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Leibniz: La Monadología

Tesis de filosofía o tesis redactada a favor del príncipe Eugenio. 90 son los postulados por los cuales Leibniz explica a las mónadas. 1- Las mónadas son sustancias simples, que entran a formar los compuestos; simple, quiere decir, sin partes. 2- Hay sustancias compuestas y esto deviene de que son agregados de las simples. 3- Las mónadas son los elementos de las cosas. Indivisibles, inextensas, no figurativas. 4- No perece naturalmente. 5- No comienza naturalmente. 6- Empiezan y acaban de repente. Comienzan por creación y acaban por aniquilamiento; mientras que lo compuesto comienza o acaba por partes. 7- Ni sustancia ni accidente pueden entrar por fuera de una mónada –su interior no puede ser cambiado por otra criatura-. 8- Cualidades: supuesto el espacio lleno, cada lugar recibiría en el movimiento siempre el equivalente de lo que había tenido. 9- Cada mónada es única. 10- Todo ser creado está sujeto a cambio, también las mónada creada, e incluso que ese cambio es continuo en cada una. 11- Los cambios naturales provienen de un principio interno. 12- También es necesario que haya un detalle de lo que cambia, que determine, la especificación y la variedad de las sustancias simples. 13- Hay algo que cambia y algo que permanece. Es necesario que en la sustancia simple haya una pluralidad de afecciones y relaciones, aunque no existan partes en ella. 14- Percepción: El estado pasajero que comprende y representa una multiplicidad en la unidad o en la sustancia simple. Crítica a los cartesianos que creyeron que solo los espíritus eran mónadas. 15- Apetición: Principio interno, que produce el cambio o tránsito de una percepción a otra. 16- Todos los que reconocen que el alma es una sustancia simple, deben reconocer esa multiplicidad en la mónada. 17- Es inexplicable por razones mecánicas la percepción, es decir, por figuras y movimientos. En la sustancia simple sólo puede encontrarse eso: las percepciones y sus cambios –acciones internas-. 18- Entelequia: Todas las sustancias simples o mónadas creadas, pues tienen en sí una cierta perfección y hay en ellas una cierta capacidad de bastarse a sí mismas, que las hace fuentes de sus acciones internas y, por así decirlo, autómatas incorpóreos. 19- El nombre general de mónadas y entelequias basta para las sustancias simples que sólo posean percepción y que se llamen almas solamente a aquellas cuya percepción es más distinta y va acompañada de memoria. 20- El alma es algo más que una mónada. 21- Esto no significa que la sustancia simple esté desprovista de toda percepción. 22- El presente está grávido de porvenir. 23- Una percepción proviene de otra percepción. 24- -.

25- La naturaleza ha dado percepciones destacadas a los animales –a través de sus órganos-. Lo que sucede en el alma representa lo que se produce en los órganos. 26- La memoria proporciona a las almas una especie de consecución, que imita a la razón, pero de la cual debe distinguirse. 27- La imaginación fuerte, procede del tamaño o de la multiplicidad de las percepciones precedentes. 28- Los hombres obran como bestias si se rigen sólo por el principio de memoria. 29- El conocimiento de las verdades necesarias y eternas es lo que nos distingue de los simples animales y nos hace poseedores de la razón y de las ciencias, elevándonos al conocimiento de nosotros mismos y de Dios. Y esto es lo que en nosotros se llama alma racional o espíritu. 30- El conocimiento de las verdades necesarias y sus abstracciones nos eleva a los actos reflexivos, que nos hacen pensar en lo que se llama el yo y considerar que esto o aquello está en nosotros; y es así como, al pensar en nosotros pensamos en el ser, en la sustancia, en lo simple y en lo compuesto, en lo inmaterial y en Dios mismo, concibiendo que lo que en nosotros es limitado en él no tiene límites. 31- Nuestros razonamientos se fundan en dos grandes principios: el de contradicción, en virtud del cual juzgamos falso lo que encierra contradicción, y verdadero, lo opuesto o contradictorio a lo falso. 32- Razón suficiente: ningún hecho puede ser verdadero o existente y ninguna enunciación verdadera sin que haya una razón suficiente para que sea así y no de otro modo. 33- Hay también dos clases de verdades: las de la razón y las de hecho. Las verdades de razón son necesarias y su opuesto es imposible; y las de hecho son contingentes y su opuesto es posible. 34- Teoremas especulativos, cánones prácticos = definiciones, axiomas y postulados. 35- Ideas simples: no puede darse su definición. Las proposiciones idénticas = axiomas y postulados. 36- La razón suficiente debe encontrarse también en las verdades contingentes o de hecho. 37- -. 38- La razón última de las cosas debe estar en una sustancia necesaria: Dios. 39- Hay un solo Dios y este Dios basta a todo. 40- Puede también juzgarse que esa sustancia suprema, única, universal y necesaria, fuera de la cual nada hay que sea independiente de ella, y que es una consecuencia simple del ser posible, no es susceptible de limitaciones y ha de contener toda la realidad posible. 41- En Dios la perfección –magnitud positiva- es absolutamente infinita. 42- Las perfecciones de las criaturas devienen de él, las imperfecciones se la propia naturaleza. 43- Dios, fuente de existencias y esencias, en cuanto son reales o de la realidad en la posibilidad. 44- En Dios la esencia envuelve la existencia. 45- La existencia a Priori de Dios: Nada impide su posibilidad de existencia –verdades eternas-. A posteriori: Existen seres contingentes que tienen su razón última en el ser necesario. 46- Las verdades eternas no son arbitrarias por depender de Dios. En las verdades contingentes se desprende que son arbitrarias de él, ya que éstas son la conveniencia o elección de lo mejor. En tanto que las verdades necesarias dependen únicamente de su entendimiento y constituyen el objeto interno de éste.

