P. 1
Emmanuel Mounier - Què sé yo. El personalismo

Emmanuel Mounier - Què sé yo. El personalismo

|Views: 150|Likes:
Published by Luis Murga

More info:

Published by: Luis Murga on Aug 22, 2013
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

02/13/2014

pdf

text

original

Sections

  • Capítulo I
  • Capítulo II
  • Capítulo III
  • Capítulo IV
  • Capítulo V
  • Capítulo VI
  • Capítulo VII

L

El personalismo

Emmanuel Mounier

i u ADUCCIÓN Josefina Anaya

Mounier, Emmanuel, 1905-1950.
El personalismo / Emmanuel Mounier ; tr. de Josefina
Anaya. - México : Jus, 2005
176 p. ; 17 cm.
Traducción de: Le personnalisme

ISBN 968-9925-02-4

1. Personalismo. I. Anaya, Josefina, tr. II. t.

141.5 MOU.p. Biblioteca Nacional de Mexico

Primera edición en francés, 1949
Primera edición en español, 2005
Para venta exclusiva en México
Y EL CONTINENTE AMERICANO

Título original en francés: Le personnalisme
©Presses Universitaires de France
d.r. ©2005, Maica libreros editores, S. A. de C. V.
Av. Constituyentes núm. 647
Col. 16 de Septiembre
México, 11810, D.F.

Se prohíbe la reproducción
parcial o total de esta obra
-por cualquier medio- sin el permiso
por escrito del editor.

portada: Fotografía deEmmanuel Mounier

ISBN 968-9925-02-4

Impreso en México •Printed in Mexico

Introducción familiar
al universo personal

La palabra “personalismo” es de uso reciente. Utilizada
en 1903 por Renouvier para denominar su filosofía, mas
tarde cayó en desuso. Varios norteamericanos la emplea
ron siguiendo a Walt Whitman, en sus Democrattc vistas
(1867). Reapareció en Francia hacia 1930 para designar,
en un ámbito completamente diferente, las primeras
indagaciones de la revista Esprit y de otros grupos seme
jantes (Ordre Nouveau, etcétera) acerca de la crisis po 1-
tica y espiritual que a la sazón prorrumpía en Europa.
El Vocabulaire philosophique de Lalande le otorga dere
cho de ciudadanía en su quinta edición de i^y.Contra
todo uso, el Larousse la convierte en sinónimo de ego
centrismo” . Como vemos, su sendero es indeciso y rami
ficado, el de una inspiración buscada y que experimenta
sus caminos.

1

Esprit se fundó en 1932- Véase la colección completa y E. Mounier,
Manifesteau Servicedu personnalisme Aubier, *936 («d•
fiesto al servicio del personalismo, trad. de Julio González Campos, Taurus)
í Qu’est-ceque le personnalisme?, Éditions du Seuil 1947 («ad. en español
j Qué es el personalismo?, trad. de Edgar Ruffo, Ed. Criterio). En partícu
la: “Personnalisme catholique” (Esprit, febrero-marzo-abrd de 1940, reim
preso en Libertésous conditions, Du Seuil, 1947)-

6 / El personalismo

Sin embargo, lo que hoy llamamos personalismo no es
una novedad. El universo de la persona es el universo del
hombre. Sería sorprendente que se hubiese esperado la
llegada del siglo xx para explorarlo, aunque fuese con
otros nombres. Como veremos, el personalismo más ac
tual se inserta en una larga tradición.

