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Editorial Gustavo Gili, SA
08029 Barcelona Roselló, 87-89. Te!. 322 81 61
México, Naucalpan 53050 Valle de Bravo, 21. Te!. 560 60 11
'VIDA URBANA, J1M, PERO NO LA QUE NOSOTROS CONOCEMOS"
W1LL1AM J. M1TCHELL
Traducción de Fernando Val derrama
G G ~
Para Emily y Jane
Título original
E-tapia: "Urban lite, Iím-but not as we know it"
Diseño de la cubierta: Toni Cabré/Editorial Gustavo Gili, SA
cultura Libre
© 1999 Massachusetts Institute of Technology
© Versión castellana, Fernando Valderrama, 2001
y para la presente edición
© Editorial Gustavo Gili, SA, Barcelona, 2001
Printed in Spain
ISBN: 84-252-1816-0
Depósito legal: B-50.933-2000
Fotocomposición: Orrnograf SA, Barcelona
Impresión: Gráficas 92, SA, Rubí (Barcelona)
iNDlCE
PRÓLOGO: RÉQU1EM POR LA CIUDAD 7
1 LA MARCHA DELAS MEGA-REDES 15
2 LA TElEMÁnCATOMA El MANDO 37
3 El PROGRAMA: El NUEVO GENlO DEL LUGAR. . . . . . . . . . 49
4 ORDENADORES PARA HABITAR 57
5 VIVIENDAS Y BARRIOS 77
6 LUGARES DEENCUENTRO. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 91
7 REDISEÑANDO El LUGAR DETRABAJO 105
8 LA CIUDAD TElESERVlDA 119
9 ECONOMíA DEPRESENCIA 137
10 ECONOMíA YECOLOGíA 155
NOTAS. . . . . . . .. . . . .. . . . . . . . . . . . . . . . . .. . . . . . .. 165
AGRADECIM1ENTOS 189
íNDICE DENOMBRES 190
PRÓLOGO: RÉQUlEM POR LA elUDAD
Marshall McLuhan, 1967: "La ciudad ya no existe, salvo como
espejismo cultural para turistas"'.
Lo sé, lo sé: es una metáfora familiar -la muerte de Dios, la
muerte del sujeto, la muerte del autor, la muerte del drive-in, el
fin de la historia, el agotamiento de la ciencia, y tantos otros-o
Pero resultó estar en lo cierto, aunque varias décadas por delan-
te de su debido momento, como siempre.
Ahora ya es evidente. La ciudad, tal como la entendieron los
teóricos urbanos desde Platón y Aristóteles hasta Lewis
Mumford y Jane Jacobs, ya no es capaz de mantener su cohesión
ni de cumplir su función como ocurría anteriormente-. Es a
causa de los bits; ellos la han matado. El modelo urbano tradi-
cional no puede coexistir con el ciberespacio.
No obstante, ¡viva la nueva metrópolis unida por la red de la
era electrónica digital!
Prtrnera lamentación
Ingresó cadáver en el año 2000. ¿Qué le ocurrió a la dudad que conoce-
mos actualmente?
Lesvaya contar la historia.
Hace mucho tiempo, había un pueblo en el desierto que tenía un
pozo en el centro. Las casas se agrupaban dentro de la distancia a la
que podia transportarse cómodamente un ánfora de agua. Por la tarde,
cuando refrescaba, los habitantes se acercaban al pozo para recoger el
8 e-topia Prólogo: réquiem por la ciudad 9
suministro de agua para el día siguiente y se quedaban un rato para
intercambiar noticias y realizar negocios entre ellos. El pozo suminis-
traba un recurso escaso y necesario, convirtiéndose al mismo tiempo en
el centro social, el lugar de reunión que mantenía unida a la comu-
nidad.
Un dia llegó el suministro de agua por tuberías. ¿Quién podría negar
las ventajas prácticas? Era más cómodo y los niños ya no contraían el
cólera. La población creció y el pueblo se expandió hasta convertirse en
una gran ciudad, ya que podia llevarse agua a las casas allí donde pudie-
ran llegar las tuberías.
Las viviendas ya no tenían que concentrarse en el antiguo centro y
los habitantes dejaron de reunirse en el pozo, ya que podian tener agua
en cualquier momento y lugar. Asi, el espacio alrededor del pozo perdió
su antigua función comunal y la gente inventó sitios nuevos para rela-
cionarse socialmente, más modernos y especializados -una plaza, un
mercado o un café.
La historía se repite, esta vez porque el sistema de suministro de
información ha cambiado. Antes, teníamos que ir a lugares para hacer
cosas; íbamos a trabajar. a casa, al teatro, a conferencias, al bar de la
esquina o salíamos por ahí, sin más. Ahora tenemos tuberías para bits,
redes digitales de gran capacidad para transportar información cuando y
donde queramos. Esto nos permite hacer muchas cosas sin tener que ir a
ninguna parte; por tanto, los antiguos lugares de reunión ya no nos
atraen; las organizaciones se fragmentan y dispersan; los centros urbanos
no se mantienen; da la impresión de que la vida pública va desapare-
ciendo.
Tomemos algo tan simple pero tan elocuente como un día en las
carreras. Antes de las telecomunicaciones suponia acercarse hasta el hipó-
dromo, mezclarse en las tríbunas con los demás espectadores, hacer las
apuestas en el mostrador con los corredores, seguir a los caballos con
nuestros propios ojos y liquidar las ganancias cara a cara. Más tarde,
cuando llegaron la radio y el teléfono, las carreras se empezaron a
retransmitir, florecieron las apuestas fuera de la pista, legales o ilegales,
y los días de carreras se podian seguir desde distintos sitios, como bares y
garítos de apuestas. Actualmente, el siempre emprendedor Jockey Club de
Hong Kong ha reconfigurado el sistema una vez más introduciendo dis-
positivos electrónicos manuales, conectados en red, que permiten hacer
las apuestas desde cualquier parte de la ciudad y en cualquier momento
del día. Sólo es necesaría una conexión de teléfono o un enlace inalám-
brico para acceder al sistema, y éste liquida las cuentas automáticamen-
te. Es extraordinariamente eficiente, pero elimina también las oportuni-
dades que ofrecía el hipódromo para establecer contactos, relacionarse,
crear confianza y hacer tratos.
Una vez más, necesitamos innovar, reinventar los espacios públicos,
los pueblos y las ciudades para el siglo XXl.
Segunda lamentación
Yeso no es todo. La comunicación digital recrea también el ritmo tradi-
cional de la vida cotidiana.
Hace no mucho tiempo, una familia del norte vivia en una estupen-
da casa de madera. Tenia una chimenea en el centroy, para mantener el
calor, los muros formaban un sencillo recinto alrededor. Los miembros de
la familia se reunian en invierno alrededor de la chimenea, que era la
única fuente de luz y calor. Alli estudiaban los niños, los padres inter-
cambiaban las noticias del día y la abuela trabajaba en sus bordados. El
hogar mantenía unida a la familia.
Un dia se instalaron conductos para el transporte de energía: la red
eléctrica y la calefacción central. Los miembros de la familia podían tener
en cualquier sitio calor y luz para leer. El fuego ya no se encendía, salvo
como una especie de entretenimiento nostálgico en ocasiones festivas.
los niños se retiraron a sus habitaciones para hacer los deberes y escu-
char sus equipos de música. Los padres empezaron a trabajar en distintos
turnos y se dejaban mutuamente notas malhumoradas en la puerta del
frigorífico. La abuela se volvió aburrida y maniática y se trasladó pronto
a una residencia de ancianos con aire acondicionado cerca de Phoenix,
donde podía jugar al bingo con compañeras de su edad, marginadas de
la mísma manera. El círculo de la hoguera ya no servía como unificador
social.
La informatización está siguiendo estrechamente los pasos de la
electrificación, con consecuencias sociales igualmente profundas. A
medida que los ingenieros van asumiendo la tecnología y los agentes
del capital riesgo mantienen en marcha las salidas a Bolsa, diminutos
dispositivos de telecomunicaciones y de procesado de información se
están convirtiendo en algo tan popular como las bombillas o los moto-
res eléctricos. Desde un teléfono móvil digital se puede hablar con cual-
quiera, en cualquier parte dei mundo y en cualquier momento. Se
pueden recibir noticias digitalmente vía satélite en la televisión de la
habitación del hotel, durante las veinticuatro horas del día. Se puede
10 e-topia
Prólogo: réquiem por la ciudad 11
recoger el correo electrónico cuando se quiera y desde cualquier cone-
xión telefónica. Se puede conseguir dinero en efectivo en cualquier
cajero automático, a cualquier hora. Los electrodomésticos incluyen
microprocesadores y progresivamente requerirán conexiones a la red,
tanto como a la instalación eléctrica o a la de agua corriente. El coche
está repleto de la electrónica más sofisticada y el individuo que lo repa-
ra necesita tanto un ordenador como una llave inglesa. La primitiva era
industrial de mecanismos pasivos se ha terminado; ahora los objetos
piensan y se conectan incansablemente, veinticuatro horas al día. siete
días a la semana.
Hoy en día, las omnipresentes redes de telecomunicaciones, las
máquinas y los edificios inteligentes se integran con el suministro de
agua y la recogida de basuras, con la distribución de energía y los siste-
mas de transporte, para crear un mundo interconectado globalmente en
todo momento y lugar. El viejo tejido social, ligado mediante una obli-
gatoria convivencia de lugary de tiempo, ya no es coherente.
¿Qué 10 reemplazará?
Tercera lamentación
Un día Ruda estaba sentado bajo una higuera. Sus discípulos se reunie-
ron a la sombra para escuchar su voz. Para aprender debían acercarse
lo suficiente para oír. Y en aquel lugar formaron su comunidad de cre-
yentes.
No existía otra forma de hacerlo.
Más tarde sus palabras fueron recogidas por escrito. Primero, los
libros sagrados, laboriosamente escritos a mano, se guardaron en biblio-
tecas monacales, donde los seguidores podían acudir a leer. Mucho
tiempo después de la muerte de Ruda los fieles podian viajar hasta
aquellas comunidades creadas alrededor de los libros, tal y tomo sus
predecesores se habían acercado una vez hasta la higuera. Después, los
libros se imprimieron y la palabra pudo ser difundida por todo el mundo
para quien la buscara. Ocurrió lo mismo con las demás religiones.
Aunque viajar hasta los lugares sagrados sobrevivió como ejercicio espi-
ritual, y los lugares como Santiago de Compostela y La Meca conserva-
ron su magnetismo, el peregrinaje perdió su función más directa y prác-
tica.
A medida que los libros impresos proliferaban y la alfabetización se
dífundía, surgieron por todas partes elaborados sistemas de almacenaje y
distribución de textos, tanto sagrados como seculares. Dichos sistemas
tomaron múltiples formas y escalas: había bibliotecas nacionales, mona-
cales, universitarias, de suscripción, bibliotecas municipales gratuitas,
bibliotecas con sucursales suburbanas, bibliotecas Cameqie, salas de lec-
tura de la Ciencia Cristiana, estudios forrados de libros, clubs del libro y
bibliotecas-móviles. La calle principal tenía sus librerías y sus kioscos de
prensa. Las sajas de espera tenían sus montones de revistas con las esqui-
nas dobladas. Los negocios dependían de pedidos, libros de contabilidad
y facturas. Las oficinas estaban desbordadas de archivadores, los portafo-
lios reventaban de papeles e incluso los bolsillos contenían notas, tarje-
tas, fotografías y billetes. Toda esta "tinta sobre celulosa" se trasladaba
de sitio mediante sistemas de correo. La información se movilizó y el
acceso a ella fue descentralizado.
Hoy en día, los textos y las imágenes fluyen libres, incluso del papel,
y son bombeados a velocidad asombrosa a través de las redes informáti-
cas. Tenemos bases de datos en linea, sitios web, FAQs (listas de pregun-
tas más frecuentes) y sistemas de búsqueda. El correo electrónico está
sustituyendo rápidamente al correo "tortuga". En nuestra era tecnológi-
ca, los buscadores de cultura ya no tienen que embarcarse en pesados via-
jes hacia lejanas fuentes de información, ni siquiera tienen que ir a su
biblioteca local. Librerías, kioscos de prensa, estanterías de revistas, tea-
tros, templos e iglesias (incluso higueras) tienen su equivalente virtual.
Los estudiantes navegan por enciclopedias electrónicas, los profesores
publican sus clases en la red. Los minoristas ponen catálogos y órdenes
de compra en linea. Los mercados de valores pasan las cotizaciones elec-
trónicamente a las pantallas de los operadores.
\; El trabajo mental ya no necesita esfuerzo físico: El comercio no se
ve impedido por la distancia. La comunidad no tiene que depender de los
lazos de parentesco. Los contactos entre las personas se producen de
formas inimaginables hasta ahora.
Es posible que este nuevo ligamento social pueda convertirse en una
ventaja. Quizá las viviendas y los lugares de trabajo, los sistemas de trans-
porte y la naciente infraestructura de las telecomunicaciones digitales se
pueden volver a conectar y reorganizar para crear relaciones, procesos y
modelos urbanos renovadores que posean las cualidades sociales y cultu-
rales que deseamos para el siglo xxi. Quizás exista otro camino, un cami-
no atractivo, sostenible y liberador.
¡Dos brindis de prueba por la aldea global!
12 e-topia Prólogo: réquiem por la ciudad 13
Mondo Post-2000
¿Cómo acabará todo esto? ¿Y qué debemos hacer?
Los edificios, barrios, pueblos y ciudades que surgen de la
revolución digital que se está desarrollando conservarán mucho
de lo que nos es familiar actualmente. Pero, superpuesta a los
residuos y a los remanentes del pasado, como las más recientes
estructuras neuronales sobre nuestro viejo cerebro de lagarto,
existirá una estructura global de conexiones de telecomunicacio-
nes de alta velocidad, lugares inteligentes y aplicaciones infor-
máticas cada vez más indispensables.
Esta última capa cambiará las funciones y valores de los ele-
mentos urbanos existentes y reconstruirá radicalmente sus rela-
ciones. El nuevo tejido urbano resultante se caracterizará por
hogares para vivir y para trabajar, comunidades activas las vein-
ticuatro horas. configuraciones remotas, suavemente entreteji-
das, de lugares de reunión soportados electrónicamente, sistemas
de producción, comercialización y distribución descentralizados
y flexibles, y servicios solicitados y entregados electrónicamente.
Todo ello redefinirá la tarea intelectual y profesional de los arqui-
tectos, los urbanistas y el resto de profesionales que se ocupan de
los espacios y lugares en los que transcurre nuestra vida diaria.
Haciendo la tarea
Esta nueva agenda se separa de fOITIla natural en varios niveles
distintos, que dan lugar a los temas de los capítulos sucesivos.
·lDebemos establecer la necesaria infraestructura de las telecomu-
nicaciones digitales, crear lugares inteligentes innovadores a par"
tir del equipamiento electrónico, además de los elementos de
arquitectura tradicionales, y desarrollar los programas que acti-
ven dichos lugares y los hagan útiles. Finalmente, debemos ima-
ginar configuraciones espaciales regionales, urbanas, vecinales y
arquitectónicas que sean sostenibles y que tengan sentido eco-
nómica, social y culturalmente en un mundo interconectado
electrónicamente que ha encogido, un mundo en el que la dis-
tancia ha perdido algunos de sus antiguos inconvenientes, pero
también mucha de su capacidad para mantener las amenazas y
los desafíos cómodamente alejados.
Para continuar con esta agenda de forma efectiva debemos
ampliar las definiciones de arquitectura y de urbanismo para in-
cluir los lugares virtuales además de los físicos, los programas
además del equipamiento, la interconexión mediante enlaces de
telecomunicaciones además de la debida a la proximidad y a los
sistemas de transporte. Y tenemos que reconocer que la malla fun-
damental de las relaciones entre hogar, lugar de trabajo y fuen-
tes de servicios y suministros diarios, los vínculos esenciales que
mantienen unidas las ciudades, puede venir conformada ahora
por sistemas nuevos y poco ortodoxos.
Creo que es el momento de reinventar el diseño y el des-
arrollo de las ciudades y de redefínir el papel de la arquitectura.
El beneficio es alto y también el riesgo. Pero no tenemos elec-
ción: si somos realistas, no podemos desentendemos. Debemos
aprender a construir e-topias, ciudades servidas electrónicamen-
te y conectadas globalmente para el amanecer del milenio.
1 LA MARCHA DE LAS MEGA-REDES
¿Decimos que queremos una revolución? ¿Deseamos la tecnolo-
gía digital para tener nuevas y mejores ciudades? Bien, ya lo
sabemos, la mayoría de las promesas hechas por los digerati no
han llegado hasta aquí con libertad, igualdad y fraternidad.
¿Teléfonos móviles digitales diminutos?: juguetes clasistas
para niños muy crecidos. ¿Televisión de alta definición?: gran
invento, sin duda, pero la basura en pantalla grande sigue sien-
do basura. ¿Películas a la carta?: beneficio social marginal, como
mucho. ¿Videojuegos de realidad virtual?: diversión para cinco
minutos. ¿Página propia en la red?: vanidad con edición electró-
nica. ¿Resultados deportivos bajo demanda?: ¡por favor! el conec-
tado a la última de hoy será el tecno-aburrido de mañana.
Así que no busque aquí más profecías tecno-triunfalistas,
macho-milenarias sobre un ciberfuturo avanzado y fastuoso.
Pero, del mismo modo, no espere tampoco una inversión dog-
mática y determinista de estas visiones, al estilo de Chicken Little,
una repetición de aquellas aseveraciones, que ahora parecen tris-
tes, de que la revolución digital tiene que reproducir inevitable-
mente los peores modelos preexistentes de poder y privilegio,
pisoteando al mismo tiempo las más apreciadas tradiciones.
Digitofilia versus digitof'obia
Conocemos ya el aburrido y predecible trasfondo ideológico de
estas posturas extremas. Por parte de la derecha radical guber-
16 e-topía La marcha de las mega-redes 17
namental nos llega la opinión de que la tecnología digital puede
mejorar nuestra suerte y, por tanto, lo hará ~ s i e r n p r e y cuando
no nos metamos con el mercado-o Desde la titubeante política de
izquierdas replican que los ricos y poderosos son siempre los pri-
meros en beneficiarse de las nuevas tecnologías y que el merca-
do no acoge a los marginados; por tanto es precisa una rigurosa
intervención gubernamental para garantizar que la informática
y las telecomunicaciones no acaban generando una enorme divi-
sión digital entre los que tienen y los que no. Y, por supuesto, los
neo-luditas están firmemente convencidos de que, en cualquier
caso, todos tenemos mucho que perder y poco que ganar; así que
deberiamos limitarnos a atrincheramos y resistir.
Sin embargo, los cada vez más aburridos digitófilos y di-
gitáiobos, con sus visiones contrapuestas de utopía y distopía,
están palpando a ciegas diferentes partes del elefante. Haría-
mos mucho mejor si esquivamos la consabida trampa del de-
terminismo tecnológico ingenuo, renunciando a las simétricas
formas de fatalismo propuestas por los papanatas de la tecno-
cracia y por los tecno-bufones cascarrabias y comenzamos, por
el contrario, a desarrollar una perspectiva amplia, crítica, en-
focada a la acción, sobre la realidad tecnológica, económica,
social y cultural de lo que está pasando en realidad a nuestro
alrededor y en estos momentos'. Puesto que los nuevos sistemas
tecnológicos son construcciones sociales complejas, debemos
comprender las nacientes opciones, elegir cuidadosamente
nuestros fines y construir bícn-, Nuestra misión es diseñar el
futuro que queremos, no predecir su trayectoria predetermi-
nada.
Después de la revolución (digital)
Empecemos a mirar a nuestro alrededor. Nuestros propios ojos,
así como la acumulación de pruebas de las ciencias sociales,
deben convencernos rápidamente, si todavía no lo estamos, de
que la revolución digital no puede ser desechada como mera
hipérbole y exageración. Esta transformación tecnológica anun-
ciada a bombo y platillo, de la que se asegura que "ha sacudido
nuestras vidas como si fuera un tifón bengalí", es realmente muy
cierta'.
Esta especie de insurrección propulsada a silicio, basada
en la red y dirigida por los ilustrados contra el orden estableci-
do, tuvo su 1789, su octubre, su 4 de Mayo -puede poner el lec-
tor su fecha favorita- alrededor de 1993, con el despegue de la
World Wide Web y la aparición de la revista Wired. Resultaba
obvio para cualquier observador que los sistemas habituales
estaban siendo barridos por procesos simultáneos, causalmen-
te relacionados, de innovación tecnológica, movilización de
capitales, reorganización social y transformación cultural.
Al igual que las enormes transformaciones que han jalona-
do nuestro pasado (las revolucíones agrícola y urbana a partir
de la invención del arado y la rueda, y la revolución industrial
que surgió a partir de la Ilustración científica), las dinámicas
sociales posrevolucionarias han adquirido una velocidad apa-
rentemente imparable. Han sacudido nuestras instituciones y
zarandeado nuestro entorno, han creado nuevas oportunidades
y han cerrado algunas anteriores; sus efectos no serán siempre
como anuncia la publicidad, no serán totalmente positivos ni
se dístríbuirán con uníformidad, pero no pueden ser ígnora-
dos.
Para entender esta particular trayectoria de transforma-
ción debemos reconocer que no es en realidad el resultado de
un único suceso drástico -al igual que los anteriores grandes
momentos de los libros de historia-o Tampoco es consecuencia
de ninguna invención específica aislada. Por el contrario, apa-
rece como producto de la convergencia gradual de diversos
procesos prolongados. Hasta hace poco, estos procesos iban
avanzando en paralelo, pero cuando se han juntado ha ocurri-
do como cuando se mezclan los componentes, inocuos por
separado, de la nitroglicerina. En ese momento, la World Wide
Web encendió la chispa y el resultado fue una explosiva expan-
sión exponencial, un Big Bang que es el comienzo de algo ge-
nuinamente nuevo.
En concreto, los elementos cruciales de este brebaje incen-
diario han sido el equipo para el almacenamiento, transmisión,
conexión en red y procesado de la información digital, junto con
los programas y los interfaces correspondientes'. Los productos
y servicios basados en estas diversas tecnologías se producen y
distribuyen ahora en un frente económico extenso -rnediante las
industrias del teléfono, radio y televisión, televisión por cable,
18 e-tapia
La marcha de las mega-redes 19
semiconductores, ordenadores, aparatos electrónicos de consu-
mo, programas, editoriales y de entretcnimiento-, estas industrias
son cada vez más interdependientes y están más interrelacio-
nadas. La información ha llegado a ser incorpórea e intangible;
ahora viaja volando por el mundo a velocidad de vértigo y en can-
tidades inimaginables a través de las redes informáticas. Y este
inmenso proceso global sólo está empezando.
Inforrnactón, infraestructura y oportunidad
Las líneas generales de nuestro futuro electrónico están cada vez
más claras, aunque no los detalles. De una u otra forma, depen-
diendo de los resultados eventuales de la carrera tecnológica, de
las batallas comerciales y de los debates políticos públicos del
final de milenio, estos desiguales ingredientes se mezclarán fi-
nalmente para producir una infraestructura de la información
digital a escala mundial'. Las ventajas potenciales son tan gran-
diosas y su impulso se genera a tal velocidad que no habrá nada
que se interponga realmente en su camino.
Este nuevo sistema combinará la cobertura integral geográ-
fica y la capacidad de conexión entre personas y lugares que
caracteriza al actual sistema telefónico con los enlaces de alta
velocidad y las posibilidades multimedia de la televisión por
cable. y añadirá al combinado la capacidad de almacenamiento
y de procesamiento del chip de silicio, virtualmente ilimitada.
Los prefijos que describen todos los aspectos de estas capacida-
des seguirán pasando de kilo a mega, a giga, a tera e incluso a
peta y más allá'.
Físicamente, será una construcción compleja de mecanis-
mos de computación, hilos de cobre, cables coaxiales, fibra ópti-
ca, diversos sistemas de transmisión inalámbrica y satélites de
telecomunicaciones. En el aspecto lógico, se mantendrá unida
mediante convenciones y protocolos universalmente aceptados
con acrónimos imposibles de pronunciar como TCP/IP, HTTP,
FDDI YADSL. Económicamente, significará la creación conjun-
ta de innumerables negocios ampliamente distribuidos y de ins-
tituciones públicas con diferentes tipos de participación en el
sistema y diversas formas de ganar dinero con él. Se está crean-
do de forma creciente y desordenada, a través de un complejo
proceso continuado de innovación tecnológica, de construcción
de nuevas infraestructuras, de la reutilización y adaptación de
las ya existentes, de alianzas y fusiones entre compañias de tele-
comunicaciones y de nuevas fórmulas de los sistemas regula-
dores. .
En un planeta lleno de ordenadores, con el tiempo, se re-
cogerá información de todo tipo y será transportada a donde
queramos a través de un único canal digital. Los objetos coti-
dianos, desde un reloj de pulsera hasta paneles de anuncios,
serán cada vez más inteligentes y nos servirán de interfaz con
el omnipresente mundo digital. Y, paradójicamente, alli donde
tomemos contacto con esta inmensa construcción colectiva
parecerá tener la misma intimidad de la ropa interior. '
En lugar de establecer nuevas relaciones entre personas Y1
lugares de producción, como en la revolución agrícola, o entre
personas y máquinas en la revolución industrial, el mundo digi-
tal global reconstituirá relaciones entre personas e información;
será cada vez más la clave para la oportunidad y el desarrollo y
posibilitará nuevas construcciones sociales y modelos urbanos.
La inversión, los puestos de trabajo y el poder económico pare-
cen determinados a emigrar a los barrios, ciudades, regiones y
naciones que sean capaces de poner rápidamente en marcha la
infraestructura y de explotarla. con eficacia'. ' J
Nuevas redes y transformación urbana
Los observadores con mentalidad histórica no podrán evitar de
anticipar que, esta última ola de interconexión de infraestruc-
turas urbanas jugará en gran manera el papel que desempeña-
ron sus predecesores en las anteriores eras de la metamorfosis
a través de la tecnología -en la época de los romanos, las cal-
zadas y los acueductos; en el floreciente siglo XVIII, la navega-
ción y los canales; en el apogeo del siglo XIX, los capitalistas sin
escrúpulos del ferrocarril; y en los expansivos años del siglo XX,
la red de suministro eléctrico y las autopistas interestatales-'.
¡El sistema digital de telecomunicaciones será para las ciudades
1
del siglo XXI lo que los canales y la fuerza de trabajo fueron
para Amsterdam, Venecia y Suzhou, lo que las vías, traviesas y
trenes a vapor fueron para el Oeste americano, lo que los túne-
20 e-topia La marcha de las mega-redes 21
les del metro fueron para Londres, lo que el motor de combus-
tión interna y la autopista de hormigón fueron para las zonas
suburbanas del sur de California y lo que la electrificación y el
aire acondicionado fueron para Phoenix".
Sin embargo, como sus predecesores de tuberias y cables,
las redes digitales de telecomunicaciones no van a crear mode-
los urbanos completamente nuevos a partir de la nada; transfor-
marán los que ya existen. En el pasado, generalmente, las nuevas
redes urbanas comenzaban conectando núcleos de actividad ya
existentes, que habían sido construidos y sostenidos por redes
anteriores -después de todo, ¿qué otra cosa se podría conectar?-
Más tarde, como parásitos que se apropian de sus huéspedes,
transformaron el funcionamiento de los sistemas sobre los que
se habían asentado, redistribuyeron las actividades dentro de di-
chos sistemas y finalmente los ampliaron de tal forma que no
hallamos precedentes.
Fue así como la llegada del ferrocarril transformó el pree-
xistente asentamiento de Chicago en un centro nacional, funda-
mental a medida que el Oeste se iba abriendo; posteriormente
las carreteras y el transporte aéreo volvieron a cambiarlo todo.
En el sur de California, un extenso sistema ferroviario ponía en
contacto inicialmente una serie de pequeñas ciudades dispersas
a lo largo de los valles; más tarde, la red de autopistas las volvió a
conectar, fomentó el desarrollo de los espacios entre ellas y, fi-
nalmente, entretejió el modelo que ahora conocemos como la
moderna región metropolitana de Los Ángeles. Y, en el siglo XXI,
la nueva infraestructura de telecomunicaciones digitales de alta
velocidad reformará los modelos urbanos que surgieron a partir
de las redes del transporte, suministro de agua y retirada de
basuras, energía eléctrica y teléfono de los siglos XIX y XX.
Ya se puede ver este tipo de transformación, por ejemplo, tal
y como se desarrolla en la agradable ciudad hindú de Bangalore.
Bangalore creció inicialmente sobre un antiguo asentamiento
como capital del magnífico estado de Mysore. Después, en la
época británica, se convirtió en un centro ferroviario. Apartir de
la segunda mitad del siglo XIX su accesibilidad y agradable clima,
junto con su entorno frondoso y sugerente, atrajo actividades
administrativas, industria, instituciones educativas y de investi-
gacíón y, con el tiempo, una gran población de profesionales
bien formados. Alrededor de 1990 poseía una nueva infraestruc-
tura de estaciones de seguimiento de los satélites, enlaces de mi-
croondas y parques de desarrollo de programas; a través de ella
se ha convertido en un próspero centro de industria exporta-
dora de programas. Las empresas de programas de Bangalore
pueden competir eficazmente en el mercado mundial emplean-
do conexiones electrónicas de alta velocidad para importar ma-
teria prima intelectual, para exportar los productos acabados de
programación y para relacionarse con sus clientes, aprovechan-
do al mismo tiempo un equipo local experto, pero relativamente
barato.
Se trata de un viejo guión representado por nuevos actores.
El silicio representa el acero moderno e Internet es el nuevo
ferrocarril.
Las grandes tuberías
Las nuevas infraestructuras urbanas tienden a ser versiones
Viagra de sus viejas y cansadas predecesoras, que ya no son casi
capaces de cumplir su misión. Su potencia impulsora marca una
diferencia cualitativa. Cuando las tuberías sustituyen a los pozos
se consigue un mayor flujo de agua y es posible disfrutar de lar-
gas duchas calientes; cuando las autopistas reemplazan a los.
caminos de tierra se puede vivir en las afueras y usar el coche
diariamente para ir a trabajar; y cuando las telecomunicaciones
digitales de alta velocidad suceden al telégrafo y al teléfono, se
obtienen cambios socialmente significativos en todas las actua-
ciones diarias. Resulta que cuantos más bits por segundo pueden
circular por un canal de comunicaciones, más complejos y sofis-
ticados son los intercambios y transacciones que pueden efec-
tuarse sobre el mismo.
Esto ha sido evidente desde el mismo principio de las co-
municaciones electrónicas. El telégrafo transmitía puntos y lí-
neas de un solo tono sobre un alambre de hierro, lo cual resul-
taba terriblemente lento y muy caro; sus limitaciones nos han
dejado la palabra "telegráfico" para describir el estilo lacónico y
abreviado del discurso textual que engendraba. La gama de fre-
cuencias necesaria para la transmisión del habla requería un
mayor ancho de banda y el sistema telefónico utilizó hilos de
cobre para proporcíonarlo'",
22 e-tapia
La marcha de las mega-redes 23
En el extremo inferior de las telecomunicaciones digitales
modernas está el mundo de las comunicaciones a un kilobit por
segundo, como el de los primeros módems y el sistema francés
Minite1. A esta velocidad, o menos, resulta factible intercambiar
mensajes cortos, Esto es suficiente para establecer relaciones
comerciales, educativas y sociales limitadas a través del correo
electrónico, para concertar reuniones; realizar transacciones ru-
tinarias como enviar pedidos. comprobar inventarios y estados
de cuentas y pagar facturas; crear sencillos formularios de tex-
to de espacio público virtual, como tablones de anuncios, grupos
de noticias Usenet, MUDs y MOOs.
Avancemos uno o dos órdenes de magnitud: a decenas o
centenas de kilobits por segundo, como las que proporciona un
módem de 28.8 kilobits por segundo o una conexión RDSI (Red
Digital de Servicios Integrados) a 128 kilobits por segundo, se
pueden transmitir a una velocidad adecuada grandes archivos
de texto y gráficos en color de alta resolución. Este nivel de
conexión estaba ampliamente disponible a mediados de la déca-
da de los noventa. Junto con la espina dorsal de alta velocidad
de Internet, diseñada para funcionar entre 45 y 155 megabits
por segundo, permitió que la World Wide Web creciera a un
ritmo notable. Al proporcionar una contrapartida en línea a los
libros impresos, a las revistas y a los catálogos, la web abrió el
camino a la edición, la publicidad y la venta en línea a una esca-
la significativa. Las librerias y los kioscos virtuales comenzaron
a competir con sus equivalentes físicos y fueron apareciendo
centros comerciales y universidades virtuales. Pero los gráficos
de la primitiva web eran generalmente en dos dimensiones y la
navegación se limitaba a apuntar y hacer click.
Pasemos ahora a la escala del megabit: a velocidades de
megabits y decenas de megabits por segundo es posible lograr
una buena imagen y un buen sonido, los gráficos pueden ser
muy sofisticados y se pueden crear mundos virtuales compar-
tidos, muy elaborados, en tres dimensiones. Esta velocidad de
transmisión se ha proporcionado a los hogares desde hace
tiempo a través de las cadenas de televisión por cable, pero sólo
en una dirección, del proveedor al consumidor, sin simetría.
También la han suministrado las redes de área local (LANs) y
las conexiones a Internet de las universidades y de las grandes
empresas. Se han suministrado normalmente alrededor de 10
megabits por segundo hasta el ordenador personal, y hay siste-
mas más rápidos que funcionan a lOO megabits por segundo.
Para distancias más largas, las líneas arrendadas a los provee-
dores de telecomunicaciones han suministrado servicio T1
(1,54 megabits por segundo) y T3 (45 megabits por segundo).
En la escala de los megabits y gigabits no es necesario elimi-
nar las sutilezas expresivas como los tonos de voz, el lenguaje
corporal y demás, ya que normalmente requieren telecomunica-
ciones de menor ancho de banda. Además¡ se puede proporcio-
nar una gran cantidad de contexto utilizable en forma de vídeo,
acceso compartido a herramientas y materiales de trabajo y
mundos virtuales compartidos, de la misma manera en que un
escenario arquitectónico. como una oficina o un aula, propor-
ciona un contexto apropiado para las actividades que alberga.
Así, la telepresencia puede empezar a competir eficazmente con
la presencia física en situaciones en las que el contexto y el matiz
son críticos como, por ejemplo, negociar un contrato, discutir
una propuesta de diseño o realizar un examen médico.
Cuando se llega a estas altas escalas, las redes pueden fun-
cionar realmente a velocidades comparables a las de los proce-
sadores y canales internos del ordenador. En consecuencia,
éste empieza a perder su identidad espacial diferenciada.
Cualquier grupo aislado de procesadores y dispositivos de
memoria interconectados puede convertirse en el equivalente
funcional de un ordenador personal en una caja. Como dice el
eslogan popularizado -un poco antes de tiempo- por Sun
Microsystems: "La red es el ordenador". Ahí es donde vamos a
terminar.
Conectado a la espina dorsal
Este sistema digital integrado generará nuevas conexiones entre
ciudades y dentro de las ciudades; y sus componentes urbanos e
interurbanos deben diferenciarse cuidadosamente. Para empe-
zar, existen significativas diferencias técnicas y económicas
entre redes de área local, de área metropolitana y de larga dis-
tancia. Pero, lo que es más importante, difieren en su repercu-
sión sobre la vida y la forma urbanas.
Las conexiones de larga distancia entre ciudades se forman
24 e-tapia La marcha de las mega-redes 25
al conectar las grandes centrales de conmutación mediante
cableado de fibra óptica, enlaces por microondas o enlaces por
satélite de alta capacidad, a fin de establecer espinas dorsales de
telecomunicaciones digitales. Las centrales de conmutación se
conocen normalmente como POPs -paints o]presence o "puntos
de presencia"-. Si están en espinas dorsales que funcionan a
velocidad de gigabits, se llaman gigaPOPs. Y las grandes centra-
les erigidas alrededor de las estaciones terrestres de enlace con
satélites se han denominado a veces como telepuertos",
Cualquiera que sea la forma que adopten, estos núcleos de
conmutación en las espinas dorsales sirven, como antes los puer-
tos y los aeropuertos, como puntos de contacto hacia un mundo
más amplio y como creadores de actividad económica en las
regiones de su entorno. Será vital económicamente tener cerca
un POP eficiente en la espina dorsal de alta velocidad; será una
ventaja competitiva cada vez más importante si tenemos uno y
los competidores no lo tienen. Consideraciones de equidad van a
motivar políticas públicas que impulsen una distribución exten-
sa y equitativa de POPs.
Este modelo es más claro en países en desarrollo, donde la
introducción de un POP en una región con pocos servicios hasta
el momento puede suponer una repentina y vívida diferencia.
rPor ejemplo, a lo largo de las décadas de los ochenta y los noven-
ta el gobierno de la India invirtió en estaciones terrestres por
satélite de alta velocidad en Bangalore, Hyderabad, Pune, Noida,
Bhubaneshwar, Thiruvananthapuram y Chandigarh, que pro-
porcionaron contacto internacional continuo a los parques de
desarrollo de programas cercanos que contenían áreas de traba-
jo para empresas de aplicaciones, convirtiéndose así en punto
central de la floreciente industria exportadora de programas".
En menos de una década, la India llegó a ser el mayor exporta-
dor mundial de teleservicios y el segundo exportador más impor-
tante de prograrnas'". Puesto que existía poca infraestructura
terrestre de alta velocidad, los efectos se hicieron sentir sobre
todo en el entorno inmediato, como mucho en veinte o treinta
kilómetros a la redonda, el alcance típico a través de la conexión
por microondas desde una torre de transmisión. En realidad,
crearon oasis digitales.
En los países desarrollados, la revolución digital ha evolu-
cionado en el contexto de una infraestructura telefónica ya esta-
blecida que podría adaptarse para transmitir información digi-
tal, y esto ha hecho la situación más complicada. Podemos con-
seguir conexión digital casi en cualquier parte, normalmente de
varios suministradores que compiten, pero la velocidad, el coste
y el nivel de fiabilidad pueden variar ampliamente.
Nueva interdependencia global
El efecto general más espectacular de esta infraestructura en
telecomunicaciones digitales de larga dístancia es la creación de
nuevos tipos de interdependencia entre regiones y poblaciones
aisladas. Por ejemplo, las empresas han descubierto que la cone-
xión de voz y vídeo de alta calidad y bajo coste permite la entre-
ga de ciertos servicios de consumo a larga distancia. Estar en la
zona horaria correcta, hablar el idioma adecuado, tener los pro-
gramas necesarios y ser competitivos en un mercado de trabajo
global puede ser más importante que estar en la misma área me-
tropolitana.
Así, una central de llamadas de teléfono o vídeo de Sydney
puede atender a clientes que quieran reservar billetes de avión
desde Hong Kong. De forma similar, un taquígrafo de Hydera-
bad puede transcribir el dictado de un médico de Chicago, apro-
vechando la diferencia de huso horario para realizar el trabajo
por la noche; un delineante de Manila puede realizar planos por
ordenador para una empresa de arquitectura e ingeniería de
Londres y un trabajador de salario ínfimo en África puede obser-
var monitores de vídeo conectados a cámaras de seguridad en
Nueva York.
Tal interdependencia no es, por supuesto, un fenómeno sin
precedentes. Ciudades vecinas han comerciado frecuentemente
entre ellas y las nuevas infraestructuras han creado en el pasado
sistemas en expansión de poblaciones interdependientes cultu-
ral, política y económicamente. En Estados Unidos, por ejemplo,
la red interurbana que mantiene unida a la nación comenzó por
una serie de ciudades portuarias a lo largo de la costa atlántica,
luego alcanzó el Mississippi hacia el oeste a medida que se de-
sarrollaban nuevas ciudades a lo largo de las vías fluviales, tierra
adentro, y finalmente se extendió de costa a costa en la época
del ferrocarril y el telégrafo". Incluso la globalización econó-
26 e-topia La marcha de las mega-redes 27
mica y cultural precedió ampliamente al ordenador y a los__~ a ­
télites de telecomunicaciones, como han hecho notar muchos
observadores.
La cuestión, sin embargo, es que la infraestructura de comu-
nicaciones digitales incrementa enormemente la densidad de las
conexiones dentro de los sistemas de ciudades, y puede difun-
dirlos mundialmente. La interconexión electrónica de los comer-
ciantes en divisas para formar un sistema de comercio global de
alta velocidad es la ilustración más espectacular, pero en reali-
dad es sólo un primer indicio del tema digital". Hay mucho más
en marcha todavía.
Del POP hasta la puerta
En general, cuando se crea una red local y se conecta a otra de
larga distancia, difunde las ventajas de la conexión a distancia
entre los habitantes de su área de servicio, Cuando se conecta un
sistema local de suministro de agua a un acueducto se transpor-
ta directamente el agua desde una fuente lejana hasta los hoga-
res. Si se conectan carreteras locales a las autopistas, se facilita
que el comercio de las pequeñas ciudades se beneficie del tráfi-
co generado -y por el contrario, si la autopista pasa de largo,
puede ser un desastre para esas ciudades-, Y si se engancha una
red digital local a POPs de alta velocidad, las espinas dorsales de
larga distancia ponen a toda una población en contacto directo
con el mundo.
Crear los circuitos locales desde el POP hasta las viviendas y
empresas es una tarea costosa y que lleva tiempo, dado que son
muy numerosos y que el suministro implica normalmente le-
vantar las calles. Los proveedores afrontan lo que suelen llamar
el problema de la "primera milla" y de la "última milla"!", ¿Cómo
se enganchan los clientes potenciales al POP más cercano? ¿Có-
mo consiguen llegar los proveedores desde sus POPs hasta todos
esos consumidores potenciales? ¿Quién paga los circuitos loca-
les y cómo se recupera la inversión? Los proveedores intentan
resolver estos problemas no sólo instalando nuevas infraestruc-
turas locales, sino adaptando también las líneas existentes de
teléfono, televisión por cable, e incluso la red eléctrica, a la nue-
va tarea de las telecomunicaciones digitales.
Para los individuos, esta conexión POP-puerta de casa ofre-
ce una salida parcial a la antigua necesidad de elegir entre, por
un lado, una comunidad local familiar, protectora, aunque a
veces restrictiva y, por otro, las oportunidades que parecen inse-
parables del anonimato y el aislamiento de las grandes ciudades
-Gemeinschait frente a Gesellschait, según la famosa fórmula de
Ferdinand Tonnies-!". Se trata de una elección geográfica: un
tipo de lugar u otro. Sin embargo, en una época de redes digita-
les interconectadas se puede vivir en una pequeña comunidad y
.rnantener contactos efectivos con un mundo mucho más amplio
y diverso -con cierta ironía podríamos denominarlo como una
Gesellschaft virtual-. A la inversa, se puede emigrar a una gran
ciudad, o estar continuamente de viaje, y mantener contacto fre-
cuente con la propia ciudad y familia -una Gemeinschaft mante-
nida electrónicamente.
No todo es bueno, sin embargo. Esas mismas conexiones
liberadoras generan competencia entre los proveedores de bienes
y servicios locales y los de fuera, y pueden hacer temblar las bases
culturales y económicas de una comunidad; recordemos que los
pozos de los pueblos caen en desuso cuando llega el suministro
de agua por tuberías, Cuando los clientes empiezan a tomar la
autopista para ir a los grandes centros comerciales de la zona, los
comercios locales cierran. Los programas locales de radio y tele-
visión tienen que competir con las ofertas de las grandes cadenas,
que llegan a una audiencia mucho más amplia y que pueden per-
mitirse las más grandes estrellas y producciones más lujosas. Y
cuando la red digital local se engancha a la espina dorsal, desa-
parece gran parte de la familiar protección de aislamiento y del
coste de transporte y los proveedores remotos pueden obtener
grandes ventajas de las oportunidades resultantes.
La ciudad en red extendida
La conexión intraurbana digital favorece la larga evolución de
las poblaciones humanas desde agrupaciones aisladas de vivien-
das más o menos independientes hasta las ciudades conectadas,
altamente integradas, en las que múltiples infraestructuras de
carreteras, tuberías y cables suministran servicios centrales a los
edificios y eliminan los residuos.
28 e-tapia La marcha de las mega-redes 29
La incipiente ciudad en red es claramente visible en las rui-
nas de Pompeya, con su depósito cívico en la ladera, su red de
tuberías de suminístro de agua bajando hacía la ciudad y su sís-
tema de drenaje de aguas residuales por gravedad. En el período
siguiente a la revolución industrial, las ciudades elaboraron en
gran manera sus redes mejorando las calles para admitir más
volumen de tráfico, añadiendo tranvías para satisfacer la deman-
da de una población más amplia y dispersa, estableciendo el
suministro municipal de agua y el tratamiento de aguas residua-
les para mejorar la higiene, creando empresas de electricidad y
gas para distribuir la energía y, finalmente, añadiendo redes tele-
fónicas locales para la comunicación". El sistema digital de dis-
tribución de datos será pronto tan omnipresente en las ciudades
como la red eléctrica o la telefónica, transmitirá multitud de
tipos distintos de información y suministrará algún día -quizás
muy pronto- alta capacidad a bajo coste.
Desde el punto de vista de las empresas con ofertas que se
pueden solicitar o distribuir electrónicamente, las nuevas redes
digitales intraurbanas dan lugar a unos mercados de consumo
muy fáciles de alcanzar". Así, son cruciales para las compañías
de noticias y entretenimiento, editores. bancos y comercio mi-
norista en línea, No es sorprendente, por tanto, que se hayan
convertido rápidamente en crueles y competitivos campos
de batalla y objeto de estudio de las escuelas de negocios más de
moda, Al mismo tiempo constituyen una poderosa alternativa a
los puntos locales de distribución intermedios, como kioscos de
prensa, tiendas de vídeo, cines y sucursales bancarias -es posi-
ble, por supuesto, que amenacen la propia existencia de estos
elementos tan aparentemente bien establecidos de la comu-
nidad.
Visto desde la diferente perspectiva de las organizaciones
locales culturales y educativas, agencias del gobierno, activistas
comunitarios y políticos, estas mismas redes intraurbanas ofre-
cen potencialmente una versión actualizada del ágora y el foro
de la antigüedad, un nuevo medio de interacción fortalecedora
dentro de las comunidades y un mecanismo para la discusión y
la organización. De manera que han impulsado el sueño de una
democracia jeffersoniana robustecida, han producido un movi-
miento de "redes comunitarias" a nivel de base y han favorecido
la aparición de puntos de encuentro populares en línea, como
Well, del área de la bahía de San Francisco, y Echo, en Nueva
York-".
¿El fin del aislamiento rural?
Sin embargo, las redes digitales pueden extenderse mucho más
allá que las redes del pasado, tanto que pueden llegar a compro-
meter las diferencias largamente establecidas entre zonas urba-
nas y rurales.
Hubo un tiempo en que esta distinción parecía estar muy
clara. Muchas representaciones antiguas de escenas urbanas,
como los famosos paneles de Pietro y Ambrogio Lorenzetti titu-
lados El buen y el mal gobierno, del Palazzo Pubblico de Siena,
muestran vívidamente cómo los límites de la ciudad estaban
definidos por sus murallas. En el exterior estaba el campo, con
sus pueblerinos, sus ermitaños y toda clase de incomodidades y
peligros. La expansión urbana se llevaba a cabo, en caso de nece-
sidad, encerrando alguna zona adicional; se pueden ver clara-
mente los incrementos del crecimiento en el trazado de las calles
de muchas viejas ciudades europeas.
Aunque no siempre era tan sencillo, incluso en la antigüedad.
Atenas, por ejemplo, fue durante mucho tiempo una comunidad
de granjeros independientes que vivían fuera de las murallas e
iban a la ciudad de vez en cuando. Los lugares de encuentro y
otras instalaciones comunes se concentraban en el centro, y una
red de caminos y carreteras se extendía hacia el territorio ex-
terior.
Las ciudades de los siglos XIX y xx, con unas redes mucho
más elaboradas, prescindieron totalmente de las murallas y cre-
cieron de forma caracteristica, extendiendo sus infraestructuras.
Sobrepasar los límites metropolitanos significaba estar fuera del
alcance de las líneas del tranvía, del sistema de suministro de
agua y del alcantarillado. Estas redes tendían a ir desaparecien-
do gradualmente, no de repente, a medida que se incrementaba
la distancia desde el centro urbano.
Como consecuencia, resultó que la infraestructura de cables
(la red eléctrica y el sistema telefónico) podía extenderse con
especial facilidad hacia las zonas rurales más cercanas y densa-
mente pobladas. En el siglo xx, por tanto, los sistemas de elec-
30 e-tapia
La marcha de las mega-redes 31
trificación y telefónicos rurales han mejorado mucho las condi-
ciones de vida fuera de los límites de la ciudad.
La infraestructura de comunicaciones digitales está empe-
zando ahora a seguir los antiguos cables eléctricos y telefónicos
y, en algunos casos, sobre los mismos cables de cobre existentes
(puede incluso utilizar líneas de señales ferroviarias y alambra-
das existentes). Incluso la más minima infraestructura rural de
telecomunicaciones, estratégicamente distribuida, puede supo-
ner un impacto social y económico espectacular. La India, por
ejemplo, ha implantado un exitoso programa de suministro de
servicio telefónico a zonas rurales a través de líneas pueblo a
pueblo, pequeñas centralitas de gran solidez y teléfonos públicos
con operadores que pueden ayudar a aquéllos que no estén fami-
liarizados con la tecnologia; ampliar estas instalaciones al fax y
al acceso público a Internet es el siguiente paso natural. El resul-
tado inmediato es un acceso infinitamente mejor a los servicios
de urgencia. A largo plazo, este nuevo tipo de conexión promete
cambiar la vida económica en el medio rural proporcionando a
los granjeros acceso directo a los lejanos compradores de sus
productos, y transformar la educación rural suministrando un
minimo pero efectivo acceso a los recursos de la World Wide
Web.