47- Dios sólo es unidad primitiva o sustancia simple originaria, de la cual son producciones todas las mónadas creadas o derivadas y que nacen, por así decirlo, limitadas por la receptividad de la criatura, a la cual es esencial el ser limitada. 48- En Dios está la potencia –fuente de todo-, el conocimiento –ideas- y la voluntad –efectúa los cambios-. Dios tiene estos atributos –perceptivo y apetitivo- infinitos. En las mónadas creadas o entelequias, sólo son imitaciones de Dios, según el grado de perfección que tienen. 49- La mónada posee Acción –percepciones diversas- y Pasión –confusas-. 50- Una criatura es más perfecta que otra cuando se encuentra en ella lo que sirve para dar razón a priori de lo que sucede en la otra y por eso se dice que actúa sobre la otra. 51- Sólo por la intervención de Dios una mónada simple puede tener dependencia de otra. 52- Roles activos y pasivos. 53- -. 54- Este es el mejor de los mundos posibles por conveniencia debido al grado de perfección. 55- Dios lo conoce, su bondad lo elige y su poder lo produce. 56- Cada sustancia simple tiene relaciones que expresan a todas las demás, por consiguiente un espejo viviente y perpetuo del universo. 57- Como una ciudad, hay tantos universos diferentes, que no son más que las perspectivas de las mónadas sobre uno solo. 58- -. 59- -. 60- No es en el objeto, sino en la modificación del conocimiento del objeto donde las mónadas son limitadas. Todas tienden confusamente a infinito, al todo; pero son limitadas y se distinguen por los grados de las percepciones distintas. 61- Todo es lleno, lo cual hace que toda la materia esté entrelazada, y como en lo lleno todo movimiento produce algunos efectos sobre los cuerpos distantes. 62- Aunque cada mónada creada representa todo el universo, representa más distintamente el cuerpo que le es particularmente asignado y cuya entelequia constituye. El alma por ende representa también todo el universo. 63- Cuerpo y Entelequia = Ser vivo. Si se suma el Alma es un animal. Siempre es orgánico. 64- Las máquinas de la naturaleza, los cuerpos vivos, son máquinas aún en sus menores partes, hasta el infinito. Esto es lo que establece la diferencia entre la naturaleza y el arte, entre el arte divino y el nuestro. 65- -. 66- -. 67- -. 68- -. 69- No hay nada inculto ni estéril ni muerto en el universo; ni caos ni confusión sino en apariencia. 70- Todo cuerpo vivo tiene una entelequia dominante, que es el alma en el animal. 71- Todos los cuerpos se encuentran en un flujo perpetuo, como los ríos, y continuamente entran y salen parte de ellos. 72- El alma cambia de cuerpo poco a poco y en grados. No hay ni genios, ni trasmigración. Solo Dios está separado de él. 73- Generaciones: desarrollos y crecimiento. Muertes: envolvimientos y disminuciones.

