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ANTOLOGIA YCUADERNO DE TRABAJO

PARA
TERCERA FUERZA DE
AJEDREZ
AJES EP
Recopilación y Compilación:
M.l. Marcel Sisniega Campbell
M.F. Raúl Ocampo Vargas
Profr. Agustín González Velázquez.
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La Antología y Cuaderno de Trabajo está hecho en base a libros de difícil adquisición, pero
verdaderos clásicos de la enseñanza del Ajedrez.
El Deporte Soviético, revista editada en la URSS, publicada en más de quince idiomas fue la fuente
generosa de donde provienen las clases de Garry Kasparov, Campeón Mundial de Ajedrez desde
1985.
"El Desarrollo en la Habilidad en Ajedrez" del insigne Gran Maestro Internacional mexicano Carlos
T arre Repetto fue la única obra escrita del astro yucateco y creemos no puede faltar en una
Antología realizada en México.
Max Euwe y Alexei Suetin guardan lugar especial en la enseñanza del Ajedrez y deben estar
presentes.
Las posiciones de Ejercicios de Combinación están repletas de las producciones de los grandes
jugadores de todo el mundo. Están divididas en tres partes: cada una aumentando en grado de
dificultad. Recomendamos resolver CUATRO diariamente, como una forma adecuada de
entrenamiento.
Este cuaderno busca brindar múltiples horas de solaz y esparcimiento, de ocupación mental y sobre
todo de instrucción.
¡Alea Jacta est!
M.F. Raúl Ocampo Vargas
Coordinador General del Programa
Nacional de Ajedrez
Santa Cruz de Acatlán, Edo. de México, 28 de Septiembre de 1987.
7
Riqueza de ideas y métodos
Antes de estudiar las nociones básicas
del ajedrez quiero darles a ccnocH un
fragmento de partida relativamente sen­
cilla, ocompañándola de co:nentar:os pa­
ra simples aficionados.
G: KASPAROV (URSS) -­
F. CHEORGHRJ (Rumania)
Moscú, 1982
l. d2-d4. Los ajedrecistas expertos sa­
ben que esta jugada, así como la del peón
rey (l.e4) bL¡ mejores y las más lógicas,
en la posición inicial. A esta conclusión
puede llegar cada uno de ustedes luego
de estudiar durante dos o tres horas los
principios que deben observarse en la
primera fase de la partida: poner ra;Jida­
mente en acción las piezas propias y ccn­
troiar el centr o del tablero.
l... Cg8-f6. Una de las mejores res­
puestas a la jugada blanca. Las 1egras
descrollan una pieza, e impiden al adver­
sario que baque el peón rey y fortal ezca
su dominio L¡ el centro.
2. c2 c4. Ahc,ra las blancas impiden el
libre rno·.;imiento del peón 2 . . . dS, pues
en ese caso, despüés de 3. cd. A lo que
las negras deben respl)nder 3 . . . D:dS.
Sigue 4. Cc3, cuando las blancas ponen
en juego el caballo y las negras se ven
obligadas a mover dos veces seguidas la
dama, o sea, a frenar su desarrollo. Si las
negras capturan al peón con el caballo
3 . . . C: dS, permiten 4. e4, que da a las
blancas una fuerte pareja de peones en el
centro, que amenaza con atacar todas
las posiciones avanzadas imporantes
del bando negro (las casillas eS, dS,
éS,fS).
Volvamos a la jugada 2. c2-c4. «Las
blancas impiden . . . ù Este es el inicio del
conf!icto consciente en la partida de aje­
drez. Surge ia lucha de ideas y empieza la
partida propiamente dicha. Cuanto ma­
yor capaci dad y conocimiento posea el_
jugador, tanto mejor verá los microcon­
flictos que surjan, innumerables, en cada
partida; evaluará correctamente conse­
cuencias y adopatará soluci ones más
justas.
2 . . . e7-e6. Las negras abren camino al
alfil y, como quieren recuperar l o perdi­
do, se disponen a mover el peón dama a
la casilla dS.
3. Cgl-f3. Las blancas disponen de una
amplia gama de buenas continuaciones,
como 3. Cc3, 3. AgS, o bien 3. Af4. En la
aperura tiene mucha importancia des­
arrollar con rapidez las piezas.
3 . . . b7-b6. Las negras se preocupan
por el alfil de c8, asegurando su salida a la
. posición de combate b7 y a la de reserva,
a6.
4. a2-a3. Para hacer esta jugada, a pri­
mera vista pasiva, hay que comprender
profundamente el papel de la profilaxis
en el ajedrez. La modesta jugada del
·peón blanco no permite al alfil negro ocu­
par una posición activa en b4 y al mismo
tiempo asegura al caballo blanco la salida
a la casilla c3, donde podrá desempeñar
un papel importante en la lucha por el
, centro.
4 . . . Ac8-b7.
5. Cbl-c3. Ambos bandos se apresuran
a poner en acción sus piezas, para influir
al máximo en el combate que se perfila
en el centro del tablero.
5 . . . d7-d5. Las negras fortalecen radi­
calmente su� posiciones en el centro.
Pero en esta situación, adelantar el peón
a dS obstruye la diagonal del alfil en b7.
6. c4:d5 Cf6:d5. Después de 6 . . . ed, el
alfil en b7 tropezaría con su propi o peón
y se ariesgaría a quedar inactivo algún
tiempo. Aunque por si sola, esta peculia­
ridad de la posición negra no determina
9
el éxito de las blancas, la acumulación.
metódica de pequeñas ventajas permite
a un gran maestro cambiar inexorable­
mente el signo de la lucha a su favor.
7. Ddl-c2. En el escenario surge un
nuevo microconficto, en torno de la ju­
gada e2-e4, que p�rmitiría a las blancas
ocupar el centro. Al optar por la jugada,
de dama, las blancas tuvieron en cuenta
que 7. e4? C: c3 8. be A:e4, deja a las
negras con un peón de más.
7 . . . c7-cS. Las negras podían impedir el
plan blanco jugando 7 . . . fS, pero a qué
precio. En sus filas aparecería un peón
atrasado en e6 y un punto débil en eS.
8. e2-e4 CdS:c3.
9. b2:c3 Af8-e7. He aquí el nuevo logro
de las blancas, cuyos fuertes peones cen­
trales luchan por las casillas de la quinta
fila, es decir, dentro del territori o enemi­
go. Los ajedrecistas defnen esta situa­
ción con el término «ventaja de espacio».
10. Afl-bS + Ab7-c6.
11. AbS-d3. En el ajedrez, una línea
recta no siempre es la distancia más cor­
ta entre dos puntos. A poner el alfil en d3
en dos jugadas, las blancas obtuvieron
mayor ventaja que si hubiesen ido a d3 de
golpe. Porque la combinación 10. AbS +
Cc6 1 1 . CeS TeS 1 2. Da4 Dc7 13. D:a7
Ta8? 14. A:c6 + con ganancia impidió a
las negras protegerse del jaque del modo
más natural, o sea, con el caballo. Ahora,
en cambio, el alfil en c6 no ocupa su
meJor sitio y sólo molesta a sus piezas.
En estos casos los ajedrecistas hablan de
mala coordinación de las piezas.
1 1. . . Cb8-d7. El torpe alfl obliga al ca­
ball o a ocupar una posición más pasiva
que en c6. donde atacarla el centro de ls
blancas. Tal vez, las negrs no queran
crear al rival ventaja de dos alfles des­
pués de 11. . . 0-0 12 .. Ce5, pero es sería el
menor de los maes en dada situación,ya
que ahora el rey negro queda en el cen­
tro. Sin embargo, es más sensato para
los principiantes preocuparse ante todo
de la seguridad de su rey, tratando de
scarlo cuanto antes del centro.
12. 0-0. Por cuanto el rey negro tarda
claramente en ocupar sitio seguro, las
blancas deben abrir a t oda costa el cen­
tro (limpiar de peones las vertiales cen·
trales). Por eso, su rey huye del sitio
peligroso y cede l ugar a la torre.
12 . . . h7-h6. Al igual que 4. a3, esta es
j ugada profiláctica.
Encontrar el momento exact o para tal
o cual operación es importante elemento
de juego del ajedrecista. El gran maestro
Fl orian Gheorghiu escoge un momento
inoportuno para la profilaxis.
13. Tfl-dl. Las blancas, previendo la
apertura de la línea d, ponen ahí a la
t orre.
13 . . . Dd8-c7. Ahora es tarde para que
enroquen las negras. Después de 13 . . .
0-0 14. d5 (sacrificio de peón) ed (está
mal 14 . . . Ab7? 15: de fe 16. ab5! y arrina
a las negras la ligazón del caballo en d7)
15. ed Ab7 16. c4 Af6 1 7. Ab2, las blancas
obtienen un fuerte peón pasado en el
centro del tablero.
14. d4-d5 (ver diagrama).
«El que t iene supremacía está obl igado
a actuar con energía», tal es uno de los •
preceptos del gran pensador ajedrecísti­
co Wilhelm St einitz ( 1836- 1900) , primer
campeón mundial, quien formuló las le­
yes básicas de la estrategia ajedrecística.
Estudiar la herencia clásica que dejaron
corifeos de años pasados, es provechoso
para todos l os aficionados al ajedrez y
absolutamente indispensable para quie·
nes estudian a fondo el ajedrez, procuran
enriquecer y fortalecer su juego.
Las blancas, en la part ida citada sacri·
fican un sólo peón, pero l oran todo lo
que aspiraban: abren las verticales del
centro, atan a las piezas negras por la
10
línea d y dejan al rey adversario en el
centro. Ellas ganaron a todas luces la
apertura, primera fase de la partida, por
tener un plan de acción más consecuen·
te. Ahora, para consolidar y aumentar su
ventaja deberán operar con energía y
precisión.
El valor de las piezas
¿Cuánto vale cada pieza?
La tabla de valores en el ajedrez
Para valorar la correlación de fuerzas
en el tablero hay que conocer la escala de
valores de las pizas de ajedrez. El rey
ocupa un lugar muy especial. Es invalua­
ble. No se le puede cambiar y cualquier
amenaza en su contra, pues en caso con­
trario acabará la partida. La dama, es la
pieza más fuerte. Por lo general, es un
alfil y un peón y medio más fuerte que la
torre. La tore es un peón y medio más
fuerte que el alfil o el caballo. Y, el alfil o el
caballo equivalen, aproximadamente, a
tres peones.
Pero además del valor nominal de ca
da pieza existe el valor real, que cambia
en el transcurso del juego. Este sutil con­
cepto, refleja la importancia de las piezas
según el volumen de trabajo que desem­
peñen en cada momento (o cada jugada),
siempre según la posi ción en el tablero y
'el plan de jueg. La valoración correcta
de la fuerza real de cada pieza determina,
en buena medida, el potencial ajedrecísti­
co del jugador.
E concepto de ventaja materil exige
caracteri zar la desigualdad de fuerzas. Si
un bando obtiene ventaja material procu­
ra acrecentada para quebrar la resisten­
cia del rival, o, bien, cambia piezas y pasa
Ø la fase final. Pero a menudo ocurre que
uno de los adversarios accede conscien­
temente a la pérdida material. A mí, por
ej emplo, me gusta atacar la posición del
rey enemigo y para destruir su fortaleza
M me detengo ante sacrificios de mis
piezas por los peones que protegen di­
rectamente al rey contrario. Así disputé
hace poco una partida con el gran maes­
tro húngaro Lajos Portisch. Después de
16 jugadas apareció la siguiente posi ción
(ver diagrama 1) .
Diagrama l.
Si quitamos mentalmente de. l tablero
el peón d4 observaremos que los alfles
blancos apuntan a dos peones negros
que custodian al rey no tiene otros defen­
sores por ahora. Esta ci rcunstancia da
pie a un rápido ataque donde el objetivo
-privar a rey contrario de los últimos
defensores- justifca los ·medios -
pérdida de peón y dos temibles alfles
blancos-. Al principio se abre camino al
alfil b2.
17. d4-d5! e6:d5 18. c4:d5 Ab7: dS.
Después se reduce el número de cus-
' todios del rey negro.
.
19. Ac2: h7 + Rg8: h7 20. Tdl: dS.
Cuando el rey vuelve a esconderse
detrás del peón 20 . . . Rh7-g8, el alfil blan­
co, al precio de su propia vida, aniquila el
último bastión del rey adversario.
21. Ab2:g7! Rg8:g7.
Pasó el torbellino y dejó al rey en sole­
dad, amenazado de ataque.
22. Cf3-e5! Tf8-d8 23. De2-g4 + Rg7cf8
24. Dg4-f5 f7-f6 25 .
.
Ce5-d7 +Td8:d7.
26. Td5:d7 Dc7-c5 27. Df5-h7 Tc8-c7.
En el tablero se presenta igualdad ma­
terial aproximada. L torre y el peón,
blanco centra al aiW y el caballo. Pero ls
11
piezas negras ocupan psiciones des­
afortunadas, sobre todo el rey. Al mismo
tiempo, las dos piezas blancas más temi­
bles irrumpieron en la séptima horizontal
y el desenlace de la lucha está cerca.
Todo dependerá de cuán rápido las blan­
cas alcanzarán con una de sus torres la
casi lla g3. Sin embargo,
·
la última j ugada
negra contiene pícara trampa para juga-
. dres pr'suro.sos.
28. Oh 7-h8:+.
Si las blancas jugaran en el acto 28.
T d3, trazando ·el itinerario T d3-g3-g8 X.
se llevarían un chasco después del impre­
sionante sacrificio de la dama 28 . . . D:f2!!
29. R:f2 AcS + y luego T: h 7. Todavía
peor irían sus asuntos si 29. T:f2? Tcl +
30. Tf AcS +! 31. Rhl T:f!
28 . . . Rf8-f7 29. Td7-d3 Ca5-c4 30. Tfl­
dl.
Siempre es úti l poner en juego esta
reserva.
30 . . . Cc4-e5 31. Dh8-h7 + Rf7-e6.
No se puede retroceder de velta 31. . .
Rf8 debido a nuevo sacrificio 32. Td8 + !
A:d8 3. T:d8X. Hay que i r al centro del
tablero y eso en el 99% de los casos equi­
vale a la derrota.
32. Dh7-g8 + Re6-f5 3. g2-g4 + Rf5-f4
34. Td3-d4 + Rf4-f3 35. Og8-b3 +. Las
negras se rindieron.
Naturalmente, todos los ajedrecistas
deben conocer y respetar Jos principios
ajedrecísticos fundamentales, incluida la
escala de valores de las piezas. Pero uno
de los atractivos del ajedrez consiste pre­
cisamente en las numerosas excepcio­
nes de las reglas, que con frecuencia
conducen a situaciones atipicas, donde
el camino justO nace de la intuición y la
experiencia aéumulada. Guardo en la
memoria un framento de la partida Mi­
jaO Tal-Osear Panno, disputada en 1958
(ver d}agama 2).
Diagrama 2.
Sin haber terminado el desarrollo, los
contrincantes emprendieron una reñida
lid, donde la correlación material pasa a
segundo plano. Lo fundamental es valo­
rar con exactitud la actividad de las pie­
zas que participan directamente en la
lucha.
18 . . . Ca5:b3 19. Ce5- c6!
Con esta jugada, Las blancas ganan l a
dama a gran costo material.
19 . . . Cb3:a1 20. Cc6: d8 Ac8-f5! 21.
Dd3-f3 Ta8:d8 22. Tel :e7 AfS:bl 23.
Ad2:f4 Td8:d4.
En 5 jugadas, la posición se ha vuelto
irreconocible. Dos caballos y una torre
valen más que la dama. Además, el alfil
blanco no puede encontrar su lugar en el
juego. El desenlace de la contienda de­
pende de la actividad de la dama bla\ca.
24. Df3-g4! Abl-g6 25. Dg4-e6 + Ag6-f7
26. De6-f5 Cal-c2 27. b2-b3 Af7-g6.
Tal temía más el contraataque de las
negras después de
27 . . . Td1 + 28 Rf2 Cd2. Las negras
hacen sólida movida obligando a las blan­
cas a embrol lar todavía más el juego.
