ste número doble de la revista Cultural Albacete prosigue su línea editorial de publicar artículos referentes a la historia de nuestra ciudad

y provincia, a la vez que nuevas miradas sobre temas de opinión que este recién inaugurado siglo nos plantea, además de ser una tribuna abierta donde dar a conocer artistas plásticos y escritores actuales albacetenses, sin olvidar la inclusión de una entrevista de interés cultural y general, además de gozar con la colaboración de una firma de reconocido prestigio nacional e internacional, como ya se ha reflejado en otros números de la revista, donde la colaboración de José Saramago, Ernesto Sábato, José Manuel Caballero Bonald, Félix Grande, entre otros han contribuido a prestigiar la publicación. Con esa filosofía en este número se suscita nuevamente la interesante polémica surgida sobre ‘los Sabuco’ –padre e hija– y se publican rigurosos testimonios en el Dossier sobre la autoría de la genial obra Nueva Filosofía de la Naturaleza del Hombre, quedando estas páginas abiertas a futuras aportaciones al tema. Por otra parte, en esta ocasión, la historia de la Iglesia a finales de la Edad Media, en la tierra de Alcaraz, el Catastro de Ensenada, las andanzas del mariscal Moncey en Albacete –oportunísimo al celebrarse este año el 200 aniversario de la Guerra de la Independencia– y un trabajo sobre arte (escultura) completan la mirada a nuestros temas locales y provinciales. Los pintores Juan Galiana y José Félix, así como los escritores Diego Sanz, Miguel Ángel Arenas, Lucía Plaza, Ricardo Fernández Moyano y Eloy M. Cebrián ocupan el apartado de creadores contemporáneos, que se unen al rescate de un clásico del siglo XVI, Manuel Ramírez de Carrión. También el escritor de orígen albacetense Juan Carlos Arce es entrevistado con motivo de la publicación de su última novela. Los derechos humanos y la lucha tenaz de la mujer por la igualdad son los temas objeto de la sección Opinión. Como se dijo anteriormente, el historiador británico Paul Preston, firma invitada en este número doble, potencia esta sección una vez más con una colaboración extraordinaria, referida a nuestra historia más reciente: Franco y Juan Carlos I. Finalmente hay que destacar el importante trabajo que el historiador Aurelio Pretel ha realizado sobre dos localidades de la provincia de Albacete: El Salobre y Reolid, que ocupan el apartado dedicado a Nuestros Pueblos y que sin duda contribuirá a un mayor conocimiento de nuestro patrimonio, tanto social e histórico, como ecológico.

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CULTURAL ALBACETE, Revista de opinión, pensamiento y creación. Septiembre 2008 / Número 12-13 / Primavera-Verano
Presidente Consorcio Cultural Albacete: Pedro Antonio Ruiz Santos Director Gerente: Ricardo Beléndez Gil Coordinación revista y realización: José Manuel Martínez Cano/Antonio Selva Iniesta Colaboradores: José Manuel Almendros Toledo, Miguel Ángel Arenas, Carlos Ayllón Gutiérrez, José Félix, Ricardo Fernández Moyano, Juan Galiana, Godofredo Giménez Esparcia, Elia Gutiérrez Mozo, Domingo Henares, M. Carmen Heredero, Pedro José Jaén Sánchez, Ana Martínez, Lucía Plaza, Paul Preston, Aurelio Pretel Marín, Fernando Rodríguez de la Torre, Diego Sanz López, Celia Zafra. Suscripción y distribución: Cultural Albacete. Paseo de la Libertad, s/n. Telf. 967 19 36 30. www.albacete.com/cultural Fotocomposición, fotomecánica e impresión: Grupo Gráficas Campollano Dep. Legal: AB-148/96 ISSN: 1697-8358 © De los artículos, sus autores. • Los textos contenidos en esta revista pueden reproducirse libremente citando su procedencia. • Los artículos publicados expresan la opinión o criterio personal de los autores, sin que la revista CULTURAL ALBACETE comparta necesariamente el contenido de los mismos. • La revista CULTURAL ALBACETE es una publicación cuatrimestral editada por el Consorcio Cultural Albacete como una actividad más en su línea programática. La opinión, el pensamiento y la creación, tanto de temas locales como generales, es el objetivo de la revista, donde especialistas y creadores ensayan y realizan su quehacer, tanto intelectual como artístico. Cultural Albacete les agradece su estimada colaboración, que sin duda enriquecerá el panorama cultural del ámbito al que se dirige.

DOSSIER: EL ENIGMA SABUCO

Oliva Sabuco: una farsa editorial
Marco e Hidalgo, completas o no, vaya el nombre de Oliva como autora del libro Nueva filosofía, publicadas en 1587, 1588, 1622 (en Portugal), 1728, 1734 (completas, ésta última en Portugal y en portugués), 1847, 1873 (incompletas) y 1888 (completa, con prólogo de Octavio Cuartero). De manera que recurrir a la circunstancia de que las ediciones antedichas vayan a nombre de Oliva, para argumentar que ella es la autora, carece de sentido, y significa también el desconocimiento del cambio de perspectiva a partir del año 1903, precisamente desde esta fecha, en la que se descubre el testamento de Miguel Sabuco, y se plantea con propiedad la discusión sobre la atribución de autoría de la Nueva filosofía. Así, desde el principio, debe quedar claro, para el mejor entendimiento de este ensayo, que el problema que planteamos aquí es el de una mera atribución indebida de autoría. Pues, en efecto, no vamos a concluir después de nuestro análisis que el Bachiller Sabuco fuera el autor de la Nueva filosofía (lo es desde su publicación, 1587), sino que, estando este extremo dado por seguro desde la lectura del testamento de Miguel Sabuco (1588), llegaremos a la afirmación de que ha habido un problema precisamente de atribución indebida (a Oliva Sabuco) durante largo tiempo, y no de autoría estricta, jamás puesta en entredicho por ningún documento en su contra. Es decir, hubo un deslizamiento nunca justificado desde una mera atribución de autoría, a favor de Oliva Sabuco por decisión del padre, hasta la concesión gratuita de la autoría a su nombre también de la Nueva filosofía. Como era de suponer, a partir del hallazgo del testamento de Sabuco por parte de Marco e Hidalgo en 1903, esta obligada (por cuestión de fechas) unanimidad en la atribución a Oliva Sabuco de la autoría de la Nueva filosofía se rompe en sucesivas ediciones (los márgenes de este ensayo no permiten descender a la misma controversia en artículos o conferencias). Así, tenemos la obra de Florentino M. Torner: Doña Oliva Sabuco de Nantes / siglo XVI, Aguilar, Madrid, 1935 (?). No es una auténtica nueva edición de la Nueva filosofía, sino que se trata de una amplia antología muy útil. Por lo que respecta a nuestro propósito, y a pesar del título que da a su obra, Torner escribe en la página 8 de su Doña Oliva…: “Un celoso registrador de la propiedad, D. José Marco Hidalgo, movido quizá en lo subsconsciente por el honroso hábito profesional de registrar cada cosa bajo el nombre de su legítimo propietario, destruyó la falsa atribución y consignó para siempre la Nueva Filosofía a nombre del bachiller Miguel Sabuco”… y, en la página 20, añade: “¡Lástima grande que la diligencia de un erudito nos haya destruido para siempre el bello mito de esta mujer filósofa y reformadora de la Ciencia!”.

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on los documentos que poseemos al presente, ya es hora de ir zanjando una cuestión suficientemente debatida, a lo largo de más de un siglo, sobre la autoría de la Nueva filosofía a nombre de Miguel Sabuco, atribuida también, por los partidarios que ella tiene todavía, a su hija Luisa de Oliva. En efecto, en su testamento fechado en Alcaraz a 20 de febrero de 1588, el Bachiller Sabuco en una de las cláusulas afirma que él es el autor del repetido libro Nueva filosofía (1587), haciendo constar, igualmente, que pone por autora a su hija Oliva, aunque tan sólo para darle “el nombre e la honrra”. Esta circunstancia, la atribución pactada de autoría, estuvo oculta, sin embargo, hasta 1903, fecha en la que José Marco e Hidalgo, Registrador de la Propiedad en la ciudad de Alcaraz, encuentra y hace público el testamento del Bachiller Sabuco. Esto es, Oliva Sabuco había figurado como “autora” de la Nueva filosofía, y sin discusión apenas, durante trescientos dieciséis años, por el hecho, principalmente, de aparecer como tal en la portada del antedicho libro y porque así lo había decidido el verdadero autor, su padre. Desde esta consideración previa, no es extraño, pues, que en todas las ediciones anteriores al descubrimiento testamentario que realizó

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DOSSIER: EL ENIGMA SABUCO

Otra edición significativa de la Nueva filosofía la tenemos en la publicación de Atilano Martínez Tomé: Oliva Sabuco de Nantes y Barrera / Nueva filosofía de la naturaleza del hombre y otros escritos. Editora Nacional, Madrid, 1981. De todas formas, para nuestro interés en la falta de unanimidad que venimos afirmando en la atribución de autoría a Oliva Sabuco de la Nueva filosofía, este autor mantiene una teoría ecléctica: “ … De este grupo (de intelectuales en Alcaraz en la época, el doctor Heredia, Simón Abril, la familia Sabuco…) saldría el libro (la Nueva filosofía) con sus distintos tratados, que, por razones afectivas, por miedo a la Inquisición o por ser ella la que llevó a cabo la recopilación definitiva, se atribuyó a doña Oliva Sabuco de Nantes (p. 44). Reseñamos también la edición más reciente, en inglés (Waithe, M. E. Colomer Vintró, M. y Zorita, A: Oliva Sabuco de Nantes Barrera / New Philosophy of human nature. Illinois, 2007). Los traductores aún no ven razones suficientes para cambiar la atribución tradicional de la autoría de la Nueva filosofía a nombre de Oliva Sabuco. A lo largo, pues, de más de una centuria, han corrido afluentes de río de tinta sobre esta controversia en verdad literaria, pues se trata en rigor de un problema de cesión de los derechos de autor sobre una obra, más que de una discusión estricta de autoría. Por más que los partidarios de una Oliva escritora hayan desenfocado, últimamente, el núcleo del debate, acumulando en su defensa fingidos agravios a la mujeres, como si alguna vez los investigadores que apuestan por la autoría de Miguel Sabuco hubieran puesto en duda la capacidad intelectual de medio mundo, es decir, del colectivo que forman las mujeres, representadas en la parte que le toca por Oliva Sabuco. Pero ya no es tiempo de continuar una discusión estéril, que nada produce porque se alimenta de la nada, sino la hora de acudir al veredicto implacable de los documentos, que son los materiales de la Historia. Desde este apunte sobre la Nueva filosofía y su autor verdadero, pretendemos valorar, en esta ocasión, los repetidos argumentos que se exhiben para sustentar en vano la autoría de Oliva Sabuco, a partir de los escritos que se entienden como preliminares y que, como requisitos habituales, llevaban los libros impresos en tiempo de Felipe II, en nuestro caso, aunque las pragmáticas sobre la imprenta venían principalmente desde los Reyes Católicos. Y eran, pues, declaraciones que daban forma a la sola estructura externa de toda publicación y que nosotros vemos como un estricto protocolo editorial. Nos referimos, así, a varios extremos que se debían cumplimentar, con más o menos rigor, y que aquí nos interesan por su aparente consistencia legal, indicando cómo figura en ellos una supuesta autora, sin ninguna escritura legal que avale y refrende dicha pretensión, puesta al descubierto, entre otros, por un documento que no se discute, el testamento del Bachiller Sabuco que veremos más adelante. Ponemos ahora los preliminares, o documentos aparentes (ninguno está autenticado) referidos a la Nueva filosofía: 1) nombre de autor: “Nueva filosofía de la naturaleza del hom-

bre… compuesta por doña Oliva Sabuco” (portada de la primera edición, 1587); 2) la palabra “Sabuco”, sin más indicación (en la hoja segunda); 3) “lo que contiene esta Nueva Filosofía es lo siguiente… compuesta por doña Oliva Sabuco de Nantes” (en el índice de la obra); 4) “Yo, Cristóbal de León, escribano de cámara del Rey… doy fe, habiéndose visto… un libro intitulado Nueva filosofía, compuesto por doña Oliva Sabuco” (en la tasa a pagar, 12-II-1587); 5) “Por cuanto por parte de vos, Oliva Sabuco de Nantes… nos fue hecha relación, diciendo que vos habíades compuesto un libro intitulado Nueva filosofía” (en el privilegio donde, supuestamente, el Rey le da permiso para imprimir); 6) “Oliva de virtud y de belleza / con ingenio y saber hermoseada… Pero pues ya esta Oliva generosa / da luz y claridad y fin perfeto”… (en los dos sonetos laudatorios de Juan de Sotomayor, se dice Oliva en seis versos); 7) “Una humilde sierva y vasalla, hincadas las rodillas en ausencia, pues no puede en presencia, osa hablar” (en la dedicatoria, tan pintoresca, que Oliva de Nantes Sabuco Barrera haría al Rey); 8) “Vera Medicina y vera Filosofía… compuesta por doña Oliva Sabuco Barrera” (en la primera página del diálogo de la Vera Medicina); 9) “Al ilustrísimo don Francisco Zapata… Doña Oliva Sabuco, humilde sierva, salud, gracia y eterna felicidad desea” (carta en el diálogo anterior, en la que “doña Oliva pide favor y amparo”). Pero son textos gratuitos, no hay ningún documento que los avale, o es desconocido todavía por los defensores de Oliva como escritora de tan altos vuelos. Son requisitos formales, los inmediatamente anteriores, donde figura el nombre de Oliva y que suelen citarse como prueba de que ella compuso el libro que escribió su padre. Pero todos estos pretendidos documentos, por la falta de sustento legal (presencia de escribanos o testigos) que los refrende, son meramente escritos apócrifos, papeles muy bien distribuidos para una farsa editorial que se ha representado infinidad de veces. Son puro formulismo para sacar un libro de la imprenta, y cuya autenticidad dejaba indiferentes a las autoridades que daban las licencias o ejercían las censuras. Y hasta sería lógico pensar que son verdaderos, si no fuera porque existen en su contra documentos donde se afirma que fue el Bachiller Sabuco el autor de la Nueva filosofía, y no Oliva. Además, él consiguió formación intelectual suficiente para escribirla en la Universidad de Alcalá de Henares. Más allá de una creencia orteguiana (esto es, que no se discute, porque no se trata de una idea que nosotros tengamos, sino, más bien, de una idea que nos tiene) sobre la autoría de Miguel Sabuco y Álvarez de su Nueva filosofía, queremos poner nuestros argumentos en orden de razonamiento lógico desde varios puntos de vista. Y, en primer lugar (como hizo Sócrates ante el tribunal que lo juzgaba), la defensa inicial consiste en señalar con el dedo índice a los enemigos ausentes, pero que alientan por todas partes. Es decir, a todos cuantos urdieron la engañosa prueba de los llamados textos preliminares que debían llevar en la época toda obra impresa y que, en el caso de la Nueva filosofía, están redactados a favor de Oliva. 5

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Por supuesto que, en ninguna caso, hay firma de autoridad correspondiente, como la del supuesto escribano de cámara Cristóbal de León (que tasaría el libro), como tampoco aparece la firma del Rey (que le habría concedido a Oliva Sabuco el privilegio de imprimir la Nueva filosofía), ni la firma del secretario real que dice ser Juan Vázquez. Hasta hay que suponer aquí la censura de la obra, pero está implícita, pues como tal no aparece. Ni siquiera en los sonetos que Juan de Sotomayor hizo “en alabanza del Autor y de la Obra”, se relaciona expresamente a Oliva Sabuco con la Nueva filosofía. Y, por supuesto, la pieza principal para los que defienden una Oliva escritora, la carta dedicatoria de ésta al Rey, carece de cualquier referencia documental que pueda autenticarla. Y dígase otro tanto de la carta que también supuestamente Oliva dirige al Presidente de Castilla. Se trata, en definitiva, de un ramillete de escritos organizados por no sabemos quién, familiar o vendedor de libros, que estaría de acuerdo con el impresor. Incluso éste mismo pudo hacerlo a sus expensas. Así, mientras no aparezcan documentos en contra, y por falta de identidad precisa, en el mundo literario Oliva Sabuco no pasa de ser una autora indocumentada. Lo único cierto que hemos podido detectar es el hecho de que, en la Nueva filosofía, aparece una “autora” nada menos que ocho veces y que no se llama siempre de la misma manera (Oliva Sabuco, 3 veces; Oliva Sabuco de Nantes, 2 veces; Oliva de Nantes Sabuco Barrera, una vez; Oliva Sabuco Barrera, una vez; y Sabuco, sin más, una vez. Con la antedicha repetición del nombre, y sin más, Oliva figura hasta seis veces en los versos de los dos sonetos laudatorios, cinco veces en el primero. Pero tanta insistencia de autoría, 14 veces, y tanta indecisión al nombrarla, resulta al menos sospechosa, ya que demostrar demasiado, acumulando razones inconsistentes, puede ser indicio, al fin, de no demostrar nada. Sin miedo a equivocarnos, podemos asegurar que el impresor de la Nueva filosofía, no leyó uno de los escritos que los sabios antiguos dejaron en el templo de Delfos: nada demasiado. Pues pocos libros habrán consignado tantas veces, en demasía, el nombre de su autor. Y sin el más pequeño documento acreditativo. Eso es lo grave. De manera que las supuestas pruebas en las que aparece Oliva como autora carecen de valor probatorio, pues ellas mismas carecen de justificación, pues no hay ningún documento a su favor, y sí en contra, como vemos más adelante. La prueba, entonces, de autoría de la Nueva filosofía a favor de Oliva Sabuco, por el hecho de figurar en la dicha obra hasta ocho veces con nombres distintos, más seis en los sonetos, en principio no es un argumento fuerte. Ya que nada impide que un autor se esconda bajo el nombre de otra persona (de mutuo acuerdo), por más que nos gustaría saber las razones de tan extraño comportamiento del propio Bachiller Sabuco y, tal vez, de sus familiares. Tampoco puede conocerse ni, menos aún, castigarse esta conducta, a no ser que el autor suplantado acuda a los tribunales solicitando que lo repongan o, como hace Miguel Sabuco en su testamento, recurriendo a la maldición incluso de su hija, si ésta persiste en 6

que se tome por real la autoría que, por declaración paterna, sólo fue a título honorífico. Y sospechar siquiera que Su Majestad el Rey Felipe II, tan prudente y tan serio como se diga, había de ofenderse por este juego de ocultación de autor, entre un padre y su hija, es tanto como decir que nuestros reyes antepasados (o sus descendientes) alguna vez estuvieron preocupados por los aconteceres pequeños que tienen lugar entre los súbditos. Entonces como ahora, la distancia entre los gobernantes augustos y sus administrados era considerable. Hasta aquí hemos ganado que uno de los extremos que, por ley, debía figurar en toda obra impresa, era el nombre del autor y, refiriéndonos a la Nueva filosofía, consignado a favor de Oliva Sabuco sin ningún fundamento. Otros componentes de la estructura formal del libro en la época, llamados preliminares, fueron las ilustraciones (en la Nueva filosofía, el escudo real), los privilegios (del rey, o licencias eclesiásticas) para imprimir y tasas, con el pie de imprenta (en Madrid, por P. Madrigal, MDLXXXVII), en portada. Otros elementos, literarios, consistían por lo común en dedicatorias (carta de Oliva al Rey, con otra al Presidente de Castilla) y poesías (del licenciado Juan de Sotomayor a Oliva). De cuyos extremos, como existentes todos en la Nueva filosofía, hemos dado cuenta. Y la falsedad palmaria de cada uno de estos pretendidos y mal llamados documentos (que no lo son, pues ninguno lleva la firma de quien lo expide, como tampoco hay testigos) es el primer paso para desacreditar la atribución literaria e indebida de la autoría de la Nueva filosofía a nombre de Oliva, ya que esta circunstancia se basa principalmente en el hecho evidente de figurar su nombre en el libro en cuantas ocasiones hemos dicho más arriba. Nombre que salta a la vista catorce veces, como hemos advertido, por lo que puede resultar hasta catorce veces falso. Desde estos supuestos, ¿será indicio de veracidad el hecho de que un autor sea considerado como tal, y sólo porque aparece su nombre al frente de un libro? La respuesta, claro está, puede ser afirmativa en la mayoría de los casos, a no ser (como ocurre con Oliva Sabuco) que tengamos argumentos concretos, documentos independientes de la obra impresa (esto es, escritos firmados con testigos ante escribanos), y más de uno, en su contra. De manera que nos encontrábamos, hasta 1903 (cuando se descubrió el testamento de Miguel Sabuco, donde él se confiesa autor de la Nueva filosofía), con una atribución de autoría indebida, sin sospechar siquiera un fraude de la historia de la literatura española, tal vez involuntario, pero escandaloso a todas luces. Por cuanto los defensores de Oliva Sabuco escritora sólo tienen por asidero, precisamente, la circunstancia de que un libro vaya a su nombre. Y de que a nombre suyo vayan también (como un formulario que se debía cumplimentar en la imprenta) las tasas a pagar por el tan repetido libro, el privilegio o licencia para imprimirlo, las cartas dedicatorias a las autoridades correspondientes, y hasta los versos laudatorios del autor. Veamos ahora la posibilidad realizada (en nuestra literatura clásica española) de obras que salieron de la imprenta, y

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después de las pragmáticas de los Reyes Católicos, sin nombre de autor conocido e, incluso, con autoría falsa, descubierta con el correr de los siglos. Advertimos, sin embargo, que se trataba de obras inocuas para el buen mantenimiento de la fe, pues, de otra manera, las autoridades civiles y eclesiásticas habrían dado con sus autores. Autoridades que podían ser tolerantes en materia de impresión de libros, pero no del todo indiferentes. Así, la falta de autoría la vemos, en primer lugar y a título de ejemplo, en La vida de Lazarillo de Tormes, de 1554 (original anterior perdido, escrito hacia 1530). Obra sin autor reconocido durante mucho tiempo. En la edición de 1969 (Espasa-Calpe, p. 57), Julio Cejador mantiene, basándose en la autoridad de Francisco Rodríguez Marín y de Adolfo Bonilla y San Martín, que el autor, por fin, del Lazarillo de Tormes no pudo ser otro que Sebastián de Orozco. Pero, no obstante la opinión de las tres autoridades últimas, tenemos que la filóloga Rosa Navarro Durán publica su teoría muy verosímil de que el autor buscado del Lazarillo no puede ser otro, según las pruebas aportadas, que Alfonso de Valdés (suplemento cultural del diario El Mundo, 15-5-03, pp. 68; y diario La Verdad, 20-8-03, pp. 44-45). No sabemos todavía si, andando el porvenir, encontraremos nuevos argumentos que den por falsas dichas teorías. De lo que sí estamos ciertos es de una posibilidad ocurrida, la de sobrevivir y circular un libro a sus expensas, sin autor conocido y cambiando incluso su nombre. Entre otras razones, porque ninguna ley se lo impidió. Hay, sin embargo, otro misterio aclarado, o desvelándose con el tiempo. Nos referimos al Don Quijote de la Mancha de Alonso Fernández de Avellaneda, autor tan falso como su obra, que quiere continuar la de Cervantes. En efecto, nos encontramos con un caso paradigmático para detectar a las claras la posibilidad de que un autor cualquiera mantenga su nombre en el anonimato, sin que ningún rey (a la sazón, Felipe III) tenga que indignarse, y sin peligro de que se conmuevan las columnas que sustentan el universo. Además, esta obra tiene un paralelismo evidente con la Nueva filosofía, si nos fijamos, claro, en los llamados preliminares legales de todo escrito, lo que hemos denominado protocolo editorial,

No es propósito de estos apuntes descubrir identidades de otros escritores españoles ocultos bajo nombres apócrifos, sino el probar, de pasada, que el simple hecho de figurar Oliva Sabuco como autora de la Nueva filosofía no concluye que esta pretendida autoría sea cierta. Pues la sustentan únicamente unos cuantos escritos insuficientes, sin una mínima prueba documental a su favor

que obligaban tanto a los autores como a los regidores de las imprentas. Así tenemos, en el Quijote de Avellaneda (1614, edición de Espasa-Calpe, Madrid, 1972), desde la primera hoja, que son suficientes los extremos que coinciden en su exposición con los de la Nueva filosofía. En portada se afirma que el libro está “compuesto por el Licenciado Alonso Fernández de Avellaneda”, con su lugar de nacimiento (Tordesillas), la dedicatoria y un dibujo, el obligado “con licencia” y el titular de la imprenta, Felipe Roberto; seguidamente, encontramos el privilegio para que su autor imprima el libro, expedido por el canónigo y doctor Francisco de Torme y de Liori, del Consejo de su Majestad (“… este libro, que se intitula Segundo tomo de don Quijote de la Mancha, compuesto por el licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, damos y atorgamos licencia que se pueda imprimir…”); más adelante figura una dedicatoria del autor “al alcalde, regidores y hidalgos de la noble villa del Argamesilla…”; le sigue un prólogo muy parecido a las cartas supuestas de Oliva; y, por fin y cómo no para cumplir con la costumbre, hasta hay un soneto atribuido a Pero Fernández, que también debe ser del supuesto Avellaneda. A pesar de las leyes de la época, y con los requisitos formales para imprimir una obra bien cumplidos, resultó, sin embargo, que el nombre de Alonso Fernández de Avellaneda, como autor, era tan falso como el de Oliva Sabuco. Y son varios los nombres que se han dado para ponerlos como ciertos: Luis de Aliaga, confesor de Felipe II, o fray Juan Blanco de la Paz (Marco e Hidalgo, Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, julio, 1903). Como también pudo ser, según Menéndez y Pelayo, el poeta aragonés Alfonso Lamberto (en Benjamín Marcos: Miguel Sabuco (antes doña Oliva), Caro Raggio, Madrid, 1923, p. 92). Más recientemente, en la edición de Espasa-Calpe, 1972, de Martín de Riquer, se lanzó la idea de que, tras el seudónimo de Avellaneda, se ocultaban los hermanos Bartolomé y Lupercio Leonardo de Argensola, y Gerónimo de Passamonte, o Guillén de Castro. Lo mismo que Avellaneda ha sido identificado con Juan Ruiz de Alarcón, con Tirso de Molina… y hasta con el mismo Miguel de Cervantes Saavedra (p. LXXXIV y ss.). 7

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El descrédito definitivo de Oliva como escritora de la Nueva filosofía está, por fin, en un manojo de escrituras ante escribanos y testigos, todas concordantes entre ellas y como una sola pieza que se vuelven en contra de la supuesta autora

No es propósito de estos apuntes descubrir identidades de otros escritores españoles ocultos bajo nombres apócrifos, sino el probar, de pasada, que el simple hecho de figurar Oliva Sabuco como autora de la Nueva filosofía no concluye que esta pretendida autoría sea cierta. Pues la sustentan únicamente unos cuantos escritos insuficientes, sin una mínima prueba documental a su favor (la portada con su nombre, la tasa, el privilegio del Rey, etc.), y que están de acuerdo artificiosamente entre ellos para cumplir las formalidades que se exigían en su tiempo a la hora de imprimir un libro, los llamados preliminares y que no eran, como hemos visto antes, necesariamente verdaderos, sino, más bien, en algunos casos un simulacro editorial. Escritos, en fin, que no resisten la prueba en su contra de varios documentos, con la presencia y con las firmas de testigos, de familiares y de escribanos, dando fe de que el Bachiller Miguel Sabuco es, y no otro, el autor verdadero de la Nueva filosofía. Antes de rebatir con documentos este mero formulismo editorial, a nombre de Oliva Sabuco, recordamos que los partidarios de esta supuesta escritora apelan también, con excesiva frecuencia y sin aportar una sola prueba, a los rigores del Tribunal de la Inquisición, como si esta institución en verdad terrible hubiera tenido algo que ver, al menos que se sepa, con la familia más próxima del Bachiller Sabuco. Y claro está que la Inquisición, persiguiendo herejes, era despiadada y cruel con las conciencias y con los cuerpos de quienes fueran sospechosos de desvío en el camino recto de la auténtica fe cristiana. Mas aquí se trata de aportar pruebas (o callarse) de que dicho Tribunal tuviera algo que ver directamente, primero, con la familia Sabuco, de lo que no hay ninguna evidencia escrita, pues tan sólo se repiten suposiciones interesadas y gratuitas para fingir la autoría, tan fácil de desmentir, de Oliva. En segundo lugar, y para no desorientar la cuestión, se impone analizar la mínima relación que, efectivamente, los censores inquisitoriales tuvieron con la Nueva

filosofía (no con su autor), de la que mandaron tachar (“enmendar”) algunas líneas de diecisiete párrafos de poca importancia (en las dos primeras ediciones) por lo que la obra pudo seguir editándose, teniendo en cuenta esas leves correcciones tanto los libreros como los lectores (ver Henares, D.: El Bachiller Sabuco ante la Inquisición, número 11 de Cultural Albacete, 2007, pp. 44-49). Hay también otro dato para negar la atribución de autoría de la Nueva filosofía a Oliva Sabuco. Pues resulta que, en el “coloquio de la compostura del mundo” de dicha obra (p. 150), los equinoccios de primavera y de otoño ocurrieron el 11 de marzo y el 11 de septiembre, respectivamente. Y sabido es que esta circunstancia ocurrió en el año 1580, por lo que dicho coloquio no estaba escrito antes de ese año, ni después de 1582, pues en éste el Papa Gregorio XIII y Felipe II deciden cambiar el calendario juliano, quitando diez días a octubre, por lo que, a partir de entonces, los equinoccios tienen lugar del 20 al 21 de marzo y del 22 al 23 de septiembre. Oliva tendría entonces, en 1581, diecinueve años. Y, si el “coloquio de la naturaleza del hombre”, el fundamental de la Nueva filosofía, fue escrito en años anteriores, habrá que rebajar la edad de Oliva dos o tres años, acaso hasta los dieciséis. Demasiado joven para escribir un libro donde se conoce a Salomón, a Galeno, a Hipócrates, a Platón, a Aristóteles, a Séneca, a Horacio, a Plutarco, a San Agustín, a Boecio, la historia de la literatura española, de la ascética y de la mística, de la Medicina y Psicología. Y todo, desde su espléndido aislamiento de Alcaraz en el siglo XVI. Un portento. El descrédito definitivo de Oliva como escritora de la Nueva filosofía está, por fin, en un manojo de escrituras ante escribanos y testigos, todas concordantes entre ellas y como una sola pieza que se vuelven en contra de la supuesta autora. Tenemos cartas de obligación, de poder y, sobre todo, el testamento del Bachiller Sabuco. Documentación ofrecida por Marco e Hidalgo en 1903 a Serrano y Sanz, catedrático de Historia en la Universidad de Zaragoza y secretario de redacción de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, quien, a su vez y entonces (corrigiendo sus Apuntes para una biblioteca de escritoras españolas desde el año 1401 al 1883, donde figuraba Oliva Sabuco), fue el primero en asumir que el Bachiller Sabuco era el autor de la Nueva filosofía (F. Rodríguez de la Torre [sin duda, el bibliógrafo fundamental sobre Miguel Sabuco], Al-Basit, Nº 22, p. 248, Albacete, 1987). Así, acudimos ahora a los antedichos documentos últimos en sus párrafos pertinentes: 1) del testamento del Bachiller Sabuco: “… Iten aclaro que yo conpuse un libro yntitulado nueva filosofía e una norma y otro libro que se imprimieron, en los quales todos puse e pongo por autora a la dicha Luisa de Oliva mi hija, solo para darle el nombre e la honrra, y reservo el fruto y provecho que resultare de los dichos para mí, y mando a la dicha mi hija Luisa de Oliva no se entremeta en el dicho privilegio, so pena de mi maldición, atento lo dicho, demás que tengo fecha ynformación de cómo yo soy el autor y no ella. La qual ynformación está en una escritura que paso ante Villarreal escribano… Hecho en la ciudad de Alcaraz a veinte días del mes de febrero de mil quinientos ochenta y ocho

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años, a lo qual fueron testigos presentes Juan de Coca y el Licdo. Juan Velazquez, y el Licdo. Sebastián de Molina, todos clérigos, vecinos de esta dicha ciudad de Alcaraz, y el otorgante a quien yo el presente escribano doy fe que conozco lo firmó de su mano… Ante mí, Alonso Romero escribano. Derechos dos reales”. (Es el texto más apodíctico sobre la autoría del Bachiller Sabuco de la Nueva filosofía. Y de una claridad meridiana, si nadie intenta manipularlo, pues los textos históricos expresan cuanto quisieron decir sus autores cuando los escribieron. Y, para negarlos o interpretarlos, hay que dar pruebas documentales al efecto). 2) de una escritura de obligación, otorgada en Alcaraz el 10 de septiembre de 1587: “… Sepan cuantos esta carta de obligación vieren cómo nos Alonso Sabuco e Ana de Espinosa su mujer… nos obligamos de dar e pagar a el bachiller Sabuco, padre de mí el dicho Alonso Sabuco… ciento e veinte ducados, los cuales son de razón que el dicho bachiller Sabuco… me dio en razón del privilegio y merced que tiene de su magestad para poder imprimir el libro llamado Nueva filosofía… para que pueda yo hacer imprimir el dicho libro en el reino de Portugal… siendo testigos el dotor Sarmiento, Juan Dominguez e Luis Gomez e Francisco Tellez… e yo el presente escribano doy fe conozco a los otorgantes… ante mí Francisco González de Villarreal escribano. Derechos, un real… Recibí la escritura en prendas contenida en esta obligación y lo firmé, el bachiller Sabuco”. (Miguel Sabuco tiene el privilegio de imprimir la Nueva filosofía porque él es el autor). 3) de una carta de poder, en Alcaraz, a 11 de septiembre de 1587: “Sepan cuantos esta carta de poder vieren cómo yo el bachiller Miguel Sabuco… autor del libro intitulado Nueva filosofía, padre que soy de doña Oliva mi hija, a quien puse por autor solo por darle la honrra y no el provecho ni interés… otorgo y conozco por esta presente carta que doy e otorgo todo mi poder… a vos Alonso Sabuco mi hijo… para que por mí y en mi nombre podais ir al reino de Portugal y hacer imprimir el dicho libro llamado Nueva filosofía… siendo testigos presentes Miguel Gonzalez y Pedro Lopez y Juan de Coca, alpargatero… lo firmó el otorgante de su nombre al qual doy fe que conozco… ante mí Francisco Gonzalez de Villarreal, escribano. Derechos un real”. (En esta carta, con fecha del día siguiente a la anterior, el Bachiller Sabuco confirma el contenido antedicho, en cuanto a su autoría de la Nueva filosofía). A mayor abundamiento, el autodidacta en investigación González interviene en la búsqueda de autor para la Nueva filosofía, con la peor fortuna y con escritos que destilan pus en todas direcciones. Y, desde un comportamiento que resulta desconcertante (él es partidario a ultranza de Oliva escritora), aporta saberes coincidentes con los que ya teníamos desde 1903, cuando Marco e Hidalgo publica los documentos que hemos señalado anteriormente con 1), 2) y 3): a) “Sepan cuantos esta carta de obligación vieren como nos alonso sabuco e ana de espinosa su muger… que por quanto el bachiller Sabuco padre de mí el dicho alonso sabuco autor del libro llamado nueva filosofía nos a dado el previlegio que tiene de su magestad para lo ymprimir…”.

(Claramente, el hijo del Bachiller Sabuco afirma que su padre es el autor de la Nueva filosofía). b) “Sepan cuantos esta carta de venta cesion y traspasacion vieren como nos acacio de buedo y yo doña oliva de nantes su muger… por quanto en el libro llamado nueva filosofía que hordeno mi el bachiller Sabuco padre de mí la dicha oliva … me puso a mí por autora… por tanto confesamos e declaramos por esta presente carta que yo la dicha doña oliva no fui autora del dicho libro…”. (Seguir defendiendo que Oliva Sabuco escribió la Nueva filosofía es perder el tiempo). Como se ve, son documentos [los señalados con 1), 2) y 3), más los últimos a) y b)] concordantes y con las mismas garantías que nuestras escrituras actuales ante notario. Textos que deben leerse en el sentido normal de las palabras, porque su claridad es evidente, si no hay otro argumento más veraz en contra, y no tomarlos como si fueran escritos literarios, cuya significación podría estar a expensas de interpretaciones distintas, según fuesen de diferentes los lectores. Con este método último se pueden conseguir aparentes estudios sociológicos en defensa de los derechos de las mujeres, en este caso a escribir un libro. Pero, sin argumentos en contra de los inmediatamente anteriores, no debe afirmarse que Oliva fuese escritora, a no ser que alguien dé por conclusión lo que, en este caso, tan sólo era un supuesto, que Oliva fuese la autora de la Nueva filosofía, afirmación puesta aquí tantas veces en entredicho. Y a favor de la cual no hay ninguna prueba que llevarnos a los ojos, a no ser la pretendida autoridad que se ha querido dar a unos papeles sin firma, textos apócrifos (nombre de Oliva en portada de la Nueva filosofía (porque su padre la puso como autora), tasa, privilegio, cartas supuestas al Conde de Barajas y al Rey (tan atrevida, si fuera cierta, allí donde dice: “… de este coloquio del conocimiento de sí mismo y naturaleza del hombre, resultó el diálogo de la vera medicina que allí se vino nacida, no acordándome yo de medicina porque nunca la estudié…”), más dos sonetos en su alabanza, donde tal vez el impresor, para cumplir las formalidades de toda publicación y de acuerdo siempre con los interesados, organizó estos conocidos preliminares que ya hemos visto, para dar consistencia, sin más, a un enredo literario. Al fin esclarecido. La atribución de la Nueva filosofía a Oliva Sabuco consistió, tal vez, en un capricho de su propio padre Miguel Sabuco y, en definitiva, en una auténtica farsa editorial que duró trescientos dieciséis años (hasta 1903) y que ya no puede representarse por más tiempo. Pues lo prohíbe la cegadora luz de los documentos que hemos expuesto, firmados y con testigos ante notario, frente a la pastosa oscuridad de unos textos amañados, los llamados antes preliminares, como puro formulario exigido por la imprenta para justificar, en este caso, la aparente autoría de Oliva Sabuco, autora apócrifa que, en la supuesta carta a don Francisco Zapata, termina con una premonición: la verdad se impone siempre. En este caso, la de que Miguel Sabuco escribió y publicó la Nueva filosofía en 1587. Domingo Henares Doctor en Filosofía

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El Enigma Sabuco: El parto de los montes
Con varios ademanes horrorosos, los montes de parir dieron señales. Después que con bramidos espantosos infundieron pavor a los mortales, estos montes, que al mundo estremecieron, un ratoncillo fue lo que parieron. Hay autores que en voces misteriosas, estilo fanfarrón y campanudo, nos anuncian ideas portentosas; pero suele a menudo ser el gran parto de su pensamiento, después de tanto ruido, solo viento. F. M. Samaniego.

esde que, hace diez años, vinieron a Albacete las investigadoras Mary E. Waithe y María C. Vintró, y el profesor Henares, que las acompañó en su viaje a Alcaraz, me habló de sus teorías sobre Oliva Sabuco como auténtica autora de la célebre Nueva Filosofía, he intentado seguir sus investigaciones, que veían la luz en el año siguiente al de mi libro sobre el Alcaraz del siglo XVI. Si bien no me apasiona, ni está dentro del campo de mi investigación, su tesis me atraía, porque era una visión para mi novedosa, ya que no imaginaba que existiera verdadera polémica al respecto desde que Marco Hidalgo publicó su trabajo; y he de reconocer que las alegaciones de las americanas siempre me parecieron bastante razonables, aunque disten de ser demostraciones y aunque a mi juicio pierdan parte de su valor por su tono bastante “militante”, quizá poco apropiado a la investigación. Aun así, he seguido con gusto sus artículos y su página Web –magnífica, por cierto– y con un cierto asombro la polémica, menos civilizada, que el profesor González ha creado en la suya (digo suya porque él es el “Forum” y la denominada “Sociedad Oliva Sabuco”, nacida no se sabe si a mayor gloria de ésta o de su creador), titulada –en inglés, no sé por qué– “Intellectual War”, y llena de increíbles símiles militares, desde las “ofensivas” y “ataques por el flanco”, hasta el lanzamiento, nada menos, que de un “artefacto nuclear”. Polémica en que nunca pensé participar, aunque debo decir que logró divertirme –con sus extravagancias– en algún rato de ocio.

