ministerio de cultura BIBLIOTECA BÁSICA DE LOS  pueblos INDÍGENAS DE COLOMBIA






Enrique Sánchez Gutiérrez Hernán Molina Echeverri
Compiladores

Documentos para la historia del movimiento colombiano contemporáneo



ministerio de cultura
Paula Marcela Moreno Zapata  Ministra de Cultura María Claudia López Sorzano  Viceministra de Cultura Enzo Rafael Ariza Ayala  Secretario general Germán Mejía Pavony  Asesor del Despacho para el Bicentenario Clarisa Ruiz Correal  Directora de Artes Melba Escobar de Nogales  Coordinadora del Área de Literatura Viviana Gamboa Rodríguez  Coordinadora de la Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia

apoyan

Dirección de Poblaciones Biblioteca Nacional de Colombia

BIBLIOTECA BÁSICA DE LOS pueblos INDÍGENAS DE COLOMBIA
nación desde las raíces

Comité editorial
Enrique Sánchez Fredy Chikangana [Wiñay Mallky] Hugo Jamioy Juagibioy Vito Apüshana Miguel Rocha

DOCUMENTOS PARA LALA HISTORIA DEL MOVIMIENTO INDÍGENA DOCUMENTOS PARA HISTORIA DEL MOVIMIENTO INDÍGENA CONTEMPORÁNEO CONTEMPORÁNEO Documentos para la la historia del del movimiento indígena colombiano Documentos para historia movimiento indígena colombiano contemporáneo. / compilado por Enrique Sánchez Gutiérrez y Hernán Molina contemporáneo. / compilado por Enrique Sánchez Gutiérrez y Hernán Molina Echeverri. Bogotá: Ministerio de Cultura, 2010. Echeverri. Bogotá: Ministerio de Cultura, 2010. 416 p. – (Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia; Tomo 1) 424 p. – (Biblioteca básica de los pueblos indígenas de Colombia; Tomo 1) ISBN Colección 978-958-753-014-8 ISBN Colección 978-958-753-014-8 ISBN Volumen 978-958-753-017-9 ISBN Volumen 978-958-753-017-9 1. MOVIMIENTOS INDÍGENAS – COLOMBIA. 2. COLOMBIA – HISTORIA. 3. 1. MOVIMIENTOS INDÍGENAS – COLOMBIA. 2. COLOMBIA – HISTORIA. 3. MOVIMIENTOS INDÍGENAS – HISTORIA. 4. MOVIMIENTOS SOCIALES – MOVIMIENTOS INDÍGENAS – HISTORIA. 4. MOVIMIENTOS SOCIALES – COLOMBIA. 5. INDÍGENAS DE COLOMBIA COLOMBIA. 5. INDÍGENAS DE COLOMBIA CDD 303.484 CDD 303.484

El Ministerio de Cultura y los editores agradecen a la Onic (Organización Nacional Indígena Colombiana) y a su Centro de documentación, el haber facilitado la información y el material gráfico necesarios para la presente compilación.

Primera edición: Bogotá, agosto de 2010
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2010 Ministerio de Cultura 2010 Enrique Sánchez Gutiérrez, Hernán Molina Echeverri



i s b n 9 7 8 - 9 5 8 - 7 5 3 - 0 1 4 - 8 Colección isbn 98-958-5-01-9 Ministerio de Cultura Carrera 8ª 8-09 Bogotá & 571-3424100 Línea gratuita 01 8000 913079 www.mincultura.gov.co

José Antonio Carbonell Blanco dirección editorial María Villa Largacha edición Emperatriz Arango Blanquiceth gestión y comunicación Juan Andrés Jamioy ilustración de portada Camila C. Costa + C. Umaña diseño Guillermo Zea Fernández asesoría jurídica Fundación Tridha administración

Impreso en Colombia por Nomos Impresores Printed in Colombia

Reservados todos los derechos. Prohibida su reproducción total o parcial por cualquier medio, o tecnología, sin autorización previa y expresa del editor o titular

Contenido

p r ó lo g o 13 Mirando al pasado Enrique Sánchez Gutiérrez, Hernán Molina Echeverri

1 MANUEL QUINTÍN LAmE

29 El derecho de la mujer indígena en Colombia: Manifiesto de catorce mil mujeres lamistas 36 46 51 54 Luz indígena en Colombia Circular del primero de mayo de 1916 Nota periodística del 2 de junio de 1916 Nota periodística del 9 de junio de 1916

58 Carta dirigida a sus hermanos Gregorio Nacianceno Lame e Ignacio Lame

2  L O S P U E B L O S I N D Í G E N A S D E L A S I E R R A N E V A D A D E S A N T A
M A R TA Y S U S E S F U E R Z O S P O R D E FE N D E R S U T E R R I TO R I O Y REcUPERAR EL cONTROL DE LAS E s ScUELA

65 78

Informe sobre los arhuacos (1968) Carta de un dirigente arhuaco

Alegato del mamö Valencia Saravata y 85 otros mamös de la Sierra Nevada de Santa Marta a raíz de un pleito de tierras en el sitio llamado La Tigrera 90 93 Acuerdo suscrito entre los dirigentes arhuacos y la Misión Capuchina, luego de la toma indígena de las instalaciones educativas de la Misión Carta de las autoridades arhuacas a monseñor José Agustín Valbuena, obispo de la diócesis de Valledupar

96 98 101 105 126 137 158

Carta al jefe de la División de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno solicitando el retiro de la Misión [fragmento] Carta del representante de la comunidad arhuaca dirigida al presidente de la República, Belisario Betancur Cuartas Carta en que los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta se oponen a la construcción de una hidroeléctrica Historia del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) Cómo nació y qué significa Unidad Indígena Trabajando en el Cric Mis inicios en el movimiento indígena: ya me había ido pero pensé solidarizarme

4  L A O R G A N I Z A c I Ó N Y m O V I L I Z A c I Ó N D E L O S
INDÍGENAS EN OTRAS REGIONES




171 176

Las palabras del indio Macuritofe Conclusiones del Primer Congreso del Unuma

5  E L P R I m E R C O N G R E S O I N D Í G E N A N A c I O N A L
Y cREAcIÓN DE LA ORGANIZAcIÓN NAcIONAL INDÍGENA DE COLOmBIA (ONIc )

183 195 243 264 268

Documento de discusión sobre el marco ideológico del movimiento indígena La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso y de nuestra independencia política Informe general de actividades de la Onic para el periodo 1982-1986 Conclusiones del Segundo Congreso Indígena Nacional, un evento de unidad y grandes esperanzas para nosotros los indígenas Resolución de Vitoncó

6 L A I G L E S I A Y L A c A U S A
DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

277 281 283 288

Carta del padre Ulcué al Presidente de la República Carta del padre Ulcué al obispo de Popayán Carta del Cric a Juan Pablo II Carta escrita y leída en nombre de los indígenas al papa Juan Pablo II

7  L A C O N S T I T U c I Ó N D E 1 9 9 1

295 305 326

Del derecho indígena. «Propuesta indígena de reforma constitucional». El aporte de los pueblos indígenas a un país diverso Las leyes blancas son solo puntos negros sobre el papel

8  O T R A S V O c E S

339 343 347

Aunque no estamos ni en libros ni en mapas, existimos Apreciaciones respecto al avance de la violencia en nuestros territorios y al proceso de negociación que adelanta el Gobierno con las organizaciones armadas Acontecimientos del pueblo wayuu. Intervención ante la Segunda Sala de Revisión de la Corte Constitucional

9  T E S T I m O N I O S

355

Entrevista con Kimy Pernía Domicó

1 0  D E S D E E L P A S A D O ,
m I R A N D O E L F U T U R O…

377

Veinticinco años de la Onic, un legado vivo de la resistencia indígena en Colombia

A N E X O S

387 390 395 399 401
405

Código de Neméquene Carta de protesta del cacique de Turmequé al Rey de España Decreto del 20 de mayo de 1820 [mediante el cual se dictan normas para restablecer en sus derechos a los indígenas y para fomentar su progreso económico y educación] Glosario Pueblos indígenas de Colombia Referencias bibliográficas Nota biográfica

411
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A la hora de hacer cambios, los pueblos, consciente o inconscientemente, siempre hacen memoria. Hay un pasado que se quiere olvidar y por eso se ratifica el cambio; pero también hay un pasado que se debe respetar. Los pueblos indígenas miramos hacia el pasado y hacia el futuro.
Lorenzo Muelas Hurtado
Constituyente indígena del pueblo misak

prólogo enrique sánchez gutiérrez, hernán molina echeverri
Mirando al pasado

Es el propósito de este volumen de la Biblioteca Básica poner a disposición de las personas interesadas, en especial de los dirigentes comunitarios, los educadores y de quienes se interesan en la historia y en la vida de los pueblos indígenas de Colombia, un conjunto de documentos producidos por los mismos indígenas en distintos momentos de su historia. Le hemos dado especial relevancia a los textos relativos a sucesos claves posteriores a 1961, cuando se expidió la Ley de Reforma Agraria, textos que nos ilustran sobre el origen, ascenso, dificultades y logros del movimiento social indígena contemporáneo. Entre los logros cabe mencionar haber podido dar el carácter de normas constitucionales, en la Carta Política de 1911, a las principales leyes de la legislación indígena, y haber logrado el reconocimiento de buena parte de sus tierras ancestrales como resguardos de tierras, es decir, como formas de propiedad privada de carácter colectivo, inalienables y amparadas por la ley. La mayor parte de la población colombiana está concentrada en los altiplanos y valles interandinos, y en el litoral caribe. Esta ocupación andina tiene su origen en la colonización española, que buscaba aprovechar en las tierras altas las mejores condiciones climáticas, la oportunidad para la explotación del oro y, de manera especial, la explotación forzosa de la fuerza de mano de obra y el tributo de una numerosa y laboriosa población indígena que vivía organizada alrededor de cacicazgos. Con una división social del trabajo compleja, esta población cultivaba maíz y mantenía una red de comercio con los pueblos de las tierras bajas, y tenía, como es el caso del pueblo muisca del actual altiplano de Cundinamarca y Boyacá, unas desarrolladas normas de convivencia y control social; aspecto este último que hemos querido ilustrar con la inclusión en anexo del Código de Neméquene, zipa de Bacatá, que antecedió a Tisquesusa.

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Enrique Sánchez Gutiérrez, Hernán Molina Echeverri

La llegada de los europeos y la ocupación de Aby-ayala –luego llamada por ellos «América»– ocasionó un trauma en la vida social de los pueblos nativos, que vieron, primero, cómo eran saqueadas sus pertenencias y profanada su cultura, cómo caían víctimas de enfermedades mortales que los llegados del otro lado del océano traían; y luego cómo sus comunidades eran objeto de un despiadado proceso de colonización durante el cual fueron abusados, despojados de sus tierras y sometidos al tributo y al trabajo forzoso de las encomiendas y las mitas. La abrupta disminución de la población indígena obligó a la corona española a desarrollar una especial legislación proteccionista en la que figuraba la constitución de los resguardos de tierras, medida que si bien reconocía a los indígenas un derecho también significaba la sujeción de las comunidades al tributo, a los servicios personales y a la adopción obligada de la lengua castellana y de la religión católica. Esta legislación tuvo alcances limitados por su naturaleza colonial y por la negativa de los encomenderos y autoridades españolas a aplicarla, lo que dio origen a numerosos reclamos por parte de las comunidades. Como ejemplo de los reclamos de los indígenas, se incluye en este volumen, en el anexo, el memorial del cacique de Turmequé dirigido al Rey de España en 1584. De acuerdo con el Departamento Nacional de Planeación, hoy sobreviven en el país 84 pueblos indígenas (la Onic da cuenta de 102), con una población –según el censo de 2005 del Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas (Dane)– de 1.378.884 personas. En las cordilleras y valles andinos vivían a la fecha poco más de 600.000 indígenas pertenecientes a veinte pueblos; en la península de La Guajira, más de 278.000 wayuu; y el censo da cuenta de la existencia de comunidades indígenas a todo lo largo y ancho del país. Algunos de estos pueblos, en regiones de difícil acceso desde el punto de vista geográfico, ejercieron una tenaz y persistente resistencia a los colonizadores, gracias a lo cual pudieron mantener dominio sobre buena parte de sus territorios, como es el caso de los pueblos nasa (paez) y wayuu (guajiro). Otros adoptaron estrategias de resistencia

Deseando corregir los abusos introducidos en Cundinamarca en la mayor parte de los pueblos de naturaleza, así contra sus libertades, y considerando que esta parte de la población de la República merece las paternales atenciones del Gobierno por haber sido la más vejada, oprimida y degradada durante el despotismo español, con presencia de lo dispuesto por las leyes canónicas y civiles, ha venido en decretar: Artículo 1º. Se devolverá a los naturales, como propietarios legítimos, todas las tierras que formaban los resguardos según títulos cualquiera que sea el que aleguen para poseerla los actuales tenedores.*

No obstante la norma dictada por el Libertador, lo que siguió realmente fue una confrontación por el dominio de la tierra entre los indígenas, que defendían sus resguardos territoriales de origen
* La versión completa del «Decreto del Libertador» (1820), se encuentra en los anexos.

Mirando al pasado

cultural y lucha legal en defensa de sus territorios tradicionales, con mayor o menor éxito, pero siempre con grandes costos culturales y sociales, y perdiendo las mejores tierras laborables a manos de la expansión de la hacienda y el latifundio ganadero. Cuando se mira el proceso vivido por los indígenas, sus esfuerzos por mantener su organización social y su cultura y ocupar un lugar en la vida y en los destinos de la nación, encuentra uno que hay tres ejes que articulan y dan sentido al proceso de resistencia de los pueblos: primero, la defensa de la tierra y del régimen comunal; segundo, la defensa del derecho a gobernase por sus propias autoridades y bajo sus propias normas de vida; y, tercero, el derecho a mantener y ejercer sus propias manifestaciones culturales. «Tierra, autonomía y cultura» será la consigna que sintetice las movilizaciones indígenas contra los regímenes hegemónicos, desde la Colonia y la República en sus diferentes momentos hasta el presente. Un hito importante de la historia indígena fue el «Decreto del Libertador», expedido en la Villa del Rosario de Cúcuta, el 20 de mayo de 1820, mediante el cual ordenó la devolución de las tierras de los resguardos, usurpadas a los indígenas.

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colonial, y los gobiernos (centrales o de los estados federados), que veían en el régimen comunal un obstáculo al libre comercio de la tierra, lo que enmascaraba el interés de las haciendas por expandirse a costa de las tierras de las comunidades y por proveerse de la fuerza de trabajo de los indígenas. Muchos resguardos sucumbieron a las presiones «liquidacionistas» contra el régimen comunal, y en muchos otros casos las tierras fueron rematadas a particulares mediante la declaración arbitraria, por parte de los gobiernos departamentales y los consejos municipales, de las tierras de indígenas como territorios «vacíos de población», «vacantes», o «baldíos de la nación», lo que sucedió, por ejemplo, en la costa Caribe y en el alto valle del río Magdalena. Mientras tanto, en las zonas selváticas y alejadas las misiones religiosas, por delegación del Estado, mantuvieron un régimen de tutela sobre los pueblos indígenas. Allí las misiones desarrollaron un modelo de sujeción cultural fundado en la escolarización forzada, la enseñanza del castellano y la imposición de la religión católica, amén, en algunas regiones, de la introducción de prácticas económicas tenidas como «civilizadoras», en especial, la ganadería de vacunos. Para algunos, las misiones desarrollaron un proyecto cultural-nacional, afianzando a la población indígena como «frontera viva» e instrumento de afirmación de la soberanía nacional en zonas remotas de escasa presencia institucional. Un hecho trágico marcaría el futuro de los pueblos amazónicos, en especial los que habitaban la cuenca del río Putumayo: el auge de la extracción de caucho en las tres primeras décadas del siglo xx, explotación que significó el sometimiento de las comunidades indígenas a una forma inhumana de trabajo, su dispersión y, en muchos casos, su extinción. En los Andes la crisis agraria, ocasionada por la resistencia indígena cuando se buscó dividir sus resguardos y liquidar sus cabildos, se trató de resolver desde el punto de vista legal con la expedición de la Ley 89 de 1890. Dicha ley buscaba hacer menos drástico el proceso de disolución de los resguardos y la repartición de sus tierras,

Artículo 1º. La Nación ratifica y confirma la declaración judicial y legalmente hecha, de estar vacantes globos de terrenos conocidos como resguardos de indígenas, así como también las ventas de ellas efectuadas en subasta pública; y reconoce como título legal de propiedad de esos terrenos el adquirido por sus rematadores. (Ley 55, 1905).

Como reacción al movimiento liquidacionista, y con la Ley 89 como bandera, inició sus luchas el célebre caudillo indígena del pueblo nasa, Manuel Quintín Lame (1883-1967), quién promovió un levantamiento entre 1914 y 1918 en el departamento del Cauca. El levantamiento fue reprimido y Lame encarcelado. Al salir de la cárcel, el caudillo emprendería una larga carrera de pleitos en defensa de los comuneros indígenas de los departamentos del Cauca y del Tolima, que lo llevaría numerosas veces a presidio. Lame elaboró un

Mirando al pasado

reafirmaba el papel de tutela y civilización de las misiones religiosas, y establecía asimismo un procedimiento sucinto para que los indígenas registraran sus títulos antiguos. A pesar de ser expedida por un gobierno conservador a ultranza, sin participación indígena, cuyo encabezamiento enunciaba como propósito normar «la manera como deben ser gobernados los salvajes que vayan reduciéndose a la vida civilizada», esta ley hizo algunos reconocimientos legales a los indígenas, lo que motivó que los pueblos de los Andes colombianos la acogieran como una tabla de salvación frente a la presión del latifundio. ¿Por qué razón? Porque la Ley 89 creaba un campo especial del derecho solo aplicable a los indígenas y reconocía, de un lado, el régimen comunal de los resguardos de tierras, y de otro, el gobierno propio a través de los llamados «pequeños cabildos». Un fuero especial, territorios comunales y gobierno propio era lo que desde la Colonia venían reclamando los indígenas. La oposición a los resguardos siguió sin tregua. Los sectores contrarios a los indígenas lograron la expedición de la Ley 55 del 29 de abril de 1905, que confirmaba la potestad de los entes territoriales para extinguir los resguardos:

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­ rograma de lucha de siete puntos que tendría profundas repercup siones futuras en el movimiento social indígena. Estos puntos eran: 1) La recuperación de las tierras de los resguardos 2) La ampliación de las tierras de los resguardos 3) El fortalecimiento de los cabildos 4) El no pago del terraje 5) Dar a conocer las leyes sobre los indígenas y exigir su justa aplicación 6) Defender la historia, la lengua y las costumbres indígenas 7) Formar profesores indígenas. El terraje era una forma de trabajo en la que el indígena, agobiado por la pobreza, tenía acceso a un lote en la hacienda, pero debía pagar como contraprestación –y sin otra remuneración– su trabajo en las tierras del hacendado durante varios días de la semana. Lame fue un visionario, un caudillo y un líder carismático, pero todo giraba en torno a su personalidad; además, tenía una particular concepción de los procesos sociales de la época que lo distanció en los años treinta de uno de sus compañeros de lucha, el dirigente y también indígena nasa, José Gonzalo Sánchez, que militaba en el Partido Socialista Revolucionario. De Manuel Quintín Lame se incluyen en este volumen algunos textos que muestran sus ideas fundamentales. No obstante la Ley 89 de 1890 y el movimiento lamista, los territorios indígenas andinos siguieron sufriendo merma, y sus habitantes se vieron envueltos en interminables pleitos legales que excepcionalmente se resolvían en su favor. La década de los sesenta del siglo pasado corresponde a un período trascendental en la historia indígena por darse por vez primera un debate público de nivel nacional sobre los problemas que vivían estos pueblos. Tal debate se desató al conocerse, primero, la masacre de dieciocho cuivas en el hato La Rubiera, en el departamento de Casanare, en diciembre de 1967; y luego, en 1969, la confrontación entre indígenas y colonos en el río Planas, entre los departamentos de Meta y Vichada, que culminaría con la ocupación militar de la

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región. Otro hecho que alcanzó resonancia nacional fue la afectación por la recién expedida Ley de Reforma Agraria de las tierras ocupadas por la misión capuchina, reclamadas por los indígenas en el valle de Sibundoy, Putumayo. La Ley 135 de 1961 de Reforma Agraria trajo una luz de esperanza a los indígenas de la selva y de los Andes. Dos de sus artículos, inmersos en una copiosa legislación que pretendía disolver el latifundio improductivo, modernizar el agro y titular unidades familiares mediante el reparto de tierras y la colonización de baldíos, incluyeron dos importantes normas en favor de los pueblos indígenas:
Artículo 29º. [...] no podrán hacerse adjudicaciones de baldíos que estén ocupados por comunidades indígenas o que constituyan su hábitat, sino únicamente y con destino a la constitución de resguardos indígenas. Artículo 94º. […] El Instituto [de la Reforma Agraria] constituirá, previa consulta con el Ministerio de Gobierno, resguardos de tierras en beneficio de los grupos o tribus indígenas que no las posean. (Ley 135, 1961). 
Mirando al pasado

La demanda de la aplicación de estas disposiciones, tal como lo pedía el punto cinco del programa de Lame, hizo posible el surgimiento en el departamento del Cauca, una región agobiada por el latifundio y los conflictos de tierras, del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), constituido en febrero de 1971 en el municipio indígena de Toribío. Su primer comité ejecutivo estuvo conformado por los indígenas Julio Tunubalá (misak), como presidente, Antonio Mestizo (nasa), como vicepresidente, y Juan Gregorio Palechor (yanacona), como tesorero. Este fue el primer movimiento indígena «moderno», si cabe la expresión, es decir, con un programa y una cobertura organizativa regional que cobijaba varios grupos étnicos. La organización adoptó pronto una manera definida en sus relaciones con el Estado, y creó una estructura organizativa compleja, con comités especializados de tierras, salud, educación, prensa y relaciones con otras organizaciones. Entre los documentos incluidos en esta compilación se encuentra la historia del Cric, escrita por tres de sus destacados fundadores: Julio Tunubalá, Gregorio Palechor y Manuel

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Trino Morales. De Gregorio Palechor, famoso por su inteligencia, su tenacidad en el trabajo organizativo y su oratoria, se incluye un aparte autobiográfico. A partir del Cric, en el Segundo Congreso de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos de Colombia (Anuc), vigorosa y fugaz organización que reunía a los campesinos que se movilizaron alrededor de la reforma agraria, se conformó en 1972 una Secretaría Indígena, presidida por Manuel Trino Morales. Sin embargo, la politización de la organización gremial campesina y las pugnas entre diferentes corrientes de la izquierda la dividieron y debilitaron, lo que hizo que en el tercer congreso de la Anuc, en 1974, los indígenas se retiraran, empezaran a obrar de manera independiente de la organización campesina, se propusieran crear un ente nacional indígena y decidieran editar un periódico, Unidad Indígena, cuyo primer ejemplar circuló en enero de 1975, y que hoy (luego de 125 números) sigue siendo el principal medio escrito de los indígenas del país. A la creación del Consejo Regional Indígena del Cauca y la Secretaría Indígena, y generalmente con su apoyo, siguió la conformación de numerosas organizaciones regionales en los actuales departamentos de Chocó, Antioquia, Caldas y Risaralda, y en la Sierra Nevada de Santa Marta. Una coyuntura política favorecería luego la primera movilización indígena nacional: el trámite durante el gobierno de Turbay Ayala (1978-1982) de un proyecto de ley presentado por el Ministerio de Gobierno para reformar y regular los asuntos indígenas. Las organizaciones indígenas emprendieron una campaña contra esta iniciativa legislativa –a la que llamaron «estatuto indígena»– y decidieron hacer un encuentro previo, preparatorio de un congreso nacional indígena. La reunión se realizó en Lomas de Hilarco, municipio de Coyaima, en el departamento del Tolima, en octubre de 1980, y en ella se nombró una coordinadora nacional indígena. A este encuentro, el Cric llevó una propuesta de declaración que incluimos, y que refleja muy bien los debates políticos y sociales de la época. A partir de las directrices del encuentro de Lomas de Hilarco,

se creó en febrero de 1982 (en Bosa, Cundinamarca) y con la participación de nueve regionales indígenas, la Organización Nacional Indígena, hoy Autoridad Nacional de Gobierno Indígena de Colombia (Onic), cuyo primer presidente fue Manuel Trino Morales. El presente volumen recoge las conclusiones del Primer Congreso. Otra vertiente del movimiento indígena fue liderada por el resguardo de Guambía, que puso énfasis en la importancia de fortalecer los procesos internos de gobernabilidad alrededor de la defensa y ejercicio del derecho propio, o derecho mayor, tema al que se refiere el aparte autobiográfico de Lorenzo Muelas Hurtado, miembro de la Asamblea Constituyente de 1991. Se incluyen también algunos documentos que muestran el complejo debate político y social en que entraron las organizaciones indígenas bajo la influencia inevitable de los procesos sociales más amplios de los que hicieron parte. En esa perspectiva, resulta ilustrativo el interesante informe del presidente de la Onic al segundo congreso de la organización, realizado también en el municipio de Bosa, en 1986. Sobre el otro eje clave, el de la educción, habría que recordar que esta fue encomendada a las misiones religiosas. Contra el sistema escolar, sus contenidos y métodos, los indígenas han mantenido una constante polémica en la búsqueda de una educación acorde con sus necesidades y sus particularidades culturales, especialmente una educación que reconociera y enseñara en las lenguas indígenas. Decía Manuel Trino Morales, en el Primer Seminario de Etnoeducación, realizado en agosto de 1985, en Girardot, Cundinamarca:
[…] los indígenas creemos que la educación que el Estado ha venido imponiéndonos no es ajena a un propósito deliberado y planificado hacia el arrasamiento de nuestras culturas tradicionales con miras al logro de la mal llamada vinculación del indígena al desarrollo nacional y a integrarnos a la cultura dominante. Solo así se explica desde la Conquista hasta hoy la persecución y desconocimiento sistemático de nuestras formas tradicionales de educación, que forman al niño para defenderse frente a las necesidades que le demanda su medio, con una visión coherente y respetuosa de la naturaleza, que crea altos principios morales, guías de nuestra vida comunitaria; lo que

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Mirando al pasado

es demostrable por la existencia actual de diferentes comunidades que en mayor o en menor grado conservamos elementos propios de nuestra cultura, testimonio de la dura lucha que venimos librando. (Morales: 1995, 190).

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Enrique Sánchez Gutiérrez, Hernán Molina Echeverri

En este libro incluimos algunos documentos relacionados con la «expulsión» de la misión capuchina de la Sierra Nevada, quizá el primer intento de un pueblo indígena por recuperar el control de la educación invocando una norma pionera, el Decreto 1142 del 19 de junio de 1978 sobre educación indígena, norma que adoptó el Gobierno Nacional por presión también del pueblo arhuaco. Luis Napoleón Torres era el gobernador indígena en ese entonces, y gracias a él y a un eficiente equipo arhuaco que lo rodeó, el movimiento indígena de la Sierra Nevada vivió un momento de auge y unidad, alcanzando logros impresionantes como la constitución de los resguardos del norte y oriente del macizo montañoso. Infortunadamente Luis Napoleón y sus colaboradores, entre ellos el dirigente Ángel María Torres –de quien incluimos un texto–, fueron asesinados y desaparecidos sin que hasta la fecha se haya esclarecido y castigado a los responsables del crimen. Un hecho trascendental para el movimiento indígena fue la visita en 1986 del papa Juan Pablo ii a Colombia, evento que se aprovechó para hacer visible ante el país los problemas que vivían los indígenas en ese entonces. Respecto del compromiso de la Iglesia con la causa de los pueblos indígenas en los últimos tiempos, incluimos dos cartas del padre Álvaro Ulcué Chocué, defensor del pueblo nasa, cuya vida fue segada por criminales a sueldo el 10 de noviembre de 1984. Las conquistas legales indígenas obtenidas a todo lo largo de la vida republicana fueron elevadas a rango constitucional en la Carta Política de 1991, donde los constituyentes indígenas Lorenzo Muelas, Francisco Rojas Birry (indígena embera) y Alfonso Peña Chepe (del grupo insurgente, ya desmovilizado, Quintín Lame) tuvieron un papel destacado. Incluimos, por su importancia, la introducción a la propuesta de normas que hiciera a la Asamblea Constituyente el indígena Lorenzo Muelas Hurtado.

En la Constitución Política se consagraron las normas fundamentales relativas a los derechos étnicos, y el marco general de las relaciones entre el Estado y los pueblos indígenas. Los postulados básicos de la Carta se refieren a los siguientes aspectos centrales:
Reconocimiento y protección a la diversidad étnica y cultural Reconocimiento de la autonomía de los grupos indígenas y de sus formas propias de gobierno Reafirmación del carácter inalienable de los territorios indígenas y protección de las tierras comunales Protección a los recursos naturales Creación de las entidades territoriales indígenas dentro del ordenamiento territorial de la nación.

La explotación de los recursos naturales en los territorios indígenas se hará sin desmedro de la integridad cultural, social y económica de las comunidades indígenas. En las disposiciones que se adopten respecto de dicha explotación, el Gobierno propiciará la participación de los representantes de las respectivas comunidades. (Constitución de 1991, artículo 330 ; énfasis nuestro)

Era nuestra intención no extender la colección documental más allá de la expedición de la Constitución de 1991, pero consideramos útil incluir en este volumen una evaluación del proceso hecha por el mismo constituyente indígena Lorenzo Muelas, y otra por el dirigente tule (cuna) Abadio Green, quien fue presidente de la Onic. Luego de leer los textos, sin desconocer los notables avances, queda la impresión de un proceso inconcluso frente al cual cabría la sentencia del Presidente de la República, Virgilio Barco: «Un derecho que no se practique, una legislación que no se haga cumplir, no tiene mayores consecuencias». Hacen también parte de esta primera colección de documentos la

Mirando al pasado

También se consagró una importante norma que se ha convertido, desde el punto de vista legal, en la piedra angular de la defensa de los derechos indígenas frente a las empresas extractivas que ejercen presión indebida sobre los territorios indígenas: el del artículo 330:

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Enrique Sánchez Gutiérrez, Hernán Molina Echeverri

última entrevista realizada al dirigente indígena embera-katío ya de­ saparecido, del departamento de Córdoba, Kimi Pernía; la entrevista tuvo lugar después de la movilización de «despedida del río Sinú» en la que los indígenas llamaron la atención de la nación sobre el impacto y el deterioro inexorable del río por la construcción de la hidroeléctrica de Urrá en su territorio ancestral. Kimi sería luego asesinado por los paramilitares, y su cuerpo desmembrado arrojado a la corriente del río que tanto defendió. Se incluyen en la colección, como ilustración, elegidos de manera arbitraria entre una infinitud de textos, algunos documentos que expresan puntos de vista de organizaciones regionales, como la Organización de Pueblos Indígenas de la Amazonia Colombiana (Opiac), y de organizaciones locales, como el «Manifiesto de los cabildos indígenas del pueblo yanacona». De igual manera, un documento de Armando Valbuena, indígena wayuu, quien fue presidente de la Onic, sobre la situación de su pueblo. Finaliza el volumen con un artículo del actual consejero presidente de la Onic, el indígena del pueblo embera, Luis Evelis Andrade, que resume el proceso organizativo seguido por los pueblos indígenas en los últimos tiempos, y sintetiza de manera didáctica lo contenido en esta colección documental.

·
Queremos dejar constancia de nuestro agradecimiento a las personas que nos ayudaron en la selección de materiales, en especial al Centro de Documentación de la Onic; a la Universidad de los Andes, en particular a Julieta Lemaitre, quien nos facilitó los textos de Manuel Quintín Lame; a los activistas del movimiento indígena, Efraín Jaramillo y María del Pilar Valencia, quienes nos proporcionaron de manera desinteresada las entrevistas que incluimos como «testimonios». A Viviana Gamboa, Melba Escobar y José Antonio Carbonell, quienes se echaron al hombro la edición y producción de la Biblioteca básica, y a Luisa María Navas, quien nos ayudó en la transcripción de

los textos y nos hizo juiciosas observaciones, que en lo posible acogimos. También a los autores de los documentos «vivos» que incluimos: el taita Lorenzo Muelas Hurtado, Manuel Trino Morales y Armando Valbuena. A Martha Urdaneta y Miriam Jimeno, de quienes tomamos apartes de libros que fueron posibles gracias a su trabajo. Un agradecimiento muy especial a la ministra de Cultura, Paula Marcela Moreno Zapata, quien tuvo la iniciativa de dar a conocer a través de la Biblioteca Básica el pensamiento de los artistas e intelectuales indígenas como una contribución a la construcción de un país que se acepta en la diversidad, la pluralidad y el respeto por la diferencia; y también a Luis Evelis Andrade, quien nos apoyó en todo momento. A los habitantes del cielo, Gregorio Palechor, Kimi Pernía, Luis Napoleón Torres y muchos otros que se mencionan en los documentos, nuestro reconocimiento y respeto, y que su memoria y su ejemplo perduren para siempre.
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Mirando al pasado

Los resguardos indígenas

San Andrés

Mar Caribe
Santa Marta Barranquilla Cartagena

Riohacha

Valledupar

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BRASIL ECUADOR

PERÚ

0
Leticia

100

200km

LOCALIZACIÓN DE RESGUARDOS INDÍGENAS Área aproximada de ocupación de resguardos indígenas

1 Manuel Quintín Lame Defensa de los resguardos y lucha contra el terraje

El indígena paez Manuel Quintín Lame (Polindara, Cauca, 1883 - Ortega, Tolima, 1967) promovió un levantamiento indígena en 1914, en Tierradentro, departamento del Cauca, como reacción a las medidas del Gobierno dirigidas a liquidar los resguardos, y contra el sistema del terraje. Un manuscrito de Lame conocido como «Los pensamientos del indio que se educó dentro de las selvas colombianas», fue publicado por la Onic en 1987, con prólogo de Juan Friede. Lame escribió numerosos documentos, memoriales y alegatos jurídicos, que de manera juiciosa ha recuperado y sistematizado la Universidad de los Andes. Los documentos que se incluyen a continuación respetan el particular estilo, ortografía y uso del castellano del dirigente indígena.*

* Considerando al lector contemporáneo se ha actualizado muy someramente la ortotipografía y se ha ajustado levemente la sintaxis cuando la comprensión general de algunos pasajes de los textos se veía comprometida. En los casos de omisiones, donde se han agregado partículas de texto para facilitar la lectura o eliminar ambigüedades, ellas se marcan entre corchetes. (N. d. E.).

El derecho de la mujer indígena en Colombia:
manifiesto de catorce mil mujeres lamistas
*

M a n u e l Q u in t ín L a me

Este documento apareció en 1927 como primera publicación del Movimiento de Mujeres Indígenas, que surgió bajo la inspiración y dirección de Manuel Quintín Lame. El documento fue redactado por Lame como manifiesto del movimiento y fue impreso en la Imprenta Girardot. Aunque es un documento colectivo, en él se refleja el estilo y el pensamiento de Manuel Quintín Lame. 
Girardot, 18 de mayo de 1927

Es el momento que las hijas de los bosques y de las selvas desiertas lancemos un grito de justicia a la civilización del país, al paso de 435 años que acaban de pasar que son como un instante ante la presencia del que creó el universo mundo. Fundadas en una inspiración que de repente se apodera de nosotras como un resplandor que ilumina la obscuridad donde ha existido el Dios del engaño, de la ignorancia. Y en medio de ese resplandor ha surgido en el horizonte una flor, que los hombres civilizados han querido cortar, pero que sin embargo está rosada y bella, y no desaparece ante los relámpagos y huracanes. Estos troncharán los gigantescos robles, pero esa flor permanecerá y cada día será más bella. Y de los vientres del sexo femenino indígena nacerán nuevas flores de inteligencia y vestidas de riqueza se unirán
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá.

para formar un jardín glorioso en medio del país colombiano, que llamará la atención en general a toda la civilización de explotadores, calumniadores, usureros y ladrones, quienes han desterrado de los bosques, las llanuras y de las selvas a nuestros primogénitos, padres, hermanos, hijos y esposos; engañándolos con licores alcohólicos, es decir alcoholizándoles los sentidos y conocimientos para poderlos despojar de sus hogares, de sus cultivos y de sus tierras. Y para decir de acuerdo con las autoridades de los catorce departamentos del país colombiano «los indios me vendieron»; y presentan falsos documentos y escrituras, todo hecho por medio de la sabienda y el engaño.
El hijo de una indígena se sentará sobre o el trono


Manuel Quintín Lame

A la aristocracia embalsamada por el orgullo y que se llaman entre ellos hombres aristocráticos y de buenas familias, les da opresión o pena hablar con la indígena, saludarla en la calle, con el pretexto de que es rebajarse, sin darse cuenta que nacieron y que vinieron por el mismo camino por donde vino al mundo el indígena, aquel que hoy es perseguido por los aristócratas para destruirle la flor de sus conocimientos que la misma naturaleza les ha inspirado en medio de los acusadores cohechadores y perjuros. Así por así señores jefes del poder judicial, ejecutivo y legislativo, etc., cambiará en poco tiempo el derecho de ustedes, porque un mendigo que es el hijo de la huérfana indígena se sentará sobre el trono de nuestra reivindicación social con su cetro de inteligencia con que la naturaleza humana le ha dotado, a pesar de las persecuciones y de las cárceles. Porque estos sufrimientos no nos detendrán a nosotras las pobres infelices, las que hemos sido encarceladas por defender los intereses de nuestros esposos, de nuestros padres, hijos y hermanos. Hoy día, aun cuando nos insulten maltratándonos de palabra y de obra y mandándonos predicadores de cualquier clase, ya nosotras las infelices, las mudas, las sordas, ya hemos conocido el resplandor de los libres donde está escrito el libro de nuestro desengaño y que termina por completo los idilios de los engañadores y predicadores con falsas doctrinas en que dicen a pulmón abierto que el rico tiene

derecho a todas sus propiedades. Fuera verdad si hubieran sido bien habidas, porque lo que es de Dios hay que entregárselo a Dios y lo del César al César. La prehistoria de nuestros antepasados repercute sus acentos allá en esa colina donde está sepultada la casa de la divinidad, según la prehistoria del Bochica, quien escribió por medio de signos la historia de su padre que era el Sol, quien consagraba las ceremonias del Dios que tenían nuestros antiguos. Pero los aventureros que llegaron el 12 de octubre en nombre de la civilización hicieron blandir la cuchilla de la mano y la intención para quitarnos la vida y nuestras riquezas; y hoy las mujeres indígenas colombianas de ocho departamentos quienes firmamos la presente, estamos como un ánimo acompañado de valor, y unidas como un concierto de águilas encolerizadas lograremos la defensa de nuestras reivindicación porque se nos haga justicia, se nos ampare por las autoridades o nosotras nos hacemos justicia y nos amparamos por nuestra cuenta aun cuando quede la última mujer indígena en el campo de la guillotina, de la horca y del cadalso, como quedó en Colombia y así otras heroínas en diversas naciones de la vieja Europa. De nuestros vientres nacerán grandes patriotas indígenas, según nos lo han manifestado ese par de caudillos indígenas, quienes hacen repercutir sus ideas en el país. Aquellos que nacieron en las selvas del Tierradentro, y tras de ellos van hasta hoy esos ocho departamentos, es decir, tras de sus ideas, quienes las han entregado tal como son, sin envidia de ninguna clase a todas las naciones indígena del país. El hombre rico, engreído en medio del orgullo satánico dice que su derecho es estable y que permanecerá. Pero ya oímos las pobres infelices la carcajada de ese enemigo que reducirá los inmortales imperios de la orgullosa y malévola civilización a una sacristía, porque todos los fusiles, las ametralladoras y los cañones quedarán mudos y los soldados esperando la voz de aliento de los generales ya ahogada en sus gargantas, porque así ha sucedido y sucederá porque el hijo de la mujer indígena no vino al mundo por los grandes ricos sino fue por nosotros los pobres infelices.


El derecho de la mujer indígena en Colombia


Manuel Quintín Lame

Aun cuando el ministro de guerra colombiano dicte miles de decretos y el congreso leyes, las pobres infelices marcharemos al combate de nuestra reivindicación. La calumnia, la amenaza, el engaño, la promesa, para nosotras hoy día es una letra muerta y de valor ninguno. Así debe ser para todas las señoras y señoritas del país de nuestra baja clase, quienes somos perseguidas por los hombres de civilización. ¡Ah! Qué cobardes, cómo persiguen y vigilan a una mujer, quien es la propia madre del hombre; pero estos pensadores han envolatado todas sus inteligencias por medio del temor y ponen en movimiento todas sus fuerzas y alcances para hacerle mal a su propia madre y compañera, por quienes se han volado muchos la tapa de los sesos. Hoy las mujeres con nuestro valor y energía gritaremos amparo y justicia, como siempre lo hemos hecho, porque ya perdimos nuestros clamores y nuestro derecho, pero menos nuestra fe. Esa fe nos asiste a nosotras las pobres labriegas que al sol y al agua, haciéndole frente al hambre y la sed, le ayudamos a los hombres indígenas en nuestro carácter de esposas, hermanas, hijas y madres, a cultivar nuestras fincas, las que hoy sin darnos un centavo pasaron a manos de los burgueses, porque las autoridades violando sus ministerios violaron los derechos y los intereses de la justicia.
Las leyes subversivas

Pues no hay justicia a favor de las propiedades indígenas; todos los reclamos que hacemos los indígenas a favor de nuestras propiedades territoriales cultivadas, son desoídas en las alcaldías, inspecciones y juzgados municipales y también de circuito, porque hasta hoy el veneno de la envidia no ha dejado a los legisladores dictar una legislación clara, determinada y que terminantemente sea cumplida, porque las leyes que las firman con sus manos las borran con el codo. Pero se llegará ese día en que la legislación indígena por ella misma será encaminada rápidamente a formar su tribunal y destruirá la envidia y el error que ejecutaron a sabiendas y con conocimiento de causa los señores aristocráticos, que sin justicia y sin caridad nos han hecho desterrar por medio de leyes subversivas, las que obligan a

nuestros esposos a que repartan nuestras tierras. Pero esas leyes no se cumplirán, porque si los hombres indígenas quienes ocupan nuestro propio territorio desde antes de la conquista no se paran para negar esa orden clandestina y malévola, nosotras las mujeres nos preparamos para pegar el grito de no y no; y si no se nos atiende hundiremos en el vientre de aquellos el cuchillo de nuestra guisandería porque si esto pasa así, ahí tenemos potestad para cometer injusticias; esto de dar por válido lo hecho por un poder incompetente, esto de declarar obligatorio lo injusto, lo absurdo, lo inicuo, esto no lo concebíamos ni lo concebimos todavía. Contra estos hechos que se han venido sucediendo protestamos todas las mujeres indígenas, y con esta nuestra protesta también protesta la razón natural y aquella augusta religión que profesan y profesamos las católicas, también protestan todas las religiones de la Tierra. Contra esto protesta el corazón sublevándose contra semejante apoteosis de la tiranía…
Los dos viejos partidos nos han engañado


El derecho de la mujer indígena en Colombia

A la raza indígena se le ha venido persiguiendo en todos sus intereses morales y materiales por la civilización, y esta se los ha arrebatado. Ahí está lo que pasa en los departamentos de Nariño, Valle, Cauca, Boyacá, Huila, Tolima, Caldas, Santander, etc., en donde para los indígenas no hay justicia. Los burgueses pueden matar a un indio, herirlo gravísimamente y para estos no hay justicia; robarlo, violar a una de nuestras compañeras por la fuerza y con el hecho de ser conservadores o liberales, con tal que tengan dinero se defienden, o los jueces hacen perdidizos los sumarios, otros duermen eternamente en los juzgados y en las oficinas del gobierno según lo afirma en su periódico del 12 de enero del presente año y que es un hombre que no ha envetado ni siquiera el cristal de la verdad, porque lo que él ha acusado y acusa es porque es así y tiene cómo probarlo ante el público, o sea ante cualquier juez. Esa doctrina que publicó con fecha 12 el caudillo, nos ha impulsado con valor a todas las mujeres indígenas, las que distintos departamentos mandamos nuestras firmas, quienes


Manuel Quintín Lame

deben reunirse en el departamento del Tolima, donde saldrá la voz de la mujer indígena ordenándole a todos los indígenas que ninguno se presente el día de elecciones a sufragar, porque ellos mismos se ponen la soga a sus gargantas y gritemos mueran las elecciones ante la raza indígena en Colombia y que el sexo masculino indígena lo separaremos nosotras las mujeres indígenas por completo de esos dos viejos partidos que falsamente nos han engañado. En nuestro carácter de esposas, novias, madres, hermanas, hijas, etc., no dejemos ir a votar a ninguno, porque esos representantes y senadores que van al congreso no han dictado el reglamento de la legislación indígena que se encuentra hasta hoy en la oscuridad; son enemigos de la raza indígena en Colombia, los senadores y representantes, los diputados de las asambleas, los miembros de los consejos municipales, en compañía de los alcaldes, etc., no atienden los reclamos a ningún indígena por derecho que tenga. Nos dirigimos a todas las sociedades del sexo femenino religioso, como son a las hermanas de la caridad, a las monjas, a las madres, etc., a las señoritas y señoras directoras de todos los colegios y universidades del país, [para] que conozcan las injusticias y que hoy ya el sexo indígena femenino en Colombia levantó el grito para defender de hecho sus propiedades materiales y morales que a nuestros varones les han sido arrebatadas, y para no errar nos dirigimos a todas las sociedades del sexo femenino del país y que nos digan si esto es justo o no… Señores, señoras y señoritas del país colombiano: los pueblos deben obedecer las leyes; pero los legisladores deben acatar la justicia. Y cuando la injusticia es evidente, cuando el legislador decreta cosas en contradicción con las leyes naturales y divinas, no tiene derecho a la obediencia… Pues, ¡qué! Si se debe obediencia a lo injusto, a lo inicuo, a lo absurdo, ¿qué pensaremos de los hombres ilustres que en todas las épocas se han negado a cometer una iniquidad aun cuando fuese mandado por el más poderoso legislador? ¿Se les llamará anárquicos? ¡No! No los han llamado así los pueblos que les han erigido estatuas… Siempre, en todos los tiempos, en todos los países y sobre

todo en los cristianos, se ha mirado como cosa santa y heroica el no acatar la injusticia y la iniquidad aunque llevase el sello del legislador; siempre, en todos los tiempos y países, se ha mirado como un heroísmo el marchar al cadalso, con la frente serena, antes que obedecer un mandato inicuo. Esto irá a ocurrir en Colombia cuando los cobardes persigan a las mujeres, como lo han hecho en Cali, en Bogotá, con una señorita o señoritas heroínas… En constancia firmamos más de catorce mil mujeres indígenas de siete departamentos e invitamos a coadyuvar con nuestras ideas al proletariado colombiano de indígenas, pues haremos flotar nuestras banderas de paz en las tremendas campañas ante la injusticia y el error que cometen diariamente los opresores de categoría.


El derecho de la mujer indígena en Colombia

Luz indígena en Colombia*

M a n u e l Q u in t ín L a me

Primero de mayo de 1916



Advertencias: Esta hoja saldrá y tiene por objeto todos los pequeños cabildos de la Nueva Granada con el fin de declarar el positivo fundamento, con supremas razones, de acuerdo con las verdades del orden moral, se le llama razón práctica, [y] se le llama conciencia cuando aplica las verdades del mismo orden a los casos particulares; así si digo: el mentir es malo, es un acto de razón práctica; pero si digo: debo contestar con verdad a las preguntas que me va a hacer el juez, es acto de conciencia, la cual se define: el entendimiento en cuanto determina lo que el individuo debe hacer en los casos particulares. En conciencia, el dictamen de la conciencia es la conclusión de un raciocinio en el que los principios generales de la ley se aplican al caso concreto en que se halla el individuo, como por ejemplo: el hijo debe obedecer al padre. Señores miembros presidentes de los pequeños cabildos de unos restos de resguardos, que han quedado y están quedando; el señor presidente, al abrir la sesión deberá tener en cuenta la manda de la Ley 89 de 1890 porque la ley es la guía del juez, porque Dios y la ley mandan a los pueblos y a los reyes. No debemos dejarnos imponer razones falsas de algunas alcaldías municipales de los distritos, debemos tener en cuenta que nosotros los indios no estamos regidos por las leyes generales de la República, sino por ley especial; y el
* Comunicaciones y telegramas sobre orden público relacionados con Lame (Archivo General de la Nación: 1916, 42-96).

cabildo cesante es el que nombra o hace elección de nombramiento para las personas que deben desempeñar como autoridades a favor del resguardo para el año entrante. Pero desgraciadamente en varios distritos los que hacen estos nombramientos son los alcaldes municipales, debemos levantar con todo valor y rápidamente nuestra frente, y no dejarnos que la raza blanca y mestiza haga a su antojo lo que quieran con nuestra debilidad, porque en el mundo no hay un hombre superior a otro, porque la Constitución del hombre es una misma en la materia intelectual, puede ser superior, porque las riquezas del hombre son deleznables y perecederas y aún los mismos hombres; de un momento a otro llega el tren de ultratumba y tenemos que seguir… Dejemos la cobardía, enfrentémonos ante el más grande y terrible Juez, y pidamos que se obedezca la ley… no son los alcaldes, ni los personeros, ni los prefectos ni los gobernadores de los departamentos* […]. […] dejo dicho es velar por el bien común de los ciudadanos, y también velar por el orden público y privado, proteger cuando fuere el caso, según lo ocurrido, castigar según los hechos de acuerdo con el orden del ministerio que ejerce cada uno. Es la función del poder supremo al cual corresponde la ejecución de la leyes, de lo que se deduce: 1) Que en cualquiera forma de gobierno el poder ejecutivo está subordinado al Legislativo; 2) que el poder constituyente debe fijar los límites de este poder judicial, que también es función propia del poder soberano, pero distinta del ejecutivo. Este poder debe organizar el gobierno y la administración: aquel consiste en la ampliación de las leyes a los ciudadanos y esta es la aplicación de las mismas a las cosas o a los servicios que debe prestar la autoridad en orden al bien público. Hay que observar: 1) Que el organismo del poder ejecutivo debe abarcar las relaciones internas y externas porque el Gobierno se extiende a entrambas; 2) debe organizar los magistrados y demás
* De aquí en adelante, cuando el manuscrito sea ilegible por deterioro o por grafías confusas, se insertarán corchetes de corte para indicarlo. (N. d. E.).

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Luz indígena en Colombia

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Manuel Quintín Lame

empleados que deben ejercer los servicios públicos, porque deben ser servicios por individuos competentes. El poder ejecutivo debe atender a la tutela del orden jurídico y al fomento de la prosperidad pública, en conformidad con las leyes; porque si aquel es el fin de la sociedad, estas señalan el modo como deben conseguirse. Para atender a lo uno y a lo otro, los servicios del poder ejecutivo se reducen: 1) Al gobierno y orden político; 2) la milicia, pues es exigida por la seguridad y la paz, así interior como exterior; 3) a la policía que tomada en su mayor extensión comprende la tutela de los derechos y el fomento de las ramas del servicio público; 4) a la hacienda pública, pues sin ella no podrían cubrirse los gastos de los empleados, ni los que son necesarios para promover la prosperidad pública. En la esfera de poder ejecutivo no comprendemos la beneficencia, la instrucción pública, porque son funciones sociales, que la autoridad solo debe promover cuando no basta la iniciativa individual, según dije al tratar de los límites del poder público. El doctor Miguel Arroyo Díez fue senador cuatro años, porque una nube de indígenas engañados cubría la calle real, con el nombre del Humilladero, hasta las últimas casas de la salida al Callejón, para que subiera al Capitolio, es decir, al sagrado tribunal de la nación, en compañía de don Antonio Paredes, por quienes depositábamos boletas en las urnas, es decir en el campo electoral del Cauca. Nombrados los defensores de la humanidad, y lo cual ha sido y es un engaño, porque día por día nos vemos subiendo la cuesta grave y se nos ha acercado la llegada al punto de la esclavitud. Tanto los indígenas que han sido y son llevados al campo electoral por el liberalismo como por el conservatismo, ambos lloramos como el cachorrillo en la gruta, abandonado de su amo; las indígenas, madres de familia, con cuatro u ocho niños pequeños salen en compañía de sus hijos a vegetar el lugar de sus sementeras, ya consumidas por todos los semovientes de los hombres de raza blanca, que han formado grandes latifundios en nuestro propio suelo; no han valido las escrituras

que como reales cédulas nos dieron los gobernadores de España, en nombre de su corona y cetro. Dichos señores hoy día, a la raza indígena la van remachando con cadenas de la tiranía, porque el día que este pobre indígena, con el nombre de terrazguero, no puede ir a pagar esta injusta deuda, los malvados mayordomos van con sus afiladas peinillas a destrozar las cercas de las sementeras de este pobre indígena, cargado de familia, si este sale a defender, exponiendo sus necesidades, dicho mayordomo descarga su peinilla sobre la cabeza del reclamante y es víctima. Las pobres indígenas, madres de familia, tienen dos pérdidas: la de sus sementeras y la de su marido. Este hecho pasó en la hacienda de El Troje, este hecho fue ejecutado por Samuel Mina, en su carácter de mayordomo de dicha hacienda, y en muchas otras partes del departamento de Cauca, Huila y Tolima y Nariño, si llegare el caso, lo aclare minuciosa y detenidamente. El día llegado de reclamar política, es […] mo en antevísperas de elecciones se […] los grandes ricos y sus caudillos, […] sus labios llenos de sonrisa y halagüeñas palabras; nos saludan, nos brindan un miserable tabaco o una copa de licor; yo no quisiera ver lo que he mirado al través del cristal de mi experiencia. Estoy convencido que en este mundo todo es un mercado en el que se compran honores, voluntades y conciencias. ¡Oh! Indígenas hasta cuando nos dejaremos engañar, y vivimos en el oscurantismo, sirviendo nuestros pechos de gradas, para que los usurpadores de nuestro propio suelo, suban por nuestra acción y entusiasmo, a preparar con fuerza y valor, la acerada cuchilla para destrozar todos nuestros intereses. Para la raza infeliz están abiertas las puertas del castigo y para los grandes encapados aristócratas, están cerradas. Se cumplen las palabras que dijo el doctor Miguel Antonio Caro, «el día de mañana se abrirán las puertas del delito y se cerrarán las del castigo». Señores lectores de esta hojita, preguntádmelo ¿por qué? El doctor Miguel Arroyo Díez, inteligente caballero, digno de un alto saber, ha estudiado dos dogmas, le falta estudiar uno que es

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el de la caridad, porque en el año de 1914 que fue senador y estaba hospedado en el hotel Cote, en la ciudad de Santafé de Bogotá, capital de la República a las siete a. m., me acerqué a suplicarle, como amigo, paisano o como autoridad en defensa del pueblo me hiciera un servicio y con tedio me contestó dos palabras, la tercera la contestó volviéndome el externo del cuerpo, sin tener en cuenta, que yo había sido uno de los caudillos más audaces y valientes para reclamar lo que él necesitaba y para que fuera senador, según me explicaba en su carta que el mismo doctor Arroyo me escribió como amigo. Amigos, es mentira; no hay amigos, la amistad verdadera es ilusión, ella cambia, se aleja y desaparece con los giros que da la situación. Amigos complacientes sólo tienen los que disfrutan de ventura, pero a aquellos que nos abate el infortunio, sólo tenemos tristezas en el alma. ¡Oh! Indígenas de Colombia, si están bien nos tratan con amor, nos buscan, nos invitan, nos adulan, mas si acaso creemos francamente, pasada la elección sólo por cumplimiento nos saludan; y eso es si dicen que saludar a un indio es rebajarse sin tener en cuenta que nosotros los indios somos la riqueza de la nación y la vida de las ciudades y pueblos, y también la ingre […] sación del tesoro nacional, departamental y distrital, como también del tesoro eclesiástico, porque escogemos el mejor grano para pagar los diezmos y primicias a la Iglesia de Dios; la raza blanca. Algunos pagan lo peor y otros niegan el pago; a favor de nosotros los indígenas no hay un filósofo, un periodista ni un poeta que en sus composiciones o discursos haya hablado a favor de esta pobre y desgraciada raza indígena. Hoy día he levantado mi frente como a modo de genio, con el fin de sembrar la semilla de la flor de la esperanza, en medio de la oscuridad y no dejar que la raza indígena en Colombia, camine en medio del oscurantismo, que le hagamos frente al bramido del tigre, al rugido del león, al silbido de la serpiente que en medio de las ramas se esconde para envenenar el corazón de la ignorancia y sepultarla en el gabinete de su cueva; digo esto, porque ha resultado en varias parcialidades un caudillo que lleva el nombre de católico, con un costal

de libros, que en mi pequeño conocimiento le he dado el título que este es la serpiente de que dejo dicho, no vayan a comprar de esos libros padres y madres de familia. Indígenas, tengamos en cuenta, muy en cuenta, lo que pasó al general Alfaro en su cartera del presidente del Ecuador, que «sembró vientos y cosechó tempestades»; sus discípulos e hijos, como dijo Pitágoras, como fundador de la escuela Itálica, cuando le dio respuesta a una pregunta que le hizo el Rey de Lionte, nuestros hijos no vayan a convertirse en lobos voraces y nosotros los padres como la oveja indefensa en el redil del matadero. El tigre con su bramido aterrador asorda los profundos bosques y nosotros los valientes indios no nos acobardemos, durmamos a la paz, sin miedo ninguno, teniendo en cuenta lo que dejo dicho. El león monarca de los bosques, al oír el rugido, acerquémonosle pero no de frente sino diagonal por la izquierda porque está escondido detrás del robusto tronco rugiendo […] […] que a toda hora y momento le oímos rugir y ya le hemos entendido para qué ruge es con el fin de acobardar y en medio de cobardía engañar al pobre pueblo, y sepultarlo en el cementerio de la esclavitud. El pobre pueblo hoy día vejeta como la abeja se pasea presurosa de flor en flor, con el fin de llevar algo al panal para que sobre sustento para aumentar […] sus blandas descendencias que vestidas de piel, duermen todavía. Como el ave que va de rama en rama presurosa en alcances de la madura fruta para sustentar su vientre y también lleva en su negro la sobra para sustento y valor de los cobardes y lanudos polluelos. Dicen los grandes por su riqueza, y otros grandes por su talento, no por constitución como dejo dicho al principio; pero aquellos se han apoderado de todo derecho de la pobre debilidad del pueblo, el día de la elección amenasan despojar del seno de sus latifundios si no van los indios a sufragar, sin tener en cuenta que esta acción es de libre y espontánea voluntad de cada uno de los hombres, porque esta libertad fue anunciada por los profetas que ha de venir el divino libertador que era la segunda persona de la redención, que dio la libertad a la humanidad en la cruz, pagando el pecado del viejo Adán

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que cometió en el delicioso jardín del Paraíso. Hoy las sublimes inteligencias y las más grandes riquezas, como es decir los hombres ricos, no tiene en cuenta, porque la obligan a la divinidad con amenasas de despojos y multas al que no vaya a sufragar. ¡Oh pueblo querido! De indígenas y demás pobres, sacudamos las cadenas de la tiranía, del ridiculismo y del engaño, no nos dejemos seducir de esos labios que están bañados de sarcasmo; digo esto porque dice comúnmente la raza blanca y mestiza, que Manuel Quintín Lame, mi persona, de raza amarilla, descendiente de los antiguos poseedores de este suelo guananchí es un loco, la locura les va a salir al pie de la letra de sus muy bien […]. […] Para nosotros los indios no hay ninguna garantía en Colombia, porque somos víctimas de los atropellos de la raza blanca aún de las mismas autoridades. Señor gobernador del departamento del Cauca, señor gobernador del departamento del Huila, ¿qué pasó en el mes de marzo, del presente año con la revolución intentada por mi persona con los indígenas de Tierradentro?, altos funcionarios de justicia, ¿en dónde está vuestro criterio? No es verdad que Dios detesta la calumnia y aborrece la mentira, porque sin haber motivo el doctor Miguel A. Díez, en su carácter de gobernador del departamento del Cauca, me embarga a mi persona varios efectos de mi propiedad y se queda con ellos, si no tenía porqué, no dijo présteme o regáleme que el pedir no es defecto. Qué pasó con la sindicación que se me hizo en Tacueyó, en que dijeron en un denuncio, que contra mí dieron Isaac Tascón, Excipión Jaramillo, y otros tantos, quienes firmaron el denuncio contra mí por usurparse lo que no era de ellos, con el pretexto de que había una mina de oro de filón, sin llenar las formalidades que ordena el artículo 8º del Código de Minas; valiéndose el señor alcalde municipal como compañero del denuncio de la mina, quien obligó a muchos indígenas de Tacueyó y Toribío, a que trabajasen tres días, pagando la contribución subsidiaria, diciendo que esa era obra de gobierno, lo cual era pretextos del alcalde Benjamín Diago, y para estos no ha habido ni hay justicia. Yo por tener poder por escritura pública que

me fue otorgada por ese cabildo en la notaría de Caloto, no como […] el doctor Miguel A. Díez, Gobernador, […] un telegrama que dirigió al Procurador General de la Nación, diciendo que yo usurpaba […] autoridad y que ni una sola parcialidad me había elegido como superior, y que pedía contribuciones, lo cual le contradigo al doctor Díez, es una falsedad porque si algún indígena me ha dado cinco o diez pesos, es por su propia voluntad, y la voluntad del hombre ni Dios la prohíbe. Tengo fuerza y espíritu público en mis ideas y las sentaré sobre el pedestal de la verdad, no es como dicen algunos cortesanos que me he entrado en camisa de once varas y que se me destina a un panóptico, por veinte años. No es el antojo de los hombres el que manda al panóptico, sino es la ley según los hechos comprobados en forma legal. El doctor Luis Cajiao W., en una exposición me da una medicina, que me la tome y me quede quieto y que ninguno de los males me molestará, yo le doy gracias a usted, pero yo no le acepto la medicina aún enfermo, ni me dejo sangrar de [un] bárbaro que le tiembla el pulso. Tengo conocimiento personal y directo que el cuantiosísimo peso de indígenas ha sido y es la defensa de nuestra madre patria, y como también la vida y la riqueza de la raza blanca: por eso no se tiene en cuenta ni en justicia ni mucho menos en caridad; los indios de este Cauca expusimos nuestro valor y dimos nuestra sangre a la más sublime epopeya americana. El pueblo que libró las más cruentas batallas en días de lucha y de gloria, no ha podido romper jamás nuestras puertas, las metrallas y los cañones extranjeros, esos vínculos en horas de resignación y de pruebas hacen aparecer en las páginas de nuestra historia eternamente recuerdos inmortales. Para los grandes ha habido coronas de laureles y para nosotros es la cadena de los infortunios porque por una suposición nos aprietan el cuello con toscos lazos como pasó con el indígena Faustino Chagüendo en el improviso argumento, en su carácter de gobernador de la parcialidad del prenombrado Calibío; la política no es para nosotros los indios, esta nos sirve es para seguir o que sigan nuestros hijos en el camino de la esclavitud; porque por

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Luz indígena en Colombia

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Manuel Quintín Lame

quien vamos a votar nombrando como defensor del pueblo son los que nos van a vender, así como vendieron el istmo de Panamá dejándose engañar del Gobierno de los Estados Unidos, por no haber habido hombres de inteligencia y valor que hubieran defendido el istmo haciendo respetar los tratados así como nosotros hicimos respetar al Gobierno cuando Uribe quiso hacer presa al Gobierno y a la patria. El gobierno del doctor Miguel Arroyo Díez, y administración del departamento de Cauca en los pocos meses que estuvo al frente de los diversos ramos del servicio público, el poder constituyente debe determinar el orden de la sucesión o elección del magistrado supremo y asegurar en cuanto cabe que esté dotado de las cualidades necesarias para promover el bien de la sociedad, que no sea nervioso o miedoso que sin tener fundamento de las cosas en qué forma están o pasan, metan la pata como dice el doctor Laurentino Quintana en su periódico nº 88 de fecha 20 de febrero de 1916, es la pura verdad. Porque los cargos públicos deben ser ocupados por personas de actitud resueltamente reconocida, de otra suerte no se consiguiera el fin que con ello se persigue, deben ser individuos de reconocida probidad porque es la mejor garantía del cumplimiento del deber, los empleados deben ser convenientemente retribuidos porque así lo exige la justicia y la seguridad del bien público. El orden social del derecho es el reinado de la justicia en todas sus manifestaciones; la justicia da a cada uno su derecho, cualquier individuo o ciudadano puede obligar al más alto funcionario en caso de violación. De todo lo que dejo dicho doy cuenta al sumo Gobierno, es decir, de los hechos o abusos cometidos por personas y autoridades, lo mismo que doy cuenta al señor presidente de la Corte Suprema de Justicia, como también al señor Procurador General de la Nación, y a todos los ministros del ramo del poder ejecutivo, y al Tribunal Superior del Distrito Judicial de esa capital, pido a esa superioridad se provea lo que fuere legal dictándose una resolución en nuestro favor.

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He leído con atención El Mensajero de marzo y de abril de 1916 redactado por los RR. PP. jesuitas, de la Compañía de Jesús. Dicen así:
Hemos leído con disgusto la mala interpretación, que algunos periodistas de la localidad han dado a la declaración que la Compañía de Jesús, juzgó conveniente para quitar de raíz la no menos falsa y errónea opinión que muchos les ha parecido que las divisiones políticas hoy se han suspendido por los devotos de la Compañía de Jesús, lo cual digo yo estamos los hombres muy equivocados y faltos en un sentido Y acabo mi discurso por esta observación que es esencial [no] omitirla… cuando se considera a los que se manifiestan y se avanzan a poner límites estrechos a la autoridad de la Iglesia y sus doctrinas que son dogmas de fe, de esperanza y caridad, con el fin de darnos a comprender. Ha levantado la fiesta el Sagrado Corazón de Jesús, el que apareció entre los aires del cielo cubierto entre banderas más blancas que la nieve, esta aparición la contempló mi anciana madre, que por ser atrasada en el conocimiento no se publicó, pero todavía puede declarar cómo y a dónde lo vio. El Sagrado Corazón de Jesús se apareció como lábaro en el cielo, fue para apacentar a los hombres en la Tierra; tengamos en cuenta y muy en cuenta el Sagrado Corazón de Jesús es más profundo que el infierno y más grande que el cielo, nosotros los hombres somos un gusano arrastrado en polvo; en diez y ocho siglos que va la corriente de la humanidad, la han venido estudiando los grandes genios, religiosos e impíos que lograron adivinar unos las leyes del pensamiento y otros la marcha de los astros, declararon que el ministro de Dios, es incomprensible, que hacía ver todo y comprender todo, y porque hoy en una friolera culpamos a la Compañía del Sagrado Corazón de Jesús, son muy menguados los que hacen cargos. 
Luz indígena en Colombia

Circular del primero de mayo de 1916* M a n u e l Q u in t ín L a me

Primero de mayo, 1916

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Señores gobernadores indígenas, como también a todos los señores agregados; a aquellos que están debajo de la mano gigantesca y usurpadora de los ricos; aquellos que se han creído y se creen absolutamente dueños con inmenso poderío y faculta sobre nosotros los pobres que vegetamos en medio de un cataclismo y orgía de sangre. ¡Oh queridos hermanos!, pues en 420 años, que hace hasta hoy en que nos encontramos sorprendidos por una guerra fraticida y criminosa que ha cubierto de ruina a toda la raza indígena de muchísimos pueblos de nuestra nación; suelo propio y originario que fue destinado y entregado por el Todopoderoso, supremo legislador de la ley del universo, después del diluvio universal. ¡Oh, a los dos mil años después de pasado el castigo, se obró el grandioso prodigio: después de haberse pasado el profeta Eliseo, sobre las blancas aguas del río Jordán; este misterio ninguno de los sabios y poderosos han podido descubrir las historias! ¡Oh la época grandiosa que fue de la embarcación! Pues dije que hace 420 años, esto es el tiempo en que descendió Cristóbal Colón, con el fin de apoderarse de nuestros grandes tesoros, en compañía de muchos pobres aventureros españoles, que al pisar nuestro suelo, se creyeron dueños absolutos de nuestros tesoros y de nuestras tierras, todas las abrazadas plazas del Atlántico y Pacífico de nuestro continente. Queridos hermanos, debemos conocer qué sentido elevaba un suspiro de (alegría) alabanza hacia Dios, en
* Un líder y su causa: Quintín Lame (López de Rey:1990).

nombre de todos los pueblos indígenas a quienes había prometido ser fiel en todos mis compromisos. Entraba el herrero loco de soberbia, armado con martillo en mano, con muchos compañeros quienes deseaban mi muerte, y sin misericordia con todo el valor descargaban su martillo sobre una barra de acero, y decían en secreta voz: Aquí se jode al indio Lame. Yo alzaba una mirada hacia el cuadro donde estaba mi compañera la Virgen del Carmen y hablaba solo, con mi corazón, cada palabra: ¡Oh María!, concebida sin pecado, ruega por nosotros, pecadores, que recurrimos a Vos; me venía entonces un valor consolador; combatía mi tristeza. Un compañero de infortunio de los que estaban en la reclusión, de pasada me arrojaba un mendrugo de pan que yo recogía lleno de alegría, y con el cual mitigaba mi angustiosa hambre. Y llegaba la compañía de jueces y secretarios a indagarme haciéndome promesas si desistía de todo; pues en veinte indagatorias, en ninguna comprometí a mis amigos, ni tampoco firmé en contra de ellos. Porque prefiero morir en orquillo, o en un banquillo, y que no diga el pueblo colombiano de indios que su jefe Manuel Quintín Lame, de miedo de la muerte, o de hambre, de frío o de dolor por las gruesas cadenas que me subyugaban, pasé a firmar. Pues los hombres que han estudiado diversidad de ciencias; todos estos conquistadores, por su infamia maledisconcia, que ejecutaron contra nuestros los infelices, el fin de estos fue muy triste y muy penoso, unos murieron ahorcados otros murieron asesinados por su mismos compañeros, otros sentados en el patíbulo, fueron fusilados por sus mismos soberanos, otros murieron en medio de la miseria, abandonados; eso le paso a don Francisco de Toledo 1870. Pues la historia es la madre de la verdad, cuna del tiempo, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso del presente y anuncio del porvenir, del día de mañana. Lo mismo le pasó al principio a Cristóbal Colón en la ciudad de Valladolid en las costas españolas. Pues nunca olvidemos que Dios Nuestro Señor que fue el único que disipó y disipará el orgullo de los soberbios, y hará terminar y terminará todas las designias de los poderosos; a aquellos se llegará ese día en que conocerán ese enemigo tan

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Manuel Quintín Lame

poderoso, y encarnizado que tenemos los hombres que manejamos el orgullo; este enemigo es invisible, este tiene todos los elementos destructores de la naturaleza, porque él es su guante, recoge todas las designias que dejé dicho, y prorrumpe en una carcajada honórica, y fojea ese código eterno que es la ley de la compensación; los ricos serán despedidos con nada, los humildes a las alturas nos elevaremos para conocer esa palma de azul follaje que la vemos allá en esa profunda campiña. ¡Oh! palma inmortal; todos los necesitados del rebaño que nos encontramos hambrientos, desnudos, faltos de abrigo, se llegará ese día que pasearemos en medio de ese viejo coloso del rebaño, y todas las creaciones titánicas de los hombres, las encontraremos confundidas, en medio del polvo allá en el desierto. Nuestros nietos buscarán la historia de aquel indígena llamado Manuel Quintín Lame, hombre de triste figura y de inmenso valor y de amor constante, con el fin de favorecer los pisamires del hielo, es decir, de las lluvias que nos han amenazado. Por medio de mi heroico patriotismo, hoy día me declaro el héroe a favor de la defensa de todos mis hermanos; a pesar de haber sido abandonado absolutamente por el término de diez y ocho meses, pero si ustedes me han abandonado, yo los espero con los brazos abiertos, para estrecharlos sobre el templo de mi pecho, donde gira en el interior, es decir, dentro de él, donde está oculto el santuario de mi corazón, donde está mi reina oculta, coronado por una diadema de cristal que llama el cristal de las ciencias para embellecer a toda nuestra raza, y que formemos nuestro moderno imperio. Porque yo he sido y soy el hombre invensible; en medio de los llamados, he sido el escogido; predestinado, por mando de Dios. Pues cargado de cadenas durante catorce meses incomunicado, encerrado en un calabozo, tratado como a bestia, consumido por el hambre, la sed el frío, porque me encontraba desnudo, cercano a pasar para la eternidad, soñaba la llegada del tren de ultratumba, aquel que conduce el cuerpo al camposanto; pero en aquellos momentos cuando me venía el recuerdo de la historia y que han comprendido las leyes de la ciencia, las leyes de la voluntad, el sentido común es consentimiento

universal, de todos los pueblos del Mediterráneo, hasta las abrazadas plazas, del concentrado continente americano, no han podido darse cuenta de las ideas del llamado loco Manuel Quintín Lame según los movimientos de […]. Pues mis palabras, en que lo manifesté en varias reuniones, se cumplirán, como a modo de una profesía; tengan en cuenta que las injusticias de aquella guerra fraticida y criminosa, de que dejé dicho, que fue ejecutada por todos los blancos ricos, contra nosotros los indios, haciendo creer a la nación que era contra la ley y la Constitución, que se habían levantado todos los indios. Pero no han podido probar y con vergüenza pública se encuentran actualmente. El edificio que principió a construir aquel triste y desdichado Lame, subieron las olas impetuosas del río y se estrellaron todos sus embales besando aquel edificio, y tristemente retrocedieron y siguieron convencidos que era el hombre cuerdo que había fabricado sobre escarpadas rocas, aquel cimiento donde ha aparecido y aparecerá la verdad sobre aquella base. Construido por el ignorante Lame, ese pardo follaje de descoplados laureles de sus heladas hojas que por el viento no agitaron; hoy día convencidos en calma reposan, encerrados en sus cuevas, y todos aquellos que se dejaron comprar por medio de la mampara de la cobardía, y mancillaron mi frente persiguiéndome, como también declarado en contra, serán dignos del desprecio. Hasta hoy, no tengo abogado que me ayude, sinnúmero de cargos que me hacen hoy, yo voy desvaneciendo aquella tempestad y escándalos que fueron promovidos por la hiel del odio y de la venganza; aquellos decidores labios bañados de sarcasmo, alumbrados sus conocimientos por techos relámpagos, relámpagos mudos en medio de las diversidades desastrosas, como la del 12 de noviembre de 1910, en el pueblo de Inzá, esos cuerpos que describen el sueño eterno, que fue ejecutada su muerte por los mestizos de ese pueblo, diariamente piden justicia, es decir, venganza hasta del cielo, contra los fraticidas criminales, porque aquella sangre en charcos fue pisada por tres reverendos sacerdotes, ministros de ese lugar quienes no tuvieron en cuenta el ministerio que Dios les había encomendado, cuyos

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Circular del primero de mayo de 1916

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Manuel Quintín Lame

­ egundos apóstoles de san Pablo, el celoso y valiente; yo digo con él: s No le temo al hambre, a la desnudez, al riesgo del cuchillo, al frío, absolutamente a nada, porque mi amor, es una esencia que desciende de la esencia soberana, donde mañana el bien nos simona en consuelo. Oiremos la voz tremenda que dice: Se abre el código eterno, y nos abraza su ley que es la de compensación; porque primero pasará el Sol y la Luna. ¡Oh!, aquellos astros de que está coronado el infinito, lo verán convertidos en polvo, ya muertos sobre las razas extinguidas y todos aquellos poderosos aparecerán confundidos en medio del lecho de la desgracia, porque Dios tarda pero no olvida a nadie. Pues tendrán en cuenta mis palabras a pesar de no ser edificio sin base; porque todos los huracanes y las olas de aquel río que salió de madre, como dije al principio, sus embales se han estrellado y se estrellarán y nunca serán borradas las letras que sobre arena dejaron los hombres de estudio, como también los de cabeza gris; por el paso del tiempo, no era sobre arena, sino sobre piedra; pues con su sedunje modo ya caerá y terminará aquel árbol fantástico y ya desnudo.

Nota periodística del 2 de junio de 1916* M a n u e l Q u in t ín L a me

Popayán, 2 de junio de 1916

Desde el viernes se supo que este hombre público había convocado a los indígenas de los corregimientos de este distrito, a una junta que tendría lugar en Clareto o Carillo. La junta se verificó en orden y contestaron a lista solo trescientos de los 1.516 que habían sido citados. La persona que asistió nos ha informado que en su exposición el señor Lame se expresó así: «Trabajaremos en las próximas elecciones por un candidato indígena cuyo triunfo será completo. Sabido es de todos nosotros que el éxito de todas las elecciones verificadas en Popayán ha dependido únicamente de los capitalistas de calzoncillos; nosotros estamos pues, al corriente del procedimiento que los blancos emplean para triunfar y con ese mismo procedimiento sacaremos nuestro candidato victorioso, cueste lo que costare. [Aplausos]. »Nosotros somos la fuerza, somos el número y cuando hay que pelear somos el valor personificado. »No hay que votar por ningún candidato blanco, porque los blancos son nuestros peores enemigos. Van a los congresos y para pagarse sus sueldos y sus recompensas nos llenan de contribuciones; después de cada congreso nos importa diez pesos más cada vara de calzoncillos y veinte más cada vara de bayeta para los anacos de nuestras hembras. [Aplausos]. »Nosotros necesitamos un representante que hable por nosotros,
* Fuente: El Cauca Liberal (Quintín Lame: 1916a, 3-4).

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Manuel Quintín Lame

que defienda nuestros intereses y no debe desalentarnos el que no tengamos un doctor indígena, pues para ser representante sólo se necesita sacar mayor número de votos en las urnas. Yo estuve en Bogotá y de los 92 representantes, las dos terceras partes apenas sabían leer y escribir y eso con muy mala letra y sin ortografía. [Aplausos]. »Nosotros necesitamos una ley que reconozca y defienda nuestros derechos, nosotros somos los que trabajamos, los que con el sudor de nuestras frentes hacemos producir la tierra; sin el trabajo de nosotros se morirían de hambre los blancos, y no obstante nada tenemos: ni siguiera un pedazo de tierra propia para dormir tranquilos. »Nosotros hemos derribado todas estas montañas, hemos hecho todos esos potreros, hemos construido o por lo menos ayudado a construir todas las casas de los blancos, y nada de cuando ha recibido el ser de nuestras manos, nos pertenece, ni siquiera nos es permitido el contemplarlo una vez más. »Verdad es que por nuestro trabajo diario se nos ha pagado veinte centavos; pero esto es una ración de hambre que ninguna proporción guarda con lo que nuestro trabajo produce. ¡Cuál es, señores, la razón que hay para que los zánganos de la ciudad se ganen quinientos pesos diarios por poner una o dos firmas y nosotros después de haber sudado diez horas, apenas nos alcancemos a ganar veinte pesos! Si hubiera proporción entre el trabajo y el salario, nosotros deberíamos ser los de mayor renta porque somos los que más trabajan, pero sucede todo lo contrario. ¿Y por qué? Sencillamente porque a nosotros, como a todos los industriales, la ley y las costumbres nos tienen reducidos a la condición de bestias: somos los esclavos del salario, y la autoridad, la aristocracia y la burguesía han consignado en su código el principio de que para nosotros no se ha hecho la civilización ni la opulencia. »Nuestra suerte en sí es detestable, y lo es mil veces más cuando somos terrazgueros de algún blanco: entonces por el permiso para construir una choza y disponer de un pedazo de loma para plantar unas matas, tenemos la obligación de trabajar para el patrón tres días en la semana sin derecho a salario: de aquí el que se proverbie la pobreza de los terrazgueros de los blancos; de aquí también el que sea

fabuloso el bienestar de los blancos que tienen terrazgueros. Y esta esclavitud, mil veces más ignominiosa que la antigua, está autorizada y sancionada por todos los gobiernos; por el religioso y por el civil; por el de Dios y el de Satanás; de aquí el que nosotros tengamos que luchar contra todo y contra todos. [Aplausos]. »Además, señores, para nosotros no hay derechos individuales. Los blancos se reúnen donde y cuando quieren; hablan y escriben lo que tienen a bien y nadie los molesta; y no miento si digo que en este momento los sicarios de la tiranía, a la cabeza de un piquete de hombres armados vienen contra nosotros con ínfulas de káiser a dispersarnos a balazos y a llevarnos en calidad de presos a la cárcel de Popayán, establecimiento hecho expresamente para encerrar a los de ruana; que en el orden de cosas existente, son los únicos que pueden y deben ser castigados».

