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ParrménidesGarciaSaldaña-ElReyCriollo

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El rey criollo

Parménides García Saldaña
Epílogo dejóse Agustín
d a fticaran VinA*

P a r m é n i d e s G a r c í a S a l d a ñ a nació en (Drizaba, Veracruz, en 1944. Fue uno de los primeros críticos de rock en Mé­ xico y el único de su generación que acepto ser escritor de La Onda. Publicó los libros: Pasto verde (novela, 1968), En la ruta de La Onda (ensayo, 1974), Melo­ día (poesía, 1975) y postumamente El callejón del blues (cuentos, 1992). Murió en 1982 de una pulmonía mal cuidada.

Ilustración d i la portada: Germ án M ontalvo

Fotografía

PARMÉNIDES GARCÍA SALDAÑA

El rey criollo
Epílogo
J o s é A g u s t ín

Kárk'Í

ya sea eléctrico. puede s e r reproducida.A de C . químico.R. sin permiso previo del editor. incluido el diseño de la cubierta. 0 3 1 0 0 . Editorial Joaquín M oitiz.V. mecánico. Grupo Editorial Planeta Insurgentes Sur 1162. de grabación o de fotocopia. D .F . ISB N : 9 6 8 -2 7 -0 6 4 6 -7 Diseito de colección: Andrés Ramírez y Gerardo Islas Ilustración de Portada: Germán Montalvo Fotografía de autor: Ricardo Vinós Ninguna parte de esta publicación. Benito Ju árez. c 1997. óptico.Primera edición: abril de 1997 ° 1997. Del Valle D eleg. ParménkJcs García Saldaría D. Col. almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio. S. .

STRANGER IN PARADISE .

. Asi es que sólo estoy sentado sobre una cerca. —The Rolling Stones . Tal vez la elección que hiciste no fue buena verdaderamente. Pero hay una cosa que nunca podré entender. Y una cosa no se ha dicho mucho. Nunca comprenderás. Pero sales fuera y no regresas en la noche. Sólo estoy sentado sobre una cerca. Verdaderamente es muy difícil una venda.SITTIN'ON AFENCE Desde que fui joven he sido difícil de agradar. Puede llegar el día cuando estés viejo y enfermo y cansado de la vida. Puedes decir que estoy loco. Tratando de arreglar mi mente. y no sé distinguir el mal del bien. Sólo estoy sentado sobre una cerca. Así es que sólo estoy sentado sobre una cerca. alguna de las cosas enfermas que una mujer le hace a un hombre. Ellos sólo se casaron porque no hay otra cosa que hacer. Pero pienso que es verdad. Así es que yo estoy sentado sobre una cerca. Todos mis amigos de la escuela crecieron y se establecieron. Verdaderamente es muy difícil una venda. Puedes decir que estoy loco. Tratando de arreglar mi mente. Hipotecaron sus vidas.

A veces las fiestas le aburrían. a su m am á cruzada de brazos. —Ya llegué — nadie le hizo caso—. Cam inó unos pasos. que dorm ía en su sillón con las m anos sobre el estóm ago. ¡Oh noche tan cruel en que ella se fue-ee-e! Todos dieron vuelta. estoy viendo. Subió. No estaba allí. después que él prom e­ tió volver tem prano. ¿m e dejas ir a una fiesta? . Déjame. y fue a despertar a su papá. En la penumbra vio a su herm ana tirada en la alfom bra. Recuerdo su voz más dulce que miel. M am i. Abrió la puerta del cuarto de la televi­ sión.. ¿sí? — N o m e molestes. y llegó a su casa Entró corriendo y fue a la cocina a buscar a su m am á.. m am á —dijo en voz baja su herm ana.N o . y a la recamarera.— N os vemos al rato —dijo Jaime. idiota —exclam ó él. —Cállate. Cuando su papá le dio permiso. corrió a su recám ara y em pezó a desvestirse. m enos su papá. y se prom etía a sí m ismo que no volvería a 9 . después corrió. — N o seas. Dile a tu papá. apoyando la mandíbula en las m anos. pensaba que era perder el tiempo. En la colina azul y por primera vez vi —No lo dejes.

Me siento mal si no inflo antes de ir a una fiesta. que por la estatura y el estilo de peinado era un Elvis Presley en miniatura. Ésa es la onda 10 . que contemplaba con ojos soñolientos al cantante de rocanrol. cada sábado. Frenó el coche frente a la casa de Carlos y tocó el claxon. Entró a la casa. —¿Quieres uno? — No gracias. Jaim e estacionó el coche. Castillo on the rocks. Eres un payaso. Riendo de sus chistes. pero siempre. —No te la jales —dijo Xavier. M e la pegué y se m e paró. Escuchando su conversación. Nos estam os echando un drink. Van unas a toda madre. M arta tiene unos senos divinos. Fijándose en él. Fue al baño y se peinó varias veces hasta que quedó conform e. "L o que me enferma es que las pinches viejas de estas fiestas son re apretadas. Al poco rato Xavier se asom ó por una ventana. — Ya m e voy —dijo balanceando el cuerpo. abrió la puerta.hacerlo. —La moda —dijo Xavier altivamente. Salieron y abordaron el coche de Jaime. Luego se pelean... — ¿Qué es? —Castillo. —M ira quién habla. —Perfecto —dijo C arlos—. le agradaba imaginar que esa noche encontraría una m uchacha bonita. YVould you please give to m e . —¿M oda? ¡Ten! —hizo una seña con los dedos. La fiesta era en la colonia Nápoles. sim páti­ ca. ¿Cóm o estaría vestida. En la semana rechazaba la idea de buscar alguna fiesta. Llegó a la sala y m iró los vasos jaiboleros sobre la mesita de centro. traigo el coche. — Pásale. — No vengas tarde —advirtió su mamá. de qué color? Sonrió. Pantalón negro con saco rojo. Miró las nalgas de su herm ana. —Apúrense —dijo Jaim e—. De seguro que a esa fiesta iría ella. Fue al cuarto de la televisión.

Veía los amplios sofás." La contempló. el piso de m adera reluciente que reflejaba las som bras. Una. El murmullo de las voces se entremezclaba con la canción "Stranger in Paradise". Me tronó. Llegaron al garage. azules enormes. Te premia­ ron con ladillas. Miren nom ás qué buena vieja. Xavier reía mirando a las muchachas. "Q u é suave ch am aca. Los tres se alisaron el traje. Unas nalgas d e fábula. que se le antojaban. "D ebe haber alguna. Tengo com ezón en los pelos." Carlos seguía contando chistes. Miraba los rostros de las nenas: expresio­ nes de cejas alzadas y labios fruncidos. Era una fiesta ¿mimada. verde. Subieron por una escalerilla entre dos muros. por eso son lo que son. Reconoció la m elodía "Sum m ertim e". ios prismas del candil. Abrió la puerta una mujer morena. Parece vaca suiza. Se fueron a un rincón. Las piernas flacas. la que baila con el de traje negro. Las veía brillar. Cam inaron por el jardín amplio. Esa güerita se cae de buena. 11 .Dame un cigarro. sin flores. Vio a una de ojos azules. Las piernas esbeltas. Por llegar tarde. Xavier tuvo chance pero es una bestia. m orenas com o nueces. Veia las espaldas semidesnudas de las nenas: blancas co­ mo leche. com o mar. Aquélla. los jarrones chinos junto a las estatuas griegas. Xavier sacó un peine de carey y despeinó cuida­ dosam ente su copete castaño. la nariz respingada. Entraron a la sala saludando a los dem ás con la cabeza. Vio las pestañas largas. Veía a las parejas bailar. Las parejas bailaban cho­ cando unas contra otras. Entraron casi sin m irarla. enorm es com o cielo. Perfecto. Vio a las m uchachas que sonreían. Veia la sala am plia. hila­ chos colgantes. ¡hijo de la chin­ gada! Jaim e estacionó el coche y bajaron. Por andar de caliente y con peladas. Jaim e paseó la vista por las nenas sentadas. ¿Será su novia? O se la estará ligando. que esperaban. la boca de labios delgados. padre. Ese m aestro es un ojete. Jaime fumaba. Miéntasela. Las piernas semiocultas por 1a falda. Veía cóm o algunos m uchachos trataban de juntar la mejilla con la de su pareja.

N o tengo p or qué mentirte. rojo contra rojo. Te am o. Ése es el mejor. soy sincero. ¡zas!. Fue. A dentrarse a la esencia del ser. Es padre el arte abstracto. Sinceram ente. Es pa­ dre. besos en la oreja. Él la apretó. suspiros intensos. Te lo juro que no. las piernas esbeltas. Pero un acento británico. Dul-ce. en A capulco. El jazz progresivo. fuera m áscaras. La veía platicar con el que la sacó a bailar antes que él. y cuando se arm ó de valor y cam inó hacia ella. Jaim e seguía viendo a la ch am aca de los ojos azules.. Juani. roce ligero de las piernas. Jorge es guapísim o. Estuvo a punto d e sacarla. no. basta la indiferencia. ¿N o lo crees. ¿Te gusta Ray Conniff? En tercero de jurisprudencia y leyes. A hora m ás que antes. los que bailaban bailaban mejilla con mejilla. Lucero. Dice Estela A cuña que es m edio borracho. Se excitó. Es una novela prohibida. que la saca el baboso ese. Y o y a no vuelvo con él. estás muy chula. con dos dedos sostenía el sandw ich y se lo llevaba a la boca p ara m ord er un pedazo minúsculo. Dicen que es novia del pendejo de Enrique G uzm án. aich." Xavier tenía un plato de cartón en la m ano derecha. Luis? Ante tipos viperinos. La m ayoría de las parejas estaban sentadas. cóm o se m e queda viendo. De veras no la quise. Angé­ lica M aría está buenísima. Prefiero estar sentada. se azota contra las paredes de lo cuero. Ray Conniff tocaba "T o o Y ou n g". Bailaron varias pie­ zas m ás y la llevó a su lugar. Se separó discretam ente. Sí. el clásico no. Tiene un ford convertible de fábula. 12 . La m úsica calló. Me cae que sí tengo ladillas. Luego regresó: — ¿Bailamos? — Me duelen m ucho los pies.“ M ira a ése. Ella accedió a bailar. palabra. ¿El mío? Patricia. Sus am igos reg resaron El disco giraba. Te adoro.. todo está en función d e . La N ovena es el éxtasis. C anta precioso. la sangre alborotada pero contenida. aunque m e ruegue y llore. el sonido conti­ nuaba desparram ándose por toda la casa. Pues dice mi m am á que ese Carlos Fuentes es un lépero. Lo voy a pensar.

abrázame 13 . Ámame . Vieron los círculos luminosos que venían en sentido contrario. Yo sé que es difícil olvidar mas me debes perdonar Escucharon la sirena que aulló lejos. Estréchame. el cielo nublado. No era la prim era vez ni sería la última.Jaim e continuaba con la m ano tendida. Take my hand I'm stranger in Paradise Cerca de la una se despidieron de la anfitriona y de los conocidos. El destem plado sonido de los mariachis en alguna de las calles laterales. No hablaban. A hora sólo bailaban los que parecían estar enam orados. Así era en todas las fiestas. Al rato la vio bailar con otro. Estar sin nena en una fiesta era desalentador. y él terminaba siem pre aburriéndose. El coche estrellado en un poste. pero ámame. tú eres todo para mi. La vida. estoy cansada. Porque tú eres todo para mi. vieron volar las luces. los postes verdes. Jaim e dio m edia vuelta y se alejó. Vieron los autom óviles que zigzagueaban. —Al rato. N o le importaba. Compréndeme. com o ahora. los que parecían ser novios. Perdóname si lie mentido por ti Recorrieron la avenida oscura. Salieron y subieron al coche. —En serio.

—Ya vine — dijo ante la puerta de sus padres. Estiró el brazo y apagó el radio. los borrachos mentando m adres. las mujeres con caras de recuer­ dos. Vieron los coches estacionados. Subió la escalera. Qué extraño es decirte a ti que te amaré M etió el coche al garage y entró a la casa. quien me orientó para que dejara de escribir cuentos realistas sodalistas. cam inar a las putas que salían de los cabaretuchos. asom adas a ventanillas fugaces. Y este cuentofue el resultado inmediato de sus consejos. Te suplico me estreches más. Y tenme asi. Entró a su recám ara y encendió el radio. 14 . hazme vibrar Se desvistió. Acuéstate. ¿Qué hora es? Te levantas tem ­ prano para ir a misa. y escuchó el ruido gangoso de la voz que él podía entender porque siem pre le decía lo mismo: — Está bien. Trató d e pensar en la nena de los ojos azules. pero mucho tiempo. Al poco rato se quedó dormido. la luz roja. A Emmanuel Carballo. hace ya mucho.Vieron guiñar las luces de los anuncios. los taxis esperándo­ las. se metió en la cama.

BYE BYE LOVE .

Mejor escucha chamaquita. Ahí viene la chamaquita. Mejor vete. Aún no sé por qué. ¿Qué es diferente en ella? De verdad que no sé. Pero ella nunca romperá. La chamaquita viene sola. Si tratas de actuar triste sólo me haces feliz. no. Oh. La veo caminando calle abajo. A muchas he hecho llorar. No soy el que debes conocer. no. No sigas comportándote así. Pero tú nunca romperás. no. Este corazón de piedra. nunca romperá. Mejor vete a tu casa. nunca romperá. Este corazón de piedra. Sigue caminando calle abajo. No importa cómo trate. no. Nomás no puedo hacerla llorar. nunca romperás este corazón de piedra. no. Nunca romperás este corazón de piedra. no. nunca romperá. no. nunca romperás. no. Tú nunca romperás este corazón de piedra. Oh.HEART OF STONE He conocido a muchas niñas. Tratando de impresionar. Oh. nunca romperá este corazón de piedra. Pero ella nunca romperá. no. nunca romperá. nunca romperá este corazón de piedra. —The Rolling Stones . No tengo amor.

... .. cuando sonó el teléfono. está fácil.. esperando que m e habla­ ras. Era su novia. quien fue su segunda novia.A h . — Bueno. m e choca. y a los dos días le dijo que sí. Novia desde hacía tres meses y la cuarta. quiubo. ¿Y ya estudiaste. —¿Por qué? —Aich oye. una sobre otra. Se le declaró en una fiesta en casa de Carmela. Descolgó el auricular... — Pues. — . -H o la . eh? —Álgebra.. que estaba sentada. nada m ás que terminara de estudiar. —¿Qué haces? —Estudiando. Ya no podía esperar. ¿Por qué no m e hablaste? —Te iba a hablar al rato. con las piernas en ángulo. ¿De qué es. ¿Y tú qué hiciste hoy? 17 . no soporto el álgebra. bien? — Más o menos.... —¿Enes tú? —S í. —Aich.. yo no sabía ya qué hacer. Estela. — A h . Estela. y com o no m e hablaste te hablé yo. —A h . —¿Es fácil? —Sí. se tendió en el sillón.Jaim e estaba en la biblioteca de su casa estudiando álgebra. tengo prueba mañana.. porque no entiendo nada. — ¿Por qué? — Estaba pegada al teléfono..

¿y tú? U n silencio largo. es que lo dijiste en un to n o . A dem ás.. estudiando. ¡qué tardecita! Estela vestía suéter rosa y pantalón negro untado.. com o si te diera lo mismo.. — ¿Qué? — ¿M e quieres m ucho? — Ya sabes que m ucho. -A h . Estela detenía la puntita del cojín. Jaime dibujó un corazón. sin nada de pláti­ c a . La sala en penum bra. — Aich oye. — ¿V tú estuviste en tu casa toda la tarde? -S i. dentro escri­ bió: Estela y Jaime. no tenia ganas de salir a la calle. nada más. Con dos dedos. ¿cóm o quieres que hable? 18 ... un tono raro. Jaim e garabateaba el cuaderno cuadriculado de álgebra. ay n o .. — ¿N ada m ás así? —¿C óm o? — Pues así.— Aich. —Digo. -¿ S í? —Sí. con las piernas recogidas. —¿Q ué tono? — Pues no sé. colocó en tre su vientre y sus m uslos un cojín de terciopelo rojo. — ¿A dónde? — Con una am iga suya y m e di la aburrida de m i vida. Estela contestó: —También. M ordis­ queaba una puntita... —¿C óm o? N o te entiendo. Pasé en limpio unos apuntes. Te a m o . T ras un suspiro. tuve que acom pañar a mi m am á.. así hablo. platicando con su hija que es una boba. — ¿P o rq u é? — Por nada.. Estela se sentó. ¿Estudiando? — Bueno.. oyendo discos.. —Jaim e.

si no.. —¿Por qué? —Dílo otra vez. —Sí. -N o . Pero se te nota cuando te enojas. luego luego te cam bia la voz. —Sí. —Mi amor. te conozco. —¿Ya te enojaste? — No.. Y estás enojado. no m e grites! —No te grité. —No. Pero. -N o . ya te enojaste. —¿Por qué? — Porque. —Okey. -¡N o ! — ¡Ay oye. M añana tengo dibujo y salgo tarde. —Sí. —¿M e quieres m ucho? ¿De verdad? —¿No te lo he dem ostrado? 19 . — ¿C óm o quieres que hable? — No sé. —Me dices "m i vida" porque no vas a ir. olvídalo. perdóname. — ¿C óm o sabes? — Ay oye. oye. — Bueno. no. —Todo lo arreglas con "olvídalo". —¿Vas a ir m añana a la escuela? —No sé. Te lo dije porque lo sentí. mi vida. — ¿Ya ves cóm o eres? —Es que no es mi culpa.. por eso. Olvídalo. —No te creo.. y a te enojaste. —No estov. Si acabo pronto voy por ti. -S í. m e gritaste. -S í.— No sé. no sé si pueda.

¿qué tengo yo que ver? N o tienes por qué seguir enojada conmigo. esa idiota. por eso n o . ¿M e he enojado alguna vez? 20 . digo.. no tengo por qué enojarme si no m e hablas.. —No tienes por qué pensarlo. —Es que la hija. —¿M ucho? -¿ E h ? —P u es.. — No. entre la cautela algo de temor: —¿Te enojaste porque no te hablé? Estela hizo esperar la respuesta: — ¿Por eso? No. Regular. —Ayer m e dijiste. no eres m i mamá.. —¿P or qué? — Porque sí.. No soy tu mamá. Jaim e preguntó con caute­ la. —¿Entonces? —¿Qué? —¿Por qué me lo preguntas? —Me gusta que me lo digas. — Pero. ¡Ay oye! Sería una idiota si m e enojara. —¿Por qué? —N o sé.. — Ayer te quería m ucho. —Es que no sé qué m e pasa... eh? — Pues es que cuando m e enojo.. —¿De qué. pero hoy te quiero regular.. o y es. me enojo. —¡Te amo! —Yo también.. m e gusta. de la am iga de mi m am á m e hizo enojar y estoy así.-S í. pero yo pensé.. Siento bonito. —¿Q ué? ¿Eh? ¿Regular? -S í... eres libre de hacer lo que quieras. Después de una pausa larga. — N o te entiendo.

— ¿Qué? — Nunca habías estado com o hoy. En una fiesta en casa de Estela.. 21 . qué voy a tener. Cuando supo que Tomás era novio de Estela (lo supo cuando term inando de bailar. él era m ás que Tomás.... no trató de convencerla para que continuara el noviazgo. Tomás. —Te digo algo y .. Y en los quince días que fue novio de Estela. Y luego el coraje fue contra sí. le dio coraje con­ tra ella. Si él se le hubiera declarado a Estela antes que Tomás.. Te iba a hablar cuando m e hablaste. Tomás le dijo que estaba bien. estás enojada por­ que no te hablé. Pero Tomás casi no le hizo caso y terminaron pronto. —Entonces. Tomás era un imbécil. — ¿No qué? — A veces soy así. Pensaba en declarársele en la fiesta que hubo en la casa de Tomás. Estela y Tomás perm anecie­ ron de la mano: la señal de un noviazgo). sólo la fue a ver a su casa una vez... Estela le gustaba m ucho.. Y el coraje se volvió melancolía: ¿por qué Estela se había fijado siem pre m ás en Tomás que en él? La melancolía cedió al alivio. Ya te dije que estoy un poco de malhumor. ella le dijo que y a no sentía nada por él y era mejor que dejaran de ser novios para volver a ser amigos.. Consecuencia de la inseguridad de que él no le gustara a ella. ¿p o r qué m e lo dijiste? — Pues p orque. O y e.. — Es que n o . nunca. Sí.—No. —¿Qué? —¿Qué tienes? — N a d a . porque si Tomás era imbécil. decía Estela. Se le declaró en la fiesta que hubo en la casa de Carmela. Y lo único que habría ganado eran burlas porque el triunfador había sido Tomás. Pero tuvo miedo.. era un creído. Estela habia sido novia de Tomás. — Pero no tienes por q u é. le hubiera dicho que no.

. — ¿P or qué no? — L o sé .. — N o. Lo bueno fue que Estela se dio cu en ta -¿ O y e ? — ¿Q ué? — ¿Vas a ir p o r mí a la escuela? — Ya te dije que no sé. que era vanidad y una vil m entira. p or eso te m e declaré. Y a no m e quieres. — ¿Qué cosa? — U na cosa. — Sí.. — N o .. Mejor te la digo m añ an a. sí te quiero y m ucho.Y todo porque Estela no tenía espíritu de selección. que no es cierto. — N o. P o r Dios. — Dímela orita. — N o jures. N o puedo decírtela.. — Sí... aich . entusiasm ada con ia fam a de conquistador de T om ás y su carita de niño bonito.. si vas a mi escuela. — Sí te quiero. n o quería distinguir entre el am or de él. — ¿Por qué no m e la puedes decir? — Es que no sé. y a no. — ¿C óm o? — Pues tú h as de saber mejor que yo.. — ¿P o r qué? — N o puedo. Porque Estela. tú eres hom bre y los hom bres siem pre son a sí. no puedo.. y el de T om ás.. 22 . te quiero. — Es q u e . Te quiero. — Dime. Los hom bres siem ­ pre son m uy a sí. no sé . siem pre te he querido.. — U na declaración no quiere d e c ir.. Ve por m í a la escuela... que era verdadero.. te la digo m añ an a — Dime. necesito decirte una c o s a ..... — N o. com o un mal catad or de vinos. Estela.

Bueno. ¿Si? Estela sonrió con dulzura en los labios. Cuando la canción estaba a punto de acabar. Pero Estela bailó la prim era pieza con Tom ás. ¿quieres ser m i novia? Estela guardó silen­ cio.. Bueno. Bueno. no sé.. te hablaba para preguntarte lo que pensaste. Estela. he pensado mucho en ti y p u e s. Jaim e regresó con sus am igos a seguir platicando. Si. si y a lo pensaste. quiero decirte una cosa. era clásico. no le digas a nadie hasta que te conteste. ya. Jaim e le dijo a Estela que quería decirle algo. Estela le dijo que se lo dijera en la próxim a pieza. si no te hubiera querido no te m e hubiera declarado. ¿si? Estela dijo sí. La siguiente pieza. La conversación fue breve: Hola. Esperó que varias parejas estuvieran bailando.— Y o te quiero. com o pensando m uy seriamente la respuesta. p ara que nadie se en terara de que él la pretendía A los dos días Jaim e le habló por teléfono. escuchando sus planes de conquista. Bailaron rock n'roll: "B y e Bye Love" de los Everly Brothers. De regreso. fue hasta él. fue hasta ella. Bueno. —Tengo m ala suerte —dijo Estela. ¿C óm o has estado? Bien. ¿sí? SL Y acordaron que no bailarían com o pareja. pero estoy confusa. acabo de term inar co n T om ás. lo v oy a pensar. Pero. Cuando Estela le dijo que sí. Es­ tela tenía que dem ostrar a todos —y principalmente a Tom ás— que seguía siendo la m ism a de antes de ser su novia y que no le había dolido terminar. Adiós. ¿A ú n lo quieres? N o. ¿Y ? Q ue si. Estela. Cuando Estela llegó. que estaba recarg ad o co n tra la pared. para sacar a Estela. no esperaba que tú te m e declararas. Adiós. oye. Y con una seguridad m ayor que él. Estela fue al baño con una am iga. Hola. Este. Jaime. Dejó el vaso sobre una silla. —¿Por qué? 23 . te hablo m añana. y ¿tú? Tam bién. Estela bailó co n él. Los Platters cantaban "Sm oke Gets In Y ou r Eyes” . bebiendo coca-cola. dijo: — La prim era pieza la bailas conm igo. en la tarde.

—¿A mí? —Sí. — Estoy segura que no es mentira. —No. piénsalo. todo. —N o puedo. No te importa. -¿ Q u é ? —M e dijo una amiga que te había visto platicando con una. Te vieron con una de cola de caballo y vestido am arillo. a ti. No m e im porta. — N o es cierto.. yo sé que no es verdad. — Es una mentira. — Okey. —¿Por qué? —Aich. —Sí. oye. pero di m i palabra. no te hagas. no es cierto. — Pero yo soy tu novio. pues te los doy. — Eso m e pasa por creerte. —Oye. —¿Por qué? — Porque estoy segura. —¿N o te importa? -N o . —Si quieres datos. — Es m entira.—Cuando me estoy enam orando de alguien. 24 . ¿Quién te dijo? — Un pajarito. —Ves. — ¿Por qué no puedes? — N o soy chismosa. que tenía las piernas bien flacas. m e vieron.. está bien. Estela. quién te dijo. dime. —¿Qué te digo? Estás de terca. siempre se viene abajo todo. quien te lo dijo es una chismosa. ' — ¿Ya ves cóm o es verdad? — ¡No es verdad! — ¡No lo niegues! —Si eso piensas.

Y luego sobrepuso tina X. y a no me hables. Estela? —En serio. Fue a la sala y puso en el tocadiscos. —Pues sí. — Es mejor que quedem os com o amigos. Regresó a la biblioteca. Estela subió a la recám ara de su m am á a v er televisión. dentro escribió Estela y Jaime. no tiene caso.. Adiós. —Okey. —¿En serio? —Sí. hecho. que com pró para que fuera el himno de am or entre él y Estela. ya no te quiero. —No tiene caso pelear. Si eso quieres. O lvídalo. — ¿En serio. y ya no quiero ser tu novia. Jaim e dibujó un corazón. —¿Ya no quieres ser mi novia? -N o . — Adiós. Jaime. —Bueno. olví­ dalo". si eso quieres.. "B ve Bye Love". Em ­ pezó a llenar el corazón con un crayón azul. — Nada más eso sabes decir: "olvídalo. Helio loneliness 1 think Vm gorma cry. —Okey.—¿De qué? Eres un grosero. —Bueno. olvídalo. Bye bye lovc bye bye happiness. en serio. se sentó al escritorio. A rrancó la hoja del cuaderno y la echó al papelero que estaba a un lado del sillón. hecho. ya m e voy. Y ya no m e busques. ya no soy tu novia. Simultáneamente colgaron el auricular. Viere goes my baby with someone new 25 .

pero. es que Estela era m uy chica. entre sábanas blancas. parte de la espalda desnuda. ¿Cuál es el valor de B? Si B es igual a X. Claudia. B -X . jcóm o lo miraba!. este cuento.C A -Jaim e. brillante. ahora. M y love good bye. de los añorados tiemposfresas. Porque él era A y ella era B y el resultado C era el am or. 26 i . Helio em ptiness. mirándolo. Bueno. Eran u na incógnita.I'm sure she's happy í'm sure Vm blue. era C. los factores habían cam biado. good bye. Pero Estela y a no tenía ningún valor. Si las cosas del am o r se resolvieran tan fácil com o las ecuaciones de álgebra. Bye bye love. casi no tenían solución. Si el am o r se estu d iara en libros. I feel like I could d ie. parte de un brassier blanco. ¿Estela era? Y Claudia. ¿te gusto? A María Eugenia Artigas y a Estela Padiecc. Una mejilla sobre la alm ohada. B era la incógnita a despejar. X -E ste la . y a no significaba nada. La bella Claudia descansaba en una plana entera. A + B . A + B -C . Tal vez cuando tuviera la edad de Claudia Cardinale se despejaría a sí m ism a Mientras. C -A m o r. un m echón que caía hasta cubrirle una ceja. Las mujeres no eran com o el álgebra. Hasta que llegó a una fotografía de Claudia Cardinale. Tom ó una rev ista Lentam ente pasó las páginas. good bye. B -X . aún no vivía. C lau dia estaba acostada a su lado izquierdo. Dibujó otro corazón y lo llenó de anaranjado.

GOOD BYE BELINDA .

El cambio ha llegado. Está abajo de mi. —The Rolling Stones . La forma como hace lo que se le ha dicho. Dominada ella es la gatita más dulce del mundo. Está abajo de mi. Ella está abajo de mí.UNDER MY THUMB Dominada la niña que alguna vez me tuvo abajo. bueno. Está abajo de mi. yo puedo mirar a otra. Está abajo de m i El cambio ha llegado. Ella está dominada. La manera como contesta cuando se le ha hablado Ella está abajo de m i El cambio ha llegado. Ella está abajo de mí. Ella está dominada. Dominada está la perra sumisa que apenas tuvo su día. sus ojos ya no ven a otros. Dominada está la muchacha que una vez me dominó. Dominada. La diferencia en las ropas que ella usa. Ella está dominada. Ella está dominada. El cambio ha venido. La forma como hace lo que se le ha dicho. Dominada. Dominado está un gato siamés de una chava. Dominada está la muchacha que acaba de cambiar sus modales. Ella está abajo de mí.

Lo m ás norm al que pensara es que estaba esperando a alguien. la noche. Yo estaba estudiando para m is pin­ ches exámenes finales en el departam ento de un cuate. Cuando bajé y la vi me entró algo. No. se veía bien vestida y tenía tipo de que era decente. los coches que pasaban por la glorieta del Riviera o. Y vi a una mujer paseándose por la banqueta. Eran m ás o menos las ocho y pico. llamada de la División del Norte. Pero no. Lo primero que pensé es que era una puta. y la nena seguía allí. Pasó com o media hora. No sé. Bueno. Luego. Digo. a su novio. Yo estaba recargado en el barandal de la terraza viendo. Mis cuates estudiaban. que para su información es el Romano. Y desde la terraza —en un quinto piso— veia los anuncios de neón. Antes de hablarle lo pensé dos veces. en realidad no podía ser puta. No le di importancia. estaba hecho bolas com o las albóndigas. Y dije: ¿por qué no bajo y me la ligo? Estoy vestido com o inglés y será fácil. com o se dice. a algún cuate que se la cachondeaba y toda esa onda. V me decidí a bajar y hablarle. Conocí a una nena loquísima.Me sucedió la cosa m ás chistosa. putas hay desde los diez años. que aunque no fuera puta era una gorda del faje. En fin. revolucionariamente. 29 . En realidad yo no sabía qué pensar. extraña. en realidad. En resumidas cuentas. Estaba m uy joven. Pero pensé que no se ponía de acuerdo con sus clientes. todo lo que se ve. Entonces ya no pensé que era puta. M ás bien estaba yo descansando. Quién sabe por qué chingaderas dudé. las putas nunca han llamado mi atención y por eso me prometí no ir a burdel^s. que m e fijo bien en ella. a algún am igo. ¿Qué piensa uno cuando ve a una vieja a esa hora paseando sola por la calle? Muchos coches se detenían frente a ella.

dije. com o si en serio estuviera esperando a alguien. — E s. —Sí. de cualquier cosa. Hizo cara de novia plantada. H ablam os de su novio. ¿Eh? —Am iga. creo que no — me dijo com o si le costara trabajo. etcétera. que tenía que hacerle al loco durante cierto tiempo para convencerla. que la onda fuera tan fácil. m uy suave. Yo. 30 . pero enam orada: consecuen­ te y resignada.. estuve platicando con ella. pero da lo mismo. Digo... Hizo un gesto com o de que se espantó. com o si no m e hiciera caso. Pasó bastante tiempo hasta que me aventé a decirle: —Creo que tu novio ya no vino. Y eso pensé. eh? —le dije m irándola y luego viendo a otro lado. Belinda. Pero en fin. La nena — más o menos le calculé unos diecisiete o dieciocho a ñ o s seguía allí volteando a todos lados com o loca. francamente. ¿N o te m olesto? — No. M e aventé un diez. que a lo m ejor al m om ento que yo le hablara llegaría el que espe­ raba. No — dijo volteando para todos lados. de que yo iba en prim ero de prepa. no m e acuerdo bien de qué. etc. y m e aventé com o audaz y valiente espontáneo al ruedo. — ¿Esperas a alguien? —Sí. vam os —m e dijo m uy decidida.com o que algo m e paralizó. —Q ué bien.. Pero no. Bueno. aceptó rápido. — Hola amiga —le dije com o sin darle importancia. se veía toda nerviosa y a veces m e contestaba con ondas que no venían al caso. — ¿Q ué haces. hacien­ d o m uecas con los labios. así m e dijo que se llamaba. no esperaba que aceptara así de pron­ to. Com o que esperaba que se hiciera del rogar. no sé por qué. no es por nada pero Belinda estaba divina. ¿qué te parece si te invito un café? — Com o quieras. una m ás una menos. m irando encim a d e mi cabeza. Digo. Me sentí realmente un chingón para las nenas. espero a mi novio.

que en cuestión de mujeres siem pre m e ha tenido envidia. —N o seas hocicón —dijo Pepucho. Yo nada m ás le seguía la corriente. que en las vacaciones de m ayo había ido a N ueva York (es tan grande. sí. sino que no tenía billetes.— Bueno. Uno de los cuates abrió. ¿M e esperas o subes? — dudando le pregunté. sólo porque me voy a com prar ropa) y quién sabe cuántas cosas más. Pero. Medio de cotorreo. los tiré a loco. los cabrones no m e creyeron.. com o quien no quiere la cosa. Me dijo que vivía en 31 .. m is libros. Subí la escalera com o si tuviera diarrea y toqué la puerta com o loco. m edio en serio. de que su padrino de quince años había sido Miguel A lem án Jr. hasta que se asom aron por la terraza y la vieron esperándom e. Me hablaba y hablaba de que su novio era el hijo del dueño de un banco. Yo en realidad no iba por nada. — ¿Y tus libros? — Ah. Voy a recoger unas cosas del departam ento. a dónde vam os —le dije. — Por Dios. Para no hacerla larga ni de vaqueros. que siem pre jode com o ladilla que es.. Pensaba que a lo mejor Belinda se iría y esas cosas. v am o s. — Al Gatoloco — m e dijo sonriendo. Tom am os un taxi. Bajé hecho la m ad re y sentí com o alivio al vería esperándom e. — jAcabo de ligarm e a una nena! — les dije alborotado. —No seas m am ón —dijo el Sapi. En la calle. espéram e. tengo p la n ¿No vieron que bajé? Ella está abajo esperándom e. luego paso por ellos. — Hecho gorda. Después de pensarlo durante cinco segundos: — Mejor te espero —dijo. se m e ... Yo y a m e las em pezaba a oler que Belinda estaba medio tocada. que no soporto m ás de dos días ahí. Les conté rápido la onda y por fin m e soltaron las m onedas. Yo les seguí la corrien te. Entré a la recám ara donde mis cuates estudiaban y les pedí prestado. m e dijeron que si había chance la trajera al departam ento para coger.