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Luego supe también del rosarioauroresco resultado del curioso congreso monográfico –y unidireccional– montado en Alcaraz hace cosa de un año, del que hemos tenido referencia en la crónica del Sr. Biedma López (Cultural Albacete, Nº 11, del año 2007); y he de reconocer que esperaba con cierta expectación que apareciera “El Enigma Sabuco”, largamente anunciado y alabado por su modesto autor como definitivo, y el segundo volumen con los más de 250 documentos inéditos que habrían de aclarar para siempre el “enigma” (ahora dice en la prensa que ese segundo tomo se publicó hace un año, pero ni él lo menciona en su bibliografía, aunque sí nos remite a un ISBN “de la obra completa”, de la que solamente se conoce un volumen). He perdido dos días en leer el que dudo que sea el Huevo de Colón de la historiografía albacetense, aunque sin duda es el más cacareado, y no me decepciona: son los mismos insultos, los mismos argumentos descalificadores que ya le conocía, ahora acompañados de una compilación enciclopédica, que me ha sorprendido por su exhaustividad –aunque él mismo confiesa que es cosa de Internet– de todo lo que han dicho sobre el tema durante varios siglos diferentes autores, desde los más expertos hasta los pelagatos que apenas lo rozaron, entre los que me incluyo, antes de que él lo haga. Pero lo que jamás podía imaginar es que sus argumentos fueran exactamente los de Waithe, Vintró y alguna autora más, sin otra aportación personal que su estilo arrogante y faltón, y que de los

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250 documentos, que no he podido ver en su totalidad, porque se han publicado “de incógnito” en el segundo tomo, que nadie ha conocido, aunque en parte se copian también en el primero, publicado después (difícil de entender, pero posible, con la particular lógica del autor), la inmensa mayoría no aportan nada al tema. Eso sí, hay tres o cuatro que son definitivos, lo que tiene su mérito, aumentado además por el esfuerzo de haber sido capaz de leer en corto plazo –aunque las transcripciones disten de ser correctas– esa letra del siglo XVII, que no es nada sencilla, aunque tampoco puede llamarse “jeroglífica”. El problema es que apuntan justamente en sentido contrario al de la tesis que defiende el autor, coincidiendo con otros que aportó Marco Hidalgo hace ya más de un siglo. Y –en actitud insólita, que para mí sí es un verdadero enigma– en lugar de aceptarlos y cambiar de opinión, como haría cualquiera en su lugar, el profesor González dedica todo el resto del libro a discutirlos, pretendiendo que mienten o no dicen lo que quieren decir.

sus procedimientos y el terror que inspiraba a los intelectuales, temas de los que algunos ya teníamos noticias, aunque es de agradecer la recopilación. Y como ha de explicar la falta de un proceso contra la que figura como autora del libro, piensa en la consabida mentalidad machista –que, en efecto, existía, aunque no fue un obstáculo para haberlo editado a nombre de una fémina– que impedía acusar a una mujer por un delito propio de mentes masculinas. En fin, una “película” –por usar sus palabras– que no estaría mal como guión de cine, aunque tiene el pequeño inconveniente de no estar confirmada por ningún documento. No digo yo que sea totalmente imposible (lo diría, en el caso de haber en el guión algún anacronismo o algún extraterrestre, como suele ocurrir en los de Holliwood); sólo digo que a mí sigue sin convencerme, pero defenderé el derecho legítimo del profesor González a mantener su “tesis”, siempre que no la imponga como “verdad histórica”, pues ni es verdad, ni Historia, ni él historiador. Mejor hubiera sido que un experto filósofo como él hubiera dedicado algo más que tres páginas –28 a 30– a hablar del contenido del libro de Sabuco; pero yo no soy quién para decirle cómo ha de organizar las más de cuatrocientas de que consta su obra. También le hubiera hecho alguna observación sobre sus transcripciones paleográficas –por ejemplo, sospecho que el nombre de “Sanchín” debe de ser “Juachín” o algo semejante– y le hubiera explicado que lo que él llama “ñ” es una abreviatura que suele transcribirse como una doble “n”, por lo que los errores que achaca a Marco Hidalgo pudieran no ser tales; pero como no tengo a mano el documento, y no creo que sea demasiado importante (al fin y al cabo, todos nos hemos confundido en muchas ocasiones), no haré más comentarios sobre esta cuestión. Que cada cual escriba cómo y de lo que quiera, que el papel es sufrido y hay gente para todo, como decía Guerra. EL DISCURSO Y EL MÉTODO: EL “ENIGMA GONZÁLEZ” EN LA CACHARRERÍA Lo que ya no disculpo, y rechazo de plano, es esa obcecación del profesor González en defender sus tesis recurriendo al insulto, cuando no a la calumnia, en actitud más propia de un profeta tocado por la mano de Dios –¿el Espíritu Santo, que dice le ilumina en su investigación?– que de un buscador de la verdad. Hipócrates diría que el problema radica en su temperamento colérico o bilioso; Sabuco, que el “celebro” se le ha calentado con los humores cálidos que suben del estómago; un psiquiatra, que tiene tendencias paranoides... Yo prefiero creer que su extraña actitud deriva en gran medida del método que emplea: apoyándose en Kuhn, o en su interpretación de las teorías de éste, pues no creo que el filósofo dijera lo que él dice, él mismo nos explica (p.405) que la elección de tesis o postura científica para nada depende de los criterios lógicos, sino de los valores que imperan en el grupo en el que se milita –todo lo explica en términos de dialéctica y guerra– y que si desde el “paradigma igualitario” el documento de la retractación de Oliva es la prueba cabal de su autoría, desde el “paradigma patriarcal” el mismo docu11

La Trinidad, iglesia donde fue bautizada doña Oliva

En estos documentos, doña Oliva, su esposo, su hermano y su cuñada dicen ante notario, en una misma fecha, pero por separado, lo mismo que decía en el mes anterior el archiconocido testamento del bachiller Sabuco: que éste es el autor de la famosa Nueva Filosofía. Y el profesor González, tras un profundo estudio, infiere que tendrían poderosas razones para mentir también, y supone que fuera por miedo al Santo Oficio; presunción antiquísima y nunca demostrada, que él convierte en el eje de su argumentación. No da una sola prueba que implique relación entre la tenebrosa institución y el bachiller Sabuco (yo tampoco la encuentro, aunque sí sé de otras familias de Alcaraz que fueron perseguidas); pero en cambio aprovecha que el río Guadalmena pasa por Alcaraz, de camino hacia Úbeda y sus famosos cerros, y endosa dos capítulos –unas 50 páginas, sacadas sobre todo de las obras de Kamen, Beinart, Pérez, Suárez Fernández, Blázquez y Carrete Parrondo– sobre el curioso tema de los judeoconversos, desde el rey Sisebuto a nuestros días, y de la Inquisición, con

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Inscripción del bautismo de Oliva Sabuco en 1562. Son padrinos, entre otros, la mujer del médico Velázquez y el doctor Heredia

mento sería lo contrario. Dicho de otra manera: lo que diga el papel es lo de menos; lo que vale es la idea de partida, y cualquier otra hipótesis debe ser apartada, marginada y proscrita como propia del otro paradigma, que él llama patriarcal y antidemocrático. La “defensa de Oliva” –no ya la de su libro, ni la de su autoría– es cuestión que debiera congregar, según él, a todas las mujeres... Y a los hombres también, por descontado, porque “igual que un soldado debe defender su bandera, porque es símbolo de su patria y los valores que en ella confluyen, los demócratas debemos defender a Oliva, símbolo de que las mujeres españolas pueden alcanzar la cumbre de la Ciencia y la Filosofía”. En fin, lo que se llama un discurso científico. Y los que no tenemos “paradigma” ninguno, ni ganas de tenerlo, nos vemos abocados al famoso dilema: conmigo o contra mí, y sin términos medios: con Oliva y González, su profeta, o con los cavernícolas y antidemocráticos machistas y misóginos. Ésa es la diferencia entre el señor González y un investigador: si mañana se encuentra una demostración de que el libro fue escrito por Oliva, cualquiera que no tenga prejuicios al respecto estará tan feliz como si se demuestra lo contrario, incluso escribirá una retractación, como hizo Marco Hidalgo al descubrir –o creer descubrir– que no era la autora del libro que firmaba, pocos años después de haberla enaltecido. Y no me cabe duda de que investigadoras como M. Balltrondre, que defienden aún la autoría de Oliva, “transexual por intervención historiográfica”, pero admiten que puedan estar equivocadas, aceptarán también una demostración en sentido contrario. En cambio, don Ricardo ha llegado tan lejos que no podrá volver: después de lo que dice sobre otros autores, y de los argumentos que utiliza al efecto, se verá condenado a no cambiar de idea y tendrá que aferrarse

a su propia teoría de la conspiración y seguir fustigando a los machistas, terroristas y falsificadores que no acepten su verdad revelada. Una verdad que, ya antes de comenzar sus investigaciones, y con sólo leer la obra de doña Oliva, dice haber visto “clara, como el agua cristalina que brota de la Cueva de Los Chorros, cuando nace el río Mundo en el corazón de la Sierra de Alcaraz”. Bucólica impresión, serrana y refrescante, que dice le llevó, no a pretender saber del autor o la autora, “que eso ya lo sabía”, sino a recolocar e “intentar resolver” ese “rompecabezas” que eran para él los documentos que ofrece Marco Hidalgo, hasta que coincidiera con su acuática y límpida intuición. Y así, nuestro novel –no confundir con Nobel– y relativamente joven “descubridor” de Oliva, que confiesa que hace cuatro años no sabía siquiera quién era esa señora, y que del Bachiller tan sólo “le sonaba” que había sido médico, pese a estar trabajando en un centro docente que llevaba su nombre, irrumpe en la polémica con la delicadeza del famoso elefante en la cacharrería, arrollando, insultando y ridiculizando a cuantos no coinciden con sus afirmaciones, sin que sirva de excusa –aquí no hay Limbo– haber escrito antes de que él revelara lo que debe creerse. Y esta es la razón, la principal razón, por la que, aunque me temo que no vale la pena, porque a él, desde luego, no voy a convencerle ni enseñarle modales, escribo estas cuartillas, no en mi propia defensa –que también, aunque menos– sino en la de personas como aquel precursor de la investigación albacetense, don José Marco Hidalgo, al que lógicamente no pude conocer, porque escribió hace un siglo, y del que no me importa si era feminista (improbable, en su tiempo), machista, homosexual o mediopensionista, ni si era liberal, conservador, republicano, carlistón o anarquista. Sí me importa saber que, como tantos

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otros, con mayor o menor habilidad, se dejó muchas horas revolviendo legajos, abriéndonos camino a quienes les seguimos (como suele decirse, sólo somos enanos en hombros de gigantes, aunque hay liliputienses que se creen muy altos), y que seguramente no pretendió con su obra hacer una “bazofia que apestaba a misoginia patriarcal”, como la califica caritativamente el profesor González. También lo hago en defensa de una institución, el IEA, que ayudé a construir en tiempos muy difíciles, luchando contra muchos y con muy pocos medios, y que fue, es y será, una parte importante de mi vida y mi obra, como de las de otros excelentes amigos. Institución que puede tener sus deficiencias, pero es reconocida como una de las más activas de su género, y que al menos merece, ya que no la alabanza, respetuoso silencio por parte de quien nunca hasta el día de hoy ha publicado nada, y acaba de llegar –si es que ha tocado tierra– a este complejo mundo de la investigación. Para tranquilizar al profesor González sobre el dinero público que gastó el IEA en la publicación del monográfico (AlBasit, 22) que tanto le molesta, le diré que no hubo

Primera edición de la Nueva Filosofía…

conspiración alguna, “bunker” ni “camarilla”, ni “bastión del franquismo” (más bien, será al contrario, aunque tampoco tiene un carácter político, y puede haber de todo), ni existe una postura formal ante un asunto del que la mayoría de los miembros no tiene ni noticia (el IEA patrocina las investigaciones e intenta asegurarse de que sean rigurosas, pero no es responsable de las afirmaciones de los especialistas en campos tan dispares como la Geología, el Derecho o la Historia). Por tanto, si es que existe ese “tándem Rodríguez-Henares” del que habla, cosa que dudo mucho, no influyó para nada en aquella ocasión. Tan sólo se creyó que sería conveniente celebrar el cuarto centenario de la edición del libro y se encargó de ello a Fernando Rodríguez de la Torre, que acaso no sería “el más listo de todos” –yo no tengo “listómetro” y no puedo saberlo– pero sí el que más tiempo pasa en la Biblioteca Nacional, el mayor erudito en la bibliografía albacetense, como ha demostrado en varios de sus libros, el que propuso hacer un pequeño congreso, que no se celebró por diversas razones, y el único dispuesto a asumir la tarea, por lo que le quedamos bastante agradecidos. Lo ideal hubiera sido contar con don Ricardo, pero en aquellas fechas faltaban todavía unos dieciochos años, según su confesión, para que él se enterara de quién fue doña Oliva –un “pez gordo”, nos dice– y de la identidad del Bachiller Sabuco. Tampoco fue tan mal con Fernando Rodríguez de la Torre, que logró coordinar a los doce estudiosos que a la sazón pudieron y quisieron decir alguna cosa respecto los Sabuco (incluida la primera traducción conocida de la parte latina de su libro, por S. García Rubio), sin censurar posturas ni excluir a nadie, e invitando a personas de diferentes centros y universidades. Como coordinador, hizo la introducción, aportó un repertorio bibliográfico único por entonces, y un artículo propio con su visión del tema, sin que nadie le haya llevado la contraria civilizadamente hasta el año 2000, en que vieron la luz las conclusiones de Waithe y Vintró, ni le haya insultado hasta la fulgurante aparición del profesor González. Porque no estar de acuerdo y discrepar es parte del debate, campo en que se mantienen las dos americanas; pero ironizar sobre su inteligencia y descalificarle como “un oficinista de la Seguridad Social, aficionado a escribir sobre los terremotos”, cuando además es miembro de honor del Colegio de Doctores y Licenciados de Madrid, como doctor que es en Geografía e Historia, y una autoridad en otras disciplinas, y cuando se ha dejado la vista y la salud –literalmente hablando– en el estudio, entra ya en el terreno personal y sería insultante, si no fuera tan cómico, al ser quien lo formula profesor de instituto –filósofo, que ignora hasta hace poco tiempo la obra de Sabuco– y cuya actividad científica anterior se reduce a las charlas sobre igualdad de género y a ser el “Responsable de igualdad de su Centro”, lo que tampoco creo le cualifique mucho como historiador. A mí, que no comulgo con algunas ideas del amigo Fernando, se me revuelve el alma, por no decir las tripas, y sólo se me ocurre decir a don Ricardo que se ha equivocado al elegir su blanco, y que para cubrir las propias desnudeces –o mostrarlas al sol, en 13

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Alcaraz en el siglo XVII. Grabado de la época

este caso– no hay que despellejar ni desnudar al prójimo. Si tuviera razón, que no la tiene, y si fuera cien veces más brillante de lo nos demuestra, no tendría derecho al ninguneo de quien en su momento aportó lo que pudo –bastante más que él– al tema que le ocupa. Lo del endiosamiento es ya cuestión de estilo (de educación, más bien), pero a mi juicio es mucho más elegante, al par que más prudente, esperar que las flores y alabanzas nos las dediquen otros. Si algún día desciende de su altísimo ego –que acabará bajando, si no lo bajan antes– descubrirá que ya existía la vida inteligente en el planeta Tierra antes de que él naciera; incluso había hombres hartos de trabajar en esas mismas bibliotecas y archivos que él ha descubierto a principios del año 2005, según su confesión, y capaces de hacer un cotejo en detalle de las cinco primeras ediciones de la obra de Oliva, y una bibliografía que veinte años después sólo se ha mejorado gracias a Internet y a la incorporación de títulos recientes. En cuanto a Marco Hidalgo, se puede criticar –y yo mismo lo hago en varias ocasiones– su metodología, algunas transcripciones e incluso algún exceso al formular hipótesis o juicios de valor, siempre con el respeto debido a un precursor y sin perder de vista que escribe hace cien años, con las dificultades de formación y medios que entonces existían. Pero de ahí a decir, primero como hipótesis, y más tarde de forma plenamente asertiva, que fuera un resentido –por no ganar los juegos florales de Albacete– y que sus apetencias de fama le llevaran a inventar documentos, inspirándose en otros, que después robaría para no dejar pruebas, hay un profundo abismo. Los que llevamos décadas pisando los archivos –y más, el de Alcaraz, que hará cuarenta años conocí en

un desván y en forma de montón de papeles revueltos cubiertos de palomas– y hemos visto perderse documentos que hemos manejado e incluso inventariado, sabemos que hay mil causas, desde el desaprensivo a los traslados y remodelaciones, que a veces ocasionan extravíos o desapariciones. Yo mismo he detectado la pérdida de libros que citan Marco Hidalgo o Jesús Carrascosa, cuyas informaciones se pueden comprobar –no siempre, y a menudo no en todos los extremos– en otros conservados, y he podido seguir el rastro de sus pasos por los libros de acuerdos y bautismos, por lo que nunca tuve, ni tengo, inconveniente, en fiarme de ellos, dentro de ciertos límites. De la misma manera que el profesor González se permite dudar de la honradez del Sr. Marco Hidalgo, pudiera yo decir, a título de hipótesis, que esos documentos que dice no encontrar –y que, por cierto, son contrarios a su tesis– los ha robado él, deseoso de fama y reconocimiento como investigador; pero no lo diré, por dos buenas razones: porque –al contrario que él– no hago a nadie el agravio de imputarle un delito, y porque él –al contrario que el Sr. Marco Hidalgo– todavía está vivo y pudiera ponerme, con razón, una nada hipotética querella. No me parece noble, ni ético, ni estético, acusar a un difunto, que no va a defenderse; pero es que además –y tal es el enigma que a mí se me plantea– no parece sensato publicar este libro, que deja en mal lugar al autor y su tesis, y que tampoco puede beneficiarle mucho, porque ni Marco Hidalgo se hizo famoso y rico al publicar su estudio, ni creo que lo logre el profesor González con su arrogante estilo y sumando más pruebas a las que daba aquél, aun en el hipotético e inverosímil caso de que tenga razón (él y las profesoras que defienden lo mismo

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antes y con mejores modales y argumentos). Todo el mundo se puede equivocar, pero hacerlo gritando para atraer la atención, insultando y mostrando tanta falta de clase y de preparación, es algo que mi mente no alcanza a comprender. Por último respondo a la breve mención que el profesor González hace de un libro mío, que apenas roza el tema que a él le quita el sueño, pero se hace acreedor de sus amables citas. En principio pensé no contestar siquiera, porque los fuegos fatuos no necesitan leña, porque no me parece un debate de altura –y menos en los términos en que él lo plantea– y porque esta su “guerra” nunca ha sido la mía, ni estoy interesado en tomar parte en ninguna cruzada feminista ni antifeminista. Sin embargo, al final, he decidido hacerlo para puntualizar, no para refutarle, porque creo que tiene un punto de razón en algunos aspectos, y porque, al fin y al cabo, casi me trata “bien”: al menos, no me tacha, como a otros, de machista, franquista, oportunista, resentido, falsario, misógino, plagiario, inquisidor, inventor de noticias, ladrón de documentos... Se contenta tan sólo –lo que es de agradecer, vistos sus argumentos– con dedicar un párrafo de diez o doce líneas llenas de un peculiar sentido del humor a ridiculizarme a costa de un error que ocupa sólo dos en nota a pie de página, error que reconozco, aunque no creo que tenga la menor trascendencia (puedo indicarle otros, para que se divierta); con llamarme ignorante –“el tuerto entre los ciegos”– e incapaz de encontrar un documento nuevo sin que Waithe y Vintró me alumbren el camino (aunque olvida que llevo casi cuarenta años apañándome solo, y que en la obra de éstas, publicada en 2000, hay datos que yo daba en el 99). Añade que no aporto gran cosa de interés al tema que le ocupa, en lo cual me parece que no está equivocado, aunque creo que en diez páginas aporto poco menos que él en cuatrocientas sobre el Bachiller y su entorno social (salvo su “Trinidad”, que reconozco como hallazgo importante), y no doy más detalles porque no me parece que sean trascendentes datos como las vacas, las casas o los paños que vendía su yerno, o las niñas que toma a su servicio. Datos que, sin embargo, protege don Ricardo inventando un sistema propio de referencias –casi una encriptación, como las que realizan los servicios secretos– para no divulgar las del Archivo Histórico Provincial de

Albacete y proteger así (Nota 588) el patrimonio de éste (se supone que sea frente a los terroristas y los robapapeles que tanto le preocupan). Precaución novedosa que sabrán valorar como merece los investigadores de ambos hemisferios, y que probablemente se adopte en el futuro como norma académica, aunque hoy diste de estar tan bien conceptuada. Igualmente, me acusa de dar crédito al Sr. Marco Hidalgo, y asegurar, por ende, que el libro era del padre, y no de doña Oliva, en lo que reconozco no le falta razón (ahora que lo pienso, tampoco he comprobado que Colón descubriera las Américas, y llevo muchos años difundiendo esa especie irresponsablemente), y de hablar de vecinos de Alcaraz que no tienen directa relación con Sabuco y sus hijos, “como si fuera gente que se hubiera colado en una boda” (lo dice quien dedica dos docenas de páginas a hablar de los negocios y cargos de su yerno –que en lo fundamental ya condensaba yo en tres o cuatro líneas de una sola nota– y el resto de su libro a tratar de personas y cuestiones que no tienen que ver con el famoso “enigma”). Pero la principal y más justificada acusación es la de abusar de expresiones tan vagas que no concluyen nada, y de incapacidad para aclarar la identidad real del bachiller Sabuco; algo que confesaba hasta en dos o tres párrafos, y sigo confesando en el día de hoy. Por lo tanto, también tiene razón, pero debe entender que es defecto común de los historiadores no hacer afirmaciones donde no existen datos o no se ve muy claro; no a todos nos asiste, como a él, el “Espíritu Santo”, y no todos tenemos su gran clarividencia para saber que es blanco lo que tres documentos coinciden en que es negro. Por tanto, pido excusas al profesor González: si yo hubiera sabido que un lustro después de mi publicación él iba a interesarse por Oliva Sabuco, que sería capaz de examinar en sólo un par de años nada menos que “decenas de miles de documentos, escritos con letra unas veces endiablada y otras jeroglífica” –me asombra, porque yo no creo haber leído ni la décima parte en los casi cuarenta que llevo investigando, y eso que daba clases de letra “jeroglífica” (vulgo, Paleografía), cuando él todavía jugaba a las canicas– y que proclamaría su total monopolio de autoridad mundial en todas las materias anexas y conexas al misterioso “enigma”, ya me hubiera guardado de escribir una sola palabra. Disculpe mi osadía y avise cuando quiera reservarse otro tema. Pero basta, que mi obra no es tan importante... Y la suya tampoco, aunque él, con la modestia que le caracteriza, crea haber desentrañado “la más extraordinaria problemática de autor de toda la Historia de la Filosofía y de la Ciencia universales”. Es posible que un día él o las profesoras Waithe, Vintró, Rivera, Romero u Otero, que defienden sus tesis mejor y antes que él, encuentren documentos que desmientan no tanto el testamento del bachiller Sabuco –que por sí sólo no es prueba definitiva– como las confesiones de Oliva y su marido, su hermano y su cuñada, que atribuyen al padre la autoría del libro. Si así fuera, prometo proclamar encantado la autoría de la hija (la verdad, me apetece, aunque tampoco es cosa que me traiga sobre ascuas); pero por el momento 15

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sólo avalan la tesis de la Oliva escritora la edición a su nombre y algunos argumentos de crítica textual aportados por Dámaris Otero y Mónica Balltondre, ninguno de los cuales parece irrebatible (de hecho, la última admite que sus observaciones pueden no ser muy firmes, y llega a plantear la posibilidad de una doble autoría, y yo puedo añadir que en los documentos de la Baja Edad Media son bastante frecuentes referencias a omnes e mugeres” y otras expresiones semejantes, que no forzosamente son indicio de un lenguaje moderno y no sexista), mientras que son ya tres los testimonios notariales en contra, si no consideramos los que da Marco Hidalgo, el “falsificador”. Aunque fuera tan sólo por la pequeña gloria de haberlos encontrado –que vale mucho más que la de desmentirlos sin razones de peso– el profesor González debería, a mi juicio, volver a plantearse todo el razonamiento que utiliza contra los documentos que él mismo nos aporta, queriendo demostrarnos que no dicen, o no quieren decir, lo que afirman con toda claridad.

MI VISIÓN DEL “ENIGMA” (CON PERDÓN, Y SI SE ME PERMITE) Sobre los documentos se puede especular, debatir, colegir, conjeturar, llorar, patalear o dar coces al aire; pero lo que es decir, dicen lo que está escrito: lo que los otorgantes dijeron al notario y firmaron con él. Se puede aventurar que se han falsificado, o que los tres Sabucos, con sus correspondientes cónyuges y testigos, fueron en comandita a mentir al notario por tal o cual motivo; pero eso hay que probarlo con otros documentos. A mi modo de ver, es preferible leerlos sin hipercriticismos estrambóticos, salvo que haya motivos para desconfiar –que no hay, en este caso– y tratar de ordenarlos, usando la cabeza y la “navaja de Ockham”, en vez del “paradigma”, en el marco inmediato en que se produjeron, y buscando la lógica relación entre ellos, aunque es obvio que nunca llegarán a decirnos todo lo que queramos. Yo, que creo en la buena voluntad del Sr. Marco Hidalgo, y hasta en la de González, que lo pone bastante más difícil, estimo que, hoy por hoy, el “enigma Sabuco” –si entendemos por tal la autoría del libro– está, si no resuelto, porque en Historia nunca se sabe “la verdad”, sí bastante más claro, paradójicamente gracias a don Ricardo y a esos documentos que él aporta en seis páginas y discute a lo largo de otras cuatrocientas. Si su propia soberbia y sus prejuicios –que él llama “paradigma”– no le hubieran cegado, se habría dado cuenta de que los testimonios notariales de Oliva y de su hermano Alonso, de 28 de abril de 1588, que él supone mendaces, encajan de manera bastante razonable con los de Marco Hidalgo, que considera falsos; y que si por azar unos fueran veraces y los otros auténticos –que es lo más normal– podrían resolver en gran parte su “enigma”, aunque, lógicamente, puedan quedar resquicios y cuestiones oscuras o sujetas a la interpretación. Lo raro, a mi entender, después de cuatro siglos, es que haya tan- Maqueta de una imprenta del s. XVI, por J. C. Molina 16

tos datos y que encajen tan bien. No es frecuente en Historia poder documentar una misma versión por triplicado –o por sextuplicado– y mediante notarios y testigos distintos. Sin que esto suponga que me crea en posesión de la verdad, ni que sea más “listo” que quienes han hablado hasta ahora del tema, yo, que nunca hasta hoy he entrado en la polémica, aunque la he seguido y tengo que admitir que me va interesando, intentaré ordenar todas estas noticias, para que hablen solas, aunque sea tan sólo para que don Ricardo no me pueda acusar de no haber aportado mi granito de arena a su debate, de seguir ciegamente a Marco Hidalgo y de no ser capaz de alumbrar una idea sin que vengan las musas transatlánticas con su brillante antorcha a traer claridad a mi único ojo: Si el Sr. Marco Hidalgo no nos miente –y no lo creo así, pues no tiene motivos, ni se ha demostrado que lo haga– en agosto de 1586 el bachiller y su hijo estaban en la Corte gestionando la compra del papel y la edición del libro Nueva Filosofía... Los fondos necesarios para ello y para conseguir el privilegio de su publicación en exclusiva, dado en El Escorial el 23 de julio, pudo proporcionarlos parcialmente el propio bachiller, que hipotecó sus bienes en diciembre anterior, recibiendo la suma de 7.000 maravedís del cabildo de los beneficiados; pero también su hijo, y quizá más su yerno, Acacio de Buedo, que firmará con éste algunos compromisos con la imprenta de Pedro Madrigal y el comerciante Florensen (recojo la lectura del profesor González, aunque me suena raro), y que aporta al efecto una carta de aval u obligación por 200 ducados, junto a Alonso González del que sólo sabemos que vive en Solanilla y que quizá fue síndico veinte años atrás, poco tiempo después de que lo fuera cierto Miguel Sabuco, que supongo sería el Bachiller, aunque esto no se expresa. No se dice si Oliva también está en Madrid, o si se ha quedado en casa con Acacio, que sería lo normal en una esposa

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del siglo XVI (y espero no me tachen de machista por creerlo); pero sí queda claro que Felipe II ha dado el privilegio de edición a su padre. El libro, sin embargo, saldría de la imprenta, en el año siguiente, con el nombre de la hija y con la transcripción del privilegio que se dice concedió el mismo rey a doña Oliva. Un hecho incontestable, que sirve de argumento a las dos profesoras de ultramar y a su divulgador albaceteño, y que efectivamente puede tener su peso, aunque no es por completo irrebatible: nada impide que hubiera un acuerdo del padre y los hermanos, que pudiera incluir la cesión de derechos de primera impresión a cambio del aval de 200 ducados, u otras condiciones, sobre las que tan sólo se puede especular, a falta de otros datos; o una carta de venta y cesión, como la que después haría doña Oliva al traspasar al padre sus posibles derechos reales y personales, distinguiendo entre el nombre que figura en el libro y el derecho a editarlo, que ella misma afirma fue dado al bachiller. Recordemos que, antes de publicarse el libro, el marido de Oliva avala cualquier gasto que realice su suegro “para la emprenta de un libro que por merced e previlegio de S. M. el dicho Bachiller Sabuco a de ymprimir...” (nótese que no aclara quién tiene el privilegio ni quién es el autor, aunque queda muy claro quién está a pie de imprenta), y que en lo sucesivo éste vende a su hijo en sendas ocasiones, primero por dos años, y después por el tiempo de vigencia del mismo, “el previlegio que tiene de su magestad para lo ymprimir...” No se puede negar que hay contradicción entre estos documentos y lo que dice el libro, y que ésta genera cierta inseguridad, al no darnos respuestas a todas las preguntas que podemos hacer; pero dar automáticamente más credibilidad a un impreso sin firma manuscrita que a los testimonios notariales parece temerario. El privilegio en sí, más que un certificado de autoría del libro, es licencia del rey para editarlo y ponerlo a la venta en exclusiva. Ni siquiera parece imprescindible, como podremos ver cuando se haga la tercera edición. En cuanto a la autoría, tampoco es de creer que se pusieran demasiados problemas: todos hemos sabido de algunos catedráticos cuyo estilo es visible en trabajos y tesis de sus vástagos, y de “negros” que escriben las novelas de otros, sin que la editorial o las autoridades pongan grandes reparos, salvo que haya denuncia de por medio. No sería tan raro que el bachiller Sabuco tuviera el privilegio y pudiera cederlo a quien quisiera, controlando el proceso y la distribución; pero aun cuando lo fuera –porque no es lo normal que se falsee el nombre del autor– no hay por qué pensar que las posibles irregularidades fueran únicamente cosa de los notarios y los protagonistas de esta tragicomedia. Puestos a sospechar, como hace don Ricardo con mucha más frecuencia, me ofrecen más confianza los fedatarios públicos, que hablan de personas conocidas por ellos, que un burócrata oscuro de una corte corrupta –desde el rey hasta el último mozo de escribanía– donde cada merced tiene su precio, como ha señalado M. Marcos Martín en su excelente artículo titulado “España en almoneda...” Y tampoco está impresa ni la firma del rey ni la del escribano Cristóbal de León, por lo que la palabra que

avala dicho aserto es la del impresor Pedro de Madrigal, que vive del cliente que le paga el trabajo. En cuanto a lo difícil que puede ser burlar la real vigilancia y falsear un dato al imprimir un libro, quizá no fuera tanto: yo no conozco a nadie condenado a galeras por semejante culpa; y si en la actualidad hemos visto editarse en Albacete un libro cuya ficha tiene el ISBN de la obra completa, que consta de dos tomos, de los cuales el último no lo conoce nadie, cabe conjeturar lo que pudo ocurrir en el Madrid en que nace Quevedo. Pero ni tan siquiera sería necesario que existiera algún fraude o corruptela grave para explicar el hecho de que un libro saliera a nombre de la hija de su autor, mientras no hubiera alguna denuncia sobre el tema. Otra cosa sería la siguiente edición, si este pequeño engaño llegara a descubrirse. Y en efecto, parece que muy poco después de salir la primera, y cuando acaso ya estuviera en imprenta la segunda, empiezan los problemas: en septiembre de 1587, el Bachiller envía a Portugal, “por mi y en ni nombre, representando a mi propia persona”, a su hijo mayor –que parece moverse en las imprentas con bastante soltura– a gestionar por sí, y sin intermediarios, otra nueva edición. Dice, sin esconderse, y en documento público, que Alonso ha de mostrar cuando sea necesario ante los impresores y jueces lusitanos, que él es el autor, aunque puso a su hija como tal “para darle la honra y no el provecho”. Parece, por lo tanto, que se va a publicar

Un taller de impresión del siglo XVI

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Licencias otorgadas a Fructuoso Lourenço para hacer la tercera edición de la obra de Oliva Sabuco

una vez más como obra de Oliva, pero bajo el control de su padre y su hermano, sin que esto suponga ningún tipo de clandestinidad. Pero, bien porque Oliva y su marido pretendieran tener derecho permanente a la edición del libro –quizá porque pensaran que con el privilegio de Felipe II impreso en la primera quedarían a salvo de cualquier compromiso anterior, y hubieran encargado una nueva impresión– o porque hubiera alguna disputa con el padre, cuya causa ignoramos, se rompe la armonía dentro de la familia. El bachiller Sabuco, que al parecer había tomado precauciones haciendo información ante notario respecto a su autoría, y que parece estar indignado con ella, hace su testamento el 20 de febrero de 1588 y amenaza a su hija nada menos que con su maldición si osa disputarle los derechos que él se había reservado. Está sano y no corre peligro de morir, por lo que el testamento –en el que se revoca cualquier otro anterior– puede tener, más bien, un papel de advertencia. Y parece que surte efectos inmediatos: el 28 de abril Oliva y su marido –sin que la Inquisición les obligara a hacerlo, por lo que está de más cualquier comparación con Bruno o Galileo– reconocen que el padre es el único autor y tiene el privilegio de la publicación, y que si algún derecho les queda sobre el libro, lo venden y traspasan

al viejo bachiller, renunciando a cualquier reclamación futura. En ese mismo día comparecen su hermano y su cuñada ante el mismo notario y se obligan a dar al padre una pensión de 60 ducados anuales a cambio del derecho de edición de la obra (que luego no utilizan, por lo que puede ser una compra ficticia). Y en otro documento con idéntica fecha, Alonso deja libre a su cuñado Acacio de las obligaciones que ambos contrajeron con la imprenta de Pedro Madrigal. Parece, por lo tanto, que el hermano de Oliva, propietario oficial de todos los derechos, rompe la “sociedad” que tuvo con Acacio, y que se hace cargo del activo y pasivo de la misma, aunque no está tan claro si pretende sacar una nueva edición en Portugal, o sólo liquidar el contrato con Pedro Madrigal. Solamente sabemos que la segunda está publicada en Madrid, en 1588, por el mismo impresor de la primera y con los mismos tipos y letras capitales (hasta coincidirá el texto contenido en la gran mayoría de las páginas, si bien he comprobado que hay detalles que se cambian, por lo que no se trata de la misma tirada). En la portada dice que es “segunda impresión”, que va “enmendada, y añadidas algunas cosas curiosas, y vna tabla”; y en efecto, hay retoques, sobre todo de estilo, y uno que, conociendo la amenaza del bachiller Sa-

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buco, pudiera ser –o no– tomado como un guiño: como ya dijo Henares (Cultural Albacete, Nº 11, Diciembre 2007, p. 47), en la página 13, hablando de las causas de infelicidad, dice “el otro porque por su yerro y necedad le revocó el pariente el testamento”, que en la segunda es “el otro porque por su necedad erró el negocio”. La desaparición de esta referencia a la revocación de un testamento permite aventurar varias explicaciones, pero será mejor dejarlo como está, porque no aportaría a la cuestión sino más conjeturas. Solamente podemos suponer, sin gran seguridad, pero con cierta lógica, que esta reimpresión estuviera ya en marcha antes de que Sabuco hiciera el testamento, y que apenas impresa pudo ser “recogida” no por la Inquisición, sino a solicitud del propio bachiller, que, indignado con su hija, interrumpiera la venta de la obra, tirando de la manta y exhibiendo las pruebas de su propia autoría. Desde luego, la “norma” y “otro libro” que iban a publicarse, igualmente bajo el nombre de Oliva, ya no verán la luz; y la idea de hacer en Portugal una nueva edición de la Nueva Filosofía quedará postergada durante muchos años. Si bien las relaciones entre los dos cuñados parecen ser cordiales a finales del siglo XVI, lo cierto es que hasta 1622, cuando han fallecido el bachiller y la supuesta

autora, y a nadie importan ya la honrilla ni el antiguo problema familiar, no saldrá la tercera, impresa en Braga, no en Lisboa ni en Madrid, y no por doña Oliva, ni por su hermano Alonso, ni por su esposo Acacio, sino por un extraño, el portugués Fructuoso Lourenço de Basto, impresor y editor, que corre con los gastos y con los beneficios, y que ya en 161617 había conseguido la oportuna licencia de la Inquisición y del Consejo, aunque no el privilegio del monarca reinante. Precisamente es esta nueva impresión de Lourenço de Basto –el primer “olivófilo”, puesto que reivindica la autoría de ésta y habla de la “vontade com que resusçito sua memoria”– la que nos da una pista sobre lo que ocurrió, al defenderla de supuestas “calumnias” que habían motivado el “mal suceso” de la anterior tirada. Dice, en primer lugar que la nueva edición ha de salir “cobarde” –se supone que sea temerosa, ya que no clandestina, porque cuenta con todos los permisos, excepto el privilegio– “pello mao sucesso da segunda impressão em que o mandarão recolher...” Y añade un argumento que podría pasar por “feminista” –aunque yo dudo mucho que agrade a las mujeres– al decir que ello fue por ser su autor mujer, y por lo tanto débil (“fraca”, dice Lourenço) y por naturaleza más proclive al temor, sobre todo

Nueva dedicatoria, en la tercera edición de la obra, del editor, Lourenço, al barón de Albito, cuyo favor se pide, a falta del del Rey

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El síndico Sabuco pide a los regidores que nombren mayordomo del Concejo a Juan de Santo Domingo, que ya lo ha sido antes y es persona llana y abonada (1564)

en empresas semejantes, tan ajenas a su profesión y a las que tan pocas se atrevieron. Por eso mismo –añade– el libro y su autora, aun después de muerta, parece que le están pidiendo no lo saque otra vez a la luz sin algún protector que lo anime y defienda de las mismas calumnias de que el favor de un rey no puede defenderlo. Defensor que será no ya el rey, sino el barón de Albito, un noble de segunda, aunque formara parte del Consejo Real, al que dedica el libro, pidiéndole su amparo y recordándole que como caballero está obligado a ello (lo mismo que la autora solicitó en su día al monarca reinante). Es decir, que se trata de defender a Oliva, pero ya no se incluye la licencia de Felipe II –ni de su hijo o su nieto, que reinaba en 1622– y de alguna manera se deja suponer que, a pesar de contar con el favor de un rey (que otorgó el “copyright”), se recogió la obra, que ahora ya no saldrá con aquel privilegio, que llevaba en las dos primeras impresiones. No se dice por qué, pero parece claro que no fue el Santo Oficio, que seis años atrás ya ha dado el visto bueno a una nueva edición de la obra expurgada. Y también está claro que Lourenço de Basto –aunque probablemente nunca la conoció– piensa, o dice pensar, que doña Oliva ha sido calumniada, y que esta calumnia fue la causa inmediata de dicha recogida. A mi modo de ver, la decisión no partió, por lo tanto, de la Corte ni de la Inquisición, sino de Alcaraz, donde estaba la única persona que sabemos la había amenazado con sacar a la luz la información oculta si ella se entrometiera a usar el privilegio. Hasta aquí lo que dicen los papeles, y alguna reflexión al hilo de los mismos, sin duda, discutible (yo no voy a llamar “ignorante” o “mastuerzo” a quien no la comparta); y ahora, las hipótesis, que lo son igualmente, incluso mucho más, pero a mi me convencen un poco más que otras, porque encajan

los datos que dan los documentos con algunos detalles de la obra publicada bajo el nombre de Oliva y con lo que sabemos ocurre en Alcaraz en esos años críticos (consúltese mi libro Alcaraz en el siglo..., págs. 331-352). A mi juicio se trata de una simple disputa familiar, vulgar y repetida desde que el mundo es mundo donde hay un negocio entre parientes con criterios e intereses distintos. Pudo ser motivada no por el matrimonio del propio bachiller, como se ha sugerido, sino por el de su hija con Acacio de Buedo, un trepador inquieto, que se mete en negocios de todos los colores, que ya tuvo problemas por la dote de Oliva, y que pudo encontrarse con un suegro más duro de pelar de lo que se creía, tras haber invertido su dinero en la edición del libro a nombre de su esposa. También hay que contar con la mentalidad intransigente del viejo bachiller, que, si es el autor de la citada obra, y si habla por boca de su pastor Antonio, como todo parece indicar, es un hombre pagado de sí mismo, dogmático, soberbio y un poco visionario: nos dice que su libro faltaba en este mundo, en el que otros sobran, y hasta ridiculiza a los galenos, sin haber estudiado medicina, basándose tan sólo en su propia experiencia –que tendría más valor si la hubiera ejercido– y en una neoplatónica idea de “la verdad”, que a su modo de ver “nació del cielo y tiene grandes fuerzas y osadía”... No es extraño que acabe como un Nostradamus, comparando su libro con oráculos o versos sibilinos: “Creed que os he recitado hojas de la Sibila. En tiempos de un rey sabio reinará la verdad, no la mentira”. Pero no sólo hay arrogancia y soberbia en su actitud: el bachiller Sabuco también parece un hombre de genio y de principios, que ha tomado partido por la gente modesta y en contra de los ricos y de los poderosos. No se puede afirmar que sea el Miguel Sabuco que ejerció como síndico –una es-

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pecie de defensor del pueblo– hasta 1564 (no hasta el 65, como dije en mi libro equivocadamente, lo que indico a González, por si quiere reírse), y que el 8 de julio de 1566 se negaba a aceptar un nombramiento como repartidor de moneda forera en representación de los pecheros, puesto que “no se alla ábil ni sufiçiente para el dicho efeto”; pero si, como pienso, es la misma persona (hay otros de ese nombre, pero creo que son más viejos o más jóvenes, salvo, acaso, Miguel Sabuco Peñarrubia), parece un personaje un tanto radical, pero quizá por ello respetado por todos. Sus dos intervenciones principales en el Ayuntamiento son para exigir que se cumpla la ley y que se cubran con personas decentes y abonadas las dos mayordomías conflictivas del Alhorí del trigo y de las rentas de propios concejiles, para evitar las típicas corruptelas en ellas. Y tanto da si es él como si es su hija –que se habría educado conforme a sus ideas– el autor o la autora de la Nueva Filosofía despotrica agriamente contra los mercaderes, leguleyos, arribistas y especuladores, causantes de la ruina de las clases humildes, y que además no pueden siquiera ser felices, al estar tan atados al ansia de riqueza. Es decir, contra gentes como Acacio de Buedo, que no deja escapar una oportunidad de ganar un ducado, sea en la compraventa de ganados vacunos o caprinos, el transporte y trata de maderas o los arrendamientos de negocios, tierras, rentas de tercias y alcabalas, o cargos concejiles como el de caballero de la sierra, uno de los oficios donde más corruptelas se detectan, ya que “los cavalleros de sierra que esta çiudad provee se conçiertan publicamente y benden los montes y no dan denunçiaçion ninguna”. Acacio, el ganadero, el mercader, el especulador –éste sí da el perfil de “moral protestante” o de judeoconverso, lo que no significa que lo sea– es un ejemplo típico del burgués laborioso que triunfaba en Europa, pero no en una España guerrera y tridentina, que tenía por únicos desempeños honrados el servicio del rey o de la religión, y como distracción, el rezo y la lectura. Incluso en Alcaraz, que no es ni mucho menos el ambiente adecuado, conseguirá labrarse poco a poco una buena fortuna y controlar oficios desde donde se gana más di-

nero que honra, de la caballería de la sierra a la mayordomía del Alhorí del trigo; pero nunca sería un miembro prominente de la buena sociedad de Alcaraz, como piensan algunas, quizá precisamente por su dedicación a estas actividades, sus modestos orígenes y su posible falta de brillo cultural. Desde luego, no es un bachiller, como la mayoría de los que tienen cargo y como las personas que frecuenta su suegro, y en una sociedad donde todo el que puede, y muchos sin poder, pretende ser hidalgo, no nos consta que él lo intentara siquiera. Como otros nuevos ricos, llegará a regidor (no a la alcaldía, como se ha señalado, porque a la sazón no existía tal cargo en la ciudad, donde únicamente podremos encontrar al alcalde mayor de su corregidor, que estatutariamente no puede ser vecino, y a los de la Hermandad, institución arcaica y casi inoperante, cuyas dos alcaldías solían sortearse en la misma sesión que las caballerías de la sierra, y que, al igual que éstas, no da fama de honrado a quien las desempeña); pero ser regidor en esas fechas sólo quiere decir que se tiene el dinero suficiente para comprar el cargo. Quizá no fuera rico todavía en los años ochenta, pero parece ya un hombre incompatible con la mentalidad estoica y católica, de desprecio a los bienes materiales, que desprenden las páginas del libro que firma doña Oliva. A mi modo de ver, pudiera ser el último varón sobre la tierra que hubieran elegido como yerno o marido el autor o la autora de esta obra. Sin embargo, lo fue, por alguna razón que, al parecer, no hizo muy feliz al bachiller Sabuco. En el título XII de la Nueva Filosofía, y sin que venga a cuento en el contexto general de los diálogos de Veronio y Antonio, aquél pregunta a éste si le aconsejaría la boda de su hija con un hombre sensato, pero pobre, o con un “pusilánimo” de “poca habilidad” para las cosas que de veras importan, aunque posee vacas, ganados y riquezas. Y la contestación es que “más quiero hombre que tenga necesidad de dineros, que no dineros que tengan necesidad de hombre”, ya que “pareceme que es mejor casarla con hombre que no con vacas y ovejas... pues no es menor el yerro que el vulgo haze cada dia en los casamientos, no mirando mas de la ha-

