EL MAPA DE LO QUE NOS DUELE UN ELOGIO AL TACO LA BIBLIOTECA DEL DOC SOLIS COMO UN CINE NORMAL SE BUSCAN HISTORIAS

PARA CINE Y TELEVISIÓN VICIOS CULTURALES
Año Uno/Número Quince Del 11 al 17 de agosto de 2013 Made in Monterrey

LA POLICÍA BICICLETERA

¿Pueden unos vehículos de propulsión humana volver más confiables a los desprestigiados representantes de la ley?
POR EDGARDO GARCÍA

a alarma del despertador suena con precisión marcial anunciando el comienzo de la jornada para el Comandante Pinal: son las cinco y media de la mañana y la rutina demanda movimiento. En media hora el hombre se ha aseado y le ha dado mantenimiento a su impecable bigote; su forma de rasurarse es una muestra evidente de

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lo metódico que resulta su actuar cotidiano. Mientras su esposa prepara el almuerzo, el oficial se viste con el uniforme de la policía de Monterrey. Un atuendo temido e incluso repudiado por la ciudadanía durante la guerra. Las botas se pulen con esmero, el vehículo se enciende y coloca a la mano su pesado chaleco a prueba de balas, listo » Continúa en la página 4 para prestar servicio.

El niño de la cuatrimoto Los vaqueros pasea en Santa Catarina que sí bailan
MARGARITO CUELLAR DANIEL MELCHOR

La colombia
JUAN SORDO

NON

! EMERGENCY FICTION

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14_Opinión

EXIT

Del 11 al 17 de agosto de 2013 Monterrey, N.L.

_Ornitorrinco
EL MAPA DE LO QUE NOS DUELE
Es el caso del libro Amarás a Dios sobre todas las cosas de Alejandro Hernández, periodista y escritor que viajó por todo el territorio nacional y confeccionó el mapa de lo que nos duele. A través del espejo mimético de la ficción, Alejandro Hernández cuenta la historia de Walter, migrante hondureño que intenta llegar a Estados Unidos y en el camino encuentra toda la maldad y la bondad que tiene el ser humano. Con la descripción de cada poblado, ciudad o rancho, el autor da también la radiografía de palabras hacen menos doloroso su paso. En un país que vio el horror de los 72 muertos en un galpón de San Fernando, Tamaulipas, se vuelve necesario tratar de acercar las realidades que muchos ignoran o minimizan. En palabras del autor “En tiempos difíciles, como los que vive el país en materia de inseguridad y violencia, la literatura debe adquirir un carácter documental”. Justamente es la estructura que sigue el libro: se puede apreciar que cada anécdota o personaje tuvo su contraparte en la realidad y Alejandro Hernández estuvo para presenciar todo. A pesar de que el lenguaje se vuelve en momentos pesado o repetitivo y en ocasiones se nota el afán casi didáctico en la narración, Amarás a Dios sobre todas las cosas es herramienta para entender una de las peores crisis humanitarias de nuestra historia reciente: la historia de los migrantes centroamericanos que pasan por el país y son asesinados, secuestrados, violados o mutilados. Amarás a Dios sobre todas las cosas es un espejo de nuestra crueldad: un mapa del que deberíamos reconocer como nuestro dolor.
Amarás a Dios sobre todas las cosas (Tusquets Editores). Alejandro Hernández Edición: 1ª 2013.

os mapas se utilizan para no perderse, para marcar los lugares donde se vivió algo, se dejó algo, se escondió algo. Los mapas acotan las distancias y las hacen menos temibles. El mapa de lo que duele se llama radiografía. Los rayos gamma logran una imagen en negativo que muestra lo roto, lo desviado, lo tumefacto por la infección. El mapa de lo que duele se llama verdad. Y es difícil encontrar ese tipo de mapas. Sin embargo, hay por allí algunos que muestran en la ficción toda la verdad.

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toda la podredumbre: policías corruptos, autoridades migratorias abusivas o vendidas, coyotes, narcotraficantes, mexicanos indiferentes; así como encuentra la columna vertebral que mantiene vivo el peregrinaje de los migrantes: los sueños, el amor, el pensamiento de una vida mejor, los cientos de personas que a través de albergues, comida y hasta

-Por Caracol Colunga

VICIOS CULTURALES
or primera vez en la historia de nuestro país se asocian voluntariamente el Estado y los empresarios para fomentar la creación de difusión de las obras artísticas y literarias”, fueron las palabras que dijo Octavio Paz hace 24 años, refiriéndose a la creación de Conaculta en México. Mientras que en Nuevo León, Conarte fue creado para que el gobierno se desprendiera de la obligación de promover la cultura, el órgano nacional de cultura fue ideado con otra intención. No exento de controversia durante su sexenio, el presidente Carlos Salinas de Gortari se enfrentó a las críticas de los artistas que cuestionaban su forma de gobernar, sus malos manejos y abuso de poder. Se trataba de un presidente que gobernaba como lo hacía el antiguo PRI: con mano dura y sonrisa cómplice. Con el fin de acallar las críticas que le llovían del ámbito cultural, Salinas de Gortari se acercó al escritor Octavio Paz en busca de una solución. “Si quieres que los artistas se dejen de pelear contigo, ponlos a pelear

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entre ellos” se rumorea en los bajos fondos literarios que dijo el escritor al presidente. En lugar de alzarse contra el gobierno y las autoridades, los artistas se concentran en obtener becas, obtener apoyos y financiamientos para sus proyectos, demasiado concentrados en las situaciones y rumores que se esparcen dentro del ámbito cultural para alzar la vista y ver que los problemas que acogen a la población y a la cultura, son en realidad ocasionados por las autoridades. Antes de iniciar su trabajo como vocales del Conarte, Félix Guerra y Aurora Buensuceso se dieron un encontrón con el monstruo burocrático: los miembros del consejo se negaron a aceptar la solicitud de candidatura de Félix. “No tiene la edad necesaria”, le respondió uno de los maestros cuando trató de convencerlos de su idoneidad para el cargo. Eso no es excusa, alegó Félix: “en los reglamentos establece que basta sólo con ser mayor de 18 años y yo tengo 40”. Indignado, el director del Ballet Folklórico de Monterrey intentó por otros medios convencerlos, cumpliendo con las excéntricas peticiones que le hacía el consejo. Félix, quien empezó su carrera en la danza cuando a los 13 años ingresó al grupo de baile de su escuela, mantuvo durante su administración como vocal una relación cordial con el resto de los vocales. “Claro que nos enterábamos de los problemas que tenían los demás vocales que eran… uff, muchísimos”, comenta mientras se mueve de un lado hacia otro y de adelante hacia atrás, denotando su energía de bailarín. Karla Arredondo, por ejemplo, la vocal de cine, fue una de las que más controversias tuvo durante su vocalía: mala administración de los recursos a su disposición, entrega de becas a personas cercanas a ella o de su mismo círculo social e incluso, participación de sus propios proyectos en concursos cuando por reglamento de Conarte, los vocales no pueden hacerlo. Durante su gestión se perdieron de la posición social del consumidor. La perspectiva histórica nos permite relativizar esta postura, pues esta marcación social obedece igualmente a la geografía del país. Sin embargo, la carne sigue siendo uno de los principales marcadores sociales en México, pues su consumo sigue jerarquizando, clasificando y dividiendo a la sociedad. Es difícil negar que el mercado de tacos se delinee en el espacio urbano en función de la segregación social preexistente. Los puestos de tacos existen en los barrios residenciales como en los barrios populares. En los primeros encontramos tacos más sofisticados y de mejor calidad. Mientras en los segundos encontramos tacos más comunes de menor calidad. Los grupos acomodados prefieren tacos preparados con cortes finos como el filete, el filet-mignon, el ryb-eye o eventualmente el sirloin o la arrachera.

importantes apoyos al gremio de cine, presencia de los cineastas locales en festivales nacionales y concursos que servían a los creadores para financiar sus trabajos. Los ecos de los malos manejos y abusos de poder dentro de los gremios resuenan. Según el poeta Iván Trejo, Xavier Araiza recibió 20 mil pesos de apoyo para una antología de los escritores locales. Tras casi tres meses de trabajo, el literato se acercó a su amigo y vocal de literatura, Armando Alanís para mencionarle que no podría terminar el proyecto. Cuando el vocal le pidió que regresara el dinero que le había dado para la elaboración, Araiza le explicó que no podría devolverlo ya que lo había gastado en otras actividades. Terminó regresando el dinero en supuestos talleres y clases de literatura que impartía en nombre del gremio de literatura. Mediante las redes sociales, los artistas también se han hecho escuchar, por ejemplo, cuando los ganadores del Programa de Alto Rendimiento Mientras los grupos intermedios presentan una preferencia por los tacos de bistec, de vísceras (machito, molleja) y los tacos de carne de cerdo ya sea asada (tacos al pastor) o frita (chicharrón, carnitas, etc.). En fin, los consumidores situados en la parte inferior de la pirámide social tienen un mejor acceso a los tacos llamados “al vapor” (estos se preparan con carne deshebrado de menor calidad, con frijol, papa o chicharrón de cerdo). Paradójicamente, los tacos de “carne asada” aparecen en el mercado como tales hacia finales del siglo 20. Esto se debe sin duda al elevado costo de la carne “para asar” (que son bocados más nobles) y al hecho que el mercado se diversificó tardíamente. No fue sino hasta fechas reciente que el mercado de los tacos conoció un aumento cualitativo. La prueba de ello es la multiplicación de

de Artes Plásticas, organizado por Damián Ontiveros y Eleonora Garza fueron anunciados. “Siempre son los mismos proyectos los que ganan”. Ambos vocales buscan impulsar al arte moderno, y ambos lo practican, por lo que dejaron fuera todos los proyectos que no estuvieran relacionados con dicha área. También el gremio de teatro se alzó en las redes sociales cuando apareció bajo el anonimato de una cuenta falsa una queja ante los vocales Carlos Gueta y Javier Serna. Ambos buscaron reelegirse a pesar de tener inconformes a muchos de sus agremiados con el trabajo y la labor que han realizado a lo largo de los pasados tres años. “Sólo becan a sus ex estudiantes”, “su experiencia en teatro es limitada y pobre”. El atrevido anónimo invitó entonces a los demás agremiados a acercarse a las urnas a votar para evitar que el par de vocales actuales continúe con esas prácticas.
-Daniela García

UN ELOGIO AL TACO s difícil hacer un censo exhaustivo

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de la variedad de tacos en México, pues existen tantos tipos de tacos como regiones en el país. El consumo de tacos refleja la riqueza de la variedad gastronómica en México y el apego culinario de los mexicanos a su patria chica. Podemos clasificarlos en función de la guarnición con la que se preparan: feculentos (papa, frijol); verduras (quelites, chiles, nopales); insectos (gusanos, escamoles, chinicuiles); pescado o mariscos (camarón, pulpo, langosta); carnes blancas (cerdo, pollo, ternero) y rojas (borrego, cabrito, res). Mientras que en el norte del país existe una preferencia hacia los tacos a base de carne. Según la sociología clásica podríamos explicar las preferencias del consumo cárnico en función

