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Papá: Doy gracias a Dios por todos los años que te tuve a mi lado… fueron años llenos de enseñanzas

y cosas maravillosas… sobretodo los últimos, en que la vida te impuso duras pruebas y situaciones difíciles con la salud. Maravillosas porque me permitieron aprender la humildad de aceptar la voluntad de Dios y aun así, a pesar de esos contratiempos, compartir cada momento familiar con tu alegría y entusiasmo. A pesar de los regaños, correazos y carajazos, bien merecidos porque no era precisamente yo, de pela’o, un dechado de virtudes y mucho menos súper aplicado en la escuela… siempre encontré tu consejo oportuno y la incondicional disposición a ayudarme en todo lo que fuera necesario. Y esto se convirtió en costumbre cuando llegaron tus nietos. Valoro cada uno de los recuerdos tuyos que hoy viven en mi corazón y sé que aún ahora estás muy cerca dándome todo tu amor. Te extraño mucho papá… desde acá… hasta allá… Feliz Día del Padre…! Gonzalo