El personalismo 110 es un sistema

El personalismo es una filosofía, no solamente una acti
tud. Es una filosofía, no un sistema. No teme a la siste
matización, ya que se necesita orden en los pensamientos:
conceptos, lógica, esquemas de unificación no son sólo úti
les para asentar y comunicar un pensamiento que sin ellos
se diluiría en intuiciones opacas y solitarias; sirven para
escudriñar estas intuiciones en sus profundidades: son ins
trumentos de descubrimiento a la vez que de exposición.2
En vista de que necesita estructuras, el personalismo es
una filosofía y no solamente una actitud.
Empero, como su afirmación central es la existencia
de personas libres y creativas, introduce en el corazón de
estas estructuras un principio de imprevisibilidad que da
al traste con toda voluntad de sistematización definitiva.
Nada puede repugnarle más profundamente que el gusto,
tan común en nuestros días, de un aparato de pensamien
to y de acción que opere como un distribuidor automá

2J. Lacroix, “Système et existence”, Vie Intellectuelle, junio de 1946.

Introducción familiar al universo personal / 7

tico de soluciones y de consignas, barrera contra la inves
tigación, confianza contra la inquietud, la adversidad y el
peligro. Por lo demás, una reflexión nueva no debe liar
sus problemas en un fardo con demasiada rapidez.
Así, a la vez que, por comodidad, hablamos de perso
nalismo preferimos decir que hay personalismos y respetar
sus procesos diversos. Un personalismo cristiano y un
personalismo agnóstico, por ejemplo, difieren hasta en su
estructura íntima. No ganarían nada con buscar caminos
medios. Sin embargo, se confirman en ciertos campos de
pensamiento, en ciertas afirmaciones fundamentales y en
ciertas conductas prácticas, en el orden de lo individual
o en el de lo colectivo: esto basta para dar su razón de ser
a un nombre colectivo.

Idea sumaria del universo personal

('.abría esperar que el personalismo comenzara por defi
nir a la persona. Pero sólo se definen objetos externos al
hombre y que podemos poner bajo nuestra mirada.
Mas la persona no es un objeto. Incluso es aquello que
110 puede ser tratado como objeto en ningún hombre.
Pongamos por caso a mi prójimo. Él tiene una sensación
singular de su cuerpo que yo no puedo tener, pero pue
do ver este cuerpo desde afuera, examinar sus humores,
herencias, forma, enfermedades, en pocas palabras, tra-
1arlo como materia de conocimiento fisiológico, medico,
etcétera. Es funcionario y tiene estatus de funcionario,

una psicología de funcionario que puedo estudiar en su
caso, aun cuando no sea enteramente él, en su realidad
comprensiva. En el mismo sentido, es también un fran
cés, un burgués o un maniaco, un socialista, un católico,
etcétera. Pero no es un Bernard Chartier: es Bernard
Chartier. Las mil maneras en que puedo definirlo como
un ejemplar de cierta clase me ayudan a comprenderlo y
sobre todo a utilizarlo, a saber cómo comportarme de
manera práctica con él. Pero no se trata más que de vis
tas de algún aspecto de su existencia tomadas en cada
ocasión. Mil fotografías muy bien montadas no hacen a
un hombre que camina, que piensa, que ambiciona. Es
un error creer que el personalismo exija solamente que
en vez de tratar a los hombres en serie se tenga en cuen
ta sus diferencias sutiles. El “mejor de dos mundos” de
Huxley es un mundo en que los ejércitos de médicos y
de psicólogos están dedicados a condicionar a cada indi
viduo según minuciosas informaciones. Al hacerlo desde
fuera y con autoridad, al reducirlos a todos a meras má
quinas bien montadas y bien aceitadas, este mundo su-
perindividualizado es, sin embargo, lo opuesto de un
universo personal, porque todo en él está acondiciona
do, nada en él se crea, nada en él se juega la aventura de
una libertad responsable. Hace de la humanidad un in
menso y perfecto parvulario.
Por lo tanto, no hay piedrecillas, árboles, animales —ni
personas, que serían árboles móviles o animales más as
tutos. La persona no es el objeto más maravilloso del
mundo, un objeto que conoceríamos desde afuera, como

