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Bergua-los Helenismos Del Espanol-optimizado

Bergua-los Helenismos Del Espanol-optimizado

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JORGE BERGUA CAVERO

LOS HELENISMOS
-
DEL ESPANOL
n
GRfoos
BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA
JORGE BERGUA CA YERO
LOS HELENISMOS DEL ESPAÑOL
Puede resultar paradójico, pero a
medida que el griego y el latín van
perdiendo terreno en el ámbito escolar
y universitario, crece de forma visible
entre el público culto el interés por la
etimología y, en general, por el papel
desempeñado por las lenguas clásicas
en la formación y desarrollo de las mo-
dernas. Sorprende por ello que no con-
táramos en español con una obra que,
sin recurrir al formato de los dicciona-
rios de tipo escolar o práctico, diera
una visión general, pero rigurosa, in-
novadora y sistemática, de todos los
niveles lingüísticos que afectan a los
préstamos griegos del español.
Tal es el propósito de este libro,
empezando por los problemas de gra-
femática y de fonología -dentro de la
cual se aborda en detalle un aspecto ge-
neralmente desatendido, como es el de
la fonotáctica, especialmente en lo que
se refiere a los grupos de consonan-
fes-o Sigue una clasificación razo-
nada de los helenismos del español
atendiendo a su vía de entrada en el
idioma: cultismos (incluyendo una vi-
sión sistemática de sus principios de
transcripción y acentuación), helenis-
mos patrimoniales, voces llegadas a
(Pasa a la solapa siguiente)
BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA
FUNDADA POR
DÁMASO ALONSO
1lI. MANUALES, 83
© JORGE BERGUA CA VERO
© EDITORIAL GREDOS, 2004
Sánchez Pacheco, 85, Madrid
www.editorialgredos.com
Diseño gráfico e ilustración:
Manuel Janeiro
Depósito Legal : M. 14096-20(}4
ISBN 84-249-2710-9
Impreso en España. Printed in Spain
Encuadernación Ramos
Gráficas Cóndor, S. A.
Esteban Terradas, 12. Polígono Industrial. Leganés (Madrid), 2004
JORGE BERGUA CA VERO
LOS HELENISMOS DEL ESPAÑOL
HISTORIA Y SISTEMA
BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA
A mis padres
SÍMBOLOS FONÉTICOS Y SIGNOS DIACRÍTICOS
> da como resultado (por ejemplo lat. apicula > esp. abeja)
< procede de
* forma no atestiguada o hipotética
{} grafemas (signos gráficos)
II fonemas
[] realizaciones fonéticas
vocal larga (por ejemplo en l i :!)
l el palatal africado sordo, como ch en chico
f zl predorsal africado sonoro, como z en ant. esp. amenaza
lel fricativo interdental, como z en zapato
Jkhl oclusivo velar aspirado (del griego antiguo)
JkwI consonante labiovelar indoeuropea (y latina)
IV palatal lateral, como II en calle
Iphl oclusivo labial aspirado (del griego antiguo)
Ir! vibrante tenso, como en perro
Isl prepalatal fricativo sordo, como sh en inglés shine
dental sibilante (en árabe)
Ithl oclusivo dental aspirado (del griego antiguo)
/ sl predorsal africado sordo, como z en alemán Zeit
lüI vocal central alta labializada (u francesa, ü alemana)
Iwl semiconsonante, como en inglés wash
Ix! fricativo velar sordo, como j en jamón
Iyl palatal africado sonoro, como yen mayo
IzI silbante sonoro, como s en francés poison
IZ/ prepalatal fricativo sonoro, como j en francés jardin
[1.;, g] realización fricativa de las oclusivas correspondientes
ABREVIATURAS BIBLIOGRÁFICAS MÁs FRECUENTES
DCECH
DELG
DELL
DESE
GDLE
OED
TLF
Corominas, J. & Pascual, 1. A. , Diccionario crítico etimológico
castellano e hispánico, 6 vols. , Madrid, 1980-91.
Chantraine, P., Dictionnaire étymologique de la langue grec-
que. Histoire des mots, 2 vols., París, 1984.
Emout, A. & MeilJet, A., Dictionnaire étymologique de la lan-
gue latine. Histoire des mots, París, 1985.
Pharies, D. , Diccionario etimológico de los sufijos españoles y
de otros elementos finales, Madrid, 2002.
Gramática descriptiva de la lengua española, 3. Entre la ora-
ción y el discurso/Morfología, dir. por 1. Bosque y V. Demonte,
Madrid, 1999.
The Oxford English Dictionary, 2." ed. preparada por J. A. Simp-
son & E. S. C. Weiner, 20 vols., Oxford, 1989.
Trésor de la langue franr;aise. Dictionnaire de la langue du XIXe
etduXXe siécle (1 789-1960) , CNRS, París, 1971-1994.
INTRODUCCIÓN
Es ya un tópico ampliamente difundido y profusamente repetido
destacar la importancia que han tenido las lenguas clásicas para el en-
riquecimiento del léxico de las lenguas europeas modernas, incluido
el español. No creemos, por tanto, que haga falta justificar el interés
de un estudio riguroso sobre los helenismos del español y en general
sobre lá influencia del griego en esta lengua a todos los niveles, como
aquí nos proponemos -aunque somos muy conscientes de que es un
poco arbitrario separar lo griego de lo latino, hasta tal punto la histo-
ria de los helenismos españoles está incardinada dentro del latín.
El único trabajo de cierta extensión que se ocupa de una forma
coherente de este aspecto de la lengua española - que es también,
huelga decirlo, un aspecto de la propia lengua griega - es la exce-
lente contribución de Manuel Fernández Galiano en la Enciclopedia
Lingüística Hispánica (vol. 11, Madrid, 1967, p. 51-77); allí se trazaba
una breve historia de los helenismos españoles, además de dar atina-
das indicaciones relativas a la transcripción y adaptación al español
de palabras griegas.
Nuestra intención en un primer momento fue, sobre la base de es-
te trabajo pionero, elaborar una historia de los helenismos léxicos
españoles mucho más completa y circunstanciada, pues sin duda el
asunto da para un libro considerable. Pero pronto nos encontramos
con un escollo infranqueable: para escribir una obra de este tipo se
necesita ante todo tener una gran cantidad de material previo, es de-
12 Los helenismos del español
cir, contar con un trabajo lexicográfico tan abundante y exacto como
sea posible, cosa de la que, desgraciadamente, carece el español.
Con un diccionario del estilo del Oxford English Dictionary - pro-
bablemente el mejor que se haya escrito nunca de lengua alguna- y
las técnicas modernas de búsqueda informática, la labor sería bastante
más sencilla, pues podría disponerse, de partida, de un corpus com-
pleto de palabras de origen griego, con su fecha de entrada en el
idioma y abundantes citas que den cuenta de su evolución fonética,
morfológica y semántica, cuando las haya habido.
Pero de momento nuestra lengua carece de una obra de esta natu-
raleza, y según parece habrá que esperar bastantes años hasta que se
complete el Diccionario histórico de la lengua española, proyectado
por Julio Casares y empezado a publicar por la Real Academia Espa-
ñola en 1960 (todavía va por la letra B). Y la verdad, causa cierto
sonrojo que una lengua como el español, cuyas autoridades políticas y
lingüísticas no se cansan de vocear sus muchos millones de hablantes
repartidos por el orbe, carezca de una obra de este tipo, indispensable
para el historiador de la lengua J. Es verdad que ya haya disposición
de los investigadores algunas colecciones de textos informatizados,
como el ADMYTE (Archivo digital de manuscritos y textos españoles,
CD-ROM, Madrid, Micronet, 1992-), o como el fichero informático
relativo a historia del español (el CORDE o «Corpus diacrónico del
español», que se puede consultar en www.rae. es). pero de ahí a un
diccionario bien organizado y redactado (incluyendo la redacción de
entradas correspondientes a prefijos y sufijos) hay todavía un abismo.
Por otra parte, contamos con la obra monumental de J. Coromi-
nas, el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, en seis
volúmenes (Madrid, Gredos, 1980-91; hay también una versión abre-
viada), que es siempre de gran utilidad pero que tiene un gran pro-
blema para nuestros intereses: aunque suele dar fechas de la primera
I No se entienda con esto, ni mucho menos, que menospreciamos la parte publica-
da de dicho diccionario; al contrario, se trata de unos magníficos fascículos, cuyo mé-
rito es todavía mayor si se tienen en cuenta las precarias condiciones en que se han
llevado a cabo.
Introducción 13
documentación (fechas que en muchos casos hay que adelantar bas-
tante), no presta apenas atención a los cultismos, cuyas etimologías
suelen ser transparentes y no ofrecen los problemas de identificación
que plantean muchas voces de origen vulgar o prerromano (aunque,
como veremos, en realidad los cultismos griegos presentan muchas
particularidades fonéticas, morfológicas y semánticas que merecen
comentario); tampoco ofrece entradas para prefijos y sufijos, que,
como veremos en el caso de los de origen griego, plantean a veces ar-
duos problemas históricos a! lingüista.
Somos, asimismo, conscientes del peligro que se corre al escribir
una obra sobre historia de los helenismos léxicos del español, y es el
de estar presentando largas listas de palabras, según las épocas en que
dividamos convencionalmente nuestra historia (el artículo menciona-
do de Femández Galiano tampoco, se libraba de ello; aparte de que su
idea de seguir un orden de aparición cronológica de los helenismos en
el latín de Hispania o en el castellano quizá sea menos útil que una
distinción general por vías de entrada, que pueden explicar mejor las
particularidades fonéticas de los hel\nismos, y que es lo que hemos
intentado hacer en §§ 6-9). Hay que po er la maestría expositiva y los
conocimientos de un Rafael Lapesa para ir . . endode una forma
coherente y a la vez amena los aportes de vocabulario que ha recibido
en una época determinada de su historia el español (nos referimos cla-
ro está, a su Historia de la lengua española).
Siguiendo. con las obras de lexicografia, también cumplen su fun-
ción los diccionarios de helenismos publicados en español; pero ha-
bría mucho que decir al respecto. El más voluminoso que conocemos,
el de J. M. Quintana Cabanas (Raíces griegas del léxico castellano,
médico y científico, Madrid, Dykinson, 1997), recoge más de 28.000
helenismos, y está concebido como una herramienta pedagógica de
gran utilidad, con índices de diversas clases; pero no está escrito por
un filólogo, y sus errores son numerosos y en ocasiones graves 2.
Además, tanto esta obra como otras varias de este tipo (por ejemplo el
2 Remito a mi reseña de este libro en Epas 14 (1998), p. 709-11.
14 Los helenismos del español
Diccionario etimológico de helenismos españoles de C. Eseverri,
Burgos, 4.
a
ed., 1988, o el ya veterano de R. Mendizábal, incluido en
su libro Lengua griega, Madrid, 1963, por no mencionar los de ca-
rácter más elemental), presentan serias lagunas, y es que, más allá de
su utilidad principal - indicar qué significa miriápodo, p. ej ., o cuá-
les son los helenismos españoles en los que aparece una raíz griega
determinada-, se suelen desentender de otras cuestiones fundamen-
tales para el historiador de la lengua, como son, además de la fecha de
la primera documentación en español: ¿un helenismo español com-
puesto o derivado está tomado como tal del griego antiguo o se ha
formado modernamente a partir de dos elementos griegos?; en el ca"')
de que el resultado español no se atenga a las normas comunes
transcripción, ¿cuál ha sido su vía de transmisión: evolución POPUI
medieval, mediación árabe o de otras lenguas, etc.?; la palabra espa-
ñola, ¿ha sufrido algún tipo de evolución o cambio semántico respec-
to a su étimo griego?, etc.
Por todo ello, y a la espera de contar con un buen diccionario
histórico del español, pensamos que sería más coherente abordar el
estudio razonado de los' helenismos españoles por niveles lingüísticos
(incluyendo la escritura o grafemática), adoptando en principio un
planteamiento sincrónico, aunque, claro está, haciendo referencia cons-
tante a cuestiones históricas, cada vez que el asunto lo requiera (por
ejemplo, al tratar de las variantes que presenta la transcripción de un
grafema griego). Se puede decir que, hasta ahora, casi todo lo que se
ha hecho en este terreno se ha referido a los problemas de transcrip-
ción, generalmente desde un punto de vista puramente descriptivo y
normativo, pero prestando poca o ninguna atención a los problemas
específicos - gráficos, fonotácticos, morfológicos, sintácticos, léxi-
cos, pragmáticos- que plantea la incardinación de los helenismos en
el sistema de la lengua española.
En este sentido, llama la atención el desconocimiento casi abso-
luto en los trabajos mencionados de la bibliografia básica relativa al
p r é s t a m o lingüístico, un campo que, tras superar el estigma que le
infligió de Saussure al condenarlo al ámbito de la «lingüística externa»
Introducción 15
y diacrónica, ha experimentado un gran desarrollo en los últimos de-
cenios y en el que, a grandes rasgos, se pueden distinguir dos tenden-
cias principales. De un lado estaria la «escuela europea», de tendencia
histórico-cultural y centrada sobre todo en el préstamo léxico entre
las grandes lenguas de cultura de Europa; el libro más completo y re-
presentativo de esta tendencia es probablemente el de L. Deroy,
L 'emprunt linguistique, 2.
a
ed. , París, 1980, muy rico en datos y que
cualquiera que se ocupa de préstamos (en este, caso los helenismos)
haria bien en leer para tener una visión general del asunto.
De otro lado, hay que mencionar a la «escuela norteamericana»,
desarrollada a partir de los años 50, que adoptó un método rigurosa-
mente estructural-sincrónico, desentendiéndose, por lo menos al prin-
cipio, de cuestiones de tipo histórico-cultural y «extralingüístico». Los
lingüistas más destacados de esta escuela fueron E. Haugen y U. Wein-
reich, a quienes se debe, entre otras cosas, el desarrollo del impor-
tante concepto de «interferencia». El problema fundamental es que la
escuela americana se ha centrado en el estudio de las situaciones de
contacto de lenguas y sobre todo de bilingüismo propias de los Esta-
dos Unidos y el Canadá, situaciones que tienen bastante poco que ver
con la del griego y el latín -lenguas ante todo escritas, de tradición
culta- con relación a las lenguas europeas, en nuestro caso el espa-
ñol. Eso hace que la aplicación de la metodología estructural de estos
autores resulte bastante problemática en el caso que nos ocupa, aun-
que sin duda ha de ser fructífera aplicada a situaciones de auténtico
bilingüismo en las que ha estado involucrado el griego antiguo, con-
cretamente el caso de Italia en época imperial romana; sólo que esto
es algo que cae lejos de los intereses inmediatos de este libro (aunque
hagamos alguna referencia a ello en la parte dedicada al estudio de la
fonética).
Otro problema que plantea la metodología estructural mencionada
al estudioso de los cultismos griegos es que, en sentido estricto, un
helenismo se define por su historia, es decir, por el hecho de ser una
palabra de origen griego, y ello va en contra del dogma básico de di-
cha escuela, para la que hay que estudiar los préstamos «en función
16 Los helenismos del español
de los rasgos estructurales que los separan de las palabras patrimonia-
les y [ ... ] no en función de criterios etimológicos e historicistas» 3. De
todos modos, en algunas secciones (ver sobre todo § 4, § 5, § 11.1.5)
hemos intentado, en la medida de lo posible - pues no hay apenas
trabajos en que apoyarse -, cumplir con dicho requisito estructura-
lista, tratando de aislar las particularidades fonotácticas, prosódicas o
de otro tipo que denuncian per se el origen foráneo de algunos hele-
nismos, pero no de todos, ni mucho menos.
Pero, en todo caso, esta forma de ver las cosas por fuerza ha de
verse complementada con un tratamiento propiamente diacrónico,
histórico, del problema, por las razones que ya hemos apuntado. Por
poner un ejemplo: no basta con consignar la alternancia de {j} y {x}
en helenismos como paradoja y ortodoxo, cuyo segundo elemento es
la misma palabra griega (Oó¿;a «opinión»), sino que hay que explicar
esa alternancia, y la única explicación posible es la que acude a la
historia fonética del español (§ 6.3), no la que busca criterios de tipo
estructural-sincrónico.
Además, resulta que bastantes .aspectos de los helenismos espa-
ñoles están muy lejos de haber sido investigados en profundidad; a
veces ni siquiera es posible encontrar una exposición aunque sea es-
colar de determinados procesos histórico-lingüísticos. Pensemos en el
caso de los prefijos y sufijos españoles de procedencia griega, cuyos
orígenes, trasplante al latín y desarrollo histórico en el español y otras
lenguas europeas son aspectos muy mal descritos en general, aunque,
por lo que se refiere en concreto a la sufijación, podemos contar ahora
con el utilísimo Diccionario etimológico de los sufijos españoles y
otros elementos finales de David Pharies (Madrid, Gredos, 2002) 4; en
cambio, en el plano estrictamente sincrónico contamos con muy bue-
nas obras en este campo, sobre todo la impresionante monografía de
3 Gómez Capuz, 1998, 123 (este libro es una introducción muy recomendable al
problema general del préstamo lingüístico y sus métodos de estudio).
4 Cf. nuestra reseña en Epas 18 (2002), 413-419, centrada en los sufijos de origen
griego.
Introducción 17
Rainer (1993) 5. Así, nos encontramos con que algunos sufijos de ori-
gen griego son mal identificados de forma reiterada en obras lexico-
gráficas serias (incluso en el propio diccionario de la RAE; ver p. ej.
§ 12.2.6 sobre ':ido); y que, en general, para tener una información his-
tórica medianamente completa sobre prefijos hay que acudir a obras
extranjeras, especialmente al OED y al TLF (donde, lógicamente, se
describe la situación en inglés y francés, respectivamente, que suele
ser parecida a la del español pero nunca exactamente igual). Noso-
tros, aprovechando también la aparición del DESE, hemos tratado de
remediar un poco esta situación, dentro de nuestras enormes limita-
ciones en lo que al manejo de material fechado se refiere (recuérdese
lo dicho antes sobre la falta de un diccionario histórico del español;
también esperamos que se publique pronto la segunda parte del ma-
nual de gramática histórica española de P. M. Lloyd, que deberá ocu-
parse de la formación de palabras y la sintaxis).
Creemos que tanto este como otros apartados del libro, como el
que se refiere a la historia de las letras y de la notación prosódica, o el
relativo a fonotáctica, son una novedad en el panorama de estudios
sobre los helenismos españoles, y que pueden ser de utilidad tanto pa-
ra hispanistas como para helenistas interesados en esta «segunda vi-
da» del griego clásico en las lenguas modernas; y esperamos que
puedan espolear la investigación en este campo, donde hay todavía
mucho por hacer.
Así, en este libro no se aborda la consideración propiamente so-
ciológica de los cultismos greco-latinos, es decir, una exposición que,
más allá de la consabida reivindicación de la «aportación de las lenguas
clásicas al enriquecimiento del español», dé cuenta de los condicio-
nantes sociales que han hecho posible ese flujo de cultismos greco-
latinos a las distintas lenguas europeas, y del papel que estos cultismos
han desempeñado y desempeñan - a todos los niveles: ortográfico, fo-
nético, léxico, pragmático - en la «economía de los intercambios
5 Sin olvidar tampoco la gran monografia de Peytard (1975) sobre la prefijación
en francés.
18 Los helenismos del español
lingüísticos», entendidos éstos no sólo como actos de comunicación
destinados a ser descifrados por medio de un código determinado
(Saussure), sino también y ante todo como «relaciones de poder sim-
bólico donde se actualizan las relaciones de fuerza entre los locutores
y sus respectivos grupos» 6.
No sólo hemos tenido que prescindir de una perspectiva socioló-
gica en el estudio de los helenismos españoles. Tampoco ha sido po-
sible - por limitación de tiempo y espacio- prestar la atención
debida a la sintaxis y a la semántica y lexicología, de las que quizá
podamos ocupamos algún día. Hay que advertir, de entrada, que la
parte de sintaxis presenta problemas muy arduos (nosotros, al menos,
no sabemos muy bien cómo podría abordarse), y la de lexicología y
terminología es tan amplia que lo más lógico es que recibiera u ~ tra-
tamiento particularizado para cada campo o especialidad (aparte de
que para abordar los campos específicamente científicos - biología,
zoología, etc. - haria falta una formación de la que carecemos); para
la léxico-estadistica, puede verse el breve trabajo de Quilis (1984). En
cambio, para la parte de semántica sí puede y debe intentarse al me-
nos esbozar una tipología general de los cambios semánticos experi-
mentados por los helenismos, un asunto que ha de dar sin duda bas-
tante de sí.
Por lo demás, este libro pretende ser ante todo una obra de sintesis
y de introducción al estudio de los helenismos, razón por la que, en las
notas, nos hemos limitado en general a dar las referencias bibliográfi-
cas básicas, apoyándonos siempre en los manuales y monografias más
acreditadas y accesibles de las distintas especialidades involucradas: la
lexicografia clásica (Buck-Petersen, DELG, DELL, Gradenwitz, Krets-
chmer-Locker), española (Bosque-Pérez, DCECH, DESE; Corriente para
los arabismos) o de otras lenguas (OED, TLF; Lüdtke para el léxico ro-
mánico en general); la fonología (Alarcos, Alcina-Blecua) y la fonéti-
6 P. Bourdieu, ¿Qué significa hablar? Economía de los intercambios lingüísticos,
trad. esp., Madrid, 1999, p. 11 (la traducción es tan deficiente que resulta más aconse-
jable acudir al original francés, del que hay una nueva edición en el volumen titulado
Langage et pouvoir symbolique, París, 2001).
Introducción 19
ca y morfología hi stóricas españolas (Alvar-Pottier, Lloyd); la forma-
ción de palabras (Alemany, Almela, GDLE, Rainer) y la historia de la
lengua española (Lapesa); la formación de palabras en griego (Chan-
traine, DELG) y en latín (André, DELL); el préstamo lingüístico (De-
roy, Weinreich; Weise y Biville, 1990-95, para helenismos del latín);
los helenismos españoles (ante todo F. Galiano, 1967 y 1969; R.
Adrados, 1999, añade poco a lo aportado por aquél); los galicismos
en español (García Yebra).
En cuanto al estudio de los helenismos en otras lenguas moder-
nas, la verdad es que no hemos encontrado mucha ayuda en la biblio-
grafía extranjera, y lo que hay está casi siempre centrado en el nivel
léxico. Apenas podremos mencionar aquí alguna breve contribución
sobre los helenismos del francés (Biville, 1985, 1995), el librito de
Domseiff sobre helenismos del alemán (1950) o el interesante trabajo
de Janni sobre los helenismos en el italiano contemporáneo, espe-
cialmente en los medios de comunicación (1994); para el inglés he-
mos manejado la aceptable síntesis de Kent, ya más que veterana (la
primera edición data de 1926). Finalmente, el volumen editado por
Munske y Kirkness (1996) contiene algunas interesantes contribucio-
nes sobre helenismos del ruso, alemán, inglés y francés.
Nuestra intención al escribir este libro ha sido doble: por un lado,
intentar que los helenistas y estudiantes de fílología clásica en general
descubran un aspecto de la historia del griego que no suele tener ca-
bida en los planes de estudio de la especialidad, y que ofrece un cam-
po de investigación muy rico y poco menos que inédito en muchos
aspectos. Por otro lado, ofrecer a los estudiantes de hispánicas o ro-
mánicas una visión oblicua del español y su historia, centrada en los
cultismos 7, además de proporcionar a cualquier interesado un reperto-
7 Nos permitimos recordar la observación de R. Menéndez Pidal: «en el estudi o
hi stórico-cultural del idioma los cultismos tienen una importancia principalí sima,
siendo lamentable que su conocimiento esté hoy tan atrasado. La ciencia habrá de
aplicarse cada vez más intensamente a investigar la fecha, causas de introducción y
destinos ulteriores de cada uno de estos préstamos, para que la historia lingüística ad-
20 Los helenismos del español
rio manejable de fenómenos y de elementos lingüísticos relacionados
con el griego (prefijos, sufijos, etc.). Como se podrá comprobar en
seguida, lo único que se requiere para leer este libro con provecho es
un conocimiento elemental de la fonética y la morfología griegas y
latinas y unas cuantas nociones de lingüística española (histórica y
estructural; en general se utiliza una terminología accesible a cual-
quier filólogo); contamos, por lo demás, con que su lectura también
pueda servirle al estudiante para familiarizarse e interesarse por fe-
nómenos y procesos histórico-lingüísticos más o menos comunes.
La primera versión de este libro, que llevaba por título Introduc-
ción al estudio de los helenismos del español, se publicó en 2002 co-
mo número 15 de la serie «Monografias de Filología Griega» que pu-
blica el Área de Filología Griega (Departamento de Ciencias de la
Antigüedad) de la Universidad de Zaragoza; aprovechamos para dar
aquí las gracias a los responsables de la serie, Carlos Schrader, José
Vela y Vicente Ramón, por haber acogido el libro en su colección.
También queremos reiterar nuestro más profundo agradecimiento a
Maria Antonia Martín Zorraquino, catedrática de Lengua Española en
la Universidad de Zaragoza, que tuvo la amabilidad de leer minucio-
samente el manuscrito de esta obra; sus numerosas criticas y observa-
ciones, tanto sobre la forma como sobre el fondo, ayudaron sin duda a
que el resultado fmal de este trabajo sea mucho menos imperfecto.
Para esta segunda edición del libro hemos podido leer algunas re-
señas (aún en prensa) de la primera, cuyo texto nos han facilitado
amablemente sus autores: David Serrano-Dolader en Verba, Ramón
Almela en Myrtia y Raquel Martín Hemández en Cuadernos de Filo-
logía Clásica (E. Griegos e indoeuropeos). A todos ellos, gracias.
quiera su pleno valor» (Manual de gramática histórica española, 13." ed., Madrid,
1968, p. 14-15; ef. también el estudio de Bustos Tovar, 1974).
CAPÍTULO 1
GRAFEMÁ TICA
ALGUNAS RELACIONES ENTRE EL SISTEMA GRÁFICO DEL
GRIEGO ANTIGUO Y EL DEL ESPAÑOL ACTUAL
En esta primera parte - que también podría ser la última o figurar
en apéndice- vamos a tratar de exponer una serie de hechos que
afectan no a la lengua propiamente dicha (el español en este caso), si-
no a la escritura, a los grafemas o signos gráficos con los que refle-
jamos por escrito el español. Se trata de hacer ver, por un lado, cómo
algunas incongruencias gráficas de nuestra escritura - y de otras len-
guas de nuestro entorno- remontan en último término al griego an-
tiguo, a través del alfabeto y los usos gráficos latinos; y por otro, de
esbozar brevemente los problemas que plantea el reflej o por escrito
del acento y otros elementos prosódicos o suprasegmentales, pues
también aquí los antecedentes griegos ayudan mucho a entender los
hechos modernos del español.
§ l . G ENERALIDADES SOBRE ESCRITURA Y FONOLOGÍA
Empezaremos por dejar clara la diferencia entre escritura y fono-
logía: una cosa son las convenciones ortográficas de una lengua de-
terminada (si las tiene, pues hay muchas lenguas sin tradición escri-
22 Los helenismos del español
ta), y otra su sistema fonológico en un momento dado. Debido al ca-
rácter esencialmente conservador de la escritura, el grado de adecua-
ción entre ésta y la fonología de una lengua puede ser muy variable,
como demuestra sin ir más lejos el caso de la notación de las vocales
y diptongos en el inglés o el español: mientras en el segundo caso la
equivalencia entre escritura y fonología es casi total - debido en gran
parte, probablemente, al gran parecido entre el sistema vocálico latino
y el español-, en el caso del inglés el desajuste es tan grande que,
por poner un solo ejemplo, la vocal larga /u: / puede verse reflejada en
la escritura hasta de siete formas diferentes: boot, move, shoe, group,
flew, blue, rude, con el consiguiente problema para niños autóctonos
y adultos de todo el orbe. Lo mismo se puede decir, en un plano dia-
crónico, del propio griego: lo que en su origen fue un alfabeto casi
perfectamente fonemático acabó, en época bizantina y moderna, por
el conservadurismo ya mencionado, convirtiéndose en un enorme
abismo entre la escritura consagrada por el uso clásico y la pronun-
ciación efectiva de vocales, diptongos, acentos, etc. (la introducción
oficial, hace unos decenios, de la dhimotikí o griego hablado en la es-
critura de todo tipo de documentos -prensa, administración- no ha
cambiado demasiado esta situación).
Centrándonos aquí en el mundo de escritura alfabética -pues los
sistemas de tipo ideográfico o silábico, como el chino y el japonés,
plantean problemas muy distintos-, es bien sabido que nuestro abe-
cedario latino deriva de una variedad occidental del alfabeto griego.,
por mediación del etrusco; la adaptación por parte de los griegos, allá
por el siglo x a. C., del alfabeto consonántico fenicio añadiendo sig-
nos específicos para las vocales (que en las lenguas semíticas como el
fenicio o el hebreo no tienen un estatuto fonológico comparable al de
las consonantes, y así las breves no se escriben), fue un hecho de im-
portancia capital para la historia cultural de Europa y de sus lenguas,
y por extensión para el mundo entero '. La gran virtud del primitivo
alfabeto (o mejor, de las variedades de alfabeto) griego era precisa-
I Cf. Haannann, 2001 , 303 ss.
Grafemática 23
mente que cumplía en gran medida el ideal económico de cualquier
escritura de este tipo, a saber, que a cada fonema le corresponda un
solo grafema y que cada grafema represente siempre el mismo fone-
ma, con las ventajas para el aprendizaje y el manejo del alfabeto que
ello supone.
En este sentido, el español, lo mismo que todas las lenguas euro-
peas, tiene una gran deuda con el griego clásico - ha de quedar claro,
en todo caso, que esta deuda es exterior a la lengua, puesto que la es-
critura como tal no forma parte del sistema de las lenguas.
Sin embargo, es bien sabido que en la escritura del español hay
una serie de inconsecuencias, en el sentido antes apuntado de falta de
correspondencia biunívoca entre fonemas y grafemas; pues bien, si
nos preguntamos por el origen o la causa de estas irregularidades de
nuestra ortografia española, veremos que buena parte de ellas tienen
su explicación última en el griego antiguo, o mejor dicho, en el tras-
vase de una lengua a otra a través del paso intermedio por el latín.
Vamos a tratar de explicar con la mayor claridad posible estos proce-
sos históricos, centrándonos en aquellos grafemas o letras que tienen
una relación directa con nuestro tema.
§ 1.1 . EL DÍGRAFO {ch}
Empezaremos por el dígrafo {ch} - incoherente en la medida en
que se utilizan dos grafemas o letras para representar un único fone-
ma 2 - , que procede en última instancia de la trascripción latina culta
de la oclusiva velar aspirada griega IXI, por ejemplo en monarchia
< ).1ovapxí.a. A partir del siglo 1I a. C., el latín literario recurrió a este
procedimiento por carecer la lengua de este tipo de fonemas, las oclu-
2 Además, hasta hace poco se lo ha alfabetizado como letra independiente, detrás
de la {c} (lo que no dejaba de ser coherente, pues al fin y al cabo representa un fone-
ma distinto de la {c}), pero esto ya ha cambiado en el propio DRAE (ya antes en el
Diccionario de María Moliner) para adaptarse a los usos generales en los demás paí-
ses, cf. Lodares-Salvador, 1996, 47 ss.
24 Los helenismos del español
sivas aspiradas, que, por cierto, en algunas variedades alfabéticas grie-
gas ya se habían escrito de forma similar (como {KH}, es decir, con
la oclusiva en cuestión seguida de la marca de la aspiración) 3.
Al pasar al español, las palabras latinas de origen griego que te-
nían esta {ch} perdieron la {h}, recuerdo lejano de la aspiración en
griego y en la pronunciación culta en latín clásico (así, por ejemplo,
monachalis, derivado del griego 1l0vaXÓC; «monje», se convierte en
esp. monacal), aunque lo cierto es que las grafias latinizantes con
{ ch} fueron frecuentes en español hasta comienzos del siglo XIX (chi-
mera, chaos, máchina, etc.), cuando, con muy buen criterio, la Real
Academia instituyó la norma vigente hoy en día, según la cual el fo-
nema /kI se escribe siempre {qu} delante de timbre lel, lil (monar-
quía, catequesis) y {c} en los demás casos (caos, cloro, cosmos,
cuerdar·
Por otra parte, ya en el siglo XI y por influencia francesa se adoptó
también la grafia {ch} para representar la palatal africada sorda espa-
ñola le/, inexistente en latín, resultado de la evolución de diversas se-
cuencias del latín vulgar (/-ct-I en pecho, I-(u)lt-I en mucho, etc.) 5.
Sobre el uso francés de {ch} para representar la africada no he podido
encontrar explicaciones en la bibliografia francesa, pero supongo que
pudo tener su origen en palabras de origen griego como chimere
(<<quimera»), que conservaban la grafia culta de su modelo latino
(chimaera) , pero se pronunciaban con lel (en el francés de hoy con
Is/), de donde el dígrafo pudo extenderse a otras palabras patrimonia-
les como chien, chanter, etc. « lat. canis, cantare), cuya consonante
inicial también se había palatalizado.
y en castellano, una vez bien establecida la grafia {ch} para lel se
dio algún caso en que la pronunciación africada se extendió a latinis-
3 Así en los alfabetos de Tera y Melos, cf. Jeffery, 1990, 35 (recordamos que las
grafías griegas las escribiremos siempre en mayúsculas, para evitar confusiones con
las latinas o españolas).
4 ef. Lapesa, 1981 , § 102.2; también puede consultarse F. Marcos Marin, Reforma
y modernización del español, Madrid, 1980.
5 Grafías primitivas en Menéndez Pidal, 1980, 282 ss.
Grafemática 25
mos de origen griego en los que en principio no correspondía, como
archivo « lato archivum < gr. apxEiov; el resultado lógico sería ar-
quivo); o como el prefijo archi-
6
« gr. apXL-) , lo que explica la pre-
sencia de palabras como archiduque frente al cultismo regular arqui-
tecto 7.
§ 1.2. EL GRAFEMA {x}
En el caso de la {x} pasa lo contrario de lo que hemos visto para
la {ch}: la notación en un solo grafema de dos fonemas, uno velar y
otro silbante (/k/+/s/). La anomalía de utilizar un solo signo para dos
fonemas se remonta al alfabeto helénico ( ~ , S en su versión clásica;
X, X en alfabetos occidentales), que probablemente tomó el signo de
la fenicia samek pero atribuyéndole el valor fonológico de shin (/s/),
que debía de ser muy parecido a la pronunciación jónica del grupo
/ks/
8
• El latín adoptó -de un alfabeto griego occidental, a través del
etrusco- el grafema {X} con la misma función (y ocupando la mis-
ma posición en el alfabeto que la letra griega), y de ahí procede nues-
tra inconsecuente equis.
En las palabras patrimoniales españolas esa secuencia latina /ksl
se palatalizó y se convirtió en Isl, notada como {x} hasta el siglo XVII
(fixo, texer, Quixote); pero cuando, en el curso de ese siglo, tanto la
Isl de fixo « lat. fixus) como la 17.1 de hijo « lat. filius) convergieron
en la fricativa sorda actual Ix/, poco a poco se adoptó para todos los
casos el grafema {j} (fijo, hijo, tejer). El grafema {x} quedó en prin-
6 En este caso la pronunciación lel se debe a que el prefijo (sobre el cual ver §
12.1) se extendió a otros países a partir de Italia (cf. ital. arciduca, etc.), conservándo-
se en España la grafia original {ch} , que ya servía para simbolizar ese fonema le/.
7 Y, además, la evolución esperada en el español medieval en arf:ipreste, arf:obis-
po, arf:idiano « lat. archidiaconus) . No explica mucho Corominas en este caso; cf.
DCECH s. v. archi-.
8 Cf. Jeffery, 1990, 32. Otros alfabetos griegos arcaicos escribían simplemente
{KL}, que es en principio lo más lógico; también en latín se encuentran grafias como
lucs (= lux) o legs (= lex).
26 Los helenismos del español
cipio vacante, y hubiera desaparecido de no ser por los numerosos
cultismos latinos (máximo, inconexo, explicar, etc.) y en menor me-
dida griegos (galaxia, ortodoxo), cuya secuencia /ksl, por lo demás,
sigue siendo más o menos ajena al sistema fonotáctico español (cf.
§4.4) 9.
§ 1.3. EL GRAFEMA {z}
La {z}, equivalente de la ~ mayúscula griega (procedente a su vez
de la fenicia zayin)'- se usaba en latín clásico exclusivamente para
transcribir palabras de origen griego (zona, Amazones, zephyrus,
etc.); este uso marginal la relegó al último lugar del abecedario, don-
de sigue.
Durante la Edad Media este grafema {z}, de tan poco rendimiento
en latín, se utilizó para notar la predorsal africada sonora Idz/, pro-
ducto de la palatalización de diversas secuencias del latín vulgar (por
ejemplo, en amenaza < lat. minacia, o en rozar < lat. *ruptiare) .
Cuando, en tomo al 1600, tanto esta fzl como su correlato sordo lsl
(por ejemplo, en plal;a < lat. platea) se convirtieron en la fricativa
sorda actual lel, se produjo un caos considerable en el uso escrito de
{ c }, {z} y {<;:} (que en su origen era mera variante gráfica de {z}),
9 Es sintomático que {x} sea el único grafema del alfabeto español cuyo nombre
(<<equis») no contiene el sonido en cuestión (/ks/). La {x} da lugar, además, a pinto-
rescos malentendidos, como cuando la grafía arcaizante México incita a más de uno a
pronunciar [Méksiko], cuando lo cierto es que en su origen esa {x}, pronunciada Isl en
el siglo XVI , trataba de reflejar un sonido del náhuatl que nada tenía que ver con /ksl;
cf. Lodares-Salvador, 1996, 243-45. ef. también Alcina-Blecua, 1975, § 2.5.20, donde
se recuerda que, hasta 1927, en la ortografía chilena se escribía {s} y no {x} ante con-
sonante (esplicar), mientras la RAE se negó en 1864 a tomar esa medida porque «so
color de suavizar la pronunciación de aquellas sílabas se desvirtúa y afemina» (cf.
también A. Rosenblat, «El fetichismo de la letra», en Nuestra lengua en ambos mun-
dos, Barcelona, 1971); y que en algunas partes de América (Méjico, Perú, Ecuador) la
pronunciación /ksl se ve favorecida por la existencia de esa combinación de consonan-
tes en lenguas indígenas.
Grafemática
27
hasta que en 1726 acabó por instituirse la norma actual - tan simple
como arbitraria- de usar {z} ante vocal laI, 101, luf o en final de síla-
ba o palabra, y {c} ante lel , lil (son incongruentes las grafias como
Zeus, zeugma, etc. 10; aunque a veces puede servir para distinguir dos
palabras distintas que suenan igual, como el adverbio encima de la
enzima de la biología).
Mientras tanto, los cultismos y semicultismos de origen griego
entrados a través del latín se seguían escribiendo en español con {z}
(bautizar, etc.; aunque en textos muy tempranos pueden encontrarse
grafias como Amasón). Pero, mientras en la Edad Media la pronun-
ciación de esta {z} era bastante parecida a la original de la ~ (que de-
bió de oscilar en época arcaica griega entre Izd/ y Idz/), con la evolu-
ción comentada de la fzl española y la introducción de gran número
de helenismos se llegó a una situación extraña; pues mientras en fran-
cés, por ejemplo, la {z} de zoologie se pronuncia como una silbante
sonora Izl, con valor fonemático en francés y muy cercana a la pro-
nunciación helenística y moderna de la ~ , o en alemán como / s/, tam-
bién cercano a Idzl, en español la conversión en una fricativa sorda 181
resulta bastante paradójica, aunque comprensible por la evolución fo-
nética comentada.
§ 1.4. EL GRAFEMA {y}
La {y} o «i griega» (u, Y), que otras lenguas europeas - a imita-
ción del latín- utilizan por prurito culto para notar la u etimológica
de palabras de origen griego (fr. physique, ing. Physics, a partir de lato
Physica < <jlUOlKi) , se acabó por convertir, en español, por un lado en
notación de la consonante fricativa o africada Iyl (en mayo, conyugal,
etc.), resultando así muy útil; y por otro en mera variante gráfica - y
como tal innecesaria- de la semivocal I!I, limitada hoy en día a los
10 Estaríamos ante lo que Humbley (1974, 53-54) ll ama «préstamo grafemático»:
la grafia b;ú<; provoca la española Zeus, que conculca las normas habituales de la or-
tografia de esta lengua.
28 Los helenismos del español
diptongos finales del tipo de rey, muy, hay, hoy y a la conjunción co-
pulativa y 11.
§ 1.5. EL GRAFEMA {k}
La {k}, descendiente directa de la kappa griega, desapareció
pronto del alfabeto latino en beneficio de la {c}, quedando su uso re-
legado a alguna que otra palabra del vocabulario oficial, como kalen-
dae, o en topónimos ' como Karthago. El romance hispánico, tras
usarla en los primeros textos (por ejemplo, en las Glosas Silenses y
Emilianenses, del siglo x, aparecen grafias como ke, karreira, Urra-
ka), prescindió a partir del siglo XII de esta letra perfectamente inútil,
a pesar de algunos intentos frustrados por rehabilitarla y extenderla,
como el de Gonzalo Correas - o Korreas - en el siglo XVII; sin em-
bargo, se conservó viva en la escritura de las lenguas germánicas, ya
desde el alfabeto gótico creado por Ulfilas en el siglo IV de la Era 12.
Su reaparición en español en tiempos modernos se debe precisa-
mente a algunos helenismos. El despropósito se remonta, según creo,
a 1795, cuando los franceses instituyeron el sistema métrico vigente y
acuñaron kilometre, kilogramme, etc.; puesto que se trata de deriva-
dos de XiAlOl «mil», debería haber resultado quiliometre o chilio-
metre, en vez del desafortunado -por su ortografía y su formación-
kilometre, que fue no obstante el que acabó imperando en todas
las lenguas europeas (aunque en algunas haya variantes que prescin-
dan de la {k}, así ital. chilometro junto a kilometro; en español, en
todo caso, sería mucho más razonable - y así lo aconseja la Acade-
mia- escribir quilo-, igual que escribimos quimera o quelonio).
Además, esta inopinada {k} sirvió para abrir la puerta a muchas otras
venidas de otros países; y si es más o menos justificable su uso en ad-
jetivos derivados de nombres propios, como krausista, kantiano,
II Cf. para más detalles Lodares-Salvador, 1996, 251 ss.
12 Cf. Haarmann, 2001 , 463 ss.
Grafemática
29
kajkiano, en principio no lo es en absoluto en p>alabras comunes como
kurdo, koa/a, kárate, karaoke, etc. 13 .
A ello viene a añadirse el dígrafo {qu}. E origen de nuestra { }
es la koppa griega (la qoph fenicia) , utilizada ¡en los alfabetos griegos
arcaicos para notar la oclusiva velar lid ante v cales de timbre 10/ , /U{,
pero abandonada poco a poco durante el siglo 'VI a. C. en beneficio de
la kappa, de forma que ya no aparece en el al lfabeto jónico-ático clá-
sico 14 . Los romanos aprovecharon este signo griego para escribir,
junto con la {u}, su fonema labiovelar Ikw/, her edado del indoeUlropeo
(quis, equus, etc.) y perdido en el griego, y no conservaron in cluso
después de que IkwI dejara de ser un solo fonema y pasara a ser sim-
plemente Ik/+/u/ 15. El español y otras lenguas románicas conservaron
por prurito etimológico esta grafia, al princ ipio de forma re gular
(quatro, cinquenta, qua/es, etc.) y limitada hoy en día a los grupas
-que- y -qui-. Así tenemos en español hasta tres formas diferentes
({ c} , {qu}, {k}) de representar por escrito un IÍinico fonema, Ik! 16.
§ 1.6. EL GRAFEMA {h}
Finalmente, la {h}. Este grafema del alfabeto fenicio (heth) fue
adoptado por gran parte de los alfabetos griegos arcaicos para repre-
sentar la aspiración inicial de palabra, pero em áreas psilóticas -e
decir, en las que se había perdido dicha aspiración inicial - se lo
lizó para notar la lel larga y abierta (eta), que es el uso final-
mente, del grafema {H} se desgajó una mitad para la aspiración ini-
13 Por no hablar de las concesiones al nacionalismo e n grafias como euskera, ele.
Sobre otros usos (festivos, contraculturales) de la {k}, cf. Lodares-Salvador , 1996,
123-24.
14 Jeffery, 1990, 33-34.
15 Sobre el carácter monofonemático de fkW/ latino, clf. las explicaciones de S. Ma-
riner, en su apéndice a Bassols, 1962, § 316.
16 Véase la curiosa defensa que hace G. Salvador del ¡grafema {q}, pensando sobre
todo en «algún futuro reajuste fonológico», en Lodares-Salvador, 1996, 169 ss.
30 Los helenismos del español
cial y la otra para la ausencia de aspiración, es decir, para lo que lla-
mamos respectivamente «espíritu áspero» y «espíritu suave» (que
acabaron adquiriendo su forma redondeada actual en la minúscula bi-
zantina del siglo XI) 17.
Sin embargo, ya se ha dicho que otras variantes del alfabeto grie-
go conservaron la {H} con su valor original de aspiración, y de ahí lo
tomó el latino para representar su fricati va laríngea, resultado de la
evolución de varios fonemas indoeuropeos (así en homo, veho, etc.;
nótese que, a diferencia del grafema griego, el latino también podía
aparecer en posición interior de palabra). Pero este fonema latino dejó
de pronunciarse como muy tarde en el siglo I a. C., y sólo por conser-
vadurismo gráfico se siguió escribiendo en las palabras que lo habían
tenido; del mismo modo que dejó de pronunciarse la aspiración ini-
cial en griego, a pesar de lo cual en el griego bizantino y moderno se
siguieron escribiendo espíritus ásperos durante siglos, hasta hace po-
cos años.
Algo similar ha ocurrido en el castellano. En época medieval son
normales las grafías como omne (hombre), aver (haber), etc., que re-
flejan la pronunciación real de esas palabras; caso distinto es el de la
/h-/ procedente de /f-/ (hacer < lat. lacere, hijo < lat. filius, etc.), pues
durante mucho tiempo esa {h} representó una aspiración efectiva-
mente pronunciada, y conservada todavía hoy en ciertas partes de Es-
paña y América. Pero una vez perdida esa aspiración en la mayor
parte del castellano peninsular, el grafema {h} era y sigue siendo
francamente inútil, lo que no impidió que el impulso cultista y eti-
mologizante del siglo XVIII restituyera en la escritura la mayor parte
de estas haches, incluidas algunas que nunca hubo en latín (huevo
< ovum, hueso < ossum, etc.) 18, mientras lenguas como el italiano
procedían con mayor coherencia al suprimirla casi por completo (cf.
abitare, uomo, onore, ipotesi, etc.).
17 Jeffery, 1990, 28-29.
18 Aunque en estos casos la inserción de la h- responde a la voluntad de señalar el
carácter vocálico y no consonántico de esa u- inicial.
Grafemática
31
§ 1. 7. RECAPITULACIÓN
Estas son las incongruencias gráficas del español que tienen una
relación más o menos directa con el griego, como se ha visto, mi en-
tras que las demás tienen orígenes distintos y por tanto caen fuera del
interés de este libro (/ gl representado tanto por {g} como por {gu};
Ixl por {g} y por {j}; Ibl por {b} y por {v}; el grafema {w} en voces
de origen germánico; 111 y tfl representados respectivamente por los
dígrafos {ll } y {rr}) 19.
De entre todas estas anomalías, por otra parte, es claro que unas
son más graves que otras; el hecho de que, por ejemplo, IkJ pueda re-
flejarse en la escritura de tres formas di stintas ({c}, {k}, {qu}), pare-
ce cosa bastante más arbitraria que el uso de un dígrafo para notar un
fonema simple, por ej emplo lel por {ch}, pues al menos en este caso
hay siempre correspondencia biunívoca (el dí grafo en cuestión siem-
pre representa el mismo fonema y viceversa, el fonema en cuestión
sólo puede escribirse por medio del dígrafo) , mientras que IkJ puede
escribirse de tres formas y por ejemplo {c} puede representar tanto
IkJ (casa) como 191 (cirio) .
Estas incongruencias, por otra parte, son la que están detrás de los
numerosos y muy diversos proyectos de reforma ortográfica que se
han propuesto desde Nebrija hasta ayer mismo, pasando por Gonzalo
Correas en el siglo XVII, Andrés Bello en el XIX o Jesús Mosterín hace
pocos años. Proyectos que, al menos en los últimos dos siglos (desde
la última reforma académica importante, la de 1815), no han encon-
trado apenas eco en las autoridades encargadas de estos asuntos, es
decir, la Real Academia española; lo que no ha impedido que algunos
19 Respecto a la fiI, Alarcos ( 1965, § 104 ss.) considera que en español se trata de
un fonema propiamente dicho; en cambio, en el caso del latí n se considera IITI sim-
pl emente como la fonna geminada de la Irl (cf. el Apéndice de fonemática latina de
S. Mariner, en Bassols, 1962, § 3 18), Y lo mi smo dice de Ippl Lejeune ( 1972, § 139).
Si esto es así , la incoherencia gráfica sería sólo asunto del español.
32 Los helenismos del español
escritores hayan aplicado algún tipo de reforma parcial por su cuenta
(el caso más notorio es el de Juan Ramón Jiménez) 20.
En todo caso, parece que tanto los reformistas acérrimos (afectos
al principio fonológico) como los defensores del actual status quo
ortográfico (en que se mezcla el etimologismo con la mera sanción
del uso establecido) tienen sus buenas razones; podríamos decir, pa-
rodiando el refrán, que a veces la escritura tiene razones que la razón
fonológica ignora. Es indudable que el peso de la tradición - y tam-
bién de la inercia - es muy fuerte en toda escritura, pero nunca estará
de más recordar las observaciones de F. de Saussure, que, aun sin ser
partidario de generalizar el uso de una escritura fonológica, reconocía
que cuando hay desacuerdo entre la lengua y la ortografia, «la forma
escrita obtiene casi fatalmente el triunfo, porque toda solución que se
atenga a ella es más cómoda; la escritura se arroga de esta ventaja una
importancia a que no tiene derecho», y así «la escritura vela y empaña
la vida de la lengua: no es un vestido, sino un disfraz» 21; en este or-
den de cosas Julio Casares (académico, por cierto) hablaba del «ridí-
culo fetichismo de la escritura».
§ 2. CUESTIONES DE NOTACIÓN PROSÓDICA
Aparte de estas anomalías gráficas que hemos señalado - debi-
das, como se ha visto, casi más a la evolución del latín y el español
que al propio alfabeto griego- , hay otro aspecto de la herencia grá-
fica griega que conviene destacar, y es el de la notación, aun parcial,
de elementos prosódicos de la lengua, como son los acentos de pala-
bra - por medio del signo {'} (tilde) - ; y también la notación de las
pausas sintácticas (comas, puntos, etc.), entonaciones de frase (inter-
rogativa), etc.
20 Se puede encontrar amplia infonnación sobre las propuestas mencionadas y so-
bre muchas otras en Martínez de Sousa, 1991.
21 Saussure, 1983, 95, 97 Y 103.
Grafemática
33
§ 2.1 . A CENTOS
La introducción de acentos en la escritura del griego se debe a los
gramáticos alejandrinos, en el siglo III a. c. , aunque lo cierto es que
hasta el siglo x de la era no se empezó a aplicar de una forma más o
menos sistemática; Aristófanes de Bizancio (c. 255-c.180 a. C.) fue
con toda probabilidad el primero en acentuar los textos homéricos y
otros, creando los tres tipos de acento (circunflejo, agudo y grave)
con que se editan tradicionalmente los textos clásicos griegos. Se trata
de una invención de gran importancia, que rompe la figuración uni-
dimensional de la escritura - de izquierda a derecha en nuestras len-
guas - y refleja en parte, como hace la música al subir y bajar en el
pentagrama, la dimensión melódica del lenguaje, con subidas y baja-
das en el tono o la intensidad.
El latín ignoró por completo este tipo de signos prosódicos (los
acentos), lo que es comprensible si se tiene en cuenta que su acento
era «fijo», pues dependía estrictamente de la cantidad de la penúltima
sílaba; lo que no es tan comprensible es que no se notaran las canti-
dades vocálicas (aunque hubo varios intentos en este sentido, por
ejemplo, escribir las vocales largas como dobles) 22. En todo caso, la
mayoría de lenguas europeas modernas se escribieron durante toda la
Edad Media sin acentos ni signos para la cantidad (en el caso de que
esta última fuera fonológica) , y muchas de ellas han heredado hasta
hoy esta desidia prosódica, con los problemas que ello acarrea al lec-
tor, especialmente si es extranjero (pienso sobre todo en la acentua-
ción inglesa).
Pero a partir del siglo xv empezaron a circular de nuevo los textos
griegos, primero por Italia y poco a poco por el resto de Europa, al
principio manuscritos y después en ediciones impresas. Las lenguas
modernas descubrieron en el sistema de escritura griego una forma de
remediar sus deficiencias en la notación prosódica, aunque los resul-
22 Cf. Bassols, 1962, § 38.
34 Los helenismos del español
tados fueron bastante diferentes. El francés, por ejemplo, dada la po-
sición fija de su acento al final de palabra, adaptó los tres acentos
griegos con fines diversos: el agudo para distinguir l el cerrada de l el
muda (blé, me) , el grave en varios tipos de situación (voila, a, pere,
etc.) y el circunflejo, entre otros usos, para notar la desaparición de
una Isl (tete < teste, etc.) 23.
El español, por su parte, se limitó a adoptar el acento agudo (tilde)
para notar el acento prosódico de palabra. Tras muchos años de uso
caótico, se acabaron por instituir las normas vigentes hoy en día, ar-
bitrarias pero bastante sencillas y económicas: poner tilde en todas las
palabras esdrújulas, en las llanas acabadas en consonante excepto InI,
Isl , yen las agudas acabadas en vocal, diptongo, InI, Is/; decimos ar-
bitrarias porque lo lógico sería, como hace en general el griego,
acentuar gráficamente todas las palabras que efectivamente llevan
acento de palabra. Y si bien es cierto que el sistema español es proba-
blemente el más desarrollado y coherente de las lenguas de nuestro
entorno, también es verdad que aún se podría mejorar algo, sobre to-
do en lo referente a distinguir entre usos de la misma palabra como
átona o tónica - por ejemplo, entre el pues átono de Pues me voy y el
tónico de Así pues; entre puesto (que) conjunción y puesto participio
de poner o sustantivo; palabras que pueden ser preposiciones (átonas)
o formas verbales (tónicas), como entre, para, bajo, etc. - , del mi s-
mo modo que a veces se utiliza para distinguir monosílabos tónicos
de átonos (te/té, mas/más, de/dé, etc.).
§ 2.2. SIGNOS DE PUNTUACIÓN Y DE MODALIDAD DE ORACIÓN
Por otra parte, no hay que confundir la acentuación - que forma
parte del aparato o sistema de la lengua- con la puntuación o inter-
punción (separación de sintagmas, de frases, de párrafos; notación de
modalidades oracionales: interrogación, exclamación, etc.), ya pre-
23 Grevisse, \ 99\ , 90 ss. y 2754 ss.
Grafemática 35
sente en parte en algunas de las más antiguas inscripciones griegas,
aunque también mejoró considerablemente en época alejandrina (ya
Aristóteles, en Retórica 1407b 12, señala su importancia para la com-
prensión de textos dificiles, como el de Heráclito).
Así que, por influjo griego, también en las lenguas europeas se
fueron introduciendo poco a poco signos de puntuación no menos
importantes que los acentos: F. Gregh ha llamado acertadamente a la
puntuación «la respiración de la frase» 24. En el siglo XVI se usaban ya
la coma (gr. Kólllla, «corte, cesura», introducida en la minúscula
griega del siglo IX), el punto (gr. cr1lYlllÍ, «punción»), los dos puntos,
el paréntesis, las comillas y el signo de interrogación (ya existente en
griego desde el siglo IX, aunque con otra forma) ; en el XVII se intro-
duj eron el punto y coma y el signo de exclamación (desconocido en
griego clásico), así como, algo más tarde, los puntos suspensivos y
algunos otros signos de menos uso.
Todo ello sin contar con otras propuestas que no llegaron a en-
contrar aceptación, como la pintoresca de Alcanter de Brahm de un
«point d'ironie» - aunque si un lector no detecta por sí solo la ironía
en un texto, su explicitación por medio de un signo sería como expli-
car un chiste a quien no lo ha entendido a la primera 25.
24 Cit. por Grevisse, 1991 , 2754 (también aquí sobre el «point d'ironie» que se
menciona en seguida).
25 Si se considerase pertinente, también sería mucho lo que se podría mejorar en
este sentido en español , sobre todo en lo referente a las distintas modalidades de ora-
ción (mando, ruego, amenaza, etc.). Véase por ejemplo, aplicado a un texto latino, el
«Ensayo de puntuación fiel a las prosodias de la lengua hablada», recogido ahora en
García Calvo, 1989, 229-37. El libro de M. B. Parkes, Pause and Effect. An Inlroduc-
lion lo the Hislory of Punctuation in the West, Aldershot, 1992, sólo trata de la pun-
tuación en el mundo latino (a partir del siglo VI) y europeo, pero desgraciadamente no
dice nada de los antecedentes griegos.
CAPÍTULO 11
FONOLOGÍA
HUELLAS DEL SISTEMA FONOLÓGICO DEL GRIEGO
ANTIGUO EN EL ESPAÑOL
En este segundo capítulo vamos a estudiar el préstamo lingüístico
desde el punto de vista de la fonología, viendo, por un lado, cómo y
por qué algunos fonemas griegos existentes en el latín culto no tuvie-
ron continuación en el latín vulgar y por tanto tampoco en castellano;
y, por otro lado, estudiaremos las importantes consecuencias que ha
tenido la llegada masiva de helenismos cultos para la conformación
de la fisonomía fonotáctica del español, fundamentalmente en lo que
se refiere a la silabación de grupos de consonantes.
§ 3. GENERALIDADES SOBRE EL PRÉSTAMO DE FONEMAS
Como se ha dicho, una cosa es la escritura y otra el sistema fono-
lógico de una lengua. Por cierto que éste, contra lo que pueda pensar-
se a veces, no es ajeno a las influencias foráneas, y si las lenguas se
prestan entre sí elementos pertenecientes a todos sus niveles (morfo-
lógico, sintáctico, léxico, incluso prosódico), los fonemas no son una
excepción l .
I Cf. en general Davis, 1994,2273-76; Deroy, 1980, 87-91 Y 239 ss.; Weinreich,
1974, 41 ss. (<< interferencias fónicas») .
Fonología
37
Pues bien, cuando una lengua recibe de otra un p r é s t a m o - una
palabra, un prefijo, un sufijo- que contiene un fonema desconocido
para ella 2, tiene básicamente tres opciones: puede eliminarlo sin más;
puede sustituir dicho fonema por alguno similar de que disponga en
su sistema (por ejemplo, al convertir el inglés shilling, con Isl inicial,
en chelín, con IU), o puede conservar dicho fonema, añadiéndolo a su
lista (por ejemplo, el inglés antiguo tomó del francés el fonema l i l a
través de préstamos como rouge, beige; el francés medieval tomó del
fráncico germánico la aspiración inicial de palabra /h/, que luego fue
desapareciendo poco a poco). Lo normal en este último caso es que
esos nuevos fonemas queden restringidos a las propias voces foráneas
tomadas en préstamo, sin llegar a ser productivos en la lengua.
En condiciones de bilingüismo «equilibrado» (por ejemplo, entre
las clases cultas romanas), lo lógico es que los préstamos entre las dos
lenguas en cuestión mantengan sus fonemas intactos, mientras que la
adaptación sistemática es más propia de situaciones monolingües
3
; tal
fue siempre el caso del griego, muy reacio a adoptar palabras forá-
neas sin adaptarlas previamente a su fonología (y a su morfología).
También el español ha mostrado siempre una fuerte tendencia a
asimilar los fonemas extranjeros a los propios - otra cosa es que la
escritura refleje esa asimilación o conserve la grafia original-, in-
cluso tratándose de nombres propios, aunque en los últimos tiempos
esta tendencia está en franco retroceso, al menos en el español están-
dar de los medios de comunicación, invadido a diario por palabras
2 Como señala Weinreich (1974, 30), en realidad, desde un punto de vista estruc-
turalista coherente, todos los fonemas de una lengua son en sentido estricto «descono-
cidos» para la otra lengua, pues, por poner un ejemplo sencillo, /kJ griega (escrita {K})
y /kJ latina (escrita {c}) no son el «mismo» fonema, ya que cada uno de ellos se define
por oposiciones distintivas propias dentro de su sistema fonológico (la /kJ sorda griega
se opone, además de a la sonora /g/, a la oclusiva sorda aspirada que escribimos {X},
mientras que la /k/ latina no conoce esta oposición; etc.). Claro que, de hecho, los
hablantes de latín identificaban ambos fonemas por encima de los límites de los dos
sistemas fonológicos, y en este sentido sí se puede decir con toda razón que, en los
préstamos, /kJ griega = /kJ latina.
3 Cf. Weinreich, 1974,67.
38 Los helenismos del español
procedentes de los idiomas más diversos del globo; recuérdese cómo
antiguamente se españolizaban sistemáticamente los nombres de ciu-
dades o países para hacerlos fácilmente pronunciables (Mastrique por
Maastricht, Perusa por Perugia, etc.), e incluso se traducían nombres
de pila (Luis Beethoven, Juan Jacobo Rousseau) y excepcionalmente
también apellidos (como cuando Quevedo llamaba a Montaigne «el
Sr. de Montaña»)4.
Algo parecido puede decirse de las combinaciones de fonemas (lo
que en inglés se llama Phonotactics): si un préstamo conculca las
combinaciones normalmente admitidas en la lengua receptora, una de
dos: o bien se modifica su silabación para adaptarla (como en Es-tras-
bur-go, con vocal inicial y final ausentes en Stras-bourg, o en el anti-
guo nombre español de Frank-furt am Main, Fran-co-for-te del Me-
no), o bien se mantiene tal cual la secuencia, que revela así el carácter
foráneo de la palabra (por ejemplo, en sandwich, pronunciado con
frecuencia en español con una Icl final que va contra la norma 5). Y lo
mismo puede ocurrir con el acento: el préstamo puede adaptarse a las
normas acentuales de la lengua de llegada (como ocurría normal-
mente con los helenismos en latín, cf. § 6.7) o puede conservar la
acentuación original, que por ser anómala en la lengua receptora de-
nuncia el origen foráneo de la palabra.
Pero claro, en todos estos casos se trata de contacto entre lenguas
vivas, habladas, mientras que en el caso de la inmensa mayoría de los
helenismos españoles, que es el que nos ocupa, estamos ante un fe-
nómeno diferente, pues los préstamos vienen de una lengua escrita,
4 Algo similar ocurría en francés, cf. Deroy, 1980,249-50. En los últimos tiempos
el delirio identitario de los nacionalismos <<periféricos» ha llevado a excesos algo ridí-
culos, como la pretensión del Parlamento español de que el nombre oficial en español
de algunas ciudades contenga un fonema desconocido para sus hablantes (caso, por
ejemplo, de Girona, que no habrá más remedío que pronunciar Yirona o incluso Chi-
rona, con los chuscos malentendídos que puede propiciar esta última variante). No pa-
rece que sea competencia de un parlamento la introducción de fonemas extraños en
una lengua, aunque sea en un nombre propio; cf. también Lázaro Carreter, 1997,674.
s Aunque la tendencia natural, sobre todo si el hablante desconoce el inglés, es a
pronunciar sangüis. En Sudamérica se utiliza (y se escribe) el plural sánguses.
Fonología 39
ya no hablada; de ahí que no quepa hablar de préstamo de fonemas
griegos al español, sino más propiamente de transcripción, como se
verá (§ 6).
Muy diferente era la situación en la Antigüedad, pues el latín en-
tró en contacto directo con la población hablante de griego, primero
en el sur de Italia y después en la Grecia continental e insular (yen la
propia Roma); y, dado que el bilingüismo estuvo bastante extendido
entre los romanos
6
, no es de extrañar que, al menos en un nivel culto
y a partir sobre todo del siglo II a. c., se adoptasen varios fonemas
ajenos a la lengua latina: así las oclusivas aspiradas, transcritas como
{ph}, {ch}, {th} y pronunciadas como tales oclusivas seguidas de as-
piración; la u, transcrita como {y} y pronunciada de forma similar a
la {u} francesa; la {z}, representando una silbante sonora perdida ya
en latín por efecto del rotacismo.
Pero todos estos préstamos no tuvieron consecuencias duraderas
en la fonología latina, y el latín popular ignoró estas distinciones, co-
mo demuestran tanto las inscripciones y algunos textos tardíos como
la propia evolución y resultado de numerosas palabras románicas;
veámoslo en cada caso concreto (aun a costa de repetir parcialmente
algunos puntos señalados en § 1).
Las oclusivas aspiradas dental (lt
h
/ ) y gutural (/k
h
/), escritas como
{th} y {ch} respectivamente, como se ha dicho, se pronunciaban en
los círculos cultivados romanos con su aspiración original ; esta aspi-
ración acabó por convertirse en algo de buen tono, lo que provocó
que, en el habla de algunos indoctos, se extendiera incluso a palabras
latinas en las que nada tenía que hacer (de ello se burla Catulo en su
poema 84, que empieza Chommoda dicebat, si quando commoda ... ).
Pero en el habla popular esas palabras griegas simplemente perdieron
6 Ver Kaimio (1979); y la bibliografía que cita Laguna, 1995, 10-14.
40 Los helenismos del español
la aspiración 7, comportándose en latín vulgar como meras oclusivas
sordas: cf. crXOA.lÍ > sc(h)ola > escuela (fr. école, it. scuola, etc.),
ellcruupÓ<; > t(h)esaurus > tesoro, etc.
§ 3.2. EL FONEMA Iphl
La oclusiva aspirada labial Iphl , escrita como {ph}, perdió tam-
bién la aspiración en algunas palabras como KÓA.Uq>O<; > colap(h)us >
golpe (fr. coup, it. col po, etc.) o como páq>uvo<; > rap(h)anus > rá-
bano
8
• Sin embargo, ya desde el siglo 1 a. C. hay pruebas de pronun-
ciación fricativa de Iphl en algunas partes del Imperio (grafias como
Dafne en vez de Daphne en Pompeya), y esta pronunciación fricativa
Ifl, favorecida por la existencia en latín de este sonido en palabras in-
dígenas - y quizá por la propia evolución contemporánea de todas
las aspiradas griegas hacia fricativas -, es la que acabaría imponién-
dose para los helenismos en todas las lenguas europeas, tanto para los
patrimoniales (como esp. huérfano < lat. orphanus < ópq>uvó<;) como
para los cultismos modernos (como, p. ej ., filo logia), independiente-
mente de cuál sea la grafia elegida ({f} en español e italiano, {ph}
etimológica en francés, alemán e inglés).
Esta evolución fonética explica la anomalía de que, teniendo tanto
el griego medieval y moderno como el español fricativas interdenta-
les, labiodentales y velares (/e/, Ifl, IxI) 9, los helenismos españoles
modernos presenten por un lado la fricativa Ifl y por el otro las oclu-
sivas ItI y /k/, en vez de las fricativas correspondientes; de no ser por
el proceso histórico descrito, encontraríamos en españolo bien toda la
serie fricativa (es decir, *zeólogo, *antizesis, *brajicéfalo , que es, por
lo demás, como se pronuncian estas consonantes al leer hoy los textos
clásicos griegos; y como se suelen transcribir en nombres propios del
7 Así ocurría también en los préstamos más antiguos; ver § 8.
8 Para la cronología de este fenómeno, ver § 8.
9 Tanto la 191 como la Ix! estaban plenamente impuestas a principios del siglo XVII
(cf. Lapesa, 1981 , 374, 379).
Fonología 41
griego moderno, como Zeodorakis, Janiá, Jristodulos, etc. , cf. § 6.5),
o a la inversa, toda la serie oclusiva (en cuyo caso, junto a antítesis y
braqui- tendríamos *acépalo, *pilosopía, etc.).
§ 3.3. EL FONEMA Iü/
La vocal griega u, escrita {y} y pronunciada en registro latino cul-
to como Iü/ (es decir, como la {u} francesa o la {ü} alemana), en
el habla popular de época imperial se asimiló en la mayoría de casos a
la lil, según demuestran grafías como misteriis (gr. y tal
es la pronunciación que ha prevalecido hasta hoy en las lenguas euro-
peas, independientemente de que escriban {i} o {y} (la única excep-
ción es, creo, el alemán, donde Physik suena [fiizík], frente al francés
physique que suena [fizík]).
En algunos casos la vocal griega se asimiló a la luI 10, lo que ex-
plica palabras castellanas como tumba « o dobletes con
evolución culta y popular, como lince < AÚy¿; frente a onza, que pre-
supone una forma latina */uncea (con posterior deglutinación de la IV
inicial) 11; cripta (lat. crypta < KpÚ1tnl), frente a gruta « lat. vulgar
crupta, por intermedio de un dialecto italiano), etc.
§ 3.4. EL FONEMA Iz/
La e griega presenta mayores problemas. Sin duda este grafema
sirvió en griego para representar diversas combinaciones de sonidos,
pero parece que en época helenística su valor era el de una doble sil-
bante sonora Iz/; ello explica las transcripciones arcaicas o plautinas
10 Para cuestiones cronológicas remitimos a Biville, 1990-95, Il, 255-319, Y al § 8
de este libro.
11 Ver DCECH s. v. lince (para Corominas la etimología de onza aludida es
incierta).
42 Los helenismos del español
del tipo de massa o sona con Isl por carecer ya el latín
de la silbante sonora IzJ después del rotacismo del siglo IV a.e 12. Y
mientras los gramáticos latinos no arrojan mucha luz sobre la pronun-
ciación real de este grafema en el latín culto (que la transcribía ya re-
gularmente como {z}), las inscripciones y algunos textos de época
imperial revelan una pronunciación palatalizada [dj ] o [dz] 13 en latín
vulgar (baptidyare por baptizare, ¡osimos por Z<Í:lmllo<;, etc.), lo que
aclara la etimología de las poquísimas palabras románicas de origen
griego en las que aparecía la por ejemplo occitano y cat. gelós, it.
geloso, fr. j aloux (lat. zelosus, formado sobre gr. 1\ j engibre,
tomado del occitano o del francés gingibre (lat. zingiber < gr.
€ o el francés jujube ' azufaifa' « lat. ziziphum <
la azufaifa española procede de la misma palabra griega, pero a través
del árabe) 15; en todas ellas la consonante inicial se ha comportado
igual que otras que resultaron de la palatalización propia del latín
vulgar.
Por otra parte, los cultismos o semi cultismos de origen griego
(como bautizar
l6
, zodiaco, cizaña) entrados en la Edad Media en es-
pañol a través del latín escrito se transcribieron normalmente con {z}
y pasaron a pronunciarse como 1 dzJ (que era como sonaba la {z} de
amenaza o de fazer), y ese sonido evolucionó hasta convertirse en el
Siglo de Oro en la actual fricativa interdental 191 con la que pronun-
ciamos helenismos modernos como zoología, céfiro o polirrizo (cf.
antes, § 1.3).
12 cr. Biville, 1990-95, 1, 112 ss. (sobre los verbos plautinos en -isso (graecisso,
purpurisso), ver después, § 12.2.3).
13 Biville, 1990-95, 1, 133.
14 El castellano celo ha sufrido la influencia del latín celare, ver DCECH s.v. (espe-
raríamos *yelo o *gelo) .
15 Ver DCECH s. v. azufaifa. En el dificil caso de zumo (gr. habrá que su-
poner el paso por el árabe, ver DCECH y Corriente, 1999, s. v. zumo.
16 La forma popular, atestiguada ya en Berceo, es batear (en francés la forma po-
pular era batoyer, en catalán batejar, etc.).
Fonología 43
§ 3.5. DIPTONGOS.
No vamos a entrar aquí en detall e en el complicado problema de
la adaptación latina de los diptongos griegos, para lo cual hay que te-
ner en cuenta tanto la evolución de éstos en época helenística y roma-
na como la de los propios diptongos latinos en la misma época. Dire-
mos simplemente que, salvo algunas excepciones aisladas, se obser-
van las correspondencias que se verán en el apartado de transcripción
(§ 6.2.), es decir:
al > ¡at. lael (> esp. le!)
El > ¡at. li: 1 (> esp. li/)
Ol > ¡at. loel (> esp. le!)
uu > ¡at. lau! (> esp. lau!, lo!)
¡;u > ¡at. leu! (> esp. leu!, 10/)
ou > ¡at. lu:1 (> esp. Iu!).
Como decíamos, hay algunas excepciones aisladas (algunas en
préstamos preliterarios, sobre los cuales cf. § 8), no siempre fáciles de
explicar; algunas de ellas no afectan al resultado final español (como
el caso de crKllvlÍ > lat. scaena > escenaY
7
, otras sí: KpamáAll > lat.
crapula, 1tOlvlÍ > lat. punire, c p O i V l ~ > lat. Punicus, OLOí.KllCJl<; > lat.
diocesis, 1tapOlKí.a > lat. par(r) ochia 18.
Pero, aparte de esos casos, se observan las correspondencias men-
cionadas, de tal forma que es claro que en el latín vulgar tampoco hu-
bo ningún diptongo griego que no se adaptara al sistema vocálico la-
tino, y de ahí los resultados español es. Un caso especial es el de laul
y leu/ : el primero monoptongó en 101 en las voces patrimoniales
(er¡craupó<; > lat. thesaurus > tesoro), siendo re introducido después
por los cultismos latinos (claudicar) o griegos (traumático) ; leu/ era
un diptongo prácticamente inexistente en latín, y también monopton-
17 Ver Bivi ll e, 1990-95, JI, 326 ss.
18 Cf. Bi vi lle, 1990-95, 11 , 320 ss., 334 ss.
44 Los helenismos del español
gó en 101 en castellano en algún que otro helenismo temprano (como
romadizarse, romadizo < lat. rheumatizare < gr. pEUJ..lo'tíCw), pero
aparece sin monoptongar en bastantes helenismos entrados por vía
culta (terapeuta, seudónimo, etc.). Todos estos procesos fonéticos del
latín vulgar - que, como se ha visto, no contó con ningún fonema de
ímportación griega- son, en definitiva, los que explican la forma
habitual de transcribir las palabras o lexemas griegos al castellano (el
caso de la {z}, como se ha visto, es bastante especial; también el de
los diptongos /au/, leu/). Hay que tener en cuenta que en los siglos
medievales muchos de los cultismos de origen griego alojados en el
latín de la Iglesia pasaban fácilmente al lenguaje común, donde los
fonemas en cuestión (escritos como {ph}, {ch}, {th}, etc.) se pronun-
ciaban como se ha dicho (es decir, como Ifl , /k/, ItI, etc.); incluso el
propio latín eclesiástico se pronunciaba, lógicamente, de acuerdo con
la fonética vulgar, y así se ha hecho siempre en la misa católica en la-
tín (con variantes según los países). Así se entiende que, con estos
precedentes, los numerosos cultismos llegados por vía escrita al espa-
ñol a partir del siglo XIlI se hayan amoldado en general a estos princi-
pios y, en el caso de los griegos, se hayan transcrito como se especifi-
ca en § 6.
§ 4. COMBINACIONES DE FONEMAS O FONOTÁCTICA
Hay un terreno en el que los helenismos sí han modificado en
parte la situación del español - del español estándar culto-, y es el
de la «fonología combínatoria» o fonotáctica (en ing. Phonotactics),
especialmente en lo que se refiere a la estructura silábica, que, como
señaló Diego Catalán, es uno de los capítulos de la fonología más
descuidados 19. Y es que los numerosos cultismos griegos, índisocia-
bies en e s t ~ aspecto de los latínos, reintrodujeron en la pronunciación
19 cr. Catalán, 1971 ,77.
Fonología 45
del español culto (yen su ortografia) una serie de combinaciones fone-
máticas que habían desaparecido de la lengua hablada en la Edad Me-
dia, y que en muchos casos siguen resultando ajenas a la pronunciación
coloquial castellana, a pesar de «la presión normativa y etimologizante
ejercida por la Academia desde el siglo xvm» 20. Intentaremos dar un
repaso sistemático a todas estas combinaciones, distinguiendo - de
una forma algo rudimentaria si se quiere - entre «grupos no proble-
máticos» (aquellos que, aun en el caso de que hayan desaparecido en
las palabras patrimoniales del idioma, no parecen ofrecer ningún pro-
blema articulatorio al hablante común) y «grupos problemáticos»
(aquellos que se mantienen, mejor o peor, por la mencionada presión
normativa; algunos, de uso casi siempre escrito, virtualmente impro-
nunciables).
§ 4.1. DISTRIBUCIÓN DE VOCALES Y CONSONANTES
Por lo que respecta a la distribución de vocales en la palabra, hay
que señalar que, por la evolución de las vocales fi nales en el castella-
no medieval, es muy rara la presencia de l il o l uI en sílaba final átona,
y que una gran parte de las palabras que presentan lil en esa situación
son heleni smos, especialmente los sustantivos en -sis como crisis,
síntesis, neurosis, etc., o los términos médicos con el sufijo -itis (fa-
ringitis, otitis, etc.) 21.
y respecto a la distribución de consonantes se puede decir algo
similar: que los cultismos latinos y griegos han }fecho que aumente
considerablemente el número de oclusivas sordas intervocálicas con-
servadas en español, frente a la tendencia general a la sonorización en
los primeros siglos del idioma (cf. infra, § 4.5); basten como ejemplo
los cientos de sustantivos o adjetivos griegos o latinos en lico, como
20 Alarcos, 1965, § 163.
21 Alarcos, 1965, § 95; puede comprobarse fácilmente lo que decimos consultando
el Diccionario inverso de Bosque & Pérez Femández, 1987.
46 Los helenismos del español
lógico o político (frente al resultado medieval: amicus > amigo, toxi-
cum > tósigo, etc.).
También se podrían señalar numerosas palabras de origen griego
que, entre otras cosas, denuncian su carácter de cultismos por su ex-
tensión anormal (paralelepípedo, biocitoneurología) o por presentar
secuencias consonánticas de dificil pronunciación, propias casi de un
trabalenguas (tetrástrofo; cf. en cambio lo ocurrido en trastocar <
trastrocar) .
§ 4.2. GRUPOS DE CONSONANTES EN POSICIÓN INICIAL
No ofrecen problema articulatorio las combinaciones de oclusiva
o Ifl seguidas de I l! o Ir/, aunque lo cierto es que la mayoría de las
palabras que empezaban por Ipl!, Ikl!, IflI, /bl! Y Igl! sufrieron en el
tránsito al castellano la pérdida de la oclusiva, con o sin palataliza-
ción de la Il! (cf. lat. pluvia > lluvia; clamare > llamar; jlamma >
llama; blastemare > lastimar; glattire > latir). Así, tenemos casi to-
dos estos grupos iniciales representados en helenismos españoles: /brl
(bromatología), Iprl (pragmático), Ifrl (frase), Idrl (drama), Itrl (trau-
ma < trombo < Igrl (gramática), /krl (cromático <
cripta > KPÚ1tl"ll), /bl! (blenorragia), Ipl! (plástico) , IflI
(flema), Igl! (glosa), /kl/ (clero < KAfípoc;, cloro < XAWpÓC;) 22.
Los grupos problemáticos son: Ipsl (psicología, simplificado a
veces en sicología, de forma regular en seudónimo 23), /ksl (xilófono),
ImnI (mnemotécnico, también nemotécnico), Ign/ (gnóstico), /kni (cni-
dario), Ipnl (pnigofobia; simplificado en neumonía, neumático, etc.),
Iptl (pterodáctilo; simplificado en tialina < 1tl"ÚaAOV «saliva»), /bd/
22 El grupo ItI-l, que en español está en general limitado a algunos mejicanismos
donde representa una oclusión lateral del náhuatl (tlacoyo, tlacote, etc.), sólo aparece
en algunas raras voces científicas de origen griego, como tlipsis « 9Alljl1.<;) o tlexero
(formado sobre el verbo 'tA.áw, «toleran»; no había en griego palabras que empezaran
por el grupo 18A.!.
23 Ver bibliografia en F. Galiano, 1969, 14-15.
Fonología
47
(bdelomorfo; resuelto en bedelio < 130ÉAALOv), /kt/ (ctenóforo), 1ft!
(Ftía, nombre propio), ItmI (tmesis); quizá haya alguno más en nom-
bres propios.
Finalmente, todos los grupos iniciales griegos de Isl más oclusiva
o 1m! han desarrollado en español una l el protética para facilitar la ar-
ticulación, excepto alguna que otra palabra de penetración temprana
en que ha caído la Isl (como aKfi1t'!pov > (:etro > cetro; a1toajló<; >
pasmo, ya en lat. vg. pasmus; cisma < axíajlo, etc.). Así, tenemos re-
presentados grupos iniciales griegos como l aKI (escéptico), l axl (es-
quizofrenia), l afJI (estenógrafo) , l a'!l (estático) , l a1t1 (espasmo), l alfll
(esfera) , l a'!pl (estrofa) ; también el grupo l ajll (esmeralda < ajlápoy-
00<;).
§ 4.3. GRUPOS INTERIORES NO PRO-
BLEMÁ TIC OS (HETEROSILÁBICOS)
En posición implosiva - es decir, en final de sílaba seguida de
consonante- el español sólo admite de forma natural los fonemas
Isl, IfJI y los archifonemas /LI , IR/, /NI; es decir, los mismos que se
admiten normalmente en final de palabra 24. Todas estas consonantes
finales de sílaba pueden combinarse con cualquier otra consonante en
la sílaba siguiente, si exceptuamos algún grupo inestable de nasales o
laterales (como ImnI, resuelto por disimilación y epéntesis en yala-
bras patrimoniales: lat. homine(m) > omne > hombre).
Casi todas estas combinaciones aparecen en helenismos españo-
les, aunque algunas pocas sólo están atestiguadas en nombres propios
24 En final de palabra, en realidad, sólo el nasal In!, el lateral fl l y la Irl fricativa,
además de Isl y 19/; cf. Alarcos, 1965, § 115 ss. (para el concepto de archifonema, §
26). Por lo demás, entiéndase que la situación descrita se refiere al español estándar
del norte de la Península Ibérica, pues en toda la parte meridional lo normal es la neu-
tralización de Isl y 191 implosivas, por un lado (realizada como aspiración /h/), y tam-
bién la de Irl y IV implosivas (realizada como Ir/), con tendencia latente a la desapari-
ción de todas las implosivas; cf. Catalán, 1971.
48 Los helenismos del español
o en tecnicismos de muy poco uso: INpl (emporio), INbI (trombosis) ,
INfl (ánfora), INt! (síntesis < antítesis < INd/
(espondeo), INel (quiromancia), INcl (concha), INsI (pansofismo), /Nk/
(ornitorrinco), INg/ (laringólogo), INxI (ángel), INlI (panléxico) 25, INrI
(panrománico); ILpl (Melpómene), ILbl (Olbia), /Lfl (alfabeto), ILt!
(peristáltico), ILd/ (polialdo) , ILel (helcistro), ILsI (alsófilo) , ILkI
(Cólquide), ILg/ (algofobia) , ILxI (analgésico) , ILm! (platelminto);
IRpl (carpo) , /Rbl (euforbio), /Rfl (morfema) , IRt! (carta), /Rd/ (cuer-
da), /Rel (hipercinesia), /Rcl (archivo), /RsI (tirso) , lRk/ (sarcófago),
/Rg/ (ergonomía), IRxI (metalurgia) , IRrnI (fármaco) , lRn! (cibernéti-
ca), IRlI (hiperlipemia) ; Ispl (espora), Isbl (asbesto), Isfl (asfixia), 1st!
(místico), I sd/ (disdipsia), Isel (discinesia), I skl (menisco), I sgl (dis-
galactia), Isxl (disgenia), Ism! (cosmos), Isnl (disnea), Is1/ (dislexia),
Isrl (disritmia).
Por las propias posibilidades fonotácticas del griego, no están re-
presentados en helenismos españoles grupos como /LnI, ILr/; tampo-
co combinaciones con l el cerrando silaba (sí en palabras de otros orí-
genes: alnafe, alrededor, bizco, juzgar, jazmín, rebuzno), a no ser en
algún caso aislado y temprano en que ha habido alteraciones fonéticas
de importancia, como en bizma < bidma < lat. epithema < btíeEIlQ
«emplasto» 26.
§ 4.4. GRUPOS INTERIORES PROBLEMÁTICOS (HETEROSILÁBICOS)
Junto a estos grupos interiores, perfectamente adaptados a la fo-
notáctica española, hay otros mucho más problemáticos, fundamen-
talmente las combinaciones con una oclusiva como cierre de sílaba,
25 Ya se entiende que algunos de estos grupos sólo aparecen en compuestos mo-
dernos, a veces híbridos de latín y griego (como panrománico), pero serían imposibles
en griego (donde grupos consonánticos como -VA.-, -vP-, etc., se asimilaban y daban
como resultado -M-, -PP-, etc.).
26 Quizá también en gazpacho, si se acepta la etimología propuesta por Corriente,
1999, s. v. (vendría de «cepillo de iglesia»).
Fonología 49
entre las que las más frecuentes son probablemente IBt/, IGt/ IGel y
IGs/. Todos estos grupos desaparecieron muy pronto de las palabras
castellanas patrimoniales - en ciertos casos ya en el latín tardío- , en
virtud de diversos procesos fonéticos: palatalización (noctem > no-
che; texere > texer [teser] > tejer), caída de la oclusiva (scriptum >
escrito), vocalización de la oclusiva (captivum > cautivo, civitatem >
cibdad > ciudad), metátesis (catenatum > cadnado > candado), etc.
y la tendencia a resolver este tipo de grupos inestables era tan
fuerte que afectó también a los cultismos latinos o griegos introduci-
dos en' la baja Edad Media y los siglos XVI y XVII ; así nos encontra-
mos constantemente en la literatura del siglo de Oro, en escritores po-
co sospechosos de «vulgaridad», con palabras como lición (lección) ,
afición (afección), efeto (efecto) , conceto (concepto), dino (digno),
etc., que reflejan la pronunciación habitual de estos cultismos, quizá a
veces con una geminación similar a la que se produce en italiano (que
no vio mayor problema en reflejarlo así por escrito: concetto, massi-
mo, esatto, soggetto, etc.).
Pero tras la fundación de la Real Academia en 1713 se va impo-
niendo la restitución etimológica - no sólo en la ortografia, sino
también en la pronunciación de las clases cultivadas- de gran canti-
dad de estos grupos cultos, aunque de una forma arbitraria y desorde-
nada 27; en parte eso explica, por ejemplo, que los derivados españoles
del verbo latino iacio «lanzar» presenten formas tan diversas como
objeto, sujeto, abyecto (obiectum, subiectum, abiectus), objeción, su-
jeción, proyección, interjección (obiectio, subiectio, proiectio, inte-
riectio) 28, lo que provoca inevitables dudas en el hablante y explica
también las formas hipercorrectas (es frecuente oír y leer cosas como
discrección < lat. discretio, concrección < lat. concretio, etc.). Diego
Catalán ha descrito este proceso general con toda claridad:
27 ef. Lapesa, 1981 , § 102; cf. también Martínez de Sousa, 1991, 146 SS.; o el
Manual del español correcto de L. Gómez Torrego, Madrid, 1988.
28 Una lista más completa en DCECH s. v. abyecto.
50 Los helenismos del español
En el siglo XVIll las minorías cultivadas aceptaron el principio de
que la «corrección» lingüística debía prevalecer sobre la costumbre.
En consecuencia, intentaron sujetar su habla a las normas de pronun-
ciación recomendadas por la erudición. La escritura impuso su impe-
rio sobre la palabra. Este predominio de la letra vino a minar, en la
lengua culta, la norma estructural que limitaba a -n, -1, -r, -s y -z el
inventario de los fonemas con valor distintivo en el margen implosivo
de la sílaba. Los hispano-hablantes cultivados del s. xvm comenzaron
a pronunciar los «grupos cultos» de consonantes en los préstamos la-
tinos (yen otros extranjerismos); después, la progresiva democratiza-
ción de la cultura ha conseguido difundir esta nueva norma de pro-
nunciación entre un número cada vez mayor de usuarios de la lengua
española. Creo, sin embargo, que las nuevas consonantes implosivas
no se hallan perfectamente integradas en la estructura de la lengua y
que en una descripción fonológica del español es preciso seguir dis-
tinguiendo entre las implosivas tradicionales y las «cultas». Estas, por
lo general, siguen estando adscritas a unas secciones del léxico de
empleo muy restringido 29.
En efecto, hasta el día de hoy todos estos grupos siguen repug-
nando al sentido de la silabación del hablante común (que es, por
cierto, quien acaba conformando a la larga la gramática de una len-
gua); y cualquier fonetista reconoce que en la lengua hablada la ma-
yoría de los sufridos hispanohablantes evitan estas combinaciones de
una forma o de otra: prescindiendo por completo de la oclusiva ([ es-
plicar], como escribía Juan Ramón Jiménez, [ausilio]), pronuncián-
dola en el «habla esmerada» como fricativa ([esagto], [concebto]),
vocalizándola ([káusula] =cápsula), recurriendo a la geminación ([tén-
nica] , [ammóffera], muy frecuente en Andalucía) o incluso sustitu-
yendo la oclusiva por una de las consonantes comunes como cierre de
sílaba: así se explica, por ejemplo, que los antiguos sustantivos en
-adgo « lat. -aticu) terminen hoy en día en -azgo (mayorazgo, har-
tazgo, etc.); se observa que la /9/ tiende a neutralizar en algunas par-
29 Cf. Catalán, 1971, 84.
Fonología 51
tes a IBI , 101 Y IGI , así en pronunciaciones «vulgares» como [azvertir],
[esazto], [helicóztero], [aztitud], [corruzto] , etc.) 30.
Claro que tampoco faltan pronunciaciones recalcitrantes del tipo
de [eksakto], y numerosas formas hipercorrectas como [ekspektador]
(lat. spectator) o, en ciertos países americanos, [auktomóbil ]; pero
todo esto, por decirlo con palabras de Saussure, entraría ya dentro de
la categoría del «caso teratológico» (o sea, de la galería de mons-
truOS) 31.
Pues bien, en los cultismos de origen griego hay una nutrida re-
presentación de estos grupos «intrusos» con oclusiva en final de síl a-
ba, algunos más pronunciables que otros: IBtl (helicóptero), I Bdl
(molibdeno), IBsI (elipsis, ábside), IBn/ (hipnosis); IDrn/ (cadmio,
ritmo), IDn! (étnico, equidna), l DiI (atleta); IGpl (ecpiesis), IGbl (ec-
bólico), IGfl (sinecjonesis), IGtl (práctico) , IGd/ (amígdala, sinécdo-
que), IGel (eccema) , IGsI (exótico) , IGrn/ (enigma, dracma), IGn!
(diagnóstico, técnica). A ellos habría que añadir combinaciones como
Imn! (himno; simplificado en Agamenón < ' Ayuj..lÉj..lvCüv) y los muy
raros Iftl, l fuJ (difteria, Dafne); no están representados, afortunada-
mente, los grupos IGk/, IGgI , IGxI.
Por otra parte, las geminadas griegas (j..lj..l, VV, ')..)'" crcr, rtrt , n , KK)
no suponen problema ya que se simplifican siempre en español , ex-
cepto en el caso de Irl (catarata/catarro) , ver infra, § 6.5.
§ 4.5. GRUPOS INTERIORES TAUTOSILÁBICOS
El español admite los mismos que hemos visto a princi pio de pa-
labra, por más que algunos de ellos sufrieran cambios en el tránsi to al
castellano (por ejemplo, la sonorización de oclusivas sordas en lat.
capra > cabra, patre(m) > padre, lucrare > lograr). Así, tenemos re-
30 Puede verse la descripción detallada de muchos de estos casos en T. Navarro
Tomás, Manual de pronunciación española, Madrid, 26." ed. , 1996.
31 Saussure, 1983, 99; sobre la tendencia general a la hipercorrección como algo
típicamente «pequeño-burgués», cf. Bourdieu, 1999, 37.
52 Los helenismos del español
presentados en helenismos españoles: Iprl (lepra) , Ipl/ (omóplato) ,
/brl (tríbraco) , /b1l (problema), Ifrl (perífrasis), Ifll (endojlebitis), /krl
(policromía), /k1l (heteróclito 32), Igrl (pentagrama) , Igl/ (diglosia),
Itrl (metro) , Idrl (hipódromo). El grupo ItI/, como se ha visto en § 4.4,
es muy poco frecuente y tiende a ser heterosilábico en español (at-
leta, at-las, etc.; en la pronunciación común es frecuente suprimir la
ItJ, como en Aleti, por Atléti[coJ de Madrid).
Conviene señalar, por otra parte, que el griego antiguo no siempre
coincidió con este tipo de silabación en los grupos de oclusiva segui-
da de nasal o lateral. Así, los textos métricos más antiguos demues-
tran que el límite silábico se sentía entre ambas consonantes, de for-
ma que la primera sílaba, aunque tuviera vocal breve, contaba como
larga: 1ta't!pÓ<;, OrtÓrt!poeeV (como si el español dividiera cab-ra o
chic-le, o más bien cab-bra, ch{-cle). Y si bien en el ático y en el
griego helenístico la silabación de estos grupos era en general como
la latina y española - lo que suele llamarse correptio Attica, «abre-
viación ática», por contar como breve la sílaba que precede al grupo
en cuestión, siempre que tenga vocal breve-, hay que señalar que
algunas combinaciones con 111 se seguían sintiendo normalmente co-
mo heterosilábicas (así -(31..-, -yA.-), mientras que, a la inversa, podían
funcionar como tautosilábicos grupos que en español nunca podrían
serlo (así, algunas combinaciones con Iml y Inl , por ejemplo en
'tÉKVOV) 33.
§ 4.6. GRUPOS INTERIORES DE TRES
CONSONANTES (HETEROSILÁBICOS)
De entre los que tolera sin problemas el español, aparecen en he-
lenismos los siguientes (muchos sólo en compuestos de uso muy es-
32 En algún caso muy raro puede sentirse como tal el prefijo, y hacerse la división
silábica: ec-/ampsia « EKAallljll.C;).
33 Pueden verse más detalles en cualquier buen manual de métrica griega, p. ej. en
M. L. West, GreekMetre, Oxford, 1982, p. 16-17.
Fonología 53
peciali zado) : INprl (empráctico), INbrl (embrión), INfrl (enfráctico),
INtrl (fi lántropo), /Ndrl (síndrome) , INkrl (s incronizar), I Ngrl (en-
grafia), INpl/ (emplasto), INbI/ (emblema), INfl l (enflisis) , INkl/ (sin-
clinal), /NglI (ganglio); IRprl (hiperprosexia), I Rtrl (artritis) , IRkrl
(hipercrítico), IRpl1 (hiperplasia); Isprl (disproteinemia), Isfrl (paros-
fresia), Istrl (gástrico), Iskrl (escrología, discrasita), I sgrl (disgrafia) ,
Ispl/ (displasia), Iskll (disclímax) , Isgl/ (disglosia) .
Los demás grupos triconsonánticos resultan más o menos proble-
máticos: IBtrl (dioptría), IGtrl (eléctrico), IGtl/ (ectlipsis), IGkl/ (ec-
clipsis), IGstl (éxtasis), IGsel (excéntrico), INktl (plancton; simplifi-
cado en esfinter < <J(j)tYK1"lÍp), INpsl (panpsiquismo), INpnl (panpneu-
matismo), /Ntl/ (entlasis), /Nmnl (panmnesia) , /Nspl (panspermia),
IRmn! (hipermnesia), IRktl (árctidos; simplificado en ártico, antárti-
co), IsDm! (istmo, pronunciado habitualmente [ismo]), Ismn! (dismne-
mia), I sGn! (disgnosia) . Algún grupo se ha simplificado, para alivio
del hablante, como el de /Nptl en síntoma «
§ 4.7. CONSONANTES FINALES
De las admitidas normalmente en castellano (/s/, In!, Irl , /1/, l el ,
hasta cierto punto IdI) , tenemos en helenismos ejemplos en Isl (caos),
In! (esternón), Irl (mártir); la 11/ sólo aparece en casos en que ha habi-
do apócope de 10/ : apóstol(o), ángel(o), pues el griego no admitía esta
consonante en final de palabra y el único tema en 11/ era nA<;, ÓAÓC; ,
«sal, mar») 34.
Hay también algún caso aislado de helenismos con IdI final , como
áspid < Ó<J1tlC;, ó<J1tl80 C; (aunque hay variantes anti guas como aspe y
áspido). Sería más coherente la variante áspide (o incluso áspiz), pues
34 Son muy raros en castellano los casos de Ix! final ; entre ellos son de origen
griego reloj (lat. horologium < <Í:lPOMylOv; cf. § 9.2.3.) y carcaj, palabra de etimolo-
gía e hi storia bastante complicadas, cf. DCECH (y tambi én § 9. 1.). Por lo demás, hasta
el siglo XIII el castellano aceptaba muchas otras consonantes o grupos de consonantes
en final de palabra, cf. Catalán, 1971, 80-8 1.
54 Los helenismos del español
lo cierto es que el español moderno tolera a duras penas la Id! final
(de palabra y de sílaba). En los primeros siglos del idioma algunas Id!
finales se mantenían bien, pues procedían de la sonorización de ItI y
debían de tener todavía una articulación fuerte (así en vid < vite, sed <
site, amad < amate). Pero hoy en día ya no es así, y el español tiende
a rechazarla en posición final de sílaba (cf. § 4.4) o de palabra, bus-
cando soluciones diversas 35:
a), neutralizar la oposición con la fricativa lel , que es bastante fre-
cuente en final de palabra (paz, pez); esta neutralización, muy ex-
tendida por España, se resuelve en favor de la l el , así en realiza-
ciones llamadas «vulgares» como [Madriz] , etc.;
b), suprimirla en posición final de palabra, que es con mucho lo más
habitual en voces como [usté], [verdá], etc., y que es un fenómeno
atestiguado ya en el siglo XVI (grafias como navidá, etc.);
c), sustituirla por Irl, como es normal en el caso de los imperativos de
segunda persona del plural (<<Hacer lo que queráis»), aunque se
han propuesto otras explicaciones de este fenómeno;
d), en final de sílaba (cf. § 4.4), resolver el grupo por metátesis, como
en las antiguas formas de imperativo dalde (dad/e), dandos (dad-
nos), deci/do, etc. , o en palabras como lindo « lidmo < legitimu),
candado « cadnado < catenatu), etc.
Finalmente, hay unas cuantas torpísimas transcripciones que van
contra la norma castellana de no aceptar más de una consonante en
final de palabra. Nos referimos a unos cuantos helenismos terminados
en /ks/, como tórax (y sus derivados: neumotórax, etc.), ántrax, fénix,
cóccix, clímax y unos pocos más, que, debidamente transcritos a par-
tir del acusativo, sonarían mucho mejor como torace/toraz (ac.
eropaKU), fenice/feniz (ac. q>OíVtKU), clímace/clímaz (ac. KAí,.lCiKU),
etc., igual que del lat. felix, felicem se deriva feliz (ant. también feli-
ce). Lo mismo se puede decir de algún nombre propio como Ayax
35 Cf. Catalán, 1971, 82-83 Y A. Alonso, De la pronunciación medieval a la mo-
derna en español, l , Madrid, 1955,73-91.
Fonología 55
(tomado del latín Aiax, Aiacis), que parece que va cayendo en desuso
en favor del más razonable Ayante (gr.
§ 5. HELENISMOS y PROSODIA ESPAÑOLA
Otro aspecto destacable de los helenismos españoles es la gran
abundancia de esdrújulos - y la escasez de agudos - en esta catego-
ría de palabras; sin ir más lejos, son esdrújulos los adjetivos en :.ico:
biológico, político, etc., los compuestos en :.logo: biólogo, filólogo,
etc. , en :'metro: cronómetro, kilómetro, etc., y tantos otros grupos que,
junto con cultismos latinos del tipo de cálido, íntegro, lívido, magni-
fico, depósito, etc. , han supuesto un contrapeso considerable a la ten-
dencia natural del español a la palabra llana y aguda. Esta tendencia
tiene su origen en los diversos fenómenos del latín vulgar - algunos
presentes ya en el latín primitivo y clásico- que barrieron práctica-
mente todas las esdrújulas del léxico más específicamente «vulgar»:
síncopa de vocales postónicas (apic(u)la > abeja, póp(u)lus > pueblo,
cóm(i) te > conde, etc.)37, desplazamiento del acento a la penúltima
sílaba (integrum > entero, cáthedra > cadera; a veces por analogía
con el verbo simple, como en rétinet > retiene, cóntinet > contiene),
etc. 38.
Así que tanto los cultismos latinos como los griegos han cambia-
do un tanto el paisaje prosódico del español, sobre todo del culto y
científico, pues lo cierto es que en el habla común las palabras es-
drújulas siguen teniendo una presencia muy limitada; el tipo más fre-
cuente de esdrújulo, el trisílabo (como lógico), apenas supone un
0,95% del total de tipos léxicos acentuales, a enorme distancia de las
36 Los finales en Ipsl están limitados a nombres científicos y técnicos de muy poca
circulación, como f órceps o triceratops (nombre de un dinosaurio).
37 Excepto si se trataba de la vocal laI: huérfano, órgano, rábano, cantábamos,
cantaríamos, etc.
38 ef. Lloyd, 1993, 191 ss.
56 Los helenismos del español
palabras átonas, llanas y agudas. Esto explica, por otra parte, que los
esdrújulos gocen del prestigio de lo raro (o, en ténninos sociológicos,
que sean portadores de un gran capital simbólico), lo que, unido a
otros factores complejos que entran dentro de lo que se llama el
«campo asociativo», puede dar cuenta de desplazamientos acentuales
esporádicos como el de périto (cf. médico, químico, etc.) 39.
Sobre las nonnas de acentuación de los helenismos cultos españo-
les, véase después, § 6.7.
39 er. Alcina-Blecua, 1994, § 2.8.1.5. Y 2.8.1.6. De la tendencia a abusar del cul-
tismo esdrújulo (de origen griego o latino) ya se burló amablemente Tomás de Iriarte
en el siglo XVIII, en el conocido poema que empieza así: Ello es que hay animales muy
científicos/ en curarse con varios específicos,! y en conservar su construcción orgáni-
ca,! como hábiles que son en la botánica,! pues conocen las hierbas diuréticas,! catár-
ticas. narcóticas. eméticas,! febríjitgas. estípticas. prolíficas,! cefálicas y también su-
doríficas.
CAPÍTULO III
CLASIFICACIÓN DE LOS HELENISMOS ESPAÑOLES SEGÚN
SUS VÍAS DE ENTRADA Y SU FORMA FONÉTICA
Una vez abordadas las cuestiones generales que afectan a la fo-
nología, tanto desde el punto de vista de los fonemas individuales
como de la silabación y la prosodia, pasamos en esta tercera parte a
exponer una clasificación de los helenismos españoles atendiendo a
su vía de entrada en el idioma, es decir, a si han entrado por vía escri-
ta o por vía oral, y a través de qué lengua o lenguas intermediarias
(latín clásico y vulgar, árabe, italiano, francés, etc.), pues en general
se puede decir que apenas hay en español helenismos llegados direc-
tamente del griego antiguo: no los hay llegados por vía oral, por razo-
nes evidentes (cuando empieza a existir conciencia del castellano, en
tomo a los siglos IX-X, hace mucho que el griego antiguo o clásico ha
dejado de ser tal), y apenas los hay llegados por vía escrita porque,
para nuestra vergüenza, la gran mayoría de helenismos técnicos y
científicos adoptados o creados en los últimos siglos (como teletipo,
fonología o fotografia) lo han sido primero en las lenguas de los paí-
ses europeos o americanos que han estado y siguen estando a la cabe-
za de la investigación en casi todos los campos (es decir, fundamen-
talmente el francés, inglés y alemán), de tal modo que palabras como
las recién citadas han llegado al español procedentes no de los pro-
pios textos griegos, sino de las lenguas de nuestros industriosos veci-
58 Los helenismos del español
nos del Norte (y por eso mismo son tanto helenismos como anglicis-
mos o galicismos).
Por otra parte, si incluimos aquí - entre la fonología y la morfo-
logía- esta sección de carácter ante todo histórico, es porque, como
vamos a ver, el aspecto fonético de un helenismo español está direc-
tamente condicionado por el camino -escrito u oral, a través de una
u otra lengua- que ha recorrido hasta llegar a alojarse en nuestro
idioma; de ahí que, para dar cuenta de ello, necesitemos hacer un po-
co de historia cultural y lingüística.
§ 6. Los CULTISMOS DE ORIGEN GRIEGO: PRINCIPIOS
DE TRANSCRIPCIÓN Y DE ACENTUACIÓN
La gran mayoría de los helenismos españoles son c u l t i s m o s
puros, es decir palabras que «se atienen con fidelidad a la forma [ ... ]
escrita, que guardan sin más alteraciones que las precisas para aco-
modarla a la estructura fonética o gramatical romance» l . Esta adapta-
ción o peaje mínimo es lo que distingue a un cultismo latino (que
aquí llamaremos simplemente «latinismo») como lapso de un lati-
nismo «en crudo», por usar la expresión de Américo Castro, como
humus, rictus, lapsus, por no hablar de las numerosas expresiones la-
tinas utilizadas con frecuencia en nuestra lengua, como sine die, in
extremis y mil más; o, en el caso del griego, distingue a un cultismo
como epiceno (¿1tiKOlVOC;) de una palabra o expresión griega utilizada
tal cual o simplemente transliterada, como cuando se habla en gramá-
tica de «construcción apo koinú (cmo KOlVOÜ)>> o de «el artista KOt '
¿¿;0X.T1V (por excelencia)>>.
En todo caso, y centrándonos ya en los cultismos de origen grie-
go, esas alteraciones más o menos superficiales no impiden que la
mayoría de los helenismos españoles resulten transparentes para quien
1 Lapesa, 1981 , 109.
Clasificación de los helenismos españoles ... 59
conozca bien el gri ego clásico, lo mismo que ocurre con los latinis-
mos para quien domine el latín. Y es que los cultismos son voces
«privilegiadas», que suelen entrar por vía escrita en el idioma - mu-
chas de ellas apenas salen de ese registro- y que por lo general no
sufren el desgaste que conlleva para el léxico común el andar cada día
en boca de las gentes, cultas o de a pie.
Así que podemos dar por buena la definición de cultismo de La-
pesa, aunque haciendo dos salvedades: primera, que no todos los cul-
tismos entran por vía escrita en el idioma (pensemos por ejemplo en
voces procedentes de la liturgia cristiana); y segunda, que la ausencia
de alteraciones fonéticas importantes no equivale necesariamente a
culti smo, pues hay palabras que, aunque hubieran entrado muy pronto
en el castellano hablado, no ofrecían en principio en su estructura na-
da susceptible de alteración, por ejemplo bárbaro 2.
En definitiva, son varios aspectos, y no sólo el fonético, los que
hay que considerar a la hora de catalogar una voz como cultismo: la
índole del significado, es decir, el campo semántico al que pertenece;
el ambiente de procedencia (la Iglesia, la Universidad o la escuela, la
ciencia); la propia historia de la palabra en la lengua posterior, el tipo
de textos en que aparece (escritos o hablados, técnicos o no, etc.)3.
Aparte, naturalmente, de que tampoco hay que considerar estas cate-
gorías como departamentos estancos, pues, por poner un ejemplo, una
voz como político era un cultismo puro cuando se introdujo en espa-
ñol en el siglo xv, pero hace ya tiempo que, por razones obvias, es de
uso común entre toda la población; y los ejemplos podrían multipli-
carse fácilmente (el papel de los modernos medios de comunicación
de masas ha sido fundamental en este aspecto).
2 El ejemplo es de Dámaso Alonso, cf. Bustos, 1974, 39. Recuérdese que la única
vocal postónica que no se sincopaba en castellano era la lal (órgano, huérfano, etc.;
cf. Lloyd, 1993, 324).
3 En una perspectiva amplia, lo mismo ocurre en el estudio e identificación de los
préstamos en general , conj ugándose el criterio hi stórico o arqueológico con los crite-
ri os fonéticos, morfológicos o semánticos (cf. Deróy, 1980, 47-65) .
60 Los helenismos del español
Hemos dicho que los cultismos de origen griego han llegado al
español fundamentalmente por vía escrita y casi siempre a través de
otras lenguas, sobre todo a través del latín durante los siglos medie-
vales y el Renacimiento, y a través del francés y el inglés en los últi-
mos tres siglos. Por tanto, puesto que se trata de un préstamo por vía
escrita y su origen último es una voz escrita en otro alfabeto, el grie-
go, lo apropiado es hablar de transcripción; y son las normas o prin-
cipios que regulan esa transcripción las que vamos a tratar de exponer
ahora (apenas haremos alusión a los nombres propios por ser asunto
tratado de forma exhaustiva y muy juiciosa por M. Femández Galia-
no) 4.
En general, cuando se trata de adoptar en una lengua una palabra
o un giro procedente de otro idioma que se escribe con alfabeto distinto
(o con un sistema gráfico no alfabético, caso por ejemplo del chino o
del japonés), hay cuatro posibilidades: la traducción, la transcripción,
la transliteración y la reproducción de la grafia original.
La t r a d u c c ió n de palabras extranjeras, especialmente si son
compuestos (por ejemplo: ing. foot-ball > balom-pié; ing. tele-vision
> al. Fern-sehen), es un fenómeno no tan raro como podría pensarse,
y que, para el caso concreto de los helenismos, se verá en su lugar, al
tratar de la formación de palabras (§ 12.6, calcos de formación). Pero
lo cierto es que la inmensa mayoría de palabras españolas de origen
griego no han recurrido a este procedimiento, en muchos casos por
pura imposibilidad; pues, si es posible al menos imaginar amalenguas
o lenguamante en vez de filólogo, parece más problemático «tradu-
cir» al español palabras culturalmente tan pregnantes como música,
drama, teatro, comedia o lírico. Lo cierto, decíamos, es que la mayo-
ría de esas voces españolas han tomado la palabra o la raíz griega,
adaptándola al español, como se verá a continuación 5.
4 F. Galiana, 1969, passim, y 1967, § 74-83.
5 Sobre traducción de nombres propios, cf. F. Galiana, 1969, § 2; se puede dar en
el caso de apelativos, epítetos, etc. (que estarían a medio camino entre los nombres
propios y los comunes), cf. las observaciones de A. García Calvo en el prólogo a su
versión de la !liada, Zamora, 1995.
Clasificación de los helenismos españoles ... 61
Dejar la palabra o la frase en cuestión en el a lf a b e t o g r i e g o
es un recurso lógico y recomendable cuando se cita, con la finalidad
que sea, en libros y artículos destinados en principio a helenistas, filó-
sofos, estudiantes de lenguas clásicas, etc. ; pero ya se entiende que, si
se pretende que una palabra tenga curso normal en español, lo prime-
ro será despojarla de su ropaje alfabético exótico y vestirla a la mane-
ra del país.
En cuanto a la t r a n s 1 i ter a ció n, consiste en trasladar al al-
fabeto latino (normalmente en letra cursiva) la fonética exacta - o
casi - de la palabra en cuestión, según un sistema de equivalencias
previamente establecido (y, en gran medida, tan convencional como
es la forma en la que se pronuncian en clase los textos griegos anti-
guos o la propia edición de éstos). En el caso del griego, y dejando
aparte aquellos fonemas que no presentan problema alguno (a = {a},
13= {b}, etc.), lo normal es atenerse a las equivalencias C= {z}, e= {th},
K={k}, ~ = { x } , u={y} ({u} en diptongo), q> = {ph}, X= {ch} (o {kh}),
'V = {ps}. Se señalan también el espíritu áspero (con una {h} delante
de la vocal o diptongo que lo lleva en griego) y las cantidades largas
de Tl y ú) ({ e}, {6}); se distinguen gráficamente los tres tipos de
acento (grave, agudo y circunflej o), etc. 6.
De este modo, un sintagma como 7tOcSÚpKTlC; ' AXLAAEÚC; queda
transliterado como podárkes Achilleús.
La transliteración, lógicamente, sólo se utilizará si, teniendo que
citar una palabra o frase griega, los imperativos editoriales (falta o ca-
restía de tipos griegos, o miedo a que el lector se acuerde de aquello
de «Graecum est, non legitur», etc.) o el tipo de público al que va
destinada la obra obligan a recurrir a ello. Por ejemplo, en un libro
sobre historia de la ética destinado a un público general puede estar
justificado que se cite bien transliterado un concepto como el de kalo-
kagathía (<<hombría de bien»), en vez de darlo en griego (esto entraría
dentro de la categoría de los «ocasionalismos», como se los llama a
veces en la bibliografía sobre el préstamo lingüístico). 0 , por poner
6 Cf. F. Galiano, 1966, y 1969, § 5.
62 Los helenismos del español
otro ejemplo, en la segunda edición del benemérito Diccionario de
uso del español, de María Moliner, los étimos griegos se dan transli-
terados en vez de darlos en alfabeto griego (cosa que no a todos habrá
gustado, desde luego).
Pero ya se entiende que este procedimiento sólo es válido en ca-
sos especiales como los mencionados, pero no parece de recibo para
palabras ya avecindadas en español o que aspiran a estarlo, aunque
sea en el léxico más especializado; y es bastante ridícula y molesta la
costumbre, inspirada al parecer en los usos del alemán y extendida en
ciertos medios universitarios, de semi-transliterar nombres propios
griegos en vez de transcribirlos (nos referimos a horrores como «Kal-
límachos escribió tal cosa» o «el culto de Diónysos en tal sitio», re-
chazables entre otras cosas «por el hirsuto y exótico aspecto que la
proliferación de haches, equis y kaes da a ciertos libros científicos» 7).
No es este el lugar para hablar de la transliteración o transcripción
de otras lenguas, como el árabe (Omeyas frente a Ummayah, etc. );
por no hablar de los arduos problemas que plantea la «romanización»
del chino (con la actual coexistencia de dos sistemas distintos, el pin-
yin y el de Wade-Giles), aunque bien es verdad que en todos estos ca-
sos se trata casi exclusivamente de nombres propios (personas, luga-
res, etc.).
Muy distinto es el caso del griego, que ha proporcionado al espa-
ñol millares de palabras comunes. Pues bien, frente a otras lenguas
europeas, como el francés, el alemán o el inglés, más inclinadas a se-
mi-transliterar las palabras griegas - normalmente con alguna adap-
tación a la morfología autóctona (cf. fr. physiologie, al. Physiologie,
ing. physiology, de <j>UOloAoyia) -, las lenguas románicas (español,
italiano, portugués), entre otras razones por su mayor familiaridad
con el latín, principal vía de llegada de helenismos en los primeros si-
glos de esos idiomas, han tendido más bien a la t r a n s c r i p c ió n,
es decir, a incorporar esas palabras a los sistemas gráfico, fonético y
morfológico de cada lengua, «haciendo en lo posible que cada palabra
7 F. Galiano, 1969, § 12.
Clasificación de los helenismos españoles ... 63
adquiera, con el uso, carta de ci udadanía en ella» 8, sin tener que estar
denunciando constantemente - al menos en su grafia- su origen fo-
ráneo (cf. también § 3).
Ahora bien, en el paso de los cultismos del griego al castell ano
hay que contar siempre, sea de forma efectiva, comprobable históri-
camente, sea de forma teórica, con un paso intermedio, el del latín;
ell o no es si no un refl ejo del hecho de que, como hemos di cho, du-
rante buena parte de su histori a, los heleni smos ll egaron al castell ano
casi siempre de la mano de textos escritos en dicha lengua 9.
En cuanto a la transcripción de las di ferentes vocales, diptongos
y consonantes o grupos de consonantes griegos, se observan las si-
guientes correspondencias (cuando difieren de las del castell ano, se
dan entre corchetes las equi valencias en latín) JO.
§ 6. 1. VOCALES
- a (larga o breve) > {a}. Ejemplo: > cataplasma
- E > {e}. Ej emplo: crúvSE<JlC; > síntesis
- 11 > {e}. Ej emplo: > problema 11
- o > {o}. Ej emplo: (j>lAOA.óyOC; > filól ogo
- ú) > {o}. Ejemplo: > trombosis
- l (larga o breve) > {i }. Ejemplo: AíeOC; > lito-grafi a, mono-lito
- u (larga o breve) > {i}. Ejemplo: (j>U<JlK"TÍ > fi sica [lat. physica]
8 F. Galiano, 1969, § 9.
9 Por eso, cuando el español moderno recibe del ingl és un helenismo, hace caso
omi so de su acentuación o de sus pecul iaridades morfológicas, y lo adopta como si lo
hubi era recibido directamente de latín.
10 Presci ndimos de hacer mención de grafi as antiguas o modernas «aberrantes»,
así como de palabras que, por su peculiar histori a y evolución fonética, se apartan de
estas normas (cf. §§ 7-9); entiéndase como las normas unánimemente aceptadas en el
español del siglo xx.
11 Sobre las terminaciones en I-al, I-el (sílaba/ágape), véase la parte de morfología
(§ 11.1.1 ).
64 Los helenismos del español
En alguna ocasión se ha planteado, respecto de la u (ípsilon), la
posibilidad de transcribirla como {u} cuando se trata de nombres que
aparecen en textos dialectales no jónico-áticos (como los poemas de
Safo y Alceo, en cuyo dialecto lesbio esa letra sonaba todavía como
fuf); por la misma razón Agustín García Calvo ha llegado incluso a
traducir (magníficamente, por cierto) la !liada transcribiendo siempre
los nombres propios con {u} (Olumpo, Oduseo, Lucia, etc.). Pero cree-
mos que esto, si se aplica de forma coherente, llevaría a un callejón
sin salida, pues habría que tener en cuenta, en cada texto traducido, la
pronunciación exacta de cada vocal, cada diptongo y cada consonante
en la época del autor en cuestión, y ello - en caso de que fuera posi-
ble - daría lugar a varias transcripciones diferentes para cada nom-
bre; aparte de que se plantearían problemas insolubles de cronología
(por ejemplo, cuándo hay que empezar a transcribir la 11 como {i},
etc.). Con tales experimentos se olvida algo fundamental, y es que el
sistema de transcripción que utilizamos es en gran medida conven-
cional y no corresponde a ningún estadio determinado de la fonética
griega, ni siquiera al de la koiné helenística, sino que responde histó-
ricamente a la adaptación latina regular de las palabras griegas y a la
posterior evolución del latín al español 12.
En cuanto a la transcripción de la l (iota), una excepción de cierta
importancia la constituye el caso de palabras griegas con iota inicial
ante vocal, que en griego clásico funcionaba como sílaba autónoma:
'IcovlKó<; (tetrasílabo), ' Iócrcov (trisílabo). La transcripción más apro-
piada en español - donde es insólita esa silabación- sería con la
consonante más cercana, la {y}, de lo que hay algunos ejemplos
(yambo < yatromancia, Yocasta), pero también los hay de
{i}, lo que resulta cuando menos anómalo, como en iota, ión, hieráti-
co (pronunciado [yerático] , etc.).
Pero junto a ello tenemos el uso de {j} en palabras como jónico,
jaspe, jerarquía, j eroglífico o Jasón. La explicación de esta anomalía
parece ser la siguiente: dado que algunas de estas palabras entraron
bastante pronto en español (jaspe, galicismo más que probable, está
12 Cf. F. Gali ano, 1969, § 32. Sobre un caso excepcional como glucosa (gr.
YAUKÚ<; «dulce»), cf. García Yebra, 1999, s. v.
Clasificación de los helenismos españoles ... 65
documentado ya en el siglo XIII, j erarquía y jerarca en el X v, aparte
de nombres propios como Jesús o Jerónimo), es probabl e que su con-
sonante inicial se pronunciara como la de voces castellanas del tipo
de j uego (> lat. iocum), es decir, como una li l que posteriormente
evolucionó hasta convertirse en la fricativa Ix! actual. Si a ell o añadi-
mos la gran vacilación que hubo durante siglos en la escri tura entre
{j- } e {i- } (de hecho, en su origen la letra {j } no es más que una
variedad gráfi ca de la {i }) 13, se comprenden res ultados como los
mencionados (aunque en el caso de algunos nombres propios, como
Jasón, Jápeto, entrados en fecha más tardía en español, esa transcrip-
ción parece más desidia que otra cosa). Así, en algún caso una misma
raíz (lEpO-) tiene dos transcripciones distintas, una de origen medieval
Oer-arquía, j ero-glifico) y otra moderna (hierático, hiero-fante) 14.
Tenemos también un caso aislado en que la u inicial ha resultado
{j } en español: j acinto (atestiguado en el siglo xv), del gr.
lat. hyacinthus, frente a la transcripción culta de, por ej emplo, hiena,
pronunciado [yéna] (gr. ümva).
En cuanto a las vocales largas con iota suscri ta, se transcri ben si n
que quede rastro de la iota: > zoo-logía, > tracia, etc.
(recuérdese que en casos como trocaico o estoico no había en griego
ni diptongo ni iota suscrita, sino divi sión silábica por medio de la di é-
resis:
§ 6.2. DIPTONGOS
- w > {eu}. Ejempl o: pdj¡la > reuma (o reúma) 15
- ou > {u} (Iat. lu:/). Ej emplo: 1l0UmKi] > música
- au > {au}. Ejemplo: Tpaulla > trauma
\3 Puede leerse su hi storia en Lodares-Salvador, 1996, 107 ss.
14 También palabras o raíces latinas con yad inicial seguida de vocal ti enen un do-
bl e resul tado en el español medieval: ya « iam)/jamás « iam-magis). yunlaljunla
« iuncta), etc. Cf. L1oyd, 1993, 398 ss.
15 Pero /-eo/ en los nombres propios en -W<; , para adaptarse a la morfología espa-
ñola: Aquilea, Odisea. Ante vocal, consonanti za en {v}: evangelia (EuaYYÉI..LOv); lo
mismo con el diptongo jau! en Agave.
66 Los helenismos del español
- El > {i} (lat. li:/). Ejemplo: LElPr,V > sirena 16
- Ol > {e}. Ejemplo: olom,ta > edema [lat. oedema] 17
- al > {e}. Ejemplo: alVlY).ta > enigma [lat. aenigma] 18
- Ul > {i}. Ejemplo: "Ap1tUla > (h)arpía [lat. Harpyia]
Es decir, que también la transcripción de los diptongos responde a
la transcripción regular latina 19 y el posterior resultado en castellano
de estas secuencias (cf. por ejemplo, para loel, foetere > heder; para
lael, faenum > heno), con la excepción de lau/ y leu/. El primero de
estos diptongos monoptongó en 101 en español, como atestigua algún
helenismo entrado en fecha muy temprana (tesoro < thesaurus); el
diptongo leu/ era muy raro en latín y también monoptongó en algún
semicultismo medieval de origen griego, como romadizarse, romadi-
zo < lat. rheumatizare < gr. (incluso en español parece que
hay cierta tendencia a deshacer este diptongo cuando lleva el acento:
re-ú-ma, E-ú-frates, etc.).
§ 6.3. CONSONANTES
Se observan las siguientes correspondencias (para el caso de <p, x,
S, cf. las explicaciones fonéticas que se han dado antes, § 3.1 y 3.2):
16 Alguna excepción aislada con leiJ (seísmo, deíctico, caleidoscopio), cf. García
Yebra, 1999, s. v. En cuanto a las tenninaciones en -ElO<;I-Ela, ya en latín se fluctuaba
entre lea!, leusl y Ila!, Ilus/, lo que explica palabras españolas como liceo, odisea, trá-
quea, espondeo, gineceo, mausoleo (cf. § 12.2.2.3). Sobre vacilaciones en su acentua-
ción, cf. § 6. 7.
17 Alguna excepción aislada ante vocal (poeta < lat. poeta < 7tOll)í1Í<;; la iota Ín-
tervocálica se perdía ya en la pronunciación del propio griego). La iota consonantiza
ante vocal en algún caso (Troya < Tpoia).
18 Es relativamente frecuente la consonantización de la iota ante vocal (Ayan/e,
náyade, etc.).
19 Para esta cuestión, que se ha tratado de forma sumaria en § 3 (es complicada
porque habría que tener en cuenta cómo se pronunciaban realmente los diptongos
griegos en época helenística), cf. ante todo Biville, 1990-95, n, 320-72.
Clasificación de los helenismos españoles .. .
67
> {b}. Ejemplo: > bacteria
- 1t > {p}. Ejemplo: 1tOlllmc; > poesía
- <p > {f}. Ejemplo: <ptAoO"o<pla > filosofía [lat. philosophia]
- y > {g} (/g/, IxI). Ejemplos: > galaxia; yÉpúlV > ge-
ronto-cracia
- K > {c} (lk/, 19/). Ejemplos: Ká900oC; > cátodo; KE<paAlÍ > ce-
faló-podo 20
- X > {qu} (ante timbre lel, li/ ). Ejemplo: > braqui-céfalo
[Iat. brachy-F 1
> {c} (lk/, ante timbre lal, 10/, luI). Ejemplo: XáoC; > caos [lat.
chaos]
- o > {d}. Ejemplo: OÉPllO > dermató-Iogo
- "t > {t }. Ejemplo: "tÉ"tavoc; > tétanos
- 9 > {t }. Ejemplo: 9EOAoyia > teología [Iat. theologia]
- )l > {m}. Ejemplo: )ll)lllmc; > mímesis
- v > {n}. Ejemplo: VEUPOV > neur-osis
- A> {I } . Ejemplo: AaAtá > dis-Ialia
- P > {r}. Ejemplo: 1tEpi)lE"tpOC; > perímetro [en posición inicial ,
lat. rh: Pll-roptKlÍ > lat. rhetorica]
- O" > {s }. Ejemplo: O"EtO")lÓC; > seísmo
- ' (espíritu áspero) > {h}. Ejemplo: Ó)lÓAOYOC; > homólog0
22

