!. dejando al arriero agraviado y enojado [. así. saltaron delante de las muías y se fueron con ellos. Según ya se ha sugerido. Así.] adonde caminábamos con tanta priesa como miedo» (453). que les hacen imposible. le «hiciesen alguna demasía» manda a Sayavedra que «sin hablar palabra [.. por considerarlas equivocadamente como un juego muy entretenido. y admiróles la grandeza y suntuosidad de su mayor iglesia. gracioso. a los cuales todo su ínsito alegre. con propósito y convicción ab­ solutamente serios.. ellos sólo pueden imitar ciertas aventuras pi­ carescas literarias en el sentido más superficial. deciden repudiar la vida picaresca28. Claro está. en la interpreta­ ción de Van D oren (D. «como necesitados». p.] tomase por la mañana caballos para ír la vuelta de Milán [. L ópez Estrada señala oportuna­ mente Rinconete y Cortadillo com o «anuncio» del Q u ijote (nota 2 2 . por ejem­ plo. no cabe pensar en un propósito imitativo.. Q u ix o te ’s Profession).. como. asimismo como D on Quijote. Rincón y C or­ tado quieren vivir ía literatura. «Ver» ciudades. R inconete y Cortadillo representen tan in­ tensamente su papel picaresco que. Guzmán. al reconocer su esencia. Ocurriría así com o con D . resultan inevitablemente cómicos. a diferencia de éste. Q uijote. «temoroso» de que los perdedores. pues en esta ocasión los dos mozos no necesitan recordar situaciones literarias para apre­ ciar el peligro muy verdadero en que se encuentran. Después de la treta con los naipes en la posada.]» (836). concluyendo —como harían más y más— que la vida no se deja encauzar por la literatura.

«en especial y primero su iglesia mayor». el «asturianillo». los lugares. bosques. fuentes. También por anticipar semejantes de­ leites turísticos. de quien comencé a tomar liciones. informáronse de uno de ellos qué oficio era aquél. Sayavedra y otros picaros dromómanos y.. y de qué ganancia» (836).. con que «se comía y bebía y triunfaba como cuerpo de rey». para con ello ganar de comer» (321). que ga­ naba largo de comer en breve tiempo» (342) 29. Este me en­ señó a los principios cómo había de pedir [. «cuya vista les hizo suspirar. ¿No recuerdan que también Guzmán era esportillero? (321). tan exaltados en Guzmán de Alfarache. ¿“Suspirar” también por cierta evocación admirativa del “m artirio” de Guzmán. porque ya sabía un poquillo y holgara saber algo más. A Rincón y Cortado «no descontentó el oficio» también «por 29 Y refiriéndose a su incipiente “o ficio ” de esportillero en Madrid.... que no sabré decir» (432-8). quizás en una de esas mismas galeras? Rincón y Cortado «echaron de ver los muchos muchachos de la esportilla que por allí andaban. visitaba las noches y a m ediodía los amigos y conocidos de m i amo [. y aun temer el día que sus culpas los habían de traer a morar en ellas de por vida» (836).. pues Guzmán practicaba este “oficio” en Madrid. Guzmán dice: «guiábame otro mozuelo de la tie­ rra diestro en ella. les da sobre las prácticas. una razón determinante de sus itinera­ rios: «Cuando llegamos a vista de Florencia. Es posible que tan sólo quieran averiguar con qué mercan­ cía y clientes tratan esos esportilleros sevillanos. las atracciones y los pro­ vechos de esa ocupación. lastimar. constituye uno de los grandes deleites de Guzmán.. jardines. a menudo. con óptimos resultados: «Dime tan buena maña.rarse» de sus «cosas curiosas».... plazas. . y si era de mucho trabajo.].] toda la lección» que un mozuelo.. mas antes de resolverme a volverlo al hom bro.]. palacios. los instrumentos.. De todos modos. obligar» y todo lo relativo a ese “oficio”. G uzm án dice: «ya me sabía la tierra y había dinero para esportón. cómo había de compadecer [. de sus «grandezas» y bellezas: ca­ lles.].]. Hablando de su iniciación en el «arte bribiática» en Roma. casas. [. ríos. demostrándose pronto «graduados en el nuevo oficio» (836).. salieron de su casa Rincón y Cortado: «tenían grande deseo de verse [en Sevilla]» pero lo que más los fascina en esta ciudad son de seguro las «galeras» en el río. «toman bien de memoria [. asimismo como Guzmán en situación análoga. fue tanta mi alegría. estatuas.

y confiado en que puede enmendarle («yo lo disciplinaré como se entienda». así como solía hacer el «maestro» Sayavedra en Ñapóles. éstos acaban revelándose como “novatos” a los otros picaros: «Este rapaz español que ahora pide en Roma.... y quien «se contentó [.. dice Guzmán: «llamóme pasico [un protopobre]..]. mostróle la casa de su dama para que la supiese de allí adelante y él no tuviese necesidad cuando otra vez le enviase.. Pese a las expertas lecciones de los primeros adalides y a la ar­ gucia de los alumnos.. Por esto... . sabiendo de dónde era. como esportillero. a darse avisos.. nuevo es en ella. de lo cual se arrepiente mucho. le informó sobre «las propiedades y leyes del oficio [. ayudarse. pues pierde su «libertad» picaresca: «túvela y no la supe conservar» (309).] no le quería dejar tan presto [su “oficio” de esportillero]» (837)30. Mu­ chas veces me lo dijo.] al cam ino a la ventura [.] de la buena gracia del mozo. diversión. y díjole que si quería servir. amarse como hermanos de mesta [subrayado nuestro]. y apar­ tóme a solas [... que él le sacaría de aquel abatido oficio» (837). Parecióle mejorarme sacándome de aquel oficio [. según se viene viendo cada vez más cla­ ramente. Como esportillero.. y una mañana me hizo una larga arenga de promesas» (309).. Evidentemente muy consciente de tal “error”.. las obliga­ ciones que los pobres tienen a guardarse el decoro. Guzmán sucumbe a las ofertas del despensero.]. se encuentra con un soldado.. de acompañarle». quien «hacía confianza de mí. a nosotros hace mal y a sí propio no sabe aprovecharse». 30 Es otra prueba de que la sobrevivencia material rio es una gran preocupa­ ción para Rinconete γ Cortadillo. Destruyenos el arte [. cuándo y a qué había venido». por la comodidad que ofrecía de entrar en todas las casas» (837).] donde hallase quien me diese lo necesario para pasar esta miserable vida» (834) ¡Aventuras. entrando a robar en muchas casas fingiéndose lícito «oficial» (456).. sabe poquito y nos destruye [.] me cobró amistad.].. examinó mi vida.parecerles que venía como de molde para poder usar el suyo con cubierta y seguridad. cómo me llamaba. enviábame solo que llevase a su po­ sada lo que compraba. Guzmán encuentra a un «despensero».. 342). quien «cargóle muy bien. Rincón se guarda bien de no repetirlo: «respondió que [.]. Y Rincón. esto es lo único que los dos buscan.]. “liber­ tad”!. contrariamente a lo que al principio asegura­ ban: «A llí le daría fin [.. Desta continuación y trato [.

di­ recta.. algunas funciones del “protopobre”...].] ¿No lo en­ tienden? [. pero éste —pese a la declaración de Guzmán de que sus «avisos [. a su vez. En este personaje se com binan las funciones que en la novela de Alem án se distribuyen entre varios personajes.advirtiendo[se] de secretos curiosos y primores». que se describe sólo con unas breves...]. para los novatos. .. pero sincera com­ prensión del mundo. y así pronto se les acerca un «mozo de la esportilla». con una cu­ charada de plata [. seño­ res galanes: ¿voacedes son de mala entrada.. com o m odo ejemplar de vida.. ignorantes de la cofradía: «Más díganm e ¿cóm o no han id o a la aduana del señor M onipodio?» (839). pues. en que explica su extraña. A Rincón y Cortado los reconocen por novatos otros «mo­ zos del oficio».] Pues yo se lo daré a entender. En Rinconete y C ortadillo es M onipodio quien «preguntó a los nuevos el ejercicio. nos parece la adver­ tencia del protopobre a G uzm án de que le refiere las «ordenanzas mendicativas [. mientras el personaje cer­ vantino se nos impone con una vibrante actuación personal. indirectas referencias..] las ordenanzas mendicativas» (342-3).. ingenuas y cómicas hipérboles: «[Soy ladrón] para servir a Dios y a las buenas gentes [. la patria y padres» (841) y quien los in ­ forma sobre casi todas las prácticas y obligaciones de los miembros de la «cofra­ día». quien empieza a examinarlos: «Díganme. y beber.. por «lo flamante de los costales y espuertas» que aquéllos acaban de comprar. rezamos nuestro rosario repartido en toda la semana y muchos de nosotros no hurtamos en día del viernes ni 31 C om o posible fuerte sugerencia para la concepción irónica de la cofradía de M onipodio. como lo hace toda la cofradía de maleantes (838-9). Concluye Guzmán: «lo que aprendí de aquel muchacho y otros pobretes de menor cuantía [que encontró al principio] todas eran raterías respecto de las grandiosas que allí supe» (342-3)31. Más díganme ¿cómo no han ido a la aduana del señor Monipodio?». para evitar escándalo y» para «que estuviese instructo» (34). según se verá más adelante.. con pintorescas voces germanescas —que. o no? [.. Evidente tono escandalizado hay en la pregunta del esportillero a R inconete y C ortad illo. deformada. Les advierte que «no se atrevan a hurtar sín la señal» de éste...] en cuanto viva no [le] serán olvidados» (343)-— es una figura casi sin relieve.]..] por escrito [. vaga. Este mozo de la esportilla desempeña. «aconsejándoles]» que le den «la obedien­ cia». requieren explicación. dándole por fin ciertos «avisos» y refiriéndole «por escrito [. pues «así conviene saberlas como el pan de la boca»— graciosas impropiedades lingüísticas.

] debe de ser buena y santa [la orden de Monipodio]. «Sobre el realismo cervantino .. De la ganancia del hurto 32 Guzmán: «¿Quién me hizo tan curioso [. pues. dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roz­ nos [. vaga. y su amparo» (839). que hace del “mozo de la esportilla” una creación literaria de veras “inolvidable”. según Sa­ yavedra.. que ambos tienen y que contribuye a su decisión de irse p or el m undo..... N o hubiera quien se nos atreviera con este abrigo [. Probablemente también re­ cuerda de su lectura de Guzmán de Alfarache al Protopobre.. de la novela de Alemán. Este Capitán no era como esas «palas [. creador de la novela corta española. atrib uyéndolos al G u zm á n de A lfarache de Luján [Martí] (iC ervantes .. Rinconete..]?» (346)... Esta inform ación equivo­ cada se reproduce en estudios posteriores (Varela. éramos de él amparados en cualquier peligro [.] es santa y buena [.] ser solomico [sodomita]»? (839-40)... provocado por las preguntas y observaciones maliciosas o traviesas de Rinconete y Cortadillo: «Sin duda [.. pero. de quien tantas virtudes se cuentan» (840) 32... La actuación y las informaciones del “mozo de la esportilla” hacen también anticipar con impaciencia la visita a la cofradía y a Monipodio.]. A la misma conclusión llegaremos respecto a todos los personajes que Cervantes crea por una inspiración inicial.].]. al Capitán y a Morcón y a sus respectivas cofradías.]. Ac­ tuación por medio de un diálogo chispeante.. p.. y no sólo porque otro personaje o el autor así la declare. que muero por verme con el señor Monipodio. «que de suyo era curioso» (846). dice: «vuesa merced alargue el paso. inexplicablem ente.] nuestra lengua.. anticipando en­ contrar semejantes individuos también en la cofradía de M oni­ podio: El Capitán. 8 8 ). pues hace que los ladrones sirvan a Dios» (839).]. ¿no es peor [. su jefe. nos amparaba con la espada» ante el peligro fí­ sico y con el “soborno” de oficiales corruptos — «ángeles de la guarda»— cuando los “ahijados” quedaban presos por la justicia.].tenemos conversación con mujer que se llame María el día del sá­ bado [. 33 Ya G onzález de Am uezúa y M ayo m encionó la cofradía de ladrones napo­ litanos y a su Capitán com o posib les antecedentes de la de M onipod io. Decíanos dónde habíamos de acudir y cómo lo habíamos de hacer [.. Tendencia. «su maestro.]... «era [... jefe de la cofradía maleante napolitana. la orden que tiene dada Monipodio [. tiranos y desalmados» que lo quieren «todo para sí y los abandonan [a sus ahijados]» cuando los «avizoran» en la «agonía»33.

según se verá.. —tan bien pagados y ciertos como los de su majestad en lo mayor de las Indias» (459). donde asienta los préstamos y las deudas. 34 C om entando este refrán de M onipodio. . «en él ha de haber y a la mar·^ gen un ojo a descontar».] príncipe de poltronía y archibribón del cris­ tianismo» (345).. justo será que le dé una pechuga». y obra de treinta en­ vesados y de sesenta y dos en gurapas» (839). sin defraudarme [. con la explicación de que no hay dinero me­ jor empleado que en «un ángel de guarda semejante» (459). quien es tan «calificado. 441). en otra versión. que «en cuatro años que ha que tiene el cargo de ser nuestro ma­ yor y padre no han padecido sino cuatro en el finibusterrae. Cuando Guzmán llega a Roma. inform ándom e bien de lo que había de hacer y decir. quien.. hábil. inspirado en la historia. que apenas alcanzó el bramo cuando en dos pies ya estaba conm igo.. derivada de las dos antiguas..] en todo siempre» con sus cómplices (459). dice Monipodio. al dar la “bolsa” al alguacil corrupto. según se desprende de las «ordenanzas».].].]. y su fi­ ciente» en ella. junto con la análoga justificación: «no es mucho que a quien te da la ga­ llina entera tú des una pierna della». pues ya era entre nosotros orden que a nuestra cabeza “se diese” parte de todo lo que se trabajare [. según le pertenecía [.. El m odo de intervenir del Capitán sugiere cóm o fue probablemente también el de M onipodio. con estas buenas palabras y su mejor favor. El “C apitán” suele llevar un “lib ro ”. así como el puntual y “es­ crupuloso” Monipodio. asi­ mismo reaparece en la novela cervantina. reparte el «trabajo» según la condición física y en Rinconete» p. quienes.sacaba sólo «su quinto. D e allí se fue al notario. sus derechos. «de todo aquello que por su industria se hurtaba. 414). N u eva versión. En la novela cervantina esta función corresponde a M onipod io. m e puso dentro de dos horas a la puerta de la cárcel» (461). «generalí­ simo nuestro [.. llevaban el quinto como su Ma­ jestad en los tesoros» (846). R odríguez Marín advierte: « H o y es más corriente decirlo así: “A quien te da el capón. coordina todas las actividades y prácticas maleantes de la «cofra­ día mendicativa».. O bservem os que en la novela de Alem án es este Capitán quien se encarga de sobornar a la “justicia” para salvar a sus "cofrades” de la cár­ cel y del castigo: «Cuando esto m e sucedió [a Sayavedra lo “pusieron tras la red”] luego hice dar aviso a mi capitán.. — ¡«ángel de guarda»!-— quien «más disimula en un día que nosotros le podemos ni solemos dar en ciento» (843) 34. reaparece apli­ cado a los “avispones” de Monipodio... es Micer Morcón. El refrán que Sayavedra utiliza al jus­ tificar el “quinto” del Capitán: «Si me dan el capón. H ablóle [.. Este símil. p. con que mantiene «buena cuenta [. dale la pierna y el alón”» (Rinconete y C ortadillo.].

la capacidad de cada miembro; procura que «en los puestos y asientos guarden todos la antigüedad de posesión y no de perso­ nas y que el uno al otro no lo usurpe ni defraude»; que «ninguno descorne levas ni las divulgue ni brame al que no fuere del arte, profeso en ella», es decir, que no revele ninguna treta de la profe­ sión, que es monopolio de la cofradía, siendo «los bienes tales comunes»; que todos sus «vasallos de bien y mal [...] partan la ga­ nancia»; concede «mercedes», «libertades», «exenciones», «pieda­ des» y «plenos derechos» de la «cofradía» a «la persona» que haya «cursado, legal y dignamente en el arte y cumplido [...] con el Es­ tatuto», después de «tres años» de «noviciado [...], después de doce cumplidos en edad»; impone castigos: reprensiones, indigna­ ciones, avisos, exclusiones, en caso de transgresión. Sobre todo, Morcón se encarga de que «se guarden» puntualmente todas las «ordenanzas» y de que nadie «pueda dejar ni deje nuestro servicio y obediencia [...], so las penas dellas» (343-345). «Las naciones» todas tienen su «método» de perpetrar las fechorías —«la bribia y labia son diferentes»— y «por él son diferenciadas y conocidas», se declara en las «Ordenanzas mendicativas» (343), y con eco iró­ nico en la observación de Rinconete respecto a la “cofradía'’ de Monipodio: «en cada tierra hay su uso [...] y [éste] será el más acertado de todo el [mundo]» (839). Sin embargo, probablemente todas aquellas organizaciones tenían en común cierto código de prácticas y responsabilidades “profesionales” en el ejercicio del crimen y en las mutuas relaciones que todos los miembros debían observar puntualmente para la prosperidad y seguridad de la “cofradía”. Códigos, "ordenanzas”, “estatutos”, “leyes” —todos estos términos se utilizan tanto en Guzmán como en Rinconete y Cortadillo — que los «más famosos» miembros de las «cofradías [...], cada uno en su tiempo», solían «legislar», a veces «por es­ crito» (345). Morcón “legisla” las “mendicativas”, según se ha visto. En la novela de Alemán se alude también al desaliño, a la pereza y, sobre todo, a la polifémica gula de Morcón: «comíase dos mondongos enteros de carnero con sus morcillas, pies y ma­ nos, una manzana de vacá, diez libras de pan, sin zarandajas de principio y postre, bebiendo con ellos dos azumbres de vino [...]; jamás le sobró comida que le diesen, ni moneda recibió que no la bebiese». Es por este vicio por el que se retrata a Morcón con la «cabeza descubierta, la barba rapada, reluciendo el pellejo, como si lo lardaran con tocino», como un viscoso molusco voraz,

«nunca [...] abrochado ni cubierto de la cinta para arriba, ni puesto ceñidor ni media calza», con que se sugiere un desemba­ razo categórico de todos los impedimentos materiales a la perpe­ tua glotonería. «Comía echado», porque, probablemente, con el estómago siempre tan henchido, ni podría sustentarse en pie. «Los diez meses del año no salía de tabernas y bodegones» (345). Impresionante retrato de animalidad humana, que Mateo Lujan —aparentemente imaginando al personaje por alguna mención pasajera, sin detalles, de Alemán— preserva en cuanto a la «sucie­ dad y mugre», pero a la vez suaviza, al atribuirle a su Morcón una extensa erudición filosófica y una brillantez retórica, como «discí­ pulo del grande Diogenes cínico», con que se ostenta po r el mundo, engañando a los ingenuos (620). Erudición y retórica que se reconocen como las del propio autor, que no resultan verosími­ les en Morcón, sin explicación alguna sobre su adquisición. Pese a ello, el lenguaje de este Morcón se sugiere como poderoso instru­ mento de engaño. Según constatarían Rinconete y Cortadillo, M onipodio de­ sempeña las mismas funciones esenciales que también tiene M or­ cón: convoca todas las juntas, da «audiencias» (840); informa a los miembros sobre el estado de la «cofradía» y de sus prospectivas: «anda flaco el oficio, pero tras este tiempo vendrá otro y habrá que hacer más de lo que quisiéramos» (850); exige disculpa al que no asiste a la junta: «dará cuenta de su persona» (851); castiga a todo el que quebrante «la más mínima cosa de nuestra orden» (843); coordina las actividades maleantes de la «cofradía», indivi­ duales: «la ejecución [...] de la cuchillada [...] quedó a cargo de Chiquisnaque» (849) y colectivas: «el esecutor [...] del espanto de veinte escudos es la comunidad toda», según «la inclinación y habilidad» de cada miembro (841, 850); a veces se encarga él mismo de alguna fechoría, que para él, maestro de maleantes, es una mera «niñería» (850). Asigna «puestos y asientos» a todos los miembros, según su «mérito» o «derecho» personal: «todos se va­ yan a sus puestos, y nadie se mude hasta el domingo [...]. A Rin­ conete el Bueno y a Cortadillo se les da por distrito hasta el do­ mingo desde la Torre del Oro, por de fuera de la ciudad, hasta el postigo del Alcázar es justicia mera mixta que nadie se entre en pertenencia de nadie» (850); manda escribir los «secretos» de la «cofradía», a la vez que entredós cofrades «no ha de haber nada encubierto» (841); hace repartir y reparte «la ganancia»: «Yo daré

a cada uno lo que le tocare bien y fielmente, como tengo de cos­ tumbre» (844); elogia con gran orgullo a los «buenos oficiales» en su oficio: «único en su arte [...], es sacre» (851) 3 5 y los premia: «voacedes tomen esta miseria y repartió entre todos hasta cua­ renta reales» (851); concede «inmunidades» y «mercedes», como al mandar que se «sobrelleve el año del noviciado» a Rinconete y Cortadillo, al concluir que tienen «ánimo [...] para sufrir, si fuese menester, media docena de ansias sin desplegar los labios y sin de­ cir esta boca es mía» (852) 3 Í’; echa su «bendición» a los novatos. Legisla las «ordenanzas» de su «cofradía», lo que se pone de re­ lieve con el anuncio a todos los «cofrades» de que «no faltasen el domingo» a la junta, «porque [...] Monipodio había de leer una lección de posición acerca de las cosas concernientes a su arte» (851) —designación consuetudinaria de los “oficios” delincuentes, picarescos y su práctica puntual, astuta, ingeniosa, tanto en G uz­ man de Alfarache como en Rinconete y Cortadillo. En suma, Mo­ nipodio hace todo lo que «convenía a la salud de todos», quienes se lo agradecen: «le volvieron las gracias», como «merced señala­ dísima» (851). Todos le tienen... «obediencia y respeto» y hacen lo que «ordena y manda [...] bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851); ni a moverse se atreven sin su permiso: «Los viejos pidieron licencia para irse: díosela luego Monipodio» (846)37.
35 Sayavedra: «[...] me di tal maña en los estudios [picardías] [...] que salí saere» (456). Aparentemente, ser “sacre” entre los picaros equivalía a la m ayor dis­ tinción profesional. 36 Sayavedra confiesa que sin el «abrigo» del capitán, los «ánimos [de sus c o ­ frades] no bastaran solos» (458); por otra parte, hay picaros de “ánim o” excepcio­ nal, com o por ejemplo, el «ladrón» que bajo «tormento [...] a todo cuanto le pre­ guntaban contestaba: Pero García me llamo, y no le pudieron sacar otra cosa» (445, véase nota í). 37 Ya Pérez M inick indicó la «sociedad de m endigos» romanos «rígidamente estructurada, con ordenanzas y leyes y con su M onipodio anticipado», com o an­ tecedente de la que encuentran Rinconete y Cortadillo en Sevilla: «Esta sociedad, al margen de todas las otras establecidas, ocupa el interés y los cuatro primeros capítulos del libro tercero. Sus ordenanzas son cuarteleras y afectan a todos los m ovim ientos de sus m iem bros, no sólo a los propiam ente m endicantes [...]. El cuadro de materia novelesca es similar al que Cervantes dispone en Sevilla [...]>>■ ( N o v e li s ta s e sp a ñ o le s d e lo s sig lo s X I x y XX, p. 45). A ñ os después, también Varela se refirió a las semejanzas entre las dos cofradías y sus jefes, puntualizando algu­ nos de sus aspectos. N o todas las semejanzas señaladas en este estudio lo son en realidad, o lo son sólo remota, imprecisamente. Se señala por primera vez el en­ cuentro de G uzm án con el m ocito en el soto de T oledo y con el “m ozu elo” en

Cabe recordar también al «Pobre jurisperito», quien reprende a Guzmán por querer «ser antes maestro que discípulo [...]: ¿No ves que haces mal en exceder la costumbre?», por lo cual decide «doctrinarle]» en lo que debe hacer, dándole muchos avisos pro­ fesionales (348, 349). «Principios son», dice Monipodio de las tre­ tas que practican Rinconete y Cortadillo, «no hay principiante que no las sepa [...], pero andará el tiempo y vernos hemos; que asentando sobre ese fundamento media docena de liciones, yo es­ pero en Dios que habéis de salir oficial famoso y aún quizás maes­ tro» (842). En efecto, Guzmán mismo reconoce que «como estaba verde y la edad no madura ni razonada, faltábame la práctica, ha­ llábame más atajado cada día en casos que se ofrecían y en mu­ chos erraba», pero «toda mi felicidad era que mis actos acredita­ ran mi profesión y verme consumado en ella» (345). Igual actitud manifiestan Rinconete y Cortadillo hacia su nueva “profesión” y su “maestro”, pero, claro está, fingidamente, para poder seguir di­ virtiéndose, observando a esa extraña sociedad: «Todo me parece de perlas —dijo Rinconete—, y querría ser de algún provecho a tan famosa cofradía [...]; Besáronle la mano los dos [a Monipodio] por la merced que se les hacía, y ofreciéronse a hacer su oficio bien y fielmente, con toda diligencia y recato» (851). Todos estos personajes de Alemán, el Protopobre, el Capitán, Morcón, el Pobre jurisperito, conjuntamente, sugirieron, pues,
Roma, com o antecedentes de episodios parecidos en Rinconete y C ortadillo (448), y se hace la observación importante de que «hasta cabría pensar que Cervantes pretende poner en solfa ese entramado de bellaquería y moralismo, malicia y teo­ logía que constituye el Guzmán'» (440). Lástima que esta declaración no se ela­ bore, pues, desde nuestra perspectiva, resulta prom etedora. Diccionario de A u to ­ ridades: «Morcón: en estilo familiar [...] persona gruesa, pequeña y desaliñada». Es el sentido que adoptan todos los editores de G u zm án de Alfarache. A hora bien, de haberle dado tal nom bre los picaros españoles, no habría más que decir, sin embargo, es más probable que así lo bautizasen los italianos, que de seguro cons­ tituían la gran mayoría de la cofradía mendicativa. Pensando en las distintas pala­ bras posibles en que éstos se habrían inspirado, los atributos de ese personaje se hacen más num erosos, específicos, relevantes: «Morchio, Morchione, Morchioso: Sporcizia, sudicm m e , porchería , sostanza piu o m eno grassa e di consistenza m uci llaginosa; m olto denso, corposo, $adicio, lurido, rancido, polpo di m urga [...] crudel p u z z a , che lascia tracce d i sporco, faccia m orch iosa e la id a d i lum aca», etc. (G ra n d e D izio n a rio della L in gu a Italian a, S. Battaglia, T urin, 1978, vol. x ). [«H ez, suciedad, sustancia más o menos grasienta y de consistencia viscosa; m uy denso, corpulento, sucio, espeluznante, hediondo, que deja huellas de suciedad, cara sucia y fea de caracol».]

con toda probabilidad, muchas facetas de la personalidad y la acti­ vidad de Monipodio que se han indicado arriba, pero esta crea­ ción cervantina relega a aquéllos a la categoría de meros apuntes generales, sumarios, pues se describen, por boca de Guzmán y Sa­ yavedra, de modo más bien factual, informativo principalmente de las funciones que tienen como jefes y adalides de sus respecti­ vas “cofradías”, pero sin prominentes rasgos indívidualizadores que los conviertan en auténticos caracteres. Nunca aparecen en propia persona, en el acto de "legislar” las “ordenanzas”, de man­ dar, aconsejar, prohibir, castigar, etc. N i una sola palabra dicen por su cuenta. El lector debe así recurrir a la imaginación para recrear de algún modo la probable personalidad de estos picaros, sólo su­ gerida por las "ordenanzas”, y las referencias indirectas de Guz­ mán y Sayavedra. Cervantes convierte esta descripción superficial y las “ordenanzas”, mero documento escrito, abstracto, en una di­ námica, variada y pintoresca actuación física y verbal de los perso­ najes, en una serie de situaciones y episodios genuinamente genia­ les 3 S . Volviendo a Rinconete y Cortadillo, cabe así destacar que
ís Las «ordenanzas mendicativas» en la novela de Alem án vienen encabezadas con título interno, ío cual quizás haya inspirado el título interno, «casa de M oni­ podio, padre de ladrones de Sevilla», en la primera edición de Rinconete y C orta­ dillo, om itido en la edición definitiva. Pese a este cambio, este título interno toda­ vía se aduce com o prueba de que hay dos partes distintas en la novela, de que una es mero “m arco” de la otra, y hasta de que se trata de dos novelas casi indepen­ dientes (G onzález de A m ezúa y M ayo, Cervantes, creador de la novela corta es­ pañola, p. 107; Casalduero, Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares, p. 99; entre otros). Excelentes estudios a favor de la unidad de la obra, con cuyas perspectivas coincide, en gran parte, la nuestra: Buxó, «Estructura y lección de Rinconete y Cortadillo, pp. 67-96; Silberman de Cyw iner, El Rinconete y Cortadillo en la en­ crucijada de dos siglos, pp. 59 ss. En nuestro juicio, la om isión eventual del título interno respondería, en parte, al propósito de evitar precisamente esa clase de m a­ lentendidos respecto a su función, que ya no consistía, com o en G u zm án de A lfaracbe, en incorporar un texto escrito dentro de otro. Tal función se transfiere al “libro de m emoria” de M onipodio, cuya lectura, sin embargo, no se deja, im plíci­ tamente, a la conveniencia de los personajes y del lector, sino que se convierte en objeto/causa de un extraordinario intercambio personal, verbal de los cofrades y sus clientes. A lgunos otros cambios que se notan en la edición de 1613 respecto a la del manuscrito de Porras se revelan, asimismo, com o intentos de corrección y reajuste — parecidos a los notorios “arrepentimientos” de Velázquez-— m uy lo ­ grados. Otras alteraciones son difíciles de explicar, sin duda, pero en base a las examinadas en el libro de Aylward, C ervantes: P ioneer a n d Plagiarist, nos parece de veras temeraria la conclusión de que Cervantes ¡plagió! un texto ajeno (33-45). U na de las pruebas más com pelentes de la autoría de Cervantes es el carácter tan

por bien que recuerden las cofradías picarescas de Guzmán de A l­ farache, éstas, en realidad, no pueden ni hacerles imaginar a la que encuentran en la casa de Monipodio. Una gran sorpresa comienza ya al entrar los dos mozos en la «casa» de la cofradía, «no muy buena, sino de muy mala apariencia» (840). En Guzmán de Alfa­ rache los picaros tienen «en la plaza junto a Santa Cruz, su casa propia, comprada y reparada con dinero ajeno», en que se reúnen para «tratar» de todo lo que importe a su «oficio», planear fecho­ rías y celebrar con «fiestas» las ya perpetradas con éxito (343). N o cabe duda de que Monipodio y sus cofrades adquirieron su “casa” por los mismos medios y para los mismos usos, pero su modo de “repararla” es, a todas luces, sin precedente: «de puro limpio y aljimifrado parecía que [el patio] vertía carmín de lo más fino», ¡por el continuo tráfico de pies que lo lustraban! 39; en él hay «un banco de tres pies», «un cántaro desbocado», un «tiesto que en Sevilla llaman maceta de albahaca», ¡por amor a las flores o por mera pretensión de tal amor, que caracteriza a toda “fina” socie­ dad! A sus lados «dos salas bajas», en una de las cuales Rincón «vio [...] dos espadas de esgrima y dos broqueles de corcho, pen­ dientes de cuatro claves, y un arca grande, sin tapa, ni cosa que la cubriese», y «pegada a la pared frontera [...] una imágen de Nues­ tra Señora, de éstas de mala estampa» con una «almorfa blanca» para el «agua bendita» y una «esportilla de palma» que «servía de cepo para limosna», a que los picaros vienen a pedir protección divina para sus fechorías y, cumplidas éstas con éxito, agradecer con limosnas, después de «tomar agua bendita, con grandísima devoción [...], de rodillas» (840). De acuerdo con la opinión ya casi universalmente aceptada de que la “cofradía” de Monipodio es en todo un “espejo” de los vicios y males de la sociedad “nor­ mal”, las flagrantes incongruencias de su “casa” se nos sugieren como un posible conjunto emblemático de la decrepitud política, militar, económica, cuya pudredumbre y bancarrota4 0 se intenta
inequivocadamente cervantino de la obra, temática 7 estilísticamente. Aun en el caso hipotético de no saber el nom bre del autor, el lector atento de las obras de Cervantes, de inmediato, lógicamente, pensaría, ante todo en éste. ' 39 ¿De qué otro m odo se explicaría la inverosím il afición a la lim pieza de esta clase de gente? 40 «El arca grande [...] sin tapa», sugiere el desvalijam iento: interpretación m uy tentadora, por los n otorios pillajes del tesoro nacional por el duque de Lerma y otros corruptos poderosos políticos de esa época. Véase nuestro estudio

disfrazar con colores y perfumes encubridores y con patéticos, si­ niestros testimonios de glorias nacionales. ¡Devoción ‘‘religiosa” para hacer bien el mal! Cuando no es debida a la ignorancia, en cuyo caso es tan sólo ridicula superstición, como en el de estos “cofrades”, semejante religión es sacrilega hipocresía o perversa comprensión del cristianismo, como se evidencia en Guzmán (303), en Lugo de El rufián dichoso: «Hazes a Dios mil ofensas, / [...] / ¿y con rezar un rosario, / sin más, ir al cielo piensas?» (337)41, y como debía evidenciarse para Cervantes cada vez más en la sociedad entera, que, por una combinación de ignorancia, superstición, perversidad e hipocresía, quería hacer tratos con Dios para hacer bien el mal. La casa de Monipodio, con sus obje­ tos mudos, el tiesto, las armas, el arca, la imagen, etc., podría ser así una de las más incisivas e ingeniosas representaciones de la de­ cadencia nacional que produjo la literatura satírica de esa época42. «Llegóse en esto la sazón y punto en que bajó el señor M oni­ podio», a dar audiencia — a “legislar”—, «tan esperado como bien visto de toda aquella virtuosa compañía», sus “cofrades”, en quienes Cervantes destaca -—redimiéndolos así del anonimato en que se mantienen los correspondientes personajes de G uz­ mán de Alfarache— con escasas pero vigorosas pinceladas, ras­ gos significativos, reveladores de su temple, estado de ánimo o especialidad delictiva: «dos mozos de hasta veinte años [...], ves­ tidos de estudiantes [...]; dos de la esportilla y un ciego; y sin ha­ blar palabra ninguno, se comenzaron a pasear por el patio», sin duda, concentrados por completo en los importantes negocios de que iban a informar a su jefe...; «dos viejos de bayeta, con an­ teojos, que los hacían graves y dignos de ser respetados, con sen­ dos rosarios de sonadoras cuentas en las manos», “para anunciar su religiosidad” por las calles; «una vieja halduda» quien, como buena, puntual “beata”, se dispone “espiritualmente” para la ausobre Pedro de Urdem alas en E l teatro de Cervantes. Claro está, la im plicación satírica no la comunican, conscientem ente, los cofrades, sino Cervantes, en un ni­ vel particular, que engloba toda !a obra. 41 Véase nuestro estudio sobre el pecado y la redención de Lugo (Rufián di­ choso en El teatro de Cervantes). ή 2 Q uizás algún lector evoque el Salm o X V li de Q uevedo, en que los objetos son tan significativos: «Miré los muros de la patria mía[...]», pero sería erróneo interpretarlo, com o a veces se hace, en sentido político, pues su tema es “el re­ cuerdo de la m uerte” que hay en todo.

diencia: «sin decir nada se fue a Ia sala, y habiendo tomado agua bendita, con grandísima devoción se puso de rodillas ante la imagen [de la Virgen], y a cabo de una pieza, habiendo primero besado tres veces el suelo y levantado los brazos y los ojos al cielo otras tantas, se levantó y echó su limosna en la esportilla» •-— «buena obra» por pago de las «grandes cosas» (839) que la Virgen ha hecho y haría para ayudar en el crimen a la picara vieja—, «y se salió con los demás al patio» (840). Más tarde se encarga de poner «candelicas a los santos» que a ella le parecie­ sen que eran «¡de los más aprovechados y agradecidos!» (844). Pipota protagoniza otros inolvidables momentos: «dame un traguillo, si tenéis, para consolar este estómago, que tan desmayado anda de continuo», pide “a sus camaradas”, pero “protestando” cuando le dan “demasiado” vino en el vaso: «tomándole con am­ bas manos, y habiéndole soplado un poco de espuma, dijo: M u­ cho me echaste, hija Escalanta; pero Dios dará fuerzas para todo». Luego, aplicándose a los labios, de un tirón, sin tomar aliento, lo trasegó del corcho al estómago, y acabó diciendo: «[...] Dios te consuele hija, que así me has consolado; sino que temo que me ha de hacer mal, porque no me he desayunado» (844). Pese al antecedente celestinesco que a veces hace evocar fuertemente: «Holgaos, hijos, ahora que tenéis tiempo; que ven­ drá la vejez, y lloraréis en ella los ratos que perdisteis en la mo­ cedad, como yo los lloro» (844), el retrato de Pipota logra im ­ ponerse con el sabor deleitable de sus detalles, a veces de minutísimos, muy fugaces ademanes, expresiones, gestos en que Cervantes siempre es gran maestro: «y habiéndose soplado un poco de espuma [...]»43. Buen ejemplo de la caracterización del
43 Para apreciar la originalidad de la escenita cervantina quizás valga la pena contrastarla con una algo semejante en G u zm án de Alfarache: «Pedíamos un traguito de vino por amor de D ios, que teníamos gran dolor de estóm ago. D o n d e­ quiera nos decían si temamos en qué nos lo diesen. Llevábamos un jarrillo, com o para beber [...] siempre nos lo henchían. Luego [...] lo vaciábamos en una bota», etc. (347). Se describe la trampa, pero el que la com ete es por com pleto indistin­ guible de todos los demás que también la practican del m ism o m odo. H asta las acciones aparentemente más insignificantes son para Cervantes preciosas oportu­ nidades para revelar por medio de ellas algún aspecto relevante del individuo. Y a este respecto son m uy importantes tam bién los nom bres, com o rasgos caracteri­ zad ores en sí, que sugieren a la imaginación del lector toda clase de atributos y tendencias personales, de especialidades “profesionales”, de triunfos y percances, de variadas y turbias historias: M aniferro, Gananciosa, C entopies, G anchu do,

personaje por el minuto detalle, el mero gesto o movimiento pequeño, —técnica narrativa tan saliente en Rinconete y Cor­ tadillo—, son también los «dos bravos y bizarros mozos» que se unen a las «hasta catorce personas» ya en el patio: «de bigotes largos, sombrero de grande falda, cuellos a la valona [...], ligas de gran balumba, espadas de más de marca, sendos pistoletes [...]; los cuales, así como entraron, pusieron los ojos de través en Rincón y Cortado, a modo de que los extrañaban y no conocían. Y llegándose a ellos les preguntaron sí eran de la cofradía». R in­ cón «respondió que sí, y muy servidores de sus mercedes», pre­ tendiendo un genuino respeto y ocultando una gran aprehen­ sión por la muy temible apariencia y mirada de los dos bravos, referidas en la descripción. La gran importancia jerárquica de es­ tos dos “bravos” en la cofradía de Monipodio se dramatiza tam­ bién por el hecho de que ellos son los únicos, de todos los “co­ frades” reunidos, que no le «hicieron una profunda y larga reverencia» a Monipodio, sino que «a medio mogate [...], se qui­ taron los capelos, y luego volvieron a su paseo por una parte del patio» (840-1). «A medio mogate» es una expresión que se em­ plea muy frecuentemente para describir la «mímica de bravos y rufianes»44. Aún más significativa, relevante, nos parece la posi­ bilidad de una mímica de los privilegios de algunos “grandes”, que aun en presencia del rey mantenían los capelos puestos45. Si se tiene en cuenta la sugerencia de la cofradía de M onipodio como “espejo” o remedo sistemático de la sociedad “norm al”, una de cuyas clases es la cortesana. De acuerdo con tal noción, la organización de la cofradía de Monipodio revela una precisa correpondencia con la del soberano, sus “grandes” y sus damas, al­ tas dignidades religiosas, poderosos consejeros políticos y mi­ nistros, pajes, mensajeros, agentes secretos, guardas de palacio..., algunos de los cuales intervienen, de un modo u otro, en los ca­ sos pleiteados ante el monarca, mientras otros son más bien obTordiílo, Cernícalo, L obiílo, Silbato, R epolído, etc. E n efecto, ya en base a estos nombres se podrían descubrir todas las personalidades y actividades de la “cofra­ día” de M onipodio. Véase R odríguez Marín, R inconete y C ortadillo , «discurso preliminar», pp. 196-7. Casalduero, por otra parte, los considera «nombres tipificadores» (Sentido y Forma de las N o vela s ejemplares, p. 109). 41 Avalle Arce (ed.), Cervantes: N o vela s ejemplares, I, p. 240, n. 101. 45 Segismundo: «y lo primero que hizo [A stolfo], se puso el sombrero». Cla­ rín: «Es grande» (La v id a es sueño, jornada II, escena 4).

servadores de los sucesos, sólo por su presunta presencia en tal am biente46. Ya en su apariencia Monipodio «representaba el más rústico y disforme bárbaro del mundo», dice el autor, pero en juicio de aquél su rostro «barbinegro y muy espeso» de seguro representa­
46 Casalduero: «Si cambiamos la decoración y el vestuario, nos encontramos en la antesala de un gran señor en hora de audiencia. Es evidente que en esta es­ cena se quiere dar la sensación de algo im ponente y sobrecogedor» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 101). Herm enegildo: «[...] se perfila el grupo de M onipod io con los rasgos característicos de la sociedad española del siglo X V I, tal com o podía percibirla un autor con problemas personales de integración [...] M on ip od io aparece com o el auténtico soberano de una sociedad m onárquica, fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» («La marginación so ­ cial de Rinconete y Cortadillo», p. 558). Excelente observación, pero, por desgra­ cia, en función de una tesis nada convincente. Varela: «[...] la imagen dominante con que se concibe — por supuesto, humorísticamente [...] [el] patio de M onipo­ dio es la del convento o comunidad religiosa. El gremio de M onipodio aparece aludido doce veces com o Cofradía, H ermandad o Confraternidad; la v o z D io s aparece diecinueve veces [...], se cita e invoca a la Virgen, a San M iguel [...]; térmi­ nos del m undo eclesiástico son noviciado, congregación, m inistro, ordenanzas, contrayente, iglesia, confesión, excom unión [...] jubileo, rosarios, etc., etc.» («So­ bre el realismo cervantino en R inconete », pp. 442-3). N o cabe duda, hay un gran núm ero de «términos propios del m undo de la fe católica» que «confirma el pro­ pósito de emparentar artísticamente este sindicato de delincuentes con el m undo de la fe» (443), pero no sólo con el «del convento o comunidad religiosa», sino con toda esa parte de la comunidad humana que suele rezar a D io s y a los santos y obra, a la misma vez, com o devota del diablo. «[...] convivencia m onstruosa en­ tre devoción y delito, que quizás tuviese un subsuelo real y esporádico [...]», es­ pecula Varela (443), sin considerar cuán diaria y universal es tal "convivencia”, aunque, a m enudo, siendo m alévolo sentim iento contra el prójimo, asuma la apa­ riencia de una inocente, graciosa hablilla. Lo más acertado nos parece considerar la “cofradía” de M onipodio com o una «sociedad [...] fuertem ente condicionada por preocupaciones religiosas» (H erm enegildo, 558), externas, absurdas, falsas, que reflejan de manera muy fidedigna las de la sociedad “norm al”; éstas, sin em ­ bargo, son m ucho más graves que aquéllas, según se dirá. A la sugerencia del “convento” se opone toda la constitución u organización de la cofradía de M oni­ pod io (específicamente, ¿a qué oficios m onásticos corresponderían los de los pi­ caros?) y los m ism os “térm inos religiosos” que vistos en su tradición literaria (otra vez G u zm án de Alfarache, entre otros) y, sobre todo, en el contexto en que aparecen, perderían la connotación que Ies atribuye Varela. La “cofradía” puede funcionar con tanta eficacia tam bién por «nuestros bien­ hechores», com o los llama M onipodio: «el procurador que nos defiende [...]; el escribano, que si anda de buenas no hay delito ni culpa a quien se dé mucha pena [..,]; el que, cuando uno de nosotros va huyendo por la calle y detrás le van dando voces: ¡Al ladrón, al ladrón! ¡D eténganle, deténganle!, se pon e en m edio y se opone al raudal de los que le siguen, diciendo: ¡Déjenle al cuitado, que harta ma­ laventura lleva! ¡Allá se lo haya, castigúele su pecado!» (841). A sim ism o funcio­

ría autoridad, ¡«la barba tan vellida»!; el «bosque [...], el vello que tenía en el pecho» y que se «descubría [...] por la abertura [de la] camisa»: hombría, poder; la «capa de bayeta casi hasta los pies»: majestad; la «espada ancha y corta», ya que no de las toledanas «del perrillo cortadoras» (Quijote} 1329), por lo menos «a modo de las del perrillo», para imponer su «autoridad» y recordar a to­ dos que «en [su] presencia no ha de haber demasías» (840-1), lo que constituiría una «lesa majestad»; no serían justificadas, pues «aquí estoy yo», declara M onipodio, para «vengar» cualquier «agravio», impartir «justicia», hacer la paz entre los pleitantes: «por amor mío [...] todo se hará bien» (845-8). Está aquí también para defender a todos de cualquier peligro, claro está, según lo asegura ya con el tono de su voz: «le dio a todos gran sobresalto los golpes que dieron a la puerta. Mandóles Monipodio que se so­ segasen, y entrando en la sala baja, llegó a la puerta, y con voz hueca y espantosa preguntó: ¿Quién llama?» (845). ¡Cuán próxi­ mos son algunos personajes esperpénticos de Valle-Inclán a los de Cervantes, como éste! Monipodio explica las “ordenanzas” de la “cofradía” en términos “oficiales”, “eruditos”, “solemnes”: «tene­ mos costumbre de hacer decir cada año ciertas misas para las al­ mas de nuestros difuntos y bienhechores, sacando el estupendo [estipendio] para la limosna [...] de lo que se garbea; y estas misas [...] aprovechan [...] por vía de naufragio [sufragio] [...]; hace nues­ tra hermandad cada año su adversario [aniversario] con la mayor popa [pompa] y soledad [solemnidad]» (841). Proclama sus deci­ siones con pomposa “sabiduría” y ampulosa retórica de “solem­ nes” pronunciamientos jurídicos: «Digo que sola esta razón me convence, me obliga, me persuade y me fuerza [...]» (842). Como el juez justo, premia al “bueno”: al devolver Cortado la bolsa ro­ bada (probablemente sólo para que no se interrumpiese la diver­
naba la “cofradía” de Sayavedra: «A éstos [los que perseguían al ladrón] llegaban [los “bienhechores”] y les decían: D eje vuesa merced a este bellaco ladrón [...]; es un pobreto y se comerá en la cárce! de piojos ¿Q ué gana vuesa merced en hacerle mal? [...] Otras veces que íbamos huyendo con el hurto, si alguno venía corriendo tras de nosotros y dándonos alcance, salíale un compañero de través a detenerlo poniéndose delante» (459-60). Claro está, no faltan oficiales corruptos de toda clase, y entre ellos el alguacil, quienes protegen a los maleantes, por interés pro­ pio: «quieren com er de sus oficios [...]; públicam ente vende a la justicia, reca­ teando el precio y, si no les das lo que piden, te responden que no te la quieren dar [...]; si fueras ladrón de marca m ayor [...], que pudieras comprar favor y justi­ cia, pasarás com o dellos [...]» (448, 454, 475-8).

sión con que le deleitan tanto los “cofrades” en sus relaciones), Monipodio queda tan impresionado por tan “heroica” abnegación que lo proclama Cortadillo el Bueno, «bien como si fuera don Al­ fonso Pérez de Guzmán el Bueno que arrojó el cuchillo por los muros de Tarifa para degollar a su único hijo» (843)47. Monipodio tampoco deja lugar a dudas de que sabe ser juez justo en castigar al “malo”: «No hay levas conmigo! [...] Comenzóse a encolerizar de manera que parecía que fuego vivo lanzaba por los ojos» (842-3), ¡como «Júpiter Tonante» ( Quijote, 1276) reencarnado! El lenguaje de los cofrades es uno de los medios principales para caracterizarlos; con acierto genial, Cervantes les hace salpicar su habla no sólo de vocablos germanescos, totalmente naturales para ello, sino también de ocasionales deformaciones del «buen lenguaje» (851), probables o más bien inevitables en el intento dé imitarlo sujetos tan ignorantes. Tales deformaciones lingüísticas son una clave precisa de todas las demás; por el contraste entre la deformación exterior de la palabra por pura ignorancia: ‘ "naufra­ gio’ ~ ‘sufragio’, y la deformación conscientemente maliciosa, perversa de su sentido íntimo, aun cuando la forma exterior es propia: ‘sufragio’ ~ ‘sufragio’, Cervantes destaca —más allá de las posibles ambigüedades ínsitas en el lenguaje— la diferencia entre el error inocente y el engaño radicado en la falacia moral: ¡el len­ guaje engaña porque el hombre quiere engañar!48. Imitaciones aproximadas del habla, pues, de previsibles efectos cómicos, por
47 Más tarde, M onipod io se refiere à Rinconete el Bueno (850), lo que parece, tal vez, un comprensible error de M onipodio, pues fue Rinconete quien persua­ dió a Cortadillo para que devolviesen la «bolsa» y quien la guardó antes de entre­ gársela a M onipodio; «sacó la bolsa del sacristán, y dijo: cese toda cuestión, mis señores, que ésta es la bolsa [...]» (843). Es esta iniciativa tan saliente de Rinconete lo que M o n ip o d io — y el lector— recuerda más vivamente, en particular después de tantos otros sucesos. Q uizás sea precisamente este proceso psicológico lo que Cervantes quiere sugerir en esta novela tan densam ente psicológica. H ayes en­ cuentra diferentes im plicaciones («Narrative “Errors" in Rinconete y C ortadillo », pp. 13-20). D e tratarse de un “descuido” no intencionado del m ism o autor, se de­ bería, también m uy comprensiblemente, a las m ismas razones. ,R N o percibim os esta consideración particular, para nosotros fundamental, entre las m uy importantes y sutiles que Buxó hace sobre el lenguaje de la novela («Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo », pp. 77 ss.). H ay varias voces germanescas en Rinconete y Cortadillo que también aparecen en G u zm án de A lfarache: ‘avizorar’, ‘ansia’, ‘sacre’, ‘entrevar’, ‘leva’, ‘guzpataro’..., y otras que no: ‘r o zn o ’, ‘m urcio’, ‘piar el turco p u ro’, ‘guro’, ‘trena’, ‘palanquín’... Para ellas, Cervantes debió de tener fuentes en la literatura com o en la realidad cotidiana.

completo inadvertidos por el que los produce, claro está, pues de una conciencia correctora lo priva también su ignorancia de la lengua escrita. Por ello las deformaciones de la lengua por Moni­ podio se constituyen en otra evidencia muy verosímil también de su analfabetismo, pese al «libro de memoria» y a «la lista de los cofrades», que siempre lleva consigo (849, 851) y pese también a su oferta de ser «secretario» de la Cariharta para ayudarle a «escri­ bir [...] coplas» al amante (846), y a su promesa de «leer» una lec­ ción de posición en la junta siguiente (851). Estos hechos no con­ tradicen en absoluto la declaración del autor mismo de que Monipodio «dio» el libro de memorias «a Rinconete que leyese porque él no sabía leer» (849)49, sino que, todo lo contrario, ironi­ zan muy graciosamente la pretensión de aquél de saber leer y es­ cribir: «[...] Aunque no soy nada poeta, todavía, si el hombre se arremanga, se atreverá a hacer dos millares de coplas» declara te­ merario, con concepto estrafalario —por literal, con toda proba­ bilidad— de la creación poética como obra manual. «Y cuando no salieran como deben, yo tengo un barbero amigo, gran poeta» (846). A tales amigos, de seguro, les encargaría Monipodio todas las tareas necesarias de escritura; en cuanto a la lectura, siempre se encontraría por allí algún mozalbete que supiese deletrear, y a quien se le encargaría tal tarea como a “secretario”, claro está, pues, ¿no deben tenerlo quizás todos los funcionarios tan impor­ tantes como M onipodio?50. Que el encargo de la lectura a Rinco­ nete es por mero “decoro” oficial, y no por analfabetismo de Mo­ n ipodio procura pon erlo de relieve éste con sus repetidos comentarios, sugestivos de una total familiaridad con lo escrito, ¡por su propia previa lectura!: «pasad adelante [,..] y mirad donde dice: Memorial de agravios comunes. Pasó adelante Rinconete, y en otra hoja halló escrito: Memorial de agravios comunes [...]; y están dados a buena cuenta cuatro escudos, y el principal es ocho. Así es la verdad —dijo Rinconete—, que todo eso está aquí es­ crito [...]; Dadme el libro, mancebo, que yo sé que no hay más», etc. (849-50). Teniendo presente el analfabetismo de Monipodio, resulta de singular comicidad la escena en que se pone en medio
El Saffar, N o v el tn Romance, p. 38. H ayes (nota 47) hace algunas consideraciones interesantes sobre M onipo­ dio com o manipulador astuto de la lengua para mantener su dom inio de los c o ­ frades.
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de todos los «cofrades» con «el libro de memorias» en las manos —nuevo Moisés con los mandamientos—, y, después, declarando solemnemente que todo lo que está allí apuntado «cumpliráse al pie de la letra, sin que falte una tilde» (850), imagen ¡tan lógica! en un sujeto “letrado” como él51. La mediación de Monipodio en la riña entre la Cariharta y el Repolido hace evocar de inmediato al “rey justiciero” de la Come­ dia nueva 52. Sugestivamente, la moza «desgreñada y llorosa», apa­ rece en el patio, pidiendo «la justicia de Dios y del rey» (845), y Monipodio sin vacilar se la promete: «sosiégate [„.], que aquí estoy yo, que te haré justicia. Cuéntanos tu agravio, que más estarás tú en contarle que yo en hacerte vengada». Sabido el «agravio» [los «azotes» que le dio el Repolido], Monipodio, como todo buen rey, protector de la vida, de la honra y de la hacienda de sus súbditos, se indigna con el «cobarde envesado» que ha «osado poner [...] las manos en el rostro [...], en las carnes» de la Cariharta, «siendo per51 Guzmán: «El señor licenciado sabe de leyes, pero no de letras; dita y no es­ cribe, porque lo sacaron temprano de la escuela para los estudios [...]» (448). H a­ cerse pasar por letrado es lo que cuenta; no importa serlo de veras. Y M onipodio sigue la práctica corriente también en esto. 52 En las entradas de los diversos personajes, las interrupciones y los cambios de escena, que crean una «división tan señalada» en esta parte de la obra, «hay sin duda una influencia de la técnica teatral», dice Casalduero (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares, p. 110). Ynduráin M uñoz opina que «ía particularidad de esta novela ejemplar no estriba tanto en la utilización de recursos teatrales com o en que la concepción de la obra parece haber sido teatral o, concretando más, entremesil; aunque posteriorm ente a la concepción haya sido vertida en el m olde de “novela”» («Rinconete y Cortadillo. D e entremés a novela», p. 321). La m ism a idea en Varela: «Cervantes parece haber prosificado o novelado un preexistente entremés de rufianes» («Sobre el realismo cervantino en R inconete », p. 445). N o cabe duda, en esta novela hay una sugestiva estructura dramática, entremesil, con algunas técnicas y algunos personajes m uy reminiscentes, en particular, del entre­ més E l rufián viu do (véase también nuestro estudio sobre esta obra en El teatro de C ervan tes ), pero no se debe perder de vista el hecho crucial de que todos esos elem entos “dram áticos”, “teatrales”, “entrem esiles”, se utilizan estrictamente en función de la novela y que, por lo tanto, son novelísticos, ¡en un nuevo tipo de novela!, com o se mostrará más adelante. D el m ism o m odo, Cervantes utiliza ele­ m entos novelísticos en función del teatro, haciéndolos así dramáticos (véase nues­ tro estudio sobre El gallardo español en El teatro de C ervantes). N o encontramos evidencia de que los cofrades em pezasen a «representar un entremés al aparecer M onipod io» (Varela, «Sobre el realismo cervantino en R incon ete», pp. 444-5), Otra cosa es que estos cofrades se com porten a veces a im itación de los persona­ jes teatrales y de los valores sociales “morales”, etc., exaltados por el teatro con­ temporáneo, según se verá.

661).. como lo requiere la “dignidad feme­ Véase nuestro estudio sobre El rufián viu do. honor. 53 54 . cura con ella mi vida estando mala». pues cuando pierda en el juego necesitará de nuevo su ayuda. ed. en G u zm án de Alfarache de M. pues. afrenta­ das.. por la sospecha de que ella «le sisaba algo de la cuenta que él allá en su imaginación había hecho». deshonradas... sujetas a los hombres malvados. Y algo de esta actitud se evidencia en los más distintos contextos sociales y literarios. que las venden y empeñan. después de «tantos azotes. 55 La aceptación del castigo que el marido inflige a ía esposa no sólo com o acto lícito en nom bre del deber. En la última escena de El m é­ dico de su honra.. con el correspondiente comentario del autor. los dos quieren hacer la paz. le advierte a Leonor: «Más mira que va bañada [su mano] en sangre» y ella le contesta serena: « N o importa [. A. la Cariharta com­ prende. que ella siempre le rindió en el pasado de lo que ganaba con tanto «trabajo y afán» (845)54. Valbuena Prat.. m ostró enfadarse [. en El teatro de Cervantes. acuchillan y acocean y afanan para que ellos jueguen y se embriaguen y vis­ tan. diciendo a la señora: ¿Pues no le tengo dicho a ella que no me tenga a na­ die en su casa? H ízose turbada y temerosa. con la pretina. pese a la terrible condi­ ción en que se encuentra por esos "azotes”.. dando por excusa que [. el Rep olido se manifiesta dispuesto a pedirle perdón. Gutierre. prometiendo castigar ai culpable. de­ jándola «por muerta». sino también com o evidencia de amor. pues hay que salvar. que debía de ser el respecto. pero esto no es nada fácil. crueles. Así.sona que puede competir en limpieza y ganancia con la misma Ga­ nanciosa [. que dio a la Cariharta. la “dig­ nidad”.. Desaventurada de estas mujeres que no conocen la vida que traen. el otro [pi­ caro] se iba poniendo en hacer las paces con la señora. claro está. Y ella desea mucho que él le pida perdón. H íz o se m uy bravo. «si primero no hace una manifiesta penitencia del cometido delito». L u­ jan: «el uno. sobre todo... pero más se embravecía echando verbos. entonces nos adoran» (163)55. dejando tal decisión a él. corridas. quien acaba de matar a su primera esposa. p. y levantó el brazo amagándole un bofetón [. Desahogada la furia. tiradas de unas partes en otras [. aunque referente también a otras relaciones de familia.]» (La n ovela picaresca española. etc. si no le «pide perdón de rodillas» a la lasti­ mada (847). La Cariharta se mantiene “ofendida”. pero para la relación de la Cariharta con su «respecto» [rufián de prostitutas] (845) nos parece particularmente sugestivo el episodio de dos tales personajes. es refrán vigente en el m undo hispánico. abofe­ tean..] que no lo puedo más encarecer» (846)53. estuvo y probablem ente todavía está bastante extendida en el mundo: «Porque te quiero te aporreo».]. como toda “genuina hembra”. También en ía novela de Alem án hay «mozas de la casa llana» (158). “intransigente”.].]. sin excusar ni recoger hierros». que «a lo que se quiere bien se castiga.. y cuando estos bellacones nos dan y azotan y acocean.]. la “honra” de todas las partes..

amenaza. Lope de Crespo. digo que miente y mentirá todas las veces que se riere o lo pensare». jornada II.]. mostrándose tan reconciliador: «Si esto ha de ir por vía de rendimiento que güela a menoscabo de la persona [. cuando la Cariharta cierra con el Repolido y lo agarra «fuertemente de la capa».. ladrón de «palomas duendas» (457). última escena. literalm ente. no se ensanche por verme hablar tan manso y venir tan rendido».]. no me rendiré a un ejército formado de esguizaros» (847). Monipodio amonesta. La confrontación de “pundonorosas sensibilidades” que luego ocurre es de prim orosa comicidad: «Cualquiera que se riere o se pensare reír [„. dice D . con esa «sotomía de muerte». aunque no sin una última reconvención: «Nunca los amigos han de dar enojo a los amigos ni hacer burla de los amigos.. 57 En el teatro contem poráneo se sublima la afirmación determinada de la dig­ nidad o nobleza personal: «Testarudo es el villano. jornada I.. «¡Ea boba [...]... en manos estaba el pandero que lo supieran bien tañer». también jura com o yo». Chiquiznaque: «Bien seguros estamos que no se dijeron ni dirán semejantes moni­ torios por nosotros. y más cuando ven que se 56 Sayavedra es.nina”. Monipodio la ayuda a detenerlo (847).. se trataba tan sólo de una ridicula sensi­ blería. que si se hubiera imaginado que se decían. temeroso de ha­ ber ya comprometido su “honra”. caballeros [¡!]. Y al fin. cesen aquí palabras mayores y deshá­ ganse entre los dientes». Sal­ vada la “honra” y “rogado” por tan buenos amigos. pensando que «se iba a salir por la puerta afuera [. a su vez.]. (El alcalde de Zalam ea. quizás se supondría demasiada sutileza en la Cariharta. aconseja: «que las riñas entre los que bien se quieren son causa de am or5 8 [. Es esta clase de posturas externas. "desdeñosa” con ese «asombrador de palomas duendas » 5 6 . Reto por reto. y. sin asom o alguno de verdadera dignidad o nobleza. 58 Igual racionalización prevalece en las feroces riñas matrimoniales de El ju e z de los divorcios (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). que ahora hasta habla de casamiento.]» (847). a m enudo. atribuyendo un in­ tencionado doble sentido a su reproche. amenaza el Repolido. sutiles amena­ zas y punzantes alusiones ¡obligado instrumento de todo pundo­ noroso digno de tal nom bre!57. escena 5). valentón del mundo y de mis ojos!». la que los cofrades consideran ne­ cesario imitar.. pero en la realidad. El Repolido: «También tenemos acá pandero [.. . fanfarronas. ¡qué remedio le queda al magnánimo caballero sino aceptar las paces!. envuelto en “gallardos” alardes de “valentía” y “honradez”. radicada en la vanidad. Todo se agrava por creer el Repolido que Chiquiznaque y Maniferro hacen burla de él. Sin em ­ bargo.]: ¡Vuelve acá.

0 Claro que tam bién los picaros de Alem án saben recitar versos.] procurándonos hallar a la contina en el mayor aprieto [.> (4 1 7 ). Conside­ rada la desdeñosa actitud del “arte nuevo” hacia el clasicismo... Sin embargo.. como en las comedias! También Chiquiznaque...]. un «plato» roto.. y como tales amigos dense las manos los amigos» (847)60. cla­ vijas ni cuerdas. su soberbia proclamación de novedad y superioridad artísticas. nunca inventaron mejor género de música [. ni el otro gran músico [Anfrión] [. como todos los “cofrades”.enojan los amigos». ¡Diálogo encadenado. y pues todos somos amigos. por ejemplo.. una «escoba de palma»..] en el concurso de gente» (457). . «un galán de esta ciudad. 61 Véase nuestros estudios sobre La entretenida γ L a guarda cuidadosa en El teatro de Cervantes. con variaciones de rima. Los ignorantes “picaros” se harían así eco. si a ello se los reta: «No hay aquí amigo —respondió Maniferro— que quiera enojar ni hacer burla de otro amigo. la crítica cervantina transciende la preocupación con ta59 Sayavedra: «Ibamos a las com edias [. tono y todo! Se su­ giere aquí también una posible intención paródica respecto a las “comedias al uso”. como también en otras partes. también ellos han oído rimar y pue­ den rimar.]. hasta en comparación con los que produjeron la mítica y más divina música.. todas las declaraciones admirativas del ignorante Maniferro sobre la superioridad de esos nuevos instrumentos “musicales”. Maniferro.. de una admiración de las innovaciones lopescas. con que se produce «la música más presta y más sin pesadumbre [. Cervantes apetecía cualquier ocasión para ha­ cerlo61. ya divulgada en toda la sociedad.].. que se pica de ser un Hector en la música» (848). revelan una consis­ tente y sutil sátira cervantina del arte ¡«tan sin necesidad de tem­ plarse»! y de su ingeniosísimo inventor.]. re­ sulta justificado sospechar inferencias burlescas respecto a las in­ novaciones lopescas. más barata» jamás inventada «en el mundo». ritmo. y tan sin necesidad de templarse» (848). como en todo.. ni el Marión [Arión]. en la celebración del desenlace “feliz” con un «chapín».. Monipodio. frecuentan las comedias.. ¡Reconvención rimada. dense las manos los amigos. Traducidas en clave pertinente. 1. tan sin trastes. donde siempre suele haber gran «concurso de gente»59. A esto dijo Monipodio: Todos voacedes han hablado como buenos amigos. Maniferro hasta asegura que “ni el Negrofeo [Orfeo] [. cuando la ocasión lo “requiere”: «Más enem igos que am igos / tienen su cuerpo cercado [.

irracional. irrelevantes para expiar la ofensa64. claro está. .les alardes vanidosos y con ios aspectos sólo “externos”. Su mirada aguda se concentra.] la casa ni adonde» de la «clavazón de cuernos».. A este respecto es particularmente signifi­ cativo que la monstruosa crueldad y eî cínico parasitismo que son la causa inicial de la “riña” se aceptan al fin como normales: «Ri­ ñen dos amantes: hácese la paz. re­ gocijos. estridentemente contraria a la genuina virtud y a la moral. 85063. 62 L op e. basado en tan precarias. música. en efecto. En el m ism o fin “feliz”. pues «sería un gran cargo de conciencia». y a menudo también una terri­ ble crueldad o injusticia contra un inocente. «Los casos de la honra son mejores por­ que mueven con fuerza a toda gente» é2. (Lo ejemplifica de manera particularmente incisiva Monipodio al prohibir que «se lea [. decirlo «en público» ¡entre los mismos cofrades encargados de ha­ cer ese «agravio»!.] tiene un rasgo de suprema elegancia moral: me refiero a la clavazón de cuernos [..].. y que. por inmoral. es el gusto más» (1848). Cervantes satiriza esta especie de “honra” también en el “caso” de Repulido y Cariharta..]. canciones. cuando no trágicos conflictos humanos (631). que sin duda con­ tinuarán precisamente en virtud de esa “reconciliación”. si el enojo es grande. con frecuencia. p. en efecto. esto es evidente [. también como una ingeniosa parodia de los típicos conflictos. por esto. técnicos del teatro contemporáneo. “H onra” que era. de un m odo u otro..]» (S e n tid o y fo rm a de las N o v e la s e je m p la re s ». con banquete.. “honra” que era más bien una ridicula preocupación pundonorosa con el “qué dirán”.. Como en otras obras suyas. que se re­ vela. 113). dilemas. al sentido común y a la razón. dignos de emulación. P re o cu p a c ió n con la “honra” en el acto m ism o de la transgresión moral contra el prójimo — corriente fenóm en o de la sensibilidad contemporánea que M onipod io remeda mecánica­ mente. habla el autor por boca de su personaje [. una absurda suspicacia hasta de la más ligera ambigüedad. M Véase nota 58. sobre todo. iróni­ cas implicaciones. supeditados a ridiculas posturas y consideraciones pundonorosas. y que Cervantes condena. solía causar super­ fluos.) “Honra” que a menudo era sólo una en­ fermiza sensibilidad por cualquier chisme. hay m uy penosas. a m enudo.. A rte nuevo de hacer comedias: ω En verdad que nos deja m uy perplejos este juicio de Casalduero: «M onipo­ dio [.. desenlaces de las comedias de honor.. Estos picaros celebran lo que se debiera lamentar. absurdo (véase nuestro libro E l teatro de C ervantes).. en todos sus aspectos esenciales. en los superficiales y falsos valores que las “comedias al uso” a menudo celebran como si fuesen grandes virtudes y nobles idea­ les. brutales relaciones personales. cómicos...