Pero, lo que es más importante, los sistemas inalámbricos,
terrestres o por satélite, están ya proporcionando una nueva
forma extraordinariamente efectiva de llegar a la población
rural". Los enlaces por microondas y el sistema inalámbrico
celular pueden atravesar grandes tramos de terreno agreste
simplemente a través de algunas torres de transmisión estra-
tégicamente situadas. Durante las décadas de los ochenta y los
noventa, por ejemplo, el proveedor de telecomunicaciones
australiano Telstra construyó un extenso sistema de torres
repetidoras de microondas alimentadas con energía solar que
cruzaba las desiertas extensiones del Outback. Estas altas
torres aparecen a lo largo de las carreteras a intervalos de
unos cincuenta kilómetros, proporcionando a los viajeros una
nueva medida de distancia.
Los sistemas de telecomunicaciones por satélite no se ven
afectados en absoluto por el terreno y pueden suministrar servi-
cio aún más barato a zonas con muy baja densidad de población
y de teledensidad (líneas telefónicas por cada cien residentes)".
Los antiguos sistemas de satélites geoestacionarios poseían una
amplia pero limitada huella de servicio y enfocaban su capaci-
dad principalmente sobre zonas densamente pobladas. Pero los
nuevos sistemas LEO (low earth orbit}, lridium y Teledesic, cubren
la tierra uniformemente.
A medida que la infraestructura rural de comunicaciones
suministra servicios cada vez más sofisticados en cuanto a edu-
cación, asistencia médica y otros igualmente vitales, la antigua
distinción entre ciudad y campo, entre centro y periferia, se dilu-
ye cada vez más. Todo esto continúa una transformación que
empezó hace tiempo; en uno de sus más famosos pasajes, Marx
y Engels observaron que el crecimiento de las grandes ciudades
industriales había "rescatado a una parte considerable de la
población de la simpleza de la vida rural'?', Hoy la revolución
digital está completando el trabajo.
Zonas marginales desconectadas
No obstante, la capacidad de telecomunicación seguirá siendo
más escasa en las zonas atrasadas, lejanas, menos desarrolladas
y carentes de sistemas de conexión -allí donde vuelan plantas
rodadoras o en las pequeñas islas coralinas de Micronesia- que
en las sofisticadas áreas urbanas. Y esto traerá aparejados dife-
rentes y característicos patrones de uso.
A veces, los habitantes de las zonas rurales necesitan in-
formación urgente; si precisan respuesta a una consulta médi-
ca de emergencia, por ejemplo, la necesitan en es'" concreto
momento. Y el trabajo en el desarrollo rural, la ayuda en caso
de desastres o la rehabilitación, suele requerir información de-
cisiva y perentoria. En estos casos, lo que se necesita es un ac-
ceso rápido al sistema de telecomunicaciones más avanzado
posible. De modo que puede tener sentido la utilización tempo-
ral de una conexión vía satélite, aunque resulte caro en com-
paración.
Pero, en muchos otros casos, basta una reducción drástica
del tiempo de respuesta -de meses, semanas, días u horas- para
que exista una enorme diferencia en la calidad de la atención
médica, educativa o de otros servicios vitales. Por tanto, existe
32 e-tapia La marcha de las mega-redes 33
un interés creciente en la utilización de pequeñas cantidades
de capacidad de telecomunicación para suministrar servicios de
mensajería por correo electrónico, en tiempo "suficientemente
real" y muy baratos, a zonas rurales pobres y aisladas, Un siste-
ma llamado Fidonet ha sido un eficaz pionero en esta estrategia,
utilizando llamadas en horas valle y transmisión diferida de men-
sajes por correo electrónico.
Hoy en día, estos servicios de bajo coste y bajas prestaciones
pueden empezar a aprovechar el hecho de que los satélites de
comunicaciones tipo LEO están casi siempre ociosos y por ello
tienen capacidad sobrante cuando pasan sobre zonas poco
pobladas. Como ha señalado Nicholas Negroponte, "con LEOs
no hay más remedio que cubrir por completo el mundo para que
funcione cada parte, así que, de alguna manera, el acceso a zo-
_nas rurales y lejanas es gratis'?"
Incluso con tales mejoras, sin embargo, los residentes en
zonas rurales atrasadas y aisladas continuarán sufriendo algu-
nas desventajas debido a la inherente asimetría en las teleco-
municaciones a través de las ondas; suele ser mucho más fácil y
barato construir un gran transmisor central para emitir infor-
mación hacia una extensa zona que distribuir múltiples trans-
misores para enviar información de retorno. Así, es más fácil
suministrar servicio hacia abajo de alta velocidad a zonas rura-
les, especialmente desde satélites, que suministrar enlaces hacia
arriba equivalentes. De este modo, los habitantes rurales suelen
obtener mucho antes un servicio de emisión y de web hacia
abajo, normalmente junto con canales de retomo de baja capa-
cidad, que la capacidad de transmitir grandes cantidades de
información hacia el resto del mundo.
Público y privado
Gran parte de esta infraestructura de telecomunicaciones
emergente, local y de larga distancia, urbana y rural, la crean y
mantienen una serie de organizaciones que están en el negocio
del transporte de bits. Sin embargo, éste no es por sí mismo un
tipo de trabajo especialmente atractivo, perseguido por las
empresas del sector privado; las telecomunicaciones digitales
son un producto indiferenciado de bajo coste, que genera poco
margen de beneficio, de manera que la mayor parte de los im-
plicados intentan mejorarlo añadiendo valor al flujo de bits: por
ejemplo, creando y distribuyendo algún entretenimiento o in-
sertando publicidad estratégicamente. La estructura resultante
es un servicio heterogéneo, a gran escala, disponible con ubi-
cuidad, algo parecido al sistema público de carreteras; de aquí
la metáfora de las "superautopistas de la información" utiliza-
da hasta el aburrimiento.
Pero también existen muchas redes privadas. Algunas fun-
cionan en edificios y campus universitarios, como los sistemas
internos de fontanería. Algunas son redes EDI (Electronic Data
Interchange), altamente especializadas, que conectan unas
empresas con otras, como bancos. Y otras son redes privadas de
larga distancia mantenidas por grandes organizaciones descen-
tralizadas, que funcionan a través de líneas alquiladas a provee-
dores de telecomunicaciones.
Algunas de estas redes privadas operan con protocolos espe-
cializados, pero la mayoría utilizan cada vez más los mismos de
la red pública Internet y de la World Wide Web, y usan los mis-
mos programas. Este tipo de redes se han empezado a denomi-
nar, en un nuevo triunfo de la utilización de prefijos técnicos,
intranets, Simétricamente, las redes que se usan para consolidar
la presencia pública de una organización pueden denominarse
extranets.
Tras los cortafuegos y los filtros
Donde es importante la seguridad, las intranets y otras redes pri-
vadas intentan preservar su privacidad a través del aislamiento
físico y de un control cuidadoso de los puntos de acceso. Al igual
que las fortalezas antiguas, tienen varias conexiones con el
mundo exterior, conexiones diseñadas para permitir una super-
visión muy rigurosa de todo lo que entre o salga. Pero, en lugar
de puertas fortificadas o puestos de guardia, las conexiones
entre intranets privadas e Internet se componen de ordenadores
especialmente programados que actúan como "vigilantes" elec-
trónicos. Estos dispositivos de vigilancia continua determinan
cuándo se puede tener acceso desde el exterior, cuándo se pue-
den hacer conexiones hacia fuera desde el interior y qué tipo de
34 e-topía
La marcha de las mega-redes 35
información puede ir y venir. Con ello se establece una clara dis-
tinción entre el territorio que está "a este lado del cortafuegos" y
el entorno exterior.
La idea de que la información fluye libremente por todas
partes en un mundo conectado digitalmente es, por lo tanto, un
mito libertario voluntarista o, si estamos preocupados por man-
tener algún control sobre el acceso a cierta información, una dis-
topía innecesariamente oscura. Padres, profesores, empresas y
gobiernos, todos pueden crear entornos en línea estrechamente
controlados, aislándolos detrás de conexiones a la red pública
cuidadosamente supervisadas y definiendo normas y reglamen-
tos internos". Tales zonas controladas se pueden establecer en
una escala que va desde el ordenador personal hasta una red
nacional completa.
Las consecuencias son complejas. Una interconexión omni-
presente no significa el final del territorio bajo controlo la eli-
minación de diferencias entre lo público y lo privado, pero nos
obliga a recrear y reinventar estos conceptos fundamentales en
un nuevo contexto. El naciente sistema de límites y puntos de
control en el ciberespacio no es tan visible como las conocidas
fronteras, muros, puertas y entradas del mundo fisico, pero no
por ello es menos real ni menos poderoso políticamente.".
La tarea que queda
Este impacto de la infraestructura mundial de telecomunicacio-
nes digitales es poderoso y arrollador. Pero afirmar, como exa-
geradamente hacen algunos mitómanos cíber-torturadores, que
traerá aparejada la desaparición del concepto de distancia, el fin
del espacio y la virtualización de prácticamente todo, no hace
más que oscurecer la cuestión. En este aire tórrido todos los sóli-
dos se funden. Es más útil y esclarecedor, por el contrario, reco-
nocer que las nuevas conexiones resultantes nos proporcionan
medios innovadores para producir y para organizar el espacio
habitado y apropiárnoslo para nuestros variopintos propósitos
humanos".
Todos tenemos, por tanto, un interés inmediato y vital en
esta "madre de todas las redes", así como en las cuestiones socia-
les, políticas, económicas y de diseño que se derivan de ella.
¿Qué nuevas ventajas nos podria suponer? ¿Merecen la pena?
¿Cómo se construirá y se financiará? ¿Cómo afectará a los
modelos urbanos existentes? ¿Quién la controlará? ¿Quién ten-
drá acceso, y cuándo? ¿Cómo se pueden equilibrar los incentivos
a los empresarios y a los inversores en telecomunicaciones con
políticas que garanticen la igualdad de acceso? ¿Qué cualidades
sociales y culturales queremos que tenga este nuevo mediador de
nuestra vida cotidiana?
Ha pasado el tiempo y la moda de la retórica de la ansiedad,
de "el mundo es nuevo", de "todo es posible". Y resulta que ni nos
enfrentamos al milenio-desde-ahora-mismo ni a su imagen simé-
trica, el apocalipsis-real-inmediato. Al contrario, se nos presenta
la complicada, difícil y prolongada tarea de diseñar y construir
nuestro futuro bajo unas condiciones posrevolucionarias en per-
manente cambio, y tomando algunas decisiones sociales decisi-
vas a medida que lo hacemos".
2 LA TELEMÁnCA TOMA EL MANDO
rTodas las redes crean lugares privilegiados en sus intersecciones
y puntos de acceso.
L Hay fértiles oasis donde las redes de irrigación bombean el
agua, en ninguna parte tan claramente como en los espectacula-
res circulas verdes creados por los sistemas de riego de tipo pivot
en las llanuras del Oeste amerícano. Prósperos negocios se han
desarrollado alrededor de los cruces ferroviarios, de las salidas de
las autopistas, de los puertos de mar en las rutas mercantiles y de
los centros de transporte aéreo. En el siglo XIX se establecieron
ciudades del telégrafo, como Alíce Springs y Darwin en asenta-
mientos desiertos y remotos. Y actualmente, en los puntos donde
nos enchufamos a la infraestructura de telecomunicaciones digi-
tales aparecen lugares inteligentes donde tluyen con abundancia
los bits y donde el mundo físico y el digital se superponen.
Desde el punto de vista de un arquitecto, tales lugares electró-
nicos no son nodos uniformes, carentes de dimensiones, como
aparecen engañosamente en los abstractos diagramas de redes
que dibujan los ingenieros de telecomunicaciones. Tampoco son
simples cajas de plástico rellenas de circuitos electrónicos. De
hecho, tienen extensión espacial, se relacionan con nuestro cuer-
po, están colocados en contextos físicos concretos y su configu-
ración espacial y material es importante. Son habitados, usados
y controlados por grupos determinados de gente, tienen sus cos-
tumbres locales y su cultura, y su carácter va de lo íntimo y pri-
vado a lo globalmente público. y no son sólo interfaces: estamos
empezando a vivir nuestra vida en ellos'.
38
e-topía
La telemática toma el mando 39
No sólo tienen direcciones ¡P, sino también dirección postal.
No sólo proporcionan conexión electrónica con otros lugares
inteligentes, sino también puertas y ventanas hacia los espacios
físicamente adyacentes. Por tanto, están simultáneamente in-
tegrados y sostenidos por sistemas de circulación física y mate-
rial, comunicación visual y acústica e interconexión remota. En
virtud de todas estas conexiones, trabajando en conjunto, están
empezando a crear un nuevo contexto para nuestras actividades
cotidianas.
Se puede pensar en estos lugares electrónicos como sitios
donde dos dominios antaño distintos, el espacio carnal y el cibe-
respacio -como tan vívida y provocativamente describió Neuro-
mancer- o quizá la biomasa y la infomasa, se cruzan y combinan
de alguna forma efícaz para sostener una actividad humana par-
ticular-. Son lugares donde, como veremos, una acción física
invoca un proceso informático; y donde los procesos infonnáti-
cos se manifiestan físicamente. Los mejores poseerán las opor-
tunas cualidades que valoramos tradicionalmente en nuestro
entorno físico, junto con las nuevas y sorprendentes ofertas, pro-
porcionadas por una inteligencia y unas telecomunicaciones
electrónicas, ampliamente disponibles y económicas.
Proscenio y pantalla
En el siglo XVIII, los arquitectos del teatro barroco se enfrenta-
ron a la tarea de reunir el espacio para la acción dramática
con el espacio para el público, y lograron tal combinación a
través del proscenio. Fue una brillante invención arquitectó-
nica. En el Teatro Farnese de Parma, Giovanni Battista Aleotti
creó una estructura rectangular de madera con el escenario
en un extremo, las butacas en el otro y una abertura elabora-
damente enmarcada con un telón en medio. Así establecía la
posibilidad de iluminar el escenario, oscurecer el auditorio y
ofrecer al público la convincente ilusión de estar solos en la
oscuridad, espiando a los personajes a través de una "cuarta
pared" virtual.
En nuestra sala de estar, el aparato de televisión recrea una
relación sorprendentemente parecida, apropiándose directamente
de la idea. Uno se sienta en la parte del público de una pantalla
fosforescente de forma rectangular, a veces también en la oscu-
ridad, y contempla una escena iluminada. Incluso las conven-
ciones escenográficas para dramas de televisión recuerdan las de
un escenario teatral y, de hecho, el televidente puede tener la
misma perspectiva sobre la acción que la audiencia de un teatro.
Sobre nuestro escritorio, el ordenador personal -una inma-
dura y desgarbada combinación estilo Frankenstein de televi-
sor, máquina de escribir y tocadiscos, que pronto nos parecerá
tan ridícula como un biplano o un Ford T-, continúa esta tra-
dición en otro contexto más. En los primeros días del ordenador
personal sólo se veía un texto que se desplazaba por una aber-
tura rectangular y las raíces teatrales de la configuración queda-
ban ocultas. Más tarde, fue de uso común el ordenador gráfico
en dos dimensiones, con objetos dibujados de frente, como en
una pintura egipcia. Finalmente, a medida que se hicieron fac-
tibles los gráficos tridimensionales, se popularizaron espacios
de charla en línea con escenas en perspectiva y avatares- y el
vídeo digital empezó a difuminar las fronteras entre ordenado-
res personales y televisores, la pantalla volvió a ser claramente
un proscenio, un agujero a través de la membrana que separa del
ciberespacio el espacio de nuestro cuerpo y de nuestras cons-
trucciones.
Se podía mirar la pantalla y extraer información de ella,
pero no se podía entrar. Paul Saffo observó muy lúcidamente:
"Existen actualmente dos universos paralelos: un universo ana-
lógico cotidiano, en el que vivimos, y un nuevo universo digital
creado por los humanos, pero habitado por máquinas digitales.
Visitamos este universo digital mirando a través del ojo de buey
de la pantalla del ordenador, y lo manipulamos con el teclado
y el ratón de forma parecida a un técnico nuclear cuando maneja
material radioactivo con cajas de guantes y brazos articulados.
Nuestras máquinas manipulan el mundo digital directamente,
pero apenas son conscientes del mundo analógico que rodea su
cíberespacío'".
Por tanto, la tecnología de la pantalla gráfíca era nueva, no
su idea arquitectónica. Era una vuelta al Barroco; Aleotti habría
reconocido inmediatamente este tinglado tan poco original.
40 e-topia La telemática toma el mando 41
Tamaño de pantalla: S, M, L Y XXL
Aunque esto no fuese nuevo, resultó ciertamente efectivo. Con la
aparición del ordenador personal, el crecimiento de las redes y
los continuos avances en la tecnología de la visualización, se
esparcieron por el mundo millones de luminosos rectángulos de
cristal que han generado un tejido cada vez más intrincado entre
la arquitectura y el ciberespacio. Y resulta que Godzilla tenía
razón: el tamaño importa, y mucho. Y también la posición con
respecto a nuestro cuerpo.
En la escala más pequeña, por ejemplo, las pantallas de un
reloj de pulsera o de una agenda electrónica de bolsillo ofrecen
una conexión personal portátil, espacio inteligente allí donde
estés. La pantalla algo más grande de un ordenador portátil per-
mite una especie de electrónica de campaña: puedes escoger
cualquier sitio -ofícína provisional, habitación de hotel, avión,
banco del parque, mesa de café- y ponerte a trabajar allí mismo.
En todos estos casos la pantalla está frente a nuestra cara y
apreciamos la intimidad a que da lugar; si usted es como yo, ele-
girá ventanilla en el avión cuando quiera usar el portátil, y así no
habrá nadie mirando por encima de su hombro. En cambio, si
giramos la pantalla hacia el exterior, empieza a funcionar como
un poderoso medio de auto representación; algunos proyectos
del artista Krzysztof Wodiczko, como Afien Staff y Porte-Parole,
han explorado esta posibilidad, con la debida atención a sus
dimensiones neo-brechtianas".
A la escala del mobiliario y de la maquinaria, el ordenador
en la oficina, el televisor en el salón, la caja registradora en una
tienda o el cajero automático en el vestíbulo del banco definen el
uso y carácter del espacio. Son parte del equipamiento y de la
decoración al mismo tiempo, y en gran medida se han asimila-
do a modelos de decoración interior bien conocidos. Así, en la
mansión de Seattle de Bill Gates existen ventanas tradicionales
que miran hacia el lago Washington y ventanas electrónicas que,
como en un Versalles de nuestros días, ofrecen a este aparente-
mente irónico rey cibernético unas espectaculares vistas del do-
minio digital que gobierna". Con perverso ingenio arquitectónico,
por contraste, Robert Venturi ha dado la vuelta a este futurismo
estilo Star Trek asimilando las pantallas a la tradición clásica de
la decoración arquitectónica; en proyectos como la rehabilita-
ción del Memorial Hall de Harvard ha utilizado pantallas de LEDs
(diodos electroluminiscentes) como frisos, inscripciones y mura-
les dinámicos
7

En esta escala intermedia las pantallas suelen actuar como
protagonistas electrónicos en interacciones sociales. Por ejemplo,
un ordenador, un cajero automático o un monitor de videoconfe-
rencia establecen un diálogo persona-máquina biunívoco; en rea-
lidad, todo el diseño del interfaz de un ordenador personal está
pensado para ser utilizado por un usuario individual enfrentado
a la pantalla. En un mostrador de líneas aéreas, la pantalla está
entre el cliente y el encargado de los billetes; administra informa-
ción necesaria en la interacción entre cliente y encargado y, como
sólo mira hacia un lado, favorece al encargado. Por el contrario,
una pantalla de televisión en un salón o en un bar deportivo sirve
como punto de referencia compartido y establece bases muy dis-
tintas de conversación e interacción, incluyendo, por supuesto,
las discusiones por el control del mando a distancia. En aulas y
salas de conferencias, la pantalla de proyección de video sustitu-
ye ya a la pizarra como lugar de demostración; el conferenciante
controla y el público mira.
A tamaño mural, la pantalla animada electrónicamente pue-
de cambiar la percepción del propio espacio. La pantalla de pro-
yección de vídeo con figuras humanas a tamaño natural puede
crear la ilusión, por ejemplo, de que dos habitaciones muy dis-
tanciadas se han unido de repente y de que la superficie de di-
visión es transparente. Es espectacularmente efectivo, aunque
por desgracia recuerda mucho aquellas salas de visita de la cár-
cel donde la interacción tenía lugar sólo a través de una pantalla
de cristal.
En la década de los ochenta algunos investigadores del
Centro de Investigación Xerox de Palo Alto experimentaron con
salas de conferencias yuxtapuestas virtualmente y con espacios
de trabajo. Un poco más tarde, en su sistema Clearboard, Hi-
roshi Ishii hizo un uso elegante de la idea para crear tableros de
dibujo "transparentes" para colaboraciones de diseño a distan-
cia; veías a tu colaborador "a través" de 10 que parecía ser una
superficie de dibujo de dos caras". Más recientemente, IBM ha
inventado "comedores virtuales", que disponen de mesas dividi-
das por la mitad mediante pantallas de retroproyección, en las
que podemos ver imágenes de vídeo a tamaño natural de los
42
e-topía La telemática toma el mando 43
comensales sentados en la mitad opuesta a la nuestra de una
mesa remota. Y e! sistema ALIVE de Bruce Blumberg se presen-
ta como un enorme "espejo mágico" en el que las imágenes de
vídeo en directo de los habitantes a tamaño natural interactúan
con "mascotas" creadas por ordenador y con otros elementos
animados",
Por último, a escala urbana -como en Times Square, Ginza,
en Tokio, o en los innumerables estadios deportivos- pantallas
gigantes electrónicas funcionan a modo de vallas publicitarias
animadas y se pueden utilizar para dirigirse a grandes multitu-
des. Si no te importa cambiar un montón de bombillas fundidas,
se puede impulsar este tipo de estrategia hasta un extremo super-
deslumbrante; en Las Vegas se ha utilizado una pantalla infor-
matizada de 420 metros, doscientos once millones de bombillas
y 54.000 vatios de sonido para dotar de un tejado completamen-
te nuevo a la deslucida y vieja Fremont Street. Es la Capilla
Sixtina del Vaticano de! dios Dinero.
Cuando las pantallas de diversos tipos, tamaños y formas
empezaron a colonizar nuestro entorno cotidiano, todas funcio-
naban de manera independiente: e! televisor no tenía nada que
ver con el ordenador personal y la información que ofrecían
estos aparatos llegaba a través de canales separados desde fuen-
tes muy diferentes. Más tarde, el ordenador con el interfaz de
apuntar y hacer click nos familiarizó con la idea de que podría-
mos organizar la información en un ordenador personal de cual-
quier forma deseada. En un futuro no tan lejano, a medida que
los lugares inteligentes se vuelvan más sofisticados, trataremos
cada vez más sus superficies de visualización como interfaces
integrados en la corriente de información suministrada por la in-
fraestructura digital. Se podría, por ejemplo, visualizar la retrans-
misión de las noticias en la pantalla de un reloj de pulsera, con
el tamaño de un sello, y mandarla a una pantalla mural cercana
si apareciera algo interesante.
Fuera de la caja
Algunos dramaturgos, como Ibsen, quien deseaba presentar el
desarrollo de una acción realista como si el público no existiera,
amaban el proscenio. Su implícita pared transparente creaba
exactamente e! tipo de relacíón que deseaban. Sin embargo, era
un impedimento muy molesto para los autores y directores que
querían sumergir al público en la acción y crear una mayor sen-
sación de participación. Esto ha motivado e! desarrollo y utili-
zación de montajes teatrales alternativos, como los escenarios
abiertos o rodeados parcial o totalmente por los espectadores.
Por razones similares, algunos investigadores del medio digi-
tal han buscado durante mucho tiempo formas de escapar del
rígido rectángulo de la pantalla de ordenador y sumergimos en la
información suministrada electrónicamente, lo cual, aunque no
es sencillo, se puede hacer. Una posibilidad, en el próximo futuro
tecnológico, podría ser utilizar algún tipo de papel-mural, valla
publicitaria o pintura inteligente, lo que permitiría mucha más
libertad a la hora de configurar una superficie de visualización.
La idea básica resulta muy simple: emplear alguna clase de
material que cambie visiblemente de estado bajo estímulo eléc-
trico, esparcirlo en toda la superficie y calcular algún esquema
de dirección punto a punto para el citado estímulo. Por ejemplo,
Joe Jacobson, del MIT Media Laboratory, ha concebido un "papel
inteligente" que incorpora bolitas diminutas, blancas por un lado
y negras por e! otro, a las que puede darse la vuelta por medio
de una carga electroestática'", Alternativamente, una superficie
inteligente a gran escala podría consistir en puntos individuali-
zables de material brillante en la oscuridad. Y, a menor resolu-
ción, placas inteligentes de cerámica o de cristal podrían crear
modelos de mosaico programables.
Centro y periferia
Las pantallas de inmersión funcionan de forma muy distinta a
las tradicionales enmarcadas; cuando nos concentramos en una
pantalla de ordenador, normalmente ésta se convierte en el cen-
tro de nuestra atención; todo lo que queda fuera de sus límites
es periférico. Sin embargo, cuando se está totalmente inmerso
en una información que es emitida electrónicamente, solamente
se puede enfocar una pequeña parte de ella cada vez y sólo se es
períférícamente consciente del resto.
La información periférica no es trivial; de hecho, juega un
papel crucial en la determinación del carácter de un lugar y de
44 e-topia La telemática toma el mando 45
nuestra relación con el mismo. Por ejemplo, cuando una habita-
ción tiene una ventana proporciona un flujo continuo de infor-
mación acerca del entorno exterior -el ciclo del día y la noche, el
movimiento de luces y sombras, la sucesión de momentos despe-
jados o nublados y la alternancia de lluvia o sol-: pocas veces se
le presta atención explícita, pero se tiene conciencia periférica de
ello y nos sentiríamos penosamente aislados si desapareciera.
De forma similar, en un restaurante lleno prestamos la ma-
yor parte de nuestra atención a los comensales más cercanos,
pero mantenemos una conciencia periférica del murmullo de
fondo de la conversación, del conjunto borroso de caras que nos
rodean y del constante movimiento de los camareros. Si ocurre
un cambio perceptible, como un silencio repentino en la conver-
sación o un estrépito de platos rotos, podemos trasladar momen-
táneamente nuestra atención hacia la fuente de perturbación;
también cambia el foco de atención cuando cambian las necesi-
dades: se empieza a prestar mayor atención al movimiento de
camareros cuando la comida está finalizando y queremos pagar
la cuenta.
En el cine, nos concentramos en la acción que se desarrolla
en la pantalla, pero al mismo tiempo tenemos conciencia perifé-
rica de las reacciones del público que nos rodea yeso forma una
parte importante de la experiencia. Si alguien gritase: "[fuego!",
dirigiríamos nuestra atención rápidamente a las salidas.
En los entornos digitales de inmersión, las superficies y los
objetos se pueden activar de manera sutil para que presenten el
mismo tipo de información de fondo. Los niveles fluctuantes de
cantidades potencialmente importantes, como precios de accio-
nes, tráfico de redes, cifras de contaminación y consumo ener-
gético de edificios, pueden representarse, por ejemplo, con ruido
ambiental suave -como la lluvia en el tejado-, líneas vibrantes,
fuentes, remolinos girando en un "viento de bits" y sombras
ondulantes de agua procedente de una "lluvia de bits":', Además,
mediante la transmisión de información de audio y vídeo se pue-
den transferir periferias. Así, en puestos de trabajo en colabora-
ción conectados electrónicamente se puede escuchar la mezcla
de ruido de fondo de actividades en diferentes localizaciones,
mientras se está pendiente de quién anda por allí mirando de vez
en cuando las imágenes de las cámaras web que aparecen en los
bordes del campo normal de visión.
Por tanto, romper los límites de la pantalla supone mucho
más que ofrecer un mayor campo de visualización: abre la posi-
bilidad de acceder a lugares inteligentes que atrapan nuestros
sentidos y atraen nuestra atención a múltiples niveles.
A propósito de luces
Elevar la inteligencia de las superficies cerradas no es la única
forma de sumergir al usuario de un espacio en infonnación emi-
tida electrónicamente y de crear una información periférica, así
como un foco central. Donde la geometría de un espacio permi-
ta una proyección libre de obstáculos, o donde no importe
mucho que haya sombras, la proyección de láser o vídeo ofrece
otra manera efectiva de desplegar información sobre interiores
arquitectónicos.
Los proyectores se pueden fijar en el sitio, dirigiéndolos, por
tanto, hacia segmentos estrictamente definidos de la pared, el
suelo o el techo, o se pueden montar sobre suspensiones, como
las cámaras de vigilancia, de modo que puedan abarcar todo el
volumen arquitectónico". Así, por ejemplo, en el proyecto Digi-
tal Desk, de Pierre Wellner, un escritorio estándar se completó
con un proyector y una cámara de vídeo elevados, de forma que
los documentos en papel se mezclasen libremente con los digi-
tales proyectados!': y en el proyecto metaDE5K, de Hiroshi Ishii,
se combinó una proyección desde abajo de imágenes de vídeo
sobre la superficie traslúcida de una mesa con el uso de peque-
ños modelos físicos y herramientas para controlar los procesos
informáticos14.
"Las proyecciones murales de vídeo que se generan de esta
forma pueden fusionarse prácticamente sin solución de conti-
nuidad con la realidad física, presentando imágenes a tamaño
natural y prolongándolas hasta el borde de la visión periférica
del observador.Los proyectos Videoplace de Myron Krueger fue-
ron los primeros que demostraron de forma convincente esta
posibilidad; Krueger creó espacios en los que unas "sombras" a
escala real de personas, proyectadas en vídeo, interactuaban
entre ellas de formas complejas y a veces sorprendentes". Más
recientemente, la fusión electrónica de imágenes se ha utilizado
para crear "hiper-espejos", grandes murales en video donde imá-
46
e-topía
La telemática toma el mando 47
genes a tamaño real de participantes locales y remotos en tele-
conferencias comparten el mismo espacio virtual".
Todo ello nos lleva a una reconceptualización radical de la
idea de iluminación artificial. Pensemos en las bombillas no
como el artilugio pasivo de un pixel que inventó Edison, sino
como combinaciones controladas por ordenador de proyectores
y cámaras de vídeo en miniatura'? Formemos con ellas, por
ejemplo, 1.000 por 1.000 pixels y luego pensemos en el resultado
no como simples fotones rebotando en la pared, sino corno un
campo interactivo de energía luminosa altamente estructurado y
controlado con precisión.
lnterfaz en la faz: realidad virtual
Otra artimaña aún más audaz es miniaturizar la pantalla de
vídeo y colocarla directamente delante de nuestros ojos para
producir un visualizador estéreo montado en la cabeza!'. Junto
con un dispositivo de seguimiento de la cabeza para mantener la
sincronización entre la escena computerizada y el propio movi-
miento, y con la suficiente potencia informática para ir actuali-
zando la perspectiva en tiempo real, este tipo de visualizador
produce la convincente impresión de sumergirse totalmente en
un espacio virtual en tres dimensiones. El proscenio desaparece
por completo; este mecanismo de realidad virtual es un aparato
incómodo. esclavo y horroroso, pero nos sitúa directamente en
el ciberespacio.
Esto es, en realidad, lo contrario del concepto renacentista
sobre la relación entre el espacio arquitectónico, el plano pers-
pectivo y la retina del observador. Para Alberti y Brunelleschi la
escena real en tres dimensiones creaba una imagen virtual en
dos dimensiones en el plano perspectivo, lo que podía ser dibu-
jado por el artista!'. Para el usuario de una sistema de realidad
virtual, por el contrario, las imágenes en dos dimensiones sobre
el plano de la perspectiva, palpables y luminosas, crean un esce-
nario virtual en tres dimensiones.
Existen algunos otros medios tecnológicos con el mismo
objetivo; por ejemplo, se pueden utilizar gafas parpadeantes que
incorporan obturadores de cristal líquido que cierran alternati-
vamente un ojo u otro. Se proyectan imágenes sincronizadas del
ojo izquierdo y del derecho sobre las pantallas circundantes (se
suelen preparar formando el interior de un cubo) y el resultado,
una vez más, es la impresión de estar realmente dentro de un
espacio virtual en tres dimensiones-".
Sin embargo, cualquiera que sea la tecnología de realidad
virtual el efecto es la desconexión del entorno físico y su susti-
tución' total por un entorno virtual creado electrónicamente; lo
cual provoca algunos problemas, por supuesto: es fácil chocar
con las paredes reales o caerse de la silla. Desde el punto de vista
de alguien que nos estuviera mirando y que no pudiera ver lo que
nosotros vemos, pareceremos locos fuera de sí. Y este tipo de 50-
lipsismo alimentado electrónicamente es extraordinariamente
inútil para la interacción social.
Cobertura total: realidad aumentada
Por fortuna, no es imprescindible enmascarar por completo el
entorno físico. Es posible, por ejemplo, incorporar prismas en
las piezas oculares de las gafas de realidad virtual, lo que
sobreimpresiona gráficos de ordenador sobre la escena circun-
dante, de manera que da la impresión de que los objetos virtua-
les en tres dimensiones se mezclan con los físicos para generar
un nuevo tipo de arquitectura híbrida". Alternativamente, se
pueden sustituir los prismas por cámaras de vídeo y mezclar
electrónicamente la imagen de video en directo con los gráficos
sintetizados por ordenador -jnuy efectivo siempre que el vídeo
no falle y nos deje efectivamente a ciegas-o El resultado se suele
denominar "realidad aumentada" o, a veces, de forma más gene-
ral, "realidad mixta".
Si las técnicas de ajuste de movimiento, de registro y de
superposición llegan a ser suficientemente buenas -tarea tecno-
lógica que no es fácil, por cierto-, tales sistemas desempeñarán
cada vez más la tradicional función arquitectónica de recubrir el
hábitat humano con información gráfica y textual. Los edificios
antiguos cumplían esta función directamente con inscripciones
y murales; los maestros góticos utilizaban vidrieras de colores;
Las Vegas ha popularizado las luces de neón; los productos
empaquetados van cubiertos por todas partes con etiquetas
impresas. Nuestra propia época ha contribuido ya con la posibi-
48 e-topia
lidad de coberturas virtuales generadas por la electrónica, posi-
blemente una forma de eliminar todo ese exceso de información
de las superficies que nos rodean y proporcionar una cobertura
de información personalizada donde y cuando sea necesaria.
Con la realidad aumentada distintos tipos de habitantes de
una ciudad podrían ver diferentes anotaciones superpuestas a
ella, preparadas a su medida. Un turista podria ver la informa-
ción de las guías, o reconstrucciones del pasado superpuestas a
los lugares históricos -o, para otro tipo de mentalidades-, indi-
cadores de los lugares de crimenes y accidentes. Un agente in-
mobiliario podría buscar los edificios etiquetados con su precio
de venta; un trabajador de la construcción podría guiarse por los
diseños correctamente colocados en los solares vacíos, o un téc-
nico podría consultar los diagramas de manuales de reparación
convenientemente colocados sobre las máquinas estropeadas.
Un mensajero en moto podría encontrar los nombres de los resi-
dentes añadidos virtualmente sobre las puertas y la gente que
hable un idioma diferente podría conseguir todo tipo de infor-
mación en su lengua nativa.
Pixels, pixels por todas partes
En un mundo donde proliferan pantallas y altavoces, superficies
inteligentes, pantallas de proyección de vídeo, realidad virtual y
realidad aumentada, la luminosa información digital recubre
ubicuamente la realidad física tangible. Los pixels activos son
para nosotros lo que las teselas estáticas fueron para los roma-
nos. Las señales y las etiquetas se están volviendo dinámicas, los
textos saltan fuera de las páginas para entrar en el espacio tridi-
mensional, los murales se ponen en movimiento y ]0 inmaterial
se conjuga con lo material sin solución de continuidad.
La arquitectura ya no es simplemente el juego de los volú-
menes bajo la luz: ahora incluye el juego de la información digi-
tal bajo el espacio.
3 EL PROGRAMA: EL NUEVO GEN10 DEL
LUGAR
¡Cuidado! A medida que la tecnología de los lugares inteligentes
madura, las metáforas dejan de tener sentido.
En los primeros días de los gráficos por ordenador llegamos
a familiarizamos con objetos "virtuales" que eran como los físi-
cos, pero podían realizar tareas informáticas. Aprendimos a
"pintar" con pinceles virtuales, a almacenar "documentos" digi-
tales arrastrándolos hacia "carpetas de archivo" en pantalla, a
borrar por medio de iconos con forma de papelera, y así sucesi-
vamente. Era como si los objetos físicos conocidos hubieran sido
succionados del escritorio hacia el ordenador para vivir allí una
vida posterior fantasmal, mágicamente enriquecida. En la actua-
lidad, por medio de la inserción de inteligencia e interconecti-
vidad en productos materiales y de la creación de sistemas de
marcas y sensores, podemos revertir el proceso. Podemos devol-
ver ese tipo de capacidad informática a las cosas físicas cotidia-
nas; podemos conseguir la funcionalidad sin la virtualidad.
De una forma muy primaria, ésta es ya una idea conocida:
en un supermercado, los productos se marcan con códigos de
barras impresos y el cajero está equipado con un lector de dichos
códigos; al pasar un producto por el lector se produce un resul-
tado informático; el programa que se oculta bajo la superficie lee
el código de identificación del producto, busca su precio en una
base de datos y lo añade finalmente a la suma total de la cuenta
del cliente. También es posible realizar importantes tareas auxi-
liares, como actualizar el inventario de existencias y recoger
datos estadísticos sobre pautas de compra.
50 e-topia
El programa: el nuevo genio del lugar 51
Generalizando este principio, podemos construir espacios
inteligentes extendidos espacialmente a partir de conjuntos de
objetos inteligentes en interacción. Escritorios, salas y 'otros
lugares reales, en lugar de sus imágenes generadas electrónica-
mente, pueden empezar a funcionar como interfaces de ordena-
dores. También se pueden crear algunos híbridos interesantes
físico/virtuales, como el simulador de golf, donde se golpea una
bola real con un palo de golf real y se ve luego una trayectoria
simulada en la pantalla de vídeo. Por tanto, nuestras acciones en
el espacio físico están estrecha y discretamente emparejadas con
nuestras acciones en el ciberespacio. Llegamos a ser verdaderos
habitantes de entornos electrónicos, en lugar de meros usuarios
de artefactos informáticos.
Marcadores y sensores
Si queremos que los objetos físicos sirvan -corno elementos acti-
vos de lugares inteligentes, tenemos que proporcionarles alguna
forma de identificarse entre ellos. La tecnología necesaria para
ello puede ser óptica, como los códigos de barras y sus lectores,
con sistemas de reconocimiento de huellas dactilares que abren
puertas a las personas autorizadas y con sistemas de reconoci-
miento de caras. Puede ser acústica, como los mecanismos que
emiten señales ultrasónicas. y puede ser electromagnética, como
las tarjetas de los cajeros automáticos, las fichas de identifica-
ción por radio frecuencia (RFID) de los llaveros que activan los
surtidores de gasolina, los sensores Sensormatic antihurto y las
c a ~ i n a s de peaje inteligentes que identifican automáticamente, y
mas tarde facturan, a los propietarios de vehículos con el equipo
emisor adecuado que pasan a través de ellas.
A veces no sólo importa lo que hacen las cosas, sino dónde
están en este momento; por tanto necesitamos también formas
de determinar la posición de los objetos físicos, de la misma
forma que el programa de control de una pantalla rastrea la
posición del cursor. Esto se puede conseguir de varias maneras.
A gran escala, donde la precisión dentro de unos pocos metros
es suficiente, el sistema de satélites del Global Positioning
System (GPS), con receptores GPS baratos y miniaturizados,
pueden proporcionar las coordenadas de un vehículo en cual-
quier parte de la Tierra; esta información suele introducirse en
sistemas de navegación a bordo de vehículos y en sistemas de
servicios de llamadas de emergencia'. A escala urbana y arqui-
tectónica, redes de transmisores y receptores terrestres pueden
vigilar la trayectoria de vehículos y teléfonos móviles. Dentro de
los edificios, diversos sensores ópticos, acústicos, electromagné-
ticos, sensibles al movimiento y a la presión, pueden seguir el
movimiento de gente y de objetos, por ejemplo, para reenviar
automáticamente llamadas y mensajes". y para obtener una
precisión milimétrica a pequeña escala son muy eficaces las téc-
nicas electromagnéticas y ultrasónicas que se utilizan en los
digitalizadores en tres dimensiones.
Algunos objetos inteligentes requieren aptitudes especializa-
das de detección, apropiadas para sus funciones específicas. Se
pueden equipar, si es preciso, con cámaras y micrófonos a modo
de "ojos" y "oídos". Pueden incorporar sensores de humedad y
temperatura. Podrían detectar diminutos restos de explosivos,
drogas o materias contaminantes. Podrían ser acelerómetros en
miniatura para detectar el movimiento, detectores piezoeléctri-
cos de fuerza y presión en elementos estructurales, radares de
impulso por micropotencia (MIR) para medir distancias y nive-
les de combustible, sensores de campo eléctrico para recoger
información gestual' y brújulas digitales para determinar la
orientación. Podrían incluso utilizar células vivas como detecto-
res de hormonas y microorganismos. La lista es potencialmente
interminable.
Al igual que un organismo vivo, el objeto inteligente necesi-
tará imaginarse a veces lo que está pasando alrededor o dentro
de él por medio de la integración de impulsos sensitivos desde
múltiples fuentes'. Por ejemplo, para contestar a un niño, un
juguete inteligente de peluche podría sentir movimientos y soni-
dos. Para visualizar, interpretar y responder a las demandas de
un ocupante, una habitación inteligente podria recoger informa-
ción de sonido desde varios micrófonos, de vídeo desde múlti-
ples cámaras y de situación del ocupante desde una moqueta
inteligente u otro tipo de sistema de detección de posición. Todo
esto permitirla cruzar información y eliminar posibles ambigüe-
dades.
Para conseguir un uso verdaderamente universal, los mar-
cadores y sensores que se incorporan en productos manufactu-
52 e-topía El programa: e/ nuevo genio de/lugar 53
radas necesitan ser pequeños, robustos, muy baratos y de baja
potencia. Como ha observado Neil Gershenfeld, necesitamos dis-
poner de capacidad de cómputo en cualquier parte por muy
poco dinero'. Es aquí donde los tecnólogos están, empezando a
cumplir, aunque queda todavía un largo camino por recorrer'.
Las cámaras de vídeo, por ejemplo, están convirtiéndose en me-
canismos de un sólo chip que cuestan unos pocos dólares; pue-
den utilizarse como "ojos" baratos para casi cualquier cosa. La
tecnología de sistemas microelectromecánicos (MEMS) permite
la fabricación de sensores a escala diminuta, y estos dispositivos
pueden llegar a ser tan pequeños que se pueden impulsar por la
vibración o por la energía solar, prescindiendo de baterías y su-
ministros externos de potencia.
En general, las nuevas tecnologías de marcadores y sensores
permiten que los objetos sean conscientes unos de otros y comien-
cen a interactuar. Éste es el paso primero y fundamental hacia un
ecosistema artificial y una sociedad de materia inteligente.
lnteligencia incorporada
Para procesar información y responder, el objeto inteligente no
sólo necesita sensores, sino también incorporar memoria e inte-
ligencia automatizada.
Aunque posiblemente no nos demos cuenta si no estamos
especialmente atentos a ello, cada vez hay más ordenadores insta-
lados discretamente en vehículos, electrodomésticos e incluso en
juguetes. Los automóviles tienen sofisticados sistemas digitales
para controlar los frenos y otras funciones; en realidad, estos siste-
mas suponen probablemente una parte mayor del coste que el
motor y la caja de cambios juntos y consumen tanta electricidad
que probablemente obligarán a instalar baterías de 42 voltios en
lugar de las actuales de 12 voltios. El microondas, el lavaplatos y la
lavadora incorporan más potencia de procesamiento que los orde-
nadores avanzados de hace unas décadas. El receptor de televisión
y el teléfono móvil vienen con circuitos digitales. Las complicadas
cámaras con película están dejando paso a las electrónicas digita-
les, que prácticamente no tienen partes móviles. Los sistemas pro-
gramables de tarjetas-llave están reemplazando a las cerraduras y
llaves mecánicas de las puertas. Bamey, de Microsoft, el molesto
juguete de peluche sacado del irritante personaje infantil de televi-
sión, tiene un chip parlante y un controlador de movimiento
implantado bajo su piel púrpura de poliéster. Hacer la disección de
un Furby equivale a una lección de electrónica.
Todo ello va extendiendo una revolución en el diseño de pro-
ductos que se lleva cocinando a fuego lento desde la aparición
del primer microchip, en la década de los años sesenta. Los sub-
sistemas mecánicos y electromecánicos acusan una constante
disminución de su aportación a la funcionalidad y al coste de los
productos, mientras que los digitales absorben la cuota crecien-
te correspondiente. Como consecuencia, a mediados de la década
de los noventa los microprocesadores incorporados en mecanis-
mos. inteligentes especializados superaban en número a los orde-
nadores personales por un sorprendente factor de uno a mil'.
Mientras los chips sean más pequeños, más baratos, más
sólidos, con más capacidad, y mientras disminuyan sus necesi-
dades de energía, continuará esta invasión al por mayor de pro-
ductos manufacturados con inteligencia digital. Habrá energía
de procesamiento local y memoria disponible donde sea necesa-
ria, para cualquier propósito. Con los años, llegará un momento
en que dejaremos de pensar en los ordenadores como aparatos
aislados y empezaremos a considerar la inteligencia automática
como una propiedad que podria estar asociada prácticamente
con cualquier cosa.
Habitaremos en un mundo cada vez más lleno de objetos
que no sólo están puestos ahí, sino que realmente consideran lo
que deberían estar haciendo y seleccionan sus acciones conse-
cuentemente.
La red al momento
¿Cómo se pueden configurar realmente estos componentes inte-
ligentes para transformar nuestro entorno inmediato en espa-
cios inteligentes?
En la época del ordenador personal la respuesta parecía sen-
cilla; se obtenían los recursos informáticos dentro de una habi-
tación enchufando diversos aparatos periféricos a una CPU y
luego cargando algún paquete de programas. Pero este proceso
se volvió cada vez más pesado a medida que los objetos inteli-
54
e-topia El programa: el nuevo genio del lugar 55
gentes proliferaban y se iban diversificando. Todos aquellos
cables enmarañados y aparatos parpadeantes eran demasiado
problemáticos. ¡Tenian que desaparecer!
Un primer paso evidente era sustituir los cables y los aparatos
por una conexión universal de radio de corto alcance entre meca-
nismos electrónicos cercanos; lo cual se podía llevar a cabo equi-
pando a todos ellos con dimínutos transmísores y con receptores
de alta frecuencia y baja potencia. El protocolo de tecnología Blue-
tooth, introducido a finales de los noventa por un consorcio de
importantes empresas de electrónica, abrió esta posibilidad al
proporcionar un estándar manejable y ampliamente respaldado".
Cuando dos mecanismos Bluetooth se encuentran cerca se detec-
tan uno a otro automáticamente y establecen una conexión en red.
Pero, por desgracia, la conexión física entre aparatos no es-
suficíente para que trabajen juntos. Probablemente usted lo sabe
muy bien si ha intentado alguna vez conectar una impresora
nueva al ordenador o conectar el portátil a un proyector de vídeo
conferencia. Es necesaria también alguna manera sencilla, auto-
mátíca e infalible de abordar los problemas de compatibilidad
entre equipos que inevitablemente surgirán. Los aparatos tienen
que comunicarse a través de algún tipo de lenguaje digital
común. Proporcionar esta lingua franca es la función de los pro-
gramas de "tono de marcación de red", como Jini, de Sun Micro-
systems; está diseñado para hacer que todos los recursos de una
red sean inmediatamente accesibles para cualquier aparato que
se conecte, al mismo tiempo que permite que ese aparato fun-
cione como un nuevo recurso de la red",
Con la conexión inalámbrica y la garantía de compatibilidad
automática entre equipos, los aparatos electrónicos pueden
encajar tan fácilmente como piezas de Lego. Las redes van sien-
do menos parecidas a la fontanería fija y se van pareciendo más
a configuraciones ad hoc de mobiliario con objetivos específicos
y temporales.
Programas nzómicos
Una vez que un componente inteligente forma parte de una red,
puede potencialmente descargar cualquier programa o COnec-
tarse a cualquier servicio de la red que necesite. Así podriamos
imaginar las posibilidades de lugares inteligentes que son confi-
gurados sobre la marcha, tal y como sea necesario para un pro-
pósito particular, en un proceso radicalmente nuevo de bricolaje
electrónico de amplio alcance, con una máquina de búsqueda
activada.
En la práctica, es necesario sortear algunas cuestiones, críp-
ticas pero muy importantes, sobre el estilo y la estructura de los
programas, antes de que esta atractiva idea sea factible. En con-
creto, seria de gran ayuda si el código de los programas no se
organizara en enormes sistemas monolíticos, sino como conjun-
tos modulares de componentes reutilizables y recombinables
que incluyan tanto las órdenes ejecutables como los datos; éste
es el principio subyacente de la programación orientada a obje-
tos y de los lenguajes como C++.