28. Te7: g7 + Rg8:g 7 29, Af4-h6 +
Rg7:h6 30. Df5:f8 + Rh6-g5 31. b3:c4
b5:c4.
De nuevo cambió bruscamente la po­
sición. Las blancas atacan sólo con la
dama y varios peones.
32. g2-g3 Ag6-e4 33. h3-h4 + Rg5-g4 34.
12
Rgl-h2 Ae4-f5!
Las negras se defienden magnífica­
mente. Entregando una pieza (35.f3 +
_R:f3 36. D:fS Re3!) irrumpen con el rey en
el flanco dama. Por eso, las blancas bus­
can posibilidad de dejar al rey en el flanco
derecho, donde hay peones blancos.
35. Df8-f6 h7 -h6 36. Df6-e5 T d4-e4 37.
De5-g7 + Rg4-f3 38. Dg7-c3 + Cc2-e3.
A tablas ·más simples conducía 38 . ..
R:f2 39. D:c2 + Rf3.
39. Rh2-gl Af5-g4 40. f2:e3 h6-h5 41,
Dc3- el Te4:e3.
A tablas conducía 41. .. Te6 42. e4 c3,
después de lo cual las piezas negras se
protegían rnuiuamente y el rey blanco
quedaba enjaulado.
42. Del-fl + Rf3-e4 43. Df1:c4 + Re4-f3
44. Dc4-fl + Rf3-e4 45. Dfl:a6.
Ahora, la dama blanca tiene de ayu­
dante, al peón pasado a2, que a fin de
cuentas decidirá el resultado de la lucha.
Pero eso ya es tema de otra lección.
Superioridad en el centro,
superioridad enla partida
Las casillas del centro del tablero -e4,
d4, eS, dS-son muy importantes. Como
una altura desde la que se ve todo el
campo de batalla ajedrecística y desde
donde es más fácil asestar el golpe de
gracia a cualquier objetivo del tablero.
Conceptos como «lucha por el centro»,
«dominio en el centro», «ruptura del cen­
tro», yeflejan los momentos más impor­
tantes del duelo y son bien conocidos por
cualquier ajedrecista con experiencia.
La lucha por el centro empieza desde
las primeras jugadas. El bando que logra
la superioridad en este sector, general­
mente obtiene posi bi lidad de trasladar
sus piezas de un sector del tablero a otro,
creando superioridad de fuerzas ahí don­
de empi eza el combate. Un siglo atrás, la
lucha por el centro era más despreocu­
pada y franca. Las blancas de inmediato
procuraban ocupar el centro con peo­
nes, sin detenerse ante sacrificios mate­
riales. A la sazón estaban de moda Jos
gambitos, es decir, comienzo de partida
con sacrificio obligatorio.
l. e4 eS 2 f4! ef.
En nuestros tiempos, se emplea, con
mayor frecuencia el contragambito 2 . . .
dS 3. ed e4! con una lucha central por
delante.
3. Cf3.
Al primer campeón mundial oficial Wi l­
helm Steinitz (1836- 1900) le gustaba ju­
gar 3. d4, permitiendo 3 ... Dh4 + 4. Re2.
Él juzgaba que la supremacía en el centro
era más importante que un buen refugio
para el rey.
3 . . . gS 4. Ac4 g4 S. O-O! gf6 D:f3 Df6 7 .d3
Ah6 8. Cc3 Ce7 9. A:f4d6 10. A:h6 D:h6
1 1 . D:f7 + Rd8 1 2. Tf6 DgS 13. Tafl.
Así se prolongó una de las part idas del
gran ajedrecista ruso Mijaíl Chigorin, dis­
putada en 1878. Las blancas sacrificaron
pieza y obtuvieron fuerte ataque, con la
particularidad de que su ventaja en el
centro desempeñó un papel decisivo.
Con mayor nitidez, la estrategia central
blanca se vio en una de las partidas del
eminente ajedrecista norteamericano
Paul Morphy ( 1837-1884).
P. MORPHY-J. A. RIVIERE
París, 183
l.e4 eS 2. Cf3 Cc6 3. Ac4 AcS 4. b4
A:b4 S. c3 AcS 6. O-O d6 7. d4 ed 8. cd Ab6
9. Cc3.
Esta posición intereantísima pr aque-
l la época fue no menos popular que aho­
ra la partida española. Al precio de un
peón, las blancas obtuvieron clara supe­
rioridad en el centro. No se puede jugar
9 . . . Cf6 debido a impetuoso ataque 10.
eS! de 11. Aa3! A:d4 12. Db3! Ae6 13.
A:e6 fe 14. D:e6 + Ce7 1S. C:d4 ed ·16.
Tfel! La mejor respuesta negra se consi­
dera 9 . . . Ag4 y si 10. AbS se puede elegir
10 . . . Ad7 y 10 . . . Rf8. J. A. Ri viére hi zo la
jugada natural, pero adversa, que permi­
t ió a las blancas aprovechar otra ventaja
de la pareja central de piezas, a saber, su
movilidad y dinamismo.
9 . . . Df6 10. CdS Dg6 11. Cf4!' Df6 12.
e5!
El peón central avanzó y creó en el
acto una situación donde las negras en
lugar de desarrollar tranqui lamente las
pi ezas deben proteger al rey de amena­
zas concretas, que es difícil hacer porque
la mayoría de pi ezas negras se estancó
en puntos iniciales. Ahora, aprovechan­
do su ventaja en cantidad de pi ezas pues­
tas en juego, las blancas efectúan una
operación típica, abren el centro (lo lim­
pian de peones propios y ajenos), para
dar campo de acción a sus piezas. Con el
centro abierto, la acti vidad de las piezas
crece mucho y la ventaja de su ubicación
13
o, por el contrario, la mala ubicación de
algunas piezas tiene primerísima impor­
tancia para valorar la situación en el
tablero.
12 . . . de 13. de DfS.
Claro, no se puede tomar el peón 13 . . .
C:eS? 14. C:eS 1S. Tel ganando dama.
Pero el peón vuelve a avanzar.
14. e6! f6.
También estaba mal para las negras si
14 . . . fe 1S. C:e6 A:e6 16. A:e6! Df6 17.
Dd7 + Rf8 18. Ab2! (es por eso que el
peón debía sal i r de eS) D:b2 19. Df7x.
Ahora, el peón e6 corta la posición de las
negras en dos partes y tiene no menos
valor que una pi eza. Las blancas sólo no
deben permitir la huida del rey negro al
flanco.
1S. Ch4 DeS 16. Ae3! DgS 17. Cf3 DaS
18. A:b6 D:b6 19. CdS DaS 20. Cd�!
Ahora, las negras no pueden proteger­
se contra la amenaza de perder la torre
en aS después de 21. Cb3 y 22. C:c7 + y
contra no menor amenaza DhS +.El res­
to está predeterminado.
20 . . . Cd4 21. Cb3 C:b3 22. ab DeS 23.
DhS + Rd8.
Después de 23 . .. g6 24. C:f6 + se
pierde la dama.
24. Tadl.
Ahora no hay sal vación contra las te­
rribles consecuencias del jaque ( 2S. Cb6
+, el ·caballo sale de la línea d y el rey
negro cae bajo jaque de la torre blanca) y
por eso las negras se rindieron.
Indudablemente, cada bando tiene
que preocuparse por todos los medios
de sus peones centrales, para conservar­
los en cant idad necesaria y ocupar con
el los posiciones ventajosas.
A veces, en el centro queda sólo un
peón por bando. Entonces surgen nue­
vos problemas, en particular, cómo apo­
derarse del _uesto avanzado en el
centro. que con mayor frecuencia permi­
te operar activamente con las piezas y
obtener supremacía sobre el rival.
TIGRAN PETROSIAN (URSS)
- JULIUS KOZMA
(Checoslovaquia)
Munich, 1958
l. Cf3 Cf6 2. d4 e6 3. AgS eS 4. e3 b6?!
E método sencillo de apertura blanca
disminuyó la atención de las negras, y
éstas, con jugada que parece natural,
permiten al adversario tomar el puesto
avanzado del centro.
S. dS! ed 6. Cc3 Ab7 7. C: dS! A: dS 8
A: f6 D:f6 9. D:dS.
Las blancas se apoderaron sólidamen­
te del punto dS, pues las negras en un
tiempo próximo no podrán expulsar a la
dama de su poderosa posición. Al mismo
tiempo, las debilidades negras en la línea
d son constantes y bastante dolorosas.
Ls ajedrecistas ex¡:rentaos nunca
inician operaciones serias en los flancos
antes de asegurar sus . posiciones en el
centro.
Las blancas ( ver diagrama), sin haber
hecho la jugada necesaria Cc3, iniciaron
la ofensiva de peones en el flanco rey. D
por sí, esto no es muy pligroso, pero en
el duelo Hans Neegord (Dinamarca) -
(Vladímir Simaguin (URSS) (partida por
correspondencia, 196) , las negras de­
mostraron su extraordinaria pligrosi­
dad para las blancas y lo hicieron de
forma muy convincente.
1... bS! ! 2. cb dS!! 3. ed e4! 4. D:e4.
Si 4. fe resolvía CeS! , pero también así
las blancas se las ven duras.
14
4 . . . A:g 5. Df4 Ah5 6. Rf2 Ce57. Ag
Ad6 8. Da4 Tc8! 9. Td Df6.
En pocas jugadas, l os reducto blan­
cos, que parecían fueres, bdesmorona·
ron después de contrgolp oportuno en
el centro!
O sea, ¡luchen por los escaques cen-
trales, cuiden el centro, valoren el
centro!
Cómo ganar espacio
El espacio, es decir, la cantidad de casi­
llas en la que cada bando puede ubicar
sus fuerzas, si n obstáculos influye mu­
cho en el curso de l contienda. Antes de
empezar, blancas y negras controlan
igual espacio. Por lo general, cualquier
jugada de apertura persigue controlar la
mayor cantidad posible de casillas del
tablero, sobre todo en territorio ajeno. El
papel pri ncipal en la conquista de espa­
cio corresponde a los peones, que des­
plazan a las piezas rivales y proporcio­
nan a las suyas l ibertad de maniobra.
Pero el avance de peone! debe acompa­
ñarse sin falta de apoyo de las piezas. En
caso contraro, el ejército de peones pe­
recerá con rapidez. El ajedrecista exper­
to procura ante todo obtener dominio en
el sector central del tablero, l imitado por
las vert icales L y f, pues ahí están las
mejores posiciones para las piezas.
A fi n de que nuestra conversación sea
más concreta analizaremos dos partidas.
La primera se disputó a fines del siglo
pasado.
SIEGBERT TARRASCH -
RUDOLF CHAROUSEK
Nuremberg, 1896
l. d4 d6 2. e4 Cf6 3. Cc3 g6 4. f4 Ag7 S.
Cf3 0-0 6. Ae2.
Apenas fueron hechas ci nco jugadas y
ya las blancas conquistaron gran espa­
cio, tres peones suyos controlan impor­
tantísimas casillas de la qui nta horizontal,
en territorio enemigo. Con apoyo de sus
piezas ellos podrán seguir adelante, ai s­
lando, cual cerca, para l as blancas nue­
vos sectores de terreno contrario.
En el ajedrez contemporáneo, un mé­
todo de lucha contra tales cadenas de
peones es el contraataque opuesto de
peones (con mayor frecuencia apoyado
por piezas), para impedir el avance de la
cadena. Después de eso se trata de rom­
per la cadena en eslabones o, como di­
cen los ajedrecistas, en islas. La variante
6 . . . eS! 7. dS e6 8. 0-0 ed 9. ed caracteriza
semejante método.
Charousek, dicho sea de paso, uno de
los mejores ajedrecistas de aquella épo­
ca, también intenta detener la cadena de
peones blancos, pero lo hace con poca
fortuna. Impide la libertad de movimien­
to de sus piezas y, lo fundamental, hace
imposible la ruptura del centro blanco de
peones.
La situación de las negras al cabo de
tres jugadas se agrava extremadamente.
6 . . . dS? 7. eS Ce8 8. Ae3 e6.
Tras la barrera de protección d4 -eS
- f4, las piezas blancas tienen muchas
casillas para maniobrar y pueden ser
trasladadas con facilidad a cualquier sec­
tor del tablero. El gran ajedrecista ale­
mán Tarrasch resuelve muy fácil el
problema de mater ial i zación de la supre­
macía. Él inicia un ataque raudo de peo­
nes del flanco rey. Sus peones deben
abrir líneas para las piezas mayores,
mientras que las piezas negras, apreta­
das en las dos últimas horizontales, sólo
se molestarán unas a otras y no podrán
organizar la defensa.
9. h4!
Una de las reglas pri ncipales de la lu­
cha ajerecística reza: La ofensiva en el
flanco es mejor detenerla mediante con­
traataque en el centro. Desgraciadamen­
te, las negras con su jugada 6 . . . dS se
privaron a sí mismas de esa posi bilidad y
su derrota está predeterminada.
9 . . . Cc6 10. hS Ce7 11. g4 fS 12. hg C:g6
13. Ad3 h6 14. gS Rh7 1S. De2 Th8 16.
Dg2 eS 17. gh.
Las negras se ri ndieron por la inevita­
bilidad de grandes pérdidas.
15
La segunda partida puede serir como
ilustración de métodos modernos de lu­
cha por el espacio. Para mí, esta partid
es particular

ente memorable como pr­
mera victoria al estilo posicional puro,
obtenida en importante competición so­
bre fuerte adversario.
GARRI KASPÁROV -
TAMAZ GUEORGADZE
Minsk, 1979
l. e4 eS 2 . . Cf3 d6 3. Ac4 Ae7 4. d3 Cf6
5. c3 0-0 6. 0-0 c6 7. Ab3 Ae6 8. Ac2 h69.
Te1 Cd7 10. Cd2 Dc7.
Ambos bandos maniobran sin apresu­
rarse y da la impresión de que sus logros
son idénticos. Pero sólo a primera vista.
Ls blancas empiezan a conquistar
espacio.
1 1 . d4! Te8 12. h3!
Li mi tar las posi bi lidades del ri val (aho­
ra el alfil negro no se colocará en g4)
tambi én es conquistar espacio.
12 . . . Cf8 13. c4! Cg6 14. dS Ad7 1S.
Cb1! Af8 16. Cc3 eS? 17. Aa4.
En tal situación apretada, cualquier
cambio es conveniente a las negras ex­
cepto ése. Su alfil de casilla blaRa difien­
de importantes escaques y t iene la
mayor l ibertad de maniobra.
17 . . . a6 18. A:d7 C: d7 19. g3 Ae7 20.
h4!
En el flanco rey, las blancas resolvie­
ron por ahora como estrategia limitar el
movimiento de las piezas negas y prepa­
ran la ofensiva pri ncipal en el flanco
dama.
20 . . . Cf6 2 1 . Ch2 Dd7 22. a4 Dh3 23.
Df3 Dd7 24. aS!
Las blancas cruzaron la frontera tam·
bién en el fanco dama apretando todavía
más a las negras. Su plan próximo está
claro para
·
ambs bandos, pero las ne-
gras ya no pueden hacer nada. Manio­
brar con reservas en poco espacio es
práctic amente imposible.
24 . . . Cf8 25. Ad2 Tc8 26. Cfl Cg4 27.
Ca4 Ad8 28. Tc l Tb8 29. b4! cb 30. A:b4
hS 31 Cb6!
A primera vista continuación ilógica,
pues por la línea b se podía acentuar la
presión. Pero las blancas bL propusieron
abrir la línea L¡ y en tal caso es muy
importante para ellas tener una casilla de
irrupción en esa línea. La casilla c7 es la
mejor plaza para el desembarco blanco.
31... A:b6 32. ab De7 33. Da3 Td8.