Una excepción de cierta importancia para la tau la constituyen
palabras en las que figuran las secuencias -na, -noc; o -"tEta, -"tELOC; ,
transcritas con la fricativa {c} (19/) en voces como oTJlloKpa"tia > de-
20 Alguna excepción aislada debida a influj o francés (cf. García Yebra, 1999, s.
v.) como anquilosis, anquilosar (gr. a YKÚA-W<JlC;), queratina, queroseno, esqueleto,
quiste (frente al regular cisti-fis < KÚcrnc;), autarquía (también existe la forma regular
autarcía).
21 Ver § 1.1 sobre casos excepcionales con {ch} (archivo, archi-) ; algún caso
aislado con /9/ debido a calco del francés, como selacio, trocisco, batracio (deberí a
ser *batraqueo < l3a1páXELOC;) , cf. García Yebra, 1999, s. v.
22 Se ha perdido la hache en casos como armonía, arpía, endecasílabo, etc. En in-
terior de palabra se pierde, excepto en algún caso aislado como an-hídrido (con esta
grafí a irregular ya en inglés y francés).
68 Los helenismos del español
mocracia (y otras como aristocracia, plutocracia, etc.), m;pmtLElO >
peripecia, llav"!Ela > quiro-mancia, carto-mancia, etc.; se trata de ca-
sos en los que la terminación se ha asimilado a la de tantos cultismos
latinos - también nombres de abstractos - acabados en -acia, -ecia,
-icia, -ocia, -ucia, -ncia: gracia « gratia), justicia « iustitia), argu-
cia « argutia), ciencia « scientia), etc. 23 .
Finalmente, la digamma (/w/) , letra y fonema desaparecidos muy
pronto del jónico-ático, no figura en ningún helenismo español ; tan
sólo se plantea el problema de su transcripci ón cuando se trata de tex-
tos micénicos o de inscripciones di alectales arcaicas, en cuyo caso se
suele transliterar como {w} (wa-na-ka, gr. clásico etc.).
§ 6.4. CONSONANTES DOBLES
> {x}. Ejemplo: > tóxico
> {j}. Ejemplo: > paradoja.
En principio - y prescindiendo de algún semi cultismo temprano
como tósigo « - , encontramos la transcripción con {j } en
palabras incorporadas antes del siglo XVII, época en que se consumó
el paso de 121 y ISI a la fricativa velar actual Ix! (cf. 1.2); tal es el caso
de palabras como paradoja, paralaje, apoplejía, algunos nombres
propios, etc. Pero hay que contar, por un lado, con muchas vacilacio-
nes en la grafia por lo menos hasta 1825 (por ejemplo, durante todo el
siglo XVIII se sigue escribiendo Xenofonte « 2EVO(j)WV) en vez del
moderno Jenofonte, Alexandro, etc.) 24. Por otra parte, también ha po-
dido haber alguna que otra refección debida al influjo culto latino, co-
mo en ortodoxo (documentado ya en el XVI ; esperaríamos ortodojo,
23 Son cultismos pues el resultado popul ar era justeza, pereza, etc. En algunos
nombres propios y genti licios nos encontramos con el mismo fenómeno con las se-
cuencias -atoe; (Melando, Eustacio; pero en cambio corintio) y -TUOe; (ricio < Tl-
TUÓe;), cf. F. Gali ano, 1969, § 88 Y 98, para otros casos.
24 Cf. Lapesa, 198 1, 423.
Clasificación de los helenismos españoles ... 69
como quería Unamun0
25
). Todo ello explica que algunas raíces o in-
cluso palabras griegas tengan una doble transcripción en español,
como ocurre con paradoja/ortodoxo (gr. «opinión»), Jenofonte
y xenofobia «extranjero»), paralaje y paralaxis, apoplejía y
cataplexia.
- 'V > {ps}. Ejemplo: au,o'Vía > autopsia. En posición inicial la
grafia suele simplificarse en {s}: seudópodo, (P)sicología,
etc. (cf. § 4.2)
- C > {z} (ante timbre lal, 101, luI) . Ejemplo: piCa > poli-rrizo,
rizó-podo
> {c} (ante timbre lel, li/). Ejemplo: > céfiro.
En algunos pocos casos, por influjo de la grafia griega o de la
transcripción latina, se transcribe como {z} ante vocal lel, lil: Zeus,
zeugma, enzima, etc. (cf. § 1.3). Por lo demás, incluirnos aquí la C
griega entre las «consonantes dobles», como es tradicional hacerlo,
aunque su pronunciación haya conocido diversas variantes a lo largo
de la historia del griego antiguo, hasta convertirse en el moderno en
una simple si lbante sonora IzI (cf. § 1.3 y § 3.4)26.
§ 6.5. C ONSONANTES GEMINADAS
En los helenismos del latín las geminadas se conservaban siempre
(grammatica, etc.), entre otras cosas por el valor distintivo que tenían
en voces indígenas: summus «altísimo»1 sumus «somos», annus «año»1
anus «vieja», etc.; por prurito etimologizante se han conservado tam-
bién en varias lenguas europeas (fr. grammaire, ing. grammar, etc.),
aunque en el caso del itali ano (grammatica) la geminación se pronun-
cia de forma efecti va. Pero dado que el español ha eliminado - o ca-
25 Cf. Lodares-Salvador, 1996, 242.
26 Cf. Lejeune, 1972, § 102-108, sobre el ori gen y pronunciaci ón de también
Theodorsson, 1979.
70 Los helenismos del español
si - todo rastro de la geminación heredada del latín, las geminadas
griegas, con buen sentido, se han simplificado en la pronunciación y
en la escritura:
• A,UKlOllÓ<; > aticismo
l1t1tLKÓ<; > hípico
ÉKKAT)ma > eclesi-ástico
ypal.ll.lauKi¡ > gramática
¡3Ai:vva «mucosidad» > bleno-rragia
CíUAAOytcrI.lÓ<; > silogismo
m:ptcrcró<; «impar» > periso-dáctilo
Los grupos -.e-, -mp- y -KX-, que suelen ser resultado de una ge-
minación de tipo expresivo, también se simplifican, ateniéndose a la
transcripción que corresponde a la oclusiva aspirada: Lampro > Sajo,
sáfico; BaKXLKóc;, BáKxm > báquico, bacantes; nneEtx; > Píleo.
La excepción la constituye la {rr} intervocálica, debido a que, en
español, en esa situación se da la oposición con valor distintivo, fo-
nológico, entre Irl y fiI (pero/perro) 27 :
TIúppo<; > Pirro, pírrico [lat. Pyrrhus] / 1tUpó<; (gen. de 1tíJp
«fuego») > piró-mano.
Recuérdese, por otra parte, que la grafia {yy} no representa en
griego una geminada (sí en latín: agger), sino que es la forma con-
vencional de representar la combinación del archifonema !NI ante una
oclusiva velar (como en EYKUKAOC;, de EV + KÚKAOC;; o en EYXELpÉCO,
de EV + XEÍp). De ahí la transcripción por {ng} en todas las lenguas,
latín incluido: aYYEAoc; > lat. angelus > ángel.
Estas son las normas que afectan a los cultismos derivados del
griego clásico 28 . En cuanto a la transcripción del griego moderno
27 ef. Alarcos, 1965, § 104-106.
28 Para otras combinaciones de consonantes, cf. supra, § 4; Y también F. Galiano,
1969, § 105-136 Y 1967, § 71-73.
Clasificación de los helenismos españoles ... 71
- que afecta básicamente a nombres propios, pues los préstamos de
esta fase de la lengua griega en español son escasísimos 29 - , es asun-
to que no vamos a tratar aquí. Diremos si mplemente que, como es ló-
gico, se suel e seguir un sistema distinto al que hemos visto, refl ejando
la pronunci ación moderna de la lengua (así Kaf3á<pT]<; = Cavajis o
Kavajis, = Jatsidakis , 0WbWpáKT]<; = Zeodorakis, etc.);
como límite entre ambos sistemas se suele tomar como referencia el
Diyenís Akritas ' AKpt-ra<;), poema épico del siglo X-XI d.
c., considerado como el primer testimonio de la literatura neogri ega,
aunque el límite de aplicación entre un sistema y otro por fuerza ha de
tener algo - o mucho- de arbitrario 30.
§ 6.6. CONVERGENCIA u HOMONIMIA
En virtud de los principios recién expuestos, es lógico e inevitable
que se den casos de convergencia fónica y gráfica (homonimia) 31 en
castell ano de palabras o lexemas gri egos claramente distintos, con los
consigui entes problemas para el no iniciado; pues si en el caso de
palabras españolas corrientes el contexto suele despejar cualquier
ambigüedad (¡Qué cara [tienes]! /¡Qué cara [es esta camisa]!) , los
compuestos y derivados de origen griego pueden resultar más pro-
blemáticos: así, por ejemplo, cenotajio y cenozoico, tanto por ser voces
técnicas o poco frecuentes, como por carecer el español del correlato
simple de sus lexemas homónimos, de forma que en principio al ha-
blante común o incluso al culto ceno- «no le suena a nada» (esto es,
29 Caso aparte es el de los bi zantini smos, llegados al español medieval general-
mente por vía oral; ver § 9.2.
30 Véanse las normas de transcripción propuestas por Goyita Núñez en su versi ón
española de la Historia de la literatura griega moderna de L. Politis, Madrid, 1994,
pp. 13- 15. Cf. tambi én Bádenas ( 1984) y Egea (1991-92).
31 El término «homofonía» se reserva para aquellos casos en que dos palabras,
aunque suenan igual , se escriben de fonna di sti nta: por ejemplo, en español, vo-
tar/botar.
72 Los helenismos del español
por lo demás, un problema general de los helenismos, convergentes o
no). Sirvan como ejemplos de homonimia lexemática los siguientes:
KEVÓC; «vacío» > ceno-tafio
KOlVÓC; «común» > ceno-bio
Kawóc; «reciente» > ceno-zoico
cpíA.oC; «amigo, aficionado» > biblió-fiIo
cpÜA.oV <<tribu, linaje» > filo-génesis
cpÚAA.oV «hoja (vegetal)>> > filo-xera
Illx;, jlUÓC; «músculo, ratón» > mio-cardio
jlÚW «cerraD> > mi-opía 32
jlElOV «menos» > mio-ceno
K&A.oV «colon (parte del intestino)>> > cólico
XOAi] «bilis» > melan-cólico, col-esterol
yovi] «creación» > cosmo-gonía
ywvia «ángulo» > gonió-metro
O{KOC; «casa» > eco-nomía
lixro «eco, resonancia» > eco-grafia 33.
Este tipo de homonimias pueden provocar a veces curiosos ma-
lentendidos, como es el caso de policlínica, compuesto moderno que
en su día (a principios del siglo XIX) se acuñó en alemán con el senti-
do de «hospital ciudadano» (de 1tÓA.t¡; «ciudad»); pero en algún mo-
mento a su primer elemento se lo asoció con el elemento poli- « 1tO-
A.ÚC; «mucho») tan frecuente en los helenismos modernos (polígrafo,
polígono, etc.), y así hoy en día una policlínica es un «estableci-
miento privado con diversas especialidades médicas y quirúrgicas»
(DRAE) 34.
32 Aquí no se puede hablar, en sentido estricto, de «convergencia de lexemas»; pe-
ro en la práctica, al no saber el hablante común dónde hay que cortar el compuesto
(mio-cardio/mi-opía), el resultado es el mismo.
33 Más casos, aunque no siempre bien explicados desde el punto de vista lingüísti-
co, en Quintana, 1997, 29 ss.
34 ef. Janni , 1994, 132.
Clasificación de los helenismos españoles ... 73
Un caso especial, aunque poco frecuente, sería el de algunas pala-
bras que ya en griego, partiendo de orígenes etimológicos distintos,
presentaban en su raíz la misma secuencia de vocales y consonantes,
diferenciándose sólo por el acento o por la terminación gramatical (o
por ambos), y que lógicamente también convergen como lexemas de
compuestos modernos, como es el caso de:
oupov «orina» > uró-Iogo
oupá «rabo, cola» > an-uro, uro-delo
Es, en fin, rarísimo que se dé la homonimia total entre dos pala-
bras tomadas del griego (escolio «comentarío erudito» < crxó'ALOV/
escolio «poema simposíaco griego» < crKÓ'ALOV); o entre dos com-
puestos castellanos modernos - y no sólo en uno de sus formantes,
como en los casos anteriores - , es decir, casos como homofilia (<<afi-
nidad -q>l'Aía- entre personas del mismo sexo») y homofilia (<<paren-
tesco genético -q>ü'Aov- entre dos organismos»).
§ 6.7. PRINCIPIOS DE ACENTUACIÓN DE
LOS HELENISMOS CULTOS ESPAÑOLES
DeCÍamos antes que en los helenismos cultos españoles hay que
contar con un paso intermedio, efectivo o teórico, por el latín. Una de
las consecuencias de esta mediación es la que afecta a la acentua-
ción 35. Es bien sabido que el acento latino, a diferencia del griego o el
español, no era «libre», sino que estaba rígidamente condicionado por
la configuración prosódica de la penúltima sílaba: si ésta tenía vocal
larga, diptongo o era sílaba trabada, recibía el acento y por tanto la
palabra era llana; si tenía vocal breve y no era sílaba trabada, el
acento se desplazaba a la antepenúltima, siendo esdrújula la palabra;
no había palabras agudas, ni sobresdrújulas. Los cultismos españoles
de origen latino han conservado en general el acento clásico:
35 Algo sobre los préstamos y la acentuación (en general) en Deroy, 1980, 243-44.
74
bellicosus > belicoso
meritum > mérito
momentum > momento
Los helenismos del español
Recuérdese que, en el caso de los sustantivos de la tercera decli-
nación latina, la fonna española deriva de la fonna del acusativo, con
o sin pérdida ulterior de la vocal final :
veritiitem > verdad(e)
perversionem > perversión( e)
amantem > amante
Pues bien, al adoptar las palabras griegas, el latín culto se atenía
de fonna escrupulosa a sus propias tendencias acentuales, y ello ex-
plica la acentuación regular española:
¡pumoAóyoc; > physiologus > fi siólogo
> problema > problema
1tpóYPullllu > prográrnma > programa
yiyuC; , ac. yiyuV't'u > gigántem > gigante
Un caso especial es el que constituyen las palabras cuya penúlti-
ma vocal era breve e iba seguida de una oclusiva más una «líquida»
(/1/, Ir/) o nasal (ImI, In/). Ya se ha visto en § 4.5 que en griego había
diferencias en la silabación de esas secuencias, considerándose en
unos casos como sílaba trabada y en otros como sílaba libre. En latín
parece que la silabación de los grupos de oclusiva seguida de 11/ o Irl
era en general como en español (es decir, como en ca-ble, pie-dra,
etc.), en cuyo caso el acento, de acuerdo con las leyes latinas antes
expuestas, debía ir en la antepenúltima sílaba: génetrix, cáthedra, ín-
tegrum, etc. La escansión de los textos métricos apoya esta idea; sirva
como ejemplo el hexámetro con que empieza el De rerum natura de
Lucrecio: Aeneadum genetrix ... (dos dáctilos y la mitad del tercero).
Ahora bien, todos los indicios apuntan a que en el latín popular ese
tipo de palabras se pronunciaban como llanas, como demuestra su
Clasificación de los helenismos españoles ... 75
evolución al español (cathedra > cadera, integrum > entero, tene-
brae > tinieblas), cf. también § 7.1 (sección 9).
Pues bien, en el caso de los helenismos en los que aparecen di-
chas secuencias, esperaríamos la acentuación esdrújula propia del la-
tín culto, y así ocurre en una gran parte de los casos (cf. , por ejemplo,
todos los compuestos esdrújulos en ':'metro < JlÉ'!pov: cronómetro, pe-
rímetro, etc. ; nombres propios como Sófocles, etc.). Sin embargo, no
son pocos los casos en que se da la acentuación llana: hemiciclo, te-
traedro; y especialmente en nombres propios como Pericles, Cleo-
patra, Meleagro, Patroclo, etc. 36
Esto por lo que se refiere a los grupos de oclusiva seguida de 11/ o
Ir/. En cuanto a los grupos con 1m! o In!, ya en griego tenían una
fuerte tendencia a constituir sílaba trabada; grupos como YJl , yv, 8Jl,
8v siempre se comportaron así, mientras en otros casos (como KV en
'!ÉKVOV) es más frecuente que se sientan como sílaba no trabada. Por
lo que hace al latín y al español, semejantes combinaciones habrán de
considerarse siempre como sílabas trabadas, y por tanto la acentua-
ción normal será la llana, como en equidna (EXt8va), tetradracma ('!E-
'!pá8paXJlo<;), o en nombres propios como Menecmo, Teognis (0Éoy-
Vt<;), etc.
Pues bien, dejando aparte este problema especial de los grupos de
oclusiva seguida de «líquida» o nasal , la acentuación culta latina será
la norma por la que - salvo excepciones e incongruencias más o me-
nos numerosas que iremos viendo- se rige la acentuación de los he-
lenismos cultos españoles. Dos consecuencias saltan a la vista: la pri-
mera es el aumento muy considerable de esdrújulos en el caudal léxico
español, ya comentado brevemente en § 5; aunque en ciertos casos de
vocales en hiato, el español tiende naturalmente a diptongar (cf. lat.
36 Cf. F. Gali ana, 1969, § 168, que defiende la generalización de la acentuación
llana en este tipo de nombres propi os (aunque puede parecer incongruente promover
una acentuación para los nombres propios y otra esdrújula - como en cronómetro-
para los comunes).
76 Los helenismos del español
iudice > júez > juez), con lo que la palabra esdrújula se convierte en
llana: Iliada/Ilíada, amoniaco, zodiaco, olimpiada, etc. 37.
La segunda consecuencia es la ausencia casi total de helenismos
con acentuación aguda; el único grupo de cierta importancia son los
sustantivos de tema en -COY, como Platón (gen. IlAá'tcovoC;, lat. Plato-
nis), Solón, Partenón, quitón, etc., cuyo acento agudo se ha extendido
a veces analógicamente en español a temas en -ov como Jasón (gen.
'IácrovoC;), Ixión, Hiperión y otros. Aparte de este grupo, hay algunas
excepciones aisladas, que se pueden explicar por su origen peculiar
(diapasón > oLá rtacr&v sc. 'tOv&v «a través de todos [los tonos]»),
por influencia de la acentuación francesa (cf.infra) o por otras razo-
nes, como dragón (gr. OpáKCOV, OpáKOV'tOC;) y león (gr. )J;cov, )J;ov-
'tOC;), que se explican por haber tomado esas palabras ya en latín las
formas draco, -onis y leo, -onis); y tampoco hay que olvidar, en gene-
ral, la abundancia de la terminación -ón en español, siendo en cambio
inusitados los finales en -on.
En todo caso, no deja de resultar curioso, aunque comprensible,
que una lengua como el español, con acento libre en cualquiera de las
tres últimas sílabas
38
, renuncie por este tipo de razones históricas, im-
puestas por la prosodia latina, a incorporar palabras agudas a su cau-
dal léxico; con ello el desequilibrio es enorme entre el porcentaje de
agudas en griego (bastante elevado) y el que hay en el vocabulario
español de origen griego (prácticamente nulo, si prescindimos de nom-
bres propios) 39.
37 cr. F. Galiano, 1969, § 144; García Yebra, 1999, s. v. -iaco, sospecha que hay
influencia francesa en la tenninación -iaco, en vez de la etimológica -íaco.
38 Aunque la mayoría de los agudos en español son «tardíos», pues en latín no ha-
bía: proceden de la pérdida de -e en canción(e), capita/(e), amarre), partir(e), etc.; de
locuciones perifrásticas como en cantaré, cantará; de la productividad de sufijos pro-
pios como cabez-ón, etc.; todo lo cual supuso una reorganización de la prosodia espa-
ñola.
39 cr. A. García Calvo, en el prólogo a su versión de la Iliada, Zamora, 1995, p.
49; el propio García Calvo ha intentado, en los nombres propios, contrarrestar algo di-
cha tendencia con audaces transcripciones como Heraclés CHpaKAfí<;), Patroclés,
Letó, Sajó (l:ampw).
Clasificación de los helenismos españoles ... 77
§ 6.7.1 . Incongruencias en la acentuación
Respecto a las incongruencias en la acentuación de cultismos
griegos (para los helenismos populares o semicultos, que han podido
sufrir diversas alteraciones acentuales, cf. § 7.1, secc. 9), se trata a
veces de excepciones sin más, debidas a simple descuido o a razones
coyunturales de otro tipo. Ahora bien, hay ciertos fenómenos que me-
recen comentario por afectar a sufijos determinados o a compuestos
muy productivos.
Uno de los más notables es el que afecta al sufijo -ia para formar
abstractos femeninos, donde observamos una situación francamente caó-
tica (también en los nombres propios, cf. F. Galiano, 1969, § 73-74):
en unos casos nos encontramos con la acentuación esperada (0T]1l0-
Kpa'tia > lat. democratia > democracia, allVT]cria > amnesia, {cr'topia
> historia), en otros muchos se acentúa aparentemente «a la griega»
haciendo caso omiso del latín (qnAocroepia > lat. philosóphia > filoso-
fia, eplAoAoyia > filología , óp90ypaepia > ortografia) . Y en el caso
especial de los sustantivos en -Eta, que deberían terminar siempre en
-ía (a través del latín -ia, con Ii:/), ocurre lo mismo, tenemos trans-
cripciones correctamente acentuadas (¿;>."gyEta > elegía, ¿1tlepaVEta >
epifanía) junto a otras en principio injustificadas (9Epa1tEta > terapia,
llav'tEta > quiro-manciaro.
Desde luego, dada la importancia y frecuencia de esta terminación
-ia, es lógico que haya habido en las lenguas modernas influjos ana-
lógicos o igualaciones entre los dos grupos, así como con los cultis-
mos latinos (formados en latín con el mismo sufijo indoeuropeo - ial
-üi), como malicia, milicia, justicia (y sus correlatos vulgares en -eza:
justeza, maleza), soberbia, audacia, etc. Y así en otras lenguas se ha
impuesto una regularidad más o menos estricta: en italiano este tipo
de helenismos acaban casi siempre en -ía (democrazía, filosofia, ele-
40 Algo parecido pasa con telescopio (debería ser telescopío) y otras palabras en
-scopio, seguramente por influj o de las que terminan en scopia (como estetoscopia, ef.
gr. -crK01tla).
78 Los helenismos del español
gía, terapía, frente a milizia, audacia); en francés, como era de espe-
rar, en -i(e) (phi/osophie, prono [filozofí], etc.); lo mismo en alemán;
en inglés, de acuerdo con sus tendencias acentuales, resultan siempre
esdrújulos (phi/ólogy, élegy, thérapy, demócracy) . Frente a esta re-
gularidad, resulta desconcertante el caos del español; de todos modos,
la posible explicación histórica de esta vacilación se verá al hablar del
sufijo -ía (§ 12.2. 1.9).
Hay muchos otros casos de palabras aisladas, cuya mala acentua-
ción hay que achacar bien a simple incuria o ignorancia de quien la
puso en circulación, bien a influjos «perversos» de la acentuación de
otras lenguas, ante todo la francesa (lo que para algunos sería otra mo-
dalidad de incuria). Por una razón o por otra, son bastante numerosas
las palabras y nombres propios de origen griego que andan acentual-
mente «desfigurados» en español. En unos casos se trata de llanas que
deberían ser esdrújulas, como por ejemplo anatema, anodino, ateo, ba-
tiscafo, cancerbero, diatriba, esqueleto, monolito, prototipo, Doroteo,
Edipo, Elena, Esqui/o, Timoteo. También frecuente es el caso inver-
so, debido sobre todo a la pedantería esdrujulista (a veces puede de-
berse a imitación de la acentuación griega): así, entre otras muchas,
polígono, teléfono y demás compuestos en -fono (dictáfono, gramó-
fono, alófono, etc., pero en cambio interfono), síntoma, filántropo,
cerámica, plétora, Arquímedes, Heráclito, Arístides; en muchos casos
el DRAE registra con buen sentido las dos formas, llana y esdrújula,
así en atmósfera, cíclope, exégesis, exégeta, ósmosis, políglota, etc.,
que deberían ser todas llanas.
También, como ya se dijo, hay un pequeño grupo de helenismos
agudos en los que hay que suponer también el influjo francés (lengua
que, como es bien sabido, acentúa siempre la última sílaba): acmé,
argón, electrón, fotón (cf. § 12.2.1 sobre -ón y -trón), enquiridión,
odeón, neón, orfeón, panteón, frenesí, peroné y algunos otros.
Tampoco falta algún ejemplo de lo que García Yebra clasifica co-
mo «acentuación de élite», es decir, que una palabra reciba su acento
en español dejándose llevar no por la pronunciación real en francés,
como en los ejemplos agudos anteriores, sino por la ortografia de esa
Clasificación de los helenismos españoles ... 79
lengua, en la que el acento agudo no tiene una función prosódica sino
fonológi ca (distingue, en sílaba abierta, la lel cerrada de la lel muda):
así se explica un helenismo como catéter, que debería ser agudo
« gro genitivo Ka6E1iípoc;, lat. gen. catheteris), pero que ha sufrido la
influencia gráfica de fr. cathéter (que suena [katetér]) 41 •
Mucho se ha discutido sobre la conveni encia o no de restaurar
acentos que llevan a veces varios siglos mal colocados (<<mal» en re-
lación a las normas antes expuestas de paso por la prosodia latina);
las posturas van desde la política de hechos consumados (la más fre-
cuente: es la más cómoda) hasta el integrismo etimológico más furi-
bundo. Hay quien piensa que muchos de estos «desagui sados» aún
tienen remedio; de hecho, el libro de Manuel Femández Galiano so-
bre los nombres propios tuvo un efecto beneficioso considerable en
este sentido, ayudando a desterrar casi por completo y en pocos años
algunas transcripciones bastante horrísonas; y las recomendaciones en
diccionarios o gramáticas diversos (María Moliner, DRAE) también
han tenido su efecto, lento pero seguro, en algunas palabras. Es evi-
dente que en muchos casos es imposible la corrección: por ejemplo,
un cultismo como teléfono está tan instalado en el idioma cotidiano
de las gentes que sería absurdo querer reformarlo a estas alturas (aun-
que ese no es el caso de alófono, por ejemplo). Pero lo cierto es que
buena parte de los helenismos mal acentuados siguen siendo cultis-
mos de difusión limitada, a veces tecnicismos desconocidos para el
no especialista, y por eso mismo susceptibles de reforma «desde arri-
ba»; y puesto que fueron los doctos de otros siglos, o de éste, los res-
ponsables de ponerl os en circulación, debería - dirán algunos- ser
responsabilidad de los sabios de ahora deshacer algunos de estos en-
tuertos.
Claro que el asunto es bastante peliagudo por lo que se refiere a la
influencia francesa, que hemos visto que es la responsable de una
41 ef. García Yebra, 1999, 38; en su di ccionario, en la parte correspondiente a
«gali cismos prosódicos» (p. 3 1-98), se encontrará una cantidad considerable de hele-
nismos (la mayoría pertenecen a la categoría de palabras llanas que deberían ser es-
drújulas).
80 Los helenismos del español
gran parte de esas acentuaciones «incorrectas». Y es que parece lo
más natural asumir el papel de intermediario del latín en la adaptación
de los helenismos españoles, con las consecuencias prosódicas que
hemos visto; sin embargo, se diría que el pecado de galicismo es mu-
cho más inconfesable que el de latinismo, por razones históricas y
psicológicas en las que no vamos a entrar aquí. Así, nadie se rasga las
vestiduras de que, por influencia latina, digamos lógico y no logicó
(gr. AOytKÓC;), pero hay quien se escandaliza de que, por influencia
francesa, digamos anodino y no el «correcto» anódino (reduciendo de
este modo, dicho sea de paso, el número de helenismos esdrújulos, cf.
§ 5). Aun reconociendo las ventajas evidentes que ofrece la transcrip-
ción regular a través del latín, así como el hecho innegable de que
muchas de esas acentuaciones galicadas se deben a simple ignorancia
o incuria de nuestros escritores, ¿no encubre esta actitud purista un
profundo complejo de inferioridad respecto del francés, cuyo influjo
en nuestra lengua, por lo demás, ha sido abrumador a lo largo de mu-
chos siglos de la Historia?
Quede claro, en todo caso, que la eventual restitución de acentos
sólo habría de afectar a los cultismos más o menos recientes, nunca a
helenismos patrimoniales que han sufrido en épocas remotas un cam-
bio de acento por razones diversas (como cadera < cathedra, llana ya
en latín vulgar, cf. § 7. 1, secc. 9; casos de etimologías populares, etc.);
pues esta parte del léxico no es susceptible de regulación desde arri-
ba, y en todo caso eso sería tan absurdo como querer restaurar ahora
la prosodia latina.
§ 7. HELENISMOS PATRIMONIALES Y SEMICULTISMOS
Pasamos ahora a ocuparnos de un grupo, relativamente reducido,
de helenismos españoles que no pertenecen a la categoría del cultis-
mo, sino a la de las voces patrimoniales y a la de los semi cultismos.
V o c e s p a tri m o n i a 1 e s son aquellas que, heredadas directa-
Clasificación de los helenismos españoles ... 81
mente del latín vulgar habl ado en Hi spania, han evolucionado a lo
largo de siglos hasta dar al castell ano la fisonomía que le es propi a
entre las lenguas románicas, como ojo, bueno, comer, dentro, esto o
así; hay pocos heleni smos que puedan incluirse con seguridad en esta
categoría, sobre la que, por otra parte, no siempre hay acuerdo entre
los estudiosos del español.
S e m i c u I t i s m o s son aquellas palabras que, entradas en el idio-
ma por vía culta (es decir, generalmente escrita) en una época tem-
prana, han sufrido parte de los fenómenos fonéticos propios del ro-
mance español, pero no todos, pues la presión culta del latí n - lengua,
no lo olvidemos, que ha servido de intermediaria entre griego y espa-
ñol a lo largo de toda la Edad Media y en buena medida tambi én
después - ha obrado como freno de dicha evolución, restituyendo
además con mucha frecuencia formas cultas y haciendo desaparecer
las semicultas
42
• El número de helenismos en esta categoría es consi-
derable, la mayor parte acuñados en época medieval, y ello por dos
razones: la primera, porque en esa época el prurito cultista en la es-
critura era mucho menor de lo que habria de ser después, especial-
mente del siglo XVIII en adelante; la segunda, porque la mayoría de
los fenómenos fonéticos de que se hablará a continuación estaban
plenamente vigentes en la Edad Media, por lo que resultaba difici l in-
cluso para palabras tan privilegiadas como éstas salir indemnes de su
paso por labios castellanohablantes. En muchos casos asistimos du-
rante los siglos XIll-XV, e incluso más tarde, a la coexistencia en espa-
ñol de variantes cultas y semicultas de una misma palabra (por ejem-
plo, baptizar y bautizar, epitafio y pitafio, etc.), hasta que acaba por
prevalecer una de las dos; o coexiste un semicultismo con la forma
plenamente patrimonial (bautizar junto a la patrimonial batear; eglesia,
iglesia como formas semicultas junto a las más evol ucionadas igrexa,
igreja, y junto a un cultismo puro como eclesiástico), con el mismo re-
42 Ver Lüdtke, 1974, § S.3.4., donde se mati za esta divi sión tripartita tradi cional
(voces etimológicas o patrimoni ales, semiculti smos y culti smos) que utili zamos aqui .
82 Los helenismos del español
sultad0
43
. En este apartado, como de lo que se trata es de ilustrar
con ejemplos los fenómenos fonéticos romances, trataremos indistin-
tamente sernicultismos y voces patrimoniales.
§ 7.1. TIpOLOGÍA DE CAMBIOS FONÉTICOS
Para lo que aquí nos interesa, podemos distinguir los siguientes
tipos de cambio fonético 44:
a) Asimilación: un sonido o clase de sonidos adopta un rasgo fonéti-
co (modo de articulación, punto de articulación) presente en un
sonido o sonidos vecinos. Será asimilación regresiva (o anticipa-
ción), cuando es el segundo sonido el que transmite el rasgo foné-
tico al primero, como en este caso la sonoridad:
EKKATlma > lat. ecclesia > eclesia > iglesia;
y asimilación progresiva (o dilación), el caso contrario, también
aquí con la sonoridad:
EV"Cu¡30C; > endibia 45;
ambos tipos se dan al mismo tiempo en el caso de la sonorización
de consonantes sordas intervocálicas - todas las vocales son por
definición sonoras - , como en:
lat. clericus (de KAi;poc;) > clérigo
páq>avoC; > lat. rapanus > rábano
cmo61ÍKTl > lat. apot(h)eca > bodega;
43 El francés del siglo xvn también sufrió numerosos «retoques» para acercar grá-
ficamente detenninadas palabras a su origen latino (así e/aire, antes e/er; doigt, antes
doit, etc.), cf. Deroy, 1981 , 124.
44 Seguimos fundamentalmente a Lloyd, 1993, 9-15; puede verse también ellibri-
to de J. Jiménez ( 1993) recogido en la bibljografia.
45 Ver DCECH, s. v.; es dudoso que la fonna española venga realmente del griego
(a través del latin).
Clasificación de los helenismos españoles ... 83
un caso especialmente importante de asi milación es la palatali za-
ción, responsable en buena medida de la reorganización del siste-
ma consonánti co romance; consiste en que una consonante adopta
el carácter palatal de un sonido vecino, generalmente una lil o Iy/,
ll egando a veces a absorberl o por compl eto, como en:
1tA,u·n:iu > lat. platea > *pl at ia > plaza (antes pla(:a)
1tÓCtOv > lat. podium > poyo, pueyo;
tambi én las geminadas latinas podían convert irse en pal atales sim-
pl es:
KávvUPlC; > *cannamus > cáñamo;
b) Disimilación: un sonido pierde un rasgo articulatorio que com-
parte con otro vecino para parecerse menos a él (como en 13U1t'tL<J-
> bautismo, o en > lat. marmor
46
> mármol) ; otras
veces el sonido di similado desaparece por compl eto, como en el
caso de la simplificación de geminadas, de otros grupos consonán-
ti cos o la desapari ción de consonantes intervocálicas:
EKKA,llcríu > lat. ecclesia > eclesia
1tpoyvwcrnKóv > lat. prognosticum > pronóstico
1tUpáCElcrOC; (or. persa) > lat. paradisus > paraíso;
la dismil ación también puede producirse a di stancia, como hemos
visto en el caso de mármol, o como ocurre con la segunda IdI , di -
similada a di stancia por la primera y suprimida en:
Ku8Écpu > lat. cathedra > *cadedra > cadera;
c) Metátesis: simpl e si es un solo sonido el que cambia de posición
en la palabra (como en la pronunci ación vulgar prespectiva, en
46 Ver § 8, sobre el parentesco y la posi bl e dependencia entre la palabra gri ega y
la latina.
84 Los helenismos del español
vez de perspectiva), recíproca si son dos sonidos los que inter-
cambian su posición, como en:
1tapa¡3oAlÍ > lato parabola > palabra
yAuKúppl1;a > lato liquiritia > regaliz(a);
d) Síncopa: es la pérdida de un sonido o de varios en el interior de la
palabra. Podemos distinguir aquí la síncopa de vocales postónicas
y protónicas, fenómeno general en el paso del latín al español:
EP1WOC; > lato vg. éremus (postón.) > yenno
EP1WÍ'tTlC; > lato eremíta (protón.) > ermita
olá¡3oAoC; > lato diábolus (postón.) > diablo;
la síncopa puede afectar de rebote a una consonante, al quedar en
una situación que dificulta su articulación:
E1tícrK01tOC; > lato episcopus > obispo;
e) Apócope: es la pérdida de algún elemento al final de la palabra,
como en:
C11tÓcrToAoC; > lato apostolus > apóstolo (Berceo) > apóstol 47 ;
f) Aféresis: es la pérdida de elementos fónicos en principio de pala-
bra, muchas veces por deglutinación por parte del artÍCulo (como
en el lumbral > el umbral); así tenemos aféresis de la vocal inicial
en:
(l1to9lÍKr¡ > lato ¡¡la apotheca > la bodega
> lato apozema > pócima;
g) Prótesis: adición de algún elemento a principio de palabra, muy
frecuente en español para permitir la silabación de ciertos grupos
47 Sobre la importancia de este fenómeno en relación con la morfología, ver §
11.1.3. Y sigs. Para el posible origen francés o provenzal de apóstol y ángel, cf.
DCECH, s. v. (y también § 9.2.3).
Clasificación de los helenismos españoles .. .
85
iniciales del griego (y no sólo en voces patrimoni ales, sino en to-
das: cf. § 4.2), como en:
CJxot...Íl > lat. schola > escuela
CJ1tá911 > lat. spatha > espada
en algunos casos el grupo consonánti co inici al se funde por palata-
lizac ión en una sola consonante, con lo que no es necesaria la pró-
tesis:
CJKii1tTPOV> lato sceplrum > I; ept ro, cetro;
h) Diferenciación: cuando se rompe la continuidad articulatoria en el
curso de la emi sión de un sonido o grupo de sonidos. Se puede dis-
tinguir aquí entre epéntesis y anaptixis; la primera consiste en la
inserción de algún elemento consonántico nuevo en el interior de
la palabra para facilitar la arti cul ación de un grupo probl emático,
como en
> lat o melimelum > *memrillo > membrill o 49;
aunque a veces ocurre sin razón aparente (se habla entonces de
consonantes intrusas o parásitas), como en estos ejemplos:
q¡áCJllt...OC; > lat. phaseolus > fr ij ol
911CJOUPÓC; > lat. thesaurus > fr. trésor;
se prefiere el nombre de anapti xis cuando es una vocal la que se
inserta en la palabra, como en:
Ta XPOVLKá > lat. chronica > coróni ca (grafía común medi eval y re-
nacenti sta);
48 En realidad se trata de un fenómeno ampli amente atesti guado ya en el latín im-
peri al, cf. Bivill e, 1990-95, 11. 338-4 1.
49 Ver DCECH S. V. membrillo (sobre la posibl e influencia de otras palabras, corno
mimbre) ; tambi én S. v.frijol para la Ir/ «parásita» que se menciona a continuación.
86 Los helenismos del español
un caso especial de diferenciación es la que tiene como consecuen-
cia la diptongación de una vocal, que en español afecta de forma
sistemática a lel , 101 tónicas, convirtiéndose en luel, fiel , respecti-
vamente:
E p ~ o C ; > lat. vg. éremus > *iermo > yermo
ÓPQ><lVÓC; > lat. órphanus > huérfano
KÓ<ptVOC; > lat. cóp(h)inus > cuévano;
i) Alteraciones prosódicas, es decir, que afectan a la posición del
acento, como es el desplazamiento de éste en palabras como:
Ku6ÉOpu > lat. cáthedra > lat. vg. *catédra > cadera;
en este contexto hay que decir que el reforzamiento del carácter
intensivo del acento latino en época imperial (siglos m-Iv) y la
pérdida gradual de la oposición cuantitativa (entre sílabas largas y
breves) tuvo como consecuencia que algunas palabras griegas con-
servaran en latín el acento en su lugar origínal, produciéndose ade-
más abreviamientos de vocales largas átonas (a veces con poste-
rior síncopa), así en
€ P ~ o C ; > lat. ér(e)mus > yermo
dowA.ov > idólum (abrev.) > ídolo 50.
A estos tipos más o menos bien defmidos habría que añadir una
serie de fenómenos cuya explicación no es puramente fonética, sino
que tiene que ver con cruces entre palabras de origen etimológico di-
ferente, pero en las que el hablante común - que no sabe de etimolo-
gías - siente que hay una relación. Así se explica, por ejemplo, la
palabra asco: antiguamente era usgo «odio, tirria» « lat. *osicare, de
odi «odiam), pero la presencia en el idioma del adjetivo asqueroso «
50 Ver en general Biville, 1990-95, I1, 418-19.
Clasificación de los helenismos españoles ... 87
*escharosus < eschara < gr. EO"xápa «costra») provocó la alteración
de usgo en asco, además con un cambi o sensible de significado 51 .
A este tipo de cruces, provocado generalmente por la presencia en
el habla de voces a las que el habl ante no puede relacionar con cl ari-
dad con ninguna otra, se lo suele ll amar «etimología populam o tam-
bién «atracción paronímica», y son bastante frecuentes; baste como
ejemplo el de
KOl¡l1111ÍPl OV > lat. coemeterium > cementeri o (cf. fr. cimitiere),
donde parece que, ya en el latín tardío, se ha relacionado el lexema
(gr. K O l ~ á w «dormir, descansam), sin paralelos en el idioma, con
caementum; el caso de tifón, procedente según parece del portugués
tufao « chino tafong «gran viento»), con deformación por recuerdo
del personaje mitológico Ti fón o Ti foe0
52
; o el muy moderno consis-
tente en pronunciar telesférico en vez de teleférico (que, por cierto,
bien formado serí a telefórico), sin duda por asociación de ideas con
esférico.
§ 8. H ELENISMOS TEMPRANOS EN LATÍN
Hasta ahora hemos visto, por un lado, los principios que han regi-
do la transcripción regular de los cultismos de origen griego al caste-
ll ano, sin entrar apenas en consideraciones cronológi cas (§ 6); por
otro, las alteraciones fonéticas que han experimentado en la Edad
Media aquell as palabras de origen gri ego que estaban al oj adas en el
51 Ver DCECH s. v. asco. Algunos de estos cruces ya se habían producido en latín:
así opEixaÁKoc; > aurichalcum (> esp. oricalco), por influencia de aurum «oro»; lan-
terno (de donde esp. linterna) es posi ble que sea un cruce entre gr. Áaj..L1tT!Íp y lal. lu-
cerna; o panaricium (de donde esp. panadizo), alteración de paronychium (> 1tapw·
vuXía) por influencia probable de panus «absceso», cf. Biville, 1990-95, 11 , 217.
52 Cf. Deroy, 1980, 288, quien señala con razón que esto, más que una etimología
popular, es una deformación «pseudo-savante» (<<seudo-erudita»).
88 Los helenismos del español
latín vulgar hablado en Hispania (palabras patrimoniales) o que se in-
corporaron al romance hispánico en fecha muy temprana, sufriendo al
menos parte de dichas alteraciones (semicultismos) (§ 7). Pues bien,
ahora es momento de hacer alusión a un grupo, relativamente peque-
ño pero históricamente significativo, de palabras de origen griego que
presentan caracteristicas especiales - y son en principio dificiles de
reconocer como helenismos - por haber entrado en el latín por vía
oral y en una fecha muy temprana, anterior al siglo III a. e.
Los contactos de los habitantes del Lacio, y de los pueblos itálicos
en general, con el mundo de habla griega deben de remontarse al 11
milenio a. c., es decir, hasta época micénica, aunque estos contactos
tan tempranos son poco menos que imposibles de demostrar en el
plano lingüístico (ver infra). Lo que es seguro es que las relaciones
del Lacio con el mundo griego se intensificaron enormemente a par-
tir del siglo VIII a. e., época en la que empieza el gran movimiento
de colonización griega por todo el Mediterráneo y asistimos a la fun-
dación de todas las colonias situadas en lo que llamamos la Magna
Grecia (Sicilia y parte meridional de la península italiana).
A partir, pues, de estas fechas, algunos de los términos que anda-
ban en boca de los marinos y colonos griegos empiezan a difundirse
entre las rudas lenguas itálicas (incluidas las no indoeuropeas como el
etrusco), y la lengua de Roma no había de ser una excepción. Y, aun-
que el latín contaba con un alfabeto - adaptado del etrusco- desde
por lo menos el siglo VII a. c., todos los préstamos griegos de que
vamos a hablar penetran en la lengua por vía exclusivamente oral,
adaptándose por tanto a la fonología latina sin ningún tipo de prurito
ortográfico (como será, en cambio, la norma en el latín culto a partir
del siglo I a. C.) y experimentando algunos cambios fonéticos impor-
tantes, hasta el punto de quedar muchas veces enmascarado su origen
griego y ser por ello consideradas por el hablante de la época republi-
cana avanzada como voces puramente latinas, totalmente integradas
en la lengua.
No será hasta los siglos II-I a. e. cuando, embarcados los latinos
en la tarea de forjar una gran literatura escrita sobre el modelo de la
Clasificación de los helenismos españoles ... 89
griega - recuérdese que el comienzo simbólico de la literatura latina
se asocia con la figura de Livio Andronico, a mediados del siglo III a.
C. -, los helenismos empiecen a entrar en tropel en la lengua, pero
casi siempre respetando de forma escrupulosa la ortografia y la pro-
nunciación del griego (aunque no la acentuación, como se ha visto) ,
aun a costa de introducir nuevas letras en el alfabeto y nuevos fone-
mas en el latín de las clases cultivadas (ver § 1 Y 3). Esta actitud ro-
mana hacia los helenismos ha sido de importancia trascendental para
el futuro de todos estos términos en las lenguas europeas, y, como se
ha visto, así se explican las líneas fundamentales que presiden la
transcripción culta de palabras griegas al español (ver § 3 y 6).
Sin embargo, a medida que avanza la época imperial y que el Im-
perio va dando señales de descomposición, encontramos, por debajo
de la transcripción culta, literaria, «oficial», de los helenismos, nume-
rosos testimonios de cómo se adaptaban y pronunciaban realmente
muchas palabras de origen griego en el latín hablado común. De esa
forma podemos constatar, por un lado, la pervivencia de ciertos fe-
nómenos ya conocidos en época preliteraria (antes del siglo IV-III a.
C.), como la conversión de X y e en Ik/ y /tI respectivamente; por otro,
la aparición de fenómenos nuevos en la evolución del latín y también
del griego, como el itacismo o la conversión de <p en Ifl latina.
Lógicamente, aquÍ lo que nos interesa son sólo aquellas palabras
griegas que, entradas en latín en época preliteraria, han seguido utili-
zándose a lo largo de los siglos y están por tanto representadas tam-
bién en español; éstas no son más que un pequeño porcentaje del to-
tal , que en todo caso tampoco alcanza una cifra elevada (quizá unas
150). Para esta cuestión de los helenismos preliterarios en latín, que
plantean problemas arduos tanto de identificación como de cronolo-
gía - estamos hablando de siglos en los que no hay apenas testimo-
nios escritos en latín - y que han sido campo abonado para las hipóte-
sis más fantásticas, seguiremos ante todo el gran trabajo de F. Bivill e,
Les emprunts du ¡aún au greco Approche phonétique, 2 vols., Lovai-
na-París, 1990 y 1995.
90 Los helenismos del español
¿Cuáles son los criterios fonéticos que, sumados a criterios de otro
tipo, como el semántico o la fecha de los primeros testimonios, per-
miten atribuir fecha preliteraria a un helenismo del latín? Fundamen-
talmente se pueden señalar los siguientes:
- sonorización de oclusivas sordas griegas o viceversa, ensordeci-
miento de oclusivas sonoras (se trata de un fenómeno esporádico y
de dificil explicación), como en
yóyypor; > conger (> congrio)
KU!3E¡wáro (<<pilotar una nave») > gubernare (> gobernar);
- las oclusivas aspiradas (desconocidas en latín) pierden su aspira-
ción, quedando reducidas a la sorda correspondiente, como en
clJ.1<POPEtx; > ampulla (diminutivo) (> ampolla) 53
XaJ..áro (<<soltaD» > calare (> calar);
-la C (silbante sonora en época helenística) se reproduce por medio
de una doble /s/ en latín, como en llaCa > massa (esp. masa);
-resolución de ciertos grupos consonánticos griegos, ya sea por
anaptixis (inserción de una vocal de apoyo), ya por eliminación de
una de las consonantes, como en
J.1vii (nombre de una moneda) > mina (> id.)
7tncrávll > tisana (> id.);
- síncopa de vocales breves que siguen a la sílaba inicial acentuada,
como en
!3aAaVElOV > bál(i)neum (con apofonía) > balneum (> baño);
- el fenómeno más característico y mejor atestiguado en los hele-
nismos preliterarios - según Biville afecta a más de una tercera
parte de ellos- es sin duda la apofonía (alteración del timbre vo-
53 Frente al cultismo latino posterior amphora (> esp. ánfora).
Clasificación de los helenismos españoles .. . 91
cálico), que, probablemente a causa del fuerte acento inicial de
palabra, afecta a las vocales y diptongos en interior de palabra 54, y
que es responsable, entre otros muchos, de casos como
EAaíwa > lat. oliva, con 1i :I (> oliva)
Kpatn:ÚAll > crapul a ( > crápula)
(dor.) > mac(h)ina (> máquina)
oxóm:Aoc; > scopulus (> escollo, a través del it. scoglio)
E1tl<JlOAlÍ > epistula (> epístola)
Kman:ÉA111C; > catapulta (> catapulta)
,áAav,ov > talentum (> talento);
- a ello podríamos añadir diversas alteraciones del timbre de las vo-
cales, ya sea en sílaba inicial , caso de
EAatwa > oliva (velarización en contacto con /I/)
> bulbus (> bulbo) (cierre articulatorio);
ya en sí laba interior, por ejemplo la abertura articulatoria en
ayKUpa > lat. ancora (> ancla) (esperaríamos lat. *ancura);
- en el tratamiento de las vocales griegas destaca sobre todo la re-
producción de u siempre por l uf latina (todavía no se había arbitra-
do el expediente de la {y}, pronunciada Iü/, cf. § 3.3), como en
€ > gubernare 55;
- por lo que respecta a los diptongos, en sílaba inicial encontramos
evol uciones di stintas de l oi/ , como en
n:OlVlÍ > poena (> pena 'castigo' )
> punire (> punir. impune. punición) 56.
54 Cf. , en general, Bassol s, 1962, § 122- 128.
55 Directamente del gri ego (a través del ingl és) procede el culti smo moderno ci-
bernética.
56 Cf. Bassol s, 1962, § 104.
92 Los helenismos del español
Como se ve, abundan los términos asociados con el mar y la na-
vegación (conger, gubernare, calare, scopulus, ancora, etc.), como
no podía ser menos teniendo en cuenta que la colonización griega fue
ante todo marítima; también está bien representado el mundo vegetal
y agrícola (oliva, quizá vinum, etc.) y los términos técnicos (catapul-
ta, machina, quizá norma, etc.).
Todos estas palabras pueden adscribirse con mayor o menor segu-
ridad a época preliteraria, antes por tanto del siglo III a. C. ; algunos
investigadores han intentado precisar más la cronología de ciertos prés-
tamos, e incluso ha habido quien se ha empeñado en fechar en época
micénica (n milenio a. C.) un grupo relativamente nutrido de pala-
bras, aunque en general estos intentos no hayan podido ir mucho más
allá de las especulaciones 57.
No menos especulativos han sido muchas veces los intentos de
explicar un helenismo del latín asumiendo el paso intermedio a través
de otra lengua itálica, indoeuropea o no (se trata en todos los casos de
lenguas con testimonios exclusivamente epigráficos, a veces en nú-
mero exiguo, con lo que las posibilidades de demostración son escasí-
simas). Sin pretender entrar en detalle en esta cuestión - entre otras
cosas porque el número de palabras españolas involucradas es míni-
mo-, mencionaremos aquellas casos de lenguas en las que es por lo
menos probable que hayan servido de intermediarias entre el griego y
el latín.
a) E t r u s c o. Como es bien sabido, los etruscos ejercieron una
profunda influencia sobre la Roma primitiva, especialmente entre los
siglos VII y V a. C., siendo, entre otras cosas, su escritura la interme-
diaria entre el alfabeto griego y el latino; por otra parte, los etruscos
habían experimentado una intensa helenización desde muy pronto, así
que en principio nada tiene de extraño que pudieran transmitir cierto
número de helenismos a la lengua latina. Ahora bien, en la práctica,
57 Nos referimos (para los posibles miceni smos) sobre todo a E. Peruzzi , cuyos
trabajos se reseñan y di scuten en Biville, 1990-95, n, 384 ss.
Clasificación de los helenismos españoles .. . 93
son muy pocas las palabras que se pueden atribuir con visos de pro-
babilidad a esta transmisión, y con mucha frecuencia la hipótesis de
una mediación etrusca no ha sido más que la confesión de nuestra ig-
norancia ante palabras de díficil explicación ; «el papel del etrusco en
la transmi sión de palabras griegas al latín se reduce a muy poca cosa,
si nos atenemos a las hipótesis fundadas lingüí sticamente sobre crite-
rios fonéticos o morfológicos» 58 .
Los criterios que pueden apuntar a esta mediación etrusca son
fundamentalmente el ensordecimiento de oclusivas (el etrusco carecía
de oclusivas sonoras), la sustitución de In! por Irl, la confusión entre
101 y lul y la síncopa de vocales breves en interior de palabra. Las pa-
labras que a nosotros nos interesan aquí (por estar representadas en
español) son:
cmupí8a (ac. de cmupíc;) > lat. sporta (con síncopa de lil, ensordeci-
miento de Id! y conversión de Iu! en 10/) (> espuerta) ;
n:póCJwn:ov > etr. rpersu > lat. persona (> persona) 59.
También vale la pena mencionar, aunque se trate de casos bas-
tante más dudosos, los de
yvW¡.lOva (ac. de yvwllwv) > lat. norma «escuadra, regla, regla de
conducta» (con caída de la consonante inicial , sí ncopa de la 101
breve, dismilación de In! en Irl y metátesis de Imrl en IrmI) , de
donde esp. norma.
1l0pq:>11 > lat. forma (al principi o con el sentido concreto de «honna,
molde»), formula, formosus (> esp. forma, horma, fórmula, her-
moso, etc.).
Para otras palabras latinas de origen griego a las que se ha atri-
buido mediación etrusca, pero que se pueden explicar de otra forma
58 Biville, 1990-95. 11 . 482.
59 La relaci ón entre la voz gri ega y la etrusca (que debi ó de ser un tecnicismo con
el sentido de «máscara de teatro») no es demasiado clara; por otra part e, en laL perso-
na es posi bl e que haya habido una asociación de ideas con el verbo per-sono «reso-
nar». cf. DELL, s. v.
94 Los helenismos del español
más lógica (por el origen dialectal griego, por la evolución del propio
latín, por ser préstamos «mediterráneos»), sin recurrir a dicha media-
ción, remitimos a Biville (11, 476-77), donde se discuten casos como
caduceus (> caduceo), cupressus (> ciprés), cisterna (> id.), lanterna
(> linterna), urtica (> ortiga), littera (> letra), etc.).
b) Sí c u lo. Tenemos tres palabras involucradas, aunque, en vista
de lo poco que se sabe sobre esta lengua indoeuropea hablada en Si-
cilia, es muy díficil determinar si el parecido entre una voz latina y
otra griega (del griego de Sicilia) se debe a que el latín la ha tomado
del griego siciliota, sin más; a un préstamo paralelo del sículo al grie-
go y al latín; o a la mediación del griego siciliota entre el sículo y el
latín. Los términos que nos interesan aquí son
KápKUPOV, lat. carcer (> cárcel)
lat. nummus (que ha influido a su vez en numisma <
gr. de donde esp. numismática)
KÚrktov, lat. cubitus (> codo).
c) Il i r i O - m e s a pi o. Las dos palabras griegas representadas
en español que podrían haber llegado al latín a través de este grupo
indoeuropeo son
<páA.A.ULVU > lat. ballaena (> ballena) (lat. ballaena también podría
ser simplemente un préstamo mesapio)
,ÚPPl<; > lat. turris (> torre).
d) Pr é s lam os O r i e n la I es y «m edi le rrá neos ». Con fre-
cuencia se da el caso de que encontremos en griego y en latín palabras
con formas muy similares o incluso idénticas, pero a las que no se pue-
de encontrar ninguna etimología indoeuropea convincente; si estas pa-
labras hacen referencia a objetos y productos que históricamente han
procedido de Oriente o del Mediterráneo oriental, se puede suponer con
cierta verosimilitud que esas palabras se han tomado de una tercera
lengua, y en algunos casos esto se puede verificar en alguna lengua
oriental (fenicio, hebreo, egipcio, etc.), en cuyo caso se habla de «prés-
Clasificación de los helenismos españoles ...
95
tamos ori entales». Cuando no se encuentra ningún punto de apoyo en
otras lenguas, se suele recurrir a un hipotético «sustrato mediterráneo»
que explicaría la presencia de esas palabras en griego y en latín (sin
que sea posible muchas veces determinar si el latín la tomó directa-
mente de dicho «sustrato» o la recibió por mediación griega).
En cuanto a los préstamos «orientales» - algunos de los cuales,
por cierto, caen en realidad fuera del límite cronológico de este apar-
tado - , está claro que muchos han pasado efectivamante a través del
griego, ya procedan de lenguas de la India (como beryllus > berilo,
costum > costo, zingiber > jengibre, etc.), del iranio (como arsenicum
> arsénico, tigris > tigre), del egipcio (como ibis, nitrum, sinapi «mos-
taza») o de lenguas semíticas (sesamum > sésamo, canna > caña,
etc.). En otros casos, en cambio, la mediación griega es dudosa o im-
posible de demostrar, según Biville, como ocurre en
KÓjljll, lat. gummi, cummi (> esp. goma) (origen egipcio)
n:opepúpa, lat. purpura (> púrpura) (origen incierto);
en algunos se impone la conclusión de que se trata de préstamos in-
dependientes en griego y en latín, como en
XncÍ:Jv, lat. tunica (> túnica) (origen fenicio probable).
En el caso de los préstamos «mediterráneos», que carecen de eti-
mología indoeuropea ni camito-semítica, la situación es todavía más
oscura, teniendo en cuenta lo difuso que resulta el concepto mismo de
«sustrato mediterráneo»; lo que no quita para que pueda atri buirse
con cierta verosimilitud este origen a determinadas parejas de pala-
bras griegas y latinas, especialmente si hacen referencia a objetos,
plantas, animales, etc. , que, por su distribución geográfica en el mun-
do mediterráneo, debieron de carecer de designación en el indoeuro-
peo común, y que pudieron muy bien entrar en el griego y en el latín
de forma independiente y en fechas muy distintas (y a veces también
con sentidos algo distintos). Nos referimos a casos como
jllv6a, lat. menta (> menta)
96 Los helenismos del español
Kéopo<; (> esp. cedro), lat. citrus (> esp. cidro, cítrico)
KU1táplaao<;, lat. cupressus (> ciprés)
<JÜKOV, lat.ficus (> higo, hígado, etc.)
1ttX;o<;, lat. buxus (> boj)
Kro[3lÓ<; , lat. gobio, gobius (> gobio, nombre de un pez)
opul;, lat. orca (> orca) (es posible la mediación etrusca)
pUTlÍ, lat. ruta (> ruda, nombre de planta)
o{vo<; , lat. vinum (> vino)
póOov, lat. rosa (> rosa)
Oá<pvl1, A-á<pVll, etc., lat. laurus (> laurel).
Para terminar con este apartado, se pueden mencionar, por un la-
do, algunas palabras latinas que es posible que tengan un étimo grie-
go, pero es imposible demostrarlo de forma categórica; por otro, al-
gunas parejas griego-latín que deben de remontar a una etimología
indoeuropea común; finalmente, una serie de palabras latinas a las
que se ha solido atribuir etimología griega, pero que Biville (ll, 376-77,
para la lista) descarta con razones más o menos fundadas.
En el primer caso estarían voces como gr. ayxóVT), lat. angina (>
angina), gr. 1tÚPYO<;, lat. burgus (muy dudoso; esp. burgo), gr. KÍpKOC;,
KpíKOC; , lat. circus, circa (> circo, cerca), gr. OitÓYYll, cr<¡>ÓYYO<;, lat.
fungus (> hongo). En el segundo, algunas como gr. <pwp, lato fur (>
hurto, furtivo), gr. 1tUAállll, lat. palma (> palma), gr. apáxvll, lat. ara-
nea (> araña) o gr. EVOOYEVr,C;, lat. indigena (> indígena). En el tercero,
palabras latinas como amuletum (> amuleto), bucina (> bocina), calx,
calcis (> cal), cancer (> cáncer, cangrejo), colubra (> culebra), ele-
menta (> elemento), fucus (> fuco 'alga', focí-voro), fonda (> fonda,
honda), gibbus (> giba), pulmo (> pulmón), rapum «nabo» (> rabo),
taeda (> tea), tus, turis «incienso» (> turi-ferario), urtica (> ortiga).
Lo que es claro, en todo caso, es que el griego ha tenido un papel
muy importante en la transmisión al latín de numerosas palabras, mu-
chas del tipo de las «palabras viajeras», tanto de origen oriental como
del sustrato mediterráneo pre-indoeuropeo.
Volviendo ahora al esbozo cronológico que hacíamos al principio
de este apartado, ya hemos dicho que en el latín culto de finales de
Clasificación de los helenismos españoles ... 97
época republ icana y de la era imperial los helenismos se adoptaron casi
siempre respetando de forma escrupul osa la ortografia y la pronun-
ciación del griego, por lo que, lógicamente, no plantean problemas de
identificaci ón. Pero por debajo de la transcripción culta, «oficial», de
los helenismos, tenemos pruebas de que el latín hablado común siguió
ateni éndose en gran medida a las tendencias que hemos visto en épo-
ca preliteraria (antes del siglo IV-III a. C.), como son:
- la conversión de X y 6 en Ik/ y Itl respectivamente, que se han
mantenido en el latí n vulgar - aunque hay testi monios esporádi -
cos de fricativización - y en la transcripción común del gri ego al
español (tesoro, escuela, etc. ; cf. § 3.1);
- la si mplificación de ciertos grupos consonánticos (como en thisi-
cus < gr. <p6tOlKÓC;) , metátesis y disimilaciones varias;
- la transcripción de o por l ul, típica de época preliteraria, todavía
se documenta en fechas bastante tardías, a pesar de que la trans-
cripción con l il empiece a aparecer a partir del siglo I d. C. Así
podrían explicarse algunos casos como esp. onza, it. lanza «
* luncea < AÚY¿; «lince») o tumba « lat. tumba < 1ÚIlSOC;; lat. tum-
ba debe de ser un heleni smo cri stiano y no está atestiguado antes
del siglo IV), aunque, lógicamente, que una palabra no esté docu-
mentada antes de cierta fecha no significa que no haya podido en-
trar mucho antes en la lengua.
Junto a estos rasgos de mera continuidad con la época preliteraria,
asistimos a la aparición de fenómenos nuevos en la evolución del
griego y del latín, y que van a empezar a reflejarse en los helenismos
del latín hablado, como son, ante todo:
- la conversión de <p en Ifl latina, frente a la Ipl de los préstamos
preliterarios (ver supra) y la esmerada {ph} del latí n culto. El
primer testimonio epigráfico de esta fricat ivización - que debió
de verse favorecida por la existencia en latín de este fonema labial
fricativo - data del año 88 a. c., aunque no empezará a ser fre-
cuente hasta el siglo siguiente; poco a poco se hará general, lo que
98 Los helenismos del español
explica que esta Ifl sea lo que encontremos tanto en los helenis-
mos patrimoniales españoles (huérfano, etc.) como en la trans-
cripción de los cultismos (filosofia, etc.), cf. § 3.2;
- también el itacismo, es decir, la pronunciación como Ii! de una se-
rie de vocales y diptongos griegos, empezará a manifestarse en los
helenismos del latín desde comienzos de la época imperial (por lo
tanto, no es ni mucho menos un rasgo exclusivo de los «bizanti-
nismos», cf. después, § 9.2). Según Biville, puede establecerse
cierta precisión cronológica entre las distintas vocales y diptongos
involucrados: el itacismo de u podría fecharse a partir del siglo 1
d. C. (p. ej. panadizo < panaricium < gr. 1tapwvuxía), el de 11 a
partir sobre todo del III d. C. (limosna < lat. elemosina < €M;11J.lO-
o"úV11) Y el de ot a partir del IV d. C. (fr. cimitiere <
Por otra parte, los resultados concretos no serán siempre los mis-
mos en todas las lenguas románicas, registrándose además doble-
tes según la fecha de adopción o el origen dialectal de la voz en
cuestión (p. ej . bodega/botica < CL1to91ÍKTJ, tapiz/tapete < .á1t11<;,
.a1tlÍuov); por lo demás, a diferencia de lo que ocurre con la Ifl ,
el itacismo no tendrá reflejo en la transcripción de los cultismos
griegos del español, con la excepción de la u (cf. § 6.1 Y 6.2);
- las síncopas de vocales átonas, que serán de capital importancia en
la fisonomía de las lenguas románicas, y que también suponen
cierta continuidad con la época preliteraria, sólo que ahora (a partir
del siglo IIl-IV d. C.) estarán íntimamente unidas a la desaparición
de las oposiciones de cantidad en latín (cf. § 7.1 para el español);
- otro fenómeno que habrá de marcar la evolución fonética de las
lenguas románicas es la palatalización de determinadas consonan-
tes en contacto con vocales de timbre Ii!, l el (constatable ya en el
siglo 11 d. C. para K y y) , lo que permite hacer inferencias crono-
lógicas respecto a la fecha de entrada en el latín hablado de de-
terminadas palabras griegas. Por ejemplo, por lo que respecta a la
K seguida de u, su palatalización en una palabra española indicará
su entrada en latín a partir del 1 d. C. (aproximadamente), como en
cima (antes fima) < lat. cyma < mientras que su conserva-
Clasificación de los helenismos españoles ...
99
ción como ocl usiva Ikl indi cará una entrada más temprana en la-
tín, como en codeso < lat. cutisus < KÚU<JO<; (fr. cytise remonta a
la variante culta latina cytisus) . Sobre la pronunciación palatal de
la ~ , cf. § 3.4.
Con todos estos fenómenos entramos ya de lleno en la histori a fo-
nética del español , que, para lo que a los helenismos se refi ere, hemos
vi sto ya en otro lugar (§ 7 y 7. 1). Si nos hemos internado en este
apartado en el latín imperial ha sido sobre todo para mostrar cómo
buena parte de los fenómenos que afectan a los helenismos del latín
de esta época no hacen sino conti nuar las tendencias que estuvieron
vigentes en el latín preliterario (lo que, por otra parte, hace que las
dataciones sean muchas veces muy problemáticas).
En todo caso, algunos fenómenos nuevos como el itacismo o la
fricativización de (¡> hará que el grupo de helenismos latinos prelitera-
rios que hemos visto - marcados en gran medida por las alteraciones
provocadas por la apofonía - quede en cierto modo aislado dentro
del conjunto de los helenismos del latín, como testigos de una época
remota y peculiar (y por lo demás totalmente integrados en la lengua,
olvidado por completo su origen foráneo).
Por otra parte, hay que señalar que estos helenismos tempranos
han corrido luego suertes muy variadas en las lenguas románicas y
concretamente en español : algunos han desaparecido por completo de
la Romania o al menos se han perdido en castellano (y por eso no nos
hemos ocupado aquí de ellos, p. ej . culigna < KUAíXVll «copa») 60;
otras siguieron vivas en el latí n vulgar y han llegado al español por
ví a patrimoni al o por préstamo de otra lengua románica (como baño,
escollo, plaza, ancla, etc.), experimentando por tanto cambios tan tí-
picamente castellanos como es por ejemplo la di ptongación de lel y
101 tóni cas (p. ej. <J1tupíSa > lat. sporta > espuerta) ; final mente, algu-
nas desaparecieron del latín hablado y por tanto del español primiti vo,
60 Recordamos al lector que se puede comprobar rápi damente si una palabra latina
ha teni do descendencia en español consultando el Romanisches etymologisches Wor-
terbuch de W. Meyer-Lübke.
100 Los helenismos del español
pero entraron más tarde como cultismos, caso por ejemplo de máqui-
na (siglos XV-XVI) o de norma, documentado en español a principios
del siglo XVII (en ocasiones tenemos dobletes del tipo de hor-
ma/forma, la primera por vía popular y la segunda por vía culta o se-
miculta).
§ 9. HELENISMOS MEDrEVALES NO PATRIMONIALES
§ 9.1 . HELENISMOS LLEGADOS A TRAVÉS DEL ÁRABE
Un grupo importante y relativamente numeroso de helenismos
medievales en español es el constituido por las palabras llegadas a
través del árabe escrito y sobre todo del hablado en la Península Ibé-
rica a lo largo de la Edad Media. Se trata de una parcela que, lógica-
mente, resulta dificil para quien no conoce el árabe (como es nuestro
caso); afortunadamente, contamos ahora con el excelente Diccionario
de arabismos y voces afines en iberorromance de F. Corriente (Ma-
drid, 1999), Y la lista de palabras griegas que aparece al final nos ha
sido de enorme utilidad para la redacción de este apartado (sin olvi-
dar, claro está, a J. Corominas)61, en el que nos limitaremos a las pa-
labras castellanas (en la obra de Corriente se incluyen también el ca-
talán, portugués, aragonés, etc.).
Por las razones antes señaladas, no será posible dar cuenta de una
forma razonada y sistemática de los principios fonéticos que presiden
el paso del griego al árabe y de éste (en su variedad andalusí) al cas-
tellan0
62
. Además, hay que tener en cuenta que el paso del griego al
árabe se ha verificado, en la mayoría de los casos, a través de otra
lengua intermedia, que ha sido el arameo o el siriaco. La explicación
histórica de este hecho es sencilla: el arameo (lengua semítica occi-
61 Ni tampoco A Dictionary 01 Andalusi Arabic de F. Corriente, Leiden-N. York,
Brill, 1997, con lista de palabras griegas en p. 593-99.
62 Para esta cuestión remitimos ante todo a Alvarado e Ivanova, 1995.
Clasificación de los helenismos españoles .. . 101
dental , por tanto pariente cercano del árabe) y su alfabeto fueron,
desde el siglo v a. C. hasta por lo menos el V-VI d. c., la lengua y la
escritura más importantes y difundidas por todo el Oriente Próxi mo y
Medio, desde las costas de Fenicia hasta el act ual Paquistán; esta len-
gua, por otra parte, adoptó muchas palabras griegas, pues a part ir de
las conquistas as iáti cas de Alejandro Magno (siglo I V a. C. ) tuvo que
convivir con la lengua y la cultura griegas en aquellas zonas que es-
tuvieron baj o control griego - y después romano y bi zanti no - más
o menos directo (Fenicia, Siria, Pal estina, Mesopotamia durante un
tiempo) . Así que, cuando el árabe, ya antes de la expansión islámica,
entró en contacto con la lengua de prestigio internacional que era el
arameo, éste tenía ya alojadas en su léxico buena cantidad de voces
de ori gen griego.
Algo simi lar ocurre con el siriaco, que, por lo demás, en su origen
no es más que una variedad del arameo, concretamente la hablada en
la zona de Edesa (hoy Urfa, Turquía sudoriental ). El siriaco es im-
portante por haberse generado desde muy pronto (siglo II d. C.) una
abundante literatura en esta lengua, y no sólo literatura cristiana, aso-
ciada al impul so evangelizador, sino también numerosas traducciones
de autores griegos clásicos. Pues bien, cuando, en el curso de los si-
glos VIII y IX sobre todo, los califas de Bagdad se propusieron traducir
a su lengua aquell as parcelas del saber griego que más les interesaban
(fundamentalmente la filosofía y las ciencias), resultó mucho más
cómodo traducir las obras de Ari stóteles, Ga leno, Euclides o Tolomeo
del cercano siriaco que no directamente del griego (por ejemplo, de
Ga leno sólo se tradujeron directamente del griego nueve obras, frente
a las 130 vertidas a partir del siriaco) 63. De este modo entraron en el
léxico árabe gran cantidad de términos gri egos, especialmente de bo-
táni ca. como veremos ; y estas palabras no tardaron en llegar a la Pe-
nínsula. pasando al gunas de ell as al romance andalusí y luego al cas-
tellano.
('.1 ce Wal zer. 1962; F. Rosenthal. Das Fo/,¡!ebell de/' Ami"e ill !S!WII. Zúrich-
Stutt gart. 1965; y sobre todo Vernet. 1999. 11 7 ss. (<< la técni ca de las traducciones» l.
102 Los helenismos del español
Según los datos que hemos recogido del diccionario de Corriente,
son poco más de cien los helenismos españoles llegados a través del
árabe, lo que supone un porcentaje muy pequeño sobre el total de he-
lenismos (decenas de miles); y hay que decir además que no pocos de
ellos están ya en franco retroceso o en total desuso (cosa que ocurre
en general con el léxico español de origen árabe).
Si nos fijamos en la di stri bución de estas palabras por campos se-
mánticos, el grupo más abundante es el constituido por los nombres
de plantas, tanto las cultivadas como las si lvestres: acelga, acemite,
adelfa, ajenabe, albaricoque, alberge/albérchigo, alcamonías, alcane-
ría, alcaparra, alcaravea, alfóstigo, alharma, alhuceña, almáciga, al-
maro, altramuz, azufaifa/o, anfión, arroz, bellota, cazuz, estragón, sán-
dalo, zanahoria (cf. después sobre esta palabra).
También son numerosos los términos técnicos relacionados con la
construcción, nombres de objetos e instrumentos, etc.: abitaque, ación,
alcaduz, alcántara, alcartaz, alconcilla, alcribís, aliara, aljez, almo-
cárabe, azulaque, balate/albalate, calibre, candil, carrazón, colcótar,
corma, falquía, fanal, gálibo, matraz.
Otros grupos menos abundantes serian los relacionados con el
mundo animal , especialmente los peces (atún, calamón, cherna, jibia,
jurel), con las pesas y medidas (adarme, almudín, alquez, arrate, cahíz,
quilate, quintal), con la indumentaria y las telas (albornoz, alcorque,
botarga, cendal, enjalma, jamete, mandil, marlota, zaragüelles), con
el mundo militar y náutico (alcázar, alefriz, almajaneque, almirante,
carcaj, carraca, tifón), con las ciencias (alambique, álcali, alquimia,
amalgama, calamita, elixir, guarismo y algoritmo, jaqueca, mazacote,
natrón, safena), con las piedras preciosas (abalorio, abenuz, talismán,
zafiro), con los alimentos (albóndiga, arroz, azúcar, gazpacho, maza-
pán, mazamorra, zumo), con la música (guitarra, tambor, quizá tecla)
o con el comercio y las profesiones (albéitar, alcaicería, alhóndiga);
sin contar con algunos genti licios como copto, quizá andaluz, o nom-
bres propios como Almagesto (nombre de una obra de Tolomeo).
Hay que decir que no todas las palabras mencionadas tienen una
etimología segura; hay bastantes casos dudosos, y el lector podrá en-
Clasificación de los helenismos españoles ... 103
contrar no pocas di vergencias si consulta las dos obras de referencia
que hemos utilizado, es decir, los diccionari os de Corominas y de Co-
rriente. En todo caso, no es ni mucho menos nuestra intención co-
mentar una por una las etimologías de todas esas voces, sino más bi en
tratar de establ ecer una tipo lo g í a entre los helenismos españoles
de transmisión árabe (o al menos relacionados de algún modo con
esta lengua), pues los orígenes y vías de llegada de todas esas pala-
bras ofrecen bastante variedad. Creemos que, a modo de ensayo, se
podrían di sti nguir los sigui entes casos:
a) Palabras de origen griego adoptadas por el árabe (normalmente
por intermedio del arameo o siriaco, ver supra) y llegadas así al
romance peninsular (ya sea por vía oral o escrita), ocasionalmente
también a otras lenguas europeas, a través de España. Ejemplos 64 :
XUj.u;ía > ár. el. kimiyii (a través del sir.) > ando > al-quimia (i ng. al-
chemy, fr. alchimie, etc.)
> ár. el. bumus > ando albumús > albornoz.
Este es sin duda el grupo más importante y numeroso, aunque,
como se ha dicho, hay bastantes casos en los que puede plantearse
la duda de si una palabra castellana de origen griego ha llegado a
través del árabe o del latín vulgar (caso, por ejemplo, de zumo, gr.
neo árabe züm, pero la palabra no está atestiguada en árabe
andalusí ; veáse Corriente y Corominas S. V. zumo). Por otro lado,
algunos de los étimos griegos involucrados son de origen semítico
u oriental , por ejemplo acemite ('flor de harina', ár. cl. samid < gr.
CJEIlí.8aAl<; , de origen acadio).
En otros casos, F. Corriente desmiente categóricamente el su-
puesto origen griego de la palabra árabe de la que procede la cas-
tellana; véanse por ejemplo las entradas correspondientes a ala-
crán ('ictericia'), alcofa, algaderas, andrómina.
64 Abreviaturas para lo que sigue: ár. cl. = árabe clásico; aram. = arameo; ando =
árabe andalusí ; sir. = si riaco; romand. = romance andalusí ; casI. = castellano; blat. =
bajo latín.
104 Los helenismos del español
b) Palabras de origen griego adoptadas por el árabe y entradas en
castellano a través de otras lenguas europeas (francés, portugués,
italiano, etc.). Sirva como ejemplo talismán, tomada del francés
en el siglo XVIII (la voz francesa procede del neopersa, que la to-
mó del árabe y éste del griego l'ÉAEcrl.la «rito religioso»)65.
c) Palabras de origen griego en las que se ha supuesto el paso por el
árabe, pero que en realidad es más probable (según F. Corriente)
que hayan entrado en castellano a través del latín vulgar o de otras
lenguas románicas (como el italiano); tal sería el caso de endibia
(gr. EVLU¡30<;), gúmena (gr. lWOUIlÉVT} scilicet «cuerda») o tecla «
thecula, dim. de 8f]KT} «caja»; pero cf. DCECH s. v.).
d) Palabras de origen griego entradas en el latín vulgar y cuya forma
castellana refleja la pronunciación o la morfología (o ambas) de
dicha palabra en el árabe andalusí o en el romance andalusí ; así se
explicaría, por ejemplo, la variante jibia, frente a sepia « crT}7tí.a),
o también voces como almorranas « *haemorreuma < aíllóp-
POta), alcaparra (gr. Ká1t7tapl<;; la conservación de la Ipl de-
muestra que el préstamo no se hizo en Oriente), alcanería ('alca-
chofa', gr. Klvápa), jurel (and. suríl, formado sobre saurus <
craupo<;), enjalma (formado sobre blat. salma < sagma < gr. cráYlla)
o la discutida gazpacho (según Corriente, procedente de un ro-
mando gazpelaco que derivaría en última instancia del gr. y a ~ o ­
cpuAáKlOV «cepillo de iglesia», ver Corriente, S. V. para la evolu-
ción semántica).
e) Palabras de origen árabe que han entrado en castellano (y normal-
mente también en otras lenguas) a través del griego medieval ; se-
ría el caso por ejemplo de
almirante < blat. amiratus < gr. medo UlllpáC; < ár. cl. amir «coman-
dante»
t) Latinismos del griego que han llegado al castellano a través del
árabe (con paso intermedio por el arameo o siriaco), como es el
65 Ver Corriente, 1999, s. v. anflón. natrón. calibre. estragón (entre otras).
Clasificación de los helenismos españoles ... 105
caso de quintal (lat. centenarius), almudín (lat. modius), alquez
(lat. sextarius > gr. candil (lat. candela), alcaicería (lat.
Caesar > gr. KmcrápEw) o
alcázar < ár. el. qa:¡r < gr. medo Ká aTpov < la!. castra «campamento
militan> 66.
g) Palabras de origen griego que están doblemente representadas en
español - a veces con sentidos distintos - , según hayan entrado
a través del griego/latín, de otras lenguas románicas o a través del
árabe:
fonda/alhóndi ga < gr. n: a vooKElOV (fonda a través probo de la lingua
franca, alhóndiga del ár. el. funduq).
En algunos casos se trata de palabras de origen latino (como
mantel/mandil, la primera directamente del lat. mantele, la segun-
da a través del griego y después del árabe); en otros se trata de vo-
ces de origen oriental, como es el caso de berilo/abalorio (la pri-
mera tomada directamente del gr. de origen dravídico;
la segunda es de origen árabe en español, aunque no es seguro si
el árabe lo tomó del griego o de otra lengua, en todo caso remonta
al mismo étimo dravídico) o de ébano/abenuz (la primera del gr.
€ de origen africano, quiza nubi o; la segunda tomada por el
árabe al griego).
h) Palabras de origen oriental, a veces no bien conocido (en todo ca-
so ni griego ni árabe), cuya vía de entrada en Europa no siempre
se conoce con detalle y que son con frecuencia del tipo de lo que
se ha dado en llamar «palabras viajeras», por estar atestiguadas en
numerosos idiomas (algunas son tecnicismos, por ejempl o en rela-
ción con la j oyería y otras técnicas).
Aquí entrarían voces españolas como arroz (gr. ando
arráwz; ambas proceden en última instancia del tami l, lengua drá-
vida), sándalo (gr. cráV"WAOV, ár. :¡andal; ambos de origen sáns-
66 Sobre esta palabra ver tambi én Lüdtke, 1974, 158-59.
106 Los helenismos del español
crito), berilo (ver apartado anterior), azúcar/sacarina (gr. cráKXa-
pov, ár. sukkar, ambas de origen indio) , zafiro (gr. crámpElpo<;, de
origen semítico, ár. $afir), zaragüelles (gr. crapá!3apa, ando Sa-
ráwil; el origen es persa, es probable que el árabe haya tomado la
palabra del griego), cendal (etimología dudosa, quizá rel acionado
con gr. owocí:Jv, de origen oriental), carcaj (en última instancia,
procedente del persa tarkash, aunque los detalles de su penetra-
ción en Europa a través del griego bi zantino y del papel del árabe
en la forma castellana no están demasiado claros, ver DCECH y
Corriente, 1999).
i) Son frecuentes en las voces llegadas a través del árabe las conta-
minaciones semánticas, las etimologías populares y, en general ,
las palabras que han sufrido una gran deformación. Pondremos va-
rios ejemplos (en la medida en que tengan que ver con el griego) :
- algoritmo. Originalmente, alguarismo, guarismo, procedente
del nombre del sabio del siglo IX Alxuwarizmi, autor de una
importante obra matemática que se tradujo en Toledo con el tí-
tulo de De numero Indorum. Posteriormente se produjo en el
propio latín medieval la contaminación con el gr. aritmo- «nú-
mero», dando lugar a a l g o ~ i l m o (estamos ante lo que L. Deroy
llamaría una etimología «seudo-erudita») 67 ;
- almocárabe 'adorno arquitectónico' , un caso realmente com-
plicado. Hay que partir del ár. cl. muqarnas, que está relaciona-
do con qurnas « gr. Kopwvl<; «curva»); de ahí, por cruce se-
mántico con qarbás «construir» « gr. KPl17t1<; «fundamentos de
una construcción»), resulta el ando almuqárbas, de donde, por
contaminación con árabe, la forma castellana final ;
- zanahoria. Del gr. crLaqmAlvl1 aypla «zanahoria silvestre» de-
riva el muy deformado ando safannáryah, de donde la voz cas-
tellana.
j) Finalmente, hayal menos un caso de una voz espai10la que es el
resultado del calco probable en árabe de una palabra griega: ja-
67 Deroy, 1980, 288 (sobre tifón, palabra que ya hemos visto en § 7. 1 l.
Clasificación de los helenismos españoles .. .
107
queca, cuyo étimo en árabe clásico (saqiqah) significa «lado o mi-
tad exacta de un objeto doble», y debe de ser un calco o traduc-
ción del gr. i])lLKpavia, formado con i])lL- «la mitad» y Kpaviov
«cráneo» (por afectar sólo a la mitad del hemisferio craneano; de
la voz griega procede esp. migraña).
Esto es, en apretada síntesis, lo que podemos decir sobre la apor-
tación de helenismos al castellano por mediación árabe; como se ve,
la contribución al léxico científico y filosófico, más allá de algunos
términos muy señalados (alquimia, elixir, amalgama) es escasa - lo
que se explica, entre otras cosas, por la propia técnica traductoria ára-
be- , destacando en cambio todo lo relacionado con la agricultura y
la técnica de la construcción.
§ 9.2. BI ZANTI NISMOS, ITALIANISMOS, GALICISMOS
§ 9.2.1. Bizantinismos
Terminaremos este apartado haciendo referencia a otros grupos de
helenismos medievales que son lo suficientemente nutridos como pa-
ra dedicarles cierta atención. Entre ellos están los «bizantinismos» 68,
es decir, palabras en uso en el griego bizantino y que han llegado al
español medieval por vías diversas, unos a través del latín (eclesiásti-
co, científico, etc.), otros a través de otras lenguas románicas (como
los distintos dialectos italianos) o incluso directamente del griego (los
que han entrado a través del árabe se han visto en § 9.1).
Hay que decir que, en parte, esta categoría de los bizantini smos se
solapa con lo que hemos llamado helenismos patrimoniales y semi-
cultos (cf. § 7), pues en ocasiones es imposible decir si tal palabra ha
entrado en el latín en época imperial (antes del siglo v) o ya en tiem-
pos bi zantinos. También hay que guardarse de atribuir origen bizanti-
no a cualquier palabra que exhiba muestras de itacismo, pues, como
68 Cf. F. Galiano, 1969, § 27-32; Lüdtke, 1974, § 3.6; Kahane, 1966 y 1972; R.
Adrados, 1999, 230 ss. ; algo en Bi ville, 1985.
108 Los helenismos del espaiiol
hemos visto en § 8, este fenómeno ya está ampliamente documentado
en helenismos de época imperial (a partir del siglo I d. C).
Por lo demás, las razones históricas que explican la entrada de to-
das estas palabras en castellano son bien conocidas: desde la ocupa-
ción de una parte de la península Ibérica por los bizantinos en los si-
glos VI-VII, pasando por las expediciones de los cruzados al Medite-
rráneo oriental (a partir del siglo XI) y acabando con la ocupación de
algunas partes de Grecia por parte de la Corona de Aragón (siglos
XIV-XV), ya en tiempos del incipiente Humanismo, fueron muchas las
ocasiones para este tipo de trasvases léxicos.
Entre los bizantinismos más o menos seguros en español tenemos:
algalia « EpyaAElOV), almidón « al.!I)AOV, con influjo del artículo
árabe), anís « aVlO"ov), besante « moneda de Bizancio),
botica « a1t08TjKTj; cf. 7.1, f, para bodega). carabela « KápaSo<;),
carestía « XaplO""t"EÍa), carnaval « a través del italiano, del lar. car-
ne/evare, calco de a1tÓKpEw<;; cf. esp. carnestolenda::,). catastro «
Ka"t"áO"1lXov), endibia « EVWSOV, cf. DCECH), escala « O"KáAa) , es-
clavo « O"KAáSo<;), faisán « <l>amavó<;, del río F asis), galera «
yaAf:a), galimatías « Ka-ra Ma-r9alov), letanía « AlLavEÍa), malva-
sia « de la ciudad de Monembasiá), matizar « nólit(o)
'flete' « vauAov, a través del catalán), paráclito « 1tapáKATj"t"O<;, de-
signación del Espíritu Santo), petróleo « 1tE"t"Pf:AatOV, con contami-
nación de lat. o/eum). protocolo « 1tPW"t"ÓKOAAOV), quemar « Ká"illa,
de Kaiav), romero « pWI.WlO<;), sándalo « O"ávmAov, quizá a través
del árabe), tapiz « m1tTj1lov, dim. de "t"á1tTj<;, a través del francés) ,
tortuga « mpmpouxo<;), trabajo « lar. tripalium, que podría ser un
calco de "t"pl1táO"O"aAov «instrumento de tortura»), trisagio « "t"plO"á-
YlOV), zampoña « O"UI.l<j)wvia).
§ 9.2.2. Italianismos
En muchas de estas voces griegas llegadas al castellano es clara-
mente detectabl e la mediación italiana. Esto se explica ante todo por
el papel fundamental que ciudades como Venecia, Génova o Pisa de-
Clasificación de los helenismos españoles ... 109
desempeñaron en lo que Lüdtke llama la «revolución comercial» de
la Baja Edad Media (sobre todo en los siglos XIII-XIV), originada en el
norte de Italia y cuyos efectos se dejaron sentir en todas direccio-
nes 69. Además, los dialectos italianos formaron la base principal de la
«lingua franca», una especie de koiné comercial de difusión por todo
el Mediterráneo, en la que también había bastante léxico griego, ára-
be, catalán, etc.; de ahí que predominen en este capítulo los términos
relacionados con la navegación y el comercio (Venecia y Génova
eran ante todo potencias marítimas y comerciales) .
Así entraron en el castellano voces como anchoa « a<púr¡ , ver
DCECH para los detalles) , archipiélago « archi- , rtÉAOYO<;), el sufijo
archi- (cf. § 1.1), quizá archivo « apXElov), bronce « *¡3póvnov,
relacionado con la ciudad de Brindisi), brújula « rtu<;í.<;), calma «
chusma « «voz rítmica del cómitre»),fanal « <po-
vápt, quizá a través del árabe), góndola « KOVTOÚpO), gruta «
KPUrt"tlÍ , cf. § 3.3 para la fui), mostacho « piloto «
*rtr¡8w"tr¡<;, de rtr¡8óv «timón»), póliza « artÓ8Et<;t<; «prueba, demos-
tración») .
§ 9. 2.3. Galicismos
Fi nalmente, es consi derable el número de helenismos que han lle-
gado al castellano medieval procedentes de Francia, desde los présta-
mos más tempranos (lo que se ha dado en llamar influencia galorro-
mánica) , pasando por la intensa influencia lingüística experimentada
a raí z de la reforma cluniacense, la apertura del camino de Santiago
(pensemos en términos como canonjía, ángel, hereje, monje) y la con-
siguiente presencia de «francos» en la península 70. Incluimos aquí , por
tanto, tanto el francés propiamente dicho (la langue d 'oil) como el
69 Lüdtke, 1974, § 3.6.
70 En general , cf. Lüdtke, 1974, § 3.5.4. (<<préstamos de vocabulario franceses y
provenzales en espaiiol») y Lapesa, 1981 , § 42 Y 51 ; aparte de DCECH, donde se expli-
ca detalladamente la hi stori a de todas estas voces. Sobre los gali cismos espaiioles
(prosódicos y morfológicos) , véase Garcia Yebra, 1999.
110 Los helenismos del español
provenzal u occitano, y en ocasiones el catalán. Los principales indi-
cios de origen ultrapirenaico son, aparte del acento (cf. § 6.7.1), el fi-
nal en I-el en sustantivos masculinos, frente al esperado en 1-01; y la
apócope de la vocal final (cf. § 7. 1).
Podemos mencionar las siguientes palabras (en general omitimos
la voz latina intermedia) : ángel « aYYEAO¡;), apóstol « cmÓCrrOAO¡;,
quizá occitanismo), (arci)preste « 1tPE<J!3ÚTEPO¡;), avestruz « <JTpOU-
8iwv, occitanismo), canc¿njía y calonge « KaVOVtKÓ¡;), chimenea «
Ká)ltvo¡;) , cisne « KÚKVO¡;), codoñate ' dulce de membrillo' « KU-
OWVtOV; a través del catalán según Corominas), cofre « KÓ<ptVO¡;),
coral « KopáAAtOV), cristal « KpÚ<JTaAAO¡; , posiblemente galorro-
mánico) , gazafatón « KaKÉ)l<paTOV «cosa malsonante»), goldre (su-
poniendo que venga de lat. corytus < YWPUTÓ¡; «carcaj »), golfo « KÓA-
1tO<;, quizá a través del catalán), golpe « KóAa<pO¡;), gozne « YÓ)l<pO¡;) ,
hereje « atpEUKÓ¡; «mi embro de una secta»),jengibre «
cf. § 3.4), metal « )lÉTaAAOV, a través del catalán; sobre medalla, cf.
DCECH), monje « )lovaxó¡;), papel « 1tá1tupo¡;, a través del catalán),
perejil « 1tETPO<JÉAtVOV, occitanismo), reloj « wpoAóytOv, a través
del catalán), rima « pu8)ló¡;, occitanismo; hay otras formas medie-
vales como rimo), timbre « TÚ)l1taVOv, de donde también tímpano y
témpano), trébol « Tpi<pUAAOV) y algunos nombres de pila (Jorge,
Esteban, Cosme, Ginés, etc.).
CAPÍTULO IV
LA ADAPTACIÓN DE LOS HELENISMOS A LA MORFOLOGÍA
FLEXIV A ESPAÑOLA
§ 10. EL PRÉSTAMO Y LAS CLASES DE P ALABRAS
Entramos ahora en el siguiente nivel de lengua en el que se efec-
túan préstamos entre las lenguas, en este caso del griego al español : el
de las palabras paradigmáticas y los morfemas gramaticales. Lo prime-
ro que cabe preguntarse es qué clases de palabras se prestan con mayor
facilidad de unas lenguas a otras. Antes de establecer distinciones gra-
maticales, podría hablarse del «vocabulario básico» de las lenguas,
concepto formalizado por primera vez por M. Swadesh y R. Lees en los
años 50 en el marco de sus investigaciones sobre «glotocronología lé-
xico-estadística» (sobre la tasa de cambio en el vocabulario de una len-
gua a lo largo de los siglos). Se trata de palabras o en su caso morfemas
como: pronombres personales (yo, tú, nosotros); deícticos (esto, aquí,
allí); conjunciones (que, y); cuantificadores (mucho, poco, todo); sus-
tantivos como hombre, mujer, pez, árbol, sol, luna, piedra, camino,
hueso, sangre; partes del cuerpo (mano, pie, cabeza); adjetivos como
grande, largo, bueno, redondo, frío, caliente; colores básicos (blanco,
negro, roj o); verbos como comer, ver, dormir, saber, morir, andar, vo-
lar, sentarse, hablar l. Se trata, como puede comprenderse fácilmente,
I Puede verse una lista de cien palabras en D. Crystal , Enciclopedia del lenguaje,
ed. esp., Madrid, 1994, p. 33 1.
112 Los helenismos del español
de nociones presentes en todas las lenguas del mundo, por lo que en
principio no hay razones para que una las tome prestadas de otra; sin
embargo, son muchas las excepciones que se documentan, sobre todo
por razones de prestigio social de una lengua, de tabúes diversos, etc. 2
Si consideramos ahora las palabras por categorías o clases 3, re-
sulta comprensible que las más fácilmente exportables de una lengua
a otra sean los sustantivos, pues el préstamo típico entre dos lenguas
es el que afecta a un objeto o concepto desconocido para la receptora
(un producto natural o manufacturado, un animal exótico, una institu-
ción, un concepto filosófico, científico o religioso, etc.; así, por ejem-
plo, en el español del siglo XVI el objeto «patata» del náhuatl o, en el
del xx, el concepto de «cibernética» del inglés)4. Entre los adjetivos
será más fácil que se exporten los derivados de un sustantivo (como
filosófico, teológico) que los radicales, que designan cualidades bási-
cas (por ejemplo los españoles bueno, grande, alto, verde); pero, co-
mo se ha dicho, puede haber muchos factores que induzcan a la adop-
ción de un adjetivo «básico»: así, el español blanco es un préstamo
2 Es decir, lo que Deroy, 1980, cap. VII, llama genéricamente «raisons du coeuo>,
para distinguirlos de los préstamos por «necesidad práctica».
J Puesto que se va a hablar de lenguas indoeuropeas (griego, latín, español), da-
mos por buena, a efectos prácticos, la división tradicional por categorías (sustantivo,
adjetivo, pronombre, artículo, verbo, preposición, conjunción, adverbio, interjección);
pero téngase en cuenta que, en el momento en que este tipo de estudios se extiende a
lenguas tipológicamente alejadas de las nuestras, distinciones como la de sustanti-
vo / adjetivo o incluso la de nombre / verbo quedan en entredicho o son sencillamente
inútiles y hay que proceder con otro tipo de categorías más abstractas. Cf. por ejemplo
J. C. Moreno Cabrera, La lingüística teórico-tipológica, Madrid, 1995; cf. también
Vi llar, 1996, 262 ss. (sobre lenguas con un número exiguo de adjetivos).
4 Puede verse un porcentaje de helenismos del latín, por categorías gramaticales,
en André, 1971, 117; sobre una posible escala de «adoptabilidacb>, cf. Laguna, 1995,
9. También puede ser de interés consultar los porcentajes que ofrece E. Haugen (<<The
Analysis of Línguistic Borrowing», Language 26, 1950, 210-3 1), referidos al sueco y
al noruego hablados en los Estados Unidos (71-75% para los nombres, 18-23% para
los verbos, 3-4% para los adjetivos, 1 % para preposiciones y adverbios, 1% para inter-
jecciones).
La adaptación de los helenismos a la morfología ... 11 3
del germánico blank (cuyo sentido primario es el de «brillante»), que
desbancó al original albo (lat. albus).
y algo parecido cabe decir de los verbos: es mucho más fácil im-
portar verbos ingleses o franceses del tipo de informatizar, mecani-
zar, nacionalizar que no los que designan acciones o procesos básicos
como los mencionados en la li sta anterior. Aparte de esto, es mucho
más fácil importar verbos cuando la conjugación es similar en ambas
lenguas (caso del griego y latín), o cuando se comparte un sufijo ver-
bal (como -izar y sus equivalentes en otras lenguas europeas); así se ex-
plica la ausencia de verbos entre los arabismos españoles, por la gran
diferencia que hay entre la conjugación semítica del árabe y la in-
doeuropea del español.
Estas tres categorías - sustantivo, adjetivo, verbo - son con mu-
cho las más frecuentes en el préstamo. Las demás - es decir, adver-
bio, artículo, conjunción, preposición, pronombre - son, si bien se
mira, palabras sin apenas significado propio, meros índices gramati-
cales, cuyo campo de alcance se limita al «mundo en que se habla»
(por usar los términos de A. García Calvo), no al «mundo de que se
habla»; cuanto más gramatical (y menos léxico) sea el elemento en
cuestión, más dificil o improbable será el préstamo. De ahí que el
préstamo de conjunciones, preposiciones, pronombres y adverbios sea
raro, aunque se pueden citar ejemplos de todos ellos (normalmente en
situaciones de bilingüismo) : así , está documentado el uso habitual de
las conjunciones españolas pero, porque y otras en náhuatl (lengua
indígena de Centroamérica), y de las francesas parce que, mais en
lenguas del África francófona; los pronombres personales ingleses
they, them están tomados del escandinavo medieval , etc. 5
Por la misma razón, es relativamente dificil la exportación de pre-
fijos, sufijos o interfijos, aunque también aquí hay que distinguir en-
tre, por ejemplo, sufijos para la formación de sustanti vos, de adjetivos
o de verbos, y morfemas específicamente flexivos, como pueden ser
los que marcan número o caso en los nombres, o los que señalan la
5 Más casos en Deroy, 1980, 71-72.
114 Los helenismos del español
persona, tiempo, modo, etc. en los verbos. Así, mientras son muy nu-
merosos los ejemplos de lo primero, gracias a su presencia previa en
un número considerable de préstamos léxicos (sufijo -íCco en verbos
españoles como humanizar, socializar; -LKÓC; en adjetivos como cár-
nico; sufijo inglés -ing, etc. ; cf. § 12.2), son muy raros los de lo se-
gundo, como es el caso del préstamo por parte del verbo rumano
(dialectal) de dos desinencias personales del verbo búlgaro 6.
Por lo demás, es fácil hacerse cargo de que el caso del latín con
respecto a las lenguas romances, o del sánscrito con respecto a las
lenguas indoarias modernas, es considerablemente diferente de la si-
tuación de, pongamos por caso, los préstamos entre lenguas no empa-
rentadas entre sí, como el persa y el árabe, o incluso entre lenguas de
la misma familia indoeuropea pero separadas del origen común por
miles de años de evolución propia, como el latín y el celta o el ruma-
no y el búlgaro. En el caso del latín y el español, el préstamo culto de
la lengua madre ha sido tan constante a lo largo de los siglos, en todos
los niveles de la lengua, que, al menos durante los primeros tiempos,
se puede hablar, más que de préstamos de una lengua a otra, de una
auténtica diglosia 7; lo que no deja de ser importante para nuestro es-
tudio, si tenemos en cuenta el papel mediador que ha tenido el latín
en la adopción de helenismos en todas las lenguas europeas.
Una vez dicho esto, podemos pasar a estudiar los helenismos lé-
xicos españoles por categorias gramaticales, empezando por la más
numerosa, la de los nombres (sustantivos y adjetivos); ahora nuestra
atención, lógicamente, se centrará ante todo en explicar el tipo de
adaptación morfológica que han tenido que sufrir para incorporarse al
sistema español (para las cuestiones de transcripción, cf. § 6).
6 Citado por Heath, 1994, 388; cf. también Weinreich, 1974, 78. Sobre la posible
adopción por parte del latín dellI milenio a. C. de la desinencia griega en -ai para el
nominati vo plural de los femeninos (antes en -as), cf. Villar, 1996, 534.
7 Lüdtke, 1974, § 5. 1., considera que la diglosia latín-románico terminó en la épo-
ca de Carlomagno (siglo IX).
La adaptación de los helenismos a la morfología ...
§ 11. ADAPTACIÓN DE LOS HELENISMOS A LA
MORFOLOGÍA ESPAÑOLA
11 5
Del mismo modo que los helenismos en general han tenido que
acoplarse a las condiciones fonemáticas del español , así los sustanti-
vos y adjetivos en particular han tenido que sufrir algunas modifica-
ciones para entrar en el sistema flexivo de nuestra lengua s. En gene-
ral la adaptación no supone demasiados problemas, y ello tanto por la
cercanía tipológica de ambas lenguas (herencia común del indoeuro-
peo) como por el precedente que supone la adopción de numerosos
helenismos en latín. Esta adaptación, por lo demás, es de hecho una
reducción, si comparamos los cinco casos, los tres géneros y los tres
números del griego con la declinación española, reducida a la oposi-
ción singular/plural y con presencia del género neutro sólo en el sis-
tema pronominal (en otros casos puede ser al contrario, como cuando
los lituanos de los Estados Unidos, al escribir su lituano americaniza-
do, declinaban una palabra como strike casi como lo habría hecho el
indoeuropeo, con siete casos y tres números, incluyendo el dual) 9.
§ 11.1. S U STANTIVOS }O
De los cinco tipos de temas que hay en latín, en -a, en -o, en con-
sonante (incluidos los temas en -i). en -u y los de la «quinta», el espa-
ñol - a través del latín vulgar - ha suprimido los dos últimos tipos,
convirtiendo los pocos sustantivos supervivientes en temas en -o (los
de la 4.": fructus > Fu/o, manus > mano) y en temas en -a (los de la
H En general sobre el probl ema de la adaptación morfol ógica de los préstamos (in-
cluyendo el problema del género, a veces agudo entre lenguas tipológicamente di stan-
tes), cf. Deroy, 1980, 252 ss.
9 Cit. por Deroy, 1980, 256- 7.
10 Para los nombres propios remitimos a F. Galiano, 1969. § 169-250.
116 Los helenismos del español
5.
a
: dies > día, rabies > rabia) . Los únicos restos de estas declinacio-
nes son algunos cultismos como espíritu, ímpetu o tribu y algún que
otro «latinismo en crudo» como lapsus, rictus o caries. Así que nos
quedamos en español con temas en -o, en -a y en -e (o en consonante