Nota periodística del 2 de junio de 1916

Nota periodística del 9 de junio de 1916* M a n u e l Q u in t ín L a me

Popayán, 9 de junio de 1916

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En el número 56 de este semanario, dimos cuenta de que el indígena Manuel Quintín Lame había citado a sus camaradas de los corregimientos vecinos a una junta pacífica, que tuvo lugar en Carillo, con el objeto de cambiar ideas. Hoy completamos la información con los siguientes datos: el prefecto de la provincia y el comandante de la Policía Departamental, con algunos de sus empleados subalternos y [a] la cabeza de un piquete de hombres armados, salieron el sábado 27 de mayo en busca de Lame y acamparon en el pueblo de Calibío a las siete de la noche. Afortunadamente los indígenas ya habían efectuado su reunión y por este motivo se evitó un encuentro y quién sabe si hasta el derramamiento de sangre o por lo menos la persecución de los indígenas. Del discurso que pronunció Lame en Carillo publicamos en el número 56 de este semanario una pequeña parte, y era nuestro deseo no continuar su publicación por creerla inútil; pero como debido a la actitud de las autoridades públicas, el pueblo cree, y con razón, que hemos estado en vísperas de una batalla, seguiremos insertando esta pieza indígena que revela bien el querer de los indios, para tranquilizar a las personas nerviosas, que con nuestras autoridades, han llegado a creer que el orden público está minado por Lame. Exposición de Manuel Quintín Lame: «He dicho, señores, que los indígenas no tenemos derecho de nin* Fuente: El Cauca Liberal (Quintín Lame :1916b, 2).

guna clase, y este estado bárbaro en que nos mantienen los blancos, es la herencia que los galeotes españoles legaron a sus descendientes. »Ellos para apropiarse de nuestras comarcas nos declararon salvajes, y desde luego fuera de la humanidad y en nombre de la civilización, contra toda justicia y contra toda ley y, sin más razón que la de ser más fuertes, nos despojaron de las tierras que habíamos poseído siglos tras siglos sin interrupción alguna. »Nuestros padres defendieron con heroísmo sus dominios y no hay selva americana que no esté regada con su sangre, y los huesos de nuestros antepasados desde el mar Caribe hasta la Tierra del Fuego, piden y esperan venganza. [Aplausos]. »Entonces por la actitud heroica de nuestros padres, por la manera encarnizada y tenaz con que defendieron sus dominios, los blancos comprendieron que el único medio de asegurar la posesión de las tierras que a sangre y fuego nos arrebataron, era mantenernos en la impotencia, y para ello, optaron primero por el asesinato en masa a fin de diezmar las tribus, y después para los que milagrosamente se salvaron y para sus descendientes, acordaron conservarlos en el más hondo salvajismo y en la mayor pobreza; medida eficaz para el fin que se proponían, porque nada esclaviza tanto como la ignorancia, ni nada abate los ánimos tanto como la miseria. »De aquí el que estén nada errados los expositores que afirman que una de las principales razones que tienen los blancos para mantenernos en la opresión económica en que vivimos, más que el deseo de adueñarse de nuestro trabajo y de vivir del sudor de nuestras frentes, es el temor de que algún día podamos ser fuertes, capaces de reclamar con la fuerza nuestro derecho y de tomar nuevamente posesión de las tierras de que fuimos despojados violentamente. [Aplausos]. »Los blancos mejor que nosotros saben que nuestro derecho a la tierra no prescribe, porque el derecho no prescribe cuando hay fuerza mayor de por medio. [Aplausos]. »Esta tesis la han sostenido todos los colombianos mas de mil veces, a la faz del mundo entero con motivo de la usurpación de Panamá, usurpación semejante –aunque menos grave– a la que los españoles

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Nota periodística del 9 de junio de 1916

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Manuel Quintín Lame

hicieron de nuestros dominios. Si acaso una de estas dos usurpaciones debiera ser justificada, necesariamente lo sería la de Panamá, ya que ella se efectuó para construir una obra benéfica que reclamaba hacía años la humanidad entera. No así el despojo de nuestra rica y hermosa tierra, porque este se efectuó para saciar la codicia de los blancos y para retocar con oro y esmeraldas el desteñido manto de una monarquía. [Aplausos]. »Ni el mismo rey que tomó posesión de este continente se creyó con título de propiedad, y apeló al Papa para que, como representante de Dios en la Tierra, lo declarara dueño y señor de América. Así lo hizo el Papa y en cambio de ese servicio, el rey lo autorizó para cobrar el diez por ciento de todo lo que los indígenas produjeran. Desde las primeras colectas el Papa comprendió que esa concesión era un filón de valor inapreciable, una de las más pingües contribuciones a que la codicia humana podía aspirar y fueron sus más hondos desvelos por legitimar el título que lo autorizara para cobrarla. ¿De qué manera podría legitimar ese título? El Papa mejor que todos, sabía que la rúbrica del rey no era título suficiente que legitimara la renta que quería para su iglesia. Entonces creyó que era bueno revestirla de alguna apariencia y conociendo lo que puede el sentimiento religioso en el corazón de las masas ignorantes, optó por darle origen divino: elevó pues esta contribución a la categoría de mandamiento de la Santa Madre Iglesia. »Así los diezmos y primicias que en un principio se nos cobraron en nombre del Rey de España se nos cobran hoy en nombre de Dios como precepto religioso; pero tanto la posesión de nuestras tierras por los blancos, como el derecho para cobrar diezmos y primicias la Santa Madre Iglesia, tienen el mismo origen: el desconocimiento de nuestra propiedad. [Aplausos]. »Y es esta la razón única que hay para que nunca los representantes de Dios en la Tierra hayan defendido nuestros derechos. Como lo he dicho, ellos por el interés del diezmo hicieron causa común con los que nos despojaron y se adueñaron de las tierras que en una serie de siglos no interrumpida habíamos poseído; por el interés del diezmo

Nota periodística del 9 de junio de 1916

reconocieron, contra toda justicia, que la propiedad tiene por base la conquista, esto es la fuerza bruta, y que el derecho es la relación que hay entre el fuerte y el débil. [Aplausos y gritos]. »De manera que no es ni siquiera imaginable que los representantes de Dios en la Tierra hagan causa común con nosotros para defender la justicia. Por el contrario, el instinto de conservación los coloca en el campo contrario, pues como acabo de decirlo, los blancos y ellos representan la misma causa y es quizás mayor su interés que el de los blancos en conservar nuestra actual posición social, ya que el diezmo y la primicia solo los pagamos los campesinos: los blancos y los pájaros de barro como se ríen del infierno no contribuyen ya con nada para espantar al diablo. »De aquí que no sea aventurado, sospechar que nuestra actitud y especialmente la exposición que estoy haciendo puedan no ser aprobadas por la Santa Madre Iglesia y antes bien, censuradas y quién sabe qué más. Y es hasta posible que los fanáticos nos condenen al fuego eterno, nos llamen hijos de Satanás… Mas de todo esto, señores, hay que reise como se reia El Cauca Liberal cuando El Cometa, a falta de razones para combatirlo, se limitaba a decir a sus lectores: “El Cauca Liberal periódico prohibido por la Santa Madre Iglesia”, porque cuando en las discusiones se esgrimen como arma de combate las censuras eclesiásticas es señal inequivoca de que se carece de argumentos, señal de que no se está en posesión de la verdad».

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Carta dirigida a sus hermanos Gregorio Nacianceno Lame e Ignacio Lame*

M a n u e l Q u in t ín L a me

Neiva, 11 de enero de 1915
car ísimos her manos :

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Antes de saludarlos manifiesto que ese verde jardín está ya para florecer y vosotros no os dais cuenta pero esto [es] a causa de la mano gigantesca; apenas doy principio y paso a saludarlos con ese recordado anhelo de unirnos con un estrecho abrazo y unir nuestras inteligencias, para ver de qué modo rompemos las cadenas de aquel tirano que tiene preso nuestros derechos y ya ver si desnudamos nuestras frentes con al ánimo de pegar el grito ¡viva la defensa de nuestros hermanos!, siempre con el corazón elevado a María nuestra misericordiosa madre que ella será la bandera salvadora; y esa bandera se elevará a los aires para flotarlos y se convertirá en estrella y esa estrella se mostrará como un astro en los cielos en consuelo de sus afligidos hijos que vegetamos la justicia. Y ante ese nubarrón que con negra espesura anuncia tempestad lo mismo que pupilas de ira, aquella voz majestuosa de los rayos y truenos que anuncia abrazarnos con su bravura; descenderá un huracán y rasgará aquella espesura y dejará embellecidos el azul del cielo y los rayos del astro rey abrigarán nuestros labios y prorrumpiremos en voces y en conceptos y hablaremos como sabios de lenguaje castizo y estudiado. Así es hermanos: vamos a pegar el grito de la reintegración e independencia de toda la raza amarilla con la blanca y esto será en el alto del Cauca, antiguo Calibío que su nombre resuena y ha resonado
* Fuente: Un líder y su causa: Quintín Lame (López de Rey: 1990).

entre las filas de la batalla como valientes y vencedores en el campo de lo dicho. Queridos hermanos: tengo promovido el departamento del Tolima y el del Huila, en quien confiar los acosados y desterrados hermanos, pero estos volverán a coger su verdadero derecho porque están resueltos a ayudarme a batir la bandera de nuestra defensa. Tres mil setecientos catorce indígenas llenos de anhelo como también de esperanza han cesado sus llantos, han sonreido sus labios y han afirmado profundamente lleno de honradez y de valor, han prometido ser fieles y constantes en ayudarme y escuchar con docilidad la mandada del jefe superior según mi resolución. Queridos hermanos: esta junta la instalé el día 2 del presente a la una de la tarde y fue concluida en el término de sesenta y ocho horas improrrogables en casa del señor Silvestre Salazar, vecino del punto de Velú, distrito de Natagaima, departamento del Tolima, capital ciudad Ibagué. La junta del departamento del Huila se va a instalar el martes doce a las doce del día del presente mes, no sé el término que pueda durar. Después de esto dar fin y conclusión según mi atrasada inteligencia; sigo para Nátaga y La Plata a acabar de darle cuerpo general, como también gran peso y formalidad para que se respete y seamos respetados de algunos tribunales, prefecturas y alcaldías que en vez de ser funcionarios de caridad y de justicia han sido y son unos malvados contra los derechos de los pobres y desgraciados indígenas. Suplico hermanos tomeis interés de hablar personalmente con los gobernadores indígenas y de escribirles para que se comuniquen de unos a otros. El pueblo de Julumito a Calibío será la suprema capital directorio indígena. Segunda capital será Pitayó. Reglamentado esto solo tendremos esperanza de coger el freno de la razón y trastrabar la injusticia de todos los grandes usurpadores que se creen los dueños y a mano armada le quitan la vida a muchos arrendatarios, los ultrajan cuando no se pagó esos severos impuestos que [exigen] sin tener derecho, porque nosotros somos los dueños originarios del suelo colombiano.

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Carta dirigida a sus hermanos Gregorio Nacianceno Lame e Ignacio Lame

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Manuel Quintín Lame

Suplico hermanos y supliquen por parte de ustedes que todos los cabildos se reúnan para el día domingo 14 de febrero próximo venidero: habrá un discurso legalizando públicamente nuestros derecho y diciendo con toda franqueza por qué nos separamos: cuán grande y de peso suficiente [es] vuestra razón para seguir este camino y llegar a la estación rápidamente, declarar ante los más temibles jueces de la nación que no son ellos los propios dueños, sino nosotros. El cabildo de Julumito se encargue de citar a El Tambo, Pandiguando, Piagua, Chapa, etc., y el cabildo de Timbío que cite a todos los cabildos de sus alrededores. Ustedes encárguense de citar personalmente Poblazón, Coconuco, Puracé, Polindara, Totoró, Paniquitá, Novirao, Usensa, Tunía, Calibío y que estos citen a los demás y que voluntariamente consignen cada parcialidad tres docenas de cohetones y dos globos, esto es para la hora de acabar el discurso de la integración indígena, y que bajo un jefe supremo serán amparados y conforme las antiguas escrituras que con cédula real aparecen en la historia del país, volveremos a tomar nuestros derechos. Queridos hermanos: si yo me pusiera a describir mis sufrimientos y mis trabajos se emplearía un volumen de tres mil quinientas hojas de mi trabajo; inmensos sufrimientos pero todo en amor a Dios. También les manifiesto que yo llevaré todos los cabildos de indígenas del Pedregal, Turminá, Inzá, Yaquibá, Belalcázar, Bitoncó, San José Pitayó, Jambaló, San Francisco, Toribío, San Lorenzo de Caldono, Tacueyó, Pueblo Nuevo, Quinchayá, Pioyá, si arreglamos con Silvia, también irá, si no, queda excluido de la compañía de nosotros. Póngame telegrama a Inzá como han arreglado o póngame una postal con las comunicaciones y en ellas expresamente clara y determinadamente qué ha contestado, cómo han arreglado con los cabildos. A la reunión de que vengo hablando, los de lejos pueden llegar un día antes a casa de Belisario Sánchez y Josefa Suárez de Piamba, para indicarles y ponerlos al corriente de todo lo que deben hacer. Dicha Junta tendrá lugar a más tardar a las diez y media de la mañana. Ojalá baje todo San Isidro y La Laguna a atender la defensa salvadora de nuestros derechos: ha habido muchas concurrencias y anhelo

en los departamentos de Tolima y Huila y así mismo quiero que sea en nuestro propio país: de allí pasaré al departamento de Nariño porque soy jefe reconocido ante el legislador en favor de los indígenas y tengo suficiente derecho y personería para hacerlo y ejecutarlo. Suplico a todos los cabildos que uno solo no se quede: que haya un gran entusiasmo dando a conocer verdadera y claramente que estamos preparados y esta preparación será el más fino cincel para taladrar la cárcel de piedra y salimos y gritar «¡Viva nuestro derecho!» y «Jesucristo Nuestro Señor en su Santo Templo». Queden concluidas y manifestadas mis pequeñas resoluciones e intenciones.

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Carta dirigida a sus hermanos Gregorio Nacianceno Lame e Ignacio Lame

2 Los pueblos indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta y sus esfuerzos por defender su territorio y recuperar el control de las escuelas

figu r a

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figu r a

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Tomada de Vicencio Torres Márquez, Los indígenas arhuacos y la vida de la civilización. Ed. América Latina, Bogotá, 1978.

Informe sobre los arhuacos (1968)* V ic e n c io To rre s Má r q u e z

Vicencio Torres Márquez, destacado dirigente e intelectual indígena, que dejó numerosos oficios y documentos, fue quizá el primero en denunciar públicamente los abusos de los misioneros capuchinos en la Sierra Nevada.

San Sebastián de Rábago, julio 7 de 1968
s e ñor m i n i s t ro de g o b i e r no nac iona l b o g o tá

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Remitimos al doctor Gregorio Hernández de Alba, nuestro amo y nuestro jefe,** el «Informe de los indígenas arhuacos de casta víntukua». En este informe nos vamos a referir a nuestros problemas, los cuales deben entenderse dentro de la explicación del dibujo que aparece a la izquierda, fig. 1. La circunferencia que le mostramos aquí no es otra cosa que la significación del globo terrestre con sus cinco continentes o las cinco partes del mundo entero. Además, también está marcada con una línea la división de los ocho puntos cardinales, para mostrarle lo que es el significado y contenido del título de nuestro resguardo o de la santa madre Tierra, que es a la que nos vamos a referir. También, están trazadas las tres líneas divisorias en todos los lugares del cuadro entero, en los cuatro puntos, que así queden delimitados. Además, los
* Fuente: Los indígenas arhuacos y la vida de la civilización (Torres Márquez: 1978, 13-32) ** Jefe de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno.

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Vicencio Torres Márquez

puntos que se ven en el espacio del medio de la línea son los mojones que han sido colocados desde el mismo momento en que formaron y crearon el mundo, los cuales representan a nuestras madres y están en las planicies. Y después de que terminaron de crear las planicies alrededor de los cuatro puntos cardinales, ahí mismo crearon los picos nevados de la Sierra. De igual manera colocaron cimas por todas partes, en medio de la cordillera. Estas señales quedaron como guardias de honor, representando templos o iglesias y en ellas colocaron, a manera de un amo en cada una de las casas, un mamö que vigilara, como se indica, al pie de las altiplanicies del cuadro entero. De manera, pues, que queremos darle a entender que estos picos nevados son como gente igual a nosotros. Son nuestros padres. Pero no solamente nuestros padres y nuestras madres sino también vuestros padres y vuestras madres. Y el que es nuestro Dios también es vuestro Dios. Ellos se han internado dentro de la serranía y quedaron rodeando todos los puntos, convertidos en tesoros, que tiene la figura de una imagen semejante a nosotros, por toda la eternidad, con el fin de que nunca se acabe. Pero no se internaron sin haber instituido todas nuestras madres y padres, como son las corrientes de agua, los ríos, los arroyos, las lagunas y los lagos, los chungos [pantanos] y la humedad de todos los manantiales. Crearon también toda clase de minerales para conservarlos en su corazón. Y crearon los vegetales de todas las especies, los árboles, los pastajes y los esparcieron por todas partes alrededor del mundo. Crearon también toda clase de bejucos y mantas de fibras como el maguey, comparables con nuestros nervios y nuestra sangre que corre por nuestras venas y que circula por nuestro cuerpo. También crearon los animales cuadrúpedos de toda especie con las medidas del tamaño de cada cual. Y las aves de todas las especies, cada cual con su tamaño, para que estén llenos los espacios de las cordilleras, los valles y los prados, para que vuelen las aves en los aires. Estos animales terrestres, que existen en las montañas, represen-

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Después de que terminaron de crear todos los seres, los animales de las cordilleras o de las montañas, de los aires, de los mares y de las aguas, de los arroyos y de otros lugares como las casas nuestras, como decir los animales cuadrúpedos y las aves de corral, etc., los que han quedado para seguirse aumentando, cada uno de acuerdo a sus propias leyes, se congregaron y resolvieron dividirse en cuatro clases distintas de raza indígena, con ideas distintas, cada uno con su lengua o idioma, para regir cada uno en su propio y legítimo territorio, en la región de su país. Así fue como quedaron todas las cosas, cada una con sus propias

Informe sobre los arhuacos (1968)

tan ser los hatos de los mamös de todas partes. Son los que ocupan los patios o solares y las plazas y son alimento del que nos habíamos de servir para comerlos sin sal cuando estemos en ayuno, velando y asistiendo el mundo para impedir que nos llegue la peste, el hambre y la miseria. Igualmente crearon los animales cuadrúpedos de todas las clases existentes para tener en los patios, los solares y las plazas de nuestras casas en donde habitamos cada uno de nosotros y cuya carne nos había de servir para alimentarnos, comiéndola con la sal, cuando terminamos el ayuno y emprendemos los trabajos diarios. Y crearon también los animales de los ríos para llenar los vacíos en todos los lugares existentes del mundo entero. Y también crearon los mares y en ellos los animales de todas las especies, como los peces, cada cual con su tamaño. Y la respiración que tenemos nosotros es la respiración que brota del mundo, que es el aire, el viento y las brisas. Igualmente pueden compararse, sin distingo de ninguna especie, los animales racionales e irracionales, los que sean humanos y los mismos elementos, lo cual se palpa a simple vista, pero nos han medido a todos y nos han entregado a cada uno sus leyes, cada cual en su propia tierra con la clase de animales de toda especie.

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leyes. Y ellos desde su puesto, en cada uno de los puntos de las cuatro partes del mundo, se eligieron como cuatro mamös para gobernar aparte, cada uno con sus propias y legítimas leyes. Luego se posesionaron de su cargo cada uno en cada punto cardinal. Los indígenas a quienes les toca atender, velar y asistir la parte de arriba, que es el lado este, o sea el punto por donde sale el sol, son los de la tribu de casta malayos, que son también poporeros y habitantes de esta Sierra Nevada. Ellos velan por impedir que las enfermedades de distinta clase, calamidades, crisis, hambre, pestilencias se traspasen hacia acá, en el centro de nuestro resguardo, del territorio de indígenas. Ellos quedaron en toda la orilla de la cabecera del mar de las Antillas en el punto denominado pueblo de Dibulla. Y ellos allí crearon las primeras rozas para el bienestar de nuestra vida y nuestra salud, con todas clases de piedras preciosas, las que habían de servirnos como de reliquias a manera de toda clase de remedios o medicinas, o sea como decir que nos servimos de ellas en nuestro cuerpo y en nuestra alma, al igual que un mejoral, para los trabajos de nuestras ciencias ocultas tradicionales. Otra tribu indígena perteneciente a la raza arhuaca, de casta víntukua, son los residentes de la Sierra Nevada, los que habitan el lado oeste, o sea, por donde se oculta el sol, en el departamento del Cesar, Valledupar, hasta el departamento del Magdalena, Santa Marta. Por estos lados crearon, en cuatro partes, nuestras fincas, las que habían de servirnos para el bienestar de nuestra vida y nuestra salud, al igual que las medicinas o remedios, como el mejoral, para salvarnos en nuestros cuerpos y en nuestras almas y también la vida. Allí están los lugares de pagamento, del impuesto a nuestro papa, al rey y a nuestras madres y padres y primitivos.* Al igual que la roza de Dibulla, nos habíamos de aprovechar con toda clase de piedras preciosas y sagradas que están destinadas a usar en los trabajos de las ciencias ocultas como de reliquias que habían
* Lame hace un paralelo entre su organización simbólico-religiosa y la de los «civilizados». Esto se repite con frecuencia.

de servirnos para librarnos del peligro de la muerte, junto con la producción de alimentos. El primer lugar está en Marikuku, en el cerro llamado Armanantigüi en la cabecera de Valencia de Jesús. Este punto queda al sur, hacia las orillas de la línea divisoria de la Sierra Nevada. El segundo lugar queda en la misma dirección de la línea. Más abajito hay otro cerro que le llaman Camperucho. Ahí hay otra roza de igual condición para nuestro proyecto en los trabajos, lo mismo que las demás, para remedio y pagamento a nuestro rey, a nuestro papa, a nuestros padres y a nuestras madres. El tercer lugar es el punto denominado Gaira. Allí hay otra roza que ha sido creada con toda clase de piedras preciosas que nos sirven como medicina o mejoral, que son para el pagamento a todos nuestros amos o a nuestros jefes espirituales, lo mismo que a todos los demás. El cuarto lugar es allá cerca de Santa Marta, en el punto denominado Taganga. Allí crearon el último puesto con toda clase de reliquias a la manera de una finca que nos serviría también para el pagamento a nuestros amos o jefes. Entrando a referirnos a otras partes de la Sierra Nevada, tomando los límites de la línea divisoria por el lado norte, cerca de Mamatoco, hasta colindar con el pueblo de Dibulla, nos encontramos que también crearon allí otras rozas. Fue así: La primera fue en el punto denominado Boritaca en el cerro del Pueblo Primitivo. También se encuentran allí nuestros remedios o mejoral, las más preciosas piedras que tenemos como de reliquias y que son sagradas, las que habían de servirnos para el pagamento de diezmos y promesas de las primicias de Dios, a nuestra Santa Madre Iglesia con todos nuestros padres y madres que es la Virgen Santísima.* Teníamos que servirnos de ellas para librar nuestros cuerpos y salvar nuestra vida. Este sitio está en el cerro que le llaman Marindúa y queda en la orilla del mar de las Antillas, frente a Boritaca, pero en realidad son
* Es la Tierra Madre, identificada con la Virgen María, como es frecuente en grupos indígenas americanos. [Nota de la edición de 1978].

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todos los cerros que se ven por toda la orilla del mar, de manera, pues que las señales que marcan los límites de la línea divisoria son los cerros nevados. Y siguiendo a otros puntos se llega al cerro que se llama Vigilante. Frente a este punto, en la parte del centro, está Don Diego. Allí han creado otra finca con las distintas clases de rumas que igualmente son como los remedios o medicinas, como decir un mejoral, que son los que nos alivian nuestros cuerpos y salvan nuestra vida y nuestras almas. En esto consisten nuestras leyes, religión y costumbres: los que pertenecemos a estas tribus indígenas tenemos que cuidar y asistir todos esos sitios mencionados y cumplir nuestros deberes en los trabajos de nuestra ciencia oculta y tradicional. Esa es nuestra obligación. Así pues quedaron hechos y creados las altiplanicies y los cerros de la Sierra Nevada y de ahí se esparció a otros lugares desde el principio, antes de hacerse el día. Fue allí donde se quedaron las madres de los tres reinos de la naturaleza, los cuales son los siguientes: el reino mineral, el reino vegetal y el reino animal. Del mismo modo se quedaron nuestros padres para que nos sirviéramos de ellos. Ahora entramos en otras divisiones de terrenos. Cuando ellos terminaron de crear el mundo aquí, pensaron que debían crear otros lugares y se pusieron a estudiar un buen rato y, así como lo pensaron, se resolvieron a esparcir o extender otras partes más de tierras y lo lograron creando otras cuatro partes en el mundo. Y habiendo cogido las medidas de cuantas clases había aquí, las hicieron multiplicarse en los otros países. Esos países fueron los siguientes: En primer lugar los países de Europa. Fueron la primera nación de extranjeros creada con todo lo existente aquí. En este territorio se formaron los tres reinos de la naturaleza igual y conforme los hay aquí, con sus distintas leyes, religión, costumbres, idiomas o lenguas europeas, para que siendo así no tengamos que mezclar nuestras razas.

En segundo lugar crearon otras naciones extranjeras que habrían de llamarse Asia. Este lugar es el pueblo o nación de nuestros hermanos menores. En tercer lugar crearon las naciones extranjeras de los habitantes de África, nuestros hermanos menores, y fueron colocadas con todas sus leyes y bienes que les han sido entregados para que se mantengan y se sostengan cada uno en su país. En cuarto lugar crearon las naciones extranjeras que habían de regirse con sus propias leyes, aparte cada país, y a todos les dieron los bienes de todo lo existente al igual a que los anteriores. Y con este de aquí se completan las cinco partes del mundo, creadas en todos los continentes. Después de que terminaron de crear el mundo con sus cinco partes resolvieron entre ellos encargarse de lo creado y tomar el cargo para asistir y vigilar en cada parte, para que se rigieran cada uno en su país con sus propias leyes, religión y costumbres. Después tomaron cargo sobre las cuatro tribus indígenas quienes éramos: los arhuacos, pertenecientes a la casta víntukua, que son los habitantes de la Sierra Nevada, nativos del departamento del Cesar, Valledupar. Los de casta kakatukua, nativos también de la Sierra Nevada de Santa Marta. Ellos eran poporeros igual que nosotros, con las mismas leyes de las ciencias ocultas y tradicionales, pero con distinta lengua y con sus propias costumbres. Ellos son los atanqueros. Los indígenas que residen en la región de Marocaso, pertenecientes a la raza de arsarios y su casta es la de los malayos, también nativos de este territorio de la Sierra Nevada de Santa Marta. Son poporeros pero de distinta manera de hablar, con las mismas leyes de las ciencias ocultas tradicionales. Los indígenas kogui pertenecientes a la casta kaggaba. Ellos son también poporeros y nativos de este territorio de la Sierra Nevada de Santa Marta, en la parte de ranchería, pueblo primitivo. También ellos tienen las mismas leyes pero con distinta lengua, costumbres, religión y, en el modo de vivir, son los que conservan los trabajos del culto de las ciencias ocultas y tradicionales.

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Señor Ministro de Gobierno: ahora paso a referirme a las reliquias y piedras preciosas que nos dejaron los mamös, los que existieron en los tiempos más antiguos. Ellos crearon estas piedras que les servían y les sirven ahora como alimento, de la misma manera que los alimentos de toda clase y especie, y que a las generaciones posteriores nos habían de servir como de remedio para la salvación de nuestras almas y de la vida, o sea para aliviarnos y curarnos de las pestes, enfermedades, calamidades, terrores, crisis, hambres y miseria. En la ley nuestra está medido y escrito que no tengamos ninguna mezcla de razas entre los hermanitos menores con los hermanitos mayores, porque los seres humanos que existen en las cinco partes en que está dividida la Tierra, es para que cada uno esté en su lugar como representantes que son de su madre y de su padre, en sus propios países, cada uno en el suyo, con los habitantes de su población. Ahora entremos a tratar acerca de nuestra Madre Mar, del modo como se hizo y como se llama y quién la convirtió en el mar, con cuántas divisiones lo extendieron y en cuántas partes. Es muy importante saber de la creación del mar, que ha sido madre de los indígenas. Se llamaba primero, antes que todas las demás corrientes de las aguas, Zaku Kuareiumanei Ati, y quienes la convirtieron en Madre Mar fueron los sabios mamös inventores, el uno se llamaba Mama Sonas y el otro se llamaba Mama Zuana. Entre los dos procuraron conseguirse dos tubos de carrizo muy parecidos a los tubos de plástico de los que hay ahora. Entonces cada uno cogió el instrumento de carrizo, que primero habían convertido en largo. Con ellos llenos de agua los llevaron a un lugar donde había una playita o sea un arsenal pequeño y allí abrieron un pozo, lo dividieron en dos partes e, infundiéndoles su espíritu, dieron vueltas en el círculo del pozo y echaron el agua alrededor. Cuatro veces hicieron el viaje trayendo los carrizos llenos de agua, la fueron echando en el mismo pozo y lo llenaron de agua.

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Entonces, en eso, el agua se multiplicó y de una vez se expandió en las divisiones de las cuatro partes del mundo, entre el medio de los cerros, y quedaron cuatro a cuatro en unión de una sola madre, con distintas clases de nombres. En el mar están contenidos todos los seres humanos y los animales de distinta especie como decir reptiles, cuadrúpedos y otros más, representados en las piedras que son las reliquias, las conchitas marinas, el caracol, etc., etc., de las cuales nos servimos como remedio, para la producción de toda clase de semillas y composición de la atmósfera y la Tierra, para salvarnos de nuestras enfermedades, calamidades, pestilencias, crisis y hambres. Así pues, con esto querían decir nuestros antepasados que se servían de ellas lo mismo que tomar un remedio, al igual que los existentes de hoy en día y que permanecemos en este territorio de la Sierra Nevada de Santa Marta nos servimos de todas las clases, sean las que fueren, piedras, carne de toda especie como aves de mar, aves de corral, aves de las cordilleras que vuelan por los aires y que han sido creadas únicamente para embellecer el mundo, para que el espacio no esté vacío en ninguna parte, sino para que se encuentre lleno en todos los lugares del mundo. Igualmente el mar contiene todo aquello que representa los animales cuadrúpedos como decir el ganado, el perro, la oveja, el carnero, el búfalo, las bestias y toda clase de animales, según su especie, que habitan los lugares de cada país. Todo esto con el fin de no caer en la confusión, para que no nos hicieran cambiar de generación en generación. Hay tantos animales en el mar como en la tierra seca, pero en el mundo hay más cosas que las que hay en el mar, pues se sabe y se ha venido sabiendo todavía cómo las han creado los antecesores y que no han sido medidas ni entregadas. Pero nuestra ley son nuestros animales, sean las aves de corral o de las montañas y los mares. Y esa ley es la que consiste en la clase de reliquias, piedras y otras clases de chuvas, que con eso era y es aún todavía, que nos habíamos de servir en el uso y utilidad como nuestro remedio o medicamento para

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nuestros cuerpos y nuestras almas y para la salvación de nuestra vida, la que iba a consistir en no cambiar las leyes, ni el idioma, ni las costumbres, ni la religión, etc., etc. Además también nos entregaron nuestras propias y legítimas semillas de toda clase para nuestra producción de alimentos, así como lo son nuestros remedios de los que nos servimos cada uno para lo suyo y que no habríamos de confundir nunca jamás, sino que habríamos de conocer a cada uno, pertenecientes a sus países, para no irlos a cambiar en ninguna necesidad. Y no estamos dispuestos a mezclar nuestra sangre de seres humanos con nuestros hermanitos que han sido creados después de la generación de sus hermanos mayores, o sea los de la raza indígena, que son los hijos primogénitos de nuestra santa madre Tierra y que habitaban el país de Avíntukua, llamado así en nuestra lengua, pero al que mencionaban con otro nombre en castellano y le llamaban el país de la Nueva Granada, que es el país donde habitamos hoy en día. En él nos establecimos, en un solo lugar, sin tener que cambiar de sitio sino que donde nos hallábamos debíamos de permanecer sin tener que mudarnos para ninguna parte, sino ahí no más; sin tener cambios ni en las leyes, ni en la religión, ni en las costumbres, ni en los animales cuadrúpedos de todo tamaño y de toda especie, ni en las aves de los montes, de corral, de mar; de la misma manera como fueron creados todos los animales, cada uno en su país, en los cinco continentes del mundo entero. Es decir, que a todos no nos han dado las mismas leyes, ni nos entregaron las mismas plantas de las distintas clases de árboles, ni nos han entregado el mismo modo de llevar nuestras costumbres en la manera de vestir. Más bien, en lo referente a los trabajos materiales para nuestro sostén y mantenimiento con nuestros hijos, se nos ha venido transmitiendo de tatarabuelos a abuelos, de estos a padres, de padres a hijos. También los evangelios, los ritos, las canciones y los ejemplos que nos han inculcado sobre las historias antiguas, para que no las fuéramos a olvidar. Porque se han venido oyendo las palabras de los mamös y caciques

que en lo que se refiere a nuestros trabajos no se nos ha medido la tierra ni con tareas, ni con brazas, ni nos han dado por hectáreas, sino que nosotros debíamos trabajar solamente con cuartelones. Que eso mismo nos bastaría y era suficiente para nuestra manutención y sostén de nuestras familias. Por eso es por lo que no tenemos que mezclar nuestra raza, ni mezclar la de los animales, ni la de las semillas ni nada de lo que sea. Ahora, pues, en este pliego de papel nos expresamos y ponemos en su conocimiento acerca del contenido de este dibujo de la circunferencia [figura 2, pág. 64]. Pues esto es, señor Ministro de Gobierno doctor Gregorio Hernández de Alba, nuestro amo y a la vez nuestro jefe, el primer Creador del mundo y a quien reconocemos como nuestro Dios y que fue quien hizo todas las cosas. Creó los animales de todos los tamaños y de distinta clase y los extendió por todas partes. Creó las plantas de toda especie, y los pastos. Creó las aves de toda clase y creó los seres humanos, los hombres y las mujeres, alrededor de esta figura que es el amo de todos nosotros y de todo el mundo entero. Además de lo anterior, el mismo amo del mundo creó un alma espiritual para tener nosotros una aseguranza, para conservar nuestras almas y nuestra vida, para que nos libre del contagio de enfermedad y del peligro de la muerte, como decir el terror, la escasez de alimentos, aumento de la crisis económica, el hambre, pestilencias, tanto de todas clases de semillas como de productos, así como las enfermedades de toda clase de animales cuadrúpedos, aves de corral, etc., etc. Para eso él, que se ve en esa figura sentado en su trono, instituyó este material que nosotros usamos, que se llama poporo y le infundió un alma espiritual, como con la idea de crear una niña o novia llegada a la pubertad, y lo instituyó como señal o símbolo de salvación de nuestra vida y nuestras almas. Pero esto no fue por un poco de tiempo sino que instituyó este sacramento para toda la vida hasta que se llegue al extremo del último siglo, o sea hasta el final del mundo. Así, pues, él instituyó este don del sacramento y lo entregó a nuestros primeros padres y a nuestras madres primitivas, de quienes

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somos los hijos y las hijas que hemos venido existiendo hasta el día de hoy. A él, entre nosotros, los que somos de raza indígena, lo conocemos por el nombre en nuestra lengua o idioma, aunque ni siquiera nosotros mismos los que existimos hoy en día lo sabíamos. Pero por las enseñanzas de antiguos mamös, que han venido transmitiéndose en canciones, ceremonias y otros evangelios nuestros, también nosotros sabemos ahora que se llama Mama Niankua, porque así lo llamaban ellos. Pero en castellano lo oímos llamar con el nombre de Tairona. Está colocado en el centro de todos los cerros, en el territorio de esta Sierra Nevada de Santa Marta, departamento del Cesar, Valledupar, departamento del Magdalena, Santa Marta. Este lugar es el corazón de todos los seres humanos que existimos en todas partes del mundo.* Está situado en cabecera de la región de Donachuí y ninguno de nosotros aceptamos que lo violen con requisas forzosas, con intenciones de adueñarse de él, los extranjeros o nuestros hermanitos que son los habitantes de Estados Unidos. Pues hemos oído que ellos o un alemán nos lo han requisado. Hace ya treinta y dos años que hemos tenido la noticia de que ese señor ha descubierto esta reliquia sin tener ninguna orden, ni permiso, ni derecho; sin nuestro conocimiento, porque no hemos hecho acuerdo con él, no nos ha consultado ni nos comprometimos con él en nada, ni en ningún punto de ninguna clase. Porque a ellos no les está permitida la visita del centro del territorio de la Sierra Nevada de Santa Marta, porque nosotros somos los legítimos propietarios de nuestras tierras y del título de nuestro resguardo de indígenas. Ahora, aquí les explicamos la otra figura que hay abajito del otro, del que le dijimos su contenido y significado. En ese otro dibujo aparece
* Lo que sigue está tomado de una hoja suelta, escrita por el mismo Vicencio Torres: «Anotamos aquí los padres del mundo o de la Madre Tierra. Ellos son dos: el legítimo padre del primero se llamó Mama Niankua. Y cuando se desaparezca él, el que se hizo el segundo padre era y es aún todavía el hermano menor y se llamaba así Kak Serankua».

un niño de alma inocente que significa ser lo más espiritual. Es decir, que este niño existía desde un principio, antes de ser el día, en medio de las tinieblas, cuando no había nada aún todavía. Este es el que se llama Rey Moro y no ha terminado su existencia desde entonces hasta el presente siglo, hasta el día del sol de hoy, sino que él está al lado de ese otro hombre, velando y vigilando a nosotros y a todos los que hemos existido en la tierra de este mundo. Los cerros en que ellos se colocaron son como templos o iglesias de Dios. Así mismo como se lo presentamos en figuras de esas circunferencias que están ahí, se encuentran grabados en dos reliquias de tesoros que se nos han entregado como bienes desde un principio de la creación.

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Y nos dicen los viejos que Dios dijo desde el principio que los de la generación del futuro viviríamos padeciendo las penas, padecimientos y sufrimientos durante la existencia de la vida y que el pan cuotidiano teníamos que ganarlo cada uno derramando el sudor de nuestra frente, hasta el final de los siglos. Ahora, pues, nosotros los que somos de raza indígena, creemos que la gente de otros pueblos, estados, ciudades y naciones del mundo, para poder mantenerse, tenían que trabajar cada cual en su país. Porque no íbamos a vivir en el mundo sin trabajar. Porque si no trabajamos no tendríamos el pan cuotidiano para nuestra alimentación. Así, pues, por eso creemos nosotros que ninguno podemos quedar en holgazanería o sea sin hacer nuestros trabajos, sino haciendo el trabajo que a cada uno nos toca hacer. Ahora quisiéramos saber de qué parte del mundo o cuál es la que manda que la gente se mantenga toda la vida a costillas del otro, gozando de la vida. Pues escrito está que no es así, sino que toda la humanidad en todas partes del mundo se ha acordado acogiéndose al evangelio de Dios, para que en el mundo no exista un solo habitante que se mantenga chupándonos la sangre a otros ciudadanos humanos.
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Carta de un dirigente arhuaco* Á n g e l M a r í a To rre s

Ángel María Torres (Bunkua Nabi) fue un dirigente arhuaco de los años setenta, miembro del cabildo en la época de la creación del resguardo kogui-arhuaco-wiwa. Junto al cabildo gobernador Luis Napoleón Torres, fue un gran defensor de las tierras y de la causa indígena. Ambos dirigentes indígenas fueron asesinados y desaparecidos. De ellos dirán los dirigentes indígenas arhuacos en un comunicado:

[…] eran nuestros sakukos [cabezas] más queridos y respetados por toda  la comunidad. Estos estaban vinculados a nuestros cerros sagrados, al aire y al sol, y como ellos, nos cuidaban y protegían a todos. Los trabajos que ellos impulsaban eran la continuación de lo que en la profundidad de nuestra ciencia tradicional se conoce como la antigua mesa central de los mamus. De allí venía su fuerza. La directiva central en que Luis Napoleón Torres fue el cabildo gobernador y Ángel María Torres el secretario general era la personificación de esa mesa central de los mamus. Ellos habían tomado esa fuerza de representación y la mantuvieron hasta su muerte. La mesa antigua cuidaba el agua, el aire, el rocío, la luz. Cuando nuestros sakukos actuaban como directiva central ellos llevaban consigo esa representación tradicional, actuaban preparados para defender el mundo, tenían el poder de la mesa antigua. Ellos habían recibido ese poder porque habían investigado con los mamus para que su representación de la comunidad en el impulso de los trabajos en asuntos de tierra, educación y salud fueran más fuerte[s] y mejor[es]. Los mamus entonces les entregaron ese poder y por eso, aunque ellos ya no eran de la directiva central, seguían siendo los sakukos que todos reconocíamos. Esa representación iba hasta el fin de su vida. La actuación
* Fuente: Latinoamérica indígena: relatos y leyendas (Alzate Giraldo:1984).

que ellos impulsaban era sobre la base del fortalecimiento de la cultura propia, en la salud ellos buscaban defender nuestra medicina tradicional, siempre buscando mantener nuestra autonomía… Con su muerte se nos ha quitado la luz. En este momento estamos en la noche, pero como a todas las noches siempre le siguen los amaneceres […] (Arroyo, 1991). La intervención de Ángel María Torres tuvo lugar en un foro llevado a cabo por el Instituto de Ciencias e Investigaciones Sociales (icis), de Bogotá, en 1973.

Bogotá, 1973

Mi nombre, el que me pusieron los españoles, es Ángel María Torres, y mi nombre indígena es Bunkua Nabi. [...]. Quiero hablarles de la lengua nuestra, la lengua mía, la lengua arhuaca. Quiero hacerles una invitación en esto que voy a decirles en mi lengua y después yo se los interpreto en español. [Aquí se expresa en lengua arhuaca, y traduce]. Nosotros no nos conocemos. Ustedes no conocen los problemas de nosotros los indígenas. Nosotros no nos conocemos, pero la Tierra es una y vivimos sobre una tierra y esta tierra nos conoce a todos. De ella vivimos y por ella existimos. El Sol es uno y él nos alumbra a todos: a ustedes y a nosotros los indígenas. El agua es una y todos bebemos de ella. La brisa es una y a todos nos visita, a dondequiera que estemos. Ustedes no conocen las luchas indígenas ni los problemas indígenas, pero si comenzamos a estudiar nuestros problemas, cada uno comenzará a conocer el problema de cada uno, ya que el mundo, la Tierra es una y para ella nadie es extraño, el Sol es uno y para él nadie es extraño, la luz es una y para ella nadie es extraño, el agua es una sola y para ella nadie somos extraños. Tenemos el problema en la Sierra Nevada, tenemos el problema de la tierra que es el principal factor a donde toda la humanidad desea existir en ella y queremos tener tierra en donde vivir y trabajar, porque es nuestra

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madre. Nosotros los indígenas de la Sierra Nevada venimos siendo desplazados de nuestra tierra, desde hace muchos años. Últimamente se ha venido dando una lucha por la recuperación de nuestras tierras, de nuestros derechos. Actualmente el problema más grave que se está enfrentando es que hemos trabajado en un lugar que se llama Sabana Crespo recuperando nuestros derechos, a donde vivieron nuestros abuelos, donde nuestros abuelos practicaban su propia ciencia. Una tierra que nos pertenece, allí hemos hecho unas casas, unas bodegas para darle así a toda nuestra comunidad más facilidad para la salida de nuestros productos y para poder entrar los artículos de primera necesidad a nuestra comunidad. Al hacer esto hemos sido atacados por los terratenientes, los grandes políticos de Valledupar (Cesar). Allí, al hacer nosotros los indígenas las casas, inmediatamente el senador Pepe Castro fue con unos quince policías amenazándonos y, de una vez selló las casas que habíamos hecho y puso un puesto de vigilancia militar allí. Cada uno de los indígenas va siendo bastante vigilado por el das y por distintas autoridades que están dominadas por él; y no solamente allí, en otros lugares se están dando casos iguales a esos, en donde los indígenas tenemos que enfrentarnos al problema. Hemos hecho denuncio pero no hemos recibido ninguna respuesta. La tierra para nosotros los indígenas es nuestra madre, como cada uno de nosotros queremos a nuestra madre y la respetamos, así queremos nosotros la tierra. Este problema se está dando en todos los lugares, allí en la Sierra Nevada, en donde habemos tres grupos indígenas, arhuacos, koguis y malayos. Los koguis y los malayos también están pasando por este problema con los terratenientes y colonos, quienes, a pesar de que son campesinos, también nos tratan muy mal a todos los indígenas de la parte del norte y el occidente. Yo vivo hacia el oriente. A pesar de que vivimos como veinte mil indígenas, trecientos o quinientos colonos están destruyendo las montañas que hay y que nosotros no hemos destruido, porque pensamos que el futuro ha de ser como nosotros lo queramos. Si nosotros queremos el bien para nuestro presente,

también debemos querer el bien para el futuro de nuestros hijos, de nuestros nietos y de la generación venidera. No queremos entregarle nuestra tierra a nuestra generación venidera, destruida. No queremos dejarle solamente los peladeros, los cerros, queremos dejarles a ellos para que ellos también puedan aprovechar de la tierra conforme nosotros queremos aprovecharla. Esa es nuestra ideología, por eso nosotros conservamos la tierra, conservamos las montañas, conservamos todo porque pensamos no solamente en nosotros, sino en nuestros hijos, en nuestros nietos y en nuestra generación venidera. Ese es el problema actualmente sobre las tierras, sobre la destrucción de las selvas, la contaminación de las aguas y nosotros actualmente estamos enfrentándonos a todo este problema, por conservar las montañas, las aguas y todo lo que es nuestro. Digo que es nuestro porque a ellas debemos de conservarlas y si nosotros las conservamos, ellas nos sabrán mantener bien. La tierra tiene vida, las montañas tienen vida, las aguas tienen vida y tenemos que conservarlas como nosotros tenemos que conservarnos con vida. También otro problema bastante grande respecto a las autoridades. Ninguna de las autoridades civiles, policivas y militares han querido respetar nuestra autoridad interna, ya que nuestra autoridad interna está conformada por los sabios, por los mayores, quienes entienden la comunidad, conocen la comunidad. Nuestra autoridad interna ha sido maltratada por estas autoridades, por los alcaldes, por los gobernadores, quienes no nos entienden, quienes no entienden a la autoridad nuestra. Ellos quieren imponernos autoridades que nosotros no conocemos, autoridades a las que nosotros no sabemos someternos, porque ellas solo están basadas por leyes que se han constituido para defender sus propios intereses. Nosotros tenemos que defender todo lo que es nuestro, nuestros derechos, tenemos que defender nuestros propios valores originados, tenemos que defenderlos porque estos son unos valores que desde siglos atrás hemos venido aprendiendo por medio de nuestros mayores. Ha sido definido de generación a generación, que los mayores nos los transmiten a nosotros.

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Ángel María Torres

Una de las causas de que las autoridades no nos entienden ni nos comprenden es porque ellos, en realidad, están fuera de las propias leyes, de las verdaderas leyes, las cuales nosotros entendemos y conocemos. Las verdaderas leyes son de igualdad y comprensión los unos a los otros. Que entre nosotros no haya una dominación, que entre nosotros no haya sometimiento porque las autoridades de nosotros, ya sea el comisario, ya sea el cabildo, son iguales a cualquiera de nosotros. Allí no hay uno que sea mayor, todos somos iguales. Actualmente los alcaldes y los inspectores han estado cambiando las autoridades nuestras por autoridades que a ellos les convienen, autoridades que les ayudan a ellos a mantener su politiquería, a mantener sus intereses económicos. También ellos han hecho que muchas gentes que no son de nuestra comunidad se mantengan en nuestras comunidades para así ellos tener la facilidad de dominarnos a todos. Actualmente estamos haciéndole frente a todo este problema. También tenemos el problema de los parques nacionales, el parque Tayrona, también el parque de la Sierra Nevada, un lugar que es sagrado para nosotros, un lugar que desde siglos atrás nosotros lo hemos guardado, sabemos qué contienen sabemos qué es la Sierra Nevada, qué [son las lagunas que allí hay para nosotros. La corporación de turistas quiere hacer hoteles en esos lugares, hoteles en los que para nosotros nunca habrá entrada, ni para los verdaderos colombianos, ni para los que luchan por esta liberación, hoteles a donde solamente tendrán la entrada extranjeros, que también será un perjuicio bastante grande para nosotros los indígenas, para los tres grupos que conformamos allá. Porque esto está en contra de nuestra cultura, está en contra de nuestra organización. Actualmente estamos enfrentados a este problema para ver si no se hace ninguna clase de hoteles para que turistas y extranjeros lleguen a profanar nuestros lugares sagrados, a saquear nuestros lugares, a llevarse nuestra riqueza, que es una riqueza de nuestro país, una riqueza que corresponde a nuestra cultura. También esto da la entrada al Lingüístico de Verano, a distintas religiones. Tenemos el problema

dentro de la comunidad de hacerle frente a todos estos problemas ya que esta gente nos trae únicamente una división, logrando que no haya comprensión entre los unos y los otros. A los que comienzan a creer en otras religiones, a creer lo que les dicen los lingüísticos de verano, ya no defienden a su comunidad, defienden a los extranjeros, defienden a las religiones que no son originales, lo que significa que defienden a la gente de afuera. Esto nos trae divisiones de incomprensión, metiéndonos distintos pensamientos de ser uno más que otro y de que uno ya comience a pensar en lo económico, de los que ya puedan tener más que los demás, y esto va en contra de nuestra misma cultura, de nuestra misma ciencia, de nuestro mismo idioma, de nuestra propia música y en contra de todo lo que es nuestro. También el Instituto de Artesanías quiere que nosotros nos dediquemos solamente a hacer artesanías, a que lo nuestro se comercialice y nosotros también estamos rechazando esto, porque hemos entendido que todos estos pensamientos distintos que nos traen, que se los va infiltrando en nuestra comunidad es para dividirnos, para que nos olvidemos de nuestra verdadera necesidad que es la tenencia de la tierra, de la comprensión de los unos con los otros. Esta gente lo que busca es que las comunidades nos dividamos y que no nos comprendamos y que solamente nos entreguemos a comercializarnos y nos olvidemos de nuestra verdadera necesidad, la tierra. Compañeros: todo esto que he dicho es para denunciarlo ante el público ya que tenemos estos problemas respecto a la tierra, respecto a estos grandes terratenientes, la opresión por parte de las autoridades, la opresión para acabar nuestra cultura por medio de la corporación turística, por medio de distintas religiones de lingüísticos de verano, esto es para hacer una denuncia muy extensa. Este problema no se presenta solamente allá donde nosotros, sino en los distintos lugares, ya que se desconoce el problema nuestro. También les pido sobre la necesidad de conformar una lucha unida. Debe de comprenderse que todos tenemos un problema y que


Carta de un dirigente arhuaco


Ángel María Torres

este problema si lo vamos a resolver individualmente no lo vamos a ganar nunca, pero si unimos las luchas del campesino, las luchas del obrero, las luchas del estudiante y las luchas de nosotros los indígenas hay más posibilidad de que nos acerquemos a una liberación más inmediata, pero si cada uno vamos a luchar poniendo un grupo por un lado, otro grupo por otro lado, si cada uno va a luchar por una ideología distinta sin unir esa ideología de lucha, es una lucha que entre más días se nos hace más difícil, pero si comenzamos a unir esas luchas, se nos va haciendo más fácil. Compañeros: les exijo que de hoy en adelante todos ustedes vayan teniendo más conocimiento de los problemas nuestros, de los indígenas, de todo lo que es nuestra cultura, el por qué nosotros comenzamos a denunciar los problemas a la opinión pública. Necesitamos que los verdaderos colombianos que necesitan una liberación, comiencen también a luchar por recuperar esta cultura, nuestra propia música, nuestra propia cultura, nuestra propia ciencia, todo lo que es nuestro, todo lo que es típico, todo lo que es original, esto nos hace ser a nosotros orgullosos; yo me siento orgulloso de ser indígena y me siento orgulloso porque he entendido que no tengo una cultura y no tengo una ciencia ajena y no tengo una ciencia que me la hayan metido, una cultura dominante. Debemos de ser orgullosos porque en Colombia todavía existe una ciencia y una cultura propia, y si nosotros comenzamos a defender esa cultura, es una cultura de todos y no es solamente una cultura de nosotros los indígenas, no es solamente una ciencia de nosotros los indígenas, sino de todos los colombianos. Nosotros podemos aportar de lo que es nuestro para todos ustedes y ustedes aportarán para nosotros de lo que han aprendido ustedes, y nosotros aportaremos de lo nuestro a ustedes.

Alegato del mamö Valencia Saravata y otros mamös

de la Sierra Nevada de Santa Marta a raíz de un pleito de tierras en el sitio llamado La Tigrera*
M a m ö Va l e n c i a S a r avata y o t r o s m a m ö s d e l a S ie rr a Ne va da

El mamö Valencia fue durante muchos años el máximo dirigente espiritual de la Sierra Nevada. A su alrededor se agruparon los dirigentes indígenas en los años setenta y ochenta para reclamar sus derechos territoriales. Este interesante documento muestra la manera tradicional de resolver los conflictos de tierras. Los mamös suscribieron el documento con su huella digital, otros con firma, y algunos agregaron su cargo tradicional.



1985

A petición de los mamös quienes adivinaron y el padre don señor Manuel [Seraira], [se] permitió relatar y transcribir por primera vez una parte de su tradición para poder solucionar la confusión que viene presentándose respecto al área de terreno sagrado, denominado La Tigrera, situado en Makotama, que constituye el patrimonio sagrado y cultural de las poblaciones indígenas que habitan desde tiempos inmemoriales en la Sierra Nevada, como los koguis, arhuacos y arsarios, situación reglamentada según resolución nº 0109 del 8 de octubre de 1980 emanada de la Junta Directiva del Incora en donde se constituye el resguardo indígena para las comunidades mencionadas anteriormente.
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá. Tomo Sierra Nevada de Santa Marta, 1982 a 1986.

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Mamö Valencia Saravata y otros mamös de la Sierra Nevada

En reunión efectuada en la población kogui de San Miguel el día 31 de marzo de 1985 con los mamös, autoridades del resguardo y representantes de las comunidades ya anotadas, se procedió a transcribir el recuento histórico relatado por los mamös, poseedores del conocimiento legado por los antepasados, fuente de su cultura y transmisores de los valores y leyes que orientan y dan sentido a su existencia; en relación a la utilización del predio sagrado denominado La Tigrera, ubicado en Makotama, donde mamö José Antonio Pinto y su hijo Martín alegan propiedad particular del terreno. Según la tradición indígena, el terreno de La Tigrera, situado en Makotama, es tierra de madre: «Es el poderoso de la existencia quien les dio la creación tanto de las personas como de toda la naturaleza, es la que entrega la sabiduría a los mamös», de ahí que los mamös velen por la armonía y equilibrio de toda la naturaleza y las personas porque fue entregado a ellos. Siendo La Tigrera el origen de la madre, lugar donde se preparan desde niños los futuros mamös y se transmite a ellos las leyes de madre, la preparación consiste entre otros en una dieta alimenticia especial: no pueden comer sal, carne animal que contenga sangre, consumir alimentos con aliños. Son aislados en este sitio de los demás miembros de la comunidad para comunicarse con la madre, en una cueva especial donde no ven la luz durante hasta una semana, en ayuno solo con alimento espiritual de la madre, permaneciendo con el mamö quien les transmite la tradición y ley de madre, así hasta llegar a la edad adulta en que se les entrega una mujer educada en forma similar para ser la esposa del mamö. Según la tradición indígena, don señor Manuel [Seraira], que es el padre de todas las tribus que habitan la Sierra Nevada (arhuaco, kogui, malayo y atanquero), siendo el dueño de la Sierra Nevada entregó a sus hijos terrenos sagrados para que cuidaran en diferentes sitios de la Sierra. La importancia de La Tigrera, situada en Makotama radica en que fue el sitio en donde vivió son señor Manuel [Seraira]. Historia que se remonta siglos antes de la llegada de los españoles. De esta manera entregó a sus hijos Inquimaco y Yustama, la parte

de terreno de Makotama, cuyos límites son: norte picos nevados de la sierra. Sur camino San Miguel. Oriente Surivaca y occidente cerro Nabanyui. Hace aproximadamente noventa años un descendiente de Inquimaco prestó un pequeño pedazo de terreno [de] La Tigrera (ubicado en Makotama) a Pilo Coronado, este indígena permitió a su yerno Antonio Saravata vivir en La Tigrera. Con el correr del tiempo Antonio Saravata enfermo, al no tener hijos José Antonio Pinto lo acompañó y cuidó de él en sus últimos momentos. Al fallecer Antonio Saravata, José Antonio Pinto heredó –según la tradición– los terrenos de Tumiaka, Amuiblaka, Chemaka, y Mukuagagui y Chiyeiyi que poseía Antonio Saravata colindantes con Makotama. Este hecho es aceptado sin discusión por todos los mamös y las comunidades. El problema en sí radica en que José Antonio Pinto reclama con carácter de propiedad particular la parte de La Tigrera dentro de Makotama que ocupaba Antonio Saravata en vida, que como ya se anotó anteriormente es tierra sagrada. Es importante aclarar que mamö José Antonio Pinto –arsario– es descendiente de mamö Aruminto, hijo a su vez de don señor Manuel [Seraira]. A ellos les entregaron para que vivieran y cuidaran por los lados del río Barsino los terrenos de Achíntucua, lugar que dista muchos kilómetros de Makotama. Es importante también recalcar que toda la tierra sagrada entregada por don señor Manuel [Seraira], no es de propiedad particular, según manda la ley de madre es tierra comunitaria, es decir, se puede utilizar según lo dispongan los mamös de las diferentes comunidades que habitan en la Sierra Nevada que la custodian según lo dispuesto por don señor Manuel [Seraira] de acuerdo a su linaje, como sitio de transmisión de la ley de madre y para la formación de mamös. Los firmantes dejan constancia que según la tradición la reclamación de José Antonio Pinto, su hijo Martín Pinto y un grupo reducido de los koguis residentes de San Antonio, por la posesión con carácter particular de la tierra sagrada de La Tigrera situada en Makotama, no tiene ninguna validez según la ley de madre expuesta anteriormente.

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Alegato del mamö Valencia Saravata y otros mamös


Mamö Valencia Saravata y otros mamös de la Sierra Nevada

Por lo tanto solicitamos muy comedidamente a todas las autoridades civiles, militares a nivel nacional, departamental y municipal no prestar atención a la reclamación presentada por José Antonio Pinto, su hijo Martín Pinto y al reducido grupo de San Antonio en relación con la posesión con carácter particular de un terreno sagrado de las comunidades indígenas que habitan la Sierra Nevada –koguis, arhuacos y arsarios–. Como es la primera vez, y solamente debido al conflicto presentado que entregamos parte de nuestra tradición y ley de madre, para que sea transcrita en este documento, por todo su contenido anula cualquier otro suscrito con anterioridad y sirve de base para que las autoridades colombianas, el señor Presidente, el señor Ministro de Gobierno, el gobernador y el alcalde tengan mayores elementos para conocer y apoyar la manera como resolvemos nuestros conflictos. Solicitamos también que la Ley 89 de 1890 sea conocida y puesta en práctica por todos aquellos funcionarios que tengan injerencia en nuestro hábitat natural, para que nos sean respetadas nuestra tradición y costumbres y organización como nos lo manifestó el señor Presidente Belisario Betancur en Ciudad Perdida el 6 de agosto de 1983. La posesión comunitaria de los sitios sagrados como lo dice la ley de madre es la única garantía de que la armonía, tranquilidad, equilibrio y bienestar entregado por nuestro padre don señor Manuel vuelva a reinar entre nosotros.
Para constancia se transcribe y firma ante testigos en siete hojas de papel blanco en la población indígena de Pueblo Viejo el día 2 de abril de mil novecientos ochenta y cinco - 1985. Firman con la huella digital de su índice derecho los mamös: Valencia Saravata, cacique don señor Arruenmaco, encargado de la custodia en cabeza de toda la tierra del padre [Seraira] don señor Manuel; Julián Inquimako, señor don gobierno, encargado de la custodia de la vida interna, espiritual de la naturaleza y los hombres; don José Obispo de Takina, padre señor Manuermo, encargado de la custodia y conservación de árboles, animales,

ríos y alimentos; José de la Cruz Inkimako; Pilo Inkimaco; Antonio Namaco Inkimaco; Basilio Inkimaco; fiscal Pedro Inkimaco; Merigildo Inkimaco; Juan Mata Inkimaco; José Miguel Inkimaco; José Domingo Ramos; firman a ruego los mamös Casimiro Ramos; don señor Dimarucua, secretario cacique; Juan Jacinto Saravata, encargado de aconsejar a los mamös entre sí y a la comunidad para mantener la armonía; con su huella firman los mamös Filiberto Moscote, de San Francisco y Manuel Sauna, de Moraca; Santiago Inkimaco, comisario mayor de Makotama; Pedro Avingue, comisario de San Miguel; Benito Alimako, comisario mayor de San Francisco; Padilla Mamatakan, comisario menor de San Francisco; José Sauna, comisario de Moraka; Joaquín Alimako, comisario de Pueblo Viejo; Ramón Gil Barros, cabildo gobernador kogui-arsario; Manuel Alimako, comisario de San Pedro; Adán Villafañe y Dionisio Villafañe; representantes del cabildo gobernador Arhuaco.
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Alegato del mamö Valencia Saravata y otros mamös

Acuerdo suscrito entre los dirigentes arhuacos y la Misión Capuchina,
luego de la toma indígena de las instalaciones educativas de la Misión*

A finales de los años setenta se despierta en la Sierra Nevada un movimiento contra el sistema educativo manejado por contrato desde 1916 por la Misión de los padres capuchinos. Este movimiento llevó al Gobierno Nacional a expedir el Decreto 1142 de 1978 sobre educación indígena. A finales de 1981 y en primer semestre de 1982, los indígenas de la Sierra bajo la orientación del cabildo gobernador arhuaco Luis Napoleón Torres y los dirigentes Bienvenido Arroyo, Angel María Torres, Leonor Zalabata y Manuel Chaparro, entre otros, y el apoyo del padre capuchino disidente, Javier Rodríguez, emprendieron una movilización en pro de



la aplicación del decreto y en contra de la presencia de los misioneros capuchinos, lo que llevó finalmente a la toma de la Misión en agosto de ese año. La situación vino a resolverse en febrero de 2003 cuando una misión intergubernamental visitó la zona y les dio la razón a los indígenas, ordenando luego la entrega y control de la educación a los mismos. Los misioneros se rehusaron hasta que, por demanda de los indígenas, intervino de manera drástica el Ministerio de Gobierno de ese entonces.**

* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá. Tomo Sierra Nevada de Santa Marta, 1982 a 1986. ** Así lo ilustra la carta enviada al cabildo gobernador Luis Napoleón Torres por el ministro Rodrigo Escobar Navia en septiembre 16: «Me es grato reiterarle formal y oficialmente la voluntad del gobierno del presidente Belisario Betancur, del Ministerio de Educación Nacional y la mía personal de reconocer el derecho de la comunidad indígena de los arhuacos a recibir del Estado colombiano una educación conforme a sus propios valores e intereses y de hacerlo a través de la Secretaría de Educación y el FER del departamento del Cesar, para lo cual estamos tomando las providencias del caso, con el fin de acelerar tanto la elaboración y definición del programa curricular como la asunción de la responsabilidad de la administración de la educación en el futuro por parte de la Secretaría de Educación adecuada y equitativa de los propios beneficiarios, esto es, de la comunidad a través de sus autoridades». (Escobar Navia: 1983)

Nabusímake, 12 de agosto de 1982

Para constancia se firma en Nabusímake, San Sebastián de Rábago, a los 12 días del mes de agosto de 1982, por quienes intervinieron en él: Por la Misión Diocesana:

Acuerdo suscrito entre los dirigentes arhuacos y la Misión Capuchina

En Nabusímake, San Sebastián de Rábago, a 12 de agosto de 1982, se reunieron en representación de la Misión Diocesana de Valledupar, monseñor José Agustín Valbuena, el P. Ricardo Pineda y el P. Antonio Nacher; y en representación de la comunidad arhuaca, Luis Napoleón Torres, cabildo gobernador; Manuel Chaparro, comisario central; José Camilo Niño, cabildo central; Ángel María Torres, secretario general; Amiro Mestre, tesorero central; Bernardino Alfaro Torres, cabildo gobernador electo; Efraín Torres Villafañe, fiscal central; Julio Izquierdo, líder; Álvaro Torres, inspector de policía; y testigos Zareimaku, mamö; Kunchavingana; mamö. Llegando al siguiente acuerdo: Primero: La Misión Diocesana de Valledupar entregará en forma legal a la comunidad arhuaca todos los inmuebles que actualmente ocupa la Misión Diocesana dentro de la Reserva Indígena Arhuaca, creada por el Incora, según resolución 113 de 1974. Segundo: Devolverá a la Secretaría de Salud del departamento cuanto dicha secretaría le ha entregado en administración. Tercero: Devolverá al Gobierno Nacional la administración de la educación que tiene en la Reserva Arhuaca, según el contrato 038 del 14 de agosto de 1981, firmado entre el contratante y el ordinario competente. Cuarto: Dichas entregas se efectuarán de acuerdo con los gobiernos Nacional, Departamental y de la Comunidad Arhuaca en las fechas que vaya indicando el desarrollo mismo del proceso. Quinto: La Comunidad Arhuaca y la Misión Diocesana harán este traspaso en forma amistosa. La Comunidad Arhuaca y la Misión Diocesana se comprometen mientras duren estos trámites a que haya un ambiente de paz, de concordia y confianza. Estos trámites se harán en cuanto sean posibles antes del 31 de diciembre de 1982.



Mons. José Agustín Valbuena obispo de la Diócesis de V/par. P. Ricardo Pineda Garzón provincial de PP. Capuchinos P. Antonio Nacher Ases subdirector de la Misión, Por la Comunidad Arhuaca: Luis Napoleón Torres, cabildo gobernador. Ángel María Torres, secretario general. Bernardo Alfaro Torres, aux. cabildo gobernador. Manuel Chaparro, comisario central. José Camilo Niño, cabildo central. Amiro Mestre, tesorero central. Efraín Torres Villafañe, fiscal central. Álvaro Torres, inspector de policía. Y los mamös Zareimaku y Kunchanvingama, entre otros.


Mamö Valencia Saravata y otros mamös de la Sierra Nevada

Carta de las autoridades arhuacas a monseñor José Agustín Valbuena,

obispo de la diócesis de Valledupar*

Dire c t i va C e n t r a l A rh u ac a

Cuando los indígenas arhuacos se tomaron las instalaciones de la Misión Capuchina en Nabusímake el 7 de agosto de 1982, las autoridades de la iglesia de Valledupar emprendieron de inmediato una campaña radial contra la toma y los dirigentes indígenas. En respuesta, los mamös escribieron la siguiente carta.


Nabusímake, 16 de agosto de 1982

A raíz de un comunicado por parte de su persona y difundido por emisoras locales en los días 13, 14 y 15 del presente mes y año, las comunidades a través de sus legítimos voceros hacen conocer a la opinión pública los siguientes puntos: 1) Que la tan cacareada «educación indígena» para nuestra comunidad ha sido un rotundo fracaso; esta afirmación se fundamenta en que la mayoría de los indígenas que recibieron su acción, esta nunca compensó ni compensará lo que han perdido. Hoy tenemos indígenas que no se identifican con sus coterráneos, pero tampoco son aceptados en la sociedad occidental. 2) Lo que insinúa el prelado, en cuanto a terceras personas detrás del reclamo de la comunidad, es denigrante. ¿Cómo pueden justificar tantos años de evangelización, si la comunidad sigue con
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá. Tomo Sierra Nevada de Santa Marta, 1982 a 1986.


Directiva Central Arhuaca

su «mentalidad de menores de edad»? ¿No es una acusación de su incapacidad contra ellos mismos? ¿O será más bien que la comunidad ya no es campo propicio para explotar? 3) Esa «mentalidad» infantil es uno de los frutos de su acción paternalista que condicionó a la comunidad para que creyera que los capuchinos son los únicos que pueden prestar ayuda; dicho en otras palabras, se han hecho necesarios por lo menos para una parte de nuestro pueblo. 4) ¿Será por nuestra ingenuidad que nos quieren hacer creer con sutilezas que las instalaciones de la misión son de propiedad privada, o mejor de propiedad eclesiástica? ¿Cuántas verdades inéditas dormirán en los archivos de la curia y quién se atreverá a develarlas? 5) La misión capuchina creó un grupo de indígenas ideológicamente desintegrados del resto de la comunidad, a quienes utilizó y sigue utilizando como escudo; de allí salieron las cartas y demás escritos apoyando la obra educadora, haciendo aparecer tales manifestaciones como de toda la comunidad. 6) Por las visitas pastorales a algunos centros educativos de algunas veredas, no cambió la situación de la comunidad en general, salvo algunas mejoras en los locales de las escuelas; la mayor parte se debe al esfuerzo de las comunidades. El maestro siguió careciendo de capacitación; su nombramiento y destitución, e imposición a las comunidades siguió siendo caprichosa y discriminatoria. 7) La opinión pública debe comprender que el arhuaco tiene derecho a sacudirse tantos siglos de tutelaje, de humillación y engaño; de esa política equivocada que preconiza que el indígena llegará a ser buen ciudadano colombiano, sacándolo de su cultura e integrándolo a la cultura occidental, pasando por encima de las personas y organismos que luchan por los derechos humanos. Señor obispo: la construcción de un hospital o cualquier otra instalación adecuada no rompe con nuestra cultura, lo que sí altera a la comunidad es el manejo teocrático que se le da. No siendo otro el objetivo de la presente nos suscribimos atentamente;

Directiva Central Arhuaca: Luis Napoleón Torres, cabildo gobernador. Manuel Chaparro, comisario central. José Camilo Niño B, cabildo central. Efraín Torres Villafañe, fiscal central. Ángel María Torres, secretario general. Ramiro Mestre, tesorero central. Álvaro A. Torres. Leonor Zalabata.


Carta de las autoridades arhuacas a monseñor José Agustín Valbuena

Carta al jefe de la División de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno solicitando el retiro de la Misión [fragmento]

Re pre se n ta n t e s d e l P u e b l o Ko g u i

La carta está dirigida al abogado Roque Roldán Ortega, entonces jefe de la División de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno. La comunicación muestra cómo la toma de las instalaciones educativas de la Misión en Nabusímake por parte de los arhuacos tuvo un eco entre las autoridades kogui (kaggaba).


Makotama, 8 de julio de 1983

Respetado doctor, reciba un cordial saludo de la comunidad kaggaba, deseándole éxitos en su función encomendada en beneficio de todos los indígenas. Los integrantes de esta comunidad hemos analizado detenidamente nuestra situación actual, en las asambleas que hemos llevado a cabo durante los días 2 y 3 en Santa Rosa y 4 y 5 en San Miguel, del presente mes; días en que de común acuerdo resolvimos dirigirnos a Ud., puesto que ante el Gobierno Nacional tenemos toda la certeza de su preocupación por los intereses de la comunidad y su positivo desarrollo ubicado dentro de su propia cultura; conocedores de tales virtudes que han caracterizado su función, nos permitimos en esta ocasión expresarle lo siguiente: las autoridades, mamös y representantes de la comunidad, tenemos que difundir y publicar de manera oficial que Makutama por historia y tradición es el lugar céntrico que derramó su sabiduría a todos sus hermanos inmediatos arhuacos y arsarios, desde el comienzo de nuestra existencia, cimentado rigurosamente con sublimes ritos establecidos para que

Carta solicitando el retiro de la Misión

como tres hermanos que se aman cuidáramos este mundo y de este modo protegerlo de cualquier influencia dañina. Es por ello que las diferencias entre nuestros tres grupos son mínimas; por el contrario las costumbres son iguales en cuanto a la ciencia tradicional que es la base que nos mantiene unidos y en ningún momento ajenos de un grupo al otro. Retrocediendo un poco, a la luz de nuestra fe religiosa que es el seno de la ciencia, cuando esta estaba pura, no existió la necesidad de denunciar contra nadie, mucho menos que lamentar desórdenes sociales; en cambio a raíz de la intención de entidades que en una u otra forma quisieron educarnos esperanzados en un desarrollo nuestro, resultó todo negativo porque el fruto ha sido una extinción paulatina de nuestra ciencia, la tenebrosa proliferación de males con todos sus matices y cada día nuestra gente se fanatiza más a ideologías extrañas, perjudicando fatalmente la existencia de una cultura muy propia a la cual pertenecemos. Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto […] solicitamos al Gobierno Nacional por intermedio de Ud. el retiro inmediato de la misión capuchina.



Carta del representante de la comunidad arhuaca

dirigida al Presidente de la República, Belisario Betancur Cuartas*

B ie n v e nid o A rr oyo

Bienvenido Arroyo fue un destacado dirigente indígena arhuaco que hizo parte de la Secretaría Indígena de la Anuc, y participó, en representación de su pueblo, en las movilizaciones agrarias de los años setenta.

Nabusímake, 2 de septiembre de 1983



Nosotros los indígenas arhuacos de la Sierra Nevada de Santa Marta, nos dirigimos a usted con el fin de que conozca la situación por la cual estamos atravesando. Desde antes de la Conquista nosotros somos poseedores de una cultura, un territorio y una forma de gobierno propios que han perdurado durante todos estos años a los embates de los españoles, a las imposiciones de formas de vida diferentes a la nuestra y que queremos seguir conservando porque tenemos derecho a ello. Desde siempre, se nos ha querido ver como seres sin pensamiento propio, desconociendo las grandes culturas que existieron antes de la Conquista, siendo nuestra verdadera historia, que nos caracteriza como indígenas. Por eso, ahora queremos que nuestros problemas sean conocidos, escuchados y solucionados. Son muchos, es verdad, desconocidos para la mayoría de la población colombiana pero seguramente [serán] escuchados por usted. El más apremiante en este
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá. Tomo Sierra Nevada de Santa Marta, 1982 a 1986.

momento es nuestro problema de educación. Desde 1916, luego de que la comunidad pidió al gobierno maestros que ayudaran a capacitarnos, llegó a nuestro territorio la Misión Capuchina, quienes desde un principio, y es doloroso decirlo, desconocieron nuestra forma de vida y trataron de implantarnos de manera violenta una que nunca hemos compartido, desconociendo nuestros mamös, nuestras autoridades tradicionales, nuestras leyes propias y dividiendo nuestra comunidad. Después de años de reclamos, finalmente en 1978 se aprobó el decreto nº 1142, el cual plantea la política educativa a seguir con respecto a las comunidades indígenas. Es en base a este decreto que hoy reclamamos una educación adecuada a nuestras necesidades. En agosto de 1982, después de tratar durante años de entablar diálogo con los misioneros nos vimos obligados a tomarnos pacíficamente las instalaciones de dicha misión, localizada en Nabusímake, nuestra capital tradicional. Allí se firmó un acuerdo con el obispo de la diócesis de Valledupar, en el cual se comprometían a entregar la educación directamente al ministerio correspondiente. Luego, el 20 de febrero del presente año se trasladó una comisión conformada por representantes del Ministerio de Gobierno, Planeación Nacional, la curia y el Ministerio de Educación. Como resultado de dicha comisión, fue propuesto un desmonte a seis (6) meses aceptado por nosotros para que el manejo de la educación pasara directamente al fer (Fondo Educativo Regional) y se estudiara y aprobara el programa propuesto por la comunidad. Desafortunadamente ya cumplimos un año y son muchos los viajes realizados para hablar con el señor ministro de Educación sin que el problema se nos resuelva y por esta razón hoy dos dirigimos a usted a fin de que nos brinde una audiencia para exponerle nuestro problema, ya que estamos seguros de que usted pone gran interés a los problemas de sus compatriotas. Usted ha atendido problemas sindicales, de maestros, y otros que en este país han recurrido en busca de [las] soluciones justas a que tiene derecho cada ciudadano.

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Carta del representante de la comunidad arhuaca

Nosotros no claudicaremos ante los invasores y conquistadores de nuestra madre Tierra y ahora esperamos poder ser escuchados el 16 del presente mes ya que un viaje nuestro es difícil y costoso.


Bienvenido Arroyo

Carta en que los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta

se oponen a la construcción de una hidroeléctrica*

Co m u nida d indíg e n a a rh u ac a , c a b il d o g o b e rn a d o r

Sierra Nevada de Santa Marta, marzo 16 de 1982
señores corelca bar r anquilla apreciados señores :

Por medio de la presente, las comunidades indígenas kogui, arsario y arhuaca de la Sierra Nevada de Santa Marta, seguimos firmes en nuestras decisiones de protesta sobre el establecimiento de hidroeléctricas en el macizo de la Sierra Nevada, ya que según los proyectos de prefactibilidad, los embalses quedaron localizados; uno en sitios sagrados o lugares de pagamentos de los miembros, de nuestras comunidades, otro en las mejores tierras o pequeñas vegas de los ríos para el establecimiento de cultivos de pancoger que son los únicos medios de subsistencia con que contamos. Además la Sierra Nevada es la madre de la naturaleza y por ende de los recursos naturales, como los ríos, mares, fauna y flora. También nos permitimos comunicarnos con nuestra madre Tierra, esta representada en las comunidades que en ella se originaron, las cuales son responsables por velar o cuidar por la buena marcha de todo lo que en ella existe; sabemos que desde mucho tiempo nos viene atropellando sin tener en cuenta nuestro origen cultural.
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá. Tomo Sierra Nevada de Santa Marta, 1982 a 1986.




Comunidad indígena arhuaca, cabildo gobernador

Siempre han buscado la forma de acabar con las comunidades indígenas, dizque con el fin de civilizarnos por medio de educación y otros medios pero nosotros tenemos nuestra posición y exigimos que se nos respete. Igualmente queremos aclarar que si se establecen las hidroeléctricas en contra de nuestra voluntad y por consiguiente de nuestros mamös y caciques, seremos víctimas de muchas cosas y no solamente para nosotros los indígenas sino para todo el mundo. Con esto no queremos amenazar sino prevenir de algo [o] de muchas cosas que pueden suceder. Repetimos, que solo los mamös conocen de las relaciones de nuestra madre Tierra y son los encargados de velar por ellos; razón por lo cual pedimos al Gobierno Nacional y a los organismos internacionales y a todos aquellos que tienen relación con este problema y en especial a Corelca [que] se tenga en cuenta todas estas consideraciones. Somos conscientes que ante la sociedad mayor es como insignificante nuestra concepción respecto a la madre Tierra, aunque nuestra visibilidad de existencia es el testimonio que establece todos nuestros valores culturales y ciencia consagrada dentro de la tribu Sierra Nevada de Santa Marta, para que nada sea violado y todo permanezca en orden según ley de nuestro padre Serankua.
Firman: Mario F. Niño Solís; Juan Jacinto Garavito, cacique de Sta. Rosa; Juan Moscote, cacique de Sn. Francisco; Juan de Jesús Ceballo, cacique de Sn. Antonio; Barencio Zarabata, cacique de Sn. Miguel; Julián Dingula, cacique Mukutana; Ángel María Torres, secretario general; José Eduardo Pinto, cacique de Sn. Pedro; José Sauna, cacique chimilongi; Félix Dingula, cacique cabicon; Ramón Gil, inspector de Sn. Antonio; Marcos Gil, comisario de Sta. Rosa; José Vicente Villafañe, guardabosque; Luis Napoleón Torres, cabildo gobernador arhuaco.

3 Movilización de los indígenas caucanos y creación del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

El Consejo Regional Indígena del Cauca es la primera organización indígena que se crea, en febrero 27 de 1971, con una visión «moderna», con un programa, con alianzas con otros sectores sociales, «cuadros» profesionales y un periódico, Unidad Indígena, que circula a partir de 1975. En la fundación del Cric tomaron parte personas no indígenas como Gustavo Mejía, que venía del Movimiento Revolucionario Liberal (MRL) y el sacerdote católico Pedro León Arboleda, ambos trágicamente desaparecidos. El Cric surge en el marco del proceso de la Ley de Reforma Agraria. El programa de siete puntos del Cric se incluye a continuación.

Historia del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)*

J u l io T u n u b a l á M a n u e l T r in o M o r a l e s J u a n G re g o r io Pa l e c h o r

Popayán, enero de 1974

Antecedentes

El territorio del Cauca siempre ha sido un escenario de la resistencia indígena a la invasión externa, desde cuando Belalcázar tuvo que librar feroces combates con los pubenenses para poder tomar Popayán en 1536. En verdad hubo distintos grupos indígenas caucanos que nunca se entregaron del todo a la dominación española, y que en la era republicana han seguido luchando tenazmente por su autonomía y su dignidad. En el presente siglo tuvieron repercusión nacional los combates que, bajo la dirección del gran luchador Manuel Quintín Lame, libraron los indígenas caucanos para defender sus tierras del asalto voraz del latifundio. Estas campañas a veces pacíficas, muchas otras violentas, hicieron temblar hasta sus raíces a la aristocrática oligarquía de Popayán, la cual tuvo que recurrir a todas sus armas, desde la traición hasta el asesinato, para atajar la ira de la «plebe ignara». José Gonzalo Sánchez, otro gran conductor indígena y sucesor de Lame en el Cauca, muere asesinado por los terratenientes en 1944.
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, documento inédito mimeografiado, Bogotá.

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Pero las luchas no mueren ni la rebeldía de los indígenas tampoco, y de nuevo se movilizan para defender sus tierras grupos en el norte y en el oriente del Cauca. De estos movimientos y de las organizaciones que les dan sustento habría de surgir el Cric en 1971.
Situación del Cauca

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Para comprender el tipo de lucha que está librando el campesinado, sobre todo el indígena del Cauca, es necesario tener una visión al menos esquemática de las condiciones estructurales de este departamento, que no se pueden asimilar a otras zonas de luchas campesinas del país. El Cauca es un departamento atrasado, todavía hoy en día, de escasa penetración capitalista, donde una clase latifundista parasitaria ha mantenido tradicionalmente el dominio social y político a pesar de que las bases económicas de dicho dominio tambalean cada vez más. Es muy escasa la clase obrera industrial y aún el proletariado agrícola constituye solo una pequeña minoría de la población del departamento. El sector popular más numeroso y más combativo está formado por los campesinos pobres, en gran parte indígenas, los cuales han estado a la cabeza de casi todas las luchas de los últimos tiempos. Parte de la clase de los campesinos pobres la constituyen terrajeros y aparceros, situación muy poco usual en el resto del país, y que ha motivado que la bandera del no pago de terrajes haya sido importante en el desarrollo de la lucha. Para las zonas de más densa población indígena, la conservación de la gran parte de los resguardos, al contrario también de lo ocurrido en el resto del país, ha sido un factor importante y positivo. La legislación especial para resguardos ha frenado en parte la descomposición del campesinado indígena al proteger sus tierras, y las clases dirigentes han tenido que violar su propia ley cuando han invadido dichas tierras. Lo cierto es que la inmensa mayoría de la población indígena tiene un alto aprecio por los resguardos lo mismo que por los cabildos, una

cierta forma de gobierno propio; [al ser] encargados de administrarlos, [estos se] han [convertido en] un marco propio para conservar al menos en parte su propia identidad, y con las debidas modificaciones, son hoy en día herramientas de lucha y de construcción de futuro. La recuperación de tierras de resguardos ha sido hasta el presente la principal bandera de lucha de los indígenas caucanos, y las mayores victorias están cosechando. No solo se está combatiendo a través de los resguardos que quedan sino que numerosos grupos de campesinos indígenas están buscando reconstituir los resguardos y los cabildos que anteriormente existieron. Es esta situación, mucho más que algunos rasgos culturales propios en paeces y guambianos, la que mantiene la especificidad de las luchas indígenas, y que justifica la existencia de una organización propia, como es el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric).
Nacimiento del Cric

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Historia del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

Las luchas de los terrajeros del Chimán, en Silvia, y del Credo en Caloto, norte del Cauca, sirvieron de antecedente inmediato a la formulación del Cric. En una reunión en el Credo surgió la idea de una gran asamblea indígena para la cual se propuso a Toribío como el sitio más central para las comunidades del norte y del oriente, y se designó la fecha del 24 de febrero de 1971. La promoción y organización de la asamblea indígena estuvo a cargo de Fresagro, combativa organización campesina del norte del Cauca con sede en Corinto, y la cual había tomado en sus manos la bandera de la lucha por la tierra en momentos en que las directivas regionales de usuarios estaban aún muy influenciadas por los promotores oficiales. A la asamblea de Toribío asistieron más de dos mil indígenas, entre ellos representantes de los cabildos de Toribío, Tacueyó, San Francisco, Jambaló, Pitayó, Quichaya, Quizgó, Guambía, Paniquitá y Totoró, además de diversas organizaciones campesinas indígenas de los municipios de Miranda, Corinto, Caloto, Toribío, Jambaló, Totoró y Silvia.