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-. -. -. El alma es indestructible –espejo indestructible del universo- . El alma sigue sus propias leyes y el cuerpo también las suyas, y se encuentran en virtud de la armonía preestablecida entre todas las sustancias, puesto que todas son las representaciones de un mismo universo. Las almas obran según las leyes de las causas finales, por apeticiones, fines y medios. Los cuerpos obran según las leyes de las causas eficientes o de los movimientos. Y los dos reinos, el de las causas eficientes y el de las causas finales, son armónicos entre sí. Sistema de la armonía preestablecida. Este sistema permite que las almas obren como si no tuviesen cuerpo y que los cuerpos obren como si no tuviesen alma y que ambos obren como si se influyesen los unos a los otros. En los animales racionales se da el caso particular de que sus animalitos espermáticos, mientras no son más que eso, tienen sólo alma ordinaria o sensitiva. Cuando son elegidos, llegan a la naturaleza humana y sus almas sensitivas se elevan al grado de la razón y a la prerrogativa de los espíritus. Las almas en general son espejos vivientes del universo de las criaturas, mientras que los espíritus son también imágenes de la Divinidad misma o del mismo autor de la naturaleza, capaces de conocer el sistema del universo y de imitar algo de él por medio de muestras arquitectónicas, siendo cada espíritu en su esfera como una pequeña divinidad. Es esto lo que hace que los espíritus sean capaces de entrar en una especie de sociedad con Dios. La reunión de todos los espíritus debe constituir la ciudad de Dios, es decir, el más perfecto Estado que sea posible bajo el más perfecto de los monarcas. Esta ciudad de Dios, esta monarquía verdaderamente universal, es un mundo moral en el mundo natural. Armonía entre el reino físico de la naturaleza y el reino moral de la gracia. Dios arquitecto y Dios monarca. -. -. Bajo este gobierno perfecto no habrá acción buena sin recompensa, ni acción mala sin castigo; y todo debe parar en el bien de los buenos, es decir, de los que no están descontentos con este gran Estado.

MÓNADAS En su obra “Monadología”, el filósofo racionalista y matemático alemán Wilhelm Leibniz (1646-1716) utiliza la palabra “mónada” (del griego “monás, monadós”, unidad) para referirse a los componentes últimos de la realidad. Podríamos entenderlas como “átomos metafísicos” pues, como los átomos físicos, las mónadas son substancias indivisibles; por ser simples y carecer de partes son indivisibles y como tales ni se han formado a partir de otros elementos más básicos ni podrán destruirse (des-componerse), su existencia y posible desaparición se deberían a la creación o aniquilación de Dios. El universo está compuesto de infinidad de estas substancias independientes, todas ellas diferentes unas de otras y con distinto nivel de perfección y grado de actividad. Las entendió como substancias inmateriales, al modo de mentes o almas, dotadas de capacidad para representarse el mundo y unas a otras, en una concepción que algunos autores no dudan en llamar panpsiquismo. En función de su mayor o menor perfección, así cada mónada representa o refleja las cosas de diferente modo: la mónada increada o Dios representa total y perfectamente todo lo real, la mónada humana (el alma humana) representa conscientemente (lo que Leibniz llamará “apercepción” ) pero de forma imperfecta y así hasta los seres inferiores como los minerales cuyas fuerzas y tendencias serían simples representaciones obscuras de las cosas. Las mónadas son sujetos independientes activos y sus actividades y cambios no están determinados causalmente por las demás pues la actividad de cada una descansa en sí misma. Dado que son simples y nada puede entrar o salir de ellas (Leibniz expresó esta idea con la famosa frase “las mónadas no tienen ventanas”), entre ellas no hay comunicación real y directa. Sin embargo, la experiencia parece sugerir el orden en el Universo y que las cosas interactúan unas con otras; para resolver este problema propuso su famosa teoría de la “armonía preestablecida”: desde el comienzo de la creación, Dios ha establecido una coherencia entre las actividades que disfrutan todas ellas, por lo que los cambios en una mónada corresponden perfectamente a los de las otras mónadas. Este es el caso por ejemplo de las mónadas alma y cuerpo, que realmente no pueden interactuar pero parece que lo hacen (a mi deseo de mover el brazo le sigue el movimiento de esta parte de mi cuerpo): su funcionamiento es de aparente coherencia y compatibilidad de modo semejante al que ocurriría con dos relojes perfectamente construidos y ajustados que, independientemente, sin embargo, pueden marcar exactamente la misma hora. Así también, Dios habría dispuesto de tal modo las cosas que a cada actividad corporal le corresponda cuando sea el caso una actividad psíquica de la mónada-alma.