n, r, 1, s, d, z, por apócope de la -e). Además de esto, se pierde en sus-
tantivos y adjetivos el género neutro, relegado como categoría grama-
tical al sistema pronominal (esto, eso, aquello, ello, lo).
§ 11.1.1. Temas en -o
Pues bien, como hemos dicho, los sustantivos griegos se adaptan
sin mayor dificultad a estas condiciones morfológicas. Los t e m a s
e n -o (larga o breve) pasan a ser temas en -a, femeninos en su ma-
yor parte (ayopá > ágora). Los masculinos griegos con nominativo en
-11<; , de acuerdo con el precedente latino, se convierten en general
en masculinos en -a, pasando a engrosar la categoría de sustantivos
del tipo de homicida, colega, etc. (así 1tOl11'tlÍ<; > lat. poeta > poeta);
el único grupo que en español pasa regularmente al género femenino
es el de los nombres de minerales, gemas, etc. (pirita, antracita, etc.) 11 .
Respecto a los femeninos con -o larga, que en ático y la koiné
aparece como -11 (excepto ante €, l, p), el español ha tenido dos op-
ciones: una, convertirlos sin más en temas en -a > lat. pa-
rabola > palabra, parábola); la otra, conservarlos como temas en -e,
confundiéndose así con la categoría de sustantivos de origen latino
como parte, nave, etc. (por ejemplo, olOcr'tOA,lÍ > diástole, sístole,
etc.). En algún que otro caso coexisten ambas posibilidades, con sig-
nificados distintos: así hipérbole (en retórica) e hipérbola (en mate-
máticas), ambas de € o síncope (en medicina) y síncopa (en
gramática y música), ambas de crUYK01tlÍ . A veces se ha producido
cambio de género, como en ayá1t11 (fem.) > ágape (masc.), favoreci-
do sin duda por el comienzo por l aI tónica (cf. el águila, etc.).
En estos temas en -o tampoco faltan casos en que lo anómalo de la
terminación española se debe a influjo de la voz francesa correspon-
\\ Véase para más detalles la parte relativa al sufijo -ita, -ista, § 12.2.1.1.
La adaptación de los helenismos a la morfología ... 11 7
di ente, por ejemplo molibdeno (gr. fr. molybdene), ocre
(gr. wxpa, fr. ocre), omóplato (gr. fr. omoplate), etc. 12.
§ 11. 1.2. Temas en -o
Los t e m a s e n -o, masculinos, femeninos o neutros, pasan en
español a ser temas en -o masculinos: ó > el efebo, f] >
el método, 1'0 CJKíi7t1'pov > el cetro.
Hay unos cuantos cult ismos (neutros en gri ego) que han conser-
vado su -n final del singular: asíndeton, colon, épsilon, hipérbaton,
isquion, polisíndeton, tetragrámaton y algunos más; sobre la acentua-
ción aguda anómala (en casos como enquiridión, cronicón, panteón,
esternón), véase § 6.7. l. Otros se ut ilizan sólo en pl ural , y así no pre-
sentan problemas en la termi nación: propileos, Paralipómenos, pro-
legómenos.
En cuanto a los masculinos, hay bastantes casos en que, por in-
fluencia francesa, nos encontramos con la terminación -a o -e. Algu-
nos ej empl os en -a: estratega (gr. fr. stratege), rapsoda
(gr. psiquiatra y demás compuestos en -iatra (gr.
«médico»), Rodas (gr. fr. Rhodes); hay casos más bien raros,
como navarca o polemarca (gr. en que se
cruza la influencia francesa (navarque, polémarque) con la anal ogía
con otras palabras terminadas en -arca (monarca < lat. monarcha <
etc.). Ej empl os con -e: Chipre (gr. etc.; muchos
de ellos son muy antiguos, y algunos como golpe pueden incluso re-
montar a época galorrománica (cf. § 9.2.3).
Hay tambi én una serie de nombres propios, la mayoría de ciuda-
des o islas, que han conservado (con vaci laciones) la -s original del
nominativo, probablemente por imitación del francés: Amorgos, Les-
bos, Tartesos, Claros, Pafos, Cronos, Helios, etc. El único nombre
común que presenta esta parti cularidad es cosmos (fr. cosmos) 13 .
12 Cf. García Yebra, 1999, bajo las voces correspondientes.
13 Para los nombres propi os, cf. F. Gali ano, 1969, § 190-92; cf. tambi én Garcí a
Yebra, 1999, s. v. Amorgas y cosmos.
118 Los helenismos del español
Finalmente, tampoco faltan ejemplos de temas en -o cuyos plura-
les neutros en -a han acabado por convertirse en singulares femeninos
en español (cf. lat.folia > hoja, ligna > leña, etc.), como en el caso de
10 f3lf3Ala > Biblia, de 10 oVÉK801a > anécdota, de 10 xpOVlKO >
crónica, o de KEpoma (pI. de KEpomov) > cereza. 14 De los temas
contractos (como vofx;) no ha quedado rastro en español.
§ 11.1.3. Temas en oclusiva
Los sustantivos españoles descendientes de los temas de la tercera
declinación latina sufrieron en la Edad Media apócope de la -e, fenó-
meno casi general durante los siglos XII y XIII (cf. vite(m) > vid, pace
> paz, mare > mar, sole > sol, mense > mes, pan e > pan), del que sólo
se salvaron aquellos en los que la -e iba precedida en castellano de
dos o más consonantes (hombre, puente, muerte, orbe, carne).
Los temas griegos e n o c 1 u s i v a, por su parte, deberían aco-
modarse en principio a la categoría española de sustantivos en -e, mas-
culinos y femeninos, sin sufrir apócope - que provocaría un incómo-
do fmal en oclusiva- más que en algún que otro caso excepcional
(como áspid; hay variantes antiguas como aspe y áspido, cf. § 4.7).
Como ocurre con las palabras patrimoniales, se toma como base de
derivación el acusativo singular en su forma latina; así tenemos:
yiyar;, -v'tOr; > ae. gigantem > gigante (mase.)
xAa¡.l\X;, -úoor; > ae. chlamydem > clámide (fem.).
Pero lo cierto es que muchos de estos femeninos, que deberían
terminar en -e, se han pasado a los temas en -a, como es el caso de
égida (aiyl<;, ac. lat. aegidem), siringa, nereida, carótida, olimpiada,
miríada, mónada, tríada, algún masculino como nómada, etc. Tenien-
do en cuenta que algunas de estas voces están atestiguadas ya en épo-
ca medieval, hay que descartar la idea de que haya podido influir en
ello el hecho de que el acusativo griego termine en -a (aiyl8a); en
14 También algunos nombres de fiestas antiguas (pero siempre en plural en espa-
ñol), como Dionisias, Panateneas, etc., cf. F. Galiano, 1969, § 203-5.
La adaptación de los helenismos a la morfología ... 119
realidad, como casi siempre, la explicación hay que buscarla en el
francés, cuya terminación habitual -e (triade, Olympiade) es muy fre-
cuente que se convierta en -a en español. También el francés debe de
ser responsable de algún que otro sustantivo que se ha pasado a los
masculinos en -o, aunque fuera originalmente femenino en griego
(como eAjltVe;, -tv8oe; «gusano» > plat-elminto, en vez de *platelmin-
te; o como bólido, gr. f3oAíe; «objeto arrojadi zo») 15.
Respecto a los temas en gutural torpemente transcritos del nomina-
tivo, con el consiguiente problema para la articulación ( 8 ( Í ) p a ~ > tórax,
etc.), ya hablamos de ello en § 4.7. No suponen problema articulatorio,
en cambio, otras formas excepcionales tomadas del nominativo de los
temas en -b o -V"! y ya muy aclimatadas en español, como iris « [pte;,
tptbOe;), Artemis (mucho más común que Artémide y en todo caso pre-
feribl e a Artemisa), atlas (con otro sentido, atlante), etc.
Finalmente, mencionaremos el caso de los compuestos de 7tOÚe;
(<<pie»). Por un lado tenemos dos casos en los que ya la declinación
latina seguía los temas en -o, como 7tOAÚ7tOUe; , gen. 7tOAÚ7tObOe; > lat.
polypus, -i > pólipo, pulpo; lo mismo con el nombre de Edipo (Oedi-
pus, -i, «el de los pies hinchados»). Por otro lado, en los compuestos
cultos esperaríamos en general la terminación que vemos en trípode <
-rpí7toue;, -rpí7tObOe; (Iat. tripus, tripodis), pero lo cierto es que casi to-
das estas palabras terminan en -podo (artrópodo, cefalópodo, miriá-
podo, etc.), sin duda por influjo, una vez más, del francés (arthropo-
de, etc.), influjo que, con otro resultado, también se puede detectar en
antípoda(s) 16.
§ 11.1.4. Temas en nasal yen Ir!
Dado que en español ha habido apócope generalizada en las pala-
bras derivadas de temas latinos en -n (canción, pan, fin , etc.), los cul-
tismos griegos se atienen a la misma nonna (sobre el acento cf. § 6.7):
15 Cf. García Yebra, 1999, s. v. Nereida, plalelminto, bólido, etc.
16 Cf. García Yebra, 1999, s. v. -podo, antípoda.
120 Los helenismos del español
Kavwv, -ÓVO<; > lat. canonem > canon
TIap81::Vwv, -wvo<; > lat. Parthenonem > Partenón
Hay algunas excepciones en que ha habido paso -por hiperca-
racterización- a los temas en -o y -a, muy arraigadas: sirena (ya en
latín tardío; gr. LElPlÍV, -fívot;), heleno ("EAA:rw, -llVOt;), amazona
-ÓVOt;), icono (dKWV, -ÓVOt;) 17. •
Respecto a los temas griegos en -P, se comportan en español igual
que los sustantivos latinos de tema en Ii! precedida de Irl , es decir, su-
fren también apócope (cf. mare > mar): así, por ejemplo, j..láPTUt;,
j..láPTUPOt; > lat. martyrem > mártir, lo mismo en néctar, etc.; a veces
la acentuación es irregular, como en KáO"TffiP, -OpOt; > lat. castórem >
castor.
§ 11.1.5. Temas en /s/' en /u/' en ji/' en diptongo; heteróclitos
Los temas en -O" (como yÉVOt;), en diptongo (como en
-u (como tX9üt;) no tienen representación en español más que entre
los nombres propios, por 10 que remitimos a F. Galiano (1969, § 241
Y siguientes).
Los temas en -l, en cambio, tienen una representación numerosa,
aunque fuera de algún caso aislado (como oasis; compuestos de
1tÓAlt; como necrópolis, metrópolis, acrópolis), pertenecen todos ellos
a la categoría de los abstractos de acción verbal en -sis, -esis, -osis,
-iasis (tesis, crisis, dosis, éxtasis, praxis, catarsis, elipsis; diócesis,
diuresis; trombosis, cirrosis; soriasis, elefantiasis; cf. § 12.2.1.4. so-
bre este sufijo) o bien a los términos médicos en -itis (rinitis, etc., el
§ 12.2.1.2).
En el latin, aparte de los casos de calco (como Ú1tóeEcrlt; > suppo-
sitio, cf. § 12.6), los numerosos préstamos de este tipo se integraron
sin demasiado problema en la declinación de los temas en -i (meta-
thesis, diaeresis, etc.), como veremos después (§ 12.2.1.4).
17 Los tres últimos casos, por influencia francesa, según García Yebra, 1999, s. v.
La adaptación de los helenismos a la morfología ... 121
Ahora bien, en español, si presci ndimos de unos cuantos casos
tempranos en que se ha solucionado el problema - a veces ya en
latín (pausa, de formación dudosa) o en el propio griego tardío (ímo-
Kptcría en vez del clásico convirtiéndolos por hiperca-
racterización en femeninos en -a (poesía, hipocresía, pleuresía, sines-
tesia, etc.) 18, en español, decíamos, dado que los temas latinos en -i
que no han sufrido apócope se han incorporado normalmente a los
temas en -e (nave, monte, parte, etc.), esperaríamos que ocurriera lo
propio con los helenismos en -sis (yen -ilis) , dando como resultado
*crise, *hipótese, etc.; o incluso que sufri eran también apócope, según
el modelo de mensis > messe > mes (en este caso esperaríamos solucio-
nes extrañas como *cris, *hipotes; cf. la forma popular paralís) 19.
y no faltan ejemplos, en general anteriores al siglo XVIII, de la
primera opción, que es la más «natural» dede el punto de vista morfo-
lógico: frase, fase, base (y basa), elipse, eclipse, paralaje (1tapáA-
y que es tambi én la que se ha impuesto en todos los casos
en francés (crise, hypothese, thrombose, etc.). Esta solución tiene la
gran ventaja morfológica de acoplarse sin problemas a la categoría de
femeninos en -e, con la excepción de algún masculino, como eclipse
(cuyo cambio de género respecto al griego se debe, según el DCECH,
a que antiguamente los femeninos que empezaban por lel llevaban el
artículo el, como ocurre hoy con los que empiezan por la! tónica) .
En cuanto a la terminación en -(s)is, que es la que se ha impuesto
en general en los cultismos modernos, presenta dos problemas: el pri-
mero, no poder distinguir formalmente singular de plural (el/los aná-
lisis), circunstancia que afecta a pocos sustanti vos españoles (com-
puestos del tipo de paraguas, limpiabotas, pisapapeles, cumpleaños,
etc. ; antiguos genitivos como martes > la1. Martis dies, lunes, miér-
18 Por influencia indudable de las voces francesas correspondientes (pleurésie,
etc.), cf. García Yebra, 1999, s. V.
19 Recuérdese que en latín todo tema en Ivocal+sl sufría rotacismo: arbos, arboris,
genus, generis, etc. Por cierto que la vari ante cris era la preferida de Pedro el cabrero
(Quijote, 1, XII , 37), aunque no para designar la crisis, sino el eclipse.
20 Sobre su origen francés, cf. García Yebra, 1999, s. v. base.
122 Los helenismos del español
coles, jueves, etc.). Hay algún caso en que se intentó, por formación
regresiva, utilizar un singular como crisi frente al plural crisis (Balta-
sar Gracián llama así a sus capítulos del Criticón); tal como se ha he-
cho en general en italiano, donde se dice crisi, ipotesi, eclissi, etc.
(pero en esta lengua, a diferencia del español, los finales en l il átona
no son ni mucho menos raros, al ser -i el morfo característico del
masculino plural: uomini, etc.).
Por otra parte, estas formaciones plantean un segundo problema:
que la terminación en -i(s) para sustantivos rompe el esquema funda-
mental -a( femenino)1 -oC masculino)1 -e( masc./fem.) de la declinación
nominal española, aparte de suponer una anomalía desde el punto de
vista fonotáctico, pues es extraña al español la presencia de /il atona
en sílaba final (cf. § 4.1), mientras que los finales en -í, -íes son algo
más frecuentes, sobre todo gracias a préstamos del árabe (zahorí, ta-
halí, maravedí; ceutí y demás gentilicios de países o ciudades).
Así que, en este caso, para resolver la anomalía señalada, quizá
hubiera sido por una vez bienvenida la influencia regular francesa,
favoreciendo formas como *trombose, *hipótese, *catarse y *crise,
igual que decimos fase, frase, eclipse y base (esto es lo que ocurre en
portugués: análise, apódose, esclerose, etc.) 21.
Finalmente, quedan los temas heteróclitos neutros en -Ila, -llaTOC;,
que no ofrecen mayor problema que el de proporcionar al español una
cantidad considerable de masculinos en -a, por lo demás no demasia-
do frecuentes en la lengua (tema - del que hay atestiguados usos an-
tiguos como femenino - ,fonema, sintagma, plasma, hematoma, etc.;
cf. también § 12.2.1.5). En algunos casos la influencia francesa ha
hecho que estos sustantivos pasen a la categoría de masculinos en -o
(como gramo, fr. gramme, gr. YPólllla, o cromo, fr. chrome, gr.
xpwlla).
Si hemos dejado fuera de este rápido repaso los nombres propios,
que por lo demás están tratados de forma exhaustiva en el libro de
21 ef. García Yebra, 1999, s. v. -siso
La adaptación de los helenismos a la morfología .. . 123
Manuel Fernández Galiano (i ncluidos genti licios), es por la senci ll a
razón de que se trata de una clase de palabras en real idad bastante al
margen de lo que es propiamente la gramáti ca de una lengua: basta
pensar en los topóni mos de cualqui er parte del mundo de uso habitual
en el español periodí stico de hoy, apenas adaptados a la fonología ni a
la morfología española (Múnich, Novosibirsk, Tashkent y mi l más) .
Pero tambi én en este aspecto hay diferencias, pues en las lenguas
anti guas, como el gri ego y el latín, los nombres propi os extranj eros
sufrí an mayor adaptación fonéti ca y además tambi én se declinaban
(excepto algún caso aislado como son los nombres hebreos en los Se-
tenta - traducción griega del Antiguo Testamento - y en parte en el
Nuevo Testamento), de ahí que tuvieran necesidad de adaptarlos a su
morfología; mientras que en una lengua como el español, en la que la
declinación nominal está reducida a la oposición singul ar/plural (y
generalmente el plural de los nombres propios no se usa), no hay en
pri ncipio tal necesidad. En este sentido, poco problema puede supo-
ner que nombres propios gri egos transcritos tengan termi nac iones
más o menos infrecuentes en la morfología española (por ejemplo, los
singulares terminados en -es: Pericles, Sófocles, etc.), siempre, claro
está, que sean pronunciables (cf. § 4.7).
§ 11 .2. ADJ ETIVOS
La mayoría de adjetivos griegos prestados al español pertenecen a
la ll amada «primera clase», que sigue la decl inación de los temas en
-o y en -a, ya mantengan la di stinción formal para los tres géneros
(q:>lAOcrOq:>lKÓC; , -lÍ , -óv), ya di stingan entre género animado (masculi-
no y femenino) e inanimado (así 1tOAúyalloC;, -ov). Dado que el espa-
ñol ha presci ndido de la categoría del neutro en sustantivos y adj eti -
vos - aunque con la posibilidad de sustantivaciones como lo bueno,
lo increíble - , el resultado será en ambos casos el mi smo, adjetivos
de dos terminaciones: filosófico, -a, polígamo, -a. Los tipos más fre-
cuentes son, con mucho, los adj eti vos esdrúj ul os en .éico (sobre los
124 Los helenismos del español
cuales, cf. § 12.2.2. 1) Y los compuestos (véanse los ejemplos mencio-
nados, respectivamente).
Algunos de estos adjetivos griegos de dos terminaciones se han
convertido en español en adjetivos en -a, sin variación genérica: auto-
didacta (gr. -ay), políglota (gr. -ov),
ana- y hermafrodita, etc. La explicación hay que buscarla sin duda en
el francés (autodidacte, polyglotte, etc.) 22, aunque no se puede des-
cartar que haya habido tipo de analogía inconsciente con los
muchos sustantivos terminados en -ta (del tipo de poeta,
protagonista, cosmopolita, etc.; de hecho, esos adjetivos tienden a
usarse casi exclusivamente como sustantivos: «Eres un autodidacta»,
«Es un políglota»).
Aparte de esto, hay un número bastante reducido de adjetivos to-
mados de la llamada «segunda clase» griega, especialmente de los
temas en lEal. Dejando aparte los nombres propios (Diógenes, Hermó-
genes, Demóstenes, etc.), es sumamente raro que se conserve un ad-
jetivo de esta clase con su terminación original , como ocurre en
isósceles «que tiene las piernas iguales») o en anofeles
«pernicioso»; la voz española debería ser esdrújula). Lo
normal, en cambio, es que se evite esa terminación y se recurra a la
habitual en -ol-a, ya sea como en el caso de homogéneo y heterogé-
neo (gr. ya en latín tardío homogeneus, heterogeneus), ya
como en el caso de diáfano, patógeno, electrógeno, isómero, políme-
ro, etc., donde las formas francesas correspondientes son, en general,
las que explican esta terminación española (gr. fr. po-
lymere, isomere, etc.) 23 .
Un grupo de comportamiento especial es el de los adjetivos com-
puestos griegos cuyo segundo elemento es (<<que tiene forma o
aspecto de»), que en principio no tienen mayor problema en incorpo-
rarse a la categoría española de adjetivos en -e, como grande, fuerte,
22 ef. García Yebra, 1999, s. V.
23 En el caso de !geno, a veces aparece sufijado en !ico, como en orogénico. onto-
génico, etc. (en estos casos suele haber ya en la lengua un sustanti vo en -genia, como
orogenia,fotogenia, etc.).
La adaptación de los helenismos a la mOlf ología ... 125
ilustre, con fonnas comunes para masculi no y femenino: así romboide,
geoide (algunos se usan sólo como sustanti vos: asteroide) ; también hay
algún caso de hi percaracterización para convertirl os en temas en -o/-a:
masloideo, romboideo. Finalmente, hay unos cuantos ejemplos del len-
guaj e médico (sustantivados, pues son nombres de huesos, glándulas,
etc.) que han conservado la foml a original gri ega con /s/ fi nal: etmoi-
des, tiroides, hioides, etc. (al designar obj etos singulares en el cuerpo
humano o de otros animales, rara vez se usan en plural). Sobre la hi sto-
ri a de este sufij o -oide en español, cf. tambi én § 12.2.4.
Finalmente, vale la pena mencionar el caso de las palabras termi -
nadas en ~ c r a t a y ~ p a t a (demócrata, aristócrata, sicópata, cardió-
pata, etc. ), cuyo ori gen último son los adj etivos griegos compuestos
en -KP011Í<; y -1ta81Í<; , como auwKpa'1Í<; (<<que gobiema por sí mi s-
mo, de acuerdo con su vol untad») o ÓIlOL01ta81Í<; (<<que se ve afectado
de la mi sma fonna»). Pero resulta que los étimos griegos de demó-
crata o aristócrata, es deci r, bTlllOKPÓ'Tl<; y aptCHOKPÓ'Tl<; , son voces
rarí simas en esta lengua (sólo están atesti guadas en Aspasio, un co-
mentari sta de Aristóteles), por lo que cabe sospechar que se trate en
realidad de fonnaciones regresivas, hechas sobre el modelo de auw-
Kpa, 1Í<;, a partir de sustanti vos (demócrata de bTlIlOKpa,ta, cuyo ad-
j etivo de relación en griego no es *bTlIlOKP011Í<; sino bTlIlOKP01tKÓ<;) ;
y el ori gen de estas fonnaciones regresivas es con toda probabil idad
el francés, lengua en que aristocrate, por ejemplo, se documenta ya
en 1550, y cuya terminación en -e será la responsable de la -a espa-
ñola (como ocurrí a en el caso de autodidacta, cf. supra) 24. Por lo de-
más, estas foml as novedosas en ~ c r a t a han acabado por dar lugar a un
úti l sistema tripartito - virtualmente desconocido como ta l en
gri ego- en el que se disti ngue el régimen o clase social (aristocra-
cia, burocracia), el adj eti vo correspondi ente (<<un comportamiento
aristocráti co», «un lío burocrático») y la persona que forma parte de
una clase o grupo o defiende un régi men determinado (burócrata,
plutócrata, etc.; demócrata es de los pocos que se usan tambi én como
adj eti vos, sobre todo en la expresión «el parti do demócrata»).
24 Cf. Garci a Yebra, 1999, s. v. arisrócrara.
126 Los helenismos del español
§ 11 .3. V ERBOS
Los pocos verbos griegos tomados como préstamo por el español
pertenecen casi todos a la categoría de los en que ya en latín pa-
saban a conjugarse como verbos en -izare (yen -idiare en latín vul-
gar) y así han pasado a engrosar la categoría de los españoles en -ar,
que es con la más numerosa y activa de nuestra lengua (casos
como baptizarelbaptidiare > bautizarlbatear;
> exorcizar; catequizar, evangelizar, helenizar, hebraizar y unos cuan-
tos más). De todas formas, la importancia de estos préstamos léxicos,
más que en su número, radica en que a partir de ellos se haya exten-
dido, tanto en español como en otras lenguas europeas, el sufijo -izar,
que como tal sufijo español se estudiará más adelante (§ 12.2.3).
Aparte de esto, apenas hay algún que otro verbo de otras conjuga-
ciones griegas representado en latín (también con la terminación en
-are) y después en español , como el contracto > lat.
blasphemare > blasfemar/lastimar (véase DCECH para la explicación
de este último).
§ 11.4. LAS DEMÁS C LASES DE PALABRAS
De las restantes clases de palabras, ya se ha dicho que son rara
vez objeto de préstamo; nada hay que decir de artículos ni de pro-
nombres (sobre el uso de en compuestos cf. § 12.l.2 Y 12.3).
En cuanto a las preposiciones y adverbios, el único préstamo no-
table del griego al latín vulgar - y de ahí a las lenguas romances -
es el uso distributivo de la preposición Ka,á, origen del español cada.
Según el modelo de construcciones del tipo de Ka, . EVlau,óv (<<a lo
largo del año»), Ka,á (<<cada tres», «de tres en tres»), etc. , se
usaron en el latín popular construcciones paralelas como annum cata
annum o unum cata unum, frente a las del latín culto del tipo de
quinto quoque anno «cada cuatro años», ternos equos habent «tienen
La adaptación de los helenismos a la mOlfología ... 127
tres caballos cada uno», cotidie «cada día», quotienscumque «cada
vez que», etc. ; con el tiempo las construcciones como cala unum aca-
baron por conferir a cada el valor de adj eti vo que tiene hoy, aunque
el hecho de que no admita vari ación de género ni de número denuncia
a las claras su ori gen preposicional , con un uso a veces no muy di s-
tinto del de la preposición por en frases como «toca a tanto por cabe-
za/por persona», «se baña una vez por semana». En otras lenguas la
construcción con cala sufri ó contaminación con quisque: así fr. cha-
cun, it. ciascuno (y las anti guas formas españolas quiscadaúno, ca-
dascuno, cascuno) 25 .
Tambi én podrí a mencionarse el caso del adverbio encima, que
remonta a la locución en cima (el sustanti vo cima < lat. cyma < gr.
KUIlU «ol a, hinchazón, brote, renuevo»); o el del adverbi o cerca < lat.
circa (si es que el grupo latino de circa, circum, circus es realmente
un préstamo del griego KipKOC; , KpiKOC; «anill o», véase DELG s. v.).
Finalmente, hay un caso en el que una conjunción española ya
caída en desuso ti ene su ori gen probabl e en una palabra griega: se tra-
ta de la concesiva maguer, «aunque». Parti endo del vocativo, muy
frecuente en textos clásicos griegos ro lluKáplE «querido ami go»,
«hombre dichoso», la exclamación cobró el sentido de «di chosamen-
te», «ojalá», y con este sentido pasó a la lengua popular de una parte
de la Romani a, siendo todavía detectable en dial ectos itali anos y en
un pasaj e del Libro de buen amor ( 1 034d). Finalmente, «pasó a tomar
valor concesivo, por una especie de cortesía demostrada al interlocu-
tor afectando desear que suceda lo que él nos objeta» (DCECH), en
frases como podrí a ser ésta: «Oj alá sea verdad lo que di ces, yo no me
lo creo» > «Aunque sea verdad .. . ». El uso de maguer o maguera
(magüer es grafí a errónea y moderna) fue abundante hasta el siglo
XI V, pero ya en el XVI era una auténti ca rareza 26.
25 Cf. DCECH s. v. cada: R. J. Cuervo, Diccionario de construcciólI v régimen de
la lengua castellana, Bogotá, 1994. vol. 11. s. Y. cada.
26 Ver DCECI-' s. Y. ; F. Gali ana (1967, § 12) menciona también, siguiendo a Coro-
minas, la anti gua interjección ¡aba " que vendría de lat. apage « gr. árr oYE «qui ta»),
pero cf. Corri ente. 1999, S. v. , que la hace derivar del árabe.
CAPÍTULO V
LA APORTACIÓN DEL GRIEGO ANTIGUO A LA FOR-
MACIÓN DE PALABRAS EN ESPAÑOL
PREFIJOS, SUFIJOS, COMPOSICIÓN
§ 12. LA FORMACIÓN DE PALABRAS
Una vez vistas las distintas clases de palabras como tales (es de-
cir, lo que se llama «préstamos léxicos» o «de vocabulario»), corres-
ponde ahora estudiar los sufijos y prefijos griegos productivos en es-
pañol, así como el problema especial de la composición y el calco.
Convendrá antes de nada aclarar una serie de cuestiones básicas.
Prescindiremos de los morfemas flexivos (los que marcan catego-
rías gramaticales como el género y el número en el nombre, o el
tiempo, la persona, etc., en el verbo), pues, como queda dicho, no ha
habido trasvases entre el griego y el español que afecte a esta clase de
morfemas '. Sí lo ha habido, en cambio, de afijos (sufijos y prefijos),
es decir, de aquellos morfemas derivativos que, en número limitado
en una lengua, sirven para formar nuevas palabras a partir de otras ya
I Con la única excepción, si se quiere considerar así , del sufijo de femenino -isal
-esa, cf. infra, § 12.2. 1. 8. La posible influencia de ciertas formaciones perifrásticas
griegas en las lenguas románicas entraría más bien en la parte de sintaxis (cf. por
ejemplo Lapesa, 1981 , § 11.4 Y el artículo de E. Coseriu, 1977).
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 129
existentes, por ejemplo - en el caso de los sufijos - sustantivos a
partir de sustanti vos (sombra > sombr-ero), de adjetivos (negro >
negr-ura), de verbos (cocer > coci-miento); verbos a partir de sustan-
tivos (saco > saqu-ear), de adjetivos (blanco > blanqu-ear), etc.
§ 12.1. PREFIJOS
Para el estudio de los prefij os y sufijos españoles de origen griego
nos guiaremos por el criterio de lo que es - o se considera habitual-
mente que es - prefijo y sufijo en español, y no por lo que se entien-
de por tal en el caso del griego antiguo; nuestras guías principales pa-
ra el español serán la GDLE (vol. 3, capítulo 76, por Soledad Varela y
Josefa Martín García), Almela (1999, 50-70) Y sobre todo Rainer
(1993,299-379, el que ofrece una casuística más completa) 2.
Los rasgos más destacados de un prefijo español son: que no se
integra en la base (no se funde con la raíz, se mantiene claramente
delimitado respecto de ella, hasta el punto de mantener incómodos
hiatos, al menos en la escritura: anti-imperialista) 3; que no cambia
ninguna de las características formales de la base y que preserva la
categoría gramatical de aquélla (atacar, contra-atacar; ataque, con-
tra-ataque).
En griego antiguo la situación era similar, pero con algunas dife-
rencias dignas de mención. Respecto a los casos de hiato entre el pre-
fijo y la base, a veces ambos elementos se mantienen claramente se-
parados, como en español (cf. avn-aw:lpa «equivalente a un varón»),
pero lo normal es que haya elisión en el prefijo para evitar el hiato
(1tap-aAAT]Ao<; de 1tapa y aAAT]A- «uno al lado de otro»). En cuanto a
la alteración de las características formales (morfológicas), resulta que
en griego se da una clara diferenciación morfológica entre adjetivos
deri vados por sufijación, por un lado, y prefijados y compuestos, por
2 Muy poca cosa en Alvar-Pottier, 1983, § 260-61 ; generalidades sobre el présta-
mo de prefijos en Deroy, 1980, 73-77.
3 Cf. GDLE, § 76.3. 1 (<< Procesos fonológicos»).
130 Los helenismos del español
otro; y es que los primeros suelen admitir morfemas distintivos de los
tres géneros, mientras los del segundo grupo siguen en principio la
declinación animado/inanimado:
AbyoC; > Aoy-tKÓC;, -lÍ, -ÓV (sufijación)
1tOAlx;, AbyoC; > 1tOAú-AoYOC;, -ov (compuesto)
OE!;tÓ<;, o¡;!;tá, Oc!;tóV > -Ov (prefijo preposicional)
á -, Abyoc; > aAoYOC; , -ov (prefijo adverbial) 4.
Todavía hay otro aspecto en el que las palabras prefijadas se com-
portan igual que las compuestas, y es el conocido fenómeno prosódi-
co por el que la vocal breve inicial del segundo elemento se alarga
cuando sigue sílaba breve (o ligera, si se prefiere este término):
000-, > «de nombre ominoso» (pref.)
\jIEüOO<;, áyopEúw > \jIEOOlÍYOPOC; «mentiroso» (comp.),
aunque esto no ocurre en el caso de los preverbios:
KU"t<l, áyopcúw > KU"tUyOpEÚW 5.
§ 12.1.1. Prefijos preposicionales
Hechas estas salvedades, es evidente que las preposiciones son,
tanto en griego antiguo como en español, el grupo más importante de
palabras que pueden actuar como prefijos. Ahora bien, encontraremos
que también aquí hay una diferencia sensible entre ambas lenguas.
Mientras en principio el griego puede anteponer, por ejemplo a un
verbo, cualquier preposición (cf. Ct'.l<pt¡3áUro, Ctva!3áUro, CtvnJ3áUro,
Ct1toJ3áJ.,A.ro, OtaJ3áJ.,A.ro, ¿Kj3áUro, y así hasta completar las dieciocho
preposiciones griegas), el español no puede anteponer a un verbo co-
4 Para más detalles, cf. por ejemplo Meillet-Vendryes, 1953, § 798.
s Cf. Meillet-Vendryes, 1953, § 642 (sobre el alargamiento de compuestos). Por
todo esto, parece coherente, al hablar del griego, tratar conjuntamente la prefijación y
la composición; pero dado que en español las cosas son algo distintas, y para conser-
var cierta claridad expositiva, seguiremos la clasificación tradicional (prefijación, sufi-
jación, composición).
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 131
mo poner casi ninguna de las suyas (diecisiete si prescindimos de ca-
be y so, en franco desuso), sino que tiene que recurrir sobre todo a
cultismos latinos para esas nociones complejas (anteponer, compo-
ner, contraponer, deponer, disponer, exponer, imponer, interponer,
oponer, posponer, proponer, reponer, suponer, trasponer; en des-
uso aponer, pero cf. aposición, apósito; incluso un caso como so-
breponer(se) apenas parece una adaptación superficial de super po-
no) 6. De hecho, entre las preposiciones españolas hay varias - todas
muy cercanas a la forma latina original - que parecen demostrar
productividad como prefijos (a, ante, con, contra, entre, etc.) 7, mien-
tras que otras - de origen románico- son inusitadas con esa función
(desde, hacia, hasta, para, según, etc.).
La explicación de este hecho tiene que ver, al menos en parte, con
la evolución lingüística general del grupo indoeuropeo. Las preposi-
ciones eran originalmente palabras similares a los adverbios, indepen-
dientes en la frase y tónicas (como se ve todavía en sánscrito, en anti-
guo irlandés o en los poemas de Homero, e incluso en textos griegos
posteriores); en el indoeuropeo, por otra parte, las preposiciones, dada
su especial relación con el verbo, eran las únicas palabras que podían
combinarse con él para dar como resultado otro verbo (no había la
posibilidad de formar verbos compuestos con un sustantivo, salvo ex-
cepcionalmente, como el caso de lat. anim-advertere «prestar aten-
ción») 8. En el curso de la evolución lingüística, 10 mismo en griego
que en latín y en las lenguas neolatinas, las preposiciones fueron per-
diendo su autonomía y en cierto modo su «peso léxico», hasta el pun-
to de acompañar siempre a un nombre y depender prosódicamente de
él (todas las preposiciones son proclíticas), y ello debe de ser la razón
6 Deroy, 1980, 73 , recuerda la situación del francés moderno: «nous n'avons
guere que des préfixes savants, c' est-a-dire empruntés au grec et au latin. Presque
partout, les formes héréditaires ont été éliminées systématiquement par les formes
savantes: entrerompre est devenu interrompre et pourmener, promener [ ... ]».
7 Cf. Almela, 1999,65-70.
8 Para toda esta cuestión cf. Villar, 1996,231 ; también Meillet-Vendryes, 1953, §
843-44.
132 Los helenismos del español
por la que en lenguas modernas como el español o el propio griego
moderno su capacidad de actuar como prefijos es mucho más reduci-
da que la que tenían en griego antiguo o en el propio latín, como he-
mos visto.
Si nos fijamos ahora en el comportamiento de las preposiciones
griegas en español, veremos que todas aparecen en helenismos léxi-
cos, heredados: a¡.Hpí (anfiteatro), avo. (analogía) , aV'tÍ (antinomia),
a1tó (apología), olo. (diámetro), de; (episodio, gr. ¿1t-ElO'-óOLOV), ¿K
(eccema), ¿v (endémico), ¿1tí (epidemia), Ka'to. (catálogo), ~ E ' t á (me-
tabólico), 1tapo. (paráfrasis), 1tepí (periplo), 1tpÓ (prólogo), 1tpÓe; (pro-
sodia), <JÚv (sinfonía), Ú1tÉp (hipérbole), Ú1tÓ (hipótesis).
Claro que una cosa es esto y otra muy distinta es que el hablante
medio tenga siquiera conciencia de su existencia (como en ep-is-odio),
o en todo caso de su exacto valor prefijal en esas palabras, y todavía
más que alguna de estas preposiciones tenga rendimiento como pre-
fijo en español; y aun en este caso convendría distinguir entre las que
se han utilizado sobre todo en el lenguaje científico, casi siempre com-
binadas con lexemas griegos (alguna vez con latinos, formando «hí-
bridos»), y aquellas otras que, aunque sea con un rendimiento limita-
do, se comportan como auténticos prefijos españoles, anteponiéndose
a cualquier tipo de palabra, independientemente de su origen.
En el primer caso estarían, con rendimiento variable, aunque en
general escaso
9
: ana (anageotropismo), anfi (anfigeno, anfipodo), apo
(apofonía, apocromosis), dia (diatópico, diastrático, diacrónico; en
el caso de diapositiva parece que la presencia del prefijo se debe a la
influencia de diáfano), ec/ex (ecsomático, exosmosis), en (enostosis,
sobre el modelo de ¿1;óO'nüme;), epi (epitelio, epizoario), cata (cata-
génesis; ya en latín tenemos el híbrido gr.-lat. catacumbae), hipo (hi-
potensión, hiposulfito, hipofunción), peri (perihelio, perinatal), pro 10
9 En la tenninología científica especializada pueden encontrarse muchas rarezas,
cf. Quintana, 1997, y Rainer, 1993, s. v. de cada preposición.
10 Es decir, 1tpÓ «antes de, delante de» (sus equivalentes de origen latino produc-
tivos en español serían pre- y ante-) ; no hay que confundirlo con pro- de origen latino,
que en español puede tener el valor de «en lugar de» (procónsul), «a favor de» (pro-
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 133
(prognatismo «el hecho de tener salientes las mandíbulas», prosimio,
protónico), pros (prosénquima, prosencéfalo), sin (sincéfalo). No co-
nozco ningún ejemplo con eis/es, que era ya poco frecuente como
prefijo en el propio griego y que además en helenismos modernos su-
fre hasta cierto punto la concurrencia lógica de endo (lo mismo que
ec/ex la de exo, como veremos en seguida).
Frente a esto, algunas preposiciones griegas han llegado a funcio-
nar con el tiempo como auténticos prefijos españoles (y también en
otras lenguas europeas), es decir, que se pueden anteponer en princi-
pio a todo tipo de palabras. Aquí hemos de advertir que no podemos
entrar a explicar detenidamente los distintos valores de estos prefijos
- en su origen preposicionales- en los helenismos modernos (com-
parados con los valores más amplios y complejos de dichas preposi-
ciones en griego); para una información detallada al respecto recomen-
damos las entradas correspondientes del Oxford English Dictionary,
una auténtica mina de información y también de ejemplos que suelen
tener su correspondencia en voces españolas. Diremos simplemente,
recordando la imagen del «cuello de botella» propuesta por Janni 11,
que en general se observa una reducción de los valores originales de
la preposición griega (por ejemplo de peri-, de la que se retiene úni-
camente el significado de «en tomo a, alrededor»), y que a partir de
ese significado básico el prefijo puede conocer una gran productivi-
dad y eventualmente desarrollar nuevos valores o matices, desconoci-
dos en griego antiguo.
En español , los prefij os de origen griego (preposicional) que han
resultado más producti vos son:
paleslino). «progresión» (proseguir), aunque según GDLE, § 76.5. 1.1., hay casos en
que si gnifica «delante de, hacia del ante» (proveer, propasarse, etc.), lo que compli ca
más las cosas. Por lo demás, ambas preposiciones tienen el mismo origen indoeuro-
peo, cf. DELL s. v. pro.
11 Janni , 1990, 108 (tambi én a,nali za el comportamiento de peri en heleni smos ita-
lianos modernos).
134 Los helenismos del español
§ 12.1.1.1. A n t i- (gr. o.vn). Unido con frecuencia a lexemas grie-
gos (antihéroe, antiparásito) y también a latinos cultos (anticoncepti-
vo), ha acabado por anteponerse a voces de cualquier origen o regis-
tro, con dos usos básicos, el de designar las caracteristicas opuestas a
las expresadas por la base (antihéroe) y el que señala la oposición a lo
expresado en la base, o la anulación de su efecto (anticaspa, antifas-
cista, antibalas, etc.). Ha resultado enormemente productivo y tiende
incluso a desplazar muchas veces a su correlato de origen latino con-
tra (cf. anticonceptivo y contracepción, etc.).
Un aspecto interesante de este prefijo es que cada vez son más
abundantes las formaciones del tipo de campaña antialcohol, remedio
antigripe, persona antisistema, etc., que aunque parecen adjetivos,
presentan problemas para ser considerados como tales: no permiten
marcar el género (un hombre/una persona antisistema), no hay marca
visible de su paso de la categoría de sustantivo a la de adjetivo (alco-
hol/antialcohol, frente a alcohol/alcohól-ico), etc. Por ello, podrían
considerarse muy cercanos a los sintagmas preposicionales, y se po-
dría afirmar que anti se comporta casi como una preposición españo-
la, pero con algunas limitaciones muy significativas: 1. , a diferencia
de las varias posibilidades de las preposiciones propiamente dichas,
anti sólo parece funcionar relacionando un sustantivo con otro; y 2. ,
no permite intercalar el artículo u otros determinativos (*champú anti
la caspa); por todo ello ocuparía una zona difusa entre preposiciones
y prefijos, en la «periferia» de los sistemas lingüísticos más estructu-
rados 12.
§ 12.1.1.2. H i p e r- (gr. ÚTtÉp «por encima de, exceso de»). Lo en-
contramos en términos cultos relacionados con la medicina o la sico-
12 ef. sobre todo GDLE, § 76.5.3. 1 Y 72.2.3 (p. 4736-41 para los problemas morfo-
sintácticos mencionados); también Rainer, 1993, 306-8. Recuérdese, por otra parte,
que en casos como antifaz o antiparras anti- no es más que una variante o alófono de
ante (y que es un burdo error decir antidiluviano en vez de antediluviano «de antes del
diluvio»).
La aportación del griego antiguo a laformación de palabras.. . 135
logía (hipertensión, hipersensible, hiperactividad) o con otros campos
(hipercorrección, hipercrítico e hiperónimo, en lingüística; etc.), y ha
acabado por extenderse a otros tipos de palabras (hipermercado, hi-
perespacio, hipertexto), cobrando en ocasiones un valor simplemente
intensivo (<<muy grande, muchísimo»), como demuestran ciertos usos,
sobre todo orales o publicitarios, en los que parece contender con
otros prefijos similares como mega o super (hiperoferta, hiperintere-
san te, hiperchulo y otras creaciones por el estilo, no se sabe si efime-
ras o no) 13.
§ 12. 1.1.3. M e t a- (gr. IlETá). En principio limitado a cultismos
científicos con base griega donde suele significar «detrás» o «des-
pués» (metatarso, metatrójico, metacentro), ha conocido cierto éxito
en palabras como metalenguaje, metalógica, metapsíquico, metalite-
rario, etc., en las que se advierten al menos dos sentidos o matices
distintos: uno de «más allá de, que trasciende tal límite» (así en meta-
psíquico «fenómeno psíquico cuya explicación está más allá del al-
cance de la ciencia convencional») y otro de «ciencia o disciplina de
orden superior, fundamentos de una ciencia» (así en metateoría, me-
talógica «fundamentos de la lógica», metalenguaje «lenguaje que se
emplea para explicar el lenguaje mismo», metamatemáticas, metarre-
g/as, etc.) 14 ; en un caso como metaliteratura tiene quizá un matiz li-
geramente distinto (<<literatura dentro de la literatura», «literatura que
toma como objeto el propio hecho literario»).
Lo que parece seguro es que este sorprendente desarrollo del pre-
fijo meta en las lenguas modernas se debe a la Metafisica de Aristó-
13 Para la hi storia de este y de otros sufijos intensivos (ultra, super, etc.) en fran-
cés, cf. Guilbert & Dubois, 1961 , 100- 103 (detectan su crecimiento sobre todo a fi -
nales del siglo XIX, en estrecha relación con el vocabulario de la sicología). Para el
español , cf. GDLE, § 76. 5.4. 1; Rainer, 1993, 338; Lázaro Carreter, 2003, 41-44 (<<Su-
pertri ste» ).
14 Pueden verse varias de estas voces muy bien comentadas en el Diccionario de
Fi/osofia de J. Ferrater Mora, Barcelona, 1994.
136 Los helenismos del español
teles. Como es bien sabido, de su modesto significado original - IlE"tá
"ta. <puffiKá «(los libros que van) después de la Física (en la ordena-
ción de las obras del filósofo)>> - se pasó a interpretar metafisico co-
mo «sobrenatural, transnatural, que está en un plano superior al de los
fenómenos fisicos»; en autores griegos antiguos ya hay algún caso de
esta mala interpretación (<<mala» porque IlE"tá no tenía ningún sentido
de «trascendencia»), pero es sobre todo en la escolástica bajomedie-
val donde se afianza el «errOD> - Santo Tomás de Aquino traduce
metaphysica por transphysica-, y de ahí derivan sin duda nuevos
usos como los de ing. metatheology (en John Donne, siglo XVII), ing.
metapolitics (siglo xvm) o meta lógica (acuñado a principios del siglo
XIX), que si no me equivoco son los más tempranos de toda la serie
mencionada 15.
§ 12.1.1.4. Par a- (gr. 1tapá). Esta preposición, que ya hemos
visto en helenismos tomados directamente del griego antiguo (pará-
frasis, paralelo, parásito), se ha utilizado como prefijo en la forma-
ción de algunos cultismos científicos, con valores diversos (para ti-
roides «glándulas junto al tiroides», paruria «trastorno en la emisión
de orina», etc.), pero su desarrollo como prefijo español se debe ante
todo a su uso con el valor de «ajeno pero a la vez próximo a algo; que
parece una cosa sin serlo realmente», como ocurre en paraestatal, pa-
rafarmacia, parafascista, paramédico, paramilitar, parapolicial, etc.
En otros casos, el prefijo tiene un sentido que recuerda al que hemos
visto de meta, así en parapsicología o paranormal. Por lo que sé, este
desarrollo de para - bastante comprensible si se tienen en cuenta los
complejos valores de la preposición griega- es muy reciente, data-
ble no antes de los años 20 del siglo xx 16.
15 Cf. Janni, 1990, 113-16 (donde también se habla del intento de H. Reiner de
demostrar que el sentido de <<trascendencia» estaba ya en Aristóteles o en sus discípu-
los inmediatos). Para el español, Rainer, 1993, 345-46.
16 Cf. OED, s. v. paramilitary, parapsychology; Rainer, 1993, 353. Sobre paralím-
pico, cf. infra, § 12.5.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 13 7
§ 12.1.2. Otros prefijos
Dejando ya las preposiciones propiamente dichas, también nos
podemos encontrar voces cuyo primer elemento no es una palabra in-
dependiente (al menos gráficamente), sino un «morfema trabado»: así
en griego, por ejemplo, la 0.- privativa (aAoyoc;, -ov «irracional»); o
el prefijo oU<J-«mal» (ou<JWVU)lOC;, -ov «cuyo nombre es de mal agüe-
ro»), que, a diferencia de EU- «bien», no puede aparecer como palabra
independiente. Lo mismo ocurre en español (yen latín) con in- nega-
tivo (im-parable), re- (re-tomar) o dis/des- (dis-gregar, des-confiar,
des-hora) , etc. Pues bien, está claro que en estos casos nos encontra-
mos ante elementos prefijos, de los cuales, en español , los de origen
griego son los siguientes:
§ 12.1.2.1. A- negativa (a n- ante vocal; gr. o.-/o.v-): es muy fre-
cuente en palabras ya formadas en griego (ateo, amorfo, an-orexia,
an-arquía 17; hay algún caso aislado de a- ante vocal : a-arista «in-
definido») . También lo encontramos en helenismos de nuevo cuño
(agenesia, etc.) 18; de aquí se extendió a raíces latinas (asocial, amo-
ral, anormal, avitaminosis, agramatical, asexuado, etc.), sin que haya
llegado a ser común, pues sufre la competencia natural de in- (insen-
sato, insociable, inmoral; rara vez con palabras griegas: inarmónico),
des- (desnutrición), sin- (sinsentido, sinvergüenza), no- (nonato) o in-
cluso de sufijos expresivos como -ón (rabón, pelón) 19.
17 No hay que confundirl o con an(a) - (de la preposición ava) en aná-lisis, aná-
logo, an-agógico, etc.
18 En ocasiones no se observa la norma antihiática del griego: ahistórico (espera-
ríamos más bien *anistórico).
19 Cf. M. L. Montero Curiel , La prefijación negativa en español, Univ. de Extre-
madura, Cáceres, 1999 (p. 107-15 sobre a-) ; Rainer, 1993, 211-12 (que distingue entre
negación contraria y contradictoria) y 299-300; GOLE, § 76.5.3.4 (y § 76.5.3.3. sobre
usos con valor de contrariedad). El uso de ou en utopía (formación aberrante respecto
al griego, acuñada en 1516 por T. Moro) no ha tenido continuidad (con la única ex-
cepción del raro ucronía).
138 Los helenismos del español
Desde el punto de vista histórico, el trasvase de este prefijo griego
a raíces latinas parece remontarse al adjetivo anormalis, atestiguado
en latín medieval, y en francés ya en el siglo XIII (en español es un
galicismo entrado en el siglo XIX) ; este anormalis parece ser un cruce
entre anomalus (> gr. avroj.lOAOC; «desigual, irregular») y abnormis
(lat. ab-normis «que se sale de la norma 20»; cf. inglés abnormal). Las
formaciones como asocial o amoral son sin duda mucho más recien-
tes en las lenguas europeas (Alemany, 1920, 173, recoge amoral co-
mo voz de acuñación todavía muy reciente en el español de su tiempo).
§ 12.1.2.2. Di s- (gr. oU<J- «mal»)/e u- (gr. EU «biem» : se trata de
dos prefijos de significado opuesto (aunque, ya lo hemos dicho, en
griego EU aparece también como adverbio independiente). Eu- está
mejor representado en español, aplicándose en muy diversos campos
(eufonía, eufemismo, eutanasia, eugenesia, helenismos modernos co-
mo euterios, etc.), mientras que dis-, presente en voces heredadas
como díscolo (originalmente «que tiene mal carácter»), se usa sobre
todo en la terminología médica para designar el mal funcionamiento
de un órgano o sistema determinados: dispepsia, dislexia, disnea, etc. 21
Ambos prefijos, por lo demás, se usan sólo con raíces o combinemas
griegos no independientes en español (no existen *lexia, *pepsia,
etc.), mientras que los prefijos comunes en español son bien- y mal-
(bienestar, malestar, etc.) 22 .
20 Curiosamente, lat. norma es un posible helenismo temprano en latín, entrado a
través del etrusco; cf. § 8.
21 No hay que confundir este dis- de origen griego con el dis-/di- que aparece en
muchos cultismos o neologismos de base latina, con valores muy diversos (separa-
ción, negación, etc.): dis-gustar, dis-conforme, di-símil, dis-gregar, etc., y cuyo corre-
lato vulgar es des- (des-hacer); a ello se añade de- (de-generado), procedente del latín
de- y que ya en la baja latinidad tendía a confundirse con di-/dis- (cf. por ejemplo el
doblete deforme/disf orme) . Etimológicamente no hay ninguna relación entre el prefij o
griego 8ucr- y el latino dis-, cf. OELL s. v. dis- (que estaría relacionado más bien con
8lá) y OELG s. v. 8ucr- (sobre el prefijo griego cf. también M. Martínez Hemández,
Semántica del griego antiguo, Madrid, 1997, p. 201 -58).
22 Cf. GOLE, § 76.5.6.2 (no se incluyen dis- ni eu-) ; Rainer, 1993, 327 y 332, que
incluye el ejemplo curioso de disfunción, en el que cabe dudar de si estarnos ante el
La aportación del griego antiguo a laformación de palabras... 139
Finalmente, tenemos otros casos que suelen considerarse prefijos
españoles, pero ante los que puede suscitarse la duda de si son prefi-
jos o primeros elementos de compuestos (cf. § 12.3). Es el caso de:
§ 12.1.2.3. A r c h i-. Este prefijo, cuyos aspectos gráficos y foné-
ticos ya se han visto (§ 1. 1), procede de palabras que, en griego anti-
guo, eran compuestos con un primer elemento de contenido clara-
mente verbal: sobre apxw «ser el primero, mandar», se formaban
compuestos cuyo primer elemento podía ser tanto apxl':- (cf. apxÉ'tU-
1tOs «que constituye un modelo, arquetipo») y apx- ante vocal (apx-
áYYI':AOs < ~ e f e de ángeles, arcángel») como, sobre todo, aPXl- con el
valor de «que está al mando de, jefe», así en apXl-1ÉK1WV < ~ e f e de
obra, arquitecto».
La proliferación de estos compuestos en el griego y el latín cris-
tianos - archidiócesis, arzobispo « archiepiscopus), arcediano « ar-
chidiaconus), arcipreste « archipresbyter), archimandrita en la Igle-
sia griega - es lo que explica que este elemento archi- se extendiera
después a dignidades seculares (archiduque) y, ya en el siglo XVI, co-
brara el significado intensivo - y a menudo negativo- que tiene
hoy: archibribón, archipobre (Quevedo usa esta expresión), archimi-
lIonario, etc.
23
; incluso aparece el prefijo en su variante «vulgar» en
una voz técnica como archifonema, creada por la lingüística estructu-
ral del siglo xx (esperaríamos más bien la forma culta arquifonema;
también existen archilexema, archisemema, etc.). Por todo ello, y a
pesar de su origen, parece claro que hay que considerarlo ya como un
mero prefijo intensivo español (e italiano, francés, etc.), olvidada por
completo su naturaleza verbal originaria 24.
único caso de dis- de origen griego antepuesto a una voz no griega (<<mal funciona-
miento»), o si, como creo, se trata más bien de dis- latino con valor negativo, como el
de disconforme, por ejemplo.
23 Este valor intensivo debió de desarrollarse primero en italiano, de donde se ex-
tendería al español , francés, etc. (eso explica, como ya hemos visto en § 1.1 , la pre-
sencia de la palatal ch, frente al resultado esperado en castellano, que es el de arce-
diano, arzobispo, etc.).
24 Cf. GDLE, § 76.5.4.2 y Rainer, 1993, 308-9.
140 Los helenismos del español
----------------------------------
Otros posibles prefijos españoles tienen su origen en adverbios
griegos, así:
§ 12.1.2.4. En d o-l e x 0-, que corresponden a los adverbios EVboV
«dentro» y E1;w «fuera». A partir de su aparición en hel enismos ya
formados en griego, como exótico, exotérico, endógeno (gr. EVboyE-
v i ) ~ ) , han conocido bastante éxito en la terminologí a científica ([on-
endo-scopio, endorreico, exosjera, exorrizo) y ocasionalmente en otros
ámbitos (endogamia), aunque siempre antepuestos a raíces griegas 25 .
Tenemos también una serie de prefijos cuantificadores de origen
gnego, como son:
§ 12.1.2.5. Di- (gr. bl- «dos»), h e mi- (gr. TUll- «la mitad»), mo-
n 0- (gr. 1l0VO- «uno, uno solo»), p a n- (gr. 1tUV- <<todo»), poI i- (gr.
1tOAU- «mucho») 26. Entre ellos hay algunos que normalmente sólo
funcionan con raíces griegas (como hemi- y di- : hemíptero, hemisfe-
rio, didelfo, diglosia), mientras que los otros tres --y sobre todo mo-
no-- no sólo se añaden a raíces griegas o latinas cultas (monóculo,
pancrónico, polivalente), sino a palabras de cualquier origen, cobran-
do a veces posibilidades de construcción nuevas con respecto a los
que tenían en griego (cf. monopalÍn, monoplaza, panarabismo, pan-
europeo, polideportivo; sobre policlínica cf. § 6.6) 27 . Un caso curioso
es el de pan-, que con esa forma es un prefijo de bastante uso con gen-
tilicios (también lo era en griego, con todo tipo de bases), mientras
que en la forma panto- sólo aparece en voces ya formadas en griego
(pantocrátor) o en tecnicismos científicos (pantógrafo) .
25 Podrían añadirse eso- (gr. E<JW «dentro», que aparece en voces como esotérico.
esoforia) y eclO- (gr. EK1:ÓC; «fuera», en ectoplasma. ectoparásito). Cf. GDLE, ~
76.5. 1. 1 Y Rainer. 1993.328 (ecto), 330 (endo) y 334 (exo).
2b Estos son los que incluye Almela, 1999, 65-70.
27 En el caso de mono se constata la formación de adjetivos de dificil caracteriza-
ción morfológica (gobierno monocolor, automóvil monovo/umen). que recuerdan bas-
tant e al problema que hemos visto al tratar de anti en ~ 12. 1.1 (campaña antialco-
hot, etc. ).
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 141
§ 12.1.2.6. Pro t 0- (gr. 1tpo:rcov, «primero, en primer lugam). Es-
te elemento lo encontramos en helenismos ya formados en griego (pro-
totipo, protagonista, protocolo), pero además ha tenido cierto éxito en
voces cultas con el sentido de «fase, estadio inicial o inmediatamente
anterior a algo, albores de un periodo» (como el alemán ur-), así en
protohistoria, protolengua, protoindoeuropeo, protorrománico, pro-
tozoos, etc. ; también en otras palabras ya en desuso como protonota-
rio, protomédico (aquí con un sentido muy cercano al que hemos
visto originalmente en archi-).
Este «prefijo» de carácter adjetival ya plantea ciertos problemas,
pues si se lo considera un prefijo, aunque sea culto y por tanto de ren-
dimiento limitado, en buena lógica también habría que incluir aquí
deutero- «segundo» (deuteronomio, deuteragonista, deuterología, deu-
terocanónico, etc.), trito- «tercero» (tritóxido), etc.; y si se incluyen
los ordinales, no se ve muy bien por qué habría que excluir los cardi-
nales (de hecho ya hemos incluido los equivalentes a «uno», «medio»
y «dos», mono-, hemi-, di-) y considerarlos «parte de compuestos»,
como hace por ejemplo Almela con tri-, tetra-, penta-, deca-, hecto-,
etc. , a pesar de que alguno de ellos lo encontramos unido a voces no
cultas (tetracampeón, tetrabrik, etc.) 28.
§ 12.1.2.7. El mismo problema se plantea con macro-, me-
g a (lo )-, m i e r 0-; en principio es dificil decidir si se trata de prefi-
jos o de primeros elementos de compuestos. Su origen adjetival en
griego, su presencia mayoritaria en voces científicas y cultas (ma-
28 Cf. Almela, 1999, 155, donde se defiende la clasificación como prefijos de ar-
ehi, eu, hemi, mono, pan, etc. por ser «formas que, aun procediendo de adjetivos o ad-
verbios, gozan de sernas poco específicos»; pero es que el serna de mono o de hemi
(<<uno», «la mitad») en principio es tan «específico» como el de tri o penta (<<tres»,
«cinco»). Más coherente es en este sentido GDLE, § 76.5.6.1 (<< Cuantificadores»),
aunque en cambio no se ve muy bien por qué no incluye los ordinales como proto. Por
su parte Rainer, 1993, de acuerdo con sus criterios, no se pronuncia sobre si son o no
prefijos propiamente dichos, y los incluye todos (véanse s. v.).
142 Los helenismos del español
CroSCOplCO, macrobiótica 29, megaterio, megalomanía, microcosmos),
incluso el hecho de que al menos uno de ellos pueda aparecer tam-
bién como segundo término de compuesto (p. ej. quiro-megalia «cre-
cimiento anormal de las manos»), todo ello aconsejaria considerarlos
elementos de compuestos cuya frecuencia, por otra parte, ha acabado
facilitando que se los pueda anteponer a todo tipo de palabras (ma-
croconcierto, microchip, microbus). Sin embargo, si nos fijamos en
usos más o menos claramente intensivos del tipo de megaéxito, po-
dríamos muy bien considerarlos como prefijos cabales, comparables a
otros como archi-, re-, etc. 30.
Algo similar podría decirse de n e 0- (gr. vÉOC;, <<joven, nuevo»),
a u t 0 - (del pronombre de identidad atnóc; «el mismo») o de s e u d 0-
(gr. ",EUOOC; «mentira»), entre otros elementos que la GDLE llama
«prefijos calificativos» (§ 76.5.6.3, donde se incluyen también homo,
iso, hetero y paleo). Constatamos su uso en cultismos (neotenia, neo-
lítico, autofagia, seudópodo), neo- incluso puede aparecer como se-
gundo término de compuesto (misoneísmo «odio a las novedades») y
auto- ha llegado a constituir una base de derivación en autismo, au-
tista (lo que es insólito entre los prefijos españoles); sin embargo, se
puede plantear la duda si consideramos su uso frecuente antepuesto a
cualquier tipo de palabras, así en neorrealista, neoconservador, auto-
bombo, autolavado, seudocientifico, seudorreligioso, etc. 31
Valgan estos ejemplos para mostrar cómo la línea que separa un
prefijo de un primer elemento de compuesto es muy borrosa y en gran
29 Como nota semántica, recordaremos que macro se suele usar en compuestos
modernos con un sentido distinto del que tenía en griego, que era el de «largo» (como
en macrobiótica, formado a partir de IlUKpó!3to<; «longevo»), y no el de «grande» (que
es el que tiene en macrocosmos, macroscópico, macroeconómico, etc.); cf. Janni,
1994, 93-97.
30 Cf. GOLE, § 76.5.4. 1; Rainer, 1993,344, 345 Y 346; Almela, 1999, 68 (que in-
cluye, a nuestro juicio sin causa justificada, meso-J.
3\ Cf. Rainer, 1993, 309-13 (auto), 349-50 (neo) y 366 (seudo). Por cierto que
neos (por neocatólicos) se usó también en el siglo XIX (cf. § 12.5, sobre «acortamien-
tos» y también sobre fenómenos como el de telenovela (<novela que se emite por la te-
levisión»).
La aportación del griego antiguo a laformación de palabras. .. 143
medida arbitraria; léase, por ejemplo, la introducción de S. Yarela y J.
Martín García al capítulo dedicado a la prefijación en la GDLE (76.1).
Suele decirse que en los compuestos los formantes guardan entre sí
una relación de tipo atributivo o copulativo, mientras que en la prefi-
jación la relación es de tipo adverbial; pero en cuanto nos salimos de
las preposiciones (que en su origen remoto, ya se ha dicho, eran tam-
bién adverbios) y entramos en el campo del adverbio, inevitablemente
estamos ya cerca del nombre (sustantivo y adjetivo). Y es que, visto
en perspectiva diacrónica, muchos adverbios griegos no son más que
casos fosilizados del nombre o del adjetivo (como OtKOL «en casa»,
con la vieja desinencia de locativo), o simplemente su forma neutra
(así 1tpú:rrov «por primera vez», de 1tp(i:rroc; «primero»), como tam-
bién ocurre en español (ahora > ablativo hac hora, luego > loco, etc.).
Esta falta de acuerdo respecto a lo que es o no un prefijo en espa-
ñol se refleja en las obras que venimos citando en este capítulo. Ya
hemos tenido ocasión de criticar en varias ocasiones los criterios de
Almela, no siempre claros, y tampoco podemos compartir la opción
de Rainer - coherente, por lo demás, con su planteamiento- de in-
cluir en los prefijos elementos como bio-, cardio-, ciclo-, etc., que pa-
ra nosotros son elementos de composición, aunque sea de un tipo es-
pecial, culto, de composición
32
; en cuanto a la GDLE, YareJa y Martín
García dicen:
«en nuestro inventario de prefijos españoles incluiremos ciertos ele-
mentos del griego o del latín que, aunque no sean preposiciones, in-
troducen en el español moderno contenidos semánticos de modifica-
ción semejantes a los prefijos propios (asÍ, auto-, los cuantificadores
tri-, deca-, mili-... o pluri-, hemi-) y algunas preposiciones de esas
lenguas hoy sólo usadas en el vocabulario culto o en creaciones oca-
sionales, de bajo rendimiento (ecto-, endo-, epi-)>> (p. 4998).
32 Por su parte, Alemany, 1920, 173-213, trata la prefijación como un capítulo
dentro de la composición, por lo que no tiene mucho interés para la cuestión que nos
ocupa; sí es interesante comprobar, en cambio, que muchos de los desarrollos que he-
mos visto en este capítulo son tan recientes que Alemany no los menciona siquiera en
su libro (por ejemplo los relativos a para-, meta-, hiper-, proto-).
144 Los helenismos del español
Y, de acuerdo con estos criterios, incluyen en su lista, como he-
mos visto, cuantificadores y además «calificadores» como neo, seudo,
hetero, horno, iso; pero, cuando se entra en este terreno, claramente
adjetival, puede uno preguntarse por qué, si se incluye iso «igual», no
se incluyen por ejemplo alo «otro» (a/omorfo, etc.) y horneo «pareci-
do» (homeóstasis, etc.); si se incluye paleo «antiguo», por qué no me-
so «medio» (mesolítico, mesocracia) o arqueo «antiguo» (arqueolíti-
co, etc.); por qué seudo «falso» pero no, por ejemplo, cripto «oculto»
(criptojudaísmo, etc.), y así sucesivamente.
Por todo ello, en el caso de que se quisiera dar con un criterio
drástico, lo más coherente sería excluir de la categoría de prefijos es-
pañoles a todos los elementos de carácter claramente adjetivo o ad-
verbial, es decir, los cuantificadores, cardinales y ordinales como
pan-, poli-, mono-, proto-, etc.; los adverbiales ecto-, exo- y endo-;
los adjetivales micro-, macro-, mega-, neo-, seudo-; o el pronominal-
reflexivo auto-; todo ello con la reserva de que algunos de estos ele-
mentos puedan cobrar, en palabras de nueva creación, valores o mati-
ces que los acerquen notablemente a los «verdaderos» prefijos (como
mega- en su acepción puramente intensiva).
Se podrían conservar, por tanto, como prefijos españoles de ori-
gen griego los derivados de preposiciones (anti-, hiper-, meta-, para-)
y además el intensivo archi-, el privativo a- y finalmente, con muchas
vacilaciones, los adverbiales dis- y eu- (muy poco productivos los dos
últimos) 33. Es decir, que, del mismo modo que para definir lo que es
un prefijo o un sufijo en español es requisito básico su falta de inde-
pendencia gráfica o prosódica en la frase (gráfica en el caso de re- o
-miento, prosódica en el caso de las preposiciones), en el caso que nos
ocupa, si queremos conservar la distinción clara entre prefijación y
composición, tenemos que recurrir a un criterio histórico, a saber, el
de la falta de independencia gráfica o prosódica de esos elementos (6.-,
33 Se podría rechazar eu- y admitir dis- porque este último no tiene autonomía
como palabra en griego; pero esto sería adoptar un criterio de carácter histórico-
etimológico, ajeno a su funcionamiento actual en la lengua española.
La aportación del griego antiguo a laformación de palabras... 145
aV.l, etc.) en el propio griego antiguo, excluyendo por tanto todos
aquellos formantes que no son más que variantes o alófonos en com-
posición de palabras independientes a todos los efectos en griego
(como lo es ot- de Ole; «dos veces», 1tOAU- de 1tOAÚe; «mucho», VEO-
de vÉoe; «nuevo», etc.)34, y que por tanto en buena lógica habrá que
incluir dentro de la categoría de los temas de composición de origen
griego (como leuco-, cardio-, -algia, -metría, etc., de los que nos
ocuparemos en § 12.3).
La otra opción drástica, ya lo hemos dicho, es la de Rainer (total-
mente ajena a razones diacrónicas), que en su lista de prefijos lo
mismo incluye a- o hiper- que bio- y cardio- , de igual modo que en la
de sufijos incluye -ista o -itis junto a -ómetro u -ología, pues ninguno
de esos elementos tiene independencia como palabra en español; es
una opción coherente, pero tiene el inconveniente de obviar el hecho
de que en español, lo mismo que en otras lenguas europeas, existe un
tipo especial de composición, aquella que opera a partir de temas o
raíces greco-latinas, y que nosotros creemos que merece ser tratada
como tal (cf. § 12.3).
§ 12.2. SUFIJOS
Veamos ahora los sufijos griegos que han encontrado acomodo en
el español, en algunos casos con un altísimo grado de productividad
(recordemos que la sufijación es el procedimiento más eficaz que tie-
ne el español para la formación de palabras); tendremos que exponer,
aunque sea brevemente, los antecedentes griegos y latinos, pues de lo
contrario es imposible entender la historia y el uso actual de estos su-
fijos en las lenguas modernas. Por otra parte, recordamos al lector que
desde hace muy poco contamos con un buen diccionario histórico-
etimológico de los sufijos españoles, el DESE de David Pharies, lo
.14 Las única excepciones serían archi-, incluido entre los prefijos por las razones
expuestas, y hemi- , que no es palabra independiente en griego; sobre dis- y eu- , cf. su-
pra.
146 Los helenismos del español
que nos ha permitido en este apartado - a diferencia del dedicado a
la prefijación- algo más de precisión en lo referente a la datación de
los primeros ejemplos en castellano de voces con los sufijos respecti-
vos.
A diferencia de los prefijos, que, como hemos visto, no suelen
modificar la base ni imponerle ningún tipo de morfema flexivo o de
categoría gramatical, el sufijo «modifica generalmente y de una ma-
nera sistemática la clase de la palabra base» 35, convirtiéndola en un
sustantivo, un adjetivo, un verbo, etc.
Para nuestra exposición distinguiremos, siguiendo a Almela, entre
sufijos exocéntrlcos -aquellos que alteran el semema de la palabra
base, como en cocina> cocinero- y endocéntrlcos - que solamente
alteran una parte del semema (es lo que suele llamarse «sufijos apre-
ciativos», del tipo de ventana > ventanica). Dentro de los exocéntrl-
cos distinguiremos entre los sustantivadores, los adjetivadores y los
verbalizadores, según la clase de palabra a la que pertenezcan las vo-
ces formadas con dichos sufijos 36.
§ 12.2.1. Sufijos exocéntricos-sustantivadores
§ 12.2.1.1. -t a, -i t a, -( i) sta. Este sufijo español, en sus diversas
variantes, remonta al griego --11<;, que servía para formar nombres de
agente masculinos (generalmente de persona) a partir de raÍCes ver-
bales (como en KM1t-_11<; «ladrón», de KNm- «robar») o nominales
(como en 1tOAí-_11<; «ciudadano», de 1tÓAl<; «ciudad»)3? En el jónico-
ático se convirtió en el sufijo de agente por excelencia y fue enorme-
mente productivo (hay unos 4.500 ejemplos). Según el lexema al que
se pospusiera, daba lugar a diversas terminaciones, como -11-11<;
35 Almela, 1999,75.
36 Cf. Almela, 1999,71-119; GDLE, capítulos 69 (Derivación nominal, por R. San-
tiago Lacuesta y E. Bustos Gisbert), 70 (Derivación adjetival, por F. Rainer), 71 (De-
rivación apreciativa, por F. A. Lázaro Mora), 72 (Derivación verbal y parasíntesis,
por D. Serrano-Dolader).
37 Cf. Chantraine, 1933,310 ss.; Buck-Petersen, 1945,544-73.
La aportación del griego antiguo a laformación de palabras... 147
(1tOlrrrlÍC; «poeta»), -LLl1C; (1tOA.Í1l1C; «ciudadano»), -0"t11C; (í1t1tó"tl1C; «ca-
ballero»), -a<Hl1C; (¿pa<HlÍc; «amante»), -l<Hl1C; «pro-
fesor de primeras letras»), -lW"tl1C; (i8Hínl1C; «particular»), etc. ; el acen-
to, como se ve, no ocupaba un lugar fijo en estos derivados.
En latín hay atestiguados cerca de doscientos heleni smos que in-
cluyen este sufijo, entre ellos idiota, nauta, poeta, sophista, athleta,
pirata, propheta, troglodyta, hoplites, hypocrita, proxeneta, apostata,
baptista, evangelista, exorcista, coenobita, eremita, anachoreta, an-
tagonista, asceta, catechista, allegorista, panegyrista, patriota 38. Esta
categoría de helenismos se integraba sin problemas en la declinación
latina, convirtiéndose en masculinos de la primera (en -ta, -tae, como
las voces autóctonas del tipo agricola, -ae), aunque ocasionalmente
se conserve el nominativo griego en -tes, sobre todo en autores técni-
cos.
Por lo que respecta a la productividad del sufijo en el propio latín,
no es mucho lo que se puede decir. Y es que en latín estaban muy vi-
vos sufijos como -tor y -tarius (cf. el caso de convertido
en lat. bacchator, o la concurrencia entre baptista y baptizator); el
préstamo de helenismos en -l(Hl1C; era más fácil cuando había también
un verbo paralelo en (como en agonizo/agonista, catechizo/cate-
chista, etc.).
Como puede verse por la lista que hemos citado antes, eran mu-
chos los términos cristianos que incluían este sufijo en latín, y fue
precisamente en este terreno donde -ta conoció cierta productividad a
partir del siglo 1Il d. C. Nos referimos a los nombres de sectas cristia-
nas en -itae/-istae/-astae, casi siempre formados ya en griego (Chi-
liastae, Encratitae, etc.), pero que en algunos casos añadían el sufijo
griego a raíces latinas (como en Binionitae, Unionitae y alguno más)
o a antropónimos no griegos (Montanistae, Priscillianistae, etc.). Este
uso del sufijo es importante porque anuncia el uso moderno de -ista
aplicado a miembros o simpatizantes de partidos políticos, confesio-
3K Cf. André, 1971 , 73 ss. (recordamos que el estudio de este autor abarca desde
los orígenes del latín hasta el año 600 d. C. ).
148 Los helenismos del español
nes religiosas y grupos de todo tipo (ver infra), uso que se ha visto
favorecido por la existencia de abstractos en -ismo (sufijo del que ha-
blaremos en seguida); además, el uso de este sufijo para designar
sectas heréticas explica en parte que -lcr'tT]C; , que en su origen era to-
talmente neutro, sin ningún tipo de connotaciones, tenga muchas ve-
ces en las lenguas modernas (como -ista en español) un valor peyora-
tivo más o menos claro (piénsese en casos como arribista, felipista,
etc.).
Por otra parte, también en la Alta Edad Media empiezan a apare-
cer ya voces que anuncian el abundante uso moderno de -ista con ba-
ses no griegas para designar profesiones u ocupaciones, así ioeísta
«que hace juegos de palabras» (siglo VII) o computista «el que calcu-
la» (siglo VIII)
En español tenemos ampliamente representado el sufijo -ta en sus
diferentes variantes (se trata de palabras ya formadas en griego, si no
se indica expresamente lo contrario) 39:
- ata: en helenismos heredados como apóstata, próstata (ya en gr.
aplicado a esta parte del cuerpo), pirata, el caso curioso de acró-
bata 40, gentilicios como crotoniata o espartiata, etc. (y el moder-
no keniata, que tiene su origen en un nombre propio). Está además
el caso especial de homeópata, sicópata, demócrata, autócrata, que
no son originalmente nombres de agente en -ata; pero cabe supo-
ner que estas formaciones regresivas (cf. § 11.2) se han visto favo-
recidas por la gran cantidad de sustantivos masculinos terminados
en -ta, con los que quizá el hablante común los asimila;
- eta: ampliamente representado en helenismos heredados como as-
ceta, profeta, exegeta o exégeta, atleta, cometa, planeta, proxene-
39 Nuestra fuente principal es el diccionario inverso de Bosque-Pérez, 1987 (he-
mos revisado todas las palabras terminadas en -tajo
40 Curioso porque cuando se acuñó en francés acrobate (de donde esp. acróbata)
no estaba atestiguada todavía la voz griega correspondiente Crxpo¡3áTIl<; (documentada
epigráficamente en el siglo xx), cf. R. Adrados, 1997, 314, Y también García Yebra,
1999, s. v. acróbata.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras.. . 149
ta, poeta, esteta, anacoreta, metreta, el gentili cio egineta (y el mo-
derno lisboeta):
- (i) ota: poco representado: idiota. patriota, algún genti lic io como
epirota, sicilio/a, chipriota (y el moderno cairota) :
- euta/-auta: poco representado: coreuta, terapeuta, hermeneuta, nau-
ta y sus deri vados (astronauta, etc.) ;
- nta: sólo tenemos el caso de un par de compuestos de q>OlVú) , hie-
rofan te (donde, por influencia del francés, ha cambi ado la tenni-
nación) y el poco usado sicofanta;
- asta: representado en palabras como escoliasta, iconoclasta, gim-
nasta, pederasta, entusiasta (usado como adj eti vo en lugar de en-
tusiástico), con su terminac ión ori ginal en el caso excepcional de
Eclesiastés. El único caso moderno que conozco en que se ha usa-
do esta vari ante del sufij o es cineasta (fr. cinéaste, documentado
en 1922); la raíz de cine es griega, KlVl1).lO «movimi ento», pero la
formación del té rmino mode rno, con su hi ato l eal y s u acorta-
miento léxico (cf. § 12. 5), as í como su propio signifi cado denun-
cian claramente su modernidad)41;
- ita: en gri ego esta tenninación (-L't11<;) podía ser simpl emente el re-
sultado de añadir el sufijo de agente -1'11<; a un tema en III larga o
breve (así 1tOAl1l1<; de 1tÓAl<; «ciudad», Ú1tOKPL't1Í<; de KplVÚ) <0uz-
gar», etc.; en al gún caso se ha añadido -l1'l1<; a otro tema, como en
Ó1tAl1l1<; de 01tAOV «arma»), y así tenemos en español cosmo-
polita, hoplita, hipócrita 42.
Pero además la tenninación -L't11<; era frecuente como tal en genti -
li cios (como ' AB811Pl111<; «ciudadano de Abdera», LtBOPl1'l1<;, etc.);
tambi én se la ut ili zaba, con va lor adjetival, para nombres de piedras y
4 1 Cf. Rainer. 1993.416.
4! Hayal menos un caso en que -ita representa en un heleni smo espaiiol el añadi-
do del sufijo a una raíz en l u/ : Il'Og/odi ra(s) < la!. Trog/odl'fae < TpúJy/"'ocS0Tal (el'.
DELG s. v. Tp<ÍlyúJ sobre los probl emas que plantea esta palabra).
150 Los helenismos del español
minerales, acompañando normalmente a AíeO<; «piedra» (Aí9o<; av-
9pmcí:tT]<; «piedra antracita», aEAT]vÍ'tT]<; , etc.) 43.
Su uso con gentilicios explica que los traductores de la Biblia he-
brea al griego (la Septuaginta o LXX, siglos m-u a. C.), al haber ade-
más en hebreo muchos nombres de persona y de lugar terminados en
l il , utilizaran con profusión la terminación -t'tT]<;, generalmente en
plural (como en AEUitm «miembros de la tribu de Leví»,
, IapuT]Attm , MúX$itm «habitantes de Moab», etc.). De aquí pasó
fácilmente al griego cristiano, designando nombres de sectas (como
Movoepuat'tm, ver antes)44 o palabras comunes (como varias que ha-
cían alusión al modo de vida, como EPTJIlítll<; «eremita», etc.).
Con estos antecedentes, encontramos en español la terminación
-ita en algunos gentilicios griegos (sibarita, que ha desarrollado un
sentido específico, más allá del original de «habitante de Síbaris»;
estagirita, abderita, etc.; un caso especial es el de selenita «habitante
de la Luna», utilizado ya por Luciano en su Historia verdadera) y en
muchas palabras relacionadas con el judaísmo y el cristianismo, ya
formadas en griego (eremita, cenobita
45
, Areopagita, israelita, sodo-
mita, levita - la persona y la prenda-, monofisita, etc.), pero tam-
bién se observa su uso bastante abundante con bases léxicas del ori-
gen más diverso, ya sea en puros gentilicios (como moscovita, semita,
vietnamita, sefardita o hitita; urbanita «habitante de la ciudad» debe
de haberse tomado del inglés, donde ya aparece a finales del siglo
XiX), ya en voces relacionadas con la religión cristiana medieval o
moderna (jesuita, cusita, carmelita, etc.).
En cuanto al uso griego de -t'tT]<; con nombres de minerales y ge-
mas (también atestiguado en helenismos latinos gracias sobre todo a
Plinio el Viejo), ha tenido su continuación en el léxico moderno del
español y demás lenguas europeas, donde tenemos tanto palabras he-
43 Cf. Redard, 1949, 49-65 (piedras) y 118-222 (gentilicios).
44 Lista muy completa en Redard, 1949, 214-222.
4S Cf. André, 1971, 87 para esta palabra en concreto.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras.. . 151
redadas del griego (antracita, pirita, clorita < etc.) como
muchas formaciones nuevas, relacionadas con la mineralogía (bauxi-
ta, baquelita, azurita, calcita, grafito con cambio de género, etc.), los
fósiles (a veces conservando la terminación -tes, como trilobites), la
química, especialmente para nombres de explosivos (dinamita, trilita)
o de determinadas sales de ácidos (sulfito, nitrito, etc., con cambio de
género; cf. fr. sulfite, ing. sulphite, nitrite, etc.) 46;
- i s t a: aunque esta terminación, asociada en griego a los verbos en
está presente en unos cuantos helenismos heredados (alicista,
helenista, sofista, exorcista, etc.), su productividad ha sido tal en
español y en las demás lenguas europeas que la encontramos como
sufijo añadido a cualquier tipo de base léxica (unos 800 ejemplos
en Bosque-Pérez, 1987). Respecto a la historia de este sufijo, ya
hemos hablado antes de la importancia que tuvo su uso para desig-
nar sectas cristianas heréticas (montanistas, donatistas, priscilia-
nistas, etc.); diremos también que, en la transición entre los usos
antiguos y modernos del sufijo, tuvo especial relevancia su uso en
la filosofía escolástica (para designar escuelas como los nomina-
listas, los tomistas, los realistas, etc.), y así, extendiéndose poco
a poco a bases no griegas (por ejemplo en fr. oculiste, documen-
tado en 1503), llegamos a los usos actuales en español, donde
- siguiendo fundamentalmente a Rainer- se pueden distinguir:
a) oficios y ocupaciones, especialmente en el campo de las ar-
tes y las ciencias, aunque está abierto a otros muchos secto-
res, incluidos los delictivos (violinista, novelista, oculista,
jurista, arabista, germanista, escayolista, mayorista, peris-
ta, etc.). Dentro de esta categoría podría incluirse el subtipo
46 Para explicaciones más precisas sobre estos usos científicos del sufijo, cf. ante
todo OED s. v. -ite. Para los distintos usos de -ita en español , cf. Alemany, 1920, 92;
Rainer, 1993, 575-76; GDLE, § 70.3.1.2-3 (adjetivos deonomásticos de persona y de
lugar); DESE s. v. -ita (con algunas imprecisiones históricas sobre el sufijo griego) e
-ito (con datos sobre sus usos en la química).
152 Los helenismos del español
que designa a participantes o miembros (asambleísta, ate-
neísta, huelguista, etc.), incluyendo las miembros de equi-
pos deportivos (como en «los jugadores zaragocistas»);
b) partidarios de todo tipo de agrupaciones, ya sean grupos de
carácter religioso (quietista, milenarista, metodista, taoísta,
calvinista, etc.), escuelas filosóficas y artísticas (dadaísta,
modernista, vanguardista, materialista, averroísta, etc.), par-
tidos políticos y otras agrupaciones de naturaleza diversa
(racista, fascista, nudista, europeísta, socialista, etc.);
c) formas de ser, actitudes, defectos, etc. (egoísta, hedonista,
cobista, arribista, fetichista, bromista, juerguista, sablista,
hablista, covachuelista, alarmista, camorrista, cuentista,
etc.); como se puede observar, en este grupo hay muchas
formaciones de carácter humorístico o despectivo. Quizá
podrían incluirse aquí las voces que designan a personas con
particularidades lingüísticas, en la medida en que éstas sue-
len considerarse como «defectos» (leísta, laísta, dequeísta,
yeísta, etc.).
Muchas de estas palabras -que presentan forma única para mas-
culino y femenino (salvo casos excepcionales como modisto), cf.
§ 11.1.1- tienen sus correlatos abstractos en -ismo (socialismo, taoís-
mo, etc.) y algunas tienen correlatos verbales en -izar, no siempre con
el mismo sentido (socializar, feminizar, etc.); las excepciones más
notorias a esta tendencia son la mayoría de los nombres de oficios
(artista) y muchas de las que hemos incluido en el apartado c) (bro-
mista, sablista).
Por otra parte, el grupo a) es el único en que se conserva el valor
puramente neutro del sufijo de agente griego - ' t 1 l ~ , que designaba en
principio a una persona que desempeñaba una actividad determinada;
mientras que en los demás grupos es frecuente que haya una connota-
ción peyorativa o humorística, aunque a veces esté ya muy difumina-
da o incluso olvidada (recuérdese cómo muchos nombres de escuelas
o tendencias artísticas y literarias fueron acuñados por sus enemigos
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 153
con intención peyorativa, desde los neotéricos en la época de Cicerón
hasta los impresionistas en el siglo XIX)47.
§ 12.2.1 .2. -i t i s. Dedicamos un apartado propio a este sufijo, aun-
que en realidad en su origen, en griego antiguo, no era sino la forma
de femenino del sufijo -(l)'rTje; que acabamos de ver (por ejemplo en
KUVTjY€'!le;, fem. de KUVTjY€1Tje; «cazador», o en 1tUpáKOl1le; «esposa»,
fem. de 1tUpuKoÍLTje; «marido») 48. Pero ya en griego esta terminación
-l '!le; conoció algunos usos específicos, entre ellos el que se ha per-
petuado en español y demás lenguas europeas, es decir, su uso adjeti-
val para designar una parte del cuerpo afectada por algún tipo de pa-
tología (así en vócroe; apepl'!le; «enfermedad de las articulaciones»; a
menudo se elidía el sustantivo vócroe;, y de ahí deriva el uso moderno
del sufijo -itis como formador de sustantivos)49.
Respecto a su uso moderno, hay que señalar que se trata en princi-
pio de un sufijo culto restringido al campo de la medicina, donde, por
cierto, ha cobrado un sentido más concreto que el que tenía en griego, a
saber, el de «inflamación» de la parte u órgano en cuestión; las voces
españolas que lo llevan son o bien heredadas del griego (artritis, pleu-
ritis, etc.) o bien de nueva formación a partir de raÍCes griegas (otitis,
rinitis, etc.) o latinas (apendicitis, sinusitis, etc.); sin embargo, también
hay algunos casos esporádicos de uso humorístico-despectivo del sufi-
jo, así titulitis, medallitis, mieditis, reunionitis, etc., donde las afeccio-
nes fisiológicas se han sustituido por defectos morales 50. Sobre su ina-
daptación morfológica en español, cf. § 11.1.5.
47 Cf. en general Alemany, 1920, 91-92; Rainer, 1993, 486-87 (sobre la rivalidad
entre -ero e -ista), 566-72 (tambi én para cuestiones formales) y 575 (sobre -isto);
GOLE, § 69.2.25 (como formador de sustantivos) y 70.3.1.2, 70.3.4 (como formador de
adjetivos); Romero Gualda (1981); DESE s. v. -ista.
48 Cf. Chantraine, 1933, 339-40; lista en Kretschmer-Locker, 1963, 325-27; para
el latín, Gradenwitz (1966), que recoge unos 120 helenismos.
49 Lista en Redard, 1949, 101-105 (algunas de esas palabras sólo están atestigua-
das con la terminación -i'rTlC;) .
50 Por eso Almela (1999, 119) incluye -itis entre los sufijos apreciati vos; cf. tam-
bién Alemany, 1920, 93; Rainer, 1993, 576-77; DESE s. v.; no figura en GOLE. En OED
s. v. -itis se citan casos como fisca/itis, suffragitis (1906), etc.
154 Los helenismos del español
§ 12.2.1.3. -i s m o. En griego hay muchas palabras formadas con
el sufijo (como > ritmo), pero aquí lo que nos inte-
resa son las terminadas en y especialmente en e
pues es el grupo más importante y productivo ya en griego, donde
suele estar en relación con verbos en -áero e -íCro 51, Y es el único (en
la forma -ismo) productivo como tal sufijo en español y en otras len-
guas modernas.
En latín aparecen unos ochenta helenismos terminados en -smus
(la gran mayoría en -ismus), lo que no es mucho comparado con los
casi 1.600 que hay en griego 52; muchas de estas palabras latinas han
llegado también como cultismos al español, así barbarismus, soloe-
cismus, idiotismus, metaplasmus, rheumatismus, spasmus, schematis-
mus, syllogismus, baptismus, christianismus, exorcismus, iudaismus,
asteismos, atticismus, etc. Estos préstamos se adaptaban sin proble-
mas a la declinación latina en -us, -i, aunque ocasionalmente pudieran
conservar terminaciones griegas (nom. asteismos, ac. en -on, etc.).
Las actividades a las que se referían todas estas palabras eran sobre
todo las intelectuales, especialmente la gramática y la retórica; la me-
dicina, y el léxico cristiano (donde era frecuente que junto al abs-
tracto en -ismus hubiera también el verbo en -izare y el nombre de
agente en -ista: catechismus/catechizare/catechista, etc.).
Por lo demás, su uso como sufijo productivo en latín fue mínimo,
reducido a paganismus (como opuesto a Christianismus) y denaris-
mus (nombre de un impuesto). Desaparecidas la mayoría de las pala-
bras mencionadas del léxico primitivo de las lenguas románicas, esta
terminación - que seguía estando presente en los textos latinos me-
dievales de retórica, de medicina, etc. - reapareció poco a poco, con
algunas nuevas creaciones muy significativas, como catolicismo (si-
glos XVI-xvn) 53, y ha tenido un éxito enorme en las lenguas modernas
europeas (y no sólo europeas: está documentado su uso en japonés),
51 cr. Chantraine, 1933, 135 ss.; Buck-Petersen, 1945, 184-85 Y 200-209.
52 André, 1971,58 ss.
53 Sobre el caso discutido de abismo « éíf3ucrcroC;), ya en el siglo XIII, ver DCECH.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 155
hasta el punto de llegarse a hablar en el siglo xx de ismos (es muy in-
frecuente que un sufijo acabe convirtiéndose en un sustantivo por de-
recho propio).
En español, y prescindiendo de otros helenismos heredados en los
que se aprecia el sufijo básico -jlOe; (rit-mo, borborig-mo, logarit-mo,
ist-mo, etc.), quedan unas cuantas palabras griegas terminadas en
-asmo (sarcasmo, orgasmo, entusiasmo, quiasmo, metaplasmo, pleo-
nasmo, espasmo/pasmo, marasmo) y apenas alguna que otra en -esmo
(tenesmo en medicina) 54.
Pero, como ya hemos dicho, el único sufijo productivo en español
ha sido -ismo (hay cerca de 800 ejemplos en Bosque-Pérez, 1987)55.
Desde el punto de vista semántico hay que decir que ya en griego se
observan usos bastante distintos del sufijo, pues, resumiendo, por un
lado -L<JjlÓe; puede servir para designar simplemente un proceso, una
acción completa o su resultado (como en óCHpaKl<JjlÓe; «acción y
efecto de desterrar a un ciudadano», o en Qq>Opl<JjlÓe; «delimitación,
definición»); por otro, desde muy pronto se ha especializado para in-
dicar la adhesión a una causa política o de otro tipo (jl1l0l<JjlÓe; «el he-
cho de simpatizar por los persas»), una forma determinada de hablar
o de comportarse (ÉAAllVl<JjlÓe; «el hecho de escribir o hablar un grie-
go correcto»), etc.
Así, en español tenemos bastantes muestras del primer uso, pero
casi siempre se trata de palabras heredadas; en este sentido el sufijo
ha sido poco rentable:
a) Palabras heredadas: aforismo, ostracismo, paralelismo, silo-
gismo, cataclismo (ver nota), paroxismo, términos médicos
como reumatismo, cateterismo. Voces de creación moderna:
vulcanismo, magnetismo, en medicina paludismo, metabo-
lismo, etc. (quizá habria que incluir aquí los colectivos, uti-
54 Sobre el origen de cosmos, véase DELG s. V.
55 En algún caso aislado el final en -ismo no procede de -tcr¡!(x; sino de -u-cr¡tÓC; (ca-
taclismo < KQ'WKAUcr¡tÓC; , de KQ1QKAúl;w «inundam).
156 Los helenismos del español
lizados en lingüística, vocalismo y consonantismo 'conjunto
de vocales o consonantes de una lengua').
En cambio -ismo, en correspondencia muchas veces con -ista (ver
antes, en este sufijo) e -izar, ha sido y sigue siendo enormemente pro-
ductivo para el segundo uso, es decir para designar:
b) la adhesión a grupos religiosos, sectas, escuelas filosóficas o
económicas, tendencias artísticas, partidos políticos, corrien-
tes o agrupaciones de naturaleza diversa (brahmanismo,
nominalismo, librecambismo, krausismo, surrealismo, libe-
ralismo, jeminismo, etc.), incluyendo además la designación
de formas de organización social y de gobierno (feudalismo,
capitalismo, totalitarismo, etc.);
c) peculiaridades lingüísticas (cultismo, dialectalismo, eolismo,
anglicismo, leonesismo, etc.);
d) conductas y actitudes generales (egoísmo, arribismo, despo-
tismo, nepotismo, etc.); a menudo la base ya designa una ac-
titud por sí misma (patriotismo, pasotismo, esnobismo, cos-
mopolitismo, etc.)56.
Respecto a la relación entre -ismo e -ista, de la que ya hemos di-
cho algo antes, es lógico que los sustantivos del grupo a), en la me-
dida en que designan procesos sin intervención humana, no tengan
correlato en -ista (p. ej. vulcanismo, cuyo «correlato» sería vulcanó-
logo), mientras que suele ocurrir lo contrario con los del grupo b)
(nominalista,feminista) y con algunos del d) (egoísta, arribista) .
Respecto al grupo c), es curioso observar cómo los nombres de
agente en -ista que hemos clasificado antes (§ 12.2.1.1) en el apartado
c) designan normalmente a quien comete algún tipo de «error» en su
56 Como señala Rainer, 1993, 563-64, ésta es una de las categorías en que estamos
muy cerca de auténticos nombres de cualidad, del tipo de los en -(i)dad, como urbani-
dad, etc.; otro grupo sería el de los nombres de enfermedades ya mencionado, sobre
todo en casos como nerviosismo (también se usa nerviosidad), infantilismo, etc.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 157
fonna de hablar (laísta, etc.)57, mientras que los en -ismo tienen un
carácter más neutro, indicando nonnalmente la mera procedencia de
una palabra o expresión (eolismo, latinismo, provenzalismo, etc.;
aunque también hay laísmo, yeísmo, etc.) 58.
§ 12.2.1.4. -s i s, -o s i s. El sufijo -ti-, ampliamente atestiguado en
las lenguas indoeuropeas, está representado en griego por la tennina-
ción -tle;, que, desde el punto de vista fonético, sufre asibilación (con
algunas pocas excepciones, como Jlávne; «adivino» y sus compues-
tos, esp. quiromante, nigromante, etc.) y se convierte en -me;; y desde
el punto de vista semántico, se especializa en la fonnación de abs-
tractos verbales (procesos, acciones), que ocasionalmente pueden co-
brar un sentido concreto (por ejemplo l3á(ne; «acción de andar» >
«base») 59.
De los más de 5.600 ténninos en -me; atestiguados en griego clá-
sico, en latín se han registrado unos 300 préstamos. Los campos me-
jor representados son el de la medicina, fundamentalmente designan-
do nombres de enfennedades (phthisis, psoriasis, etc.; a veces el
préstamo se debía a la pura imposibilidad de nombrar en latín deter-
minadas partes del cuerpo) y el de la gramática y la retórica (ténninos
como prolepsis, metathesis, arsis, diaeresis, etc.). Estas palabras, co-
mo temas en /i/ que eran, no tenían ningún problema para adaptarse a
la declinación latina correspondiente (sobre este problema en español,
cf. § 11.1.5.).
De todas fonnas, este sufijo no tuvo ninguna productividad en la-
tín, donde había un sufijo equivalente -tio, -tionis (probatio; a veces
en la fonna -sio, -xio: suspensio, annexio) con la misma función de
crear abstractos verbales, y cuyo gran rendimiento, por lo demás, se
57 Y un arabista o un germanista no son personas que hablen de una forma de-
terminada, sino gente que se dedica a una profesión.
58 Cf. en general Alemany, 1920, 90-91 ; Rainer, 1993,560-66; GDLE, § 69.2.24;
DESE, s. v.; algunas observaciones en Lázaro Carreter, 2003, 106 (resultadismo) .
59 Cf. Chantraine, 1933, 275 ss. ; Buck-Petersen, 1945, 574-608; Y la monografía
de Holt (1941).
158 Los helenismos del español
debe en gran parte al influjo indirecto de las palabras griegas en -me;
(cf. § 12.6). En las lenguas románicas primitivas quedaron muy pocas
palabras en -sis, y en las lenguas europeas modernas este sufijo ha te-
nido un rendimiento limitado al léxico de la medicina, como veremos
(en la forma -osis/-iasis).
En español hay numerosos helenismos con esta terminación, to-
dos formados ya en griego si no se afirma lo contrario. Podemos dis-
tinguir, según los temas a los que se ha añadido el sufijo en cuestión:
-sis precedido de consonante: gutural en profilaxis, sintaxis, anapti-
xis, praxis; labial en elipsis, sinopsis, prolepsis, silepsis, epana-
lepsis, apocalipsis; Irl en catarsis;
-sis precedido de diptongo o de lil « griego Itl o lu/): enfiteusis, crisis
(gr. Kpíme;), anagnórisis, tisis, apófisis, hipófisis, análisis (gr. avo.-
Aume;) y demás compuestos en -lisis (parálisis, catálisis, etc.);
-esis. Las palabras españolas con esta terminación proceden bien del
gr. -E-me;, bien de -T]-me;. En el primer caso están helenismos co-
mo génesis, aféresis, sinéresis, tesis (gr. 9É-me;) y todos sus com-
puestos (antítesis, síntesis, paréntesis, metátesis, hipótesis, etc.),
que son siempre esdrújulos en el caso de tener más de dos sílabas
(cf. § 6.7).
En el segundo caso están voces cuyos étimos griegos suelen ser
abstractos verbales en -T]me; derivados de verbos contractos en -Éro y
más raramente en -o.ro, y que en principio serán llanas (aunque hay
bastantes excepciones): diuresis (gr. OtoúpT]me;, de OtOUpÉro «ori-
nar») , catequesis, diaforesis, sindéresis (mal acentuado, gr. (J\NtlÍ-
pT]me;), catacresis (gr. KOTo.XJ)T]me;, de exegesis o
exégesis, diócesis (acento y transcripción irregulares, cf. § 8). En al-
gún caso aislado la voz griega no procede de verbos contractos sino
que la IT] I formaba parte de la raíz (anamnesis < gr. de
«recordar»);
-asis, -iasis. Las palabras terminadas en -asis proceden simplemente
de voces griegas con una o breve en la raíz (con la excepción de
crasis < Kpiime;), por lo que serán esdrújulas en caso de tener más
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras.. . 159
de dos sílabas: tenemos ejemplos como anábasis, catábasis (com-
puestos de base < gr. sobre el final en -e, cf. § 11.1.5),
antífrasis, perífrasis (compuestos de frase < gr. q>páme;), prótasis,
metástasis, homeóstasis, éxtasis, etc.
En cambio la terminación -iasis aparece en palabras griegas rela-
cionadas con la medicina, generalmente designando enfermedades.
Así, ya en griego había grupos como
<pesíp «piojo» > <pestptáw > <p8stpifun<; (ftiriasis)
Ijfropa «sama» > Ijfwptáw > IjfwpiCim<; (psoriasis).
A partir de estos y otros ejemplos antiguos (como satiriasis o
elefantiasis), el sufijo -iasis ha tenido cierto rendimiento en el voca-
bulario médico (anquilostomiasis, amibiasis, etc.)60, aunque mucho
menor que el de -osis;
-osis. Si exceptuamos unas pocas palabras cuyos étimos griegos te-
nían /0/ (como oo-me; > dosis y su compuesto apódosis), las pala-
bras españolas con esta terminación proceden de voces griegas de-
rivadas de verbos denominativos en -óm, como
«forma» > «hacer que algo cambie de forma» >
«transformación»
Claro que ya en el propio griego -mme; tuvo cierta autonomía co-
mo sufijo, pudiéndose crear en algunos casos el abstracto verbal di-
rectamente a partir del sustantivo base, sin necesidad del paso inter-
medio del verbo:
«coágulo» > «coagulación»
áv8pa!; «carbón» > áv8páK-ú)(j1.<; «antracosis»
Con estos precedentes, tenemos en español, por un lado, numero-
sas palabras heredadas del griego, que serán normalmente llanas:
60 Cf. Rainer, 1993, 516; DESE, s. v. -iasis.
160 Los helenismos del español
epanadiplosis, metempsicosis, apoteosis, simbiosis, gnosis/diagno-
sis/prognosis (estos últimos casos no proceden de un verbo en -óOO,
sino que la 1001 estaba en la raíz de Yl-YVÓ:HJKOO «conocer»), etc.
Por otro lado, el sufijo -osis ha tenido un rendimiento como tal
sufijo en español y en otras lenguas europeas, aunque restringido al
campo de la medicina, donde ha servido para designar sobre todo
procesos patológicos. Así, a los helenismos heredados (como trombo-
sis, artrosis, fimosis, etc.) se han venido a añadir bastantes más, for-
mados generalmente sobre raíces griegas (cirrosis
61
, encefalosis, etc.)
y en algunos casos latinas cultas (silicosis, tuberculosis, avitaminosis,
halitosis, etc.) 62. .
§ 12.2.1.5. -m a, -ema, -oma. El sufijo -1 . .10, -1l0TOC; (con el mis-
mo origen indoeuropeo que el latín -men, -minis) servía en griego pa-
ra formar sustantivos de significado concreto que señalaban que la
acción en cuestión estaba terminada, como
ypáq>-w «escribir» > ypáll-lla «letra, dibujo, inscripción»
1tOlÉ-W «hacer, creaD> > 1tOlll-1l0 «poema» 63.
De los más de 3.700 derivados griegos en -1l0, en latín hay atesti-
guados cerca de 300, entre ellos lacrima, cataplasma, diadema, em-
blema, glaucoma, schema, poema, aenigma, etc.; los campos mejor
representados son el de la medicina (enfermedades, síntomas, trata-
miento s) y el de la literatura, la retórica y la filosofía. Estas palabras
tenían básicamente dos opciones a la hora de encuadrarse en la decli-
nación latina: la primera, convertirse en femeninos en -a, -ae (caso de
los préstamos más antiguos, como lacrima <gr. &ÓKPUIlO), y la se-
gunda, formar una declinación heteróclita en -ma, -matis
64