El síndico Sabuco pide al corregidor y a los regidores que nombren cuanto antes mayordomo del Alhorí y las Tercias (1564)

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Miguel Sabuco dice que no puede aceptar su nombramiento como repartidor de la moneda forera, y que nombren a otro mas capaz. 8 de julio de 1566

zienda y riqueza, olvidando lo principal que es la perfección de naturaleza en la persona, como se ve cada dia...” Pero, además, concluye melancólicamente que de padres virtuosos pueden nacer los hijos más viciosos y necios, por haber heredado los defectos de la otra mitad de la pareja; y habla del error que supone aceptar como yerno a cualquiera: “buscas y examinas un caballo para padre por tener buenos caballos, y no examinarás al hombre que ha de ser padre de tus nietos y descendientes, para tener buenos nietos y descendientes, hombres hábiles y no bestias”. Será una coincidencia, pero el Ayuntamiento en el que estuvo el síndico Sabuco deliberó a menudo sobre la selección de los “caballos padres” que mandaba comprar por todo el reino para montar las yeguas que criaba el concejo; y el bachiller Sabuco parece haber tenido diferencias con Buedo a causa de la dote excesiva de su hija, aunque después de un pleito hubo arreglo pacífico (lo que no significa que existiera cariño). Se podrá argumentar que es literatura, y que en esos consejos de Antonio a Veronio no hay nada autobiográfico, pero ya que hay quien habla de crítica textual y de un timbre de voz femenino en el texto –timbre que yo no escucho, aunque sí me parece percibir la experiencia vital de alguien entrado en años, y una cierta amargura o decepción con el comportamiento de los hijos, que aflora en varios párrafos– creo que, como mínimo, se puede sostener que el diálogo refleja una preocupación íntima del autor, cuando no sus vivencias personales recientes. Y aunque el libro procura no darnos muchos datos –hasta camufla el nombre de algunos personajes que debieron ser próximos, como la Ludovica de la página 13, y el vecino Revulgo de la 283– sí se le escapa alguno, que a mi modo de ver es muy revelador. En uno de los diálogos de la Vera Medicina (pág. 282-83), ese protoarbitrista autodidacta que es el pastor Antonio, respondía al doctor, que le acusaba de opinar de estos temas como hacía Asclepiades, sin haber estudiado medicina, diciendo que, al contrario del

orador bitinio, que se metió a sanar “por su propia ganancia e interese”, “en mi vida gané vna blanca a esse oficio, ni pienso ganarla”. Él lo hace solamente por causas filantrópicas y en servicio del rey, pues “muchos años ha que concebí vn desseo de mejorar el mundo viendo quan perdido esta y quantas faltas y yerros ay en el, por seruir a cuyo es el gran Felipe, rey y señor nuestro a quien todos deuemos esta deuda general y natural....” Una excusa perfecta, que a mi modo de ver no es tanto la de Antonio como la de Miguel, un boticario que nunca ha sido médico, pero ha conversado durante “muchos años” – seguramente más de los que tiene Oliva– con Velázquez y Heredia, y con muchos enfermos, a los que acaso ha tratado de curar, por lo que necesita guardarse las espaldas. Ejercer como tal sin poseer el título era delito grave, y en el mismo Alcaraz, ya desde los comienzos del siglo XVI, encontramos diversas ordenanzas, sentencias y pragmáticas, que imponen el destierro y la confiscación a quienes lo intentaran. Y los más sospechosos de intrusismo, entonces como hoy, eran los boticarios, sobre los que, además, se aumenta la inspección por esas mismas fechas para evitar que suplan la carencia de médicos o administren remedios sin receta, y sin el visto bueno de sendos regidores, a los pobres que deben recibirlos a costa del concejo. A mediados de 1580 se propone en cabildo contratar a otro médico, pues, tras morir Heredia, sólo queda el doctor Velázquez en la plaza, pero un regidor“dixo que contradize el enviar por medico, atento que el que ay es bastante, y que el lugar esta sano”; y seis dias despues “Graviel de Moscoso dixo que el no es de pareçer que se trayga mas medico... porque el dotor Zamora juez condeno al regimiento desta ciudad en el salario que se le dio a otro medico...” En septiembre de 1581 “se acordo que se les notifique a los boticarios que uvieren de dar medizinas a los pobres del ospital por esta çiudad en virtud de la liçençia de Su Magestad, no las den si no fueren firmadas de vno de los

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Puerta del Alhorí de Alcaraz, del siglo XVI

señores Alonso de Busto y Pedro de Montiel, los quales vean el pobre que se debe curar de limosna ansi en el espital como fuera del... ...so pena que no se les pagara; y a los medicos y zirujanos se les avise que no reçeten para otros...” Restricciones de gasto que no impiden en esos mismos años quiebras escandalosas del Alhorí Mayor y del “Pan de los Pobres”, y negocios oscuros de algunos regidores, caballeros de sierra responsables de la tala de montes, mayordomos, que darán con sus huesos en la cárcel en alguna ocasión, pero no se corrigen. Los excesos tendrán consecuencias terribles cuando el hambre y las plagas de langosta se acumulan con las enfermedades, como ocurre en 1585: en mayo de este año se habilita un espacio para nuevo hospital y se compran más camas “por quanto en el espital ay muchos pobres enfermos y en esta çiudad ay otros muchos que por no tener camas ni recavdo conviniente no se van a curar y se mueren en sus casas”, y se acuerda aumentar la limosna en comida que se daba a los pobres: “se acordo que se den de limosna a los pobres bergonçantes desta çiudad cada vn dia quinientas libras de pan y dozientas libras otras para los que vienen a comer al espital general y al otro espital antiguo y a los pobres de la carzel, porque los que comen en el espital general suelen ser quatroçientos pobres y mas de ordinario, y se den para carnero a los enfermos y macho a los sanos e

caveza, y para los pobres del espital de abajo se den dos reales para que se conpren lo nezesario, y se den diez reales para carne al espital general...” Pero en junio es preciso incrementar también el presupuesto de los dos hospitales “ porque con lo que asta agora se a dado no alcança para remediar todos los pobres que ay... y que pan se les de lo que fuere menester, atento que vnos salen y otros entran y se mueren... y que esto se gaste por orden y zedulas del señor don Alonso de Guzman, al qual se le encarga que tenga cuidado de los pobres que ouiere forasteros enfermos que vayan sanando que se vayan enbiando fuera, y los que ouiere de mal contaxioso el dicho señor comisario los aga enbiar al espital de Santiago de Toledo; y que todo el gasto vaya por çedulas del señor don Alonso como todo lo demas de la limosna”. A finales de mes incluso se decide dar salario a un barbero que atienda las urgencias, pues “los onbres enfermos son muchos y muy neçesitados”, pero el regidor Aguado contradice no ya sólo este sueldo, sino el que se pagaba a los dos médicos entonces contratados, aunque en julio “los dichos señores acordaron que atento que en esta çiudad ay muchos enfermos en cantidad de mas de seteçientas personas y muy agravados, y el dotor Coca y el dotor Velazquez medicos desta çiudad estan ansi mismo enfermos y en la cama y de manera que no pueden servir ni exerçitar el dicho ofiçio, que vaya vn caballero regidor desta çiudad a buscar vn medico qual convenga para que cure y bisite los enfermos por quinze dias, y se le de el salario conviniente”. Entre tanto, se ordena que sean expulsados“todos los pobres mendigantes forasteros que estan en esta çiudad”, y que deje de darse limosna a los más sanos, que pueden conseguirla pidiendo por las calles. Aunque tampoco hay demostración posible, supongo que Sabuco, el puritano, crítico de los ricos y los médicos, no se estaría quieto en tales circunstancias, y que probablemente aprendería mucho de medicina práctica, o vería, cuando menos, numerosos enfermos, a los que no podría recetar medicinas, pero sí aconsejar, tomado precauciones para que no pudieran acusarle de intruso.

El Alcaraz moderno. En la cima del cerro, el alcázar y el solar de la ciudad antigua, hoy despoblada

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DOSSIER: EL ENIGMA SABUCO

Las torres y la plaza vistas desde el lugar donde estuvo la Plaza de Arriba y los “barrios altos”

En estas circunstancia cobra más interés el párrafo siguiente al que hemos citado de Vera Medicina. Platicando del hambre y de la decadencia demográfica de su localidad, dice Antonio al doctor: “...mira por las calles las casas que ay caydas, que alla en mi barrio ay siete u ocho y otras inhabitadas: y por toda la ciudad para mientes y vereys que ay mas de dozientas casas caydas que no se tornan a edificar, como bien os acordays vos que veynte años atrás no auia vna casa cayda, y si se caia luego tornaua en pie [...] pues que los mercaderes tratantes y todos los que venden han subido los precios de todas las cosas al doblo con su desuergonçada codiçia, y esto causa la gran caristia, y esta caristia causa la pobreza, y desta pobreza nace essotra falta de la gente...” Aquí no cabe duda de que habla de Alcaraz, pues repite las quejas habituales en esos mismos años sobre la decadencia y abandono de los barrios más altos, donde no llega el agua, como el de la parroquia de San Pedro, donde vive Sabuco, y el empobrecimiento de la gente común. Quejas que en este caso acusan claramente a los desvergonzados negociantes; pero además contienen dos pequeños detalles que hacen casi imposible que su autora sea Oliva: uno, la referencia a lo que sucedía veinte años atrás, cuando ella tenía sólo cinco (quizá menos, pues es de suponer que el libro se escribiera algunos años antes de publicarlo); el otro, el varapalo contra los mercaderes y tratantes, de los que el arquetipo en Alcaraz será Acacio de Buedo. Sería inconcebible que una esposa del siglo XVI –y casi del XXI– hiciera semejante crítica al estamento en que ella y su esposo se encuadraban. En cambio, un suegro airado... Si me es permitido lanzar mi propia hipótesis, y el profesor González no me envía por ello a las mazmorras pobladas de “mastuerzos”, “machistas” y “fascistas”, pienso que los problemas, nada extraños entre suegros y yernos, comenzaran quizá por la exigencia de una dote excesiva, que sabemos fue objeto de un acuerdo después del matrimonio; pudieran aumentar por la falta de encaje entre dos concepciones tan distintas del mundo, y estallaran al fin con la en24

trada de Acacio en el negocio de la publicación, que el viejo bachiller y el yerno emprendedor querrían manejar con criterios distintos. La discrepancia pudo provocar la ruptura de Miguel y su hija, sumisa a su marido como tantas mujeres del siglo XVI (no se me tachará de machista si digo que en todos los papeles Oliva ocupa el plano nada protagonista que le impone la ley, imagen que por cierto, dista de la que ofrece como autora del libro). Sin embargo, después del testamento, que revoca cualquier otro anterior y avisa de que existe información abierta ante notario –la de Villarreal, que nunca apareció, lo que no significa que no hubiera existido– el matrimonio corre a decir al notario que el padre es el autor, y renuncia al honor y a todos los derechos. ¿Por qué? No lo sabemos, pero cabe pensar si en el aviso no habría una advertencia de que había argumentos mucho más contundentes que el de la maldición. Y si, a pesar de todo, el bachiller, indignado con ella, no sacó a relucir la información, denunciando a su hija e impidiendo la difusión de la obra; incluso si no pudo prohibir la impresión con el nombre de Oliva, lo que prácticamente equivaldría a condenar la obra a no ser reeditada. Tendrían que pasar casi cuarenta años hasta que, fallecidos los dos protagonistas, el portugués Fructuoso Lourenço, que entre tanto pudiera haber comprado los derechos al marido o hermano de la supuesta autora –o tal vez a los dos– pudiera reeditarla, ahora en Portugal, vindicando su nombre frente a unas calumnias que no se especifican, pidiendo protección al barón de Albito, y sin el privilegio que constaba en las dos ediciones anteriores. Claro está que nos quedan numerosas preguntas: ¿Por qué se puso el libro a nombre de una hija todavía veinteañera? ¿Quizá para dejar más patente, si cabe, que el autor no era médico ni pretendía serlo, ni ejercer como tal? ¿O porque su marido avaló la edición con 200 ducados? ¿Por qué y quién recogió la segunda edición? ¿El boticario Alonso, que ha comprado a su padre el privilegio, o más bien la justicia, a petición del propio bachiller, enojado con su hija? ¿Y qué pinta en la historia Fructuoso Lourenço, un portugués de Braga que muy difícilmente pudo haber conocido a Oliva ni a su padre, pero crea la polémica defendiendo a la autora? ¿Quién le cedió o vendió los derechos de autor y de editor, y quién le habló de Oliva y de aquellas “calumnias” que habían motivado la anterior recogida? ¿Por qué tuvo que hacer una impresión “cobarde” y acogerse al amparo de un miembro del Consejo? Y su clara defensa de la difunta Oliva, ¿no sería más bien la de una inversión en los derechos de edición de una obra que ahora se publica sin tener privilegio? Carezco de respuestas, pero creo con Ockham que a menudo la explicación más simple y menos rebuscada es la más adecuada, y que no es de recibo presumir la existencia de más causas o hechos que los que imprescindibles. Y a mi juicio cualquier otra razón parece más probable que la del Santo Oficio, que existe, por supuesto, y resulta temible, pero aparece poco y suele dejar huella cuando se fija en alguien; y cuya intervención ni está documentada ni resulta siquiera necesaria para entender el caso.

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Por otra parte, creo que Sabuco no sólo no parece un hereje, sino que es un “beato”, que se pasa la vida apadrinando bautizos de neófitos, es cofrade de Cortes y de la Vera Cruz, aparece rodeado de clérigos al hacer testamento, encarga por su alma y las de sus mayores 150 misas en su propia parroquia y en los tres conventos de Alcaraz, y una invitación a los curas y frailes franciscanos, ordena comprar bulas hasta después de muerto, y tiene una hipoteca del cabildo de los beneficiados, que no hubiera invertido en ningún “sospechoso”. Y aunque se demostrara –que no parece el caso– un origen converso, o que la Inquisición le hubiera molestado, habría que probar la relación entre esto y el lío familiar, y explicar por qué el libro se sigue publicando si verdaderamente tiene algo de herético. En aquel Alcaraz del Siglo XVI, arruinado y hambriento, repleto de tensiones sociales y económicas de diferentes tipos, incluso de “milagros” como el acontecido en octubre de 1586; en aquel Alcaraz donde los edificios se caen a pedazos mientras la corrupción desborda cualquier límite, y donde se decía en este mismo año que en la última década “esta çiudad se a despoblado y cada dia se va despoblando porque de dos mill y quinientos vezinos que avia en la dicha çiudad y sus arrabales no an quedado mas de mill y trezientos, y estos tan nezesitados que por vista de ojos se ha visto morir de hanbre y se sabe que no ay posibilidad en los que eran mas ricos para socorrer nezesidades tan estremas...,” no faltan argumentos para escribir “películas”, pero la “dictadura de las fuentes” de que a veces se queja el maestro Val-

tuvo o pudo haber tenido tanto en la medicina como el pensamiento filosófico –y en el arbitrismo– del siglo XVII. DE MACHISMOS, FRANQUISMOS Y OTRAS ZARANDAJAS Yo no creo que la Historia se haga exclusivamente desde los documentos, como en tiempos querían Langlois y Seignobos, pero sin documentos es difícil hacerla, y todavía más contra los documentos. Las elucubraciones del profesor González, sin ser forzosamente absurdas o imposibles en su totalidad, son indocumentadas y antidocumentales. Sólo sirven de adorno y justificación a su tesis central: que la autora es Oliva, que miente el Bachiller y toda su familia –incluida la hija– y mienten Marco Hidalgo, que además falsifica y roba documentos, y todos los autores que de entonces acá dan valor a los datos que aquel autor publica, porque son tan machistas como él; y de postre, fascistas, puesto que en el franquismo se persiguió a la pobre doña Oliva Sabuco promoviendo libelos contra ella e incluso suprimiendo su nombre en los ficheros de nuestra Biblioteca Nacional. Imagino que yo también debo de serlo, porque no me convence con tales argumentos, y aunque no sé si esto me llevará a incluirme en la nómina de los “neoinquisidores que tratarán de usar esos papeles contra ella”, mi idea es que si Oliva y su marido dicen en un papel firmado ante notario que no ha sido la autora, confirmando lo que antes ya decía su padre, y coinciden en ello su hermana y su cuñado, hablando todos ellos delante de testigos, hay que ser retorcido, y estar desocupado, para leer otra cosa, arguyendo que “a veces, las palabras expresan lo contrario de lo que se piensa”. Semejante lectura, aunque se haga para favorecer la causa femenina y se arrope con citas procedentes de las nuevas tendencias de la “Historia de Género”, no es ni “Historia” ni “Género”; es del “género tonto”, que decía mi abuela. Y no creo que en esto tengan mucho que ver el sexo ni el franquismo, al que cabe acusar de muchos crímenes, pero no de haber sido perseguidor de Oliva; sobre todo, porque era tan poco conocida entre aquellos señores de la camisa azul como entre don Ricardo y esos colegas suyos a los que dice haber consultado al respecto, de los que sólo uno conocía su nombre todavía a finales del año 2004. Por cierto, una noticia que ofrezco a don Ricardo para una segunda edición de su libro: desde 1939 hasta después de la muerte de Franco pervivió en Albacete una calle llamada de Oliva Sabuco de Nantes, quizá porque el franquismo no se hubiera enterado de que fue una mujer, o porque la tuviera por una de las suyas, ya que sí se cambiaron o pusieron de nuevo los de otras setenta, incluidas las dos travesías de aquélla y una paralela. Y otra más, de propina: sé de muy buena tinta que en el 73, antes de que muriera don Luis Carrero Blanco, mientras la Biblioteca Nacional suprimía su nombre en los ficheros cumpliendo la consigna del machismo franquista, se creó en Albacete, que no en el extranjero, ni por parte de ningún exiliado, un premio dedicado a la investigación con el curioso nombre de Oliva Sabuco, que no Miguel 25

El solar donde estuvo el Alcaraz antiguo, visto desde la plaza del S. XVI

deón, debe poner fronteras a la imaginación, que ha de ser usada con prudencia exquisita, para que no derive en simple fantasía, como dice Le Goff. A mi modo de ver, hay motivos bastantes para creer que el libro lo escribió el bachiller, y que probablemente él mismo recogió la segunda edición, hecha sin su permiso, y evitó mientras pudo que hubiera una tercera; pero eso no quita para que pueda haber otros puntos de vista igualmente legítimos. En cualquier caso, nada justifica un debate con soberbias e insultos al gonzálico modo, y más cuando, a mi juicio, lo importante es la obra y el impacto que

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Personaje de la época del Bachiller Sabuco. Retrato de Tiziano

Sabuco. Y, mire usted por dónde, quien lo patrocinaba era ni más ni menos que la Delegación Provincial de Cultura del aún imperante Movimiento, entonces dirigida por la persona menos feminista del mundo. Si viviera, es posible, aunque puede que no demasiado probable –¿qué tal mi ambigüedad?– que se uniera al vibrante llamamiento con el que don Ricardo termina su volumen animando a la “ciudadanía” a acudir a su puesto en ese “ejército de la democracia” que, hasta el “triunfo de Oliva”, combate en una antigua y “encarnizada” “guerra” contra el “terrorismo”, los “neoinquisidores”, las “hordas de misóginos” y la conspiración machónico–franquista (de la última expresión soy responsable yo, no el profesor González, aunque puedo cederle los derechos de autor). No sé yo qué ni cuántas mujeres autorizan al profesor González para hablar en su nombre o hacer de paladín de

damas desvalidas, pero como demócrata histórico y genético, yo no le doy mi venia para hacerlo en el mío. La democracia es un asunto muy serio como para dejar que un iluminado, que ni por su talante ni por su ejecutoria demuestra autoridad en tan honroso campo, se atreva a proclamarse adalid de la misma, y menos todavía a conceder patentes y decir quién merece o no merece el título. Y en cuanto al feminismo, sin entrar ni salir en su terreno, ni descubrir América, porque ya he oído a algunas luchadoras de bien ganada fama pronunciarse en la misma dirección, quisiera recordar que no todo el que apoya una causa tan justa –sobre todo, si empuja, en lugar de apoyar– lo hace por las razones que aparenta tener. A mí, que estoy también por la plena igualdad de las mujeres –a las cuales prefiero tener por compañeras, y no por protegidas o menores de edad– me parece, además, que algunos argumentos y algunos defensores, lejos de prestigiarla, convierten en ridícula la causa más sensata. Y esto es todo lo que hoy, y en los próximos años, Dios mediante, voy a opinar acerca del “Enigma Sabuco”, que me interesa poco (porque nunca fue cosa que me inquietara mucho, y porque creo que ahora está bastante claro, paradójicamente gracias a don Ricardo), o el “Enigma González”, que a mi juicio resulta harto más enigmático, pero no me parece más digno de atención. Si hoy escribo es tan sólo para que nadie pueda creer que mi silencio equivale a otorgar, pero no estoy dispuesto a dedicar al tema ni un minuto más. No me busque polémica, que no la va a encontrar, porque no tengo nada que ganar en darle propaganda, ni él nada que perder, excepto el tiempo, que al parecer le sobra.

Aurelio Pretel Marín Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”

PD. Escrito ya este artículo, leo en su página Web y en el modesto tríptico que publicita el libro, titulado “¡El Quijote de Verdad!”, la curiosa visión del profesor González sobre su propia obra y su figura como investigador. Cabalgando una moto que es de suponer será su Rocinante –aunque a mí me parece más bien un Clavileño– y ante una lontananza de molinos de viento muy “ad hoc”, el autor se presenta: “el Caballero de la Mancha, desfacedor de agravios y sinrazones, para restituir el honor de la dama ultrajada y la propiedad moral sobre su honra, va entablando sucesivos combates con personajes delirantes e hilarantes como el caballeros del Pilar, el señor Registrador, Rodríguez el Listo y su fiel escudero Henares. Ajustando cuentas con todos y cada uno de los bellacos que le salen al paso... La realidad no es lo que aparenta ser: los doctores y catedráticos son mastuerzos, las instituciones culturales son molinos que trituran y exterminan la cultura de producción femenina, los rebaños de ilustres prohombres son ejércitos de siniestros misóginos. Pero todo esto sólo es el principio”. No pongo una palabra de mi propia cosecha, y no sigo copiando por la vergüenza ajena que causa repetir los piropos insólitos con que inciensa su obra y su sagacidad para desentrañar“el mayor fraude cometido en la Historia de la Filosofía Universal”. No sé si esos piropos y ese autorretrato dicen mucho del tema que le ocupa, pero dicen bastante del autor. Y como consecuencia, he de rectificar lo que dije al principio: parece que este hombre tiene serios problemas, y no sólo de método. Y lo más preocupante es que, además, parecen contagiosos, como muestra el aval que a su tesis y estilo prestan historiadores tan experimentados y solventes como García Cerdán y Sánchez Sahorí, quienes, es de creer que tras profundo estudio del problema en cuestión, despachan en dos párrafos, que el profesor González se apresura a citar modestamente en su propia alabanza, a quienes se atrevieron a escribir antes que él, tildándolos de vacuos, chapuceros, alevosos, pacatos, impostores, infatuados, misóginos, carentes de nivel, e “investigadores”, con comillas irónicas, que serían ofensivas si vinieran de un Sánchez Albornoz, pero hacen menos daño cuando vienen de ellos. Con semejante apoyo, y con el nuevo método intuitivo-kuhniano-quijotesco-forofo que al parecer propugnan González y su escuela, nuestra historiografía alcanzará bien pronto cotas que ni siquiera me atrevo a imaginar.

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TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: HISTORIA DE LA IGLESIA

Sobre las Parroquias de la tierra de Alcaraz a finales de la Edad Media
sección Universidades del AHN alberga un valioso informe que describe con cierto detalle la estructura beneficial, las rentas y los nombres de cada clérigo que oficia en las parroquias del arciprestazgo. De tal documentación procede buena parte de los datos que aquí aporto referidos a las parroquias del sur de la actual provincia de Albacete.1 Para que mejor se comprenda la descripción de tal panorama, conviene que aclare algunos términos relativos al ámbito eclesiástico de la época. En primer lugar, las iglesias que a continuación se describen pertenecen al arciprestazgo de Alcaraz, demarcación que abarca una gran parte del arcedianazgo de Alcaraz. El obispado de Toledo se dividió en varias circunscripciones de gran tamaño denominadas arcedianazgos, y éstos a su vez se vertebraron a través de áreas de menor entidad llamadas arciprestazgos. El arcedianazgo de Alcaraz fue el único de toda la diócesis compuesto por un solo arciprestazgo, aunque ambas jurisdicciones no coincidieron en su área geográfica, toda vez que el arciprestazgo no afectaba a las tierras occidentales del campo de Montiel, que estaban incluidas en el arcedianazgo de Alcaraz pero no sometidas al arcipreste de esta ciudad, sino a la Orden de Santiago. Por otra parte, en cada parroquia ejerce su oficio un cura, párroco o rector, investido con órdenes mayores y cura de almas, y cuya retribución se denomina beneficio curado. Cuando las circunstancias demográficas y sobre todo las económicas lo permiten, este cura se ve auxiliado en sus funciones por otros clérigos asignados a la parroquia, que perciben a su vez una beneficio simple (o beneficio servidero), que casi siempre tiene la misma cuantía material que el curado, pese a la inferioridad de rango eclesiástico del beneficiado simple con respecto al cura. Estas rentas o beneficios se obtienen de una parte del diezmo (en concreto de un tercio de lo diezmado), que aportan todos los parroquianos que carecen de exenciones tributarias. Sin embargo, los obispos o cabildos catedralicios muchas veces quitan de ese montante de sueldos una parte sólo para gratificar a otros clérigos de su confianza, que muchas veces son los propios miembros del cabildo y que no ofician en la parroquia: sólo se llevan renta generada por los fieles. Esta porción de la renta eclesiástica descontada a los servidores se denomina préstamo. Así en las parroquias de

El sistema feudal que caracterizó la vida europea hasta hace un par de siglos no puede concebirse sin el concurso, presencia y protagonismo activos de la Iglesia, auténtica constructora de ideología y hasta muy recientemente principal agente configurador de conciencias (individuales y colectivas). Para comprender la capacidad de penetración de la institución eclesiástica en la sociedad rural albacetense, sería conveniente acudir a la época en que se lleva a efecto su establecimiento al hilo del proceso reconquistador y repoblador durante la primera mitad del siglo XIII; pero lamentablemente apenas si disponemos de un puñado de noticias explícitas acerca del desarrollo de dicha implantación. Hay que situarse en la coyuntura del paso del siglo XV al XVI para tener una visión más o menos precisa de la estructura y funcionamiento e incluso composición de muchas parroquias de la provincia de Albacete, y más en concreto las pertenecientes al arciprestazgo de Alcaraz. Dicho momento nos ha legado una serie de documentos –custodiados en el Archivo Histórico Nacional (AHN) y en el de la Catedral de Toledo– que nos permiten reconstruir en parte la composición beneficial de las parroquias, su funcionamiento, el cobro del diezmo y las implicaciones sociales del clero comarcal. Entre todas las fuentes conocidas, la

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Parte de esa documentación fue dada a conocer en la obra de Mª Luisa GUADALUPE BERAZA: Diezmos de la sede toledana y rentas de la mesa arzobispal (Siglo XV), Universidad de Salamanca, 1972, p. 14 y ss. La pieza del AHN se encuentra en Universidades, 1192, fols. 70v-76r.

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la tierra de Alcaraz el tercio del diezmo se divide a partes iguales entre los clérigos servidores y los beneficiarios de los préstamos. En el arciprestazgo se detecta además un considerable grado de absentismo entre los eclesiásticos (en torno a un 70%), lo que significa que los titulares se llevan su beneficio y a cambio dejan en su lugar a otros clérigos precariamente asalariados, lo que redunda en una desincentivada atención pastoral. Una vez revisadas algunas cuestiones básicas, pasemos a comprobar cómo fueron las diferentes parroquias del sur de la tierra alcaraceña a finales de la Edad Media, y en concreto en último lugar nos ocuparemos de las iglesias del señorío de las Cinco Villas de los Manrique, compuesto por Villapalacios, Bienservida, Riópar, Cotillas y Villaverde. REOLID La iglesia de Reolid tenía asignados un beneficio curado y medio préstamo. El cura en 1501 es Fernando de Avilés, clérigo instalado en la curia de Roma, que creemos sea el mismo que poco más tarde ostenta el arciprestazgo de Alcaraz, y pariente de Fernando González de Avilés, un importante sacerdote alcaraceño procesado por la Inquisición pocos años atrás. Dada su ausencia, el cura de Reolid será sustituido por Gonzalo Sánchez de Siles, joven clérigo que ese mismo año atendía también la capellanía fundada por el citado González de Avilés en San Ignacio de Alcaraz, y futuro beneficiado en esta misma iglesia. El curato estuvo dotado el citado año con 2.500 maravedíes y 40 fanegas de pan. Por su parte, el medio préstamo obtenido en la iglesia estaba asignado al cura oficiante de la capellanía de San Pedro de la Catedral de Toledo, que mantendrá anexada dicha renta durante toda la Edad Moderna. BOGARRA De Bogarra sólo sabemos que ya en el siglo XV tenía una iglesia con un cura, que en 1501 era Juan Soriano, canónigo de la catedral de Murcia, quien por su condición de capitular no residía en Alcaraz y asalariaba como teniente a un Diego Díaz, procedente de la diócesis de Calahorra (quien acaso sea el Pedro Díaz, destinado en El Bonillo o un pariente suyo, pues ambos son coetáneos y llegan del mismo lejano obispado).
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AYNA La existencia de una parroquia en Ayna en el siglo XV permite suponer que quizá desde el siglo anterior la aldea poseía una población relativamente amplia de cristianos.2 Lo cierto es que en 1501 el beneficio curado que valió 10.000 maravedíes lo disfrutaba Bartolomé Sánchez, que residía en el lugar.3 VIANOS Durante el siglo XV, Vianos es una pequeña iglesia parroquial rural capaz de mantener su propio cura. Sin embargo, a finales de la centuria, es posible que no pueda generar suficientes rentas para mantener el beneficio curado. Entonces en Toledo se decide transferir la feligresía y los diezmos a las parroquias de Alcaraz, dada la proximidad entre las dos poblaciones, sin que la iglesia se clausure. De hecho el servicio en el templo se mantiene con el régimen de una capellanía perpetua, de manera que la antigua parroquia se podrá mantener abierta al público con un clérigo que percibiría unos modestos ingresos en forma de primicias y algunas cantidades que los fieles aportan en cierta ceremonia de besamanos, cuyo contenido desconocemos, pero que acaso se trataría de un desfile de pobladores que aportarían la voluntad como sustento del servidor. Esta situación suponía de hecho una jerarquización feudalizante entre los clérigos de Alcaraz y los de la aldea de Vianos, como sucede con los comendadores con respecto a los servidores de las iglesias santiaguistas. En

PRETEL MARÍN, A.: “Ayna medieval: del hisn andalusí a la villa cristiana”, Privilegio de villazgo de Ayna, I.E.A., Albacete, 2003, p. 30. Quizá sea el clérigo de Santa María de Alcaraz, Bartolomé Sánchez de Orozco, o bien Bartolomé Sánchez Vallejo, teniente de beneficiado de Riópar.

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1501 el que se ha hecho con el cargo de capellán es el bachiller García de Grajal (sin duda mediante autoadjudicación, aprovechando su posición de vicario local), pero en su lugar deja a un sustituto que cobra el pie de altar y un magro salario, mientras que al bachiller apenas si le quedaban 50 fanegas del cereal (en trigo, cebada y centeno) de las primicias, testimonio significativo de la precariedad productiva de la población. PATERNA Paterna, llamada “del Madera”, es un pequeño lugar que ya existe con tal nominación al poco de producirse la conquista cristiana, si bien después parece despoblarse a tenor del silencio de las fuentes, que lo recuperan para el siglo XV. En esta centuria su iglesia tuvo dos beneficios, uno curado y otro servidero. El primero lo ocupa en 1501 Justo (o Yuste) Martínez, vecino de Villarrobledo, pero que por ser canónigo extravagante en la catedral toledana, deja como teniente a un Rodrigo Abad Vizcaíno. El beneficio simple o servidero había sido adjudicado al Hospital de Buitrago (fundado en 1455 por Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana), pero a falta de clérigos en la zona o dadas las dificultades de los gestores del hospital para designar algún servidor en estas tierras tan lejanas a Buitrago, decidieron que el propio Vizcaíno se hiciera cargo del beneficio. Si consideramos que cada una de las rentas beneficiales valieron ese año 4.000 maravedíes y 40 fanegas de cereal, el teniente de cura se consiguió embolsar unos montantes mucho más desahogados de lo previsto en su sueldo. LAS PARROQUIAS EN EL SEÑORÍO MANRIQUEÑO DE LAS CINCO VILLAS Una familia que impulsa las construcciones religiosas en su señorío configurado en la sierra de Alcaraz es la de los Manrique. En 1436 el rey Juan II concede a Rodrigo Manrique, comendador de Segura, las aldeas de Matilla, Cenillas y El Pozo, por su participación dos años atrás en la conquista de Huéscar; y algunas décadas más tarde, en 1471, en medio de las luchas por el trono de Castilla, Pedro Manrique se hace con la fortaleza de Riópar, incorporándola al reducido señorío que se acabará completando con la anexión del lugar de Cotillas. Una vez firmadas las paces y confirmada su autoridad en la comarca, don Pedro lleva a cabo una política de repoblación, reorganización poblacional, transformaciones toponímicas y mejoras eclesiásticas, encaminada a la consolidación del elemento humano y de las rentas generadas por éste. Mientras, los nombres de algunas aldeas se transforman simultáneamente por otros de mayor sonoridad. La aldea de Matilla cambia su nombre por Bienservida, Cenillas por Vi-

llapalacios y El Pozo por Villaverde. Por lo demás, en su pequeño señorío Pedro Manrique fomentará la actividad religiosa mediante la construcción –o reedificación– simultánea de sus iglesias más adecuadas y con mayor cabida de fieles y cuyos rasgos arquitectónicos corresponden al final del siglo XV. VILLAPALACIOS La iglesia de Villapalacios es una construcción cuya factura arquitectónica actual se remonta al siglo XV. Las distintas generaciones de condes de Paredes otorgarán a la iglesia apoyo material, y en este sentido caben destacar las donaciones efectuadas en 1509 por la condesa doña Isabel Fajardo, esposa de Rodrigo Manrique.4 En fecha ignota, pero en la época en que Villapalacios aún se llamaba Cenillas, hubo un cura en su iglesia que fundó una capellanía en la iglesia de San Miguel de Alcaraz, de donde se desprende el escaso apego que muchos clérigos tenían por su centro de destino.5 En 1501 ninguno de los titulares de los beneficios reside en el pueblo, pese a lo cual cada uno de ellos está gratificado con una generosa renta de 7.000 maravedíes y 60 fanegas de cereal. El curato lo posee un mosén Pascual, que tiene cedido el cargo bajo salario a un Juan Franco; mientras el beneficio servidero está concedido a Pedro Fernández de Villegas,6 en cuyo lugar oficia Gutierre de Ávila. El préstamo pertenece a un desconocido Juan de Pastrana. EL POZO (VILLAVERDE) El Pozo, rebautizado en la segunda mitad del siglo XV como Villaverde (o Villaverde de Entrambasaguas) es otra de las poblaciones otorgadas por Juan II en 1436 a Rodrigo Manrique. La iglesia parroquial pudo atender a todas las poblaciones dispersas que se enclavaban en torno a la depresión geográfica que daba nombre a la zona y a la aldea principal. En la documentación diocesana, sólo muy a finales del siglo XV, el término Villaverde reemplaza a lo que hasta entonces se denomina El Pozo. Su iglesia estaba servida por un cura, que en 1501 recibe una renta de 10.000 maravedíes y 80 fanegas de pan. Ignoramos su nombre, aunque sabemos que desde que fuera nombrado tres o cuatro años atrás nunca había residido en la población, por lo que en su lugar servía un presbítero vasco llamado Joanes. COTILLAS Durante su reinado, Pedro I otorgó una merced para poblar el lugar de Cotillas con cien vecinos. Demasiado expuesta a incursiones fronterizas granadinas y a la expansión santiaguista, sin duda hubo interés por parte de los oficiales de Alcaraz y los jerarcas de la Iglesia de Toledo para que en

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CARRIÓN ÍÑIGUEZ, Vicente P.: Los conventos franciscanos en la provincia de Albacete. Siglos XV-XX. Historia y arte, Espigas, Murcia, 2006, p. 135. En 1496 uno de los oficiantes era un tal Pedro de La Plaza (Archivo Municipal de Alcaraz: leg. 42, Acta Capitular de 22-noviembre-1496). 6 Se trata del insigne humanista burgalés Pedro Fernández de Villegas (1453-1536), arcediano de Burgos, abad de la colegiata de Cervatos (1490), escritor y traductor de La Divina Comedia de Dante (1516). Fue enterrado en la Catedral de Burgos, en un sepulcro obra de Simón de Colonia.

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Cotillas se mantuviera a toda costa una iglesia atendida con un cura. Aunque tal vez la cifra de moradores no llegara a alcanzarse, este privilegio debió de asegurar una población suficiente para mantener los ingresos decimales del lugar. El párroco que ejercía en 1501 era Gonzalo Ruiz de Rueda, que, contra lo habitual en muchas pequeñas poblaciones de la sierra de Alcaraz, habitaba en la aldea en que servía. Ese año recibe 5.000 maravedíes y 40 fanegas de cereal. LA PUEBLA Y MATILLA (BIENSERVIDA) En 1436 Juan II concede a Rodrigo Manrique la aldea de Matilla (junto con la de Cenillas y El Pozo). Dicho lugar constituye el origen de la actual población de Bienservida, junto a la cual se promovió –quizá antes de la creación del señorío de los Manrique– un intento colonización territorial en el cerro Vico en torno a un nuevo poblamiento, denominado La Puebla, que no llegó a prosperar. Dada su proximidad, La Puebla y Matilla constituyeron una única parroquia, y la iglesia, que suponemos edificada en Matilla, estaba atendida por un cura y tenía asignado medio préstamo. En 1500, varias décadas después de que a Matilla se le haya empezado a nombrar con el insólito topónimo de Bienservida y cuando ésta ya tiene la categoría de villa (así aparece en 1490 en las Actas Capitulares del concejo de Alcaraz), todavía la administración diocesana se obstina en

llamar “La Puebla con Matilla” a la parroquia. Como hemos comprobado ya en los casos de Villaverde y Villapalacios, las fuentes diocesanas siguen consignando la parroquia bajo la antigua toponimia. Seguramente es un síntoma del desconocimiento y desinterés por parte del arzobispo y sus instituciones auxiliares hacia estas tierras humildes tan alejadas de Toledo. Nos sorprende más aún el arcaísmo toponímico en las fuentes toda vez que Villapalacios, que es nombre nuevo, sí que figura con tal nominación. Sin embargo en la concienzuda revisión hecha en el arzobispado para 1501 ya aparece el nombre real de la población donde hace tiempo La Puebla quizá ya hasta ha desaparecido. Ese año el curato lo posee Fernando Martínez de Los Arcos, canónigo de la catedral de Jaén, quien por no residir nunca en la villa, es sustituido por un Juan Sánchez (que vive en una casa que es propiedad vinculada al curato y por la que no sabemos si tendría que abonar alguna cantidad al titular). La renta alcanza los 12.000 maravedíes y 160 fanegas de pan. El medio préstamo –valorado en la mitad de la renta del curato– se entrega a Alonso Yáñez, que desde 1488 es canónigo de la Catedral de Toledo. RIÓPAR Es más que verosímil que en Riópar existiera iglesia desde el mismo momento de la ocupación castellana. Como en el

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lugar quedó una guarnición cristiana y la población islámica fue exterminada o expulsada, la mezquita aljama sin duda fue adaptada a las necesidades religiosas de los ocupantes. Pero los documentos episcopales se muestran confusos: en un motu proprio de Inocencio III de noviembre de 1213 no se hace ninguna mención a parroquia alguna en Riópar. ¿Aún no se ha construido? ¿No se ha consolidado todavía una incipiente población cristiana? En definitiva, una vez despoblada la plaza de moros, no debió de considerarse prioritaria la atención espiritual de la exigua población del lugar, que acaso compondrían unos cuantos soldados. Hay que llegar a las bulas de febrero de 1217 en las que el papa Honorio III ratifica multitud de concesiones a la iglesia toledana, para encontrar alusión a iglesias en Riópar. Sin embargo, Riópar cayó en una continuada crisis poblacional de la que no parece recuperarse hasta mediados del siglo XV. Las luchas civiles existentes en el reino de Castilla devuelven a la población cierto protagonismo, en especial en los enfrentamientos entre las tropas del marqués de Villena y las de conde de Paredes. La concesión de la villa de Riópar otorgada, en un derroche de generosidad, por parte de los Reyes Católicos a Pedro Manrique llevó seguramente a este caballero a restaurar la iglesia del pueblo, que fue muy dañada en los combates. La iglesia de Riópar está diseñada, como otras del señorío de las Cinco Villas de los Condes de Paredes, con arcosdiafragma, rasgo que ha llevado a varios autores a situar en esta época el inicio de la construcción del templo, aunque no hay que descartar que la fábrica date de algunos años atrás. En todo caso, la semejanza tipológica de las iglesias del citado señorío nos lleva a datarlas en fechas próximas al establecimiento del poder de los Manrique en estos pueblos.7

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Sobre las iglesias de arco-diafragma del señorío de Paredes en la sierra de Alcaraz (Riópar, Cotillas, Villargordo, Villapalacios, Ossa), quizá todas ellas iniciadas en el siglo XV, Vid.: SANTAMARÍA CONDE, A., GARCÍA-SAÚCO BELÉNDEZ, L. G., y SÁNCHEZ FERRER, J.: Arquitectura de la provincia de Albacete, p. 85; SANZ GAMO, Rubí: “La iglesia del “Espíritu Santo” de Riópar”, Al-Basit, 2, Albacete, 1976, pp. 25-29. 8 El cura Tendilla era secretario de don Juan de León, protonotario en la diócesis de Sigüenza y después camarero del cardenal Cisneros. 9 Un Fernán Sánchez de Angulo figura en el Becerro de las Behetrías (1352) como señor de la Torre de Oteo, en la tierra de Traslaloma, y es uno de los petristas que mueren en la Batalla de Nájera (1367).