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taquerías de lujo en los últimos años (Tacos El Califa en la Cd. de México; Tacos El Buey, Las Brazas, Uff: Tacos & Salsas y Cabo Grill en Monterrey).
-Domingo García

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COMO UN CINE NORMAL
se para en la orilla de la banqueta y me hace un ademán levantando las manos y parando el cuello; como preguntando “¿Qué quieres?”. Guardo la cámara en el bolsillo de la camisa, cruzo la calle y me acerco extendiéndole la mano, explicándole que las fotos son para una pequeña crónica que saldrá la próxima semana en un periódico: “Un artículo en el que hablo sobre construcciones emblemáticas de Monterrey”. “Ah, perdón, pero es que uno ya no sabe las intenciones de la gente, compadre”, me dice, sereno y sonriente; y entonces entramos en confianza.  El hombre –Héctor, se llama– me dice que el boleto de entrada cuesta 60 pesos. El precio lo confirma una cartulina anaranjada con plumón negro que está pegada en el vidrio de la taquilla. “Abrimos todos los días: los sábados de 10am a 10pm. Es como un cine normal”. Héctor recalca siempre la palabra “normal”, como si con esto limpiara la reputación de los cines de este género. “Tenemos una dulcería, como los cines normales, pero obviamente las medidas de higiene de la sala son mayores”. Prefiero no ahondar en eso de “las medidas de higiene”, pues supongo a lo que se refiere, y me limito a sonreír. Héctor también me platica que lleva varios años trabajando ahí, y que siguen conservando los proyectores de 35mm –“unas reliquias que han de valer una lana”–, a pesar de que la mayoría de las películas que proyectan ya son en formato DVD.  En eso, el teléfono de la taquilla suena. Héctor me pide que lo disculpe. Mete la mano por una abertura y saca el auricular. Cuelga minutos después. “Si quieres otro día te doy un rol por adentro, ahorita ya me tengo que porque normalmente, en México, no se desarrolla un proyecto desde el argumento hasta el guión. No hay mucha gente que haga este tipo de trabajo”. La mayoría de los premios que se entregan en México en el género de cine, explicó Ugarte, son para guiones, por lo que es necesario contar ya con el script. “Nosotros buscamos la idea. La semilla de una historia. Este premio es para eso, para premiar a los argumentos que podrían convertirse en guiones”. La convocatoria iniciará este 14 de agosto y se recibirán historias hasta el 1 de octubre; el ganador será anunciado en el festival internacional de cine de Baja California, que se llevará a cabo del 13 al 16 de noviembre en Los Cabos. La extensión de la historia deberá de ser de 10 a 20 páginas y no hay temas o géneros específicos. “Sólo buscamos una buena historia”, señaló Ugarte. Como miembros del jurado participarán Gerardo Naranjo, Kyzza Terrazas, Gael García Bernal, Diego Osorno y Yuri Herrera. En la página www.agenciabengala.com puede consultarse más información.
-Daniela García

Del 11 al 17 de agosto de 2013 Monterrey, N.L.
ir a unos mandados, compadre”. “No te preocupes,” le digo. “Te agradezco mucho tu tiempo”. Antes de estrechar su mano para despedirme, me dice que quienes acababan de llamar son los dueños del cine: “Es una pareja de viejitos. Unas reliquias: como los proyectores”. Reímos. Cruzo la calle y me quedo con la imagen de una pareja de más de 70 años usando ropa de látex y látigos negros.  El Aracely es de los pocos cines porno que sobreviven en la ciudad. Está ubicado en la calle Isaac Garza, casi esquina con Villagómez, en el centro de Monterrey. Lo rodean edificios de fachadas desgastadas -algunas baleadas- y salas de masajes “con calambre”. También varias leyendas urbanas. Una de ellas dice que si vas solo y alguien se sienta en la butaca de enfrente, te está invitando a tener sexo; otra cuenta que los fines de semana el cine permanece cerrado porque hacen orgías. Cuando le mencioné esto último a Héctor, se rió y lo negó; aunque la cuenta de Twitter del cine @CineAracely, creada el 25 de mayo y abandonada el mismo día, parece decir lo contrario.  Me acuerdo que hace más de 20 años los periódicos todavía publicaban entre sus páginas una larga lista de películas pornográficas en exhibición; incluso más larga que la cartelera infantil, que se limitaba a las matinés de dibujos animados del Teatro Montoya.  Lo recuerdo porque a esa edad me llamaban mucho la atención los nombres de estas salas –Sala Rex, Cine Chaplin, El Adelita, Cine Encanto, Vistarama, Lírico I y II– y las películas que proyectaban: Colegialas Ardientes, Sexorama 2000, La Guarra y el Vagabundo, La Ninfómana

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aminando por el centro de la C ciudad me topo con el mítico cine Aracely. Confieso que siempre había escuchado hablar de él pero nunca lo había tenido enfrente, por lo que decido sacar la cámara de la mochila y tomar algunas fotos. De pronto, un hombre robusto y de barba de candado sale de una puerta de cristal,

que se vino del Espacio, por mencionar algunas. También me llamaba la atención que a estas películas les pusieran tres letras equis, que para mí eran “tachitas” y las relacionaba con las tachas que ponía con tinta roja mi maestra en los exámenes para los que no había estudiado muy bien. Por lo tanto, en mi cabeza deducía que las “tachas” también eran algo “malo” en el mundo de los adultos; algo “prohibido” pero “permitido” al mismo tiempo. Un misterio inquietante para mi edad.  Hasta que un día dejaron de publicar la lista de películas porno en los dos periódicos que había en ese entonces, a pesar de que los cines seguían funcionando. Imagino que fue cuestión de negocios y de doble moral, defectos que siempre han caracterizado a esta ciudad. Según Héctor, los cines porno dejaron de ser negocio cuando empezó el auge de las antenas parabólicas, los establecimientos de renta de videos y la piratería, por eso muchos cerraron; pero eso para El Aracely fue una ventaja, pues había menos competencia. Hasta que se desató la ola de violencia y los cines porno no fueron los únicos negocios que se vieron obligados a cerrar, pues manzanas enteras de zonas comerciales se convirtieron de un día para otro en pequeños pueblos fantasma. Pero El Aracely ha sobrevivido. Según Héctor, nunca ha cerrado sus puertas, aunque acepta que ha bajado la afluencia de clientes. El Aracely sigue de pie, a pesar de las nuevas tecnologías, las crisis económicas y la violencia. El Aracely sigue ahí, rodeado de abandono; recordándonos que hubo un tiempo en que esta ciudad era menos mocha y un mejor lugar para vivir.
-Por Guffo

SE BUSCAN HISTORIAS PARA CINE Y TELEVISIÓN
a Agencia Bengala otorgará duL rante el Festival Internacional de Cine de Baja California un premio de 50 mil pesos a una historia escrita, la cual tendrá la posibilidad de ser adaptada al cine o la televisión. Dicha historia, junto a otras cuatro que resulten seleccionadas, serán publicadas en un libro del sello de la Casa del Libro de la Universidad Autónoma de Nuevo León. Magaly Ugarte, coordinadora de proyectos de Bengala, explicó que la agencia decidió crear este premio porque ha visto la forma de trabajar de las casas productoras de México, las cuales no se enfocan en la elaboración de un libreto y en la estructura del guión, ya que prestan más atención en la producción por lo que la mayoría de los proyectos mexicanos carecen de calidad. “(El concurso) es una buena forma de encontrar buenas historias y de impulsar a la gente que escribe para que hagan buenos argumentos para desarrollarlos después

LA BIBLIOTECA DEL DOC SOLIS
mi padre, el Doc Solís, siempre le enorgulleció ver que regresaba a casa con alguno de sus libros dedicado. Disfrutaba enormemente que le contara la reacción de los escritores ante las primeras ediciones que metódicamente buscaba en recónditos lugares de la ciudad de México, Buenos Aires, San Antonio o Nueva Orleans. Nuestras charlas siempre concluían cuando el Doc colocaba nuevamente el libro en su biblioteca y acto seguido recibía un abrazo grande de él, acompañado de una sonrisa donde sin mencionarlo me daba a entender que algún día ese libro

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-José Luis Solís

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podría ser mío. El Doc falleció hace algunos años. A la familia nos legó mucho más que una impresionante colección de libros; sin embargo es fecha que sigo sin consumar el atraco para tener La Tumba o De Perfil en mi biblioteca personal; lo anterior no se debe a rencillas de herencias familiares entre mis hermanos o a otro tipo de calamidades igualmente complicadas. La cuestión del por qué no pude hacerme de los volúmenes es simple y bella. En consenso con mi madre, el Doc decidió antes de morir donar a su amada Universidad Autónoma de Nuevo León su biblioteca literaria y psicoanalítica; de esta ritual manera mi padre terminaría de consolidar su pensamiento liberal humanista, no sólo

otorgando novelas insignes de la narrativa mexicana contemporánea a la UANL, sino donando volúmenes tan trascendentales como la primera edición de Fervor de Buenos Aires con correcciones a mano del propio Borges y dedicada por el insigne autor argentino al pensador dominicano Pedro Henríquez Ureña. Jamás me atrevería a retirar mis amadas novelas del Agustín de la colección de mi padre. Todo ha concluido: La Tumba y De Perfil ahora son patrimonio público universitario. La Tumba fue terminada de imprimir en los talleres de la editorial Novaro el 15 de julio de 1966; en días pasados cumplió 47 años de vida. Espero que cuando celebre sus 50 pueda encontrarme con el ondero univer-

sal nuevamente, y ahora sí poder tomarnos unos Chivas. Para esta ocasión tendré que ir al Acervo-Colección Hernán Solís Garza de la Biblioteca Magna Raúl Rangel Frías de la UANL y pedir un permiso especial para que me permitan sacar la novela La Tumba con el objetivo de que el autor la dedique por tercera vez. Posteriormente regresaré con mi hija Almudena al acervo universitario, caminaremos en la colección explorando los libros de su abuelo y finalmente colocaremos conjuntamente La Tumba en su estante. Sucedido esto, me sentaré con ella en el diván donado por mi madre, y le contaré esta anécdota de cómo nunca pude robarle un libro a mi padre.

11 al 17 de agosto de 2013 4 Del Monterrey, N.L.