8 / El personalismo

1ualquier otro objeto. Es la única realidad que conoce
mos y que al mismo tiempo confeccionamos desde den-
no. Presente por doquier, no está dada en ningún sitio.
Sin embargo, no por ello la relegamos a lo indecible.
I lúa experiencia rica que se sumerge en el mundo se ex
presa por una creación incesante de situaciones, reglas e
instituciones. Pero como este recurso de la persona es in-
i Id ¡nido, nada de lo que la expresa la agota, nada de lo
■|ue la condiciona la domina. No más que un objeto visi-
I ile, no es un residuo interno, una sustancia agazapada
en nuestros comportamientos, un principio abstracto de
nuestros gestos concretos: una forma más de ser un ob
jeto, o el fantasma de un objeto. Es una actividad vivi-
, lade autocreación, de comunicación y de adhesión, que
se capta y se conoce por sus actos, como movimiento de
personalización.Nadie puede ser condicionado ni obliga
do a esta experiencia. Los que la llevan a su cúspide ape-
I-111a su alrededor a que acudan a ella, despertando a los
dormidos, y así, de llamado en llamado, la humanidad se
despoja del pesado sueño vegetativo que la mantiene
adormecida. El que se rehúsa a escuchar el llamado y a
comprometerse en la experiencia de la vida personal
pierde el sentido de esta, como se pierde la sensibilidad
de un órgano que no funciona. Y la tomará por una com
plicación del espíritu o por la manía de una secta.
Existen, pues, dos maneras de expresar la idea gene-
1al del personalismo.
1) Se puede partir del estudio del universo objetivo,
mostrar que el modo personal de existir es la forma más

Introducción familiar al universo personal / 9

o I El personalismo

elevada de existencia y que la evolución de la naturaleza
prehumana converge en el momento creador en que sur
ge esta culminación del universo. Se dirá que la realidad
central del universo es un movimiento de personaliza
ción, donde las realidades impersonales, o en gran medi
da despersonalizadas (la materia, las especies vivas, las
ideas), no son más que pérdidas de velocidad o languide
ces de la naturaleza sobre el camino de la personaliza
ción. El insecto que remeda la rama para no hacerse no
tar en la inmovilidad vegetal anuncia al hombre que se
entierra en el conformismo para no responder por sí mis
mo, aquel que se abandona a las ideas generales o a las
efusiones sentimentales para no afrontar los hechos ni a
los hombres. En la medida en que esta descripción siga
siendo objetiva, no hace más que presentar imperfecta
mente una realidad que para empezar no es objetiva.
2) O bien se vive públicamente la experiencia de la vi
da personal esperando seducir a un gran número de los
que viven como árboles, como animales o como máqui
nas. Bergson hablaba del “llamado del héroe y del san
to”. Pero estas palabras no deben engañarnos: el llamado
personal nace de la vida más humilde.
Vemos ya la paradoja central de la existencia perso
nal: es el modo propiamente humano de la existencia.
Sin embargo, debe ser incesantemente conquistada; la
conciencia misma se desprende lentamente del mineral,
de la planta o del animal que pesan en nosotros. La his
toria de la persona será, por ello, paralela a la historia del
personalismo. No solamente se desplegará en el plano de

la conciencia sino, en toda su longitud, en el del esfuer
zo humano por humanizar a la humanidad.

11reve historia de la noción de persona
vtic la condición personal3

Si nos limitamos a Europa, el sentido de la persona es em-
i irionario desde la Antigüedad hasta los albores de la era
11istiana. El hombre antiguo es aspirado por la ciudad y
1>or la familia, sometido a un destino ciego, sin nombre,
superior a los dioses mismos. La esclavitud no choca a los
espíritus más elevados de la época. Los filósofos no tie
nen en estima más que el pensamiento impersonal y su or-
1irii inamovible que regula tanto a la naturaleza como las
ideas. La aparición del singular es como una mancha en
1.1naturaleza y en la conciencia. Platón tiene tentación de
1educir el alma individual a una participación de la natu-
I iileza y a una participación de la ciudad, de ahí su “co-
II ii mismo”. Y la inmortalidad individual, para él tanto co
mo para Sócrates, no es más que una bella hipótesis
aventurada. Aristóteles afirma que lo único real es lo in-
i iividual, pero su dios no puede desear con una voluntad
particular ni conocer por esencias singulares, ni amar con
un amor de elección. Para Plotino hay una especie de fal-
1.1primitiva en el origen de toda individualidad, y no hay