Aún más, estos componentes de código son mucho más úti-
les cuando no sólo funcionan para el sistema operativo y entorno
informático para el que fueron escritos, sino para cualquier tipo
de instalación de cómputo. El entorno Java, por ejemplo, hace
que esto sea posible gracias a "máquinas virtuales" que funcionan
sobre un equipo o un sistema operativo concreto con el fin de
conseguir entornos de ejecución uniforme10. Todo esto es muy
poco eficiente, pero eso importa poco en una época de procesa-
dores baratos y potentes y gran capacidad de memoria.
Lo más radical seria encapsular el código de ejecución de
tareas concretas en forma de agentes autónomos 11• Estos códigos
podrian vagabundear por una red en busca de sitios donde ejer-
cer su función, como si fueran artistas ambulantes.
A finales de la década de los noventa empezó a estar claro
para los analistas del sector que debían combinarse los meca-
nismos inteligentes, la conexión en red ad hoc y la programación
modular y compatible 'para crear entornos informáticos mucho
más flexibles que los existentes hasta entonces. Los sesenta y se-
tenta fueron la época de sistemas centralizados de tiempo com-
partido; en los ochenta y primeros noventa vinieron los sistemas
cliente/servidor, Internet y la World Wide Web; pero el nuevo si-
glo seria la época de la interconexión inteligente globalizada.
Los laboratorios de investigación de la industria y de las univer-
sidades comenzaron a dar cuerpo a los detalles. El Media Labo-
ratory del MIT inició un ambicioso proyecto denominado Things
That Think; el Laboratory for Computer Science del MIT trabajó
56 e-topía El programa: el nuevo genio del lugar
57
en el prototipo de una tecnología denominada Oxygen, Hewletl-
Packard anunció su compromiso con la "informática orientada
al servicio", y Sun impulsó Java y Jini.
La forma busca la función
Si los programas se liberan de esta forma y los servicios están
abiertos a la conexión ya no podemos esperar que las funciones
de las cosas sean tan estables y predecibles como lo fueron en su
momento. Hoy en día, una pantalla mural puede ser sucesiva-
mente, según nuestro capricho del momento, un reloj, una tele-
visión, un panel de cotizaciones, un retrato de alguien querido o
un controlador a distancia de bebés. Un único aparato de mano
podría ejercer las funciones de teléfono móvil, buscapersonas,
agenda electrónica y mando a distancia. Un sencillo rectángulo
de plástico podría funcionar como tarjeta de crédito, cartera
digital con dinero en efectivo y llave de la puerta. Un cajero auto-
mático -a diferencia de una antigua sucursal de banco- podría
ofrecer los servicios de otros muchos bancos o instituciones
financieras, dependiendo de la identidad y de las necesidades de
determinados clientes.
Tampoco podemos esperar que esas funciones se ubiquen en
sitios concretos. Cualquier aparato inteligente y conectado en red
se convierte en un punto tangible de suministro local hacia una
fuente de recursos y servicios globalmente distribuida e indefi-
nidamente ampliable: Es posible que algunos de estos aparatos
consistan en elementos de equipamiento que están en algún si-
tio; puede que otros sean ejecutados por algún programa o rea-
lizados por personas reales, pero en general no se sabrá cuál es
el caso, ni tendrá la menor importancia. Si las conexiones en red
son lo suficientemente rápidas poco importa si una tarea se lleva
a cabo localmente o en un procesador que casualmente está dis-
ponible al otro lado del mundo.
Por tanto, los arquitectos y los diseñadores de productos se
enfrentan a los nuevos dilemas de diseño. ¿Deben construir equi-
pos multiuso, como el ordenador personal multimedia, o deben
crear familias de aparatos de una sola función que interactúen
entre sí, como el teléfono móvil, la cámara digital o el libro elec-
trónico portátil -dispositivos de información que fragmentan y
dispersan las funciones?" ¿Qué funciones del sistema se debe-
rían integrar en el equipo y cuáles deben ser realizadas por los
programas? ¿Qué funciones de los programas deben residir per-
manentemente en el dispositivo y cuáles deben descargarse a
través de los sistemas de interconexión en cada momento? En
definitiva, unas posibilidades estarán basadas en estructuras y
mecanismos materiales, otras en el código residente, otras en pro-
gramas y servicios extraídos de la red bajo demanda y otras en
interacciones de todo lo anterior.
En el diseño de lugares y cosas inteligentes, la forma puede
aún seguir a la función, pero sólo hasta cierto punto. Para el
resto, la función sigue al código. Y, si es preciso cambiar una
función implementada en el código, no es necesario reconstruir,
reformar o sustituir los componentes materiales; sólo hay que
conectarse, buscar y cargar.
Consultar al genio del lugar
Existe, curiosamente, un venerable precedente de los conceptos de
espacios y objetos sensibles, sensorialmente conscientes, con inte-
ligencia integrada. Los antiguos romanos creían que cada lugar
tenía un espíritu característico -su genius loci- que se podía mani-
festar, si se le observaba cuidadosamente, en forma de serpiente.
La idea era correcta, pero no tenían la tecnología necesaria.
Para nosotros, instalar el genio en un lugar consiste senci-
llamente en una tarea de implementar programas. Unas cuantas
líneas de código pueden equipar un entorno aumentado electró-
nicamente con un genio digital, hecho a medida,_ que manifieste
su presencia a través de dispositivos de entrada y de sensores, de
visualizadores y de accionadores robotizados. Ese genio puede
ser sensible a las necesidades de los habitantes, adaptarse a los
cambios del entorno y, haciendo uso de su conectividad en red,
enfocar los recursos globales en las tareas locales concretas. En
virtud de las normas que lleva en su código, puede estimular
ciertas actividades y desalentar o excluir otras; puede incluso im-
poner normas éticas o legales.
El código es el carácter. El código es la ley.
4 ORDENADORES PARA HABlTAR
¿Qué harán por nosotros los lugares inteligentes?
Por supuesto, recogerán y entregarán información, como siem-
pre han hecho los ordenadores y los aparatos de telecomunica-
ción; lo que es más importante, sin embargo, es que atenderán, se
anticiparán y responderán a nuestras necesidades diarias de innu-
merables y nuevas maneras, y se convertirán en puntos de sumi-
nistro de una gama de servicios aún dificil de imaginar, puestos a
nuestra disposición por proveedores dispersos por todo el globo.
Vestidos de bits
Por ejemplo, existirán redes ajustadas al cuerpo humano con apa-
ratos implantados, de bolsillo o vestibles que atenderán nuestros
requisitos más inmediatos para el mantenimiento de la salud y
el confort corporal, para la representación, la identificación
y la comunicación a distancia
1
• "
Nuestra ropa y nuestros accesorios estarán llenos de bits. Es
posible que los zapatos lleguen a tener más líneas de código que
el disco duro actual de nuestro ordenador; si esto parece un poco
fantasioso, intente vaciar bolsillos, bolsos y maletines contando
todos los objetos que registran, almacenan, visualizan o proce-
san información de alguna manera e imagine que los reemplaza
por equivalentes digitales más pequeños, más ligeros y mucho
más inteligentes. Este proceso de sustitución empezó con los
relojes y los teléfonos móviles y seguirá adelante.
60
e-tapia Ordenadores para habitar 61
Queda mucho espacio para la inteligencia necesaria en calza-
do, cinturones, chaquetas, sombreros, carteras, bolsos, maletines,
pulseras y botones. Los guantes y otras prendas ajustadas pueden
servir como sensores de gestos. Diminutos y ligeros micrófonos y
grupos de eeDs pueden aumentar la sensibilidad de los ojos y de
los oídos. Se pueden llevar pequeñas pantallas en los bolsillos, en
las muñecas o incorporadas en las gafas. Se puede deslizar dis-
cretamente información en el oído cuando sea necesaria, o super-
ponerla sobre una imagen usando gafas inteligentes.
Podremos llevar encima montones de información. Las sim-
ples tarjetas de crédito o de identificación pueden desarrollarse
hasta convertirse en tarjetas inteligentes mucho más sofisticadas,
con gran memoria digital y capacidad de cálculo incorporada.
Los billetes y las monedas se pueden sustituir por dinero digital
-fajos de bits encriptados, guardados de forma segura en alguna
parte del cuerpo-. Lós elementos de identificación y autorización,
como etiquetas, tarjetas de presentación, camets de conducir, res-
guardos, pasaportes, visados y llaves, pueden abandonar el papel
y el metal y convertirse en tarjetas digitales en miniatura, contro-
ladores y elementos de transmisión y recepción.
y habrá multitud de mecanismos para suministrar servicios
personales especializados que pueda requerir nuestra condición
y estilo de vida. La salud puede demandar aparatos ortopédi-
cos como sonotones, marcapasos, sistemas de monitorización y
dispensadores de medicinas programables o controlados a dis-
tancia. Quienes montan en moto o esquían pueden necesitar
aparatos protectores dinámicos e inteligentes, como un collarín
inflable; la vida de buceadores, pilotos, bomberos y manipula-
dores de materiales tóxicos puede depender de trajes protectores
y de aparatos de supervivencia especializados. Las actividades
diarias más mundanas pueden requerir teléfonos móviles, busca-
personas, agendas electrónicas y aparatos de audio o video para
el ocio. Incluso las joyas se podrían programar.
Redes corporales
Muchos de estos aparatos de mano o vestibles, como las tarjetas
inteligentes, los monederos digitales y las agendas electrónicas,
no precisarán una conexión continua a la red; dependerán de su
memoria interna y funcionarán en modo "conectar y cargar".
Otros, como el buscapersonas, necesitarán momentos puntuales
de conectividad. Finalmente algunos, como la radio y la televi-
sión personal; recibirán y transmitirán continuamente.
Estos órganos electrónicos podrán comunicarse entre ellos,
en su caso, por medio de circuitos entretejidos disimuladamen-
te en la ropa o de conexiones hechas con botones y broches.
Podrán transmitir información digital inocuamente a través del
propio cuerpo", Podrán incluso comunicarse indirectamente a
través de transmisores y receptores microcelulares en el entorno
arquitectónico circundante.
En cualquier caso, su capacidad de intercomunicación les
permitirá funcionar conjuntamente como un sistema versátil y
eficiente que servirá para una gran variedad de propósitos. Por
ejemplo, apretar una tarjeta inteligente con los dedos podría
hacer que un aparato en la muñeca presente la cantidad de dine-
ro digital que contiene la tarjeta en ese momento. Una señal
desde un aparato de control médico colocado en una parte del
cuerpo podría activar la emisión de un medicamento por otro
aparato. Y se podrian traspasar ficheros de información de una
red corporal a otra simplemente estrechándose las manos.
Afinales de los noventa, los experimentos de laboratorio con
aparatos vestibles y con redes corporales se encontraron con la
cultura de la teoría del cuerpo ampliado y transformado, ejem-
plificada en el influyente trabajo de Donna Haraway", con pro-
ducciones de artistas del cuerpo como Stelarc y respaldados por
talonarios de inversores de capital riesgo. Los gigantes de la elec-
trónica de consumo estaban experimentando con productos ves-
tibies digitales; Seiko, por ejemplo sacó un mensajero inalám-
brico de pulsera. Se crearon las primeras compañías, llenas de
esperanza". Los piratas informáticos del MIT, con sus vestimen-
tas de cyborgs digitales, aparecieron en las 'Páginas de moda del
New York Times. Y Gordon Bell predijo: "En el año 2047 pode-
mos imaginar un ayudante interno, conectado en red al cuerpo,
como un ángel guardián que es capaz de capturar y recuperar
todo lo que oímos, leemos y vemos. Podría tener tanta potencia
de cálculo como su amo, es decir, mil billones de operaciones
por segundo (un petaops) y una memoria de 10 terabytes'":
Estaremos seguros de que esa etapa cyborgiana de la revolu-
ción digital ha llegado de verdad cuando desaparezcan de la
62
~ - t o p í a
Ordenadores para habitar
63
vista la mayoría de los ordenadores del tamaño de una panera y
nos coloquemos nuestros aparatos digitales y sus conexiones de
red como si fueran unas bermudas.
Utensilios inteligentes
En la siguiente escala después de los aparatos vestibies , la del
mobiliario, el equipo permanente y los aparatos de sobremesa,
nuestro entorno inmediato se encontrará veladamente impreg-
nado de inteligencia electrónica.
Nos relacionaremos con cajas, vehículos, utensilios y jugue-
tes más y más inteligentes, capaces de realizar tareas especiali-
zadas en contextos específicos. como cajeros automáticos en
lugares públicos para las tareas del banco, puntos de venta infor-
matizados en almacenes y supermercados para procesar tran-
sacciones comerciales, kioscos electrónicos de información en
terminales de transporte y de vestíbulos de edificios, aparatos e
impresoras de sobremesa para realizar trabajos de información
en despachos y oficinas, sistemas de videoconferencia en salas
de reuniones, sistemas de navegación en vehículos, sistemas de
síntesis y reconocimiento de voz en guarderías. sistemas progra-
mables de control en aparatos de cocina y lavandería y mucho
más aún por imaginar.
Sería útil situar este desarrollo en una perspectiva histórica
mucho más amplia. La urbanización nos permitió acumular
posesiones no transportables, poblar nuestro hábitat con mobi-
liario, cuadros, alfombras, lámparas, pianos, cuberterías, y toda
esa clase de cosas que metemos en un camión de mudanzas
cuando cambiamos de casa. Y después, la mecanización tomó
el mando. La revolución industrial introdujo maquinaria en mu-
chos aparatos, creó nuevos productos mecanizados que nadie
antes se había imaginado e instauró un mundo en el que era
necesaria la atención de mecánicos y técnicos de servicio. La
red eléctrica y la proliferación de pequeños motores eléctricos
favorecieron este proceso, condujeron a la época de los electro-
domésticos y proporcionaron a nuestra existencia cotidiana un
entorno electromecánico. Ahora, la red digital y los pequeños
procesadores electrónicos están transformando aparatos con-
vencionales en robots mucho más inteligentes.
Hemos pasado del escritorio a la máquina de escribir mecá-
nica, a la máquina de escribir eléctrica y, finalmente, al proce-
sador de textos. Del cajero se pasó a la caja registradora y de ahí
al punto de venta informatizado. El cuaderno de apuntes se
transformó en una cámara de fotos con película y luego en la
cámara digital. Las herramientas del artesano dieron paso al
equipamiento fabril a vapor o eléctrico, y más tarde, al robot
industrial. Y el coche sin caballos fue el primer paso hacia el
avión sin piloto.
Equipo de trabajo electrónico
No obstante, y a diferencia de las primeras generaciones de apa-
ratos controlados por ordenador, las generaciones futuras se
basarán en su capacidad de comunicación y en la conexión en
red; serán miembros de equipos electrónicos. Como en los equi-
pos deportivos, los aparatos individuales tendrán funciones y
posiciones especializadas.
Podrán interactuar con los dispositivos de red corporal más
pequeños, con otros aparatos como ellos situados en el entorno
inmediato y con los sistemas a gran escala; lo cual significa que
sus posibilidades no se limitan a la capacidad directa de los
componentes físicos o de los programas que contienen. Pueden
extraer la información que necesiten de fuentes lejanas; podrían
enviarla también hacia dispositivos a distancia que ofrezcan
numerosas funciones adicionales y podrían apropiarse tempo-
ralmente de memoria y energía de proceso remotas para cola-
borar en trabajos especialmente exigentes.
Por ejemplo, antes se hacía una foto de los niños, se llevaba
el carrete a revelar y se mandaba la foto por correo a los abuelos.
Ahora se puede tomar la foto con una cámara digital, apuntar la
cámara hacia el PC, sin llegar a conectarla, para traspasar los
pixels y almacenarlos en el disco, distribuirla inmediatamente a
toda la familia a través de Internet y dejar que sean ellos quienes
impriman la foto a través de su propia impresora si lo desean.
Transferimos bits en lugar de átomos y ejecutamos las diversas
funciones necesarias en lugares diferentes de los habituales en
los días del obturador mecánico, la emulsión de plata y el cuarto
oscuro.
64 e-tapía
Ordenadores para habitar 65
De forma similar, antes metíamos una moneda en un conta-
dor mecánico al aparcar el coche; había que llevar un montón de
dinero suelto. Hoy, en algunos sitios, se puede pagar pasando
una tarjeta inteligente a través de un contador electrónico. En el
futuro, es posible que el contador se comunique sin hilos con un
emisor-receptor que llevaremos en el coche y generará automá-
ticamente un cargo por el que se nos facturará a final de mes; no
tendremos que pensar en ello para nada.
No hace mucho tiempo, cuando se estropeaba el coche, había
que arrastrarse hasta el teléfono público más cercano para llamar
a la grúa. Hoy en día es mucho más probable que llamemos desde
el teléfono móvil; y cada vez más los automóviles van equipados
con ordenadores y sistemas de telecomunicaciones avanzados que
los localizan a través de sistemas GPS de seguimiento, diagnosti-
can automáticamente el problema y piden el servicio, consultan
registros de servicio informatizados e, incluso, permiten llevar a
cabo ciertos ajustes y reparaciones a distancia.
Si nos introdujéramos en una sala de conferencias de los
primeros días de la electrónica para hacer una presentación ten-
dríamos que enchufar el portátil al proyector de video, iniciali-
zar el sistema y rezar porque todo fuera compatible entre sí.
Dentro de poco tiempo, el portátil accederá directamente a la
red local, dondequiera que estemos, y aparatos como el proyec-
tor de vídeo y la impresora se nos anunciarán en el ordenador
directamente y ofrecerán sus servicios. Así ocurrirá también con
los interruptores de luz, el accionador de las persianas, el control
de temperatura del aire acondicionado y el mando a distancia
del vídeo.
Por fin se está materializando el antiguo sueño de un futuro
servido por robots, pero en la forma de un ensamblaje de múlti-
ples aparatos inteligentes de intercomunicación, altamente espe-
cializados y distribuidos geográficamente, y no como aquellos
ejércitos de humanoides metálicos para todo que imaginaron
Karel Capek y Fritz Lang al final de la era industrial. Esto ha pro-
vocado las habituales respuestas a estos avances en la funcionali-
dad de aparatos y utensilios: los escenarios tipo qué-bonita-sería,
sobre un futuro de comodidades sin mover un dedo, contrarresta-
dos por una réplica igualmente predecible de que esto es sólo una
fantasía infantil proyectada sobre la última cosecha de nuevas
máquinas.
Sin embargo, igual que en el pasado, ambas reflexiones inte-
lectuales van en direcciones totalmente equivocadas. La dispo-
nibilidad de la inteligencia de las máquinas es como la del acero,
el plástico o el motor eléctrico: un añadido útil al repertorio del
diseñador, que se debe usar de forma adecuada junto con otros
materiales y componentes, para crear productos físicos varia-
dos que satisfagan nuestras necesidades y nuestros deseos. Los
diseños más inteligentes y exitosos no harán ostentación de su
capacidad informática. El teléfono móvil, por ejemplo, ejecuta
internamente ciertas operaciones extraordinariamente comple-
jas, y lleva para ello cientos de miles de lineas de código. Ade-
más, interactúa continuamente con un sofisticado entorno de
transmisores y receptores celulares. Pero todo ello es invisible
para nosotros, sólo percibimos que realiza una función sencilla,
de forma eficaz y fiable.
Edificios con sistema nervioso
Estos desarrollos sugieren una nueva etapa de evolución para la
arquitectura. Nuestros edificios dejarán de parecerse a los pro-
tozoos y se asemejarán más a nosotros. Estaremos en continua
interacción con ellos y los consideraremos cada vez más como
robots en donde habitar.
En el pasado lejano, un edificio era poco más que esqueleto y
piel. Apartir de la revolución industrial, adquirieron una elabora-
da fisiología mecánica -sistemas de calefacción. ventilación y aire
acondicionado, suministro de agua y eliminación de residuos, sis-
temas de energía eléctrica y de otros tipos, sistemas de circulación
mecánica y una amplia variedad de instalaciones de seguridad y
protección-: pronto se llegó a una situación en la que todos estos
sistemas constituyen la mayor parte de los costes de construcción
y mantenimiento de un edificio. Actualmente, en los albores de la
revolución digital, los edificios están siendo dotados de sistemas
nerviosos artificiales, sensores, pantallas y equipos controlados
por ordenador; la estructura es un chasis para sofisticados siste-
mas electrónicos que juegan un papel cada vez más importante en
la respuesta a las necesidades de sus moradores.
La integración de las instalaciones necesarias para las tele-
comunicaciones digitales da lugar a los mismos problemas de
66 e-topía Ordenadores para habitar
67
diseño que la instalación del cableado eléctrico y de los siste-
mas de telefonía convencionales. Se necesita una distribución
vertical y horizontal a lo largo de determinada secuencia de mu-
ros, suelos, techos y mobiliario, con placas y bastidores espe-
ciales, además de cajas de registro y de armarios accesibles. Y
también es necesario un sistema de enchufes modulares que pro-
porcione acceso adecuado a la red en el punto deseado. Pero
estos problemas de diseño van aumentando, puesto que la can-
tidad global de instalaciones crece espectacularmente y el ritmo
del cambio tecnológico requiere flexibilidad y acceso fácil en to-
das partes.
Los receptores y transmisores inalámbricos en los techos y
en otros lugares pueden eliminar los cables que van desde los
enchufes a los aparatos, pero no evitan la necesidad de un dise-
ño correcto y flexible del sistema de gestión de la instalación.
Aunque tengan conexión inalámbrica para los datos, los ordena-
dores y los demás aparatos digitales siguen necesitando energía
eléctrica. Y, puesto que el espectro electromagnético es un bien
escaso, mientras que la capacidad de conexión se puede ampliar
ilimitadamente, es probable que los cables sigan siendo el medio
más eficiente para proporcionar conexiones de alta velocidad en
espacios densamente habitados.
A pesar de todo, e! carácter exacto de la instalación digital
de un edificio es en realidad una cuestión técnica relativamente
poco importante; lo esencial es su "permeabilidad", su capaci-
dad para recoger y distribuir los bits por todas las partes.
Dispositivos habitables
Al igual que los aparatos de iluminación, los difusores del aire
acondicionado y otros componentes de este tipo han encontrado
su lugar natural en los escenarios arquitectónicos, ocurrirá lo
mismo con los nuevos organismos electrónicos que se interco-
nectan mediante el sistema nervioso del edificio: sus sensores,
visualizadores, superficies de proyección y accionadores robóti-
coso A medida que se desarrolle esta evolución, desaparecerá en
la práctica la diferencia entre edificio e interfaz informático.
Habitar e interactuar con la informática serán actividades simul-
táneas e inseparables.
El proyecto Ubiquitous Computing de Mark Weiser, del
Centro de Investigación de Xerox en Palo Alto, a principios de
los noventa, proporcionó uno de los primeros atisbos convin-
centes de esta posibilidad'. En el interior del espacio creado por
Weiser, los trabajadores de la oficina llevaban unas insignias
emisoras inalámbricas que permitían que un ordenador rastrea-
se su ubicación. El entorno estaba repleto de dispositivos de
visualización e interacción portátiles, de mano o formando parte
del mobiliario, los cuales estaban interconectados formando un
interfaz único, interactivo y descentralizado. Los habitantes del
edificio eran, en realidad, cursores vivientes; la información que
necesitaban les seguía automáticamente de sitio en sitio y po-
dían verla en el aparato de visualización que les resultase más
conveniente en cada momento. El edificio sabía siempre, mo-
mento a momento, dónde enviar exactamente sus llamadas de
teléfono y su correo electrónico.
Más o menos en la misma época, los pequeños ordenadores
de George Fitzmaurice, sensibles a la posición, demostraron cla-
ramente el potencial de la interrelación entre dispositivos vest;-
bies y habitables'. Estos dispositivos de mano tenían sensores de
localización y orientación y suministraban información relativa
a la posición real o a los objetos cercanos. Convertían así la tota-
lidad de un entorno en un campo de información espacialmente
organizado. Apuntando uno de estos aparatos hacia un electro-
doméstico estropeado, por ejemplo, se podria identificar y soli-
citar el servicio técnico adecuado; señalando un producto de un
escaparate obtendríamos sus especificaciones técnicas; o, diri-
giéndolo hacia una pieza de un museo podríamos obtener su
información de! catálogo.
A medida que los diseñadores vayan explorando estas nue-
vas posibilidades, se irán cuestionando viejas ideas preconce-
bidas sobre "dónde va cada cosa", especialmente, la asignación
tradicional de las funciones a los aparatos de mano y vestibles,
a los elementos permanentes en espacios locales y a los luga-
res remotos. ¿Guardamos las grabaciones personales en el pro-
pio cuerpo, en un ordenador eri casa o en un servidor remoto?
¿Guardamos los libros y los discos sobre nosotros mismos, en la
sala de estar, o descargamos versiones digitales cuando los nece-
sitamos? ¿Hacemos bocetos sobre una superficie portátil o sobre
un tablero electrónico montado en la pared? ¿Controlamos las
68
e-tapia Ordenadores para habitar 69
luces y los aparatos de casa mediante los interruptores conven-
cionales empotrados en la pared, mediante paneles de control
programables en pantallas de vídeo convenientemente situadas
-como los cuadros de mando informatizados que han sustituido
en los aviones modernos a los complicados tableros de instru-
mentos-, o a través de dispositivos inalámbricos de mano, al
estilo de los mandos a distancia?
Consumo inteligente de recursos
Los edificios inteligentes no sólo serán muy sensibles a las nece-
sidades de sus moradores, sino que también van a ser consumi-
dores inteligentes de recursos", Se programarán para adaptarse
no sólo a las variaciones de demandas internas y de las condicio-
nes climáticas externas, sino también a los continuos cambios
de precio de los diversos servicios que utilizan. Esto permitirá
que las empresas de servicios y los demás proveedores gestionen
más eficazmente la demanda, adoptando estrategias dinámicas
de precios.
Consideremos el suministro eléctrico. La primera idea fue
disponer una gran planta generadora central que tuviera el
monopolio de la energía eléctrica sobre los consumidores de su
zona de suministro. Unos simples contadores eran suficientes
para medir el consumo: la factura nos llegaba a casa cada mes
poco después de que pasase el que leía los contadores. Poste-
riormente surgieron diferentes compañías eléctricas, con múlti-
ples plantas que proporcionaban energía en distinta cantidad,
en distintos momentos y a diferente precio; las empresas de
suministro eléctrico entraron en el negocio de la compra, distri-
bución y reventa de energía a los consumidores. Actualmente, se
tiende a crear redes altamente descentralizadas con gran núme-
ro de proveedores relativamente pequeños, incluyendo posible-
mente edificios que generan un exceso de energía solar o eólica
ocasionalmente y que la introducen en la red'. Además, las com-
pañías de servicio han descubierto hace mucho que la demanda
sufre grandes fluctuaciones y que les interesa controlarla modi-
ficando los precios; por ejemplo, introduciendo tarifas para
horas punta y horas valle. El mercado ha dejado de ser sencillo
para siempre.
En estas condiciones, en aras de la eficiencia y de la igual-
dad, los precios deben actualizarse tan dinámicamente como sea
posible, Los edificios inteligentes deben por tanto programarse
para responder adecuadamente, ajustando la demanda, consu-
miendo la menor energía posible cuando los precios están altos
y llevando a cabo las tareas de mayor consumo cuando los pre-
cios son menores. Esto es posible porque normalmente contro-
lan funciones, como poner en marcha un lavaplatos doméstico o
enfriar un edificio de oficinas vacío tras un día caluroso, que se
pueden realizar a diferentes horas y tarifas sin plantear proble-
mas. De modo que pueden negociar el mejor momento y precio.
También podrían estar conectados a más de una red de suminis-
tro y tener la capacidad de alternar entre ellas dependiendo del
coste en cada momento.
En general, los aparatos y los entornos inteligentes estarán
programados para que busquen con perspicacia las condiciones
y los suministros que necesitan para funcionar. Se crearán por
tanto mercados más sofisticados, dirigidos a un uso más efi-
ciente de los recursos escasos. Los jardines se regarán automáti-
camente cuando bajen las demandas del sistema de suministro
de agua; los coches inteligentes podrán tener en cuenta los pre-
cios de los peajes al elegir itinerarios10; los sistemas informáticos
podrán descargar los archivos grandes de Internet en tarifa de
horas valle. Si los problemas técnicos y sociales pueden elimi-
narse de la idea de metainformática (la apropiación automática
de procesadores inactivos de una red para repartirse la carga de
las grandes tareas de la computación) podemos incluso empe-
zar a pensar en Internet como en una enorme red de energía de
cálculo con asignación dinámica de precios a los ciclos de má-
quina11. La inteligencia electrónica, incorporada por todas partes,
crea los interfaces necesarios entre productores y consumidores
y nos permite redefinir cómo funcionan y cómo están organiza-
dos hasta los servicios más rutinarios.
Naturalmente, la propia información digital puede ser el pro-
ducto más adaptado a la asignación dinámica de precios de los
servicios y a la prospección inteligente. El valor de la información
suele decaer con el tiempo; el periódico de ayer no vale tanto
como el de hoy; los datos de las cotizaciones de bolsa son inúti-
les si no son muy recientes, la información médica de urgencia es
ineficaz si no llega a tiempo y cualquier valor que posea un ele-
70 e-topía
Ordenadores para habitar
71
mento de información desaparece rápidamente a medida que se
repite y se distribuye a través de una red. De modo que la asig-
nación dinámica de precios de la información digital distribuida
a través de redes, dependiendo de su oportunidad y de su rele-
vancia en contextos específicos, proporciona una posible solu-
ción a los problemas originados por el fracaso del enfoque de la
"propiedad intelectual" para controlar y comercializar informa-
ción. La idea es cobrar un alto precio por el material absoluta-
mente reciente y dejar el resto más barato o incluso gratis.
Conducta adaptable
Que el funcionamiento de estos sistemas consumidores de recur-
sos inteligentes sea totalmente automático, o que se base en pan-
tallas con información y en atención humana, será sobre todo
una cuestión de preferencias, como la elección entre cambio
manual o automático en el coche. Dependerá de si se disfruta
conduciendo o se quiere dedicar la atención a otra cosa.
No obstante, hay un hecho cierto: nadie quiere programar ni
el más sencillo de los aparatos, como el vídeo, el microondas, el
contestador o la cámara de fotos, y no digamos nuestra casa, la
oficina o el aula. Indudablemente tienen parte de culpa de esta
reticencia los interfaces, notoriamente lamentables, y los incom-
prensibles manuales de instrucciones. Pero hay algo más básico.
No tendríamos-por qué educar explícitamente a nuestros apara-
tos y a nuestro entorno, en absoluto; si fueran realmente tan inte-
ligentes, deberían ser capaces de saber qué necesitamos de ellos
sólo con observamos. Como el mejor de los camareros o de los
asistentes personales, deberían poder anticiparse a nuestras ne-
cesidades incluso antes de que fuéramos conscientes de ellas. Si
no es así, estos complícados artefactos producen más problemas
de los que resuelven.
Entonces, ¿cuán inteligente debe ser una lavadora? Quizá
deberia analizar automáticamente las manchas de la ropa, mez-
clar los productos de limpieza, ajustar el programa de aclarado
y centrifugado y pedir los suministros a través de Internet. Quizá
debería detectar cuándo nos gusta tener la ropa limpia prepara-
da, analizar el comportamiento de los precios de la energía eléc-
trica y, en consecuencia, planificar su funcionamiento.
¿Y qué decir de las paredes? Un tabique inteligente podría
observar nuestras idas y venidas, crear automáticamente mode-
los predictivos de nuestra conducta y hacer que la casa ejecute
en función de ellos sus rutinas de control ambiental. Podría
incluso distinguir entre las diferentes necesidades ambientales
de nuestra hija adolescente y las de nuestra anciana madre y
actuar en cada momento teniendo en cuenta quién estuviera en
casa": Si lograra funcionar bien en ese aspecto, podría satisfa-
cer todas nuestras necesidades de iluminación, calefacción y aire
acondicionado, minimizando inteligentemente al mismo tiempo
el coste energético. Cuanto más tiempo viviéramos en la casa,
mejor nos conocería y mejor cumpliría su misión.
Todo esto es factible si se pueden introducir mecanismos de
aprendizaje automático en espacios y aparatos inteligentes. Una
de las demostraciones más convincentes de las posibilidades,
hasta ahora, es la "casa adaptable" de Michael Mozer en Bouldcr,
Colorado13 La casa de Mozer, en realidad una antigua escuela
reformada, incorpora un elaborado conjunto de sensores que
detectan la temperatura interior, el nivel de luz ambiental. el
sonido y el movimiento habitación por habitación, la apertura y
cierre de puertas y ventanas, las condiciones climáticas del exte-
rior, la temperatura de la caldera y el uso de agua caliente. Su sis-
tema de calefacción, ventilación e iluminación está controlado
por ordenador. Un sistema de red neuronal rastrea el movimien-
to y comportamierito de los ocupantes, predice entradas, salidas
y ocupación de las habitaciones y deduce normas de funciona-
miento que equilibren adecuadamente el confort del ocupante
con el ahorro de energía.
Rediseñando la construcción
Amedida que los edificios evolucionen en la dirección represen-
tada por estas nuevas ideas y estos experimentos pioneros, cam-
biarán los materiales, productos y procesos de la construcción.
El hormigón y el acero seguirán siendo importantes, pero se les
unirán el silicio y los programas.
Los edificios del futuro inmediato funcionarán cada vez más
como enormes ordenadores con multitud de procesadores, me-
moria distribuida, numerosos mecanismos de control y conexio-
72
e-tapia Ordenadores para habitar 73
nes de red para unirlo todo. Extraerán información continua-
mente de su interior y de sus alrededores y formarán y manten-
drán complejos esquemas de información dinámica, que será
suministrada a través de diminutos dispositivos llevados por los
ocupantes, de pantallas y altavoces situados en muros y techos y
de proyecciones sobre las superficies del cerramiento. El diseño
de los programas que gestionen todo esto será un problema muy
importante. El sistema operativo de la vivienda será tan esencial
corno el tejado, y desde luego mucho más importante que el sis-
tema operativo del ordenador.
Una creciente proporción del coste de construcción de un
edificio se invertirá en valiosos subsistemas y componentes
electrónicos informatizados y realizados en fábrica. En contra-
partida, la construcción in situ de la estructura y del cerra-
miento representará una proporción decreciente del coste.
Habrá menos componentes individuales, menos mecanismos
complicados, menos partes móviles que se puedan gastar y
romper, y mucha más dependencia de los programas y de los
circuitos de estado sólido para disponer de las funciones nece-
sarias. Estos nuevos y sofisticados componentes tendrán que
ser modulares y extraíbles para facilitar su adecuada repara-
ción, recambio o actualización; se encajarán en su sitio como
las placas en los ordenadores o simplemente enchufándolos
donde sean necesarios. A medida que aumente la densidad de
los cables y los dispositivos electrónicos se irán pareciendo
más a paneles de circuitos impresos a gran escala que a simples
tabiques.
La miniaturización nos permitirá beneficiamos de las
redundancias. En lugar de basamos en un sólo punto de luz para
iluminar una habitación podernos tener miles de pixels indepen-
dientes; no importa si se funden unos cuantos. Y en vez de colo-
car un gran aparato para la ventilación, podríamos sustituirlo
por tabiques con cientos de turbinas del tamaño de una uña.
Los componentes físicos y los programas se irán volviendo
obsoletos a ritmos diferentes y las estrategias de reparación,
mantenimiento y renovación tendrán que tenerlo en cuenta. El
chasis permanente estará formado por componentes sencillos,
sólidos y de larga duración; en él se insertarán los dispositivos
electrónicos renovables. Los programas se actualizarán automá-
tica y continuamente a través de la conexión a la red. Y los
encargados del mantenimiento utilizarán exhaustivamente la
monitorización a distancia para detectar problemas, analizarlos
y determinar el procedimiento necesario de servicio.
Todo ello supondrá la aparición de nuevos oficios en la cons-
trucción: especialistas en redes. técnicos en equipos informáticos
y expertos en programación se unirán cada vez más a trabaja-
dores del acero y del hormigón, carpinteros, albañiles, pintores,
fontaneros, cerrajeros y electricistas.
La rótula y la autopista de la trrforrnactón
A las distintas escalas consideradas, los espacios inteligentes en-
cajan unos dentro de otros como las muñecas rusas. Forman
jerarquías relacionadas, con intercambios continuos de infor-
mación a través de los puntos de contacto entre los niveles.
Pensemos en el cerebro, en un futuro próximo, como un nú-
cleo rodeado de capas electrónicas sucesivas. La más interna es
nuestra red corporal, que emplea sensores y controles para detec-
tar pequeños gestos y sutiles estados corporales, junto con panta-
llas, altavoces y mecanismos táctiles colocados muy cerca de los
órganos sensoriales a fin de traspasar información en uno y otro
sentido a través de la línea que separa el carbono del silicio.
Nuestra red corporal suele encontrarse situada en el inte-
rior de casas, habitaciones de hotel, oficinas, tiendas, coches,
aviones y otros espacios inteligentes y cableados. Estos lugares
están llenos de puntos de conexión para nuestros dispositivos de
red corporal, ya sean transmisores inalámbricos ya enchufes
para cables, así corno de aparatos de información que recogen
y procesan información de carácter local al mismo tiempo que
importan datos de las redes globales. Humildes precursores de
estos sistemas de información son el receptor de televisión
controlado por el mando a distancia y el teléfono inalámbrico.
Es posible que las pantallas sean más grandes, los altavoces
con más volumen de sonido y los espectadores y oyentes pue-
den ser grupos, además de individuos.
La siguiente capa en la jerarquía es el territorio electrónico
de grupos sociales corno familias, empresas, comunidades uni-
versitarias y asociaciones profesionales. Algunas veces corres-
ponden a territorios físicos, corno en el caso de las redes de área
74 e-topía Ordenadores para habitar
75
local en instalaciones corporativas o en campus universitarios,
pero también pueden estar dispersas geográficamente. El acceso
a estos territorios se puede controlar físicamente o por medio de
contraseñas, cortafuegos y filtros.
Por último, están los territorios a gran escala de los sistemas
celulares terrestres, las huellas de los satélites de comunicacio-
nes geoestacionarios y los sistemas globales de satélites LEO.
Estos sistemas cubren enormes extensiones de tierra y mar y
están transformando rápidamente la superficie total de la nave
Tierra en un lugar inteligente de cobertura total-un mercado, un
sistema de distribución y un ágora global.
Ciudades inteligentes del siglo XX]
Esta proliferación de lugares inteligentes anidados producirán
en algún momento un nuevo tipo de tejido urbano y al final
reformarán radicalmente nuestras ciudades.
En una buena aproximación, los lugares que contiene una
ciudad, las actividades que se realizan en tales lugares y el en-
tramado que resulta de ello derivan su carácter de las posibili-
dades de las redes que les dan servicio!". Al construir sofisticadas
redes de suministro de agua y de alcantarillado, por ejemplo, los
ingenieros de la antigua Roma lograron crear sistemas de alta
densidad de lugares relativamente salubres. Cuando la revolución
industrial trajo las redes de gas y electricidad, las ciudades de
todo el mundo se convirtieron en lugares iluminados y pudieron
ampliar sus actividades a lo largo de todo el día, liberándose de
la antigua dependencia del ciclo diurno. Las calderas y las tube-
rías de agua, vapor y aire caliente permitieron la creación de lu-
gares cálidos centralizados e hicieron mucho más confortable la
vida urbana en los climas frias. En contraste, los acondiciona-
dores de aire conectados a la red eléctrica permitieron que en
ciudades como Phoenix se desarrollaran construcciones de luga-
res frescos descentralizados, entre los cuales la gente se desplaza
en el interior de sus enfriados vehículos. YAlexander Graham Bell
abrió el camino hacia un mundo de lugares conectados.
La civilización también genera descontentos, y cada una de
estas transformaciones ha tenido su lado malo; a corto plazo,
además, el resultado ha sido con frecuencia el incremento de la
diferencia entre los más y los menos privilegiados. Podemos
estar seguros de que los ricos y poderosos han sido siempre los
·primeros en disponer de suministro de agua y saneamiento, luz
eléctrica, calefacción y aire acondicionado eficientes, y teléfo-
no'>. Pero los efectos a largo plazo de estas mejoras ambientales
han servido para mejorar la calidad de vida y pocos de nosotros
quemamos retroceder en el tiempo, ni siquiera los más intran-
sigentes escépticos de la tecnología.
Las redes digitales continúan esta historia. Las ciudades del
siglo XXI se caracterizarán por ser sistemas de lugares inteligen-
tes, serviciales y receptivos, saturados de programas y de silicio,
interconectados e interrelacionados. Nos encontraremos con ellos
a la escala de la vestimenta, de las habitaciones, de los edificios,
campus y barrios, de las regiones metropolitanas y de las infra-
estructuras globales.
5 VlVlENDAS y BARRIOS
La reciente, densa y abundante interconexión proporcionada
por el creciente número de lugares inteligentes, integrados en la
infraestructura en expansión de las telecomunicaciones digita-
les, está cambiando ya la distribución espacial de las actividades
económicas y sociales, y con ello la vida y la forma de nuestras
ciudades, al posibilitar transacciones dispersas y descentraliza-
das entre los individuos y las organizaciones y al facilitar nuevos
sistemas, flexibles y eficientes, de producción, almacenaje y dis-
tribución.
La creación de grandes mercados virtuales de trabajo, servi-
cios y bienes proporciona a los vendedores el acceso a más com-
pradores potenciales y, al mismo tiempo, da a los compradores
más opciones y una información más detallada, precisa y actua-
lizada sobre precios y existencias. Al reformar el sistema de dis-
tribución se modifican también los lugares de consumo. Y, al
apoyar la interacción continua a través de las comunicaciones,
se crean y se mantienen comunidades separadas con prácticas,
intereses, lenguaje y cultura comunes.
¿El abandono del lugar?
Estas nuevas disposiciones nos presentan nuevas opciones, con
frecuencia muy atractivas, y generan evidentemente una enorme
competencia con las empresas y las instituciones tradicionales
basadas en el emplazamiento. ¿Seguimos yendo a la oficina o
.:
78 e-topía Viviendas y barrios
79
empezamos a practicar el teletrabajo? ¿Apoyamos a la libreria
local o pedimos libros a las tiendas en línea? ¿Descargamos ví-
deos de la red para verlos en privado o nos vamos al cine? ¿Dedi-
camos nuestra lealtad y nuestra atención a los amigos y a los
colegas lejanos, conectados electrónicamente, o a nuestros veci-
nos inmediatos, con los que probablemente tenemos menos co-
sas en común?
Los modelos tradicionalmente establecidos de asentamiento
y las convenciones sociales son notablemente resistentes, inclu-
so ante la poderosa presión del cambio; suelen transformarse de
manera lenta, desordenada, desigual e incompleta, y la natura-
leza humana se modifica raramente. Por tanto, el resultado de
esta naciente competencia no será sin más una especie de asom-
brosa Futurolandia, caída del cielo, que todo lo abarca; existirán
montones de especializaciones, contradicciones, caídas y singu-
laridades locales del sistema mundial reconfigurado. Las fuerzas
globales se enfrentarán tensamente con las resistencias locales
La nueva libertad para la ubicación se verá contrarrestada por
las inversiones preexistentes en las localidades concretas. Cier-
tamente seguirán teniendo importancia las. diferencias en topo-
grafía, clima y recursos regionales. Oportunidades tecnológicas
sin precedentes se verán limitadas por un legado histórico bien
arraigado. El desarrollo tecnológico deberá interactuar con los
intereses sociales y políticos, con estrategias económicas y con
valores culturales de manera muy compleja, ya veces hasta sor-
prendente, para generar una rica diversidad de lugares y de co-
munidades.
Viviendas reconfiguradas
La relajación de los condicionantes de la localización gracias a
la interconexión electrónica no nos llevará tampoco al extremo
opuesto. No nos convertirá a todos en nómadas desarraigados,
adictos al móvil y pegados al portátil. Nada más lejos de la rea-
lidad.
La mayoría de nosotros seguiremos deseando poseer lugares
más o menos permanentes y decidiremos vivir en pequeños gru-
pos de aquellos cuya compañía estimamos especialmente: en
pareja, ménage-a-n, familia nuclear, familia ampliada o cual-
quier otra forma de reorganización postnuclear o de invento
extranuclear. El hogar, en nuevas y diversas configuraciones,
estará allí donde se reúnan muchos corazones y será también el
lugar donde terminen muchas otras cosas. Se convertirá en un
renovado foco de atención e innovación arquitectónica a medi-
da que vaya integrando nuevas funciones y servicios.
Mientras que la revolución industrial forzó la separación
entre hogar y lugar de trabajo, la revolución digital los lleva a
unirse de nuevo; veremos una creciente cantidad de trabajo en
casa gracias a la electrónica y, como consecuencia, una enorme
demanda de espacio en el hogar para realizarlo'. Y para quienes
deseen permanecer más tiempo en casa con sus seres queridos,
o se vean obligados a hacerlo por la edad o la enfermedad, el
suministro electrónico de servicios les proporcionará los medios
necesarios, desde tiendas de comestibles en línea a la monitori-
zación médica digital.
Esto no significa que la mayoría de nosotros vayamos a
convertirnos en teletrabajadores en casa a tiempo completo, ni
que desaparezcan sin más los lugares tradicionales de trabajo,
especialmente las oficinas de los centros urbanos". A pesar de
décadas de interés en la posibilidad del teletrabajo, no existe
una verdadera evidencia de que se implantará hasta ese p u n t o ~ .
Pero es cierto que veremos un incremento de los horarios de
trabajo y de los modelos geográficos flexibles, y mucha gente
dividirá su tiempo, en proporción variable, entre el puesto de
trabajo tradicional, las disposiciones de trabajo ad hoc en los
desplazamientos y un puesto de trabajo en el hogar equipado
electrónicamente.
Todo esto es coherente con la necesidad humana básica de
pertenecer a un sitio en particular. No hay razón para creer que
esa necesidad vaya a desaparecer como resultado del aumento
de la interconectivídad electrónica, o que de repente todos los
lugares de la Tierra empiecen a parecer el mismo. No tendremos
un mundo donde no exista un aquí en ninguna parte; más bien
ocurrirá lo contrario. Cuando salgamos de viaje aprovecharemos
cada vez más la tecnología de telecomunicaciones digitales para
mantenernos en contacto más estrecho con los lugares especial-
mente significativos.
Siempre existirá algún lugar al que llamemos "hogar". Y,
cuando estemos lejos, seguiremos llamando a casa.
~ o e-topía Viviendas y barrios
81
Rediseñando la planificación y la zonificación
Las viviendas cableadas del siglo XXI van a necesitar algo más
que espacio adicional para acomodar su más amplia gama de
funciones. Será necesario también rediseñar su subdivisión
interna y la organización de su espacio",
Existe, en concreto, un conflicto potencial entre la idea de la
vivienda como centro de actividad y como refugio, y su solución
va a requerir una cuidadosa planificación. De igual forma habrá
que conciliar la necesidad de privacidad con la presencia de
micrófonos y cámaras de vídeo conectadas en red. Las solucio-
nes provisionales, como la conversión de una habitación libre en
un estudio equipado infonnáticamente, pueden servir por un
tiempo, pero no a largo plazo.
En algún momento tendremos que inventar otro tipo de
vivienda, el equivalente moderno en cierto modo de las barberías
de Little Italy, en cuya trastienda vivia la familia del barbero.
Como prototipo operativo podríamos fijarnos en el machiya' de
los distritos de los artesanos en Kioto, o en las antiguas tiendas
Peranakan de Singapur; donde la familia del comerciante vivía
encima del almacén y la distinción entre espacio de trabajo y zona
de retiro para la vida familiar se mantenía elegantemente gracias
a la separación de niveles. En las ciudades americanas y europeas
los lofts de los artistas nos proporcionan otro modelo útil, demos-
trando las ventajas potenciales de vivir y trabajar en un mismo
sitio.
Siguiendo esta estrategia encontraremos que hay nuevas
maneras de sacar partido de las economías de escala. Igual que
los grandes edificios de apartamentos tradicionales se permitian
el lujo de mantener gimnasios y porteros, los complejos de tra-
bajo y vivienda podrán proporcionar recepcionistas, salas de
conferencias y equipo especializado que de otra forma no esta-
rfa disponible en una oficina doméstica.
También tendremos que volver a examinar el tradicional
planteamiento de zonificación de usos del suelo, que supone
que los lugares de trabajo generan ruido, tráfico y contamina-
ción, de ahí que deban separarse drásticamente de las zonas
residenciales. El trabajo basado en las telecomunicaciones no
ocasiona esos efectos indeseables y por ello permite la posibili-
dad de entretejer el espacio vital y de trabajo de una manera
mucho más fina, convirtiendo un problema de mapas en un
problema de planos.