» Viene de portada
a carrera del Comandante Pinal comenzó en el taller de imprenta del periódico El Norte. Allí descubrió que andar en bicicleta le era indispensable para disfrutar su día a día. En aquel empleo leyó con avidez las columnas y crónicas policiacas de la ciudad, por lo que poco a poco se fue enamorando de la labor que hacían los hombres y mujeres uniformados para proteger el bienestar de los civiles. Durante un año se mantuvo trabajando con las imponentes prensas del periódico antes de ingresar a la academia de policía. En 1997 fue testigo de la iniciación del servicio que ahora presta como uno de los oficiales con más experiencia en la policía de la capital de Nuevo León. Por ser un hombre de acción, se sintió poco satisfecho al principio de su reclutamiento. Notaba que algo hacía falta en su vida. Descubrió que esto se debía a que le fue asignada una labor en la que se mantenía estático. Como si en lugar de ser oficial fuese un guardia de seguridad. Aunque fuese un novato recién ingresado, sabía que un puesto de esa naturaleza no era compatible con su carácter, lo que le hizo pedir su transferencia a un servicio más dinámico. Intensidad en las calles era lo que le esperaba; en la cuarta compañía dio un salto: de trabajar de vigilante a meterse de lleno en la detección y detención del crimen, militando en el grupo encargado de las operaciones anti pandillas en las colonias del área metropolitana. La Seguridad Extrema no es algo que deseara cualquier uniformado, pues significa enfrentarse a una parte de la población que más que un par de años tras las rejas, necesita una aproximación de diálogo. La policía de proximidad no llegaría sino hasta años después, tras darse cuenta la institución que al sólo encarcelar a los delincuentes y permitir la corrupción dentro de sus filas, se creaba enemigos dentro de la propia ciudadanía. Pero el comandante aprendería eso mucho tiempo después de sus primeros días en la bicicleta.

_Crónica Local

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II Un pequeño cuarto de concreto ha sido testigo de la evolución de El Barrio Antiguo y ha resistido al combate urbano entre autoridades y comandos del crimen organizado. Padeció la misma degradación y abandono que los Condominios Constitución, los restaurantes locales y los lugares de reunión de los jóvenes regiomontanos. Esta pequeña caseta de vigilancia carece de ventanas, cuenta con protectores dobles de forja, y en una ocasión fue rediseñada para que contara con una sola puerta que diera cara a los Condominios Constitución. Estas medidas de seguridad se implementaron después de un ataque con explosivos en contra del pequeño edificio durante los días más violentos en la ciudad. Dentro de esas cuatro paredes sobrias hay unas cuantas sillas plegables, dos escritorios bastante castigados por el uso y unas celdas que en tiempos más pacíficos se usaban para contener a los buscapleitos y borrachos problemáticos de las calles aledañas. Este reducido espacio sirve ahora como improvisada habitación para que un grupo de jóvenes policías dormite una o dos horas durante su turno de 24 horas. En ocasiones, agobiados por el calor, los oficiales incluso prefieren descansar en el techo de la edificación, tratando de captar una que otra brisa fresca que les regale el inmisericorde clima regiomontano. Los distintos acentos de los policías están acompañados en todo momento por el zumbido del tráfico de la avenida Constitución y las claves del código mil que salen con un tono eléctrico del radio que se maneja hora tras hora. El acento del sur y centro de México se nota a leguas cuando uno habla con estos servidores públicos. Pero el día de trabajo para estos uniformados no comienza en el barrio, sino en una fortaleza que no tiene nada que ver con la humilde pero funcional caseta de los Condominios Constitución. El parque Alamey, donde se encuentra el cuartel, ha cambiado varias veces durante su existencia. Fue fundado en 1979 como un parque de diversiones el cual era muy frecuentado por las familias regias. Con el paso del tiempo cayó en el abandono y se convirtió en el escondite predilecto para ladrones y pandilleros. La tragedia que terminó por cerrar el parque fue el asesinato de una joven

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Además del Comandante Pinal me acompaña El marino, un oficial que antes de venir a Monterrey servía en la Marina. Con la completa preparación militar que recibió y su afición por la velocidad en dos ruedas – practicaba BMX como hobby allá en Tamaulipases idóneo para perseguir y localizar a criminales por el empedrado de El Barrio Antiguo

en 1987; su cuerpo fue encontrado junto a una de las pirámides de la extensa propiedad. Largos años pasaron hasta que en ese lugar se estableció el cuartel general donde la policía pasa lista. Por la puerta de la caseta entra un hombre alto y delgado, de mirada inquisitiva. Se trata del Comandante Pinal, que ha llegado a organizar a los oficiales bajo su mando para empezar el patrullaje. El área dominada por estos policías en bicicleta se llama C18 y se extiende desde Félix U. Gómez hasta Juan Zuazua, sumando unas cuadras extra que sus superiores les han confiado gracias al buen resultado que ha tenido su esfuerzo para mejorar la seguridad. Comienza el movimiento. Las bicicletas se alistan, las últimas tuercas se aprietan, y para mi sorpresa, el Comandante toma un casco de ciclista y me señala que él mismo me acompañará durante el recorrido. Temo que mi novatez al volante de una bicicleta retrase el patrullaje de los veteranos. III Con un impulso y una corta pero potente descarga de adrenalina, el oficial comienza su recorrido al bajar con su bicicleta por una rampa de tierra que se ha formado en las derruidas escaleras de un pequeño parque cercano a la caseta de policía, ese modesto edificio contiguo a la avenida Constitución. El ritual marca la entrada diaria del brazo de la ley al cálido laberinto que son los Condominios Constitución. Quien le da la bienvenida a estos servidores públicos no es uno de los habitantes del barrio, sino los sonidos, colores y aromas que les ofrece la ciudadela cultural de Monterrey. La vida regresó a El Barrio Antiguo y hay un nuevo grupo de policías que participan en la recuperación de las calles para la gente. Aunque parezca extraño, poca gente habla mal de ellos. Parecen tener una buena aceptación entre los vecinos. El camino nos lleva a través de los apretados callejones de los Condominios Constitución. Los perros ladran al escuchar el sonido de las ruedas mientras un aroma a tierra y plantas recién regadas nos guía hasta la escuela y el jardín de niños. Este es el primer punto de vigilancia de la pareja de uniformados. Además del Comandante Pinal, me acompaña El marino, un oficial tamaulipeco que antes de venir a Mon-

terrey servía en la Marina Armada de México. Con la completa preparación militar que recibió y su afición por la velocidad en dos ruedas –practicaba BMX como hobby allá en Tamaulipases idóneo para perseguir y localizar a criminales por el empedrado de El Barrio Antiguo y el laberinto de los condominios, cosa que resulta imposible para una patrulla con equipo pesado. Es por esta razón que este modelo de aproximación al crimen no funcionaría en zonas más peligrosas del área metropolitana; al trabajar en bicicleta el policía intercambia su propia seguridad por la capacidad de maniobrar más fácilmente por espacios estrechos o en lugares inaccesibles para un automóvil. Además del joven oficial que me acompaña, para finales del año 2012 llegaron a la Sultana del Norte 504 elementos de la marina con el fin de crear el nuevo cuerpo municipal de la ciudad, esto después que la población dejara de creer en la Policía Regia sobre todo por la fama que tenía la institución de caer en la corrupción. A la presentación de la nueva fuerza de seguridad por la alcaldesa Margarita Arellanes le siguieron reacciones encontradas. Por una parte parecería que la gente confía más en el ejército como institución que en la policía, por lo que podría darse una mayor cooperación con las autoridades, pero por otro lado, el organismo Ciudadanos en Apoyo a los Derechos Humanos señaló que los elementos navales carecen de capacitación para ejercer el oficio debido a que la experiencia en un ambiente civil es en ellos inexistente. Los sentidos de estos policías demuestran estar siempre alerta desde los primeros minutos del recorrido. Con movimientos lentos y mirada perdida, un hombre alcoholizado intenta levantarse del suelo; se mantiene oculto a simple vista al dormitar entre dos autos a la sombra de un árbol, pero no escapa a la concentración de mis acompañantes ciclistas la botella de jugo medio llena de bebida embriagante que esconde a su lado. El Comandante y El Marino se acercan a hablar con el indigente demostrándole que van desarmados y asegurando al mismo tiempo que en la desgastada mochila negra no lleve algo con lo que pueda herir a alguien o a sí mismo. Un tanto molesto, el hombre sube a la patrulla que llegó