3

Para otras notas sobre esta historia véase J. Plaquevent, “Individu et
lirsonne. Esquisse des notions”, Esprit, enero de 1938. Dos Historias del
personalismo están en preparación en Francia y en los Estados Unidos.

Introducción familiar al universo personal / 1

2/ El personalismo

salvación más que en un retorno arrebatado del Uno y a
lo Intemporal.

No obstante, los griegos tenían un agudo sentido de la
dignidad del ser humano, que periódicamente causaba
problemas en su orden impasible. Testimonio de ello son
su gusto por la hospitalidad, su culto a los muertos. Cuan
do menos en una ocasión (Edipo en Colona) Sófocles pre
tende reemplazar la idea del Destino ciego por la de una
justicia divina dotada de discernimiento. Antígona afirma
la protesta del testigo de lo eterno en contra de los pode
res. has troyanas oponen a la idea de la fatalidad de la gue
rra la de la responsabilidad de los hombres. Sócrates, en
el discurso utilitario de los sofistas, sustituye la sonda de
la ironía, que desconcierta al interlocutor, y lo cuestiona
al mismo tiempo que sus conocimientos. El “conócete a ti
mismo” es la primera gran revolución personalista conoci
da. Pero no podía tener más que un efecto limitado en las
resistencias del entorno. Por último, no hay que olvidar ni
al sabio de la Etica a Nicómaco ni a los estoicos y su con
movedor presentimiento de la cantas generis humani.

Entre estos intentos, el cristianismo aporta de entrada
una noción decisiva de la persona. Hoy no podemos me
dir el escándalo absoluto que fue para el pensamiento y
la sensibilidad de los griegos:
i) Mientras que para ellos la multiplicidad era un mal
inadmisible para el espíritu, el cristianismo la convierte
en absoluto al afirmar la creación ex nihilo y el destino
eterno de toda persona. El Ser supremo que los trae a la

Introducción familiar al universo personal /

existencia por amor ya no opera la unidad del mundo por
!,i abstracción de una idea sino por una capacidad infini-
i \ de multiplicar indefinidamente estos singulares actos
de amor. Lejos de ser una imperfección, esta multiplici
dad nacida de la superabundancia lleva consigo la super
abundancia en el intercambio indefinido del amor. Du
rante mucho tiempo el escándalo de la multiplicidad de
Lis almas tropezará con las supervivencias de la sensibili
dad de la Antigüedad, y Averroes sentirá todavía la ne
cesidad de imaginar un alma común a la especie humana.
2) El individuo humano no es el cruce de varias parti-
. ¡paciones en realidades generales (materia, ideas, etcéte-
1a), sino un todo indisociable cuya unidad recompensa la
multiplicidad, ya que hunde sus raíces en el absoluto.
3) Por encima de las personas no reina la tiranía absolu-
1ade un Destino, de un cielo de ideas o de un Pensamiento
impersonal, indiferentes a los destinos individuales, sino un
I) ios a su vez personal, aunque eminentemente un Dios que
I m “dado de su persona” para asumir y transfigurar la con-
i lición humana, y que propone a cada persona una relación
singular de intimidad, una participación en su divinidad;
un Dios que no se afirma, como creyó el ateísmo contem
poráneo (Bakunin, Feuerbach), en lo que quita al hombre
sino concediéndole, por el contrario, una libertad análoga
,1lasuya, dándole generosidad a cambio de generosidad.
4) El movimiento profundo de la existencia humana
no es asimilarse a la generalidad abstracta de la Natura-
Ir/a o de las Ideas, sino cambiar el “corazón de su cora
zón” (neiayoia) con el fin de introducir en él, para que

4 / El personalismo

irradie en el mundo, un Reino transfigurado. El secreto
del corazón donde se decide, por elección personal, esta
transmutación del universo es un dominio inviolable, que
nadie puede juzgar y que nadie conoce, ni los ángeles, so
lamente Dios.