Muchas «comedias que ahora se usan». sino tan sólo para gratificar las más bajas apetencias por lo sensacional y ligero y los más torpes. dice que los esportilleros suelen «hacerles la salva» a las cosas que llevan «pero con toda sagacidad y adver­ tim iento por que no se perdiese el crédito» (837). «respondió la Gananciosa» (843). asimismo como han renegado de ella la institución religiosa y la institución politico-social.] airado contra el vicio y enamorado de la virtud. de hecho. 351. Ciertamente. En otras obras cervantinas en tales finales “felices” se implican potenciales tragedias (véase nuestro estudio: La fu e rza de la. eran. que todos es­ tos efectos ha de despertar la buena comedia en el ánimo del que la escuchare. Respecto al banquete. Monipodio y sus cofrades se comportan de acuerdo con un concepto pundonoroso contrario al genuino honor. convirtiéndose en influencia negativa. evidentem ente. D e seguro que de las mismas fuentes proceden las de los cofrades de M onipodio. los cofrades de Monipodio se comporta­ rían más o menos del mismo modo. un «es­ pejo [. ellos sólo hacen lo que la sociedad “norm al” acostumbra ha­ cer. por ejemplo. repelente al lector atento. etc. «despoblando gallineros». claro está— «Pues.. 457). para divertir de cualquier modo al vulgo65. en suma.. diestro mío? [. «íes preguntaron si traían algo con que mojar la canal maestra» — lo anticipan. enraizados prejuicios individuales y colectivos. com o en todo.. 1253) contemporáneas. de las más deplorables. de ía prostitución de la Gananciosa y su compañera: Chiquiznaque y Maniferro. . sin ver comedia alguna..). mecánica. sugeridas por la varie­ dad de las com pensaciones— se hace m uy amargo. ¿había de faltar.] de las costumbres» (Quijote. exaltándolos como heroicidades..sangre). C on este trasfondo.. peculiares de los clientes. que se exige aun para las em­ pero. «respetos» de aquéllas. pues. por rústico y torpe que sea» (ibid. m encionem os por fin que los picaros suelen deleitarse en festines con comidas ro­ badas. pero las “comedias” que los refle­ jan. el “sabor” de las comidas y bebidas — que hacen recor­ dar inevitablemente el «trabajo y afán» con que se han «ganado» (845) y las grati­ ficaciones perversas. El “asturiano”. se condenan como una “ins­ titución cultural” que ha renegado de su noble misión educativa. continuas. La comida y bebida para ese banquete específico de la cofradía vienen. ( G u zm án de Alfarache . con un sentido del “deber cívico” indiferente a su moralidad y a la íntegra conciencia indivi­ dual: la obediencia ciega. al sentido común y a la razón. pues imitan en todo la vida cotidiana de la sociedad “normal” en que ocurren los mismos ri­ dículos dramas pundonorosos. y prosti­ tuyéndose (véase nota 54). Así. a la virtud.] N o tardará mucho a venir Siibatillo tu traîne!» (criado de prostitutas y rufianes). 65 Véase nuestro estudio sobre L a entretenida en El teatro de Cervantes. reformadora. pero no para que de ellas saliese «el oyente [.

hace el mal con la clara compren­ sión de que está haciendo el mal. en todas sus manifestaciones esenciales.. en gran parte. pero con esto no se alteraría el hecho de que también su maldad sería atribuible. 69 Es posible que M onipodio y algunos de sus cofrades sean. Hay. muy radical: La cofradía de Monipodio hace el mal con la firme convicción de estar haciendo el bien. empren­ didas sin maldad ni cinismo69. a la ignorancia del “bien”. debida de seguro principalmente a desventajas so­ ciales y económicas. tan sólo una diferencia. una ridicula. sin nin­ gún escrúpulo. D e R ege e t Regis Insti^tutione (1598). hácese por la sombra que muestran de bienes» (462). La cofradía de Monipodio puede así identificarse de modo muy preciso con esa sociedad. siendo un hombre bárbaro. lo cual precisamente es m otivo de indignación y alarma moral. ¡por el hecho principal de que observan el mismo comportamiento en la sociedad “normal” ! 67. Q ue sepam os todavía n o se ha emprendido un estudio de esta p o ­ sible influencia moral e intelectual en Cervantes.presas más insensatas e injustas.daré”.. rústico y desalmado» (852 )66. hueca práctica externa. patrióticos y que los extraviados súbditos rinden. al m enos en m o­ m entos. por causa de su abismal ignorancia68. disfraza cínica. C on esta sutil diferenciación entre los cofrades. com o sospechan algunos lectores (Buxó. esencialmente. mientras que la sociedad “normal”. a los “cofrades” de Monipodio de la responsabilidad moral de sus fechorías. que. Tal condena es coherente con la convicción erasmiana de Cervantes de que la sociedad diri­ 5fi Cervantes encontraría m uy interesantes Jas consideraciones sobre «la m a­ nera de gobernar a los pueblos» y sobre «la educación de los príncipes» del Padre Juan de Mariana: H istoria general de España (1592-1601). supersticiosa. La ignorancia.. cuando menos. mientras que la socie­ dad “normal”. entre otros docum entos literarios e históricos. sino también p o r el ejemplo que con ello ofrece a esa ignorante gente. hi­ pócritamente con la máscara del bien. culta. más malos que ignorantes. se representa en la «obediencia y respeto que to-' dos tenían a Monipodio. H ayes). 68 G uzm án parece intuir esta verdad o racionalización del delincuente: «Si se com eten los males. se destacan las prácticas perversas e hipócritas de la sociedad que se consideraba “norm al”. en rea­ lidad. Cervantes sugeriría la com posición verosím il de todo grupo humano. así exime. por eso. supuestamente educada moral e intelectualmente. se condena no sólo por sus propios crímenes y maldades. una perversa hipocresía o. la falta total de educación. quien después considera necesario y justo emularlo. en nombre de altos ideales colec­ tivos. 67 En la literatura erasmiana. con una devoción “religiosa” que es un sacri­ lego intercambio comercial con Dios: “darás . “educada”. .

y que es cosa muy distinta. la de todo el mundo. quien hace que sus pi­ caros a veces visiten ciudades por el mero deleite turístico del pa­ norama urbano. La indignación y la condena se reserva para el “maestro”. específicamente.. ¿¡Con qué posible racionalización moral o intelectual!? El lector se divierte. que las bellezas externas no dejan ver al observador casual. lo que implica ciertas semejanzas γ tam­ bién diferencias con nuestra imagen («The Critical Attitude ín Rinconete y C orta­ dillo ». al corazón mismo de la ciudad o más bien. que no son. responsables de sus actos. histórico. en ocasiones. A diferencia de Alemán. que produce el arte. La consideración de la responsabilidad individual es compa70 Véase Erasmo : Institutio Principis Christiani. Sólo dejándose distraer demasiado por las graciosas memorias de los "cofrades” y olvidándose del “m aestro” que los promueve. hasta cuando descubrimos que no se deben tanto a la peculiaridad deformadora del cristal como a las deformaciones ínsitas en los entes que en él se reflejan. [«(. en realidad. podría el lector concluir que Cervantes “transforma y ennoblece al ser moralmente repugnante”. que nos divierten. grotescas.] 72 Tom ás Rodaja también es turista. porque comprende que los "cofrades” “no saben qué hacen”. artístico (436). 71 F ox habla de un «cracked m irror». pues el fundamental elemento constituyente de todas ellas es siempre el ser humano. y que casi no se mencionan específicamente en el texto71.gente tiene una responsabilidad directa para con la educación del pueblo70. apreciador de las bellezas artísticas e his­ tóricas de Italia.) espejo resquebrajado». «¡Perdónalos.. 140). . Sin embargo. a su espíritu tan corrompido. consciente de la maldad que enseña. no es la en­ fermedad moral de Sevilla. Cervantes lleva a sus dos incipientes picaros. sino la de todas las ciudades. con sus tendencias al mal y al error. sin diferenciarla de la lícita. «donde tenían grande deseo de verse» (836). La cofradía de Monipodio es un "espejo” en que se re­ flejan unas imágenes deformadas. Señor!». curiosos de conocer Sevilla. p. pero todo esto se le hace ver para revelar sus tendencias intelec­ tuales y espirituales (véase nuestro estudio: El licenciado Vidriera). la de cualquier congregación humana. grande o pequeña. Cervantes los lleva a conocer la ciudad en su más íntima personalidad 72. que sólo la recta educación moral puede rectificar y encauzar hacia el bien. que a menudo nos hacen sonreír. Y por causa de la misma impropia lectura se habla a menudo de la “alegría” que producen esas escenas con los “cofra­ des”. la que Cervantes se propone revelar.

resulta vana. . Todos los po­ sibles antecedentes y modelos. se comprende el sentido del "realismo” y de la "ve­ rosimilitud” en todas sus obras. históricas o literarias. Del total “realismo” de este vicio en el mundo de Rinconete y Cortadillo no deja ninguna duda el arte cervantino. Además. como fuentes determinantes de la de M onipodio73. pp.· por fin. de la hipocresía74. «muchacho de muy buen entendimiento» y «buen natural». en la época de Cervantes. Sobre la vida en Sevilla. le sirven a Cervantes tan sólo como materiales y sugerencias convenientes. Guzmán de Alfarache la repudia y. por la que. como metáfora coherente. 74 Tam bién Varela se refiere a la cofradía de M on ip od io com o “m etáfora”. Rinconete. Al leer este pasaje* ¿pensarían Rinconete y Cortadillo en la posibilidad de su propio desengaño. 449). convincente. sólo al quedar «admirado» de «lo que había visto» en la casa de Monipodio. en de­ finitiva. después de experimentar la vida picaresca? De ocurrirseles en absoluto. pp. supuesta­ mente alumbrado respecto al bien y al mal y confiado en su «buen natural» y «entendimiento» (320. de que son vehículo aun sus más exóticas invenciones o estilizaciones literarias. Los picaros en la literatura. la búsqueda de específicas cofradías. particular («Sobre el realismo cervantino en Rinconete». R inconete y C ortadillo. Después de un íntimo e intenso examen de toda su pasada vida picaresca. aunque en un sentido más limitado. en particular. se propone «de aconsejar» a Cortadillo «no du­ 73 Véase G onzález de Am ezúa y M ayo. 451). creador de la novela corta española. C ervantes. 87-8. Te­ niendo en cuenta este propósito universalista. p. ¡«ver para creer»! Sólo al comprobar per­ sonalmente la deplorable naturaleza y razón de la vida picaresca. si el cielo me ía diere antes de la eterna que todos esperamos» (577). «D iscurso preliminar». apropiados para construir su mundo de Monipodio. en definitiva. véase Rodrí­ guez Marín. La que después gasté todo el res­ tante della verás en la tercera y última parte.tibie con la crítica social señalada en Rinconete y Cortadillo. Sobre “cofradías” maleantes europeas: Parker. tal pensamiento sería probablemente muy fugaz y pronto suprimido por la anticipación excitada de las aventuras y la "libertad”. llamativa e ingeniosa de ciertos aspectos deplorables de la condición humana. 44 ss. claro está. dice que se reformó: «Re­ maté la cuenta con mi mala vida. Es por esta preocupación. cuya primordial preocupación con la "verdad” siempre se manifiesta en su aguda percepción de la esencial natu­ raleza humana. incluso los señalados en este estu­ dio.

según lo prueban también sus muy di­ vertidas reacciones: «dábale gran risa [.rasen mucho en aquella vida tan perdida y tan mala.]» (851-2). le suspendía [. idealmente.. y así. como motivo de diversión: «Todo me parece de perlas [. “sin impor­ tancia”. 59. p. tan vaga­ m ente sugerido. costumbres y prácticas de la “cofradía” de M onipodio que Rinconete menciona y que considera como “mala vida”. el lector—. que todos serán de grande con­ sideración y que podrían servir de ejemplo y aviso a los que los leyeren» (852). y otros sucesos de aquéllos de la infame academia. En cierto sentido es sem e­ jante al de G u zm án de Alfarache. en definitiva. este mundo no se caracteriza por 75 ¿Y Cortadillo? ¿Otra sugerencia de un paralelo con G u zm án de Alfarache. nos dice el autor. se deja para otra ocasión contar su vida y milagros. en definitiva. Rinconete de seguro comprobaría muchas veces que la ignorancia moral y cultural es. en la ignorancia. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. p. Todas las creencias. al fin. no podría divertirle lo que reconociese radicado en una premeditada maldad. sobre el posible y deseable impacto de todo ello en el personaje y en el lector. radican evidentemente. como ya se ha dicho. pese a su intención de abandonar eventualmente a la “cofradía”. al hacernos especular sobre el futuro.. pues en ese momento todavía lo ve todo.. en gran parte.. 77 Excelentes observaciones sobre esta experiencia iluminativa de los dos m o­ zo s en Silberman de C yw iter. D e­ cide esto «llevado de sus pocos años y de su poca experiencia». como los de su maestro Monipodio. . Precisamente por tener Rinconete «buen natural» y «buen enten­ dimiento» —como.. qui­ siera ser de algún provecho a tan famosa cofradía» (846). En esta “última parte” de sus experiencias. sin Sayavedra? 76 Selig. del mundo pica­ resco en general —pues también la maldad y la hipocresía son para Cervantes. su función más probable —por más típica­ mente cervantina-—consistiría en provocar la especulación del lector sobre los sucesos posteriores a la narración “inconclusa”. decide «pasar con ella adelante algunos meses». por tanto. y que.]. de hecho. «le sucedieron7 5 cosas que piden más luenga escritura. Por esta ra­ zón. tan inquieta y tan libre y disoluta». productos directos de la ignorancia del “bien” 11—. en cuya última parte G uzm án actúa solo. «Cervantes y su arte de la novela».. Durante estos meses. claro está. este epílogo76. 585. la razón principal del modo de ser y de ac­ tuar de la cofradía de Monipodio y. N o nos parece una mera convención.].

como los que él y Cortadillo efectuaron. así. ya salían del más auténtico mundo picaresco. desde el punto de vista moral.óvenes. a menudo entretenida de las andan­ zas y las aventuras en el aspecto más externo. contraproducentes tanto desde el punto de vista literario como también. En definitiva. si es que lo deseó de veras.ese exhilarante espíritu de verdadera libertad. en efecto. que él y Cortadillo han querido ver en las ex­ periencias de los picaros literarios. Nos parece muy improbable que Cervantes. su explí­ cito propósito: «no es para que me imites a mí [. ¿Aprendería Rinconete también a distinguir los efectos de las causas. como Guzmán de Alfarache debió de parecerle a Cervantes. variada. ese antídoto que Ale­ mán no supo proporcionar. a relacionarlos natural. sólo un pálido reflejo? ¿Comprendería la profunda ironía . lector sabio. a la ambigüedad o nebulosidad moral de su representación novelística. se concentrarían preferentemente en la narración dinámica.]» (391). tediosos —Alemán mismo lo reconoce a veces: «larga digre­ sión y enojosa» (305)—. Estas conclusiones de Rinconete constituirían también un aspecto importante de la ejemplaridad de Rinconete y Cortadi­ llo en cuanto advertencia a los lectores ingenuos respecto al enga­ ñoso atractivo de las aventuras de Guzmán de Alfarache y. Especialmente para los j. como era característico de su finísimo sen­ tido crítico.. ineficaz en la comunicación de su mensaje. que resultan tan moro­ sos. lo que refuerza nuestra tesis. simultáneamente no encontrase en ella aspectos censurables o. de cuya maldad el otro era. excitante aventura y chispeante fantasía. como se muestra también en el Quijote. perspi­ caz. hubo ediciones de Guzmán de Alfarache purgadas de sus moralizacio­ nes. y. lógicamente? ¿Llegaría a compren­ der que al irse él y Cortadillo de casa para ser picaros. no considerase Guzmán de Alfarache como una extraordina­ ria obra literaria y que. la responsabilidad de una impropia lectura es del lector. por eso. se perpetran en el mundo picaresco a menudo con muy malévolas motivaciones cri­ minales. saltando por encima todo lo que daba indicios de sermoneo. De seguro también percibiría que los robos y engaños. muy iróni­ camente. Sugestivamente. cuando menos. mejorables. quienes. pero a ella induce con mayor probabilidad un libro mal formado. sobre todo por deseo de aventura y juego.. en definitiva. Rinconete y Cortadillo habría así podido concebirse como novela principal­ mente para la diversión de los jóvenes que encontrarían en ella también un antídoto para la fiebre picaresca.

pues casi al descubierto vivía en ella gente tan perniciosa y tan con­ traria a la misma naturaleza» (852): con sus propios ojos pudo ver a corruptos oficiales de la justicia y a miembros de la sociedad «respetable». donde perecieran ellos muy mejor y con más causa» (478). 78 A este respecto es fuertem ente em blem ático el «caballero» que encom ienda a la «cofradía» las «cuchilladas» a un mercader. H ablando de los «ricachos pod ero­ sos» de Sevilla. de seguro. según se ha mostrado.] cuántos hay que condenan otros a la horca.] los que arrastran gualdrapas de terciopelo los que revisten sus padres con brocados y cubren el suelo con oro y seda turquí viven sustentados en su reputación. Recordando también la observación: «vine a inferir por los efectos las causas. a cuyo m odo de vida se refiere Guzmán: «los ladrones de bien [¡!]. 257). que es aplicable tanto a la buena com o a la mala sociedad. sobre todo. cuya propiedad lingüística destaca para corregir al cofrade: «que n o destrucción» (849). Sin embargo. beneficiándose con la criminal ayuda de ésta (841.. al final Rinconete también «exageraba cuán descuidada justicia había en aquella tan famosa ciudad de Sevilla. iban a plagiar. cuyas fuerzas rom pen las horcas y para quien el esparto no nació ni galeras fueron fabricadas» (475). conociendo cuáles eran los habitadores. beneficiando a la «cofradía» y. 843. [. Parte de la sociedad “nor­ mal” son. en la "parte” ya es­ crita. pero siempre con la im plicación de que «todo el m undo es uno». una imi­ tación de las maldades de su propio mundo? El que durante su breve estancia con la cofradía de Monipodio. en­ gañosas. de hecho. Se sugiere.. con quienes los “com unes” no pueden compararse («Somos inferiores a ellos»). confirma significativamente el hecho de que en su propia sociedad. que casi nunca se deja descubrir. por medio de una genial metáfora de esos “efectos”: la cofradía de M onipodio. aquellos “ladrones grandes”. los «benefactores». G uzm án observa: «con v o z de buen gobierno gobierna cada uno com o mejor vaya el agua a su m olino. Este m ism o pensam iento se formula en Cervantes. Publican buenos deseos y ejercítanse en malas obras. Como diría Guzmán: «[. acreditados con su poder y favore­ cidos con su adulación. 848-9)78.. el comienzo de una plena comprensión de la responsabilidad moral que tiene la sociedad “normal” por la existencia de la cofradía picaresca en el mundo. se aprecia una sugestiva semejanza con la inferencia fundamental de Cervantes en R inconete y Cortadillo. Esta sociedad tiende a juzgar y a juzgarse tan sólo por estas apariencias superficiales. indignándose de que todavía no se haya cum plido su «instrucción». Véase nota 48. esperanzadamente. . el encumbrimiento hipó­ crita de la maldad se realiza con tan sutiles apariencias de bondad e integridad. por la política con que son gobernados» (439). Rinconete y Cortadillo no hayan percibido todavía esa rela­ ción de causas y efectos del picarismo.de que al ir a imitar a los picaros.. hácense ovejitas de D io s y esquílm alos el diablo» (256.

parcial o entero.. como en un cuadro. para otro es una «no­ vela [. Todas estas opiniones—representativas de la crítica en general sobre Rinconete y Cortadillo — radican en una evidente perplejidad 79 L ópez Estrada. teatral» 85. De las consideraciones anteriores se deriva también una explica­ ción de la “forma” de Rinconete y Cortadillo. pp. 84 Selig. Casi todos los críticos consideran la obra sólo parcialmente novelística por una razón u otra: «la novela picaresca se acaba. a aquella gente con la cual va a convivir un protagonista (Rincón con su do­ ble Cortado) apicarado» 8 3 . 85 Ynduráin.]». realistas. 444-5. haber sido conce­ bida para la escena. en realidad. «Sobre el realismo cervantino en R inconete ». pp. «es más bien un cuadro de costumbres asistido del diálogo como elemento novelístico» 8 0 . 192. «parece.]. dra­ mática. D e entremés a novela». 1 1 0 .. Cervantes. más que novelesca.. p. creador de la novela corta espa­ ñola.. 61. en ser su estructura. 81 Casalduero. en buena parte de su acción.] que no tiene importancia para la estética de la no­ vela» 8 4 ..]. «Rinconete y Cortadillo. como si fuese teatral. p. 32. «Apuntes para una interpretación de Rinconete y C ortadi­ llo. viñetas [... Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 83 R odríguez-Luis.]. pp.. «Cervantes y su arte de la novela». p.. Varios críticos analizan el texto.] con la forma de marco».]... y cada parte se puede dividir en escenas o cuadros más pequeños [. no comple­ tamente destacada [. 106-7.].]»81.. particularmente entremesil86. siempre tan “des­ concertante” 7 9 para los lectores: «no es estrictamente una novela». pero no Rinconete y Cortadillo [. «se trata de una novela tan sólo en las primeras páginas [hasta la casa de Monipodio]. 585. 9 9 . y se deja dividir en dos partes [. 82 Varela. 86 Véase nota 52.lo que también hace evocar la sabiduría bíblica como muy perti­ nente advertencia conclusiva: «con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados [. pero «incipiente [.. cuando ha comenzado [el entremés]» 82.. . siempre acentuando lo pintoresco [. se termina la novela de Monipodio [al des­ pedirse los cofrades]. pues lo que se intenta es presentar. «se trata del mundo de Monipodio y del hampa de Sevilla.]. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes.... tiene un epílogo [.. 80 G onzález de Am ezúa y M ayo.. observa un crítico.. p.

pero es cru­ cial comprender que los dos mozos no son sólo “observadores” pasivos.. Guzmán de 87 Buxó. Rinconete y Cortadillo. Claro está. es explicable la estructura. en realidad. aunque. durante su visita a la “cofradía” de Monipo­ dio 88. N o vela s ejemplares: Rinconete y Cortadillo. ss Tal opinión se sigue manteniendo con cierta frecuencia: «[. Rinconete y Cortadillo están vitalmente interesados en todo lo que ven y oyen en la «co­ fradía» porque para ellos constituye el desengaño que destruye. en definitiva. la juvenil ilusión libresca que los ha hecho salir de casa con incontenible espíritu aventurero. «Estructura y lección de Rinconete y C ortadillo ». algunos críticos consideran a Rinconete y Cortadillo como su elemento unificador fundamental.] al entrar en el patio de M onipodio [. son personajes centrales. combinadas de un modo excepcional en una obra de género. de diversión y juego inge­ niosos y astutos. dos "romeros”. “observadores” — función crucial para el sentido de la obra-—. según lo sugeriría ya el título que le dio Cervantes87. Aunque sin explicar de modo satisfactorio la relación de todas las “partes” en la obra. a nuestro juicio. con que soñaban durante la lectura d e. Cada trampa o truco que emprenden. “pacientes”..frente al complejo problema de la unidad y del género literario de la obra: ¿Novela picaresca o serie de divertidas viñetas pintores­ cas? ¿Novela dentro de novela? ¿Novela o cuento dialogado? ¿Novela o teatro. regocijados. 46). indefinible? Cada tesis propuesta se sustenta en algunos buenos argumentos. El Rinconete y C ortadillo en la encrucijada de dos siglos. «Introducción». ilusión que en las primeras aventuras parece justificarse por completo en la realidad. nin­ guna de ellas nos resulta. cuyos límites podría imponer sólo la propia fan­ tasía. su función unificadora sería débilísima. el aire libre de la “flo­ rida picardía”. Tárraco. es más ingenioso y atrevido que el anterior. . pero. de representar sólo tal parte. cuya Mecca es precisamente la confradía picaresca.. Rinconete 7 C ortadillo son también "espectadores”. Rinconete 7 Cortadillo son espectadores [. Silberman de C ywiner. al emprender su “rom ería”. ed. Sólo desde esta pers­ pectiva. paso a paso. pues. cuestionable. ía im agi­ nan muy diferente de la de M onipodio.. admirable­ mente lógica e ingeniosa de. a ía verdad. entremés? ¿Novela parcialmente dramatizada o drama parcialmente novelizado? ¿Obra para el lector o para el pú­ blico? ¿Todas estas cosas. en busca de excitantes experiencias picarescas. pero.. Tarragona. suficientemente persuasiva. desdeñable.] cambia todo.]» (Fernández Gutiérrez. En Sevilla respiran.. y en que triunfan espléndidamente. 1984. a la vez. sistemáticamente.

de la cual.. lo que prueba no sólo que sabe distinguir entre el bien y el mal.. Evidentemente.. según ya se ha sugerido—. U n primer desentono con estas ilusiones librescas ocurre de camino a la casa de Monipodio: «¿Y con sólo eso que hacen dicen esos se­ ñores [los cofrades] [. si no fue Rinconete. en que la ig­ norancia y la maldad hacían caer al ingenuo. Rinconete y Cortadillo «miraban [... Cervantes recuerda que al principio de la novela dijo que un o de los m ozos (Rinconete) traía «media espada» (834.. con gran curiosidad: «Rinconete. de hecho. que de suyo era curioso [.Alfarache.]» (846). ellos ya serían cabalmente dignos: «para todo tenemos ánimo.] que su vida es santa y buena? [.] atentamente» (840) todo y a todos. completa libertad. «Todo es malo».] Cosa nueva es para mí que haya ladrones en el mundo para servir a Dios y a la buena gente» (839). 836).] pudieron oír toda la plá­ tica que pasó Monipodio con el caballero» (848).]. y hasta con pretendido deseo de «ser de al­ gún provecho a tan famosa cofradía» (846). este propósito del autor es quizás hasta demasiado llamativo: «Serían los del almuerzo hasta catorce.. porque no somos tan ignorantes [... El desentono con la ilusión libresca se intensi­ fica con cada nueva observación. Rinconete y Cortadillo van descubriendo el verdadero mundo picaresco —la “cofradía” de Monipodio es su metáfora más gráfica y esencial.. al imprudente o in­ discreto con el cebo de una fácil.]» (842). preguntó a Monipodio [. Hasta en la usual per­ 89 A la vez. con fingida comprensión y admiración por ese modo de vida: «Todo me parece de perlas».. que sacó su me­ dia espada» (844) 89. Por un rato les parece que todo lo que están experi­ mentando representa una realización gratificadora y completa de todos los mayores deleites picarescos exaltados es ese libro. una grotesca cárcel del espíritu y de la mente. A veces. y ninguno de ellos dejó de sacar su cuchillo de cachas amarillas. ... hasta llegar los dos mozos a la plena com prensión de que lo que antes consideraban como mundo abierto al libre juego del ingenio y de la fantasía era.. sino también que su modo de leer Guzmán de Alfarache nunca le hizo percibir la “maldad” en las aventuras picarescas narradas.. la fantasía excitada le entumecía el sentido moral y el juicio racio­ nal. En la casa de Monipodio. Cervantes procura desta­ car que son siempre testigos de todo lo que allí ocurre o se dice: «como se habían quedado en el patio [. en efecto. meditando sobre las costumbres de la “cofradía”.. dice Rinconete.

el lector ante dichas condiciones mora­ les y mentales reaccionaría del mismo modo irónico.. contesta Cortadillo. cuando Monipodio le pregunta si sabe alguna treta más de las que aquél acaba de enumerarle (842). El Rinconete y C orta­ dillo en la encrucijada de dos siglos.. Claro está. últim amente en Silberman de C y winer. asombro.. Todo para llegar a comprender bien ese mundo. 848. pero aun abstrayéndolas. por lo cual el autor puede prever por completo sus pertinentes reacciones irónicas. divertido e indignado a la vez. frente a lo absurdo de las creencias y la con­ ducta de la “cofradía” de Monipodio. 850). pp.vertida lógica de los “cofrades” pretenden coincidir los dos mo­ zos: «No. muy bien [que nunca “se inventó mejor género de música” que el de la co­ fradía]. que es también la del propio autor.. señor Monipodio tiene [. cuando en él se presuponga el mismo “buen natural” y “muy buen entendimiento” que poseen el personaje y el autor.] que es obra digna del altísimo y profundísimo ingenio [. Besáronle [los dos mozos] la mano [a Monipodio] por la merced que se les hacía».. irónica. que se identifica con una conciencia moral e intelectual. por mis grandes pecados». sobre todo. envueltos en irresistibles sarcasmos e ironías. burla e indignación.]. etc. Con estas consideraciones estamos describiendo. eso creo yo. de evidente función satírica y correctiva. Con incredulidad.] la cadena [pago de un crimen] con mucho contento y cortesía. etc. tam poco cumplen con semejante proyecto. tan digno de emprenderse. íntima diversión. claro está. Y con esta conciencia moral.] que vuesa merced. (841. 90 La posible huella erasmiana en Rinconete y Cortadillo se ha considerado ya en varios estudios. inte­ lectual.. es destacar la típica . 65-72. ¡No podía esperarse menos de su «buen natural» y de su «muy buen entendimiento»! (851).. porque era en ex­ tremo bien criado» (849).. escéptica. Se trata de una conciencia sólo implícita. reac­ cionan Rinconete y Cortadillo ante todas las cosas absurdas que hacen. según se comprueba por sus decla­ raciones explícitas al final y por varias esporádicas intervenciones irónicas en el texto: «Monipodio la recibió [. también algunos rangos fundamentales de la notoria téc­ nica satírica de los Coloquios erasmianos90. nues­ tras consideraciones. Las ex­ plícitas perspectivas críticas de éstos influyen mucho. dicen y piensan Monipodio y sus cofrades: «Por cierto [. pero todavía n o con el deteni­ m iento que sería necesario para descubrir las m uchas sutilezas satíricas. claro está. de un lector moral y discreto. Con toda intención. burlona. Lo que aquí nos preocupa. se identifica inevitablemente también la del lector. en efecto.

«[..] y que [.]. p. preguntar] Zutano: «Hay más hijo —dijo M onipodio.. «dijo» [para contestar.. pervertidos valores cívicos... otra —respondió Rinconete [. «replicó». etc. preguntas. animado y estre­ m ecido por un extraño devenir com o una gota de mercurio ^(N ovelistas españoles de los siglos X IX y X X. sodalis exoptatissime ubitam diu peregrina­ tus es? Arnoldus: Iam desperabamus reditum tuum [. que son típicamente eras­ m ianos.]..].. contestaciones. Corneli.. de la literatura satí­ rico-m oral de inspiración erasmiana. aunque no m enciona jamás a Erasm o («R inconete y Cortadillo: Rea­ lism o... políticos. Rinconete y C ortadillo se situaría así tam­ bién en esa ilustre tradición humanista de Vives y los hermanos Valdés.]» (851). Ya los blancos escogidos para la sátira le sugerían a Cervantes una técnica ideal que se asociaba con aquélla del modo más natural.. La mayor parte del texto se diferencia de los Coloquios erasmianos sólo por el detalle de que en éstos las declaraciones.] después que te hubo castigado y brumado ¿no te hizo alguna caricia? ¿Como una? [..]» (850).pues... ínsula. religiosos.. económi­ cos. fluyente. mucho nos inclinamos a creer que precisamente en esa téc­ nica se inspiró Cervantes para formular su visión satírica de los falsos. que practicaba tan inmoral e irracionalmente gran parte de su sociedad. pues el número de in­ terlocutores varía de continuo en las conversaciones— que tiene Rinconete y Cortadillo 91. comentarios. y en particular aquella clase cuya conducta debiera ser ejemplar para las demás. La forma del Coloquio se aprecia en otra gran parte de Rin­ conete y Cortadillo.. con perspectiva irónica de los Coloquios erasmianos y.]». enero de 1968.. siem­ pre directas.. y díceme que viene mejorado en su arte [. mientras que en aquél se distingue a los interlocutores con las fórmulas usuales de «preguntó». De todos modos. carácter picaresco. y. iam toto seculo desiderate. «dijo» Fulano. 91 Pérez M inick intuye finamente: «En los cuadros de! antro de M onipodio aparece la gravedad del diálogo de los humanistas [.... 17-18). «respondió».]» (845). 44). alegría». Predmore se refiere a diferentes aspectos de la ironía cervantina. por ver si le podían dar un tiento [.] cien mil me hizo y diera un dedo de la mano porque me fuera con él a su posada [. Sí.]» (843). . Cornelius: Salve et tu..... en general. es inequívoca la forma de coloquio —y no sólo de diálogo. van precedidos de los nombres de los que las hacen: «Arnoldus: Salve multum . aunque sólo por referencia indirecta de los personajes: «Dijéronme que iban en seguimiento de un ganadero [. «Vengo a decir a vuesas mercedes cómo agora topé en Gradas a Lobillo [. comentar. pp..

res­ pondió que el oficio era descansado y de que no se pagaba alca­ bala [. como es natural. Y éste es uno de los principales efectos que también Cervantes persigue y consigue espléndidamente con el acto de hablar. que fue a quien le hicieron la pregunta. sobre todo. particular. de hecho..]» (837).]» (842). Se podría contestar que no lo hizo. pero. en el alma de Rinconete y Cortadillo. consonante con la de la obra entera. A todas luces.. por excelente que esto fuese. dramatizar. «Un muchacho asturiano.. nunca satisfecho por completo con lo recibido. .. de demostrada eficacia desde su aparición entre los lectores discretos de cualquier cultura. además de servir para la introducción.mucha más frecuencia. por mediación del autor: «cuando dijo al arriero que les había oído decir [nótese: diálogo dentro de diálogo] que los naipes que traían eran falsos. que se constituye.] decía que era grandísima afrenta [. consi­ deró oportuno complementar las ya grandes ventajas del instru­ mento erasmiano con algunas del arte novelístico por excelencia. y pidieron a Moni­ podio que desde luego les concediese y permitiese gozar de las in­ munidades de su cofradía [. según lo demuestra. Cervantes habría podido escribir esta obra por completo de acuerdo con el modelo del coloquio erasmiano. su Coloquio de los perros 92. con la función fundamental. de la conversación. se pelaba las barbas y [.]» (836).. al disponerse a escribir su sátira sobre todas esas lacras sociales. en que participaron o entreoyeron en el pasado -— coloquios dentro de coloquios. Así. «y a una voz los confirmaron todos los presentes. hacer cuanto más candente el problema discutido. que toda la plática habían estado escuchando. de actualizar.. para los movimientos y gestos físicos de los personajes 92 V éase nuestro estu d io sobre E l casam iento engañoso y C oloqu io de los perros. en general. Cervantes decidió adoptar la forma del colo­ quio erasmiano. pero cabría también preguntarse por qué in­ corporó en esta novela una parte tan preponderante de elementos tradicionalmente no característicos y por cierto no esenciales en ella. Las referencias de los inter­ locutores a otros coloquios. hacer funcionar la técnica novelística en todos aquellos casos en que la del coloquio se revela menos eficaz o apropiada.. salida y.. no únicamente. De habérselo propuesto. porque quiso escribir una novela. a veces reproduci­ dos— constituyen otro recurso característico de los Coloquios erasmianos. en sus variadas formas. aparición.

(«salió en esto un arriero [. estábale mi­ rando Cortado a la cara el sacristán le miraba de la misma manera [. de modo importante...]». ni les descontentó el oficio.. a modo de que los extrañaban y no conocían» (840)....]. de muy buen entendimiento [. para las ocasionales observaciones irónicas del autor: «los naipes* limpios de polvo y paja..]» (843). con que usualmente se indica la tran­ sición de un episodio a otro. músicas..]» (837). sentimientos. «Maniferro porque traía una mano de hierro [.... 844. A este res­ pecto. volvió Rincón. pensamientos íntimos. banquetes.. «pusieron los ojos de través en Rin­ cón y Cortado.] (840).] la relación del asturianillo. «De común con­ sentimiento aprobaron todos la hidalguía de los dos modernos» (843). etc. y tretas.. «todo lo cual fue poner más fuego a la cólera de Monipodio y dar ocasión a que toda la junta se alborotase» (843). de prestidigitación: «Cortado le alcanzó en la de Gradas [.]» (838).. para la descripción de fiestas.]. cuya ingeniosidad puede ser apreciada sólo por la descrip­ ción de fugaces gestos y ademanes exteriores.. por parecerles que venía como de molde [.. la condición física de los personajes: «dos mozas.. sujeto a las 93 La percepción de lo “no novelístico” se demuestra de manera reveladora en todos esos estudios que buscan lo teatral en Rinconete y Cortadillo (véase nota 52).. con lo cual se produce la sensación de un final “abierto”. para describir situaciones y circunstancias: «era tiempo de cargazón de la flota [. llenos de color los labios [. 847).. y para su comentario final: «Era Rinconete. los vestidos. y.]» 836). afei­ tados los rostros.. emociones. para indicar los ambientes de la acción: «En la venta del Molinillo [. en­ tró en una casa no muy buena [.].. de un cambio de escena y de persona­ jes y una nueva oportunidad para la conversación.. para revelar motiva­ ciones. y sin más detenerse.]. saltaron de­ lante de las muías [. . 836. «¡Y cómo que ha cometido sacrilegio! —dijo a esto al adolorido estudiante» (838). en suma. así como lo es el de todo proyecto humano.. observemos que esto se sugiere sólo como realizable en un futuro indefinido..]. con que sanciona la deci­ sión del personaje de renunciar a ese modo de vida93.. 837. sutilmente le sacó el pañuelo de la faltriquera [.. la técnica novelística se aprovecha para describir y explicar las apariencias. más no de grasa y malicia» (836). no quiere o no tiene ocasión de expresar ver­ balmente: «No les pareció mal [.] (836).] (834).... comidas. que el personaje no puede. y halló en el mismo puesto a Cortado [. aunque mucha­ cho. objetos materiales (840.

Finales “abiertos” de tal implicación se observan en los Coloquios erasmianos. com o tales. las “autobiografías” de Rinconete y Cortadillo. Se expresa con ello. En Rinconete y Cor­ tadillo Cervantes noveliza el coloquio erasmiano. el deseo y la incertidumbre que acompañan todo ideal cultivado por una mente prudente. pp. estados de conciencia.vicisitudes del tiempo. radicados principal­ mente en una fundamental afinidad de pensamiento de sus autores. sin intento de analizar sus muy su­ tiles modalidades (perspectivas. como únicos justificados. 81-84. claro está. 1923. Estamos aludiendo a los rasgos paralelos en Rinconete y Cortadillo. Rinconete y C ortadillo es un «cuadro de costumbres» más bien que «estric­ tamente una novela» ( Cervantes. de las experiencias y circunstancias de la vida cotidiana. constituye un característico. Saints bury. originalísimo tipo de novela. deseables y las practicadas corrientemente en la realidad. anécdo­ tas. 104-60). Recursos novelísticos que también Erasmo —pertinente es seña­ larlo— utilizó con frecuencia y con gran virtuosidad en sus Colo­ quios. Véase G. producién­ dose una extraordinaria. The E arlier Renaissance. etc.) —dignos de un detallado estudio—. contribuyeron de m odo importante al des­ arrollo de estos géneros. “mo­ derna” conciencia de la naturaleza permeable de la novela95. convirtiéndolos en vividos relatos. y nuestro libro. sabía. verosímiles remates de las "aberturas” abismales entre la creencia y conducta ideales. en que unos satíricos “cuadros de costum bres” se hacen absolutamente consustan­ ciales a todos los demás elementos. de hecho. mutua fecundación94. también por ello. con aguda. como. los amores desastrados de la Cariharta. etc. 94 C om o señala G onzález de A m ezúa y M ayo. Todas estas intervenciones novelísticas. Observemos también que en las interlocuciones mismas domi­ nan a veces los recursos narrativos para recrear los sucesos y las ex­ periencias individuales. por ejemplo. Edim ­ burgo. en que m ostramos el impacto de esa influencia erasmiana. pp. que. tonos. creador de la novela corta española. no­ torio comienzo de los Coloquios. . discreta. 95 M uchos lectores han percibido los Coloquios de Erasmo com o dramas o novelas incipientes que. E l pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. particularmente cuando de reformas mo­ rales se trata. que se han indicado sólo de un modo muy general. cuya gravedad empiezan a poner de relieve los personajes desde su primer encuentro. auténticos cuentos. simultáneamente. explicando que. se trata de un nuevo. D esde nuestra perspectiva. reverberan de múltiples modos en los diálogos y coloquios de Rinconete y Cortadillo.

248. por completo “disparatadas”. y «no para la reimpresión de los ya publicados». y. no se sabe de qué modo explicar esta “anomalía”. pero al formularlas Cervantes pensaba en un nuevo libro de caballerías. pero por parecer éstas. excepto en esporádicos aspectos y detalles. pero siempre identificable. Por otra parte.LA ESPAÑOLA INGLESA «[. según declaración explícita del propio Cervantes: «libro que se atreve a competir con Heliodoro» («Prólogo al lector».] son bastantes juntàs y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos». el Persiles es a la vez im itación y crítica de las novelas bizantinas. 125). tan “contradictoria” al propósito paródico del Quijote. p. 770). Este se especifica en la descripción de los elementos que un «buen entendimiento» podría utilizar en el característicamente «largo y espacioso campo» de los libros de caballerías. actualizado en sus temas y asuntos. La casa de ■ los celos se nutre exclusivamente de aventuras caballerescas. pero su inspiración principal es la novela bizantina. Cervantes se inspiró en 1 Palacín Iglesias.. Avalle-Arce: «Persiles y Segismunda».. como también el deseo de estimular su «revitalización» '. I. 3 D e hecho. Véase nuestro estudio: «El Persiles com o crítica de ia novela bizantina».. pp. entre otros. a menudo. consecuentemente. 201-203. (La española inglesa) El hecho. depurado de todos ios notorios defec­ tos y debilidades de los viejos. a ese tan “razonable” programa de revitalización. Es cierto que éstas son aplicables a varios tipos novelísticos. revitalizado en sus preocupaciones. N i el lector contemporáneo de Cervantes ni el actual reconocería.. en sus características fundamentales. 2 . Novelas ejemplares. la ascendencia del Persiles en el Am adís 3.] la virtud y la hermosura [. En lom o al Q uijote. Suma cervantina. revela la convic­ ción de Cervantes de que este tipo de literatura tenía «valor como útil recreación». El Persiles se sirve de ciertos elementos de la literatura caballeresca. A veces se opina que Cervantes mismo realizó sus recomen­ daciones en el Persiles1. «por donde sin empachó alguno pudiese correr la pluma» (Quijote . de que en el Quijote se proponga un exa­ men previo de los libros de caballerías «que se compusiesen». específicamente como libro de caballerías.

en una obra narrativa. p. Sin embargo. a di­ ferencia de lo que ocurre en el Persiles. artística. sobre todo. en El gallardo español. Eisenberg. pero los ar­ gumentos aducidos a favor de esta tesis. se utiliza la típica técnica narrativa bizantina (872-874). «El Bernardo de Cervantes fue su libro de caballerías». I. según nosotros. Sus pronun­ ciados recursos novelísticos sugieren que pudo escribirse original­ mente en prosa. experimentalmente. con aventuras por tie­ rra y mar. pero es aún más probable que Cervantes deci­ diera utilizar aquéllos. tienen licitud literaria. se suele clasificar como novela de corte bizantino 7. anagnorisis. entre otras razones. pero. Esta pieza se escribiría así. en definitiva. logrando crear con ella. H ay unanimidad crítica sobre esta clasificación de la novela. peli­ gros y dificultades continuos. Cervantes pensaba evidente­ mente. filosófico y estético. El propósito correctivo respecto a los defectuosos libros de caballerías. La casa de los celos demuestra así la convicción cervantina de que los asuntos caballerescos. ejemplar. 4 5 . ¿No sería quizás ésta La española inglesa? Por su historia amorosa. separaciones. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervantes. vigente. El Bernardo «es el verdadero li­ bro de caballerías de Cervantes» declara un estudioso. además de ser muy esporádicos y débiles8. supliendo o corrigiendo la inform ación anterior que de él se tenía. vol. 6 Véase nota 4. se revela de manera clara. encuentros inesperados. como cualquier otra materia. en efecto. al relatar Ricaredo sus experiencias. 7 R od ríguez-L uis. con propósito ejemplar respecto al teatro de temas caballerescos. reunión feliz de los amantes. ni justifican que ésta se clasifique como caballeresca4. se dem uestran en extremo especulativos 5. a base de un texto hipoté­ tico. estimu­ lado por la aspiración de crear uno nuevo. por su función peculiar en la obra. de los notorios “pensamientos escondidos” en su propia obra. al hablar del apete­ cido «largo y espacioso campo». Véase nuestro estudio sobre esta com edia en E l teatro de Cervantes. subor­ dinados a un específico fin ideológico. etc. popular todavía a fines del siglo XVI y principios del siguiente6. 8 Sólo al final de la novela.la materia caballeresca del muy admirado Orlando innamorato¡ porque en ella adivinó extraordinarias posibilidades para la dramatización del conflicto interior. Sin embargo. incluyendo la no­ toria técnica narrativa. en La española inglesa los característicos elementos de la novela bizantina.. 51. con la intención de hacer cuanto más dinámica su obra teatral. un auténtico drama psicológico.

Aunque en esta empresa. 1963. por boca del canónigo. Toda las citas de esta edición. respectivam ente (25) 1 0 —-. com o el situar el ataque traicionero de A m esto «en Francia» (870) y después en Aguapendente. Zaragoza. I. significativa e ingeniosamente innovados. 203). lle­ gando a ser así casi una de sus facetas convencionales. «Persiles y Segism unda». con las correspondientes del más famoso libro de caballe­ rías: La relación amorosa de Amadís y Oriana. auténtico nuevo Amadís . una obra que ya tenía escrita» (A valle-Arce. en parte. encuentra su paralelo en la que se desenvuelve. de interés actual y de propósito ideológico y literario ejemplar. un lugar entre R om a y F loren cia (872). Ebro. En el texto hay varias contradicciones en la cronología de los sucesos. en los personajes e incluso en el estilo de La española inglesa —signifi­ cativamente. pero no afectan la consistencia esencial. pero es más bien improbable. a la vez admirativa e implícitamente correctiva. porque el autor no da ningún indicio de tal problemática en esta situación. Es así necesario un cotejo atento de las situacio­ nes más im portantes de La española inglesa. una de las más extensas novelas ejemplares— no importa si escrita antes o después de 1605 9. En las páginas siguientes se mostrará que en la trama.se subordinan a una concepción y estructura novelística que se identifica más bien con la característica de los libros de caballerías. constituyéndose. Q u izás pueda explicarse esta discrepancia por el escaso conocim iento geográfico del criado o por una defec­ tuosa com unicación. pp. Suma cervantina. p o é ­ tica de la obra. iniciada en la corte real escocesa ya en su niñez —«doce años» y «hasta diez años». p. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. . V. el Amadís de Gaula se afirma claramente como su principal modelo inspirador para la articulación de la trama de amor y aventuras y para la caracterización de los protagonistas. pero no declarada durante mucho tiempo. 9 «Sería m uy propio del sentido del hum or de Cervantes y de su ingenio iró­ nico. 10 A m adís de Gaula. A este propósito conviene recordar que al menos desde El libro del caballero Cifar lo bizantino a menudo se inmiscuye de algún modo y en dimensiones variables en la literatura caballeresca. 30-33) — ali­ quando bonus dorm itat H om erus — . López. el proponer com o futuro m odelo literario. se reincorporan ele­ mentos característicos de la literatura caballeresca tradicional. Cervantes tuvo en cuenta la literatura caballeresca en general. en un libro de caballerías moderno. A ú n de m enor im portancia so n otras circunstancias. ed. que com plican m ucho el problema de la fecha de com posición de la obra (Véase R o ­ dríguez-Luis.

en la corte real inglesa, también encubierta por mucho tiempo, de Ricaredo e Isabela, todavía niños. Como Amadís, quien, tenién­ dose «por muy osado en haber puesto su pensamiento» en «la grandeza y hermosura» de la «Sin par» Oriana y no atreviéndose «a decirle una sola palabra», sufre, llora y se desvanece, sólo al pensar en ella o al oír su nombre: «a menudo he este mal» (32), Ricaredo se apasiona de «la sin igual belleza de Isabela», no osando descubrirle su amor (principalmente por creer que tal re­ lación amorosa no le sería permitida) y así sufre, llora de continuo y hasta cae gravemente enfermo: «pasaba una vida tal, que le puso a punto de perderla» (855). Por fin, se presenta la ocasión propicia para revelarse, pero mientras Amadís inicia así una relación amo­ rosa secreta con Oriana, quien la acepta con sumo deleite, Rica­ redo hace hincapié en que éí quiere «gozar y poseer» a Isabela no «por otros medios que po r los de ser su esposo», aunque «a hurto» de sus padres, porque «de la incomparable honestidad de Isabela [...] no se podría esperar otra cosa» (854). Ésta, «los ojos baxos», está dispuesta a casarse con él, pero no sin el consenti­ miento de los padres de Ricaredo, queriendo serles siempre «agra­ decida a las infinitas mercedes que [la] han hecho« (855). Este de­ talle es muy significativo para la acción posterior, según se verá. Tomando a Oriana bajo su protección («Creed que yo la guar­ daré como su madre lo haría»), la reina «diole al Doncel del Mar que la sirviese», y éste, «en días de su vida no fue enojado de la servir, considerando que él sería tal e haría tales cosas por donde muriese, o viviendo, su señora le preciara» (26). Para demostrarse digno de Oriana con su esfuerzo y valor individual, sin considera­ ción alguna de su ilustre ascendencia («como si todos los de mi li­ naje muertos fuesen», 28), Amadís emprende toda clase de haza­ ñas en tierra y mar (en una de ellas está al mando de una flota, 122), comúnmente «en ayuda» de la reina y otros monarcas ami­ gos contra malévolos adversarios. En la novela cervantina, la reina Isabel decreta que el matrimonio de Isabela («que ya la estimo como si fuese mi hija», 16) y Ricaredo no puede realizarse hasta que éste «por sí mismo lo merezca», sin que «para esto le aprove­ chen los servicios [...] de sus pasados». Como a propósito, «dos navios [...] están para partirse en corso» y «del uno de ellos» será «capitán» Ricaredo, pues, su «sangre» y el estar «enamorado» han de «suplir la falta de [sus] años», dice la reina, confiada en que su nuevo paladín logrará «grandes cosas». Al despedirse de él («ma-

ñaña ha de ser vuestra partida»), la gran señora se entrega a una nostalgia de sugestiva evocación literaria: «¡Feliz fuera el rey bata­ llador que tuviera en su exército diez mil soldados amantes que esperaran que el premio de sus victorias avía de ser gozar de sus amadas!» (858). La conducta de Ricaredo durante toda esta cere­ moniosa entrevista es asimismo muy sugestiva de la típica de los caballeros andantes literarios: «hincado de hinojos», agradeciendo la «merced» otorgada para lucirse en el campo de batalla y mere­ cerse la «prenda», única en el mundo; despidiéndose con «nudos en la garganta» y «lágrimas en los ojos», como fino caballero ena­ morado, pues «una cosa es pelear con los enemigos, y otra despe­ dirse del que bien se quiere» (858). Y, después, su actuación va­ liente, p ru d en te , sagaz, m agnánim a, lib eral con aliados y adversarios durante la batalla marítima (858-60)1 1 y su vuelta glo­ riosa al puerto de Londres, en naves que enarbolan «señales ale­ gres con las tristes», por la muerte del general, evocadoras de la le­ yenda de T ristán e Isolda, cargadas de especerías, perlas, diamantes, cuyo valor «pasa de un millón de oro», todo para su reina, quien, «puesta a unos corredores», en compañía de Isabela y otras cortesanas, está esperando «la nueva de los navios». Es­ tampa de bello, puro sabor caballeresco, que se completa con la llegada del «valeroso», victorioso joven capitán, seguido «de un innumerable vulgo», al palacio: «Era alto de cuerpo, gentil hom­ bre y bien proporcionado [...] y como venía [...] con el paso brioso [...] armado de todas armas, ricas y resplandecientes, graba­ das y doradas, parecía en estremo bien a cuantos le miraban [...] no le cubría la cabeza morrión alguno, etc.» (861). Muchas entra­ das semejantes, con descripciones comparables del atavío caballe­ resco, hay en el Amadís: «El Doncel del Mar», «grande» de
11 Eisenberg: « The K n igh t seeks [...]prestige, fam e, a n d reputation, a n d his ad­ ven tu res are a means o f obtaining these. H o w e v e r [...], he also attains fa m e an d repu tation , because o f th e q u alities o f his p e rso n a lity — the gracious w a y the K nigh t treats others , fo r example, m agnanim ously setting free the enemies he has vanquished» (Romances o f C hivalry in the Spanish G olden Age, p. 63) [«El caba­ llero andante busca prestigio, fama, reputación y aventuras com o m edio para conseguirlos. Sin embargo, también consigue fama y reputación por sus cualida­ des personales ; —el m odo cortés con que trata a los otros, por ejemplo, dejando magnánimamente libres a los enem igos vencidos»]. Todas las características que este estudioso destaca en el capítulo «A Typical Romance of Chivalry», pp. 5574, se encuentran utilizadas, sistemáticamente, en L a española inglesa, aunque con nuevo sentido, claro está.

cuerpo, «el más hermoso caballero [...] entró por la villa [...] lle­ vaba la cabeza desarmada, e todos decían: ¡Ay buen caballero [...] Ay que hermosura de caballero! [...] Armado de unas armas verdes [...], todas sembradas muy bien de leones de oro [...] e con ellos fue a ver a su señora al Castillo de Miraflores [...]; armas muy ricas [...], todas nuevas e frescas e lucidas, resplandecían de tal manera [por dar el sol en ellas] que no era sino maravillar a todas aquellas que lo veían», etc. (3-8, 127). A las «armas resplandecientes» de Ricaredo hace una alusión levemente irónica la «desenvuelta» cor­ tesana Tansi: «Mirad a Ricaredo, que no parece sino que el sol se ha bajado a la tierra y en aquel hábito va caminando la calle» (862), alusión que se revela significativa más tarde. La conversa­ ción entre la reina y su heroico y leal vasallo transcurre con ama­ bles discreteos cortesanos e hiperbólicas declaraciones y prome­ sas, tan familiares en la literatura caballeresca: Ricaredo: «Con una joya sola que se me dé, quedaré en deuda de otras diez naves [...]». Reina: «Vos aveys guardado las joyas de la nave para mí, yo os he guardado la joya vuestra para vos, etc.» (862), concluyéndose con la promesa de Ricaredo de referir «más particularmente» todas las «hazañas», así como lo estipula la orden de la andante caballería: «Retournés á la cour de leur souverain, ils rendront un veritable compte de leurs aventures [...] au roi» n. Al retirarse la reina a su «sala», todas las cortesanas «rodean» a Ricaredo con miradas ad­ mirativas, enamoradas, con palabras graciosas, lisonjeras, coquetonas (862), en suma, con todas esas amables atenciones que suele recibir Amadís de «todas las dueñas e doncellas» cortesanas, de quienes es «mucho amado» (25). Entre éstas se encuentra Leonoreta, una «doncella pequeña», quien cree ingenuamente que Ama­ dís es su caballero, por lo cual «todas comenzaron a reír de ver como la niña toma [esto] tan de verdad» (97-98), episodio que se reproduce, con leves cambios, en el de la «doncella de pequeña edad, la cual no hizo sino mirar a Ricaredo [...] y con simplicidad de niña quería que las armas [de aquél] le sirviesen de espejo [...], rieron todas del dicho de la doncella» (862). El entretenimiento con «las dueñas e doncellas» en ambas obras —tan corriente en los libros de caballerías que aparece parodiado en el Quijote, II, cap. 62— es, ante todo, una ocasión propicia para hacer brillar la
12 Baret, L ’A m adis de Gaule , p. 206. [«Vueltos a ía corte de sus soberanos, da­ rán cuenta verdadera de sus aventuras (...) al rey».]

inteligencia, la discreción, la elegancia, la gracia, la argucia verbal [...], atributos imprescindibles de todo verdadero caballero an­ dante. Los enemigos de los caballeros andantes buenos suelen ser in­ dividuos malvados y muy poderosos, como en el Amadís lo son Arcalaus y Dardán, «el más valiente y esforzado caballero de toda la Gran Bretaña, [pero] su soberbia e mala condición facían que lo no emplease sino en injuria de muchos, tomando las cosas desafo­ radas, teniendo en más su fuerza e gran ardimento del corazón que el juicio del Señor» (52). Parece modelo inmediato del conde Arnesto, a quien «la grandeza de su estado, la alteza de su sangre, el mucho favor que su madre con la reyna tenía [...] hazían más de lo justo arrogante, altivo y confiado», y quien «ardiendo» y «abrasándose» con sus celos, se arma «de todas armas y sobre un fuerte y hermoso caballo» reta a su afortunado rival: «Estdme atento a lo que decirte quiero [...] digo que tú [no] has hecho cosas tales que te hagan merecer a Isabella [...], si quieres contradecirme, te desafío a todo trance de muerte [...]. Calló el conde, y desta ma­ nera respondió Ricaredo [nótese el típico acento de los retos ro­ máncenles]: yo lo acepto por el atrevimiento que habéis tenido en desafiarme [...] y pidió aprisa sus armas [...] y puesto sobre un hermoso caballo [...]» (865). De los muchos retos semejantes re­ cordamos el siguiente por la referencia a la provocación premedi­ tada a que contesta Amadís, a las condiciones del duelo, a la apos­ tura de caballeros, caballos y armas: «vino Dardán muy armado sobre un hermoso caballo [...] é dijo: “Señor; manda[..]é si hay ca­ ballero que diga que no, yo lo combatiré [...]; Amadís salió [...] todo armado y encima de un caballo blanco [...], teniendo aquellas sucias palabras que le dijera [Dardán] en la memoria» (47, 48, 49). Se recordará también la parodia de tales retos provocadores en el encuentro del caballero del Bosque y D. Q uijote53. En los libros de caballerías los malvados siempre tienen cómplices, “coherma­ nos", etc., a veces de poderes mágicos, para la perpetración de la maldad. En la novela cervantina desempeña esta función la renco­ rosa «camarera mayor de la reina», madre de Arnesto, quien enve­
13 Ya Icaza se percató de aígunas semejanzas entre D . Q uijote y Ricaredo (Las novelas ejemplares, p. 142). El reto de A rnesto a Ricaredo, incluyendo ciertas ex­ presiones, hace recordar también el de A lim uzel a D . Fernando en El gallardo es­ pañ ol (véase nota 4).

nena a Isabela con una «conserva [...] contra las ansias de coraçôn». Isabela no muere 14, pero queda transformada en «un monstruo de fealdad» (866). Si antes todos, menos los envidiosos, la admiraban y querían por su excepcional belleza, ahora todos la aborrecen y rehuyen por su fealdad, menos los envidiosos, por no tener ya qué envidiarle, ¡pues tan sólo le quedan su virtud y dis­ creción! (867), N o queriendo tener tan fea mujer en su casa, ni mucho menos como nuera, los padres de Ricaredo deciden desha­ cerse de ella, despachándola, con sus padres 1 5 , a su patria, «dán­ doles tanto haber y riquezas, que recompensasen sus pasadas pér­ didas» (867) —intento, consciente o no, de acallar la conciencia. Castigada la camarera mayor y su hijo, llegada la doncella de Es­ cocia, «tan hermosa que después de la Isabela que solía serlo no había otra tan bella» 1 6 , escogida para esposa de Ricaredo por los padres de éste, todo parece solucionarse de manera satisfactoria para todos, excepto Ricaredo. Para él ésta es la ocasión de su ma­ yor triunfo, frente al cual palidecen todos los de Amadís, los de todos los caballeros andantes, por más extraordinarios: «Isabela de mí alma [...], puesto que tu corporal hermosura me cautivó los sentidos, tus infinitas virtudes me aprisionaron el alma, de manera que, si hermosa te quise, fea te adoro [...], te prometo ¡oh Isabela!, mitad de mi alma, de ser tu esposo [...], si tú quieres levantarme a la alteza de ser tuyo» (867). En la literatura caballeresca las trans­ formaciones grotescas ocurren por las artes mágicas y por ellas también se anulan, siendo así, en realidad, sobre todo un recurso
14 Se salva por los «remedios eficaces» contra el veneno que le dan los médicos y no por «los polvos de unicornio» que antes le hizo dar la reina. Revelándose és­ tos ineficaces, se destaca graciosamente que son meros «embustes y disparates» y supersticiones ( 8 6 6 ). Es oportuna esta nota por la ocasional ironía que se expresa respecto a este remedio “m aravilloso” ¡de Cervantes! 15 Los padres reconocen a Isabela por un «lunar» (864), lugar com ún en los li­ bros de caballerías para reconocer a los niños perdidos o raptados (Eisenberg, Rom ances o f C hivalry, p. 57). La m uy conm ovedora anagnorisis en La española inglesa (864) parece inspirada, en gran parte, en la análoga escena de Amadís y sus padres (46), aunque Amadís no fue robado, sino su hermano Galaor, de niño. 16 C o n frecuencia se tiene la sensación de que Cervantes imita las descripcio­ nes del A m adís: «era azas hermosa, pero no com o Oriana, que con esta no había par ninguna en el m undo» (98). Oriana «parecía una estrella luciente» (76), Isa­ bela «parece la estrella o exalación» (856), etc. Sin embargo, las descripciones cer­ vantinas siempre tienen trascendencia también para la caracterización moral del personaje.

para complicar la trama, mientras la transformación de Isabela queda anulada ya en el acto por la fuerza más mágica, más mila­ grosa en el mundo, que Cervantes identifica con el espíritu noble del genuino amor. Ricaredo pide a Isabela (quien «con voz mez­ clada con lágrimas [...] le aceptaba por suyo») que le aguarde en España «dos años, dentro de los cuales» se reunirían. ¡Sólo «algún grande impedimento o la muerte» podría impedirlo! (867). Poco después emprende un peregrinaje a Roma que culmina con Rica­ redo confesándose con el Sumo Pontífice y «besándole los pies» (872) —nótese la correspondencia episódica en la penitencia de Amadís en la Peña Pobre, confesándose con el ermitaño, «de misa», «besándole los pies» (89). Ahora bien, ¿se emprende este peregrinaje sólo como pretexto para salir de Inglaterra y por de­ seo, común a los católicos, de confirmarse en la fe? Así se inter­ preta de costumbre 17. Sin embargo, al considerar atentamente toda la conducta pasada de Ricaredo, se descubren varias posibles razones por las que sentiría remordimientos, a lo cual él mismo parece referirse al revelar su necesidad de «asegurar su conciencia» (868): A pesar de su sincero aprecio de las virtudes de Isabela y de sus siempre honradas intenciones respecto a ella, ¿no es quizás cierto que, al menos en ocasiones, su proclamado amor genuino, espiritual, puro, estaba teñido de «ardentísimos deseos de gozarla y de poseerla» (854) que ahora se le revelan como pasión sensual, egoísta, sacrilega, «lust [...] to a radiant angel linked» (Hamlet, I, 5) [«(...) lujuria (...) unida a un radiante ángel»]. Con el sacramento matrimonial ¿no quería, en realidad, legitimizar sobre todo ese deseo de gratificación sensual? Al querer casarse «a hurto de sus padres», ¿no pensaba sólo en su propio placer, sin considerar en absoluto las penas que con ello podría causarles a ellos y también a Isabela, implicándola en tan deshonesta complicidad, según ella, de hecho, se lo reconvino discretamente? Al tener que enfrentarse, como capitán del barco inglés, con la posibilidad de combatir contra sus correligionarios, para poder ganarse la mano de Isabela
17 Casalduero, Sentido y fo rm a de las N o vela s ejem plares (126). Pabón rela­ ciona este peregrinaje con «el pecado original» («The Sym bolic Significance of Marriage in L a española inglesa », p. 6 6 ), pero no resulta m uy clara esta tesis, pues Ricaredo es católico bautizado. En su bello estudio, Lapesa observa que Ricaredo «no está satisfecho con la im perfección de su fe», pero sólo en el sentido de no haberla «definido» de acuerdo con la ortodoxia católica («En torno a L a española inglesa y el Persiles», Π, p. 385).

(significativamente, Cervantes elimina el deber patriótico como factor en este dilema), ¿no determinó en su pensamiento «de pos­ poner al gusto de enamorado el que tenía de ser cathólico» (858), es decir, de promover sus intereses personales por encima de cual­ quier otra consideración?18. Al morir de improviso el general de la flota «todos se entristecieron, si no fue Ricaredo, que se ale­ gró», claro está, «no por el daño de su general, sino por ver que quedaba él libre para mandar en los dos navios» (858). Sin em­ bargo, al revivir ahora ese momento, ¿no le es forzoso admitir que la ambición personal se inmiscuía de manera perversa en esas cir­ cunstancias tristes? Al presentarse en el palacio con tan «gallarda bizarría», con tanta pompa militar, que, en efecto, algunos corte­ sanos «tuvieron por impertinencia» (862), ¿no estaba su corazón de veras muy henchido de soberbia, siempre fea, pero aún más en su caso, pues su victoria marítima más se debió a la coincidencia que a su mérito personal?19. Al reto de Arnesto ¿no contestó, en realidad, sólo por su vanidad herida, igualándose así en soberbia con él? Ricaredo tiene, pues, buenas razones para querer aliviar la conciencia, y es muy significativo el hecho de que sienta esta ne­ cesidad, de modo tan imperante, en estos momentos, como si hu­ biese experimentado una improvisa, transcendental revelación in­ terior. Es que sólo ahora, sin la perturbadora belleza exterior, puede Ricaredo comprender la verdadera hermosura del alma de Isabela, víctima inocente de la maldad y, no obstante, incapaz de odio, rencor y venganza, llena de compasión, perdón y bondad hacia sus mismos perseguidores; víctima inocente, condenada a te­ rribles sufrimientos y a un lóbrego destino, en definitiva, por
18 El Saffar interpreta el dilema de Ricaredo a base de esta traducción: «But, fin ally, he decided to subordinate his pleasure as a lover to bis obligations as a Catholic», con la consecuencia de comprender tam bién las escenas siguientes de acuerdo con ello (N o v el to Romance: A Stu dy o f C erva n tes’ N ovelas Ejemplares, pp. 153 ss.). [«Pero, finalm ente, decidió subordinar su placer de amante a sus obligaciones de católico».] Sin embargo, el texto cervantino —-aunque bastante ambiguo en ciertos detalles— - no admite tal traducción, y es perfectamente lógico en su formulación por el problem a que el autor plantea. 19 Observa con razón Rodríguez-Luis: «En realidad Ricaredo no ha tenido ni que desenvainar la espada» (N o v ed a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes, I, p. 40). La descripción de Ricaredo com o «Marte, dios de las batallas», pero con «rostro» de «Venus» (861) tiene fuentes clásicas (O vidio, por ejemplo), pero in­ vita a una consideración detenida sobre su sim bolism o, posiblem ente m uy signifi­ cativo, en la novela.

causa de él, Ricaredo, de su amor, por muy penosa ironía, indigno del genuino, puro de ella. Un íntimo pudor se apodera de Rica­ redo por su aspiración amorosa, tan presuntuosa, sacrilega del pa­ sado, y, a la vez, una fervorosa determinación de purificar su alma, para «levantarla a la alteza» de la de Isabela (867). Por ser católico va a confesarse con el Sumo Pontífice, pero todo su peregrinaje es, ante todo, simbólico de una radical contrición y purificación espi­ ritual, necesaria para la eventual reunión armoniosa de las almas. En Italia, Arnesto, con la complicidad de «quatro criados», hiere, a traición, a Ricaredo. Creyéndolo muerto, su paje vuelve a Londres con las «tristes nuevas» que después se comunican a Isa­ bela. Esta las cree, pues, como si recordara a Arcalaus, quien, por maldad, trajo la falsa noticia de la muerte de Amadís (55), consi­ dera que el paje «de suyo no habría querido, ni tenía para qué fin­ gir aquella muerte» (870). En efecto, para este episodio Cervantes combinó ingeniosamente varias notorias aventuras del Amadís: con «el traidor de Arcalaus», acompañado de «cuatro» cómplices, que quiere robarle a Oriana, Amadís se enfrenta en Inglaterra, ahuyentándolo, pero queda herido en otro encuentro, con «tan espantables heridas» que al verlas, Gandalín, su escudero, «cuidó que era muerto». Se las cura el maestro Elisabat, pues «todo el daño estaba en la carne é en los huesos, y [...] no le tocara en las entrañas» (118), asimismo como, por suerte, ocurre con Ricaredo, a quien «halláronle atravesado con quatro balas y con muchos perdigones, pero todos por partes que de ninguna fue mortal la herida» (872). Bella, conmovedora es la escena en que al recibir la falsa noticia de la muerte de Amadís, Oriana, «desfalleciéndole el corazón», cae «amortecida», queriendo después morir ella tam­ bién, para no ser «tan desleal, que sólo una hora viva sin aquél que, no con mi muerte, mas con mi gana [...], no pudiera vivir, ni tan sólo una hora», para que su «alma» con la de Amadís «se junte» en otra «morada», donde «aquel gran encendimiento de amor» que «con tanta afición sostenían en esta vida», será «muy mayor» (56-58). La recreación cervantina de esta escena produce uno de los momentos sentimentalmente más finos en sus obras: «Acabada de leer la carta, sin derramar lágrimas, ni dar señales de doloroso sentimiento, con sesgo rostro, y al parecer con sosegado pecho, se levantó de un estrado donde estava sentada, y se entró en un oratorio, y hincándose de rodillas ante la imagen de un de­ voto crucifijo, hizo voto de ser monja» (870). Extraño parece que

. escuchando sus «discul­ pas». su libertad reco­ brada por la intervención de la «virtuosa» y «piadosa» mujer. al ir a tomar el há­ bito religioso. El dolor de Isabela es atroz al creer que Ricaredo ya no vendrá. precedida de otra. En su viaje hacia España prenden a Ricaredo unos piratas ar­ gelinos. Isabela. recibiéndolo como «a mitad de su alma» [. que mientras yo fuese vivo. porque su espíritu siempre generoso y compasivo no le permite turbar a sus queridos padres y. en la relación amorosa. tanto por el ambiente como por las actitudes del personaje. Aquel mismo «gran encendimiento de amor». se entrega fervorosamente a la ilu­ sión de estar con su amado. en el momento mismo en que Isabela «ya tenía un pie dentro de la portería del convento». Se evidencia. p. a quien «pesa muy de corazón» el terrible destino del héroe (53).. «se vistió con aquel vestido mismo que llevó quando fue a ver a la reyna» para anunciar el matrimonio con Ricaredo (870).] (870). Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. Del cautiverio de «casi un año» lo rescatan los caritativos «padres de la Santísima Trinidad» (871). lo contiene con esfuerzo sobrehu­ mano. con elocuente simbolismo. abrazándolo. gri­ tándole: ¡«Detente. preguntándole acerca de los «impedi­ mentos» que «le habían detenido tanto». como en to­ dos los episodios de La española inglesa -— nuevo Amadís — el propósito consistente de reincorporar los más notorios ingredien­ tes episódicos del famoso libro de caballerías: captura y cautiverio de Amadís en el palacio encantado de Arcalaus. profundo amor humano no es distinto del Divino. Por esto. «en hábito de los que vienen rescatados de cautivos». lo cual se confirma también por la escena del retorno de Ricaredo. Lo que haya de autobiográfico en todas estas aventuras se subor­ dina a los requisitos de la creación poética. sobre todo. . detente. con él se funde. y que es evidentemente una ver­ 20 Casalduero. que «sostenían» en la tierra los sosten­ drá siempre en su mágico lazo divino. 129. con el «corazón» ya muy «fatigado» por la larga espera. no menos espléndida en que Isabela. Aunque no se trata de un auténtico amor místico. Isabela. El genuino. espiritual de Isabela y Ricaredo hay inconfundibles matices místi­ cos. no puedes tú ser religiosa»! (871). porque sabe que como antes ningún obstáculo ha podido separar sus almas tampoco podrá separarlas ahora la muerte. perdonándole todo. que con su fina sensibilidad ya intuyó bien Casalduero20.no haya llamado la atención de Azorín esta escena.