61 Formado sobre KtppÓ<; «amarillento»; es incorrecta la etimología que da el
DCECH s. v. cirro.
62 Cf. Rainer, 1993, 645; DESE, s. v -osis.
63 Cf. Chantraine, 1933, 175-90; Buck-Petersen, 1945, 221-44.
64 Más detalles en André, 1971 , 19-24. Sobre su adaptación a la morfología espa-
ñola, cf. § 11.1.5.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 161
La concurrencia de -men y -mentum explica que este sufijo griego
no fuera productivo en latín (aunque se puede rastrear su influencia
indirecta en los calcos, cf. § 12.6). En las lenguas románicas primiti-
vas quedaron muy pocos helenismos con esta terminación, y varios de
ellos -o de algunos que entraron en la lengua en los siglos medie-
vales- están bastante deformados en español, aunque siga siendo
visible el sufijo original, así bizma (gr. E1tí.9E-I.la), pócima (gr. <l1tÓCE-
chusma (gr. biz. calma (gr. flema (gr.
cisma (gr.
La entrada masiva de helenismos en los últimos tres siglos no ha
conseguido hacer de este sufijo un elemento productivo en español,
exceptuando los usos técnicos y muy restringidos de -ema y -oma.
Entre los helenismos heredados podemos distinguir:
-ma precedido de consonante: gutural (diafragma, apotegma, sintag-
ma, zeugma, estigma, dogma, enigma, paradigma), Irl (esperma),
Isl (plasma, miasma, fantasma, sofisma, melisma, carisma, cris-
ma, aneurisma, prisma, asma < de etimología poco clara);
-ma precedido de diptongo, /il « gr. Al o l u/), l aI: trauma, reuma,
neuma, clima, parénquima (gr. leima, lágrima (a tra-
vés del latín), panorama, todos los compuestos con -grama (ana-
grama, programa, etc.), amalgama (cf. § 9.1), drama 65, etc.;
-ema. Si prescindimos de algún caso en que hay IEI en griego (tema <
compuestos como anatema, apotema deberían ser esdrúju-
los en español), las palabras terminadas en -ema, siempre llanas,
pueden ser - por su origen- 1., sustantivos derivados de verbos
en -tú), como edema (otoTJ)..la, de OlOtú) «hincharse»), poema, es-
tratagema, teorema, diadema, etc. ; 2., derivados de raíces termi-
nadas en ITJ /, como problema, sistema (gr. etc.; 3. , re-
sultado de la simplificación de geminadas griegas, como lema (gr.
de la raíz de y dilema.
65 Se entiende que el hecho de que dos helenismos españoles tenninen por ejem-
plo en -ama no significa que su fonnación sea la misma en griego: programa <
(con simplificación de geminadas en español), drama <
162 Los helenismos del español
Esta terminación -ema, por otra parte, ha conocido en el siglo xx
cierto rendimiento en la terminología lingüística internacional, y es
que partiendo de algunos ejemplos antiguos como fonema, epifonema
o glosema, se han formado, sobre raíces casi siempre griegas, gran
cantidad de términos - unos de uso más generalizado que otros-
que designan un elemento perteneciente a un nivelo aspecto determi-
nados de la lengua: grafema, tonema, prosodema, morfema, semema,
semantema, lexema, sin tema, combinema; e incluso se ha extendido,
aunque muy tímidamente, fuera del campo estrictamente lingüístico,
donde a partir de antecedentes griegos como mitologuema y filosofe-
ma se han creado también teologuema, mitema y algunos otros 66;
-oma. Aunque esta terminación, asociada normalmente en griego a
verbos denominativos en -óro, aparece en palabras de campos se-
mánticos muy diversos (idioma, axioma, rizoma, diploma), su
único rendimiento como sufijo español es el que tiene en la termi-
nología médica, donde, sobre el modelo de bastantes voces for-
madas ya en griego y muchas veces asociadas con abstractos ver-
bales en -osis (cf. supra, 12.2.1.4), como hematoma, sarcoma,
carcinoma, glaucoma, estafiloma, se han creado modernamante
muchas otras en las que -oma tiene el sentido específico de «tu-
mor», así en tracoma, osteoma, fibroma, papiloma, etc.
67
En al-
guna ocasión el sufijo es sólo aparente, como en genoma (acuñado
en alemán en 1920 como amalgama entre gen y cromosoma) 68.
§ 12.2.1.6. ':'i d o. Incluimos aquí este sufijo, a pesar de tener un
campo de aplicación bastante restringido, por tratarse de un caso fre-
66 Cf. Rainer, 1993, 471 (se citan creaciones paródicas efimeras como tostonema
o cretinema); DESE s. v.
67 La especialización de -oma en el sentido de ' tumor' se remonta ya en buena
medida al latín, donde, por otra parte, vemos aparecer en el siglo IV un deri vado como
canceroma, adaptación de gr. Ka¡>KÍVOOIlO.
68 Cf. Alemany, 1920, 106; Rainer, 1993, no incluye -ama en su lista; DESE s. v.
Martín Zorraquino, 1997, 334, cita el uso paródico-jergal de cochanome «tumor ma-
ligno» entre los médicos franceses (cachon es «cerdo»).
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 163
cuentemente mal explicado en diccionarios y obras sobre morfología
del español.
Como es bien sabido, el sufijo :'ido se utiliza en la taxonomía
zoológica para designar familias (cánidos, félidos, camélidos, etc.) y a
veces también para designar clases (arácnidos) o phyla (anélidos) ; su
uso en la botánica ha sido mucho menor, por lo que sé
69
. Las explica-
ciones que se pueden encontrar sobre este sufijo en obras de referen-
cia suelen ser erróneas, en unos casos porque se lo relaciona con gr.
dOoc; «forma, aspecto» - como si el sufijo :'ido significara «que tiene
el aspecto o la forma de»-, cuando lo cierto es que el griego tenía
para ello los compuestos en -O-ElolÍC; (representados en español por
las palabras terminadas en -oide(o), ver después, 12.2.4, sobre este
sufijo) 70.
Otra explicación igualmente incorrecta es suponer que en estos
casos estamos ante el sufijo latino -idus, que conservamos en español
en adjetivos cultos como cálido,férvido; mórbido, plácido, etc 71. Esto
no tiene ningún sentido, dado que dicho sufijo latino siempre forma
adjetivos, no sustantivos.
Lo cierto es que este sufijo :'ido (que es -ide(s)/-idés en francés,
-id en inglés) procede del patronímico griego -ior¡c;, a través de su
adaptación latina -idae (en plural) 72. Este sufijo, conocido ya desde
los textos homéricos, se usó en griego ante todo para designar a al-
guien como «hijo de», así nptallioTjC; «hijo de Príamo», ' ArpEÍoTjC;
«hijo de Atreo», etc., adoptando en algún caso la forma -taoTjC; , como
en AaEpnÚoTjC; «hijo de Laertes», o también -aoTjC;; rara vez se utilizó
69 El caso de óxido y otras voces de la química es distinto, pues en su acuñación (a
fmal es del XVIII) se tomó como modelo el adjetivo latino ácido, cf. OED s. v. oxide.
70 Esta mala explicación aparece, entre otros muchos sitios, en Quintana (1997,
s. v. eidos), Almela (1999, 115), Y en la 19." ed. del DRAE (1970), por ejemplo s. v.
équido.
71 Así por ejemplo en DESE, s. v. ; O. Iglesias, De dónde vienen las palabras, Ma-
drid, 1996, s. V., o en la penúltima ed. del DRAE (1992), s. v. équido.
72 Bien explicado en el Diccionario de M. Moliner (2." ed.), en TLF, s. v. -ide (1) e
-idés, y en OED, s. v. -id (3) .
164 Los helenismos del español
para nombres comunes (como Eu1ta.píO,,<; «de familia noble») 73 . El
uso patronímico original explica que también se haya utilizado para
designar a todos los descendientes - por vía de sangre o por vía ins-
titucional- de una persona determinada, por ejemplo del fundador
de una dinastía (los Lágidas de Egipto, por Tolomeo Lago, los Seléu-
cidas, etc.; modernamente en casos como los Lusiadas de Camoens,
los abásidas, sasánidas, aqueménidas, etc.), de una escuela (los Ho-
méridas, etc.) u otro tipo de instituciones.
Con estos precedentes - que, como se ha visto, en español
adoptan la terminación en -a que tenían en latín estas palabras, cf.
§ 11.1.1-, la ciencia de los siglos XVIII y XIX decidió utilizar el su-
fijo -que en latín toma la forma del plural -idae- para designar fa-
milias de animales a partir del «animal-tipo» correspondiente, lo que
no deja de ser bastante congruente con los valores originales del su-
fijo griego (los cánidos no son propiamente los descendientes del pe-
rro, pero sí todos aquellos animales que comparten con él un antepa-
sado común en la línea evolutiva). Por lo que yo sé, -idae fue
introducido hacia 1830 en la ornitología por Vigors y Lesson, exten-
diéndose poco a poco, con vacilaciones gráficas que no interesan
aquí, a todo el dominio zoológico; así, en 1845 1. Geoffroy de Saint-
Hilaire utiliza ya lemuridés, suidés, etc.
74
• Lo que no sé, y valdría la
pena que alguien lo aclarara, es si esto fue realmente invención de los
naturalistas franceses mencionados o si había ya, como supongo, al-
gún antecedente en el latín científico del siglo XVIII, especialmente en
Linneo. En español, en todo caso, como ha ocurrido con muchos
otros préstamos franceses, la terminación en -e(s) se ha convertido en
-o(s) (cánido, etc.), lo que sin duda ha provocado entre algunos sabios
los despistes que hemos reseñado hace un momento 75.
73 Cf. Chantraine, 1933, 362-63; Schwyzer, 1939, 1,509-10; Buck-Petersen, 1945,
441-43, que citan un trabajo de Angerrnann (Curtius Studien, vol. 1) que no hemos
podido consultar.
74 Tomamos estos datos del TLF, s. v. -idés.
75 Cf. Rainer, 1993, 527 (-ida) y 532-33 (-ido; se cita algún uso paródico ocasio-
nal , como en «la familia de los censóridos»); GDLE, § 70.3.1.2 (-ida); DESE s. v.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 165
§ 12.2. 1.7. -t e r i o. En griego había algunos sustantivos que eran
simplemente el resultado de añadir el sufijo -wv a una palabra forma-
da con el sufijo -TllP (p. ej.1tOTlÍP > 1tOTlÍPWV «copa»); pero, enjó-
nico-ático, vemos cómo pronto se independiza un sufijo autónomo
-TlÍpwv, que se aplica a campos diversos: nombres de objetos o ins-
trumentos (9UllloTlÍPlov «incensario», KPlTlÍPlov «instrumento del que
uno se sirve para juzgar algo», etc.), de lugares (OlKO<HlÍPlov <<juzga-
do», KOllllÍTllPWV «cementerio», el humorístico q>pOVTlCHlÍpwv o
«pensadero» de Aristófanes, etc.), de actos relacionados con las fies-
tas o los sacrificios (llucrTlÍPlov, etc.), etc., hasta un total de cerca de
300 palabras 76.
En latín hay unos trienta préstamos de este tipo (ca u terium, dicte-
rium -en realidad un híbrido greco-latino-, ergasterium, criterium,
monasterium, mysterium, psalterium, etc.), y del latín algunos pasa-
ron a las lenguas románicas, a veces con alteraciones en su forma o
su significado (como filatería, fila tero < lat. phylacterium < (jlUAOK-
TlÍpwv «amuleto», cf. DCECH para la evolución semántica; sobre ce-
menterio cf. § 7.1).
También tenemos en español unos cuantos cultismos, heredados
del griego, como misterio (s. XIII), climaterio, cauterio, dicterio, ela-
terio, salterio, etc. Que yo sepa, los únicos usos productivos del sufi-
jo -terio, indicando nombre de lugar en palabras de nueva acuñación,
son falansterio (del francés phalanstere, compuesto algo irregular a
partir de falange, creado por Fourier en el siglo XIX) y, hasta cierto
punto, beaterio (formado sobre el modelo de monasterio y documen-
tado por primera vez en 1726). Otras palabras terminadas en -terio
son sólo casos aparentes que pueden inducir a error, como presbiterio
(1tPEcrj3úTEPlOV, formado sobre comparativo de 1tpÉcrj3tx;
«anciano») o algunas palabras de origen latino como magisterio, mi-
nisterio (magister > magister-ium, minister > minister-ium, cuyo sen-
tido concreto de «edificio» es reciente) 77.
76 Cf. Chantraine, 1933,62-64; Buck-Petersen, 1945,47 Y 101-104.
77 Cf. Alemany, 1920, 118-19; Rainer, 1993, 484 (-erio, con segmentación y
ejemplos muy discutibles); DESE s. v.
166 Los helenismos del español
De todos modos, no se puede descartar que este uso relativamente
frecuente de -terio para nombres de lugar, algunos de tanto uso como
cementerio, haya influido en parte en el gran desarrollo del adjetival
-torio « latín -torius, desarrollo paralelo al del griego -ti¡pwv) para
designar modernamente nombres de lugar (crematorio, ambulatorio,
locutorio, auditorio, tanatorio con raíz griega) 78; el correlato «vul-
gar» de -torio sería -dero (lavadero, abrevadero, etc.); sobre calcos e
influencias indirectas, cf. § 12.6.
§ 12.2.1.8. -i s a / -e s a. Es el único caso en que un sufijo griego
específicamente gramatical -puesto que sirve para derivar sustanti-
vos femeninos a partir de un masculino- ha tenido algún rendi-
miento en español y en otras lenguas europeas, por lo que creemos
que vale la pena explicar su origen y evolución 79.
El origen de este sufijo en griego hay que buscarlo en ciertos
gentilicios de tema en gutural, en cuyos femeninos, formados con el
sufijo común /ya!, se producía una palatalización cuyo resultado era
-aaa:
KiAt!;, i A t K ~ «natural de Cilicia», fem. *KtAtK-ya > KiAtcrcra
<I>oivt!; , <I>oíVtKO<; «fenicio», fem. *<I>otvtK-ya > <I>oívtcrcra.
A partir de aquí, se creó analógicamente un sufijo -laaa, cuyo
primer testimonio es J3acríAlaaa «reina», que sustituye a J3ac:rl.A.ela y
otras voces (aparece ya en Jenofonte, en el siglo IV a. C.). Este sufijo
conoce cierta expansión en la koiné, crece ampliamente en época bi-
zantina y se generaliza en griego moderno 80.
En latín están atestiguadas, a partir del siglo III d. C., unas cuantas
palabras con esta terminación, algunas ya acuñadas en griego (diaco-
nissa); pero hay otras en las que el latín ha aplicado por su cuenta el
78 Cf. Rainer, 1993,660.
79 Almela (1999, 104) excluye de su listado los «alomorfos específicos de gén
ro», por tanto también el que nos ocupa.
80 Cf. Chantraine, 1933, 109; Buck-Petersen, 1945, 741-43.
La aportación del griego antiguo a laformación de palabras... 167
sufijo, ya sea a palabras griegas (como haemorrhoissa, pythonissa,
prophetissa, abbatissa) 81, ya latinas (sacerdotissa, fratrissa). Su ren-
dimiento en latín, en todo caso, ha sido muy limitado, como lo ha si-
do también en griego antes de la época bizantina, y aparece circuns-
crito al ámbito religioso -cristiano o pagano- para designar
generalmente a una mujer que ejerce una función análoga a otra ejer-
cida por un hombre.
Pero el uso del sufijo -issa sigue creciendo lentamente en la Edad
Media latina, y aparecen ducissa, archiducissa, baronissa, comitissa,
marchionissa, canonissa, minorissa, etc.; el sufijo acaba resultando
bastante productivo en lenguas como el italiano, el rumano y el fran-
cés (cf. para este último princesse, poétesse, déesse, etc.; a través del
francés ha pasado al inglés: shepherdess, mistress, etc.) 82.
En español, aparte de unas cuantos cultismos heredados que con-
servan la terminación -isa (diaconisa, pitonisa, sacerdotisa, profetisa,
canonisa; algunas creaciones o préstamos de fechas diversas como
papisa, clarisa, poetisa), es la variante vulgar del sufijo (-esa) la que
ha tenido algún rendimiento, como demuestran los casos de juglaresa
(siglo XIII), princesa « fr. princesse, siglo xv), deesa (ant.), alcalde-
sa (1780), abadesa (siglo XII), baronesa, canonesa, duquesa, conde-
sa, guardesa, diablesa, consulesa, tigresa, sastresa, infantesa, chofe-
resa, vampiresa y alguno más 83 . De todos modos, no parece que sea
un sufijo activo en español, a pesar de que en los últimos tiempos son
muchas las profesiones antes exclusivamente masculinas que son
ejercidas por la mujer, y por tanto muchas las posibilidades potencia-
les de uso del sufijo -esa 84.
81 Para los detalles de cada una de ellas, cf. André, 1971, 107 ss.
82 Cf. TLF s. v. -esse y OED S. v. -ess; también Deroy, 1980,77-78.
83 En el caso del reptil llamado salamanquesa el sufijo es sólo aparente, al existir
el gentilicio salamanqués ( =salmantino); sobre la relación entre el animal y Sala-
manca, cf. DCECH s. v. salamandra.
84 Cf. Alemany, 1920, 62-63; Rainer, 1993, 494 (-esa) y 553 (-isa) ; DESE, s. v.
-esa e -isa.
168 Los helenismos del español
§ 12.2.1.9. -í a. También merece breve comentario el sufijo espa-
ñol -ía. El sufijo liaJ, /iaJ, ampliamente conocido en las lenguas in-
doeuropeas, servía, tanto en latín como en grieg0
85
, para derivar sus-
tantivos o adjetivos femeninos:
«sabio» > croq>-ia «sabiduría»
¡.tÉAa<; «negro» (raíz ¡.tEAav-) > fem. *¡.tEAaV-ta > ¡.tÉAmva «negra»
lat. miles, militis «soldado» > milit-ia «milicia».
Como ya vimos en § 6.7. 1, la acentuación de los helenismos es-
pañoles con esta terminación es muy irregular: en unos casos nos en-
contramos con la acentuación esperada, a través de la prosodia latina
(oT1)loKpa'tia > democracia, OIlVnma > amnesia, í(HOpia > historia),
en otros muchos se acentúa «a la griega» haciendo caso omiso del la-
tín (q>lAocroq>ia > philosophla > filosofia, q>lAoAoyia > filología, óp-
90ypaq>ia > ortografia); en el caso especial y menos numeroso de los
sustantivos en -EW, que deberían terminar siempre en -ía (a través del
latín - ia, con ji:/), ocurre lo mismo, tenemos transcripciones regulares
(EAI':yda >elegía, Emq>ávEw>epifanía) junto a otras anómalas (9E-
panda > terapia, lláv'tEla > quiro-mancia).
También se explicó en § 6.7.1 que, en realidad, la proliferación de
esas terminaciones paroxítonas en -ía en voces en que esperaríamos
-ia se debe, según parece, a dos causas o momentos históricos distÍn-
tos. El primero sería aquel en el que «sobre todo el Cristianismo hizo
que del griego entraran en el latín escrito y en la lengua habitual de
las personas cultas gran cantidad de palabras en -ía acentuadas [ ... ]
como astrología» 86, de forma que pudiera acabar sintiéndose como
un sufijo latino y por extensión romance (de hecho se puede constatar
su desarrollo en castellano, italiano y francés) .
85 Para el griego, véase la lista (unas 7. 500 palabras) en Buck-Petersen, 1945,
120-69.
86 W. Meyer-Lübke, Grammaire des langues romanes, l/ , París, 1895, p. 497; cit.
en DESE s. v. -ía.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 169
A ello habrá que añadir seguramente, en una segunda fase, un
fuerte influjo francés que empezó ya en época muy temprana, en tor-
no al siglo XI (el francés exhibe el sufijo -ie en helenismos como
théologie, géométrie, etc. , así como en voces de otros origenes como
compagnie, garantie, etc., siempre con acento en la /i/)87.
El caso es que este -ía acabó por convertirse en un sufijo vivo y
muy productivo en español, utilizándose pronto para derivar sustanti-
vos abstractos a partir de adjetivos (alegría, cortesía, villanía) o de
sustantivos (hombría, señoría), designando también «nombres de
cargos, senaduría, alcaldía, y, por metonimia de éstos, de lugar, al-
caldía, tesorería, vicaría, extendido a otros nombres, confitería, mon-
jía; caballería del nombre de cargo ha pasado al colectivo y éste al
individual; es rara la derivación verbal, valía» 88.
Hasta aquí los sufijos sustantivadores de origen griego que nos ha
parecido que merecían comentario. Quedan fuera de los intereses de
este libro (y de los conocimientos de su autor) los sufijos científicos
especializados que aparecen en series terminológicas y cuyo rendi-
miento, por tanto, es muy limitado (pero cf. supra, sobre ':'ido, -oma y
-ema) 89.
A modo de ejemplo ilustrativo, mencionaremos el caso de -ón y
-trón, utilizados en la fisica. El primer término involucrado fue ión,
87 Cf. García Yebra, 1999, 99-1 20 (que, sin embargo, no menciona la primera fase
de la que hemos hablado, y por ello se equivoca al atribuir este sufijo -ía exclusiva-
mente a la influencia francesa medieval). El sufijo en cuestión también se difundió en
alemán (cf. Abtei «abadía», Biickerei «panadería», etc.), véase Lüdtke, 1974,216.
88 García de Diego, 1951 , 264-65 ; los primeros ejemplos de productividad de -ía
en el castellano pueden verse en D. G. Pattison, Early Spanish SufflXes. A Functional
Study ofthe Principal Nominal SufflXes ofSpanish up to 1300, Oxford, 1975, p. 122-
23. Cf. también Alemany, 1920, 70-73 (con explicación errónea de la acentuación);
Alvar-Pottier, 1983, § 285 (lo mismo); Rainer, 1993,511-13; GDLE, § 69.2.21 (útil pa-
ra los aspectos semánticos); DESE s. v. -ía.
89 Almela (1999, 113) los excluye a todos de su listado; por cierto que también
habrá que excluir de él -oteca, que es claramente un segundo elemento de compuesto.
En DESE puede verse la entrada correspondiente a -ona (cf. acetona, testosterona,
etc.), relacionado hasta cierto punto con el griego.
170 Los helenismos del español
creado en inglés por Faraday en la década de 1830 (gr. {óv, participio
de U:vm «in», y a finales del siglo XIX aparece electrón en su acep-
ción moderna (gr. T;A.eK'tpGV «ámbam; electro se había usado ya en
español en la acepción griega). A partir de estos dos términos se
crean, utilizando el «sufijo» -ón, protón, neutrón, fotón; y a partir de
elec-trón se desgaja un «sufijo» -trón perceptible en posi-trón, ciclo-
trón, etc. El acento agudo que llevan en español todas estas palabras
podría deberse a varias causas: al hecho de que la primera -crono-
lógicamente- de ellas se pronuncie a veces como un monosílabo
(ión , pronunciado [yón]), a la influencia más que probable de la
acentuación francesa 90 y finalmente al hecho de que los finales en -on
átonos, si exceptuarnos el paradigma verbal, son muy raros en espa-
ñol, mientras que son frecuentísimos los en -ón (varios miles de en-
tradas en Bosque-Pérez, 1987).
También tenemos que aludir brevemente a unas cuantas termina-
ciones que Pharies incluye en su DESE; se trata de una curiosa serie
de terminaciones átonas de orígenes muy heterogéneos, como son
';ago, ';alo, ';ano, ';aro, terminaciones que han conseguido «extender-
se, por analogía, a un pequeño grupo de palabras en las que parecen
desempeñar el papel de una ampliación semánticamente vaCÍa» 91.
Entre los diversos antecedentes de esas terminaciones españolas apa-
recen algunos helenismos latinos (espárrago, estómago, piélago y tár-
tago; búfalo, címbalo, crótalo, escándalo, sándalo y algunos más; rá-
bano, cuévano, huérfano, órgano y varios más; ásaro" bárbaro,
cántaro, cítara, lámpara, etc.). Desde el punto de vista adoptado por
el diccionario de Pharies quizá esté justificado dedicarles una entrada
propia; pero desde el punto de vista histórico del griego, se trata o
bien de terminaciones relativamente poco productivas, y cuya presen-
cia en unos pocos helenismos españoles dificilmente hubiera bastado
para hacer de ellos sufijos propiamente dichos, como -aAo- (cf.
á7taA.ó<;, ollaA.ó<;, Ilq-aA.O-, 8t8áC1K-aA.o<;, etc.), -<lVO- (cf. 13o't-ávT),
90 Cf. García Yebra, 1999, s. v. electrón.
91 Cf. DESE, p. 82.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 171
m9-avóe;, etc.) y -apo- (cf. VE-apÓe;) 92, o bien, en el caso de ':ago,
vemos que se mezclan algunas voces griegas realmente tenninadas en
-ayo- (espárrago, piélago) con otras en las que esa terminación es
resultado de la evolución fonética romance (como estómago < lat.
stomachus < cr'tÓj..lOxoe;) u otro tipo de alteraciones.
§ 12.2.2. Sufijos exocéntricos-adjetivadores
§ 12.2.2.1. ':i e o, -i a e o, -í s ti c o. De los sufijos griegos en gutu-
ral, el más importante en la historia de esta lengua fue -LKÓe;, -lÍ, -óv,
que servía para formar adjetivos derivados de nombres; se trata de un
sufijo indoeuropeo, conocido también en latín, sánscrito, etc. 93 . En
griego, el uso más antiguo parece que fue el de derivados de nombres
de pueblos, así de TIEAOcryoí «pelasgos» > TIEAOcryLKÓe; «pelásgico».
En Homero son todavía muy raros estos adjetivos, y su desarrollo en
época arcaica es bastante lento, creciendo algo en los autores trágicos,
especialmente Eurípides. El impulso defmitivo le vino de los sofistas
jónicos y áticos y luego de los rétores del siglo IV, así como de los
filósofos (son abundantísimos en Platón y Aristóteles), lo que explica
que ya Aristófanes recurriera a estos adjetivos para parodiar la lengua
de los «intelectuales» de su tiempo (véase Caballeros, versos 1375-81).
Desde el punto de vista semántico, su uso es muy flexible. Indica
una relación, al principio sobre todo con nombres de cosas; con los
sofistas se usa mucho para indicar aptitudes o disposiciones de las
personas. Por lo demás, al difundirse e n o r m e m e ~ t e se uso (aunque
tuvo que competir con otros sufijos como -LOe; y -roOr¡e;), éste se hizo
también menos preciso, más banal.
Respecto a la formadón, conviene destacar que cuando se añade a
nombres terminados en -Loe; o -La, el sufijo toma la forma -LOKÓe;
(Kopív9LOe; > KOPLV9LOKÓe; , Kopoío > KOpOLaKÓe; «cardiaco»). Aparte
de a sustantivos, ocasionalmente puede añadirse a adjetivos (ücr9EvlÍe;
> Ücr9EVLKÓe; «asténico») e incluso a verbos (ypOq>LKÓe; , de ypácpw).
92 Sobre estas tenninaciones en griego, cf. Schwyzer, 1939, 481-84, 489-90.
93 Cf. Chantraine, 1933, 384-396; Buck-Petersen, 1945, 636-7 Y 638-71.
172 Los helenismos del español
Por otra parte, a partir del siglo v, por influjo de la sofistica, aparece
una sub-categoría, la de los adjetivos en -TLKÓ<; (-UHLKÓ<;, -acrTLKÓ<;,
-EU'HKÓ<;, etc.), formados al principio sobre nombres en -'tT)<; (como
1tOAí'tT)<; > 1tOAmKÓ<;) o adjetivos en -'tÓ<;.
Por lo que respecta al latín, hay en esta lengua bastantes palabras
terminadas en -icus y en -ticus que no son préstamos del griego. En el
primer grupo, compuesto por adjetivos denominales, encontramos unos
cuantos cuya base es un nombre común (civicus, bellicus, classicus,
hosticus, publicus, exilicus, dominicus, tenebricus, modicus, etc.), junto
a otros derívados de nombres propios o étnicos (africus, gallicus, etc.).
En cambio los terminados en -ticus, que forman un grupo aparte por
razones tanto formales como semánticas, pueden ser tanto denomi-
nales (silvaticus, umbraticus, vineaticus, viaticus, rusticus, domesticus,
etc.) como deverbales (erraticus, venaticus, volaticus, donaticus, etc.);
esta terminación -aticus siguió siendo productiva en la baja latinidad,
y en ella hay que buscar el origen de las románicas -atic (rumano),
-age/-atge (francés, provenzal y catalán, y a través de ellas en español
-aje), español-adgo/-azgo (pontazgo, mayorazgo, etc.).
Por otra parte, más de una vez se ha intentado explicar todas estas
palabras latinas en -icus y -ticus por influjo del sufijo griego corres-
pondiente (p. ej. civicus sería un caIco de gr. 1tOAmKó<;, etc.), pero
después de los trabajos de Isenring y Fruyt, parece más que demos-
trado que el latín heredó también del indoeuropeo el sufijo en cues-
tión, que las formaciones que hemos visto son antiguas en latín y que
los préstamos griegos (como rhetoricus, poeticus, athleticus y mu-
chos más) no hicieron más que engrosar la lista de adjetivos en -icus,
adaptándose tanto más fácilmente al latín cuanto que no diferían de
las formaciones indígenas ni en la forma ni en el uso 94.
En el tránsito al español, el sufijo -icus, ya se tratara de voces pu-
ramente latinas (dominicus, famelicus), ya de helenismos del latín
(clericus, canonicus), sufría o bien síncopa de la vocal postónica, con
sonorización de la oclusiva:
94 ef. ante todo Isenring (1955) y Fruyt, 1986, 35-115.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 173
famélico > jamelgo
médico >mege (ant.), metge (catalán)
gálico > galgo
domínico > domingo
mánica > manga;
o bien sonorización de la /kJ pero conservando la vocal Ii! (en estos
casos se trata casi siempre de semicultismos):
canónico > canónigo
clérico > clérigo
tóxico > tósigo
Áfrico > ábrego
arábico > arábigo.
Por ello, la presencia en el español de hoy de gran cantidad de ad-
jetivos en ~ i c o (unos 1.700 en el diccionario de Bosque-Pérez,
1987) 95 se debe, por un lado, a la entrada progresiva de cultismos en
la lengua, tanto griegos (ya en el siglo XIII entran en castellano hele-
nismos como dialéctica, retórica, aritmética, lógica, música, etc.;
después muchísimos otros: métrico, silábico, yámbico, etc.) como la-
tinos (clásicoJamélico, público, etc.).
Por otro lado, el sufijo ~ i c o , que, como hemos visto, tuvo un ren-
dimiento limitado en latín (al menos comparado con el griego), ha re-
sultado enormemente productivo en el español moderno (yen otras
lenguas europeas), donde suele formar adjetivos de relación, ya sea
aplicado
- a raíces griegas: por ejemplo en el caso de palabras compuestas
que, siendo adjetivos en griego, se usan normalmente sustantiva-
das en español, por lo que se recurre al sufijo ~ i c o para crear el
adjetivo correspondiente (por ejemplo, pedójilo y pedofilico, sicó-
95 Claro que el hecho de que una palabra esdrújula tennine en -ico no significa
forzosamente que se haya fonnado con este sufijo; por eso se equivoca Almela (1999,
115) al incluir en su lista científico (un compuesto donde -fico representa el verbo fa-
cio, lo mismo que en magní-fico, pací-fico, etc.); lo mismo en DESE s. v. "jco.
174 Los helenismos del español
pata y sicopático, autócrata/autocrático, etc.; cf. § 11.2 para los
dos últimos tipos). Otros muchos casos aislados: atómico, higiéni-
co, oceánico, misantrópico, automático, eufónico, paradójico, etc. ;
-a raíces latinas cultas: genérico, numérico, desértico, púbico, es-
cultórico, pictórico, carbónico, lúdico, vírico, volcánico, etc. ;
-a raíces de cualquier otra lengua: algebraico, cúfico, totémico, ra-
bínico, rúnico, cárstico, etc.;
-a nombres propios o étnicos (siguiendo el ejemplo del propio grie-
go: platónico, jónico, ático, etc.): mahomético (siglo xv), satáni-
co, maquiavélico, napoleónico, sádico, pantagruélico, dravídico,
mongólico, gaélico, balcánico, etc.
En todo caso, se trata de un sufijo netamente culto en español, que
rara vez se añade a voces comunes, y que, aun en ese caso, suele tener
un uso restringido al registro elevado, cuando no abiertamente espe-
cializado (cf. por ejemplo carne > cárnico) 96.
Por lo que respecta a algunos subtipos de este sufijo, conviene de-
cir lo siguiente sobre:
-i a c o/ í a c o. Como hemos visto antes, esta variante procede del
propio griego, y aparte de unos cuantos helenismos heredados
(como heliaco, cardiaco, demoniaco, dionisiaco, isiaco, etc.), se ha
aplicado en algunos otros casos, fundamentalmente a nombres de
persona y de países terminados en -ía(s) o -ia Oeremiaco, siriaco,
egipciaco, policiaco, bosniaco, austriaco, etc. 97). Respecto a la
acentuación, el español tiene una fuerte tendencia a hacer dipton-
go en estos casos, por lo que es más común pronunciar amoniaco
96 Cf. Alemany, 1920,74-75; Rainer, 1993,520-26 (con clasificación semántica y
además amplio tratamiento de las cuestiones fonnales de derivación); GDLE, repartido
entre 70.3.1 (adjetivos de relación derivados de nombre común, ueonomásticos de
persona y de lugar), 70.3.2 (adj. de semejanza: cadavérico), 70.3.3 (adj. de posesión:
abúlico) y 70.3.5 (adj . de efecto: simpático); DESE s. v. (también para su uso especia-
lizado en la química).
97 En estos dos últimos casos no sé hasta qué punto se cruza el sufijo en cuestión
con el -aco tan frecuente en países eslavos: polaco, eslovaco, cosaco, valaco, etc.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 175
que amoníaco, aunque el diccionario de la Academia suele reco-
ger las dos formas para estas palabras 98.
-í s tic o. Esta terminación, ya presente en griego (-taTIKÓ<;) en adje-
tivos asociados a verbos en -í1:ffi, a sustantivos en -taTlÍ<; y a abs-
tractos en -tallÓ<; (cf. helenístico, heurístico, etc.), ha conocido
también un gran éxito en español, hasta el punto de que Rainer
considera que, desde un punto de vista sincrónico, se comporta en
muchos casos como un auténtico sufijo.
En efecto, encontrarnos casos en que el adjetivo en -ístico no
se corresponde con ninguna base en -ista de la que hubiera podido
derivarse (característico, silogístico, memorístico, escriturístico,
etc. 99); y por otro lado, aun en el caso de que haya un sustantivo
en -ista, hay casos en que está claro que el adjetivo se refiere no a
aquél sino a su base (como en «belleza paisajística», referida al
paisaje y no a los paisajistas; en «sector automovilístico», etc.; en
otros casos es imposible determinar si se refiere al sustantivo o a
la base: «estilo periodístico», propio de los periódicos/de los pe-
riodistas) 100.
Por otra parte, hay que decir que, aunque se trata de un sufijo ad-
jetival, la forma femenina en -i c a ha dado lugar, ya desde la Anti-
güedad, a sustantivos, especialmente designando artes y ciencias. Así,
muy pronto (en Píndaro, siglos VI-va. C.) aparece en griego 1l0umK1Í
utilizado como sustantivo (<<música»), y le seguirán pronto muchos
otros, que originalmente eran adjetivos acompañados del sustantivo
TÉXVIl «arte, ciencia» ({>llTOptK1Í, 1totllTIK1Í, YP<lJ.lIlOTIK1Í, etc.). De ahí
la existencia en español de muchos nombres de artes, ciencias y dis-
98 Cf. Rainer, 1993,514; GDLE, § 70.3. 1.1-2-3; DESE s. v. (es erróneo lo que se di-
ce acerca de la doble acentuación).
99 Aunque en griego ya existen XapaKL1lPl<TnKÓ<; o OUMoyt<TnKÓ<;, que son de-
rivados normales de los verbos en -íl;;ro correspondientes (xapaKL1lPíl;;ro, CJUMoyíl;;ro),
como memorístico lo es de memorizar.
lOO Cf. Rainer, 1993,573-74: GDLE, § 70.3.1.1; DESE s. v. -ístico (da como prime-
ra forma con base no griega estadístico, en 1765).
176 Los helenismos del español
ciplinas diversas con esta terminación, ya estén basadas en palabras
griegas o en voces de otros orígenes: fisica, dinámica, genética, ci-
bernética, acústica, terapéutica, óptica, estética, patrística, balística
(1709), casuística, estadística, lingüística, robótica, etc.
Por otra parte, al convertirse en sustantivos, algunos de ellos han
experimentado -en ocasiones ya en latín- una nueva sufijación pa-
ra crear el adjetivo correspondiente a la ciencia o arte en cuestión:
gramatic-al, music-al, etc., pero en español, en general, no se ha dado
este fenómeno, coincidiendo la forma de sustantivo y de adjetivo (ló-
gico/Lógica, óptico/6ptica, etc.). En cambio el inglés ha recurrido
sistemáticamente a esta nueva sufijación adjetival: logical, technical,
physical, historical, etc.
Por lo demás, esta proliferación de sustantivos esdrújulos en ':ica,
.:tica, -ística, junto con la afición algo pedantesca a las palabras lar-
gas, debe de ser la responsable de la aparición en español, en tiempos
muy recientes, de algunos modismos bastante ridículos, aunque cada
vez más comunes (en parte por influjo anglicista), como son el uso de
problemática en vez de problema(s), analítica en vez de análisis, te-
mática por tema, etc. (también el mundo académico ha aportado su
grano de arena a este festival esdrujulista, hablando de «la novelística
inglesa», «la cuentística latinoamericana» y de cosas por el estilo) 101.
§ 12.2.2.2. -e s c o, -i s c o. La historia del sufijo paneuropeo -esco/
-esque es bastante complicada, y no está del todo clara la parte que le
corresponde al griego en su difusión. Remontándonos al griego anti-
guo, vemos que en esta lengua el sufijo -tcrKOc;, sin duda de origen in-
doeuropeo (donde debía de significar «del género de, que se parece
a»), se utilizó sobre todo para formar sustantivos con valor dimi-
nutivo, hipocorístico y a veces despectivo, en concurrencia con
101 No muy distinto es el uso de climatología en vez de clima, sintomatología en
vez de síntomas, etc. ; véanse los estimulantes comentarios al respecto de F. Lázaro
Carreter, 1997, 607-8, entre otros lugares; cf. también Janni, 1994, 153-56 (sobre tec-
nología). Sobre -ístiea con valor sustantivador, Rainer, 1993, 572-73 (cita ejemplos
tan pintorescos como «la operística argentina»); DESE, s. v. -ístieo, -ístiea.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras.. . 177
-LOV; a partir de época helenístico-imperial se usó bastante poco 102.
Como herencia directa del griego tenemos en español los sustantivos
asterisco (<<estrellita»), obelisco, menisco, lemnisco, trocisco, centris-
co, basilisco, en los que, lógicamente, el hablante común no percibe
ya la existencia de sufijo alguno (con la posible excepción de asteris-
co, relacionable con astro).
Este sufijo griego, según parece, conoció cierta difusión en el la-
tín popular, especialmente en el léxico rural 103, Y de ahí arranca lo
que Malkiel llama la primera fase de su historia en las lenguas euro-
peas, la «paleo-romance», en la que el sufijo tiene un valor puramente
relacional, sin connotaciones de ningún tipo, y que está ampliamente
atestiguada en lenguas como el rumano, el sardo, el italiano, el pro-
venzal, el francés medieval y los distintos romances hispánicos de la
Edad Media 104. Por lo que respecta al castellano medieval y moderno,
que es lo que nos interesa aquí, encontramos este sufijo, aparte de un
sustantivo aislado como parentesco (1275; posible italianismo según
Pharies), en adjetivos como morisco (siglos X-Xl), berberisco, levan-
tisco, ponentisco, serranisco, arenisco (1490), etc. 105.
Lo primero que llama la atención de estas palabras es la conser-
vación de la Ii! latina, exclusiva del romance hispánico, cuando la fo-
nética romance nos haría esperar lel (-esco); una posible explicación
es la influencia de los adjetivos de origen árabe en -í, exclusivos tam-
bién de la Península. Otra cosa que llama la atención es la abundancia
102 cr. Chantraine, 1933,406-413; Buck-Petersen, 1945,637-8 Y 675-6.
J03 Por cierto que varios nombres latinos de plantas y árboles terminados en este
sufijo son de etimología muy dificil, probablemente «mediterránea» (lentiscus, mal-
vaviscus, tamariscus, turbiscus, todos ellos representados en español), lo que no deja
de plantear problemas; cr. Malkiel, 1972,371, nota 17; DELL, s. v. correspondientes; y
Orioles, 1980-81.
104 cr. Malkiel, 1972,361-72.
lOS Más ejemplos en DESE s. v. -isco. No podemos comentar aquí en detalle voces
como ventisca, pedrisco, por no hablar de la relación de -isco con sufijos aparente-
mente afines como -asco (chubasco, peñasco; cr. DESE s. v. -asco) o -usco (pedrusco)
o con sufijos verbales como -iscar, -uscar (ventiscar, etc.; a veces sin relación con el
sustantivo, como oliscar, lamiscar, mordiscar, etc.); cr. Malkiel, 1972,370-71.
178 Los helenismos del español
de gentilicios o similares, un dato que ha hecho que se plantee la
cuestión de la posible influencia del sufijo gennánico -isk(o).
En efecto, en el antiguo alto alemán y el antiguo sajón vemos el
abundante uso del sufijo -isk(o) en adjetivos, sufijo que ha dado como
resultado moderno -isch en alemán (Franzos-isch, prakt-isch, etc.) e
-ish en inglés (lavish, Engl-ish, etc.). Este sufijo gennánico -isk(o),
que lógicamente será de herencia indoeuropea y por tanto estará em-
parentado con el - l O 1 ( ~ griego lOó, tenía un uso específicamente gen-
tilicio en lenguas gennánicas antiguas, lo que hace plantearse la
cuestión de su posible influencia en las lenguas romances, donde se
habría cruzado con el -iscus de origen griego que hemos visto. ASÍ, ya
San Isidoro en sus Etimologías (XVIII, 6, 9) decía del adjetivo Fran-
ciscus, luego convertido en nombre de pila:
Secures [ ... ] quas Hispani ab usu Francorum per derivationem
Franciscas vocant.
[Unas hachas [ ... ] que los hispanos, por el hecho de usarlas los
francos, llaman por derivaciónfranciscas] 107.
No sería descarriado, por tanto, pensar que en casos del tipo de
mor-isco' « lat. Mauros «habitante de la Mauritania»), que aparece ya
en el Cid e incluso antes (en documentoS de los años 966 y 1095 co-
mo Maurisco y Mauriskelo), estamos ante un influjo gennánico
muy temprano de dicho sufijo gentilicio, o en todo caso ante un cruce
o amalgama con el -iscus greco-latino; y así lo han defendido sabios
como Meyer-Lübke, Rohlfs o Marouzeau.
Sin embargo, resulta que en el latín tardío se conocen ya algunos
ejemplos de -iscus con valor gentilicio (Syriscus «sirio», Threciscus
106 Así se afirma en OED, s. v. -ish.
107 Cf. también Ch. du Cange, Glossarium mediae et injimae Latinitatis, París,
1843, s. v. Franeisci: «Hane yero enuntiationem mutuati videntur populi omnes a
Longobardis aut Sclavis, qui gentilitia et appellativa nomina efferebant plerurnque in
ise. [ ... ] A Sclavis Anglo-Saxones hauserunt eum morem, apud quos Romanise est
Romanus».
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 179
«tracio») 108; y, por otra parte, encontramos el sufijo en cuestión en
lenguas que, por razones históricas y geográficas, no experimentaron
una influencia germánica perceptible en su vocabulario (como el sar-
do). Por eso, como señalaba Malkiel en 1972, «hoy, la influencia
germánica se deja de lado d en todo caso se valora en términos bas-
tante más modestos» 109.
Siguiendo con la historia del sufijo, entraríamos en la segunda fa-
se, en la que, como consecuencia del Renacimiento, la influencia ita-
liana hace que el sufijo -esco, que ha tenido un notable desarrollo en
esa lengua, conozca un gran éxito en muchas lenguas de Europa, no
sólo románicas sino también germánicas (cf. -esque en francés e in-
glés, -esk en alemán, etc.). De esa época (siglos XV-XVII) datan italia-
nismos castellanos como mercantesco (1490), soldadesco (1517),
grotescQ (1550), a r a b e s ~ o (1567), burlesco (en Lope de Vega), ca-
balleresco (1605), etc. 110, que marcan el comienzo de la historia
moderna del sufijo, mientras -isco deja de ser productivo.
En el español actual, siguiendo a Rainer, podemos distinguir dos
usos fundamentales de -esco (ambos de origen italiano), a saber, uno,
la formación de meros adjetivos de relación, en principio sin conno-
taciones de ninguna clase, derivados de nombres propios, especial-
mente de escritores, personajes literarios o artistas (<<estudios celesti-
nescos», «la obra valleinclanesca», etc.; también habría que incluir
aquí dieciochesco, juglaresco, trovadoresco, etc.); y dos, la forma-
ción de adjetivos de semejanza en los que es perceptible, si no un
matiz abiertamente peyorativo, sí por lo menos la idea de algo que es
extravagante, cómico, pintoresco o caprichoso, razón por la 'que quizá
podría incluirse el sufijo entre los endocéntricos o apreciativos (cf. §
12.2.4). Entre estos adjetivos de semejanza podemos distinguir:
108 G. Rohlfs, Grammatica storica della lingua italiana e dei suoi dialetti. Ilf.
Sintassi e formazione delle parole, Turin, 1969, p. 437-439, creía que había que contar
aquí con un influjo «ilirio».
109 Malkiel, 1972,359.
110 Lista más completa en DESE s. V. -esco.
180 Los helenismos del español
-derivados de nombres propios, ya sean de artistas reales o de per-
sonajes de ficción (churrigueresco, dantesco, goyesco, perogru-
llesco, sanchopancesco, etc.);
-derivados de nombres de oficios o tipos sociales, ya sean oficios en
sí mismos «neutros» (cancilleresco, frailesco, oficinesco, etc.; to-
talmente lexicalizado y sin apenas connotaciones negativas en
pintoresco), ya actividades marcadas de por sí negativamente (ce-
lestinesco, rufianesco, bufonesco, etc.);
-derivados de nombres de animales (gatesco, simiesco, etc.);
-derivados de bases no animadas, especialmente en el ámbito del
arte y la literatura, ya sean bases en principio sin connotaciones
especiales (novelesco, libresco, noventayochesco, más dudoso en
folletinesco, sainetesco, etc.), ya se trate de palabras que evocan
de por sí algo pintoresco, llamativo o extravagante (burlesco,
grotesco, ' carnavalesco, etc., que, como hemos visto, entraron muy
pronto en el castellano, ya acuñados en italiano) 111.
Así que este sufijo es interesante por varias razones. Histórica-
mente, por lo que hemos visto de su posible amalgama con su equi-
valente germánico (también indoeuropeo), y por poder estudiar sus
avatares a lo largo de varios milenios y de muchas lenguas.
Desde otro punto de vista, el de su clasificación, porque puede
plantearse la duda de si estamos ante un sufijo apreciativo (en cuyo
caso sería de los pocos sufijos de este tipo que cambian la clase de la
base, de sustantivo a adjetivo: burla > burlesco). En realidad, el pro-
blema que se plantea aquí es el de distinguir entre apreciación mor-
fémica (como en comid-ucha o comi-strajo, donde la información ne-
gativa la aporta claramente el sufijo) y apreciación lexémica (como
en el caso de pega-j-oso, en que las connotaciones de signo negativo
vienen de la base, no del sufijo; cf. esplendor-oso).
111 Más ejemplos en Rainer, 1993, 494-96, en el que nos basamos para la clasifi-
cación propuesta; cf. también Alemany, 1920,63 Y 89; GOLE, § 70.3. 1.3 (gentilicios
como tobosesco) y 70.3.2 (adjetivos de semejanza).
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 181
En el caso de -esco, parece que no acaba de entrar en ninguna de
las categorías de los sufijos apreciativos (cf. infra, 12.2.4); hay mu-
chos casos en los que el sentido negativo parece que procede más
bien de la base (rufianesco, chulesco) y podrían hacernos pensar que
-esco es un mero sufijo formador de adjetivos de semejanza. Pero
junto a ello tenemos casos como libresco, en los que puede plantearse
la duda de si su carácter despectivo procede de una depreciación co-
yuntural de una base en principio neutra (el libro como algo despre-
ciable) o si es el propio sufijo -esco el que aporta esa información ne-
gativa.
§ 12.2.2.3. -e o. Otra terminación adjetival típica de palabras de
origen griego, pero que no ha tenido apenas rendimiento en español,
es -eo (con acentuación llana), que puede corresponder tanto al griego
- m ~ como a -ElOC; 112. Así, están en el primer grupo arameo, hime-
neo, troqueo, amebeo, etc., y en el segundo museo, asclepiadeo, gine-
ceo, espondeo, liceo, mausoleo, etc.; mubhas de estas palabras, como
se ve, se usan en español sólo como sustantivos, pero en griego su
origen es siempre claramente adjetival. El único uso que ha tenido
modernamente esta terminación en español ha sido el de formar adje-
tivos derivados de nombres propios griegos (sofocleo, tucidideo,
plutarqueo, etc.).
En cambio los adjetivos españoles de origen latino en -eo son
siempre esdrújulos: férreo, cerúleo, pétreo, hercúleo, apolíneo, ígneo,
etc.; rara vez aparece con bases griegas, como laríngeo (gr. Aapuyy¡.-
¡
KÓC;), faríngeo, estentóreo o, por hipercaracterización, heterogéneo (cf.
§ 11 .2). En algunos casos la terminación y la acentuación españolas de
helenismos son analógicas, por influjo de los ejemplos mencionados o
por esdrujulismo, así en etéreo < aetherius < ai9ÉplOC;, Elíseo < Ely-
sium < ' HAÚffiov (cf. espúreo en vez del correcto espurio) 113.
112 Cf. Chantraine, 1933, 46 SS., 49 SS.; Buck-Petersen, 1945, 44-45, 48-54, 64-72.
11 3 Cf. Alemany, 1920, 58; Rainer, 1993, 475; GDLE, § 70.3. 1.2-3; DESE s. v.
-eo y ~ e o .
182 Los helenismos del español
Estos son los sufijos adjetivadores que, en nuestra opinión, mere-
cen comentario. No creemos que valga la pena incluir otros, como la
terminación -io de gentilicios como lesbio, corintio, samio, etc., por
no ser productiva en español 114; o como -íneo y su variante vulgar
-eño, en cuyo antecesor latino -ineus influyeron algunas voces griegas
en -l VO<; (cf. lat. cerineus «del color de la cera» < cerinus < K1ÍPl YO<;
«cera») 115; sobre -izante, cf. el apartado siguiente.
§ 12.2.3. Sufijos exocéntricos-verbalizadores
Los únicos sufijos verbales de origen griego que tiene el español
son -izar y su variante vulgar -ear.
Por lo que respecta a -izar, su origen es el (infinitivo en
del griego antiguo. En esta lengua, los verbos en -l:ro (sobre
todo en -áCro) eran en su origen verbos en gutural (/y!) o en
dental (/8!) cuyo presente se formaba con yod, dando la combinación
como resultado /Q (por ejemplo, cr<¡>ÓCro «degollaD>, de la raíz mpay-).
Pero muy pronto la terminación se independizó como sufijo para
la formación de verbos a partir de todo tipo de sustantivos o adjetivos,
e incluso de verbos, conociendo un gran rendimiento en la lengua a
partir de época clásica y sobre todo helenística 116.
Estos verbos, normalmente denominales o deadjetivales, podían
ser tanto intransitivos como transitivos; en el primer caso tenemos los
muchos formados sobre gentilicios o nombres propios, que indicaban
una forma de comportarse o de hablar, la pertenencia a un grupo po-
lítico, a una secta filosófica, etc. (así «hablar o comportar-
se como un bárbaro/estar de su lado en la guerra», «ser
partidario de Filipo de Macedonia», etc.). En el segundo caso estarían
muchos otros, como por ejemplo «atesorar» (formado so-
114 Cf. Rainer, 1993, 550; GDLE, § 70.3.1.3; DESE s. v. "io.
\1 5 Cf. DESE s. v. -íneo y -eño.
11 6 No se ocupan de este sufijo, lógicamente, ni Chantraine (1933) ni Buck-
Petersen (1945); puede verse la larguísima lista de verbos en Kretschmer-Locker
(1963), por los finales -í1;w e -í1;0¡.L0l .
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 183
bre 9T1craupóc;; «tesoro») o e/;opKU:<o «obligar a alguien a prestar ju-
ramento».
En el latín cristiano había ya bastantes helenismos de este tipo,
que pasaban a la primera conjugación latina como verbos en -izare,
así baptizare, evangelizare, catechizare, scandalizare, anathematizare,
christianizare, iudaizare, a los que pronto se añadieron otros como
daemonizare, canonizare, syllogizare, etc., convirtiéndose de hecho
en el procedimiento normal para latinizar verbos griegos o para for-
mar otros nuevos sobre bases latinas, siguiendo el ejemplo del griego
(los ejemplos más tempranos de esto deben de ser casos como paga-
nizare, auctorizare, praeconizare, pulverizare e inthronizare, este úl-
timo mera adaptación de gr. ev9povU:<o) 117.
Por lo que respecta a las lenguas modernas, no tengo muchos da-
tos sobre la historia del sufijo; el proceso de expansión pudo empezar
simultáneamente en varias lenguas románicas, por ejemplo en francés
(en la forma -iser), donde en el siglo XVI ya están atestiguados civili-
ser, mécaniser y humaniser, que anuncian claramente la preferencia
por determinadas bases adjetivales.
En español también contamos con ejemplos bastante tempranos,
tanto con bases griegas - martirizar (siglo XIII), narcotizar (1552),
metaforizar (siglo XVII), etc. - como con bases latinas: fertilizar
(1454), españolizar (1612), solemnizar (16l6),Jamiliarizar (s. XVII),
moralizar (s. XVII) 118; Y ya Correas (en el siglo XVII) dice que «en izo
salen quantos [verbos] quisiéremos formam
l19
, lo que no quita que
muchas de las nuevas formaciones llegaran a través del francés, por
lo que he podido comprobar. En cualquier caso, la verdadera explo-
sión de este sufijo en las distintas lenguas europeas no se produjo
hasta el siglo xx, siendo, por lo demás, un sufijo culto, que rechaza
bases «excesivamente triviales o cotidianas» 120.
117 cr. Gradenwitz (1966), y J. F. Nienneyer, Mediae Latinitatis Lexicon minus,
Leiden, 1976.
11 8 Más ejemplos en DESE s. v. -izar.
119 Cit. por Alvar-Pottier, 1983, § 311.
120 GDLE, § 72.1.1.3.
184 Los helenismos del español
Siguiendo a Rainer, podemos distinguir en el español contempo-
ráneo los siguientes tipos (el diccionario inverso de Bosque-Pérez,
1987, recoge unos 470 ejemplos):
§ 12.2.3.1. Verbos deadjetivales (tipo «legalizar»).- Verbos tran-
sitivos con base adjetiva y sentido factitivo, es decir, que significan
«hacer que el objeto directo sea o se convierta en X», por ejemplo
idiotizar «hacer de alguien un idiota». Son muy numerosos y se ob-
serva una marcada preferencia por los adjetivos, casi siempre del re-
gistro culto, terminados en -al (legalizar), -il (esterilizar), -ble (cul-
pabilizar), -ano (humanizar), -(t)ico (problematizar, automatizar),
entre otros menos usuales.
Desde el punto de vista semántico, destaca el grupo de los deriva-
dos de gentilicios, a veces con resonancias políticas más bien omino-
sas (americanizar, germanizar, castellanizar, euskaldunizar, etc.); las
demás formaciones se basan en adjetivos comunes (suavizar, tran-
quilizar, radicalizar, etc.), y a veces parecen no tener más razón de
ser que la manía algo pequeño-burguesa de alargar las palabras (por
ejemplo en frases como «Tal asunto patrimonializó la reunión del
Consejo de ministros») 121.
§ 12.2.3.2. Verbos deadjetivales (tipo «profundizan».- Verbos
deadjetivales sin valor factitivo, más bien raros (fraternizar, profun-
dizar, ambos intransitivos), o cuyo sentido factitivo está más o menos
difuminado por un proceso avanzado de lexicalización (contabilizar,
exteriorizar,finalizar, localizar, naturalizar, utilizar, etc.).
§ 12'4.3.3. Verbos denominales.- Verbos denominales, menos
frecuentes que los deadjetivales, y en los que se pueden distinguir al-
gunos subtipos significativos:
a) los que significan «proveer de x, poner x», como estigmati-
zar, evangelizar, motorizar, obstaculizar, señalizar, oscari-
zar, etc.;
121 Cf. Lázaro Carreter, 1997,620; el mismo, 2003, 171-174.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 185
b) verbos resultativos que significan «convertir algo/alguien en
x (o parecido)>>, como se ve en carbonizar, colonizar, escla-
vizar, monopolizar, pulverizar, etc. ;
c) verbos causativos que hacen referencia a procesos fisicos o
síquicos, como hipnotizar, horrorizar, martirizar, paralizar,
ruborizar, etc.;
d) verbos de sentido direccional, de «meter algo/alguien en x»,
como en hospitalizar o en el anglicismo computerizar;
e) verbos de tipo «agentivo», como tiranizar «tratar a alguien
como haría un tirano», protagonizar, hasta cierto punto tam"
bién simbolizar;
f) verbos transitivos que no se dejan incluir en ninguno de los
subtipos mencionados, como autorizar, organizar, canoni-
zar (que podría quizá incluirse en d), o también considerarlo
deadjetival, formado a partir de canónico), o los formados
con nombres propios como galvanizar o pasteurizar;
g) verbos intransitivos, entre los que destaca un grupo relacio-
nado con formas de hablar, de escribir o similares: dogmati-
zar, gongorizar, moralizar, vocalizar, etc.; otros verbos es-
tán más bien aislados dentro de este subgrupo (agonizar,
cristalizar, rivalizar).
Pasando a otra cosa, recordaremos aquí que el sufijo verbal -ear,
tan productivo en español, tiene su origen remoto en los verbos gre-
co-latinos en -izare; y es que, como ya vimos (cf. § 3.4 y 11.3), en el
latín popular de época imperial y tardía, que no pronunciaba la Ir¡
como lo hacía el latín culto, dicha terminación se convertía en
-idiare, con palatalización (cf. grafías como baptidiare), y de ahí pro-
ceden formas ya obsoletas como batear (<<bautizar»; cf. catalán bate-
lar) y, en general, la termínación -ear, cuya historia temprana, por lo
demás, no sé si se ha descrito de forma pormenorizada 122.
122 Cf. Alemany, 1920, 144-45 (-izar) y 147-48 (-ear) ; García de Diego, 1951 ,
279-80 (-ear); Rainer, 1993, 458-65 (-ear) y 592-96 (-izar, con material muy abun-
186 Los helenismos del español
y para tenninar, mencionaremos el caso de los adjetivos en
-izante, que Rainer considera como un auténtico sufijo adjetival espa-
ñol, o en todo caso un «SuffixclusteD>. En efecto, junto a voces como
paralizante o suavizante, que son a todas luces adjetivos derivados de
verbos en -izar, con valor de meros participios activos, encontramos
otro tipo de formaciones recientes que a veces no están basadas en un
verbo en -izar (como en «la línea socialdemocratizante del Gobier-
no»), y que, aun en el caso de que exista el verbo correspondiente en
-izar, tienen un sentido distinto, no el factitivo sino el de «con inclina-
ción a x, que se comporta como x (sin serlo realmente)>>; cf. por
ejemplo la diferencia entre liberalizar «hacer que algo sea (más) li-
bre» y «una política económica liberalizan te», donde el matiz negati-
vo es más o menos perceptible, como lo es en anarquizante, este ti-
zante, fascistizante, barroquizante, etc., y que acerca notablemente
este «sufijo» a los valores que veremos a continuación en -oide, aun-
que en general no sea tan peyorativo 123.
§ 12.2.4. Sufijos apreciativos o endocéntricos: -o id e
Como ya hemos dicho antes (12.2), es tradicional distinguir entre
sufijos apreciativos - también llamados evaluativos, afectivos, pate-
máticos, expresivos, homogéneos, endocéntricos, etc. - y no apre-
ciativos, especialmente en español, que es una de las lenguas euro-
peas con un sistema sufijal más rico en este aspecto, al que se le han
dedicado innumerables estudios.
En cuanto a los sufijos apreciativos, que son los que interesan
ahora, si admitimos su existencia como grupo definido (pues hay lin-
güistas para los que son unos accidentes gramaticales más, como el
género y el número), incluirían los subtipos de hipocorísticos (Roci-
ito, Carm-iña), diminutivos (chiqu-it-ín), aumentativos (perr-azo) y
despectivos (periodic-ucho), aunque algunos pueden ser varias cosas
dante); GDLE, § 72. 1.1.2 (-ear) y 72.1.1.3 (-izar); DESE s. v. -izar y -erar) (con datos
de interés para la historia temprana de este sufijo).
123 Cf. Rainer, 1993, 591-92.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras.. . 187
al mismo tiempo 124. Los sufijos apreciativos se distinguen básica-
mente de los que no lo son en que «éstos convierten una palabra en
otra distinta, muchas veces con cambio también de clase; con los
apreciativos la palabra sigue siendo la misma, y su empleo obedece a
la voluntad libre del que habla en ese momento», en palabras de Ma-
nuel Seco 125 •
El único sufijo apreciativo de origen griego en español es -oide.
Este sufijo español tiene su origen en los numerosos adjetivos griegos
compuestos con la raíz Wf:lO- (gr. Etoro «ver», ElOO<; «forma, aspecto
exterior»), cuyo sentido era «que tiene el aspecto o la forma» de lo
que designa el primer término del compuesto; por ejemplo en av9pro-
7tOElOlÍC;, referido a dioses «que tienen aspecto humano» (antropo-
mórficos, diríamos hoy) 126.
De los muchos adjetivos griegos formados de este modo, en latín
apenas hay atestiguados unos treinta, especialmente en el ámbito de la
geometría y la ciencia en general (rhomboides, discoides, hyaloides,
dendroides, sphaeroides, polygonoides, etc.), conservando la termi-
nación griega original; es decir, que el tipo como tal no fue producti-
vo en latín 127.
y esta sería durante mucho tiempo la situación en el latín medie-
val y moderno, y por extensión en lenguas modernas como el caste-
llano: apenas unos cuantos tecnicismos heredados y conservados so-
bre todo en el léxico de la geometría y de la medicina. En el caso de
la medicina, además, se da la particularidad de que están normal-
mente sustantivados (son nombres de huesos, glándulas, apófisis, etc.)
y conservan la terminación griega tal cual: etmoides, hioides, cora-
coides, tiroides, escafoides, etc. (al designar objetos singulares en el
cuerpo humano o de otros animales, rara vez se usan en plural; por lo
demás, su formación es opaca para quien no sepa griego).
124 Cf. Rainer, 1993, 198-202 (<<Evaluative Wortbildungskategorien») y GDLE, ca-
pítulo 71 (<<La derivación apreciativa», por F. A. Lázaro Mora).
125 Cito en Almela, 1999, 83.
126 Cf. Buck-Petersen, 1945,697-8 Y lista (unos 600 ejemplos) en páginas 703-707.
127 Puede verse la lista completa en el diccionario inverso de Gradenwitz (1966).
188 Los helenismos del español
Junto a ellos tenemos algunos ejemplos en la geometría (romboi-
de, geoide, paraboloide, elipsoide, esferoide, etc.) y también en otras
ciencias (asteroide en astronomía, alcaloide, albuminoide en química,
celuloide, etc.); como se ve, en estos casos, sustantivados o no, se
adopta la terminación en -e, más acorde con la morfología castellana
(cf. § 11 .2). Pero también hay bastantes casos de hipercaracterización
para convertirlos en temas en -o/-a y así poder distinguir formalmente
el sustantivo del adjetivo: masto ideo, romboideo, etc.; en unos cuan-
tos casos se ha resufijado con la terminación latina -al (esferoidal,
helicoidal, etc.).
Pero poca importancia hubiera tenido este elemento en español si
no hubiera salido de esos campos tan especializados, donde además
casi siempre se añade a raíces griegas, con pocas excepciones (cf. al-
caloide, ovoide). Su auténtico punto de arranque para convertirse en
un verdadero sufijo español (y europeo) como tal fue la zoología y la
antropología fisica, un ámbito por tanto ya mucho más cercano al
hombre.
En efecto, en la taxonomía zoológica se lo utiliza arbitrariamente
para designar las superfamilias y los subórdenes (en latín Feloidea,
Cano idea, Cervoidea, etc.), entre ellos aquel al que, según la teoría de
la evolución, pertenece el hombre, los simios antropoideos o antro-
poides (lat. Anthropoidea; como hemos visto, la palabra ya estaba
acuñada en griego, aunque referida en principio a dioses). En inglés
está documentado este uso de antropoide ya en 1837 (<<anthropoid
apes», según el OED), y de ahí pudo fácilmente extenderse a la antro-
pología fisica, a la nomenclatura de las razas humanas (en inglés se
documenta negro id en 1859, mongoloid en 1868, caucasoid en 1902,
etc.). El caso de negroide es especialmente interesante por tener como
base no un sustantivo griego, como todos los ejemplos mencionados
hasta ahora, sino un adjetivo (sustantivado con frecuencia), y además
no griego sino latino (cf. después); también podría citarse en este
contexto el caso de crétinoiae, término médico atestiguado en francés
en 1873, y también formado sobre un adjetivo no griego.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras.. . 189
y ya que estamos bosquejando la prehistoria de este sufijo en las
lenguas europeas, tampoco hay que olvidar el caso muy temprano de
androide. La primera vez que aparece esta voz (fr. androiae) es en un
libro del francés Gabriel Naudé, en 1625, referida a una maravillosa
cabeza parlante fabricada por Alberto Magno, una especie de autó-
mata con aspecto humano; por cierto que la voz está mal acuñada,
con un error propio de un hablante de una lengua que, como el fran-
cés o el español, incluye en hombre tanto al varón como a los huma-
nos en general, cosa que no hacen el griego, el latín ni el alemán (cf.
vir/homo, Mann/Mensch; así que Naudé debería ha-
berlo llamado anthropoiae). En cualquier caso, la palabra tuvo cierto
eco, y aparece citada por Pierre Bayle en 1695, en inglés hacia 1725,
llegando hasta nuestros días, en que, como es bien sabido, ha tenido
bastante uso en la ciencia-ficción (junto con otras de acuñación más
reciente como humanoide, etc.) 128.
El caso es que esta extensión de -oide al ámbito de lo humano es
lo que ha propiciado, ya en fechas muy recientes, el desarrollo en es-
pañol de un matiz específicamente apreciativo (habitualmente peyo-
rativo); un desarrollo, por cierto, que es característico del español,
mientras que en otras lenguas europeas es poco común, sin que estén
claras las razones de esta preferencia 129.
Si, dejando de lado los neologismos modernos de carácter cientí-
fico (espermatozoide, esquizoide, hemorroides, etc.; algunos en lin-
güística, como prefijoide, sufijoide, verboide, etc.), nos fijamos ahora
en los usos apreciativos de -oide en el español de hoy, casi siempre
con bases adjetivales y en un registro culto o semi-culto, encontramos
numerosos ejemplos que tienen que ver con campos como el de la
inteligencia o la falta de ella (cretinoide, imbecifoide, niñoide, infan-
tifoide, geniafoide, etc.), la militancia política (anarcoide, fascistoide,
marxistoide, etc.) o, más en general, con corrientes artísticas, actitu-
128 Para toda esta cuestión, cf. Janni, 1994, 5-9.
129 cr. de Bruyne, 1989, 127-28 (sobre francés y alemán); en OED, s. v. -oid, no se
mencionan usos apreciativos; tampoco en TLF, s. v. -ide (2), -orde.
190 Los helenismos del español
des generales, etc. (flamencoide, intelectualoide, liricoide, sen timen-
taloide, etc.) 130.
En cuanto a los valores semánticos del sufijo, no son demasiado
fáciles de defmir con exactitud, aunque en general es perceptible una
idea negativa de minoración, de alguien o algo que parece o quiere
parecer una cosa sin llegar a serlo realmente; en este sentido, puede
recordar en ocasiones a otros elementos de origen griego como para-
(cf. § 12.1.1.4) o -izante (cf. § 12.2.3) 131.
Así que este sufijo -oide es interesante para el helenista por varias
razones. Primero, por haber desarrollado en fechas muy recientes este
matiz peyorativo tan acusado, cosa más bien excepcional entre los su-
fijos de origen griego que hemos visto (aunque ya señalamos en su
momento algunos matices de esta clase en -ista, en -esco o en -izante,
y podrían señalarse ocasionalmente en algún otro).
y segundo, por ser el único caso en que un elemento claramente
composicional en griego (-Q-ElOlÍC;) ha terminado por ser un puro su-
fijo en español (comparable en este sentido al caso de archi- entre los
prefijos, cf. § 12.1.2.3); aunque hay que recordar que ya en el propio
griego hay indicios de que pudiera empezar a funcionar como algo
parecido a un sufijo, como demuestran las abundantes formas parale-
las en -<0011<; (por ejemplo, a4!a"Croo11<; y a4!a"CoElolÍc;, «sanguinolen-
to») 132.
130 Muchos ejemplos en Rainer, 1993, 626-29, de quien tomamos la clasifica-
ción; y, sobre todo, en de Broyne (1975 y 1989). Cf. también GDLE, § 70.3.2; DESE
s. v. -oide.
131 Cf. Rainer, 1993, 627-28, y de Broyne, 1989, 123-27 (una pequeña encuesta
sobre el significado exacto de comunistoide).
132 Lo curioso del caso es que el sufijo -<0011<;, tan frecuente en griego, era en su
origen un segundo elemento de compuesto, relacionado con el verbo 0/;,00 «oler» (cf.
lat. odor), pero que muy pronto empezó a funcionar como sufijo de semejanza, olvi-
dada la noción original de «que huele a x»; cf. Chantraine, 1933,429; DELG, s. v. Q(,oo;
Buck-Petersen, 1945,698. Alguna observación general en este sentido (la oposición
entre diacronía y sincronía en la consideración del préstamo de sufijos) en Deroy,
1980,84.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 191
§ 12.3. COMPOSICIÓN
El griego antiguo, como es sabido, se caracteriza por su pasmosa
facilidad para la composición; es un rasgo que comparte con el sáns-
crito y que debe de ser una capacidad desarrollada por estas lenguas
después de su separación del tronco común indoeuropeo, más que una
herencia directa de la protolengua 133. En cambio el latín -y por ex-
tensión las lenguas romances- nunca tuvo ni mucho menos esta fa-
cilidad, a pesar de los intentos muy tempranos de los poetas romanos
por imitar la lengua poética griega, tan rica en compuestos.
A pesar de ello, la afluencia constante de helenismos, muchos de
ellos compuestos, a las lenguas europeas modernas, acabó por natu-
ralizar y generalizar en todas ellas un tipo especial de composición,
de carácter netamente culto y especialmente adaptado a las necesida-
des terminológicas de las ciencias, tanto humanas como naturales.
Por tanto, lo que aquí nos ínteresa son las raíces, temas o lexemas
de origen griego (y, para ser coherentes, habría que incluir también
las latinas cultas) que se usan en español para formar palabras que,
como mesocracia o parasitología, son a todas luces compuestos, pues
cumplen los requisitos básicos de la composición: son índescomponi-
bIes; no admiten elementos íntercalados; adoptan variaciones morfe-
máticas independientes de las que tendrían los lexemas componentes
en español; su significado no es deducible del significado de sus com-
ponentes, ni es ajeno al mismo 134.
Claro que hay una diferencia que salta a la vista entre los com-
puestos genuínamente españoles (sacacorchos, cejijunto) y los que