NARVARTK a visitar a una tía. peinadas a la Bardot. Y adem ás me encabronaba que unos pinches nacos greñudos se la estuvieran com iendo con los ojos. ¡Mué-vanse toodos! ¡Mué-vanse toodos! ¡Chinguen a su madre toodos! Belinda se veía contenta pero com o molesta por algo. 32 . cotorreando y cotorreando sin parar. Luego explicó que com o su novio tenía un Thunderbird y era un salvaje manejando. decidió m andar­ lo a instalar. pri­ sioneros del rock n' roil. antes de que llegáramos al Gato Destram pado m e hizo jurarle por Dios que después la llevaría a su residencia. Los rebecos. con suéters de colores eléctricos. que su novio había quedado de pasar por ella y no se explicaba por qué la había dejado plantada. Y pensaba una de dos: o se escondía o buscaba a alguien. com o que creía que Belinda Lee era otra clase de cham aca. yo al principio me sentía mal. Pero m e hice el que le valía madre. o las que tenían pareja destrampándose. pues com o su papá había visto que le hablaban m ucho. espe­ rando a que se las ligaran. Digo. que no era de la onda de las que estaban allí. Las ociosas con mallas. com o de dieciséis a veintitantos años. Belinda sonreía. sin pelar a nadie. lo m ás seguro era que se hubiera estre­ llado en un poste. Nos sentamos a una m esa y pedim os una limonada cada quien.Polanco (Pelrarca 172) y que adem ás tenia dos teléfonos en su mansión. Desquintada ja já jajá Desquintada ja já jajá El Krasykat estaba a reventar de rebecos y golfas. ya había deshecho tres coches sport. y que había ido a la H. melenudos y copetudos. Se lo prom etí solemnemente. En fin. uno era exclusivo de ella. Entram os al Gato A-Travieso.

¿Y tú qué estudias? — Comercio. Para no hacerla m ás de em oción. m e dijo que m e quem aba siendo novia de un rocanrolero. Estoy en el Francés del Terregal. pero que no lo tom ó en serio. dice que eso de artista nom ás no. Mi m am á me obligó. Terminé con éL Bueno. Pero era tan m ono Enrique. Guzm án. loca. Eso de las giras. fue mi novio. ummmmmm. y y a sabes cómo lo siguen las mujeres. N ada m ás un mes. ¡Ai biene la Flash. hasta Angélica M aría anda de arrastrada. sentía feo no quererlo cuando él estaba loco por ella. a todo dar! —Con esa canción m e acuerdo de EnriqueG uzm án. pero no me dejó mi m am á.Y tres: tal vez estaba en su mes. pero ella había tom ado una decisión 33 . Que lo quiso. Danzarinas y rebecos fumaban. Belinda sin decirm e nada le pidió a una m esera una cajetilla de ci­ garros y em pezó a fum ar com o lo que estaba. le gusta bailar! ¡Y cuando se la están cachondeando! ¡Se mueve. ¿No m e crees? —con un movimiento de cabeza dije que sí— . — ¿Qué vas a estudiar después? —m e preguntó. Creo que mi papá tiene pensado m andarm e de interna a Estados Unidos al Long Islán'. y o no. después m e confesó que en realidad no se había enam orado de E. moviéndose y sacudiéndose toda. Belinda palm oteaba y llevaba el ritm o con los pies. que sería un bochorno para la familia. él le rogó durante una sem ana para que volvieran. pero va me chocó. De vez en cuando echa­ ba grititos de fanática prisionera del G ran Ritmo. Volteaba la Belinda para todos lados. Y que fue mejor cortarlo. El con­ junto de los Diablos Perezosos tocaba entre un Londres de humo de cigarro. cigarro tras cigarro. — Arquitectura. Que cuando lo cortó. A ich. ¿A poco no te gusta com o canta? Yo m e iba a lanzar com o cantante.

34 . Salimos del Gato Idiota. com o dice mi herm ana.. vam os. Y cuando estábam os esperando un taxi. creía que mentía descaradam ente. en serio. estuvim os platicando de su infancia. — ¿Vive solo? — Lo que se dice solo. Pero no está en México. p e ro . no. Pensé que Belinda m e estaba carneando. Vive con su herm ano. no llegó. Tú tienes ¡a desa aflojada. pues tú viste.. traum atizado. s — P u es. ¡Por Dios! ¿Por qué crees que estaba yo estudiando con él? ¿N o m e crees? Hice un gesto para que m e creyera. hecho un imbécil. H asta m e invitó a pasar el fin de año en su casa de Acapulco. m e dijo: —No tengo dónde ir. Com o que no podía creer que Belinda se hubiera fugado de su hoine. — Sí. M e fugué de mi casa.. m e cae. — ¡No juegues! — le dije. Y luego — que fue lo que de a tiro m e dejó hecho una b e s t i a em pezó a reír.. que em pieza a llorar com o loca desesperada. en serio. Estaba. Luego. sin saber qué hacer o qué dem onios decirle. de sus viajes. com o si estuviera pidiendo un cigarro.. y toda tranquila. Tú tienes la desa relajada.y era suficiente. M e iba a fugar con mi novio.. que en eso era m edio desconfiada. para no hacerla larga. que en realidad se había enam ora­ do pocas veces. pero realm ente m e quedé com o baba. Te puedes quedar. — ¿Me das tu palabra? —Te la dov. — ¿En serio? — m e preguntó. de todo. Por eso no te preocupes. ¿ Por qué eres alocada ? Bueno. — Ahí está el departam ento de mi am ig o . Verídico. Y al rato.

y es lo mejor que puedes hacer. no llores Belinda. —S í. ya m ero y m e da un ataque cardiaco en plena calle... vete a tu casa. —Belinda. —Pero ya no puedo regresar —dijo así com o m uy cal­ mada. —¿Cóm o? N o te entiendo.. Creen que estoy en Los Ángeles. —¿En serio quieres irte conmigo? —Va te dije que no tengo a dónde ir. si al principio. luego yo consolándola... ya lo hice y no p u ed o . cálm ate ya.. cuando me dijo que se había fuga­ do me traum atizó.. — Cálmate. cuando aceptó. Dime la verdad sin co to ­ rrearme. —Regresa. —Sí... Sí. Vamos a tom ar un taxi. —¿Por qué no regresas a tu casa? Sí. de tu casa? —le pregunté tarta­ mudeando la prim era parte de la frase. v ám on o s.. todavía no es tarde. Todo el m aldito cam ino fue llorando. Pero su calm a se le terminó y em pezó a llorar com o loca.. Todo desesperado y sin pensar en nada. Si quieres te llevo.. —Hace dos días que m e salí de mi casa. N o sabía qué hacer y m e molestaba que estuviera llorando en plena calle. V en... no seas tonta. —No. Vente conm i­ go. Me fugué — dijo com o llorando. E ste. Agachó la cabeza.Digo.. 35 .. kn fin. Ya. —¿En serio te fu gaste.. —¿En serio quieres irte conm igo? —No tengo a dónde ir. que se reía entre dientes com o pensando que el llanto de Belinda se debía a que m e la había desquintado. Belinda.. y a . A dem ás m e encabronaba la risita del chofer. Me rasqué la cabeza. Sí. Yo me sentía en una situación realmente horrible. N ada m ás piensen en qué pinche situación estaba yo. no estoy jugando. regresa. ya no puedo.

— N o mames. aquí. adem ás. así nos la cogem os todos — dijo Pepucho. me crecí. Pero después de todo. — Una vieja que se fuga de su casa es que es bien puta —dijo el Sapi brillantemente. —Si te quieres quedar. ya cuando habíamos llega­ do. m e voy. Le dije que se esperara en la sala. etcétera.. cálm ate. —¿Qué hago? Se fugó de su casa y no tiene dónde quedarse. le dije: — O y e . En un intento de zafarm e de ella. Para entender la conducta del herm ano de Rom ano. no m e im porta a d ó n d e. m e largo. —Si no quieres. Belinda Lee m e desarm ó. Yo y a de plano quería cortarm e. ¿cuál? —le preguntó Romano... Com o los pavos reales del zoológico ante la gente. El Pepucho m e acom pañó a hablarle por teléfono a mi 36 . Y pensaba en cóm o diablos la metería al departam ento del Romano. — Pues de tener a una mujer fugada de su casa.. —Que se quede.. sé que eres b u en o . Y. Belin­ d a estaba tocadísima. Fui a la recám ara a hablar con el Romano. Yo les seguí la onda. hay que decir que estudia leyes. De seguro estaba su hermano y los cuates. m e quedé no sé p or qué. Los cuates planearon cuidadosam ente la violación..— Tranquila.. L o pensó siete segundos y entramos.. —Si hubiera desconfiado de tí no hubiera venido. cóm o vas a estar entre puros cuates. Me caíste m uy bien. acep­ tó. quédate. Ahí estaban su crem a herm ano y los cuates. A ntes de entrar se detuvo. adem ás de m is amigos están otros cuates y no sé si quieran que entres. asustada o haciendo teatro. Pero m e dijo que yo era el responsa­ ble de ella y que m e quedara y bueno. no m e im porta. N o sé si estaba nerviosa. antes de tocar el timbre. — N o podem os tener esa responsabilidad —dijo el her­ mano del Romano en su papel de gente grande.

Y. Ya m ero y me la enchufo allí en el sofá. le platiqué a Belinda la onda y ella también se indignó y m e dijo que nos fuéramos a un hotel. Y. Y no sé. En caso de que Belinda fuera una puta. mi m am á m e dejó. m e m olestó que me corrieran y todo eso. Digo. increíbles. estaban espiando. carajo —dijo el Pepucho—. —Sí. com o dice mi hermana cuando algo le parece de poca m adre. A Belinda no le había afectado nada que nos 37 . Bueno. es mejor que te la lleves. en fin. Lo m andé a la chingada directa­ mente por la vía m ás corta: le menté la m adre. yo no la iba a pasar a los cuates. —Sí. pero com o que. Yo estaba en la sala con Belinda. no sé por qué. El herm ano se quedó pensativo. Fui a la recám ara. oyendo el radio. Y m e dijo que de chica su sueño dorado era ser bailarina de flamenco. Le eché la obvia larga de que m e faltaba un friego que estudiar y que me iba a quedar toda la noche estudian­ do con m is amigos. Y luego empezó a besarm e y luego yo tam bién. Y digo. Y estuvim os bailando. m uy cuero. N os la cogem os todos. Se levantó y dijo que bailáramos. luego luego le dije que sí. estaba buenísima. El Pepucho. N o te m etas en líos con esa clase de mujeres. le dijo que era cierto. claro. casi la desvestí en la sala y todo eso. Entonces el estudiante de leyes m e llamó. —Pero tú dijiste que se podía quedar. eso m e cayó y m e dolió com o si m e hubieran pateado el de atrás.. Para esto y a eran com o las nueve y pico de la noche. Los dem ás. ¿Para qué rogarle? En fin. —O ye — m e dijo el imbécil—. com o que m e entró algo y m e sentí com o indignado.. Cam inábamos hablando de todo y qué sé yo. unas pier­ nas y unos senos de espectáculo. estoy seguro.mamá. claro. Tal vez la anda buscando la policía. ha de ser bien puta. ayudándom e en el cotorreo. para no hacerla de película de misterios. Bueno. Yo no quiero tener problemas. güey — le dijo el Sapi con cara de caliente— . Salimos a la calle.

Llegam os a una calle de la Colonia O b rera Pagué el taxi. ¿Y p o r qué quieres que vu elva a mi casa? — Es lo mejor que puedes hacer. No sé. Y en serio. sino que pensaba que Belinda podía m eterm e en un lío. — ¿Me llevas a mi casa? — dijo despacio en voz queda.. Cam inam os varias cuadras. Belinda m e detuvo. Y no sé por qué seguía co n ella. — ¡Que no! —gritó. No puedo regresar. T om am os un taxi. y luego se puso a llorar. Belinda estaba pálida. Así que yo tenía m ás m iedo que la chingada. Pero luego la cosa se com plicó. que ella a lo mejor decía que y o m e la había desquintado y m e obliga­ ban a casarm e con ella y todo eso. En fin. m e entró un m aldito pánico. Y verdaderam ente a mi tam poco. no lo hagas. estuvim os m u­ cho tiempo parados com o babosos sin hablar. m e voy contigo al hotel y yo m añana tengo que regresar a mi casa. si no quieres regresar a tu casa. Está bien. digo.. E ran ce rca de las diez de la noche. ¿Q ué vas a hacer después? — No sé y no m e im porta. — B elinda. En fin. En prim era nunca había ido a un hotel co n una nena y no sé qué m e daba hacerlo. No era ya la cosa del hotel. En todo el cam ino no hablam os. —Sí puedes. y sin pensarlo le dije: — Lo que has hecho es idiota. Fue mejor. Es m ejor que regreses a tu casa. hubiera sido fácil cogérm ela. M e entró una onda que em pecé a desvariar. en el d epartam ento y o estaba bien caliente y ella también. estuvim os cam ina y cam ina dando vueltas a una m anzana de casas y 38 . Pero no sé. Belinda recargó su cabeza en mi hombro. ¿Y luego? N o tiene caso. Yo y a todo enferm o. Yo me sentía todo así. Yo no te p u e d o .. es una tontería. —Te dije que y a n o puedo. yo te dejo.. horriblem ente mal. Em pecé a sentirme mal. este. del m iedo temblaba com o salvaje. ida. Que cuando estu­ viéram os en el hotel iba a llegar la policía. Digo.hubieran corrido. Quise irme.

. —N o .. Yo m e sentía com o triste o no sé. ni nada. había luz. adiós —dijo despacio y en voz muy baja. Voy so la... El edificio. pero por fin le dije: —Belinda.. Voy sola. adiós.. maesc Stone que con su guitarra sacudió mis nervios de estupideces... Belinda no me habló nunca por teléfono. Para acabarla pronto. Nos param os frente a un edificio viejo. —¿Quién? —Mi p ad re.. con ganas de irme a mi casa. Pero m e sentía horri­ blemente mal. N o sé por qué yo no quería hablar... 39 . si quieres te acom paño.. En serio. te hablo. hablo. Belinda señaló una ventana..edificios viejos. —¿Te acom paño? —N ’o . Horrible com o todos los de esa colonia. creo que sí. adem ás de viejo. —Adiós Belinda. porque de cierta manera me ayudó a vivir. No sé. ¿Tienes teléfono? I j ? di mi número. Y a Brian Jones. tengo que irme. No — dijo m uy quedo. ha de estar é l. para mí todo fue muy extraño. se veía asquerosamente sucio.. A Nidia. Sí. —Ahí vivo — m e dijo. —Bueno.

LA ESPERA .

Cobra tus sueños antes que desaparezcan. Ruby Tuesday. Aún voy a extrañarte. Nadie sabe. cuando cambias con cada nuevo dia. Adiós. Quién podrá grabar un nombre en ti. Adiós. Ella te dirá que es la única manera de ser. Ruby Tuesday. Quién pudiera grabar un nombre en ti. Aún voy a extrañarte. No hay tiempo que perder. No preguntes por qué ella necesita ser tan libre. Aún voy a extrañarte.RUBY TUESDAY Ella minea dirá de dónde vino. A tal costo. escucho que dice. Quién pudiera grabar un nombre en ti. Ella nada más no puede ser encadenada. Mientras el sol brilla o en la noche más oscura. A una vida donde nada se gana y nada se pierde. cuando cambias con cada nuevo día. Pierde tus sueños y perderás tu mente. El ayer no importa si se fue. —The Rolling Stones . ella viene y se va. cuando cambias con cada nuevo día. ¿No es la vida sin valor? Adiós. Ruby Tuesday. Agonizando todo el tiempo.

algún am igo de su herm ano. la tensión llegaba al m áxim o: cualquier cosa la sobre­ saltaba — un claxon parecido al del coche de él. Vio que la m uchacha de la caseta la seguía m irando. no era su am iga. el movimiento. Aunque era precavida. viendo para todos lados. podrían verla. Las llantas del coche patinaron 43 . Enfrente. Cuando se acercaba el m om ento en que Aníbal pasaría por ella. Se estrem eció levem ente. sintió su mirada fija. decían algo. Aníbal abrió la portezuela. Re­ gresó al lugar de la cita. Cam inó con pasos rápidos hasta la esquina. En la tienda unos m uchachos —suéters de grecas. con cortinas o persianas. había sido una estúpida citándolo en ese lugar. El coche de Aníbal se acercaba. su casa quedaba a tres cuadras. Y los am igos de su hermano siem pre pasaban por esa calle. Cruzó la calle hasta llegar a la caseta. Elena creyó reconocer a una am iga.Elena caminaba a lo largo de la banqueta. Veía las casas rectangulares de ventanas pe­ queñas. se detuvo frente a ella. Elena titubeó. A travesó la calle para tomar un refresco. Veía la gente. m elenas— la miraban. jugueteando con nnos libros. sintiéndose aliviada por la llegada de él. Se m ordía los labios. Dejó medio refresco y pagó. los coches. ub¡ó casi de un salto. se acom odaba el cabello. La vez anterior una am iga de su m am á estuvo a punto de verla entrando al coche. una figura lejana que le parecía conocida— . Sí. y ligera­ mente agobiada por un tem or incierto. varias personas esperaban alrededor de una caseta telefónica. No. Fue a la esquina. a ratos se atem ori­ zaba. Entre ellas. pero la m irada de la m uchacha la hizo sentirse descubierta. Aníbal le hacía senas. alguien podría verla.

com o gotas de rocío entre las ram as.. someone to loue. decir algo que explicara la respuesta. U nas nubes detrás de los cerros parecían deshacerse al ser atra­ vesadas p o r los rayos del sol. — Creí que estabas enojada —dijo después de pensarlo un rato. rom pía su temor. 44 . all night long. p or qué? — N o s é . somebody to lave. all night long.. Los edificios multicolores.. Y agregó— : ¿Me crees? —Sí. —¿Qué. obstruida por una incertidum bre latente. tratando de que sus m iradas suavizaran el enojo que creía v er en Elena. Elena le creía. teme­ roso. Terrenos baldíos. alguna clave para los dos— : . echó el hum o en volutas. La tarde tibia.. te creo. Trozos de tierra. fum ó. Porque no te había hablado. Aníbal se alegró. — A níbal. no lo haríam os.Ev'rybody needs somebody. someone to riold. — Es que he tenido exámenes — dijo disculpándose. pasó suavem ente la m ano p o r los cabellos de Elena. su sonrisa de ternura se lo aseguraba. definiera su cariño. no estaba enojada. — N o. Las m ontañas lejanas.. somebody to kiss. — ¿Yo.. El coche corría veloz... co n los Rolling Stones en el radio. — la voz sonó rasposa. Atrás el principio de un cielo claro que cubría a la ciudad com o una vasta concha. Elena? — ¿Crees que nos querem os mucho? — M ucho.. Elena sonrió. Aníbal en­ cendió un cigarro. U n a iglesia: Elena se persignó autom áticam ente.. en los árboles. El sol resplandecía en la avenida. m u ch o — dijo él tras una p au sa. en los coches.S i no.

... —¿No tuviste problemas para salir de tu casa? —No.. mucho. ¿para qué? 45 . casi sin aliento— : Un hijo. Rum or ligero de viento. doblándose sobre el o ante. —Creí que te habías enojado.... —N o . Soy buena niña/ m e creen to d o ./ don't netá to hug you or hold you tight. agregó— : ¿Estás arre­ pentida? —No. Estoy contenta. Elena repitió la pregunta con voz tranquila. Las hojas secas volaban en el viento. —¿Por qué lo piensas? —Pues no sé. I just want to dance with you all night. —¿Por qué? —No sé. después de reflexionar. Rum or de motores. —Pues qué nos queda. Te quiero. Y yo a ti. —Y yo a ti — dijo cuando una sensación de alivio susti­ tuyó al tem or—.. rápido. Una m irada astuta.. claro.. Sus ojos fijos en los de él. —¿No te gustaría tener un hijo? ~~-¿A mí? — preguntó extrañado... Te cre o . La avenida entre terrenos desiertos. Aníbal. —¿Qué? —dijo él. y luego preocupado. —Lo hem os hecho. ¿p o r qué había de estar mal? —No sé. nos casam os. lo pensé... un poco paralizadas. ¿no? —dijo con seguridad. puede suceder — la m irada de Elena se dirigió a la avenida. ¿crees que hacemos bien? —Sí. te quiero. Un silencio entre los dos.. El sol parecía deshacerse en un lugar del cielo suavem ente rojizo.. Dije que iba a estudiar —Elena le m ostró los libros— . —¿Y si tenemos un hijo? — preguntó Elena. las m anos flojas. Desconcera o agregó. ¿y tú? —Ya te dije. eso creía. ¿no? — dijo él después de una breve pausa. com o haciendo un chiste.

Las m anos le sudaban.. Sentía que algo extraño. las hojas gasta­ das y opacas. Elena se encogió. m ás desconocido que extraño oprim ía su corazón. com o las otras 46 . A lo lejos. ocultaba la cara entre el respaldo y el asiento. Primero el letrero. Elena ya no respondió. Elena. Aníbal bajó: los pasos huecos. algo temblorosa. tenemos que esperar. Al rato se enderezó. Quiso mirarlo con ternura. El coche arrancó para detenerse pronto. la vista en el suelo. — Pase a aquel cuarto —dijo una voz.. com o unos segundos antes. tendida. las m anos sobre el vientre. lo desvaneció en un instante. lentos. que no se sentía bien. Los pasos volvieron La portezuela abier­ ta. La respuesta firme de Elena.— Los niños son bonitos. —Ya que estam os aquí —dijo con voz entrecortada. Lentam ente se tendió. m ordiéndose los labios. Se levantó con brusquedad y no esperó. — A lo mejor tenemos un hijo. —No hay cuarto. Su cabeza en los m uslos de Aní­ bal. a lo m ejor. En realidad nunca lo había pensa­ do: ¿y si tuvieran un hijo? — Pues sí. Cuando Aníbal dio vuelta. Un coche entró antes. la asfixiaba. Seguía mirando a través de la ventanilla: gente cam inando. un parque: m araña verdosa y brillante. la posibilidad de que eso ocurriera lo estremeció. ¿Quieres? Elena no dijo nada. pero venció su temor. Luego la voz: palabras sueltas. luego la fachada con enredaderas. cuando tuvo ganas de decirle que no entraran. com o si hubiera dicho la frase para sí mismo. Aníbal subió. El corazón palpitando con violencia. cerrarse. —su voz sonó débil. Ella sintió las m anos de Aníbal en su espalda. apareció el motel. La presión la sofocaba. la garganta parecía contraerse. — Pero para qué piensas en eso. —¿Entram os? —preguntó él.

. antes de que se desvistieran Una m irada d e reprensión. Ella escondió la cara. pues a lo que venimos —dijo él sonriendo. mi am or. el tem or m utuo— . cerrando los ojos— . ¿no m e crees? — trató de sonreír. y en ellas toda la ternura acum ulada dentro de ellos. El cerrojo de la puerta. 38 oíanos húmedas. fue una broma.. rom pió totalm ente la inseguridad. Aníal em pezó a desabotonarle la blusa con cierta torpeza.veces. inmóvil. — Bueno. es que estoy con ten to. pasos apresurados. Elena se sentó en la cam a. Él prendió la luz. Mi am or — se inclinó—. la tensión. Su corazón palpitando en calma.. —No m e toques —su m irada sobre un trozo de alfom­ bra: una colilla de cigarro. Sus mejillas sonrojadas. Sus m iradas fijas. a que Aníbal bajara primero y le abriera la puerta para que entraran cam inando despacio. ■"Apaga la luz — dijo entre leves suspiros.. tra­ tando de ocultar esa torpeza que sentía antes del prim er beso. La mujer salió. perdóname. —Perdóname. el miedo que los días de separación habían form a­ do.. ¿sí? — la besó. una mujer — mandil blanco. otra vez solos — dijo Aníbal. luego en la ventana: unas ram as inmóviles. —No lo dije en serio. cabello can oso— salía del baño. —en voz baja. Elena bajó la vista. Los pasos de Aníbal. 47 .. limpiando el sudor en la falda. mi am or. E len a. Elena. Jugueteaba con las m anos. Bajó. no pensé q u e . suavi­ zando sus sensaciones. Tomó la cara de Elena: leves caricias. Un coche m oviéndose frente a ella. —Mi am or. Una vasta sensación de suficiencia se com unicó. abrazados. los ojos cerrados. Él se acercó. llevando sobre los brazos sábanas y toallas. era broma. mi v id a .. te dije que fue una brom a. El beso fue largo. La expresión de ella era torpem ente tierna. tratando de que fuera igualm ente tierna q u e el m om en­ to— : no te enojes. pintura de labios en la boquilla blanca.. com o si fuera fingida. En el cuarto.

— N o m e veas —dijo—. Elena regresó. tranquila. Me siento mejor. Lloré porque tenía ganas de llorar. se sentía bien. y a estaba bien — N ad a — dijo secam ente. con la cara escondida en la alm ohada.. Cesó el llanto. cerrando con brusquedad. pero de pronto. parecía calm ada. no m e veas. com o si estuviera absorto en sus propios pensa­ m ientos— sentado en la cam a. La inco­ m odidad sentida por los prim eros sollozos (fue tan brusco el cam bio: de una tierna calm a al llanto) se transform ó en un vago tem or. —N ada — se detuvo. todo había estado bien. el torso descubierto. y cuando tengo ganas de llorar. N ada. aspiró hondo— .Elena lloraba. — E len a. F ba. Elena entró al baño.. — No te entiendo —sacudió varias veces la cabeza. con brusquedad. o y e . e x te rio riz a b a n co n v a g u e d a d su secreto. sin m i lo— .. Él trataba de consolarla Ella parecía no escucharlo. no m e veas. lue- 48 . De pronto. lo aturdió hasta llegar a la conclu sión de que ella ocultaba algo y de que las lágrim as anun­ ciab an la co n fesió n .. No le había hecho nada. d esagradable. Elena se soltó llorando. cuando descansaban. tendida en tira» sobre la pared rosa. lloro.. Sobre los cristales unas som bras se movían. — ¿Qué te pasa? — preguntó Aníbal. —¿Entonces? No quería escucharlo. ¿P o r arrepentim iento? ¿Él era el culpable? ¿A ca­ so Elena lloraba por él? ¿Él era el culpable? ¿Culpable? ¿De qué? La luz solar penetraba lentamente. C uando Elena lloraba. Aníbal esperaba —los ojos fijos en un punto. Elena se levantó cubrí dose co n la colcha. el silencio la oprim ió m ás... Y a todo había pasado.. ¿Por qué no respondía? ¿Le había hecho algún daño? Elena había estado contenta. que después se acentuó. una confusión de sensaciones y pensam ientos lo cercó. Elena se acercó a él.

L u eg o . y cautelosam ente se m etió entre las sábanas.. aún no se explicaba el m otivo —si. cuando regresaban del nuevo lago de Chapultepec. cedió sin titubear. algo preocupado. sí. —No es cie rto .Aníbal la esperaba a la salida de la escuela. com o si espués se hubiera arrepentido. uno solo y definiti­ vo— por el cual aceptó acostarse con Aníbal. e ra algo que m e . iban a una nevería. Se veían cada tercer día. algo que él le había dado. mi am or? El nuevo estado de ánim o de Elena fue un alivio con­ fortante. En realidad no entendía m ás que parcialm ente su noviaz­ go. N ada anunciaba la posibili­ dad. agregó— ¿P o rq u é? Hiena seguía de pie. sin ninguna dificultad. N'o sé. ahí estaba el principio: . de pronto. Todo seguía siendo normal.. en un impulso que P °r violento no se explicó. Te quiero. Había algo más que deseos. realm ente te quiero. —Ya te dije. y sólo lo dijo una vez.. El silencio se alargaba.. .. por lo que ella se atrevió.. O tra vez contentos... en la tarde se veían otra vez a solas.. no s é . co n voz temblorosa y áspera. com o si no 1° hubiera pensado.afligido. Elena y él sonrientes. la determinación de ser amantes. algo tem eroso. iban los sábados a fiestas. Lo m iró con cierto resentimiento. después de un largo silencio. jugueteando com o si nada hubiera pasado. Pero esa tarde. O tra vez contento. ¿Te herí en algo? D im e. Aníbal. Y ron a un motel y esperaron media hora. hizo un mohín con los labios y dijo—: ¿Si. N o lloré por nosotros. por favor. — Aníbal. porque no quería decirle por qué había llorado’. le dijo 4 Ue quería que fuera suya. dijo que sí. y ella. o a un drive-inn.. como si la confusión que aún persistía en parte de ella se debiera a la terquedad de él. y sólo fuera necesario pre­ guntar para que la respuesta viniera m ecánicam ente. quería llorar y lloré. Ella m ás segura 49 .. ¿m e perdonas? —sonrió. paseaban en coche. Com o si pregunta y ^ P u e s ta estuvieran latentes.

¿Entonces? Aníbal tenía las manos bajo la nuca. Y por eso había llorado. iba a hablar a la administración. pero ahora. com o miedo. exacta. Estoy pensando. Gracias. — ¿En qué? — En n osotros. com o una corriente de vien­ to frío. sólo lian cambiado de ropa. 50 . Elena parecía dor­ mir.. reina. despacio— : O cuando menos no te olvi­ daré. mi am or —después de una pausa. quien sigue siendo el líder de los rodantes que aún somos amigos. Pero hoy.. encogida a su lado. — Sí. luego se hizo m ás suave. pásam e m is cigarros — Elena respiró com o des­ pertando.. bajaba del coche. siempre —el silencio. También está dedicado a la estrcllita —por chiquita— del áne mexicano. si él la quería también. Entonces él dijo. Y ni aquella vez ni las dem ás le había im portado ir a un motel. agregó—: Demasiado para explicárm elo.. Leticia Robles. Aníbal? —M ucho.. ¿M e quieres. y por eso estaba triste. ¿y tú? — También —dijo tras una p ausa—. El sol tenue llenaba el cuarto.. ¿P or qué? Si ella quería m ucho a Aníbal. algo constante la oprimía. y se los dio— . de buscar una frase adecuada. Otros. ¿Verdad que nos vam os a querer siempre? — una tensión interior cedió.. ¿Por qué n o hablas? —Estoy cansada. ¡wow! Auuuuuuuu. Aníbal fumaba. — Elena. A Gustavo Greene.y tranquila que él. lo paralizó un poco..

N O T E ADORNES! .¡NO T E ADORNES.

Los jodidos iban a tratar de congelarte en hielo. ¿no vas a dar toda tu simpatía a la mía? Dime una historia de cómo me adoras. nena. cómo vislumbramos a través de la sombra. —The Rolling Stones . parado en la sombra? ¿Has tenido otro nene. parado en la sombra? ¿Dónde has estado toda tu vida? Hablando sobre toda la gente que trataría cualquier cosa dos veces. ¿Has visto a tu madre. nena. cómo vemos a través de la sombra. parado en la sombra? ¿Has tenido otro. Estoy completamente solo. cómo lloramos a la sombra. nena. nena. BABY. parada en la sombra? ¿Has tenido otra nena. ¿Has visto a tu amante. cómo vivimos en La sombra.HAVE YOU SEEN YOUR MOTHER. ¿Has visto a tu hermano. STANDING IN THE SHADOW? ¿Has visto a tu madre. cómo odiamos en la sombra y amas en tu vida sombría. parada en la sombra? Estoy contento de haberte abierto los ojos. nena. parada en la sombra? Yo sólo estaba perdiendo el tiempo. parada en la sombra? ¿Has tenido otra nena. parada en la sombra? Tú escoges todo esta vez: El viejo bravo mundo o la lenta caída a los abismos de la decadencia.

Fem ando era un pendejo. 53 . hacerle al monje porque el imbécil de Fem ando (com o siempre. siem pre hay un o una imbécil que siem pre chinga los planes chingones). y nadó com o foca. En la carretera. prepa­ rando el terreno. pero Fem an d o. lavarte el coco para meterla a la onda. bregando. estaba en el pórtico. él y A lm a m edio fajando. y los m iraba. cruzado d e brazos. sentado en una silla playera. con una lata de cerveza en una m ano y un cigarro en la otra. unos guapachosos s^ tos de bienvenida pero ni m adre. Rodolfo (traje de baño. En parte. en un m uslo. cam isa sport desabotonada. m ientras su nalga m iraba el paisaje de la carretera. al rato las otras no quisieron Un plan prom e­ tedor se había echado a perder al principio p o r culpa de una pinche vieja adornada. Estaba agotado (trona­ dísimo). Tuvo que n ad ar y jugar volibol. co­ torrear aquí y allá. Fem ando y Luis jugaban fútbol en el jardín. nada. elimbedlquesiem prenofalta. También Luis un besuco por aquí y por allá. aún no podía fajar. Y hubieran llegado a la casa directamente al colchón. Com o la vieja que le tocó a Fem ando no tajaba.Era sábado. El agu a de la alberca estaba casi inmóvil. echando farsa: jugan­ do fut y nadando para-ver-si-la-pendeja-de-la-adom ada ^accionaba y entraba en la onda a fajar con Femando. lentes oscuros de burbuja). Esperaba a las golfasgordas que habían subido a cam biarse. m ira gorda esto y lo otro y que aquí y que allá. Un sábado tibio por el sol que resplandecía oculto entre unas nubes que avanzaban diagonalm ente Una som bra cubría parte de la casa. una m ano en un seno. y arriba oía la confusión d e sus voces y pasos. besos y ca­ chondeo ligero. Alma tenía la culpa: le había dicho que invitara a dos de la onda y la que le tocó a Fem ando estaba de adornada.

