LA ECONOMÍA A LA LUZ DE LA ECONOMÍA POLÍTICA PABLO MÍGUEZ Y JUAN SANTARCÁNGELO

Primera Jornada sobre Enseñanza de la Economía - UNGS

Primera Jornada sobre Enseñanza de la Economía / Karina Forcinito ... [et.al.] ; coordinado por Valeria S. Wainer y Griselda Maza. - 1a ed. - Los Polvorines : Univ. Nacional de General Sarmiento, 2009. Internet. ISBN 978-987-630-058-2 1. Enseñanza de la Economía. I. Forcinito, Karina II. Wainer, Valeria S., coord. III. Maza, Griselda, coord. CDD 330.7

© Universidad Nacional de General Sarmiento, 2009 J.M. Gutiérrez 1150, Los Polvorines (B1613GSX) Prov. de Buenos Aires, Argentina Tel.: (54 11) 4469-7578 publicaciones@ungs.edu.ar www.ungs.edu.ar/publicaciones Diseño y Diagramación: Departamento de Publicaciones - UNGS

ISBN: 978-987-630-058-2 Hecho el depósito que marca la Ley 11.723 Prohibida su reproducción total o parcial Derechos reservados

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Presentación

PRESENTACIÓN: La investigación acerca de la formación docente, en general, y con orientación hacia la economía, en particular, es reconocida hoy como una de las áreas de vacancia no sólo en la Argentina sino también en el resto de la América Latina. En este sentido, tanto el abordaje de problemáticas económicas actuales como de la didáctica específica de la economía -un campo de reciente desarrollo- asumen central importancia dentro de las actividades de formación e investigación del Profesorado Universitario en Economía de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Por otra parte, la creciente complejidad de las relaciones económicas internacionales, y su expresión a nivel nacional, así como la diversificación del pensamiento económico que se produce en íntima vinculación con las mismas, se han convertido en elementos clave para la socialización en el mundo actual. Dicha socialización se produce, en parte, a través del sistema educativo. Por otra parte, el aprendizaje de las nociones económicas se convierte en una pieza fundamental en el desarrollo del pensamiento social; de ahí la importancia que poseen los contenidos económicos en la formación obligatoria. Sin embargo, la investigación sobre la enseñanza de la Economía en el nivel medio educativo enfrenta principalmente dos problemas. Primero, el hecho de que esta disciplina tenga una débil tradición escolar, y segundo, el desarrollo de la Didáctica de la Economía está muy por detrás de campos como el de las Ciencias Naturales y la Matemática, e inclusive de la Didáctica de las Ciencias Sociales. Es por ello que entre los obstáculos y dificultades que enfrenta la enseñanza de las nociones económicas en la escuela media se encuentran, fundamentalmente, la falta de recursos didácticos y la escasa investigación y reflexión crítica que permitan apoyar la tarea del docente. La falta de desarrollo de este campo disciplinar, como lo es la Didáctica de la Economía, suscita el interés y el desafío para crear ámbitos de reflexión y problematización de carácter permanente. En este marco, con el propósito de contribuir a la construcción de un espacio sistemático de reflexión crítica sobre la enseñanza y el aprendizaje de la Economía en los niveles medio y superior, el Profesorado Universitario en Economía en el marco del Instituto del Desarrollo Humano organizó la Primera Jornada sobre Enseñanza de la Economía, que fue realizada

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en el mes de junio de 2007 en la Universidad Nacional de General Sarmiento, con el fin de inaugurar una serie de encuentros que tengan lugar de manera periódica y difundir sus resultados del modo más accesible posible. La Jornada tuvo como objetivos principales: • Promover el intercambio, la reflexión conjunta y la discusión en torno de los contenidos y las prácticas docentes vinculadas con la enseñanza y el aprendizaje de la Economía en los niveles educativos medio y superior. • Problematizar la actividad de investigación en relación con el Currículum y la Didáctica de la Economía. • Difundir los avances realizados en las investigaciones vigentes sobre los procesos de enseñanza y aprendizaje de la Economía. La convocatoria estuvo dirigida a los docentes de Economía del nivel medio, terciario y universitario, a los estudiantes de los Profesorados en Economía de la UNGS y de los Institutos Terciarios y a los investigadores en el área de la Enseñanza de la Economía. Con el fin de contribuir a la consecución de los objetivos antes mencionados, se presentan a través de este medio las ponencias presentadas en dicha Jornada con la expectativa de que se constituyan en un aporte para el desarrollo de la enseñanza de la Economía. La presentación de las ponencias en esta publicación se encuentra organizada en 4 secciones. La primera sección reúne los trabajos referidos a las problemáticas vinculadas con la formación del profesorado en economía. Las secciones segunda y tercera agrupan las ponencias referidas a la enseñanza de la economía en los niveles educativos medio y superior, respectivamente. A su vez, estas secciones se dividen en dos partes. La Parte I reúne “Enfoques y miradas”, mientras que la Parte II presenta “Ejercicios y propuestas de enseñanza”. Por último, la cuarta sección reúne las ponencias que presentan reflexiones sobre la teoría económica y sus implicancias para su enseñanza.