lJ3 Cf. Vi llar, 1996,230-31. Sobre los principios y tipos básicos de la composi-
ción en griego, pueden consultarse los tratamientos sintéticos de Meillet-Vendryes,
1953, § 630-646, Y de I. Rodríguez Alfageme, Nueva gramática griega, Madrid,
1988, 53-61.
134 Cf. Almela, 1999, 130, 137-38; cf. también GDLE, capítulo 73 (La composi-
ción, por J. F. Val Álvaro; en 73.1.5 se cita el criterio expuesto por H. Marchand en
The Categories and Types ofPresent-Day English Word-Formation, Múnich, 1969).
192 Los helenismos del español
nos ocupan ahora (mesocracia, braquicéfalo), y es que, mientras en el
caso de los primeros los componentes tienen existencia autónoma en
la lengua (sacar, corcho, etc.) y por tanto su sentido es en principio
transparente para cualquier hablante, en el caso de los segundos no es
así, sino que nos hallamos ante raíces ligadas, no autónomas (meso-,
-céfalo, etc.) y no inmediatamente comprensibles.
Esta es la razón por la que estos elementos griegos o latinos han
recibido nombres muy diversos: seudosufijos, sufijoides, elementos
semiautónomos, raíces cultas, temas greco-latinos, bases léxicas liga-
das, etc.; y también explica las abundantes discusiones sobre la ver-
dadera naturaleza de este procedimiento de formación de palabras en
español y en otras lenguas modernas, que algunos autores consideran
más cercano a la afijación (prefijación y sufijación) que a la composi-
ción.
Para nosotros, como para otros muchos autores, es claro que estos
elementos están más cerca de los formantes de compuestos que de los
afijos (sufijos y prefijos), ya que 135:
- ellos mismos pueden aparecer sufijados y prefijados, lo que no
ocurre con los afijos propiamente dichos: lóg-ico, métr-ico, aut-
ismo, a-morfo, etc.;
- no son tan productivos como los afijos, y habitualmente se juntan
dos de ellos para formar una palabra nueva (podó-logo), cosa de la
que tampoco son capaces aquéllos;
- proceden casi siempre de sustantivos, adjetivos y verbos griegos
(andro- de avr,p «varón», leuco- de AEUKÓ<;; «blanco», -fago de
q>aydv «comer», etc.), y su aportación semántica es de tipo lexé-
mico, muy distinta en ese sentido a la de los auténticos prefijos y
sufijos;
- muchos pueden ocupar tanto la primera posición como la segunda
del compuesto (logo-centrismo, filó-logo; micro-cosmos, cosmo-
nauta, etc.); y, si en general tienden a ocupar una posición deter-
135 Nos basamos ante todo en Almela, 1999, 157-58; véase también la gran mono-
grafia de Peytard, 1975.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 193
minada, históricamente ello no es sino consecuencia de las leyes
de composición griegas, que prescriben, por ejemplo, que los ad-
jetivos vayan normalmente en primer lugar (cf. barí-tono «de tono
grave», paqui-dermo «de piel gruesa», etc.);
- algunos de ellos existen además como palabras independientes en
la lengua (cf. terapia e hidroterapia, cosmos y microcosmos, tono
y barítono, manía y dipsomanía, etc.), cosa que está vedada en
principio a sufijos y prefijos.
Por todo ello, están muy cercanos a los formantes de compuestos;
pero, como hemos dicho, su carácter culto y su falta de independencia
en la lengua han hecho que se propongan para ellos denominaciones
específicas. Dada su cercanía a los formantes de compuestos, no nos
parecen muy afortunadas etiquetas como «seudosufijos» o «prefijoi-
des/sufijoides».
Por su parte, Almela propone llamarlos «pro-compuestos» 136, y
podría aceptarse esta denominación, si no fuera porque no está muy
claro qué sentido tiene aquí pro-: ¿es el prefijo griego con el sentido
de «antes de»?; ¿o es el pro- latino con el sentido de «en lugar de»?
(cf. § 12.1.1). Otra propuesta reciente es la de A. C. Kirlmess, que
habla de «combinaciones neoclásicas» (neo-classical combinations),
aunque considera que también se los podría llamar «europeísmos»
(europeanisms) o «internacionalismos» 137; desde luego, se le puede
criticar lo de «neoclásico» o lo de «internacional» por recurrir a su
origen o a su difusión geográfica para explicar la función sincrónica
de estos elementos en la lengua, aunque lo cierto es que lo más ca-
racterístico de estos elementos es precisamente el hecho de tener
equivalentes claramente reconocibles en la mayoría de las lenguas eu-
ropeas y haber acompañado al surgimiento de la ciencia y la tecnolo-
gía modernas en Europa y por extensión en el resto del mundo. En
fin, quizá se los podría llamar simplemente «combinemas cultos».
136 Cf. Alme1a, 1999, 154-60.
137 Cf. Kirkness, 1994.
194 Los helenismos del español
Si nos fijamos ahora en este tipo de compuestos en español, siem-
pre sustantivos o adjetivos, encontraremos representadas las distintas
categorías observables en los compuestos «normales» (seguiremos la
clasificación de Almela, que tiene una base morfológica) 138.
§ 12.3.1. Compuestos por yuxtaposición
Incluiremos en este apartado a los yuxtapuestos, o compuestos
propiamente dichos, dentro de los que cabe distinguir entre heterólo-
gos, cuando el compuesto pertenece necesaríamente a una categoría
distinta de la del núcleo (que suele ir en primera posición en los com-
puestos españoles), y homólogos, cuando no tiene por qué haber ese
cambio de categoría.
§ 12.3.1.1. Heterólogos de complementación y heterólogos de atri-
bución.- Entre los heterólogos podemos distinguir dos tipos. Por una
parte, los heterólogos de complementación, que son aquellos en los que
hay un elemento verbal, siendo el tipo más común el compuesto de
verbo y sustantivo (quitanieves, sacacorchos; entre los cultismos lati-
nos, con orden inverso, pesticida, cavernícola, flamígero) 139.
Entre los muchos helenismos que se pueden adscribir a este grupo
citaremos ejemplos como necrófago (QXlYElV «comeD», semáforo
(<pÉpm «portaD», antólogo (Ai.ym «escogeD», etc. Obsérvese que, en
el caso de los dos últimos, hay apofonía de la raíz verbal (de lel a lo/),
de acuerdo con un procedimiento morfológico de origen indoeuropeo
todavía muy visible en el griego histórico, pero del que apenas hay
rastros en latín (menos aún en las lenguas románicas) 140.
\38 Cf. Almela, 1999, 146 ss. ; haremos alusión también a los tipos que distingue
Rainer, 1993, cuyo tratamiento de la composición española figura en las páginas 245-
98. Cf. también GDLE, § 73.4 (compuestos nominales con temas grecolatinos) y 73.6.5
(comp. adjetivos).
139 Cf. Rainer, 1993, § 3. 1. 1.6 (sustantivos) y 3. 1.2.2. 1 (tipo de hispanohablante).
140 Cf. Meillet-Vendryes, 1953, § 642.
La aportación del griego antiguo a laformación de palabras.. . 195
También hay que señalar que, mientras en español este tipo de
compuestos son sustantivos (si exceptuamos el tipo latinizante, más
bien marginal, de hispanohablante, causahabiente, altisonante, etc.),
el tipo griego en el que se basan los compuestos cultos eran normal-
mente adjetivos (como los cientos de compuestos en -<popo<;, «que
lleva/porta x»), aunque eventualmente pudieran sustantivarse; sin
embargo, en español estas palabras suelen funcionar como sustantivos
(semáforo).
Nótese también, y esto es válido para todos los tipos de esta clasi-
ficación, que el grado de lexicalización de los compuestos es muy va-
riable: es mínimo en necrófago (<<que se alimenta de cadáveres») y
muy grande en antólogo (literalmente, «recolector de flores», aunque
en español seria insólito su uso en sentido literal).
El segundo grupo es el de los heterólogos de atribución, también
denominados exocéntricos: no contienen verbo; el núcleo suele ser un
sustantivo, que es calificado por el otro elemento, normalmente un
adjetivo (cejijunto, pelirrojo, etc.) 141.
Algunos ejemplos de este tipo en helenismos españoles serian:
braquicéfalo y dolicocéfalo (<<que tiene el cráneo corto/alargado»),
artiodáctilo/perisodáctilo (<<que tiene un número par/impar de dedos
o pezuñas»). Como ocurría en el grupo anterior, estos compuestos
funcionan con mucha facilidad como sustantivos (<<el orden de los ar-
tiodáctilos», etc.).
§ 12.3.1.2. Homólogos determinativos y homólogos copulativos.-
En el ámbito de los compuestos yuxtapuestos homólogos podemos
distinguir, por un lado, los homólogos determinativos, que se carac-
terizan por que entre los componentes se establece una relación de
dependencia determinativa, pudiéndose dar diversas combinaciones,
como sustantivo y sustantivo (bocacalle, aguanieve), sustantivo y ad-
141 ef. Rainer, 1993, § 3.1.2.2.2 (tipo peli"ojo).
196 Los helenismos del español
jetivo (nochebuena, mediodía), etc. 142. Es frecuente que entre los dos
componentes se establezca una relación de comparación (hombre-
rana), como ya ocurría en griego en casos como mpupo7tÉN::KtX; «mar-
tillo-hacha», i. e., «martillo que es como un hacha», o, con menos cla-
ridad, en JlTl'tPÓ7tOAlC; «ciudad que es como la madre (de las colonias
correspondientes)>> .
Entre los helenismos españoles que obedecen a este tipo de com-
posición mencionaremos ejemplos como fotografía (<<fijación de la
luz»), ortografía (<<escritura correcta»), cardiopatía (<<afección del
corazón»), metrópolis (<<ciudad-madre», lexicalizado en el uso actual
de la palabra), etc.
Desde el punto de vista morfológico, los compuestos con combi-
nemas griegos se caracterizan por tener una vocal de unión (que suele
ser 10/), mientras que en los compuestos autóctonos lo normal es la
mera yuxtaposición de los formantes (ciempiés, vanagloria, punta-
pié), siendo más bien marginal el tipo de sustantivo + /il + sustantivo,
que seria el más cercano a los compuestos que estamos describiendo
(manicura, puticlub; cf. Rainer, § 3.1.1.3).
Por otra parte, la adscripción de una palabra al grupo de los de-
terminativos (el que nos ocupa) o a otro -especialmente al de los
heterólogos de complementación - depende fundamentalmente de si
se adopta un punto de vista histórico o funcional-sincrónico. Así, por
ejemplo, en el caso de todos los compuestos en -grafía, -grama o
-grafo, desde el punto de vista genético del griego estamos ante una
raíz verbal (ypáepffi «escribir, grabar»), y una voz como €7tl<J"COAO-
ypáepoC; (<<secretario») hay que interpretarla como perteneciente en
griego al grupo de sustantivo + verbo (como si al secretario lo llamá-
ramos en español escribecartas), pudiéndose derivar después el sus-
tantivo en -ía (-grafía) o el adjetivo en ':'ico (-gráfico). Sin embargo,
desde el punto de vista del español, es claro que el elemento -grafía
funciona de forma autónoma como un sustantivo equivalente a «es-
142 Cf. Rainer, 1993, § 3.1.1.1-2-3 (sustantivo y sustantivo; distingue muchos sub-
tipos) y 3.2. 1.2 (tipo de nochebuena, que considera compuestos sintagmáticos).
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 197
critura, descripción, fijación por otros medios», y en ese sentido etno-
grafia es simplemente «descripción de pueblos (primitivos)>>, por
tanto, del tipo homólogo del que estamos tratando (dos sustantivos,
uno d ~ los cuales está determinado por el otro como un sintagma
en genitivo). Y esto es aplicable a muchos de los formantes griegos
más productivos, como logo/logia (,,¡:yoo «decir, razonar» ),fago/fagia
(q>oyEiv «comer»), pata/patia (1tácrXOO «sufrir»), scopio/scopia (crKO-
1tÉoo «observar»), etc. 143.
Por lo que respecta a los elementos cuantificadores, si, como he-
mos hecho, no se los considera como prefijos (cf. § 12.1.2), habrá que
incluirlos en la composición, distinguiendo, eso sí, entre los que co-
rresponden a este apartado, como decálogo, tetragrámaton (<<cuatro
letras») o pentapodia (<<conjunto de cinco pies», en métrica), y los
que, al menos en su origen, son adjetivos del tipo de los heterólogos
de atribución (poligono «que tiene muchos ángulos», tridáctilo «que
tiene tres dedos», etc.).
Entre los compuestos homólogos cabe distinguir, asimismo, los
homólogos copulativos (llamados dvandva en la tradición gramatical
india), que se caracterizan por que entre los dos componentes hay re-
lación de coordinación, de suma, como en claroscuro, sordomudo,
agridulce (a veces escritos con guión:fisico-quimico) 144.
Los ejemplos en helenismos españoles son escasos y general-
mente están acuñados ya en griego: andrógino (<<hombre y mujer»),
tragicómico (con haplología de la sílaba co), hermafrodita (<<Hermes
y Afrodita», masculino y femenino), quizá en pitecántropo (que pue-
de analizarse como «hombre y mono», pero también como «hombre
que es (todavía) como un mono», del tipo comparativo visto en el
grupo de los homólogos determinativos).
143 Aunque desde el punto de vista del indoeuropeo, una raí z como leg-/log- es
verbal y nominal al mismo tiempo, cf. Villar, 1996, 227.
144 Cf. Rainer, 1993, § 3. 1.1.1.3.2. 1 (tipo actor-bailarín), 3. 1.1.3 (tipo sopicaldo),
3. 1.2. 1. 1 (tipo ético-moral) y 3.1 .2. 1.2 (tipo rojinegro).
198 Los helenismos del español
§ 12.3.2. Compuestos sintagmáticos y preposicionales
Junto a los compuestos yuxtapuestos, cabe distinguir un segundo
grupo, el de los denominados compuestos sintagmáticos y preposi-
cionales; es decir, compuestos del tipo de fuego fatuo, llave inglesa, y
orden del día, palabra de honor, respectivamente 145.
En el caso de los helenismos, es muy poco lo que se puede incluir
en esta categoría, si prescindimos de los fenómenos de calco (expre-
siones o frases hechas traducidas del gríego, como ley no escrita, ar-
gumento cornudo, etc.; cf. § 12.4). Podrían incluirse aquí, en todo ca-
so, palabras como hipopótamo, cuyo orígen no es un compuesto
gríego propiamente dicho (pues en este caso esperaríamos más bien el
orden inverso, *potamipo), sino el sintagma, formado por sustantivo
+ adjetivo, l1t1tOC; 1tot"á¡.uoC; «caballo de río», que, ya lexicalizado,
orígen en el propio gríego al compuesto sintagmático
de donde procede la voz española.
En cuanto a los compuestos preposicionales, podríamos incluir
aquí el caso de los terminas musicales diapente, diapasón, diatesa-
rón, que proceden de sintagmas preposicionales griegos - de i] 8u1
1tÉvt"€ xopowv «(el acorde) a través de cinco (cuerdas o
tonos)>>, etc.-, que ya en el propio griego oscilaban entre la escritura
en una sola palabra o la forma analítica; también se podría incluir el
adverbio encima, cuyo origen es una locución preposicional, en cima
«hinchazón, brote vegetal, copa de un árbol, cumbre, cima», cf.
§ 11.4).
§ 12.3.3. Diferencias entre compuestos españoles y compuestos con
combinemas griegos
Pasamos ahora a ocuparnos de algunas diferencias entre los com-
puestos españoles y los formados con combinemas griegos. En un
145 Téngase en cuenta que hay bastantes discrepancias a la hora de delimitar la
clase de los compuestos sintagmáticos, cf. Rainer, 1993, § 3.2; Almela, 1999, p. ISO
ss.; y GDLE § 73.8.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 199
plano general, una de las diferencias más notables entre los com-
puestos españoles autóctonos y los cultos greco-latinos es que éstos,
ya sean heredados del griego o de acuñación moderna, admiten con
suma facilidad la sufijación para cambiar de categoría gramatical o de
clase nominal, de tal modo que, como hemos visto, los compuestos
con el verbo ypáqx.o «escribiD) admiten la posibilidad de pasar del
nombre de agente en -grafo al abstracto en -grafia o al concreto en
-grama, y también al adjetivo en -gráfico. En cambio, los compuestos
españoles, en general, no tienen estas posibilidades de derivación; por
ejemplo, no se pueden derivar adjetivos de los sustantivos quitanieves
o cumpleaños, ni un sustantivo de cualidad a partir de adjetivos como
pelirrojo o alicaído (la ' *pelirrojez o la *alicaidad), aunque hay ex-
cepciones a esta. tendencia (p. ej. baloncesto> baloncestista, y aun en
este caso la sufijación no deja de resultar algo pesada). Esta proteica
capacidad para la composición y al mismo tiempo para la derivación,
tan característica del griego, es, sin duda, un factor que hay que tener
muy en cuenta si se quiere explicar el éxito extraordinario que han te-
nido en los últimos siglós los compuestos greco-latinos en todas las
lenguas europeas, incluido el español.
Centrándonos ahora en otro aspecto, es interesante destacar que
en los compuestos con temas griegos (también con los latinos) se ob-
serva por lo general el orden inverso al que rige en los compuestos
con voces autónomas españolas:
- en el caso de los heterólogos de complementación (cf. § 12.3.1.1),
en vez de seguirse el orden verbo + sustantivo (zampa-bollos), se
sigue el inverso (necró-fago «muertos-come»; lo mismo con los
compuestos latinizantes del tipo de maléficolbenéfico «que causa
o hace el mal/bien», o del tipo de o terrateniente).
La razón es muy sencilla: si el primer tipo refleja el orden SVO
(sujeto-verbo-objeto) que es el común en español y en otras len-
guas modernas (<<Josete zampa muchos bollos»), el segundo re-
fleja el orden SOY, típico -hasta cierto punto- del griego anti-
guo y del latín, y característico sin duda del indoeuropeo (cf.
200 Los helenismos del español
frases del tipo de lato Matronae moeros complent «las matronas
las murallas llenan») 146;
- lo mismo puede decirse en el caso de los heterólogos de atribución
(cf. § 12.3.1.1) Y homólogos determinativos (cf. § 12.3.2): la dife-
rencia que se da habitualmente, aunque no siempre, en el orden de
los lexemas (braqui-céfalo -adjetivo + sustantivo- frente a cue-
lli-corto) obedece a las diferencias sintácticas entre el griego (y el
latín) y lenguas modernas como el español. Así por ejemplo en el
caso de los determinativos en que se establece una relación equi-
parable a la del nombre y su complemento en genitivo: cardiopa-
tía (<<del corazón afección») frente a telaraña o bocacalle, del
mismo modo que tenemos • A9nvaírov 1tOAl lEía (<<De los atenien-
ses constitucióm» o De rerum natura (<<Sobre de las cosas la natu-
raleza») frente al orden normal de esos sintagmas en el español.
§ 12.3.4. Composición griega antigua y composición moderna
Como se ve, las lenguas modernas como el español no sólo han
tomado en préstamo numerosos compuestos griegos, sino que, a partir
sobre todo del siglo XVIII, han asumido la composición a partir de los
temas o combinemas griegos y también latinos como un recurso más
de la lengua (culta y científica); y por cierto que la historia detallada
de este proceso está por describir.
Ahora bien, esto no debe hacemos olvidar que todos estos como
puestos de nuevo cuño han surgido y forman parte integral de otras
lenguas que no son el griego antiguo, y, desde este punto de vista, po-
co podrá extrañar que se puedan detectar en dichos compuestos todo
tipo de anomalías o mutaciones (pues no tiene mucho sentido hablar
de «errores») con respecto a lo que eran las normas de composición
propias del griego clásico.
146 Sobre los orígenes indoeuropeos de estos compuestos, cf. Villar, 1996, 230.
Por lo demás, esta regla no se cumple en el caso del inglés, que teniendo un orden svo
forma compuestos al modo del griego y el latín (p. ej. man-eater «come-hombres»,
long-tailed «de cola larga», etc.).
La aportación del griego antiguo a laformación de palabras. .. 201
Hay que insistir en este punto, como hace por ejemplo Dornseiff,
y recordar que el griego antiguo ha tenido una pervivencia doble, por
un lado en el griego bizantino y moderno, y por otro en lo que éllla-
ma el «esperanto grecoide» de las lenguas europeas, una denomina-
ción a mi juicio afortunada que quiere hacer ver tanto el carácter emi-
nentemente internacional (yen buena medida artificial) de este léxico
como sus divergencias e innovaciones con respecto al griego clásico
(de ahí lo de grecoide, como si dijéramos un griego que quiere ser
clásico pero no lo es, no puede ya serlo) 147.
Sin pretender, ni mucho menos, la exhaustividad, que convertiría
este libro en un diccionario histórico de helenismos, señalaremos al-
gunos de los puntos en que los helenismos compuestos modernos se
apartan, regular u ocasionalmente, de las normas habituales en griego
clásico, o en otros casos observan esas reglas con una regularidad es-
tricta que no se daba en griego (también haremos alguna alusión en el
mismo sentido a la prefijación y sufijación).
§ 12.3.4.1. Por lo que respecta a los compuestos con un tema ver-
bal, ya hemos visto (§ 12.3.1.1: heterólogos de complementación) que
en los helenismos modernos el elemento verbal va siempre en segun-
da posición (semá-foro «porta-signos»). Pero lo cierto es que en grie-
go, junto a este tipo, existía también el inverso, heredado también del
indoeuropeo, con el verbo al principio: por ejemplo, «ini-
ciador de males», «destructor de ciudades»,
«que odia al pueblo», «que lleva la casa a cuestas (como el
caracol o algunos pueblos nómadas)>> 148.
Pues bien, en general los helenismos modernos no han hecho uso
de este segundo tipo, generalizando el uso del primero. Las pocas ex-
cepciones que se pueden encontrar se deben normalmente a que el le-
xema en cuestión sólo aparecía en primera posición en los compues-
tos heredados, por lo que se ha seguido el único modelo disponible,
147 Cf. Dornseiff, 1950, 8-9.
148 Cf. Meillet-Vendryes, 1953, § 641.
202
Los helenismos del español
por ejemplo en ,.ucró-yuvo<; «que odia a las mujeres», que ha sido el
modelo del compuesto moderno misoneísmo (<<aversión a las noveda-
des»).
En este ,contexto vale la pena mencionar el caso de los compues-
tos con filo. En griego, esta raíz era un sustantivo que también podía
tener valor adjetival (q>Í-Ao<; , «amigo, querido»; el verbo q>lAi:OO «que-
rer» es un denominativo, derivado de aquél), y los compuestos más
antiguos eran de tipo posesivo (cf. 12.3.1.1: heterólogos de atribu-
ción), como q>lA.ó1;ElVO<; «(persona) a la que le es caro su huésped».
Sin embargo, muy pronto se sintió ese primer elemento como un tema
verbal (<<que ama o gusta de x»), como demuestra el desarrollo com-
plementario de los compuestos de sentido opuesto en l c r O - , ya men-
cionados. Así, tenemos en griego muchísimos compuestos de este ti-
po, con q>lA.O- en primera posición, mientras que el tipo inverso es
mucho menos abundante (como en 1tOVT)pÓq>lA.O<; «que tiene afición a
los sinvergüenzas») y a veces tiene un sentido distinto (como en
9EÓq>lA.O<;, que no es «que ama a Dios», sino «caro a los ojos de
Dios») 149.
Pues bien, las lenguas modernas, a pesar de esa marcada prefe·
rencia del griego por el tipo de filósofo, filólogo, etc., apenas han cul-
tivado esta modalidad de compuesto (se pueden citar algunos casos
como filarmónico, filatelia o filodramático), decantándose por el tipo
inv:erso, sentido por analogía con otros compuestos como el más
«griego» de los dos desde el punto de vista sintáctico, y así han surgi,
do gran cantidad de compuestos en -jilo (alsófilo, germanófilo, bi·
bliófilo, etc.) 150.
§ 12.3.4.2. Por lo que respecta a la vocal de unión, puede decirse
algo similar: en griego lo normal es que fuera 10/, pero no estaban ni
mucho menos excluidas otras posibilidades, por ejemplo la la/larga o
149 ef. DELG, s. v. q¡íAo<;.
ISO Más infonnación en Janni, 1994, 32-35, quien señala además la paradójica al-
ternancia entrefiloinglés y anglófilo, filofrancés y francófilo, etc. (aunque, por lo me-
nos es español, el primer tipo es poco utilizado hoy en día).
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 203
Inl en su caso; cf. por ejemplo VlKn-q>ÓpOc; «que trae la victoria
(víKn)>> frente a NlKÓ-OTlllOC; «Nicodemo», o YEVEa-Aoyía «genealo-
gía», de YEVEá. También podía darse la ausencia de vocal , como en el
tipo de -rEAEC1-q>ÓPOC; «que lleva a su cumplimiento (-rÉAOC;)>>.
Sin embargo, los compuestos modernos han regularizado esta si-
tuación, utilizando siempre 101 para los temas griegos (incluidos casos
de compuestos «híbridos» como filmo teca, sociología o burocracia,
fr. bureaucratie) e lil para los latinos (incluidos híbridos como voltí-
metro o amperímetro, por influencia de altímetro, calorímetro, etc.).
De ahí que, por ejemplo, cuando en inglés se acuñó psychedelic
(de 'l'UXT, «alma» y OnAÓW «revelar, hacer visible») en los años cin-
cuenta, surgieran críticas a su formación, como si tuviera necesaria-
mente que ser psychodelic (que es la forma que ha prevalecido en es-
pañol, (P)sicodélico); en casos como éste, los puristas de la formación
de palabras pretenden ser más griegos que los propios griegos clási-
cos 151.
§ 12.3.4.3. Se observan muchas anomalías en lo que se refiere a la
evitación de hiatos en compuestos o en voces prefijadas. El griego era
en este sentido mucho más estricto (cf. § 12.1), mientras que en las
lenguas modernas - en el propio latín hay atestiguado algún caso
como pseudoevangelista - parece preocupar más la transparencia del
compuesto que el contacto entre vocales: cf. por ejemplo protohisto-
ria (por *protistoria), ahistórico (por *anistórico), microorganismo,
macroeconómico, antiestético, etc.
También llaman la atención los casos de haplología (que en prin-
cipio es un fenómeno del lenguaje popular) en compuestos como
simbología (por * simbolología), idolatría, mineralogía, morfonolo-
gía, tragicómico, etc.
§ 12.3.4.4. En un terreno a medio camino entre la morfosintaxis y
la semántica, hay que señalar la gran arbitrariedad que se observa en
15\ ef. Janni, 1994, 137-40.
204 Los helenismos del español
la creación de muchos términos, especialmente científicos; cosa, por
otra parte, que no habrá de extrañar, pues una de las características de
ese léxico es precisamente la importancia de la llamada «derivación
fabricada», en la que «el creador de la palabra recurre a formantes
que se definen consciente y voluntariamente en el momento en que se
instituye aquélla», frente a la derivación «espontánea» que es la pro-
pia del léxico común o patrimonial de una lengua 152.
Ejemplo paradigmático de esta arbitrariedad es la que demostra-
nm a finales del siglo XVIII los creadores del sistema métrico hoy vi-
gente, al decidir que los combinemas griegos significaran multiplica-
ción (decámetro, kilogramo, hectolitro, etc., con un formante hecto
arbitrario también en su forma, pues en griego es ÉKa-róv) y los lati-
nos división (centímetro, decímetro, etc.), con un uso que evidente-
mente nada tiene que ver con el que se observa en los compuestos la-
tinos genuinos (cf. centimanus «que tiene cien manos», centuplicar,
etc.) 153.
Por otra parte, a veces es la regularidad propia de las series termi-
nológicas la que provoca una formación anómala desde el punto de
vista del griego, como ocurre por ejemplo en el caso de morfema, que
se inserta así en la serie de términos lingüísticos en -ema (§ 12.2.1.5),
obviando el hecho de que esperaríamos *morfoma (gr. /lópQ>ro/la, de
/lOpq>Óro, cf. meta-morfo-sis).
§ 12.3.4.5. También habría mucho que decir sobre la elección de
la forma de los temas griegos, por ejemplo en el caso de los heteró-
clitos en -/la, -/la-ro<;. En efecto, encontramos a veces vacilaciones
entre, por ejemplo, morfémico y morfemático, fonémico y fonemático,
lexémico y lexemático, etc. Y lo cierto es que en griego, al menos en
los compuestos, también se pueden constatar vacilaciones entre la
forma en -/la-r- y la simple: cf. por ejemplo OEP/la-ro-q>Ópo<; frente a
152 Cf. Martín Zorraquino, 1997, 324, Y la bibliografía que cita.
153 Janni, 1994, 102, cita la pintoresca explicación que dieron los sabios franceses
respecto a ese inopinado hecto: «Les savants sauront que hecto est ici une abréviation
de hecato; les autres ne s'en embarrasseront gut':re».
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 205
OSPJlÓ-7t'tSPOC; (como en español dermató-Iogo frente a dermó-ptero,
hemato-crito frente a hemo-globina, espermato-zoide frente a es-
perm-icida, etc.). En este sentido, no está justificada la protesta contra
formas como semáforo, que algunos consideraron en su día «bárba-
ro», tratando de imponer sematóforo.
Evidentemente, casos como el señalado de fonema > foném-ico
en lugar de fonemát-ico no son más que una prueba del avanzado
grado de naturalización de esos combinemas en las lenguas moder-
nas, como lo es también el hecho de que se regularice la sufijación en
casos como prótesis> protésico, utilizado en medicina frente al grie-
go «correcto», pero irregular desde el punto de vista español, protéti-
co (usado en lingüística; gr. 7tpOeS'tLKÓC;) 154.
Un caso curioso y similar a éstos -hasta cierto punto- seria el
de hídrico (<<recursos hídricos»), sin base morfológica en griego, don-
de el adjetivo relativo al agua es oounKóc; *hidático, pero que se
comprende por el gran número de compuestos en hidro- 155.
De todos modos, las anomalías o irregularidades en la sufijación
moderna de helenismos son muy abundantes, aunque los diccionarios
no siempre den cuenta de ellas; cf. por ejemplo la caprichosa alter-
nancia entre mon-arqu-ía, an-arqu-ía, por un lado, y matri-arc-ado,
patri-arc-ado (sobre el modelo de exarcado), por otro; la resufijación
de palabras para evitar el 'resultado de la transcripción regular, como
ocurre por ejemplo en etnia, tomado del fr. ethnie (finales del siglo
XIX), cuya sufijación y consiguiente paso al femenino se debe proba-
blemente al deseo de evitar una transcripción regular *ethne (gr.
eeVOC; «pueblo, tribu»), monosilábica y de dificil pronunciación; aun-
que en más de una ocasión las vacilaciones se remontan ya al propio
griego, por ejemplo en el caso de los sustantivos prefijados Y' com-
puestos en -sis (cf. § 12.2.1.4), cuyos resultados en español oscilan
154 Cf. Rainer, 1993, 523-24, que cita otros casos como genésico, diatésico, sin-
táxico, sinestésico. etc. También se podría incluir aquí un caso como traumado, por
traumatizado.
155 Cf. Janni, 1994, 80-82.
206 Los helenismos del español
entre -sis y -sia/-sía (anestesia, dispepsia, apoplejía, etc., frente a
catalexis, profilaxis, etc.) 156.
§ 12.3.4.6. En el caso de algunas raíces griegas muy productivas,
el comportamiento de los compuestos griegos genuinos es muy dis-
tinto en varios sentidos de los helenismos modernos. Recuérdese por
ejemplo lo que hemos señalado (en § 11.2) a propósito de la palabras
terminadas en .!.pata, -patía, -pático y.!.crata, -cracia, -crático.
Pero hay familias léxicas bastante más embrolladas (en lo formal
y en lo semántico), y los diccionarios no siempre dan información de
fiar al respecto, en el caso de que den alguna. Mencionaremos, a mo-
do de ejemplo, el caso de la raíz indoeuropea gen-/gon-/gn- «llegar a
ser, engendran>, ampliamente representada tanto en griego y latín
(yíYVOllal, yÉVOC;, yóvo<;, etc.; gigno, genus, generatio, etc.) como en
cultismos españoles.
Los compuestos latinos con esta raíz no eran muy frecuentes, y
sus distintos tipos no han resultado productivos en español, a saber,
los terminados en -gena (esp. indígena, alienígena), en -genus (como
multigenus; esp. alienígeno, terrígeno), -genius (primigenio) y -gnus
(benigno, maligno) 157.
En cambio en griego encontramos gran cantidad de adjetivos com-
puestos con la misma raíz. Hay que distinguir, por un lado, los más de
doscientos compuestos en -YEVIÍ<;, que podían tener dos sentidos bási-
cos, el de «nacido» (OLOyEVIÍ<; «nacido de Zeus», WYEVIÍ<; «bien naci-
do, noble») y el de «de tal clase» (ÓIlOYEv1ÍC; «de la misma clase
que»); de estos adjetivos, además, se derivaban los sustantivos de
cualidad correspondientes en -yÉvEta (EuYÉvEta, auyyÉvEta, etc.). Por
otro lado estabaQ los compuestos en -yOVO<;, de nuevo con dos senti-
dos distintos, el de «nacido» (1taAaíyovo<; «nacido hace mucho, vie-
jo») y el activo de «que engendra» (avOpoYóvoC; «que engendra varo-
nes»; nótese el cambio en la posición del acento).
156 Para la situación en griego, bastante complicada, cf. Holt, 1941,61-63; para el
español, cf. también García Yebra, 1999, s. v. poesía.
157 ef. DELL, s. v. geno.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 207
Con estos antecedentes, resulta en principio sorprendente la for-
mación de helenismos modernos como patógeno 'que produce en-
fermedad', pues, como acabamos de ver, los únicos compuestos con
sentido activo de «engendrar, prodUCID) eran algunos de los griegos
en -yovo<;. La razón fundamental que ha llevado a descartar -gono
con esta función en los compuestos modernos parece fácil de adivi-
nar: la homonimia (en la transcripción moderna, cf. § 6.6) con los
compuestos en -gono < gr. yrovía «ángulo», como polígono (gr. 1tO-
AúyrovoC;, -ov), etc. ; el único resto de los compuestos griegos en
-yovo<; es epígono «sucesor», de formación opaca para el hablante
común 158.
Entonces, ¿de dónde ha salido ese elemento ':'geno con el sentido
transitivo de <<producir, provocar»? La respuesta, como en tantas oca-
siones, la da con maravillosa exactitud y concisión el OED, s. v.
-gen 159. El origen de estas formaciones hay que buscarlo en el francés
-gene, concretamente en oxygene e hydrogene, voces creadas por La-
voisier y otros hacia 1780-90 y que, según sus creadores, significaban
«que engendra el ácido» y «que engendra el agua», respectivamente.
El caso es que, tras algunas vacilaciones formales entre -gene y
-gine, prevaleció la primera forma, ya presente en helenismos hereda-
dos (homogene, etc.), «and the fact that the suffix -y€VlÍc; in Greek
words was not capable of meaning 'that which produces' was over-
looked or neglected», y éste es sin duda el origen de los compuestos
modernos como nitrógeno, halógeno, cancerígeno, lacrimógeno, etc.,
griegos por su formación pero no por su semántica (sobre la termina-
ción española en -o/a a partir de la francesa en -e, cf. § 11 .2).
Por lo demás, estos compuestos en principio adjetivales en -gene
provocaron la creación, ya en el siglo XIX, de sustantivos abstractos
en -génie (orogénie, etc., con base en los griegos en -yÉVaa que he-
158 A cambio de eso, gono se ha utilizado en biología como primer elemento de
compuesto, con el sentido también griego de «esperma» (gonorrea, gonococo, etc.).
159 Mientras por ejemplo el DRAE (19." ed.), lo relaciona con YEVVÚCO «engendraD>,
lo que carece de base alguna en la morfología griega (aparte de que, de ser así, en len-
guas como el francés tendríamos -genne y no -gene).
208 Los helenismos del español
mos mencionado antes 160) y también de adjetivos en -génique, y este
sistema bi- o tripartito, según los casos, similar al de .:.crata/-cracia/
-crático, se copió en otras demás lenguas del entorno, de donde esp.
orogenia/orogénico, ontogenia/ontogénico, etc. (con frecuentes do-
bletes del tipo de orogenia/orogénesis).
Basten estos pocos ejemplos, escogidos por su valor representati-
vo, para ver cómo la formación de palabras en las lenguas modernas a
partir de elementos griegos depara muchas sorpresas a quien se detie-
ne a observarla con un poco de atención, cosa que rara vez se hace; y
este desinterés secular se acaba reflejando con demasiada frecuencia
en los diccionarios, etimológicos o no, españoles y extranjeros, que,
sobre todo en el caso de los compuestos, se suelen contentar con ex-
plicaciones expeditivas (<<del griego x y del griego y») que en realidad
explican muy poco la génesis de la palabra en cuestión.
§ 12.4. SOBRE LA PARASÍNTESIS
La parasíntesis (gr. 1tapacrúvge<ne;) consiste en formar una pala-
bra nueva prefijando y sufijando al mismo tiempo una base ya exis-
tente, por ejemplo en barranco > em-barranc-ar, diestro > a-diestr-
ar, pedazo > des-pedaz-ar, o alma > des-alm-ado. Si nos atenemos al
criterio estricto de parasíntesis defendido por algunos autores (es de-
cir, que no exista previamente en la lengua ni la forma prefijo + base
- *desalma- ni tampoco la forma base + sufijo - *almado-), nos
encontramos con que este procedimiento es bastante raro en la forma-
ción de helenismos modernos en español, limitado prácticamente a
determinadas formaciones verbales en las que intervienen bases espa-
160 Pero cf. OED, s. v. -geny: «The suffix may be regarded as representing Gr.
-yÉV€ta [ ... ] But in all probability it was actually from the root gen- in genesis [ ... ]
(vaguely apprehended as meaning 'to produce' ) + -y, French -ie». Sobre la acentua-
ción de los compuestos españoles, cf. García Yebra, 1999, s. v. -genia.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 209
ñolas y el sufijo -izar (por ejemplo luna > alunizar, tierra > aterri-
zar; rata> desratizar; carne > encarnizar(se), etc.), lo que es sin
duda una prueba de la vitalidad de dicho sufijo, que hemos visto en
§ 12.2.3 161.
Pero si se sigue un criterio más amplio (y sincrónico) de lo que es
parasíntesis, como es lo más frecuente, está claro que tendríamos mu-
chísimos casos en los que estarian involucradas bases (libres o liga-
das), prefijos y sufijos de origen griego: anti-pirét-ico, anti-grip-al,
ex-céntr-ico, para-polici-al, etc.; hemos señalado el requisito de que
se o b ~ e r v e un criterio sincrónico, pues desde el punto de vista diacró-
nico es claro que los ejemplos citados no son más que adjetivos sufi-
jados a los que se antepone un prefijo, y este no es sino un tipo entre
otros varios que se podrían citar 162.
Por otra parte, no estará de más recordar que en el propio griego
antiguo había un tipo de adjetivos que se atienen exactamente al crite-
rio estricto de parasíntesis que hemos mencionado (aunque los libros
de gramática griega no suelen hacer referencia expresa a este con-
cepto). Nos referimos a los adjetivos de dos terminaciones en -lÍ<;, - ~
del tipo de 800yEv1Í<;, uO'Ej31Í<;, Elxpu1Í<;, EUj.1EV1Í<;, 1tEPUCOAA1Í<;, etc.,
formados generalmente a partir de una raíz (YEV-, 0'Ej3-, etc.) con un
prefijo (preposicional o adverbial) y con el sufijo -EO'-; en ellos se
cumplen los requisitos que antes mencionábamos, pues no existen en
griego ni el adjetivo simple correspondiente (*YEV1Í<;, *j.1EV1Í<;, etc.) ni
tampoco una forma nominal o verbal de la que se hubieran podido de-
rivar aquéllas por sufijación (*800yEVO<; o *8ucryiyvoj.1aL), aunque
\6\ Sobre la parasíntesis cf. GDLE § 72.1.2 (parasíntesis verbal, por D. Serrano-
Dolader); y Almela, 1999, 187-96, con discusión de otras propuestas teóricas. Entre
las demás categorías gramaticales, concretamente entre los sustantivos, podría citarse
quizá algún raro tecnicismo como en-ost-osis «tumor en el canal medular de un hue-
so», formado prefijando y sufijando al mismo tiempo la base ost(eo) «hueso» (no
existe ni *enosto ni *ostosis), aunque sobre el modelo previo de gr. El;ócrTCJ)(JlC; .
\62 Cf. en general GDLE, § 72.2 (se discute especialmente la cuestión de los adjeti-
vos formados con anti-).
210 Los helenismos del español
hay algún caso en que sí existe un verbo prefijado paralelo (4!qxxvi)<;
junto a 4!qxxivro) 163.
§ 12.5. OTROS PROCEDIMIENTOS DE FORMACIÓN
DE PALABRAS: ACORTAMIENTOS y AMALGAMAS.
Tenninaremos la sección dedicada a la composición mencionando
brevemente otros dos procedimientos de fonnación de palabras que,
aunque son marginales en español, tienen cierta relación con los hele-
nismos.
El primero de ellos es el llamado «acortamiento léxico» (en la bi-
bliografia inglesa, clipping), en virtud del cual «una unidad léxica [ ... ]
ve reducido su significante reteniendo el mismo significado y catego-
ria gramatical» 164. Teniendo en cuenta la considerable longitud de
muchos helenismos compuestos, no es de extrañar que este proceso
lingüístico afecte especialmente a esta categoria de palabras, como de-
muestran los casos de auto(móvil), bici(cleta), cine(matógrafo), esté-
reo(jónico), foto(grafia), metro(politano), pomo(gráfico), taxi(metro),
tele(visión), zoo(lógico), por citar los más comunes; obsérvese la
marcada preferencia por los bisílabos, aun a expensas de la etimolo-
gía (cinemató-grafo, bi-cicl-eta).
Aunque en principio las voces correspondientes pertenecen a un
registro coloquial, lo cierto es que pueden acabar desplazando a las
fonnas plenas, hasta hacerlas poco menos que insólitas (por ejemplo
cinematógrafo) o en todo caso propias de un registro elevado, y, lo
163 Cf. en general Chantraine, 1933,424 SS., que señala que ya los gramáticos an-
tiguos se habían percatado de la singularidad de este tipo de adjetivos, siempre com-
puestos (como EUpu-a9EviJ<; o állap-rO-rn:tí<;) o prefijados (los citados arriba). Cf. tam-
bién Meillet-Vendryes, 1953, § 644, sobre otro tipo parasintético en griego y latín.
164 GOLE, § 78. 1, p. 5077 (el capítulo 78, sobre acortamientos, acronimia y otros
procesos morfológicos, es obra de M. Casado Velarde); cf. también Rainer, 1993,
697-701; Almela, 1999,202-3.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 211
que es más, pueden convertirse ellas mismas en elementos de compo-
sición con el significado de la fonna plena, como ocurre con auto
(auto-pista «pista para automóviles»), cine (ciné-filo), cinema (cine-
ma-scope), foto (foto-novela «novela fotográfica»), tele (tele-concur-
so «concurso que se emite por televisión»), etc. 165.
El segundo fenómeno que aquí nos interesa mencionar es la amal-
gama (en inglés, blending), «procedimiento morfológico consistente
en la fonnación de una palabra a partir de dos [ ... ] unidades léxicas,
estando representada, al menos una de ellas, por un fragmento (una o
más sílabas) de su significante» 166, y que también puede afectar a ba-
ses de origen griego, por la misma razón que veíamos en los acorta-
mientos. Así ocurre por ejemplo en euro-cámara (Europa, europeo),
informática (información + matemática, que a su vez ha dado lugar a
una especie de sufijo grecoide -mática: ofimática, telemática), dio-
rama, cinerama (con la terminación, arbitrariamente segmentada, de
panorama), ciberespacio, cibernauta (cibernética, gr. KUP€pváro «di-
rigir, pilotam), paralímpico (en que parecen cruzarse el prefijo para
+ olímpico, con fonnación defectuosa - en ese caso debería ser pa-
rolímpico-, con la intención evidente de crear una amalgama entre
parapléjico o paralítico y olímpico), etc. 167.
En algunas de estas creaciones, por 10 demás, es dificil detenninar
ante qué tipo de procedimiento estamos; por ejemplo en el caso de
narco- (gr. VGpKÓül «adonnecem, VGpKroTIKÓ<; «que adonnece»), pues
si en narco-tráfico parece claro que se trata de una amalgama (narcó-
ticos + tráfico) 168, en narco-dólares el primer elemento (que entre-
165 Ya llamó la atención sobre este fenómeno Lüdtke, 1974, 142-45; cf. también
Alvar Ezquerra, 1978 y 1995. Podría incluirse también en esta categoría eco- = ecoló-
gico (ecotasa, ecoturismo), a pesar de no usarse como palabra independiente.
166 GDLE, § 78.3, p. 5085 (que lo llama acronimia).
167 Cf. GDLE, § 78.3; Rainer, 1993,701-2 (<<Wortrnischung»); Almela, 1999,205-
10 (que lo llama acronimia); Janni, 1994,28 (cinerama) y 157 (telemática); García
Yebra, 1999, s. v. paralímpico.
168 Aunque en este caso la supresión de -tico no deja de recordar a lo que es un
procedimiento frecuente en la derivación (cf. por ejemplo cerám-ica > ceram-ista,
protagon-ista > protagón-ico), como destaca Rainer en muchas entradas dedicadas a
212 Los helenismos del español
tanto ha pasado a usarse también como voz autónoma, los narcos) no
significa ya «de narcóticos» sino «(conseguidos por medio del) tráfi-
co de narcóticos» 169.
§ 12.6. EL CALCO DE FORMACIÓN
Terminaremos la parte dedicada a la formación de palabras ha-
ciendo breve referencia al procedimiento que recibe el nombre gené-
rico de calco y que comprende distintos tipos, de acuerdo con la clasi-
ficación propuesta por el alemán W. Betz (1949):
1) El calco del esquema (Lenhbildung), dentro del que pueden distin·
guirse, según el grado de fidelidad con que se copia la construc-
ción original: a), el calco por traducción (Lenhübersetzung), cuando
se traduce con exactitud, miembro a miembro, la voz en cuestión,
por ejemplo en 1tpÓ-9E-me; > lat. prae-posi-tio, con corresponden-
cia exacta entre preverbios (1tpÓ, prae), lexemas verbales (tí9T11.H,
pano) y sufijos formadores de abstractos verbales (-me;, -tia); b), el
«calco libre» (Lenhübertragung), en el que la traducción y orde-
nación de los componentes de la palabra no es tan estricta como
en el caso anterior, por ejemplo cuando el alemán convierte ma-
míferos (compuesto de rección verbal, «que llevan mamas») en
Siiugetiere (siiugen «chupar, mamar», Tier «animal»); y c), la
creación inducida (LenhschOpfung), que es una «imitación ibre,
totalmente formal, de un modelo extranjero, como, por ejemplo, el
neologismo del antiguo alto alemánfindunga, que reproduce el la-
tín experimentum» 170.
2) El calco semántico (Lehnbedeutung), consistente en que una pala-
bra ya formada en una lengua cobra un nuevo sentido por influen-
los sufijos españoles (este autor lo llama Ti/gung «cancelación», cf. en general p. 171-
75 de su libro).
169 Sobre el procedimiento llamado «sustracción» y la posibilidad de incluir en él
compuestos en -ólogo, -ógrafo y otros, cf. Rainer, 1993, § 6.2, p. 694-97.
170 Lüdtke, 1974,23.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras... 213
cia de una palabra extranjera; por ejemplo, cuando lat. ars, artis se
empezó a utilizar para traducir gr. 'tÉXVT], cobrando así el sentido
especializado de «disciplina, tratado, materia de estudio» (ars poe-
tica, artes liberales, etc.) 17l •
3) El calco fraseológico (Lenhwendung), cuando se traduce toda una
expresión o frase hecha, y el sintáctico (Lenhsyntax), cuando se
copia un tipo de construcción propio de la lengua en cuestión (por
ejemplo, el «acusativo griego» en el verso de Garcilaso los ale-
manes, elfiero cuello atados ... ) 172.
El tipo que nos interesa aquí es el 1, en sus distintas modalidades
(que no siempre se pueden delimitar con tanta claridad); mientras que
los tipos 3 y 2 corresponderían más bien a las partes dedicadas a la
sintaxis y la semántica, respectivamente.
El calco de formación es, en cualquier caso, un procedimiento
más entre los varios de que disponen las lenguas para acrecentar su
léxico, y que se distingue del préstamo propiamente dicho (o présta-
mo léxico) en que en este caso la influencia extranjera no es percepti-
ble a simple vista, sino que está por así decir latente en la construcción
del nuevo término. De ahí que el calco de formación se haya practi-
cado sobre todo en aquellas lenguas que, por razones diversas (sobre
todo políticas, en sentido amplio), han mantenido posturas defensivas
(por purismo, por nacionalismo) frente a los préstamos; el caso más
claro entre las lenguas de nuestro entorno es el del alemán, del que se
podrían citar centenares de casos, desde el antiguo alto alemán hasta
hoy mismo, ya se trate de calcar voces de origen griego (cf. o L á - ~ E ­
'tpOV > Durch-messer), latino (manualis (liber) > Hand-buch), fran-
cés (court-ois > hOf-lich), etc. 173.
171 ef., para el ámbito grecolatino, Nicolas, 1996; en general, Deroy, 1980,93 ss.
172 Sobre el influjo griego en la sintaxis latina, cf. Brenous, 1895; en general sobre
el calco sintáctico y fraseológico, Deroy, 1980, 102-110 Y 222-23.
J73 Véase, por ejemplo, el magnífico ejemplo de una frase aparentemente en «puro
alemán» que cita y comenta Lüdtke, 1974, 153-55. Para el inglés antiguo, cf. Scheler,
1996 (cita ejemplos del siglo XI como syllaba > staefgefeg, etc.).
214 Los helenismos del español
Centrándonos en lo que es nuestro tema, el latín recurrió en una
medida considerable a este procedimiento para naturalizar muchos
conceptos griegos -que le eran necesarios para la filosofia, la gra-
mática, la ciencia - , evitando de ese modo que la invasión de hele-
nismos léxicos resultara demasiado abrumadora. Es decir, que mu-
chas palabras que son aparentemente «puro latín» no son en realidad
sino calcos de voces del griego clásico y helenístico.
De todas formas, no podemos extendemos demasiado en este
asunto porque, al fin y al cabo, el calco latino de palabras griegas es
un fenómeno que cae fuera de los límites de este libro; y es que, a di-
ferencia del latín, el español (y las lenguas románicas en general) no
ha recurrido apenas al calco de helenismos -sí a veces al de gali-
cismos o anglicismos (cf. foot-ball > balom-pié) -, sino que los ha
tomado como préstamos, con las adaptaciones gráficas, fonéticas y
morfológicas necesarias en cada caso.
Hay varias razones importantes para ello. La primera es que los
helenismos cultos empezaron a entrar en castellano - en tomo al si-
glo XIII - como meros latinismos, pues sencillamente esas palabras
(como geometría, teología, etc.) formaban parte del léxico latino pre-
sente en los autores antiguos y medievales, y no había razón para
aplicarles una política distinta de la que se observaba con los cultis-
mos latinos (con los que, por razones de cercanía lingüísitica y tam-
bién de prestigio, normalmente no había lugar al calco, sino a la mera
adaptación); aparte de que el propio antecedente del latín, dispuesto a
alojar numerosos helenismos léxicos, predisponía a las lenguas mo-
dernas a hacer lo propio.
Además, se ha destacado a menudo que el calco, fenómeno estre-
chamente emparentado con la traducción, es mucho más frecuente en
situaciones de bilingüismo muy acentuado, como fue por ejemplo el
caso de la Roma tardo-republicana e imperial (un grado elevado de
bilingüismo es imprescindible por la sencilla razón de que, de lo con-
trario, no es posible comprender cabalmente la estructura de la pala-
bra que se trata de calcar) 174; en este sentido, pocas posibilidades ha-
174 ef. Deroy, 1980, 211-14.
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras.. . 215
había de que se calcaran helenismos en los siglos xm, XIV y xv, dado
que el griego era una lengua virtualmente desconocida en el Occi-
dente latino (en España la primera cátedra de griego, en la Universi-
dad de Salamanca, data de 1495).
Otro factor sin duda importante es de orden tipológico, y es que, a
diferencia del griego, con su enorme facilidad para la composición, el
castellano y demás lenguas románicas son sobre todo lenguas deriva-
tivas, con poca inclinación a la composición; ello puede explicar que,
ante uno de los muchos helenismos compuestos (p. ej. f3paxuAüyía),
la respuesta más «natural» sea el préstamo tal cual (braquilogía) y no
el calco (*cortidicho o *breviloquio, cf. lat. breviloquium). También
así se explica, al menos en parte, la tendencia del alemán al calco, da-
da su gran facilidad para la composición.
Por lo que respecta a los calcos latinos del griego, nos interesa re-
cordar que afectan especialmente al vocabulario filosófico, gramati-
cal, retórico y científico; por no alargarnos demasiado, nos limitare-
mos a mencionar unos cuantos casos de calco (más o menos exacto)
en la terminología gramatical, que los romanos encontraron ya muy
desarrollada en griego (la lista podría alargarse fácilmente):
'ta <JÚIl-<pú.>va > con-sonantes
r, 1tpocr-<¡X)ía > ac-centus « *ad-cantus)
r, KAí-01.C; > de-clina-tio
r, cru-l;uy-ía > con-juga-tio
btí-9E'tOV > ad-jectivum
ahta-nKi] > accusa-tivus
1tAT]9uv-nKóc; > plur-alis
r, av't-UlVUI·lÍa > pro-nomen
'tO Cíp9pov > articulus
1tpocr'taK-nKi] > impera-tivus
o CTÚV-&cr-I.lOC; > con-junc-tio.
Y, más allá de los muchos ejemplos que se podrían citar en dis-
tintos ámbitos léxicos, el calco del griego tuvo una especial importan-
cia para el desarrollo del sistema sufijal latino, y por extensión el de
las lenguas románicas (en su registro culto); mientras que, como ya
216 Los helenismos del español
señalamos, el latín nunca pudo asimilar y hacer suya la facilidad del
griego para la composición (a pesar de los intentos de los poetas ro-
manos y de los casos relativamente abundantes de calco, como ovi-
parus < quadr-angulus < etc.).
En el caso de los 'sufijos, a lo largo de § 12.2 hemos tenido oca-
sión de hacer alusión a la escasa o nula productividad en latín de su-
fijos como -sis, -ma, -ismus, -izare, etc., y hemos señalado en más de
una ocasión que la influencia del sufijo griego en cuestión no se ha
verificado por medio de su préstamo como tal sufijo en voces latinas,
sino por haber espoleado el uso de sufijos autóctonos latinos
lentes (a veces descendientes del mismo elemento indoeuropeo), es
decir, por calco. Entre los más señalados en este sentido menciona-
remos:
-tas, -tatis (esp. -dad, -tad), equivalente exacto del griego
utilizado para derivar sustantivos abstractos (por ejemplo
en el vocabulario de la filosofia: > qualitas, >
quantitas, > communitas). Podrían incluirse también
aquí otros sufijos latinos con función similar, como -tus (gen.
-tutis), -tudo, -itia/-ities.
-tio, -sio, -xio (de donde esp. -ción, -sión, -xión), como forma de re-
producir los abstractos verbales griegos en (cf. por ejemplo
> sensatio, > praepositio); en otros casos se
prefiere el sufijo -(nt)ia (así en > con-scient-ia o en
> circum-stant-ia).
-men, -minis (y -mentum, -i, esp. -mento/-miento), equivalentes de gr.
(como en . .ta > cogitamen, 1taíbeUlla > erudimen-
tum, etc.).
- el caso de los adjetivos en -icus y -ticus Y su relación con el griego
ya se ha discutido con cierto detenimiento en § 12.2.2.; aunque,
por otra parte, muchos adjetivos griegos en se han tradu-
cido (calcado) en latín con -(t)ivus (cf. aina-ttK1Í > accusa-tivus)1
-bilis o -torius, contribuyendo así al desarrollo de estos sufijos,
igualmente abundantes en español (-tivo, -ble, -torio).
La aportación del griego antiguo a la formación de palabras. .. 217
- lo mismo puede decirse de -osus (esp. -oso), muy favorecido por
el calco parcial o total de muchos adjetivos en -ÓEtC; y sobre todo
en -rooT)c; (calco sólo del sufijo en A.E1tprooT)c; > leprosus; total en
Ka¡JKl.VrooT)c; > cancerosus, óOuvrooT)c; > dolorosus, q>f43rooT)c; >
venosus, etc.).
- por lo que respecta a la derivación verbal, no hay mucho que de-
cir, excepto que en alguna ocasión se ha atribuido a la influencia
de los numerosÍsimos verbos griegos en -í1:ro el gran desarollo de
los latinos en -ficare (magnificare, sanctificare, amplificare, gra-
tificare, etc.), especialmente en el latín cristiano, que los encon-
traba expresivos 175.
Basten estas pocas observaciones para destacar la gran importan-
cia que tiene el calco de construccióu para un entendimiento cabal de
la estructura del léxico latino y por extensión del léxico culto euro-
peo, cuyos orígenes hay que buscar con mucha frecuencia en la koiné
helenística; se trata, por lo demás, de un proceso mucho más dificil de
detectar que el préstamo léxico convencional, no siempre identifica-
ble con total seguridad (a veces es imposible asegurar que tal voz la-
tina sea realmente un calco de otra griega) y que, en todo caso, los
diccionarios históricos y etimológicos rara vez se preocupan de in-
cluir en la historia de la voz correspondiente, a pesar de que, sin el
estímulo de la palabra en cuestión, nunca hubieran llegado a existir (y
en ese sentido es perfectamente legítimo afirmar que, por ejemplo,
lat. conscientia es una palabra que procede de gr. cruvEíollmc;) 176.
175 Cf. DELL, s. y, facio (aunque aquí no se alude a esa posible influencia griega).
176 Para los calcos latinos del griego, cf. sobre todo André, 1971, 129-33, con bi-
bliografia; en general, cf. Deroy, 1980, 215-23 (con ejemplos de otras lenguas); y
Weinreich, 1974, 114 ss. .
CONCLUSIONES
Llegamos así al final de este recorrido por los distintos niveles
lingüísticos en que se ha verificado -generalmente a través de otra
lengua- la influencia del griego sobre el español. Como ya dijimos
en la introducción, quedarán para mejor ocasión la parte dedicada a la
sintaxis, de muy dificil abordaje, y que en gran medida habría de
centrarse en el influjo sintáctico del griego en la prosa y la poesía la-
tinas, y de éstas en el español; y la parte dedicada a la semántica y la
lexicología, en la que se trataria de establecer al menos una tipología
de los cambios semánticos experimentados por los helenismos (inclu-
yendo prefijos y sufijos): pérdida de matices, simplificación del sen-
tido original, transferencia a objetos o nociones similares, evolución
semántica dentro de la lengua de llegada, etc.; en el campo de la lexi-
cología, habría que intentar al menos valorar en un plano general la
importancia del léxico griego en la constitución de los léxicos espe-
cializados de las distintas ciencias, desde las que han hecho y siguen
haciendo uso constante de aquél (como la zoología o la métrica) hasta
las que, por razones diversas, recurren poco a la «reserva» greco-
latina (por ejemplo la informática).
Por lo demás, este estudio tiene por objeto principal hacer ver que
el griego ocupa una posición única en la historia lingüístico-cultural
de Occidente: no sólo es la lengua con la más larga cadena de docu-
mentación escrita (desde el siglo XIV a. C. hasta hoy), sino que el ex-
traordinario crecimiento y desarrollo de su léxico en la Antigüedad
Conclusiones
219
fue un fenómeno casi totalmente autónomo; el griego clásico es pro-
bablemente, entre las grandes lenguas de cultura del mundo, la que
cuenta con menor número de préstamos extranjeros, generalmente de
tipo técnico o referidos a objetos exóticos (aunque muchos de ellos
datan de tiempos prehelénicos y son por tanto muy difíciles de identi-
ficar con seguridad).
El estudioso de la historia del griego antiguo puede asistir a la
creación y desarrollo sin apenas influencias foráneas de un sistema
sumamente flexible de composición y derivación que permitió el sur-
gimiento de un extenso y complejo vocabulario filosófico, retórico-
lingüístico y científico, el de la koiné helenística, que iba a ser la base
de todo el léxico culto europeo (y, en gran medida, mundial) durante
veinte siglos. En este sentido, lo mismo que se habla a veces de len-
guas que son «paraísos del préstamo» (como el rumano o el turco),
también las hay que son exportadoras masivas de elementos lingüísti-
cos (y por tanto culturales), y el griego antiguo, como el sánscrito en
el ámbito de las lenguas indo arias y drávidas, está sin duda entre las
mayores de esta clase, con un ámbito internacional de difusión; y se
da así la circunstancia insólita de que el griego moderno siga enrique-
ciéndose hoy con palabras clásicas (o formadas con elementos y pro-
cedimientos clásicos) que le llegan acuñadas de fuera de Grecia.
En comparación con esta sorprendente autonomía del griego anti-
guo, la historia del léxico culto de las demás grandes lenguas euro-
peas es en gran medida la historia de su absorción de esa koiné hele-
nística, ya sea por préstamo directo, ya por calcos (y no creo que haga
falta destacar el papel central que las traducciones han desempeñado
en ese proceso 1); y ello empezando con el latín y siguiendo después
con el francés, español, italiano, inglés, alemán, etc., cada una de
ellas con características y tendencias propias.
1 En el caso del castellano, empezando por las del taller alfonsí, en las que vemos
aparecer muchos helenismos del latín acompañados de su definición castellana, para
así poder luego usarlos como algo ya conocido: «fizieron los príncipes de Roma un
corral grand redondo a que llamaban en latín teatro», etc. (ejemplo citado por Lapesa,
1981,244).
220 Los helenismos del español
En general, esta profunda helenización y latinización no sólo del
léxico de las lenguas modernas, sino también en gran medida de su
sistema ortográfico (§ 1-2), fonotáctico y prosódico (§ 4-5), así como
de su sistema de recursos para la formación de palabras (§ 12), se ha
considerado como un enriquecimiento indudable de estas lenguas,
que de lo contrario, se supone, no hubieran podido salir de su «infan-
cia» conceptual y nunca hubieran llegado a ser grandes lenguas na-
cionales de cultura.
Pero la cosa también puede verse desde otro punto de vista, como
una interferencia, o incluso como una invasión de lo que, de acuerdo
con de Saussure, es la estructura de una lengua dada. Por ejemplo, si
pensamos en las convenciones ortográficas (que son extra-lingüísti-
cas, al menos hasta el momento en que la imagen gráfica empieza a
constituirse en modelo del habla), resulta que el castellano de la épo-
ca de Alfonso X tenía un sistema de escritura casi totalmente fonémi-
co, adaptado a la fonología contemporánea de la lengua (que parece
lo lógico en un sistema de escritura), y que, en este sentido, uno no ve
muy bien en qué sentido puede considerarse la introducción posterior
de una ortografia más latinizante, de orientación etimológica (con sus
haches inútiles, sus equis, sus incongruencias en el uso de {g} y {j},
{c} y {z}, etc.) como un avance o un enriquecimiento. Lo mismo
puede decirse de la introducción progresiva en la pronunciación espa-
ñola de los grupos cultos que hemos descrito en § 4: puede verse co-
mo un enriquecimiento, si se quiere, pero también como una traición
falsamente ilustrada a lo más íntimo de una lengua (y una traición na-
da inocente, por supuesto, pues desde el punto de vista social esos
grupos de difícil pronunciación son un indicador privilegiado de es-
tatus social, como lo es también la ortografía 2).
2 Decía Unamuno: «Si se adoptase una ortografia fonética sencilla, que, aprendida
por todos pronto, hiciera imposibles, o poco menos, las faltas ortográficas, ¿no des-
aparecería uno de los modos de que nos distingamos las personas de buena educación
de aquellas otras que no han podido recibirla tan esmerada? Si la instrucción no nos
sirviera a los ricos para diferenciamos de los pobres, ¿para qué nos iba a servir?»
Conclusiones 221
Desde el punto de vista del léxico, la entrada masiva de helenis-
mos y latinismos en el español también puede verse -sin que eso
suponga caer ni remotamente en actitudes nacionalistas- como un
proceso esencialmente limitador, casi diríamos castrador, de la capa-
cidad expresiva de la lengua. Por ejemplo, Rafael Lapesa nos recuer-
da cómo el taller de Alfonso X, enfrentado con la necesidad de tener
un mínimo vocabulario abstracto y científico, recurre a menudo a
préstamos del árabe o del latín,
pero siempre que pueden aprovechan las disponibilidades del caste-
llano, y las incrementan forjando derivados sobre la base de palabras
ya existentes, como ladeza 'anchura, latitud', longueza 'longitud',
asmanza 'opinión, creencia', eñadimiento 'aumento', paladinar 'pu-
blicar', procedentes de lado 'ancho', luengo, asmar 'creer', eñader
'añadir' , paladino 3.
Tampoco han faltado estudiosos de otras lenguas que han sentido
esta invasión greco-latina como una merma, más que como un enri-
quecimiento de su léxico (y ya hemos citado en más de una ocasión el
caso del alemán, con su fuerte tendencia al calco como defensa ante
esa invasión). Para no extendemos, nos limitaremos a citar a Louis
Deroy a propósito de la latinización casi completa del sistema de de-
rivación francés:
'Nous n'avons presque rien gardé du magnifique provignement de
l'ancien fran<;ais qui, de plante, avait tiré planter, planteur, plante-
resse, plantement, plantance, plantis, plantier, plantin, plantelete,
plantoison, plantan, etc. 11 y avait la les outils linguistiques nécessai-
res pour créer des mots nouveaux. Mais il était tellement plus facile et
mieux considéré de transposer mécaniquement des mots latins tout
préparés et riches du prestige d'un long passé litteraire 4.
(<<Observaciones sobre la refonna de la ortografia», 1896, cit. en Martínez de Sousa,
1991,37).
3 Lapesa, 1981, 244.
4 Deroy, 1980, 122-23.
222 Los helenismos del español
, En este sentido, la utilidad palpable de ciertos prefijos o sufijos de
origen griego no debe hacernos cerrar los ojos ante los muchos abu-
sos a que dan pie cotidianamente. A menudo su uso no responde más
que al pedantesco afán por alargar innecesariamente las palabras (co-
mo señala con gracia Lázaro Carreter, «desde el latín vulgar, la des-
nutrición idiomática prefiere lo largo a lo corto»), y desde luego, es
dificil alegrarse de la proliferación en el español actual de creaciones
como alertizar (<<llamar la atención»), constitucionalizado (<<recono-
cido en la Constitución»), vehiculizar (<<servir como vehículo»), pe-
riferizar, etc. , penosos homenajes al polisílabo y a la expresión sinté-
tica en vez de la analítica, mucho más acorde con el espíritu de la
lengua 5.
Pero -izar es un sufijo culto, de origen griego, yeso le confiere
sin más un gran prestigio. Y ahí está la clave, en el prestigio cultural
del latín y antes del griego. Por eso hay que destacar una y otra vez
que la verdadera importancia del griego clásico en la historia lingüís-
tica de Occidente no radica tanto en la cantidad de palabras, lexemas
y sufijos que nos ha legado, aunque se cuenten por decenas de miles
en español, sino, antes que nada, en el hecho de que el griego, y más
concretamente la koiné helenística, fue la primera lengua de prestigio
internacional provista de una gramática normativa «que tiende a la
utopía o ideal de fijar la lengua» 6; el latín no hará más que imitar este
ideal imposible, y después lo harán aquellas lenguas que, por razones
políticas, lleguen a convertirse en lenguas nacionales importantes.
Desde este punto de vista, se puede decir en buena lógica que,
después de la constitución del griego helenístico, no ha habido en Eu-
ropa más que una lengua y una cultura que, al traducirse, se repite a sí
mIsma:
En la medida que ha recibido el griego, lo propio es decir que el
latín es el griego mismo, con mucha más razón que la que habría para
5 Cf. Lázaro Carreter, 2003, 242 (para la frase citada; para las voces en -izar cita-
das, véase el índice de palabras).
6 López Eire, 1998, 7.
Conclusiones 223
decir que el griego moderno es el griego antiguo [ ... ] Yen efecto, el
latín, convertido en lengua de cultura, con todas las adaptaciones se-
mánticas y sintácticas que tal cosa requiere, no sería sino la forma en
que el griego se ha transmitido para el Occidente, y sería el griego
bajo su forma latina lo que habría servido de fundamento a la actual
KOlvTJ de las lenguas europeas 7.
Es importante entender esto si se quiere hacer una valoración ca-
bal de lo que han supuesto las lenguas clásicas para el desarrollo de
lenguas modernas como el español. No se trata, desde nuestro punto
de vista, de rechazar en bloque el elemento culto greco-latino (a todos
los niveles lingüísticos) en nombre de una supuesta lengua popular
oprimida, pues esto, en caso de que fuera posible, no dejaría de ser,
como diría un sociólogo, un «efecto de dominación» (es decir, operar
una inversión de valores que, en realidad, consiste en la asunción del
estigma como signo de identidad) 8.
Pero tampoco se trata de lo contrario, es decir, de sacralizar ese
elemento greco-latino, como se hace también con tanta frecuencia en
los estudios de tradición clásica, lastrados por cierto tono apologético.
El objetivo debería ser comprender en todas sus implicaciones -que
no son «meramente lingüísticas» por un lado y «sociales» por otro,
sino todo al mismo tiempo- la presencia y la influencia de lo greco-
latino en nuestras lenguas; es decir, en nuestras vidas.
7 García Calvo, «Apuntes para una historia de la traducción», § 48 (incluido en
García Calvo, 1973).
8 cr. P. Bourdieu, «Los usos del pueblo», en Cosas dichas, trad. esp., Barcelona,
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a-, 130, 137, 145
, A/3STJ>in,c;;, 149
154
'AYOJ.iÉl.lvwv,51
ayá1tll,116
70, 110