L útim Jsibida de reitencia con­
sistía en frenar el avance del peón e,
sacrificando torrg por alfil 33 . . . TeS! 34.
A:cS de. La marcha de acontecimientos,
verdad, se hace más lenta, pero las blan­
cas conservan todas las posibililades de
vencer.
Mientras que ahora la ofensiva blanca
se desarrolla con rapidez y conforme al
plan.
16
34. f3 Ch6 35. eS! de 36. A:cS Df6 37.
Rg2 Te8 38. Ae3 Cd7 39. Tbl De7 40.
D:e7 41. Tc7. Las negras se rindieron,
porque ya en la jugada 'siguiente empie­
zan a sufrir pérdidas.
De modo que valoren el espacio, pro­
curen ganarlo, pro no pierdan la cabe­
za. Pues la cadena de peones muy
adelantada puede ser detenida y destrui­
da. Y por la brecha irumpirn piezas
contrarias.
Himno y réquiem O los peones
Aunque los peones son las piezas más
débiles de la lid ajedrecística, precisa­
mente ellos determinan su marcha y des­
enlace. Si uno de los bandos tiene
dos-tres peones más, eso a menudo bas­
ta para la victoria. El asunto se complica
cuando hay igual cantidad de peones.
Entonces, la valoración de la posición
será predeterminada, en gran parte, por
la ubicación de los peones ·de cada
bando.
Al principio de la partida, los peones
adversarios se alinean en dos filas, for­
mando cadena. Avanzan apoyándose
mutuamente y entorpeciendo la activi­
dad de las piezas rivales. Los ajedrecistas
expertos para obtener un fla móvil, flexi­
ble de peones que se defienden mutua­
mente, con frecuencia acceden incluso a
sacrificios materiales (diagrama 1).
Diagrama l.
TIGRAN PETROSIAN (URSS) -·­
HELMUT PFLEGER (RFA),
año.1960
l. CdS!! ed 2. cd. Ahora, justo dos
peones -dS y eS- resuelven la lucha.
2 . . . Oc8 3. e6! 0-0 4. Dc3 f6 S. d6 Ca4
(no se puede 5 . . . D: e6 por pérdida de la
dama 6. Ac4) 6. D: c8 Tf:c8 7. Aa1 Tc2 8.
de T:e2 9. Td8 + Rg7 10. Tc 1 (sería equí­
voco poner en el acto eSO, porque 10 . . .
T: g2 + ! ! 1 1 . Rh 1 Tg3 y las blancas,
inesperadamente, reciben mate) . 10 . . .
T:eb.
11. Tc7 (amenaza ,12. e80 + Rh6 1 2.
A: f6). Las negras se rindieron.
¿Cómo oponerse a esta temible cade­
na de peones? El método radical es evi­
dente: aniquilar toda la cadena o por lo
menos su eslab6n central. En otras pala­
bras, romper la cadena en pequeños islo­
tes privados de ayuda mutua
Pero con frecuencia, el método más
eficaz de lucha contra la cadena móvil de
peones es limitar su movilidad, es decir,
bloquearla. Digamos, teniendo bajo fue­
go las casillas que están delante de los
peones. Por ejemplo, a la cadena de peo·
nes negros c4 dS y e6 es capaz de conte­
ner el alfil blanco ubicado en la diagonal
a1-h8. Pero si aunque sea el caballo ne­
gro de casilla c6 apoya la ofensiva de los
citados peones, el alfil blanco sólo no
estará en condiciones de oponerse al
avance de la cadena de peones.
El mejor método de bloqueo es dete­
ner a los peones con peones. Si en vez de
amenazar a los peones negros c4, dS y e6
con el alfil ponemos tres peones blancos
en los escaques c3, d4 y eS, alzaremos
una barrera infranqueable.
En la partidas contemporáneas de aje­
drez, los bandos adversarios procuran
l imitar la movilidad de las cadenas de
peones ya al comienzo del juego. Como,
por ejemplo, en en este sistema de
apertura:
l.d4 Cf6 2. c4 e6 3. Cc3 Ab4 4. e3 eS 5.
Ad3 C c6 6. Cf3 A: c3 + 7. be d6 8. c4e5 9.
dS Ce7.
Como ven, ante el trfo de y .:ones c4,
d4, e4, las negras ponen el dúo eS, eS
defendido por el peón d6. Y esto resulta
17
suficiente para estabilizar al situación en
el centro. Pero no todos los ajedrecistas
procuran limitar hasta tal punto la movili­
dad de los peones. E dinamismo de la
cadena de peones ofrece ricas posibil ida­
des para el juego combinatorio, y esto es
igualmente peligroso y atractivo, máxi ­
me si los rivales prefieren e! juego abier­
to. Por el contrario, la cadena de peones
inmóvil, bloqueante, a menudo predeter­
mina el desarrollo lento y tranquilo de la
partida.
Los lectores, seguramente, habrán
tropezado en la literatura ajedrecística,
en comentarios de partidas, cor1 los tér­
minos <<Peón débil», <<peón aislado», etc.
Cada uno de ellos testimonia el defecto
en la cadena de peones que limita su
movilidad y aumenta la vulnerabilidad.
Un ejemplo simple. Blancas Rb3 b2.
Negras RbS.
A pesar de la amenaza por pare del
rey negro, las blancas jugando correcta­
mente pueden defender al peón y hasta
coronarlo. Pero basta trasladar el rey
blanco, digamos, a la casilla g3 para que
el peón se haga débil, porque lo ataca·
con éxito el rey negro.
Otro defecto corriente de la cadena de
peones son dos o tres peones en una
vertical. Voluntaramente pcas veces m
colocan uno tras otro. Es difícil defender­
los, sobre todo al final de la partida, don­
de originan grandes problémas. Pero no
hay regla sin excepción, máxime en
ajedrez.
Vean esta bello final de !a partida de
ajedrecistas españoles Ortueta-Snz,
jugada 50 años atrás (diagrama 2).
1 . . . Td2 2. Ca4 T: b2 3. C:b2 c3 (4. Cd3
c4 + S. T:b6 cd! 6. Rf2 c2 7. Tc6 d2) 4.
T:b6 (4 . .. ab 5. Cd 3) 4 . . . c4! ! 5. T4 a 5!!
(6. Tc4 cb o bien C: c4 c2) .
Después de las j ugadas evidentes 1. . .
Diagrama 2.
Td2 2. Ca 4, en el tablero empiezan a
ocurrir milagros. 2 . . . T:b2. Los defectos
de la estructura de peones (vean los peo­
nes negros) resulta que pueden ser com­
pensados con juego ingenioso. Ls
negras entregan torre 3. C:b2 c3 (des­
pués de 4. Cd3 c4 + entra en acción el
. alfil negro dormido y eso resuelve. 5.
· T:b6 cd! 6. Rf2 c2 7. Tc6 d2 y el peón se
promociona. Si 4 .. . ab, sigue 5. Cd3 y las'
blancas quedan con pieza de más) .
Pero las negras asestan golpe 4 . . . c4!
Ahora quitan al caballo la casilla d3 y
luego de 5. C: c4 el peón e se transforma
18
en dama. ¿Acaso dos piezas no pueden
arreglárselas con dos peones inválidos
que se arrastran por la línea e? 5. Tb4.
Parece que ahora las blancas vencerán.
Porque contra la amenaza 6. T:c4 no se
ve defensa. 5 . . . a 5!! Verdadero himno a
los peones. El peón olvidado, que antes
no capturó a la torre, resuelve la lucha
con salto a primera vista inverosímil.
Ahora, si 6. T:c4 sigue 6 . . . cb, después de
lo cual, la casilla b b hace inaccesible
para la tore, y el peón se corona por la
línea b. Si 6. C:c4, sigue 6 . . . c2, y el peón
igual se convierte en dama. ¡Final asom­
brosmente bello!
Actividad y cooperación de las piezas
Las leyes que ri l luch aectc
se asemejan a las de cualquier deporte.
Vence el más diestro, el que mejor em­
plea los recursos disponibles.
¿Qué es actividad en el juego de aje­
drez? A mi modo de ver es la aspiración
de fortalecer con cada jugada la posición
de sus piezas y crear amenazas a las
piezas rivales. Pero para que las jugadas
activas puedan garantizar éxito deben
corresponder a las leyes generales del
juego de ajedrez y asentarse en sólida
base estrátegica.
El jugador activo, por regla general,
procura imponer al adversario su táctica
de lucha desde los primeros movimien­
tos, obligándole a resolver problemas de
diferente complejidad.
Para que los lectores comprendan me­
jor los principios de actividad y coopera­
ción de la piezas analizaremos una
partida ejemplar del ex-campeón mun­
dial Anatoli Kárpov. ¯
ANATOLI KÁRPOV­
IÓSIF DORFMAN
Moscú, 1976
l. e4 eS 2. Cf3 d6 3. d4 cd 4. C:d4 Cf6 S.
Cc3 e6 6. g4 Ae7 7. gS Cfd7 8. h4.
Saquemos las primeras conclusiones
de la apertura. Las blancas con su activi­
dad en el flanco rey desplazaron a la
piezas rivales a las dos últimas horizonta­
fes, mientras que el cabállo de la casilla
d7 obstruye camino al alfil c8 y hasta
cierto punto a la dama.
8 . . . Cc6 9. Ae3 a6 10. De2!?
Muy interesante y activo es el plan que
contribuye al desarrollo armonioso de
las piezas. Kárpov coloca a la dama en la
l fnea e, donde no molestará a la torre d1 y
creará amenazas combinatorias. La da­
ma tampoco obstaculiza al al fil fl, que se
propone salir a la casilla h3 con la poste­
rior amenaza de sacrificio A:e6. Como
vemos, cada jugada blanca es enérgica e
intensifca su potencial ofensivo.
10 . .. Dc7 1). 0-0-0 bS.
La actividad contraria tiene carácter
obligado. Las negras están arinconadas
y tratan de realizar contrajuego capaz de
distraer a las blancas de la preparación
del ataque decisivo. Pero están visible­
mente atrasadas en su desarrollo. Por
eso, en su última movida hay más deses­
peración que actividad fundamentada.
12. C: c6 D:c6 13. Ad4! b4.
Las negras prouaran al principio des­
plazar al caballo del escaque dS para des­
pués mover eS. Ellas son consecuentes
en la realización de su línea ofensiva,
pero por desgracia tienen débil base es­
tratégica: piezas mal desarrollads, ubi­
cadas desafortunadamente. ¿Cómo
aprovechar esas insuficiencias?
14. CdS!
La jugada más activa. Ahora adquiere
fuerza temible el alfil d4 e inesperada­
mente (para las negras) entra en acción
la dama blanca.
14: .. ed 1S. A:g 7 Tg8 16. ed Dc7 17.
Af6.
Las blancas obtuvieron por el caballo
dos peones y buenas perspectivas d
ataque al rey atascado en el · centro.
17 . . . CeS!
Unica posibilidad de mantener la posi­
ción. Por cuanto amenaza 18 .. . Ag4, las
blancas no tienen tiempo para 18. f4. Hay
que debilitar el potencial ofensivo.
18. A:eS de 19. f4.
A ataque de piezas sigue el asalto de
peones. Las negras no pueden impdir la
formación de poderosa pareja de peones
blancos, porque si 17 . .. e4, gana 18. d6
A:d6 19. D:e4, etc.
19 . . . AfS 20. Ah3.
19
La aspiración de limitar al máximo el
CQntrajuego adversario es muy típica pa­
ra el estilo del campeón mundial. Las
blancas podían llevar de inmedito 20. fe,
sin temer 20 . . . T c8 debido a 21. Th2 DaS
22. D:a6 D: a6 23. A:a6. Kárpov accede al
cambio de su última pieza menor, pero
anula la amenaza al punto c2.
20 . .. A: h3 21. T:h3 Tc8 22. fe. Dc4!
Las negras ponen la dama en posición
activa y la balanza empieza a oscilar.
23. Tdd3.
Las maniobras con torre en la tercera
horizontal son uno de los métodos estra­
tégicos predilectos del campón mun­
dial. Aqu{ esta j ugada no sólo previene el
cambio de damas, sino que también sirve
para mejorar la cooperación de las pie­
zas blancas. La cooperación de piezas es
un factor muy importante que determina
la fuerza del ajedrecista. Saber cordinar
las jugadas de cada pi eza, de cada peón,
para que actúen mancomunadamente
en la ejecución de cualquier plan íntegro
y de paso se protejan entre sí es un gran
arte, indicio de alto nivel.
También aquí ambas torres de la ter·
cera fila están listas para apoyar el movi­
miento de la pareja. central � peones,
mientras que la dama defiende el.punto
c2 y está dispuesta a ayudar a las torres.
La cadena de peones (dS, eS), defendida
por sus piezas, representa temible fuer­
za. Generalmente tales cadenas pueden
desplazar las piezas enemigas a las úl ti ·
mas horzontales y desorganizar por
completo sus acciones.
23 . . . Df4 + La mejor respuesta. 24. Rb1
Tc4! 25. d6 Te4! 26. The3.
Hay que cambiar otra pareja de piezas
cifrando todas las esperazas en la posi­
ción desafortunada del rey y torre
negros.
26 .. . T:e3 27. T:e3 D:h4 28. Df3!
L cuña de pón blanco rompió la po­
sición de las negras en dos partes y nada
puede impedir la irrupción de la dama a
c6 o bien aS. El peón bien afirmado que
penetra en el campo adversario o la pieza
también alí �firmada a veces pueden
desorganizar por completo las acciones
de las fuerzas contarías, dividir su ejérci­
to en dos grupos aislados y pr l o tanto
débiles.
2S . . . D:g5 29. Te! Dg2?! 30. DfS Tg63 1.
Tfl DdS 32. de R:e7 33. Df4!
Las blancas recuperaron pieza y con-
servaron el ataque. La poca cantidad de
piezas restantes sólo aumenta un pco
las posibilidades de salvación de las ne­
gras. Con esas unidades combativas que
siguen la lucha todo lo decide la calidad
de las fortalezas en que se hallan los
reyes. Pues bien, el rey negro práctica­
mente no la tiene y de las blancas se
requiere sólo precisión en la ofensiva,
que el campeÓn mundial realiza de forma •
ejemplar.
33 . . . aS 34. Dh4 + ReS 35. D: h7 Df3 36.
DhS + Re7 37. Dh4 + ReS 3S. Dc4! Db7
20
39. b3 Te6 40. Tfl! T:e5 41. TgS + Re742.
Dh4 Rd7 43. Df6! T e7 44. DfS + Rd6 45.
D:aS TeS 46. Dd8 + Re6 47. Rb2! f6 4S.
TfB Dg7 49. DeS + Rd5 50. Dc4. Las
negras se rindieron.
De modo que sean activos en la lid
ajedrecística. Entonces recibirán verda­
dero placer del juego. Que vuestras pie­
zas sean amigas, se ayuden mutuamente.
Entonces experimentarán más Õ menudo
la alegria de victorias que la amargura de
derrotas.
Cómo evitar catástrofes en la apertura
Apenas conoce los principios básicos
del juego, cada aficionado al ajedrez nota
que las acciones al principio de la partida
frecuentemente determinan el desarrollo
de la lucha y a veces el resultado del
duelo. En ocasiones, el ajedrecísta se ve
obligado a pasar toda la partida tratando
vanamente de cubrir las brechas abiertas
en la apertura. Eso ocurre por descono­
cimiento de la teoría de aperturas, por
falta de hábitos necesarios en la primera
fase de la partida.
La lid ajedrecística hasta cierto punto
se parece a acciones militares, donde,
como sabemos, mucho decide no sólo la
preparación técnica y el equipamiento de
las tropas, sino también la capacidad que
ti ene el jefe militar para prever el carácter
de la próxima batalla y de acuerdo a eso
ubicar correctamente las tropas, poner
en combate sus fuerzas a tiempo y en la
mejor suLesión. Por eso, cada ajedrecis­
ta que dirige las acciones de su ejército
de madera, si quiere salir victorioso debe
conocer los principios básicos del juego
al comienzo de la partida.