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Presentación

INDICE

I. La formación del profesorado en economía: “La enseñanza de la economía por paradigmas y en la interdisciplinariedad con el resto de las ciencias sociales: reflexiones acerca de los desafíos involucrados en la práctica docente y en el proceso de aprendizaje.” Autora: FORCINITO, Karina. II. La enseñanza de la economía en el nivel medio: Parte 1: Enfoques y miradas. “Pensar lo social.” Autora: PIPKIN, Diana. “La economía es una ciencia social.” Autor: TASCA, Juan Carlos. “Currículum y hegemonía: reflexiones en torno a la enseñanza actual de la economía en la escuela media.” Autora: WAINER, Valeria. Parte 2: Ejercicios y propuestas de enseñanza. “Ciencia y Poder: derivaciones en la economía.” Autora: ALVARENGA, Elisa. “El cine como recurso didáctico en la enseñanza de la economía en el nivel medio.” Autora: CÁCERES, Verónica. III. La enseñanza de la economía en el nivel superior: Parte 1: Enfoques y miradas. “La enseñanza de la economía en el Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires.” Autoras: GÓMEZ DE ACOSTA, María Lucila; GONZÁLEZ, Alicia y VILARDEBÓ, Laura. “¿Del quiebre del ‘uni-verso neoliberal’ a una ‘economía post autista’? Por una enseñanza plural de la economía.” Autora: MURRIELLO, Adriana. Política, economía y educación. La modernidad como caso de análisis para la enseñanza en el nivel superior. Autor: VITARELLI, Marcelo.

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Parte 2: Ejercicios y propuestas de enseñanza. “La enseñanza de materias básicas en economía desde una perspectiva crítica.” Autores: FABRIS, Julio y LÓPEZ, Pablo. IV. Reflexiones sobre teoría económica e implicancias para su enseñanza: “La economía a la luz de la economía política.” Autores: MÍGUEZ, Pablo y SANTARCÁNGELO, Juan. “El propósito del análisis económico: ¿asignación de recursos o análisis del capitalismo? Una nota pre-didáctica.” Autor: MÜLLER, Alberto.

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LA ECONOMÍA A LA LUZ DE LA ECONOMÍA POLÍTICA PABLO MÍGUEZ1 JUAN SANTARCÁNGELO2 Los problemas económicos han cautivado la atención de sus especialistas desde el momento en que los sistemas económicos fueron desarrollándose. Sin embargo, en años recientes han florecido diferentes visiones acerca del estudio de la economía, tales como la economía industrial y la economía social. En este marco, el objeto del presente trabajo es rastrear y analizar exhaustivamente los fundamentos defínidos bajo los conceptos de economía y de economía política. Para ello se analizarán los principios fundamentales de la economía y de la economía política, así como también sus orígenes y las problemáticas que las ocupan, de modo de entender los supuestos que subyacen en el análisis teórico de cada una de estas concepciones.