ay¡rupa,91
-ayo-, 171
ayopá,116
ayoptÚO>, 130
ayx'óvn,96
154, 182
Arru;, 55
118
181
66
190
ai¡.ta'tcOOTJC;, 190
ai¡.tóppma, 104
181
aipenlCÓ<;, 110
arcr9n<n¡;, 216
a{nanlClÍ, 215, 216
alCpo!3án,c;;, 148
-aA.o-, 170
130, 137
líA.¡;,53
120

ÚJ..ltpá¡;, 104
77, 168
108
132
130
90
av-, 137
avá,132
avaj3áUro, 130
aváAOOl¡;, 158
158
aval;,68

aVf:lCOo'ta, 118
avip, 189, 192
av9patcin,c;;, 150
av9pálCwm¡;, 159
av9pal;, 159
av9pw1toaS!Í¡;, 187
189
234
áVlOOV, 108
-aVO-, 170
avn, 132, 134, 145
avnávElpa, 129
avnl3áUro, 130
aV't18Eme;, 48
215
a v(Í)jlaA.oc;, 138
aVú.XpEAlÍe;, 124
á1taYE, 127
a1tó, 132
{maMe;, 170
a1to!3áUro, 130
a1tó&l1;tc;, 109
84, 161
108
a1to KOlVOÜ, 58
a1tÓKpEffic;, 108
a1tÓO'tOAoe;, 84, 110
apáxvll,96
ap6pine;, 153
áp6pov,215
aplo'toKpá'tT]c;, 125
-apo-, 171
ap1tUla, 66
apxáYYEAOe;, 139
apXE-, 139
apxEiov, 25, 109
apXf:KaKOC;, 201
apxf:n.l1toe;,139
aPXl-, 25, 139
apXl 'tf:K'troV, 139
ápXro, 139
aoE¡31Íc;, 209
acr6Ev1Íc;, 171
acr6EvlKOc;, 171
161
154
Los helenismos del español
aO"1tic;, 53
-aO"'tlKOc;, 172
• A 'tPElOT]c;, 163
• 70
au'toSlOaK'tOe;, 124
au'toKpa't1Íc;, 125
au'tOc;, 142
au'to\jfÍ.a, 69
155
aq>úll, 109
l3aK'tlÍPlov, 67
BáKXat,70
I3aKXruníc;, 147
I3aKXlKOc;,70
l3w..avEiov, 90
126
83
l3apl3aplCro, 182
l3acrí.A.Eta, 166
I3amÁEÚC;, 120
l3aoíAlooa, 166
l3áme;, 157, 159
l3a'tpáxElOe;, 67
¡3&UlOv,47
I3lÍpuUoc;, 105
I3ll3Aia, 118
l3ippoe;, 103
126
l3A.f:vva, 70
¡3oA.l3óc;, 91
¡3oAic;, 119
¡3o'táVT], 170
I3paxuAoyia, 215
I3paxúc;, 67
*l3póvnov, 109
108
Índice de palabras griegas
yuCoq>UAáKtov, 48, 104
yUAu1;íue; , 67
yuAlu, 108
YEVEá, 203
YEVEaAoyíu, 203
-Yf:VElU, 206, 207, 208
-yEVr,e;, 206, 207
YEvváw, 207
yf:VOe;, 120, 206
yf:PWV, 67
yíyue;, 74, 118
yíYVOIlUl,206
yl yv<Í><J1(w, 160
yAUlCÚPPlCU, 84
YAUKÚc;,64
yvrollwv, 93
yóyypoe;,90
YÓIl<pOe;, 110
yovr" 72
yóvoe;, 206
-yovoe;, 206, 207
ypállllu, 122, 160
YPUllIlU'tlKr" 70, 175
YPulllluncr'tr,e;, 147
ypUq>lKÓe;, 1 71
ypáq>w, 160, 171, 196, 199
ywvíu, 72, 207
YWPu'tóe;, 110
OáKpUIlU, 160
0óq>Vll, 96
oE1;lác;, 13 O
OSPIlU, 67
OEpIlU'tOq>Ópoe;, 204
OEpIlÓ1t'tEpoe;,205
011Mw, 203
125
125
77,125, 168
125
Ol-, 140, 145
olá, 130, 138
8lul3áUw, 130
olá¡30Aoe;, 84
oláIlE'tpOV, 213
Ola 1tucrrov, 76
Ola 1tf:V'tE, 198
OWcr'tOAr" 116
oloácrKUAOe; , 170
OlKUcr'tr,plOV, 165
oloyEVr,e;, 206
olOíK1lme;, 43
OlOUpf:W, 158
olOúPllme;, 158
M1;u, 16, 69
Mme;, 159
OpáKWV, 76
opallu, 161
oucr-, 130,137,138
OOOYEVr,e;, 209
oucrrovulloe;, 130, 137
i:I3Evoe; , 105
EyKUKAOe;, 70
EYXElPf:W, 70
i:8voe; , 205
-ElU, 66, 77, 168
dOce;, 163, 187
ElOw, 187
ElOwAOV, 86
dKrov, 120
-ElOe; , 66, 181
de;, 132
EK, 132
f:Ku'tóv, 204
EKl3áUw, 130
235
236
70, 82,83