Cualquier partida de ajedrez puede
conservarse para la historia porque se
registra con ayuda de notación. Durante
la existencia del ajedrez fueron anotadas
innumerables partidas, mediante cuyo
análisis se eleboró con todas las sutilezas
la estrategia del juego en la apertura o,
como dicen a menudo, la teoría de
aperturas.
No me propongo ofrecer a los lectores
todas las aperturas conocidas y sus parti­
cularidades. Eso sera i mposible por la
profusión de material. Me limitaré a exa­
minar algunós principios generales de la
lucha en la apertura.
PRINCIPIO 1
Gana la lucha de apertura quien pone
más rapidamente en juego sus fuerzas.
Tomemos un ejemplo sencillísimo:
l. e3 eS 2. Ac4 C c6 3. Df3 AcS 4. D:f7.
Parece que las blancas hicieron todo lo
debido, pusieron en combate de golpe
dos piezas y dieron mate. Sin embargo,
su juego merece una critica rigurosa. · El
primer movimiento fue desafortunado.
En una lección anterior hable de la im­
portancia de ocupar el centro del tablero
con los peones. A eso debe aspirarse
justamente en la apertura, para colocar
las piezas en las mejores posiciones. Por
eso, la jugada e4 sin lugar a dudas es más
fuerte y lógica que la tímida e3. Vuelvo a
subrayar, procure ganar espacio con sus
peones y ante todo las casillas centrales.
La segunda movida de las blancas (2.
Ac4) resulta mucho más complicado de
refutar, aunque su calidad es baja por
dos razones. La experiencia de genera·
cienes anteriores sugiere la mejor forma
de sacar la piezas. Primero salen los peo­
nes al centro, después entran UM juego
caballos, alfiles. y sólo entonces la piezas
mayores: torres y damas. Aquí, el alfil
saltó a una posición temible pasando pr
alto lo que daría a l as negras una posible
réplica de 2. .. dS, poderoso centro de
peones pues el alfl blanco sera desplaza­
do a las casillas poco promisorias d3 o
bien e2.
El ajedrez es un juego lógico y la com­
binación de la tímida l. e3 con l agresiva
2. Ac4 carece de lóica. Por eso deb ser
castigad?. . Las negras en respuesta mo­
vieron 2 . . . Cc6, que debe estimarse con­
tinuación nonal, aunque no la más
fuerte dada situación. En efecto, la
jugada a2 . .. Cc6 respnde al principio de
desarrollo veloz de las piezas, pero no
21
presenta a las blancas las difcultades,
que surgirían luego de 2 . . . dS! La tercera
jugada blanca, 3. Df3 parece más eficaz,
pero el ajedrecista experto no la hubiera
efectuado. Porque si las negras reaccio­
naran correctamente con 3 ... Cf6! el ata­
que de l a dama sería estéril. Por si fuera
poco, la dama en f3 quitó un cómodo
.escaque al caballo de rey y a éste no le
queda otra cosa que ocupar posición pa­
siva en la casilla e2 o apartarse del centro
en la casilla h3. La dama, no debe apresu­
rar su salida a la arena de combate, pues
en caso contrario las piezas menores del
enemigo podrán lanzars a la caza de la
dama. La contestación de l
á
s negras 3 . . .
AcS? es lógica sólo desde el punto de
vista de la lógica formal (desarrollo la
segunda pieza) pero pierde la partida en
el acto, al no tener en cuenta la amenaza
concreta del adversro. Todo esto nos
revela el análisis atento de una partida
tan corta, llena de errores recíproos.
Dustremos el primer principio de aper­
tura, pner en juego las piezas lo más
rápido posible, utilizando una partida de
más de siglo atrás.
E. SCHULTEN- P. MORPHV
Nueva York, 1857
l. e4 eS 2. f4.
En esta apertura antigua y romantica re­
cibió el nombre de gambito de rey, el
desarrollo de las piezas decide a menudo
la batalla. La teoría moderna recomienda
que la mejor defensa de las negras aqu[
es el contraataque. Esto lo demuestra
claramente el genial ajedrecista nortea­
meriano Paul Morphy.
2 . . . d5! 3. ed e4!
Las negras procuran aventajar al con­
trincante en el desrollo.
4. Cc3 Cf6 5. d3 Ab 4. 6.Ad2.
Después de 6. de C:e4 7. Dd4 De7 8.
Ae2 0-0 9. Ad2 C:d 10. D:d2 Ag4, a las
blancas no les sería fácil activar sus
piezas.
6 . . . e3!
Osado sacrificio de peón con un objeti­
vo a largo plazo. Después del enroque, la
torre negra ocupará la línea "e".
7. A: e3 0-0 8. Ad2 A:c3 9. be T e8 + 10.
Ae2 Ag4 11. c4?
Podemos afirmar con certeza que este
fue el error fatal de las blancas. Debieron
liberarse de la presión por la columna E¡
con 11. Rf2. ¡Pero querían consrar bO
peón de más!
1 1 . . . c6! 12. de?!
Aún podía jugarse 12. Rf2 Õ bien 12.
h3. A.1 insitir neciamente la supremacía
material, las blancas permiten desarro­
llar eficazmente el caballo de b8. Des­
pués de eso, la ventaja de las negras en el
centro del tablero se vueive abrumador.
12 . . . C:c6 13. Rfl.
Es difícil dar un buen consejo a las
. blancas. Si 13. Ac3 Cd4 14. A:d4 D:d4 15.
g3, sigue 15 . . . T:e2 + 16. C: e2 Te8 con
ataque decisivo. Según parece, la posi�
ción blanca se hizo i nsostenible luego
'
de
12.
13 . . . T:e2! 14. C: e2 Cd4.
Los acontecimientos principales se
avecinaban por la columna E¡ donde pa­
pel terminante debía desempeñar la
combinación vertical. Así ocurrió en
efecto. Precisamente las amenazas por
la columna E obligaron d las blancas a
22
perder otro tiempo para que el rey blan­
co huyera de la aciaga línea E. Pero en­
tonces siguió una pequeña combinación
que transformó la combinación vertical
en diagonal, aún más funesta para las
blancas.
15. Db 1 A:e2 + 16. Rf2 Cg4 + 17. Rgl.
El rey se debate en su campo presin­
tiendo la catástrofe.
Recomiendo a quien desee perfeccio­
narse LM el arte de la combinación, que
ponga a un lado el manual y trate de
encontrar la victoria forzada de las ne­
gras. Al cabo de unos veinte o treinta
minutos podrá comparar su solución con
la de Morphy.
17 . . . Cf3! 18. gf Dd4 19. Rg2 Df2 + 20.
Rh3 D:f3 + 21. Rh4 Ce3 22. Tg 1 CfS +
23. Rg5 Dh5.
¿Aceptar el sacrificio?
En la lcción anterior nos convenci­
mos de que el dominio en el centro y el
rápido desarrollo de las piezas deterina
bastante el resultado de la lucha de aper­
tura, sobre todo en partidas de ajedrecis­
tas expertos. Antes de pasar adelante,
analizaremos los erores de la fase inicial
del juego que cometen a menudo aficio­
nados al ajedrez de poca experiencia.
Vale la pena recordar que los puntos de­
fendidos sólo por el rey son los más vul­
nerables en el sistema defensivo de
fortalezas del rey. En l psición inicial se
trata de los peones f2 y f7, y con enroque
corto, de los peones h2 y g2, h7 y g7. De
la seguridad de estas casillas hay que
preocuparse en prmer térino. La prác­
tica muestra que precisamerte en ellas,
como regla, ocurren catástrofes e� mu­
chos sistemas de apertura absolutamen­
te distintos por su carácter.
Veamos la posición que surge de la
partida italiana, antigua y llena de
romanticismo.
l. e4 eS 2. Cf3 Cc6 3. Ac4 A eS 4. c3 Cf6
5. d4 ed 6. cd Ab4 + 7. Cc3!
En lugar de la prudente 7. Ad2, las
blancas sacrfican pones y piezas para
acelerar el desarrollo, método típico de
ajedrecistas de estilo ofensivo. Los méto­
dos modernos . de lucha de apertura, ba­
sados en la expri encia de generaciones
precedentes, condenan el juego siguien­
te de las negras, pero tengamos en cuen­
ta que así jugaban 100 años atrás,
cuando el principio «el sacrificio debe
aceptars sin falta» no se discutia.
7 . . . . C:e4 S. 0-0 C:c3 9. be A: c3?
Las negras aniquilar
á
n a dos peones
enemigos pero se atrasarón mucho en el
desarrollo de las piezas. El castigo pr
semejante violación de los fundamentos
de apertura por l o común es inminente y
severo. Ete análisis antiguo muestra
bien las conscuencias nefastas de la avi­
dez a cominzos del juego. Pero no pien­
sen que tiene sólo importancia histórica.
Esta posición es frecuente en simultá­
neas de hoy día. No se apasionen captu­
rando peones adversarios en l a apertura
en perjuicio de la movilización de sus
fuerzas.
10. Db3 A: a1
Las negras son consecuentes en su
aspiración de capturar la máxima canti­
dad posible de peones y pierden la última
oportunidad de sacar el rey al fanco.
Tenían esa oportunidad: 10 . . . . dS 11.
A: dS 0-0.
1 1 . A:f7 + RfS 12. AgS Ce7 13. CeS!
Llegó la rápida condena por haber me­
nospreciado el desarrollo de las piezas,
por la angurria en la apertura. Y fíjense,
la catástrofe ocurió precisamente en el
escaque f7. Las negras, por más que aho­
ra se defendan, pierden.
Po ejemplo: 13 . . . . A:d4 14. Ag6 dS 1 S.
Df3 + AfS. 16. A:fS A: eS 17. Ae6 + Af6 1S.
A:f6 g 19. D:f6 +ReS 20. Df7x ( ¡de nuevo
el escaque f7!) .
O bien 13 . . . . dS 14. Df3! AfS 15. Ae6 g
16. Ah6 + ReS 17. Af7X ( ¡de nuevo el
escaque f7!).
Además de la caza de peones, muchos
aficionados al ajedrez cometen otro
error típico, se demoran en evacuar al
rey del centro. En la práctica de los maes­
tros existen partidas donde los reyes de
ambos bandos qu�dan en el mismo cen­
tro de la lucha y no perecen. Pero es una
excepción de la regla, excepción basada
en conocimiento profundo de la situa­
ción creada y en técnia elevada de de­
fensa. A los ajedrecistas noveles, así
como a quienes no tienen suficiente ex­
periencia les conviene enrocar en la pri­
mera oporunidad. Si el rey queda en la
psiión inicial, medinte sacrifcios se lo
2
puede atraer al mismo centro del tablero.
Entonces la desgracia será inminente.
Vean una partida instructiva en este
sentido.
ÉVGUENI VASIUKOV
BORIS LÉBEDEV
Moscú, 1960
l. e4 eS 2. Cf3 d6 3. d4 Cd7.
Una distribución de piezas negras tan
ingenua es frecuente en partidas de
aficionados.
4. Ac4 h6.
Esta ya es una desición dudosa. En
lugar de desarrollar las piezas (digamos
4 . . . . Ae7) , las negras, queriendo poner su
caballo en f6 pierden tiempo al tratar de
conjurar la incursión del caballo blanco
en gS. Pero para demostrar que la estra­
tegia de apertura de las negras es erró­
nea se necesitó el juego excepcionalmen­
te resuelto y enérgico de las blacas.
S. de de.
!espués de S . . . . C:eS 6. C:eS de 7.
A:f7! la posición de las negras era
desesperada.
6 . . . . A: f7 +! El primer golpe se asesta al
lugar más vulnerable.
6 . . . . R: f7 7. C: eS + Rf6. Porque todo lo
restante pierde todavía más rápido.
8. Cc3!
Para obligar al rey negro a efectuar el
paseo, las blancas sacrifican el caballo.
Las amenazas 9. CdS + y 9. Dd4 pueden
rechazarse sólo de un modo, porque las
otras variantes no slvan. Por ejemnlo 8.
. . . c6 9. Df3 + R: e 10. DfS + Rd6
.
Ú. Af4
+ CeS 12. D:eS + Rd 7 13. Td1 +! O bien
8 . . . AcS 9. Df3 + R:eS 10. DfS Rd6 11. Af4
+ Re7 12. CdS + Re 8 1.3. C: c7! Y después
de S . . . . DS 9. CdS + R:eS 10. Af4 ¹ Re6
1 1 . Cc7 +, las negras pierden en el acto.
S . . . . R: e5.
Corto resultó el camino desde la casi­
lla e8 hasta la casilla eS, pero igualmente
corto puede resultar el camino de vuelta.
Por eso, l as blancas deben atacar
impetuosamente.
9. Oh S + gS 10. A: gS!
Golpe brillante. Si 10 . . . . D: gS, conduce
Õ la victoria 1 1. f4 +! R: f4 12. 0-0 + ReS
( 12 . . . . Re3 13. Tadl ! D: hS 14. Td3X) 13.
Tdl + Re 7 16. CdS + Rd8 17. Ch6! cb 18.
D:f8 + Re? 19. Dg7.
Ahora, l as negras intentan «pagar res­
cate» con torre.
10 . . . . hg 1 1 . f4 +! Re6 12. fS + re7 13.
CdS + Rd6 14. D: h8 Cgf6 1S. 0-0-0 Rc6
16. The 1 b6 17. Cb4 + A: b4!
En difícil situación, las negras encuen­
tran ingeniosa posibilidad de complicar la
lucha sacrificando dama. Si 17 . . . . Rb7
resolvía 18. eS.
18. D: d8 Ab7l
¡ Diabólico pl an! La dama blanca cayó
en la trampa y debe perecer. Pero el
ajedrez es un juego lógico y no puede ser
que las blancas jugando bien, ganando,
de repente se hallen al borde de la derro­
ta. Hay que buscar otra movida,
buscar . . .
19. T: d7! C: D: 7.
A final ventajoso para las blancas con­
duce 19 . . . . Td8 20. T:d8 A: el 21. eS! Cg4
22. e6 Ab4 23. T d4.
20. D:gS A: e 1 21. De3!
Ahora l a Sltllación se aclara definitiva­
mente. El alfl negro es1 á condenad� a
perecer, porque si 21. . . . Ab4 o bien 21.
. . . AaS sigue 22. Dd4!
21. . . . Ah4 22. Dh6 + Af6 23. e5 Tf8 24.
ef T:f6. En realidad, la lucha con esto
terminó. La falcmge de peones blancos
en el flanco rey, apoyada por la dama, es
imposible de contener.
2S. Df4 Ac8 26. g4 CeS 27, b4 Cb 7 2S.
De4 + Rd7 29. Dd4 + Td6 30. Dg7 + Rc6
31 . f6 Cd8 32. f_ C:f7 33. D:f7 Ae6 34. DeS
+ RdS 3S. DaS + ReS 36. D: a7 Tc6 37.
Da4 Tc4 3S. DbS + Rf4 39. gS c6 4. D: b6.
Las negras se rindieron.
Como confirmación de las tesis bási­
cas enunciadas quiero ofrecer a los lecto-
24
res, para su análisis individual, una
partida muy bella e instructiva, jugada
10 años atrás.
MJJAÍL CHIGOR!N
SEMIÓN ALAPIN
San P.tesburgo, 1883
l. e4 eS 2. Cf3 Cc6 3. Ac4 AcS 4. b4
A:b4 5. c3 Aa5 6. 0-0 Cf6 7. d4 0-0 8. de
C:e4 9. Ad:s! A:a3 10. A: e4 A: a1 1 1 . A: h7
+!
Sacrificio de alfil y de nuevo golpe al
punto más vulnerable. Como ven, er: gS
el rey, naturalmente, está mejor que en
e8, pero no hay seguridad total.
1 1 . . . . RhS.