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para apoyar a los de a bicicleta; como a todo vagabundo que pueda agraviar al peatón o a los pocos negocios que se mantienen trabajando, lo llevarán al icónico comedor del Padre Infante. A pesar de que corren rumores e historias sobre la manera en la que estos policías han despojado de sus pertenencias a algunos de sus arrestados o los han arrojado a la celda en lugar de llevarlos al comedor, ha sido imposible encontrar un rastro legal de este tipo de hechos. “Esto es un problema de la sociedad” me dice el Comandante Pinal mientras ve cómo se aleja la patrulla por la calle Felipe Berriozábal. Señala que aunque su cuerpo combata la inseguridad y el crimen, la situación de los indigentes en El Barrio Antiguo es para él una cuestión a la que no le encuentra un fin claro. “A nadie parece importarle, y tampoco hay una dependencia que se encargue de atender a esta gente” pronuncia antes de continuar pedaleando. IV Muchas y de distintas naturalezas son las situaciones que se presentan a estos policías en bicicleta: pleitos vecinales, reportes de inquilinos ruidosos, autos abandonados que despiertan sospechas, borrachos problemáticos, asaltos a tiendas de conveniencia, cristalazos, vandalismo a propiedad privada, atender a ciudadanos para encontrar direcciones, cumplir el patrullaje diario e incluso convertir la caseta en refugio temporal para perros extraviados. “Una vez una señora nos pidió ayuda para cambiar un foco” me cuenta antes del patrullaje uno de los oficiales, quien no puede contener una sonrisa cuando lo dice. La mayoría del tiempo lo que se les presenta para resolver es rutinario, unas veces es agradable, y otros pocos casos son meramente tétricos. Nos movemos por una de las últimas calles de El Barrio Antiguo, específicamente por Raymundo Jardón, cuando me informan que nos detendremos a hacer una inspección a una casa abandonada, donde hace un par de semanas se encontró el cuerpo sin vida de un indigente, presuntamente asesinado. La fachada del edificio es semejante a las muchas casonas en abandono del barrio: tiene la pintura desgastada, los detalles decorativos se empiezan a caer, hierbas surgen victoriosas entre las grietas de la banqueta y los protectores de hierro refuerzan ventanas sin vidrio. Lo único que rompe con lo cotidiano es que en lugar de las puertas antiguas de madera, el paso es resguardado solamente por las cintas amarillas que señalan una escena de crimen con la directa leyenda “No Pase”. El marino me guiará dentro de la casa mientras el Comandante vigila las bicicletas que se quedan tumbadas en el suelo a falta de dónde asegurarlas. La luz que entra por las ventanas sólo tiene fuerza durante los dos primeros metros por los que avanzamos, luego todo es obscuridad. No sé si El marino es supersticioso, pero por su paso constante no parece demostrarlo; con la mano izquierda ilumina el camino, mientras que en la derecha lleva alzado y pegado a su cuerpo el bastón metálico que se usa en caso de combates cuerpo a cuerpo. Avanza de forma metódica, evitando las montañas de basura y superando la alfombra de desperdicios que cubre el suelo. Cubre cada esquina y rincón como uno sólo lo ve en las películas, dando vueltas cerradas en los pasillos y resguardando puertas para evitar ser sorprendido por un atacante que nunca se deja ver. Plataforma México y que así les apliquen los exámenes de confianza correspondientes. Muchos de los oficiales de esta nueva dependencia patrullan acompañados de los contados elementos que sobrevivieron a la depuración de la Policía Regia y que sí cuentan con el equipo correspondiente. V Los “descansos” que tenemos son de cinco minutos, tiempo que a las cinco y media de la tarde me parece glorioso. Estos minutos que me sirven para tomar aire son en realidad para ellos paradas en puntos estratégicos para vigilar lugares como tiendas de conveniencia, muy golpeadas por asaltos rápidos, sobre todo en el centro de Monterrey. Un “buenas tardes” acompañado de una sonrisa han sido durante todo el día parte reglamentaria del comportamiento de los oficiales. Desde los pasillos alambrados de los Condominios hasta la calle Juan Zuazua, la gente parece reaccionar positivamente a los policías en bicicleta, la cual tal vez sea una de las razones de este más fácil acercamiento. Hace un par de años no era extraño para el neoleonés sentirse amenazado o inquieto sólo con estar en el mismo lugar que una camioneta llena de elementos de la Policía Regia. La confianza me queda clara cuando, al ver al Comandante Pinal recorrer las calles en dos ruedas en lugar de en la unidad, un hombre de mediana edad le grita “¡¿Qué pasó compadre, ya lo degradaron?!”. De la labor urbana que fui testigo como “policía encubierto” -de esta forma me señaló un hombre que descansaba en una de las bancas de la Macroplaza-, sólo una cosa me parece de dudosa legalidad, o por lo menos no ha de parecer correcto para alguna parte de la ciudadanía. Una de las características de los oficiales que recorren El Barrio Antiguo es que conocen, por lo menos de vista, a la gran mayoría de los residentes y dueños de negocios, debido a que cumplen con largos turnos de servicio y su área de trabajo es bastante reducida y específica. Por esta razón los oficiales detienen sus bicicletas para revisar a un par de individuos por parecerles sospechosos, lo que a mis ojos no se presentó como algo fuera de lugar. El primero en ser revisado fue un joven de unos 20 años de edad. Llevaba una mochila negra pero no traía consigo su identificación, lo que aumentó la sospecha de los policías. Una hora después y a varias cuadras de distancia la revisión de rutina se le aplicó a un hombre de mediana edad el cual nunca había sido visto por los de a bicicleta. El Comandante me explica que estas revisiones las hacen pues que los representantes de la ley se les acerquen repentinamente pone nerviosos a los asaltantes y carteristas, lo que ha logrado que sean detenidos criminales minutos después de sus atracos, unas veces incluso confesos. El conflicto que encuentro es: ¿Qué pasa con quienes son inocentes de todo delito? Estas revisiones

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Una de las características de los oficiales que recorren El Barrio Antiguo es que conocen, por lo menos de vista, a la gran mayoría de los residentes y dueños de negocios, debido a que cumplen con largos turnos de servicio y su área de trabajo es bastante reducida y específica
El segundo piso es menos caótico. Un cuarto pequeño, que estaría completamente vacío de no ser por un espejo decorado con estampas de futbol y de San Judas Tadeo, da la bienvenida a un espacio que parece pertenecer más un Sarajevo post apocalíptico que a una casa en el centro de Monterrey. Una parte del techo se había colapsado, lo que nos ayuda para ver la sección que los indigentes usaban como refugio; en una esquina hay un colchón repleto de cables usb, monedas antiguas y cajas de chicles vacías. Debajo del tragaluz creado por el olvido, está instalada una olla sobre un montón de carbón apagado. Aparte de esto no hay mucho más, una cubeta aquí y allá llena de instrumentos varios y una caja llena de ropa. “Ahí lo encontramos, estaba bien hinchado…”; al parecer cuando paso junto al marco de la puerta estoy pisando el mismo suelo donde aquel hombre fue encontrado tres días después de haber muerto. El oficial avanza sin inmutarse. Tras guardar el bastón extensible, me di cuenta que pasé por alto el hecho de que al oficial le faltaba algo que el civil espera ver como parte del equipo del policía: un arma de fuego. “No le han dado el permiso de porte”, me responde el Comandante cuando le comunico mi duda mientras instintivamente se lleva la mano a su arma enfundada. Al parecer los trámites para posesión y porte son también un dolor de cabeza para los uniformados, no sólo para los civiles. Aunque el trámite de porte lo debe hacer Municipio con la Secretaría de Defensa, es el policía quien debe de acercarse al Estado para que sean dados de alta en la

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por sospecha aparentemente violan el artículo 16 de la Constitución, el cual dicta que ninguna persona puede ser molestada en su persona sin una orden escrita de la autoridad competente. Pero si a la vez esto ha sido parte de que en barrio se haya reducido la criminalidad, ¿cómo afectaría a la lucha contra la inseguridad que los uniformados dejasen las revisiones? y, ¿cuál sería la postura de los beneficiados por esta medida, como lo son los habitantes de El Barrio Antiguo y Condominios Constitución? No creo que yo pueda responder a este debate, así que al fin decido seguir pedaleando. El calor ha sido vencido por el viento que traen consigo las nubes grises, y ya domina en la ciudad el ambiente húmedo que se hace sentir antes de la lluvia. El 26 de mayo del 2008, en el Distrito Federal dio inicio el programa de la policía de proximidad con el fin de fomentar la participación ciudadana al estrechar la relación entre el civil y los elementos uniformados. La distribución de esta policía es por cuadrantes. No sólo en el día se hace notar el esfuerzo por dialogar con la gente, durante la noche que se vive en El Barrio Antiguo queda trabajo por realizar. Aunque la delincuencia y la violencia ya no son las que se vivieron hace un par de años, el policía debe de estar alerta para cualquier eventualidad, tanto por su seguridad como para cumplir con la misión de hacer del barrio un lugar seguro; con lo que normalmente se topan los oficiales hoy en día es con personas alcoholizadas bebiendo en la calle o creando problemas. Puede que la inclusión de esta policía de proximidad como estrategia de combate a la delincuencia sea parte de la disminución general en actividades criminales que la alcaldesa comunicó a finales del año pasado, misma disminución que negó se debiese a la entrada de la Marina al cuerpo policiaco y atribuyó a la buena coordinación existente entre los tres niveles de gobierno. En lo que sí coinciden los oficiales en bicicleta y la alcaldesa de Monterrey es que se debe mantener el trabajo en las calles y no confiarse de lo que dicen los números de las estadísticas. En México se está planteando la posibilidad de crear una gendarmería nacional con cinco mil elementos, inspirada en la gendarmería francesa, de corte militar pero que patrullaría en las ciudades, realizando labores policiacas. Aunque al respecto, han llovido críticas asimilándola a las brigadas fascistas que representaron en algún momento los carabinieri chilenos. De vuelta en la caseta no me queda más que preguntarle al Comandante Pinal qué futuro pronostica para El Barrio Antiguo y su gente. Con los brazos cruzados, recargado contra una de las mesas plegables y con una sonrisa, dice al fin “Esto va pa’rriba”, como se expresa el regiomontano cuando está convencido de que el porvenir será más brillante.

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EL NIÑO DE LA CUATRIMOTO PASEA EN SANTA CATARINA
¿Nosotros los de entonces ya no somos los mismos?
POR MARGARITO CUÉLLAR

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ace un calor de la chingada en la ciudad. Es sábado y ni modo de irse de rol: no es quincena. Aunque eso de irse de rol es asunto del pasado, cuando en quincena o como se llamara el día, luz y oscuridad eran lo mismo. Mientras corrijo mi novela El enano y yo, pasa una unidad de Protección Civil. Ah, nuestras fuerzas de élite, ¿libres de la tentación del robo, la usura y el abuso de autoridad? Ni siquiera se sabe si tienen rostro. Traen unos trajes como de astronauta y atrás de esos lentes negros debe haber un par de ojos.

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Y atrás de ese casco unas orejas. Y en esa bola de sesos no sé qué. Quiero pensar que no son nebulosas tan oscuras como las de la antigua Policía Regia y de los encargados del orden de otros municipios, Santa Catarina entre ellos, que no pocas veces entregaban a los detenidos, sobre todo si eran jóvenes, a sus otros jefes: la mafia. Ahora mismo que corrijo estas notas veo que dos pilotos de la Fuerza Civil subieron a unas morras al helicóptero de la corporación. Medina dice que no, que los batos trabajan para una empresa privada. En las fotos de Facebook las chicas lucen sonrientes en las alturas.

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asa una cuatrimoto con tres huercos. El mayor tendrá ocho años, el de en medio la mitad y el más chavo dos. Pasan vertiginosos por la cuadra. Vivo en una colonia de dos cuadras cuyas calles se llaman Álamo, Encino, Araucaria, Cerdeña y Sicilia. Esto es a orillas de lo que en otros tiempos fueran los linderos de la Hacienda de Ábregos, hoy La Fama. Una congregación que en los tiempos en los que Jesús Salvador Esparza era un aguerrido opositor al cacicazgo de la CTM quiso independizar llamándola República Independiente de La Fama. En el corazón de La Fama nació en 1854 la que fue la primera industria de Nuevo León: la Fábrica de Hilados y Tejidos La Fama. Frente a los vestigios de la antigua edificación, que se quemó en 1895, está todavía un portón que resguarda la última morada textilera. “De la Estación más próxima a la Fama hasta la Fábrica se extendía una valla de niños y niñas de las escuelas oficiales del Municipio de Santa Catarina y de la escuela especial que la Fábrica sostiene por su propia cuenta. Las niñas llevaban banderas tricolores y los niños presentaban las armas al paso de la comitiva presidencial. Al comienzo de la formación se levantaba un hermoso arco triunfal”, dice una crónica de época respecto a la visita que hiciera Porfirio Díaz a la fábrica textil en diciembre de 1898. Lo que antes eran las casas de mis vecinos forman de jueves a domingo una especie de mol del taco, con todo lo que ello significa: multitudes ávidas de darle gusto a la panza, un arroyo de grasa por la calle, basura, trocas chillando llanta, olores a tacos de trompo, carne chamuscada, barbacoa, salsas con los colores de la enseña patria, humaredas, pollos descuartizados, chicharrones, burritos, hamburguesas, colesterol para llevar o comer aquí. Alzo la cabeza para ver a los de la cuatrimoto, que llevan ya un rato sin pasar después de dar como diez vueltas. Pasan tan rápido que de primero no alcanzo a identificar la música. Entre ranchera y corridos. Después de parar las orejas me doy cuenta que oyen música norteña pero como de Sinaloa, Sonora o de por aquellos rumbos. Pienso que son muy chavales para oír esa música. Igual, la música no tiene edad, las generaciones crecen rápido y reproducen los hábitos de sus padres, hermanos, tíos, padrinos. Si estiro la cabeza un poco puedo ver la caja de agua. La construyeron los vecinos de la colonia Protexa hace medio siglo. Parece un cohete que no despega nunca. Ahora la cuatrimoto sólo carga al mayor. La rola es la misma de hace rato: La Hummer de Sonoyta. Canta El Tigrillo Palma. A todo volumen, para variar: Un Hummer salió cargado/ del desierto de Sonoytaaa , además cuatro suburbans/ bien retaacadas de