La constitución de una organización indígena que será el Cric, fue una proposición llevada por la delegación de Silvia y en especial por el compañero Manuel Trino Morales, quien la sustentó ante la asamblea. La proposición fue aprobada con entusiasmo, al igual que los puntos en los cuales debía centrarse la acción de la nueva organización:
1) Exigir al Incora la expropiación de las haciendas que han sido de los resguardos y [que] se entreguen tituladas en forma gratuita a las familias indígenas. 2) Ampliación de los resguardos en los casos donde existen minifundios a través de la Ley de Reforma Agraria en su parte de concentración parcelaria. 3) Modificación de la Ley 89 de 1890 en la parte que trata sobre la minoría de edad ya que somos colombianos y ciudadanos de la república. 4) Participación del sector indígena en la modificación de esas leyes pues somos nosotros los que conocemos nuestros problemas y sus soluciones. 5) Eliminación de la División de Asuntos Indígenas ya que la consideramos inoperante. 6) No continuar pagando el impuesto de terraje. 7) Creación del Cric. Fue electo el primer comité ejecutivo el Cric con los siguientes miembros:
Presidente Manuel Tránsito Sánchez, del resguardo de Totoró. Vicepresidente Héctor Cuchillo, de Tacueyó. Secretario Antonio Sánchez, de Guambía.
Represión y lucha

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Una fuerte ola de represión se desató contra los principales dirigentes indígenas en general inmediatamente después de la Asamblea de Toribío. A esto contribuyó la declaración del estado de sitio, que permitió que algunos líderes estuvieran detenidos por varios meses sin motivo alguno. Este hecho y el temor que se logró crear en parte de la población

Segunda Asamblea del Cric

En La Susana, resguardo de Tacueyó, municipio de Toribío, se efectuó la Segunda Asamblea del Cric, el 6 de septiembre de 1971. Además de las organizaciones presentes en la asamblea de la fundación, vinieron representantes de las zonas centro, y sur del departamento, entre otros de las parcialidades de Poblazón, Puracé, Alto del Rey, Rioblanco, Guachicono y Pancitará. Además asistió una delegación de los indígenas del Tolima, quienes expusieron sus propias luchas y problemas y vinieron a ofrecer su solidaridad con los hermanos del Cauca, con quienes los unía, entre otros vínculos, la lucha común que había encabezado Manuel Quintín Lame. En La Susana se nombró un nuevo comité ejecutivo del Cric y se

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frenó sin duda alguna la expansión de la organización en los primeros meses, inclusive el comité ejecutivo nombrado en Toribío no se logró reunir una sola vez. Sin embargo, la asamblea había dejado un gran impacto y comenzó, casi espontáneamente, un proceso de organización sobre todo en el norte, donde en distintas veredas fueron surgiendo comités del Cric. La principal bandera de lucha en esta primera época fue el no pago de terrajes y se lograron algunas importantes conquistas sobre este punto, especialmente en los municipios de Toribío y Jambaló. Un acontecimiento importante fue la renovación, en julio del 71 de la directiva de la Asociación Departamental de Usuarios, que pasó a ser encabezada por compañeros conscientes y luchadores que le imprimieron un nuevo rumbo a la organización. Desde ese momento en adelante el Cric, que desde un principio se había acogido a los principios de la Anuc a nivel nacional, pasó a trabajar en estrecho contacto con los dirigentes departamentales de usuarios, colaboración que ha venido reforzándose desde entonces. Hacia agosto había pasado lo principal de la tormenta desatada en Toribío, y las condiciones estaban propicias para la reorganización y dinamización del Cric.

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modificó el programa inicial, aprobando el que sigue rigiendo desde entonces. El comité ejecutivo quedó integrado así:
Presidente Julio Tunubalá, El Chimán zona oriente. Vicepresidente Antonio Mestizo, El Credo zona norte. Secretario Juan Gregorio Palechor, Guachicono zona sur. Posteriormente, ante el retiro del compañero Mestizo, pasó a ocupar el cargo de vicepresidente el compañero Manuel Trino Morales. El programa del Cric quedó del modo siguiente: 1) Recuperar las tierras de los resguardos 2) Ampliar los resguardos 3) Fortalecer los cabildos indígenas 4) No pagar terrajes 5) Hacer conocer las leyes sobre indígenas y exigir su justa aplicación 6) Defender la historia, lengua y costumbres indígenas 7) Formar profesores indígenas para educar de acuerdo con la situación de los indígenas y en su respectiva lengua.

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Después de la asamblea de La Susana la organización del Cric siguió funcionando normalmente y en crecimiento constante. Además de las reuniones del comité ejecutivo se efectuaron también algunas de la junta directiva, compuesta por dos representantes de cada resguardo.
Primeros triunfos. El Chimán

Como ya se dijo antes, las luchas de los terrajeros del Chimán, lo mismo que de los del Credo, comenzaron antes de constituirse el Cric, pero recibieron mayor impulso cuando la organización se puso plenamente en marcha. Lo que se denomina hoy en día El Chimán es apenas una parte del inmenso territorio denominado «Gran Chimán», que los terratenientes le arrebataron al resguardo de Guambía. Como en muchos otros casos en el Cauca, las tierras usurpadas fueron convertidas en haciendas de terrajeros. La lucha de los campesinos del Chimán, animados por los com-

pañeros que en tierra recuperada habían organizado la Cooperativa Indígena de Las Delicias, duró varios años hasta que el terrateniente se vio forzado a llegar a un acuerdo con Incora y se organizó una empresa comunitaria que ha seguido funcionando bajo el control del grupo campesino. Para el futuro espera que tanto El Chimán como las demás tierras usurpadas pasen a ser de nuevo parte del resguardo de Guambía.
El Credo

La lucha de Paniquitá

Paniquitá es un pequeño resguardo cercano a Popayán, desde hace muchos decenios insuficiente para albergar a la comunidad indígena que allí reside (205 hectáreas para más de 100 familias). De Paniquitá salieron los principales grupos de colonos que a principios de este siglo organizaron resguardos nuevos en la cordillera Occidental, en los municipios de Cajibío, Morales y Buenos Aires. A mediados de 1971 el cabildo consideró que había llegado la hora

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De los compañeros indígenas de El Credo partió la consigna del no pago de terrajes y fue con esta bandera que allí comenzó la lucha que ha llevado a este grupo de unas cien familias a recuperar la hacienda en que vivían. Inicialmente iba a haber también intervención del Incora pero luego la comunidad planteó claramente su negativa a pagar sus tierras, que siempre habían sido de los indígenas, y siguió luchando por su cuenta. El Credo, por decisión de todos sus habitantes, pasó a ser parte de nuevo del resguardo de Tacueyó y cuenta hoy con un alcalde (nombre que se da a un funcionario indígena) que hace parte del cabildo de dicho resguardo. Aunque el presunto dueño no ha reconocido hasta hoy el derecho de sus antiguos terrajeros, los compañeros del Credo han seguido trabajando unidos, forjando poco a poco las bases de un mejor porvenir para sus hijos.

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de ponerle fin a esta emigración forzosa y que la comunidad no podía seguir cerrada por un cinturón de grandes haciendas. Numerosas gestiones ante el Incora y ante algunos dueños de haciendas para solicitar una negociación voluntaria terminaron en el carameleo de siempre: «Que tuvieran paciencia que pronto se resolvería algo». Numerosos comuneros, con sus mujeres e hijos, y encabezados por el cabildo, comenzaron a trabajar en las haciendas vecinas de San Antonio y La Concordia. Repetidas veces fueron llevados a la cárcel pero en ningún momento desmayaron en la lucha y después de algunos meses de persecución y de dificultades conquistaron novecientas hectáreas de tierra, una superficie varias veces mayor que la que tenía antes su resguardo. La negociación se efectuó a través del Incora y se constituyó una empresa comunitaria, desde donde los compañeros de Paniquitá siguen apoyando en todas las formas posibles las luchas de los demás campesinos indígenas (y no indígenas) del departamento.
Algunas gestiones oficiales

A fines del 71 y principios del 72 el Cric realizó una intensa campaña de divulgación de los principales problemas indígenas, lo mismo que una cierta presión ante las entidades oficiales para que asumieran su responsabilidad frente a la situación existente. En parte como consecuencia de dicha presión se realizaron algunos estudios, entre ellos la investigación del Dr. Fabián Díaz del Ministerio de Gobierno sobre la recuperación de tierras en los resguardos de Tacueyó, Toribío y San Francisco, y el informe del procurador agrario, Dr. Carlos H. Pinzón sobre la situación general de los indígenas en el norte y oriente del Cauca. Este último documento tuvo una gran importancia pues en él se denuncia de una manera muy clara las diversas arbitrariedades que latifundistas y funcionarios oficiales cometen contra los indígenas y se urge una intervención de las entidades oficiales apropiadas. El Cric le dio una amplia divulgación al informe del Dr. Pinzón en todas las zonas indígenas del departamento.

El censo indígena

El Cric tenía desde su fundación una clara conciencia de la necesidad de un estudio objetivo sobre la situación de la población indígena del departamento, pero por falta de recursos económicos no había podido emprender esta tarea. Cuando el Dane propuso efectuar un censo indígena en el Cauca sugirió a los dirigentes del Cric que se hicieran cargo por contrato de las labores de recolección y control, estos no vacilaron en aceptar. En realidad lo principal de los esfuerzos del Cric durante el año de 1972 estuvo dedicado a este censo. Además de los datos del censo, que apenas se están empezando a conocer y que ayudarán a planear las actividades futuras, la participación en la realización de las encuestas permitió una gran divulgación de la organización de programas del Cric, y se hicieron contactos con regiones y comunidades que luego han emprendido significativas luchas reivindicativas.

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Apoyada en los documentos oficiales mencionados, una numerosa delegación del Cric viajó a Bogotá para entrevistarse con las autoridades responsables de las comunidades indígenas y a exigir una rápida acción. En una reunión efectuada con los indígenas el 23 de marzo de 1972, los representantes del Gobierno reconocen que ha habido gran usurpación de tierras de los resguardos de Pitayó, Jambaló, Tacueyó y Toribío, y se comprometen a actuar inmediatamente para solucionar los problemas más graves. El acta en que consta lo anterior está firmada por el gobernador del Cauca, el director de la División de Integración y Desarrollo de la comunidad del Ministerio de Gobierno, un asesor del Ministerio de Agricultura y dos representantes del Incora. Como era de esperarse, el Gobierno no ha cumplido hasta el presente nada de lo prometido, pero para las comunidades indígenas que han continuado y continúan la lucha es importante contar con el reconocimiento oficial de que son perfectamente legítimas sus reivindicaciones.

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Entre las zonas que prácticamente se visitaban por primera vez estaba Tierradentro, donde vive el núcleo indígena más numeroso del Cauca, y la parte de la cordillera Occidental con los resguardos de Honduras, Chimborazo y Agua Negra, además de varios extinguidos donde sigue existiendo una fuerte mayoría de población indígena. Otras comunidades nuevas que se vincularon fueron San Sebastián y Pancitará en el sur, Coconuco y Polindara en el centro, Caldono y la Aguada en el oriente, y Munchique y La Celia en el norte. Desde fines del 72 el Cric estableció contacto con todas las regiones indígenas del Cauca, aunque aún algunos cabildos no han entrado de lleno a participar en la organización.
Tercera Asamblea del Cric - Primer encuentro indígena nacional

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La realización de su Tercera Asamblea, con participación de varias delegaciones de otros grupos indígenas de Colombia y del exterior, fue un hecho de gran importancia para el Cric. El encuentro comenzó a prepararse desde principios del 73 y debía realizarse en Tierradentro por petición de la mayoría de resguardos de esa región. Desde el principio se notó la cerrada oposición de la pequeña rosca que allí está enseñada a hacer y deshacer a su acomodo, en medio de condiciones increíbles de sometimiento y represión para las inmensas mayorías indígenas de Tierradentro. Previendo las dificultades, con suficiente anterioridad al encuentro una comisión del Cric viajó a Bogotá para entrevistarse con el Ministerio de Gobierno y obtener la respectiva aprobación oficial. El ministro aunque notó las reticencias del gobernador del Cauca, no encontró ninguna objeción a la realización de la asamblea y los preparativos siguieron su curso. Se designó como sede el resguardo del Huila, municipio de Belalcázar, y el entusiasmo crecía todos los días entre la población indígena de la región. Viendo que el encuentro era un hecho, los caciques locales redoblaron su presión ante el gobierno departamental y este en Bogotá. Se produjeron en Tierradentro varias detenciones por «subversión»

de los compañeros que llevaban la propaganda y comenzó la militarización de la zona, que llegó a afectar las más remotas veredas. Se desató una verdadera campaña de terror, utilizando las afirmaciones más inverosímiles para evitar que la población indígena tomara parte en la movilización. Finalmente el ministro de Gobierno cedió ante la presión de la clase dirigente del Cauca y dijo en una declaración que el encuentro no podía realizarse en Tierradentro por problemas de «orden público»; curioso pretexto para una región que hacía más de diez años vivía en completa paz. Ante esta situación y el aumento vertiginoso de la represión en Tierradentro, las directivas del Cric en una reunión con el gobernador del Cauca el día 12 de julio, aceptaron el cambio de sede, sobre todo para evitar la masacre que al parecer se venía preparando. Con solo dos días para informar de este cambio, se hizo lo posible porque el encuentro no fracasara completamente. La asamblea vino a efectuarse en Silvia el 15 de julio de 1973 con la participación de unos cuatro mil indígenas. De Tierradentro fueron muy pocos los que lograron salir pues a pesar de las promesas oficiales la represión continuó y el alcalde de Belalcázar impidió la movilización de cualquier vehículo desde la tarde anterior. Sin embargo varios compañeros se vinieron de noche a pie cruzando el páramo de Las Delicias en una jornada de unas quince horas. Además de las comunidades caucanas, casi todas presentes en el encuentro, asistieron enviados de los arhuacos, de los tunebos, de los chamíes, de los sibundoyes, de los indígenas de Nariño, del Tolima, y de los del Ecuador. Los pielrroja de Estados Unidos que habían quedado en asistir no pudieron hacerlo a último momento, pero mandaron un mensaje de solidaridad a todos sus hermanos indios. Casi todas las intervenciones se hicieron en los dialectos de cada grupo étnico, sobre todo en paez, que era la lengua de la mayoría de los asistentes. Hubo fuertes denuncias, en especial de parte de los voceros de Tierradentro, y claras reivindicaciones alrededor de los tres aspectos básicos de la tierra, la cultura y la organización indígena.

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El encuentro de Silvia, pese a las condiciones precarias en que se realizó tuvo gran impacto sobre la población indígena del Cauca y desató o reforzó una serie de importantes movilizaciones. También tuvo alguna repercusión a un nivel más general, en especial sobre los grupos que tuvieron representación en la asamblea, y significó un paso notable en el proceso de organización de los indígenas de Colombia. Debido al espacio que le dedicaron los medios de información, el encuentro permitió que por primera vez el Cric fuera conocido a nivel nacional y que algunas comunidades indígenas buscaran entablar contacto con sus hermanos del Cauca.
Reunión de la junta directiva – Mesa redonda en el paraninfo

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Aprovechando la presencia de los delegados indígenas al encuentro y la de otras personas y organizaciones que estuvieron como observadores, se programaron algunas actividades adicionales en los días posteriores a la asamblea. El 16 de julio se efectuó en Paniquitá una reunión restringida en que hubo un amplio intercambio de ideas, especialmente con los representantes que la Anuc había enviado al encuentro. También intervinieron estudiosos de la situación indígena en Colombia, como los señores Juan Friede, Horacio Calle, Víctor Daniel Bonilla y Gonzalo Castillo. El mismo 16 por la noche se reunió la junta directiva del Cric, para planear las actividades de los meses siguientes y comenzar los preparativos del congreso a reunirse próximamente y que deberá discutir algunas ponencias, aprobar un plan de trabajo y nombrar un nuevo comité ejecutivo. El 17 de julio en las horas de la tarde había programada en Popayán una mesa redonda en el Paraninfo Caldas con asistencia de los principales voceros indígenas y representantes de distintas entidades oficiales. Dicha mesa redonda fue organizada por la Facultad de Humanidades de la Universidad del Cauca. En realidad solo hablaron los indígenas, pues los delegados oficiales

o no fueron o prefirieron callarse. Durante más de cinco horas los asistentes escucharon las claras exposiciones y denuncias de los once indígenas que tomaron la palabra, ratificando todo lo dicho en Silvia. Para el sector estudiantil y en general el sector intelectual de Popayán, esta fue una primera experiencia de contacto con el campesinado indígena y debía servir de punto de partida para una colaboración que se ha venido incrementando desde entonces.
Semana de solidaridad con el campesino indígena en Medellín

Del 7 al 12 de octubre de 1973 se convocó en Medellín el llamado Primer Encuentro Nacional Indigenista, organizado por Ascoin,* entidad dominada por los sectores más reaccionarios de la iglesia católica y de la oligarquía antioqueña. Tanto antes como durante la realización de dicho evento, en el cual muy pocos indígenas estuvieron presentes, las organizaciones populares denunciaron con fuerza los objetivos de los organizadores del encuentro y desenmascararon el espectáculo de circo que se pretendió montar a costa de los compañeros indígenas más ignorantes e indefensos. El Cric tomó parte en esta denuncia con algunas comunicaciones que dirigió a otros grupos indígenas y con un documento que hizo conocer en Medellín sobre los verdaderos problemas de las comunidades nativas y la desfiguración que de ellos hacía Ascoin. Las distintas denuncias tuvieron bastante efecto y en gran parte como resultado de sus propias contradicciones, la reunión de Ascoin terminó en un completo fracaso. Muy distinto fue el impacto de la Semana de Solidaridad con el Campesinado Indígena organizada por el comité de solidaridad con la Anuc y que se llevó a cabo paralelamente con el encuentro de Ascoin. En sus reuniones, conferencias y demás actividades tomaron parte representaciones del Cric junto con delegados indígenas de los grupos más conscientes y organizados para explicar a los sectores populares de Medellín las características y objetivos de
* La que fuera entonces Asociación Colombiana Indigenista (N. d. E.).

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la lucha del campesino indígena. Fue grande el interés despertado entre obreros, estudiantes, profesionales, pobladores, etc., y en todo sentido se puede decir que los resultados fueron muy superiores a los esperados. Con la asistencia a Medellín y en cierto modo desde el encuentro de Silvia ha comenzado una apertura del Cric hacia otros sectores, y en primer lugar hacia las demás comunidades indígenas del país. Esta colaboración se está realizando principalmente a través de la Secretaría de Asuntos Indígenas de la Anuc, y ya el Cric ha contraído el compromiso de dedicar a varios de sus cuadros para ayudar a la organización de los indígenas en otros departamentos y territorios nacionales.
Educación

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Preocupación constante del Cric ha sido la formación de los dirigentes y de los luchadores indígenas en general, para garantizar una correcta orientación de todas sus actividades. Se ha buscado una educación muy en contacto con la realidad y con las luchas cotidianas, que parta de un análisis de los problemas inmediatos y solo lentamente avance hacia niveles superiores de abstracción. El resultado ha sido la formación de dirigentes que si bien no tienen mayores conocimientos teóricos, casi siempre se desenvuelven bien en el tratamiento de los problemas que les toca afrontar. Desde la particular situación cultural de las comunidades indígenas, los medios orales (muchas veces en su respectivo dialecto) han tenido mayor eficacia que los escritos en la promoción educativa de líderes de diversos niveles. Las reuniones de discusión y los cursillos más generales han sido hasta ahora la principal herramienta utilizada. Se han realizado tres cursillos en el norte, cuatro en el oriente, tres en Tierradentro, dos en el centro y uno general para todo el departamento. También se han enviado algunos dirigentes a reuniones y cursillos efectuados en otras partes del país. El principal medio escrito ha sido la Cartilla del Cric, que ha tenido una difusión masiva y es prácticamente conocida por todos

los activistas. Se reparten también otras publicaciones y periódicos, sobre todo la Carta Campesina de la Anuc, y es posible que en el futuro se cuente con un órgano de expresión propio.
La lucha de Coconuco

Tal vez la victoria más significativa hasta el momento la han alcanzado los compañeros de la comunidad de Coconuco, quienes después de un año de dura lucha y continuos sacrificios lograron recuperar las tierras de la hacienda de Cobaló, hasta entonces en poder del Seminario Conciliar de Popayán. La hacienda Cobaló, de 350 hectáreas, queda en todo el centro del resguardo de Coconuco y está por supuesto comprendido en las escrituras que de su resguardo posee el cabildo. Sin embargo, su usurpación se produjo desde finales del siglo pasado y luego ha pasado por muchas manos: era este el principal argumento del arzobispo de Popayán para justificar la «legitimidad» de su dominio. Desde el principio de sabía que la lucha iba a ser muy dura pero la comunidad de Coconuco, una de las más pobres del Cauca, estaba dispuesta a jugarse el todo por el todo para comenzar a salir de su miseria secular. El 13 de noviembre de 1972 entró un grupo por primera vez a trabajar a Cobaló y desde entonces más de treinta veces otros grupos, grandes o pequeños, volvieron a la carga, hasta que la hacienda se entregó el 5 de diciembre de 1973. Ningún miembro de la comunidad, compuesta de 517 familias, se quedó sin poner su granito de arena: hombres, mujeres y niños desafiaban al agua y al sol, los golpes de la policía o las vejaciones de las autoridades, para participar de la lucha común. Veintitrés veces fueron los «invasores» llevados a la cárcel, a veces por un par de días, otras por una semana y otras más hasta por dos meses. El número de detenidos era de veinte, de sesenta, de cien; en una ocasión llegó a subir a 230 contando muchos niños y mujeres. Al fin se volvió un problema detenerlos; ya los directores de las cárceles no querían recibir más gente de Coconuco. La última vez

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los pusieron a aguantar hambre por varios días en la permanencia de Popayán pues «el presupuesto para ellos ya se acabó». Uno de los hechos representativos del espíritu de la lucha de Coconuco fue la actitud de un grupo de unas sesenta compañeras detenidas en la cárcel de la cabecera municipal. Lograron que los guardias y aún un enviado especial del Gobierno aceptaran sus justas razones, pero como el director no las quería soltar, comenzaron a romper las camas y cuando amenazaron hacer lo mismo con las puertas y ventanas, las dejaron en libertad. A la salida organizaron una manifestación por todo el pueblo, invitando a las gentes a sumarse a la lucha. La solidaridad jugó también un papel importante en la lucha de Coconuco, en ocasiones servía para revivir los ánimos, que tendían a desfallecer ante lo duro de la brega y la aparente falta de una solución rápida. En primer lugar, fueron las otras comunidades indígenas y algunas empresas comunitarias las que dieron su aporte en productos o en efectivo, para ayudar a las familias de quienes estaban en la cárcel. Posteriormente otros grupos campesinos lo mismo que obreros, artesanos y estudiantes de Popayán pasaron a dar igualmente su colaboración. Pero lo más importante fue la solidaridad ideológica. Campañas de denuncia se organizaron en barrios y veredas, sindicatos y universidades, a través de todos los medios posibles: conferencias, mesas redondas, hojas volantes, periódicos, emisiones de radio, etc. Los compañeros de Coconuco eran llamados de distintas ciudades del país para exponer su lucha, y hasta donde pudieron cumplieron con su asistencia. El espacio que la prensa, aun la internacional, dedicó al problema de Coconuco, permitió que el público manifestara ampliamente su simpatía por los indígenas. Mensajes y cartas de todo el mundo le llegaban a monseñor Arco Vivas, tornando la presión cada vez mayor. En el momento apropiado el señor arzobispo recibió la «autorización del Papa» y resolvió regalar la hacienda a los indígenas para

Tierra recuperada

En los tres años que lleva de lucha, el movimiento campesino indígena ha logrado recuperar ya más de cinco mil hectáreas de tierra, parte de muy buena calidad. Contrasta esto con las aproximadamente ocho mil hectáreas en peladeros que ha negociado el Incora en sus diez años de funcionamiento, y que solo se podrían incrementar con la buena voluntad de los latifundistas locales.
Luchas actuales

Hasta el momento solo se ha hecho referencia a las luchas que han tenido un desenlace favorable aunque no sea definitivo para los campesinos indígenas. Sin embargo, muchas otras han tenido lugar, incluyendo algunas que comenzaron antes de constituirse el Cric, y casi todas siguen en pie, pues los compañeros no han querido declararse por vencidos.

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contribuir a solucionar el problema social. Los indígenas de Coconuco celebraron su gran victoria el primero de diciembre del 74, con asistencia de representantes de todo el Cauca y de otros departamentos, además del presidente de la Anuc, compañero Noel Montenegro, y les dieron los agradecimientos a todas aquellas personas y organizaciones que mediante su celebración facilitaron el éxito de esta memorable campaña. En Cobaló se ha constituido una empresa comunitaria para cumplir con algunas especificaciones, pero dicha empresa está sometida a la autoridad del cabildo y desde el principio se fue muy claro al establecer que la tierra recuperada no iba a beneficiar tan solo a veinte o treinta familias sino que iba a estar al servicio de toda la comunidad. Mediante el trabajo comunitario los compañeros de Coconuco están ya empezando a demostrar que los campesinos son mejores, tanto de trabajadores como de administradores, que los terratenientes. La lucha apenas comienza, pero su ejemplo es ya un signo de esperanza y un estímulo para millares de campesinos en el Cauca y en Colombia.

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Entre estas luchas, prácticamente todas de recuperación de tierras, sobresalen algunas que se enumeran a continuación:
1) Pitayó

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Una de las batallas más antiguas que se están librando en el Cauca es por la recuperación de grandes extensiones de tierras del resguardo de Pitayó, usurpadas por el latifundista Isaías Sánchez. Repetidas veces el mismo gobierno ha reconocido la legitimidad de las reivindicaciones de los comuneros, pero como dos gobernadores sucesivos del Cauca han sido los abogados personales de Sánchez, las cosas han seguido iguales y las autoridades departamentales se hacen las de la vista gorda. En 1972 el cabildo batalló tenazmente y se lograron algunos avances importantes, pero Sánchez arregló la votación e hizo elegir un cabildo a su amaño, lo cual frenó la lucha y desanimó a algunos compañeros. Pese a las amenazas y las agresiones personales, la comunidad dio la batalla otra vez y triunfó abrumadoramente en la última elección para cabildo del 74 lo cual permite esperar que la larga lucha de Pitayó se definirá por fin este año.
2) Jambaló

La acción de mayor envergadura de los últimos tiempos la han emprendido los compañeros indígenas de Jambaló, que comenzaron por seguir pagando terrajos y luchan ahora por la recuperación definitiva de sus tierras. Desde hace más de seis meses los campesinos están trabajando la superficie correspondiente a unas veinte haciendas de distintos «propietarios», todas situadas en los límites legales del resguardo de Jambaló. Los latifundistas han sido incapaces de desalojarlos hasta el momento, pero no pierden las esperanzas y están contratando bandas de matones para amedrentar o eliminar a los compañeros indígenas. Pero estos están ya curtidos de amenazas y se disponen a hacer cumplir las disposiciones del cabildo, el cual ya les adjudicó

dichas tierras, aunque el alcalde de Jambaló no quiere reconocer esta determinación.
3) Tacueyó - Toribío - San Francisco

Estas parcialidades, que están en las luchas del Cric desde la primera hora, han logrado ya algunas conquistas parciales, sobre todo en el resguardo de San Francisco. Pero aún muchas de sus mejores tierras están en manos de terratenientes y colonos, los cuales en forma creciente están recurriendo a la violencia para defender sus «derechos». Las autoridades están por supuesto al servicio de los usurpadores, pero la presión indígena aumenta todos los días y la composición de los tres cabildos para el 74 permite esperar un año rico en los mejores resultados.
4) Caldono - La Aurora

Los cabildos reconstituidos de estos dos resguardos, que han sido rechazados y perseguidos por el Gobierno desde su nombramiento, han comenzado una larga lucha por la recuperación de sus tierras y cuentan ya con pequeños triunfos, aunque las condiciones se les vuelvan cada vez más difíciles. Los principales terratenientes de la región que a su vez son altos politiqueros en los dos partidos tradicionales, recurren a cualquier cosa para conservar sus mal habidas propiedades y han desatado una verdadera campaña de terror contra los indígenas con un saldo de varios compañeros heridos hasta el presente. Pero esta es una espada de doble filo y la reacción de los campesinos ha sido la de una mayor firmeza en sus reivindicaciones y la decisión de defenderse por todos los medios a su alcance contra cualquier agresión. 5) San Andrés - Santa Rosa (Tierradentro) La lucha por la tierra está apenas comenzando en Tierradentro. Pero ya un importante grupo de terrajeros se ha negado a pagar terraje a los dos «hacendados» de la zona y no se ha dejado expulsar de sus tierras a pesar de fuertes presiones y amenazas. Las «haciendas» respectivas están ubicadas dentro de los resguardos

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Historia del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

de San Andrés y Santa Rosa y la voluntad de los campesinos que trabajaban allí es volver a ser comuneros de sus resguardos de origen.
6) Huila (Tierradentro)

En el resguardo de Huila hay un lote de unas mil quinientas hectáreas en manos de la prefectura apostólica de Tierradentro, la cual posee además distintos criaderos de ganado dentro del resguardo. La comunidad mediante su presión, ha logrado recuperar de lo anterior una granja agrícola con una extensión de unas treinta hectáreas.
7) Puracé

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Julio TunubaláManuel Trino MoralesJuan Gregorio Palechor

La lucha de los indígenas de Puracé es completamente distinta y mucho más difícil que todas las anteriores. El enemigo es nada menos que Industrias Puracé S. A., la única empresa productora de azufre en el país, con mayoría de capital norteamericano y participación de las figuras más notables de la oligarquía colombiana. La explotación del azufre en las condiciones técnicas en que se viene haciendo es una fuente segura de contaminación ambiental y una verdadera amenaza para toda la región central del Cauca. Como sus emanaciones ya han utilizado una gran extensión del suelo del Puracé, la comunidad solicitó a la empresa una indemnización adecuada y sobre todo el cambio de técnicas para evitar estas consecuencias en el futuro. La empresa, enseñada a actuar sin control alguno, no le ha prestado la menor atención a los reclamos de los indígenas. Esta lucha que apenas ha comenzado promete ser larga y difícil y necesita para tener posibilidades de éxito de la decidida colaboración de todas aquellas entidades, aun oficiales, que quieran evitar que la destrucción de la naturaleza sea el primer beneficio de este «desarrollo capitalista» tantas veces deseado por el departamento del Cauca.

X Junta Directiva Nacional de la Anuc

Para concluir esta breve historia, el Cric presenta un fraternal saludo a todos los compañeros campesinos que se harán presentes en Popayán con motivo de la junta directiva de la Anuc y a los compañeros directivos les desea el mejor éxito en sus deliberaciones. El Cric hará por su parte el mayor esfuerzo para que la participación en este importante evento sea numerosa, los debates fructíferos y las conclusiones útiles para la lucha de todas las clases oprimidas de Colombia.
¡Bienvenidos, compañeros de todo el país! Popayán, enero de 1974.

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Historia del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

Cómo nació y qué significa Unidad Indígena*

M a n u e l T r in o M o r a l e s

Este texto es el primer editorial del periódico Unidad Indígena, publicación que ha sido una herramienta clave de comunicación del movimiento indígena nacional. El órgano, publicado en la actualidad por la Onic, tiene una tradición de 35 años y 125 números editados.

Bogotá, enero de 1975

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Unidad Indígena es el periódico de las comunidades indígenas de Colombia. Aparece como respuesta al desarrollo de nuestro movimiento indígena y de acuerdo con la necesidad de tener ya un periódico propio que nos sirva para presentar en forma justa y correcta nuestras necesidades y las formas en que estamos intentando resolverlas. Fue durante el Tercer Congreso Campesino de la Anuc, celebrado en Bogotá del 1 al 4 de septiembre de 1974, que un grupo de cuatrocientos compañeros indígenas resolvimos por nuestra propia iniciativa fundar un periódico que fuera vocero de nuestros intereses y que se llamara Unidad Indígena. Esta decisión la tomamos apoyándonos en el proyecto que ya los compañeros del Cric tenían de fundar este periódico. Más tarde, durante la reunión de la Secretaría Indígena de la Anuc, el 20 de octubre de 1974, resolvimos empezar ya definitivamente con la publicación de nuestro periódico y es así como hoy vemos con gran alegría la aparición de nuestro primer número.
* Fuente: Unidad Indígena nº1, Archivo Histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá.

Unidad Indígena servirá para mantener informadas a todas las comunidades indígenas y demás sectores populares colombianos sobre los sucesos de nuestro movimiento y a través de esta información aprender a tener mayor claridad sobre nuestros problemas: de dónde vienen, por qué los tenemos y cómo vamos a hacer para resolverlos. Igualmente deseamos que a través de nuestro periódico se consolide más la unión entre las distintas comunidades indígenas para así aumentar nuestra fuerza y hacer mejor nuestro trabajo. Unidad Indígena nace pues al calor de la iniciativa de nosotros mismos, los indígenas colombianos. Es nuestro periódico y a través de él informaremos sobre los esfuerzos y las luchas que estamos llevando en toda Colombia en defensa de lo nuestro: en defensa de nuestras tierras, resguardos y reservas; en defensa de nuestras costumbres, idioma y religión; en defensa de nuestra propia manera de repartirnos y trabajar la tierra; en defensa de nuestras propias organizaciones, de nuestra dignidad y de nuestro futuro. Hace ya casi quinientos años que los conquistadores españoles llegaron a nuestras tierras y se dedicaron principalmente a robarnos y arrebatarnos todo lo nuestro: tierras, riquezas, costumbres y la vida misma. Desde ese entonces nos tocó luchar como se pudo para defendernos; en esa lucha, que ha durado siglos, cayeron muchos compañeros, cayeron comunidades enteras, pero no pudieron derrotarnos del todo. La prueba es que aún quedamos indígenas en Colombia. El principal error de las luchas del pasado es que no teníamos unidad. Luchábamos por separado y así fue más fácil para el enemigo acabarnos uno por uno, poco a poco. Pero hoy ya hemos empezado a mirar más claro. Ya no nos dejaremos engañar por los explotadores de hoy en día que aunque digan que nos quieren como a hijos, no hacen sino quitarnos las tierras, nuestro idioma, nuestra religión y nuestras costumbres. Y hoy empezamos a organizamos mejor como los compañeros indígenas del Cauca con el Cric, y los compañeros de la Sierra Nevada con el coia. También nos estamos organizando los indígenas del Vaupés, los guahibos del Llano y del Vichada, los catíos de Antioquia y los cuna de Urabá, los ingas y camsás del Sibundoy y

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Cómo nació y qué significa Unidad Indígena

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Manuel Trino Morales

los indígenas del Tolima. Por eso, para unificar todas estas organizaciones y para servirles de mensajeros entre unas y otras fundamos a Unidad Indígena, y por eso darle la consigna de nuestro movimiento es «Unidad, tierra y cultura». Nosotros necesitamos nuestro periódico propio porque aunque con frecuencia [se publiquen] artículos y libros sobre nosotros casi siempre es ofendiendo nuestra dignidad y negando nuestros derechos. Se nos presenta también como a salvajes e ignorantes, o como animales pintorescos que solo servimos para adornar museos o para atraer turistas. En Unidad Indígena hablaremos con nuestra propia voz, cómo somos de verdad: hombres, mujeres y niños de carne y hueso, con nuestra propia dignidad, nuestro propio idioma, nuestras propias religiones, con nuestra propia tierra y por encima de todo con nuestra propia decisión inquebrantable de unirnos, organizarnos y luchar por la defensa de todas estas cosas contra los explotadores de hoy en día que quieren seguir robándonos lo nuestro. Es muy importante que los compañeros indígenas que reciban nuestro periódico se preocupen mucho de verdad de hacerlo conocer a otros compañeros, de estudiarlo y leerlo juntos, de traducirlo a sus propios idiomas para que todos puedan entender bien, de escribirnos para que nuestro periódico sea cada vez mejor. Para que conociéndonos mejor podamos unir mejor nuestras luchas.

Manuel Quintín Lame 1880-1967 Arresto de Manuel Quintín Lame El Cofre, Cauca, Colombia, 1915 Su firma

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Bienvenido Arroyo     Foto del archivo histórico del Centro de documentación de la ONIC

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Unidad Indígena nº 1 Archivo histórico del Centro de documentación de la ONIC , 1975

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Gregorio Palechor  1923-1992 Foto tomada de Juan Gregorio Palechor: historia de mi vida. ICANH, CRIC, Universidad del Cauca, UN, 2006 Lorenzo Muelas   1938 Archivo personal

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Afiche del Primer Encuentro Indígena Nacional en Lomas de Hilarco, 1980 Archivo histórico del Centro de documentación de la ONIC

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Portada de las Conclusiones y documentos del Primer encuentro indígena nacional 1982 Trino Morales   Gambia, Cauca , 1930 Foto del archivo histórico del Centro de documentación de la ONIC

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Álvaro Ulcúe Chocué   1943-1984 Foto Galería de la Memoria. Museo Nacional de los Derechos Humanos contra El Olvido y La Impunidad. Archivo histórico del Centro de documentación de la ONIC.

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Kimy Pernía Domicó  1950-2001 Archivo histórico del Centro de documentación de la ONIC Luis Evelis Andrade Casamá y Trino Morales Archivo histórico del Centro de documentación de la ONIC

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Trabajando en el Cric*

J u a n G re g o r io Pa l e c h o r

Palechor fue uno de los más importantes dirigentes indígenas de los años setenta y ochenta. Este indígena del pueblo yanacona del sur del Cauca se incorporó al Cric luego de haber pasado por el Movimiento Revolucionario Liberal (mrl), fundado y dirigido por el ex presidente Alfonso López Michelsen, partido del que se sintió decepcionado. A continuación se incluye un aparte de su libro autobiográfico realizado con la investigadora Myriam Jimeno.

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Popayán, 1980

[…] En esa época fue creado el Consejo Regional Indígena del Cauca, Cric. Ya desde esa fecha, desde el 24 de febrero nace el Consejo Regional Indígena del Cauca. A esa asamblea [se refiere a la Asamblea de Toribío, donde se constituyó la organización] que digo no asistí. Todavía no era conocido en dicha organización. Entonces, como hubo mucha persecución, el comité ejecutivo no tuvo mucho rendimiento en el trabajo. Estaban como del comité ejecutivo compañeros del centro, del norte. Como ya me habían conocido en el rendimiento del cursillo, entonces citaron otra asamblea para que se llevara a cabo en La Susana, también en el norte del Cauca. A esa me invitaron pues el compañero Gustavo** me conocía muy bien y dizque dijeron que había que invitar
* Fuente: Juan Gregorio Palechor: historia de mi vida (Jimeno: 2006, 168-192). ** Gustavo Mejía, no indígena, ex militante como Palechor del MRL y uno de los fundadores del Cric. Fue asesinado en 1979. [Nota del original].

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Juan Gregorio Palechor

al sur a Palechor, y algotros más; pero lo importante era que Palechor estuviera ahí porque me conocían como hombre decidido, hombre de lucha y algunas experiencias por los problemas que había sufrido, pues serviría de algo. Vinieron los compañeros y me invitaron. Yo les dije que no podía, porque pues, no era porque no me gustara la organización sino porque yo estaba totalmente decepcionado. Yo ya había dicho que no estaría en ninguna organización pública, por la decepción de la política del partido liberal y en especial del mrl, y que no quería nada. No quería oír nada de organización porque yo pensaba que de pronto era también para que se produjeran engaños, y que yo no quería estar más engañado. La asamblea de La Susana fue el 6 de septiembre del mismo año 71. Yo no asistí tampoco. Ahí se nombró nuevamente el comité ejecutivo, compuesto por otras personas. Desde entonces, a pesar de yo estar ausente, pues no fui, sin embargo la asamblea me eligió como secretario del Consejo Regional Indígena del Cauca. Entonces ya vinieron a informarme que estaba elegido, pues la asamblea me había elegido como secretario del Consejo o del comité ejecutivo. Yo no quería, porque yo no quería nada, nada quería y ¡no! Entonces los compañeros me convencieron, diciéndome que bueno, que asistiera una vez o dos, que si ya no me gustaba, pues que ya no siguiera. Entonces me tocó decir que bueno. Y el hecho de haber dicho que bueno, que sí iba a una reunión o dos, pues, de esa reunión ya llevo casi veinte años dentro del trabajo y no se acaban las dos reuniones. Sigo ahí porque lo que pasa es que el programa del Consejo Regional Indígena del Cauca es totalmente diferente a lo del sistema, a lo de los politiqueros. Y ya siendo informado de los siete puntos, dónde se iba a luchar, qué se iba a trabajar, pues era totalmente diferente. Y lo que más me llamó la atención, porque exigí y pregunté: «Bueno, ¿y esto qué tiene que ver con los políticos o con el Gobierno?». No, ya me informaron los compañeros: «Esto nada tiene que ver, ni con el partido liberal, ni con el conservador, ni los católicos, ni los evangélicos,

sino que esta es una organización indígena, que nosotros nos hemos propuesto organizarla, es de nosotros y que nosotros como indígenas debemos principiar a trabajar y a luchar por todos los derechos que se nos han arrebatado desde los siglos anteriores hasta la fecha. Entonces tenemos que recuperarlo». Yo indagando muy seriamente que en eso no intervenía ningún politiquero, entonces acepté y pensé que si eso se cumplía, pues tendría una razón concreta para hacerlo y sería una lucha que había que desarrollarse. En ese momento se pensó en que debía desarrollarse dentro del programa de los siete puntos, con la recuperación de las tierras; principiaron los compañeros del norte, con el trabajo de la recuperación. Entonces el Gobierno encerró a los cabildos de San Francisco, Toribío y Tacueyó y al compañero Gustavo Mejía. Los metieron a la cárcel, estaban en Toribío. Desde entonces yo ya estaba dentro del comité ejecutivo, como secretario, y fue donde ya principiamos a luchar para sacar a los compañeros de la cárcel y de todas maneras se logró sacarlos, porque eso se ventiló en la tercera Brigada. Desde esa época se nos asustaba y que de todas maneras un delito de esos, de recuperación de tierras, debía ventilarse en la tercera Brigada, o ya sea amenazados de Consejo de Guerra. Al principiar, dentro de la organización del Cric no estaban todos los indígenas; entonces a fines del 72, tal vez sería en 1973, resulta que los del Incora principiaron a ver que había muchos problemas en las zonas indígenas, en los resguardos, por el caso de tierras. Resolvieron que se hiciera un censo indígena. Entonces nosotros no queríamos, por el hecho de que se trataba pues del mismo sistema, de la misma gente del Gobierno. Pero nos pusimos a ver con todos los compañeros indígenas que de esa manera podía servir, pues a última hora lo aceptamos y se logró tener contacto con los demás indígenas, los demás resguardos, entonces el Cric fue creciendo. Resulta que como fue creciendo y a la gente le fue gustando, fue encontrando mucha razón. La organización rápidamente le gustó a la gente y principió a que se desarrollara el programa, por ejemplo, la

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Trabajando en el Cric

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Juan Gregorio Palechor

recuperación de las tierras y el no pago de terraje. Entonces, a mí me correspondió ser supervisor, supervisar la zona del sur, que comprendía los resguardos de Rioblanco, Guachicono, Pancitará, Caquiona y San Sebastián, con el fin de ver ellos qué opinaban con respecto a la organización del Cric. Ellos estaban totalmente y siguen sometidos a la politiquería, como habíamos hablado anterior. Entonces, como allá no hay terratenientes, pues casi no hay con quién peliar por tierra. Entonces dijimos que para el norte y para el centro había prioridad sobre el trabajo de la recuperación de las tierras y el no pago de terraje, porque principiaron a haber muchas demandas, muchos despojos de los terratenientes a los terrazgueros. Ya vimos que había prioridad al norte, al centro y a la parte del occidente. Los del sur no aceptaron en esa época de ninguna manera organizarse junto al Cric porque lo que pensaban era de que nosotros tal vez de pronto era un engaño o pertenecíamos a la política de la Reforma Agraria. Por eso no creyeron. Ellos siguen siendo liberales y conservadores. Ellos están pues digamos cerrados a la banda de que tiene que ser así. Claro que en cuanto al régimen administrativo de los resguardos, sí. Ellos tienen sus cabildos muy bien organizados y hacen respetar las comunidades. Para mí ya fue un trabajo durísimo, que me cohibía de hacer, por ejemplo, otros compromisos dentro de mi trabajo. Pasé sufrimientos, pasé mucha crisis por colaborar, pues en atender dentro de la organización. Mas sin embargo, ya dando cumplimiento a mis propósitos y que ese era un compromiso que yo había hecho con mi señora y mis hijos, que haría un esfuerzo, todo un esfuerzo para que si tenía diez hijos y de ahí para atrás los que tuviera, necesariamente mi promesa era de hacerlos estudiar, hasta que cada uno hiciera su bachillerato. Entonces en ese tiempo como no había recursos económicos y yo no tenía pues suficiente tiempo para trabajar en la artesanía, pero pues yo busqué tierra por ejemplo, para sembrar aunque fuera unas matas. Y me esforzaba mucho. Mis hijos pasaron bastantes trabajos; ellos no pudieron estar muy bien arreglados, muy bien vestidos, como lo hace pues digamos la gente que tiene su comodidad económica.

Había veces que a duras penas se conseguía para un parecito de zapatos y una pequeña camisa. Entonces yo tengo un hermano muy colaborador, muy prudente, muy honesto, muy consagrado también a la civilización del hombre, y sobre todo, los de la familia, entonces él me colaboró para que mis hijos hicieran los años primarios en la escuela donde él trabajaba, que era en la escuela de El Crucero, corregimiento de Rioblanco, municipio de Sotará. Mientras tanto, yo me la llevaba en el mejoramiento de la pequeña parcela, en el municipio de La Sierra. Cuando terminaron el quinto año de primaria de todas maneras ya se pensaba en el colegio, es decir, que había que principiar a hacer años de bachillerato. Pero como ya contaba anteriormente que todos los propósitos que yo traté dentro del Concejo no se lograron (como era la fundación del colegio), no habiendo más a dónde resolví salirme del municipio de La Sierra hacia el municipio de Timbío. Aunque de ahí, del municipio de La Sierra salí sin un centavo, entonces yo pensé que para educar mis hijos sería con el trabajo y que el trabajo sería el que me daba para el sustento de mis hijos y hacerlos educar. Fue la salida a Timbío. Habiendo hecho ya el primer hijo el cuarto bachiller, me pidió que lo pasara a una Normal. Entonces, lo pasé a la Normal del municipio de La Vega. Luego, el otro hijo dijo que lo pasara a la Normal de Varones de Popayán y eso me hizo también pasarme a Popayán, a hacer educar los hijos. El que pasó a la normal de Varones ya también se graduó. Y estoy pues luchando, por los otros dos que me faltan. Y eso es lo que me retuvo también en Popayán. De resto puedo decir que a mí no me gusta, digamos, estar en las ciudades o los pueblos, porque así sea que no les guste, me parece que el que está en la ciudad es el haragán, ¿no es cierto? Eso queda para los haraganes. Me gusta mucho la agricultura, me gusta mucho el trabajo material. De manera que aquí* me hallo bastante acomplejado, porque no estoy en mis
* Esta parte del relato fue registrada en 1980 cuando Palechor vivía en Popayán en una modesta casa que luego perdió, cuando fue invadida a raíz del terremoto de 1983. En ese momento, el trabajo en el Cric lo ocupaba completamente. (Nota del original).

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Juan Gregorio Palechor

labores agrícolas. Pienso que después de que terminaran estos muchachos, si la suerte me ayuda o tengo vida, me voy para mi campo. Porque ese es un compromiso que hice con la señora y con los hijos que ya se iban formando, que yo los haría educar hasta que hicieran el bachillerato. De ahí para adelante, si ellos tienen capacidad mental para pasar a una universidad ya es cuenta de ellos, de que ellos verán cómo se defienden, cómo trabajaban, hasta allí mi compromiso. De todas maneras ellos hicieron ese sacrificio y yo también. La mamá, muy honesta, los atendió a la medida de su capacidad, pero que sí fue una vida muy dura, y sigue siendo dura, porque todavía pues por el caso de estar dentro de la organización no tengo esa salida de buscar recursos económicos dentro de mi vida privada. Y eso me ha causado, digamos, el acabóse para mí. El caso de la salud, yo ya hoy carezco de salud, ya me he sentido muy agotado, muy enfermo. Yo no tengo la capacidad que tenía hace diez años, físicamente. Pero en este caso yo estoy muy contento porque el aporte de todo mi esfuerzo, todo mi trabajo, por una parte lo tengo en la familia, que sería el futuro de ellos, pero estoy contento porque he contribuido para la educación de ellos. De otra parte, la fuerza de trabajo que está a favor de la organización de los compañeros indígenas es como si yo estoy echando un capital a la alcancía, no para yo disfrutarlo sino para que disfruten los mismos compañeros indígenas. De manera que hasta la fecha, a pesar de todas esas consecuencias que anoto que he sufrido, yo estoy muy contento. Y me moriría feliz si los compañeros indígenas se liberan de todo el yugo que existe hace cinco siglos. Por parte de mi señora, ella me ha colaborado porque a pesar de tantas dificultades no se desanimó, como ya dije. Yo le tenía miedo al matrimonio porque uno asumía grandes responsabilidades. Pero como resulta que había mucha desigualdad en edades, ella era un poco más joven, pero logré educarla. Yo principié porque en todo sentido debía educarla porque yo sabía que dentro del proceso de la vida, el hombre debe tener su visión a corto y largo plazo, porque era inquieto. Yo no era que me quedara absolutamente durmiendo

en los laureles, sino que luchaba, trabajaba, opinaba, no dormía, me levantaba y pensaba muchas cosas, porque como no era estructurado eso era la escuela mía, eso era el colegio, lo que yo buscaba. Entonces logré educarla y ella sabe que hay una razón concreta por la cual ella también sufre esas consecuencias económicas, cual es el trabajo en la organización indígena. Yo pienso que el papel de la mujer después de que la mujer está educada y esté consciente de lo que en realidad hay que hacer dentro de la vida pública y privada, pues el papel de la mujer es importantísimo. Para mí ha sido muy importantísimo, dentro de todo el tiempo. Desde que me casé, hace 36 años, ella no ha puesto el primer problema, no lo he tenido por ninguna causa, y he tenido esa posibilidad de trabajar para mi hogar y la organización.
Las luchas del Cric y las tradiciones indígena

Bueno, en total, para continuar dentro de la organización del Cric, fue porque ya vi que las cosas eran totalmente diferentes. Se trataba de la defensa de una raza, de la defensa de una clase. De un organismo que buscaba la reivindicación de los intereses perdidos, como era la recuperación de las tierras, como era [el] no pago de terraje, me aclararon muchas cosas. Como yo había luchado digamos desde muchos tiempos atrás por buscar el cambio, por buscar otra clase de caminos, buscaba la vía del cambio social, del cambio político, del cambio administrativo. Que hubiera digamos una administración que le diera derecho al indígena, al campesino, al obrero, al estudiante, entonces pues yo ya resolví quedarme, me quedé, seguí trabajando. Así hubiera pasado dificultades o esté pasando dificultades, pero ya me quedé trabajando porque ya no era lo impuesto sino que era un proceso que se buscaba para adquirir el derecho del indígena hasta donde mis posibilidades físicas y mentales lo permitían. Consideraba que la defensa de la tradición, las costumbres, era muy importante en nuestra lucha. Consideraba que éramos sangre que no estaba llegada de otra

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Juan Gregorio Palechor

parte, [sino] una sangre pura, sin embargo el sistema lo hacía que uno se avergonzara. Por eso me quedé, pues ya me gustó esa lucha y muchas otras cosas, como la recuperación de las tierras. Viendo de que los compañeros estaban totalmente esclavos de los terratenientes, reconociendo que hacía cinco siglos que habían llegado los españoles y que por eso a pesar de ser dueños de la tierra los tenían esclavos, en esas condiciones me pareció muy bueno y por eso seguí trabajando y eso me hace estar aquí. El Cric está conformado por los resguardos de indígenas, a la cabeza los cabildos, pero los resguardos que tuvieron esa claridad. Yo hablo de que los resguardos más destacados, más visibles, más luchadores, más trabajadores, han sido los del norte, el centro, Tierradentro, y más consecuentes como líderes visibles han sido los compañeros de Puracé, compañeros de Coconuco, por ejemplo, Paniquitá. De los compañeros de Coconuco, de allí ya van dos presidentes del ejecutivo, que es el compañero Marcos [Avirama], que estaba en propiedad. Después de que llevaron a la cárcel al compañero Marcos, pues lo reemplazó el compañero Jesús Avirama*. Compañeros de Paniquitá también han tenido esa claridad, aunque pues ahora último no están muy cerca de nosotros, pero en cierta época colaboraron, impulsaron sin quedar por fuera los compañeros del norte, Tierradentro y el occidente, Chimborazo, Honduras, Aguas Negras. Compañeros del oriente, Jambaló, Guambía, en principio dentraron algunos pero tal vez por algunas causas que los obligó a retirarse. Algunos compañeros que se han destacado, por ejemplo, el compañero Manuel Trino Morales, que es una persona muy importante. Es una persona de bastante capacidad, de bastante valor, conocimientos que él ha logrado adquirirlos; muy honesto a pesar de que el enemigo le ha querido hacer críticas, pero no críticas constructivas. En realidad ha sido un hombre muy honesto, a pesar de eso han querido
* Esta parte de las conversaciones fue grabada en 1980, cuando algunos integrantes de la dirección se encontraban en la cárcel. (Nota del original).

acusarlo pues los de adentro y los de afuera, o sea ya los indígenas, los mestizos, bueno, en fin, pero ha tenido su gran prestigio. Compañeros de Jambaló, pues, hay algunos compañeros que han tenido claridad y compañeros de Caldono. Como han sido regiones muy engañadas, muy marginadas, muy sometidas a la politiquería, de todas maneras han sido muy trabajadores, sobre todo para la recuperación de las tierras se han organizado y están trabajando fuertemente. ¿Me pregunta que por qué algunos resguardos no han entrado al Cric? Yo estimo de que ha sido en los resguardos del sur y en algunos otros resguardos de acá del centro y de Tierradentro que están muy engañados por los politiqueros. Todavía están pensando en el sueño que les imponen los politiqueros. Todavía piensan en ser inspectorcitos de policía o piensan ser alcaldes o piensan que siendo funcionarios del Gobierno que es mucha honra, o mucho bien que llega así a su persona. Y otra parte es que en las zonas donde todavía no hay claridad, en el caso religioso o en el aspecto político, dicen que el Cric, la organización del Consejo Regional Indígena del Cauca, es un mal elemento, que es comunista y el comunismo va contra el clero, contra la religión. Y que los comunistas se organizan para formar cosas contra el Gobierno. Entonces nosotros vemos de que es que carecen todavía de conocimiento político-gremial. En cuanto algotras partes, por ejemplo, como el resguardo de Poblazón, que corresponde aquí al centro, pues hay unos pequeños propietarios que tienen tierrita, pero no la suficiente. Piensan que la organización les iría a quitar, porque el caso de que se recuperen las tierras, piensan que un indígena que tenga ya cien hectáreas, de que ese ya le irían a invadir. Entonces pues también falta de claridad; no entienden, ¿no es cierto? Es decir, una propiedad de cien hectáreas de tierra tampoco no se puede invadir, porque pues eso no alcanza para nada. Los que han existido dentro de la organización y luego se han salido, pues algunos han sido tal vez personas que tienen alguna parte de deshonestidad, ¿no es cierto? Algunas son personas que ya estaban

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acostumbradas también a mentir, igual que los politiqueros, a mentir igual que los terratenientes, a mentir iguales así a otras gentes que les gusta engañar a la gente para vivir. Entonces yo digo deshonestidad, pues que después de pertenecer a una organización tan importante que le considero la nuestra, pues se hayan salido por servir al sistema, recibir una inspección de policía o un empleo tan pequeñito que lo considero, como ser personero. Bueno, en fin, son cosas en esa forma, se han salido. Y otros porque pensaban que de un día para otro era que la organización iba a adquirir todo y que iban a volverse ricos también. De manera que entonces esas cosas han perjudicado. Otro punto, digamos, por el cual algunos compañeros se han retirado, ha sido también porque han sido engañados de grupos políticos que están muy interesados en llevarse los valores y la fuerza de trabajo de la organización. Y como la organización no le podía caminar pues también nos los han sacado engañados, diciendo que yéndose con ellos, que entonces ya conseguirán todo, y que los que están en el Cric pues ya no son gente que está reclamando los derechos sino que también nos han calificado, pueden calificarnos como burócratas con el sistema. Entonces, todas esas cosas se han dejado creer, y se han retirado. ¿Cuál ha sido el papel de la mujer en la lucha de la organización? Pues todavía ha sido muy difícil de concretar más a fondo, por el hecho de que existe todavía lo impuesto. Por ejemplo, dicen que la mujer es inferior al hombre y que porque es inferior al hombre tiene que estar bajo su dominio, el dominio del hombre y lo que diga el hombre. Y allí está infundido lo que yo hablaba anteriormente, el caso que existió un paraíso terrenal y que ese paraíso terrenal, pues allí puso Dios a Adán y luego para formar la mujer le sacó una costilla y que de esa costilla era hecha la mujer. Y que luego, pues como Eva fue la que pecó, pues entonces ella tendría que sufrir todos esos castigos, es decir, más aún, para siempre. Que eso era un pecado original, que quedaba en la gente, sobre todo para las mujeres y para los hombres también. Entonces todas esas cosas le infunden allí; se mete también lo que se llama la religión diciendo que solo la pecadora es la mujer o la mujer. No le hicieron

conocer al ser humano en realidad las cosas como son. Le han tapado esa educación que debía tener la persona, o sea, la mujer y el hombre en que ambos son seres humanos, ambos sexos tenemos derecho a la vida. Entonces existe esa complejidad de inferioridad y eso ha sido el motivo para que todavía no es muy visible dentro del trabajo de la organización; pero para nosotros ha sido el papel que ha desempeñado la indígena muy importante (a pesar de sufrir todas esas cosas que ya anoté, porque se le ha dado valor al hombre), es decir ha colaborado mucho. Ellas en la época de la recuperación de las tierras se han enfrentado con la policía, han recibido garrote, han seguido recibiendo carcelazos. Las señoritas, por ejemplo, así les dieran garrotes o patadas, también han contribuido, entre esas Rosalía Jesús. Entonces considero que el problema de que no desempeñe un papel más avanzado la mujer consiste en que nosotros mismos, los hombres, nos hemos dejado sugestionar de la inferioridad, pues no la estamos educando. Yo considero de que nosotros debemos educar a la mujer. La mujer necesariamente necesita educarla. Educarla no quiere decir que la educación sea hacia el sistema que nos han impuesto; enseñarle a escribir y a leer, eso debe saberlo. Pero lo más importante que buscamos, el cambio; buscamos recuperar nuestros derechos perdidos y en este sentido debe contribuir la mujer. Y nosotros no la hemos educado en ese sentido, pues parece como si no estuviera colaborando, no contribuyera. Pero la mujer consciente, la mujer que medianamente se ha ido educando, pues es consciente de lo que se está haciendo. Por ejemplo, el caso mío. La señora mía no salía allá a echar garrote. No sale a echarle piedra a los enemigos en las recuperaciones de tierra, ni tampoco pues va a las reuniones. Pero ella tiene un compromiso, es decir, dentro de la parte educativa es de que ella tiene un compromiso con mi persona, y me contribuye cuando me toca salir a la lucha, y ella se entiende con las cosas de la casa, porque ha hecho parte de una pequeña educación que le he dado. Creo que nosotros siempre hemos mejorado, que poco a poco, des-

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Juan Gregorio Palechor

pués de educar a la mujer, debe participar en los actos de los cuerpos organizativos, ya sea en la dirección. Pero vuelvo y repito, lo que falla es la educación. La mujer de todas maneras tiene que educarse, muy bien educada. Tiene que saber de dónde viene, a dónde está y para dónde va, ¿no es cierto? Yo quisiera anotar que eso es un proceso largo. La gente, las mujeres sobre todo, tienen que aprender a conocer todo el proceso de lucha. Toda acción en el campo de la lucha, en el terreno, entonces vemos que todavía, como yo decía, le falta educación, le falta capacitarse más. Entonces con ese complejo de inferioridad impuesto, la maquinaria de la gente explotadora, de terratenientes y de sacerdotes, les inculcaban tantos sustos, pues que el diablo se las llevaba, toda esa vaina; entonces todavía falta, pero sí consideramos que en poco tiempo la mujer será muy útil a nivel ejecutivo. Antiguamente, que yo conozca, no ha habido mujeres en los cabildos. Pero ya hablándolo en plata blanca, y en la adquisición de conocimientos individuales de las mujeres, reconozco de que sí hay gente que podría servir para esas cosas. Porque yo me recuerdo que en la lucha de los diez años, en el resguardo de Guachicono* las mujeres desempeñaron un gran papel. Y hay mujeres muy importantes y más capaces, de más valor físico, de más valor mental. Más fácil para dominar, más fácil para entender las cosas y de todas maneras, veo que sí, la mujer es muy importante. Desempeñaría un gran papel si la lleváramos bien dentro del cuerpo de los cabildos. Eso no chocaría con las tradiciones de los indígenas siempre y cuando que la persona esté educada. Chocaría si no está educada. Si piensa que es la que va a mandar, la que va a ordenar, pues eso es difícil, porque yo entiendo también y me ha tocado ver que la actividad de la mujer, en veces, por poca cosa, se sulfura. En cosa poca pues se sulfura, se disgusta o hace cosas muy violentas. En ese caso hay que estar educado. En lo de las tradiciones de nosotros me he propuesto, y otros también lo hacen, investigar a fondo y comparar el funcionamiento de la
* Se refiere a la lucha de los años treinta por defender un terreno del resguardo.

medicina. El funcionamiento del organismo, de la medicina indígena tradicional con el funcionamiento de la medicina moderna. Considero que la medicina más importante y que se debe llevar a efecto y que nunca debe olvidarse el hombre humano, o el ser humano, es la medicina vegetal. Porque dentro de las experiencias que tengo veo que cuando uno toma, por ejemplo, una medicina contra una enfermedad, si toma la medicina vegetal, si no le hace efecto, si no le hace provecho para la enfermedad, no le hace [tampoco] mal. Pero en la mayoría de los casos, eso es más certero, es más seguro la medicina vegetal. En cambio, cuando uno usa la medicina moderna, o lo que llaman medicina química, porque ya es procesada, aunque sea extraída de algunas plantas, pero como es procesada me parece pues no muy efectiva. Me parece que es una cosa que contradice el organismo, por el hecho de que esa medicina puede que le haga provecho, o puede adquirir mejoramiento, o una pequeña calma en la enfermedad que le va a combatir con esa medicina. Pero resulta que si le hace bien, le da una calma para dicha enfermedad, le hace mal para otras enfermedades, es decir, que se le congestiona el organismo. Entonces no estoy de acuerdo en la medicina química, porque veo que se congestiona el organismo. Pienso que lo fundamental es seguir continuando la defensa de la costumbre de la medicina tradicional en ese sentido. Porque hay otro caso que me doy cuenta y es que si uno acostumbra por ejemplo, una medicina química, de todas maneras le va obstruyendo, como dije, el organismo y se le van produciendo otras enfermedades que nunca han sido vistas en el ser viviente, en el ser humano. Yo pienso que esos son productos de tomar o utilizar la medicina química. Está el caso de la planificación familiar. Yo opino que pues son intereses impuestos; casi que yo no sé de dónde venga, digamos, ese invento de la planificación familiar. Yo pienso que ese invento de la planificación familiar venga de afuerita; como yo digo de afuerita, porque por ejemplo Norteamérica o Estados Unidos ha sido un país muy interesado en apoderarse de los países suramericanos, para

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tenerlos bajo su dominio y a última hora pues ha regado mucho capital, pues yo pienso que de pronto sea para apoderarse de hasta de los territorios. Pienso que esa planificación familiar es para que no haiga mucha gente, para que los gobiernos de estos países no pidan tanto crédito, tanto préstamo o para que no haiga tanto problema. Oigo decir a la gente que no hay que tener hijos, o unos poquitos, unitos, dositos, viendo que los pueda educar. Y yo creo que no es porque no los pueda educar, sino que esa producción les haría falta a los explotadores. Un padre de familia, sea honesto y quiera educar a sus hijos, eso pues no va a salir para otra parte, sino que se queda pues fregado, de todas maneras invertido dentro del mismo terruño, dentro del mismo país y no sale pues para los Estados Unidos que es donde más acaparan la plata, ¿no? Hay otra cosa y es que, para planificar deber ser por intermedio de unas pastillas, de otros remedios, ¿qué será que les ponen a las mujeres? Un aparato que ponen en el otro aparato quesque para que no tengan hijos. Entonces yo pienso que esas pastillas son las de esterilizar el organismo de la gente, y que si salen hijos pues salgan idiotas útiles, es decir, idiotas, es decir, que no sirvan para nada. Porque eso es lo que le interesa al enemigo de la clase proletaria y a otros países de ese invento, pues sea de esterilizar a la gente y volverla un personaje que no sirva para nada, o que quede al servicio de un capitalismo. Entonces en ese sentido, no. Pero hay otros problemas inmediatos y que es que la persona, por ejemplo, siempre se ha visto que las mujeres ya se alegran para no tener ese problema, que les duela para tener los hijitos. Pues usan esas pastillas, pero resulta que cuando las dejan de tomar, pues, o se descuidan, entonces, cuando se acuerdan es que salen con dos o con tres, entonces eso es un problema que congestiona, es decir, lo considero como una cosa muy mal hecha. Luego entiendo que esteriliza la sangre, esteriliza el organismo. Y no soy partidario de que se utilice lo químico para la planificación familiar, y es por el hecho de que yo digo que les esteriliza la sangre o el organismo. Porque es la misma cosa de los fertilizantes, la producción

agrícola. Como ejemplo, si uno compra abono químico que es procesado, para la siembra de las matas, resulta que la primera siembra hace una buena cosecha; en la segunda, le echa el mismo abono pero ya se le da menos. En la tercera, le echa más abono pero se le da menos producto, ya menos cosecha tiene. Luego después de eso, ya no se da nada. Entonces el abono químico ha esterilizado totalmente, es decir, que ha acabado con la capa vegetal, que ha acabado con la capa orgánica, después no se da ni rabia. Eso queda convertido en tierras áridas que absolutamente no se da nada. Tienen que dejarla unos diez o veinte años para que principie a crecer nuevamente la capa vegetal para la producción. En las mismas condiciones, creo que el abono químico en el organismo del hombre, lo obstruye, lo termina, lo acaba y termina en quedar una raza, una familia degenerada. Lo que sí creo es que necesariamente un Estado, un gobierno, para la planificación familiar, o un hogar, debe ser diferente. Debe tener educación porque no debemos hablar lejos, no podemos hablar de lo que no conocemos, sino de lo que conocemos. Yo conozco que en cuanto a la vida en el contacto directo entre el hombre y la mujer hay mucha ignorancia en eso, no está educada la gente, no estamos educados, y por eso es que existe mucha familia; porque no estamos educados en ningún sentido y de que de esa mala educación existe en los amantes.
Los politiqueros, estatuas de paja

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Yo no me hallo totalmente enemigo de las personas, sino enemigo del sistema, la forma del desarrollo de la política, ¿no es cierto? Porque de ninguna manera he visto el mejoramiento hacia los pueblos marginados, a los pueblos menos favorecidos, la ayuda de los politiqueros. Estoy muy descontento por el hecho de que los discursos que dan; por ejemplo, en los pueblos más ignorantes ofrecen muchas cosas. Ofrecen digamos el mejoramiento, el cambio, toda esa vaina, y como la gente está totalmente ignorante, la tienen ignorante, les hacen caso. La tienen sometida que si no vota, por ejemplo, por el partido liberal o por el partido conservador, pues que de todas maneras ya se van

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a quedar sin gobierno y sin ninguna ayuda; entonces la gente al oír esos discursos, dice: «Ah, este señor sí que habla bien, vamos a votar por si acaso. No es que nosotros seamos liberales o conservadores, pues vamos a votar», así sepan que los mismos jefes liberales a nivel departamental vayan a la Cámara de Representantes o al Senado, y hacen leyes al gusto de ellos, y que las leyes que hacen ellos es a favor de ellos mismos. Entonces, después le agregan diciendo que después de que forman esas leyes, le llaman que eso es la reforma de la ley, la Constitución y que entonces que ya es una Constitución del pueblo. Yo pienso que la Constitución debe formarse de una ley, de un gobierno de acuerdo a todos los problemas que se presentan en un país y que hay que solucionar estos problemas. Y eso no lo hacen, sino una conversa que engaña a la gente. Y por eso es que en ese sentido aquí en el Cauca se ha hecho visible, por ejemplo, un señor de nombre Víctor Mosquera Chaux, que ha tenido esa posibilidad de engañar la gente, de someterla. Y que el pueblo es tan ingenuo, incluyendo a algunos intelectuales del mismo Popayán, o de las regiones, como por ejemplo, así sea gente del municipio de Santander, del municipio de Bolívar, o así de otros pueblos, pues se le van arrimando, se le van arrimando, que porque él les ofrece unos puesticos, y en realidad a algunos les dan, pero a los otros no les da puesto sino que les da por la nalga. Sin embargo, no cogen experiencia, ¿cierto? Me acuerdo tanto, por ejemplo, uno que trabajó en la política del mrl y tanto luchaba contra Mosquera Chaux; pues resulta que un día cualquiera, cuando amaneció pues que se le agregó a Víctor Mosquera Chaux, le mendigó la voluntad a Mosquera Chaux. Entonces eso hacía que esa gente que estaba con ese señor se metiera también por allí, engañada. Pero a ese señor después de que se le entregó a Mosquera Chaux, este lo separó, no le ayudó en nada, y de todas maneras lo tiene por fuera de las puertas. Entonces quiere decir que esa gente intelectual también, es decir, algunos intelectuales carecen de capacidad política, porque uno a pesar de ser ignorante, cómo se va a estar entregando de patas y manos

a un político de esos, sabiendo que esa es la forma de engañar a la gente. Entonces, en ese sentido se han hechos famosos, el tal Víctor Mosquera Chaux se ha hecho famoso, sin trabajar, sin colaborarle a nadies. Ahora, por ejemplo, la ayuda a los pueblos pues no se ve. Los trabajos son netamente elaborados por el mismo pueblo, por ejemplo, la fuerza de trabajo de la acción comunal, con mingas, toda esa vaina. El individuo yo no sé por qué causa engaña a la gente. Y hay gente que se entrega; yo pienso que ¿cómo es que se dejan mangoniar de un cacique con toda esa clase de mentiras? ¡Qué vergüenza para el Cauca! Sí, ¡eso es una vergüenza! Que un individuo que absolutamente no le ha servido a su pueblo, a su patria chica, que no es sino sentarse como un rey no más donde está sentado y allá le van a aparecer las gentes, a mendigarle voluntades. Pues esos son los que han subido allí a ese señor. Entonces es una raza, es una familia de tradición. Pues porque este viejo, como es que se llama... Tomás Cipriano de Mosquera, pues ocupó la Presidencia por algunos períodos, y que ya pues había que tenerle fe a esa descendencia que es Víctor Mosquera Chaux. Pero conseguir con la política de Mosquera Chaux no se ha conseguido nada; porque sobre todo en las zonas indígenas, en virtud de que hubiera estado defendiendo su gente, que vota por él, está haciendo lo mismo que hizo con el señor de que hablamos, dándole patadas, dándole garrote, dándole puños. De manera que entonces, eso es un engaño que le hacen a la gente. Es un engaño vitalicio de jugar como se dice, el gato con el mísero ratón. Con respecto al Cric, son los politiqueros [los] que están totalmente en contra. Son los politiqueros que están demasiadamente encarnados hacia su politiquería y nunca defender a los indígenas. A los indígenas los engañan diciendo por ejemplo, ahora, que ya les van a dar carretera, y les van a dar puestos de salud, les van a dar tierra para trabajar. Pero en carácter de mi persona yo veo que eso es buscando nuevamente agrandarse politiqueramente y luego, pues tomarse el

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poder, tomarse los mandos administrativamente, politiqueramente y luego a perseguirnos peor. En ese sentido, para mí los politiqueros es como colocar un cero a la izquierda. En el sentido de que como de ninguna manera se les ha visto trabajo a favor de los indígenas, a favor de los campesinos, a favor de los estudiantes, a favor de nadies… es como quien construye una estatua que no sirve sino para verla, pero una estatua que se construye, una estatua de paja. Que esa estatua de paja de todas maneras no sirve sino para verla. No es ni siquiera que sirva para recostarse porque va y se voltea. Entonces, digo que es una estatua de paja, es decir, de mentira, de engaños ante toda la sociedad campesina e indígena; lo que busca es terminar con nosotros como indígenas, terminar con nosotros como organización. Entonces para nosotros lo que dicen todo es paja.
¿Por qué una organización de indígenas?

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Los indígenas han hecho como personas, lucha por sus intereses, pero es necesaria una organización para formar líderes. Si solo depende de un caudillo, se muere y todo se acaba. No estoy de acuerdo en uno que mande a todos. Para una lucha reivindicativa hay que educar a su grupo étnico; por una parte, una sola persona, si lesiona intereses o la asesinan o la encarcelan, todo se acaba. Fue el caso de Manuel Quintín Lame. En cambio, si se educa y se organiza y no está comandado por un caudillo, todos conocen lo que se hace, cuando asesinan un líder o lo encarcelan, la lucha sigue de todas maneras. En el caso de Guachicono y otros, se han perdido costumbres tales como la lengua. Pero entonces luchamos para que no se extingan las tradiciones y costumbres porque eso es lo que quieren el Estado y los mestizos. Los paeces siempre se han considerado indígenas, pero ven que les quitan el derecho, la razón y sus tierras. Los yanaconas, nosotros, nos reivindicamos como indígenas porque a pesar de perder la lengua, todavía tenemos el cobijo indígena: nos gobierna el cabildo y estamos en resguardo, bajo la Ley 89 de 1890. A pesar de haber perdido costumbres, pensamos que si no

nos organizamos nos extinguen. Pero queremos sobrevivir, estamos honrosos de sentirnos indígenas todavía. Somos de propia raza, nos consideramos de sangre totalmente indígena. Entre 1989 y 1990 han ocurrido varias asambleas en el Macizo Colombiano para reivindicarse los cinco resguardos del sur del Cauca, que son Rioblanco, Guachicono, Pancitará, Caquiona y San Sebastián. Todos son de la zona del Macizo Colombiano. Estamos pidiendo una mejor educación. ¿En qué forma? Hacer completa la primaria y crear colegios agropecuarios y de artes industriales, que se tenga en cuenta el mejoramiento de la región, la cultura, en el caso de volver a recuperar tradiciones y costumbres. Como también pedir al Gobierno se nos dote de tierra suficiente para ampliar los resguardos o crear resguardos en la Bota Caucana; el Gobierno está comprometido a solventar colaboración económica y social hasta que los resguardos tengan producción para poderse sostener. En adelante, le corresponde al Estado responder por estos asentamientos, pues en el Macizo no hay terratenientes. En la Bota Caucana se pueden crear resguardos; en Rioblanco se puede ampliar, porque ese sí tiene tierras aledañas. Este movimiento no ha pedido asesoría al Cric, pero tiene su propia organización, que es nueva. Sobre el origen de los cinco resguardos, está en discusión. Hay un nombre que nos dicen: yanaconas, pero no tenemos otro conocimiento pues es por el historiador Juan Friede. De niño nunca se hablaba sino de que éramos indígenas; era cierto porque estábamos bajo la Ley 89 de 1890, pero no se decía ningún nombre de grupo étnico, no había conocimiento de la sobrevivencia de otros grupos étnicos, no sabíamos del Putumayo, de los paeces o de los guambianos. La gente en comienzos del siglo se dedicó a la producción y no conocía nada más. Entre los resguardos del Macizo sí nos conocíamos, pero las reuniones se hacían en cada resguardo. A fin de cada diciembre de todos los años, se nombraba cabildo por voto popular. Votaban los varones mayores de quince años. El gobernador citaba a toda la comunidad en una fecha, por lo general

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Juan Gregorio Palechor

el 25 de diciembre, día de Pascua, para elegir el cabildo. Salían los electores con sus mujeres y sus hijos. El cabildo que había aclaraba la forma en que debían depositar su voto. El voto era dando su firma o haciendo una raya por el que quería votar; las mujeres no entraban en eso. El primero de enero se posesionaba el nuevo cabildo ante el inspector que lo juramentaba y ese día daban el informe y los que salían entregaban por medio de un acta; no había ninguna ceremonia especial, ni fiesta. No teníamos varas* como otros. La gente era celosa y no dejaba arrimar mestizos; el cabildo siempre defendió la tierra. La creencia era defender la tierra y hacer cumplir la ley. El cabildo se encargaba de oír las peticiones de los comuneros que no tenían tierra y el cabildo tenía que buscar dónde había un indígena que tuviera bastante y no la explotara y la adjudicaba al comunero. Claro que había y sigue habiendo peleas por linderos; el uno quiere pasársele al otro y quitarle tierra. Allá no ha pasado que algunos acapararan mucho. Claro que sí hay algunos que tienen más, pero no es como en otros resguardos que algunos han sido vividores y le han quitado a los más débiles. Otra obligación del cabildo era, cuando discutían por linderos, hacer inspección ocular y decidir. Siempre era y sigue siendo respetado. Había migración desde que recuerdo. Los jóvenes no tenían cómo trabajar y se iban al Valle, Antioquia, Caldas, como jornaleros. Unos volvían y otros se quedaban por allá. Las mujeres eran las que más se iban. Querían rebuscar y estar bien presentadas. Otra cosa importante del cabildo era hacer los caminos de herradura. Eso se hacía por medio de mingas o se le ponía como obligación de las personas. La minga es la conglomeración de indígenas a trabajar en una cosa, por ejemplo un tramo de camino. Los indígenas llevaban su herramienta y las mujeres iban a cocinar: sopa de maíz o caldo de papa. Todos mambean pero tomaban chicha y no otro
* Se refiere al uso de un bastón o vara que simboliza el rango de miembro del cabildo indígena, costumbre existente entre paeces y guambianos.

licor. Había músicos de flauta y tambora que acompañaban el trabajo. Llevaban los niños para que se fueran acostumbrando a trabajar. En la tarde todos se iban a la casa. De mí mismo creo que soy persona que primero pienso. Veo primero dónde está el daño y dónde la componenda. Después hablo y me siento que cumplo el liderazgo de enseñar. Soy pasajero y el mundo sigue caminando. Pero hay que dar buena orientación, para no andar para atrás. Si me hubieran enseñado algo hubiera podido hacer más. Por eso reclamo al Gobierno; esa es la rabia de Palechor. ¿A qué le tengo miedo? A caerme de mis propios pies. No he sentido miedo porque me he confiado de mi trabajo. Cada paso lo he pensado.

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Trabajando en el Cric

Mis inicios en el movimiento indígena:

ya me había ido pero pensé solidarizarme*

L o re nzo M u e l a s H u r ta d o

Lorenzo Muelas Hurtado es uno de los dirigentes más importantes del movimiento indígena colombiano del presente. Activo defensor del medio ambiente, fue constituyente en 1991 y senador de la República.

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Mi papá tenía mucho miedo. Decía que los terratenientes tenían mucho dinero, abogados, tenían toda la autoridad y pensaba que era casi imposible ganar las tierras. Decía que por qué no más bien comprar tierra en otra parte, buscar la vida en otra parte. Tenía miedo, no solamente de que encarcelaran, sino de que mataran. Porque él decía que por allá en el año 1945, cuando recién entró Mario Córdoba, cuando empezó a quitar las tierras en ese entonces, él quiso ayudar a organizar a la gente para no dejárselas quitar. Pero que el terrateniente se dio cuenta que mi papá estaba hablando sobre ese tema, y un administrador de nombre Pedro Roa lo llamó allá, lo llevó allá solo y le pegó una insultada bien fea. Entonces cogió mucho miedo a raíz de eso. Por eso él decía que los blancos, con todo el poder que tienen, podían hacer un daño muy grande a los indígenas, que él no quería ver eso, y que era bueno que recuperaran las tierras, pero que
* Fuente: La fuerza de la gente. Juntando recuerdos sobre la terrajería en Guambía, Colombia. (Muelas Hurtado y Urdaneta Franco: 2005).

las consecuencias serían muy graves. Por eso él no quería meterse y por eso no [me] acompañó. Yo como estaba en Mondomo, siempre para venir de allá a Silvia en ese entonces era difícil, sobre todo porque yo no tenía dinero, y eso siempre sabe tener unos costos para ir y venir, entonces se necesitaba algún dinero en el bolsillo para moverse. Como allá yo todavía no tenía sino escasamente para sobrevivir, no me daba mucho margen para salir. Por eso no pude venir así inmediatamente cuando empezó la lucha. Pero como quería acompañar, ya después no me resistí y vine. La gente estaba luchando. Unos ya estaban en la cárcel, y otros se reunían mucho. Yo no conocía a Javier Calambás, y en algún momento lo encontré en el parque de Silvia. Nos saludamos y hablamos allí. Él me explicaba la forma como el movimiento indígena se estaba organizando y querían recuperar en ese momentico. Decía que la tierra siempre fue de los indígenas, de nosotros; que hoy está en manos extrañas y que los indígenas teníamos que recuperarla. Decía que no era cualquier cosa la lucha de nuestros antepasados, de los abuelos y de los padres, que todo el esfuerzo que hicieron no fue cualquier cosa, que había que rescatarlo y que eso solamente la gente podía hacerlo. Que había que luchar. Entonces me pareció que todo eso era importante. Yo seguí hablando con él, quería ingresar, ya por ahí me fui arrimando, arrimé también a la empresa de Chimán, quería participar, arrimé a varias charlas y por ahí empecé. Pero mi papá no quería que me metiera. Él realmente tenía miedo. Veía todo el poder, la represión que se podía desatar contra los indígenas, y decía que antes que él muriera no quería ver alguno de sus hijos muerto. Esa era su consigna. A mí me decía una y otra vez: «Pero si yo le di una tierra en Mondomo para que viva ahí, trabaje ahí, viva de eso; ¿qué necesidad tiene de venirse a meter aquí a que nos molesten, qué necesidad? ¡Vaya trabaje allá!». Yo no obedecí a mi papá en ese punto, no lo acaté. Siempre recordaba a Luciano Muelas, a Carlos Muelas, todos los esfuerzos que hicieron. Ya en ese entonces Javier Calambás nos habló del título extra

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juicio 1051 de 1912, y me dio una lucecita de que fue ¡muy importante en ese entonces! Y que era increíble que desde entonces nosotros hubiéramos perdido ese derecho a tener la tierra. Me parecía que habían sido muy importantes las luchas de esa época y también lo que queríamos hacer en ese momento. Yo no quería quedarme por fuera. Entonces, como los terrajeros del Chimán venían organizándose para recuperar nuestras tierras, con el apoyo de la gente de la comunidad y de la cooperativa de Las Delicias, volví para apoyar a la gente. Ahí fue que, no solamente yo, sino todos: Jacinta, Pedro, Bárbara, que estaba estudiando, muchachita, Faustina, Manuel, ingresamos. No sabíamos cuándo finalizaría, sabíamos que era difícil, nos encontrábamos contra la muralla, pero queríamos hacerlo, así nos golpeara. Los terratenientes y las autoridades del municipio tenían un gran interés en no dejar levantar la fuerza del movimiento indígena y por eso trataron de aplacarnos, de apagar la llama por completo. Por eso hubo una época muy difícil. Recuerdo un día en que todos fueron a parar a la cárcel. Muchos guambianos del resguardo que vinieron a solidarizarse, ellos también fueron a parar a la cárcel, además de los terrajeros. Recuerdo a María Antonia Trochez, la mamá de Javier Morales, una mayora de más de ochenta años, una viuda, anciana, nacida y criada ahí, fue a parar a la cárcel por el solo hecho de estar trabajando en su parcela, por el solo hecho de seguir insistiendo que era su parcela, pues no tenía más de dónde vivir, de qué vivir, a dónde ir. Mi mamá también, Jacinta, todos los de la casa fueron a parar en la cárcel. Mi mamá fue a la cárcel solamente porque nos apoyaba moralmente. Ella ni siquiera estaba en la parcela, no había ido al trabajo y, abusivamente, nos la cogieron en la casa en Silvia. La policía hizo barrida una tarde, una recogida en la casa, por orden del terrateniente y del alcalde de ese entonces, que yo recuerdo, tengo en la memoria, que se llamaba Jorge Rengifo, quien apoyaba fuertemente al terrateniente. Y se la llevaron a ella también y la encarcelaron junto con los demás en la cárcel de hombres de Silvia. Ni siquiera en la cárcel de

mujeres, sino juntos en el mismo patio, en los mismos salones de la que llamaban Cárcel de Hombres del Circuito. Como en ese entonces a todos nos calificaban de comunistas, guerrilleros, influenciados por otras gentes, a mi mamá, una anciana, simplemente porque estaba con nosotros la llevaron con la acusación de «invasora». Ellos lo llamaban ocupaciones de hecho, invasiones. Por esa acusación, Jacinta, Faustina, Luis, casi todos todos estaban en la cárcel. Yo fui el único que me escapé porque no estuve en el momento de la barrida; por eso pude de alguna manera tratar de buscar un abogado y la presión de la fuerza de la comunidad haciendo manifestaciones de protesta, para poder sacar a estas personas que estaban en la cárcel. También me tocó ver morir de física hambre a Cruz Calambás. El hombre era trabajador, pero pobre, porque todo el tiempo fue terrajero, y un terrajero no tiene ninguna posibilidad de levantarse económicamente, ni para la subsistencia. A él le hizo un lanzamiento el terrateniente Aurelio Mosquera, y mientras lo tenían en la cárcel, los pocos cultivos que tenía los destruyó la policía. Incluso utilizó a los mismos indígenas terrajeros que todavía estaban aliados a su lado para destruir. Lo que ya estaba maduro, lo recolectaron y lo distribuyeron; el resto de los productos lo trajeron a Silvia y lo repartieron también entre los pobladores, como si fueran suyos. Los verdaderos dueños estaban en la cárcel y otros estaban aguantando hambre, y el terrateniente, solamente por someter, por dominar, por humillar, hizo esa destrucción. Este Cruz Calambás quedó con los brazos cruzados; no tuvo absolutamente nada de qué subsistir. Algunos meses después murió de física hambre. No hubo ayuda, nadie decía nada, nadie apoyaba nada. El alcalde estaba en contra, el cura igual, los gamonales del pueblo lo mismo, el cabildo de Guambía de ese entonces también estaba en contra. No había nadie que diera la mano. Por eso lo vi morir de hambre y tuvimos que recolectar para su entierro. Jacinta recuerda también la muerte de este compañero:
En 1974, Cruz Calambás murió. Él siempre se alimentaba del jornal y de

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Mis inicios en el movimiento indígena

lo que producía, y como le quitaron la cebolla y tampoco le daban trabajo, de pensar mucho él murió de pena moral. Cuando estaba enfermo de muerte, estaba de gobernador Anselmo Muelas*, al que le decían el Bimbo. La mañana del lunes Cruz murió y el martes tuvimos una reunión con el cabildo, y los que nos iban a expulsar de la casa de Fundación Mosquera estaban con don Aurelio y el alcalde, en el Concejo Municipal de Silvia. Vinieron todos los cabildos. Era el día de la sacada. Yo tenía mucha rabia. Como eran lanzados, no tenían nada, y murió. Entonces decidí pedir limosna para el entierro y, para ver qué hacía, primero pedí al gobernador. Yo le dije así en público, en castellano, ante los abogados, los policías y todo el mundo, los que eran lanzados y los que iban a lanzar: «Del sufrimiento, de pena moral murió, y aquí está la mujer, aquí están los hijos pequeños, que llaman Antonio y Ramiro, aquí están, vean, mírenlos. Ya murió y para el entierro nos tienen que dar limosna. Recolecten y dennos». Dije que no hay con qué hacer el entierro, y Aurelio estaba ahí 
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sentado. Nuestra gente, el gobernador, no nos dio. Aurelio se levantó ligerito y me dio cincuenta pesos. La limosna no la recibí yo, sino la hice recibir por la viuda y los niños. Esos cincuenta pesos de Aurelio serían como hoy veinte mil; le habrá servido algo. El ataúd lo dimos nosotros, me acuerdo que lo dio Lorenzo, y lo enterramos. El patrón nos dio, pero el gobernador que era de nuestra gente no nos dio. Como tenía rabia nos quería ayudar a echar, por eso sería que no nos dio. Cruz era el que más le había trabajado todo el tiempo al patrón.