. M arta corrió hasta donde jugaban Fem ando y Luis.. flaco! La adornada se adornó cuando Fem ando trató d e abrazarla en el coche: oyes. si Fem ando no podía h acer nada era su onda. guapachoso. de pinga flaco . que conocía a Lidia. las viejas cachondas por los alcoholes en el cerebro. coño. Vam os a esp eram os tantito a que Lidia se anime. no abraces que no som os n a d a . coño no jodas. pasos apresurados bajando la escalera. no ag u an ta ¡Pendejadas.. A lm a le dijo que no se preocu­ para. con sabor a mam a lta Todo así de perfecto y de chingoncísimo.. Yugosla­ va crem a. co m o si fuera la reina de Inglaterra o q u é . de pinga. pero qué buenas nalgas! U n poco sotacona. pero mira nom ás qué bien te has puesto. y qué pitones tiene la hija de su puta 54 . Rodolfo estaba com o el marqués de bollo gordo... quieta sin orejas. Pero no. unos drinks. Las gor­ das llegaron. Él había puesto la carn e y a la chingada lo dem ás. Pues era lo único que le quedaba a sem e­ jante bollo gélido. que al rato convencería a la adornada (o sea exacta­ m ente en ese m om ento cuando se estaban vistiendo).. aunque p o r la haw aiana se estuviera prolongando el m om ento del box-spring. si ella no jala.. Pero si la adornada se seguía ad orn an d o. De pantalón ajustado y suéter. y y a que estuvieran m edio alum brados. a bailar. o si no la agarraría a punta de chingadazos. Cuando llegaron. su nalguita guapachosa y bullan­ guera.. Las otras. ¡sabor!).. pues nosotras no podem os. que jalaría. Pinche babosa de mierda: no m e abraces que no som os nada. pendeja­ das. qué buenas nalgas tenía M arta. p e ro . él a g ozar guapachosam ente a Alm ita.. Llegando a la casa. coño. el plan se había ido a la chingada p or la pu ta pendeja adornada. que a veces era m uy tem peram ental y que ya que se le pasaría (con el ligero cotorreo que ahora estaba sosteniendo con ella). para que se com portara a la altura.Tanatodam adreplanqueteníanypordospendejosselollevabalachingada. ¡qué nalgas! ¡Y esa nalga la tiene que gozá! Com o para darle el trem endo beso negro. y todos al box-spring.. .. un faje sabroso (m am acita. Drinks. ¡Coño. ¡Olé! ¡N ada m ás de verla. llegar­ le p o rch icu elin as.

te llevo. — ¡Ai mumi. unos pomos en el cerebro. Lidia estaba acostada en el sofá de la sala. que andaba con cualquier chavo y con cualquiera se besaba y abrazaba. com o si fuera qué. gózam e. alm uca. y m ucho gusto. y y a es hora de irm e a m i casa. no tenía nada de plática. salvaje. con el acento cubano adquirido en cientos y cientos de rumbeadas. Luego luego la quiso abrazar. M arta se estaba 55 . gózam e. pero luces de colores p ara poner a tono. Las vacas suizas lo destram paban. Alma y Lidia jugaban pingpong cerca de él. vam os a bailar. con todos. brujo. una vaca suiza auténtica! La nalga perfecta para Luis. que aquí y allá y perfecto. U garse a Alm a fue fácil. un taxi. M arta y Alm a pensaban que era com o ellas. U na cosa era que le gustara salir con m uchachos a d ar la vuelta en sus coches a andar chacuaioqueando com o ellas. perfecto. M ás valía sola. pues te acom paño. okey. chao nos vem os m añana. háblam e a mi trabajo. Pero lo q u e e s bollazo. vam os a tom am os un drink. cachondeo. gózam e prieta. pero no. casi perfecto. pero gorda qué sabrosa estás. tenía suave cara. fumando. gozando. am a-señora-y-m aestra-delcojin. Prado Floresta: un conjunto de rum ba y una cantante balín. que yo trabajo de secre y que y o soy del cu erp o de tránsito. sabor.madre. No. Aich. ai! —le gritó con un acento cubano. Digno de ser elogiado por el inmortal BenyM oré. especializada en sesentaynueve. brujo maldito! La adornada estaba bien. Alm ita qué bien estás. Va te estoy oyendo hija de la chingada: (salvaje. ¡ai! —le gritó a Alma. p or eso se cree la reina del bollo gordo. y desde hacía tres m eses Alm ita era su nalga. —Ai m um i. Pingpongpingpong después de unos ostionucos. gallega a m orir. salvaje. Todo un cam peón. esto y lotro. otros pom os en el cerebro y después a gozar. Era de ésos que le caían mal nada m ás de verlos. hola Alm ita cóm o estás. G orda a dónde vas. está bien. salvaje. Fem ando era de lo m ás aburrido. así te voy a hacer cabrona. No. vamos a donde te platiqué. rey del colchón. que aquí.

flaco. Lidia se levantó rápido. prim era vez (y segurísim o que la última) que andaba con uno de M us­ tang. prepara los alcoholazos. com o im pulsada por un resorte. mi cerebro necesita pom os. Pero Luis no la había escogido.. bailando ttadie légaña cuando repica una rumba. ¿Qué chupan? N o lo que les platiqué. Entraron. pom os. sino que ella de resbalosa se apuntó co n él. Claro.. y ustedes bollos flam encos — le dijo a las tres españolas— . — Flaco — le dijo a Luis—.. con Luis. com o si fuera un verdadero caballero inglés. com o poseído e ilum inado p o r Changó. agregó—: ¿Qué van a beber las francesas? Yo se' que la venezolana tiene la panocha negrita que la colombiana el ombligo pa'fuerita que la peruana. que no hay na' comparable con una araña dúcana.... —en tono afectado.. m irando el suelo. de-bedá. dirigien­ d o con las m anos a un conjunto rum bero invisible. sin o. (guess what) 56 .. pom os. Rodolfo bailaba solo. rápidam ente M arta se subió y se sentó en el asiento de adelante. la onda m ás caliente del siglo. El resorte la dejó sentada. ¿Qué? ¿Les gusto para el negocio aquel que les platiqué? ¿O qué? Estam os en la onda caliente. pollo' son bueno'. con los codos sobre las rodillas. Rodolfo puso un elepé en el estereofónico: dicen que la cubana tiene fuego en la cintura. que era el dueño de la casa y del coche. las m andíbulas sobre las palm as de las manos.. Cuando llegaron por ellas. — Kid A d o rn o s. cantan­ do: dicen que la mexicana tiene la nalga parada. Las voces de todos confusas.. haciendo pasos de rum ba fuite y caliente. yo sé que en Buenos Aires todo' lo.creyendo la gran cosa nada m ás porque andaba con Luis. que no hay na' comparable con un pollico chileno. co m o la Bella Durm iente — dijo Ro­ dolfo.

com o se dice. g racias. — Rumana —le dijo a Lidia—> ven —sacudiendo las m a­ nos cerca de la cara de la de Rum ania— .. contesta cuando se te h ab la... —dijo A nm árga­ ret. ignorándolo. que estaba en el sillón com o un m uñeco de trapo abandonado por su dueño o algo así. sorda a sus palabras. que para eso estás aq u í. M arta y A lm a preparaban drinks... no seas com o te dije..... donde.. vam os a m over el botafogo y el necaxa — Lidia m iraba a] suelo.. dejando resbalar las sílabas a pausas. cero a la izquierda. com o si fuera qué. debido a que el autor es muy. m ira. com o y a sabemos. Y riendo com o idiota de las idioteces de Rodolfo. es-toy can -sa-d a. totalm ente frígi­ d a—.. flaca.... y por tanto lo único que puede decir es: el tono y actitud al decir la frase (con el cuerpo ligeram ente do­ 57 . ¿m e hace usted favor de bailar? Aichhhhh. am able. ya. —A yayayayay.Aich. ¡Qué tipo! Era de lo peor. com o bolitas de la Lotería Nacional para la Asistencia Pública. no te adornes. mira.) — A n m árgaret.. ¿n o ?— vam os a bailar. com o la m iraba el menso de Fem ando. aich.. no te adornes. tan plebe. no seas checoslovaca — Lidia hizo un gesto com o a punto de explotar en cólera y decirle: ya.. que no te q u ed a. Songo le dio a Borondongo Borondongo le dio a Bernabé Fem ando. Y en seguida Rodolfo m andó a Alma. (A claración pertinente para el lector olvidadizo. —N o . [El autor desconoce el motivo. Luis llam ó a M arta para que fuera a la cocina a preparar los drinks. Aich. de pronto se paró y dijo: —Voy a prepararm e un chinguiri —sim ultáneam ente se paró y se dirigió a la cocina. Luis. a ic h ¿Qué se creía el idiota? —N o seas uruguaya. ¿O veniste a tom ar el sol com o inglesa? — Pues sí — Lidia se acomplejó. de-bedá.

. digo.. me alborotas con el cerebro.blado.. ya. Alm a le dio a Rodolfo su gin n ' tonic. flaca. ¡Gózame. m e guapacheas.. Rodolfo (que p o r cierto se llam aba así porque su papá se llamaba así porque su abuelita fue fanática adm iradora de Rodolfo Valentino) em pezó a bai­ lar solo. es tu-no-via. su m irada de m uchacha indefensa y resignada ante un inminente ataque).. mumi! ¡Goza a papaito! — .. y a que el panzón es un punto m en o s. ¿no?! — dijo Lidia.. a m is a ñ o s. no seas gallega. gallega de la Obrera. aquí m e tienes para gozar­ m e . no seas folklórica. negra.. no te pon­ gas flam enca... — Y ahora a bailar com o degenerados rum bita caliente — dijo Rodolfo. ten criterio.. fueron de am bigüedad. Lidia m edía su paciencia — Baila con A lm a. ¿Por qué fu e que Songo le pegó a Bernabé? ¿Por qué Borondongo le pegó a Bernabé? Y los q u e estab an e n la co cin a re g re sa ro n a la sala co n <¿¿nte y sandw iches. Los guapachosos y superrum beros Lobo y M elón cola­ boraban desde el estereofónico a la diversión de Luis y Rodolfo y sus golfas (M arta y Alm a) con estas líneas con m ucho ritm o y sabor tropical: 58 .Aich... coño. Pero tú. y toda enojada se paró y salió al jardín.] — N o m e vengas con eso. Bernabé le pegó a Mochiltaiga Mochilanga le echó a Burundanga Burundanga le jincha lo'pie' — Le jincha lo' p ie '. gózam e.. lo sabes. anda. Unodostrescuatrocincoseis.

—G uerrero — le dijo Rodolfo a Fem ando porque así se apellidaba. el Naco. las parejas bailaban Luis no hacía caso del ritm o de la m úsica y llevaba a M arta lentamente.. Las parejas bailaban Luis y Rodolfo cachondeaban a sus viejas de la danza. Pinche vieja p a y a sa . ¡Sabor m orena.. India de ca g a d a . lanzando. Muy digno.. la guaracha. ora panzón. sabor! Fem ando recuerda una anécdota de Rodolfo (el m otivo debe ser revelado y aclarado por el psicoanalista de este 59 .. Rodolfo de­ rrochando. le seguía la onda.. el Esme­ ril. como si estuviera bailando una pieza de Ray Conniff: m ú­ sica sólo para enam orados que se bailaba en las fiestas de los sábados ante las presencias de las mam ás. de la música tropical de la que Rudolph era uno de los más brillantes exponentes). el Nahual. el Chamberí. aventando el estilo que había adquirido en miles de rumbeadas a las que había asistido com o invitado o com o rumbero. Alma. que se m e hace que te gusta gozar el ciiou. nada m enos que en el Califa (salón de baile sede nacional del danzón.. expulsando sus cualidades de rum ­ bero. guerreras del abachobecho y del cojín Rodolfo. com o si estuviera bailando con una puta del cabaré Bombay. el panzón G uerrero dijo: — Ni m ad res. Barrigas. en resumen.. — Andale.. y agregó— : píntate de colores p o r la alem ana. la nimba. y que perfeccionó. con las m anos en las nalgas de Alma. tímida — debido a su inexperiencia— y torpemente.¿Q ué es aquello que verdea en medio de la sabana? Yo creía que era zacate y era la maldita iguana E xcep to F em an d o (que estaba sentado en un sillón bebiendo su drink y com iendo un sandwich) y Lidia (que como verem os después está com o reina acostada en el pasto tom ando el sol). el Gato. Fem ando Guerrero (que no es pariente de Vicente) se acostó en la alfombra. está en el jardín.

. o sea... un cuate estaba bailando con su gorda y La Ladilla se acercó al cuate: —O ye co m p ad re... Nosotros fajando. y a se m e paralizó la que te platiqué.. — ¿Por qué? — ¿C óm o que p o rq u é? Cuando vengas a una fiesta y te pongas com o te platiqué.. Pero si no le rogaba a una niña decente. murni...personaje. lo único que hace es sim plem ente transcribir en palabras lo que el personaje está pensando en el m om ento en que se ocupa de él.. hazlo por ella.. Así es que ya sab es. menos le iba a rogar a una pinche corriente. a gozá a gozá este guaguancó que está de pinga. Viejas que no cogen a la verga. Desde chavo un piojo pubis... pues el au tor no se lo explica.. Siem­ pre podiendo a todo m undo. mu mi. Fem ando tiene la siguiente stream-of-conciousness: el pinche Rodolfo era una ladilla. Y su pobrecita niña m uerta d e la pena. Lo iba a quem ar con sus cuates: el pinche panzón no pudo afincar por pendejo. — A lm u ca.. pelada de m ierda.. él cagándola. todos te están viendo. en una fiesta. no tiene nada de m alo que sea tu novia. Para llegar a la anécdota. ponte traje de b añ o . 60 . El cuate. Gracias). ¿es tu novia? — S í... ¿p or qué? —respondió el cuate. V am os a donde te co n té.. A goza. un m evalem adrestodo. cuando el autor del cuento corto o novela larga se introduce en el cerebro del personaje. Una vil ladilla. —¿C óm o que por qué? — ¿Tiene algo de m alo? — N o com padre.. cuando eran chavos.. sudando com o bestia. — E sp érate. com padre. a las viejas en las fiestas. lo que tiene de malo es q u e ... El cuate sin descifrar el enigma. plis.. cogiendo.. resp étala.. zabadaba.

nalga: diversión.. m ucho. y así. —Yo m e he d ivertid o. — D escansando. —¿Q ué haces? — preguntó Fem ando G uerrero a Lidia Lafontaine.. Rodolfo. — Los que quieras.. —Pues parece que estás aburrida... flaco.. Pa' qué te cu en to . ¿por qué no quieres bailar? — Porque no sé .. Lilis y M arta en trem endo clinch. Corriente y adornada.. Alm a dijo: — A y. ¿qué? — No m e p elas. Lidia se tapó los ojos del sol..—No. alzando un brazo en ángulo. Y haciéndose del rogar com o los toros. los que q uieras. cóm o eres! — dijo Alm a volteando a verlo.... —E n to n ces... —¡Ay. una onda buenísima.. Com o no contestó la adornada. no.... nada.. si n o . Fem ando continuó su labor de persuasión para que Lidia entrara a la onda. p lis. pero le valía m adres. O ndón que hasta ese m om ento sólo sus amigos g ozab an —¿Siempre eres así? — ¿Cóm o? — Pues venim os a d iv ertim o s. — ¿Enton's? — E n to n 's. él se divirtiera e hiciera realidad los proyectos configura­ dos desde que salió de su casa: drinks. Alma y Rodolfo cam in aron —Se echan uno a mi salud —dijo Fem ando... — ¿Por qué estás enojada conm igo? — No estoy enojada. —V am os a servim os otra copa —le dijo A lm a a Rodolfo en voz alta para que no sospecharan los dem ás que en ese preciso m om ento ella había aceptado ir a la cam a. nada... todos. Lo que pasaba es que a la adornada le gustaba Luis y por eso estaba de m am ona. . —No.. ¿No m e ves idiota? Tirada en el pasto.

—Desde que veníamos en la carretera no me has pelado. —¿Enton's no te caigo bien? —No me caes mal. si quieres a tu novio.. —¿No te caigo bien? — ¿No tienes un cigarro? Le dio el cigarro. Que veníamos a nadar. ¿por qué veniste? — Yo no vine a abrazarme con nadie..... pero yo te lo dije.. muy diferente. — No. ¿cómo eres? —Diferente..... Bebió un sorbo... —Digo. —¿Por qué no quieres bailar? —Ya te dije que no sé .. —No. —Te enseño.. —Alma me dijo que íbamos a venir a Cuem avaca con unos muchachos decentes. Yo no soy com o Alma y M arta. gracias.. nada. —No quiero estar en onda. Muy cool le dijo: -Que-eres-una-pendeja.—¿Quieres un drink? — No bebo. Se quitó el cigarro de los labios y bebió un trago largo de su drink. ¿sabes? —Entonces.. si crees que porque vengo con ellas soy ig u a l. — Yo no te he dicho que eres com o ellas. no. yo no soy como ellas. —Un trago no es ningu no. quise abrazarte.. —Pero mi novio sí. —¿Por qué? — Pues.. 62 . sacó su encendedor y llevó la llama al cabo del cigarro y luego al suyo. Fem ando se paró. pues.... te pone en on d a. .. —No soy celoso. —Sólo me abraza mi novio. No sé qué pienses tú.. y yo lo quiero mucho. —¿Qué te pasa? —A m í. grados.. — Enton's......

bajaron a preparar unos drinks. a los cuerpos de los vecinos. La voz de Javier Solís llegaba hasta ella cantando: Entonces yo daré la media vuelta y me iré con el sol cuando muera la larde. yo pensé que al guayabo. —Si llego tarde. —A México. de sus parientes: de sus hermanos. tendero. (Su vida sería otra cosa.. — Luego. como diría Rodolfo el Guapachoso. entró la adornada. carpintero.Era ya la caida de la tarde cuando Lidia despertó. —Vamos. calm a­ dos. con dinero. Sólo dos caminos: o ser la esposa de uno de la Colonia Obrera: peluquero. —No te pongas flamenca —dijo Rodolfo. —¿A qué horas nos vamos? —¿A dónde? —preguntó Rodolfo.) Pasó el tiempo. Se echó a nadar. podría pensar en casarse con un muchacho rico. Alma. Y dejar de vivir en un edificio mugroso. manita —dijo Marta. en el boxspring o colchón. —Ya. —Ya es tarde. no chingues... obrero. gin n ’ to?tics para recuperar las energías dejadas en la cama.. —Son las ocho —dijo Alma. Tener un amante rico. agotados por el ejercicio. Se q u itó el pantalón y el suéter y quedó en su traje de baño en dos piezas. o ser una puta. Cuando todos estaban en la sala. ya sabes el tango que me h acen . Ahí estaba su futuro. siem pre oliendo a orines y sudor. su padre y su madre. Te dije que venía si regresábamos temprano. satisfechos ya. 63 . Un rico la tomaría en serio v no nada más para divertirse de vez en cuando. y los libidinosos. sabo­ reando unos drinks. que me encabronas —obviamen­ te fue Rodolfo quien dijo tan bellas palabras. oscuro. Al rato salió de la alberca V se acostó en una silla playera. —Ah. ya.

en Cuernavaca. —¿Por qué quieres irte? —le pregunto Luis. cualquier co sa 64 . —dijo Luis con su acostumbrada cortesía. Su sueño hecho realidad. — Pues hablas a tu casa y dices que se descompuso el coche. creyéndose la Mamá de los Pollitos o de Tarzán o de cualquier presidente de cualquier país. —¿Qué te hacen? —Nada más me matan. Si llego así a mi casa.. hawaiana! Cuando Fem ando regresó del baño y le dijeron que llevara a la Lafontaine a la terminal de camiones.. me voy a jetear un rato para que se me baje un poco el pedo. que te lleve en el coche a Cuem avaca. pero Luis le dijo que no.— Ya sabes cómo es mi mamá.. pero a m í tam bién. —¿Tienes teléfono? -S í. —No sabes lo que me hacen... olvídate — dijo Marta... Y así fue. —Sí. A lm a. Tienes que tomar una sopa de pichón tienes que lomar una sopa de pichón tienes que tomar una sopa de pichón tienes que tomar una sopa de pichón — Ay m anita. — ¡Puta madre. Y cuando Luis estacionó el coche a un lado de la carretera. que es lo que significa “ guacarear''. Marta quiso ir. olvídate —dijo-la*que-se— quería-ir. —Orita que salga Femando del baño.. qué pinche pedo! ¡Voy a guacarear! — dijo Fem ando. para que tomes un cam ión. se rehusó y dijo: —Yo ni m ad re.. Lidia. Entonces Luis dijo que él la llevaría.. — ¡Y ya no chingues.. me siento muy m ariada para irm e orita. y obviamente dirigiéndose hacia el baño a vomitar. Lidia pensó que el ataque se iniciaría.. iba en el Mustang. por lo tanto.

Arrancó. yeah. y olvídate si no me encuen­ tra. Site laves you.. Lidia. yo no tomo ni nada... —Okey.. sí. ¡Wow! Llegaron a la terminal de autobuses. Las llantas patinaron. preguntó: —¿Tienes novia.. apenas está em pezando. Primera. —Okey. Y dijo: —Te hice caso. En la carretera el coche iba a más de cien... —P ero.. Don't be fooled by her love You can never win You can buy her everything Los Ermitaños de Hermán cantaban para ellos... yeah. Luis era buenísimo manejando... yeah Regresó la que se había bajado. Luis? 65 . ser guapo.. ¡Wow! —Que Alma le hable por teléfono a mi mamá.—Es qu e... chao. —¿Quieres irte? —Este. Luis encendió el motor de su Mustang. yeah She lcrves you. ha sido un placer. —Bueno.. realmente emocionada. voy a preguntar. Además de tener dinero. —¿Te pido un favor? ¿M e prestas? Es que con las carre­ ras. Se sentó. me quedo. con voz melosa —como una mezcla de miel y mantequilla—. —¿Cuánto? —Espérame tantito. —Agarra la onda. yeah. Abrió la portezuela y entró al Mustang. Las llantas patinan. ¿sí? —Hecho. Y como principio de entrada en la onda. Lidia. tengo novio. yeah...

. —¿Te gusto yo? -S í.. ... —¿La quieres? —¿Tú qué crees? —Que sí. ¿eres virgen? —¿Qué? —Que si eres virgen.. -¿N o ? —¿Por qué? —Porque no. —¿Cuántas novias has tenido? —No sé.. Si yo le gusto. — Es mi am igo.. —¿Tú crees? -S L —Ah.. Es todo. ¿por qué? —Nada más.. no sé. —¿No? —No. Digo. —Si tienes. —¿Te cae bien Marta? —Sí. me imagino que ha de ser muy a s í. me gusta una niña y ya. —S í..¿ V tú? —¿Qué? —¿Quieres a tu novio? —Pues no sé .-N o . perfecto... no m e cayó b ien .. ¿nunca te ha pasado? —¿Qué? —Que no sabes si quieres a alguien o no. —Fem and o. —¿Te gusta Marta para eso? —Para qué? —Pues para acostarte con e lla —Me acosté con e lla 66 . -N o ..

. Tom é una y perdí la cabeza. No sabes porque lo hiciste en malas circunstancias. ¿No que te ibas? Lidia lo castigó con el látigo de su desprecio y le dijo a Luis: —¿M e acompañas a servirme algo de tomar? 67 . —Pues no sé.-¿ S i? —S í. Es lo máximo. Yo no quería. Creo que me echó algo en la copa. Después de todo. Alma lo sabe. Ro­ dolfo y Fem ando palm oteando al com pás de la música.. —Es lo máximo. lo dijiste no sé cómo. No tenía con quién hablar y se lo dije a ella. Las strip-tease girls de la O brera recogieron sus prendas que estaban en la alfombra y fueron al baño. pero yo no sabía. Perdí la cabeza y me llevó a un hotel. —La onda es el sexo. Cuando entraron a la sala. Y m e invitó a tom ar una copa. que se acuesta con todo mundo. es muy trágico. —¿Por qué no te voy a creer? —No sé. La orquesta de Ray Conniff tocaba: "'Frenesí". te creo. —¿Tú crees? —Femando puede enseñarte. Marta y Alma hacían stñptease. —¿Quieres que te diga una cosa? —¿Qué? —No soy v irgen Una vez me acosté con uno. me caes bien. —Cada quien tiene su onda. Pero ya no soy virgen. —Tú también. no eres como Rodolfo. —Me estás vacilando. — Muy trágico. —Tenía que ser la checoslovaca la que nos chingara la onda. —¿No me crees? —Sí. —Hacer el amor es lo máximo. No supe lo que hice. —Pues yo no sé. Era mi jefe. Ella por eso cree que soy com o ella.

frente a ella. en un sofá. se lo dio y fue a sentarse a un sillón.. Marta y Luis rumbo a una recámara. sentada en la alfombra. Ella se incorporó. Fue hasta ella. interrumpido por los jadeos de Rodolfo y A lm a den­ tro de la m úsica para enamorados jóvenes de la orquesta de Ray Conniff. sabor. Rodolfo y Alma. Lidia. vamos arriba? —Vamos —dijo sin verlo. la rusa va a inflar. Ella fue quien lo besó. —Apágala —dijo Lidia.— [Sabor. al lado del estereofónico. sabor! Música de fondo: Ray Conniff. Fem ando la tomó entre los brazos y empezó a bailar.. Cuando separó sus labios. recargada la espalda en la pared. Fem ando hizo una p au sa Un silencio flotaba entre los dos. Fem ando secó el sudor de sus manos en el pantalón. —¿Te gusta Ray Conniff? —Sí. —Te ves triste. como si Lidia fuera su novia: suavemente. 68 . m ejilla contra mejilla. — No. Fem ando llegó hasta ella. Per. — ¿Quieres bailar? — Bueno. Fem ando preguntó: —¿Q uieres.. La orquesta de Ray Conniff tocaba ahora: 'T m in the mood for love. —¿Qué piensas? — preguntó Fem ando. abrazados. coros y orquesta. cuerpo contra cuerpo..." Fem ando regresó con el drink. ojos cerrados. Entraron a la recámara y él encendió la luz. —¿Puedo poner otro disco? —Como quieras. con la vista en el vaso de gin n' tonic. por las escaleras. Las parejas (Lidia ya dentro de la onda) fajaban. —¿Quieres otro drink? — Bueno. en voz muy baja.. parecía una marioneta abandonada. — En nada. no estoy triste. estoy un poco m areada.

m i hada m adrina.Él la apagó. A lo lejos la voz de Alberto Váz­ quez cantando: . —¿Porqué? A E lena Poniatow ska. Fem ando le puso las manos en los hombros.. Preferir a Marta.. —Yo me desvisto —dijo. cerró los ojos. lilla fue a la ventana. 69 .p o r favor olvídalo.

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UN DlA TRISTE, TRISTE

MOTHER'S UTTLE HELPER Qué mala onda es envejecer. "Los muchachos son diferentes hoy", escucho decir a todas las madres. Madre necesita hoy algo para calmarla. Y aunque no está verdaderamente enferma hay una pildorita amarilla. Ella corre por la ayuda de un pequeño aliviane de mamá. Y la ayuda a su modo. La aliviana en su atareado día. La apoyan a través de su ocupado día. Doctor, por favor, algunas más de éstas. Afuera de la puerta, ella tomó cuatro más. Qué mala onda es envejecer. "Los hombres ya no son los mismos hoy", escucho decir a todas las madres. Ellos no toman en cuenta que una se cansa. Son muy difíciles de satisfacer. Tú puedes tranquilizar tu mente. Corre hacia la ayuda de un pequeño aliviane de mamá. Y cuatro te ayudarán a través de la noche a reducir tu problema. Doctor, por favor, algunas más de éstas. Afuera de la puerta ella tomó cuatro más. Qué mala onda es envejecer. "La vida es demasiado dura ahora", escucho decir a todas las madres. La búsqueda de la felicidad sólo parece aburrimiento. Y si tú tomas más de ésas te sobrepasarás de dosis. No más correr por la ayuda de un pequeño aliviane de mamá. Sólo te ayudaban a tu modo. A Iravés de tu ocupado y agonizante día. —The Rolling Stones

Isabel tomó la bocina. —¿Mamá? —¿Isabel? —Sí, mamá, soy yo, ¿cómo estás? —Bien, bien —interrumpió—, bien... ¿Tú estás bien? ¿Lucy está bien? —Sí mamá, y Carlos tam bién —Qué bueno, h ija Hacia mucho tiempo que no hablaba contigo —dijo la señora con voz sosa y cansada. —Ay mamá, cómo eres, te hablé hace tres días. —Pero no has venido a visitamos. Tu padre se siente

mal. —¿Qué tiene? —Cosas de su edad, Hijita. —Entonces no es... —No te apures, no es de cuidado, pero no debes olvi­ dam os... —No seas exagerada, mamá —respondió Isabel. Pensó en condescender, o de lo contrario su madre iniciaría un largo sermón sobre los deberes de una hija con sus padres. —No exagero, Isabel —la voz aumentó de volum en—. ¿Quieres que te diga que tu padre está mal hasta el día que se muera? —No, mamá, no es eso... Mamá, le estoy dando de comer a L u cy... Te hablo al rato. —No, no, no —dijo su madre apresuradamente—. N e­ cesito que vengas esta tarde a ayudarme. —M am á... —Déjame hablar y no interrum pas... —I^e estoy dando de com er a la niña. Después te hablo. —Es cuestión de segundos. Escúchame.
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Estoy agotada. y una de las sirvientas se fue. no tardes. Ven pronto. —A más tardar a las cuatro... —Sí mamá.. —Sólo esta tarde. para eso de los niños: desamparados.. en realidad. Isabel.. —¿Ya terminó de com er mi Lucy? — preguntó cuando llegó al desayunador. hijita.. arriba del tocadiscos. Isabel le besó suavemente la mejilla. —Adiós. Escuchó la voz de su madre un poco sollozante.. no sé qué voy a hacer.. dejando su mirada en el cuadro de alcatraces. —Mamá.. — Esta tarde doy un té-canasta.. Un suspiro envolvió la voz de Isabel. mamá. si no vienes. Además quiero verte.. m am á. —No te pongas así.. Lucy sonrió. mamá —dijo Isabel en un tono ligeramente conci­ liador. condescender. Su cara se alegró un poco al pensar que. Estoy como loca.. tienes que venir —y luego suplicante—.. Desde temprano ando con un trajín . Isabel. hijita. la niña. Ven —la voz de mando se hizo más suave—. era una buena hija y que su madre no tendría que reprocharle nada. Isabel pensó que su madre estaba al borde de la histeria. te entiendo.. Estoy muy ocu­ pada.. no puedo. 74 . Adiós.. —¿A qué horas quieres que vaya?— preguntó.. así que nece­ sito que vengas. — Pero.. Isabel. Isabel prefirió ceder. — Pero también las tienes con tus padres—dijo su madre solemnemente. hijita. Yo y M aría no nos damos abasto. —Carlos llega tarde a com er.—T e escucho —dijo Isabel con resignación. —Sólo esta tarde. Bien sabes que tengo mis obligaciones. — Bueno.. Con un movimien­ to lento colgó el auricular. te espero.