En otras palabras, hay que dar la vuelta a la estrategia están-
dar de planificación de usos del suelo en la ciudad industrial. A
escala urbana, el lugar de trabajo y la vivienda ya no tienen por qué
estar en zonas separadas; de hecho, debería fomentarse su interre-
lación. Pero, dentro del hogar, donde se vive y se trabaja, la necesi-
dad de la separación aparece de nuevo. _
Sociologia de un hábitat cableado
,
En el extremo superior de la cadena socioeconámica de la ali-
mentación, en muchas partes del mundo, la demanda de este tipo
de espacios de vivienda y trabajo con un gran nivel de equipa-
miento será impulsada probablemente por nuevos cambios en la
composición de la fuerza de trabajo. En concreto, si de manera
optimista asumirnos que las barreras se van a hacer añicos y por
tanto un creciente número de mujeres va a ocupar puestos de res-
ponsabilidad, de alto nivel, será cada vez más difícil sostener la
tradicional distinción espacial y temporal entre el papel domés-
tico y el profesional. Surgirá la necesidad cada vez mayor de ho-
rarios y de condiciones de trabajo flexibles para aquéllos, tanto
hombres como mujeres, que cuiden de los niños y de los ancia-
nos, o cuyo trabajo les obligue a actuar en distintos husos hora-
rios. Y, a medida que envejecen los nacidos después de 1945, sin
jubilación obligatoria que los retire de la fuerza de trabajo, exís-
tirá una creciente demanda de estructuras que les permitan el tra-
bajo parcial permanente como consultores o contratados, .
En el extremo inferior, por el contrario, los que se benefician
más directamente son los empresarios. El hábitat de vivienda y
trabajo traslada la responsabilidad y el coste de mantenimiento
del lugar de trabajo del empresario al empleado y dificulta la
vigilancia del cumplimiento de las condiciones del trabajo a sin-
dicatos e inspectores de la administración. En el extremo, se
puede llegar a tal situación que el trabajo en casa se convierta en
un sistema de explotación".
Por suerte o desgracia, por tanto, la vivienda jugará un papel
más importante que nunca en nuestra vida. Nuestras relaciones
íntimas, directas e intensas con confidentes, amantes, padres,
e-topía Viviendas y barrios 83
hijos, hermanos, compañeros de mesa, de cuarto de baño o de
cama y con quienes nos proporcionan la comida -aquellos que
los sociólogos denominan nuestras relaciones sociales prima-
rias- es probable que se sigan manteniendo cara a cara y en un
entorno doméstico". Con seguridad, unas mejores comunicacio-
nes, junto a un transporte rápido y eficiente, proporcionan la
posibilidad de mantener desde la distancia nuestras relaciones
primarias establecidas; las familias extensas que están dispersas
pueden estrechar sus lazos, los romances a distancia tienen más
posibilidades de éxito y los viajeros ya no deben sentirse tan
fuera de contacto. Pero el impacto de las telecomunicaciones,
aquí, es sobre todo crear una penumbra de interacción, una
ampliación descentralizada de los contactos cara a cara en lugar
de un sustituto.
La atracción local manda
La diseminación por todas partes de los espacios de vivienda y
trabajo es una de las consecuencias lógicas de la disminución de
la necesidad de ubicarse cerca de los lugares de trabajo y de ser-
vicios debida a la electrónica. El urbanista iconoclasta Melvin
Webber apuntó esta posibilidad en los años sesenta: "Por prime-
ra vez en la historia, seria posible vivir en la cima de una monta-
ña y mantener un verdadero contacto, cercano y en tiempo real,
con el trabajo o con otras empresas. Cualquier persona integrada
en la red de comunicación global tendria vinculas similares a los
habituales actualmente en cualquier región metropolítana'". A
partir de ello es fácil conjurar las heladoras visiones de la disolu-
ción urbana en interminables suburbios indiferenciados.
Pero, ¿por qué ibamos a elegir precisamente la cima de esta
montaña? Posiblemente a causa de la belleza de su panorama. Si
no somos ni ermitaños ni psicópatas tipo Kaczynski, ¿no prefe-
riríamos vivir en el extremo inferior del telesilla antes que en la
cumbre de la montaña? Sólo hay que reflexionar un momento
para darse cuenta de que libertad de ubicación no supone indi-
ferencia de ubicación.
Más concreta¡nente, las ventajas o desventajas de una zona
residencial específica son una combinación de su atracción local
física, económica y cultural, junto con el coste -íncluyendo el
coste del tiempo- del acceso a los destinos y a los servicios nece-
sarios'. La gente busca compromisos; se puede aceptar un lugar
residencial poco atractivo porque interese su accesibíhdad al
puesto de trabajo, o aceptar el tiempo y el coste de los desplaza-
mientos adicionales como precio por vivir en un lugar atractivo.
Por tanto, confiar menos en la cercanía inmediata y ser capaces
de mantener relaciones remotas más eficaces gracias a trans-
portes y telecomunicaciones eficientes supone simplemente que
el atractivo y las desventajas locales pesan más que la accesibili-
dad. Si podemos ubicarnos en cualquier parte, iremos a lugares
agradables o cultural mente más estimulantes, o quizá donde se
pueda trabajar con más eficacia.
Es de esperar, por tanto, que las localidades capaces de impo-
nerse a las demás por su magnífico clima, sus vistas espectacula-
res o sus atractivas oportunidades recreativas atraerán no sólo a
los que van de vacaciones sino también a un nuevo tipo de resi-
dentes permanentes, los que pueden trabajar en cualquier parte
mediante conexiones electrónicas y pueden permitirse el precio
de los mejores sitios. Los sitios como Aspen, Tellurides, Malibú,
Lugano o Tahití tenderán a atraer poblaciones de teletrabajado-
res de elite en sectores como las finanzas, el diseño de programas
o la creación de guiones para la industria del espectáculo10.
De igual forma, las ciudades y los pueblos con entornos
arquitectónicos y tradiciones culturales singulares pueden bene-
ficiarse de la nueva libertad de ubicación. La maravillosa y anti-
gua ciudad de Venecia, por ejemplo, ha ido perdiendo población.
porque no tiene espacio para industrias y edificios de oficinas'
(las más cercanas están al otro lado de la laguna, en Mestre) y
la industria turística no puede generar la suficiente actividad
económica para compensarlo. Pero su atractivo' característico e
irrepetible permanece y puede integrar una infraestructura de
telecomunicaciones moderna más dignamente de lo que podría
haberse adaptado a las exigencias de la revolución industrial;
tiene, por tanto, la oportunidad de atraer a teletrabajadores libe-
rados y de reestructurar sus famosos banios de una forma revi-
talizada, propia del siglo XXI. Desde Bath a Savannah, muchas
ciudades y barrios, históricamente valiosos pero económica-
mente marginados, tienen un potencial similar.
Cuando todo cambia, el principio de referencia inmobiliario
es el siguiente: las redes de telecomunicaciones pueden añadir
84 e-topía Viviendas y barrios
85
mucho valor a las localidades donde deseen vivir lar personas
con mayor capacidad económica, ya que pueden eliminar los
obstáculos que les habían impedido hacerlo en el pasado. Pero
no pueden aportar mucho a los sitios que no tengan un atracti-
vo intrínseco, ni pueden ayudar a quienes se encuentran atrapa-
dos en zonas marginadas, sin servicios, y que son demasiado
pobres para cambiarse.
Renuc1eación
Puesto que los lugares con atracciones culturales, sociales y
escénicas se distribuyen de manera muy desigual en el espacio,
seguirá habiendo asentamientos que se configurarán alrededor
de ellos. La liberación electrónica de las tradicionales exigencias
de proximidad puede provocar ciertos reajustes urbanos, quizás
importantes, pero es más que improbable que terminen en una
dispersión aleatoria o en una descentralización desenfrenada.
Seguirá existiendo una división espacial del trabajo, dentro de la
cual distintas localidades representarán diferentes papeles espe-
cializados en función de sus ventajas comparativas. Las cosas
seguirán teniendo su lugar. Y seguirá siendo posible describir
barrios, ciudades, regiones y naciones en términos de conjuntos
característicos de actividades económicas.
Las atracciones locales y las pautas de actividad correspon-
dientes suelen ser, por supuesto, construcciones sociales, el
resultado de grandes procesos históricos contingentes que han
concentrado individuos, instituciones, riqueza, infraestructura
física y edificios en lugares concretos. Se podría argüir, sin duda,
que no eran inevitables, pero eso no los hace menos reales o
necesariamente menos duraderos. Lugares como Wall Street, la
City de Londres, Hollywood, Bollywood y Silicon Valley seguirán
atrayendo a los que quieren estar donde está la acción y que
aspiran a vivir en una ubicación privilegiada.
En realidad, el efecto de esta disminución de interés en la
cercanía puede consistir incluso en una mayor centralización de
determinadas actividades en este tipo de lugares. La elite que
controla la economía global y se beneficia más directamente de
ella querrá agruparse en lugares atractivos y llenos de vida. La
dispersión geográfica de empresas y la concentración de la pro-
piedad, el control y la acumulación de beneficios pueden acabar
siendo dos caras de una misma moneda.
Barrios electrónicos veinticuatro horas al día
Un posible resultado de todo ello, donde la zonificación y las demás
políticas lo permitan, son agrupaciones del nuevo tipo de espacios
de vida y trabajo en comunidades activas las veinticuatro horas del
día que combinen con eficacia el atractivo local con la conexión glo-
bal. Estas residencias electrónicas independientes, pero no aisladas.
serán las unidades verdaderamente interesantes del tejido urbano
del siglo XXI. Y es posible que adopten formas muy diferentes.
Algunas ciudades dormitorio anteriores podrán seguramen-
te aprovechar el hecho de que no van a estar medio vacías en las
horas entre la ida y la vuelta del trabajo y podrán reestructurar-
se alrededor de servicios locales nuevamente viables, como cole-
gios de barrio, centros de día para niños y ancia,:,os, de
negocios, tintorerías, instalaciones deportIvas y gimnasios,
terias y restaurantes!'. Es posible que el centro de algunas
dades conserve su vitalidad si logra atraer una mayor población
"residente, junto con los servicios que ello requiere, y así no que-
dará vacía después de las horas de oficina. Esto puede implicar
hi conversión al uso residencial de antiguas oficinas, almacenes
o espacios de industria ligera. y algunos antiguos complejos re-
creativos, en lugares de interés paisajístico y cultural, podrán
atraer una población permanente de teletrabajadores.
En una irónica vuelta al pasado, algunos colegios mayores Y
universidades reconocerán que su antiguo modelo de espacios
para vivir y para trabajar, agrupados alrededor de instalaciones
comunales, como laboratorios y aulas, no es un anacronismo,
sino un interesante modelo para el futuro. Estas mstítuciones no
se fragmentarán en empresas descentralizadas de educación a
distancia, como se ha sugerido, sino que, por el contrario, bus-
carán la diferenciación y competirán por los mejores talentos
potenciando una comunidad intensa, cara a cara, de ambiente
agradable, vinculada mediante unos enlaces electró,:,ic<:lS eficien-
tes hacia un mundo más amplio. Estas torres de silicio estarán
simultáneamente más concentradas y más conectadas que los
campus del pasado reciente.
86
e-tapia Viviendas y barrios 87
Relaciones secundarias redistribuidas
En todos estos casos, el impacto social de reestructurar las ruti-
nas de vida y trabajo consiste principalmente en la redistribu-
ción y la reubicación de nuestras relaciones sociales secundarias
-Ias que tenemos con quienes vemos con regularidad y cuyo nom-
bre y cuya cara conocemos, pero con los que no estarnos tan
.como con nuestras relaciones primarias-; esto
Incluye las relaciones con nuestros amigos y conocidos, compa-
ñeros de trabajo y gente del comercio. En las relaciones secun-
darias, como señalan los sociólogos, nos relacionamos con la
gente en uno de sus roles específicos, sin interactuar con la per-
sona completa.
Los pueblos y las ciudades preindustriales descansaban en
gran medida sobre unas estructuras de este tipo de relaciones,
por supuesto, y tendían a concentrarlas localmente, dentro de
barrios. En las ciudades de la era industrial estas relaciones
seguían siendo importantes, pero estaban mucho más disper-
sas, a todo lo largo del tejido urbano; los ciudadanos de mayor
movilidad creaban estas relaciones en el lugar de trabajo y en
los puntos de contacto con las organizaciones y los sistemas que
eran importantes en su rutina diaria. Es más, como han señala-
do muchos autores, la existencia misma de una vida urbana
pública ha dependido de las oportunidades casuales de forma-
ción de relaciones secundarias que sobrepasen los límites socio-
culturales12. Si alguien no tiene ese tipo de relaciones es que
vive en un grupo de interés o en: una institución, no en una ciu-
dad real.
En las nacientes comunidades de la era electrónica digital,
activas las veinticuatro horas del día, se transformaran una vez
más los modelos y el efecto, de la red, será complejo. Algunas
relaciones sociales secundarias desaparecerán sin más, igual que
los sistemas electrónicos sustituyen al cajero del banco, al
empleado de la tienda y otros trabajos parecidos. Pero otras se
reforzarán a nivel de barrio, a medida que se revitalice la vida
local; gran parte de la gente que conozcamos será residente pró-
ximo. Otras relaciones se seguirán creando y manteniendo en la
distancia a través de una mezcla de interacción electrónica y
reuniones ocasionales en persona. Podemos observar, por tanto,
que la integración social mediante relaciones sociales secunda-
nas ocunirá, simultáneamente, a escalas menores y mayores
que las que caracterizaron a la era industrial. Y las oportunida-
des y limitaciones se generarán a partir de una combinación de
fronteras y de lugares electrónicos y tangibles.
Revitalización de la vida local o el fantasma de la
ciudad dual
El retorno de las actividades al hogar, gracias a la electrónica, y
la formación-de comunidades de escala peatonal, activas a lo
largo de todo el día y llenas de posibilidades para el estableci-
miento de relaciones sociales secundarias, crea potencialmente
las condiciones para una vida local comunitaria vigorosa y para
la construcción de un capital social y cultural de una forma que
parecía perdida13•
En el escenario más optimista, estos nuevos modelos re-
crearán lo mejor de las pequeñas ciudades y comunidades del
viejo estilo -las cualidades celebradas por Jane Jacobs en The
Death and Lile al Great American Cities, que han sido tan obsti-
nadamente buscadas en la línea neotradicional por los Nuevos
Urbanistas y tan perseguidas por progresistas orientados a la
sostenibilidad como Richard Rogers-!". Es posible que a veces
logren generar centros puntuales de actividad económica y cul-
tural especializada, como las comunidades loit-multimedia que
han surgido en la zona de Silicon Alley, en Nueva York, y en
South of Market Street, en San Francisco!",
Quizá sea esta la mejor conclusión del debate, cada vez más
estridente, entre los que defienden la globalización y los que abo-
gan por la cultura local y la identidad regional: unidades politicas
y administrativas que puedan funcionar tanto local como global-
mente. Pero, mientras las localidades se adaptan a las nuevas con-
diciones y demandas, con diversos grados de éxito, habrá perde-
dores y ganadores. La mayor parte de las viviendas existentes no
serán adecuadas para la integración del espacio de trabajo. Las
comurridades con menores ingresos pueden atraer menos inver-
sión en nuevas infraestructuras de telecomunicaciones y, en cual-
quier caso, carecerán de gente con la educación y motivación nece-
sarias para obtener beneficios de dicha infraestructura. A muchos
suburbios les resultará difícil adaptarse a la actividad continua dia
88 e-tapia Viviendas y barrios
89
y noche. y a muchos centros urbanos les faltará el atractivo nece-
sario para hacer venir residentes permanentes. Estos lugares expe-
rimentarán el lado malo de la revolución digital.
En particular, existe el evidente y grave peligro de que esta re-
configuración de modélos urbanos favorezca aún más la concen-
tración de la gente más acomodada, dejando a los pobres en los
lugares con los peores trabajos y servicios". Actualmente, por ejem-
plo, los ejecutivos más importantes de Silicon Valley viajan en co-
ches con aire acondicionado desde sus urbanizaciones residenciales
cerradas hasta sus lugares de trabajo, protegidos con guardias en
la entrada, apenas sin darse cuenta de que atraviesan zonas mar-
ginadas y dominadas por la delincuencia, como East Palo Alto. Y
si se dan cuenta, probablemente bajarán los seguros de las puertas.
Las áreas urbanas bien podrían seguir cuajando en comuni-
dades cerradas, más introvertidas y prósperas, entremezcladas
con "agujeros negros" de falta de inversión, abandono y pobre-
za, especialmente si, como parece sugerir la irrefrenable lógica
del mercado, las comunidades con bajos ingresos resultan ser las
últimas en conseguir una infraestructura digital de telecomuni-
caciones y sin capacidad para utilizarla con eficacia. Tal como
ha advertido enérgicamente Manuel Castells, podríamos termi-
nar con ciudades duales: sistemas urbanos "polarizados espacial
y socialmente entre grupos y funciones de alto valor añadido,
por un lado, y grupos sociales devaluados y espacios degrada-
dos, por el otro"!'. La regresión de oportunidades de.contacto a
través de los límites de unidades cada vez más aisladas podría
causar ciertamente una atrofia de la vida pública, y con el tiem-
po tendríamos que enfrentarnos a la combínación explosiva de
zonas urbanas deterioradas y marginadas rodeadas por territo-
rios de supervivientes psicópatas atrincherados en sus aíslados
fuertes electrónicos.".
Para los polítícos y los planificadores, el alejamiento del pro-
ceso hacia la ciudad dual requíere la búsqueda de políticas que
generen un nivel aceptable de igualdad social. Para los arquitec-
tos y los urbanistas la tarea complementaria es la creación de un
tejido urbano que ofrezca oportunidades a los grupos sociales
para que se mezclen y se superpongan, ¡"n lugar de mantenerse
aislados por la distancia o por muros defensivos -el portátil en
el café de la plaza en lugar del ordenador en la urbanización pro-
tegida.
¿Construiremos... ?
En última instancia todo depende de una opción política y social
básica. .Para qué vamos a utilizar las multifacéticas y a veces
contradJbtorias posibilidades de la tecnología digital? ¿La em-
plearemos, como es posible, para ayudar a la revitalización de
comunidades a pequeña escala y para fortalecer la interconexión
y la interacción social? ¿O se convertirá en un medio para que la
élite acomodada huya de los problemas de la ciudad y constru-
ya enclaves aislados y privilegiados, abandonando a su suerte a
los 'menos afortunados? Aunque nuestras opciones no sean del
todo libres, el resultado no está tecnológicamente predetermina-
do ni viene impuesto categóricamente por los modelos geográfi-
cos existentes y por el legado de la historia".
Al crear sus viviendas y sus barrios, los habitantes encon-
trarán los medios para apropiarse de la tecnología y transfor-
marla de distintas maneras, exactamente como se hizo con la
energía eléctrica y con el teléfono"; A medida que las zonas
urbanas existentes vayan aceptando la revolución digital y que
las nuevas construcciones respondan a sus demandas, iremos
viendo aparecer los escenarios positivos y los negativos, en dife-
rentes contextos geográficos y sociales, en distintos entornos de
políticas públicas y como resultado de los diferentes esfuerzos
empresariales y de diseño.
Lo más importante es que este compromiso creará oportu-
nidades para intervenciones públicas y para diseños positivos.
Podemos establecer una diferencia, tal como hicieron otros indi-
viduos, idealistas y llenos de recursos, al afrontar las transfor-
maciones urbanas del pasado.
6 LUGARES DE ENCUENTRO
¿Dónde nos reuniremos?
¿Qué tipo de lugares de encuentro, plazas, foros y mercados
surgirán en un mundo dominado por la electrónica? ¿Cuál será en
el siglo XXI el equivalente a la reunión en tomo al pozo, al aparato
enfriador de agua, al ágora griega, al foro romano, al prado comu-
nal, a la plaza del pueblo, a la calle mayor y al centro comercial?
Lugares de encuentro en linea
Muchos de estos lugares de encuentro serán virtuales. Los ami-
gos, la familia, los colegas del trabajo, los estudiantes y los miem-
bros del mismo grupo de trabajo o de interés se comunicarán
entre sí cada vez más a través de programas que crean lugares en
línea de acceso público.
Todos ellos harán un uso creciente de sistemas de correo
electrónico, listas de correo, grupos de noticias, espacios de con-
versación, páginas web, directorios y motores de búsqueda,
audioconferencia, videoeonferencia, mundos virtuales en línea
cada vez más elaborados, llenos de avatares, y entornos infor-
matizados que ni siquiera podemos imaginar todavía. Algunos
de estos lugares de encuentro virtuales serán dominios privados
de grupos especiales bien definidos; algunos estarán discreta-
mente fuera de la vista y otros serán declaradamente clandesti-
nos; otros serán verdaderos espacios públicos en principio, al
menos, abiertos a todos.
92
e-topía Lugares de encuentro 93
Mientras que el éxito de un lugar físico de encuentro depen-
de de su centralidad dentro de zonas densamente pobladas, el
sitio virtual no lo necesita. Por ejemplo, una casa tradicional de
subastas es un lugar convenientemente situado donde los com-
pradores y vendedores se reúnen, en un horario convenido, para
negociar los precios y realizar transacciones; la participación en
las subastas queda limitada por la accesibilidad. Pero un sitio de
subastas en línea, como eBay.com, pone 'en contacto a compra-
dores y a vendedores muy díspersos que de otra forma jamás
habrían tenido la oportunidad de encontrarse, está disponible
para el habitante de una ciudad de Maine o de un pueblo de
Texas, o para los que viven en Manhattan, y funciona perma-
nentemente y de manera no simultánea.
A medida que el desarrollo de la tecnologia de implementa-
ción ha ido perdiendo restricciones, los diseñadores de estos lu-
gares virtuales de encuentro han experimentado con diversos
formatos y en el proceso se han planteado algunas cuestiones
fundamentales. ¿Cuándo es necesario que la comunicación sea
simultánea y cuándo no debe serlo? ¿Cuándo debemos utilizar la
voz y cuándo es suficiente con el texto? ¿Cuándo se debe mante-
ner el anonimato y cuándo es conveniente que los participantes
se identifiquen? ¿Cuándo basta con un simple identificador y
cuándo necesitamos representaciones más elaboradas o imáge-
nes reales en video? ¿Cuándo debe desarrollarse la interacción
en una secuencia unidimensional, como el texto de una obra
cuándo deben los protagonistas ocupar una superficie bidimen-
sional, corno en una viñeta de cómic1 y cuándo deben los avata-
res deambular en espacios tridimensionales?
¿Qué imágenes y qué precedentes deben orientar el dise-
ño? ¿Deben los sitios virtuales de dos o de tres dimensiones
parecerse a lugares del mundo físico o, en un dominio que
carece de materialidad, gravedad y clima, deben ser totalmen-
te diferentes?'
Y, quizá lo más importante, ¿quién los financiará, quién los
controlará y quién tendrá acceso a ellos? ¿Consistirán en una
propiedad pública compartida universalmente, como las calles de
la ciudad? ¿Serán lugares comerciales pseudo públicos, como los
parques temáticos y los centros de compras? ¿o serán como clubs
privados, con el equivalente electrónico de los porteros de segu-
ridad en la puerta para controlar el paso?
'.
La experiencia demuestra, sin embargo, que poner nuestros pen-
samientos en línea no en lo mismo que poner nuestro cuerpo en
la línea enlugares como el Foro de Roma, Hyde Park Comer, la
plaza de Tiananmen o el paseo de Venice Beach. Esto tiene sus
ventajas y sus riesgos.
Como es obvio, los sitios de reunión en línea aíslan del ries-
go físico; no podemos ser golpeados por quienes se ofendan por
nuestras opiniones; no hay atracadores ni policías con porras;
no tenemos que enfrentarnos cara a cara con mendigos agresi-
vos o con enfermos mentales. A veces, esto da lugar a un terreno
que favorece intercambios positivos que de otro modo no ocu-
rrirían;.por ejemplo, en Santa Mónica, California, la red cívica
PEN, a la que se puede acceder desde viviendas y oficinas priva-
das o desde kioscos en lugares públicos, ha proporcionado un
lugar agradable y seguro para que se abra un diálogo entre la
población sin hogar y sus conciudadanos más afortunados. En
lugar de rastrear la sección de contactos personales del New York
Review of Books o del Boston Phoenix, los corazones solitarios
aventureros pueden intentarlo con jailbabes.com, un servicio de
búsqueda de amigos por correspondencia y de solteros para
mujeres "confinadas en prisiones e instituciones correccionales
de todo el país". Y es aún más impresionante la posibilidad de
que ciudadanos de naciones hostiles, que no tienen un espacio
físico donde coincidir, puedan encontrar a menudo suelo neutral
en el ciberespacio.
Además, no es obligatorio dar a conocer los indicadores
normales de edad, género y raza; uno se puede ocultar tras un
indicador o avatar, inventándose fácilmente disfraces o repre-
sentando un papel. Por eso muchos' sitios en línea son como
bailes de máscaras o fiestas de carnaval; proporcionan una
oportunidad socialmente útil y bien delimitada para experi-
mentar con la representación personal y con identidades alter-
nativas, así como para ponerse temporalmente en el lugar de
otros.
Pero todas estas posibilidades liberadoras pueden ponerse
también al servicio de usos menos deseables. El anonimato y la
reducida probabilidad de castigo pueden fomentar la agitación y
Ia violencia. Los charlatanes pueden decir tonterías sin fin desde
94
e-topia Lugares de encuentro 95
la ciber-tarima; y los disfraces pueden encubrir timadores y de-
predadores.
Por tanto, considerar los lugares de encuentrb en línea como
sustitutos directos de los lugares físicos es demasiado simplista.
En su lugar, deberíamos entenderlos corno nuevos y útiles com-
ponentes para el repertorio de arquitectos y urbanistas, con sus
ventajas y sus inconvenientes, que los hacen adecuados para
ciertos propósitos, pero no para otros.
Un cambio de escala
Cualesquiera que sean sus normas y formas, y que probable-
mente seguirán siendo muy variadas, los lugares de encuentro
en línea permitirán que los círculos de relaciones sociales indi-
rectas se amplíen'. Gran parte de esas relaciones indirectas serán
de carácter terciario, es decir, con instituciones y burocracias más
que con personas particulares con nombre y apellidos. Cuando
se adquiere un libro a través de una librería en línea, por ejemplo,
no se llega a conocer a nadie personalmente, pero uno queda
vinculado económicamente con los empleados anónimos de esa
empresa.
En otras palabras, podremos mantener contactos de diversas
formas con muchas más personas, que podrán estar desperdiga-
das por las zonas más extensas. Según los cálculos de Michael
Dertouzos, en un pueblo, andando, se podría acceder rápidamen-
te quizás a unas doscientas personas; el automóvil multiplicó esa
cifra por unfactor de mil. Actualmente, las redes informáticas la
multiplican otra vez por mil, acercándose a unos doscientos mi-
llones'. Podremos cuestionar la precisión de los números, pero el
orden de magnitud es seguramente correcto.
En este contexto, no podemos contar con los contactos per-
sonales reiterados, corno hacían tradicionalmente los habitantes
de los barrios y de las ciudades pequeñas, para alcanzar la con-
fianza de la que depende la vida comercial y la intelectual. Tam-
poco podernos aprovecharnos de las referencias arquitectónicas
familiares; por ejemplo, la elegante fachada de piedra de la su-
cursal local del banco, con sus reconfortantes connotaciones de
solidez, permanencia y fiabilidad, se ha visto reemplazada por el
interfaz de un "banco en casa" o de un sistema de gestión finan-
ciera, Por tanto, corno han entendido rápidamente los expertos
del mercado de Internet, las marcas comerciales de prestigio jue-
gan un papel cada vez más importante. Para una empresa que
ofrece bienes y servicios, mantener el valor de la marca en la
autopista de, la información sirve esencialmente para lo mismo,
en un contexto mucho más amplio, que disponer de unas ofici-
nas representativas en la calle principal".
Las telecomunicaciones digitales amplían e intensifican así
el impacto anterior de las redes de transporte, los sistemas de co-
rreo, el telégrafo y el teléfono. Sirven corno mecanismo de inte-
graciéln económica y social a gran escala geográfica y trascienden
las tradicionales divisiones políticas. Favorecen las relaciones
sociales terciarias y el mecanismo asociado de intermediación y
creación de marcas. Manuel Castells ha sugerido que puede ser
también "un poderoso medio para reforzar la cohesión social de
la élite cosmopolita, proporcionando un soporte material al sig-
nificado de una cultura global, desde la elegancia de las direc-
ciones de correo electrónico a la rápida circulación de mensajes
de moda'",
Todo esto habría escandalizado al viejo y gruñón Thoreau,
quien, anclado en una concepción decimonónica de la comuni-
dad local, escribió en 1854: "Tenemos una enorme prisa por
construir un telégrafo magnético desde Maine hasta Texas; pero
puede que Maine y Texas no tengan nada que comunicarse'".
Ahora sabernos que sí tenían mucho que decirse.
Fronteras i"lvisibles
Paradójicamente, sin embargo, este efecto globalizador viene
acompañado por la aparición de nuevas líneas divisorias, aun-
que menos visibles. Para entender por qué, pongamos las cifras
de Dertouzos en perspectiva: si alcanzamos una cierta edad,
habremos estado despiertos aproximadamente medio millón de
horas. Si nuestro mundo de interacción lo situamos a escala de
pueblo, cada miembro del mismo consigue, de media, unas dos-
cientas horas de nuestro tiempo. A escala de automóvil la cifra
desciende a dos horas cada uno y a escala de red informática glo-
bal se reduce a menos de diez segundos. Es obvio, por tanto, que
la atención se convierte en un recurso escaso y es esencial un
96
e-topía Lugares de encuentro
97
mecanismo de intervención para gestionarla si no queremos ver-
nos abrumados por la magnitud de la escala a la que está empe-
zando a funcionar la sociedad global regida por la electrónica.
Este papel crucial lo juegan las listas de correo, grupos de
noticias, servicios personalizados de noticias, filtros de informa-
ción de diversos tipos, agentes informatizados y otros mecanis-
mos para mantenimiento y gestión de las relaciones en línea.
Suelen proporcionar un medio razonablemente eficaz para la
conexión entre personas de mentalidad parecida, más que para
contrastar diferencias. Por supuesto, dan la bienvenida a este
medio los publicistas, los activistas políticos y otros muchos que
tienen mensajes que difundir, porque segmenta eficientemente
el público y el mercado'. Por tanto, tienden a reforzar las divi-
siones socioculturales y las identidades por categorías, como
profesionales especializados por áreas académicas, miembros de
las sectas religiosas, personas que comparten una determinada
identidad sexual, promotores de causas políticas, afectados por
enfermedades especificas, dueños de cocker spaniels, especialis-
tas en Linux, gente que vuela con frecuencia, vendedores de
Buick, fumadores de puros, seguidores de Star Trek, coleccio-
nistas de Barbies y muchos otros",
Por tanto, es demasiado simplista equiparar comunicación
con comunidad, a pesar de que compartan una misma raíz lati-
na, y concebir el ciberespacio como una especie de enorme
prado comunal en el cielo. El impacto de la interacción en línea
es variado, complejo y a veces contradictorio social y cultural-
mente; al mismo tiempo que rompen ciertas categorías y límites
establecidos, los lugares de encuentro virtuales pueden reforzar
,
otros e Incluso generar algunos nuevos. y están creando una
situación en la que los individuos se sitúan no tanto como miem-
bros de formaciones cívicas separadas y bien delimitadas, sino
como puntos de intersección de múltiples comunidades de cate-
gorías espacialmente difusas.
Lo virtual complementa lo físico
Claro que el tiempo empleado en relacionarse en línea es tiempo
que no se emplea en otra cosa. Tras esta observación, es fácíl lle-
gar a la conclusión de que la navegación por el ciberespacio sus-
tituye la interacción social cara a cara en los lugares públicos,
más deseable} con familia, amigos, vecinos y desconocidos, esta
opinión es defendida por ex-adictos, individuos con sobredosis
de pantallas y cascarrabias hartos de ordenadores'. Nos pintan a
todos acurrucados en casa, en ropa interior, enviando y recibien-
do mensajes de correo electrónico. En este panorama neo-dur-
kheimiano la anomia domina como nunca!".
Pero este razonamiento depende de la cuestionable idea de
que nuestra capacidad de interacción social es fija y que por
tanto se trata de un juego de suma cero: si dedicamos nuestra
atención a ciertas oportunidades sociales, descenderá en la mis-
ma medida nuestra atención a otras. Sin embargo, existe una
evidencia cada vez mayor de que las comunicaciones electróni-
cas aumentan nuestra capacidad global de interacción social,
cambiando la estructura del juego de una forma compleja. Las
consecuencias están lejos de ser sencillas.
Parece, por ejemplo, que las llamadas "comunidades virtua-
les" funcionan mejor cuando se añade la posibilidad de encuentros
ocasionales cara a cara y que la interacción en línea estimula en
realidad la demanda de encuentros y de lugares de reunión más
convencionales. En su gráfico informe sobre Well, la comunidad
en línea pionera, Howard Rheingold observó: "Well me pareció
una auténtica comunidad desde el principio porque estaba situa-
da en mi mundo fisico cotidiano. Los habitantes de Well que no
viven en el área de la bahía de San Francisco ven limitada su
capacidad para participar en las redes locales de relaciones per-
sonales. Hasta ahora he asistido en la vida real a bodas de habi-
tantes de Well, a nacimientos e incluso a un funeral" 11 Stacy
Horn, fundadora de Echo, en Nueva York, ha sugerido también:
"Si alguien con quien hablas en línea te parece algo interesante,
te apetece quedar con esa persona. No se trata tanto de ver su
aspecto, sino simplemente que quieres estar con él en carne y
hueso. No sólo me gusta hablar de cine con la gente, también me
gusta ir al cine con la gente"!",
En un contexto más amplio, el crecimiento de las telecomu-
nicaciones durante los ochenta y los noventa ha venido acompa-
ñado -paradójicamente, al parecer- por una creciente demanda
de instalaciones para reuniones en los hoteles y de centros de
convenciones. Parte de esta demanda, sin duda, se ha debido a la
expansión económica general, pero otra gran parte es conse-
98
e-topia Lugares de encuentro 99
cuencia de un comportamiento característico de las empresas,
organizaciones profesionales y grupos de intereses comunes que
están geográficamente descentralizados; se crean y se mantienen
a través de la comunicación electrónica, pero más tarde se dan
cuenta de que necesitan una reunión anual cara a cara para re-
frescar las relaciones entre los miembros y para restablecer la
confianza y la seguridad. Yviceversa, el contacto personal en estas
reuniones estimula la consiguiente telecomunicación. Ambas es-
tán inextricablemente entrecruzadas.
La comparación de las estadisticas de demanda de las tele-
comunicaciones y del transporte describe una historia similar.
Generalmente las dos marchan en paralelo". Es lógico que si se
realizan numerosas llamadas de larga distancia, es probable que
tengas que volar también a unas cuantas reuniones cara a cara.
Cuando realmente se necesita, se puede obtener una gran canti-
dad de ancho de banda transportando directamente cabezas uni-
das a cuerpos humanos.
Conectividad y sociabilidad
Estas interacciones de lugares de encuentro virtuales y físicos se
desarrollan de forma diferente cuando la conectividad electróni-
Ca es escasa y cuando es abundante. Y la ubicación de los pun-
tos de conexión es importante.
. Cuando el MIT creó su red informática pionera Athena, por
ejemplo, las estaciones de trabajo eran pocas y caras, y por ra-
zones de seguridad y facilidad de mantenimiento, estaban agru-
padas en lugares llamados "Athena Clusters". Estos puntos se
convirtieron pronto en centros importantes de socialización en-
tre los estudiantes, no porque fueran especialmente interesantes
para divertirse (nada más lejos), ni porque los estudiantes no
tuvieran otros sitios donde ir, sino porque eran puntos donde
disponible un recurso escaso. Su funcionamiento era muy
parecido a los pozos de los pueblos, antiguamente. Más tarde,
cuando la conectividad empezó a estar disponible por todas par-
tes, su papel social empezó a desaparecer en la misma medida.
Ocurrió lo mismo con los cibercafés, que ofrecían estacio-
nes de trabajo y refrescos en un ambiente de camaradería y ex-
perimentaron un breve destello de fama cuando Internet y la
World Wide Web crecieron rápidamente en popularidad, mien-
tras las conexiones desde casa o la oficina eran todavia poco
habituales. la ventaja adicional de que trabajar en el
ordenador, como leer el periódico en los cafés más tradicionales,
proporcionaba una razón ostensible para pasar el tiempo en un
lugar público, al mismo tiempo que se observaba el ambiente y
se tenia la oportunidad de conocer gente. Cuando la conectivi-
dad se hizo más habitual, este tipo de establecimiento trató de
retener a la clientela ofreciendo conexiones y ordenadores más
rápidos, dispositivos inusuales y costosos que pocos podrían
tener en propiedad y conocimientos especializados. Y siguen
ofreciendo un servicio a viajeros jóvenes, de poco presupuesto,
que lo utilizan como un medio barato de permanecer en contac-
to por correo electrónico.
En países en vías de desarrollo, y en zonas pobres de los
países desarrollados, donde es probable que se retrase la implan-
tación de infraestructuras de telecomunicaciones de alta velo-
cidad y donde pocos pueden permitirse equipo y conexiones
propias, estos puntos públicos de acceso mantendrán posible-
mente su magnetismo durante mucho tiempo. Por ejemplo, las
redes de pequeñas bibliotecas locales conectadas a Internet -si-
guiendo el ejemplo de los famosos "faros de conocimiento" de la
ciudad brasileña de Curitiba- parecen ser mecanismos muy es-
peranzadores, no sólo por el suministro de un valioso servicio,
sino también porque fomentan una interacción social positiva!".
Cuando las oportunidades de conectarse son abundantes, su
ubicación puede seguir siendo socialmente significativa. Si una
universidad se limita ainstalar conexiones en los dormitorios,
por ejemplo, es casi seguro que impulsará a los estudiantes a
quedarse en la habitación trabajando en sus ordenadores, dis-
minuirá la interacción social general y aumentará la incidencia
de conflictos entre compañeros de habitación. Sin embargo, si se
fomentan los ordenadores portátiles en lugar de los aparatos de
sobremesa, se ofrecen muchos puntos de conexión a la red y en-
chufes en los espacios sociales y en las salas de lectura de la
biblioteca, y se implementa un esquema dinámico de direccio-
namiento de redes que permita el trabajo sin más que conectar-
se en cualquier parte, se estarán fomentando la movilidad entre
los diferentes lugares, las oportunidades de encuentro y la agru-
pación informal".
lOO
El papel de la coordinación electrónica
e-topía Lugares de encuentro
Ciber-territorio disputado
101
Incluso los tipos más convencionales de lugares de encuentros per-
sonales están empezando a actuar de otras formas y a contar con
la función complementaria de las telecomunicaciones. Se trata
fundamentalmente de un asunto de cambio de escalas y horarios.
Antiguamente los encuentros solían tener lugar sin una pla-
nificación explícita. La pequeña escala de las comunidades y el
ritmo regular de la vida diaria aseguraban que era suficiente con
aparecer por el pozo a la hora habitual, pasear alrededor de la
plaza o dar una vuelta por la calle mayor para encontramos con
la gente que queríamos ver. Sin embargo, en grandes ciudades dis-
persas y complejas, como Los Ángeles, la probabilidad de estos
encuentros casuales es muy inferior. de forma que antes es nece-
sario telefonear o mandar un correo electrónico para quedar en
una hora y un sitio. La probabilidad infinitesimal de encuentros
personales aleatorios es una característica que define a las comu-
nidades virtuales electrónicas, geográficamente dispersas. Por
ello, las conexiones electrónicas y los programas correspondientes
sustituirán a los mecanismos tradicionales en este contexto, ju-
gando un papel cada vez más importante en la coordinación de
horarios y la planificación de reuniones. En otras palabras, usare-
mos telecomunicaciones electrónicas rápidas, adecuadas y bara-
tas para aprovechar lo más posible nuestras oportunidades de
interacción personal, relativamente escasas y preciosas.
Podemos ya contrastar esta observación con nuestra propia
experiencia. ¿Cuál es el tema más frecuente de nuestros mensa-
jes de correo electrónico, entrantes y salientes? Podemos apostar
a que se trata de establecer citas para reuniones cara a cara.
En general, los servicios de telecomunicaciones y los lugares
de encuentro virtuales amplían bastante nuestro círculo de con-
tactos activos, y un cierto porcentaje de esos contactos se trans-
forma luego en encuentros cara a cara. Realmente, no estamos
en el umbral de lo que Melvin Webber denominó -muy desagra-
dablemente para los amantes de la ciudad- "la comunidad sin
proximidad"!6 (la frase es anticipatoria, pero exagerada). Por el
contrario, estamos viendo el surgimiento de comunidades débil-
mente entrelazadas, en las que los lugares de encuentro fisicos y
virtuales son codependientes, la coordinación es electrónica y una
cierta proximidad es muy importante.
Por supuesto, los lugares de encuentro han sido con frecuencia
un territorio competido, campos de batalla entre los que que-
rian conservar un privilegio de exclusividad y los que buscaban
un mayor acceso y más justo, entre los defensores de diversos
derechos y libertades y los que prohibirian las prácticas que con-
sideraban ofensivas o amenazadoras, entre los partidarios del
status qua y los que querrían darle la vuelta. Los lugares de en-
cuentro electrónicos no serán una excepción, y de hecho están
ya empezando a intensificarse los debates y luchas, ofreciendo
contrastes sin precedentes.
Por ejemplo, un posible futuro de Internet es una amplia
zona mundial de contacto interpersonal sin obstáculos y de con-
versación libre no controlada, sobreponiéndose a las jurisdiccio-
nes locales que tengan interés en reforzar sus propias normas y
costumbres, más estrictas. A la inversa, las barreras, la encripta-
ción y las tecnologías de redes virtuales privadas ofrecen ya la
posibilidad de construir refugios electrónicos inexpugnables, no
sólo para los que tienen una necesidad legítima de privacidad,
sino también para mafiosos, evasores de impuestos, distribuido-
res de pornografía infantil, magnates de los bonos basura, terro-
ristas, traficantes de drogas y todos los que son objeto de interés
para las agencias federales de tres letrasn Dependiendo de la
posición y del punto de vista de cada uno, las redes digitales pue-
den suministrar excesivo acceso o demasiado poco.
De manera más sutil, el uso incrementado de las telecomu-
nicaciones para preparar y para coordinar reuniones personales
puede incluso favorecer la disminución de la frecuencia de los
encuentros urbanos casuales. Antes, cuando uno queria quedar
con alguien, acudía a los lugares donde se podría encontrar con
cualquiera -una plaza, la calle mayor, el bar de la esquina o in-
cluso un centro comercial-lB. Ahora, telefoneando o enviando un
correo electrónico previamente para determinar un sitio y una
hora en concreto, se puede quedar sólo con quien elegimos ex-
presamente. Es eficiente, pero también se convierte en un con-
dicionamiento que nos amenaza con la pérdida de la vida pública
y el aumento de la fragmentación social.
En el extremo, la gestión electrónica de los encuentros per-
sonales puede hacer que algunos miembros de la sociedad sean
102
e-topia Lugares de encuentro 103
literalmente invisibles para otros. Si no queremos encontrarnos
con otras razas, clases o géneros, la interacción electrónica pue-
de garantizamos eficazmente que no tengamos que hacerlo. Des-
pués, podemos empezar a pensar que todo el mundo es como
nosotros. Este efecto no es totalmente nuevo (en el ágora griega
también se excluía a una gran parte de la población), pero los
medios disponibles para este objetivo potencial son ahora más
poderosos que nunca!".
E-vox populi
En el caso específico de las reuniones de carácter más político
que empresarial o social, esta fragmentación, especialización y
descentralización de los lugares para la interacción personal
puede tener consecuencias de gran alcance. Cambian la escala y
la estrategia de la organización política.
Tradicionalmente, el poder político se ha ejercido, hecho
visible y celebrado arquitectónicamente a través de asambleas
físicas de reyes y cortesanos, senados, parlamentos, gabinetes,
consejos y demás. Por el contrario, si se quería subvertir el poder
político establecido, se reunía "el pueblo" en un lugar público
urbano, se levantaban barricadas y se marchaba sobre el equi-
valente local del Hótel de Ville. Si las autoridades tenían el cono-
cimiento y la voluntad necesarios, intentarían tomar las contra-
medidas habituales: dispersión de las multitudes, prohibición de
reuniones y destierro de los agitadores.
Esto sigue ocurriendo -véase la plaza de Tiananmen en 1989
o, con más fortuna, la plaza Wenceslas en ese mismo año-, pero
los gobiernos ya no tienen que estar tan concentrados espacial-
mente (como ocurria en el París de 1848, por ejemplo) y ahora
es posible y eficaz la movilización política a través de Internet.
La visibilidad ya no depende de la presencia física de las masas.
Por ejemplo, cuando los rebeldes zapatistas se levantaron en
Chiapas en 1994, su objetivo no era sólo el estado mejicano sino
también la opinión pública mundial; enviaron su mensaje elec-
trónicamente y movilizaron grupos de apoyo en todo el mundo
a iravés de Internet-", .
La estrategia de los dictadores modernos de negar la visibi-
lidad electrónica cerrando las emisiones de radio y televisión se
puede contrarrestar de la misma manera. En 1996, cuando Slo-
bodan Milosevic silenció la emisora democrática Radio B92 de
Belgrado, estoempezó a generar inmediatamente presión inter-
nacional enviando su programación a través de Internet y for-
zando con el tiempo la vuelta atrás de Milosevíc".
Así, la famosa insistencia de Tocqueville sobre la importan-
cia de las asociaciones políticas libres y sobre el "poder de la
asamblea" en la formación y mantenimiento de tales asociacio-
nes adquiere un nuevo significado"- Actualmente, los lugares
necesarios se pueden encontrar no sólo en el espacio físico, sino
tarnbién en el ciberespacío, lo que abre nuevas vías, altamente
eficaces, para la organización y la acción política".
Disociación entre civitas y urbe
Hemos recorrido un largo camino, pues, desde la ciudad-estado
aislada, con su ágora o foro en el centro y con muros exteriores
defíniendo claramente sus límites: el tipo de disposición implí-
cito en la idea de urbe -el territorio de la formación cívica, como
las siete colinas de Roma-, a diferencia de la civitas -familias o
tribus que viven juntas porque comparten creencias religiosas,
organización social y modos de producción".
Actualmente están siendo refutados a muchos niveles los
límites y la propia definición de las unidades civicas tradicio-
nales a gran escala (ciudades, regiones metropolitanas e, inclu-
so, estados-nación). Existe una doble amenaza. Por un lado, los
flujos de información global están reduciendo la importancia
de las antiguas fronteras políticas y disminuyendo el valor del
espacio público físico en la generación y en la representación
de una integración social interna. Al mismo tiempo, la privaci-
dad electrónica y las tecnologías de gestión de la interacción
crean la posibilidad de otros cismas y subdivisiones. No nece-
sitamos creer en profecías apocalípticas sobre el colapso inmi-
nente de las estructuras cívicas ni sobre el ascenso de la sobe-
ranía individual", pero ciertamente debemos reconocer la cre-
ciente separación entre civitas y urbes y el desmoronamiento
acelerado de la vieja definición de "comunidad" del Oxford
Dictionary como "conjunto de personas que viven en un lugar,
distrito o país">,
104 e-topia
Como resultado, la tradicional congruencia entre ciudada-
nía, espacio público y espectáculo -tanto tiempo vital en el fun-
cionamiento de las ciudades- se ha distorsionado", Las calles y
las plazas de la ciudad ceremonial del Renacimiento, por ejem-
plo, eran lugares para representaciones y procesiones civiles y
religiosas a las que solía asistir la población en días especiales.
Alberti podía hablar por tanto de la ciudad como el lugar donde
"se aprende a ser ciudadano". Pero había que estar allí. Hoy, por
contraste, aprendemos a ser ciudadanos de múltiples comunida-
des, dispersas y superpuestas, a través de distintos medios elec-
trónicos -navegando en lugares públicos virtuales, participando
en reuniones preparadas electrónicamente en lugares remotos,
y presenciando retransmisiones desde espacios públicos físicos,
como Times Square en Nochevieja, que se han convertido en
escenarios globales.
Reinventar el espacio público
El siglo XX1 seguirá necesitando ágoras, quizá más que nunca;
pero no siempre serán lugares públicos. Funcionarán en una
extraordinaria gama de escalas, desde la más íntima y local
hasta la global. Y aunque tengan un aspecto familiar, ya no fun-
cionarán de la misma forma que los grandes lugares públicos de
antes.
En estas nuevas condiciones, sin embargo, los antiguos y
sencillos principios del espacio público siguen siendo funda-
mentales. Para que no se desintegre la vida pública, las comuni-
dades deben seguir encontrando sistemas para ofrecer financiar
y mantener los lugares de reunión e interacción entre sus miem-
bros, ya sean virtuales, físicos o alguna otra compleja combina-
ción de ambos. Y si esos lugares quieren cumplir sus objetivos
con eficacia, deben permitir tanto la libertad de acceso como la
libertad de expresión.
7 REDl5EÑANDO EL LUGAR DE TRABAJO
¿Dónde tendrán lugar la producción, la distribución y el consu-
mo dentro de las configuraciones de comunidades reestructura-
das, difusas y superpuestas del siglo XXI? ¿Dónde estarán las
empresas y los puestos de trabajo? Cada vez es más evidente que
no será sólo en el tipo de sitios que han atraído la actividad eco-
nómica hasta ahora.
Los bienes y los servicios fluyen de nuevas maneras en un
mundo conectado y mediado por la red, un mundo en el que la
iniormacián en rápido movimiento se une, y a veces trasciende,
a los tradicionales generadores de riqueza (tierra, trabajo y capi-
tal). Surgen formas más flexibles de producción, comercializa-
ción y distribución, eliminando con el tiempo muchas de las
limitaciones tradicionales impuestas por la localización sobre el
comercio y la industria, y permitiendo la formación de nuevos
modelos espaciales.
