LA ESCUELA Y LA ACTITUD Joaquín Córdova Rivas “Este ciclo escolar se va a llamar el Ciclo Escolar de la actitud, cuando se tiene actitud

todo se puede, todo se vale (…) México necesita gente con determinación, que ponga por encima de cualquier circunstancia el bien de la nación, nada puede estar por encima del bien de la nación”. Boletín de prensa: Encabeza el Gobernador del Estado la Ceremonia de Inicio de Cursos del Ciclo Escolar 2013-2014 del Sistema Estatal de Educación Básica, www.queretaro.gob.mx La opacidad de las páginas electrónicas oficiales hacen casi imposible conseguir información de cualquier cosa, en este caso, y al parecer desde hace años, la oficina de comunicación social de gobierno del estado no publica las versiones estenográficas de los discursos del gobernador; en la cita anterior, de un evento relevante puesto que se trata de un inicio de ciclo escolar, en el boletín de prensa aparecen puntos suspensivos entre paréntesis, lo que significa que se omitió una parte del discurso, así no conocemos lo que sigue al “todo se vale”, frase que se queda colgada sin un contexto que la apoye y justifique. Lo peor es que se queda la duda de qué significa eso del “ciclo escolar de la actitud”, cuál es el problema que obliga a proponer eso, no hay sustento en datos. Lo que no aparece por ningún lado, ni siquiera en la intervención del secretario del ramo, es la mención de los resultados estatales en la última prueba ENLACE, no hay autocrítica o una meta clara. Parece que basta con seguir igual, que todo está bien y no hay necesidad de cambiar nada, si acaso hacer algo ─ ¿mejorar, cambiar, sostener? ─ con la actitud. Pero, ¿con la actitud de quién? Será la de los funcionarios de todos los niveles, la de los líderes sindicales, la de los profesores, la de los estudiantes, la de padres de familia; ni idea. Lo malo es que si la actitud no tiene más base que la voluntad personal y no se apoya con mecanismos institucionales que la aprovechen, quedará en algo meramente temporal, que con la primera frustración se perderá o se revertirá. Parece frivolidad entretenerse en este tema cuando la efervescencia magisterial está en resistir esa falsa reforma educativa que culpa de todo a los maestros, pero que se cuida de mantener inalterados los privilegios y las impunidades de la cúpula sindical, de los funcionarios y supuestos representantes populares que llenan de recomendados un sistema educativo que requiere de conocedores, de expertos en

pedagogía y didáctica que revisen a fondo los programas de estudio y propongan una manera diferente de actuar en el aula, en el contacto directo con los niños y jóvenes, en definir objetivos a partir de un proyecto de nación que vea más allá del tramo sexenal respectivo. Pero no es frívolo, porque refleja el estado que guarda la educación en los estados, sujetos a lo que se decida fuera de sus ámbitos de competencia, porque todo se negocia en las cúpulas partidistas reunidas en un pacto por México que está resultando excluyente y sordo a razones divergentes. Los múltiples errores ortográficos de los libros de texto gratuito apenas son una muestra de un contexto cultural plagado de simulaciones e ignorancia. Hasta los boletines oficiales revisados para escribir este texto tienen graves problemas de redacción. El discurso del secretario de educación estatal en el mismo evento es abundante en cifras, refiere el total de alumnos, de escuelas, de maestros y lo puede desglosar por niveles, pero no hay un atisbo de metas, de saber el camino a recorrer, ni siquiera hace eco del “ciclo escolar de la actitud” que refiere el gobernador, como si no se hablaran y apenas coincidieran en un evento donde forzosamente tienen que estar, pero cada quien con su rollo. Qué bueno que se tiene cubierta la demanda educativa básica al cien por ciento, era lo menos que se podía esperar. Parece que la falta de visión de las autoridades no es compartida por los directores de las escuelas, allí sí parecen saber qué es lo que sigue. Un ejemplo, en la primaria Vicente Guerrero ubicada a un costado del mercado del barrio de la Cruz, aparecen varias mantas “informativas”, una de ellas les recuerda a los padres de familia que , si bien la educación es gratuita, los servicios que proporciona la escuela no lo son, con lo que sin más argumento se pasa a los mismos el pago de esa cuota que, sin ser obligatoria por recibir educación, sí lo es para solventar los gastos de reparaciones, de consumo de agua, electricidad y cualquier otro que se le ocurra a la dirección; si eso no es un truco para evitar la obligatoriedad y gratuidad de la educación, entonces ¿qué es? Nada más falta que cobren por usar los sanitarios, tomar agua de los bebederos ─donde existen─, regar las pocas áreas verdes que quedan y darle mantenimiento a las aulas, laboratorios y demás equipamiento necesario. Otra vez se tacha a los maestros que protestan de flojos, irresponsables y hasta de vándalos, cuando sí elaboraron propuestas que fueron completamente ignoradas para una reforma educativa en serio, hasta convocaron y participaron en un congreso

nacional con mesas de discusión, análisis y acuerdos. Esas propuestas son interesantes y viables porque surgen de la práctica cotidiana, de los problemas en las aulas, de las comunidades donde existen miles de escuelas en que se trabaja en condiciones muy lejanas a las ideales, y que logran milagros. Quizás sea hora de comenzar a cambiar de estrategia, para salir del cerco de los medios de comunicación y de las organizaciones empresariales que van por lo que queda del presupuesto educativo. Hay que seguir resistiendo y proponiendo.