Las controversias económicas han cautivado la atención de sus especialistas desde el momento mismo en que nació la economía como disciplina. Es así como problemáticas tales como el origen del valor, la capacidad de ahorro e inversión, el desarrollo de nuevas tecnologías, y la distribución de los recursos, ocupan lugares centrales en los debates teóricos. Sin embargo, en años recientes han florecido diferentes visiones acerca del estudio de la economía, surgiendo nuevas aproximaciones como la economía industrial y la economía social, que amplían los alcances de su objeto. En este marco, el objeto del presente trabajo es rastrear y analizar exhaustivamente los fundamentos de la economía y contraponerla con las principales características de la economía política. Si bien ambas concepciones reconocen su origen en los trabajos pioneros de Adam Smith con su Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, muestran diferencias sustantivas en cuanto al objeto y método de estudio y sus preocupaciones centrales giran en torno a problemas diferentes. Con este objetivo, el presente trabajo se divide en tres secciones. En la primera sección se analizarán los principios fundamentales de la economía política, sus orígenes y las problemáticas que la ocupan, de modo de entender los supuestos que subyacen en el análisis teórico de esta disciplina. En la segunda sección se hará lo propio con la
Lic. en Economía (UBA) y Lic. en Ciencia Política (UBA), Investigador docente, Instituto de Industria Universidad Nacional de General Sarmiento. 2 Doctorando en Economía (New School University), Investigador docente, Coordinador de la Licenciatura en Economía Política, Instituto de Industria - Universidad Nacional de General Sarmiento.
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economía; para finalmente en la tercera sección dedicarnos a resumir las diferencias así como los puntos de contacto y similitudes entre ambos enfoques. Por último, se presentan las principales conclusiones del trabajo. I. La Economía Política La economía política es la ciencia que estudia las leyes que rigen la producción de mercancías y la acumulación de riquezas; y de modo general, es la disciplina que se aboca a estudiar las relaciones sociales de producción y sus determinantes. No se preocupa únicamente de detalles técnicos de producción sino de las características principales de las relaciones sociales en el proceso de producción y de la forma en que evoluciona la acumulación. El origen del estudio de “lo económico” como un ámbito específico y separado de “lo social” y de “lo político” se produce en la transición del feudalismo al capitalismo (Polanyi, 1992). Hasta ese momento existían teorizaciones sobre temáticas que, analizadas desde nuestra perspectiva actual, son “económicas” pero que en el momento de su producción no hubieran sido tan fácilmente clasificables. Tal es el caso de las doctrinas mercantilistas, que asociaban la riqueza de los estados nacionales de reciente formación con la acumulación de metales preciosos. Sus recomendaciones de política económica, a saber, políticas proteccionistas tales como aranceles elevados, cuotas de importación, prohibición o limitación de la exportación de metales, obtención de balanzas comerciales favorables, concesiones monopólicas sobre el comercio exterior, respondían a la necesidad de aumentar la potencia de los Estados absolutistas europeos, que requerían recursos para financiar su expansión dentro de Europa y fuera de ella. Otro antecedente de la economía política clásica importante de destacar es la escuela de los fisiócratas, quienes fueron los primeros en concebir a la economía como un sistema económico y en dividir a la sociedad en clases según un criterio estrictamente económico. Sin embargo, la economía política no surgirá como una disciplina con un objeto, método y conceptos específicos hasta la obra de Adam Smith. Su obra no es la descripción de una sociedad existente sino el esbozo de un proyecto de sociedad. Al decir de Polanyi, describirá las bases para el pasaje de un mercado regulado a otro “autorregulado”, siendo su principal blanco de ataque el mercantilismo, con sus regulaciones y su comercio monopólico.

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En La riqueza de las naciones, Smith sistematizará buena parte de las discusiones existentes en la época y desarrollará las bases de los debates posteriores, sobre tópicos tales como el valor, la distribución, los salarios, los beneficios, las rentas y la dinámica económica general. Responde a la pregunta sobre el origen del valor de las mercancías no a partir de los metales o de la fertilidad de la tierra sino del trabajo humano. Smith estaba viendo los inicios de la revolución industrial y asiste a la creación de los mercados de trabajo en el modo de producción capitalista, ya que los mercados de mercancías y los de tierras existían desde la Edad Media. Su visión armónica de una sociedad que asiste a un estado progresivo de acumulación de capital y desarrollo económico coincide con una concepción no conflictiva de las relaciones entre las clases sociales. En mayor o menor medida, todas ellas se verían beneficiadas con el progreso económico. Otro de los grandes exponentes de la economía política clásica es David Ricardo, quien escribe sus obras entre 1800 y 1820, donde pueden observarse los primeros efectos de las grandes transformaciones sociales que la revolución industrial estaba generando en Gran Bretaña. En algunos aspectos profundiza la concepción del valor que tenía Smith al entender que el valor esta determinado por el trabajo directa e indirectamente incorporado en las mercancías, esto es, por el trabajo presente y el trabajo pasado involucrado en su producción. Pero de su análisis de la composición del valor y de la distribución del producto entre las clases sociales se concluye que esta relación armónica entre las clases sociales no puede sostenerse. Los intereses de los terratenientes van en contra del de los capitalistas y trabajadores. Dado el salario a partir de una canasta de bienes salariales de subsistencia, y el beneficio como un residuo que se obtiene luego de pagar dichos salarios, con la acumulación de capital a largo plazo y como consecuencia de la ley de los rendimientos decrecientes en la agricultura, la renta de la tierra tendería a crecer hasta poner en riesgo la existencia de los beneficios. Para Ricardo, la economía se movería en el largo plazo hacia un “estado estacionario”. El último gran autor clásico, que profundizó los conceptos desarrollados por sus antecesores y señaló los límites de la Economía Política desarrollada hasta ese momento, fue Carlos Marx3. Así como Smith y Ricardo asumían que existían leyes universales que gobernaban a la economía política, Marx sostuvo que cada etapa de desarrollo produce
Si bien existen diferentes puntos de vista sobre si Marx era un economista político clásico más, o si en realidad era un crítico de la economía política - esto es, un estudioso de los límites de la disciplina tal como había sido concebida hasta entonces para dar cuenta de la complejidad del capitalismo- dicha discusión excede el objetivo del presente trabajo.
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sus propias leyes de movimiento, y que las contradicciones de cada sistema (esclavismo, feudalismo y capitalismo) favorecen la emergencia del nuevo sistema subsiguiente (Foley, 1990: 7). De este modo y partiendo de un análisis de clases y de la teoría del valor trabajo continuada por Ricardo, Marx analiza el proceso de generación y apropiación de la plusvalía dentro del sistema capitalista. Como puede desprenderse del análisis realizado, para la economía política clásica es esencial conocer los principios fundamentales que subyacen por debajo de la superficie del sistema capitalista, lo que llevó a sus autores a dedicar gran atención a los orígenes y a la conformación del sistema capitalista. En este sentido el estudio de la transición del feudalismo al capitalismo, la acumulación originaria, el desplazamiento de la población del campo a las ciudades, el establecimiento de la propiedad privada, el surgimiento de la clase obrera, la maquinaria y la gran industria; son fenómenos claves a la hora de entender el correcto funcionamiento del sistema económico. Para la economía política, el capitalismo muestra tres rasgos esenciales (Eaton, 1966: 25). Primero, la riqueza es apropiada y se concentra en las manos de pocos individuos que son los dueños de los medios de producción. Segundo, existe una gran parte de la población cuya única posibilidad de subsistencia se basa en la venta de su fuerza de trabajo a cambio de un salario. Por último, la producción de mercancías no se destina al uso personal como en el feudalismo sino al intercambio, lo que permite la obtención de ganancias y la reproducción del capital. Para esta disciplina, la acumulación del capital es el motor central del desarrollo económico y las condiciones laborales y tecnológicas son decisivas tanto para Smith, Ricardo y el propio Marx. En este sentido, el objetivo persistente e incesante del capitalista es lograr mayores beneficios y en esa búsqueda se desarrolla la competencia entre capitales, la que da origen a un doble proceso: la concentración y la centralización del capital. El primero de ellos es el crecimiento del capital social a partir de los capitales individuales, gracias a sus propios beneficios acumulados; en tanto que la centralización del capital es el fenómeno que explica la forma mediante la cual los capitales de mayor tamaño absorben mediante fusiones y adquisiciones a los muchos otros de menor tamaño (Marx, 1995: 528-529). Para la economía política, la sociedad tiene estructura y se divide en clases sociales: los propietarios de los medios de producción, capitalistas; y los vendedores de su fuerza de trabajo, trabajadores. Esta división de la sociedad en clases tiene importantes implicancias desde el punto de vista económico y social. En primer lugar, se 10