El impacto para la vida cotidiana de los individuos se mani-
fiesta en forma de presión económica, que determina dónde pueden
encontrar trabajo, dónde es más barato o caro vivir y dónde pue-
den conseguir un acceso más conveniente y efectivo a los recursos,
instalaciones y servicios que necesitan. Para arquitectos, investiga-
dores y planificadores el impacto influye en el cambio de la de-
manda, en el tipo y en la localización de las instalaciones y en la
modificación de las oportunidades para ofrecer empleos y servicios
a las comunidades. Y para los líderes cívicos, se presenta en forma
de cuestiones sobre cómo mantener las inversiones en infraestruc-
tura y servicios sociales bajo las nuevas reglas de este viejo juego.
106 e-topia Rediseñando el lugar de trabajo 107
Intercambio de productos intangibles
¿Dónde se sentirán estos efectos en primer lugar?
Las redes a gran escala, las transacciones en línea y los sis-
temas de comercio electrónico poseen ventajas competitivas más
obvias cuando se trata de comprar y de vender productos intan-
gibles, como pólizas de seguros. También salen vencedores en
los contextos en los que pueden sustituir los medios de inter-
cambio tradicionales, como los billetes de avión impresos.
La adquisición de un seguro de vida autorizando una trans-
ferencia electrónica de fondos no es, por ejemplo, como comprar
una alfombra entregando varías monedas de oro al vendedor.
Puesto que no hay nada materíal que deba ser transferido, se
puede realizar la transacción completa en línea con rapidez y
eficacia. Lo único que ocurre, en realidad, es que una base de
datos residente en unservidor situado en una localización arbi-
traria se actualiza a fin de reflejar las nuevas relaciones, balan-
ces y obligaciones que se derivan de la transacción. No resulta
necesario estar en ningún lugar especial para participar, sólo
es necesario estar conectado. Es rápido, barato y conveniente
para todos los implicados.
El proceso para encontrar lo que se necesita en el mercado
de estos bienes intangibles también es diferente. Desde el punto
de vista del consumidor, ahora mismo no hay nada que supere a
la compra en línea si se trata de conseguir el billete de avión más
barato a una ciudad concreta en una fecha concreta, o para obte-
ner los tipos hipotecarios más competitivos que existan. Pero el
mercado internacional de divisas ofrece el ejemplo más claro del
nuevo tráfico global de abstracciones, increíblemente rápido y
voluminoso. Antiguamente, el dinero consistía simplemente en
alguna mercancía física valiosa -oro porque era escaso y com-
pacto, ron en las primeras colonias australianas, porque era una
de las pocas cosas valoradas por todo el mundo, y pesadas ba-
rras de hierro en la antigua Esparta para dificultar las transac-
ciones comerciales y centrar la atención en otras actividades
más masculinas y marciales-. Más tarde fueron trozos de papel,
asientos contables y cuentas bancarias los que representaron
tales mercancías. La conexión directa con las mercancías físicas
fue debilitándose gradualmente y se perdió finalmente en 1971,
cuando Richard Nixon acabó con la convertibilídad del dólar
en oro; se había iniciado en serio la era de los tipos flotantes de
cambio.
Mientras tanto, el telégrafo, el teléfono yel télex comenzaron
a conectar las bolsas de divisas de todo el mundo y se empeza-
ba a formar' un mercado internacional de divisas relativamente
rápido, pero todavía de poco volumen. Más tarde llegaron los or-
denadores y las redes, y a principios de los noventa el banque-
ro Walter Wriston pudo escribir con toda naturalidad: "El nuevo
mercado financiero mundial no está en ningún sitio geográfi-
co que se pueda encontrar en el mapa, sino en los más de dos-
cientos mil monitores electrónicos instalados en salas bursátiles
de todo el mundo y conectados entre sí" 1. Veinticuatro horas al
día, siete días a la semana, mueven alrededor del mundo las di-
visas que suben y las que bajan.
La bolsa de valores ha seguido un camino parecido", Antes
de las telecomunicaciones era un asunto local, cara a cara; en los
Estados Unidos había doscientas cincuenta bolsas de valores en
1850; alrededor de 1900 el telégrafo y el teletipo habían logrado
que la bolsa de Nueva York se impusiera como el mercado bur-
sátil nacional dominante. Amedida que se acercaba el año 2000,
nuevos mercados, como el Nasdaq, adoptaron la forma de ubi-
cuos sistemas electrónicos digitales y dejaron de estar en un edi-
ficio en una ciudad concreta. Intermediarios en línea, como
E*Trade y Dl.Jdírect, ofrecían servicios en Internet en cualquier
parte del mundo y muchos antiguos edificios bursátiles, como el
Palais de la Bourse de París, se convirtieron literalmente en
museos. El parqué de la bolsa de Nueva York sigue vibrando de
actividad hasta la campana de cierre, pero el ciberespacio ha
desplazado furtivamente a Wall Street como la capital del capi-
tal, veinticuatro horas al día.
En general, los mercados se han desmaterializado drástica-
mente. En las ciudades medievales, basadas en gremios, la palabra
"mercado" aludía a un lugar físico identificable donde se inter-
cambiaban mercancías reales, como dice la canción: "to market,
to market, to buy a [at pig -home again, home again, jig-a-jig-iig", En
la época de Adam Smith el término había empezado a designar
sistemas de información e intercambio abstractos y espacialmen-
te ambiguos que se podían describir mejor con ecuaciones de
economistas que con dibujos de arquitectos (¿en qué otro sitio,
si no, podría operar una mano invisible?). Cuando, en agosto de
108
e-topia Rediseñando el lugar de trabajo 109
1987, el mercado bursátil de Nueva York se tambaleó y se hundió,
no fue el edificio lo que se desmoronó. Lo que ocurrió fue una re-
pentina y arrolladora transformación de relaciones económicas
que se propagó por todo el mundo, a gran velocidad, por las re-
des de telecomunicaciones y por las aplicaciones ínformátícas',
Repartiendo productos de información
Pero en la era del ordenador no sólo se han inventado cantidades
abstractas, como las divisas, o instrumentos financieros increí-
blemente complicados. Donde hay disponible suficiente ancho de
banda, los tipos habituales de productos de información pueden
separarse de su tradicional sustrato material y distribuirse am-
pliamente y de forma barata a través de redes informáticas.
Por ejemplo, en lugar de imprimir, almacenar y enviar una
revista técnica, se puede montar el mismo texto en una página
web. Si se dispone de servidores rápidos y redes de alta veloci-
dad se puede hacer lo mismo con bibliotecas de imágenes o gra-
baciones de audio; en 1999 las empresas discográficas empeza-
ron a distribuir música en línea y el New York Times proclamó
que "la tienda de discos del futuro será el ordenador personal o
el aparato de música digítal'". Y con una capacidad aún mayor
se pueden sustituir las cintas y las tiendas de alquiler de vídeo
por el vídeo a la carta, enviado directamente a casa o al trabajo.
Todo ello ha supuesto, desde luego, una intensa competencia en-
tre los enormes imperios internacionales de noticias y de entre-
tenimiento para controlar los medios de distribución electrónica
-cableado telefónico, redes de cable, canales inalámbricos y sa-
télites de comunicaciones.
De forma aún más espectacular, los programas informáticos
ya no se van a entregar en disquetes, CD-ROM o cinta; se descar-
garán directamente de una red informática. Esto ha dado lugar a
diferentes formas de dispersión de la industria informática.
Algunas empresas situadas en lugares de trabajo barato y conec-
tadas en red se dedican al bodyshopping --conseguir contratos de
producción de programas para clientes lejanos y luego contratar
equipos de trabajo locales para realizarlos-o Otras empresas reú-
nen equipos profesionales de expertos en sitios atractivos y luego
desarrollan investigaciones y proyectos informáticos para clien-
tes de todo el mundo. Y otros producen informática de consumo
y la distribuyen a clientes geográficamente dispersos.
A veces, la"combinación conveniente de la entrega electróni-
ca rápida con una diferencia horaria permite una nueva forma
de turnos de trabajo de veinticuatro horas. Firmas internaciona-
les de diseño de ingeniería y arquitectura, por ejemplo, pueden
poner oficinas en ciudades que tengan aproximadamente ocho
horas de diferencia y luego pasarse electrónicamente entre ellas
los archivos de CAD, siguiendo un círculo continuo alrededor del
mundo. Este tipo de sistemas puede organizarse a veces de ma-
nera que aprovechen determinadas capacidades locales. Así, el
Soho de Londres que es una gran cantera de talentos en pos-
producción de películas y de vídeo, se beneficia de la oportuna
situación de estar desplazado medio día respecto de Hollywood;
puede recibir electrónicamente las secuencias filmadas después
de un día de rodaje en California, montarlas durante la jornada
de trabajo normal de Londres y volverlas a enviar antes de que
empiece el siguiente día de rodaje.
En todos estos casos, donde la pura información es en sí
misma la mercancía valiosa, es indudable que el suministro a
través de las redes se impondrá, especialmente cuando el cum-
plimiento de plazos sea importante. Los viejos medios tienen las
mismas posibilidades de éxito que los caballos frente al motor de
combustión interna.
Rehaciendo la producción
Cuando se trata de otro tipo de productos, aquéllos que conser-
van un componente material, la disponibilidad de redes digitales
abre la posibilidad de descentralizar radicalmente la producción
física -una inversión sorprendente de la tendencia a la centrali-
zación de la revolución industrial.
Consideremos los periódicos, por ejemplo. Son productos
que tradicionalmente se han impreso en enormes plantas cen-
trales y luego se distribuyen a través de elaboradas redes de trans-
porte. Con este sistema centralizado de producción en masa todo
el mundo obtiene exactamente la misma cosa. En los primeros
días de la telecomunicación se hizo factible, en cambio, transfe-
rir electrónicamente la maquetación de las páginas a plantas
110
e-topia
Rediseñando el lugar de trabajo 111
regionales de impresión, más cercanas a los clientes, para que allí
se añadieran contenidos locales y crear así ediciones regionales.
Hoy, con el desarrollo de redes por todas partes y de impresoras
personales baratas, resulta cada vez más atractivo pensar en pe-
riódicos personalizados que se imprimen en el punto de consumo,
para aquéllos de nosotros que, como la mayoría, siguen prefi-
riendo leer las noticias sobre el papel a verlas en una pantalla.
Antes tenía sentido imprimir y luego distribuir, ahora puede ser
mejor distribuir y luego imprimir.
Incluso el libro de apariencia tradicional que tiene el lector
ahora mismo en sus manos -un artilugio que Aldus Manutius no
habría tenido dificultad en reconocer- es, de hecho, un produc-
to hecho con medios digitales. Puede que usted lo haya compra-
do en una librería tradicional o también que lo haya adquirido
en una librería en línea. En el último caso, usted navegó por una
página web, localizó el título en un catálogo en línea, rellenó un
formulario en la pantalla para hacer el pedido y recibió la entre-
ga a través del correo o de un servicio de mensajería. Con este
nuevo sistema, el intercambio electrónico de información susti-
tuye a la compra en persona, el espacio de almacén y venta radi-
can en sitios muy diferentes y la entrega directa y personalizada
desde el almacén al consumidor sustituye al transporte masivo
de objetos a un punto intermedio de almacenamiento.
Incluso aunque usted haya comprado este libro en una tien-
da clásica, el librero ha usado probablemente un sistema de
compra electrónico para pedir los libros a la editorial y también
un sistema informatizado de control de inventario para tenerlos
localizados. Además, si retrocedemos por la cadena de suminis-
tro y examinamos la relación entre el equipo disperso geográfi-
camente formado por autor, ayudantes del autor, maquetadores,
diseñadores, proveedores de papel, impresores, encuadernado-
res, jefes y trabajadores del almacén, transportistas y editores,
todos combinando sus fuerzas para producir este artefacto,
encontrariarnos un uso extendido y creciente de intercambio
electrónico de datos (EDI) para coordinar y acelerar el proceso
de producción descentralizado. Lo mismo ocurre con cualquier
producto moderno que se pueda imaginar'.
Olvidemos aquellas viejas imágenes de Charlie Chaplin y
Lucílle Ball peleando con implacables líneas industriales de pro-
ducción, con la ansiedad de saber que su supervisor no andaba
lejos. Esas cadenas de producción siguen existiendo, desde lue-
go, pero ahora son sólo una pequeña parte de la historia. Tras
cada una hay una enorme red dispersa de flujos y conexiones
internacionales, coordinados remotamente.
El valor del conocimiento
Esta historia se vuelve más espectacular cuando exploramos las
fuentes del valor de un producto tangible moderno y compara-
mos sus magnitudes relativas'. En el caso de este volumen impre-
so, por ejemplo, una escasa parte del valor está en las materias
primas y una gran parte radica en la escritura y en el diseño,
tareas que se podrían haber llevado a cabo casi en cualquier sitio
y que producen archivos digitales fáciles de transferir.
Esto se puede aplicar también a productos que no solemos
considerar como contenedores de información. En un chip de
silicio, apenas un dos por ciento del coste se debe a la materia
prima -al final, es casi todo arena- y gran parte del resto del
valor añadido se debe al diseño extraordinariamente intrincado
ya la conversión de ese diseño en instrucciones que hacen fun-
cionar la maquinaria informática. Incluso en el más tradicional
de los productos industriales, como las vigas de acero, un por-
centaje creciente del valor proviene de procesos de información
que no están estrechamente vinculados con lugares industriales
concretos.
La contribución relativa del conocimiento al valor de cada
producto, en general, está aumentando y, con ello, la posibilidad
de suministrar dicho conocimiento a distancia.
Trasladarido la producción
Es profundo el impacto de esta enorme transformación en el di-
seño, la demanda y la entrega de los productos sobre el emplaza-
miento de los negocios y de las industrias, sobre la organización
del sistema de transporte y, a la larga, sobre las oportunidades de
empleo en lugares específicos'. Los complejos sistemas de pro-
cesado de material a gran escala que caracterizan la industria
moderna se coordinan y controlan de nuevas y sorprendentes
112
e-topía Rediseñando e/lugar de trabajo 113
maneras y acaban distribuyéndose a lo largo de nuevos mode-
los espaciales.
Aunque algunas plantas de producción siguen necesitando
estar ubicadas cerca de las fuentes de energia y de materias pri-
mas. como en las ciudades de la revolución industrial, otras
muchas dependen más ahora del uso coordinado de una red de
transportes y comunicaciones rápida y flexible para conectarse
con técnicos. proveedores y socios muy alejados geográficamen-
te. Algunos grandes centros fabriles, como Hong Kong, ya no
son tanto lugares de fábricas reales como centros de dirección y
control de redes de valores distribuidas geográficamente. Y para
formar los vínculos de esas redes la compatibilidad de los pro-
gramas puede ser mucho más importante que la proximidad.
Como corresponde, la industria de los semiconductores pro-
porciona uno de los ejemplos más espectaculares. Representando
la más tradicional estructura de organización, hay compañías
que diseñan microprocesadores y los producen en sus propias
plantas de fabricación -aunque no hace mucha falta que las ins-
talaciones de diseño y las de fabricación estén cerca unas de
otras-o También existen fundiciones de chips que los producen
para otros diseñadores. Y, finalmente, hay compañías que dise-
ñan, comercializan y distribuyen microprocesadores, pero no
tienen su propia fábrica y alquilan instalaciones de producción
cuando es necesario -que pueden estar casi en cualquier sitio.
Fabricar después de comprar
Las telecomunicaciones posibilitan también conexiones más
directas e inmediatas entre los productores y sus consumidores,
reduciendo o eliminando así el papel del distribuidor local y
otros intermediarios y recortando significativamente los costes
de inventario.
Por ejemplo, Dell Computer Corporation lanzó en 1996
www.dell.com una página web para la compra directa de ordena-
dores. Los clientes pueden navegar en ella desde cualquier parte
del mundo, configurar un ordenador en línea y enviar el pedido
a la planta de fabricación, donde se ensambla la máquina espe-
cificada y se envía a las pocas horas. En un par de años, los com-
petidores de Dell tuvieron que espolearse para alcanzarlos.
Veamos algo tan familiar como unos pantalones vaqueros.
Antiguamente había dos opciones: podías comprar unos bara-
tos, de talla estándar, producidos en masa, almacenados al por
mayor y enviados en bloque a la tienda local; este es, desde
luego, el proceso industrial habitual. La alternativa, retrocedien-
do a una era anterior, era ir a un sastre que nos tomase medidas
y confeccionase unos mucho más caros -esta forma artesana
local, tiene todavía una vigorosa tradición en Hong Kong-. Pero
en 1994 Levi Strauss reconfiguró radicalmente el sistema de
producción y distribución, instalando en las tiendas un sistema
infortnatizado para tomar medidas, transmitiendo electrónica-
mente el pedido del cliente a la fábrica, cortando la pieza con
láser, codificándola, cosiéndola en la cadena normal de ensam-
blaje y, finalmente, enviando el producto terminado directamen-
te al domicilio del cliente'.
Se retoma otra vez así el concepto de fabricar después de
comprar, en lugar de comprar después de fabricar, pero con un
nuevo giro posindustrial.
El puesto de trabajo recombinante
No sólo está cambiando la ubicación de los puestos de trabajo,
sino también su carácter. Los tipos habituales de puestos de tra-
bajo se están fragmentando y recombinando para formar nuevos
modelos.
Según ha observado Ithiel de Sola Pool, lo mismo ocurrió en
épocas anteriores con la llegada del telégrafo y el teléfono. Por
cortesía de este último, "la dirección de la empresa se separó de
la fábrica, que se podía controlar perfectamente con una llama-
da de teléfono al encargado; el presidente se trasladó al centro de
la ciudad, donde podía celebrar reuniones cara a cara con ban-
queros, proveedores y clientes". En consecuencia, el centro de la
ciudad cambió "de un conjunto de barrios especializados a una
densa concentración de oficinas de negocios relacionadas entre
sí por actividades comerciales'".
En los lugares de producción actuales el control y la visuali-
zación remota a través de las redes implica que existe una preo-
cupación aún menor por la máquina, propia del estilo primitivo
industrial. Esa función se traslada a centros de control que no
114 e-tapia
Rediseñando el lugar de trabajo
115
están obligatoriamente cerca de las instalaciones que supervi-
san, y que requieren menos personal.
En el comercio minorista, los elementos de la tienda tradi-
cional -espacio de venta, almacén y zona de atrás para la admi-
nistración- pueden llegar a separarse por completo cuando se
introduce la interconexión electrónica. El área de venta se puede
reemplazar por un sistema de emplazamientos remotos, donde
se mantengan los catálogos en línea y se conteste el teléfono y el
correo electrónico, o por pequeños expositores de exposición y
pedido en lugares de mucho tráfico, como los aeropuertos. El
almacén puede convertirse en un gran centro de almacenamien-
to y distribución centralizado situado cerca de un nodo de un
servicio de mensajería. Y las funciones de facturación, archivo y
otros asuntos administrativos pueden realizarse a través de tele-
trabajadores, desde su propia casa o desde algún centro cercano
de teletrabajo.
En las oficinas, la interconexión electrónica elímina la rela-
ción espacial tradicionalmente estrecha entre el lugar de trabajo
privado, como los despachos, el lugar de trabajo en grupo, como
las salas de reuniones, el espacio social informal y otros recursos
como archivadores y fotocopiadoras. Cuando los archivos están
en línea y los empleados tienen ordenadores e impresoras per-
sonales ya no hay mucha necesidad de agrupar los puestos de
trabajo alrededor de los recursos centrales; estos espacios pue-
den trasladarse a casas o a sucursales separadas, pueden mo-
verse con los empleados por la carretera o pueden transformarse
en "despachos activos" que no se asignan permanentemente a
empleados concretos, pero que se reservan y se ocupan cuando
hace falta. Las salas de reunión y los espacios sociales informa-
les se ven complementados por los lugares virtuales de encuen-
tro y agrupación, pero permanece la necesidad de un espacio
para reuniones cara a cara; de hecho, ese espacio puede acabar
convirtiéndose en el núcleo estable de los puestos de trabajo de
la oficina, que son mucho más fluidos que los del pasado, más
parecidos a un club o a un hotel que a grupos de despachos. Los
componentes individuales del trabajo de oficina se pueden movi-
lizar y dispersar, pero los componentes de grupo es probable que
sigan estando más vinculados a sitios concretos.
Todo esto es suficiente para cuestionar el propio concepto
de la empresa comercial o industrial. En su muy citado análisis
sobre la razón de la existencia de empresas, en los años treinta,
Ronald Coase sugería que las empresas creaban flujos de infor-
mación interna relativamente eficientes y así minimizaban el
coste de las transacciones y de la información que necesitaban
los empleados para poder cumplir su función con eficaciaJO. Tra-
dicionalmente, una gran parte de esa eficacia derivaba del hecho
de que los trabajadores estuviesen bajo un mismo techo, donde
podían hablar entre ellos y pasarse papeles. Pero, como muchos
estudiosos de la empresa han notado, las redes y los lugares in-
teligentes reducen fuertemente los costes de transacción entre
grupos de colaboradores ad hoc, geográficamente dispersos, ha-
ciendo así que este tipo de unidades no tradicionales sean cada
vez más competitivas". Conforme esto se va haciendo obvio y las
empresas intentan imaginarse cómo reaccionar ante ello, oire-
mos más comentarios sobre la "corporación virtual" y la "em-
presa extendida"12 •
MovHizando la empresa
Los diversos tipos de nuevos vínculos electrónicos entre emplea-
dos, consultores, proveedores, fabricantes, distribuidores y clien-
tes, a diferencia de los que se establecen a través de la proximidad
física, se pueden reconfigurar rápidamente en respuesta a los cam-
bios de las condiciones y de las presiones competitivas.
Un capital que se desplaza globalmente dirige este proceso
continuo de reconfiguración y adaptación, buscando permanen-
temente los emplazamientos en los que el mercado de trabajo
y las condiciones generales de negocio sean más atractivos en
cada momento, mientras las corporaciones multinacionales sa-
can rotunda ventaja de su capacidad para distribuir sus activi-
dades prácticamente de cualquier forma deseada. Como afirma
Lester Thurow, "la economía global, simultáneamente, permite,
impulsa y obliga a las empresas a trasladarse a emplazamientos
de bajo coste"!'. Además, dado que el capital puede ahora emi-
grar a un ritmo más rápido que las personas, el capital mul-
tinacional puede utilizar eficazmente la amenaza de retirarse de
una comunidad, obteniendo así más fácilmente el apoyo a sus
posiciones en sus tratos con la fuerza de trabajo y con los go-
biernos'".
116 e-topia Rediseñando el lugar de trabajo
117
Comentaristas de la izquierda y de la derecha coinciden no-
tablemente en su análisis de estos fenómenos, aunque no en la
lección a extraer. En su magistral trabajo sobre naciones y na-
cionalismos, Eric Hobsbawm observa: "Renacen las ciudades-
estado como Hong Kong y Singapur; se multiplican las 'zonas
industriales' extraterritoriales en el interior de naciones-estado
técnicamente soberanas, como zonas francas hanseáticas; y se
multiplican también los paraisos fiscales en islas sin ningún
valor, cuya única función es, precisamente, apartar las transac-
ciones económicas del control de las naciones-estado. La ideolo-
gía de naciones y nacionalismos es irrelevante para cualquiera
de estos desarrollos"! 5. Y George Gilder se recrea desde la fac-
ción opuesta: "El capital ya no se encuentra atado a máquinas ni
a lugares, naciones o jurisdicciones... Las empresas se pueden
trasladar en semanas. Los individuos ambiciosos ya no tienen
que permanecer quietos ante la explotación de los burócratas.
La geografía ha llegado a ser irrelevante desde el punto de vista
económico"t6.
Comunidades de todo el mundo están sintiendo cada vez
más los efectos de todo este proceso. Antes, muchas de ellas se
mantenían unidas debido a la relación relativamente estable y a
largo plazo de sus habitantes con los bancos locales, con los fa-
bricantes y con los comerciantes que proporcionaban empleos,
negociaban entre ellos y cubrían la mayoría de las necesidades
de la vida diaria -el tipo de estructura muy personal, comunita-
ria y comercial, estrechamente unida, evocada sentimentalmen-
te en la película ¡Qué bello es vivir!-. La mayotia de la gente tenía
un interés a largo plazo en el carácter y calidad de la comunidad
local y merecía la pena tener un espíritu público. Pero ya no vol-
veremos a ver a nadie como George Bailey ni el Bedford Falls
Building and Loan, y el puesto de trabajo electrónico ya no tiene
el aura de Frank Capra.
La globalización económica no es ya realmente un fenóme-
no tan nuevo, y debemos observarlo cuidadosamente; muchos
comentaristas más ilustrados han señalado con regocijo el es-
trecho paralelismo entre la retórica furibunda de "globaliza o
muere" y la de Marx y Engels en El manifiesto comunista. Tienen
algo en que basarse; George Bailey habría sido muy consciente
del desarrollo económico del otro lado del mundo, que le habría
afectado con frecuencia. Pero la conexión digital incrementa el
flujo de la información que vincula a las empresas entre sí y per-
mite que las transacciones se realicen a un ritmo mucho mayor.
En estos momentos no sólo tenemos una economía global, sino
una economía que responde -y a la que hay que responder- con
mucha más rapidez y que, en consecuencia, amenaza la antigua
estabilidad.
Un nuevo juego en la ciudad
¿Qué podemos hacer con esto? ¿Cómo podemos conseguir los
beneficios potenciales mientras evitamos los inconvenientes del
nuevo orden naciente?
Obviamente, hay que generar nuevas fuentes de vitalidad eco-
nómica urbana. Para prosperar, las ciudades siempre han tenido
que aunar una combinación sostenible y económicamente pode-
rosa de los recursos naturales y las conexiones de transporte,
junto a la tierra, el trabajo y el capital disponibles. Actualmente, en
el despertar de la revolución digital, las reglas y el desenlace de
este antiguo juego están cambiando.
En el pasado, por ejemplo, muchas ciudades tuvieron éxito
en la explotación de los recursos naturales de la zona. Las famo-
sas ciudades de molinos de Nueva Inglaterra crecieron en tomo
a fuentes de abundante energía hidráulica. En Australia, las ciu-
dades de Ballarat, Bendigo, Kalgoorlie y Broken Hill surgieron
en lugares con una gran riqueza mineral. En el suroeste de Nor-
teamérica, el petróleo de la zona condujo al crecimiento en Los
Ángeles, Denver; Houston y Dalias. Por supuesto, como demues-
tra el destino posterior de muchas de estas ciudades, la estrate-
gia falla cuando los recursos se acaban, caen los precios o las
nuevas tecnologías hacen aparecer competidores eficaces.
Otras ciudades han capitalizado su situación estratégica y
se han convertido en centros de negocios. Venecia y Singapur se
encontraron en el centro de las principales rutas del comercio
internacional Y utilizaron con inteligencia esta circunstancia.
Chícago creció como centro ferroviario muy importante. Ams-
terdam obtiene gran parte de su vitalidad económica de su papel
como nodo del transporte aéreo.
En la era digital, un número creciente de ciudades (Palo
Alto, en California, es un ejemplo ilamativo, y Bangalore. en la
118 e-topía
India, es otro) descubrirán que pueden tener éxito con otro sis-
tema, explotando unos recursos humanos poco habituales para
atraer y conservar actividades económicas que podrían estar, en
principio, localizadas en cualquier sitio!", Para ganar a largo
plazo en este juego necesitarán el tipo adecuado de atractivo
local, a fin de retener los talentos; en concreto, un ambiente local
agradable y estimulante, alta calidad de servicios médicos y edu-
cativos, una infraestructura suficientemente flexible de trans-
portes y de edificios para acomodar modelos de actividad que se
reconfiguran a toda velocidad".
Pero todo esto depende claramente de una estrategia eficaz
para el sostenimiento de la inversión social bajo la condición de
que las comunidades geográficas y económicas ya no coinciden
ni en el espacio ni en el tiempo!". ¿Cómo se puede motivar a
empresas con intereses globales para que soporten la construc-
ción y mantenimiento de infraestructuras, el mantenimiento de
la calidad medioambiental y la disponibilidad de una buena edu-
cación y atención médica en un contexto local concreto? ¿Cómo
se puede ensanchar el evidente horizonte a corto plazo de estos
agentes económicos hasta un punto en el que se llegue a esta-
blecer una diferencia real? ¿Cómo pueden llegar a convertirse en
ciudadanos comprometidos con las variadas y dispersas comu-
nidades locales en las que intervienen?
Éstas serán cuestiones políticas vitales para los líderes civi-
les del siglo XXl
20
• Si las respuestas son equivocadas nos enfren-
taremos al fantasma de la depresión de Schumpeter; pero si las
respuestas son correctas, las ciudades, como han sugerido los
comentaristas optimistas, pueden "prepararse para un enorme
aumento del crecimiento económico'?'.
8 LA elUDAD TELE5ERVlDA
En la antigua Roma se disfrutaba de una militar y de
unos espectáculos mejores que en las provmcias. En
hay mejores restaurantes, peluquerias Y que en
un pueblo. Como todo el mundo sabe, la dlspombIhdad de ser-
vicios de alta calidad es uno de los principales atractivos de las
zonas urbanas. .
En el naciente mundo conectado por ordenador, SIn embar-
go, esto es cierto sólo a medias. Algunos servicios siguen depen-
diendo de la presencia local de los proveedores, pero otros se
pueden pedir y servir a distancia. Como enl,as ciuda-
des se están imponiendo nuevos modelos de distribución de ser-
vicios que desplazan rápidamente a otros anteriores.
Tipología de sistemas de servicios
Un sistema de servicios consiste. en su esencia más pura y.evi-
dente, en proveedores del servicio, consumidores del servicio y
medios eficaces de conexión entre ambos. Los diversos modelos
posibles de conexión definen una tipología ele?,ental de SISte-
mas de servicio. Y el impacto de las telecomumcaclOnes digita-
les es diferente en cada tipo. .
Antes de las telecomunicaciones, los ricos se rodeaban de SIr-
vientes o esclavos, a los que llamaban cuando eran Se
clasificaba y denominaba a los miembros de grandes plantillas de
servicio según su función: mayordomo, doncella personal, ayu-
120
e-tupía La ciudad teleservida 121
dante de cámara, cocinero, chófer, guardabosques, entrenador per-
sonal, escriba, abogado de empresa... lo que fuera. Estos sistemas
se basaban en gran parte en mantener una estrecha proximidad
física, incluso cuando los primitivos sistemas de campanillas y
timbres ampliaron la comunicación verbal directa. Y se refleja-
ban arquitectónicamente en la provisión de cuartos de servidurn-
bre, escaleras de servicio, porterías, despachos exteriores, etc.
Amedida que las ciudades modernas crecieron, surgía también
un sistema alternativo de puntos de servicio centralizados, espe-
cíalmente para los servicios más especializados y sofisticados. Esto
permitía una economía de escala y podia atender a grandes pobla-
ciones con un coste relativamente bajo, pero los consumidores
del servicio tenían que desplazarse hasta él. La atención médica
la educación y muchos servicios comerciales siguieron este modelo
y, en consecuencia, surgió el tipo de edificación correspondiente,
como los modernos hospitales y escuelas.
Una forma de resolver la incómoda contradicción entre la
obtención de economías de escala mediante la centralización
mientras se permanece cerca de los consumidores mediante la
descentralización, fue desarrollar sistemas de sucursales distri-
buidas. Así, por ejemplo, en el siglo XIX y a principios del xx, las
grandes organizaciones bancarias instalaban una oficina central
en los lugares principales de la ciudad, oficinas auxiliares para
actividades de proceso centralizadas en zonas suburbanas, de
alquiler más bajo, y un gran número de sucursales para ofrecer los
servicios a los clientes en las comunidades locales. La venta al por
menor siguió un modelo parecido. El resultado general fue que las
calles principales, las vias comerciales y los centros de compras se
convirtieron en agrupaciones de sucursales y franquicias. Y las
torres de oficinas de todos los centros urbanos, excepto en las ciu-
dades globales más grandes, sólo contenían generalmente filiales
de organizaciones nacionales e internacionales.
Otra estrategia era dar servicio a poblaciones dispersas a
través de proveedores itinerantes; este sistema hundía sus raíces
en la antigua tradición de curanderos, maestros, vendedores
ambulantes y policías de ronda. El inconveniente es que el pro-
veedor ambulante tiene que transportar los útiles de su oficio
con él, y así es difícil generar economías de escala.
Por último, se desarrollaron toda clase de híbridos sobre
estos modelos básicos, en un esfuerzo por maximizar las venta-
jas y minimizar los inconvenientes. Se podría combinar una
gran instalación médica central con un sistema de clínicas loca-
les, unidades móviles de asistencia y asistentes a domicilio. Un
vendedor podria tener tienda abierta en la ciudad y además con-
tratar
Solicitando asistencia
En el siglo XIX, la primitiva tecnología de las telecomunicaciones
se adaptó rápidamente a la función de solicitar los servicios
necesarios a proveedores ambulantes desde un lugar central.
Este sistema aceleraba los tiempos de respuesta, logrando que
los servicios centralizados fueran mucho más eficaces.
En 1852, por ejemplo, Bastan comenzó a construir un siste-
ma de cajas de llamada telegráfica conectadas a los parques de
bomberos, y en seguida le siguieron otras ciudades'. Junto con
la sustitución de los equipos antiincendios empujados a mano
por máquinas tiradas por caballos, y más tarde por camiones
motorizados, se consiguió que las estaciones de bomberos die-
ran servicio a mayores áreas y a grandes poblaciones.
Sucesivas oleadas de tecnología de telecomunicaciones y
transporte ampliaron esta idea. Alrededor de 1880 se instalaron
teléfonos en las estaciones de policía, y la fuerzas policiales
empezaron a combinar con el tiempo el uso del teléfono, la
radio de dos vías y los coches patrulla para dar servicio a zonas
extensas. Apartir de 1928, el Royal Flying Doctor Service empe-
zó a ofrecer asistencia médica a la Australia rural, enorme y
escasamente poblada, usando avionetas ligeras a las que se lla-
maba mediante receptores-transmisores de radio en código
Morse impulsados a pedales. Actualmente, en la era del teléfo-
no móvil y el buscapersonas, los proveedores de cualquier tipo
de servicio, desde una tintorería a un neurocirujano, pueden
estar disponibles permanentemente.
Vigilando
En todos estos sistemas sigue siendo necesario que alguien llame
al policía, al médico, a los bomberos, al fontanero o al que trae
122 e-topia La ciudad teleservida
123
la comida. Pero añadiendo sensores al sistema remoto de solici-
tud de servicios se puede automatizar la tarea de vigilar las nece-
sidades y de requerir el servicio cuando haga falta.
Actualmente es rutinaria la instalación de detectores de
humo y de incendio en los edificios; estos detectores no sólo
hacen sonar una alarma interna, sino que en muchos casos lla-
man automáticamente a los bomberos. Las alarmas contra
robos que detectan la apertura de puertas, rotura de cristales o
movimiento en el interior de cualquier espacio funcionan de
manera muy parecida. La vigilancia electrónica permanente,
basada en sensores incorporados. está empezando a revolucio-
nar el mantenimiento de estructuras como puentes y presas. En
la industria hace tiempo que se incorporan sensores en plantas
y maquinaria para detectar averías y, en un mundo conectado
por todas partes, esta idea se extenderá cada vez más a los
coches y aparatos domésticos de todas clases.
Consideremos los neumáticos de los automóviles, por ejem-
plo. Tradicionalmente ha sido tarea del conductor y de los mecá-
nicos del taller la comprobación manual de la presión y su ajuste,
si era necesario; el olvido de esta tarea produce un bajo rendi-
miento y un desgaste excesivo. Un vehículo inteligente podría rea-
lizar por sí mismo ese servicio rutinario incorporando monitores
de presión, ordenadores y bombas y válvulas controlables para
mantener una presión constante de los neumáticos. Incluso los
camiones madereros más inteligentes de Alaska y de la Columbia
británica conectan ya sus ordenadores internos, vía satélite, a sis-
temas de información geográfica y meteorológica, y la presión de
los neumáticos se ajusta dinámicamente a las condiciones exis-
tentes. ¿Exagerado?, no cuando el resultado es un beneficio'.
Lo que funciona en estructuras y máquinas puede funcionar
también en nuestro propio cuerpo. Probablemente vamos a ver
también una proliferación de sofisticados mecanismos de moni-
torización médica conectados a servicios de salud; anteriormen-
te sólo estaban disponibles en las camas de los hospitales, pero
cada vez se presentarán más en forma de mecanismos discretos,
fáciles de llevar encima, o de sistemas de vigilancia permanente
en los hogares de quienes los necesiten.
En contextos donde la observación automatizada no sea
viable, o por cualquier razón no sea suficiente, la vigilancia
electrónica a distancia será el segundo sistema mejor -donde la revo-
lución industrial sembró vigilantes de máquinas, la revolución
digital hace proliferar vigilantes de pantallas-o La función de
vigilancia a distancia puede llevarse a cabo allí donde la zona
horaria sea conveniente, existan las habilidades para hacerlo y el
precio sea adecuado. Un asistente técnico sanitario de Manila,
por ejemplo, podría perfectamente proporcionar un servicio de
vigilancia médica a una comunidad de jubilados de Palm
Springs y avisar al médico local cuando sea necesario. De forma
parecida, ojos y oídos a distancia podrían controlar en pantalla
las cámaras de seguridad y llamar a la policía local o al servicio
de seguridad en caso necesario.
Vigilancia y aislamiento
Evidentemente, todo esto superpone a la vida diaria otra capa más
de relaciones sociales mediatizadas electrónicamente. En cual-
quier parte que se lleve a cabo este tipo de vigilancia electrónica,
añade a nuestras relaciones primarias, secundarias y terciarias
las relaciones sociales denominadas a Veces como cuaternarias
-Ias que existen entre el observador anónimo y el observado-. Y,
como se han apresurado a señalar los vigilantes de las libertades
civiles, podríamos terminar recluyéndonos en un enorme Panop-
ticon electrónico"
Lo cierto es que tendremos que enfrentamos cada vez más
al compromiso entre mantener la privacidad y conseguir mejores
servicios sacrificando parte de ella. Por ejemplo, si una librería
o una tienda de discos en línea hace un seguimiento de nuestras
compras, puede compararlas automáticamente con las de otros
clientes y utilizar esas comparaciones para decimos lo que han
comprado otros clientes con intereses similares a los nuestros; es
un mecanismo muy efectivo de filtrado y recomendación en co-
laboración, y añade un valor considerable al servicio de la libre-
ría. Pero puede que quisiéramos damos de baja si descubrimos
que los perfiles de compra se están vendiendo también a empre-
sas de publicidad directa'. Y nos molestarla mucho si descubri-
mos que unos periodistas entrometidos andaban fisgoneando en
esos archivos.
¿Qué ocurriría si nos registramos en un lujoso hotel? Si el
hotel puede acceder electrónicamente a un archivo detallado de
124
e-tapia La ciudad te/eservida 125
nuestras necesidades y preferencias, podría organizar el espacio
y el menú a nuestro gusto. Pero, ¿merece la pena?, ¿querríamos
revelar tanto de nuestra intimidad para obtener ese beneficio?
Entonces, ¿qué pasa si ingresamos en un hospital?, ¿la mayor
gravedad de la situación marca alguna diferencia? ¿Estaríamos
preparados para revelar mucho más sobre nosotros mismos si
ello implica una diferencia significativa en la calidad de nuestra
atención médica?
Las cuestiones cruciales de política y de diseño que surgen
por la superposición de las relaciones cuaternarias residen en
generar un equilibrio adecuado, dependiente del contexto. Indi-
viduos diferentes, en distintos momentos de sus vidas y con dis-
tintas relaciones con la sociedad, valoran la dependencia y la
independencia de diferentes maneras. Buscan y requieren dife-
rentes combinaciones de anonimato y de reconocimiento. Algu-
nas veces quieren el aislamiento y otras veces prefieren estar
bien a la vista del público. Hasta ahora es posible desplazarse en-
tre estos extremos trasladándose de un lugar a otro. La tecnolo-
gía electrónica de vigilancia y solicitud de servicios a distancia
amplía la gama de opciones, cambia los beneficios y los peligros
y requiere que reflexionemos sobre nuestros mecanismos lega-
les y arquitectónicos para conseguir un equilibrio adecuado.
En el escenario más pesimista, los mecanismos fallarán
inevitablemente, los más poderosos obtendrán siempre la infor-
mación que deseen y los demás acabaremos sin ningún tipo de
intimidad. Desde puntos de vista más optimistas, encontraremos
formas eficaces de tratar la identidad como una mercancía
medida electrónicamente. La activaremos o la desactivaremos
según el contexto.
Suministro a distancia
La vigilancia y la solicitud a distancia cambia significativa-
mente los sistemas de servicio, especialmente la atención
médica y los servicios de urgencia, pero lo que marca rea/-
mente la diferencia es la entrega a distancia. Si se puede enviar
un servicio a través de una red, se puede extender el área de
servicio hasta donde alcance esa red; potencialmente, a todo el
mundo. Esto genera grandes mercados de servicios, promete
una mayor igualdad de distribución y es especialmente positi-
vo para quienes viven en zonas lejanas y poco desarrolladas, y
también para quienes estén inmovilizados por la edad o por
una enfermedad. Además, el agente de servicio al final de la
línea puede llegar a ser un incansable programa informático,
en lugar de mí operador humano.
En el caso más sencillo, como el espectáculo en vídeo y
audio, las noticias y algunos servicios educativos, el suministro
se reduce a la transmisión y visualización de una corriente de
información. Puede ser sincrónica, como las emisiones de radio
y televisión, o puede ser asincrónica, como los servidores de
noticias en la web. En ambos casos, la red sólo proporciona con-
ductos en un sentido; la lógica es muy parecida a la de los siste-
mas de suministro de agua.
Con la comunicación de doble sentido, el suministro a dis-
tancia se convierte en una opción atractiva para empresas de ser-
vicio que persigan la estrategia de informar a los clientes de sus
opciones, asesorarles sobre su elección y luego realizar, en su
caso, una transacción de cualquier tipo. Esto funciona incluso
cuando el producto o servicio adquirido se suministra de una
forma totalmente convencional.
Un caso típico son los viajes. Antes había que desplazarse a
la estación de tren, a la oficina de una empresa de navegación o
a una agencia de viajes local para informarse y para adquirir los
billetes. Más tarde, con la llegada del teléfono, se podía obtener
el mismo servicio con una llamada; las compañías aéreas y de
otro tipo de transporte empezaron a depender de las operacio-
nes del centro de llamadas y los agentes de viajes comenzaron a
pasar la mayor parte del tiempo al teléfono. Recientemente, las
páginas web interactivas ofrecen una tercera posibilidad; se
pueden consultar bases de datos en línea exhaustivas, realizar
sofisticadas búsquedas de vuelos y tarifas que cumplan nuestras
necesidades e inmediatamente hacer la reserva y la compra de
billetes mediante una transacción en línea. Esto ha dificultado la
supervivencia de las agencias .de viajes a partir de las comisiones
sobre la venta de billetes, como ha sido tradicionalmente, y las
ha obligado a competir mediante la calidad de información y el
asesoramiento que ofrecen".
Algunos sectores de la venta minorista están recorriendo el
mismo proceso. Las tiendas en línea de libros y discos, como
126 e-tapia La ciudad teleservida 127
Amazon.com, no sólo ofrecen un servicio cómodo y permanen-
te; también compiten con las librerías tradicionales ofreciendo
información y asesoramiento cada vez más sofisticados. Sus
catálogos son extensos y muy detallados, contienen resúmenes,
recensiones y referencias cruzadas y se pueden consultar por
múltiples criterios. Además, pueden aumentar la fidelidad de los
clientes ofreciéndoles servicios de selección y recomendación co-
laborativos que se hacen más eficaces cuanto más tiempo y más
sistemáticamente se compre con este sistema. Estos servicios
son mucho más impresionantes que los anteriores pedidos por
correo o por teléfono.
Los servicios bancarios y financieros se han visto también
afectados de forma espectacular. Los depósitos, reintegros y con-
sultas de saldo se han convertido en operaciones rutinarias de
gran volumen y bajo coste; se llevan a cabo cada vez más a tra-
vés de cajeros automáticos y sistemas electrónicos de banca en
casa, no por un administrativo tras un mostrador, como antes.
Las facturas se pagan en línea, en vez de hacerlo por correo'. Y
un número creciente de inversores utilizan económicos sitios en
línea dedicados a la compraventa de valores en lugar interme-
diarios personales.
En este nuevo entorno competitivo, los vendedores intentan
destacar por la calidad de la información, del análisis y del ase-
soramiento en línea que pueden ofrecer. De esta forma, los sis-
temas de banca en casa se integran con los programas de gestión
financiera personal. Los vendedores de fondos de pensiones
crean elaboradas páginas web con informes actualizados, mate-
rial educativo, calculadoras de beneficios y otros instrumentos
de ayuda a la toma de decisiones, así como la posibilidad de rea-
lizar transacciones en línea. Las páginas en línea de compraven-
ta de acciones y fondos de inversión ofrecen carteras de valores
personalizadas, cotizaciones de bolsa en tiempo real. gráficos de
medias móviles, predicciones trimestrales, calendarios económi-
cos, informes de analistas y recomendaciones personalizadas, en
lugar del consejo de un intermediario.
Los que ridiculizan los servicios en línea, pensando que no
son muy distintos de los que existían antes por correo o por telé-
fono, y que nada puede sustituir a la interacción personal con un
especialista humano, no se están enterando de nada. Es la ubi-
cuidad y la velocidad del suministro electrónico, combinadas
con la capacidad de integrar eficazmente la inteligencia electró-
nica, lo que representa una diferencia crucial. Las redes están
abriendo vastos mercados tanto para servicios familiares como
para los radicalmente innovadores, los empresarios están res-
pondiendo y está emergiendo con rapidez una nueva clase de
economía de 'servicios apoyada en la electrónica. Un número
cada vez mayor de empresas tradicionales de servicios van a
verse amazoneadas por advenedizos punto.coms,
Expandiendo la red de relaciones indirectas
El efecto social general de este nuevo tipo de sistemas de tele-
servicio es la eliminación de los intermediarios tradicionales,
que se ven reemplazados por sistemas electrónicos y programas
informáticos.
En lugar de ir a una sucursal bancaria y buscar al cajero,
alguien al que posiblemente hemos llegado a conocer gracias al
contacto regular, DOS relacionamos con un cajero automático
impersonal o con un sistema electrónico de banca en casa. En
lugar de comprar entradas en la taquilla -o a un revendedor-,
buscamos en una página web, seleccionamos la butaca sobre un
plano en pantalla y pagamos con la tarjeta de crédito. En vez de
acercamos hasta nuestro amable tendero local, buscamos en los
catálogos y hacemos click en un botón de pedido. Donde antes
teníamos que hacer cola en el registro de automóviles para reno-
var el carnet de conducir, ahora realizamos esa tarea en línea.
De esta forma están proliferando en nuestra vida diaria las
relaciones indirectas, anónimas, posibilitadas por la electrónica,
al mismo tiempo que ciertas transacciones personales, y las rela-
ciones sociales secundarias con intermediarios tradicionales que
ello supone, se ven reducidas en la misma medida. La sociedad
como un todo depende cada vez más de una amplia y compleja
red de intermediación electrónica y automatizada -nuestro
nuevo chico de los recados para todo-. La reducción del coste de
transacción y el aumento de eficiencia del mercado es potencial-
mente enorme; no es extraño que Bill Gates haya escrito, rela-
miéndose, sobre la naciente era de "capitalismo sin fricción'".
Mucha gente, muy comprensiblemente, teme la aparición de
una subespecie de horno economicus comedora de bits I así como
128 e-topia
La ciudad teleservida 129
la eventual pérdida de contacto humano y de relaciones. Pero,
hagamos la pregunta difícil: ¿Qué es lo que merece la pena de
esas relaciones sociales concretas? Y, ¿qué será lo que las susti-
tuya? Por mi parte, puedo vivir perfectamente sin el contacto
humano que solía tener con los dependientes del registro de
vehículos, aburridos y estresados, y puedo utilizar mucho mejor
el tiempo que perdí en la cola. Y no creo ser el único que opina
lo mismo.
Seguramente, la cuestión es no dejar un vacío, o cubrir ese
vacío con concursos y reposiciones de series de televisión. Si la
eficiencia lograda a través de la electrónica conlleva beneficios
humanos reales, deben complementarse con oportunidades para
emplear el tiempo liberado en algo mejor -entendiendo "mejor"
en términos sociales e individuales-o Es un reto crucial para la
política y el diseño. Estamos dispuestos a considerar como un
éxito social el espacio de vivienda y trabajo, conectado en red, si
nos da la oportunidad de dedicar más tiempo y energía a nues-
tras relaciones primarias más valiosas. El barrio a pequeña esca-
la, de actividad permanente, se impondrá en la medida en que
impulse y recompense una atención renovada a la construcción
de la comunidad. Ypuede ser que el tiempo antes perdido en bus-
car y comprar libros se emplee ahora de forma más productiva en
leer publicaciones electrónicas más baratas y más accesibles.
Telerrobótica
Todo esto se aplica a servicios que pueden convertirse en intan-
gibles. Pero, ¿qué ocurre con los que tradicionalmente no sólo
requieren intercambio de información, sino también de la mano
humana, allí mismo y en el acto? ¿Se puede arreglar el coche a
distancia?