Los cónyuges celebraron la feliz reunión » 21. «Introducción» a su edición de las N o ­ velas ejem plares.. 1966.].].. Escocia. Cervantes le da una "consisten­ 21 Slovem ka prípoved. p.] yo soy Zala. etc. 22 En el Am adís.. ubicadas en tierras habitadas por el diablo y otros monstruos. seudohistóricas aventuras de los libros de caballerías.. pp. Inglaterra. A menudo se expresan dudas sobre la fidelidad histó­ rica de los acontecimientos y personajes descritos.] [para que] no quedase en olvid o de la memoria de las gentes. Es un recurso narrativo de que se sirve con cierta frecuencia y que procede de las leyendas populares. ..].] [para que no hubiese duda] de la verdad que avia con­ tado». Sobre lo autobiográfico y p o é ­ tico de estos episodios véase A valle-A rce. su legítima mujerl [. A las descabelladas. «equal hardships» («The Structure o f Cervantes’ L a española inglesa ». “m ilagrosos” con he­ chos supuestamente históricos. «y él les dijo que lo haría de m uy buena voluntad a condición que el maestro le to ­ mase juramento en los Santos Evangelios porque ellos lo creyesen e con verdad lo posiesen por escrito [. L ow e muestra que la novela cervantina se es­ tructura a base de las dificultades que am bos amantes deben sufrir y superar. 47). com o los «herederos de un hidalgo burgalés. En ambas obras se quiere intensifi­ car la sensación de la verdad de los sucesos maravillosos... porque pensaba que ella ya no volvería [. y no obstante descritas con solemnes reclamaciones de autentici­ dad histórica y geográfica.. 7-16. vol. I.. se sitúan en el m ism o cosm os geo­ gráfico que la «isla del diablo». etc. 287290).. en la época de las hostilidades políticas y militares entre la Inglaterra isabelina y la España de Felipe II y su heredero22. El maestro Elisabat así lo hizo» (121). Ricaredo «sacó de una caxa de lata los recaudos que dezia [.'ll. etcétera. Traducimos un trocito del cuento esloveno Miklova Zala: «Siete años esperó el marido de Zala a su mujer [cau­ tiva de los turcos].sión de un cuento popular de las zonas costeras. A l acabar de narrar sus experiencias. 31. que no tienen relación alguna con «los hechos verda­ deros como valientes» de la historia. Cervantes responde en La española in­ glesa. cap. En el A m adís todos ruegan «m uy afinca­ damente» a Gandalín que les quisiese contar la «tan gran proeza» de su señor. Los convidados a la boda fueron a la iglesia [. ubicando la acción en varios países europeos y Argel. «que ni las descubrió Tolomeo ni las vio Marco Polo» (Quijote.. libro de caballerías ejemplar.. [viendo] a su marido al lado de otra mujer. amenazadas por la piratería mora. «ínsulas no falladas». que se llamaba H ernando de Cifuentes» (874) y que Cervantes de seguro no reco­ mienda investigar en los archivos. D espués piden a Isabela «que pusiese toda aquella historia por escrito. Zala desecha el disfraz y grita: ¡Párense [. Ljubljana. para que la leyesse su señor arçobispo» (873). Al fin decidió casarse otra vez.. pp. Frente a la Iglesia. Cabría obser­ var que al “historizar” su novela.

se nos presenta. con perspectivas personales ora “realistas” o satíricas.. razonables y. pues son bastantes junta y cada una de por sí a enamorar aun hasta los mismos enemigos» (874). lo cual también contribuye a la admiración y bondad con que la gran señora trata a la niña española. para poder deleitarse al oírla hablada.cia peculiar”. pp. poetiza la historia. en los supuestos humanos. ¡Con una significativa excepción! Siempre han llamado mucho la atención las tan extensas. pormenorizadas referencias a las transacciones comerciales. Interesa ahora insistir en que la preocupación primordial de Cervantes con la verosimilitud interna. p. poética en el planteamiento del problema fundamental. a menudo interpreta los imprecisamente conocidos. a su vez. de acuerdo con conjeturas probables. tan cen­ surables para algunos lectores26. 385. 24 En el hecho de que la reina entienda español sin poder hablarlo no hay nin­ guna contradicción. también. La novela corta en la teoría y en la creación literaria: 27 Lapesa. de m odo ele­ gante. En base de éstas. no sólo justifica todos esos sucesos maravillosos y las numerosas coincidencias. casi alegórica. con ocasión de los via­ jes de Isabela y Ricaredo a España (868-9). por Isa­ bela 24. com o lo observó agudamente ya Casalduero (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. ilustra parcialmente la ejemplaridad de la obra: «enseñar quánto puede la virtud y quánto la hermosura. p. siempre inextricables de la preocupación de Cervantes con la verosimilitud interna. ora idealizantes. sin ser capaz de relatar. Tam poco las hay en que Ricaredo converse en español con varias personas. Cer­ vantes no transforma jamás conscientemente los hechos docu­ mentados. coti­ diano. sino que también hace apreciar la extraordinaria ingeniosidad artística con que se introducen en la trama. insistentes. sus experiencias al fin de la novela. aplicables a nuestra obra («La historia com o materia novelable»). artístico. a la vez. lo cual. poética.27. C ervan tes' Theory o f the N ovel. Casalduero advierte con razón que no se trata «de esas escenas de finanzas tan fre­ 23 Véanse las interesantes observaciones de G ullón sobre los Episodios nacio­ nales. notorios25. pero que. A este respecto es importante percibir que La española in­ glesa se estructura a base de una concepción intensamente simbó­ lica. 26 Pabst. según tantas veces se dice. 123). la reina Isabel con un conocimiento pasivo de la lengua española. con suma gracia. por ejemplo.. desinteresada del detalle “realista”. 25 Riley. «En torno a L a española inglesa ». amoldándola a las exigencias artísticas del tema y de su planteamiento23. Se ilustrará más adelante esta sugerencia. . 60-61.

pues en ninguna de ellas el ambiente político de fondo las re­ quiere29. 3). Mientras a ningún lector contemporáneo de Cervantes se le ocurriría hacer re­ paros “realistas” a las extraordinarias hazañas y aventuras de los personajes. Sin embargo. tampoco esto suaviza el evidente desequilin Casalduero. com o si Cervan­ tes sugiriese causalidad en ia observación: «En fin. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares.. como. en nin­ guna otra obra cervantina se dan descripciones extensas de este tipo. de hecho. 133-134. Sieber dice que «al restaurar [el padre de Isabela] su cré­ dito [de mercader] tam bién se restaura la hermosura de Isabela». según se ha mostrado también en este estudio. pero él mismo las considera sólo por su «valor de lo pintoresco» y por «la armonía en los contrastes» entre lo es­ piritual y lo vulgar28. pero esta posible intención correctiva se subordinaría. pp. le rondan de continuo la casa (869). en todos los sentidos. claro está. una ocasión ¡para una joven que no estuviese tan entregada al recuerdo de su amado ausente! 29 . en la época en que se sitúa la acción. para todos esos “pisaverdes” que. N o es muy convincente la sugerencia de Avalle-Arce de que esa abundancia de «detalles materialistas y bancarios» sea necesaria para «anclar en el hic et nunc [. fue restaurado su perdido crédito. p.] el m atrim onio cristiano de Ricaredo e Isabela» («Introducción». I. se interpretan a veces. para el desarrollo de los problemas personales o sociales tratados. 14-15). Considerando el específico género literario que Cervantes emula. lo pintoresco o decorativo siempre se revela funcional. de hecho. económicos responda. y la belleza de Isabela volvió a su ser primero» ( C ervantes: N ovelas ejemplares. N o vela s ejemplares. en parte. 29). pp. alguno de los cuales podría representar una tentación. Se explica así la razón de toda esa actividad financiera en la obra. en La española inglesa. a la total abstracción de toda necesidad material o “preven­ ción” práctica en las sólitas andanzas caballerescas (Quijote.cuentes en la novela y el teatro del siglo XIX». cap. I. les resultaría total­ mente increíble un viaje marítimo comercial. para cual­ quier hombre. la deseabilidad de la joven. es plausible que su insistencia en los detalles bancarios. n. en consideración a estas expectativas particulares de sus lectores por lo que Cervantes considera opor­ tuno detenerse en todos esos detalles. directo entre los dos países. La restauración económ ica del padre se m enciona si­ multáneamente con la recobrada hermosura de Isabela con el obvio propósito de destacar el atractivo.. en pocos m eses. pero. Significativamente. Es. cuando menos sin complicados arreglos bancarios tramita­ dos con otros países. como generalmente en las obras cervantinas. con toda probabilidad. a todos los enterados de las hostilidades entre España e Inglaterra. a otra preocupación más imperante. pues. al menos de modo complementario.

en el país enemigo (856). Sentido y form a de las N o vela s ejemplares .] a buscar el conocimiento de un país en la literatura. La historia escrita por el poeta es siempre. entre otros. estaba «fabricando escusas que impidiesen el casamiento 30 Pío Baroja. no se percibe. entre los buenos católicos hay también individuos como Clotaldo. también La española inglesa. porque no hay apoyo artístico o filosófico para ella. ante todo. como lo observa. porque ahora así le conviene. es mucho más exacta [. quien justifica toda maldad e injusticia contra Isabela. .. de que de seguro se entera por el bando del conde de Leste. católica.. así como si de un mero «riquísimo despojo» (854) se tratara. pero ésta tiene la virtud de hacer comprender la historia de un modo más profundo. delicada concepción lírica. a todas luces. Baroja: «La tenden­ cia [. feroces enemigos de los católi­ cos españoles. y no en la historia. si ya antes no la consideró. sin dejarse disuadir ni por la atroz angustia de los padres. y la misma reina Isabel. sólo por su belleza. 125. tiene «mucho temor» de ser castigado. ya por el hecho de ser ésta católica (864). Esa redentora barroca “armonía en los contrastes”.brio en la composición. «pues tan bien sabía guardar la ley que sus padres le habían enseñado» (857). hay personas buenas. por orden de la reina. penetrante. p. cuando la española le parecía la más hermosa. esencial que los mismos manua­ les de historia. fer­ vorosamente la historia del complejo mundo contemporáneo de Cervantes: Entre los protestantes.] que la de [buscarlo] en la historia y en ía estadística» 30. Lo demuestra. obra poética en que palpita viva. en realidad. como el conde de Leste. cuando ésta es robada (854). Como lo es «la camarera mayor». 3í Casalduero. por la única razón de haberse vuelto física­ mente fea. quien se apiada de los padres de Isabela. quien admira no sólo la belleza de la niña española sino también su constancia católica. Por otra parte. un pésimo cristiano y ser humano: rapta a Isabela. Al tener que llevar a Isabela al palacio. espléndidamente. quien no sólo es «católico tibio» 3 1 sinô.. como ocurre en algunas otras obras cervantinas. poesía. pero ni la más mínima preocupación revela por las posibles consecuencias para Isabela. española. «La literatura y la historia». de fondamental. barrocas o no.. Aún más vil y cruel se demuestra cuando anula el proyectado matrimonio de su hijo e Isabela. pero antes. por desgracia. también trata con despiadado oportunismo a la doncella escocesa: quiere casarla con Ricaredo.

olvidados de la palabra de Cristo o indiferentes a ella. de que el genuino sentimiento cristiano. [«L. fervoroso. el heroico caballero an­ dante es así toda persona de sentimientos nobles. dispuesta a la búsqueda ardua. Por otra parte. el nuevo libro de caballerías de Cervantes. siempre revolucionaria. después de mucho tiempo es reconocida por los suyos y puesta en un monasterio». etc.] Los Acforni. hace evocar al de A m adís . también tuvo un papel muy sig­ nificativo en la gestión de esta obra cervantina es la N o v e lla Vi de la I I a P a rte de Bandello: «L igu rin a ru b a ta a l sacco d i G e n o v a 4 o p o lun go tem p o è d a ’suo i conosciuta e m essa in un m onistero» {L u tte le opere d i M . que es el amor entre toda la gente34.que casi tenía concertado» con aquélla (855). quien considera urgente expresarla de nuevo. propagarla cuanto más en su propio tiempo. p. «Three N ovelas ejemplares of Cervantes». pero Cervantes adopta tal postura autorial por querer ser portavoz directo. robada durante el saqueo de Génova. raciales. Vives. con toda probabilidad. Esta noción que se identifica ya con el humanismo cristiano del siglo XVI (Erasmo. . se mantiene viva en Cervantes. 702707). 131). «Un problema de estética novelística como comentario a La española inglesa ». p. continua y bella del más su­ blime Grial. de «regresar a un catolicismo sin mancha» [Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. vigoroso de sus nobles ideas. Tam­ bién el autor omnisciente. con muchas de sus fórmulas narrativas. 384) y de evocación épico-maravillosa que la emparenta sugestivamente con el A m adís . de buena volun­ tad. la decencia y la bondad humanas no son inherentes a ninguna afiliación religiosa particular y que. víctima perenne de deplorables sec­ tarismos religiosos. intuye el "irenismo” de la obra Soons.. en alianza con el duque de Milán y Próspero Colonna. según se ha mostrado con algunos ejemplos. son posibles en cualquiera de ellas o aun fuera de ellas32. B an dello. 3í Casalduero ve en la obra sólo una apelación a los «católicos tibios de Ingla­ terra». Con el matrimonio del inglés Rica­ redo y la española Isabela dramatiza su fervorosa aspiración a la unión fraterna de todos los pueblos 33J En La española inglesa. Otro texto que. por otra parte. «ca3 2 En La gran sultana hay un ateo «muy buen cristiano» (véase nota 4). envueltos en continuas guerras fratricidas. asiduo promulgador de la paz y la concordia entre los pueblos cristianos. De este alineamiento bien meditado de buenos y malos se deriva la sutil pero clara im­ plicación. 3 4 En la novela se aprecia una «expresión verbal de evocación lírica arrebata­ dora» (Sánchez Castañer. en su propio mundo.). pp. nacionalistas.

q u e «per a ltro n o m e non la ch iam avan o che sign ora». que con faci­ lidad aprendía to d o cuanto le enseñaban. e f u p e r m a re c o n d u tta in Spagna» (702).] tra qu este due n a z io n i [. A p ren d e a hablar «benissim o in lin gua spag nuola. v id e il n e v o [ . éstos em piezan a rec o n o ­ cerla c o m o su hija «ru bata» (702. «ella a cui d i m e n te la p a tria e i suoi p a re n ti non erano usciti gia m a i t u t t o il d i d e sid e ra v a to rn a r a casa». 4) [« N u n ca m e ha faltado cosa que y o hubiese deseado»]. e [. y cualquiera que la oía hablar creía firm em ente que era española»].p ita n generale in Ita lia cesáreo. según C ervantes. p o c o más o m enos [. y fu e llevada p or m ar a España». n o perdía la española. hija de «gente principal y de valor» (177. «Se q u esta è nostra fig liu o la .]. c o n el tiem p o y c o n ios regalos fu e olvid an d o lo que sus padres verdaderos le habían hecho. «Era de tan buen natural. sin olvidar la suya [.. 863). « D e esta manera... una fig liu o la m o lto bella.. p erch é ha un segno che non d e v e rá m en tire». d 'età d i n o v e o dieci anni. aún m ás. el caballero inglés que la raptó. n o b ile d e i p r im i d i G en ova.]. sa­ qu eán dola despiadadam ente. a unas circunstancias más verosím iles.. de cuya m ente no han sa­ lid o jamás su patria y su fam ilia. 197). dislacciata la v este . a Cervantes se le sugieren la enem istad secular entre España e Inglaterra y el sa­ qu eo de C ád iz. 703).].. en q u e la expatriada adolescen te lograría p re­ servar su idiom a. durante el cual los ingleses llevaron. a n d a ro n o col cam po im periale a G e n o v a » . e chiun q u e p a rla r i ’u d iv a te n e v a p e r fe r m o che fosse spagn uola n atu rale» [«(. «E tra l ’a ltre cose f u ru b a ta [ . dice la m adre de L igurina..] d a certi fa n ti spagn u oli [. p orq u e C lo ta ld o tenía c u i­ d ad o de traerle a casa secretam en te esp añ oles q u e hablasen c o n ella».. ] che L igu rin a a v e v a v i- . y p o r « tu tta la sua fa m ig lia » . E n España.. «entre los despojos [. «figliuolo d e l duca d ’A l v a ».. y aunque iba apren­ d ien d o la len gua inglesa. «e gia in ten erita p e r l'a m o r m atern o che le viscere le c o m m o v e v a . Isabela vive querida y regalada por toda la fam ilia de C lo taldo.. pero no tanto que dejase de acordarse y suspirar p or ello s m uchas veces. Esta previsión se debe prob ab lem en te al h ech o de que Isabela es más joven que Ligurina. de la más alta n ob leza de G én ova. [«Y entre otras cosas fue robada p o r un os sold ad os españ oles una joven cita m u y bella. 3. to d o el día deseaba volver a casa»].. Sín em bargo. E n Inglaterra. Liguri na crece «in b e lta e g ra zia » . de la edad de nueve o d iez años.» E n lengua española hace p re­ guntas a sus padres sob re su p resencia en Inglaterra. la más herm osa criatura que había en toda la ciudad». seg ú n lo observa después su madre: «V o p a ría te si ben ge n o v ese che p a r che siate n ata e cresciu ta in q u esta città [G en ova]» [«H abla gen ovés tan bien que parece nacida y criada en esta ciudad»].] C o m o perfecto paralelo de este «sacco» histórico de G én ova y de la «an­ tica n e m ic izia [.) m u y Bíen la len gua española.. al ser arrancada de su patria. . P recisam ente p o r este d o m in io del gen ovés con que tam bién hace preguntas inq uisitivas a sus padres.] spagn uoli e gen ovesi» (706). p ie n a d i lagrim e a L igu rin a accostatasi.. c o m o la que algunos años se ha criado y educado en España. por lo cual tam bién preserva en su m em oria su p r o p io idiom a. y ... hablaba la lengua inglesa c o m o si h u b iese.. io ta n to sto la riconoscero bene. regalada de con tin u o: « M ai non m ’e m an cato cosa ch 'io a b b ia d esid era ta » (702. [«ella. com e qu ella che alcu ni a n n i s'era in Spagna a lle v a ta e n odrita. adm irada y querida p or A lfo n so .].. cuand o su madre in tu ye que Isabela es su hija raptada (854.n a cid o e n L ond res.] una niña de edad de siete años.

.. a qu ien había perd id o en el saqueo de G en ova. encuentra fiel correspon dencia en L a española inglesa: «Tres du dosas y per­ plejas almas [Isabela y sus padres].) c o m o la había visto otras m il veces (. tra i q u a li era q u e s to f ig liu o lo d e l d u c a d ’A lv a . no le ha « m ai piacciu ta» (704). El encuentro de Ligurina c o n sus padres ocurre en G énova: « A w e n e [. “raro in­ v e n to r ”.. I lp e r c h é a l eolio se V a vvin ch ió e p ia n g e n d o d ic e v a d i q u e lle p ie to se p a ro le che in sim il casi V am oredi m a d ri sogliono dire». O cu rrien d o este reco n o cim ien to fren te a la reina Isabel y su corte — y no en la privacidad del hogar co m o en B andello-—.. 704).. y descub rió u n lunar negro q u e allí tenía. Según y a se .] n o he de hallar [.]. la m a­ dre cuida tan am orosam en te a L igurina... juzgand o p or las com plicadas peripecias de lo s padres para ha­ cerles acabar en L ondres. valeroso caballero. a sus qu eridos y añorados padres (702. La realidad de las relaciones bélicas entre España e Inglaterra ob ligó a C ervantes a ingeniar el encuentro de Isabela c o n sus padres en circunstancias distintas. a lzó la m a n o a la oreja derecha de Isabela. la cual señal acabó de certificar sus sospechas. y ésta. p orqu e [en] m i patria [.. y v o lv ie n d o lo s ojos a su padre [. L igu­ rina h iz o «ogni cosa p e r v en ir» con A lfo n so . diciend o: ¡O h hija de mí cora­ zón ! [. dictada sob re t o d o p or su acostum b rad a p r e o cu p a c ió n c o n la v e ro sim ilitu d .. n o p u ed e con ten er sus intensas e m o cio n e s ni sus «sospiri e sig h io zzi» (703-4).). v io la marca de n acim iento que L.) y ya enternecida p o r el am or m aterno que le con m o v ía las entrañas..... así. se reincorpora en la p etición de lo s padres de Isa­ bela a Ricaredo: «Por m ás ventura tuviera. che insiem e con la sua L igu rin a m o n ta to in g ra v e pre se p o r to a G e ­ n o va » [« C o n el em perador C arlos vin ieron m u ch os señores... con siete u o c h o p elos negros (.. se lleg ó a Isabela. y a c o n o c ie n d o a sus padres. llo ­ rosa se acercó a L.] che C ario im p era d o re passó p e r m a re d i S pagn a in Ita lia e con lu i ven n e ro m o lti sig n o ri d i q u e lle c o n tra d e ..]» (863-4). que tan confusas estaban entre el sí y el n o de con ocerse [.. que m e llevaras c o n tig o a Inglaterra [. d esenlazado el vestid o.ciño a V om bïlico con se tte o o tto p e lu z z i n e ri [. y . y prom esas de « discorrer i casi nostri» m ás tarde.. n o d eb ió de resultar m u y fácil ni para él..]. es co m p ren ­ sib le la d iscreció n de C ervan tes.].. tam bién abandonar la vida en España que.) entre ellos este hijo del duque de A lba. sabía con toda certeza que aquella era L. E sto.. tem ores ni m iram ien tos c o rtesa n o s. a pesar de to d o s los regalos y atenciones. Jun tó Isabela su rostro co n el de su m adre. y sin m irar a resp eto. p or razón de sus in contenibles y continuas ansias d e « to m a r a casa». y sin p o d er pasar adelante se cayó desm ayada en lo s b razos de Isa­ bela [... y vien d o claram ente ser Isabela su hija.] E l recon ocim ien to y la reu n ión de la fam ilia se celebra c o n em o cio n a ­ d o s « a b b ra c ia m e n ti e fe s te g g ia m e n ti re ite ra ti» . P or esto se le ciñ ó al cu ello y llorando decía esas piadosas palabras q u e en tales casos su elen decir los am ores m ater­ n os». en m o m en to m ás p rop icio (704-5).] desatentadam ente y m ed io trop ezan d o [la m adre].] c on obbe certissim am en te q u e lia esser L igu rin a cbe al sacco d i G e n o v a a v e v a p e rd u ta . y o la recon oceré p ro n to p u es tien e una señal que n o m entirá (.]. com e m ille a ltre v o lte v e d u to a v e v a [. tenía cerca dei om b lig o .. desem barcó en G enova»]. [«Si ésta es nu estra hija. La ocasión de que Ligurina se vale para ir a G én ova y . abrazándose con ella d io una gran v o z . c o m o p or m isteriosa in tu ición .. (.... T o d a esta escena y algun os m o m en to s anteriores cu an d o.] otra cosa que n o sea de ocasiones de tristezas y soledades m ías» (860). en transferir e l lunar del o m b lig o a la oreja derecha de la joven. q u ien con su L.

) p ron to m andó que vin iesen lo s m éd icos y que a ella no faltase nada de lo n e ­ cesario. la «amaba» desde el principio. de A lfo n s o com ien za. pero «por m edios de ser su es­ p oso».. a ssa ip ro d e e d anim oso».. «io non in ten d o restar p in a l m on do. discreción.. «que su ced ió habrá quince años» (860).) to d o su din ero... y se acaba.] L a m a d re d i lei [. «per­ che». Ricaredo enferm a y casi m uere.. ropas y cosas valiosas»]. de niñ a en m ujer («p ia c q u e m o lto a A lfo n so » )...] p e r h a g a scia » . haciéndolo por fin arder: «aquella com placencia y agrado de mirarla se vo lv ió en ardentísim o deseo de gozarla y de poseerla». dice. ha­ biéndose encendido el «ardentísim o deseo» de éste dos años antes: «Isabela te­ nía doce años» (854. (y A . pero al propiciar sus padres e Isabela su intención. aparentem ente.].] m ’e b b e ne le m o n i il fig lin o lo d e l duca d ’A lv a » q u ie n « d a a lc u n i a n n i in q u a [ l a ] h a te n u ta [ . La madre estaba c o n ella to d o el tiem p o y la confortaba»].) m e tu vo en sus m a­ nos (.. por causa a e la desaparición de Ligurina.) fin g ió estar en ferm a y m u y in d isp u e sta .) el hijo del du qu e de A lb a. «essendo ancora piccolin a [.] hen che sfo rza ta m e n te in ta l m iseria sia v iv u ta » . su padre declara que la perdió durante el saqueo de C ád iz. bondad. «agradándose y com placién dose de ver [su] sin igual belleza [. cuand o de repente se percata de la « b e ltà e g ra z ia » de L igurin a.. y el m u ­ chacho. Esta intensa pasión am orosa.. 5). « com o si ella fuera su herm ana. sus «virtu­ des y gracias» — que Cervantes significativam ente específica: extremada belleza y atractivo personal. L igurina tien e gran vergü en za de su «poco on or [. inteligencia..) no p u d ien d o de nin gún m o d o tranquilizarse p o r la pérdida de su señora a quién tanto amaba».].] y de considerar sus infinitas virtudes y gracias». Isabela «quería y servía» a R icaredo.] da tu tte l ’ore l ’era a torn o e la c o n fo r ta v a » (7 0 3 ) [« (. co n v ertid a ..) c o m o barragana p o r a lg u n o s a ñ o s] au n q u e am án d ola siem p re « fe r v e n te m e n te [.. a ios « q u a tto r d ic i an n i». p o r to d o lo cual decide entrar en un m onasterio. C uando Isabela tiene «catorce años». trágica­ m e n te. Ligurina dice que ai traerla sus raptores a España......ha dicho.. c o n su m u erte en u n d u e lo c o n L avagna.) y o n o p ie n so perm anecer en el m u n d o. n o v e o d iec i a n n i [ .. recobra la salud y la felicidad: «A esta sazón tenía Isabela catorce y Ricaredo veinte años». u n g e n o v é s « n o d rito su Varm e [. Sin em bargo. y A lfo n so «su bito ordin ô che si m an dasse p e r i m e d id e non se le m ancasse d i q u a n to era bisogno [. (quien) desd e entonces (la) ha ten id o (. sensual. «com o a hijo de su señor». nueve o d iez años (. 707). Isabela tam bién «suspira» p or sus padres «m uchas veces».. [sien d o todavía m u y p equ eñ a (.. « com o fue creciendo Isabela». sin o el resto de m i vida servir a D io s» ]. lo cual. Para p od er realizar esta aspiración expiativa sin dificu ltad .. pero.. in ­ clinación artística— «poco a p o c o fueron encen dien do el p ech o de Ricaredo».. hasta el p u n to de confiarle « tu tti i su oi danari. p ero la historia hace destacar la im p o sib ilid a d de hacerle viajar co m o a Ligurina. sin que sus d eseos saliesen de los térm inos honrados y virtuosos».. q u e le causa gran « cólera» y desesperación: «non si p o te n d o in m o d o alcuno d a r pace de la p e r d ita de la sua signora che ta n to a m a v a » (702. [«aunque haya vivid o en tal m i­ seria forzad am ente»].. a b b lig lia m e n ti e cose d i p r e z z o » [«(..].. teniendo en cuenta los «siete años más o m enos» que aquélla te­ .). sensibilidad. N o sabiendo có m o «venir al fin de su b u en deseo»... virtud. Ligurina «finse esser ca g io n ev o l de la person a e d assai in disposta». [«(. som m am en te» y regalándola de c on tin u o con la m ayor gen erosi­ dad.] A pesar de la p asión sincera y de las atencion es cordiales y g e ­ nerosas de A lfo n so .. m a il rim a n e n te de la m ia v ita se rv ir a D io » [«(..

]. llam arem os Ligurina»]: Se sim b oliza el orgu llo regional. . pero no en 1611. parecen.] más o m enos». con que los personajes deben dem ostrarse m erecedores. en la m ente del autor. que así explicaría. este cotejo y el anterior sob re el A m a d ís brindan otro p recio so p rivilegio de observar a C er­ vantes en el p ro ceso m ism o de reflexionar sobre sus lecturas y de recrearlas. Q u ijo te . [«¡A las armas! — y to d o el pu eb lo se arm ó y en esa revuelta quedaron m uertos algunos españ oles (. borrando de ella. de Isabela.. al am or entre todas las gentes. p or un m om en to.) lo s genoveses querían ven­ gar los daños pad ecidos durante el saqueo de G en ova». fen óm en o nada ex­ traño en la gestación artística. a v e v a n o i gen o vesi anim o d i v en d ic a r i ric e v u ti d a n n i a l tem po d e l sacco d i G e n o v a » (707). inspirador de la resistencia contra el extranjero. la obra entera descansa en la prem isa de que la definitiva felicidad am orosa está condicionada por unas arduas pruebas. parecen corresponder a lo s de ía N o v e lla . en el m om en to de escribir su obra.. Se trata. q u e al fin. com paradas c o n su nueva obra. El desarrollo de esta relación am orosa. físicas y espirituales. L ejos de dism inuir la originalidad de L a española inglesa . pues. adem ás. pero nos parece razonable pensar que se trata de u n ventriloqu ism o. pues. R icaredo sabe que sólo podrá gozar a Isabela «con bend ición de ía Igle­ sia y de sus padres» (855). co m o tam bién su cron ología. que siem pre dejan perplejos a lo s lectores y que han originado ya m uchas h ip ótesis. que lo s «quince años» desd e el saqueo. de he­ ch o. en sum a. se co n clu y e tan su gerentem ente la N o v ella : «A Tarm e. N o n os parece necesario explicar esto p or la notoria preocu pación con la censura. crea obvias contradicciones. m eros incidentes ep isód icos o su cesos carentes de intensidad em ocional en B andello y que en la obra cervantina se convierten en dramáticas situaciones. la «enferm edad» y la conver­ sión religiosa de Ligurina. con que antes atribuía la edad a Isabela. en líneas generales. olvid ado. m om entáneam ente. paralela a la de la N o v e lla . todas esas contradicciones cronológicas. tan radicalm ente. vitalm ente dilem áticas. patriótico — Liguria— . en que se situaría la acción de la novela. dignos de ella. co m o se aprecia tam bién en el du elo a m uerte de A lfo n so . casi quince. «tapices flam en cos p or el revés» (D . desd e que se íe encen dió la pasión sexual (702). a Varm e! — e m e ­ de sim am erite il p o p o lo s ’arm ó. a m e­ n u d o .. « L a fanciulla.] M ás bien que incitar a la venganza p or tantos daños e injurias sufridas p or España — el saqueo de C ád iz es só lo u n o de lo s recientes— con «la española-inglesa» C ervantes ex­ presa su profunda aspiración a la concordia. 1490). de tratarse del saqueo de 1596. de u n m od o plausible. de la cron ología novelística. im pertinente en este caso. con una diferencia radical: m ientras A lfo n s o «si d a v a am orosa­ m en te buon tem po» con Ligurina. encontrasen una engañosa. p or ahora. además d e n o poderse «esperar otra cosa» de «la incom parable honestidad» de Isabela y de «la n ob le condición » de R icaredo (854). repentina con son an cia con lo s «catorce años [. che p e r ora L igu rin a n o m e re m o » (702) [«La joven . en el m u n d o de la ficción. los años que ía niña ya tenía al ocurrir el saqueo. con que. Es que el personaje cervantino suele enfrentarse con situaciones problem áticas. (La reina Isabel vive en 1602.nía en csa ocasión. e Ín qu ella m ischia fu ro n o m o rti alcuni spagn u oli [. a quien. p o r virtud del cu af el padre liablaría desd e la perspectiva tem poral del autor respecto al saqueo de C ád iz de 1587. esencialm ente.) E s p osib le.. moral. Q u izá estem os sim plifi­ cando este problem a.. de una interferencia inconscien te de una inform ación his­ tórica..

Casa. . «La picaresca y E l licenciado Vidriera: G énero y contragénero en Cervantes». incapaz de amor y de amistad. melancólico. creador de la novela corta española. en base al protagonista en relación con el mundo— conduce a una comprensión radical­ 1 Para una reseña de tales ideas véase G onzález de A m ezúa y M ayo. 174. sólo como «pretextos para publicar» sus apotegmas. aforismos. pp. 159-168. arquetípico o simbólico «pecador». chistes. Riley. 559-568. Forcione. pp.. etc. 225-316. la tesis de que todas las “partes” de la novela se unifican armónicamente. pp. «Cervantes’ El licen­ ciado Vidriera: M eaning and Structure». «El licenciado Vidriera. con apreciaciones cada vez más convincentes. pp. por la gran popularidad y prestigio de tal literatura en esa época \ se le viene oponiendo. Friedman. y de «una fábula novelesca. pp. cínico nihilista. Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares. frases ingeniosas. C ervan ­ tes. pesimista. 51-59. Gerli. vol. Nuestra lectura —que también pro­ pugna la unidad lógica. henchido de corrosivo rencor y venenoso odio por todo el mundo. sentencias. cínico. C ervantes an d the H um anist Vision. pp. pp. reformador. II. 147 ss. · despiada e incesantemente3. y otros. Para Rosales es de gran interés el protago­ nista. Últimamente pred o m in a—por la eminencia intelectual de sus formuladores— la visión del protago­ nista como individuo patético. «Cervantes and the C ynics». más o menos complicada». «not so nice». al que se censura y satiriza categórica. 242-246..)2.EL LICENCIA D O VIDRIERA «¿E s p o r v e n tu r a m e n o s p o d e r o sa / q u e el v ic io la v erd ad ? ¿ o m e n o s fu erte?» (Epístola moral a Fabio) A la opinión enraizada de que Cervantes se sirve del personaje. «The Structural U n ity o f E l licenciado Vidriera ». García Lorca. independientem ente de la tesis defendida. en casi todos los estudios se caracterice la estructura de la novela com o "extraña”. en función de la naturaleza o del carácter del personaje (idealista. 577-87. pero encuentra la estructura de la obra tan defectuosa que la considera sólo com o un «tanteo» novelístico (106). «C onceptual Proportion in Cervantes’ El licenciado Vidriera ». armónica de todos los elementos de esta extraordinaria realización novelística. 189-199. p. Es notable que. 2 Casalduero. etc. C ervantes y la libertad. 3 Representan esta visión fundamental (con variaciones significativas respecto a ciertas facetas del personaje y de la obra): Rosales. pp. el licenciado Vidriera. pp. 103-143. Edwards. picaro. y sus nom bres».

dejándonos so­ bremanera perplejos. . No quiere revelar a nadie el nombre de sus padres ni de su patria «hasta que pueda honrarlos a ellos y a ella» con esos estudios a que desea aplicarse (876). «¡¡Malsana curiosidad intelectual!!» «¡Pecado de la inteli­ gencia!».. individuo de in­ corruptible integridad moral e intelectual. por medio de sus propios empeños escolares. C ervantes an d the H um anist Vision.. con la de A zorín4. útil en el mundo. en parte. según ha «oído de­ cir [. de altas. Green. Tal visión del protagonista no es nueva. por «los estudios» espera hacerse «famoso». pp. pp. todo lo contrario. pero frente a cuya incomprensión. pp. 6 Casalduero. G onzález de A m ezúa y M ayo. 147 ss. sino. pues. menos impresionista.]. Y tam bién. diagnostican algunos ilustres lectores6. dignas aspiraciones personales. dice que va a Salamanca «a buscar un amo a quien servir por sólo que le diese estudio». C ervantes. fervoroso ¡y bastante ingenuo! sueño de un «hijo de un pobre labrador» (876). 5 Forcione. 228 ss. de aguda inteligencia y fina sensibilidad. pp. igno­ rancia e hipocresía al fin sucumbe trágicamente. 196-97. pero ni éstas ni aquéllas se representan de modo negativo..]. 11-146. de hon­ das preocupaciones por los males de la sociedad. según ya se ha declarado arriba y según se desea mostrar a continuación atendiendo a la vida de Tomás Rueda sea como licenciado Vi­ driera o como Tomás Rodaja: A los dos «caballeros estudiantes» que lo encuentran dormido «debajo de un árbol [. entre otros. que quisiera.mente distinta de este personaje.. con lo cual podría «honrar» a sus queridos padres. sin patrocinador alguno. Con C ervantes. «El licenciado Vidriera». con noble intención. mejorar. «mu­ chacho de hasta edad de once años». pero aspira a sustentarse en una argumentación más pormenorizada. más atenta al texto. O bras C om pletas . en las riberas del Tormes». coincide. Resulta acertado el acercamiento crítico a la personalidad y a la conducta del licenciado Vidriera como reflejo directo de las ma­ nifestadas ya por el jovencito Tomás R odaja5. pp. 99-102. moral e intelectual­ mente condenables por el autor. de los hombres se hacen los obispos». para nosotros. ¿Por qué no se trataría sencillamente de un sincero. 213-220. a su tierra y a sí mismo? A diferencia de Cristó­ 4 A zorín. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. creador de la n ovela corta española. por ejemplo. Tomás. con encontrarse un puesto digno. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exa­ m en de ingenios o f Huarte». pp. «El licenciado Vidriera». significativo.

tal como dice Tomás. aunque pocas veces realizadas. entendimiento y discurso [. son reveladoras expresiones con que la imagi­ nación del pueblo humilde contempla. le hizo volver a la 7 Véase nuestro estudio sobre E l rufián dichoso. Es el deseo de esta clase de "fama”. Y muy significati­ vamente. avergon­ zado por no haber heredado «honra» alguna de su humilde fami­ lia 7. que de su remota choza en las montañas venía a pie. el mismo religioso. deseo compartido fervorosamente por todo su pueblo. . se hizo tan famoso en la Uni­ versidad por su buen ingenio y notable habilidad. ese satánico «pecado de la inteligencia» que se le imputa? A todas lu­ ces. quien le «volvió [a Tomás] a su primer juicio. borrosa existencia coti­ diana. claro está. con esperanza y maravilla. lo­ grando al fin. Y reflexionando sobre su tierna edad y su rústica. Tomás lo oculta por la «vergüenza» que tiene de sí mismo por no haber hecho nada todavía que «honrase» a su humilde fa­ milia. que de todo gé­ nero de gentes era estimado y querido» (876). completa­ mente admirables. después de asiduos estudios. quien oculta su origen. lo que Tomás lleva en su corazón al encaminarse a sus “estudios” en Salamanca.. en E l teatro de Cervantes. con extraordinarias dotes naturales. afirmándose como «alguien» en el mundo. con sus “estudios” Tomás Rodaja se propone perseguir fines dignos. de pobrísima familia. En mi país (Eslovenia) pervive la historia del mozalbete. «de los hombres se hacen los obispos». útiles para sí y la sociedad. según lo comprenden los dos «caballe­ ros estudiantes» que de inmediato deciden sustentarle llevándo­ selo consigo a Salamanca. diariamente. como criado y compañero. en particu­ lar en las regiones pobres del mundo. descalzo.. ¡Innecesaria. «hacerse obispo».]. a la ciudad. fuerte voluntad. a tomar lecciones de unos caritativos religiosos. no son nada raras. virtuosos. Tales aspiracio­ nes. todavía de grata memoria entre el pueblo: Con genuino deseo. esperanzado y orgulloso de su adolescente compatriota. la muy tenue posibilidad de que uno de los suyos logre superar los formidables obstáculos de su precaria. pues. Así lo comprenden también todos los que llegan a tratarlo en Salamanca: «en ocho años que estuvo con ellos. del Rufián dichoso.bal de Lugo. loables. disposición al sacrificio y. ser un admirable obispo. pero amorosa. ¿no re­ sulta quizás violentamente inverosímil esa soberbia intelectual. noble vergüenza! «Ser famoso». honrados. elemental educación —apenas sabe leer y escribir (876)—.

y los «procuradores y solicitadores».]. quejoso de que su hijo..9. no sólo por la agu­ deza sino también por la discreción mental. lo destaca el autor— es decir. adonde [..]. D.corte.. patentemente contra­ ria a toda vanidad o soberbia intelectualista. 42-3). porque. siendo tan ven­ turoso el estudiante. Sin embargo. Diego... podría usar su oficio y hacerse famoso por él» (888). Tomás estudia leyes de seguro también porque un hijo de padres pobres debe.]. que. entre otras «manifiestas injusticias». que de la justicia es flor» (Azorín. //. El oficio del juez «no se puede ejercitar cómodamente sin el [.. 9 A este respecto son sugestivos los consejos que D . Q uijote da a Sancho so ­ bre el buen gobierno (Q uijote. A D.. los «alguaciles» le parecen ladrones. por ejemplo. procurarse una profesión económicamente segura.] del escribano». en particular. que parece «llevar víboras en el seno. no quiera estudiar «leyes». pistoletes en la cinta y rayos en las manos para destruir todo lo que alcanzare su comisión».. Q ui­ jote responde con razones pertinentes también para nuestro caso: «cuando no se ha de estudiar para pane lucrando. y aunque la de la poesía es menos útil que delei­ table. Por las mismas razones. parasitarios. salgan o no salgan con el pleito que ayudan» (886). no es de aquéllas que suelen deshonrar a quien la posee [. deje caminar a su hijo por donde su estrella lo llama. pues. la injusticia humana lo indigna y apena profundamente8 . la ciencia de ío justo y de lo injusto me cautiva. cuando es per­ petrada por los mismos que debieran combatirla: «un juez». «embebido en la poesía». se­ ría yo de parecer que lo dejen según aquella ciencia a que más le vieren inclinado. y por encima de la justicia la equidad..]. ante todo. de­ jando así «campo abierto a los señores del Consejo para mostrar su misericordia moderando y poniendo aquella su rigurosa sen­ tencia en su punto y debida proporción» (884). etc. p. «El licenciado Vidriera». según se desprende de sus observaciones posteriores. . La justicia es mi norte.. caps. «Su principal estudio fue de leyes» (876). Tomás se distingue siempre por su «buen entendimiento» (876) —nótese. subirá a la cumbre de s «Estudié leyes. que le dio el cielo padres que se lo dejen. da «crueles sentencias» con el único propósito de «otorgar la apelación». negligentes e ignorantes que «lle­ van su propina [. con lo cual se puntualizan todos los sarcasmos que el licenciado Vi­ driera expresa acerca de este «oficial de la justicia». 1 0 0 ). siendo él tan buen estudiante como debe de ser [.

. y ella se ha de servir de todas. 12 La poesía «no quiere ser manoseada ni traída por las calles.. el que la tuviere.. ni publicada por las esquinas de las plazas ni por los rincones de los palacios [.]. Y «¿qué es verlos» a esos poetas «censurar los unos a los 10 «La poesía [. donde queda otro millar de sonetos. y así le adornan.. cree que «los malos. y sus ponderadas consi­ deraciones sobre esta «ciencia»... y.] son la idiotez y la arrogancia del mundo». de socarrones o de ignorantes. con gran amor y entu­ siasmo. com o en señal que no han de ser ofendidas de nadie» (ibid. Tomás.. hala de tener. virtuosos y graves. con tono melifluo y alfeñicado. los honran y estiman y los enriquecen.. que. 1325).).].. Tomás «bien [sabe] en lo que se debe estimar un buen poeta». Así piensa Tomás de «los buenos poetas». y todas se han de autorizar con ella» (D. los churruleros [. o «intérprete de los dioses». como lo llama Platón (882) n. vuelve como primero a recitarle. de deleite y de maravilla» (882) 10.. de todas se adorna y pule y saca a luz sus maravi­ llosas obras. Q uijote. a raya. haciéndoles ridiculas.. le dice.. porque encerraba en sí todas las demás ciencias. en lo que más se mostraba» (876).] de la primera impresión» que «quiere decir un soneto a otros que le rodean».]. a quien no ofende el rayo. por otra parte. 876). y aun los coronan con las hojas dei árbol. puntualidad y diligencia. hipócritas «salvas». porque de todas se sirve. torciéndose «los labios». con no faltar un punto a sus estudios. con nuevos ademanes y nuevas pausas» (882)1 2 . no dejándola correr en [. parecía que sólo se ocupaba en servirlos».] es en todo extremo hermosa.las letras humanas. hijo de pa­ dres pobres. que es «delicia de los dioses y de los reyes». a quien tienen cuidado de enri­ quecer.. Como ese «poeta [. saca el que quiere relatar. de entre otros mil papeles m ugrientos y medio rotos.] desalmados sonetos.]. 11 «Cuando los reyes y príncipes ven la milagrosa ciencia de la poesía en suje­ tos prudentes.. siempre tan pertinentes. con que llena el mundo de provecho. Quijote. a «las letras humanas [. como dice Ovidio. así como Ovidio. al fin. 1325). pulir y adornar [. estudia leyes "para pane lucrado” y. las cuales tan bien parecen en un caballero de capa y espada.. se dedica. «poniendo» en arco las cejas y rascándose «la faltri­ quera. no ha de . honran y engrandecen como las mitras a los obispos [. según lo sugieren sus citas de versos famosos. que «admiraba y reverenciaba [... simultánea­ mente.. y. Preferentemente a la poesía. de seguro que con enormes esfuerzos y sacrificios («sir­ viendo a sus amos con tanta fidelidad..] todas las otras ciencias. no se le alaban [.. Y si acaso los que es­ cuchan.]» (D .

vulgares peleas de perros? í3. donde el afligido espíritu descansa» (770). del «circunspecto ignorante que juzga de lo que no sabe y aborrece lo que no entiende1 5 . a la vez. y del que quiere que se estime y tenga en pre­ cio la necedad que se sienta debajo de doseles y la ignorancia que se arrima a los sitiales» (882)1 6 . cuya excelsa esencia confun­ den con pasajeras modas literarias y banales. contemplados íntimamente. pues. hacen apreciar el acumen satírico. lector de independientes. particularmente entre los m ediocres partidarios de los “grandes” poetas de esa época. los defiende ardorosa. que no siempre se ocupan los oratorios. 16 Sobre análogas ideas de Cervantes acerca de este problem a. en nombre de la poesía. 13 Las numerosas polém icas. 15 A n ton io Machado: «Desprecia cuanto ignora» (A orillas del D uero). un severo crítico de todo lo endeble o ridículo.). fino. que de los buenos siempre dijo bien y los levantó sobre el cuerno de la luna» (882). etc. 14 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «los ejercicios honestos y agradables [ . originales. ñ o se ha de dejar tratar de los truhanes. invariable vocabulario. no mediados por la inoportuna erudi­ ción. muestran la divinidad de sus ingenios y la alteza de sus conceptos1 4 .otros». es el tan convencional... y. en E l teatro de Cervantes.] que casi no hacían n ú ­ mero» (882). «señales y muestras de [la] mucha ri­ queza» de las damas a quienes se refieren pero que dejan a sus poetas “pobres”. «Esta y otras cosas decía de los malos poetas. sensitivo. indignadamente de «los murmuradores». Ridicula moda literaria.la literatura buena] antes aprovechan que dañan [. horas hay de recreación.. . véase nuestro estudio sobre La entretenida . a «algunos ilustres y excelentes sujetos donde resplandece la verdadera luz de la poesía que. de estas referencias.. Lector fervoroso de los textos poéticos prístinos. En efecto.. por calificados que sean. de lo que pasa falsamente por poesía. inteligente apreciador de los poetas buenos. los revelan en su patética pobreza ima­ ginativa. entre otras.]. repetido ad nau­ seam: «los cabellos de oro.. es decir. los ojos de verdes esmeraldas»..]. aunque «tan pocos [. la frente de plata bruñida. sinceros juicios perso­ nales. incapaz de conocer ni estimar los tesoros que en ella se en­ cierran» (ibid. rabiosas contiendas. tomándola por ali­ vio y entretenimiento de sus muchas y graves ocupaciones. no siempre se asiste a los negocios. según lo sugiere también su decisión de llevarse como com­ ser vendible en ninguna manera [. tan justi­ ficado. El protagonista es. siendo «todos ellos malos?» ¿Qué «[decir] del ladrar que hacen los cachorros y modernos a los mastinazos antiguos y gra­ ves» (882). ni del ignorante vulgo.

31-53. a la verdad. teóricos literarios.. C ervantes' Wise Fool: A Stu dy o f W isdom an d Fortune in E l licenciado Vidriera. “sociológicos”. 19 Además de las notas en las mejores ediciones de ía novela. ρρ. H eiple. claro está. «Cervantes and the Cynics». bíblicos. . 13-21. resulta oportuno observar también que al dedicarse a las «ciencias» hu­ manas. Ph. A ustin. 225-238. despierto. noble intención de Tom ás de ser útil a su familia y a toda la sociedad con todo lo aprendido.. y otros. la cultura de éste se examina en va­ rios estudios: G onzález de A m ezúa y M ayo. Sampayo R odríguez. en que se indican las “ fuentes” de las declaraciones de Vidriera. 20 Según ya se ha sugerido. 6 6 ). Dissertation. Rasgos erasmistas de la locura del Licenciado Vidriera. didácticos..] tan ven­ turoso que haya merecido serlo bueno [poeta]» (882)iS. 153-197. U niversity o f Texas. Por todas las contestaciones y observaciones de Tomás. “costum­ brista”. Tomás revela que también él escribía versos. ni m ucho m enos de un reto arrogante al Saber D ivin o. multifacética y refinada cultura1 9 . de que se le culpa. nos parecen m uy exóticas. D . C ervantes an d the H um anist Vision . pp. geo­ gráficos. quiere aprender lo más p osi­ ble de todas las “ciencias”. destacando ¡con mo­ destia autocrítica! que en tales empeños «no [ha] sido [. «La filosofía en El licenciado Vidriera».pañero de viaje a Italia «un Garcilaso sin comento» (887) 1 7 . pero no se trata de un ‘‘amor al saber por sí m ism o”. otras. refraneros. tratados históricos. il. form ulando con ello interpretacio­ nes que. más conveniente para un largo viaje. 17 D icha edición sería también menos volum inosa. según lo pone de relieve el hecho^ significativo de que siempre lleva consigo las Horas de Nuestra Señora (877)20.. se pueden a veces especificar y. Erasmo m ism o de seguro aprecia­ ría la seria. «Cervantes’ L i­ cenciado Vidriera: Its Form and Substance». creador de la n ovela corta española . Green. Riley. deseoso de honrar a su familia y a sí m ism o con sus estudios. Garasa. cínicos. Forcione. Singer. los «muchos libros» y autores que leyó: poetas clásicos (leídos en la­ tín) y modernos. pero ¿sería éste el único m otivo de su selección? 13 Cervantes: «Yo que siempre trabajo y me desvelo / por parecer que tengo de poeta / la gracia que no quiso darme el cielo» (El viaje del Parnaso. «The Sources. «Apuntaciones sobre El licenciado Vidriera ». satíricos. Tomás no descuidaba su devoción religiosa. 1977. pp. 41-45. «El licenciado Vidriera: Its Relation to the Viaje del Parnaso and the Exam en de ingenios o f Huarte». textos sagrados. filósofos idealistas. morales. por lo menos adivinar. literatura apotegmática. poéticos. 225-316. pp. racionalistas. muchacho inteligente. pp. pp. folklore. evangélicos. En consi­ deración del «pecado de la inteligencia». Oliver. Tom ás. com o parecen creer los que le acusan del «pecado de la inteligencia». estoi­ cos. M eaning and U se of the Madness Theme in Cervantes’ E l licenciado Vidriera ». para mencionar sólo lo más evidente con que se formó su muy vasta. C erva n tes. pero.

Véase también la nota 14.. Cervantes coincidiría con Tom ás especialmente en la indignación por la impropia interferencia de esa con­ ducta en la representación artística. el perpetuo peregrinaje de lugar en lugar y de mesón en venta. 22 Son n otorios los frecuentes escándalos que se producían en el teatro de aquella época por la indecorosa.] de las cosas divinas» ofende mucho la sensibilidad religiosa y estética de Tomás. «fuera del tablado».. no les ponía silencio en sus retablos o los desterraba del reino» (885) 22. el cuidado extra­ ordinario.) . «jurando a fe de hijodalgo». los innumerables sacrificios de los come­ diantes para «contentar a otros».. se buscan las fuentes. increíble trabajo.. indecente conducta privada de los actores (Ren­ nert.Hombre de tantos y tan diversos gustos e intereses intelectua­ les..] en una sola comedianta» (885). donde el afligido espíritu descanse] se plantan las alamedas. pues por momento sacan su mercaduría a pública plaza. en el ta­ blado y fuera de él. También la pintura le interesa mucho a Tomás. las alamedas y las vistas de recreación. según lo de­ 21 «Prólogo» a las N ovelas ejemplares: «Para este objeto [de recreación.. buenos actores. lo cual es únicamente relevante (885). porque «con su oficio no engañan a nadie. galanes sí. cuya función. Además.. The Spanish Stage in the Time o f L ope de Vega). olvidándose de que «lo que menos ha menester la farsa es personas bien nacidas... (Véase nuestro estudio citado en la nota 16. es semejante a la de la literatura: «los actores γ autores de comedias» son necesarios en la república. como el poder servir un actor «a muchas damas [. y como lo son las cosas que honestamente recrean» 21.. que «se maravilla de cómo.. en suma.. gentiles hombres y de expeditas lenguas». al juicio y a la vista de todos» (885). «porque con las figuras que mostraban en sus retablos volvían la devoción en risa». Tan grotesca y sacrilega le parece la conducta de aquéllos. aunque. pero Tomás también sabe encontrar en ellos aspectos humorísticos. sabiéndola apreciar con refinado gusto y agudo sentido crítico. que sepan representar artísticamente cualquier estado social. el inllevable.. y se cultivan con curiosidad los jardines» (770). pues. le parecen a Tomás dignos de honda estima y gratitud.. es natural que Tomás tenga afición también al teatro. Sin embargo.] trataban [. algún que otro comedíante ostente vanidosa. ridiculamente su nobleza. son excep­ cionales en el mundo. quien podía. los desvelos. se alla­ nan las cuestas. según él.. La «indecencia» con que «los tite­ reros [. Problemas serios. como lo son las florestas.

leyendo asidua. a lo más largo. al fam oso griego llamado U lises le dieron re­ nom bre de prudente por sólo haber andado muchas tierras y com unicado con di­ versas gentes y varias naciones» ( 1 0 1 2 ). a todos los que la apacibilidad de su vivienda han gustado— pidió a sus amos licen­ cia para volverse» (876). Es por este amor tanto a los estu­ dios como al encantador ambiente universario de la insigne ciu­ dad por el que decide volver a ella. pero que los malos la vomitaban» (883)23... porque se le presenta una inesperada ocasión para visitar Italia.muestra su reacción a «unas figuras pintadas de mala mano» (nó­ tese. pero sería equivocado pensar que Tomás lo con­ templa sólo como una oportuna. Tomás se ha formado una extraordinaria cultura. que quiere entrañablemente y en las que se siente muy feliz. necesaria empresa intelectual y 23 Avalle-A rce recuerda una análoga observación renacentista italiana (vol. a que se decide después de discretas consideraciones: «haciendo consigo en un instante un breve discurso de que sería bueno ver a Italia y a Flandes y a otras diversas tierras y países. este viaje se le ofrece como compendio ideal de su educa­ ción y cultura. nos asegura el autor que así eran) que un día vio en una acera: «dijo que los buenos pintores imitaban la naturaleza. 125. discretamente todo lo que ve o encuentra en sus paseos diarios por las calles de Salamanca. A Salamanca no vuelve de inmediato. añadidos a los pocos que él tenía. . observando curiosa. asegurándole una vida cómoda y estable: «estuvo con ellos algunos días. p.] el andar tierras y comunicar con diversas gen­ tes hace a los hombres discretos [. asistiendo con seriedad y diligencia a los cursos universarios. pues las luengas peregrinaciones hacen a los hombres discretos. y que en esto...]. podía gastar tres o cuatro años. En efecto. no se­ rían tantos que impidiesen volver a sus estudios» (877) 24. cuando sus amos le ofrecen la posibilidad de quedarse con ellos en Málaga. pero como le fatigasen los deseos de volver a sus estudios y a Salamanca —que enhechiza la voluntad de volver a ella. juiciosamente todos los buenos libros a su alcance. La atracción que Tomás siente por ¡«la apacibilidad»! de Salamanca revela también su positiva inclinación afectiva —semejante a la del mismo Cervantes por esa ciudad— ~ lo cual. entre otras muestras. 24 C oloquio de los perros: «[. II. de su edición de las N ovelas ejemplares). hace desechar la imagen de él como gé­ lido. que. impasible intelectual frente a lo bello y placentero en el mundo.

]. [«La curiosidad intelectual únicam ente lo desvía de sus intenciones de volver a Salamanca para irse a Italia». el valor [.. su sitio inexpugnable [. italianos. inequívocamente. finalmente. 27 Forcione. como los place­ res de Italia. Como muy instructiva y envidiable se nos repre­ senta la visita de Tomás a Venecia. p. degustando.. patrón.] y tan bien dichas acerca de [. como el más refinado epicúreo.. se hace m uy comprensible también al tener en cuenta los m ise­ rables bodegones castellanos de aquella época.] comienza a titubear».. «que. admiración del mundo antiguo [. «la suavidad [... N o creemos que se impliquen con esto las graves consecuencias morales de una impropia “curiosidad”. se dramatiza con su estancia en Venecia: «Por poco fueran los de Calipso los regalos y pasatiempos que halló nuestro curioso en Venecia. Véanse los diarios de Mme.. «más vinos [.]. la rusticidad [.. la abun­ dancia de Milán. su abundancia mucha. su gobierno prudente [.. la generosidad [. Admira «la gentileza y gallarda disposición» de los genoveses y. sus contor­ nos alegres y. que no dejan de atraer de modo irresistible a Tomás: «Poco fue menes­ ter para que aceptase el envite» (877)26... C ervan tes’ H um anist Vision.].. por sugerencia de la notoria aventura de O diseo 11. de continuar su viaje (879). en que con sus compañeros «pone en olvido todas las borras­ cas pasadas con el presente gaudeamus». Su «discreción [.... 233-6. la grandeza [...profesional25. las espléndidas comi­ das de las hosterías. lipolastri e li macarroni».]. 190). pp. los festines de Lombardia.. en general. ..]. «los rubios cabellos de las genovesas» (878). hombre ibérico. La atracción que sobre él ejercen las bellas italianas.].].. al decirle el capitán «tantas cosas [.] la be­ lleza de la ciudad de Nápoles... españoles... de seguro.. venga la macarela. la dulzura y apacíbilidad [. es decir.. griegos. su riqueza infinita [. a no haber nacido Colón en el mundo... pasa acá.. no tuviera en él semejante [.] 26 El deleite de los españoles — y. Que a Tomás lo gratifica el placer “sensual” se evidencia poco después en la hostería de Gé­ nova. manigoldo.] de tantos y tan diferentes vinos». dibujóle dulce y puntualmente el aconcha. las holguras de Palermo... Delicias “sensuales” todas ellas. también de Cervantes— en las hosterías italianas.] que pudo tener en sus bodegas el mismo Baco» (878).].]. toda ella en sí y en sus partes digna de la 25 Riley: «Intelectual curiosity alone deflects him fro m his intentions o f retur­ ning to Salam anca in fa v o u r o f tou rin g Ita ly » («C ervan tes an the C y n ics» .]. d’A ulnoy. pues casi le hacían olvidar de su primer intento»...

como Calipso. de sus habitantes —interés antropológico. Vubertosissima campagna e lo sfondo pittoresco delle A lpi apuane [. sino un intelectual de típica actitud rena­ centista. tan eclécticos. no sólo femenino. brinda a todo "curioso» visitante. estimulada imaginación. Luca le parece «pequeña. que es el lugar donde se fabrican las galeras. abierto a toda significativa experiencia vital.fama que de su valor por todas las partes del orbe se extiende.. Treccani. Ill.) le sirven de alegre p aseo los magníficos bastiones convertidos en jardín. inteligente. O bras com pletas de C ervantes. como diamantes de oro» (878). «en la que. más le interesa es su ambiente cordial. Injustificada nos parece la crítica de que Cervantes propor­ ciona muy escasa información sobre los lugares visitados2S . según todas las indicaciones... y o t r o s . pues así son. in largbezza». Le servono di ridente passeggio i m agnifici bastioni ridotti a p a r diño. XXI. [«La ciudad bien construida (. junto con los muchos «regalos y pasatiempos» que Venecia. Todas esas ciudades constituyen un panorama cultural y geográfico comprensivo y muy variado. es decir... naturalmente.. cuidadosamente trazado. mejor que en otras partes de 28 29 Schevilí-Bonilla. curioso de todo lo nuevo.. sensible a la belleza! Con estas consideraciones advertimos que Tomás no es un erudito mohoso de gabinete. las que Tomás goza durante su viaje por Italia y otros países europeos. ¡Qué mucho que todas estas dotes.): cercada de sus bellos y característicos bas­ tiones de cerca de 1 700 x 1 000 metros».. también las delicias “sensuales”. de múltiples intereses humanistas. ben costm ita [. N o vela s ejem plares.]: R acchiusa entre la sua bella e caratteristica bastionata [. de Tomás: En Génova le llama la atención el tipo humano. en que ca­ ben. moderadas. materiales y espirituales.. Enciclopedia Italiana di Scienze. da cui lo sguardo dom ina i cospicui edifici cit~ tadini. probablemente. culto. y después la be­ lleza de la ciudad. pero bien hecha»29. p. científicos. que en «sus peñas parece que tiene las casas en­ gastadas. según el símil que le su­ giere su vivida. sólo interesado en abstracciones librescas. se diría—. con otros ba­ jeles que no tienen número» (879). aunque lo que. 385-6. vol. maravillen y seduzcan también a Tomás.] . 1936. vol. con el único propósito de poner de relieve los intereses intelectuales y artísticos y los gustos personales.] di circa 1700 m etri in lu n gbezza p e r 1000 m. bella ninfa seductora del mar.].. la fértilísima campiña con el fondo pintoresco de los A lpes apuanos (. artísticos. desde el cual la vista dom ina los conspicuos edificios de la ciudad. discretas. L ettere e d A rtii Roma. 557: «La città [Lucca]. p p . dando causa de acreditar más esta verdad la máquina de su famoso arsenal.

peregrino! / y en R om a misma a Rom a no la hallas / [. con la semilla de una futura nostalgia en el cora­ zón. así él sac[a] la de Roma» de los «despedazados mármoles. pero sin arrogancia alguna. por cuyas orillas. como por las «apacibles calles». liberal?: «[. fa ­ vor evoli alie nuove idee [.. como muchos que visitan esa bella ciudad.. como diría Castiglione— y «el famoso río» evoca de inmediato las gloriosas historias y le­ yendas de «la reina de las ciudades y señora del mundo». en vista de las notorias. lihri luterani diffusi gia nel 1525 [. y com o en ella no hacen estancia de más de un día. y «así como por las uñas del león sé viene en conocimiento de su grandeza y ferocidad.. Ya bien familiarizado con la cultura latina por sus estudios y lecturas. Significativa­ mente —en particular teniendo en mente la supuesta fundamental visión cínica.]. «su agradable asiento [. al divisar «los montes» — «i superbi colli». su limpieza». L ettere ed A rti. vol. 31 ss.]....]. Vinquisizione.]. despreciativa.. no dan lugar a mostrar su condición tenida por arrogante» (1681). los “tem plos”.. 32 Q uevedo: «Buscas en Roma a Roma.. 562. Sin embargo. si oppone sempre ad accogliere. M o tivi e ricordi d'Italia nelVopera cervantina. usuales tensiones entre los españoles y sus “huéspedes” italia­ n o s30. XXI.Italia. despidiéndose. por sus atractivos aspectos urbanísticos. se pasea «cuatro días» (878). tollerarono e secondarono elementi riformatori [. frente a la ca­ racterística desengañada actitud barroca: /«sic transit gloria mundi»!.]». probablemente. son bien vistos y agasajados los españoles» (878).. Tomás no tendría dificultades en esta ciudad. . pues se trataría de un hecho social más bien raro.. por su «fresco río». Persona de gran digni­ dad. la inspiración y per­ 30 Véase nuestro estudio sobre ia Soldadesca en El pensam iento hum anístico y satírico de Torres N aharro. de las calles. Florencia le encanta «en ex­ tremo» por la belleza arquitectónica y escultórica de sus «suntuo­ sos palacios». rotos arcos y derribadas termas» (878)..]. los «magníficos pórticos y anfiteatros grandes» le hablan de la “autoridad y majes­ tad” de la «Ciudad Eterna». en Persiles se nos explica el por qué «son bien vistos y recibidos los españoles» en Luca: «y es la causa que en ella no man­ dan ellos. sino ruegan. e non ammettera mai la Compagnia di Gesù» 31. medias y enteras esta­ tuas [.] è fra le città italiane che più largamente accolsero. pesimista de Tomás—. Roma deslumbra a Tomás desde el primer momento. ¿No le interesaría Luca también por su tradicional espíritu tolerante. ¡oh.] a Roma en Roma»32.. él «halla [.. Véase tam­ bién Granados. pp.. en sí. Los “nom bres”. 31 Enciclopedia Italiana di Scienze..

. aunque él de seguro considera suficiente la oración sincera. con que «estaban cubiertas todas las paredes y murallas [.. a los peregrinos para «andar la estación de las siete iglesias».. los me­ dios bultos de cera.... unién­ dose. mortajas. además de los muchos epítetos y superlativos con que se descri­ ben la belleza y grandeza de los lugares visitados.. no comprometida de Tomás parece sugerirse por el hecho de que al hacerle “ver”... besar «el pie de su Santidad». «para maravillar» (Milán.. cadenas [.. por fin.. contento: «admiráronle» (Genova). lo antiguo y lo moderno en su integri­ dad cultural y continuidad espiritual33.. «adoró [. .]. etc.]. Observa fascinado «al concurso y variedad de gentes y naciones» en la ciudad. admiró» (Roma). Los muchos «agnusdeis y cuentas» que se lleva consigo quizás piensa regalarlos a los amigos en España. ¿no la respetarían aun éstos. «le pa­ reció bien» (Sicilia).petuación de la antigua “autoridad” y “majestad” romana en la moderna sede del mundo católico. veneración.. de modo natural.. Quizás sea algo parecida la acti­ tud de Tomás hacia «las muletas. sí la supiesen motivada por una convicción y gratitud enteramente sinceras. según la costumbre todavía vigente entre los peregrinos católicos a los lu­ gares sagrados. el autor no señale en él las usuales fervorosas reacciones de admi­ ración. confesarse «con un penitenciario». íntima. Amberes). pinturas y retablos». con tai de que la afiance una genuina fe íntima en quien la practica... asombro. según lo sugieren las Horas de la Virgen que siempre lleva consigo (877). despedirse muy maravillado y gratificado ín­ timamente por todo lo visto y experimentado en esa ciudad de su­ blimes glorias. directa. «como manifiesto indicio» de agradecimiento «por las innumera­ bles mercedes que muchos habían recibido de la mano de Dios por intercesión de su Divina Madre» (878).] del templo» de Loreto. pero.. exaltado. Su profunda “admiración” abarca.. que reflejan las 33 Para la visión negativa de Cervantes de las guerras imperiales de Rom a véa­ se nuestro estudio sobre N um ancia en E l teatro de C ervantes . ¿Mero comercio oportunista por el favor Divino? Siempre seria una práctica devocional muy extravagante para algunos. «Conténtale» (Florencia). por una bienintencionada «devoción que le tienen [a la Virgen] aquellos que con semejantes doseles tienen adornados los muros de su casa» (878)? La actitud muy respe­ tuosa. pero algo distanciada. observar todo eso. costumbre que Tomás obviamente no encuentra objetable. y.

por desgracia. (Tomás era quizás muy consciente también de que) esta piadosa tradición no fue impuesta como objeto de fe católica por ningún documento eclesiástico. como tampoco sugerimos que sea erasmista. pero ¿no se trataría quizás de una paráfrasis de la información convencional. todos los cielos y todos los ángeles. El pensam iento de Cervantes.) comenzó a examinarse críticamente por los católicos sólo en el siglo XIX... en particular. pp. 190). 230 ss. [«Se va a Italia com o un turista com pleto de la cultura. p. ofrece interpretaciones m uy cuestionables tanto de los textos de Erasmo com o de los de Cervantes y. además de ser «respinta decisamente da alcuni storici protestanti» ya «nel secolo X V I » 36. Tomás era quizás muy consciente también de que «questa pia tradizione non [fu] imposta come oggeto difede cattolica da alcun documento della cbiesa». pero sin envolverse en nada». L etter e ed A rti. pero sí. brindada a los peregrinos? Es im­ posible demostrar una “malicia” 3 5 en la actitud de Tomás hacia las prácticas devocionales en Loreto. por esta posible coincidencia de actitud precavida frente a ese “mi­ lagro”..] dai cattolici [sólo] nel secolo X I X » . [«(...] 35 Castro. (además de ser) rechazada de­ cididamente por algunos historiadores protestantes ya en el si­ glo X V I». looking an d learning. p. dis­ frazada en una pretendida defensa del mismo: «Nadie se olvide de lo que dice el Espíritu Santo: Nolite tangere cbristos meos [.. También son superlativas las refe­ rencias al «aposento y estancia donde se relató la más alta emba­ jada y de más importancia que vieron. de 34 N o s deja perplejos la observación de Rüey: «H e goes to Ita ly as the com ­ p lete culture-tourist . sin duda. 265. hut actively in ­ volved in nothing» («Cervantes and the Cynics». x x í. vol. p.].]. y la m uy semejante de F orcione. según sugerimos. . cierta meditada distancia intelectual y emocional. observando y aprendiendo. pero que se atribu­ yen lógicamente. C ervantes' H um anist Vision. El libro reciente de Sampayo R o­ dríguez (nota 19). Aunque la tradición del milagroso traslado de la casa de la Virgen a Loreto «fu cominciata ad esaminare criticam ente [. N o estamos sugiriendo que Tomás sea “protestante”. y no entendieron. noting a n d assessing. al personaje34. 36 Enciclopedia Italiana di Scienze. notando y evaluando. 505. de sus supues­ tas relaciones.opiniones personales de Cervantes. 37 Sobre las posibles huellas erasmistas: C ervan tes ’ H um anist Vision y todos los demás libros de Forcione sobre Cervantes. por cierta fa­ miliaridad que revela con la corriente erasmista37 o por su sátira de ese «religioso» tan «gordo» que casi «no se puede mover». y todos los moradores de las moradas sempiternas» (879).

pero ¿qué haré.] la malicia del dicho» (881). claro está. . y la reacción anonadada de su mujer. menosprecian su ingenio satírico. ni el secretario don Tal de don Ta­ les. como si reflejasen su indignación perso­ nal 38...]» (887). ninguno se llamaba el capitán don Fulano. Los lectores que interpretan el “enojo” y la “cólera” con que To­ más hace esta “defensa”. y [otro] que estaba en tan buena opinión como el primero [.] de los que siempre blasonan de cristianos viejos. «Cervantes’ Licenciado Vidriera: Its Form and Substance». a que pase el sábado». pues él no satiriza lo que estos dos individuos particulares son. en los dos cristianos nuevos: «Esperad. Domingo. ¡Taz por taz! Aunque se conceda que la ropera es de as­ cendencia judía («Filia Hierusalem»). no son..... pastoral ¡monachatus non est pietas!». Ambos aparentan una asidua participación devocional. con que parodia la más bien previsible “indignación” de los poderes eclesiásticos frente a los reproches de impropiedad de sus representantes. la falsa apariencia. sino tan sólo su hipócrita. Tampoco nos pa­ rece antisemita la contestación de Tomás a la ropera: «Filiae Hie­ rusalem. por ejem­ plo. una “malicia” a base de e^te 38 Singer. y.muchos santos que de pocos años a esta parte había canonizado la Iglesia y puesto en el número de los bienaventurados. ni el conde... todos frailes y religiosos [. como. la implícita amenaza por tal sacrilegio: «¡Nadie se olvide [. por este episo­ dio. Nos parece equivo­ cado imputarle sentimientos antisemistas a Tomás.. al apresurarse a entrar en una iglesia: «uno [. fray Jacinto. naturalmente. no siéndolo! Que la “malicia” de Tomás tiene esta implicación particular.]!» / Dies irae! A Tomás le indigna mucho que precisamente los repre­ sentantes de la Iglesia vivan de modo tan burdamente contradicto­ rio a su misión espiritual. 20. como todo el mundo sabe. la hipócrita pretensión de religiosidad la condena en cualquier individuo. La ropera le ha­ bía preguntado. Tomás recuerda a la maliciosa mujer que ella tiene razones mucho más poderosas para llorar so­ bre sí misma y sus hijos. y otros. ¡qüe se creen legítimos. que me pesa de su desgracia. lo de­ muestra la sensibilidad del “deshonrado” marido: «Entendió el marido [. que no puedo llorar?» (881). señor Licenciado.. sino fray Diego. marqués o duque de tal parte.]» (881). fray Raimundo. ridículo propósito de hacerse pasar por lo que. sólo por divertirse oyéndolo responder: «En mi ánima. p. plorate super vos et super filios vestros». pero..

aunque de ortodoxia religiosa corriente y moliente.]. Ya teniendo en cuenta la amplia visión humanista. Igual opinión sobre el “segundo” puesto en los trabajos intelecuales se expresa en el Q u ijote (1332). extranjeras. po­ 39 K ing sugiere que Tomás se burla sólo del judaism o de la ropera. industrial. educada. Es notable el gran interés que Tomás demuestra por la econo­ mía de Italia: la «agricultura» y la «abundancia» de Sicilia. 99-102). moral. pues sabe que las roperas solían ser judías. ¿Sólo desde el com ienzo de sus “locuras”. . Cualquier persona. es una realidad perenne. la «oficina . en esas costumbres devocionales (Agnusdeis.. que trascienden los estrechos escrúpulos religiosos y sociales.] de maravillosa abundancia de to ­ das las cosas a la vida humana necesarias [. aunque no se nos oculta que tales actitudes contra­ dictorias se manifiestan a veces en muy eminentes intelectuales contemporáneos. 40 C on dignidad habla de su humilde origen social y de su “virtud” personal «yo so y graduado en Leyes por Salamanca.. mientras nada puede saber de la vida privada de esta mujer («A N o te on E l licenciado Vidriera» pp. A nte todo. ya famosas en la ciudad? D e seguro habrá ya pasado algunas v e ­ ces por la ropería. y Tomás es muy preciso en sus contestaciones39.. N o s resulta fácil imaginar que tam bién Tom ás oiría toda clase de chismes. de la vir­ tud y del honor. intensa convivencia. inteligente. Loreto).. pero eso sí.de Vulcano» de Milán. nótese que la ropera evidentemente conoce m uy bien a Tom ás. Al mostrarnos a Tomás participante ¡como todos!. comercial. de quien se dice que puede decir y hacer» (879). administrativa. aunque sólo pasivo. adonde estudié con pobreza y adonde llevé segundo en licencias: de do se puede inferir que más la virtud que el favor me dio el grado que tengo» ( 8 8 8 ). aun sin proponérselo. nos resulta más bien improbable que él considerase condenable el mero origen de una persona40. de que Tomás da claras muestras con toda su actuación. que. quizás Cervantes se proponga dramatizar el hecho de que para comprender y condenar los muchos males de España uno no ne­ cesita ser exponente de ideas reformistas. discreta. la «riqueza infinita» y la industria naval como también el «gobierno prudente» de Venecia. también constituyen una “fuente” de su gran fami­ liaridad con esa sociedad. probablemente. «gra­ nero de Italia» (878). ¿Es posible que al observar esta in­ tensa actividad agrícola. Adem ás. particularmente en las com unidades de contigua.hecho no sería relevantemente paralela a la de la ropera. se indignaría frente a tanta hipocresía y corrupción en nombre de la religión. «ciudad [. oír y saber de vidas ajenas. la fe en la dignidad del individuo.

p. pues tal opinión la contradicen todos 41 En cuanto la admiración de Tom ás es id e n tifia b le con la de Cervantes. según se elabora más adelante. no se le ocurra a Tomás un penoso contraste con la deplorable situación. productividad. A. Estas experiencias en el extranjero lo ca­ pacitarán para contemplar a su propio país con mayor sabiduría y autoridad. Por las posibles reminis­ cencias autobiográficas se produce a veces la impresión que la perspectiva del autor se confunde. pp.. con toda probabilidad. simpática. 45 Rosales. ¿no podría éste considerarse com o un precursor de los europeizantes españoles? 42 Según recordamos de un breve encuentro (Austin. que solía “decir” sin ya poder “hacer”?41. gran aventura espiritual» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares . con más amplia. en todos esos aspectos. Castro expresó gran interés por este Prom ontorio. 43 El Saffar. N o comprendemos por qué se le acusa de no «comprender la amistad» 45. C ervantes y la libertad. Cervantes traza el itinerario de Tomás por Italia. inconta­ minada por estrechas patrioterías y vacuos dogmatismos. inclinándose a creer que se trataba de un hijo italiano de Cervantes. con lo que Tomás. Relación misteriosa. Tomás es persona educada. 143-147). pp. inconscientemente.. educado y honesto representa y sufre frente al mundo. de la España de los Felipes. 44 Casalduero: «Viaje cultural [. en ocasiones quizás con un nudo en la garganta: «Nápoles. objetiva perspectiva crítica. sus múltiples intereses y su ca­ pacidad de apreciar y valorar los más diversos aspectos de la cul­ tura italiana y europea44.¿No se trataría más bien de un sutil propósito de identi­ ficar la perspectiva autorial con la ficticia? Cervantes no es su per­ sonaje. ciudad. 1962). atractiva. se identifica en gran parte. individuo inteligente. de acuerdo con algunas de sus propias experiencias en ese país. a quien llama “hijo” y de quien es llamado “padre” (102. la única— del viaje de Tomás por Europa. prosperidad económica y cívica de Italia. En El viaje del Parnaso nos habla de un emocionado encuentro en Nápoles con cierto “Promontorio”. 54-5. esta laboriosidad. a su parecer y al de todos cuantos la han visto. evidentemente de gran trascendencia personal para Cervantes42.. Resaltar este hecho es probablemente la función primordial —o. From N o v e l to Rom ance .]. 103). con la de Tomás43. 128. pues. la mejor de Europa y aun de todo el mundo» (878). El viaje de Tomás revela. . culta y también muy agradable.lítica. pero. en efecto.

meditativa de sus estudios: «atendía más a sus libros que a otros pasatiem­ . que le rogó. y “to d o s” estos amigos y conocidos quedan muy entristecidos cuando Vidriera enferma (880).]» (879). En el tiempo que pasan juntos se acrecienta mucho su mutuo aprecio y amistad. como lo ilustra. Al volver a Salamanca de su viaje. cuando la ocasión es apropiada para ello. cordialidad. si fuese necesario. por el antici­ pado salario. Y cuando él decide continuar sus estudios en Salamanca. no por obligación y con hi­ pócritas zalamerías y calculados congraciamientos. de una bella re­ lación de mutuo respeto. en suma.. le avi­ sase de su salud.]. Y. llegada y suceso. aprecio. aunque de seguro prefiere la vida privada. puntualidad y diligencia». al acabar los estudios.. que de seguro añoraban mucho su presencia (879). sin que Tomás necesitase ponerse «en lista de soldado» (877).. ingenio y desenvoltura [. su bandera». «contentísimo de [su] buena presencia. Tomás va a Flandes para m orir en el campo de batalla «en compañía de su buen amigo. lo invitan a acompañarlos y a quedarse con ellos para siempre en su patria. donde pronto es no sólo su «criado» sino también su buen «compañero». le rogó que se fuese con él a Italia [.los personajes que llegan a conocerle y tratarle: A los dos «caba­ lleros estudiantes» resulta de inmediato tan «ingenioso» y simpá­ tico que se lo llevan consigo a Salamanca. en particular. en la despedida: «determinó volverse a España y a Salamanca a acabar sus estudios [. sino por honda gratitud y sincero aprecio personal. encontrándose de­ samparado en la patria. Tomás se despide de ellos. con pesar grandí­ simo de su camarada. Él los sirve con «fidelidad. el gaudeamus con los soldados. lo cual se evidencia. También al capitán Diego de Valdivia resulta Tomás de inme­ diato simpático hasta tal punto que. y «los socorros y pagas que a la compañía se diesen». Por el gran aprecio y cariño que también los dos caballeros sien­ ten por él. Se trata. al tiempo de despedirse.].. al fin... camaradas en Gé­ nova (878). ellos procuran «acomodarle de suerte que con lo que le dieron se pudiera sustentar tres años» (876). por ejemplo. Prometióselo así como lo pedía [. todo sólo para que Tomás fuese su compañero.. sólo posible entre partes igualmente capaces y dignas de ella. A todas luces. «fue bien recibido de sus amigos».. cariño y amistad. muy significativamente. Tomás es hasta gre­ gario.]. «mostrando en sus palabras su agradecimiento» por todo (877).. el capitán Val­ divia» (888).. que él le ofrecía su mesa y aun.