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trata de una aproximación holística, que trata de aprehender el todo para luego dar cuenta del funcionamiento de las partes, y no al revés. En segundo lugar, el capitalismo es un sistema de producción social en el que existen explotadores (capitalistas) y explotados (trabajadores), y dicha explotación es uno de los pilares centrales en el estudio de la economía política, sobre todo desde la óptica marxista (Eaton, 1966: 8). La economía política clásica sostiene que los objetos tienen valor producto de una teoría objetiva del valor o teoría del valor-trabajo, que sostiene que los objetos tienen diferente valor con relación a la cantidad de trabajo abstracto socialmente necesario que poseen. Y dado que el objetivo del capital es obtener la mayor ganancia posible, el mismo debe extraer la mayor cantidad de trabajo excedente posible. Y en pos de este objetivo y de saciar su afán de lucro, el capitalista tiene cuatro modos de aumentar la ganancia: aumentar la cantidad de horas trabajadas, aumentar la intensidad del trabajo, reducir el salario y/o desarrollar nueva tecnología. Sin embargo, los tres primeros modos tienen límites naturales ya que nadie puede trabajar más de un determinado número de horas por día, existe una intensidad máxima de trabajo, y el salario puede reducirse pero no más allá del nivel de subsistencia. Por ende, en el largo plazo los capitalistas van a aumentar sus esfuerzos por obtener innovaciones tecnológicas e irán reemplazando trabajadores por maquinaria. Este desplazamiento de los trabajadores da origen a una población sobrante, que en términos marxistas se conoce como Ejército Industrial de Reserva, que es el conjunto de desempleados y subempleados creado y reproducido por la acumulación del capital. Para Marx, este ejército es regulado por la diferencia entre dos tendencias: el trabajo reemplazado por la mecanización del capital (expulsor de trabajo); y el crecimiento del capital que atrae a nuevos trabajadores. De acuerdo a esta aproximación teórica, el desempleo es un fenómeno inherente al capitalismo que no puede ser erradicado. La economía política intenta relacionar los cambios en la esfera institucional con el proceso de acumulación de capital, dado que es en el marco del capitalismo donde éstas se desenvuelven, donde las relaciones de producción se caracterizan por la separación de los productores de los medios de producción y las relaciones de intercambio asumen la forma mercantil. El rasgo fundamental de la economía política es que en ella la estructura económica está íntimamente relacionada con el conjunto de formas

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institucionales de la sociedad como el Estado, las leyes, las convenciones, etc. formando un todo que no puede analizarse separadamente sin caer en cierto reduccionismo.