5) En este movimiento, el hombre es llamado libre
mente. La libertad es constitutiva de la existencia crea
da. Dios puede haber creado instantáneamente una cria
tura tan perfecta como puede serlo una criatura. Prefirió
apelar a que el hombre hiciera madurar libremente a la
humanidad y los efectos de la vida divina. El derecho de
pecar, esto es, de rechazar su destino, es esencial para el
pleno ejercicio de la libertad. Lejos de ser un escándalo,
es su ausencia lo que enajenaría al hombre.
6) Este absoluto de la persona no separa al hombre del
mundo ni de los demás hombres. La Encarnación confir
ma k unidad de la tierra y el cielo, de la carne y el espí
ritu, el valor redentor de la obra humana una vez asumi
da por la gracia. Por primera vez la unidad del género
humano se afirma plenamente y se confirma doblemen
te: cada persona es creada a la imagen de Dios, cada per
sona está llamada a formar un inmenso Cuerpo místico
y carnal en la Caridad del Cristo. La historia colectiva
de la humanidad, de la que los griegos no tenían ni idea,
adquiere sentido, un sentido cósmico, inclusive. La con
cepción misma de la Trinidad, que alimentó dos siglos
de debates, anuncia la asombrosa idea de un Ser supre
mo donde las personas dialogan íntimamente, que es ya
de por Sí la negación de la soledad.

lista visión era demasiado nueva, demasiado radical, pa-
1ui|iie se vieran todos sus efectos de golpe. Levadura de
Li historia a los ojos del cristiano, los desarrollará hasta
■I fin de la historia.
Durante todo el periodo medieval las persistentes for
mas sociales e ideológicas de la Antigüedad griega le opo
nen una prolongada obstinación. Transcurrirán varios si
los antes de pasar de la rehabilitación espiritual del
si lavo a su liberación efectiva; de la igualdad de las al
mas no hemos deducido todavía la igualdad de las opor
tunidades sociales: en los fenómenos de gran número, el
i spíritu no corre más de prisa que el cuerpo; además, la
■ondición pretecnológica de la época feudal impide a la
humanidad medieval liberarse de su esclavitud excesiva
. U-l trabajo y del hambre, así como construir una unidad
(ívica por encima de los estados sociales. Aun cuando el
| listianismo de inmediato haya luchado enérgicamente
I ■mtra ella, la tentación dualista persiste en nuestros días
en la sensibilidad común. Esta cultivó durante la alta
lid ¡id Media una prolongada aberración platónica que
II riló el realismo albertino-tomista, reafirmando la digni-
•Lu I de la materia y la unidad del compuesto humano. La
Bodón de persona, sin embargo, se fue precisando poco
apoco a través de las controversias trinitarias y cristoló-
gicas, del siglo 11al vi, más ricamente armonizada por la
sensibilidad griega, mientras que el juridicismo romano,
¡i la vez que le prestaba el rigor de sus fórmulas, se resis
tía en el fondo. Cada gran pensamiento le añadía un nue
vo loque. Pero el aparato lógico y conceptual heredado