Bien, seguramente se puede arreglar el ordenador, al menos
en ciertas circunstancias; si permitírnos que un técnico especia-
lizado acceda remotamente a nuestro ordenador desde su siste-
ma, resolveremos problemas de funcionamiento de programas
sin que alguien tenga que desplazarse o sin llevar el ordenador a
un centro de servicio técnico; de hecho, las redes a gran escala
resultarían muy difíciles de mantener sin este tipo de servicio a
distancia. A medida que los ordenadores llevan cada vez más
programas y más conexiones de red incorporados, también pue-
den recibir este tipo de servicio con más facilidad. Si no se puede
arreglar directamente, al menos se diagnosticará el problema a
distancia y el técnico se presentará con las herramientas y com-
ponentes adecuados.
Donde no sea suficiente esta estrategia, puede intervenir un
telerrobot para hacer el trabajo, al menos en principio. El tele-
rrobot es una máquina de control remoto que es capaz de ejecu-
tar tareas físicas variadas. Puede estar fijo en un sitio, como los
robots industriales, o puede ser móvil, como los vehículos de
reparto. Puede estar conectado directamente o de forma inalám-
brica a una red de comunicación. Cada uno de sus movimientos
puede estar específicamente controlado, o puede disponer de
cierta capacidad autónoma de toma de decisiones.
El proyecto Telegarden, lleno de ironía y creado por Ken
Goldman y Joseph Santarommano, fue una primera y provocati-
va exploración de algunas de las formas en que podría funcionar
la telerrobótica en red. Se trataba de cuidar telerrobóticamente
un jardín al que se accedía a través de la web. Se podía formar
parte de la comunidad que lo mantenía conjuntamente facilitan-
do la dirección de correo electrónico a los organizadores del pro-
yecto y a los demás jardineros. Ser miembro de esta comunidad
permitía manejar a distancia un brazo robótica a través de un
interfaz de la web, plantar y regar semillas, observar todas las
acciones y supervisar el estado del jardín. La revista Gardening
Design, que no destacaba normalmente por su interés hacia el
mundo digital, se vio obligada a comentar: "Sembrar una semilla
única, invisible e intangible, a miles de millas de distancia podría
parecer algo mecánico, pero genera una apreciación estilo zen
del acto fundamental del crecimiento. Aunque exento de sensa-
ciones, plantar esa semilla lejana sigue estimulando una actitud
de previsión, protección y nutrición. La inconfundible vibración
del jardín late y empuja, incluso a través de un módem'".
En una rápida vuelta por la web se pueden encontrar un
montón de atractivos y entretenidos juguetes e instalaciones de
arte telerrobóticos. Yahoo los clasifica como "artilugios intere-
santes conectados a la red". Según escribo este párrafo, descu-
bro sitios que te permiten -o te prometen que te permiten, o que
en algún momento te lo habrían permitido- excavar dibujos en
un terrario lleno de arena, controlar diversos componentes de
130
e-topia La ciudad teleservida 131
equipo de laboratorio, girar e inclinar cámaras de vídeo en dife-
rentes lugares, hacer funcionar maquetas de trenes en Alemania
y ver cómo se mueven, encender las luces que adornan un leja-
no árbol de Navidad, manejar varios telescopios automáticos,
mover bloques con un brazo mecánico situado en la universidad
de Western Australia, pintar cuadros con pintura y pinceles de
verdad y hasta hacer tostadas a distancia.
En general, la telerrobótica parece complicada, cara y un
tanto perversa. En efecto, con frecuencia lo es, pero puede tener
un significado práctico en circunstancias en las que la distancia
y los costes de viaje sean muy grandes, cuando hay que suminis-
trar un servicio en lugares peligrosos o cuando la demanda está
muy diversificada y los proveedores expertos están confinados
en pocos lugares. Consideremos la cirugía especializada, por
ejemplo. No hay duda de que lo deseable, normalmente, es que
el cirujano esté en la misma habitación que el paciente. Pero ¿es
necesariamente mejor transportar a través de largas distancias a
un paciente enfermo o a un cirujano ocupado, cuando se podría
sustituir con una combinación de telerrobótica y de imagen digi-
tal proporcionadas por una sala quirúrgica inteligente? ¿Y qué
ocurre en los campos de batalla o en lugares devastados, donde
un cirujano sería demasiado valioso para arriesgarlo en primera
línea? ¿O si la demanda de un procedimiento especializado está
ampliamente difundida por todo el mundo, pero la destreza
necesaria sólo está disponible en un par de centros principales?
La necesidad de suministrar servicios en este tipo de circuns-
tancias ha impulsado una investigación intensiva sobre las posi-
bilidades de la telecirugía, así como el desarrollo de algunos
impresionantes prototipos de sistemas",
Por tanto, sí, se puede utilizar la telerrobótica a veces para
estar en contacto -literalmente en contacto- con proveedores
remotos de servicios. Pero no hay que emocionarse demasiado
con brazos robóticas o dispositivos táctiles de realimentación. Al
menos, no todavía.
La paradoja del teleservicio
Las limitaciones de la telerrobótica son instructivas. Por mucho
éxito que tengan los nuevos sistemas de teleservicio, sigue sien-
do cierto que algunos servICIOS, incluyendo la mayoría de los
más modestos, aún dependen de la presencia local de los pro-
veedores. Un t'eIetrabajador sigue necesitando llevar la ropa a la
tintorería, y no desea ir dema;¡iado lejos para ello. El interme-
diario electrónico puede operar globalmente, pero el empleado
que vacía papeleras y pasa la aspiradora por la oficina tiene que
estar allí en ese momento. Pero a pesar de Telegarden, los jardi-
neros normales tienen que seguir poniendo sus manos en el sue-
lo. Los cocineros tienen que hacer llegar la comida a la mesa
cuando aún está caliente. La telepeluquería o el teledentista pa-
recen muy lejanos en nuestro futuro. Combinándolo todo, vere-
mos rápidamente que los bienes y los servicios que produce una
ciudad para consumo local, a diferencia de lo que los economis-
tas regionales denominan "base exportable", probablemente
sigan suponiendo un porcentaje muy significativo del total'".
Por tanto, las concentraciones de población y de actividad
económica, una vez establecidas, siguen teniendo algún tipo de
potente adhesivo que las mantiene unidas". El suministro digi-
tal de servicios médicos, educativos, financieros, de venta, de
ocio y otros muchos ofrecerán probablemente nuevos modelos
de acceso al servicio dentro y fuera de dichas concentraciones,
pero desde luego no se van a disolver por ello. De hecho, surge
una especie de paradoja: lugares de actividad electrónica febril,
como el distrito financiero de Manhattan, la City de Londres o el
acomodado enclave de teletrabajo de Aspen, se convierten en
imanes para los trabajadores de servicios de bajo salario que rea-
lizan el tipo de tareas que no pueden hacer los ordenadores ni la
maquinaria controlada electrónicamente. Y, por supuesto, esta
concentración de trabajadores de servicios forma parte de la
atracción que este tipo de lugares ejerce sobre los más privile-
giados. Es un pequeño e inconfesable secreto a voces que todos
esos lugares de alto poder adquisitivo conviven con una contra-
partida más económica en algún sitio cercano, mucho menos
interesante y atractiva.
Pero en este caso, sin embargo, el juego no ha empezado
todavía. Paul Krugman sugiere, y probablemente tiene razón,
que la parte que sale perdiendo en el proceso se vengará en algún
momento!'. A medida que se amplíen las redes, que proliferen
los lugares inteligentes y que los programas tengan cada vez más
capacidad, los precios de los servicios que tienen que ver con la
132 e-topia La ciudad teleservida
133
información irán bajando; al mismo tiempo, el valor de los ser-
vicios realizados manualmente, que no se pueden automatizar o
suministrar a distancia fácilmente, irán subiendo en consecuen-
cia. Cocineros, jardineros, cuidadores de niños y fontaneros 10
tendrán cada vez mejor.
Mientras tanto, la conexión en red cambiará radicalmente el
funcionamiento de los pequeños proveedores de servicios. Los
sistemas de taxis, con sus operadores individuales coordinados
por centros de comunicaciones y de intermediación, hace tiem-
po que han mostrado el camino. En la era de las telecomunica-
ciones digitales. las agencias de interrnediación de servicios en
línea ofrecerán directorios, información de precios y disponibi-
lidad, y recomendaciones. En lugar de llamar a un fontanero y
ser puesto en espera o quedar enredado en una maraña de telé-
fonos, es posible enviar un agente informatizado que encuentre
un experto en tuberías con la aptitud requerida, que compruebe
tarifas, disponibilidad y referencias y que establezca automáti-
camente una cita. En lugar de comprar mobiliario en una tien-
da local de antigüedades, buscaremos en una página nacional de
subastas en línea.
En suma, las fuerzas espaciales puestas en marcha por el
teleservicio son complejas y a veces tiran en distintas direccio-
nes al mismo tiempo. Pueden generar a la vez tendencias de des-
centralización y de vuelta a la centralización. Pueden romper
los vínculos entre la demanda local y el suministro de servicios
local, pero también pueden reforzar el dominio de los centros de
servicio, ya establecidos.
Fachada electrónica, espalda arquitectónica
Desde el punto de vista de la arquitectura, la consecuencia más
sorprendente del teleservicio es la transformación de la relación
tradicional entre la fachada y la parte de atrás. Muchas empre-
sas están comenzando a adquirir fachadas electrónicas y partes
de atrás arquitectónicas.
Pensemos, por ejemplo, en una tienda situada en una calle
de compras al viejo estilo. La fachada de la tienda presenta la
empresa al público y el espacio que hay inmediatamente detrás
es donde los clientes curiosean la mercancía, entablan relación
con el personal de ventas y hacen sus compras. Más atrás está el
almacén y la zona de administración, que no están abiertos al
público. Aún más allá, en el fondo, puede haber un almacén y la
oficina principal. En general, existe una /erarquía muy clara de
visibilidad y de presencia pública.
En el equivalente electrónico de dicha tienda, sin embargo,
el interfaz en línea asume la función de fachada a la calle, de la
señalización, de los escaparates y del espacio de venta; la informá-
tica se encarga por completo de regular la interacción de la em-
presa con sus clientes. El espacio trasero permanece, la
de almacenar la mercancía y ubicar al personal administrativo
se mantiene. Sin embargo, las limitaciones de emplazamiento se
diluyen, y este espacio trasero se puede distribuir libremente
en cualquier modelo nuevo que tenga sentido. Además, los edi-
ficios que proporcionan este espacio trasero no tienen que es-
tar necesariamente en lugares urbanos destacados, de renta
alta, ni tienen ningún papel representativo; pueden ser lejanos
y anónimos. ." .,.
En una librería en línea, por ejemplo, la pagma inicial es el
equivalente de la fachada y se encuentra usando un motor de
búsqueda o siguiendo enlaces desde otras páginas, no deambu-
lando a lo largo de una calle. El catálogo en línea corresponde
a las estanterías de libros reales, los mecanismos de búsqueda
y agentes informatizados facilitan el examen de los títulos y el
formulario de pedidos en línea ejecuta la función del mostra-
dor y de la caja registradora. En alguna parte, desde luego,
existe un gran almacén, o un sistema de pequeños almacenes
distribuidos a lo largo del área de servicio, donde se almacenan
físicamente los libros, se localizan, se empaquetan y se despa-
chan de la manera más tradicional. y asimismo, en alguna otra
parte, posiblemente en un lugar muy diferente, según
el mercado de trabajo y la infraestructura de telecomumcaclO-
nes, existen servidores, centros de llamadas y oficinas adminis-
trativas.
Lógicamente, el carácter y la distribución del espacio trase-
ro administrado electrónicamente vana según la naturaleza de
los productos y los servicios que ofrecen las empresas. Ciertos
artículos muy perecederos que requieren un reparto rápido, co-
mo la comida caliente, necesitan espacios traseros distribuidos a
lo largo del área de servicio; no puede haber un centro nacional
134 e-tapia La ciudad teleservida 135
de suministro de pizzas. Los supermercados en línea necesitan
almacenes situados de forma que permitan la entrega en el día
dentro de las zonas metropolitanas. Las librerías en línea, que se
basan en la entrega aérea y por carretera, necesitan grandes con-
centraciones de espacio de almacén en los nodos de transporte
nacional e internacional. Y las empresas de servicios financieros,
que no suministran nada físico, pueden situarse en cualquier si-
tio que les atraiga en función de alquileres y disponibilidad de
mano de obra. Cuando los trabajadores del espacio de atrás no
tienen que manejar artículos físicos pueden estar incluso en luga-
res de teletrabajo muy dispersos sin conexión espacial de ningún
tipo con los clientes.
Al mismo tiempo, la fachada electrónica de una empresa
cambia el estilo y la granularidad de su representación pública.
Antes, por ejemplo, los bancos estaban representados por sucur-
sales situadas en calles principales. Ahora están representados
por una gran cantidad de cajeros electrónicos, pequeñas sucur-
sales y pantallas de banca en casa distribuidos según un modelo
muy diferente, mucho más difuso.
Espacios servidos y de servicio revisitados
Lo más importante, no obstante, es que el teleservicio demanda
una nueva definición de la organización del espacio arquitectó-
nico, tanto a la escala de los edificios como de la propia ciudad.
En la década de los años sesenta, Louis Kahn estableció una
influyente distinción entre los espacios de servicio y los espacios
servidos de un edificio. El espacio servido era el lugar de las activi-
dades humanas importantes, mientras que el espacio de servicio
acogía las actividades de apoyo y el equipamiento que necesita-
ba el espacio servido. Así, una planta de laboratorio podría ser
un espacio servido, con las salas adyacentes y los conductos de
ventilación corno espacios de servicio.
Desde entonces, los expertos en tecnología de redes han
aprendido a pensar de forma similar, e incluso a reinventar una
terminología parecida. La web y otras estructuras de redes simio
lares, consta de sitios clientes y sitios servidores. La oficina en
casa puede ser un sitio clíente, por ejemplo, soportado por el ser-
vidor de Intranet de nuestra empresa.
Hoy, en la era de la red digital, están empezando a conver-
ger ambos conceptos. Se podrían seguir relacionando de una
forma tradicional los espacios inteligentes servidos y de servicio,
haciendo que sean adyacentes, pero también ~ e podría estable-
cer su conexión funcional a través de un remoto enlace electró-
nico. La organización funcional del espacio arquitectónico se
puede seguir deduciendo de las plantas y de los mapas de uso del
suelo, pero ahora también se debe tener en cuenta el compo-
nente de las redes y de los programas.
9 ECONOMiA DE PRESENC1A
En la ciudad reestructurada electrónicamente del siglo XXI, ¿qué
haremos para elegir entre relaciones cara a cara y telecomuni-
caciones? ¿Cuándo preferiremos viajar para ir a una reunión y
cuándo estaremos encantados de sustituir el viaje por una cone-
xión remota? ¿Cuándo nos comunicaremos de forma simultánea
y cuándo decidiremos hacerlo de forma asincrónica? ¿Cómo se
tendrán en cuenta nuestras opciones personales? ¿Qué modelos
espaciales y temporales unitarios surgirán?
Yo creo que planificaremos nuestras acciones y asignare-
mos nuestros recursos dentro del marco de una nueva econo-
mía de presencia1• Al realizar nuestras transacciones diarias nos
descubriremos pensando constantemente en los beneficios de
los distintos grados de presencia que tenemos ahora a nuestra
disposición y sopesándolos con el coste.
Los elementos de esta economía de presencia estaban pre-
sentes y estructuraban la vida cotidiana de las ciudades del pasa-
do. Pero la infraestructura de telecomunicaciones digitales y los
espacios inteligentes completan ahora el sistema y, como conse-
cuencia, están introduciendo nuevas posibilidades y reestructu-
rando radicalmente los beneficios y costes comparativos.
El coste de estar ahi
Normalmente no pensamos en ello, pero la presencia consume
recursos y cuesta dinero. Habitualmente pagamos más, en tari-
138 e-topía Economía de presencia 139
fas de hotel o alquiler de oficinas, por ejemplo, por estar presen-
te en donde todo el mundo quiere estar, que por ir a donde nadie
quiere acercarse. Y cuesta dinero y esfuerzo ir a un sitio para
reunirse con alguien, realizar transacciones o ver una actuación.
Estar en el lugar correcto en el momento adecuado puede resul-
tar muy caro.
Antes de que la tecnología de las telecomunicaciones comen-
zara a cambiar las cosas, estar "presente" significaba siempre es-
tar físicamente allí, en algún lugar especifico, para establecer la
posibilidad de una interacción directa, cara a cara. Ello conlle-
vaba la inversión de recursos en edificios adecuados para estar
juntos, además del sistema de circulación o transporte necesa-
rio para llegar allí. Esta, por supuesto, era la esencia del ágora
antigua.
En estas condiciones, la proximidad, tanto en tiempo corno
en espacio. tenía una gran demanda y se convirtió en un recur-
so muy escaso y valioso. Existían lugares privilegiados y tiempos
privilegiados, así corno centros y periferias. Los edificios y las
ciudades estaban organizados minuciosamente para lograr un
uso eficaz del espacio y la circulación.
Límites tradicionales
Además, existían estrictas limitaciones de tamaño. Una comuni-
dad no podía crecer demasiado sin empezar a segregarse; sus
miembros tenían que conocerse unos a otros y reunirse en per-
sona para realizar transacciones y discutir asuntos de interés
común, pero los medios para conseguir estos fines eran limita-
dos. Corno señalaron Platón y Aristóteles en sus perspicaces aná-
lisis sobre la organización y funciones de las ciudades, la vida en
comunidad se volvía directamente imposible cuando había
demasiada gente intentando participar en ella'. Un ágora sólo
podía crecer hasta cierto tamaño.
La enorme plaza de Tiananmen de Pekín representa vívida-
mente los límites funcionales del espacio público urbano tradi-
cional'. Tiene aproximadamente cien acres de superficie y si la
multitud se compacta realmente dentro de ella, como ocurre en
alguna ocasión, puede contener cerca de un millón de personas.
Sin embargo, esta condición no es la adecuada para un discurso
democrático multidireccional. Tiananmen sirve sobre todo para
dirigirse a las masas y aclamar líderes, o para colocar cuerpos en
primero línea para que se les resistan.
La alternativa asincrónica
Sin embargo, mientras se estaban construyendo las antiguas
ágoras griegas se gestaba una reorganización social y cultural
que cambiaría las cosas para siempre. Los primeros y primitivos
medios para hacer marcas visibles sobre una superficie habían
creado la posibilidad de registrar externamente la información;
se veía algo y se dibujaba, o se oía algo y se registraba por es-
crito. Los transmisores y receptores de información ya no tenían
que estar física y simultáneamente presentes para completar la
transmisión; la separación en el tiempo ya no era una barrera
infranqueable. Un mensaje escrito o dibujado se podía interpre-
tar mucho después de que el autor hubiera abandonado el lugar,
e incluso, sorprendentemente, después de su muerte",
De esta forma se hizo posible la comunicación asincránica.
Había comenzado el largo proceso de desmaterialización de la
información. La vida económica, social y cultural ya se podía man-
tener no sólo con movimientos y concentraciones de personas,
sino también con la producción, la reproducción, el almacena-
miento, la distribución y el consiguiente uso de la información
inscrita en los asuntos humanos. La conexión e interacción entre
personas, las comunidades que estos intercambios crearon y
mantuvieron y la forma de las ciudades que los albergaban, todo
comenzó a cambiar inexorablemente.
Lewis Mumford, sin ir más lejos, estaba convencido de que
éste fue el momento urbano decisivo. En su gran obra The City
in History, comentó:
No es casualidad que el nacimiento de la ciudad como unidad autóno-
ma, con todos sus árganos históricos totalmente diferenciados y activos,
coincidiera con el desarrollo del registro permanente: con los glifos. los
ideogramas y el alfabeto, con las primeras abstracciones de los números
y los signos verbales. Para cuando esto ocurrió, la cantidad de cultura que
habia que transmitir oralmente sobrepasaba la capacidad de un pequeño
grupo, incluso durante una larga vida. Ya no era suficiente que la expe-
140 e-topía Economía de presencia 141
rienda consolidada de la comunidad descansara en las mentes de sus
miembros de más edad",
En otras palabras, la ciudad llegó a depender de la combi-
nación entre comunicación sincrónica y asincrónica -discurso
y texto, orador y escriba, en directo y grabado, contrato escrito y
apretón de manos, ágora y archivo-. Cada opción tenía su coste,
sus ventajas e inconvenientes, y había que sopesarlos a la hora
de elegir. Era el principio de la economía de presencia.
Movilización de la información
Las tecnologías de comunicación asincrónica evolucionaron len-
tamente al principio, y posteriormente a ritmo creciente según
se iba aproximando nuestra propia época. En un principio, los
medios de registro eran pesados y difíciles de transportar, y
a menudo formaban parte integral de estructuras permanentes;
existían tablillas de piedra y arcilla, así como marcas pintadas o
grabadas en los muros", Los edificios religiosos o monumenta-
les, en particular, estaban cargados de imágenes y de texto, se
situaban en el centro de las comunidades y se diseñaban para ser
el foco de la vida espiritual, social y cultural'. En esta fase, era el
lector el que solía acercarse a la información, en lugar de la
información al lector.
Sin embargo, el papel y otros medios similares más ligeros
hicieron que la información escrita fuera mucho más manejable.
Primero llegó el rollo de papiro, después el libro de códices, más
cómodo. La pintura de caballete, que se podía comprar, vender
y transportar, se convirtió en una alternativa a la pintura mural
cada vez más popular; como dijo una vez McLuhan, "desinstitu-
cionalizaron" las imágenes'. Las cartas y los manuscritos cosidos
movilizaron los textos de la misma manera. En algún momento,
Aldus Manutius, de Venecia, comenzó a producir libros impre-
sos manejables y baratos'.
Esta nueva movilidad, junto con un transporte eficaz, crea-
ron las condiciones necesarias para la introducción del sistema
público de correos, que tuvo sus raíces en el sistema de correo
a caballo que habían establecido reyes y emperadores desde el
principio de los tiempos. Círo, emperador de Persia, utilizó este
sistema en el siglo VI a.C. Sistemas similares sirvieron al
Imperio Romano y al de Carlomagno. A partir del siglo XVI, el
sistema de correos de los monarcas europeos entró en el nego-
cio de transportar cartas para los ciudadanos privados. En el
siglo XIX, los servicios públicos de correos, eficientes y asrplía-
mente accesibles, proporcionaban una forma cada vez más
indispensable de comunicarse de manera asincrónica, pero
relativamente rápida, a través de distancias considerables; los
mensajes podían viajar en diligencia, barco de vapor, tren o
incluso en pony express.
Cuando aparecieron los estados-nación modernos los siste-
mas nacionales de correos se convirtieron en monopolios del
gobierno, o casi-monopolios, y participaron en los tratados para
el intercambio internacional del correo. La red global resultante
fue el primero de los muchos sistemas de distribución de infor-
mación a gran escala de este tipo que siguieron. Y, a pesar de ser
varios órdenes de magnitud más lentos que los sistemas actuales
de telecomunicaciones digitales, poseían muchas de sus caracte-
rísticas estructurales esenciales.
Los comienzos de la interacción a distancia
Se han invertido los términos; ahora, la información busca a
los lectores, en lugar de ser los lectores los que buscan la in-
formación. Como ilustran las novelas de Austen, Dickens y
Trollope, el cartero había empezado a jugar un papel impor-
tante en el mantenimiento de la vida social. Las ernpresas
intercambiaban pedidos y facturas por correo. Los profesiona-
les ilustrados empezaron a descubrir lejanas comunidades de
intereses, a las que llegaba la correspondencia, que luchaban
por su atención y su lealtad en competencia con la sociedad
local JO y apareció como un águila solitaria el primer trabaja-
dor a distancia: a partir de 1880, Robert Louis Stevenson pudo
establecerse en una remota isla de Samoa, seguir llevando una
vida de autor prolífico y de éxito y permanecer en contacto con
sus numerosos amigos y conocidos, todo porque los barcos que
hacían la ruta de Sidney a San Francisco atracaban una vez al
mes en Apia para recoger y entregar el correo.
142
e-topia Economía de presencia 143
A mediados del siglo XIX, John Dewey volvió la mirada hacia
atrás sobre el milenio y reflexionó:
A Platón le parecía casi evidente, corno más tarde también a Rousseau,
que un auténtico estado dificilmente podría ser mayor que el número de
individuos que pueden conocerse personalmente entre ellos. La moderna
unidad del estado se debe a las consecuencias de la tecnologia, emplea-
da de forma que favorece una rápida y fácil circulación de opiniones y de
información, generando una interacción constante y compleja, que sobre-
pasa los limites de las comunidades de relaciones personajes. La desapa-
rición de las distancias, en cuya base hay agentes fisicos, ha traido la exis-
tencia de la nueva forma de asociación política11.
Así, la movilización de la información ha añadido una nueva
dimensión a la economía de presencia. Pudieron surgir sistemas
de integración social y económica a mayor escala; y dentro de
ellos se podía optar entre viajar para asistir en persona a una
reunión. o basarse en la comunicación a distancia.
Descargar una vida
Las propiedades técnicas del medio y mensaje han demostrado ser
cruciales. Un mensaje duradero podía trascender el tiempo, un
mensaje compacto podía reducir al mínimo el espacio de archivo
necesario y un mensaje ligero podía vencer la distancia al reducir
la dificultad y el coste del transporte. Las bibliotecas y los servicios
de correos difícilmente habrían evolucionado hasta sus niveles ac-
tuales de sofisticación y eficiencia si todavía tuvieran que confiar
en la transcripción sobre pesadas y enormes tablas de piedra.
El papel allanó el camino, pero fue el creciente dominio del
electromagnetismo durante el siglo XIX lo que finalmente resol-
vió el problema de desmaterializar los mensajes y transmitirlos
velozmente a través de largas distancias. Además, trajo apareja-
da la entonces increíble posibilidad de codificar una señal en un
extremo de un cable, transmitirla y, finalmente, descodificarla
en el otro y distante extremo. Esto abrió la primera era de las
telecomunicaciones electrónicas: el telégrafo, el teléfono y, más
tarde, ya incluso sin cables, la emisión por radio y televisión. En
las empresas y en la industria puso en marcha una revolución en
la coordinación y el control", y desde el punto de vista de la cul-
tura generó la primera aldea global, que McLuhan describió tan
vívidamente. "-
El siguiente gran avance -la conmutación de paquetes- no
era una nueva tecnología de registro y archivo, ni un nuevo siste-
ma de transmisión, sino un medio para gestionar con eficacia flu-
jos de información de gran volumen y alta velocidad a través de
redes de telecomunicaciones. Apareció por primera vez como tec-
nología experimental en los años sesenta, proliferó en los setenta
y los ochenta y se hizo indispensable en los noventa. En un par
de décadas cambió por completo nuestra forma de pensar sobre
las telecomunicaciones". Nos trajo ARPANET, Ethernet y otras
formas de redes de área local, Internet y la World Wide Web.
A diferencia de las redes telefónicas y de televisión por ca-
ble, que operan de forma sincrónica, las redes de conmutación
de paquetes están diseñadas desde el principio sobre todo para
transmitir información digital de forma asincrónica. La idea
esencial es trocear los mensajes en pequeños "paquetes" de da-
tos, cada uno de los cuales va etiquetado especificando su desti-
no deseado!". Un paquete puede contener varios mensajes cortos
y un mensaje largo puede requerir varios paquetes".
Los paquetes etiquetados se dirigen a través de la red, nor-
malmente pasando por mecanismos electrónicos intermedios,
igual que una carta puede recorrer varias oficinas postales, y al
final vuelven a ser unidos en la secuencia correcta en el lugar de
recepción16. Es como si se arrancan las páginas numeradas de un
libro, se envían por correo en sobres diferentes y se vuelven a jun-
tar cuando llegan, excepto que las operaciones de desmontaje
y montaje son automáticas e invisibles para el usuario!"
La idea podría no haber tenido tanto potencial revoluciona-
rio si los ordenadores hubieran seguido siendo escasos y caros,
como lo eran en los años sesenta cuando se puso en marcha esta
nueva tecnología por primera vez -a la mayoría de nosotros no
nos interesarían los detalles esotéricos de la tecnología de con-
mutación mientras permanecieran en laboratorios especializados
y contextos empresariales-o Sin embargo, junto con el silicio
-chips de memoria, microprocesadores y conexiones de fibra ópti-
ca asequibles- el resultado fue una combinación explosiva. Abrió
la posibilidad de las inmensas redes actuales, donde se almacenan
enormes cantidades de información digital de manera distribui-
144
e-topía Economía de presencia 145
da, donde la información puede moverse rápidamente de un nodo
a otro, y donde la inteligencia artificial se utiliza para gestionar e
interpretar flujos de información de inconcebible complejidad.
Modos y opciones
A estas alturas, la economía de presencia ha tomado cuerpo
totalmente; ya tenemos los medios para relacionarnos entre no-
sotros, localmente o a distancia, de forma sincrónica o asincró-
nica, o en todas las combinaciones posibles de lo anterior.
Imaginemos, por ejemplo, que queremos hacer llegar cierta
información a un colega. ¿Qué opciones tenemos? La siguiente
tabla las resume esquemáticamente:
Una tercera posibilidad es llamar por teléfono a su exten-
sión. Si está, y contesta, la interacción es remota y asincrónica .
En este caso, la-tecnología de apoyo toma la forma de un siste-
ma de telecomunicaciones. En lugar de un teléfono podría ser,
por supuesto, un sistema de videoconferencia o un entorno vir-
tual compartido.
Por último, se puede interactuar a distancia y de forma asin-
crónica intercambiando correos electrónicos o correos de voz.
Esto requiere una combinación de telecomunicaciones y de
tecnología de grabación y archivo. Puede ser algo tan simple co-
mo un contestador automático conectado al auricular del telé-
fono, o algo tan elaborado como Internet.
Costes y beneficios
En primer lugar, podemos acercarnos hasta su despacho di-
rectamente y discutir el asunto en persona. Eso nos coloca a am-
bos físicamente en el mismo lugar y en el mismo tiempo, es decir,
se trata de una comunicación sincrónica y local. Este encuentro
se ve reforzado por la disposición arquitectónica: espacio apro-
piado, escritorio, sillas y mesa de conferencias. Si su despacho
es un lugar inteligente, podemos aumentar nuestra interacción
verbal electrónicamente, por ejemplo, proyectando una presen-
tación de vídeo desde nuestro ordenador portátil.
Si no estuviera en el despacho, podemos dejarle una nota en
la mesa, o pegada en la pantalla del ordenador, de manera que
pueda leerla en algún momento posterior. Dependerá de los dos
el estar en el mismo sitio, pero no es preciso que uno esté al
mismo tiempo; este es un caso de comunicación local asincróni-
ca. Requiere una tecnología adecuada de grabación y de archivo
y el receptor debe ser capaz de encontrar el mensaje con facili-
dad. En su forma más elaborada utiliza tablones de noticias y
boletines, estantes de biblioteca y dispositivos como máquinas
expendedoras o cajeros automáticos que permiten la transferen-
cia controlada asincrónica de los objetos materiales.
Local
Remoto
Sincrónica
Hablar cara a cara
Hablar por teléfono
Asincrónica
Deiar nota sobre la mesa
Enviar correo electrónico
¿Cómo elegir entre estas posibilidades? Puesto que resulta que
difieren considerablemente en relación a su coste, ventajas e
inconvenientes, normalmente se evalúan según demande la si-
tuación o contexto específico.
El encuentro cara a cara ofrece la interacción más intensa,
de más calidad y potencialmente más satisfactoria; no se ve
constreñida por la capacidad de almacenamiento, el ancho de
banda de las telecomunicaciones o las limitaciones de los inter-
faces. Pero es, con mucho, la opción más cara, tanto en coste
directo como en coste de oportunidad: requiere viajar y consu-
me recursos inmobiliarios, a menudo en lugares céntricos y muy
caros. Y lo más importante, consume nuestro tiempo: sólo tene-
mos una cantidad de tiempo limitado al día para reunirnos con
la gente, y requiere algo de este tiempo. Por tanto, esta opción
tiene sentido en contextos donde la importancia de la interac-
ción justifica su alto coste.
La comunicación asincrónica es mucho menos directa e in-
tensa y actúa en gran medida como filtro: leer a Osear Wilde no
es ciertamente lo mismo que estar con Osear Wilde. Sin embargo,
ofrece la posibilidad de comunicarse a pesar de las diferencias de
tiempos, reduce fastidiosas interrupciones y facilita la vida al eli-
minar la necesidad de coordinar la agenda, además de que permite
finalizar la interacción cuando uno quiera. Los costes de oportuni-
dad se reducen efectivamente porque no hay tantas interacciones
compitiendo por nuestra atención en las horas de mayor actividad.
146 e-topía Economía de presencia
147
En muchos contextos, estas ventajas superan ampliamente a los
inconvenientes; aunque podamos perder la interacción humana
con el cajero del banco, la mayoría de la gente, la mayoría de las
veces, prefiere un cómodo y asincrónico cajero automático.
La comunicación a distancia también hace que perdamos al-
go: hablar con nuestra pareja por teléfono, incluso aunque se trate
de un sistema de teleconferencia, no se puede comparar con estar
allí en persona, pero tiene la gran ventaja de eliminar el tiempo y
el coste de los viajes. Así, tenderemos a preferir esta opción en
contextos en los que la velocidad y el bajo coste son fundamenta-
les y no importe demasiado la pérdida de la proximidad.
La comunicación remota asincróníca llega al extremo de
separar a los participantes tanto en el tiempo como en el espa-
cio. Un mensaje por correo electrónico es mucho menos perso-
nal que una reunión cara a cara, o incluso que una conversación
telefónica, pero puede ser mucho más cómodo y mucho menos
costoso, especialmente si intervienen distancias y zonas hora-
rias. Hoy en día, personas muy ocupadas son capaces de mane-
jar con eficacia docenas o incluso centenares de interacciones
por correo electrónico en una jornada de trabajo, con corres-
ponsales dispersos por todo el mundo, pero no podrían tratar
más que con una pequeña parte de ellos si tuvieran que hacerlo
en persona o por teléfono.
Las ventajas, inconvenientes y costes de estos diversos mo-
dos de interacción se pueden resumir como sigue;
Requiere transporte Requiere transporte
Requiere coordinación Elimina la coordinación
Intensa, personal Desplaza en el tiempo
Coste muy alto Reduce el coste
Elimina el transporte Elimina el transporte
Requiere coordinación Elimina la coordinación
Desplaza en el tiempo Desplaza en el tiempoy el espacio
Reduce el coste Coste muy bajo
Local
Remota
Sincrónica Asincrónica
En las sociedades previas a la escritura todo funcionaba
dentro del cuadrante "Local-Sincrónica" de la tabla; no había
otra alternativa, y los costes asociados limitaban fuertemente el
tamaño y la forma de los emplazamientos. Con la aparición de
la escritura, tal como han apuntado Mumford y otros, una parte
importante de la interacción humana se desplazó al cuadrante
"Local-Asincrónica" Y las ciudades empezaron a desarrollar su
forma moderna característica. Con las telecomunicaciones se
abrió el cuadrante "Remota-Sincrónica", aumentó la escala de
las organizaciones y unidades sociales y empezó en serio el largo
proceso de la globalización. .
Mucho más recientemente, con el desarrollo y despliegue a
gran escala de las redes digitales, se ha producido un desplaza-
miento veloz y masivo de las actividades, cruzando la dlagonal
de la tabla hacia el coste muy bajo del cuadrante "Remota-
Asincrónica". Ese ha sido el efecto más importante de la revolu-
ción digital.
Tomando decisiones
.Hasta dónde llegaremos? La comodidad y bajo coste de la comu-
en red, remota y asincrónica, ¿eliminará directamente
las demás posibilidades?
Según todas las evidencias, parece poco probable. Por d
contrario, todos los modos tendrán sus papeles adecuados y dIS-
tribuiremos la elección entre las cuatro opciones según nuestras
necesidades y nuestra disponibilidad para pagar el coste
do en cada contexto específico. Para ilustrar este punto, consi-
deremos cómo podríamos elegir entre las distintas formas de
hacer llegar un mensaje a un colega. .
Por supuesto, depende en parte de la naturaleza e Impor-
tancia del tema. Si es de extrema importancia y pensamos que
la presencia personal interesa de verdad, entonces haremos.
esfuerzo de abandonar el despacho y nos dispondremos a utili-
zar algo del precioso y limitado tiempo que tenemos disponible
para reunirnos con la gente. Sin embargo, si el asunto es mucho
menos importante, probablemente nos contentemos con uno de
los modos más rápidos, más baratos y menos directos, conser-
148
e-topía
Economía de presencia 149
vando así el tiempo y la energía para otros propósitos más prio-
ritarios.
En el caso extremo de que un asunto sea muy delicado y
confidencial, es posible que no queramos dejar constancia de re-
gistro alguno que pueda ser descubierto por otros, ni enviar nin-
gún mensaje que alguien pueda escuchar o interceptar. En este
caso, la mejor opción es la comunicación cara a cara, en un lu-
gar a salvo de oídos indiscretos. Por eso los bares frecuentados
por la mafia tienen reservados en la parte de atrás, los espías
hablan con la ducha abierta y los abogados de alto nivel y ejecu-
tivos de negocios necesitan los extravagantes pero ruidosos res-
taurantes de Manhattan.
La elección puede estar influida también por la relación pre-
via existente con el colega en cuestión. Si es conocido desde hace
tiempo y existe confianza entre ambos, puede bastar un breve
mensaje por correo electrónico, incluso aunque el asunto sea
muy delicado, ya que podemos confiar en que nuestras palabras
escritas no serán mal interpretadas. Sin embargo, si no existe ese
tipo de confianza, sentiremos Una mayor necesidad de reducir el
riesgo de un malentendido, o de evitar susceptibilidades, reu-
niéndonos en persona.
¿Qué OCurre si nuestro colega sufre una gripe virulenta, tie-
ne un despacho que huele a comida rápida podrida, a zapatillas
de deporte viejas y a tabaco, o si esperamos que se ofenda violen-
tamente por lo que tenemos que decirle? Puesto que, bajo estas
circunstancias, el teléfono es menos arriesgado y desagradable
que una entrevista cara a cara, preferiremos cobardemente usar-
lo. Si queremos evitar cualquier clase de confrontación, es inclu-
so mejor enviar un correo electrónico. Como diría Paul Símon,
es una forma más de dejar a tu amante. Pero podemos tener la
sensación de que hacer esto es pusilánime e irresponsable, y de-
cidir entonces que es mejor acudir y enfrentarse a lo que caiga.
También hay que tener en cuenta el lugar donde estemos en
ese momento, así como la circunstancia; si la distancia hasta el
otro despacho es corta, el esfuerzo supletorio para tener una
reunión es muy pequeño y puede merecer la pena, incluso para
una discusión informal o un asunto de menor importancia. Pero
si el otro despacho está lejos, hay un mayor coste para obtener
el mismo beneficio, por lo que estaremos más inclinados a em-
plear el teléfono o el correo electrónico. Si uno es joven y está
sano, un paseo hasta el otro despacho puede ser fácil y agradable,
pero si es mayor y está débil, o se ha roto una pierna, caminar
puede suponerun gran esfuerzo y seria necesario un beneficio
mayor que lo justificara. Si ambos trabajamos con el mismo ho-
rario, la comunicación sincrónica es más factible que s, traba-
jamos en turnos diferentes, pero si uno de los dos está de viaje y
en una zona horaria diferente, la comunicación asincrónica a
través de correo electrónico, correo de voz o fax puede ser cómo-
da a pesar de la falta de inmediatez inherente a estos medios.
También está la cuestión del resto de tareas que tenemos
que hacer. Cuando existen demandas en conflicto sobre la pre-
sencia, no podemos resolverlo estando físicamente en dos sitios
a la vez, pero sí podemos dividir nuestra presencia electrónica-
mente. Si tenemos que quedarnos en casa para cuidar a un hijo
enfermo, podemos seguir comunicándonos con nuestros colegas
por teléfono o correo electrónico. Esta división es posible, en
parte, por la notable capacidad humana para procesar en para-
lelo diferentes lineas de información; podemos vigilar a nuestro
hijo mientras escuchamos a alguien por el teléfono. También se
aprovecha de que es mucho más rápido establecer conexiones
electrónicas entre dos lugares que ir y volver físicamente entre
dos sitios muy distantes. Si hay pocas demandas simultáneas de
nuestra presencia podemos ser capaces de satisfacer la mayoría
de ellas acudiendo realmente en persona. Por el contrario, si
intentamos satisfacer muchas demandas simultáneas, estaremos
obligados a basarnos mucho más en la comunicación asincróni-
ca a distancia; por eso es por 10que los directores generales muy
atareados dependen tanto del correo electrónico.
Podemos preocuparnos por la intención indirecta y tácita de
una interacción, tanto como por su propósito evidente. Un jefe,
por ejemplo, puede subrayar la importancia de un mensaje, o
demostrar simpatía o apoyo, haciendo una visita personal al
despacho de un subordinado más joven, en lugar de llamarle por
teléfono o enviarle un correo electrónico. Al mismo tiempo, pro-
bablemente descubriremos poco sobre nuestros subordinados a
través del intercambio de correos electrónicos; aprenderemos
más a través del teléfono y mucho más aún en un intenso deba-
te cara a cara.
También podemos preocuparnos sin más por mantener un
equilibrio razonable en la vida. Si hemos empleado mucho tiem-
150 e-tapia Economía de presencia
151
po llamando por teléfono y enviando correos electrónicos, puede
que la falta de contacto humano directo nos haga sentimos abu-
rridos y solitarios". En este caso, lo mejor es salir del despacho
y darse una vuelta por el pasillo.
Por último, podemos damos cuenta de que los distintos mo-
dos de comunicación disponibles no son sólo opciones por se-
parado, sino que a veces pueden combinarse eficazmente. Por
tanto, podemos llamar por teléfono para concertar una entrevis-
ta personal, o acceder a las agendas en línea de nuestros colegas
para ver cuándo están disponibles para una llamada telefónica
o una reunión; también podemos dar instrucciones a un agen-
te informático para que negocie con su agente y busque un
momento adecuado para reunirse. Algunas veces, este tipo de
combinaciones puede producir el síndrome del "amigo por
correspondencia": se inicia un contacto a través del correo elec-
trónico, se profundiza mediante conversaciones telefónicas y en
algún momento se decide que merece la pena tener una entre-
vista personal.
El persistente poder del lugar
El carácter y la calidad del despacho de nuestro colega puede
tener también su importancia. Si es un lugar agradable, y si ofre-
ce la intimidad y el ambiente necesarios para despachar asuntos,
la probabilidad de ir allí es mucho mayor. Pero si se trata de un
cuchitril pequeño y atiborrado, nos contentaremos con llamarle
por teléfono o enviarle un correo electrónico.
Puesto que los lugares físicos conservan este tipo de poder,
se deduce que las empresas basadas en lugares físicos competi-
rán en un mundo digital por nuestra presencia, nuestra aten-
ción y nuestro dinero intentando dar el mayor valor posible a la
interacción personal que ofrecen. Harán hincapié en lo inusual,
lo inalcanzable de otra forma, y en el tipo de cosas que no se
pueden enviar, al menos todavia, a través de un cable.
Los cines, por ejemplo, ofrecerán pantallas más grandes, un
mejor sistema de sonido y un vínculo más intenso con los espec-
tadores del que es posible a través del video a la carta domésti-
co. Las librerías, amenazadas por Internet, volverán a intentar
crear un buen ambiente para los amantes de los libros, ofrecién-
doles capuchinos y lugares acogedores para curiosear, remar-
cando el placer sensual de acariciar el lomo de un libro o de
hojear las páginas de un volumen bellamente impreso. Los ven-
dedores de ropa al viejo estilo promoverán las ventajas de tocar
directamente la mercancía y probársela!".
Los sitios de comida rápida podrán aceptar los pedidos en
linea y la entrega a domicilio, pero los restaurantes de categoría
seguirán ofreciendo experiencias exclusivas, basadas en el lugar
físico. Quizá se pueda trasladar Spago fuera de Hollywood o eli-
minar Hollywood de Spago , pero eso frustraría el auténtico pro-
pósito del lugar. Y realmente hay que estar allí para conseguir lo
que ofrece de forma única y exclusiva.
Las tiendas locales de alimentación que quieran competir
con los supermercados en línea tendrán que apelar a los sentidos
mediante muestras del producto que atraigan a los amantes de
la gastronomía: intensos aromas de café, especias y pastelería,
así como tentadores puestos de degustación en cada pasillo. Los
mismos clientes que ahorran tiempo durante la semana com-
prando el detergente y la pasta de dientes en un supermercado
en línea, pueden dedicar parte de su tiempo de ocio en el fin de
semana visitando alguna sofisticada tienda de vinos y quesos.
Los tipos tradicionales de espacios públicos continuarán
prosperando siempre que puedan ofrecer algún atractivo local
fuera de lo común y difícil de encontrar en otra parte. Por ejem-
plo, el comercio en línea puede reducir la capacidad de atracción
de público de las zonas comerciales de las ciudades, pero le será
difícil superar a una playa en un domingo soleado -y las teletran-
sacciones pueden dejar más tiempo libre para ir allí-o El sumi-
nistro electrónico permitirá escuchar prácticamente cualquier
cosa, en cualquier momento y lugar en que lo deseemos, pero
ello no reducirá la emoción de sentir nuestros tímpanos asalta-
dos por unos Rollíng Stones súper-amplificados mientras disfru-
tamos un concierto de Rolling Rack en un atronador estadio de
fútbol. Y una ópera en La Scala tampoco está mal.
No se admiten cambios
Por tanto, como sugiere este sencillo experimento mental, las
diversas formas de presencia local y de telepresencia, de comuni-
152 e-topía Economía de presencia
153
cación sincrónica yasincr6nica, tienen usos similares y a veces se
solapan, pero no son equivalentes funcionales exactos. Añaden
valor a las interacciones y transacciones de distinta forma, con-
sumen recursos de distinto tipo y a un ritmo diferente y son fac-
tibles bajo distintas series de circunstancias.
Es decir, ninguna de estas opciones reemplaza abiertamen-
te a otra, y no hay que esperar una sustitución total de la inter-
acción personal por la telecomunicación electrónica, COIDO
sugieren a veces los tecnorrornánticos o como temen los tradi-
cionalistas. En lugar de eso, descubriremos probablemente que
diferentes personas en contextos diferentes, respondiendo a dis-
tintas demandas, sujetas a diferentes limitaciones y con distintos
recursos a su disposición, optarán por relacionarse de formas
muy variadas. Establecerán sus prioridades, estudiarán sus com-
promisos y llegarán finalmente a distintos equilibrios entre ma-
terialidad y virtualidad, entre telecomunicación y transporte.
Corno resultado, las ciudades evolucionarán a lo largo de di-
versas trayectorias. Ciudades globales como Nueva York o Lon-
dres buscarán, sin duda, fortalecer sus posiciones de centros de
mando y de control a través de la inversión en infraestructuras
avanzadas de telecomunicaciones y de la construcción de lugares
de trabajo cada vez más inteligentes. Los emplazamientos residen-
ciales atractivos, incluyendo centros recreativos y de vacaciones,
se llenarán de espacios de vivienda y trabajo y de teletrabajado-
res. Las comunidades marginadas por el aislamiento o la pobre-
za intentarán mejorar sus condiciones a través de la educación a
distancia, la telemedicina y otros servicios de bajo coste, sumi-
nistrados electrónicamente. Las tecnópolis más desarrolladas,
con altos costes de producción, como Silicon Valley, serán ávidos
compradores en el mercado global de trabajo posibilitado por la
electrónica, y comprarán en las ciudades con bolsas de trabaja-
dores de bajo coste pero alta cualificación laboral -Ias Delhi,
Bangalore y Kingston del mundo-, Las ciudades con grandes no-
dos de transporte y de reparto de mercancías terminarán jugan-
do un papel fundamental en los nuevos sistemas de comercio
electrónico. Los centros de cultura, entretenimiento, investiga-
ción y educación se especializarán cada vez más; se centrarán en
lo que hacen exclusivamente y bien, al mismo tiempo que impor-
tan cualquier otro recurso que puedan necesitar. Todos buscarán
las mejores ventajas que sean localmente más significativas.
Es un error generalizar. como son propensos a hacer los
gurús futuristas. Las diversas formas arquitectónicas y urbanas
del futuro reflejarán sin duda los compromisos y las combina-
ciones de los modos de interacción que resulten funcionar mejor
para individuos concretos en momentos y sitios concretos,
haciendo frente a sus propias y específicas circunstancias dentro
de la nueva economía de presencia.
10 ECONOMíA Y ECOLOGíA
En la era industrial que ya declina hemos exigido a nuestras ciu-
dades demandas cada vez más intensas. En consecuencia, se han
ido haciendo cada vez más grandes, más abarrotadas, más ago-
biantes y crispadas y más desesperadamente presionadas por el
tráfico y la contaminación. La tan citada declaración de la Agen-
da-21 pronostica que en el año 2025 las ciudades del mundo aco-
gerán al sesenta por ciento de la población total'. Es inquietante
y obvio que no podemos continuar por este camino durante
mucho más tiempo.
Pero la revolución digital, junto con la nueva economía de
presencia que surge de ella, nos ofrece algunas posibilidades
esperanzadoras. Ahora lo material compite con lo virtual; viajar
no es la única forma de ir; y la inteligencia humana se ve aumen-
tada a enorme escala por la asociación de silicio y de informáti-
ca. Por tanto, los modelos urbanos familiares han dejado de ser
inevitables.
Cinco puntos
En su lugar, podemos crear e-topías, ciudades económicas y eco-
lógicas que funcionen de manera más inteligente, no más dura.
Sus principios de diseño básicos se pueden reducir a cinco pun-
tos, simplificados, sin duda, pero útiles para hacerse una idea.
