Hugo Blumenthal © 2007

En el seminario de Roland Barthes
por Hugo Blumenthal

En esta breve “colección” de fragmentos resalta una y otra vez la posición que el mismo Roland Barthes busca adjudicarse dentro de ese singular espacio denominado seminario. Lugar de neutralidad. Rehuye ejercer la tiranía de su autoridad, de un “saber” único y acabado, reconocido en su persona. Se prefiere más bien como un “simple” regulador de la interdependencia de deseos múltiples (en relación con el saber) que se encuentran (que van al encuentro) en el lugar del seminario. Ahí lo que importa no es transmitir un conocimiento acabado para que unos estudiantes lo repitan, sino perseguir deseando un saber o texto tejido entre todos. Barthes se niega a capitalizar su conocimiento, ponerse en el lugar de dispensador. Si algo intuye es que el conocimiento está en relación estrecha con el deseo, por lo que prácticamente no se le puede enseñar nada a nadie, sino proponer (u ofrecer) objetos a ese deseo. Por eso debe retirarse un poco, dejar libre la escena de la enseñanza, para que se produzcan, libremente, en la medida de lo posible, pues algo se propone, transferencias “horizontales” entre los deseos de los sujetos que conforman el seminario. La sustracción de ese lugar de poder, aparentemente inevitable, lo busca en el riesgo de una escritura en presente, su producción ante y con los demás, revelándose en ese estado de enunciación –no ya sólo de enunciado (acabado)– desmistificador del poder. Es decir, el seminario como un lugar de riesgo donde el que arriesga (llámese profesor) lo hace, conscientemente, para perder su puesto. Es decir, el seminario como ese lugar de juego (y de erotismo, pues no en vano Barthes considera, incluye los cuerpos), juego donde el saber se arriesga; pues los otros, aunque aparentemente tienen menos que perder, su poder no lo es tanto, también arriesgan, en la palabra, el poco conocimiento que puedan detentar ante los demás. Pero si algo se gana en el seminario, invaluable, es ese conocimiento que resulta del riesgo mismo de un “saber”. Es decir, conocimiento en un estado más puro (desnudo de poder) y que se sabe en proceso, no acabado, detenido, muerto.

Hugo Blumenthal Cali, octubre de 1997