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Pensar lo Implícito en Torno a Gómez Dávila - Alfredo Abad

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Estudio filosófico sobre la obra del pensador colombiano Nicolás Gómez Dávila.
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El título enigmático de Escolios a un Texto Implícito
proporciona una clave en lo que respecta a la escritura de
anotaciones a lecturas hechas por el autor. De eso no cabe
duda, lo problemático es establecer cuáles son en cada caso
las lecturas, que por supuesto no es una empresa sencilla y
en muchos casos resulta innecesaria puesto que el escolio
por sí mismo logra adquirir una independencia tal que
se consolida como objeto textual ya no subalterno, sino
auténtico generador de interpretaciones.
Escolio proviene del término griego

(scholion) nota
o comentario que el escoliasta colocaba al margen del texto
principal, haciendo un comentario gramático, estilístico o
exegético. En el escoliasta colombiano la noción de escolio
no pierde su sentido original y por ello es posible determinar
parcialmente su obra como un conjunto de fragmentos que
comentan una tradición. El propio autor lo declaraba de esta
forma cuando escribió: “Lo que aquí digo parecerá trivial
a quien ignore todo a lo que aludo” (Escolios II, 335) Así
se posiciona la visión del escolio como comentario a otro
texto al cual se alude implícitamente.
De esta manera aparece la segunda interpretación del
texto implícito, entendido como comentario a la cultura
occidental que el escoliasta había abordado en su biblioteca.
Tal es la posición de Pizano de Brigard, quien concibe los
escolios como “(…) un comentario continuo a esa rica y

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compleja vida que se desenvuelve a lo largo de la historia
de occidente” (Pizano, 1988:11) o de Oscar Duque, para
quien los escolios representan un comentario brevísimo de
la tradición (Cfr. Duque, 1995) entre otros comentaristas
que tienen una visión análoga a las anteriores. En efecto,
muchos de los escolios gomezdavilianos hacen alusión a
la tradición, pero habría que enfatizar en que los escolios
no son simplemente un comentario sino ante todo una
recreación. Si fuesen simplemente lo primero entonces su
valor sería casi nulo al presentarse como una anotación
a una lectura, pero lo que revelan los escolios es la
originalidad de los mismos frente a lo que se supone ellos
comentan. La anotación en Gómez Dávila establece una
configuración hermenéutica por medio de la cual el texto
aludido cobra una nueva faceta, a tal punto que desaparece
para dar paso a la expresión del escoliasta, es decir, a una
recreación cuyos atributos permiten definir ya no un mero
comentario sino un texto completamente autónomo. Si
esto se compara con la historia del pensamiento filosófico
se podrá establecer cómo ésta no es más que el diálogo
intertextual entre una serie de pensadores que comentan
y por supuesto, recrean, una tradición. Lo interesante del
escolio como intertextualidad que genera otro texto radica
en la consideración hermenéutica que se desprende de allí,
según la cual la creación intelectual se produce en medio de
unas resonancias, de una tradición necesaria, esto es, de unos
prejuicios sin los cuales sería imposible concebir una idea.
Pueden darse aclaraciones al respecto aludiendo a los dos
siguientes escolios: “La tradición no es texto sino manera
de leerlo” (Nuevos Escolios I, 116) “Llamamos tradición
la posibilidad de leer un texto sin ignorar sus clandestinas
resonancias” (Ibid. 197) El primero de ellos permite
determinar que lo que se asume como interpretación de un
texto no es aprehensión o recepción objetiva del mismo, sino

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una transformación de la recepción que de él se hace. De
hecho, la idea de escolio como comentario hace énfasis en la
imposibilidad de asumir una tradición sin su correspondiente
innovación. Por esa razón, la dialéctica intertextual que
recorre el abordaje de una tradición enfoca la posibilidad
abierta siempre de reescribir lo aprehendido, y desestima
por ende, una aprehensión inequívoca y unidireccional de
lo abordado. El segundo escolio se mueve dentro de estos
mismos niveles; la llamada tradición no se determina como
un texto monolítico al cual se pueda ingresar para tomarlo
como una esencia, como un en sí textual. Por el contrario, se
hace recepción (lectura) del mismo sabiendo de antemano
las posibilidades que implica y por lo tanto, concretando la
idea de exégesis no como interpretación certera o verdadera,
sino como diálogo hermenéutico a través del cual las
resonancias que derivan del texto se hacen clandestinas, es
decir, no necesariamente legítimas desde el punto de vista
del texto original80

, mas sí desde quien interpreta. Cuando
Gómez Dávila afirma también que: “Los que carecemos de
talento traducimos meramente textos anónimos y públicos
en el idioma de nuestras preocupaciones personales”
(Escolios I, 67) confirma la recreación textual que opera
dentro del fenómeno del comentario o acotación. El idioma
de las preocupaciones personales
hace estrictamente
referencia a la posibilidad de introducir una traducción,
léase interpretación, de los textos que una vez comentados
ya no serán los mismos porque conformarán, una vez se
haga su acotación, otro texto distinto, y en el caso de este
autor: clandestino, personal, legítimo. La nota o escolio es
pues, intertextualidad, pero además de eso, neotextualidad,
es decir, irrupción de otra obra que al definirse como

80. Punto de vista que de todas formas no existe, pues la voz original del texto, el sentido
auténtico del mismo no puede ser desvelado. Precisamente esto es lo que permite que
haya acotaciones o escolios.

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recreación pierde el sentido de simple comentario para
convertirse en auténtica y autónoma a pesar de la modestia
que el último escolio parece detallar.

Los escolios no son pues en el caso del autor, una acotación
subalterna hecha a otra obra. Si bien algunos nacen como
reflejo o nota a un texto leído, la significación que adquieren
cobra dimensiones tan amplias que difícilmente el escolio
puede ser asociado a la simple expresión subordinada
de quien glosa. La acotación del escoliasta determina
principalmente un proceso hermenéutico donde se expresa
una idea de la escritura cuyo enfoque se ve plasmado en la
originalidad de las ideas, así éstas se definan por el propio
autor como simples escolios. Es más, la singularidad de
este escritor, plasmada en el primer capítulo, corrobora
el hecho de que los escolios representan una obra única,
ubicada en un espacio propio creado por el autor y no un
margen sometido por la tradición que supuestamente estaría
comentando81

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