Quizás.. en efecto.]: Dale lo que hubiese menester. donde [. etc.. . demuestran 46 47 48 Epístola m oral a Fabio.. a quienes. pero algunas de sus declaraciones. «las cortesanas [. que es.. tan sólo una paráfrasis del tradicional concepto cristiano sobre la jerarquía de la autoridad en la familia48. de cualquier modo (879). su inutilidad y sus vainillas». por ejemplo. déjala que mande a todos los de su casa.. te­ rrible experiencia con la agresiva y engañosa «dama de todo rumbo y manejo». 887). pues tales vanidades desdi­ cen la “gravedad” y dignidad personal. sino las vecinas». sin serlo en realidad.]. sus muchos melindres [. por ejemplo.. como. cuya «mujer se le había ido con otro». vaguedades de cabeza [. como.] no eran las apartadas. Rosales. Aun antes de criticar los ridículos fingimientos. Tomás satiriza el mismo defecto esen­ cial en los hombres que «se teñían las barbas». «tenía particular enemistad». 886. la artificiosa afectación de las m ujeres—¿su­ gerencia para Molière— ?.. Véase la Epístola de los Efesios de S.] las mujeres triunfan» (887).].].. pero no sufras que ella te mande a ti» (881).]. A algunos lectores Tomás parece misógino47.. 1648).]. sabio consuelo y consejo —según lo suelen caracterizar los lectores— que Periandro da al tracionado Polaco (Persiles y Segismundo. Otras declaraciones parecen misóginas.. «un libro y un amigo»46 condensa su ideal de vida intelectual y social.. C ervantes y la libertad: «Le escuecen ías mujeres» (115). consuela: «que dé gracias a Dios por haber permitido le llevasen de casa a su enemigo». que coinciden con las de otros escritores moralistas satíricos contemporáneos reflejan la realidad social de manera más bien fidedigna: «Las alcahuetas [.. todas o las más tenían más de corteses que de sanas». .].. a un momentáneo encono por la reciente..pos» (879). ante todo. flaquezas de estómago [. Al marido. Es el mismo prudente. escrúpulos [. pues... la va­ nidosa pretensión. entre otras cosas. Otras declaraciones sobre las mujeres. tan determinada en conquistarlo. en efecto.. «los templos son campos de batalla. «sería el hallar un perpetuo y verdadero testigo de su deshonra» (881). Pablo.]. con más re­ pulgos que sus tocas [. el consejo que da a “uno” para «te­ ner paz con [su] mujer [. su modo de hablar. probablemente se deben. «las dueñas con su permafoy [... 128. v... Las varias anécdotas satí­ ricas de «los escabechados» (886). y le aconseja que no vaya a buscarla. (881.

de un modo u otro. 52 Críticos m encionados en la nota 3. sociable. Rasgos erasm istas de la locura de Licenciado Vidriera. pero a la mujer. según lo demuestra su fascinación con las rubias genovesas (878). Las mujeres bellas llaman mucho su atención. amistosa de Tomás. la encontraría. Patentemente absurdo resulta culparle a Tomás de «no com­ prender el amor». que algunos lec­ tores le niegan tan injustamente! D e todos m odos. según ya se ha mostrado. critica categórica e indiscriminadamente a todos y todo en el m undo52. en el futuro. resulta interesante especular por qué Cervantes no ha hecho intervenir un genuino amor en la vida de Tomás5Í. quizás.que es el defecto o el vicio en sí. entre los pintores que «imitan la naturaleza» y los que la «vomi­ 49 Rosales. porque. porqué le dijeron «que había estado en Italia y en Flandes» (879). más bien. supuesta­ mente. 50 Tom ás va a «visitar» a esta mujer «por ver si la conocía». lo que Tomás critica. a quien pudiese amar con todo su ser. el amor. toda­ vía no ha herido su corazón. Sampayo Rodríguez. el A m or que acaso hubiera podido servir de lenitivo y com pensación humana a las desdichas del Licenciado» (197). no quisiese cortejarla-—5 0 . Sin embargo. y de su interés en el prójimo. mucho más discreto que los otros estudiantes. por no correspon­ der «al gusto de la señora» que se apasiona de él49. haciéndose así mucho más difíciles esos continuos encuentros-diálogos entre Tomás y los demás. creador de la novela corta espa­ ñola: «[N o] aparece el Am or. de su excesiva confianza en la bondad e integridad de la gente. p. por encima del sexo que lo per­ sonifica. . Se dice que Tomás es un “m isántropo”. que constituyen la médula de la obra. todavía no la ha encontrado. pp. Cree­ mos que hay por lo menos una muy buena razón para ello: una mujer enamorada sentiría como su misión primordial “iluminar” o proteger. Aparte de que se trata de una «dama de todo rumbo y manejo» (879) —-razón suficiente para que Tomás. ¡para deleitarse com partiendo re­ cuerdos de ese viaje maravilloso! ¡H e aquí otra sugerencia de la personalidad cor­ dial. C ervantes y la libertad . 51 G onzález de A m ezúa y M ayo. Tomás distin­ gue escrupulosamente entre los poetas «buenos» y los «malos». Cervantes . de transgredir contra «la armonía humana» y hasta de pecar contra «la ley divina del amor». Sin embargo. 93-102. aunque se tratase tan sólo de una “curiosidad”. simplemente. al amado extraviado o amenazado de sus enemigos o burladores. ¿por qué constituiría esto un grave «pecado de la inteligencia»? Añadam os que la com ida del «membrillo» es consecuencia sólo de la ingenuidad de Tom ás o. 115.

sino un crítico “realista* y perspicaz de la mayor parte de la sociedad. pocos sabios [. ¿No sería quizás inverosímil.. aunque no lo advierte explícitamente en cada caso 53. optimista. bilioso. 1252)54. grupos.] muchos necios» (D. en efecto. Quijote. que desapareciera tan por completo después.. en la posibilidad del cambio.. p. entre los médicos competentes. profesiones. . 190).] es más el número de los simples que de los prudentes [.] que casi no hac[en] número» (882). y del propio Cervantes: «[. son «tan pocos [... no llegue a ser enteramente cínico y misántropo —lo es quizás en al- ” N o tiene en cuenta este hecho Riíey. destructor. «un religioso muy gordo». ¡aunque no muy grande!. sorprendente que Tomás. de la mejora del indivi­ duo y de la sociedad. la actitud de Tomás frente a la vida. oficíales. cierto optimismo. y así. conclusión que coincide con la de mu­ chos observadores inteligentes de la sociedad. a que se re­ fiere. Teniendo siempre en cuenta la creencia en la po­ sibilidad de la bondad y el obvio ¡entusiasmo! por los extraordi­ narios logros humanos que Vidriera revela. en efecto. útiles a la sociedad y los ig­ norantes y «dañosos» (884). p. la cual vive de modo inmoral o desempeña sus funciones profesio­ nales. de todos los tiem­ pos. precisamente en ese estado de tan espontánea expresión? Y es.. como Vidriera. en cualquier grupo. «Cervantes and the Cynics». guloso. Antes de “enloquecer”. al futuro. Por desgracia. los «levanta sobre el cuerno de la luna».. A los “malos” critica y satiriza severamente. etc. 237. incluso en un sentido es­ trictamente médico.. él no es. pese a las muchas coincidencias de expresión y porte externo con noto­ rios cínicos 55.. 56 O liver.]. «La filosofía en E l licenciado Vidriera ». Hay un «noble afán morali­ zante» 5 6 en la crítica de Vidriera —¿por qué se lo niega tan sumariamente?—. es claramente afirmativa. pero a los "buenos” los es­ tima sobremanera. un cínico negativo.tan». al destacar que Tomás sólo elogia cua­ tro veces («Cervantes and the C ynics». diríamos que. véase nuestro estudio citado en la nota 16. de un modo impropio o in­ sensato. entre otros que no lo son (887). Es razonable concluir que Tomás Hace la misma dis­ tinción en todos los oficios. muy justamente censurables. como algunos lectores lo han retratado. cívicas y personales. fundamentalmente. 55 Riley. éstos. esperanzada. 5-1 Sobre esta perspectiva cervantina. entre las cortesanas sanas y a las que no lo son.

884): «Pasando...].]».. no sólo mu­ chachos. una vez por la ropería de Salamanca. preguntas agresivas.]... y Cervantes. mucha­ chos porfiados como moscas. que Tomás no critica a diestra y a siniestra... «a cada paso. etc. Preguntóle uno que qué consejo o consuelo daría a un amigo suyo que estaba muy triste [... sucios [. Un muchacho le apretaba mucho con preguntas y de­ mandas [.. creador de la novela corta española. a cualquiera y por cualquier motivo o aun sin él en absoluto.].. se demuestran lógicamente relacionadas con las expresadas antes —aunque no siempre de modo inme­ 57 En mi país (Eslovenia) oí la anécdota del diablo que implora a D io s que le dé cualquier castigo. no pro­ vocada o solicitada de un modo u otro? Algunas que quizás po­ drían parecer como tales. sino «todo género de gente [.]. como acto de defensa: «Los muchachos. Pregun­ tóle uno qué remedio tendría para no tener envidia a nadie [. que son la más traviesa generación del mundo. ..]. Un príncipe quiso enviar por él [.] ¿no tenéis qué decir? [.. Uno le dijo: ¿Qué es esto [.. ¡sólo por criticar! Comienza a criticar y a satirizar sólo por verse obligado a ello. y aun piedras [.]?» (880)57.]. Le preguntó un es­ tudiante si era poeta [. sentirían por los “m uchachos” (G onzález de A m ezúa y M ayo.. sin dejarle sosegar» (880. pues esto sería muy comprensible po r el trato que le da la gente. que no puedo llorar? [.. Cabe advertir.] ¿qué haré.]. ¡Q uién no sabe que éstos son «la más traviesa generación del m undo». le dijo una ropera: [. diciendo: ¿Qué me queréis.].]. ¿Ofrece Tomás jamás una contestación u observación crítica enteramente gratuita. Así. con tal de no dejarle en manos de m uchachos.]..... 190). le comenzaron a tirar trapos. Hallóse allí uno de éstos que llevan sillas de mano.. a despecho de sus ruegos y voces. Y después empezaron a «seguirle siempre muchos»... Preguntáronle por qué [.] jamás habéis dicho mal de los escri­ banos [. provocadoras.... pues.]... Preguntóle otro estudian­ te [. Uno de ellos lo llamó [.].]. casi siempre maliciosas. irritantes... ante todo.. Otra vez le preguntaron [......]. haciéndole toda clase de preguntas «continuo [. y díjole: De nosotros [. en cada calle y en cualquiera esquina». p. sólo por oírle reñir y responder a todos». cuando se agrupan para hacer alguna travesura a alguien! Sólo en este contexto se puede hablar de ía “inquina” que Vidriera.].gunos m om entos—.. Tomás «respondía a todas las preguntas que le hacían» (881)... atrevidos [... Más un día que le fatigaron mucho» —nótese que Tomás trató de aguantar por cierto tiempo con paciencia esa per­ secución— «se volvió a ellos. Cervantes..]. Pre­ guntóle entonces uno que qué sentía de los médicos [.

inocentes de una crítica injusta. deshonestas. impropio y muy irónico acusarle a Tomás de dureza de corazón. El silencio. aunque no siempre de inme­ diata. gratuita.. en el caso de los dos que «siempre blasonan de cristianos viejos» (881). la pasividad. Sin embargo. del comediante que suele «jurar a fe de hijo­ dalgo» (238). del «juez de comisión» (884). resulta clara e ingeniosa. cobarde o cínica hipocresía y una burda renuncia al deber y a la responsabilidad cívicos e individuales? Resulta. Tomás critica a los zapateros inhábiles y mentirosos: «jamás hacían. etc. que «pasea» a la hija «muy fea [. constituyéndose en extensiones del mismo pensamiento crítico: Así. estas combinaciones de críti­ cas. satiriza a los “procuradores y solicitadores”. al disparate. La asociación mental de los dos casos. zapato malo».. integridad intelectual. ultrajantes y com­ prensiblemente provocadoras para un juicio ¡sano! y un inco­ rrupto sentido moral como los que distinguen a Tomás.] empedrada [. . a base del subterfugio. pues. pretensiones públicas de fe genuina. hechas en una ocasión previa (886). como. de individuos de hipócritas. porque habían hecho el pastel de a dos de a cua­ tro. paten­ temente.. sin que nadie se las solicite con las usuales preguntas provocadoras. una conveniente. etc. Tomás se refiere a los pasteleros «que había muchos años que jugaban a la dobladilla [. aun­ que sin provocación directa. pp. sino. Poco después de burlarse de la tendera. lógicamente relacionadas de algún modo. etc. por ejemplo. aparentemente sin conexión alguna. porque inmediatamente antes satirizaba a los sastres incompetentes y engañosos: «apenas se hallará uno que haga un vestido justo» (885). cíni­ cas. cuando 53 Forcione. conforme a su parecer. ridiculas..] de dijes. 227 ss. A veces Tomás hace observaciones críticas sobre lo que nota a su alrededor. personal.diato— respecto a otro blanco. el de a cuatro de a ocho» (885). porque poco antes hablaba de los “alguaciles”. y a éstos por las sátiras de los “jueces” y otros «ministros de la justicia». ecuanimidad judicial. porque se los hacen recordar las referencias anterio­ res a los “escribanos”.. galas y perlas». ¿no sería. no se trata de víctimas inermes.. honradez personal. siempre se revelan. en efecto.]. por ejemplo. En suma. la indiferencia frente a la mentira. a la postre. cen­ sura a éstos. C ervan tes’ H um anist Vision.. del falso «licenciado» (884). fácil comprensión. despiadada. de falta de “caridad” o compasión hacia los criticados58. y lo es en todos los demás casos semejantes.

con­ dena severamente repetidas veces (882. cínicas y sarcásticas.] corrido» (888). a veces. Tomás se sentía «confuso y [. p. sin duda. excitándose con los rugidos y gruñidos de su ingenio»]. 161. «La rueda de la mucha gente que [. 62 « lícito le es al poeta escribir contra la envidia. con que no señale persona alguna» (D.. 58) [«C om o en un jardín zoológico. pero muy improbable es que pudiese sentirse “feliz” al expresarlas61. cuyas «lenguas y picos». inevitablemente. en los individuos que lo ejemplifican. Además. p. sólo por el deseo perverso de «oírle reñir y responder a todos» (880). despiadadamente.. 63 Q uizás sea también por el m odo escueto y algo cortante con que Vidriera contesta por lo que se le acusa de rencor y od io hacia el prójim o (críticos m encio- . a menudo. «sin dejarle so­ segar» (884). ingeniosas. Quijote. 61 Sampayo R odríguez. 887). circundando» (884). provocándole de continuo.. se nos dice explícitamente que en tales situaciones.. aunque los reprende. pero aun en tales casos se pre­ sume alguna provocación o pregunta.. los que lo persiguen a él. 1326). como en el caso de la ropera63. chispeantes. Las críticas de Tomás son. por verle armar algún escándalo. punzantes y. cuando ésta lo provoca de m odo directo. the crow ds w ho fo llo w him everyw here can th rill to the roars an d snarls o f his w it» (N o v el to Rom ance.son éstos. Sus críticas se dirigen a la maldad y al vicio «en general» (ibid.. que son «bas­ tantes a desmoronar cuerpos de bronce.]. Rasgos erasmistas de la locura del licenciado Vidriera.]» (887). no es un irresponsa­ ble.. 60 El Saffar: «Like visitors to the zo o . que no de vidrio». La actitud de éste hacia todo lo que Tomás dice y hace se condensa perfectamente en la del señor que le hace traer a su palacio: «gustó de su locura» (881). cruel satírico que se deleita en «perjudicar las honras ajenas» (D.] siempre le estaba oyendo» (884) hace pensar de inmediato en el típico pú­ blico del circo60. «viéndose» siempre «con tanta turba a la redonda [. Vidriera señala a la persona. y decir en sus versos mal de los envidiosos.). Con todo esto no se excluye la esporádica irresistible tentación de una retribución verbal algo maliciosa por parte de Tomás —au­ téntico ser humano—. evidentemente. 59 A veces parece que Vidriera ofrece opiniones por com pleto gratuitas: «D e los gariteros y tahúres decía milagros [. Q ui­ jote. y divertirse a su costa59. ¡sitiado! En efecto. en su probable gratificación por el libre desahogo del pensamiento ¿no se mezclaría también la pena por la desagradable verdad revelada? Tomás no es uno de esos vulgares “murmuradores”.. con toda clase de preguntas. al encontrarlos en su cam ino62. 1326). la muchedumbre lo sigue por todas partes. y así de los otros vicios.

.] no es tan original ni tan agudo com o cabría esperar» (N o ved a d y ejem plo de las novelas de Cervantes } vol. “real”— 65. Imaginóse [.. Sin descontar la posible influencia de alguna de las numerosas fuentes que se han señalado para esta clase de locura. en su conjunto. Tomás «quedó loco de la más extensa locura [. fluida. Sin embargo. “de im pro­ viso”— 6 6 como las ponderadas. etc. refrán. permeable. Tom ás comunica verdades claras. a esa forma de expresarse lo obligan a menudo tanto la función de “oráculo”. fundam entales. confuso 64. 105). sino por el m odo de reflejar éste y de modificar la vida cotidiana. ha hecho pensar en «técnicas surrealis­ tas» a La Torre («Temas y técnicas surrealistas en El licenciado Vidriera. pero con esto no se dism inuye su inteligencia ni su saber. Después de comer el «membrillo» que le dio la rencorosa dama desdeñada. 64 El Saffar.. Ya se ha dicho que Tomás no estudia por el saber en sí. «de pensado» (888). p. más profun­ das. en circunstancias siempre diferentes. que se le hacen. en que coinciden varios otros críticos. R odríguez-Luis o b ­ serva que el «material aforístico [. la in­ competencia. no oscurece en absoluto la coherencia y consistencia ideológica y moral de las declaraciones críticas y satíricas. 208). Por esta actuación meramente verbal de Vidriera.. nos parece aplicable a m uchos juicios de Tomás.]. 56 C on éstas se acentúa la naturalidad de su actuación. Esta op i­ nión. N o v e l to Rom ance. Tanto las aparentemente ligeras. y de las preguntas tan variadas e inesperadas. asistemático. 133155).Esta “fragmentación”. Esencialmente. y que se arti­ culan con hábil técnica novelística para sugerir una acción espon­ tánea. cotidiano. Sin embargo. la estupidez. T odo lo con­ trario: se revela su discreta selección de lo más apropiado o relevante de sus m u­ chos estudios de la sabiduría humana para aplicarlo a los diferentes casos. la tontería. verso.. natural.) en que se inspiran sus contestaciones. etcétera. y desentendién­ dose también de la innovación que Cervantes emprende en cada una de sus obras respecto a cualquier m odelo inspirador. y que . en un ambiente social.Las diferentes expresiones de Tomás en sus críticas pueden de­ jar la impresión de un pensamiento “fragmentado”. es evidente que Cervantes nados en nota 3). Rosales. el vicio. í. “banales” —Tomás mismo ad­ mite que fueron expresadas sin mucha reflexión. responden a las mismas provocaciones fundamentales: la maldad.] que era todo hecho de vidrio» (880). entre otros. en gran parte. en que el público lo ha convertido. que ha encontrado en sus libros y observado en la vida. la hipocresía. p. desentendiéndose de ía tan perfecta caracterización de Pío Baroja de la novela (y aplicable también a la novela corta en este caso) com o género invertebrado. “transcendentales”. la mentira. le niega calidad de “novela” (C ervantes y la libertad. p. esta “fragmentación” —que es conse­ cuencia inevitable de los numerosos encuentros de Tomás con toda clase de gente. pp. 56. com o también la forma (apotegma. h..

sin ser «de vidrio». víctima fácil. es también muy “delicado”. ridículos ni expresiones irracionales que revelen. que­ bradizo. que «le diesen de comer sin que a él llegasen».. y que ahora desea comunicar con entera sinceridad del alma — ¡al que se lo pidiere!—. im­ propio.. 214). Así. pesada y terrestre». «A quí he venido [. Así. el vidrio. en forma alguna. pero si no me dejáis. ¡he aquí una de las principales implicaciones satíricas de la obra! Los juicios de Tomás no son siempre originales ni agudos. perenne. de mágicos poderes reveladores. paradójicamente. por no perseguirle el público con sus preguntas. popular. cuando “lo c o ”. que pusiesen su «cuerpo quebradizo» en «alguna funda». de materia sutil y deli­ cada. mezquinos intereses “terrestres”. bajo la constante amenaza de un contacto violento. porque esta materia se identifica con ciertas propiedades y virtudes de la verdad.. por ser él «hombre de vidrio». que él siempre persiguió en su vida. con su sutil transparencia. 35-78. La única diferencia consiste en que pierde Tomás. La "locura” de Vidriera al creerse «hecho de vidrio» es un natural trasunto psicológico de una “cordura” de Tomás.] para abogar y ganar la vida. refra­ nes. de la mentira y de la ignorancia. dichos ingeniosos. descansa en consideraciones m uy superficiales. promete contestar a todo lo que se le preguntare «con más entendimiento» (880).] el vidrio. igual que la verdad. (Para un ejem plo español del «lenguaje de la locura» véase nuestro libro Las Eglogas de Garcilaso. pe­ netradora de la más densa oscuridad y.) . todas esas “ri­ diculas” precauciones de Vidriera. por ser las cir­ cunstancias diferentes. pp. chistosos. de que sólo «le hablasen de le­ jos». La atribución de un «lenguaje de la lo ­ cura» a Vidriera en el estudio de Valesio («The Language of Madness in the R e­ naissance». verdades com prensibles para todo el que desea saberlas. «Por ser [. frágil. de su clara conciencia y lúcida comprensión de la precaria función de la verdad en el mundo.utiliza ésta como metáfora de implicaciones esencialmente origi­ nales. pues entonces él tan sólo era extraordinario erudito y sabio. sin tener en cuenta el contexto en que se hacen las declaraciones ni el hecho crucial de que Tom ás gusta de utilizar el lenguaje "folklórico”. obraba por ell^ el alma con más prontitud y eficacia que no por la del cuerpo. tanto durante su “locura” com o también antes y después de ella: «de los hombres se hacen los obispos» (876). de ir por la mitad tam bién su pú blico ya debiera haber aprendido. ob­ sérvese también que no son nunca tontos. pero. toda inhibición para decir la verdad. pero que no decía. habré venido a bogar y gran­ jear la muerte» ( 8 8 8 ). pese a todos los formidables obstáculos de los “pe­ sados”. La coherencia fundamental del lenguaje es un m odo de su­ gerirnos Cervantes la esencial identidad de Tomás en todas las etapas de su vida.. p. Sin embargo. la locura. Diríamos que se identifica con el vi­ drio. de los proverbios. lo que siempre pensaba. es decir.

Con este objeto se fijan complacidos. Pre67 Para una amplia reseña de los estudios sobre los posibles m odelos vivos y Üterarios. una comprensible aprensión del «hombre de vidrio». humana. con la tan temible verdad. sobre todo. De he­ cho. Vidriera contesta siempre «con propiedad y agudeza». como el vidrio-espejo. constituyen una especie de representación ale­ górica de los percances anticipados en el camino de la verdad. ardua enmienda personal. Tomás. directo y por completo fidedigno todo lo que se le pone delante para un “escrutinio” 68. en la insistencia de Vidriera de ser «hecho de vidrio». las terribles consecuencias ínsitas en tal condición. «hombre de vidrio». 154 ss. de­ jando perplejos a todos por su «grande entendimiento». refleja de modo in­ mediato. de un modo u otro. Ahora bien. supuestamente muy có­ mica. se evita la urgente necesidad de un penoso auto-escrutinio y de una consecuente. en realidad. radical. social. ¿no suele quizás el mundo negarle. A veces se afirma que su «única locura» es creerse hecho de vidrio67. etc. etc. Así. es la atribución del defecto pro­ pio a la peculiaridad del vidrio-espejo que lo refleja. véase G onzález de Am ezúa y M ayo.. consciente o subconsciente. «si no fuera» por creerse de vidrio. Puntua­ lizaríamos: su verdadera locura consiste en proclamarse tan abier­ tamente. Insistiéndose en su virtud deformadora. porque invalida —así se empeñan en convencerse— la verdad tan transparente que les muestra y que ellos no quisieran ver. claro está. de esta obsesión. pp. Personificación de la ver­ dad desnuda. folklóricos. temeroso no le cayese alguna teja encima. C ervantes .de las calles. la “locura” de Tomás es la explicación usual. 165. nacional. y le quebrase» (880). consciente de los constantes peligros en que incurriría por ello. «El licenciado Vidriera y sus nombres». Todo ese mundo necesita creer o pretender que cree en la “locura” de Vidriera para no tener que confrontarse consigo mismo. p. se racionalizan las divertidas risas frente a là lamentable realidad reflejada.. realidad? Una de las salidas más tentadoras y comu­ nes. conveniente. constituyen. «ninguno pudiera creer sino que era uno de los más cuerdos del mundo» (887).. 68 García Lorca. con la ilusión simultánea de poder evitar los inexorables peligros. favorita de todos los que se en­ cuentran reflejados ¡tan claramente! en sus observaciones críticas y satíricas. y. sin inhibición alguna. determinado a ser fiel a sí mismo. creador de la novela corta española . cuando la imagen re­ flejada no es halagadora. . «mirando a los tejados.

cisamente por esta razón. y probablem ente porque quiere proteger a su familia de la irrisión del vulgo. Aquellos lectores que consideran toda la actuación de Vidriera. esencialmente. «donde la vida que había comenzado a eternizar por las letras la acabó de eternizar por las armas. y veréis que el que os respondía bien. pp. como hombre grave. . a costa de un indefenso “lo c o ”. aunque n o respaldamos todas sus conclusiones. la “verdad” y la “cordura” com o “locu ra”. U na consideración interesante de esa "locura" en un posible sentido m etafórico. os responderá mejor de pensado» (888). en «The Man W ho Thought H im self M ade of Glass. Significativam ente. que lo re­ velaría en toda su maldad y tontería sin proporcionarle. «La contribución de Cervantes a la psiquiatría». que todavía no ha honrado a su familia. pero creem os que consiste. Q uizás estam os sim plificando el problem a de la obra. cuando promete decir siempre a todos la verdad. aboliendo el ridiculizador Vidriera— 70 y ya no como divertido “loco”. sino tan sólo en la diversión. Rueda. según dicen. como un gra69 Los críticos que estudian al Licencado Vidriera com o caso m édico. and Certain Related Images» de Engstrom. Tomás va a Flandes. engañosa disculpa69. sólo en esta sencilla y clara ironía. ninguna conveniente. Tomás Rueda se demuestra tan “loco" como Vidriera. pero sin ya declararse «de vidrio». “cuerdo” —con este propósito hasta dignifica el nombre. fundamentalmente. El estudio más ex­ tenso e interesante sobre los nom bres de Tom ás es el de García Lorca. entre otros). 71 Obsérvese bien que Tomás prom ete contestar a las mismas preguntas que le hacían («lo que solíais»). ya curado. 82-92. y no Rodaja. modesta­ m ente. sabio. estimado de sus com patrio­ tas ’ or su merecida fama de hom bre inteligente. sabio. de un m undo al revés. cuando Tomás. propone: «Lo que solíais preguntarme en las plazas. suelen desentenderse de que a Cervantes le interesa esa “lo ­ cura” sólo com o metáfora de un problem a existencial. a la vez. también porque piensa. com o se ha propuesto al princi­ pio. bueno. ese mundo hi­ pócrita se guarda bien de acceder a tal enfrentamiento. al seguir creyendo que ese vulgo lo «persigue» (888) con todas esas pre­ guntas sólo porque quiere saber la verdad. de improviso. 70 A dopta el nom bre Rueda. psiquiá­ trico (G utiérrez-N oriega. pa­ yaso callejero o bufón de corte. en compañía de su buen amigo el capitán Valdivia. perversa o tontam ente. que considera. Sin exageración alguna se puede concluir que Tomás pronun­ cia contra sí mismo una condena de muerte. por causa de su actuación com o Vidriera. preguntádmelo ahora en mi casa. sin jamás poderse revelar com o Rodaja. tam bién morirá com o Rueda. dejando fama en su muerte de prudente y valentísimo soldado» (888). Al fin. «El licen­ ciado Vidriera y sus nom bres». según antes lo consideraban71. Ese pueblo cruel nunca tenía genuino interés en la verdad.

por su tan “extraviada”.. claro está. Q u ijote (il. tahúres. desenfrenado. p. de paso. y también. Ahora bien. que el senti­ miento amistoso no impide —aunque de seguro lo hace más difícil— que Tomás exprese su opinión de acuerdo con el dictado de su conciencia. en que se sitúa también la acción de El licenciado Vidriera . 73 F ord one. a principios del siglo XVII. 74 La guerra por causa del rebuzno en D .. Notemos. con toda probabilidad.. rencoroso.tuito. 316. suficiente so­ bre este problema: «Conciencia tan escrupulosa [. la afligía tan terriblemente en su propio suelo: «Allí notó [. que. . en que principalmente parece consistir esa profesión. Cervantes— 74.. La reacción del maravillado capitán es un comentario revelador. absurdo querer de­ fender a la patria en Flandes ¡formando parte de ese ejército. como un descubri­ miento del certero camino hacia la genuina fama72. N o hay in­ dicación alguna de que el autor represente la decisión de Tomás de no entrar en el ejército como una falta al deber patriótico73. “lamentable” con­ ducta o actitud pasada.. como cualquier turba mercenaria. a Tomás seguramente le parecería incongruente. etc. incorruptible joven: «Esto sería [. destructivo desahogo cínico.. según lo ilustra la oferta de «socorros y pagas» que el capitán Valdivia hace a Tomás. pasteleros. el texto no sustenta en absoluto tal interpretación. pronto envuelve. 25-28) y los c o ­ mentarios que acerca de ello se hacen podrían constituir una poderosa parodia de los conflictos bélicos españoles de esa época. brutal juego por la ventaja material y el privilegio.] más es de re­ ligioso que de soldado» (877). las trampas y los abu­ sos de toda clase que observa en la vida soldadesca. al «alojarse» en ellos las tropas españolas! España necesitaba 72 Críticos m encionados en la nota 3 y varios otros. y el re­ chazo categórico del discreto. según lo sugiere la casi ubicua “decadencia” del panorama social retratado: H e aquí una obvia razón de esas “banales” sátiras de Tom ás contra zapateros. aun al mejor intencionado. El inescrupu­ loso. Es pertinente recordar que a Tomás le repelen la arbitrariedad y la violencia. rasgo distintivo también de Vidriera. de modo inexorable. caps. D e­ jando aparte sus posibles dudas y escrúpulos respecto a las gue­ rras españolas en Flandes —como tenían otros notables contem­ poráneos e incluso.] las quejas de los pueblos [andalu­ ces]». sin que éste tuviese que ponerse «en lista de soldado». el maltrato y el parasitismo. C ervan tes’ H um anist Vision. in­ terpretan este desenlace como una enmienda o expiación deseada por Tomás Rueda.] ir contra mi conciencia y contra la del señor capitán».

. a la socie­ dad entera. en efecto.. sino. Este trágico paralelo se extiende al hecho de que tales exilios suelen tener como única al­ ternativa un diagnóstico oficial de “locura” con la consecuencia . ex­ plica Tomás al capitán. que al fin Tomás se enlista en el ejército sólo porque no tiene alternativas. se concluye. Tomás no se siente culpable en absoluto por haber «perdido el juicio». aunque ideal. en realidad. pues la gente no dejó de «perseguirle». del pensamiento. creyéndose «hecho de vidrio» —lo cual atribuye a «la permisión del cielo» (888)—. «todo aquello que notaba y mal le parecía» (877). Por encima de todos esos aspectos deplo­ rables. se destaca ex­ plícitamente: «Viéndose morir de hambre». no tiene razón alguna para hacer penitencia de cualquier clase. con amargo desengaño. En efecto. Tomás. delicado. al despedirse no se disculpa por su conducta pasada. cruel. pues la vida soldadesca lo obligaría a renunciar a su tan apetecida libertad individual. que alargas las esperanzas de los atrevidos pretendientes y acortas las de los virtuosos escogi­ dos. alado. morfífera «materia terrestre» (880). la ingratitud con que remunera todas sus honestas y razonables intenciones: «¡Oh corte. sutil. no podría «sentarse debajo de» nin­ guna «bandera». y sentirse gratificado. anímica. donde pensaba valerse de las fuerzas de su brazo. sustentas abundantemente a los truhanes desvergonzados y matas de hambre a los discretos vergonzosos!» (888). y. de Tomás bajo la «pesada». lógicamente. la despedida para Flandes no se nos sugiere como un anhelado peregrinaje de expiación y reforma personal. a la corte. por esto. que emparenta a Tomás con todos esos admirables y desdichados exiliados de todos los tiempos. liber­ tad que no tiene nada en común con la notoria «vida libre del sol­ dado». Teniendo en cuenta todo esto. en realidad. él también. re­ crimina. la incomprensión y crueldad con que trata sus “des­ gracias”. fértil. Ese mundo ignorante. «determinó de dejar la córte y volverse a Flandes. pues no podía valerse de las de su ingenio» (888). en particular. No. ingrato por fin ha inmovilizado el espíritu claro. fiel a sí mismo. como. como si todavía fuese Vidriera. sino. ¡y de la actualidad!.ser defendida ¡de sus propios “defensores” ! Tomás comprende bien que como soldado en ese ejército se encontraría «en la nece­ sidad casi precisa de hacer». a todas luces. como un trágico ostracismo. cuya única culpa consiste en querer decir la verdad. claro está: ¡«más quiero ir suelto que obligado»! (877). después de considerar atentamente todos los aspectos de la vida militar. todo lo contrarío.

asimismo ejemplar. 77 Serrano Poncela. filosófica de la obra. 102-3. que ha escrito el inmortal genio»76. p. constituyéndose en la ejemplaridad moral. claro está. la actuación de Vidriera se sustenta. a menudo. 76 A zorín. «El licenciado Vidñera». callado. ge­ neradora de inexorables.de “terapias psiquiátricas”. a nuestro juicio. 144) su ­ girieron la posibilidad del suicidio. El licenciado Vidriera no se articula de acuerdo con el deseo del autor de ganarse «indulgencia ante la minoría noble-eclesiástica»7 7 ni ante cualquier grupo particular. pero también. sino con la intención de drama­ tizar ¡para todos! el precario destino de la verdad en el mundo y la extraordinaria condición anímica del que se atreve a procla­ marla y defenderla. He aquí. . trágica implicación respecto a la sociedad humana provoca a la conciencia con un muy vejatorio cuestionamiento sobre el cultivo de los genuinos valores persona­ les y sociales. sublime gratificación íntima. enfrentado con una insensata muerte. en 75 A unque con enfoque distinto. en contraste tan obvio con la “im­ prudencia” fatal de Vidriera de decir siempre a todos la verdad. Con Cervantes. Como ya se ha visto. aparentemente todavía no bien apreciada. Esta lamentable. cuando menos. trágicas consecuencias. 194. inconsciente?75. Al decimos Cervantes que Tomás «acabó de eter­ nizar» su vida «por las armas». repri­ miendo su opinión y su sentir. La Torre. p. La intensa amargura con que Tomás va a Flandes —donde murieron ya otros hijos de España. quienes no pudieron «valerse de las fuerzas de su ingenio» en su triste pa­ tria— ¿no indicaría quizás hasta un deseo suicida. es decir. muriendo en un campo de batalla. resignado. con inefable tristeza. ridiculiza o condena como imprudencia y locura. ya otros (Riley. «El licenciado Vidriera». es decir. Parte íntegra de esta ironía sería. la faceta erasmiana de la “locura” de Vidriera. la «fama» que Tomás dejó «de prudente y valentísimo soldado» (888). pp. se expresaría así con la más dolorosa ironía que recordamos de sus obras. Tiene razón Azorín que El licenciado Vidriera es «de lo más triste. “Imprudencia” que caracteriza a toda persona genuinamente ho­ nesta. Esta ejemplaridad se expresa por medio de una forma o estructura novelística genialmente apropiada. que a menudo se califica.

superficial de sus creaciones. y. a todos los incomprendidos o mal apreciados en su seriedad y profundidad. durante sus años estu­ diantiles en Salamanca lee asiduamente la escrita. como en todas las obras cervantinas.. constituyéndose toda la obra en un intenso drama novelizado de una inexorable abismal incom­ prensión 79. Los coloquios erasmianos se estructuran a m enudo en base a una relación entre interJocutores inteligentes. anónimos y notorios. virtuosos. claro está. proverbios. necias. hombres y mujeres78. en la sabiduría tradicional. serio oyente y lector de esta sabiduría se hace gradual. predominante en to­ das las esferas sociales. De asiduo. oral y escrita. Cada encuentro es un duelo entre la inteligencia —sa­ biduría y la necedad— ignorancia. la ejemplaridad moral es consustancial de la literaria.. inevitablemente. según lo ilustran los muchos encuentros de Vidriera con los personajes representativos de toda la sociedad: plebeyos y aristócratas. por sus reacciones impropias. convencido del valor y de la importan­ cia del mensaje. pasajera del destinatario. de explícito o implícito propósito iluminativo respecto a la condición humana y didáctico. culta y popular. Su originalidad no consiste tanto en la invención de este mensaje como en la comprensión de su relevancia y en el fervor sincero con que lo comunica a los demás.gran parte. Con parte de esta sabiduría oralmente trans­ mitida Tomás se familiariza ya en su niñez. a la vez. ya en colecciones particulares ya en textos de interés heterogéneo. anécdotas. drama de este tipo particular de in­ com prensión. en particular. dichos. Desti­ natario de torpe.. también el arte con que se expresa. la enseñanza como. su transmisor hábil. se reintroduce así en El licenciado Vidriera con un claro planteamiento de crucia­ les problemas filosóficos. analfabetos e “intelectuales”. sabios. sentencias. insensato apetito por la diversión fácil. lo cual revelan precisamente por no poder apreciar bien las razones de aquéllos. en forma de apotegmas. morales y. correctivo respecto a la deseable conducta cotidiana. Véase nuestro estudio citado en la nota 16. oral y escrita. y como Vidriera. ridiculas. quien así banaliza tanto el pensamiento. de esta sabiduría. chistes. Relación conflictiva entre el serio propósito del autor de enseñar deleitando y el grosero. frívola disposición anímica. Tomás representa a todos los autores.. y otros que no lo son. 78 79 . naturalmente. estéticos. que atañen a la creación y comunicación artísticas. Se sugiere así una m uy pro­ bable inspiración para E l licenciado Vidriera . refranes. dedicado. Esa sabiduría tradicional. festejados tan sólo por lo más “divertido”.

p. pp. personajes mal retratados. en varios estudios recientes se viene defendiendo esta novela. 71-2. Duran. [«Cervantes presentó con intención de m odo tan inverosímil los sucesos. advirtiendo que «neither the plot nor the characters are to be evaluated by re­ alistic or naturalistic standards» 3. 27. «it does not merit discussion». psychological motivation and outcome as it does». [«(. en efecto. desarrollo y desenlace “arti­ ficiosos” de la acción..LA FUERZA DE LA SANGRE «L a v erd ad era h o n ra está e n la v irtu d . De allí que «the most obvious structural feature o f the work» sea la "simetría”. «Reality and Realism in the Exem plary N o v els ». C ervantes: N ovelas ejemplares. C er­ vantes. p. etc. p. con que toda la materia.) no tiene relevancia para el significado de la vida. el P inciano and the N o v e la s ejem plares ». 197. «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». ill. pp.. p. no es digna del genio de Cervantes». [«(D e allí que) el rasgo estructural más característico (sea la “sim etría”. «it has no hearing on the business or meaning o f life». que.. 3 El Saffar.. porque su concepción del asunto es fundamentalmente poético-simbólica4. lleno de increíbles coincidencias. G itlitz. Esta estructura parale1 A tk in son . characters. themes. etc. p.) ni la trama ni los caracteres se de­ ben apreciar de acuerdo con criterios realistas o naturalistas». de psicología nada convincente: «Cervantes desatendió de triste manera la ca­ racterización de sus personajes» 2 .» (La fuerza de la sangre) Sobre La fuerza de la sangre se han expresado muchas opiniones severamente condenatorias: «un fracaso». se distribuye en dos partes en la obra. 191. etc. symbols». «Cervantes in­ tended his novel to appear as unlikely in its events. Para quienes han sostenido estas opiniones hay muchos graves defectos en la novela: estructura novelística muy ingenua. a base de la “caída” y la “restauración” del personaje5. no merece ser discutida. . 136-141. Sin embargo. asunto inverosí­ mil. N o v e l to Rom ance.] 4 Calerait. Sym b ol and M eaning in Cervantes’ La fu e rz a de la sangre ». «Introducción». «anecdotes.. «Structure. descriptions. «C ervantes.. l.] 5 Ibid. ejemplaridad cuestionable de la obra. Pierce. [«(. etc. la m otivación psicológica y el desenlace». 128. moraleja extraña de la historia. «unworthy o f Cervantes' genius». falta de «buen gusto». 114.] 2 Avalle-A rce.

antitética. etc. etcétera. Forcione. en sus interpretaciones.)». Otras veces. en juicio de los críticos que así la caracterizan. cíclica. ¿Es comprensi­ con que toda la materia) anécdotas. divina. la “restauración de la honra” de Leocadia y el feliz desenlace6. Soons. sím bolos (etc. ciertas perversas tendencias individuales y ciertas preocupaciones y actitudes impropias. Al «Heaven’s design» [«previsión del Cielo»] se atri­ buye asimismo el que Rodolfo no sólo no quede castigado por su crimen. revelándola como una repre­ sentación por completo verosímil de una trágica experiencia per­ sonal y de sus causas. a nuestro juicio. por ejemplo. N o v e l to Rom ance. etc. mucho más sencilla. a que se atribuyen todas esas afortunadas coincidencias. descripciones. en tantos aspectos evidentemente vulnera­ bles. mís­ ticas.. díptica. «Structure. sin contrición alguna. la impresión de que es la fasci­ nación de Cervantes con la simetría renacentista lo que. . que así también en estos estudios8 —algunos de profunda erudición y gran perspicacia interpretativa—9 conduce a la formu­ lación de estas perfectas simetrías. y otros) reconocen tal estructura. inmorales y absur­ das de la sociedad contemporánea de Cervantesí0. Escéptico ante tales formulaciones simbólicas. que se considera feliz. la iniciativa de los personajes mismos para el de­ senlace. es concebida de tal modo. enga­ ñosamente. pp. de ha fuerza de la sangre.lística. caracteres. 134 ss. reveladoras de la naturaleza compleja de la novela.] Casi todos los críticos (Díaz-Plaja. simétrica. 203. «Cervantes’ Secularized Miracle — La fu e rza de la sangre» en su C ervantes an d the H u m an ist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. Casalduero. L a fu e rza de la sangre tienta la interpretación simbólica. Piluso. alegóricas de L a fu e rza de la sangre . 7 Calcraft. For­ cione. nuestro estudio propone otra posible lectura.) (. determina la estructura de la novela. en cambio. 9 D e particular importancia es cl de Forcione. 8 El Saffar. sobre todo. antítesis. al menos en parte. sea premiado con el ma­ trimonio con su virtuosa y bella víctima 1. Sym bol and M eaning in C ervantes 1 La fu e r z a de la sangre ».. alegóricas. pero. religiosas.. para reflejar poéticamente la intervención sobrenatural. pero sin descontar al “designio di­ vino”. sino que. El Saffar.. 6 El estudio de G itlitz (nota 5) deja. en que se examinan las «refle­ xiones» racionalistas de Cervantes respecto a la literatura milagrera. En nuestros propios estudios hem os mostrado algunas magní­ ficas realizaciones cervantinas por ío sim bólico (véanse. “milagrosa”. en El teatro de C ervantes). no sugerim os en absoluto que la concep ción sim bólica o alegórica sea ajena a Cervantes. los estudios sobre El laberinto de am or y El rufián dichoso. temas. esencialmente.. p. se acentúa ía “industria”. 10 Al cuestionar las interpretaciones simbólicas.

Sin embargo. ¿no es quizás muy significativo precisamente el hecho de que no haya expiación ni arrepentimiento alguno en el desenlace? Pese a las manifestaciones de “alegría” de los personajes. re­ lacionada con el desarrollo anterior de los sucesos. semiconsciente. Leocadia se pregunta desconcertada: «¿Qué oscuridad es ésta? ¿Qué tinieblas me ro­ dean? ¿Estoy en el limbo de mi inocencia o en el infierno de mis culpas?» (891). N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . la violencia del rapto fue tan brutal que se desmayó. en L a fu e rza de la sangre . “histó­ rica”. 2 1 2 . en la ejemplaridad crítica. I. C ervantes . 69. . censor de su época. no revela una estructura novelística simétrica en sus contrastes morales de “caída” y “redención”. con gran sutileza conceptual e irónica. planteamiento de problemas de ningún género. por un ins­ tante. concedido aun sin ser solicitado —aceptable sólo como acto de fe del lector en la palabra del crí­ tico— y de la del matrimonio. como enmienda por com­ pleto satisfactoria de la injusticia o basta como premio extraordi­ nario para la mujer agraviada —solución a menudo aplaudida por esa sociedad. de esta obra tan “realista”. de una total abstracción de la moralidad. Cervantes. como penas del infierno o del purgatorio. según se las hace imaginar su educación religiosa. enmudece aquí». y prescindiendo también de la conveniente tesis de una supuesta caracterización defectuosa de los personajes. creador de la novela corta española} o. pues. entre an­ gustiosas incertidumbres y aprensiones —que evocan las alucina­ ciones de Margarita del Fausto de Goethe—. en un estado delirante. cuando menos. tal conclusión. nada frívola ni “idealizante” H. p o ­ lítico o de conciencia. moral. sino más bien lineal en su representación de una inexorable perpetuación de la injusticia o. G onzález de A m ezúa y Mayo: « N o hay. p. Los dolores y temores padecidos en la densa oscu­ ridad de la estancia impresionan su mente confusa. Antes de despertar por completo a la trágica realidad del rapto y de la violación. pero discrepante de la ética consuetudinaria de Cer­ vantes—. que pueda distraer al lector al tiem po de recrearse con ella. en sí. p. característicamente cervantina.ble un desenlace genuinamente feliz y una ejemplaridad moral de la novela sin una expiación del crimen y ni siquiera un arrepenti­ miento sincero por parte del transgresor? Prescindiendo de la ex­ plicación del perdón divino. Estos he" A sí se clasifica tradicionalmente: R odríguez Luis. constituyéndose todo. quedando «sin sentido» tam­ bién cuando Rodolfo le «robó la mejor prenda» (891).

Rodolfo quiere poseerla de nuevo y ella. desmayada me pisaste y aniquilaste». ad­ virtiéndole: «más ahora que tengo bríos.chos se ponen muy de relieve con la intención específica de disi­ par toda posible duda sobre una posible gratificación sexual disi­ mulada de la víctima. que «cubra con perpetuo silencio [. de que en su tierna. las advertencias y enseñanzas 12 Riley. Desesperada. Leocadia refle­ xiona asombrada: «no sé como te digo estas verdades. A pesar de su ab­ soluta inocencia. sin querer que las oiga el mundo!» (891). implora a su violador. que se sue­ len fundar en la experiencia de muchas cosas y en el discurso de muchos años. podrías imaginar que mi desmayo fue fingido cuando te atreviste a destruirme» (892). antes podrás matarme que vencerme. pues «el mundo no juzga por los sucesos las cosas. con las manos. con la caracterización verosímil del personaje1 2 . Leocadia sabe que la sociedad en que vive la considerará deshonrada.. . pp. le recrimina indignada «[. C ervan tes ’ Theory o f the N ovel.]. defendiéndose «con los pies. destrozada para siempre. nótese. refleja.] la ofensa que [le] ha hecho». A lo forzoso. acongojada. en esencia. cándida edad se acumule. despierta. sino conforme a él se le asientan en la estimación [„.. pues. si no. tanta desdicha. ya que le ha quitado la «fama» o..] traidor y desalmado hombre [..]»... indica su íntima. entre mi y el cielo pasarán mis quejas. no llegando los míos a diecisiete» (891). pues «es mejor la deshonra que se ignora que la honra que está puesta en opinión de las gentes [. con los dientes». propia más bien de una larga y desastrosa vida? «No sé cómo [.. toda­ vía obstinada incredulidad frente a la brutal experiencia que de re­ pente la ha transformado en mujer amancillada. N o se trata de un reparo crítico del propio autor. no es bien que [la] vean las gentes». sin resistencia concediese con tu abominable gusto. que si ahora. Al recobrar Leocadia el sentido.. ¿no resulta quizás enteramente comprensible que Leocadia se maravi­ lle. 136-7. a menudo maliciosamente presupuesta en si­ tuaciones parecidas.. Por esto desea que «esta oscuridad du­ rase para siempre» y que «este lugar [de su violación] sirviese de sepultura» a su «honra». tan repentina y violentamente. Y lo que «la lengua» de Leo­ cadia dice. natural de su dolorosa instantánea “madu­ ración” se refiere ella misma: «el dolor de una misma manera ata y desata la lengua del afligido» (891). que le quite la «vida». Al expresar estas preocupaciones. preocupado con el decorum.]..]. por «piedad». es decir.

ya enterado de la desgracia de la hija: «y ad­ vierte. N o v e l to Rom ance. que con total abstracción de la verdad y de la genuina honra a menudo destruye aun a la persona más honesta y buena.]. ni el mío. y pues puedes vivir honrada con Dios en público. quiere borrar toda huella de su infeliz existencia: «ponme luego en la calle». tratan de cal­ marla y consolarla «con prudentes razones». Por la paralizante preocupación de toda la familia con la opinión del vulgo. ni saberla [mi casa]. después de la violación. tente por honrada. no te pene de estar deshonrada contigo en secreto [. a cada paso se detenía. por decreto de la “honra”. fuera de [su] padre y de [su] confesor». «desde allí bien sabré volverme a mi casa» (892). dice. 132.. Leocadia ni «[ha] hablado con hombre alguno en [su] vida [. y la verdadera honra en la virtud [. El autor refiere todos estos detalles de la vuelta de Leocadia para destacar la dolorosa ironía de que.que le impartieron en su casa. Al darles Leocadia cuenta «de todo su desastroso suceso». ni en pensamiento le has ofendido [a Dios]. y por desmentir los espías. lo cual pa­ rece una explicación satisfactoria que hace innecesaria e inconvincente esta interpretación simbólica: «The church to which Rodolfo leads Leocadia after having raped her» es un símbolo religioso.. si acaso la seguían.. ni el de mis parientes».]» (893). se entró en una casa que halló abierta..] tú ni en dicho.. Observemos de paso que Leocadia pide a Rodolfo que la ponga «en la calle. amorosamente: «La verdadera deshonra está en el pecado. etc.. después de haberla violad o.. implora a su ofensor. sin que jamás 13 El Saffar. que yo por tal te tendré.] . [«La iglesia a que R odolfo conduce a Leocadia. Por la misma preocupación. que más lastima una onza de deshonra pública que una arroba de infamia secreta [. porque».. p. no vio a persona. es la víctima quien debe comportarse como si fuese la malhechora.. es un sím b olo religioso que augura su eventual reconciliación». sus padres. (893). ahora. pero sospechosa que desde lejos la siguiesen. o a lo menos junto a la iglesia mayor. Al encon­ trarse poco después «sola» en «el lugar donde la dejaron»..].]». «which augur[s] their eventual réconciliation» ü. según se deduce también de las reacciones del padre. y de allí a poco se fue a la suya [.. ni preguntarme el nom­ bre de mis padres. dándolos hacia su casa [. nutrida por el chisme.]. «también has de jurar de no seguirme. profundamente horrorizados y entristecidos. hija.. Leoca­ dia «miró a todas partes.

] Don dinero»: «A ser mis padres tan ricos como nobles. des­ H La noción erasmiana del honor com o virtud la estudiamos con frecuencia en nuestros estudios sobre Cervantes 7 sobre Torres Naharro: E l pensam iento humanístico y satírico de Torres N aharro } 2 vols. «encomendarse» a la justicia divina (893). temerosa que su desgracia se la ha­ bían de leer en la frente». de solidaridad en el sufrimiento.]. 125-132. sin dejar verse de persona alguna. en que fue violada. sufriendo terriblemente todo el tiempo. Proba­ blemente. pp. exentas por completo dé esa noto­ ria casuística de los pundonorosos contemporáneos. 894). aconsejándole.. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ».]. con ves­ tido tan honesto como pobre [... «debía de ser hombre principal y rico» (892). retirada y escondida [. en cambio.. princi­ palmente. como único remedio. no fueran en mí tan desdichados» (892) 16. .. llenas de com­ pasión y ternura paterna. palabras sencillas. teatrales de esa época u . Debe «reducirse a cubrir la cabeza» (893. la protagonista de esta novela1 5 . porque también la «justicia» sirve sobre todo al «poderoso señor [. en realidad. suspiros y lamentos [. Palabras exaltadoras de la virtud personal. Como consecuencia del rapto. evocadoras de la tradición evangélica cristiana. familia buena. La familia entera de Leocadia es. víctima inerme de una poderosa y desmandada clase alta.. Cervantes nos invita a reflexio­ nar sobre el consuetudinario código del honor en el teatro contemporáneo al ha­ cer que Leocadia se refiera «ai teatro» de su «tragedia» (893). pero de humildes recursos económicos (890).]. honradavirtuosa. consciente de que no se le reparará el agravio nunca. que es la verdadera honra. por presumir que a tan desvergonzado ataque en el centro de la ciudad sólo podría atreverse un poderoso arrogante. con todo el recogimiento posible [.. como lo lamenta Leocadia. erasmiana. 15 Scott. lloros. de comprensión humana. entre «gemidos. resignarse.].te mire sino como verdadero padre tuyo» (893). A esta convicción. a cuya riqueza se plegan hasta las autoridades civiles. sabiendo que sería para siempre «deshonrada» en la opinión del vulgo. parecen responder también las «prudentes razones» con que el padre disuade a Leocadia de su propósito de identificar al ofensor (los obstáculos materiales para realizar esto no parecen tan formidables como dice). Leocadia debe «pasar la vida en casa de sus padres... sin ser parte la discreción de su buena madre a consolarla» ni todos los sabios consejos de su padre ni tampoco los cariñosos cuidados de toda la familia. reales y lite­ rarios. 16 Leocadia hace esta declaración antes de comprobar que «el dueño de la es­ tancia». cristiana..

de las responsabilidades y obligaciones morales que su categoría social. Sin embargo. sin relación alguna con el verdadero amor y hasta flagrantemente contradicto­ rias al genuino espíritu del sacramento del matrimonio. e d essendosi scoperto. . hace evo­ car estas reflexiones de Boccaccio sobre la prudencia de uno de sus “deshonra­ d o s” que prescinde de la venganza. G o eth e (Fausto). digna. D ostoïevski (El idiota). en que sin embargo cabe aún otro y quizás el más atroz dolor y sacrifi­ cio. han concebido conm ovedoras situa­ ciones trágicas. Cer­ vantes no condena de modo categórico. G iornata ΠΙ. ¡du­ rante siete años!. mucho más extraordinario. atroz martirio!. De acuerdo con su fundamental noción del individuo. ocul­ tando su preñez: «aun no osó fiar de la partera. novela II. no utili­ zando jamás en sus obras lo extraordinario sin total verosimilitud. sumario. y después. non scemata. usurpando este oficio la madre» (894). y habiéndose descubierto. ancora che inter a v en d etta n 1 avesse presa.) habría revelado lo que todos deben tratar de en­ cubrir. entre otros. que Leoca­ dia acepta por amor a su familia. «avrebbe scoperto quello che ciascun dee an dar cercando d i ricoprire. claro está. feliz. de seguro muy raro en esa sociedad: el matrimonio del poderoso y arrogante violador con su humilde. protagonizadas por mujeres “desgraciadas” com o Leocadia. sin sólido sostén en la naturaleza humana y en la experiencia coti­ diana. de haber castigado al reo. física y emo cio nal mente. contaminada Ja honestidad de su mujer»]. ya sin esperanza alguna de una vida normal. aunque se hubiese vengado enteramente. porque. p. nos hace ver que tal unión se realiza sólo por casualidad y por circunstancias. causas y motivaciones impropias. suprimiendo de continuo. Seria el destino más probable de toda mujer con esa "desgracia” en la sociedad espa­ ñola de ese tiempo 17. Juventud trágicamente truncada. fingiéndose sólo «prima» (896) de su hijo.. Cervantes nos muestra otro posible desenlace. de modo parti cu17 Y en gran parte del m u n d o de to d o s lo s tiem p o s. condenada por el cruel “decreto” del pundonoroso vulgo a una perpetua muerte pública.trozada. pues Leocadia debe renunciar también a su maternidad. con tam in ata Vonesta délia donn a su a» (D ecam eron e. ¡Auténtico. De este modo pasaría Leocadia el resto de su vida. su instinto y cariño matemos. m a m oho cresciutta n 5a v ­ reb b e la sua vergogn a. 38) [«(. es decir. a la poderosa y rica clase nobiliaria. no menguada sino crecida resultaría su vergüenza. Sin embargo. sino tan sólo a aquellos de sus miembros que «desdecían de su calidad» (890). “deshonrada” víctima.. «H uella del Decam erón en las N ovelas ejem plares ». La preocupación que tiene el padre de Leocadia de ocultar la “deshonra”. pasaje citado ya por Pianca.

«com o mujer y noble». pero son. a lo menos muy virtuosamente [. inde­ pendiente de consideraciones sociales: «en quien [mujer] la com pasión y miseri­ cordia suele ser tan natural com o ía crueldad en el hombre» (896).]. consistente con esto. que con una medianía de los bienes de fortuna han susten­ tado su honra felizm ente dondequiera que han vivido» (895). pues para él toda “sangre” es “colorada”. si no muy rica.. el de las ovejas con el de los lobos y. depravado. «ellos le respondieron con muecas y burlas» (890). poder. con deshonesta desenvoltura Rodolfo y sus camaradas. Y. les imponía. la inten­ ción de sus abuelos era hacerle virtuoso y sabio.lar. de causas y circunstancias que nada tienen que ver con la virtud. N o se trata de una inocua mucha­ chada. mientras que su hijo es. A su vez. lo cual repercu­ tiría también en su vida. Nobleza. inspirador para los de­ más. la calidad.]. porque mis padres lo son. un ruin. Luisico. a pesar de ser hijo de Rodolfo. Esta convicción cervan­ tina se articula de manera particularmente clara y completa en esta novela: Los padres de Rodolfo tienen defectos. según se verá. ya que no le po­ dían hacer rico. como si hubiese dis­ frutado de las ventajas educativas de un ambiente cortesano ideal. pero con la siguiente elaboración que destaca su ternura femenina. Sólo a la excelente educación que le dieron los abuelos maternos se atribuye su admirable modo de ser y de portarse: «se criaba [. aunque también la inmadurez de carácter de Rodolfo se 18 A l afirmar Leocadia: «yo so y noble. cubiertos los rostros. del azar. entiéndase “engendrado” y criado. los genuinos méritos personales. según lo demuestra todo el modo de ser y la conducta de Rodolfo1 8 .. no considera la “sangre noble” como “fuerza” determinante de la naturaleza y la calidad del individuo. Al reprocharles y «afearles» su atrevimiento el «viejo» padre de Leocadia.. y de la criada». D oña Ésfefanía se com padece de Leocadia. el carácter. esencialmente. ya en la primera escena aparece buscando ocasiones para fechorías. y lo han sido todos mis antepasados. miraron los de la madre y de la hija. Significativamente. como si la sabiduría y la virtud no fuesen las ri­ quezas sobre quien no tienen jurisdicción los ladrones ní la que llaman fortuna» (894). a todas luces. acentúa la compati­ bilidad de la nobleza de origen y la virtud personal en su familia. riqueza son a menudo sólo productos de la fortuna. buena gente. . «en todas las acciones que en aquella edad tierna podía hacer daba señales de ser de algún noble padre engen­ drado». como ejemplo imitable. según lo sugiere fuertemente su predis­ posición escarnecedora: «Encontráronse los dos escuadrones..

llevando «los despojos» de la desmayada. según se pone muy de relieve con detalles reveladores: «Arremetió Ro­ dolfo con Leocadia [. La apetencia sexual 19 F ord on e. sin duda. brutal ofensa y de una grave amenaza contra toda la “honrada” familia de Leocadia. que ha hecho pensar hasta en complejos necrofílicos. todo lo cubría[n] [. como los «de un tronco o de una columna sin sentido» (892)i9. p. gratificada por el momento su lujuria. más incitante para su “deseo” lujurioso? Lujuria animal y también gran cruel­ dad demuestra Rodolfo durante y después del rapto. quien rapta a Leocadia sólo por la «hermosura» de su «rostro». pero ni las voces fueron oídas. Mons­ truosa crueldad y lujuria o sensualidad de tipo patentemente pa­ tológico. ex­ poniéndola. humana.. ni movió a compasión el llanto. pues tienen también «un niño pequeño» (890)—. gritó su madre. fea mirada de Rodolfo se atreva hasta con la madre. a pesar de todos los inconvenientes» (890). ni los ara­ ños fueron de provecho alguno [. sin el menor escrúpulo de conciencia. arañóse la criada. La violación de Leocadia se inspira en la realidad cotidiana. En relación a esto es particularmente llamativo que la procaz. lloró su hermanico.subraya varias veces. pero su elabo­ ración literaria revela sugestivas correspondencias con la violación de Filom ena . lo cual su­ giere otras posibles horrendas consecuencias: ¿No habría podido raptar quizás Rodolfo. al tener presente que Rodolfo «cumple su deseo». sino de una descarada.... «Cervantes’ Secularized Miracle: L a fu e rza de la sangre ».. que «despertó en él un deseo de gozarla. para no expo­ ner su pureza a cualquier potencial contaminación. símbolo sacro­ santo de la familia. así desmayada como estaba». Después. C er­ vantes an d the H um anist Vision: A Stu dy o f Four Exem plary N ovels. que de se­ guro reacciona con indignación particularm ente acalorada al enorme «atrevimiento» de Rodolfo. ni los gritos escuchados.] Dio voces su padre.] las crueles entrañas de los malhechores» (890). «a Rodolfo le vino a la imaginación de ponerla [a Leocadia] en la calle. Esta práctica teatral responde a la misma sensibilidad social. a un gran peli­ gro de muerte. a la madre —mujer todavía joven. si su rostro le hubiese parecido aún más “hermoso”. 363.. con muy buena razón.]. La única “respuesta” que da a las desesperadas quejas y angustiosas imploraciones de la inerme víctima es querer «volver a confirmar en él su gusto y en ella su deshonra». con la misma facilidad. y tan delicado para la sensibilidad española que sólo por excepción aparece en su teatro áureo.

con faceta psicológica más compleja. sumisa. m as devaneo! ¡C om o. en este soneto burlesco: 1. quizás. porqu e es astuta. T oulouse. com o su ideal am oroso. sosa de carácter: «como no sea necia. y quitándole el nombre de esposo todos los es­ torbos que la honestidad y decencia del lugar le podrían poner. esencialmente. Jammes. en esa escena que siempre deja perplejo al lector. Libro vi. anormal sobreexcitación sexual trastorna a cada paso a por Tereo en Metamorfosis. estaba como esperando que se le saliese el alma para darle acogida en la suya» (898) 21. ¡ O necio humor. no amor. Una nueva locura se ha asentado en los entendim ientos desta era. Cualquiera vaya. de O vidio. pues. Es justificado pensar. y adoran la si es fe a y es parlera. P or la hermosura no dan cornado. la gallina! 4. en el episodio de A donis γ Venus en la Egloga ni de Garcilaso? Cervantes parodia las groseras im itaciones de este m ism o episodio en E l rufián viu do (véase nuestro estudio en El teatro de C ervantes). R o­ dolfo queda «sin sentido». la raposa y no como. (A lzieu. se abalanzó al rostro de Leocadia y juntando su boca con la de ella. L issorgues. tras su deseo. en que «puesto el rostro sobre el pecho de la desmayada» ¡y para él desconocida! Leocadia. que una extraña. 20 Lo que R odolfo proclama. «llevado de su amoroso y encendido deseo. pues hermosura busco y no dotrina.de Rodolfo por la mujer “cadavéricamente” pasiva. como si en el aviso consistiera ten er la dam a el cuerpo bien form ado. Floresta de poesías eróticas d e l Siglo de O ro. 3.) 21 Este m elodram ático gesto del libidinoso libertino ¿se inspiraría. tonta o boba» (897) —caracteri­ zación sugestiva de su propia inseguridad e insustancialidad per­ sonal 2 0 — se manifiesta repetidas veces en su actuación y también. no se dife­ rencia. 15. que de m ujeres quiero la hermosa . en algunos aspectos episódicos fundamentales. cuando menos. p o r simple. 1975. con orgullo. de algún m odo. . con obvio tono cínico. que no hay quien a la hermosa dam a quiera ¿ si no es discreta y sabia en sumo grado. y después. del “ideal” que "se exalta”. 2. p.

Aunque arrogantemente confiado en su inmunidad. . 23 Scott.. Rodolfo «se fue a buscar a sus camaradas para aconse­ jarse con ellos de lo que hacer debía». pero ya en la calle. Los afanes pervertidos de dominio violento en lo sexual y en lo social —aguijados. porque es lo que mejor le conviene a él: «no le estaba bien».. siente algún tanto de com pasión por su víctima». Parece más bien que Rodolfo decide mentir a sus camaradas.. siem­ pre posible cuando hay testigos24. agravada por una obsesiva necesidad de imponerse arbi­ traria. «no quiso hallarlos. Aberración sexual. la moralidad y decencia de la familia de Leocadia se indiquen ya en el hecho de que ésta sube la cuesta y aquél baja por ella.. nos parece dudoso que la degeneración moral del joven y.. por otra parte. Y adviértase el extremo ci­ nismo de la explicación inventada: «arrepentido [.]. Muchas son las cualidades personales negativas de Rodolfo y variados los modos de sugerirlas el autor. por el poder de su familia. Por esto R od olfo n o quiere «dar ocasión de ser conocido» (893) tam poco por Leocadia. quiere evitar toda incomodidad con la justicia. since ascent connotes hard work toward meritorious goals while descent sug~ 12 Cervantes dramatiza de manera genial el com plejo de inferioridad en El ru­ fián dichoso (véase nuestro estudio sobre esta com edia en El teatro de Cervantes).).. he feels a certain amount o f compassion for his victim» 23. antes se resolvió en decirles que. II. 221. probablemente.] 24 G onzález de Am ezúa y M ayo..Rodolfo. «Frío y cansado» por sus vanos intentos de violar a Leocadia de nuevo. [«(Consciente de que) el honor depende más de la reputación que del valor intrínseco (. de dominar y abusar a la víctima pos­ trada. p. avasallando todas sus facultades racionales. por una íntima conciencia de insig­ nificancia personal— se complementan y determinan mutuamente en él22. Sin embargo.]». R. 127. inerme. creador de la novela corta espa­ ñola. ante su «riqueza» y su «sangre ilustre» (890). p. arrepentido del mal hecho y movido de sus lágrimas. pareciéndole que no le estaba bien hacer testigos de lo que con aquella doncella había pasado. movido de sus lágrimas [. «H onor and Fam ily in La fu e rza de la sangre ». Cervantes. claro está..]. cuando se encuentran: «The opposition has symbolic significance. Esta resolución se ha atribuido a una repentina compasión de Rodolfo: consciente de que «honor becomes dependent more on reputation than on in­ trinsic worth [. la había dejado en la mitad del camino» (892). caprichosamente.

con el apoyo de éstos cobra ánimo para sus fechorías—. a las diver­ siones disolutas. Y ellos. «que siempre los ricos que dan en liberales hallan quien canonice sus desafueros y califique por buenos sus malos gustos» (890). Se reprende expresamente la «inadvertencia» de los padres. Rodolfo ostenta orgulloso su «atrevimiento». porque son propicias a las «compañías libres». vuelve a su casa al caer la noche.gests the facile movement toward degradation. while movement away from the city suggests the opposite»25. N o v e l to Rom ance . que no obstante quedan descui­ dadas. siempre anticipando aprobación y admiración. 132 [«La oposición tiene un significado sim bólico. p. para ir al río. the mo­ vement toward the city suggests an orderly dvilizing intent. García del su pu esto banquete en el Manzanares en La v erd a d sospechosa de Alarcón. aplauden todos sus «desafueros».]» y 25 El Saffar. «sin ser visto de nadie [.. «todos insolentes» (890) —sin duda.. . tuvo que “descen­ der” por la cuesta y “alejarse” de la ciudad. portarse con «libertad demasiada» (890) para con todos. y. como gente honrada y discreta. con­ secuentemente. en los ríos urbanos dejan constancia testimonios contemporáneos26. pues la subida connota un em peño arduo hacia fines m eritorios. m ien­ tras la bajada sugiere el m ovim iento fácil hacia la degradación. por los calores del verano. el m ovim iento hacia la ciudad sugiere un ordenado propósito civilizador.]. hay dife­ rencias significativas. muy obvias. para violarla. a los «desafueros» (890) y picardías de toda clase. 26 Es inolvidable la descripción de D . a un cuarto aparte en la casa [. probablemente al río. de cuestionable propiedad. a estas horas. D e igual m odo. al explicar que su hijo llevó a Leocadia. com­ prendiendo el patético complejo del señorito. su desprecio por la ley y la moral y su habilidad de caudillo de pandillas li­ bertinas frente a sus camaradas. dejándole. Estas «compañías libres» influyen en la conducta desmandada de Rodolfo. Por cierto. De tales festines nocturnos. claro está. necesario. mientras el alejamiento de la ciudad sugiere lo opuesto»]. Likewise.. pero hay otra causa mucho más deci­ siva para ella: la impropia educación paterna que evidentemente ha descuidado «la inclinación torcida» del hijo. por frío cálculo oportunista. «por darle gusto» y.. La vulne­ rabilidad de esta interpretación se patentiza ya en el detalle de que también la familia de Leocadia. quizás precisamente por el afán de buscar símbolos a todo paso en esta obra cervantina: mientras la familia de Leocadia ha bajado al río para un recreo lícito. Rodolfo baja. «las once».

diciéndole que es la esposa que «le han escogido» (897). nótese. el padre no tiene que empeñarse mucho en sus “persuasiones”. precisa­ mente por este “renombre”. que era fácil deshacerse los conciertos». desee el padre alejarle. noble». al volver de Italia: Doña Estefanía le muestra un retrato de una mujer «virtuosa.que tenía «de su estancia la llave y las de todo el cuarto» (891). sobre todo. no es moralmente condenable. de Toledo. en sí. enviarle a Italia. ¡Hiriente ironía! ¿Por la total ignorancia del padre de las fechorías del hijo. como de seguro sabe muy bien. sólo como na­ tural desahogo juvenil. discreta. «conforme a su deseo» (897). considerados. donde pueda desahogar todos sus caprichos y apetitos juve­ niles: «¡II faut que jeunesse se passe!». probablemente. no obstante indica una actitud demasiado indulgente. El “desig­ nio” se realiza puntualmente. pues. no atreviéndose a disciplinar al hijo. Doña Estefanía sustituye el juguete con que solía gratificarle todo capricho infantil por una mujer hermosa. Que Rodolfo es un hijo muy consentido se revela de modo muy persuasivo en su conversación con la madre. Sonábale bien aquel Eco li buoni polastri. A la inmediata. Con sutil estrategia psicológica. «respondióle que ella procuraría casarle conforme a su deseo. pero «fea». Esta “inadvertencia” que. Tiene el «designio» de averiguar si después de tantos años su hijo todavía considera la atracción física como el atributo casi únicamente importante en la mujer. Poco después del rapto. En todo caso. pues tan sólo de esto depende el casamiento de aquél con la hermosísima Leocadia. sobre todo porque Doña Estefanía hace pensar al mimado hijo que ella cede. si las actitudes de su hijo son todavía las mismas. a pesar de tener éste «renombre de atrevido» (890) en toda la ciudad? Es posible. pre - . y. con su acostumbrada indulgencia. picioni. a su voluntad. categórica re­ acción negativa de Rodolfo a la mujer del retrato. «diciéndole que no eran caballeros los que sola­ mente lo eran en su patria» (893). por un tiempo. al comportamiento y a las andanzas del hijo. que amenaza la honra de toda la fa­ milia. el padre «persuadía» a Rodolfo que fuese a Italia. por «goloso de lo que había oído decir a algunos soldados de la abundancia de las hosterías de Italia y Francia y de la libertad que en los alojamientos tenían los españoles. que no tuviese pena alguna. permisiva en general respecto al modo de ser. pero no lo es menos que. «muchos días había que tenía Rodolfo de­ terminado de pasar a Italia». juguete para su mocedad.

