05-May-2010 Yuriria Sierra

“San Doval” Íñiguez
Con toda la revuelta que se ha presentado por los casos de pederastia vinculados a los legionarios de Cristo y su fundador, Marcial Maciel, a últimas fechas hemos tenido muchos intentos de la Iglesia católica, e incluso de El Vaticano, para reivindicar la imagen de su institución. Debido a la creciente ola de revelaciones sobre los casos de encubrimiento por miembros del clero en varias partes del mundo, la Santa Sede ha comenzado su estrategia para reposicionarse. Porque, hablando específicamente de esa orden, se trata de una de sus congregaciones más importantes, pues vale unos 34 mil millones de dólares y es representada en 18 países por 800 sacerdotes y más de dos mil 600 seminaristas, así que El Vaticano tiene a esos legionarioso dentro de sus prioridades, para borrarles la revolcada de imagen que les dejaron Maciel y sus atrocidades. Anteayer se reveló que se estudiaba la opción de colocar a un nuevo líder para ellos y uno de los nombres que se escuchó fue el de Juan Sandoval Íñiguez, el arzobispo de Guadalajara quien, como dice cierto personaje de la ficción, es aquel a quien usted seguro recuerda por frases como “las desviaciones homosexuales no deben servir para condenarlas ni presumirlas; sino para mantenerlas en secreto”, “las mujeres no deben andar provocando, por eso hay muchas violadas...” o “no hay rico, rico, rico, rico que sea honesto, porque trabajando nadie se hace rico, porque si trabajando se hiciera uno rico, los burros serían los más ricos...” Y es que la refundación que se pretende de los legionarios necesita una nueva cabeza al frente que les permita eliminar de su historia, al menos la que ellos quieren escribir, lo que Marcial Maciel les dejó como legado: testimonios de decenas de casos de abuso sexual y un discurso de doble moral, nada sorpresivo, que lo llevó a tener tres hijos con dos mujeres distintas, de quienes también abusó. Por eso los dedos apuntan a Juan Sandoval Íñiguez como el comisionado encargado de devolver a los legionarios su imagen inmaculada porque, dicen, él es exactamente lo opuesto a lo que la Iglesia católica representa para millones de personas que algunas vez fueron feligreses. Sandoval Íñiguez es todo eso que los católicos, legionarios o no, quieren ser: “Una persona recia, de carácter fuerte, apegado a sus convicciones, sin medias tintas (...) carismático, polémico, atrevido y sin prejuicios, con una fortaleza impresionante (...) “Ese incansable pastor de la Iglesia de Guadalajara que ha servido con eficiencia, cariño y dedicación (...) que se mantiene hoy en día como un verdadero líder de la grey católica y de toda la sociedad; que encontramos en sus palabras una consideración seria y profunda, siempre desde el punto de vista de la religión y la moral, que nos permiten tener una mayor instrucción...” Estas últimas ideas, sacadas a manera de extracto del libro El verdadero rostro del cardenal JuanSandoval Íñiguez, una biografía que, por supuesto, él autorizó para su publicación...

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