A finales de 1972, Cruz había peleado mucho junto con los demás para defender sus derechos. Se dirigió al Incora, a la Procuraduría, a la prensa, para lograr divulgación del problema y apoyo; pidieron que se hiciera reforma agraria en esas fincas, que el Incora comprara. Pero de nada sirvió. Cruz murió de pena moral y de hambre. Su muerte quedó registrada en la prensa nacional. Fue a finales de 1972 que se dio la persecución implacable contra el movimiento indígena que se estaba desarrollando. Ellos veían que
* Gobernador del Cabildo de Guambía en 1974.

se estaba creando una alternativa para los indígenas del Cauca, y las autoridades del departamento, del municipio, al igual que las autoridades nacionales, no querían que surgiera. Eso fue en esa época. Yo veía esa gran injusticia y recordaba toda la historia de explotación tan inhumana que sufrimos como terrajeros. Pusieron a trabajar gratuitamente a nuestros abuelos y a nuestros padres por tanto tiempo, los explotaron, y por último éramos sacados a la fuerza, encarcelados, incendiadas las chozas, destruidos los cultivos, destruidos los utensilios, quitadas las herramientas de trabajo. Y de ver tanta humillación, tanto sometimiento, tanto abuso que cometían con los terrajeros, mirando todos esos problemas, pues eso me ha hecho fortalecer mi decisión de integrarme al movimiento indígena, de solidarizarme con mis hermanos, con otras gentes, con otros terrajeros que allí sufrían, que no tenían qué comer, que deambulaban por las calles porque no había nada qué hacer. Pensé que frente a esta injusticia yo tenía que meterme ahí, involucrarme también en el problema. Entonces mi integración fue, primero, porque fui terrajero, y segundo, porque vi con mis propios ojos esa gran injusticia con extraños y con mis hermanos de sangre que también estaban sufriendo las mismas consecuencias. Pero no pensé que me iba a encontrar un camino tan largo. Como el movimiento indígena no era fuerte, decidí contribuir para empezar a hacerlo en esa región. Gente había, deambulaba por todas partes, pero no había una organización, no había lo que hoy llamamos la concientización. La mayoría de los indígenas no hablaban de la recuperación de la tierra; creían que las tierras no eran de nosotros, que los terratenientes eran intocables, que nunca se les podía hacer nada. Frente a eso tratamos de organizar. Como yo me había retirado de las tierras del Gran Chimán por el mismo acoso, no tenía ninguna relación con los guambianos. Cuando volví comencé a integrarme, relacionándome principalmente con la cooperativa de Las Delicias y algunas personalidades de la comunidad. Y así, lentamente, fuimos avanzando. Pero fue un momento muy difícil. En ese entonces nuestro pensamiento se concentraba en recuperar

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Mis inicios en el movimiento indígena

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Lorenzo Muelas Hurtado

la tierra para poder cultivar los alimentos y construir una casa, tener un caballito para el mercado, la vaquita de leche. La subsistencia física era lo fundamental. Y a mí me parecía muy importante poderme integrar para recuperar una tierra que parecía que nunca iba a volver [a estar] en manos de nuestra gente. Los terratenientes tenían mucho poder, mucho dinero, y las autoridades militares, civiles, los religiosos, tanto católicos como protestantes, todos todos estaban a su favor. Entonces parecía que era imposible que unas tierras que ya habían pasado en manos de los blancos por tantos años volvieran a manos de las comunidades indígenas. Pero como ya se había experimentado con la recuperación de las tierras de la empresa El Chimán, se había probado que sí podían regresar a nuestras manos. Sabía que era una situación difícil, riesgosa, pero a mí me gustaba. Parecía que era muy justo pelear ante el alcalde, ante el juez, hablar en público por el derecho; me parecía que era muy válido aprender a pelear por un derecho. Por eso cada vez me concentré más, cada vez enfrentaba más al alcalde, al terrateniente, empecé a pelear, a alegar, y eso me llevó a profundizar cada vez más y más. En busca de la reivindicación de ese derecho empecé a salir a otras partes, empecé a charlar con otras gentes, empecé a relacionarme con los no indígenas, pues también había gente de afuera que aportaba y que apoyaba. Con ellos parecía que cada vez me animaba más. Después de una reunión uno salía más alegre, más contento, con más posibilidades, pese a que muchas veces fuimos reprimidos, a que también nos sentíamos frustrados. Pero parecía que no había otra alternativa diferente a ese movimiento, parecía que el único camino era ese que habíamos encontrado y que nuestro objetivo era un tesoro muy valioso: recuperar nuestro antiguo territorio que había sido arrebatado de las manos del misak. Yo mismo no tuve un lugar por los lados de Guambía. No lo tuve. Había vivido diez años en Mondomo, en unas tierras extrañas, donde hace tanto calor, donde hay tantos insectos, moscos, culebritas y todo lo demás, y al llegar a Guambía me parecía que el aire que uno

recibe, el ambiente que uno recibe, era muy agradable, muy rico. Y recuperar tierras de esa naturaleza, esas tierras donde nací y crecí, nuestras tierras, parecía que era muy válido, un tesoro incomparable. Entonces eso me hizo concentrar cada vez más y más. Me puse a andar, me puse a salir. Afortunadamente en mi vida no aprendí a gastar dinero en licores, en vicios. Lo que pude haber gastado en eso lo invertí en el movimiento. De pronto no le di plata a nadie, pero sí un mínimo recurso que pude adquirir me sirvió para transportarme, para mi subsistencia. Nunca pensaba que perdía tiempo y dinero, sino que sentía que era una inversión que a largo plazo produciría, si no a mí, a otros les podía reportar. Entonces me parecía que no podía hacer más sino contribuir.
Mondomo fue una base para mi acompañamiento

Yo no salí de Mondomo. Mondomo siempre fue como una base para mí, donde por lo menos tenía qué comer. Me producía comida, y a varios de los terrajeros que fueron lanzados los llevé allá para que recogieran un maíz, unos plátanos, para que subsistieran con algo. Cuando no podía llevarlos yo, los mandaba para que ellos mismos fueran, sacaran y llevaran. Porque yo veía la gran necesidad. Y después empecé no solo a darles comida, sino a compartir, a ir a las reuniones, a apoyar. La mayoría de la gente todavía no tenía conciencia de la importancia de recuperar la tierra, como tampoco en el campo político del pensamiento indígena, pero en ese momento se estaba dando un auge. El Cric hacía reuniones ya en Jambaló, Paniquitá, Popayán, en Silvia mismo, en Malvazá, Moras, Mosoco, Tierradentro, por el norte del Cauca… muchas reuniones, protestas, manifestaciones. Era un auge, se estaba fortaleciendo el movimiento indígena. Entonces Mondomo me daba algunos pesos para salir, para el transporte, para la comida, para lo que necesitaba. Pero a Mondomo nunca la abandoné. Yo hacía un trabajo con un doble propósito: trabajaba duro en Mondomo –todo el tiempo he trabajado duro, pero en esos momentos trabajé más duro porque

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Mis inicios en el movimiento indígena

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Lorenzo Muelas Hurtado

sentía que era una situación muy difícil y que no podíamos quedarnos agachados frente a los abusos de los terratenientes–, cada vez intensifiqué más los trabajos, trabajaba dos días en la semana, y luego me iba a las reuniones. Así pude subsistir todo el tiempo, casi veinte años, sin hacer ruptura total de la finca ni tampoco al movimiento indígena. Parecía que esa era mi vida, parecía que yo estaba aportando algo, que estaba aprendiendo algo, que estaba conociendo a Guambía, al Cauca, parecía que yo estaba conociendo a los blancos, a los políticos que muchas veces nos engañaban. Porque cuando uno es niño, joven, uno aguanta hambre y sufre, pero ni cuenta se da por qué. Pero en ese momento empecé a descubrir el pensamiento de los blancos, de los políticos, del cura, empecé a aprender a discriminar una cosa de la otra, y entonces para mí fue muy importante. Pero al mismo tiempo empecé a hacerme una vida difícil. Muchas veces, cuando hacían lo que llama hoy la «recuperación», cuando se lanzaban a hacer un trabajo pasara lo que pasara, arriesgando la vida, ir a parar en la cárcel, cuando se lanzaban a la consigna de ese entonces de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, Anuc, que era: «¡A desalambrar!», yo también me integré a desalambrar, a recuperar la tierra. Otras veces me integraba en las mingas que hacían, no en la región, no en Guambía, sino mingas comunales con los paeces en Pitayó, en Jambaló, o por allá en Popayán donde también había solidaridad. Yo siempre pensaba en aprovechar el tiempo al máximo y me integré al trabajo con un doble propósito: hacíamos el trabajo material, pero a la vez también hacíamos el trabajo político. Las dos cosas paralelamente. Cuando podía estaba con ellos trabajando con la herramienta en la mano, ya con el machete, ya con la pala o con lo que fuera, y cuando no, pues estaba en el trabajo de las largas noches de reunión. También en los momentos de descanso, siempre discutíamos el problema político y el problema social que en ese momento se vivía, para ir creando conciencia sobre el pensamiento indígena. Entonces me integré a eso: a compartir en las charlas y a compartir en el trabajo, todo a lo largo, desde que empecé.

Nosotros estábamos radicados principalmente en Silvia, donde ahora estamos. Pero había una concentración, un centro, que era la Cooperativa Las Delicias. Como el cabildo de Guambía en ese entonces estaba a favor del terrateniente, no había quién protegiera; solamente la cooperativa y sus dirigentes apoyaban a este grupo de indígenas terrajeros. Por eso siempre nos concentrábamos ahí: era como la base. Muchas veces nos reuníamos también en la casa nuestra, y siempre compartíamos, siempre resolvíamos algunos problemas ahí. Pero la mayor parte del trabajo lo hemos hecho casi subterráneo, como si fuéramos delincuentes, pues no podíamos hacer reuniones visibles porque éramos perseguidos, reprimidos por la fuerza pública. Y en realidad, nosotros no hacíamos otra cosa que lo que hasta hoy llamamos y es muy popular, que hasta el niño más pequeño hoy menciona la palabra «recuperar». Solamente sobre esas ruedas veníamos rodando.
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Mis inicios en el movimiento indígena

4 La organización y movilización de los indígenas en otras regiones

Las palabras del indio Macuritofe*

V ic e n t e M ac u r i to f e R a míre z

El presente discurso de Macuritofe Ramírez, capitán de la comunidad witoto de Monochoa, fue pronunciado ante una comisión compuesta por funcionarios del Ministerio de Gobierno, del Instituto Colombiano para la Reforma Agraria (Incora) y del Instituto Colombiano de Recursos Naturales Renovables (Inderena). El texto fue publicado en la revista trimestral de la División de Asuntos Indígenas de la Dirección General de Integración y Desarrollo de la Comunidad, del Ministerio de Gobierno.

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Amazonas, 3 de agosto de 1973

Se habla de crear una reserva de tierras, y está bien. En un principio ya nuestros antepasados, es decir, los primitivos que habitaron esta región, venían trabajando aquí, cuando no existía el Perú ni los Arana ni los colombianos habían llegado. Es que nosotros los indios tenemos leyes, como ustedes los blancos tienen. En esas leyes indígenas nuestras se respeta lo que se ha explotado, lo que se ha trabajado, y esas leyes siguen aquí, reposan aquí donde reposan nuestros abuelos, donde han vivido y muerto nuestros compañeros y todos nuestros antepasados. Por eso, nosotros tenemos que seguir trabajando donde han trabajado ellos. Y entonces nosotros ya tenemos marcada nuestra tierra, bien marcada, donde reposan nuestros abuelos, que es lo que queremos. Queremos todo lo que era antes de entrar los españoles, los peruanos, los Arana y los colombianos. Es decir, porque eso primero
* Fuente: Indigenismo colombiano, nº 2 (Macuritofe Ramírez, 1974: 5-8).

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Vicente Macuritofe Ramírez

era de los indígenas, antes de la Conquista, y entonces esas leyes, es decir, ese orgullo, todavía nosotros llevamos tanto como decreto de gobierno. Porque nosotros decretamos esas leyes, por eso esas leyes siguen y seguirán hasta… hasta… no puedo decir hasta cuando… Entonces si para ese estudio de reserva la cosa es así. La cosa está bien. Y otra cosa: el internado. Es cierto, el estudio hace conocer el idioma, el español, pero nosotros tenemos también religión nuestra, como ustedes tienen una escrita, como la de nosotros no se ve, como no está escrita, como está en la cabeza, y entonces tenemos la historia nuestra, tanto como ustedes tienen. Por eso nuestro orgullo nunca vamos a dejar, como ustedes nunca dejan su orgullo, es decir, nuestro idioma, nuestro propio estudio. Pero por ir a estudiar al internado los niños aprenden castellano y ahí se les olvida lo que es nuestro idioma, nuestro dialecto y nuestro cuento. Por eso queremos hacer una escuela en mitad de nuestra tierra o sea en la comunidad, para que pueda ser que [el] mismo indio interprete castellano y enseñe en lengua nuestra. Ese es el proyecto que tenemos. ¡A ver qué respuestas nos dan sobre esas frases! Y otra cosa: antes teníamos trabajos en ambos lados del río hasta que llegó la colonia de Araracuara. Ella nos ajuntó en un solo rincón, nos quitó una parte de tierra y entonces nos quedamos sin tierra. En ese tiempo había mucha gente, los primitivos todos se murieron. Quedamos muy pocos y además llegaron esos guardias y penados y, entonces, una parte de las mujeres se fueron con ellos, es decir, se ajuntaron. Entonces, esta tribu se mermó y no cuenta hoy sino con cuarenta y dos familias. En un tiempo sí había mucha gente, pero esos guardias cogían a las mujeres, las llenaban de familia y las dejaban luego que se fueran. Entonces hoy en día pa’ ayudar esas familias, ¿de dónde vamos a conseguir, si no tenemos de dónde? Derechos sí tenemos desde que nacemos, pero ninguna ayuda ni apoyo del Gobierno. Promesas tenemos de la Comisaría. ¡Tanta promesa!... que el Gobierno ayuda, que por aquí. Bueno eso todo son promesas, pero ya hoy en día nosotros queremos quitarnos esas promesas de encima

porque no queremos vivir cuentiaos: que la Comisaría, bueno que el Gobierno. No hay sino que ver tanta comisión que viene a esta tribu a comprometerla. De esas comisiones hay una que vino y dijo la verdad y esa sí vino y dijo la verdad: que nosotros no podemos comprometer a hacer nada: apenas le estamos cosquillando. Y otra cosa. Por lo de la autoridad, claro que aquí hay una autoridad competente, pero a nosotros nos trata de indios y analfabetas y siempre nos coge de primeros la autoridad: en cambio hay así un caso entre ellos mismos y como tienen plata con qué pagarles…. Pero a uno sí lo castigan, le ajustan todo; entre ellos no. Las cosas son así. Claro que la ley dizque viene por parejo: que un tipo puede ser un señor, puede ser más pesado y entonces si comete una falta eso es parejo. Pero aquí no es así. Y eso es lo que no queremos entonces cuando uno vaya a informar; porque el corregidor no hace caso a uno. Le dice sí, lo escribe… después queda olvidado. Entonces, ¿cuál es la ayuda que presta la autoridad? No tenemos ninguna acogida frente a ella. Y en eso de promesas ya tenemos demostración. Porque la primera promesa que nos pusieron es hacer un bote: tan pronto el bote esté en el río, el motor ya estará en el bote. Pasó el tiempo. Está el bote en el río y hasta el sol de hoy el bote no [se] está moviendo sino [se] está pudriendo. Bueno, después de eso ya tumbamos como veintitrés hectáreas de montaña a puro esfuerzo de nosotros, porque ustedes saben que para tumbar así se necesita herramientas buenas, machetes y hacha y entonces, ¿de dónde vamos a conseguir eso? Pero trabajando con esfuerzo y pobremente tumbamos unas hectáreas. Después quemamos, y ¿dónde estaban las semillas? Después cayó una plaga y para destruir esa plaga, ¿dónde estaban las bombas? Por eso, de ahí nosotros ya venimos desanimando y no vamos a recibir otros con más promesas. Ahora vino otra comisión cuando no estaba el presidente sino yo solo aquí. Bueno, entonces llegó el Dr. Álvarez que es auditor fiscal y el Dr. Reyes, el secretario. Él llegó y me preguntó por el presidente. «Doctor –le dije–, el presidente no hace mucho que se fue al monte,

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Las palabras del indio Macuritofe

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Vicente Macuritofe Ramírez

pero aquí estoy yo». El Dr. Álvarez me dijo: «Yo vengo a firmar un contrato con ustedes a ver si se puede». Entonces yo dije: «Estoy muy cabriao de hacer tanto contrato. Además no tengo herramientas». Entonces comprometió a que le hiciera los botes. Yo le dije: «Muy bien, doctor, pero si me entrega la herramienta completa, entonces yo haré el bote que usted necesita; si no me entrega nada yo no puedo hacer el bote. Eso me queda muy difícil: me falta una cosa, después pido otra cosa, me hace falta pido otra cosa, me hace falta bueno en fin». Me dijo que qué herramientas necesitaba y yo dije: «Necesito serrucho, necesito machete, necesito villamarquín, broca, todo lo que uno necesita». Él se fue. Había dicho que sí, que mandaba muy pronto, que bueno… en fin. Hasta el sol de hoy. Y ese bote me tocó hacer un esfuerzo con un pedazo así de suela. Y entonces, con esa forma de trabajo con promesas, ¿a dónde vamos a ir? Y otra cosa en asunto de comercio: es cierto, es la realidad que aquí llegan los comerciantes a explotarnos. Vienen a llevarse lo que tenemos y traen artículos muy recargaos. Esos artículos a uno lo dejan endeudándose y ¡cuándo paga uno esa cuenta! Ellos nos comprometen a hacer fariña, que caucho y no sé qué, bueno… en fin, toda esa vaina. Siempre nos están diciendo una y otra cosa y uno ve para adelante pero no tiene quién lo oriente. Así lo van llenando a uno de deudas. Pasa un año. Pasa otro. Y claro, vence el contrato y agrega para el otro año y la deuda sigue y sigue y así, ¿cuándo tiene uno tranquilidad? Ahí ya queda uno es de esclavo de ellos. Ellos lo pueden tratar como quieren. Entonces usted, ¡ay!: que déjeme hacer esto, que lo otro, que los voy a hacer castigar del corregidor. Lo amenazan con autoridad. Y esto no nos gusta porque acaba nuestra aspiración. Hay otra tribu, por ejemplo la Andoke, los de Puerto Zablo, esos todavía están explotados. Y otra cosa porque aquí en mi tribu hay unos como cinco muchachos que todavía trabajan siringa. Yo les he dado un consejo. Pero esos muchachos que trabajan la siringa tienen cuentas, como acabé de contar, y esas cuentas vencen un año y otro año. Cada contrato es un año y la cuenta de uno la agrega para otro contrato. Yo quiero librar

esos muchachos que tengo en mi tribu. ¡A ver ustedes qué respuesta me dan para eso! Todo eso ha sucedido aquí y muchas cosas más que el Gobierno no sabe; muchos engaños que el Gobierno no sabe, como en asunto de política. Aquí nombran un representante que viene a obligar hacer votar por el partido que a él le provoque para coger la plata de ese partido. Y aquí votamos y votamos y suben y suben presidentes y siempre estamos con las manos limpias. Eso ha sucedido aquí en esta tribu y por este motivo quiero hablar con el Presidente para informarle porque no [se] está dando cuenta de lo que ha sucedido aquí.

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Las palabras del indio Macuritofe

Conclusiones del Primer Congreso del Unuma*

O r g a ni z ac ió n Indíg e n a S ik u a ni (g u a hib o)

El Unuma –palabra que significa trabajo en comunidad– fue una de las primeras organizaciones regionales indígenas conformadas en el país. Fue una respuesta a la situación creada en el río Planas por la confrontación entre indígenas y colonos, entre 1968 y 1969. En la creación del Unuma tuvieron una marcada influencia activistas sociales de izquierda y los padres claretianos. Entre el 23 y el 26 de noviembre de 1977, se reunieron ciento ochenta delegados indígenas guahibos (del oriente y sur del departamento del Meta) representantes de las comunidades de El Retiro,

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Trujillo, Boponé, Navuche, Turpialito, Mabriel, Guayabal, Serrurrubá, Camalipé, Putare y Altamira para celebrar el primer congreso de la organización del Unuma. Allí se nombró a Carlos López como secretario ejecutivo; Gregorio Trejos como secretario de relaciones con otros sectores; Miguel Gaitán, como secretario de propaganda; y Ramón Flórez como secretario de finanzas. A continuación se presentan las conclusiones del congreso.

Camalipe, Meta, 26 de noviembre de 1977

Nosotros, los indígenas de los Llanos Orientales, hemos vivido por muchos siglos en esta tierra; de ella hemos sacado nuestro sustento y el de nuestras familias, de ella sacamos el moriche, madera, cumare, materiales para nuestra vivienda y nuestros trabajos; de ella
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá.

ha salido nuestra medicina, nuestra cultura y nuestras costumbres. Por eso, cualquier cambio que suceda en nuestra tierra ocasiona cambio para nosotros. Es por eso que con la llegada de los blancos han ido cambiando nuestro modo de vivir, nuestra cultura y nuestras costumbres. Poco a poco nos han ido acorralando en los rincones y contra la montaña, pero también en la montaña nos acorralan. Los terratenientes ganaderos se adueñan de nuestras sabanas donde siempre hemos vivido. Con sus ganados destruyen nuestros cultivos. Tenemos como ejemplo el caso de los compañeros de El Retiro y Bopone, [de] cómo los terratenientes Chaque Cuervo, Guillermo Villa y Delfín Hernández destruyeron sus plantaciones. Nos amenazan con el das rural, con la policía, acusándonos de comernos sus ganados. El gringo James Simmons, ha venido atropellando la tierra de los compañeros de Mabriel, Turpialito y Navuche, haciéndole el daño con el ganado y amenazándolos con las autoridades. En Surrurruba, el día 5 de noviembre de 1977, llegó el terrateniente Ipargo Arias acompañado de nueve hombres armados: José Dolores, Alirio Tique, Alfonso Caicedo y otros, para desalojarnos de nuestras tierras, pero gracias a nuestra Organización no lo lograron. A muchos sitios nos han llegado muchos colonos que nos están acorralando mucho más y más. Por otra parte los cacharreros nos roban a precios bajos las cosechas como es el caso concreto de Raúl Trujillo, James Simmons y Delfín Hernández, que además sirven de baquianos a los nuevos terratenientes. Los terratenientes no quieren que nos eduquemos, no permiten la llegada de un profesor; a cuatro profesores que nos estaban enseñando los desterraron acusándolos de que estaban dañando a los indígenas. En nuestra comunidad hay indígenas que nos pueden enseñar pero no reciben ningún apoyo del Gobierno. El padre Ignacio González nombró tres profesores para los tres pueblos a quienes les dio un poco de instrucción pero solo estuvieron unos días y no volvieron más. En cuanto al aspecto de nuestra salud, se han presentado varias

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Conclusiones del Primer Congreso del Unuma

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Organización Indígena Sikuani

epidemias como la tosferina, diarrea y otras que han causado varias muertes entre los niños. Hemos dirigido varias solicitudes de asistencia médica, remedios a la Secretaría de Salud Pública y a la Gobernación del Departamento y a la Cruz Roja quienes han prometido enviarnos una comisión de salud pero hasta la presente no han cumplido, todo ha sido mentiras. Nosotros los indígenas guahibos hemos comprendido que no podemos padecer más esta situación, que no podemos permitir que las tierras que siempre nos han pertenecido y que con nuestra vida, nos la quiten los terratenientes, quienes para conseguirlas nos mandan los colonos y los vaqueros a pelear con nosotros, mientras ellos viven tranquilos en la ciudad. Los colonos, los encargados y los vaqueros, también son explotados, pero ellos no entienden su situación y por eso luchan contra nosotros. No quieren que nos eduquemos ni que tengamos el derecho a la salud. Buscan destruir nuestra cultura y nuestras costumbres para llevarnos como contratistas o jornaleros.
Concluimos:

1) Que defenderemos nuestra tierra como nos toque, porque defendiendo nuestra tierra defendemos nuestra vida y la de nuestros hijos. 2) Que para defender esta tierra nos fijamos como tarea:
a. Conseguir la aprobación por parte del Gobierno de la reserva de Unuma, dentro de los linderos establecidos por nosotros, contemplando en el plano lo dado por el Incora y que reposa en el expediente nº 40840. b. Fomentaremos la producción para defender nuestra tierra. c. No permitiremos la entrada de los cacharreros sin consentimiento nuestro. d. Buscaremos sacar de nuestra tierra terratenientes y colonos.

3) Somos conscientes que únicamente podremos conseguir estos

objetivos teniendo una organización fuerte y para eso nos comprometemos:
a. Fortificar el Unuma, haciéndolo nuestra herramienta de lucha, ampliando día por día para hacernos mas fuertes y cumplir sus orientaciones. b. Iniciar una campaña de capacitación tanto de los compañeros dirigentes como de las comunidades para poder entender la lucha, conocer quiénes son nuestros amigos, y quiénes nuestros enemigos. c. Iniciar una campaña de divulgación de nuestra lucha para que se conozca dentro de los indígenas y de los demás sectores para conseguir solidaridad. d. Nos comprometemos a apoyar a nuestros dirigentes y a capacitarnos en nuestra lucha, pues el problema es de todos y no de unos pocos. e. La directiva que nombramos debe elaborar unos estatutos de orientación de la organización.

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Conclusiones del Primer Congreso del Unuma

4) Estamos seguros que sin apoyo de otros sectores no podemos tener éxito en nuestra lucha, que el problema de la miseria no es solamente de los indígenas, y que los terratenientes buscan siempre dividirnos y acabarnos. Que la lucha de los campesinos es la misma lucha de los indígenas, que el enemigo de los indígenas y de los campesinos es el terrateniente, por lo tanto si el enemigo es el mismo, la lucha también es la misma. 5) Que tradicionalmente han sido los capitanes la máxima autoridad de nuestras comunidades y esta autoridad debe ser mayor. Las comunidades nos comprometemos a obedecer y respetar más a nuestros capitanes, pues esa es la base de nuestra organización Unuma. 6) Solidarizarnos con todas las organizaciones indígenas en luchas como las de la Betulia, Chamíes de Belalcázar (Caldas) y otros, al igual que con los compañeros katíos emberas que están siendo

desplazados por la construcción de la represa de Urrá en el alto Sinú en la zona de los ríos Esmeralda y San Jorge.

5 El Primer Congreso Indígena Nacional y creación de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic)

Una vez creado el Cric y conformada en Secretaría Indígena de la Anuc, Manuel Trino Morales, de Guambía, realizó una serie de giras por el país promoviendo la organización indígena de las regiones. Surgieron entonces el Consejo Regional Indígena del Vaupés (Crivi), el Unuma –una organización de los Sikuani del Meta y Vichada–, la Coordinadora Indígena de Antioquia, y el Consejo Regional Indígena del Tolima, entre otras organizaciones. Durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala (1978- 1982) el ejecutivo se propuso expedir un «estatuto indígena», lo que generó el rechazo y la movilización de las organizaciones indígenas, y al mismo tiempo una oportunidad de conformar una organización nacional. Para estos efectos se realizó una reunión preparatoria en el sitio conocido como Lomas de Hilarco, municipio de Coyaima, en el Tolima. Allí se acordó y estableció la ruta para la realización del Congreso Nacional y para fundar una organización que representara a los indígenas del país. El evento se realizó finalmente en el municipio de Bosa, cerca de Bogotá, en febrero de 1982, y allí se nombró como presidente a Manuel Trino Morales.

Documento de discusión sobre el marco ideológico del movimiento indígena

Co nse j o Re g io n a l Indíg e n a d e l C au c a (C r ic )*

A la convocatoria de una reunión preparatoria del congreso en Lomas de Hilarco acudieron numerosas organizaciones indígenas y salieron a la luz diversas posiciones e interpretaciones de lo que debería hacer la organización nacional. El documento que se ofrece a continuación con la propuesta de marco ideológico presentada en el encuentro, refleja los debates políticos y sociales de la época; responde a un momento muy complejo de protestas sociales, de ascenso del movimiento político-armado M-19 y de «politización» del movimiento social. Se advierte también en el texto el ambiente caldeado por la iniciativa del Gobierno de expedir el llamado «estatuto indígena». El documento, que generó un debate y fisuras en la apenas naciente organización indígena nacional, no corresponde en la actualidad a la posición de organización indígena alguna en el país.



Bogotá, febrero de 1982

Introducción

El problema indígena de nuestro país es necesario verlo en relación con la expansión del capitalismo en el campo, ligado al papel cada día más activo del Estado y de su presencia tanto desde el punto de vista económico y político como cultural. Las clases dominantes dentro de este sistema, así como su Estado, ejercen una dominación política y
* Fuente: Primer Congreso Indígena Nacional. Conclusiones y documentos (Onic, 1982: 73-88).

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Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

económica que crea las condiciones de apertura y adecuación de las comunidades indígenas a la economía capitalista en expansión. En este contexto se dan las luchas de resistencia indígena por la defensa y conservación de la tierra, por su cultura y organización. A medida que se desarrollan las luchas indígenas de Colombia, crece la importancia de ir precisando el marco ideológico que sustente dichas luchas y que les brinde la necesaria cohesión y claridad. Aunque se han presentado diversas polémicas sobre la caracterización de la cuestión indígena, consideramos que corresponde a las propias organizaciones indígenas ir discutiendo y definiendo el marco ideológico de nuestro movimiento. En lo que se podría considerar como el Primer Encuentro Indígena Nacional, reunido en Bogotá en 1974, se aprobó una especie de plataforma común, publicada con el título de «Hacia la unidad indígena». El Cric también ha manifestado su posición en diversas oportunidades, como por ejemplo en la «Posición de los indígenas en el movimiento campesino», en 1974; «La política del Cric y del periódico Unidad Indígena», en 1976; y la «Plataforma Política», aprobada en nuestro quinto Congreso, en 1978.* Pero es evidente que no hay todavía un acuerdo entre todas las organizaciones indígenas del país sobre las bases de nuestra acción política y reivindicativa. Consideramos entonces que nuestro Segundo Encuentro Nacional, convocado por los compañeros del Cric y nuestra Organización, será una buena ocasión para seguir analizando el marco ideológico que nos ha de regir. Como contribución a esta discusión el Cric propone los puntos que siguen, comenzando por una rápida presentación de las principales posiciones teóricas sobre la cuestión indígena.
* Véase V Congreso del Cric (1978). Este documento de plataforma política ya había sido discutido durante varios cursillos de la misma organización. En el congreso participaron treinta y dos delegaciones del norte, Tierradentro, oriente y centro del país. El proyecto fue discutido ampliamente sin sufrir mayores modificaciones, siendo los puntos más discutidos la dirección política de las luchas populares, la posición unitaria y el no alineamiento internacional.

El indigenismo restaurador o cósmico

Llamamos indigenismo a la posición que ante el avance del capitalismo se niega a enfrentarlo. Pretende mantener las comunidades aisladas de los procesos sociales, económicos, culturales y políticos, que de todas maneras penetran a las comunidades y las modifican. Trata de separar las luchas indígenas de las luchas de los demás explotados y oprimidos, considerándolas de naturaleza muy diferente. Una forma especialmente radical de esta posición es la que han adoptado algunas organizaciones indígenas latinoamericanas, sobre todo de Perú y Bolivia, y que denominamos «indigenismo cósmico». Esta posición plantea un rechazo total a todo lo venido de Europa. Considera que nuestros antepasados tenían la sociedad ideal, con todos los valores que pueden solucionar los problemas del hombre moderno; y que a ella tenemos que volver, sacudiéndonos de quinientos años de dominio europeo. En el caso de los países cuyo territorio hizo parte del imperio incaico, el programa se resume en la creación del segundo Tawantinsuyo. Plantea también el «indigenismo cósmico» que el problema fundamental de nuestros países es la opresión racial, ya que lo de las clases sociales hace parte de las ideas venenosas traídas de Europa. La lucha fundamental habría que darla en el terreno de la ideología combatiendo todas las ideas «blancoides» e imponiendo la mentalidad cósmica de nuestros antepasados, que nos salvara a nosotros los indígenas y también al resto del mundo. Al entrar a evaluar esta posición podemos considerar que tiene de positiva la valoración de las realizaciones de las naciones indígenas del pasado y la divulgación de su historia y de su ideología. También creemos útil la crítica que se hace a ciertas posiciones importadas, que copian experiencias extranjeras, sin tener en cuenta la realidad de nuestros países. Pero globalmente nos parece que esta posición, que no vacilamos en calificar idealista, es errada y además contraproducente para las luchas indígenas. Es idealista suponer que las civilizaciones indígenas del pasado puedan tener todas las soluciones para el mundo de hoy y más aún,

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Documento de discusión sobre el marco ideológico del movimiento indígena

creer que solo con nuestra voluntad podemos borrar cinco siglos de historia de América Latina. Igualmente idealista es olvidar los factores económicos en el análisis de nuestros problemas. Desde el saqueo de los españoles hasta la explotación capitalista de hoy en día, son intereses fundamentalmente de tipo económico los que están en la raíz de todas las formas de opresión, incluida la opresión racial contra nosotros los indígenas. Hoy en día es el imperialismo y el capitalismo monopolista, y no las «ideas europeas», quienes mantienen la explotación y la opresión, y no solo contra los indígenas sino contra todos los pueblos del mundo.
La teoría de las nacionalidades indígenas

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En Colombia se han desarrollado las formas más extremas de indigenismo, lo cual es explicable, teniendo en cuenta que el país los indígenas constituimos menos del 2% de la población. Pero posiciones indigenistas mas veladas se observan en los diversos enfoques de la cuestión indígena que ponen todo el peso en los factores étnicos y culturales para explicar nuestra situación. De estos enfoques, el más conocido es el que analiza la cuestión indígena en Colombia bajo la teoría de las «nacionalidades indígenas». Sabemos que los indígenas descendemos de los pueblos que habitaron originalmente este continente y que crearon en muchos casos civilizaciones bastante adelantadas, destruidas luego por la conquista española. Nuestros pueblos fueron exterminados en gran parte por los europeos, pero los que hemos logrado sobrevivir conservamos aún, o hemos desarrollado, una serie de características específicas como un territorio propio, nuestra lengua, nuestras tradiciones y costumbres, manifestaciones artísticas propias, además de una organización social (al menos en parte) autónoma. La teoría de las nacionalidades indígenas considera que la cuestión indígena en Colombia se puede resumir y explicar por medio del concepto de «naciones» o de «minorías nacionales», que se formarían a partir de las características anotadas. Las «naciones indígenas» estarían oprimidas por la «nación colombiana», que agruparía a todos

los habitantes no indígenas del país. Nuestro programa fundamental debería ser entonces la autodeterminación de las naciones indígenas. Consideramos de nuevo su insistencia en que los indígenas poseemos una identidad propia, enraizada en las sociedades de nuestros antepasados y con capacidad de seguirlos desarrollando autónomamente. Pero vemos problemas, tanto científicos como políticos, en la utilización estricta de la teoría de las nacionalidades indígenas. El grado de destrucción y de asimilación de las comunidades indígenas en Colombia ha sido muy desigual y hoy en día existen desde grupos numerosos con cerca de cien mil habitantes hasta pequeñas comunidades con apenas unas pocas decenas de familias. Igualmente es el grado de aculturación: mientras los sectores más aislados conservan la mayor parte de sus características originales, hay comunidades que han perdido hasta la lengua y muy poco se distinguen de los campesinos mixtos que las rodean. Nos parece entonces muy forzado pretender englobar con el concepto de «nación» al conjunto de grupos indígenas que hoy en día habitamos diferentes regiones del país. Pero es a nivel político donde nos parece más inconveniente la teoría de las nacionalidades indígenas. Al pretender que la principal contradicción de nosotros los indígenas es con la supuesta «nación colombiana», perderíamos a nuestros aliados naturales como lo son los obreros, campesinos y demás explotados, y se debilitaría fundamentalmente la lucha contra nuestros verdaderos enemigos, la oligarquía y el imperialismo. Finalmente, para las condiciones actuales, nos parece poco realista la propuesta de autodeterminación para las naciones indígenas, y aun peligrosa, si no se considera la necesidad de la transformación previa o simultánea del conjunto de la sociedad colombiana. Al plantear nuestras reservas a la teoría extrema de las «nacionalidades indígenas» de ningún modo queremos desconocer la importancia de los factores étnicos y culturales para las luchas indígenas. Nuestro carácter de pueblos autóctonos, con una cultura profundamente enraizada en la tierra y en la lucha de nuestros antepasados, con una organización social y política sustentada por nuestros cabildos

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Documento de discusión sobre el marco ideológico del movimiento indígena

y formas específicas de producción comunitaria, explica en gran parte nuestra resistencia a la denominación y los rasgos de nuestra movilización actual. Inclusive creemos que el concepto de «minorías nacionales» más que el de «nacionalidades indígenas», puede ser útil para contribuir a la caracterización de la situación indígena actual de nuestro país. El Cric ha considerado siempre a los factores esencialmente etnoculturales como una de las bases de nuestro movimiento. La otra es la situación de clase de la población indígena, la cual nos proporciona la explicación principal de la explotación que todos sufrimos.
Los indígenas como campesinos

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Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

La otra posición que trata de explicar a la cuestión indígena parte de un análisis de clases de la sociedad colombiana. Constata que vivimos en un sistema capitalista dependiente y que las relaciones de explotación cubren la totalidad de la población que vive en el territorio colombiano. Dentro del marco clasista, la gran mayoría de los indígenas harían parte de la clase campesina, para ser precisos, de los campesinos pobres. Se reconocen las particularidades culturales de los distintos grupos indígenas, pero no se considera que ello modifique su caracterización como campesinos dentro de la estructura de clases de la sociedad colombiana. Nosotros aceptamos en general nuestra ubicación clasista (en varios documentos hemos afirmado que los indígenas somos «campesinos»), pero la consideramos claramente insuficiente. Para las comunidades andinas, por ejemplo, tanto varios de los problemas principales (tierra, mercadeo, crédito, etc.) como los enemigos (terratenientes, intermediarios, usureros), están en su mayoría enmarcados por nuestra condición de campesinos. En cambio para los indígenas de las selvas y de las llanuras, que muchas veces tienen con los colonos o con organizaciones misioneras su contradicción principal, es evidente que su clasificación como campesinos poco aporta para la comprensión de su situación.

Posición integracionista

En último término tenemos la posición de las clases dominantes, que señala como necesaria la «integración de los indígenas a la vida

Documento de discusión sobre el marco ideológico del movimiento indígena

Es indispensable, entonces, darle toda la importancia a los factores étnicos y culturales que en todos los casos, aunque en grado diverso, deben entrar en la caracterización de las comunidades indígenas de Colombia. Una variante de esta posición sostiene que es necesaria la proletarización del indígena e inevitable la penetración del capitalismo, creen que este proceso ayudaría al fortalecimiento del proletariado y por lo tanto a la instauración de nuevas relaciones sociales. Quienes sostienen esta posición olvidan la historia de las luchas populares, que vienen demostrando que no es ni suficiente ni necesario que existía un alto grado de desarrollo capitalista para iniciar una acción que permita superar estas relaciones. Esta visión es muy perjudicial para nuestra situación ya que supone inevitable el aniquilamiento de los pueblos indígenas, olvidando la larga lucha de resistencia que hace siglos venimos desarrollando. También en el caso de la posición clasista frente a la cuestión indígena hay dificultades políticas debido a ciertas aplicaciones extremas de esa posición. Tanto en Colombia, como en otros países de Latinoamérica, grupos indígenas han sido utilizados por organizaciones políticas o gremiales que han pretendido imponerles programas que ellos no pudieron elaborar, además de ser ajenos a las necesidades reales de las comunidades desconociendo el proceso histórico que vivimos. En nuestro caso, y con el argumento de que los indígenas éramos campesinos, cierta organización gremial trató de imponernos una línea política, que por cierto muy poco tenía que ver con los problemas indígenas, ni siquiera con los campesinos. Consideramos entonces que el criterio clasista no puede significar la subordinación de los indígenas a otras clases u organizaciones y que en la lucha contra el enemigo solo aceptaremos lineamientos que conjuntamente hayamos definido.

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nacional». Sustenta dicha integración como deseable y positiva ya que amplía el campo de acción de la economía de mercado. Ideológicamente es justificada como el avance de la «civilización, la cultura occidental, etc.». Es completamente destructora de las comunidades indígenas, busca la dominación política, económica y cultural, impulsando el despojo, expropiación y disolución de los resguardos, el menosprecio por los valores culturales o autóctonos y el sostenimiento total de nuestros pueblos. Contra ella nos organizamos y luchamos los indígenas.
La caracterización de la cuestión indígena en Colombia

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Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

Creemos que en nuestro país no han existido esfuerzos serios por caracterizar la cuestión indígena. Si alguna organización ha sostenido el carácter campesino de los indígenas, es más por el deseo de dirigir y controlar nuestro movimiento, que por auténtica investigación. Y si algunos intelectuales han afirmado que los indígenas formamos naciones, es más por la aplicación de un modelo simple y atractivo, acomodado a determinados intereses, antes que por un detallado estudio que sí lo haya demostrado. Mal podríamos nosotros presentar en este documento una caracterización global de la situación indígena en Colombia. Más aún, creemos que esta situación es tan compleja que nadie por ahora está en capacidad de elaborar una síntesis apropiada de la misma. En nuestro país existe más de un centenar de grupos indígenas, con las características más diversas. Desde pequeñas comunidades de recolectores y cazadores, con un mínimo contacto con la sociedad nacional, hasta grupos que viven en un todo como campesinos y solo los distingue jurídicamente el resguardo que habitan. Existen así mismo, pastores, pescadores, artesanos y hasta obreros indígenas. Los estudios académicos sobre las comunidades indígenas son casi siempre parciales, dispersos, sin un marco global que pueda llegar a su unificación, y en cuanto a los aportes de las propias organizaciones indígenas, son por ahora demasiado escasas. El Cric ha presentado en

su plataforma política un intento de caracterización de la situación indígena en el Cauca, intento que por supuesto, no es ni muy completo ni muy riguroso, pero que sería positivo para el movimiento indígena si lo realizaran para su respectiva zona también otras organizaciones. Consideramos que debería corresponder a los científicos sociales en estrecha relación con las organizaciones indígenas colaborar en la investigación de la situación de nuestras comunidades. A ellos queremos hacerles un llamado para que con su contribución podamos llegar pronto a una caracterización más adecuada de la cuestión indígena en Colombia. Por nuestra parte, la única indicación que aportaríamos es la de que creemos indispensable el doble enfoque; por un lado el étnicocultural, y por otro lado el de la estructura de clases, para definir la situación de cada comunidad y la de la población indígena colombiana en general.
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Documento de discusión sobre el marco ideológico del movimiento indígena

Propuesta de posición política para el movimiento indígena

El hecho de no tenerse una información completa para caracterizar la población indígena de nuestro país no debe ser un obstáculo para señalar las grandes líneas de nuestra posición política. Los indígenas sufrimos a la vez una explotación de clase y una opresión étnico-cultural. Los responsables en ambos casos son los detentadores del poder en nuestra sociedad, o sea fundamentalmente el imperialismo norteamericano y la oligarquía interna. En nuestra lucha contra estos enemigos básicos, los indígenas hacemos parte de las grandes masas explotadas y oprimidas de nuestro país y con ellas debemos estar unidas para buscar soluciones a nuestros problemas. También tenemos que declarar enfáticamente que no habrá solución definitiva dentro de la actual estructura capitalista. Tenemos que luchar por la liberación del pueblo colombiano y por la construcción de una nueva sociedad, sin explotados ni oprimidos. Y esto será también un esfuerzo conjunto de obreros, campesinos, artesanos y desempleados, de blancos, negros, indígenas, zambos y mestizos.

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Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

Tanto ahora como en el futuro, los indígenas tenemos reivindicaciones propias para defender, a veces aun contra otros sectores explotados. La defensa de nuestro territorio contra terratenientes, capitalistas y colonos, el fortalecimiento de nuestros cabildos y autoridades tradicionales y demás formas propias de organización, la utilización de la actual legislación indígena y la lucha contra el nefasto estatuto indígena del Gobierno; la defensa de nuestras tradiciones y cultura contra el Estado, las misiones y hasta [los] políticos «revolucionarios», son algunos de los puntos propios de la lucha indígena actual. Otra cosa que debe quedar muy clara es que no permitiremos imposiciones de ninguna clase en la lucha de liberación que al lado de los demás explotados y oprimidos vamos a dar. No aceptamos que sea una sola raza o una sola clase social la que venga a liberarnos a los demás. La alianza que debemos establecer frente al enemigo común será una alianza entre iguales, y en la elaboración de los planes conjuntos de lucha y en la toma de decisiones los indígenas exigiremos nuestra participación correspondiente.
Nuestro aporte cultural

Los indígenas defendemos nuestra lengua, tradiciones y costumbres, nuestra propia organización social. Creemos que tenemos derecho a conversar nuestra autonomía cultural, tanto ahora como en la sociedad futura, y de oponernos a los distintos planes de integración con los que las clases dominantes quieren ir borrando nuestra identidad. Consideramos, sin embargo, que nuestra posición no debe ser meramente defensiva; en el campo de las luchas populares los indígenas tenemos nuestras propias experiencias, y si bien es necesario que aprendamos de las luchas de otros sectores, también es cierto que nosotros tenemos algo propio para aportar. En el Cauca hemos visto por ejemplo que campesinos blancos, mestizos, negros, han recurrido a nuestros métodos de recuperación de las tierras, han considerado útiles nuestras formas de trabajo comunitario y hasta se

han organizado en cabildos para orientar mejor sus luchas. Algunos resguardos (como una forma de propiedad colectiva de la tierra), se han formado inclusive en lugares donde nunca antes existieron. Pero es en el contexto de nuestra lucha de liberación contra el imperialismo donde nuestro aporte en el terreno cultural puede ser significativo. Es sabido que el imperialismo para consolidar su dominación sobre los pueblos busca destruir sus manifestaciones culturales auténticas para imponer la llamada «cultura de masas» fabricadas en Estados Unidos o Europa. A su vez los pueblos que luchan por su liberación tienen en su patrimonio cultural uno de los medios más efectivos para resistir al colonizador, y para vencerlo en último término. En Colombia o en Latinoamérica, si queremos buscar una cultura propia, es difícil encontrarla a nivel de la clase dirigente. Esta siempre ha sido extranjerizante, avergonzada de habitar un país de «indios» o de «negros», y buscando en Londres, París o Nueva York las luces de la «civilización». Además, el capitalismo tiende a uniformar y a la larga a eliminar la cultura. Creemos que las raíces culturales del pueblo colombiano y latinoamericano hay que buscarlas en los aportes étnicos, indígenas, africanos y aun europeos que sea mezclados o separados, forman la mayor parte de nuestra población. Y son los grupos étnicos menos contaminados por los «valores» capitalistas los que hoy en día pueden dar una mejor contribución a nuestra resistencia cultural. Los pueblos indígenas poseemos una rica y variada cultura que, aunque dominada y agredida, no ha podido ser destruida por los colonizadores. Los modos de vida de nuestras sociedades tradicionales, aun la de las actuales, están llenas de enseñanzas que serán útiles para todo el pueblo en la sociedad futura que vamos a construir. Y los elementos culturales indígenas en nuestro país no subsisten únicamente en las comunidades que aún nos seguimos considerando estrictamente como indígenas. Existe todo un campesinado mestizo (cerca del 50% del total) que conserva muchos elementos comunitarios y otros aspectos de origen indígena, y aun la población inmigrante de las

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Documento de discusión sobre el marco ideológico del movimiento indígena

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Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric)

grandes ciudades demuestra algunos rasgos culturales de clara raíz autóctona. Algo semejante ocurre con los aportes culturales africanos y europeos. Queremos que en la sociedad liberada del mañana cada grupo étnico tenga derecho a su autonomía cultural, sin que se instituya una cultura colombiana que oprima a las demás. Lucharemos por un Estado multi-étnico, que brinde la posibilidad de autogestión, no solo para nosotros los indígenas, sino para todos los grupos étnicos o regionales. Toda forma de opresión, racial o cultural, deberá quedar definitivamente erradicada. Queremos, finalmente, que nuestra lucha no se restrinja únicamente a los límites del actual Estado colombiano. Con los demás pueblos latinoamericanos y muy especialmente con nuestros hermanos indígenas de esos países, debemos comenzar a luchar unidos para que, venciendo al imperialismo, podamos construir algún día la gran sociedad donde revivan los mejores valores de nuestros antepasados.

La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

y de nuestra independencia política*

Co n c l us io ne s d el P r imer Co n g re s o Indíg e n a N ac io n a l , O nic

Este primer congreso nacional, realizado a inicios de 1982 en Bosa, se caracterizó por la amplia participación indígena y por el espíritu de unidad que lo animó. De hecho, el congreso tuvo un gran impacto en la opinión pública. El periódico de circulación nacional El Espectador, que dedicó su página editorial del 25 de febrero al evento, declaró:
Después de varios meses de paciente trabajo, de conseguir una importante participación de las comunidades indígenas que existen en el país, ayer se inauguró oficialmente, con asistencia de un número superior a 2.000 delegados, el primer Congreso Indígena Nacional, bajo el lema de «Unidad, tierra y cultura», en el Colegio Claretiano de Bosa, con la presencia de observadores internacionales y un temario interesante que recoge el estudio de los principales problemas que viven estos compatriotas, miembros de una minoría étnica que no ha sido tenida en cuenta y en cambio sí sancionada y maltratada sin razón, con detrimento de cultura, de religiones y costumbres. […]. El Congreso Indígena no debe, no puede pasar inadvertido a los colombianos porque es una reunión que toca con la patria y porque se requiere de la acción de todos para resolver dificultades. Ojalá el diálogo entre las comunidades indígenas colombianas sea fructífero y redunde en progreso de la Nación. (El Espectador, 1982: 10-A)

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Por su importancia incluimos completo el documento de conclusiones, el cual fue publicado en un folleto de baja calidad que se distribuyó en todo el país. Hoy en día es una rareza encontrar esta publicación.

* Fuente: Primer Congreso Indígena Nacional. Conclusiones y documentos (Onic, 1982: 32-81).

Municipio de Bosa, febrero de 1982

El significado de la tierra para los indígenas

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

La tierra fuente de vida para todos los hombres. Para todos los pueblos del mundo, la tierra ha sido fuente de vida. Ha sido tan importante la tierra para el hombre que por ella se han desatado entre las diversas naciones grandes guerras. Para defenderlas muchos pueblos han luchado durante años y siglos y han hecho grandes esfuerzos y sacrificios. Defendiendo el derecho territorial miles y millones de hombres han muerto. La tierra, fuente de vida para los pueblos indígenas. Para los indígenas del mundo y de Colombia, la tierra tiene un significado particularmente importante. Por una parte, la vida económica de los indígenas depende casi exclusivamente de la tierra. Como a todos los campesinos, la tierra ofrece a los indígenas lugares especiales para sus huertas, para sus rozas, para sus conucos, para sus chagras, para la cría de sus animales domésticos. Les ofrece bosques de los cuales puedan sacar las maderas para sus viviendas, plantas medicinales para curar sus enfermedades, y en los cuales puedan cazar animales que les provean carne. Les ofrece aguas abundantes para alimentarse, regar sus cultivos y para la captura de variedad de peces que ayudan en la alimentación de las familias. La tierra es mucho más importante para la vida de los indígenas en comunidad. Los indígenas viven en comunidad y no pueden vivir sin comunidad. Cuando se acaba la comunidad se acaba la cultura, los conocimientos acumulados por muchos años, y se acaban los indígenas. Cuando los indígenas tienen poca tierra o no la tienen, se ven obligados a trabajar para gente no indígena, obligados a abandonar su familia, a dejar su gente, a aceptar otras formas de vida distintas, a abandonar sus costumbres. Se acaba la solidaridad, la ayuda mutua. Cuando no hay tierra, cada indígena tiene que luchar solo, defenderse solo, pensar solo, soportar solo la enfermedad y no tiene con quien compartir la tristeza o la alegría; el indígena solo no puede vivir, porque la fuerza para vivir está en la comunidad.

Las luchas de los indígenas por la tierra

Lucharon contra la Conquista. Los indígenas colombianos siempre han luchado por la tierra, cuando llegaron los invasores españoles los indígenas lucharon valiente y resueltamente para defender la tierra. Lucharon los chibchas, lucharon los panches, lucharon los pijaos, lucharon los quimbayas, lucharon los katíos, lucharon los taironas, lucharon los paeces, lucharon los pubenses, todos lucharon. La sangre de los indígenas regó los valles y las montañas de esta tierra que eran de los indígenas. Lucharon por muchos años y los invasores españoles tuvieron que pagar muy caros sus actos de usurpación y de pillaje. Lucharon por muchos años y los invasores terminaron arrebatando gran parte de sus territorios, y no fue por falta de valor de los indígenas, sino por la falta de unidad que supieron aprovechar los enemigos. Por la falta unidad los enemigos consiguieron enfrentar a unos indígenas con otros y sacar ventaja. Lucharon durante la Colonia. Durante este tiempo los indígenas divididos y separados siguieron luchando contra los ocupantes españoles y sus hijos, que se habían enriquecido a costa de los trabajos y de las tierras indígenas. Y lucharon duramente con las armas y lucharon con la fuerza de su derecho frente a los tribunales y a las autoridades españolas. Los relatos históricos de la época contienen el testimonio de esas luchas y de los archivos que se conservan llenos de papeles en donde muestran la tenacidad de los indígenas en la protección de sus tierras. Fueron vencidos muchas veces porque los enemigos contaban con el favor y la complicidad de las autoridades. Pero también conquistaron victorias. Las luchas indígenas y la perseverancia de esas luchas y la claridad de los derechos indígenas obligaron frecuentemente a los gobernantes a reconocer que los indígenas eran dueños de parte, por lo menos, de las tierras usurpadas o amenazadas de usurpación. En aquellos días nacieron los resguardos indígenas. Con su reconocimiento se aceptaba no solo el derecho real y el legítimo de los indígenas a la tierra, sino el derecho a disponer con cierta libertad del uso y aprovechamiento de ella, y cierta libertad para manejar y

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

resolver asuntos internos de cada comunidad. Los resguardos fueron una conquista de las luchas indígenas. Han luchado después de la Independencia. Con la llamada independencia de España y la llamada formación de la república, no cesaron ni la ofensiva de los gobernadores y los terratenientes por arrebatar la tierra a los indígenas, ni cesaron las luchas de estos pueblos para defenderse. Desde 1820 y hasta hace unos diez años fue casi una obsesión de todos los gobiernos y los partidos políticos la liquidación de los resguardos indígenas como manera eficaz para disolver las comunidades, arrebatarles la tierra por la violencia o a menor precio y reducir a los comuneros a la condición de jornaleros y esclavos de las haciendas. Muchas comunidades indígenas pequeñas o mal organizadas sucumbieron a las presiones y las artimañas divisionistas. Estas comunidades ya no existen y los indígenas desaparecieron. Sobre las tierras así arrebatadas a los indígenas los terratenientes fundaron sus haciendas y latifundios. Otras comunidades a base de organización y decisión supieron mantener su integridad territorial, y se conservan y siguen luchando, porque en ningún momento los enemigos de las comunidades de los indígenas han abandonado totalmente su interés y su propósito de acabarlas. Otras formas de acabar a los indígenas después de la salida de los españoles, han sido utilizadas contra las comunidades que viven en las regiones de selva y de sabana; son la colonización y las misiones religiosas. A veces la colonización y las misiones actúan separadas, a veces actúan juntas, pero casi siempre se ayudan unas a otras. Ordinariamente los colonos son gentes pobres, expulsadas de sus tierras en el interior del país, que arriman hasta las comunidades indígenas en busca de sitios para montar sus viviendas y sus cultivos. Detrás de los primeros llegan otros y al poco tiempo los indígenas ya no tienen tierra ni bosques, ni aguas y la comunidad se ha terminado, porque unos mueren, otros se van lejos y otros se quedan trabajando para los recién llegados. Las misiones también hacen frecuentemente mucho daño a las comunidades selváticas o sabaneras porque les quiten las tierras directamente o facilitan o

promueven la entrada de colonos; y también porque muchas enseñanzas que se dan a los niños indígenas en las escuelas misioneras les hacen abandonar sus tradiciones, les hacen abandonar sus sistemas de aprovechar la tierra y su interés en defenderla. Los indígenas de selva y de sabana han tenido que luchar muy duro para mantener sus comunidades. Estas comunidades han sufrido mucho porque aprovechando la mala voluntad de las autoridades, y la falta de ellas en algunas regiones, los colonos y las misiones cometen grandes abusos y atropellos. Hasta hace poco tiempo estas luchas han sido aisladas, por eso se han perdido muchas tierras y se acabaron las muchas comunidades. Muchas comunidades de selva y sabana se empezaron a unir. En los últimos años el Gobierno ha tenido que reconocer el derecho territorial de muchos de estos pueblos que han luchado para conseguirlo. Hay más de noventa comunidades que han recibido del Gobierno los títulos de propiedad de la tierra. Aún muchas de estas reservas y resguardos tienen problemas de colonos, pero los indígenas de ellas están luchando duramente para conseguir el saneamiento de esas áreas y para impedir que los colonos continué ensanchándose. Simón Bolívar, inspirador de las comunidades indígenas. Muchas veces han dicho gentes que quieren desconocer los derechos de los indígenas sobre la tierra que la lucha de las comunidades es una lucha contra el Gobierno. Eso es falso. Se dice también que los indígenas en esta lucha por la tierra buscan hacer desorden y crear problemas. Esto es falso. Los indígenas luchan por el derecho a poseer la tierra que es la base de la vida, y la propiedad es un derecho garantizado a todos los colombianos en la Constitución Nacional. Los indígenas luchan para hacer efectiva la orden de Libertad Simón Bolívar, 1820. «Se devolverán a los naturales, como propietarios legítimos, todas las tierras que formaban los resguardos, según sus títulos, cualquiera que sea el que aleguen para poseerlas los actuales tenedores». (Decreto de mayo 20 de 1820).

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

Situación actual de los indígenas en materia de tierra

Situación legal. De acuerdo con los recientes documentos del Gobierno la población indígena del país, según el tipo de tenencia de la tierra, se encuentra distribuida en la siguiente forma:
sectores n ú m e ro p o b l ac ión

%
36 11 5 19 7 22 100

Resguardos Reservas Comunidades civiles indígenas Reservas en proyecto (ocupantes de baldíos) Poseedores individuales (en baldíos) Pendientes de estudio (La Guajira) Total

73 79 13 71 23 3 262

138.253 39.981 19.800 76.371 325.555 85.854 285.814

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

La información de que disponen las organizaciones indígenas no permiten tener una gran confiabilidad en los datos anteriores –especialmente en lo que se refiere al volumen de la población que se le asigna a cada sector, y por lo mismo a la población total de indígenas del país– ya que las cifras que allí aparecen son notoriamente inferiores a las que se dan en la realidad que conocen los indígenas. Sin embargo, el cuadro es importante por dos razones: primero porque, por primera vez, se intenta una distribución de los indígenas, siguiendo el tipo de relación legal de estos con la tierra, aclarando de paso aquellas formas de tenencia a las cuales el Estado atribuye eficacia legal y cuales constituyen títulos precarios para la defensa de los derechos indígenas. En segundo lugar, porque muestra de bulto la situación de abandono en que se encuentra la gran mayoría de población indígena del país con relación a la protección jurídica que el Estado debe prestarle para la defensa de la tierra. En efecto, según el cuadro los dos únicos sectores de indígenas que gozan de algún grado de protección legal, es decir, que cuentan con títulos reconocidos como tales por el Gobierno, suman 178.234 indígenas, es decir, el 47%: menos de la mitad de la población total de indígenas del país. El resto, 207.580 (un 53%), o sea más de la mitad

de los indígenas, no tienen ningún documento que los proteja ante las autoridades frente a la voracidad de los terratenientes o de las compañías que explotan recursos naturales. En término claros, lo anterior significa que más de la mitad de la población indígena colombiana no ha recibido del Estado un reconocimiento de su dominio ancestral sobre las tierras que ocupa, y significa que en cualquier momento este importante sector de la población se encuentra expuesto a ser desalojado de sus territorios. Pero lo anotado no muestra toda la gravedad del problema, porque es bien sabido que los indígenas de las reservas y resguardos tampoco tienen resuelto en forma absoluta su problema de tierra. En las reservas constituidas por el Incora subsiste un crecido número de colonos que todos los días perturban la vida de los indígenas ensanchando sus posesiones, lanzando sus ganados contra los cultivos de los indígenas, amenazándolos con violencia, e impidiéndoles adelantar sus actividades tradicionales de caza y pesca. El Gobierno se ha comprometido reiteradamente a negociar las mejoras de estos colonos, pero los años pasan y la situación sigue complicándose. En este mismo asunto de las reservas cabe observar que la propia figura de la reserva, acogida como forma de entrega de la tierra a los indígenas, no aparece la más conveniente, si se piensa que, según el criterio de algunos abogados, no entraña claramente la propiedad de la tierra para los indígenas. Pero ni siquiera los mismos resguardos que vienen funcionando como tales desde la época de la Colonia se hallan exentos de problemas. Muchos de ellos se encuentran invadidos por gentes extrañas que han logrado consolidar sus ocupaciones por largo tiempo. Los indígenas han reclamado legalmente la devolución de sus territorios infructuosamente. Otros de estos resguardos, dentro de una política divisionista y desconociendo títulos reconocidos antes como válidos, fueron declarados inexistentes y hoy, pese a que las comunidades respectivas someten su vida a las disposiciones de la Ley 89 de 1890, los alcaldes de los municipios se niegan a reconocer los cabildos elegidos por las comunidades y se niegan a aprobar los actos de adjudicación de tierras que realizan y a respaldar sus decisiones resolviendo

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

­ roblemas internos de las respectivas comunidades (debe observarse, p sin embargo, que tal vez el problema más grave que presentan las parcialidades que funcionan desde tiempo atrás como resguardos es el agudo régimen de minifundio que caracteriza a la mayoría de ellos). Situación Concreta. Pero los problemas legales de los indígenas en relación con la tierra son apenas una parte de los problemas. Es necesario referir aquí los problemas concretos. Estos problemas aparecen más claramente cuando se observa cuál es el aprovechamiento que cada grupo indígena da a la tierra. En el mismo documento oficial que específica a los indígenas por su relación legal con la tierra, se encuentra una clasificación de los indígenas por las fuentes más importantes de su vida económica. Ésta determina que los tres sectores más importantes son:
sector p o b l ac ión

%
44 20 36

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

Fundamentalmente agricultores (zona Andina y Sierra Nevada) Ganaderos con actividades complementarias como el jornal y otras (La Guajira) Agricultores de subsistencia que complementan con cacería, pesca y recolección (regiones de selva y sabana) Total

169.758 77.162 138.893

385.814

100

Otra vez convendría formular algunas observaciones a esta clasificación, en la medida en que ofrece cifras tan bajas de la población indígena que contrarían las más claras evidencias, y en la medida en que ubican en una forma muy rígida geográficamente cada uno de los sectores en que podría distribuirse la población indígena por su actividad económica más importante. Sin embargo, es necesario indicar que dicha clasificación es aproximadamente correcta y que las características que se asignan a cada sector se ajustan a la realidad. En el sector de los indígenas agricultores la característica central es la reducida extensión de los territorios comunales. Este hecho puede mostrarse claramente mirando el caso del Cauca, departamento en el cual de las 53 comunidades indígenas reconocidas por el ­ Gobierno

24 tienen serios problemas de minifundio, y en ellas vive una población de 55.000 habitantes distribuidos en 10.000 familias. Estas familias tienen en promedio una superficie útil de tres hectáreas aprovechable en suelos de baja calidad. Si se piensa que, el tamaño adecuado de tierra suficiente para una familia campesina en dicho departamento ha sido calculada en veinte hectáreas por los mismos técnicos del Gobierno, se comprende que las razones invocadas por los indígenas para reclamar soluciones al problema de la tierra son reales, son concretas: son un faltante aproximado (aun admitiendo las cifras de población divulgadas por el Gobierno) de 170.000 hectáreas, faltante que se traduce en desempleo, en la existencia de formas serviles de trabajo en una jornalería ocasional y remunerada al antojo de los patronos y en bajos ingresos, en desnutrición en la inmigración de la gente indígena, en la descomposición de las comunidades, en la liquidación paulatina y callada de los indígenas. La situación de los indígenas agricultores del Cauca, es bien parecida la situación de los indígenas de Nariño, de toda la Región Andina, de la Sierra Nevada, etc. A fines de 1980 los técnicos del Gobierno Nacional que estudiaron el asunto, según las publicaciones de prensa, daban cuenta que para resolver el problema de tierras actual en este sector indígena de agricultores se requeriría ampliar sus posesiones en una superficie no inferior a las 293.000 hectáreas. Inclusive llegó a calcularse entonces el costo que este programa tendría para el Gobierno en la suma de dos mil trecientos millones de pesos. Es decir, sería un programa que el Gobierno podría ejecutar a corto plazo, dejando de construir dos o tres puentes de los que construye actualmente en Bogotá, para embellecer la ciudad y alentar la vanidad del señor Alcalde. En el sector de indígenas ganaderos (especialmente en La Guajira) los problemas de la tierra son de distinta índole. El primero, y al cual ya aludimos, es el de la falta de legalización de la tierra en cabeza de los indígenas. Se sabe que en La Guajira hubo resguardos hasta mediados del siglo pasado, pero estos fueron disueltos por el Gobierno, dejando a los indígenas sin protección legal alguna. Durante

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

mucho tiempo la baja calidad de los suelos de esta región no atrajo a los extraños, pero de unos años para acá la invasión de colonos ha sido creciente. En los territorios de La Guajira los indígenas están siendo desalojados progresivamente y los nativos se han visto forzados a emigrar más y más hacia el norte, donde las tierras son más estériles. Un segundo problema que afrontan estos indígenas es el de la pérdida de tierras por el acaparamiento. Algunos mestizos y gente no indígena, vinculadas de tiempo atrás a La Guajira y enriquecidos en actividades ilícitas, han venido comprando tierras y posesiones a los clanes y familias indígenas, que han visto cada vez más reducidas las tierras de pastoreo para sus ganados. El gobierno no ha tomado ninguna medida para evitar este fenómeno. Al contrario, muchas de estas familias enriquecidas en esta forma y convertidas en terratenientes han entrado a ocupar puestos importantes en la administración del Departamento. En esta forma han consolidado su poder, que utilizan acaparando cada vez más y más tierras. Un tercer problema que afecta la situación territorial de los indígenas de La Guajira tiene que ver con la carencia de agua y la baja precipitación de la península. El gobierno ha hecho mucha bulla con el anuncio reiterado de irrigación de La Guajira, de canalizar hacia esa zona algunos ríos de la Sierra Nevada, de un plan sistemático de la apertura de pozos, de convertir La Guajira en «oasis». Pero todo esto ha sido promesas. Los indígenas guajiros siguen abocados a morirse de sed y a ver morir de sed a sus rebaños esperando la lluvia de promesas que se desgranan abundantemente cada cuatro años. En el sector de los indígenas que mantienen una agricultura de subsistencia complementada con actividades como la cacería y la pesca, los problemas de tierras se originan por el permanente avance de la colonización que los va desalojando de sus sitios de asentamiento. Como dijimos anteriormente, estos indígenas suman (aún admitiendo los datos limitados que da el Gobierno) cerca de 140.000 personas que representan más de 36% del total indígena del país. En algunos casos, como ya quedo dicho esta colonización se orienta en forma espontánea por campesinos desalojados del interior del país por los

grandes capitalistas, quienes compran a menor precios sus tierras para consolidar sus grandes latifundios. Otras veces esta colonización es impulsada por el mismo Gobierno a través de la apertura de vías y la destinación de recursos crediticios que persiguen resolver problemas de orden social sin afectar los intereses de los latifundistas. Frecuentemente los problemas de desalojo de estos indígenas se presentan cuando llegan hasta ellos las compañías que explotan recursos naturales como maderas, oro, petróleo. Estas compañías no solo arrebatan a los indígenas sus recursos sino que llevan consigo, por lo regular, gran cantidad de trabajadores que perturban la vida de los indígenas y terminan estableciéndose en las tierras indígenas. En el tratamiento de estas poblaciones, asentadas por lo regular en las regiones de selva y de sabana, el Estado ha tenido una política contradictoria. Por una parte, siempre ha expedido disposiciones legales comprometiéndose a reconocer a cada pueblo el dominio de las tierras tradicionalmente ocupadas. En este sentido son claras algunas disposiciones del siglo pasado; en el presente siglo han sido explícitas, entre otras, la Ley 60 de 1916, la Ley 135 de 1961, y la Ley 31 de 1967. De otro lado, los distintos gobiernos en sus políticas de tierras han dado en considerar las tierras ocupadas por indígenas como zonas deshabitadas y en catalogarlas como tierras baldías, abiertas a la libre colonización. Ningún gobierno ha tenido el valor de fijar un criterio claro sobre este particular. Los indígenas esperan confiados que se cumplan las leyes a su favor mientras la colonización avanza y avanzan las compañías que saquean los recursos de su territorio. Es cierto, como ya lo anotábamos, que se han creado reservas y algunos resguardos para una parte de esta población, pero más de las dos terceras partes de los indígenas de selva y de sabana se dedican a una agricultura de subsistencia y practican la caza y la pesca para vivir, no tienen ningún recurso para defender sus territorios.
Tres asuntos especialmente serios

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

Por revestir una especial gravedad y constituir en este momento una verdadera amenaza para la supervivencia de importantes

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­omunidades indígenas del país, deben mencionarse tres asuntos c que requieren la atención y la toma de decisiones de los delegados del Primer Congreso Nacional Indígena. El primer asunto tiene que ver con el anunciado y reiterado propósito del Gobierno Nacional de construir represas o embalses que provean regularmente de agua a varias plantas generadoras de energía eléctrica en el país. Se ha hecho público este propósito, que separamos en los siguientes casos que afectarían directamente y gravemente a pueblos indígenas: a) Dos represas en el Alto Sinú, municipios de Montelíbano y Tierra Alta que represan los ríos Sinú, Esmeralda, Verde, Manso y San Jorge, arrebatarían a los indígenas embera katío que habitan una zona de una superficie cercana a las sesenta mil hectáreas. b) Una represa en la región de Catatumbo, Municipio de Tibú, que represando el río Catatumbo dejaría prácticamente sin tierras a los indígenas motilón barí que habitan el sector y que desde hace años vienen gestionando ante el Gobierno la entrega legal de sus tierras. c) Una represa en la región denominada Garrapatas, municipios del Dovio y Bolívar que, represando el río Garrapatas privaría de las mejores tierras de labranza a los indígenas chamí, para los cuales destinó el Gobierno Nacional hace poco tiempo una reserva territorial. d) Cuatro o cinco represas en la región de la Sierra Nevada de Santa Marta, en jurisdicción de varios municipios que, represando un buen número de ríos y corrientes menores afectarían gravemente la vida económica y las posibilidades de supervivencia de los indígenas arhuacos, kogui y malayo que ocupan en este sector del país, y que prácticamente, convertirían en una burla las recientes adjudicaciones de tierras hechas a estos pueblos por el Gobierno después de largos años de luchas y sacrificios. Los técnicos encargados del estudio de estos proyectos y en algunos casos los representantes de las empresas encargadas de la ejecución de las obras, se pasean tranquilamente por los territorios indígenas estudiando los suelos, tomando niveles de precipitación,

mirando la cobertura forestal que tendrían que remover trazando vías. Pero nada se ha dicho de lo que se piensa sobre la suerte de los seres humanos que resultarían afectados. De ellos se hace caso omiso. No cabe entablar un debate sobre las necesidades de electrificación que pueda tener el país. Lo discutible en este caso es la extraña coincidencia de que la mayoría de los proyectos de represas y embalses con tales fines tengan precisamente que cumplirse sacrificando la vida de las comunidades indígenas. Y lo más discutible aún es que los estudios que tienden a establecer la factibilidad de estos proyectos tomen en cuenta todos los factores menos el factor de las comunidades dueñas de las tierras susceptibles de afectación. No sabemos hasta donde estén dispuestos a avanzar el Gobierno y las compañías encargadas de estas obras sin informar de sus propósitos a las comunidades indígenas y sin contar con estas. De todas maneras debe ser claro para todos los participantes en este Primer Congreso Nacional Indígena y debe ser claro para el Gobierno Nacional que además del derecho natural de supervivencia que asiste a todo ser humano, existen leyes que protegen los derechos de los indígenas en estos casos y que no pueden ser violadas por el Gobierno. El artículo 12 de la Ley 31 de 1967, por la cual se aprueba un convenio internacional sobre poblaciones indígenas, suscrito en Ginebra en 1957 dice: 1) No se deberá trasladar a las poblaciones en cuestión de sus territorios habituales, sin su libre consentimiento, salvo por razones previstas por la legislación nacional relativas a la seguridad nacional, el desarrollo económico del país o a la salud de dichas poblaciones.2) Cuando en esos casos fuere necesario tal traslado a título excepcional, los interesados deberán recibir tierras de calidad por lo menos igual a las que ocupaban anteriormente, y que le permiten subvenir a sus necesidades y garantizar su desarrollo futuro. Cuando existan posibilidades de que obtengan otra ocupación, y los interesados prefieran recibir una compensación en dinero o en especies se les deberá conceder dicha compensación, observándose las garantías apropiadas. 3) Se deberán indemnizar totalmente a las personas así trasladadas

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por cualquier pérdida o daño que hayan sufrido como consecuencia de su desplazamiento. Un segundo asunto tiene que ver con el saneamiento de las reservas y resguardos territoriales legalmente adjudicados a las poblaciones indígenas de ochenta o más comunidades en el país. El Gobierno Nacional ha anunciado públicamente por boca de sus ministros, directores de institutos y otros organismos, su propósito de entregar estos territorios libres de ocupación de terceros y sus beneficiarios. Se tiene conocimiento también que el Señor Presidente de la República al decretar 1981 como el Año Nacional del Indígena quería que antes de terminar su mandato ese propósito fuera una realidad. Por la prensa y por la radio se ha anunciado que gran parte de los dineros que se aprobaron para el llamado «Programa de Desarrollo Indígena» estaban destinados a ese fin. ¿Qué ha pasado? Los indígenas del Vichada siguen soportando la violencia de los colonos que les amenazan de muerte, que les prohíben cazar y pescar en sus propios territorios, que les lanzan los ganados contra sus conucos. Los indígenas del Chocó y de Urabá continúan resistiendo la avalancha de colonos que les quitan sus tierras. En la mayoría de los resguardos y reservar las disposiciones del Gobierno siguen siendo letra muerta para las autoridades que solo atienden las insinuaciones de los colonos y latifundistas. El tercer asunto tiene que ver con la concesión de Gobierno a una compañía para la explotación de los yacimientos de carbón de La Guajira. No es el propósito de los participantes en el Primer Congreso Nacional Indígena enjuiciar dicha concesión o el contenido de los contratos que hayan podido celebrarse en esta materia. Solamente conviene precisar que, por la dimensión de las obras que implicaría el montaje de esta empresa, por la mano de obra que presumiblemente vaya a utilizarse en ella, por el tamaño de las obras de infraestructura que vaya a requerir la puesta en marcha de este proyecto, por las modalidades mismas de los sistemas de extracción del carbón, etc., se puede predecir que la población indígena de la región va a ser seriamente afectada. Como en el caso de las represas a que aludimos en un punto

anterior, nada se ha dicho hasta la fecha de la manera como se va a compensar a los indígenas los daños de todo orden que se vendrán indudablemente sobre ellos. Al parecer todos los documentos que fijan obligaciones para el Gobierno Nacional, y las compañías contratistas se hallan firmados y en regla. Los indígenas, dueños ancestrales de estas tierras ni siquiera han sido testigos mudos de estos acuerdos. Sencillamente han estado ausentes de ellos. Se nos informa que, sin que se hubiera presentado ninguna oposición ni observación del Ministerio de Gobierno, defensor de los indígenas, las compañías encargadas de construir un ferrocarril en la región ya han recibido del gobierno las tierras indispensables, y en este momento proceden a desalojar sin contemplaciones a los indígenas que las ocupan.
Necesidad de luchar por la tierra y defenderla

De todo lo dicho queda en claro unas dos cosas muy sencillas: Primera: nadie sino los indígenas mismos cuando les falta la tierra o la tienen escasa pueden conseguirla. Tampoco nadie, sino los indígenas mismos, cuando no tienen legalizada la propiedad de la tierra pueden conseguir su legalización. Y otra cosa no pueden conseguirla así fácilmente, como quien hace un paseo grande para visitar a un pariente o como quien hecha el anzuelo al río y espera tranquilo la mordida del pez para sacarlo e irse a su casa, no. La tierra y su legalización se consiguen con una lucha larga y frecuentemente dura. Siempre ha sido así. Segunda; queda claro también de lo ya dicho que no basta conseguir tierra o legalizar la propiedad de la que ya tenemos. No basta, porque los enemigos de los sistemas de vida de los indígenas siempre están al acecho para arrebatárnosla y liquidar nuestra comunidad. Y no basta conquistarla, porque a veces unos pocos ambiciosos dentro de cada comunidad monopolizan las tierras y dejan a la inmensa mayoría de los comuneros en la pobreza. Se requiere, por lo tanto consolidar la conquista de la tierra, es decir, afianzarla, y afianzar la legalización de la propiedad. La conquista de la tierra, la conquista de la legalización de la

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propiedad de la tierra y la consolidación de ambas se consiguen con organización, porque estas tarea suponen una lucha larga y la base de la lucha es la organización. La organización debe traducirse en el fortalecimiento de las autoridades que han salido del seno de las comunidades y en la ayuda de esas autoridades para que tomen decisiones correctas y para que sus decisiones se cumplan. Además es particularmente importante, que, una vez conseguida la tierra su reparto y aprovechamiento se hagan en forma democrática. Los privilegios de cualquier clase en estos asuntos quebrantan la organización porque desmoraliza a los comuneros. Dentro del espíritu que se desprende de estas conclusiones, deben los indígenas mantenerse alerta, y estar dispuestos para realizar los trabajos que se necesitan para conseguir la tierra, para legalizar la propiedad de las tierras y para conservarlas. Hay unas tareas a nivel de cada comunidad que deben cumplirse día a día. Y hay unas tareas, que deben cumplirse a nivel de la organización nacional, porque son tareas que nos benefician a todos, ya que su cumplimiento fortalece nuestro mejoramiento general y nuestras condiciones de lucha. Algunas de las tareas importantes en este momento son: 1) Demanda al Gobierno Nacional por todos los medios, el pronto saneamiento de las reservas y resguardos, indígenas. Demandar que las reservas ya constituidas se les asigne el carácter legal de resguardos, regidos en el manejo de las tierras, en el funcionamiento de los cabildos, etc. Al régimen de la Ley 89 de 1890. 2) Acompañar solidariamente y prestando atención permanente en lo que les suceda a los indígenas que en este momento enfrentan la amenaza de construcción de represas en distintos lugares del país, a los indígenas guajiros amenazados por el montaje de una gran empresas, destinada a la extracción de algunos yacimientos de carbón, a los indígenas de distintos asentamientos que enfrentan serios problemas con las compañías madereras y mineras de distintos tipos. 3) Luchar por la pronta legalización de la propiedad de la tierra a todo el sector de indígenas que habitan las regiones de selva y de sabana y que enfrentan serios conflictos con la colonización, los

­erratenientes y en algunos casos con las compañías que saquen sus t resguardos. 4) Luchar por consolidar la propiedad de las Reservas y Resguardos constituidos por el Incora, nombrando los cabildos que representen y orienten a cada comunidad. Estos cabildos deben nombrarse sin alterar las organizaciones tradicionales ni mengue las costumbres del grupo y del prestigio de los ancianos y las personas investidas de autoridad.
Cultura y religión

Las culturas indígenas: un problema de todos los colombianos. Para consolidar la opresión económica y política sobre el pueblo colombiano, el imperialismo y las clases dominantes del país requieren legitimarla mediante su dominación ideológica. Su fuerza depende, en parte, de la “ interiorización” de creencias, valores y cultura dominante, por parte de los sectores explotados. Durante la Colonia, por ejemplo, la corona española ordenó que los encomenderos sostuvieran curas doctrineros, en sus «repartimientos de indios», para enseñar a los nativos los usos y costumbres españolas y cristianas. A partir de la segunda mitad del siglo xvii, se inició una tenaz persecución de todas las lenguas indígenas forzando a los indígenas hablar español con el fin de romper una de las principales barreras para la implantación de la ideología colonial. Durante el periodo «republicano», los misioneros conservaron su función de difundir e imponer en las agrupaciones indígenas la ideología de las clases dominantes, pero su papel fue reforzado por la escuela y los medios masivos de comunicación. En el proceso de dominación ideológica, uno de los procesos más importantes por parte del imperialismo es lograr la falsificación de la conciencia histórica o étnica de los pueblos oprimidos. La ideología considera a los misioneros como «civilizadores», a los colonos como «racionales», y la desintegración de las comunidades como muestra del «progreso» para así justificar y ocultar las relaciones de explotación y violencia que el capitalismo ejerce sobre toda la sociedad y en particular sobre la sociedad indígena.