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mota,/ dicen que iban con el güero / el de Phoenix Arizona. El depósito de enfrente ya abrió. Estuvo cerrado unos días. Casualmente durante los días en que hicieron una revisión de depósitos, cantinas y giros negros en Santa Catarina. Cerca hay una Farmacia del Pueblo con la música a todo volumen. A veces tienen edecanes que enseñan hasta el alma. Hoy no. El alma de una edecán tiene mucho que enseñar. Quién se va a poner moralista a estas alturas de la vida. Las almas generosas no vinieron hoy, pero la música estruendosa sí. ¿Cuándo llegó la modernidad a este pueblo? ¿En los años 90? ¿Con el siglo 21? Cuando llegué a vivir aquí, Ana se ponía verde si le decía que por qué nos habíamos venido a vivir al monte. Y es que lo primero que vi en 1984, cuando pisé por primera vez las calles de La Fama, fue un maizal a un lado de la John Deere, donde a los pocos años creció una Soriana. Lo decía por molestar. ¿Quién era yo para burlarme de esas verdes matas si era nativo del Valle del Maíz? Yo creo que la modernidad no ha llegado, aunque a la salida de Santa Catarina, o a la entrada, según por dónde se les vea, un pequeño ejército en aspas de camisa transforma el aire en energía eólica. Pero aunque la modernidad no haya llegado ahora hay farmacias Benavides, Oxxos y Sevens por todas partes. Bancos, un paseo comercial y escuelas privadas. Y los fraccionamientos y las altas torres y los comercios, con Valle de Reyes y sin Valle de Reyes, terminaron devorando los brazos de la Sierra Madre Oriental, Huasteca afuera. El niño de la cuatrimoto vuelve a pasar. A un lado del cohete que no despega hay otro depósito-carniceríatienda de abarrotes. La viuda que lo atiende perdió a su marido en una extraña persecución en Gonzalitos. Todo acabó cuando la camioneta en que viajaba con un amigo quedó calcinada mientras eran perseguidos por-no-sesabe-quién. Uno de los ayudantes de la mujer, estuvo una temporada en la cárcel por cambiar los cortes de carne por la entrega de mercancía o el halconeo. A veces venía a traer algún garrafón de agua. Muy cerca está El Blanqueo, museo cuya vocación es la historia y la industria, hecho con dinero de los Industriales del Poniente, puesto en comodato en la administración de Arturo Ayala Martínez y manejado por un patronato. Ahora es un cascarón en el que despacha el escritor Gerson Gómez. Despacha es un decir. El alcalde Víctor Pérez le dio un puesto, por así decirlo, honorífico, pero sin presupuesto qué ejercer y sin equipo de trabajo. O bueno, yo era su equipo de trabajo pero simplemente me pusieron de patitas en la calle sin explicación de por medio después de estar un par de meses como asesor de cultura.

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Yo creo que la modernidad no ha llegado, aunque a la salida de Santa Catarina, o a la entrada, según por dónde se les vea, un pequeño ejército en aspas de camisa transforma el aire en energía eólica
La última exposición de El Blanqueo, que contenía obras de emisiones pasadas de la Reseña de la Plástica, fue desmontada por Marisol Castro, directora de Cultura, un día después de haber sido montada. Otra vez La Hummer de Sonoyta y el niño de la cuatrimoto, puedo escuchar con mayor atención la letra: “Ese güero es muy valiente y trabaja bien pesado con gente de California de Detroit y Chicago, anda en puras trocas nuevas por supuesto bien armado”. Frente al Blanqueo todavía está El Texano, depósito en el que el seis de septiembre del año pasado mataron a tres personas. Hace dos semanas que levantaron al de los tacos de al lado. Se ponía por las mañanas frente al Pollito, quien provee de piñatas y dulces a La Fama y sus alrededores. En el gimnasio que está el frente hice mi debut hace más de diez años, cuando salí del closet de los sedentarios. Nada ha cambiado. Los aparatos y el entrenador

son los mismos. Yo he ido y venido, no sé si soy el mismo o no, creo que no, aunque no sé si para bien o para mal. O que lo desmienta el poeta Pablo Neruda: “nosotros los de entonces ya no somos los mismos”. O Heráclito: “nadie se baña dos veces en el mismo río”. Me asomo a la ventana. Estoy empapado de sudor pese a que el abanico está en su nivel de mayor fuerza. Me deslumbran lo que parecen ser unas enormes alas de piedra, una cabeza, es el Pico del Águila erguido sobre el Cerro de Las Mitras. Si hago un esfuerzo mayor y me estiro un poco más asoman las manchas de casas de colonias como Carlos Salinas de Gortari, La Fama 3, Lomas del Obispo, San Pedro 400, Famas 2 y 3, y hasta los enormes huecos de la piedra robada al cerro durante años. Aparte de la otra violencia, en Santa Catarina se dieron el año pasado un nada honroso 30 por ciento de casos de violencia intrafamiliar denunciados. Respecto a la otra violencia las cosas se han calmado un poco. Hasta el año pasado no cesaban persecuciones, fusilamientos, ejecuciones, levantones, robos a casas habitación. Y es que la mafia se había metido hasta la cocina. Hago las correcciones finales a estas notas y veo el impacto de la detención del Z-40. Ese bato tenía a mucha gente bajo su mando aquí. Ya se va a meter el sol y el de la cuatrimoto no volvió. Se estaba volviendo parte de este paisaje de karaokes a toda marcha, tumultos en el mol del taco, veloces camiones de transporte, polvo de a madre y un calor de la chingada. Hasta las notas del Tigrillo Palma se quedaron colgando del aire caliente, que ya nada más le falta bufar para ser animal: “Su compadre lo acompaña porque es su fiel compañero son igual de enamorados y tienen mucho dinero sus gustos son las mujeres, las armas y carros nuevos”.

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LOS VAQUEROS QUE SÍ BAILAN
¿Dónde se reúnen los texanos de una ciudad asolada por la violencia y la música tribal?
POR DANIEL MELCHOR
medida que me acerco a conversar con los asistentes del rodeo, todos van coincidiendo en que los vaqueros tradicionales, aquellos que usan sombrero y botas a diario, ya no se ven tan a menudo por las calles. Pero para Luis Nañes, vaquero de nacimiento, esto no pasa de ser la prueba del éxito del Far West Rodeo: “¡Claro que no van a ver ni a uno allá afuera, todos están aquí!”. Luis Alberto Nañes es uno de los pocos trabajadores

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que vio nacer al Far West Rodeo. Con su sombrero negro, bigote bien recortado y ojos pequeños, habla entusiasmado de su trabajo como si fuera el primer día que está de animador en el lugar. Su labor es interactuar con el público para ambientar la fiesta. A lo largo de la noche se escucha su voz incitando a la gente: “¡Que levanten la mano las solteras!”. Y de repente todas las mujeres se vuelven solteras. No importa, el chiste es gritar y seguir bailando.

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añes tiene en su voz el timbre entusiasta típico del vaquero. Cuenta que el primer propietario del Far West Rodeo, Fernando Torres, acudió a él y a su hermano en 1994 para que ambientaran el nuevo rodeo de Monterrey. —Las satisfacciones más grandes que se llevan en la memoria es cuando la raza grita... o cuando se hacen parejas que aquí se conocen y regresan en seis años para que le pongas la canción con la que se conocieron. Te piden: “oye ponme la de Pilares de Cristal que con esa canción conocí a mi novia y ahora es mi esposa y tengo tres hijos con ella...” Historias similares son las que guarda Luis en su memoria. Así como las dos ocasiones en que pudo tomarse fotografías junto a Selena, la reina del tex-mex, quien fue asesinada tres meses después de una presentación en el Far West Rodeo. A Luis lo impactó su manera de “irradiar felicidad en el escenario”. Naturalmente, en aquellas dos presentaciones, el rodeo jamás había estado tan lleno, que es mucho decir en un lugar en donde caben 4 mil personas. Pero lo que más le gusta al animador es “incitar a la raza a bailar”. Luis concede las canciones que el público le pide sin dudarlo. Siendo pocos quienes trabajan en el Far West desde sus inicios, es complicado encontrar testimonios que relaten lo que sucedió durante la captura del narcotraficante Carlos Partida El Partida el 19 septiembre del 2009. Noto que a Luis le incomoda hablar de aquella noche en donde según la nota publicada por el diario El Norte se incautaron cinco armas, dos kilos de mariguana, 350 dosis de cocaína y 80 dosis de enervante. Según relata, los hechos ocurrieron con tal sigilo que ni se dio cuenta de lo que estaba sucediendo en ese momento. A pesar de haber sido un operativo militar, el animador dice no recordar quiénes entraron aquel día a aprehender al narcotraficante.