Estos puntos son:
156
e-tapia Economía y ecología 157
1. Desmaterialización
2. Desmovilización
3. Personalización en masa
4. Funcionamiento inteligente
5. Transformación suave
Siguiendo estos principios podemos satisfacer potencialmente
nuestras propias necesidades sin comprometer la capacidad de las
generaciones futuras para satisfacer las suyas'. Podemos aplicar
estos principios en las escalas del diseño de productos, de la ar-
quitectura, del urbanismo y de la planificación, así como de la
estrategia regional, nacional y global.
He aquí cómo.
Desmaterialización
Cuando un servicio virtual, corno un sistema electrónico de
banco en casa, sustituye un servicio físico, como una sucursal
bancaria, se produce un evidente efecto de desmaterialización;
ya no son necesarias tantas construcciones físicas y no hay que
calentarlas ni enfriarlas. Se logra el mismo resultado con la sus-
titución de grandes objetos físicos por sus equivalentes miniatu-
rizados, como cuando los chips de silicio empiezan a hacer el
trabajo de los tubos neumáticos o la fibra óptica del grosor de un
cabello sustituye a los pesados cables de cobre. Existe un bene-
ficio análogo cuando se separa la información de su tradicional
sustrato material: un mensaje por correo electrónico, que se lee
en pantalla, no consume papel.
Además, se puede ganar a la ida y a la vuelta. Si no produ-
cimos un objeto material, y se utiliza en su lugar un equivalente
desmaterializado, nunca se convertirá en un residuo que hay que
tratar. Un bit usado no contamina.
Todo esto es tan evidente que el término "economía sin gra-
vedad" está cada vez más de actualidad entre los economistas y
los analistas de negocios'. Dentro de poco, por supuesto, "sin
gravedad" parecerá un término tan pintoresco y anacrónico co-
mo '(sin caballo", "sin cable" o "sin cremallera". Y ya no se pue-
den tomar a la ligera las implicaciones arquitectónicas. Ahora,
menos puede ser realmente más.
Hasta hace poco se reivindicaba la denominada arquitectu-
ra "ecológica" dando por supuesto que la construcción física es
inevitable y quepor tanto se trata de hacerla tan eficiente como
sea posible. Por consiguiente, pocas veces significaba al¡:¡o más
que unos retoques bien intencionados en la orientación ~ agru-
pación de edificios, en la elección de materiales y sistemas de
energía; no ha tenido el impacto a gran escala que sus promoto-
res buscaban. Hoy en día, sin embargo, la nueva economía de
presencia ofrece la posibilidad de volver a preguntarse las cues-
tiones más radicales: "¿Es realmente necesario este edificio?"
¿Resulta posible sustituirlo, total o parcialmente, con sistemas
electrónicos?".
El efecto global de la desmaterialización depende cierta-
mente del nivel de consumo de recursos que se precisa en la
fabricación y el funcionamiento de aparatos informáticos, que
no es insignificante". La fabricación de semiconductores consu-
me energía, compuestos fotoquímicos, ácidos, disolventes de
hidrocarburos y otros materiales. IBM estimó que los ordenado-
res desechados ocupaban al final del siglo dos millones de tone-
ladas en los vertederos de Estados Unidos. Se estimó también
que los ordenadores consumían el diez por ciento del total del
suministro eléctrico de este país. Pero seguramente este nivel de
consumo es bastante modesto si asegura un ahorro muy sustan-
cial de recursos al sustituir la construcción por la electrónica. y
la tendencia lleva hacia mecanismos más pequeños. con una
fabricación más ecológica y un menor consumo de energía.
Desmovilización
También se ahorran recursos siempre que se sustituyen, total o
parcialmente, viajes por telecomunicaciones. En general, mover
bits es inconmensurablemente más eficiente que mover persó-
nas y mercancías. El ahorro se muestra en la reducción de los
porcentajes de consumo de combustible, en una menor conta-
minación, menor necesidad de espacio para infraestructuras de
transporte, recortes en la fabricación y gastos de mantenimiento
de vehículos y en la reducción del tiempo empleado en viajar.
El interés por conservar los recursos y reducir la contami-
nación a través de la desmovilización surgió por primera vez du-
158 e-topía Economía y ecología 159
rante la crisis del petróleo de la OPEP en los años setenta, cuan-
do muchos esperaban que el trabajo a distancia dentro de la es-
tructura del modelo urbano existente podría traer aparejado un
ahorro significativo. En seguida se vio, sin embargo, que la tele-
comunicación no podía servir como sustituto del transporte de
una forma tan simple", La interacción de personas, bits y átomos
resulta, como hemos visto, demasiado compleja y sutil.
A pesar de esta decepción inicial--en retrospectiva, el atrevi-
miento de una ingenua primera esperanza-, la nueva economía
de presencia abre la posibilidad de un significativo ahorro de
recursos a través de la desmovilización. Se trata, en parte, de un
asunto de incentivos; como ha señalado Peter Hall, "si los
gobiernos responden aumentando el coste real de la conducción,
globalmente o en horas punta, a través del cobro de peajes, o res-
tringiendo el tráfico, limitando la cantidad de espacio para con-
ducir o aparcar, permaneciendo todo lo demás igual, habrá una
búsqueda de sustitutos para el transporte privado, al menos en
un cierto porcentaje de viajes. Podemos imaginar algunos traba-
jadores regulares, especialmente trabajadores a tiempo parcial,
que trabajen totalmente desde casa o en puestos de trabajo en la
vecindad, mientras que otros trabajadores tendrán horario flexi-
ble, asistiendo a reuniones centralizadas algunas horas o algunos
días cada semana; así se reduciría el volumen global del tráfico
y también se redistribuiría de manera que se evitaría la conges-
tión de las horas punta'". Sin embargo, lo esencial es no buscar
sustituciones simples y directas, sino sacar partido de las teleco-
municaciones para crear nuevos modelos urbanos más refina-
dos, infinitamente más eficientes.
En concreto, los barrios de espacios de vivienda y trabajo
prometen una reducción del despilfarrador trasiego diario para ir
y volver del trabajo, que deriva de la típica separación de hogar y
trabajo de la era industrial, Los desplazamientos hasta las ins-
talaciones cercanas del barrio se pueden hacer andando o en bi-
cicleta. La distribución electrónica de servicios elimina largos
trayectos hasta puntos de acceso intermedios; se puede descargar
una película desde un servidor nacional, por ejemplo, en lugar de
conducir hasta la tienda de videos en el centro comercial,
Por tanto, una estrategia prometedora es estimular el des-
arrollo de ciudades policéntricas, constituidas por barrios com-
pactos, multifuncionales y de escala peatonal, interconectados
por un transporte eficaz y por enlaces de telecomunicaciones'.
Estas unidades podrían disponerse linealmente, a lo largo de los
ejes de transporte público". Recombinando de esta manera el
hogar, el lugar de trabajo y las zonas de servicio podemos buscar
un equilibrio más sostenible entre movimiento peatonal, trans-
porte mecanizado y telecomunicaciones.
Personalización en masa
La desmaterialización y la desmovilización son las estrategias de
ahorro más evidentes dentro de la nueva economía de presencia,
pero no son las únicas. Se puede aspirar también a los más suti-
les beneficios de la personalización masiva",
Las máquinas tontas de la era industrial nos trajeron las eco-
nomías de estandarización, repetición y producción en masa,
pero las máquinas inteligentes de la era informática pueden
ofrecemos ya las muy distintas economías de la adaptación inte-
ligente y la personalización automatizada. Podemos emplear
silicio e informática a gran escala para hacer posible el suminis-
tro personalizado automático de lo' que sea estrictamente nece-
sario en un contexto particular, y nada más.
Un día cualquiera, por ejemplo, es poco probable que lea-
mos todas las páginas del periódico; la mayor parte de ellas son
superfluas para nosotros, a menos que tengamos un nuevo
cachorro o tengamos que limpiar jaulas de pájaros. Un sistema
personalizado de periódico electrónico, impreso en casa, podría
tener un perfil de nuestros intereses y lo utilizaríamos para
seleccionar e imprimir sólo los artículos y anuncios clasificados
que con más probabilidad querríamos ver. Para empezar, esta
estrategia consume menos árboles y, al final, produce menos
residuos; en principio, se podría poner en marcha aplicando un
equipo humano a la tarea; en la práctica, no hay suficientes edi-
tores ni maquetadores y, aunque los hubiera, no podrían traba-
jar lo suficientemente rápido. Depende de la disponibilidad de
informatización y telecomunicación poco costosas.
De manera similar, nuestro coche está la mayor parte del
tiempo en garajes o aparcamientos, inmovilizando un recurso
sin ningún efecto útil. Por contraste, un sofisticado servicio de
alquiler y distribución, gestionado electrónicamente, podría pro-
160 e-topía Economía y ecología 161
porcionarnos exactamente la clase de vehículo que queramos, a
veces un monovolumen y a veces un deportivo de dos asientos,
donde y cuando sea necesario. Podría ser más beneficioso ges-
tionar inteligentemente una flota de vehículos que intentar cons-
truir automóviles privados siempre más eficientes.
Podemos obtener un beneficio análogo gestionando elec-
trónicamente otros recursos de transporte. Cuando los taxis
vayan equipados con dispositivos sensores de situación se
podrá enviar automáticamente al más próximo para atender
una llamada. Cuando las empresas de transporte estén inter-
conectadas electrónicamente entre ellas y con sus clientes se
podrán coordinar de forma eficaz las recogidas, mejorar los
factores de carga y la ocupación en el trayecto de vuelta y
reducir los requisitos de almacenamiento a través de la entre-
ga iust-in-time'". Cuando los vehículos inteligentes recorran
redes de carreteras inteligentes se podrán optimizar los itine-
rarios de forma que se minimice el tiempo de viaje y se reduz-
ca la congestión del tráfico.
La producción en masa al viejo estilo y la personalización en
masa gestionada electrónicamente tienen implicaciones forma-
les que contrastan visiblemente. En el momento cumbre de la
era industrial, en los años veinte, Henry Ford estandarizó rigu-
rosamente el modelo T y, como es sabido, lo ofreció en cualquier
color, siempre que fuera negro. Igualmente, Mies van der Rohe
estandarizó módulos de edificación, elementos de construcción
y detalles, exploró la sobria poesia de las formas simples y de la
repetición regular, y produjo edificios de acero y cristal que eran
bien negros. Otros heroicos arquitectos modernos prefirieron el
blanco, pero estaban igualmente embelesados con la lógica de la
estandarización y la repetición propia de las máquinas tontas.
Pero se daba una contradicción persistente: un tamaño único
nunca está ajustado del todo. Si se fabrica un marco estructural
con elementos uniformes, algunos estarán necesariamente
sobredimensionados; si el cerramiento de un edificio se estan-
dariza, algunas ventanas actuarán adecuadamente como media-
doras entre las cambiantes condiciones interiores y exteriores,
pero, inevitablemente, otras no lo harán.
Hoy en día, no obstante, los proyectos de la era de la infor-
mación, COmo el Museo Guggenheim de Bilbao, de Frank Gehry,
han empezado a mostrar una solución nueva y radical a este pro-
blema; aprovechan las posibilidades de la maquinaria de pro-
ducción controlada por ordenador para crear composiciones de
elementos únicos, no estándares, que responden exactamente a
sus funciones específicas y a su contexto. El complejo resultado
está muy lejos de lo arbitrario y de lo irracional, como leá gusta
proclamar a los viejos impenitentes miesianos, sino que refleja
una racionalidad más sutil y sofisticada. Y, por supuesto, hace
vibrar nuestra sensibilidad, generando un tipo nuevo y sorpren-
dente de poesía material y espacia!.
A largo plazo podemos hacerlo bien. Gracias a la disponibi-
lidad de maquinaria inteligente barata y de las omnipresentes
telecomunicaciones, ya no tenemos que elegir continuamente
entre las alternativas poco sugerentes de estandarizar, despilfa-
rrando recursos, o de personalizar, pero dificultando la produc-
ción hasta hacerla imposible.
Funcionamiento inteligente
Una lógica muy parecida se aplica a los recursos consumibles
que fluyen a través de conductos y cables (agua, combustible y
energía eléctrica). Poniendo mayor inteligencia en los mecanis-
mos y sistemas que necesitan estos recursos se reduce el despil-
farro y se pueden introducir estrategias dinámicas de precios
para gestionar con eficacia la demanda y estimular el ahorro.
Por ejemplo, un sistema de riego verdaderamente de baja tec-
nología necesita un jardinero que abre el grifo y coloca la man-
guera en la dirección correcta. Un sistema automático simple
puede ponerse en marcha con un reloj, de manera que riegue a
intervalos regulares (aunque esté lloviendo). Un sistema inteligen-
te se puede controlar con sensores para que suministre agua sólo
cuando las condiciones indican que se necesita más humedad.
Pero un sistema realmente inteligente debe controlar tanto el
entorno como el nivel de agua disponible, aprender a predecir las
necesidades de riego y satisfacerlas automáticamente sin desper-
diciar agua y sin utilizar mucha cuando el suministro está res-
tringido.
Igualmente, un sistema eléctrico elemental permite encender
y apagar las luces y aparatos de una casa. Un sistema ligeramente
más sofisticado inserta algunos de los interruptores en ternpori-
162 e-topía
Economía y ecología 163
zadores para no tener que andar por la casa haciéndolos funcio-
nar y para no desperdiciar electricidad cuando no hay nadie.
Añadiendo unos simples sensores se puede crear un sistema que
ahorra energía apagando las luces en habitaciones que no se ocu-
pan durante un rato -desgraciadamente, también se apagan cuan-
do hay alguien que está sentado en silencio, pensando-. Sin
embargo, para una eficacia máxima es necesario un sistema que
sepa nuestra forma de vida, que descubra las pautas dinámicas de
variación de las tarifas eléctricas y que haga funcionar de forma
óptima la iluminación, la calefacción, el aire acondicionado y los
electrodomésticos, según un modelo de predicción mantenido y
actualizado permanentemente.
Este tipo de automatización no tiene nada que ver con "aho-
rrar trabajo" -el eslogan de ventas de los primeros aparatos domés-
ticos-, ni está motivada por fantasias infantiles de estar servidos de
pies a cabeza por máquinas infinitamente dóciles. Su objetivo es
crear mercados sensibles, de gran eficacia, para los recursos con-
sumibles escasos de los que depende todo asentamiento humano.
Las personas tenemos mejores cosas que hacer que intervenir en
esos mercados, de modo que debemos dejárselos a nuestros inteli-
gentes sustitutos de silicio -que en cualquier caso lo harán mejor.
Transformación suave
En los puntos más activos de nuevo desarrollo que surgen a
medida que evoluciona el siglo XXI existirá sin duda la oportuni-
dad de crear barrios, e incluso ciudades completamente nuevas,
que se organicen para sacar provecho de las nuevas oportunida-
des de desmaterialización, desmovilización, personalizacíón en
masa y funcionamiento inteligente. En las zonas más desarro-
lladas, sin embargo, la tarea primordial será la de adaptar los
edificios, espacios públicos e infraestructuras de transporte exis-
tentes para satisfacer unas necesidades muy diferentes de las
que orientaron su construcción inicial. Estos legados de la era
industrial, e incluso de tiempos anteriores, requerirán una trans-
formación para que en el futuro funcionen con eficacia.
Las ciudades ya han experimentado antes este tipo de transfor-
maciones. En concreto, la revolución industrial exigió la dotación
de extensas zonas industriales, de viviendas para los trabajado-
res, de oficinas centrales en la ciudad y de sistemas de transporte
de gran capacidad. Las ciudades que pudieron responder a esta
demanda crecieron y prosperaron, y las que no fueron capaces
empezaron a decaer. Pero, por supuesto, los resultados del cre-
cimiento y la transformación industrial fueron a veces ~ x t r e m a ­
damente destructivos: viejos barrios fueron totalmente arrasados,
se perdió el patrimonio arquitectónico, las líneas ferroviarias y
autopistas dividieron brutalmente el tejido urbano y los habitan-
tes pobres de las ciudades acabaron viviendo en condiciones mi-
serables. Los costes de la transición fueron enormes.
Afortunadamente, los cambios que se adivinan no tienen
por qué traer estos efectos devastadores. Mientras que las nue-
vas infraestructuras de transportes necesitan grandes cantidades
de espacio, destruyen con frecuencia zonas de valor natural e
histórico y aumentan el ruido y la contaminación, la nueva in-
fraestructura de telecomunicaciones es mucho más moderada y
menos molesta en sus efectos físicos. No necesitará un Robert
Mases; en muchos casos se podrá integrar de forma casi invisi-
ble. En la bella y antigua ciudad italiana de Siena, por ejemplo,
se instaló una red de cable de televisión por todo el casco histó-
rico, para que no sobresalieran de los tejados las antiestéticas
antenas; ahora proporciona una infraestructura excelente para
las telecomunicaciones digitales de alta velocidad.
Además, como ya hemos visto, el espacio servido electróni-
camente para el trabajo en la información no tiene que estar
concentrado en grandes áreas contiguas, como las áreas indus-
triales y comerciales de las ciudades actuales, sino que pueden
distribuirse realmente a través de un tejido urbano finamente
granulado. Y, al contrario que las instalaciones industriales, no
afecta negativamente a la calidad de las zonas circundantes; de
hecho, se presta a acomodarse dentro de los espacios a pequeña
escala. infinitamente variados. que caracterizan las zonas histó-
ricas de las viejas ciudades; lo cual ofrece prometedoras oportu-
nidades para ir más allá de un conservacionismo nostálgico en
retirada; en lugar de ello, podemos reconectar, redirigir y relan-
zar un tejido urbano valioso pero funcionalmente obsoleto.
El recorrido a partir del punto en que estamos hasta donde
queremos estar en el futuro no tiene que implicar cambios catas-
tróficos; podemos seguir el camino de la transformación sutil,
progresiva y no destructiva.
164
La ciudad del futuro
e-tapia
NOTAS
En el siglo XXI, por tanto, la condición de la urbanidad civiliza-
da se puede basar menos en la acumulación de objetos y más en
el flujo de información, menos en la centralidad geográfica y
más en la conectividad electrónica, menos en el aumento del
consumo de los recursos escasos y más en su gestión inteligente.
Descubriremos cada vez más que podemos adaptar los lugares
existentes a las nuevas necesidades conectando de nuevo el equi-
pamiento, modificando la informática y reorganizando las cone-
xiones en red, sin necesidad de demoler las estructuras físicas y
construir otras nuevas.
Pero el poder del lugar físico seguirá prevaleciendo. A medi-
da que las exigencias tradicionales de las ubicaciones se debili-
ten, nos veremos atraídos por lugares que ofrezcan un atractivo
especial por su clima, su cultura o su paisaje -cualídades exclu-
sivas- que no se pueden transmitir a través de un cable, junto a
las interacciones cara a cara que nos importan tanto.
Los lugares físicos y los virtuales funcionarán de forma in-
terdependiente y, en general, se complementarán mutuamente
dentro de un modelo de vida urbana transformado, en lugar de
sustituirse unos por otros dentro de los modelos existentes. Al-
gunas veces utilizaremos la red para no tener que ir a algún sitio;
pero otras veces, todavía, iremos a algún sitío para establecer
contactos.
PRÓLOGO: RÉQUlEN POR LA CIUDAD
1 Marshall McLuhan, "The Alchemy of Social Change", Item 14 c\= Verbi-
Voco- Visual Explorations (Something Else Press, Nueva York, 1967).
A continuación, insistía sobre la cuestión: "Cualquier restaurante de
carretera con su aparato de televisión, su periódico y sus revistas es tan
cosmopolita como Nueva York o París... La metrópolis está OBSOLETA."
No era el único que tenía esta opinión; por ejemplo, la eminente teórica
francesa de la arquitectura y el urbanismo, Francoise Choay, en el prólogo
de The Rule and the Model.· On the Theory 01" Architecture and Urbanism
(MIT Press, Cambridge, 1997) sugiere que el término "ciudad" ya no es
aplicable correctamente a nuestro actual entorno urbano y que debe
reservarse su uso para ciertos entornos del pasado. Choayes una
enamorada de la urbanidad y contempla su evolución con resignación y
pesar. Sin embargo, otros proclaman su alegría ante la desaparición de
este modelo; el ideólogo conservador y abanderado de la tecnología,
George Gilder (Forbes ASAP, 27 de febrero de 1995, p. 56) argumenta que
"nos encaminamos hacia la muerte de las ciudades", que, en cualquier
caso, no son más que "el equipaje sobrante de la era industrial".
2 Entre los análisis clásicos del punto de vista tradicional, tal como había
cristalizado a finales de los años cincuenta, están el de Lewis Mumford,
The City in History: Its Origins, lts Transíormations, and lts Prospects
(Harcourt Brace, Nueva York, 196]), y el de Jane Jacobs, The Death and
Life ofGreat American Cities (Vintage, Nueva York, 1961). Mumford y
Jacobs representaron los puntos de vista opuestos de un debate
contemporáneo, y ciertamente no verían con buenos ojos el que se les
presentase juntos, pero desde el enfoque que aquí consideramos ambos
tienen muchas más similitudes que diferencias. Los diversos conceptos de
ciudad manejados en el pasado reciente se revisan brillantemente en Cíties
uf Tomurrow: An lntellectual History of Urban Planníng and Design in the
Twentieth Century (Blackwell, Cambridge, Mass., 1988), de Peter Hall [verso
cast. Ciudades del mañana: historia del urbanismo en el siglo XX, Ediciones
del Serbal, S.A., Barcelona, 1996]. Y Cities in Civiíizatíon (Pantheon.
Nueva York, 1998), de Hall, es una revisión sofisticada y actualizada de los
temas de Mumford.
LA MARCHA DE LAS MEGA-REDES
1 Los marxistas tradicionales, los seguidores de McLuhan y los
futurólogos de Silicon Valley han tendido todos hacia formas de
determinismo tecnológico. En Television: Technology and Cultural Ponn
(Schocken, Nueva York, 1975), Raymond Williams lanzó una influyente
invectiva crítica contra ello, e influyó poderosamente en las siguientes
generaciones de científicos sociales, especialmente de la izquierda. Para
una critica más reciente de la perspectiva de la tecnología como agente,
ver "Technology: The Emergence of a Hazardous Concept", de Leo Marx,
Social Research, otoño de 1997.
166 e-topia Notas 167
2 La tecnología se entiende aquí en el sentido postulado por Herbert
Marcuse en su famoso ensayo de 1941 "Sorne Social Implications of
Modern Technology", vuelto a publicar en Herbert Marcuse, Technology,
War and Pascism: Collected Papers of Herbert Marcuse, vol. 1, ed.
Douglas Kellner (Routledge, Londres, 1998), pp. 39-65. Marcuse toma la
tecnología como "un proceso social en el que las técnicas propiamente
dichas -es decir, el aparato técnico de la industria, el transporte, la
comunicaci6n- no son sino un factor parcial... La tecnología, como
modo de producción, como el total de instrumentos, mecanismos y
artefactos que caracterizan la era de las máquinas, es asimismo una
forma de organizar y perpetuar -o cambiar- las relaciones sociales, una
manifestación del pensamiento y de unas pautas de conducta comunes,
un instrumento de control y dominación".
3 La frase proviene del primer ejemplar de la revista Wired, en 1993.
Hasta ahora, el análisis más detallado y exhaustivo de la dinámica
económica, social y política de la revolución digital es el magistral
documento de Manuel Castells The Rise of the Network Society (Blackwell,
Oxford, 1996) [vers. cast. en La era de la información; economta, sociedad y
cultura, Alianza Editorial, S.A., Madrid]. Sus fundamentos tecnológicos se
describen con más claridad en un trío de populares textos de mediados de
los noventa: Being Digital (Knopf, Nueva York, 1995), de Nicholas
Negroponte [vers. cast. El mundo digital, Ediciones B, S.A., Barcelona,
1996; verso cato Viure en digital, Editorial Moll, Palma de Mallorca, 1998];
The Road Ahead (Viking, Nueva York, 1995), de Bill Gates [verso cast.
Camino al futuro, Interamericana de España, S.A., Madrid,
1997; verso cato Cami al futur, Mcfh-aw-Hill ZInteramericana de España,
S.A., Madrid, 1997], y What WiIl Be (HarperEdge, Nueva York, 1997), de
Míchael Dertouzos. Mi propia obra CUyofBits (MIT Press, Cambridge,
1995) sugería que los arquitectos y los urbanistas deberían sentarse y
tomar nota. Para tener un punto de vista sombríamente dístópico, muy
enfrentado con los anteriores, ver Open Sky (Verso, Londres, 1997), de
Paul Virilio. Y para un análisis detallado de los inconvenientes potenciales,
ver Trapped in the Net: The Unantícipated Consequences of Computerizatíon
(Princeton University Press, Princeton, 1997), de Gene 1. Roch1in.
4 Nuestra propia época no es la primera en experimentar los efectos de
esta combinación. En Novum Organum, Francis Bacon observó. como es
sabido, que la invención de la brújula (para llegar allí), de la pólvora (para
imponer el dominio) y de la imprenta (para difundirlo), habían
proporcionado una gran ventaja a los modernos sobre los antiguos.
5 Este punto se ha convertido en un lugar común entre los analistas de la
telecomunicación y existen numerosas versiones publicadas del progreso
hasta el momento y de escenarios para el futuro. La historia de ARPANET
y de Internet se narra en Where Wizards Stay Up Late: The Origins of the
Internet (Simon & Schuster, Nueva York, 1996), de Katie Hafner y Mathew
Lyon. Se da una explicación mucho más técnica en Casting the Net: Prom
ARPANET to Internet and Beyond (Addison-Wesley, Reading, Mass., 1995),
de Peter H. Salus. La aparición de la televisión digital se cuenta en
Defining Yísíon: The Battle [or the Future of Televisíon (Harcourt Brace,
Nueva York, 1997), de Joel Brinkley. Los primeros días de la World wíde
Web se describen en Architects of the Web: 1,000 Days That Built the Future
of Business (John Wiley, Nueva York. 1997), de Robert H. Reid. Se intenta
una perspectiva general exhaustiva en Meganet: How the Global
Telecommunications Network Will Connect Everyone on Earth (Westvicw
Press, Boulder, 1997), de Wilson Dizard,Jr. Para obtener una previsión
convincente sobre dónde va a acabar todo esto, ver "The Revolution Yet to
Happen", de Gordon Bell y James N. Gray, capítulo 1 de Beyond
Calculation: The Next Fifty Years of Computing, de Peter J. Denning y
Robert M. Metcalfe (Springer-Verlag, Nueva York, 1997), pp. 5-32.
6 Yeso es precisamente lo que promete el silicio. Aparte de esto, surgen
ante la vista otras posibilidades exóticas, como la informática cuántica.
Falta mucho para que se nos agoten las ideas para rniniaturizar; ir
superando las velocidades de reloj e incrementar la computación paralela.
7 Para una exposición de este punto de vista, ver "The Internet wars", de
Thomas L. Friedman, New York TImes, 11 de abril de 1998, p. A27.
8 Existían, al menos, causas próximas del desarrollo. Se puede
argumentar, por supuesto -y los economistas políticos suelen hacerlo-,
que dichas causas quedaban incluidas en patrones más amplios de
causalidad social y política. Sobre la función global de la infraestructura
en el moderno proceso de construcción de la ciudad, ver "The
Infrastructure", de Josef W. Konvitz, en The Urban Millennium: The City-
Building Process from the Early Middle Ages to the Present (Southern
Il1inois University Press, Carbondale, 1985), pp. Sobre los
modelos históricos de crecimiento, sustitución y decadencia de
infraestructuras, ver "Evolution of Infrastructures: Growth, Decline, and
Technological Change, de Arnulf Grubler, capítulo 3 de The Rise and Fall
of Infrastructures (Physica-Verlag, Heidelberg, 1990).
9 Para un argumento en esta línea, centrado especialmente en el caso de
Palo Alto, California, ver "Old Man Bandwidth: Will Cornmerce Flourish
Where Rivers of Wire Converge?", de John Markoff , New York TImes, 8 de
diciembre de 1997, pp. DI, D13. Y para más demostraciones desde otros
contextos, ver "Ielecommunication Infrastructures and Regional
Development", de Andrew GiIlespie y William Cornford, en William
H. Dutton, ed., lniormatíon and Communication Technologies: Visions and
Realities (Oxford University Press, Nueva York, 1996), pp.
10 La banda ancha era todavía muy limitada, de modo que los primeros
canales telefónicos filtraban muchos de los matices de la conversación,
reduciendo la voz a una diminuta caricatura. De ahí el término
"phonies", que se aplicaba a los impostores y a los estafadores que
utilizaban estas deficiencias para ocultar su falta de sinceridad, junto
con el enmascaramiento de su caras y de su lenguaje corporal.
11 Ver, por ejemplo, Les téléports: Nouvelles places de marche sur les
iníoroutes (L'Harmattan, París, 1995), de Agues Huet y Jean Zeitoun.
12 Además de disponer las instalaciones necesarias de comunicación de
datos, el gobierno ha impulsado la competitividad entre los parques de
informática desarrollando espacios de trabajo conectados por cable y
listos para ser usados por las empresas de programación, racionalizando
los procesos reguladores y proporcionando incentivos fiscales.
168 e-topia
Notas 169
13 UNESCO, World Communication Report: The Media and the Challenge
ofthe New Technoíogies (UNESCO Publishing, París, 1997), pp. 18,70.
14 Para un análisis del primitivo crecimiento del sistema de ciudades
americano, antes de las telecomunicaciones, ver Urban Growth and the
Circulation oíIníormation: The United States System ofCities, 1790-1840
(Harvard University Press, Cambridge, 1973), de AlIan R. Pred.
15 Este sistema empezó con el telégrafo. el teléfono y las conexiones por
télcx. Más tarde, Reuters entró en la era de las redes informáticas con su
servicio Monitor, lanzado en 1973; este servicio proporcionaba
información minuto a minuto sobre las fluctuaciones de los tipos de
cambio. En los años noventa, todas las mesas de los operadores tenían
una sofisticada estación de trabajo informatizada que permitía hacer
operaciones en línea, los operadores llevaban controladores de los
cambios de divisas y varias compañías (Reuters, Bloomberg, Dow Jones
Markets y Bridge) se disputaban en feroz competición la información
financiera y el mercado de los sistemas de contratación.
16 Para una introducción a las tecnologías más significativas, ver The
Essential Cuide to Telecornmunications (Prentice Hall PTR, Upper Saddle
Rivcr; New Jersey, 1998), de Annabel Z. Dodd.
17 Community and Association (Routledge & Kegan Paul, Londres, 1953;
original 1887), de Ferdinand Tonnies.
18 Para una explicación concisa de este desarrollo, ver "The Evolution of
the Urban Infrastructure in the Nineteenth and Twentieth Centuries", de
Joel A. Tarr, en Royce Hanson, ed., Perspectives on Urban Inirastructure
(National Acaderny Press, Washington, D.C., 1984), pp. 4-60. Para una
colección de casos útiles, ver Technology and the Rise ufthe Networked City
in Europe and America (Temple University Press, Phfladelphia, 1988), de
Joel A. Tarr y Gabriel Dupuy, eds. El papel global de las redes en la
construcción de la ciudad se debate en The Urban Millenium, de Konvitz.
19 Puntos de vista optimistas sobre estos mercados se ofrecen en The
Death of Distance: How the Communications Revolution Will Change Our
Lives (Harvard Business School Press, Boston, 1997), de Frances
Cairncross [vers. casto La muerte de la distancia: cómo la revolución de las
comunicaciones cambiará la vida de la empresa, Ediciones Paídós Ibérica,
S.A., Barcelona, 1998] y en Net Gain: Expanding Markets through Virtual
Communitíes (Harvard Business School Prcss, Boston, 1997), de John
Hagel lIT y Arthur G. Armstrong [vers. casto Negocios rentables a través de
Internet: Net Gain, Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona, 1999].
20 Sobre redes comunitarias, ver The Wired Neighborhood (Yale University
Press, New Haven, 1996), de Stephen Doheny-Farina, y New Community
Networks: Wired for Change (Addison-Wesley, Reading, Mass., 1996), de
Douglas Schuler. Sobre Well, ver The Virtual Community: Homesteading on
the Electronic Frontier (Addison-Wesley, Reading, Mass., 1993), de Howard
Rheingold [vers. casto La comunidad virtual: una sociedad sin fronteras,
Editorial Gedisa, S.A., Barcelona, 1996]. Sobre Echo, ver Cvberville: Clicks,
Culture, and the Creation ofan Online Town (Warner Books, Nueva York,
1998), de Stacy Horn.
21 Ver, por ejemplo, <lA Guide to Improving Internet Access in Africa with
Wireless Technologies", de Mike Jensen, Intemational Development
Research Councíl Study, 31 de agosto de 1996.
22 Sobre las crecientes capacidades de los sistemas por satélite, ver "The
Orbiting Internet: Fiber in the Sky", de John Montgomery, en la hl,storia de
portada de Byte, noviembre de 1997.
23 The Communist Manifesto: A Modem Edition (Verso, Londres, 1998),
p. 40, de Karl Marx y Friedrich Engels. En su introducción a esta edición,
Eric Hobsbawm señala que aquí "idiotez" no se refiere tanto a "estupidez"
como a algo más cercano al significado del griego idiotes: "estrechez de
miras" o "aislamiento de la sociedad más amplia" (p.ll).
24 "One-Room Rural Schools", de Nicholas Negroponte, Wired 6, n" 9
(septiembre de 1998), p. 212.
25 Sobre la influencia práctica de la primera tecnología de filtrado, ver
"Plain or Filtered", de Larry Guevara, Educom Review 33. n° 2
(marzo/abril de 1998), pp. 4-6.
26 A medida que Internet y la World Wide Web crecían de manera
explosiva en los años noventa, los legisladores y los abogados se fueron
volviendo cada vez más conscientes de ello y, como resultado, empezaron
a intentar aclarar los asuntos que iban apareciendo. Ver, por ejemplo, Law
in a Digital World (Oxford University Press, Nueva York, 1995), de
M. Ethan Katsh y Borders in Cyberspace (MIT Press, Cambridge, 1997),
de Brian Kahin y Charles Nesson, eds.
27 La idea de que el "espacio" no tiene por qué entenderse en un sentido
estrictamente geométrico, sino que puede entenderse mejor como una
construcción social. fue difundida por Henri Lefebvre en The Production oí
Space, traducido por Donald Nicholson-Smith (Blackwell, Oxford, 1991;
original de 1974). Los escritos relacionados de Lefebvre sobre las ciudades
se recogen en Wn'tings on Cities, traducido y editado por Eleonore Kofman
y Elizabeth Lebas (Blackwel1, Oxford, 1996).
28 Esto estaba claro en 1997. En un artículo sobre los habituales
problemas financieros de la revista Wired, el editor ejecutivo Kevin Kelly
comentaba: "Sólo se puede estar en-la-onda una vez ... y creo que estamos
entrando en un período en el que eso ya ha pasado". Y Bruce Sterling
añadía: "En los primeros días de la revolución digital se trataba realmente
de una especie de revolución, y por tanto todo parecía posible... pero, ¡ay!,
tras la revolución llega el gobierno provisional; y con frecuencia la
revolución se come a sus hijos, cariño". Ver "Fast Times at Wired Hit a
Speed Bump", de Amy Harmon, publicado en el New York Times del 4 de
agosto de 1997, pp. DI, D8. En 1998 no había ninguna duda al respecto;
Wired se vio absorbida por el imperio editorial Conde-Nast.
2 LA TELEMÁnCA TOMA EL MANDO
1 En Terminal Architecture (Reaktion Books, Londres. 1998), Martin
Pawley ha desarrollado este punto según el argumento de que los edificios
del siglo XXI no tienen que ser entendidos como monumentos, sino como
170
e-tapia
Notas 171
terminales de información. Estamos de acuerdo; pero él pronostica
consecuencias más sombrías que las mías.
2 Neuromancer (Ace Books, Nueva York, 1984), de William Gibson, la novela
que popularizó el término "ciberespacio", se suele tomar como una simple
evocación de la desintegración y la falta de ubicación producidas por medios
electrónicos. Pero se puede hacer una lectura más enriquecedora si se ve
como una alegoría 'de las complejas interrelaciones recíprocas entre lugares
físicos concretos, como Chiba City, y lugares virtuales; entre el viaje físico y la
conexión electrónica; y entre los cuerpos y sus avatares electrónicos.
3 Éstos comenzaron a aparecer a mediados de los años noventa. Entre los
primeros estaban V-Chat de Microsoft, Moondo de Intel, Cyber Passage
Bureau de Sony, VIrtual World de IBM y Utopia, Alpha World, Worlds Chat,
The Realm y Point World de Lycos. Para un fructífero análisis, en tomo a
1997-1998, ver Avatars! Exploríng ond Building Virtual Worlds on the Internet
(Peachpit Press, Berkeley, 1998), de Bruce Damer. El término avatar proviene
del sánscrito y tradicionalmente se refería a la representación de las deidades
hindúes por medio de ídolos que tomaban formas muy diferentes. Cito, por
ejemplo, del Decean Herald del martes 27 de agosto de 1998: "Ganesha
músico, Ganesha jugador de crtquet. Ganesha armado, Ganesha danzante,
Ganesha afgano, Ganesha chino, Ganesha japonés, Ganesha Samanvyaa,
Ganesha decorado, Ganesha como Shirdi Sai Baba, Ganesha en un "Titanio",
Ganesha sentado, Ganesha de pie, Ganesha de metal, Ganesha de arcilla,
Ganesha de madera... en sintonía con la miríada de nombres con que se ha
dotado al Señor Ganesha, imágenes del dios de diferentes variedades fueron
adoradas en la ciudad en el festival del Vinayaka Chaturthi, el pasado martes".
4 "Sensors: The Next Wave of Innovation", de Paul Saffo,
Communieations oi the ACM 40, n° 2, febrero de 1997, pp. 93-97.
5 Critical Vehicles: Writings, Proiects, lnterviews (MIT Press, Cambridge,
1999), de Krzysztof Wodiczko.
6 "Plugged In at Horne", de Bill Gates, The Road Ahead (Viking. Nueva
York, 1995), pp. 205-226.
7 lconography and Electronics upon a Generic Architecture (MIT Press.
Cambridge, 1996), de Robert Venturi.
8 "Iteratlve Design of Seamless Collaboration Media", de H. Ishii,
M. Kobayashi y K. Arita, Communications ofthe ACM 37, n" 8, agosto de
1994, pp. 83-97.
9 "The ALIVE System: Wireless, FuJI-Body Interaction with Autonomous
Agents". de P. Maes, T. Dandi y B. Blumberg, Communieations ofthe
ACM 39, primavera de 1996.
10 "The Last Book", de J. Jacobson, B. Comiskey y otros, IBM Systems
Journal36, n° 3 (1997). Ver también "Bits and Books", de Neil Gershenfeld,
When Things Start to Think: (Henry Holt, Nueva York, 1999), pp. \3-25.
11 Muchas de estas ideas se han implementado experimentalmente en el
proyecto ambientROOM del Media Laboratory del MIT. Ver "ambientROOM:
Integrating Ambient Media with Architectural Space", de Hiroshi Ishii. Craig
Wisneski, Seott Brave, Andrew Dahley, Matt Gorbett, Brygg Ullmer y Paul
Yarin, así como "Water Lamp and Pinwheels: Ambient Projeetion of Digital
lnfonnation into Architectural Space", ambos Proeeedings ofCHJ 98
(Association for Computing Machinery; Nueva York, 1998).
12 John Underkoffler utiliza este planteamiento en su proyecto Luminous
Room. Ver "A view Irom the Luminous Room", de John Underkoffler,
Personal Technologies 1, n° 2, junio de 1997, pp. 4 9 ~ 5 9 . ' ,
13 "Interacting with Paper on the Digital Desk", de Pierre Wellner,
Communieations of the ACM 36, n° 7, julio de 1993, pp. 87~ 9 6 .
14 "Tangible Bits: Towards Seamless Coupling of People, Bits and
Atoms", de Hiroshi Ishii y Brygg Ullmer, Proeeedings ofCHI, 1997,
pp. 234-241. Para un mayor desarrollo de esta idea, ver "Illuminating
Light: An Optieal Design Tool with a .Luminous-Tangible Interface", de
John Underkoffler e Hiroshi Ishii, Proceedings ofCHI, 1998, pp. 542-549.
15 Artificial Reality 1I (Addison-Wesley, Reading, Mass., 1991), de Myron
Krueger.
16 "HyperMirror: Toward Pleasant-to-Use Video Communications
System", de Osamu Morikawa y Takanori Maesako, Proceeding of CSCW 98:
ACM 1998 Conferenee on Computer Supported Collaborative Work
(Association for Computing Machinery, Nueva York, 1998), pp. 149-158.
17 "I'he l/O Bulb and the Luminous Roo"''', de John Underkoffler,
conferencia de doctorado, Media Arts and Scienees Programo MIT, 1998.
18 "A Head-Mounted Three-Dimensional Display", de Ivan E. Sutherland,
Proceedings ofthe Fall Joint Computer Conference (Thompson Books,
Washington, D.C., 1968).
19 Para un debate crítico más amplio de las interrelaciones entre el
rectángulo de Alberti, los gráficos por ordenador y la realidad virtual, ver
Remediation: Understanding New Media (MIT Press, Cambridge, 1998), de
Jay David Bolter y Richard Grusin.
20 "Surround-Screen Projection-Based Virtual Reality: The Design and
Implementation of the CAVE", de C. Cruz-Neira, D.J. Sandin y T.A.
DeFanti, Proceedings ofSIGGRAPH 93 (Association for Computing
Machinery, Nueva York, 1993), pp. 135-142. Ver también "A 'Room' with
a 'View'". de T.A. DeFanti, D.J. Sandin y C. Cruz-Neira, IEEE Speetrum,
octubre de 1993, pp. 30-33.
21 Para un rápido resumen de los programas y prototipos de
investigación, alrededor de 1996, ver "Virtual Assembly", de Larry
Krumenaker; MIT's Teehnology Review, febrero/marzo de 1997, pp. 18-19.
Para más detalles, ver "Knowledge-Based Augmented Reality", de
S. Feiner, B. Maclntyre y D. Seligman, Communications of the ACM 36,
n'' 7, julio de 1993, pp. 53-62, así como "A Survey of Augmented Reality",
de R.T. Azuma, Presence 6, n'' 4 (J 997), pp. 355-380.
3 EL PROGRAMA: EL NUEVO GENIO DEL LUGAR
1 La tecnología GPS no es nueva, pero la miniaturización y las
reducciones de precios se han ido extendiendo, siendo cada vez más
172 e-topia Notas 173
factible su LISO cotidiano. Los receptores solían ser aparatos voluminosos
que costaban decenas de miles de dólares. A finales de los años noventa se
han convertido en artículos muy pequeños, de consumo, que se venden
por unos cuantos cientos de dólares.
2 Para una aplicación pionera de esta idea, ver "A Distributed Location
System for thc Active Ofñcc". de Andy Harter y Andy Hopper, IEEE
Network 8, n" 1 (t 994), pp. 62-70, así como "An Ovcrvicw uf thc Parc'Iab
Ubiquitous Computing Experiment". de Roy Want, Bill N. Shilit, Norman
1. Adarns. Rich Gold, Karin Petersen, David Goldberg, John R. Ellis y Mark
Weiser, JEEE Personal Communications 2, n'' 6 (1995), pp. 28-43.
3 "Musical Applications of Electric Field Scnsing", de Joe Paradiso y Neil
Gcrshcnfeld, Computer Music Iournal 21, n° 2 (1997).
4 Ver, por ejemplo, "Smart Rooms", de AJex P. Pentland, Scientific
American, abril de 1996, pp. 68-76 [verso casto "Salas inteligentes",
Investigación y Ciencia, junio de 1996, pág. 8]. Para más detalle de los
planteamientos técnicos, ver lntelligent Environments: Papers from the
1998 AAAI Spring Symposium, Technical Report SS-98-02 (AAAI Press,
Menlo Park, 1998), de Michael Caen, ed.
5 When Things Start to Think (Henry Holt. Nueva York, 1999),
pp. 152-154, de Neil Gershenfe1d.
6 "Sensors: The Next Wave of Innovation", de Paul Saffo,
Communications ofthe ACM 40, n" 2, febrero de 1997, pp. 93-97.
7 Aparece esta estimación en la columna "Binary Ct-itic" de Ted Lewis,
IEEE Computer, septiembre dc 1997.
8 Para más detalles de Bluetooth, ver www.bluetooth.com.
9 Para más detalles de Jini. ver www.sun.com/jini/ y www.jini.org. Otras
tecnologías que surgieron más o menos en el mismo momento, como
Piano de Motorola, JetSend de Hewlett-Packard y la especificación HAVi
para la interoperatividad de los aparatos digitales domésticos tratan con
aspectos similares, relacionados, del problema de la interoperatividad.
10 Para más detalles de Java, ver www.sun.com/javaJ.
11 Las tecnologías de agentes y sus aplicaciones se contemplan
exhaustivamente en Readings in Agents (Margan Kaufmann, San Francisco,
1998), de Michael N. Huhns y Munindar P. Singh. Sc ofrece una guía
práctica del desarrollo de agentes en Developing Intelligent Agents for
Distributed Systems: Exploring Architecture, Technologies, and Applications
(McGraw-HiIl, Nueva York, 1998), de Michael Knapik y Jay Johnson.
12 Para una exposición detallada de la idea de aparatos de información
especializados, y argumentos a su favor, ver The invisible Computer:Why Good
Products Can Fail, the Personal Computer Is So Complex, and lniorrnatíon
AppliancesAre the Solution (MIT Press, Cambridge, 1998), de Donald A. Norman.
4 ORDENADORES PARA HABITAR
1 Se describen algunas de las posibilidades más interesantes en
"Wearablc Computing: A First Step Toward Personal Imaging", de Steve
Mann, IEEE Computes; febrero de 1997, pp- 25-32. Ver también
"Augmented Reality through Wearable Computing", de Thad Starner y
Steve Mann, Presence 6, n'' 4 (1997). Sobre antecedentes de aparatos
vestibies y redes corporales, ver The Cyborg Handbook (Routledge, Nueva
York, 1995), de Chris Hables Gray, ed.
2 "Personal Area Networks (PAN)", de T. Zimmerman, en IBM ~ s t e m s
Joumal35 (1996), pp. 609-618. Ver también "Wear Ware Where", de Neil
Gershenfeld, When Things Start to Think (Henry Holt, Nueva York, 1999),
pp. 45-61.
3 Símians, Cyborgs and Women (Routledge, Nueva York, 1991), de Donna
J. Haraway [verso cast. Ciencia, cyborgs y mujeres, Ediciones Cátedra, S.A.,
Madrid, 1995]. Ver también The Cyborg Handbook, de Gray, ed. y How We
Became Posthuman: Virtual Bodies in Cybemetics, Literature, and
Informatics (University of Chicago Press, Chicago, 1999), de N. Katherine
Hayles.
4 Entre los primeros estaban Xybernaut, que ofrecía un ordenador
multimedia montado en la cabeza, con activación de voz, ViA y Teltronics.
5 "The Body Electric", de Gordon Bell, Communications of the ACM 40,
n° 2, febrero de 1997, pp. 31-32.
6 "The Computer for the 21st Century", de Mark Weiser, Scíentiíic
American 265, n° 3, (1991), pp. 94-104. Para más detalles técnicos, ver
"Sorne Computer Science Problems in Ubiquitous Computing", de Mark
Weiser, Communications ofthe ACM 36, n° 7, julio de 1993.
7 "Situated Information Spaces and Spatially Aware Palmtop
Computers", de George Fitzmaurice, Communications of the ACM 36, n'' 7,
julio de 1993.
8 Ver; por ejemplo, "Responsive Offtce Environrnents", de Scott Elrod,
Gene Hall, Rick Costanza, Michael Dixon y Jim Des Rivieres,
Communications of the ACM 36, n° 7, julio de 1993, pp. 84-85.
9 Ver, por ejemplo, "Power to the People", de David Schneider; Scíentíiíc
American 276, n° 5, mayo de 1997, p. 44.
10 La idea de unas tarifas dinámicas de peaje es cobrar más por las vías
habitualmente congestionadas y menos por las que no se congestionan.
Singapur introdujo en 1998 este sistema, basado en un control electrónico
automático de las autopistas.
11 "World Wide Widgets", de W. Wayt Gibbs, Scientiiic American 276,
n° 5, mayo de 1997, p. 48.
12 Sobre cómo satisfacer las necesidades ambientales potencialmente
diversas de múltiples ocupantes, ver "MusicFX: An Arbiter 01' Group
Preferences for Computer Supported Collaborative workouts". de Joseph
F. McCarthy y Theodore D. Anagnost, Proceedings ofCSCW 98: ACM 1998
Conference on Computer Supported Collaborative Work (Association for
Computing Machinery, Nueva York, 1998), pp. 363-372.
13 Ver "The Neural Network House: An Overview", de Michael C. Mozer,
R.H. Dodier, M. Anderson, L. Vidmar, R.F. Cruickshank 111 y D. Miller,
Current Trends in Connectionism (Erlbaum, Hillsdale, N.J., 1995) de
174 e-topía
Notas 175
L. Niklasson y M. Boden, eds., pp. 371-380, así como "The Neural Network
House: An Environment That Adapts to Its Inhabitants", de Michael
C. Mozer, Proceedings oi the AAAI Spring Symposium on Intelligent
Environments (AAAI Press, Menlo Park, 1998), de Michael Caen, ed..
pp. 110-114.