Introducción familiar al universo personal /1

16/El personalismo

de los griegos, que giraba alrededor de la clase y de la ge
neralidad, no facilitó su expresión.
Suele remitirse a Descartes el racionalismo y el idealis
mo modernos, que disuelven en la idea la existencia con
creta, olvidando el carácter decisivo y la compleja riqueza
del cogito. Acto de un sujeto además de intuición de una
inteligencia, es la afirmación de un ser que rompe los in
terminables caminos de la idea y se coloca con autoridad en
la existencia. El voluntarismo, de Occam a Lutero, prepa
rará estos caminos. Desde ese momento la filosofía dejara
de ser una lección que hay que aprender, como era usual
en la escolástica decadente, y se convertirá en una medita
ción personal que se propone a todo el mundo para que la
rehagan por sí mismos. Comienza, como el pensamiento
socrático, por una conversión; una conversión a la existen
cia.4En el mismo momento, la joven burguesía sacude las
formas agobiantes de la estructura feudal. Pero la burgue
sía, en reacción a una sociedad demasiado gravosa, exalta
al individuo aislado y arraiga este individualismo económi
co y espiritual que continúa causando estragos entre nos
otros. Igualmente Descartes deja en su cogito gérmenes del
idealismo y del solipsismo metafísicos que minarán profun
damente el personalismo clásico de Leibniz a los kantianos,
pese a las abundantes riquezas que deja a su paso.
Hegel será el arquitecto, imponente y monstruoso, del
imperialismo de la idea impersonal. Todas las cosas, to-

4

Maxime Chastaing, “Descartes, introducteur à la vie personnelle”

Esprit, julio de 1937.

Introducción familiar al universo personal /1

,1,,s los seres se diluyen en su representación: finalmen-
1no es casualidad que profese la sumisión total del in
dividuo al Estado. Pero no debe hacernos olvidar lo que
. I personalismo debe a Leibniz y a Kant, y la dialéctica
,I, la persona a todo el esfuerzo reflexivo del pensamien
to idealista. Pascal, padre de la dialéctica de la concien-
.existencial moderna, sería el más grande de sus maes
tros, si el pensamiento jansenista no lo hubiera desviado
|,i)Cia la religión solitaria y altanera que también había
ai aparado a Kierkegaard. No olvidemos, de paso, a Ma-
klmnche y su Traité de morale-, a Rousseau, al que le re-
vienta el racionalismo empobrecido de la Ilustración,
des orientado por el individualismo, pero que da a su si
glo el sentido de la soledad y sienta las bases de una edu-
, ,u !ón del ser personal. Y señalemos la actualidad de
Goethe, que busca en la acción la unidad dinámica de
espíritu y de la materia. Mas es necesario destacar, en el
,iKlo xix, tres nombres que no conocerán la gloria hasta
rl siguiente siglo: a tal punto tienen dificultad para res
pirar en el clima ideológico del suyo.
Maine de Biran es el precursor moderno del personalis
mo francés. Él denuncia la mecánica mental de los ídeolo-
Bus que diluyen la existencia concreta en los “seudoelemen-
t,,s” del pensamiento, y busca al yo en el esfuerzo motor
gracias al cual tenemos peso en el mundo. Unidad de una
Iniciativa interior y de una iniciativa muscular, esta expe-
1inicia revela en el corazón de toda conciencia una relación
de exterioridad y de objetividad: así pues, no hay que opo
nerse a la conciencia ni al espacio; toda conciencia es espa-

18 / El personalismo

cializante, se afirma en el espacio. El pensamiento de Mai-
ne de Biran aclara extraordinariamente las raíces de la per
sona y su zona de emergencia.
Kierkegaard, por su parte, frente al “Sistema” simbo
lizado por Hegel y a sus difuminados espiritualistas, afir
ma el irreductible surgimiento de la libertad. Profeta de
la grandeza paradójica y dramática del hombre, en oposi
ción al cómodo conformismo burgués y a la razón fácil,
desafortunadamente padece la corriente romántica y no
logra, por su abrupta soledad, reunirse con el mundo y los
hombres. Pero en el umbral de una época lista para toda
clase de esclavitudes a cambio de una especie de felicidad
vegetativa, lleva al paroxismo el sentido de la libertad en
su conexión radical con el sentido del absoluto.
Al mismo tiempo que Kierkegaard, Marx reprochaba a
Hegel poner el espíritu abstracto como sujeto de la histo
ria y no al hombre concreto, reducir a la Idea la realidad
viva de los hombres. Esta enajenación transcribe a sus ojos
la enajenación del mundo capitalista, que trata al hombre
trabajador y productor como un objeto de la historia y lo
expulsa, por así decir, de sí mismo a la vez que de su rei
no natural. Parecería que aquello que podríamos llamar la
revolución socrática del siglo xix, el asalto contra todas las
fuerzas modernas de despersonalización del hombre, se
dividió en dos vertientes: una, la de Kierkegaard, llama al
hombre moderno, aturdido por el descubrimiento y la ex
plotación del mundo, a la conciencia de su subjetividad y
de su libertad; la otra, la de Marx, denuncia el engaño a
que lo arrastran las estructuras sociales incorporadas a su