II. La Economía El principal punto de contacto entre la economía política y la economía es, como dijimos en la primera sección, que la raíz de ambas teorías surge del análisis pionero del padre de la economía, Adam Smith. Dicho autor, en Investigación sobre la naturaleza y causas de la Riqueza de las Naciones, se proponía estudiar los determinantes que llevaban a que algunas naciones fueran ricas y otras pobres, y para ello se propuso explicar los principales enigmas de la economía. Para ello, Smith empieza su análisis con la explicación de por qué los objetos tienen valor, y para ello desarrolla una teoría de valor objetiva, que ya había sido esbozada por Petty, y que como vimos será apropiada por los economistas políticos clásicos. Pero al no encontrar un modo de medir distintos trabajos humanos de manera comparable desiste de esta explicación. Como resultado de ello, abandona esta teoría y desarrolla su segunda teoría del valor, una teoría de “los costos de la producción” que sostiene que el precio de los objetos viene determinado por el precio de los insumos que se pagan en su producción. Y justamente esta teoría del valor es recuperada y utilizada por la economía a través de la revolución marginalista, teoría que solo logra desarrollarse como alternativa a la economía política clásica en la década de 18704. Sin embargo la historia económica muestra que desde 1850 que se producen avances claros en la dirección marginalista. Por estos años, el economista alemán Gustav Gossen desarrolla dos ideas importantes. Por un lado, el principio de utilidad marginal decreciente, que constituye el fundamento de la teoría neoclásica de la conducta del consumidor; y que básicamente sostiene que el placer que produce un bien disminuye a medida que aumenta su consumo. Por otro lado, establece una segunda ley importante que es el teorema de la igualdad de las utilidades marginales ponderadas, fundamento que explica la conducta maximizadora de la utilidad, y donde se señala que los

Como señala Blaug (1968), hablar de “revolución marginal” puede inducir a error porque se desarrolló muy lentamente desde antes de 1870 y no se llegó a admitir por completo hasta después de transcurrida una generación, a finales del siglo XIX.

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individuos intercambian bienes hasta que la utilidad de las últimas unidades que posean resultan iguales (Screpanti y Zamagni, 1997: 101). Es así como a partir de la utilidad marginal de los bienes, los marginalistas buscan construir una nueva teoría del valor, y también del comportamiento humano, que queda reducido al cálculo racional orientado a la maximización de la utilidad. La revolución se produce simultáneamente en Inglaterra, Austria y Suiza, asociada a los nombres de Jevons, Menger y Walras, respectivamente. Escribiendo en contextos distintos con tradiciones de pensamiento muy diferentes los autores van a encontrar una especie de síntesis en la obra de Marshall, quien desarrollará la teoría del equilibrio general. A pesar de sus diferencias, podemos encontrar algunas preocupaciones y rasgos comunes en estos autores. En primer lugar, todos buscan “refundar” la economía, dotándola de nuevas bases. Rechazan la economía política clásica, y sobre todo el marxismo, por razones ideológicas y por ser la doctrina crecientemente adoptada por el movimiento obrero europeo. Reconociendo que los reclamos de los trabajadores se apoyan en buena medida y son un producto de la economía política clásica; estos teóricos creyeron necesario cambiar el eje central de la disciplina y del marxismo, la teoría del valor. En segundo lugar, todos ellos pueden clasificarse desde el punto de vista metodológico como individualistas. Como dijimos previamente, los economistas políticos clásicos eran holistas, la unidad de análisis no era el individuo sino la clase social, en la medida que la pertenencia a ésta condicionaba las conductas individuales. Van desde la macro a la micro, mientras que los neoclásicos explican lo macro desde lo micro. En tercer lugar, sostienen una teoría de la distribución del producto a partir de la retribución a los “factores de la producción”. No hay un único factor que crea valor como antes lo hacía el trabajo. El aporte del valor proviene de muchos factores, los factores de la producción, a los que corresponden diferentes fuentes de ingresos. Así, al “factor trabajo” le corresponde el salario como remuneración por su aporte a la creación de valor; en tanto que al capital le corresponde el beneficio; y a la tierra, la renta. En cuarto lugar, todos toman como modelo de ciencia a seguir a las ciencias naturales. El paradigma es el positivismo de la época en sus diferentes versiones. Su modelo de ciencia era el de las llamadas “ciencias duras”, por oposición a las ciencias sociales o “blandas”. Walras, por ejemplo, toma el positivismo francés de Augusto Comte. Buscaba que la economía se pareciera a la Física, para lo cual hace uso de conceptos tomados de esta disciplina tales como “equilibrio”, “campo de fuerzas”, y “estática”. Por otro lado, Jevons se inspiró en el empirismo inglés, sobre todo en John Stuart Mill; 13

