I.

Relajación
Relajarse solía ser algo que nuestros abuelos sabían hacer con facilidad. Hoy en día, debido a nuestro tren de vida, olvidamos cómo hacerlo. Parece ridículo pero es verdad. Muchas veces estamos tan tensos que no sabemos cómo empezar a calmarnos; se puede intentar ver televisión, aunque distraerse no siempre funciona. Es necesario aprender de nuevo a relajarse, justamente porque hacerlo ya no es parte de nuestra existencia. Generalmente no hay tiempo, y cuando lo hay, no sabemos cómo. La relajación, al contrario de la flojera —no hay que confundirlas—, trae muchos beneficios para nuestro desempeño cotidiano. Relajarse en forma continua nos permite estar más alerta, más oxigenados, menos desgastados, reparar nuestro sistema nervioso, sobrellevar largas jornadas de trabajo sin acabar en un estrés desgastante, mantener un mejor sentido del humor y renovar la energía, entre otros beneficios. Cuando nos relajamos y hacemos una pausa, respiramos de manera diferente y más profunda, lo que nos ayuda a oxigenar nuestro cerebro y pensar con claridad. A continuación encontrarás una serie de ejercicios de relajación que tomarán unos minutos. Te recomiendo que hagas una pausa en tu trabajo diariamente para hacer el ejercicio que más te guste, y así reponerte y cargarte de energía. Recuerda que tu cuerpo es el reflejo de tus pensamientos y emociones. Si tienes mucho estrés y tensión, tu cuerpo lo reflejará tarde o temprano. Gozarás de más salud si mantienes la calma y mantienes el estrés bajo control. Te ofrecemos opciones para eliminar la tensión en general, y en ocasiones recurriremos a leves estados de trance para aliviar de manera agradable y placentera la rigidez muscular o el estrés emocional que te afecta, para luego continuar y terminar el día pleno de energía.

INTRODUCCIÓN

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