Debajo de ella los ocho ojos, clavados en los suyos le dieron miedo

- ¡Suéltame! ¡Déjame! – gritó sacudiendo la pierna mientras que los idiotas repetían al unísono frenéticamente:

Rojo…Rojo…

- ¡Ay, Mamá! ¡Papá! – Trató de sujetarse del borde.

Rojo… Rojo…

Los escuchaba decir. Lloró imperiosamente. Finalmente de una patada logró liberarse, entonces lo vio, una lucidez macabra que no había notado antes en la mirada de uno de los mellizos. Era una mirada maligna y calculada, llena de rencor, que la perturbó profundamente. Terminó de trepar el cerco y se dejo caer hacía el otro lado. Sin moverse de su escondite, temblaba del miedo. Los idiotas habían regresado a su estado habitual. Los oídos de Bertita todavía zumbaban recordando a los cuatro repitiendo Rojo… Rojo… - ¡Mamá! ¡Papá! - Llamaba llorando, aunque casi en un gemido porque el miedo le impedía gritar. Berta y Mazzini la encontraron llorando en el patio detrás del cerco de ladrillos. - ¡Mi pequeña! ¡Chiquita! ¿Qué ocurre? Bertita lloró y se dejo caer en los brazos de sus padres. - Ellos… Mis hermanos…

Mis hermanos… Sus padres se miraron con asombro inmediatamente. Ya no entendía lo que ocurría. A veces creía escuchar a sus hermanos mugiendo en el patio. Los terrores nocturnos no son infrecuentes. No estaban los idiotas ni había pistas de ellos. Bertita se fue volviendo cada vez más retraída. A veces la vista le jugaba trucos y cuando el sol se ocultaba creía ver por un instante a los cuatro sentados en su banco. Sufría con frecuencia de alucinaciones y pesadillas. Mazzini fue el primero en hablar con cierta preocupación: . Esa noche. Los niños tienen una imaginación muy activa.¿Quiénes hijita? ¿A quiénes te refieres? – Preguntó extrañada su madre. Se dejó vencer por el cansancio… Con el tiempo. llenos de euforia. Bertita estaba agotada. El psiquiatra dijo que era una etapa normal..¿Pero qué cosas dices Bertita? Tú no tienes hermanos. los médicos que la examinaron descartaron cualquier problema fisiológico. Bertita no sabía que decir. Ya se le pasará. No sociabilizaba mucho con los otros niños de su edad. No estaba tampoco el banco en el cual las cuatro bestias miraban al sol ocultarse. Sentían que se les helaba la espalda. A sus padres les preocupaba que lo ocurrido fuera una manifestación de la misma enfermedad que había acabado con la vida de sus primeros hijos. Para alivio de sus padres. Caminando de regreso a casa sintió que la observaban y creyó ver en la acera de enfrente al mayor. frente al cerco de ladrillos. . Un día en el patio se tropezó con un carrito de juguete oxidado que según recordaba le pertenecía al segundo. No estaba muy segura de que todo aquello fuera sólo producto de su imaginación. estaba con la sirvienta en la cocina degollando a la gallina y mientras la sangre corría escuchó a los idiotas Rojo…Rojo… . Inmediatamente se incorporó y fue a buscar a sus hermanos.

Se acercó a abrirla. Se volteó y se encontró con sus cuatro hermanos mirándola con ojos diabólicos mientras se le echaban encima Rojo…Rojo… Ahora todo comenzaba a ser oscuridad… Todo el día. De pronto creyó escuchar a su hermana decir algo. y volvía la cabeza con toda la boca abierta. De repente sintió una respiración tras la nuca. en un banco. Pero no. Los bruscos latidos casi le destrozaban el pecho. Tardó unos segundos en comprender que estaba en su cama y que todo había sido un sueño. sentada en el patio. Se levantó de la cama y abrió la puerta pero no encontró nada. Le habían dicho que eso era parte de su imaginación ¿Nunca existieron sus hermanos en realidad? Escuchó unos golpes en la puerta de su habitación. Repentinamente ella era la gallina desangrándose. Se despertó empapada en frío. A veces cuando el sol se ocultaba tras el cerro al declinar. No era nada. Por un instante le pareció ver en los ojos de Bertita una lucidez inesperada. Tenía la lengua entre los labios. sólo el viento burlándose de ella. Rafael Figueredo Oropeza . Uno de los mellizos siempre observaba con curiosidad el letargo de su hermanita idiota. En ese momento su hermana gimió: Rojo… Rojo… Y a él se le formó una sonrisa en la comisura de la boca. Cuando cerraba la puerta creyó escuchar un nuevo golpeteo en la ventana. Los idiotas que tanto le perturbaban no existían. estaba la hija idiota del matrimonio MazziniFerraz. Había sido solo el viento. los ojos estúpidos.Bertita volteó y se encontró con sus cuatro hermanos en la cocina. ella seguía babeándose encima y con la mirada absorta. Ella vivía encerrada en su propio mundo. La bestia inerte cobraba vida y se volvía eufórica para luego de la caída del sol regresar a su letargo.

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