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mientras que los austríacos tomaron, para referirse a la competencia capitalista, la idea de supervivencia del más fuerte de la biología y del darwinismo evolucionista. Finalmente, todos estos “economistas” eran liberales en lo ideológico-político. Defienden el libre funcionamiento de la economía de mercado como la mejor forma de organización de la economía. Para Walras, el mercado garantiza la mejor asignación de los recursos puesto que los intercambios entre individuos racionales y maximizadores conducen a una organización de la producción y de la distribución de la renta eficiente y mutuamente beneficiosa, mientras que la intervención del Estado puede llevar a “desequilibrios”. Por su parte, Menger sostenía que en el marco del mercado ganan los más fuertes, el progreso económico garantiza el avance de la sociedad, y el Estado sólo puede ahogar la creatividad generada por la competencia. Por ende, la típica definición de economía que se puede encontrar en los libros de texto es que la economía es el estudio de la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir mercancías valiosas y distribuirlas entre los diferentes individuos (Samuelson y Nordhaus, 2001: 4). Esta definición muestra dos principios fundamentales de la economía marginalista: el principio de la escasez (los bienes son escasos y de uso alternativo) y de la eficiencia (la sociedad debe usar los recursos eficientemente). La escasez es crucial para la economía ya que justamente los bienes económicos son los bienes escasos o limitados. Si los bienes fueran abundantes y gratuitos no habría necesidad de hablar de economía, ya que cualquiera podría acceder a su voluntad a la posesión de bienes. Por otro lado, dado que los deseos de los individuos son ilimitados, el principio de eficiencia cumple con utilizar los recursos de la sociedad de la manera más eficaz posible para satisfacer las necesidades y los deseos de los individuos (Samuelson y Nordhaus, 2001: 4). Siguiendo este razonamiento, la realidad económica, a pesar de su enorme complejidad, puede reducirse a una serie de transacciones en el mercado y el sistema económico puede estudiarse como un enorme conjunto de mercados interdependientes donde se reúnen agentes atomísticos, racionales y maximizadores. El problema central de la investigación económica pasa a ser la explicación de la formación de los precios en el mercado. Mientras Marshall desarrolla el análisis del “equilibrio parcial”, esto es, el análisis del equilibrio en un mercado individual a partir de las variaciones en las cantidades ofrecidas y demandadas, Walras procura establecer la interconexión o interdependencia que existe entre todos los mercados con su análisis del “equilibrio general” donde los precios de los productos y de los insumos se determinan al mismo 14

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tiempo, y donde el equilibrio del mercado depende de la posibilidad de plantear y resolver un sistema de ecuaciones simultáneas. Tal sistema de intercambios conduciría a una organización de la producción y de la distribución de la renta eficiente y mutuamente beneficiosa (Screpanti y Zamagni, 1997: 175). El estudio de la economía se divide en dos grandes ramas: la microeconomía y la macroeconomía que convergen y forman a la economía como ciencia acabada. La microeconomía se ocupa de sentar las bases teóricas para el estudio de los individuos y las empresas en el desarrollo de dos teorías que se complementan para entender cómo funciona el mercado: la teoría del productor y la del consumidor. La teoría del productor explica mediante el estudio del comportamiento de un productor individual, la firma representativa, cuales son las circunstancias que enfrenta en la producción de bienes y servicios. Esta teoría sostiene que los productores esencialmente intentan maximizar su ganancia, la cual es entendida como la diferencia entre los ingresos que una firma recibe y los costos en los que incurre (Varian, 1992: 23). En dicho análisis, se considera que la competencia es perfecta, lo que determina que existen innumerables firmas que producen el mismo bien y que los precios del mercado no pueden ser afectados por estas empresas. Este problema de maximización de las ganancias también puede ser analizado como un problema de minimización de costos, para lo cual la economía desarrolla una batería de conceptos relacionados con los costos, tales como el costo medio, marginal, total, de corto y largo plazo; así como de las características de la función de producción que dichas firmas poseen (Cobb Douglas, Leontieff, etc.). La aproximación al estudio de la maximización de las ganancias y la minimización de costos requiere un amplio dominio de las matemáticas, estadísticas, álgebra, lo que por un lado requiere un amplio conocimiento en dichas disciplinas; y por otro lado, sesga el análisis, ya que a la hora de analizar problemas empíricos las funciones de producción que son utilizadas (y las maximizaciones o minimizaciones) son elegidas de acuerdo con su practicidad y facilidad a la hora de estudiarlas y representarlas gráficamente, más que por tratarse de una adecuada representación de la realidad. Por su parte, la teoría del consumidor se dedica a analizar el comportamiento del consumidor típico (lo cual presupone, como en el caso del productor, que existen consumidores representativos) sosteniendo que su conducta puede explicarse bajo el principio de maximización de la utilidad. Se asume que el consumidor es un agente racional que tiene determinadas preferencias por los bienes que se producen en la 15