En el arciprestazgo se detecta además un considerable grado de absentismo entre los eclesiásticos (en torno a un 70%)

A finales del siglo XV, la iglesia ya tenía la advocación del Espíritu Santo. Por entonces poseía una estructura beneficial de un cura y medio préstamo. El curato es uno de los mejor dotados del arcedianazgo, como atestigua la sólida posición económica de Sancho Sánchez de Angulo, quien ejerció de párroco al menos entre 1473 y 1496. Esta estructura se modifica en 1501, en que se añade un beneficio servidero. Cada uno de los beneficiados percibe ese año 13.000 maravedíes, con lo cual podemos percatarnos del volumen de ingresos del cura cuando oficiaba a solas. En 1501 el curato lo ostenta un canónigo de Sigüenza llamado Montealegre, aunque lo ejerce Juan de Vandelvira, un simple clérigo de Alcaraz; mientras que el beneficio servidero fue entregado a otro clérigo de la misma diócesis, Alonso Fernández de Tendilla8, y lo desempeñaba Bartolomé Sánchez Vallejo. Por lo que se observa, parece que el clero seguntino obtuvo en la villa de Riópar algunas gratificaciones por parte de Cisneros. El medio préstamo se transforma en un quinto de préstamo y pertenece al arcediano de Alcaraz, quien atesora otros cuatro préstamos en su arcedianazgo. UN CASO SINGULAR: SANCHO SÁNCHEZ DE ANGULO, UN CURA BURGALÉS EN RIÓPAR El caso del cura de Riópar, Sancho Sánchez de Angulo, resulta ilustrativo de la implicación de ciertos clérigos en las luchas civiles castellanas. Este eclesiástico procedía de un ilustre linaje burgalés y recaló –no sabemos de qué manera– en la población serrana algo después de mediado el siglo XV, mientras un hermano suyo, Martín de Angulo, pasó a morar en La Solana.9 Don Sancho ejerció de cura párroco de Riópar desde 1473 a lo más tardar, esto es, antes de iniciarse los conflictos sucesorios por el trono de Castilla. Riópar era una población ansiada por los Manrique a fin de ampliar su señorío en la comarca y poder vigilar al poderoso concejo vecino de Alcaraz. Por su parte, Juan Pacheco se había hecho con el control de esta ciudad a raíz de su enésima reconciliación con Enrique IV en 1468, y además había instalado como alcaide en Riópar a Juan Alonso de Haro. Tras el infructuoso intento de Pedro Manrique, servidor del bando isabelino, de arrebatar Alcaraz del control de los Pacheco en 1471, tomó por sorpresa las fortalezas de San Vicente de la Vegallera, Cotillas y Riópar, dejando en esta como nuevo alcaide a García de la Mora en sustitución del pachequista Haro. Se abre así un periodo de unos tres años en los que se produce un acercamiento entre el cura y las fuerzas de los Manrique (si es que dicha connivencia no existía desde antes). Poco después Martín de Guzmán es nombrado corre-

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gidor real en Alcaraz por instigación de Juan Pacheco, y será nombrado alcaide ya en 1473. Durante su mandato los alcaraceños intentaron sin éxito tomar las plazas ocupadas por Manrique, hasta que a finales de 1474 Guzmán consigue tomar Riópar instalando como nuevo alcaide en lugar de García de la Mora a Alonso de Montoya, un vecino de Belmonte de la órbita de Pacheco. Pedro Manrique no cejará en su empeño de recuperar la villa. En la coyuntura de la muerte de Enrique IV y de los inicios de la guerra civil se producirá un nuevo enfrentamiento en el lugar con su consiguiente ocupación. Entre todo un aluvión de datos confusos y declaraciones contradictorias, puede deducirse que el origen de la nueva conquista de Riópar se halla en la sublevación de sus habitantes a consecuencia del asesinato de un vecino por hombres de la guarnición dirigida por Montoya, y debido a que el alcaide se negará a entregar a los agresores. Las arbitrariedades de Alonso de Montoya en Riópar caldearon los ánimos de los moradores que acabaron protagonizando una verdadera revuelta, azuzada quizá por el propio cura de la parroquia, quien –afecto, como la mayoría de la población, a don Pedro Manrique– no perderá ocasión de inclinarse por el bando isabelino. La agitación provocó que Alonso de Montoya y sus colaboradores se apresuraran a refugiarse en la torre del castillo. Tras un largo asedio, la iglesia parroquial, única construcción sólida del núcleo, se empleará como eventual fuerte a fin asediar el alcázar, sin duda con la estrecha colaboración del citado párroco. Así éste no tuvo inconveniente en que en los muros del templo se abriera troneras desde las que se pudiese disparar la artillería contra el alcázar, en donde los villenistas acabaron rindiéndose.10 Concluido el asedio, los reyes concedieron Riópar a Pedro Manrique en compensación por su esfuerzo, y el noble destinó una buena suma monetaria para proceder a reconstruir los desperfectos causados por los duros combates y por la artillería, a la que debió de sumarse la restauración del
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templo, gravemente dañado debido al uso militar que se le otorgó en la guerra sucesoria. En consecuencia, con ocasión del final de la guerra en favor del bando de doña Isabel, el cura de Riópar consolidará su posición, lo que aprovecha para tomarse su particular revancha. Durante todo 1477 don Sancho denuncia que durante el periodo en que Alonso de Montoya fue alcaide de Riópar, éste y sus secuaces lo asaltaron y le arrebataron 300.000 maravedíes. Por ello solicita a los Reyes Católicos que secuestren los bienes de Alonso de Montoya. Ante la insistencia del acusador, los Reyes dictan su resolución el día de Nochebuena accediendo a las súplicas del cura; por lo que ordenan a Gonzalo de Ballesteros, alcalde de Alcaraz, y a las justicias de Belmonte –villa en la que habita el acusado– que ejecuten la incautación. La ejecución de la sentencia quizá se demoró algún tiempo, aunque en 1480 ya se había cumplido. Ese año los habitantes de Belmonte amparando a su convecino declararán que Angulo había cobrado la indemnización de manera indebida. Frente a los numerosos casos de clérigos que no se sitúan en ningún partido, o de cuyas tendencias políticas no hay rastro cierto, en Sánchez de Angulo tenemos el ejemplo del cura perfectamente compenetrado con su señor, alineado en un bando político-militar de forma patente y probablemente ac-

Los pormenores de la implicación de Riópar en la guerra de sucesión castellana han sido abordados, entre otras, en las siguientes obras de Aurelio PRETEL MARÍN: “Noticias sobre el castillo de Riópar en la Edad Media”, Al-Basit, 2, Albacete, 1976, pp. 7-24; Una ciudad castellana en los siglos XIV y XV (Alcaraz 13001475), I.E.A., Albacete, 1978, pp. 144-150; “La guerra sucesoria de los Reyes Católicos (1475-1480) y sus repercusiones dentro del marquesado de Villena”, II Congreso de Historia de Albacete, I.E.A., Albacete, 2000, p. 136.

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tiva. Esta lealtad será convenientemente recompensada al acabar la guerra, y el cura aprovechará su posición de vencedor protegido por el nuevo orden para vengarse de sus oponentes.11 Después el cura burgalés siguió viviendo, queremos creer que bien tranquilo, en el pueblo en donde oficiara, acaparando un notable patrimonio y acaso recompensado con alguna gran propiedad en Riópar o las inmediaciones que estuvieran bajo dominio de Manrique.12 En sintonía con el bando vencedor, Sánchez de Angulo siguió colaborando en la depuración de personajes poco gratos al nuevo régimen. De ahí que llegue a cooperar incluso con la Santa Inquisición, como se desprende de ciertos maravedíes que el Santo Oficio le abonara al cura y que al morir éste hacia 1496 pasaron de manera poco ortodoxa a manos de su hermano Martín. Asimismo, mientras vivió Sánchez de Angulo el sistema de beneficios no se alteró, tal vez debido a la protección que le proporcionaban los Manrique y acaso también los propios monarcas, agradecidos por su alineamiento isabelino durante la guerra de sucesión de Castilla. Sancho Sánchez de Angulo fundó una capellanía en Riópar para la que dejó legados 120.000 maravedíes, aunque después Martín de Angulo parece ser que se apropió de buena parte de lo legado y que el albacea de don Sancho –el también
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Para los problemas procesales con Montoya, Vid. Archivo General de Simancas: Registro General del Sello, 1477, diciembre 24. Sevilla (fol. 573); y 1480, abril 20. Toledo (fol. 325). 12 Suponemos que entre sus propiedades se podría incluir una finca, al mediodía de Riópar y próxima a Cotillas, conocida hasta hoy como AUmbría de Angulo@. 13 Archivo de la Real Chancillería de Granada: Caja 2336, n12.

Frente a los numerosos casos de clérigos que no se sitúan en ningún partido, o de cuyas tendencias políticas no hay rastro cierto, en Sánchez de Angulo tenemos el ejemplo del cura perfectamente compenetrado con su señor, alineado en un bando político-militar de forma patente y probablemente activa

clérigo Juan de Busto– hizo gastos indebidos con la hacienda que el cura dejó al morir. Estas y otras irregularidades llevaron al resto de la familia a entablar un pleito que acabó siendo dirimido en la Chancillería de Granada. La capellanía recibía en 1501 de dotación provisional 70 fanegas de trigo, a la espera de la resolución del pleito emprendido en torno a la herencia del párroco y a dicha capellanía, que entre tanto estaba servida por el teniente de beneficiado, Sánchez Vallejo.13 BALANCE Los datos dispersos que hemos traído aquí pretenden completar la panorámica de las funciones de la Iglesia y de sus servidores en los últimos años del medievo en una pequeña comarca albacetense. De ellos podemos extraer algunas conclusiones, como son la existencia de las bajas rentas que en general los eclesiásticos perciben en la zona, o la asignación de beneficios a clérigos foráneos, lo que a su vez propicia la salida de montantes de capital hacia los lugares en que habitan los titulares de los oficios clericales. Asimismo, con la revisión de la figura del cura Angulo podemos apreciar la fuerte implicación de algunos clérigos en las banderías político-militares del siglo XV y su fuerte protagonismo en el devenir de los pueblos en los que ejercen su función religiosa, al mismo tiempo que verificamos la intensa actividad de algunos nobles en el fomento y financiación de las empresas religiosas en los pueblos de sus respectivos señoríos. En el caso de Pedro Manrique en las villas de la sierra de Alcaraz sus reformas sirvieron al linaje señorial para hacer todo un programa de exhibición propagandística, adhesiones de los vasallos y acaso del propio clero local, aspectos fundamentales para mantener sumisa y satisfecha a la población campesina.

Carlos Ayllón Gutiérrez Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”

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“Especies de frutos y medidas de Tierra”.
Diversidad Provincial a partir del Catastro de Ensenada
A comienzos del siglo XVIII, la recién entronizada dinastía borbónica en España, se encontró con un panorama nada alentador: por un lado, un extenso imperio que gobernar; por otro, una mala administración y en el centro de todo ello, una Castilla tan mermada en sus recursos que se podía palpar la pobreza. En la raíz de la mayor parte de estos males se hallaban los impuestos que el pueblo tenía que afrontar, agravado todo ello por una serie de circunstancias como la existencia de varias fiscalidades, -real, señorial, eclesiástica, municipal...- y la falta de equidad en el pago, al estar exentos los estamentos privilegiados de la mayoría de cargas; todo ello hacía que los oprimidos siempre fueran los mismos, el estado llano, sobre los que directa o indirectamente recaían todos los pagos. La reforma de esta situación planeaba en el ambiente y eran muchas las ideas que circulaban para reformar la recaudación de las rentas; sería tras la victoria borbónica en la guerra de Sucesión, cuando se presentaría la ocasión que permitiría imponer una reforma fiscal a Cataluña, Valencia y Aragón, llevada a cabo por José Patiño, a partir de los decretos de Nueva Planta, que introducía por primera vez dos tipos de imposición: uno real, que gravaba las propiedades, y otro personal, que gravaba las actividades lucrativas de las personas. Estas medidas traerían consigo un aumento de la contribución de estos lugares a los gastos de la Corona y sobre todo, implicaría la introducción de una racionalización y simplificación en las rentas reales. Se hacía necesaria, por tanto, una profunda reforma de la fiscalidad en el reino castellano, aún a sabiendas de las difi1

El Marqués de la Ensenada, de M. Salvador Carmona (1734-1820) Publicado en 1797. Fondo Biblioteca Nacional

cultades que ello entrañaba, pues, aunque se venían elevando voces en ese sentido y se contaba con el precedente de Patiño, la mayor dificultad estribaba en la toma de decisión política para iniciar una empresa que se adivinaba costosa, de gran envergadura y de difícil implantación. Sería el protegido de Patiño, Cenón de Somodevillaa y Bengoechea, I Marqués de la Ensenada, quién tomaría la decisión de realizarlo e impulsaría personalmente el proyecto. Sin profundizar mucho en su trayectoria, si comentaremos como, pese a su origen humilde, realizó una fulgurante y meritoria carrera civil en la Marina Española, accediendo prontamente a la Corte, donde trabajó al servicio de los hijos de Isabel Farnesio, los infantes D. Carlos1 (futuro Carlos III), y D. Felipe, en el contexto de las guerras de Italia, debido al empeño de la reina por conseguirles un trono. EL PROYECTO DE REFORMA FISCAL Tras la muerte, en 1737, del ministro de Hacienda, José del Campillo, Ensenada, accederá a la Secretaría de Estado y

El infante D. Carlos, tras acceder al reino de las Dos Sicilias como Carlos VII, le otorga en 1736, a Cenón de Somodevilla, el título napolitano de Marqués de la Ensenada que, con posterioridad y ya como Carlos III de España, convertiría en título de Castilla.

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Firma de Cenón de Somodevilla. Museo Naval ms 5 doc 128

del Despacho Universal de Hacienda, a las que pronto incorporaría Guerra-Marina e Indias. Como responsable de ésta, muy pronto comienza a reunir, comprobar y verificar todo tipo de información tendente a sistematizar el que sería su gran proyecto reformista: el saneamiento de la hacienda Pública,2 una vez comprobado cómo la recaudación distaba mucho de ser todo lo eficiente que debiera al estar arrendada, y, lo que era más gravoso para el pueblo, verificar la existencia de una gran desigualdad en el reparto de los impuestos, agrupados en las llamadas “rentas provinciales,” que a todos afectaban, al estar basadas en los productos básicos. El sistema se podía llegar a complicar tanto que, en el caso de que las contribuciones asignadas a una villa, –los llamados encabezamientos– pudieran verse disminuidos por alguna circunstancia, como podía ocurrir en caso de pérdida de población, ésta optaba por pagar el encabezamiento anterior, más elevado, antes que iniciar un litigio que sería mucho más costoso. Ante esta situación, Ensenada dispuso, de una parte, que la Corona asumiera la administración directa del otro tipo de impuestos que se agrupaban en las llamadas “rentas generales” y por otro lado, concibió el proyecto de catastrar el reino de Castilla, en la convicción de que este cometido era condición indispensable para ultimar su reforma, todo ello realizado con cargo al erario público. Tras numerosas vicisitudes y un largo debate político sobre la conveniencia o no de modificar el sistema establecido para su realización, en 1747, se inicia la elaboración de un Catastro-piloto sobre Guadalajara, dirigido por Bartolomé Sánchez de Valencia,3 quien, con los resultados obtenidos en el mismo y los antecedentes que obraban en su poder sobre el Catastro efectuado por Patiño en Cataluña, elaboraría un proyecto para someterlo a la consideración del monarca, quien, a su vez, lo remitiría en 1748, para su evaluación, a los cinco intendentes del ejército junto con el regente de la Audiencia de Barcelona. Éstos emitieron tres informes, todos

favorables a la idea, pero discordantes entre sí en diversos puntos. El mismo informe también lo remitiría el monarca, para su dictamen, a los responsables de varios Consejos, quienes, a su vez y por separado, emitirían su voto en contra. Así las cosas, a mediados de julio de 1749, Ensenada, consigue del monarca que se vuelva a encomendar a la consideración de los Intendentes del ejército y regente de la Audiencia de Barcelona, para que “… se pronuncien sobre la posible o imposible práctica del Proyecto…” pronunciamiento éste que, como ya ocurriera en 1748, sería favorable a la implantación del mismo, no sin antes realizar una serie de recomendaciones. Fernando VI firmaría, por fin, el Decreto que ordenaba la realización del Catastro en Octubre de 1749, para lo cual se crearía una Real Junta de Única Contribución, dependiente directamente de Fernando VI,4 poniendo, así, en acción la maquinaria que recorrería las Castillas, averiguando los bienes de todos los vasallos, sin excepciones. En sus primeros párrafos, que reproducimos textualmente, viene recogida, en esencia, la reforma pretendida y el porqué de la misma:

“… Bien informado de los perjudiciales que son al común de mis vasallos las Rentas comprendidas bajo el nombre de Provinciales, más por el modo y medios de su recaudación, que por lo substancial de estos tributos; y deseando ejercitar en todo lo posible, a favor de mis vasallos, el amor y cuidado que me merece su conservación y felicidad: Hice examinar este importantísimo asumpto por Ministros y sugetos de practico conocimiento de mis Provincias y Pueblos, de que constan, para que con estas positivas noticias, y las de otras partes en que se haya remediado este daño, expusiesen la

Para una amplia y explícita visión del proceso de gestación del Catastro de Ensenada, ver: Vasallos y Pueblos Castellanos ante una averiguación más allá de lo fiscal. El Catastro de Ensenada (1749-1756) de Concepción Camarero Bullón, Pág. 113-388, en DURAN BOO, I. y CAMARERO BULLÓN, C. 2002. El Catastro de Ensenada, magna averiguación fiscal para alivio de los vasallos y mejor conocimiento de los reinos. 3 Uno de los tres Directores Generales de Rentas y responsable en gran medida de que se ultimasen las averiguaciones del Catastro. 4 Estaría compuesta por miembros de los Consejos junto con los Intendentes. Su secretario sería Bartolomé Sánchez de Valencia y la presidiría el Inquisidor General.

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forma de atender el vasallo, sin olvidarse de la necesidad de acudir a las precisas obligaciones de la Monarquía, para sobstenerla con el debido decoro: Y haviendoseme propuesto bien digeridas controvertidas y aclaradas las reglas, que la prudencia humana ha dictado, con el fin de reducir a una sola contribución las de Millones, Alcavalas, Cientos, Servicio ordinario y sus agregados, contribuyendo cada vasallo a proporción de lo que tiene, con equidad y justicia…he resuelto, que los intendentes, que separadamente nombrare, pongan en práctica la Instrucción que se insertará a continuación de este Decreto…” Dicha Instrucción, compuesta de 41 artículos, desarrolla, pormenorizadamente, la forma de proceder para obtener los datos necesarios, y se inicia con una visita a la población correspondiente, por parte del Intendente Provincial o persona en quien éste delegue, como recoge el Decreto, en los siguientes términos: “… advirtiendo con anticipación a las Justicias de su ida a él, para que no se ausenten y estén promptos con las personas ancianas y de conocimiento de la Población y su Término, para dar los informes que les pidiere… convocará al Cura, por medio de un recado cortesano para autorizar el acto como persona imparcial… hará comparecer el Alcalde o Alcaldes, en caso de haverle de el Estado Noble; uno o dos Regidores y el escrivano de Ayuntamiento y les prevendrá elijan dos, tres, o más sujetos, según la extensión del Término y Pueblo, de los de mejor opinión e inteligentes, tanto en las calidades y cantidades de tierra que hay en el Término, sus frutos y cultura, como en el número de Personas del pueblo, sus Artes, Comercio, Grangerias, Ocupaciones y Utilidades de cada uno: y estando todos juntos, con otros dos sujetos de iguales circunstancias, que el intendente havrá

dispuesto (si lo hallase por conveniente) vengan de los lugares inmediatos, les recibirá a todos, a excepción del Cura, Juramento de decir verdad a lo que les fuere preguntado, al tenor del Interrogatorio señalado… El Interrogatorio deberá llevarse impreso y las respuestas que dieren, se pondrán en papel separado, siguiendo el mismo orden de los números de las preguntas…” El resultado a este Interrogatorio de 40 preguntas, al que respondieron las 22 provincias que a mediados del siglo XVIII conformaban la corona de Castilla, es lo que conocemos como “Respuestas Generales” realizadas entre 1750 y 1756, al tener que repetirse todas las relativas a Murcia, –excepto Caudete– Se pretendía obtener información precisa sobre diversos aspectos de cada población: su extensión y límites, tipos y calidades de las tierras, clases de árboles y frutos, número de vecinos y sus bienes, riqueza, impuestos, rentas y un largo etcétera, que proporcionaría a la administración un profundo conocimiento del territorio, del que en esos momentos carecía. Uno de los aspectos contenidos en las Respuestas Generales, que no descuidó Ensenada, es el referido a la petición de datos cartográficos, con los que ir profundizando en el conocimiento de la estructura territorial del reino y paliar, en la medida de lo posible, la falta de cartografía sobre éste, como queda reflejado en un informe que dirige al rey:5 “… No hay cartas puntuales del Reyno y de sus provincias; no hay quien las sepa grabar, ni tenemos otras que las imperfectas que vienen de Francia y Holanda…” La precaria situación a este respecto y los intentos fallidos de traer un Cartógrafo de Francia, -a lo que se opuso el monarca francés- precipitó que Ensenada enviara a París, como becario durante nueve años (1752-1760), a Tomás López, junto a Juan de la Cruz, a propuesta de los marinos Jorge Juan y Antonio Ulloa, “… para estudiar geografía y levantar el mapa de España…” A su regreso, pondría en práctica lo aprendido junto a su maestro D´anville, utilizando la técnica de trabajo en gabinete, pues no consta que realizara jamás ningún levantamiento de campo. Esta consistía en insertar las informaciones gráficas de distintas comarcas colindantes –a veces, realizadas a diferente escala– en un plano general, lo que explicaría la inexactitud de sus mapas. LOS DOCUMENTOS QUE COMPONEN EL CATASTRO Y SU CONTENIDO Volviendo al procedimiento seguido en la realización del Catastro, mientras una parte del personal que formaba parte de la Audiencia, obtenía las respuestas al interrogatorio, el resto se ocupaba de reunir los Memoriales o relaciones individuales de los bienes de los vecinos, como se pedía en la Instrucción:

Mapa General de España y Portugal con la división provincial del momento (1782) por D. Tomás López. Biblioteca Nacional

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Fragmento de un Informe dirigido al Rey Fernando VI, (1748) cit. Por Rodríguez Villa, Pág. 162. tomado de: Ministerio de Cultura. Portal de Archivos Españoles. Catastro de Ensenada/División territorial y Catastro/Provincias Antiguas.

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Cuaderno del personal secular y vecindario del Bonillo A.H.P.

“… Al propio tiempo que se dará principio a la operación, se hará publicar y fixar un Vando o Edicto, mandando, que dentro del Término que pareciere competente, a todos los vecinos, Cabezas de Casa, estantes y habitantes, de cualquier estado, calidad y condición que sean, presenten una Relación firmada (y si no supiesen, de un testigo) en la que se ponga su Nombre y Apellido, si es Cavallero, Hidalgo, Ministro, Abogado, Escribano, Procurador, Mercader de por mayor, o por menor, Artista o Jornalero, ú de cualquier otro Arte ú Oficio que ejerza, número de Personas de que se compone su familia, de uno, y otro sexo, sean Hijos, Hermanos, Criados, Oficiales ó Aprendices, y sus edades: Que bienes raíces tienen en el Término… Practicadas estas diligencias, se formará un Libro donde se sentaran Partida por Partida todas las Piezas de Tierra, Casas, Molinos, y demás edificios…En otro Libro deberán sentarse todas las Cabezas de Casa, explicando su Nombre y Apellido, si es Casado o Viudo; número de Hijos que hayan entrado en los 18 años, quantos de menor edad; quantas Hijas, quantos Hermanos, Oficiales, Aprendices o Criados… …Iguales libros se formaran, con la propia distinción, de todo lo que perteneciese y corresponda al Estado Eclesiástico, Secular y Regular y Comendadores de las Ordenes…Con los mencionados documentos recogidos, se procederá a verificar el producto reducido a dinero y la clase a que corresponde de las tierras del Término…” Los datos así recogidos en los Memoriales, sobre bienes, derechos, rentas y cargas, de cada vecino, se pasarían al libro de lo Real, conocido también con otros nombres: Maestro, de lo Raíz, de Hacienda, de Bienes, separando a seglares de eclesiásticos. Del mismo modo, toda la información demográfica obtenida quedaría reflejada en el libro de los Cabezas de Casa, llamado también: de lo Personal, o incluso, Vecin6

dario, al incluir, éste, una relación de cada vecino cabeza de casa, recogiendo su estado civil, edad, profesión, estamento al que pertenece y demás extremos mencionados en la Instrucción, separando también aquí a seglares de eclesiásticos. Una vez realizada esta operación, continúa: “…Concluidos estos libros, se hará juntar el Ayuntamiento en paraje público, donde puedan concurrir los Vecinos que quisieren y volviendo a hacer notorio el Vando que se publicó, se leerán del primero solamente en alta voz todas las partidas, para que cada uno alegue lo que se le ofreciere, si tiene algún agravio, o si sabe que alguno tenga ocultado parte de sus haciendas u otros haberes…Concluido de esta conformidad el todo de la Provincia, deberá el Intendente formar los Estados, o Mapas…” Estos Estados o Mapas, no son sino resúmenes cuantitativos de los datos del pueblo, como indica Camarero Bullón,6 recogidos en distintos libros encabezados por una letra; de ellos, el Estado D agrupaba el número de medidas de tierra existentes en el término, que dada la diversidad de éstas y para unificar criterios, las medidas de superficie se piden en varas castellanas. El Estado E, por su parte, recoge el valor de los restantes bienes, como molinos harineros o de otro tipo, casas, corrales, hornos de diversas clases, tejeras, calderas de aguardiente, etc. El Estado F recogía el beneficio producido en el ejercicio de la actividad profesional. El Estado G incluía a todos los varones de entre 18 y 60 años, pertenecientes al Estado General, y, por último, el Estado H que agrupaba el número de cabezas de ganado de las distintas especies y las

Motilleja. Original. Respuestas Generales. A.H.P.Albacete

CAMARERO BULLÓN, C. “La nota de valor de las clases de tierra y los estados locales del Catastro de Ensenada” CT Catastro nº 51, pp. 120-130. y CAMARERO BULLÓN, C. cit en n. 2, pp.146-149.

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taciones; y qué figura tiene, poniéndola al margen…” esta resulta sumamente simplificada. Un claro ejemplo de ello, es lo que ocurre con el municipio albaceteño de Motilleja, cuyo término viene representado en el margen de la tercera respuesta, tanto en el original de las Respuestas Generales, que conserva el Archivo Histórico Provincial de Albacete, como en la copia existente en el Archivo General de Simancas, que es donde, finalmente, acabaron todas las copias mandadas realizar. Con los trabajos casi finalizados y cuando todo indicaba que, por fin, se llevaría a cabo la beneficiosa reforma, inexplicablemente, ésta no se produjo, quizás debido a una sucesión de acontecimientos muy próximos en el tiempo, como apuntan algunos autores,7 que pudieron motivar su inviabilidad en esos momentos; en cualquier caso, la considerable información recogida quedó bien custodiada, –teniendo que lamentar algunas pérdidas y destrucciones posteriores– y su consulta supone para cualquier interesado, la más amplia, variada y fiable visión del siglo XVIII en Castilla, debido a la minuciosidad y exactitud en la averiguación llevada a cabo sobre vecindad, rentas, propiedades, agricultura, ganadería, artesanía, oficios y comercio de cada lugar.

Motilleja, según copia de Archivo General Simancas

colmenas. Todos los libros –excepto el Estado G,– se hicieron dobles, para legos y eclesiásticos. La Instrucción, concluye: “… A medida de que se concluyen los libros o Registros de todo lo que existiese en cada población y su Término, en la forma que queda expresado, dispondrá el Intendente, que se saque una Copia integra de cada uno; y unos, y otros los guardará, hasta que se le prevenga el destino que se les deberá dar, y lo que se deberá ejecutar…” Las Respuestas Generales se depositaron, en un primer momento, en las Contadurías Principales de cada Capital de Provincia, junto con otros documentos del Catastro, teniendo en cuenta la división provincial de mediados del siglo XVIII, que, para la provincia de Albacete –creada con posterioridad,– supuso la pertenencia de sus actuales municipios a las provincias de Cuenca, La Mancha y Murcia. De estas Respuestas Generales, se manda sacar por cada Contaduría, una copia compulsada, conforme al original. Sin embargo, estas copias “…a la letra…” contienen diferencias palpables con sus originales y cuando aparece una representación gráfica del término, como se ordena en la pregunta tercera de las respuestas: “… qué territorio ocupa el término, cuánto de levante a poniente y del norte al sur, y cuanto de circunferencia, por horas, y leguas, qué linderos o confron-

Olmo de Montaña (Ulmus Glabra) Sierra del Segura. Foto: A. Matea

En cuanto a las poblaciones que en la actualidad conforman la provincia de Albacete, y que en el siglo XVIII formaban parte de las provincias de Murcia, La Mancha y Cuenca, el Archivo Histórico Provincial conserva el grueso de los libros de Respuestas Generales, pertenecientes a 59 poblaciones más un descampado cercano a La Roda, complementados con otros volúmenes (Memoriales, Mapas, de

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Para una visión completa y pormenorizada sobre estas causas, consultar: Camarero Bullón, C. “Informe del Consejo de Hacienda a Carlos III, sobre el Catastro de Ensenada, 1779” CT Catastro, 2004. pp. 67-107.

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lo Real, de Cabezas de Casa, etc.) relativos a algunas poblaciones concretas. Sin embargo, el hecho de la última división territorial y la posterior creación de la provincia de Albacete, con núcleos de población que originariamente formaron parte de estas antiguas provincias, trajo consigo que una parte de estos fondos del Catastro de Ensenada permanezcan custodiados en otros Archivos.8 PLANTACIÓN DE ÁRBOLES Y ESPECIES DE FRUTOS Dentro de las respuestas expresadas por los pueblos a las cuarenta preguntas contenidas en el Interrogatorio, el estudio de algunas de ellas (referentes a montes, árboles, frutos y medidas de superficie) evidencian la gran diversidad provincial que sobre estos aspectos concurría en tiempos de la realización del Catastro, en claro contraste con las transformaciones sufridas en el paisaje actual. Así, de lo que debió de ser una gran masa de tierras montuosas, incultas, poco rotu-

Serbal de los Cazadores (Sorbus Aucuparia) Sierra del Segura. Foto: A. Matea
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radas, en las que predominaba el arbolado en sus distintas especies autóctonas, que en multitud de ocasiones, las respuestas encubren bajo el concepto de “montes”, 9 figuraban especies tan diversas como carrascas, robles, fresnos, sabinas, enebros, alcornoques, madroños, acebos, avellanos, endrinos, tejos, olmos, etc., cuya extensión se ha visto reducida a las zonas más abruptas y elevadas. Por lo general, éstas solían distinguir entre “monte alto” y “monte bajo,” especificando si estaba poblado de pino, carrasca u otras especies; en otras, simplemente, detalla “montes de pastos” o “tierras montuosas con matorrales”. De la prohibición de roturar y desmontar estas tierras, se hace eco la respuesta del Bonillo: “… entre las zitadas tierras de pastos y dehesas propias de esta dicha villa hay una porcion de ellas que aunque son propias de diversas personas de este pueblo, y otros, no producen ni aprobechan para sembradura porque ademas de cortisima sustancia de la mas ynferior calidad y que por ello jamas las an conocido cultivarse, se hallan mui enzepadas y apoderadas de Monte que sobre estar prohibido el rozarlas y desmontarlas nunca el sumo costo que en azer esto se tuviera si se permitiese podia equibaler al corto producto que sembrandolas darian, lo que nunca se puede berificar por lo que llevan expuesto, y solamente acaeciendo algun inzendio sucediera el sembrarse alguna parte de ellas porque la mayor porcion son tierras sobre montuosas mui quebradas…” Otra población albacetense, Montealegre del Castillo, respondería dentro de la misma pregunta: “…hay tierras de matorrales y Monte alto poblado de pinos…” descripción que nos cuesta creer, conociendo el paisaje actual, aunque, como nos dicen las Respuestas, no siempre fue así, pues sabemos que el “Cerro de los Santos,” famoso yacimiento ibérico situado sobre un montículo cercano a la población, fue descubierto en 1830, a partir de la tala del bosque que lo cubría y la posterior acción erosiva de viento y agua. Análisis faunísticos posteriores, realizados con parte de los materiales recogidos apuntan hacia un paisaje anterior mucho mas boscoso10. De la respuesta a la sexta pregunta: “Si hay alguno plantío de árboles en las tierras que han declarado, como frutales, moreras, olivos, higueras, almendros, parras, algarrobos, etc.” Comprobamos cómo el olivar es el más extendido entre las poblaciones de la provincia (62,7 %), expresando Tarazona de la Mancha, la cantidad exacta de los mismos, (26000 olivos). El Ballestero, sin embargo, manifestaría “…no hay plantío alguno de árboles ni de otra especie alguna…”, al igual que haría Fuentealbilla.

Estos fondos permanecieron en las antiguas Contadurías, posteriormente Delegaciones de Hacienda de las provincias originarias y de ahí pasaron a custodiarse en los A.H.P. correspondientes. El Archivo Histórico Provincial de Ciudad Real, custodia distintos fondos albacetenses: Memoriales, Índices, Mapas, Interrogatorios, Libros de Personal de Legos y Eclesiásticos, de lo Real, de Casas y correspondencia variada relativa a municipios de Alcaraz, Ayna, Balazote, El Ballestero, Barrax, Bienservida, Elche de la Sierra, Lezuza, Masegoso, Munera, Cilleruelo, Cotillas, Reolid, Riopar, Ossa de Montiel, Paterna de Madera, Peñas de S. Pedro, Bogarra, El Bonillo, Canaleja, Cepillo, Robledo, Salobre, Solanilla, Vianos, Villapalacios, Villarrobledo, Villaverde de Guadalimar y Viveros. 9 García González, F. “Alcaraz según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada” Tabapress, 1994. nº 60. pág.49-50. 10 Hornero del Castillo, E. “La cerámica gris en la Península Ibérica. El Cerro de los Santos, un Santuario Ibérico con cerámica gris” Albasit, nº 26. Albacete, 1990. pág. 171-205

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Mapa de El Bonillo (1752). Catastro de Ensenada. Archivo Histórico Provincial de Albacete

Los árboles frutales, orientados al autoconsumo destacan por su extraordinaria variedad, dándose ésta con mayor predominio en las poblaciones de las sierras de Alcaraz y Segura, donde se detallan las especies; valga como ejemplo las distintas variedades del peral, recogidas en las poblaciones de Bienservida, Cotillas y Villapalacios (Pera de Santiago, de Buen Cristiano, de Bergamota, de San Miguel, de Vutar del Negro, de Riopar, de Agua, de Invierno), a los que hemos de añadir los frutos de Melocotonares, Higueras, Ciruelos, Granados, Membrillares, Cantuesos, Manzanos, Guindos, Duraznos,11 Selvares,12 Nogales, Maquillos (Manzano silvestre), Endrinos, Almendros, Pumares (variedad de manzano), Toronjos (Pomelo), Cerezos, Albaricoqueros,
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Limoneros, Naranjos, Parras…, algunas de estas especies sólo se desarrollarían en zonas orientales de la provincia, con climas más propicios. Otras poblaciones sin embargo, declaran la existencia de “frutales” sin llegar a especificar variedades; no ocurre lo mismo cuando se trata del árbol de la Morera, al ser éste uno de los árboles sobre los que se demanda información precisa en la pregunta. Su importancia viene dada por la utilización de la hoja como alimento del gusano productor de seda, cuya cría contaba con una larga tradición que se remonta al siglo XVI, en determinadas comarcas de la provincia (Sierra del Segura, ribera del Júcar) y que en el siglo XVIII, ocuparía la máxima extensión en los términos de las poblaciones de lo

Fruto de carne adherida fuertemente al hueso o de piel muy dura. No está bien delimitado el uso de este nombre. En unos sitios llaman así a los melocotones; en otros, a los albaricoques; también se aplica a alguna variedad determinada de una u otra de estas frutas. 12 Árbol rosáceo que produce las selvas, semejantes a una pera pequeña de color amarillo y rojo, comestible, aunque no recién cogida que es áspera y ácida.

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que en el futuro sería la provincia de Albacete, gracias, entre otras causas, a la gran demanda de seda en ciudades como Murcia y Valencia. Las respuestas facilitadas sobre la undécima pregunta: “Que especies de frutos se cogen en el término”, también son reveladoras de esta diversidad. En una economía de subsistencia, donde persisten los sistemas tradicionales de cultivo, con rotación de los mismos según las calidades de las tierras, éstas, se dedicaban, principalmente, al cultivo de cereales en todas sus variedades (trigo, cebada, centeno, avena, escaña), con cosechas casi siempre escasas, por lo que se recurría –siempre que era posible– a diversificar las especies

Madeja de Cáñamo

Granado. Sierra del Segura. Foto A. Matea

cultivadas para poder completar el sustento, reservando, habitualmente, las pocas tierras de regadío disponibles, para la siembra de hortaliza de diversas clases, u otro tipo de labores, cuando se reunían las condiciones idóneas, como ocurría con el cultivo de arroz en Hellín y Férez. Otra de las especies cuya plantación se hallaba muy extendida, era el cáñamo –hoy desaparecido–, que en el siglo

XVIII, era considerado como una de las materias primas textiles básicas, siendo indispensable su utilización en la fabricación de todo tipo de aparejos para las embarcaciones, además de otros usos (velas, cordaje de diferente grosores, redes, costales, alforjas, bramantes…) ampliándose éstos, cuando se logró la obtención de un acabado en el hilo susceptible de poder ser tejido. Todo se aprovechaba tras la recolección de esta planta, desde la cañamiza sobrante utilizada como combustible, hasta las semillas, de las que se extraía un aceite secante utilizado para el alumbrado y en la fabricación de jabón, siendo apto al mismo tiempo, como alimento para el ganado. La obtención de esta fibra viene recogida en el 59,3 % de las Respuestas Generales relativas a la provincia de Albacete. Pero, sin duda, el cultivo más extendido fue el Azafrán, (cultivado en el 64, 4% de las poblaciones de las que se conservan las Respuestas Generales) en franco retroceso hasta el día de hoy en que su cultivo es prácticamente testimonial, aunque con actuaciones tendentes a su recuperación. Hubo especies cuyo cultivo en la provincia es residual, pues, solamente se producía en una población; este es el caso de Ontur, donde se obtenía Barrilla, planta que se daba espontánea en zonas salitrosas pero que también se cultivaba para la extracción una vez quemada, de sosa (carbonato sódico) que se empleaba en la elaboración de jabones y en las industrias de vidrio y papel. Del mismo modo, en Tarazona, se cultivó Zumaque, arbusto empleado como curtiente debido a la gran cantidad de tanino que contiene. MEDIDAS DE TIERRA Esta pluralidad a la que aludimos, adquiere su máxima dimensión en las respuestas dadas a la novena pregunta: “De que medidas de tierra se usa en aquel pueblo. De cuantos pasos o varas castellanas en cuadro se compone…” de todo ello, nos ofrece un claro ejemplo los innumerables intentos realizados para tratar de unificar las unidades de medida, cuyos orígenes algunos autores13 establecen en las ordenanzas de Alfonso X el Sabio, en 1261.

Extensión del Moreral en la provincia de Albacete, según las Respuestas Generales del Catastro de Ensenada

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TEN ROS, A.E. “La metrología castellana en el siglo XVIII” Historia de la Ciencia y la Técnica en la Corona de Castilla, Vol. IV. Pp. 403-416; BRINGAS GUTIÉRREZ, M.A. “El Catastro de Ensenada y la metrología castellana del siglo XVIII” CT Catastro nº 53.

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En este sentido, a mediados del siglo XVIII, la realidad de la situación metrológica oficial era la siguiente: Por un lado, se comprueba por parte del respetado marino Jorge Juan, la diversidad entre los diversos patrones existentes de la “vara castellana” conservados en distintas ciudades castellanas (Burgos, Ávila, Madrid…) por otro, la confusión establecida en estamentos como Ejército y Marina, donde era obligado expresar las dimensiones de todas las construcciones que de ellos dependían (planos, cañones, barcos, almacenes…) en una medida de origen francés, la Toesa, que se aplicaba o retiraba al socaire de las influencias políticas del momento. Por tanto, la diversidad en las prácticas metroló-

Real de vellón (aleación de cobre y plata) que en la época valía 24 maravedíes

gicas era patente, siendo en las medidas de superficie en particular, donde se apreciaban mayores variaciones de un pueblo a otro, a veces colindantes. Existía conciencia de esta pluralidad como se observa en el propio texto de la pregunta, por lo que los pasos se orientaron hacia la conversión de todas ellas a una sola medida en teoría oficial, la “vara castellana”, cuyo cumplimiento además, era fundamental para la realización de un documento esencial del Catastro, la llamada “nota de valor de las clases de tierra” que serviría de plantilla, aplicándose ésta para obtener el valor anual medio del producto de las tierras; este valor se pidió expresado en “reales de vellón”. Los nombres de las medidas agrarias aparecidas en las operaciones catastrales sobre los pueblos albaceteños, -sin incluir la totalidad del territorio- no es muy amplio pero, esa aparente simplicidad encubre en multitud de ocasiones bajo un mismo nombre, valores de muy diversa cuantía; un fiel ejemplo de ello es el caso de la fanega,14 medida que aparece en mayor número de ocasiones como podemos observar en las tablas que incluimos. Fundamentalmente, había dos tipos de fanega: una era la de “puño sembrar” basada en la cantidad de grano empleado, por lo general trigo, y que podemos definir como la superficie de tierra necesaria para sembrar una fanega de grano; todo

ello hacía que esta superficie variara en función de la calidad de la tierra. Este modelo de fanega aparece en seis respuestas que no declaran su superficie; en el resto de ocasiones en que la medida expresada se refiere a la fanega, su valor viene expresado en “varas castellanas” siendo muy dispares entre sí, oscilando sus dimensiones desde las 3481 varas, hasta las 12500 varas cuadradas castellanas. Su denominación en las Respuestas es muy variada, “fanega” “fanega Apeo Real” “fanega medida Real” “fanega o cuerda” y parecen basadas en patrones longitudinales sin aparente relación con las calidades de las tierras. Otra medida muy extendida (esta en 26 ocasiones) es el “almud”15 que también viene recogida con diferentes expresiones “Almud según Pote de Ávila”16 “Almud de Apeo Real” “Almud de Marco Real” “Almud de Apeo Trigal” “Almud en heredades de Sierra, dos un Jornal”, algunas de ellas en clara referencia al patrón seguido, manifestando asimismo un amplio espectro en cuanto a las dimensiones que fluctúan desde las 1625 varas, hasta las 5725 varas cuadradas castellanas. También se detalla otra medida, ésta en cinco ocasiones, con la peculiaridad de mantener en todas las poblaciones los mismos valores: 1600 varas castellanas. Nos referimos a la “Taulla” medida propia de vega y regadío, aunque aquí también incluye la plantación de viña (de cabida, 256 cepas). No es coincidencia que las poblaciones que usaban de esta medida pertenecieran a la antigua provincia de Murcia. En alguna ocasión, la taulla también se ha usado para medir cultivos de secano, –aunque no es el caso de Albacete, que para estos casos utiliza la fanega y el almud– cambiando entonces de valor porque una taulla de secano necesita más superficie para producir la misma cantidad, que una de regadío. Dos nuevas referencias nos acercan a otra medida, se trata del “Jornal o Cavallería” al que se refiere la población de Almansa, con una superficie declarada de 9600 varas castellanas, ligeramente menor a la medida que menciona la población de Caudete, –colindante con Almansa– que alcanza las 10000 varas castellanas en cuadro, y que denomina “Jornal de a zien pasos por cada cara en quadro cada uno” Son varias las poblaciones que como Valdeganga, declaran: “… que en este dicho lugar no se ha usado en tiempo alguno de medida de tierra, por hacerse a ojo de peritos cuando se compra alguna pero que habiendo pasado a medida un almud de cada calidad, han encontrado que el de primera se compone de mil ciento y diez y seis varas en quadro; el de segunda mil quinientas y sesenta, el de tercera, dos mil y seiscientas; el de quarta, tres mil y doscientas…” esto es así, como explicábamos anteriormente porque, a peor calidad de tierra, es necesaria mayor superficie para producir la misma cantidad de grano.