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En una escala diferente, el imperialismo y la oligarquía tratan de convencer al resto de la población sobre la «superioridad» e identifican el «desarrollo» del país con el logro de los niveles de consumo y modelo de vida de las poblaciones de los países capitalistas industrializados. Así mismo, sostienen la existencia de una «nacionalidad colombiana» en términos fundamentalmente españoles y cristianos. Esto significa que el problema de la cultura es un tema central no solo para las minorías étnicas del país (indígenas y negros) sino para el pueblo colombiano. Los sectores populares –incluidos los de clase media– han luchado y deben combatir la ideología y cultura dominante para construir modelos de vida propios a nuestra historia, a nuestra geografía e «idiosincrasia». En la lucha contra la penetración imperialista los indios tienen una gran importancia: las comunidades indígenas conforman uno de los sectores populares más independientes de la ideología imperialista. Las tradiciones orales indias resaltan, por ejemplo, el papel de sus propios luchadores contra el opresor colonial, y expresan un punto de vista opuesto al de la historia oficial. Para la ideología dominante, por ejemplo, el Yarocamena es un indígena completamente desconocido; para los indios del Amazonas, en cambio, fue un gran líder que organizó la resistencia con heroísmo para enfrentar a la nefasta compañía cauchera de la Casa Arana. Para los mamös de la Sierra Nevada la expansión del capitalismo no es un signo del «progreso de los tiempos», sino un serio motivo de preocupación que los incita a hacer mayores esfuerzos por cuidar la Madre Tierra y equilibrar el mundo. El bagaje cultural de las comunidades indígenas tiene un gran valor estratégico en el proyecto de reconstrucción de una nueva sociedad y cultura: sus patrones tradicionales alimenticios, médicos, educativos, agrícolas, políticos, etc., son fundamentales para la investigación de modelos de vida propios e independientes para todos los colombianos. La contradicción ideológica entre las culturas indígenas y el capitalismo tiene repercusiones en el sistema económico. En el proceso productivo el trabajador indígena persigue, sobre todo, el

valor de uso de lo que produce. Incluso cuando el campesino indígena cultiva un determinado producto o fabrica un bien para venderlo en el mercado y lo cambia por dinero, su meta es poder adquirir otros artículos o mercancías para satisfacer ciertas y determinadas necesidades. Su cultura ha definido sus necesidades y limitado más o menos con precisión el número y carácter de estas. El capitalista busca siempre el valor de cambio de lo que los trabajadores le producen; le interesa, fundamentalmente, acrecentar el capital (dinero) cada vez más. El sistema capitalista se las ingenia (gracias a la propaganda) para que los consumidores no paren de comprar, y para expandirse necesitan inventar constantemente nuevas y artificiales necesidades. En esta caracterización general, necesariamente esquemática, se evidencia que los mecanismos económicos del capitalismo no son suficientes por sí mismos para destruir las minorías étnicas, sino que necesita del apoyo de los aparatos ideológicos capitalistas –misiones, escuelas, medios de comunicación, entidades crediticias– para alterar la conciencia del indígena y subyugarlo al mercado. Poder tradicional y resistencia étnica. En las comunidades indígenas, así mismo, el ejercicio de la política tradicional está muy ligado con los otros aspectos culturales. Las autoridades tradicionales deben utilizar su influencia para dirigir los trabajos, representar a la comunidad ante los extraños y para proteger religiosamente a la comunidad. La autoridad tradicional se confirma mediante el reconocimiento de las enseñanzas de los antepasados o por medio de diferentes ceremonias religiosas. En la Amazonía un jefe indígena (capitán) debe conocer necesariamente las historias de los antiguos y los rituales del grupo. El poder de los capitanes depende de los instrumentos sagrados (tambores, bastones, yadicos, etc.) que tenga. Un capitán que se respete debe poseer su propia maloca para celebrar las fiestas tradicionales. Aquellos jefes que no reúnen estas condiciones (como los impuestos por los misioneros o los funcionarios gubernamentales) no tienen aceptación de la gente y son, por lo tanto, incapaces de dirigir la comunidad.

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Desde esta perspectiva, es ridícula la pretensión gubernamental de que cada año toda comunidad elija de nuevo su «capitán». ¡Como si la sabiduría de los antepasados se pudiera medir con votos! En otras regiones del país, como el Cauca, los gobernadores del cabildo confirman su autoridad con ciertas ceremonias en las lagunas, siguiendo antiguas tradiciones de las comunidades. Uno de los aspectos más sobresalientes de las costumbres políticas tradicionales de muchas de nuestras comunidades indígenas consiste en la gran importancia que dan al consenso en las decisiones de la colectividad. Los jefes katío (emberá) del Alto Sinú, por ejemplo, consultan a prácticamente toda la comunidad antes de proceder a tomar una resolución de importancia; se tiene en cuenta no solamente a las mujeres sino también a las personas más jóvenes. En el Amazonas las decisiones de un grupo la toman los hombres adultos reunidos en el «mambeadero» y precedidos del consumo ritual de la coca y del tabaco. Se discute con paciencia antes de optar por alguna alternativa. Debe destacarse que en gran parte de las agrupaciones indígenas las decisiones colectivas no se toman por simple mayoría de votos sino que se trata de lograr y crear a todo nivel una unanimidad del grupo. Por esta razón ciertas instituciones –como la acción comunal– son nefastas para nuestra organización: no solo porque funcionan de acuerdo a una estructura clientelista, ajena a nuestros intereses, sino porque sus principios de organización son contrarios a los nuestros. La adhesión a nuestras creencias tradicionales nos impulsa a actuar con unidad y respetar las decisiones tomadas por nuestras autoridades tradicionales. Ciertamente, los barí, por ejemplo, carecen prácticamente de jefes y nadie dispone del poder ni de los medios suficientes para obligar a otros miembros de la comunidad a obrar de determinada manera. Si se quiere, los medios de persuasión son predominantemente de carácter ideológico (brujería) y no propiamente físicos o violentos. La carencia de autoridades centralizadas puede ser, sin embargo, negativa en ciertos casos, cuando debemos enfrentar la penetración

de la colonización o de proyectos petroleros, mineros, hidroeléctricos. Empero, las condiciones de lucha han llevado a ciertos grupos a unificarse. Por ejemplo los embera wounana del Chocó –una de las agrupaciones indígenas más fragmentadas políticamente en términos de poder– posee ciertos jefes que los representan ante los colonos, misioneros, comerciantes, funcionarios del Estado, que recientemente se han organizado en una entidad mayor (Orewa). Esto ha sucedido en otras zonas del país, como por ejemplo en el Vaupés o en el Vichada (Criva, Unuma). En la región andina la autoridad política reposa en los cabildos. Cada parcialidad (o resguardo) posee su propio cabildo, y los cabildantes son elegidos periódicamente por los miembros de la comunidad. La función del cabildo consiste en organizar los trabajos, repartir las tierras comunales disponibles, dirimir disputas internas y representar al resguardo ante las autoridades blancas. El cabildo fue una institución impuesta por los españoles a las comunidades indígenas en el siglo xvii y xviii, pero la adaptamos a nuestros intereses y tradiciones. Ha sido una de los principales instrumentos para la defensa de las comunidades indígenas y constituye una organización política tradicional fundamental para defender la tierra de los resguardos y recuperar la robada por los terratenientes. En el norte del Cauca, por ejemplo, los terratenientes se apoderaron ilegalmente de las tierras de muchos resguardos para anexarlas al latifundio; nuestros compañeros indígenas quedaron inmersos como peones o terrazgueros en dichas haciendas. Muchos de los cabildos subsistieron y los terratenientes los utilizaban como intermediarios entre ellos y el resto de la comunidad. Pero esto es, evidentemente, una situación de doble filo. En la medida en que sobrevivan los cabildos, los campesinos indígenas seguirán de hecho aglutinados y con una representación política propia. La experiencia ha demostrado –tanto en el norte del Cauca como en todo el país– que los cabildos son nuestra mejor arma para organizarnos, para recuperar las tierras que nos han sido arrebatadas y para mantener y desarrollar nuestra vida comunitaria. La supervivencia de nuestras

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tradiciones ideológicas propias ha permitido la reconstrucción de muchas comunidades prácticamente al borde de la desaparición. A principios de siglo, en la Comisaría de Amazonas los caucheros mataron y deportaron todas las comunidades bora, muinane, andoque, nonuya, witoto, etc. Aquellos asesinaron de manera deliberada a casi todos los «capitanes» y sabios que podían organizar eventualmente la resistencia. Solamente unos pequeños grupos y personas lograron sobrevivir. Aquellos individuos que poseían el conocimiento tradicional iniciaron el reagrupamiento de los pocos sobrevivientes; muchos individuos se «asilaron» en ciertas etnias diferentes a las suyas, para obtener protección religiosa por parte de los capitanes. Este es el origen de la mayoría de las agrupaciones de dichas etnias actualmente existentes en la zona. Colonización cultural y lucha ideológica. Los enemigos de las comunidades indígenas han entendido la fortaleza de la tradición para resistir los ataques del capitalismo y del colonialismo. Por eso no han cesado de «envenenarnos ideológicamente», tratando de imponer credos y costumbres extrañas a nuestras culturas y atacando las autoridades tradicionales. Nuestra cultura y religión forman una unidad. La mayoría de nuestros actos disponen de un sentido religioso y ritual. Diversos objetos materiales poseen un carácter sagrado: un banco, una mochila, un poporo, un telar, una flauta, un tambor, etc. Conllevan un profundo simbolismo cultural y religioso. Las casas colectivas (malocas) de las comunidades del Amazonas son, además de lugares de vivienda, «nuestras iglesias»; allí organizamos las fiestas rituales con el fin de lograr mejores cosechas, obtener más pescado y cacería, combatir las enfermedades, o propiciar el crecimiento de nuestra gente. Por esta razón, cuando los misioneros y otros colonizadores fomentan el abandono de las malocas no solo se dejan las viviendas tradicionales, sino que nos exponemos a quedar «huérfanos» al no poder organizar los bailes tradicionales. Muchas de las actividades económicas tienen así mismo un aspecto religioso. Por ejemplo, para la cacería de una danta o un venado,

Santo Tomás era hermano de María Santísima, pero era muy pícaro y muy feo. Para saber lo que la gente decía se presentaba como un pijo, en forma que repugnaba. Cuando alguien murmuraba, lo convertía en piedra. Su hermana se disgustaba que hiciera todas esas cosas y muchas veces lo amonestó, porque de seguir así acabaría con el mundo. A los cristianos hijos de María los convertía en piedra. El fue quien dejó tanto riscos, peñas, piedras muy feas. Cometió tantas faltas, que María Santísima se enojó. Se marchó al cielo para no ver tantas iniquidades. Su hermano se fue detrás, llegó al cielo y

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en el Vaupés debe obtenerse previamente un permiso del «dueño de los animales»: los «payés» sirven de intermediarios entre el grupo y los «dueños de los animales» –quienes viven generalmente en ciertos cerros de la región–. Los cazadores, además, deben purificarse (no comer ciertos alimentos, guardar ciertas normas sexuales) para obtener éxito en su empeño; de lo contrario la cacería será escasa y el cazador (o sus familiares) podrán eventualmente enfermarse. El cultivo de la coca y el tabaco tiene una gran importancia: estas plantas son, entre otras, las «raíces» de nuestra sabiduría, las bases del pensamiento tradicional. Se utilizan con fines medicinales, para retribuir los trabajos colectivos (mingas) o en las reuniones ceremoniales. La coca nos acompaña, también, en otras actividades cotidianas, pero siempre su consumo se hace con respeto. Sin embargo, una gran cantidad de poblaciones indígenas han heredado por tradición familiar ciertas convicciones religiosas formalmente católicas, impuestas desde la colonia. Con frecuencia se han fundido las tradiciones indígenas con las ideas católicas; las celebraciones –rituales– tales como la misa o los bautizos forman parte del patrimonio de muchas comunidades andinas y el cura párroco influye todavía de modo considerable en la vida de la gente; corrientemente nuestros «dioses» y otras creencias de nuestros antepasados han logrado sobrevivir revestidos bajo santos y prácticas supuestamente cristianas. Existen y se están preparando numerosos maestros indígenas en todo el país. Esto es evidente, por ejemplo, en una tradición páez de Mosoco, cuyo relato dice así:

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María le ordenó que volviese al mundo. Dizque María Santísima lo puso en un cajón de bronce mediante un ardid. No puede salir, pero hace temblar al mundo.

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Hasta hace unos pocos años, casi todos los curas formaban una trinca con los gamonales y terratenientes locales. Gran parte de lo que el indígena trabajaba lo entregaba al cura, en pago por bautizos, matrimonios, funerales o fiestas religiosas. Las fiestas del santo patrón eran particularmente una gran carga económica para cada una de las comunidades. Sin embargo, la situación se ha modificado un poco: un sector considerable de la misma curia ha abandonado sus antiguas posiciones y se muestra solidario con nuestras luchas. Por otra parte, los indígenas han tomado conciencia de la explotación religiosa y económica que teníamos que soportar de ciertos «padres», y por lo tanto nos hemos organizado para impedirla. Además de las misiones católicas, una gran cantidad de sectas protestantes y evangélicas tratan de destruir nuestra cultura y religión. La mayoría de ellas condena todas nuestras costumbres tradicionales, ataca nuestras fiestas, y nos impide mambear la coca, hacer uso del yopo o del yagé, entre otras cosas. Entre ellas se ha destacado el Instituto Lingüístico de Verano que cuenta con el patrocinio del Gobierno colombiano. Dicha institución estudia nuestras lenguas para traducir a ellas textos religiosos y de otra índole, que son extraños a nuestros intereses culturales y sociales. De manera sutil o grotesca critica nuestra tradición y trata de impedir por todos los medios la continuidad de nuestra cultura. Se pueden citar montones de actos etnocidas del Instituto Lingüístico de Verano. Entre ellos se destaca un pequeño cuento dedicado aparentemente a la enseñanza del español a los indígenas cuivas de los Llanos Orientales:
Un hombre –dice el cuento– limpia los alrededores de su vivienda con un arado. Decide dejar e ir a plantar maíz en su campo. Pronto regresa a

casa pues ha olvidado su sombrero. Esa noche, oye una zarigüeya lanuda que ha venido a comerse sus gallinas. Se levanta de su hamaca y tira un palo al animal, para ahuyentarlo. Una gallina está muerta y el hombre se propone comerla a la mañana.

Vemos que este pequeño texto, aparentemente trivial, contiene un sutil contenido colonial, si se tiene en cuenta que los cuivas no son agricultores, ni plantan maíz, ni necesitan sombreros; normalmente no se molestan de la presencia de la chucha, ni comen gallinas (aun cuando disponen de ellas, solamente consumen sus huevos). La finalidad del relato es «lograr que los cuivas construyan una aldea permanente, abandonen sus hábitos de caza nómada y dependan principalmente de la agricultura». De esta forma, los misioneros podrían además «cristianizarlos» más fácilmente y los colonos tendrían una fuerza de trabajo suplementaria disponible. El Instituto Lingüístico de Verano es agente de los intereses imperialistas, debe ser expulsado del país, así como sucedió en México y el Ecuador. Debido al proselitismo religioso algunas comunidades indígenas se han adherido al protestantismo. Con frecuencia su conversión se explica con un rechazo de la explotación misional católica, una desilusión frente a sus verdaderas prácticas, y como consecuencia de difíciles situaciones económicas y de opresión política (la violencia). La eliminación de esas condiciones de opresión social debilitará la influencia de estas creencias foráneas. No obstante, con frecuencia existen tradiciones indígenas subterráneas y paralelas a las cristianas cuya posibilidad de afloramiento depende de las relaciones de opresión, ideológicas y económicas de nuestros compañeros indígenas. En otros casos la evangelización ha sido tan superficial que apenas significa un cambio de nombres: Cristo es identificado en ciertos grupos indígenas como el «Jaguar», para los uitotos el dios cristiano es Juzinamui –el padre de la violencia y de la guerra y de la antropofagia; que vive en el cielo, en la última bóveda del hierro–. Si bien el movimiento indígena no debe dividirse por cuestiones

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religiosas ya que precisamente esto es lo que buscan los que patrocinan el Instituto Lingüístico de Verano y otras sectas religiosas, el eje estratégico y central de nuestra política debe ser la defensa y la recuperación de nuestras propias tradiciones culturales y religiosas; la denuncia y combate contra todo tipo de misiones. La persecución de nuestras religiones tradicionales forma parte de la estrategia colonial destinada a aniquilarnos como grupos indios, para convertirnos en siervos del capital. De nuestra autonomía cultural depende en gran parte la posibilidad de mantener una dependencia económica y política. Nuestra religión tradicional integra a todos los miembros de la comunidad y da sentido a nuestra vida colectiva. El Estado no puede seguir patrocinando ciertas religiones en perjuicio de las nuestras. La educación que se imparte en y para las comunidades indígenas debe respetar los principios y autoridades religiosas tradicionales. Debemos luchar por la eliminación del régimen misional, la cancelación del contrato con el Instituto Lingüístico de Verano, y porque se implante una educación que respete las tradiciones y religiones de las comunidades indígenas. Tradición y renovación cultural. Algunos aspectos de nuestras tradiciones nos inmovilizan, aíslan e impiden comprender ciertos procesos económicos del capitalismo y de la colonización. En ciertos casos la comunidad confía plenamente en los mecanismos de lucha tradicional para enfrentar todas las situaciones nuevas planteadas por la colonización o por los terratenientes. Esto conduce, con frecuencia, a evaluar de manera incorrecta ciertas situaciones. Generalmente nuestras ideologías tradicionales no logran comprender totalmente el carácter de las mercancías que compramos al comerciante, u otros individuos, como tampoco la naturaleza de la «economía de mercado» y las implicaciones y fluctuaciones de esta con relación al precio de nuestros productos o la valoración económica de nuestro trabajo. Muchas veces nos hacemos verdaderas ilusiones sobre el capitalismo, como el caso de los movimientos ticuna de los años cincuenta, cuyo líder pregonaba entre las comunidades la llegada de barcos llenos de mercancía para los ticuna, como premio por ciertos comporta-

mientos, y el castigo para los blancos y los demás indígenas que no lo siguieran. Frecuentemente, asimismo, el desconocimiento de ciertos aspectos culturales foráneos o del Estado nos ha debilitado para enfrentar con éxito la penetración capitalista. En Nariño, por ejemplo, una parte considerable de los indios comuneros perdieron su tierra debido a una alianza entre el terrateniente y el juez local. Como el indígena afectado no sabía hablar bien el español, desconocía el funcionamiento del aparato judicial y carecía de dinero para pagar un abogado perdía irremediablemente todos los pleitos provocados por el terrateniente. La historia de los indígenas del Cauca demuestra que el conocimiento del mundo capitalista y del enemigo es fundamental para elaborar una política realista y acertada. Juan Tama fue posiblemente un huérfano traído de la región del Caguán y criado en casa de españoles en Tierradentro o en otras partes del Huila. Ello le permitió comprender la política española frente a las comunidades indígenas, la situación social y política de ese entonces y diseñar una política acorde con los intereses de los paeces a final del siglo xvii. De hecho, Tama logró obtener el respeto por las tierras de los paeces y cierta independencia con respecto de los curas doctrineros. Más recientemente, Manuel Quintín Lame se mostró siempre muy preocupado por entender y utilizar los mecanismos del mismo Estado para lograr conquistas políticas y económicas favorables a los intereses de las comunidades que representaba. Algunos grupos o sectores (generalmente los más jóvenes) de las comunidades indígenas han comprendido la manera como funciona actualmente el capitalismo y el mundo de los blancos, en parte porque ha vivido con más intensidad ciertas modalidades recientes del proceso de explotación económica, política y cultural que sufren. Con frecuencia se enfrentan entre ellos y [con] los sectores más tradicionales dividiéndose la comunidad y se presenta una crisis real de liderazgo político. Se dificulta de esta manera elaborar una política común frente al enemigo.

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En esta perspectiva, las comunidades «mestizas» no deben verse únicamente como grupos que han abandonado nuestra cultura ancestral sino también como grupos que optaron por una estrategia diferente de supervivencia física, cultural y política ante la agresión del capital en la nueva situación. Los mestizos, por ejemplo, continúan manteniendo generalmente una actitud similar ante la tierra, el trabajo, el mercado, etc. a la de los indígenas tradicionales. En muchos casos, si se sigue una política acertada es posible renovar las corrientes profundas del pensamiento tradicional que ellos todavía poseen y recuperar todo su potencial político y cultural en beneficio de todo el movimiento indígena y de ellos mismos. En otros términos, la contradicción entre los sectores mestizos e indígenas, y entre aquellos que colocan ya sea un mayor énfasis en lo tradicional o en lo nuevo, [no] es insalvable sino políticamente útil porque sabe conducir. De hecho, muchos de los líderes más radicalizados en la defensa de las comunidades indígenas y de su cultura se han reincorporado a esta lucha después de vivir fuera de sus comunidades. Las comunidades indígenas tienen ante sí una tarea revolucionaria que consiste en defender y renovar su tradición milenaria. Esta renovación tiene necesariamente que alimentarse, para ser políticamente eficaz, tanto en el pensamiento tradicional indígena como en los sectores más progresistas del país, que defiendan las especificidades de nuestras minorías étnicas.

Documento sobre educación
Introducción

La educación tradicional

Las sociedades indígenas existentes antes de la llegada de los europeos tuvieron un desarrollo muy desigual y no podríamos afirmar que todas son de características ideales. Sin embargo, sobre todo frente a los «valores» que trajeron los españoles, es notable el grado de coherencia interna de estas sociedades, su relación equilibrada con la naturaleza y los elevados principios morales que guiaban su existencia.

La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

En cualquier sociedad tenemos que mirar la educación como parte del proyecto global de quienes detentan el poder en dicha sociedad. Es posible que haya diversos sectores en lucha por el poder, o aun diferentes estrategias educativas dentro de un mismo sector, pero difícilmente se podrá dar una educación al margen de los intereses básicos de los grupos sociales dominantes. Al enfocar el significado de la educación para las comunidades indígenas colombianas, necesariamente nos tenemos que situar en el mundo del proyecto político del movimiento indígena y, si aceptamos que éste hace parte de un movimiento más amplio, también en el marco del posible proyecto político de las clases populares colombianas. Nos parece útil distinguir las dos funciones principales que cumple todo proceso educativo. En primer lugar estaría la función ideológica, que busca crear una visión del mundo más o menos homogénea en el conjunto de una sociedad, racionalizando por lo general los intereses de sus clases o sectores dominantes. La segunda función es predominantemente técnica y tiene por objeto la capacitación de los miembros de una sociedad para las tareas que esa misma sociedad demanda. Naturalmente, esta función no es ideológicamente neutra, pues entre otras cosas la definición y jerarquización de las tareas es de nuevo decisión de los sectores dominantes. No es necesario insistir siempre en un enfoque separado de las dos funciones, pues éstas en la mayoría de los casos están estrechamente relacionadas.

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La educación hacía parte de la vida estas sociedades de acuerdo con unas tradiciones, una cultura y unos requerimientos técnicos dados. Miembros especiales de esas sociedades, que hoy llamamos sacerdotes o médicos, tenían a su cargo la trasmisión de los conocimientos y la preservación de la identidad religioso-cultural de cada sociedad. La llegada de los invasores hizo entrar en crisis a las sociedades indígenas afectadas. Y no tanto en el aspecto técnico, pues fuera de las armas con que se impusieron, poco aportaron técnicamente los españoles. Pero en el aspecto ideológico el impacto fue más definitivo, pues la visión tradicional se revelaba inadecuada para manejar la nueva situación. El hecho de que un puñado de españoles lograra someter a centenares de miles de indígenas tiene que ver, no únicamente con la superioridad de su armamento, sino con el desconcierto producido por la aparición de los europeos. Es bien conocido el ejemplo de Jiménez de Quesada, que fue recibido como el dios blanco por los chibchas, contribuyendo a la rápida dominación del mayor grupo indígena que había en nuestro país. De los grupos indígenas que han logrado sobrevivir hasta nuestros días, podemos distinguir dos casos principales. Unos han sacado partido de su aislamiento geográfico, natural o buscado, para desarrollarse más o menos independientes o solos, [y] en los últimos años están entrando en contacto con la sociedad dominante. En estos grupos la educación tradicional se ha conservado, al igual que el conjunto de su cultura y costumbres. El peligro está en que la llegada de la «civilización», o sea de la actual expansión capitalista, los encuentre igual de desprotegidos que a sus hermanos cinco siglos atrás, y que su propia identidad termine por derrumbarse frente al empuje de los nuevos colonizadores. Otros grupos que han coexistido con la sociedad blanca y mestiza, prácticamente desde la Conquista en parte mediante la lucha y en parte por acomodamientos parciales, han logrado conservar su identidad y cultura. Dentro de estos grupos coexiste la educación tradicional, desarrollada casi siempre de una manera informal, con la educación de la sociedad dominante que poco a poco se expande al conjunto del territorio nacional. Probablemente estos últimos grupos tienen mejores recursos para resistir la agresión externa y conservar y desarrollar sus propias sociedades. Sin embargo, el peligro está en que sin una visión

política clara, la ideología dominante se infiltre en forma creciente y termine por ahogar los elementos propios de la cultura indígena. Tal vez como conclusión de las consideraciones anteriores es conveniente plantear algunas tareas educativas hacia el futuro para el movimiento indígena. Creemos que es necesario impulsar la educación tradicional, sobre todo la educación informal, en todas las comunidades indígenas. Esta tiene la ventaja de que puede funcionar aun en las condiciones externas más desfavorables de violencia y opresión. Al menos en condiciones no tan extremas, es tal vez más importante integrar los valores fundamentales –como la lengua, en primer lugar– a programas de educación formal que puedan ser desarrollados por las propias comunidades, o estar bajo la orientación y el control de sus autoridades.
La educación como medio de dominación

No hace falta una descripción detallada para demostrar que la educación ha sido una de las herramientas fundamentales de las clases dominantes de nuestro país, para someter a los grupos indígenas. Desde los años iniciales de la Conquista, un cura doctrinero entró a complementar la acción del guerrero para consolidar la derrota de los indígenas. Y por cierto su labor fue muy eficaz, pues valores cristianos como la humildad y la resignación, contribuyeron en buena medida a la paz social que reinó durante la Colonia. El reagrupamiento forzado de la población y la persecución implacable a la cultura indígena fueron estrategias que desde los tiempos iniciales iban dirigidas a destrozar la organización social de las comunidades nativas y a permitir su rápida domesticación. No han variado demasiado estas estrategias, si pensamos en los internados misioneros en los años recientes. La Iglesia y el Estado casi siempre han actuado identificados a lo largo de nuestra historia. Pero es de destacar que en lo que a los indígenas se refiere y sobre todo a su educación, es la Iglesia la que ha jugado el papel principal. La cristianización y la castellanización forzada han sido la punta de lanza de la ofensiva ideológica para descomponer las comunidades indígenas. Después sería más fácil quitarle la tierra, que era muchas veces el objetivo buscado. A finales del siglo pasado el Estado encargó

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

directamente a la Iglesia de «civilizar» a los indígenas, y se les dio carta blanca las misiones en la mayor parte del territorio nacional. Inmensas sumas de dinero pasaron el gobierno a las arcas de los misioneros, quienes no las empleaban exclusivamente para fines educativos. Pero en términos globales, de nuevo la labor resultó muy eficaz, [aunque] no en cuanto a la capacitación de los indígenas, sino en la destrucción de su cultura y de su organización social. Las escuelas misioneras se convirtieron en las avanzadas de la sociedad dominante, desde donde se dirigía la integración económica, política e ideológica de los indígenas al sistema vigente. Con la satisfacción de misión cumplida, la Iglesia está ahora devolviendo al Estado la mayor parte del sistema educativo. Aunque debemos mirar como favorable este cambio, pues puede ayudar a superar las aberraciones más extremas, no hay que hacerse demasiadas ilusiones al respecto. Para completar el cuadro, en los últimos tiempos una serie de iglesias protestantes han invadido el país, y especialmente las zonas indígenas, Entre ellas, la organización más conocida es el Instituto Lingüístico de Verano, que tiene un gran poder en las regiones menos desarrolladas y ejerce un control cas absoluto sobre numerosas comunidades. En momentos en que aparecen algunos cambios de actitud favorables en el Estado y la Iglesia Católica, las misiones protestantes, directamente dependientes del imperialismo, entran a convertirse en uno de los enemigos más peligrosos para el movimiento indígena.
Situación actual

La educación sigue teniendo hoy en día una función de dominación ideológica. Sería erróneo, sin embargo, de parte del movimiento indígena, un rechazo global a la educación oficial, tanto la que suministra directamente el Estado como la que este encarga a la Iglesia, en forma de «educación contratada». Por una parte, la ideología dominante ha tenido una gran influencia sobre numerosas comunidades indígenas, de modo que lograr una reversión del proceso requiere de tiempo y trabajo paciente. Muchos indígenas buscan en la educación oficial una capacitación que les permita superación individual, por más que esta capacitación muy poco responda a sus necesidades e intereses.

Por otra parte, los programas son hoy en día mucho más flexibles y la posición teórica actual, tanto del Estado como de la Iglesia, debería permitir una decisión más acorde con la identidad y la cultura de las comunidades indígenas. Varios de los últimos documentos de Planeación Nacional o del Ministerio de Educación, por ejemplo, podrían contar con la aprobación del movimiento indígena –en caso de que se cumplieran, por supuesto–. De todos modos, conviene hacer una rápida referencia a la situación actual de la educación oficial en las zonas indígenas. No podemos partir simplemente de las cifras. Ya hemos visto que los indígenas no pueden considerar la educación siempre como un «servicio» del Estado. Lo primero en realidad es preguntarnos en cada caso si es mayor el bien o el daño que la educación oficial está haciendo para las comunidades indígenas. Podríamos hacer aquí una distinción entre dos grandes grupos. Para los indígenas en mayor contacto con la sociedad dominante, principalmente de la zona andina, el componente técnico de la educación es de indudable utilidad, a pesar de la deficiencia de la capacitación impartida. En cuanto al peligro del componente ideológico, la verdad es que la mayoría de los maestros, mal pagados, mal preparados, no son propiamente los mejores transmisores de la ideología actual del Estado Colombiano. Los problemas de la educación en estas zonas indígenas se ubican dentro del contexto más general de la educación rural colombiana y participan de sus deficiencias de cubrimiento y eficiencia. Pero se agravan para la población propiamente indígena, lo cual es muy comprensible dado que los programas no son diseñados de acuerdo con las características propias de este sector. Entre las muchas cifras que da Planeación para ilustrar la situación, podríamos mencionar las siguientes: mientras para el conjunto del país el alfabetismo es del 78%, para las regiones rurales es del 62% y para el Cauca indígena del 46%. En los últimos años, el Gobierno ha tratado de tomar algunas medidas que tengan en cuenta la situación específica de los indígenas en materia educativa: la expedición del Decreto 1142 de 1978 sobre educación indígena, cuyo contenido es altamente positivo. Desafortunadamente, su implementación ha sido casi nula hasta el momento;

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

solamente conocemos ensayos iniciales en la Sierra Nevada y en Tierradentro, Cauca. Otros intentos han sido desafortunados desde un principio. Hace algunos años la División de Asuntos indígenas del Ministerio de Gobierno, construyó unos doce centros de capacitación para indígenas en todo el país. Hoy en día la mayoría de estos centros están abandonados y los que funcionan están al servicio de la población blanca y mestiza. Hay otros programas de capacitación técnica a cargo del Estado. El sena, por ejemplo, realiza numerosos cursos en regiones indígenas y en el Cauca, al menos su labor ha sido positiva. En general, para los grupos indígenas mencionados la educación oficial tiene numerosos defectos, pero no por eso es rechazada. Se busca ante todo su educación en la lengua y cultura indígena, o al menos su mejoramiento pedagógico, una mayor relación con las comunidades y aun una ampliación de su cubrimiento.
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Territorios Nacionales*

Para los grupos indígenas poco integrados al sistema, y que habitan principalmente los Territorios Nacionales, la situación es en cambio bastante diferente. Aquí la educación se utiliza todavía como arma de destrucción de las sociedades indígenas, y como medio de formación forzada en la cultura dominante. Los internados misionales son la punta de lanza de este tipo de educación y cumplen por lo general una labor nefasta. Los niños son aún a veces recogidos a la fuerza para llevarlos al internado y se los trata de separar completamente de su familia y de su comunidad; la mentalidad que se les forma se opone a los valores culturales de sus grupos de origen. Paradójicamente, el sistema educativo es formalmente [más] eficaz en los Territorios Nacionales que en la zona indígena andina. En algunas regiones selváticas, de prolongada presencia misionera, hay trazas de alfabetización hasta superiores al promedio nacional. Pero dado el contenido de la educación impartida, esta «eficacia» se vuelve en contra de las comunidades indígenas. La capacitación que se adquiere
* Así se llamaban, en el ordenamiento territorial del país, las antiguas intendencias y comisarías, como Vichada, Vaupés, Guainía, Amazonas y Guaviare. Con la Constitución de 1991 esto desapareció (Nota de los compiladores).

es rara vez utilizable en el grupo de origen y determina generalmente la salida del «beneficiario» hacia el «mundo civilizado», donde tampoco encuentra su lugar. Entre otras instituciones educativas que producen un efecto semejante podemos mencionar a Radio Sutatenza, cuya «capacitación» contribuye eficazmente a la desorientación de los indígenas que reciben sus cursos. Para los indígenas es absolutamente un cambio radical de la educación oficial en los Territorios Nacionales. Para que pueda ser aprovechada positivamente, mientras tanto, el movimiento indígena tiene que rechazar el funcionamiento de los internados, al igual que la educación impartida por el Instituto Lingüístico de Verano y demás sectas protestantes. Tal vez la implementación del decreto 1142 pueda iniciar las necesarias reformas y habría que esperar los primeros resultados de programas, como el Holanda-Colombia, a ver si constituyen realmente un aporte positivo. Mientras tanto, el movimiento indígena tiene que rechazar el funcionamiento de los internados, al igual que la educación impartida por el Instituto Lingüístico de Verano y demás sectas protestantes.
Experiencias propias

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

Aunque es difícil encontrar experiencias de educación formal exclusivamente orientadas y desarrolladas por las comunidades indígenas, sí existen ensayos que buscan un tipo de educación adecuada a la cultura indígena, utilizando su lengua respectiva, bajo el control de sus autoridades legítimas. Podemos mencionar a manera de ejemplo los programas desarrollados en la Sierra Nevada de Santa Marta por Usemi y el Instituto Colombiano de Antropología, bajo la dirección central de las autoridades arhuacas; el programa educativo del Unuma* con los indígenas guahibos y el programa de educación bilingüe del Concejo Regional Indígena del Cauca, Cric. Se trata en todos los casos de combinar los elementos de la cultura tradicional con los conocimientos indispensables sobre la sociedad dominante y las técnicas necesarias a nivel regional o local. Son
* Usemi es la sigla para Unión Seglar Misionera, fundada por monseñor Gerardo Valencia Cano, obispo de Buenaventura. Unuma quiere decir trabajo comunitario; así denominaron los indígenas a su organización en el alto río Vichada.

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

­ xperiencias más bien recientes que están apenas en vía de construir e sus contenidos, sus enfoques pedagógicos y la manera de articular la investigación a su propio desarrollo. También ha habido algunas dificultades, como la poca comprensión de las propias comunidades, acostumbradas a otro concepto de escuela, la utilización no adaptada de ciertos modelos pedagógicos como «la educación liberadora» y que causó muchas resistencias, o lo que es más natural, las hostilidades de los agentes del sistema oficial de educación, que no ven bien esta competencia «irregular». En su etapa actual de desarrollo, estas experiencias no se pueden convertir en los modelos educativos para el conjunto del movimiento indígena, pero sí son muy importantes a modo de programas experimentales, que ojalá fueran impulsados también por otras organizaciones indígenas regionales. Solamente apoyado en experiencias como esta podrá el movimiento indígena en el día de mañana acometer un plan más ambicioso en el campo educativo.
Recomendaciones

Si tanto la autonomía como la alianza con otros sectores populares son puntos básicos del proyecto político del movimiento indígena, la posición frente a la cuestión educativa debería guiarse por ellos. Lo ideal sería el establecimiento de un sistema educativo completamente autónomo, basado en la cultura de los diversos grupos indígenas, pero [que] a su vez tuviera en cuenta la situación general del pueblo colombiano y aprendiera de otras experiencias educativas populares. Pero el movimiento indígena está lejos de poder asumir la totalidad de la tarea educativa. Se necesita entonces establecer una estrategia realista que permita a corto plazo mejorar la situación, tan deplorable hoy en día, de la educación indígena. Para ello proponemos tres campos de acción: a) Lo que el movimiento indígena debe impulsar, b) Aquello en que debe tratar de influir, y c) Lo que debe rechazar y combatir.a) A impulsar. Como vimos anteriormente es necesario conservar o recuperar la educación informal en las comunidades indígenas, dándole todo el valor ideológico-político que le corresponde, pues a veces los propios indígenas la consideran como un mero rezago

del pasado. Pero si las organizaciones regionales y locales se lo proponen, es factible. Es fundamental impulsar los programas propios, como [aquellos a] los que se ha hecho referencia en la Sierra Nevada, en Planas y en el Cauca. Esto se debe hacer a nivel de todas las regiones pues, dadas las características de la realidad indígena en Colombia, sería erróneo pretender introducir un modelo educativo unificado. A medida que estos programas se desarrollen, conviene intercambiar experiencias entre sí, pero también con organizaciones populares que tengan preocupaciones semejantes en el campo educativo. b) A influir. En este campo nos referimos fundamentalmente a la educación oficial, sea esta «contratada» o no. Por ahora el balance de la educación oficial en zonas indígenas es bastante negativo, pero existe la posibilidad de que evolucione en forma más favorable. El movimiento indígena, a través de su organización nacional, debería dirigirse al Gobierno para exigirle el cumplimiento de sus propias recomendaciones. Diversos documentos oficiales producidos muestran que el Gobierno no ignora los requisitos básicos que debería tener la educación indígena, aunque todavía parece dudoso que tenga la real voluntad de llevarla a efecto. El decreto 1142 es una buena base para las reformas que la educación oficial debería tener en las zonas indígenas. El movimiento indígena debería presionar por la implementación de este decreto. En caso de alguna especie de acuerdo con el Gobierno, las organizaciones regionales indígenas podrían influir sobre la educación oficial en sus respectivas zonas, entrando en contacto con las autoridades regionales, ofreciendo evaluaciones y sugerencias. Existen y se están preparando numerosos maestros indígenas en todo el país. Algunos de ellos toman una actitud contraria a los intereses de su comunidad, pero muchos tienen un sincero deseo de servirla, y la mayoría se da cuenta que el sistema nunca les brindará el ascenso económico y social al cual podrían aspirar. Estos maestros trabajando sea con el Estado o con la Iglesia, y bajo la orientación de las organizaciones indígenas locales y regionales, podrían contribuir a un cambio positivo en la educación oficial. c) A combatir. Es necesario rechazar y combatir a las instituciones educativas que les están causando un notable daño a las comunidades indígenas. Estarían los internados misionales, cuyo levantamiento

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

definitivo debería presionar enérgicamente el movimiento indígena colombiano. El Instituto Lingüístico de Verano ha sido denunciado en todas las formas posibles, sin embargo el Gobierno ha vuelto a renovar el contrato. Hay que buscar el concurso de todas las fuerzas patrióticas para exigir su expulsión. Esta debería hacerse extensiva también a las demás misiones protestantes, la mayoría de las cuales funcionan con financiación y orientación norteamericana. Valoración del indígena. Finalmente es conveniente que el movimiento indígena se pronuncie sobre la manera como los textos oficiales se refieren a los indígenas, sobre todo en los cursos de historia. Se debería exigir al Gobierno que le ponga término a la vergonzosa falsificación de la realidad histórica y actual de los grupos indígenas colombianos, que presenta una imagen racista y humillante de la población nativa. Es necesario que el conjunto del pueblo colombiano, pueda adquirir una visión auténtica de sus propios antepasados indígenas y de la realidad actual de las comunidades que han logrado sobrevivir
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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

Documento sobre salud

Las comunidades indígenas tienen y siempre han tenido su propio sistema de salud. Pero el sistema de salud es el conjunto de conceptos, técnicas y personas que interactúan en la búsqueda de soluciones al problema sanitario en determinado lugar. La salud es entendida como un estado de equilibrio del hombre con la naturaleza, determinado por fuerzas físicas (naturales) y sobrenaturales; la enfermedad no es un problema individual, sino social y cósmico, y está relacionada con la vida de la comunidad en general. Esta, a su vez, depende de factores sociales, económicos, políticos y culturales. Las técnicas y procedimientos realizados por los médicos tradicionales, muy al contrario de lo que ocurre con los médicos de formación occidental, van dirigidas a restablecer dicho equilibrio y no solo a eliminar las causas físicas de la enfermedad. El uso de plantas medicinales ha sido una de las técnicas cuya función es la de actuar a nivel físico contra la enfermedad. Básicamente la medicina tradicional se rige por conceptos sagrados, los cuales son el

fundamento de las prácticas y técnicas curativas de uso exclusivo del médico tradicional (shaman, mamö, paye, jaibaná, teeu, etc.). Antes de la invasión europea, este sistema de salud tradicional estaba articulado con la vida comunitaria y estructurado de tal forma que cumplía con las expectativas de la comunidad y suplía las necesidades de salud de la población en que se desarrollaba; la medicina tradicional no era una actividad separada del resto de actividades comunitarias, más aun, era un factor que contribuía a mantener el equilibrio sociopolítico y cultural de los grupos humanos. Con la invasión europea y de allí en adelante se produjeron una serie de cambios sobre la naturaleza, el hombre (cambios sociales, económicos, políticos y culturales) que afectaron el equilibrio hasta entonces existente. No sólo llegaron nuevas enfermedades, como la tbc, la sífilis y el sarampión, contra las cuales no existían medios en la medicina tradicional, sino que surgieron las enfermedades sociopolíticas y económicas causadas por la opresión y explotación a que fueron sometidas las comunidades indígenas. A esto se le agregan los nuevos conceptos y técnicas de salud que con el tiempo han penetrado a través de la aculturación y el mestizaje y, sobre todo, la persecución y aniquilamiento de que fueron objeto los médicos tradicionales por parte de las diferentes misiones por considerarlos «brujos» o representantes del «diablo». Ejemplo de esto son las enfermedades frías o calientes, plantas medicinales como el romero, la manzanilla, el tomillo, etc. que vinieron con los conquistadores y que correspondían a conceptos y elementos de la medicina europea del siglo xv y xvi. Es de anotar que los españoles tuvieron que recurrir a los procedimientos curativos indígenas y aceptar la efectividad de sus tratamientos, mucho mayor que lo conocido por sus médicos acompañantes –usaron, según anotan las crónicas, procedimientos «heroicos» como reproducir las heridas de los suyos en los indígenas, ya fuera para intentar un tipo de cirugía salvadora o para poder observar la actitud del indio en cuanto al uso de plasmas medicinales y así aprender su uso–. De esta manera se ha venido conformando la medicina casera o curanderista, cuyos conocimientos son una combinación de experiencias populares de diversas culturas y que son de dominio público ya que su ejercicio no es privativo de una persona en particular. La medicina casera se renueva permanentemente. Esta se da simultáneamente con

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

la medicina tradicional y se complementan de tal manera que los enfermos están siempre bajo el control de un representante de algunas de estas, en forma coordinada, nunca independiente. Así los curanderos, parteras, sobanderos, ampolleteros, etc., actúan de acuerdo con el médico tradicional, en los casos en que existe este tipo de medicina. Este conjunto de personas y técnicas que conforman el sistema de salud propio son la base fundamental de cualquier acción de salud y desconocerlas sería ir en contra de las expectativas, propias de cualquier grupo indígena y en contra del mismo desarrollo.
Situación actual de salud

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

Sin necesidad de acudir a estadísticas (que en los pocos casos en que las hay son muy defecruosas), podemos afirmar que las condiciones de salud indígena son malas, prueba de ello los altos índices de morbilidad y mortalidad. Las causas de morbi-mortalidad son básicamente las mismas: enfermedades gastrointestinales; enfermedades respiratorias y tuberculosis; desnutrición y malnutrición; enfermedades infecto-contagiosas y epidémicas. Estas podrían conformar el llamado «síndrome de deprivación socioeconómica», que [a] grandes rasgos, con variaciones acordes a la zona geográfica y condiciones específicas de los diferentes grupos indígenas, nos da la visión general del estado de salud. Partiendo del concepto tradicional de salud, que se identifica con el concepto occidental, en cuanto que esta corresponde a un estado de equilibrio hombre-naturaleza y está determinada por factores económico-sociales y político-culturales, veamos cuales son los factores y en qué consiste la «deprivación socioeconómica». Condiciones económicas: 1) Pérdida de tierra: a) disminución de la producción de alimentos, b) disminución de recursos de caza y pesca, c) aumento de la densidad demográfica. 2) Dependencia económica: a) con respecto a la venta de productos, y b) con respecto a la compra de productos (comida y drogas). La disminución en la producción de alimentos trae como consecuencia el aumento de la dependencia en cuanto a compra de alimentos. La poca disponibilidad de comida determina la persistencia de enfermedades como la desnutrición y la tuberculosis. El aumento de

Medicina institucional y programas oficiales de salud

La atención médica institucional que se le ha prestado a las comunidades indígenas ha estado enmarcada dentro de los programas de salud rural y solo a partir de 1978 se comenzaron a dar los primeros pasos en la elaboración de programas específicos para indígenas. Pero a pesar de esto, aún se sigue afrontando el problema de salud indígena con los mismos criterios con que se maneja la atención sanitaria para poblaciones no indígenas, sin reconocer la especificidad de los grupos indígenas. Tal es el caso de la gran mayoría de hospitales, puestos de salud con clientela indígena. En zonas apartadas de centros urbanos y aun en algunas próximas a capitales departamentales, los servicios de salud para indígenas están en manos de misiones religiosas que no tienen programas de salud indígena y si los tienen es como medio para lograr sus fines catequizadores y «civilizadores».

La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

la densidad demográfica es factor determinante en la diseminación de enfermedades epidérmicas que se reproducen con mayor facilidad, y conlleva a su vez un deterioro de la tierra por sobre-explotación de ésta. Este detrimento de las condiciones económicas afecta directamente la situación socio-política y cultural, las cuales a la vez empeoran la situación económica. Debido a la situación de opresión y etnocidio existe una pérdida progresiva de la autonomía y organización política, que va en detrimento de las relaciones sociales determinando así hechos como el robo, la violencia, el suicidio, etc.; enfermedades sociales que afectan directamente la salud física de cualquier grupo. La negación impuesta desde afuera, o por las mismas comunidades, de su tradición cultural depende de los factores ya expuestos e influye en el mal estado de salud, al perder piso las demás características de la economía y organización indígena; en cuanto a la nutrición, se cambian los patrones alimenticios tradicionales por productos de bajo contenido proteico como el arroz, pastas, plátanos, etc. Estos [son] cambios que no se pueden explicar únicamente por razones económicas sino que obedecen a razones de prestigio o de falta de identidad cultural. Igualmente por razones de prestigio se prefiere al médico institucional aun cuando sea más efectivo el médico tradicional.

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

No existen estadísticas al respecto, pero sabemos que la medicina institucional en comunidades indígenas está representada básicamente por 1) los servicios de salud (seccionales) del Ministerio de Salud; 2) la Divisón de Asuntos Indígenas del Ministerio de Gobierno; 3) las misiones religiosas reconocidas por el Gobierno; 4) algunos puestos del Instituto Lingüístico de Verano (ilv). En 1979 se llevó a cabo en Florencia, Caquetá, un taller nacional sobre prestación de servicios de salud a comunidades indígenas, [el] primero en este género realizado por el Ministerio de Salud, con la participación de algunas instituciones que trabajan en este campo. Allí se tomó como documento de base el «Marco programático para prestación de servicios de salud en comunidades indígenas de Colombia». Posteriormente en 1980 el Departamento de Planeación Nacional realizó el «Diagnóstico de la situación indígena en Colombia», y finalmente en 1981 el Ministerio de Salud dictó la resolución nº 10013 sobre programas de salud para comunidades indígenas.* En el taller de Florencia como en el Marco programático comienzan analizando las características económicas, socioculturales, políticas, geográficas, demográficas y de salud de los grupos indígenas en general y específicamente por departamentos, con el fin de establecer la posibilidad de implementar los planes prefijados en el Marco programático. También se hace un análisis de las razones por las cuales la atención médica para indígenas ha sido tan deficiente y se plantean algunas alternativas. De aquí se desprenden algunas recomendaciones y pautas para el trabajo en salud con comunidades indígenas y por último la resolución nº 10013. En cuanto al estudio de las características socioeconómicas y político-culturales de los grupos indígenas, hacen solo una descripción de estas pero no se ve claramente su relación con la situación de salud y las estrategias propuestas. Además, al analizar (muy superficialmente) las características culturales, los conceptos tradicionales de salud y enfermedad así como los agentes adicionales de salud, pareciera como si estos conceptos y
* Esta resolución fue elaborada en base a las conclusiones y recomendaciones del taller de Florencia, con muy pocas variaciones (nota del original). Para referencias sobre los documentos institucionales mencionados, véase la bibliografía final.

personas fueran vistos más como un obstáculo que como un punto de partida para los programas de salud. Los planes oficiales de salud para las comunidades indígenas analizan las dificultades para dar cobertura médica a estas, entre otras causas por una inaccesibilidad económica, para lo cual plantean dar los servicios de salud en forma gratuita. Vemos que esta actitud paternalista obstaculiza la conformación de cooperativas de drogas y no permite el desarrollo autónomo ni la independencia económica de las comunidades con respecto al monopolio de las drogas. Aunque sí hablan de los promotores indígenas de salud y sus funciones, no mencionan su contacto directo con los agentes tradicionales de salud, lo cual puede conducir a que el promotor se convierta en un medio para introducir un aparato burocrático oficial en las comunidades, desacreditando la medicina tradicional y entrando en contradicción con los médicos tradicionales. Por último, el Marco programático plantea acciones sobre el medio ambiente (higiene ambiental, purificación de aguas, etc.), pero no plantea acciones sobre las causas socioeconómicas de la enfermedad, es decir, deja de lado el problema de la tierra, el cual es básico en cuanto a su incidencia sobre la salud de los grupos indígenas. Vemos que además de estas fallas prácticas en los programas oficiales de salud existen fallas de orden conceptual y técnico. Debemos cuestionar la eficacia de la medicina occidental al ser esta aplicada por médicos, enfermeras y en general por los recursos humanos y físicos, por los organismos estatales de salud –que es lo que plantea el Ministerio de Salud al hablar de utilización de la estructura existente en servicios departamentales de salud y coordinación intersectorial con otras instituciones–. Realmente nos parece muy difícil, casi imposible, pretender que dicho personal, sin un proceso de convivencia con las comunidades, logre superar los obstáculos de tipo lingüístico y cultural que lo separan de la mentalidad indígena, por más investigación teórica que hagan sobre los indígenas. Ahora bien, sin la superación de estos obstáculos la consulta y las recomendaciones médicas serán de muy poca eficacia. Por otro lado tenemos la ausencia de recursos técnicos (exámenes de laboratorio, rayos x, etc.) elementos estos, esenciales para un buen diagnóstico médico y reconocimiento de la enfermedad.

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

Estas dificultades conceptuales y técnicas determinan una prestación de servicios médicos muy deficiente, lo cual sólo se puede compensar con la integración de recursos humanos, físicos y técnicos, de la medicina tradicional (agentes tradicionales de salud, plantas medicinales) con los de la medicina occidental. Pero a pesar de estas fallas hay en la resolución nº 10013 de 1981 de Minsalud, algunos puntos que vale la pena anotar y tomar en cuenta:
Los programas deberán adaptarse a la estructura organizacional, política, administrativa y socioeconómica en forma tal que se respeten sus valores, tradiciones, creencias, actitudes y acervo cultural. Que antes de organizar un programa se haga una investigación para conocer la situación. Que con base en esta investigación se elaboren modelos de servicios que integren la medicina tradicional y la institucionalizada. Que las autoridades indígenas elijan a los promotores de salud que van a trabajar con las comunidades, teniendo en cuenta que sean miem
Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

bros de la comunidad y que sean bilingües. Que la participación de las comunidades se lleve a cabo de acuerdo con las diferentes organizaciones de las comunidades indígenas.
Otras experiencias en salud para indígenas

La medicina occidental se ha puesto al servicio de las comunidades indígenas saliéndose de los esquemas de la medicina institucionalizada y académica, siguiendo las orientaciones de la comunidad, y rigiéndose por criterios y metodologías diferentes a la medicina oficial. Son experiencias y programas concedidos y realizados conjuntamente por las comunidades y grupos interdisciplinarios que conviven con estas, identificándose con sus propósitos y ajustándose al proyecto global de la comunidad en que viven. En el Cauca se iniciará un programa que tiene como objetivo mejorar las condiciones de vida de esas comunidades, revalorizar la práctica médica tradicional en la curación de algunas enfermedades y apoyar la organización indígena para la defensa de su cultura. Se propone promover una capacitación de indígenas para que todos participen en las soluciones de los problemas de salud, dando paso así a un sistema de salud propio. El programa propone trabajar en dos frentes:

investigación para recuperar el conocimiento tradicional y establecer las necesidades actuales, y capacitar a la comunidad para enfrentar debidamente sus necesidades. En la Sierra Nevada el Equipo de investigación y trabajo antropológico dependiente del icanh ha realizado labores de asistencia médica, investigación y capacitación en salud con la comunidad arhuaca. Este programa tiene como objetivo buscar una «medicina alternativa» con el fin de mejorar las condiciones de salud y como medio para lograr la autonomía de la comunidad, mediante una práctica médica en la cual interactúan conceptos y agentes de la medicina tradicional y la medicina occidental. También apoyar el desarrollo autónomo de la comunidad a través de un reforzamiento de los valores culturales tradicionales y en especial de la medicina tradicional. Esto se logra capacitando en salud a jóvenes escogidos por la comunidad y realizando esta capacitación en coordinación con los mamös, dando asistencia médica en los puertos de salud en la comunidad y en común acuerdo con médicos y autoridades tradicionales, el programa propone tres frentes: investigación, asistencia y capacitación (la cual incluye promoción de la organización comunitaria en torno a la salud). Las comunidades indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta, especialmente la comunidad arhuaca, con la participación de los malayos, han organizado un programa de salud que se propone lograr que las comunidades tengan en los diversos sitios asistentes de salud que a partir de las formas tradicionales de conservar la salud y conocimiento básicos sobre medicina occidental, presten el servicio de salud a las comunidades. Para esto han sido seleccionados algunos miembros de la comunidad para recibir la capacitación de una serie de cursos en los cuales se incluyen reuniones con las autoridades indígenas (mamös, cabildos, comisarios), quienes son los responsables del programa y ante los cuales deben dar cuenta de su trabajo los asistentes de salud. Actualmente hay ya cinco puestos de salud atendidos por asistentes de salud arhuacos y malayos. Para dictar los cursos y para accesoria permanente a los asistentes de salud en las comunidades, los arhuacos y malayos cuentan con la colaboración de la organización Usemi. Cabe aquí mencionar el programa de Funcol,* que aunque no
* Funcol: Fundación de Comunidades Colombianas, dirigida por el abogado Adolfo

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

­ retende integrar conocimientos occidentales y tradicionales y no nep cesariamente se da a partir de las comunidades, es un buen intento de dar elementos de la medicina occidental a las comunidades indígenas de Arauca, Meta y Vichada mediante un programa de atención primaria y capacitación de promotores de salud. También debemos mencionar aquí experiencias que se han dado en algunas regiones indígenas, que por no haber trabajado según los criterios y objetivos gubernamentales o por haber entrado en contradicción con instituciones nacionales no continuaron, pero aportaron elementos valiosos para el desarrollo de una nueva forma de relación entre la medicina occidental y las comunidades indígenas.
Conclusiones y recomendaciones

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Dado que la medicina tradicional ya no logra dar solución a todas las enfermedades, se plantea la necesidad de adaptar conceptos técnicos y personas de la medicina occidental dentro del sistema de salud indígena para así lograr mejorar las condiciones de salud y vida de las comunidades indígenas. Para la implementación de programas indígenas de salud se recomienda:
Que en las comunidades se promueva el estudio de las condiciones de salud y sus causas por parte de la comunidad en general; que tanto los mayores y autoridades como los niños en las escuelas analicen y busquen solución a sus problemas de salud. Que se aproveche la colaboración de personas o instituciones externas para la capacitación de indígenas y la conformación de puestos de salud, enfermería o botiquines comunitarios, siempre y cuando estas personas o instituciones colaboradoras acaten totalmente las autoridades indígenas. Que se aproveche al máximo los recursos propios en cuanto a médicos tradicionales, plantas medicinales y recursos económicos de la comunidad. Que los enfermeros, promotores, auxiliares y asistentes indígenas trabajen siempre en conjunto [con] los trabajadores tradicionales de salud y de acuerdo con las autoridades tradicionales.
Triana y Antorveza.

Que el personal indígena sea capacitado más que todo en la práctica de la asistencia médica y con la utilización de material bilingüe. Que las comunidades colaboren en el sostenimiento económico de las personas de la comunidad que trabajen en los programas de salud. Que las comunidades realicen programas de mejoramiento de la nutrición con base en la recuperación de alimentos tradicionales, cultivo de alimentos de alto nivel nutricional y cría de animales que proporcionen carne. Que se rechacen aquellos programas oficiales y privados nacionales o internacionales que no estén de acuerdo con las organizaciones indígenas. Que se analice la resolución nº 10013 del Ministerio de Salud para que las comunidades indígenas aprovechen aquellos elementos que le sean favorables y exijan su aplicación.

·
El documento concluye con un manifiesto de rechazo a la política del presidente norteamericano Ronald Reagan por su intervención en Centroamérica, «Los pueblos indígenas de América rechazamos la intervención en Centroamérica», suscrito por los delegados internacionales, entre los que se encontraban miembros del Concejo Mundial de Pueblos Indios, y de organizaciones de México, Ecuador, Bolivia, Perú, Brasil, Panamá, Costa Rica y Guatemala, en cuya delegación estuvo Rigoberta Menchú (Premio Nobel de la Paz en 1992):
[…] Dentro de este contexto de esperanza, nos solidarizamos con los acuerdos y conclusiones del Primer Congreso Indígena de Colombia; así mismo nos solidarizamos con nuestros hermanos indígenas y el pueblo en general de Guatemala y El Salvador que caminan hacia su liberación definitiva. Deseamos que nuestros hermanos miskitos de Nicaragua, sigan adelante en sus esfuerzos de organización y de participación activa, como una fuerza más en la reconstrucción de su país. Repudiamos y rechazamos categóricamente la intervención del gobierno de Reagan en Centroamérica porque representa no solo el exterminio de los

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La lucha por la tierra, baluarte de nuestro progreso

pueblos centroamericanos, sino también un atentado contra la vida de los Pueblos Indígenas y el desarrollo de sus culturas, como es el caso de los descendientes de los mayas en Guatemala. Así mismo, condenamos la actividad de los somocistas, que ponen en peligro la vida de nuestros hermanos miskitos y nicaragüenses en general. Finalmente llamamos a todas las organizaciones e instituciones internacionales y a los pueblos y gobiernos progresistas y democráticos de América y del mundo a manifestar su solidaridad con la lucha de los pueblos centroamericanos y a condenar la intervención del gobierno de Reagan, que pone en peligro el desarrollo de las culturas indígenas en Centroamérica, que son parte de las raíces históricas de este continente y la vida de los pueblos en general. ¡Por la liberación de los pueblos de América! (Onic: 1982, 88-89)

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Conclusiones del Primer Congreso Indígena Nacional, Onic

Informe general de actividades de la Onic para el periodo 1982-1986 *

M a n u e l T r in o M o r a l e s

Bosa, Cundinamarca, 17 de febrero de 1986

c o m pa ñ e r a s y c o m p a ñ e r o s i n d í g e n a s d e t o d o c o l o m b i a . c o m pa ñ e r o s :

Van a cumplirse en pocos días cuatro años de la celebración de nuestro Primer Congreso Nacional. Lo celebramos en este mismo lugar y aprovechando la generosa hospitalidad y el cariño de la gente de este pueblo de Bosa que ya es como nuestra familia, porque aquí llegamos tranquilos como entrando a nuestra propia maloca, a nuestro propio tambo. Han pasado cuatro años y ahora volvemos a encontrarnos; como lo hacemos siempre los indígenas en los reencuentros, vamos a conversar largo y parejo, vamos a contarnos los mil sucesos que hemos vivido, los alegres y los tristes. Vamos a recordar un poquito las promesas que nos hicimos y vamos a ver si las cumplimos. Vamos a pararnos un poquito en este camino que empezamos hace cuatro años, para mirar cómo va nuestra marcha, para ver si vamos caminando a buen paso, a paso de indio, o si vamos medio rezagados por ir a paso de monja, si vamos medio enmontados o perdidos por andar con apuros de monteador pueblerino. Hace cuatro años ustedes me entregaron el honor y la carga de presidir este tramo del camino y ahora que van a escoger a otra persona que los guíe, quiero dejar en consideración de ustedes un pequeño
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá.

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Manuel Trino Morales

relato de esta marcha tal como la vi y la viví. Si quieren llamarlo «informe» llámenlo así, pero yo quiero llamarlo «relato» porque quiero ser muy breve y porque no quiero, como en todos los informes, presentar el lado bonito de los trabajos, sino el pequeño relato escueto de nuestra marcha con todas sus dificultades, con nuestras fallas y nuestras limitaciones, y nuestros errores también. Le salimos hace cuatro años al camino con un buen equipaje, con un buen bastimento de pensamientos y propósitos. Ese equipaje eran las conclusiones de nuestro Primer Congreso y para formar ese equipaje ayudaron todos los indígenas del país, cada uno aportó su poquito, así arrancamos con algunas ideas en mente y es necesario que veamos brevemente cuáles eran esas ideas, esos propósitos y que miremos si se cumplieron o no. En asunto de tierras propusimos doblar nuestro esfuerzo para seguir recuperando las tierras perdidas, para arrancar al Gobierno el reconocimiento de los títulos de resguardo de las comunidades de selva y sabana, para custodiar en mejor forma los recursos de nuestros propios territorios y para que nos paguen los daños que nos ocasionan las explotaciones mineras y las obras de desarrollo. En una palabra, propusimos conquistar el respeto de nuestra condición de dueños del suelo, donde nacimos, porque no somos venideros, ni arrimados, ni hijos de crianza, sino hijos propios de nuestra madre la Tierra que no nos niega porque de allí salieron nuestros viejos y de allí salimos nosotros y de allí debajo de ella vamos a buscar descanso más lueguito, de lo que no hay duda. En asunto de cultura y educación comprometimos nuestra palabra para luchar contra todas aquellas formas de penetración cultural que nos van quitando nuestro pensamiento propio, nuestra manera de ver las cosas, nuestros conocimientos de las plantas y los animales, la sabiduría de nuestros mamös, kuracas, karecas, neles y jaibanás, nuestra religión propia, nuestros cuentos tradicionales, nuestro idioma. Propusimos para combatir esta penetración que se da de muy distintas maneras, impulsar el desarrollo de una educación propia, que naciera de nuestro propio pensamiento y nuestra propia realidad,

que nos diera herramientas para mejorar nuestra situación sin perder lo propio. En asunto de legislación dijimos que seguiríamos exigiendo el cumplimiento de las leyes que protegen nuestras tierras, como la Ley 89 de 1890, la 135 de 1961 y la 31 de 1967, las que aseguran el debido respeto a los recursos de nuestros territorios y las que nos brindan el derecho a una educación nuestra, con gente nuestra y fundada en nuestras propias necesidades. Afirmamos también que seguiríamos la lucha para que desapareciera el malhadado proyecto de «estatuto indígena». En asunto de salud determinamos que era importante para la salud de nuestras comunidades que entendiéramos que sin solución a nuestras necesidades de tierra y de posesión tranquila de ella, no era posible mantener una buena salud. Dijimos, además, que si bien era bueno que, para atender los problemas y emergencias sanitarias en muchas comunidades, tuviéramos a disposición los servicios y la asistencia de la medicina moderna, era igualmente importante que mantuviéramos y, en lo posible, recuperáramos los conocimientos de nuestra medicina, que realizáramos el trabajo de nuestros médicos tradicionales, que estudiáramos y difundiéramos su conocimiento. En asunto de mejoramiento económico acordamos que en el camino de nuestra lucha era necesario fortalecer nuestra base económica con empresas nuestras, manejadas por nosotros sin interferencia gubernamental y donde nosotros tuviéramos la dirección y el control para repartir el fruto de nuestro esfuerzo. Dijimos que esta manera era una condición para el mantenimiento de nuestra autonomía, para proteger nuestra cultura y para defender nuestra organización. En el asunto de organización dejamos muy claro que esta tarea, al lado de la lucha por la tierra, debía constituir el eje de nuestros mayores esfuerzos. Organización, primero, de nuestras bases, de nuestros cabildos y capitanías, caciques, para poder conformar regionales sólidas y con ellas una organización nacional fuerte y aguerrida. Y dijimos también que no estábamos solos en este país, que no éramos los únicos marginados y explotados por una sociedad injusta y que

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teníamos que luchar al lado de otros sectores, obreros y campesinos, para cambiar las condiciones de nuestra vida y de la de ellos. Pero dijimos que el aporte fundamental de nuestra parte era la lucha por nuestros propios derechos y que solo una organización fuerte nos iría a ganar el respeto y la solidaridad. Con estas ideas iniciamos nuestro camino y es bueno ver en cada uno de nuestros esfuerzos y nuestros actos, si hemos procurado o no ajustarnos a este programa que se trazó el Primer Congreso. Así podremos ver en qué cosas hemos conseguido avances, para consolidarlos; en cuáles hemos venido fallando para buscar la razón y corregirla, en cuáles venimos retrasados para apurar el paso de la marcha. Nada mejor para esto que observar un poco los tres asuntos que han embargado nuestra mayor atención y que, de alguna manera, compendian el conjunto de nuestras acciones:
La marcha y realización de los organismos de dirección de la Onic. 
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La marcha y realización de las organizaciones regionales. Los avances y retrocesos y dificultades resultantes de nuestras relaciones con las entidades del Gobierno.

En el primer punto, el de la marcha de los organismos de dirección de la Onic, conviene destacar la realización regular y periódica de reuniones de nuestros dos máximos órganos de dirección, la junta directiva y el comité ejecutivo. Haciendo esfuerzos significativos, la mayoría de los delegados de las regionales a la junta y del comité ejecutivo han llegado en las fechas convenidas hasta Bogotá, han expuesto los problemas de sus comunidades y han [aportado] sus pensamientos para ayudar a resolver los problemas de otros compañeros indígenas. Aunque no parezca tan importante, esta tarea de reunirse a conversar es el primer paso de una verdadera organización. La enseñanza de pensar juntos y decidir juntos es el primer fruto de nuestra organización, que ha permitido a nuestras organizaciones incipientes aprender del ejemplo y de la experiencia de las más antiguas, y a nuestras organizaciones más antiguas recibir el influjo de nuevas

formas de entender el mundo. A través de este diálogo permanente nuestros compañeros de la zona andina saben de la vida y la lucha de los pueblos indígenas de la selva y el llano, y estos últimos conocen y entienden las razones de la lucha que libran los compañeros de la zona andina. Este esfuerzo de conocimiento ha ido acompañado por el apoyo que muchos compañeros de distintas regionales le han prestado a la Onic para colaborar, desplazándose a las regiones más alejadas en las tareas de formación de las organizaciones de base, en la difusión de nuestro programa, en los cursillos de legislación y de organización económica. En otras palabras, compañeros, ya no hay indígenas forasteros o extraños para ninguna comunidad indígena del país. Ya somos como de una misma familia que tiene muchos hijos que viven lejos unos de otros pero que se quieren, se buscan y se ayudan porque tienen una misma raíz, una misma historia de luchas y sufrimientos y una misma esperanza de liberación y de justicia. Es bueno, sin embargo, compañeros, decir que algunas cosas no han caminado bien en nuestros organismos de dirección. Ha habido casos aislados de compañeros mal acostumbrados por la política paternalista y corruptora del Gobierno, que han creído posible aprovechar a la Onic para su mejoramiento y ventaja personales. Estos compañeros han ido saliendo de los organismos de dirección. Pero es importante estar alerta porque no será posible mantener la integridad de nuestros propósitos sino [es] manteniendo muy claro y muy presente que la construcción de nuestra organización exige desprendimiento, consagración y honradez a toda prueba. Vamos a ver más adelante cómo se ha proyectado la acción de nuestros compañeros de dirección en la formación de nuevas regionales y en el fortalecimiento de las que ya existían hace cuatro años. Por ahora conviene señalar que en las tareas cumplidas por nuestra junta directiva y nuestro comité ejecutivo ha significado un gran avance la consecución de una sede nacional propia con una dotación mínima, que nos permite ahora un sitio seguro de reunión y hasta el alojamiento para todos, especialmente para los compañeros que vienen de lejos; un sitio donde nadie nos amenaza por falta de pago

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y donde podemos guardar y ordenar nuestros papeles y mantener seguros nuestros elementos de trabajo. Esta casa y los elementos que tiene son el resultado del apoyo de mucha gente que respeta nuestra causa, pero también el fruto de la iniciativa y el apoyo de todos los compañeros de la junta y del comité ejecutivo. También nuestra junta directiva y nuestro comité ejecutivo han venido orientando el pequeño programa de asistencia jurídica, a través del cual se ha contado con la colaboración de algunos abogados que nos han ayudado a la realización de cerca de setenta cursillos de legislación. Con estos cursillos por primera vez muchos compañeros indígenas del llano y de la selva han conocido que tienen derecho a la tierra y a los servicios de educación y salud, para enfrentar por sí mismos los problemas que tienen en cada zona. En este trabajo se ha procurado en todo momento reforzar las organizaciones tradicionales como base para impulsar los nuevos avances. Por otra parte, desde comienzos de enero de 1985, los órganos de dirección de la Onic han tenido bajo su responsabilidad la orientación del periódico Unidad Indígena. Se ha procurado en lo posible mantener la línea independiente, crítica y pedagógica del periódico, abriendo sus páginas para que responda a las aspiraciones de todos los compañeros indígenas del país. Se ha contado con serias dificultades económicas, limitación de personal y limitaciones para su distribución. Sin embargo, estimamos que el periódico ha cumplido una función importante como medio de refuerzo de la organización y fortalecimiento de los lazos de unidad entre las distintas regionales, con mayor información y conocimiento, [para que] asuman una responsabilidad creciente en los trabajos de hechura del periódico y para que este pueda llegar cada vez a sectores más amplios de nuestro país. En el segundo punto, el de la marcha y realización de las organizaciones regionales, sería muy largo y dispendioso hacer un balance detallado. Ya ustedes tendrán tiempo de hacerlo en el trabajo de las comisiones y las plenarias de este segundo Congreso. Yo quiero señalar que frente a las ocho (8) organizaciones regionales con que inició actividades nuestra organización nacional, ahora puede mostrar con

legítimo orgullo la existencia de doce (12) nuevas organizaciones que han incorporado su voz y su presencia a esta gran marcha. Para los aguerridos y decididos compañeros del Consejo Regional Indígena del Cauca, del Consejo Regional Indígena del Tolima, de la Organización Regional Emberá Waunana del Chocó, del Consejo Regional Indígena del Vaupés, de la Organización Unama de los Sikuanis del Llano, de la Confederación Indígena Tairona de la Sierra Nevada, y del Consejo Regional Indígena del Risaralda, para todos ustedes, yo voy a informar que la Onic cuenta con una larga lista de nuevos compañeros organizados: recibámoslos con un fuerte aplauso, porque aquí están con nosotros: los compañeros de la Organización Regional Indígena del Casanare (Oric); los de la Organización Regional Indígena Santa Teresita del Tuparro (Orist); los piaroas del Orinoco (Louic); los de la Organización Regional del Centro del Vichada (Oricevi); los del Consejo Regional Indígena del Occidente de Caldas (Cridoc); los de la Coordinadora Indígena de Antioquia; los de la Unión de Indígenas del Guaviare y el Vichada (Uniguvi); los del Consejo Regional Indígena del Medio Amazonas (Crimaz); los de la Organización Regional Indígena del Orteguaza Medio (Criom); los del Cabildo Mayor Zenú de San Andrés de Sotavento (Oriavi). Todas estas organizaciones, las de antes y las que nacieron después del primer congreso, han luchado en cada una de las regiones, solas unas veces y otras con el apoyo de los organismos de dirección de la Onic, por avanzar en el camino de la conquista de los derechos del indígena. Con especial dedicación y coraje lo han hecho los compañeros del Consejo Regional Indígena del Cauca, que sigue manteniendo la vanguardia de nuestra lucha por la recuperación de las tierras perdidas, por el establecimiento de un sistema educativo propio para la infancia y la juventud indígena del Cauca, por la puesta en marcha de un sistema cooperativo de mercadeo de la producción indígena que libere a los compañeros de la explotación de los tenderos de pueblo y los usureros, por la iniciación de un sistema de salud que reconozca en el indígena un ser humano y no un objeto de explotación. No ha

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sido fácil para los compañeros del Cauca el mantenimiento de esta lucha, y en ella, para infortunio de todos nosotros, han caído vilmente asesinados compañeros cuyo único delito fue reclamar el derecho elemental a un pedazo de tierra, como los luchadores de López Adentro, o dedicar su vida, su generosidad, su fuerza y su corazón a educar a sus hermanos de lengua, como el inolvidable compañero Álvaro Ulcué. Con esfuerzo encomiable han continuado los compañeros del Consejo Regional Indígena del Tolima su lucha por la tierra. Resistiendo la represión brutal de los cuerpos armados y de los jueces, los compañeros de Ortega y Coyaima siguen avanzando en la reconquista del territorio del gran resguardo del sur del Tolima. También se han dado pasos significativos en el trabajo de la organización económica y en este campo conviene destacar la seriedad y responsabilidad con que han venido avanzando los compañeros del cabildo de Tinajas. Los compañeros del Tolima han debido frenar los intentos divisionistas de algunas entidades oficiales, con la titulación de tierras de resguardo en Yaguará y con la asignación de las tierras recuperadas. Es importante que los compañeros se mantengan en guardia contra estos intentos, vengan de donde vinieren. Todas nuestras derrotas en el Tolima han venido de la división de nuestra gente, desde tiempos muy antiguos, desde tiempo de los españoles. Solo la unidad nos hará fuertes, solo la unidad nos dará la victoria. En el Chocó, los compañeros indígenas de la Organización Regional Emberá Waunana trabajaron con mucho empeño en la formación de los cabildos que orientarán la vida futura de las comunidades. También es necesario resaltar el trabajo para ayudar a los compañeros indígenas de toda la región a resolver el gravísimo problema del paludismo que en lo que va corrido de estos cuatro años, después de nuestro primer congreso, ha matado a más de mil (1.000) personas, especialmente niños. Queremos denunciar públicamente el descuido criminal de los servicios de salud del departamento del Chocó que despilfarran en burocracia los recursos que permitirían resolver el problema.