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economía y que siempre elegirá de un determinado conjunto de bienes, que son los que más utilidad le reportan. Estas preferencias irán delimitando las curvas de demanda que luego serán utilizadas conjuntamente con las curvas de oferta, obtenidas en la esfera de la producción (es decir en el análisis de la teoría del productor), para encontrar el punto de equilibrio del mercado, donde todos los agentes estarán maximizando sus respectivas funciones de utilidad y beneficios. La macroeconomía por su parte se considera que surge en el año 1936 con la publicación de la Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero de John Maynard Keynes. Esta subdisciplina estudia el comportamiento de la economía en su conjunto, y para ello examina el nivel global de producción, empleo y precios de manera agregada. Los principales tópicos que componen esta disciplina son el desempleo, la inflación, y los determinantes de la inversión, el ahorro y el consumo, así como el rol del Estado y las expectativas de los agentes. La macroeconomía pretende tener (aunque esto es materia de controversias) una fuerte base en la microeconomía, ya que el estudio agregado de un país no es más que la agregación del estudio de los productores y consumidores (Santarcángelo, 2007). Los objetivos de la macroeconomía son tres: obtener un elevado y creciente nivel de producción; un elevado nivel de empleo con un bajo nivel de desempleo; y mantener un nivel de precios estable o levemente ascendente (Samuelson y Nordhaus, 2001: 380). Para ello, el Estado tiene dos instrumentos que puede utilizar: la política monetaria (procurando el control de la oferta monetaria para afectar la tasa de interés), y la política fiscal (el uso deliberado del gasto público y de la recaudación de impuestos para regular el ciclo económico). Como puede verse, tanto la microeconomía de la economía neoclásica previa a Keynes (y posterior) como la macroeconomía keynesiana comparten los presupuestos mencionados acerca de la teoría subjetiva del valor y mantienen una concepción individualista de los agentes económicos, a quienes le asignan racionalidad en la maximización de sus objetivos en tanto consumidores y productores. A medida que estas subdisciplinas fueron desarrollándose, incorporaron refinamientos teóricos y matemáticos para dar cuenta de la posibilidad de racionalidad limitada en la toma de

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decisiones, de la presencia de incertidumbre, y otras sutilezas analíticas, aunque esto no modifica en lo esencial, sus presupuestos fundamentales.

III. Diferencias entre ambas teorías Como pudimos ver en las secciones previas, la economía política y la economía presentan escasos puntos en común, siendo estos la excepción más que la regla. En la Tabla Nº 1 presentamos las principales diferencias entre ambas teorías en diez categorías: origen, teoría del valor, objeto de estudio, sociedad, rol del contexto histórico, distribución de la renta, competencia, relación con otras disciplinas, mercado de trabajo y comportamiento general de las variables. En las secciones anteriores hicimos referencia a las cuestiones vinculadas con el origen, teoría del valor y objeto de estudio de ambos enfoques. Destacamos que si bien ambas disciplinas reconocen su origen común en la obra de Adam Smith, la economía política mantiene una teoría objetiva del valor y su objeto de estudio son las leyes de la producción y de la acumulación de capital mientras que la economía sostiene una teoría subjetiva del valor y se preocupa por la asignación eficiente de recursos escasos así como de la satisfacción de las necesidades de los consumidores. Para la economía política, la sociedad se divide en clases sociales, en tanto que la economía analiza a los individuos como semejantes y representativos. Tabla Nº 1 – Principales diferencias entre economía y economía política.
Economía Origen Teoría del valor Objeto de Estudio Adam Smith. Subjetiva. entre diferentes usos alternativos. Sociedad Rol del contexto histórico Economía Política Adam Smith. Objetiva. que rigen la producción, y acumulación de las riquezas. Todos los individuos son semejantes y Dividida en clases sociales: representativos. Escaso o nulo. capitalistas y trabajadores. Fundamental. Para entender los fenómenos es necesario

La asignación de recursos dados y escasos Leyes

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entender el contexto histórico. Distribución de la renta Competencia Personal. Perfecta. Funcional. Situación natural del sistema capitalista que jamás puede definirse como perfecta. Rol del Estado En la versión neoclásica no tiene un rol Varía según los autores pero establecido mas que el de garantizar el todos consideran que es una despliegue del mercado sin interferencias. institución necesaria para la La economía keynesiana, en cambio, acumulación del capital. Marx propone su intervención como necesaria lo analiza críticamente. para garantizar dicho despliegue. Relación con otras disciplinas (ciencias políticas, sociología, filosofía, etc.) Mercado de trabajo El desempleo es producto de El desempleo es inherente al y no puede ser interferencias que no permiten que la sistema equilibren. Comportamiento de las variables Están en equilibrio aún en el corto plazo. No se piensan en términos de equilibrio, y en relación a este sostienen que el equilibrio y el desequilibrio están intrínsecamente vinculados. Nula. Pretensión de totalidad. Amplia.

oferta y la demanda de trabajo se erradicado.