EK'tÓ<;, 140
Uaíwo,91
EA&yEía, 77, 168
EA.&t).lOcr\¡Vll, 98
"EU1lv,120
ÉU1lVlOJlÓ<;, 155
EA.,..llV<;, 119
209

EV, 132
EVOoYEV1Í<;,96,140
EVOoV, 140
Ev{)POVU:oo, 183
104, 108
126, 183
132,209
140
E1tElcróOLOV, 132
E1tí, 132
E1tíOq,lO, 48, 161
215
E1tíKOlVO<;, 58
E1tíO'K01tO<;, 84
E1tlmoAlÍ,91
196
E1tupávElO, 77, 168
Épam1Í<;, 147
q,YaAEiov, 108
84, 150

EQ'Xápa, 87
Ecroo, 140
Eu-, 138
&ooyyéAlOV, 6:
EUyÉVElO, 206
EUYEv1Í<; , 206
Los helenismos del español

164
EUpooeEV1Í<;, 210
-EUnKÓ<;, 172
ropu1Í<;, 209
Eq>1lI3o<;, 117
EXlovo, 75
-Éoo, 158, 161
ZEu<;, 27
ZÉq>upo<;,69
CfíAo<;, 42
Clyyí.j3&pl<;,42, 110
CU:Uq>Ov,42
42, 103
C
oov
1l, 42
C<\lüv, 65
42
104
170
' ID..i>mov, 181
140
107
• HPOKAi;<;, 76
iJxoo,72
161
0toyvl<;,75
0roOwpáK1l<; (mod.), 71
9WAoyíO,67
9EÓq>lAo<;, 202
9&pa1tEÍo, 77, 168
9ÉOl<;, 158
9iJK11, 104
s"crouPU:oo, 182
s"croupó<;, 40,43,85, 183
9Ai'lfl<;, 46
Índice de palabras griegas
65
159
159
8ullla't1ÍPlov, 165
8eílpa/;,54,119
-ia, 77, 168 ss.
-láoTlC;, 163
171

'Iácrwv, 64, 76
117
-lOTlC;, 163
LOlCÍltTlC;, 147
itval,170
ÍEpO-,65
182
114, 126, 147, 154, 175, 182
ss., 217
114, 171 ss., 216
182
-lOV, 165, 177
ióv, 170
70
198
198
íltltótTlC;, 147
119
176 ss.
154, 155, 175
124
'IcrpayV.ltm, 150
-lcrcra, 166 ss.
147, 175
172, 175
ícrtopia, 77, 168
-l tTlC;, 149 ss.
153
ix8ií<;, 120
64
Kal3á<PTlC; (mod.), 71
Ka8topa, 83, 86
Ka8r¡t1Íp, 79

KaÍElV,108
Ká"iJ,1a, 108

KmcrápElO, 105
KaKÉIl<POtOV, 11 O
110
83
11 O
KavCÍlv, 120
104
108
Kapoia, 171
171
KápKapov, 94 /
KapKlVÓlOTlC;, 217
KapKivWjla, 162
Kácrtpov, 105
Kácrtwp, 120
Katá, 126, 130, 132
KatayopEúw, 130
KataKAÚ¡:w, 155
155
Kata Mat8alov, 108

KatáltAaOlla, 63
KatácrtlXoV, 108
Kata 126
Kataxpáollm, 158
Katáxpr¡mc;, 158
Kat ' EVlaUtÓv, 126
Kat ' E/;OX1Ív, 58
237
238
Kaü¡la, 109, 161

109, 161
KEVe)(;,72
KE¡)Ómov, 118
KEq>aA.1Í, 67
182
KT]pÓ<;, 182
Kv..ll;,166
Kv..lcrcra, 166
Klvápa,I04
KÍV1lla, 149
96, 127
KlPPÓ<; , 160
KA.É1tn,<;, 146

KA4.m1;, 54
KAic:ru;, 215
KOl vó'tT)<;, 216
87
87, 98, 165
KOlVe)(;,72
KÓA.a<pO<;, 40, 11 O
110

95
KOV'tOl>pa, 109
KOpáUlOv, 110
KOPLV9taKe)(;, 171
Kopi 171
KOPWVÍl;, 106
86, 110
Kpal1túA,ll, 43,91
KpaVloV, 107
Kp(Íc:ru;, 158
-Kpaníc;, 125
106
Kpivw,149
Los helenismos del español
96, 127
Kpic:ru;, 158
KPlTIplOV, 165
KpÚ1t'tT), 41 , 46, 109
110
KtJj3Epváw, 90, 91, 211
Jdl3l 'tov, 94
Ku&í>VlOV, 110
110
KUAiXV1l, 99
1<'Ü!la, 98, 127, 198
KUVllyÉn,<;, 153
KUVllyÉ'tl<;, 153
96
117
KÚcrn<;,67
99
KwI3le)(;, 96
KWAoV, 72
161
!\aEpnáoT)<;, 163
A.aA.lá,67

AapUYYlKe)(;, 181
A,á¡pvll, 96
I.J:yw, 194, 197
A.E7tpWOT)<;, 21 7
!\rul'tal, 150
A.ruKe)(;, 192
I.J:wv, 76
AiiJ.q..¡a, 161
A1JlJ.la'ri.l;w, 108
63,150
Al 'tavcia, 108
AoytKe)(;, 80, 130

Aúyl;, 41 , 97
Índice de palabras griegas
160, 204, 216

127

68, 77, 168
157

120

117
72
va, 168
85
132, 135
110
159
159
155
196
67
158
95
202
202
20 I

117
117
23
24, 110
140
Movoqmcri'Tat, 150
159

204
154, 155
175
109

165
IlÍJro, 72
Mr0a[3lTal, 150
VapKOO, 211
VapK(¡)TIKÓC;, 211
117
vaüA.ov, 108
vf:apóc;,171
Vf:O-, 145
142, 145
vf:Üpov, 67
viKTJ, 203
vtKT)(pÓPOC;, 203

vÓ1l1a, 216
94

153

voüc;, 118
69
3f:v<><p&v, 68
!;tcrTr¡c;, 105
OOUVWOT)c;, 217
-ou51Íc;, 124, 163, 187 ss.
-Óf:tc;, 217
190
OlOCro, 161
otoTJ.la, 66, 161
OlKOl, 143
72
96
170
124, 206
239
240
125

o1tAiTI)<;, 149
01tAoV, 149
87
77, 168
optX:a,105

óp<p<lvó<;,40,86
ócrtpaK1.crjlÓ<;, 155
ol>,137
oUpá, 73
oUpov, 73
-Ó<.O, 159, 162
-1ta91í<;, 125

206

1tav-, 140
1taVOoKEiov, 105
110
1tapá, 132, 136
1tapal3oAlÍ, 84, 116
83

108
1tapaKOltT)<;, 153
1tapáKOltl<;, 153
121
129
1tapaO"Úv9Em<;, 208
161
TIapeEv<Ílv, 120
1tapOlKla, 43
1taprovuxia, 87, 98
1táOXro, 197
1tÉAayo<;, 109
Los helenismos del español
TIEAacrytKÓ<;, 171
TIEÁncryoi, 171
1tEpi, 132
130
209
67
1tEpl1tÉtEla, 68
1tEplcrcrÓ<;, 70
1tEpicrtam<;, 216
1tEpcrf:1tOAl<;, 201
1tEtpÉAalOV, 108
1tEtpocrÉAlVOV, 110
1tTJOOv, 109
*1tT,oom¡c;, 109
1tl9avó<;, 171
TIl t9EÚ<;, 70
1tAntEia, 83
TI} • .átrov, 76
1tAll9uvTIKÓ<;, 215
1tóOlov,83
1tOlÉro, 160
160
1toillm<;, 67
116, 147
1tOlllTI"'Í, 175
1tOlVlÍ, 43, 91
1tOlÓTI)<;, 216
117
1tÓAl<;, 72, 120
1tOAltT)<;, 146, 149, 172
1tOAltlKÓ<;, 172
1tOAU-, 140, 145
123
124
207
130
124
1tOAÚ1tOU<;, 119
Índice de palabras griegas
1tOAlx;,72
1tOV11PÓ<j)tA.ü¡;, 202
1top<pÍJp<l,95
1tocró'tT)<;, 216
1to'tlÍP, 165
1to'ti¡ptOV, 165
1tOlx;, 119
1tpÉat3tx;, 165
1tpeat3u'tÉptOv, 165
1tpeat3ú'tepo¡;, 110, 165
163
1tpó,132,212
1tPÓ!3AlllU, 63, 74
1tpoyvoxmKóv,83
74, 161
1tpógecrt¡;,212,216
1tpogenKÓ<;, 205
1tp<x;, 132
1tpomuKnK1Í, 215
1tpocr<¡lSiu, 215
1tpócrO>1tOV, 93
1tjXO'tÓKOAAoV, 108
1tpW'tov, 141, 143
1t'ttcráV11, 90
1tWaAov,46
109

1t\Jp, 70
1tÍ>pyo¡;,96
TIÍ>ppo¡;,70
páq>avo¡;, 40, 82
pu",<¡lSá<;, 117
peÜJlu,65
peuJlu'ri.Cro, 44, 66
pr¡'toptK1Í,67, 17:
69
pÓOov,96
'PÓOO¡;,117
pu'ti¡,96
pu9JlÓ<;, 11 O
Pffil.lalO¡;, 108
cráyJlU, 104
cráKXapoV, 106
cráv'tuA.üv, 105, 108
crá1t<j)etpo¡;, 106
I:umpCÍl, 70, 76
crapáf3apa, 106
cru\Jpo¡;, 104
útplÍv,66, 120
cret<1JlÓ<;, 67
creAr¡vl'tT)<;, 150
crf:JliliaAt¡;, 103
<1T)1tiu, 104
I:$aphT)<;, 149
crtv&íJv, 106
-<n¡;, 157 SS., 212, 216
crKáAa,108
<1KT)vlÍ,43
crKñ1t'tpov, 47,85, 117
crKAáf3o¡;, 108
crKÓAtOV, 73
crKÓ1teAO¡;, 91
crK01tÉro, 197
<1JlápuyOo¡;,47
I:oOoJll'tat, 150
cro<j)iu, 168
cro<j)Ó<;, 168
<11tá9r¡, 85
<11tU<1JlÓ¡;, 47
<11tóyyr¡,96
93, 99
cr'ta<j)uAi vr¡, 106
crnYJllÍ,35
cr'tÓJluxo¡;, 171
241
242
mpaTIJYÓ<;, 117
mpoueirov, 110
mrolKÓ<;, 65
cruyyÉvELa, 206
cruYK01tlÍ, 116

oüKov, 96
cruUüyíl,:ro, 175
cruUüYLmtÓ<;, 70
cruUüytcrTIKÓ<;, 175
crW1t'tú)Jla, 53
crWq>ú)va, 215
108
<1ÚV, l32
<1ÚVbEmtOe;, 215
cruvdbllme;, 216, 217
<1ÚV8Eme;, 48, 63
cruV"ClÍpr¡me;, 158
161
mpáCro, 182
crq>LYK1"1Íp, 53
mpóyyoc;,96
196
crxímta,47, 161
crxoA,lÍ, 40,85
crxóA.tov,73
'táA.av'tov,91
'tá1tr¡<;,98, 108
'ta1tlÍTIov, 98, 108
'tap'tapoÜXoc;, 108
'tÉKVov, 52, 75
'tÉAsmta, 104
203
'tÉA.oc;, 203
'tÉ'tavoc;,67
'tE'tpáyrovoe;, 216
75
Los helenismos del español
'tÉXVll, 175,213
-'tllP, 165
-1"1ÍPLov, 165 ss"
-'tr¡<; , 146, 152, 153, 172
-'tr¡<;, -'tll'toe;, 216
212
-'tLe;, 157
-TIKÓe;, 172,216
'tA,áro, 46
'tO!;LKÓV, 68
'tO!;LKÓ<;, 68
-'tÓ<; , 172
'tpaÜj.ta, 46,65
'tpmácrcraA.üv, 108
'tpí1tOUC;, 119
'tpLcráyLOV, 108
110
Tpoía, 66
'tpoxa"(KÓ<;, 65
'tproyro, 149
TpwYA,oBú'tat, 149
'tÚil!30e;, 41,97
'tÚil1tavov, 110
'tÚppLe;, 94
ooLva,65
ooKLv8oc;,65
OOa'tLKÓ<;, 205
Ú1tÉp, 132, 134
úm:p!30A,lÍ, 116
ÚTtÓ, 132
ÚTtÓ8Ecrtc;, 120
ÚTtOKpLma, 121
Ú1tÓKpLme;, 121
ÚTtOKpL 't1Íc; , 149
192, 194, 197
149
Índice de palabras griegas
<¡>áUalva, 94
q>aVápl, 109

108
q>€pÉOlK<><;, 201
q>tpw, 194
q>9Eíp, 159
159
q>9Elpláro, 159
97
<l>lAl1t1tíl;ro, 182
q>lAo-, 202
q>Wx;, 72, 202
q>üho,202
q>lAoAoyia, 77, 168
q>lAoA.óy<><;, 63
q>lMX;ElV<><;,202
q>lA.ocrO<pía, 67, 77, 168
123
q>A.EJ3<OOnc; , 217
q>A.ÉyJ1a, 161
q)oivU;,43,54,166
q)oíVlaaa, 166
-<POP<><;, 195
159
qJpOvn<Tt'iplOv, 165
q>UAaJC'tlÍplov, 165
q>úA.A.üv, 72
q>ÜAoV, 72, 73
q>U<nIClÍ, 27, 63
q>U<nOAoyla, 62
q>U<nOA.óy<><;, 74
<P<ÍlP, 96
laMro, 90
lá<><;, 67
175
175
laplO"tEÍa, 108
(mod.), 71
líAlOl,28
ll.<Í>v, 95
lÁ.alllx;, 118
151