Introducción familiar al universo personal / i

.lulición material y le recuerda que su destino no esta so-
ii11-n su corazón sino también en sus manos. ¡Funesta di
visión! Después las dos líneas seguirán separándose, y la
Mira de nuestro siglo tal vez sea superar su divergencia,
. Irvarse hacia la unidad que desterraron, y no reunirías
ahí donde ya no pueden encontrarse.
Mujo estos faros que distribuyen las grandes luces del
siglo habrá que seguir el lento desarrollo sociológico de la
.ni lición humana. Por más reservas que se tengan sobre
lit Revolución francesa, no dejó de marcar una fase im-

......ante de la liberación política y social, aunque limita-
la|ior su contexto individualista. A partir de entonces se
Ir ,arrolla una suerte de fatalidad. Por un lado, al encon-
u ji un terreno favorable en la fase conquistadora del ca-
(Utalismo, el individualismo se desarrolla como el rayo. El
I i ado liberal lo cristaliza en sus códigos y sus institucio-
nei, pero, profesando al mismo tiempo un personalismo
muí al (de tinte kantiano) y político (a la manera burgue-
ia), entrega la condición concreta de las masas urbanas a
1hn vidumbre social, económica y pronto política. El ro-
mi ¡cismo desarrolla la pasión del individuo en todos los
.•(¡íst ros de la afectividad, pero, en el aislamiento al que
lo arrastra, no le deja otra elección que entre la soledad
desesperada y la dispersión del deseo. Retrocediendo an-
tf r la nueva angustia, y temeroso de las imprudencias
Ir 1deseo, el mundo pequeñoburgués las reprime detrás
i Ir un colchón de mediocres satisfacciones; instaura el rei-
ro del individualismo cauteloso. Durante este tiempo el
nlinio surgimiento de la tecnología rompe las fronteras

20 / El personalismo

del individuo y sus estrechos círculos e instala de todos
los costados los grandes espacios y las relaciones colecti
vas. El individualismo perturbado se atemoriza tanto de
la anarquía, donde zozobra, como del colectivismo que lo
amenaza. Y tiende a cubrir con la “defensa de la perso
na” sus operaciones de retaguardia. Ya Renouvier había
denunciado por igualmente amenazantes la pasión meta
física y la búsqueda política de la unidad. La persona, pa
ra él, es ante todo el no, la negativa de adherirse, la po
sibilidad de oponerse, de dudar, de resistirse al vértigo
mental y, correlativamente, a todas las formas de la afir
mación colectiva, ya sea teológica o socialista. Sana reac
ción —¡y vaya!— contra ciertos peligros pero que va a
enredarse en las tentaciones anárquicas. Son éstas las que
parcialmente esterilizaron la gran obra de Proudhon. El
anarquismo pasional derivado de Nietzsche dramatiza la
puesta, pero alienta la misma actitud forzada de negación,
a la que se adhieren algunas formas de existencialismo.
Empero, la elección no está entre el impersonalismo
ciego, enorme cáncer que prolifera y mata, y los soberbios
desesperados que prefieren que los aplasten de pie. Plom-
bres que comenzaron a exhibir el miedo de los monstruos
a la vez que desarrollaban una noción más fértil del hom
bre personal, de sus relaciones con el mundo y sus obras.
Después de Lotze, las primeras traducciones de Max Sche-
ler y de Buber son contemporáneas de los primeros libros
de Berdiaeff, que no quiere sacrificar ni la libertad del es
píritu ni la tecnología, tal como un poco antes Bergson no
había querido abandonar ni el surgimiento de la libertad