Am bas perspectivas pecan de generaliza­ ción. significativamente. Por tan «goloso» de la vida li­ bertina. «voraces dom inadores». ¡tres días después del rapto! «como si nunca hubiera pasado» (894). ni creo tam poco que en las hosterías italianas les diesen a com er y beber sin pagarlo. 211). hijo de Rodolfo y Leocadia. vol. ¿no es­ taría «el anciano caballero». Consciente de la vida libertina.. en un estado de continua.]. irresponsable del hijo. sino muy probable y por completo natu­ ral. y nos recuerda los tristes tiem pos de los voraces dom ina­ dores españoles. tiene gran importancia tam­ bién para apreciar debidamente la función novelística del acci­ dente —crucial para el desarrollo de la trama—. creador de la novela corta española.suto et salcicie» (894)27. ¡N o hay que exagerar las cosas!» ( C ervantes. piensa en­ tregarse en sus andanzas por Italia. en que Luisico. i). en sus paseos por las calles de Toledo. evidentemente ajenos a todo interés cultural —contrástense con los de Tomás Rodaja—. El resentimiento italiano contra todos los españoles era injusto. Sin embargo. tan hermosa Italia. de dos de sus cómplices toledanos.. cuando menos. dicho encuentro no sólo no sería imposible. es atropellado por un caballo. El que los padres de Rodolfo conozcan o. sin duda. de la «abundancia» de “placeres” sensuales de Italia. los cuales encontraban hermosa. según se docu­ menta también en la genial Soldadesca del español Torres N aharro. A me­ nudo se hace hincapié en la inverosímil coincidencia de que sea precisamente el padre de Rodolfo el que acuda «a tomar a sus bra­ zos» al niño herido. consideradas todas las circunstancias. pero de seguro también por el hecho de que la violación de Leocadia es para él una especie de experiencia ya muy corriente en su vida diaria. sos­ pechen la conducta disoluta del hijo.].] es un m otivo que nos hace sonreír amargamente a nosotros. totalmente olvidable después de ocurrida —lo con­ firma su “renombre”—. Estos anticipados deleites. p. apuntan al modo de vida al que Rodolfo. aprensiva expectativa de reconocer en algún chiquillo una fisonomía familiar? En efecto. porque allí se com ía y se bebía alegrem ente sin pagar escote». “mila­ groso”. sino a ser soldados [. ¿no sería mucho más extraño. entre otras obras (véase nuestro estudio de esta obra en El pensam iento humanístico y satírico de Torres Naharro. y los solda­ dos españoles eran a m enudo brutales. .. su nieto. y defenderla del turco y otros dom inadores [.. II. y G on zález de A m ezúa y M ayo reacciona indignado: « ¡N o es para tanto! N i nuestros compatriotas iban a Italia a participar de la sopa boba. precisamente si no llegase nunca a encontrarla? He aquí 27 Gianinni comenta: «[.. Rodolfo se va «con tan poca memoria de lo que con Leocadia le había sucedido».. acompañado. los italianos.

. estilísticos. pasó de una parte a otra a tiempo que no pudo huir de ser atropellado de un caballo... derramando mucha sangre de la cabeza» (894). shedding her virginal blood [son dos elementos simétricamente relaciona­ dos] [. buscan un sentido altamente sim­ bólico. etc. y R. este episodio es tan verosímil. temáticos. a la gran velocidad del caballo. 29 Rodríguez-Luis.] colocar» a ambos persona­ jes «entre los espectadores a unas mismas carreras». Parece «harto verosímil [. Por otra parte. Parte II. la pura coincidencia dei encuentro en Bandello contrasta con la "naturalidad” tan suges­ tiva del cervantino. según nuestra interpretación..) derramando su sangre.]»30. pero su sostén textual es. evidentemente. púsose a mirar. 70. pasó por encima de él. and Rodolfo who kidnaps Leocadia in the street in order to rape her. con el “atropello” violento de Leocadia por Rodolfo: «The horse which runs down Luisico in the street. con que coinciden todas las demás que.] . quien rapta y viola a L. es m otivo fundamental de la novella 27. en definitiva. por lo cual resulta incorrecto 28 G onzález de Am ezúa y M ayo objeta con razón a las sugerencias de Trachman sobre la influencia de las novelas 8 y 15. de la «natura».. de «la fuerza de la sangre» en esta obra28.). objetiva. paralelos.. [«El caballo que atropella a Luisico (. y por el instinto de la «sangre». «Symm etry and Lust in Cervantes’ La fu e rza de la sangre ». y no a su naturaleza salvaje. etc. El atropello de Luisico por el caballo ha sugerido simetrías. y dejóle como muerto. tendido en el suelo. i. Cervantes narra el accidente del siguiente modo: «Luisico acertó a pasar por una calle donde había carrera de caballeros. p. Leocadia es la víctima por completo inocente del física y moralmente de­ senfrenado Rodolfo. de un modo u otro. cuando me­ nos. son dos elem entos simétricamente rela­ cionados». «La furia de la carrera» se refiere. irónico. para rebatir las opiniones opuestas29. por la semejanza de la «facía». alegórico en la obra. a cuyo dueño no fue posible detenerle en la furia de su carrera. cuestionable. 117. p. a una ley física. en suma.. Sin embargo.. Interpretación tentadora. derramando su sangre virginal. de Bandello en La fu e rza de la sangre (ibid. mientras Luisico es atropellado por causa de su propia impulsiva curiosidad infantil que le mete en el camino de un caballo que no puede detenerse frente al repentino obs­ táculo... estructurales. Ejem plo y n o v e d a d de las novelas de Cervantes. incontrolable. “realista”. como dice un crítico. pero. porque revela su perfecto sentido metafórico de un encuentro absolutamente natural. Parte II. y por mejorarse de puesto.un sentido fundamental. shedding his blood. 30 G iditz. interesa señalar que el reconocim iento del nieto por el abuelo.

. Leocadia misma declara: «permisión fue del Cielo el haberlo atropellado [el caballo al niño]» (896). Con total independencia de lo que Cervantes pudo pensar de la intervención divina en los asuntos humanos. Es así com prensible que lleven al herido a esta cama particular de esta estancia par­ ticular. «Structure.) con la com plem entaria sugerencia de que las heridas del inocente pronto serán. derramada en un simple accidente. Calcraft... Es cierto. comprensiblemente.. porque este accidente determina la identificación de Rodolfo. por la Providencia D ivina en todo ello.igualarlo con el “hipógrifo violento” calderoniano. y la derramada por Cristo. víctima inocente de la maldad. La comprensión de este hecho es crucial también para explicar la función del crucifijo: como víctima inocente de la mal­ dad. etc. para hospedar visitas ocasionales. para uso diario de 1a fam i­ lia. con el sufri­ miento de Cristo.. con la com plementaria sugerencia de que «the wounds o f the innocent son will be.]. tanto en el nivel humano com o en el moral. sino para ocasiones extraordinarias. hay razones naturales también para estas coincidencias: La estancia que R odolfo suele utilizar para sus maldades no es. de desper­ tar un irresistible instinto y amor de abuelos en los padres de Ro­ dolfo. Luisico acaba en ía misma cama de la misma estancia en que fue violada Leocadia se ha destacado a m enudo por su sim bolism o: “sepul­ cro-resurrección”. así como las de Cristo respecto a la redención hum ana32. Dejando aparte por ahora el cuestionable sentido de la “redención” de Leocadia. [«(. etc. representado en la imagen del crucifijo. sin embargo. los m edios de la redención de su madre. primordially carnal appetite and pride » 31. Y. crucialmente.) (pero esto no justifica concluir que Cervantes m ism o) sugiere que algo más influye — nada m enos que la voluntad del C ielo»]. El hecho de que. pero esto no justifica concluir que Cervantes mismo «suggests that so­ mething more is at work — something no less than the will o f hea­ ven itself» 33. todas las referencias a ésta en la novela (con una notable excepción que se discutirá más adelante) son hechas por los personajes y no por él mismo. pidiénIbid. 35 32 . la sangre derramada de Luisico tiene la única evidente función de hacer posible ese encuentro en la calle y. así com o los de C risto respecto a la redención h u ­ mana»]. Esta distinción. on both a human and moral level the means o f his m other’s redem ption». después del accidente... p. hace invá­ lida también la analogía entre la sangre de Luisico. en cuanto sím­ bolo del «passionate instinct [. 2 0 2 [«(. etc. Sym bol and M eaning in Cervantes 1 La fu e rz a d e la sangre». 33 Ibid. evidentem ente. Leocadia se identifica. según nosotros importante.

como rico. pero no se le dio nada y.dole «algún consuelo con que llevar en paciencia [su desgracia]» (896). otros considerándolo. propiedad. de­ sapasionadamente. de mórbidos complejos personales. El padre aconseja a Leocadia «guardar [la imagen] y en­ comendarte a ella. con tanta probabilidad. no hizo cuenta de ello» (893). etc. como mero objeto precioso. al lle­ várselo de la estancia de Rodolfo. sirve a todos de “testigo”. el crucifijo que Leocadia le muestra no le causa a Rodolfo contrición alguna. para la identificación de los protagonistas. que pues ella fue testigo de tu desgracia. «no por devoción ni por hurto. cínicamente. A todos los per­ sonajes les sirve el crucifijo. «abrazada del crucifijo» (896). de un modo u otro. ya casados. milagroso. ante cuya imagen se renovaron las lágrimas.. se pidieron venganzas y desearon milagrosos castigos». de prueba material. no sea decisivo siempre ni en esta función: por ejem­ plo. ni siquiera la más leve emo­ ción. aunque incidental. una obsesión patológica de Rodolfo. Los personajes revelan. sino llevada de un discreto designio suyo» (892). la verificación de los hechos. y los que se enteran de su «desgracia» asimismo compren­ den tal identificación del sufrimiento: «Les mostró el crucifijo que había traído. o hasta. pues. permi­ tirá que haya juez que vuelva por tu justicia» (893). consolador. su natura­ leza? Y significativamente. según lo sugiere. Y al pe­ dir Rodolfo a Leocadia. como factor. pues ¿no consiste quizás sólo en gratificar una mera preocupación cínica. por parecer que sus padres lo tendrían bien averiguado [de que Leocadia fue la por él violada]». Para algunos personajes —y . reconocido como propiedad del hijo. por el crimen cometido. a pesar de haberle ésta revelado todo. que «le dijese alguna señal por donde viniese en conocimiento entero de lo que no dudaba. el crucifijo. Independientemente de la actitud particu­ lar. aun­ que. teniendo así una función análoga a la del noto­ rio sombrero en La señora Cornelia. En efecto. en efecto. varias actitudes hacia el cruci­ fijo: unos venerándolo en su simbolismo religioso y atribuyéndole poder benéfico. se hicie­ ron deprecaciones. de “testigo”. asimismo como no le causó senti­ miento alguno su desaparición: «imaginó quien podía haberle lle­ vado. sólo «la confesión» de los dos camaradas de Rodolfo «echa la llave a todas las dudas» de Doña Estefanía respecto a la “desgra­ cia” de Leocadia. la función del crucifijo como “testigo” es moralmente precaria. nótese. el crucifijo sirve de “testigo” a Leocadia para identificarse con la víc­ tima de la violación. lo cual responde a su propósito inicial.

[«Los años en Italia lo han cambiado de tal m odo que nos parece estar en presencia de un hom bre quien comprende las complejidades de las rela­ ciones humanas. N o v e l to Rom ance. honours his parents and the customs o f his society. sin una precondición: la naturaleza patológica­ mente sensual... etc. la atribución a la justidia divina de tal re­ solución de tales sucesos ¿no sería para él motivo de angustiosas. que para los españoles era sinónim o de la civilización misma. Y. particularmente. En efecto.) no sorprende que Cervantes le haya hecho pasar siete años en el país.algunos críticos— es también “juez”. quien honra a sus padres y a las costumbres de su sociedad (.. 134 ss. buscar remedio.. ¿También para Cervantes? Ningún indicio hay de ello en su modo de nove­ lar el asunto. indignadas reacciones interiores? Algunos críticos que tampoco atribuyen a la intervención so­ brenatural exclusiva o principal importancia destacan que para el desenlace son cruciales la “discreción” y la “industria” de los per­ sonajes 34. De hecho. I t is no surprise that Cervantes should have made Rodolfo spend the significant total o f seven years away. El Saf­ far. C ervantes an d the H um anist Vision: A S tu dy o f Four Exem plary N ovels. Leocadia se sirve de estas dotes para revelar su agravio. Sym bol and M eaning in C ervantes’ L a fu e rza de la sangre ». representante simbólico de la intervención milagrosa en el desenlace de los sucesos. Comprendiendo la necesi­ dad de un cambio radical en éste para una solución feliz. 35 Calcraft. and in the country that was synonymous for Spaniards with civilization itself The effects o f time and place have restored to Rodolfo the natural gifts o f that sangre ilustre he was once happy to dishonour in pursuit o f the most selfish ends» 35. pp. 201. p. «El Cristo de là Vega and La fu e rza de la sangre ». «Cervantes’ Se­ cularized Miracle: L a fu e rza de la sangre». identificar a su ofensor. la madre de Rodolfo recurre a “trazas” y a una estrategia psicológica de persuasión para con su hijo. Los efectos del tiem po y del lu­ gar han devuelto a R. Coincidimos más bien con aquellos lectores que no perciben ninguna transformación significativa en R o­ 34 Alien. 271-5.] . se ha su­ gerido que esto ocurrió durante su estancia en Italia: «The years in Italy have wrought such a change in him that we seem to be in presence o f a man who understands the complexities o f human re­ lationship. libidinosa de Rodolfo. y. Forcione.. los dones naturales de esa sangre ilustre que una vez des­ honró en la búsqueda irresponsable de sus fines más egoístas». de nada en abso­ luto habrían servido la “discreción” y la “industria” de estos y otros personajes. «Structure.. etc. sin embargo. pp.

como mozo poco experimentado. de tan pronunciadas tendencias carnales y de fines tan egoístas se nos revela al volver de Italia como cuando para ella sa­ lió.. Regresa a España para casarse. ni sabía qué decir ni qué hacer» (891)38. pero en el contexto de toda su conducta se revelan como pura charlatanería. . tan grande era el deseo de verse a solas con su querida esposa» (899). pues. las virtudes. pero está enamorado de D oña María ya desde mucho tiem po (véase nuestro estudio en Las églogas de Garcilaso). evidentemente. se demuestra todavía muy torpe en ella: «Confuso dejaron las ra­ zones de Leocadia a Rodolfo. bien es que los lazos [del matrimonio] sean iguales y de unos mismos hilos fabricados». Toda su conducta posterior para con Leocadia es asimismo impul­ sada sólo por una frenética “golosina de gozarla”. (897). Leocadia atribuye las fechorías de R odolfo «a su poca edad» (891) — ya tiene 22 años—-. en Toledo. sino con muletas. «Symmetry and Lust in Cer­ vantes’ La fu erza de la sangre». Ninguna preocupación revela por la personalidad. en suma. sólo por «la golosina de gozar tan hermosa mujer como su padre le signifi­ caba» (896)37. respalda fuertemente nuestras sugerencias sobre la inmutabilidad de su carácter.. y. al vol­ ver de Italia. 38 A l principio. etc. facultad de seguro perfeccionada en Italia. en sí. la conversación de Rodolfo con su madre. cuando menos. Otras declaraciones reve­ lan su comprensión perversa o.. 37 D . sin ni siquiera enterarse de sus inclinaciones y sentimientos amorosos. fundamental sería para un buen matrimonio. Por destacarse tantas veces en la obra la obsesión sexual de Rodolfo. hasta el extremo de casarse con ella. de su futura esposa. pero Cervantes destaca que éste era «sagaz y astuto» (890) en perpetrarlas. superficial de la 36 D efiende persuasivamente tal opinión G itíitz. resulta también razonable interpretar no sólo como impaciencia natural el detalle significativo de que durante el banquete de la boda «le parecía a Rodolfo que [la no­ che] iba y caminaba no con alas. Lejos de contradecirlas. las costumbres. sino tan sólo una obsesionante excitación por las gratificaciones sexuales ¡imaginadas! que sus dotes físicas le proporcionarían. en efecto. pero. para casarse.dolfo36. Fernando de la Égloga π de Garcilaso vuelve con igual impaciencia a Es­ paña. las circunstancias de su vida. etc. antes. el carácter. sin averiguar antes su identidad. Dice algunas cosas. razonables: «Justo es y bueno que los hijos obedezcan a sus padres en cuanto les mandasen [.]. su relación con Luisico. sin querer saber nada de lo que tan importante.

¡«Fait accompli». hedonista: «jque me entretenga!». sacrilega contradicción de las circunstancias y las motivaciones 3 9 Calcraft encuentra evidencia de un profundo cambio interior en Rodolfo también en el hecho de que a éste Leocadia le parece «algún ángel humano» y que se refiere a su propia «alma» («Structure. pero implícita queda la estridente. no con otra dote que con la de la honestidad y buenas costum­ bres» (897). irrevoca­ ble! Se dice después que «quedaba hecho el matrimonio». pues las considera obtenibles por he­ rencia o por matrimonio. la caprichosa. discre­ ción. como una mujer no sea necia [. Y muy de acuerdo con estas actitudes. El burlador de Sevilla. de manera estridentemente obvia. a la par que de su belleza física39. Rodolfo es de un carácter y espíritu opuesto al de Ricaredo. la hermosura busco.]». era suficiente «la voluntad de los contrayentes. D. p. Juan Tenorio se expresa de maravilla en términos parecidos. precisamente porque no ha cambiado en absoluto durante todos esos años en Italia. Symbol and Meaning in Cervantes’ La fuerza de la sangre». y. sin importarle en absoluto el mérito y el valor individual de la persona: «nobleza. . sin las diligencias y prevenciones justas y santas que ahora se usan» (899).]. no evidencia la sensibilidad estética. porque su carácter y sus inclina­ ciones sexuales son los mismos de siempre. sino. y a mis pasados y a mis padres.nobleza y de la discreción. su naturaleza monstruosamente egoísta. que «la des­ vergüenza se ha hecho caballería» (Tirso. conociendo bien la naturaleza. se aprovecha de un momento de intensa excitación sensual y emocional de éste para mandar al cura que «luego des­ posase a su hijo con Leocadia» (899). sugestivamente.. o el rechazo categórico de una mujer sólo por su re­ trato dramatiza la total despersonalización de la pretensión "amo­ rosa”. la reclamación: «que me dé compañera que me en­ tretenga y no enfade [. la belleza quiero. 200). pues. ellos me la dejaron por herencia. enamorado de la genuina hermosura del alma de Isabel. la ma­ dre. tercera jornada). Es una explicación para el lector contemporáneo sobre la licitud oficial de tales desposorios en el pasado. su total indiferencia por la hermosura interior -—identificándose para él «la honestidad y buenas cos­ tumbres» de seguro sólo con la virginidad física. ante todo. por lo cual también concluye Belisa. mudable dispo­ sición del hijo. gracias al cielo. porque en ese «tiempo». el buen gusto de Rodolfo. también posible en el caso de Rodolfo. La aceptación.. supuestamente anterior al Concilio de Trento. inviolada por hombres como él mismo—.. Así. caprichosa. a Rodolfo logran casarle con Leocadia. una de sus víctimas..

y a aceptar como por completo comprensible. comienza a «resolver en su imaginación lo que con Rodolfo había pasado». Leocadia «ya quería» a Rodolfo. su monstruoso egoísmo. de modo muy iró­ nico. durante la cena.—en particular la lujuria de Rodolfo— al genuino matrimonio cristiano de cualquier tiempo. con el fervoroso deseo de que la encuentre atractiva. su fría crueldad. sin poder prever que. Sólo teniendo bien en cuenta esta avasalladora preocupación se pueden apreciar las intensas ansias con que «de parte escondida [. pero de seguro. que le apretaron el cora­ zón de manera que comenzó a sudar y a perderse de color en un punto. se desvanece de emoción en su presencia. discreta. no dejan de «suspenderla» (896).] la más hermosa muestra que pudo dar jamás compuesta y natural hermosura» (897). etc... la afirmación de que ella. natural. La «gala» y «bizarría» de Rodolfo que contempla desde la distancia y «alguna vez [. poco después. se realizaría . sobreviniéndole un desmayo» (898).] le miraba» a Rodolfo. reconociendo su paternidad de Luisico. hubo de sufrir. a pesar de todas sus terribles experiencias con él y sólo momentos después de sentarse frente a él en la mesa. La “dicha” en que Leocadia piensa es la “honra” que Rodolfo podría restituirle. la doncella tan juiciosa. en el sentido sugerido. Leocadia «consideraba cuán cerca estaba de ser dichosa o sin dicha para siempre... por la chocante contradicción que observa entre tan gentil. y fue la consideración tan intensa y los pensamientos tan revueltos. desde el momento en que Doña Estefanía «le había dado [. ca­ sándose con ella. cuando. «ya le quería más que a la luz de los ojos» a Rodolfo. «en tanto que la cena venía»....] esperanzas» de que Rodolfo —entonces todavía en Ita­ lia— sería su esposo. Sí. «alguna vez le miraba a hurto [. Leocadia se casa con Rodolfo con libre voluntad. brutal modo de ser. al que ya quería más que a la luz de los ojos» (898).] a hurto» en la mesa. ante todo. pues. y al casarse por fin con él. que ella. se nos dice que es «venturosa» (899).. y de sentido tan serio de la vida. sensata.]. ¿Son inequívocas todas estas situaciones y declaraciones? Sentada frente a Rodolfo. Así. precisamente por su desbordada sensualidad.. según to­ das las indicaciones: A Rodolfo se le presenta «dando de sí [. simultáneamente. redi­ miendo así a toda su querida familia del terrible estigma social que pesa sobre ella. decorosa apariencia y el bárbaro. con tan trágicas consecuencias.. cuando éste vuelve de Italia (896). «esperanzas» que empiezan a «enflaquecerse en su alma».

.poco después el matrimonio. simbólicas entre los varios desmayos (El Saffar. 43 L a estrella de Sevilla (última escena). se desmayó también en otra ocasión4 0 — hace comprensi­ ble también que al recobrar el sentido y verse pronto después ca­ sada. Aliviada de improviso de la ator­ mentadora. La desesperación extrema por la cual Leocadia de repente se desmaya —por la misma causa. p. declare exaltada: «Cuando yo recordé y volví en mí de otro desmayo. ¡en este momento particular! —notorio movimiento pendular de las extremas emociones—. espantosa experiencia que «le dio que llorar muchos años» a toda su familia sería imposible jamás de olvidar: «[Esas] memorias [. abandonándose a una embriagadora euforia: ¡«Honrada»!4l.). tales experiencias se quedarían inde^ lebles en su ánimo puro y delicado ¡para siempre!. y quizás particularmente. señor. Ejem plo y n ovedad de las novelas de C ervantes .] no las podré olvidar mientras la vida me durare» (895). N o persigue la venganza —a Ro­ dolfo le perdonó ya pronto después de la ofensa—. Calcraft. en el matrimonio. Aun­ que ya libres de todo rencor. pues. etc. pero yo lo doy por bien empleado.. dice Leocadia». pero muy dudoso es que jamás pudiese ver en su brutal violación un «creative act» 42 de cualquier especie. Leocadia lo da todo. . N o v e l to Rom ance . 4 2 El Saffar. ni después de casados. ¿Cómo le permitirían esas espantosas “memorias” entregarse con total amorosa confianza conyugal a Rodolfo? Es sugestivo ya el hecho de que ni una palabra cariñosa o respetuosa le dirige. 132. Gitlitz. por lo cual nos parece superfluo buscar simetrías. «ver siempre [al ofensor] en mesa y cama me ha de dar pena» 43. en vuestros brazos sin honra. ¿Le permitirían ja­ más ser de veras feliz en su matrimonio. esencial­ mente. pues al volver del que ahora he tenido [.. pero tan bru­ tal. 68: «Honra y no amor. pese a los «muchos hijos» y a todos los complacidos parientes? Se suele desechar toda duda sobre esto. cuando evoca la te­ rrible violencia y su consecuente difícil vida.] honrada» (899). en palabras de una céle­ bre trágica prometida esposa. 4 1 Rodríguez-Luis.] me hallé [. etc.. Resuenan todavía las indignadas palabras de Leocadia a Rodolfo: «no aguardes ni confíes que el discurso del tiempo temple la justa saña que contra ti tengo» (891). me hallé. «por bien empleado». angustiosa carga de toda su juventud. I. hasta. p.. indicando «la restauración de la honra» de Leocadia... 4 0 Con harta razón se desmaya repetidas veces Leocadia.. antítesis. hasta la más atroz experiencia del pasado.

y otros.. «La función de lo visual en La fu erza de la sangre ». «Al margen de La fu e rza de la sangre ». y Rodolfo percatarse de la hermosura de Leo­ cadia. lícito percibir implicaciones mucho más complejas y hasta contrarias a 4 4 Piluso. en contraste áspero con las iniciales de la deshon­ rosa violación. Levisí. pp.. que eran la lumbre de los suyos» (890).].]. pp. la luna baña todo el paisaje toledano y «entra por la ventana del jardín hasta el damasco rojo o verde de las paredes» del cuarto en que se encuentra la violada Leocadia. 121-5. pero a la cual Leocadia no responde con ninguna emoción lírica y que el autor describe de un modo casi fríamente informativo: «Entró el resplandor de la luna [. «La fu e rza de la sangre: un análisis estructural». 485-490. que sus padres se encuentren «ciegos. «Some Observations on La fu e rza de la sangre ». "luminosos”. En otros casos —si en la interpretación simbólica de la “luz” y de la “oscuridad” se insiste—. con «luz» que parece «dulce» a A zorín4 5 y que augura un triunfo espiritual y un remate feliz. el cual tomó y se lo puso en la manga cerró la ventana». Gitlitz. es natural que Leocadia identifique su "des­ gracia” con la ‘‘oscuridad” y las “tinieblas”. aparentemente. Calerait. 100. constituyéndose en una premedi­ tada simetría de contrastes de implicación moral. cuando menos. Diríamos que a consideraciones semejantes responde también la referencia a «la noche clara» al principio (890). en A l margen de los clási­ cos.. por ejemplo. Así. Forcionc. pero re­ sulta muy cuestionable que todas esas referencias a la oscuridad y a la luminosidad se agrupen. eventual prueba material del crimen ocurrido. según varios críticos. respectivamente. que Cervantes pondría de relieve también con esas «apoteósicas» escenas finales.. de regreso del río.. Ahora bien.. 59-67. 87-93. . p. sólo por esta claridad puede la familia de Leocadia acertar en su camino a casa. 4 5 Azorín. (892). Leocadia vio y notó de la capacidad y ricos adornos [. pp.]. tan sólo se hace vi­ sible el crucifijo. pues. y que las experiencias positivas para los per­ sonajes se designen en términos contrarios. pp. como es también dudosa la implicación simbólica que se suele proponer de las refe­ rencias particulares. «Three N ovelas ejem ­ plares of Cervantes: Diptych Pattern and Spiritual Intention». caracterizadas por las «tinieblas» y «la oscuri­ dad» 44. Con «el res­ plandor de la luna. Soons. llenas de «radiante luz». etc. en la primera y en la segunda parte de la novela. Selig. sin los ojos de su hija. vio un crucifijo pequeño [. etc.su «resurrección» en todos los sentidos. los estu­ dios de El Saffar.. sería. tan claro».

para restaurarle la honra a ella y a la familia. en que también protagonizan tina violada inconsciente y su hijo ilegítimo. probablemente consideran vano o hasta contraproducente emprender un examen de conciencia con tan irresponsable individuó... inequívoca de la “redención” triunfal de Leocadia. Esta escena hace evocar el banquete. con airosa gracia y discreta crianza. sus mismos cabellos. durante el banquete. vitalmente. no se casa con ella para desagraviarla. Lo dudamos mucho. cuya invención de lazos y rizos y vislum­ bres de diamantes que con ellos se entretejían turbaban la luz de los ojos que los miraban. aunque todos estén bien enterados de lo ocurrido. de Bandello. Leo­ cadia se presenta a Rodolfo y a los invitados. Levantáronse todos a hacerle reverencia. es realizar los desposorios. 4 6 . Y asimismo vuelve a Toledo y se casa con Leocadia. ¡Leocanovelas de C ervantes. sin ni siquiera reconocerla como la víctima de su rapto y su violación. es decir.las sugeridas usualmente.. acabando todo felizmente al casarse con el ofensor. en la novella 42. ¿“Redención” ? ¿“Restauración” triunfal de Leoca­ dia? ¿En qué sentido en absoluto? Al irse de Toledo. Era Leocadia de gentil disposición y brío. de insistirse en una in­ terpretación simbólica. de un modo u otro.N o v ed a d y ejem plo de las I. llovida de bo­ tones de oro y perlas. para expiar el crimen y el pecado. en esta obra. de los cánones sociales. se suele desta­ car la notoria escena en que por “traza” de Doña Estefanía. 66). del genuino sentido del amor. p.] de una saya entera de terciopelo negro. por semejanzas. le ser­ vían de adorno y tocas. «vestida [. Como simbolización incontrovertible. y delante de ella venían dos don­ cellas alumbrándola con dos velas de cera en dos candelabros de plata. probablemente una de muchas vícti­ mas de su lujuria e irresponsabilidad. Lo que a todos importa. claro está.. N o hay indicación alguna de que durante esos siete años de ausencia jamás experimentase contrición alguna por el agravio cometido. Rodolfo se olvidó por completo de ella. etcétera. Es significativo. pues. Parte Π . cintura y collar de diamantes. Rodríguez-Luis: «quizás por no ser ya virgen» (. como si fuera al­ guna cosa del cielo que allí milagrosamente se había aparecido Leocadia. lo cual precisa­ mente hace inoportuno cualquier escrutinio de la rectitud moral.]» (897-8). para hacer enmiendas morales o materiales de cualquier especie. traía de la mano a su hijo. la pérdida de la virginidad. se humilló a todos [. no corresponde a la de la virtud. que eran luengos y no demasiadamente ru-bios46. en particular por la luminosidad “radiante” que en ella domina. que nadie le pida cuenta de su terrible agravio. etc.

pues. aunque lo fuese por él? Al hablar de la . del tiránico pundonor —el demónico Daciano de la sociedad española contem poránea—. humilla­ ciones y sacrificios. C er­ vantes and the H um anist Vision: A Stu dy o f Four E xem plary N ovels. un significado sugestivo de «la fuerza de la sangre» es. Már­ tir en aras de la monstruosa lujuria. Sí. 4 8 ¿No es quizás justificado sospechar que es este obsesivo deseo lujurioso por la hermosísima Leocadia lo que hace a Rodolfo desentenderse del hecho de que se casó con una mujer “deshonrada”. se revela. según todas las circunstan­ cias arriba examinadas. Rodolfo ahora no repara en absoluto. «Cervantes’ Secularized Miracle: La fu e rza de la sangre». que ya antes re­ clamó la misma inocente. sumisa. que atormenta y amenaza de continuo a toda su querida familia. también Leocadia se consi4 7 Véase la diferente. trayendo «de la mano a su hijo». pura víctima. personificación conmovedora de muchas jóvenes de destino semejante. como última afirma­ ción de integridad personal. tal como éste desearía. Rodolfo gozará de una mujer hermosa que evidentemente excita de modo particular su sexuali­ dad: de esto. H ay una «alegría universal» después de celebrarse el casa­ miento de Leocadia y Rodolfo. pun­ tillosas convenciones sociales. testimonio vivo del agra­ vio —en quien. la impresión de un auténtico rito pagano en aras de una lasciva. insaciable y tirana deidad. interesantísima interpretación de Santa Leocadia y Da­ ciano en Fordone. a la vez. su único nieto conocido. “iluminan”. como digna descendiente de la santa mártir de Toledo 47. las «dos doncellas» con «candeleras» y «velas» intensifican. Lejos de simbolizar una “resurrección espiritual”. por causa de las crueles. precisamente la naturaleza lujuriosa de Rodolfo48. nótese. tal solución es la única satisfactoria o posi­ ble para todos: Los padres de Leocadia ven "restaurada” la “honra” de la familia y “recuperada” la “dicha” de su hija. por todos sus muchos sufrimientos. y. con noble ademán espiritual. desfilar frente a Rodolfo. con toda probabilidad. al observarla dócil. serían evidencia «los muchos hijos y la ilustre descendencia» que dejó (899). pues Leocadia no se presenta ataviada como seductiva cortesana. Leo­ cadia. más tarde. tenemos la clara sensa­ ción de un sacrificio propiciatorio a la lujuria. sino como señora de alta dignidad per­ sonal. Sacrificio consciente y premeditado por parte de la víctima aunque efec­ tuado. sólo con la preocupación de su paternidad (899). sobre todo. los pa­ dres de Rodolfo pueden ahora considerarse abuelos legítimos de Luisico.dia lo sabe tan bien! Así.

las penosas disimulaciones. que no responde a la mera conveniencia de un convencional desenlace feliz literario. para quien el genuino final feliz siempre depende de aspiraciones y maneras incondicional­ mente morales. necesidad. de perdón y de confianza renovada. de la autoridad de la familia y del estado-familia como parte del orden de la naturaleza perfeccio­ nada. y meras consideracio­ nes prácticas del momento. 121 [hizo lo mejor que pudo].] Reconociendo la constancia de esta noción erasmiana en Cervantes.. entonces y sólo entonces deben considerarse innaturales o antinatura­ les». Cervantes. [«Al hablar de la celebración del matrimonio cristiano. justas para lograrlo. «Symmetry and Lust in Cervantes'’ La fu e rza de la sangre». intereses particulares. la arrogancia. to be regarded as unnatural or antinatural» ( C e rv a n te s a n d th e H u m a n ist Vision: A S tu d y o f F our E x e m p la ry N o v e ls . pues. 4 9 Gitlitz.) hacen ver asimismo que el matrimonio de Rodolfo y Leocadia es cuestionable y reprobable en todos los sentidos. trastornando la debida jerarquía en su alma y así enajenándole de su genuina naturaleza.dera “venturosa” al fin. el egoísmo. la perversidad.. en La gitanilla. they are then. por conveniencia.. an d the state-fam ily as all belonging to the order o f perfected nature». an d only then. pues. . over­ turning the proper hierarchy in the soul. 221. medita sobre esta «alegría universal». creador de la novela corta espa­ ñola. p. (Forcione explica:) Si las pasiones esclavizan al hombre derribando su ra­ zón. 162-3).. el matrimonio religioso» 50. i].. 5 0 González de Amezúa y Mayo. como bien se ha observado. pues «en aquellos siglos [. pp. como reparador de la ofensa. ¡bien consideradas las alternativas para toda su familia. en suma. las absurdas preocupaciones. de tanta inmoralidad e injusticia que al fin quedan sin rectificación alguna. sino por inflexibles convenciones e imperati­ vos sociales. fa m ily autho­ rity. Otras consideraciones de Forcione sobre el matrimonio en La gitanilla {ibid.. o fuerza desentendida de la brutalidad. “Indulgencia” no por el espíritu de contrición. ni siquiera por un sencillo reconocimiento del error y un arrepen­ timiento sincero que quizás restaurarían la esperanza en el amor y «célébration» de Cervantes. pp. Cervantes. «she has done the best she could»49.! “Alegría” final. de hecho. For­ done explica: « If they [th e passions] enslave m an by overth row ing reason. «o f Christian m arriage. p. las pa­ siones totalmente desenfrenadas de Rodolfo.. an d hence alienating m an fro m his true nature. egoístas. que.. se constituyen en su usual modo de ser —lo cual quizá se manifieste y simbolice también en su “ex­ traño” desvanecimiento— quedan así claramente condenadas como deplorable base del matrimonio. sino a la total verosimilitud de tal “alegría” también en la realidad coti­ diana. 156 ss.] imperaba una gran indulgencia para estos delitos [como los de Rodolfo] siempre que viniese des­ pués.

resignados. atribuíble a una maduración interior. Las dos doncellas. la declaración «por permisión del Cielo» (899). en base a la evidencia textual. 161: «el pecado de la carne purificado y redimido por el sacramento del m atrimonio». con igual sugerencia irónica. sino. aun sin contrición alguna del ofensor. con lo cual Cervantes haría lógica toda la trama: Rauhut. ¿no cita­ ría Cervantes en sus palabras finales. también. con que algunos de sus personajes atribuyen a Dios la buena ventura. and La fu e rza de la sangre». cabría concluir que no lo realiza bien ni por las situaciones con­ cebidas ni por la caracterización de los personajes. P abón. Sin embargo. Sin embargo. en gran parte por esto mismo. . tal explica­ ción es com pletam ente contradictoria con el característico pensam iento hum a­ nista de Cervantes. Es en base a esta ironía por lo que Leocadia se nos revela com o “venturosa” már­ tir en su sociedad contemporánea identificándose con el “venturoso martirio” de la legendaria Santa toledana. "la medicina”. de dim en­ sión personal y nacional — hay horrorosas tragedias incruentas y hasta con “ale­ grías”— . Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. 119-124. 151-8. si tal es el pro­ pósito del autor. pero también. ¿No sería por esta razón por la que deja «el contar» de tan precaria «alegría». «Consideraciones sociológicas sobre La gitanilla y otras novelas cervantinas». Casalduero. por genuino sentim iento amoroso. según ya se ha dicho arriba. que R o d o lfo reacciona de dos m odos diversos frente a la misma mujer: la primera vez por mero instinto animal y. D e poder demostrarse convincen­ tem ente. a una capacidad adquirida de dom inio espiritual sobre sus impulsos o a otra razón semejante. “ Sobre el matrimonio com o “reparador de la ofensa”. «la llaga» (895). p. pp. de m uy sutil concepción artística. en base a una ironía implícita — ¡arma literaria favorita de Cervantes!— revela La fu e rza de la sangre no sólo com o una novela corta to ­ talmente coherente en su representación de una injusticia perpetuada. pp. La fu e rza de la sangre se revelaría com o obra altamente ejemplar y de sutil hondura psicológica en este sentido particular.en una digna relación conyugal futura. sin sostén ra­ cional o moral alguno. des­ pués. La interpretación que se ha su­ gerido en nuestro estudio. «a otra pluma y a otro ingenio más deli­ cado» que el suyo? Y correspondiendo a la ironía implícita en la total incongruencia moral de los sucesos y su desenlace. «Secular R esu rrection through Marriage in Cervantes' L a señora Cornelia. esas desgra­ cias y sufrimientos que patentemente se deben sólo a la maldad y a la injusticia humanas?51.

«U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». 13. creador de la novela corta espa­ ñola .. «G loses sur les maris jaloux». folklóricos. Para las extremadas medidas con que el viejo.]. así. y para la estratagema de que se vale Loaysa para entrar en la casa. 234-5. «G loses sur le m aris ja lo u x ». para enjuiciar mejor otras po­ sibles inspiraciones significativas que se sugieren en nuestro estu­ dio. me fabriqué la casa donde muriese. . y el Arcipreste de Talavera lo reproduce en su Corbacho2. il. para deleitarse después con un amante. cumbre de la novela corta». Con respecto a este incidente. viene a la memoria tam­ bién el notorio episodio ovidiano de Mercurio cantando y na­ 1 G onzález de A m ezúa y M ayo. mitológicos. lo que hace evocar el entretenimiento musical que Loaysa brinda al ne­ gro Luis3. pues se trata de una situación hu­ mana universal. Resulta oportuno hacer una breve reseña de estas fuentes o antecedentes literarios. 422-3. se han señalado muchos an­ tecedentes. celoso Carriza­ les aísla a Leonora. precedentes e influencias de otras obras que puedan explicamos hoy su exce­ lencia y maestría» 1. en que una mujer engaña a un mancebo celoso. como es natural. 3. p. todo como fondo para un análisis quizás más fructífero de esta magnífica obra cervantina. 2 Cirot. ejemplar o sólo anecdótico. En La lena. p.. artístico.. bíblicos. 3 Cirot. como gusano de seda. Sánchez de Vercial traduce este cuento en el Libro de los enxiemplos. Entre las fuentes españolas se recuerda una fábula de la Disci­ plina clericalis. con tesonero empeño. emborrachándole y robándole las llaves. pp.EL CELOSO EXTREMEÑO «Yo fui el que. lo cual «ha sido sin duda la causa de que los críticos. su joven esposa. pp.. un personaje dice que su pasatiempo con­ siste en «zinquerrear en una guitarra con un negro bozal». sempiterna. no pudo menos de conver­ tirse en tema literario. G onzález Palencia.» (El celoso extremeño) Muchos lectores piensan que El celoso extremeño es «de una per­ fección técnica maravillosa [.. C ervantes . se hayan encarnizado en buscarle analogías. que. propuestos hasta ahora.

trayéndole uno. pp. todavía niña.. todas las precauciones con que un viejo marido quiere resguardar de la realidad a su esposa. bíblicos y folklóricos en El celoso extrem eñ o ».) en un aposento peor que una prisión»].. se vienen abajo.. «N otas sobre ios elem entos m itológicos. «U n cuento marroquí y E l celoso extrem eño ». 81-118.. Un viejo celoso del Orlando Innamorato lleva a su joven esposa «ad una rocca che ha nome Altamura /[. El truco del baúl para introducir al amante en la casa se halla también en Syntipas y en varios cuentos de Las mil y una noches con variaciones6. y go­ zar a la encerrada. p.]/ In­ tro una ciambra. en un cofre.. perdona a su joven esposa. 4 5 .) a una roca que se llama Altamura (. pp. se estudian en un trabajo reciente con gran sutileza intelectual e imaginativa4. como subestructura sim­ bólica de El celoso extremeño. «a su misma casa». 6 G onzález Palencia. En un cuento marroquí.) le construye muros de la torre maravillosamente espesos y tan altos que jamás se vio se­ mejante fortaleza»]. a un viejo le asaltan de inmediato los celos al casarse con una jovencita. El apartar Carrizales «de su islote todo lo que pueda tener rela­ ción con lo masculino».. Al descubrir el adulterio.. El amante cava «sotto la terra [. metido en un baúl. En otros estudios se evoca la historia del “hijo pródigo” y otra materia bíblica a la que en la novela se hace alguna referencia. por lo cual decide protegerla del mundo: «le fa far grosse a maraviglia / Le mura de la torre e in tanta altezza / che mai vista non fu simii fortezza» [«(. Es notable la frecuencia con que el tema del engaño al celoso marido aparece en la literatura italiana anterior a Cervantes: En el Mamhriano.. 7 Avalle-A rce.. Este y otros motivos mitológicos. 417423. el viejo.. llegando una D u tin. Brow n.] una via /[. comprendiendo su error. comúnmente muy pasa­ jera5. Un joven que se pasa la vida en ocios («con amene piacevolezze») decide penetrarla...... «El celoso extrem eño de Cervantes». «Las N ovelas ejemplares». peggio che preggione» [«(. hace recordar «los monasterios de monjes griegos en el monte Atos» —que «eran famosos por haber elimi­ nado y prohibido la entrada a todas las mujeres y animales hem­ bras» 7. cuando una celestina hace saber a aquélla que en el mundo hay muy «buenos mozos». 2 0 0 .) una vía (.rrando fábulas a Argos para distraerlo y arrebatarle a la cautiva Ion.)..]/ gionse una notte dentro ad Altamura» [«bajo la tierra (.

Sin embargo. 209. 13 Castro. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». logrando el fruto deseado. Este cuento se reproduce en el Filocolo. Fue mal apto. pero sorprende mucho que esa afanosa búsqueda de fuentes no haya considerado más M ele. guardada por centinelas. En la Histoire de Floire et de Blancheflor.) casi toda la noche se deleitaron y gozaron (y luego) se durmieron»]. en que encierra a su joven esposa. quie­ nes «quasi tutta la notte düetto e piacer presono Vun del altro» y luego «s’addormentarono» [«(. Lizio. p. Por fin se duerme al lado de la mu­ jer»] se sugieren como inspiración de la “impotencia” de Loaysa1 1 . «El celoso extrem eño et l’H istoire de Floire et de Blanchefor». «La novella El celoso extrem eño de Cervantes». porque tema demasiados años. un rey construye una torre. (¿Se nos ha olvidado algún otro antecedente señalado por los eruditos?) N o se puede excluir ninguna de estas obras como posible inspiración para este o aquel aspecto o detalle de la novela cervantina. perché avea troppi anni /[. Parecido al episo­ dio ovidiano de Cephalus y Procris. 11.. F. Garronc. En el Orlando furioso>un ma­ rido quiere cerciorarse de la fidelidad de su esposa. de lo cual después alardea en la calle9.. atrayendo a la esposa. el padre de Caterina. Straparola». El amante se disfraza de mercader de telas y es admitido por la dama. con algunas modificaciones interesantes. pp. p. por lo cual se ausenta y vuelve disfrazado. los encuentra abrazados por la mañanaI3. El señor del castillo descubre el engaño* pero perdona a los jóvenes amantes. Floire se gana la con­ fianza y el favor del portero-guardián. pues el deseo no responde al cuerpo enfermo. 11 Castro. 10 Cirot. entreteniéndole con juegos de ajedrez. con el pre­ visible prem io10. 11. quien hace al «romeo chiamar ne la sua corte». ésta vive encerrada en una fortaleza inexpugnable. como la com­ plicidad de varios amigotes en la empresa del enamorado 1 2 . / che al disto non risponde il corpo infermo / Era mal atto.]/ A l fin presso a la donna s’addormenta») [«Pero en el encuentro su corcel tro­ pieza. pp. Otros versos de este famoso poema («Ma nel incontro il suo destrier trabocca. 12 Cirot. tocando «certe canne». 8 9 . En una novella de Straparola. «Cervantes se nos desliza en E l celoso extrem eño ». 2 2 1 .2 . p. «G loses sur les m aris jaloux de Cervantes». 138-143.. «II gelosa d'Estrem adura di Cervantes e una novella di G. Del Decamerón se recuerda el episodio de Ricciardo y Caterina.noche a Altamura»] 7 a la mujer deseada8 . «Gloses sur les maris jalou x ».. su pasión.

U tili­ zam os la edición de Flora. 525-528). según C astro16. y de los padres «che una fanciulla danno ad un vecchio 14 Véanse nuestros estudios sobre La española inglesa. prólogos. En nuestro juicio. tanto por la frecuencia como por la vehemen­ cia.. y muestra que «el obstinado». tras la cita. la página.atentamente las novelle de Bandello. 129. pp. En este estudio se señalan sólo las relevantes a los problem as tratados. Salvo algunas alusiones esporádicas en los textos de historia y crítica literaria (Icaza. 16 Castro. «ni un sólo momento olvida Cervantes ese dogma del amor libre­ mente correspondido». la P arte (cuatro Partes) y la página. indicando. en E l teatro de Cervantes. En efecto. . 15 «Bandello y El viejo celoso de Cervantes». Nos proponemos ahora mostrar que esta misma Novella y. pp. «Sobre los amores de Vicente y Leandra del Q uijote». o quien usa «la fuerza de la autoridad paterna» para realizar un casamiento desacorde. entre los cuales. no hay estudios compara­ tivos sobre Bandello y Cervantes. El episo­ dio de Ruperta y Croriano de Persiles parece relacionarse con la novella 8 .136-7. 1992. de acuerdo con el cual protege con su «pluma» a las mujeres «contra quienes se empeñan en forzarles la voluntad». 144. con que en sus novelle. quizás incomparables en la literatura europea precervantina. respecto a este problema particular. etc. en menor grado. varias otras del mismo autor. [«en edad madura quiere hacerse el enamo­ rado»]. M enéndez Pelayo). se destaca Castiglíone. rv. Bandello ha influido de modo importante en varias obras cervan­ tinas 14 y al estudiar El viejo celoso hemos señalado como su inspi­ ración principal la Novella Quinta de la Primera Parte í5. constituyen una inspiración muy significativa también para la materia episódica y la implica­ ción ejemplar de El celoso extremeño. en el ambiente en el que se formaban los grandes pensadores del momento». i. T utte le opere di M atteo B andello . A nales cervantinos. siem­ pre con censura categórica del hombre que «in etá matura vuol fare Vinnamorato». cuyos temas de celos y enga­ ños matrimoniales vienen de inmediato a la memoria. Al tratar el matrimonio desacorde de un viejo y una niña. U n examen sistemático de las novelle de Bandello revelaría muchas interesantes ana­ logías de contenido y de recursos narrativos. Cervantes «recibiría tales ideas de Italia. Tras las citas de las otras novelle indicam os el número de Ia n o v e ­ lla . trata ese tema. «perece en la demanda». entre otros. Resulta m uy dudosa la relación entre La cueva de Salamanca y el “cuento” de Bandello que señala Fitcher {H om enaje a Dám aso Alonso . es inmanente». aún más se destaca Bandello. cartas. Esta «justicia cervantina va implícita en la culpa. El pensam iento de Cervantes.

a la vez que el “peccato* de las desesperadas mujeres le parece. chi più e chi meno di cura e sollecitudine pieni. el arte. declara. III... 538). sin tomarse a veces alguna remisión de la mente. e applicarsi a le contemplazioni de le scienze nobilissime e star lungo tempo ne le speculazioni de le cose cosi naturali come celesti. de acuerdo con las consabidas no­ ciones renacentistas sobre la armonía natural. Bandello siempre imparte castigo al transgresor. III.. no debe ni puede) negociar de conti­ nuo y aplicarse a las contemplaciones de las nobilísimas ciencias y quedarse mucho tiempo en las especulaciones de las cosas natura­ les como celestes. su convicción de que la literatura. con más frecuencia. secondo le occorenze» [«(La) naturaleza humana (. tanto más probable es la convivencia armoniosa del matrimonio. entre otras razones. senza talora pigliarsi alcuna remissione d'animo». se merecen) las cadenas y los grillos. «degno di compassione e perdono» (33. debe tener también una acentuada fun­ ción recreativa. a ció che poipiu vivace mente possa sotto entrare al peso degli affari. para una exaltada celebración de la apeten­ cia sexual gratificada. por lo cual se merecen «le catene e i ceppi.. La exuberancia sexual de la adúltera se representa así como testimonio gráfico de las in­ suficiencias del marido y de todas las privaciones sufridas en el matrimonio. La «natura umana ».. ejemplar. no es impropio a cualquier suerte de hombres remi­ tir alguna vez al espíritu de las cosas graves e inclinarse a juegos placenteros para recrearse y dar ayuda y fuerza a la mente. no se contradice por el hecho de que la impru­ dencia del viejo «innamorato» se convierte a menudo en una oca­ sión para una complacida descripción de «la moresca trivigiana» y otros juegos venéreos. de una estrepitosa burla. 57.] disdicevole a qualunque sorte d ’uomini rimetter talora Vanimo da le cose gravi ed inclinarsi a piacevoli giuochi per ricrearsi e dare aita e forza a la mente. Bandello contempla el matrimonio también a través del prisma de la experiencia se­ xual: cuanto más “normal” y grata es ésta. (por lo cual). la marinara e le croci» [«(.. ya en forma de una muerte “ post errorem” ya. para . pese a su gravedad. Esta intención moral. En efecto. no debe ni puede «negoziare di continovo. porque. el hacha y el tormento»].. 422. por lo cual «non è [..) quienes dan a una jovencita por esposa a un viejo marido (. su preocupación de interesar y divertir a los lectores. Es indudable la complacencia con que Bandello in­ venta situaciones “escandalosas” y atroces escarnios al viejo invá­ lido y celoso marido.marito per moglie». pero esto refleja.

che se egli avesse piu occhi che Argo.]. . Estas nociones sobre la función ética.. ejemplo y espejo de lo 57 Bandello y Cervantes coinciden en estas nociones sobre la función recrea­ tiva de la literatura para «el espíritu afligido».. se buscan las fuentes. el «suceso» del celoso Carrizales. non divenendo gelosi senza cagione. Sí.. teniendo celos sin causa. no siempre se asiste a los nego­ cios. declaradas. donde cada uno pueda lle­ gar a entretenerse sin daño de barras. aunque él tuviese más ojos que Argos.que después pueda enfrentarse más vivazmente con el peso de los negocios. pero. 87). rarísimas son aquéllas bien tratadas y tenidas con honesta libertad que no vivan como deben vivir las mujeres deseosas de su honor»]. «ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería [. Demuestra también que los maridos tienen que tratar bien a las esposas y no darles ocasión de hacer mal.) demostrar (que) cuando una mujer decide engañar a su marido. no eran los únicos en pensar así en los siglos XVI y XVII (véase: Riley. Por estas razones también. a la vez. uno más y otro menos lleno de preocupaciones y solici­ tudes. escribe él sus novelle (41. destaca Ban­ dello. nos dice Cervantes. 64-5). por calificados que sean. al fin ella. C ervantes' Theory o f the N o ­ vel. que no siempre se está en los templos. claro está. I. recreativa de la literatura en­ cuentran plena correspondencia en las de Cervantes. no siempre se ocupan los oratorios. ejemplar y. Con la misma intención. se sobrepondrá y se la pegará. Para este objeto se plantan las alamedas. rarissime son quelle da}mariti ben trattate e tenute con onesta liberta. horas hay de recreación. digo sin daño del alma ni del cuerpo. II. se allanan las cuestas y se cultivan con curio­ sidad los jardines» (770)1 7 . con el propósito de «dimostrare» que «quando una donna deli­ bera ingannar il suo marito. Dimostra an­ cora che i mariti deveno ben trattar le mogli e non dar loro occa­ sione di far male. donde el afligido espíritu descansa. p. según los casos»]. muy significativamente. en el «Prólogo al lector» de sus Novelas ejemplares: «mi intento ha sido poner en la plaza de nuestra república una mesa de trucos. En la dedicatoria Bandello dice que escribió su novella 5. escribió él su no­ vela.. che a la fine ella starâ di sopra e gliela appiccherd. también. porque los ejercicios honestos y agradables antes aprove­ chan que dañan. le quali non vivano como deveno far le donne che de Vonor loro sono desiderose» (66) [«(.

en todos sus detalles. conviene también tener en cuenta que la declarada intención ejemplar queda realizada por completo. se con­ tentó de dársela»]. si con­ tentó di dargliela» (67) [«(Así).. Por mucho que se insista. Con el dinero acumulado durante muchos años de servicio al «re di Ragona ». pues. para siempre inconsciente de su feminidad y de su instinto sexual. y de quien está apasionado “fieramente” desde que la vio por primera vez. La tendencia codiciosa se sugiere . caracteriza la novela en todas sus partes. con tan bue­ nas razones. [«su virginidad para quien le fuese dado por marido por el pa­ dre»]. en las «sospechas» e «imaginaciones» que lo «fatigan» y «sobresaltan» al pensar en la posibilidad de un matrimonio. no se trata. Según se verá. en la trascendencia del “suceso” cervantino. sí pu­ diese pasarla con Bindoccia.poco que hay que fiar de llaves. «al padre di lei per consorte la fece domandare»} y el padre. 919). y con quien se casaría. le causa a Carrizales. al anticipar con tanta certeza su con­ sentimiento para el matrimonio. en la obsesiva determinación de preservar a Leonora. en el as­ pecto humano y artístico. artís­ ticamente. pero también con la codicia de los padres de Leonora. la hizo pedir por esposa al padre (y el padre) con el consejo de algunos parientes y amigos. Con ella. tornos y paredes cuando queda la voluntad libre» (905. La mera conveniencia económica del matrimonio de Bindoccia para su padre se convierte en El celoso extremeño en la “histórica” carestía de los nobles venidos a menos. la niña por quien de improviso se le «abrasa el pecho» (903). quien guarda «la sua verginità a colui che dal padre le fosse per marito donato». cree él. «consegliatosi con alcuni parenti ed amici. Así. una per­ fecta concepción y realización artística de genuinas situaciones humanas. se encuentra tan “rico” que podría pasarse el resto de su vida con toda la comodi­ dad deseable y de modo particularmente agradable. que en la novela cervantina se convierten en los «muchos pensamientos» y «cuidados» que «la carga» de «la riqueza». sin excluir ni los que tantas dudas y objeciones han provocado en muchos lectores. Angravalle. Sugerencias generales. al volver viejo a España y hallar a todos los amigos y parientes muertos. “bellísima” jovencita. vagas. con implícita y a veces muy sutil ejemplaridad moral. granjeada en el Perú. de una mera convención justificativa de la “utilidad” moral y cívica de la obra. cuenta Carrizales. caballero napolitano. astuto conocedor de su sociedad.

asida de la mano de su marido. evidentemente.] La tierna Leonora aún no sabía lo que la había acontecido. saben claramente a qué triste destino la están abandonando!: «les pareció que la llevaban a la sepultura». como el sacrificio de Ifigenia. también. para remedio suyo y de su hija» (904) —nótese la prioridad desde la perspectiva de los padres 1 8 —. En todos estos hechos se insinúa. se vino a su casa» (904). de las obras cervantinas. por mayor horror. concebible esta separa­ ción?: «Se la entregaron [. cuando un viejo se casa con una joven «troppo se gli disdice. que sus tesoros los crece nuestra desdicha» (El trato de Argel. de modo tan característicamente cervantino. por el afán avasallador de su «remedio» material. un cuestionamiento de la capacidad para el sacrificio. se satisfacen. y despidiéndose de ellos. hijo. les pidió su bendición. Sí. la «lástima» que tienen a su hija «la templan con las muchas dádivas que Carrizales les da» (905). para ei lector resulta pa­ tente que la pobreza de esta familia no es tan extrema que haga peligrar su vida misma. pues sobre la «calidad de su persona» ya no hay en España quien pueda darles cuenta (903). Se evocan clásicas situaciones trágicas. de­ rraman «no pocas lágrimas» por causa de ello (904). pero éstas no surgen de una angustia paterna y ni siquiera de una compasión humana suficientemente fuerte para sobreponerse a la ansiedad por el “remedio” de la fortuna material. Señalaremos algunos casos importantes. del· heroísmo espiritual supuestamente ingénito en la sangre noble de estos padres. aunque se consuelan «con lo que su yerno les había dejado y man­ dado por su testamento» (919). vendida por los mercaderes oportunistas que son sus propios padres. las tristísimas escenas del cautiverio ar­ gelino: «Hijo: ¿Por dicha véndennos aquestos moros? Madre: Sí. e spesso e cagione che il misero vecchio 18 E n esta novela. ¡Cuánto más trágica es la situación de Leonora. la perspectiva de los perso­ najes se expresa con cierta frecuencia de m odo im plícito. En las novelle de Bandello.. y así. que «se tuvieron por más dichosos en ha­ ber acertado con tan buen yerno. sólo con las «informaciones» sobre la «hacienda» de Carrizales.repetidas veces en ellos. com o en otras obras cervantinas. el desenlace trágico del matrimonio los deja «tristísimos». quienes. en absoluto. ¿sería. De no ser por el poder deshuma­ nizante de la codicia. llorando con sus padres. rodeada de sus esclavas y criadas. que se comprueba por el contexto de la situación o de la frase en que ocurre. 122 ). o.. .

Mujeres solteras y casadas. Sin embargo. y porque. indistinta­ mente: lo ilícito e inmoral. absurdas medidas preventivas con que piensa evitar el temido desastre: «quando andava fuor de la citta o de la casa. las ridiculas medidas preventivas... [«(. cuando de golpe le embistió un tropel de rabiosos celos.) es a menudo causa.. Contempla con cí­ nica desconfianza el matrimonio. a fine che nessuno avesse occasione d > entrar dentro il cortil de la casa» (53. combatido por el frío gusano de los celos que después a menudo le hace cometer mil errores. che da quelle non si poteva veder persona alcuna. y comenzó. 422). "buenas” y “malas”. como.... porque. fece far ne la camera terrena del suo studio un uscio tra lapusterla e la porta. sin duda. A. sin causa alguna». sin causa alguna^ a temblar y a tener mayores cuidados que jamás había tenido» (903-4). lo sugieren los «peligros».. con quienes.] «Apenas» Carrizales «dio el sí de esposo. las ridiculas.]. por ejemplo. precisamente.). se propone «proceder con más recato que hasta allí» (902). él mismo ha destruido muchos de ellos.. hizo arreglar todas las ventanas que daban sobre la calle de modo que desde ellas no se podía ver a nadie (. che spesso poi gli fa fare mille errori» (33. infames. sobreenten­ .impazzisca e divenga favola di volgo [.] diventa sospettoso e muore mille volte il di. 611). es lógico que al casarse con Leonora le «embista un tropel de rabiosos celos [. m... fece di modo conciar tutte le finestre che sovra la via guardavano. que el miserabie viejo enloquezca y llegue a ser fábula del vulgo (. combattuto dal freddo verme di gelosia.. entre la puertecíta y la puerta. (como. durante su soldadesca y an­ danzas por el mundo. rara ocasión de tranquilidad íntima en que se detiene a reflexionar sobre su vida pasada (902).).. La continua «tormenta» de la existencia desordenada de Carrizales se simboliza por la «calma» momentánea del mar. «el mal gobierno» de toda su vida. con toda probabilidad.): cuando salía de la ciudad o de la casa. 1.. para que nadie tuviese ocasión de entrar en el patio de la casa».. ha visto mu­ chos desastrados. Así. pues con solo la imaginación de serlo le comenzaban a ofender los celos» (903).. al salir para América.. en el cuarto de abajo de su estudio hizo hacer una sa­ lida. p o í ejemplo. Es evidente que en «los muchos y diversos peligros» en los «años de su peregrinación» figuran como causa importante “las mujeres”.] el más celoso hombre del mundo aun sin estar casado.. por lo menos de algunas relaciones. Carrizales «era [. se hace suspicaz y muere mil veces al día.

. al hecho de que el «vicio» o cualquier tendencia per­ sonal abominable incontrolable. que. psi­ cológicos tras la conducta externa del extraviado. 171. de un modo más bien casual. precisa­ mente por las insensatas prevenciones con que quiere aislarla del mundo. de incisivas fac­ ciones individualizadoras de su patética personalidad. todos los impe­ dimentos físicos creados por Carrizales. de hecho. con gran ironía. Cervantes muestra que al personaje se le reconoce también por el ambiente que el mismo se ha creado y en el que 19 Casalduero. dudas. Leonora no le es "infiel” por su vejez. pero reserva tan gran fracaso para Carrizales. sin suge­ rencia de un íntimo sentir personal. dice Cervan­ tes. petulancias.. en definitiva. se debe. miedos. y cuando «salía de casa». absoluta­ mente vinculados con cada instante de su vida conyugal. dejaba «ce­ rradas las dos puertas: las de la calle y la de enmedio» (904). «se vuelve en natura­ leza [. 1017). Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. sospechas. en cambio. sin paliativos posibles. De hecho.. irrazonable por causa de sus celos. descuidada. Cervantes adivina complejos problemas emocionales. y lo mismo hizo de todas las otras de la casa» y después «levantó las paredes de las azoteas de tal manera que el que en­ traba en la casa había de mirar al cielo [. y con intención categórica­ mente condenatoria.]. Con gran acierto se ha observado que en El celoso extremeño «el protagonista es la casa» y que «el viejo se hace sentir durante toda la novela por medio de lá casa» 1 9 . que en Bandello se representa. no por ser éste viejo. sin que pudiese ver otra cosa». en suma. de acuerdo con la característica visión que Cervantes tiene del individuo. del viejo o inválido que se casa con una mujer demasiado joven. pues sus celos radican en una «natural condición». hasta venera: «La plata de las canas del viejo a los ojos de Leonora pare­ cían cabellos de oro puro» (905). por ninguna vía ni en ningún modo dejaba entrar a nadie de la segunda puerta adentro».. también Carri­ zales «cerró todas las ventanas que miraban a la calle y dioles vista al cíelo...diéndose: «sin provocación específica».]. se cons­ tituyen en un asombroso. Casarse un viejo con una niña es siempre una imprudencia. e «hizo torno.] con la costumbre» (Coloquio de los perros. palpitante organismo de aprensiones. tan intensa. sino por ser un viejo “vicioso”. p. Como imitando al celoso marido bandelliano. que de la casapuerta respondía al patio [.. sino. Anticipán­ dose a Balzac. cuya avasalladora fuerza.

etc.. 21 Más tarde. con cualquier impedimento físico en ella. el de Carrizales. tutti i servitori».]. il quale la mula governava e faceva la cucina». y otros. 20 Ibid. encarga «la guarda y regalo» de ésta a una dueña «de mucha prudencia y gravedad» —así la juzga Carri­ zales— 2 1 «como para aya» (904).elige vivir: Carrizales es su casa y todos los que luchan. origina­ les de esta novela. ma tanto inetta ch 'era da niente. en reali­ dad. la dueña es siempre «mala» (918) — o «buena» (915) irónicamente— aunque esto no se revele de inmediato.. Carrizales la considera «pestífera». toda la materia episódica y descriptiva constituye. Febres. resulta impropio consi­ derar la descripción de Carrizales.] Arreglo mucho más “liberal”.. Tal concepción lite­ raria representa uno de los aspectos más extraordinarios. por celos.. asegurándose que ella no recibiría ni llevaría mensajes». pp.. de quien se fiaba (.. guardar la entrada de la casa. pues.] y otras dos negras bozales». de cual­ quier modo. (y asala­ ria a una) sordomuda por doncella de servicio. y asalaria a una «mutola e sorda per fantesca. con tan buena razón. porque llega a conocer su perversa naturaleza. un truhán rudo y bellaco. assicumndosi che ella non riceverebbe né riporterebbe ambasciate» (67-68) [«(.) a todos los criados. che era un mascalzone ruvido e vi­ llano... de Loaysa y su es­ tratagema.. «un negro viejo y eunuco [. que sirvan y entretengan a Leonora (dos de ellas son de la edad de su ama). al casarse con la niña. un comprensivo retrato del viejo celoso. contrata criadas. «tutte quelle donne che in casa teneva [. «taimada».. pero tan inepta que no servía para nada.] para curar de ella» y.. como si fuesen partes distintas de la novela20. 8-9. compra «cuatro esclavas blancas [. despide.. se están. quien cuidaba la muía y cocinaba. (918). excepto uno. etc.. pues. Una faceta también muy reveladora de este retrato es la servi­ dumbre de Carrizales: «En el portal de la calle» hace «una caballe­ riza para una muía» y contrata a Luis. a la vez. particularmente en contraste con la del marido bandelliano..). excepto «uno solo di m i si fidava [. de hecho. Desde esta perspectiva.]. . enfrentando con un ridículo y horrendo complejo psicoló­ gico de su dueño. según lo muestra su despecho. quien. despide) a todas aquellas mujeres que tenía en casa (. «El celoso extrem eño: Estructura y otros valores estéticos».. También el respeto usual de Leonora por M arialonso cambia al fina!. Provisión “liberal” de comodi­ dad y lujo.. revelado por su «maldita dueña» (916). D esd e la perspectiva de Cervantes. de su casa.

«de día pen­ saba. En su grotesco harén.. 1. a las dos doncellas. 1.pero. supuestamente por sumisas. che andasse la malina.) forzaba que de continuo. supuestamente ya “pasada” para amores o. sin faltar nin­ guno. cosificadas. visual. Por esta misma ra­ zón. Carrizales «prometióles [a la esposa y a la servidumbre] que los días de fiesta... mental. Quiere.. nunca los invita a su casa.. 611. a las esclavas. espiritual. al considerarlo atentamente. pero «solamente le feste e hisognava. Así como el marido bandelliano. pues se propone incapacitarla para cualquier contacto oral. irían a oír misa.) acompañada de la muda y de un criado. pues ni por un solo instante quiere dejar sola a Leonora. debía «tornar a casa» (53. M onstruosa­ mente cínica desconfianza que le hace imaginar hasta a los suegros como potenciales terceros de su propia hija. emocional.] dalla mutola» y «da un servitore» y «súbito come è finita la messa». incapaces de iniciativas propias. 5 . al aya. entre otras considera­ ciones. y tenía que ir a la primera misa (. su sangre infantil todavía no respondería al incitamiento sexual. de noche no dormía.) a las mi­ sas. que él quisiera que lo fuese. Aquél permite a la esposa ir «a le messe». y acabada la misa. Carrizales. (pero) sólo en las fiestas. .. todos.. a quien la suspicacia «forzava che egli di continovo come un nuovo Argo veggliasse estando il di e la notte appresso lei» y «Vazioni di quella diligentemente considerasse» (53.. «después que casaron a su hija» (917). porque.. para trastulos sexuales. él era la ronda y centinela de su casa y el Argos de lo que bien quería» (905). 1. a la prima messa che nelfar del giorno a laparrochia si diceva» y «accompagnata [. material. Carrizales quiere una servidumbre castrada ya en su dispo­ sición anímica. [«(. ante todo. con el mundo exterior. más precisamente. tener una servidumbre desexualizada. Por su parte. por lo menos. y a Marialonso. vigilase estando día y noche cerca de ella y que con­ siderase diligentemente sus acciones»]. Considera prudente acompañarlas él mismo. de seguro. ni siquiera cuando en la iglesia ésta se encuentra con sus padres: «hablaban a su hija delante de su marido» (905). 611). “mutilada” o. por lo cual contrata al eunuco... pero tan de mañana que apenas tuviese la luz lugar de verlas» (904). se observa que toda la servi­ dumbre que pone a disposición de Leonora es asimismo “invá­ lida”. (debía) volver a casa»]. coetáneas de Leonora. auditivo. a huonora. como un nuevo Argos. 70) [(.

. confiriéndole así también a ellos una función que antes no tenían. Sería ridículo.. episodios. en que «excede a muchos» (Viaje del Parnaso. hay que considerar otra posible ins­ piración significativa de El celoso extremeño. argumentos. y que Carrizales. busca libritos rarísi­ mos. que en tal caso tan ladrón es como Caco» (108). al casarse. apropiados. creador de la novela corta espa­ ñola. es decir. como no sea todo el concepto y toda la copla entera. una esencial origi­ nalidad. si la investigación de las fuentes lite­ rarias se emprendiese con-la convicción de que al disponerse a escribir una obra suya. «falto de inventiva. saquea poemas italianos para hurtar de ellos. 22 G onzález de Amezúa. 241-2. Antes de con­ tinuar con el examen de éstas. particularm ente respecto a la «expugnación» de la «fortaleza» (906) de Carrizales por Laoysa y sus cómplices. A menudo. Cervantes. sin dejar «jamás» a ninguno de ellos. sin jamás pretender que sus obras son más originales de lo que son intrínsecamente. Todas estas observaciones se ilustran tam­ bién con las fuentes bandellianas estudiadas arriba. empiece a negociar «en la calle [. [«(no sorprende que) para prevenir que en su casa se hiciesen enredos (. la licitud y eficacia artísticas de tal práctica se afirma en la Adjunta al Parnaso: «no ha de ser tenido por ladrón el poeta que hurtare algún verso ajeno y lo en­ cajare entre los suyos. Aunque de modo juguetón.De acuerdo con todo lo visto.] con sus amigos». pero. eficaces. original contexto literario que está creando.. a veces mencionándolos y otras veces no. 81). acude a unos manuscritos viejos. en cualquier caso. . pobre de inspiración. caracteres y pormenores. il. en efecto. Cervantes acude a me­ nudo a tales materiales. relevantes en el nuevo. no sorprende que «per levar V'occasione che nessuno per casa gli andasse trescando» el celoso marido bandelliano abandone «tutte la pratiche dei gentilnomini con i quali prima soleva pratticare» (68 ). como si fuese incapaz de crearlos por sí mismo»22. y M ayo. De sus vastas lectu­ ras utiliza a menudo y sin vacilar esos elementos que le parecen interesantes. Cervantes. precisamente la metamorfosis de “elementos” recono­ cidamente ajenos en las obras cervantinas brinda la más convin­ cente prueba de su genial «invención».. entrar «de la puerta dentro del patio» (905). callada y alevo-: sámente. abandone) to ­ das las relaciones que antes tenía con los gentilhombres»]. pp.