H J claxon del coche de Carlos sonó varias veces. Cuando el sonido era ya uniforme, largo, la sirvienta abrió las puertas del garage. Carlos metió el coche. Del asiento recogió su saco y su portafolios, y salió. Entró. Cam inó a la sala. Encendió el tocadiscos estereofónico. La voz de Isabel en la recámara: —¿Eres tú, mi vida? En un momentito bajo, estoy dur­ miendo a Lucy. —Josefina! —gritó Carlos a la cocinera—. ¡Dame una cerveza! Se sentó en el canapé, verde, largo. Su mirada se en­ contró, com o siem pre, sum ergida en una m arina: olas violentas contra rocas; una embarcación que a lo lejos naufragaba. Escuchó los pasos de Isabel. Le miró las pan­ torrillas por el hueco de la escalera. Cuando Isabel se acercó, se levantó a besarle una mejilla. Isabel tenía puesto un vestido de coctel. —¿Qué tal te fue, mi vida? —preguntó con voz su av e —Bien. ¿A dónde vas? —Con m am á... —M e tienes que acom pañar—interrumpió Carlos. —Tengo que ayudar a mamá. Hay té-canasta en su casa y ... —¿Forzosamente tienes que ir? —M e comprometí. Tan pronto como me desocupe, re­ greso. —Cualquier pretexto es bueno para largarte. Isabel prefirió callar. —Siem pre pretextos de ir a ver a tu madre y siempre esa señora... Una mirada de indignación Isabel giró sobre sus talo­ nes. Carlos la vio subir la escalera. Desde la ventana, su mirada se perdía en el cielo blan­ do. Hacia un árbol, hacia unos pájaros dibujando espirales en el aire. El sol se metía a la alcoba. Afuera, por un momen­ to, todo estaba quieto. Fue al tocador, abrió un cajón y tomó ’ ^n pañuelo bordado para limpiar sus lágrimas. Suspiró. 75

Cuando bajó, Carlos continuaba sentado en el cana] bebiendo cerveza. —Ya me voy —dijo sin mirarlo. Él tampoco la miró. No dijo nada. Isabel estacionó el coche cerca de la entrada principal dej la casa de sus padres. Abrió una puerta de hierro forja< y caminó por el jardín. —Buenas tardes, señorita —le dijo el jardinero, que po-J daba las rosas marchitas. Isabel lo saludó con un movimiento de cabeza. Hoi sias, rosas, enredaderas trepando por los muros. Al fond< una barranca, una sucesión de cerros levemente dorad( y el sol como una m ancha dorada en el cielo, tras las nul La tarde estaba envuelta por un leve calor que no molí taba. Tocó un timbre: una campanilla tintineó dentro de la casa. Una criada uniformada de azul abrió la puerta. —Pase, señorita. —Señora —rectificó Isabel. —Su mamá está muy nerviosa, señ o... —dijo la sirvk ta como en secreto. Isabel entró. Vio a su madre bajando la escalera de m árm ol acaracolada. Fijó la vista en el vestido negro, después en el rostro pintado exageradamente. Isabel bajó la vista: una sensación (¿o un pensamiento?) de alejarse^ una sensación de ir hacia otro sitio y volver en un instante^ en una fracción de instante. Caminó hacia su mamá y al llegar fingió besarle la mejilla. Su madre hizo lo mismo. —¿Y papá? —¿Tu padre? Ya sabes, es un desconsiderado. A él no importa que yo m e agite; no le importa en lo más Ay, hija, no, con tu padre no se puede Desde la mañana se fue a jugar g olf... Y Carlos ¿por qué no vino? —Se enojó, mamá. No quería que viniera —se arrepintió de haberlo dicho. Su m adre reaccionó en forma violenta. —¿Qué derechos tiene sobre ti para im pedir...? 76

—Mamá, es mi marido —dijo ella con voz calmada. —Ningún derecho. Que dé gracias a Dios por haberse c a s a d o contigo. Ese... pillo no te merecía. La clase de familia... —Mamá, por favor. —No, nada de por favor, Isabel. Si desde el principio me hubieras hecho caso, las cosas serían distintas. Y estoy segura, segurísima, de que la madre tiene que ver en todo esto —hizo una mueca de angustia—. Sé que te quiere separar totalmente de nosotros. Sí, eso quieren —No seas absurda —dijo Isabel, incómoda. —Tantos buenos partidos que tenías... —Pero ya no los tengo, y Carlos es mi marido y las cosas no van a cambiar. La señora Lucía gimoteó. —Sí, sí, y a sé que no van a cambiar, ya lo sé; pero tú no has querido hacerme caso; si desde el principio... —Ya mamá, por favor. —Isabel —respiró hondo—: aún, y a pesar de todo, soy tu madre. —Ya lo sé y no necesitas repetírmelo cada vez que te visito. ¿Me hablaste para que te ayudara? No discutamos, mamá, por favor —dijo Isabel dominando sus nervios, con voz monótona. Un breve silencio. —Y Lucy, ¿está bien? Isabel sintió una sensación de alivio. —Muy bien, mamá, te manda saludos. —Vamos a la cocina. Tenemos una de cosas que h a ce r... Isabel se sentía triste. Algo un poco amargo que recorría su cuerpo, todo el interior de su cuerpo. Una sensación de algo circulando dentro de ella. Una sensación incompren­ sible, y amarga. Su madre, Carlos. ¿Por qué esa sensación? £n el té-canasta charló con las amigas de su madre, y se fo s tró alegre. ¿Entonces?

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También para Marcela y Alejandra. Lucy dor mía. Isabel calló. L despertó y empezó a llorar. Lucy? Lucy la miraba. Cruzó la num bra de un pasillo. Levantó en sus brazos a Lucy. schh — Isabel la m ecía—. Abrió su bolsa y sacó una cigarrer Cogió un cigarro y tomó el encendedor. Fue a la cuna. mis mini­ sobrinas. Llevó la flama al cabo del cigarro.Isabel frenó. Isal metió el coche rápidamente. Aspiró profundamente. Lucy. Entró a la alcoba. . —Sschh. La luz roja del semáforo se difundía déb’ m ente en el suelo. y las dos nos vamos a qu mucho y no vamos a estar solas? ¿Verdad que no. Sintió en ese momento que algo dentro de ella se había derrumbado. Pero entonces no supo qué. ¿Verdad Lucy que vas a querer mucho. Luz verde Cuando la sirvienta abrió las puertas del garage. A Julieta. La luz de la lv sobre la colcha dorada. Encendió una lámpara. Entró al hall corriendo escaleras arriba.

UNA ACTITUD SINCERA .

oh muy bien. Ella sabe cómo satisfacer a su hombre. Las mujeres parecen llenar su cabeza. Y muchos hombres en muy poco tiempo. Pero ella no es bien apreciada. Hila es muy complicada. Pero ella es educada y no le importa nada. Mi cabeza está por estallar. Pero ella está dedicada a tener lo que quiere. Hace lo mismo todos lo6 días. Ella es muy complicada. Ella es más mansa que un corderito. Hablamos juntos y discutimos que es verdaderamente lo mejor para nosotros. Ella es sofisticada. Ella es muy complicada. Me trata. —The Rolling Stones .COMPUCATED Se ve tan sencilla en su manera de ser. Ella es muy complicada.

había recitado versos mientras hacia el amor: "M i cuerpo de labriego te socava. Que nos busquemos. Quiero que me estés abrazando y besando siempre. Bésame más. si Alfredo había estado muy romántico. Tal vez ella y Alfredo haciendo el am or. ¡Ah. Parecían dos extraños viajando hacia el mismo sitio.... y estemos siempre juntos. Desde que salieron del hotel no habían di­ cho nada. sin el menor impulso de principiar una conversación. Por qué. Decir cual­ quier cosa. sí. Era absurdo pensar que este silencio establecía un rompi­ miento definitivo. esta monotonía inesperada e inexplicable: m onotonía larga. las rosas del pubis!" Sí. ámame más que las otras veces. nos busquemos para amamos más. más fuerte.. Q ue tus manos calien­ tes ardan en mi piel. luego M ireya. Con el dedo índice dibujaba sus nombres en el vaho del vidrio.. Sí.. proponerle una cita para mañana. Que tu boca y tus manos estén siem­ pre sobre mis pechos y mis muslos. Alfredo había acariciado y besado todos los lugares de su cuerpo y de su rostro. Que acaricies mi vientre con ternura. Mireya veía las sombras de los coches que se alargaban. A lfredo.. algo. ¿Acaso este silencio comunicaba el deseo de no estar jun­ tos por más tiempo? Él era quien debía iniciar la conversación. Sentados uno al lado del otro sin hablar.Por qué este silencio sin comunicación. Leía los anuncios en las azoteas de los edificios. absolutamente nada. sin mirarse. suavem ente. sólo amándonos. satisfechos de vivir para alguien. algo. feliz. como nunca. los ojos de ausencia! jAh.. Ahora una figura y luego otra. se iban. monotoníacorrosiva. Sólo amando. Que no te separes de mí. suave. 81 . Primero Alfredo.

Y recorrer liviana­ mente la piel de su espalda con los dedos. los rostros expresando la satisfacción del placer.. Recibiendo de Alfredo todo. Así nos amamos.. palabras. Y hubieras dicho que mis lágrimas eran absurdas para el momento. la comunicación secreta de las caricias. que no significaban nada. la tranquilidad. revivía las imágenes de sus cuerpos y rostros. como una virgen. cerrar los ojos para entretejer sensaciones y amarse intensamente. Exactamente como se en­ trega una virgen. Pensaba ahora en la comunicación que le había proporcionado el roce leve y violento entre las sábanas. Y habían hecho el amor en todos los sitios del cuarto del hotel: en la cama. de amarlo siempre. Y ella aceptando todo. en las figuras que dibujaba en el rostro y el cuerpo de él. sin tratar. en el baño. Sí. las miradas en la penumbra. una Mireya capaz de amar y no sentirse sola. con el deseo optimista y sincero de seguirlo amando. que no agregaban nada. sino esperando pacientemente que Alfredo le insinuara caricias.. enamorada.. en los leves suspiros que sustituían a las palabras. la serenidad sensual antes del descanso y la satisfacción Todo era suficiente para sentirse amada y tranquila. Y ahora su memoria revivía las palabras y los gestos de esos ins­ tantes. Hasta quise llorar. sí. sobre la alfombra. 82 . como la primera vez.. pero me contuve. de llevar las iniciativas del juego. cada cari­ cia un pensamiento: las manos dibujando líneas misterio­ sas mientras se deslizaban sobre la piel. encuentros.En la tarde había amado a Alfredo tiernamente. aceptándolo con amor.. Ella buscándose en Alfredo. sin hablar. me hubieras considerado una adolescente sentimental. dibujando signos —tatuajes invisibles. Sintiendo a Alfredo cálido y buscando en la oscuridad sus besos... ¿Por qué? ¿Por qué pensarlo? Si esta tarde fue cuando verdaderamente se sintió enamorada. Estaba enamorada y era absurdo pen­ sar en que sus relaciones estuvieran desapareciendo en ese preciso momento. todos los días.

.. Vámonos pronto. Ella debía adoptar esa actitud cor­ dial y cínica: yo no te deseo. Si. Pero no. Aquí y allá.. no me hubiera importado... No me busques. lo haría para que no gastes con las putas. no después de esta tarde. lo peor. ella fue al baño. dos. Pero no ahora. ahora no podía sentirse sola. Y aceptó con indiferencia no­ table. tendido sobre la cama fumaba un cigarro.. un iceberg tropical. No me hubiera importa­ do desvestirme a la vista de todos.. Para mí eres algo así co­ m o. No me importó acos­ tarme contigo. tenía la vista fija en las volutas de humo que cuidadosamente hacía. mientras Alfredo. te deseo" — Alfredo le propuso que se acostaran igual que si la hubiera invitado a tomar un café: con el mismo entusiasmo. cuando frente al espejo se pintaba los ojos y los labios. no me importas. vacias y tranquilas. Mireya estaba confusa y molesta por haber llevado el juego hasta el final. Ko ahora que sentía amarlo consciente y sinceramente. como hace quince días. " —¿Te acuestas conmigo esta tarde? Tengo ganas de hacer el am or contigo..Las calles en penumbra. manchas de luz blancuzca resplandecían en los árboles mojados. con el mismo tono de voz." —Alfredo no respondió. Debía amarlo mientras el amor durara. Otra vez el sentimiento de soledad. Fueron al hotel y acabaron pronto. Se bajaría del coche a esperar otros días para que él la llamara por teléfono para otra cita. como el primer d ía. como este día en la tarde. Al otro lado de la avenida las luces venían vo­ lando como mariposas. tres m eses. Olvidemos esto cuanto antes.. Después de vestirse. Estaba segura de que tarde o temprano dejarían de ser amantes.. y luego se perdían. Otra vez incomuni­ cada.. dejarlo ir sería asumir una actitud cómoda y. En cinco o diez minutos llegarían a su casa. sola. Y desde ahí. con la misma cortesía. porque el amor era algo más que la satisfacción de los 83 . ahora amaba a Alfredo. cobarde.. sobre la mesa. le dijo: " —Si hubiéramos hecho el amor en un café.

me interesa. Los recuerdos —s e . —Yo te lo diría —interrumpió ella bruscamente—. ¡Qué voy a saber! ¿Crees que voy a acordarme? ¿Quién va a acordarse de las veces que ha hecho el amor? Es como si me preguntaras que cuántas veces me subí de niño a los caballitos. tú debes saber que yo te amo ¿verdad que te amo.. ¿Crees que voy a saber cuántas veces me he acostado? Si ustedes las mujeres tuvieran nuestra liber­ tad se acostarían desde los diez años y entonces ninguna podría responder a tu pregunta.. Alfredo respondió: —A ninguna. Alfredo. Era algo complejo que ella sentía aun después de las dudas provocadas por el silencio. ni-ñasde-cen-tes. —No tiene importancia. el am or era esta serenidad después de la suave batalla entre los cuer­ pos. A lfredo?" Las luces se extendían en las líneas paralelas y ondula­ das. Después de la discusión. Alfredo. Nos co ponde a los dos. sino estos: los pensamientos. mi vida íntima. in-discre-tas. Mira. instantes. Q ue lo de Fem ando fue un juego. Quién se va a acordar. Porque. palabras. —No tiene sentido. era algo más. de todo: prostitutas — sonrió—. sirvientas. —De todos modos es absurdo hablar sobre eso. la paz de saber por encima de las dudas que amaba a alguien. Es lo mismo. sé que te amo. aun cuando pensaba amarlo loca­ mente. dijéramos.. a los quince años me acosté con la primera. Aun cuando él la había hecho sentirse reconciliada 85 . El am or era una verdad revelada en esos instantes. . — Alfredo. Esta clase de p regu ntas. me molestan. ¿cóm o te diré?. —Es importante... Recuerdos. chisporroteando en el aire. pensada a ciegas. Es parte de nosotros. es banal. El viento frío jugaba entre los árboles del Parque Hundido y chocaba contra las facha­ das de los edificios y su sonido se perdía lentamente. de todo. claro. Los recuerdos son estú­ pidos. el am or no eran aquellos instantes eróticos. de final. por favor —trató de im itar la voz y el gesto de ella—. Alfredo prendió el radio.cuántas veces has hecho el amor? — ¿Qué? M ireya repitió la pregunta —¿Te interesa? —Sí. am arla tanto com o ella a él. ¿Acaso el silencio derribaría una a una sus emociones? ¿Acaso el silencio la volvía a su antigua condición? ¿Por qué esta inseguridad? Alfredo debía am arla. —No lo es. no tiene caso.deseos. te lo contaría todo. No hable­ mos de esto. Es una pregunta. Que los dos hem os tom ado las cosas seriam ente. pasó una mano por la cabeza— son pendejos. O se vive el presente o te pierdes en un m ar de recuerdos ¿cómo te diré? escatológicos. Es lo mismo y a mí no m e importa. Y reducir la soledad de M ireya a la trivialidad de una receta de cocina Alfredo debía entender que sólo pueden sostenerse las emociones. Buscó una estación de música clásica: un piano. Todo estaba claro. Te lo diría todo. —Mireya. la pasión.. —No lo es. Sé qu e nuestras relaciones son distintas. 84 I —No se debe hablar —casi gritaba—. —Mireya. Es como si yo te preguntara qué hacías en la cama con Fem ando cuando eras su amante. cuando están hechas por dos. — Pero puedes decirm e. "T e amo. el silencio aumentaba la sensación de distancia.. ¿No recuerdas a ninguna? ¿Amaste a alguna? Después de un breve silencio. ningún recuerdo. colocándose y separándose. —Te digo que es importante. giraban como vidrios de caleidoscopio. contéstame. El silencio se alargaba. —Sí lo es y no te voy a decir nada. Es absurdo. A lfredo seguía callado. de separación. Es. por favor.. dim e que me amas. —Por favor.

. Mireya llevó sus manos a la nuca de él. no era posible. me siento. Mireya pensaba que la lluvia le revelaba su sole­ dad. Decir que estaba distraído.. el mismo silencio. algo secreto.. Para él no había sido nada su relación. No. Que estaba sola. Sentirse enamora­ da. Sin contenerse. beber unos tragos. y la multitud de foquitos que rodeaban las m arquesinas de los centros nocturnos. ¿cómo te diré?. Escuchaba la música del radio. sino para demostrarle que estaba aburrido de ella. los postes verdes. —¿Cómo lo sabes? ¿Podía ser tan estúpido como para confundir la música de Beethoven con la de Debussy? ¿Era una broma? No. parejas de enamorados caminando hacia el ho­ rizonte. Alfredo respondía tontamente. —Para el coche —dijo Mireya. Mireya veía los coches que pasaban.. Si él veía todo co­ mo una diversión: pasar un momento juntos haciendo el amor. 87 . —Bésame. Ella era sincera. Su mirada se perdía en la noche. era absurdo. él sólo quería jugar. Alfredo le había entregado la paz y el amor que. No se podía vivir jugando siempre y eludir respon­ sabilidades con sólo decir "so y sincero" para no compli­ carse la existencia... —¿Te sientes feliz conmigo? —Si. volver a sentir el deseo de hacer el am or. monótono. contestó con voz burlona: — Es de Debussy. seguramente lo decía en serio. Si hubiera sido hum ilde. hablando despacio. Cada vez que oigo algo de él. Por qué Alfredo se comportaba a sí. Todo podía escaparse. Alfredo.. no. Pero no. Algún preludio de Debussy: lagos sere­ nos. El mismo sonido.consigo misma. 86 En vez de disculparse por el error. las mujeres sólo usan la cabeza de adorno. a punto de llorar. pero no esa respuesta tan idiota. ramas movidas por la brisa del atardecer. Sólo el sonido de la lluvia. Los claroscuros del cielo. indescifrable. y era tan poco hombre como para no decírselo. ahora.. sí. era un pretexto para discutir. Sentía nostalgia por algo perdido. cualquier cosa. con patos y cisnes. a una mujer de un hombre. los árboles ambarinos. feliz de vivir. Alfredo estacionó el coche a la orilla de la avenida. de seguro. ¿Perdido desde cuándo? ¿Por qué esa frialdad después de haber am ado? ¿Por qué esa actitud de Alfredo? ¿Q ué habia hecho ella? ¿Se merecía esto? —¿Apago el radio? — dijo M ireya —¿Tienes cigarros? —preguntó él. Subió los pies al asiento. no debía discutir por una ton­ tería. ¿eso era todo? No. pensaba que ella había tomado todo tan frívolamente como éL Claro. debía tomar las cosas serenamente. —Es m ejor. Alfre­ do no había callado por cansancio. Mireya estaba triste. No se podían convertir todas y cada una de las c o s é i s de la vida en un juego. no debía precipitarse. Pero después de todo. recobro vitalidad. Claro. con dignidad. Las luces eléctricas que reverberaban sobre el asfalto. creo que sí —hizo una pausa y agregó—: Beethoven es grande. —¡Que nos callemos! ¡Es m ejor para los dos! Las luces opacas como ojos llorosos. ¿Enamorada? Era absurdo sentirse enamorada como adolescente si Alfredo no lo estaba. que siempre había estado sola. —Estaciónate. —Tienes razón. Quiero que me beses. lento. era una estúpida por creer en este juego idiota y dejarse llevar por él... No debía discutir con Alfredo. por qué Al­ fredo no. -— ¿Qué? No te oí. —¿Qué tiene que ver Beethoven. eso es. claro. cansarse. —Es muy fácil distinguir el rojo del negro. como un gigante. parecía fugarse. no. Para él todo continuaba al mismo nivel que en el primer día y.? —¿No es de Beethoven? —dijo señalando el radio. Mireya respondió que s i Le acarició la mejilla ligera­ mente.

—Mireya. que no puedo perderte Que aunque te acostaras con otro no te perdería. lo necesito.j taras con otro. qué tienes. Las luces cam biaban de 88 . digamos. Es. Apagó el dgí en el cenicero. Luz roja. parecía com o si todas las estrellas se hubiese desprendido de su lugar en el cielo. El coche avanzaba. una de-1 terminada situación de estabilidad emocional. —¿Piensas en serio? —Muy en serio.. Alfredo se separó un poco.. ¿Me quieres? Dim e sincera.] m ente. ¿Me entiendes? Casi murmurando Mireya dijo que sí. he sido sincero. El asfalto parecía estar cubierto de estrelh caídas. ¿nos vamos? Encendió el motor. Luz verde. dímelo. —¿Y si lo hiciera? —No dejaría de amarte. No sé por qué lo piensas ahora.. Será mejor para los dos. —Mireya. el am or no sólo es el placer —decía] sentenciando—. El am or no es sólo acostarse. Sé que te amo.. Luz verde. no sé cóm o decír­ telo. se separó—. —Te lo prometo —levantó la m ano en juramento. Es algo más que eso. —Cuando te abu rras. no me im portaría.. El coche avanzaba y rápidamente los edificios corrían en sentido contrario. Mireya prendió un cigarro y le dio otro a él.. —Debemos pensarlo —dijo meditabunda. casi sin pro-] nunciar las últimas sílabas. —Mira Mireya. Si te acos. Una profusión transparente de co­ lores... Como si en realidad las estrellas fueran del tamaño que las vemos y ahora) murieran aplastadas por las llantas de los coches. —él volteó a verla—. El coche corría veloz. No debes dudar de mí —le dio un beso. —Necesito que me beses. cóm o d ecir el am or va más allá del sexo. Coches avanzando. La lluvia chispeal en el asfalto.. por Dios... —A lfredo. Te lo pido sinceramente. son-¡ rió—..

—¿No has visto a las palomas copular sobre tu hombro? —dijo Mireya en el tono con que se explica a un niño. ¡boba! —dijo Ali­ cia. amor: yo amo. —O cogemos —agregó Johnny. —Como quieras. abriendo los brazos. tengo que ir al Coyote Flaco a buscar a Pedro. —Está bien. —No sé. —¡Claro. muy interesante. se alisó los cabellos a la Brigitte Bardot. tú amas. Los coches se detenían V luego seguían.. —Copular. cohabitar. haciendo el am or —dijo Alfredo. Lo alumbraban velas puestas sobre las mesas. Alfredo buscaba. picar. discutir o aclarar. —Alfredo y yo nos amamos. Si aún tienes tiempo vamos a tomar un café. me debe cincuenta pesos. —¿Y ustedes dónde andaban? —les preguntó Johnny. amargada! —dijo Mireya. parado en el vano de la puerta. Muchachas viendo discretamente a los muchachos. Ya no había nada que hablar. pinturas abstractas. —¿Te voy a dejar a tu casa? —le preguntó Alfredo. clavar. ¿vamos? —¿Qué hora es? —Las nueve y cuarto. hacer el amor.. Lo vio junto con otros amigos.. escucha a los gatos y ve a los perros! —dijo Johnny. 89 . coooger —dijo Johnny. sí —interrumpió Alicia—. —Ahí está —dijo. —¿Tú lo tienes? —le preguntó Pedro..rojas a verdes y de verdes a rojas. vamos. Entraron. a Pedro. —¿Qué es el amor? —preguntó Johnny. nosotros am am os. pi­ sar. —Sí. —Nosotros. En las paredes máscaras prehispánicas. —¡Claro que existe. Agregó—: El amor no existe. fornicar. Parejas de novios abrazados conver­ saban en voz baja. —Muy interesante. Llegaron al café.

Alfredo? —le preguntó Mireya. — Por supuesto que no —respondió Alfredo a la pre­ gunta de Mireya.. Ninfomanía —dijo Johnny en voz muy baja. Se escuchaba. por ejemplo. Mireya titubeó... ¿Alfredo y yo nos amaremos?. verdad. — Yo sí sé.. ¿No es cierto. — Por mi parte puedes practicar. —¿Y tú sabes lo que es? —preguntó Pedro. un disco de Dave Brubeck.. —¿Verdad que sí. Alfredo? Él se sonrojó. Alfredo movió la cabeza diciendo que sí.. Los otros observaban —Si Alfredo m e ama y yo. Se escuchaban lasi notas de un piano. Por el am or estoy dispuesto a un sacri­ ficio. ¿seguiremos amán­ donos? —Fu ror. — ¿Qué? —Que el amor es sólo una conjugación. — El plural es orgía —dijo Johnny. —dijo con naturali­ dad forzada. —Amor a larga distancia es masturbación —dijo Johnny. —Desnúdate —interrumpió Johnny.Aceptem os que Alfredo y yo nos amamos y para convencerlos les propongo. Los dos seguirían amándose. M ireva los recorrió con la mirada. dijéramos. — .. Yo estaría dis­ puesto a colaborar. un test Alfredo la miraba extrañado.. 90 . El am or es una cosa espiritual. — Es en serio —dijo M ireya y agregó—: ¿Tú no te eno­ jarías.— ¿Es cierto. Pedro dijo riendo: —Seguro. —Yo puedo demostrarles lo que es el am or. me acuesto con Pedro. Lentamente tomó un cigarro de la cajetilla que estaba sobre la mesa. Alfredo? —preguntó Mireya. Alfredo? —dijo Mireya.

. es sólo un test —dijo Johnny. —Idiota — dijo A licia con desgano. Los pantalones blancos. viendo qué.— ¡Esto es lo que se llama vivir en una sociedad demo­ crática! ¡Hasta que por fin la mujer se ha emancipado del pendejo machismo mexicano! —gritó Johnny. Pedro se incorporó. —¿Tienes dinero para el hotel? — Mireya miró a Pedro. Se paró frente a Mireya. Pedro? Yo no me voy a acostar con Alicia —dijo Alfredo moviendo la cabeza como si despertara de un sueño. después a Alfredo y volvió a mirar a Pedro—. por supuesto. Salieron. Caminaron entre las mesas. provocativa. tomar las cosas con frialdad. hasta obscena. Los pantalones de pana verde. la tomó por los hombros. Pedro la tomó de la mano. por su ayuda en los momentos difí­ ciles y en poner las comas y los puntos y comas en su sitio. —¿Tienes miedo de perder algo. ¿Te acosta­ rías conmigo esta noche.. la playera rayada. ¿Qué? 91 . Sus figuras se veían borro­ sas entre el humo del cigarro. ador del cine mexicano. Los amigos los veían dirigirse a la puerta. En voz baja le dijo: —¿Nos vamos? — Esto se llama Fom icología Comparada —dijo Johnny.. los cabellos lacios de Mireya.. toda la noche? —No creo que Alicia se enoje. por su amistad atando estaba yo en el arroyo. Y. Una sonrisa. El saxofón del conjunto de jazz ejecutaba una escala musical. Gradas a Gastillón Bracfio. la gabardina sobre el brazo de Pedro. Debía ser fuerte. —Estoy hablando en serio. —¿Es una broma? Mireya temblaba. Respiró hondo... En voz baja ella respondió: —Vá-m o-nos.

• EN NOCHES COMO ÉSTA • .

Rogando otra vez. Oh. no. Eso fue lo que dijo muy suavemente. no. Y sintiéndome bien casi todo el tiempo. '"No te preocupes. Y otra vez. casi todos los días. ella sonríe dulcemente y dice. Oh. no. y dice." —The Rolling Stones . no. Oh. no. Oh. no. "No te preocupes. No tiene caso tratar. Y no desaparecerá. no. no. Oh. Pero ella sonríe dulcemente." No hay nada en por qué o cuándo. no. Tú estás aquí. no. Y no desaparecerán. no. noooo. Oh. no. "No te preocupes. no.SI L HSMILED SWEETLY ¿Por qué mis pensamientos me apesadumbrar» tanto? Parecen permanecer día tras día. no. ella sonríe dulcemente y dice. no. no. no. Pero ella sonríe dulcemente. ¡mi cabello se está volviendo gris! Pero ella sonríe dulcemente." ¿Dónde lo esconde dentro de aquí? Que mantiene su paz. no. Oh. ella sonríe dulcemente. he intentado todo. Entiendo por primera vez en mi vida. no. no.

Tal vez bailábamos por vani­ dad. forman un lugar secreto. la selva." Querían olvidar su eficacia.. Tú y yo éramos los únicos jóvenes. brillante por las luces blancuzcas y rojizas que chisporroteaban. Como nosotros. Te amaba con ternura y soñaba a tu lado. Las parejas: hombres entre los treinta y los cincuenta años. Música para escuchar desde un asiento frente a la barra. se hu­ bieran visto ridículos... Muertos y vivos. Éramos los únicos en la pista de madera encerada.. Lue­ go bebía un sorbo largo de whisky.. Los hombres bebían con alguna amiga accidental: la amante o ta puta. no s é . en la media luz.. de cualquier ciudad. Música para bailar. me acuerdo. fuera de la ciudad. Y estábamos en otro sitio. cerraba los ojos por un momento como si así funcionara un mecanismo que fotografiaría las imágenes de los momentos que estábamos viviendo. Caminando entre la noche.Dingdongding... para sentirse bien. ser jóve­ nes. Ellos estaban 95 . desde distintos lugares —la barra. mujeres que aparentaban. Tú y yo éramos los únicos jóvenes. estaban allí para llenar sus cuerpos y sus cerebros de alcohol. Ellos querían olvidar sus deberes del siguiente día: "¡Sí. listo. en algún lugar donde el mar. viejos y jóvenes. No sé. una mesa distan­ te— nos observaban bailar. o simplemente una dama de compañía para no beber solos. hombres y mujeres. porque estoy seguro de que ellos no podían. señor! Aquí está. voces e instrumentos. La campanilla tintineaba cada vez que alguien seleccionaba una melodía en la sinfonola: músicos y cantantes famosos estaban presentes. Cada vez que estábamos en el bar. me acuerdo. con una-dos latas de cerveza o un vaso de scoíái-on-lhe-rocks.

las tres primeras noches. la piel tantas veces cercana. Siempre nos gustaba pensar que el encuentro era por primera vez. escasa importancia: una novia. una aman­ te. Siempre. Susana. Acercabas tu mejilla a la mía: ardía leve. beber aprisa.ahí para olvidar a las mujeres que en su vida adquirieron alguna notable. cada mirada. esta noche te amo. esta noche. Ellos estaban allí para ] tratar de olvidar los recuerdos y el porvenir.. bellísima ^ esta noche. Susana. Ellos estaban ahí para olvidar a su mujer. o en tu casa. Cuando ya habíamos bebido algunas copas de whisky. son­ deando como los faros buscadores de barcos náufragos. Tú y yo. estábamos allí para ilusionamos y transfigurar cada imagen elaborada en ese bar. Andy Williams. tratando de no llegar a mi hotel. Más hermosa que las otras noches.. lentamente. Susana. y oía dentro de mi cabeza las voces. cuando aún no entraba a tu departamento. después de despedimos. beber cuanto antes el número suficiente de copas y salir hacia cualquier parte donde pasar la noche. donde olvidarla. pareces volar. la música... Te apoyaba con mis brazos. una puta hecha de todas las putas. No había ] suma o resta respecto a otras noches. Susana.. permanecían fijas un instante. de todas sus putas. Te amo. % . el tintineo de la campanilla. y entonces buscaba un bar. Susana. Susana. Y entonces quería­ mos estar juntos para siempre. Preciosa. cada caricia. ¿Y no recuerdas que ] ellos también buscaban enternecerse escuchando la sinfo­ nola? Pero preferían beber. o en cualquier sitio. cruzando límites. pero ahora sólo quiero] verte. Stan Getz. vuelvo a las horas que pasábamos allí. flotar de tan ligera. caminaba en cualquier dirección. bailando. el olor de las sábanas. Tú y yo estábamos para recordar todo: cada beso. esta noche estás adorable. nuestras miradas se buscaban. Te am o. Y no eran necesarias las palabras. Miles Davis: las primeras noches. Susana. Susana. Nuestros cuerpos silenciosa­ mente se amaban mientras bailábamos. Las otras noches te deseaba..

El sax continuaba estremeciéndose solo. Una libertad con­ dicionada por el amor. impotentes sin dar nada. anaranjada. la felicidad venía a nosotros gratuitamente. El calor nocturno lentamente abrazaba nuestros cuerpos. Más whisky. En esos momentos. los árboles entre la noche. Andy Williams cantaba. su voz oculta debajo de un sillón. chispo­ rroteante en la casi oscuridad del bar. los postes de luz. Y después de cada fiesta nos deseá­ bamos. con furia. nuestro bar. Una carpa de circo agujereada parecía el cielo. Todas las fiestas nos sugerían la posibilidad de am am os olvidando al mundo. Y acercabas tus labios y me besa­ bas: esta noche debemos am am os más. Tu regreso derribaba las dudas que absurdamente elaboraba en tu ausencia. La voz del sax moría. Nos amábamos en la noche. be­ sándose. no importa si nos amamos con violencia. La noche llegaba: luz indirecta roja. pero debemos amamos más. donde 97 . Nuestros suspiros se entremezclaban como las luces de colores.bebiendo y fumando. Bebía­ mos whisky. Yo te besaba en señal de solidaridad y reencuentro.. decías casi murmurando las palabras. hora en que te ibas para volver la próxima noche. Desde la terraza veíamos las calles. que apenas percibíamos en los colo­ res rojos y azules de la penumbra parpadeante. ¿Recuerdas la ternura que nos comunicaba la voz suave y solitaria del sax de Stan Getz? Pero luego. Me siento sola. Salíamos a la terraza a sentir ei :°nto fresco. las casas. Había una sensación de liber­ tad entre nosotros. De repente nuestras miradas se desentrelazaban.. bailando y bebiendo. o tal vez las puertas del baño. Las otras parejas se murmuraban palabras. pero perma­ necían fijas sin comunicar nada. nuestros ojos buscaban la salida. hasta las siete de la mañana. Después de nuestras fiestas íntimas en el bar. Siempre mirándose. dentro de nosotros. Un silencio que de tan breve parecía destruir todo.