Y yo quiero aprovechar la presencia en este congreso de los representantes de la Unión de Indígenas del Chocó que enfrentan iguales problemas y a su manera luchan con los mismos propósitos de mejoramiento, para que entre compañeros que ocupan el mismo territorio se avance amistosamente en el camino de un acuerdo que permita enfrentar la amenaza común de las enfermedades y el saqueo de los recursos mineros y forestales. Ha realizado el Consejo Regional Indígena del Vaupés encomiables esfuerzos para recobrar el manejo de la educación y por impulsar en algún grado las organizaciones de base. Este esfuerzo, sin embargo, debe extenderse a otros campos que a nuestro juicio no han sido objeto de la debida atención. Los compañeros del Vaupés, dueños del resguardo más extenso del país, tienen una seria responsabilidad de salvar este territorio para sus hijos y sus nietos. Con preocupación los responsables de la dirección de la Onic hemos visto cómo siguen avanzando sobre las tierras del resguardo los agentes del narcotráfico y los buscadores de minas. Sin duda hay un gran descuido del Gobierno en este campo, pero los primeros cuidanderos de su propia tierra deben ser los indígenas y es responsabilidad de la organización regional impulsar las organizaciones de base para que protejan su territorio. Es penoso que muchos compañeros indígenas estén sirviendo a cambio de dinero para la entrega de la tierra y la pérdida de la tradición. En el Meta, el Vichada, y el Guaviare, nuestros compañeros de Unuma, de las organizaciones regionales indígenas de Santa Teresita del Tuparro y del Centro del Vichada, continúan sosteniendo una dura pelea con la avalancha de colonos que continúan invadiendo impunemente sus territorios y ensanchando sus posesiones a costa de las tierras indígenas, lanzando el ganado contra los conucos de los compañeros. Desde este lugar, yo quiero recordarle al Gobierno que han incumplido reiteradamente su compromiso de sanear los resguardos y las reservas indígenas, que la paciencia de los compañeros de estas regiones está tocando a su fin; que no es justo que mientras se vuelcan recursos cuantiosos a otras regiones, a los compañeros se les deja

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abandonados a su propia suerte. Dentro de sus grandes dificultades, los compañeros han sacado tiempo y han dedicado esfuerzos a impulsar programas de educación de ellos mismos y a crear cabildos que están entrando a asumir la responsabilidad de la defensa de su tierra y su cultura. Es preciso que en el futuro inmediato los compañeros avancen en la unificación de sus esfuerzos y que las demás regionales del país les apoyen para salir adelante. Sobre el extremo oriental del Casanare conviven en su territorio antiguo los compañeros sikuanis, los cuivas, los amorúas, los schiripus, los mariposos y los wipiwis. Más de cinco mil compañeros que han decidido crear su propia organización y avanzar por el camino de conquistar sus derechos. Primero lucharon por su territorio y obtuvieron su título sobre 94.000 hectáreas. Después prosiguieron luchando y consiguieron el retiro de más de cuarenta terratenientes que los hostigaban, los amenazaban y los mataban. Luego en una forma ejemplar, hicieron entre ellos la distribución de la tierra recuperada. No hubo disputas inútiles. Ahora avanzan en la creación de sus cabildos y con algún apoyo gubernamental procuran fortalecer su economía y mejorar sus condiciones de salud y de educación. Este es un buen ejemplo, compañeros, de lo que puede la unidad y la decisión de luchar. La Organización Indígena del Casanare (Oric) seguirá adelante, de eso estamos seguros. En la Sierra Nevada de Santa Marta los compañeros kogui, con los arhuacos y los malayos, han continuado integrados a la Confederación Indígena Tairona. Juntos han logrado el reconocimiento de la propiedad sobre sus tierras con el carácter de resguardos; han logrado rescatar de las manos de los colonos más de ochenta predios que les habían sido arrebatados, han conseguido sobre todo el rescate de la educación de manos de una misión que llevaba cerca de ochenta años destruyendo la cultura y la unidad de los indígenas. Son conquistas reales y concretas, y sin duda un ejemplo para todos porque fueron conseguidas por la iniciativa y la voluntad propia de los compañeros de la Sierra. Es bueno que los compañeros de la Sierra persistan en alcanzar las metas que se han propuesto fundados especialmente

en sus propios esfuerzos y en sus propios recursos. Hay indicios, compañeros, de que algunas ayudas muy bien intencionadas pero no bien entendidas estarían haciendo flaquear la voluntad de apoyo y colaboración de muchos compañeros. Es necesario entender que por encima del apoyo ocasional del Gobierno y de otras entidades, nuestra suerte y futuro depende de nosotros, de nuestra capacidad para servir a nuestras comunidades sin esperar compensaciones ni ventajas. En la región del antiguo departamento de Caldas, los compañeros del Consejo Regional Indígena del Occidente de Caldas (Cridoc) y del Consejo Regional Indígena del Risaralda, cada uno en su territorio, pero apoyándose mutuamente, han trabajado por recobrar el dominio de sus viejos asentamientos y lo han conseguido en buena medida. A los compañeros chamí el Incora, por fin en un acto de justicia, les acaba de aprobar sus resguardos en ambas márgenes del río San Juan, y para los compañeros de La Montaña el estudio adelantado por el [Instituto Agustín] Codazzi llegó a respaldar la validez de su lucha demostrando que buena parte de las tierras de Riosucio y Supía, ahora en manos de particulares, hacen parte del antiguo resguardo de estos compañeros. Es importante que la lucha de estos compañeros siga adelante y que todos colaboremos en la reclamación que ahora adelantan para el manejo directo y la explotación de los recursos carboníferos de su resguardo. En el Urabá, los compañeros cunas han creado su propia organización. Nació casi [al tiempo] con la Onic y ha venido avanzando, incorporando a los compañeros indecisos. Ha procurado crear conciencia sobre los derechos a la tierra, a la educación según la cultura y los intereses de la comunidad. No es fácil la tarea que les espera a los compañeros que tenían siete mil quinientas hectáreas de buenas tierras, pero que perdieron en su gran mayoría cuando los ricachones del banano echaron de sus tierras a los nativos de Urabá para ocuparlas ellos con el apoyo de la fuerza pública. Ni es fácil la vida de estos compañeros porque ahora el pescado, que era su fuente más importante de vida, se lo llevan con licencia del Inderena los barcos

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de las compañías nacionales y extranjeras. Será necesario que sigan adelante y que, todos unidos a ellos, apoyemos su lucha. También los compañeros de Cristianía y de Dabeiba han unido sus fuerzas en la Coordinadora Indígena de Antioquia, frente a la abrumadora criminal avalancha colonizadora antioqueña, los compañeros de Cristianía ya han dado muestras suficientes de valor y resistencia. Su esfuerzo ha sido productivo en la conquista de la tierra, en el mejoramiento de las condiciones de salud y educación, en la marcha de su pequeña economía. Es necesario que estos logros se extiendan a los compañeros de Dabeiba, de Murri, de Chigorodó, de San Matías y de las demás comunidades que ahora se debaten en la pobreza y la demagogia del señor indigenista del departamento de Antioquia, más interesado en aparecer en los periódicos que en los problemas de hambre y paludismo de los compañeros. En la extensa región amazónica han comenzado ya también a surgir las organizaciones indígenas. Los compañeros de las orillas del medio y bajo Caquetá han creado el Consejo Regional Indígena del Medio Amazonas, y los que habitan las orillas del Orteguaza y sus afluentes han creado el Consejo Regional de Orteguaza Medio (Criom). Ya era justo y necesario que estos compañeros levantaran la cabeza. En los últimos veinte años, el Gobierno ha impulsado los más agresivos programas de colonización en la región del Caquetá sin miramientos a los derechos de los pueblos indígenas, que eran allí numerosos y vivían en paz. Ahora viven en pequeños grupitos reducidos a pequeños rodetes que les dejaron para que murieran y les quedara apenas el espacio de su sepultura. Ya era tiempo que alzaran la cabeza estos hermanos nuestros. Y era hora que alzaran la cabeza los compañeros de las vecindades de Araracuara que soportaron por años el cerco y las atrocidades de los caucheros, de la colonia penal que les mandó de regalo el Gobierno y últimamente la avaricia y la ambición de la Caja de Crédito Agrario que pretende arrebatarles la tierra que el mismo Gobierno les entregó. Desde aquí quiero decirle al señor gerente de la Caja Agraria hijo de un ex presidente de la República que se ponía ruana en las campañas

políticas entre los campesinos, quiero decirle que los indígenas son los dueños de la tierra y que no engañe a los indígenas, que no les quite la tierra porque él con todo y su plata y sus apellidos, se va a morir algún día y se morirán sus hijos y ninguno podrá llevarse al viaje largo ni una pulgada de los seis millones de hectáreas que reclama. Yo quiero decirle que los indígenas estarán allí, dentro de diez, de veinte, de treinta, de cien, de mil años, porque allí han vivido y allí seguirán para proteger el derecho y cuidar los huesos de los antepasados. Los compañeros de la Costa Pacífica Caucana y Nariñense, aglutinados en la Organización Regional Indígena Emberá de la Costa Pacífica (Oriecop), también han echado a andar. Les espera un camino largo, pero sus primeros pasos en defensa de los territorios antiguos y su legalización, en defensa de los recursos naturales del bosque y de los lugares donde pescan, son pasos bien orientados. La Organización Nacional Indígena debe mantener la vigilancia para apoyar la lucha de estos compañeros, tal vez los más aislados de todo el país, pero de pronto entre los más decididos y más constantes en la defensa de su tradición y de sus derechos. Quiero mencionar, para terminar este detalle de las organizaciones que han funcionado (y muchas han nacido con la Onic), el gran Cabildo Central Zenú de San Andrés de Sotavento. El Gobierno disolvió en los comienzos de este siglo su resguardo diciendo que allí ya no había indios. Y por eso dizque le regaló esas tierras al municipio. Pero yo quiero decirle hoy al gobierno del municipio y del país que allí hay todavía quince mil indios y que ahora no están dormidos como lo estaban antes, que ahora están de pie y que las 83.000 hectáreas que les fueron arrebatadas volverán a ser de ellos, con la ayuda o sin la ayuda del Gobierno. Lo digo porque ya los compañeros han dado muestras suficientes de su decisión y su coraje. Ahora solo falta, compañeros, para que estas palabras no se queden en el aire, que se mantenga y fortalezca la unidad. Ninguna idea, ninguna palabra que venga de afuera debe dividirnos o distanciarnos. De divisiones internas se valieron los terratenientes que dividieron el resguardo a

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comienzos del siglo. Que ninguna idea política o religiosa o de ningún fanatismo nos distraiga de nuestro camino. No es posible desandar el camino andado. No es posible que olvidemos la sangre de nuestros hermanos caídos. Que su recurso nos mantenga unidos por encima de todo. En el trabajo de estas comunidades que hemos mostrado, ha puesto su granito de arena la Onic con su junta directiva, su comité ejecutivo, los compañeros que la han ayudado y su presidente. En el tercer punto, el de las relaciones del movimiento indígena con el Gobierno, debo observarles que se han dado algunos avances de importancia, que ha habido estancamientos en varios campos y que, sin duda se mantienen muchos puntos en conflicto. Primero que todo, compañeros, no hay duda alguna de que el Presidente de la República y el Consejo de Política Económica y Social (Conpes) en sus intervenciones y en sus documentos de 1982 y de 1984, recogieron buena parte de nuestras conclusiones y recomendaciones de nuestro primer congreso. Allí dijeron que era justa nuestra aspiración a recuperar las tierras perdidas y a mantener el dominio sobre las que nos han pertenecido. También dijeron allí que esta tierra debían entregárnosla en la forma de resguardos. Estas fueron reclamaciones de nuestro primer congreso. También dijeron el presidente y su Consejo que teníamos derechos a unos sistemas de educación y de salud que respetaran nuestras costumbres y tradiciones y nuestra lengua y el conocimiento de nuestros médicos y maestros de la comunidad. Estas también eran reclamaciones de nuestro primer congreso. También dijeron que no habría inconvenientes sino apoyo y respeto del mismo Estado para la elección y funcionamiento de nuestras autoridades. Nuestro primer congreso demandó este apoyo y este respeto. Por eso estas declaraciones del Gobierno nos han parecido buenas y creemos que en boca de un presidente son importantes y nos sirven. De pronto por un efecto de estas palabras y de la lucha que han seguido manteniendo los compañeros indígenas de todo el país,

algunos programas con el Gobierno han ofrecido algún avance que ha permitido un respiro a los compañeros. En materia de tierras, por ejemplo, nos parece importante, y bueno que en el tiempo de vida de la Onic se hayan constituido 71 resguardos nuevos que le dan propiedad efectiva sobre la tierra a sesenta mil compañeros nuestros sobre dos millones ochocientas mil hectáreas. Esto es un buen paso resultante de las luchas de los compañeros. Ahora ellos van a poder organizar allí sus cabildos y vivir más tranquilos y esto está bien. También en materia de tierras nos parece bien que por parte del Incora y de Asuntos Indígenas se hayan comprado mejoras para el saneamiento de algunos resguardos en Boyacá, Casanare, Chocó, Magdalena, Meta y Vichada. Nos parece bien porque por lo menos en algunos de estos territorios los indígenas le han visto fin a la larga pesadilla de los atropellos y las vejaciones. En igual forma nos parece importante la compra que se ha hecho de tierras para algunos compañeros minifundistas de Arauca, Cesar, Córdoba, Nariño, Putumayo, Tolima y Cauca. También estima la Presidencia de la Onic que los planes de constitución de nuevos resguardos y de ampliación de resguardos minifundistas son acciones que merecen nuestro respeto y en alguna medida responden al cumplimiento de tantas promesas como las que han sido hechas a los indígenas colombianos. En materia de educación se han dado algunos pasos tímidos para responder a los requerimientos y demandas indígenas. Pero sin duda son pasos de interés. La Resolución nº 8454 de 1984, expedida por el Ministerio de Educación Nacional para resolver el problema de la Sierra Nevada y que determina la participación de las comunidades en el diseño de los currículos y en la elección de los profesores, y que hace forzoso un ajuste de los contenidos y la pedagogía con la forma de pensar y las necesidades de los indígenas; esa resolución es una conquista. También lo son los lineamientos de educación indígena aprobados por el Ministerio de Educación. Y son una conquista las conclusiones del Seminario de Mitú celebrado en 1984, del Seminario de Regionales con experiencias educativas propias, de 1983, y

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del Seminario sobre Etnoeducación celebrado en Girardot en 1985. Son una conquista porque son nuevas armas de lucha en nuestras manos para avanzar en el camino del mejoramiento educativo. Con ellas pueden reforzarse los programas actualmente en marcha en el departamento del Cauca, en la Comisaría del Vichada, en la Sierra Nevada de Santa Marta y en La Guajira. Menos afortunado ha sido el campo de la salud. Las conclusiones de un taller realizado en Valledupar en 1983 y en las del Seminario del Arauca de 1984 no han merecido de las directivas del Ministerio de Salud atención [alguna]. Con gran esfuerzo los compañeros del Cric y de San Andrés vienen ejecutando sus propios programas con algún apoyo internacional. Algo se ha avanzado también por cuenta y riesgo de los mismos indígenas en la Sierra Nevada. El Ministerio ha mantenido su desprecio desdeñoso por estas experiencias y, peor aún, en algunos casos ha tratado de torpedearlas. No veo por qué no haya que decirlo: la muerte de más de mil compañeros indígenas en el Chocó, por efecto del paludismo, no ha merecido más que desidia y silencio de los burócratas apoltronados en los sillones y sueldos abultados del Ministerio de Salud. La cara bonita del Gobierno, compañeros, ha sido, pues, más bien mezquina. La cara maluca y dura sí ha sido muy frecuente. Las fuerzas llamadas «del orden» por ejemplo, siguen en el Cauca, en Nariño y en Córdoba, muy activas sacando a los compañeros que intentan reconstruir los resguardos que el mismo Simón Bolívar ordenó reconstruir en 1820 y que el Presidente de la República autorizó reconstruir el 11 de noviembre de 1982. Pero esas mismas fuerzas del orden en el Putumayo, en el Vichada, en Arauca, en el Meta, en el Guaviare, permanecen inmutables cuando la avalancha de colonos, terratenientes y narcotraficantes penetra a los territorios indígenas y expulsa a sus legítimos dueños. La mayoría de los territorios de resguardos y reservas del Llano, del Putumayo y de otras áreas del país sigue invadida de colonos sin que el Gobierno se decida a cumplir las promesas de saneamiento, aunque siga anunciando cada ocho días la aproximación de planes

bellísimos para lograrlo. En este mismo campo hay que recordar que problemas tan graves como el de López Adentro siguen esperando una solución legal y que los indígenas de Araracuara continúan bajo la amenaza de desalojo por una agencia del Gobierno creada dizque para defender y apoyar a los campesinos. Y hay muchos casos más que debiera mencionar por su nombre. Pero quiero pasarlos todos por alto para designar uno solo: el de los compañeros Itnú del Norte de Arauca, ríos Lipa y Ele. Allí hay cuarenta familias que se mueren de hambre física, porque el Gobierno que les entregó una reserva de dieciséis mil hectáreas no fue capaz de protegerla y ahora [no] tienen nada. Solo el patio de sus ranchos donde seguramente serán enterrados. Hace unos tres años eran cerca de ochenta familias. En tres años ha desaparecido el 50% de este pueblo indígena. Ha desaparecido frente a la mirada de empresarios gringos que sacan petróleo de territorios que fueron suyos. Frente a la mirada de los colonos que impunemente les quitaron la tierra. Frente a la mirada del ejército colombiano y frente a la mirada de los señores alzados en armas que ahora conviven y cortejan a los campesinos usurpadores. La Onic ha procurado un alivio a estos compañeros; pero solo eso, compañeros, porque la solución de este caso requiere un apoyo general y una lucha general de todos para evitar el desastre de la desaparición de estos compañeros. Yo los convoco a esta tarea antes de que sea demasiado tarde. Tenemos muchos otros problemas con el Gobierno, compañeros. En el asunto de la educación, por ejemplo, sin desconocer la voluntad de algunos amigos de los indígenas en el Gobierno gracias a los cuales se ha conseguido un estímulo para los avances que ya referíamos, sin desconocer esto, hay que decir que la mayoría de las secretarías de educación regionales se niegan a poner en práctica las disposiciones del Decreto 1142. En asunto de recursos naturales, la buena voluntad de la señora gerente del Inderena se ha quedado en las palabras, porque en el terreno de la realidad prosigue el saqueo de los recursos naturales de los territorios indígenas, de sus maderas, de sus animales, de sus recursos de pesca.

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En fin, compañeros, en materia de relaciones con el Gobierno, nuestro movimiento ha alcanzado algunos logros y estos logros nos complacen y nos alegran, pero no nos engolosinan para dejar de hablar claro y para negar que los logros han sido pocos porque en la balanza de nuestra cuenta el platillo de los problemas no resueltos sigue pesando mucho más. Ya que hemos hablado del Gobierno y su manejo con los indígenas, es bueno y necesario recordar que con los indígenas también trabaja la Iglesia Católica. Y, de pronto, hasta trabaja más que el Gobierno. Anteriormente era casi la única que trabajaba con los indígenas, porque el Gobierno no se metía con nosotros ni para bien ni para mal. Bueno, de pronto, para más sí se metía porque el Gobierno nos disolvía los resguardos y nos mandaba las patrullas de reclutamiento para que nos metieran al servicio militar. Eso era lo que hacía. Ahora hace algunas cositas más, pero la Iglesia sigue trabajando con nosotros. Anteriormente la Iglesia hacía lo que le mandaba el Gobierno, es decir, buscaba para que se disolvieran los resguardos, por una parte y, por otra, nos daba la educación dizque para sacarnos del salvajismo. El Gobierno creía que éramos salvajes porque no hablábamos castellano ni íbamos a misa. La Iglesia creía lo mismo y luchaba para sacarnos de eso que llamaban el salvajismo. Era lo que llamaban las misiones. Así ayudó la Iglesia a que nos quitaran la tierra y nos quitaran nuestra lengua y nuestra religión propia. Algunos padres y algunas hermanitas todavía siguen pensando que somos salvajes y andan preocupados porque nos vamos a condenar y quieren que dejemos nuestra lengua y nuestras costumbres. Hay muchos misioneros todavía que piensan así, como los señores capuchinos que trabajan en la Sierra, [que] fueron sacados por los compañeros arhuacos y el Gobierno los mandó a que siguieran su trabajito en la sierra de Perijá. Así piensa todavía el señor obispo de Leticia y hay otros que piensan todavía así, casi lo mismo que los gringos que se han metido en cuadrillas a confundir más a los compañeros, apoyados por la gente del Lingüístico de Verano, que también creen que somos salvajes y estudian no más el idioma de nosotros para meter su venenito religioso y político.

Los compañeros de las regionales y los de la Onic hemos tenido que luchar muy duro con estos misioneros católicos a la moda antigua y con los señores gringos, y esa lucha debe seguir y va a seguir. Pero es bueno decir que algunos padres y hermanas católicos han empezado a entender que los indígenas queremos el respeto como personas y que por eso queremos que se respete lo que es nuestro y que nos hace personas que es nuestra lengua y nuestro pasado y es nuestras creencias. Algunos sacerdotes y hermanas ayudan ahora a la Organización y nosotros recibimos su ayuda porque es positiva. Algunos nos ayudan en la cuestión de conseguir la tierra o en mejorar nuestras escuelas y enseñanza. Eso está bien. Así lo hacía nuestro compañero el padre Álvaro Ulcué, y las hermanas y sacerdotes que quieran seguir su ejemplo, su dedicación, su coraje serán bienvenidos porque ellos son verdaderos seguidores de Cristo, que no anduvo con ningún catecismo en el bolsillo ni chorriándole agua a la gente en la cabeza, sino enseñándole a la gente a que fuera libre y que luchara contra la mentira y contra la injusticia. Ahora, compañeros, quiero terminar. Al dejar la honrosa posición para la cual ustedes me nombraron, quiero agradecerles ese nombramiento y hacerles hincapié en una sola cosa: la necesidad de mantener la unidad del movimiento indígena por encima de todo, para proseguir, con redoblado ímpetu y sin duda alguna con una dirección más acertada, la lucha por la organización y el logro de los objetivos trazados. No es nada fácil la situación actual para las luchas de los indígenas, y seguramente habrá mayores dificultades que en el pasado. A falta de una auténtica reforma agraria, se siguen impulsando los programas de colonización sobre las tierras indígenas. Los agentes del narcotráfico prosiguen llegando a los territorios indígenas a buscar el apoyo de nuestros compañeros o a procurárselo con el chantaje o la amenaza de muerte. Todos comprenderán que no hay una amenaza más disolvente de la unidad y mantenimiento de las comunidades que la corrupción que llevan los agentes de este negocio. Las cien o más sectas religiosas continúan su penetración obstinada para llevarnos al cielo y hay compañeros que todavía se lo creen. La

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llamada División de Asuntos Indígenas sigue cada día más ajena a las necesidades e intereses de los pueblos indígenas, como si el Gobierno quisiera dejarla morir así no más, sin siquiera rezarle jaculatorias. Hay algo más, compañeros, y es que no hay nadie entre los políticos colombianos que tenga en mente la causa de los indígenas dentro de su programita de trabajo. No lo tienen los señores políticos tradicionales, que yo sepa. Ellos siguen pensando en matar y repartirse la marrana al día siguiente de las elecciones y hasta el momento no nos han dicho ni hablado siquiera de entregarnos las pezuñas. No está en su cabeza porque nunca lo ha estado. Ni están los indígenas en el programita de los señores que andan haciendo bulla en el monte con sus metralletas y que de tanto limpiar sus fierros y tirarle al polígono para mejorar la puntería, tampoco les ha quedado ni les va a quedar tiempo de pensar en el problema de nosotros. No nos merecen, compañeros, ninguna confianza ni los señores de los discursos, ni los señores de los alborotos armados. Que nos perdonen unos y otros, pero los indios estamos acostumbrados a pensar tranquilos y el relajo de su palabrería y de sus tiroteos no nos deja pensar ni resolver las cosas que nos preocupan. A veces pensamos que si acaso aparecemos en los programitas de unos u otros es apenas de pasada para aprovechar nuestra ingenuidad y ponernos de peones de estribo. No vamos a caminar por allí, compañeros, no creo que vamos a caminar por allí. Para salir adelante, compañeros, tenemos pocas condiciones pero tenemos las más importantes. Tenemos la primera y decidida condición de toda lucha: tenemos nuestra organización nacional y nuestras organizaciones regionales y la disposición de los compañeros vinculados a ellas para unir cada vez más sus fuerzas en torno a unos propósitos que son nuestros y por los cuales han luchado y han muerto nuestros viejos y nuestros propios compañeros. Y algo más, compañeros, porque al lado de las organizaciones impulsadas o apoyadas por la Onic han venido surgiendo y están en marcha las organizaciones de muchos otros compañeros que nacieron a la lucha por ellos mismos y han logrado progresos y conquistas importantes en esas luchas. Esos compañeros, muchos de los cuales nos acompañan,

Fraternalmente, Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) Trino Morales Presidente

Informe general de actividades de la Onic para el periodo 1982-1986

deben saber que la Onic no pretende absorber sus esfuerzos ni recoger sus triunfos. No. La Onic quiere abrir sus brazos a estos compañeros para que marchemos juntos y unidos, pero nuestro lema es el derecho de cada comunidad o sector de comunidades para decidir su trabajo y su futuro. La Onic es el mecanismo que hemos creado para coordinar nuestros esfuerzos y nuestros intereses comunes y en ella caben todas las iniciativas que busquen el progreso de nuestros hermanos. Para conseguir una Onic más fuerte y combativa, es necesario que aquí estén todos los indígenas colombianos: los compañeros inganos, kiyasingas y kuaiqueres de Nariño y los guambianos del Cauca que han creado su propia regional. Que vengan aquí los waunana de la hoya de San Juan sin temor a perder su independencia. Y que vengan las grandes cabezas del gran pueblo guajiro a enseñarnos un poquito de su amor a la tierra y a la libertad. Cuando todos estemos aquí juntos vamos a poder decir que tenemos una organización nacional. Para salir adelante tenemos, además, compañeros, la solidaridad que hemos ido ganando en la opinión pública y tenemos el apoyo que nos puedan brindar los sectores populares y gremiales organizados y serios. Es preciso administrar con cuidados estas cositas que hemos conseguido. Es necesario no malgastarlas. Los indígenas somos una minoría en Colombia y entendemos, porque debemos entenderlo, que nuestra suerte está ligada a la de muchos colombianos pobres y sencillos como nosotros. Los apoyamos en su camino y recibiremos su solidaridad. Pero que se entienda bien: exigimos de todos los sectores no indígenas el respeto a nuestra autonomía para definir nuestro propio camino. Apoyados primero en nuestra fuerza, en nuestros propios recursos, sigamos adelante, compañeros, apoyando otras causas justas y ganando el apoyo creciente de otras gentes que miran con respeto nuestra causa. Es lo que tenía para decirles, compañeros.

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Conclusiones del Segundo Congreso Indígena Nacional,

un evento de unidad y grandes esperanzas para nosotros los indígenas*

O r g a ni z ac ió n N ac io n a l Indíg en a d e Co l o mb i a

Es que nosotros, los indígenas, queremos que la Onic sea como una gran maloca, como la maloca hecha con las manos y la fuerza de todos y donde estemos todos sin que nadie se quede por fuera. Médico yucuna, río Apoporis, Amazonas.

Bosa, febrero 21 de 1986

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Del 18 al 22 de febrero celebramos nuestro Segundo Congreso Indígena Nacional. Durante cinco días hicimos un alto en el camino iniciado hace cuatro años, con el fin de realizar un balance detenido y crítico de las actividades cumplidas por la Onic. Un alto en el camino para cumplir una tarea de estudio de la actual situación de las comunidades indígenas del país en materia de organización, tenencia de la tierra, vida económica, salud, educación, propiedad y uso de los recursos naturales, estudio y utilización de la legislación indígena, relaciones con los movimientos populares, etc. Tal como se había acordado en la última reunión del comité ejecutivo de la Onic, el 18 de enero, después de mantener un diálogo fraterno durante un día y medio, con la preocupación fundamental de luchar por la unidad las regionales de la zona andina aceptaron una participación de once delegados oficiales por regional. Pero llegada la fecha del Congreso, 17 de febrero, aún no habíamos resuelto el
* Fuente: Segundo Congreso Indígena Nacional. Propuestas y conclusiones (Onic, 1989: 5-7).

número de delegados oficiales que debían participar por organización regional. Las organizaciones de la zona andina (Cauca, Tolima Antioquia, Chocó y Córdoba) reclamaban la participación de los representantes por cabildo y cinco por organización regional. La zona de selva y llanura, por tener un número menor de cabildos organizados debido a su reciente creación, reclamaban once representantes por regional y exigían una representación igual para todas las regionales sin que importara el número de cabildos agrupados. A pesar de esto, el 18 de febrero se inició oficialmente nuestro segundo congreso. Más de novecientos indígenas representantes de todo el país (ventiún regionales y zonales, ventiún cabildos, cacicazgos y capitanías de las zonas donde aún no se ha creado regional) participamos activamente en diez comisiones, entre las cuales hubo también [una] comisión de niños que formuló sus inquietudes y sacó sus conclusiones. Otra comisión muy importante fue la de estatutos, donde se trabajó en la definición clara de las atribuciones, finalidades, representatividad y participación que tendrán las bases en los organismos directivos y en los congresos. Esta comisión también estudió las formas de procurarse y manejar los recursos económicos para llevar a cabo las actividades organizativas. Como resultado de cuatro días de reflexión, llegamos a conclusiones que en esencia recogen nuevamente los problemas expuestos en nuestro primer congreso. Esta nueva oportunidad de intercambio de experiencias dio luces para la iniciación de nuevas tareas tendientes al fortalecimiento de nuestro movimiento indígena y al mejoramiento de nuestras condiciones de vida. Es esto lo que nos permite definir el conjunto de tareas o trabajos concretos que debemos realizar para alcanzar las metas deseadas; actividades que continúan la marcha en este largo camino, ahora coordinado por un nuevo presidente y nuevos integrantes del comité ejecutivo. En materia de organización política, tal vez dejando de lado otros asuntos también importantes, conviene señalar el llamado que hace el segundo congreso para superar las fallas observadas en la labor de la Onic durante los cuatro años anteriores. Para enfrentar estas

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Conclusiones del Segundo Congreso Indígena Nacional

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Organización Nacional Indígena de Colombia

fallas con una crítica constructiva y conseguir que sean superadas sin que ello signifique una ruptura, o la formación de conflictos innecesarios al interior de la Organización, hay que procurar que los planes de trabajo se definan siguiendo un orden de necesidades de las regionales para concretar y poner en marcha un mayor apoyo de las organizaciones más avanzadas a favor de aquellas que apenas están dando los primeros pasos. En cuestión de tierras revivimos nuestra fuerza para lograr el saneamiento [y] ampliación de los resguardos y reservas, hasta conseguir el mínimo de tierras necesario para que los indígenas podamos por lo menos garantizar nuestra existencia. En cuestión de comunicaciones se destaca la decisión de convertir el periódico Unidad Indígena en un vocero real de todas las comunidades del país, a través de la capacitación de compañeros de las regionales en el trabajo periodístico, hasta conformar un equipo de trabajo especializado en este campo. En legislación, además del estudio de las leyes propias, es de vital importancia la lucha para que el Gobierno dé cumplimiento a las leyes que nos protegen. En el campo de la educación conviene señalar la decisión de conformar un comité especial dentro de la Onic, que se responsabilice de la tarea por conquistar la aplicación general y correcta de las disposiciones del decreto 1142 de 1978. En la economía se destaca el llamado para que las comunidades reclamemos y asumamos la responsabilidad de dirigir nosotros mismos las tareas de los proyectos de desarrollo, para destinar los mayores recursos a las iniciativas que persigan desarrollar programas de interés comunitarios. En lo que concierne con salud es de resaltar la necesidad de avanzar en la búsqueda de una combinación de la medicina occidental con la medicina indígena. En relación con otras organizaciones se hizo un llamado a que esta relación no respondiera al utilitarismo, y se propuso un intercambio de materiales y de experiencias más frecuente y directo, para

Conclusiones del Segundo Congreso Indígena Nacional

así enriquecer esta misma relación. Todos nos sentimos contentos de que después de nuestro segundo congreso tengamos la firme decisión de mantenernos unidos; solo con la unidad podemos hacer que se nos reconozca nuestro espacio, porque en Colombia hasta 1971 se negaba la existencia de indígenas, se negaba que tuviéramos una forma de pensar propia, un desarrollo social propio, pero en este momento y después de más de quince años de lucha, hay más reconocimiento y esperamos ganar más espacio para que se respeten más nuestros derechos. Nos parece normal que haya contradicciones porque nos estamos desenvolviendo dentro de un país donde hay presencia de la Iglesia, del Gobierno, de liberales, de conservadores, de comunistas, de guerrilleros y a todas estas fuerzas nos vemos enfrentados los indígenas. Es importante considerar que existen contradicciones pero evitamos caer en divisiones a través de un diálogo permanente. Porque una de las cosas centrales en nuestras comunidades indígenas es tener unos puntos propios que nos identifiquen, a todos, unas consignas propias que nos unan (a todos). Debemos tener siempre presente la principal conclusión de nuestro segundo congreso: «La necesidad de mantenernos unidos y organizados». Solo así seremos capaces de enfrentar los problemas que diariamente nos ponen la naturaleza y la sociedad blanca. Somos un grupo grande y numeroso, pero ante todo nuestras metas buscan que los indígenas colombianos podamos vivir de nuestra tierra, de nuestras manos, con nuestros padres y con nuestros hijos, en la paz que siempre ha reinado entre nuestras comunidades.

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Resolución de Vitoncó*

Re s g u a rd o d e V i to n có

Este es un documento de mucha importancia, ya que reúne la posición que los cabildos indígenas del departamento del Cauca tienen frente al conflicto armado.

Cauca, 23 de febrero de 1985

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Cuarenta y cinco cabildos indígenas del Cauca reunidos en junta directiva del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), en Vitoncó los días 21 a 24 de febrero de 1985, Considerando: Primero. La delicada situación por la que atraviesan las zonas indígenas del Cauca debido a la presencia militar, tanto del ejército y policía como de los grupos armados ajenos a nuestras comunidades; presencia militar que no tiene que ver mucho con nuestros problemas y que tiende a agudizarse en la medida en que puede desencadenar una guerra entre las partes en conflicto, guerra en la cual nuestras comunidades sufrirían las más graves consecuencias. Segundo. La inflexibilidad del Gobierno y sus organismos [al] no entrar a buscar soluciones dialogadas y pacíficas a nuestros problemas de tierras, educación, salud, etc., posición que se ha radicalizado más
* Fuente: Los indígenas y la paz: pronunciamientos, resoluciones, declaraciones y otros documentos de los pueblos y organizaciones indígenas sobre la violencia armada en sus territorios, la búsqueda de la paz, la autonomía y la resistencia (Onic y Consejo Indígena de Paz, 1985).

Resuelve aprobar las siguientes proposiciones: Primero. Recalcar y hacer valer por todos los medios que estén al alcance de los resguardos el derecho a la autonomía, es decir, el derecho que los cabildos y las comunidades tienen de controlar, vigilar y organizar su vida social y política al interior de los resguardos y de rechazar las políticas impuestas venidas de afuera. Esta autonomía se hace extensiva no solo frente a personas y entidades gubernamentales, privadas y semiprivadas, que han venido decidiendo aspectos económicos, sociales, culturales, políticos y religiosos en zonas de resguardo, sin consultar a nuestras comunidades y a sus legítimos representantes, los cabildos, como también a las organizaciones que vienen realizando actividades que son de competencia de los cabildos. Nosotros, como representantes de los cabildos, no aceptamos imposiciones. Es nuestro sentir seguir recuperando las tierras de

Resolución de Vitoncó

si vemos que las amenazas, atropellos y desalojos se han multiplicado en los últimos meses y que se ejemplarizan en el asesinato de nuestros compañeros, últimamente en la persona del sacerdote y compañero Álvaro Ulcué Chocué, y en el desalojo de la recuperación de López Adentro, en donde a ciento cincuenta familias se les quemaron sus viviendas y se les arrasaron trescientas hectáreas de cultivos producto de diez meses de esfuerzo y trabajo. Tercero. El problema de linderos entre algunos resguardos y conflictos internos entre algunas comunidades, empresas comunitarias y comuneros, que ponen en peligro la unidad que tanto ha caracterizado a nuestra Organización y frente a la cual han fracasado muchos intentos divisionistas y posiciones sectarias de grupos y partidos, tanto tradicionales como revolucionarios, unidad que es necesaria si queremos continuar con éxito nuestras luchas. Cuarto. La situación de abandono, miseria y opresión en que se encuentra la mayoría de los resguardos del Cauca, producto también de la falta de consulta e imposición de políticas impulsadas por personas de reconocida trayectoria antipopular y antiindígena.

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Resguardo de Vitoncó

nuestros resguardos de acuerdo al primer punto de nuestro «Programa de lucha», y amparados en la Ley 89 de 1890 y otras disposiciones legales del Gobierno de Colombia. No aceptamos, entonces, que algún grupo armado venga a decirnos a quiénes debemos recuperar las tierras y a quiénes no, y a quiénes debemos segregar las tierras y a quiénes no. Esto lo deciden las mismas comunidades, de acuerdo a sus necesidades. Este es, entonces, y aquí lo reiteramos nuevamente en esta junta directiva, un asunto interno que compete únicamente a las comunidades y a sus cabildos. Igualmente lo referente a castigos por actos delictivos. Esto les concierne a los cabildos, que tienen por ley la facultad de castigar a sus comuneros de acuerdo a las costumbres que tenga la comunidad. Recomendamos pues a todos los grupos políticos y militares hacer una lectura cuidadosa de la Ley 89 de 1890, para que no se repitan los atropellos que han sido denunciados y que fueron consignados en el Acta de Andalucía (Caldono) y que aquí, en esta junta directiva, fueron reiterados por los cabildos de San Francisco, Yaquivá, San Andrés, Canoas, etc. Igualmente recomendamos a estas organizaciones hacer un estudio de nuestro «Programa de lucha». Segundo. Exigir también que todas las organizaciones respeten las recuperaciones de tierra y no se utilicen las posibles contradicciones que surgen dentro de la lucha para penetrar en los resguardos y ahondar divisiones. Es al cabildo al que le concierne dirimir los posibles conflictos que surjan de la lucha por la tierra. No rechazar de plano ninguna solicitud o proposición que se haga a nuestras comunidades, pues sabemos que es el Gobierno el responsable de la situación de miseria y abandono en que se encuentran nuestros resguardos, y seguiremos exigiendo del Estado los recursos necesarios para adelantar programas en nuestras comunidades. Lo que sí exigimos es que estos recursos se pongan a disposición de las comunidades, y sobre ellos los cabildos ejerzan una fiscalía, y que los proyectos que se piensen adelantar sean consultados y aprobados y gocen de la vigilancia y control de las comunidades.

Exigir también de las organizaciones políticas, sean estas armadas o no, que soliciten a los respectivos cabildos el permiso para hacer reuniones, y que este se solicite con suficiente tiempo para que los cabildos puedan consultar a sus comunidades sobre la conveniencia o no de esta solicitud, pues son las comunidades las que se benefician o perjudican y son las que en últimas tienen la decisión, como es usual en todas las democracias. En caso de aceptación, la participación debe ser voluntaria y ningún comunero puede ser obligado en contra de su voluntad a participar de actos o reuniones a las cuales no desee asistir. Exigir el respeto a la decisión del cabildo si este, por razones de orden mayor y defendiendo el interés de la comunidad, les posterga o aún les niega el permiso. A esta reunión de junta directiva se presentaron improvisadamente dos grupos armados, el Comando Quintín Lame y el Sexto Frente de las Farc. Es meritorio constatar que esta política de autonomía expresada por nuestros cabildos ha encontrado eco, y el Comando Quintín Lame se pronunció a favor de ella. Esperamos que los demás grupos armados sigan su ejemplo y no se sigan repitiendo los ya conocidos y denunciados atropellos. Se recomienda exigir la autonomía, pero es más importante crear los mecanismos para que esta pueda ser exitosamente exigida. Esto se logra únicamente fortaleciendo los cabildos para evitar que otras organizaciones los vayan desplazando como autoridades de los resguardos. Tercero. Seguir exigiendo por todos los medios que estén al alcance de los cabildos y nuestra organización que el Gobierno abandone la política de represión a nuestras comunidades y que, por el contrario, entre a combatir a las fuerzas que desde el mismo Gobierno vienen impulsando políticas represivas y violentas para defender intereses de terratenientes que tienen posesiones de tierras en los resguardos. Exigimos también el esclarecimiento del asesinato del padre Álvaro Ulcué, de los demás asesinatos a indígenas de nuestra Organización y se esclarezcan las circunstancias por las cuales los organismos policivos del Estado actúan en nuestras comunidades, pues nuestro

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Resolución de Vitoncó

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Resguardo de Vitoncó

sentir está en contra de la presencia de cuarteles de policía en las zonas indígenas. Cuarto. Que los resguardos, comunidades, empresas comunitarias, comuneros que tengan conflictos acudan a sus cabildos para arreglar asuntos. Cuando el conflicto es mayor y se encuentren implicadas una o varias comunidades, se recomienda solicitar la ayuda y el apoyo de los cabildos vecinos, para que reunidos en consejo den un juicio justo y favorable a las dos partes, para que así se sustente una solución duradera. Se recomienda también, y para eso han sido elegidos los compañeros, que se busque el apoyo y asesoría del comité ejecutivo y los responsables de las zonas. En ningún momento se debe buscar el apoyo de organizaciones ajenas a nuestro resguardo para dirimir conflictos que pueden solucionar las mismas comunidades con la asesoría y apoyo de otros compañeros de la Organización. Nuestra experiencia nos ha demostrado que la intervención de organizaciones ajenas en este tipo de conflictos, más que solucionar positivamente los mismos, los ha profundizado y creado heridas a los resguardos que han durado años en sanar. Aclaración: la mesa directiva elegida para la reunión de junta directiva deplora la ausencia del cabildo de Guambía durante la intervención del gobernador de Ambaló. Se perdió una buena oportunidad para que los cabildos dieran su concepto frente al conflicto que tienen estos dos resguardos. La mesa directiva aclara que, según el orden de exposiciones, los informes de Guambía y Ambaló estaban programados para el día 23 en horas de la mañana y que deplora que el cabildo de Guambía haya tenido que ausentarse el día 23. El gobernador de Guambía, como se supo posteriormente, había informado sobre este inconveniente. Esta razón no llegó a la mesa directiva, pues en caso contrario se hubiera alterado el orden de los informes, dándoles prioridad a los gobernadores de Guambía y Ambaló. Para constancia de su aprobación se firma esta acta en Vitoncó, el día veintitrés (23) de febrero de mil novecientos ochenta y cinco. Resguardos de Ambaló, Caldono, Pueblo Nuevo, Quintana, Puracé, Totoró, Vitoncó, Jambaló, Honduras, Mosoco, Lame, Wila,

San Andrés de Pisimbalá, Paniquitá, Guambía, Caloto, Las Delicias, Suin, Tumbichucué, Guanacas, Togoima, Canoas, La Concepción, Belalcázar, Santa Rosa, Yaquivá, Tacueyó, Toribío, Corinto, Paletará, La Aurora, Coconuco, San José, Avirama, Tálaga, Cohetando, Poblazón, San Antonio, La Aguada, San Francisco, y las comunidades de Laguna de Siberia, López Adentro y Guabito.

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Resolución de Vitoncó

6 La Iglesia y la causa de los pueblos indígenas

La Iglesia ha tenido un papel importante en los procesos y movimientos sociales del país, en especial a partir de los años sesenta del siglo pasado. En la fundación del Cric estuvo presente el sacerdote católico Pedro León Rodríguez (1930 -1974) quien lideró en el municipio de Corinto, Cauca, un movimiento popular. Pero quizá la figura más relevante de la Iglesia Católica fue el sacerdote indígena nasa Álvaro Ulcué Chocué. El padre Álvaro nació en Caldono, Cauca, en 1943; su primera misa la celebró el 12 de junio de 1973 y de su primera homilía se recuerdan las siguientes palabras: «Mi raza espera mucho de mí y no voy a defraudarla. Quiero ver a mi gente en tierra de progreso, amando la cultura, lejos del fraude y de la estafa. Soy sacerdote y seguiré siendo indio; mi raza espera mucho de mí…» (Ulcué, citado por Beltrán Peña, 1989)
Este infatigable defensor de la causa indígena fue cobardemente asesinado el 10 de noviembre de 1984 en Santander de Quilichao, Cauca. Sobre la vida del Padre Álvaro Ulcué existe una biografía titulada La utopía mueve montañas: Álvaro Ulcué Chocué, escrita por Francisco Beltrán Peña (1989).

Carta del padre Ulcué al Presidente de la República*

Pa d re Á lva r o U l c u é C h o c u é

Toribío, 30 de octubre de 1982

señor pr esidente de la r epública b e l i s a r i o b e ta n c u r c ua r ta s b o g o tá

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Dejando a un lado el protocolo, deseamos en esta carta darle a conocer la situación, en forma general que viven los indígenas paeces del norte del departamento del Cauca en la cordillera central; con el fin de dejar en usted una inquietud activa y operante para resolver las dificultades de estos, nuestros «compatriotas colombianos» que viven en el abandono, víctimas de la injusticia, la opresión y explotación. Son muchos los detalles que podríamos darle, pero sería gran muestra de interés que usted mismo investigara la realidad actual que vive nuestro hermano indígena de esta región del país. Todo ser humano tiene derecho a que se le respete su dignidad. Este es un lugar en donde las personas no tienen acceso al mínimo de bienes necesarios para vivir humanamente. ¿Cree usted señor Presidente que con quitarle la tierra al indígena, que con tachar sus organizaciones, su cultura (costumbres propias, música, folclor, etc.), se le está abriendo paso al progreso del
* Fuente: La utopía mueve montañas: Álvaro Ulcué Chocué (Beltrán Peña, 1989).

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Padre Álvaro Ulcué Chocué

país? ¿Es acaso el indígena sinónimo de atraso y contaminación? ¿No es injusto que al indígena se le abandone en manos de la violencia? ¿O lo justo realmente es que sigamos indiferentes ante el exterminio de esta hermosa raza, de este pueblo, padre auténtico de este suelo colombiano? Señor Presidente, lo invitamos a que recuerde esos años tan especiales en su vida, los de su juventud. Usted el «arriero antioqueño», el muchacho que a pie descalzo llevó el café, cargado en mula, por las montañas de esa bella tierra, en la que usted y nosotros nacimos, en esa cuna paisa, rincón de orgullo colombiano. Pues es allí mismo donde niños de siete y ocho años, si no menores, cumplen jornadas de trabajo realmente escandalosas en los medios más desprotegidos y verdaderamente infrahumanos. No vale la pena recordarle esto, pues estamos seguros que este recuerdo usted también lo lleva en su corazón. Es triste recorrer la región de Minas y Amagá. De la misma manera, le aseguramos, esta situación la viven los pueblos indígenas de esta parte del Cauca. No existe ningún respeto por la persona. Si supiera usted qué es «vivir» en medio del hambre, la inseguridad (asesinatos, secuestros, allanamientos en los hogares, propagación de intereses ideológicos que confunden al indígena, abuso de las mujeres, etc.), [la] falta de techo, salud, educación y bienes necesarios. Es por esto que vemos (y es lógico) que en estos hombres se vayan despertando sentimientos de agresividad y violencia, pues cuando no existe la ayuda y el apoyo, y se margina a las personas a condiciones de vida peores a la de los animales de nuestros «grandiosos zoológicos», las personas buscan los medios necesarios para lograr medio sobrevivir. Qué ironía tener que hacer injusticia para que se acabe la injusticia. Esto no es vivir. Cristiano entre comillas no es cristiano. Esta no es una palabra más de cajón o protocolo. El verdadero cristiano debe vivir un compromiso radical en el servicio al hermano que sufre y todo por amor a Jesucristo. El que ama a los demás en la entrega desinteresada en el servicio, está amando a Jesús. Su lugar como Presidente y jefe máximo de la nación debe

tener como fin el servicio a los compatriotas, haciendo justicia en el amor. Le rogamos escuche usted el llamado desesperado y lleno de angustia que le hacemos, como voz de aquellos que no tienen voz, porque no son escuchados y cuando reclaman justicia son injustamente silenciados. Solo Dios le exige este compromiso. Usted a conciencia sabrá qué actitud tomar ante él, por medio del pueblo indígena paez, en este problema social y humano que rápidamente le hemos comentado. Deseamos con esta carta colaborarle en su gobierno, informándole y solicitándole solución a esta situación que nosotros como misioneros hemos vivido y percibido. Le damos a conocer algunas de las necesidades más sentidas en la región: 1) Se hace urgente y necesaria la delimitación de los resguardos indígenas del pueblo paez, evitando así la incorporación de terratenientes y grupos de ideologías extrañas (comunismo), que han abusado y confundido al indígena, creando un ambiente real de cruda violencia, en medio de la explotación, la amenaza y expropiación de sus tierras. Con el fin de devolverle al pueblo paez su forma propia de vida cultural y costumbres, pues todo esto ha causado entorpecimiento en la vida cultural del indígena. 2) Dentro del pueblo paez existe una organización propia, que dirige la comunidad indígena dentro de los resguardos, como son los cabildos, máxima autoridad reconocida por el Estado. Pedimos que se les tenga en cuenta en la programación que el Gobierno Nacional se propone en bien del indígena, pues ellos más que nadie conocen sus necesidades más urgentes. 3) En cuanto a la educación solicitamos la creación de centros de capacitación agrícola, bilingüe y bicultural, contando con los años de primaria y los correspondientes a la capacitación agrícola; formando así dos centros completos, uno para el resguardo de Toribío y el otro para el de Jambaló.

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Carta del padre Ulcué al Presidente de la República

4) Un programa completo de salud, formando promotores indígenas que puedan trabajar en este servicio dentro de sus propias comunidades, pues existe un total abandono por parte del Gobierno. De nuestra parte solo nos queda esperar una respuesta efectiva a las peticiones que le hacemos. Señor Presidente, el indígena siente, tiene corazón, vale mucho. Espera de usted un apoyo decidido en todas las dimensiones. Queremos paz, deseamos ser escuchados, pedimos justicia. Agradeciéndole la atención prestada a esta carta,Padre Álvaro Ulcué Chocué, Pbro. Sacerdote indígena paez

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Padre Álvaro Ulcué Chocué

Carta del padre Ulcué al obispo de Popayán*

Á lva r o U l c u é C h o c u é

monseñor s a m u e l s i lv e r i o b u i t r a g o t r u j i l l o

Monseñor: va mi saludo fraternal, deseo muchos éxitos en su trabajo pastoral. Es conocida por todos los medios de comunicación la situación en la parroquia de Toribío –su centro en la viceparroquia de San Francisco–. Hay problemas donde no puedo quedarme callado, [y] lo peor de todo [es que es] por parte de la misma autoridad, como la presencia del Ejército Nacional y de la policía. El problema se centra en esto: el padre David Sarmiento, rector del Seminario de Popayán, con mucho gusto prestó el servicio en mi ausencia, de celebrar en honor a la Virgen del Carmen a los feligreses de San Francisco el 15 de julio. Se hizo presente el grupo del M-19 en toda la celebración, donde manifestaron hacer la tregua de paz y el diálogo con los delegados del Gobierno, precisamente en esta viceparroquia de San Francisco. Ese día nada pasó. A los ocho días llegó el Ejército y se posesionó de toda la región y hubo que dejar todas las reuniones que tenían los cabildos más los trabajos en el campo. El Ejército pasó culpando al pueblo y a los indígenas como subversivos atribuyéndoles que estaban armados, hubo tanta requisa que no encontraron ni una muestra.
* Fuente: La utopía mueve montañas: Álvaro Ulcué Chocué (Beltrán Peña, 1989). Popayán, 6 de febrero de 1983

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Álvaro Ulcué Chocué

El 3 de agosto, viernes, fui a San Francisco a una reunión de médicos tradicionales donde habían programado un taller por tres días; por más que se tenía el permiso del señor gobernador del Cauca no dejaron realizar tal encuentro. Por la tarde quise celebrar la Eucaristía, pero me impidieron, amenazándome que saliera rápido de San Francisco y que no volviera. El 5 de agosto hubo más Ejército en San Francisco, ese día era el pacto de paz con los delegados del gobierno y con el M-19. El Ejército, por estar presente, abrió fuego contra el helicóptero en que venía la comisión; el M-19, creyendo que era a él (M-19) que le disparaban, también disparó; de esta manera no fue posible el diálogo. Hubo tres muertos del Ejército y un herido. Por fin, en el segundo vuelo, dialogaron sin lograr el propósito hecho anteriormente. Mi cuento va aquí: el Ejército, ese día 5 de agosto, entró a la casa de las hermanas misioneras preguntando por el párroco que celebró la misa el 15 pasado en la que asistieron los del M-19. Al no encontrarlo les gritaron a las hermanas y a una de ellas un soldado le haló las orejas diciéndoles que dónde lo habían ocultado. Luego detuvieron al señor inspector de San Francisco, señor Silvio Paví y al médico de Toribío, quienes fueron ambos golpeados y torturados. El primero está golpeado en todo el cuerpo; el segundo tiene golpes en la cabeza y en el estómago, quedando este último sancionado por varios días de su trabajo. Al inspector lo tuvieron por tres días en el calabozo de Toribío sin dar razón por parte de la policía a los familiares. Quien conoce estos hechos dolorosos es el capitán Echandía del Ejército. Escribo para informarle a usted, Monseñor, ya que el Ejército está obrando con la ley militar a su antojo. Es posible que por esa celebración del 15 de julio que hizo el padre me detengan equivocadamente, porque me buscan diariamente. En estos días no he estado en Toribío por motivos de las fiestas patronales de Tacueyó. Espero, Monseñor, que esté bien informado y cuento con sus oraciones. Seguro servidor en Cristo, Álvaro Ulcué Chocué, Pbro.

Carta del Cric a Juan Pablo II Co nse j o Re g io n a l Indíg e n a d e l C au c a *

En julio de 1986 el papa Juan Pablo ii visitó a Colombia y en su itinerario incluyó la ciudad de Popayán. Tanto la Onic como los indígenas caucanos se dirigieron al Papa para manifestarle sus problemas.

Popayán, julio de 1986
s u s a n t i da d j ua n pa b l o i i presente s u s a n t i da d :

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Respetuosamente le damos la bienvenida a nuestro departamento en nombre de las comunidades indígenas del Cauca. Estamos seguros que su visita significará una voz de esperanza para esta martirizada región y un aporte para una solución digna y humana de los graves problemas que enfrentamos. Los indígenas del Cauca y de Colombia venimos desde hace siglos luchando, en primer lugar por nuestra supervivencia y luego por nuestros derechos más elementales como seres humanos y como pueblos con historia propia. Desde la Conquista hasta nuestros días los detentadores del poder han buscado despojarnos de nuestras tierras, combatir nuestra cultura, someternos a todo tipo de humillaciones, pero se han encontrado con una resistencia paciente y altiva de nuestra parte.
* Fuente: Unidad Álvaro Ulcué (Cric, 1986: 8).

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Consejo Regional Indígena del Cauca

La Iglesia, como todos lo sabemos, no ha sido ajena a esta persecución secular. Muchas veces ha sido en nombre de Cristo que la guerra contra nosotros se ha desarrollado, y ha sido igualmente frecuente a la estrecha colaboración de las jerarquías eclesiásticas con nuestros más feroces opresores. Sin embargo, siempre hemos encontrado representantes de esta misma Iglesia que partiendo de los auténticos principios cristianos, han tomado parte de los débiles y los perseguidos, y que reconociendo lo justo de nuestros derechos nos han apoyado. Podríamos mencionar muchísimos nombres, desde el obispo Juan del Valle, que en el siglo xvi se opuso en Popayán a los crímenes y atropellos de los conquistadores, hasta el sacerdote paez Álvaro Ulcué, párroco de Toribío, quien hace dos años murió como mártir de la causa indígena. Nosotros no le pedimos actualmente a la Iglesia que tome partido por un sector contra otro en una lucha sin cuartel, sino que basada en principios de justicia y de dignidad contribuya a una solución equitativa para todo el pueblo caucano, que haga cesar el terrible derramamiento de sangre que año por año se viene incrementando. Tenemos la firme esperanza de que la visita de su santidad va a crear el ambiente propicio para poder seguir avanzando por el camino de paz y de justicia. La lucha que nuestra organización, el Cric, viene encabezando desde hace quince años es una continuación de las luchas de resistencia que paeces, guambianos y demás pueblos indígenas vienen dando desde la Conquista. Y nuestras reivindicaciones fundamentales de tierra, cultura y organización propia no solo son de una justicia evidente sino que se enmarcan claramente dentro de las actuales leyes colombianas. En efecto, la ley determina que cada comunidad indígena tiene derecho a la propiedad colectiva de un resguardo, cuyos títulos datan generalmente desde siglos anteriores. Sin embargo, gran parte de estos resguardos han sido invadidos por sectores terratenientes, que son en general los mismos que han ejercido el poder político en el Cauca. No es de extrañar entonces que nuestra lucha por la recuperación de lo que legítimamente nos pertenece haya

desatado una violenta reacción de los sectores dominantes, lo que les ha costado la vida a más de ciento cincuenta dirigentes o simples comuneros durante este periodo. Igualmente, la ley reconoce la existencia de un cabildo como forma de autoridad propia de cada comunidad, al igual que el respeto por nuestra cultura, incluyendo el derecho a una educación bilingüe y bicultural. Pero de nuevo el Estado muy poco ha hecho por hacer cumplir sus propias leyes y más bien le ha puesto trabas a nuestras posibilidades de desarrollo autónomo. El Cric ha venido impulsando además de la recuperación de tierras y el fortalecimiento de los cabildos, programas de producción, cooperativas [de] salud, educación, comunicación, etc., en las comunidades, buscando que cada comunidad vaya asumiendo la responsabilidad de su propio desarrollo. En este punto queremos recordar con mucha gratitud la memoria de dos sacerdotes mártires, que dedicaron su vida al servicio de los oprimidos, y que por la fuerza de su compromiso cristiano fueron sacrificados por nuestros adversarios. Se trata del padre Pedro León Rodríguez, párroco de Corinto, quien fue uno de los principales impulsores de la fundación del Cric en 1971 y que nos acompañó con cariño y dedicación hasta su muerte, cinco años después. No solamente colaboró con la causa indígena sino que defendió con energía los derechos de otros sectores populares, como los campesinos y los pobladores urbanos, y ejerció además una importante influencia sobre otros sacerdotes de la región nortecaucana. El otro es nuestro siempre recordado padre Álvaro Ulcué, natural de la comunidad paez de Pueblo Nuevo, Caldono, y párroco en sus últimos años del también muy indígena municipio de Toribío. El padre Álvaro no solo asumió la defensa de las principales banderas de la lucha indígena, sino que impulsó él mismo importantes actividades, principalmente de tipo cultural, como por ejemplo la organización de escuelas bilingües y el rescate de nuestra música autóctona. Su sacrificio en noviembre de 1984 nos ha dejado a todos un vacío inmenso, pero su ejemplo sigue fructificando en numerosos seguidores de la fe cristiana.

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Carta del Cric a Juan Pablo II

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Consejo Regional Indígena del Cauca

A nivel nacional tenemos que reconocer también que un sector creciente de la Iglesia está apoyando las luchas indígenas que bajo el lema «Unidad, tierra, cultura y autonomía» se están llevando a cabo en diversas regiones del país. Desde obispos y prefectos apostólicos hasta abnegadas misioneras de la Madre Laura y grupos de laicos están colaborando eficazmente con las diferentes organizaciones regionales que luchan por nuestros derechos y aspiraciones. Volviendo al Cauca, no podemos olvidar que además de los indígenas hay otros sectores populares que también sufren la opresión y que muchas veces viven en condiciones infrahumanas. Varios de estos sectores han tratado de organizarse y de luchar por sus reivindicaciones, como algunos grupos campesinos del norte y centro del Cauca o los habitantes de los asentamientos que rodean a Popayán. Nuestra organización es solidaria de todas estas luchas y aun, cuando está a su alcance, les presta apoyo. En cambio, para quienes usufructúan el poder la represión parece ser la única respuesta a los anhelos populares, y así lo prueban las numerosas «desapariciones» de dirigentes de asentamientos o el asesinato a principios del año del dirigente más conocido del movimiento campesino. La situación del Cauca es demasiado delicada, pues las diversas fuerzas enfrentadas pueden llevarnos a una situación de caos y de violencia donde todos saldríamos perdiendo y en primer lugar las comunidades indígenas, que serían las más afectadas. Creemos que la solución puede estar en un amplio diálogo, como ya lo ha propuesto nuestra organización, donde participen todos los sectores sociales presentes en nuestro departamento y donde se busque una salida que preserve los intereses legítimos de cada sector. Por supuesto que el acuerdo no puede partir de la preservación de privilegios aberrantes ni de la condena a la miseria de la mayoría de la población. Pero creemos que mediante el diálogo civilizado se pueden prever soluciones que nos permitan a todos participar en el desarrollo futuro de nuestra región, en condiciones de equidad y de respeto mutuo. Sin embargo, diversas fuerzas de uno y otro lado están buscando

una escalada de violencia en el Cauca, que puede convertirse en una guerra abierta y generalizada. Sería inmenso el costo humano que tendríamos que pagar, y que recaería principalmente en indígenas, campesinos y demás sectores humildes de la población. Queremos rogarle a su santidad Juan Pablo ii para que mediante su grata presencia en nuestro suelo ayude con su inmensa influencia a preservar un camino de paz para nuestra querida región y un porvenir de justicia y de dignidad para los pueblos indígenas que tanto hemos luchado y sufrido por labrarnos un futuro mejor. Proponemos la creación de un comité especial de derechos indígenas conformado por sacerdotes que se identifiquen con la causa indígena colombiana, como también de otras personalidades. Reciba, su santidad, nuestro saludo respetuoso y cordial y nuestros mejores votos por el éxito de su misión apostólica en tierras colombianas.
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Carta del Cric a Juan Pablo II

Carta escrita y leída en nombre de los indígenas al papa Juan Pablo II*

G u il l e rm o T e n o r io

Guillermo Tenorio fue un destacado indígena nasa directivo del Cric. A él le correspondió dar este discurso que fue visto en directo por televisión en todo el país; de este modo la audiencia nacional pudo enterarse de la situación de los pueblos indígenas.

Julio de 1986

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a m a d í s i m o pa d r e :

América India, de modo especial las comunidades indígenas de Colombia y este pueblo que hoy se ha congregado, se alegra con su presencia y le presenta una calurosa bienvenida al que camina por el mundo con la paz de Cristo, a su santidad Juan Pablo ii. Su visita es una voz de aliento. Las comunidades indígenas apreciamos su palabra y su compañía. Ya en México, Ecuador y Perú ha tenido la oportunidad de conocer la situación de las comunidades indígenas de América y nosotros en Colombia al igual que en todo el territorio latinoamericano queremos que su voz se haga sentir, que su presencia manifieste claramente su compañía y que sus mensajes lleguen a todos clamando: 1) el respeto por la dignidad de los pueblos, y 2) la solución a las situaciones y necesidades por encima de los intereses económicos. Dentro de pocos años estaremos celebrando los quinientos años de la llegada del conquistador a nuestras tierras. Muchos hechos han
* Fuente: Unidad Álvaro Ulcué (1986, 6-7).

pasado y han dejado huellas en el destino de nuestros pueblos y para nosotros los indígenas ha sido un vuelco total en nuestra historia. Cumpliremos quinientos años de una historia hecha en el silencio del dolor, del desprecio, de la marginación, del martirio desconocido porque es martirio del indio. Contamos con una historia de lucha que ha sido de vida o muerte para nuestras culturas. Muchos hermanos han sucumbido frente a la agresión sin piedad del conquistador. Muchos nos hemos mantenido en pie. Las montañas agrestes de los majestuosos Andes, las llanuras y las profundas selvas amazónicas son testigos mudos de tantos sufrimientos y de tantas esperanzas. La música, el canto y la mirada de cada indígena llevan la huella de la tristeza por el despojo de la madre tierra, por la no comprensión de la organización comunitaria, por la negación de la propia lengua, por el desprecio de la medicina tradicional y del ancestral sistema educativo de las comunidades. Nuestros pies están encallecidos por los largos caminos que nos ha tocado recorrer huyendo del invasor, nos han arrinconado. Pero en estos últimos años, por el despertar de la conciencia de la persona humana, nosotros como personas y como indígenas también hemos despertado. En este despertar miramos con aprecio y con cariño el patrimonio de nuestros antepasados; y es así como hemos comenzado a organizarnos, a ser más fuertes, a contribuir de la manera más positiva en el destino de nuestros pueblos. Estamos recuperando con esfuerzo constante y con un duro trabajo aquellas que fueron nuestras tierras para sobrevivir allí con las formas de gobierno propias, hablamos con orgullo nuestras propias lenguas, buscamos un sistema educativo que favorezca en gran medida nuestro progreso cultural y desarrollo social. Este camino iniciado ha sido duro y difícil porque la respuesta de los terratenientes no se ha hecho esperar, asesinando indígenas, incluidos mujeres y niños, encarcelándonos y finalmente militarizando nuestros resguardos. Cabe destacar que en contra nuestra también ha estado un sector del clero; que por luchar por nuestra liberación nos han calumniado de subversivos y por lo mismo, suspendido los

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Carta escrita y leída en nombre de los indígenas al papa Juan Pablo II

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Guillermo Tenorio

servicios de educación y salud. Tenemos como ejemplo los hechos sucedidos con las comunidades de Tierradentro. A pesar de todo mantenemos la fe en Cristo y acogiéndonos a sus palabras pronunciadas en México queremos que sea una Iglesia más autóctona, más comprensible, en busca de una identidad en nuestras comunidades que poseemos una cultura propia. Ha habido sin embargo un sector de la Iglesia que ha visto en las luchas indígenas representados los sufrimientos de Cristo por una verdadera liberación y por el derecho a vivir, que es por lo cual nosotros luchamos; y es así como aquellos representantes de Cristo en la Tierra que han estado de nuestro lado también son perseguidos y asesinados, es el caso del asesinato del padre Pedro León Rodríguez y del único sacerdote indígena paez, Álvaro Ulcué Chocué. Con este saludo que hoy presentamos recordamos cómo nuestra historia está bañada de sangre y de sangre india, sangre americana, sangre que hará brotar al nuevo mundo que esperamos. Queremos hacer presente la sangre de tantos hombres y mujeres, hermanos nuestros que han creído en la libertad de un pueblo, sangre de indio pobre y humilde, de luchador y pensador, del sacerdote Álvaro Ulcué Chocué, mensajero y dispensador de los misterios de Dios entre nosotros. Todo este martirio estamos confiados, nos traerá buenos y abundantes frutos. Pedimos a su santidad para que intervenga ante la comisión de derechos humanos, para que se tenga muy presente en el mundo las personas que formamos las comunidades indígenas para que se respete y valore su dignidad y no se siga maltratando. Así mismo solicitaríamos la presencia de sacerdotes y religiosos en esta comisión de derechos humanos, que trabajen de tiempo completo en ella y muy especialmente en las aspiraciones y esfuerzos de las comunidades indígenas. Nosotros creemos en la paz de nuestros pueblos, siempre y cuando esta venga como fruto de la justicia, el respeto por la dignidad de cada persona y de cada grupo cultural y también como fruto de la fraternidad en una auténtica vida de hermanos. Nos sentimos bien con su santidad porque nos escucha y creemos que siente en pro-

fundo nuestras aspiraciones. Por eso en usted depositamos nuestra confianza y queremos que su voz y su mensaje haga más fuerte [el] nuestro. Por medio de su santidad suplicamos la santa bendición del Dios grande y bueno porque sabemos que él nos conducirá por los caminos de una verdadera liberación de nuestras comunidades, de nuestra América Latina, bella y llena de esperanzas.

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Carta escrita y leída en nombre de los indígenas al papa Juan Pablo II

7 La Constitución de 1991

El suceso más trascendental de la historia indígena contemporánea es sin duda la expedición de la Carta Política de 1991, en la que por vez primera en una constituyente participaron los indígenas. Tres de ellos: Lorenzo Muelas Hurtado, del pueblo misak; Francisco Rojas Birry, del embera; y Chepe, en representación del desmovilizado movimiento armado Quintín Lame, hicieron parte de esta Asamblea. Son memorables las intervenciones de Lorenzo Muelas, uno de los más activos constituyentes, que planteó las tesis fundamentales que recogería la Constitución y que trabajó hombro a hombro con el sociólogo y también constituyente Orlando Fals Borda. Otro tanto haría Francisco Rojas Birry, que sirvió de puente entre los afrocolombianos, que no lograron obtener representación, y la Asamblea.

Del derecho indígena. Introducción a la «Propuesta indígena de reforma constitucional».

L o re nzo M u e l a s H u r ta d o

Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá.

1991

Introducción

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A la hora de hacer los cambios, los pueblos, consciente o inconscientemente, siempre hacen memoria. Hay un pasado que se quiere olvidar y por eso se ratifica el cambio; pero también hay un pasado que se debe respetar. Los pueblos indígenas miramos hacia el pasado y hacia el futuro para presentar esta propuesta a los constituyentes de Colombia. El primer hecho que se observa al examinar la Constitución Nacional de 1886 y sus posteriores reformas es cómo los constituyentes siempre tuvieron especial cuidado en mantener en total anonimato la diversidad nacional, étnica y cultural de Colombia, pese a que esta salta a la vista de todos. Las razones históricas de este proceder bien pueden arroparse con la excusa del extranjerismo y racismo característico de las clases dominantes. Pero lo que no puede negarse son las consecuencias del desconocimiento del indio en el texto de la Primera Ley de la República. Estas son: ⋅⋅ Implantó la discriminación política en contra nuestra, al ignorar los derechos fundamentales de los pueblos indígenas en el marco de la legislación colombiana.

⋅⋅

Fundamentó el desconocimiento de todos nuestros derechos en el seno de la población colombiana, desde el momento en que estableció como características de la nacionalidad un idioma (el castellano) y una religión (la católica) que nos son extranjeras. Sirvió de justificación a la ideología dominadora y colonialista en contra de nuestra gente, señalándola entonces con los calificativos de «salvaje» e «infiel» para segregarla de una vida social común, cuando no sometida a toda clase de vejámenes, explotaciones y masacres. En fin, fue la herramienta para romper el progresivo desarrollo demográfico, social, económico, técnico, cultural y político que autónomamente veníamos operando, y mantenernos, en cambio, marginados de la evolución humana durante siglos.

⋅⋅

⋅⋅

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Lorenzo Muelas Hurtado

De ahí que cuando los indios nos levantamos a reclamar nuestros derechos, no estamos refiriéndonos a un mero «reconocimiento» moral, literario o histórico ni pidiendo limosnas, sino reclamando el reconocimiento real, en el texto de la Constitución, de los derechos fundamentales que nos corresponden como humanos y como pueblos. Un reconocimiento que tiene que ser tan material como nuestra existencia física en el mundo de hoy.
Por qué somos diferentes del contexto nacional

La ideología de los fundadores de la república, que ha venido moldeando el pensamiento de la población, se ha convertido en la principal dificultad para que se comprenda nuestra situación real y nuestras aspiraciones. A la gran mayoría de las gentes les resulta difícil entender por qué los indígenas no convenimos con la idea de que «todos somos iguales» y que tendríamos idénticos derechos. Esto ocurre porque han sido convencidos por esa prédica, al punto de no poder ver a su alrededor las evidentes diferencias étnicas, de pensamiento, de nacionalidad, de

Nuestro «Derecho Mayor»

A través de nuestras luchas de la última década hemos venido clarificando nuestro pensamiento para poder expresarlo en términos

Del derecho indígena. «Propuesta indígena de reforma constitucional»

culturas, de lenguas, de costumbres, que caracterizan a los habitantes de este país; y no solo a nosotros los indígenas, sino a muchos de los mestizos y blancos. Sin embargo, nuestras diferencias son clarísimas: Pensamos distinto, porque nuestra forma de situamos frente al mundo y a los demás no se compagina con las ideas blancas. En primer lugar porque para nosotros «el mundo está hecho para todos», no para ser objeto de una apropiación y explotación individuales, sino también para vivir la existencia en función de comunidad y no de aspiraciones meramente privadas. Hablamos distinto, como cualquiera puede verificarlo recorriendo el país identificando las decenas de idiomas indios que hablamos en Colombia. Sentimos distinto: frente al aire, frente a la naturaleza, frente al agua, frente al dinero, frente a la autoridad, frente al mundo y frente a los demás, dando a nuestras vidas una ubicación y una dimensión diferentes. Difícilmente se pueden compaginar nuestra visión, sentimiento de ser hijos de la Tierra, con la característica actual de una población nacional, constituida por «hijos del viento», para la cual el arraigo, la raíz y la pertenencia constituyen rémoras que les impiden desparramarse por el país o irse a vivir en otras partes del mundo. Y cuando se piensa, se habla y se siente distinto, es inevitable que se actúe también distinto. Por eso la Constitución Nacional, si quiere garantizar la libertad de ser y de hacer, es decir, los derechos de cada cual, tiene que tomar en cuenta lo que somos y lo que hacemos cada cual; y no meternos a todos dentro del mismo saco, «otorgándonos» idénticos derechos, o imponiéndonos iguales obligaciones. Porque la verdad es que durante toda la república lo único que «democráticamente» se nos ha ofrecido es el «derecho» a ser como otros, como no queremos ser.

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Lorenzo Muelas Hurtado

jurídicos que sean entendibles a la población nacional. Por eso venimos hablando de nuestro Derecho Mayor. Muchos lo han entendido simplemente como un derecho a la tierra, especialmente quienes nos han ignorado la capacidad de pensar y conceptualizar por nuestros propios medios. A estos resulta imposible concebir que el indio sea capaz de un pensamiento político o jurídico autónomo. Pero estamos aquí para expresarlo. Por Derecho Mayor entendemos el cuerpo de derechos que nos acompaña como miembros de las comunidades y pueblos originarios de estas tierras americanas, y que tienen primacía sobre los demás derechos constitucionalmente consagrados: Porque es nuestro, por haber nacido aquí mismo de las comunidades y la tierra americana, de una madre con quien debemos convivir y nunca explotar y degradar; derecho por el que hemos luchado y seguimos luchando, a fin de garantizar nuestra existencia en el mundo de hoy; Porque es totalizante, como nuestra forma de pensar, que involucra todo el conocimiento que adquirimos y manejamos, evitando dividir en compartimentos el pensamiento y la realidad, al estilo de otras culturas. Porque está vigente y es guía de nuestra conducta individual y colectiva, obligándonos a garantizar su permanencia en nuestro pensamiento, en nuestras lenguas, en nuestra organización social, en nuestras formas de educación y en nuestra reconstrucción económica y social. Porque es pre-existente, ya que nadie en el mundo puede negar nuestra existencia en estas tierras por miles de años en que constituimos nuestras sociedades; y por eso mismo son anteriores a los derechos políticos, sociales o personales consagrados por la legislación colombiana, mereciendo por eso todo respeto y consideración. Este Derecho Mayor constituye el marco general de los derechos específicos que ponemos a la consideración de la Asamblea Constituyente. Dicho en términos occidentales, el Derecho Mayor es equivalente

al «derecho de pueblos» que la jurisprudencia internacional viene desarrollando activamente en los últimos años. En este caso, el derecho de nosotros indios, a seguir formando parte de la historia.
Por qué los derechos indios deben ser incorporados en la nueva Constitución

* A casi veinte años de haber producido este documento debo hacer una reflexión sobre el uso de los términos «América», «tierras americanas», etc., para referirse al continente donde los ancestros de nuestros pueblos habitaban antes de la llegada de los invasores europeos. En 1991 el debate sobre el uso de estos términos para denominar nuestro continente no existía entre nuestros pueblos y organizaciones, a pesar de que estos son nombres impuestos que reconocen, de hecho, un derecho al violador de nuestros territorios. Todos los pueblos indígenas tenemos una forma de denominar la supra territorialidad, la cual había sido reemplazada en nuestras mentes y lenguas con conceptos del colonizador. En el idioma namuy miskai wam de mi pueblo, le decimos «Miskkai Nupirau»; sin emabrgo, en los últimos años se ha venido generalizando entre nuestros pueblos el uso del término «Abya-Yala» de los kunas para referirse a este espacio continental. (Nota del autor).

Del derecho indígena. «Propuesta indígena de reforma constitucional»

Salta a la vista que los constitucionalistas tienen mil argumentos para justificar en técnica jurídica la justicia de nuestros planteamientos, y la obligación en que está Colombia de reconocer nuestros derechos constitutivos de pueblos. No queremos, por eso, ocuparnos de ese aspecto. Nos parece, en cambio, útil hacer referencia a otras razones para que la población nacional apoye, y los constituyentes incluyan nuestros derechos indios en la nueva Constitución: Para permitir que los pueblos indígenas, una vez liberados de las amarras y opresiones que nos atan, podamos reiniciar con empeño el camino del desarrollo que nos fue truncado. Para reconciliar los distintos pueblos y culturas de Colombia después de quinientos años de confrontación, y echar las bases de un futuro en solidaridad y mutua colaboración. Porque ellos pueden llegar a ser vínculo fraternal entre la América profunda* y el mundo actual. Para garantizar con nuestra existencia y futuro progreso el seguir haciendo aportes a Colombia y a la humanidad. Por todas estas razones nos permitimos presentar el proyecto de reformas al texto constitucional hoy vigente:

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del preámbulo

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Lorenzo Muelas Hurtado

Entendemos por preámbulo un simple llamado a la conciencia nacional para que dé crédito y cumplimiento al texto de la Primera Ley de la República. De ahí la conveniencia de que sus términos sean reales e incontrovertibles para todos. Asumir un texto que no refleje sino el criterio de unos resulta ilógico y fuente de futuros conflictos. Por esto desde la experiencia que nos aporta nuestra existencia de indígenas, proponemos un texto que comienza reconociendo la múltiple diversidad de Colombia. Una diversidad cuyo mal manejo en lo político, en lo económico, en lo étnico, etc., ha sido fuente de violencia y tragedias sin fin; no obstante lo cual ha contribuido a formar la nación actual, para ejemplo (bueno o malo) de futuras generaciones. En segundo lugar consideramos que debe invocarse el anhelo común de los ciudadanos a aumentar su haber espiritual y a mejorar la vida, como meta digna de ser alcanzada. También nos ha parecido conveniente invocar la construcción de una democracia auténtica, para este país que tanto ha luchado por conseguirla. De una democracia capaz de establecer la convivencia, y construir la solidaridad entre las diferentes regiones y sociedades que conforman la nación. En fin, nuestro propósito al proponer este preámbulo no es otro que el de señalar cómo es este país, qué debe buscar y cómo lo debe conseguir. Es un esfuerzo en la búsqueda de una nueva ética que nos garantice unas armónicas relaciones con la naturaleza y el hombre colombiano.
del título especial

Consideramos haber justificado en la introducción la justicia y necesidad de otorgar pleno reconocimiento a los derechos fundamentales de los pueblos indígenas. Parecería entonces suficiente una simple frase conceptual para dejarlos plasmados en la nueva Constitución. Sin embargo, ha sido tanto el tiempo transcurrido en el olvido y tan duras sus consecuencias, que eso no sería suficiente para cambiar el hilo de los acontecimientos. Se requiere una manifestación clara y visible de la

rectificación a realizar. Por ello ponemos a la consideración de la Asamblea este pequeño título, no solo como reparación histórica, sino para que los pueblos indígenas podamos ver cómo es cierto que nuestros derechos han sido reconocidos; y también, para que los colombianos, todos, puedan enterarse y aprender a respetarlos.
del articulado

Vamos a ocuparnos exclusivamente de los aspectos más importantes y novedosos de nuestra propuesta, por considerar que los referentes a derechos sobre educación propia, uso de lenguas vernáculas, justicia indígena y representación en corporaciones públicas, constituyen normas consagradas por la jurisprudencia internacional que serán tenidas en cuenta por la Asamblea Nacional Constituyente.
i d e n t i da d y d o b l e n a c i o n a l i da d i n d í g e n a

Para nosotros, indígenas, es una verdad innegable que existe el pueblo colombiano, formado en más de cien años en el crisol republicano gracias a los aportes humanos y culturales de Europa y África; y nosotros, los pueblos indios, nacidos y desarrollados por miles de años en América. Este es el factor fundamental en la formación de nuestras identidades. Basados en esta consideración y en el hecho de que las poblaciones indígenas nos reconocemos primero como somos, reclamamos nuestro derecho a nuestra nacionalidad original, por pertenencia a América. Pero siendo igualmente innegable que los pueblos indígenas hemos nacido y hacemos parte de la Colombia actual, se deduce lógicamente nuestra nacionalidad colombiana. A lo que agregamos que siendo los restantes pueblos indígenas del continente partícipes en esta pertenencia común, también deben ser reconocidos por Colombia como sus hijos. En la práctica se trata de resolver por vía de derecho indígena el problema generado por la arbitraria demarcación de las fronteras con los países vecinos. Demarcaciones que pretenden mantener divididos e incomunicados a multitud de pueblos indios, de familias, de hermanos,

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Del derecho indígena. «Propuesta indígena de reforma constitucional»

por circunstancias en las que nada tienen que ver ni histórica ni humanamente. Además, esta apertura es concurrente con el actual espíritu de los pueblos de romper fronteras y propiciar un mutuo acercamiento que está más en la vía de lo escrito en nuestro preámbulo.
d e l a t e r r i t o r i a l i da d y l a a u t o n o m í a

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Lorenzo Muelas Hurtado

Todos los colombianos saben que los departamentos y municipios no cumplen sus deberes con los ciudadanos; que si prestan algún servicio lo hacen mal; y que permanentemente son objeto de robos y saqueos de parte de funcionarios y politiqueros. Pensamos que estos y muchos otros problemas se deben al fracaso del sistema centralista del Estado. Buscando la manera de acordar esta situación con los intereses de los pueblos indígenas, proponemos la fórmula que nos parece más conveniente a ambas realidades. La permanencia del Estado unitario, pero que no sea ni centralista ni federal. Un Estado con autonomías regionales, que se reserve las funciones nacionales que le son propias y que colabore con las regiones autónomas mediante la redistribución de sus recursos en forma que aseguren un desarrollo armónico. Política que deberán mantener las regiones autónomas con las provincias, y estas con los municipios y demás entidades territoriales. Municipios que consideramos necesario redefinir de manera que no solo sean prestadores de servicios públicos, sino que se constituyan en agentes activos de desarrollo local. Dentro de este esquema general se ubicarían los territorios indígenas y étnicos (Chocó, Costa Pacífica, islas de San Andrés, etc.) manteniendo una conveniente equivalencia con las provincias que se proponen. Con la ventaja adicional que el régimen autónomo permite estructurar territorialidades y formas de gobierno acordes a nuestras particularidades y diversidad, concertando entre nuestras comunidades y los representantes del Estado.

d e r e c h o d e o b j e c i ó n c u lt u r a l

Es innegable el derecho de las poblaciones a determinar el uso o forma de explotación de sus recursos naturales; derecho que lleva implícita la facultad de concertar su participación y forma de ejecución. De su libre ejercicio pueden derivarse en la mayoría de los casos el acuerdo entre las comunidades y los entes interesados en su utilización. ¿Pero qué hacer cuando el acuerdo no es posible, por constituir el territorio o sitio concernido un lugar «sagrado» o de significación vital para una comunidad india? ¿Acaso es pensable para un occidental la destrucción o profanación de sus obras de arte o sus sitios sagrados con ocasión de presuntas explotaciones económicas? ¿Se puede pensar en la destrucción de sus catedrales, en la profanación de sus cementerios o lugares de peregrinación? Este mismo criterio es válido para nuestros pueblos. Por eso hemos consagrado en esta propuesta nuestro derecho indígena de objeción cultural para poder conservar lo que más queremos, como los demás

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Del derecho indígena. «Propuesta indígena de reforma constitucional»

pueblos de la Tierra.
de la reconstrucción económica y social

Es mundialmente conocida la situación a que hemos sido reducidos los pueblos indígenas por el proceso colonizador. También lo es la dura lucha que venimos librando por reconquistar nuestros territorios y derechos. Pero el hacer frente a la necesidad de reconstruir nuestras sociedades semidestruidas (retraso en materia de desarrollo, de empleo, de vivienda, de salud, de educación y de servicios vitales) representa un desafío prácticamente imposible de resolver por nuestros propios medios. Por esto las autoridades indígenas de Colombia venimos proponiendo que Colombia y el mundo acepten su responsabilidad en el proceso de empobrecimiento y retraso de nuestras sociedades y se comprometan a colaborar con nosotros en una acción a largo plazo de reconstrucción de los pueblos indios. Una acción que no tendría el carácter de operación de caridad, sino de justa compensación a los infinitos daños causados por el proceso colonizador a nuestras gentes. Si los

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Lorenzo Muelas Hurtado

países que causan destrucción en las guerras se ven obligados a restituir los daños causados, ¿habría alguien que no considere justo que se nos retribuya después de quinientos años de expoliación de nuestras tierras, de nuestras riquezas y de nuestro trabajo? Como solución proponemos la consagración de este principio a escala constitucional, el cual puede desarrollarse a través de un plan a largo plazo de reconstrucción económica y social de nuestras sociedades. Un plan que tendría como objetivo fundamental permitir al término previsto (una generación o treinta años) que nuestros pueblos y comunidades tengan una real posibilidad de autonomía; que sean capaces de generar y gestionar recursos propios sin depender de «auxilios» o «subsidios» demagógicos o paternalistas, que serían otra forma de hacernos desaparecer. Porque no queremos asistencialismos como ocurre en países de Norteamérica: buscamos reparación por lo que nos quitaron, para poder impulsar nuestra idea de reconciliar la ciudad con el campo. Esto implica, también, la aceptación de la forma indígena de desarrollo «para todos», «de igual a igual», de «convivencia con la madre Tierra»; es decir, a nuestra manera. Y no que se nos trate de meter en una carrera desenfrenada hacia el modelo occidental, hacia lo que ahora llaman de «liberalismo» y de «apertura» o «integración» al mercado capitalista. Un plan para ser ejecutado directamente por las autoridades indígenas de la provincia, de sus municipios y resguardos; y que sería coordinado a escala nacional por el Consejo de Reconstrucción Económica y Social, adscrito a una Consejería Presidencial de Relación con los Pueblos Indígenas. Consideramos que solo así Colombia podrá borrar el infame intento, consagrado en la ley vigente (89 de 1890), de terminar con los pueblos indígenas en cincuenta años; para emprender con la nueva Constitución el objetivo más cristiano y democrático de reconstruirlos en un

cercano futuro.

El aporte de los pueblos indígenas a un país diverso*

Ab a dio G re e n S to cc e l

Abadio Green es un intelectual indígena tule (cuna), lingüista y catedrático. Fue presidente de la Organización Indígena de Antioquia
(oia)

2002

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La Constitución de 1991 como síntesis de la historia de lucha de los pueblos indígenas

Para hablar de un país diverso los pueblos indígenas tenemos que pensar en nuestras historias de ayer, de hoy y del mañana, para aportar mejor al país y al mundo. Las culturas, las lenguas posibilitan la recreación del pensamiento de cada pueblo; hoy tengo simplemente la oportunidad de reflexionar y pensar [en] el aporte que cada uno de nosotros hacemos a partir de lo que somos, a partir de nuestra experiencia, desde nuestra realidad y de autocrítica. Antes de la Constitución del 91, nosotros los pueblos indígenas ya veníamos construyendo nuestra propia historia. Ustedes no imaginan la angustia de estos 84 pueblos para poder existir, ustedes no saben el dolor que siente cada pueblo cuando tenemos que relacionarnos con el Occidente, con el desarrollo que no respeta las culturas; mientras que nuestras historias milenarias cuentan las relaciones que deben existir armónicamente entre el hombre y la naturaleza. Por
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá.

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Abadio Green Stoccel

eso no encontramos en ninguna parte que se diga que las plantas, el agua, los animales, la naturaleza, son para una sola comunidad, para una sola familia, sino que todas las cosas bellas que hoy existen en nuestro Universo está pensado para la humanidad, para el colorido de la naturaleza. Mira, una hoja de una flor con distintos colores embellecen a la flor en su conjunto. Una hamaca es bella, son distintos hilos de bellos colores que se entrelazan y forman un hermoso arco iris. El río o el mar muchas veces es azul, verde, negro, amarillo, no es que sea su color, sino que por los contactos que va teniendo con distintos seres de la naturaleza, toma múltiples colores que producen armonía y respeto. Los pueblos originarios de este continente han entendido con la naturaleza que la creación de los seres de la Tierra es para compartir las alegrías y tristezas, que cada particularidad de los seres es para agradar a los dioses y permite la vivencia de los seres de la Tierra. Cuando ocurre un desequilibrio entre nosotros los hombres y con la naturaleza vienen tragedias que hacen que los pueblos entren a una decadencia espiritual, cultural, como le sucedió al pueblo tule hace muchísimos años, cuando la naturaleza no quiso ser como antes porque las comunidades no estaban cumpliendo con los mandatos de los creadores; la tradición se fue olvidando, la cultura de los ancestros se quedó por un lado. Por eso la guerra los sorprendió y hubo mucha sangre en los campos, en las montañas, en las quebradas, en los ríos. Por eso una pareja de abuelos decidió refugiarse en las faldas de las grandes montañas, llevando a su única nieta que tenían, porque no quisieron ser testigos de tanta tragedia. Al cabo de muchas lunas la niña quedó embarazada del abuelo Luna que bajaba aprovechando la ausencia de los abuelos que siempre la dejaban sola en la casa. De esa relación nació un niño que se llamó Tukren. A medida que el niño crecía, preguntaba muchas cosas a su abuelo: –¿Somos las únicas personas que existimos? ¿Fuera de nosotros hay más gente? –preguntaba el niño. El abuelo siempre decía que no existían más personas fuera de ellos. Pero el niño interrogaba diciendo:

–Yo no creo abuelo, tan grande el espacio para nosotros cuatro. ¿Por qué tantas estrellas? No creo que sean solamente para nosotros. No creo abuelo, que tanta agua sea solamente para nosotros –decía el niño. El niño crecía y todos los días preguntaba lo mismo, hasta que un día el abuelo le contó la verdad. Que fuera de ellos había mucha más gente, comunidades enteras que eran nuestros parientes y le habló de la realidad. El joven se dio cuenta que su pueblo estaba mal, entonces decidió irse para defender a su pueblo, para organizarlo, para recordar las historias milenarias para que sigan existiendo. Por eso las historias son muy importantes, porque es el fundamento del alma de un pueblo, un pueblo que no conozca su historia está condenado a repetir los hechos. La historia de los pueblos indígenas debe mirarse como un patrimonio de la humanidad, que aporta, que da directrices políticas para un cambio de conciencia a la humanidad, para que exista armonía entre los seres. En ese sentido conocer, contar y vivir la historia de los pueblos indígenas debe mirarse como un aporte al resto de la población colombiana y al mundo. La constitución que hoy tenemos reconoció ese derecho a la diferencia en su artículo 7, cuando el Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana. Nosotros decimos que ese derecho de un país multicultural y pluricultural ha sido una lucha larga y difícil de mucha gente y organizaciones; y nosotros con distintas movilizaciones y reclamos a la nación [y] a los distintos gobiernos han hecho posible que Colombia sea una nación diversa, en ese sentido no ha sido un regalo, sino con presiones, con negociaciones hemos logrado lo que hoy seguimos luchando para que se cumpla ese reconocimiento que solamente ha quedado en mero papel. Por eso nuestros reclamos seguirán con mayor ahínco, porque es un deber nuestro, es un deber constitucional para armonizar a nuestro país en el respeto, en la valoración y el deseo de tener un país democrático, participativo, respetuoso al medio ambiente, y sobre todo un país que respete las diferencias, los derechos humanos al pueblo colombiano.