lOAn, 72
XPQVlKá, 85, 118

46
lUllEía, 103
",ruSnyOp<><;, 130
",EiíOO<;, 130, 142
'IfUln, 203
",eí>pa, 159
159
",ropláro, 159
-<Í>Onc;, 171, 190,217
<Í>jlo1tML11, 117
<ix>.ÓK<><;, 216
eí>poA.óylOV, 53, 110
159
CiJxpa,117
243
ÍNDICE DE PALABRAS ESPAÑOLAS, LATINAS
Y DE OTRAS LENGUAS
(las españolas van en redonda, las latinas en cursiva; de las demás se señala
entre paréntesis su origen: al. = alemán, ár. = árabe, cat. = catalán, fr. = francés,
ing. = inglés, it. = italiano, occ. = occitano o provenzal, port. = portugués)
a,131
a-, § 12.1.2.1
aba, 127
abadesa, 167
abalorio, 102, 105
abásidas, 164
abbatissa, 167
abderita, 150
abeja, 55
abenuz, 102, 105
abismo, 154
abitaque, 102
abitare (it.), 30
abnonnal (ing.), 138
abnormis, 138
ábrego, 173
abrevadero, 166
ábside, 51
Abtei (aL), 169
abyecto, 49
accentus, 215
accusativus, 215, 216
acelga, 102
acemite, 102, 103
acetona, 169
ácido, 163
ación, 102
acmé, 78
acróbata, 148
acrobate (fr.), 148
acrópolis, 120
acústica, 176
adanne,102
adelfa, 102
-adgo, 50, 172
adiestrar, 208
adjectivum, 215
aegidem, 118
aenigma, 66, 160
aetherius, 181
246
aféresis, 158
afición, 49
aforismo, 155
Áfrico,173
afrícus, 172
Agamenón, 51
ágape, 116
Ágave,65
-age (fr.), 172
agenesia, 13 7
agger, 70
"ago, 170
agonizar, 185
ágora, 116
agramatical, 137
agrícola, 147
agridulce, 197
aguanieve, 195
ahistórico, 137, 203
ahora, 143
-ai, 114
Aiax,55
-aje, 172
ajenabe, \02
-al, 184
alacrán, 103
alambique, 102
alarmista, 152
albalate, \02
albaricoque, \02
albéitar, 102
albérchigo, 102
alberge, 102
albo, 113
albóndiga, \02
albornoz, 102, 103
albuminoide, 188
alburnús (ár.), \03
Los helenismos del español
albus, 113
alcaduz, 102
alcaicería, 102, 104
alcaldesa, 167
alcaldía, 169
álcali, \02
alcaloide, 188
alcamonías, 102
alcanería, 102, \04
alcántara, \02
alcaparra, 102, 104
alcaravea, 102
alcartaz, \02
alcázar, \02, 104
alchemy (ing.), \03
alchimie (fr.), 103
alcofa,103
alcohólico, 134
alconcilla, \02
alcorque, \02
alcribís, 102
alefriz, 102
alegría, 169
alertizar, 222
Aleti, 52
Alexandro, 68
alfabeto, 48
alfóstigo, \02
algaderas, 103
algalia, 108
algebraico, 174
-algia,145
algofobia, 48
algoritmo, \02, \06
alguarismo, 106
alharma, 102
alhóndiga, 102, 105
alhuceña, 102
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas
aliara, 102
alicaído, 199
alienígena, 206
alienígeno, 206
aljez, 102
allegorista, 147
almáciga, 102
Almagesto, 102
almajaneque, 102
almaro,102
almidón, 108
almirante, 102, 104
almocárabe, 102
almorranas, 104
almudín, 102, 104
almuqárbas (ár.), 106
!alo,170
alo-,I44
alófono, 78, 79
alomorfo, 144
alquez, 102, 104
alquimia, 102JQ}
alsófilo, 48, 202
altímetro, 203
altisonante, 195
altramuz, \02
alunizar, 209
*amalenguas,60
amalgama, 102, 161
amante, 74
Arnasón,27
amazona, 120
Amazones, 26
ambulatorio, 166
amebeo,181
amenaza, 26
americanizar, 184
amibiasis, 159
amicus, 46
amígdala, 51
amigo,46
amir (ár.), 104
amiratus, 104
amnesia, 77, 168
amoniaco, 76, 174
amoral, 137, 138
amorfo, 137, 192
Arnorgos, 117
amperímetro, 203
amphora, 90
amplificare, 217
ampolla, 90
ampulla, 90
amuleto,96
amuletum, 96
an-, § 12.1.2.1
ana-, 132, 137
anábasis, 159
anachoreta, 147
anacoreta, 149
anafrodita, 124
anageotropismo, 132
anagnórisis, 158
anagógico, 137
anagrama, 161
analgésico, 48
análise (port.), 122
análisis, 137, 158, 176
analítica, 176
analogia, 132
análogo, 13 7
anamnesis, 158
anaptixis, 158
anarcoide, 189
anarquía, 137,205
anarquizante, 186
247
248
anatema, 78, 161
anathematizare, 183
anchoa, 109
ancla, 91, 99
ancora, 91, 92
*ancura, 91
andaluz, 102
andrógino, 197
androide, 189
androide (fr.), 189
andrómina, 103
anécdota, 118
anélidos, 163
anestesia, 206
aneurisma, 161
anfi-, 132
anfigeno, 132
anfión, 102, 104
anfipodo, 132
anfiteatro, 132
ánfora, 48, 90
ángel, 48, 53, 70, 84, 110
angelus, 70
angina, 96
angina, 96
anglicismo, 156
anglófilo, 202
anhídrido, 67
animadvertere, 131
anís, 108
*anistórico, 137, 203
annexio, 157
annus,69
-ano, 184
-'ano,170
anodino, 78
*anódino, 80
anofeles, 124
Los helenismos del español
anomalus, 138
anorexia, 137
anormal, 137
anormalis, 138
anquilosar, 67
anquilosis, 67
anquilostomiasis, 159
antagonista, 147
antártico, 53
ante, 131
ante-, 132, 134
antediluviano, 134
anteponer, 131
anthropoid (ing.), 188
anthropoide (fr.), 189
Anthropoidea, 188
anti- ( = ante-), 134
anti-, § 12.1.1.1,209
antia1cohol, 134, 140
antibalas, 134
anticaspa, 134
anticonceptivo, 134
antidiluviano, 134
antiestético, 203
antifascista, 134
antifaz, 134
antífrasis, 159
antigripal, 209
antigripe, 134
antihéroe, 134
antiimperialista, 129
antinomia, 132
antiparásito, 134
antiparras, 134
antipirético, 209
antípoda(s), 119
antisistema, 134
antítesis, 48, 158
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 249
antólogo, 194, 195
antracita, 116, 151
antracosis, 159
ántrax, 54
antropoideos, 188
antropoides, 188
anuro, 73
anus,69
aoristo, 137
apage,127
apendicitis, 153
apíc(u)la, 55
apo koinú, 58
apo-, 132
apocalipsis, 158
apocromosis, 132
apódose (port.), 122
apódosis, 159
apófisis, 158
apofonía, 132
apolíneo, 181
apología, 132
aponer,131
apoplejía, 68, 69, 206
aposición, 131
;rPósito, 131
apostata, 147
apóstata, 148
apóstol, 53, 84, 110
apóstolo, 53, 84
apostolus, 84
apotegma, 161
apotema, 161
apoteosis, 160
apot(h)eca, 82, 84
apozema, 84
aqueménidas, 164
Aquileo,65
árabe, 106
arabesco, 179
arábico, 173
arábigo, 173
arabista, 151, 157
arácnidos, 163
arameo, 181
aranea, 96
araña, 96
-arca, 117
arcediano, 139
archi-, § 12.1.2.3,25,67, 109, 141,
142, 190
archibribón, 139
archidiaconus, 25, 139
archidiócesis, 139
archiducissa, 167
archiduque, 25, 139
archiepiscopus, 139
archifonema, 139
archilexema, 139
archimandrita, 139
archimillonario, 139
archipiélago, 109
archipobre, 139
archipresbyter, 139
archisemema, 139
archivo, 25, 48, 67, 109
archivum, 25
ar9idiano, 25
arciduca (it.), 25
arcipreste, 110, 139
ar9ipreste, 25
ar90bispo, 25
árctidos, 53
arenisco, 177
Areopagita, 150
argón, 78
250
argucia, 68
argumento cornudo, 198
Arístides, 78
aristocracia, 68, 125
aristócrata, 125
aristocrate (fr.), 125
aristocrático, 125
aritmética, 173
aritmo-, 106
armonía, 67
~ a r o , 170
arpía, 66, 67
arqueo-, 144
arqueolítico, 144
*arquifonema, 139
Arquímedes, 78
arquitecto, 25
*arquivo, 25
arrate, 102
arráwz (ár.), 105
arribismo, 156
arribista, 148, 152, 156
arroz, 102, 105
ars, 213
arsénico, 95
arsenicum, 95
arsis, 157
Artémide, 119
Ártemis, 119
Artemisa, 119
arthropode (fr.), 119
ártico,53
articu/us, 215
artiodáctilo, 195
artista, 152
artritis, 53, 153
artrópodo, 119
artrosis, 160
Los helenismos del español
arzobispo, 139
asambleísta, 152
ásaro,170
asbesto,48
asceta, 147
asceta, 148
asclepiadeo, 181
-asco,l77
asco,86
asexuado, 137
asfixia, 48
asíndeton, 117
asma, 161
asmanza, 221
asmar, 221
-asmo, 155
asocial, 137, 138
aspe, 53, 118
áspid, 53, 118
áspide, 53
áspido, 53, 118
asqueroso, 86
-asta, 149
-astae, 147
asteismos, 154
asterisco, 177
asteroide, 125, 188
astro, 177
astrología, 168
astronauta, 149
-ata, 148
ateneísta, 152
ateo,78, 137
aterrizar, 209
-atge (cat.), 172
ath/eta, 147
ath/eticus, 172
-atic (rumano), 172
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 251
aticismo, 70
aticista, 151
ático, 174
-aticu, 50, 172
atlante, 119
atlas, 52, 119
atleta, 51, 52, 148
atmósfera, 78
atómico, 174
atticismus, 154
atún, 102
auctorizare, 183
audacia, 77
audacia (it.), 78
auditorio, 166
auricha/cum,87
aurum,87
austriaco, 174
-auta,149
autarcía, 67
autarquía, 67
autismo, 142, 192
autista, 142
auto, 210
auto-, § 12.1.2.7
autobombo, 142
autócrata, 148, 174
autocrático, 174
autodidacta, 124, 125
autodidacte (fr.), 124
autofagia, 142
auto1avado, 142
automático, 174
automatizar, 184
auto(móvi1),210
automovilístico, 175
autopista, 211
autopsia, 69
autorizar, 185
averroísta, 152
avestruz, 110
avitaminosis, 137, 160
axioma, 162
Ayante, 55, 66
Áyax,54
-azgo, 50, 172
azúcar, 102, 106
azufaifa, 42, 102
azulaque, 102
azurita, 151
bacantes, 70
bacchator, 147
Biickerei (aL), 169
bacteria, 67
bajo, 34
balate, 102
balcánico, 174
bá/(i)neum, 90
balística, 176
ballaena,94
ballena, 94
ba/neum,90
balompié, 60, 214
ba1oncestista, 199
baño, 99
baptidyare,42, 126, 185
baptismus, 154
baptista, 147
baptizar,81
baptizare,42, 126, 183
baptizator, 147
baque1ita, 151
báquico, 70
barbarismus, 154
bárbaro, 59, 170
252
barítono, 193
baronesa, 167
baronissa, 167
barroquizante, 186
basa, 121
base, 121, 159
basilisco, 177
batear, 42,81, 126, 185
batejar (cat.), 42, 185
batiscafo, 78
batoyer (fr.), 42
batracio, 67
bautismo, 83
bautizar, 27, 42,81, 126
bauxita, 151
bdelomorfo,47
beaterio, 165
bedelio, 47
beige (ing.), 37
bellicosus, 74
bellicus, 172
bellota, 102
benéfico, 199
benigno, 206
berberisco, 177
berilo, 95, 105
beryllus, 95
besante, 108
Biblia, 118
bibliófilo, 72, 202
bici( c1eta), 210
bidma,48
bien-,138
bienestar, 138
-bilis, 216
Binionitae, 147
bio-, 143, 145
biocitoneurología, 46
Los helenismos del español
bizma, 48, 161
blanco, 112
blank (gerrn.), 113
blasfemar, 126
blasphemare, 126
blastemare, 46
-ble, 184,216
blenorragia, 46, 70
bocacalle, 195,200
bocina, 96
bodega, 82, 84,98, 108
boj, 96
bólido, 119
borborigmo, 155
bosniaco, 174
botánica, 56
botarga, 102
botica, 98, 108
brachy-, 67
brahmanismo, 156
braquicéfalo, 67, 192, 195,200
braquilogía, 215
*breviloquio, 215
breviloquium, 215
bromatología, 46
bromista, 152
bronce, 109
brújula, 109
bucina,96
búfalo, 170
bufonesco, 180
bulbo, 91
bulbus,91
bureaucratie (fr.), 203
burgo, 96
burgus, 96
burlesco, 179, 180
bumus (ár.), 103
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 253
burocracia, 125,203 cáncer, 96
burócráta, 125 cancerbero, 78
burocrático, 125 cancerígeno, 207
buxus,96 canceroma, 162
cancerosus,217
caballeresco, 179 cancilleresco, 180
caballería, 169 candado, 49, 54
cabe, 131 candela, 105
cabezón, 76 candil, 102, 105
cabra, 51 cangrejo, 96
cada, 126, 127 cánidos, 163, 164
cadascuno, 127 canis,24
cadera, 55, 75, 80,83,86 canna, 95
cadmio, 51 *cannamus, 83
cadnado,49,54 Canoidea, 188
caduceo, 94 canon, 120
caduceus,94 canonem, 120
caementum,87 canonesa, 167
Caesar,105 canónico, 173, 185
cahíz, 102 canonicus, 172
cairota, 149 canónigo, 173
cal, 96 canonisa, 167
calamita, 102 canonissa, 167
calamón, 102 canonizar, 185
calar, 90 canonizare, 183
calare, 90, 92 canonjía, 110
calcita, 151 cantábamos, 55
caleidoscopio, 66 cantare, 24
calibre, 102, 104 cántaro, 170
cálido, 55, 163 caña, 95
calma, 109, 161 cáñamo, 83
calonge, 111 caos, 24, 53,67
calorímetro, 203 capitalismo, 156
calvinista, 152 capra, 51
ca/x,96 cápsula, 50
camélidos, 163 captivum, 49
camorrista, 152 carabela, 108
cancer, 96 característico, 175
254
carbónico, 174
carbonizar, 185
carcaj, 53, 102, 106
cárcel, 94
carcer, 94
carcinoma, 162
cardiaco, 174
cardio-, 143, 145
cardiópata, 125,200
cardiopatía, 196
carestía, 108
caries, 116
carisma, 161
carmelita, 150
Carmiña, 186
carnaval, 108
carnavalesco, 180
carnelevare, 108
carnestolendas, 108
cárnico, 114, 174
carótida, 118
carpo, 48
carraca, 102
carrazón, 102
cárstico, 174
carta, 48
cartomancia, 68
cascuno, 127
castellanizar, 184
castor, 120
castorem, 120
castra, 105
casuística, 176
cata annum, 126
cata unum, 126
cata-, 132
catábasis, 159
cataclismo, 155
Los helenismos del español
catacresis, 158
catacumbae, 132
catagénesis, 132
catalexis, 206
catálisis, 158
catálogo, 132
cataplasma, 63
cataplasma, 160
cataplexia, 69
catapulta, 91, 92
catapulta, 91
catarata, 51
catarro, 51
catarsis, 158
catárticas, 56
catastro, 108
catechismus, 154
catechista, 147, 154
catechizare, 147, 154, 183
catenatum, 49, 54
catequesis, 24, 158
catequizar, 126
catéter, 79
cateterismo, 155
cáthedra, 55, 74, 83, 86 __________
catheter, 79
cathéter (fr.), 79
cátodo, 67
catolicismo, 154
caucasoid (ing.), 188
causahabiente, 195, 199
cauterio, 165
cauterium, 165
cautivo, 49
Cavafis,71
cavernícola, 194
cazuz, 102
cedro, 96
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas
cefálicas, 56
-céfalo, 192
cefalópodo, 67, 119
céfiro, 42, 69
cejijunto, 191, 195
celare, 42
celestinesco, 179, 180
celo, 42
celuloide, 188
cementerio, 87, 165, 166
cendal, 102, 106
ceno-,71
cenobio, 72
cenobita, 150
cenotafio, 71, 72
cenozoico, 71, 72
censóridos, 164
centenarius, 105
centimanus, 204
centímetro, 204
centrisco, 177
centuplicar, 204
r;eptro,85
cerámica, 78
ceramista, 211
cerca, 96, 127
cereza, 118
cerineus, 182
cerinus, 182
cerúleo, 181
Cervoidea, 188
r;etro,47, 117
cetro, 47,85
ceutí, 122
chacun (fr.), 127
chanter (fr.), 24
chao s, 24
chaos,67
chelín, 37
cherna, 102
chien (fr.), 24
Chiliastae, 147
chiliometre (fr.), 28
chilometro (it.), 28
chimaera, 24
chimenea, 110
chimera,24
chimere (fr.), 24
Chipre, 117
chipriota, 149
chiquitín, 186
chlamydem, 118
choferesa, 167
Christianismus, 154
christianizare, 183
chrome (fr.), 122
chronica, 85
chubasco, 177
chulesco, 181
churrigueresco, 180
chusma, 109, 161
ciascuno (it.), 127
cibdad,49
ciberespacio, 211
cibernauta,211
cibernética, 48,90,112,176,211
cíclope, 78
ciclotrón, 170
cidro, 96
ciempiés, 196
ciencia, 68
científico, 173
cima, 98, 127
r;ima,98
címbalo, 170
cimitiere (fr.), 87, 98
255
256
cine, 210
cineasta, 149
cinéaste (fr.), 149
cinéfilo, 211
cinema, 211
cinemascope, 211
cinema(tógrafo),21O
cinerama, 211
-ción, 216
ciprés, 94, 96
cirea, 96, 127
circo, 96
cireumstantia, 216
cireus, 96, 127
cirro, 160
cirrosis, 160
cisma, 161
cisne, 110
cisterna, 94
cisterna, 94
cistitis, 67
cítara, 170
cítrico, 96
eitrus, 96
ciudad, 49
eivieus, 172
civiliser (fr.), 183
eivitatem, 49
cizaña, 42
clamare, 46
clámide, 118
clarisa, 167
Claros, 117
claroscuro, 197
clásico, 173
classieus, 172
claudicar, 43
Cleopatra, 75
Los helenismos del español
cler (fr.), 82
clerieus, 82, 172
clérigo, 82, 173
clero, 46
clima, 161, 176
climaterio, 165
climatología, 176
clímax, 54
clorita, 151
cloro, 24, 46
cnidario, 46
cobista, 152
cóccix, 54
cochonome (fr.), 162
codeso, 99
codo,94
codoñate, 110
eoemeterium, 87
eoenobita, 147
cofre, 110
eogitamen, 216
eolap(h)us, 40
colcótar, 102
colega, 116
colesterol, 72
cólico, 72
colon, 117
colonizar, 185
colpo (it.), 40
Cólquide, 48
colubra, 96
combinema, 162
comedia, 60
cometa, 148
comiducha, 180
comistrajo, 180
cóm(i)te, 55
comitissa, 167
indice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas
communitas, 216
compagnie (fr.), 169
componer, 131
computerizar, 185
computista, 148
comunistoide, 190
conceto,49
concetto (it.), 49
concha, 48
concrección, 49
conde, 55
condesa, 167
confitería, 169
conger, 90, 92
congrio, 90
conjugatio, 215
conjunctio,215
conscientia, 216, 217
consonantes, 215
consonantismo, 156
constitucionalizado, 222
consulesa, 167
contabilizar, 184
contiene, 55
cóntinet, 55
contra, 131
contra-, 134
contraatacar, 129
contraataque, 129
contracepción, 134
contraponer, 131
conyugal, 27
cóp(h)inus, 86
copto, 102
coracoides, 187
coral,110
coreuta, 149
corintio, 68, 182
corroa, 102
corónica, 85
cortesía, 169
*cortidicho, 215
corytus, 110
cosaco, 174
Cosme,110
cosmogonía, 72
cosmonauta, 192
cosmopolita, 149
cosmopolitismo, 156
cosmos, 24, 48, 117,155, 193
cosmos (fr.), 117
costo, 95
costum, 95
cotidie, 127
coup (fr.), 40
courtois (fr.), 213
covachuelista, 152
-cracia, 206, 208
crapula, 43, 91
crápula, 91
crasis, 158
~ c r a t a , 125, 206, 208
-crático, 206, 208
crematorio, 166
cretinema, 162
cretinoide, 189
crétinolde (fr.), 188
cripta, 41, 46
cripto-, 144
criptojudaísmo, 144
*cris, 121
cris, 121
*crise, 121, 122
crise (fr.), 121
crisi, 122
crisi (it.), 122
257
258
crisis, 45, 122, 158
crisma, 161
cristal, 110
cristalizar, 185
criterium, 165
cromático, 46
cromo,122
cromosoma, 162
crónica, 118
cronicón, 117
cronómetro, 75
Cronos, 117
crótalo, 170
crotoniata, 148
crupta, 41
crypta, 41
ctenóforo, 47
cubitus, 94
cuellicorto, 200
cuentista, 152
cuentística, 176
cuerda, 24, 48
cuévano,86,170
cúfico,174
culebra, 96
culigna, 99
culpabilizar, 184
cultismo, 156
cummi, 95
cumpleaños, 199
cupressus, 94, 96
cusita, 150
cutisus, 99
cyma, 98, 127
cytise (fr.), 99
cytisus, 99
-dad, 216
Los helenismos del español
dadaísta, 152
daemonizare, 183
Dafne, 40
Dafne,51
dalde,54
dandos,54
dantesco, 180
de-, 138
de- , 138
deca-, 141
decálogo, 197
decámetro, 204
decildo,54
decímetro, 204
declinatio, 215
deesa, 167
déesse (fr.), 167
deforme, 138
degenerado, 138
deíctico, 66
democracia, 67, 77, 168
demócracy (ing.), 78
demócrata, 125, 148
democratia, 77
democrazía (it.), 77
demoniaco, 174
Demóstenes, 124
denarismus, 154
dendroides, 187
deponer, 131
depósito, 55
dequeísta, 152
dermatólogo, 67, 205
dermóptero, 205
-dero,166
des-, 137, 138
desalmado,208
desde, 131
Índiee de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 259
desértico, 174
deshacer, 138
desnutrición, 137
despedazar, 208
despotismo, 156
desratizar, 209
deuteragonista, 141
deutero-, 141
deuterocanónico, 141
deuterología, 141
deuteronomio, 141
di-, § 12.1.2.5
día, 116
dia-,132
diablesa, 167
diabl0,84
diábolus, 84
diaconisa, 167
diaconissa, 166
diacrónico, 132
diadema, 160
diadema, 161
diaeresis, 157
diáfano, 124, 132
diaforesis, 158
diafragma, 161
diagnosis, 160
diagnóstico, 51
dialectalismo, 156
dialéctica, 173
diámetro, 132
diapasón, 76, 198
diapente, 198
diapositiva, 132
diástole, 116
diastrático, 132
diatesarón, 198
diatésico, 205
diatópico, 132
diatriba, 78
dictáfono, 78
dicterio, 165
dicterium, 165
didelfo, 140
dieciochesco, 179
dies, 116
difteria, 51
diglosia, 52, 140
dilema, 161
dinámica, 176
dinamita, 151
dino, 49
diocesis, 43
diócesis, 158
Diógenes, 124
dionisiaco, 174
Dionisias, 118
dioptría, 53
diorama, 211
diploma, 162
dipsomanía, 193
dis- (gr.), § 12.1.2.2.
dis- (lat.), 137, 138
discinesia, 48
disc1ímax, 53
discoides, 187
díscolo, 138
disconforme, 138, 139
discrasita,53
discrección, 49
disdipsia, 48
disforme, 138
disfunción, 138
disgalactia, 48
disgenia, 48
disglosia, 53
260
disgnosia, 53
disgrafia, 53
disgregar, 138
disímil, 138
dislalia, 67
dislexia, 48, 138
dismnemia,53
disnea, 48, 138
dispepsia, 138,206
displasia,53
disponer, 131
disproteinemia, 53
disritmia, 48
diuresis, 158
diurético, 56
dogma, 161
dogmatizar, 185
doit (fr.), 82
dolicocéfalo, 195
dolorosus, 217
domesticus, 172
domingo, 173
dominicus, 172
donaticus, 172
donatistas, 151
Doroteo,78
dosis, 159
dracma, 51
draco, 76
dragón, 76
drama, 46, 60, 161
dravídico, 174
ducissa, 167
duquesa, 167
Durchmesser (al.), 213
-ear, § 12.2.3
ébano,105
Los helenismos del español
ec-, 132
ecbólico,51
eccema, 51, 13 2
ecclesia, 82, 83
ecclipsis,53
eclampsia, 52
Eclesiastés, 149
eclesiástico, 70, 81
eclipse, 121
eclissi (it.), 121
eco-, 211
ecografia, 72
école (fr.), 40
economía, 72
ecotasa, 211
ecoturismo, 211
ecpiesis, 51
ecsomático, 132
ectlipsis, 53
ecto-, 140, 141
ectoparásito, 140
ectoplasma, 140
edema, 66, 161
Edipo, 78, 119
efebo, 117
efeto,49
égida, 118
egineta, 149
egipciaco, 174
eglesia,81
egoísmo, 156
egoísta, 152, 156
eis-, 133
[eksakto J, 51
[ekspektador J, 51
elaterio, 165
eléctrico, 53
electro, 170
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 261
electrógeno, 124
electrón, 78, 170
elefantiasis, 159
elegía, 77, 168
elegía (it.), 77
élegy (ing.), 78
elementa, 96
elemento, 96
elemosina, 98
Elena, 78
elipse, 121
elipsis, 51, 158
elipsoide, 188
Elíseo, 181
élite,78
elixir, 102
Elysium, 181
-ema, § 12.2.1.5, 169,204
embarrancar, 208
emblema, 53
emblema, 160
embrión, 53
eméticas, 56
emplasto, 53
emporio, 48
empráctico,53
en-, 132
encarnizar( se), 209
encefalosis, 160
encima, 27, 127, 198
Encratitae, 147
endecasílabo, 67
endémico, 132
endibia, 82, 104, 108
endo-, § 12.1.2.4, 133
endoflebitis, 52
endogamia, 140
endógeno, 140
endorreico, 140
enfiteusis, 158
enflisis, 53
enfráctico, 53
English (ing.), 178
engrafia, 53
enigma, 51 , 66,161
enjalma, 102, 104
enostosis, 132, 209
enquiridión, 78, 117
entero, 55, 75
entlasis, 53
entre, 34, 131
entrerompre (fr.), 131
entusiasmo, 155
entusiasta, 149
entusiástico, 149
enzima, 27, 69
eñader, 221
eñadimiento, 221
-eño,182
"eo « lat.), 181
-eo, § 12.2.2.3
eolismo, 156, 157
epanadiplosis, 160
epanalepsis, 158
epi-, 132
epiceno, 58
epidemia, 132
epifanía, 77, 168
epifonema, 162
epígono, 207
epirota, 149
episcopus, 84
episodio, 132
epístola, 91
epistula, 91
epitafio, 81
262
epitelio, 132
epithema, 48
epizoario, 132
épsilon, 117
equidna, 51, 75
équido, 163
equus,29
eremita, 150
eremíta, 84, 147
éremus, 84, 86
ergasterium, 165
ergonomía, 48
ermita, 84
-ero, 153
erraticus, 172
erudimentum, 216
es-, 133
-esa, § 12.2.1.8, 128
escafoides, 187
escala, 108
escándalo, 170
escayolista, 151
escena, 43
escéptico, 47
eschara, 87
*escharosus, 87
esclavizar, 185
esclavo, 108
esclerose (port.), 122
-esco (it.), 179
-esco, § 12.2.2.2, 190
escoliasta, 149
escolio,73
escollo, 73, 91, 99
escribecartas, 196
escrito,49
escriturístico, 175
escrología, 53
Los helenismos del español
escuela, 40, 85, 97
escultórico, 174
esfera, 47
esférico, 87
esferoidal, 188
esferoide, 188
esfinter, 53
-esis, 158
-esk (al.), 179
eslovaco, 174
esmeralda, 47
esnobismo, 156
eso-, 140
esoforia, 140
esotérico, 140
espada,85
españolizar, 183
espárrago, 170, 171
espartiata, 148
espasmo, 47, 155
esperma, 161
espermatozoide, 189, 205
espermicida, 205
espíritu, 116
esplendoroso, 180
esplicar, 26, 50
espondeo,48, 66, 181
espora, 48
espuerta, 93, 99
espúreo, 181
espurio, 181
-esque (fr.), 176 ss.
esqueleto, 67, 78
Esquilo,78
esquizofrenia, 47
esquizoide, 189
-ess (ing.), 167
-esse (fr.), 167
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas
estadística, 175, 176
estafiloma, 162
estagirita, 150
estático, 47
Esteban, 110
estentóreo, 181
estenógrafo, 47
estéreo(fónico), 210
esterilizar, 184
esternón, 53, 117
esteta, 149
estética, 176
estetizante, 186
estetoscopia, 77
estigma, 161
estigmatizar, 184
estípticas, 56
estoico, 65
estómago, 170
estragón, 102, 104
Estrasburgo, 38
estratagema, 161
estratega, 117
estrofa, 47
-eta, 148
etéreo, 181
ethnie (fr.), 205
etmoides, 125, 187
etnia, 205
étnico, 51
etnografia, 197
eu-, § 12.1.2.2.
eufemismo, 138
eufonía, 138
eufónico, 174
euforbio, 48
Eúfrates, 66
eugenesia, 138
eurocámara, 211
europeísta, 152
euska1dunizar, 184
euskera, 29
Eustacio, 68
-euta, 149
eutanasia, 138
euterios, 138
evangelio,65
evangelista, 147
evangelizar, 126, 184
evangelizare, 183
ex-, 132
exarcado, 205
excéntrico, 53,209
exégesis, 78, 158
exégeta, 78, 148
exilicus, 172
exo-, § 12.1.2.4, 133
exorcismus, 154
exorcista, 147
exorcista, 151
exorcizar, 126
exorrizo, 140
exosfera, 140
exosmosis, 132
exotérico, 140
exótico, 51 , 140
experimentum, 212
explicar, 26
exponer, 131
éxtasis, 53, 159
exteriorizar, 184
facere , 30
faenum, 66
-fagia, 197
fago, 192, 197
263
264
faisán, 108
falange, 165
falansterio, 165
falquía, 102
famélico, 173
famelicus, 172
familiarizar, 183
fanal, 102, 109
fantasma, 161
faríngeo, 181
faringitis, 45
fármaco, 48
fascista, 152
fascistizante, 186
fascistoide, 189
fase, 121
félidos, 163
felipista, 148
felix, 54
feliz, 54
Feloidea, 188
feminismo, 156
feminizar, 152
fénix, 54
Fernsehen (a1.), 60
férreo, 181
fersu (etrusco), 93
fertilizar, 183
férvido, 163
fetichista, 152
feudalismo, 156
fibroma, 162
-ficare, 21 7
-fico,173
ficus , 96
fijo, 25
filántropo, 53, 78
filarmónico, 202
Los helenismos del español
filatelia, 202
filatería, 165
filatero, 165
filius,25
filmoteca, 203
-filo, 202
filo-,202
filodramático, 202
filofrancés, 202
filogénesis, 72
filo inglés, 202
filología, 77, 168
filólogo, 60, 63, 192, 202
filosofema, 162
filosofia, 67, 77, 168
filosofia (it.), 77
filosófico, 112, 123
filósofo, 202
filoxera, 72
fimosis, 160
finalizar, 184
findunga (a1.), 212
fiscalitis (ing.), 153
fisica, 63, 176
fisico-químico, 197
fisiólogo, 74
fixo,25
fixus,25
flamencoide, 190
flamígero, 194
flamma,46
flema, 46, 161
foetere,66
folia, 118
folletinesco, 180
fonda, 105
fonema, 162
fonemático, 204, 205
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 265
fonémico, 204, 205
fonendoscopio, 140
-fono, 78
fonología, 57
football (ing.), 60, 214
fórceps, 55
forma, 93
forma, 93, 100
formosus, 93
formula, 93
fórmula, 93
foto, 210
fotogenia, 124
foto(grafia), 196,210
fotón, 78, 170
fotonovela, 211
frailesco, 180
Franciscus, 178
francófilo, 202
Francoforte, 38
Franzosisch (al.), 178
frase, 46, 121
fraternizar, 184
fratrissa, 167
frenesí,78
frijol, 85
fructus, 115
fruto, 115
Ftía,47
ftiriasis, 159
fucívoro, 96
fuco,96
fucus, 96
fuego fatuo, 198
funda,96
funda, 96
funduq (ár.), 105
fungus, 96
fur, 96
furtivo, 96
gaélico, 174
galaxia, 26, 67
galera, 108
galgo, 173
gálibo, 102
galimatías, 108
gallicus, 172
galvanizar, 185
ganglio, 53
garantie (fr.), 169
gástrico, 53
gatesco, 180
gazafatón, 110
gazpacho, 48, 102, 104
gelós (cat.), 42
geloso (it.), 42
gen, 162
-gen (ing.), 207
-gena,206
-gene (fr.), 207
generatio, 206
genérico, 174
genésico, 205
génesis, 158
genética, 176
génetrix, 74
-genia, 208
genialoide, 189
-génie (fr.), 207
-génique (fr.), 208
-genius, 206
~ g e n o , 124,207
genoma, 162
-genus,206
genus,206
266
-geny (ing.), 208
geoide, 125, 188
geometría, 214
géométrie (fr.), 169
germanista, 151, 157
germanizar, 184
germanófilo, 202
gerontocracia, 67
giba, 96
gibbus, 96
gigante, 74, 118
gigántem, 74, 118
gigno, 206
gimnasta, 149
-gine (fr.), 207
gineceo, 66, 181
Ginés, 110
gingibre (fr.), 42
Girona,38
glattire, 46
glaucoma, 160
glaucoma, 162
glosa, 46
glosema, 162
glucosa, 64
gnosis, 160
gnóstico, 46
-gnus, 206
gobernar, 90
gobio, 96
gobio, 96
gobius, 96
goldre, 110
golfo, 110
golpe, 40, 110, 117
goma, 95
góndola, 109
gongorizar, 185
Los helenismos del español
goniómetro, 72
-gono, 207
gonococo, 207
gonorrea, 207
goyesco, 180
gozne, 110
gracia, 68
graecisso, 42
grafema, 162
-grafia, 196, 199
-gráfico, 196, 199
grafito, 151
-grafo, 196, 199
-grama, 161, 196, 199
gramática, 46, 70
gramatical, 176
grarnmaire (fr.), 69
grarnmar (ing.), 69
grammatica, 69
grarnmatica (it.), 69
grarnme (fr.), 122
gramo, 122
gramófono, 78
gratificare, 217
grotesco, 179, 180
gruta, 41, 109
guardesa, 167
guarismo, 102, 106
gubernare, 90, 91,92
guitarra, 102
gúmena, 104
gummi,95
hablista, 152
hacer, 30
hacia, 131
*haemorreuma, 104
haemorrhoissa, 167
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 267
halitosis, 160
halógeno, 207
Handbuch (al.), 213
harpía, 66
Harpyia, 66
hartazgo, 50
hasta, 131
hay, 28
hebraizar, 126
hecto-, 204
hectolitro, 204
heder, 66
hedonista, 152
helcistro, 48
helenista, 151
helenístico, 175
helenizar, 126
heleno,120
heliaco, 174
helicoidal, 188
helicóptero, 51
Helios, 117
hematocrito, 205
hematoma, 122, 162
hemi-, § 12.1.2.5, 141
hemiciclo, 75
hemíptero, 140
hemisferio, 140
hemoglobina, 205
hemorroides, 189
heno, 66
Heraclés, 76
Heráclito, 78
hercúleo, 181
hereje, 110
hermafrodita, 124, 197
hermeneuta, 149
Hermógenes, 124
hermoso, 93
hetero-, 142
heteróclito, 52
heterogéneo, 124, 181
heterogeneus, 124
heurístico, 175
*hidático, 205
hídrico, 205
hidro-, 205
hidroterapia, 193
hiena, 65
hierático, 64, 65
hierofante, 65, 149
hígado, 96
higiénico, 174
higo,96
hijo, 25
himeneo, 181
himno,51
hioides, 125, 187
hiper-, § 12.1.1.2.
hiperactividad, 135
hipérbaton, 117
hipérbola, 116
hipérbole, 116, 132
hiperchulo, 135
hipercinesia, 48
hipercorrección, 135
hipercritico, 53, 135
hiperespacio, 135
hiperinteresante, 135
Hiperión,76
hiperlipemia, 48
hipermercado, 135
hiperrnnesia, 53
hiperoferta, 135
hiperónimo, 135
hiperplasia, 53
268
hiperprosexia,53
hipersensible, 135
hipertensión, 135
hipertexto, 135
hípico, 70
hipnosis, 51
hipnotizar, 185
hipo-,132
hipocresía, 121
hipócrita, 149
hipódromo, 52
hipófisis, 158
132
hipopótamo, 198
hiposulfito, 132
hipotensión, 132
*hipotes, 121
*hipótese, 121
hipótesis, 132, 158
hispanohablante, 195
historia, 77, 168
historical (ing.), 176
hitita, 150·
hoflich (al.), 213
hoja, 118
hombre-rana, 196
hombria, 169
homeo-, 144
homeópata, 148
homeóstasis, 144, 159
Homéridas, 164
homicida, 116
.homo, 30
homo-, 142
homofilia, 73
homogene (fr.), 207
homogéneo, 124
homogeneus, 124
Los helenismos del español
homólogo, 67
honda, 96
hongo, 96
hoplita, 149
hoplites, 147
horma, 93,100
horologium, 53
horrorizar, 185
hospitalizar, 185
hosticus, 172
hoy,28
huelguista, 152
huérfano,40,55,86,170
hueso, 30
huevo, 30
humaniser (fr.), 183
humanizar, 184
humanoide, 189
humus, 58
hurto,96
hyacinthus, 65
hyaloides, 187
hydrogene (fr.), 207
hypocrita, 147
hypothese (fr.), 121
-í, 122
-ia (indoeur.), 77, 168
-ía, § 12.2.1.9, 77
iacio, 49
-iaco, § 12.2.2.1, 76
-iasis, 158-159
-iatra, 117
ibis, 95
176
§ 12.2.2.1,45, 55, 123
icono, 120
iconoclasta, 149
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 269
-icus, 172,216
-id (ing.), 163
-idae, 163-164
-idees) (fr.), 163-164
-idés (fr.), 163-164
-idiare, 126, 185
idioma, 162
idiota, 147
idiota, 149
idiotismus, 154
idiotizar, 184
~ i d o , § 12.2.l.6, 17, 169
idolatría, 203
ídolo, 86
ídolum, 86
-idus, 163
iglesia, 81, 82
ígneo, 181
igreja, 81
igrexa,81
-il,184
Iliada, 76
Ilíada,76
imbeciloide, 189
imparable, 13 7
imperativus, 215
ímpetu, 116
imponer, 131
impresionistas, 153
impune, 91
in-, 137
inarmónico, 13 7
inconexo, 26
indigena, 96
indígena, 96, 206
-íneo, 182
-ineus, 182
infantesa, 167
infantilismo, 156
infantiloide, 189
informática, 211
informatizar, 113
-ing (ing.), 114
inmoral, 13 7
insensato, 13 7
insociable, 13 7
íntegro, 55
íntegrum, 55, 74
intelectualoide, 190
interfono, 78
inteIjección, 49
interponer, 131
interrompre (fr.), 131
inthronizare, 183
-io, 182
ioeista, 148
iocum, 65
ión, 64, 169-170
Iosimos, 42
iota, 64
-(i)ota, 149
ipotesi (it.), 121
iris, 119
-isa, § 12.2.l.8, 128
-iscar, 177
-isch (al.), 178
-iseo, § 12.2.2.2
-iscus, 178
-iser (fr.), 183
-ish (ing.), 178
isiaeo, 174
-isk(o)(germ.),178
-ismo, § 12.2.1.3, 152
ismos, 155
-ismus, 154,216
iso-, 142, 144
270
isomere (fr.), 124
isómero, 124
isósceles, 124
isquion, 117
israelita, 150
-issa, 167
-ista, § 12.2.1.1, 154, 156, 175, 190
-istae, 147
-ístico, § 12.2.2.1
istmo, 53, 155
-ita, § 12.2.1.1
-itae, 147
-itia, 216
-ities, 216
-itis, § 12.2.1.2,45, 120
-ito, 151
iudaismus, 154
iudaizare, 183
Ixión,76
-izante, 186, 190
-izar, § 12.2.3, 113, 126, -152, 209,
222
-izare, 126, 154, 183,216
jacinto,65
jaloux (fr.), 42
jamás, 65
jamelgo, 173
jamete, 102
Janiá,41
Jápeto,65
jaqueca, 102, 106
Jasón, 64, 65, 76
jaspe, 64
Jatsidakis, 71
jazmín, 48
jengibre, 42, 95, 110
Jenofonte, 68
Los helenismos del español
jerarca, 65
jerarquía, 64, 65
jeremiaco, 174
jeroglífico, 64, 65
Jerónimo, 65
jesuita, 150
Jesús, 65
jibia, 102, 104
jónico, 64, 174
Jorge, 110
Jristodulos, 41
juego,65
juerguista, 152
júez, 76
juglaresa, 167
juglaresco, 177
jujube (fr.), 42
junta, 65
jurel, 102, 104
jurista, 151
justeza, 68
justicia, 68
kafkiano, 29
kalendae, 28
Kallímachos, 62
kalokagathía, 61
kantiano, 28
karaoke,29
kárate,29
karreira, 28
Karthago, 28
Kavafis,71
keniata, 148
kimiya (ár.), 103
kilograrnme (fr.), 28
kilogramo, 204
kilometre (fr.), 28
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 271
kilometro (ital.), 28
koala,29
krausismo, 156
krausista, 28
kurdo, 29
lacrima, 160
lacrimógeno, 207
ladeza,221
Lágidas, 164
lágrima, 161
laísmo, 157
laísta, 152, 157
lamiscar, 177
lámpara, 170
lanterna, 87, 94
lapso, 58
lapsus, 58, 116
laringeo, 181
laringólogo, 48
lastimar, 46, 126
latinismo, 157
latir, 46
laurel, 96
laurus,96
lavadero, 166
lavish (ing.), 178
legalizar, 184
legitimus, 54
legs (=lex), 25
leima, 161
leísta, 152
lema, 161
lemnisco, 177
lemuridés (fr.), 164
*lenguamante, 60
lentiscus, 177
leña, 118
leo, 76
león, 76
leonesismo, 156
lepra, 52
leprosus,217
lesbio, 182
Lesbos,117
letanía, 108
Letó,76
letra, 94
leuco-, 145, 192
levantisco, 177
levita, 150
lexema, 162
lexemático, 204
lexémico, 204
ley no escrita, 198
liberalismo, 156
liberalizante, 186
librecambismo, 156
libresco, 180, 181
liceo, 66, 181
lición,49
ligna, 118
limosna, 98
lince, 41
lindo, 54
lingüística, 176
linterna, 87, 94
liquiritia, 84
lírico, 60
liricoide, 190
lisboeta, 149
-lisis, 158
litografía, 63
littera,94
lívido, 55
llama, 46
272
llamar, 46
llave inglesa, 198
lluvia, 46
localizar, 184
loco, 143
locutorio, 166
logaritmo, 155
-logía, 197
lógica, 173, 176
logical (ing.), 176
*logicó,80
lógico, 46, 176, 192
-logo, 55, 197
logocentrismo, 192
lograr, 51
long-tailed (ing.), 200
longueza, 221
lonza (it.), 97
lucerna, 87
Lucia, 64
lucrare, 51
lucs (=lux) , 25
lúdico,174
luego, 143
luengo,221
lumbral,84
*luncea, 41 , 97
164
-ma, 160, 216
-ma, § 12.2.1.5
mac(h)ina, 90, 92
máchina,24
macro-, §12.1.2.7
macrobiótica, 142
macroconcierto, 142
macrocosmos, 142
macroeconómico, 142,203
Los helenismos del español
macroscópico, 142
magister, 165
magisterio, 165
magisterium, 165
magnetismo, 155
magnificare, 217
magnífico, 55, 173
maguer, 127
magüer, 127
maguera, 127
mahomético, 174
mais (fr.), 113
mal-,138
maléfico, 199
malestar, 138
maligno, 206
malvasía, 108
malvaviscus, 177
mamíferos, 212
man-eater (ing.), 200
mandil, 102, 105
manga, 173
manía, 193
mánica, 173
manicura, 196
mano,115
mantel,105
mantele, 105
manualis, 213
manus, 115
maquiavélico, 174
máquina, 90, 100
marasmo, 155
maravedí, 122
marchionissa, 167
marlota, 102
mármol,83
marmor, 83
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas
martes, 121
mártir, 53, 120
martirizar, 183, 185
martyrem, 120
marxistoide, 189
masa, 90
massa, 42, 90
massimo (it.), 49
mastoideo, 125, 188
Mastrique,38
materialista, 152
-mática, 211
matizar, 108
matraz, 102
matriarcado, 205
Maurisco, 178
Mauriskel0, 178
Mauros, 178
mausoleo, 66, 181
máximo, 26
mayo, 27
mayorazgo, 50
mayorista, 151
mazacote, 102
mazamorra, 102
mazapán, 102
mécaniser (fr.), 183
mecanizar, 113
medalla, 11 O
medallitis, 153
médico, 56, 173
mediodía, 196
mega(lo)-,§12.1.2.7,135
megaéxito, 142
megalomanía, 142
megaterio, 142
mege,173
Melancio, 68
melancólico, 72
Meleagro, 75
melimelum, 85
melisma, 161
Melpómene, 48
membrillo, 85
memorístico, 175
*memrillo, 85
-men, 160, 161,216
Menecmo,75
menisco, 48, 177
menta, 95
menta, 95
-mento, 216
-mentum, 161,216
mercantesco, 179
meritum,74
meso-, 142, 144, 192
mesocracia, 144, 191
mesolítico, 144
meta-, § 12. 1.1.3, 136
metabólico, 132
metabolismo, 155
metacentro, 135
Metafisica, 135, 136
metafisico, 136
metaforizar, 183
metal, 110
metalenguaje, 135
metaliterario, 135
metaliteratura, 135
metalógica, 135, 136
metalurgia, 48
metamatemáticas, 135
metamorfosis, 204
metaphysica, 136
metaplasmo, 155
metap/asmus, 154
273
274
metapolitics (ing.), 136
metapsíquico, 135
metarreglas, 135
metástasis, 159
metatarso, 135
metateoría, 135
metátesis, 158
metatheology (ing.), 136
metathesis, 157
metatrófico, 135
metempsicosis, 160
metge (cat.), 173
metodista, 152
método, 117
metreta, 149
-metria, 145
métrico, 173, 192
-metro, 55, 75
metro, 52
metrópolis, 196
metro(politano), 210
México, 26
miasma, 161
micro-, § 12. l.2.7
microbus, 142
microchip, 142
microcosmos, 142, 192
microorganismo, 203
mieditis, 153
-miento, 144
migraña, 107
milenarista, 152
miles, 168
mili-, 143
militia, 168
milizia (it.), 78
mímesis,67
mina, 90
Los helenismos del español
mina, 90
minacia, 26
mineralogía, 203
minister, 165
ministerio, 165
min,isterium, 165
minorissa, 167
miocardio, 72
mioceno, 72
miopía, 72
miríada, 118
miriápodo, 14, 119
misantrópico, 174
misoneísmo, 142,202
misteriis, 41
misterio, 165
místico, 48
mistress (ing.), 167
mitema, 162
mitologuema, 162
mnemotécnico, 46
modernista, 152
modicus, 172
modisto, 152
modius, 105
molibdeno, 51 , 117
molybdene (fr.), 117
momentum, 74
monacal,24
monachalis, 24
mónada, 118
monarca, 117
monarcha, 117
monarchia, 23
monarquía, 24, 205
monasterio, 165
monasterium, 165
mongólico, 174
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas
mongoloid (ing.), 188
monje, 110
monjía, 169
mono-, § 12.1.2.5, 141
monocolor, 140
monóculo, 140
monofisita, 150
monolito, 63, 78
monopatín, 140
monoplaza, 140
monopolizar, 185
Montanistae, 147
montanistas, 151
Montaña, 38
moralizar, 183, 185
mórbido, 163
mordiscar, 177
morfema, 48, 162,204
morfemático, 204
morfémico, 204
*morfoma, 204
morfonología, 203
morisco, 177, 178
moscovita, 150
mostacho, 109
motorizar, 184
mucho, 24
multigenus, 206
muqarnas (ár.), 106
museo, 181
música, 60, 65, 173
musical, 176
muy, 28
mysterium, 165
nacionalizar, 113
napoleónico, 174
narcodólares, 211
narcos, 212
narcóticas, 56
narcotizar, 183
narcotráfico, 211
natrón, 102
naturalizar, 184
nauta, 147
nauta, 149
. 1, navarca, 117
navarque (fr.), 117
navidá,54
náyade,66
necrófago, 194, 195, 199
necrópolis, 120
néctar, 120
negroid (ing.), 188
negroide, 188
nemotécnico, 46
neo-, § 12.1.2.7
neoconservador, 142
neolítico, 142
neón, 78
neorrealista, 142
neos, 142
neotenia, 142
neotéricos, 153
nepotismo, 156
nereida, 118
nerviosidad, 156
nerviosismo, 156
neuma, 161
neumático, 46
neumonía, 46
neumotórax, 54
neurosis, 67
neutrón, 170
nigromante, 157
niñoide, 189
275
276
nitrite (ing.), 151
nitrito, 151
nitrógeno, 207
nitrum, 95
no-, 137
noche, 49
nochebuena, 196
noctem, 49
nólit( o), 108
nómada, 118
nominalismo, 156
nominalistas, 151, 156
nonato, 137
norma, 92, 93
norma, 93,100
novelesco, 180
novelista, 151
novelística, 176
noventayochesco, 180
-nta, 149
nudista, 152
numérico, 174
numisma, 94
numismática, 94
nummus, 94
oasis, 120
obelisco, 177
obispo,84
objeción, 49
objeto, 49
obstaculizar, 184
oceánico, 174
ocre, 117
ocre (fr.), 117
oculista, 151
oculiste (fr.), 151
odeón, 78
Los helenismos del español
odi, 86
odisea, 66
Odiseo,65
odor, 190
Oduseo, 64
oedema, 66
Oedipus, 119
oficinesco, 180
ofimática, 211
-ógrafo, 212
-oid (ing.), 189
-olde (fr.), 189
-oide, § 12.2.4, 125, 163
01bia,48
oleum, 108
olimpiada, 76, 118, 119
oliscar, 177
oliva, 91, 92
oliva, 91
-ología, 145
-ólogo,212
01umpo,64
olympiade (fr.), 119
-oma, § 12.2.1.5, 169
-ómetro, 145
Omeyas, 62
omne, 30
omoplate (fr.), 117
omóplato, 52, 117
-ón, 78, 137,169-170
-ona, 169
ontogenia, 208
ontogénico, 124, 208
onza,41, 97
operística, 176
oponer, 131
óptica, 176
óptico,176
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 277
orca, 96
orca, 96
orden del día, 198
orfeón, 78
orgánica, 56
organizar, 185
órgano, 55, 170
orgasmo, 155
oricalco, 87
ornitorrinco, 48
orogénesis, 208
orogenia, 124,208
orogénico, 124, 208
orogénie (fr.), 207
órphanus, 86
ortiga, 94, 96
ortodojo, 68
ortodoxo, 16, 26,68
ortografia, 77, 168, 196
oscarizar, 184
*osicare, 86
-osi s, § 12.2.1.4, 162
ósmosis, 78
-oso, 217
osteoma, 162
ostracismo, 155
-osus, 217
-oteca, 169
otitis, 153
oviparus, 216
ovoide, 188
oxide (ing.), 163
óxido,163
oxygene (fr.), 207
pacífico, 173
padre, 51
Pafos, 117
paganismus, 154
paganizare, 183
paisajístico, 175
palabra, 84, 116
palabra de honor, 198
paladinar, 221
paladino, 221
paleo-, 142, 144
palma, 96
palma, 96
paludismo, 155
pan-, § 12.1.2.5
panadizo, 87, 98
panarabismo, 140
panaricium, 87, 98
Panateneas, 118
pancrónico, 140
panegyrista, 147
paneuropeo, 140
panléxico, 48
panmnesia, 53
panorama, 161, 211
panpneumatismo, 53
panpsiquismo, 53
panrománico, 48
pansofismo, 48
panspermia, 53
pantagruélico, 174
panteón, 78, 117
panto-, 140
pantocrátor, 140
pantógrafo, 140
panus, 87
papel, 110
papiloma, 162
papisa, 167
paquidermo, 193
para, 34, 131
278
para-, § 12.1.1.4, 190,211
parabo/a, 84, 116
parábola, 116
paraboloide, 188
paráclito, 108
paradigma, 161
paradisus,83
paradoja, 16, 68
paradójico, 174
paraestatal, 136
parafarmacia, 136
parafascista, 136
paráfrasis, 132, 136
paraguas, 121
paraíso, 83
paralaje, 68, 69, 121
paralaxis, 69
paralelepípedo, 46
paralelismo, 155
paralelo, 136
paralímpico, 136,211
Paralipómenos, 117
paralís, 121
parálisis, 158
paralizante, 186
paralizar, 185
paramédico, 136
paramilitar, 136
paramilitary (ing.), 136
paranormal, 136
parapolicial, 136, 209
parapsicología, 136
parapsychology (ing.), 136
parásito, 136
parasitología, 191
paratiroides, 136
parce que (fr.), 113
parénquima, 161
Los helenismos del español
parentesco, 177
paréntesis, 158
par(r)ochia, 43
parolímpico, 211
paronychium, 87
parosfresia, 53
paroxismo, 155
Partenón, 76, 120
Parthenonem, 120
paruria, 136
pasmo, 47, 155
pasmus,47
pasotismo, 156
pasteurizar, 185
~ p a t a , 125, 197,206
patata, 112
-patía, 197, 206
-pático, 206
patógeno, 124,207
patrem,51
patriarcado, 205
patrimonializar, 184
patriota, 147
patriota, 149
patriotismo, 156
patrística, 176
Patroclés, 76
Patroclo, 75
pausa, 121
pecho, 24
pederasta, 149
pedofilico, 173
pedófilo, 173
pedrisco, 177
pegajoso, 180
pelirrojo, 195, 199
pelón, 137
pena, 91
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 279
penta-, 141
pentagrama, 52
pentapodia, 197
peñasco, 177
perejil, 110
pereza, 68
peri-, 132, 133
Perides, 75, 123
periferizar,222
perífrasis, 52, 159
perihelio, 132
perímetro, 67, 75
perinatal, 132
periodicucho, 186
periodístico, 175
peripecia, 68
periplo, 132
perisodáctilo, 70, 195
perista, 151
peristáltico, 48
périto,56
pero, 70, 113
perogrullesco, 180
peroné, 78
perrazo, 186
perro, 70
persona, 93
persona, 93
persono, 93
Perusa,38
perversión(e), 74
pesticida, 194
pétreo, 181
petróleo, 108
phalanstere (fr.), 165
phaseolus,85
philólogy (ing.), 78
philosophia, 67, 77, 168
phthisis, 157
phylacterium, 165
Physica, 27, 63
physical (ing.), 176
physics (ing.), 27
Physik (al.), 41
Physiologie (al.), 62
physiologie (fr.), 62
physiólogus, 74
physiology (ing.), 62
physique (fr.), 27, 41
pictórico, 174
piélago, 170
piloto, 109
pintoresco, 180
pirata, 147
pirata, 148
pirita, 116, 151
pirómano, 70
pírrico, 70
Pirro, 70
pitafio, 81
pitecántropo, 197
Piteo, 70
pitonisa, 167
p l a ~ a , 26, 83
plácido, 163
plancton, 53
planeta, 148
plantance (fr.), 221
plante (fr.), 221
planteIete (fr.), 221
plantement (fr.), 221
planter (fr.), 221
planteresse (fr.), 221
planteur (fr.), 221
plantier (fr.), 221
plantin (fr.), 221
280
plantis (fr.), 221
plantoison (fr.), 221
planton (fr.), 221
plasma, 161
plástico, 46
platea, 26, 83
*platelminte, 119
platelminto, 48, 119
*platía, 83
Plato, -onís, 76
Platón, 76
platónico, 174
plaza, 83, 99
pleonasmo, 155
plétora, 78
pleuresía, 121
pleurésie (fr.), 121
pleuritis, 153
pluralís, 215
pluri-, 143
plutarqueo, 181
plutocracia, 68
plutócrata, 125
p/uvia, 46
pnigofobia, 46
pócima, 84, 161
podium, 83
-podo, 119
podólogo, 192
poema, 161
poema, 160
poena, 91
poesía, 67, 121
poeta, 66, 116, 124, 149
poeta, 66, 116, 147
poétesse (fr.), 167
poetícus, 172
poetisa, 167
Los helenismos del español
polaco, 174
polemarca, 117
polémarque (fr.), 117
poli-, § 12. 1.2.5, 72
polialdo, 48
policiaco, 174
policlínica, 72, 140
policromía, 52
polideportivo, 140
polígamo, 123
políglota, 78, 124
polígono, 72, 78, 197,207
polígrafo, 72
polímero, 124
pólipo, 119
polirrizo, 42, 69
polisíndeton, 117
político, 59
polivalente, 140
póliza, 109
polyglotte (fr.), 124
polygonoídes, 187
polymere (fr.), 124
po/ypus, 119
ponentisco, 177
pono, 212
pontazgo, 172
póp(u)lus, 55
pomo(gráfico), 210
positrón, 170
posponer, 131
pourmener (fr.), 131
poyo, 83
práctico, 51
prae, 212
praeconízare, 183
praepositío, 212, 216
pragmático, 46
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 281
praktisch (al.), 178
praxis, 158
pre-, 132
prefijoide, 189
presbiterio, 165
prespectiva, 83
preste, 110
primigenio, 206
princesa, 167
princesse (fr.), 167
priscilianistas, 151
Priscillianistae, 147
prisma, 161
pro-«gr.), 132, 193
pro- « lat.), 132, 193
pro, 133
probatio, 157
problema, 52, 63, 74,161,176
problema, 74
problemática, 176
problematizar, 184
procónsul, 132
profeta, 148
profetisa, 167
profilaxis, 158, 206
profundizar, 184
prognatismo, 133
prognosis, 160
prognosticum, 83
programa, 74, 161
prográmma, 74
prolegómenos, 117
prolepsis, 157
prolepsis, 158
prólogo, 132
promener (fr.), 131
pronomen, 215
pronóstico, 83
propalestino, 132
propheta, 147
prophetissa, 167
propileos, 117
proponer, 131
pros-, 133
proseguir, 133
prosencéfalo, 133
prosénquima, 133
prosimio, 133
prosodema, 162
prosodia, 132
próstata, 148
protagónico, 211
protagonista, 124, 141
protagonizar, 185
prótasis, 159
protésico, 205
prótesis, 205
protético, 205
*protistoria, 203
proto-, § 12.1.2.6
protocolo, 108, 141
protohistoria, 141, 203
proto-indoeuropeo, 141
protolengua, 141
protomédico, 141
protón, 170
protónico, 133
protonotario, 141
protorrománico, 141
prototipo, 78, 141
protozoos, 141
proveer, 133
provenzalismo, 157
proxeneta, 147
proxeneta, 148
proyección, 49
282
psalterium, 165
pseudo-evangelista, 203
psicología, 46, 69
psiquiatra, 117
psoriasis, 157
psoriasis, 159
psychede1ic (ing.), 203
psychodelic (ing.), 203
pterodáctilo, 46
púbico,174
público,173
publicus, 172
pueblo, 55
pues, 34
puesto,34
pueyo,83
pulmo, 96
pulmón, 96
pulpo, 119
pulverizar, 185
pulverizare, 183
punición, 91
Punicus, 43
punir, 91
punire, 43, 91
puntapié, 196
purpura, 95
púrpura, 95
purpurisso, 42
putic1ub, 196
Pyrrhus, 70
pythonissa, 167
qarbás (ár.), 106
q a ~ r (ár.), 105
quadrangulus, 216
qualitas, 216
quantitas, 216
Los helenismos del español
quatro, 29
quelonio, 28
quemar, 108
queratina, 67
queroseno, 67
quiasmo, 155
quietista, 152
quilate, 102
quiliometre (fr.), 28
quilo-,28
quimera, 28
químico, 56
quintal, 102, 105
quiromancia, 48, 68, 77, 168
quiromante, 157
quiromegalia, 142
quis, 29
quiscadaÚllo, 127
quisque, 127
quiste, 67
quitanieves, 194, 199
quitón, 76
Quixote, 25
quotienscumque, 127
qurnas (ár.), 106
rábano, 40, 55, 82, 170
rabia, 116
rabies, 116
rabínico, 174
rabo,96
rabón, 137
racista, 152
radicalizar, 184
rap(h)anus, 40, 82
rapsoda, 117
rapum, 96
re-, 137, 142
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas
realistas, 151
regaliz(a),84
reloj, 53, 110
reponer, 131
resultadismo, 157
retiene, 55
rétinet, 55
retomar, 137
retórica, 173
reuma, 65, 66, 161
reumatismo, 155
reunionitis, 153
rey, 28
rhetorica, 67
rhetoricus, 172
rheumatismus, 154
rheumatizare, 44, 66
Rhodes (fr.), 117
rhomboides, 187
rictus, 58, 116
rima, 110
rimo, 110
rinitis, 153
ritmo, 51 , 154, 155
rivalizar, 185
rizoma, 162
rizópodo,69
robótica, 176
Rociito, 186
Rodas, 117
romadizarse, 44, 66
romadizo, 44, 66
Romanisc, 178
romboide, 125, 188
romboideo, 125, 188
romero, 108
rosa, 96
. rosa, 96
rouge (ing.), 37
rozar, 26
ruborizar, 185
ruda, 96
rufianesco, 180
rúnico, 174
*ruptiare, 26
rusticus, 172
ruta, 96
sablista, 152
sacacorchos, 191, 194
sacarina, 106
sacerdotisa, 167
sacerdotissa, 167
sádico, 174
safannáryah (ár.), 106
safena, 102
sáfico, 70
i?afir (ár.), 106
Safo,70
Safó, 76
sagma, 104
sainetesco, 180
salamandra, 167
salamanquesa, 167
salma, 104
salmantino, 167
salterio, 165
samid (ár.), 103
samio,182
sanchopancesco, 180
sanctificare, 217
i?andal (ár.), 105
sándalo, 102, 105, 108, 170
sandwich,38
sánguses,38
saqiqah (ár.), 107
283
284
saráwil (ár.), 106
sarcasmo, 155
sarcófago, 48
sarcoma, 162
sasánidas, 164
sastresa, 167
satánico, 174
satiriasis, 159
Saugetiere (aL), 212
saurus, 104
scaena,43
scandalizare, 183
sceptrum, 85
schema, 160
schematismus, 154
schola, 40, 85
scoglio (it.), 91
-scopia, 77, 197
-scopio, 77, 197
scopulus, 91,92
scriptum, 49
scuola (it.), 40
sefardita, 150
según,131
seísmo, 66, 67
selacio, 67
selenita, 150
Seléucidas, 164
semáforo, 194, 205
semantema, 162
sematóforo, 201, 205
semema, 162
semita, 150
senaduría, 169
sensatio, 216
sentirnentaloide, 190
señalizar, 184
señoría, 169
Los helenismos del español
sepia, 104
serranisco, 177
sésamo, 95
sesamum, 95
seudo-, § 12.1.2.7, 144
seudocientífico, 142
seudónimo, 44, 46
seudópodo,69, 142
seudorreligioso, 142
sextarius, 105
shepherdess (ing.), 167
shilling (ing.), 37
-sia, 206
-sía, 206
sibarita, 150
siciliota, 149
sicodélico, 203
sicofanta, 149
sicología, 46, 69
sicópata, 125, 148, 174
sicopático, 174
silábico, 173
silepsis, 158
silicosis, 160
silogismo, 70, 155
silogístico, 175
silvaticus, l72
simbiosis, 160
simbolizar, 185
simbología, 203
*simbolología, 203
simiesco, 180
simpático, 174
sin-, 137
sin- « gr.), 133
sinapi,95
sincéfalo, 133
sinclinal, 53
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas
síncopa, 116
síncope, 116
sincronizar, 53
sindéresis, 158
síndrome, 53
sine die, 58
sinécdoque, 51
sinecfonesis, 51
sinéresis, 158
sinestesia, 121
sinestésico, 205
sinfonía, 132
sinopsis, 158
sinsentido, 137
sintagma, 161
sintáxico, 205
sintaxis, 158
sin tema, 162
síntesis, 63, 158
síntoma, 53, 78, 176
sintomatología, 176
sinusitis, 153
sinvergüenza, 137
-sio, 157,216
-sión,216
sirena, 66, 120
siriaco, 174
siringa, 118
-sis, § 12.2. 1.4, 45, 120, 121, 205,
216
sistema, 161
sístole, 116
-smus, 154
so, 131
soberbia, 77
sobreponer(se), 131
socialdemocratizante, 186
socialista, 152
socializar, 152
sociología, 203
sodomita, 150
sofisma, 161
sofista, 151
sofocleo, 181
Sófocles, 75, 123
soldadesco, 179
solemnizar, 183
soloecismus, 154
Solón, 76
sona,42
sophista, 147
sordomudo, 197
spasmus, 154
spatha, 85
spectator, 51
sphaeroides, 187
sporta, 93, 99
staefgefeg (ing.), 213
stomachus, 171
stratege (fr.), 117
strike (ing.), 115
suavizante, 186
suavizar, 184
suffragitis (ing.), 153
sufijoide, 189
suidés (fr.), 164
sujeción, 49
sujeto, 49
sukkar (ár.), 106
sulfito, 151
sulphite (ing.), 151
summus, 69
sumus, 69
super-,135
superpono, 131
supertriste, 135
285
286
suponer, 131
suppositio, 120
suri1 (ár.), 104
surrealismo, 156
suspensio, 157
syllaba, 213
syllogismus, 154
syllogizare, 183
Syriscus, 178
-ta, § 12.2.l.l
-tad,216
taeda, 96
tafong (chino), 87
tahalí, 122
talento, 91
talentum, 91
talismán, 102, 104
tamariscus, 177
tambor, 102
tanatorio, 166
taoísta, 152
tapete, 98
tapiz, 98, 108
-tarius, 147
tarkash (persa), 106
tártago, 170
Tartesos, 117
-tas, 216
taxi(metro),21O
tea, 96
teatro, 60, 219
technical (ing.), 176
tecla, 102, 104
técnica, 51
tecnología, 176
tejer, 25, 49
telaraña, 200
Los helenismos del españoi
te1e, 210
teleconcurso, 211
teleférico, 87
teléfono, 78, 79
*telefórico, 87
telemática, 211
telescopio, 77
telesférico, 87
teletipo, 57
tele(visión),210
television (ing.), 60
tema, 122, 161, 176
temática, 176
témpano, 110
tenebrae, 75
tenebricus, 172
tenesmo, 155
Teognis,75
teología, 67, 214
teológico, 112 .
teologuema, 162
teorema, 161
terapeuta, 44, 149
terapéutica, 176
terapia, 77, 168, 193
terapía (it.), 78
-terio, § 12.2.1.7
terrateniente, 199
terrígeno, 206
tesis, 158
tesorería, 169
tesoro, 40, 43, 66, 97
teste (fr.), 34
testosterona, 169
tétanos, 67
tete (fr.), 34
tetra-, 141
tetrabrik, 141
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 287
tetracampeón, 141
tetradracma, 75
tetraedro, 75
tetragrámaton, 117, 197
tetrástrofo, 46
texer, 25, 49
texere, 49 .
thecula, 104
them (ing.), 113
theologia, 67
théologie (fr.), 169
thérapy (ing.), 78
thesaurus, 40, 43, 66, 85
they (ing.), 113
thisicus, 97
Threciscus, 178
thrombose (fr.), 121
-ti- (indoeur.), 157
tialina, 46
Ticio,68
-ticus, 172,216
ti fón, 87, 102
Tifón, 87
tigre, 95
tigresa, 167
tigris, 95
timbre, 110
Timoteo,78
tímpano, 110
tinieblas, 75
-tio, 157,212,216
tiranizar, 185
tiroides, 125, 187
tirso, 48
tisana, 90
tisana, 90
tisis, 158
titulitis, 153
-tivo,216
-(t) ivus, 216
tlacote, 46
tlacoyo, 46
tlexero, 46
tlipsis, 46
trnesis, 47
tobosesco, 180
tomistas, 151
tonema, 162
tono, 193
-tor, 147
tórax, 54, 119
-torio, 166, 216
-torius, 166, 216
torre, 94
tortuga, 108
tósigo, 46, 68, 173
tostonema, 162
totalitarismo, 156
totémico, 174
tóxico, 68, 173
toxicum, 46
trabajo, 108
tracio,65
tracoma, 162
tragicómico, 197, 203
tranquilizar, 184
transphysica, 136
tráquea,66
trasponer, 131
trastocar, 46
trauma, 46, 65, 161
traumado, 205
traumático, 43
trébol , 110
trésor (fr.), 85
tri-, 141
288
tríada, 118
triade (fr.), 119
tríbraco, 52
tribu, 116
triceratops, 55
tridáctilo, 197
trilita, 151
trilobites, 151
tripalium, 108
trípode, 119
tri pus, 119
trisagio, 108
trito-, 141
tritóxido, 141
trocaico, 65
trocisco, 67, 177
troglodita, 149
troglodyta, 147, 149
trombo, 46
trombosis, 48,63, 160
-trón, 78, 169-170
troqueo, 181
trovadoresco, 179
Troya, 66
tuberculosis, 160
tucidideo, 181
-tudo,216
tufao (port.), 87
tumba, 41, 97
tumba, 97
tunica,95
túnica, 95
turbiscus, 177
turiferario, 96
turris, 94
tus, 96
-tus, 216
Los helenismos del español
ucronía, 13 7
ultra-, 135
umbral, 84
umbraticus, 172
Urnmayah, 62
Unionitae, 147
ur- (al.), 141
urbanidad, 156
urbanita, 150
urodelo, 73
urólogo, 73
Urraka,28
urtica, 94, 96
-uscar, l77
-usco,l77
usgo,86
utilizar, 184
utopía, 137
valaco, 174
valía, 169
valleinc1anesco, 179
vampiresa, 167
vanagloria, 196
vanguardista, 152
vehiculizar, 222
veho, 30
venaticus, 172
venosus,217
ventanica, 146
ventisca, 177
ventiscar, 177
verboide, 189
verdad( e), 74
viaticus, 172
vicaría, 169
vietnamita, 150
villanía, 169
Índice de palabras españolas, latinas y de otras lenguas 289
vineaticus, 172
vino, 96
vinum, 92, 96
violinista, 151
vírico, 174
vocalismo, 156
vocalizar, 185
voilil (fr.), 34
volaticus, 172
volcánico, 174
voltímetro, 203
vulcanismo, 155, 156
vulcanólogo, 156
wanaka (mic.), 68
xenofobia, 69
Xenofonte, 68, 69
xilófono, 46
-xio, 157,216
-xión,216
y, 28
ya, 65
yámbico, 173
yambo,64
yatromancia, 64
yeísmo,157
yeísta, 152
yenno, 84, 86
Yocasta,64
yunta, 65
zafiro, 102, 106
zahorí, 122
zampabollos, 199
zampoña, 108
zanahoria, 102, 106
zaragocista, 152
zaragüelles, 102, 106
zelosus,42
Zeodorakis, 41, 71
zephyrus,26
zeugma, 27, 69, 161
Zeus,27,69
zingiber, 42, 95
ziziphum, 42
zodiaco, 42, 76
zona, 26
zoología, 42, 65
zoo(lógico),21O
zoologie (fr.), 27
zum (ár.), 103
zumo, 42, 102, 103
ÍNDICE GENERAL
Págs.
SÍMBOLOS FONÉTICOS Y SIGNOS DIACRÍTICOS. .. . . • . •. .. ... . .. 9
ABREVIATURAS BIBLIOGRÁFICAS MÁS FRECUENTES . . . . . . . . . . . . 10 .
INTRODUCCIÓN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 11
CAP. 1.- Grafemática: algunas relaciones entre el sistema grá-
fico del griego antiguo y el del español actual . . . . . . . . . . . 21
§ 1. Generalidades sobre escritura y fonología. . . . . . . . . . . . . . . . 21
§ 1.1. El dígrafo {ch} . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 23
§ 1.2. El grafema {x} . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 25
§ 1.3. El grafema {z} .. .. . ....... .. . . .. ..... . .......... 26
§ 1.4. El grafema {y}.. . ........ .. .... .. .. . . .... .. . . ... 27
§ 1.5. El grafema {k} . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 28
§ 1.6. El grafema {h} . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 29
§ 1.7. Recapitulación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 31
§ 2. Cuestiones de notación prosódica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 32
§ 2. 1. Acentos. . .. . .. .. .. ... .. .. . . .. . . .. ... . . .. . ... . . . 33
§ 2.2. Signos de puntuación y de modalidad de oración . .. 34
CAP. 11. - Fonología: huellas del sistema fonológico del griego
antiguo en el español . . . . .. . . . . ...... ... . .. . ... . ... .. .. 36
292 Los helenismos del español
§ 3. Generalidades sobre el préstamo de fonemas ..... . ...... .
§ 3.1. Los fonemas It
h
1, /kh l . . .. . .. ..... .. .. . ..... . ..... .
h
§ 3.2. El fonema Ip l . . ..... ... . .. . . .. . .... ..... . ...... .
§ 3.3. El fonema Iü/ ....... .. ...... .. .. . . ............. .
§ 3.4. El fonema Izl ....... . .. . ... .. ..... .. .... .. .... . .
§ 3.5. Diptongos ... .... ..... . ........................ .
§ 4. Combinaciones de fonemas o fonotáctica . . . .... . ....... .
§ 4. 1. Distribución de vocales y consonantes .. . .. . .. .... .
§ 4.2. Grupos de consonantes en posición inicial ........ .
§ 4.3. Grupos interiores no problemáticos (heterosilábicos).
§ 4.4. Grupos interiores problemáticos (heterosilábicos) ... .
§ 4.5. Grupos interiores tautosilábicos ............. . .... .
§ 4.6. Grupos interiores de tres consonantes (heterosilábi-
cos) . .. ... ...... . .... .. .. . ...... . .. . ..... .. .... .
§ 4.7. Consonantes finales . ........ ... ......... ... .... .
§ 5. Helenismos y prosodia española ....................... .
CAP. I1I.- Una clasificación de los helenismos españoles según
sus vías de entrada y su forma fonética . ... . .. ......... .
§ 6. Los cultismos de origen griego: principios de transcripción
y de acentuación ... . . .. .... .. ............ . ... ... .... . .
§ 6.1. Vocales ....................................... .
§ 6.2. Diptongos . ...... . ..... .. ... ..... . . .. . ......... .
§ 6.3. Consonantes .... ... .... ... . .................... .
§ 6.4. Consonantes dobles . .. .... . .............. . .. ... .
§ 6.5. Consonantes geminadas ... . ...... .. .... .. . . .. . .. .
§ 6.6. Convergencia u homonimia . .. ............ .. .... . .
§ 6.7. Principios de acentuación de los helenismos cultos
españoles . ... ... .. .... . ....... . ... . . . ........... .
§ 6.7. 1. Incongruencias en la acentuación .. .. . . ... ... . .
Págs.
36
39
40
41
41
43
44
45
46
47
48
51
5 ~
53
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57
58
63
65
66
68
69
71
73
77
Índice general
§ 7. Helenismos patrimoniales y semi cultismos ........... .. . .
§ 7. 1. Tipología de cambios fonéticos ... . ....... ....... .
§ 8. Helenismos tempranos en latín ... ....... . .... . . .... . .. .
§ 9. Helenismos medievales no patrimoniales ............... .
§ 9. 1. Helenismos llegados a través del árabe ......... .. .
§ 9.2. Bizantinismos, italianismos, galicismos ........... .
§ 9.2.1. Bizantinismos . . ..... .. .... ..... . ...... ..... .
§ 9.2.2. Italianismos ... ... . .. . ......... ..... ........ .
§ 9.2.3. Galicii?mos ................................. .
CAP. IV.- La adaptación de los helenismos a la morfología
flexiva española . . . ......... .. .... .. .......... . . .. ... .
§ 10. El préstamo y las clases de palabras ...... ... .... . ..... .
§ 11. Adaptación de los helenismos a la morfología española . .
§ 11.1. Sustantivos .. ..... .... .... .. . ........ .. ...... .
§ 11.1.1. Temas en --a ............................. .
§ 11.1.2. Temas en ............................. .
§ 11.1.3. Temas en oclusiva ........................ .
§ 11.1.4. Temas en nasal y en Irl .................... .
§ 11.1.5. Temas en Isl, en luI, en Ii!, en diptongo; hete-
róclitos .. . . ....... . .. .... ........... .. .. . .
§ 11.2. Adjetivos ..... ... ........ .............. ... .. .
§ 11.3. Verbos ...................................... .
§ 11.4. Las demás clases de palabras .................. .
CAP. V.- La aportación del griego antiguo a la formación de
palabras en español: prefijos, sufijos, composición . .... .
§ 12. La formación de palabras .. ........ . .... . .. . ...... . .. .
§ 12.1. Prefijos . .................. . .............. . .. .
293
Págs.
80
82
87
100
100
107
107
108
109
111
111
115
115
116
117
118
119
120
123
126
126
128
128
129
294 Los helenismos del español
Págs.
§ 12.1.1. Prefijos preposicionales .. . ......... ; . .. . ... 130
§ 12.1.1.1. Anti- ..................... .. .... .. ..... 134
§ 12.1.1.2. Hiper- .. .. .. ........................... 134
§ 12.1.1.3. Meta- ............ .. ........ .. ......... 135
§ 12. 1.1.4. Para- ................................. 136
§ 12.1.2. Otros prefijos... ...... ..... ... . ... ..... .. . 137
§ 12.1.2.1 A-/an- ................................. 137
§ 12.1.2.2. Dis-, eu-.............. . .. . ........ . .... 138
§ 12.1.2.3. Archi- ..... . .. . .. . .. ............. : ..... 139
§ 12.1.2.4. Endo-, exo- ........ ..... ...... . .. .. ... . 140
§ 12.1.2.5. Di-, hemi-, mono-, pan-, poli- . ... .. . ..... 140
§12.1.2.6.Proto- ......................... . . . . .. .. 141
§ 12.1.2.7. Macro-, mega(lo)-, micro-, auto-, etc. . . .. 141
§ 12.2. Sufijos . .. .... ................ . ............... 145
§ 12.2.1. Sufijos exocéntricos sustantivadores . . . .. . . .. 146
§ 12.2.1.1. -ta, -ita, -ista ............. . .. ....... .. . 146
§ 12.2.1.2. -iris.......... .... .................... . 153
§ 12.2.1.3. -ismo . .. .... ............. .. ... .. .. . .. . 154
§ 12.2.1.4. -sis, -osis. . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . . . . . . . 157
§ 12.2.1.5. -ma, -ema, -oma ........... . ........... 160
§ 12.2.1.6. ~ i d o . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 162
§ 12.2.1.7. -terio .................. .. ;............ 165
§ 12.2.1.8. -isa, -esa . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 166
§ 12.2.1.9. -ía................ ... .. .. ............. 168
§ 12.2.2. Sufijos exocéntricos adjetivadores. . . . . . . . . . . 171
§ 12.2.2. 1. ":'ico, -iaco, -ístico ......... .. . .. .... . ... 171
§ 12.2.2.2. -esco, -isco . . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . 176
§ 12.2.2.3. -eo .. . .. . ........ . .. . ..... . ..... . ..... 181
§ 12.2.3. Sufijos exocéntricos verbalizadores . .. . ..... 182
§ 12.2.3.1. Verbos deadjetivales (tipo legalizar) ..... 184
§ 12.2.3.2. Verbos deadjetivales (tipo profundizar) . . . 184
§ 12.2.3.3. Verbos denominales ... . ..... .. . . . . ..... 184
§ 12.2.4. Sufijos apreciativos o endocéntricos .. ....... 186
Índice general 295
Págs.
§ 12.3. Composición.. . . . . .. . .. . . . ... ... .. . .. . .. . .. . . 191
§ 12.3.1. Compuestos por yuxtaposición . . . . . . . . . . . . . . 194
§ 12.3.1.1. Heterólogos de complementación y
heterólogos de atribución ................... 194
§ 12.3.1.2. Homólogos determinativos y homólogos
copulativos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 195
§ 12.3.2. Compuestos sintagmáticos y preposicionales. 198
§ 12.3.3. Diferencias entre compuestos españoles y
compuestos con combinemas griegos . . . . . . . . 198
§ 12.3.4. Composición griega antigua y composición
moderna.... . .. .... .. .... . .. .... . . .. .. .... 200
§ 12.4. Sobre la parasíntesis ........... . .............. 208
§ 12.5. Otros procedimientos de formación de palabras:
acortamientos y amalgamas. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 210
§ 12.6. El calco de formación.... .. .. . .... .... ... . . ... 212
CONCLUSIONES...... ... . ... .. ... ... . ..... . . . ... ... ... .. . .. 218
BIBLIOGRAFÍA ............................................ 225
ÍNDICE DE PALABRAS GRIEGAS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 233
ÍNDICE DE PALABRAS ESPAÑOLAS, LATINAS Y DE OTRAS LEN-
GUAS................................................. 245
(Viene de la solapa anterior)
través dei árabe, bizantinismos, etc. El
capítulo cuarto está dedicado a la adap-
tación de los helenismos a la morfolo-
gía flexiva del español.
El capítulo quinto, el más amplio
y sin duda el más novedoso del libro,
se ocupa de los distintos recursos de
formación de palabras que el español
ha heredado del griego antiguo; en él
se da debida cuenta de los largos y a
menudo complejos procesos histórico-
lingüísticos que han llevado a alojar en
el español contemporáneo buen número
de prefijos y sufijos, algunos de ellos
extraordinariamente productivos, así
como a desarrollar un tipo particular
de composición culta valiéndose de raí-
ces de origen griego. El libro se com-
pleta con valiosos índices de palabras
griegas, latinas y españolas que, sin
pretender una imposible exhaustividad,
pueden resultar de no poca utilidad.
JORGE BERGUA CA VERO es profe-
sor titular de Filología Griega en la
Universidad de Málaga. Su actividad
investigadora está centrada en los te-
mas de tradición clásica y pervivencia
del legado antiguo, tanto en su dimen-
sión literaria y de pensamiento como
en la lingüística. Además, ha desarro-
llado una intensa actividad como tra-
ductor.
9 788424 927J
BIBLIOTECA ROMÁNICA HISPÁNICA

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