En caso de 11 . . . . R: h7, las blancas ga­
nan así: 12. CgS + Rg6 13. Dg4 fS 14. ef
CeS 1S. Dg3! R:f6 16. f4 Re7 17. Te1 d6
18. Cc3!
12. CgS g6 13. Og4 A:eS 14. Dh4 +! Tf6
19. Aa3 +! d620. Dh7+ RfS 21. DhS + Re7
22. Dg7 + if7 23. D: f7x.
Objetivo de las acciones en la apertura
Las dos lecciones anteriores fueron
dedicadas a los errores típicos que come­
ten los ajedrecistas poco avanzados en la
fase inicial de la partida_ Ahora, conven­
cidos de cómo no hay que jugar la aper­
tura aclararemos lo que se debe hacer de
obtener una buena posición.
Recuerden principio núm. 1 de con­
ducción de la lucha en la apertura. Cabe
recordar que la puesta en acción de ias
piezas debe precisamente ser útil en el
medio juego, en ia mitad, cuando se des­
arrollan los acontecimientos fundamen­
tales. Reviste mucha importancia, sobre
todo para los ajedrecistas novatos, el
desplegar sus h·erzas con armonía, es
decir, dejen en su campo espacio para
maniobra de las piezas, eviten su amon­
tonamiento. Al mismo tiempo hay que
dificultar al adversario el cumplimiento
de esa tarea.
Independientemente del carácter de la
apertura, las mejores jugadas de ambos
bandos siempre están subordinadas a un
objetivo: ia lucha por el centro. Con la
particularidad de que las blancas, tenien­
do la ventaja de la primera jugada, son
capaces de lograr más rápido ese objeti­
vo, mientras que las negras harán lo posi­
ble para impedirlo. Veamos, como
ejemplo, las primeras jugadas de dos
complicadisimos sistemas de teoría con­
temporánea, la partida espafola l. e4 eS
2. Cf3 Cc6 3. Ab5, y la defensa Nimzo;
witsch. l. d4 Cf6 2. c4 e6 3. Cc3 Ab4.
Está claro que l a lucha desde el mismo
comienzo se entabla en torno Q las casi­
llas centrales eS y e4. Eso es naturaL La
supremacía Lî el centro del tablero (se
trata no sólo de ocupar con los peones
las casillas cent rles, sino también de
controlarlas con las piezas) permite
crear cabeza de puente para operacio­
nes activas en medio juego.
Procuraremos ilustrar lo dicho con un
ejemplo bastante simple.
l. e4 eS 2. f4 Cc6 3. Cf3 ef 4. d4 d6 S.
A:f4 Cf6 6: Cc3 Ae7 7. Ae2 0-0 8. 0-0.
Dicho sea de paso, así empiezan a menu­
do las partid:s entre novatos o en sesio­
nes de simultáneas. Ambos bandos
trataron de desarrollar las pizas en iual
medida, pero las blancas consiguieron
mucho más. Tienen fuerte pareja de peo­
nes en el centro y sus piezas disponen de
espacio operat,ivo. Claro, la posición de
las negras está lejos de ser perdedora,
¿pero por qué condenarse voluntaria­
mente a la pasividad desde el mismo
comienzo?
En mi tarea no cabe dar recomenda­
ciones concretas respecto a tal o cual
apertura, pero teniendo en cuenta la
enorme popularidad del gambito de rey
entre ajedrecistas poco expertos puedo
aconsejar estos métodos de juego.
l. e4 eS 2. f4 ef 3. Cf3 d6 4. d4 gS S. Ac4
Ag7 6. 0-0 h6.
O bien l. e4 eS 2. f4 dS 3. ed e4 4. d3
Cf6. Este intento de pasar al contraata­
que entr<a peligro para ambos bandos
y exige buen conocimiento de múltiples
variantes.
Ahora, con un ejemplo tomado de la
práctica magistral veremos cómo el
·
me­
nosprecio de los principios del desarrollo
en la apertura condujo a las blancas a
una rápida catástrofe.
EFIM BOGOLIUBOV
·
­
MIJAIL BOTVINNIK
Nottingham, 1936
l. d4 Cf6 2. Cf3 b6 3. e3. En esencia, las
blancas renuncian d juego activo en el
centro. Los intentos de obtener supre­
rnacía en la apertura están vinculados
con las movidas c4 o bien Cc3 (ver, por
25
ejemplo, la partida Kaspárov-Gheorghiu
de la segunda lección).
3 . . . . Ab7 4. c4 eS S. Cc3 cd 6. ed e6 7.
Ad3 Ae7 8. 0-0 0-0? Si las negras jugaran
8 . . . . dS, hubiesen resuelto los problemas
de apertura.
9. b3? Momento significativo. Las blan­
os se apasionaron por el desarrollo de
sus piezas y no advirtieron la jugada 9.
dS! L variante 9 . . . ed 10. cd C:dS 11;
C:dS A: dS 12; A: h7 +? R: h7 13; D: dS es
claramente ventajosa para las blancas.
Así que las negras tendrían que padecer
la existencia del peón dS, que obstaculiza
su posición.
9 . . . dS 10. Ae3? Jugada conforme al
principio «después veremos»- El alfil en
e3, molesta a sus propias piezas e impide
a las blancas controlar la importante ca­
silla e4, donde se planta sin demora el
caballo negro.
La lógica de las jugadas anteriores re­
quería las jugadas Ab2 y De2, para des­
pués, según el plan trazado, seguir Tacl
+ Tfd1 o bien Tad2 + Tfe l. En este caso,
las bÍancas tendrían un juego libre y po­
drían atisbar con seguridad el futuro.
10 . . . Ce4 1 1. Tac l Cd7 12. De2. Conti­
nuación del mismo juego desprocupado
que permitió a las negras reforzar sin
obstáculos su posición. Ahora, las blan­
cas pierden la última oportunidad de dis­
putar a las negras el dominio del cento:
12. cd ed.
12 . . . T c8. Ahora, el cambio cd ya es
mposible.
13. Tfd1 fS. Las negras fortalecieron al
caballo ubicado en el centro. Ahora es
evidente que las blancas tropezaron con
serias dificultades. En primer lugar, las
negras dominan en el centro. En segun­
do lugar, empieza a manifestars'e el debi­
litamiento de las casillas negras en el
flanco dama. Recordemos que todo eso
se podía evitar poniendo el alfl en 82, ¡el
lugar más natural para él en dada situa­
ción! Con este ejemplo uno se convence
en la práctica que la ubicación incorrecta
de una pieza puede infl uir en toda la
posición_
14. Af4' Las blancas demasiado tarde
(¡y en momento inoportuno!) procuran
controlar la casilla eS. Era más razonable
pasar a l a defensiva y con la jugada 14.
Cb1, luego cd o bien T:c8 procurar por
medio de cambios aliviar algo su
situación.
14 . . . gS! Bajo abrigo del poderoso
puesto avanzado central Ce4, las negras
pasan a ofensiva resuelta sin turbarles lo
mínimo el debilitamiento de la posición
del rey.
15. Ae5 g4 16. Ce1 C: e5 17. A:e4de 18.
de Dc7. La suerte de la partida estaba
decidida. El pón eS perece y el vigoroso
puño de las negras en el centro, apoyado
por dos alfiles de largo alcance, deb
obligar a las blancas a capitular en breve.
19. Cb5 D:e5 20. Td7 Ag5! Ultima suti­
leza. El alfil escapa rápido al golp.
21. Tcd 1
21 . . . Ac6 22. T: a 7 Tcd8. Además de
todo, las negras se apoderan de la línea d.
El final de la partida fue 23. h4 T: d1 24.
D: d1 Td8 25. Dc2 Ad2. Las blancas
abandonaron.
Vale la pena citar la observación de
Mijaíl Botvinnik a otra partida, con el
maestro Alexandr Sokolski de la semifi­
nal del campeonato nacional de 193: ß. . .
Y el control de las casillas centrales pas
a las negras. Se aclara paulatinaente
que las blancas no tienen un plan de
juego y están ocupadas sólo en desarro­
llar las piezas. Tal vez era admisible jugar
así a comienzos del siglo pero en nuestra
época, cuando cada maestro trza el
plan de medio juego, aproximadamente
desde l a sexta-octava jugadas no hay me­
jor manera de caer en una psición incó­
moda que aspirar al simple desarollo».
Esta obseración crítica del ex­
campeón mundial puede considerarse
como una regla vigente.
t� hc |s At¡ a| y |cd .
26
O k
J � S T R U C TI O NS
N OB L E G A ME
Dr J. IJ. P 11 1 L 1 D O R

L O N D O N:
P•i b J. Nuau:, a P. Vaeua••• 1
&e ,,,.� LI. I'. LII.
EJERCI CI OS DE COMBI NACION .
En todos l os di agramas j uegan l as bl ancas y ganan ; i resuel vel os con tus ami gos !
1 0 1 2
27
E J E R C I C I O S D E C OMB I N AC I ON .
E n t o d o s l o s d i a g r ama s j u e g a n l a s b l a n c a s y g a n a n .

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2 4
EJERCI CI OS DE COMB I NAC I ON
En todos l os d i agramas j uegan l as bl ancas y ganan .
34
3 5
29
36
SOLUC I ONES DE LOS EJ ERC I C I OS DE COMB I NAC I ON
PR I MER PARTE
1 . - 1 . Td8+ Rb7 2 . Tb8+ Rxb8 3 . Cc6+ y 4 . Cxe5
2 . - l . Df8 Ag8 2 . Df6+ Axf6 3 . Axf6 Mate
3 . - 1 . Tf8+ Dxf8 2 . Txf8+ TxfS· 3 . Dxg6 Mate .
4 . - l . Dh8+ Rxh8 2 . g7+ Rg8 3 . Ah7+ Rxh7 4 . g8
( D) Ma te .
5 . - 1 . Tg3+ fg 2 . Axh7+ Rxh7 3 . hg+ Rg8 4 . Th8
Mate .
6 . - 1 . Ag7+ Txg7 2 . Dh6 Tg8 3 . hg Txg6 4 . Df8
Tg8 5 . Dxg8 Mate .
7 . - 1 . Txe8 Dxe8 2 . Da4 Dxa4 3 . Tb8+ Dc8 4 . Txe8
Mate .
8 . - l . Dg8+ Cxg8 2 . fg ( d ) + Rxg8 3 . Ce7+ Rg7
4 . Tf7+ Rh8 5 . Tf8+ Rg7 6 . Tg8 Ma te .
9 . - 1 . Th5 gxh5 2 . Cf5 Dxa l + 3 . Rg2 De5 4 . Cxg7+
Rh8 5 . Dxf8 Mate .
1 0 . - 1 . Dxh7+ Rxh7 2 . Cg6+ Rg8 3 . Th8+ Rf7 4 .
Tf8+ Dxf8 5 . d6 Ma te .
1 1 . - 1 . Te8+ Cxe8 2 . Dxf7+ Rh8 3 . Df5 Cf6 4 .
Cf7+ ganando .
1 2 . - 1 . Tc8 Txc8 2 . Dx�6+ Rh8 3 . Cf7+ Rg8 4 .
Ch6+ Rh8 5 . Dg8+ Txg8 6 . Cf7 Ma te .
1 3 . - 1 . De8+ Cxe8 2 . Tf8 Mate .
1 4 . - 1 . Dxh7+ Dxh7 2 . Cf7 Mate .
1 5 . - 1 . Dd8+ Ad8 2 . Te8 Ma te .
1 6 . - 1 . Txg8 Rxg8 2 . Te8 Mate
1 7 . - 1 . Txg6 Txg6 2 . Dh8 Ma te .
1 8 . - 1 . Cf7+ Rd7 2 . Ae6 Ma te .
1 9 . - 1 . Txh5+ gh 2 . Df6 Ma te .
20 . - 1 . Dxc6+ be 2 . Aa6 Mate .
21 . - 1 . f 5+ Rf7 2 . Cd6 Mate .
22 . - l . Tf8+ Axf8 2 . Df7+ Rd8 3 . Dd7 Ma te .
30
23 . - 1 . Ch5+ Txh5 2 . Txg6+ Rxg6 3 . Te6 Mate
24 . - 1 . Dxh7+ Rxh7 2 . Th5+ Rg 7 3 . Ah6+ Rh7 4 .
Af8 Mate .
25 . - 1 . Th7+ Rg8 2 . Th8 Ma te .
26 . - 1 . Dh7+ Rf8 2 . Ah6+ Ag7 3 . Dh8 Ma te .
27 . - 1 . Th3 Rg8 2 . Th8+ Rxh8 3 . Dh6+ Rg8 4 . Dxg7
Ma te
28 . - 1 . Cf6+ Rf 7 2 . Dxg7+ Rxg7 3 . Ce8+ Rf7 4 .
Cxd6 ganan p i eza�
29 . - 1 . Ad4 e5 2 . Axe5 Dxe5 3 . Dh6 Mate .
30 . - 1 . Dg 7+ Axg 7 2 . Cf6 Mate
3 1 . - 1 . Dxe6+ Txe6 2 . Tg7 Rh8 3 . Tf8 Ma te .
32 . - 1 . TeS+ Dxc8 2 . Dxg7 Txg7 3 . Txg7 Ma te .
3 3 . - 1 . Ce6+ ReS 2 . Df8+ Cxf8 3 . Cg7 Ma te .
3 4 . - 1 . Dg 7+ Txg7 2 . Axg6+ Th7 3 . Txh7 Rg8 4 .
Ch6 Ma te .
35 . - 1 . Cd5 Rc8 2 . Ae6+ Rd8 3 . Dxb8 Mate .
36 . - 1 . Dxh7+ Rxh7 2 . Th5 Ma te .
Dcsarro||o dc |aHab|||dad cn Ajcdrcz
Estudio Primero
Reproducimos a continuación la partida decisiva en el Torneo de Campeo­
nato verificado en Nueva Orleans, Luisiana, Estados Unidos, en noviembre de
1923. Ocho fueron los jugadores y cada cual contendió en dos partidas con su
adversario. Las piezas Blancas son manejadas por el más distinguido ajedrecista
del Estado.
BLANCAS
JUDGE LABATT
1 P-40
2 C-3AR
3 P--4A
4 A-5C
5 P-3R
6 C-3A
7 T-IA
NEGRAS
Torre
P-40
C-3AR
P-3R
A-2R
CD-20
0-0
P-3A
Esta forma de desarrollo fue perfeccionada por Capablanca. La idea es
desarrollar en su oportunidad el A de la O, llevándolo a 2CD donde puede ser
más útil que el AR de las Blancas.
8 A-30
9 AXP
10 AXA
PXP
C-40
Este opúsculo no ha sido escrito como un tratado de aperturas, por eso no
nos ocupamos de las posibles continuaciones en este punto.
11 0-0
12 TXC
13 D-2R
14 A-30
DXA
cxc
P-�3CD
T-10
Como l a intención de l as Blancas es llevar este A a 6TD, hubiera si.do más
apropiado desarrollar la TR a ID o a lAD.
A-2C
I5 A-6T
Cierto, las Blancas hubieran obtenido un juego muy bueno, acaso un juego
ganado con 15 A-4R; pro no nos concierne ocuparnos de movimientos que
resultan buenos incidentalmente.
16 DXA
I7 D-2R
AXA
P-4AD
Como resultado de la pérdida de tiempo en la jugada I4, que no ayudó en
nada absolutamente, las Blancas han perdido ya la ventaja de la apertura.
Debemos evitar el incurrir en este error. Si queremos desarrollar nuestra habili­
dad, no debemos perder esfuerzo alguno. Trataremos de cultivar el hábito de
hacer siempre las mejores jugadas posibles durante todo el juego, las jugadas que
más favorezcan nuestra partida. Esta regla no debe ser violada nunca
conscientemente.
18 TR-IA
I9 PXP
20 P-3TD
21 P-3CR
Hubiera sido más prudente jugar 21 P-3TR.
P-4R
31
TO'IA
T-2A
TXP
P-3C
El avance de este P, en otras circunstancias difícilmente justificable, es
ahora una jugada muy fuerte a causa del hueco 3AR.