Un pensamiento giraba.llegaban hombres y mujeres solos a pedir la bebida ofir* de tu país: gin on the rocks. como los niños que edifican fortalezas de cubos muí ti colores para después derrumbarlas. confundidas. Y me decías: te amo. la luz de la vela te descubría. rejuvenecías. tus cabellos be* ban. Susana. luego renaciendo. Pero era sólo un sonido perdiéndose entre los otros. No tenía­ 98 . Al llegar. Tus ojos brillaban. No soportaba el mundo. el zumbido de los motores afuera. la monotonía de las voces a mi alrededor me habían orillado ya a aborrecer al hartender siempre sonriente. pero también su in temporalidad. Entonces pensaba que mis ojoe volvían a inventarte. Susana: podían ser los soles para la gente del bar. sólo eran ruido. Y casi siempre permanecíamos hasta las tres de la mañana sin usar palabras para comunicamos. Bajo las luces ocultas. las risitas mustias de las mujeres. su mínimo movimiento de manos. Al fin venías. con tanta soledaJ en un bar. no te olvido. Te acercabas. Johnny Ray y 5tan Getz. No vendrá esta noche. En ti no había secretos. giraba. Parecía estar agoni­ zando bajo la barra. No sé por qué temía. Bailábamos con suavidad. las copas de whisky. Todas las palabras llegaban a mí dispersas. ebria y solitaria. la voz llorosa de la cantante. como si aún no existiery todos estuvieran a punto de descubrirlas a través del ruido. incomprensibles. una sensación intensificando los latidos de mi corazón: no vendrá. sin querer morir. Todas las noches dudaba de que tú llegaras. íbamos a nuestra mesa a beber. su presen­ te. No soportaba esas voces que. apareciendo y desapareciendo en las luces y en las sombras. no vendrá. En la penumbra sus rostros se transformaban. Ray Charles. Antes de que tú llegaras. Me herían el cerebro como alfileres. pidiendo ayuda. adquirían características fantá ticas en su incesante transform ación parecían estar viviei do frente a nosotros su pasado y su futuro. También había parejas que parecían estar construyendo su futuro día a día.

la nada. buscaban desde entonces un lugar fuera del bar y las luces rojas y anaranjadas.. apasionada. señales. Recuérdame. Buscaban permanecer como trozos. (Esas palabras. resuelto y revelado por la fuga del tiempo que nos obsequiaba la borrachera: resurrección y muerte de recuerdos. te quiero. ¿Te conocí en el bar. y. la inmortalidad instantánea en nuestras vidas. te amo. Y luego: contigo no me siento sola. como rompecabezas volcado. me decías. Cualquier esfuerzo es inútil. Susana? ¿Cuándo fue? ¿Hace cuánto tiempo? Un año. Aveces pienso que te estoy inventando. trataré de no olvidarte. pero después... el bosque. es­ cucha.. si te amé. incapaz de rehacer los recuerdos de todas las cosas que vivíamos diariamente. la inmensidad.. Yo pienso en ti. Susana. como la música de Stan Getz y las canciones de Andy Williams. me pregunto si ahora te amo.. ¿Te amé. En enero. En el prim er mes del año. fuera del bar donde nos encontramos. Pactamos no escribimos cartas. fuera del bar. todos nuestros instantes se caen: como frutas podridas. la selva. A veces se limitan a formar un solo recuerdo. la vida. Susana. la inmensidad. Y tú: te prometo no olvidarte. signos de nuestra vida. que eres como los fantasmas que veía de niño caminando entre la oscuridad. como todas nuestras palabras. se dispersan y ninguno queda «mido a otro. Desde entonces te busco en mi memoria. Me obsesiona saberlo ahora porque todos los recuerdos. Susana? ¿En la calle? ¿Dónde te conocí. Susana? La respuesta se esconde en su silencio. Susana: sinceramente. Todo se 99 . Un mundo para los dos. en aquel lugar secreto del mar.) Entonces no nos sentíamos vacíos ni desolados. Trato de evocarlos y se vuelven como complicadas ecua­ ciones sin resolución.mos nada que confirmar. Durante dos semanas tuvimos las horas suficientes para amar tierna. en la noche. Y yo: te prome­ to no olvidarte. El whisky nos reintegraba a un mundo joven y feliz.

Nues­ tro brillante futuro. N os deseamos. imaginándolo.calma en un vacío y pienso sinceramente en ti. Nos rozaba el viento frío. gente de éxito. Ol-vi-dar-nos. Susana. Todo se irá. La luz neón. En un momento nuevas sensaciones se revelan en cada uno de nosotros. una y otra vez sin conocer el cansancio. poco a poco. íbamos abrazados. en todo instante. ¿así nos tenemos que amar? A m am os durante dos semanas todos los días y luego olvidamos. Susana? ¿No es verdad? Aunque sea durante dos semanas. Susana. Susana. hijos. Debemos sumarlo a los de atrás. ¿Que lo mereciste? Y caminaremos todas las noches durante dos semanas. Nos alejaremos. Dirás que piensas casarte. no te olvido. Ya es otro día. Asi m idam os los nuevos días. como tiras brillantes sobre el agua. Iremos olvidando. Vamos a separamos. Seremos ricos. hablando del futuro. olvidamos com o se olvida una cita poco importante. salta y se desliza sobre el asfalto y la banqueta donde caminamos seguidos de nues­ tras sombras y de las siluetas dibujadas en el pasto. famosos. Lo tenemos todo. Dirás que serás feliz. Vendrá el olvido como los meses. Som os jóvenes. Caminamos por la calle despejada de ruido y de gente: monotonía vencida. ¿Acaso no tenemos esa oportunidad? Tenemos dinero para divertimos todas las noches. Podemos deseam os siempre. con nuestras cabezas una contra la otra. Tu casa quedaba cerca del bar. ¿Qué hora es? Dos y media. El espado. el tedio. Tú tienes tiempo para hallar un hom­ bre que te dé una vida espléndida. Dos semanas del mes de enero. Todo puede ser extraordinariamente sencillo. Estamos lejos. No te olvido. Yo tengo tiempo para terminar mi carrera. Dirás que mereces esto en la vida. Y todo terminará cuando la rueda de la fortuna vaya deteniéndose en la última vuelta. que tendrás una casa. A todas horas. me dices. eres bella. inventándolo. se pinta de un color sepia. la aceptación forzosa. ¿N o es verdad. Uno que otro 100 . En silendo caminábamos hacia ella.

Todo fue un accidente. Besaba tus pechos. Te decía te amo. Identificarlas con­ tigo. Recordarte en ellas. Y tú lo aceptaste y luego me dijiste que no tenías que hablarme nada de ti. Y para mí lo importante fue conocerte ahora que soy joven. Yo tampoco quería hablar de mí. Una aventura que le ocurre a cualquiera en algún momento de su vida. Es muy sencillo acercarte a una puta. es lo triste. Los nombraría Patricia. Al fin lo mismo. Nos acostábamos. los quince días justos. Esto. Decir las mismas palabras: abre las piernas. Susana. Tu cuerpo se amoldaba al mío. No quería que habláramos. recorría tu cuerpo con mis manos. De un golpe puedo olvidar las imágenes 101 . Una noche larga. acariciaba tus cabellos y tu cara. El día llegaba. Hiciste bien en decir que inventára­ mos el futuro. Los recuerdos no llevarían la etiqueta cié tu nombre. Un amanecer de colores inciertos. tu vientre y tu sexo. apriétame Susana. Carolina. Bebíamos los últimos tragos de esa noche. Susana. Otra hubiera ocupado tu lugar y hubiera aceptado beber una copa conmigo. abrázame Su­ sana. no lo fuimos.borracho se cruzaba en nuestro camino. Luego me lo agradeciste. Susana. íbamos pensando en que haríamos el am or una noche más. Porque cualquier otro te hubiera conocido y hubiera sucedido lo mismo. Mierda. porque hubieras vivido con otro las mismas horas. ¿Fuimos felices? No. A las putas podía darles tu nombre. Un amanecer que no queríamos aceptar porque tal vez sería el principio del último día. y hubieras repetido las mis­ mas palabras y él las mías. Susana. que así era mejor. Los bares están llenos de mujeres solas. lo que sea: caras distintas. no quería porque no quería saber nada de ti. Otro que hubiera llegado antes que yo al bar y te hubiera invitado a una copa. Estar acostado con ellas y sentir el mismo placer que sentí cuando amaba tus brazos y tus piernas. Recuerdos casi sin diferencia. De seguro no se llamaría Susana. cuerpos distintos. Llegábamos a tu casa. te amo. Fácilmente te puedo olvidar. Yo por mi parte habría amado a otra.

Oh the crow that is so black my ¡ove will ehange his color wfrite. te 102 .construidas durante esas dos semanas. Escuchamos un disco de Joan Báez. Puedo llegar a la conclusión de que no te amé. Había flores y olía a perfume. Te pusiste una bata azul. habíam os regre. H incarm e p ara recorrer desd e los pies. tranqui los. Era la música de fondo ideal para nuestra úl‘ n o ch e de h acer el am or. Dijiste que habías preparado la fiesta de despedida. dejando el rum or d la aguja. Ir besando tus piernas hasta llegar a tu sexo. Suavemen­ te hasta llegar a tus labios y entonces decirte: te amo. Y luego tu vientre hasta tus senos. sado del bar. transparente. Querías estar tranquila. Esa noche —que cerraba el ciclo de esos dias— fuimos a tu casa antes de las doce. Abriste la bote de whisky que habías comprado especialmente para esa noche y preparaste las primeras copas de scotch on Ote rocks. suavemente. Hasta esa noche lo escu ch aste p o r p rim era vez. A sí estu vim os. Esa noche deseabas la quietud com­ partida sólo conmigo. durante un rato muy largo. que escucharíamos dis­ cos y que beberíamos. Pero el olvido aún está lejano La última noche. No como las otras noches. Eras tú de niña. sólo bebiendo. como de costumbre. And you are not here my lave and you are not you are not here my lover Fuiste a la recámara y trajiste una fotografía. cuando hasta las tres de la mañana culminábamos nuestra separa ción de la gente. Te dije que pusieras el disco de Getz que te había regalado. ifever 1 should dofalse to you Ihe day will turtt to night La voz lejana y soñolienta se apagó.

Susana. te hubiera deseado distinta. el piano. Aún no te olvido. Susana. Poco a poco desnu­ dé tu cuerpo en la cam a. He tratado de vencerlos. olías a perfume. Ella entiende. como una puta que cree que son el anzuelo para llevar a sus clientes a la cama. Hubieras embarrado tu rostro de cos­ méticos. y te siento más ausente. fuim os más tiernos.. ya que ha llegado la calma. sus acordes. Al final de ellas. Te extraño. Entrecerrabas los ojos y suspirabas. Y al final te hubiera pagado tus servicios. prometieran. Un vestido con escote vulgar. Te hubiera exigido el comportamiento de una puta. para que tus senos ofrecieran. Perdóname. Aún no. A Ella: una aparición nervaliana a las siete de la mañana leyendo ‘"Dtc Black Book" de LawrenceDurrel. No sé si estoy enamorada. Esa noche. sé que te amo. Bésame. Me siento solo. Nos amamos sin conocer la calm a o el cansancio. Mis besos recorrían tu piel y mis dedos te recorrían tratando de impregnarse del perfume de tu cuer­ po. mi amor. de un lugar lejano. bésame.amo. y por tanto se siente orgullosa. Perdóname. Nos acabamos la botella de whisky. Nos besamos largamente. Un ves­ tido de terciopelo rojo te hubiera quedado mejor que la bata azul. no dejes de besarme.. 103 . estás tan lejos. La música parecía venir de la calle. Pero en vez de am am os así. El sax. te pido perdón. como para no olvidar. Confabulan pesadillas. Te hubiera amado como se ama a las putas de los blindeles caros. en vez de amarte asi. como las otras noches. Todas las noches batallo con estos pensamientos. la batería parecían estar lejanos con sus notas. más distante. Y te hubiera pagado como a ninguna.

EL ENCUENTRO .

me parece que has visto demasiado en muy pocos años.19m NERVOUS BREAKDOWN Eres el tipo de persona que uno encuentra en ciertos rolaqueos deprimentes y vacíos. pero todavía llorabas toda la noche. hablando muy fuerte. Y después de eso ya no trataste bien a la gente. Bueno. Aquí viene.. esa chava está solamente loca. Y tu padre todavía está perfeccionando modos de fabricar techos de cera. Y aunque has tratado no puedes ocultar que tus ojos están bordeados de lágrimas. Cuando eras niña te trataron bien. Debes parar. Aquí viene. corriendo arriba y ahajo por la escalera. Centro de mucha gente.. Oh. Estabas aún en la escuela cuando tenías al imbécil ese que verdaderamente hizo bolas tu mente. —The Rolling Stones . Nada de lo que haga parece resultar. Pero después de un tiempo me di cuenta que tú descomponías la mía. aquí viene tu decimonoveno colapso nervioso. mirar alrededor. Parece hacer peor las cosas. En nuestro primer viaje traté muy duro de reparar tu mente. Tu madre que no te tomó en cuenta. Por favor. Fuiste echada a perder con miles de juguetes. Pero nunca fuiste bien educada. debe un millón de dólares de impuesto. quién tiene la culpa.

ya me hubiera muerto o vuelto loca. Alejan­ dro encendió un cigarro. cargando a su hijo.Alejandro sacó el coche del garage. —¡Señora Paty.. Alejandro encendió el motor. cargando a su hijo. ¿Por qué no ha ido a las reuniones? —Es que han sido cuando mi esposo está en M éxico. señora. Alex! ¡Luego tengo que ir al salón! Hoy es la cena de la generación de abogados de tu padre! ¡Para! Frenó. En la calle.. f*s muy peligroso. 107 . No ha de poder dormir. Una sirvienta regaba el pasto. —No se moleste.. ps aviador. —¡Qué bonito está su niño! ¿Cómo ha estado? —Bien. ya sabe usted. pocos ruidos. suba.. Lo estacionó a la orilla de la calle. —Vám onos. Esperó un rato largo a que su mamá saliera.... El sol parecía atrapado entre las ramas de un árbol.. ¿y usted? —Pues así. —No es molestia. la llevam os.. El coche avanzaba lenta­ mente. 1. Su mamá abrió la portezuela y entró seguida de la sirvienta.. —¡Más aprisa. de veras. suba! La señora se acercó.a señora se acercó. —Con mis nervios... Tengo prisa —dijo su mamá. ¿verdad? —Se acostumbra una. —Suba señora. y para una esposa. —¿A dónde va? —Voy al doctor.. señora.. señora. muchas gracias.

era una mujer casada.. Aspiró el humo. —Allí. ocultar su interés era lo más natural. El esposo entrando a la recámara en el momento en que hacían el amor. y no pagar.. junto a él.j mercado. y él el chofer.. Se hubiera pasado adelante. O a lo mejor era una señora decente y le hablaba por teléfono a su mamá: señora. una flor. Y luego. cuando estoy nerviosa. com o si fuera La Señora. Alejandro dejó a su mamá y a la sirvienta en el super. Patricia indiferente. Tiró el cigarro. —¿Fuma usted? —No. Debía actuar rápido. Patricia te invito a tomar un café. Joven. Señora. Sí. su hijo. Por favor —Alejandro detuvo el coche y se llevó la mano a la cabeza. Hacer el amor. De vez en cuando. a lo mejor no se pasó adelante por precaución.. descortés. Vieja babosa. Celos. a dejar a la señora Patricia al doctor La señora se había quedado en el asiento de atrás. Bueno. balazos. tenía que decirle algo.. Una señora su amante. una experiencia nueva. no veo nada de malo en que yo la invite a tomar un café. pedían sexo a gritos. donde está el coche rojo. perdería. nada.. Un silencio largo. No. —Tiene usted razón. Bueno. Estaba bonita. mujer con experien­ cia.. lo máximo. —¿No fuma? —Casi n o . por favor —dijo Patricia—.—Debe ser difícil. Eso sí sería hacer el amor. Patricia no continuaba la conversa­ ción. Tal vez sólo aparentaba.. es como todo. a lo mejor lo rechazaba. gracias. acostarse porque se desea a alguien. sus ojos lanzaban sexo. ¿Si fracasaba? No perdería nada. peligrosa. Nada . La señora abrió la porte108 . así no. Esposa infiel asesi­ nada a balazos por celoso marido engañado. ¿acepta? Nada perdería. Una señora su amante. Alejandro encendió un cigarro. ¿quieres? No. No tenia interés en él. —No crea. Mujer casada. Tal vez ya tenía un amante. Y esta señora se veía que le gustaba el sexo.

—T e he estado llamando toda la tarde. Agregó: —Me hablas y te d ig o . —¿Cómo es? 109 . Alejandro estaba acostado en la cam a. ando...Alejandro se dio vuelta. —Señora. —Okey. —Ando. voy a ver. La señora Patricia cruzó la calle y entró a un edificio con su hijo entre los brazos. la invito a tom ar un café... cuando usted quiera. —No creo.. —Necesito un consejo. joven. viejo. Alejandro jugueteaba con las manos del niño. el vientre... respondió la sirvienta. el sexo. —¿De qué onda? —Acabo de conocer a una señora y como tú has andado con señoras. —Te doy mi teléfono. con la vista en una fotografía a colores de una m ujer desnuda: cubrién­ dose con una toalla el sexo. cuando pueda. Alejandro descolgó la bocina y marcó con lentitud el número. ¿de parte de quién? A ver si está. Miró a Patricia. —De Alejandro. "C asa de la familia Díaz G onzález". Ella rehuyó el encuentro de sus miradas. ¿sí? No ahora. —¿Qué día? Cuando quiera —dijo fingiendo serenidad. pero dime la onda.. —Sí. Para qué se lo había dicho. Le dio el número. —A ló.. z u e la .. chao. —Adiós. —¿No está Octavio? —Orita le hablo. La señora le tendió la mano para despedirse. —Bueno. —Okey.

Y ella.. —Seguro. pues. como si tú le hicieras un favor. como veintitantos. algo así. —Bueno viejo. A las señoras les gusta el sexo. ¿Me entiendes? Debes demostrarle que te necesita. no sé cómo tratarla. Lo que le hace falta es mucho sexo. ¿dónde vive? Hay de seño­ ras a señoras. físicamente.. Llévala a una nevería. tú eres joven y en ti ve el vigor que desearía de su esposo.. —A ver. la Nápoles.. Trátala como si fuera una adolescente. ¿De qué clase es? —¿Cómo? —Digo. Pero debes de actuar muy frío. Y como el esposo es aviador... —¡No mames! ¿G im o le hago? Vamos a ir a tomar un café y pues. Viaja mucho. es que quiere pelea.. educada en escuela de monjas. ¿me entiendes? —Sí. —En qué sentido. pero con emoción. clase media acomodada.—La señora. sí. ¿Qué es su esposo? —Es aviador. y en ti lo proyecta. No demostrarle mucho interés. ¿me entiendes? Si va a salir contigo es que hay algo en ella de romanticismo.. Nápoles. las aeromo­ zas son bien putas y a los aviadores nunca les hace falta carne. —La onda es más fácil. viejo.. —Es d e . peladona. decente. Si ella es joven y acepta salir contigo. la onda es más fácil. sabe algo de psicología y tiene muchas frustraciones sexuales. la onda es otra.. porque además de sexo quiere la aventura. tanto que aceptó ir a tomar un café contigo. Que viva tu mun­ do. ¿me i entiendes? 110 . mucho sexo Nada menos que sexo. no es lo mismo que tratar a una niña. La libido muy reprimida. —Sí. —¿Por qué? —No vaya a ser la mía. pero ¿cómo la trato? —¿Cuántos años tiene? —No sé.

Eres el hombre. —Bueno. —Hecho. a go go. Y luego al motel. Casi todo el dinero que le 111 . —H áblam e. —¿No te molesta si paso antes a comprar un disco? Mi hermana me lo encargó. Ella mirando la calle. como usted quiera.. Yo también.-S í.. Te gusta la música moderna? —Sí. Luego le mandas flores. Patricia respondía forzadamente. Muy dispuesta a iniciar la relación amorosa. La señora lo había dicho con indiferencia. —¿Vamos a un café o a un drive-inn? —Como quieras. Pero. —Okey. Las mujeres son mujeres y siem­ pre les gusta todo esto.. —Tú vas manejando. lo comprueban veinte señoras que han engañado a sus maridos en la cama con un servidor. Avenida Universidad.. La llevas a un panqué. algo. iría a un drive-inn. había venido y no tenía por qué estar molesta. —Como quiera-s.. cuando menos lo esperara: Patricia tengo ganas de estar solo contigo. es la base. ¿porqué estaba así? Llegó al lugar de la cita y parecía alegre. —Llegué puntual —dijo. Después de comprar el disco. a mí no mucho. vas a ver que no falla. M i hermana se la pasa todo el día oyendo música moderna. como si estuviera mo­ lesta. Pero. —Háblame de tú. Sonrió. Y allí.. -N o . Le man­ das rosas rojas. —Ve vestido muy juvenil.. La señora llegó al lugar de la cita y subió al coche. -S í. —¿Le gusta. Por Dios que te la coges en menos de dos días. —No. Con una dedicatoria muy britá nica. aunque tengan mil años..

No te molesta que vaya a comprar el disco. se lo regalo —dijo en voz baja. —¿Qué? —Algo así como Tú eres ese bello sentimiento de amor. ¡Carajo! Necesitaba frialdad. ¿Cómo tratarla? ¿Cómo saber si Patricia quería hacer el am or con él? Entraron a la discoteca. —Gracias. Había sido un baboso. y la maldita frialdad no le llegaba. Patricia se distraía viendo portadas en un estante: "Everybody Needs Somebody To Love" de Dean Martin. —Ya. Al contrario. Pero. para qué nos andamos con rodeos. Alejandro le pidió unos discos a la empleada. Comentaban entu­ siasmadas. Tome. love me do you know I love you. ¿verdad? -N o . Se llama: Yiu los dat lobin filin. Patricia tomó el disco. —¿No estás nerviosa? -N o . Había sido un imbécil. Fue hasta Patricia. para 112 . La señora se había aburrido. Unas muchachas escogían discos. y agregó—: La canción es muy padre. De seguro quería acción y él no se la había dado. Alejandro se sintió molesto..dan mis papás se lo gasta en discos.. Hubiera ido directa­ mente a un drive-inn y allí besarla. "D ecem ber's Children" de los Rolling Stones. todo su comportamiento fue torpe. "Recuerdos de Ipacaraí" de los Hermanos Silva." Las muchachas lo miraban. Es muy padre. "Tú me acostumbraste y Otros Grandes Éxitos de la Incomparable Olga G uillot. sin decirle nada. Rió. ¿qué le decía? Pues debía ser audaz: Patricia. Love. —¿Quieres un cigarro? -N o . Te va a gustar.

Alejandro la vio alejarse y dar vuelta en la esquina. se pintó los labios. —Hasta luego. —dijo con desaliento. —Creo que sí. —Le. —A la próxima me bajo —dijo Patricia. Esto le hubiera gustado mucho. se arregló un poco el cabello. Patricia. Ante ellas. Gracias por el paseo. La calle sin gente.. —Bueno. Se cambió aprisa de vestido. ya es tarde. —Hasta luego. ¿La voy a ver otra vez? —No sé . Estaba viendo una aburrida telenovela. había actuado com o un per­ fecto idiota. Bajó del coche. las casas en silencio... —¿Te puedo volver a ver? —Habíame por teléfono. hubiera tomado del brazo a Patricia. Alejandro no llegaba.. cerró la portezuela. De su bolsa sacó un pañuelo y los limpió. ¿cómo te llamas? Se me olvidó tu nom­ bre. si tengo tiem po... Pero no.. adiós. Te aburriste. Frenó.. —Soy casada. —Quiero verla. Ya te lo dije. Adiós.que se emocionara. —Bueno. diciendo a la sirvienta que iba de compras. Y salió. decidió ir. Cuando salieron. se los puso. Abrió la bolsa y sacó unos lentes oscuros. Hubiera roto el luelo que sentía entre ambos. Caminó. —De nada. ¿no es cierto? —No. Cinco minutos antes do la hora de la cita. Alejandro. Vio la hora en su reloj: cinco y cuarto.. Alejandro. Caminó. —S í. Adiós. Miró las puntas polvosas de los zapatos. las muchachas lo m iraban Y él. Patricia olvidó el disco que le había regalado. hecho un idiota. este. Patricia estaba enfrente. lo esperaría otro rato. . l-i iglesia parecía im circo abandonado: las carpas medio derrumbadas por el tiempo y el viento. Hizo una mueca de disgusto..

.. inmóvil. —¿Y qué tal te fue en el examen? — Bien. com o si no te importara. digo. Disminuyó la velocidad. ¿Qué piensas de mí? — N ada — Digo. — ¿Te gusta salir conmigo? — Estoy contigo. —No vayas tan rápido —dijo. —Se me hizo tarde. En la cafetería del lago. no sé . Patricia fu Mucho tiempo. Unos patos graznaban. su vida igual. En las azoteas de los edifici* ropa tendida. estaban sentados en una m del exterior.. La montaña rusa com o el esqueleto de un edificio en construcción. pienso mucho en ti. —Y.. se los p Tres años con Alfonso. Terminé con m i novi —Tienes novia. caras inexpresivas. 114 . calles sucias. —No sé. Vas aprisa. tres años que parecían m mucho tiempo. —Tenía.rato. es que a veces. Ruido de motores. Coches corriendo. Tras los mur tras las rejas. —Pues no vayas aprisa. Tú ganas En serio. bien. -A h . Patricia m iraba el agua verdosa del lago que parecía un pantano.. muchas cosas. ¿qué piensas? —No sé. yo pienso que me gustas. Y su vida. —Tenia un examen. Anillo periférico: muros grises pasando en sentido co trario. — No voy muy aprisa. que me gustas. —Patricia.. Abrió la bolsa y sacó unos lentes oscuros. perdónam e —No tengas cuidado. —¿Rara? —Sí. no sé^ eres muy rara. com o si no te gustara estar conm igo. Pero tenía que elegir entre tú y ella. La miró: los ojos tras los lentes oscuros.

Es que pensaba en el examen que tu ve.. ¿Por qué? —Parece que estás ido. —No sé. pero vámonos. Se sintió ridicula. Y te quiero. —Yo tampoco estoy jugando. con lentes oscuros cam i­ nando hacia el coche.. —¿A que ni sabes quién se casó? —¿Quién? —Una de mi salón. pero ella lo evitaba con su manera de ser. —Quiero decirte algo. ¿Por qué lo trataba asi? ¿Por qué salía? Él tenía ganas de hacer el amor. s i —¿Qué tienes? —Nada. Parecía indecisa. no te interesa? . no estoy jugando. Los pianos de Ferrante y Teicher en el tocadiscos: "M a­ ría. —¿Crees que soy un niño o algo así? —No. Fue una 115 . Pero. —Que te quiera. pues siempre se preocupa uno. no creas que no te tomo en serio. vámonos. como si tuviera m iedo. —Te necesito. —Vámonos. —¿Por qué? ¿Cómo te fue? —Bien. —¿Qué? —respondió Patricia como si despertara de un sueño. salió en el periódico. —¿Por qué? —Me siento mal. Patricia no contestó.. -S í.. ¿de qué? ¡De qué! —¿Vamos a ir el sábado a la fiesta de mi prima? ¿Sí... —No. a su lado. —Sí. Patricia. oprimida." Esther. Me gustas. —¿No te importa.Patricia lo miró. eso pienso. gordo? —Sí.

La amó desde niña. Si Horacio viviera aún. Se distrajo viendo la pintura que estaba sobre la chimenea de mármol: un bosque espeso. Patricia subiendo al coche. de fondo el pico de una montaña. casas de madera en un valle. Ora me tocó a m í y ni modo —terminó diciendo en broma. un imbécil que no te sé tratar. El esposo lo asesi­ naría. Estoy segura que la casaron. Para poder amar. Él la amaba. Y amar sin miedo. Se haría el escándalo. ¿Cuándo se casan? La mujer desnuda de la fotografía a colores. ¿Y? Patricia fingía escuchar la conversación de las otras seño­ ras. Darse a quien es capaz de amar sin miedo. nunca nos dijo nada. Los pianos de Ferrante y Teicher en la parte más apasiona­ da de "M aría". Patricia.sorpresa. El lugar ideal para los amante6. lejos de la ciudad. Esther presentándolo a sus amigas: mi novio. Patricia estaba casada. hacen buena pareja. Esther. Alfonso era el hombre que el destino había llevado a vivir frente a su casa. Hija de un médico con clínica particular. Vivir ahi. simpática.. su novia. Hacer el am or con amor. entre figuras de porcelana y dos floreros de cristal cortado.. soy un cobarde. joven como Patricia. con confianza pidan lo que quieran. un sol desparramándose en un délo azul pastel. Patricia tomó una copa y bebió un pequeño sorbo. La señora Sara se acercó al grupo de señoras con un coctel en la mano. Vas a ver qué vestido tan bonito voy a llevar a la fiesta. lejos de la gente. Un año de novios. Se sabría en la calle. para 116 . pero. moños blancos en las trenzas y mandil blanco— dejó la charola de plata con cocteles sobre la mesa de centro. Paseaba con Horacio en bicideta. —Si se les ofrece algo. La sirvienta —de vestido azul. mucho gusto. tal vez luego su esposa. ¿por qué te busco? ¿Por qué me buscas tú? Nos deseamos. ya saben. Pero.

. . qué dichosa usted. A los tres meses se hicieron novios. y agregó dirigiéndose a Patricia—: ¿No cree usted? —No crea usted. —Bueno. —Ha de ser peligroso —terció la señora Rosa María. señora —respondió Patricia sonriendo mecánica­ mente. disimuló. — ¡Qué vestido tan divino! —le dijo—.. Usted tiene la ventaja. —Dichosa usted que tiene un m arido. por ese lado si —dijo la señora Rosa María. —¿Qué? —pregunto la señora Sara un poco molesta por la interrupción de la otra. Era bueno. ¿aviador? —Sí. —Claro —dijo 1a señora Sara con vaga malicia. Este vestido me lo compré allí.. Pues sí. Ella lo veía desde su ventana. ¿y usted? —Háblame de tú. —dijo.casarse con ella. y com o todo marido. ¿No es mexicano. infiel de vez en cuando. —Tú siempre tan perspicaz —dijo la señora Elena. con confianza... ¿No cree.. Patricia se sintió ridicula entre señoras que le llevaban 117 ... —Ser aviador. con lo nerviosa que soy no podría vivir nunca tranquila. cumplido. verdad? —preguntó astutamente.. —No —y continuó con extraña vanidad—.. —¿Cuántos años tiene de casada? —le preguntó la se­ ñora Raquel a Patricia. le decía. Continuó igno­ rando a la señora Rosa María sutilmente— . Tres meses más y se casaron. Ha de ser carísi­ mo. Él la vio en la calle.. Rosita? Yo tengo que esperar a que Alejandro tenga vacaciones para ir a los Estados Unidos de com pras. Me lo com­ pró mi marido en Los Ángeles. caminando. Pero él nunca había hecho nada para que lo amara. a todo nos acostumbramos —respon­ dió Patricia sonriendo. y ha de ser terrible ser esposa de un aviador. La señora se sentó al lado de Patricia. lanzan­ do una mirada de aprobación a Patricia. la acompañó al estanquillo. —Tres.

jarrones. creen que una lo hace por egoísmo o no sé q u é. Alejandro llegó con su herm ana y su novia. La señora Sara se apresuró a darle su besito de bienvenida en la mejilla a la novia de Alejandro. pero ya ven cómo son los hijos. si n o . de todas partes del mundo. Patricia las observaba. Pero ahora está muy entusiasmado. Las señoras fijaban la vista en el piano. — Una busca la felicidad de ellos —dijo la señora Sara. Yo le he dicho que lo piense antes de dar ese paso — la voz se le qu ebró lev em en te— .. Su vista en la pintura* allí en ésa podría estar la felicidad. el hombre que viva. no sentía nada. Pero yo le he dicho que viva. el conocimiento de sí misma. 118 . cansada de las conversaciones de las señoras. —¿No cree usted? Patricia dijo que sí a la señora Sara. —Yo siempre lo he dicho. Luego vienen los arrepen­ timientos...Patricia se sintió ridicula entre señoras que le llevaban más de diez o veinte años. llena de objetos —figuras de porcelana. Patricia estaba aburrida. colum nas de m árm ol—. Patricia sintió que el cora­ zón le dio un vuelco. RaqueL Mi Pablo ya se quiere casar. En realidad no me preocupa mucho. y asintió mecánicamente. no sentía nada. Jas señoras estaban sentadas alrededor de la m esa de centro. estilo francés. Pero. —oyó a la señora Raquel. —Tienes razón. en los largos canapés rojos. ya terminó su carrera —la señora Rosa María remarcó la frase con un orgullo obvio—. miró a Esther. Ana se hizo de rogar pero la convencieron con elogios. Empezó a tocar La Marcha Turca de Mozart. y extraña de asum ir su situación de señora. Alguien dijo que Ana tocaba muy bonito el piano y que todas querían escucharla. ya tiene porvenir. Ella llegaría a la edad de esas señoras y diría las mismas cosas. de la sala estilo francés. Le digo q u e es por su bien. floreros. Vivir con Alejandro en un lugar apartado. que se divierta. Antes no andaba tan alborotado.. contaría los mismos problemas. Alejandro había desaparecido. Olia a perfume y a cigarro.

luego. hacen lo que no hacen con su esposo. No quería hablar con él.la música. pasos. Ayer me ligué a una señora. Alejandro colgó el auricular. no seas salvaje. nos vemos. no me hagas esto. —¿Y qué tal. ¿O no? —Sí. Delirando de placer. mi método no falla. Y ella. antier. pues. son unas fieras en la alcoba. abrazar­ la. es lo máximo. locas. eh? —Lo máximo. viejito. Le habló y ella le dijo que tenía que salir. 119 . para volverlas locas. ¿me entiendes? Quieren que las tratescom o si fueras un campeón del sexo. No hay nada como las señoras. felicidades. Deberías de haberla visto. —Te lo dije. viejo. Fueron hacia la cocina. Ocupado. Descolgó y marcó el núme­ ro de Patricia. Le dijo algo a su novia. nos vemos. viejito. Alejandro no la miraba. pu es. —Bueno. Yo. se puso en negligé. Y con el amante. ¡Arriba el pecado! -S í. — Bueno. eres un salvaje. ya sabes. te portas bien. Como ya conocen lo que es el sexo. y luego. Y m e la cogí al instante. japonesa. La mirada de Patricia se encontró con la de ]a señora Sara.. Miró a Alejandro ir hacia Esther. no hay nada como las damas casadas. Para la cama. si necesitas mis on­ das. tengo una pomada buenísima. Fui a su departamento. estaba nervioso por saber lo de tu plan. —¿Cuándo? — Desde el primer día. Ocupado. Bueno.. por eso te hablé. hecho un inglés en la cama. te hablo otro día. papacito. —¿Cómo va el ataque con tu señora? —Bien —¿Ya te la cogiste? -Y a . —Hecho. estuve como nunca.