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— ¿Qué pensaste cuando te enteraste? —En ese momento pasaban tantas cosas en todos lados que pues no sabías qué pensar, y como uno ni es policía ni nada de eso, no puede hacer nada. Cuando me dirijo a conversar con los encargados de la seguridad del lugar, me sorprendo de sus edades. Tienen menos de 26 años y menos de un año de trabajar dentro del rodeo. De hecho, no hay ninguno de seguridad que tenga toda la vida trabajando en el Far West Rodeo. Y es que siempre será difícil estar encargado de la seguridad, pero lo es más en una ciudad en donde la vida nocturna quedó prácticamente destruida, con excepción del idílico y blindado San Pedro Garza García. Por precaución, los dos jóvenes guardias no dan sus nombres. Me cuentan que desde que trabajan ahí, lo único a lo que se han enfrentado es a los típicos borrachos que se pelean. Hay que cuidar de no “calentarse” con los insultos. Cuentan que a veces tienen que soportar amenazas: —Ya sabes, te dicen: “no sabes quién soy... yo soy de aquel cártel o del otro”, y pues uno se queda pensando, qué tal que si es cierto, uno nunca sabe. En un lugar donde los cárteles de la droga han arrasado con muchas vidas, a los imprudentes les parece buena idea amenazar en nombre de ellos. Sin embargo, hace tiempo que no tienen que separar a nadie afortunadamente. Los jueves en promedio asisten mil 500 personas mientras que el sábado mil o mil 200. Cuando se tomó la decisión de sólo abrir dos días, tuvieron que hacer un estudio de cuándo asistían más personas y descubrieron que los jueves y los sábados tenían más clientela. La decisión se tomó en 2009, cuando Salvador Guajardo se hizo propietario del Far West Rodeo, luego de que los dueños lo vendieran a causa de la aprehensión del narcotraficante dentro del local. El empresario Salvador Guajardo explica las medidas de seguridad que se tomaron después del incidente. Además de prohibir las minifaldas, “porque nunca falta algún borracho que quiera propasarse”, Guajardo les pide a las bandas que amenizan los jueves y sábados que no toquen narcocorridos. Piensa que la música que habla de violencia genera más violencia. En el Far West se escuchan canciones norteñas y texanas, pero de corte romántico. Sin embargo, ahora son mucho menos estrictos con la vestimenta porque antes del año 2000 ningún hombre podía entrar sin botas ni sombrero vaquero. Le pregunto a Salvador si supo de aquel jinete, José Hipólito Ibarra, quien cayó del toro y murió en el estacionamiento del Far West Rodeo en diciembre del 2001. Me comenta que antes los jinetes venían con menos seguridad. Bromeo sobre lo loco que debes estar para montar un toro de 800 kilogramos. “N’ombre -me dice- a esos les puede pasar una pelea de perros entre las patas”. Lo curioso es que el rodeo fue un proyecto nacido de dos personas acostumbradas a vestir siempre de traje y corbata, alejados completamente del mundo vaquero. Uno es Javier González Parás - hermano del ex gobernador Natividad González Parás- quien apoyó al empresario Fernando Torres cuando lo invitó a crear un rodeo como los que él había conocido en el sur de Estados Unidos. No es que no hubiera sitios semejantes, pero ninguno con la calidad de los del país vecino. Así han pasado 19 años y a pesar de que el lugar ha cambiado de dueño tres veces, el Far West Rodeo sigue siendo punto de referencia obligada en Monterrey. La gente, principalmente mujeres, comienza a aglutinarse media hora antes de las nueve debido a que les cobran 25 pesos. Se ven mujeres de todas las edades, desde universitarias que quizá acaban de salir de clases o incluso señoras junto con amigas que decidieron darle un giro

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al cafecito de las tardes. Incluso hay mesas reservadas para aquellos que cumplen años y a quienes Luis Nañes, el animador, no olvida felicitar ahí por eso de la media noche, cuando ya todos están con la disposición de felicitar a quien sea. Mientras más platico con los clientes, me percato de lo ajeno que soy al mundo norteño. La música de Intocable, Bobby Pulido, Emilio Navaira, El Recodo, Pesado, David Olivares y un sin fin de bandas norteñas y texanas, se van intercalando a lo largo de la noche. Parece que soy el único que no puede distinguir la diferencia. Me acerco a una jovencita cuyo nombre es Wendy. Ella y su amiga, quien platica con un vaquero, me explica que asisten al Far West Rodeo desde hace tres años. De hecho, los padres de Wendy solían ir a bailar ahí cuando eran más jóvenes. Parece que el gusto por la música norteña es algo que se transmite genéticamente. Siguen yendo a bailar porque es un lugar tranquilo y espacioso, donde se puede platicar y bailar. La mayoría de los antros, me explica Wendy, siempre suelen estar tan llenos que resultan incómodos. Cuando pregunto por las diferencias técnicas entre la música norteña y la música texana, las amigas se quedan pensando.

Siempre será difícil estar encargado de la seguridad, pero lo es más en una ciudad en donde la vida nocturna quedó prácticamente destruida, con excepción del idílico y blindado San Pedro Garza García

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Guajardo les pide a las bandas que amenizan los jueves y sábados que no toquen narcocorridos. Piensa que la música que habla de violencia genera más violencia. En el Far West se escuchan canciones norteñas y texanas, pero de corte romántico
Creen que la diferencia es que los norteños utilizan mucho más el acordeón. No obstante, sin ninguna dificultad saben reconocer la canción texana que suena en ese momento. El rodeo, es decir, el espectáculo donde los vaqueros montan caballos salvajes y lazan novillos, es de origen texano, sin embargo, la música se gestó en las dos partes de la frontera. La parte sur de Texas fue la que originó a músicos como Bruno Villarreal, Narciso Martínez y Valerio Longoria. Alguna vez, el músico Roberto Pulido, mencionó que la gran problemática que enfrentan los músicos texanos como él es el rechazo por parte del público mexicano por el simple hecho de haber nacido del otro lado del río. Y es que para los texanos siempre fue más difícil posicionar su música en el mercado mexicano. De la frontera mexicana, el músico creador de la cumbia norteña es Beto Villa, oriundo de Nueva Rosita, Coahuila. Para él, la diferencia entre la música norteña y la texana es sencilla. No sin ironía responde con un vocablo inglés que la norteña tiene “feeling”. La mera palabra demuestra que incluso los mismos músicos no explican con precisión las diferencias. El sociólogo y profesor de Universidad Regiomontana, José Juan Olvera, quien ha estudiado ambas expresiones musicales,

estableció lo siguiente: “Es imposible hacer un resumen de las diferencias y similitudes (...) en este engañoso juego de espejos cada quien toma los elementos de identidad que puede acomodar mejor en su trama narrativa o la reacomoda para poder incluirlos según la posición en la que esté”. Sin embargo a David, estudiante de derecho, parece no preocuparle las diferencias técnicas. Lo cierto es que también reconoce sin ningún problema las canciones. Él y sus amigos están ataviados con el típico atuendo vaquero. Botas, cinturón con hebilla ostentosa, camisa con cuadros y sombrero desafiante. Pero no, no siempre son así. El Far West Rodeo les otorga a los hombres la oportunidad de convertirse en su álter ego: un vaquero. Algunos caballeros se desplazan con esa típica pose de perdonavidas esperando ligarse a alguna vaquera que esté sedienta de baile. Aunque David y sus amigos dicen que los verdaderos vaqueros se dedican a criar y a montar caballos, y que nadie se vuelve vaquero por el simple hecho de venir con intenciones de serlo. Ni modo. Lo mismo me dice Mónica que prefiere no decirme cuántos años lleva visitando el Far West: “Mira, al vaquero, vaquero, lo vas a ver en una camioneta, con jeans, cinto y sombrero”. Ella es originaria de Ciudad Victoria donde solía visitar rodeos. “Ya no voy porque ahí la violencia sí está más cabrona que en Monterrey”. El comentario me retumba con tristeza porque es uno de los muchos que escuchas en el norte con pretensiones barométricas de violencia. La guerra del narcotráfico puso al norte al revés. Aquí, como en todos lados, la gente compite haciendo alarde de sus experiencias, pero en el norte se trata de ver quién cuenta la historia más trágica. Nayeli, la de los jochos (Afuera del Far West Rodeo) Tengo 19 años viniendo a vender jochos. Desde que estaba yo niña, como a los ocho años, mis papás me traían a que los ayudara. Vendo 60 jochos cada noche, eso es lo que cada uno de los cinco carritos que estamos aquí traemos. Todos somos de la misma familia. Pásele, pásele, ¿qué va a llevar? Aunque competimos.

Los batos salen por ahí de la una de la mañana cuando ya se termina la barra libre. A veces sí llegan bien borrachos. Los sábados he visto más peleas. Una vez atropellaron a uno, se quiso cruzar pero sin fijarse. ¿Y tú estás preguntándoles a todos? Ah, ya. ¿Y sí te gustó allá adentro? No, fíjate que no, jamás he entrado. Yo voy a bailar, pero al que está en Guadalupe, se llama El Corral, pero a este nunca se ha dado la oportunidad. También vendemos en otro lado, pero mañana no voy porque estos días nos terminamos yendo por ahí de las cinco de la mañana. Pablo, el del toro mecánico Pues yo sólo tengo unos pocos meses trabajando aquí. Ya me está empezando a gustar más mi trabajo. La máquina tiene varios niveles, este sirve para que el toro repare, este para que gire, este para la velocidad que llega al 6. Este botón es el que apaga de volada el toro cuando la gente se cae. Porque si tú no lo apagas rápido puedes pegarle. Sobre todo se suben más las morras, sí, al rato, más noche, empezarás a ver cómo se forma la gente, pero las niñas sí te dicen que con cuidado y pues tú le das despacio. Hay batos que sí aguantan todo lo que da el toro, también luego se suben los jinetes para empezar a calentar antes del rodeo. Cuando vienen muy borrachos y quieren subirse pues sí tengo prohibido subirlos. Nah, pues luego luego se ve quién está borracho, ni se pueden subir al toro. El chiste del toro mecánico es seguir el movimiento. Si quieres al rato te subes y te tomas la foto con tu cámara. Yo termino de trabajar a las tres de la mañana. Sí, también tengo otro jale, pues aquí nomás son dos días. Así no sale. Mañana o más bien al rato, empiezo a trabajar a las siete. Pero como no tomo, las desveladas no me cuestan trabajo. Pero sí, cada vez me gusta más mi trabajo. Alberto Torres, el del toro de carne y hueso Uy no, yo inicié a jinetear... hace ya como unos cuatro años. Pero desde chavito ya tenía la mentalidad, me gustaba mucho ir a los rodeos, andar en el ámbito de los caballos, ranchos,

todo ese rollo. De ahí nació la espinita por montar toros, andar arriba echando brincos, hasta que Dios me dio la oportunidad de montar toros. Mi primer toro fue en mi rancho en Coahuila. Unas semanas antes de Semana Santa, hubo un rodeito y me trepé al toro, pos me gustó el rollo. Ahorita me estoy untando pomada pa’ calentar la ingle y el hombro que traigo un poquito dolido. Me lastimé pues en el mismo ámbito. Yo tengo mi trabajo, esto lo hago por diversión, por hobby. Es como si tú te pones a jugar futbol, pues te diviertes. Y fíjate que el peligro está donde quiera, amigo. Cuando te toca, pues te toca, aunque te quites. A mí me gusta mucho este rollo. He jineteado como 200 toros. La técnica es permanecer en el punto dulce del toro. Es arriba, en el lomo, donde menos se mueve y tienes más estabilidad. Vas a escuchar vaqueros que dicen me sacó a un lado, me quitó del centro, y pues se van de lado y tienen problemas. A partir de que el toro sale del cajón empiezan a contar ocho segundos, y tienes que ir con una sola mano, si tocas con tu mano alguna parte del toro, estás descalificado. He visto revolcadas, trapeadas, pero cosas gachas gracias a Dios no. Un amigo perdió en los toros un ojo. Luego hay vaqueros que hacen trampa, haz de cuenta que amarran las espuelas al pretal y pues es como si estuvieras amarrado al toro, y es más difícil que te caigas. O cuando aprietan mucho al toro pues lo sofocan. ¿Cuánto me pagan? No, amigo, esto no es de pago. Si ganas, te ganas la lanita, si no, pues te ganas el camino a tu casa. Si Dios quiere que me vaya bien, y gano un primer, segundo lugar, pues agarro lanita. Pero a mí lo que me importa es echar corva. Rosy Contreras y Coco Escobedo, maestras de baile en el Far West Rodeo Desde hace 18 años damos las clases aquí en el Far West. Yo por ejemplo ya tengo unos 25 enseñando a bailar. Es que antes había otros lugares y pues Coco también tiene su historia. Igual yo empecé en otros rodeos también en el Lienzo Charro, y ahí empezamos con la música texana. Y es que el Far West utilizó una logística para atraer a