22 P-4CD
23 TXT
24 C-4D
25 C-6A
TXT
P--5R
C--4R
Las Blancas han creído eliminar todo peligro con el cambio de caballos.
D-2A
Dar jaque con el caballo sería inútil, porque las Blancas sencillamente lo
tomarían. En cambio , con la jugada que se ha hecho, se logra colocar una pieza
en una posición muy favorable, que les permite aprovecharse del punto débil
3AR.
26 D-2A
Ninguna otra jugada sería mejor.
27 R-IA
C-6At
T-6D
Ahora no hay defensa contra la amenaza de doblar en la fila de la D.
28 P-3TR D-2D
Se rinden.
Estudio Segundo
En el curso del Torneo por el Campeonato del Estado de Nueva York en
octubre de 1924, tuve que ganar el siguiente juego a fin de igualar al que llevaba el
primer lugar, y más tarde gané el math. Por esta razón consider la partida como
la más meritoria de las que he ganado.
BLANCAS
Torre
1 P-4D
2 C-3AR
3 P-4A
4 A-5C
5 P-3R
6 CD-2D
NEGRAS
JENNINGS
C-3AR
P-4D
P-3R
CD-2D
P-3A
Eludiendo la forma ordinaria de la variante de Cambridge Springs que puede
resultar muy dificultosa.
7 P-3TD
D-4T
PXP
Las Negras cambian antes de jugar A--3D, pues no les agrada P-5A.
8 AXP
9 0-0
32
A-3D
P-4R
Enrocar hubiera sido más seguro, aún cuandL las Blancas retuviesen la
ventaja de manera más sencilla con A-30, amHnaZando cambiar la pieza más
útil de las Negras.
10 D-3C 0· 0
Las complicaciones que resultasen de 10 . . . . . . , P-SR; 1 1 C-SR, favorece-
nan a las Blancas que tienen mejor desarrollo.
1 1 PXP
12 CXA
13 C--3A
AXP
DXC
Aquí las Blancas siguen el curo más sencillo, contentándose con una
pequeña ventaja paIÒ el final que se aproxima. Más complicado hubiera sido el
avance de 10 P---4AR.
14 A-4A
15 A-60
16 AXD
17 C-SC
18 P-4R
19 PXC
D-2A
D-3C
DXD
T-1R
4-D
P-3TR
Con 19 CXP, pierde después de 19 . . . . , TXP.
20 TR-1R
21 TXTt
22 A--7R
23 AXPD
24 A-4R
25 T-I AD
26 A--5Dt
27 P-4CD
28 T-4A
29 P--4TR
33
PXC
C-3A
CXT
PXP
C--2A
P-3A
C-1R
R-2T
R--3C
T-1C
P-SC
La posición de las Negras no era muy buena de cualquier manera, pero aquí
debieron haber cambiado. En su posición inferior, las Negras se crean una gran
debilidad material en 5C; además le quitan a su A una casilla que puede set
utilizable.
30 P-5Tt
La intención de esta jugada es invitar el avance del PCR, con lo cual se
acentuará más la debilidad del lado del R.
31 A-7A
32 T-5A
33 PXPt
34 A-6R
35 T-4A
36 A-80
R-2T
A-4A
P-3CR
AXP
P-3C
T-2C
A-4T
Ahora vemos que el radio de acción de los alfiles Blancos ha aumentado,
mientras que el A Negro está completamente encerrado.
37 T-40
38 R-2T
39 A-70
Amenazando T-50 y TXAt.
40 A-7R
R-3T
R-4C
T-lC
R-3T
Previendo las Negras que sus esfuerzos por salvar el lado del R solamente
las conduce a mayores difcultades, tratan de retirarse ordenadamente. Pero
esto no pude llevarse a efecto después del error cometido en la jugada 29.
41 P-5C
Esto determina todo. Las Blancas, con toda propiedad tornan su atención
hacia el lado de la O que ha sido debilitado al quitar el A.
42 A-6A
43 T..70
4 TXP
45 P-4T
46 A- 60
47 R-lC
48 A-7A
49 R-2T
50 P-5T
51 PXP
52 P-7C
53 AXP
34
R-2C
A-3C
A-4A
R-3C
C-2C
T-1Tt
T-10
T-80t
A-3R
C-4A
T-60
P-6Ct
Se rinder
Lo que hemos visto en esta Partida puede resumirse como sige: Cuando
vuestro adversaro tiene un punto débil, acaso pueda protegerlo; pero probable­
mente sól o creando otro punto menos débil en alguna otra parte del tablero. Este
punto débil aunque de menor imprtancia que el otro, debe ser localizado y
explotado para apr
_
ovehar as{ la ventaja de la debilidad original .
Estudio Tercero
L partda siguiente es en mi opinión, la que mej or jugué en el Torneo de
Campeonato del Oeste, verificado en Detroit, Michigan, en septiembre de 1924.
Las piezas Negras son conducidas por uno de l os jugadores más fuertes y
antigos de esa ciudad.
BLANCAS
Torre
I P-4R
2 P-40
3 C-3AD
4 PXPD
5 C-3A
NEGRAS
WINTER
P-3R
P-40
P-4AD
PRXP
A-3R
Como siempre, las Blancas tienen la pequeña ventaja de la "apertura" en
forma de presión sobre 40 de las Nes . as.
6 A-2R
7 0-0
8 A-4AR
9 PXP
IO C-5CD
II CD-40
I2 cxc
Torar con el P haría perder en el cambio.
I3 C-40
C-3AD
A-2R
C-3A
AXP
TD-IA
0-0
TXC
T-IA
Las Negras pueden naturalmente jugar I3 . . . . , AXC, I4 DXA, TXP; 15
A-3D
I4 AD-SC
I5 A-4T
P-3TR
P-3TD
Sus deseos son jugar T -IR lo que sería contestado con A-SCO; sin
embargo, su método es un tanto lento.
I6 P-3AD
I7 A-3A
I8 T-lR
I9 T-IC
20 D-30
2I AXA
22 -2R
23 TD-IR
24 P-3TR
T-IR
A-2R
D-3C
A-ID
C--2T
TDXA
C-4C
C-SR
Aquí las Blancas pueden jugar 24 AXC, PXA; 25 D XP, y después de AXP; 26
DXT con ventaja en fuerza material.
25 AXC
26 TXP
27 TXT
A-20
PXA
TXT
DXP
Las Negras jugaron C-5R, con la idea de cambiar su PD débil, por el PCD y
las Blancas formaron un plan para salirles a mitad del camino. Incidentalmente
pudo ganarse el cambio jugando A-4A. Había como ochenta espectadores,
todos lo vieron, advirtiéndolo así después a los jugadores. Esto puede ser
interesante para poner de manifesto cómo actúa la mente del ajedrecista.
35
28 C-SA
Ahora vemos que las Blancas no han hecho un simple cambio de peones,
sino que han clavado una pieza en forma muy efectiva.
29 R-2T
30 T-40
31 C-3R
32 C-4C
33 T-60
34 D-40t
35 TXT
36 0-60
37 P-4AO
D--8At
0-4C
P-3CR
D-2R
R-2C
AXC
P-3A
A-3R
D-2AR
Una buena jugada que dá a las Blancas mayor radio de acción.
38 P-5A
39 P-6A
40 OXP
41 0-2At
P-4CR
R-3C
PXP
AXP
P-4A
Si ahora o en la jugada siguiente las Negras llevan de nuevo al R a 2C, las
Blancas juegan su T a la fila del AO.
42 T -60' A -3R
Las Blancas llevan ahora a la D a SR en tres jugadas.
43 0-8A R-3A
44 0-8Tt Se rinden.
36
Estudio Cuarto
En Marzo de 1925, poco después de mi match con Kuphick, jugamos en
Nueva York la partida siguiente:
BLANCAS
KUPCHICK
1 P-40
2 P-4AD
3 C-3A
D
4 P--3CR
5 PXP
6 A-2C
7 PXC
8 C-3A
9 A----2C
NEGRS
Torre
C-3AR
P-3CR
A-2C
P-40
CXP
cxc
P-4AD
C-3A
D-3C
Con esta jugada y con la siguiente que tiene gran fuerza, las Negras, van con
ventaja, directamente al final.
10 D-3C
11 DXD
12 P-3TD
13 0-0
A-3R
PXD
O-O
A-40
L ventaja aumenta con el cambio de la única pieza útil de las Blancas.
14 TR-10
15 P-3R
TR-10
C-4T
La amenaza de esta C que se dirije a SAO, y que resultaría muy embarazoso,
obliga al cambio de alfiles. También permite a las Negras apoderarse de la fla de
la D.
)6 C--20
17 RXA
AXA
P-4R
A la vez que el A Blanco está completamente encerrado, esta jugada tiene
por objeto aumentar la fuerza del A Negro.
18 PXPA
19 TD-1C
PXP
De otra manera, la Biancas tendrán que tomar en cuenta la posibilidad de
TXC y C---5A.
20 P---4AD P-4A
Al liberar el Alfil las blancas encadenan al Caballo.
- ------------- --··------------
21 R-1A
22 R-2R
37
T-60
TD-10
P-SR
23 AXA
24 T-ITO
25 R-IR
26 R-2R
27 R-lR
RXA
R--3A
R-3R
TD-20
P--4CD
Totalmente erróneo. Las Negras han jugado una partida de posición y han
obtenido la suficiente para ganar; ahora deberían sencillamente jugar T -6A. Las
Negras hacen una combinación no obstante la habilidad del contrario.
Por esto probableme'te los grandes Maestros, Capablanca, Lasker, Alekhi·
ne, pierden tan pocas partidas. Sin preocuparles las opiniones de los otros
Maestros, rara vez juegan contra su propio criterio.
28 PXP
29 TO--lA
30 C-lA
31 TXT
32 T---2A
33 P--4C
34 PXP
35 C-3C
36 CXPA
37 C--3C
38 R-10
P-5A
P-6A
C-6C
TXT
R-40
R-SA
PXP
RXP
R-5T
C-70
La posición ha sido dificilísima en las últimas diez jugadas, y ahora las
Blancas hacen un movimiento de sorpresa que conduce a un jaque a la
descubierta.
39 R--lA ·
40 PTXC
41 T-2R
Se rinden.
C--.SAt
cxc
RXP
R-6C
De otra manera, las Negras no jugarían T --30 y después movilizarían la Ta
las filas de la TR y TD para coronar al P.
Si algo hemos de aprender
·
de este juego, que nos permita apreciar la
verdadera belleza del ajedrez, tratemos de no dejarnos seducir por apariencias
de brillantez. Hacer esto, en muchos casos retarda nuestro lógico desarrollo y en
algunos otros lo deforma totalmente. Muchas veces torna en incongruente lo
que es inherentemente bello.
38
�11
Estudio Quinto
He escogido la partida siguiente, jugada en el Torneo Internacional de
Marienbad, porque presenta un problema muy instructivo sobre el cual laborar.
BLANCAS
RETI
1 P-4AD
2 C-3AR
3 C-40
NEGRAS
Torre
P-4R
P-SR
Hubiera sido interesante la retirada a la casilla del C. Las Negras habrían
resultado jugando la defensa siciliana con una jugada de ventaja. Que esta jugada
sea favorable o no es el problema. Esta es una apertura sin embargo, que no
conviene a la Blancas.
C-3AD
4 cxc
Aquí hubiera sido más prudente jugar C-2A, aunque de cualquier manera
la ventaja ha sido ya perdida; pero cambiar en estas condiciones favorece
claramente la posición de las Negras.
5 C-3A
6 P-3CR
7 A-2C
8 0-0
9 R-lT
FDXC
C-3A
A--4AD
A--4AR
0-ü
D-50
L amenaza es C-5C y después de P-3A, D-8Ct
10 D-3C
11 C-ID
12 C-3R
TR-lR
TD-lD
En virtud de su inferior desarrollo, las Blancas hacen bien en no dedicarse a
perseguir peones.
A-lAD
13 D-2A
D-4R
Insuficiente, por la razón de que tan sólo transfiere a la D de una casilla a
otra, en la cual ejerce tanta presión como en la original, pero no más. Ls Neras
tienen juego superior; sin embargo, las piezas Blancas están situadas de tal
manera que pueden repeler todas las amenazas. Debemos por lo mismo, buscar
la continuación que permita ejercer mayor presión en e! campo de las Blancas.
Esto puede obtenerse con el avance del PTR, de suerte que 13 . . . . , P-4TR; 14
T -1 CD; P-5T; 15 P-4CD. A-lA; dejando a las Blancas con un juego muy
dificultoso.
.
39
14 P-3A
15 P-4CD
D-4TR
Pero ahora el Sr. Reti por la premura del tiempo no se diga en que el PR tiene
que perderse. Con 15 P-3CO, las Blancas hubieran tenido un juego bastante
satisfactorio, pues las Negras pueden faciJmente caer en una mal posición.
16 PXP
17 A-3A
18 OXD
19 A-2R
AXP
OXP
0-60
TXD
TXP
L más simple. Además de los tres peones obtenidos por el cambio, sus
alfiles serán formidables.
20 AXT
21 C__SA
22 A-30
AXA
CXP
P-3CR
Ls Negras inician una serie de jugadas para lograr otra vez el cambio.
23 C--4T
24 C-2C
A-6T
C-4A
Cuando el adversario no tiene PCO, la casilla 4AD es la más útil para el C.
25 TR-10
Mover la otra T produciría pérdida en el cambio.
26 TD--IA
27 TR-IA
A-6A
A-5CR
A-70
No hubiera sido tan efectivo jugar 27 .... A-7C; 28 TO-IR, TXT; 29 CXT,
CXA; 30 CXC, A-7R; 31 T -2A.
28 T-2AD A-4TO
Es curioso que el A Blanco esté muerto en el centro del tablero.
29 C-4A
30 cxc
S rinden.
4
CXA
A-7R
Estudio Sexto
Jugar bien hasta obtener ventaja, no es suficiente; hay que empeñarse en
hallar la mejor continuación que lleve nuestra ventaja adelante, haciendo las
jugadas más exactas y precisas, aún a costa de algún pequeño riesgo.
Un método demasiado cauteleso puede ser completamente erróneo.
Dice Cap;b!anca, hay cil�rtas posiciones en le. cuales lo mejor es "meterse
de J;eno en la contienda
"
.
Un ejemplo tomado del Torneo Cuadrangular de Maestros Jóvenes, verfi­
cado en Leningrand en enero de 1926, desmostrará esto.
Blancas
Torre
1 P-40
2 C-3AR
3 A5C
4 P- 3R
Negras
ROCKLINE
C-3AR
P-3R
P-4A
PXP
Este sistema de jugar fue ideado y desarrollado por Saemisch, de Berlín.
5 PXP
6 C0-20
7 A-30
8 0-0
9 T-IR
10 P---3A
11 C--lA
12 C-3C
13 C-20
14 A---3R
15 C-5T
16 0-3C
A--2R
P-30
CD-20
P-3CO
A-2C
0-0
T-1R
0-2A
P-3TR
C-40
P-4AR
R
1T
Las piezas blancas han sido colocadas en posiciones apropiadas para
enfrentarse al avance de los peones, en consecuencia, se gana así: 17 C-4AR,
CXC; 18 AXC, P-4R; 19 D-7A, A-3AR; 20 D-ST.
Hay muchas muy instructivas posibilidades después de 17 C-4AR, pero en
vez de esta jugada, las Blancas hicieron 17 P-3A, Io cual dá a las Negras un buen
juego con 17 .... , A-5T; lo que hace cambiar por completo la situación.
El resultado del Torneo fue: Gotthilf, 4--2; Rockline y Torre, 3-3; y Modell
que jugó el mejor ajedrez, pero que fue culpable de esa omisión, 2-4.
41
~
Estudio Séptimo
Esta partida, que fue jugada en el reciente Torneo Internacional de Maes­
tros en Moscow, es el juego más clásico que he ganado hasta la fecha.