La voz se hizo clara: —Señora. lo minó. dijo: —¿Y qué has pensado? —Pensé que te había caído mal. digo. Se detuvo. Alejandro sonreía. Y había algo decisivo. pero tenía que continuar.. Se acostarían y no pasaría nada. pero como sin darle importancia a lo que decía. —Estaba descompuesto —dijo. si no hoy no le hubiera hablado. ¿y tú? —Mal. Patricia escuchó un ruido de motor que se apagaba. Patricia... una voz.. pasos. Ya no quería verlo. seco. siguió caminando. —No he dejado de pensar en ti —Alejandro sentía un sudor frío por el cuerpo. Él no era capaz de nada. Hubo una pausa. Ella cambió la vista hacia nada. —¿Cómo ha estado? — Bien. que le daba valoz> fuerza: Patricia había ido a la reunión de su casa por él. Pero no había nada de parte de él que la impulsara a tomar una decisión. —Porque hablaba a tu casa y descolgaban el teléfono. Un juego de ella. El aire tibio. tratando de que el tono de voz fuera neutro. Todo sería igual de ridículo que al principio. se dio vuelta. estaba seguro de que quería seguir saliendo con él. en otro tiempo. El pasto entre cemento. en ti Patricia se tocó un arete. —¿Por qué? —preguntó Patricia.. 120 . como en otro lugar. soy Alejandro. En serio he pensado en ti —dijo Alejandro con seguridad. salir con é l. De pronto. —Es verdad. te veías bonita el día de la reunión.Era mediodía. lo hubiera rechazado rápido. El sol relumbraba sobre el asfalto y parecía una moneda de plástico desvaneciéndose entre las nubes. luego el abrir y cerrar de una portezuela.. No puedo dormir de pensar en usted. nada cambiaría en ella. a olvidar que todo era como un juego. ¿Por qué sentía miedo? Las piernas le temblaban. se sintió cobarde de pronto.

Ésa había sido la única serenata de Alfonso. este. pero trataba de aferrarse a ese algo. la escuela. 121 . —P ues. Patricia recordó la única vez que su esposo le llevó serenata. Patricia parecía tranquila. eran frases vacías... Ya sabes. y la única de su vida. la mesera escuchaba el radio: un trío cantaba un bolero. Fue la noche anterior de que le pidiera que fuera su novia. Mañana no tengo nin­ guna clase importante.. y nos podemos ver a cualquier hora. —No gracias. Frases. él agonizando. abrazándolo. Se encontró con la mirada fija de Alejandro. Ellos eran los únicos clientes de la cafetería. jFuego! Patricia. mañana. de veras. si quieres vamos a tomar un café. en baby dolí. Cerca de la cafetería al aire libre. —¿Tienes miedo? —¿Miedo? ¿Yo? No... El ruido lejano de un motor rompía el aparente aislamiento de esa parte del nuevo bosque de Chapultepec. com o de un rompecabezas incompleto. La sirvienta que los cuidaba hacía plática con un vigilante del bosque. —Mi esposo no está en México. Tengo muchas cosas que decirte. unos niños subían y bajaban en una nesbaladilla. Patricia llevó lentamente el ciga­ rro a su boca y fumó aspirando el humo sin fuerza. Alejandro compuso un sueño: él bajo la ventana de Patri­ cia. es qu e... Los troncos de los árboles pa­ recían de concreto. si quieres puedes ir a mi casa. cumplidos. com o si ese día fuera capaz de aceptar cualquier cosa. Patricia sentía que algo en su interior ya no funcionaba. — Hice un pastel.. Tras los árboles y el alambrado se veían fragmentos de casas que formaban una mancha multicolor. y el viento corría entre las ramas. pero creí que podía com prom eterte.... El esposo con una ametralladora.... Tras la barra. Pero. pero él no sabía si portarse frío para qu e ella le insinuara algo o atacar directam ente.—Q uise enviarte flores. Lo hubiera hecho.

M e dio mucho gusto que haya. Sí.. te lo he dicho muchas veces. sabía tratar a las casadas: lo había visto con una señora.. el plan. complacida por su indecisión y su confusión.. tenia que decidirse porque ella no insinuaría nada. Sí.. la pinche audacia que no llegaba. —esperó una respuesta que no vino. Frialdad.. Patricia se obstinaba en su silencio: y él hecho un im bé­ cil. —Patricia. La deseaba. No se atrevía. ¿Qué le detenía? Es que la amaba. Volvió la taza al plato.. no sé qué decirte. pareció des­ vanecer sus facciones. Frialdad. Creí que ya no volveríamos a vem os. rebuscó imas palabras que siguieran el hilo de la conversación.. Patricia lo miraba tras los lentes oscuros. se divertía con su indecisión. palpó las bolsas del pantalón buscando la cajetilla de cigarros. El humo ascendió sobre la cara de Patricia. la vio sobre la mesa. Algo contenía su decisión. Patricia como ausente. Pero no podía ser cínico. hoy. abrazándola. sabiendo que Patricia quería pelea. ¿por qué sales tú? 122 . Sería m ejor ser cínico. con todo y ser un adornado. Octavio.. Octavio le había dicho: no seas buey. no. no descubría sus sentimientos. como modelo de un comercial de televisión anunciando lentes oscu ro s. dile que le vas a enseñar lo que es el placer. —. sí. —¿Por qué no hablas? —llevó la taza a la boca y se hum edeció los labios.abiertamente: Patricia. asi que vamos a acostam os. — Veía el bosque. sonó tran­ quila—. como si fuera un conejillo de indias. Pero es que Patricia nunca era sincera. —Siem pre que sales conm igo te aburres —dijo Ale­ jandro. Patricia —su voz lo traicionaba. — Patricia. y parecía que siempre se burlaba de él. M iró a Patricia: inmóvil. Pero no se atrevía. com o si se deleitara un poco cruelmente con el silen­ cio. ya te he dicho que me gustas... ¿por qué sales conmigo? — Porque. —No. cami­ nando en la calle com o si nada.

—Es que Esther ya no me importa. —¿Qué? —Lo que piensas. —Está bien.. algo.. —¿Y quieres que sea tu novia? —No. algo. —Quieres ser mi amante. ¿no? . diferente. —Entonces. ¿y qué vamos a hacer? —El amor —dijo Alejandro en voz suave. —¡Ya sé! De que te mate m i marido —dijo Patricia en broma. Sí. pensaba sólo en acostarme contigo.. Vio la cama perfectamente tendida. no sé de q u é . -¿ S í? —Sí. ¿no? —No sé qué decirte. que me acueste contigo. Te quiero de otra manera. Pero. Por­ que eres una señora.. Es que no sé. —¿De qué? —De lo que sea. —dijo Patricia con voz de madre que le explica al hijo algo que éste no comprende. Pero ahora. Tú nunca me dices nada...S í.. los burós con ceniceros que parecían no haber sido usados nunca. me gusta salir contigo. la lámpara de hierro forjado. muy en serio. Pienso en ti. tengo miedo. Al principio. no. —¿En serio? —Si. pero no sólo quiero acostarme contigo. por tener la experiencia. —Yo también. no sé. Quieres ser mi ¿imante..—¿Yo? Porque te quiero. Ya no me importa mi novia. Alejandro tomó las manos de Patricia entre las suyas y las apretó con fuerza. el tocador sin objetos. quiero ser tu amante. Por eso salgo contigo... Pero tú . —¿En serio? —Sí. ¿qué quieres? —No sé. Te estimo. El cuarto en penum­ 123 .

no lo encontró. Vio a Patricia. —¿Qué piensas? —preguntó Alejandro después de be­ sarla. -¿N o ? -N o . ah. sintió la mano. Alejandro enrojeció: —Ah sí. su vista en la oscuridad. le acarició los cabellos. Un espasmo violento. El hombre. tomó el billete. No respondía a sus caricias. de los faros de un coche. 124 . Yo traía —se palpó las bolsas de la camisa. El ruido del motor apagándose. guardó las manos en las bolsas de la chamarra. Ella rió imperceptiblemente. Su cuerpo se relajó. fumaba. Afuera el motor de un coche se encendió. caminó. sin apartarlo de su boca. quien seguía buscando el billete. la cara neutra. El silencio. Alejandro se acercó. Sin abrazarlo. —Yo traía. Dio vuelta. sin decir nada. su mano sudaba. La besó en la mejilla. momentáneo. Patricia con los ojos cerrados. Oyó el correr de las cortinas de lona. Sus manos recorriendo los pechos. Golpeó ligeramente la cadera de Alejandro. joven —dijo el hombre. Se oyó el chasquido de su bolso. —No. mordiendo la boquilla. sin atreverse a ir al sexo. el roce del billete. —Nada —dijo en voz baja. los labios. Empezó a desvestirse sin mirar a Alejandro. pasos. bajó la cabeza. el vientre. salió del garage. sí —buscó un billete.n la ventana el reflejo pálido. Abrir y cerrar de portezuelas. ella inmóvil. agregó—: Dame un cigarro. Silencio. —Cincuenta. El garage quedó se mióse uro. Patricia miró a Alejandro. dejó caer una mano sobre la de ella. ya lo encontré —dijo sonriendo estúpi­ dam ente—. F.bra. cogió el billete. casi inaudible. tomó un billete y lo deslizó por el asiento. Patricia fumaba. su vista en la pared blanca. frío. no apagues la luz —dijo Patricia. Tome. solitario.

Pero. hacer el amor? —Sí. Y . -S í... no? -¿Q u é ? —Olvidé mi cartera. pues a como lo había hecho an tes.. —¿Me extrañaste? —Sí.. mucho. Encendió el cigarro con el que jugueteaba.. sí quiero verte. —¿Diferente a qué? —A . estoy confusa.. nos acostamos y no hacemos nada. Contigo todas las cosas son diferentes.. creía que iba a ser distinto. ven... —No.. hoy no. —Es que. —Ah. contigo es diferente. no sé. no quiero q u e .. vamos a entrar. —¿Por qué? —Tenemos tiempo. vamos a entrar.—¿Qué feo. —¿Ya no quieres verme? —No es eso. tratando de besarle el cuello. Patricia hizo una mueca.. —Pero ya te dije. vamos a dejam os de ver un tiempo y si te necesito te llamo y . —Hace cinco días que no nos vemos. no quiero. perdamos el tiempo —dijo com o bromeando. sL Pero te deseo.. Todo lo que hacemos es diferente.. te deseo mucho. si es que te sientes mal. Ven... —¿Te gusta salir conmigo. te deseo —dijo en voz baja. — Es q u e . —¿Qué piensas de mí? —Pues te deseo. 125 . — Entramos. — Estamos platicando —Patricia hizo una mueca. —Sí. —Te acuestas. —¿Entramos? -N o .

te dije que estoy confusa. Pero esa tarde. nada. — Me dio mucho gusto que me hablaras — dijo A l e ­ jandro. otro dia. Yo pensé mucho en ti. —¿Qué? — ¡Lo que oíste! — No te entiendo. Patricia. La besó. eh? —Nada. Fuera del periférico. el deseo.. no sé. —Ven. Un paso a desnivel. Las paredes sucias del periférico. Un silencio largo. —¿Qué tienes. Los co avanzando lentamente.. —Qué bueno. por favor. — ¿Qué tienes? — jQue yo no soy ninguna puta! —gritó. —¡No seas hipócrita! —¿De qué? 126 . —Sal de aqui. —V am os. —Creí que ya me habías olvidado. P a t ' le habló por teléfono y le dijo que quería verlo. — Yo también. mi vida. la semioscuridad. te deseo. Los ruidos de los motores bajo el ruido del radio dentro del coche. —No. las azoteas desordenadas. —Quiero hacer el amor.—¿Distinto a qué? —No sé. —No entiendo nada. Tiem que enfrió su entusiasmo. Alejandro golpeaba el volante con los dedos. Alejandro estacionó el coche en una calle. — Pero yo no tengo ganas. Las fachadas. Patricia fumaba. Había dejado de ver a Patricia por más de quince dias.

ahora. De seguro. —Okey. —Sí. lo dijiste.. — ¿Para esto me hablaste? Alejandro bajó.. Pero. you ve lost titat lovin' feelm '. al poco tiempo. le llamó degenerado. Cada quien por su camino. así ya todo quedaba arreglado. tienes que saber una cosa antes. terminado el ama­ siato. —¿Qué? —Que estoy em barazada... sí.. A él le armó un tango de antología. — ¿Y qué quieres que haga yo? —Tú estudias m edicina. Lloró. estoy segura. has de saber cóm o se arregla esto. Y. para esto. todo quedaría arreglado con Patricia. Alejandro pensó que era mejor fingir no saber nada.—De seguro. estoy em ­ barazada. volvió la normalidad a su casa. —Sí. -¿Y o ? —¡Sí. diciéndome que te dejara en paz. Era mejor. —dijo Patricia. —T e juro no sé de qué me hablas. —Sí. — ¡Ve a que te cuide tu madre! —dijo. —Sí.... —No importa.. Ya todo pasó.. su mamá la había insultado y todo. —Has de estar feliz. Alguna señora le había dicho a su mamá y su mamá le había hablado a Patricia. En la radio: there's no iendemess like befare in your finger- tips. Patricia abrió la portezuela. Oooooh! Thailovin ' feelin' 127 . bajó.. gritó. Y no voy a tener ese hijo. pero voy en primero. contaste todo.. ¿verdad? El niño ya vivió su aven­ tura con una mujer casada. Pero. —Yo no he dicho nada. tú! —¿De qué? —Pues tu m amadta me habló por teléfono.

Patricia lloró. O lía a medicina. salió. La enfermera le dijo que esperara. gorda y exageradam ente maquillada. Alejan­ dro se anunció. El problema es tuyo. preocupado. Se abrió una puerta. En todo caso. gane. hizo un gesto entre estúpido y desconfiado que luego se volvió m ás estúpido. ¿y su esposa? —dijo el doctor. El ruido áspero del mo­ vimiento. pase. Now it's gorie... Entre sollozos. —¿Quién sigue? —preguntó. sí. no me interesa.. Llegaron al consultorio del doctor Díaz Mateos. sus ojos tras los lentes oscuros. señor Leal. cara de rata. — ¡Sí. No sé quién le d ijo . los números prendiendo y apagándose.. U na señora de blanco.. a perfume y a sudor.Alejandro descompuso la expresión de su cara. Las caras inexpresivas e impacientes. Los pacientes leían revistas. Britig back that lovin'feelin'! Ooooh! Vmt lauin'feelm'. Nadie hablaba. Patricia fum aba. — El señor Leal y su esposa —dijo la enfermera. Alejandro dio unos pasos. —Tú quisiste acostarte conm igo. 128 . —¿Yo? ¡No estoy loca! —Si lo dices porque te habló m i m adre. tú quisiste. dijo: —Eres un niño idiota. —Yo no sé nada. los veía alternativamente. Ocho. El elevador se detuvo... gone. com o si Alejandro fuera un viejo cliente.. Él le sonrió. tierna. El elevador. Pero yo n o . Se abrieron las puertas. me quise acostar contigo! ¡Te quería y por eso me acosté contigo! Pero. El doctor lo miró. Nunca fuiste cariñosa.. A lo mejor tú fuiste la que le hablaste a mi mamá. Se despidió del doctor.. —Ah. Tú lo arreglas. Él hojeaba una revista... Una señora gorda. sí. hubiera sido mejor no acostarme.... La enfermera con discreción veía a Alejan­ dro. Yo no dije nad a..

Sí..El doctor los saludó. Bájese su faldita.. las fachadas grises de los edificios. si me hace el favor. sí —el doctor se quitó los lentes y los limpió con su bata— . Som bras bailoteando. Doña Carmelita me recomendó. H m m m m m . ¿Si es que ustedes están de acuerdo? —Sí. —dijo el doctor calcu­ lando la cifra.. claro. menos de un mes. Él.. Alejandro vela al doctor palpar el vientre de Patricia. —Se puede arreglar. sacando un cigarro de una bolsa de su chamarra. —M añana mismo.. es com o operar de las anginas. Ruido sobre ruido. A ver. —Tomen asiento. no se preocupe.. le hablo por teléfono. doctor.. doctor — dijo Patricia. Se quitó los lentes. Detrás de los tranvías. lo hago porque ella es gran amiga mía —Patricia se acostó—. El doctor hizo un gesto de seriedad. —No importa.. dijo que usted podría. Se sentó ante su escritorio. ¿En qué puedo serv irles? Patricia miró a Alejandro. —Como mil quinientos pesos... los coches y los camiones. en la mañana. —N o se preocupe —se puso los lentes—. Pero sale un poco caro.. —¿Cuánto? —preguntó Alejandro preocupado.. y todo lo demás. 129 . estas cosas son delicadas. La avenida Insurgentes. acuéstese ahí —señaló un diván—. dijo: —Sí. A Carmelita le gustan mucho mis poem as. La operación es sencilla. ¿A ver? ¿Cuánto tiempo? —Muy poco. —Sí. ¿Y cuánto tiem po tiene? — preguntó con corte­ sía— . El doctor sonrió. doctor —se puso el cigarro entre los labios. doctor—dijo ella con voz temblorosa. El doctor se lo prendió con su encendedor— .. —Sí. si me hacen el favor.. Ella con los ojos cerrados. doctor. Saldrá bien.. ¿qué día podemos? —preguntó ella.. si es que puedo ayudarles. le sonrió a Patricia y cerró la puerta.

necesito comprarme zap atos. —No. —Te espero a las siete de la mañana en Ángel Urraza y Rébsam en Alejandro sintió alivio. te espero a las siete Ella le tendió la mano. y por el camino platicamos mejor.. 130 . —¿Vas a tu casa? Si quieres te llevo. Voy a Sears.. —Adiós —dijo. FIN DliL FOLLETÍN A Juan Tentar.—¿Y cóm o le hacemos para el dinero? —preguntó Ale­ jandro. —Bueno.

AQUI EN LA PLAYA .

Es una mujer del talón. dame. Dame.HONKY TONK WOMEN Conocí una reina en un tugurio toreadero de Memphis. Más tarde hice lo mismo en New York. Tuvo que arrastrarme sobre sus hombros porque yo estaba borracho pero no perdido. dame el blues del talón. dame el blues del talón. Me sonó la nariz y me alivianó la mente. dame el blues del talón. dame. Dame. Dame. Y la dama me cubrió con rosas. Ella trató de llevarme al cuarto para jinetearme. dame. Es una mujer del talón. Tuve que zafarme de una especie de pleito. —The Rolling Stones .

Sensación de excremento en el estómago. Pablo mirándose en el botiquín del baño. uno detrás de otro. le hablan por teléfono. La intensidad de la luz que entraba por la ventana le hería los ojos. desco­ nocida. Un Pablo con rostro distinto. como una sábana tendida en la ventana Y las palabras: Silvia. sin rasurar. oliendo a loción barata y cerveza. el cuarto oliendo a ios dos. chingada. hacía un sonido persistente. Oyó su voz áspera. La cabeza pesada. Silvia dormía acurrucada. Salió del baño y se sentó en el borde de la cama para vestirse los pantalones. con rostro abultado y ojeroso. transformado por la borra­ chera de la noche anterior. Los cerró. Silvia. blancuzca. Las paredes estaban manchadas de humedad. la voz. el cuerpo de Silvia olien­ do a sudor untado en la piel. ¿Por qué demonios estaba 133 . Allí atrás. llaman por teléfono!" Pablo abrió los ojos. fuertes. en los ojos. prensada entre dos placas de acero. sin detenerse. El dolor en el estómago. Y la voz respondiendo: "S i usted es Pablo.I Los golpes en la puerta sonaban secos. los ruidos. Su cara reflejada en el espejo. como si estuviera llena de piedras. los párpados le pesaban. con una chingada. ¿Por qué estaba allí? ¿Por qué junto a esa mujer? Se tendió en la cama. Simultáneamente una voz gritaba: " ¡Silvia. en la lengua. en el paladar. La luz del dia. provocación de vómito." La voz alejándose: "¡C arajo!" íil era Pablo. Y el cuarto. Otra vez el vacío. la puerta. El agua goteaba en el baño. su cara abultada y enrojecida. —¿Qué? —preguntó Pablo. teléfono. doliéndole. La puerta.

Vio el cuerpo desnudo de Silvia. Ya ni la jodes. —No te hagas el enojado. . 134 . —Adiós. —Ya ni la amuelas. gringas. —¿Quién habla? —preguntó. el yeso mugroso. Abrió la puerta y salió. —Hemos ligado un montón de viejas. Tengo sueño.A l l á tú. Encendió uno. —Nos vemos luego. Nosotros no tuvimos la culpa de que te quisieras quedar. Pablo se incorporó. Silvia riendo. Silvia durmiendo: los pechos desnudos y los cabellos revueltos sobre la cara. ¿Entonces qué? ¿Vamos por ti? —No. pasó por el cabaret. No sé lo que pasó anoche. —¿Pablo? —Soy yo. Anoche te pusiste pesadísimo. Vio el suelo. las putas bebiendo copitas de brandy. de todo. me siento mal. no vengan. seca. la cabeza le dolía. llegó hasta donde estaba el teléfono. No quisiste venir con nosotros. —¿Vamos por ti? —Yo voy al rato. Luego la pared carcomida. no vengan. sentados a la mesa bebiendo. —Estaba borracho. faltaban algunos mosaicos. Todos cachondeando. —Los que ya ni la chingan son ustedes. Atravesó el patio. La luz continua­ ba hiriéndole los ojos. —Te portas bien. Dijo bien por decir algo. Sentía la boca seca. Del buró cogió la cajetilla de cigarros. Adiós. para qué. Se puso su playera blanca. Yo voy al hoteL Tomo un taxi. no me acuerdo de nada. El cuerpo le dolía. ¿Cómo estás? —Bien —mecánicamente respondió. Tenemos plan esta noche. él hablan­ do de quién sabe qué cosas con Silvia. la lengua seca.todavía con ella? ¿Por qué había despertado en ese cuarto y no en el hotel? Sus amigos bailando. Pero para qué hablar. —Habla Jaime.

Colgó. Del lado izquierdo, recargando los brazos sobre una mesa, un tipo lo miraba. Pablo lo saludó. El tipo también. Pablo sacó la cajetilla de cigarros del pantalón y le ofreció uno. —No, gracias; no fumo —dijo el tipo con voz delgada. Tenia el cabello rizado y teñido. Pablo guardó los ciga­ rros y caminó hasta el cuarto. El patio, el cabaret, mesas vacías, la barra. Después un pasillo entre palmeras. Ami­ gos, amigos, amigos, si de veras fueran sus amigos no lo hubieran dejado solo en un burdel, con el riesgo de que le quitaran el dinero y lo golpearan... hasta lo asesinaran. Se detuvo frente a la barra. Un nativo limpiaba vasos. —Dame una cerveza. El nativo lo miró extrañado. —¿Tú ere' el que se quedó con Silvia? Pablo asintió con la cabeza. —Dame una cerveza bien fría. — Eta 'ta bien helá. Destapó la botella y se la dio. Pablo la frotó suavemente contra su cara. — Luego la traigo. Voy al cuarto. El nativo sonrió. Al abrir, la puerta crujió. Silvia dormía. Su cuerpo pare­ cía el de una muerta. Pablo bebió un trago y por un momento volvió a tener la sensación de vómito. Se contu­ vo. Lentamente resbaló una mano por la cara de Silvia. Bebió otro trago. Acarició los pechos y los hombros de Silvia, le hizo a un lado el cabello que tenía sobre la cara. La miró. Labios gruesos, nariz recta, ojos cerrados, la pintura escurrida bajo los ojos. Fue al baño. Abrió la regadera. Una sensación de alivio le recorrió el cuerpo. En el momento lo mejor que podía hacer era volver a dormir. Descansar para que su cuerpo recuperara ener­ gías. Eso era lo que debía hacen volver a la cama, dormir. Bebió otro trago de cerveza. Dejó la botella sobre el buró
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despintado, lleno de polvo. Se metió entre las sábanas: el cuerpo cercano, rozándole con las rodillas, con las piernas encogidas. ¿Qué demonios había hecho? ¿Qué demonios había sucedido anoche?

II La zona roja de Acapulco empieza en una desviación por la carretera a Pie de Cuesta. A los lados de la calle que desciende se levantan barracas de madera donde las pros­ titutas —mujeres pintarrajeadas, gordas, sudadas— espe­ ran en sus sillas al lado de las puertas que alguien solicite sus servicios por diez o veinte pesos. Más adelante está la com andancia de policía, donde no falta una discusión entre los gendarmes y los borrachos, que termina cuando los borrachos aceptan pagar una multa, si tienen dinero. Casi en el centro de la zona, frente a la comandancia, está el cabaret El Burro. Alli, Pablo y sus amigos bebieron cerveza y salieron pronto: las prostitutas estaban horribles ^ y eran muy caras. De El Burro fueron al Cielo Azul. Allí vieron un strip-tease que era algo sensacional. Entre corti­ nas y círculos de reflectores, salía un gorila. Ejecutaba una danza salvaje y después se quitaba la piel y aparecía una m ujer de cuerpo esbelto: piel blanca, piel sensual. Las piernas y los senos bien formados. La mujer bailaba q u i­ tándose los velos delicadam ente. Los clientes gritaban. Cuando ella se acercaba a alguna mesa, le acariciaban las piernas, le hacían señas. Al final del show se quitaba la m áscara de gorila y las luces se encendían y el público descubría que la strip-teaser era un hom bre. Casi todos reían sorprendidos y algunos gritaban m entadas de m a­ dre y otras cosas. Las gringas eran las más sorprendidas y las únicas que, m ás o m enos, se asustaban y hacían un gesto o decían alguna frase de repugnancia. >* Salieron y caminaron por una calle oscura, cuya única luz era el anuncio del burdel La Huerta. Hay alrededor de
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cincuenta putas, un conjunto de rumba, sinfonola, whisky, cerveza, etc.; es el mejor de la zona roja. Las putas van y vienen por el cabaret, por la pista de baile, entre las mesas, en bikini, traje de baño, o en brassier y pantaleta. Sentados alrededor de una mesa, Pablo y sus amigos observaban la pista: los cachondeos, los besos, los movi­ mientos. Observaban a los clientes que bebían en las mesas haciendo aspavientos, gritando. Observaban a las prosti­ tutas.

Vuela paloma vuela vuela a tu palomar...
^ Sonaba el güiro, las tumbas, la trompeta de la Sonora Matancera; la voz de Celia Cruz. Las prostitutas bailaban haciendo pasos de rumba; los hombres les acercaban los cuerpos y les ponían las manos en las nalgas. Las mujeres sonreían, hacían gestos, muecas, señas con los ojos y las manos, movían las caderas. Desde la mesa, cada quien con un vaso de ron en la mano, Pablo y sus amigos buscaban alguna que les gustara. Pablo detuvo la vista en una: bailaba con un gringo muy típico: pecoso, ojos saltones, dientes de conejo, bermudas, sudadera con las siglas de la Universidad de Mississippi, intentando pasos de rumba. Unas mujeres iban y venían entre las mesas, esperando que alguien les hiciera una seña, o que alguien, cogiéndo­ las de la mano o de las nalgas, las invitara a sentarse. Los meseros, tipos de pestañas enchinadas con rimmel, blusas floreadas, pasos menudos, quitaban y ponían vasos y botellas. El conjunto de rumba tocaba: goza la vida goza como hago yo goza la vida goza goza goza... Los amigos de Pablo —caminando por el cabaret, sentados a la b a r r a buscaban putas; bebían cerveza a sorbos. Carlos bailaba de estilo con una de pantalón rojo y suéter verde. Pablo, recargado en la sinfonola, contemplaba a Silvia. Le hacía señas. Silvia se fue al cuarto con el gringo. ^
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enton's qué. Los m eseros con charolas. hablando con un cantinero. Pero ¿lo de­ más? Pablo no recordaba nada. Regresaron Pablo la invitó a beber otra vez. nomás andas de caliente” . Una pequeña sonrisa enseñando los dien­ tes. Pablo se incorporó. ¿vamos al cuarto?". Luego. pinche caliente. 138 . no vi. El tiempo se había desmo­ ronado como una figura de arena. ojete. que te lo deje gratis. Entraban y salían clientes en ropa de playa. les cogían los senos y las nalgas. Carlos y Fem ando yendo al cuarto con dos putas. Risas.Putas bailando. ¿Cuánto? Ciento veinte. “oye tú. Las luces opacas guiñando. languideciendo. Se acercó a ella. Las caras de las prostitutas borrosas. Pablo vio a Silvia frente a la barra. El burdel estaba lleno. Él y Jaime en la mesa. Burlas: "n i que lo tuvieras de oro". La voz de Daniel Santos en la sinfonola: Virgen de medianoche cubre tu desnudez señora del pecado Luego él bailando rocanrol con una puta. clientes borrachos. cabrón. "p u ta madre la puta puta". ni que fueras mi padrote. — ¿No viste que te estaba llamando? — No. Pablo fue a la mesa. los gringos brindaban con las mujeres. Quién puso el bom-po-po-po-bom-po-bom que hizo a mi alma enloquecer. Luego Fem ando se metió con ella. carcajadas. disolviéndose en el cielo. ¿Vamos al cuarto? Fueron al cuarto. caminando en zigzag. Iban y venían gringos borrachos. dando traspiés. qué quieres. Indignación de la puta: "v ete a la chingada. bebiendo. —¿Quieres un trago? Silvia aceptó. Pablo la mandó al diablo.

Puso los codos sobre las rodillas. Su cuerpo empapado de sudor. Silvia se incorporó. de su borrachera de anoche. estaba caliente y la regresó al buró. lo llamó haciendo señas con la mano. se vistió y salió del cuarto. lentamente hacia el horizonte. Tomó la botella de cerveza para darle un trago. que medio se ocultaba tras una montaña verde. comunicarse con sus am i­ gos. los brazos en jarras. Las mujeres cuchicheaban algo. Lo demostraban las risitas ocultas tras las manos. Vio a Silvia que platicaba con otras prostitutas en derre­ dor de una mesa. Se bañó. luego brinquitos. Lo primero que pensó fue llamar al hotel. Levemente el viento susurraba entre las palmeras. Pablo llamó al hotel y no encontró a sus amigos. Pablo sonrió. cielo! Dormiste mucho: Son las cinco. la frente sobre las palmas de las manos. El cielo estaba casi blanco. —¡Hola. caian sobre ellas y dibujaban manchas en el patio. La luz del sol se quebraba en el suelo y en las pare­ des. —Te volvi a dar dinero. ¿verdad? 139 . las palmeras no se movían y el burdel estaba en silencio. Silvia continuaba llamándolo. sonriendo. Pablo se acercaba a pasos lentos. Las prostitutas que estaban con Silvia habían vuelto a sus cuartos a descansar. Vamos. Antes de llegar. —¿Ya te vas? —Al rato. seguramente ha­ blaban de él. una que otra nube avanzaba lenta. Pri­ mero unos pasos perezosos. y los rayos del sol. aspiró: —Muy bien.m Despertó. ¿Te sien­ tes bien? —preguntó. Le puso la mano sobre los hombros. estiró los brazos. Voy a llamar a mis amigos por teléfono —la cogió de las m anos—. Silvia agitó los brazos en el aire. Silvia no estaba. Hacía un calor intenso. Estiró los brazos y de un salto se sentó en el borde de la cama. se detuvo.

clientes borrachos. Pablo fue a la mesa. —¿No viste que te estaba llamando? —No. Pablo la mandó al diablo. Risas. Carlos y Fem ando yendo al cuarto con dos putas. Pero ¿lo de­ más? Pablo no recordaba nada. "oy e tú. qué quieres. que te lo deje gratis. Entraban y salian clientes en ropa de playa. La voz de Daniel Santos en la sinfonola: Virgen de medianoche cubre tu desnudez señora del pecado Luego él bailando rocanrol con una puta. no vi. ¿vamos al cuarto?". caminando en zigzag. dando traspiés. Se acercó a ella. ni que fueras mi padrote. Iban y venían gringos borrachos. nomás andas de caliente". —¿Quieres un trago? Silvia aceptó. bebiendo. Luego. hablando con un cantinero. ojete. El tiempo se había desmo­ ronado como una figura de arena 138 . Pablo se incorporó. Una pequeña sonrisa enseñando los dien­ tes. El burdel estaba lleno. Los m eseros con charolas. "p u ta m adre la puta puta". Las caras de las prostitutas borrosas. les cogían los senos y las nalgas. cabrón. ¿Cuánto? Ciento veinte. Las luces opacas guiñando.Putas bailando. enton's qué. Regresaron. carcajadas. Indignación de la puta: "vete a la chingada. disolviéndose en el cielo. pinche caliente. Quién puso el bom-po-po-po-bom-po-bom que hizo a mi alma enloquecer. Él y Jaim e en la mesa. ¿Vamos al cuarto? Fueron al cuarto. languideciendo. Pablo la invitó a beber otra vez. Luego Fem ando se metió con ella. los gringos brindaban con las mujeres. Pablo vio a Silvia frente a la barra. Burlas: "n i que lo tuvieras de oro".