Los baños de A rgel y El gallardo español en nuestro libro E l teatro de C ervantes y «El amante Celestino en algunas obras cervantinas».. che erano alVncontro Vuna delValtra. pero la joven. son tan numerosas que no pueden considerarse acciden­ tales. tenía cuatro cuartos. de Leucipe y Clitofonte. N el principio di questo ándito si serrana una porta. Questo era Valbergo delle donne. para resguardar a Leucipe. nelle altre due piu adietro uicine alVentrata delVandito. haueua quattro camere: due a man destra. puertas. y sobre E l am ante liberal. Suponemos parecidos influjos también complementarios de estas dos fuentes en otros aspectos de El celoso extremeño que se examinan a continuación. frente a frente. es­ taban la joven y la madre. y su sentido. Clítofonte quisiera gozarla.La novela Leucipe y Clitofonte de Aquiíes Tacio influyó con sus asuntos y técnicas narrativas en varias obras cervantinas de to­ das las épocas23. en dicho aspecto. según la traducción de C occi o. Apasionado de Leucipe. Leonora. claro está). E n las páginas siguientes cotejamos los pasajes cervantinos con los de L eucipe y C litophon te. «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho»: «El filtro amoroso en El licenciado V idriera ». dos a la derecha y dos a la izquierda. etc. per il quale sipassaua andando alie camere. quien le corresponde en ese deseo. Tras las citas indicamos el título Leucipe y la página. pasillos. Las' ideas de este interior. única en que Cervantes pudo leer la novela completa de Aquiles Tacio. Además de esa formidable disposición de departamentos. entre los cuales había un pasillo estre­ cho. et due alla sinistra: el m ezzo era u n ’ándito stretto. in una albergaua Clio [la dueña] apresso alia fanciulla» (Leucipe. . cerca de la entrada del pasillo. «Leucipe y Clítofonte en el Persi­ les». más atrás. cerca de la joven»]. Sus semejanzas con El celoso extremeño. 24) [«Su cuarto estaba puesto de este modo: había un espacio grande. stauano la fanciulla et la madre. En los cuartos interiores. cuartos. La fisonomía de este interior (aunque no en cada detalle. al comienzo del cual se cerraba una puerta. Nelle camere piu adentro. en los otros dos. su ma­ dre la vigila de continuo con extremadas precauciones: «La madre 23 Véanse nuestros estudios sobre E l trató de A rgel. recuerda la del que Carrizales tan meticulosa­ mente ha construido para guardar su “joya”. serían complementarias de las de las novelle bandellianas. en uno estaba Clío. está guardada en una casa aparentemente inexpugnable: «La sua camera staua posta di questa maniera: Era uno spatio grande. Esta era la resi­ dencia de las mujeres.

sempre metteua a dormir Leucippe. pero está subor­ dinada al propósito de revelar la idiosincrasia del que los utiliza. quienes se entusiasman de inmediato por la empresa. et ella prendendole le serbaua. y otro la cerraba desde fuera y por un hueco echaba dentro las lla­ ves. levantán­ dose muy temprano. así que era difícil evitarle»]. esencial­ mente. es decir. que aguarda todas las mañanas.. le daba de nuevo las llaves para que abriese»]. «dueña». «superintendente» de la casa y las demás criadas están encargadas de cuidar y vigilar a su joven ama (Leucipe. cicalone et goloso. 912). Prácticas y recursos materiales previstos por la madre.):' este ponía atención secretamente a todo lo que hacíamos: sos­ pechaba. para sensacionalizar y amenizar la intriga. También Clío. etc. Clitofonte consulta a unos amigotes. según ya se ha sugerido en algunas consideraciones anteriores: al procurarse Carrizales una «llave maestra para toda la casa». al cerrar «la puerta. La madre de Leucipe asalaria a Conope. del aposento donde dor­ mía [con Leonora] con llave» poniéndosela «algunas veces» de­ bajo de «la almohada» y otras veces «entre los dos colchones y casi debajo de la mitad de su cuerpo». et serrana di dentro la porta delVándito. Esta misma fun­ ción se percibe también en las prácticas y recursos de Carrizales. etp[er] un foro gittaua dentro le chiaui. «sobresaltada». quien se en­ . 24).. si che era difficil cosa schifarsi da lui» [«Cierto criado curioso. 16. et alValba chiamando colui che hanea quello carico. «miedosa». blancos de la astucia de Loaysa y sus cómplices. vigilaba. la «sospechosa». al ha­ cer un «torno. 911. «un certo seruidore curioso. Particularmente útil resulta el astuto criado Sátiro. sobre todo. (904. 24) [«La madre siempre po­ nía a dormir a L . et un ’altro la serrana difuori. que de la casapuerta respondía al patio». que funcionan principalmente como obstáculos para que Clitofonte y sus cómplices los superen con su astucia. «fatigada». se nos muestra. et ogni altra cosa che di peggio si possa dire» para vigilar la casa: «Costui parmi che di nascoso poneua mente a tutto ció che noi faceuamo: sospettaua neggliaua. por donde le traen las provisiones. di nuouo gli porgena le chiaui. Frente a tan formidables obstáculos. y ella tomándolas las guardaba y en la madrugada llamando al que estaba encargado de ello. accioche egli aprisse» (Leucipe. y cerraba desde dentro la puerta del pasillo. frenética naturaleza y disposición del viejo ce­ loso en el acto de practicar tales prevenciones. cínica. y todas las otras peores cosas que se puedan decir (. hablador y goloso.

ha proueduto ai casi nostri: percioche Clio. «Comunicándolo Loaysa [el “deseo” de “expugnar” la “forta­ leza tan guardada” de Carrizales] con dos virotes y un mantón. et erane innamorato per fama.].) que nos ayude en esta empresa»]. único. la quale ha cura della camera di Leucippe..... Costui intendendo que Sostrato hauea una bella figliuola. y propuso en sí de ponerla por anzuelo para pescar a su señora» (905-6. se vale para ganarse la compli­ cidad de las demás criadas ( Leucipe... 20 ) [«(. ma di uita prodiga. que nunca para ta­ les obras faltan consejeros y ayudantes.. pero convendría tener en cuenta que no representa un tipo excepcional. con tan buenas razones [. y de los más ricos de ella. a que pertenece Loaysa y sus cómplices (905)24. gente baldía. Es así muy posible que en la caracteriza­ ción de Loaysa influyese también alguna sugerencia literaria. che porgone alV anima gli occhi [. atildada y meliflua». pues Clío.. lo a poco a poco la disporro a esser tale uerso di noi.. Percioche la morbidezza de i lasciui e tanta.. ofreciéndoseles a su servicio. la quale egli non hauea giamai ueduta.]· los hijos de vecino de cada colación. 8-9. sino más bien una variación local de un carácter universal. como por ejemplo.] fingendosi dentro della sua mente la bellezza della fanciulla. 910. . desideraua di hauerla por mogliere...16). N o cabe duda que en Sevilla había ese «género de gente ociosa y holgazana [.) joven bizantino muy 24 Rodríguez Marín..] pareciéndole [. Hablólas [. De la misma estrategia. «El Loaysa de E l celoso extrem eño ». [. Poco a poco.]. acordaron que se pusiese por obra.] que la buena suerte había tomado la mano en guiarlas [a las criadas] a la medida de su voluntad [. si è meco dimesticata. estuvo atento a muchas pala­ bras amorosas que Marialonso le dijo.. según lo sugiere también la pandilla de Clitofonte.carga de sobornar a Clío con promesas amorosas: «Ma gia la for­ tuna. che ci dará aiuto in questa impresa» [«Sin embargo. 915)...... la dispondré a (. et imaginandosi le cose che non uedeua se ne staua tutto solo di pessimo animo» (Leucipe. et lasciua. che anchora per uia de gli orecchi uengono a innamorarsi et dalle parole riceuono la medesima passione. sus amigos. de las cuales coligió de [la] mala intención suya. la fortuna ya nos ha proveído.]. quien cuida el cuarto de L. los siguientes rasgos personales de Callistene: «giouane Bizantino moho ricco. se me ha hecho amiga y me muestra afición como a su amante. et mostra di portarmi affettione come a suo amante.

y viéndola siempre cerrada.). II. aspiraciones y deseos.. para mayor interés de la intriga. por lo cual también comercia del modo más cínico y malvado con el sexo. tan 25 Rosales: «Es indudable que el virote sólo tiene interés en destruir el aparato de relojería conyugal m ontado por el viejo» (C ervantes y la libertad.. a quien nunca ha visto. la hermosura de su es­ posa [. Supo la condición del viejo.]. compárese el pasaje citado arriba con el siguiente: «acertó a mirar la casa del recatado Carrizales.. al son de una guitarra que le despierta recuerdos de tiempos quizás menos tristes. responde. y con tanto ahínco y cu­ riosidad hizo la diligencia. no cabe dudar: «la conclusión de la plática de los dos fue que él condescendería con la voluntad de ella cuando ella pri­ mero le entregase a su señora» (915). 946). que de todo en todo vino a saber lo que deseaba.. todo lo cual le encendió el deseo de ver si sería posible [. un día. de pésimo ánimo»]. Los criados que en Aquiles Tacio y Bandello son meros ins­ trumentos y obstáculos para los amantes.]» (905). pues lo morboso de los lascivos es tal que aun por los oídos se enamoran. con su propia problemática íntima. Quizás a estos recuerdos trata de agarrarse. tenía una bella hija. necesidades. [«lo morboso de los lascivos»] no por sentimientos identificables con el amor. A Leonora quiere poseerla con el propósito principal de poder alardear de tal “hazaña” 25. en El celoso extremeño se afirman como individuos con sus propias preocupaciones.].. deseaba te­ nerla por esposa y estaba enamorado de ella por fama. de haber sido necesario. p. po­ niendo los oídos por entre las puertas estaba colgado de la música [.. estremecido. a quien él no había jamás visto.. le tomó gana de saber quién vivía adentro.]. existencial: «El viejo eunuco Luis —una de las más logradas creaciones cervantinas— a quien la crueldad humana ha privado de libertad y de amor.. según lo demuestran sus promesas a Marialonso. y por las palabras se apasionan de igual modo (. de cuyo cumplimiento. .. y diera un brazo para poder abrir la puerta y escucharle más a su placer» (906). Un hecho muy importante para el sentido de El celoso extremeño es que Loaysa persigue a Leonora. Éste... desde la soledad de su lóbrego encierro entre las dos puertas».. en lejanas tierras africanas: «[. imaginándose la belleza de la joven (. estaba solo.rico. pero de vida pródiga y lasciva. llegando a saber que S.) y las cosas que no veía. por una malicia picaresca y por «morbidezza de i lascivi». Además de lo ya dicho del carácter de Loaysa.

tienta cariñosamente las cuerdas (915). convertido de im proviso en espectador del bello retrato y de las reaccio­ nes de aquéllas frente a él. pp. Más allá çîe la coinciden­ cia con la notoria técnica pictórica. ¿Cómo podrían preca­ verse estas mujeres. Las criadas son mujeres de vida yerma. con el torzal de cera encendido» (910) 27. elegancia. suspensas. «gentil disposición y buen parecer». lentamente. lo que. de sexualidad frus­ trada. de estos atributos donjuanescos de tan comprobada eficacia seductora?: «y después que todas le hubieran visto [. En cierto sentido. Pellegrini {Studi m ediolatin i e volgari.]. El pobre Luis es in­ mune a la tentación sexual. sino con unos cal­ zones grandes de tafetán leonado.]. 279-283). reprimida. explosiva sexualidad: «no estaba ya en hábito de pobre. «abrazándose con la guita­ rra». las «tonadas» del delicado amor de Abindarráez y Jarifa (906-7). con grandes puntas y enca­ jes» (910): Gallardía. melifluidad. pp. pp.. en que se señala el manejo del “chiaroscuro” en esta escena. anchos. y una montera de raso de la misma color. para oírle y verle de más cerca» (910). tantálicos deseos: «y como había tanto tiempo que todas tenían hecha la vista a mirar al viejo de su amo. 53-4. «cogiendo» 26 Sobre las canciones de Loaysa y las que evoca Luis. C ervantes and the H um anist Vision: a Stu dy o f Four Exem plary Novels. «corte­ sía». a la marinesca.. al principio le aviva la fantasía26. . N o hem os pod ido ver el artículo «Iluminismo nel Celoso extrem eñ o » de S. la “caída” de Luis prefigura la de su ama. Son los «romances de moros y moras». significativamente.. a la vez. también. 39-40.. rogaron a Luis diese orden y traza como el señor maestro entrase allá den­ tro. a que responde el corazón. audacia. un ju­ bón de lo mismo con trencilla de oro. para el lector. Loaysa viene «proveído» para incitar esta latente. aun de haberlo querido. Poníanse una al agujero para verle. 27 Ibid. su complicidad con Loaysa. Ya dentro. cuando se esconde en el pajar y. pese al gran miedo al castigo. 1956.. véanse los interesantes com entarios de Forcione.. parecióles que miraban a un ángel (Loaysa].. astucia. según lo revelan repetidas veces sus patéticos. luego la otra».. «caballerosidad».patética y conmovedoramente. y que explican. con cuello almidonado. 36. atónitas [. «de arriba a abajo. pero no al sentimiento y a la emoción. atractivos incisivamente impresionantes a los ojos de las criadas al «pasearle» Luis el cuerpo a Loaysa. junto con su obsesión por ser músico.. resulta ingeniosísim o este “chiaroscuro” cer­ vantino com o recurso para el “v oycrism o” sensual de las mujeres y.

] del músico».]! Esta alababa la boca. que se atribuye a Cervantes. suele «apoderarse» de su «alma» y de su «cuerpo» (915) y.. monopolizadora del placer que debiera ser compartido: «cada una le dijo el nombre de las pascuas [.. 39. pp. y concluyó con una m uy forjada mentira. quien no quiso [. quienes al fin deben limitarse a «escuchar por entre las puertas lo que [Loaysa y Marialonso] trataban» y «los resquiebros de la vieja [.. aquella los pies.] perder la coyuntura que la suerte le ofre­ cía de gozar primero que todas las gracias [. intenciones hipócritas. Pretendiendo proteger la “honradez” de las mujeres de la casa. 55-8... ex­ cepto mi señora» (913).. con todo eso..]. . Marialonso deja la clara impresión de una “tía fingida” según Jo sugiere todo su comportamiento y muchos detalles llamativos. Véase la interpretación de la «diabólica» M arialonso en Forcione.]. barbuda [.. según se simboliza de modo tan impresionante ya por la «risa falsa de demonio» con que entrega a su ingenua ama a los brazos de Loaysa (915). Frus­ tración que se desahoga del único modo posible en los imprope­ rios indignados contra Marialonso. no habría para su merced puerta de su señora ce­ rrada» (La tía fingida..]. respecto a «tanta virginidad como aquí se encierra». 40. de frenético apetito. hechicera [.. la dueña («la tía fingida»): «propuso [. de doble filo. contando con una particular 28 En L a tía fingida. a nuestro juicio.. La «larga y tan concentrada arenga» con que se empeña en corrom" per a Leonora que «el demonio le puso en la lengua».]!.. traiciona una extensa experiencia en tan perverso comercio.]. malévolas. í 740). antojadiza y de otros que por buen respeto se callan» (915). C ervantes a n d the H um anist Vision . Marialonso oculta una voraz sexualidad que. lo que es mucho más grave.. más que.. sin excluir su sarcasmo. Marialonso.. aún mayor frustración para estas mujeres....] estaba tan pulcela com o su madre la parió. «Es la privación causa de apetito» (El laberinto de amor>Ií. otra: ¡Ay que blancura de dientes! [.] luego su embajada con sus torcidos. cual fue que su señora doña Esperanza [. con razón. pues.. «todas las que estamos dentro de las puertas de esta casa somos doncellas como las madres que nos parieron28.. Bajo la apariencia de «mucha prudencia y gravedad» y tem­ planza. 430)... que se acaba en otra.] una decía: ¡Ay que copete que tiene! [.a Loaysa «en medio [.. según se demuestra en su encuentro a solas con Loaysa. y todas juntas hicieron de él una menuda anatomía y pepitoria» (914). re­ pulgados y acostumbrados vocablos.J.. otra: ¡Ay que ojos [.

y a veces dos. cantándole romances. «et quando io».. las criadas están sobornadas.. pues Sátiro ha encon­ trado «modo di farne altre simili» a las maestras (Leucipe. llamándolo mosquito y riendo le motejaba el nombre». ya “inútil”. tan cínicamente suspicaz con todo el mundo. De modo no muy sutil. essendosi nascoso dopo un certo . Leucipe espera. promueve. hace suministrar el “medicamento” a Ca­ rrizales: «unos polvos [. la besa. se haría recibir como «haya de Leonora».. aparece Clítofonte. destaca esa "comodidad”. et ridendo lo mottagiava del su o nome» {Leucipe. según se les antoja» (913). después de ha­ berse empeñado mucho en distraerle con chistes. trabajos y desabrimientos echan un cero a los años. fu fatto un certo strepito qui die tro di not. también lo soy [virgen]. se justifica la sospecha de que Marialonso envejeciera pre­ maturamente por los «corrimientos. Cónope. mal pecado. Al fin.] [~ Loaysa soborna a Luis lisonjeándole el “talento” para la música. 910]. corrimientos. hauendo per dut o di far cosi belVopra. Intanto Sátiro mi uiene incontra con lieto semblante.. cuentos.] en el vino que le harían dormir con pe­ sado sueño». sobre todo. por Carrizales mismo. trabajos y desabrimientos» experimentados durante muchos años en casas de mala fama. 907]. Todo está dispuesto para la conquista amorosa de Leucipe: Las llaves están en manos de Clítofonte. en yesca para Loaysa. Por todo lo visto. et malediceua cotale strepito. 26). et io daWaltra rimasi grauemente afflitto dalla maninconia. «tentaua di far opta migliore. quien la abraza. copias de las maestras de Carrizales. pero también entu­ meciéndole con el vino. «caduto si giace dormendo il medicamento» [«yace durmiendo por el medicamento»] que Sátiro le ha puesto en el vino. y si acaso pa­ rezco vieja. así espera. et ispauentati ci leuammo uta: et ella da una parte se n 5 ando alla sua camera. de donde. el suspicaz portero. convirtiéndola. saldría y. no teniendo treinta cumplidos.) queriendo hacérselo amigo. muchas veces bromeaba con él.. 24) [~ Loaysa: «haré que un cerrajero mío haga las llaves». porque le faltan dos meses y medio. [«(. di modo che mostraua che egli hauesse ueduto cioche not haueamo fatto. escogidas para autorizar las salas y los estrados de señores principales» (916). molte volte scherzava con lui et cbiamandolo zenzara. la voz. sus propios intereses: «y aunque yo debo parecer de cuarenta años. vistiéndose unas «largas y repulgadas tocas. congra­ ciamientos: «volendo farlosi amico. con suprema ironía. según más tarde relata.lujuria masculina.

fue él que ha hecho el ruido»]. suspensión de ánimo. y. ¿no habría sido su­ gerida por el pasaje de A . en que se usa tres veces? Lo m encionam os com o otra posible prueba de la lectura inmediata de esta novela en el m om ento de com ­ ponerse El celoso extrem eño .). van. En Aquiles Tacio es demasiado transparente el propósito de excitar con un truco.. . «fa r opra migliore». nos levantamos. y señora. y le­ vantas y viene! [.]. Tacio. habiendo visto venir a no sé quién. despierto señor. mientras en Cervantes. haueua fatto strepito» (Leucipe. se venga dando una falsa alarma: «¡Despierto señor\ señora.. 30 Véanse nuestros estudios: «El engaño a los ojos en las bodas de Camacho» y «El am ante liberal». y en el lector. tensiones. adonde «dio orden de que se entrase» (915). negra. oyendo la no espe­ rada nueva [. pero con mayor sofisticación artística. pero..arbore.. a los sentidos30. eficaz.. A Cervantes le en­ canta la astuta técnica narrativa con que Aquiles Tacio crea en los personajes. pero sin otras funciones en la trama. Sátiro (. ya presentes en el episo­ dio inspirador.. alboro­ tos. se fueron las criadas a esconder por los desvanes y rincones de la casa [. 19) [«(. quien despertó 29 Es com pletam ente apropiada la palabra ‘estrépito’. Dios perdone a to­ das!» (914). blancas. la oportunidad para la «astuta» Marialonso de encontrarse a solas con Loaysa. en su «aposento». En el episodio de la falsa alarma utiliza todos los elementos fundamentales de esa técnica.. Loaysa maldecía la falsedad del ungüento y quejábase» (914-5). Al volver la calma. y que ella y su señora se quedaran en la sala [. cuando Guiomar. cuando los sorprende la madre. Esperando a Leonora. y maldecía ese ruido. espantados... habiendo perdido (ocasión) de hacer tan bella obra..... la falsa alarma es consecuencia natural de la indigna­ ción íntima de Guiomar al creerse tratada como inferior por sus compañeras: «¡yo. che hauendo ueduto uenire un non so chi. cual por una y cual por otra parte.] Al furioso estrépito [.. La dueña dio orden de que Loaysa entrase en un aposento suyo. enojada por no poder participar en el en­ tretenimiento (la han puesto de guardia).) trataba de hacer “obra m ejor”. a su vez. sorpresas. por medio de «engaños a los ojos» o. quedo. en general.]. Leucipe y Clitofonte se disponen s. tiene como consecuencia.]29. a fin che niuno uenisse doue noi erauamo: et egli era stato.]. se produjo cierto ruido detrás de nosotros y. ella por una parte se fue a su cuarto y yo por otra quedé muy afligido de melancolía. Loaysa divierte a las criadas con la gui­ tarra.

desmayo. impulsos de castigo y venganza.. embarazosa situación que se refleja en su muy trastornado estado de ánimo: «faceua diuerse mutationi. La madre de Leucipe castiga a Clío.. . 26-7). I l perche qu ai fosse il displacer e che ne prese. las reacciones de éste al sorprender a Leonora en brazos de Loaysa. Carrizales la castiga excluyéndola de su testam ento.. aun sin saber cómo se perpetuó el engaño. porque.]. Por la misma razón se va Clitofonte a la casa de sus cómplices. so che io non bastar el a narrarlo .. y quedó hecho una estatua de mármol frío [.. y así se salió». et si adiraua: attristauasi di essere stata trouata in fallo. ya sin otro remedio.]. pese a las apariencias.. sin pulsos quedó [.] vio lo que nunca quisiera haber visto [. [~ «No quiso la mala dueña esperar las re­ prensiones que pensó le darían los padres de su señora.. desesperación y. di lei ogni m ale credeva» (77) [«A. en particular..] u d í quello che m ai d ’udire non aspettava [del adulterio de su esposa]..] del ex­ traño y nunca visto suceso de sus amores» (918-9)].. oyó lo que jamás esperaba oír. Dejando aparte las peculiares emociones que en tal situación sentiría una madre y.) ¿Qué más puedo decirte? ¿Qué otra mejor prueba de la verdad te aduciré?»] Pe­ nosa. Leucipe jura y rejura a su madre que. cólera [... Loaysa huye de la casa y va a «dar cuenta a sus amigos [. dolorosa resignación (Leucipe... profunda indignación.. cuál fue el disgusto que tuvo. tras­ torno emocional.]. Temerosa de otros castigos. 31 «A ngravalle [. los brazos se le cayeron de desmayo. a quienes informa de todo lo ocu­ rrido (Leucipe. desmoronamiento inte­ rior.] color» (916)31. desmedidam ente celoso.). Clío se escapa de casa. Carriza­ les despertase [.. está segura de que no habría sido po­ sible sin la tercería de la "superintendente”. amarga desilusión... un marido. 26-6). creía todo lo malo de ella»]. e v o i pensar lo d evete fu o r di m ism a gelosa. si uergognana. sé que y o no bastaría para narrarlo (. recrimi­ naciones.. Por esto. son análogas a las de aquélla: «ordenó el cielo que a pesar del ungüento.por causa de una pesadilla: incredulidad inicial. [«(... y abriendo la puerta del aposento [. por fin.] con la amarga vista [....] Che ti debbo dir p iu ? qual altra maggior testimonianza della uerita ti adduro?». «niuno ha fatto uergogna alla mia uirginitd [. la voz se le pegó a la garganta.. uno de naturaleza tan patológica como Carrizales. si attristaua. por otra parte.) nadie ha avergonzado mi virginidad (..].

y soltándole el corazón en el pecho le dijo: que puesto caso que no estáis obligado a creerme ninguna cosa de las que os dijere.. según lo demues­ tra ya la vasta y polémica crítica que ha suscitado. ¿A qué atener­ nos? Castro opina que Cervantes nos envuelve en un «juego de gato y ratón». Ahora bien. et si adiraua che non le fusse creduto» {Leucipe..]..]» (919). el autor mismo se declara «perplejo» por el hecho de que Leonora no in­ sistiera más en protestar su inocencia: «sólo no sé qué fue la causa que no puso más ahínco en disculparse [. cuando no engañosa hipocresía. se avergozaba y se enfadaba: entristecíase por haber sido hallada en el acto... se asegura que su «valor [.].. a pesar de ellas. ingenua sofistería. no sólo con plena conciencia y libre vo­ luntad. no pudo mover la lengua. no por haberlo ella así querido. se engañó [. pero «sólo con el pensamiento». «The Refracted Image: Porras and Cervan­ . sabed que no os he ofendido sino con el pensamiento [. pero —advierte el lector—. volvió a desmayar» (918-9). «no pudo prevenir ni excusar de caer en lo que recelaba. en 32 N o son convincentes los argumentos. se perdió» y se hace referencia a «los nuevos adúlteros».]. pues el texto le parece repetidas veces contradictorio: por una parte. por otra. en realidad. se dice que «Leo­ nora se rindió [.] fue tal» que logró defenderse de «las fuerzas villanas» de Loaysa (916). tanto de orden temático com o lin­ güístico.].. Admite que ha «ofendido» a Carrizales.. se le cubrió el corazón [.) hacía diversas mutaciones. Todo lo contrario: al amante quiso entregarse enteramente.. 27-8) [«(. se avergonzaba que le fuese imputada tos­ quedad y se enfadaba que no se le creyese»].. El caso de Leonora es mucho más complejo. Descripción también aplicable al estado de ánimo y a las dife­ rentes actitudes de Leonora en análoga situación: «Lloraba Leo­ nora [. con que Aylward se empeña en demostrar que la versión de la novela en Porras de la Camara no es de Cervantes (Cervantes: Pioneer an d Pla­ giarist). sino también con muy impacientes. estilístico.].. al transformar la primera versión de la novela32. Leucipe dice la verdad cuando afirma que nadie «ha fatto vergogua alla mia viginitá». en pensar que había caído» (905)> pero. H an rebatido esta tesis (parcialmente y con argumentos que no coinciden por com pleto con los nuestros) Stagg... Esta de­ claración suele dejar muy perplejo al lector. ardorosos deseos.. a lo menos. Sólo un azar lo previno. se entristecía.. se arrojó a los pies de su ma­ rido. de las prevenciones de Carrizales se advierte que. Así las protestas de inocencia y virtud son.si uergognaua che le fusse detto uiltania. al fin..

33 Castro. «Erasmo en el tiem po de Cervantes». Se han su­ gerido. «Cer­ vantes et le mariage chrétien». Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. Rosales. «Solución absurda». cabe plantear una pregunta que. respectivamente. «Rinconete y Cortadillo y El celoso extrem eño. En la primera versión de la novela se dice: «no estaba ya tan llorosa Isabela en los brazos tes». «El arte nuevo de hacer novelas». dice este crítico de la «salvación» de la vir­ tud de Leonora (255). «Cervantes. C ervantes. 81-90. Ayala. ío cual pasma al lector. 129-144. que llevaría a una depuración muy sincera. 37 Farinelli. en casi todos estos estudios se considera inverosímil esta «milagrosa salva­ ción» 37 de Leonora del adulterio. pp. 41 ss. pp. no era un tabú en esa época. C e rv a n te s J H u m a n ist Vision. pp. «D ie Frage der H eu chelei des Cervantes». en sí. resultando de ello todas esas «ambigüedades». pp. El más detenido y sutil análisis de las m od ificacion es en lo s personajes en F orcion e. nada hipócrita. en la segunda versión. claves narrativas en el contexto literario cer­ vantino». con ocasión del cuarto centenario de su nacimiento». una reelaboración de la obra. advirtiendo que el tema del adulterio. Sánchez. quien mantiene que hay un «ambiente de acertada inve­ rosimilitud» en «toda la novela». de lo cuestionable moral­ mente 3 5 . quien recuerda sus exaltaciones an­ teriores: «nada le falta. «Indice verbal de El celoso extrem eño ». de carácter esencialmente estético. p.. «Das G efüge einer Cervantinischen N ovelle». según lo demuestran también las obras cervantinas en que se utiliza tanto en un contexto cómico-satírico (El viejo celoso) como tam­ bién trágico («El curioso impertinente». 194-225 y 138-178. nunca se ha hecho en los estudios críticos. pp. por encima de la hipótesis que se propone.que ocurriría el adulterio. Y los pocos que no cuestionan su verosimilitud no ofrecen una explicación totalmente satisfac­ toria de todas esas aambigüedades” o “contradicciones” textuales. 941 ss. pp. pp. 34 Casalduero. pp. C ervantes y la libertad . Criado del Val. aparentemente. Las razones para estos cambios serían la preocupación con la «moral» oficial. 325-352. 253 ss. . 180 ss. Esta hipótesis se ha rebatido con eficacia. : 35 G onzález de Am ezúa y M ayo. 541. «El celoso extrem eño de Cer­ vantes» en H acia Cervantes. Quijote) 34. (A base del género. Bataillon. en que se elimi­ naría. pp. Sin embargo. Ante todo. en cambio.. D. que revelarían la necesaria «hipocresía» de Cer­ vantes 33. 181 ss. para refinar el estilo y sobre todo. novela o entre­ més): Spitzer. otras razones posibles para esas modificacio­ nes: una reconsideración atenta de la obra. 36 Casalduero. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. con la censura. los caracteres 3 < 1 . com o tam poco nada le sobra [al Celoso extrem eño]» (234). creador de la novela corta espa­ ñola il.

. comprensible.. natural. ¿no se deberían precisamente a la preocupación por eli­ minar toda ambigüedad con respecto a la inocencia de la mujer en cuanto al coito. Sugerimos. porque así se concibiría ya en la primera versión al personaje en ese suceso?: «Pero. específicamente al coito? ¿No podría haber quizás otra razón. «adúlteros» aun sin llegar al coito y Leonora (Isabela). plausible. p. con que se nos acerca en la mentalidad de Carrizales. «The T w o Versions of Cervantes’ El celoso extrem eño: Ideology and Criticism». con todo esto. aceptándose la inocencia de la esposa en cuanto a la rela­ ción sexual con el amante39. sentimental. que con aquella afirmación se alude al adulterio. Π de N o vela s ejemplares . en el vol. 219-31.. contribu­ yendo mucho al extraordinario valor moral y artístico de la obra. mujer característicamente bandelliana. . probablem ente por no resultar suficientem ente clara la perspectiva del personaje de la del autor. se om ite de la versión posterior. permiten una interpretación coherente. 258. «Los dos desenlaces de E l celoso extrem eñ o ». humana. tal desenlace responde a una comprensión muy honda de la com­ plejidad psicológica. ¡y he aquí precisamente un aspecto genial de la técnica narrativa de esta novela! Tam ­ bién la referencia al «celoso Vulcano» (ibid. Al considerarse «absurdamente inverosímil» que Leonora no se rinda sexualmente a Loaysa. lo cual se aduce como prueba indiscutible. com o se clarifica en la versión posterior. después de su angustiada resistencia inicial? Algunos cambios que se efectúan en la versión posterior de la novela. pese a su ingenuidad. femenina. pues. es así culpable de «malas obras». pp. quien. de la indiscreción sexual de aquélla. Sin embargo (y a riesgo de parecer ingenuos). ¿por qué se concluye. pp. Edwards.de Loaysa a lo que creerse puede»3 8 . Se han hecho algunas buenas sugerencias sobre las m odificaciones estilísticas en la versión posterior respecto a la de Porras (Criado de Val. con tan absoluta certeza. 256. por «no estar ya tan llorosa» Isabela «en los brazos de Loaysa». de hecho. Aylward. 39 E n la primera versión se llama «adúlteros» a Loaysa y a Isabela. aquéllos son. 281-91. se identifica de inm ediato con la cornuda deidad. y ésta se re­ fiere al fin a «las malas obras que me habéis visto» (ibid. 262). aunque en circunstancias dudosas tanto para Carrizales com o para el lector m ism o. 38 U tilizam os la edición de A valle-A rce. 257). que ambas versiones de la novela. el valor de Leonora fue tal [. pese a todas las diferencias. En suma.. aun sin pruebas. Lambert. los cambios se deberían a la preocupación de aclarar la “inocen cia” peculiar de L eonora (punto esencial para las im plicaciones que Cervantes quiere derivar de esa situación).]». de seguro se recuerda también la conducta de Lorenza de El viejo celoso. definitiva. lo cual no in­ valida nuestra sugerencia. Lejos de perjudicar la verosimilitud. en suma.

ed io lo tolsi volentieñ. si en mitad de la riqueza estoy pobre. conoscendosi non le fa r il dehito nel letto. ridículo... por disposición de los padres: «A la fe. 596) [~ «E che d iavol vuol che io m ifa ca a di tanti vestim enti quanti ho.. sin pensar más allá»]. d ia­ mele quien pudo. Estos ingredientes explican. [«¡Y qué diablos quiere que yo haga con tantos vestidos que tengo. che io non so come io sia v iv a [.]. Lorenza se lamenta de la insuficiencia sexual de su viejo marido: «que malditos sean sus dineros. de comedias de golpe y porrazo. es un personaje patético.. Sin embargo. provocan. así. [Angravalle] dubitó che ella attrove non si provedesse d ’ortolani che il di leigiardino coltivassero» (68-9)..] s’il [Cervantes] n ’est pas exceptionnel dans sa forme.)! me hace pasar ayunos y vigilias que no están registrados en ningún calendario». la decisión de Cervantes de reincorporarlas en forma de un entremés: El viejo ce­ loso. anchor che iofossi fanciulla ed eglipassase quaranta anni non pensando piu innanzi».) me encuentro tan . e de le gioie e anella che da pñncipio m i comperó [. reacciones divertidas en el lector. a beneficio de una triunfante inm ora­ lidad. tales tramas bandellianas dejan la fuerte impresión de auténticas farsas... cer­ taines valeurs intouchables a l’epoque»— 40 precisamente porque no se ha considerado que en ella Cervantes hace triunfar. [«(.. Esta deliciosa obrita siempre ha parecido tan inusual —«[. m i fa fa r digiuni e vigilie >che in calendario alcuno non sono regístrate».) Si (C. también por los extremados celos de Cañizares. malditas sus galas y maldito todo cuanto me d a y promete. Por esto. es insólito el m odo con que se burla. fuera de las cruces. sino también el espíritu burlón y algo cínico de la novella de Bandello4I. La función de su joven esposa y de todos los otros personajes consiste casi exclusivamente en engañarle y convertirle en un hazmerreír.. la manière est insolite dont il bafoue au profit d ’une triomphante immoralité. sobre todo. y en medio de la abundancia con hambre?» (E lviejo celoso.En las novelle bandellianas..]. fu i data p e r moglie a d Angravalle. 70]. sin ninguna calidad perso­ nal que merezca nuestro respeto o siquiera nuestra compasión. naturalmente. de ciertos valores intocables en esa época»].) no es excepcional en su forma. y yo lo acepté voluntariamente. y yo. com o muchacha. y conlas joyas y anillos que me compro (. con toda intención.. dram aturge. ¿De qué me sirve a mi todo aquesto. no sólo el argumento. fui dada por esposa a A. «Bandello y El viejo celoso de Cervantes» reproducimos los paralelos episódicos más relevantes para este estudio: Lorenza. C ervantes. 69]. hasta en esta 40 Marrast. 25 [«(. en parte. casada con el viejo Carrizales. principalmente. quien sabe que «no pasaría m ucho tiempo en que no caya Lorencica en lo que le falta» (5978 ) [~ «io m i truovo in tanto m al essere e cosi dispera ta... [«Com o sabes.] La desesperación de Lorenza se agrava: «no me falta sino echarme una soga al cue­ llo por salir de tan mala vida». fui más presta al obedecer que al contradecir» (El viejo celoso. sin sa­ berlo. que. 596) [~ « Com e sai. malditas sus joyas. D e nuestro artículo. p. aunque fuese jovencita y él pasase de cuarenta años. el viejo celoso y cornudo.

de m odo singularmente cínico y descarado: «entre.. se noi a ifre d d i e rari abbracciam enti e carezze de ’m ariti ci contentassim o»..) que te equivocas (. Lorenza convierte la desesperación.«escandalosa zapateta»42. no estorbar los futuros encuentros de los amantes: «pido [.]»..] p er fa r loro si bello onore. mi señora doña Lorenza... 74].. dudó que ella no se proveyese a otros hortelanos que le cultivasen su jardín». pero la astuta Lorenza oculta al amante. hai a quest'hora condotto qui il signor m ió padre [. sin darse cuenta de ello.]. en presencia del marido.] jay que se m e arranca el alma! ¡Mirad con quien me casó mi suerte sino con el hombre más malicioso del mundo!» (El viejo celoso. . 71] [«(. a trueco del gusto... a costui m i maritaste [.) nuestras cosas irían mal. en ocasiones.. A l percibir claramente la explotación de que fue hecha víctima por su juvenil ino­ cencia..).] a la señora Hortigosa» (E lviejo celosoy 601) [87]....).. 596) [-Isabella. y a fe que yo se la dé a beber por más que la rehúse» {El viejo celoso. m al anderebbe il fa tto nostro.. al muy poderoso estímulo burlesco del novelliere italiano. por mi desventura me casaron con éste (.. m arito.... 242.) no quisiera caer en las manos de algún jaque que me hiciese mujer de vulgo. deseos que pronto realiza con el notorio adulterio.. de hecho.. m a d el m ío honore quella cura averà che si conviene». 600-1) [~ «Guarda ben eper la camera [. Lorenza. ¡Señores míos. 82-3] [«Mira bien por el cuarto (. voi.. no se queje tanto. che non andera divolgando i casi nostri.]Sono ioforse d h en u ta una di quelle che stanno in chiazzo e p er p re zzo danno lor stesse a chi ne vuole in preda? Io credo che p e r qualche sghiribizzo che in capo ti a nasciuto..]la tua n avepassiper corneto». Signori miei. 600) [75]. 600) [~ « G uardam ipitre.. describe. mirad com o dio crédito a mis mentiras fundadas en materia dé celos [. de las mentiras verdades [. si nos contentásemos de los fríos y raros abrazos y caricias de los mari­ dos»]. Cañizares interviene.. y verá com o es verdad cuanto le he dicho [... se sai>che questa notte che viene io voglio che [. estoy temerosa.] che tu t'inganni[. y no querría.]. Cañizares reconoce sus “injustificadas” sospechas. que andase di­ vulgando nuestras cosas y que de mi honor no se preocupase com o conviene»].. se reconcilia sólo después de prometer aquél. la m ia sventura. pero Lorenza.... Provocado.. que con una caldera vieja se compra otra nueva» (El viejo celoso. a momentos. mirad en lo que tiene mi honra y mi crédito.) para honrarlos de tan bella manera... A. mujer distintivamente bandelliana en desesperada. pensando sorprender a su mujer en flagrante. a quien.. p.)!»]. el espíritu comprensivo de Cervantes se sobrepone. Lorenza vacila un poco: «C om o soy primeriza. de m odo que todo el día fuese señalada con el dedo (. di m odo che tutto il d i fossi m ostrata à dito [. y reprocha la “injustificada” suspicacia a aquél. fingiéndose «profundamente ofendida»... durante el acto.]. 71) [«(. poner a riesgo la honra [. 42 Castro..] perdón [.) ¿Soy y o acaso una de aquellas manchadas y que por precio se dan al que las quiera? Creo que por alguna locura que te ha entrado en la cabeza has traído aquí a esta hora a mi padre (. pues de las sospechas hace cer­ teza. los deleites sexuales {Elviejo celoso. sabiendo que no le hacía lo debido en la cama. El pensam iento de Cervantes. la tercera: «a dirti il vero... en rencor y deseos de ven­ ganza: «no me verá la cara en estas dos horas.] ¿y quién me asegurará a mí que no se sepa 1» {El viejo celoso.] La vecina H ortigosa consuela y aconseja: «Ande. que n o sé cóm o estoy viva (. 596) \~ «io non vorrei ven ir a le m ani di qualche sgherro che m i strazziasse e m i facesse donna di volgo divenire.

Consistiría en esto uno de sus más importantes propó­ sitos ejemplares. de compasión.su comportamiento “libre”. moral. y no sin cierta comprensiva ternura por su viejo marido. perpe­ tuada por los novellieri italianos. Es probable que precisamente al retratar a Cañizares y a Lo­ renza Cervantes reparase en la potencial complejidad íntima del celoso y de la casada infiel. literario. una joven algo insegura. Con más detenimiento y. que sólo podría revelarse bien en el es­ pacio más amplio de una novela. al prin­ cipio. Varios otros lectores. que en el tradicional. 31-92. Cañizares nos refrena la carcajada. C ervantes' H u m an ist Vi­ sion. desconcertada. 84). 537). al cual se decide con vacila­ ción: «o yo sé poco. artístico43. El celoso extremeño se escribiría así tam­ bién como responso crítico a esa tradición boccaccesca. contemporáneos de Cervantes. es­ tilizado triángulo amoroso suelen tratarse desde una perspectiva preferentemente burlesca y una visión más bien estrecha y rígida de la condición humana.. sobre todo. aunque muy pasajero. Las circunstancias de su vida matrimonial son semejantes. tanto en el sentido filosófico. antes y despues. pero Dios lo remedie por quien El es» (El viejo celoso. compañía hallé. es también. .]. cuando me embistie­ ron una turbam ulta de trabajos y desasosiegos [. o sé que todo el daño está en probarlas [rela­ ciones con su amante]» (598). Tan penosamente consciente de su enorme error. un sen­ timiento. europeos. pp.. en cambio. voluptuosa y vengativa Lorenza 43 Ayala: «Nada más alejado del espíritu de Boccaccio y sus novelas italianas que la de E l celoso extrem eño» («El nu evo arte de hacer novelas». aunque nunca elaborándola debidamente hasta el estudio de Forcione. como tam­ bién en el novelístico. pensando tener en ella compañía y regalo y persona que se hallase en mi cabecera y me cerrase los ojos al tiempo de mi muerte. cínico y vengativo. En el cómico per­ sonaje se vislumbra un destello trágico. No obstante su clara fisonomía de viejo celoso burlado bandelliano. han llegado a la misma conclusión. preocupada por la gravedad de su vislumbrado adulterio. Cañizares también nos sorprende en cierta ocasión. pero muy poco se le parece a la cínica. compañía quise. reconociéndolo como víctima de sus propias obsesiones: «que Dios le dé salud a Cañizares» (597). suscitando. con esta confesión a su compadre: «apenas me casé con doña Lorencica. con más hondura y comprensión se elaborarían las debilida­ des y falacias humanas de los personajes.

Vi-. únicos que puede brindarle a su es­ posa. para no despertar su sensibilidad femenina. no teniendo «experiencia» de otros. pero proponiéndose mantenerla niña para siempre. N o se desmandaban sus pensamientos a salir de las paredes de su casa» (905)45. «casarme he con ella.. pasiva («la nueva esposa [.(pese a la modificación respecto al modelo bandelliano) la simple. 45 Casalduero observa en Leonora «el com pleto desconocim iento del m undo [. siempre in­ genua. de hecho. ésta.. 177). a lo cual ya lo obligarían. pasa­ ban todas las recién casadas. . com o en Bandello y en El viejo celoso. cuando las criadas cuentan «consejas [. pero. Sin embargo. la obediencia 44 Tales regalos no se excluyen necesariamente.]. y tan ignorante de la vida que su anormal situación le parece por completo normal: «pensaba y creía que lo que ella pasaba. Carrizales logra. se siente muy feliz cuando la ve atareada en «hacer muñe­ cas». «Se desvela» en traerle «regalos». procura estar siempre presente. se guarda bien de que no sean «joyas» ni «ga­ las» 44. pero es significativo que no se destaquen. de seguro que en la cama procura no incitar demasiado su fan­ tasía sexual. mansa y tierna Leonora. de seguro. Mas: «Mais elle n ’a p a s . 399) [«En el alma de L. d'autres effets que ceux que cherchait son m aris» («Q uelques réflexions au sujet de El celoso extrem eñ o ». encerraréla y haréla a mis mañas. que a Leonora no se le «desmande el pensamiento» (905) y por esto.. su­ misa.] no tenía otra voluntad que la de su esposo y señor. prueba convincente de su preservada «simplicidad» (905). no los encuentra «ni gustosos ni desabridos» (904). ni siquiera en las figu­ ras de los paños» (905). mantenerla obediente. de todos modos. ni la pierde de vista un solo momento» (910). gilando cada movimiento «no la deja ni a sol ni a sombra. Precisamente para que Leonora no se percate de alguna llamativa “diferencia”. y con esto no tendrá otra condición que aquélla que yo le enseñe» (903). «Ella es niña». promueve placeres sensuales sustitutos.. p. 904). como la golosina «de mil cosas a quien la miel y el azúcar hacen sabrosas» (904). y controlando cada pensamiento de Leonora. nota Carrizales. la hace su mujer. sobre todo. dans l'âm e de Leonora. no hay otros efectos que los que buscaba su marido»]. Para evitar que llegue a sus oídos cualquier referencia «peligrosa». p. los «frutos doblados del matrimonio» (598). Así. la absoluta carencia de todo deseo o im aginación de algo diferente de lo que la rodea» (Sentido y form a de las N ovelas ejem plares .. Y para distraerla de su latente sexualidad. no consiente que dentro de su casa haya «algún animal que fuese varón»..] en las largas noches del invierno» (905). A Carrizales preocupa. al llevársela a casa. a quien estaba siempre obediente».

.. Predice bien una criada: «aunque más jura. porque le pesaría en el alma» (911). claro esá. Estése vuestra merced encerrada con su Matusalén y déjenos a nosotros holgar como pudiéramos» (911).. sin reparo alguno en la persona que lo hace. en el regocijo propiamente infantil con que cele­ bra. especialmente la dueña» (910). que destruye su voluntad individual. exigido y aceptado por D. Quijote. por las «tantas cosas que le dijeron sus criadas. reprimidas por la vida “adulta” impuesta. en que insistió antes de consentir en su entrada: «asido le tenemos.] El rey tiene harta. Por cierto que el virote jura de modo solemne.. una inocua diversión: «nos hartaremos de oírle .] y por esta señal de la cruz. Cómplice en lo que con­ sidera una ingeniosa travesura.absoluta.. de seguro inconsciente.]».. por una necesidad natural. serán. que su recato es necedad y ¡egoísmo!: «¿Qué honra? [. co­ menzó a dar brincos de contento» (912).]. de todos modos. que la beso con mi boca sucia» (911). ¡Oh. dramático: «Por vida de mi padre juro [. si acá estás... al complacerse tanto por el juramento de Loaysa.. diciendo que no se hiciese la tal cosa ni la tal entrada. en varias ocasiones. Esta la ridiculiza. sin que el viejo lo sintiese [. ¿Cómo contradecir a la “autori­ dad” y “experiencia” de su aya y superintendente? El extremo can­ dor de Leonora se demuestra. las causas primordiales de la caída de Leo­ nora y del derrumbe de todas las prevenciones de Carrizales. y la ignorancia abis­ mal del mundo. pero. pero. haciéndole creer. quien así acepta el juramento literalmente. Tam­ bién Marialonso insiste en el juramento. sobre todo. que la deja desprevenida frente a la maldad humana. muy irónicamente. el éxito de sus empresas: «sacó la llave [.]» (1047). y descreído por Andrés: «este mi amo no es caballero [. de desahogar sus incli­ naciones adolescentes. y tomándola en sus manos. con acento particular.. Leonora se hace cómplice de las criadas. y después objeta a que se le deje entrar: «cotradijo con muchas veras. de modo particularmente contun­ dente. Con cierto buen instinto. contando cí­ nicamente con que Loaysa lo cumpla a favor de ella: «no hará más de lo que nosotras le ordenáremos» (913).en voluntad». con perversa lógica. Todo esto hace evocar el ju­ ramento del brutal Haldudo: «juro por todas las órdenes que de ca­ ballerías hay en el mundo [. todo olvida». o..].. «hubo de hacer lo que no tenía ni tuviera jamás. al principio Leonora no quiere «bajar a escu­ charle» al músico (910). al fin. según se pone de manifiesto en todo su comportamiento y. que no deja de impresionar a Leonora. que avisada que anduve en hacerle que jurase!» (913). un excitante juego de escondite.

el «donaire». no recurras a la fuerza. le induciría ensueños amorosos —«ya no estaba tan llorosa»—. pues Marialonso debe llevar «por la mano [. ¿¡Dormidos!? Ya en los brazos de Loaysa. porque..cantar y tañer. pp. debiera resul­ tar enteramente verosímil que poco después su «valor [. [. pero. Si da muestras de ce­ der.. Todo lo contrario. ante todo. Loaysa «le iba pareciendo de mejor talla que su velado» a Leonora (914). llenas de colores retóricos. Leonora no dejaría de experimentar la placentera sensación del vigoroso apretón juvenil.. Aun después de la «larga y tan concentrada arenga» con que Marialon­ so le encarece la «gentileza».. todo esto requiere tacto..] fue tal. pero con ello no se sugiere un de­ seo erótico que motive su sucesivo encuentro a solas con él. pues todavía no está en disposición propicia. sigue actuando no obstante con gran cautela.y.. a la postre. el sueño verdadero también poblado de dulces ilusiones.] y casi por fuerza» a Leonora. a su tiempo. Al verle por primera vez. y entrambos dormidos» (916) 47. según parece... 47 El Saffar intuye bien este problema (N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C er­ vantes's N ovelas Ejemplares. pues no fueron bastantes a ven­ cerla.. estuvo indispuesta anímicamente para ello y determinada a no consentirlo en ese momento. el «valor». Con este pro­ pósito recordamos el consejo de un experto en conquistas amoro­ sas a un esperanzado seductor: «Persigue el anhelado fin amoroso con cuidado. Teniendo bien en cuenta esta predisposición anímica de Leonora. que. que en el tiempo que más le convenía le mostró contra las fuerzas· villanas de su astuto engañador. en ese momento. 40-50). que movieran no sólo el corazón tierno y poco advertido de la simple e incauta Leonora. con otras cosas semejantes [. para no echar a 4 6 Véase nota 28. le favorecería en definitiva. en cuanto al coito. tan demostrati­ vos y eficaces4é. que en mi ánima que lo hace delicadamente» (912).] donde Loaysa estaba» (916).] contra las fuerzas villanas» de Loaysa.]. el «secreto y duración del deleite. N o te desanimes si ella rechaza tus requerimientos de amores. sino el de un endure­ cido mármol» (915). pero advierte la manera en que los rechaza. . los «abrazos del amante mozo». Si ella persiste en resistirte. «Quedó vence­ dora [. en ésta no se percibe ningún interés sexual. . «preñados de lá­ grimas los ojos. y ella quedó vencedora. porque su muy astuto engañador “decidió” que tal “em­ pate”. y él se cansó en balde. sin duda..

para ello. otra ra­ zón quizás igualmente determinante: en ese momento. el acto sexual mismo. pues. se entregó al «pensamiento» o deseo adúltero con que «ofendió» a Carrizales. que le vino con la comprensión de que «ofender». p. Libro i). con toda pro­ babilidad. aunque ésta consiguió defender su «entereza» en cuanto al coito. acaba por com­ prender con penosa lucidez su enorme culpa personal. com o sugiere Castro («Cervantes se nos desliza en El celoso extrem eño ». puede ser aún más grave y contradictorio al buen matrimonio. Leonora 48 N o resulta nada convincente la im potencia sexual de Loaysa por «la ene­ miga» de Cervantes contra esa clase de gente. aunque sólo «con el pensamiento». 940. Loaysa aparentemente acaba por adoptar la misma estrategia cautelosa. quien ha ma­ durado de inmediato con esa terrible experiencia. que el mismo Carrizales se ha empeñado en inculcarle. Cervantes insiste en el «valor» con que Leonora se defiende de las ¡«fuerzas villanas»! de Loaysa. 49 U na interpretación algo parecida en Rosales. Leonora. Le «ató la lengua [. que. metiéndose «monja en uno de los más reco­ gidos monasterios de la ciudad» (919). porque. El repentino reconocimiento de la gravedad de tal ofensa lo sugiere el autor con la pretendida especulación: «Sólo no sé qué fue la causa que Leonora no puso más ahínco en discul­ parse y dar a entender a su celoso marido cuán limpia y sin ofensa había quedado en aquel suceso». Aunque extraviada por su simpleza y pasividad. en ciertos casos.] la turba­ ción» (919). quien podría violentarla. la conquista definitiva para otra noche. el cínico Loaysa se duerme* probablemente de puro aburrido por el “empate”. tanto dijo la dueña. Es éste. pues sabe que habrá otras ocasiones en las "noches venideras”. entonces sin buena posibilidad de reso­ lución48.. tanto persuadió la dueña¿ que Leonora se perdió» (293). Es ésta la culpa que va a expiar. exento de tal “pensamiento”. uno de los sentidos que se sugiere en la referencia a Leonora y Loaysa como «los nuevos adúlteros» que «el día» sorprende «enlazados en la red de sus brazos» (916)49. «con facilidad sacaría [ella] la llave todas las veces que quisiesen» (912)? Aplazando.perder a la postre todos tus empeños» (Clinias a Clítofonte. Leucipe. pero hay. Aunque mucho más insistente al principio. pp. Esta interpretación del notorio encuentro tampoco se contra­ dice por la afirmación que lo precede: «En fin. 213-219). . C ervantes y la libertad. ¿No indicó quizás Leonora que «si el ungüento obraba» en su marido. pero decide astutamente esperar..

a tierras m ucho más lejanas que ese campo de batalla. Loaysa pensaba reírse con sus cóm plices. Casarse con él sí constituiría la m ayor inve­ rosimilitud respecto a lo que de ella ahora sabemos. supuestamente ansiosa de reparo por el m atrim onio— . preguntándole qué era lo que sentía. también. 263]. en su fantasía.] se imprime en el alma» (908 ). sin necesidad alguna de la vigilancia 50 Por Loaysa no puede tener cariño alguno. y que resista a Loaysa con su «valor» o «voluntad». él representa para ella el instrum ento m alévolo de toda su tragedia actual.]. estaba Leonora dis­ puesta a amarle y. se anidó desde el comienzo en el corazón de Leonora: «porque el amor primero [. precisamente con ese «pensamiento» que Carrizales sólo vigilaba para que no «se desmandase». los virotes y mantones. que. aunque sólo tímida... porque se siente viuda profundamente dolorida de Ca­ rrizales. pero pronto fundida con una pura. 27).. acrecentada por la conciencia con­ trita. se sentiría m uy hu­ m illado. ¡tan característicamente cervantina!. pues. quien. H e aquí el verdadero castigo para Loaysa. derramando [.] lo más desconcer­ tante de todo el relato [es] ese viaje a Indias que se le destina» («M editación en torno a E l celoso extrem eñ o ».] con no más ocasión de verlas derramar a su esposo» (917). pero no conquistó el corazón de Leonora— . tentativa. serle siempre fiel ¡por su propio de­ seo y voluntad! Para dramatizar este hecho —además de otras rar­ zones importantes ya aducidas—. ¡donde no le conociese nadie!». en efecto. Ruiz Vernacci: «no se con­ cibe su despecho ni el que se considere corrido [Loaysa] [. preocupación cariñosa que se identifica con el amor verdadero.. in­ tensa preocupación cariñosa por la persona querida: «abrazándose con su esposo le hacía las mayores caricias que jamás le habría he­ cho. N i ella se dio cuenta de este sentimiento antes de aquel momento fatal en que halló a su marido acongojado y agonizante en la cama matri­ monial. Compasión humana.ya no puede concebirse esposa de nadie ¡ni mucho menos de Loaysa!5 0. pero al ser rechazado tan ta­ jantemente por ésta — y en particular considerándola todo el m undo “deshon­ rada”.. p.. se hace que Leonora «ofenda» sólo con el «pensamiento».] muchas lágrimas [.. con tan tiernas y amo­ rosas palabras como si fuera la cosa del mundo que más amaba [. claro está. p. además de haber sido ese breve contacto tan despersonalizado -—Loaysa expugnó el edificio de Carrizales.. sin duda. porque su corazón late con afecto genuino por él. Por tremenda ironía. no tiene alternativa sino ausentarse de las ca­ lles sevillanas y salir para Indias (919). a que se le hace ir en la prim era versión [E dición de A valle-A rce. in­ fructuosamente. dado su peculiar orgullo de virote.. convertido en blanco de inexorables irrisiones de su tan cuestionable atracción o valía masculina. a costa de Carrizales y Leonora.. . pues Carrizales no supo reconocerlo ni cultivarlo de modo debido.

«The T w o Versions o f El celoso extrem eño ». y de ningún modo mutuamente exclusiva de un simultáneo afecto sincero.J.. 187). no puede en absoluto amar a otra persona y ni siquiera a sí mismo. ¿quién querrá entonces decir que un infectado de celos ame a otra per­ sona ni a sí mismo?»]. por esto.. radica.). como observa muchas veces. destaca los efectos horripilantes de 51 Casalduero fue un o de los primeros lectores en apreciar este hecho im por­ tante (Sentido y fo rm a de las N o vela s ejemplares . en el egoísmo. aunque éste. «aquel que es­ timo entre otros que los tengo por malditos» (El viaje del Par­ naso. más bien. El monstruoso vicio de los celos —por «condición natural» o por «costumbre» incontrolada que se vuelve en «naturaleza»— es contrario al verdadero amor.. 228. ésta «e un ge­ lato timore che i meriti è la vertu d ’altri [. dove amor perfetto e vero ha collocato il suo seggio. 8). 25.. quien. p. consciente de la inminente e irreparable pér­ dida de un ser querido..). entre otros autores renacen­ tistas. pero explicable por ese momento particular en que se manifiesta. Se trata de cierta «hipocrisy» 53. 918-922) [«En aquel pecho (. 52 R uiz Vernacci. non vorrebbe che la sua dama piacesse a nessunapersona del mondo accetto a lui solo [.. En el romance de los Celos. 25. no hay duda.]. Precisamente esta complejidad íntima de los personajes es una razón importante de la genialidad novelística de Cervantes. dormido en su cuarto51. los celos no pueden encontrar lugar. gelosia non puo aver luogo». chi vorrá dunque dire che un ammorbato di gelosia ami altrui né se stesso?» (n.. el celoso «tormenta e perturba ognora quella per­ sona che dice amare [.. p.. El celoso atormenta y perturba de continuo a aquella persona que dice amar (. és­ tos son un helado temor de que los méritos y la virtud ajenos su­ peren y venzan nuestros valores. y.. asimismo.J sormonti e vinca il nostro valore». Dudan de ella también algu­ nos lectores quienes destacan «su perfidia femenina al abrazar Leonora a Carrizales tras haberle burlado. así arranca del fondo del alma an­ gustiada de Leonora. 53 Lambert.]. a la vez. en un complejo de inferioridad del celoso. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». no quisiera que su dama gustase a nadie en el mundo excepto a él solo (. con muy dolorosa ironía. p. Bandello: «In quel petto [. «¡Vivid vos muchos años.) donde el amor perfecto y verda­ dero ha colocado su sede.de Carrizales... mi señor.. y mi bien todo» (918). . Cervantes. y en la creencia de que ignora la treta» 52. dude de la sinceridad de su tristeza.

] ¡pareciéndole que con ella las tenía entretenidas y ocu­ padas. 55 Destaca bien el “solipsism o” El Saffar. 41 ss. en La casa de los celos. . de la amistad. es la faceta más carac­ terística también de la personalidad de Carrizales55. Lo simboliza magníficamente ya la primera vez que Carrizales ve a Leonora en la ventana. ge­ nerosidad. que él reco­ noce bien como la más formidable amenaza a su modo de vida.los celos. N o v e l to Rom ance.] en grande abundancia lo que habían menester. un enorme egoísmo. Enjuiciada. otras.. a veces muy obvia y. pues.» A las criadas «sobrábales [. p. sin embargo. espontánea “liberalidad”. 42) [«C. “liberalidad". el «amor celoso» de los perso­ najes se motiva en una monstruosa y ridicula vanidad egoísta54. los padres de Leonora lo aprecian por ser «liberal yerno» (270).... y a lo que muestra la presencia de esta casa no debe de ser rica» (903).. y. pp. se revelan tan sólo como un burdo intento de una cínica compra del amor. Carrizales no hace abso­ lutamente nada por genuina. sin tener lugar dónde ponerse a pensar en su encerra­ miento!». Sobre todo para que no se pongan a pensar en lo que les falta. en que se confirman todas las demás condiciones negativas mencionadas.. por mostrarse tan liberal con todas» (217). del cariño paterno. «Se desvelaba en traer regalos a su esposa y en acordarle le pidiese todos cuantos le viniesen al pensamiento. debida­ mente esta “liberalidad” y «la condición llana y agradable» de Ca­ rrizales. penoso contraste con las tra­ 54 Véase nuestro estudio sobre esta com edia en nuestro libro sobre E l teatro de Cervantes. 56 W eb en «Carrizales is unable to m aster the problem o f how to g ive w ith ou t takin g » («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ». y no menos sobraba en su amo la voluntad de dárselo [. para que no se les «desmande el pensamiento». dándoles «muchas dádivas» (905).]. del respeto. de la lealtad. por lo cual todos «le quieren bien» (905). sobre todo. Todos le consideran generoso: Leonora y la servidumbre «le querían bien [. que de todos sería ser­ vida. Y. disfrazada bajo la apariencia de magnanimidad. específica y segura retribución56. en suma* del cuerpo y del alma de los demás. El “solipsismo”. cada acto de “generosidad” para con los demás es meticulosamente calcu­ lado a base de una anticipada. A los padres de Leonora les «templa» la «lástima» que tienen a la hija. que para su agudo instinto de comerciante oportunista se le presenta como escaparate con mercancía codiciada y vendible: «Esta mu­ chacha es hermosa. en implícito. es incapaz de su­ perar el problema de dar sin tomar»].

Al considerar el matrimonio. en que Carrizales se pasó la vida. Muy significativamente. y más cuando no hay otro en el lugar a quien acudir con sus miserias» (903). «pareciéndole que había acertado a escoger la vida 57 «A com pulsive generosity (a repetition o f the prodigality o f his youth a n d the liberality o f his m ilitary career) masks his greedy acquisition o f the fam ily» (ibid. pero esto le inte­ resa sólo cuando es dé algún modo instrumento de su propia gra­ tificación. Carrizales queda complacido. de invertir el dinero en el futuro 5 8 . 99. ¡aunque a costo de la felicidad y de la vida ajena!. es también la triste escena en que poco después se lleva a casa a la llorosa Leonora. Así. por lo cual también puede volver después rico a España. esencialmente. oportunistas y manipuladoras. aparentemente. «Las N ovelas ejemplares». como una ocasión para inversiones oportunistas en sí mismo. «Los ricos no han de buscar en su m atrim onio hacienda. Con su “liberali­ dad” Carrizales puede hacer felices a los otros. Muy sugerente del «inquieto trato de las mercancías» (903). 58 D unn. «asida» de su «mano» (904) como una ternerita comprada. p. decide no irse a «vivir a [.) [«Una generosidad com pulsiva (repetición de la prodigalidad de su juven­ tud y de la liberalidad de su carrera militar) disfraza su codiciosa adquisición de la familia»]. gratificado más que nunca. detalle en que Carrizales no se detiene a meditar ni ahora ni. sino más bien de una inversión comercial rendible que él desea realizar. por­ que esto lo pondría «por blanco de todas las importunidades que los pobres suelen dar al rico que tienen por vecino. pero se nos hace sen­ tir que no se trata primordialmente de una discreta preocupación por la perpetuación y el bienestar de la familia. Siempre concibió ésta. renuncia de inmediato a un posible acto de generosidad.dicionales escenas del enamorado sentimental debajo del balcón de la amada. tan sólo en un modo dis­ tinto. . para que sus «barras» no fuesen «cosa infructuosa» (903). La «firme resolución de mudar manera de vida». si éste conlleva cualquier inconve­ niencia personal. Al casarse con Leonora y arreglar la casa de acuerdo con sus consuetudinarias actitudes y provisiones recelosas. consiste. en sus gratificaciones personales. en su larga vida anterior..] su patria». que toma durante el viaje a América. más prudente. sino gusto» (903). en realidad. pues así comprendemos también su prodigalidad juvenil y su “liberalidad” soldadesca (903) 57. piensa que no es «tan viejo que pueda perder la espe­ ranza de tener hijos que me hereden» (903)..

mejor que se la supo imaginar». hace llam ar «un notario» para hacer un testamento. [«(. en que aumenta la dote de Bindoccia (sei m ila ducati d ’oro) y prom e­ tiéndole también «libero campo di fa r tutto quelo che pin a grado Vera» (80-1. pero ¡qué diferencia de tratamiento. Esta confesión 39 Angravalle piensa sorprender a Bindoccia en flagrante y «con deliberazione di fa r loro un bru tto scherzo. pues debe reconocerse que han resultado falibles todas sus precauciones frente a la “industria” y a la “malicia” hu­ mana. personificadas en Loaysa y Marialonso.. Cuando encuentra a Leonora en brazos de Loaysa. por ser hombre receloso y m alicioso. tom ó sus armas y voló con apresurado paso a la casa del suegro»]. p. Esta «determinación hon­ rosa y necesaria» (desde su momentánea perspectiva) queda frus­ trada por el desmayo que le causan «el dolor y la angustia». a la casa deí «suocero ne voló con frettoloso passo. lúcida comprensión de su propia culpa: «yo fui extremado en lo que hice [. tono e implicación! “ Varios críticos sugieren que Cervantes rehuye la venganza cruenta. muy significativamente. como gusano de seda. inmensamente colérico y dolorido se dispone a vengarse «con la sangre de sus dos enemigos. se le desmo­ rona el ánimo.. por lo cual «hizo que se desmayara el celoso septuagenario» (R u iz Vernacci. puede Carrizales reconstruir. con detenida evocación de cada penoso detalle («gallardo mancebo. para demostrarles la maldad de su hija. Carrizales no toma . para llegar a una inesperada. Yo fui el que. A n­ gravalle. con ven cid o de su «error». En líneas generales se percibe la semejanza episódica con las últimas escenas de El celoso extrem eño.). que ha­ bría gustado a Calderón o Lope.]. y seguro de que «por ninguna vía la indus­ tria ni la malicia humana podía» ya perturbar su sosiego (905). atribuye. determinado a «llevarla hasta el fin» del mismo modo. Sólo por la subsecuente incapacidad física que le obliga a quedarse en «el lecho». enlazados en la red de sus brazos». 18). su fracaso. etc. Sólo a éstas. «niña mal aconsejada» (918).) con deliberación de hacerles una fea burla. de inmediato.. 86-7) [«(. 918) la terrible experiencia.. me fabriqué la casa donde muriese» (918)60.. prese le sue arm i»..) campo libre para hacer todo lo que más le agradase»]. El hecho de que Cervantes no apruebe la venganza pundonorosa ¡de nin­ guna especie! es irrelevante para lo que los personajes hagan en las diferentes si­ tuaciones en sus obras ¡y a veces toman también venganzas m uy cruentas! (Clau­ dia Jerónima del Q uijote. etc. el más culpado en este delito mal podían estar ni compadecerse en uno los quince de esta mu­ chacha con los casi ochenta míos. «M editación en torno a E l celoso extrem eño». ésta logra convencer a to ­ dos que su marido se ha equivocado. varios personajes del Persiles. 916.. por lo cual. Vuelto con los padres a la es­ cena del pecado. como también a la imprudencia de Leonora. y aun con toda aquélla de toda la gente de su casa» 59.

].de desengaño probablem ente viene enmarcada en un vivo re­ cuerdo de muchos y semejantes «delitos» egoístas. Entre desmayos. noble deseo de expiación y la ínsita m ezquindad egoísta. 263. 47) [«El largo discurso de C. y L. and projecting his guilt onto M arialonso and Loaysa» («Tragic Reparation in El celoso extrem eño ». pues fue la dote. oscilantes entre el sincero. por sus muchas transgresiones contra ella. Asimismo se os debe acordar la diligencia que puse en vestirla y adornarla de todo aquello que ella se acertó a desear [. comuniquéle mis más secretos pen­ samientos. él mismo nunca invirtió amistad ni amor. porque se desmaya. Al «tomar venganza de sí mismo». ¡Todo tan natural!. . entreguéle mi hacienda [.. hícela mi igual. Cuando empieza a reflexionar sobre lo ocu­ rrido. a sus padres. a toda la humanidad.. Carrizales. a los criados. por causa del amargo.. una expiación total que purificara y serenara su espíritu frente a la muerte no le es concedida precisamente por esa vida pasada que ahora toma su inexorable venganza. con sutil.. pa­ rece que quedó algo satisfecho.. que más de tres de su misma calidad se pudieran casar con opinión de ricas. quizás inconscientemente. doloroso desengaño. poin ­ tin g back to his liberality.]..]. En la primera versión de la novela. derra­ la venganza.]. p.. Con esto. de rato en rato tan profunda y dolorosamente suspiraba. sin que interfiera en ello la ideología “extratextual” del autor. con­ tiene una serie de autojustificaciones. m uy com prensiblem ente. a la cual tenía asida de las ma­ nos [.. por la terrible expe­ riencia em ocional que acaba de tener. en el testamento «sólo mandó que se le pa­ gase [a la dueña] lo que de sus soldadas se le debía. con tan frenética urgencia (918).. 6 2 Edición de Avalle-Arce. cuando menos.»]. al dejar toda su hacienda a Leonora. «parasitarios» de su vida entera. clavados los ojos en su esposa. y con el voto de Isabela [de ha­ cerse religiosa]»62. 6 1 Weber: «C arrizales’s long speech contains a series o f self-justifications.. ya no encuentra buena razón para la venganza. p.]» (917-8)6l. a «obras pías». En su sincero an­ helo de enmienda se entremezcla todavía. un reproche indignado por la incomprensión e ingrati­ tud ajena: «También sabéis con cuánta liberalidad la doté. lo cual revela certeramente. que con cada suspiro parecía arrancársele el alma [. perverso sub­ terfugio. Sin em­ bargo. la intensa reflexión del autor sobre las conflictivas emociones de Carrizales. según ahora com prende mejor. en que. destacando su liberalidad y proyectando su culpa sobre M. Carriza­ les quiere hacer enmiendas. «atónito y embelesado [.