14 Se desarrolla este punto con gran brillantez y perspicacia en The
Architecture oi (he Well-Tempered Environment (University of Chicago
Press, Chicago, 1969), de Reyner Banham [vers. cast. La arquitectura del
entorno bien climatizado, Ediciones Infinito, Buenos Aires,. 1975].
15 El clásico dilema social de las nuevas infraestructuras a gran escala es
que lleva mucho tiempo y dinero construirlas, de manera que no pueden
llegar a todo el mundo ni a todas partes de manera inmediata. ¿Se prima
la conveniencia y la eficacia si se construyen de forma secuencial,
añadiendo usuarios a medida que se avanza, e ignorando las injusticias
que se generan a corto plazo? ¿Se insiste en la igualdad y se retrasa la
oferta del servicio a alguien hasta que puedan tenerlo todos? ¿O se busca
algún compromiso realista?
5 VIVIENDAS Y BARRlOS
1 Esta idea consiguió mucho tiempo de emisión en antena, especialmente
como un sueño bastante ingenuo y utópico para escapar de los problemas
y peligros de la ciudad, a medida que la revolución digital iba adquiriendo
impulso en los años ochenta. Ver, por ejemplo, The Third Wave (Bantam,
Nueva York, 1980), de Alvin Toffler [vers. cast. La tercera ola, Ediciones
Orbís. S.A., Barcelona], y The Electronic Cottage (Morrow, Nueva York,
1981) de loseph Deken.
2 De hecho, a medida que se desarrollaba la revolución digital en los años
noventa, la demanda de espacio para oficinas en el centro era muy fuerte
en la mayoría de las ciudades principales de los Estados Unidos.
3 Para un repaso exhaustivo y excelente del tema del teletrabajo. ver
Managing Telework: Strategies [or Managing the Virtual Workforce (John
Wiley, Nueva York, 1998), de Jack M. Nilles. Sobre los desarrollos
europeos, ver "EU Study on Teleworking", de Mike Johnson, en
Teleworking... in Brief(Butterworth Heinemann, Oxford, 1997), pp. 193-208.
La literatura de investigación sobre el trabajo a distancia es ya muy
abundante; ver "Forecasting Telecommuting-An Exploration of
Methodologies and Research Needs". de S.L. Handy y P.L.Mokhtarian, en
'Iransportation 23 (1996), pp. 163-190; "The State of Telecomrnuting", de
P.L. Mokhtarian, ITS Review 13, n° 4, (J 990); "Ielecommutíng and Travel:
State of the Practice, State of the Art", de P.L. Mokhtarian, Transportation
18 (1991), pp. 319-342; "Ielecommuting in the United States: Letting Our
Fingers Do the Commuting", de P.L. Mokhtarian, TR News, n° 158 (1992),
pp. 2-7; "Telecomrnuting and Urban Sprawl: Mitigator or Inciter?",
de 1.M. Nilles, en Transportation 18 (1991), pp. 411-431; "Impact of
Telecommuting on Spatial and Temporal Patterns of Household 'Iravel",
de R. M. Pendyala, K.G. Goulias y R. Kitamura, Transportation 18 (1991),
pp. 383-409.
4 Históricamente, la organización interna del espacio doméstico ha
reflejado, entre otras cosas, soluciones diferentes a las cuestiones de
centralización y, descentralización. ¿La socialización tiene lugar en los
salones privados o en lugares públicos? ¿Existen santuarios privados en
cada casa o el culto religioso es una actividad comunal que tiene lugar en
un punto central de reunión? ¿Trabajan las personas en casa o vtl-D a un
lugar de trabajo centralizado? ¿Aparcan en UD garaje particular b en una
estructura pública cercana? Para una discusión sobre una amplia variedad
de ejemplos, ver House Form and Culture (Prentice Hall, Englewood Cliffs.
N.J., 1969), de Amos Rapoport [verso casto Vivienda y cultura, Editorial
Gustavo Gili, S.A., 1972].
5 Las antiguas machiya eran bellas casas de madera construidas en
bloques largos y estrechos. Los artesanos desplegaban sus mercancías en
las calles, delante de sus casas. Actualmente, el modelo sigue existiendo
con una nueva construcción. Viviendas, tiendas, pequeñas fábricas y
restaurantes se entretejen inextricablemente; s610 una cortina de noren
colgada en la puerta de entrada señala que una casa en concreto está
abierta para el negocio. Esto constituye un tejido urbano particularmente
flexible, que ha servido de caldo de cultivo para muchas de las empresas
modernas de éxito de Kioto.
6 Para estar advertidos cuanto antes, ver "Home Computer Sweatshops",
de P. Mattera, The Nation 236, n'' 13 (1983), pp. 390-392.
7 La distinción entre relaciones primarias y secundarias fue establecida
por G.H. Cooley en Social Organization (Scribner; Nueva York, 1909). En
estos momentos se ha convertido en un tema fijo de cualquier asignatura
de introducción a la sociología. Este concepto ha sido elaboradamente
enriquecido y aplicado a situaciones en las que aparece la electrónica
por Craig Calhoun en su "Computer Technology, Large-Scale Social
Integration, and the Local Community", en Urban Affairs Quarterly 22,
n° 2, (diciembre de 1986), pp. 329-349; Y también en "The Infrastructure
of Modernity: Indirect Social Relationships. Information Technology,
and Social Integration", en Social Change and Modernity (University of
California Press, Berkeley, 1992), pp. 205-236, de Hans Haferkamp y Neil
J. Smelser; eds.
8 "The Post-City Age", de Me!vin M. Webber, en Daedalus 97 (1968),
pp. 1091-1110. Ver también "What Makes Cities Important", de R.E Abler; Bell
Telephone Magazine 49, n° 2, (1970), pp. 10-15, así como "Communication and
Community", de P.C. Goldmark, Scientific American 227 (1972), pp. 143-150.
9 Se ofrece una primera definición clásica de esta cuestión en
"Assignment Problems and the Location of Economic Activities", de
T.C. Koopmans y M. Beckman, Econometrica 25, n° 1, (1957), pp. 53-76.
10 Ver, por ejemplo, "A Long Way frorn the Rat Race: The Charms of
Telluride Have Made a Telecornmuting Town", de Kerry Hannon, US News
and World Report, octubre de 1995.
11 La transformación de las primeras imprentas y tiendas de copias en
centros de negocios del barrio ofrece una prueba de la tendencia en esta
dirección. Ver "For the Officeless, a Place to Call Home", de Laurie
J. Flynn, New York TImes, Business Day, 6 de julio de 1998, pp. D1, D4.
176 e-topía Notas 177
12 Ver, por ejemplo, The Fall o( Pub/ic Man (Knopf. Nueva York, 1976), de
Richard Sennett [vers. casto El declive del hombre público, Edicions 62;
Península, Barcelona, 1978].
13 "Bowling Alone: Ame-íca's Declining Social Capital", de Robert
Putnam, Journal oiDemocracy 6, n'' 1 (1995), es sólo el último de una
larga lista de comentaristas que diagnostican una pérdida de comunidad
en la vida moderna y que localizan su causa en cierta combinación de
urbanización, sub-urbanización, el automóvil y la televisión.
14 The Death and Life of Great American Cities (Vintage Books, Nueva
York, 1961), de Jane Jacobs. Sobre las prescripciones de los Nuevos
Urbanistas, ver The Next American Metropolis: Ecology, Community, and
the American Dream (Princeton Architectural Press, Princeton, 1993), de
Peter Calthorpe; The New Urbanism: Toward an Architecture of Community
(McGraw-Hill, Nueva York, 1993), de Peter Katz y Vincent SculIy, y
Seaside: Making a Town in America (Princeton Architectural Press,
Princeton, 1991), de David Mohney y Keller Easterling, eds. Para algunas
propuestas muy diferentes, ver Cities [or a Small Planet (Westview Press,
Boulder, 1997), de Richard Rogers. [vers. cast. Ciudades para un pequeño
planeta, Editorial Gustavo Gili, S.A., Barcelona, 2000].
15 Sobre la creación de Silicon Alley, sus defectos y sus virtudes, ver "The
Great Wired Way", de Andrew Ross, Any, n" 22 (1998), pp. 57-61.
16 Para un repaso a este modelo espacial, ver "The Spatial Mismatch
Hypothesis: Three Decades Later". de John Kain, Housing Policy Debate 3
(1993), pp. 371-460.
17 Ver "The Informational City Is a Dual City: Can It Be Rever-sed?". de
Manuel Castells, en High Technology and Low lncome Communities (MIT
Press, Cambridge, 1998), pp. 25-42, de Donald A. Schon, Bish Sanyal y
William J. Mitchell, eds. Sobre Jos efectos del acceso desigual a la
infraestructura de información, ver Disconnected: Haves and Have-Nots in
the lnformatian Age (Rutgers University Press, New Brunswick, 1996), de
William Wresch. Y sobre la tendencia general a retirarse en comunidades
cerradas, ver Fortress America: Gated Communities in the United States
(Brookings Institution Press, Washington D.C., 1997), de Edward
J. Blakeley y Mary Gail Snyder.
18 Las ciudades duales, engendradas por el impacto privilegiador y
marginalizador a la vez de la transformación tecnológica, han sido en el
pasado un tema favorito de los novelistas. Pensemos precisamente en
Dickens y su característica dramatización del contraste al hacer que los
protagonistas pasen de un contexto a otro. La revolución digital ha
generado tratamientos similares por los cyberpunks. Por ejemplo, Neal
Stephenson, en su escalofriante y divertida novela Snow Crash (Bantam,
Nueva York, 1992), imagina que los conectados-y-privilegiados se retiran
dentro de unos "Burbclaves" autónomos. con controles de entrada y
fuerzas de seguridad privadas. Mientras tanto: "Leprosos que asan perros
en espetones sobre toneles de queroseno llameante. La gente de la calle
empuja carretillas llenas hasta arriba de restos chorreantes de billetes de
millones y de billones de dólares, que han recogido de las cloacas.
Cadáveres en la carretera, enormes cadáveres, restos tan grandes que sólo
podrían ser de seres humanos, aplastados formando gruesas bandas,
largas como una manzana de casas. Barricadas ardiendo en las avenidas
principales. Sin refugios por ninguna parte."
19 Sin embargo, éstos ejercerán una influencia significativa. Ver
"Geographical Inequalities: The Spatial Bias of the New Communications
Technologies", de Andrew Gillespie y Kevin Robins, Journal af
Communications 39, na 3 (verano de 1989), pp. 7-18.
20 Sobre las diversas apropiaciones y transformaciones de la tecnología
telefónica, ver America Calling: A Social History ofthe Telephone to 1940
(University of California Press, Berkeley, 1992), de Claude S. Fischer.
6 LUGARES DE ENCUENTRO
1 La novela de Neal Stephenson, Snow Crash (Bantam, Nueva York,
1992), popularizó la idea de un lugar de reunión virtual que era
exactamente como un lugar físico y que estaba poblado por avatares de
doble cuerpo -de diversa calidad dependiendo de lo que cada uno pudiera
permitirse-o Este "Metaverse" de ficción se organiza alrededor de "the
Street", un "gran bulevar, brillantemente iluminado, que gira
constantemente en torno al ecuador de una esfera negra con un radio
de algo más de diez mil kilómetros". En todo momento hay millones de
personas caminando por allí de aniba abajo. A cada lado se pueden
desarrollar solares e inmuebles.
2 Sobre telecomunicaciones, redes informáticas y relaciones sociales
indirectas, ver "Community without Propinquity Revisited: Categorical
Identities, Relational Networks, and Electronic Communication", de Craig
Calhoun, Sociological Inquiry 68, n" 3, (1998).
3 Presentación de Miehael Dertouzos en la conferencia del Club de
Roma: "How New Media Are Transforming Society", Smithsonian
Institution, Washington D.C., 1998.
4 "Roadkill on the Infonnation Superhighway", de Richard S. Tedlow,
Harvard Business Review, noviembre/diciembre de 1996. Las marcas
comerciales nacionales e internacionales, junto con sus correspondientes
estrategias de mercadotecnia, florecieron inicialmente a finales del siglo
XIX con el surgimiento de la imprenta rápida, el ferrocanil y los sistemas
eficaces de correo. Ivory Soap, American Tobacco, Johnson & Johnson y
Coca-Cola fueron fundadas todas alrededor de 1880. Internet, en cierto
sentido, es una simple continuación de esta historia.
S The Rise o( the Network: Society (Blackwell, Malden, Mass., 1996),
p. 364, de Manuel Castells.
6 Citado en Media and the American Mind (University of North Carolina
Press, Cbape! HlII, 1982), p.Ll , de D.l. Czitrom.
7 La formulación clásica de la teoría de la segmentación del mercado se
puede ver en "Product Differentiation and Market Segmentation as
Alternative Marketing Strategies", de Wendell R. Smith, en Journal of
Marketing 21 (julio de 1956). Sobre la conexión a comunidades virtuales
en línea, ver Net Gain: Expanding Markets through Virtual Communities
178 e-topía
Notas
179
(Harvard Business School Press, Boston, 1997), de John Hagel JII y Arthur
G. Armstrong.
8 Como ejemplo especialmente vívido y conmovedor, ver la historia de
BostonBill y la comunidad en línea de afectados por la extraña
enfermedad de la fibromialgia. "A Champion of the Afflicted Is Mourned",
de Peter S. Canellos, en Bastan Globe, 16 de marzo de 1998, pp. Al, A16.
Sobre la ciber-escena gay, ver "Oood Thrill Hunting", de Michacl Joseph
Gross, en Bastan Magazine, abril de 1998, pp. 50-56.
9 Ver, por ejemplo, Silicon Snake Oíl: Second Thoughts o{ the Infonnation
Highway (Anchor, Nueva York, 1996), de Clifford Stol!.
10 Según Durkheim, anemia es la condición que resulta de subdividir
excesivamente el trabajo, cuando el individuo pierde la perspectiva del
propósito más amplio de su esfuerzo económico colectivo y se genera, por
tanto, una ruptura de las relaciones sociales. Ver The Division of Labor in
Society, de Emile Durkheim, trad. George Simpson (Free Press, Nueva
York, 1933; original 1893) [verso cast. La división del trabajo social, I,
Planeta-Agostini, Barcelona].
11 The Virtual Community: Homesteading on the Electronic Frontier
(Addison-Wesley, Reading, Mass., 1993), p. 2, de Howard Rheingold.
12 Cyberville: Clicks, Culture, and the Creation ofan Online Town (Wamer
Books, Nueva York, 1998), p. 8, de Stacy Horn.
13 Telecommunications and the City: Electronic Spaces, Urban Places
(Routledge, Londres, 1996), pp. 260-263, de Stephen Graham y Simon
Marvin.
14 El sistema del Faro del Conocimiento (Farol do Saber) fue iniciado
por el alcalde de Curitiba, Rafael Greca de Macedo. En 1994 se construyó
el primero y había 50 en proyecto. La torre del "faro" evocaba a la vez
el antiguo faro y biblioteca de Alejandría y una torre de vigilancia sobre el
vecindario circundante. Están situados cerca de escuelas municipales y
plazas públicas. En la página web municipal de Curitiba, el alcalde dice:
"Los Faros del Conocimiento son terminales de sabiduría abiertos al
público". Su intención es "desalojar la oscuridad y ofrecer seguridad a
nuestro pueblo, porque saber y ser capaces de leer constituyen las mejores
salvaguardas contra un mundo de ladrones, analfabetos, desposeídos, los
parias de la sociedad excluidos de su cuota de oportunidades".
15 El tema del direccionamiento dinámico de redes es sutil pero
importante. Normalmente, las direcciones de redes se asocian con puntos
concretos de conexión. Así es, por ejemplo, como hacemos que un correo
electrónico llegue al lugar correcto. Si se quiere trabajar con cualquier
punto de conexión, sin tener que acceder a una determinada máquina
remota, es preciso utilizar alguna forma simple y efectiva de asociar
temporalmente nuestra dirección personal con ese punto.
16 "Order in Diversity: Community without Propinquity", de Melvin
M. Webber, Cities and Space: The Future Use oi Urban Land (Johns Hopkins
University Press, Baltimore, 1963), pp. 29-54, de Lowdon Wingo, ed.
[verso casto Ciudades y espacio, Oikos-Tau, S.A. Ediciones, Barcelona,
1976]. Ver también "The Urban Place and Nonplace Urban Realm". de
Melvin M. Webber, en Explorations into Urban Structure (University of
Pennsylvania Press, Philadelphia, 1964), de Melvin M. Webber, ed., a;sf "
como "Revisiting-the Nonplace Urban Realm: Have We Come Full Circle? ,
de Peter Hall, Intemational Planning Studies 1, n° 1, (1996), pp. 7·15.
17 Para una introducción convincente a estas tecnologías, su u s ~ , y
algunas de las cuestiones políticas que plantean, ver Protecting Yourseti
Online (HarperEdge, San Francisco, 1998), de Robert B. Gelman con
Stanton McCandlish y miembros de la Electronic Frontier Foundation.
18 Cuando yo enseñaba en la universidad de Cambridge, en los años
setenta, no hacíamos mucho uso de la comunicación electrónica. El correo
electrónico no existía y los teléfonos eran pocos, ineficaces y se seguía
pensando que era un medio de comunicación poco elegante. Si queríamos
localizar a alguien para algún negocio, simplemente dábamos una vuelta
por Trumpington Street a la hora de la comida o lo encontrábamos en la
universidad, a la hora de la cena.
19 La cuestión de la visibilidad e invisibilidad se ha promovido con
fuerza por parte de los críticos de la idea habermasiana de una esfera
pública unificada y global; ver Public Sphere and Experience: Toward an
Analisys ofthe Bourgeois and Proletarian Public Sphere (University of
Minnesota Press, Minneapolís, 1993), de Oskar Negt, Alexander Kluge.
Peter Labanyi, Owen Daniel, Assenka Oksiloff y Miriam Hansen. Sobre el
espacio público específicamente, ver "Men in Space", de Rosalyn
Deutsche, Artforum, febrero de 1990, pp. 21-23.
20 "Mexíco's Zapatistas: The First lnformational Guerrilla Movement", de
Manuel Castells, en The Power of Identity (Blackwell, Malden, Mass.,
1997), pp. 72-83. Para el profético análisis de la Corporation RAND del
ciberespacio en las revoluciones del futuro, ver "Cyberwar Is Coming!", de
John Arquilla y David Ronfeldt, en Comparative Strategy 12, n° 2, (1993),
pp. 141-165 (también www.techmgmt.com/restore/cyberwar.htm).
21 "Internet Treasure". de Andrew Shapiro, Bostan Review 23, n'' 3.4,
verano de 1998, pp. 18-19.
22 Democracy in America, vol. 1, capítulo XII: "Political Associations in
the United States" [vers. casto La democracia en América, Alianza Editorial,
S.A" Madrid].
23 Para un informe práctico, de primera mano, sobre las organizaciones
políticas de base que utilizan lugares de reunión en línea, ver NetActivism:
How Citizens Use the Internet (O' ReilIy, Sebastopol, California, 1996), de
Ed Schwartz.
24 Ver The Ancient City: A Study of the Religion, Laws, and lnstitutions of
Greece and Rome (Johns Hopkins University Press, Baltimore, 1980;
original 1864) [verso cast. La ciudad antigua, Editorial Edaf S.A., Madrid,
1982], de Numa Denis Fustel de Coulanges, para un debate clásico sobre
la relación entre civitas y urbes en su concepción tradicional.
25 .Ver, por ejemplo, The Sovereign Individual (Simon & Schuster, Nueva
York, 1997), de James Dale Davidson y Lord William Rees-Mogg. Para un
tratamiento más matizado y académico, ver Lasing Control? Sovereignty in
180 e-tapia Notas
181
an Age o{ Globalization (Columbia University Press, Nueva York, 1996), de
Saskia Sassen.
26 La relación actual, más compleja, entre comunidades y lugares no
aparece con la telecomunicación electrónica, pero ha sido fuertemente
impulsada por ella. Ver ro Dwell among Priends: Personal Networks in
Town and CUy (University of Chicago Press, Chicago, 1982), de Claude S.
Fischer; y también "The Community Ouestíon", de Barry Wellman,
American Iournal o(Sociology 84 (1979), pp. 1201-1231.
27 Para análisis más detallados de las ciudades en estos términos, desde
diversos puntos de vista, ver The CUy01' Collective Memory (MIT Press,
Cambridge, 1994), de M. Christine Boyer; The Power of Place (MIT Press,
Cambridge, 1995) de Dolores Hayden, y Civic Realism (MIT Press,
Cambridge, 1997) de Peter G. Rowe.
7 REDISEÑANDO EL LUGAR DE TRABAJO
1 The Twilight o{Sovereignty: How the lnfonnation Revolution Is
Transfonning the World (Scribner's, Nueva York, 1992), p. 61, de Walter
B. Wriston. Wriston ofrece un gráfico informe de primera mano sobre el
surgimiento de los mercados financieros con soporte electrónico.
2 Para un examen de la situación en 1998, ver "Financial Centers", en The
Economist 347, n° 8067,9 de mayo de 1998, p. 62. Para un buen informe
sobre el desarrollo del comercio electrónico y un análisis de algunas de sus
implicaciones, ver Trapped in the Net: The Unanticipated Consequences of
Computerization (Princeton Urriversity Press, Princeton, 1997), pp. 74-107,
de Gene I. Rochlin.
3 El colapso no sólo se propagó por las telecomunicaciones electrónicas y
por la informática; también se amplificó a causa de fallos de diversos tipos
en las comunicaciones y en los programas.
4 "Record Label to Distribute Music on Une", de Matt Richtel, New York
Times, 5 de mayo de 1999, pp. C1, C9.
5 Sobre automóviles, ver Flexible Production: Restructuring the
lnternational Automobile lndustry (Polity, Cambridge, 1994), de Rebecca
Morales. Sobre el vestido, ver Global Production: The Apparel Industry in
the Pacific Rim (Temple University Press, Philadelphia, 1995), de Edna
Bonacich, Lucie Cheng, Norma Chinchilla, Nora Hamilton y Paul Ong,
eds. Sobre ordenadores, abrir simplemente un ordenador personal o un
portátil y echar un vistazo a las etiquetas de origen de los diversos
componentes.
6 George Gilder ofrece muchos ejemplos certeros -que es preciso filtrar,
por supuesto, debido a su inimitable sesgo "arriba el mercado, abajo los
gobiernos"- en "The Eclipse of Geopolitics", Microcosm: The Ouantum
Revolution in Economics and Technology (Simon & Schuster, Nueva York,
1989), pp. 353-370. En relación con los libros, estima: "Imprimir un libro
cuesta unos 80 centavos; la esencia de su valor viene dada por el autor, el
editor, el distribuidor y el librero". Sobre los chips de silicio: "Sin ninguna
manifestación física en absoluto, el diseño del ordenador puede fluir a
través del ganglio global hacia otro ordenador conectado a una lrncnde
producción en cualquier parte del mundo."
7 En los años ochenta y noventa esto se convirtió en una cuestión muy de
moda por parte de los expertos en política popular, tanto desde la
izquierda como desde la derecha, cada uno con su sesgo particular. G.eol'gc
Gilder lo incorporó en Microcosm, por ejemplo. Y Robert Reich lo reforzó
en The Work of Natíons: Preparing Ourselves [or Zlv-Cetuury Capitalism
(Random House. Nueva York, 1992).
8 Para un informe más detallado, ver The Digital Economy: Promise and
Períl in the Age of Networked Intelligence (McGraw-Hill, Nueva York, 1996),
p. 92, de Don Tapscott.
9 Technologies without Boundaries: On Telecommunications in a Global
Age (Harvard University Press, Cambridge, 1990), pp. 68-69, de Ithiel de
Sola Pool.
10 "The Nature of the Firm", de Ronald H. Coase, en The Fírm, the
Market, and the Law (University of Chicago Press. Chicago, 1990; original
1937) [verso cast. La empresa, el mercado y la ley, Alianza Editorial, S.A.,
Madrid, 1994], pp. 33-56.
11 Ver, por ejemplo, "I'he Future of the Firm", de Frances Cairncross, en
The Death 01' Distance: How the Communications Revolution Will Change
Our Lives (Harvard Business School Press, Bastan, 1997), pp. 151-153; Y
"Theme 4: Molecularization", de Don Tapscott, en The Digital Economv:
Promise and Peril in the Age 01' Networked Intelligence (McGraw-Hill, Nueva
York, 1996), pp. 51-54. Para un análisis más técnico, ver "Electronic
Markets and Electronic Hierarchies", de Thomas W. Malone, Joanne Yates
y Robert 1. Benjamin, en Communícations 01' the ACM 30, n° 6, (l987),
pp. 484-497.
12 Ver, por ejemplo, The Virtual Corporation: Structuring and Revitaliring
the Corporation for the Zlv-Century (HarperBusincss, Nueva York, 1993),
de William H. Davídow y Michacl S. Malone.
13 "Economic Community and Social Investment", de Lester C. Thurow,
en The Community 01' the Future (Jossey-Bass Publishers, San Francisco,
1998), p. 25, de Frances Hesselbein, Marshall Goldsmith, Richard
Beckhard y Richard F. Schubert, eds. [vers. cast. La organización del
futuro, Ediciones Deusto, S.A., Bilbao, 1998].
14 Puesto que los medios de producción físicos siguen siendo con
frecuencia costosos de trasladar, la amenaza de abandono frecuentemente
precederá, o incluso evitará el abandono real. Estimulará a las e m p r e ~ a s
para que intenten reducir los sueldos y los impuestos en sus localizaciones
actuales para no pagar los costes de un cambio de sitio.
15 Nations and Nationalism sínce 1780 (Cambridge University Press.
Cambridge, 1990), pp. 174-175, de Eric J. Hobsbawm. Entre las más
conocidas de estas zonas industriales extraterritoriales está la de las
maquiladoras en el Programa Industrial del Norte de México.
16 Gilder, Microcosm, pp. 355-356.
182 e-topía
Notas
183
17 Lo que distingue realmente a Silicon Valley de todos los imitadores de
Silicon es su concentración exclusiva de talento humano especializado,
junto con las interacciones que permite esta concentración y los servicios
que soporta.
18 Los dirigentes industriales que entrevisté en Bangalore en 1998, por
ejemplo, mencionaban consistentemente la alta calidad del grupo de
talentos locales, atraídos por un entorno acogedor, buen clima y una
tradición establecida de alta calidad en instituciones de enseñanza e
investigación, como clave del éxito de esta ciudad en la industria de
exportación de informática. La viabilidad de los campus de lugares de
trabajo de alta tecnología en la periferia también depende de las recientes
inversiones en carreteras y en flotas de autobuses, mantenidas por las
empresas más importantes. Y el desarrollo inmobiliario ha promovido
edificios listos para su uso, preparados para las telecomunicaciones, que
pueden ser ocupados y utilizados inmediatamente.
19 Los economistas piensan normalmente en las comunidades
económicas como estructuras establecidas para definir los derechos de
propiedad necesarios para que funcionen las economías de mercado, y
para defender los citados derechos ante los enemigos internos y externos.
En el pasado lejano solían corresponder a ciudades-estado amuralladas.
Más recientemente han llegado a solaparse con las naciones-estado. Y aún
más recientemente hemos visto comunidades económicas transnacionales.
incluso geográficas, como la VE.
20 Para el punto de vista de un economista sobre estas cuestiones, ver
"Economíc: Community and Social Investment". de Thurow.
21 The Weightless World: Strategies [or Managing the Digital Economy
(MIT Press, Cambridge, 1998), p. 210, de Diane Coyle.
B LA CIUDAD TELESERV1DA
1 "The City and the Telegraph: Urban Telecommunícaüons in the Pre-
Telephone Era", de Joel E. Tarr, Thomas Finholt y David Goodman, en
Journal of Urban Histary 14, n'' 1, (noviembre de 1987), pp. 38-80.
2 The Digital Ecanomy: Promise and Peril in the Age of Netwarked
Intelligence (McGraw-HiIl, Nueva York, 1996), p. 45, de Don Tapscott.
3 Para un análisis directo y convincente de los temas clave, ver "Privacy,
Anonymity, and Secure Communications: Safeguarding Personal and
Business Data in the Information Age", de Robert B. Gehnan y Stanton
McCandlish, en Protecting Yourself Online (HarperEdge, San Francisco,
1998), pp. 35-84. Para un enfoque más foucauldiano, ver The Simulation of
Surveillance: Hypercontrol in Telematic Socíeties (Cambridge University
Press, Cambridge, 1996), de William Bogard.
4 Algoritmos colaboradores de filtrado utilizan .estadísticas sobre las
opciones de consumo de una población para extrapolar a partir de las
conductas anteriores, predecir las preferencias de miembros concretos de
dicha población y poder así dar automáticamente recomendaciones
personalizadas. Se basan en la prudente idea de que, si ciertos individuos
han hecho previamente elecciones parecidas, ,ticnen
intereses parecidos y es probable que elecciones en el
futuro. Estos algoritmos funcionan muy bien cuando las poblaciones son
grandes y los perfiles de elección largos.
5 Para un debate más extenso de este desarrollo, ver The Digital
Economy, pp. 192-195, de Tapscott.
6 "Point, Click and Pay", de Brad Stone y Jennifer Tanaka, Newsweek,
17 de agosto de 1998, pp. 66-67.
7 "Friction-Free Capitalism", de BiIl Gales, The Road Ahead (Viking,
Nueva York, 1995), pp. 157-183.
8 Citado en "Serfing the Net". de Jillian Burt, 21·C, primavera de 1996,
p. 69. Se puede acceder al telejardín a través de
http://www.usc.edu/dept/garden/.
9 Ver, por ejemplo, "A Teleoperated Microsurgical Robot and Associated
Virtual Environment for Eye Surgery", de Ian W. Hunter, Tilemachos
D. Doukoglou, Serge R. Lafontaine, Paul G. Charette, Lynette A. Jones, o
Mark A. Sagar, Gordon D. Mallinson y Peter J. Hunter, en Presence 2, n 4,
(otoño de 1993), pp. 265-280.
10 "The Localization of the World Economy", de Paul Krugman, en Pop
Irüemationalism (MIT Press, Cambridge, 1997) [vers. cast. El
internacionalismo moderno, Editorial Crítica (Grupo Planeta), Barcelona,
1997]. Ver también Geography and Trade (MIT Press, Cambridge, 1993), de
Paul Krugman.
11 Ésta es una antigua observación, repetida hasta la saciedad, que
proviene al menos de Alfred Marshall. El surgimiento de
telecomunicaciones altera el papel y el efecto de esta cohesión urbana,
pero no la elimina por completo.
12 "Iechnology's Revenge", de Paul Krugman, Pop lnternationalism,
pp. 191-204.
9 ECONOMíA DE PRESENCIA
1 Observemos que "presencia" tiene diversos sentidos importantes
relacionados con el tema. Uno puede estar presente en un SItIO concreto, se
puede referir al momento presente y puede presentarse a sí mismo.
2 En su última. y pretenciosa obra, Las leyes (737e ss.). determinó
el tamaño de la ciudad-estado ideal en 5.040 ciudadanos agncultores, más
sus familias y esclavos, y algunos extranjeros residentes. Aristóteles, más
inclinado a lo empírico, no se comprometió con un número exacto, pero
señaló las condiciones de frontera relevantes. En su Política (1326bIJ)
afirmó: "Para tomar decisiones en asuntos de justicia y para el propósito
de distribuir los cargos con arreglo a los méritos es que los "
ciudadanos se conozcan entre ellos y que sepan qué ttpo de personas son.
Tras observar que un tamaño excesivo también "facilita que los extranjeros
residentes en el país se apoderen de la ciudadanía" , prosigue: "Aquí, por
tanto, nos encontramos con los límites del estado: debe poseer la
184
e-topia Notas 185
población más grande que sea coherente con la satisfacción de las
de vida autosuficiente, pero no tanto que no pueda ser
vigilada con facilidad. Que ésta sea nuestra manera de describir el tamaño
del estado."
3 Para un profundo análisis de Tiananmen y para las transformaciones de
su papel ,la era de las electrónicas, ver Craig
Calhoun, Tlananmen, Television and the Public Sphere:
Internationalization of Culture and the Beijing Spring of 1989", Publie
Culture 2, n'' 1 (otoño 1989), pp. 54·71.
4 Las implicaciones y las consecuencias del cambio de lo oral a lo escrito
por supuesto, han sido muy debatidas; existe una amplia literatura sobre '
este tema. Comienza con Platón, con el conocido argumento en Fedro de
9
u e
n? tan gran i?ea ::-tendente a "crear una mala memoria" y la
apartencra de la sabiduría, no la verdadera sabidurfa".-. En un resonante
pasaje q.ue ha sid? repetido una y otra vez por los críticos posteriores de
los medios, especialmente por McLuhan, Freud escribió: "Con cada
herramienta el hombre perfecciona sus propios órganos, sean motores o
sensores, o elimina los límites a su funcionalidad... La escritura fue en
la voz de la persona ausente." (Sigmund Freud, Civiliration and íts
Discontents, trad. James Strachey (W.W. Norton, Nueva York 1961
original 1930). Un buen punto de entrada moderno a la literatura el
clásico de Harolcl A. Innis, The Bias of Communication (University of
Toronto Press, Toronto, 1951). Otro enfoque muy apreciado es Eric
A. I:Iavelock, Revolution in Greece and Its Cultural Consequences
(Princeton Uníversity Press, Princeton, 1982). Marshall McLuhan retoma
el. tópico en los capítulos 8, 9 Y 10 de Vnderstanding Media: The Extensions
01 Man (MIT Press, Cambridge, 1994; original 1964) [verso casto
Comprender los medios de comunicación: las extensiones del ser humano
Ediciones Paidós Ibérica, S.A., Barcelona, 1996]. '
5 Lewis Mumford, The City in History (Secker & Warburg, Londres,
1961), p. 97.
6. LasYLblillas más antiguas de Ur registraban simples listas y cuentas,
para anotar las posesiones almacenadas y para facilitar las
negociaciones de trueques.
7 En Notre-Dame de París (1831), Víctor Hugo puso de manifiesto este
papel de .la arquitectura y su aparente decadencia en una época
de texto Impreso. Su archidiácono Frollo pronunció las conocidas
palabras: "Esto acabará con aquello" la arquitectura no serviría más como
memoria colectiva de la humanidad. Frollo proseguía: "La arquitectura ha
perdido su se ha desvanecido y apagado. La palabra impresa, esta
termita ?el absorbe y devora la arquitectura, que se despoja de
sus vestiduras y visiblemente desaparece. Está desgastada, pobre y
desnuda. Ya no expresa nada, ni siquiera la memoria del arte de otras
épocas". El historiador Anthony Vidler ha insinuado irónicamente que la
nueva y monumental Biblioteca Nacional de Francia, detestada por
muc?os bibliófilos tradicionales, representa la venganza de la
arquitectura.
8 Marshall McLuhan, The Gutenberg Galaxy: The Making of Typographic
Man (Routledge & Kegan Paul, Londres, 1962), p. 206 [verso cast. La
galaxia Gutenberg: génesis del homo typographicus, Círculo de Lectores,
S.A., Barcelona, 1998].
9 Para una versión menos comprimida de esta larga y complicada
historia, ver Warren Chappell, A Short History of the Prirued World (Knopf,
Nueva York, 1970) y Elizabeth L. Eisenstein, The Printíng Revolution in
Early Modern Europe (Cambridge University Press, Cambridge, 1983)
[vers. cast. La revolución de la imprenta en la edad moderna europea,
Ediciones Akal, S.A., Madrid, 1994].
10 Robert H. wíebe. prólogo de The Search for Order, 1877-1920 (Hill and
Wang, Nueva York, 1967).
11 John Dewey, The Public and lts Problems: An Essay in PoliticalInquiry
(Gateway Books, Chicago, 1946), pp. 114-115.
12 James R. Beniger; The Control Revolution: Technological and Economic
Origins ofthe Information Society (Harvard University Press, Cambridge, 1986).
13 El trabajo inicial sobre conmutación de paquetes fue llevado a cabo
por Paul Baran, de la Rand Corporation, y por Donald Davies, del U.K.
National Physical Laboratory, a principios y mediados de los sesenta. Para
la historia, ver Peter H. Salus, Casting the Net: From ARPANET to Internet
and Beyond (Addison-Wesley, Readíng, Mass., 1987). Para detalles técnicos,
Telecomunication Networks (Addison-wesley, Reading. Mass, 1987).
14 Los paquetes son de diferentes tamaños, pero los que circulan por
Internet contienen una media de 200 bytes de información, el equivalente
a 200 pulsaciones de teclado.
15 Desde el punto de vista de los ingenieros de telecomunicaciones, los
mensajes son unidades de "usuario" y los paquetes son unidades del
"sistema". Los usuarios ven mensajes, pero el sistema gestiona paquetes.
16 Las rutas que toman los paquetes pueden ser complicadas y los
paquetes pueden atravesar docenas de puntos intermedios entre su origen
y su destino. Además, los paquetes sucesivos de un mismo mensaje
pueden no seguir una misma ruta.
17 La conmutación de paquetes, por tanto, funciona mejor allí donde no
es necesaria una conexión continua, y donde se pueden tolerar retrasos,
como en la mayoría de los intercambios de datos entre ordenadores, y en
la transmisión de faxes, pero no en la comunicación continua de sonido o
de imagen. El trabajo adicional de proceso creado por la necesidad de leer
y de atender a las direcciones de los paquetes es más aceptable si se
transmiten ráfagas cortas de datos, en lugar de un flujo prolongado y
continuo. Sin embargo, una red suficientemente rápida de paquetes
conmutados puede crear la ilusión de una conexión continua, y por tanto
puede a veces transportar adecuadamente voz y vídeo de forma síncrona.
18 En un exhaustivo estudio, publicado en 1998, los investigadores de la
universidad Camegie Mellan fueron capaces de demostrar este tipo de
efecto en una muestra de usuarios de Internet de Pittsburgh, para sorpresa,
al parecer, de ellos mismos y de otros muchos. Ver Arny Harrnon, "Sad,
Lonely World Discovered in Cybersapce", New York Times, 30 de agosto de
1998, pp. 1, 22. Los resultados están publicados en Robert Kraut, Michael
Patterson, Vicki Lundmark, Sara Kiesler, Tridas Mukophadhyay y William
Scherlis, "Internet Paradox: A Social Technology That Reduces Social
186
e-topia
Notas 187
Invo.lvement and Psychological Well.-Being?", American Psychologist,
septiembre, 1998. Permiten una vanada interpretación; un comentarista
afir';1ó:"Están,expuestos al más amplio de Internet y se preguntan
¿que estoy haciendo yo aquí en Pittsburgh?"
19 Jennifer Steinhauer; "Old-Line Retailers Resist On-Line Life" New
York TImes, 20 de abril de 1998, pp. DI. D4.· ,
10 ECONOMiA y ECOLOGiA
1 Agenda 21 nació en la cumbre medio-ambiental de Río de Janeiro
patrocinada por la UNCED. Ver el documento de UNCED '
A/CONF,151/PC/Add.7, sección 1, capítulo 6.
2 Esta. f?;mulació.n proviene de la definición de "sostenibilidad" dada por
la Comisión Mundial del Desarrollo y del Medio Ambiente: "Satisfacer las
necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las
generaciones futuras para satisfacer las suyas propias".
3 Ver, por Diane Coyle, The Weightless World: Strategies [or
Managmg the Digital Economy (MIT Press, Cambridge, 1998).
4 Lee Goldberg, "I'he Advent of 'Green' Computer Design" Computer 31
n" 9 (septiembre de 1998), pp. 16-19. "
5 Ver Pnina Ohanna Plaut, "Ielecommunicatíon vs. Transportatíon",
Acc.ess: Research at the University of California Transportation Center, n° 10
(primavera de 1997), pp. 21-26, lIan Salomon, "Telecommunications and
Travel: Substitution 01' Modified Mobility?", Jonrnal ofTransport
Economics Policy, septiembre de 1985, pp. 219-235, Ilan Salomon.
"Ielecommunications and Travel Relationships: A Review", Transportation
Research 20A, n'' 3 (1986), pp. 223-238.
6 Peter Hall, Cities in Civílization (Pantheon, Nueva York, 1998), p. 960.
7 Esta estrategia ha sido defendida por Richard Rogers y otros. Ver
Richard Cities for a Small Plana (Westview Press, Boulder, 1997).
[verso cast. CIudades para un pequeño planeta, Editorial Gustavo Gili, S.A.,
Barcelona, 2000).
8 Esta idea ha sido explorada en detalle por Susan E. Owens. Ver su
Planning and Urban Forrn (Pion, Londres, 1986); "Energy,
EnVlronm.ental Sustainability, and Land-Use Planning", en M.J.Breheny,
ed., Development and Urban Forrn (Píon, Londres, 1992),
pp. 79-105; y Land-Use Planning for Energy Efficiency", Applied Energy
43 (1992), pp. 81-114.
9. térn;ino no es especialmente feliz, pero ha ganado una amplia
difusión, aSI que probablemente quedará con nosotros. Lo ha
popularizado, en particular, el consultor de negocios Stan Davis. Ver Stan
Davis: "Mass Customizing", en Future Perfect, ed. rev. (Addison-Wesley,
Mass., 148-197. Para más discusión ver B. Joseph
Píne. Mass Customization: The New Frontier in Business Competition
(Harvard Business School, Boston, 1992).
10 Plaut, "Ielecommunication vs. Transportation".
NOTAS DEL TRADUCTOR
Nota al subtitulodel libro
"It's life, Jim, but not as we know it" es una cita de Star Trek (The Original
Series), temporada 1, episodio 27. La forma de vida a la que se refiere es
la Horta. una criatura con morfología de roca, que resulta ser madre
intentando proteger a sus huevos de la maquinaria minera usada en el
planeta Jano 6. El autor de la cita no está identificado, pero
probablemente es Spock, ya que es él quien "habla" con la Horta. Y Jim es
el capitán -ahora almirante- James T. Kirk.
Bibliotecas Carnegie
Bibliotecas establecidas en Estados Unidos y en Gran Bretaña por Andrew
Carnegie (1835-1919), magnate del carbón y del acero y filántropo.
Carnegie creía que las bibliotecas proporcionaban los medios para que los
individuos motivados obtuvieran los conocimientos necesarios para tener
éxito en la vida. Su propio acceso a los libros, de joven, le permitió
alcanzar la educación que su padre no pudo darle.
Digerati
Personas ilustradas en los medios digitales.
Chicken Little
Personaje de los cuentos infantiles que alarma a todo el vecindario y
provoca una reacción histérica en cadena cuando le cae encima una
manzana y se convence de que el cielo se está viniendo abajo.
Luditas
Movimiento de trabajadores que a principios del siglo XIX, en Inglaterra, se
opusieron a las máquinas a fin de preservar su modo de vida, que creían en
peligro. Se usa para describir a quienes desconfían de los cambios
introducidos por las nuevas tecnologías.
MUDs
Multi-user Domains, mundos en línea donde se puede hablar con otros.
MOOs
MUD, Object Oriented, MUDs donde se pueden construir y programar
objetos.
Kaczynski
Conocido como 'Unabomber', matemático brillante, alumno de Harvard y
profesor en Berkeley, fue el terrorista más buscado de EE. UU. Enviaba
cartas bomba a universidades y aerolíneas. En 18 años mató a 3 personas e
hirió a 16. Estaba en contra de la sociedad industrial y exigió la publicación
en la prensa de un largo manifiesto para cesar su campaña de bombas.
Bollywood
Sobrenombre de Bombay, centro de la industria cinematográfica hindú,
segunda del mundo, con más de 800 títulos al año.
Robert Moses
Polémico administrador y planificador que dio forma a la ciudad de
Nueva York entre 1924 y 1968, realizando innumerables obras públicas,
entre ellas muchas autopistas y otras infraestructuras de gran impacto.
AGRADEC1MlENTOS
Este libro germinó a partir de las discusiones y debates genera-
das.a raíz de la publicación -eri papel y en línea- de mi libro City
of Bits: Space, Place, and the lnfobahn, en 1994. Mi agradeci-
miento va por tanto a los numerosos criticas, comentaristas,
entrevistadores, comunicantes por correo electrónico, discutido-
res en línea, estudiantes, colegas y amigos que han planteado
interesantes cuestiones sobre las relaciones entre el ciberespacio
y el urbanismo, y que han aportado ideas profundas y provoca-
doras en el discurso consiguiente. En particular, quiero men-
cionar al desaparecido Donald Schon, a Bish Sanyal, Anne
Beamish, Peter Hall, Manuel Castells, Leo Marx, Mel King y a los
demás participantes en el vigoroso coloquio del MIT, en 1997,
"High Technology and Low-Income Comrnunities", cuya docu-
mentación ha sido publicada en Donald A. Schon, Bish Sanyal y
William J. Mitchell, eds., High Technology and Low-Income Com-
munities: Prospects [or the Positive Use of Advanced Information
Technology (MIT Press, 1998). Kent Larson proporcionó perspi-
caces comentarios sobre las viviendas inteligentes y las conver-
saciones con Jane Wolfson y Krzysztof Wodiczko me iluminaron
en muchos aspectos. Sin esta distinguida ayuda, habría tenido
mucho menos que decir.
Por último, esta es la ocasión adecuada para recordar a
Harvey S. Perloff ya Charles W. Moore, que me enseñaron para
qué son en realidad las ciudades.
iND1CE DE NOMBRES
Alberti, Leon Batlista, 46, 104
Aleotti, Giovanni Battista, 38
ALIVE,42
Amazon.com, 126
Aristóteles, 7, 138, 183-184n2
Aspen (Colorado), 83, 131
Athena (MIT), 98
Atenas, 29
Australia, 30, 106, 117, 121
Bangalore, 21,24, 117,152, 182n18
Bell, Gordon, 61
Bluetooth, 54
Blumberg, Bruce, 42
Bolsa de Nueva York, 108
Brunelleschi, Filippo, 46
C++,S5
Capek, Karel, 64
Capra, Frank, 116
Castells, Manuel, 88, 95
Centro de Investigación Xerox
de Palo Alto, 41, 67
Chicago,20
Choay, Francoise, 16Sn 1
Clearboard, 41
Coase, Ronald, 115
Curitiba, 99
Dell Computer Corporation, 112
Dertouzos, Michael, 94
Dewey, John, 142
Digital Desk, 45
DLJdirect, 107
eBay.com, 92
Echo, 30,97
Engels, Friedrich, 31, 116
E'Trade, 107
Fidonet,32
Fitzmaurice, George, 67
Ford, Henry, 160
Gates, Bill, 40, 127
Gehry, Frank, 160
Gershenfeld, Neil, 52
Gibson, William, 170n2
Gilder, George, 116, 165nl,
180n6
Global Positioning System, 50,
64
Goldman, Ken, 129
Hall, Peter, 158
Haraway, Donna, 61
Hewlett-Packard Corporaríon.
56
Híper-espejos, 45
Hobsbawm, Eric, 116, 169n23
Hong Kong, 8, 116
Horn, Stacy, 97
Hugo, Victor, 184n7
IBM Corporation, 41
Ibsen, Henrik, 42
India, 24, 30. Ver también
Bangalore
Internet, 21, 22, 33, 55, 69, 98,
101,143,145
Iridium, 31
Ishii, Hiroshi, 41, 45
Jacobs, Jane, 7, 87
Jacobson,Joe,43
jailbabes.com, 93
Java, 55, 56
Jini, 54, 56
Jockey Club de Hong Kong, 8
Indice de nombres
Kahn, Louis, 134
Krueger, Myron, 45
Krugman. Paul, ) 31
Kioto,80
Lang,Fritz,64
Las Vegas, 42, 47
Lefebvre, Henri, 169n27
Levi Strauss & Ca., 113
Linux, 96
Lorenzetti, Pietro y Ambrogio.
29
Los Ángeles, 20
Manutius, Aldus, 110
Marcuse, Herbert, 166n2
Marx, Karl, 31, 116
McLuhan, Marshall, 7, 140, 143
Media Laboratory (MIT), 55,
170n11
metaDESK, 45
Mies van der Rohe, Ludwig, 160
Milosevic, Slobodan, 103
Minitel, 22
Mozer, Michael, 71
Mumford, Lewis, 7, 139, 147
Museo Guggenheim (Bilbao),
160
Nasdaq, 107
Negroponte, Nicholas, 32
Pawley, Martin, 169n1
PEN,93
Pekin, 102, 138
Platón, 7, 138, 183-184n4
Pompeya,28
Pool, Ithie1 de Sola, 113
Reuters, 168n15
Rheingold, Howard. 97
Rogers, Richard, 87
Royal Flying Doctor Service, 121
191
Saffo, Paul, 39
Santa Mónica, 93
Santarornmano, Joseph, 129
Seiko,61
Siena, 163
Silicon Valley, 88, 152
Singapur, 80, 173n10
Soho (Londres), 109
Stelarc, 61
Stephenson, Neal, 176n18,
177nl
Stevenson, Robert Louís. 141
Sun Microsysterns, 23, 54, 56
Teledesic, 31
Telegarden, 129
Telstra, 30
Thoreau, Henry David, 95
Thurow, Lester, 115
Tónnies. Ferdinand, 27
Tocqueville, Alexis de, 103
Ubiquitous Computing, 67
Venecia, 83
Venturi, Robert, 40
Videoplace, 45
Webber, Melvin, 82, 100
Weiser, Mark. 67
Well, 29, 97
Wellner, Pierre, 45
Williams, Raymond, 165n1
Wired, 17, 169n28
Wodiczko, Krzysztof, 40
World Wide Web, 17, 22, 30, 33,
55,99, 143
Wriston, Walter, 107
Yahoo, 129
Zapatistas, 102

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