Blancas Negras
Torre GOTHILF
1 P--40 P-40
2 P--4AD 'P-3AD
3 C-3AD C-3AR
4 C-3A A-4A
S PXP PXP
6 D-3C D-3C
El Campeón del mundo jugó la más conservativa A-lA. Si es este el mejor
procedimiento con que cuentan las Negras después de su cuarta jugada, esta
variante debe evitarse.
7 CXP
BDXC
9 D-3C
10 PXD
cxc
P-3R
DXD
A-7A
Si las Blancas pueden conservar un P extra, tendrán muy buen juego, ya que
existe cierta presión sobre la fila de la T, y además cotrolan el centro.
11 A-20 AXP
Mi partida con Opocensky en el primer encuentro en Marenbad fue más o
menos como sigue: 11..., C-3A; 12 A-3A, A-SC;13 C-2D,.A-3C; 14
P-3R, 0-0; 15 A-SC, A-2R; 16 R-2R, TR-lD; 17 T-4T, TR-IAD; 18
TR-lT, P-3TD; 19 C-4A, TD-1C;20 AXC, TXA; 21 C-SR, T -2A; 22
T -4A, TD-lAD; 23 CXA, PTXC; 24 R-30, con la posibilidad de A-ST. Pero
en la partida las Blancas jugaron 22 CXA, PTXC; 23 T -4A, obteniendo las
Negras espléndidas oportunidades para empatar, jugando 23 .... , T -20; y lle­
vando la T a 40 y 4DC. Esto nos ayudará a compenetrarnos que debemos
siempre jugar lo mejor hasta para ganar un juego "ganado".
12 P-4R
En esta partida las Negras han jugado más consistentemente al ganar el P
que perseuían; pero su A está encerrado y las Blancas amenazan A--SCt y
C-SR; también A-3A y C-20.
13 A-3A
14 C-2D
42
P-3A
A-7A
C-20
15 A-SC
16 R-2R
17 AXCt
18 TR-IAD
19 TXA
20 TXP
21 TXP
P-3TD
TD-1A
RXA
P-4CD
P-5C
PXA
De esta manera s cambia la única pieza desarrollada de las Negras. Es
siempre conveniente cambiar las piezas más valiosas del adversrio. Compárese
con la partida número 4 en la cual las Negras tienen un A "muerto" pero que
inmediatamente que empieza a ser útil es cambiado.
22 PXT
23 C--4A
TXT
A-3D
Se rinden.
La belleza de esta partda, muy sencilla en su esencia, se encuentra en su
armonía, armonía de concepción y armonía de ejecución; porque la belleza y la
armonla son una. ,
Al principio del juego, las Blancas tuvieron un plan muy sencillo: tomar la
ventaja de la dudosa jugada 4 de las Negras. El resto de la partida no es más que el
desenvolvimiento natural de una idea sólida.
Etudio Oct�vo
Toraros este último ejemplo del Torneo de Leningrad previamente
mencionado.
BLANCAS
MODELL
1 P-4D
2 P--4AD
3 C-3AD
4 C-3A
5 P--3R
6 A-3D
7 0-0
8 P-4R
NEGRAS
Torre
C-3AR
P-3CD
A-2C
P-3R
A-2R
P-30
CD-2D
P--4R
Defensa Nimzowitsch. No es muy buena, puesto que hay muchas jug�das
de peones. Además las Negras tienen "huecos" en 4AR y 3AD; y el emplazamien­
to del AR no es de lo mejor.
9 D-2R 0-0
10 P-5D
Después de cuarenta minutos de diiiberación las Blancas se decidiron a
este avance, con el plan de adelantar el PAR y la masa de sus fuerzas por el lado
del R.
4
Jugadas de tal trasendencia sólo deben hacerse después de que una
profunda comprensión de la posición nos permite formar juicio sobre las proba­
bles ventajas del plan que se toma en consideración.
11 A-2A
12 C-1R
13 C-10
14 C-3R
C-4A
P-4TD
CR-20
A-lA
A-4C
El plan de contra-ataque de las Negras es ahora igualmente claro, la diagonal
10-STR, está sufcientemente dominada por la D. de suerte que el deseo de las
Negras es cambiar el poderoso AD de las Blancas con la consiguiente utilidad de
la superior disposición del otro A.
15 C-SA
16 P-4A
P-3C
El que lleva las Blancas es un magnífico jugador y no se desviará de su plan.
Naturalmente, después de 16 C-3C, se jugaría A-SA; pero siguiendo el texto,
el juego de las Negras florece. Sin embargo, éste hábito de seguir fielmente
nuestro plan debe ser cultivado, pues desarrolla nuestra habilidad para producir
siempre concepciones más sólidas;
17 C-40
18 P-3TR
19 P-3CD
PXP
C-4R
A-20
D-2R
Más prudente que 19 .... , D-3A; que resultaría peligrosa por la posición de
la TR de las Blancas y la movilización del A a 2CD.
20 AXP
El P puede ser salvado con otra jugada, pero las Negras jugarían 20 .... ,
TD-1R; siempre con manifiesta ventaja.
21 TX
22 T-2A
23 CR-3A
24 cxc
25 D--20
Ciertamente más prudente que 25 .... , AXP.
26 D-SC
27 D-6T
28 TXA
29 T-1R
30 T-3T
4
AXA
D·-4C
AXP
CXCt
D--6C
A--SC
P-3AR
AXC
D-4R
TD-1R
T-2A
De alguna importancia en preferencia a 30 .... , T -2R; como se verá en
seguida.
31 TD-3R
32 R-2T
33 P-SR
34 PXPA
D-8Tt
D-BAD
DXA
C-SR
Cambiar primero las torres hubiera sido más· simple; pero si las Negras
hubieran jugado 34 ... , T -lAR; las Blancas hubieran forzado una bellísi
m
a
victoria con 35 T -7R y 36 D·-7Ct
35 T-4T
36 TXTt
S rinden.
CXP
CXT
Si se considera este estudio como más agradable e instructivo que los
anteriores, podemos seguramente llegar a la conclusión de que sirve de ejemplo
para el arte del "alto" ajedrez; al ajedrez no como una serie d
e
movimientos sin
conexión, sino como la resultante de dos ideas que se manifiestan durante toda
la partida.
RE SUMEN
· No ha sido mi intención, como lo habrá descubierto el lector, anotar
analíticamente las . partidas, sino más bien a manera de conversación, con el
propósito de exponer con claridad algunas verdades fundamentales que pueden
ayudarnos en el desarrollo de nuestra habilidad.
Este capítulo, continuación de lo anterior, le he escrito para jugadores
jóvenes que aspiren a ser maestros o por lo menos muy
h
ábiles en el arte del
ajedrez. Ojalá que pueda ayudaros a realizar vuestras aspiraciones!
Compenetrémonos clara y distintamente de que el desarrollo de nuestra
habilidad no consiste en que lleguemos a ser conocedores de las "aperturas" y
diestros en los finales, porque no hay desarrollo sin armonía. En consecuencia,
para desarrollar nuestra habilidad, debemos empeñarnos primordialmente en
jugar todas las partes del juego igualmente bien; esto es, "en jugar ajedrez."
Ahora bien, decidamos cómo hemos de jugar, para que nuestra habilidad se
desarrolle siempre en grado ascendente.
Si resolvemos jugar cada vez mejor que antes: la apertura con mayor
precisión, el medio más conscientemente y el final con exactitud; si nos propone­
mos hacer nuestros cálculos con más corrección, producir una obra maestra,
nuestros esfuerzos internos se traducirán y nuestro progreso sobrepasará los
más lisonjeros sueños.
Con seguridad que si jugamos de esta manera veinte veces por ejemplo,
adelantaremos más que en dos años de juego a diario sin tales própositos,
porque la fuerza que se acumula debe producir progreso, y de esta suerte,
nuestro esfuerzo contínuo y creciente desarrollará nuestra habilidad en razón
progresiva.
Si como ha sucedido hasta hoy, nos conformamos con copiar las variantes
de los libros, no obtendremos el desarrollo que sólo es fruto del esfuerzo interno.
He aquí la clase de nuestro desarrollo: grande y continuado esfuerzo.
4
L virtud de los grandes Maestros, es el esfuerzo a conciencia. Esta cualidad
en su grado más alto, combinada con un conocimiento superor ha encamado en
el juego del Campeón del Mundo, Capablanca. El esfuerzo a conciencia y el
conocimiento caminan paralelamente.
En consecuencia, no hagamos nunca una jugada para ver que resulta y con
la esperanza de que salga bien y sea la más fuerte, porque en la ignorancia no
puede haber desarrollado, y si lo hubiese, nunca sería el más alto. Cultivemos
por el contrario, el hábito de saber por qué, con qué fin hacemos una jugada, y
ver antes de hacerla la combinación completa, teniendo siempre la segurdad de
que nuestro modo de proceder es el mejor.
'
Sí, guardémonos permanentemente de la peligrosísima tentación de hacer
jugadas de acuerdo con la "política de lo bastante bueno", que rara vez nos lleva
a la victoria. Porque la belleza en el ajedrez, que es solidez en la concepción
aliadas con la armonía en la ejecución, no está en esa senda.
Las más admirables combinaciones de los grandes Maestros son la culmina­
ción de los planes más directos y simples. Estas brillantes combinaciones que
llenan nuestro ser del más alto sentimiento de bienestar no ocurren al acaso: son
producto de la evolución.
Posiblemente con solo exteriorizar nuestros esfuerzos internos podremos
poner en ejecución esos amplísimos planes de posiciones de lejano alcance que
están ejemplificados con los juegos de los Maestros modernos.
Obrar en conciencia, ser sincero, querer. .. . . . ESO ES DES
A
RROLLO;
4
l.
4.
7.
EJERCICIOS DE COMBINACION
SEGUNDA PARTE
2.
S.
8.
47
3.
6.
9.
10.
11. 12.
1:0
13.
14.
15.
1:0
16.
17. 18.
1:0 1:0
19. 20.
21.
1:0
0:1
1:0
48
22.
23.
24.
1:0
25.
26.
27.
0:1
1: o
l. . . �c3? 1: O
28. 29.
30.
0:1
31.
32.
33.
0:1
0:1
49
34.
35. 36.
1 :0 0:1 0:1
37. 38. 39.
0:1 1 :0
0:1
40.
41. 42.
1:0
1 /2: 1 /2
1 :0
43. 44.
45.
1:0
1 :0
1 :0
50
'
4. 47. 48.
0:1
0:1
49. so. 51.
51
50LUC10hE5 A L0S EJERCICIOS DE COMBINACION (PARTE 1 1)
# 1. 51e1n11z~8arde1eben¸ HasA1ngs 1o¶¦.
1. Te7 R1o (1. . . Re7 2. Te1 Rdb }. 0b9
Rc 7 9. C eb R bo ¦. O 19) 2 . T 17 Rg o } . T g 7 ~
Rho 9. Th7 1:0 (9. .. Rgo ¦. Tg7 Rho b. 0h9 Rg7
7. 0h7 RFo o. Oho Re7 ¶. 0g7 Reo 10. 0go Re7
l1. 017 Rdo 12. 01o 0eo 1}. C17)
#2 Lasker~8auer¸ As1erdam 1oo¶.
1. Ch¦ Ch¶ 2. Ah7 Rh7 }. 0h¦ Rgo 9. Ag71 Rg7
¦. 0g9 Rh7 b. T1} e¶ 7. Th} Rhb o. Thb Rhb
¶. 0d7 1:0
#}. Capab1anca~h1mzov1ch¸ 8ad X1ss1ngen 1¶2o.
(var1an1e) 1. . . RhoT 2. Ce91 Ae7 }. C1g¦1 Pg
9. C1b1 A1b ¶. Ae91 1:0
#9. 5howa11er~Lasker¸ Lambr1dge 5pr1ngs 1¶09.
1. Agb fg 2. 0hb R17 (2. • . A1b }. 0h7) }.
0h7 Reb 9. 0gb A1b ¶. 0fb 01b b. Tcb 1:0
#¶. Capab1anca~H. 51e1ner¸ Los Ange1es 1¶2}.
1. T1b R1b 2. T11 C1¶ }. C1¶ ef 9. T1¶ Re7
¶. 0f7 Rdb b. T1b Rc¶ 7. 0b7 0bb o. Tcb 0cb
¶. 0b9 ma1e.
#b. h1mzov1ch~A1ekh1ne¸ V11na 1¶12.
1. . . cdT 2. ed Cd9T }. Td91 0d9 9. 0eb1 Cd7
¶. 0cb1 bc b. Aab ma1e.
#7 A1ekh1ne~Preeman¸ hueva York 1¶29.
1. Teo1 C1o 2. Chb 0hb }. T1o R1o 9. 0do ma19
#o. Cons1rovsky~A1ekh1ne¸ 0desa 1¶1o. (s1mu11. )
1. . . 0e} 2. Te1 A1¶ }. Te} de 9. 011 ed ¶. Ad1
Cb9 O: 1
#¶. A1ekh1ne~Xusman¸ hueva York 1¶29.
!. 0b¦ Cd7 (1. . . 0b¶ 2. C1b) 2. T1e1 Ab9
}. Cfb R1o 9. Cd7 Td7 ¶. 0e¶ 1:0
#10. A1ekh1ne~Ya1es¸ Londres 1¶22.
1. Tg7 T1b 2. Re¶ 1:0
#11 Tar1akover~A1ekh1ne¸ hueva York 1¶29.
(var1an1e) 1. Te7 1b 2. Tg7 Tdb (2• . . . Td¶
}. Tfb Rg7 9. Tgb R17 ¶. 0g7) }. Tgo Rgo 9.
0g9 Rf7 ¶. dc 1:0
# 12. A1ekh1ne~8ogo1]ubov¸ Varsov1a l¶91.
!. Ccb1 1e ( 1. . . 0cb 2. Tco Aco }. 0do
ma1e) 2. Tco R17 }. Tho g1 9. 0h¶ Re7 ¶. 0c¶
R17 b. Th7 Rgo 7. 0e7 1:0
52
#1}. A1ekh1ne~5ubar1ev¸ hoscú 1¶1b
1. Tf7 Tf7 2. Agb Rgb }. 0d} Rg¶ 9. Ac1
1:o
#19 A1ekh1ne~Reshevsky¸ Xeer1 1¶}7.
1. Tbo Rbo 2. 0e¶ fe }. Tfo 1:0
#1¶ A1ekh1ne~Pe1cher Londres 1¶2o (s1mu1)
1 . 0e9 fe 2. Ae9 Rho }. Cgb Rh7 9. Cfo
Rho ¶. Cgb Rh7 b. Ce¶ Rho 7. C!7 1:0
#1b. Euwe~51ah1berg¸ Ams1erdam 1¶¦9.
1. Cf7 Tf9 2. Cdo T!2 }. Ceb 0bb 9. Tb}
Te2 ¶. Tbb Te1 b. Rf2 Te¶ 7. Tb7 Teb
o. Ta7 1:O
# 17. Euwe~0av1dson¸ Ams1erdam 1¶2¶.
1. 0do Rg7 2. 01b1 Rfb }. Ce9 1:0
#1o. Euwe~haege11¸ 7ur1ch 1¶}9.
1. Agb Rgb 2. 0e9 Rf7 }. 0eb Rgb 9. 17
Rg7 ¶. Ahb Thb b. fo(0) Rfo 7. 0hb R1o
o. 0h7 Rfo ¶. 0ho Rf7 10. Teo 1:0
# 1¶. Euwe~Thoas¸ Has11ngs 1¶}9.
1. Ad¶ 1:O
# 20. 51ah1berg~8o1v1nn1k¸ hoscú 1¶90.
1...Th} 2. g h d9 O : 1
# 21. Euwe~hes11er¸ 0ubrovn1k 1¶¶0.
1. Ceb Aeb 2. Ag7 Tg7 }. 0ho Ty8 9.
0hb Tg7 ¶. fe fb b. Tf¦ Cc7 7. Tg¦1 1.0
#22. Xeres~8o1v1nn1k¸ hoscú 1¶¦b.