397) [«(. fría soledad66. o por un re­ pentino. él derramaba «muchas lágrimas [.. p. con su entera vida. de origen espiritual. 105).. incondicional reconocimiento del sublime poder del amor.]» (919).] por ver cuán fingidamente ella las derra­ maba» (917)63. pese a sus sinceros. N o poder reconciliarse con el mundo ni con Dios 67 y ni tam­ 63 Lambert: «C arrizales is ennobled a n d h u m an ized b y suffering.. como Tolstoi. y reíase él con una risa de persona que estaba fuera de sí. 64 O pina de m odo opuesto Dunn: «Carrizales queda purificado de pasión» («Las N ovelas ejemplares». incertidumbres y esporádicos alumbra·^ mientos. p or lo cual n o n o s parece n ecesario especular sobre «la concepción del matrimonio cristiano que no se desentiende del sentim iento del honor». fervorosos deseos de total expiación. pero se­ ría exagerado decir que está transformado»]. sin contar . Carrizales solía contemplar todas sus accio­ nes y decisiones con el m ism o «regard satisfait que je tte sur son oeuvre le Créa­ teur au septiem jour» (Mas.. «Entrando a cuentas consigo a solas»65. 228) [«C. que dictaría a Cervantes lo oportuno de la muerte de Carrizales. acaloradas protestas y sinceros arrepentimientos. p. tan yerma de amistad y amor. por una catarsis64. b u t it w o u ld be exagerrated to say th at be is transform ed» («The T w o Versions of El celoso ex­ trem eño». después de siete largos días de agonía. 65 La expresión es de El rufián dichoso (342). Carrizales muere en­ tre torturadoras dudas. con total confianza en sus propios resortes personales.] muchas lágrimas». «Q uelques reflexions sur le Celoso extrem eño ». evidente­ m ente. en la más angustiosa. aunque tan glorioso descubrimiento de su corazón no queda por completo incontaminado del viejo ci­ nismo. al rebatir «la muerte post errorem » de Castro («M atrim onios cervantinos».. com o sugiere Bataillon.. Carrizales no puede morir con el alma purgada. 181). el poder de un genuino mutuo amor. cínicos enconos y ásperos remordimientos. Ésta es una suficientem ente com prensi­ ble razón de la m uerte de C arrizales. es ennoblecido y hum anizado por el sufrimiento.. es decir. pues lo acaba un «dolor» que «le apretó de tal manera [. Evidentemente.. enraizado en su mente: «Lloraba Leonora por verle de aquella suerte. no es m ucho que y o quede defraudado en las mías y que y o m ism o haya sido el fabricador del veneno que me va qui­ tando la vida» (918). Por esto. 67 Entre otras cosas. con sereni­ dad.mando [.. Por primera vez en su vida intuye la belleza. muere de “dolor”. “d olor” fatal. besando «el rostro» de aquélla (918-9). Carrizales dice: «com o no se puede prevenir con diligen­ cia humana el castigo que la voluntad divina quiere dar a los que en ella no ponen del todo en todo sus deseos y esperanzas.) con la misma mirada satisfecha que echa sobre su obra el creador al séptimo día»].. como los clásicos héroes trágicos.. considerando la falsedad de sus lágrimas». 66 Cervantes pone m uy de relieve que Carrizales no muere en paz.

poco consigo mismo. por su resistencia íntima a una com pleta anagnorisis y por su incapacidad consecuente para una verdadera catarsis. con gran probabilidad.. identificándola. sobre lo que nunca se detiene a meditar. Puntualicemos: "héroe” trágico m o ­ derno. p. 84). intento de racionalizar su fracaso personal por “las fuerzas m ayores”. Consideradas todas las causas que con­ ducen a tan triste destino.. 305-1). casi instintivo. resulta incisivamente obvia la poderosa ejemplaridad moral. Pero n o se trata necesariamente de un arre­ pentim iento por tan "sacrilega” actitud. Se trata casi de una «com placencia angélica» en sus propias obras (Buxó. p.]. filosófica de E l celoso extremeño. . de otro. nos parecen aventuradas las conclusiones que de ía actitud de Carrizales deduce Castro. por crónicos y nefastos complejos íntimos ¡he allí el sentido del trágico fin de una vida trágicamente mal­ gastada! 68. jamás con la intervención o hasta con la existencia divina. aún con m ayor riesgo. con la ideología de Cer­ vantes m ism o {E lpensam iento de Cervantes. Ayala lo llama «héroe m oderno [. pp. sino. «Algunas estructuras sem iológicas en E l celoso extrem eño ». extrema soledad. D e ahí también que Carrizales no sienta la necesidad de confesarse y que no tenga el consuelo de la religión en su íntima. Por esta posible interpre­ tación. en C er­ vantes: su obra y su m undo. 68 C on gran acierto. héroe del fracaso» («El nuevo arte de hacer novelas». 389).

reflejos del «optimismo del autor» 1 —entre otros muchos atributos admira­ bles—. La ilustre fregona siempre ha sido apreciada como una de las mejores «Novelas ejemplares» de Cervantes.].. p. popular: anécdotas. Cuando más [. al «propósito moralizador» que «no aparece por parte alguna». 284-5.] retratos costumbristas». 358-372. Cervantes creador de la n ovela corta espa­ ñola. «perjudiciales para la uni­ dad de la trama» -—la obra interesaría. «diríase de Cervantes que quiso premiar el fruto de su pecado [del violador]. diferente en todo de la plebeya y vi­ llana»4. respecto al desenlace tan arbitra­ rio. «The N o v els o f Cervantes». 3 M ew. de «una luz radiante».. pullas. de «ritmos alegres».] no tienen nada de edificante». por extremo grata a él. pero nos parece que 1 G onzález de Am ezúa y M ayo. coplas y seguidillas. casi siempre tales alabanzas vienen condicionadas por reparos críticos respecto a las acciones desarticuladas. in orbe (Ovidio. a la gran ambigüedad del tema fun­ damental. 4 G onzález de Am ezúa y M ayo.. todo «transverberado» de «colores gayos y luminosos». de hecho.. ei Pinciano.. II. el valor aní­ mico de la sangre noble. se encuentran perspicaces observaciones sobre as­ pectos fundamentales de La ilustre fregona. Sin embargo. su música y canciones..LA ILUSTRE FREGONA Nihil est toto. por el encanto de las “escenas individuales” 2—. sus variados y «verosímiles [. bailes de «movimientos ágiles». 1 A tkinson. a saber.. de perspectivas metodológicas muy distintas. cuentos.]. C ervantes creador de la novela corta espa­ ñola. and the N o vela s ejem plares ». «contrived». tan vividos y realistas». quod perstet. 208. lances y sucesos [. II. . inverosímil3. chistes. pp. Metamorfosis) Por sus «episodios. 285. sobre todo. p... pp. pese a todas las protestas de ejemplaridad por parte de Cervantes: «las peripecias y recursos moralísticos [. 309-10.. se habría propuesto ejemplificar la preocupación o creencia muy co­ mún en su tiempo y. En los estudios más recientes. su ri­ queza de materia folklórica. «Cervantes.

que de inmediato encuentra no sólo preferible sino ideal: «no echaba de menos la abundancia de la casa de su padre.]. que a Carriazo impacienta. en efecto. donde «está en su centro el trabajo junto con la poltronería [. las muertes por puntos. ni el frío le ofendía. de los personajes. Hasta las incomodidades y miserias de esa «vida andariega» se vuelven en placer por la embriagadora sensación que le produce a Carriazo la exención de todos esos de­ beres. se explica como natural también su indiferencia desdeñosa o aprensión respecto a las mujeres (sin . En efecto. Se justifica así un nuevo intento exegético.. que a continua­ ción se emprende con una reconsideración de algunas facetas fundamentales de la trama. Carriazo «se desgarró [. «anteponía el que había recibido en las almadrabas». ¡la completa “libertad” personal! Teniendo bien en cuenta esta aversión íntima de Carriazo a toda dependencia y obligación.. empujándolo a “la vida libre”. ni el andar a pie le cansaba. el juego siempre. «A todos los mayo­ res» placeres: cazas. Por esto. para él todos los tiempos del año le eran dulce y templada primavera. las pullas a cada paso. tan bien dormía en parvas como en colchones: con tanto gusto se so­ terraba en un pajar de un mesón como si se acostara entre dos sá­ banas de Holanda» (922).. honrado caballero cortesano... «en ellas tenía de continuo puesta la imaginación» de­ seando ír de nuevo allá cuanto antes (923).]».en ninguno de ellos se articula una respuesta satisfactoria. es. convin­ cente a esos reparos y dudas. y graduándose por fin «de maestro» en ellas en las almadrabas de Zahara. juegos que se le ofre­ cían en su noble y rica familia y que «se usan» en aquella ciudad [Burgos]. pasatiempos. restricciones. El rutinario «buen tra­ tamiento». a veces éstos se reconfirman.. lo que al fin lo “cansa”. con que sus padres quieren hacerle admirable. de la variedad estilística y tonal de La ilustre fregona.] de casa de sus padres y se fue por ese mundo adelante»..] sin disfraz el vicio [. donde «¡campea la libertad!» (922). preocupaciones impuestas. las pen­ dencias por momentos. aburre. responsabilidades. a cada paso aprendiendo picar­ días con tanto gusto y «tan bien» que pronto «pudiera leer cáte­ dra en la Facultad al famoso de Alfarache». de las perspectivas narrativas. los bailes como en bodas [. «finibusterre de la picaresca».. convites. en que «se da buen tiempo» y en que deja «la mitad de su alma» cuando de ellas sale momentáneamente (922). sofoca. A los trece. ni el calor le enfadaba. Vida de «gran dulzura» para Carriazo en las almadrabas.

momentánea “li­ bertad” de todos los quehaceres cotidianos. Antonio con su hermana6. pues. siendo así innecesaria la ex­ plicación de esta actitud por una supuesta reticencia de Cervantes de entrar en la delicada zona de una posible atracción incestuosa. 89). auténtica celebración ritual de una venerada. entregándose exube­ rantemente a cualquier desahogo colectivo de alegría. como indica su pasiva adquiescencia en el matrimonio que le arreglan los padres. 192). basta recordar que en La Entretenida representa la «brumosa» relación. Con la condición de que los bailarines «bailasen al modo como se canta y baila en las 5 Casalduero lo percibe de un m odo distinto: «Cervantes no permite que [Ca­ rriazo] se degrade» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares. por querer evi­ tar semejante situación. El «deseo» de Avendaño de ver a Constanza es «enamorado» mien­ tras el de Carriazo es sólo «curioso». como se suele pensar. pero enamoróle mucho me­ nos. sueños que probablemente no abandona jamás. «a Carriazo le pa­ reció tan bien como a su compañero. de D. sino más bien por querer destacar esa pre­ disposición anímica de C arriazo p o r lo que Cervantes hace repetidas referencias a su indiferencia amorosa por Constanza. ¡Naturalmente! El desdén o la indiferencia de Carriazo por la relación amorosa se determina también. como en el graciosísimo baile de los mozos de muías y las frego­ nas. A este respecto. «andando todo el día por la ciudad a sus an­ churas. otras veces. mirando bobas» (931) y. Necesidad insaciable de “libertad”. ni al final. artificiosas en absoluto. en parte. fervorosos sueños con las alma­ drabas. que así no son. . pues. por sus constantes. 6 Véase nuestro estudio sobre La entretenida en El teatro de Cervantes. como la llama Cas­ tro. y al verla. que quisiera no anochecer en la posada sino partirse» (927-8). cuya grotesca fealtad repele a todos los mozos y no sólo a Carriazo ) 5 y su desinterés amoroso hasta por la hermosísima Constanza. según cree. que a veces Carriazo satisface. Avendaño («Three N o vela s ejem plares of Cervantes. que por vosotros se me van todos» (318). p. D ip tych Pattern and Spiritual Inten­ tio n » ^ . Soons sugiere que para evitar el incesto de Carriazo se le crea u n compañero. en particu­ lar cuando éste se manifiesta también con ingenio y libre fantasía. muy sugerentemente. La “m oral” de los m o zo s γ de Carriazo no es un factor en esto. D ice el mesonero: «por vida de vosotras [a Ía Argüello 7 a la gallega] que no tengáis dares ni tomares con los m ozos de casa. aunque inconsciente. y tan menos. único reino. de la completa libertad. No es.contar entre ellas a la pobre Arguello.

pero sin ánimo de declararlo identificándose. acudieron otros diciendo tantas injurias y muecas. cuero! ¡Calla odrina. músico falso!».]/ que el baile de la chacona / encierra la vida bona. dijo. Carriazo no se propone sólo diver-' tirse y divertir con su chacona: («Bulle la risa en el pecho / de quien baila y de quien toca / del que mira y del que escucha»)3 sino también burlarse de la hipocresía de ciertos espectadores: «¡Cuantas [veces] fue vituperada [la chacona] / de los mismos que la adoran!»..]/ De la mano le arrebate / el que llaman Ba­ rrabás / [. que ellos llaman.... y no otra cosa [. fácil y lindo ingenio. En efecto. Convertido de improviso en "autor” de un comiquísimo teatro de marionetas. y tras esto. ...]/ Entren. poeta de viejo. ellas y ellos. para que no lo errasen.] y que.comedias [... en ocasiones algo grotescos. con el espectáculo.]». sin quitarse el embozo: ¡Calla. que «Carriazo tuvo por bien callar» (933-4). con una felicísima corriente. Carriazo. sin duda. etc.. se hacían rajas bailando la turbamulta de los mulantes y fregatrices del baile» (933).. por la “vergüenza” pública que implicaría su afición a una fregona.. lo sugiere también la serenata de un enamorado de Constanza. Que estos episodios. “discreción”. que hiciesen todo aquello que él dijese cantando. de cuya belleza están apasionados.]/ salga la más carigorda / en cuerpo y sin delantal / [. Después de haberse di­ vertido mucho.]/ y bájense a refregar / las manos por esa arena / [. pues todas las ninfas / y los ninfos [. dan clara muestra ya por el hecho de disfrazarse para poder mirar la cha­ cona. de seguro. los embozados pre­ tenden indignarse en nombre de su “honradez”.] hicieron al pie de la letra.».. Sin embargo..] una voz de 7 La gracia cóm ica con que se realiza toda esta escena del baile hace evocar m om entos de El retablo de las m aravillas y de Pedro de Urdemalas.. «de presto.. de im­ proviso empezó a cantar: Salga la hermosa Arguello / moza una vez y no más / [. están anima­ dos por un tono fundamentalmente cómico.. «uno de los muchos em­ bozados que [lo] miraba. Carriazo las contempla divertido y complacido del poder de su chispeante fantasía: «Todo lo que iba cantando [. Ca­ rriazo conoce bien a estos hipócritas..] / santigüense y den al dia­ blo / dos higos de su higueral / [... De su hipocresía. con que se remata toda esa diversión nocturna («llegó a los oídos de todos [. acabado el baile.. bo­ rracho! ¡Calle. como también para ver a Constanza. pues son probablemente se­ ñoritos de su propia clase social7. “prudencia”.

evidentemente... Intento de ostentación erudita. Así. Sin embargo. Edikronos. otra de un juego de naipes. R accolta d i p ro v e r b i toscani. revelada como inapropiada.) y tan abstrusa que «no hay diablo que la entienda [.un hombre»).] nunca su intención fue jugar la cola [. recuperándolo poco después todo. por dónde o cómo le vino» (938). 270: «Zuccbero non guastó m ai v ivanda.]. no 8 En sus ediciones de !as N ovelas ejemplares.] que advirtiesen que él solamente había jugado los cuatro cuartos del asno. a que antes se alude sólo de modo muy general: «Aquí se canta.. porque «era de propiedad del azúcar. cruel matador de gente (y en esto hay otra posible referencia a la “fuerza de la ley”): «soy yo un hombre que me sabré llegar a otro hombre y meterle dos palmos de daga por las tripas sin que se sepa de quién. ¡In­ geniosa parodia de la argucia engañosa de los pleitos oficiales! Tal impresión se refuerza por la presencia de testigos y «letrados» que expresan opiniones opuestas sobre «el pleito». sofísticos argumentos con que aturde a los otros jugadores. 1981. gracias a los astutos. piensa salir ganando. Carriazo sustenta su causa de modo particularmente persuasivo.. Las aventuras toledanas de Carriazo tienen el propósito. después de la escena de la chacona. Desenlace gracioso. etc. . del que. obligándolos a admitirlo de nuevo en el juego ¡por lo ya perdido!: «Dijo [.. G iusti. entre otros. muy evocador de otros análogos en la Gatomaquia de Lope.y en que pierde todo el dinero y también el asno... zucchero e acqua rosa..]»x (922). que jamás gastó menestra» (938)8 . G.. pero la cola que se la diesen [.].. ridicula palabrería y galardonada del modo más apropiado: «El acabar éstos últimos versos y el llegar volando dos medios ladrillos fue todo uno [. Serenata de engolada y más bien bizarra retórica y erudición («alegría que se opone / a las tristezas confusas / del padre que da a sus hijos / en su vientre sepultura». Cervantes destaca la prontitud de Carriazo en «hacer cuarto» en el juego. allí se reniega.. en que Carriazo entra con el mayor entusiasmo. y por todo se hurta [.]» (34-5).. p. Infeliz estado de los músicos. acá se juega. de hacernos imaginar más concretamente su vida pasada en las almadrabas («como estaba hecho al trato de las almadrabas»). miren qué hará Costancica!». Asombróse el pobre y dio a correr por aquella cuesta arriba con tanta prisa. C on aplicación graciosamente iró­ nica de este refrán.]». pretendiéndose fe­ roz. murciélagos y lechuzos [. acullá se riñe.. Sieber y A valle-A rce ofrecen in­ terpretaciones cuestionables de este refrán italiano.. que no le alcanzara un galgo. non guastó m ai alcuna cosa: Accennano a quella dolcezza d i m odi la quale esprim e bontá vera». Palermo.

150. La función de Avendaño en la novela deja a menudo muy per­ plejos a los lectores. Todo esto hace pensar que no es la pérdida del asno y del dinero lo que le trastorna tanto. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. quienes. en­ tre ellas. se queda pese a ello. Carriazo sabe vengarse sin escrú­ pulo ni miramiento caballeresco alguno. p. Esta «extraña liberalidad pasmó a todos». Así. que se le abrió por dos partes» (930). le alzaran por [su] rey» (939). Carriazo siente el júbilo del triunfo y de la fama como debió de sentirla Amadís de vuelta de sus más arduas batallas. por lo que Ca­ rriazo. Por cierto. resulta completamente comprensible como expresión espontánea del desbordante placer por la disipa­ ción de todas las dudas a su renombre de macho y jugador.. en parte gratificado. Psicológicamente relacionada con esta exaltación por el triunfo en el juego. humillado. por parecerle que había ganado un testigo de abono que calificase su baja determinación» (923). se manifiesta después la honda depresión de Carriazo al verse motejado por el pueblo con la demanda de la cola.. al decidirse Avendaño a irse a las almadrabas con Carriazo.. al ganar. A veces se le considera como un «desdobla­ miento». p.. Al vol­ ver a la ciudad «con grande acompañamiento» de aguadores y mo­ zos de muías.. mucho tiempo con Avendaño en Toledo. esta estancia se le hace más tolerable también por su afán. otras. como un «contraste» de Carriazo9. pese a todas sus muchas experiencias mundanas. El retrato de Carriazo resulta mucho más complejo e intere^ sante cuando se perciben estas variaciones temperamentales y. pareciendo así menos listo que sus rivales. que se impacientaba tanto por continuar el camino a las al­ madrabas.]. «si fueran [otros] tiempos [. Contrariado de cualquier modo. cierta desconfianza íntima o inseguridad personal. por lo que se ha insinuado. pero. sino el hecho mismo de haber perdido. Mientras éste 9 Casalduero. Y en efecto.. éste «quedó sobre modo contento [. 191. según Carriazo ya lo demostró en la riña con un aguador. de encontrar en Toledo ocasiones comparables a las ya saboreadas en las almadrabas. y tal golpe dio con la cabeza sobre una piedra. . a quien «arremetió [. poco después. mucho más que por la amistad. Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares.]. R odríguezLuis. y asiéndole con ambas manos por la garganta dio con él en el suelo. I. Y es probablemente por esta razón.es mera fanfarronada. de­ vuelve el dinero al perdedor y reparte todo lo que le queda «con los circunstantes».].

en parte.]» (937). Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares . de seguro muy semejante a la de Carriazo.. 54-5. «Emerging Realism: Love and Cash in La ilustre fregona». 200: «Avendaño se ha dejado arrastrar por la tentadora palabra del amigo».tendría sólo interés por el mundo picaresco de las almadrabas.]». y el lector recuerda. después de ha­ ber oído las alabanzas que de ella hizo Carriazo.. Allí ya había estado «tres años [.] es­ tudiando las lenguas griega y latina [.. muchas indicaciones de que Avendaño no es una víctima inocente. en disfrazar su identi­ dad con toda clase de mentiras y cuentos: «Tan buen color dio Avendaño a su mentira.. aquél lo tendría sólo por el mundo ideal del amor platónico.]. pues. entreveradas de trillado vocabulario floral y vegetal.].. se refiere él mismo: «aquel amor vulgar con que a otras he querido» (932). que ese "destino” se identifica con las comiquísimas alabanzas. requiere cuando me­ nos ciertas apreciaciones: La decisión inmediata de Avendaño «de irse [. p. adonde quieren enviarle sus pa­ dres «de allí a dos meses». arrastrada del camino recto por un mal compañero u.] a gozar un ve­ rano de aquella felicísima vida» de las almadrabas. por su gusto» (923): ¿Gratificación sólo intelectual? Una considerable experiencia de las consuetudinarias picardías estudiantiles se hace adivinar al de­ mostrarse Avendaño. 923).. y.. a las fastidiosas tareas escolares de la Universidad de Salamanca. mudé vestido [. li­ Herrero. dejé mi patria. tan du­ cho como Carriazo mismo en mentir y engañar descaradamente a sus padres: «mostráronse los hijos humildes y obedientes [.].. N o nos resulta tan categórica esta diferenciación. se debe.. 10 11 . Hay. pero también.. o cuando menos la cronología: «A la fama de vuestra hermosura [.. eviden­ temente. sino un cómplice ardoroso en lá huida y en todas las trampas perpetuadas y proyectadas. en «juntar» o «robar todo el di­ nero que pudiesen para la huida» (923-4). a las circunstan­ cias de su vida diaria.. Hasta en su carta amorosa a Constanza modifica al­ gún tanto la verdad.. probablemente. A ciertas picardías amorosas. sin haber estado en las almadrabas. divertido. Avendaño atribuye su amor por Costanza al «destino» que «con oculta fuerza» lo «inclina» a ello (932). Casalduero. etc. pp. al menos en parte. que a la cuenta del huésped pasó por ver­ dad» (926)10. nuestra hidalga intención».. probablemente de cuando era estu­ diante en Salamanca. a la elocuencia persuasiva de éste («pintósela de modo que [..

... lleno de turbación y sobresalto» (925. las de sus rivales: «lo que me trae alcanzado de paciencia es saber que el hijo del corregidor. cuanto más de ponerse a pláticas con ella» (936). que es mozo brioso y algo atrevido. su amor por Costanza se condiciona e intensifica de continuo por las opiniones y actitu­ des admirativas ajenas.]. En su «rostro» le «parecía ver [.].... que a Avendaño deja «suspenso y atónito [. por medio de una bella des­ cripción. porque Costanza casi todo el tiempo reza y labra en su cuarto y «a ninguno da lugar de mirarla. pero que tan sólo puede admirar a distancia. en particular..terario y rústico. y en entrambas hay también azucenas y jazmines [. y en toda su presencia un irresistible encanto. y zahareña como vi­ llana de Sayago. ¡de oídas! En realidad.]. En tales circunstancias.. en una mejilla tiene el sol. que dos mozos de muías hacen a la bella y es­ quiva fregona: «Es dura como un mármol... la una es hecha de rosas y la otra de claveles. y áspera como una ortiga.. zapatos [. Avendaño no 12 El pelo «salía de castaño y tocaba en rubio» (1925). Extraordina­ ria hermosura. . los mismos cabellos le servían de garbín y de tocas» n... Ya está enamorado. Rodríguez-Luis lo atribuye «quizás» al «origen bastardo de la pobre m u­ chacha» (N o v ed a d y ejem plo de las novelas de Cervantes. p.] lo que suelen pintar de los ángeles».. Al ver a Costanza por primera vez. El único intento que él hace de acercársele lo rechaza ella tajantemente: «puesto que una vez tuvo lugar de llegar a hablarla. y en otra la luna.] colorados. Avendaño piensa que «todas cuantas alabanzas que le había dado el mozo de muías eran cor­ tas».] me parte el corazón la dura saeta de los celos» (931).] no tengo necesidad de tus palabras ni de tus oraciones» (939). Esta "relación” de los dos mozos de muías le despierta a Avendaño «un intenso deseo de verla» (925). Nuestra inter­ pretación de la obra rechaza tal sim bolism o. pero tiene una cara de pascua y un rostro de buen año. con unas calzas que no se le parecían sino por cuanto por un perfil mostraban también ser coloradas [. Por no ser «totalmente rubio». y viéndolo ella. que el au­ tor hace apreciar también al lector. con algunos detalles de muy delicada sensualidad: «una gargantilla de estrellas de azabache sobre un pedazo de una co­ lumna de alabastro: que no era menos blanca su garganta [. pen­ díanle de las orejas dos calabacillas de vidrio.. muy raras veces.] ¡es joya para un arcipreste o para un conde!». 145). que parecían perlas. muere por ella y la solicita con música [. le ha­ bía dicho antes que llegase: [.. 927-8).

Por estas y otras razones resulta impropio considerar este amor “ideal”. y. intensa a la ar­ monía espiritual..]» (937). pues debes ser servida / de cuantos vean tus manos y tus sie­ nes / resplandecer por cetros y coronas» (927). aunque mantenga que la «vir­ tud». . que le hace prometer toda su «calidad y riqueza» por el amor: «Yo soy un caballero natural de Burgos. a su vez. donde amor / tiene 1 3 Observa bien Lowe: «The angel is a b it surly. en esencia... el músico «murcié­ lago y lechuzo» la exhorta: «¡Fabricad vos vuestra suerte!». por sus hiperbólicas y estrambóticas exaltaciones (931). el «recogimiento» de ésta lo trae enamorado tanto como su hermosura (932) I3...] cuan al descubierto te burlas de mí» (932). disfraza­ das de oraciones «para el dolor de muelas» (937). componer banales coplas amorosas en el libro de cebada —de poeta tiene escasísimas dotes— (936) y misivas amorosas. heredo un mayorazgo de seis mil ducados de renta si vos lo quisiéreis ser mío [dueño] [.] / deja el servir.. no tiene alternativa sino contem­ plar a Costanza con “amor limpio”. el “recogimiento” o indiferencia de Costanza aguija siempre más su juvenil vanidad masculina. mofándose del compañero. que él persigue con «amor limpio. que levantas / a tan excelsa cumbre la belleza /[ . «Platónico» lo llama sólo Carriazo.puede apreciar nada —si es que se lo ha propuesto— del quilate espiritual.] / las potencias del alma nos encantas /[ . El amor de Avendaño no es di­ ferente. en el sentido clásico de una aspiración pura. que. Avendaño dice que «escondida debajo de aquella rústica corteza» hay una «mina de gran valor y de merecimiento grande».. humilde sujeto. a distancia. quien lo percibe claramente: «ya veo [. 59) [«El ángel es algo arisco. ofre­ ciéndole su «mis rica» y «más pura voluntad ». hace más avasalladora su pasión amorosa y más obstinada su persecución. p. del alma de Costanza. por fin. en realidad. que no se extiende a más que. Con más probabilidad. padecer los «re­ cogimientos» de Costanza como eternas «noches lóbregas» (926). si alcanzo de días a mi padre. “plató­ nico”. the g irl’s beau ty is n ot reflec­ te d in her w ords» ( C ervantes: T w o novelas ejemplares. la belleza de la joven no se refleja en sus palabras»]. que le hace parecer «loco o he­ reje». al de otros enamorados de Costanza: el hijo del corregidor también se le ofrece con cuerpo y alma y toda su ha­ cienda: «Raro. lo cual se debe enjuiciar teniendo en cuenta el hecho de que Avendaño. a servir y a procurar que ella me quiera». Hasta algún verso de pretensiones místicas hay: «Cielo empíreo..

sueña: «En las dos muías rucias que sabes que tengo mías las dotara de buena gana si me la quisieran dar por mujer» (925). 15 Ibid.]» (934). Sugesti­ vamente. precisamente. ¿se habría detenido tanto tiempo en Toledo. con el concluyente En fin: «mostraba ser un príncipe en sus cosas [. bien criado y más que medianamente discreto» (subrayado nuestro). con gran simpleza. el amo de un mozo de muías piensa quedarse «dos meses en Toledo y en la misma posada. Igualmente “platónicos” son. pese a la hermosa fregona? O tro retrato interesante. el meollo ideológico de la novela. de modo insis­ tente.].. 285).. incluyendo la de su amigo. como su amigo. bien nacido. por fin. desde la misma perspectiva se le contempla a éste en todas las referencias anteriores. en Carriazo vio el mundo un picaro virtuoso. pero de seguro con la misma disposición amorosa. Y.. Sin tanto cinismo. sólo por hartarse de mirarla».. y el mozo de muías. hijos del mismo padre. II. que se rema­ tan. Se mantiene que en La ilustre fregona Cervantes sugiere una relación determinista entre el nacimiento o la sangre noble y la ex­ celencia personalt5. . noble— cuyo contraste constituye. descrito con toques de suma ingenio­ sidad y gracia artística y desde la perspectiva fundamentalmente cómica de la obra entera14. Carriazo caracteriza de «amorosa pestilencia» (926) la conducta de todos estos enamorados. una pregunta: de haber estado ya Avendaño en las almadra­ bas. como lo llama el mismo autor (925). a nues­ tro juicio. p.. se insinúa. estos enamorados y de seguro también todos esos ad­ miradores embozados que de continuo rondan a la fregona.] com o La ilustre fregona» (C e r­ van tes creador de la novela corta española. como polillas nocturnas en frenético revoloteo de una lumbre. pues. ¿Cervantes? A veces destaca específicamente que la opinión acerca de las supuestas virtudes del personaje es ajena: «En fin. porque era generoso y bien 14 G onzález de Am ezúa y M ayo dice bien que « N o hay novela alguna entre toda la producción cervantina tan regocijada [. diríamos que en el caso de Avendaño se trata sencillamente de un intenso «embelesamiento» juvenil..su estancia segura [. lim­ pio. pero la función más importante de Avendaño es la de personaje-puente. Consecuentemente. pues. catalítico: Por medio de su amistad con Carriazo y de su “embelesamiento” por Costanza se nos revelan ciertas características de estos dos —hermanastros.

etc. Las gra­ ciosas hipérboles precisan la perspectiva popular.. ¿por qué sería la generosidad. en el notorio episodio de la cola del asno. en las almadrabas de Zahara.. ingenua. en que Carriazo. atribuible al personaje y contemplada con implícita ironía y diversión del autor. justa o injustamente.. que la extraña “liberalidad” de éste responde probablemente también a impulsos extraños a la genuina generosidad. la liberalidad. todo lo cual «se descubría [. Buena muestra de ello nos ofrece este pasaje: «Los padres dieron documentos a sus hijos de lo que debían hacer y de cómo se habían de gobernar para salir aprove­ chados en la virtud y en las ciencias que es el punto de todo estu­ diante de pretender sacar de sus trabajos y vigilias. Además de este hecho. privativas de una determinada clase social? En las obras cervantinas se demuestra absurda tal contención: Maritornes. pues.. 49. El contexto episódico y estilístico revela. pues así lo sugiere la situación en que se pronuncian.] ¡a tiro de escopeta.]» (923). Otras veces. además.. el discurso directo viene mediado por la narración indirecta... a Carriazo. le alzaran por el rey de los aguadores [. aparece con cierta frecuencia en esta novela e incluso. La perspectiva cómica.partido con sus camaradas». quienes relacionan la conducta de Carriazo con la de un “bien nacido” 1 7 . que se le atribuyen.. con que «el mundo». (922)1 6 . en mil señales!» (subrayado nuestro) (922). por no tener en cuenta esta distinción se ha dificultado tanto la interpretación de la obra en los estudios críticos anteriores. tan patentemente cómicas. En gran parte. 16 17 . algo popuchalera. Mostráronse los hijos humildes [. Las palabras subrayadas por nosotros son parte de la recomendación paterna.. irónico “consejero”. Esta observación es aplicable también a las hipérboles. le «volvió todo el dinero [al perdedor]» y repartió el resto entre los demás: «si fueran los tiempos y las ocasiones de Tamorlán. los camaradas enjuician la «alta cali­ dad» de Carriazo. Cristóbal de Lugo. «allí está [. Re­ cuérdese.. principalmente los bien nacidos. en todos los casos. «como bien nacido». en la arenga del autor.. a todos los picaros: «no os llaméis picaros si no habéis cursado dos cursos en la academia de la pesca de los atunes». «Em erging Realism».] sin disfraz el vicio». la discreción. p. ¡y no el autor!. que son los personajes mismos. como a menudo en la prosa cervantina. muy importante en sí. la compasión. Pedro de Urdemalas 1 lerrero.] [al] gran Lope [Carriazo]» (939). claro está. equivocada o absurda.

según lo sugiere también la cuenta precisa que lleva de cada uno de esos años. para recordar sólo algunos personajes de ínfima clase social. meses. extraordinaria no­ bleza de espíritu18.. sino por el mero hecho de que «estaba suspensa y colgada de la peregrina». En La ilustre fregona. y la mucha tardanza me ha consumido la esperanza de ver esta venida». pues acepta el dinero sólo como alivio parcial de la separa­ ción absolutamente inevitable de Costanza. a todas luces. emocionalmente ya la han prohijado. es decir. El mesonero y su mujer cuidan y quieren a Costanza con conmovedora generosidad y ternura paternal. intensamente. N o por desagradecida ni por “sim­ ple”.. cuando ésta «le puso en las manos» el bolsillo de escudos. Bello sueño. Mucho menos afec­ tado que su desconsolada mujer. no permanece. más que por caridad. La verdad de esta de­ claración se pone de relieve con el magnífico detalle de que la me­ sonera no responde con «palabras de agradecimiento ni de come­ dimiento alguno» a la peregrina.(que es también picaro). el mesonero y su mujer prometen encargarse de la criatura sin querer recompensa por ello: «dije que no era menester nada de aquello [ios doscientos escudos de oro que les da la peregrina]. Pedro y Cristóbal con genuina. que no vengan?: «Y si en este año [. fervorosa. muy significativamente. impresionada y conmovida por la penosa situación en que se encuentra la ilustre señora: «le puso en ma­ nos» el bolsillo. porque. como casi sin advertirlo (941). frío frente al inm inente cambio en su familia.] no vienen. porque la consideran como hija propia. . se distinguen por algunos de estos sentimien­ tos y virtudes. compartido con su mujer.. tengo determinado de prohijarla y darle toda mi hacienda que vale más de seis mil ducados. un mes y cuatro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella.. ¿Se ha ob­ servado jamás la relevancia que tiene para esta actitud el hecho de 18 Véanse nuestros estudios sobre Pedro de Urdem alas y El rufián dichoso . que no éramos personas que por interés. ¡ni mucho menos! «Quince años.. en E l teatro de Cervantes. El hecho de que el mesonero se manifiesta «alegre sobremanera con el ofrecimiento de los mil escudos» que le hace el padre de Costanza (944) no contradice nuestras aprecia­ ciones. Dios sea bendito» (942). días que Costanza vive con ellos. sin responderle». nos movíamos a hacer bien cuando se ofrecía». ¿Espera el ventero de veras que vengan por Costanza? ¿O más bien. «tomó el bolsillo. sin embargo.

¿no fue. el padre de C arriazo y C ostanza. degenerados. que las voces que diere serán prego­ nera de su deshonra [. «llegándome a ella la desperté. Q uijote. Se justifica una duda respecto a estas supuestamente imprevistas circunstancias de la visita a la viuda a «la hora de siesta». precisamente. sin ninguna calidad espiritual.. personajes cervantinos. de seguro sin poder jamás recobrarse de la horrorosa experiencia. muy sig­ nificativam ente. ¡«ni [que] lo procurase»! (945). que suele «llover sueño en [los] criados». la señora. para mencionar sólo algunos.. Bélica y otros aristócratas. como. se puede entrar en la casa. «sin topar con nadie» y subir «hasta el mismo aposento donde ella duerme». no hay eviden­ cia alguna de que el violador jamás sintiese arrepentimiento por 19 Se evoca el lam ento del padre de Zoraida (D.] a donde ella estaba durmiendo la siesta sobre un estrado negro» —nótese este im portante detalle con que se pone de relieve la perdurable congoja de la viuda en luto—. de hecho. Después de esto. I. cortesanos y mo­ narcas en Pedro de Urdemalas.] [quedará] en opinión vuestra fama.que esta pareja no tiene hijos propios. Decía la huéspeda: ¿ Cómo es esto. Rodolfo en La fuerza de la san­ gre. nobles de naci­ miento. y teniéndola asida fuerte­ mente. cap. que quebraba los corazones de cuantos las escuchaban.. ella cansada. De hecho. por otra parte. hom bre monstruosamente egoísta. la ocasión despertaron en mí un deseo más atrevido que honesto».] no grite. Fi­ nalmente. la soledad. rendida y turbada [.. y de seguro un gran deseo de tenerlos? Son estas circunstancias las que hacen tan triste la se­ paración: «Costanza y la huéspeda se asieron una a otra y comen­ zaron a hacer tan amargo llanto. brutal des­ tructor de la honra y de la vida de una indefensa mujer.. meticulosamente premeditado? De cualquier modo.. fue de extraordinaria brutali­ dad y vileza: «subí [. ruines.]. explica que «el silencio. «se m udó de aquel lugar a otro». 41). dejándola como atontada y suspensa me volví a salir».. . cruel chantajista. moral o temperamental redentora. Y hay. le dije: [. sin que él «jamás la viese» de nuevo. por lo cual. hija de mi corazón que te vas y me dejas? ¿ Cómo tienes ánimo de dejar a esta madre que con tanto amor te ha cuidado ?» (946)19. El crimen que atribuye a «la suerte» que lo «ordenó». y en nuestra novela. por ejemplo. y yo. yo la gocé contra su voluntad y a pura fuerza mía. Al rela­ tar la violación de ésta. violento.. pero flagrantemente mezquinos.

. después de tantos años de total indife­ rencia. quien. todos esos detalles de su infame acto. 21 Herrero. que no tienen relevancia alguna para identificar a Costanza o ex­ plicar el caso a los demás. la preocupación venal es la que parece sobreponerse a cualquier otra emoción: «Recibí el dinero y las señales [. «Emerging Realism». Hasta en el momento de sa­ ber de la existencia de su hija. reflejo de creencias y prejuicios tradicional­ mente muy enraizados.]. y sin ponerme a hacer discretos discursos cerré tras de mí la puerta [.. bañándoselas con infinitas lágrimas [. se ha observado: «se nos viene a dar por supuesto que es un proceder antinatural. producir ciertos valores y virtudes en un sujeto cuando no responden a los principios que diferencian las jerarquías socia­ 20 Casi siem pre se m antiene ío contrarío: El Saffar..]»? Esta pasión lujuriosa. responde a algún motivo ulterior. la soledad [.]» (946). "el silencio”.. [« N o sorprende que el caballero de Alcántara se apresure a aceptar a C ostanza en su familia»]. “la soledad”.. se las comienza a be­ sar tiernamente. K la ocasión”? En efecto... N o v e l to Rom ance: A stu dy o f Cervantes. el silencio. Se podría pensar que manifiesta re­ mordimiento al decir que a la madre de Costanza no se debe «culpar» por «lo que en ella parece manifiesto error y culpa co­ nocida». Asimismo re­ veladora es su total impasibilidad durante el primer encuentro con la hija. p.el crimen com etido20.. p. hincada de rodillas ante él. «tomándole las manos. 105. no resulta excesivo sugerir que también esta admisión. emocionalmente revivida lo induciría a revelar. inexplicable. porque él la «gozó contra su voluntad»: considerando el cinismo de este individuo.. ¿Tendrían algo que ver con ello los «treinta mil escudos de oro que [la] señora dejó para casar a su hija»? Ya algunos lectores han sospechado tal posibili­ dad: «Not surprisingly the caballero de Alcántara hurries up to accept Costanza into the family» 21. en cambio.. pues ¿no lo está quizás justificando por esas circunstancias tan incitantes. sin causa lógica. Con referencia al tratamiento de ciertos temas fundamentales en la Comedia nueva. .] y nos pusimos en camino» (945). ¿No se manifiesta quizás cierta perversa gratificación lujuriosa hasta en el acto mismo de rem em orar el violento aconteci­ miento?: «subí [. 56.]. sin darse él cuenta de ello. N ovelas ejemplares. Hasta la referencia a su «deseo más atre­ vido que honesto» es dudosa como admisión de culpabilidad. «turbada y temblando».

.. hurtos. contestando que «la carne» y «el espíritu» están mezclados en toda persona. del «nacimiento» en s í24.]» (929). pullas. que se destaca al final de la obra: temor al ridículo. con sus juegos. espiritual. a pesar del tan privilegiado trato doméstico y social para su bienestar y placer. en su casa. 55. Apeóse en fin. riñas. a las aspiraciones altas. en su to ­ tal “sordera” a las llamadas del “honor”. «Algunas observaciones sobre la figura del donaire en el teatro de Lope». como gato arrinconado. 22 23 . es parte de su naturaleza ¡desde siempre! Cervantes lo pone muy de relieve: «sin forzarle a ello algún mal tratamiento que sus padres le hicie­ sen. no se manifiestan en ningún momento. lo cual precisamente parece suge­ rir el perenne temor de Carriazo a que alguien le reclame la cola. pero jamás por completo erradicada. Todo lo contrarío. pero con tan malas entrañas [. en proporciones diferentes. 24 Véase nota 6 . pero con indepen­ dencia de la «sangre». a todas luces. de valentía heroica. al que prefiere el cínico trato picaresco. Cervantes se opone de modo categórico y frecuente a tal presuposición. apasionado. p. en Carriazo late “una inclina­ ción picaresca» —radicalmente contradictoria a todos esos su­ puestos distintivos rasgos nobles— que. El plebeyo se revelaría por los efectos característicos de «la carne».. la gratificación del regateo por una cola de asno o del paseo por las calles «mirando bobas». que no le supieron bien [a Ca­ rriazo]. p.] le había pe­ gado una docena de palos tales. 45. a las que prefiere “la libertad” de las almadrabas. variables. Maravall. en ningún aspecto de la conducta de Carriazo. ¡sólo por su gusto y antojo!» (921). M ontesinos. amansada. Teatro y literatura en la sociedad barroca. en su total desafecto a las actividades dignas. el noble por los del «espíritu» 23. En nuestra obra —además del caso de Avendaño y del padre de Carriazo.. esta “inclinación picaresca” puede quedar modificada. Consecuentemente.. de amor ideal.les» n . despechado y lleno de cólera [. cuyos “casos” resuelve. En suma. se ilustra esta convicción. esos instintos de honor o pundonor personal. útiles. por mero impulso defensivo o vengativo: «el aguador antiguo. ya dis­ cutidos—.. virtuosas de la vida. en la absoluta insensibilidad de Carriazo por el amor de cualquier es­ pecie. de seguro. de modo muy ingenioso. pero. y de todos los cuidados y atenciones con que se atiende a su educación. supuestamente in­ natos en la sangre “noble”. quizás..

y que. El comportamiento de Costanza es impecable en todos los sentidos: con el mesonero y su mujer. a quien Costanza trata con cierta indulgencia y simpatía («sin mostrar ira en los ojos»). maldita y maldiciente» (939). tiene hijos. a su íntima convulsiva naturaleza (947)25. p. 14-16. 26 Sobre el fenóm eno de los jóvenes nobles “desgarrados” de casa. “la afición a Baco”. que si los atributos personales admirables no son privativos de las clases altas. adonde sus padres «van o envían a buscarlos» (922). Lo que se ejemplifica del modo más concreto y revelador con la persecu­ ción amorosa y las extraordinarias ofertas de riqueza y estado de Avendaño (he aquí probablemente la función más importante de este personaje). a quienes quiere con ter­ nura como si fuesen sus propios padres. A todos los huéspedes recibe con gentileza. por otra parte. pero a nin­ guno de ellos. pese a que «la mala bestia del vulgo. tampoco lo son de las clases ba­ jas o de la picaresca. aunque sean “señores d. pues la posible reacción momentánea a específicas causas ambientales no excluye. pero vive tem iendo. L iteratura an d the D elinquent. es feliz. los deplorables. ¡ni mucho menos! Así. . y muchos lo son. la innata “in­ clinación picaresca”» 26.e título”. por la mayor parte es mala. En suma.sobre todo. pero a quien desanima como a todos los demás. declara orgulloso el mesonero. real o literaria. 200). constituiría muy precaria prueba de ser uno “bien nacido”. al darse cuenta de sus intenciones: «an­ daba más recatada que solía» (939). muchísima gente la conoce y nadie «sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). Puntualice­ mos. En D ieg o tenemos la inclinación al mal» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejem plares. es siempre respetuosa j obediente. por fin. Estas consideraciones no se contradicen por el hecho de que también otros “bien nacidos» van a las almadrabas. como. «el rostro» que se le pone a uno «como si se le hubiesen jalbegado con vermellón y almagre con alguna cosa que beba» (922). véase Par­ ker. sugiere traviesamente el autor. permite un trato íntimo. por ejemplo. por lo menos no en todos. pp. «No había ninguno que con verdad se pueda alabar que ella le haya dado lugar de decirle una palabra sola ní acompañada» (943). es un síntoma fisiológico que no discrimina entre clases sociales. Por el propósito de revelar la virtud de Costanza ante todo por medio de esta conducta tan recatada se 25 Casalduero: «D iego se casa.

consecuentemente. la discreción y la prudencia en que la educaron el mesonero y 27 Barrenechea. 200. no se sabe de ella el menor desmán del mundo» (927). la morali­ dad. pero. como se pone muy de relieve en el gracioso epi­ sodio de las coplas amorosas que Avendaño escribió en «el libro de la cebada». . destacando este hecho* además de los ya discutidos. mezclados con amenazas. enseñándole a leer. como prueba de que en La ilustre fregona se afirma la virtud innata de la sangre noble. a tratar con cordialidad hospitalaria. 29 Ibid. pues. escribir.o de la cebada. discreta de Costanza? El mesonero y su mujer la han educado bien. rezar. La representación artística del tipo humano de Costanza está lograda y resulta sumamente interesante. y nota 4. que cae en manos del mesonero: «dio con los ver­ sos. que se manifiesta de modo infalible. y donde hay cada día gente nueva. con «ojos de Argos». hacer labores domésti­ cas. En suma. p. llamó a Costanza. y antes que se los leyese. desde la infancia. y con grandes encarecimientos. siempre la protegen y vigilan con sumo cuidado. que «es la más honesta doncella que se sabe» y que «es maravilla que con estar en esta casa de tanto tráfago. ¿Por qué parece tan increíble la conducta virtuosa. y andan por todos los aposentos. concluyendo que aquélla es menos interesante28. la había dicho algún re­ quiebro o alguna palabra descompuesta o que diese indicio de ténerla afición» (935).explica que sus apariciones sean raras y aún más raras sus inter­ venciones verbales. de modo completamente verosímil. 69. el moz. p. con suma prudencia y hasta recelo a toda la gente que viene al mesón. De seguro le han enseñado. Cervantes: Two N ovelas ejemplares. Es asimismo impropio comparar a Costanza con otros personajes femeninos (Preciosa. sobre todo. Fuese con ellos a su mujer. muchos lectores. que. honesta. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina». y. ¡«Es maravilla»!¿ coinciden. 28 L ow e. actividades en que está ocupada de continuo: «labrando está todo el día y rezando» (944). que se «delegue en quie­ nes la rodean la revelación de sus condiciones físicas y morales»27. Además. en cualquier circunstancia29. por ejemplo). Todos piensan. le dijo le dijese si To­ más [Avendaño]. a la vez. le turbaron y sobresaltaron. leídos. todo el com portam iento de Costanza refleja. incrédulos. sin que se distinga entre el tipo humano y su retrato artístico.

que daba a entender. punzante ironía. Hecho que se puntualiza con una poderosa. 33 Si Costanza «parecía hermosa con los [vestidos] de labradora. Por su propia determinación de ser virtuosa. castas. p. 914)31. que es. «con tanto amor» 30 y también. í 69). que es su “virtud”. donde la tentación ace­ cha de continuo. en cambio. Pese a todos estos cuidados y prevenciones. la mi madre / guardas me ponéis / que si yo no me guardo / no me guardaréis» (El celoso extremeño. Costanza podría cometer indiscreciones. la pureza moral de Costanza no tiene nada que ver con la “sangre noble” paterna. T am poco esta observación contradice nuestra tesis. p. ilustrada en m u­ chas de las situaciones de sus obras. por lo cual resulta irónicamente innecesaria la intención del corregidor de «llevarla» cuanto antes de «aquella posada» a «un monasterio» (943)33. con aguda conciencia de la responsabilidad que les ha im­ puesto la peregrina al dejarles la niña: «quince años. de modo muy im por­ tante. «Para una reinterpretación de La ilustre fregona: Ensayo de tipología cer­ vantina». 202). mientras tan despreocupa­ dos están de la señal más genuina de Costanza. si ella misma no estuviese determinada a no come­ terlas: «madre. ¡“Tam bién”! 31 Casalduero: «Ella m ism a tiene la llave» ( S entido y fo rm a de las novelas ejemplares. protagonizadas por mujeres virtuosas. como lo atestiguan la Arguello y otras frego­ nas 32. 32 Sobre las funciones lamentables de las fregonas de posadas véase el estudio de Joly. 103-116. 30 R odríguez-Luis: «la perfecta virtud de ambas heroínas [Preciosa y C o s­ tanza]. un mes y cua­ tro días ha que aguardo a quien ha de venir por ella» (942). . En estos versos se condensa una convicción cervantina.su mujer.N o v ed a d de las novelas de Cervantes. tan avasalladora ¡en su padre! Y esto a pesar de haber pasado toda su vida en una posada. Así. Pe­ nosamente irónico es también el hecho de que todos estos nobles se afanen tanto en reconocer “la señal verdadera” por medio de fragmentos de cadenas y pergaminos. haciéndosenos reparar en que Costanza no manifiesta ni la más mínima inclinación lujuriosa. independientemente de su condición social no­ ble o plebeya. es también la consecuencia deí extremo cuidado con el que las han guar­ dado sus respectivos joyeros: gitana vieja y m esoneros» (. pues n o es a la “sangre” sino al m odo de ser de C ostanza a ío que se atribuye su aspecto de gran “señora”. Costanza puede serlo en cualquier lugar. pp. con los corte­ sanos parecía cosa del cielo. que desde que nació había sido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo» (356). corte o mesón. tan bien le cuadraban.

para nosotros. Hijo de la Naturaleza. p. su hijo manifiesta in­ clinaciones individuales distintas. 86). dejando aparte el dudoso qui­ late de la “nobleza” del padre de Carriazo. Cervantes lo ilustra con situaciones y proble­ mas palpitantes de su propio tiempo. [«La Fortuna más que el carácter (tiene) la parte dominante en el desarrollo de la trama»] constituye. rather than character». benévola y perversa a la vez. El Saffar.y del más formidable lazo de unión entre la gente que son sus co­ razones amantes. Algunas observaciones interesantes sobre este problema en W eber. con el propósito de perfilar mejor el carácter del personaje que con ellos se encuentra. sin embargo. pero cuando las introduce es. tiene «the dom in an t role in p lo t d evelopm en t» (From N o v e l R om ance. constante. y. nunca. [«Nada es constante en el mundo».) Lo qué no cambia. Frente a este axioma cós­ mico se le revela absurda la contienda de la superioridad innata de la “sangre noble”. en todas sus manifestaciones características. 36 Cervantes no menosprecia en absoluto las influencias externas en toda vida humana: el azar. Esta se desarrolla como una ma­ ravillosamente dinámica. dis­ tintamente reconocible bajo cualquier envoltura o disfraz con que se encubra a través de la historia. verso 177. . Consiste en esto. heredada de generación en generación.. entre otros críticos.] 35 Véase nota 6. herencia imparcial de to^ dos los hombres. Inspirándose en el tema principal de las Metamorfosis de Ovidio: «Nihil est toto. según se sugiere al final. la fundamental filosofía existencial de Cervantes36. 947. es la sangre humana. moral de su obra: En el mundo no hay nada inmutable. invariable. etc. el “destino”. N o cabe duda. rica variación sobre el tema perenne que es esta sangre humana. a su vez. En La ilustre fregona ocurren «transformaciones dignas de an­ teponerse a las del narigudo poeta» (929). creemos. no parece tener en cuenta este hecho tan fundamental para el aprecio de la estructura narra­ tiva. de lo que se deriva la ejemplaridad ideológica. Momentos notables de esta historia ocu­ rren por “los casos de Fortuna”.1 Libro XV. que en todas las obras cervantinas se dignifica sólo el acto o la vida que es reflejo directo de la aspiración y del esfuerzo del Indi­ viduo. 3 . ante todo. quod perstet. todo cambia de continuo. Creer que en cualquier obra cervantina «Fortune. (Como se ha visto. la “Fortuna”. buena o mala. los hijos de éste in­ clinaciones suyas propias. del Hombre. en que debe incluirse también lo accidental del nacimiento “noble” 35. la casualidad. «La ilustre fregona and the Barriers of Caste». in orbe» 3 4 . un grave error en la com prensión del pensa­ m iento de Cervantes.

etc. «Yo soy La ilustre fregona o la sim bolización de un delirio». «El espacio narrativo en La ilustre fregona. «Las N ovelas ejem plares ». y su «espacio mítico como viaje». a su vez persigue a la que va delante. es también «a significant device for the structure o f this novella »37.... Paulino.) un re­ curso significativo para la estructura de la novela»]. «Los caballeros picaros: contexto e intertexto en La ilustre fregona».39. organización secuencial de la intriga [. sin zonas estáticas. consonantes con las añejas sobre la «errabundez y movilidad de los protagonistas». 228. esencialmente. Ezquerro....... movimiento entre dos térmi­ nos [. D unn. Chauchadis. así los m om entos a la vez huyen y siguen y son siempre nuevos»]. Buen conocedor de las obras ovidianas. en múltiples direccio­ nes. Alsina. perspicaces. su recurso literario prim ordial: precisamente por medio de él se crea la acción tan variada y rápida. muy sugerentemente. sobre sus «muchos caminos» como «un deve­ nir. Ramond. la metáfora más englobadora y poética del tema central de la Metamorfosis de Ovidio: «sed ut unda inpellitur unda / urgeturque prior veniente urgetque priorem . cuya complejidad....].].]. 39 Pabst.]. y.].. sucesión de círculos concéntricos o de cuadrados insertos [... 3if Los términos citados se encuentran en los estudios sobre La ilustre fregona de: Maestro. y describir o definir con observaciones y expresiones críticas muy reveladoras en sí: «conjunciones y dis­ yunciones [de varios elementos] [. etc. 94. La novela corta en la teoría y en la creación literaria. en distintos planos. entra­ mado de relaciones referenciales e intertextuales [. desplazamientos constantes [. traducen. el movimiento fluido..]. «Algunos esquemas narrativos y semán­ ticos en La ilustre fregona». Todas estas observaciones acertadas. p. que se articula con tan impor­ tantes implicaciones sociales y humanas. Débax...].. visión del mundo como multiplicidad [. discontinuidad y confluencia [.]». aunque inconsciente. en efecto. trayectoria lineal e inversa del relato [.]. . perseguida. «Ser y parecer». Es.. «The M etam orphosis o f the La ilustre fregona». «Conjunciones y disyunciones en L a ilustre fregona ». y.. se ha intentado representar ya muchas veces con toda clase de esquemas gráficos.. «Tres por dos son seis». p. / tempora sic fugiunt pariter pariterque sequuntur/ et nova sunt semper» 40.]. varios niveles de enunciación engastados [.. un movimiento hacia la consumación o una destrucción o una revelación».. se­ 37 Selig. 40 Libro XV..El motivo de la “transformación”..].3 8 .. versos 181-4 [«C om o una ola empuja a otra. de manera precisa.]. cuatro cuartos y una cola». espacios que se desdoblan [. los continuos cam­ bios de todo orden.. 116 [«(. oposición de los personajes y de su trayectoria [. p..

y ¡tan hermosa! para él.» (1348). para provecho moral. Valbuena Prat. En efecto. de algún modo. Se señalan así sólo algunas de ellas. también siempre viejas. siempre nuevas. pp. demostrando así también el error de pensar que esta novela está «escrita sin plan»42. . matices. 752. ejemplar viene implícita la crítica de las numerosas imitaciones y adaptaciones in­ sensatas. a Cervantes de seguro le lla­ maría la atención una imagen tan esencial para el debido aprecio de la Metamorfosis. A m enudo se opina que esta novela no tiene unidad. 882. En tal propósito ideal. y. 1348. 42 R odríguez-Luis. cívico. episodios. re­ hacerse. La ilustre fregona parece responder. porque en él. Ofrecer una imagen precisa. formas. como lo ilustra también el primo ¡«humanista»! del Quijote. completa de to­ dos los movimientos y aspectos de las olas de La ilustre fregona sería casi tan imposible como emprender semejante tarea con las de un brioso río montañés.gún lo sugieren sus citas de éstas41. en su inexorable curso hacia horizontes incógnitos. una posibilidad novelística de recrear te­ mas clásicos. deshacerse. misteriosos! ¡Olas de dimensiones. imitando a Ovi­ dio a lo burlesco. 577. se reincorpora ¡tan atrevidamente! en el estrecho. con la intención principal de destacar el fenómeno y su ingeniosa realización artística. 1033. N o v e d a d de las novelas de C ervantes . de invención nueva y rara. detalles irrelevantes.. quien. pormenorizada. entre otras obras estram­ bóticas. Esta inspi­ radora metáfora. etc. pinto quién fue la Giralda de Sevilla. tanto en lo ideológico (con su tema actualizado y tan significativo) como en lo literario (con la adaptación tan ingeniosa y original de la metáfora inspiradora). y para deleite artístico del lector contemporáneo. a que da cómoda cabida el muy amplio marco de la obra ovidiana. hecho en sí muy significa­ tivo. pero nada sorprendente al tomarse en cuenta la característica inclinación innovadora de Cervantes. restrictivo espacio de una novela corta. olas en un eterno hacerse. temática y estéticamente. ¡transformarse!. se propone componer también «Metamorfosis u Ovidio español. ¡La vida humana como olas en su incesante movimiento y mu­ tuo empuje. contemplador siem­ pre fascinado de las olas del mar y de los ríos. p. 1036. 98. 4 1 Véase en la edición de A. fuerzas. etcétera. 120. al propósito de proponer. primordialmente. y autor de felices referencias literarias a ellas. a la vez. va­ riables a cada instante. que es el de todo el Universo.. personajes. que tiene la acción dispersa.

«como burlando con alegres veras» (El viaje del Parnaso. a su tiempo. al viaje. en parte. entremezclándose las dos de inmediato e impe­ liéndose mutuamente. siempre contenidas. «presuntuosas. a la ligera [. otra —Avendaño—. 78)43: «y ellos volvieron las riendas [. .. al río..] se pusieron en ca­ mino [.. fregonas. pero de un curso pasado o futuro sugerido o.. muy a menudo. surcando briosa hacia una vorágine tragad ora. pero. impe­ tuoso de otra corriente —noticia de la belleza de Costanza—. y aun de tocar el cíelo codiciosas» (El viaje de Parnaso. igualmente atraída. áspero cambio de rumbo. al babilónico torbellino de las almadrabas de Zahara.]. de las metas fascinantes por desconocidas. de quien ya «no dice nada el autor». mientras una poderosa fuerza centrífuga se lleva la ola compañera "C a rria z o — a entremezclarse con las aguas peri­ féricas.. mansas. Entre las olas gran­ des. a las cuales se une. En uno de sus impetuosos movimientos arrastra tras su corriente otra ola.]. picaros. de brevísimo recorrido visible. las pequeñas. se podrían encontrar muchísimas otras referencias literarias de este tipo en otras obras cervantinas. entregándose álacremente a la ventura de los caminos abiertos. claro está. de flujo ya paralelo —Avendaño—. a veces. alrede­ dor de cuyo centro imantado ya giran bulliciosas e impotentes muchas olas y olitas. 68 ): el ayo descartado. de curso propio.] contentos y alegres» (924). Puesto.. 77). dos pares de vestidos y más aquellos diez y seis ducados. fragorosas. Brote violento en las aguas ya revueltas —aparición de los padres de Carriazo y Avendaño en la posada—: olas atávicas. en visitar las nubes de contino.. pues. vistié­ ronse a lo payo [. Empuje repentino. etc. hacia un efervescente torbellino. en prosa y verso. atraído irresistiblemente. impetuosas. también en las desprendidas. Carriazo «se desgarr[a] de la casa de sus pa­ dres y se [va] por ese mundo adelante». casi imperceptibles.. de una meta final adivinable: «el dueño [del asno vendido a Carriazo] había ganado con él en menos tiempo de un año..Como ola de súbito arrancada por invisibles fuerzas internas del seno de una masa de agua remolona. con que pensaba volver a su tierra donde le tenían concertado un casamiento con 13 Recordam os algunos versos de esta obra. des­ pués de haberse sustentado a él y al asno honradamente. referidos al mar. mozos de muías. en otra órbita tormentosa y convulsa: el mundo de agua­ dores. después de ponerle «a caballo» para hacerle volver a Burgos (924). a menudo impelidas «a tocar de la ribera los umbrales» (ibid.

en todos los casos sí se descubre.. aveces conflictivas: «¿Y quién 44 Barrenechea. constituyen una ocasión para que Carriazo demuestre su "genero­ sidad”. como la de Argüello. en nuestro caso. inspirado en Bajtin. reflejo fidedigno de las relaciones humanas. para sacar a Carriazo de la cárcel: «y como ésta pida a su hija. aparenciales. principales. multiformes y multicolores con miles de matices. a la postre. aunque sólo con brevísima ojeada. «cerúleos y canos» (El viaje del Parnaso. a primera vista desviadas del asunto central. se revelan.]» (939). Oleajes en continuo «influjo y reflujo» (El viaje del Parna­ so. y la monja [.]» (930). al perder todo el dinero en el juego. Es el típico modo cervantino de contemplar aun a sus más transitorios. prosaico. accidentales. La relevancia novelística de algunos personajes. 39-56. 2 0 0 . borrosos. humorístico. que si pedirá. aun tales consideraciones. burlesco. Poco después. «de socarrón».: Fantástica gama de lenguajes: corte­ sano... con­ tribuye a enfocar el carácter de Costanza. claros.. 46 Intuye vagamente este problema Clamurro. además de sus propias frustraciones íntimas > H . es bastante evidente. evanescentes. oficial. intensa interdependencia de todos los personajes. El lector imagina la tragedia potencial de varias familias. para mencio­ nar sólo algunos de los que en La ilustre fregona se entrecruzan y se fecundan mutuamente con tanto fervor46. pp. límpidos. se desbaratan todos estos bellos proyectos de felicidad: «se arrojó en el suelo y comenzó a darse de calabazadas por la tierra [. secundarios. poético.. en la novela. de un modo u o tro 45. p. cercanos. . folklórico. «La ilustre fregona com o ejemplo de estructura novelesca cer­ vantina».. rufianesco. lejanos. íntimo.. mientras la de otros es más incierta. 45 Véase nota 42..una media parienta suya» (938). Esto se aprecia con particular placer en la gran riqueza de imágenes derivadas de las más diversas experiencias humanas.] de tal calidad».. hable a la hermana del fraile que hable a su hermano que hable al confesor. 87). pero. Invitan a una breve mención par­ ticular las «personas [. verdosos. dialectal. Oleaje juguetón que. a su modo cómico. a quienes alude el mesov ñero. turbios. D iscourse and Social Order in La ilustre fregona». que. Sin embargo. y el confesor a la monja. «Identity. refranesco. retórico. 82) en el vasto mar. relevantes... también simboliza la constante. menudos personajes novelísticos en alguna sig­ nificativa dimensión humana. grisáceos.

enlazando con nuestra metáfora. de diferentes maneras. muy significativamente. presentes en toda persona: a nivel de sím bolo. 90): placentera sensación del viaje felizmente acabado..diablos te enseñó a cantar a una fregona cosas de esferas y de cie­ los. lo que. pero tampoco se ex­ cluye por completo: el ser humano es imprevisible y su vida sin cauces predeterminados. En éste y otros casos en la novela. Para nosotros. como el de las turbulentas olas de nuestra novela.. 47 A lgunas observaciones sobre esto. se tiene la clara sensación de un espectacular estallido de fuegos artificiales o. impresiones. 107-8. melindrosa y zahareña como una muía de alquiler. en El Saffar. des­ parramándose en el aire en mil gotitas iridescentes. honesta como un fraile novicio. en que la palabra o la ima­ gen genera de repente.. Así lo desea Cervantes mismo.. implicaciones. como ser humano y como escritor.. blanca como una leche. «En fin llegamos donde el mar se extiende y ensancha [. Del suyo Carriazo tiene «ni más ni menos [. 89): No se preanuncia con seguridad semejante futuro para los hijos de Carriazo. para recomenzarlo todo de nuevo: ¡«Nihil est toto. pp. de un brioso brote de agua. se trata más bien de una sim biosis natural de elem entos contrarios. hoy están todos estudiando en Salamanca» (947). siempre resulta arduo47. quod perstet. 48 Se ha observado repetidas veces que la «ilustre fregona» constituye un oxy­ m oron.] que es tiesa como un espárrago.]. ¡Por lo menos por el momento! También Avendaño estudiaba en Salamanca antes de huir de casa. de nuevo re­ novóse la tormenta [.. y más dura que un pedazo de argamasa [.. llamándola lunes y martes [..]» (934).] Dijérala [. debe aparecer fundido con ellas.. «Turbóse en esto el líquido elemento. reveladoras de lo problem ático a que aludimos.. luminoso: «quedaron todos conten­ tos. From N o v e l to Rom ance. tres hijos. etc. quien. que. es consciente de que él. al proponer las olas como metáfora de la humanidad.]»(ibid. desem­ bocando en un mar pacífico. alegres y satisfechos con los matrimonios contraídos». sugerencias. .. ¡ola en­ tre otras olas del inmenso mar que es la vida !48. ¡«se hace camino al andar»! Bajo la su­ perficie aparentemente plácida del final hay posibles turbulencias a punto de explotar con gran vehemencia. múltiples nuevos sentidos. in orbe»! A menudo se trata de distinguir la voz de Cervantes de la del otro «autor» (924) y de las de otros narradores y «poetas del do­ rado Tajo» (947). entonada como un plumaje.]» (El viaje del Parnaso. sin to­ mar el estilo del padre ni acordarse si hay almadrabas en el mundo...

] . de hecho “extraña”. ni siquiera hay acuerdo alguno sobre el sentido fundamental de esta obra. Apraiz. G onzález de A m ezúa y M ayo. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas». O rígenes de la novela . aunque hábil en el relato a la italiana»2. p. p..] novela de relleno» l. las interpretaciones que intentan expli­ car su idea o intención motriz —comúnmente destacando su tri­ vialidad— suelen sustentarse en una evidencia textual muy parcial. 949.. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de C ervan ­ tes > I. etc. 78. «the sub­ ject-matter o f this novela is not particularly interesting». creador de la novela corta. (aunque) el cuento está bien cons­ truido y presentado». 3 T hom pson. para poder llegar a la docena proyectada [. «Las novelas ejemplares». pp. «contra la voluntad y el dicho de Cervantes». 113. convencio­ nal y artificiosa». pálido. «Introduction». frívola. 216-217. bajo la influencia de la novelística italiana. «mediocre. mientras algunos de los editores modernos revelan una actitud casi de disculpa al tener que editarla con las demás.«D e tal palo tal astilla. The Exem plary N ovels. Fitzm aurice-K elly. Π. p. 326. Las dos doncellas puede parecer. XV. 150. v n -x iv [«la más pró­ xima al fracaso»]. Al principio. 2 Valbuena Prat. Ares M on­ tes. R odríguez-Luis. con «el simple propósito de orden editorial y secundario de aña­ dir una novela más a las que ya tenía escritas. O bras completas de C ervantes . C ervantes. pero 1 M enéndez Pelayo. N o v ela s ejem plares de C ervantes.» Los juicios críticos acerca de esta novela corta cervantina son preponderantemente negativos: «imperfecta». Hasta en los más fervorosos exegetas cervantinos parece menguar el entusiasmo al estudiar esta novela. a menudo haciendo abstracción total de la opuesta. «una de las más endebles de la colección». «escrita sin mucha gana». [«El asunto de esta novela no es m uy interesante. p. En efecto. inocente. Raras veces se concede -— y aun entonces más bien por indulgencia hacia el Prín­ cipe de los Ingenios— que Las dos doncellas tiene algún atractivo literario: «como novela no pasa de un discreto artificio idealista. «nea­ rest to failure». aunque «the story is well constructed and presented» 3. 96. p.

p. Las N ovelas Ejem plares ele Cervantes. geográficas. su se­ ductor. con particular severidad. Al lle­ gar los tres a Barcelona. todo se explica con satisfacción de todos y la novela se acaba del modo más feliz... su «principio supremo» 6. pueri­ les al sano juicio.]. Cervantes declara categóricamente que «el que huyere leaza. rival en amores de Teodosia. Lo subra­ yado es opinión de Baquero G oyanes.. con la finalidad de alegrarle [al lector]». su «asunto imposible»4. Sin embargo. y le salvan la vida. Al día siguiente. de encuentros ca­ suales. como también las soluciones tan facilonas de todos los problemas? Considerando oportuno justificar de algún modo tan “patentes inverosimilitudes” y “banalidades”. En busca de Marco Antonio. se ha sugerido que «en algunas narraciones [. 6 D iez Taboada. temporales. por la su­ tileza de la caracterización y por las importantes implicaciones de carácter histórico. Por fin. todas esas increíbles coincidencias episódicas. Los cuatro vuelven a su pueblo en el momento preciso en que sus padres se están desafiando a muerte. Entrelos “muchos” aspectos “endebles” de la obra se censura.] Cervantes parece olvidarse del principio de la verosimilitud. y se lanza a acumular el absurdo por el absurdo. también abandonada por Marco Antonio. creador de la novela corta. el gusto por la superposición de enredos. por el “deshonor” que a las familias ha causado la presunta traición de Marco Antonio. Rafael se enamora de ella. C ervantes. 335. de servir al lector». Creyéndose mortalmente herido. 64. que viene de Salamanca. 4 5 . etc. social y literario que de ella se desprenden. p. en las andanzas y en los encuentros de los personajes. G onzález de Am ezúa y M ayo.. por boca del Canónigo. p. los dos emprenden juntos la búsqueda y en el camino encuentran a Leocadia.. mientras Leocadia se con­ suela con Rafael. i. 101. en el Quijote. Marco Antonio se casa con Teodosia. «La estructura de las N ovelas Ejemplares». ¡en una obra cervantina!. lo cual él considera «como una forma de caridad. Preguntan retóricamente los críticos: ¿No resultan quizás hirientemente artificiosas. «Introducción» a las N ovejas Ejemplares. sus «inverosimi­ litudes e incredibilidades» 5. Teodosia se encuentra de repente en el mismo cuarto de una venta con su hermano Rafael. [. defendiéndose de una turba. topan con el fugitivo. 185. etc. el embrollo por el em­ brollo. p.una lectura atenta la revela como una obra extraordinaria por la concepción original con que se representan los sucesos.

pero con la intención específica de confrontarse. asi­ mismo abundante en coincidencias. hecho «de propósito» (El viaje del Parnaso. responde a un determinado y claro propósito fundamental de la obra: revelar el modo de pen­ sar. Aunque el problema de la verosimilitud re­ quiere una consideración crítica particular y distinta en cada obra estudiada.. 60. depende así de la completa. 88-94 [sin verosim ilitud.]» no podrá hacer «que sus fábulas [. cuando ésta le re­ lata sus desgracias en la venta (hecho tan censurado por algunos 7 R iley. C erva n tes ’ Theory o f the N o vel. 92)9 —y que así deja de ser “desatino”. La v ero sim ilitu d de to d o s los elem entos textuales. de ser de los personajes.. Esta noción. desde sus piezas primerizas hasta el Persiles. acabado «con las an­ sias de la muerte [. 47. no importa de qué índole. 1251). cap. en efecto. La “arbitra­ riedad” —prerrogativa fundamental de todo escritor— con que Cervantes inventa las situaciones. claro está— se ejemplifica plenamente en todos esos “absurdos”. de nada importa que Rafael no reconozca de inmediato a Teodosia. que tan inverosímiles parecen a tantos críticos. 9 Véase la aguda interpretación del “desatino” en R iley.. pp. lo inverosím il. suspendan.. en E l teatro de Cervantes. con tal de ser utilizado con plena justificación estética. “encuentros casuales”. Según todas las evidencias.. esencial relevancia poética de éstos respecto al tema conceptual. etc. . en quien consiste la perfec­ ción de lo que escribe [.. “embrollos”. lo cual es un problem a distinto. críticamente. p. a esta noción de que «an intelli­ gent pleasure in fiction is impossible without verisimilitude» 7 Cer­ vantes se mantiene escrupulosamente fiel en todas sus obras.] admiren. También nuestras consideraciones en el estudio sobre E l rufián dichoso. es im ­ posible un placer inteligente en la ficción].de la verosimilitud y de la imitación. que se constituyen en la metáfora de la obra.. Por ejemplo. alboroten y entretengan. con la inverosim ilitud com o recurso literario. de evidente raíz aristotélica. a que Cervantes se refiere también como «desatino» utilizado «con pro­ piedad».] puesto ya el pie en el estribo» (Persiles. ¿sin proponérselo? 8 En algunos casos Cervantes acumula. de modo que anden a un mismo paso la admiración y la alegría juntas» (i. te­ m ática y form al. 1527) 8. Taboada (véase la nota anterior) discrepa de la de Riley. y con la que las ordena en esa secuencia específica. C ervan tes> Theory o f the N o vel. «De­ dicatoria». para Cervantes —esto nos parece siempre demostra­ ble— cualquier elemento textual. tan repletas de coincidencias ex­ ternas. es ve­ rosímil. En su interpretación de la verosim ili­ tud.

que no sean esencia­ les para la articulación de los conflictos íntimos de los personajes. exhortacio­ nes.. no sabían qué decirse. escasean peripe­ cias episódicas. es la reacción del hermano.lectores). tentábanles los cuerpos. en efecto. a lo largo de Las dos donce­ llas 10. pues lo que a Cervantes interesa mostrar. y la de ésta a aquél. anecdóticas. y. p. conveniente y apropiado para el retrato emocional y moral de los dos hermanos que empieza a dibujarse. los itinerarios de los personajes se mencionan de manera casi perfunctoria. 8 6 ). principalmente. Y las que se introducen. p. polémicas. con la frugal acción aventuresca. Antes de emprender su 10 R odríguez-L uis destaca bien la «confrontación» de lo s personajes com o elem ento estructural {N o ve d a d y ejem plo de las N o vela s de Cervantes. interpelaciones. oportunas para ese efecto. es lo que Cervantes persigue. 11 Ibid. 77. Todos los perso­ najes hacen hincapié en el hecho de que para sus andanzas dispo­ nen de los necesarios medios económicos. diálogos. se condensan y abrevian notablemente. y sin acaecerles desmán o impedimento alguno llegaron a dos leguas de un lugar que está a nueve de Barcelona» (955). en situaciones extraordinarias. discusiones. suficiente para advertir del cambio de lugar en que va a representarse otra etapa del drama iniciado en las escenas anteriores: «[. lícito.. en el momento de reve­ larse sus identidades. por otra parte. lo cual contrasta. El "artificioso” encuentro es así sólo un re­ curso. por ejemplo. Tales cambios instantáneos de escenario con las consecuentes aparicio­ nes muy repentinas de los personajes. Así. A esta misma conciencia autocrítica. tradicionalmente pundonoroso. acciones físicas. ante todo. se efectúan a veces con evi­ dente diversión íntima del autor. Esto se demuestra ya por el hecho significativo de que en la obra abundan conversaciones. . por ver si eran fan­ tásticos. de manera muy llamativa. a la her­ mana “deshonrada”. tan típica de Cervantes — ¡y no a su deseo de «retardar el desenlace en beneficio de la ex­ tensión convencional de la trama. Una con­ frontación similar de todos los personajes. siempre tan consciente de la pro­ blemática de su creación literaria: «volviendo a mirar a sus hijos.. y hasta ocultar de paso la po­ breza de episodios»! 1 1 — atribuimos el detallismo ocasional con que refiere ciertos sucesos. que su improvisa llegada ésta y otras sospechas engen­ draba» (967).] se dieron prisa a caminar sin perder jornada. dramática y conflictiva.

conscientes de las exigencias materiales del viaje. es inaceptable la relación entre los amos. Cervantes sabe que «no sería menester escribir una cosa tan clara y tan necesaria de traerse com o [son] di­ neros y camisas limpias» (ibid. pues en nada perjudica la verdad poética y ni siquiera el lógico desarrollo episódico de la obra. D . B Las referencias al provecho económ ico de Calvete. D . Teodosia «había metido la mano siete u ocho veces [. ¿No se criticó quizás la desaparición inexplicada del rucio de Sancho en el Quijote de 1605? (Quijote. 1284). al acompañar a su amo. mozo de muías.). sugerida por Valbuena Prat (949). Para Cervan­ tes tal olvido no constituye «uno de los puntos sustanciales que faltan en la obra» (ibid. como la de Calvete. Q uijote. p. pero los libros de ca­ ballerías dejan la im presión de que los caballeros andantes no necesitan preocu­ parse jamás de tales “p reven ciones”.viaje. a Rafael «le pareció no ir muy desacomodado» para el viaje a Barcelona (955). Cer­ vantes llega incluso a extremarse en las explicaciones de éstas. quien está a cargo de ellas y quien al fin «se quedó con la que don Rafael había enviado a Salamanca» (968). Por otra parte.. es otra clara muestra de las preocupaciones destacadas en la nota anterior. Llaman mucho la atención también las referencias esporádicas a las cabalgaduras. sin explicar cóm o efectúan sus perpetuas andanzas sin ellas.. Q uijote es la víctim a de semejante impresión.] en el escritorio de su padre [. Leocadia hurtó a su padre «mucha cantidad de dine­ ros» (958). etc. II. Q uijote «que no caminase de allí adelante sin dinero y sin las prevenciones re­ feridas. pero no cabe duda de que esa crítica le puso sobre aviso respecto a la deseabilidad —con miras a la lectura literal— de atar bien todos los cabos y detalles en sus relatos1 4 . en este caso para explicar la fuente del dinero para esos extensos viajes de unos jóvenes que probablemente carecerían de medios propios para emprenderlos n.I3. Rafael y D . etc. 14 También R odríguez-Luis advierte esta preocupación (N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. Para su propio viaje. Al tratar de viajes en sus obras.] sacándola llena de escudos de oro» (955). ¡y de llamar la atención del lector 12 Es notorio el episodio del Q u ijote en que el V entero «daba por consejo» a D . 74). V éase las considera­ ciones de este problem a en nuestro estudio sobre L á española inglesa.. Cervantes a me­ nudo y por varias razones. . destaca las “prevenciones” económi­ cas. Sólo en este detalle es posible encontrar una relación entre Calvete y Sancho.). que a veces impresionan como leves sonrisas irónicas. C om o conse­ cuencia de tales abusos en esa literatura y por la preocupación por satisfacer las expectativas de sus lectores. con los «quinientos escudos» de la hermana «y otros dos­ cientos que él tenía y una cadena de oro». y que vería cuan bien se hallaba con ellas» (1043). cuando se trata de viajeros..