Introducción familiar al universo personal /

niel rigor de las ciencias. Después de Laberthonniere ,Mau-
ricc Blondel define una dialéctica del espíritu y de la ac-
. ion que deteriora profundamente el marco espiritualista.
M ientras que Péguy con su lirismo hace surgir todos los
temas que abordaremos, J.Maritain aplica a los problemas
nuis actuales el realismo desmitificador que hereda de San
to Tomás, GabrielMarcel y Jaspers, el primero cristiano y
el segundo agnóstico, hacen una contribución capital a la
■Inscripción de las estructuras del universo personal. P.L.
¡Mttdsberg se coloca detrás de ellos, en su obra interrumpi
da, Sobre sus investigaciones propiamente personalistas,
alas que la revista Esprit dio continuidad desde 1932, el
f■histencialista renovado y el marxista renovado ejercen pre
siones laterales. El primero contribuyó en gran medida a
reanimar los problemas personalistas: la libertad, la inte-
1ioridad, la comunicación, el sentido de la historia. El se
cundo provoca al pensamiento contemporáneo entero a
.I. :,prenderse de las imposturas idealistas, a afirmarse en
hi común condición de los hombres y a vincular la mas al-
1,1filosofía a los problemas de la ciudad moderna. Podría
mos identificar así una tangente existencialista del perso
nalismo (al que se suman Berdiaeff, Landsberg, Ricceur,
Nédoncelle), una tangente marxista comúnmente en com-
I»ciencia con la primera y una tangente más clásica, en la
tradición francesa reflexiva (Lachiéze-Rey, Nabert, Le
Senne, Madinier, J. Lacroix).
I Hiera de Francia se forman en varias direcciones co
mentes que se dicen pertenecer al personalismo. Otras
-,r le asemejan sin llamarse tales. En Inglaterra el nom

2 / El personalismo

bre es reivindicado por una o dos revistas y el Personna-
list Group de J. B. Coates. Inicialmente se inspiraron en
John Macmurray, John Middleton Murry, N. Berdiaeff
y Buber, sin olvidar a Newman. Un contexto de subjeti
vismo religioso, de liberalismo político y de antitecnolo-
gicismo ruskiano (H. Read)) con frecuencia los alejaron
de las vías del personalismo francés. Pero se establece el
diálogo. En los Países Bajos, nacido en un campo de re
henes, en 1941, el movimiento personalista sólo se desa
rrolló en el plano político e intentó realizar un nuevo so
cialismo a través del Movimiento Popular Neerlandés,
que ocupa el poder en el momento de la Liberación, an
tes de fusionarse con el partido socialista. En los Esta
dos Unidos, de Royce y Howinson, a los padres Bownes,
Brightman y Flewelling, se desarrolla una fuerte corrien
te. En Suiza, donde no se ha olvidado a Secrétan, se pu
blican los Cahiers Suisses Esprit. En los países liberados
del fascismo se forman grupos de inspiración semejante.

En virtud de que la persona no es un objeto que se pue
da separar y mirar, sino un centro de reorientación del
universo objetivo, nos queda dar un giro al análisis ha
cia el universo edificado por ella, para esclarecer las es
tructuras en diversos planos, que, no hay que olvidarlo,
no son más que diferentes incidencias sobre una misma
realidad. Todo el mundo tiene su verdad, solamente que
ligada a la de los demás.

Primera parte

1,AS ESTRUCTURAS DEL UNIVERSO PERSONAL

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->