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los grandes bailadores de este género. Además, este rodeo nos quedó muy cerca de donde vivimos, había otro rodeo en las afueras del área de Monterrey, estaba lejísimos, ¿verdad Rosy? Tenemos gente que ha venido a las clases durante diez o 12 años, pero forman parte del ballet o a los grupos de ayuda para dar clases a las nuevas generaciones. Más o menos un estimado de alumnado, pues fácilmente pasa a los 70 mil alumnos. Aquí hemos tenido de todo, corazón. Desde doctores muy prestigiados, dueños de negocios, conductores de televisión, ¿verdad, Rosy? Para los que son nuevos como tú, pues le decimos: aquí te enderezamos el guarache. Olvídate de los dos pies izquierdos. Pero tiene que nacer ese gusto, y nosotras te enseñamos a que lo aprecies, ¿o no, Coco? Claro, mira hemos tenido gente que sale depresiones fuertes por divorcios, dicen que les cambia la perspectiva de las cosas y ya están esperando a la clase de la semana siguiente. La gente debe de darse la chanza de venir. Así como yo pongo en Facebook: el baile nos crea una sana adicción y aparte nos alegra el corazón. Ahorita, los lunes, tenemos 110 alumnos. Pero mira, para hacerte un master tienes que seguir practicando. La práctica hace a un buen bailarín, ¿verdad Rosy? Además aquí no tienes que traer pareja, aquí te conseguimos. De hecho, corazón, hemos formado familias. Vienen chavos y chavas solas y se casan y luego nos traen a los hijos. O sea ¿mande? ¿Me entiendes? Luego vienen los hijos llegan y te cuentan la historia de que “tú se la presentaste”. Y sentimos mucho orgullo, la verdad. Mira, corazón, todo esto empezó como hobby, pero ahora ya es un estilo de vida. A pesar de que hubo mucha violencia, es uno de los lugares que ha permanecido, y gracias a Dios, aquí nunca ha pasado nada. Lo padre es que ahora ves al Far West como en sus inicios: con la pista de baile llenísima. Como cuando vino Selena, no podías ir al baño, ni por un refresco, nadie se podía mover. Ese día fue excepcional, ¿no, Rosy? Y el segundo día que vino, porque ella pidió regresar, estuvo mejor. Había un poquito más de espacio. Uy y cuando vino Bobby Pulido, o el Grupo Más, cuando vino La Banda El Recodo, o Ramón Ayala, y hasta otro tipo de artistas como Garibaldi, Proyecto Uno. Muchísimos, hasta de música

country. Imagínate, ¡cuántos años!, corazón, así como también Coco lo menciona, para mí el Far West Rodeo es mi segunda casa. *** El rodeo es un ritual agridulce. Vacila entre las carcajadas que propician los payasos de rodeo y la posibilidad de presenciar un accidente grave. La ejecución de la jineteada es también la contención del aliento de cientos que miran emocionados. Ocho segundos, no más. Uno de los payasos de rodeo se llama Rififi. Su labia es tanta que podría ser también locutor de radio. Además de poseer el histrionismo exacto, claro, de un payaso. Antes de salir a actuar, me dice una frase que se me queda grabada: “La gente no sabe lo que hay tras bambalinas”. La frase ya la había escuchado, pero no en el lugar correcto. El Far West Rodeo es ese lugar. Los clientes que bailan los jueves y los sábados ignoran por ejemplo que la mayoría de los empleados tienen otros trabajos. O que Alberto Martínez es el encargado de mojar la arena del rodeo y el cuidador del estacionamiento desde hace 19 años. O que el compañero de Rififi, Chacharitas, fue campeón nacional de payasos de rodeo en el 2005. Además de que sus payasadas lo han llevado a viajar por Estados Unidos y Centroamérica. Y que los dos payasos llegaron a ser lo que son por mero accidente. Ya le pasó un día a Chacharitas que un tipo le aventó una botella cuando trabajaba porque hay personas que creen que para eso está el payaso. Para ser ofendidos. Rififi me platica, entre la emoción y el coraje, que todos, absolutamente todos vienen aquí con la intención de ganarse unos pesos. Y hacen su mejor esfuerzo. Poco antes de las tres de la mañana, Luis Nañes, el animador, empezará a despedir a la gente. Me marcho antes de que eso suceda para poder alcanzar un taxi. Al tomarlo parece que todos en Monterrey tienen relación con el Far West Rodeo. — ¿Usted también ha venido bailar al Far West? —N’ombre si yo trabajé ahí durante siete años, junto con Alberto, en el estacionamiento.

11 al 17 de agosto de 2013 14 Del Monterrey, N.L.

_Opinión

«Sonidos de Monterrey»
JUAN SORDO Mitad sonorense, mitad regio.Sloterdijkeano. Estudiante treintañero. sordo.jc@gmail.com
. Cada fin de semana, orgullosa de su extraña elegancia y de la vitalidad conservada tras el paso de las décadas, la música colombiana descendía por la ladera norte de la Loma Larga y se instalaba en el lecho seco del río Santa Catarina. Por un par de días la sencillez de su instrumentación y sus composiciones retumbaban en los potentes equipos de audio de los ex sonideros convertidos en comerciantes de discos piratas en la pulga del Puente del Papa. Sin guardar ningún rencor por los años de indiferencia, o incluso franca exclusión, la colombia instalaba su epicentro justo en la histórica frontera que separa a los locales de los recién llegados a Monterrey de San Luisito, a la Macroplaza de la colonia Independencia. Todos eran bienvenidos en la esfera sonora que ahí se generaba. Todos eran inmersos por igual en sus ritmos cadenciosos. Llegué tardíamente a ese ritual semanal y a la escucha de esta música. A finales de los 90 rechacé sin interés invitaciones al bar de Max, entonces en apogeo y menos inseguro. Las pocas referencias que tenía del mundo colombiano me sonaban lejanas. No tengo ningún pasado en la Indepe ni en la Nuevo Repueblo; tampoco frecuentaba el Puente. Pasaría casi una década desde mi llegada a la ciudad antes que comenzara a ir en busca de discos de vinil. Eran, sin embargo, otros sonidos los que me interesaban; el Nashville Skyline de Dylan y el debut de The Stooges fueron de mis primeras compras. Pero la cumbia, ahí, me resultó fascinante. Recuerdo con toda claridad cómo al cruzar el tramo del puente que, sobre Morones Prieto, une el mercado Díaz Ordaz con el río; era invadido por un bajeo monótono, profundo; por el flujo sonoro de la respiración irregular del acordeón, que se distiende y luego se contrae un momento, sólo para volver a distenderse, una y otra vez, imprevisiblemente. Todo ello salpicado por el rasgueo sin pretensiones, cumplidor y metálico de la guacharaca. 2. Para 1960, y en tan sólo 20 años, la ciudad había triplicado su población. Casi un 30 por ciento venía de otros estados del país buscando un trabajo en la pujante industria. Un sector de estos migrantes iba a elegir las grabaciones comerciales del folclor de la costa atlántica de Colombia, antes que las adaptaciones que ofrecía la radio y el mercado formal, como la banda sonora de su arraigo en una urbe segregadora. Éstas habrían de permitirles, al tiempo que recibían la revista Trabajo y ahorro en las empresas para las que laboraban, cantarle a la parranda y al ocio y, haciendo eco a la voz de Lisandro Meza, llamar “hijoeputa” al patrón. Años después, ahora junto a las interpretaciones locales de este género, acompañarían a muchos de sus hijos -en casetes grabados y en recuerdos sonoros- en una nueva migración hacia el norte en busca de los empleos que aquí ya comenzaban a escasear. 3. Las colecciones que los sonideros habían reunido años atrás en discos de vinil obtenidos trabajosamente (gestionando su envío desde Houston o Miami; viajando a esas ciudades, al DF o a Colombia) convertidas en repertorios digitales, se ofertaban en el Puente y en el mercado Díaz Ordaz en discos compactos quemados caseramente. Para indicar su contenido bastaba pegar sobre la funda de papel una fotocopia con la lista de las canciones, acaso decorada con la imagen de una palmera de trazos poco refinados. Uno de los herederos del sonido Murillo, que tomaba cerveza camuflada con un vaso de plástico mientras atendía su puesto, me orientaba entre los nombres y los títulos para mí poco conocidos.

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LA COLOMBIA

Pronto pudo descifrar mi gusto y hacerme recomendaciones atinadas. También llegó a ofrecerme en venta algunos LP’s, algo extrañado por el interés en el antiguo formato. 4. Un buen día falla la tornamesa. El plato gira más lento y se altera profundamente la sonoridad de una cumbia. La guacharaca así raspa más rico. Las percusiones se vuelven cavernosas. El bajo tiene ahora ecos hipnóticos y la voz de Landero, aunque sigue inconfundible, pierde todo resto criollo al tornarse tan grave como la de un patriarca negro. Cualquier soplo alegre salido del fuelle del acordeón se disuelve en una resonancia melancólica. Todo se prolonga y se hace denso. La melodía se simplifica y evoca un baile de esclavos. Estirar la cinta de los casetes o usar pilas con poca energía en las grabadoras puede hacer surgir otra vez ese hermoso sonido. Son los 80 y en el panorama, para algunos, sólo hay crisis. Pero en Monterrey se ha develado un secreto que parecía estarle destinado. Ha nacido la rebajada. 5. Hace tres años que ya no hay pulga del Puente. Tras el paso del último fuerte huracán no se permitió a los puesteros reinstalarse. Pero la colombia es hoy parte cotidiana del paisaje sonoro regiomontano. Ha penetrando todos los sectores sociales, se ha expandido en la región y es reconocida internacionalmente. CONARTE y García Márquez, hace ya más de un decenio, le dieron su aprobación. La cumbia rebajada, su producto más original y característico, conserva sin embargo un lugar ambivalente en este proceso de legitimación. Basta ver, por ejemplo, los comentarios que reciben en Youtube los videos que la incluyen. Apreciada intensamente por algunos, es desdeñada y denigrada por otros (colombias y no-colombias, dentro y fuera de la ciudad). Una cosa es segura: no la escucharás en la radio a pesar de la ya normalizada presencia del género en varias emisoras locales. Quizás, además de la clara discriminación hacia los jóvenes más identificados con su escucha, no se le perdone optar abiertamente por lo lento a contrapelo del discurso industrioso y progresista oficial. Tal vez la intensificación de la negritud de su sonido resulte inaceptable en esta sociedad.