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Medida de capacidad de áridos, subdividida en dos almudes o doce celemines. Medida de capacidad para áridos, aún utilizada; corresponde a media fanega. También se empleaba para medir superficies, correspondiendo a ésta l extensión de campo en que cabe media fanega de sembradura. 16 Patrón impuesto por Juan II en 1436, como unidad de capacidad legal y obligatoria en toda Castilla. “Que face doce celemines”

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Otras localidades mencionan la cuerda17 como medida, en semejanza con la fanega, pues ambas son aludidas indistintamente en algunas respuestas, mostrándonos para éstas, dos valores correspondientes en unos casos a “cien varas castellanas en quadro” que harían diez mil varas cuadradas castellanas y en otros casos, “… la acostumbrada en el Campo de Calatrava…” como nos relata Riopar “… en este territorio nunca se a usado de medida alguna por las tierras ni se a oido de semejante arte asta la práctica de estas diligencias, que se a pasado por la acostumbrada en el Campo de Calatrava en la provincia de la Mancha que consiste en 96 varas castellanas en quadro y que en esta atención solo para cualesquier apeo se valen los declarantes de la experiencia a la extensión de la semilla…” Por otra parte, Villarrobledo, será la única población de la provincia que proporcionará el valor de la Cuerda en estadales.18 Ante esta diversidad metrológica, se hacía necesaria su unificación lo que no podía acarrear sino ventajas; intentos en este sentido los hubo y continuarían produciéndose durante largo tiempo (Decreto de unificación de pesas y medidas de 1801; implantación del sistema métrico decimal en 1849) hasta llegar a la generalización en el uso del sistema métrico decimal, comenzado ya el siglo XX. Hasta aquí, este particular enfoque de algunos aspectos concretos del territorio albacetense, en base a los datos que se desprenden de las respuestas proporcionadas por pobladores de estas tierras, en el marco de un proceso catastral, que si bien despertó suspicacias y generó falsedad y ocultación en algunas de las declaraciones, la información derivada de estas, comprobada y verificada, –concienzudamente en algunos casos– representa la mejor radiografía del siglo XVIII español y nos sumerge en una visión, un tanto idílica de este territorio en el que abundarían montes y dehesas, –tan escasos actualmente– y donde la diversidad, forzosamente, era parte necesaria de aquel modo de vida en el que nuestros antepasados desarrollaron sus actividades.

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Pedro José Jaén Sánchez Lcdo. en Geografía e Historia

17 18

Medida de superficie agraria equivalente a una fanega, o algo más, de sembradura. Medida superficial o agraria que tiene 16 varas cuadradas. Como medida de longitud, su equivalencia era de 3 m. y 334 mm.

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ANEXO I

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ANEXO II

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ANEXO III

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ANEXO IV

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El verano de 1808. EL MARISCAL MONCEY en ALBACETE
l levantamiento del pueblo de Madrid, a comienzos de mayo de 1808, fue conocido inmediatamente en todas las poblaciones de la geografía española, entre las que ya cundían numerosos recelos y desconfianzas sobre el comportamiento del “aliado francés”. En muchos puntos, el pueblo llano en su mayor parte, había comenzado ya tomar posturas contra el ejército napoleónico al grito de “al arma, al arma”, que se fueron generalizando tras la declaración de guerra al Emperador por los alcaldes de Móstoles, pero, sobre todo, al saberse las noticia de los acontecimientos de la entrevista que se estaba desarrollando en Bayona entre la familia real española y Napoleón.Ambos hechos actuaron con un gran efecto multiplicador sobre el nervio patriótico del pueblo. La situación llego a ser tan preocupante, que la colaboracionista Junta de Gobierno que había dejado Fernando VII antes de marcharse a Francia, amenazó con tomar represalias contra todos aquellos que secundasen la insurrección. En este sentido fueron numerosos los impresos editados llamando a la calma y a guardar respeto y dejar el paso franco al ejército imperial. La desobediencia y el incumplimiento de aquellas órdenes podía castigarse hasta con la pena de muerte. A pesar de que se pusieron en juego toda clase de medios represivos,el levantamiento fue creciendo en toda España, hasta generalizarse ya a lo largo de la última semana del mes de mayo, días en los que se alzaron la mayoría de las ciudades que estaban libres de la ocupación francesa. No parece que en Albacete se dieran movimientos de importancia, hasta que no se recibió una orden impresa de la Audiencia de Granada, a cuya jurisdicción estaba sujeta la

E

La Junta de Gobierno amenazó con tomar represalias contra los intentos de levantamiento

villa, fechada el día 1 de junio, en la que se comunicaba que era preciso tomar posturas por la defensa de la legitimidad de la monarquía de Fernando VII. Así las cosas, a mediados del mes, la Junta de defensa y gobierno formada en Albacete le informaba a Murcia, su cabeza de partido que: “Los moradores de este pueblo fueron los primeros que en Castilla la Nueva manifestaron su celo por la Religión, por la Patria, y por nuestro amado soberano Fernando séptimo y… descubrieron varias noticias, con las que fustraron las perbersas intenciones de nuestros enemigos los franceses…, afirmación que parece no poder manenerse. Una vez decidido el gobierno municipal por la causa de Fernando, y jurado lealtad a su persona, se levantó una Junta de defensa y gobierno, como en la mayoría de las poblaciones españolas se venía haciendo. Para la defensa del término, dicha Junta pidió permiso a la Junta Suprema de Murcia para crear un regimiento que llevaría el nombre de “ALBACETE”, que estaría bajo las órdenes de un capitan retirado llamado Don Pedro de la Mota. Seguramente esta decisión habría que embridarla con el movimiento de tropas francesas que a principios del mes de junio había salido de Madrid para sofocar la sublevación de Valencia, y podía presentarse en las inmediaciones en cualquier momento. Tendremos que

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retener este detalle para sincronizarlo con los acontecimientos que se estaban produciendo en el lado francés. Según se fue generalizandolos levantamientos, Murat, desde la Corte, trató de abortarlos enviando, entre otros, a dos cuerpos de ejército, uno hacia Andalucía, al mando de Dupont, y otro a tomar Valencia, al mando del Mariscal Moncey, desde donde pretendía sofocar las revueltas del Levante español. Moncey salió de Madrid hacia su destino la primera semana de junio. Para hacer su camino el militar francés tenia dos opciones, o bien marchar por el camino real que atravesaba Las Cabrillas y el río Cabriel, ruta que presentaba grandes didficultades al avance de las tropas; o bien hacerlo por el camino real que pasaba de la Corte a Valencia, pasando Albacete y Almansa, con toda seguridad el más adecuado. Contra todo pronóstico eligió el primero, seguramente tratando de evitar a los ejércitos de Valencia y Murcia que estaban apostados en las inmediaciones de Almansa, en defensa de sus provincias. Habiendo ocupado Motilla del Palancar, el 19 de junio, preguntó cual era la ruta que debía tomar para llegar a Albacete1, con la consiguiente alarma entre los pueblos que se encontraban a su paso, especiamente entre el vecindario de este último, que buena parte de él tomó la decisión de abandonar la villa para buscar refugio tras las murallas de Chinchilla, o en los caseríos apartados de las afueras.

Como es sabido, al no poder someter a Valencia, gracias a la valiente y tenaz defensa que hicieron de ella sus vecinos, el militar francés tomó la decisión de abandonar su empeño y regresar a Madrid, aunque esta vez si que lo haría por el camino real que pasaba por Albacete. Moncey hizo su entrada en nuestra villa, el día 6 de julio de 1808, donde se enteró que una fuerza armada, al mando de general Frere, venía a su encuentro, pues en Madrid nada se sabía de los resultados de su expedición a la ciudad del Turia y Murat pensó que era conveniente enviarle refuerzos. Tras ocupar y saquear Albacete durante los tres días que permaneció en ella, el francés intentó ponerse en comunicación con las tropas auxiliares de Frere. Lo hizo mediante el párroco de San Juan, Don José Escámez, seguramente un clérigo afrancesado, que, a su vez, se sirvió del paisano José Jareño como emisario. Será la carta de Moncey a su compañero de armas, que por aquellos tenía a sus tropas acampadas en San Clemente, la que nos informará del resultado de su acción en tierras levantinas, pues el mensajero fue detenido y registrado minuciosamente por un campesino de Mahora, cuando intentaba pasar hacia Iniesta por el barco de Los Frailes, en el Júcar. El paisano envió inmediatamente la carta al corregidor de Jorquera3, que lo tradujo al español y lo puso a disposición del conde de Cervellón, general en jefe de las tropas valencianas, y de Don Pedro González Llamas, de las murcianas, que estaban acantonados entre Almansa, Bonete y Chinchilla. Decía sí: “Quartel General de Alvazete, 6 de julio de 1808. Señor General: He sabido a mí llegada a esta villa que un cuerpo de tropas francesas que ha pasado por San Clemente marchó a Iniesta de donde ha tomado la dirección a Requena. Esta división me parece destinada a obrar de concierto con la que está a mis órdenes. Yo devo daros algunas noticias que os ilustren y os figen sobre las disposiciones que os pudiese parecer conveniente tomar. El día 21 forzé el paso del puente y puerto de Pajazo, y tomé tres cañones. El 24 dejando la villa de Requena a mi derecha me dirigí con rapidez a las Cabrillas donde los insurgentes estavan fuertemente atrincherados. Fueron allí también batidos y me abandonaron dos cañones. El 27, hallándome a legua y media de Valencia tube que combatir la masa de los insurgentes; les tomé cinco cañones y les obligué a encerrarse dentro de sus murallas. El 28 hize fuego de cañón contra la ciudad, pero hallándome con pocas fuerzas, no teniendo sino muy pocas municiones, ni habiendo adquirido de la división

El mariscal de campo Moncey, Bon Adrien Jannot, Duque de Conegliano2

1 2

Mateos y Sotos. Rafael. Monografías de Historia de Albacete. Diputación de Albacete. 1977. J.Fournier y J. Manenti. Autores de la recopilación de datos sobre el Mariscal. Le Marechal Moncey: 1754-1842. Paris 1.986. Asociación de Sauvergade a la memorie du Marechal Moncey. Grabado perteneciente a los fondos del Museo de Louvre. 3 Almendros Toledo J. M. Jorquera en la Guerra de la Independencia. Bandos, órdenes y proclamas: literatura de resistencia.. Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”. Albacete 2008.

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TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: 200 ANIVERSARIO GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Chabrám, sino noticias que me han hecho creer que no ha pasado de Tortosa, me decidí a retirarme por el camino real con dirección a Almansa y Albazete, a fin de restablecer mis medios de comunicación con Castilla y Madrid. El 1º de julio a mi llegada a Alzira supe que había sido cortado el puente; el vado estaba defendido por quatro o cinco mil hombres, los dispersamos y les tomamos dos cañones de a doze que les habían servido para defender el paso del Júcar en el desfiladero que cubría a Almansa, cuya posición habían tomado. Si es cierto que hay un cuerpo de tropas francesas en camino para Requena os exorto, Señor General, que os retiréis al instante a San Clemente poniéndoos en comunicación conmigo lo más pronto que sea posible. Tengo el honor de saludaros con una consideración muy distinguida. El Mariscal Money. En posdata se lee.- Me haseguran que las tropas citadas marchan bajo las órdenes del General Frère. Si hay algunas noticias de un cuerpo de tropas que se dice están en camino hacia Cuenca, le ruego que me de noticias y que se reúna él mismo conmigo con celeridad porque hay que tomar nuebas disposiciones. Pasaporte.- Dejar pasar libremente al español conductor del presente a quien yo he encargado de una misión particular tanto a la ida como a la vuelta. Albacete 6 de julio de 1808. El Mariscal del Imperio, Comandante en Xefe del cuerpo de observación de la Costa del Océano. Moncey. Sobre el pliego principal.- A monsieur el General Comandante de la Tropa Francesa que está camino de Requena. Sobre de la carta del cura de Albacete.- A Don Pedro Ortiz Presbítero de la villa de Iniesta.

Carta inclusa bajo el sobre anterior. Albazete y julio 6 de 1808. Mi estimado condiscípulo: espero me digas e contestación a ésta si ha salido de esa villa para la de Requena, la división de San Clemente, como igualmente quál es su dirección pues las noticias son tan superficiales que no podemos fixarnos en ellas. Pásalo bien con tu familia y manda a tu afectísimo condiscípulo. Escamez. Señor Don Pedro Ortiz”. Bien, volviendo nuestros pasos unos días atrás, diremos que ante la amenaza de invasión que les venía encima, el patriciado local albacetense tuvo que interrumpir sus proyectos de formar y pertrechar aquel regimiento que, como se recordará, el corregimiento de Murcia, y cabeza de partido, les había autorizado a crear, para la defensa de la villa, en la segunda mitad del mes de junio, y del que ya hemos hablado anteriormente. Después de salir Moncey de Albacete aquellos vecinos que habían abandonado la villa ante la amenaza que se les venía encima regresaron a sus hogares y la Junta de defensa local decidió retomar el proyecto de uniformar y armar un regimiento local, aunque, claro está, la situación del momento no era la del principio, debido al pillaje al que habían sometido los imperiales a la villa. Así se justificaban las autoridades locales ante Murcia, “…no poder siquiera costear el uniforme… pues en el día se hallan imposibilitados, mediante la indigencia y miseria a que los a dejado reducidos el saqueo de los malvados franceses de la división de Moncey en su entrada y permanencia en esta villa”. Sin embargo, estaban dispuestos “a costear las banderas, (del regimiento), que llevará en un lado la efigie de María Santísima de los Llanos, y por el otro las armas Reales y una inscripción que dirá: Albacete y su distrito por el Señor Rey Don Fernando Séptimo, y en los ángulos “Vencer o morir”4

Detalle de la notificación de la Junta de defensa a la de Murcia, comunicándole el diseño elegido para la bandera del regimiento “Albacete”

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Archivo Histórico Provincial. Municipios Albacete. Notificación de la Junta de defensa de Albacete a la Junta Suprema de Murcia. 11 de agosto de 1808. Legajo 364. Caja 225.

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TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: 200 ANIVERSARIO GUERRA DE LA INDEPENDENCIA

Bandera del Regimiento “Albacete”

El profesor Luis Guillermo García- Saúco Beléndez, en su apartado “Milicia y Guerras”, destinado al catálogo ALBACETE EN SU HISTORIA5, incluye una reproducción de la mencionada bandera, y de dicho trabajo la recogemos. La acción de Moncey trajo también consecuencias en las relaciones entre Albacete y Jorquera, ya que la Junta de la primera, por medio de su corregidor y la de Don Pedro de la Mota, ante la posibilidad de que el ejército de Frere, acantonado en las inmediaciones de San Clemente pudiera tomar el mismo camino, es decir, atravesando el Júcar, para encontrase con el mariscal Moncey, pidieron a su vecina que destruyera los numerosos puentes existentes en su jurisdicción, cosa que en principio se negaron a hacer ya que podría suponer un obstáculo para el ejército español, si bien, finalmente, ante la grave situación por la que pasaba la comarca, y por razones de buena vecindad, los jorqueranos aceptaron. Pasado el peligro, las autoridades municipales albacetenses se negaron a participar en los gastos del levantamiento de los mencionados puentes, lo que trajo consigo un bronco enfrentamiento entre ambas villas. Los puentes no se levantarían hasta después de la derrota del ejército del duque del Infantado en Uclés, puesto que tuvieron que reconstruirse para que el ejército disperso, y especialmente la caballería, pudieran pasar en su huída hacia Murcia. Como consecuencia de aquel desastroso encuentro para las tropas españolas, tuvo que improvisarse un hospital militar en Jorquera, que por resultar insuficiente, se tuvieron que levantar otros dos en Chinchilla y Albacete, para alojar a los enfermos y heridos. Pero, estos hechos, aunque su punto de partida tengan su origen en los acontecimientos ocurridos en el verano de 1808, exceden en el tiempo a nuestro propósito. José Manuel Almendros Toledo Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”
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Impreso de la Junta de Murcia pidiendo vendajes y pertrechos para los heridos y enfermos alojados en Albacete y Chinchilla

V.V.A.A. Albacete en su Historia. Museo de Albacete. 1991.

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TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: ARTE

El Monumento a SATURNINO LÓPEZ,
en el Parque de Abelardo Sánchez de Albacete, obra de

Ignacio Pinazo
La estatuaria en una ciudad nos da la dimensión de su historia y pone en relieve a las personas y a los hechos singulares, lamentablemente en Albacete es escasa la presencia de testimonios escultóricos; de ahí la importancia de conservar lo poco que tenemos. El monumento-homenaje urbano más importante desde el punto de vista artístico de Albacete, es el dedicado a Saturnino López; realizado por el escultor Ignacio Pinazo Martínez (1.883 – 1.970) y que se mantiene en el mismo lugar en el que se levantó: el parque de Abelardo Sánchez. Saturnino López Villanueva nace en Albacete el día 11 de febrero de 1.832 y fallece el 21 de junio de 1.912. Este ilustre albacetense dedicó su vida a mejorar la de sus paisanos. Fue concejal en más de una ocasión, donó terrenos para construir escuelas pero sobre todo cedió el agua desde sus tierras en los Ojos de San Jorge a la ciudad de Albacete, mejorando la salubridad. De la importancia de este hecho escribe Joaquín Quijada Valdivieso en su libro Albacete el en siglo XX y en su capítulo primero lo siguiente: “Con Letras de Oro habrá de escribirse en la historia de Albacete la fecha del 15 de abril de 1.905. Al apretar S. M. el rey Don Alfonso XIII el botón eléctrico colocado en el balcón central de la casa Ayuntamiento y surtir el agua en la fuente de la Plaza del Altozano, se realizó el hecho mas grande y de mayor importancia para la vida local de cuantos han tenido lugar durante muchos siglos”. Para perpetuar la generosidad y la ejemplaridad de Saturnino López, se acordó desde el Ayuntamiento y por iniciativa del concejal Joaquín Hortelano, la constitución de una comisión para realizar el monumento por suscripción popular, que recordará en el tiempo a tan importante filántropo. El proyecto y su boceto fue encargado en 1.919 al escultor valenciano Ignacio Pinazo, entonces en Albacete, con un costo de 12.000 pesetas. El tiempo transcurrió y no fue posible hacerlo realidad hasta el 1.931; luego de modificar el autor el proyecto para ajustar el precio. Para estimular la colaboración de los ciudadanos y recaudar fondos se insertan estos recuadros en un artículo del semanario Eco del Pueblo el 20 de diciembre de 1.930 Albacetenses: Recordar, que a la generosidad de nuestro ilustre paisano Don Saturnino López, se debió el venero de la salubridad de nuestra población. Contribuid con vuestro entusiasmo a la obra de perpetuación de la memoria del gran filántropo. Correligionarios: La figura del insigne republicano Don Saturnino López, es modelo a

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TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: ARTE

imitar por todos nosotros. Exteriorizar vuestra admiración hacia aquel gran ciudadano prestando apoyo a la empresa que nos proponemos realizar. Del resultado de esta y otras gestiones se obtiene el dinero suficiente para acometer esta empresa, no sin algunas dificultades según consta en el Archivo del Ayuntamiento de Albacete, en cartas y documentos. Estas cartas tienen interés por estar manuscritas. Unas son del propio Ignacio Pinazo, solicita al alcalde Virgilio Martínez Gutiérrez dinero para pagar a la fundición y a distintos artesanos que intervienen en la obra; otra del Gobernador Arturo Cortés al Alcalde indicándole que atienda al Sr. Pinazo en su petición. Existe también en el mismo expediente una relación de personas y entidades que han contribuido a la suscripción pro monumento. Encabeza la lista José María Blanc Rodríguez, Antonio Gotor Cuartero, Nicolás Belmonte y otras personas muy significadas en la ciudad, entidades como: el Casino Primitivo, Colegio de Abogados, Círculo Republicano, el Ayuntamiento, Escuela Normal de Maestras... El 31 de Julio de 1.931 se entrega la suma de 4.462,75 pesetas al escultor Ignacio Pinazo. Una vez más, los ciudadanos, con su generosidad hicieron posible saldar la deuda que la ciudad tenía con Saturnino López.

El lugar elegido para situar el monumento –después de desestimar otros- fue en un lateral del paseo central del Parque de Canalejas, hoy de Abelardo Sánchez. El monumento está formado por un busto de Saturnino López sobre pedestal alto de base rectangular y levemente despuntado para producir efecto de esbeltez, otro bajo y delante que soporta una figura desnuda de una niña sosteniendo un recipiente que vierte agua sobre una concha y en su lado izquierdo unos libros. Esta alegoría está titulada por su autor “La Enseñanza”. Las dos figuras son de bronce, los pedestales y basas de mármol. El conjunto del monumento es armonioso y de gran calidad plástica, como toda la obra de Ignacio Pinazo, unos de los escultores mas importantes de su tiempo. La inauguración se produjo al finalizar la feria del año de 1.931, el 15 de septiembre siendo alcalde de la ciudad Virgilio Martínez Gutiérrez. El escultor Ignacio Pinazo Martínez, nace en Valencia el 30 de abril de 1.883, es hijo del prestigioso pintor valenciano Ignacio Pinazo Camarlench y hermano del también pintor José unos años mayor que él. A la edad de 9 años empezó su formación artística – aparte de la recibida por su padre – en la Escuela de San Carlos de Valencia. Sus dotes para la lírica lo alejan unos años de la plástica; después de esta experiencia regresa a sus estudios a la Escuela de San Carlos. Con su obra del “Grabador Esteve” y con la edad de 20 años gana una beca para estudiar en Roma, concedida por la Diputación Provincial de Valencia. De su estancia durante 3 años en Italia adquiere una profunda formación que estará presente a lo largo de toda su obra época que aprovecha también para tomar clases de música y canto, su otra gran afición. En 1.907 se traslada a Paris, toma residencia y estudio en Montmatre, lugar donde residían muchos artistas, siendo centro de la vanguardia. Viaja a Buenos Aires, La Habana, Méjico y Nueva York., regresa en 1.912. Ignacio Pinazo llega a Albacete en 1.917, en plena juventud, para ejercer la docencia, después de aprobar las oposiciones como profesor de dibujo de Escuelas Normales. Se integra en la sociedad local con gran facilidad participando activamente en la vida artística y cultural. Albacete tiene suerte de contar con esta persona durante 18 años, que posee una gran formación artística, cultural y humana. En repetidas ocasiones actúa como conferenciante con gran éxito, ilustra revistas, expone en el Círculo de Bellas Artes, pero sobre todo deja una obra escultórica muy interesante, aunque no toda se ha conservado. Además del monumento a Saturnino López, tiene especial interés su colaboración con el arquitecto Julio Carrilero Prat, al integrar la escultura tanto en la fachada como en el interior, rematando y presidiendo la fachada –de rotunda traza– en el edificio del Colegio Notarial, está colocada una estatua con los ojos vendados y apoyados los brazos en una espada que simboliza la Fe. Se conserva en el interior una deliciosa figura en bronce que sirvió de boceto para la de la fachada. 53

TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: ARTE

También obras de Ignacio Pinazo son los 5 relieves que cubren en su totalidad la parte alta de los paramentos laterales del salón de actos, con temas alusivos a la función notarial. Dos bustos hizo de Antonio Gotor Cuartero, una está colocado en la fachada de la casa donde vivió en la Plaza del Altozano, otro se conserva en el Museo de Albacete. Otro relieve en mármol se encuentra en el cementerio cubriendo unos nichos, con el tema un ángel. Una imagen de la Virgen de los Llanos –con destino a la Iglesia de la Purísima– está desaparecida. El Cristo de la Misericordia – polémico en su día – fue destruido. De su estudio, situado en la Plaza del Altozano, debieron salir mucha mas obra con distintos destinos. Ignacio Pinazo durante el tiempo que permaneció en Albacete, realizando su labor pedagógica, lo compartió con su quehacer artístico. Expuso obras en Venecia, París, Londres, Toronto, Burdeos, Argentina, Norte América…

Ostentó cargos y distinciones. La Dirección General de Bellas Artes lo nombra colaborador del Comité Francés con relación a las obras que proceden del Museo de Luxemburgo. Fue secretario en la exposición de Arte Español en París y se le concede la Legión de Honor. Se le nombró Socio de Honor del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Fue profesor de la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado de Madrid. Nombrado en 1.927 académico correspondiente de la Real de San Fernando. Se le concedió la Encomienda de Alfonso X El Sabio. Después de su estancia en Albacete se traslada a Madrid y ejerce como profesor numerario de la Escuela de Artes y Oficios. Obtiene la Primera Medalla en la Exposición Nacional, ya en el año 1.948. Por último también será nombrado Académico de Número de San Carlos de Valencia. Su vida fue intensa y su obra extensa, variada y de calidad. Murió en su tierra valenciana el 10 de octubre de 1.970 a los 87 años de edad. Hace un tiempo, la figura de la niña, alegoría del agua y de la enseñanza, que es parte importante del monumento a Saturnino López, desapareció de su lugar, no obstante el 26 de marzo de 2.008, en uno de los últimos actos de Manuel Pérez Castell - antes de dejar la alcaldía de la ciudad – se repuso en su pedestal, quedando completo el monumento. Este acto municipal enlaza con aquel deseo popular de significar y perpetuar a un hombre y su obra.

Godofredo Giménez Esparcia Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”

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NUESTROS PUEBLOS

TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: OPINIÓN

EL SALOBRE y REOLID
Por AURELIO PRETEL MARÍN

dos pueblos “sin historia”
atrevido a abordar esta empresa. Son demasiado escasas y demasiado oscuras las fuentes disponibles y demasiado poco el tiempo que he podido emplear en buscar las que existen, cosa que en el futuro espero remediar- como para hilvanar un relato coherente del pasado de unas poblaciones que nunca destacaron por su gran importancia militar o económica, y que por consiguiente no atrajeron la ambición de los grandes, que suelen escribir o protagonizar las historias al uso. Pero por eso mismo quizá valga la pena, sin esperar a más, pues tiempo habrá después para rectificar lo que sea preciso, ordenar los escasos y escurridizos datos que he podido encontrar, aunque puedan quedar deslavazados, y adelantar lo poco que puedo decir hoy sobre aquellos paisanos que, sin tener “Historia” -ellos son los auténticos “cocineros de César” del poema de Brechtla hicieron día a día, con su anónimo esfuerzo. Hombres, por eso mismo, más representativos de la auténtica Historia, la de masas, la de la mayoría, que los excepcionales individuos concretos, y por tanto más dignos de atención, aunque no dejen tantos rastros documentales. Todos los pueblos tienen, aunque no lo conozcan, un pasado, y todos sus vecinos el derecho -si no la obligación- de intentar conocerlo, aunque sea en sus rasgos generales, pues no es cierto que sean más felices los pueblos sin Historia (son los menos conscientes, como mucho, de sus propios problemas, y los que más se arriesgan a caer en los mismos errores).

Pizorro del Aljibe y Estrecho del Hocino, camino de Reolid

reo que fue mi abuela, que apenas tuvo estudios, pero sí una inquietud por la lectura y una curiosidad intelectual que es el fundamento de la auténtica cultura popular, la primera persona que me habló de la supuesta Historia de El Salobre y su término: de la “Ciudad Bermeja” que decía se encontraba en Reolid; del paso de los moros, que dejaron tesoros escondidos en el mismo Reolid y en El Hocino… Leyendas, semejantes a otras muchas que existen en diferentes pueblos, pero que aquí causaron una auténtica fiebre, hará cosa de un siglo, cuando un vecino vino de su mili en Melilla diciendo haber oído a dos moros hablando de uno que ocultaron antepasados suyos en la “Plaza de Armas” del llamado Pizarro del Aljibe. Numerosos vecinos comenzaron entonces a cavar en aquellas alturas, con el éxito que era de esperar, lo que les llevaría a ser protagonistas durante muchos años de burlas y coplillas. Historias de tesoros y de antiguos poblados, que hasta hoy no se han podido confirmar, aunque pueden tener un fondo de verdad, pues la zona se presta al establecimiento de grupos no muy grandes ya en época neolítica, tiempo desde el que hay hallazgos de herramientas y restos materiales, sobre todo en las cuevas de esos mismos parajes, donde hará cuarenta años se encontraron importantes ajuares y materiales líticos por parte del maestro y un grupo de escolares que protagonizaron una “misión rescate”. Sin embargo, habrá pocos pueblos en la provincia que conozcan tan poco su pasado. Aunque a veces me han solicitado una pequeña Historia de estas localidades, donde tengo mis raíces y mis más entrañables recuerdos de la infancia, y a pesar de que he escrito trabajos relativos a otras de la actual provincia de AlEl Salobre, en un valle hundido entre montañas bacete y sus alrededores, nunca me he

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NUESTROS PUEBLOS: EL SALOBRE Y REOLID

Por eso, y porque creo pagar así una deuda con mis antepasados, quisiera, cuando tenga el tiempo necesario, seguir investigando en los libros de actas del propio municipio, que aún no he podido ver, y los fondos de archivos civiles y eclesiásticos de Alcaraz y Albacete, y hablando con los viejos que conservan memoria del pasado -una tarea urgente, dejar constancia escrita o grabación de sus declaraciones- tratando de ampliar y afirmar estos datos, que son provisionales y poco sistemáticos, y a veces poco más que simples intuiciones, por lo que pueden ser y serán discutibles. Pero, entre tanto, animo a todos los vecinos de El Salobre y Reolid, jóvenes y mayores, a emprender la tarea, repartiendo el trabajo, e ir adelantando la recuperación de su “memoria histórica”. Verán que no es difícil y que les puede dar muchas satisfacciones, pues en estos niveles la investigación no tiene por qué ser cosa especialistas. Al contrario, se puede convertir en una actividad placentera y de auténtica cultura popular, mucho más divertida que correr delante de una vaca o hartarse de comer y beber en las fiestas. Quién sabe si entre todos podrían ampliar y mejorar ese precioso libro, “Imágenes de un pueblo”, publicado en 1994, que tiene muchos méritos, pero ante todo tiene el que a mí mas me gusta, que es obra colectiva, sin un autor concreto, y por tanto coral en cuanto a su autoría y sus protagonistas.

Elche de La Sierra, poblaciones antiguas del llamado “Camino de los Cartagineses”. Por desgracia, esta vía, no fue la principal de acceso a Andalucía, quizá por las crecidas del río Guadalmena, que solía destruir los puentes y caminos, y quedó marginada por la de El Ballestero a Terrinches y la Puebla del Príncipe; pero aun así, parece que siguió utilizándose intermitentemente. Menos claro parece que se usara también la de El Salobre a Riópar, que fue un camino estrecho hasta tiempos recientes; pero tampoco puede descartarse del todo.

Reolid (a la derecha) visto desde el Pizorro del Aljibe

Hacha neolítica hallada en El Salobre

LOS OSCUROS ORÍGENES: LA SIERRA Y SUS CAMINOS DESDE LA ANTIGÜEDAD A LA BAJA EDAD MEDIA Desde luego, en el término actual de El Salobre se han encontrado restos desde la Edad de Piedra -las “centellas” o “rayos”, que según la creencia popular son los restos de chispas eléctricas que caen, aunque en realidad son hachas del Neolítico- desde el mismo Reolid y la Nevaza al Pizorro, la Breña y el Hocino, y me dicen que algún yacimiento del Bronce -encima del Pizorro, en el sitio llamado “Plaza de Armas”- y algún enterramiento romano o visigodo, cosa que, de momento, no puedo confirmar, aunque no me parece inverosímil. Hasta es de sospechar, por algunos indicios, que existiera una vía muy antigua que aproximadamente por la actual carretera de Jaén y por el valle del río Guadalmena uniera Turruchel con Balazote a través de Reolid, y puede que de ésta se apartara en Reolid o en sus alrededores un camino menor que iría por El Salobre y Zapateros a Riópar y 56

En principio parece inconcebible que un enclave minero como el que al parecer existió en El Salobre o en sus proximidades, y unas aguas termales como las de Reolid, no hubieran atraído pobladores, incluso instalaciones balnearias, en época romana, cuando las hay en Tus, en los Baños del Cristo y algunos otros puntos de las sierras vecinas. Pero no hay evidencias escritas al respecto, y el único topónimo que inequívocamente viene por lo menos de tiempos medievales -cuando una familia notable de Alcaraz toma de él su apellido- es el de Reolid, nombre que no aparece en los primeros documentos cristianos, pero pudiera ser de época andalusí. Otra cosa es saber si procede del árabe, y en tal caso si viene de Ra (Campo) o de Raha (Molino), y del nombre de alguien que se llamó Walid, como ha sugerido Franco Sánchez, o tal vez del vocablo, no demasiado claro, que puede dar origen al actual Peñolite (¿Peña-Olit?) de Jaén, Gorgojí (¿Bury Ulit o Torre de Ulit?), Arguellite (Arguellit), o Gorgollitas (¿tal vez el Furgulit o Fargalit de los autores árabes?) y diversos topónimos formados con “Olite” u “Olid” en el resto de España. Otro posible nombre de procedencia árabe es el del Acebuche, paraje situado no lejos de Reolid y de la junta de los ríos Salobre y Angorrilla, que puede referirse a un olivo silvestre, pero probablemente tenga que ver más bien con la expresión az-zeuch, que E. Terés documenta en alusión a puntos situados entre dos arroyos o corrientes, y que podemos ver en otros muchos puntos de esas características. También el de

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Angorrilla pudiera ser objeto de especulaciones sobre su procedencia del árabe Ayn (Fuente) y de un Oria o Aurea latino, cuando no del euskérico/ibérico Gorría, que significa rojo. Y aún podrían hacerse conjeturas en torno a los orígenes de algunos otros nombres, pero sería sólo especular sin pruebas, lo que, por el momento, no parece prudente (las que hace poco hice sobre el denominado Ojuelo de Bayona -que no es el de El Salobre- no fueron acertadas). Solamente apuntar que la falta de indicios toponímicos claros anteriores a la Baja Edad Media no ha de significar automáticamente que no hubiera poblados en el término actual antes de la conquista; también puede deberse a la etapa de varias centurias de abandono que padeció la zona después de su caída en manos castellanas. Como todo el entorno, las tierras de El Salobre pasaron a poder del reino de Castilla en 1213, fecha en que Alfonso VIII, tras tomar Alcaraz, funda en ella un concejo y le entrega un enorme territorio, en gran parte vacío, que por el sur llegaba a incluir el de Albanchez, que lindaba con Torres y Segura, todavía musulmanas durante algunos años, aunque no tardarían en ser reconquistadas por la orden de Santiago, que acabó anexionándose también las de aquel municipio y dejando los límites aproximadamente en los actuales de Albacete y Jaén, siguiendo más o menos el río Turruchel hasta el Guadalmena. Alcaraz, sin embargo, no pudo controlar ni repoblar durante varias décadas buena parte del término que el rey le concedió, y menos en las zonas limítrofes con la orden, donde no solamente no hubo nuevas pueblas, sino que languidecen y hasta desaparecen las pocas que existían. Algunas volverán a resurgir en el siglo siguiente con sus antiguos nombres (La Cenilla, el actual Villapalacios, que pudo tener otro todavía anterior) o con otros cristianos (Matilla, que sería el actual Bienservida), mientras los santiaguistas se afanan en repoblar Bayonas (cerca de aquella villa) y el Albaladejuelo (actual Villarrodrigo), pero quizá son más las que desaparecen definitivamente, como las que existieron cerca de Cerro Vico. Los únicos topónimos que parecen haberse mantenido en todo el valle del río Guadalmena son los de Turruchel, donde hubo un castillo, quizá ya abandonado (el nombre nos remite a una Torrecilla o “Turricella” anterior al Islam) y el de Gorgojí, una alquería dotada de una torre, que se conserva aún, y que estuvo en poder de la orden de Santiago. Y puede que Reolid, que es una de las pocas que no cambian de nombre, y que probablemente fue una gran propiedad entregada al linaje del que hemos hablado. Por desgracia, la historia de Reolid y El Salobre, nombres que casi siempre aparecen unidos, y puede que no sólo por su proximidad, ha dejado muy poco rastro documental, en parte por estar en caminos difíciles, y en parte por hallarse en tierra fronteriza entre las de Alcaraz y la orden de Santiago, en un primer momento; pero más todavía, en la Baja Edad Media, por situarse cerca del nuevo señorío que el conde de Paredes, don Rodrigo Manrique -el padre del poeta- conseguirá en el sur del término de aquélla, al recibir de Juan II de Castilla, hacia 1436, las villas de Matilla, Cenilla y El Pozo

(que más tarde serán llamadas Bienservida, Villapalacios, Villaverde), a las que se añadieron con posterioridad Riópar y Cotillas. Aunque la donación se refiere en principio solamente a las villas “de las tejas adentro”, la ampliación de las dehesas, que terminan convirtiéndose en términos, y el autoritarismo arrogante del conde y de sus descendientes, que poseen además un poder militar sin parangón en toda la comarca, serán ya en adelante, durante el siglo XV y parte del siguiente, una fuente constante de conflictos con las autoridades de Alcaraz y con sus aldeanos. Entre ellos, sin duda, los que pudiera haber en Reolid y El Salobre, que están en el camino de Alcaraz hacia Riópar y hacia Villapalacios, si bien no poseemos noticias al respecto hasta fechas tardías.

El río de El Salobre, desde el puente, en el centro del pueblo

El puente de El Salobre, que se supone es del siglo XIX, pero puede tener precedentes antiguos

LAS PRIMERAS NOTICIAS Aunque es de suponer que ya existiera antes, las primeras noticias que tenemos de Reolid y El Salobre se contienen en unas ordenanzas de pesca de Alcaraz que en pleno siglo XV -aunque probablemente puedan ser anteriores, pues en ellas se habla al propio tiempo de los ríos de Bayona y Cenillas, que son nombres antiguos de los de Bienservida y de Villapalacios- prohíben coger truchas: “…El río de Reolir de la puente arriba sea vedado… El río del Salobre de la puente arriba sea vedado…” Por lo tanto, parece que ya existen los puentes, y si bien no se dice todavía que existieran los pueblos, es de creer que así fuera. Otra noticia habla del “Puerto del Salobre” (sin duda el que hoy en día conserva el mismo

El camino del Puerto del Salobre, que pasa entre el Pizorro (a la derecha) y el Puntal de la Mina (a la izquierda)

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nombre, en el carril que va de ésta a Villapalacios, pasando entre el Pizorro del Aljibe y el Puntal de la Mina), hasta donde llegaba la cañada ocupada desde Villapalacios por vasallos del Conde de Paredes, a los que una sentencia judicial de 1483 obliga a devolver a la jurisdicción de Alcaraz. Y a juzgar por los datos eclesiásticos que ofrece Ayllón Gutiérrez, parece que a finales de este mismo siglo por lo menos Reolid tiene una iglesia servida por un cura y que además sostiene media prestamería, aunque es muy dudoso que siga manteniéndose, como podremos ver. Iglesia que tal vez estuviera ya entonces donde hoy, aunque el arco ojival y el artesonado de apariencia mudéjar que conserva no sean suficientes para decir si ésta pudiera ser o no el primitivo templo. De El Salobre no se habla todavía, quizá porque tuviera muy poca población, dado su alejamiento del camino real, o porque hubiera sólo una pequeña ermita atendida de forma ocasional (en el siglo siguiente, veremos que depende de la de San Ignacio de Alcaraz, de donde han de venir los ornamentos, el óleo para ungir y hasta los hierros de fabricar obleas). A finales de siglo, en 1494, cierto Juan Batanero, que vive en Villanueva, hace una petición en el Ayuntamiento de Alcaraz, pidiendo una licencia para hacer un molino y un batán “en el río del Salobre, cabo Cardos” (o sea, cerca de Cardos, que es una de las fincas mejor documentadas de toda la provincia, desde el siglo XIV, aunque es de suponer que el molino citado sea el actual de Iramala, u otro que existiera en el mismo lugar o en otro no lejano). Todavía no se habla del pueblo de Salobre, sino sólo del río, donde, por cierto, pescan truchas ciertas personas, que serán denunciadas el 20 de febrero de 1504 por haberlas llevado a vender a Villapalacios. Pero en ese mismo año de 1504 vemos ya una denuncia de las autoridades de Alcaraz a Pedro de Reolid, vecino de El Bonillo, al que se acusa de llevar al Salobre, sin pagar los derechos de almotacenía, nada menos que ochenta cargas de vino; lo que quiere decir que el pueblo ya existía y que, probablemente por estar retirado, pero cerca, del camino real, sirviera de refugio y almacén a los contrabandistas, pues por mucha afición que sus vecinos le tuvieran al mosto fermentando, no se puede pensar que las ochenta cargas fueran para el consumo de la localidad. Y sabemos también que el 16 de marzo de 1509 la reina doña Juana encarga al licenciado De León abrir información y dar sentencia sobre ciertos agravios que gentes de Alcaraz habían padecido por parte de va-

sallos del Conde de Paredes; entre ellos el ataque a unos cazadores por vecinos de Riópar, y la entrada de cinco o seis hombres de Bienservida, que llegaron armados a El Salobre, “lugar de Alcaraz”, y se llevaron preso a uno de sus vecinos, que hubo de obligarse a pagar cierta suma para recuperar su libertad.

Un puente sobre el río Angorrilla, que es el de Reolid

De los años siguientes hay noticias sobre reparaciones del puente y el camino del Vado de Reolid (1518), y en 1520 en el Ayuntamiento de Alcaraz, se ordena “hazer dos puentes en los ríos del Salobre e de Reolid, que son camino de la Andaluzia”, lo que indica que sigue existiendo esta vía de comunicación, aunque sin duda alguna era más importante por entonces la que de El Ballestero y Viveros seguía por Terrinches y la Puebla del Príncipe. Pero tanto Reolid como El Salobre eran, al parecer, poblaciones pequeñas todavía: En 1530 la primera tenía 11 vecinos y la segunda apenas llegaba a 17 (es decir, poco más del centenar de almas entre los dos lugares), cuando Vianos rondaba los 200 vecinos (800 personas, aproximadamente) y las villas cercanas del Conde de Paredes (Bienservida y Villapalacios) los 250 (sobre 1.000 habitantes cada uno). Y a tenor de los datos de Isabel García Díaz, la inmensa mayoría de aquellos habitantes de Salobre y Reolid por esos mismos años serían ganaderos; por lo menos, pastores, porque probablemente no fueran propietarios de muchas de las reses que tenían a cargo.

