EL TRABAJO.

El trabajo es un modo de dominar el mundo, de controlar las condiciones de nuestro dolor, de nuestro sufrimiento, e incluso las condiciones de nuestra explotación. Hoy no sabemos cómo usar el sacrificio, el dolor y el sufrimiento de manera que no sean exclusivamente negativos, porque nuestras máquinas han dado un salto abstracto y enigmático para construir un mundo nuevo, invisible, que aún no sabemos cómo cantar y representar. Y si no hay motivos para sacrificarse, entonces todo está permitido.

"No hay hombres de repuesto", escuchamos decir a un enfermo terminal en un asilo para desahuciados, y se lo escuchamos decir como sonrojado porque en la era de la técnica no se haya inventado aún nada definitivo contra la caducidad de la existencia humana. Este sentimiento de vergüenza, dado que no podemos sentir vergüenza sino ante una mirada ajena, nos indica que ahora son las cosas, las máquinas, quienes nos miran. El hombre moderno desearía ser sólo un engranaje, debería ser sólo eso, pero misteriosa y trágicamente aún no está del todo adaptado a la explotación mecánica, y eso es lo que le abochorna, su propia humanidad residual. José Luis Pardo.

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