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El aporte de los pueblos indígenas a un país diverso

Tenemos una oportunidad histórica de que los conocimientos ancestrales de los pueblos originarios de este país y de América como apego a la madre naturaleza, los conocimientos del desarrollo sostenible, el conocimiento de la medicina tradicional, sus distintas formas de ceremonias y rituales alrededor de la naturaleza, sean un norte y un aporte para los colombianos, si queremos realmente que el planeta Tierra siga existiendo y que nuestros recursos naturales sean un patrimonio para las futuras generaciones y para el mundo. Los colombianos debemos pensar desde esta realidad, no con modelos europeos y norteamericanos, sino desde las entrañas mismas de nuestra Madre Tierra, eso es lo que reconoció nuestra Constitución hace once años, para que en Colombia hubiera una convivencia y una reconciliación de todos los colombianos.
Los fundamentos de las luchas indígenas. Territorio, cultura, autonomía

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Abadio Green Stoccel

La historia que hoy recordamos los indígenas es historia de dolor, de muerte, de no respeto a nuestras culturas; por eso la estrategia que hemos utilizado para seguir perviviendo como pueblos ha sido de resistencia, como acto de subsistencia, porque no hemos encontrado por parte de los gobiernos una actitud de respeto y de reconciliación. Por eso a lo largo de los treinta años han nacido organizaciones indígenas en diferentes partes de Colombia para decirle a la opinión pública que no vamos a seguir esperando al Gobierno para que nos atienda, para apaciguar la muerte, sino nosotros mismos teníamos que dar respuestas para la pervivencia de nuestras comunidades y pueblos. En ese sentido la memoria y la lucha de muchos líderes siguen vigentes en nuestra batalla permanente por defender nuestros territorios y la vida de las comunidades. Precisamente esa memoria es la que ha hecho posible la unidad de nuestras organizaciones; recordamos a Quintín Lame como promotor de movilizaciones para reclamar al Gobierno los derechos ancestrales y el reconocimiento de los resguardos indígenas que estaban en las manos de los grandes terratenientes de la región. Eso hizo posible la recuperación de los territorios y el fortalecimiento de los cabildos y las guardias indígenas

como la forma de ejercer la jurisdicción interna, la autonomía para gobernar el territorio para su defensa. Muchos pueblos recordarán a sus líderes que lucharon también para mantener la cultura y el territorio; aquí en Antioquia recordamos al Sakla-cacique inayoka de Caimán Nuevo, que empezó a partir de 1918 a reclamar su resguardo como pueblo tule. En estos mismos años en Panamá, el nele Kantule se había sublevado con armas para reclamar la dignidad como pueblo frente al agresor militar del gobierno panameño, que quería acabar la cultura milenaria del pueblo olotule. En Cristianía, a finales de 1979 y comienzos de 1980, con su pueblo hicieron grandes movilizaciones y reclamos para recuperar el territorio que estaba en manos de un terrateniente que había robado el territorio ancestral del pueblo chamí. Estos recuerdos de la lucha de muchos pueblos en Colombia hicieron posible que aparecieran organizaciones como el Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric) para seguir con la lucha que los antecesores habían señalado, el camino para la lucha permanente de la pervivencia de los pueblos y comunidades. De esa experiencia empezaron a aparecer en el ámbito nacional las organizaciones regionales como en Tolima, Caldas, Vaupés, la Sierra Nevada de Santa Marta, del Chocó y finalmente la aparición de la Organización Nacional Indígena de Onic, en 1982 como una propuesta donde se articula el reclamo de los derechos de los pueblos en Colombia. De esa forma nosotros en nuestra región antioqueña, después de tres años del nacimiento de la Onic, nacimos como una propuesta regional para aglutinar a los pueblos embera, senú y tule para reclamar los derechos territoriales, culturales, sociales y económicos de nuestras comunidades. Para eso tuvimos que hacer grandes movilizaciones para que el pueblo paisa pueda entender desde su racismo que había otros pueblos originarios del departamento que reclamaban su presencia, que no éramos invisibles sino reales, concretos, que necesitaban un espacio para gobernar, para vivir la cultura, para administrar su territorio, y para eso tuvimos que hacer grandes movilizaciones de tomas a los edificios gubernamentales, de iglesias, carreteras, huelga de hambre, porque

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Abadio Green Stoccel

era imposible que el gobierno departamental entendieran que en el suelo antioqueño vivían otros pueblos con sus culturas y lenguas diferentes. Las diferentes organizaciones que aparecimos en el ámbito nacional buscábamos cumplir principios fundamentales como es la unidad, aunque seamos pueblos con culturas distintas, pero los problemas son comunes y si no nos uníamos, muchas cosas iban a suceder. Entonces la unidad fue una bandera de lucha del movimiento indígena: que los problemas debemos resolver juntos, porque la unidad en la diversidad es posible. Otro de los principios ha sido la cultura. La cultura que nos congrega aunque hablemos distintas lenguas, aunque tengamos visiones distintas, ella debe ser cohesionadora del movimiento indígena, y por lo tanto lo organizativo ha jugado un papel importante para fortalecer las propuestas de una educación bilingüe e intercultural, de una escuela propia para buscar nuevos instrumentos para la pervivencia de nuestros pueblos. La medicina tradicional es otro de los elementos de protección para el futuro de nuestros hijos e hijas, así mismo permite el fortalecimiento de las autoridades tradicionales para el poder local. Otro principio es el territorio. Un espacio donde se puede recrear la cultura, el pensamiento, los conocimientos ancestrales y donde el movimiento indígena entienda y sepa que el papel que tenemos en este planeta es la defensa de nuestra Madre Tierra. En torno a ella debemos unificar estos criterios como movimiento indígena, para salvar la biodiversidad del planeta Tierra. Por eso la bandera de los pueblos fue la recuperación de los territorios ancestrales para que fueran titulados, saneados, ampliados y reestructurados. La respuesta de los gobiernos han sido masacres, asesinatos selectivos de líderes a lo largo y ancho de Colombia; pero seguimos con la lucha, porque reclamar el territorio es reclamar a nuestra Madre Tierra. La autonomía es otro de los principios importantes para la construcción de un modelo de gobierno dentro de nuestros propios territorios, para mirar mejor el horizonte, para mirar el futuro de nuestros

días, para prevalecernos en el espacio, en el tiempo en medio de los otros pueblos del mundo. Para fortalecer nuestros gobiernos en la defensa de la Madre y para defender la vida. La experiencia organizativa nos ha enseñado que sí es posible vivir, recrear, soñar la unidad en la diversidad, que de hecho debe significar un aporte al movimiento social en Colombia. Porque los múltiples problemas que tenemos, hemos sabido solucionarlos nosotros mismos, porque entendimos que nadie fuera de nosotros resolverá nuestros problemas. Además, en la reflexión en torno a otros sectores el acercamiento es vital. A lo largo de la historia de nuestra Organización, hemos sabido entender que la situación de crisis en nuestro país es el sistema; un sistema que no respeta las diferencias y tiene poco interés en resolver los problemas sociales de la nación. En ese sentido nos diferenciamos de algunos movimientos de nuestros hermanos de América Latina. Ellos plantean un indigenismo puro, o sea que el indígena es el más equilibrado, el indígena es el hombre bueno, mientras que el occidente es el malo, por lo tanto las relaciones con el mestizo no pueden ser armónicas; mientras que nosotros decimos, solidaridad con las luchas de otros sectores, como lo hemos planteado en diferentes congresos. En ese sentido la Organización ha sido un espacio pedagógico que nos ha enseñado, que nos ha permitido entender las complejidades de la problemática de nuestro país y la lucha permanente de pervivencia de nuestros pueblos. En este punto, cada pueblo debe seguir narrando los relatos de la tierra, para seguir profundizando por qué le decimos a ella Madre. Eso debe valorarse para enriquecer al país, para que las generaciones entiendan que estamos viviendo dentro de un país abundante en las riquezas de la naturaleza, en las culturas, que eso alimenta y ayuda a entender lo que significa ser un país diverso.
La educación como pilar de la cultura y como oportunidad para forjar espacios de pluralidad

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El aporte de los pueblos indígenas a un país diverso

Los pueblos indígenas en Colombia hemos hecho un gran esfuerzo

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Abadio Green Stoccel

para pensar en la construcción de un nuevo país, en una propuesta de una educación bilingüe e intercultural para que los conocimientos ancestrales que parten desde las entrañas de la Madre Tierra se compartan, para entender que los pueblos indígenas queremos contribuir con nuestros saberes para que la vida en el planeta y en nuestro país siga su curso, como es el deseo de los creadores. En la propuesta que venimos elaborando después de evaluar la educación en nuestras comunidades, luego de plantear un plan de etnodesarrollo hace once años, hemos dicho que la educación en nuestras comunidades es muy pobre, porque la formación de los maestros ha sido de abandono total de los gobiernos del departamento y de la nación. Por eso toda propuesta de formación a los maestros ha sido el esfuerzo de la Organización, ya que nunca ha sido prioridad de los gobiernos para mejorar la calidad educativa en nuestro departamento y en el país. En este sentido el diagnóstico que se ha hecho plantea la prioridad en la formación de los maestros, candidatos y líderes de las comunidades. La primera apuesta que el movimiento indígena de Antioquia ha hecho es la de profesionalizar a los maestros en ejercicio, hace nueve años y actualmente estamos en la formación con la Licenciatura en Etnoeducación para los maestros en ejercicio, candidatos y líderes. También ha sido muy importante en el departamento la creación de un Instituto de Educación Indígena en el departamento para las comunidades indígenas, el Indei, como órgano dedicado a pensar las políticas educativas para los pueblos indígenas, ya que desde el Estado es imposible esperar algo grato. En todo ese ejercicio que hemos hecho a lo largo de estos dieciséis años, la discusión con la participación de líderes, autoridades y sabios, hemos llegado a la conclusión de que Occidente ha tratado al niño como el centro de la educación, no se valoran sus conocimientos, por lo tanto el niño es un objeto. Nosotros planteamos que la Tierra, como madre, debe ser el centro de la educación, porque por ella existimos y sin ella la vida de nosotros no tendría razón de ser; por eso toda propuesta curricular debe ser pensada para que la

naturaleza siga existiendo, porque de no ser así también nuestra vida peligra para su existencia. Por eso toda elaboración de los criterios para la construcción del currículo para los pueblos indígenas la deben hacer las mismas comunidades con sus líderes, con sus sabios con sus autoridades, para pensar sobre: Qué tipo de educación necesitamos. Qué tipo de sociedad necesitamos para permanecer en el tiempo y en el espacio con nuestra Tierra Madre. Qué tipo de hombres y mujeres necesitamos para gobernar y hacer posible la convivencia armónica entre nosotros mismos. Reconocemos que el avance y la reflexión ha sido muy difícil, porque la otra cultura pesa demasiado, las raíces siguen profundas en nuestra mente, por eso ha sido difícil que nuestros sabios, nuestras autoridades, líderes y los propios maestros entiendan que la educación debe partir desde el reconocimiento de nuestra madre Tierra, que dependemos de ella y, por tanto, toda acción deformación de los maestros, de la comunidad y de los niños indígenas debe partir de unos principios elementales de amar, querer, defender y ser vigilantes de nuestra Madre Tierra. En ese sentido, escuchar a los sabios de las Comunidades que quieren hablar y han dicho de que el problema no son los niños, el problema somos nosotros, que hacemos mucho daño a la Madre Tierra, a la naturaleza que hay en ella, por lo tanto la educación debe tratar al niño como sujetos no como objetos, porque desde el seno de la familia trae un conocimiento, y eso hay que valorarlo. Hoy hay una necesidad de escuchar a los sabios, a la tierra de sus preocupaciones, escuchar sus consejos para seguir existiendo en este planeta. Toda la metodología, la pedagogía debe cambiar, porque la pregunta no es, ¿qué debo hacer, qué le enseño al niño? La pregunta es: ¿la matemática, la ciencia cómo va ayudar a defender a la Madre Tierra? Todas estas reflexiones que se han hecho, deben significar una riqueza para el país en la construcción de un país que valore y respete la diversidad.

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El Gobierno Nacional desde el Ministerio de Educación se ha equivocado en creer que la etnoeducación es para los pueblos indígenas y negros del país. Aquí se trata de implementar una etnoeducación para Colombia, como un mandato de la Constitución. Estamos llamados a cambiar todo un sistema educativo, un cambio radical donde todos estemos unidos en la diferencia, para lograr la armonía entre nosotros los colombianos. La situación de la educación en nuestro país es pobre porque no se forma desde la realidad de nuestros pueblos, sino copiando modelos que no nos sirven, ni para el país ni mucho menos para nosotros los pueblos indígenas; debemos formarnos para dar respuestas concretas para resolver la crisis cultural, política de nuestro país. Hasta ahora la educación ha sido individualista, ha desconocido lo colectivo, simplemente hay preocupaciones en aprender el contenido, no la construcción del conocimiento. Por eso desde la escuela primaria y el bachillerato, desde la universidad no se está planteando para reconocer a este país diverso, con sus conocimientos milenarios de los saberes que han construido la complejidad de los colombianos. Hoy muchos pueblos indígenas estamos perdiendo la cultura por la presión que existe desde la otra cultura que impone modelos para que dejen de existir, porque representamos un peligro para los que quieren destruir la naturaleza. Pero los pueblos y comunidades que todavía quedamos estamos dispuestos y estamos trabajando para seguir profundizando dentro de nuestros planes de vida elementos que nos han caracterizado, como han sido la colectividad, la solidaridad, apego a la Tierra como madre. Por el otro lado, los conocimientos y los saberes de la cultura espiritual y material como las danzas, la música y los interminables ritos y fiestas que nos hacen distintos a otros pueblos, la relación con la naturaleza, con la abuela(o) Anaconda, con mi abuela(o) Águila hacen que seamos parte de ella y compartamos muchas cosas en común con los habitantes de la Madre Tierra. Toda esa riqueza cultural poco se ha valorado en nuestro país, porque todo lo copiamos de la otra cultura de Europa y de Norte

América, porque hace más ruido y se invierte mucho dinero para competir en el mercado mundial, o sea, el arte, la cultura, el conocimiento se ha vuelto una mercancía; en ese sentido no estamos de acuerdo porque para nosotros es la vida, es nuestro cuerpo, son nuestros dioses. Por eso planteamos que si no hay un cambio del sistema educativo significativamente, nunca tendremos un país para todos, porque ahora está hecho para muy pocos que quieren seguir manejando y matando la riqueza de este país. Por eso la educación que hoy tenemos no respeta al otro, no valora al otro, no hay una construcción colectiva de los conocimientos milenarios de los pueblos. Las grandes universidades de nuestro país no han valorado esas riquezas milenarias de los pueblos y comunidades, por tanto los estudiantes indígenas que ingresan en distintas facultades, cuando terminan sus carreras profesionales la mayoría no llegan a sus propias comunidades. No los culpo, porque es el sistema que no deja que el indígena profesional llegue a sus comunidades, porque ha aprendido a ser el otro; el conocimiento que ha adquirido es de la otra cultura, ahí no se está construyendo la verdadera interculturalidad que tanto se habla en este país. ¿Cómo hacer que estos jóvenes no olviden su historia, su cultura? La única posibilidad es estar muy cerca a los viejos, a sus comunidades; valorar los conocimientos que ellos tienen, preguntar y tener interés de aprender, no para su tesis para graduarse, sino para la vida, para seguir aportando a las generaciones futuras. Un día llegué a mi comunidad, quería hacerme un tratamiento medicinal que consiste en tomar dos pocillos de zumo de plantas medicinales que se cocinan durante varias horas. Se toma uno por la mañanita y el otro por la noche los cuatro días hasta que llegue la luna llena, y otros cuatro días después. Es una bebida que revitaliza la sangre para no sentir pereza, para seguir trabajando con más vitalidad, para tener más inteligencia para tomar decisiones que beneficien a la comunidad, a la familia o nivel personal. Comenzamos el tratamiento con mi hijo Ikuaokinyappilel (Lucero

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del alba), después de los dos o tres días nos dio una diarrea y vómito, que tuvimos que suspender el tratamiento. El médico tradicional estaba sorprendido porque decía que el tratamiento lo podía hacer un niño pequeño, porque no afectaba en nada al organismo. Luego de hacer otros exámenes nos dimos cuenta que teníamos paludismo. Nos cuenta el médico tradicional que antiguamente todas las familias tomaban la bebida todos los meses sagradamente y no había problema de paludismo; hoy ni siquiera tomamos una sola vez en el año y los problemas de paludismo se han agravado. Las universidades no enseñan a volar tan alto como el águila para apreciar y valorar los aportes de los pueblos indígenas en Colombia. Las universidades deben empezar a reconocer y valorar los conocimientos ancestrales y [lograr que] los estudiantes indígenas realmente tengan compromisos con sus pueblos de origen, por eso deben prepararse desde la sabiduría de su pueblo y de la otra cultura. Si es así, estaríamos preparando grandes científicos en nuestro país. Ejemplos del poder curativo que tienen las plantas medicinales en la práctica hay muchos; una vez un tule borracho se cayó del quinto piso de un edificio en Panamá y todos sus huesos de la pierna quedaron astillados y el médico occidental dijo que no había otra solución que amputar la pierna. Él dijo que no, y pidió que lo llevaran donde un médico tradicional de su comunidad para hacer el tratamiento con plantas medicinales. Efectivamente hizo lo que se había propuesto y duró meses, hasta que los huesos volvieron a crecer y a juntarse. Por eso es sumamente importante la educación para el país; no solamente para tener en cuenta las riquezas culturales de los pueblos indígenas, sino de toda la sociedad colombiana, porque hoy hablar de la identidad es muy complejo… ¿de qué identidad podemos hablar? Es uno de los grandes debates que tenemos que hacer los colombianos, si queremos que este país tenga bases sólidas. Hoy tenemos muchos problemas de identidad porque no es un interés de los gobernantes. Ese es nuestro aporte en medio de la realidad de hoy, donde nuestros gobiernos están muy preocupados por el desarrollo que coarta

las riquezas milenarias de las tradiciones de los pueblos y del pueblo colombiano. No hay una política clara para una convivencia entre los colombianos donde podamos vivir respetando y valorando lo que significa un país diverso. Un pueblo que no tiene identidad es un pueblo que fácilmente comete los mismos errores y por tanto se muere y se acaba la cultura frente a la otra cultura que es más poderosa.
Los pueblos indígenas y la guerra

Con la Constitución del 91 fue reconocida la diversidad en Colombia, el reconocimiento al otro con todas sus dimensiones. Nuestros territorios fueron reconocidos como entidades territoriales, [se consignó] el respeto a la cultura, al medio ambiente, y la jurisdicción especial, la educación bilingüe e interculturalidad y sobre todo a la consulta y concertación. Pero nos quedamos esperando estos cambios sustanciales, y a medida que el tiempo fue avanzando, el país siguió lo mismo, las comunidades y pueblos cada vez más cerca a la muerte por tantos proyectos de desarrollo que mata la diversidad cultural de nuestro país, y con un escenario de la guerra cada vez más atroz dentro de nuestros territorios. En medio de esta guerra los pueblos, las comunidades y sus organizaciones han buscado diferentes soluciones para su pervivencia, como declararse en permanente resistencia, la interlocución permanente con los actores del conflicto, casa para todos, casa de acompañamiento, la diplomacia indígena, decir «no al desplazamiento» y sobre todo fortalecer las autoridades tradicionales; y aumentar el conocimiento de la tradición, de la historia, de la cultura. En ese sentido los relatos de la Creación del mundo, llevados a un alto grado de espiritualidad y de alta calidad literaria que nos transportan a la casa de oro y de plata de nuestros creadores, deben ser el horizonte, el norte para seguir buscando estrategias de la pervivencia, porque los viejos dicen que no hay que buscar las soluciones fuera de la historia, porque de no ser así estaríamos repitiendo la historia de la muerte.

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Si hablamos de la guerra que hoy padecemos es la utilización de la fuerza bruta, si lucháramos por mejorar las condiciones de vida y amar al otro como parte esencial de nuestra identidad colombiana el proceso del conflicto que padecemos sería distinto. Ahora nos estamos matando entre nosotros mismos, entre los propios hermanos del mismo país. Si hacemos un ejercicio de lo que ha significado la guerra en la humanidad, creo que no repetiríamos, haríamos más amable la vida, porque todas las guerras que han pasado en el mundo siempre han sido egoístas, particulares, sin respetar al otro con sus limitaciones. Por eso la historia es sumamente importante, porque nos da cuenta de lo que ha pasado, la guerra de ahora no es de ayer. La guerra comenzó hace 501 años, cuando llegó Rodrigo de Bastidas y Juan de la Cosa y fundaron la primera población en tierra firme en América, que llamaron San Sebastián de Urabá, hoy municipio de Necoclí, Antioquia; y luego la segunda población, Santa María la Antigua del Darién, cerca del municipio Unguía, Chocó. Y en estos dos sitios vivían nuestros abuelos, los tules. En ese territorio ocurrió la primera matanza de que se acuerdan los ancianos tules en su memoria, que segaron la vida de muchos hombres, mujeres, ancianos, ancianas, niños y niñas de la comunidad. En medio de la guerra los viejos siguen manteniendo la tradición, la historia, la cultura, porque han dicho que es el único camino para resistir en medio de la guerra. Los actores armados hasta ahora han respetado al pueblo tule, porque los viejos han dicho que hay que conversar, dialogar y hacer acuerdos mínimos para defender la vida de la comunidad. Los viejos han demostrado que somos distintos y no estamos de acuerdo con la guerra, porque la guerra trae muertos, desplazamiento y mata las diferencias y la diversidad. En ese escenario, la cultura, la lengua ha jugado un papel importante, porque los viejos son monolingües y en la relación con los otros ellos deben tener sus secretarios, para traducir a los viejos cuando hablan con los distintos actores armados. Ellos cuando conversan hablan de su cultura, de sus historias, de sus ritos, de sus tradiciones

para poder comprender y hacer relaciones con los hechos que están ocurriendo. Esa forma de conversar es un aporte a la paz, porque debemos comenzar escuchando al otro, respetando distintas posiciones para llegar a unos acuerdos mínimos para empezar el diálogo. Por eso cuando nuestros mayores empiezan a contar las historias de nuestras comunidades siempre se refieren a las primeras organizaciones primigenias, desde los primeros hombres de la Creación, como es el caso de los tule, que compara las organizaciones regionales con la nacional, con los ocho hermanos que defendieron a su madre la Tierra, de las fuerzas negativas que querían acabar con el planeta Tierra. Por eso hubo un incesto entre los hermanos, la Luna y la Tierra y donde tuvieron ocho hijos que son los planetas hoy; ellos nacieron aquí en el vientre de su madre, la Tierra. Nacieron aquí y comenzaron las peleas con otros hombres que no querían a la Madre Tierra, de esas peleas que se tuvieron ganaron la guerra los ocho hermanos para defender a la madre naturaleza. Para poder ganar la guerra los ocho hermanos tuvieron que aliarse con el viento, con el fuego, con las plantas medicinales y con el agua. Eso somos las organizaciones indígenas, para eso nacimos, para seguir defendiendo la vida en el planeta Tierra, nuestra madre. Todo lo que somos las comunidades indígenas es la reafirmación de nuestra identidad, porque amamos la vida, vivimos la vida y defendemos la vida. La Organización Indígena de Antioquia en su Sexto Congreso dejó clara su posición frente a la guerra y a la paz, donde se concluyó que: La palabra frente al fusil. Dialogar con todos los grupos armados que ocupan nuestros territorios, de cara al país y en ejercicio de nuestra autonomía y voluntad de no participar en la guerra. Adecuarnos para resistir. Apoyar la solución política negociada del conflicto armado y conformar una comisión permanente de diálogo y negociación para buscar acuerdos humanitarios con los grupos armados.

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El aporte de los pueblos indígenas a un país diverso

La guerra no nos detendrá. Seguir trabajando para fortalecer nuestra identidad cultural, la organización comunitaria, el gobierno propio y la autonomía, atendiendo especialmente a mujeres y jóvenes. No aceptamos decisiones políticas y económicas sobre nuestros territorios, sin nuestro consentimiento. La integridad de nuestra Madre Tierra no es negociable. Seguir luchando por un país en paz, con justicia social y respeto a la diferencia.
Construir una sociedad plural en la cultura

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Otro elemento a tener en cuenta son las leyes de origen, que nos enseñaron que el apego a la Tierra no son cosas terrenales, también son leyes para pensar la vida después de la muerte; por eso el caminar en esta Tierra requiere cumplir las leyes de la naturaleza, escucharla a ella, sembrar la vida en ella para que después de la muerte encontremos y vivamos en la casa de oro y de plata de los Creadores. Este principio es fundamental para los pueblos, por tanto es otro de los elementos que tenemos que preocuparnos para que estos principios no se mueran; porque en los tiempos actuales la juventud ya no quiere escuchar el conocimiento de los viejos, porque la otra cultura tiene más atracciones que convencen más rápidamente que la misma cultura indígena. El modelo de desarrollo no puede ser capitalista, deben buscarse otros modelos, donde se respeten los ríos, las quebradas, las montañas frágiles; o sea el modelo debe ser uno en donde el ser humano pueda vivir respetando la naturaleza y vivir de ella como parte fundamental de la Tierra. La lucha de los pueblos siempre ha sido en la defensa de los recursos naturales como es el cobre, el petróleo, el carbón, la sal, las plantas medicinales que hacen rico nuestros territorios. Pero nuestra realidad hoy es desoladora: grandes desplazamientos, asesinatos, masacres, simplemente porque reclamamos el respeto a la diferencia, y las cosas se agravan porque la pelea ahora es con las multinacionales, que quieren seguir robando nuestros recursos y lo más grave es [que lo hacen] con el permiso del Gobierno.

Sabemos que es una lucha dura porque las multinacionales de los ee.uu. y de los [países] de Europa ya han repartido el planeta como siempre lo han hecho, como ocurrió en la invasión de nuestro continente, donde un papa repartió las tierras usurpadas a los castellanos y portugueses. Siempre los países fuertes son que los que deciden la suerte de los países pequeños y por eso planean para ordenar el territorio del mundo, donde se reparten las riquezas de los países como si fueran de ellos. Los pueblos indígenas somos conscientes de esa lucha desigual, pero estamos empecinados en correr ese riesgo porque es nuestra misión ancestral y el cumplimiento de nuestras leyes de origen. Si nuestros gobiernos tuvieran conciencia de lo que somos, seríamos una potencia mundial para poder negociar pensando en el bienestar de la población; no habría hambre, habría educación, salud, bienestar para todos; tendríamos conciencia de lo que tenemos para que el planeta siga existiendo para la supervivencia del hombre y de la naturaleza. La misión del Ministerio del Medio Ambiente no es aprobar las licencias ambientales para que sigan destruyendo el medio ambiente, para seguir destruyendo los hábitats de los animales y de las plantas. Los grandes uerjayá, nele, jaibaná, mamas, curacas, payé, los the wala, son ellos los que siguen pensando en Colombia y en el mundo, porque son ellos los que hacen las ceremonias para que el planeta siga existiendo y que el equilibrio entre el hombre y la naturaleza cada vez sea más armónico. Por lo tanto podemos afirmar que ellos son los verdaderos defensores de la Madre Tierra y los verdaderos planetarios y universales porque la ley de origen proviene de ella. En el pensamiento y en el trabajo que los viejos hacen en sus ceremonias, saben que los ecosistemas que quedan en el planeta son escasos y el trabajo precisamente se ha aumentado para ellos, porque la vida, el aire se ha contaminado, la naturaleza y nosotros estamos en peligro de muerte. Los únicos ecosistemas que quedan están en Australia, en el

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norte de Europa, en Norteamérica, en Centroamérica, en todo Sudamérica, donde habitamos los hijos de la Tierra. Estos ecosistemas quedan dentro de nuestros territorios, por eso planteamos que es de suma importancia generar un debate nacional e internacional sobre el desarrollo desenfrenado donde únicamente están el pensamiento sobre el dios dinero, dinero que enceguece [y solo sirve] para la muerte de los seres en el planeta. No es que estemos en contra del desarrollo sino que estamos en contra de los procedimientos, de los métodos que se utilizan en nombre del desarrollo. Colombia, un país inmenso lleno de diversidad, pero todos los días están saqueando nuestros recursos las empresas de otros países o colombianas. Nadie dice nada y si algo decimos nos matan porque somos subversivos, o simplemente estamos en contra del desarrollo de la nación. Pero hemos dicho al país y al mundo que estamos empecinados en seguir en la pelea diaria por nuestra Madre Tierra, porque sin ella no podríamos vivir. Y por lo tanto quisiéramos que los colombianos entendieran lo que estamos hablando, estamos hablando de un país diverso. Estamos diciendo que debemos comprender, respetar y valorar al pueblo u’wa cuando piensa que el petróleo es la sangre de la Madre Tierra. Otros pueblos piensan que la Tierra está construida con cimientos de oro, con cimientos de plata; otros que en sus palabras no existe el verbo tocar, sino escuchar… por ejemplo si toco a un árbol, no estoy tocando sino estoy escuchando al árbol, porque todo ser que hay en la naturaleza está vivo. Es difícil entender eso porque ni siquiera escuchamos al ser humano que está a nuestro lado, que tiene los mismos problemas, los mismos sentimientos de dolor y de rabia, mucho menos será para entender a la naturaleza que no pronuncia las palabras. Pero hemos perdido la capacidad de entender y no hacemos el esfuerzo de aprender el idioma de la naturaleza.

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A medida que la ciencia y el conocimiento van avanzando nos olvidamos de lo que fuimos anteriormente y de lo que pensamos. Por ejemplo, la palabra cultura que viene de la palabra griega, apareció cuando el hombre sembró la tierra y brotaron las semillas, de esa relación nació la cultura, o sea la cultura es la relación de la tierra con el hombre. Hoy la palabra cultura la volvimos elitista, porque se dice que las personas que han estudiado y sepan alguna lengua extranjera son cultas, y los campesinos, los indígenas que vivimos en las montañas, en los ríos, en los valles, en los desiertos, en la selva no tienen cultura. Estos planteamientos que hacemos al país es para poder enriquecer al planeta, y a Colombia. Debemos buscar espacios para que todos nos sentemos a escuchar desde la diversidad, porque no es solamente el conocimiento que está en los libros, sino también están los que han existido en la memoria de los viejos que transmiten por medio de la palabra, por eso todo espacio es importante, alrededor del fuego, de la laguna, en torno a la madre naturaleza, o sea cómo entender al otro desde el corazón, cómo hacer un gran esfuerzo para no entender desde la razón, sino cómo hacer entender al otro desde los valores. La cultura siempre ha significado como una contradicción al desarrollo, al progreso, y en los momentos actuales de la humanidad estamos en un nuevo fenómeno que es la globalización económica que acaba con las diferencias, plantea el exterminio de las culturas milenarias. Nuevamente vuelve la idea de creer que los únicos que pueden hablar del planeta son los dueños de la economía del mundo, [que] hoy son los dueños de las multinacionales. Está más difícil para seguir manteniendo la vida, la historia, la tradición, la cultura, el apego a la madre naturaleza, porque precisamente los poderosos de la Tierra están mirando los recursos naturales que están en nuestros suelos. La Constitución de 1991 ha reconocido muchos derechos, como el derecho al territorio, a la educación bilingüe e intercultural, a la participación política a nivel electoral. Nos hemos contentado en el espejismo del poder, que nos está dividiendo, porque la cultura en ese espacio no cabe.

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Lo que uno espera de nuestra juventud es que no olvidemos nuestras raíces ancestrales, ni nuestras cosmovisiones, para poder tener la claridad política. Porque sino seguiremos cada vez más en la muerte acelerada de nuestras culturas, en ese sentido llamo la atención al pueblo colombiano en que los problemas de nosotros los indígenas no son de nosotros únicamente, sino de todo el pueblo colombiano y del mundo. Por eso la educación debe ser pilar fundamentales para la pervivencia de nuestras comunidades y pueblos, porque la educación bilingüe e intercultural no solamente es para aprender a hablar en castellano y la matemática de la otra cultura, sino el conocimiento que han transmitido los abuelos y abuelas de generación a generación, que deben ser fundamentales para seguir soñando la sociedad que queremos, donde nuestros hijos puedan afianzar la cultura para entender al otro, para valorarse. El arte, la música, la cultura, el pensamiento son elementos importantes para que las culturas milenarias puedan seguir existiendo para el futuro de las generaciones, porque estamos empecinados en seguir existiendo, aunque la población indígena en Colombia sea el 2%. Pero estamos dispuestos a entregar los 84 pueblos indígenas nuestro granito de arena, para [hacerlo] posible necesitamos la solidaridad de todos ustedes, porque sin ustedes tampoco es posible la pervivencia de los pueblos indígenas en Colombia. En ese escenario, la aparición de la Organización Regional en Antioquia surge como un modelo a construir, porque estamos hablando de diferentes culturas que quieren seguir perviviendo en el contexto de los pueblos del mundo y de Colombia. Estamos trabajando con las autoridades de los cabildos para prepararnos para que se mejoren nuestras calidades de vida, en un plan que lo hemos llamado «Planes de vida», y con este pensar cómo administramos nuestros territorios, cómo lo defendemos, y qué capacidad tenemos para llegar a hacer unos acuerdos mínimos humanitarios para seguir viviendo dentro de nuestras comunidades, para que no nos sorprenda la muerte por parte de distintos actores que entran a nuestros territorios amenazando la

El aporte de los pueblos indígenas a un país diverso

tranquilidad de la gente. Hemos llegado a concluir que debemos tener una claridad política del quehacer de nuestra Organización. Por eso planteamos que debemos mirar el camino de los pueblos indígenas de Antioquia, para volver a revisar las políticas de etnodesarrollo que un día formulamos y hasta dónde hemos cumplido los mandatos de nuestras autoridades tradicionales. Hemos dicho que hay que volver a las fuentes del nacimiento de las organizaciones, donde la solidaridad, el intercambio de las experiencias organizativas es posible. La capacitación es sumamente importante para defender el territorio, la producción, el modelo de gobernar el territorio, la interlocución, el diálogo permanente con los actores armados para prevenir la vida de muchos líderes. La construcción en que estamos empecinados es la defensa de la vida de las comunidades con sus características particulares, culturales, que nos hacen diferentes al resto de la población colombiana. Pero también para demostrar que aunque seamos distintos los indígenas en Antioquia, hemos construido una organización donde cada pueblo pueda comunicarse y defenderse para poder seguir defendiendo su cultura milenaria. Y somos parte del movimiento nacional y de la sociedad colombiana, a las que queremos seguir aportando con nuestras experiencias organizativas, culturales y con la defensa de nuestro territorio, para que la vida sea posible y que nuestras generaciones sigan contando la historia de nuestros pueblos y la memoria de los vie­ jos siga siempre como la mirada del águila, pasado, presente y futuro. Así nuestros pueblos milenarios podrán seguir su curso en medio de los pueblos del mundo.

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Las leyes blancas son solo puntos negros sobre el papel*

L o re nzo M u e l a s H u r ta d o

Como se ha dicho, Lorenzo Muelas es uno de los más destacados dirigentes del país, fue miembro de la Asamblea Constituyente que redactó la Constitución de 1991 y uno de los primeros miembros indígenas del Senado de la República. La primera parte de este artículo fue publicada con el título «La Constitución colombiana de 1991 y los pueblos indígenas», en Los indígenas en la Constitución colombiana (Holguín 1997). La segunda parte está basada en una relectura de la situación realizada por el autor en la «Semana de Solidaridad con los Pueblos Indígenas», que se llevó a cabo

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en marzo de 2007, y publicada en la revista Étnias y Política ese mismo año.

Aunque llevamos más de quinientos años poniendo muertos por defender nuestros derechos, o simplemente por existir, creemos firmemente en la necesidad de buscar formas de compartir nuestras vidas en paz, y tenemos la esperanza de que las reivindicaciones de los indígenas y otros sectores de la población puedan ser logradas por las vías del diálogo y del consenso. Por ello participamos en la Asamblea Nacional Constituyente. Porque al igual que los demás que apoyaron esa iniciativa, los indígenas creíamos que valía la pena respaldar esfuerzos que buscaran ampliar el estrecho camino de la equidad, para dar cabida a gentes distintas que piensan distinto, pero que son parte de nuestra riqueza diversa, para que así, dándoles participación, se abriera la puerta a una patria más tolerante de las diferencias que hacen rico a este nuestro violento país.
* Fuente: Muelas Hurtado (2007: 92-99).1997 / 2007.

Y estuvimos allí, y les mostramos a los colombianos que también existimos, que somos más de ochenta pueblos de gran diversidad, que hablamos más de sesenta lenguas diferentes al castellano, y tenemos una historia y unas tradiciones, una cultura, unos sueños que no siempre coinciden con los del resto del pueblo colombiano; pero que ello en vez de empobrecer, enriquece. Nos enriquece a todos porque nos ofrece otros mundos de gran fuerza y belleza. A la Constituyente llegamos después de un largo proceso de lucha en el que debimos enfrentar tanto al Estado como a los sectores de derecha e izquierda del país, que se negaban a reconocer nuestra existencia y los derechos que tenemos. De ahí que sea importante aclarar que nuestros logros en la Constituyente no fueron un regalo del Gobierno; allí solo recogimos lo que veníamos sembrando a costa de gran dolor, lágrimas, cárcel y la muerte de muchos de nuestros mejores dirigentes. Contamos sí con un sinnúmero de personas no indígenas de todo Colombia, sin cuyo apoyo nunca habríamos podido tener acceso a ese espacio. Pero nada fue gratuito. Nuestra presencia en la Asamblea Nacional Constituyente, considero yo, partió la historia del país en dos, ya que fue entonces cuando los colombianos despertaron a la verdadera Colombia, a esa Colombia diversa en tantas formas. Como todo para nosotros, el proceso fue difícil. Muchos miraban la problemática indígena como algo exótico, folclórico; nunca la habían visto en su dimensión política, económica, cultural. Pero lentamente logramos que los delegatarios nos fueran comprendiendo y el resultado final fue, pienso yo, positivo. Al interior de la Asamblea Nacional Constituyente se jugaban muchos intereses, pero el reconocimiento de nuestros derechos no estaba en la baraja. Por ello, el Gobierno y algunos delegatarios de los partidos tradicionales pusieron gran resistencia, debiendo nosotros enfrentar una dura lucha. Ahora reconozco nuestra ingenuidad –al menos la mía– al creer en la transparencia de las reglas del juego; confiamos en la sinceridad de lo que se decía y hacía, y ello casi nos cuesta la contienda. Tres días antes de la culminación de las sesiones, en la mesa de redacción,

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nos saquearon, nos robaron todo lo ganado en cinco meses. Cuando llegó el proyecto para la vuelta definitiva habían desaparecido casi todos los artículos que habíamos introducido, y que habíamos ganado con el apoyo de muchos delegatarios. Tres días antes: cuando ya las comunidades indígenas que habían estado presentes para respaldarnos habían regresado a sus tierras, a sus casas, confiadas y seguras, contentas, porque ya habían sido aprobados los artículos en los que se reconocían sus derechos. Debimos entonces denunciar ante el país y ante el mundo la manipulación del Gobierno, su responsabilidad y la de sus delegatarios por este atropello, y nos rehusamos a firmar la Constitución en esas condiciones. Afortunadamente muchos delegatarios demócratas y muchas gentes del común nos apoyaron, y en una ardua confrontación con el Gobierno logramos, al tercer día, que se nos devolviera lo ya ganado. Los indígenas pensamos que la diversidad fortalece, pero para que lo haga es necesario buscar caminos de convivencia en los que se acepte que no todos tenemos que pensar igual y querer lo mismo, que todos tenemos derecho a que se nos reconozca en la diferencia, a que se nos respete como somos, y se nos permita actuar en consecuencia. Y en esta idea fue la que, en principio, se logró avanzar durante los ciento cincuenta días de la Asamblea Nacional Constituyente. Es así como la Constitución Nacional, norma de normas, madre de todas las leyes, finalmente y por primera vez en la historia del país reconoce nuestros derechos al declarar a Colombia como una nación diversa, multiétnica, pluricultural. Hasta entonces fuimos clasificados como menores de edad, dementes, salvajes sin derechos y susceptibles de ser castigados por no profesar el cristianismo. Y es por ese reconocimiento plasmado en la Constitución que finalmente se hizo posible despejar este panorama oscuro que nos cubrió por tantos años. Por inconstitucional, en abril de 1996 la Corte Constitucional levantó tal exabrupto jurídico, ese irrespeto total por la dignidad del ser indígena, al dejar sin vigor dicha legislación.

Y aunque después de quitarnos el calificativo de salvajes seguimos siendo los mismos y continuamos sintiéndonos igual que cuando éramos considerados de ese modo, jurídicamente se ha dado un paso importante en el reconocimiento de la igualdad en la diferencia. La Constitución reconoce el derecho milenario de los pueblos indígenas, no a cualquier tierra, sino a unos territorios que hemos ocupado por siglos, donde hemos vivido y seguimos viviendo, gozando o sufriendo; donde producimos la papa, el maíz, la yuca; donde cazamos y pescamos, siempre con permiso de los dueños de la naturaleza que son nuestros propios dioses; donde aprendemos a ser arhuacos, tules, pastos, awas, kamëntsas, sikuanis, u’was, paeces o guambianos; donde nos reproducimos como tales, en los que están los huesos de nuestros antepasados, donde se encuentran nuestros sitios sagrados. Nos reconoce también el derecho a fortalecer y desarrollar nuestra propia identidad; a que se nos respeten nuestras lenguas, nuestras formas de pensar y de hacer las cosas en lo social, cultural, religioso, político, económico; a que se nos respete nuestra manera particular de concebir la justicia, el territorio y la naturaleza, y a transmitir esta visión de las cosas a nuestros hijos, en fin, a decidir nuestros propios asuntos de acuerdo a nuestra propia cultura. Se nos reconoce, en particular, el derecho a gozar de autonomía para gobernarnos con nuestras propias autoridades, quienes han de relacionarse en términos de igualdad con las demás autoridades del país. Lo cual no significa que los indígenas buscáramos aislarnos o formar pequeños estados dentro del Estado. Por el contrario, para nosotros el ordenamiento territorial que manda la Constitución, y que es requisito fundamental para poder hacer efectivos todos estos derechos reconocidos, significa la posibilidad de relacionarnos en mejores condiciones con el resto de la sociedad nacional, buscando caminos de convivencia interétnica, y una forma para que el Estado pueda cumplir sus funciones más eficientemente, respetando las diferencias culturales y la autonomía. No ha sido nunca nuestro interés vulnerar la unidad política del Estado sino propiciar una cohesión más real,

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sobre la base de una participación real en la toma de decisiones sobre asuntos que afectan nuestras vidas, del respeto y de la autonomía. El territorio es, en ese contexto, la base para que el desarrollo de nuestra propia identidad pueda darse. Para nosotros este es un todo simbólico y natural, y es sobre él y no sobre cualquier otra tierra que queremos desarrollar las entidades territoriales indígenas, derecho que también quedó consignado en la Constitución. Pero estos reconocimientos constitucionales no han recibido la aceptación de los gobiernos de turno. Lo cierto es que ahora no estamos mejor que hace seis años, pues poco a poco se ha ido legislando, reglamentando y decidiendo sobre aspectos como la educación, los asuntos agrarios, los municipios, los recursos naturales, el desarrollo económico, etc., desconociendo nuestros derechos, e incluso retrocediendo sobre cosas ya logradas antes de la Constituyente. En sus propuestas legislativas el actual Gobierno, por ejemplo, ha desconocido ante todo la existencia de nuestros territorios y el hecho de que son estos y no cualquier otra tierra los que se conforman como divisiones político-administrativas de la nación, con todo lo que ello implica en cuanto a derechos especiales y autonomía. Y esto es grave para nosotros porque son precisamente estos territorios los que nos aseguran un desenvolvimiento con autonomía, los que nos garantizan el fortalecimiento y desarrollo de nuestra propia identidad. Pero además de este proceso de negación cultural, continúa también la destrucción física de nuestra gente, con masacres que siguen quedando en la impunidad. El panorama que se presenta del proceso de concertación entre gobierno y pueblos indígenas para desarrollar siquiera algunos de los derechos que están reconocidos en la Carta Política es bastante oscuro. Hasta el momento este ha sido tan solo un carameleo para mantener a nuestra gente quieta y sentada alrededor de mesas, hablando hasta la saciedad, desmovilizada y convencida de que el «Gobierno del revolcón» o el «Gobierno de la gente» les va a solucionar sus problemas a punta de verbo. La experiencia es clara. Los gobiernos de nuestros países, los de

Dieciséis años después de la Constituyente

Años después de escribir lo anterior, no puedo hacer otra cosa que ratificarme. Frente al tema de la participación política debo empezar por confirmar mi autocrítica. Fui ingenuo, fuimos ingenuos al creer que si en ese momento histórico de la Asamblea Nacional Constituyente de 1990 -1991 lográbamos llegar allá y lográbamos legislar, podríamos conquistar algo para dar un respiro, una nueva oxigenación a los pueblos indígenas. Y llegamos, y en la noche del 4 de julio, cuando firmé la nueva Constitución en el Capitolio Nacional, sentí un nuevo aire, y pensé: «Por fin tenemos un instrumento que nos puede proteger, que puede reconocer los derechos de nuestros pueblos».

Las leyes blancas son solo puntos negros sobre el papel

Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y demás son, en el mejor de los casos, solo discursos bonitos; algunas migajas sí están dispuestos a dejarnos caer, pero a los problemas de fondo tendremos que buscarles una salida nosotros mismos, a través de los caminos de siempre: la organización y la lucha. Los pueblos indígenas de América tendremos que tener en cuenta que las leyes blancas son solo puntos negros sobre el papel, que ellas cambian continuamente, que por sí mismas no resolverán ninguno de nuestros problemas vitales, que para nosotros estas deben constituirse en herramientas de lucha, en tablas de donde agarrarnos al dar las peleas por el reconocimiento efectivo de nuestros derechos. Y hay que pelearlas, hay que tratar de que en ellas se reconozcan nuestros derechos al máximo. Pero nunca debemos perder de vista que esas no son nuestras leyes, que las normas a las que nos debemos aferrar con todas nuestras fuerzas son las dictadas por nuestro Derecho Mayor, por esas leyes originarias, ancestrales, tan antiguas como la creación del mundo, emanadas de nuestros dioses y desarrolladas por nuestros mayores, las cuales han orientado la existencia y desenvolvimiento armónico de los pueblos indígenas de América con la Madre Tierra, desde miles de años antes de la llegada de las gentes europeas a nuestros territorios.

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La nueva Constitución tiene unas definiciones muy importantes, como las de los artículos 286 y 287, los cuales dicen que «Son entidades territoriales los departamentos, los distritos, los municipios y los territorios indígenas», y que estas podrán «gobernarse por autoridades propias». Con eso se sobrentiende que nosotros podríamos desarrollarnos de acuerdo con las características socioculturales de cada pueblo. Pero hoy, dieciséis años después de la Constituyente, al evaluar la situación encontramos que estamos lo mismo o peor que antes. En los diferentes lugares a donde voy siempre escucho atentamente lo que dicen las autoridades y los dirigentes, y he oído de cada uno de ellos los lamentos por la situación calamitosa que estamos sufriendo los pueblos indígenas allá en la periferia, allá en nuestros territorios, allá en nuestros resguardos. Eso indica que, aunque tenemos la Constitución con unas definiciones importantes, no se ha desarrollado lo que esta ordena, sus bondades, y no hemos mejorado nuestra calidad de vida. Porque de eso se trataba. Nadie pensó que la nueva Constitución era para desmejorar, sino para mejorar nuestra calidad de vida, no solamente la de los indígenas, sino también la de los afrodescendientes, que son nuestros aliados políticos; la de los campesinos, y también la del sector marginado que vive en las grandes ciudades que existen nuestro país. Así como no ha mejorado la situación de nosotros, tampoco ha mejorado para el resto de la sociedad colombiana. Seguimos siendo marginados, seguimos siendo reprimidos cuando reclamamos, cuando reivindicamos nuestros derechos. Ahí está el punto donde nos toca hacer una reflexión profunda en este momento. Nosotros los guambianos, antes de la Constituyente, sin la nueva Constitución, sin ese instrumento legal, logramos avanzar en la recuperación de las tierras. Nos rebelamos contra la Constitución de ese entonces, contra las normas de ese entonces, y creo que nos fue mejor que con la Constitución, con ese instrumento que yo mismo suscribí. Con la fuerza primaria, con la fuerza de la gente, creo que hemos

hecho un significativo avance, logrando muy importantes recuperaciones de tierras en el Cauca, no solo nosotros los guambianos, sino también los paeces, que fueron nuestros hermanos, nuestros aliados políticos; conjuntamente con ellos hemos avanzado, cosa que parecía imposible. Por eso creo yo en la fuerza de la gente, en el constituyente primario, como ellos mismos lo llaman. Ahora hay otros problemas. Con la globalización, los hidrocarburos, los bosques, las minas, últimamente hasta los recursos hídricos y todos los componentes de la diversidad biológica, están en la mira de gobiernos y multinacionales para su saqueo. Y estos recursos, afortunada o infortunadamente, están en los territorios indígenas. Es por eso que hoy los pueblos indígenas estamos padeciendo tanto sufrimiento. En 1985 fui gobernador de Guambía. Hoy, veintidós años después, mi pueblo guambiano me elige como gobernador otra vez, estoy en ejercicio. Y de nuevo tengo que lidiar con nuestros problemas internos, pero también con los problemas externos, estos que acabo de mencionar. Estamos mirando la gravedad de la situación. Tenemos que ver también la gobernabilidad de nuestra gente, la organización de nuestra gente; tenemos que mirar la parte económica, la parte de la jurisdicción, como todo pueblo. Ahí estamos de nuevo tratando de organizarnos, como ahora veinte años, como ahora treinta años. Pienso que el error de nuestra dirigencia, el mío propio, fue creer en las normas y sentarnos a mirar frente a una pantalla de televisión los debates en el Congreso, esperando que de allá nos resolvieran nuestros problemas, esperando que en el Parlamento nos resolvieran nuestra situación. Y hemos abandonado nuestra organización política, que es la base fundamental. Yo creo que es el error más grave que hemos podido cometer. Creo que comenzamos bien cuando empezamos a valorar nuestras autoridades propias, a valorar que las mismas autoridades filosofaran, pensaran, orientaran, condujeran y gobernaran en esos espacios geopolíticos. Eso no fue equivocado. La equivocación que cometimos después de la Constituyente, al menos en el caso de nuestro mo­ vimiento, fue creer que cuando hablábamos de política

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indígena, ­ estábamos hablando solamente de política electoral. Muchos pensaron así, muchos de nuestros dirigentes, de nuestras autoridades, cayeron en ese error. Por eso abandonaron la política de la lucha indígena. Les pareció más importante la política electoral que esta otra de la recuperación de la tierra, del pensamiento, de nuestra identidad, de mantener la diversidad biológica con todos sus componentes. Eso quedó en un segundo plano. Ahí es donde empezamos a patinar... ¡feamente! Nosotros no fuimos ignorantes, nosotros sí quisimos participar en la política electoral, quisimos llegar a ese espacio, a esos escenarios. Pero la política electoral era solamente un punto, no era para pegarnos de ahí, incrustarnos ahí, y querer vivir de eso. Ese no era nuestro pensamiento. Había que llegar, había que estar allá, en esos espacios, pero los que llegábamos allá no era solamente para vivir de la política electoral, sino que había que regresar a la tierra, volver otra vez a la tierra, tocar otra vez la tierra, revolcarse otra vez en la tierra. Pero cuando cortamos ese hilo quedamos con un pie acá y otro pie allá, y muchas veces no estamos ni allá ni acá. De ahí surge en buena parte la situación catastrófica que estamos viviendo hoy en día. En vista de esa situación, yo personalmente decidí marginarme un poco de estas actividades. Me fastidié un poco con la política. Regresé a mi tierra. Pero por las cosas de la vida volví otra vez a la gobernación de Guambía, cosa que no esperaba. Hoy tengo la esperanza de que como la gente ahí está, ahí estamos, todavía no es tarde para redireccionar, para volver al cauce normal y dejar en un segundo plano la política electoral. Por eso hoy, desde este escenario, pero también desde mi escenario guambiano, y en otras instancias, estoy haciendo una convocatoria para que volvamos a mirar, para que regresemos a esos espacios de nuestra organización propia. Estoy haciendo esa convocatoria, no solamente a mi pueblo guambiano, sino a todos los indígenas de Colombia. Ojalá tengamos suficiente capacidad de reflexión para redireccionar y volver a pisar tierra firme. Si no, yo creo que va a ser muy d ­ ifícil

volver a la gobernabilidad. Aunque muchas veces echamos unos discursos lindos y escribimos documentos lindos, en la práctica, en el fondo, no existe esa realidad; por eso yo creo que lo importante son los resultados, el fruto, el trabajo. Eso ha pasado en mi pueblo y en mi movimiento. Lo digo porque tengo suficiente autoridad para hacerlo, por haber participado desde sus inicios en el desarrollo de nuestro movimiento, y por haber estado en todo ese proceso de la política electoral. Hoy en día ser indígena no es fácil por todas las influencias que nos han llegado a través de todos los medios. Pero tampoco es imposible sacar adelante nuestro propio proyecto de vida, porque la gente ahí está, ahí estamos. Solamente se necesita una reflexión profunda, no un golpe de pecho como una rezandera, sino una reflexión profunda, política, si estamos en capacidad, si queremos seguir existiendo como pueblos indígenas en Colombia y en todo el continente. Pero si nos dedicamos solamente a los discursos o a escribir documentos lindos, pues seguiremos patinando, y dentro de cincuenta o cien años ya habrá sucedido lo que el Estado colombiano quiere, ya nos habremos exterminado. Pero yo no quiero que nos demos por vencidos, yo quiero la redirección del movimiento indígena, con nuestra identidad, con nuestro pensamiento, y con nuestra política, nuestra gobernabilidad, nuestra autonomía. Por eso asumí la gobernación de Guambía. En este momento estamos en la tarea de empezar nosotros mismos a desarrollar el derecho interno, ya que ni el Parlamento, ni el Gobierno nos han querido desarrollar las bondades de la Constitución. En la Asamblea Nacional Constituyente dije que no queríamos quedar al capricho de los posteriores legisladores, y hoy vemos que eso es precisamente lo que ha sucedido: unos legisladores que no nos han querido entender, ni nos van a entender, y por eso no va a ser posible legislar como la Constitución ordena. Por eso, y porque creemos en la fuerza de la gente, en el constituyente primario, queremos legislar el derecho interno, con el apoyo de nuestra gente. Sabemos que el Gobierno no nos va a respetar, no nos va a acatar, pero debemos crear un instrumento

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de trabajo y de lucha para defender lo poco que nos queda, que son los últimos bienes de los indígenas. Porque todo lo que han podido trastear se lo trastearon en estos quinientos años. Pero hay algunos recursos que todavía no han logrado llevarse, y ahí están. Son los últimos bienes del indio y se nos están diluyendo de nuestras manos. Y para evitarlo no hemos encontrado otro recurso distinto a la organización política, pero con un instrumento legal propio, de nuestra organización, una norma interna para que todos los que quieran entrar a nuestros territorios se enfrenten por lo menos a una barrera legal de nuestra parte. No del Gobierno, no de los legisladores del Parlamento, sino una legislación de las autoridades internas, de nosotros, con el apoyo de nuestro pueblo, con el apoyo de los solidarios, con el apoyo de mucha gente que ha compartido con nosotros. Porque no estamos solos. Contamos con el apoyo de muchos solidarios y gente demócrata. Pero ellos no podrán hacer nada si nosotros mismos hemos renunciado a nuestros derechos. Ha habido gente y organizaciones que nos han apoyado todo el tiempo. En las malas y en las buenas han mostrado solidaridad. Pero va a depender mucho de nosotros, de lo que hagamos allá en nuestros territorios. Si nosotros no asumimos la tarea, los solidarios no podrán hacer mucho. Siempre que estemos adelante, con nuestros bastones de mando dirigiendo la organización política indígena, habrá gente solidaria que nos acompañe. En eso estoy sumamente claro, y a eso me estoy refiriendo cuando hablo de nuestra enorme responsabilidad política.

8 Otras voces

Aunque no estamos ni en libros ni en mapas, existimos*

Pr o n u n c i a mien to g u ac hico n o

Esta declaración fue suscrita por los siguientes delegados representantes de las comunidades: Parménides Ruales, Pancitará; Emiro Chicangana, Guachicono; Luis Olmos Chicangana, Caquiona; Laureano Hoyos, San Sebastián; Maritza Piamba, El Moral; Esperanza Cifuentes, Frontino; Miguel Ángel Álvarez, Rioblanco; y Geofórez Anacona, El Oso.

Territorio yanacona, 21 de marzo de 1992

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Como parte del proceso de organización del pueblo yanacona, los delegados de sus comunidades, en representación de ellas, reunidos en Guachicono, en el seminario «Etnicidad y Sociedad en el Macizo Colombiano», avanzando sobre el camino de la promoción y defensa de nuestra identidad, territorio y derechos como hombres y como pueblo. Con base en el pensamiento propio de los pueblos indígenas de América, de Colombia y del Cauca, con el respeto debido a nuestras autoridades de cabildo y [la] comisión permanente yanacona, teniendo en cuenta nuestra tradición organizativa a partir de los mismos cabildos, la Dizimac, la Diyimac, la comisión permanente, los ocho encuentros yanaconas del Macizo Colombiano y de las reuniones de Guachicono, Pancitará y Caquiona. Sabedores de que no hay en el mundo país que no tenga pueblos
* Fuente: Hombres de páramo y montaña. Los yanaconas del Macizo Colombiano (Zambrano, 1993)

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Pronunciamiento guachicono

indígenas, o pueblos con culturas diferentes a la del país que los envuelve. Y que los esfuerzos de los pueblos indígenas de América y de Colombia, a pesar de las dificultades, avanzan hacia la consecución y puesta en práctica de algunos derechos expresados en leyes, constituciones, pactos y convenios internacionales que son nuestra herencia, los yanaconas buscamos hacerlos realidad con propuestas que nazcan de nuestro sentir, de nuestro pensar, de nuestro hacer y de nuestras realidades y aspiraciones para fortalecer nuestro pensamiento de ser yanaconas, pero también de ser colombianos. Por lo anterior, nos pronunciamos ante la opinión pública, ante los pueblos indígenas de Colombia y ante el Gobierno y el Estado nacional, en busca del reconocimiento y apoyo para crecer y desarrollarnos integralmente. ¿Quiénes somos? Nosotros formamos parte del pueblo yanacona. Los yanaconas vivimos en los resguardos de Guachicono y Pancitará en el municipio de La Vega, Rioblanco en el municipio de Sotará, Caquiona en el municipio de Almaguer, San Sebastián en el municipio del mismo nombre, y en las comunidades de Frontino, El Moral y El Oso, en el municipio de La Sierra. Estos lugares donde habitamos son solo una parte de nuestro territorio tradicional, el cual fue reducido por las políticas de la Colonia española en lo que hoy conocemos como el Macizo Colombiano. Es muy importante para nosotros manifestar que en esta región no solamente nacen los ríos más importantes de Colombia, sino que vivimos personas con una cultura, con tradiciones y con historia propias. Somos los yanaconas un pueblo. Un pueblo que tiene problemas, necesidades y aspiraciones como cualquier colombiano. Los yanaconas vivimos en el Macizo Colombiano desde tiempos muy antiguos, aunque hasta ahora no nos hayan puesto en los mapas. El hecho de que no nos hayan puesto en los mapas no quiere decir que seamos unos aparecidos. Lo que le queremos decir al país, a los caucanos es: conozcan al pueblo yanacona, reconozcan que desde mucho tiempo atrás hemos, estamos y seguiremos protegiendo el Macizo Colombiano para nosotros y para todos los colombianos, y que estamos unidos para resolver nuestros

problemas, satisfacer nuestras necesidades y alcanzar nuestras aspiraciones para tener una vida digna para nosotros, nuestros hijos y [las] próximas generaciones. ¿Qué pensamos de nuestra situación, a qué aspiramos? Los yanaconas tenemos el pensamiento de que el territorio y la tierra son como una casa: los dueños de la casa yanacona somos los yanaconas. Desde hace tiempo vienen entrando unas personas de afuera que nos dañaron y siguen dañando la casa. Como dueños hemos decidido repararla y organizarla. Esas personas también dañaron nuestro hogar yanacona. Por eso también necesitamos reconstruir nuestro hogar con base en nuestra cultura, identidad y autoridades propias. Los daños ya están hechos, pero tenemos el valor y la voluntad de no llorar sobre los escombros, sino de levantarlos con alternativas que nos permitan reconstruir nuestra casa y nuestro hogar. Por eso pedimos el apoyo a los caucanos y a los colombianos, porque todos tenemos derecho a tener una casa o un hogar firmes y dignos. La casa luego de los daños quedó pequeña y a algunos nos ha tocado vivir en un rinconcito. A otros les ha tocado irse, pero siguen siendo nuestros hijos y nuestros hermanos. Por eso aunque hayan salido y vivan en Armenia, Cali, Popayán y Bogotá no dejan de ser yanaconas. Por ello vamos a hacerles un espacio en la casa y en el hogar, así como reacomodaremos el espacio de los que vivimos aquí. Como estamos reconstruyendo nuestra casa y en ella vive una familia, el pueblo yanacona, este le va a dar calor a todos. Como buenos artesanos que somos, tejemos una cobija de hilos fuertes para que cobije tanto a los de adentro como a nuestros hijos que salieron. ¿Qué nos proponemos? Los yanaconas somos conscientes de que hacemos nuestra propia historia, de que las casas las dañan los de afuera pero nosotros los de adentro las podemos reconstruir. Por eso no estamos quietos, nos movemos y crecemos. Estamos creciendo como los ríos que a medida que trazan su cauce se alimentan de afluentes que les brindan salud y los fortifican en su rumbo. Al igual que el río, los yanaconas sabemos que necesitamos afluentes (organizaciones indígenas, instituciones gubernamentales y estatales, organizaciones

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Aunque no estamos ni en libros ni en mapas, existimos

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Pronunciamiento guachicono

no gubernamentales, pactos y convenios internacionales) que nos permitan una educación propia, salud, autonomía, pensamiento propio y reconocimiento a lo que somos y a lo que aspiramos y derechos. Para que podamos crecer integralmente, todos los afluentes que quieran contribuir con sus aguas a nuestro río deben entender que su apoyo será concertado con nuestras autoridades y comunidades. Es decir, en torno a nuestros cabildos y comisión permanente que son los que guían nuestro cauce. Por todo lo manifestado anteriormente, los representantes de Guachicono, Rioblanco, Pancitará, San Sebastián, Caquiona, Frontino, El Moral y El Oso, reunidos en Guachicono del 18 al 21 de marzo de 1992, pedimos el reconocimiento y el apoyo para el pueblo yanacona para que siga creciendo y nos pronunciamos ante la opinión pública para que: 1) La sociedad colombiana entienda que muchos pueblos existimos aunque no lo hayan enseñado en los colegios y en los libros. 2) El Estado replantee sus políticas, que hasta ahora han sido de abandono, desde algunos de sus estamentos nacionales, departamentales y municipales para con el pueblo yanacona. 3) El reconocimiento que manifestamos deba ser a partir de la consideración, la negociación y la aceptación de nuestras propuestas de organización y desarrollo. 4) Tenemos una voz propia que nace de nuestras necesidades y aspiraciones presentes, con proyección futurista. 5) Como pueblo yanacona trabajaremos para hacer cumplir nuestros derechos consagrados en la Constitución y en la legislación vigente, sin desconocer los deberes que como colombianos tenemos.

Apreciaciones respecto al avance de la violencia en nuestros territorios

y al proceso de negociación que adelanta el Gobierno con las organizaciones armadas*

O r g a ni z ac ió n d e l o s P u e b l o s Indíg e n a s d e l a A m a zo ní a Co l o mb i a n a (O p i ac )

La visión y la concepción de paz de los pueblos indígenas de la Amazonía colombiana es la decisión de luchar permanentemente por mantener la armonía [a pesar] del mundo blanco venido de Europa, que se introdujo en nuestra América con la utilización de la violencia en todos los aspectos. Con el uso de la violencia armada agredieron nuestros pueblos y nuestras religiones, nuestros territorios ancestrales y nuestras autoridades espirituales. A través de esa violencia armada agredieron nuestras identidades y nuestras autonomías políticas, espirituales y territoriales. Esta agresión no se ha interrumpido en ningún momento, no se ha detenido y no se detendrá, debido a que para la concepción de vida de la cultura occidental europea el conocimiento de los pueblos indígenas no existe. El descubrimiento de nuestra existencia como pueblos, la exclusión en la toma de decisiones políticas y la violación permanente a nuestros derechos han sido otra forma de violencia permanente de parte de la cultura. La guerra que actualmente se desarrolla en Colombia es una guerra entre ideologías e intereses muy particulares del orden nacional e internacional. Esta guerra está dentro de nuestros territorios,
* Fuente: Memorias del Congreso de los Pueblos Indígenas de la Media Colombia. Por la consolidación de los derechos y la cultura de los pueblos indígenas, anexo 6. Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá.Cachipay, Cundinamarca, 31 de agosto de 1999.

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Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (Opiac)

afectando profundamente nuestra opción de vida y nuestra tranquilidad, amenazando la existencia misma de los pueblos indígenas. Es una guerra que desconoce nuestra existencia y nuestros derechos, por eso nos excluye de los diálogos que adelantan entre ellos, pero que nos incluye en las agendas de las negociaciones. Esa guerra está negociando no solo los territorios indígenas, sino también nuestro futuro y nuestra vida misma. En el área de distensión de San Vicente del Caguán negociaron territorialidad indígena sin que esto haya sido concertado con las autoridades indígenas. Los pueblos indígenas no nos debemos dejar involucrar en esa guerra que no tiene nada que ver con nuestra visión sobre la vida, ni con nuestro compromiso y decisión de luchar por la convivencia y la armonía de la humanidad. La guerra que se desarrolla en Colombia incluye el control territorial como eje del conflicto armado, lo cual ha comprometido los territorios indígenas. Los pueblos indígenas amazónicos no participaremos en los diálogos de la guerra, pues esto podría ser interpretado por los actores armados como una negociación de nuestros territorios en este conflicto. Por esto, nuestra exigencia inmediata e inmodificable debe ser la exclusión de nuestros territorios del conflicto armado. Como pueblos y autoridades indígenas es un deber plantear al Gobierno, a los actores armados y a los organismos internacionales de derechos humanos, que no estamos de acuerdo con la guerra que se desarrolla actualmente en nuestros territorios y exigir que esa guerra debe salir de allí, al igual que se deben detener los bombardeos y fumigaciones dentro de estos. Desde la visión de la cultura occidental respecto al concepto de paz se creó al Consejo Nacional de Paz como organismo encargado de propiciar el desarrollo de diálogo y negociación del Gobierno nacional con los actores armados, buscando acabar con la violencia. Como la participación en este organismo de los representantes del pueblo colombiano, de las negritudes y de los pueblos indígenas es mínima, la paz no se va a lograr. Este es un escenario de protagonismos polí-

ticos meramente: por eso, desde que se comenzaron los diálogos se aumentaron las masacres contra la población desarmada. Se ha definido que en el Consejo Nacional de Paz del actual Gobierno haya la participación de un indígena, lo cual no ha garantizado el respeto a nuestros pueblos y a nuestros territorios, como lo muestra el recrudecimiento de los bombardeos, la intensificación de las fumigaciones y la violación permanente de los derechos humanos. La participación indígena en el Consejo Nacional de Paz o en el Comité Nacional de Paz y en las mesas de negociación entre el Gobierno y los actores armados nos comprometería como parte de las opiniones, las apreciaciones y las conclusiones que se vayan tomando en esos espacios. Este comprometimiento con la firma de decisiones en este espacio propiciaría la justificación de mayores agresiones hacia nuestra integridad y hacia nuestra autonomía. Dar a conocer nuestra opinión y las exigencias resolutivas de las autoridades indígenas no implica necesariamente que participemos en esos espacios, en los cuales somos rotunda minoría y en los cuales nunca hemos sido tenidos en cuenta. La decisión resolutiva de las autoridades de los pueblos indígenas de Colombia de «no a la guerra» en nuestros territorios se debe oficializar con nuestra actuación permanente y contundente con las organizaciones regionales y mundiales indígenas y con los organismos internacionales de los derechos humanos. Esta acción de las autoridades de los pueblos indígenas de Colombia no debe ser meramente de denuncia, sino de exigencia permanente al Gobierno colombiano por el respeto a nuestros derechos constitucionales y legales, desde el cumplimiento consecuente de los convenios y tratados internacionales sobre derechos humanos suscritos por el Gobierno nacional. A nivel nacional la exigencia al cumplimiento de estos convenios y tratados internacionales por parte del Gobierno Nacional también se puede operativizar a través de las acciones legales frente al ministerio público y a los organismos encargados de dictar jurisprudencia. Si las autoridades de los pueblos indígenas decidieran dar a

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Apreciaciones respecto al avance de la violencia en nuestros territorios

­ onocer la resolutiva de «no a la guerra» en nuestros territorios y exic gir al Gobierno Nacional y a los actores armados su cumplimiento, se podría pensar en comunicaciones bilaterales con el respaldo político y la presencia directa de organismos internacionales de derechos humanos y la Cruz Roja Internacional. A otro nivel, los senadores indígenas podrían disponer, en los espacios del legislativo habilitados para tal efecto, del debate y el requerimiento permanente a los representantes del Gobierno Nacional respecto al cumplimiento de la decisión resolutiva indígena de «no a la guerra» en nuestros territorios.

Comité ejecutivo de la Opiac Emperatriz Cahuache C., presidente Plinio Yavinape, fiscal
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Organización de los Pueblos Indígenas de la Amazonía Colombiana (Opiac)

Acontecimientos del pueblo wayuu
Intervención ante la Segunda Sala de Revisión de la Corte Constitucional

A rm a nd o Va l b u en a

Indígena del pueblo wayuu, Armando Valbuena estuvo junto a Rosario Aguilar al frente de la recuperación de las salinas de Manaure; posteriormente fue elegido presidente de la Onic. A continuación se incluye su intervención en la primera sesión de información a la Corte para la verificación de las medidas adoptadas por las autoridades para superar el desplazamiento interno de comunidades indígenas (estado de cosas inconstitucional declarado en la sentencia T- 025 de la Corte Constitucional, 2004). Fuente: documento digital publicado en el blog de la Organizacion Wayuumunsurat (Valbuena, 2007).

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23 de septiembre de 2007

Aquí ustedes están conociendo al pueblo kofán que tuvo hace treinta años más de veinticinco mil habitantes; con los resultados de la exploración y explotación petrolera hoy estoy convencido que solo tienen menos de dos mil habitantes. Hay que mirar cómo en cuarenta años existe una reducción de más del 80% de su población, y además hoy muchos de ellos se encuentran en el Ecuador, no en calidad de refugiados políticos, pero allá están. De igual manera el pueblo Coreguaje, donde sus principales líderes fueron asesinados hace unos años y nos tocó a nosotros, como pueblos indígenas, organizar un acuerdo de paz con las Farc para que detuvieran el asesinato de cien líderes que no manejaban el español. Entonces aquí hay una diversidad, donde están los nukak makú, que tienen menos de treinta años de relación con Occidente.

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Armando Valbuena

Cada pueblo es distinto y el Gobierno debe tener unas apreciaciones diferentes, en donde se debe tener en cuenta que hay algunos pueblos que son nómadas dentro de un territorio propio, y esta conceptualización hay que irla mejorando en todas las instancias, porque se trascribe una sesión de información técnica a la Corte Constitucional, que es el guardián de los derechos fundamentales de todos los colombianos para que no se viole la Constitución. Seguido de eso decimos lo siguiente: hace menos de quinientos años hubo el debate político e ideológico en Europa, en donde se planteó la interrogante [de] si los indios somos seres humanos o no somos seres humanos; Ginés de Sepúlveda argumentó con mucha claridad que los indios no tenemos alma, pero el padre Francisco de Victoria sustentó con claridad que tenemos alma y somos seres humanos; entonces, a partir de ese instante, nosotros tenemos derecho a la libre determinación, al derecho natural y al derecho de gentes, por lo tanto el derecho de una guerra justa, que fue lo que se nos aplicó. ¿Pero hoy qué sucede? En Colombia se está aplicando y desarrollando nuevamente a los pueblos indígenas con el proceso de una guerra justa; estoy convencido que estamos en una etapa de guerra con el Estado mismo. Los jueces de la república también tienen que hacer un acto para reflexionar, para ver cómo se está desarrollando el proceso de guerra justa hacia las naciones indígenas. Nosotros estamos velando por una Constitución de derechos fundamentales, donde los acuerdos internacionales hacen parte del bloque de constitucionalidad, pero estamos viviendo las consecuencias de la globalización, expresadas en un ajuste estructural del Estado, donde hay expulsión y pauperización del ser humano, y entre ellos estamos los seres humanos indígenas. Todo esto cambia una eficiencia y una racionalidad económica, las cuales aumentan aceleradamente como lo señalan los distintos índices financieros, los cuales nos conducen a las naciones indígenas a los siguientes interrogantes. Esta eficiencia, ¿es eficiente y transparente?, esta racionalidad económica, ¿es racional? ¿La eficiencia para fabricar un megaproyecto en los pueblos indígenas es racional,

aplicando la desaparición de los pueblos indígenas? Y tenemos un caso emblemático, hasta el día de hoy el Gobierno ha demostrado que no tiene la capacidad para aplicar ni uno solo de los acuerdos que ha firmado el pueblo embera katío con el Gobierno colombiano. Llevamos décadas y el Gobierno ya ha preparado la segunda fase de Urrá,* no hay voluntad tampoco, hay incapacidad del Gobierno para admitir los acuerdos en el caso de Urrá. Nosotros tenemos que recordarles que en 1492 el pueblo wiwa no existía, pero los pueblos indígenas sí estábamos, ya existía en 1492. ¿Cómo es posible que se ponga a discusión que Puerto Brisa no está en el territorio ancestral indígena?, ¿de dónde sale este argumento político para demostrar que los indígenas no estamos? Y no hay capacidad del Gobierno para resolver esta situación. Los compromisos de adquisición de tierras del Gobierno Nacional con el norte del Cauca no es posible cumplirlos, y ya se demostró en la práctica y este es otro ejemplo emblemático de que este Gobierno no tiene capacidad de cumplir los acuerdos pactados. Es bueno que el Gobierno aclare a esta sala técnica de la Corte Constitucional si todos los acuerdos con los pueblos indígenas hacen parte del presupuesto nacional para el año entrante; debemos empezar por allí, cómo se hace parte del presupuesto nacional, para resolver este problema. Lo que yo he escuchado hasta este momento es: tantos mercados, tantas comidas, tantos cupos en los colegios, pero ese no es el problema. El problema es más profundo. La vida humana hoy pierde sentido en los pueblos indígenas, y en el centro de nuestro ejercicio como ser humano concreto lo único a lo que aspiramos es a ser parte de una
* El proyecto de la Hidroeléctrica de Urrá I, se había pensado desde 1950 teniendo en cuenta el gran potencial hidroeléctrico de la zona del Alto Sinú, en Montería. Empezó a tomar fuerza a finales de la década de los ochenta, cuando se veía como inminente una crisis energética en el país que llevó al racionamiento de energía de 1992 a 1993. El megaproyecto Urrá constituye una catástrofe ambiental así como un desastre completo para la población local. La represa, apoyada abiertamente por el Gobierno colombiano inundó más de siete mil hectáreas de bosques y afectó directamente los medios de vida y la propia existencia del pueblo indígena embera katío.

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Acontecimientos del pueblo wayuu

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Armando Valbuena

sociedad para vivir en un marco de lo fundamental, pero con dignidad, con la necesidad de satisfacer nuestras necesidades por igual, fundamentados en el derecho de la propiedad de nuestros territorios indígenas y el desarrollo de la vida en los resguardos indígenas reconocidos luego de la guerra por la corona, luego por la república y ratificado y mejorado hasta el 91. Pero desmantelada hoy la Constitución por la actual estructura del Estado, hoy somos personas pertenecientes a las naciones indígenas pero estamos excluidos de la libertad política y económica, hemos perdido la paz, hemos pedido la felicidad, la alegría de los niños, hemos perdido nuestros bienes materiales, la cultura y ante todo la cosmovisión y el dominio sobre nuestra biodiversidad. El Estado y el Gobierno nos miran y consideran que somos incapaces de poseer algún tipo de propiedad, y por lo tanto no podemos hacer parte de la población civil. El Estado y el Gobierno se burlan sistemáticamente de todas las recomendaciones de derechos humanos, de las entidades de derechos humanos de carácter internacional; se burlan de todos los acuerdos que ellos mismos firman y se ha levantado una legislación de guerra a los pueblos y naciones indígenas, expresada en la ley de desarrollo rural, en la ley de armas. Esto es una muestra de la propuesta gubernamental que legitima la segregación racial y el etnocidio, como lo veremos más adelante, con las propuestas de carácter minero y energético que nos van afectar a todos los indígenas. Todo esto se está desarrollando en un manto ideológico de una guerra justa, de frente y sin dolor se están aplicando los derechos de un sistema globalizado por encima de los derechos humanos, donde no hay dignidad. Señores miembros de la Corte Constitucional: Se está destruyendo la base real del ser humano de las Naciones Unidas, nos están quitando la vida al quitarnos los medios, el territorio, la naturaleza, nuestra espiritualidad y nuestro futuro. Recuerdo que la guerra justa fue aplicada en América ya que se realizaban sacrificios humanos, la guerra justa fue aplicada en África

para denunciar el canibalismo, la guerra justa se aplicó en la India para denunciar la quema de las viudas, y todo esto fue un sustento para conquistar el mundo que destruyó culturas y civilizaciones, cometió genocidios. Las víctimas somos culpables, los indígenas somos culpables de no asistir a reuniones, hoy los indígenas que somos víctimas somos culpables, por eso se aplican unas normas para ocultar nuestros derechos. Hoy tenemos que confesarnos como culpables y pagar incluso con sangre, con entrega de nuestros bienes, expresados en territorio y con el acatamiento de megaproyectos. Nos están viendo como opositores de transformaciones del Estado en su paso a la globalización, se está desarrollando una guerra justa para quitarnos los recursos naturales, ya sea por la parte energética o los recursos de la biodiversidad. Y aquí nos preguntamos, honorables miembros de la Corte Constitucional, ¿hay una nueva modalidad de aniquilamiento?Hoy hemos perdido la libertad. Ya que tenemos la culpa de defender la aplicación de los derechos humanos y la defensa de los recursos naturales, por eso los wayuu expresamos: el desplazamiento es el desmantelamiento de las estructuras civiles, económicas, sociales, culturales, la autodeterminación de todos los pueblos indígenas, como el que vivimos hoy los wayuu. Por lo tanto, no compartimos que se nos obligue a marchar de nuestros territorios. No estamos de acuerdo a que se preparen los pueblos para que puedan huir, como lo hacen las instancias gubernamentales. No estamos de acuerdo a que se nos sensibilice al terror y las masacres. No estamos de acuerdo con la sensibilización a vivir con las secuelas del desplazamiento. Debemos mejorar la estructura estatal de los derechos humanos. Puedo concluir que hoy no hay política pública para los pueblos indígenas; creemos que la paz se hace con los enemigos y a los amigos lo que se hace es fortalecer los lazos, la paz se hace entre los enemigos de forma valiente, por lo tanto los wayuu tenemos muy claro que […]. Los tratados de libre comercio no se encuentran aislados de la política energética mundial que se expresa en gas, viento y carbón.

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Acontecimientos del pueblo wayuu

Y hoy los seres humanos afectados, bajo la tutela del gobierno de Chávez, deben ser responsabilidad del Estado. No es posible que los wayuu desplazados estén siendo asistidos de forma voluntaria por el Gobierno de Venezuela y no por nosotros mismos. Hay que organizar el retorno al territorio ancestral con las garantías constitucionales, hay que mirar bien qué es lo que se está haciendo con la consulta de los pueblos indígenas. A los megaproyecto los pueblos indígenas no pueden decir que no, la Constitución no prevé eso, y sigue habiendo asesinatos después de la desmovilización. Nosotros estamos cansados de la guerra. Invitamos al Gobierno Nacional a sentarnos para hacer la paz, como enemigos que somos organicemos ese nuevo proceso de paz, como tuvo la gentileza el Gobierno español de hacerlo en su momento, al admitir que somos seres humanos con alma.
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Armando Valbuena

9 Testimonios

La entrevista que se incluye a continuación fue realizada por Efraín Jaramillo al líder indígena Kimy Pernía Domicó, en marzo de 2001, cuando este aún no había sido secuestrado por el paramilitarismo y no se conocía su trágica suerte. El texto original de la entrevista tiene la siguiente aclaración por parte de Jaramillo: Esta [entrevista] no ha sido revisada por Kimy. Es por eso que solo publicamos unos apartes. Seguramente hay muchos errores en las palabras en lengua embera, pues las transcribimos tal como las oímos y no tuvimos el tiempo para hacerlas revisar, debido a la urgencia de que salga a la luz este texto, que da cuenta de la personalidad y el talante de Kimy. Se cortan del texto muchas repeticiones que Kimy acostumbraba a hacer hasta darse cuenta

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Armando Valbuena

de que uno estaba entendiendo. Igualmente, se le cambian algunos giros a las frases para que se entiendan mejor en español. Estas intromisiones que hacemos no le quitan nada a la entrevista original. En un futuro esperamos reproducir la entrevista original, pues es un documento muy valioso, ya que Kimy es, según nuestro criterio, uno de los últimos embera katío que mejor entendió a su gente.