Un puente sobre el río del Salobre, construido quizá sobre el antiguo Puente del Vado de Reolid, junto a la carretera de Albacete a Jaén

Molino de Iramala, con su balsa de piedra

Sabemos, además, que seguían produciéndose violencias de las gentes del conde de Paredes contra sus habitantes. Incluso hay noticia de un proceso seguido en El Salobre, a finales de 1535, contra el conde don Rodrigo Manrique (II) y algunos de sus hombres, incluido su hijo y un criado negro, que habían atacado, desarmado y vejado, llegando a amenazarles incluso con la horca, a sendos alguaciles de Alcaraz

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que volvían de embargar sesenta cabras a un vasallo suyo. Las malas relaciones del noble y el concejo eran una constante -en ese mismo año y en el anterior caballeros de sierra, guardianes de los montes, de Alcaraz habían requisado sus espadas y varas de justicia a las autoridades de Riópar que iban en procesión al castillo de El Santo, junto a La Vegallera- pero nunca hasta ahora habían terminado los pleitos en condena del conde de Paredes. En cambio, en el de 1535, reunidos en la aldea de El Salobre acusados, testigos y abogados con el pesquisidor Rodríguez de la Seca, en octubre y noviembre, y tras analizar las distintas versiones, la sentencia -o sentencias, porque el representante de Alcaraz se había querellado contra cada individuo, para que escarmentaran con la condena en costas- cerrarían el año condenando al orgulloso noble a una multa de 10.000 maravedís, destierro por el tiempo que quisiera imponerle Carlos V y estricta prohibición de acercarse a tres leguas de Alcaraz, además de las costas. Los demás implicados serían condenados en costas igualmente, destierros que oscilaban de dos meses a un año, pérdida de las armas que usaron el día de autos, y multas adecuadas a las distintas culpas. LOS PRIMEROS VECINOS. POBLAMIENTO E INDUSTRIALIZACIÓN EN LA ÉPOCA MODERNA Sin duda este proceso animó por un tiempo la vida de El Salobre, que debía de ser normalmente anodina. Pero su si-

Vecinos de Salobre, 1570 Pedro Martínez Pedro Rodríguez Alonso Reguillo Cristóbal Sánchez Cristóbal Garrido Sancho Fernández Sebastián Moreno Gonzalo Sánchez Catalina Díaz Pedro Moreno Moreno el Mozo La de Andújar Diego Reguillo

Vecinos de Vianos y Salobre a mediados del siglo XVI

tuación junto a Villapalacios y Riópar, donde los aldeanos de Alcaraz eran poco queridos, no les permitiría aumentar sus contactos, ni atraer población, probablemente. Ni siquiera parece haber iglesia -aunque acaso pudiera haber alguna ermita en la que celebrar bodas y funerales- y de la de Reolid, que hasta parece haberse despoblado, tal vez a consecuencia del paso de las tropas, como suele ocurrir por esas fechas en pueblos camineros, no tenemos noticias. A mediados del siglo XVI los fieles de El Salobre -entre los que se incluyen también los de Reolid- forman una unidad con los de Vianos; ni siquiera parroquia, puesto que todos juntos dependían de la de San Ignacio de Alcaraz (como ya señalamos, en pleno siglo XV existieron iglesias en Vianos y Reolid, pero en el siguiente, ambas parecen ser simples capellanías de la de San Ignacio). Entre los tres lugares, apenas pasarían del centenar, de los que sólo uno, Sebastián Pellejero, se dice expresamente que resida en Reolid, aunque acaso pudiera haber alguno más. Poco tiempo después, seguramente al entrar en servicio la iglesia de Vianos, esta localidad desaparece de las listas que hace San Ignacio anualmente, y figuran tan sólo los fieles de El Salobre, que en la lista de 1570 eran ya sólo trece -los primeros que hemos conocido- de apellidos tan poco aristocráticos como los de Martínez, Rodríguez, Sánchez, Fernández, Garrido, Moreno y Reguillo, y también dos mujeres, “la de Andúxar”, que sería la viuda de alguien así llamado, y Catalina Díaz, que debía de ser cabeza de familia, sin que se diga nada de si alguno de ellos vive aún en Reolid. A partir de este año, el archivo eclesiástico conserva algunas órdenes de inscripción entre los feligreses de El Salobre de vecinos que vienen a vivir al lugar, sobre todo de Vianos, desde donde quizá trataban de escapar huyendo de los gastos que llevaba consigo la erección de la iglesia de su pueblo. El hecho es que a los 13 que figuran aún en la lista de 1571 se añaden ese año y en los tres que le siguen, con letra diferente, 26 nombres más, a menudo parientes de los ya establecidos, aunque también figuren algunos Avilés, Del Portal, Burrucal, De las Yeguas, López y Cabrejano. Se ha triplicado el censo, y son ya los 40 que vemos en la lista,

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Los 40 vecinos de Salobre, en 1575

mucho más ordenada, de 1575, que es la última del libro que nos brinda estos datos. En el censo de 1591 figuran 35 vecinos en Salobre y otros 30 que viven en Reolid; total, 65, de los que hay dos hidalgos e incluso un sacerdote, que sin duda no es párroco, porque aún no parece que existiera una iglesia. Aunque pueda crecer, el Salobre se encuentra en la parte serrana del extenso término de Alcaraz, la más pobre del término (tanto, que ni una sola de sus pocas aldeas intenta emanciparse comprando su villazgo, como hacen Las Peñas, El Bonillo, Munera o Barrax). Por tanto es de pensar que ese crecimiento no fuera prolongado. Por desgracia, no he podido proseguir esta investigación hasta la creación de la nueva parroquia de El Salobre y Reolid, que debió producirse poco tiempo después, pues sabemos que hay libro de bautismos de 1610 y registro de bodas a partir de 1596, aunque estos documentos, que figuran aún

en inventario hecho recientemente, se encuentran extraviados. De momento, podemos apuntar que los datos que ofrece el profesor García en su valioso estudio La Sierra de Alcaraz en el siglo XVIII registran un descenso de consideración en el censo de 1631: El Salobre, que cuenta con 28 vecinos, capea el mal momento mejor que Reolid, que sólo tiene 15, y ha perdido, por tanto, la mitad de su censo de cuarenta años antes. Sin duda es un reflejo de la crisis del siglo XVII, que aún habrá de empeorar conforme avance el siglo y España, derrotada en los campos de batalla de Europa, deje de ser potencia, sin dejar de tener los enemigos que como tal tenía. Desde el punto de vista productivo, es de creer que la vida de El Salobre y Reolid se vincule a la huerta y a la ganadería, y puede que a las minas, que sabemos debieron existir, pues en el XVI había “ferrerías”, propiedad del Conde de Paredes, que necesariamente debieron instalarse cerca del mineral. Ignoramos, no obstante, si esta pequeña industria llegó

Dos pedazos de escoria en La Herrería

Piedras, grúas y tolva del antiguo molino de la “Cuesta del Molino”

a sobrevivir a la crisis del siglo XVII, general en Castilla, pero muy acusada en las zonas serranas y aisladas como ésta. Puede que terminara en posesión del Conde de las Navas de Amores, que a mediados del siglo XVIII comprará al de Paredes, arruinado, Villapalacios, Riópar, Bienservida y el resto de su antiguo señorío serrano. Probablemente, el lote incluyera también sus intereses en tierra de Alcaraz, y muy en especial en El Salobre, e incluso es muy posible que ampliara el negocio al trabajo del cobre, aprovechando la energía del río del Salobre, o del de Zapateros. El famoso Catastro de Ensenada (1753) señala que, además de “un molino harinero de agua contiguo al lugar” (es de creer que un antiguo precedente del que existe en la “Cuesta del Molino”, aunque hubo otros dos aguas arriba) y de otros dos molinos, uno en el río Angorrilla -posesión de la duquesa de Alba- y otro más adelante en el curso del mismo, propiedad de vecinos de Vianos y Alcaraz (se supone que fuera el actual de Iramala), existía “un martinete para batir cobre en la vega del río del Salobre, con cuia agua anda”; artefacto que acaso pudiera situarse en el paraje que aún en nuestros días se llama “El Martinete”, cerca de “La Herrería”, en el camino de El Salobre a Riópar, donde puede encontrarse todavía gran cantidad de escoria de mineral fundido, aunque ésta puede ser posterior o anterior.

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Hasta entonces, y acaso a consecuencia de la crisis pasada, agravada en la tierra del Conde de Paredes a partir de la Guerra de Sucesión de España, El Salobre parece haber perdido parte de su importancia. A mediados del siglo XVIII, y a tenor del Catastro de Ensenada, sólo hay cinco vecinos propietarios de tierra, un pastor mayoral, un molinero, tres jornaleros pobres y un martinetero, en tanto que en Reolid hay 9 propietarios, un mayoral de labor y otro de labranza, tres gañanes y un guarda de los cerdos y cuatro jornaleros. El mismo documento evalúa los impuestos que pagaba El Salobre en 18.100 maravedís, mientras que, por ejemplo, El Robledo pagaba más de 43.000, El Cepillo rentaba casi los 30.000, El Cilleruelo 27.000, y Reolid sobrepasa los 29.000, lo que puede indicar su mayor población, aunque no es elemento de juicio suficiente. Paradójicamente, sin embargo, los gastos del Concejo de El Salobre (840 reales anuales) superan los del resto de pequeñas aldeas, a excepción de Vianos, que es un pueblo importante y mucho más poblado. Y no cabe pensar que la razón esté en la mayor riqueza de los pocos vecinos de El Salobre, que hubieran de pagar una cuota más alta; más bien, hay que buscarla en el mejor control de las actividades industriales (martinete y molinos), y en la necesidad de guardar la dehesa que ocupaba gran parte de las tierras cercanas. En el mismo Catastro se dice hay “tres piezas de tierra de corta consideración” y “una dehesa que rodea al lugar, que se arrienda anualmente por sus aprovechamientos en ochocientos reales”. Por tanto, no parece que la riqueza agrícola sea considerable, sino que hay que pensar que el martinete y la ganadería fueran las principales de la localidad, aunque seguramente ninguna de las dos seria de propiedad de los trabajadores. Pero, aun así, parece que El Salobre comienza a progresar bajo Carlos III: como podremos ver, tiene 26 casas hacia 1788. Con sus antecedentes mineros e industriales, el hallazgo de nuevas minas en la comarca (aunque probablemente existieran ya antes), la cercana creación de las Reales Fábricas de San Juan de Alcaraz (las Fábricas de Riópar), la abundan-

El antiguo edificio de la fábrica, convertido en viviendas

cia de agua y de madera, la sanidad del clima y la facilidad para el alojamiento, no es de extrañar que pronto se eligiera El Salobre para la instalación de una manufactura de chapa de hojalata, latón, cobre y alambre. Una empresa modelo del mejor Despotismo Ilustrado, que nació, sin embargo, en mal momento, en 1788, el año en el que muere el rey Carlos III, y en vísperas del cambio que comenzó en París en el año siguiente y afectó a toda Europa. Una idea magnífica, que tuvo, sin embargo, escasa pervivencia, como ha señalado el excelente estudio del profesor Helguera. Ni siquiera llegó a fructificar, a pesar de contar con un buen presupuesto, con sendos edificios del maestro arquitecto Lucas de Villanueva para la misma fábrica y el alojamiento de los trabajadores (en El Salobre había sólo 26 casas, que se pensaba iban a ser insuficientes), y con tecnología de lo más avanzado en la laminación. Las improvisaciones, la actuación negligente, cuando no interesada o corrupta, de don Félix de Gérica, nombrado director, la muerte de Reynaud y Delone, los expertos franceses creadores del proyecto, y otras circunstancias, hicieron que la empresa terminara en fracaso en menos de diez años de ensayos y mentiras, sin haber comenzado a producir en serio. Las fábrica, saqueada por los propios obreros como resarcimiento del salario incobrado, y por el vecindario, será desmantelada y trasladada a Asturias a comienzos del siglo XIX (1803). Sólo perdurarán los grandes edificios, divididos muy pronto entre varias familias de vecinos, en cuya situación seguirán hasta hoy, y aunque se mantendrá la vieja ferrería y en el martinete se elabora tiradillo de hierro (medio siglo después, Madoz habla de ambos y de la exportación de este metal en bruto), no parece que esta actividad proporcione trabajo a mucha gente, ni que alcance de lejos la importancia que se había pensado alcanzara la fábrica. Pese a todo, se da un fuerte crecimiento: los 26 vecinos que El Salobre registra hacia 1784, más otros 26 que viven en Reolid, serán 51 y 31 al comenzar la siguiente centuria, e incluso llegarán a los 71 y 28 cuando empieza la guerra contra Napoleón (1808) y hasta 82 y 83 cuando ésta termina (1815). Ni las fiebres y otras epidemias del siglo XVIII, de las que quedan rastros en alguna inscripción de enterramiento, ni la mortalidad infantil constatada de manera habitual y en años más concretos como 1768 y 1774, ni las posibles muertes en la guerra (en la de Independencia el cura de Reolid dice haber enterrado al menos dos soldados voluntarios locales, aunque pertenecientes al llamado Regimiento de Málaga), parecen limitar la tendencia al aumento, general en la época gracias a la mejora de la alimentación y a los avances médicos, que empiezan a llegar a las clases humildes. Además, desde fines del siglo XVIII crece la inmigración, de familias que vienen de Vianos (como los Mañas, Maestro, Quílez y Cabezuelo), de Alcaraz (los Marín), o Albacete (Godoy), y todavía más de Paterna y Bogarra, incluso de El Bonillo, que parece el origen de la familia Herrera. También vienen, y muchos, de las villas del conde de Paredes, como Villapalacios, de donde al parecer proceden los Calabria y un Gaspar de Bono que bau61

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La iglesia de Reolid, que parece anterior de rango mayor que el templo de El Salobre

El Salobre, en el valle de su río, cuyo curso se sigue por la hilera de árboles

tiza a sus hijos, Juan de Mata, Ramón y Candelaria, desde 1815 en adelante. Familias que serán, a partir de estos años, junto a los Aguilar, Burrucal y Rodenas, Torres, Cuenca y Castillo, los Salto de Reolid, que ya no tardarán en llegar al Salobre, y a las ya mencionadas con anterioridad (sobre todo Garrido, Martínez y Rodríguez), los nudos de una malla de múltiples enlaces, que seguirá creciendo en los años siguientes. EL SIGLO XIX Con todo, el incremento no parece indicio suficiente para hablar de mejora general. Sin inversión alguna por parte del gobierno, y sin tierra bastante para el mantenimiento, pues los montes serían del Estado o del Ayuntamiento de Alcaraz, sólo queda el recurso de saltarse la ley y roturar los montes. Recurso que, en principio, sólo estará al alcance de los bien situados, como son los Asenjo de Alcaraz, grandes terratenientes y especuladores, uno de cuyos miembros solicita que no se le prohíba disfrutar de las siembras y labores que él y sus consortes han hecho en El Salobre. Es posible que otros imitaran su ejemplo ya desde muy temprano, rozando las dehesas o comprando terrenos y ampliándolos de manera ilegal, como es muy común en las primeras décadas del siglo XIX. Pero los documentos parroquiales nos hablan a menudo del entierro “de gracia” o “de limosna” de “pobres miserables”, lo que indica a las claras que no todos tenían unos medios de vida suficientes. Y como aquí no hubo Revolución Francesa, ni venta de baldíos como la reclamada por ciertos ilustrados, el eterno problema de los brazos sin tierra y la tierra sin brazos tenía mal arreglo. Aunque con la anarquía traída por la guerra contra Napoleón, y con el descontrol de los años siguientes, se pudo producir un momentáneo alivio con la roturación de tierras por los pobres, es de creer que las cosas no cambiarían mucho. Si acaso, extendería el minifundio, típico de la zona, que no siempre asegura una supervivencia en condiciones dignas; pero incluso esto habrá que comprobarlo, pues no pasa de ser una simple intuición.

Por entonces parece que El Salobre, que posee además varios “cortijos” o pequeñas aldeas dependientes, es mayor que Reolid, y sin embargo, por alguna razón que no se explica, las actas de bautismo, boda y enterramiento de principios del siglo XIX se refieren a este último lugar como el más importante eclesiásticamente, y dicen que El Salobre es “anejo” a Reolid y a su parroquia de Santo Domingo de Guzmán. Desde 1812 en adelante, las actas de El Salobre ya no hacen referencia a esta relación, y solamente hablan de su propia parroquia, la de Nuestra Señora de la Paz, que creemos existe mucho antes, pero no se menciona durante aquellos años. En cambio, el Diccionario Geográfico-Estadístico de don Pascual Madoz, sí vuelve a señalar que hacia mediados del siglo XIX la parroquia de San Bartolomé es la iglesia matriz, mientras la de El Salobre se considera aneja. Parece, por lo tanto, que, al menos desde el punto de vista religioso hay una primacía de San Bartolomé, quizá justificada por su mayor solera, por la facilidad de comunicaciones, o porque el cura tenga su vivienda en Reolid, pero que deja huella perdurable en el tiempo. Por entonces se había producido, desde 1836 -aunque la dotación de término se atrase hasta 1840 y no sea ordenada de manera efectiva hasta el año siguiente, cuando Espartero es ya el regente del reino- la emancipación de El Salobre y Reolid respecto al municipio de Alcaraz, y el establecimiento

Real Orden de 1840 aprobando los nuevos términos de El Salobre, Vianos y demás municipios que se han segregado de Alcaraz

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en El Salobre de un nuevo Ayuntamiento. Un hecho trascendente, que bien pudo ayudar a incrementar el censo. El mismo Diccionario de Madoz nos indica que entre ambas sumaban a mediados de siglo los 234 vecinos (1.025 almas), de los que en El Salobre viven la mayoría (se señala que tienen 150 casas, y que a su escuela asisten unos 40 alumnos, cuando a la de Reolid sólo se asignan 20). Ni tan siquiera el cólera, que según nos informa el cura párroco matará un centenar de feligreses, que es casi el 10% del censo de El Salobre, en agosto de 1855, detendrá la citada tendencia al crecimiento. Los procesos desamortizadores -Mendizábal, Madoz- que por aquellas fechas transformaron la vida de otros municipios, cambiarían muy poco, a corto plazo, al menos, la propiedad agrícola de El Salobre y Reolid, aunque sí incrementaron las tierras susceptibles de nueva explotación. Si bien hubo vecinos de Alcaraz y El Salobre, como los Rozalén, Simarro y Marín, que adquirieron parcelas de menor extensión (los Rozalén también las comprarán en Vianos y en Villapalacios), los más beneficiados serán los forasteros solventes y capaces de forzar a la baja los precios de subasta. En el recién nacido término de El Salobre un solo propietario, don Ramón de Llano y Yandiola, vecino de Madrid y bien relacionado con los nuevos gobiernos liberales, se hará con cuatro quintos de la tierra vendida, que se irá fragmentando poco a poco en el siglo siguiente. Sus hijos y sus nietos serían los “caciques” hasta bien avanzado el siglo XX, aunque competirán con otros de nueva implantación, lo que proba-

Reolid, en el camino de Alcaraz a Jaén, y en lugar que articula a toda la comarca

La carretera vieja de El Salobre a Reolid y el río en el Hocino y el Pizorro del Aljibe (a la derecha)

blemente hizo menos sangrante en estos pueblos el dominio oligárquico de estos terratenientes. Aquellos “señoritos”, que ocupan el lugar de los viejos “señores”, llegarán a tener su propia clientela, criados y familias bajo su protección, que a menudo les piden mediación o consejo en sus asuntos, o que sean padrinos de bautismo de un niño, estableciendo así un cierto parentesco, siquiera espiritual (aunque aquí son más bien las hijas de la casa,

María Luisa y Gertrudis de Llano, las que hacia mediados del siglo XIX amadrinas a niños de los Mañas, Navarro, Martínez o Moreno, entre otros apellidos). Con el tiempo, hasta habrá una cierta adscripción de esta y otras familias importantes a a partidos políticos de la Restauración, y aunque la mayoría no intentarán siquiera ocupar la alcaldía, ejercida a menudo por gentes de confianza, tampoco es tan extraño encontrar a un De Llano al frente de la misma (Luis de Llano Navarro la ejerció durante cinco años, y su hermano Ramón por un cuarto de siglo, desde 1890 hasta 1921, y su hijo Ramón de Llano Ruiz lo será desde 1921hasta 1922). Pero en el cacicato que rige la provincia los De Llano y otros terratenientes de la misma comarca no tienen tanto peso, comparados con otros, como son los Acacio, los Ochando y Jiménez de Córdoba, y como consecuencia, la sierra de Alcaraz va quedando atrasada, con un ferrocarril que no se terminó y una carretera propia del Tercer Mundo hasta hace pocos años. Carretera, además, que pasa por Reolid, pero deja a El Salobre marginado de la ruta de Albacete a Jaén, aunque luego se hará una bastante estrecha, incluso peligrosa, a través del paraje del Hocino, y seguirá existiendo al menos un camino que conduce a Las Fábricas, sucesoras de Riópar. Los datos compilados por Francisco García permiten afirmar que, pese a todo, la población aumenta, pasando de los 133 vecinos en el año 1830 a los casi 270 treinta años después, pero al no repartirse en la misma medida la propiedad agraria, es de creer que este aumento se debiera a razones de orden vegetativo y no se tradujera en la mejora del conjunto social (problema interesante que, no obstante, deberá confirmarse mediante un estudio del catastro y actas municipales). También hay que pensar en una inmigración de familias quizá algo más desahogadas económicamente, que invirtieran en tierras y negocios, y acaso en la constante roturación de montes emprendida de forma irregular, que quizá en buena parte sea el origen de las muchas pequeñas propiedades que veremos después; pero son sólo hipótesis, que habrá que comprobar con un examen de las escasas fuentes que han llegado 63

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a nosotros. De los libros de bodas y bautismos solamente podemos deducir la citada tendencia al crecimiento y la continuidad de una inmigración a veces procedentes de lugares lejanos como el asturiano de Cangas de Tineo, si bien la mayoría son de pueblos cercanos, muy en particular de la misma provincia de Albacete, de Alcaraz y su sierra, donde hay una increíble movilidad social. Un ejemplo perfecto es el del matrimonio formado por un tal José María Pretel, que viene de Alcaraz (aunque su madre, Maximina Castedo, fue natural de Vianos), y María Cebrián, que procede de Riópar (aunque sus padres eran de Peñas de San Pedro y de la villa serrana de Bogarra). Establecidos ya en los años sesenta en El Salobre, bautizan a sus hijos desde fines de esa misma década y en la de los setenta. Estos convivirán con los de otras familias, como los Valdelvira, que proceden de Riópar y Bogarra, o los Cádiz de Vianos, los Castedo, Romero, Rozalén, Oncala, Ciria, Moreno y otras tantas familias, o con los Galletero y Montano, que tienen en Reolid su tronco principal, aunque algunos también viven en El Salobre, que tenía 828 habitantes de hecho, sin contar más de 100 en los cortijos -El Ojuelo, el Horcajo, La Laguna, Tobar Alto, Vega de Las Nogueras- y 270 en Reolid, según datos que ofrece Roa Erostarbe. Algunos, oficiales del hierro o la madera, tendrán mejor pasar, e incluso lograrán ahorrar lo suficiente para adquirir sus tierras; pero otros tendrán que resignarse a vivir del jornal, aun cuando muchos puedan tener un huerto en propiedad o censo.

raciones excesivas y las necesidades de madera y carbón para la industria. El mismo Roa, hablando de la aldea de Reolid, pero con referencia al conjunto del término, dice que está agotada la antes abundante caza y vegetación, “por las abundantes talas en sus montes”. Y aunque los propietarios del molino y la fábrica de lana pudieran obtener unos medios de vida suficientes, es difícil creer que la gran mayoría de vecinos, sin despensa ni escuela, como decía Costa -o con una despensa y una escuela tasadas, que las clases más pobres no llegaban siquiera a conocer- no participaría del moderado avance que una España atrasada comienza a conocer. El recién estrenado sufragio universal no significaría para la mayoría sino un renovado servilismo, la entrega de su voto al cacique de turno, o a quien las fuerzas vivas (sobre todo los curas y los terratenientes) indicaban que había que votar. Con el tiempo, algún pobre conseguirá vender su voto por comida, o a cambio de promesas de un trabajo más fijo, o incluso la cesión de un pedazo de tierra en la huelga del río; pero eso tardó, y las elecciones no eran todos los años.

Salto y central eléctrica en La Herrería

El valle del Ojuelo visto desde las ruinas de la aldea de este nombre

Sin embargo, a finales del siglo XIX ya ha desaparecido la pequeña industria metalúrgica, de la que ni siquiera se conserva recuerdo (Roa Erostarbe piensa, equivocadamente, que el antiguo edificio de la fábrica, en el que se alojó, era un viejo almacén de los productos hechos en las de Riópar), aunque hay una pequeña fábrica de tejidos y funciona el molino alimentado por el caz o río chico. Está claro, por tanto, que El Salobre entra en el siglo XX con bases económicas mucho menos modernas que las que poseía en la anterior centuria, y además con recursos más pobres y esquilmados por las rotu64

LOS COMIENZOS DEL XX Otro tanto, sin duda, se podría decir del siglo XX, cuando esa mayoría, que vive del jornal y de algún eventual y no muy duradero empleo en obras públicas, como la carretera y el ferrocarril (el de Baeza-Utiel, que no se concluyó), no tendrá más remedio que emigrar o aceptar la sumisión total a los terratenientes y a las “fuerzas vivas”, que con mucha frecuencia abusaron de ellos. La instalación de un salto y una central eléctrica en la antigua Herrería, vino a proporcionar energía a las casas mejor acomodadas, pero es de pensar que no llegara a todas (el candil y el carburo fueron durante décadas el único alumbrado en las de los humildes), y además esta industria dará poco trabajo, y venderá gran parte del fluido producido a una compañía que opera en la comarca. La riqueza mayor será la plantación masiva de olivar en las laderas, que permite sacar un cierto rendimiento, aunque es menos rentable y más penosa que en las zonas más llanas, y también de

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frutales en las vegas, que darán fama al pueblo, aunque dependerá de las oscilaciones de la demanda externa y de las conveniencias de los intermediarios. Gracias a esto, y a algunas nuevas roturaciones y ampliaciones de riegos, que llegan a crear algún nuevo cortijo, como el de Los Marines, rodeado de tierras de cultivo, que permiten vivir a unas pocas familias, se ampliarán los recursos laborales del término.

El río de El Salobre, marcado por los chopos, entre la carretera que conduce a Reolid y el camino del Puerto de El Salobre, que va a Villapalacios pasando por la falda del Puntal de la Mina y el Pizorro

Pero no hay que olvidar que muy pocas familias poseían la tierra suficiente para la subsistencia con cierto desahogo. Hasta los propietarios que tenían, además, otras fuentes de ingreso en oficios mecánicos del hierro o la madera o la molinería, tendrán que dedicar a sus hijos varones al trabajo del campo, y rezar para que éstos no fueran destinados a hacer la “mili” en África, porque ellos -al contrario que los acomodados- no podrían pagar la redención que los eximiría. Por tanto, fueron muchos, sobre todo los pobres, los que hicieron en África el “servicio”, y varios los que vieron de demasiado cerca el desastre de Annual, donde algunos murieron, y las duras campañas subsiguientes. En éstas, sin embargo, comenzó su carrera el teniente Martínez (don Ramón), típico africanista, hijo de un militar de la Guerra de Cuba (don Felipe), que se había retirado y era alcalde del pueblo durante el Directorio Militar de Primo de Rivera. Este Ramón Martínez, que parece el único militar de academia salido de El Salobre, fue enviado a Melilla, bajo el mando de Mola, y llegará a teniente por méritos de guerra bajo la dictadura de Primo de Rivera. Obviamente, no estuvo mucho tiempo en el pueblo, pero sin duda vino a visitar a su padre y hermanas, “las Tenientas”, que formarían parte de la elite local, aunque no por razones económicas. De aquella Dictadura tenemos una foto de un acto de adhesión a Primo de Rivera, que vale por un libro, por cuanto es un auténtico dechado de los grupos sociales que apoyaron a éste. Dos docenas de mozas -alguna ya no tanto- y cuatro o

cinco niños de las buenas familias, entre las que destacan la del cura don Valentín Moreno y las dos hijas de Felipe Martínez, rodean a un teniente de la Guardia Civil -desconocido, porque en el pueblo nunca hubo casa cuartel- al cura José Parra, Ramón de Llano Ruiz, y al teniente Martínez, de uniforme, que es de suponer estaría de visita. El ejército, el clero y la Guardia Civil, las “fuerzas vivas”, y -aunque la Dictadura se decía regeneracionista y contraria al antiguo caciquismo, y aunque el joven de Llano diera menos que otros el perfil del típico cacique- uno de los mayores propietarios del término, que había sido alcalde poco antes del golpe. En esa misma foto, de pie, en segundo término, hay dos o tres muchachos de chaqueta y corbata, también pertenecientes a familias de orden, y el maestro, José Rieta; pero ni tan siquiera hay propietarios medios, y menos todavía proletarios o pobres. No es extraño que Primo no lograra apoyo a su proyecto de instituir un régimen semejante al fascista, que tenía prestigio y hasta cierta apariencia de revolucionario. En España, las clases populares, e incluso amplios sectores de las de medio pelo, se fueron apartando no ya del dictador, sino de Alfonso XIII, uniéndose a menudo a los republicanos, y en medida menor a las ideas marxistas o anarquistas. Pero nada de esto tiene efectos directos en el poder local, más allá de los cambios que sufre la alcaldía, perfectamente acordes con los que en ese tiempo registraba el gobierno: si hasta 1923 habían sido alcaldes Ramón de Llano Ruiz y Emiliano Martínez Valdelvira, durante el Directorio Militar ejercerá este cargo don Felipe Martínez, “el Teniente” y padre del “Teniente”, y en el Civil se siguen don Vicente Muñoz, conservador y propietario ajeno a los partidos del período anterior, que sería, no obstante, rival de los De Llano, y Toribio Martínez, labrador hacendado y no significado, aunque luego será más bien republicano. Y con la “Dictablanda” de Berenguer y Aznar volverá Emiliano Martínez Vandelvira, un personaje oscuro, rico por matrimonio y rechazado incluso por los suyos, que solía ufanarse de pagar los jornales un real más baratos que los demás patronos, lo que ya le retrata como hombre y político.

Acto de adhesión a Primo de Rivera

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Sin embargo, quizá porque ya en esas fechas el minifundio tiene un auge extraordinario (el 90% de las fincas parecen ser pequeñas y estar muy repartidas hacia el año 1930, lo que no significa que todos tengan tierra, y menos suficiente para vivir de ella), no parece que hubiera en estos pueblos demasiados episodios violentos, ni antes ni después de Primo de Rivera, ni en el denominado “trienio bolchevique” ni al llegar la República, pues aparte de algún jornalero extremista en el barrio más pobre -la llamada “Piñísula” o “Península”y de alguna familia ultraconservadora desde el punto de vista católico y social, comunismo y fascismo tuvieron poco éxito. Salvo casos concretos, la “derecha”, encuadrada por los Muñoz/Vizcaya y otros propietarios de menor entidad, los “Tenientes”, las maestras, el cura don José y la familia entera del otro sacerdote, natural de El Salobre, don Valentín Moreno, no destacó por ser demasiado agresiva; la “izquierda” no pasó de ser republicana, como demuestra el hecho de ser Ramón de Llano -que en tiempos apoyó a Primo de Rivera- su líder principal. Sus buenas relaciones con la izquierda burguesa y una cierta actitud paternalista de “padre de los pobres”, que venía de años anteriores, explican que tuviera muchos simpatizantes, pese a los evidentes vestigios caciquiles que había en su actitud (no ya sólo en la suya, sino en la de otras personas hacendadas, que mantienen pequeñas clientelas, además de sus “mozos” y “mozas” o criadas, a veces “para todo”). Paradójicamente, los mayores apoyos a los republicanos -o a Ramón de Llano, porque aquí la política se hace más bien en términos de lealtad personal- no necesariamente serán de los más pobres, que a menudo solían votar a la derecha siguiendo las consignas del cura o del patrón, sino en la clase media más o menos liberal e ilustrada, que a menudo debía igualmente favores a los Llanos. Por regla general, cuando haya elecciones, el pueblo votará mayoritariamente por las candidaturas de derechas. Las de 1931 eligieron a Cándido Lozano, herrero y propietario poco significado, que pronto dimitió y fue sustituido por Bernardo González, aún más conservador, que lo ejerció hasta el triunfo del Frente Popular.

El maestro, don Hipólito

LOS MOMENTOS DIFÍCILES: LA GUERRA Y LA POSTGUERRA Cuentan quienes la vieron que bajo la República hubo cierto sosiego, no exento de tensiones entre clases sociales, 66

pero sin extremismos o actos de violencia como los que se dieron en otros municipios, quizá porque no había demasiados obreros afiliados (un centenar y medio entre la FNTT de campesinos y UGT, oficios varios), mientras que las derechas -los antiguos monárquicos- y la izquierda de Unión Republicana -la de Ramón de Llano- eran en ambos casos formaciones burguesas, no revolucionarias. Hasta la incautación y ocupación de tierras con la Reforma Agraria parece haberse hecho con acierto y mesura, aunque con rapidez: Manuel Ortiz señala que hacia mayo de 1936 se habían expropiado unas 90 hectáreas, menos del 2% del total existente en el término, y se habían asentado más de 100 campesinos, lo que es una ratio bastante moderada que indica la intención de resolver problemas, más que de provocar un gran cambio social. Desde el punto de vista cultural, llegó al pueblo, además, la primera pequeña biblioteca, y alguna que otra beca, que permitió empezar a estudiar bachiller a jóvenes humildes, que hasta entonces no podían soñarlo (y es justo destacar la ayuda que al respecto les prestaba el maestro, don Hipólito, al que muchos guardaron desde entonces eterna gratitud). Luego vino la Guerra, con todos los problemas de la falta de brazos, la escasez y el temor; pero ni tan siquiera en estas circunstancias, hubo serios problemas para la convivencia, pese a los resquemores que pudieron crear la incautación de algunas propiedades y alguna humillación que sufrieron las gentes sospechosas de afectas al golpe militar (sólo fue asesinado don José, “un cura muy político”, por unos milicianos venidos de Alcaraz, y el Capitán Martínez, que no murió en el pueblo, sino ejecutado en Cartagena, en un barco prisión). Por regla general, la gente de derechas fue bastante prudente, y la de izquierdas tuvo bastante contención, quizá porque era raro encontrar dos familias que no fueran parientes más o menos cercanas, y porque aunque el gobierno del Frente Popular fuera más izquierdista, el local estaría, bajo Cándido Quílez, en la línea de Unión Republicana, o de Ramón de Llano, que estaba por entonces en la Junta Gestora de la Diputación. Fue frecuente, según cuentan los viejos, que a las actividades y los bailes de la Casa del Pueblo, y a las particulares, asistieran lo mismo los unos que los otros, aunque, lógicamente, las muertes en el frente y los mutuos agravios fueran creando un clima de mayor crispación durante la contienda. Desde 1937 la alcaldía pasó a un Manuel Segura, del que conozco poco, salvo que al aparecer no gozaría de muchas simpatías por su radicalismo, y en octubre de 1938 a Benigno Maestro, que será el último alcalde democrático (por lo menos, legal, porque las condiciones ambientales impiden hablar de democracia). Parece que entre tanto aumentaron de forma llamativa, a veces por razones de simple oportunismo, las nuevas inscripciones al PSOE y los demás partidos de la izquierda, pero en todo ese tiempo, a juzgar por las listas del libro de Ortiz Heras, ni siquiera parece que se dieran denuncias ante los tribunales populares, lo que es todo un indicio, sabiendo lo que entonces pasaba en otros pueblos. Al acabar la guerra hubo dos o tres muertos, fusilados por el bando franquista, y unas cuantas condenas a prisión o a

NUESTROS PUEBLOS: EL SALOBRE Y REOLID

pena capital, lo que no es demasiado, si vemos lo que ocurre en otras poblaciones por esas mismas fechas. Pero, aun así, las cosas no pudieron ser fáciles. Si bien la mayoría no entró en esta dinámica, y prefirió olvidar los agravios pasados, tampoco faltaría algún aprovechado que ascendió en poco tiempo de nivel económico y social, o individuos rabiosos que intentaron saciar en los vencidos sus ansias de revancha (dicen que incluso hubo quien fue a Villarrobledo, donde entonces había una orgía de sangre). Además, desde 1939 volverá a ser alcalde un viejo conocido, Emiliano Martínez, que ejercerá el poder hasta el 42, con un breve paréntesis de apenas unos meses, en el 41, en que ocupó su asiento el joven falangista José Antonio Martínez, sobrino de su esposa. La “Victoria” vendría también acompañada por el cambio habitual del nombre de las calles y la exaltación del Capitán Martínez, que se había pasado de teniente a la Guardia Civil y se había distinguido en el Bienio Negro reprimiendo disturbios izquierdistas en La Roda, El Bonillo, Villarrobledo y Aspe,

Esquela, en ABC, del Capitán Martínez

donde sería herido en octubre de 1934. Ya como capitán, fue enviado a Albacete en enero de 1936, distinguiéndose pronto, al lado del famoso Comandante Molina, como “propagandista y arrojado defensor del Glorioso Alzamiento Nacional” en la sublevación del 18 de julio, cuando fue capturado y enviado al barco “Sil”, donde fue ejecutado sin formación de causa (aunque la causa era totalmente evidente, por más que

al publicar su esquela mortuoria carguen toda la culpa a la “canalla roja”). Su padre y sus hermanas gozaron desde entonces de consideración particular, como otras familias de derechas, cuyos hijos, que no tardaron mucho en vestirse de azul -no parece que hubiera muchas “camisas viejas”, pero sí que abundaron los nuevos afiliados a FET y de las JONS- o del verde uniforme de la Guardia Civil, reforzaron sus lazos de solidaridad y distinción. Incluso oportunistas de clase más modesta se hicieron falangistas y se hicieron notar, administrando dosis aceite de ricino, incluso aprovecharon para buscar esposa en familias mejor acomodadas, de izquierdas o derechas. Los vencidos, en cambio, se hicieron invisibles, dándose por contentos aquellos que pudieron recuperar al hijo o al marido herido o maltratado, sin sufrir demasiada humillación o demasiada hambre. Pero hay que decir que, por lo menos entre la gente joven, y entre la clase media, las ganas de vivir características de todas las postguerras y la tradicional actitud solidaria de la localidad triunfarían muy pronto. En numerosas fotos de comienzos de los años cuarenta pueden verse muchachos y muchachas de familias de todas las tendencias compartiendo las fiestas y otras actividades; aunque hay que matizar que no todos tenían el cuerpo para fiestas, y menos todavía la peseta que valía el “retrato”, por lo que éstos pudieran resultar engañosos. La dureza habitual de la posguerra se vería agravada muy pronto en El Salobre a causa de los “maquis”, que encontraron aquí, donde además tenían algunos familiares, un refugio perfecto en un lugar rodeado de montañas y caminos difíciles, y sin Guardia Civil. En el 47, su confianza al bajar y hacer noche en el pueblo y en sus alrededores, donde muchos vecinos solían ayudarles, provocó la llegada de fuerzas de Alcaraz y otros pueblos vecinos y una dura refriega -8 de marzo- que acabó con la muerte de Antonio Hidalgo (“Atila”) y toda su partida, copada en Los Marines, cortijo situado muy cerca de El Salobre. A las muertes habidas en la acción -y a los ejecutados “in situ” tras rendirse, algunos de los cuales todavía permanecen sin nombre en su fosa común del cementerio- se sumará muy pronto la de una persona que fue considerada delatora del grupo y las que seguirían después, en represalia. Las fuerzas de ¿orden público? al mando de un auténtico sádico sanguinario, el teniente Casado, torturaron,

Jóvenes salobreños de distintas familias ideológicas, en octubre de 1940

Ruinas de Los Marines, cortijo donde tuvo lugar el tiroteo en 1947

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Grupo de salobreños en el “Hotel Rejillas” (la Prisión Provincial de Albacete). Nochebuena de 1947

mataron y enviaron a prisión durante años a muchos inocentes, incluidos ancianos y mujeres o niñas, y a otros que eran culpables, como mucho, de haber visto a los “maquis” o haberles ayudado con informes o víveres. Pocas familias hubo que quedaran a salvo del clima de terror que propició aquella represión, una de las mayores que registra la historia del Franquismo en estas latitudes (hasta el antiguo alcalde y jefe de Falange sería encarcelado, tras intentar huir, aunque lógicamente, no sería asesinado, como otros, que no soportarían los “interrogatorios” en el mismo Salobre o en la más refinada cámara del horror montada en Alcaraz). LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XX Aunque probablemente no fuera sólo ésta la razón del fenómeno, bastante general, no se puede excluir que aquella represión y sus secuelas influyeran de forma decisiva en el gran movimiento migratorio que, iniciado en la guerra y la posguerra con los que no volvieron o se fueron huyendo de la quema, diezmó la población, de los años cincuenta en adelante, y vino a resolver el antiguo problema de la falta de tierra llevándose los brazos que en otras circunstancias se hubieran empleado y creado riqueza en estos pueblos. Desde luego, motivos para irse no faltaban entonces: la alcaldía, ocupada entre el 42 y el 47 por Luis García Muñoz, un forastero, y más tarde otra vez por Bernardo González, que lo fue en la República, vino a parar de nuevo, en los años cincuenta, a manos de Emiliano Martínez Valdelvira, cuya sola presencia era un buen acicate para salir corriendo. Las libertades públicas quedaron anuladas, y a excepción de los bailes y las obras de teatro esporádicamente preparadas por los

aficionados, no hubo más reuniones que las actividades religiosas -misas y procesiones- en un ambiente incómodo en el que el Nacionalcatolicismo invadía la vida cotidiana: hasta “La Milagrosa”, sociedad cooperativa agrícola creada por la Hermandad Sindical en el 52, la hermandad de regantes “Virgen de La Paz”, y la mutualidad escolar “San Isidro”, deberán acogerse a nombres santos (por otra parte, lógicos, en un pueblo que siempre fue bastante católico y ahora lo sería obligatoriamente). Pero sin duda alguna tuvo más influencia la pobreza y el hambre, que por aquellas fechas todavía seguía matando a los humildes y hacía verdaderos estragos en los niños. A tenor de los datos que ofrece Sánchez Sánchez, Alcaraz y El Salobre -que alcanzaba su máximo al terminar la guerra- son los pueblos que más vecinos han perdido en toda la comarca durante aquella década del 50 al 60. El Salobre, en concreto, comenzó a vaciarse por los barrios más altos y más pobres, pero la emigración también afectará a los de clase media e incluso a los pequeños propietarios de tierras y negocios, que se fueron o enviaron a sus hijos en busca de un futuro mejor. Por esos mismos años se cerrará también el

Cagarraches (peones de almazara), delante de las trojes en que depositaba su aceituna cada uno de los socios de la Cooperativa

Visita del obispo en los años cincuenta

último vestigio de industrialización que quedaba en el pueblo: la fábrica de mantas, refajos y textiles de “Pepico” Almiñana, experto tejedor procedente de Alcoy, que la había mantenido desde los años treinta. Todavía quedaban -aunque moliendo poco- dos o tres de los cinco molinos que existieron, y las tres almazaras (la de La Milagrosa, la del Puente de La Dehesa y la de los Muñoz) que producen al año unos 200.000 kg. de aceite; pero las exigencias del mercado moderno ya hacían presagiar su poca duración. Como compensación, llegan los adelantos: en el 58 se instala en El Salobre el teléfono público. En los años sesenta llega el repetidor y la televisión, aunque sin duda no a todos lo hogares. Por lo menos, permite crear un video-club, que, con las dos maletas bimensuales de libros que envía al Ayuntamiento el Centro Coordinador de Bibliotecas, mantendrán el contacto de El Salobre con el mundo cultural exterior (además, obviamente, hay que contar con las obras de teatro aficionado que montan los vecinos esporádicamente). Ya en el año 70 se elabora el proyecto del nuevo Ayuntamiento, la traída el agua y el alcantarillado a todas las vi-

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La central telefónica

viendas. Hasta se empieza a hablar de llevar al Ojuelo el teléfono y la corriente eléctrica, que ya no llegarán a tiempo de evitar la ruina de la aldea. En el mismo Salobre, aunque las diferencias de clase de otros tiempos se han matizado mucho -en realidad, parece que nunca fueron grandes- y hay una convivencia mejor de lo habitual en esas mismas fechas (aunque probablemente mi memoria no sea la mejor referencia, no recuerdo que hubiera un casino de ricos y un bar de los pobres, como en otros lugares, ni que las diferencias sociales y políticas, que sin duda existían, influyeran de forma decisiva), parece ya difícil la recuperación. Durante aquellos años, como diría el castizo, se acabó la política por falta de políticos. Después de lo pasado, quedaron pocas ganas de meterse en dibujos, y la vida local se sumió en la rutina y la falta de pulso, pasando del fascismo triunfante y militante de los primeros tiempos al franquismo aburrido y cotidiano, que tuvo la virtud de devolver la calma y restañar heridas. José Bono Pretel, en su largo período de mandato, desde el 57 hasta el 74, que viene a coincidir a grandes rasgos con el desarrollismo (aunque aquí, el desarrollo será muy limitado), viene a representar ese franquismo atónico que sin duda cumplía la consigna de Franco a sus ministros: “no me hagan política”, y dedica el esfuerzo a las cuestiones prácticas, como la petición de un consultorio médico o el arreglo de calles, que tenían su falta. Franquismo, desde luego, pero de rostro humano y “despolitizado”, dentro de lo que cabe, debido en gran medida al talante no sólo del alcalde, sino de todo el pueblo, donde predominaban las ideas de reconciliación (de hecho, habrá concejales de familias bastante lejanas al franquismo), a los múltiples lazos familiares de que ya hemos hablado, y a dos hechos, si cabe, aún más influyentes: el pánico que aún se dejaba notar en la gente de izquierda, y el hecho incontestable de la despoblación, que alcanzó en El Salobre, como en toda la sierra de Alcaraz, cotas muy importantes. Un curioso trabajo dirigido hacia 1970 por el maestro de escuela, don Vicente, se alarma ante la pérdida de población del pueblo, que en menos de treinta años pierde casi 1.000 almas, bajando de 2.200 habitantes a aproximadamente 1.270. Nos explica también que han quedado vacías más de 50 casas de las 250 que tenía El Salobre y 30 de las 130 que

existían en Reolid. En cuanto a los cortijos, quedan 11 vecinos en la aldea del Ojuelo, pero están despobladas las demás. Igualmente compara los nacidos desde 1917 hasta los años treinta, que son entre sesenta y setenta inscripciones cada año, con los de los cuarenta, en que las privaciones de posguerra hacen bajar el número a los 45, y con los 16 que se registran en 1969. Hasta las defunciones han bajado en el pueblo, desde las 27 y 23 anuales de los años cuarenta y cincuenta a los 13 de 1969. Y es que el desarrollismo del Franquismo tardío comenzó a dar sus frutos con bastante retraso, cuando ya era muy tarde para las poblaciones serranas de Albacete. Numerosos vecinos de El Salobre y Reolid habían emigrado a Asturias, Barcelona, Vizcaya o Alicante, en un primer momento, y luego al extranjero, Suiza, Francia, Alemania… La sangría alivió la presión popular sobre la tierra y aumentó los ingresos de los que se quedaban gracias a las remesas (aunque muchos aún habrán de ir como vendimiadores temporeros a Francia o a la Mancha, o a las obras de Asturias, o los hoteles de Palma de Mallorca); pero se empobreció irremisiblemente la vida de los pueblos, sobre todo, en la sierra, convertida en “desierto de los viejos”. Aspecto que parece acentuarse más aún con la llegada de antiguos emigrantes que venían a morir a su lugar, pero sin mucha prisa por descansar en paz, y el envío de los jóvenes al ejército o a estudiar bachiller en Albacete, o a la Universidad (Murcia, Madrid, Valencia…) de donde muchos de ellos ya no habrían de volver. El abandono al monte de parcelas de tierra, con la vuelta de especies como los jabalíes, y hasta cabras monteses, que ahora son abundantes, sobre todo en la zona del Pizorro, es una un claro reflejo de la despoblación y de los cambios que se acentúan ya en el tardofranquismo.