Silvia continuaba llamándolo. Silvia se incorporó. Se bañó. ¿verdad? 139 . que medio se ocultaba tras una montaña verde. los brazos en jarras. Voy a llamar a mis amigos por teléfono —la cogió de las manos—. comunicarse con sus am i­ gos. Pablo llamó al hotel y no encontró a sus amigos. y los rayos del sol. luego brinquitos. Antes de llegar. Pablo sonrió. aspiró: —Muy bien. cielo! Dormiste mucho: Son las cinco. seguramente ha­ blaban de él. sonriendo. La luz del sol se quebraba en el suelo y en las pare­ des. lo llamó haciendo señas con la mano. Silvia no estaba. Tomó la botella de cerveza para darle un trago. —¿Ya te vas? —Al rato. Pablo se acercaba a pasos lentos. se vistió y salió del cuarto. Estiró los brazos y de un salto se sentó en el borde de la cama. Silvia agitó los brazos en el aire.in Despertó. Su cuerpo empapado de sudor. —jHola. estaba caliente y la regresó al buró. la frente sobre las palmas de las manos. Vio a Silvia que platicaba con otras prostitutas en derre­ dor de una mesa. Las mujeres cuchicheaban algo. una que otra nube avanzaba lenta. Levemente el viento susurraba entre las palmeras. Pri­ mero unos pasos perezosos. Las prostitutas que estaban con Silvia habían vuelto a sus cuartos a descansar. Hacía un calor intenso. ¿Te sien­ tes bien? —preguntó. las palmeras no se movían y el burdel estaba en silencio. Vamos. Puso los codos sobre las rodillas. Lo demostraban las risitas ocultas tras las manos. lentamente hacia el horizonte. Le puso la mano sobre los hombros. estiró los brazos. se detuvo. Lo primero que pensó fue llamar al hotel. de su borrachera de anoche. El cielo estaba casi blanco. caían sobre ellas y dibujaban manchas en el patio. —Te volví a dar dinero.

No me acuerdo. —Me da risa. Unas nubes cruzaban el cielo lenta. ¿Quieres una cerveza? —Sale. estaba borracha. Enes a todo d ar. entre las palmeras que proyectaban sus sombras. —¿Y tú p orq u é te dormiste conmigo? —No sé. chiquito. Me dijiste que pasáramos la noche juntos. me caíste bien.. El sol parecía estar clavado en lo alto de la m ontaña verde. ¿Para qué recordar? ¿Para qué tratar de reconstruir la noche anterior? Con recordar no iba a ganar nada. Al rato. ¡Cómo me voy a acordar. ¿Te vas a ir? —Al rato. Llegamos al cuarto. blancas. a veces tiene una que sopor­ tar a cada cabrón. era una obsesión absurda si no había sucedido nada. chiquito.—Creo que cien pesos. —¿Y yo me porté bien? — ¡Uy! Ni lata diste. Tú estabas rete cuete.. Estabas muy terco en qu ed arte. ¿Có­ mo voy a acordarme? Pero me estuviste dice y dice que estabas enamorado de mí. habla y habla —Silvia volvió a reír—. No me acuerdo. Sólo me acuerdo que estabas bien borracho. ni tampoco a cambiar los hechos. Silvia era joven. Tus amigos te deja­ ron. ni nada había perdido. —No sé. — Pero antes ¿qué hice? ¿Qué hice? —Nada. Dijiste que yo te gustaba mucho. Me besaste —Silvia rió— y te quedaste dormido. andabas bienbriago.. Mientras bebían cerveza dijo que tenía 140 . —¿A qué hora te vas? —preguntó Silvia. ¿Quieres que me vaya? —Yo no. blancas. — ¡Cómo te vas a acordar si andabas a gatas! ¡Plasta nos llevamos una botella al cuarto! —No me acuerdo. lentamente. —¿Qué pasó anoche? —No me acuerdo muy bien Estuve tomando contigo y se me trepó. No tengo prisa. chiquito! Caminaban por las veredas del patio..

huida. Era mejor irme de mi casa. Conseguí dinero y me vine a Acapulco. El cielo cuajado de estrellas. Y me fui. Tiró una colilla al piso. —Conocí a uno y ya ves. No chiquito. embarazo. IV La noche. Aquí estaba una amiga y me quedé. pero cuando le dije "v oy a tener un hijo” . No lo volví a ver —bebió un sorbo— . —No sabía qué hacer — decía Silvia—. Dizque me quería mucho. —¿No estás aburrida de esta vida? —le preguntó. me dejó panzona y se fue. Silvia se desvestía. tem or a los padres. —¿Crees que m e gusta? No voy a estar aquí por gusto. —No. Los grillos cantaban ocultos en las matas del patio. Las prostitutas llegaban o empezaban a salir de sus cuartos.veinte años y llevaba dos m eses de trabajar en el burdel. Le pegaba a mi mamá. 141 . Pablo estaba acostado en la cama. asi estoy muy contenta. no estoy zafada. pura madre. —¿Me acompañas a mi cuarto? Voy a cambiarme —dijo ella. Las palmeras se adivinaban por unos trozos que sobresalían en la oscuridad. Yo pensé: mejor me escapo. Frente a él. burdeL El nativo llevó otras cervezas a la mesa. Él no le dio im por­ tancia: era la misma historia de todas: noviazgo apasiona­ do. Era para mí algo de la chingada. gracias. En esto sólo se conocen padrotes. Le contó a Pablo la historia de su vida. —Vamos —respondió Pablo. Un cielo brillante. La luna levemente enro­ jecida palpitaba com o una brasa disolviéndose en el es­ pacio. Te puedes casar —dijo seriamente. —Puedes conocer a un hombre que te quiera de veras. viejito. ¿Qué le hago? —Busca un hombre. un cielo oscuro. mi viejo era capaz de matarme.

ligeramente mareado. Pablo bebía a sorbos la copa de ron. estás. no.Pablo veía las paredes manchadas de humedad. pagarle y ya. —M e gustaría quedarme contigo esta noche. Silvia salió. —Te voy a pagar.. Silvia fue a sentarse en la cama. senos derechos. ¿Por qué le había propuesto a Silvia eso? Bastaría coger. el colmo. Pero tengo que trabajar. estar contento. ¿Por qué demonios seguía ahí? ¿Acaso deseaba tanto a Silvia? No.. Pablo caminaba por el cuarto. —No es por eso. ¿eh?. Cam i­ naba por el cuarto. Me gustas —rió—. luego se enoja el dueño. Veía las pequeñas luces de las ventanas de otros cuartos. Puedes trabajar en otra cosa. Silvia regresó. es­ tar contento. la os­ curidad de la noche tras la ventana. Veía a Silvia que se desnudaba y luego buscaba en un ropero viejo. ¿Qué pasó? —Le voy a decir al du eño.. A lo mejor voy a bailar. Beber. ¿Vas por unos tragos? —Los últimos. —Te pago. duros. Silvia sólo en calzones: piernas delgadas. el cabello lacio. ¿Cuánto me pagarías? —Lo que quieras. —Yo tengo que irme. no. Cuando seas vieja no va a ser tan fácil. 142 . —Debes de salir de esto. —No sé. —Debes pensar en lo que te digo. Caminaba sintiéndose mareado. —Dame un agarro. —Yo puedo ayudarte. Darle consejos a Silvia era el colmo. te pago porque pases la noche conmigo. par­ te de una cicatriz en el vientre. —Abrocha el cierre. —¿Y quién me saca? —Tú sola.. —¿Qué hora es? —Cerca de las siete. oyendo el rumor de las palmeras. —A mí también. viendo la luna por la ventana. Enes joven. Me gustaría que­ darme. tengo que trabajar.

Había venido a divertirse y esto era parte de la diversión. Pero de todos modos no perdería nada quedándose esa noche. ya. —Te estuvimos esperando —dijo Femando. Orita regreso —dijo y salió del cuarto. Tenemos plan con unas viejas —dijo Carlos. Cubierta con la colcha Silvia se paró a abrir.. vístete y vámonos —dijo Jaime. Voces con­ fusas. —Fue culpa tuya —dijo Jaime. Pero quedándo­ se esta noche con Silvia no iba a perder nada. 143 . risitas.. Pablo caminó hasta ella y la abrazó. —Perfecto. Silvia salió del baño: —Voy por hielos. —Estabas insoportable —dijo Jaime. Sus amigos entraron. que Silvia respon­ día que sí.Ante todo ella era una prostituta. De todos modos estaba en Acapulco para gastar el dinero. Silvia fue al baño. —No quisiste —dijo Femando. Por lo menos esta noche. —Yo siempre los he cuidado —dijo Pablo. Vestida con brassier negro y pantaleta roja. —Váyanse ustedes. yo me quedo —dijo él. —Estabas bien pedo. —Bueno. Alguien tocó la puerta. Nadar. —No seas payaso. conquistar gringas. —Nosotros insistimos en que te fueras con nosotros —agregó Carlos. Pablo oyó que alguien preguntó por él. Estaban en la cama. Cuando Silvia entró. Luego podría divertirse con sus amigos. Soste­ nía contra su vientre una botella de ron. Tú quisiste quedarte —dijo Fer­ nando. cerró la puerta despacio y por un momento se quedó estática. Perfecto. —¿Prefieres estar con una pinche puta? —preguntó Carlos. olvídalo. —Ya ni la chingan -—dijo Pablo. beber en la playa. —Están a toda madre —dijo Femando. recargada en el marco. —Son unos cabrones —dijo Pablo.

ayudarlas. sí.. Su historia podía ser igual a la de cualquiera. de poca madre —dijo Jaime. pero en todo caso debía admitirla. —Nos vemos mañana —dijo Pablo. un poco soñolienta. Una m ujer podía llegar a ese oficio por cualquier razón. recogi­ da a su lado. . Afuera. eco.. lo grave era que una vez ahí se corrompía. el cuerpo sudando. Hacer el inten144 . —No seas hablador —dijo Jaime. —Es lo máximo —dijo Carlos. . sí. como mujeres. —Nos cuentas —dijo Femando. porque nadie la ayudaba. —Así.S í . Silvia aún no estaba corrompida. quiero cocaleca pa' gozar . Los amigos salieron. cuántas horas haciendo el amor? El ruido de afuera llegaba confuso: voces débiles. —Pues si es gratis. ¿Cuántas horas junto a ella. ¿Por qué no? Silvia aún podía salvarse. regenerarla. comprensión.N o te mamó la verga? —preguntó Femando. Hacía calor. Sí. ayudarla.. mareada. su deber. —¿Y que tal coge? —preguntó Jaime. algún pedazo de canción: quiero cocaleca.. Las sombras de las palmeras apareciendo y desapareciendo por la ventana. —Vámonos por nuestras viejas —dijo Femando. El cuerpo ardiente. Silvia aún despierta. las voces de un trío. —. Las sábanas estaban húmedas.d i j o Pablo. —M e cae. y él podía ayudarla. sí aguanta —dijo Carlos. el cuerpo ligero. —C hao. Sus voces se fueron perdiendo poco a poco. tratarlas una noche com o m u­ jeres. el ruido aum entaba Afuera: eco del viento. Salvarlas. Silvia descansaba. —Te echas uno a mi salud —dijo Carlos. —Nos vemos. —Se mueve rico —dijo Pablo. sacarla de esto.—Me estuvo rogando que me quedara —contestó Pablo. por Dios —dijo Pablo. el cuerpo ligero. Era un deber. rumor de ramas. y él debía ayudar­ la.. todas las prostitutas del mundo lo único que necesitaban era comprensión.

cantando.. de veras que se necesita estar lo c o " Pero debía ayudarla. luego otra. que flotaba. Luego moviéndose en vaivén. eres un pendejo. Y ella no iba a rechazar esta oportunidad. suave. Alumbrada por ella la figura del santo parecía un feto. Sólo él podía ayudarla. Él podía hacer una buena acción ayudándola. en el burdel. Tenía sed. Sentía que se elevaba en la cama. Descansando. La luz de afuera se disolvía en la oscuridad. En la penumbra veía a Silvia desnuda. no sería mucho esfuerzo. cucarachas cami­ nando. Fue al baño. estoy cansada. Que Silvia conociera algo tan simple como la comprensión. en una cantina. de aquí para allá. perder así el tiempo en Acapulquito. volviendo a excitarlo." Silvia haciendo poses. La noche estaba tenuemente blanca. de aquí para allá. flotaba. Besándole el sexo.. estaba muriendo. Y la noche en silencio. borracha y tuberculosa. Sí. unos débiles res­ plandores se difundían en las paredes. y a besos de Silvia. la manten­ dría por un tiempo mientras ella encontraba trabajo. Ninguno de sus amigos lo haría. agonizando sin sentirlo. Silvia iba a salvarse. las manos de Silvia excitándolo. Moviéndose como ninguna. Cogió la botella de ron y le dio un trago. Silvia no iba a terminar como aquella figura del museo de cera: vestida de terciopelo rojo. Todo inmóvil. Silvia debía comprender que era tiempo de dejar esa vida. le dirían: "Estás loco. Silvia debía comprender que ahí. Silvia dormía. ya no pue­ do.. A Silvia aún le quedaba un poco de ternura. Por él Silvia dejaría de ser puta. suavemente. En la oscuridad del cuarto crecían y disminuían los reflejos de la flama de una veladora.lo . Los grillos cantando. los labios resecos. dormida. devolver­ le su felicidad perdida. casi en silencio. 145 . Después de la última vez dijo: "Ya no puedo. Estaba seguro que ninguno de sus amigos sería capaz de compadecerse de una prostituta. Al contrario. Manchas en las paredes. Se la llevaría a México. la lengua y el paladar con sabor a cerveza y a ron. Le besó los labios con suavidad.. Una pose.

. De un salto se incorporó de la cama. El baño a agua fétida. —¿Qué haces? ¿Puedo sentarme? —preguntó un hom­ bre que tenía voz de mujer. con este cuarto m ugroso. Otro día que le hería los ojos. al carajo con la p u ta. la detuvo en la cara del hombre: labios pintados. La cabeza girando. —jDios mío! No lo creo. Después de bañarse debía irse. Dormir hasta esta hora. Se sentó al borde de una fuente. El maricón fue a la barra y trajo un vaso. El cuarto olía a alcohol. pestañas rizadas.V Otro nuevo día. Miró la hora doce y media. El cuarto y los objetos borrosos.. Percibió el olor de su cuerpo que olía a ella. a semen. La miró. su mirada se hundía. ¡Con este sol! 146 . La Huerta estaba tranquila. Su cuerpo estaba húmedo de sudor. No debía hacer ruido. rostro delgado. te vas a sentir mejor.. Las manos le temblaban. ¿verdad? ¿Te pasa algo? —Estoy crudo. La claridad le causaba náuseas. —No molesto. Pablo alzó la vista. Era hora de largarse. —Tienes los ojos bien rojos. dos alkaseltzers se disolvían en el agua. a él sin desodorante/ sin lavanda ni loción. Un calosfrío en las piernas y los brazos. pero rápido. está durmiendo. girando lenta y pesada. Por un momento contuvo las ganas de vomitar. —Vas a ver. Salió al patio. ¿No quieres un alkaseltzer? Pablo apoyaba la cabeza entre sus manos. Su cuerpo oliendo vagamente al perfume barato de ella. Silvia inerte. en el interior del cuerpo. Las sábanas sólo le cubrían las piernas. ¿Silvia está dormida? —Sí. que Silvia siguiera durmiendo.. Pablo contemplaba el suelo. Al carajo con todo. —¿Qué hora es? —Cuarto para la una.

Silvia llegó sonriendo.. Se había escapado de su casa. me duele la cabeza —dijo Pablo. Pablo miraba el suelo. en paz. Pero gracias a D ios todo salió bien. exactamente esto le hubiera respondido. —Traigo un ham bre —dijo ella.. Hace tres meses que llegó. — Estoy enam oradísimo —dijo con sarcasmo. soy ingeniero. El maricón dijo: — ¡Ay. — Hola. 147 . veía los ademanes tan femeninos y tan delicados.. Verónica? El m aricón le respondió con un beso en la mejilla. Le he tomado tanto cariño. Por qué no decirle que se largara.. Fue redifícil. ¿Ya viste qué hora es? —le enseñó su reloj. vete al diablo maricón. — A la pobrecita la quiero tanto. —¿Y qué haces? —Soy jefe. ¿Qué tal. mi vida —Silvia saludó a Pablo. —Yo me siento del carajo. —¿Qué eres? —preguntó el maricón. vete a la chingada. que lo dejara tranquilo. llevaba cinco m eses panzona. doy órdenes —vete al diablo m aricón dege­ nerado.. quien alzó la mano desganadamente— . vete al carajo. ¿Te imaginas? El patrón le dio cham ba y aquí la ayudamos. cómo eres floja! Ya ni la amuelas. Tengo hambre. Lárgate.Pablo escuchaba la voz delgada del maricón de camisa rosa. ¿A qué te dedicas? —Trabajo. donde no te vea. —el m aricón vio que Silvia salía del cuarto y caminaba hacia la fuente—. Mira ahí viene. ¿Por qué soportarlo? — ¿Te gusta mucho Silvia? Pablo pensó responden mira pinche puto. Por qué aguantarlo. —¿Cómo que qué soy? —Sí. sed. qué te intere­ sa si me gusta una puta. qué te interesa lo que yo haga. —¿Ingeniero? |Qué interesante! ¿En dónde trabajas? — En una fábrica. dolor de estómago. lejos..

que si tenía ese compromiso que fuera sola. después la dejaría. —¿Y terminaron? —interrumpió Silvia. El maricón caminaba hacia uno de los cuartos moviendo las caderas. estoy seguro que nos contentamos. Bueno. para no alargarla. Ella lloró. Pablo dudaba de invitar a Silvia a desayunar. Lo que debía hacer era largarse en ese momento. —Aquí a la vuelta hay una fonda —dijo Silvia. pero ya. Un mesero de filipina blanca y corbata de moño se acercó y puso sobre la m esa dos platos y dos tarros de cerveza El lugar estaba lleno de gente en ropa de playa: las mujeres con sombreros ridículos. Vam os a desayunar sabroso. Como a los cuatro dias le hablé por teléfono diciéndole que me venía a Acapulco y entonces se encabronó y me dijo que si venia term inábam os. Y nos enojamos. Bueno. le dije que n o iba a ir —Silvia bebía cerveza y movía la cabeza afirm ando—. Ir al hotel. esta noche tenemos que ir a casa de unos tíos". Me dijo que no era consecuente.. Cerca de la playa volaban gaviotas y pelícanos. Silvia partía el filete en trozos. Tenemos el proyecto de casam os dentro de cinco meses. —Me acabo de levantar hace un rato. que no la quería. lentes negros. —No. reunirse con su amigos. y a mí me enferman esas cosas —Silvia movía la cabeza en señal de atención— . los hombres en bermudas. en fin. Hay que reponer energías.. no. Ven. Pero cuando regrese a México. Se puso terca en que los dos teníamos que cum plir con el com prom iso. Pero lo que me repatea es que se 148 . Te invito a un buen restorán. no. Entonces yo le dije que no iba. llama un taxi. todas esas cosas.—¿No has desayunado? —preguntó Silvia. — Pues vamos a desayunar. qué más daba. — Pues sí. Pablo y Silvia desde la terraza del restorán veían a unos esquiado­ res remolcados por lanchas. Largarse. Pablo decía: — Ella me dijo "m i vida.

traiga dos martinis. —Palabra de honor: te llevaría a México. Veía a Silvia echar veintes a la sinfonola. En parte se había convertido en el consolador de Verónica. sí. Al contrario. Ya no le molestaba el olor del cuarto. les ofrecía solucio­ nes a sus problemas y. Él iba a pagar por comer ahí y podía estar todo el tiempo que le diera la gana. Cualquiera notaba que era una mujer vulgar. ni los ruidos nocturnos. Y también hada el papel de consejero espiritual de las pros­ titutas.. Pero en fin. criticarlo: "y a viste a ese muchacho con una de ésas" o algo así.enoje por cualquier co sa. Seguro que la gente que comía en el restorán se daba cuenta de que ella era una prostituta. vine a divertirme. Un acto generoso que muy poca gente. Pero qué importaba. VI Pablo estaba en el cabaret.. sentado frente a la barra. Si él estaba contento la gente podía irse a la chingada. con un vaso de ginebra en la mano derecha. en fin. Se enteraba de la vida de todas. Y a él. —Si yo te ayudo a que dejes esa vida. ¿aceptas? —Tú crees que no.. Con ésa sumaban cinco las noches que llevaba en el burdel. Ayudarla a dejar esa vida era un acto moral de trascen­ dencia. Sí. verla de reojo como ahora. ¡Oiga! —le gritó al mesero—. hasta podía pensar que su presencia era indispensable. pero no eran capaces —porque en realidad era un problema de capacidad moral. todos las culpaban. 149 . Puedo hacer algo por ti. A nadie le interesaba una prostituta.. Sólo humillarla. con Silvia y con otras muchachas. Ahora todo transcurría con nor­ malidad. que siempre le decía "ay Pablito si vieras cómo sufro". sí. muy poca gente se atrevería a llevar a cabo. ninguno de los pendejos que comían en el restorán harían nada por ella. Pasaba la mayor parte del tiempo jugando cartas con el maricón.

Es el sol que me quema y me quema y me quema. entre los vasos y los cascos de agua mineral y ginger ale. Fem ando le pidió a un mesero otra botella de ron. —dijo otra viendo para todos lados. ves..Vio que sus am igos llegaron acom pañados de unas gringas. Estoy solo aquí en la playa. —¡A la salud de Pablo! —dijo Jaime. ¿me disparas un brandy? 150 . Todos alzaron los vasos. —¿Qué tal. traite a tu m ujer —dijo Fem ando. sino solamente gastar dinero sin lograr n a d a El maricón se acercó saludando a todos." Com o si fuera algo extraordinario enam orar a una gringa y seducirla Y luego ni eso. ellas m iraban de aquí para allá.. En la mesa estaba una botella de ron casi vacía.. ¿y tú? Para eso habían venido. fuchi! Pablito. Los am igos abrazaban a las gringas. -L o o k -a thetl —Pasen por aquí —les dijo el mesero.. —I neoer saw this in my whole Ufa.. —Oieersl —dijo una gringa que ya estaba borracha — ¿Contento Pablo? —dijo Carlos. — This is tenifid —dijo una de las gringas. —Yo sí. —¡Quihubo. —U na mesa —dijo Jaime a un mesero. Silvia y él los m iraban. "V e s de lo que te perdiste. Menos Pablo. A m or. como en tu casa? ¿Cuándo mandas las invi­ taciones pa' la boda? —dijo Carlos. —Vente Pablito. Los amigos reían y platicaban con las gringas.. Pablo! —dijo Femando. Le dijo a Pablo que le invitara una c o p a Carlos le dio una cerveza — ¡Ay no. veían a los hombres que besu­ queaban a las prostitutas y les cogían las nalgas.

.. Ellos bebiendo. que las gringas pensaran que estaba loco. Él también podía conocer a una gringa. Aquí lo pago... Cuando caminaba por el patio una mujer desde una mesa del cabaret lo llamó.. Q ué importaba que lo agarraran de payaso. ¿no anda eludo? —No. Al otro día. 151 . de brandy.. prostitutas caminando hacia los cuartos con los clientes. se miraron. estoy solo aquí en la playa es tu palpitar. He has one w eek liuing with a whore. risas.. Despedida. Las gringas lo siguieron con la vista. mi locura. qué demo­ nios importaba. —Pídela. qué le importaba. tíiis is the guy. —¿M e pagas una copa? —le dijo la mujer. Regreso a México.. tu recuerdo. u n a.. —Cerveza. a bailar. invitarla a pa­ sear. oh-oh-ooooíi cuando calienta el sol. Sí. — Eta cabrona ta borracha del de anoche. es tu palpitar. bebiendo. que se divirtieran con él como se reían emborrachando al burro de La Roqueta. cop a. Pablo se vistió y salió del cuarto. —¿Qué pasa? —se acercó el nativo que estaba tras la barra limpiando vasos—.. mi delirio me estremezco. Bebí muy poco anoche... al infierno.. rieron. ¿Qué quieres? —le preguntó a la mujer. Qué le importaba si creían que Silvia se estaba aprovechando de él. Pablo se acercó.—Pídelo. sí. Al diablo. que sus amigos lo d ijeran . ya parece —dijo el maricón y fue a la barra.... — Brandy. Voces. acostarse con ella. M e siento bien. sí. a la chingada. es tu cara.

vn —Par de ases —dijo Silvia.—Tú chingas.. Dile que no sea pendeja —la m ujer torpemente se incorporó. El m aricón y Lirio salieron. ¿Te quedas. Silvia cam inaba por el cuarto dándose aire con las manos.. Mañana le seguimos.. Pablo comía naranjas. está joven. Pablo estuvo bebiendo una cerveza tras otra hasta que 152 . —Gracias viejito —le dijo la mujer a Pablo. ya. — Basura —dijo el maricón. Éste giró sobre sus talones y dijo: —Sigue hija e puta y te caiga... A mí me duele. —Full —terció Lirio. La noche venía len ta Por la ventana las palmeras aún se distinguían y el sol parecía estar atrapado entre sus ramas. El nativo dijo: —E una borracha. a tu . ayuda a esa chamaca. —Ya no. estoy cansadísimo —dijo V erónica —Otra manila — dijo Pablo. —Viejito —empezó a decir la prostituta—. cálmala —dijo Pablo—: ve por el brandy —le ordenó al nativo. —Nada —dijo Pablo. Pasarme todo el pinche día metida en un b u rd el. —le dijo al nativo. No dejes que se chingue en esta vida.. y agregó—: te lo agradezco. Desnuda. Tengo que cambiarme. Tiene un hijo la cabrona y siemple anda así. siemple anda así. —Ya... Aún es tiempo. vivir en esto. El nativo dejó la copa de brandy sobre la mesa. —Me voy contigo. Lirio? —pre­ guntó el maricón. —Ya está bueno. m adre.. Aich. Pablo acercó una silla a la mesa y se sentó. me cae.. por hoy basta. Pablo se tendió en la cam a y Silvia se desnudó y se acostó a su lado.

Silvia no estaba. De varios sorbos se terminó la ginebra. 153 . Era una cabro na. Ella estaba viviendo con él. las risas. No. Los hombres bebían y las prostitutas se les sentaban en las piernas. ¿Por qué no estaba en el cuarto? Desde el patio veía las siluetas que se movían y luego se rompían.se quedó dormido. ¿Por qué no estaba Silvia en el cuarto? Con sólo barro los formó en su creación perfecta. Despertó.. ¿Dónde estaba Silvia? Ha creado a un hombre y de compañera a una mujer. las carcaja­ das aumentaban de volumen. No. Tenía que ir al cabaret. El patio estaba oscuro. Vio su reloj: doce y diez... Cachondeo de senos. Sombras nada más acariciando mis manos. olor a ron y a ginebra.. maricones. beber una copa de ginebra. borrachos. Olvidarla por un momento. por la pista. sentirse bien. tomar un trago. Fue al baño a echarse agua en la cara. Piernas desnudas. Pidió otro vaso de ginebra.. en el pecho. meseros. manos ca­ chondeando. Una punzada y otra. Putas. las luces del cabaret chisporro­ teaban y las palmeras hacían un sonido grave.. ginebra. no pensaren ella. Prendió un cigarro. La penum­ bra se embarraba en las paredes. La cabeza. Cachondeo de sexos. ¿P orqué no estaba Silvia en el cuarto? Las voces. salir del cuarto mientras él dormía. venir a bailar y a abrazarse con otro. creciendo y disminuyendo. iban y ve­ nían entre las mesas.

ven. no jodas. compadre. ya que estés contento. Cualquier pretexto. Toma. —¡Hija de la chingada! —Lárgate al carajo. Silvia se llevó las manos al rostro. Inventar una menti­ 154 .. —¿Ya se te pasó el coraje. Bernabé. Bye. dame otra. El gringo estaba junto a ella sin saber qué hacer. Bebió una copa. bye. no me voy.Sombras nada más entre tu vida y mi vida. ven. Caminó hasta donde ella estaba bailando y le echó la ginebra en Ja cara. —Yo me quedo. —Cálmate compadre. puta barata —dijo Pablo. —W hat's the matter? —Eres una mierda. vete por la buena. —Cálmate. —Dame una copa. si se arma la bronca sales perdiendo. es mejor que te vayas. Tuvo la oportunidad de arrepentirse y pedirle perdón y decirle: estaba aburrida y por eso salí un momento. pero unos policías las detuvieron. al carajo todos. Ella trató de darle un golpe.. Unos gringos reían de las cosas que estaban diciendo unas pros­ titutas. ven.. yo quiero otra copa —Pablo sacó un billete de cincuenta pesos—. lloraba enfurecida. ven. Algunas prostitutas trataron de defender a Silvia. Un mesero cogió del brazo a Pablo.. —¿Pos yo qué te hice? — Lárgate. Fue con el mesero hasta la barra. Bernabé. —No me molestes. no creí. —Al ratito se te pasa. regreso. Si me la das me voy. Él le detuvo la mano y le dio una bofetada. Silvia bailaba con el gringo. El maricón se le acercó. Cerca de él unos borrachos discutían de política. quién eres tú para gritarme —dijo 5ilvia. Pablito? —dijo.

adentro. El Paraíso. ninguna era capaz de regenerarse. como quien dice. Eso sí. Las estrellas en el cielo parecían las luces de un gigantesco teatro. Fue al hotel y no encontró a sus amigos. yo ni lo conocía. Más que Silvia en este caso. Algunos policías llevaban borrachos a la comandancia. Cielo Azul. Silvia era igual a todas. En el bar bebió un vaso de ginebra y salió a buscarlos a un night-club de la avenida costera. Anun­ cios fosforescentes. Los turistas ebrios entraban y salían de los cabarets. ninguna. Era más fácil abrirse de piernas que hacer otra cosa. no tenía nadie la culpa más que ellas. claro. piernas desnudas. pequeñas man­ chas de luz interrumpían la oscuridad tenuemente. hielos. ¿Salvar a una prostituta? ¿Ayudarla? Claro. eso sí. 155 . Todas vivían de eso porque les gustaba. porque preferían esa vida. súbase. De esto. Pablo vio un taxi. Pablo se incorporó. pero eso de tratar de verle la cara. eso de ver que estaba ahí en la barra y seguir bailando con el gringo. De seguro ahora estaba cogiendo con el gringo y de seguro le estaba diciendo: quién sabe por qué se metió conmigo. Ganar el dinero con sólo abrir las piernas. cuando pudo hacer otra vida. Por culpa de ti Bernabé. oliendo a basura. Y a Silvia la oportu­ nidad de salir de eso se le había escapado. al final de la calle. Risas. era igual. El Burro. Luces azules. en un abrir y cerrar de ojos. La luna estaba cubierta de nubes negras. Otro trago. todas las putas eran iguales. Las putas malvestidas. caminaban por las calles en busca de clientes. otro trago. Ninguna aceptaría algo así com o su salva­ ción. Luces rojas. Caras alegres. Caminaba por las calles empedradas de la zona. Las calles estaban semioscuras. Borrachos por todas partes. Ginebra. Ginebra. Labios trompudos. de vivir de putas. sobre las rocas. —¿Está libre? —Sí joven. Olía a brisa nocturna. Silvia había quedado allá. ninguna.ra. caminó dando traspiés y salió. De los cabarets salía el sonido de los conjuntos de rumba. en La Huerta. Allá adentro en La Huerta.

/promise. qué. En la pista parejas haciendo pasos de ru m ba Pablo vio a Fem ando entre parejas que bailaban desaforadamente. ¿Si te doy una copa te vas? —S í —alzó la mano en juram ento—. ¿y los demás? Fem ando trató de ignorarlo. una ginebrita.? —A la chingada. oliendo a sudor.. este. Carlos se incorporó. Pablo se acercó. — Al hotel Presidente. El de la rumba soy yo yumbam-bé yumbam-bé Las llamas de las velas sobre las mesas parpadeaban. —¿Dónde están los demás? —Qué. — A mi qu é. Se acercó. mira.. Pablo venía en unas fachas: sin rasurar. la ropa sucia. Sonreían. —Ssschh. por favor Pablo.. Quihubo. Los amigos lo vieron.. —¿Qué pasó? ¿No que estabas tan . allí —señaló hacia una m esa—. bajándolas. Carlos sirvió una copa de whisky. Los amigos platicaban con unas muchachas que bebían cocteles y m ovían las manos delicadamente.. — dijo Pablo. bri­ llantes. hizo una reverencia 156 . Allí bebió una copa. Pablo llegó. Mira. — Vete al hotel.. Allí. Vete a dormir. parecían extinguirse.. Luego fue al Akú-tiki. —Ven —lo alejó de la m esa —Qué carajos. a la . no grites —dijo Carlos en voz b a ja Lo tomó del brazo—.. oliendo a borracho. estamos con Cristina y unas chamacas de México. dientes blancos. —Quiero una copa.Llamó a un taxi. despeinado. subiéndolas. —Oye. estás bien borracho. —Vete a dormir.

Pablo giró sobre sus talones. Cuando calienta el sol aauien la playa... —No. Torpemente caminó arriba. sólo la oscuridad. gracias. Quién sabe. —V en Toma —le dio el vaso de w hisky— . por favor.. la quería mucho.. Se sentía mal.. No armes desmadre. Todo el m ar parecía estar dentro de una caracola. Uno de los amigos se incorporó. Carmela. estoy cansada.. el burdel. —Eso dicen todas. — Estoy cansada. A hela Vega 157 . dentro de cinco meses serían esposos.. su novia. Vieja payasa.. el burdel. Lo que debía hacer era ir al hotel y dormir. Pablo caminaba. Carlos lo cogió de la cintura. ven­ drían a pasar su luna de miel a Acapulco.. —Váyanse a la chingada ustedes y sus pinches damas decentes. no puedo.. Los reflejos de la luna se extendían en el m ar y el eco zumbaba levemente cuando las olas rom­ p ían El vacío hacia el horizonte. Acapulco. —Tú v é tus dam as. Silvia. Vente..—¿No bailas? —dijo a una de las muchachas. Los amigos se disculparon con las muchachas. Silvia.. Pablo. ni que fueras. apretadas. Los dias ahí. La arena brillaba tenuemente por aquí y por allá. el silencio roto por el murmullo de las olas. — ¡Compórtate! Estás ante unas damas —gritó. —¿Por qué? Jaime no se enoja. Sus amigos eran unos mal­ ditos y sus viejas unas pinches viejas apretadas: ay.. v en . la zona.. El eco del m ar zumbaba. Podría ir a Europa. hacia la puerta. las olas que se desvane­ cían mojaban sus pies.

EL REY CRIOLLO .