. . a i c n e s e r p a l a e Pes
l termómetro marca 35 grados centígrados en Monterrey. Y así ha sido durante los últimos días… después de todo, estamos en plena canícula. Los abanicos trabajan incesantemente para mantener los regiomontanos relativamente frescos y las ventanas permanecen abiertas en un intento de atraer alguna brisa al interior de los cuartos. Y si no están abiertas, se puede escuchar el rugir de los climas o aires lavados dentro de las casas. Pero hay veces que ni el clima ni la ventana abierta pueden ayudarme a sofocar el abrasante calor que se siente en la ciudad; caminar a la tienda más cercana en busca de un bote de agua fría parece una travesía épica. Como bien dice Margarito Cuéllar en su crónica de esta semana: “Hace un calor de la chingada en la ciudad”. Y pensar en andar en bicicleta en El Barrio Antiguo

de la nueva unidad ciclista de Policía de Monterrey, se siguen cometiendo cerca de 5 asaltos diarios a comercios del centro de la ciudad.
como los policías ciclistas o meterme a nadar en un mar de gente en el Far West, con botas y sombrero vaquero, sólo me hace sudar y sentir bochornos cuasi menopáusicos. Las historias que se han reunido esta semana en El Barrio Antiguo se centran más bien en diferentes culturas y estilos de vida, pero sin querer o sin querer queriendo, todas han sido sobre el calor que entorpece, adormece y sofoca a los regiomontanos en estos últimos días. Recomiendo una cerveza fría, o una coca con muchos hielos mientras se disfrutan las historias que con tanto calor se cuentan en este número quince del Barrio Antiguo. DGG

Desde la Calle Rojo

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buzon@elbarrioantiguo.com Aquí recibimos sus crónicas, comentarios y quejas.

_Obituario

Del 11 al 17 de agosto de 2013 Monterrey, N.L.

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BERTHA MUÑOZ MIER
LA DOCTORA ESCOPETA
POR CARACOL COLUNGA

05/07/55 - 26/07/13

E

l día catorce de junio del año del 2006 en la plaza de Oaxaca se puso el mundo al revés, temprano por la mañana al punto de amanecer nadie hubiera imaginado lo que iba a suceder. La huelga del magisterio tenía la plaza tomada mientras el pinche gobierno preparaba la celada “antes que amanezca el día quitamos este plantón”, gritaba la policía y empezó la represión. ¿Qué de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada ¿Y de dónde, donde de dónde son, qué de dónde son? Que son de la barricada Son de la barricada En mayo de 2006, la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación inició un plantón en el centro de Oaxaca. Cerca de 80 mil maestros se manifestaron buscando cosas aparentemente simples: calidad en las escuelas oaxaqueñas, mejora en los numerosos institutos educativos rurales, justicia del gobierno estatal frente a casos de represión contra integrantes del magisterio. Pero las cosas no pueden ser simples en un estado que concentra 25 por ciento de los municipios del país, tiene alrededor de 16 grupos étnicos en su territorio y ha sufrido el embate de grupos militares, paramilitares y guerrilleros. Tampoco podían serlo ya que el gobernador de ese entonces, Ulises Ruíz, había llegado al poder hacía dos años a través de un proceso electoral dudoso y violento. Fue justamente el gobernador quien, en cumplimiento de una “promesa de campaña”, decidió mandar las fuerzas públicas para desalojar el centro histórico. El choque fue violento ya que los maestros resistieron el embate de la policía. A partir de ese día inició un conflicto que habría de durar el resto del año y que todavía tiene ecos en Oaxaca. Después del intento de desalojo por parte del gobierno estatal, vino un tibio intento de diálogo con una comisión que fracasó ante el enorme descontento popular que existía. Ante esto, diferentes grupos sociales se unieron a los reclamos de los maestros y el 17 de junio conformaron la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), organización que luchó por la destitución de Ulises Ruíz y enfrentó la persecución, el asesinato de sus miembros, la represión y el desprestigio. Fueron muchas las historias que surgieron durante el conflicto; dentro del espectro que fue de la tragedia al heroísmo, la resistencia y la paranoia, las risas y los llantos, la música y las balas, surgió una voz que se volvió medular para la resistencia: la voz de Radio Universidad, llamada también Radio APPO, Radio Cacerola o Radio Plantón; nombres dados según cada opinión, favorable o no a la lucha de la APPO. Allí también surgió la voz de Bertha Muñoz Mier, locutora, doctora, luchadora.

*** El movimiento social tuvo que trasladarse cerca de las instalaciones de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), donde el rector Francisco Martínez Neri permitió y apoyó la toma de la estación universitaria de radio. Hasta ese momento no había ningún medio de comunicación que apoyara los reclamos populares. Las opiniones “públicas” fueron parciales y aunque muchos periodistas independientes apoyaron a la APPO, sus reclamos no encontraron una manera efectiva de llegar al resto de la población que se mantuvo informada por los medios oficiales y comerciales aliados a los intereses del poder. En este escenario surgió Radio Universidad. Con mil watts de potencia, desde 1400 de AM, y con alcance a 80 por ciento del estado de Oaxaca, la estación de radio que se proclamó “la voz del pueblo” presentó resistencia y guía para el movimiento. Durante más de siete meses, en una barra programática ininterrumpida, (a pesar de que casi a diario era atacada por sicarios vinculados al poder) alrededor de 50 estudiantes, maestros y ex alumnos de la UABJO transmitieron mensajes de alerta, discursos revolucionarios, canciones populares, canciones de protesta, cuentos e inclusive arengas incendiarias. La importancia de la radio durante el conflicto fue indiscutible: fungió como un instrumento estratégico que permitió la organización e inclusive la dirigió durante el enfrentamiento del dos de noviembre de 2006, cuando la Policía Federal Preventiva pretendió tomar las
_Editor Adjunto Diego Legrand @legranddiego _Arte y Diseño Oscar Hernández @Ouscher

instalaciones de la universidad. Durante ese encuentro resonó la voz de la doctora Bertha Muñoz, quien básicamente encabezó la resistencia desde los micrófonos y tuvo que ser rescatada de las fuerzas federales y sacada de la radio en urgencia. Ella siempre agradeció la valentía de quienes “gratuitamente” arriesgaron su vida para protegerla. «El dos de noviembre fue cosa de minutos. Apenas dijimos por la radio ‹nos van a atacar› y quién sabe de dónde salió tanta gente. Este fenómeno de participación popular en Oaxaca, en un momento de tanto peligro, lo van a tener que estudiar sociólogos y politólogos durante mucho tiempo”, declaró posteriormente. *** Bertha Elena Muñoz Mier no nació en Oaxaca. Pero se hizo oaxaqueña: «despacito, muy despacito, sin darme cuenta, amo Oaxaca por encima de todas las cosas», llegó a decir. Nació en Morelia, Michoacán, el cinco de julio de 1945. Estudió y vivió en esa ciudad hasta que se graduó con una especialidad en epidemiología. En 1975 emigró a la capital de Oaxaca y empezó a dar clases en la Facultad de Medicina y Cirugía de la UABJO. También trabajó en el Hospital Civil, Aurelio Valdivieso. La vocación social de su práctica y su docencia fueron claros desde el principio: «Soy de Morelia, pero oaxaqueña por elección y conozco a fondo el estado. Yo suelo llevar a mis estudiantes a prácticas en zonas de alta marginación. Ahí creo que podemos
_Cronistas Alma Vigil @almillavigil Daniela García @d_garcia91 Melva Frutos @fruttzy Leo González @yLeodice Daniel Melchor @demf27 Gabriela Villegas @GabrielaVII _Fotografía Victor Hugo Valdivia Asistente Elisa Badillo

encontrar la explicación de todo lo que está pasando». Tuvo tres hijos, Víctor, Alejandro y José. Durante el conflicto de 2006 se involucró ayudando a los heridos por las fuerzas públicas. Según sus propias declaraciones, La Cruz Roja oaxaqueña se negó a curar a los heridos por bala y ella no pudo aguantarlo más. Cuando el movimiento se replegó en la universidad, decidió entrar a la locución. Se le podía escuchar previniendo a las personas para que no cayeran en provocaciones de la policía, mas también arengando para continuar la resistencia. Quizá por eso fue apodada la Doctora Escopeta, sobrenombre puesto por allegados a Ulises Ruíz que pretendía desprestigiarla por “violenta”, sin embargo, el mote fue reivindicado en muchas ocasiones y ahora queda como muestra de la acción que Bertha Muñoz tomó durante el conflicto. Hay otras versiones que dicen que el apodo fue puesto por sus estudiantes desde 1998, debido a la franqueza y frontalidad con la que la voz de la doctora se proyectaba. El poder no le perdonó la resistencia. Empezó a ser acosada; “Te vamos a cortar la lengua”, “Te vamos a violar con el micrófono”, la amenazaban. Luego del enfrentamiento del Día de Muertos, decidió exiliarse de Oaxaca y del país. En diciembre de 2006 salió con rumbo a Bolivia. *** En noviembre de 2009 volvió a Oaxaca y retornó a su trabajo en la universidad y el hospital. Todavía sentía miedo, pero le hizo frente: “no se puede estar permanentemente moviéndose en razón del miedo. Me cansé. Estoy harta de vivir con miedo”. Así que volvió, aunque su salud ya estaba deteriorada debido a un enfisema pulmonar. Murió el 26 de julio de 2013 víctima de un paro respiratorio. *** “¡A todos les pedimos que traigan botellas, trapos, clavos, hay que defendernos de estos malditos, ladrones, violadores!” dijo alguna vez la doctora. Se le juzgó por ello y quizá de allí viene su polémica reputación. Su hijo Víctor explicó que a Bertha Muñoz la quisieron utilizar como bandera política y que por eso no asistió al homenaje que en vida le hicieron. Habló en contra, igualmente, de Marcelino Coache Verano, líder de la APPO, y de Flavio Sosa que según ella vendieron al movimiento. Quedan, sin embargo, sus palabras al despedirse y tal vez sea la unívoca manera de recordarla: “Si están viendo esto es porque ya no estoy, muero tranquila… la vida no me debe nada, ni yo le debo a la vida… amo Oaxaca por encima de todas las cosas”.

Diego Enrique Osorno @diegoeosorno

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_Columnista Juan Sordo

Una publicación de: Grupo Editorial La Razón José María Rojo 440 Sur Barrio Antiguo Monterrey, Nuevo León. Tel. (0052)(81)83429697/98

Del 11 al 17 de agosto de 2013 Monterrey, N.L.

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