Braceros salobreños vendimiando en La Mancha

Afortunadamente, el panorama hoy ha cambiado bastante. Tras una transición típica y ejemplar, en los que la alcaldía pasó, como es normal, del franquismo final de las Asociaciones al PSOE, en las últimas décadas hemos visto aumentar y mejorar de forma exponencial las comunicaciones (y lo que aumentarán con la nueva autovía de Albacete a Linares) e incluso los caminos y carriles rurales, que hacen mucho más fácil la explotación agrícola; convertirse los “baños” de 69

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Reolid en buenos balnearios que atraen visitantes de toda la región, surgir nuevas empresas de turismo rural, confección, construcción, energías renovables, carpintería, forja y alimentación… Los servicios de escuela y sanidad, sin ser insuperables, son mejores que nunca; los actos culturales dependen todavía casi exclusivamente de las instituciones provinciales -muy en particular, Cultural Albacete- pero hay que señalar la sensible mejora que suponen espectáculos públicos de teatro o de danza, como los que hemos visto en la pasada feria, si bien sería buena mayor continuidad y autonomía de organización y ejecución por los propios vecinos. También ha mejorado de forma exponencial la calidad de vida. El dinero europeo y la inversión en obras o en servicios públicos, como el de vigilancia y extinción de incendios, permiten a la vez complementar la renta y fijar al terreno la escasa población. La propiedad agrícola ya no es la que marca diferencias entre la población, primero porque está muy desvalorizada, y también porque muchas han cambiado de manos. Y hemos visto volver a muchos emigrantes e hijos de emigrantes, que se han asentado en sus viejos solares o han construido casas donde antes no las hubo (casi se puede hablar de una resurrección del hábitat disperso, aunque mal ordenado y poco permanente). Incluso estamos viendo llegar hasta nosotros a inmigrantes de razas y lenguas diferentes, que están contribuyendo a invertir la tendencia a la despoblación, aunque aún queda mucho por hacer al respecto; y no resulta raro encontrar un turista que busca en estos pueblos la calidad de vida, los paisajes y el ocio que les niega la vida de las grandes ciudades. La convivencia es grata, y aunque cada familia sabe lo que pasó y quién es cada cual en la pequeña historia de la localidad, se prefiere mirar hacia el futuro, sin olvidar jamás -porque sería injusto para los que murieron e incluso peligroso para los que quedaron- pero sin insistir en los viejos rencores, que ni siquiera fueron demasiado importantes, por lo menos en tiempos democráticos. Hasta se han producido curiosísimos cruces de linajes antaño incompatibles, que son el mejor síntoma de la superación de un pasado espinoso. Y en cuanto a las opciones ideológicas, la presencia de un político de raza, figura destacada a escala nacional, como es José Bono, un “hijo predilecto” y ejerciente, además, de salobreño, convierte las campañas en paseos triunfales del PSOE, sin que esto signifique que todo el que lo vota comparta su ideario. Contemplando el futuro, aunque también existen indicios inquietantes, como cierto abandono -por desgracia, comúnde las preocupaciones culturales y las actividades colectivas que no sean las vaquillas y fiestas de la feria, o ciertas actitudes elitistas que parecen más propias de otros tiempos y otras localidades, las circunstancias son muy esperanzadoras. La patente mejora del nivel y calidad de vida y el fin del aislamiento involuntario con la revolución de los transportes y comunicaciones permiten al vecino leer cualquier periódico u ofertar sus productos y servicios con la facilidad e inmediatez de cualquier otro punto del planeta. Y esa misma distancia y aislamiento que antes impidieron su moderniza70

ción hasta pueden ser hoy un factor favorable, con el auge del turismo ecológico e histórico-artístico, por no hablar de la pesca y de la caza que renacen, y la gastronomía, que se ha convertido en los últimos años en un nuevo atractivo. Ya no hay tantas razones para irse, y hay bastantes más para permanecer, aunque, lógicamente, sea cuestión de gustos. Es lo más importante: que quien quiera marcharse pueda hacerlo, y quien quiera quedarse tenga de qué vivir, y que nadie se vea obligado a tomar decisiones contrarias a su gusto o a su voluntad, ni apartado de ellas por su nivel social o su capacidad cultural o económica.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA
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JUAN CARLOS ARCE
«Nin murió por intentar decir que en la izquierda era posible decir libertad»
Por Ana Martínez

TEMAS DE ALBA-

Todos estuvieron implicados: quienes ejecutaron las órdenes, la policía, los dirigentes de los partidos, algunos ministros del gobierno Negrín, e incluso el propio Negrín. Todos estuvieron implicados en el secuestro, tortura y asesinato del líder revolucionario Andreu Nin, y en el calculado hundimiento del Partido Obrero de Unificación Marxista, fundado el 29 de septiembre de 1935 en Barcelona. Setenta y tres años después, el escritor albacetense Juan Carlos Arce novela, en una nueva propuesta literaria, el asesinato de Andreu Nin. La noche desnuda (Ediciones B) fue presentada en la Librería Popular, dentro de una nueva cita organizada por el Aula de Cultura de La Verdad, el pasado 27 de junio.

ENTREVISTA

-Novela de ficción o relato histórico. -La noche desnuda es una novela y no un libro de historia; es un relato donde hay un ejercicio de imaginación, ficción y hechos reales. -La novela está basada en el Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) y se centra en el asesinato de su fundador Andreu Nin. ¿Cómo llega hasta este personaje para novelarlo? -A mí me interesaba la figura de Andreu Nin porque revela una contradicción muy interesante: a Andreu Nin lo mataron los comunistas por la voluntad de Stalin y él era comunista, por lo tanto me parece una contradicción suprimir una figura como la de Nin en plena guerra civil. Parece que los partidos de izquierdas se dedicaron a eliminarse unos a otros en lugar de luchar contra el enemigo común que era el fascismo. Los hechos también revelan que hubo una segunda guerra civil en la retaguardia, es decir, en la zona republicana, una guerra sobrepuesta a la guerra civil donde disentir se pagaba con la muerte. Me pareció muy interesante, porque la muerte de Nin en realidad produce una quiebra ideológica en la República. A partir de ese momento, las personas empiezan a desconfiar de las ideas, de las personas y de la lucha misma, porque empiezan a darse cuenta de que, delante estaban los fascistas, pero detrás también había asesinos capaces de suprimirte por pensar de otra manera.

-¿Quiere decir que en la propia izquierda había muchas fisuras? -El Partido Comunista era el intérprete de la voluntad de Stalin, quien no es un campeón de los Derechos Humanos y, por tanto, había comunistas, hombres de izquierdas, que estaban en oposición a los dictados de Stalin. Eso significaba que en la propia izquierda había una brecha entre quienes se consideraban una izquierda democrática y libre, y quienes pertenecían a la izquierda del Partido Comunista, basada en la voluntad del monstruo de Stalin. -¿Y por qué centra su última novela exactamente en el asesinato de Andreu Nin? -Me interesó porque Nin era un revolucionario, probablemente el más preparado de los que ha habido, no sólo en la época, sino también después. Ha-

La muerte de Nin en realidad produce una quiebra ideológica en la República

Esta entrevista, realizada por la redactora del diario La Verdad de Albacete Ana Martínez, se publica en estas páginas por cortesía del citado medio.


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ENTREVISTA: JUAN CARLOS ARCE

blaba y escribía en seis idiomas, era traductor, llegó a ser conseller de Justicia de la Generalitat…, todo eso sin un duro. A mí me parece que fue una figura fascinante que murió con 45 años por intentar decir que también en la izquierda era posible decir libertad. -En la portada del libro que presentó se lee textualmente «La novela que descubre toda la verdad sobre la voladura del POUM y el asesinato de su dirigente, Andreu Nin». ¿La historia ha tratado de ignorar o tergiversar lo que ocurrió con este partido marxista? -Claro, después de la muerte de Nin había que suprimir a todos los demás, empezando por el comité ejecutivo del POUM. Se declaró ilegal el partido y para hacer eso se montó un proceso judicial con apariencia de justicia, pero que en realidad era una comedia, para imputar al POUM todos los males del mundo, incluidos que eran espías de Franco, a sueldo de Hitler, que eran fascistas y, por tanto, espías infiltrados. Al declararse ilegal el partido fueron juzgados por espionaje, lo que revela que el sistema en los asesinatos de Stalin siempre era el mismo: primero hay un desprestigio social lleno de calumnias, de imputaciones, de mentiras…, después se va a la eliminación física y después se cubre todo con olvido para que ni siquiera parezca que han vivido. Esta es la historia, porque efectivamente el POUM no levantó cabeza desde entonces, sus pocos militantes que quedaban después de la guerra estuvieron en el exilio y no pudieron recomponer el partido. Fue por tanto una voladura calculada. FELICITACIONES -¿Con esta novela cree que se le hace justicia a Andreu Nin? -No, yo lo único que he escrito es una novela para que la gente se entretenga y tenga un fondo histórico, pero yo no pretendo hacer justicia con nada ni con nadie. -¿Ha recibido alguna crítica desde Cataluña teniendo en cuenta que Nin era de esta comunidad autónoma y ahora se lo disputan socialistas y nacionalistas? -Este personaje importa mucho en Cataluña porque nació allí, porque los hechos ocurrieron allí y es cierto que es menos conocido fuera de Cataluña. No he recibido críticas, sino alguna que otra felicitación por la elección del tema, que parece ser que ha interesado. -¿Es usted rata de archivos históricos y bibliotecas a la hora de documentar la novela? -Bueno, deliberadamente nunca utilizo demasiada documentación, sólo la necesaria para plantear la época, porque si miro mucha documentación entonces empiezo a tener un montón de datos, y los datos tienen un peso y el peso acaba con la imaginación. Para mí es bueno tener zonas de sombra e, incluso, aprender cosas de la época y olvidarlas para tener

capacidad de escribir una novela, sino acabas haciendo una crónica o un libro histórico. -¿Le acompaña la inspiración? -Escribir es oficio, dedicación, voluntad y técnica. -Ya, pero siempre hay un pequeño germen como inicio de la historia que se quiere desarrollar. -Cuando escribo es porque me gusta escribir, porque quiero explicarme el mundo, porque me apetece, porque es una de mis aficiones, pero que olviden los lectores la idea de que quiera hacer justicia o decir cosas importantes. Un día me dijeron «es que tú dices cosas importantes en los libros». Pues nada más lejos de esto, las cosas importantes las dice el Papa, los banqueros, los ministros…, pero yo no hago nada importante, sólo escribo literatura para ir andando. -Y lo hace pensando en el lector o en sí mismo. -Yo siempre escribo pensando en el lector, lo que quiero es que se lo pase bien, por eso hago novelas muy amenas. -Usted es abogado de profesión, ¿le es fácil compatibilizar pleitos con escritura? -Para mí ser escritor es un oficio más. Soy un trovador de muchos balcones, hay actividades que son complementarias y las compatibilizo muy bien, porque si yo tuviera que vivir de lo que escribo tendría que escribir lo que se vende, lo que está de moda, ver por dónde gira la rosa de los vientos de los intereses de los lectores, de modo que teniendo una profesión que me da de comer, puedo ser independiente como artista que es una cosa que me parece más interesante. -Usted es de los que opina que a las editoriales sólo les interesa las modas literarias. -El mundo de las editoriales me pilla de lejos porque sólo trato con ellas para vender la novela, pero es cierto que se edita mucho más de lo que se puede leer, hay una inflación editorial enorme, sacan libros que duran cuatro días, tiradas pequeñas… Antes cuando un escritor escribía un libro tenía mucho cuidado de lo que opinara el público y lo que dijera la crítica; ahora cuando un escrito publica un libro el que tiene que tener mucho cuidado es el lector.

Escribir es oficio, dedicación, voluntad y técnica

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PLÁSTICOS: JUAN GALIANA. 1957

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PLÁSTICOS: JUAN GALIANA. 1957

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OPINIÓN: DERECHOS HUMANOS

Solidaridad con Myanmar*
En septiembre del año pasado, en diferentes ciudades del
mundo, desde Washington a Manila, desde Santiago de Chile a Bruselas y también en España, miles de personas se concentraron en solidaridad con los ciudadanos de Myanmar para subrayar su derecho a manifestarse pacíficamente y para exigir al gobierno de la antigua Birmania que pusiera fin a la represión violenta. Dos meses después, a principios de noviembre de 2007, siguieron produciéndose detenciones de activistas políticos, practicadas pese al compromiso formulado por el primer ministro Thein Sein al representante especial de la ONU Ibrahim Gambari de que no habría más detenciones. Algunos de los detenidos fueron el presidente de la Alianza Panbirmana de Monjes y líder de las manifestaciones de septiembre, que fue acusado de traición, además de otros defensores de derechos humanos, monjes y miembros de minorías étnicas. En un país que vive bajo la opresión desde hace décadas, prácticamente desde que consiguiera la independencia de Inglaterra, destacaron lamentablemente los sucesos de 1988, en los que las fuerzas de seguridad disolvieron multitudinarias manifestaciones en favor de la democracia con violencia mortífera, que se cobró mas de 3000 vidas. Aunque el pasado año las protestas estallaron por el aumento desmesurado del precio del combustible – que impidió a muchas personas pagar el autobús para ir al trabajo y comprar artículos esenciales como el arroz-, en realidad, el telón de fondo de lo que ocurrió es el terrible historial de Myanmar en materia de derechos humanos. Myanmar es una de las situaciones olvidadas de emergencia en materia de derechos humanos que hay en el mundo. Las violaciones son numerosas y sistemáticas, entre ellas: • El uso de niños soldados y el trabajo forzoso. • Leyes que criminalizan la expresión pacífica de la disidencia política. Más de 1.160 presos políticos se encuentran recluidos en condiciones penitenciarias cada vez peores. • Con frecuencia se detiene a la gente sin la correspondiente orden judicial y se la recluye en régimen de incomunicación. La tortura y otros tratos crueles, inhumanos y degradantes son habituales. Monjes birmanos atan tiras de • Los procedimientos tela en las puertas de Downing judiciales contra los Street, Londres (U Uttara, líder de los monjes en el Reino Unido, detenidos políticos es el más cercano a la cámara). distan mucho de Esta acción formaba parte de la Manifestación Global por cumplir las normas Myanmar internacionales sobre juicios justos: a los acusados se les suele negar el derecho a recibir asistencia letrada y los fiscales se basan en confesiones conseguidas bajo tortura. Por todo ello, Amnistía Internacional sigue insistiendo: EXIGIMOS al Gobierno de Myanmar que ponga fin de inmediato a la represión violenta y que permita a la población el libre ejercicio de sus derechos a la libertad de expresión, de asociación y reunión sin temor a ser hostigada, intimidada o detenida arbitrariamente. Asimismo exigimos la inmediata e incondicional puesta en libertad de los presos de conciencia, entre ellos la Premio Nobel de la Paz San Suu Kyi. INSTAMOS, como ya hicimos el pasado mes de septiembre, al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a adoptar medidas de inmediato, entre ellas la posibilidad de imponer un embargo de armas a Myanmar.
Monjes birmanos en Trafalgar Square, Londres, durante la Marcha Mundial por Myanmar

© AI

Amnistía Internacional quiere reconocer una vez más el valor de Aung San Suu Kyi y de todas esas personas que a pesar de las amenazas y la represión siguen ejerciendo y reivindicando su derecho a manifestarse pacíficamente.

*Textos de la intervención de Celia Zafra, representante de Amnistía Internacional en Albacete, durante la mesa redonda celebrada en la sala Pepe Isbert del Teatro Circo el 14 de enero de 2007 para difundir el premio “Abogados de Atocha”, concedido por la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha a Aung San Suu Kyi en su edición de 2007.

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OPINIÓN: DERECHOS HUMANOS

AUNG SAN SUU KYI, UNA LUCHADORA INFATIGABLE Nacida en Rangún, el 19 de junio de 1945, es hija de Aung San, el héroe nacional que firmó en 1947 el tratado de independencia con el Gobierno británico antes de ser asesinado. Tras diplomarse en Oxford, trabajar en la Secretaría de las Naciones Unidas y ser profesora en la India, Aung San Suu Kyi regresó a Birmania en 1988 y participó en el “segundo combate en pro de la independencia nacional”. Este combate se inspiró en el ejemplo pacífico de Gandhi y en su fe budista, que le llevó a propugnar una “revolución del espíritu que se manifiesta mediante el reconocimiento de la necesidad del diálogo y la compasión por los más humildes”. Insistió en la necesidad de reconciliar a las etnias de su país, profundamente divididas. Curiosamente, Suu utilizó una de las técnicas de presión tradicionales de Amnistía Internacional. Promovió una intensiva campaña para el envío masivo de cartas al gobierno en el que se sugerían reformas políticas. Desafiando la ley marcial, viajó por todo el país y participó en multitudinarios mítines donde denunciaba los abusos del gobierno militar. Las relaciones con el poder se volvieron cada vez más tensas y, después de salir ilesa en abril de 1989 de un atentado, en julio de ese mismo año fue puesta bajo arresto domiciliario en su domicilio de Rangún. Aun así, asumió la dirección de la Liga Nacional para la Democracia, formación en torno a la cual se reunieron todos los miembros de la oposición, que ganó las elecciones en 1990 por mayoría aplastante. Como las autoridades militares se negaron a tener en cuenta este resultado, su partido no pudo formar gobierno. Reconocida como prisionera de conciencia por Amnistía Internacional, su propósito de que el drama birmano no cayera en el olvido fue recompensado el 14 de octubre de 1991 con el Premio Nobel de la Paz, gracias al cual dio a conocer su combate al mundo entero. Ella rechazó el exilio que se le proponía a cambio de su silencio. Su actitud constituyó uno de los más extraordinarios ejemplos de coraje civil en las últimas décadas del siglo XX. El gobierno de Rangún denegó la solicitud de las autoridades suecas para liberar a Aung San Suu Kyi, con el argumento de que había alterado el orden legítimo de la nación. Los militares emprendieron una campaña de descrédito hacia la activista y, mediante un decreto gubernamental, se la apartó de su cargo de secretaria general de la Liga. En su representación acudió a recoger el Premio Nobel su hijo Alexander. Suu Kyi ha recibido también los premios Thorolf Rafto de defensa de los derechos humanos, el Premio Sajarov de libertad de pensamiento y el Premio Simón Bolívar. En 1995, las presiones ejercidas por los Estados Unidos condujeron a su “liberación” (por poco tiempo) de su residencia, tiempo que ella aprovechó para dirigirse cada fin de semana a una muchedumbre atenta a su mensaje de aliento.

Sometida de nuevo a arresto domiciliario en 1996, rara vez ha podido recibir visitas, aunque consiguió enviar a las Naciones Unidas algunos mensajes grabados que denuncian el empeoramiento de la situación de los derechos humanos en su país, pidiendo a la comunidad internacional que conceda prioridad a los derechos políticos de la Liga Nacional cuya dirección sigue asumiendo. La Junta de gobierno que mantiene el poder en su país no ha ahorrado las invitaciones de exilio a su eminente y enojosa semirreclusa, jugando con el elemento de la separación familiar, como una manera rápida de deshacerse de ella. Un capítulo de esta táctica de acoso psicológico sucedió cuando su esposo, Michael Aris, murió de cáncer de próstata en marzo de 1999, sin volver a ver a su mujer, esperando el visado que el gobierno birmano nunca le concedió. Se encuentra en arresto domiciliario desde el 2003. En septiembre del 2007 fue trasladada a un nuevo recinto penal debido a las manifestaciones que se realizan en todo el país exigiendo democracia. Celia Zafra Amnistía Internacional

AUNG San Suu Kyi, presa de conciencia y líder de la oposición del partido de la Liga Democrática en Myanmar

Más información en la web de Amnistía Internacional España, www.es.amnesty.org <http://www.es.amnesty.org>

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© Chris Robinson

OPINIÓN: MOVIMIENTO FEMINISTA

Una tenaz lucha.
(La de la mujeres, por ser tenidas en cuenta en el trabajo y en el sindicalismo)
Manifestación 8 de Marzo de 1978. Madrid (colección Unidad Obrera, C.C.O.O. de Madrid. Archivo de Historia del Trabajo, Fundación 1º de Mayo)

La historia del movimiento obrero europeo ha venido marcada por las dificultades para la participación de las mujeres: el colectivo masculino ha entendido poco, e incluso ha sido beligerante, con respecto a un tratamiento específico de la problemática de las mujeres y de su participación en el ámbito público. Y así, los sindicatos han ido conformando una imagen monolítica del trabajador: masculino, obrero industrial…, con muchas dificultades y obstáculos para que las mujeres tuvieran un papel relevante en ellos. LOS ORÍGENES Las mujeres han tenido una altísima participación en el mercado de trabajo desde los inicios de la revolución industrial, pero han estado al margen de la clase obrera, simbolizada por el varón adulto. Esta clase obrera –sus organizaciones– han tenido generalmente un discurso excluyente hacia las mujeres trabajadoras, porque, o bien las veían como competidoras en el mercado laboral, o bien se consideraba que su trabajo fuera de casa aumentaba la mortalidad infantil, o, simplemente, se erosionaba la jerarquía masculina en la familia1.

Si bien hubo círculos obreristas que planteaban que la emancipación de la mujer vendría con el trabajo, como los socialistas utópicos Owen y Fourier, el socialismo ‘oficial’ negaba una actuación específica como mujeres trabajadoras, defendía la idea de que el socialismo liberaría automáticamente a las mujeres y se rechazaba la lucha feminista por considerarla algo propio de las mujeres burguesas.2 Entre las posiciones defensoras de las mujeres, encontramos algunas auténticas pioneras de las luchas de las trabajadoras por ser tenidas en cuenta por el movimiento obrero, como Flora Tristán, precursora del movimiento feminista, defensora declarada de los derechos y libertades de la clase obrera y de la mujer, que defiende que la clase obrera está formada por hombres y mujeres; Clara Zetkin, que defiende el asociacionismo de las mujeres y el derecho al voto, a la educación..., los derechos políticos que se entendían propios del movimiento feminista burgués, y además, derechos sociales para las mujeres; Aleksandra Kollontay, que apuesta por una revolución de la vida cotidiana y de las costumbres, por forjar una nueva concepción del mundo y, muy especialmente, una nueva relación entre los sexos, definiendo su denominada ‘mujer nueva’... EN ESPAÑA El Congreso Obrero de los internacionalistas españoles, de Zaragoza (1872) se pronuncia por que “la mujer como el varón es un ser libre e inteligente que hay que situar en condiciones de libertad y el medio para ello es el trabajo y la instrucción.” Las declaraciones programáticas de anarquistas y

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Cristina Borderías, conferencia en Círculo de Bellas Artes, Madrid, el 31 de octubre de 2007. Jacqueline Heinen.1978. De la 1ª a la 3ª Internacional: la cuestión de la mujer. Barcelona. Fontamara.

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OPINIÓN: MOVIMIENTO FEMINISTA

socialistas siempre fueron favorables a la igualdad de los sexos; ahora bien, según señala Ballarín, citando a Capel (1986)3, “el hecho de aparecer consignados una y otra vez estos objetivos, sin variar apenas su formulación pese al discurrir de los años, nos habla no sólo del interés puesto en conseguirlos, sino también de las dificultades encontradas en el camino”. Por otra parte, en ambas corrientes se daba una pluralidad de posiciones con respecto a la función social de las mujeres y, por tanto, encontraremos declaraciones y experiencias diversas en relación con el trabajo y la educación femenina4. Ya desde entonces aparecen sindicatos femeninos: la Sociedad Autónoma de Mujeres, fundada por Teresa Claramunt, una de las militantes fundamentales del movimiento libertario español, que defendió a ultranza los derechos de las trabajadoras, o La Unión. Sociedad Feminista de Resistencia y Socorros Mutuos, sociedad femenina en la que, desde un principio, la cuestión social aparece estrechamente vinculada a la cuestión de género. Y luchas de mujeres trabajadoras, como las de las cigarreras de Madrid y Sevilla. Y se producen cambios en la legislación que afectaba a las mujeres (la regulación del trabajo a domicilio, la prohibición del trabajo nocturno para las mujeres, el establecimiento del horario de lactancia...)5 Pero el discurso de los Sindicatos continuó siendo excluyente, contra los trabajos que se consideraba impropios de las mujeres, recogido incluso en algunos convenios colectivos. En ocasiones, se reivindica la igualdad salarial, pero, para defender, a continuación, que si no es así, se contrate a los hombres, es decir que se trataba, realmente, como señala Cristina Borderías, de una estrategia de exclusión, junto con otras, como no aceptarlas como aprendizas, intentar sindicarlas para controlar su contratación o la segregación laboral. Junto con ello, hay acusaciones a las trabajadoras de ‘romper la clase’ con su defensa del derecho al trabajo remunerado. Pero las mujeres están presentes en el mercado laboral de forma creciente, así que siguen organizándose y reclamando derechos. Con el franquismo, se promueve expresamente el alejamiento de las mujeres del trabajo fuera de casa. El Fuero del Trabajo (1938) estipulará que “el Estado liberará a la mujer casada del taller y de la fábrica”. Y se prohibirá el trabajo nocturno para las mujeres, una medida proteccionista claramente dirigida contra la independencia económica y la autonomía de las mujeres. La Sección Femenina será la encargada especial de transmitir los valores que el Régimen considera propios de las mujeres: ser sumisas esposas y buenas madres. Y ésa será la educación que reciban desde niñas. Se instaura la dote, para compensar la retirada del trabajo de las mujeres, al casarse. Y, según la Ley de Contratos de

Trabajo, de 1944, la necesidad de permiso marital para que la mujer casada pudiera trabajar fuera de casa. Por supuesto, discriminación salarial expresa. Todo eso hasta 1961, nueva legislación que estableció la equiparación de derechos entre hombres y mujeres en materia laboral y derogó parcialmente las restricciones legales de antaño. De este modo, el artículo segundo del Reglamento de 1962 señalaba que el cambio de estado civil no rompe la relación laboral y en el artículo tercero se precisaba que la mujer disfrutará del mismo salario que el hombre a trabajo de rendimiento igual, algo que aún no hemos conseguido, en la práctica. Aun así, va creciendo el número de mujeres que se incorpora al mercado laboral (ver tabla). Y las mujeres participan en las importantes huelgas mineras en Asturias y otras zonas industriales (Vizcaya, Sevilla...), como apoyo a los huelguistas. Son detenidas, maltratadas... PORCENTAJES DE MUJERES Y VARONES ACTIVOS Mujeres 18,2 19,6 28,3 Varones 81,8 80,4 71,7

1960 1970 1976

En 1965 se crea el Movimiento Democrático de Mujeres, que realiza acciones de solidaridad con los presos políticos y reivindica derechos para las mujeres españolas. Especial actividad sindical de las mujeres de textil, con importantes con-

Nave industrial. Standard Eléctrica. Talleres de Villaverde, Madrid. 1977 (colección Unidad Obrera, C.C.O.O. de Madrid. Archivo de Historia del Trabajo, Fundación 1º de Mayo)

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Rosa M. Capel Martínez (Coo.). (1982). Mujer y sociedad en España (1700-1975). Madrid. MEC. Pilar BALLARÍN DOMINGO. 2001. La educación de las mujeres en la España contemporánea siglos XIX-XX. Madrid. Síntesis. 5 Catálogo de la Exposición El voto femenino en España. 2006. Madrid. Instituto de la Mujer.

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OPINIÓN: MOVIMIENTO FEMINISTA

Mujeres de Albacete en defensa de la República

flictos entre 1970 y 1974, en fábricas de Madrid, como Induyco, Santa Clara o Rock. EL NACIMIENTO DEL ACTUAL MOVIMIENTO FEMINISTA Y SU PLASMACIÓN EN LAS ORGANIZACIONES SINDICALES 1975 es la fecha que tomamos como referencia del surgimiento del feminismo en su versión actual, el nuevo feminismo, con la realización de las Primeras Jornadas por la Liberación de la Mujer, en Madrid, y poco después, las Primeras Jornadas Catalanas de la Dona, en Barcelona. Unido a esos primeros pasos del movimiento feminista en España, surge el trabajo feminista en el interior de los sindicatos: - en la Asamblea de CCOO de Barcelona, en 1976, se decide crear la Secretaría de la Mujer, lo que luego se formalizará en el I Congreso Confederal, de 1978. - en 1977 tienen lugar las Jornadas de Mujer Trabajadora de UGT. - otros sindicatos, después, han ido constituyendo secretarías o áreas de la mujer y realizando un trabajo específico de sensibilización y reivindicación de derechos femeninos. Pero podemos decir que, en el ámbito sindical, es CCOO la organización que más dedicación y más elaboración ha aportado a la causa de las trabajadoras. En ese I Congreso de CCOO, de 1978, se habla de la especificidad de la proble-

mática de las trabajadoras, de la constitución de secretarías de la mujer y su representación en los órganos del Sindicato, de la relación con el movimiento feminista. Y como reivindicaciones: la eliminación de las categorías femeninas, contra la discriminación salarial, la compatibilidad del trabajo asalariado y el trabajo doméstico, la igualdad ante la ley, anticonceptivos y aborto..., se denuncia la violencia de género... y todo ello, desde la consideración de que ‘lo personal es político’. Y se van constituyendo Secretarías de la Mujer, no sin dificultades y desencuentros6. A pesar de ello, o quizá por ello, las Secretarías de la Mujer y el trabajo en defensa de la problemática específica de las mujeres, dentro de CCOO – como en los demás sindicatos–, se han ido fortaleciendo. En las organizaciones sindicales, hoy, se discute normalmente de los problemas y reivindicaciones de las mujeres. Por ejemplo, en CC.OO, con la realización de una conferencia de mujeres (CC.OO., un espacio sindical para hombres y mujeres, febrero-junio de 1993), el conjunto del sindicato discutió durante varios meses los problemas y reivindicaciones de las mujeres y significó un importante nivel de consolidación de las Secretarías de la Mujer. Las reivindicaciones de las mujeres van incluyéndose en la acción sindical. Las mujeres se van incorporando a los órganos de dirección. Después de pasar por varios congresos, en el 7º (abril, 2000), en CC.OO. se incorpora a los estatutos

6 Extracto de un escrito del Grupo de Mujeres de Intelsa, sobre la negociación del convenio (1978-1979): “... Un grupo de obreras... Planteamos la necesidad de introducir en los puntos de negociación la petición de una guardería... Una iniciativa que [contaba] con el apoyo de bastantes trabajadoras...” “... Las primeras opiniones que manifiestan son que es una barbaridad introducir más puntos porque bastante difícil está ya la cosa como para apretarle las clavijas más a la patronal. Otros dicen que hay que concentrar la fuerza de la lucha en la defensa de las reivindicaciones más urgentes y no dispersarla con cosas secundarias. Otros nos acusan de quererle poner a la patronal en bandeja la justificación del laudo.” “... Se nos termina acusando de estar dividiendo a los trabajadores y restando fuerzas para luchar.” “... A una compañera le dicen: “No sé para qué quieres tú una guardería, si ya tienes la menopausia”. Al tratar de explicarles que esta reivindicación también les afecta a ellos, porque son padres, uno contesta: “A nosotros no nos hacen falta, que para eso tenemos mujeres decentes que se quedan con ellos y no hacen como vosotras que venís a quitarnos el puesto de trabajo”. “... Al final la guardería termina siendo incorporada en la tabla, aunque en la negociación no se consigue.”

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OPINIÓN: MOVIMIENTO FEMINISTA

la obligación de la proporcionalidad de mujeres en los órganos de dirección, aunque su cumplimiento no es aún el deseable. Las propias mujeres somos conscientes de que, en muchas ocasiones, la norma sirve para muy poco si la propia organización, su funcionamiento cotidiano… no facilita la incorporación de las mujeres y, por tanto, no tenemos mujeres que quieran participar en los órganos de dirección. No cabe duda de que hemos avanzado mucho. Las mujeres hemos ido ganando terreno, tanto en nuestra presencia y participación, como en la capacidad de incidir en las políticas sindicales, aunque la imagen de las organizaciones sindicales sigue siendo muy masculina y cualquier pequeño avance sigue requiriendo de nosotras mucho tiempo y esfuerzo.

En conclusión, el trabajo de las mujeres en los sindicatos es una necesidad, no exenta de dificultades, ciertamente, pero, podemos estar seguras de que si hemos llegado hasta aquí es porque muchas mujeres antes que nosotras han peleado arduamente para permitírnoslo. Unas pocas han pasado a la historia con nombres y apellidos, pero muchas, la gran mayoría, ha estado en ocasiones detrás de ellas, en ocasiones, también a la cabeza de luchas claves para la consecución de los derechos que ahora tenemos. De la misma manera que las que ahora estamos seguimos también reclamando la consecución de una igualdad real, que todavía no hemos conquistado, para las que vendrán detrás. M. Carmen Heredero Federación de Enseñanza de CC.OO., Secretaría de la Mujer

Homenaje a las Trece Rosas, militantes de la JSU fusiladas en 1939 por el régimen de Franco (foto cedida por la Federación de Pensionistas de C.C.O.O. de Madrid)

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OPINIÓN: ARQUITECTURA Y SOCIEDAD

La MIRADA de la OTRA
Antonio que el Arquitecto NO tratadista italianoArquitecAverlino, el Filarete, del siglo XV, decía es el padre de la
tura. El Arquitecto es la madre de la Arquitectura. Probablemente quería expresar con esta bella metáfora que el Arquitecto es el catalizador, el procesador, el alquimista que sintetiza toda una serie de estímulos, componentes, condiciones, peticiones, exigencias, datos, etc. que provienen del exterior y que es capaz de hacer suyos, de reelaborarlos en un todo que comprehende las partes, pero que es distinto de ellas, al que llamamos Proyecto. En definitiva, para el Filarete, el arquitecto es, básicamente, un gestante. Por eso mismo es la madre y no el padre de la Arquitectura. Esta idea entraña una reflexión, en mi opinión, profunda, hermosa y de plena actualidad. Trata sobre la actitud del profesional que llamamos Arquitecto. Un Arquitecto, si lo es, está siempre a la escucha. Como Mozart componía: escuchando. Escuchando ¿qué? ¿a quién? Pues, en primer lugar, a su cliente, a lo que le dice y a lo que calla (quizá más importante si se tiene la sensibilidad afinada). Pero también y además, al solar, al emplazamiento, al sitio, a la calle, al barrio, a la ciudad. Un Arquitecto debe escuchar. Luego, el proceso de gestación es suyo: suya es la criatura. Y la respuesta es, así, Arquitectura. Una perspectiva de género sobre la Arquitectura y sobre la Ciudad es una perspectiva que se caracteriza, básicamente, por la escucha, por ponerse en el lugar del otro, como nos dice el Profesor José Maria Montaner de la ETSA de Barcelona. Hay un refrán que, con la malicia y el realismo que suele caracterizar estas sentencias populares, reza: “A río revuelto, ganancia de pescadores”. Pues bien, es verdad que es difícil oír en medio del griterío que nos marea y confunde, pero hay que hacer el esfuerzo para que la ganancia de pescadores no sea tan abusiva y el río no esté tan revuelto. Y es indudable que las mujeres estamos más y mejor predispuestas a esa escucha que es, en el fondo, un ejercicio fundamental de respeto, de aprendizaje constante y de sentido común. ¿Por qué estamos más y mejor preparadas para escuchar? Porque históricamente nuestra existencia se ha desarrollado acompañando y cuidando a otros: a nuestros hijos, a nuestros padres, a nuestros maridos... Otro refrán implacable y machista donde los haya sentencia (porque es una auténtica condena a la invisibilidad eterna) que “detrás de cada gran hombre hay una gran mujer”. En rigor y en justicia, todos sabemos que, detrás de cada gran hombre, lo que hay es muchos hombres, defendiendo y apoyando el sistema. Para las mujeres, la escucha es un ejercicio cotidiano. Para nosotras, ponernos en el lugar del otro es una actividad habitual. Y esta destreza es la que deseamos poner al servicio de la comunidad. Porque la perspectiva de género sobre las ciudades no trabaja sólo en la dirección femenina en exclusiva: trabaja a favor de las personas, de todas. Una ciudad más igualitaria es una ciudad mejor y lo es para todos: para los niños, para los ancianos, para las mujeres y también para los hombres. Una ciudad más justa y más amable es una ciudad mejor para los seres humanos. Para todos. Igualdad es calidad. Las dos pequeñas reflexiones urbanas que deseo compartir con ustedes arrancan, es cierto, de una perspectiva de género sobre la arquitectura y sobre la ciudad pero su alcance y su proyección apuntan a un urbanismo que incluya entre sus componentes de calidad, la consecución de la igualdad. El urbanismo “de ingeniero”, la máquina de habitar a escala metropolitana, está pensado para el ser humano adulto, sano y, si me apuran, perfecto. Para una especie de Doríforo en la plenitud de sus capacidades y facultades (la misma plenitud que hoy se exige, por ejemplo, para acometer, sin morir en el intento, la visita a un museo moderno). Pero, incluso ese ser humano desarrollado, maduro, perfecto y, por supuesto, varón (piensen, por favor, en la imagen del Modulor del Corbu), una vez fue niño y, si todo va bien, alguna vez será viejo (“veterano” dicen con elegancia innata mis amigos latinoamericanos, y no imaginan cómo se agradece cuando una es mujer y va madurando). Es en estas circunstancias de los umbrales de la existencia cuando el urbanismo “de ingeniero” (fíjense, inspirado literalmente en el ingenio para hallar la solución y complacerse en ella), de infraestructuras, de grandes equipamientos resueltos con audacia estructural y técnica, de intercambiadores modales, etc., sirve pero es insuficiente. El ingeniero sienta las bases que han de garantizar tanto la eficacia técnica como la equidad en el reparto de beneficios y cargas. El proyecto del ingeniero es la condición necesaria, pero no la suficiente. Actualmente, en eso que llamamos la aldea global, se tiende a una exacerbación de lo individual (propulsada por la economía capitalista que pretende hacernos creer únicos en el mundo) mientras, paradójicamente, se sirven soluciones generalistas del tipo “café para todos”. La ciudad necesita la asunción de la complejidad y de la diferencia. Hace falta, es precisa, otra manera de pensar, manera que es más afín a la mirada femenina sobre la realidad que a la masculina porque su escala es lo humano (me niego a aceptar que la escala de trabajo de la mujer sea el detalle) y no lo semidivino. Una mujer y un hombre miran diferente (obvio) como hablan diferente: el lenguaje del varón es informativo, a veces, casi informático, digital, de “síes” y de “noes”. El lenguaje de las mujeres es inquisitivo: nosotras nunca decimos sólo lo que decimos. Nosotras hablamos entre líneas como leemos entre líneas. Cuando hablamos, buscamos y obtenemos una información que va más allá del contenido estricto y objetivo de la conversación. Es así. Y les cuento todo esto, para evi81

OPINIÓN: ARQUITECTURA Y SOCIEDAD

denciar que la mirada femenina es absolutamente necesaria y complementaria de la masculina para comprender la realidad y para proyectarla hacia el futuro. Somos diferentes, claro que si y ¡viva la diferencia! (cito a Spencer Tracy en la película “La costilla de Adán”) entendiendo siempre que el reconocimiento de lo distinto trabaja a favor de garantizar la justicia. En la ciudad conviven no sólo géneros, entendidos como formas de construcción cultural y social que viven y ocupan el espacio de manera distinta, conviven también diferentes generaciones. En la ciudad, amén de hombres y mujeres de distintas etnias, viven niños y ancianos, enfermos y sanos. El niño es, amén de un superviviente nato, un ser dependiente. En gran medida, basa el éxito de su supervivencia en el grado de dependencia que establece con los demás y esos demás no son sólo sus padres. Con el niño, nos guste o no, todos nos convertimos en “guardianes” de nuestros hermanos que ahora son locos y bajitos, en palabras de Serrat. Su presencia es una responsabilidad que irradia hacia los demás. Por eso unos espacios públicos y unos sistemas de transporte (público) que cooperen activamente en el cumplimiento cabal de esa suerte de “custodia” compartida son instrumentos eficaces para que todos, cuidadores y cuidados, dependientes y soportes, veamos satisfechas nuestras necesidades y aspiraciones. El diseño de un buen parque hace felices a nuestros hijos (hijos biológicos, hijos del corazón, hijos de nuestros hermanos..., hijos al fin y al cabo) y, además, a nosotros que los sabemos seguros y sanos en estos espacios. Y, en realidad, a nosotros nos hacen felices no sólo en tanto en cuanto responsables de estos seres dependientes sino también y además en memoria del niño que fuimos y que, si no estamos aún malogrados del todo, aún conservamos. El otro extremo de este hilo conductor de la existencia vital de un ser humano es la vejez. Eufemismos no faltan para enmascarar una realidad creciente que exige compromiso, solidaridad, justicia y, como casi siempre, altas dosis de profesionalidad. Ahí tenemos por ejemplo apelativos tan “finos” como la tercera edad, la edad dorada, nuestros mayores... en fin, un sinfín de cursilerías, si me lo permiten, que se dan justo en las sociedades (¡qué casualidad!) donde no se mira de frente, con serenidad y con responsabilidad, la vejez, o sea, el último tramo de la vida, considerada casi políticamente incorrecta (¡y no hablemos ya de la muerte!). Hablar de la muerte en Europa es, como mínimo, políticamente incorrecto. Y, sin embargo, es la única certeza, amén de la existencia si pensamos y creemos a Descartes, que poseemos. El viaje de la vida sólo posee la seguridad del destino. El itinerario es un misterio plagado de sorpresas además. Pues bien, es curioso que las palabras más aparentemente duras para designar o nombrar a los viejos se dan sin embargo en sociedades mucho más sensibles, en la realidad, con ellos. Por ejemplo: los ancianos de la tribu. Se les llama por su nombre, pero, a la vez, se les trata con reverencial respeto. Una ordenación urbana que refleja fielmente esa condición maldita de algunos sectores de la población es aquella que los relega a guetos vendidos en la publicidad como islas de la felicidad, como remansos de paz, como auténticos paraísos en la tierra. Todos sabemos que lo que más estimula a

un ser humano es la presencia de otro y que ésa y no otra es la esencia de la vida en comunidad: crear una red de apoyos mutuos que nos sostenga a todos. Para “colocar” en esa malla al “activo” denominado “anciano” hay que reconocerle previamente un valor, hay que estar convencido de que puede aportar y por tanto recibir en igualdad. No es, por consiguiente, una cuestión de caridad sino de EQUIDAD. Una sociedad que sólo explota al viejo como fuente de notables ingresos (me da igual la versión de alto standing que prolifera, vergonzante y vergonzosa, en las costas mediterráneas españolas que la versión cruda y dura del geriátrico: casi prefiero ésta última que no enmascara su condición predominantemente sanitaria), que sólo sabe ver en él otra oportunidad de negocio, es una sociedad que lo condena a una letal soledad. E insito en su efecto letal: el anciano es, fundamentalmente, el espectador de la vida de los otros. Si no está rodeado de esa escenografía vital, su vida pierde el rumbo: ayuna de sentido propio y sin reflejo en la vida de los demás. Es, además, proveedor de conocimiento empírico y no libresco. Posee el tesoro de la experiencia. Recuerdo con especial cariño una vivencia de pocos años atrás en la cual llevé a mis alumnos, entonces adolescentes, a visitar algunos grandes museos madrileños. Para ese tipo peculiar de visitantes, las instituciones correspondientes tenían previstos unos guías muy especiales: los abuelos. Una legión de voluntarios que explicaban las cosas entregándose a fondo, sin mirar el reloj. La Comunidad de Madrid conseguía así que estas personas mayores se sintieran, porque lo son, útiles a la comunidad y, por otra parte, grababa en la memoria de los niños una experiencia rica y entrañable, educativa y formadora, inolvidable. La manera de ordenar los usos y actividades puede y debe acudir en pro de una mixtificación enriquecedora, verdadera, compleja, cambiante, orgánica, ¡viva! Una mezcla en la que todos tengamos cabida, sin exclusiones, una mezcla activa que nos haga poner en circulación nuestras valías y nutrirnos de las aportaciones de los otros. He tenido la inmensa fortuna de trabajar profesionalmente en encargos relacionados con los ancianos y les puedo asegurar que da igual el esfuerzo que haga el arquitecto redactor del proyecto del edificio: si previamente la ordenación urbana no ha sido sensible a esta realidad, uno está llamado, inexorablemente, a fracasar. Y una última reflexión para acabar: lo que en la jerga de género se llama “la vida cotidiana”, no se equivoquen ustedes, no es ni más ni menos que la vida, la de todos los días, la que tenemos, la que disfrutamos o padecemos. Es por hacer más plena y mejor esa vida, que mayoritariamente sucede en las ciudades, por lo que hemos de trabajar. Hombres y mujeres. Mujeres y hombres. De todas las edades. De todas las razas. De todas las condiciones. Todos. Elia Gutiérrez Mozo Doctora Arquitecta Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”

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TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: OPINIÓN

FIRMA INVITADA

PAUL PRESTON*
Paul Preston (Liverpool, 1946) es catedrático Príncipe de Asturias de
Historia Contemporáne Española y director del Centro Cañada Blanch para el estudio de la España contemporánea de la London School of Economics & Political Science. Entre sus libros destacan España en crisis: evolución y decadencia del régimen franquista, La destrucción de la democracia en España y El triunfo de la democracia en España, Franco, La Guerra Civil española y Palomas de Guerra. En 1988 ganó el I Premio Así fue. La Historia Rescatada con su obra Las tres Españas del 36. Sus últimas obras aparecidas en España son Idealistas bajo las balas y Franco. El gran manipulador.