—The Rolling Stones . ésta podría ser la última vez. no. Oh no. Ésta podría ser la última vez. Pienso que así me sentiré mañana. La última vez. oh no. N T o estoy afligido pero no puedo quedarme. ésta podría ser la última vez. No tratas para nada de satisfacerme.THE LAST TIME Te lo dije una y otra vez que mejor escucharas mis consejos. Bien. Bien. no. Tal vez la última vez. Alguien tendrá que pagar el precio. Oh no. Aquí está la oportunidad de que cambies de pensar. Oh no. No sé. Ésta podría ser la última vez. Con lo que tú sabes sería fácil. No sé. Te lo dije una y otra vez. Tal vez la última vez. no te vayas. Me iré por mucho tiempo. Tal vez la última vez. Sintiéndome como hoy quedándome aquí es demasiada pena. no.

"D on 't Leave Me N ow ". hasta las malditas viejas ridiculas que venían con ellos llevaban chamarras iguales. todos llevaban chama­ rras amarillas con un gato pintado en la espalda. los de la Narvarte —bueno. 161 . y no es por adornarme ni nada de eso. de pronto la Marrana descontó a uno. El pleito fue lo máximo y me parece que todo fue por unas pinches viejas o algo así. Eso fue hace dos años. Era fácil reconocer a Los Gatunos. fue también un desmadre de poca. echamos un relajo bien padre.Yo no soy un rebelde sin causa Ni tampoco un desenfrenado Lo único que quiero es bailar el rock Estuvo vaciado vaciado vaciado. Pero ya antes. que empiezan los golpes en el lobby. por lo menos yo me divertí un resto. "I VVant To Be Free". me cae. En el lobby del cine se agarraron a madrazos Los Gatunos contra los de la Narvarte. cuando Ies llovieron los madrazos. "You're so Square —Baby I Don't C an?"). cuando en el cine Roble estrenaron Prisionero del Rocanrol. Empeza­ ron los silbidos de las pandillas. yo no participé pero soy de la Narvarte— les dieron en toda su puta madre a los putos Gatunos. la calidad de la melcocha se impuso. y también me divertí un chorro. cuando todo mundo estaba ya muy tranquilo y contento. Y cuando terminó y todo mundo salía feliz después de haber visto a Elvis Piesley cantando y bailando sus grandes éxitos ("Jailhouse Rock". Que unos pinches y putos Gatunos les dijeron alguna mamada —las viejas por las que se armaron los golpes eran de la Narvarte— mientras pasaba la pelí­ cula. "Young and Beautiful". lx>s de Quemada estaban esperando a Los Gatu­ nos Los Gatunos ni se las olieron. órale júntense y todo eso..

Los de Quemada en fila india, perfectamente malhecha para que Los Gatunos no se dieran cuenta de que los chingadazos los estaban esperando, cerca de la escalera, y cuando Los Gatunos venían en bola, la Marrana se adelan­ tó, le puso un seco a uno que quedó sentado y con el hocico floreado, el güey ese cayó al suelo bien bonito, chulo, divino, encantador. Antes de que Los Gatunos se le echaran a la Marrana, los de Quemada atacaron. Las viejas de Los Gatunos empezaron de escandalosas a gritar como gallinas desesperadas, y una que otra a llorar como loca. Los golpes estuvieron de picture. El Velos tirando pati­ nes por aquí y por allá, rom piendo m adres —huesos, hocicos, etc.— por aqui y por allá. El Quieto, muy calmado com o siempre, tirando golpes de judo. El Gori, con un box, triturando las costillas de un pendejo que gritaba como vieja y decía: "ayúdenm e, no sean cu lero s". El Güero Lozano, con su cinturón vaquero de hebilla dizque de plata, madreaba a un cabrón que se revolcaba en el suelo com o lagartija. Y que le llega un güey por la espalda, mejor no lo hubiera hecho el pendejo porque fue al que m ás se lo llevó la chingada, quedó ni para billetero, pues el Botas llegó oportunamente al quite y de una maldita patada en los güevos mandó al gato ese al suelo. Yo no creo que se haya levantado. El Sapo, uno de los cuates mas fregones que he visto peleando, descontaba a diestra y siniestra a cuanto pendejo que se le acercaba. En serio, el Sapito movia patas y manos como un verdadero campeón, cómo pelea, me cae. De un chingamadrazo le partió en mil el hocico a un pobre infeliz. La patada que le tiró el Sapo es de antología. El Gordo Romero (hermano del Gorilón), hecho otro campeón', sobre la espalda de uno, le golpeaba la chova contra el suelo. Uno de Los Gatunos sacó a relucir una navaja de botón, no lo hubiera hecho. Le pusieron una que quedó inservible para todo el resto de sus próximos miserables días. > Bueno, pero no era esto lo que quería yo decir, sino era otra cosa. El relajo de esa tarde en el cine de Las Américas.
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Digo, no es por nada pero todos los de la Narvarte se las traen. Los Gatunos tenían fama por todos lados de que eran muy sabrosos, que a mí mis timbres, que las podían de todas todas, que muy m alditos los gatos y que la canción y yo aquí y acá y que qué, pero se dieron tres sentones, nos pelaron la que les platiqué. Pues sí, fui con mis cuates al cine a ver King Creóle. Todos admiramos a Presley, a Elvis Tulsa Presley. Es un fregón cantando. Y adem ás bien carita, digo, cualquier vieja da las nalgas por él. Y Elvis canta y baila como nadie. No hay duda que es el jefe. Un chingón y todo. Mi papá dice que es un degenerado m aricón y todo eso, y mi herm ano, el que estudia leyes y es secretario de la sociedad de alumnos de esa madre, dice que es un puto, y yo le digo al pendejo que ya quisiera tener la personalidad de Elvis Presley y tener sus viejas, y que las viejas griten y anden m uertas por él como por Elvis, y que el pendejo ya quisiera cantár como Tulsa, porque el idiota todo el día anda cantando "T o m a a Sorrento" y "O jo s tapatíos" y "G e m a " y "C erca del m ar", claro, el imbécil cantando en el coro de la secun­ daria y de la prepa y ahora en el de la parroquia universi­ taria; bueno, lo que pasa es que el pendejo de mi hermano envidia a Elvis y ya, en realidad ya quisiera ser tan cara como Elvisov Presleysvky; mi hermano se cree Tony Cur­ tís, galán de todas las viejas de la colonia. Bueno, pues... lo que pasa es que todos le tienen mala fe a Elvis, porque ya quisiera ver a mi hermano cantando "O jos tapatíos" y que las gordas se cayeran al suelo tendidas como tablas. Mi hermano vestido de charro y las nenas gritando y llorando y pataleando y desmayándose. Juá, juá. Hagan el favor de imaginarme revoleándome de la risa como doña Borola Burrón, please. Bueno como decía, todos le tienen mala fe a Elvis, com o dicen que dijo que prefería besar a tres negras que a una mexicana, uy, pues todo eso influyó V pues nada más es por coraje, porque Elvis, aunque no les guste, es un chingón y punto. Canta a toda madre, baila a todo dar, y por algo es el Rey del Rocanrol, y pues los
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grandes ya caducaron. Que Gardel era divino y que Pedro Vargas también y que Jorge Negrete y que Pedro Infante y que Nicolás Urcelay canta precioso y que las canciones de borrachos y putas de Agustín Lara, ay sí tú ... Digo, vale madre, yo me digo: ¿Cómo les van a gustar las canciones de Elvis? ¿Cómo las van a entender? ¿Cómo les va a gustar "H ound D og", "A1I Shook U p", "K ing C reóle", "H ard Headed W o m an ","A re You Lonesom eTonight", "F e v e r", "O n e N ight", "B lu e Su ed eShoes", "Treat. M e N ice?". Que música de locos y todo eso. Digo, digo, a uno le da un poco de coraje todo esto, aunque pues me vale madres. Y pues, com o dice mi hermana, hay que vivir la vida. Si a mi papá le gusta esa de e stoy-en-el-rincón-de-una-can ti n a ... pues no me interesa, digo-que-me-vale-madres. Bueno, pues yo decía que fui a ver King Creóle, y que aquello había sido un maldito relajo, un verdadero destrampe. En parte yo me sentía un poco no sé cóm o, pero me sentía un poco mal. Mi novia Lulú me había rogado como desesperada que la llevara al cine. Anta a Elvis. Que se moría de las ganas de verlo, que no seas así, quenada más te gusta divertirte solo y andar con tus am igos, mamá me dio perm iso de ir contigo y con mi hermana; cómo me choca que las mujeres quieran hacer su santa voluntad, bueno, pero no me im­ porta, digo, ya saben cómo son las mujeres, y Lulú diciéndome que yo no la quería y que parecía que m e amargaba la vida y que era mi juguete V esas cosas que le reprochan a uno las mujeres y yo mira gorda que te adoro, comprende las circunstancias, ya quedé con mis amigos y eso. y ella: prefieres andar con tus amigos, y vo: gordita chula, te quiero mucho, bien lo sabes pero no te llevo, imposible. Y bueno, para no prolongarla, nos enojam os. Es q u e v o s é q ué clase de viejas van a ver las películas del Rey Presley, puras de la danza moderna y guerreras y pues preferí que nos enojáramos a llevarla. Digo todo esto porque al Gordo le sucedió una cosa bien chistosa. Cuando llegamos al movies y uno de nosotros se formó en la cola para lo que se forma uno en la cola de un cine, el Gordo vio entre la 164

Lo que se me había olvidado decir es que cuando comprábamos los boletos. Y que se encabrona el Gordo y los cachetes se le pusieron rojos del coraje y de pena. Su gorda prefirió a Elvis. Pero. Antes de empezar la pelí­ cula era un auténtico relajo..cola a su novia. Se tragó su coraje com o si fuera saliva. me cae que sí —lo dijo ponjue siempre se ha manifestado como un vil corriente. pues cuando llegué arriba y vi puro rebelde que gritaba. Las pandillas gritaban: ¡Aquí la Guerrero! i Aquí la Roma! ¡Chinguen a su puta madre los putos ojetes de la Narvarte! No sé a qué se debe que seam os tan odiados. puro rebelde y ninguna sola vieja. m e cae que la madreo. que hace lo que a su gorda se le da la gana. no se impuso. Para no alargarla más. tenía razón. Nosotros no le dijimos nada. el Chancro Volador respondió: —Éste porque es un pendejo. Su niña entró al cine. claro. Y yo creo que porque el Gordo no quiso hacer el ridículo. entramos al cine y fuimos arriba. un auténtico piojo pubis ruso. pues ni hablar. un vil desmadre como se dice vulgarmente. como que le dio pena que hubiéramos visto la escenita y pues nada más se quedó callado. La base de ir en prepa de no putirrines curas com o mis amigos porque sus jefes dicen que en las escuelas de curas uno se educa m ejor y se vuelve uno más decente y todo eso. vete a tu casa.. Y fue a donde estaba su gorda y le dijo: —No entres. lo estuvo molestando todo el tiempo. Y. Y cuando Tobías instó al Chato (a) Pinocho a que se callara. ¡Los nacos de la Guerrero nos vienen a pelar la verga! O los gritos entre los gritos: ¡Todas las viejas de 165 . Como si a la entrada hubieran puesto algún letrero que dijera que los hombres arriba y las mujeres abajo o algo parecido por el estilo. sólo el Chato. Allí había puro cuate. yo había visto a mis cuatitas de la prepa y no perdía las esperanzas de echarme un ligero caldo con alguna. a m í una vieja m e hace eso y la madreo. vacilaba por aquí y por allá. que es una ladilla de lo peor. Hizo su teatrito. se encaprichó y el Gordo que es bien dejado.

Se apagaron las luces y todo el cine se calló. te quiero yo. El Noticiero Continental parecía no tener sonido. silbando.abajo son una bola de putas. Y que entran unas viejas con cham a­ rras de cuero con suásticas pintadas.Órale. Y a estuvo bueno. Las otras: ¿ya? ¿ya? Y los cabrones: otra y ya. Y una bola de cabrones las rodeó. ¡Déjenos ir! Uno que otro las manoseaba discretamente. Los cuates palm oteay palmotea. creo que hasta las viejas. Y cuando empezaron los noticieros todo imindo mentándole la madre al cácaro. largo. al Mechas de Indio. Un silencio largo. al Solícito. al Chiras. Felices de que nada más las hubieran hecho bailar y no les hubieran hecho otra cosa. respondió la bola. Y yo por acá y por allá. Las viejas bien espantadas. Y las dejaron ir. saludando a cuates de la prepa: al Malhecho. sacu d ién ­ d o se todas. en fin a todos los seguidores de Elvis y el rock. Y de la multitud de rebeldes surgieron unos héroes. culeras! ¡Ya llegó su padre hijos de la chingada! Y luego un cuate con voz de trueno gritando: ¡Chingue a su madre el que no ladre! Y todo el pinche cine ladra y ladra. pony tails n ' bobby socks. a Germán el pianista del conjunto de la prepa llamado Los Boppers. temblando una pierna. La jefa era la que hacia pasos a la Elvis por aquí y por allá. Y las pinches viejas baila y baila como locas. ¿nos dejan? Y un cuate empezó a cantar: Bibopalula es mi beibi/Vibopaluta y nadie sabe cómo te quiero yo. Las viejas bien culeras. me dejes así. menos yo porque no le hago caso a cualquier pendejo. del miedo no saben qué hacer. ¡Que bailen! Y la que parecía la líd er Okey. al Greña Brava. Los cuates: . déjenlas. con libros y cuadernos. Las viejas: ¿Qué quieren? Unos cuates: ¡Dé­ jenlas! Y uno: ¡Que bailen! ¡Sí. órale! Yo me preguntaba: órale qué. chasqueando los dedos. silbando. si baila­ mos. allende y acullá. Y luego el cantante antipresley: ese pollito yo vi cómo se me sonrió.. Salieron com o cohetes. muy rocanroleras.. Luego 166 . risa y risa. que bailen!. frunci­ das a morir. me dejes así. te quiero yo/Bibopalula no me dejes así. todo mundo rayándole su puta madre al cabrón que hablaba. Y entra y entra cuates y cuates en bola.

yo con mi guitarra de dos cuerdas rocanroleando. las voces de Los Jordanaires.. Young dreams. La voz del Rey: There's a man in New Orleans who plays Ihe rock n ' rali. muertas.. arriba también los cuates. Yo fum a y fuma. Todos palmoteando. padre. todo el mundo se puso a cantar.. canta y canta: Me voy pa'l pueblo. Elvis cantaba " Don't Ask Me W hy". Y cuando Elvis cantaba "L o v er D olí'': . Y cuando apareció Elvis algunos gritándo­ le: ¡Puto. ojete! Todos fum aban como locos. Elvis bailando de poca madre. yo y Lulú caminando por una calle al atardecer. Y. Elvis. delirando. Let me be your lover boy. recargado en un ba­ randal de la terraza de una casa vieja colonial de New Orleans cantaba "C raw fish ".. I ’m crazyfor you. let me be your lover boy.chingue a su madre Ja policía. Entre una escena romántica entre Elvis y la heroína. Abajo las viejas gritando.. Y empezó King Creóle. Le t me rock you in my a r m s t a k e you Home... Todos le mentaron la ma­ dre al dueño de la voz. chingonísimo. You ‘re the cu tes t lover dolí. digo.unas voces cantando: Me voy pa'l pueblo/hoy es mi día/chin­ gue a su madre/la policía. my heart is fili with young 167 . Algunas viejas gritaban com o si las estuvieran desflorando o algo por el estilo. los cuates chasqueaban los dedos.. las nenas locas.hoy es mi día. Yo estaba botado de la risa. yo y Lulú en la sala de su casa.. de seguro abajo... extasiadas. Pero en realidad abajo casi estaba en silencio. Rock lento: n i go on loving you/Don't ask me why/Don ’t know wliat else to do/Don ’t ask me why/How sad my heari would b e/lf you should go. Y luego una voz por un micrófono dijo que si seguía el desmadre la función sería interrumpida. claro. chasqueando los dedos al com pás de "K in g C reóle".. el Golden Goose. unos gritaron: ¡Ya cóge­ tela buey! ¡Esa vieja es puta! ¡Ya no es quinto! ¡Ya no se te para ni con globos! Los cigarros volando y brillando por aquí y por allá com o luciérnagas. Mis cuates palm oteando cuando Elvis cantaba "T ro u b le " en el cabaret de los años veinte. El bajo. Y yo pensando en Lulú: junto a mi en el cine... Yo y Lulú en una fiesta bailando. chingón.

. . A papá y a mamá. empezaron a bus­ car asientos.. Nada pasó. Y siguió el desmadre hasta que llegaron los granaderos y nos sacaron a todos del cine.. cuando por lo que sea el cine estaba en silencio. todo. los granaderos no le hicieron nada a nadie. Las cha macas espantadas de verles la cara como nalgas de gorila a los granaderos. peno empezaron a arrancar Jos asientos de las butacas y a aventarlos.. luego pare­ ció que ya todo se había calmado. La función se interrumpió y encendieron las luces.. medio desvestidas. Una de ellas gritó: — ¡Hija! ¡Hija! ¡Dios mío! Algunos cuates las defendieron. 168 . como si se estuviera incendiando el cine.. se armaron los m adra­ zos y ellas pudieron huir. Y a José Agustín./Take my hand . Y del silencio surgió un grito: jCame! ¡Carne! ¡Caaarmeeee! Y una bola se abalanzó contra ellas. Y ellas empezaron a gritar y los cuates se las cachondeaban por todos lados. In my eyes. ele. oh can you see in my eyes that you are the only one/who make my young dreams come true...And let me make you parí o f all my young dreams. rocanrolero a moriryondero yguapachosoy. sentados en la alfombra. todo mundo corriendo como loco por todas partes. Oh darlin ' take my ha nd.. Ellas lloraban.dreams.. etc. imas viejas entraron.. oyendo el disco en la sala de la casa de Lulú.. Bien chingona la película. . les agarraban las nalgas y los senos.

EPÍLOGO .

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claro). el autodenominado Mejor Crítico de México. com o Manuel y el Chino Campos o Fito de la Parra (quien después fue el baterista del grupo californiano Canned Heat). seducido por los aires de revolución marxista que le pegaron duro a muchos jóvenes de clase media a principios de los años sesenta. leyó los cuentos que escri­ bía. Sin embargo. hizo a un lado todo in­ tento de publicarlo porque don Rafael Giménez Siles y Carballo (que ya habían urdido una serie de autobiografías para autores menores de treinta y cinco años) crearon la Editorial Diógenes con un marcianísimo concurso para seis primeras novelas que publicaron con ese fin (ganaría la que sumara más puntos. quien se hallaba en el candelera y le tomó afecto. sino que también estableció contacto con el cacique poblano Juan Tovar y durante un tiempo vivieron en el mismo depto (de Juan. MEDIANAMENTE. loquísimo. lo alentó y le borró de la cabeza el nefasto tono realistasocialista que tenían algunos de los textos. por lo que se dedicó a escribir una novela para el concurso. Hacia 1967 Parménides ya tenía listo un libro de cuentos titulado El rey criollo."EL REY CRIOLLO. El resultado fue Pasto verde. Poco después conoció a Emmanuel Carballo. con las reseñas publicadas en la prensa y con los cupones que los lectores deberían desprender del libro y enviar a la editorial) y Parménides decidió entrarle. cuando regresó de Estados Unidos y se propuso estudiar economía. un texto catártico. Parménides García Saldaña em pezó a escribir en forma en la adolescencia. Por esas fechas Parménides ya no sólo la rolaba en plan gruesísimo con sus truculentos amigotes de la Narvarte. Pasto verde (1968) no ganó el premio Diógenes de primera novela (tampoco lo 171 . que se obtenían con la venta de los libros. cuya escritura en buena medida precipitó su etapa de altos desmadres y caídas en manicomios. SOY YO Hasta donde sé.

y no pretenden impactar. Parménides no mitifica a sus personajes. 172 . correctamente. con una ironía amarga. y “¡No te adornes. sin excesos. algunos de ellos representaciones de si mismo. su indigencia cultural. Salvo el final. También retrata y cri­ tica a profundidad a la clase media idiota de la ciudad de México de los años sesenta. los amigos. en orden ascendiente en cuanto a la edad de los protagonistas y en cuanto a la intensidad y complejidad de los textos. y que anteceden a cada relato. en orden lineal salvo algunos flashbacks. Parménides ilustra muy bien los procesos de crecimiento. más bien ambiguos. Las historias se narran con limpieza. clasismo. sus prejuicios y convencionalismos. El rey criollo es. a través de la sucesión de textos. y el ga­ nador fue Orlando Ortiz con En caso de diuia). Con este álbum de imágenes. frustrada y frustrante. machismo. muestran que. pues. Sus finales. con juegos de puntos de vista y nutrida dialogación a base de lenguaje coloquial. asi es que Emmanuel Carbailo decidió publicar los cuentos en 1971). deslumbrar o iluminar. casi todos los relatos tienden a cierta formalidad narrativa. sino que. no te adornes!". imprescindibles y entrañables por­ que circulan en la mismas tinieblas. pero desde un principio adquirió una aura de texto m aldito y corrió con una buena fortuna inicial. el primer libro que escribió Par­ olen id es y consta de once relatos muy bien armados. más que la historia en si o el trazo sicológico de personajes. su racismo. del amor com o meta inmediata en la vida juvenil. a Parménides le interesaba crear atmósferas y. el afamado rito-de-iniciación-a-la-madurez y la soledad en medio del estrépito de los otros. Todo esto se halla subrayado con la inclusión de canciones de am or de los Rolling Stones (casi todas del periodo Aftennath/Behveen the buttons/Flowers) que él mismo tradujo. sugerir un tema cen­ tral: la fijación de im ágenes de distintos y desoladores abismos de la búsqueda. La mayor parte está escrita en tercera persona.obtuvo Margarita DaIton con Larga Sinfonía ty n D. los muestra con toda su bárbara inconciencia.

es un retrato espléndido de los modos con que algunas chavas. en un principio parece ser más cínico y "d u ro". pero cada quien circula por carreteras distintas. la más pesada de todas las rolas escogid as. lúdica y pro­ vocativa. Desde el principio es obvio que Estela quiere cortar a Jaime. La narración es casi behaviorista. Los restantes son textos sobre chavos más grandes. la pareja ya se acuesta. Como en "Bye bye love". a este texto le antecedió "Have you seen your mother baby standing in the shadow ". donde el protagonista se con­ forma con ver la acción envuelto en melancolía. esto genera emo­ ciones intensas y dolorosas. aunque lo indicado era un mambo o una rumba. "I-a espera" es una evolución de "Bye bye love" seis años después. que se desplaza por los puntos de vista de los personajes. pero al final predomina la sensación desagradable del joven inexperto que abrió una puerta pero tuvo miedo de tranquearla. desde chicas. uno de los mejores textos del libro. que ya pasan la veintena. 173 . manejan las relaciones amorosas. "¡N o te adornes!". el final es clave para quien quiera rebasar la mera fachada del relato. El texto concluye en una ambigüedad que paradójicamente resulta un golpe dramático. pero ella y él las toleran porque intuyen que después serán un recuerdo incluso agradable. es un cuento devastador. pues los juegos del amor aún no hacen daño. Por eso. llena de ternura. "la adornada". pero a la larga se logra una atmósfera idílica. "Goodbye Belinda" está escrito en primera persona y el tono cambia por com pleto. la salida de la pubertad en "Stranger in parad ise". Hay un auténtico ritmo y musicalidad en el relato. Se trata del momento terrible en que ya se ve lo que ocurre pero no se puede participar. pero para hacerlo traza curvas más sinuosas que las de un largo cuerpo de serpiente. por su parte. Todo esto hace más cruel la capitulación total de L id ia. escrito con una tercera persona muy libre. "Bye bye love". más cercano a Cabrera Infante.Los tres relatos iniciales corresponden a un periodo de primera exploración del mundo. a base de los diálogos y casi sin descripciones. que no es rocanrolero sino rumbero.

pero él prefiere a los margina­ dos y la vida en los límites. que tiene capacidad narrativa y dispone de recursos. y aunque eso proporciona posibilidades líricas. son como capítulos de una unidad a través de la diversidad. disfrazado de bolero. lo que ve y lo que siente. "A quí en la playa" es una ilustración del espíritu hipster que aún no es consciente de sí mismo. un cuento perfectamente prescindible. pero al llegar hacen una escala técnica en la zona roja.En el libro. pudie­ ron eliminarse. En este caso. Dos de ellos. y con ella el creciente percibir la vaciedad y lo insatisfactorio de la vida. triste" muestra el derrumbre del mito del matrimonio tradicional. es un texto mucho más íntimo. este texto funciona como bisagra y abre la serie de cuatro relatos que dejan ver diferentes instancias del amor: En "L n a actitud sincera" predomina un estado de árumo característico de la pnmera mitad de los años se­ senta: la conciencia de la incomunicación y la deshum a­ nización. se elige al sexo como vía de ruptura. pero avan­ za con cautela y prefiere cubrirse con cierta neutralidad y corrección. por sí mismas. Los relatos funcionan más com o elem en­ tos de un conjunto que como entidades individuales. y al igual que "El en­ cuentro". Sus cuates cumplen todo el ceremonial del joven clasemediero en Acapulco. El protagonista va a Acapulco con sus amigos. "Encuentro" y "En noches como ésta". como "¡No te adornes!" y los dos finales. "Aquí en la playa" y "El rey criollo". No trata de redimir ni de educar 174 . el relato resulta una búsqueda que no cuaja del todo. Por su parte. sin despliegues estilísticos pero con un uso brillante del len­ guaje coloquial. pero hay un exceso de tono confesional que estorba . mo­ nólogo y diálogo con un fantasma. el material señala a un talentoso autor joven que habla de lo que sabe. y dejar que las historias y sus atmósferas. Sin embargo. con las primeras nos­ talgias. y Pablo se queda alli todas las vaca­ ciones. "En noches como ésta ". ocurre entre jóvenes casados. revelen lo que está detrás de la apariencia. "Un día triste. los hay de antología. Hasta aquí.

simplemente convive y se integra.a nadie (es decir. que lo ha descalificado y lo subestima a un punto en que ni siquiera le concede una mínima atención critica. pues era una réplica del había oral. desfachatez. provocación y un manejo maestro de los elementos del relato. de mostrar superioridad). pero eso no significa que los textos no valgan. aunque fuese de mala gana se decía que el lenguaje no era literario. como en el caso de Parménides. Al final se da cuenta de que ya se cum plió ese ciclo y no puede quedarse allí toda la vida. iro­ nía. específicas leyes. así es que regresa "a su mundo" para mandar a la chingada á las niñas decentes. La descalificación es tajante y se pasa a otro punto. Como a fin de cuentas había que argumentar. criticamente. con sus propias. Sólo entonces comprendemos que este libro de cuentos también es proclama y manifiesto (por eso Par decía que en el libro estaba la semilla de la rebelión que en la segunda mitad de los sesenta llegaría al éxtasis). es el que menos le gusta a una buena parte de la crítica literaria. El nivel colec­ tivo y el individual están muy bien dados. es redondo de principio a fin y el lenguaje funciona a la perfección. repre­ senta un trabajo elaborado y que ni remotamente se queda en una taquigrafía del habla oral. es la mani­ festación de un espíritu que se rebela ante los cánones litera­ rios y ante la sociedad en su conjunto. que a mí me parece excitante. si es parte de una estrategia artística. 175 . Este tipo de textos de Parménides. Hay humor. El resultado es la creación de un auténtico relajo literario autocontenido y autorregulado. a los que delicadamente dice: chinga tu madre. sin "quitarse el sombrero ante nadie pero sin permitir que nadie se lo quite ante él". irreverencia. Los gustos no son patrones de calidad literaria. Es evidente que los crí­ ticos tienen todo el derecho de que no les guste este tipo de literatura. por su parte. que ade­ más de ser la crónica de una función de cine y de ver desde dentro. "El rey criollo". a los jóvenes protagonistas. y éstos por supuesto no dejan ver. Esta crítica no ha renunciado a los anteojos de los prejuicios. violencia. pero al parecer finalmente se ha com ­ prendido que el uso del habla coloquial.

intrascendentes. De esa manera quizá se vea que los relatos de El rey criollo cumplen con su lega­ 176 . Claro que en estos cuentos hay muestras flagrantes de machismo. crepus­ cular y oblicuo. Al menos en El rey criollo. porque Pasto verde es otra cosa. Por su parte. Se decía tam bién que eran h istorias banales. Parménides es parejo. en cuanto a críticas. pero. aunque este proceso tenga lugar en parámetros totalmente distintos a los de la literatura más tradicional. pues tampoco perdona a los hombres. cuando las fustiga no lo hace porque son mujeres sino por su mentalidad fresa y clasemediera. salvo en "N o te adornes" y en el texto final. Es verdad que hay un conflicto de amorodio de Parménides en cuanto a las mujeres (¡son las oh diosas!). algunas fem inistas han concluido que Parménides es un caso grave de sexismo. cursilerías o melodramatismos. se entiende que a muchos. tenemos una forma de realismo que no se consiente. al menos en este libn>. Lo que se dice es lo mínimo necesario y no hay barroquismos estilísticos de ningún tipo. como realmente son. como no es fácil encarar la realidad de frente. sin ver que Parménides trabajaba con la sustancia básica de la vida. y si al amor no le queremos dar importancia no es problema del texto. Para apreciar y disfrutar estos textos hay que deponer la intolerancia y asum ir una actitud desprejuiciada. sin sentimentalismos. En realidad así deberíamos leer siempre. que era facilista y se excedía en el uso de diálogos. pero éstas son de los personajes y Parménides las expone porque son parte inherente de la cultura dominante. desde adentro y desde tuera. Pero en realidad ninguno de estos relatos es muy extenso preci­ samente porque hay un criterio de usar las palabras justas. cobijados bajo la zeitgeist de lo metáforico.También se aducía que la prosa de Par no tenia trabajo. este realismo no les atraiga. pero estas amigas se hallan como los lectores negros que encuentran racista Hncklt'berru Fian. También es cierto que. Este realismo es directo y. que no se pierde en detalles inútiles y que trata de ver las cosas. En El rey criollo la escritura tiende a la corrección y a la limpieza.

lidad interna y que son una forma de realidad literaria tan válida com o cualquiera." Por su parte. siempre existe la posibilidad de que se sintonice la frecuencia adecuada. Esto le da una mística a su libro. Parménides Garda Saldaña se concre­ tó a escribir: "El Rey Criollo. soy yo." fosé Agustín 177 . de que se agarre la onda y se descubra que. por­ que habría sido fascinante ver cómo desarrollaba su propio mito. no fue Elvis sino él mismo porque él era Elvis Presley y varios más Como dijo Rudyard Kipling: “La vida es dulce para todos. Parménides sabia que el Rey Criollo. cuando menos tres de los relatos son muy buenos y que casi todo el volumen es disfrutable v funciona bien. pero para los que viven muchas en una es aün más dulce. Parménides eran perfectamente consciente de su valor y de su naturaleza contracultural. el del rebelde empecinado en ser él mismo en una libertad encarcelada. primeriza si se quiere pero con logros estimables. ahí nomás. Además. medianamente. Fue una lástima que se lo tragara la locura. No sólo se trata nada más de mostrar las etapas de la educación sentimental sino de manifestar un espíritu.

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ÍNDICE Stranger in Para dise Bye bye Love Good bye Belinda 1.a espera ¡No te adornes. no te adornes! Un día triste. triste Una actitud sincera En noches como ésta El encuentro Aquí en la playa H 1 Rey Criollo Epilogo .

F. 35 COLONIA ARÉNAL MÉXICO.EL REY CRIOLLO SE IMPRIMIÓ EN LOS TALLERES DE IMPRESOS Y ACABADOS MARBETH. D. NÚM.000 EJEMPLARES IMPRESO Y HECHO EN MÉXICO PR1NTED AHD MADE IK MEXICO . SE TIRARON 2. S.A. PRIVADA DE ÁLAMO.

Luis Arturo Ramos Salto de tigre blanco. Tomás Eloy Martínez Imposible equilibrio. Gustavo Sainz La novela de Perón. Tomás Eloy Matínez Amores que matan. Juan García Ponce Mtrlln. Rosa Belirán El cuno de invierno. Mohammed Dib La Señora de la Fuente. Mempo Giardinelli Forever Valley. Juan Villoro El sueño de Eva. Enrique Sema Cómo me hice monja. José Agustín El miedo a ¡os animales. Tahar Ben Jelloun El desierto malva. Marie Redonnet De ánima.O TROS TÍTULOS PUBLICADOS Santa Evita. Emmanuel Carrére Un corazón en un bote de basura. Elena Garro El niño de arena. César Aira Albercas. Nicole Brossard Inventando que sueño (Cuentos completos). Michel Rio Cerca del fuego. José Agustín .

" 4 0 4 02 138 00 é JO A Q U IN M O R T IZ 9 "789682 70646Z . señalado como uno de los autores mexicanos más controvertidos de las últimas décadas. que cuestiona su entorno social y todo lo que le rodea. vuelven a reeditarse a quince años de la muerte de su autor. porque habría sido fascinante ver cómo desarrollaba su propio mito. Marcados por “la brecha generacional” y la rebeldía de los sesentas. llena de humor. nuevamente. irreverente. publicó los cuentos de El rey criollo en 1970. Parménides era perfectamente consciente de su valor y de su naturaleza contracultural. Esto le da una mística a su libro. No se trata nada más de mostrar las etapas de la educación sentimental sino de manifestar un espíritu: el del rebelde empecinado en ser él mismo en una libertad encarcelada. Como dice José Agustín en el Epílogo que escribió para esta reedición: “Para apreciar y disfrutar estos cuentos hay que deponer la intolerancia y asumir una actitud desprejuiciada. y ahora. Fue una lástima que se tragara la locura a Parménides García Saldaña.P a r m é n id e s G a r c í a S a l d a ñ a El rey criollo Parménides García Saldaña (1944-1982). los relatos de este libro muestran una literatura fresca.

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