Se ha intentado identificar éstos como una serie de “cuestiones de amor”.] com edias en prosa. particular­ mente apropiada para Las dos doncellas. «The Structure o f Cervantes’ Las dos doncellas ». who was loved more recently than Teodosia? [. La designación de Avellaneda de las Novelas ejemplares de Cervantes como «comedias en prosa» 16 resulta.]» 1 S . claro está. pero no es la contes­ tación a ellas en sí lo que principalmente importa.? ¿Q uién tiene mayor derecho legal y em ocio­ nal respecto a M. N o v e d a d y ejem plo de las N ovelas de C ervantes. Aunque Marco Antonio es «rico [.] Who has the gre­ ater cause for jealousy [. Ingenioso hidalgo D. en una auténtica e ingeniosa respuesta paródica a las anticipadas ob­ jeciones de sus pedantescos censores15. pp. T. Es revelador el hecho de que en el siglo XVII en Francia e Inglaterra «se llevó el asunto» de Las dos doncellas al teatro (G onzález de A m ezúa y M ayo.. y algunos críticos moder­ nos. o L. es la estructuración de la obra en una secuencia de escenas —con transiciones casi imper­ ceptibles. [«¿Q uién es la más infeliz. «La estructura de las N ovelas ejemplares». propuestas a la consideración de los perso­ najes y del lector: «Which is more unhappy. íb A . impresionados por sus variados elementos «propios de la co­ media». III. p. pues. que eso son las más de sus novelas». cuyo amor fue consum ado o L. a veces. «Prólogo»: «[. 18 Thom pson. en el intento de promo­ ver sus respectivos intereses. R odríguez-Luis. Q u ijote de la Mancha. whose love was consmnated.. sugestivas de entreactos—. legally and emotionally. sino lo que los personajes revelan de sí al contemplarlas. que tienen la función casi ex­ clusiva de representar la confrontación de ciertos valores.] Who has the greater claim. hablan de su «construcción teatral» 1 7 .. la fecha de la creación de esta novela. 144-150.. 14). 17 Véanse D ie z Taboada.. or Leocadia.... «Introducción»... aunque sin poner suficientemente de relieve el aspecto dramático-teatral más signifi­ cativo que. Fernández de Avellaneda. según se ha sugerido arriba. 104. esas “curiosas” referencias en Las dos doncellas circuns­ cribirían. p. creador de la novela corta. p. a base de unos significativos problemas sociales y humanos. actitu­ des e intereses. . Teodo sia or Leocadiaf [. Estas y otras preguntas relacionadas se suscitan en la mente del lector. 352).] noble» y «alabado y estií5 Revelándose com o probables consecuencias de ciertas críticas contemporá­ neas del Q u ijote de 1605.. pp. lógicam ente. quien lo amó más recién? ¿Q uién cela con más causa?»] Avalle-A rce coincide con esta erudita en que estas «cuestiones de amor» determinan la estructura de la obra (N ovelas ejemplares. 73.. A n ton io — T. on Marco Antonio — Teodosia. Cervantes.sobre tal procedimiento! Éste puede constituirse así. 85-6.

con toda premeditación.mado» por todos por su «gala. N o cabe duda de que la empujó a rendirse también otro factor significativo. Teodosia asegura que al principio no sentía «otra cosa que [. cuando declara —con probable intención de “afear” sutilmente la indiscreción de Leocadia— que por su propia «condición y reco­ gimiento [.]..] una compla­ cencia» al verlo (952)... porque quedó con­ vencida de que con su larga resistencia ya había dado a su galán todas las pruebas suficientes de su “virtud” ? En el relato de sus desgracias se vislumbran ambigüedades y contradicciones que ha­ cen sospechar un comportamiento bien calculado. las dulces «palabras [. únicamente. gentileza. «Teodosia’s knowledge o f this [que los padres de su amante “para otra le guar­ daban”] makes her in fact guilty o f the treachery o f which Leoca­ dia acusses her» 19. 113. por lo que Teodosia se entregó. De todos modos. los suspiros y todo aquello» que a ella le parecía revelar «un firme amador». a que parece subordi­ narse todo genuino interés sentimental en el amante. de hecho. se sugieren en su pregunta después del abandono: «¿Qué halló en mí que tan presto le movió a dejarme?» (953). se entregó en ese momento. más bien. ¿fue por efecto de esta poderosa “artillería’' de Marco Antonio. «sin saber cómo [.] a hurto de mis padres» (952). y que es 19 El Saffar. con la promesa de ser mí esposo. inescrupulosa. por ejemplo. egoísta. a pesar de sus padres —que para otra le guardaban— di con todo mi recogimiento en tierra [..] nunca ella [Teodosia] se aventuraría a dejar la casa de sus padres ni acudir a la voluntad de Marco Antonio». claro está. la revela como una joven desconsiderada. cuando menos. las lágrimas. gra­ bada en una sortija: «Es Marco A ntonio esposo de Teodosia» (953).. [«El conocim iento que T. «La fortaleza de [su] honra» quedó derri­ bada sólo después de un intenso y continuo asedio por «la artille­ ría» de Marco Antonio: las miradas con que parecía «enviarle el alma». culpable de la traición de que la acusa L.. o.»] . qui­ zás decisivo: «Y finalmente. La preocupación de Teodosia con la “otra" o las “otras”. Sin embargo. N o v e l to Rom ance: A S tu dy o f C ervan tes' N o vela s Ejemplares. p. los juramentos.] en su poder».. incluyendo.. rostro. la promesa de matrimonio. como. por fin. como tam­ bién su preponderante vanidad femenina. tiene de esto la hace... También muy mañosa se demuestra Teodosia ya desde el principio. o. discreción y cor­ tesía» —atributos muy deseables de amante y esposo—.

ill. y a su matri­ m onio con M. creador de la n ovela corta .precisamente lo que ha hecho. N uestro estudio coincide en varias de sus importantes observaciones. A menudo se señala una gran semejanza entre Teodosia y Leo­ cadia. cuestionables. p. siendo representativa de la reprimida personalidad activa de T. 165-176). Beaupied percibe im portantes aspectos negativos de los “enam orados” («Ironía y los actos de com unicación en Las dos doncellas». 347). 116. Π. creador de la novela corta . pp. 393. cuando menos. Leocadia has no independent meaning in the story. N o v e l to Rom ance. L. es secundaria. «son tan semejantes entre sí que podrían trocar sus papeles y nombres respectivos sin detrimento de la trama» 23. mientras la conducta de los otros personajes lo deja a m enudo per­ plejo ( Cervantes. la otra sigue la misma demanda» 2 1. no tiene un significado independiente en el cuento. being representative o f Teodosia's repressed active self» 24. pero secretamente le guarda rencor. «olvidémo­ nos de Leocadia cuyo papel parece no ser otro que el de redoblar la acción con las variaciones necesarias para dar movimiento al ar­ gumento» 22. A Leocadia pretende ofrecerle «consejos saludables». 347. significativo que en la personalidad de Teo­ dosia se destaquen tantas tendencias deplorables o. Aunque esto se debe a «la rabiosa enfer­ medad de los celos». p. Sentido y form a de las N ovelas ejemplares . p. si la una va en busca del novio que la abandonó.». [«La parte de L. Como si no bastase una doncella disfrazada de caballero. surge otra en traje de muchacho.. 24 El Saffar. con que se suelen justificar los peores extre­ mos. 22 Casalduero. C ervantes. 208. 109). no obstante. p. es. signifi­ cativa sólo com o m edio que contribuye al autodescubrim iento de T. N ovelas ejemplares. La misma observación es aplicable también a la caracterización de los otros personajes20. pp. p. Pasma la arbitrariedad de tales declaraciones: ¿Con qué lícito cri20 Casakiuero observa que Teodosia y Leocadia no son «dos mujeres ideales que se presenten com o norma viva de una conducta».] Estas observa­ ciones parecen contradecirse hasta por la detallada com paración que a continua­ ción se hace de las dos doncellas (116-8). 21 1 . 23 G onzález de A m ezúa y M ayo. . 21 Scheviil y Bonilla. significant only as an aid to the selfdiscovery o f Teodosia and to her subsequent marriage to Marco Antonio. II. hasta «deseándole la muerte». G onzález de A m ezúa y M ayo destaca que Marco A ntonio es un «vul­ gar seductor».. A n tonio. C on m uy fina intuición. censurándola como innecesaria duplicación: «En primer término ha de repararse en que todo parece estar duplicado en el relato. aunque también encuentre en ellas «el heroísm o de la virtud» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. «Leocadias role is a secondary one.

Que Marco A ntonio es suyo lo prueba la “cédula” firmada de su propia mano. que ella. 343. «Práctica inmoral» 2 5 . Esta pasión y los celos la empujan también a la venganza de su rival. firmes y cristianos juramentos de ser [su] es­ poso». ¿no se po­ dría quizás proponer también lo contrario.. Una pronunciada ambición y codicia.] para coger el fruto que para él solo estaba señalado». percatándose de ello.. es decir. herida en su vanidad.. leyó de nuevo para 25 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo. C erva n tes. sobre todo.]. desempeña un papel aún más extenso y complejo que el de Teodosia? Aplicando la misma lógica con que se explica a Leocadia como personaje sin significado propio. pero no sin antes exigirle también una «cé­ dula»...terio literario podemos sencillamente “olvidarnos” de un perso­ naje que el autor obviamente tuvo a bien introducir en su obra y que. «a que hiciese de [ella] todo lo que quisiese».. para turbarle a ésta el «sosiego»..] no se las llevase el viento» (957-8). para asegurarse de que todos esos «juramentos y palabras [. por conducir a la entrega de la doncellez de modo tan fríamente calcu­ lado. como en un auténtico intercambio de bie­ nes comerciales. consiguiendo de él «su fe y palabra. como también de «la mucha cantidad de bienes que llaman de fortuna que su padre tenía». de­ bajo de grandes [. aunque también cierta atracción personal y sensual —pero no un genuino sentimiento amoroso.. Leocadia queda impresionada ya a primera vista de «la genti­ leza [. casi sin emoción. y Marco Antonio. reacciona interesado. para mayor ironía. que Leocadia siente al no acudir Marco Antonio «al concierto señalado [.] discreción» y de «la calidad del linaje» de Marco A nto­ nio.. antes de salir de casa tras él..] gozar a tan poca costa lo que es mío [. . que Teodosia es mero reflejo de este o aquel complejo personal de Leocadia? Evidentemente. que todavía no tuvo ocasión de cimentarse— le instilan el «pensamiento» de «alcanzarle por esposo».. p. lo cual para ella sería «toda la felicidad que podría caber en [su] deseo». para que «no piense [. para tales interpretaciones no hay sólido sostén textual. pero. Leocadia está dispuesta a rendírsele. De índole pasional es «la rabia de mujer enga­ ñada». pues..] le quitaré la vida sí puedo» (959). Con insistencia metódica comienza «a mirarle con más cuidado». Poco después. como mero reflejo de un complejo íntimo de Teodosia. creador de la n o v e la corta .

32). se lleva al herido en el esquife. conocidos. que bien poco tiempo se pase sin que os siga». «No puedo ne­ gar [.confirmar «las razones [. y ad­ virtiéndole.. Hasta una mal velada amenaza hay en las reclama­ ciones de Leocadia de sus derechos: «que aquí luego me recibáis por vuestra legítima esposa...]. y asiéndole de la mano».].. La absoluta convicción de poseer este derecho y de conseguirlo. apenas lo ve con al­ guna señal de vida «determinó de hacer lo que le pareció convenir para satisfacción de su honra». Q uijote al C anónigo.] lo mucho que os debo ni el gran valor de vuestros padres. 31. por mí.. el «valor de sus padres» y. la «obligación» en que él estaba para con ella y que debiera cumplir «por Dios [. por vos. no permitiendo haga la justicia lo que con tantas veras y obligaciones la razón os persuade». a quien debéis más que a otra persona del mundo». se puso a hacerle recordar su «entereza del recato y honestidad». A las reclamaciones de Leocadia sigue «un maravilloso silen­ cio». sino que también intenta halagar su egoísmo masculino con un sutil chantaje: «si fuere Dios servido de llevaros de ésta a mejor vida. . caps.. Muy significativamente. ex­ plica también la conducta de Leocadia después de encontrar a Marco Antonio en Barcelona: Muy agresiva. pero en todo lo que le dice en este momento "crítico” se percibe. para la de vuestra alma». después de la pausa impuesta por la separación de los capítulos (n. sobre todo. médicos y criados en la sala. Obvia­ mente. sobre todo. con hacer lo que debéis [. en el palacio de los duques.... su miedo de que Marco Antonio muera sin cumplir sus obligaciones para con ella (961-3). exenta de genuinas consideraciones sentimentales. ante todo. que [él] le dio. y después...]. firmada en una cédula de [su] mano y letra». Leocadia desea que Marco Antonio viva y sea su esposo. a toda costa. 26 Recuérdese la contestación de D .. adelantándose a to­ dos. si no para la salud de vuestro cuerpo [. que debéis mucho a ser quien sois [.] firmes y valederas» de su derecho ex­ clusivo de posesión (958-9).]. en presen­ cia de todos los amigos. que las palabras que le dirigiría «convienen. «la palabra. «se llegó a la cabecera del herido. Leocadia no sólo apela a la conciencia y al sentido de responsabilidad de Marco Antonio. prometo de darme tal vida después de vuestra muerte. típica pausa con que en las obras cervantinas se nos hace an­ ticipar una contestación correctiva o reprensíva26. como si de un monopolio se tratase.

. no la esgrime. Del pueblo huyó tan de improviso. ausentándose.junto con vuestra incomparable honestidad y recogimiento». porque. a base de la cédula. repelen. a su «juicio de mozo [..]. C uando Leocadia insiste en las “obligaciones” de Marco A n tonio. pero que esos «amores» fue­ ron sólo «de pensamiento» para él. que. con­ tinúa Marco Antonio. 116) [«es culpable de haber deseado la seducción»]. de seguro con Cervantes m ism o. creyendo que todas aquellas co­ sas eran de poca importancia. dice Marco Antonio. especialmente a los galanes com o Marco A n tonio. después de algunos años. que la cédula no puede ser «testigo de fe». «quiero deciros una verdad que si no os fuere ahora de gusto. ya no tiene. pues entonces ya «tenía entregada [su] voluntad y [su] alma a otra doncella» (963-4) 27. T e o ­ dosia. sortijas γ otras formas semejantes com o promesas de m atrim onio eran a m enudo meras estratagemas. desea pagar lo que debe. precisamente por serlo. Reconoce que todo ese comportamiento se debió a su «poco dis­ curso». Ahora com prende que las obligaciones. podría ser que después os fuere de prove­ cho». caprichosa conducta. decidió eludir las conse­ cuencias de su irresponsable.. caballos de Troya de la des­ honrosa conquista masculina de la mujer. ¿sin algún tanto de sarcasmo respecto a la “in­ comparable” virtud de Leocadia. Halagado en su vanidad mas­ culina por las miradas «apasionadas» que ella le echaba y tentado por el posible placer sexual que tan fácilmente se le ofrecía. en particular a 27 Leocadia «is g u ilty o f w a n tin g seduction» (Pabón. y que las podía hacer sin escrúpulo alguno». con gran pánico y sin saber cómo salir del apuro. «Secular R esurrection through Marriage in Cervantes’ L a señora Cornelia. excepto en el sentido más externo. yéndose muy lejos. pues. Las dos doncellas and L a fu e rz a de la sangre ». a pesar de tener la sortija con la promesa grabada de M arco A ntonio. ¿de qué le valió en el pasado la sortija? Las cédulas. de repente se dio cuenta del embrollo en que se encontraba por las promesas que hizo a las dos mujeres. La escarmentada Leocadia observa. γ por las circunstancias mencionadas su culpa y deshonor no son en absoluto menores que los de Teodosia. pero sólo por «cumplir» con el «deseo» de Leocadia y contrariamente al suyo. se arrepiente de todo lo malo que hizo. hizo la cédula. . irónicamente. En efecto. «Sin embargo». Personalmente inmaduro. con toda probabilidad. a Italia. «con facilidad negará las palabras que en un papel están escritas el que niega las obligaciones que debían estar grabadas en el alma» (959). porque se la robaron los bandoleros. confiesa todas sus «muchas culpas». a pesar de creerse a punto de morir? N o sería inconcebible en su carácter. Confiesa que la «quiso bien». encontrase todos sus problemas ya resueltos de algún modo: «a ver lo que Dios había hecho» de las dos mujeres. y esperando que a su vuelta. p.

N o v e l to Rom ance.. de ir en romería. 115. [«(.Teodosia. a su parecer. si D io s le sanase. y así se dispone a expiarlas casándose con Teodosia. 23 El Saffar. when placed in the context o f death.] de su vida»..]. es sugestivo que en otra parte “la romería” a los sagrarios sea vista. a Santiago de Galicia» (966). dejándolo para cuando D io s fuese servido de volverlos con más sosiego a su patria» (960). atribuir una capacidad tan repentina para esas filosóficas ponderaciones sobre la existencia humana a un muchacho que en toda su actuación an­ terior se nos ha presentado sólo como muy frívolo y ligero de cas­ cos 29 nos resulta impropio. . etc. 347).) En el contexto de su mortalidad se ve parti­ cularizado y circunscrito por la experiencia (. siempre impresionado por la mera apariencia.] exageró el peligro de Marco Antonio» (962). por este m iedo Marco A n tonio también hace «voto... convencido de que ha llegado al «término [. com o cuestión de conveniencia personal y de interés turístico: «partieron para Barcelona. con lo cual se acabó de enterar el de la ciudad que estaba bien curado.] 29 Sus «costumbres» alabadas «del pueblo» (952). por ejem plo).. Ahora bien. cuando menos.. a quien quiere «cumplir la palabra que le dio» (964). p. A este res­ pecto. para su lectura: «Llegó en aquel ins­ tante el cirujano de las galeras y dio cuenta al de la ciudad de la herida y de cómo le había curado y del peligro que de la vida. self confrontation». sin querer subir por entonces al fam oso monasterio de M ontse­ rrat. creador de la novela corta. En algunos estudios se exalta esa "conversión” de Marco Antonio en términos de una auténtica conmoción espiritual dostoyevskiana: «bis acceptance o f his character role in a larger scheme o f things [. becomes an illusion [. 30 Intuye vagam ente este hecho G onzález de A m ezú a y M ayo ( C ervan tes. experimenta un gran miedo por todas sus trave­ suras y "culpas” del pasado. ii. por la consi­ deración oportuna —sin ningún asomo metafísico— de que ella le dio «el fruto que pudo dar[le]» y que él «quiso» que le «diese». Ya al prin­ cipio de este episodio Cervantes nos advierte de la clave cómica. se desm ienten con toda su conducta. y asimismo [..] In the context o f his mortality he is able to see himself particu­ larized and circumscribed by experience The freedom he dreams o f however..) la aceptación de su parte en un esquema más amplio de las cosas (...) La libertad con que sueña... o. en el contexto de la muerte. p. a pie.. mientras que Leocadia le dio tan sólo «flores» (964)30. C o n toda probabilidad. autoenfrentamiento». tenía el herido. se convierte en ilusión.. así com o esos "devotos” de ocasión que Erasmo tan­ tas veces fustiga en sus Coloquios (véase N aúfragium . Lo que más verosímilmente ocurre es que Marco Antonio. ante todo. no grave.28. ¡«mucho miedo y poca vergüenza»!.

Cervantes se pregunta con razón: «¿Con qué razones podré yo decir ahora las que don Rafael dijo a Leocadia. de cual­ quier modo. que fueron tantas y tales que no me atrevo a escribirlas?». hágase lo que Él quiere y vos que­ réis. por encontrar con toda urgencia «quien los despose» (966). «cumpliendo con el gusto» de Rafael. en el pasado tan «huidizo». ¿no la mirará quizás él «con otros ojos». «pues así lo ha ordenado el Cielo.. ¿Cree de veras o sólo pretende creer Leocadia en esa intervención del Cielo en sus asuntos amorosos? Es. sino tan sólo por la voluntad del Cielo.. según el astuto joven.] y rico». «recompensa» a Leocadia. Rafael advierte que su propuesta de matri­ monio conviene a la “honra” de Leocadia. contenta. es «caballero [. inescrutable. que hoy os ha quitado a Marco Antonio.. «rica. «el mismo Cielo» le trae ahora remedio.Para asegurarse de que «algún contrario accidente no le tur­ base el bien [. la salida que Rafael astutamente le ofrece y que ella necesita para salvar su orgullo ante el mundo. Teodosia se preocupa. tan reminiscente de la de las raposas esópicas. a pesar de todas sus pro­ .] hallado». in­ contrastable! Además. allí está él. Rafael. Leocadia tiene to­ davía cierta aprensión.. Viendo a su rival en los brazos de Marco Antonio. declarándole su alma. «la desengañada y sin ventura» Leocadia sale «con intención de irse desesperada por el mundo a donde gentes no la viesen»* Ra­ fael la sigue. pues.] el atrevimiento» que ella ha mostrado persiguiendo a Marco Antonio. ¿Por qué vacilar todavía? «Acabad. de serlo del todo a vista de estos estrellados cielos que nos cubren. ni «en los bienes que llaman de fortuna» le hace «mucha ventaja». pues. señor mío». señora de mi alma. os quiere hacer recompensa conmigo». contesta Leocadia. Antes de este parlam ento. tiene todo el efecto deseado: «Ea. pues ¿no le han "forzado” a él las mismas “fuerzas” a perseguirla a ella? Atreviéndose por fin a «to­ marle de una mano».. Como es­ poso «ha de olvidar [. ¡No por culpa o error de ella y cierta­ mente no por su falta de atractivos personales la ha dejado Marco Antonio. consolándola: «ya veis que Marco Antonio no puede ser vuestro. y no es en mi mano ni en la de viviente alguno oponerse a lo que El determinado tiene. facilitándole también la vuelta a casa. en «ninguna cosa». porque el Cielo le hizo de mi hermana.. a quien Marco Antonio «no se le aventaja en el linaje». La estrategia argumentativa de Rafael. estimada y servida». en suma. pues». y el mismo Cielo. ante todo. y de este sosegado mar que nos escucha y de estas bañadas arenas que nos sustentan».

31 32 . Rafael (964-6). las arenas y este silencio». reconociéndole poco después. con pre­ meditada pose “poética”.mesas? Parece conocer bien la rencorosa vanidad masculina. p. Rafael quiera «irse a la cama de la que creía ser mujer». p. y con este título sólo viviré contenta». Sin embargo. III. p. comenzó a interesarse también en Marco Antonio. que «el castigo que [le] diere fuere Castro. Cervantes la presenta con inten­ cionada ambigüedad por medio del notorio verbo bíblico: «el de­ seo de conocerla» (951). «suspensa y muda y sin color en el rostro» le da su propia daga. y de gratificación lujuriosa. satisfaciendo tu enojo [. ¡todos despojados de los calificativos “románticos” que les dio. es decir. según se puede conjeturar ya de su anterior actuación.. no es bien que ninguna misericordia me valga». 207). 376. Tales tendencias hacen también por lo menos creíble que..]. Casalduero: «Rafael tiene mal deseo» {Sentido y form a de las N ovelas ejem ­ plares. porque «el nombre de ser mujer legí­ tima de don Rafael de Villavicencio no se podía perder. si no lo logra «por el de los rega­ los y buenas obras» (960). para Rafael. R odríguez-Luis observa bien «la insistente sensualidad con que está tratado el tema am oroso» {N o ve d a d y ejem plo de las N ovelas de Cervantes. y se hinca de rodillas delante de él. se nos sugiere de nuevo y de modo ingeniosísimo en las últimas pa­ labras con que acepta la propuesta de Rafael: «Sirvan de testigos los que vos decís: el cielo. sobre todo.. p.. en la venta. y A valle-A rce destaca que «El amor [de todos los personajes] no tiene el más lejano parecido con el idealism o neoplatónico» {N ovelas ejemplares. «In­ troducción». decide de inmediato «alcanzarla». no tanto por curiosidad como por un deseo lujurioso32.] por el camino de la fuerza». venal. 78). la muerte: «Haz con este hierro el castigo [. «sea como fuere». anticipando. siempre predominante en Leocadia. la mar. principal­ mente. 13). Al encontrar a Leocadia. Sólo le suplica «que la pena sea de suerte que se extienda a quitar[le] la vida y no la honra». pues es una unión de conveniencia económica y social. El encuentro de los hermanos en la venta es notable también por otras razones. E l pensam iento de Cervantes. En la oscuridad del aposento. Por el título y la riqueza. como lo más natural y ló­ gico. La na­ turaleza utilitaria.]... sobre todo para Leocadia. dar «feliz suceso en su deseo [. Quizás por la extrema delicadeza de la situación —la mujer es la hermana de Rafael—. Resulta así erróneo exal­ tar lo idílico de este «nocturno matrimonio»31. Teodosia revela a Rafael su “deshonra” y.

¡Actitud noble y sensata!. o más bien en un mero sentido práctico que le dictaría una solución cuanto más ex­ pediente? La pregunta es pertinente. de ayuda desinteresada al prójim o [.]. de seguro con ironía— pero lo significativo es que a Rafael lo indu­ cen a contemplar un proceder egoísta patentemente vil33. A veces parece totalmente super33 En consideración de todo lo que se ha dicho de Rafael y los otros persona­ jes. ... sin escrúpulo alguno. lo subordina. como hubiera dicho el ama de D. «arrancada de alguno de aquellos malditos libros [de caballería]. porque. a una genuina compasión por la desventurada hermana. sin función muy clara respecto a los acontecimientos anteriores36. «las flechas de Cupido» son una «fuerza incontrastable» (968) —como dice Cervantes al final. Q uijote»35. Rafael está muy dis­ puesto. C ervantes. si se llega a mencionar en abso­ luto. 34 Valbuena-Prat. pero lo su­ prime o. un fuerte impulso de "venganza”. y a la consideración de que «aun no había cerrado la fortuna de todo en todo. «quería antes procurársele por todas las vías posibles. Siente. el desafío a muerte de los padres. pero ¿radica de veras en la nobleza de sentimientos y en la discreción. 350)... O bras completas de Cervantes. ¡«a secreto agravio» (la razón de la ausencia de Teodosia de su casa no se sabe en el pueblo).. «secreta venganza»!. evidentem ente. a dejar a la hermana en su desgracia: «tomara por buen partido ver a su hermana sin el remedio que le procuraba [.secreto».] a trueco de no verse sin esperanza de alcanzar a Leocadia» (960). 35 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo.]. encontrando «disculpa» de sus «yerros» en sus «pocos años». aparentemente. sí. se ha caracterizado como «estampa caballeresca»3 4 .. C erva n tes. casi en tod os los estudios citados se trata esta escena de un m odo más bien perfunctorio... las puertas [al] remedio» de Teodosia. p.. sentim iento cristiano que preside a la vida toda de aquella sociedad» (G onzález de Am ezúa y M ayo. creador de la novela corta.. poco después. La escena final de la novela.. que no tomar venganza del agravio que de su mucha liviandad [de Teodosia] en él redundaba»: decide así ir con ella en busca de Marco Antonio (954). asistencia sincera [. creador de la n o v e la corta\ P·347· 36 Por esta razón. a este notorio código de conducta pundo­ norosa. Ciertamente. II. más bien. para poder dedicarse a la conquista de Leocadia. como condiciones personales ínsitas de Rafael. Rafael no acude. 949.]. p . Sin embargo. nos resulta particularmente irónica la observación de que en Las dos doncellas «alienta el espíritu de confraternidad [.

p. 26).. 27).] gran cantidad de gente armada. A la «teatralidad» de esta escena se refiere también R odríguez-Luis (N o v ed a d y ejem plo de las N o ­ velas de Cervantes. y quizás de muchos. traiciones. ya hurtando los golpes.. co­ menzando a tirarse bravos y diestros botes de lanza. «cambio sumam ente brusco». Son los pa­ dres de los jóvenes: el de Teodosia y el de Leocadia han desafiado al de Marco Antonio «en razón de que él había sido sabedor de los engaños de su hijo». al recordar todas esas maquinaciones. de a pie y de a caballo. arremetiéndose «con muestras de ser mortales enemigos. ya recogiéndolos en las adargas ya andaban algo heridos [en] aquélla tan reñida y singular batalla [. «Introducción». pero no su im plicación (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. los cuales venían a defender al caballero de su lugar» (966-8). En cambio. egoísta.. caps. cínicamente premeditados. con el único objeto. estos jóvenes frívolos.] es la degollina en Barcelona» (Avalle-Arce. aunque en nombre de ellos 37 «La escena culminante [. que todos los personajes. «La acción de la novela (hacerle cum ­ plir su palabra [a Marco A ntonio] está terminada y debe acabar la novela. 238). N o ­ velas ejemplares. del provecho material propio y de la gratificación sensual. tan por completo despreocupados o ignorantes del verdadero amor y del genuino horior. Y esta pendencia «parara en la muerte de uno o en la de entrambos». . contrastada con todo lo que pre­ cede. p..flua. «Introducción».. Estando ya «a vista» de sus pueblos. N ovelas ejemplares . de acuerdo con nuestra lectura. insustanciales. que Cervantes destaca. Pero no es así» (Sieber. 16). p. esta escena final. etc. al te­ nerse en cuenta la verdadera causa de esta potencial guerra civil. 25. las dos parejas ven «en un ancho valle» a unos caballeros «poniendo las espuelas a los caba­ llos». cual más cual menos. Se evoca «la aventura del rebuzno» del Quijote (il. al recordar las situaciones cómicamente incómodas en que se enre­ dan. siempre bien calculado. 8 6 ). engaños. constituye una muy punzante ironía —en su efecto de sor­ presa comparable a las más eficaces revelaciones finales en el tea­ tro 38— que hace tam bién así apreciar debidamente la genial concepción artística y la transcendente inferencia satírica de la no­ vela. por su propia imprudencia o necedad. 38 Casalduero percibe este efecto. con toda claridad. p. pues por el valle «asomó [. como una mera mucha­ chada de un ocioso señorito. urden y perpetran los unos contra los otros. ai considerar que todos los problemas de los protagonistas ya se han solucionado en Barcelona37..]». fría. III..

desconfianza. «Por guardar el decoro» no se nombran los pueblos de 39 En efecto. no importa cuán deplorables. en suma. es en sí risible y con­ denable y nos hace pensar cuál sería el desenlace de los problemas de los hijos.. Las dos doncellas.). que los que esto os piden y suplican son vues­ tros propios hijos» (967). si éstos se rigieran por la actitud de sus progenitores. mostrándome tan presta a la venganza [. cinism o. etc. la nueva generación se retrata como frívola. libertina. mentiras. desde luego.. es. al final los hijos salvan la vida a los padres: «No más. padres e hijos. sensata. etc. . de efectos a menudo catastrófi­ cos para la sociedad. Recordando todo eso y teniendo bien en cuenta también el hecho sumamente significativo de que los jóvenes. im ­ posición tiránica de la voluntad paterna. una novela “realista”. egoísm o. ridiculísima. irrelevante. en los últimos años de Cervantes. se podría también concluir que el m odo im propio de ser y de com portarse (engaños. materialista. En la escena final —breve* porque la situación fue tan notoria— se presenta la vieja genera­ ción en sus rígidas.. excepcional visión de la condición moral de dos generaciones de españoles.de continuo pretenden actuar. pues contiene una muy significativa.) de los jóvenes es consecuencia natural. de la educación que reciben de sus padres.]. traiciones. en varias ocasiones amenazan con hacer: «le qui­ taré la vida. pero no parece representar una implícita expresión de confianza o espe­ ranza del autor en la joven generación... amoral [. en pos de un quimérico. no más. caballeros. como. trivial fantasía. toda la actitud y conducta pundonorosa de éstos —junto con sus «poderosos caballos». Su­ gestivamente. sus «gruesas y largas lan­ zas». a menudo despreciada como pálida. de acuerdo con sus tendencias ingénitas y sus ambi­ ciones personales.— no puede menos de resultar estridentemente anacró­ nica. mucho más sensata que la que se derivaría del duelo de los padres—. todo lo contrario.]» (953)39. encerramiento. cí­ nica. D esd e una interesante perspectiva psicológica se transparenta la verdad proverbial: «¡D e tal palo tal astilla!». relaciones restrictivas. ridículo pundonor. etc..] ¿Cómo preferir una sobre otra? Si nuestra lectura es correcta. directa del m odo de vida rígido. Según se ha visto a lo largo de toda la obra. Intervención propicia. porque la nobleza de la sangre que mis padres me han dado [. irra­ zonable (honor externo. ya han encon­ trado la solución más satisfactoria para ellos mismos —y que es. El hecho de que el duelo a muerte se emprenda por tan vagas sospechas. disim ulaciones. osificadas actitudes frente a la vida. en efecto. auténticamente histórica.

mati­ ces y elementos de la novela italiana. SÍ aceptamos esta caracterización de la novella italiana -— por cierto cuestionable en todas sus afirmaciones— ninguno de los “elementos” indicados aparece en Las dos doncellas. 41 G o n z á le z de A m ezú a y M ayo..) el argumento es el más italianizante en la colección»]. como sabe bien el iniciado.] el irrealismo de algunas si­ tuaciones. burlón con que a menudo Cervantes narra los acontecimientos y describe a los personajes. claro está. O bras completas de Cervantes.. Apraiz y Sáenz. Las dos doncellas se ha clasificado casi siempre como novela italia­ nizante: «Cervantes follows the Italians in Las dos doncellas». la «evanescencia del lugar» tiene justificación estética semejante a la que sostiene una típica estructura teatral-dramática. p . N o contradice estas sugerencias tampoco el tono juguetón. es precisamente en este tono en el que suele decir­ nos las cosas más serías. creador de la n o v e la corta. que obran siempre por sentimientos. «the most italianate o f the collection». hasta “histórico” en sus implicaciones. Valbuena-Prat. son rasgos. la irreflexión de sus protagonistas. 96. .los protagonistas. siendo de características y di­ mensiones nacionales. a no dudarlo. porque. «tiene por objeto emular a los italianos. el imperio mismo del amor sensual. pues sus problemas transcendían todo lugar particular. el modo de concebir la novela [. A veces se intenta especificar esta “factura italiana” de la novela: L a técnica. 40 Fitzm aurice-Kelly. vil. Estudio históñco-crítico sobre las N ovelas ejem plares de C erva n ­ tes. que.]4I. amor sensual y cierto sentimentalismo amoroso en los personajes.. todo el argumento es ita­ liano». apoderándose Cervantes del género y estilo de sus cuentos [. The Exem plary N ovels. 325. la verosimilitud sacrificada en aras de la fantasía. cierto parale­ lismo en los episodios..]. el asunto es totalmente verosí­ mil. el predominio de la aventura sobre la psicología. C erva n tes. no es necesario.. «relato a la ita­ liana» 40. nunca por ra­ zón. actuaron sobre Cervantes [. y de modo inconsciente. hay «irreflexión» pasional. p. Según se ha mostrado en las páginas anteriores. «Introduction». [«Cervan­ tes sigue a los italianos (. la evanescencia misma del lugar de la acción. p. que cambia a cada ins­ tante... 949..

.. que Cervantes efectúa respecto a algunos notorios elementos constitutivos. esta psicología del oportunismo deter­ mina todas las situaciones y aventuras y hasta el «paralelismo» de los episodios y de ciertas expresiones verbales.. el caballero m ozo es de una profunda. copiará en un todo la vida ociosa y disipada de la distraída mocedad madrileña [. De hecho.. sin ella sería incomprensible la aparición de las Novelas ejemplares.. a veces auténti­ camente paródica...].]. sino al cálculo frío del provecho propio. y es muy sor­ prendente que no lo haya percibido ya González de Amezúa y Mayo. que. ¿en qué característica o tendencia esencial se diferencian de los notorios protagonistas —común­ mente madrileños y de otros centros urbanos— de las novelas cortesanas. quien. la nocturna aventura [. Sin em­ bargo. . estéticos y éticos. aparte de la pertenencia de estos personajes a la aristocracia de una provincia andaluza.. de una tiernísima sensibilidad para el amor [. alma y subs­ trato de la novela cortesana [. Las dos doncellas nos parece un tipo nuevo de novela corta. las costumbres y los valores morales» de Las dos doncellas «son sin duda españoles.. máxima autoridad de la novela cortesana española del siglo XVII. los billetes y papeles [. como todos saben. los personajes.] el asedio de la fortaleza amorosa con los primeros tiros.. de la novelís­ tica italiana. vernáculos»42. rico y ocioso.pero casi siempre subordinados no ya a la "razón”. tienen también la ingeniosa función de destacar rasgos y tendencias generacionales. Sin menospreciar ninguna posible influencia literaria. en efecto. pues nunca la ad­ mite sin radicales objeciones o modificaciones. también observa que «el ambiente. significativamente. la influencia de la novelística italiana en Cer­ vantes —y en todos los cuentistas españoles del Siglo de O ro— es de enorme importancia... según la incisiva caracterización que nos brinda el mismo erudito? Con la entrada de la España de Felipe III [. noble. el escenario. comienza [.] se arraiga y robustece un tipo nuevo de su medio social: el del caballero galán. con toda pro­ babilidad..].]. héroe y cabeza de la novela cortesana [. la cita amorosa [es] el eje principal de su vida. A no dudarlo.]. En algunos estu­ dios ya hemos mostrado la genial transformación..]. lo más significativo y fascinante de este problema es el modo de reaccionar Cervantes a esta influencia...

. «A Study in the G olden Age». insulsa y cínica sociedad cortesana de sus días H... de Quintana. Cervantes utiliza toda esta temática en Las dos doncellas.. 44 A valle-A rce intuye este hecho pero proponiendo que Las dos doncellas..... la consabida pendencia. p. Palom o.. Sorprende que en este sagaz estudio no se incluya la literatura cortesana de Cervantes.].]. irónica. choque de espadas. ora con algún desdeñado rival. se expresa de manera explícita en el distanciamiento irónico de Cervantes al decirnos al final que «los poetas de aquel tiempo tuvieron ocasión donde emplear sus plumas exagerando la hermo­ sura y los sucesos de las dos tan atrevidas cuanto honestas donce43 G onzález de A m ezúa y M ayo. que es «encendido deseo de gozar lo que se ama [. todavía faltan [. que tantas veces se celebran sin más ministros que los cielos [.. bodas felices de la errante pareja. y a la vez del cuento breve o de la novela larga que ha servido de crónica a esta empresa am orosa43. el sentimiento de ven­ ganza fam iliar que surge [. sin poder o sin querer examinar y revelar también sus vicios y debilidades45.]..]».]. todos los caballeros mozos de entonces préstanse mutua y generosamente estos inapreciables servicios [en la persecución del amor] [. 39-47. ¡diferencia radical! en clave crítica. por la «cuestión de amor». olvido de la razón [.]. impondrá sus despóti­ cas leyes [. repique de broqueles y juegos de dagas coro­ narán sangrientamente la erótica aventura [.].]. véase nuestro estudio.]...... las mil aventuras. cuando es también más abundante. ora con los deudos de la doncella. en tales novelas.]. ill.. con riesgo cierto para la vida de ambos [. un novelista olvidado. «F.]. asistido también de sus camara­ das [. y también contra esa lite­ ratura que se inspiraba en el modo de vida. «Introducción». cuando el agraviado padre sorprende el menoscabo de su honor. ridicula.. y llegará un día en que el Amor. implícito en toda la obra. la pre­ surosa huida..] algunos encadenados lances: la cédula fir­ mada en que el galán se obliga al casamiento.. 16). pero. particularmente en la época de Felipe IV. en las costumbres de esa sociedad. ineluctable­ mente. Formación y elem entos de la novela corte­ sana. La novela cortesana. no discrepante del tono juguetón.. pp. 457470 [N ovelas cortas cortesanas]. So­ bre la degeneración de la novela cortesana en esta época. Este propósito. fin dichoso de sus andanzas y enredos. pp. episodios y nuevas intrigas que brotan de aquél y complican y alargan la fábula [. Véanse también N ich ols. 45 La crítica de la sociedad es ingrediente de la literatura cortesana posterior.. los desposorios mismos. . dirigida contra esa anquilosada.. amigo de L ope de Vega».rara vez de primeras contestará la dama que es caso para ella de menos valer [.. llega siempre. procede de la literatura pastoril y acaba siendo «una alea­ ción de temática pastoril con técnica narrativa de novela de aventuras» {N ovelas ejemplares.

) 49 Ya desde el libro de Apraiz.lias». y qué es esto! ¿Vienen. en que. ésta se revela por completo desarrollada en Las dos doncellas. es que representa. 47 G onzález de A m ezúa y M ayo nota un «sabor de falsedad retórica» en el lenguaje de las dos mujeres (C ervantes. una de las primeras novelas cortas. Quijote 49. se viene destacando que las rela­ ciones amorosas en Las dos doncellas tienen su “e sb o z o ” en el cuadrángulo am o­ roso de D orotea y Fernando y Lucinda y Cardenio del Q uijote. Respecto al énfasis que en estas manifestaciones literarias y teatrales se pone en la be­ lleza física como atributo obligado de los protagonistas. en sus recomendaciones implícitas respecto a lo ético y a lo estético. por ventura. Todavía no tenemos un conocimiento preciso de sus prime­ ras m anifestaciones. de tan «grande hermosura y gallarda disposición [. todo adquirido probablemente por su afición a las comedias de capa y espada y a la literatura cortesana.] que jamás tal belleza habían visto». pues. si no la pri­ mera. pero algunas de sus raíces están evidentemente ya en Guzmán de Alfarache y D. quien vino un momento antes: «¡Válgame Dios. de este tipo en España y. típica expresión literaria de la so­ ciedad de Felipe III. encuentra su inspira­ ción. . principalmente. no podría ser más inequívoca la pregunta burlona que Cervantes pone en boca de la ventera. p. esta noche a posar ángeles a mi casa?» (950)48. con toda probabilidad. Según se ha deseado mostrar en este estudio. 216). «no de menos gallardía» que Teodosia. creador de la novela corta . jtan cervantino!. 347). ya un modelo acabado para los cuentistas siguientes. en el lenguaje "retórico” de los persona­ jes 47. La novela cortesana es. por lo m enos. 46 Casalduero: «Teodosia espera lo que la tradición literaria al parecer im po­ nía» (Sentido y fo rm a de las N ovelas ejemplares. Es. La perspectiva paródica literaria de Las dos doncellas se su­ giere de manera particularmente llamativa en la actitud de heroína trágica teatral que Teodosia adopta al ofrecerse a la venganza pun­ donorosa del hermano4é. Estas parecen anunciar particularmente la novela corta de temática cor­ tesana.. al ver llegar a Rafael. y sobre El am ante liberal. simultáneamente. (Véase nuestro estudio «El Persiles com o crítica de la novela bizantina». Sin embargo. Uno de sus atri­ butos más significativos. donde reconocemos su transcendental ejemplaridad. es crucial percibir también las diferencias en el retrato de los caracteres y en los casos de amor.. 48 También en el Persiles expresa Cervantes reparos críticos respecto a la su­ perlación literaria de la belleza física. p.

Erizzo. 81-118. F loren­ tino. sus m ode­ los vivos. 3 Los indudables elementos teatrales de L a señora Cornelia se destacan en el estudio de Dunn. G. tan justificadamente clasificada como «italianizante» por algunos críticos2. Esta hipóte­ sis. triunfo final del bueno o del “furbo”. F. . protagonistas o testigos de enredadas situaciones.. 2 Icaza. Firenzuola. extraños encuentros.«[Los españoles] tuvieron correspondencia con [los italianos] con grandísimo gusto de todos» (La señora Cornelia) Una ciudad universitaria —a menudo la Bolonia de los Bentinvogli— como ambiente y campo de acción de escolares. A . sus m odelos literarios. B. 189. sin duda. de’Mori. Por sugestión. Salernitano. todo narrado con técnica dinámica. Las N ovelas Ejemplares: Sus críticas. p undono rosos lances de capa y espada. p. no tiene debidamente en cuenta 1 Para este estudio se han leído o releído los principales novellieri italianos hasta 1612.. muy populares en España ya antes de 16123. claves de cruciales secretos. con gente misteriosa. Giraldi. F. con frecuencia ilícitas relaciones amorosas.. S. se afirma a veces que la trama de La señora Cornelia se inspira en las análogas de la C o­ media. A. celebraciones de la conclu­ sión feliz y moralejas. Sercambi. muy digna de consideración. G. varios otros y algunas novelle anónimas. ágil. italianos o extranjeros. vista global­ mente. a ve­ ces nocturnos. F. ingeniosa: Ingredientes convencionales —en sus diferentes combinaciones— y socorridos de la “novela” italiana “all* intreccio” . estrepitosas burlas — “beffe” — y nobles galanterías. G razzini (Lasca). A . Sabadino degli Arienti (abunda en escenas boloñesas). de enredo. pp. A . da Barberíno. desde sus comienzos hasta el Seicento \ que también inspi­ ran La señora Cornelia. Bandello. Straparola. G. A . Sacchetti. D on i. Esporádicamente se compararán ciertos m otivos o escenas específicas de esta vasta literatura novelística con los análogos cervantinos. niños expósitos y variados artículos de enigmática pertenencia. M. revelaciones y reconocimientos. año de la publicación de La señora Cornelia: Boccaccio. G. de la notoria declaración de Avellaneda de que las Novelas ejempla­ res de Cervantes son «comedias en prosa». «Las N ovelas ejem plares». F. no siempre congruentes con el asunto. M.

«Introduzione». Rossi. A larcos García. Belloni. Clem ents y J. en mi concepto. «Introduzione». el título mismo de la obra tiene sugestiva y clara función identificadora6. I l Decam eron: Pratiche testuali e interpretative. Blanca de los R íos sugiere atinadamente que «Ambas proceden. G. 590-603. de una novela italiana. F orcion e. ill. P ancorbo. 1944. 1952. A n a to m y o f the N ovella . G rif­ fith. que. S. La novella d el Cinquecento. M. N o v e d a d y ejem plo de las novelas de Cervantes . «Huella del D ecam erón en las N ovelas ejemplares». términos. Para el estudio de la historia y la naturaleza de la no­ vella italiana. nos han sido m uy útiles: Auerbach. L a letteratu ra italiana: R inascim ento e Ba­ rroco. v . Fattini. 1953.x x iv . 1987. deta­ lles. A . v i. The Short Story in Spain in the 18th Century. Les N o v ela s Ejem plares de C ervan tes en France au XVU siècle. pp. C ervantes. F. Cervantes refuerza esta impresión de italianismo con total premeditación artística. 6 Véase la descripción sucinta de estos elem entos italianos en Rodríguez-Luis. T.el hecho de que la Comedia misma se nutría con avidez de la fe­ cunda y ya multisecular materia novelística italiana4. M an ual elem en­ tal de novelística española. personajes. situaciones. al estudiar la relación entre L a señora Cornelia y la com edia Q uien da luego da dos veces de Tirso. C iccuto. La novellistica d el Lasca. W. R. J. «Introdu­ zione».. N o v e lle del Q u attrocento. B. O bras C om pletas . 195-235.. etc. Pianca. estaba muy en boga en Europa y de seguro muy popular también entre los lecto­ res españoles contemporáneos de Cervantes5. «Cervantes y B occaccio». ni tampoco el hecho aún más importante de que la ejemplaridad estética. cu yo texto y autor nos son desconocidos» (Tirso de M olina : O bras completas . 1948. 1985. Madrid. 5 Consideraciones sobre la influencia de la novella italiana en Cervantes y en España: M enéndez P elayo. A l introducir perso­ . Ejem plo de un fenóm eno probablemente más bien corriente. 291). Sette secoli d i N o velle italiane. sobre todo. Bourland. del Duca. M azzacurati. Tutte le opere d i M. L etteratu ra italiana L aterza. 31-92. 1977. vol. salpi­ cando el texto también de palabras. claramente identificables con la “novella alVintreccio” italiana. Battaglia-G . B an dello’s Fiction. N o v elle italiane: II C inquecento. A . IX-XLIX. pp. 1967. 8 6 . expresiones italia­ nas. 1955. t. G. 4 Sin embargo. «Introduzione». La lectura de La se­ ñora Cornelia hace evocar. v . «Introduzione». Gibaldi. Paolella. Savi-López. 34-39. Flora. V1I-XXVII. Place. V -xxiiI. «C ervantes-B occaccio». 1974. 22. pp. de esta vasta tradición novelística. 1921. 323-356. 1982. nombres de ilustres familias de Bolonia y Ferrara. pues. «Introducción». sea en versiones originales o en traducciones.8 . Schevill y B oni­ lla. pp . I. H ainsw orth. N o velle del Cinquecento. Z u r Technik der Früh-Renaissance N o v e lle in Italien u n d Frankreich. pp. además de los más notorios trabajos críticos tradicionales (D i Fran­ cia. N ovellen theorie u n d N ovellendichtung. p. de La señora Cornelia tiene su referente lógico. en obras del mismo género litera­ rio. Pabst. pp. pp. 1982.x lv ïI . C erva n tes a n d the H u m an ist Vision. 1952.).. Retorica e racconto. con su propósito correctivo. O bras completas de Cervantes. vol. 19-48. superativo. Porcelli. Bandello. π. 1973. G.

975). . Nim agri. que Cer­ vantes no tiene p rop ósito alguno en atribuirles. G onzález de A m ezúa y M ayo. de paso por Mecerra. pp. podría serlo. Las mismas observaciones son aplicables a los em peños para identificar la personali­ dad histórica de Gamboa e Isunza. en que D . creador de la novela corta española. Rafael (949-51). se le presenta de improviso una bella joven disfrazada de hombre. en que Teodosia. disfrazada de hombre. En la posada.. se aloja en la posada con D . la joven relata su historia a su generoso protector (sugestiva semejanza in­ cluso en ciertos detalles: Pasado el pánico de la huida. de hecho. Por ser D. para salvarla de un gran peligro. a nuestro juicio.a Colomba. N o identifica al autor y. 369-370). después de comer algunas «conservas» y beber «un vidrio de agua fría. hace recordar la de Las dos doncellas. acaba alojándose en el m ism o cuarto de la posada con D . disfrazada de hombre. 8 Las situación de L a fuga. II. han resultado vanos. implorándole que la lleve a su aposento8.a C o­ najes de ilustres familias italianas. Le encom ienda su «vida y honra». los protagonistas españoles (ibid. vano tratar de averiguar su precisa identidad histórica. cuando los hermanos vienen de improviso a buscar a D. noble caballero veneciano. Nimagri. evidentemente por creerle hombre honrado y extranjero. Antonio prometen a la desamparada Cornelia servirla y am­ pararla «con cuanto [sus] fuerzas alcanzaren». algo sosegada». en líneas generales. 7 Traducida en inglés por Thom as R oscoe y publicada en su Italian Tales. pero. a quien puede confiar su problema secreto sin peligro de que lo publique en el pueblo o de que la traicione a sus perseguidores. en la po­ sada. La fuga. en definitiva. Se Uama D. Cervantes. 974). 363-4). Y. Cornelia. con que volvió en sí [. Cervantes obviam ente quiere reforzar la sensa­ ción de un auténtico ambiente italiano. Nimagri un verdadero caballero. He aquí un breve resumen de esta novellay para destacar sólo algunas de las más evidentes semejanzas: A D. de autor desconocido7.Para su asunto no se han señalado todavía fuentes específicas.]. pero nos parece por com pleto innecesario y. 1824. pasados los peores sobresaltos. su cruel padre quiere casarla con un viejo chocho a quien ella aborrece. de los que se recu­ pera también por virtud de unos refrescos que le traen. relata su «desdichada historia» a sus protectores. Londres. Por mero interés económico. 8 8 .a Colom ba. incluso en bibliotecas italianas. según lo dem uestran precisa­ mente las investigaciones eruditas de este problema {ibid. todos nuestros em peños por identificarlo. le ofrece a la «desdichada dama» pronta y ge­ nerosamente toda la protección y ayuda «en su poder» (= D. Juan y D. B aldw yn. pp. Para evitar tan indeseado matrimonio se escapó de casa y por eso la están ahora buscando sus pundonorosos hermanos. muy agitada..

lomba a la posada. pero disponiéndose a defen­ derla. Juan y D. colérico hermano. dejándola muerta de miedo y desesperada: «¡sálveme. «en la casa de un sacerdote de misa».a Coloniba queda muy preocupada. pues. ella no puede menos que «sentir como hermana» (= atemorizada-·y perseguida por su pundonoroso. Nimagri acompaña a D..a Colomba.] viene a quitarme la vida [. Antonio. protegiéndola de sus hermanos que los persiguen a ca­ ballo durante todo el camino.. después de un breve descanso. con el mismo propósito.Los dos caballeros españoles esconden a Cornelia en su habitación para que «ninguno la vea» (973). y una grande espada» ( . Cornelia no obstante se preocupa mucho por la salvación de éste: «¿Quiero yo tan poco al duque o a mi hermano que de cualquiera de los dos no tema las desgracias y las sienta en el alma?» 979). con sus «pistoletes» y armando también a su criado de «pistoletes [. Nimagri. 977). D. para mantenerlos a distancia. pero mostrándose también dis­ puestos a defenderla del hermano y sus servidores. «una cruz de diamantes» y «un agnus de oro.. Muy complacido de su exitosa ayuda a D. tan rico como la cruz». cerca de Ferrara. Nimagri contra ellos. «sin ser poderosos a hacer otra cosa los recibieron» de la profunda­ mente agradecida Cornelia. D. Al fin. Nimagri la hace esconder así que «il diavolo istesso non la troverebbe» [«el diablo mismo no la hallaría»]. mientras D. abadesa de un convento cerca de Be­ nevento. Al des­ pedirse de él la abadesa le agradece al salvador «de la vida y la honra» de su nieta.. D. El propósito principal de este resumen es apoyar nuestros ar­ gumentos anteriores sobre la general fisonomía “italianizante" de . puñal. D. como recuerdo de ella y sus dificultades tan felizmente superadas ( . logrando dejarla al fin bajo la protección de una tía de ésta.a Colomba en su huida de la ciudad. donde por fin llega.. con sus «pistoletes» y. no encon­ trando «palabras» para expresarle su gratitud. sin más complicaciones. le hace aceptar un bello anillo de diamantes. D. «si menester fuera». colmándole de «bendiciones» y regalándole un «bello crucifijo de diamantes». y amparo». señores. 988). señor!» (= Cornelia.] ¡socorro. aunque sus hermanos son «crueles». si fuese necesario. para volver a España.].Al traer con su ayuda a feliz conclu­ sión las desventuras de Cornelia. en igual situación: «[. mandan a los pajes «que tomasen sus espadas y estuviesen apercibidos»* 977). y al despedirse después de sus nuevos amigos italianos. Al tener que disparar D..a Colomba. reanuda su viaje a Roma.

es decir. podría ser comprendido como una estrategia m ujeril)—en definitiva. su prontitud en meterse en cualquier enredo ajeno. Juan. lo cual le proporciona ocasiones de extraordina­ rias aventuras amorosas en la ciudad. Saler­ nitano el protagonista es «uno scolaro castigliano» que a va estudiar a Bolonia. en que a la pregunta misteriosa que le hacen de noche. dadas las convenciones sociales y literarias de la época.La señora Cornelia. quizás Cervantes en­ contró cierta inspiración en la situación análoga de la famosa novella II maestro d ’am ore g abatto de Ser G iovanni Florentino. En la novella XLV del N ovellin o de M. y licenciándose aquél «vu o l torn ar sene a R om a se m a l ’altro. n ó te s e resulta desenfocado. la estructura misma de la novela. aventurero. Juan abandonan de repente sus estudios en Salamanca «por ir a Flandes». hecho que transciende la mera clasificación li­ teraria. ya en ese incidente inicial. según se ejemplifica. . pues «la respuesta falsa y mendaz está puesta en la boca de un hidalgo español. pero después decide esperarlo»]. con lo cual com ienzan las extraordinarias aventuras de los dos (970). respondió sí» (971). parándose por fin en Bolonia. para «proseguir» sus estudios en esa célebre universidad V A todas estas andanzas los impele «el hervor de la sangre moza» y «el deseo de ver mundo» (970). pero nada malintencio­ nado de esta contestación (el ceceo de la dama. en que «Buccíolo e P ietro Paolo van n o a studiare a B ologna». en una calle oscura: «¿Sois. algo casual o travieso. pero encontrando allí «las cosas en paz o en conciertos y tratos de tenerla presto» — ¿a partir de 1604?— deciden ir «a ver todas las más famosas ciudades de Ita­ lia». el juicio de que se debe a una «es­ tricta necesidad argumentai». Antonio y D. benéfica para todos. tan sugestivamente. A ntonio «quedar a rezar ciertas devociones». en que deseando D . Fabio?». D . pues constituye un importante experimento artístico con que se intentan ciertas modificaciones radicales en una multisecular tradición novelística. deter­ minan todo el desarrollo de la acción. en el proceso de españolizarla. D. Juan sale sólo «a coger aire». a pesar de ser diri­ gido a un nombre específico. por ventura. Al apreciarse bien el espíritu juvenil. no importa dónde —Flandes se sustituye de manera más bien casual por Italia— su insaciable cu­ riosidad por las causas y circunstancias de cualquier situación in­ sólita. «por sí o por no. de experiencias nuevas. D. moti­ vaciones que se ponen muy de relieve porque desempeñan una función crucial en toda la trama: Su incontenible afán de acción y aventuras. m a p o i si determ ina d'aspettarlo» [«quiere volver a Roma sin el otro. irrelevante. lo que. constituye el colmo 9 Para la situación inicial de L a señora Cornelia.

El que sean también «bien nacidos y de ilustre san­ gre» (970) hace verosímil su tan natural trato con la alta sociedad italiana. Antonio. sin justificación alguna en las relaciones personales con D. Juan y D. Juan y D. sobre todo. es decir. pero Avalle-A rce. Y es de importancia crucial comprender. independientemente de su convicción. Juan y D. sólo a base de la tradi­ cional. pues. etc. etc. Según se verá. al menos inicialmente. Estos elogios y vituperios en abstracto. p. D eca VI de G L 1 E C A T O M M IT I de Giraldi. 12 Croce. España en la v id a italiana durante el Renacim iento. Por otra parte. de “exaltación patriótica” ni de una mera convención literaria. «Introducción». lo cual probablem ente refleja un mito popular sobre los “m ejores” y “peores” entre los hispanos... Además del afán de aventuras y de la curiosidad.. con que en Ja novella a m enudo se introduce a los personajes com o «ben nati» (Florentino. temerosa del señor Lorenzo. denigra a los dos «mozos y españoles». Éstos elo­ gian o vituperan a aquéllos: «la cortesía que siempre suele reinar en los de vuestra nación» (972). que en las obras cervantinas lo “argumentai” suele su­ peditarse al tema conceptual de la obra y no al revés. 19. pero.. N o se trata. su nacionalidad española. de la que ellos y todos los per­ sonajes italianos son siempre agudamente conscientes1 1 . trata de «atti di corte­ sía» entre españoles e italianos. L a N o v ella V. / / maestro gabatto d ’amore). D. histórica fama —mucho más prevalente la mala— de que los españoles gozaban en Italia1 2 . y. Juan y D.). Antonio individualmente: «Son unos benditos» (980) 1 3 . este personaje demuestra cierto aprecio por D. Cervantes: N ovelas ejemplares . «¡italiano. pero.de la inverosimilitud» 10. aparentemente. 10 11 . Antonio poseen otros atributos personales que explican sus con­ tinuas. tam bién La señora Cornelia constituye una persuasiva muestra de esta faceta fundamental del arte cervantino. discreción. propagado en los países bajo la ocupación española. muy particu­ larmente. buena crianza. A m enudo se observa que Cervantes "idealiza” a los dos españoles (G onzález de Am ezúa y M ayo. De hecho. mientras la «massara». honradez. con el propósito de que Cornelia los tema y evite (980). D unn.. determinando así de modo decisivo todo el desarrollo y el desenlace de los acontecimientos: galantería. sin apreciar el hecho de que todas sus "virtudes” son esencialmente funcionales para su interven­ ción en los problemas novelados. y que se fíe de españoles [. III. intensas intervenciones.]!» (980). el señor Lorenzo y el D u­ que necesitan la ayuda de D. amabilidad. sin que este hecho sea realmente relevante para el relato. 13 La «massara» hace distinción entre «vizcaínos» y «gallegos» (980). Antonio como individuos. están no obstante motivados también por el interés per­ sonal de los que los expresan: Cornelia. Rodríguez-Luis.

). soy bien nacida. y porque «a más 14 D .. Cervantes explica que «la diligencia para ofender y defenderse» de D . Por su sólita preocupación con la verosimilitud. 1832. Juan «no fuera bastante» contra tan­ tos y que éste se salvó por el hecho de que intervino «la justicia» (971). quien tantas buenas razones tiene para no creerlas. en parte. Firenze. por lo menos como ella decía» (986). según se evidencia en la despersonalización en su pensamiento: «Casi estuvo por pen­ sar si hacían los españoles burla de él» (984). nótese— es comprensible por la probabilidad de que haya logrado identificarlo. 305) [«Solo entre tantos armados contra él (.]. Observemos también el hecho significativo para el desarrollo de la acción de que con sus patentes mentiras. de quien no espero sino consejos y di­ suasiones» (978).. Giacom o [.].. Sea cual fuere la motivación real del señor Lo­ renzo.) todavía m u­ chos»]... Juan «pudo ver que eran m uchos los que a uno sólo acometían [. en una ocasión llegue a dudar.. «por ser» éste «español y caballero». Tales escenas de capa y espada eran populares también en la novella . Borghi.. cuya “veracidad” sus­ tenta con enraizados prejuicios antihispánicos.] ancora m olti» (N ovelle. Con este propósito no es de extrañar que hasta el Duque. Lorenzo a solicitar la ayuda de D. aun­ que sólo. . se enfrentó con el avance de aquéllos (.. Juan le salvó la vida. Antonio. a quien D. G.. pues éste está en grandes deudas con D. pues con ser quien soy he venido a ser massara de españoles» (980). Resulta así algo cuestionable su explicación de que se dirige a un extranjero «por no dar cuenta a ningún pariente ni amigo..] si pose fra I’avan zo di co­ loro [. Juan.atenuado por un resentimiento que indudablemente refleja la rela­ ción social y psicológica entre nacionales y extraños no sólo en la Italia de aquellos tiempos: «y sobre todo. declara a D. durante o después del duelo de la noche anterior: «como ya estoy informado» (978)1 4 y de que ahora le considere potencialmente útil para la resolución del conflicto con el Duque. Juan —y no también la de D. la “massara” logra convencer a Cornelia. Cervantes advierte: «la Críbela. según se aprecia en la siguiente de A scanio de'Mori: «Solo nel m e zzo di tan ti arm ati che m enavano tu tte le m ani contro di lui solo [. y en esto se podrá echar de ver [. El venir el señor D. Juan que está plenamente confiado en su ayuda. Además de la cómica hipérbole. por un brevísimo instante. con ligereza y valor extraño se puso delante de todos y los hizo arredrar» (971). que soy de los Críbelos de Milán.. y tengo el punto de la honra diez millas más allá de las nubes.] las calami­ dades que por mí han pasado... de algún modo. que de suyo pone en duda las reclamaciones de nobleza y honra de la "mas­ sara”. de la honradez y dignidad de los dos amigos. sólo por ser españoles..

los amigos italianos que han confiado en ellos.]» (974). uno de los aspectos más notables de La señora Cornelia: fascinante coro de voces muy dis­ tintas. N o v e l to R o ­ mance. 222). por lo cual redoblan los empeños. «¡Por Santiago de Galicia [. las relaciones de los dos españoles con todos los italianos1 5 . pp.... pues «no es bien que salga vana la fe» que se tiene de «la bondad de los españoles. . Por sus asiduos intentos de averiguar las causas de los conflic­ tos y de reestablecer el orden. D. se sienten muy "corridos”.. singulares. 16 Véase la tesis. D. de manera muy sugerente y fundamental. pero sólo en el sentido preciso en que lo son también los otros personajes.]!». eficaz subterfugio psico­ lógico en estas exaltaciones? Lo constataría su inmediato efecto: «No más. 15 N o s parece que Casalduero juzga sólo por el trato más externo entre italia­ nos y españoles al observar que «Cervantes describe la cortesía que ha pintado el pincel de V elázquez» (Sentido y form a de las N ovelas ejemplares.]. de E l Saffar. Y cuando sus intercesiones no salen según sus planes y deseos. en efecto. para desquitarse a sí y a su patria (984). están en relación de mutua dependencia. no más que desde aquí me constituyo por vuestro defensor y consejero [. D. en nombre de su nacionalidad.. ¡caballeros españoles!. señor Lorenzo —dijo a esta razón D. en el mismo nivel de ficción. Antonio responden con prontitud a todos los pedidos de ayuda. p. 118-128. «diligencias posibles y aun imposibles». exclama D. Juan y D.obliga la deuda de responder a lo que la fama de vuestra nación pregona» (978). Antonio hasta carecen de esa fantasía distintamente artística que suele caracterizar al personaje de inclinaciones poéticas: D. lo cual constituye. Juan—. Sin embargo. de considerable ingeniosidad. temerosos de lo que podrían pensar de ellos. de recíproca determinación con todos los otros personajes. lo cual simboliza y explica. p. Antonio dejan la ine­ quívoca impresión de unos ávidos desenredadores de un intrin­ cado rompecabezas.. Resulta correcto considerar a los dos españoles como autores-actores í7. ¿No hay quizás un sutil.. Juan al disponerse una vez a la acción (987). 1 2 1 . A Stu dy o f C ervan tes1N ovelas ejemplares. y pues nosotros lo somos y principales [. etc. Tom Sawyer. Juan y D. Juan y D. 17 Ibid. y esto no sólo por ser español sino por ser caballero» (978). pero nos parece insostenible identificar su función con la de un autor frente a su creación lite r a r ia p u e s . Quijote. . según ya se ha dicho.

he servido a un piovano.... desde la presentación inicial de los dos jóvenes españoles hasta la feliz conclusión de todos los problemas. pero éstas y otras intervenciones semejantes del autor tienden a escapar a la atención del lector por las dinámicas apari­ ciones de los personajes .. «No sé..Cervantes.. «y luego le contó punto por punto [..]». Precisamente éstas son sólo algunas de las muchas introducciones con que se inician los cuen­ tos.... oíd el mío».. respondió [.. pues [.]..] y al oído le dijo [. comentarios y explicaciones. «Y luego les contó punto por punto todo lo que hasta aquí se ha dicho [. «Entonces [. de lo cual reci­ bieron tanto placer y gusto [. «Yo soy el duque de Ferrara [. sólo sé que habrá no sé cuantas noches [.. como autor omnisciente.] y dio cuenta [. «En esto llegó un paje [. os contaré un extraño cuento que me ha sucedido [... «La señora Cornelia y su técnica narrativa».. «Volvió [. 199-210..] yo soy [.. 980. empeñadas en hacerse oír: «Volved conmigo [. delinea los sucesos «sucedió.]». «Yo. Antonio [.]. señora. etc..] de todos los sucesos [... respondió el cura... «Tengo un negocio que comunicar con vuecencia [.]....].]. le contó»...».] que yo jamás engañé a vuestra hermana [..]».]» (987).. proporciona el marco ge­ neral de la acción. dictadas por el carácter personal de los “auto­ 18 Examina esta interesante técnica narrativa Lacadena y Calero..]. estadme atentos y escuchen [. 5. dijo». ofreciendo. sus partes y fragmentos.. «Dio cuenta [. desde perspectivas incisiva­ mente individuales....]».. recuentos....]. lo que sintió D.que quieren.. etc. Ya una somera lectura del texto deja la clara impresión de una multitud de voces. en los mo­ mentos oportunos..]»...]».. como estos cuentos os podré contar yo [. lo que preguntó D. cuentos dentro de cuentos o. darnos cuenta de sus vidas.]» (417). pp. más bien.].]...)... con los que tam­ bién conecta y cambia las escenas.. de muy variada extensión. res­ pondió que sí. por sí mismos.]. El duque le contó asimismo a él todo». con frecuentes retrocesos y anticipos temporales en la acciónI8.........]. pero vamos [. por no tenerla más suspensa.-1» (972-9. 6 . «Sería nunca acabar contar lo que respondió Lorenzo...]». «Bien sabéis [.. «Dio cuenta Cornelia de todo lo que le había sucedido hasta venir a aquella casa [.] mi desdichada historia». .]». «Preguntóle el duque que si era verdad [..]. etc. 3. caracteriza —mínimamente— a los personajes y los hace dialogar: «preguntó [.. 1. «Señores [. yo no he engañado [.. Juan...]».] de lo que había pasado [. y que [. y contadme el vuestro [..].

ágil técnica narrativa. por su visión del mundo. de manera premeditada. ocasionalmente. consciente o inconscientemente. como la de la “massara” que la induce a fal­ sificar sus relaciones con los dos españoles (980).: «Lippa ingravida d i un suo am ante . desde la del actor-narrador y la del espectador-oyente. de muy activa. etc. como la del duque que le hace inventar su compromiso matrimonial con una labradora (986). pero —con traviesa complacencia de Cervantes— poniendo muy a prueba nuestra paciencia: «Estadme atentos y escuchad [.. nacim ientos secretos. advierte a los oyentes: «Si queréis que hable. las expectati­ vas del lector se identifican por completo con las del personajeoyente. por una inclina­ ción rencorosa. mante­ niendo tanto a los oyentes como al lector en prolongado sus­ penso.] mi desdichada historia».... / Sin embargo.. / Llora un niño. como la del paje que lo lleva a atribuir la conducta indecorosa de una prostituta a la señora Cornelia (983). «Quiero hacer un personaje en esta trágica comedia». muy sugestivamente. in­ tensa interacción entre actores y espectadores.]» (G. por una apre­ hensión momentánea. «fi­ nalmente [. y. antes «se recoge encima del lecho» y «se abriga bien. dijo [. no pudiendo así comenzar con el relato. a quien Cornelia quiere ver de inmediatoI9. Se produce así la sensación de un auténtico ambiente teatral. un personaje (983). y. etc. por la información que les es asequible. y después invita: «sentaos. de la sociedad. G li E catom m itti ovvero C ento N ovelle. etc.] un fligiu ol maschio [.. provocan su indignación. embarazada por un amante. a veces. G iraldi. como en la escena en que Cornelia gratifica la curiosidad con el relato de sus desgracias.».] con voz algo doliente y turbada. Por medio de sus relatos los personajes revelan.res”./ Cornelia come y bebe /. N ovella l) [«L. tem e Vira d el padre e d e fra telli. actitudes. dadme pri­ mero algo que coma. señores y escuchadme».]» (974-6). Al lector se le hace observar este espectáculo desde una perspectiva objetiva y. B. da a luz secretamente a un hijo»]. 19 Claro que en la n ovella n o puede faltar el m otivo de embarazos imprevis­ tos. Los narradores manifiestan el deseo de deleitar e interesar y el temor de sobresaltar e indisponer al oyente con sus relatos. y su interés propio o su altruismo.. ciertos modos de ser. / Al disponerse de nuevo a contar su “his­ toria”. dice. A veces.. complejos. que me desmayo». por una disposición “traviesa”. teme la ira del padre y de ios hermanos. El juego se ejecuta con ingeniosa.. . D eca l. parturisce di nascosto [..

a la vez. al menos en ocasiones. Cornelia misma confiesa: «allí [en la fiesta a que la lleva el hermano] sentí que daban gusto las alabanzas. pero. pues el señor Lorenzo se ha­ bría complacido mucho con el amor declarado del Duque por su hermana. a su propia im­ prudencia e indiscreción. y después de enredarse en unos continuos encuentros clandestinos que ponen en entredicho la honra de la casa. Cornelia se gana nuestra simpatía. Corne­ lia.preocupaciones. aunque fuesen dadas por linsojeras lenguas» (975). según lo sugiere también el chisme. sin percatarse de que estos alardes revelan una faceta signifi­ cativa de su personalidad: la vanidad. observamos que todas sus dificultades son atribuibles. sobre todo. no tiene seguridad alguna de la honradez del Duque. de «las honrosas amonestaciones». Es por este placer de «ser vista» de ser «lisonjeada» de «avasallar voluntades» (975). su pundonoroso hermano. por las preocupaciones del Duque con su herencia. todos estos sufrimientos y trastor­ nos son por completo innecesarios. aunque unas bodas públicas no pudieran celebrarse de inmediato. más blanda a las dádivas y pro­ mesas del duque que lo que debía a la confianza que de su fideli­ dad mi hermano hacía» (975). aparentemente inadvertidos en los estudios ante­ riores: Por su amor sincero y por su deseo de salvarse de una vida «entre paredes y entre soledades» (975).. como Dorotea del Quijote . por el que comienza su interés amoroso en el Duque. claro está.]» (410). Además.. Por influencia del Duque. Algunos lectores se extrañan de que tal heroína