(…) Tras la muerte de Franco, los mecanismos sucesorios se activaron y Juan Carlos se convirtió en rey en virtud de la legislación franquista -lo que neutralizó los del Movimiento que temían que fuera a ser rey democrático. Por otra parte, las prolongadas vacilaciones de Franco sobre la sucesión y el apoyo de la camarilla de El Pardo de Alfonso de Borbón Dampierre habían distanciado a Juan Carlos del régimen y le había ganado la simpatía de algunos elementos de la oposición democrática. Desde mediados de 1976, el nuevo rey desempeño un papel crucial en el complejo proceso de desmantelamiento del régimen franquista y en la creación de una legalidad democrática. La intención de Franco había sido instaurar una monarquía totalmente franquista para perpetuar su régimen. El papel de Juan Carlos no tenía nada que ver con los planes de Franco. La decisión del Rey de asignar a Adolfo Suárez como el hombre que había de hacerse cargo del siguiente y trascendental paso del proceso pareció extremadamente extraña. La responsabilidad de la elección perteneció exclusivamente a Don Juan Carlos. El destino de la monarquía dependía de su éxito o de su fracaso. Suárez comento tiempo después que el Rey “se jugó la corona” con su nombramiento. Había un ambiente de recelos existente entre militares. Por lo tanto, era de una importante capital el hecho de que el propio Don Juan Carlos se sintiera militar. Tuvo una combinación de camaradería, preocupación con conocimiento de causa por las inquietudes de los oficiales y autoridad sobre ellos que caracterizaban sus frecuentes contactos con las fuerzas armadas. Tanto sus apariciones públicas en calidad de comandante supremo como sus reuniones en privado con oficiales del Ejército constituían una parte fundamental del proceso de refrenamiento de la hostilidad militar hacía el proceso democrático. El proceso que había culminado en las elecciones democráticas del 15 de junio dio a Juan Carlos una capa más de legitimidad. En mayo, había progresado desde la cuestionable “legitimidad” de sus nombramiento como sucesor de Franco a

la legitimidad dinástica otorgada por la abdicación de su padre. Ahora, las elecciones remataron el proceso iniciado con el referéndum de diciembre de 1976 para garantizarle la legitimidad popular. Juan Carlos había pasado de ser el sucesor de Franco y jurar la perpetuación de la dictadura, a ser Rey de una democracia, cuyas competencias quedarían limitadas por la Constitución que iba a elaborarse de inmediato. Después de las elecciones, los problemas pendientes eran ya, estrictamente hablando, responsabilidad del Gobierno del Rey, y no del Rey, aunque había temas políticos urgentes que serían imposibles de resolver sin la ayuda del Rey. La democracia no seria viable mientras no se consiguiera atraer al redil democrático tanto del Ejército como a la mayoría de los vascos. La violencia antidemocrática tanto de la ultra derecha como de ETA iba a complicar la tarea de construir un marco constitucional aceptable para la inmensa mayoría. Fueran cuales fueran las preferencias del Rey acerca de mantenerse fuera de la Política, el Gobierno y, en realidad, la democracia española necesitaban su constante vigilancia como comandante supremo de las Fuerzas Armadas. Entre 1977 y 1981, Don Juan Carlos tuvo que hacer frente a una situación que, a tenor de lo que exigía de él, debe de haberle resultado profundamente mortificante después de todo lo que había hecho. Se había conseguido el establecimiento de un régimen democrático, en muy buen medida como resultado de sus propios sacrificios. Sin embargo, la democracia peligraba y necesitaba los incansables esfuerzos del Rey para impedir que quedara aplastada entre el martillo del terrorismo vasco y el yunque de la subversión militar. Don Juan Carlos no podía limitarse a ser observador mientras su Gobierno se las apañara en solitario con estos problemas. En su calidad de comandante supremo, la neutralidad política de las Fuerzas Armadas era su problema más acuciante. Habían sido tantos años de tensión y sacrificios, pero no podía descansar todavía sino que tenía que estar tan alerta como siempre. A medida que el terrorismo se intensificaba, los ambientes derechistas bullían de resentimiento y cólera (…)

* Paul Preston asistió, el pasado 29 de mayo de 2008, invitado al ciclo “Personajes de la Historia de España” que organizó la Obra Social de Caja Castilla-La Mancha. Este texto es un fragmento de su conferencia (“Juan Carlos I”) y se publica en estas páginas por cortesía del autor y la citada entidad financiera.

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PUBLICACIONES

JORQUERA EN LA GUERRA DE
LA INDEPENDENCIA.
BANDOS, ÓRDENES Y PROCLAMAS: LITERATURA DE RESISTENCIA
*

Conocidos sucintamente los tipos de Literatura existentes

durante los años de la lucha contra las tropas napoleónicas, centrémonos en el libro de José Manuel Almendros Jorquera en la Guerra de la Independencia. Bandos, órdenes y proclamas: Literatura de resistencia. A partir de la consulta de documentos de diversos Archivos, nacionales, regionales y locales, sabiamente trabajados, reconstruye lo sucedido en los pueblos del antiguo Estado de Jorquera en ese momento, un amplio territorio, habitado, por aquellos entonces, por unas 20.000 personas, deseosas de sacudirse el régimen feudal, encarnado por el Duque de Frías, quien, al tomar partido por los ideales que representaba José I, facilitó la escusa perfecta para que las localidades de aquella zona hicieran todo lo posible para desuncirse del yugo señorial y pasar a ser de realengo. Una parte importante de la documentación vista está conformada, como ya se dijo, por los impresos oficiales, que el autor maneja con soltura y, en ocasiones, presenta fotografiados, para dibujar el fresco de lo acontecido en las tierras del Estado durante los años de lucha. No sólo analiza lo sucedido desde el punto de vista administrativo en los pueblos, con los intentos de secesión de la tutela de Jorquera y el nacimiento de Juntas locales en cada uno de ellos, sino que trata los problemas derivados de su estratégica situación entre las zonas de Cuenca, Valencia y Murcia, como la solicitud de demolición de los puentes sobre el río Júcar, demandada por Albacete, para dificultar los movimientos del enemigo hacia el este y viceversa; la proclamación de la Constitución de Cádiz o la creación de la Milicia Hondada.

José Manuel Almendros Toledo, nació en Albacete en 1942. Es Licenciado en Historia. Ha ejercido labores
de docente durante muchos años en los pueblos de la demarcación del antiguo Estado de Jorquera, comarca a la que ha prestado su interés investigador, y de la que ha escrito y publicado numerosos trabajos. El libro nos acerca a los acontecimientos ocurridos en los pueblos de la zona nororiental albacetense durante la invasión napoleónica. Especialmente destaca el declinar de la sociedad estamental del Antiguo Régimen, mostrándonos como los pueblos del antiguo Estado de Jorquera se dispusieron a evadirse de la jurisdicción señorial, en manos de la casa de Villena, pretensión largamente anhelada por ellos y que la confusión reinante y el vacío de poder existente durante la guerra va a permitir.
* (Extracto prólogo del libro). Juan González Castaño, Real Academia Alfonso X el Sabio. –Jorquera en la Guerra de la Independencia. Bandos, órdenes y proclamas: Literatura de resistencia. José Manuel Almendros Toledo. 192 págs. Instituto de Estudios Albacetes “Don Juan Manuel” de la Excma. Diputación de Albacete

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PUBLICACIONES

Los fantasmas de Edimburgo*

Al profesor Luis Miguel Ortiz, protagonista de
esta historia, no le van bien las cosas. O al menos no le suceden cosas normales desde el día en que un perro callejero eligió su aula para vaciar su estómago y, poco después, fue sorprendido en su despacho en medio de una situación comprometida. A partir de ahí su vida, expuesta sin pudor, cobra la forma de un descenso a los infiernos, con parada en la fantasmal ciudad de Edimburgo, donde tendrá lugar el encuentro con El Ladillas, agente de su destrucción, y conocerá el lado más oscuro de la existencia en el transcurso de un alucinante y alucinado verano. Zigzagueante, divertida, obscena, hilarante, meticulosamente incorrecta, Los fantasmas de Edimburgo constituye un festín de situaciones desaforadas e imprevistas, una bofetada en el rostro de los bienpensantes y un ejercicio de maestría narrativa, que provoca por igual la carcajada y la reflexión, el asombro y el escándalo, pero nunca la indiferencia del lector. La novela más canalla de un consumado narrador del caos. Un Jeklly y Hyde para el siglo XXI.

Eloy M. Cebrián es licenciado en filología inglesa y catedrático de secundaria en un instituto de Albacete. Como
novelista, ha obtenido el premio Francisco Umbral de Novela (“El fotógrafo que hacía belenes”, Zócalo Editorial, 2005), y el Premio Jaén en su modalidad de novela juvenil (“Bajo la fría luz de octubre”, Alfaguara, 2003). Los fantasmas de Edimburgo fue finalista del premio Fernando Lara, de Editorial Planeta, en mayo de 2007 y finalista del Premio Herralde de Novela, también en 2007, por la Editorial Anagrama. En su faceta de autor de narrativa breve, tiene en su haber varios premios de cuento (Marco Fabio Quintiliano, Alfonso Sancho Sáez). También ha sido finalista en dos ediciones consecutivas del prestigioso premio NH Mario Vargas Llosa de relato y del Premio El País-Aguilar de relatos de viajes. Desde el 2000 codirige la revista albaceteña de creación literaria “El problema de Yorick”, de la que han aparecido siete números.
* Los fantasmas de Edimburgo. Eloy M. Cebrián. 480 págs. Edif. El Tercer Nombre

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PLÁSTICOS: JOSÉ FÉLIX. ALBACETE 1959

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PLÁSTICOS: JOSÉ FÉLIX. ALBACETE 1959

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CREACIÓN. POETAS DE ALBACETE. MIGUEL ÁNGEL ARENAS, 1978

Por Qué en Paz
A Bienvenida Sánchez, Alicia Oria y Luzmarie Álvarez Poema para niños que recuerdan o aprenden lo que es la paz mientras ven las noticias. Porque no hay otro camino si queremos seguir siendo. Porque las guerras sólo sirven para hacer más ricos a los ricos. Porque el odio enferma y no hay antídoto; porque la violencia no soluciona los problemas. Porque es mentira que unos sean más que otros, y si lo fueran, para eso tenemos cerebro y un millón de años de historia. Porque la paz es la paz. Porque vivimos en el mismo planeta, porque podemos pensar, porque podemos, porque la paz está cerca. Porque la paz está donde estéis en paz.

M de Malo Mundo
Poema con motivo del atentado contra los trenes en la estación de Atocha el 11 de marzo de 2004, escrito en colaboración con Irene Roquel, compañera de versos (también escritos) Macabro montaje de mentiras, manoseo de mezquindades y de miedos, mecano mediocre con la memoria de los huesos. Moda malversada del menosprecio por lo humano y por la vida. Monopolio del mercado de la miseria, mecenas de la muerte, marketing misántropo para el desprecio de lo mutuo, melodrama, masacres en trenes de Madrid, máscaras que se masturban antes los espejos, mordaza impuesta por la moral, mierda a la que llaman alimentos, manifestaciones malversadas por masones, mutilación de la magia, la melodía del mar manipulada. Mercantilismo mediático, monotonía de las máquinas. Mafias malvas que amordazan las miradas ( ) mandan matar las mentes que piensan. Milicias de metrallas mercenarias que muerden los músculos de la verdad y las palabras. matacanes como mandrágoras. Matanzas de mujeres y de pueblos. Mantas de mula para ciclones que acaban en Meliás de puerto. Pero basta ya. Ya basta. Paremos con p de paz –¡por Pios!– basta de emes de mal y poemas con sólo versos. Villarrobledo, España 2005

P O E S Í A

Houston, Estados Unidos de América, 2007

Esquema y Discurso sobre el origen de la Desigualdad entre las Mujeres
A Juan Sánchez, David Ruiz y Jorge Castrillón con permiso de Rousseau Son las 3 a.m. en la ciudad de Guatemala, en un d-pub de pvc con puffs y pets entregan ruido y cerveza Gallo. A las chicas guapas que allí van, con la chela les dan pistachos. A las medio guapas, cacahuetes. A las feas, nada. Ciudad de Guatemala, 2007

Miguel Ángel Arenas

CREACIÓN. POETAS DE ALBACETE. DIEGO SANZ LÓPEZ, 1961

SIN LÍNEAS DE SOMBRA
¿A qué tanto afán por perpetuar nuestra memoria? ¿Acaso nuestra vida seguiría habitando en ella? ¿No será la vanidad su hilo conductor? ¿O es que la inmortalidad, más que un deseo o una desesperada y loca aspiración, es algo innato a nuestra naturaleza?

LA MEDIDA DEL MUNDO
Mirad, ahí va el Hombre, arrastrando su dolor por el mundo; su corazón será probado y abrazará la tierra, y se quedará absolutamente Desnudo, en las blancas nervaduras de su Alma.

P
ESTATUAS DE SAL METÓDICA DUDA
Si Dios no existiera, ¿qué hacemos aquí? ¿Qué sentido tendría Nada? Y si existe, ¿qué esperamos, destruyéndonos los unos a los otros, mientras tanto? Vuelves, una y otra vez, a esa imagen recobrada. Aquella vívida imagen de ti mismo, naciendo y muriendo sin fin, como las olas orillándose en una bahía lejana. Vuelves, una y otra vez, a tu Tristeza.

O E S Í

Diego Sanz López

Poemas pertenecientes al libro de próxima aparición “Aufhebung”

A

CREACIÓN. POETAS DE ALBACETE. LUCÍA PLAZA, 1977 TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: OPINIÓN

Puerta de Atrás
Volver a casa Con el corazón blindado y un mapa Para poder reconocer los caminos Que llevan a tu puerta Barrer de debajo de la cama Las migas del pastel Ahora que el azúcar Sabe dulcemente amargo Ahora que busco huellas de ti En la voz de alguien que desconozco Alguien que ya No me conoce Preguntándome En qué momento Salimos disparados hacia mundos diferentes Cuándo Empezamos a utilizar un telescopio Para mirarnos a los ojos

Barrio Alto
“No conservo mi primer poema Pero no he olvidado sus consecuencias.” (Jesús Maroto. Metáforas radicales.) Quizás no debería asumir con naturalidad este hostil Intercambio de miedos Ni construir un suburbio de lágrimas Apiñadas En torno al Barrio Alto del corazón Quizás no debería aceptar las noches de silencio Que se extienden entre tú y yo como dunas de eternidades Admitirlas como vaporosas zapatas de lúrex Y cimentar sobre ellas mi soledad De corredor de fondo Con el cuello partido me enfrento a cada día Al principio de las semanas Que ya sólo saben a segundas partes A la mitad de mí Que quiere escapar Y a la otra mitad Que quiere quedarse Me rindo / me venzo Me ato los cabellos a la almohada con la punta de los dedos Y comercio con las ruinas de mi estómago hasta regresar Al punto más occidental de mi memoria El único umbral desde el que reconocer Que a veces el amor no es suficiente Y que es otra Mi verdadera historia

P O E S Í A

Sofá
Sentarnos aquí Con las manos atadas Viendo viajar el tiempo Mientras creamos tradiciones nuevas Como celebrar una fiesta El veintiuno de cada mes Mirar por la ventana Gritar Caminar por la casa con una nube de tormenta Suspendida sobre la cabeza Sonreír Volver a subir en la montaña rusa Hablar Sentir Amar Y apostar muy fuerte por una combinación Que quizás No sea La ganadora

Botiquín
Vaciar el corazón limpiarlo a fondo no vaya a incubar La misma enfermedad de siempre Sellar con tiritas las goteras mirar en el botiquín por si queda Bastante paracetamol O algunos abrazos de emergencia Que utilizar como paracaídas

Lucía Plaza

CREACIÓN. NARRADORES DEPROVINCIA: OPINIÓN FERNÁNDEZ MOYANO, 1954 TEMAS DE ALBACETE Y ALBACETE. RICARDO

El Catalejo
Un fugaz haz de luz iluminaba la habitación, proyectando duras sombras sobre paredes; la multitud de enseres que se hallaban esparcidos por todas partes daban a aquel antro un aspecto lúgubre y casi fantasmagórico. Después de largo tiempo aprovechó aquel verano para visitar la abandonada casa solariega de sus abuelos. Era una construcción sencilla de dos plantas con buhardilla. En su desván solía pasar ratos maravillosos en los veranos de su infancia jugando y revolviendo entre los trastos que allí se amontonaban en anárquico desorden. La única claridad le llegaba por un ventanuco de madera hinchada y carcomida por los años, que crujía como si se quejara cada vez que se la abría. En el fondo de un viejo arcón de madera había, entre otros objetos, un catalejo de latón, una brújula de barco y un curioso astrolabio. Ponía una mesa boca abajo, ataba un trapo negro a una de sus patas y armado de una oxidada espada recorría los mares y océanos en busca del botín de algún antiguo corsario. Con el mapa de una isla desierta y una cruz en rojo que marcaba el lugar donde llevaría escondido desde antiguo el fantástico tesoro de algún malogrado capitán pirata, se hacía a la mar para vivir mil y una aventuras. Dando rienda suelta a su imaginación y atiborrándose de fabulosas historias infantiles que devoraba con avidez desmedida, pasaba las tardes de verano jugando en aquel trastero que tan pronto era bodega de barco, océano embravecido o perdida isla llena de peligros. — ¡Vamos, marineros de agua dulce! ¡Soltad amarras, levad el ancla! ¡Aunque tengamos que surcar los siete mares y afrontar mil peligros, el tesoro del capitán Cook será nuestra recompensa! Pero no fue ese tesoro el que tuvo la suerte de encontrar. En un rincón del revuelto desván, medio oculto entre un montón de trastos, vio un pequeño baúl de mimbre que pensó le serviría como cofre del botín en sus imaginarias travesías por ignotos parajes. Al abrirlo descubrió el mejor tesoro que nunca hubiera imaginado. El cesto estaba repleto hasta los bordes de una multitud de tebeos e historietas, que harían sus delicias en aquellas tardes veraniegas y llenarían su cabeza de maravillosas e inimaginables fechorías. Desde entonces en aquella estancia se mezclaron, entre otras, las hazañas de “El Capitán Trueno”, “El Jabato”, “El Guerrero del Antifaz” y “Roberto Alcázar y Pedrín” entre otros. Todos sus personajes, en tropel algarabía, desfilaban por su mente infantil viviendo con ellos arriesgadas e inverosímiles aventuras. Cuando abrió el ventanuco volvió a chirriar de nuevo, como entonces, en lo que a él le pareció un quejido lastimero por haberse atrevido a despertarlo del insondable sueño de los años. Alguno de los objetos que retenía en su memoria desde siempre habían desaparecido, como el baúl de los tebeos o la mesa sobre la que navegara en sus aventuras. Tampoco pudo encontrar la brújula ni el astrolabio. Sólo el catalejo de latón, lo cogió entre sus manos con cuidado como si hubiera hecho el mayor de los hallazgos y acarició su pulida superficie con nostalgia como queriendo extraer de él jirones de su infancia. Intentó desplegarlo, pero estaba atascado y, al forzarlo, se abrió en dos partes dejando caer al suelo un papel apergaminado. Se trataba de una carta en cuyo interior había una antigua fotografía de un joven ataviado con el típico uniforme a rayas de los soldados de la guerra de Cuba. Después de mirar atentamente la fotografía, pasó a su lectura, cuyo contenido transcribo a continuación: Barcelona 17 de agosto de l896 Mi querida Sara: Cuando recibas esta carta ya estaré lejos, pues esta misma noche embarco rumbo a La Habana. No me da miedo entrar en combate ni enfrentarme a mil peligros ni a terribles enfermedades, lo único que temo es estar lejos de ti mucho tiempo –sólo Dios sabe cuánto durará esta guerra– y no poder estrecharte entre mis brazos. Todo se me hará más llevadero pensando que a mi regreso podremos estar juntos y realizar todos nuestros sueños. Te quiere. Tu amado Mauricio. La lectura de aquella carta le intrigó profundamente. ¿Quién era aquella misteriosa Sara de la que nunca había oído hablar en su familia, a quién iba dirigida esa romántica carta de despedida? ¿Quién era el tal Mauricio de quien tampoco tenía noticia alguna? y sobre todo ¿qué ocurrió con los dos enamorados? Tanto le impresionó su descubrimiento que se quedó absorto durante unos minutos contemplando la carta y la foto sin poder dar crédito a sus ojos. De improviso, recordó una historia que había escuchado en su casa siendo niño: una tía lejana de su madre se había arrojado al mar desde un acantilado al recibir la noticia de que su novio había muerto en la guerra. Era muy probable que esos fueran los personajes de la carta. Pero ¿cómo y cuándo había llegado al interior del catalejo? Sorprendido por el hallazgo no se fijó en un libro lleno de polvo que hasta ahora no conocía. Lo abrió con curiosidad y comenzó a leer lo que parecía un libro de viajes. E1 protagonista era un marinero que, al parecer, recorrió el mundo en busca de aventuras. Se sentó en una hamaca junto a la ventana y se enfrascó en su lectura. Recorrió los lugares más misteriosos que nunca hubiera imaginado junto a él: la selva del Amazonas, ríos inmensos e inhóspitas y lejanas tierras. En una de sus visitas a tierra firme, se introdujo en la ciudad y fue recorriendo sus calles con afán como si fuera en busca de algo o de alguien. Llegó a una casa solariega cuya puerta encontró abierta, llamó a sus dueños, pero no escuchó respuesta alguna. Recorrió el salón, subió al primer piso, al no ver a nadie se dirigió a la buhardilla, abrió la puerta y descubrió a un muchacho sentado en una hamaca que leía con gran interés un libro. —¡Nunca debiste leer esa carta, canalla! Al escuchar su voz se giró hacia él y con un gesto de horror en su rostro balbució: —¡Mauricio! Fueron sus últimas palabras antes de caer desvanecido. Al día siguiente unos vecinos encontraron su cadáver, tenía un libro en las manos, los ojos abiertos y una extraña mueca de pánico en su pálida cara.

Ricardo Fernández Moyano

N A R R A T I V A

CLÁSICOS ALBACETENSES. Manuel Ramírez de Carrión
TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: OPINIÓN

Maravillas de naturaleza
(Comentarios a cargo de Fernando Rodríguez de la Torre, extraídos de su prólogo de la edición “Clásicos Albacetenses, 4)

I. EL PERSONAJE En Hellín vio la luz Manuel Ramírez de Carrión en el año 1579. Frente a errores publicados sobre su fecha y lugar de nacimiento la revista local “Macanaz” prestó un impagable servicio al publicar la partida de bautismo de su ilustre paisano:
“En diez dias del mes de enero de mil y quinientos y se“tenta y nueve años, yo Francisco Rodriguez de enesa clérigo “cura, baptice a Manuel, hijo de Miguel Ramirez y Maria de la “Paz, y fueron sus padrinos Francisco de Valcarcel Ju.° Fer“nandez y doña Maria de Velazco muger de Gomez de Valcar“cel.— la capita en la caja. = Francisco R. de enesa.

Muy cortos son los esbozos biográficos que poseemos de Ramírez de Carrión por lo que sería bienvenida una investigación sobre su vida, que no podemos acometer en esta breve introducción. Hemos observado, señalemos, crasos errores que deberían ser eliminados para el futuro. Dicen el doctor Bernaldo de Quirós y la doctora Gueler, que Ramírez de Carrión vivió en Hellín en su juventud, y al mismo tiempo que adquiría una vasta cultura comenzó su labor de desmutización con un muchacho sordomudo. De suponer es que hasta él llegaron noticias sobre la obra del predecesor fray Pedro Ponce de León. El marqués de Priego, don Pedro Fernández de Córdoba y Figueroa, era padre de un sordomudo y llamó a Ramírez de Carrión a Montilla (Córdoba), para que se encargara de la educación del joven noble disminuído. La desmutización y educación del alumno tuvo un completo éxito, y la fama de Ramírez de Carrión debió de llegar a Madrid, por cuanto en 1615, doña Juana de Córdoba, duquesa de Frías, la célebre viuda del Condestable de Castilla, llamó a Ramírez de Carrión para que se ocupara de la educación de su segundo hijo, sordomudo a causa de una enfermedad surgida a los dos años. La duquesa recurrió a la influencia del rey para que el marqués de Priego consintiera en desprenderse durante algún tiempo del profesor de su hijo. Ramírez de Carrión pudo trasladarse a Madrid y comenzó la desmutización y enseñanza de don Luis de Velasco, que así se llamaba el hijo de la duquesa de Frías. La “excedencia” de Ramírez de Carrión duró cuatro años, volviendo de nuevo a Montilla, ya como secretario del marqués de Priego. A partir de ese momento consideramos que comienza Ramírez de Carrión a organizar la biblioteca del marqués y empieza a preparar la documentación para su libro, que no saldría a la luz hasta 1629. 92

La fama de Ramírez de Carrión llega a Italia y de allí viene a Madrid la princesa de Carignan, hacia 1636, para conseguir con el apoyo y recomendación del rey Felipe IV que nuestro preceptor se desplazara a Italia para desmutizar y educar a un hijo sordomudo de la princesa. Pocas noticias nos han llegado de la actividad de Ramírez de Carrión en Italia. Parece que volvió a España hacia el año 1645, perdiéndose desde entonces su pista, por lo que se ignora la fecha (¿acaso 1650?) y el lugar de su muerte. Lamentable final histórico de quien tiene el título de “primer preceptor de sordomudos del mundo” y para quien en vida se escribieron elogios inusitados. II. LA SORDOMUDÍSTICA DE MANUEL RAMÍREZ DE CARRIÓN Es el siglo XVI el siglo de oro español (mundial) en la historia de la educación de los sordomudos. El precusor fue el monje fray Pedro Ponce de León.

CLÁSICOS ALBACETENSES. Manuel Ramírez de Carrión
TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: OPINIÓN
En el año 1579 nacen Juan Pablo Bonet y Manuel Ramírez de Carrión. El primero publicó un celebrado tratado que tiene todo el mérito que le pertenece por ser el primero en el mundo que trató de esta didáctica especial. Pero una exégesis moderna descubre aspectos inéditos que favorecen a Ramírez de Carrión en detrimento de Bonet. En palabras de Bernaldo de Quirós y Fany S. de Gueler: “evidentemente a Bonet le faltaba experiencia, pues… Ramírez de Carrión tuvo que volver en repetidas oportunidades a retomar la educación de Don Luis, cosa que por cierto no habría ocurrido de haberse mostrado Bonet suficientemente eficaz. Sin embargo, no podemos tener duda alguna sobre el hecho de que Bonet tuvo acceso —a través de Don Luis— al sistema de enseñanza de Ramírez de Carrión y que supo sacar buen partido de ello”. También, añadimos nosotros, Bonet, nada más publicado el libro, desaparece de la escena pedagógica y continúa con su ocupación habitual, que no era otra que la de miembro del servicio secreto del rey. En cambio, Ramírez de Carrión tiene una biografía acreditada de cuarenta años de preceptoría sordomudística. Muerto Bonet en Madrid en 1633, cinco años después se publicó un extraordinario elogio —poco o nada conocido hoy— de Ramírez de Carrión escrito por José Pellicer de Ossau y Tovar en el que se alude al largo período de enseñanza sordomudística de Ramírez de Carrión, los alumnos que tuvo, las ideas y venidas del profesor y de sus alumnos de Madrid a Montilla, así como que Bonet escribió su libro “por lo que vió que obraba Vm. y oyó de su boca”. En su libro Maravillas de naturaleza, Ramírez de Carrión expone en dos ocasiones, en el prólogo (“A la curiosidad del lector”) y en letra “S” (voz “sordo de nacimiento”), sus ideas sobre el problema de la sordomudez y de la enseñanza de sordomudos. Mas desgraciadamente no es en este breve prólogo donde podamos realizar un estudio sobre la obra pedagógico-sordomudística de Manuel Ramírez de Carrión, de tanto interés para educadores especiales… y para albacetenses. III. LAS “MARAVILLAS DE NATURALEZA Llamaremos literatura de maravillas a aquella prosa didáctica que trata de sucesos o cosas extraordinarias que causan admiración; por su misma esencia corresponde o forma parte de la divulgación científica. Con la imprenta aparecieron pronto obras de la antigüedad de este género y, a este respecto, son paradigmáticas la obra de Cayo Julio Solino, bien utilizada por Ramírez de Carrión, las Noches áticas de Aulio Gelio, las Saturnales de Macrobio, el Banquete de los sabios de Ateneo. En otro orden de cosas, no olvidemos las ediciones de la obra de Marco Polo-Rustichello de Pisa (precisamente, denominada Libro de las maravillas del mundo). En el siglo XVI hay muchas “novedades” de este género; tuvieron universal difusión las obras del francés Pedro Bovistau y la del sevillano Pedro Mexía, utilizadas, obviamente por Manuel Ramírez de Carrión. Estas obras tenían como un método común: se trata de pequeñas enciclopedias, con numerosos y cortos capítulos de las más variadas cuestiones, agrupadas o no en series temáticas. El método de Manuel Ramírez de Carrión es totalmente innovador. Después de haber leído muchos libros, españoles y extranjeros, en latín, griego, italiano y francés, sobre las más variadas ciencias –desde la historia a la anatomía– obtiene de ellos una cita, normalmente un corto texto expositivo y en el margen del mismo referencia el autor y la obra. Por esto decimos que Ramírez de Carrión debía de trabajar con fichas, ya que, obtenido el texto, coloca el substantivo de la palabra-clave delante, al objeto de proceder a su alfabetización. Por ejemplo: “Gengibre, aprovecha en los manjares, contra los desmayos, y flaqueza de estómago”. Este método no lo hemos visto en otros libros “de maravillas”, ni siquiera en el llamado Diccionario de maravillas de la naturaleza, del francés Sigaud de la Fond (por otra parte, del siglo XVIII), ya que, aunque trabaja alfabéticamente, los textos son muy extensos y no puede ofrecer más que algunas docenas de asuntos, y no dos mil. En Montilla (Córdoba) aparece en 1629 la edición príncipe: MARAVILLAS / DE NATURALEZA, / EN QVE SE CONTIENEN DOS MIL SE- / cretos de cosas naturales, dispuestos por abe-/cedario a modo de Aforismos faciles, y bre-/ues de mucha curiosidad, y prouecho. Reco/gidos de la leccion de diuersos y graues / Autores. / Por Manuel Ramirez de Carrion Maestro, y Secretario del / MARQVES DE PRIEGO. / (adornito) Dirigido a su Excelencia (adornito) / Año de (Escudo) 1629. / CON PRIVILEGIO REAL. / En Montilla en la Imprenta de su Excelencia / por Iuan Batista de Morales. // Portada.- V. en b.- Svma de la tassa, Madrid a 28 de Agosto de 1629.—Erratas, Madrid y Iulio 24 de 1629. El Licenciado Murcia de la llana.- Suma del privilegio.Aprovacion del Consejo, 4 de mayo de 628, Doctor Iuan de Salazar.– Censura del Doctor Hieronimo Fernandez de Leon, Montilla, 15 de Março de 1628.– Licencia del Ordinario de Cordova, 17 de Março de 1628.— Don Gabriel Ioseph de Arriaga, Soneto.— Del Licenciado Don Antonio Suarez de Ocampo (dos décimas).— Al Excmo Señor Marques de Priego.- (Firma grabada del autor).— A la curiosidad del Lector.– Autores citados en este libro.Texto. (In fine): FIN. / Sub correctione Sanctae Matris Aecclesiae / (estrellita) CON PRIVILEGIO (estrellita) / EN MONTILLA POR / Juan Baptista de Morales. / Año de M.DCCXXIX./ En 4°.– 8 hojas de preliminares sin numerar, y 144 foliadas, con numeración equivocada en las cuatro últimas. Sig. A-Nn-3.

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CLÁSICOS ALBACETENSES. Manuel Ramírez de Carrión
TEMAS DE ALBACETE Y PROVINCIA: OPINIÓN
Es una impresión sin gran mérito, tosca, pero con adornos en los comienzos y finales de capítulos, así como con todas las páginas recuadradas. En el mismo año apareció la edición de Córdoba. Copiamos del gran bibliógrafo Valdenebro su cédula de esta edición cordobesa: “MARAVILLAS / DE NATVRALEZA, / EN QVE SE CONTIENEN DOS MIL / secretos de cosas naturales, dispuestos por abecedario à modo de Aforismos faciles, y breves, de / mucha curiosidad, y provecho, recogidos / de la leccion de diversos, y graves / Autores. / Por Manuel Ramirez de Carrion, Maestro, y Secretario / del Marques de Priego. / Dirigido à Su Excelencia. / Año (E. de armas del Mecenas) 1629. / Con privilegio. / En Cordova en la Imprenta de Francisco Garcia. 8 °mayor.- Ocho hs. al principio sin foliar, 122 hs. foliadas.—Sign. , A-Q, todas de ocho hojas, menos Q, que tiene dos. Port.- V. en B.— Suma del Priv.— Suma de la tasa: Madrid, 28 Agosto 1629. Aprobacion del Consejo.– Aprob. del Dr. Jeronimo Fernandez de Leon: Montilla, 15 Marzo 1628.– Licencia del Ordinario: Cordoba, 17 Marzo 1628.—Soneto de D. Gabriel José de Arriaga.– Poesia del Ldo. Antonio Suarez de Ocampo.— Dedicatoria.— A la curiosidad del lector.—Autores citados en este libro.– Texto. Puede considerarse como segunda edición del libro, puesto que la original debió ser la hecha el mismo año en Montilla, en la imprenta que tenía allí el mismo Marqués de Priego, a quien está dedicado el libro. Esta circunstancia de ser de un mismo año y hechas en lugares tan próximos las dos ediciones, me hizo sospechar si serían una sola con diferente portada; pero habiéndolas confrontado, he visto que son absolutamente distintas. (Bib. Nacional)” Es muy curioso que los buenos bibliógrafos del pasado siglo no dieran con la pareja de ediciones conjuntamente; todos hablaron sobre la rareza y curiosidad de la obra. Aludiremos de pasada a una supuesta edición de Madrid, anterior a las andaluzas y más pequeña de contenido. Es el erudito Nicolás Antonio quien la da a conocer de una forma no segura. Desde entonces no conocemos la existencia de ningún ejemplar, y todos los que mencionan la edición, presunta, madrileña, se apoyan en la autoridad de Nicolás Antonio. Nosotros nos apoyamos en la autoridad del mejor bibliógrafo que ha tenido España, el tobarrense Cristóbal Pérez Pastor, quien en su magna Bibliografía Madrileña… desconoce esta hipotética edición; suponemos que bien le hubiera gustado fichar una obra del hellinense Ramírez de Carrión, si hubiera existido. Mientras se deshace el misterio, nos inclinamos por la inexistencia de esta edición de Madrid. Y entremos, finalmente, en unas leves consideraciones sobre el libro de nuestro hellinero. Después de una atenta lec94 tura de las dos mil “maravillas” se nos ocurren las simples notas siguientes: a) Está omnipresente en la obra toda la filosofía aristotélica en su proyección cosmológica y antropológica, así como, por extensión, toda la cultura latina y renacentista. b) Se encuentran, no obstante, atisbos de experimentación. No es que hubiera llegado a los ojos de Ramírez de Carrión el Novum Organum, de Francis Bacon, salido a la luz en 1620, pero la idea de que el conocimiento es fruto de la experiencia se trasluce en numerosas ocasiones, cuando se traen a colación las ideas tópicas, del vulgo, que se contrastan y rechazan con la fórmula “como yo lo he experimentado”, “como lo enseña la experiencia”, “hecha la experiencia se ha hallado ser falso”, “pero por experiencia se ha visto lo contrario”, y otras muchas similares. c) El contenido es multidisciplinar. Sin afán de enumeración completa de todos los saberes que se tocan, las sentencias, citas o aforismos corresponden a la anatomía, fisiología, cirugía, medicina; farmacopea, albeitería; teratología; física, meteorología (en la concepción aristotélica), astronomía, astrología, cosmografía, arte del cómputo, zoología (ornitología, hipología, mirmecología, etc), etología, botánica (en especial, los simples), agronomía, química y alquimia; mineralogía y lapidaria; naútica, balística y un largo etcétera Hay cierto bagaje inútil de supersticiones, incomprensibles, claro es, a los ojos actuales. d) Llama la atención la pobrísima presencia de las maravillas del Nuevo Mundo, pues una sóla mención de Fernández de Oviedo (voz “moscas”) y otra de la Historia de las Molucas (voz “clavo de la India”) es todo lo que aparece. Si bien es cierto que hasta la obra de José de Acosta no se integró el Nuevo Mundo en el contexto general del pensamiento europeo hay que reconocer que dicha obra es de 1590, es decir, 39 años anterior a la publicación de las Maravillas de naturaleza. Desde 1625 profesaba historia natural en el Colegio Imperial de Madrid el sabio y noble jesuíta Juan Eusebio Nieremberg. En 1630, al año siguiente del libro de nuestro Ramírez de Carrión, publicaba su Curiosa filosofía y tesoro de maravillas de la naturaleza. Obsérvese la coincidencia con el título de la obra del hellinense. El éxito del Padre Nieremberg fue grande, lo suficiente para ahogar la posibilidad de reeditar la obra de Ramírez de Carrión. Los títulos de “maravillas de naturaleza” o “secretos de naturaleza” se han seguido usando hasta nuestros días. Valga como ejemplo por todos los casos, los títulos de dos discursos de fray Benito Jerónimo Feijóo bajo estas mismas denominaciones. Fernando Rodríguez de la Torre*
*(Textos del prólogo de Maravillas de naturaleza) Instituto de Estudios Albacetenses “Don Juan Manuel”. Albacete 1987. 275 págs. El texto se publica sin las notas a pie de página.