!. T1b b¶ (1 . . .Afb 2. 0db¡ 1.. . Aa9 2.
Teb) 2. T17 Aeo }. Tg7 ba 9. 0b9 Rao ¦.
e¶ Acb b. ed 1:0
# 2}. Tah1~5ue11n¸ Tb111s1 1¶70.
1. 0e¦ de 2. e1 1:0 (2 . . . Rfo }. Ahb
ma1e¡ 2. • • Rdo }. Af¶)
# 29. 5passky~Tah1¸ Ta111n 1¶7}.
1 . . . . A12 2. Rf2 0fb }. Re1 0e¶ 9. Rf1
(4. Rd1 0d9 S. Re1 0g1) (9. R12 Tf7 ¶. Rg1
0d9) 9 . . . Aab (9 . . . Tf7 ¶. T12) ¶. Rg1 0d9
b.Rg2 0e9 7. Rg1 (7. Rh} Tc2 o. 0c2 Af1)
7. . . Ab7 o. h9 0h1 ¶. R12 Tf7 10. Re2 0e9
O : 1 (11 . 0e } Aa b 12 . Rd2 Td7)
# 2¶. 5asonov~Tah1¸ Cork1 1¶b7.
1. . . Te¶1 2. 0e¶ 0a1 }. Re2 d} 0:1
#2b. Ta1-A. 7a11sev¸hoscú !¶b¶.
!.0g71 L"} 2.Af} Tfö },T¢c1 Ah2 9.ºa!
0d¤ ¶,g} Ag3 6.fg ßf¶ 7.Tfel 1 :O
{] . . . Rd7 ö. 0gþ Agb ¶. Te7 0×e7 !0. Tc7
R×c7 ! !. 0×e7 Rbb !2. 0db 0a¦ (12 . ..Ra7
!}. 0c¶)b¶ !4. 0c7 Ra9 !¶. Ad! Rb9 !b.
0c} hATE ).
#27. Ta1-8on1sch¸8er1Tn !¶b¶.
1 . . . Tc}? 2. Tdö1 Afö }.A!91 0a¦ (}. . .
0a! 9. Rh2 Tc2)4. Tfö Rfö ¶. 0c} 0dö b.
eb fb 7. 0d2 0bb ö. Ahb !:0
(ö . ..Rg ö ¶.0d7)
#2ö. Ta1-h. h.¸51u1gar1 !¶¶ö (51mu11aneas)
!. g f Td! 2• Ld! 0d2 } .f g !: O
(} . . . Aeb 9. gö (0) Rd7 ¶. 0co Rcö b. Ad2)
#2¶. 8an1k-Ta1¸R1ga !¶¶¶.
! .. .Cg} 2.fg 0g} }.Rh1 Tceö 4.0b7
(9. 0fb Te¦ ¶.0f} 0h9 b. Rg! Tg¶) (¶.. .
Th¶ b.0h[)4.. .Te¶ þ. 0g2 Th¶ b. 0g! 0e}
7.0f2 0hb ö.0a7 0g¶ ¶. Rf2 Th2 !0. Re!
( !0. Rf} Th} !!. Rf2 0g} ha1e)!0. . .0c!
o: !
#}0.Ta1-To1usch¸R1ga !¶¶ö.
!.Ccb1 0b} ( ! . . . Acb 2. 0f7 Rhö }. 0fb
ha1e) (1 . . . Ccb 2. Ad¶)2. Le7 Rfö }. Te!1
Aeb 4. Cf¶ !:0
#}!. Keres-ºe1ros1an¸81ed !¶¦¶.
1 ....0 f9 O :! (2.0f9 Th! hATE)
#}2. ºe1ros1an-51¬ag1n¸hoscú !¶¶0.
1 .. ..Cc41 2. g} (fg Cd}}.Te2 Ce} 9.
Te} 0f2)2 . . . . 0f¶1 }. Tc1 0d} 9. 0d}
Cd} ¦.Td1 Cb2 b. Ta! gf 7. Lh} bc ö. Rg!
Cd} O: !
#3}. ºe1ros1an-ºoar¸La Habana !¶bb.
1. ab1 Rcb 2. Cdb1 Ad4 (2 . . . Rbb 2. a7
Ra7 4. Cb¶)}. Lf¶ Ahö 9.e} b2 ¶.Rc2 Rbb
b. Cd9 Rab 7. Rb2 !:0
#}9. La:sen-ºe1ros1an¸5�n1a hón1ca !¶bb.
1. 0gb11 Cf9 2. Tf9 fg }. Aeb Tf7 (} . . �
Rh7 9. Th9 Ahb ¶. Ahb Tf¶ b. Tf¶ gf 7.
Af7) (¶. . . g¶ b.Tg¶ 0bb 7. c¶)9. Tf7 Rhö
¶.Tg¶1 Ahb b. Ad9 !:0

#}¶. Ko1ov-5nys1ov¸hoscú !¶¶0
! .. .Ch2 2. Ah2 (2. Rh2 0h4 ha1e,2. Lcb
Cf1 }.Cdö Cd2)2. . . . Cd4 }. Tae1 0d7
o: 1
#}b. L1s11z1n-5mys1ov,hoscú !¶44
!. Ac9? Tc9 2. 0c9 Le} 0:! (}. fe Ae}
4. Rf! 0f} ¶. Re1 0f2 ha1e)
#}7. ºor11sch-5passky¸8udapes1 !¶b1
! . . . . Ag91 0:! (2. 0f9 Th1)
#}ö. 5passky-Ce11er¸R1ga !¶b¶
!.Ah7 Rh7 2. gb1 Rgö (2 .. .Rgb }. 0d})
}. Lg¶ fg 9. 0f} 0g¶ (9. . . Ae7 ¶. 0f7
Rhö b. Ceb) ¶. Ag¶ !:0
53
#}¶. Keres~5passky, Co1embu:go !¶¶¶.
!. 071 Rg7 2. Ld7 Rgö }. Cfb Rf7
4, Ld¦ ö ¶, Cc7
!:0
#90. A. 7a11sev~5passky¸ Ros1ov !¶b!.
1. hg hg ( !. bc 2. gf Rhö }. Tgö)
2. Tdb Rh7 (2 . . . bc }. Tdgb Rh7 9. Tbg9)
}. 0c91 !:0 (}. . • f¶ 9. 0e9 fe ¶. Th1
Rgö b. Thö Rf7 7. TFb+~)
#9!. 5passky-Keres¸ 8akú !¶b!.
!. . . Ta1 2. 0gb Rh9 }. Ta1 0a! 9.Rh2
Oh!1 1 t /2 - !/2•
#92. 5passky-5mys1ov¸ 8ucares1 !¶¶}.
!. Cg71 Tdb ( ! . . . Rg7 2. Tg} Rfö }. Th4)
2. Ceb1 !:0 (2. . . Td2 }. Tg} Rh7 9. Th¬
ma1e.
#9}. 5passky~K1nmarc¸ Oo1emburgo !¶71.

!. Cf71 0d} 2. f¶ 0ab (2 .. .gf }. Tf¦)
}. Cg¶ Rgö 9. 0h9 Cfb ¶. fg Rg7 b. Ch7
!:0 (b. . • Ad7 7. Cfö Tfö ö. Tfb1 +-)
#99. P1scher-8enko¡ Curazao !¶b2.
!. 0hb gh 2. Lf7 ma1e
#9¶. P1scher-8enko¸ hueva York !¶bb.
!. 0eö1 !:0 (1 . . . Teö 2. Ad¶ +-)
#�9b. 81sgu1er~Karpov, 5kop]e !¶72.
l . ..Cd9 2. Td9 Td9 }. Cg¶ Td} 4. 0h4
hb ¶. Cf7 0d9 b. Te1 Th} 0:!
#¬7. Wes11n-Car1sson¸ Es1oco1mo !¶7}.
1. . . Rf71 2. Cdb Re7 3. 0b¶ Cf41 0. gf
Thö ma1e.
#9ö. 8ubnov-Terpugov¸ hoscú !¶b!¸
!. . . 0b2 2. Ra4 0a2 }. 0b1 b¶ 4. Ra¦
Rb71 O: !
#9¶. Pahrv11~A1ap1n¸ Car1sbad !¶! !.
!. Rd¶ Rcö 2. Rc9 Rbö }. Rd9 Rcö
4. Rd¶ Rc7 ¶. Rc¦ !:0
#¶0. Es1ud1o copues1o por R. Re11
!. Rg7 h9 2. Rfb h} }. Reb h2 4.c7
Rb7 ¶. Rd7 h!( 0) b. cb(0) !/2~!/2.
(2. . . Rbb}. Re¦ Rcb 9. Rf9 h} ¦. Rg3`
¶!. Ya1es-harsha11¸ Car1sbad I¶2¶.
!. Rc9 b1(0) 2. 0b1 Rb1 }. Rb9 Rb2
9. Ra9 Rc} !/2~!/2.
EJERCICIO S DE COMBINACION
T E R C E R A P A R TE --- A V A N Z A D O S
Introducción.
Estos ejercicios son los más complicados de la Antología sugerimos resolverlos de cuatro en cuatro diariamen­
te y con una hora por día , o sea un máximo de quino� minutos para resolverlos.
El desarrollo de la habilidad combinatoria para alcanzan niveles de la alta competitividad en Ajedrez. Adem�s d.
brindar un pasatiempo muy agradable, el Ajedrez educa la mente a resolver los problemas más complejos.
55
l.
2.
3.
0:1
O·: 1
l :o
4.
S. 6.
1:0 ': l 0:1
7. 8. 9.
1:0
0:1
0:1
11.
12.
0:1 lsO
1:0
56
13. 14. 15.
1 :o 0:1
1:0
16. 17.
18.
1:0 1: o
1:0
19. 20.
21 .
�e3! �fe7? 1: O 0:1 1. a4 �hS? 2. b4 ·�·f3? 1: O
22. 23.
24.
1:0 1:0
57
25. 26.
27.
1:0 1:0
28. 29.
30.
0:1 1: 0
0:1
31. 32. 33 .
1:0 1:0
34. 3S.
36.
0:1 1:0
1:0
58
38.
39.
0:1
1:0
0:1
40.
41.
42.
t. �d7? o: 1
1/2: l/2
1:0
43. . 44.
45 •
1:0
1:0
1:0
46.
47. 48.
1. �eS: dS? O: 1
1:0 0:1
59
49. so.
51.
1 :o
1:0 1:0
52.
53.
54.
0:1
0:1 1 :0
60
SOLUCION A EJERCI.CIOS DE COMBINACION
PARTE 111
l.
KDIRI-PRITCHIT
Skopjc, 1972.
1. . . id7! 2. kd3 �d3! 3. cd
8b2 o : 1
(3. h3 c 4. tbl )
2.
3.
lVARSON-LJUNGAU
Goteborg, 1973.
J. . . *e4! 2. �c3 Ad O : 1
KORPASCH-BOKOR
Budapst, 1972.
l. fg8! \g8 2. kg 1 :o
(2 . . . �hs 3. td8 _rs 4. tf8 .f8
5. f 7 mate)
4.
LENGYEL-SCAFARELI
Debrecin: 196 0.
l. tg7 tg7 2. jg7 �g8 3. ,
mate.
S.
KONSTAN1'INOV-ROSOLIA10
Skcpje, 1972.
1�
·�
RIAN-ANDERSEN
NEUMAN-PSEPIORKA
Bre1au, 187 6.
Wiena, 1904.
l. . . tf3! 2. gf .1 h3 3. cf2 ;h4 l. ie3! !e7? 2. ih6! �h6
4. cgl !el 5. if l �f l mate.
�h8 �g5 4.
�h5 mate.
11.
VID M-TEICHMN
Karlsbad, 1907.
l. �h7! 4h7 2. �d8 4f8 3. §h8
ch8 4. §f8 mate.
12.
BELOV-OSAHOUK
Omsk, 1965.
l. if8! Cf8 2. Jh6 \g8 3. §c8
mate.
13.
RADULOV-QUELLAR
Lcningrad, 1973.
l. �e2! lf3! 2. /f3 �e2 3. Éc8
.. f8 4. Ah6 �d 1 5. lf 2 tc2 6.
§c2 1 :O
20.
ENKLR-TIlN
Amsterdam, 1972.
l ... �c3 O: 1
(2. be lbl 3. ídJ .c3 mate)
21.
JACOBSON-HENING
Goteborg, 1920.
l. a4 �h5? 2. b4 �f3?? 3. �a6!
'a6 4. Jc8 mate.
22.
HIL-JENEY
New York, 1946.
l. �g6! (1. ,f7? �f7 2. �h8
Ah4 !) l. . . �e7 2. Jg5! fg 3. A6
cd8 4. �h8 �g5 5. íf8 fe7 6.
íe8 mate.
23.
l. . . if2! (l. . . tdl 2. !dl !e 1
14
.
3. !el ) 2. ig4 f6 3. Jf 4 �·g2 4.
fg !g2 5. !d 7 rQ.c5 6. !c7 ..d4!
jANOWSKI-TORIRAN
Canada, 1953.
BENI-TOLUCH
Wiena, 1953.
l. �a6! �a4 2. �a5! �a5 3. Jc6
!
be 4. � b8 Cd7 5. � d8 mate.
0:1
6
.
ESHEK-BOLESLA VSKI
Lod s , 1957.
l. .. ·fh3! 2 . .gl {2 ... if2 3.
Éf2 4g4) 2 . . . 4g4 3. �Q.g3 � 4.
le4 (4. -.f4 ��e5 5. /e4 .e4 6.
,c4 ih5 7. �f3 Jg3 8. �g3 �h2!!
9. 'h2 4f 2. mate) 4 ... .e4 5 . .e4
'g3! o : 1
.
7.
KOSHNICKI-WOLFERS
Australia, 1972.
l. �el! id8 (l. . . cg8 2. !e6)
2. �e5! cg8 3. ie6 ch8 4. �7
1: o
8.
POLJAK-LEVIN
Kiev, 1949.
l. . . tc3! 2. ifl fc8! 3. fd4
{d4 4. ch1 4e2 O : 1
9.
DUNGAN-GRAU
Buenos Aires, 1930.
l. .. ic4! 2. ..
c4
!h2 O: 1
l. ff2! 2. tf2 .e l 3. �f l Ah2
4. �hl .fl mate.
15.
LOSEV-DASKALOV
Sofa, 1953.
J. fd6 cd (l ... �b8 2. �d7) 2.
!cJ �b8 3. �d7 1 :o
16.
DUEBAL-GEREBEN
Skopje, 1972.
' l. ff3! �c6 (J. . . d 5 2. �f5 �d8
3. �d7 (2 ... /b6 3. �c8) 2. �e8
{fs 3. �f6 h5 (3 . . . gf 4. Ah6) 4.
.f 8 \f8 5. �d8 mate.
17.
LlPSCHUTZ-SHALOP
London, 1866.
J. �c4 ! 1: O
18.
SCHENEIDER-ESCHRICH
Berlin, 1935.
1. id6! cd 2. �g6 hg
3. !eS 1 : 0
24.
GUSEW-KRUTICHIN
Moscow, 1963.
l. �e6 ! fe 2. ..g6 �e7 3.
.
5
4f6 4.
,f6 1 :o
25.
NEZMETDINOV-KSPARJAN
Riga, 1955.
l
.

g
6
\g6 2. � lf6 \g5 3. �f5
�g6 4. � 7 f6 �h7 5. �h5 �g7 6.
�g5
<h7 7. jf5 mate.
26.
TARASCH-SCHEWE
Halle, 1883.
1. ih6 ®h6 2. �h2 Ah5 3. �hs
�g6 4. tg5 ch6 5. � h3 mate.
27.
SAPOSNIKOV-LAPIN
Moscow, 1953.
l. . . ib3 o : 1
28.
.ACK DONNELL-BODEN
London, 1830.
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