Entrevista con Kimy Pernía Domicó*

E fr a ín Ja r a mil l o

Marzo del 2001

Efraím Jaramillo: Kimy cuéntanos algo de tu vida, ¿dónde naciste?, ¿cómo fue tu infancia? Kimy: Bueno, una cosa cortico. Yo nací a orillas del río Kuranzadó. Kuranza es en español «frío», el río frío. Los kampunía le dicen río Esmeralda, porque en verano es transparente y tiene un color como de esmeralda. Mi abuelo Yary fue el primer embera katío que llegó allí, y vivía con todos sus hijos en la desembocadura. Todas esas casas ya se cayeron. Allí solo vivimos dos nietos de él, mi hermana María Rosinda y yo, y otros parientes cercanos. Hoy esa comunidad se llama Vegidó. Los demás parientes se regaron por el río Esmeralda arriba. EJ: ¿Cómo era la vida antes, en tu infancia? K: Mi papá Manuelito fue el que heredó la ciencia de mi abuelo Yary, que fue uno de los más antiguos pobladores del Alto Sinú. El era aquí muy conocido porque curaba todas las enfermedades y era muy respetado por sus conocimientos. Aunque a mí me bautizaron como Juan mi abuelo Yary me llamaba Kimy. También adopté el nombre de mi madre Pernía y no el de mi padre Domicó. Eso algún día diré por qué, ahora todavía no [...] mi papá era muy trabajador y ya muy chiquitos íbamos con él a trabajar el monte a sembrar patá [plátano] y be [maíz]. En ese tiempo sembrábamos muchos maíces diferentes. Que yo me acuerde teníamos el be torró que llamamos, o maíz blanco; el nem be, maíz amarillo; el be paima, que también
* Fuente: Archivo histórico del colectivo Jenzera, Bogotá.

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llaman «cariaco», que es un maíz morado oscuro; el be purrú que es de color rojo; el be takaloa... bueno y otros como be pichi, que los kampunía* llaman «velita» y el be kuba. También sembrábamos fríjoles junto al maíz. Hombre, nosotros sembrábamos muchas cosas... teníamos ñame, yuca y hasta batatas y montogolló, que es lo que los eyabida** llaman «mafafa». En los cultivos teníamos palmas de chontaduro, palos de chukuráte [cacao]. Junto a las casas teníamos palmas de coco, árboles de guayaba, limón, naranja agria... algunos tenían hasta matas de piña. También se venía cultivando arroz secano; mi cuñado Emiliano sacaba muy buenas cosechas. EJ: ¿También hacían chicha? K: ¡Ave María! Pues claro. La chicha de maíz blanco nosotros la llamamos beka, es la que más se hace. Pero antes; ahora casi ya no. De pronto los katíos de Chocó y Antioquia todavía preparen besoi, que es la chicha que se hace de be paima. Lo mismo sucede con la chicha de chontaduro o jenga. Esta ya no la hacen por aquí. Mi mamá Isaura todavía la hacía. Si uno no la vuelve a tomar ya el cuerpo se desacostumbra. Una vez Lucindo tomó de esa chicha en el Chocó y tuvo cagalera como una semana [...]. Con el maíz nosotros hacíamos bekachuma, la arepa de los paisas. Las bekachumas que hacen los embera chamí son las mejores. Yo me comí unas de maíz amarillo que ni pa’ qué. También hacíamos musamarra, que es la misma mazamorra de los eyabida. EJ: Cuéntanos Kimy, ¿cómo era el trabajo en el monte? ¿a qué edad empezaste a trabajar? K: En ese tiempo no había escuelas. Entonces uno se la pasaba jugando todo el tiempo en el tambo.*** Desde muy temprano lo comienzan a uno a llevar a los cultivos, pero no trabajábamos... pero sí hacíamos lo que nos pedían, traer alguna cosa, guardar alguna cosa.
* «Kampunía» es el término que los embera utilizan para denominar al blanco. ** Nombre que los embera le dan a la gente de montaña. Aquí se refiere Kimy a los «paisas». *** El término «tambo» es de origen quechua, sin embargo, en la región y aún los mismos embera lo utilizan más que el término embera, que es «de».

También nos llevaban a pescar. Eso es algo, lo mismo que nadar, que uno aprende desde muy pequeño. Cuando uno ya podía correr, entonces mi papá nos llevaba a cacería; en general buscábamos sainos o tatabros, pero también cazábamos micos y pavas de monte o guacharacas, que le dicen ustedes. En ese tiempo había mucho animal de monte y no teníamos que andar mucho para encontrarlos... mi papá tenía una escopeta vieja, pero casi nunca la utilizaba, pues los perros acorralaban el saino y allí lo matábamos con una lanza de chonta con una punta de hierro... o con las rulas [machetes] que siempre llevábamos. EJ: Tú eras uno de los que más defendía la necesidad de recuperar las prácticas económicas tradicionales cuando se estaba hablando de un plan de etnodesarrollo o «plan jenené», que ustedes llaman ahora. ¿Qué te hace pensar que la economía que ustedes tenían antes es la solución para muchos problemas que viven las comunidades embera katío hoy? ¿Puedes también contarnos cómo funciona esa economía tradicional de la que hablas tanto? K: Bueno, mira: antes la mayor parte de nuestra economía dependía de los cultivos. Las tierras para los cultivos en el Alto Sinú son muy buenas; a las orillas de los ríos estas tierras son excelentes y no se inundan como en las tierras bajas... y había tierras abundantes, todavía las hay. Cada familia tenía varios cultivos; cada uno de más o menos una hectárea, tal vez menos. Nosotros empezábamos a preparar los terrenos… todavía se hace, en los meses de enero y febrero, es decir cuando era la época seca. Allí trabajábamos toda la familia, los hombres con hachas, las mujeres con machete. A veces convidábamos a algunos vecinos para que ayudaran y nosotros les devolvíamos el favor después... Cuando estaba todo abierto dejábamos el terreno quieto unos quince días para que se secaran las hojas y las ramas delgadas, después prendíamos fuego y ya, esperábamos que aparecieran las primeras lluvias para sembrar. En ese mismo cultivo volvíamos a sembrar hasta cuatro veces, después dejábamos descansar el terreno hasta unos diez años. De esa manera nosotros teníamos buenas cosechas para alimentarnos nosotros... hombre,

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Entrevista con Kimy Pernía Domicó

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nosotros comíamos bien. Que hubiera alguien enfermo por falta de comida como ahora... ¡no hombre! Ahora hay mucha desnutrición y enfermedades como la tuberculosis… volvió a dispararse después de que la llegamos a controlar. Esta es una enfermedad que cuando yo hice el curso de promotor indígena con Lucindo, nos decían que era por mala alimentación... ¡Vea pues usted! También engordábamos marranos y criábamos gallinas, pavos y patos. Cuando los marranos estaban gordos nos hacíamos un majau o balsa, que le dicen. Allí montábamos todo, y a veces nos íbamos todos, solo dejábamos a alguien cuidando los animales. Allí llevábamos todo lo que íbamos a vender: cerdos, gallinas, arroz, frutas, canastos y hasta maíz, cuando habíamos tenido una buena cosecha. Mi abuelo Yary había sembrado muchas matas de chucurate. Mi padre lo siguió trabajando un tiempo, hasta que nos tuvieron presos por cerca de un año, allí se tragó la maleza todo eso. Hoy ya nadie cultiva este árbol; pero nosotros sacábamos a vender las pepas secas de cacao... ¡hombre, eso se vendía bien! También por esa época muchos indígenas recogían en el monte la ipeca o «raicilla», que llaman. Esa la vendían a los comerciantes en Tierralta. Por lo regular íbamos hasta Tierralta, pero en dos ocasiones fuimos hasta Montería. En Tucurá (hoy es un pueblo muerto) y en el puerto de Frasquillo a veces esperaban los compradores que nos arrebataban las cosas, pues decían que los animales que nosotros criábamos eran más sabrosos... Hombre, yo le digo que nosotros vivíamos bien... Era poco lo que necesitábamos de afuera. Las mujeres compraban sus telas para los vestidos. Nosotros comprábamos limas de amolar, herramientas, ollas, pues ya nadie las volvió a hacer de barro... también comprábamos fósforos, velas, sal y pilas para linternas y petróleo para los mecheros. Las mujeres compraban hilo, agujas... y buscaban a ver si algún comerciante tenía chaquiras para hacer los okamas. Cuando no habían, las mujeres de todas formas los hacían con pepas de árboles. Hombre, nosotros casi no necesitábamos cosas de afuera... lo normal... Nos sobraba plata que la guardábamos para cualquier emergencia, que nunca faltaba.

EJ: ¿Cuándo comenzó a cambiar todo eso? ¿Qué fue de tu vida después? K: Hombre, el mundo da muchas vueltas. Uno no sabe a ciencia cierta qué grado de culpa tuvimos nosotros en eso también. Primero comenzaron a llegar muchos colonos por debajo y por arriba. Unos eran campesinos cordobeses que venían huyéndole a la violencia en las sabanas del Bajo Sinú. Otros, los que venían por arriba, eran paisas. Todos vinieron porque nosotros teníamos buenas tierras para cultivar a la vega de los ríos. Los colonos paisas entraron por Saiza (ahora abandonado totalmente por la violencia), que era un pueblo de puro paisa. Otros vinieron por la madera... vea, había un paisa que le llaman el Mono Pulgarín; ese era un tipo dañado para la madera; nunca se sabrá cuánto daño hizo ese maderero en el Alto Sinú, pero como él había muchos más. Nosotros somos culpables por haber permitido todo eso... los más viejos en eso tienen una deuda con nosotros, pero uno no los puede culpar porque nosotros, los que en ese tiempo estábamos jóvenes, hicimos lo mismo después. Hombre, cuando uno es muchacho es como medio loquito... E. J.: ¿Cómo así Kimy? ¡Cuenta! K: Vea, no faltaba quien viniera a contarle a uno sobre el trago, la música, las mujeres kampunía que había en Tierralta… Uno de joven es curioso y quiere probar esas cosas; y yo me metí a trabajar la madera para conseguirme unos pesitos y poder ir a conocer eso. Pues hombre, yo terminé poniendo una cantinita en Tierralta y vendiéndole trago a los indígenas que se habían ganado la plata como cargueros, aserradores y bogueros de los madereros y que venían a tomarse la plata en Tierralta. ¡Hombre, qué falla!... eso hoy me duele mucho; sobre todo sabiendo que se habían jodido en el monte durante mucho tiempo, mal pagados, y que habían dejado a las familias solas, hombre. Se bebían toda la platica y no llevaban ni un mercadito a la casa, hombre, ¡qué vaina! Lo peor era que llegaban a la casa a comer de lo que había sembrado la mujer, y se echaban en la hamaca esperando a que viniera otro maderero a engancharlo. No faltaban las peleas y los heridos. Lo peor de todo es que muchas mujeres,

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Entrevista con Kimy Pernía Domicó

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¡hombre, a veces muy jóvenes y bonitas!, se iban también para Tierralta y se metían en las cantinas... Bueno, como le digo, nosotros no podemos criticar a los viejos. Afortunadamente esto que sucedía ya no lo vio mi abuelo Yary. Yo no hubiera podido mirarlo a los ojos sin sentir una gran vergüenza. E J: ¿Y cuándo se dio usted cuenta de que por ahí no era el camino? K: También son cosas de la vida... Yo conocí en Tierralta a un gringo llamado Gordon Horton. Era un señor ya viejo que trabajaba en el evangelismo. Él me visitaba para que yo le ayudara en cosas del embera bedea [lengua embera], pues este señor quería conocer más nuestra cultura, cómo vivíamos y muchas otras cosas más. Después me dijo que quería traducir la Biblia al embera katío. Este señor también me decía que lo que estábamos haciendo en Tierralta no estaba bien, que eso del trago era pecado, y bueno, todas esas cosas de que hablan los evangélicos. Yo no le hacía mucho caso en ese entonces, pero lo escuchaba... Gordon fue el primero que me comenzó a hablar de que nosotros los indios teníamos que defender nuestra tierra, que si nosotros no lo hacíamos, nadie lo iba a hacer; que el embera sin tierra no era nada, o como decimos nosotros: emberadrua ne’ea, babe’ea. También me comenzó a hablar de que a nuestro territorio lo iban a inundar para hacer una gran represa para producir luz; que la primera represa iba a inundar la parte baja del resguardo y que la segunda iba a inundar todo el resguardo… «¡Cómo va a ser!», decía yo. «Sí, así como lo oye», me decía Gordon. Bueno, todas esas conversaciones me fueron taladrando la cabeza y me hicieron cambiar poco a poco. EJ: ¿Y entonces...? K: ¿Y entonces?... Lo peor vendría después. Eso sí fue definitivo, sí fue como un golpe que me abrió los ojos. Resulta que mi papá me fue a decir que unos señores que les gustaba mucho la naturaleza querían subir al parque Paramillo y también visitar nuestro territorio (nosotros vivimos dentro del parque), que esos señores querían hacer unos estudios sobre los árboles y sobre los animales, que eran unos profesores que sabían mucho y que querían que nosotros los

acompañáramos. Y que también nos iban a llevar unos regalitos. Mi papá me decía que nos podíamos ganar unos pesitos. Yo le dije que bueno, que cuándo era la cosa... Nos fuimos con los investigadores yo, mi papá y el hermano de mi papá, mi tío Santander. Cuando llegamos a bocas del Esmeralda nos retuvieron unos hombres armados, eran la gente del epl , que habían fundado esa organización en La Gloria, más arriba de la desembocadura del río Manso. Los armados hicieron bajar a los investigadores y después de interrogarlos los acusaron de imperialistas y los fusilaron delante de todos nosotros. Nosotros estábamos muy asustados, pues nos acusaban también de haberlos subido. Yo pensé que hasta ahí habíamos llegado. Pero nos soltaron y regresamos a Tierralta; pero allí nos echó mano la policía y nos acusó de que nosotros les habíamos puesto la trampa, de que esos eran unos funcionarios del Gobierno que trabajaban en Corelca. Estuvimos cerca de un año en la cárcel de Montería. Allí fue que nos dimos cuenta que el indio no tiene derechos. Le pedimos a Funcol en esa época que porque no nos ayudaba a aclarar el asunto, pero como los diarios y los noticieros decían que nosotros éramos guerrilleros, nadie se atrevió a hablar por nosotros. Yo creo que hasta el mismo Gordon, el que se decía nuestro amigo, también le dio miedo. La suerte fue que un señor abogado (de apellido Gutiérrez, creo) fue a la cárcel porque tenía otros presos allí. Él nos preguntó que por qué estábamos allí y nosotros le contamos toda la historia. Ese señor fue el que nos sacó de allí y no nos cobró ni un peso. Yo no lo he vuelto a ver y espero poder tener una oportunidad para agradecerle lo que hizo por nosotros; creo que él era de Lorica, ni siquiera estoy seguro de su apellido. EJ: Cuando salieron de la cárcel, ¿qué hiciste? K: ¡Yo estaba acabado! Desconfiaba de todo el mundo. Mi papá Manuel y mi mamá Isaura murieron poco después. La gente dice que fue de la epidemia de la cólera, pero yo creo que mi papá ya llevaba la muerte por dentro cuando salió de la cárcel; esa es gente del monte que no aguantan que los tengan encerrados en una jaula. Entonces yo cogí pal’monte, me fui a lo más lejos del resguardo por

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el río Esmeralda arriba hasta un sitio que llaman Manzana. Allí viví solo por un tiempo cultivando, pescando, cazando y criando animales y sin querer ver a nadie. Yo creo que ese contacto con el monte fue el que me curó de toda la rabia que llevaba por dentro. Como los embera joden mucho dijeron que yo me había convertido en el príncipe de la selva; Lucindo era el que más me molestaba con eso... De allí solo salí cuando Simón y Jorge Hugo fueron a decirme que trabajara con ellos, porque Simón era el nuevo gobernador del resguardo y que Eugenio ya le había entregado el cargo, que ahora sí iba a haber una pelea grande para evitar que nos acabaran. Yo no lo pensé mucho y dije que si se trataba de peliar para defendernos, que eso sí, que yo ya me había dado cuenta cómo era que eran las cosas, que yo ya me había untado de tanta mierda del mundo blanco y que yo quería que ahora diéramos la pelea por nosotros mismos. Después hicimos el Do’wambura [despedida del río], y más después vino el grupo de apoyo de la Onic... Lo demás es una historia que ustedes conocen. EJ: Realmente, Kimy, lo que más nos interesa es saber cómo ustedes se movilizaron para ponerle un alto a la situación que estaban viviendo. Y lo más importante para nosotros es saber de dónde sacaron la fuerza para iniciar ese camino. La experiencia de ustedes es bueno que la conozcan los otros pueblos indígenas. K: Bueno, a decir de verdad nosotros no sabíamos qué hacer. Teníamos muchas ganas de hacer algo pero no sabíamos cómo. Las comunidades estaban muy divididas. El Do’wambura nos unió un poco. Nos fuimos 660 indígenas, hombres, mujeres, niños, jaibanás, viejos... hicimos balsas y nos tiramos río abajo. Eso sí, pa’qué: nosotros somos hombres de río y allí nos va muy bien, el río es como nuestro padre, no nos traiciona. Pasamos por Frasquillo, Tierralta y Montería. En todos esos lugares salían campesinos, pescadores, estudiantes y todos nos saludaban con banderas y nos gritaban vivas. Nosotros estábamos muy emocionados, pues sentíamos que había afecto por lo que estábamos haciendo; estábamos conociendo la solidaridad de la gente y eso nos dio mucho ánimo para continuar con nuestra correría hasta Lorica. Mire, hombre, hasta Urrá nos apoyó,

pues nosotros les habíamos plantiado que antes de que construyeran la represa nosotros queríamos despedirnos de nuestro padre río que tanto nos había dado. ...pues eso se me olvidó contarle antes: nosotros vivíamos también del pescado, esa era la fuente principal de carne que nosotros teníamos. Y había mucho pescado, con solo decirle que en la época que llaman «de subienda», cuando el bocachico sube a poner los huevos en las cabeceras, las mujeres salían y los pescaban con machetes, pues había tantos que se entorpecían entre ellos mismos para subir; entonces los ahumábamos y... EJ: Kimy síguenos contando sobre el Do’wambura... K: Bueno, sí, ¿dónde estaba? Ah sí: toda la gente salía y nos preguntaba por qué estábamos haciendo eso y nosotros contábamos la cosa y nos decían eso está muy bien Mire como son las cosas, hasta en una hacienda (creo que se llama Las Palomas) por la que pasamos, ya estaba de tardecita, unos señores nos hicieron señas de que arrimáramos. Nosotros teníamos miedo porque nos habían dicho que esas haciendas eran de los «duros» de Córdoba y Urabá. Entonces nosotros queríamos pasar de largo para acampar más adelante, pero ellos insistían: «Arrimen muchachos». Nosotros de lejitos veíamos las armas que tenían y más miedo nos daba; hasta que yo, que iba adelante en una lancha, me dije: «Qué carajo, si nosotros no tenemos armas y lo que estamos haciendo es un acto cultural para despedirnos de nuestro río»… y fuimos a ver qué pasaba. Pues fíjese usted, estos señores nos atendieron bien y nos quedamos toda la noche ahí. Al otro día estos señores nos despidieron y nos regalaron una novilla para el camino, ya pelada y partida en pedazos. Allí fue que nosotros empezamos a pensar y a conversar: hombre, ¿si todo el mundo está con nosotros, por qué el Gobierno quiere quitarnos el río? Entonces decidimos ir hasta Lorica y allá plantear una reunión con el Gobierno y con Urrá para aclarar las cosas. Así fue que se negoció el Plan de Etnodesarrollo y comenzamos a trabajar para reconstruir nuestro mundo. EJ: Volvamos otra vez a la pregunta que te hacía anteriormente. El Do’wambura fue clave para que ustedes tomaran conciencia de

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lo que estaba pasando, pero en una ocasión hace un par de años, tú planteaste en el Congreso de Antropología, en Bogotá, que para las luchas había sido definitiva la recuperación que ustedes hicieron del mito que tienen los embera katío del Alto Sinú sobre el «origen del agua». ¿Por qué no nos cuentas cómo es eso? K: Bueno, sí. Como le decía anteriormente, mucha gente de Córdoba se había como pellizcado con nuestro Do’wambura, y comenzaron a decir: «Ajá, si los indios están protestando porque los van a acabar con su río, ¿no será que a nosotros también nos va a perjudicar?». Entonces subieron a hablar con nosotros los pescadores del Bajo Sinú y nos invitaron a algunas reuniones. Yo me acuerdo que en una de estas reuniones, en un lugar que se llama La Mula, o tal vez La Burra [risas], un profesor de la universidad de Córdoba, de apellido Alzate (sí, sí, Alberto Alzate, que hoy es finado porque lo mataron en Montería por allá como en el 96), ese señor, que era muy inteligente, planteó que había que solicitar una audiencia, una de esas sí, audiencia ambiental, para que se discutiera el proyecto de Urrá. Allí nosotros presentamos el mito que tenemos nosotros sobre el origen del agua y explicamos que Karagabí había creado todos los ríos y las ciénagas de Córdoba. Porque, mire usted, mi abuelo Yary, que conocía muchas historias de los antiguos, me había contado que nosotros antiguamente habíamos vivido a orillas de la ciénaga de Betancí, y que muchos nombres de la región, como Urrá, Tucurá, Chibugadó y otros son nombres embera [...] EJ: Y, ¿qué más pasó en esa audiencia ambiental? K: Claro, nosotros dijimos que Karagabí nos había testamentado, que Él había creado el agua para que todos nos sirviéramos de ella y que todo debía dejarse tal como estaba, porque si no nosotros los embera nos acabaríamos o nos caería la maldición de Karagabí por haberlo traicionado; que nosotros queríamos que todo continuara igual. Esto le gustó mucho a la gente. Pero, hombre, nosotros sabíamos que detrás de Urrá estaba gente muy pesada y que nosotros no teníamos la fuerza para frenar eso. Una cosa importante para nosotros fue que nos fuimos dando cuenta de la

importancia que tenía para nosotros ese mito del origen del agua. Entonces dijimos: «Tenemos que saber más de ese mito y lo que significa para nosotros», y comenzamos a trabajarle a la cosa y a discutir con la gente. Todos fueron aportando un poquito, y de poquito a poquito nos dimos cuenta que ya estábamos encontrando el camino de cómo íbamos a luchar y por dónde teníamos que seguir. Es como si nos estuviéramos liberando de una forma de ver las cosas de otros; el engaño que nos habían hecho era eso... el peor engaño es eso: que nosotros no teníamos algo propio para ver nuestras cosas de nuestro mundo, que nos habían puesto unas gafas para que viéramos diferente las cosas. Pero ahora con lo que nos decía el mito, eso sí era nuestro. Nosotros de pronto vimos claro; como que de pronto nos quitamos esas gafas y vimos nuestro mundo diferente, hombre; eso nos dio mucho ánimo y confianza y seguimos pensando pa’delante. Otra cosa de importancia fue que también decíamos que las cuatro raíces de nuestro Árbol Jenené, que es nuestro Pueblo Embera, eran también como los horcones de nuestros tambos. Nosotros les ponemos a nuestros tambos cuatro buenos horcones en las esquinas para sostener. Sí, como la vida: si esos horcones no son buenos y gruesos, hombre, el tambo se viene al suelo. Entonces dijimos: esos horcones son como las bases de nuestra vida diaria, son como las raíces de cada familia; parecidos a las raíces de jenené que es para todo el pueblo. Hombre, nosotros íbamos descubriendo todas esas cosas y mirábamos que la cultura nuestra era muy sabia. Pero eso no fue fácil; no todos entendían. Había muchos que no se quitaban las gafas que les habían puesto los kampunía. Es más: decían que así veían mejor. Entonces venían las críticas, alguna gente nos criticaba. Las críticas que venían de afuera no nos importaban tanto, a nosotros lo que más nos dolía era las que venían de adentro, las de nosotros mismos, pues nos quitaba fuerza. Y a veces nos desanimábamos, pero entre más criticaban nosotros respondíamos con más cosas culturales. Para las reuniones nos pintábamos todos las caras y comenzamos a volvernos orgullosos de esto.

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EJ: Kimy, cuando tú hablas de las gafas del kampunía, ¿en qué estas pensando? K: Ya... bueno, claro, es que eso empezó como un chiste, para reírnos de Lucindo, que a veces se ponía gafas oscuras como el kampunía. Tú sabes, hombre, cómo era Lucindo. Entonces le dijimos que él veía con esas gafas como ve el mundo el kampunía: lo ve de otra manera y nos ve también de otra manera... EJ: Pero eso es entendible, pues el kampunía piensa y habla diferente... K: ...¡eso, eso! Nosotros hablamos diferente. Muchas palabras del kampunía no las entendemos; mejor dicho, no nos dicen nada. Nos están metiendo las ideas del progreso, de la individualidad; de retirarnos de la naturaleza... Esa es la idea que persiguen los kampunía del medio ambiente, creando parques. Vea, hombre, nosotros no entendemos eso de los parques y los animales por allá y nosotros los indígenas por acá, hombre; eso no tiene razón. Eso de los parques naturales y del progreso no es de nosotros, esos son otros mitos contra nosotros. Nosotros somos hijos de Karagabí y no de Adán y Eva... Por eso es que nosotros no queremos dejarnos dividir por las ideas de plata y plata, como han hecho con otros indígenas. EJ: Oye Kimy, no estoy entendiendo... K: ¿Ve?, ¿ve? Nosotros pensamos diferente. Nosotros sacamos nuestro lema, en el segundo encuentro de autoridades indígenas del resguardo Karagabí, de que los embera debemos hablar una misma lengua y no dejarnos arrastrar por la lengua del kampunía. El lema es: embera bedea abarica odayta [hablemos el mismo lenguaje]. Dicho de otra manera: que nos pusiéramos de acuerdo en lo que queríamos nosotros y no nos dejáramos enredar por las ideas de los kampunía. Mira, es que el kampunía es astuto para enredar, así como Jenzerá quiso engañar a Karagabí. La gente de Urrá son los nuevos Jenzerás, que quieren mezquinar el agua y el pescado, pero hacia fuera hablan de desarrollo y progreso para todos, cosa que es un engaño. EJ: Bueno, Kimy, este es un tema para otra entrevista. Ahora sigamos hablando.

Otros apartes de la entrevista

EJ: ¿De dónde sacaron ustedes el término «torcido» para referirse a los que no siguen sus orientaciones? Hay gente que dice que esos son términos ofensivos que han ayudado a dañar el clima de entendimiento entre ustedes y los indígenas del Esmeralda. K: Hombre, eso no es así. Alguien lo utilizó en una discusión y se regó como la verdolaga. Mire, si mal no recuerdo, fue cuando estábamos discutiendo el plan de desarrollo, el primerito que le presentamos a Urrá. Un compañero exigía que para su comunidad debía dársele mucho más que para las otras. Entonces alguien le respondió, creo que fue Simón, pero pudo haber sido Lucindo: «¡Usted parece ojune !». EJ: ¿Y eso que quiere decir? K: Hombre, pues ojune se le dice a un árbol que no se va derechito para arriba, sino que le salen muchos nudos y torceduras, entonces acapara mucha tierra y abre mucho las ramas a los lados

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K: No sé, diga usted de qué. EJ: Es que tú decías que les respondían a las críticas internas con más actos culturales, que se pintaban la cara y el cuerpo. ¿En qué terminó todo eso? K: Ah, sí. Nosotros íbamos pa’delante, ya teníamos claridad hacía donde nos dirigíamos. Hicimos la toma de las oficinas del Incora en Montería para que no se les olvidara sanear la reserva de Rioverde y titularla a resguardo. Luego la toma de Tierralta, para que el alcalde no nombrara a un grupo pequeño como cabildo mayor, porque así lo quería Urrá para negociar mejor para ellos; bueno, también la toma de la Embajada de Suecia, para que Urrá cumpliera con los compromisos del Plan de Etnodesarrollo. Y todo eso fue lo que condujo a más represión y amenazas, todo eso hizo que no pudiéramos seguir adelantando el trabajo cultural; pero siquiera con lo poquito que hicimos Karagabí nos respondió y vea, hemos sacado muchas cosas adelante. Esperamos que Karagabí siga colaborando con nosotros que somos sus mejores hijos.

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y le quita mucho espacio y sol a los otros. Parece que quisiera todo pa’ él. Los árboles que se van derechos, los ojipas, no ocupan tanto monte y dan buena madera. Para nosotros no es algo tan ofensivo. Esos términos los utilizan los madereros indígenas para hablar de los árboles, pero también los embera utilizan esos nombres para referirse a un camino, que puede ser derecho (ojipa) o dar muchas vueltas (ojune). EJ: ¿Cómo empezó el problema de la madera en el Alto Sinú? K: Mi cuñado Emiliano, casado con mi hermana Magdalena, y mi otro cuñado, Jairo, que está casado con otra hermana mía, fueron los primeros que se metieron en eso de la madera. Emiliano vivía en Bocas de Nagüita, en un sitio que se llama Peñas Blancas. Pero en esa época se aserraba con serrucho de mano. Era un trabajo muy duro. Después se metieron otros a aserrar, hasta yo estuve en eso también. Pero en esa época se escogían los árboles de chibugá (o abarco, que llaman) que estaban bien maduros. Un buen árbol daba hasta cien rastras. No como ahora que tumban hasta retoños para sacar diez rastras. Cuando se escogía el árbol entonces se hacían los preparativos, que podían durar hasta quince días. En ese trabajo uno podía durar hasta seis meses, y de él podían vivir varias familias. Cuando llegó la motosierra ¡ahí si fue el acabóse! EJ: ¿Había muchas familias indígenas que vivían de la madera? K: No, hombre, ¡que vá! La mayoría vivía de sus cultivos, de su cacería, de su pesca... EJ: Pero, ¿cómo entonces se volvió un problema tan grande la explotación maderera? K: Siendo franco, nosotros ni nos dimos cuenta… cuando menos pensamos estábamos invadidos de madereros. Los que más daño hicieron fueron los que trajeron a los madereros kampunía. A veces el maderero llegaba con muchas risitas y aguardientico. Entonces los indígenas le decían: «Oh, compadrito, porque no me hace tal favorcito...», y ahí quedaban engrampados. Otras veces el maderero decía: «Usted con tanto monte, ¿por qué no me vende unas varitas? Mire que con esa platica usted puede comprar cosas bonitas en Tierralta».

Y así los iban agarrando… después le salían con cualquier cosa a los indígenas y ellos engorde que engorde. EJ: ¿Y ustedes no tenían autoridades que pudieran ponerle freno a eso? K: Pero si eran estas mismas autoridades las que «arrendaban»* la madera. Por ejemplo, el viejo Misael, que es mi tío, fue el cacique después de que murió mi papá. Él trajo muchos madereros. Yo no lo culpo por eso. Hombre, en esa época creíamos que la madera no tenía cuando acabarse... pero nosotros siempre estuvimos en contra de los indígenas que traían a los madereros kampunía, hombre, por que se mantenían echados en la hamaca recibiendo la platica sin joderse en el monte. Con ellos tuvimos muchos problemas, pero también porque Corelca y la cvs** le decían a la gente que fuera a sacar madera fina, porque de todas formas esas tierras se iban a inundar. Hombre, la gente creyó todo ese cuento. EJ: ¿Cuándo fue eso? K: Eso fue por allá en 1971 para adelante. EJ: Hablabas de los problemas que tenían con los indígenas que le arrendaban madera a los kampunías. ¿Qué tipo de problemas eran esos? K: Muchos. Los embera más difíciles eran los indígenas de Bocas del Nagua.*** Estos estaban ya acostumbrados a traer a los madereros kampunía, y se contrariaron con nosotros cuando les hicimos los reclamos. Viendo bien las cosas, en ese momento fue cuando empezó la división que hoy tenemos... EJ: Pero teníamos entendido que la división de los ríos fue una iniciativa de Urrá. K: Sí, eso es cierto. Lo que hizo Urrá fue aprovecharse de las
* En el Alto Sinú se emplea este término para la transacción que se hacía con los madereros. El maderero pagaba una suma de dinero al indígena por cada rastra de madera que sacara. ** Respectivamente, Corporación Regional Eléctrica de la Costa Atlántica y Corporación Autónoma Regional de los Valles de los ríos Sinú y San Jorge. *** El Nagua es un pequeño río que desemboca en el río Sinú, en la segunda angostura de este último, a la entrada del resguardo.

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debilidades que teníamos, y era que nosotros estábamos luchando por controlar la explotación maderera, y los madereros indígenas estaban encima de nosotros. Los indígenas de Nagua fueron los que desataron las cosas problemáticas. EJ: ¿Cómo así? K: Hombre, es que estos compañeros eran de compliques siempre. Ellos eran varias familias que habían venido de un sitio del San Jorge llamado San Pedrito y San Juanito, y se asentaron en lo que era antes Tucurá, arribita de Frasquillo. De allí tuvieron que salir derrotados para el Chocó, porque se metieron en problemas ahí. Creo que en Tanela [Chocó] también tuvieron problemas. No sabemos exactamente por qué, pero nos han dicho que allí vendieron tierras del resguardo y que estaban vendiendo madera a kampunías. Entonces los derrotaron allí los otros indígenas. A estos indígenas, que los llaman los chibiríes, se voltiaron otra vez para acá, porque en Antioquia los embera de allí tampoco los querían. Cuando llegaron a Rioverde, las comunidades de allí les dijeron que no se podían quedar por problemáticos. Entonces voltiaron para el río Sinú, y se asentaron en las bocas del Nagua, en una parte donde el río es muy estrecho y que no estaba muy habitada. Allí hicieron unos tambos muy bonitos. Como esa era la entrada al resguardo hasta allí iban todos a conocer a los embera y de ahí pa’arriba no seguían. Allí iba la gente de Urrá a negociar con los embera. Allí llegaban los madereros y ellos les daban la autorización para entrar al resguardo diciendo que ellos eran los jefes. Allí se hacían todos los negocios. EJ: ¿Cuándo tuvieron los primeros problemas con ellos? K: Creo que fue cuando arrendaron madera a unos kampunías en la comunidad de Kiparadó (antes se llamaba Cruz Grande). El finado Alonso Jarupia, que era el gobernador allí, me mandó a decir que subiera porque los kampunías habían invadido los montes allí, y estaban acabando con los pocos palos de abarco que ellos estaban cuidando. Yo subí y allí casi nos matan. A Alonso le dañaron la mano y a mí casi me parten en dos a machetazos; esto porque los chibiríes le arrendaban madera a todo el mundo.

EJ: ¿Qué hicieron ustedes en vista de...? K: Nosotros les reclamamos que ellos no podían darle permiso a nadie para entrar a acabar con nuestra madera, y que ellos estaban vendiendo la madera que era de todos nosotros. Entonces ellos dijeron que ellos eran el cabildo mayor y mostraron una carta de Asuntos Indígenas de Bogotá y otra de Onic en que decían que ellos eran las autoridades Indígenas del Alto Sinú y que estaban autorizados para hacer diligencias a nombre de todos los embera. Nosotros no sabemos cómo se hicieron a esas cartas, el caso es que ya estaban negociando con Urrá y nosotros no sabíamos nada. Entonces allí fue cuando nos dimos cuenta de la ventaja que nos llevaba Urrá, y por eso nos fuimos para Bogotá a hablar con la Onic y pedirle apoyo. Entonces la Onic envió a Jorge Hugo Jarúpia, que fue el que nos ayudó a organizar el Do’wambura, y después vino el equipo de apoyo para ayudarnos a hacer el Plan de Etnodesarrollo. Pero ya el problema de la madera se había regado... también por el Esmeralda arriba. Eso era un saqueo muy bravo; uno se paraba a ver con tristeza cómo bajaban planchones y planchones de abarco río abajo; con solo decirle que hasta los indígenas ponían cantinas en el resguardo para atender a los madereros, y hasta las escuelas indígenas las convirtieron en posadas para ellos. Por la época en que hicimos el Do’wambura la explotación de madera estaba en lo más alto, y vea usted, los indígenas de Nagua y del Esmeralda no quisieron participar en el recorrido por el río. Al Do’wambura fuimos Rioverde, Cruz Grande y río Sinú. ¿Va entendiendo la cosa? EJ: Sí, Kimy. Cuéntanos como fueron tus experiencias en el exterior. Porque tú fuiste invitado por organizaciones de derechos humanos para hablar. K: Hombre, allí hicimos muchos amigos. Esa gente hablaba con un lenguaje parecido al nuestro, nos entendían mejor que los kampunías colombianos. Allí nos recibieron con los brazos abiertos y nos dieron mucha animosidad. Recuerdo mucho a mi amigo Bill, que era como el encargado de las luchas de derechos humanos de toda la Iglesia allá en Canadá. Ese hombre es todo pensamiento de

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corazón embera; nos abrió las puertas y me presentó a mucha gente importante para hablar de nuestros problemas. Mire, hombre, allí nos atendieron senadores y alta gente del Gobierno, que escuchaban con atención nuestros reclamos, mientras que aquí en este país no tienen los gobiernos oídos para nuestros problemas. EJ: Últimamente, ustedes han venido denunciando asesinatos de líderes indígenas, como Alonso Jarúpia, Lucindo Domicó y otros. También que vienen siendo amenazados por grupos armados. ¿Cómo es eso? K: Sí, claro. Esa es la más grande preocupación del momento. Nosotros somos gente de paz. A nosotros nos aterra la violencia. Escuchamos por las noticias que en toda Colombia hay guerra. Que hay masacres, secuestros, desapariciones. Y nosotros ya estamos viviendo eso. Pero nosotros no queremos que Karagabí se convierta en zona de peleas armadas, porque somos nosotros los que llevamos del bulto... Hace unos tres años nosotros nos reunimos con todos los gobernadores en la comunidad de Zambudó, y nos pusimos de acuerdo en que no le íbamos a prestar ningún servicio a nadie de los armados. Allí sacamos la Resolución de Zambudó, en la cual le pedíamos a las Accu y a la guerrilla de las Farc que nos dejaran tranquilos y que respetaran nuestra autonomía de gobierno que tenemos en nuestros territorios. Que no se llevaran a nuestros jóvenes. Pero, hombre, la gente que tiene armas es mucho orgullo y hablan como si no valiéramos nada. Pero lo peor de todo es que nuestras autoridades no tienen la fuerza para hacer valer los acuerdos de Zambudó. EJ: ¿Cómo así? K: Sí. Vea, en una ocasión nos llamaron de Antioquia y nos dijeron que Veterina iba a venir al Esmeralda, y que tenía una lista como de diez indígenas que iba a ajusticiar que dizque porque colaboraban con la guerrilla. EJ: ¿Quién es Veterina? ¿Es cierto que indígenas colaboraban con la guerrilla? K: No, hombre, que va… Vea, la historia es así: Veterina era un comerciante de Saiza, que también era finquero. La guerrilla, en una

toma que hizo a Saiza, como que le saquió el granero y se le llevó el ganado. Ese ganado lo bajaron por el Esmeralda para tirarlo al San Jorge. Las reses que se les iban cansando se las dejaban a los indígenas. Nosotros les dijimos a los indígenas que no recibieran ese ganado porque era mal habido y nos traería problemas después. Pero la gente no hacía caso, y decía que si el dueño aparecía se lo devolvían. Veterina es ahora un jefe de las Accu, y dicen que carga mucha rabia con los indígenas. EJ: ¿Y qué pasó después? K: Pues, hombre, cuando nosotros recibimos esa razón de Antioquia dijimos que teníamos que hablar con ese señor para que no fuera a hacer un daño en nuestro resguardo. Entonces nos fuimos para Carepa. No pudimos hablar con Veterina, pero sí con un señor que era como su segundo. A él le explicamos la cosa, y él estaba enterado de todo ese asunto del ganado. Le explicamos que el cabildo iba a enviar alguaciles a esas comunidades para recoger el ganado y devolverlo, y que el cabildo iba a sancionar a los responsables y que en ningún caso las autoridades indígenas íbamos a permitir que fueran a matar a gente en nuestro resguardo. El señor dijo que iba a pensar la cosa pero que él no podía garantizar nada. Después pedimos una cita en el batallón, y allí nos recibió el general Rito Alejo. Le explicamos lo que pasaba y le pedimos que nos protegiera. También le dijimos que nosotros nos encontrábamos fortaleciendo el cabildo mayor para que sancionara a nuestra gente que cometiera errores, así como lo estaban haciendo las comunidades indígenas de Antioquia... EJ: ¿Y entonces...? K: Vea como es la vida: la masacre no se dio, pero como nosotros nos habíamos comprometido a recoger el ganado y devolverlo llamamos a los indígenas y les comunicamos la decisión. Pero ellos, que no sabían qué estábamos haciendo, no reconocieron la decisión del cabildo. EJ: ¿Y por qué? K: Es que los indígenas del Esmeralda, mejor dicho los madereros, que eran los que mandaban allá, desconocían toda autoridad propia,

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apoyados por los asesores de Urrá. Y estaban en contra del cabildo mayor y de la lucha que estábamos dando por nuestro territorio... Era tal el desconocimiento que nos quemaron el tambo de gobierno en Veguidó, desde donde se planificaban todos los programas del Plan de Etnodesarrollo y se orientaba todas las políticas para el Resguardo Karagabí... Hombre, qué daño nos hicieron... EJ: ¿Y así y todo ustedes estaban corriendo riesgos por ellos? K: Hombre, es que es cuestión de humanidad. Ellos son emberas como yo, así estén equivocados. Yo también he cometido muchas fallas. No podíamos permitir que se derramara sangre embera, porque eso crea mucho dolor en nuestros corazones. Ahora tenemos que impedir es que se siga ahondando esa división. De pronto ellos no entienden ahora, pero sus hijos más tarde van a entender. Pero nosotros sabemos que los grupos armados presionan a la gente y a los cabildos y están aprovechando nuestras debilidades internas y obligando a la gente a colaborar... EJ: ¿A colaborar con quién? K: ¡Con todos! Las Accu por un lado, las Farc por otro. Mire: hay un embera del río Kuranzadó que apodan Bony, que usted conoce muy bien. Este estuvo con el epl, después se pasó para donde las Farc y ahora anda con las Autodefensas... y a todos les ha servido como sicario de sus mismos hermanos emberas. Es triste tener que decirlo, pero esa es la realidad. Como él hay otros; por ejemplo, Luis Parmenio [nombre figurado], que es otro embera, que fue el que mató a mi amigo Alonso Jarúpia y a Lucindo Domicó. Y los cabildos, que son nuestras autoridades, no tienen la fuerza para exigir que nos dejen tranquilos y menos para exigir que se haga justicia. Ya ni siquiera quieren hablar de la situación. Y lo más triste es que nos dan la espalda a los que seguimos luchando por nuestra autonomía.

10 Desde el pasado, mirando el futuro…

Veinticinco años de la Onic,

un legado vivo de la resistencia indígena en Colombia

L u i s Ev e l i s A nd r a d e C a s a m á *

2007

La historia de la relación de los pueblos indígenas con Occidente ha sido de conquista, exterminio, genocidio y resistencia. Durante la Conquista los españoles, guerreros y sacerdotes, procedían a instar a nuestros pueblos a la rendición y la sumisión al rey de España y al papa de Roma, antes de emprender las batallas para aniquilar nuestra gente y apoderarse de nuestras riquezas, como si nuestros territorios estuvieran despoblados y como si no tuviéramos entendimiento y conocimiento. Durante la época colonial, nuestros pueblos y caciques reclamaron el reconocimiento de derechos y resistieron, como fue el caso de Juan Tama y la cacica Gaitana del pueblo nasa. Luchamos por la titulación de los resguardos y adelantamos procesos de defensa legal y armada de nuestros territorios y resguardos. Las luchas de resistencia de los pueblos indígenas colombianos desde la época colonial han estado fundamentadas y respaldadas por reclamos, demandas y procesos administrativos y jurisdiccionales, que antiguamente podían durar décadas y hasta cientos de años. Estos han estado orientados a la búsqueda de protección legal, de
* Fuente: Archivo histórico de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Centro de documentación, Bogotá.

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acceso a la justicia, de reformas de la legalidad, de reconocimiento a nuestra capacidad jurisdiccional, y de nuestra participación en la construcción y ampliación de la democracia.
Ejemplos de lucha

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Luis Evelis Andrade Casamá

En el siglo pasado, Manuel Quintín Lame Chantre, terrajero de San Isidro y cacique de los pueblos indígenas del Cauca, Tolima, Huila, Nariño y el norte del Ecuador, lideró la resistencia indígena para defender las tierras de los resguardos, nuestras autoridades y culturas. El camino trazado por Lame fue continuado en los años setenta por nuestros pueblos mediante el proceso organizativo reiniciado en el Cauca (Cric) y la Sierra Nevada de Santa Marta (cit), y posteriormente con la consolidación de la Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic). Este proceso generó una dinámica renovada que ha nutrido el actual movimiento indígena nacional frente a un modelo de Estado que nos niega el reconocimiento y tratamiento como sociedad diferente. Dicho movimiento social de los pueblos indígenas, basado en las luchas de resistencia, se ha dado en torno al ejercicio de la autonomía, de las competencias públicas de nuestras autoridades y gobiernos propios, para administrar justicia en nuestros pueblos. En cuanto a esto último, la relación del Estado con nuestros pueblos, comunidades, autoridades tradicionales y cabildos, por medio del sistema judicial nacional, ha sido pendular. Hasta la década de los setenta a todos los indígenas procesados se les imponían las mayores penas posibles y en muchas oportunidades, por falta de defensa, las penas pagadas resultaban superiores a los años que se imponían como sanción. Posteriormente en la década de los ochenta, la «inmadurez sicológica por falta de comprensión» fue incluida en el Código Penal como causal de inimputabilidad. En su aplicación, el comportamiento del sistema judicial se centró en devolver a su «medio ambiente natural» a la gran mayoría de los indígenas procesados, para que las autoridades tradicionales administraran justicia.

Nacimiento de la Onic

El movimiento indígena se fortaleció entre 1910 y 1946 al calor de luchas en distintas regiones, mediante la constitución de organizaciones como los consejos y ligas de indios, [las] mismas que reivindicaron nuestros derechos indígenas y establecieron alianzas con otras organizaciones campesinas y obreras, sobre todo. No obstante, la violencia y la represión política desatada por las élites tradicionales (1946 -1958) liquidaron la mayor parte de nuestras organizaciones indígenas, las cuales solamente pudieron renacer dentro de organizaciones campesinas como la Federación Agraria Nacional y especialmente la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (Anuc), tras

Veinticinco años de la Onic

Desde los años ochenta nuestros pueblos y autoridades se vieron obligados a fortalecer y profundizar el proceso de recuperación, actualización de la ley de origen, derecho mayor o derecho propio, mediante la elaboración de normas internas; la aplicación y puesta en vigencia de usos y costumbres; la conceptualización de sistemas normativos indígenas; la aplicación de instituciones tradicionales como el consejo, las asambleas, las mingas; y la proyección y fortalecimiento de las autoridades e instancias de decisión, la creación de consejos de ancianos, cabildos mayores, cabildos gobernadores y tribunales de gobernadores. El derecho al ejercicio de la autonomía, constituye hoy uno de los principales imperativos políticos, éticos y culturales de los pueblos indígenas contemporáneos, ante lo cual el ejercicio de funciones públicas administrativas, legislativas y jurisdiccionales por parte de nuestras autoridades es una garantía de protección de los derechos humanos para nuestra supervivencia social, política y cultural. En este sentido, hemos logrado establecer algunas condiciones jurídicas y políticas que han posibilitado y asegurado un mayor umbral para el ejercicio y la progresividad de nuestros derechos, dentro de la institucionalidad estatal colombiana, garantizando un mínimo de representación directa de nuestros pueblos en las instancias del Gobierno.

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su establecimiento obligatorio, por decreto gubernamental, hacia la década de los setenta.* Fue una década en la que los movimientos sociales (indígena,** obrero, de maestros, estudiantil y campesino) lograron fortalecerse, no obstante la represión estatal generada por la continuidad del estado de sitio. Hacia 1976 nuestros pueblos establecieron una organización nacional propia, independiente de la Anuc, como respuesta a la incomprensión estatal y de las élites nacionales. La fundación de la Onic fue el resultado del proceso de reorganización autónoma del movimiento indígena en Colombia iniciado por el Consejo Regional Indígena del Cauca, la Unión de Indígenas del Chocó y el Consejo Regional Indígena del Vaupés; ejemplo que fue seguido por la conformación de organizaciones indígenas en otros departamentos, como respuesta a la promulgación del «estatuto de seguridad» y particularmente al «estatuto indígena». La instauración del estatuto de seguridad durante el gobierno del presidente Julio César Turbay Ayala (1978-1982) otorgó funciones judiciales a la fuerza pública, abriendo las puertas a la violación sistemática de los derechos humanos en Colombia. Dicho régimen trató de acabar, sin conseguirlo, con nuestra resistencia y especialmente con lo que nuestros pueblos indígenas habían alcanzado desde 1890, mediante la promulgación del «estatuto indígena». Dicho estatuto atentó contra el movimiento indígena, trató de aniquilar nuestra autonomía y desmembrar nuestros pueblos, comunidades y organizaciones, mediante la conversión de los cabildos en juntas de acción comunal, y la transformación de la propiedad colectiva de nuestros resguardos (basada en la Ley 89 de 1890) en propiedades individuales. Las bases de la Onic se consolidaron en octubre de 1979, en ­Lomas
* La Anuc, en demanda de una reforma agraria mediante movilizaciones. populares, terminó dividiéndose en dos líneas (Sincelejo y Armenia). Nuestros pueblos se adhirieron a la línea Sincelejo, a través de la Secretaría Indígena Nacional. Después de esto, por desconocimiento de nuestras cosmovisiones, decidimos crear organizaciones indígenas independientes. ** Como expresión de este movimiento aparece en 1974 el primer número de Unidad Indígena, órgano de difusión del movimiento indígena colombiano.

de Ilarco (sur del departamento del Tolima) con la realización del Primer Congreso Indígena Nacional de Colombia. En este se oficializó la creación de la coordinadora nacional indígena, que asumió la creación de la Onic en el marco del Segundo Congreso Indígena Nacional (1982), congreso que paralizó la ley o estatuto indígena que trató de imponer Turbay Ayala.* La Organización Nacional Indígena de Colombia (Onic) fue fundada en febrero de 1982 en el Segundo Congreso Indígena Nacional realizado en Bosa (departamento de Cundinamarca) con la participación de mil quinientos delegados de los más diversos sitios de Colombia, el cual aprobó sus principios fundamentales: 1) Unidad, como mecanismo de fortalecimiento organizativo para la defensa de las comunidades indígenas; 2) Tierra, como elemento esencial para la vida y desarrollo de los pueblos indígenas; 3) Cultura, para el fortalecimiento, rescate y persistencia de la identidad como pueblos indígenas; 4) Autonomía, para la aplicabilidad de los principios anteriores y como ejercicio de autoridad y poder. En virtud del contexto sociopolítico del momento y la influencia de los movimientos sociales en auge para esta época, la Onic adoptó una estructura organizativa similar a la de un sindicato en calidad de una organización no gubernamental (ong), dejando de lado las formas propias y tradicionales de gobierno de los pueblos indígenas. La Onic ha realizado cinco congresos nacionales indígenas, el último de los cuales se llevó a cabo en Bogotá en 2003. Los diferentes pueblos indígenas y sus organizaciones regionales, reunidas en este congreso, se propusieron continuar con la búsqueda de la paz en el país, mediante la búsqueda colectiva de salidas a la crisis humanitaria y de derechos humanos que estamos viviendo, [y] a partir de la plataforma de lucha que se desarrolló desde el Congreso Nacional de Pueblos indígenas, realizado en Cota (Cundinamarca) durante el año 2001.
* En 1982, esta organización logró reunir en Bogotá a más de tres mil quinientos indígenas de los 84 pueblos indígenas colombianos.

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Veinticinco años de la Onic

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Esta plataforma incluyó la defensa de la autonomía indígena, la defensa de los territorios indígenas, la recuperación de las tierras usurpadas, la defensa de la propiedad colectiva de los resguardos, así como el control de los recursos naturales situados en territorios indígenas. Del mismo modo, impulsó las organizaciones económicas comunitarias, la defensa de la historia, la cultura y las tradiciones indígenas, la educación bilingüe y bicultural bajo el control de las autoridades indígenas, la recuperación e impulso de la medicina tradicional y la exigencia de programas de salud acordes con las características sociales y culturales de las comunidades. En síntesis, se trató de la exigencia de la aplicación de la Ley 89 de 1890 y las demás disposiciones legales favorables a los pueblos indígenas, el fortalecimiento de la solidaridad con las luchas de otros sectores y la aplicación de las conclusiones de los congresos de la organización. Desde entonces, la sistemática y múltiple vulneración de los derechos humanos de nuestros pueblos se ha convertido en una constante que no disminuye, por obra del desconocimiento que hacen las autoridades gubernamentales, los actores armados y algunas multinacionales acerca de los mecanismos de consulta previa y del ejercicio ancestral de nuestros derechos y autonomía dentro de los territorios indígenas y, en consecuencia, por el recrudecimiento del conflicto armado.
En defensa de nuestros derechos

Todos los análisis del conflicto armado evidencian la creciente responsabilidad del Estado en las violaciones e infracciones –como la conculcación de derechos por omisión o acción institucional respecto de los derechos colectivos y del medio ambiente–, debido a su respuesta inadecuada frente al cambio en las estrategias bélicas de los actores armados. Todo ello, en un momento en que se presenta la profundización del programa de «defensa y seguridad democrática» del reelecto presidente Álvaro Uribe Vélez, caracterizado por un proceso de paz ficticio –impune, sin memoria y antidemocrático– que le abrió las puertas al tlc, y en un contexto crítico de impunidad

generalizada y de desdoblamiento de las acciones bélicas de las Farc, después de un periodo de retaguardia estratégica. Dicho de otro modo, los tiempos han cambiado y a los pueblos indígenas, desde su autonomía y experiencia, les ha tocado asumir nuevos retos a la luz de la Constitución Política de Colombia. En el departamento del Tolima, por ejemplo, la organización regional desapareció para dar paso a una estructura de gobierno propia de los pueblos pijao y nasa, denominada Asociación de Cabildos y Autoridades Tradicionales del Consejo Regional Indígena del Tolima (Crit), entidad de derecho público [de] carácter especial. Esta dinámica constituye una nueva etapa del movimiento indígena, cuyo reto es la consolidación de los procesos de gobierno propio de las autoridades indígenas tradicionales (iniciados en los años ochenta) tanto en el ámbito local, como en el regional y nacional, donde las estructuras organizativas sindicales y privadas desaparezcan con el objeto de darle cabida a estructuras públicas de gobierno. Desde la anterior perspectiva, la Onic ha considerado que su actual estructura organizativa está conformada por instancias que presentan limitaciones importantes, derivadas de su constitución inicial como organismo gremial (personería jurídica en Cámara de Comercio*), para impulsar las exigencias de los pueblos indígenas y sus apuestas políticas. Su carácter de «entidad privada sin ánimo de lucro» no le otorga muchas competencias, ni le permite abordar con mayor eficacia, eficiencia, incidencia y capacidad de representación política, las graves problemáticas que afectan a los pueblos indígenas, ni instaurar con más profundidad los procesos de exigibilidad
* «Existe, además, el peligro de que se exija también a los resguardos y cabildos, el que tengan personerías jurídicas. Al respecto nosotros manifestamos que siempre hemos existido sin la necesidad de que el Gobierno nos reconozca y que tales personerías solo se prestan a la manipulación del Gobierno y los politiqueros de nuestras organizaciones tradicionales. Finalmente la comisión acuerda por unanimidad respaldar la actual vigencia de la Ley 89 de 1890, que a pesar de sus limitaciones y fallas, responde mejor a nuestras necesidades y luchas que el actual Proyecto de Estatuto Indígena». Primer Congreso Nacional de Pueblos Indígenas. Conclusiones y documentos (Onic:1980).

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Luis Evelis Andrade Casamá

social, política, económica y cultural que necesita para consolidar sus derechos. En su defecto, la Onic debe constituirse en una entidad de gobierno propio que, en derecho y respetando su autonomía, interprete sus necesidades y decisiones, orientando los destinos de los pueblos indígenas colombianos. Durante la última junta directiva de la Onic (1º al 3 de marzo de 2007), los delegados de nuestras organizaciones regionales aprobaron la reestructuración y refundación de la Onic y sus principios, en el marco de su vii Congreso Indígena Nacional, que se realizó en Ibagué del 9 al 13 de diciembre de 2007, con el fin de fortalecer los canales de intercambio y evaluación entre la organización nacional y sus organizaciones asociadas. En el vii Congreso Indígena Nacional, la Onic debe afrontar los enormes desafíos que presenta el contexto actual: una contrarreforma agraria y constitucional, adelantada mediante la promulgación de leyes (Ley de desarrollo rural, Ley de páramos, Ley de bosques, Ley de aguas, Código minero, etc.) que atentan contra nuestros territorios, y por ende contra la integridad y pervivencia de nuestros pueblos. Todo ello en medio de la corrupción y la impunidad estatal, del conflicto armado, de complejos procesos de cooptación, y de las múltiples estrategias que fomenta el capitalismo multinacional globalizado para explorar y explotar nuestros recursos naturales y conocimientos tradicionales. Al cumplir sus veinticinco años, la Onic invita a cada uno de nuestros pueblos indígenas para que desarrollemos dos retos o apuestas principales: 1) el fortalecimiento de la unidad, la autonomía y la memoria de nuestros pueblos, y 2) la reafirmación y renovación de la plataforma de lucha del movimiento indígena colombiano, bajo la más firme consigna: ¡No traicionar el legado de nuestros ancestros! ¡O nos fortalecemos, o nos debilitan y destruyen!

Anexos

Código de Neméquene*

Z ipa Ne mé q u e ne

Neméquene (nombre que significa «hueso de león») fue un gobernante del zipazgo de los muisca de Bacatá. Gobernó entre 1490 y 1514, cuando murió. Fue sustituido por Tisquesusa. Neméquene expandió el zipazgo y expidió un conjunto de normas de convivencia que conocemos por las crónicas de Lucas Fernández de Piedrahita (1942) y Juan de Castellanos (1955).

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Viendo, pues, Neméquene la grandeza a que había llegado su Reino, y que toda la seguridad de las Monarquías se sustenta sobre los dos polos del premio y del castigo, y que éstos viven y se mantienen de la fortaleza de las leyes, con que los méritos y delitos se pesan según la calidad de ellos y de las personas, ordenó muchas leyes y estampólas en las memorias de sus vasallos, para que se gobernasen por ellas; y cumpliéronlas tan sin descuido y con tanta puntualidad, que se fueron arraigando de suerte que hasta nuestros tiempos permanecen entre ellos, y se guardan algunas, aunque como ya viven sujetos á las nuestras, se van desvaneciendo con el tiempo; y de las que hizo Neméquene refieren éstas los naturales. Mandó que si alguna persona matase á otra, pagase con la vida, aunque le perdonase la mujer, padre ó parientes del muerto porque la
* Fuente: Historia socioeconómica de Colombia. Antología histórica. Crónicas, documentos, análisis (Mejía Botero, 1987).

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Zipa Neméquene

vida solo Dios la daba y los hombres no tenían autoridad para perdonarla á quien la debía por la que había quitado. Que si algún hombre forzase alguna mujer, muriese por el delito, siendo soltero; pero si el delincuente fuese casado, durmiesen con la suya dos hombres solteros, para que con el sentimiento de la propia deshonra, reconociese la gravedad de la culpa, y fuese la pena mayor que la muerte. Que si algún hombre cometiese incesto con su madre, hija, hermana ó sobrina, fuese metido en un hoyo estrecho lleno de agua y acompañado de sabandijas lo cubriesen con una grande losa donde pereciese miserablemente; y que la misma pena se ejecutase con las mujeres, para que si el fuego de la lascivia los había obligado á romper los grados del parentesco, se les apagase el incendio con la frialdad del agua y la tierra, y con la losa quedasen sepultados los nombres y memorias de sujetos tan malos. Al sodomita puso pena de muerte, que se ejecutase luego con ásperos tormentos; y en esta ley dejó puerta abierta para que los Zipas que le sucediesen, pudiesen extender el castigo con las más penas que arbitrasen, pareciéndole que mientras más se aplicasen aun no serían condignas a semejante delito. Mandó que si de parto muriese alguna mujer casada, perdiese el marido la mitad de su hacienda, y se aplicase al suegro ó suegra, ó á los hermanos ó parientes que fuesen en el afecto padres de la difunta, por ser como era el marido instrumento, aunque sin culpa, de la muerte de su mujer, y sus suegros y parientes los que verdaderamente la perdían; pero que si la criatura quedase viva, solamente la criasen á costa del padre. Para el que fuese ladrón mandó que con fuego puesto delante de los ojos lo cegasen, y si los hurtos fuesen de gravedad ó repetidos, se los quebrasen con puntas de espinas; pues habiendo de ser las penas medicinales, por estos medios se castigaba lo presente y remediaba lo futuro, sin quitarle la vida al reo. Ordenó que ningún señor o Cacique, por grande que fuese, subiese en andas, que llevasen sus criados en hombros, sino solamente

el Zipa ó la persona que él privilegiase en caso que fuesen tales sus servicios y sangre que lo mereciese, para que con su observancia conociesen todos la soberanía del que naciese Rey y la diferencia del que sirviese mejor. Limitó los vestidos y joyas á la gente común para formar jerarquías entre sus vasallos; y á los Uzaques (que son los de más ilustre prosapia, y entonces eran como grandes del reino) concedió privilegio para horadar las orejas y narices y poner pendientes de ellas las joyas que quisiesen. Aplicó para su Real fisco las haciendas de aquellos que muriesen sin herederos legítimos; si bien fuera de los sobrinos, hermanos é hijos, no se ha podido averiguar entre los mismos indios si heredaban otros. Mandó que al que mostrase cobardía cuando lo llamasen para la guerra ó cuando estuviese en ella, lo despojasen de las vestiduras de hombre y se las pusiesen de mujer, ocupándolo en los ministerios propios de aquel sexo, por el tiempo que al Zipa le pareciese. Hizo ley ordenando que al que huyese de la batalla antes de hacerlo su Capitan, le quitasen luego la vida con muerte afrentosa; porque de imitar en todo las acciones de los cabos resultan de ordinario las victorias cumplidas o las pérdidas ménos sensibles; y establecidas otras penas ligeras para delitos leves, como son romper la manta ó cortar el cabello, dispuso que para la indispensable observancia de todas las que van dichas, fuese Presidente de su Consejo supremo, con sucesión de uno en otro, el Cacique de Subá, de cuya sentencia en justicia no se pudiese apelar. Y verdaderamente en la poca doctrina que tenía aquél bárbaro, mostró muchas luces de un entendimiento capaz de cualquiera enseñanza política en que lo cultivasen.

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Código de Neméquene

Carta de protesta del cacique de Turmequé al Rey de España*

Die g o d e To rre s

Los indígenas de los Andes, además de la pérdida de sus tierras, fueron sometidos a un sistema oprobioso de trabajo forzado, conocido como el repartimiento y la encomienda. Este memorial de Diego de Torres, cacique de Turmequé, un municipio de Boyacá, enviado al rey Felipe ii, muestra los abusos de los españoles contra los indígenas.

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s ac r a c at ó l i c a , r e a l m a j e s ta d :

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1. En lo que toca a la doctrina que se hace a los indios y el fruto que se ha hecho y hace

En lo que toca a la doctrina evangélica que es el fin principal que

v.m. pretende se cumpla y guarde para la conversión y salvación de
aquellos miserables naturales, no ha habido ni hay efecto alguno por el mucho desorden que hay en el asiento de las doctrinas y reparticiones que cada día hacen, que acontece dentro de un mes mover de las dichas doctrinas a dos y tres sacerdotes y la causa destos movimientos ha sido y es los ordinarios servicios personales en que ocupan a los míseros indios que no tienen lugar de acudir a oír la doctrina evangélica ni los sacerdotes ni religiosos podría administrar con aquella quietud y amor que es razón y ansí no tienen sosiego ni mano para ningún efecto y los indios perseveran en sus antiguas costumbres.
* Fuente: «El cacique de Turmequé y su época» (Rojas: 1987, 296-299 y 301-302).

2. Sobre que los indios han sido muy engañados en el tributo que han de dar a los españoles

3. Sobre que no han tasado los indios conforme a la voluntad de s.m. y el agravio que se les ha hecho

Vuestra majestad manda por las nuevas leyes y ordenanzas que los indios naturales de aquellas partes sean tasados en aquellas cosas que cogen y crían en sus tierras y naturaleza y no en cosas que para haberlo de buscar y hayan de salir della y perezcan, procurando en todo v.m. el aumento y conservación de aquellos naturales, aunque esto no se haya cumplido en las dos provincias que son de Tunja y Santafé. […] Han usado en esto con los miserables indios la mayor crueldad e inhumanidad que se puede imaginar que en lugar de conservarlos y ampararlos en sus tierras y labranzas para lo que está dicho, les han repartido las mejores tierras y labranzas que tenían, dándolas a españoles por estancias y reparticiones.

Carta de protesta del cacique de Turmequé al Rey de España

Vuestra majestad tiene ordenado y mandado sobre los tributos que han de pagar los naturales de aquellas partes a sus encomenderos sea de manera que no reciban por ello agravio alguno para que entiendan que después que están debajo de vuestro real amparo y gobierno son mejor tratados que en tiempo de sus caciques y señores lo fueron, para que con más amor tomen las cosas de nuestra Santa Fé Católica no se ha hecho conforme a vuestra real intención en las visitas y tasaciones que se han hecho hasta aquí de lo que han de dar y tributar han sido muy agraviados y engañados los míseros indios, porque conforme en las tasas y retasas que en las dichas visitas se han hecho y ordenado, cada indio en la Provincia de Tunja y en la de Santafé, que es donde algunos naturales han quedado, es que pague cada indio en un año un peso oro y una manta de algodón que vale otro pesos poco más, de manera que el que tiene quinientos indios le está tasado llevar de ellos mil pesos y no más, y certifico a v.m. que hay pueblo de indios que no tiene setenta tributarios que en cada un año paga valor de más de tres mil pesos de buen oro y tienen esto por flor y gran hazaña, siendo manifiesto robo y contra lo que v.m. tiene mandado. […].

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He dicho esto para que v.m. entienda cómo son tratados aquellos miserables y cómo podían conservarse e ir en aumento que es lo que v.m. quiere y desea, porque si a los pobres les toman sus tierras y labranzas que es de donde han de sacar el tributo que les mandan pagar y lo demás que los miserables han menester para sustentar sus personas, mujer e hijos a que han de acudir y de que lo han de sacar para cumplir con los españoles, hánse hallado tan atajados y miserables viéndose tan desventurados y por otra parte como los excesivos servicios personales en que de ordinario los fatigan y traen, que muchos de ellos han desamparado sus tierras y naturaleza y se van a partes remotas en donde miserablemente han perecido sin lumbre ni fe de bautismo, cosa de gran lástima y en que está encargada vuestra real conciencia y todo esto se puede ver ocularmente que está careciendo de remedio tan necesario.
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Diego de Torres

4. De cómo son más maltratados los pueblos que son de v.m. más que los otros que no lo son

También manda v.m. por ley nueva y ordenanza real que el pueblo o pueblos de indios que vacaren o fueren puestos en vuestra real corona sean mejor tratados y conservados que los demás que no lo son, para que entiendan que viniendo a vuestra real corona han de ser en más aumento y conservación, ansí para lo que les conviniere para lo espiritual como para lo temporal; certifico a v.m. que se hallará ser verdad no haber pueblo de indios más perseguidos, vejados ni molestados y pobres, que son los que se han puesto en vuestra real corona, en especial los pueblos que son de la provincia de Tunja donde yo soy cacique, porque si el encomendero los molesta era él sólo y sus criados y finalmente reconocían a uno por superior, mas los que vienen a vuestra real corona no saben a cuál es al que le han de agrandar, porque el gobernador los manda, el contador lo mesmo, el tesorero ni más ni menos y el corregidor que es en aquellas provincia […]. Los miserables indios no saben a dónde acudir a buscar remedio de los agravios por que estos les son hechos, si no es clamar al cielo y llorar su desventura, porque debajo del agravio que les hacen en sus

personas gozando de sus mujeres e hijas, unas particularmente una crueldad terrible en lo que son pueblos de v.m. […].
5. De cómo los indios no son tratados como persona libres como lo son y como s.m. manda

Por nuevas leyes y ordenanzas reales hechas para las indias tiene

v.m. ordenado y mandado que los indios naturales de aquellas partes
sean tratados como personas libres como lo son y que no reciban agravio alguno en sus personas, haciendas, mujeres e hijos. Hállase en la ciudad de Tunja usarse un cautiverio y crueldad diabólica contra lo que ansí v.m. tiene ordenado y mandado, y es que cada mujer de encomendero de indios tiene en sus casas muchas mujeres que sacan de los pueblos que tienen en su encomienda para que les hilen hilo, tejan y labren y hagan otros servicios y granjerías que han usado tener dentro de sus casas y estas mujeres las más son hijas de indios principales, que es una cosa que los padres naturales sienten mucho, ver a sus hijas, sobrinas y deudas en un cautiverio tan perpetuo y servicio tan in grato, que toda la vida viven debajo de llave, que no ven sol ni luna, haciéndoles padecer extrema y miserable vida. […].
6. De una manera de criar hijos de españoles en mucho prejuicio de los indios

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Carta de protesta del cacique de Turmequé al Rey de España

Pues otra persecución y crueldad mayor que la que está dicha, que sobre esas miserables mujeres se usa, es que ninguna mujer española de las que tienen y poseen indios por encomienda, se precia de criar el hijo que pare, porque, en pariendo, le han de tener cantidad de amas escogidas de sus pueblos, llevándolas contra la voluntad de sus maridos y padres y para ello apremian y molestan a sus caciques y principales y les llevan el número que piden, para que la señora parida escoja las más limpias y de mejor leche. Porque nunca falte de esta escogencia, siempre dejan tres o cuatro amas, quitándoles de los pechos sus hijos naturales, los cuales entregan a sus padres y deudos y principales para que los críen en sus pueblos, sin pagarles ninguna cosa, antes de más de que sirven de amas,

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Diego de Torres

les ocupan en otros servicios dentro de casa […] y con esto los pobres indios andan con sus hijos en los brazos llorando y quejándose a sus caciques y principales cómo los crían, pensando que es obligación general de los pueblos el dar amar para criar los hijos de los españoles, a modo de tributo hace luego el cacique que todas las mujeres paridas de su república den lecha a aquellos indios tantos días y los miserables indios andan de parida en parida con sus hijuelos en los brazos por ver si pueden criarlos con aquella orden y el postrero remedio que tienen, y como sea esta orden tan diabólica y perversa y tan contra Dios y contra orden natural y contra lo que v.m. tiene ordenado y mandado, ninguno destos niños se ha visto vivir y aún entiendo que se hallará no haber advertido que estos niños que ansí han perecido, ya que les toman las madres, les hayan hecho bautizar, de que se ha servido Dios Nuestro Señor y a s.m. que por criar una criatura perezcan otras criaturas, siendo iguales en proximidad y redención por Cristo Nuestro Señor y ni más ni menos tan libres y vasallos de v.m. como los demás naturales destos Reinos.

Decreto del 20 de mayo de 1820
[mediante el cual se dictan normas para restablecer en sus derechos a los indígenas y para fomentar su progreso económico y educación]*

S im ó n B o l íva r

Villa del Rosario de Cúcuta, 20 de mayo de 1820

Deseando corregir los abusos introducidos en Cundinamarca en la mayor parte de los pueblos de naturaleza, así contra sus libertades, y considerando que esta parte de la población de la República merece las paternales atenciones del Gobierno por haber sido la más vejada, oprimida y degradada durante el despotismo español, con presencia de lo dispuesto por las leyes canónicas y civiles, ha venido en decretar: Artículo 1º  Se devolverá a los naturales, como propietarios legítimos, todas las tierras que formaban los resguardos según títulos cualquiera que sea el que aleguen para poseerla los actuales tenedores. Artículo 2º  Las funciones que carguen sobre los dichos resguardos no teniendo la aprobación de la autoridad a quien ha correspondido concederla, quedará sin efecto ni valor aunque haya subsistido por tiempo inmemorial. Artículo 3º  Integrados los resguardos en lo que se les haya usurpado los jueces políticos repartirán a cada familia tanta extensión de terreno cuanto cómodamente pueda cultivar cada una teniendo presente el número de personas de que conste la familia y la extensión total de los resguardos. Artículo 4º  Si repartidos los resguardos a las familias, como se ha dicho, quedarán tierras sobrantes, las arrendarán por remate los
* Fuente: Biblioteca del Congreso de la República, Bogotá.

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Decreto del 20 de mayo de 1820

mismos jueces políticos a los que más dieren y afianzare mejor, prefiriendo siempre por el tanto a los actuales poseedores. Artículo 5º Las familias, o los miembros de ellas, no podrán arrendar la parte que les toque sino con conocimiento del juez político para evitar daños y fraudes que le causaren. Artículo 6º  Los productos de los terrenos que se arrienden conforme al artículo 4, se destinarán, parte en pago a los tributos y para pago de los sueldos de los maestros de las escuelas que se establecerán en cada pueblo. Cada maestro gozará anualmente de un sueldo de 120 pesos si alcanzaren o excedieren de esta cantidad los arrendamientos; si fuere menos, será todo para el maestro. Artículo 7º  El juez político, de acuerdo con el cura de cada pueblo, nombrará a estos maestros y participará sus nombramientos a los gobernadores de la provincia para que estos lo hagan al gobernador del departamento. Artículo 8º  Los gobernadores políticos de las provincias formarán el reglamento que deba observarse en las escuelas de sus respectivas provincias detallando el método de enseñanza y de educación. Artículo 9º  Todos los niños mayores de cuatro años y menores de catorce asistirán a las escuelas, donde se les enseñarán las primeras letras, la aritmética, los principios de religión y los derechos y los deberes del hombre y del ciudadano de Colombia conforme a las leyes. Artículo 10º  Deducido el sueldo de los maestros, se aplicarán las rentas que sobre los arrendamientos al ramo de tributos rebajando este total que se aplique del total general con que se contribuya al pueblo a quien se aliviará la contribución a prorrata. Artículo 11º  Para que estas operaciones se ejecuten con todo método, orden y exactitud que exige la unidad general de los pueblos, estarán obligados los jueces políticos a llevar cuenta corriente de los arrendamientos y la presentarán con la de los tributos a los Ministros respectivos del tesoro público. Artículo 12º  Ni los curas, ni los jueces políticos, ni ninguna otra persona empleada o no, podrá servirse de los naturales de ninguna manera, ni en caso alguno, sin pagarles el salario que antes estipulen

en contrato formal celebrado a presencia y con consentimiento del juez político. El que infringiere este artículo pagará el doble del valor del servicio hecho y los jueces políticos exigirán esa multa irremediablemente a favor del agraviado por la menor queja que tengan; cuando los jueces mismos sean los delincuentes, serán los gobernadores políticos los que exigirán la multa. Artículo 13º  La misma disposición del artículo 12 comprende a las cofradías cuyos ganados no pastarán en los resguardos si no pagan arrendamiento, ni serán guardados por los naturales si no del modo dicho en el artículo procedente. Artículo 14º  Cesarán absolutamente desde este momento, como escandalosas y contrarias el espíritu de la religión, a la disciplina de la Iglesia y a todas las leyes, las costumbres de no administrar los sacramentos a los feligreses mientras no han pagado los derechos de cofradía y congrua la de obligarlos a que hagan fiestas a los santos y las de exigirles derechos parroquiales de que están exentos los naturales por el estipendio que dá el Estado a los curas. Los curas que contravinieren este artículo, continuando los mismos abusos, sufrirán el rigor de las leyes en juicio severo, y al efecto los jueces políticos velarán la conducta de los curas para dar cuenta al Gobierno de la menor falta que noten de esta parte y que se provea lo que corresponde. Artículo 15º  Los naturales, como los demás hombres libres de la República, pueden ir y venir con sus pasaportes, comerciar sus frutas y efectos, llevarlos al mercado o feria que quieran y ejercer su industria y talentos libremente, del modo que ellos elijan sin que se les impida. Artículo 16º  El presente decreto no sólo se publicará del modo acostumbrado sino que los jueces políticos instruirán de su contenido a los naturales, instándolos a que representen sus derechos aunque sea contra los mismos jueces y que reclamen cualquier infracción que se cometa.

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Glosario

Autoridades tradicionales: son los miembros de una comunidad indígena que ejercen, dentro de la estructura de su cultura un poder de organización, gobierno, gestión o control social. Las autoridades tradicionales de las comunidades indígenas tienen frente al Incora la misma representación y atribuciones que corresponde a los cabildos indígenas. (véase el decreto 2164 de 1995). Cabildo indígena: entidad pública especial cuyos integrantes son miembros de una comunidad indígena, elegidos y reconocidos por esta. El cabildo es la organización sociopolítica tradicional que cumple la función de representar legalmente a la comunidad, ejercer la autoridad y realizar las actividades que le atribuyen las leyes, los usos, costumbres y el reglamento interno de cada comunidad. (véase el decreto 2164 de 1995, artículo 2). Comunidad indígena/parcialidad: grupo o conjunto de familias de ascendencia amerindia, que tienen conciencia de identidad y comparten valores, rasgos, usos o costumbres de su cultura. La comunidad tiene, así mismo, una forma de gobierno, gestión, control social o sistema normativo que la distingue como grupo de otras comunidades, ya sea que tenga o no títulos de propiedad sobre la tierra, o que no pueda acreditarlos legalmente, o que sus resguardos hayan sido disueltos, divididos o declarados vacantes. (véase el decreto 2164 de 1995). Mamö: dirigente espiritual y autoridad tradicional del pueblo arhuaco. Nele: dirigente espiritual y autoridad tradicional del pueblo tule o cuna. Resguardo indígena: es una institución legal y sociopolítica de carácter especial, conformada por una o más comunidades indígenas, que con un título de propiedad colectiva goza de las garantías de la propiedad privada. Además de poseer su territorio, el resguardo se rige para el manejo de este y de su vida interna por una organización autónoma amparada por el fuero indígena y su sistema normativo propio (véase el decreto 2164 de 1995, artículo 21). Terraje: sistema de vinculación del trabajador indígena a la hacienda andina mediante el cual, por el derecho a trabajar una pequeña parcela, el terrajero y su familia se obligaba a trabajar varios días a la semana, sin ninguna otra contraprestación en las tareas de la hacienda. Contra este sistema de explotación se levantó el dirigente indígena Manuel Quintín Lame.

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Pueblos indígenas de Colombia*

nombr e más común del pueblo

d e pa r ta m e n t o

Achagua Amorúa Andoke Arhuaco (ijka) Awa (cuaiker) Bara Barasana Barí Betoye Bora Indígenas de Cañamomo, La Montaña y San Lorenzo Camen�a Carapana Chimilla Chiricoa Cocama Coconuco Coreguaje Coyaima-Natagaima (pijao) Desano Dujos Embera Embera Chamí Eembera Katío Eperara Siapidara Guambiano (misak) Guanaca

Meta Casanare Amazonas Cesar, Magdalena, La Guajira Nariño, Putumayo Vaupés Vaupés Norte de Santander Arauca Amazonas Caldas Putumayo Vaupés Magdalena Casanare Amazonas Cauca Caquetá Tolima Vaupés Huila Chocó, Antioquia Risaralda, Antioquia Antioquia Valle, Cauca Cauca Cauca



* El presente listado hace parte del material de trabajo de Enrique Sánchez Gutiérrez en 2005.

Guayabero Hitnu Inga Karijona Kawiyarí Kofán Kogui Kubeo Kuiba Kurripako Letuama Makaguaje Makuna Masiguare Matapí

Guaviare Arauca Putumayo, Bogotá Amazonas Vaupés Putumayo Magdalena, Cesar, La Guajira Vaupés Vichada, Casanare Guainía Amazonas Caquetá Amazonas Casanare Amazonas Amazonas Atlántico Amazonas Cundinamarca, Boyacá Cauca, Valle, Tolima Amazonas Guaviare, Vaupés, Guainía Amazonas Nariño Vichada, Guaianía Vichada Vaupés Vaupés Guaianía Nariño Casanare Córdoba, Sucre, Antioquia Vichada, Meta, Casanare, Arauca Putumayo


Pueblos indígenas de Colombia

Miraña Mokaná Muinane Muisca Nasa (páez) Nonuya Nukak Ocaina Pasto Piapoco Piaroa Piratapuyo Pisamira Puinave Quillasinga Sáliba Senú Sicuani Siona

Siriano Taiwano Tanimuka Tariano Tatuyo Tikuna Totoró Tsiripu Tucano Tule (kuna) Tuyuka UitotoI U’wa (tunebo) Wanano Waunan Wayuu Wiwa Yagua Yanacona Yauna Yuko Yukuna Yuri Yuruti

Vaupés Vaupés Amazonas Vaupés Vaupés Amazonas Cauca Casanare Vaupés Antioquia, Chocó Vaupés Amazonas, Caquetá, Putumayo Boyacá, Arauca Vaupés Chocó, Valle La Guajira La Guajira, Cesar Amazonas Cauca Amazonas Cesar Amazonas Amazonas Vaupés Pueblos indígenas de Colombia



Referencias bibliográficas

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Referencias bibliográficas

Nota biográfica

enr iqu e sánc h ez gutiér r ez

Nació en Yolombó, Antioquia, en 1947. Sociólogo e investigador. Comenzó su vida profesional en los años setenta, durante el proceso de Reforma Agraria, trabajando sobre la situación territorial de los pueblos indígenas. Fue asesor del Departamento Nacional de Planeación para temas relacionados con los grupos étnicos y participó en numerosas iniciativas públicas sobre pueblos y comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas. Fue director de la Corporación para el Desarrollo del Chocó, lo mismo que de la Fundación Centro de Cooperación al Indígena (cecoin). Se ha desempeñado como investigador principal del Instituto Humboldt y ha sido consultor del pnud, del Banco Mundial y de otros organismos multilaterales en temas ambientales y culturales. Es autor y coautor de numerosos libros y artículos sobre temas étnicos y ambientales, al tiempo que ha promovido importantes eventos y debates sobre la necesidad de proteger los sistemas tradicionales de conocimiento y el patrimonio cultural de las comunidades locales.
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h er ná n moli na ec h ev er r i

Nació en Marulanda, Caldas, en 1965. Su infancia y su juventud transcurrieron en San Félix, municipio al norte del departamento de Caldas. Filósofo e historiador de la Universidad Santo Tomás de Bogotá. Desde muy temprano en su formación universitaria se dedicó a estudiar la problemática de los indígenas en Colombia. En su ejercicio profesional ha adelantado varias investigaciones, ponencias, informes y publicaciones, entre ellas, «Nuevos escenarios de vida indígena urbana: el caso de Bogotá» (Revista Etnias y política nº 4, Bogotá, 2007); «Las lenguas indígenas en Colombia: hacia la creación de una Academia de las lenguas indígenas» (ponencia presentada en el xiii Congreso Nacional de Antropología, Uniandes, 2009). Ha participado como documentalista en investigaciones relacionadas

con la situación de los pueblos indígenas en Colombia, tales como: Violencia política contra los pueblos indígenas en Colombia 1974-2004 (2005); Paz y resistencia: experiencias indígenas desde la autonomía (2007); TLC y pueblos indígenas: entre el saqueo y la resistencia (2007); «Indígenas sin derechos: situación de los derechos humanos de los pueblos indígenas. Informe 2007» (2008); y La tierra contra la muerte: conflictos territoriales de los pueblos indígenas en Colombia (2008), todos ellos editados por el cecoin en Bogotá. Actualmente se desempeña como asesor de la Organización Nacional Indígena de Colombia, Onic.



esta colección fue realizada

por el área de literatura del

ministerio de cultura en el

año de la conmemoración

del bicentenario de la

independencia de colombia y

financiada por el ministerio

de cultura

nación desde la raíces
bogotá  agosto de 2010

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