Fuente: Elaboración propia. La quinta dimensión que podemos analizar es el contexto histórico, que resulta esencial para la economía política ya que determina las características particulares de las distintas etapas históricas. Sin embargo, para la economía, el contexto histórico es nulo, lo que conlleva la existencia de una única verdad independientemente del tiempo. La economía propone explicaciones que se pretenden universales, válidas para todo tiempo y lugar, sin atender el contexto histórico, político y social de surgimiento de la teoría. Como señala Aglietta: “El objetivo de la teoría es expresar la esencia despojándola de cualquier tipo de contingencia; (por lo que) las instituciones, las interacciones sociales, y los conflictos, son escorias que hay que eliminar para poder descubrir el comportamiento

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económico en estado puro. La pureza se alcanza a través de la elaboración del concepto de precio, único y suficiente vínculo entre todos los sujetos racionales sometidos al común condicionamiento de la escasez.” (Aglietta, 1991: 6) Otro punto importante que señala la diferencia entre ambas disciplinas tiene que ver con el estudio de la distribución de los recursos. Por un lado, la economía política se interesa por analizar la distribución del ingreso de modo funcional, es decir, analizar el reparto de la renta entre las distintas clases sociales (capitalistas y trabajadores), o lo que es lo mismo entre los dueños de los medios de producción y los dueños de su fuerza de trabajo. Por su parte, la economía analiza la distribución del ingreso en términos personales e individuales, es decir de acuerdo a los atributos de las personas tales como su edad, sexo, nivel de educación alcanzado, procedencia, etc. Para esta disciplina la distribución de los recursos no es producto de una estructura económica particular sino que es el resultado de diferencias naturales en capacidad, talento e inteligencia. Otra dimensión importante que separa a estas doctrinas es su conceptualización de la competencia. Para la economía, la competencia en los mercados es perfecta lo que implica que ni las empresas ni los consumidores pueden influir sobre los precios o las cantidades a las que los bienes se intercambian en el equilibrio, el cual queda determinado exclusivamente por el libre juego entre oferta y demanda. Por su parte el concepto de competencia para la economía política es radicalmente distinto. Para ella, la competencia es el medio en el que se desenvuelve el capital, su carácter esencial que aparece y se realiza mediante la disputa de capitalistas individuales. Para la economía política, la competencia es el resultado lógico de la perpetua búsqueda de ganancias que tienen los dueños de los medios de producción. Es el hábitat de desenvolvimiento natural en el que los capitalistas deben operar si pretenden convertir sus ganancias en capital. Otra diferencia importante es que la economía política mantiene una fuerte relación con otras ciencias sociales (sociología, historia y ciencias políticas) ya que su propósito es entender los fenómenos económicos en el contexto particular de las sociedades humanas, para lo cual el conocimiento social resulta decisivo a la hora de realizar recomendaciones de política económica. Por el contrario, la economía tradicional tiende más a la modelización matemática y a despegarse del contexto histórico. Si bien el uso de la matemática aporta cierta rigurosidad al análisis (aunque este instrumento también es usado por la economía política), unifica los problemas y lleva a malinterpretar algunas soluciones.

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Otra dimensión en la que se hace evidente la diferencia entre la economía política y la economía se refiere al análisis del mercado de trabajo. Para la primera, el mercado de trabajo, aunque no era denominado de esa manera, era el lugar por excelencia donde interactuaban las distintas clases sociales, y representa el lugar donde se dirimen las disputas entre dichas clases. En este sentido, el desempleo en tanto exceso de oferta de trabajadores para esta perspectiva era entendido como una condición propia del funcionamiento del sistema capitalista que no podía ser eliminada. Por otro lado, la economía tradicional asume que el mercado de trabajo (como el resto de los mercados) se puede encontrar permanentemente en equilibrio. Por ende, el desempleo existente es voluntario y producto de interferencias (como el incompleto ajuste de los precios, la existencia de sindicatos, las leyes laborales, etc.) que impiden que la oferta y la demanda se equilibren. Para esta teoría, cada país posee una tasa natural de desempleo que es la tasa de desempleo consistente con la ausencia de fricciones temporarias. Por último, un elemento importante a la hora de analizar las diferencias entre estos enfoques es la explicación que los mismas ofrecen del comportamiento de las variables económicas. Para la economía, los mercados y sus variables están siempre en equilibrio y la única posibilidad de desequilibrio es (como vimos previamente) que existan interferencias que previenen a los mercados de ajustar libremente bajo las fuerzas de oferta y demanda. En este sentido, el equilibrio es el estado natural de la economía. Por su parte, para la economía política el equilibrio es solo una parte del todo, que se complementa y se haya íntimamente relacionado con el desequilibrio, y sobre todo con las crisis recurrentes y turbulencias a las que se asiste periódicamente en el sistema. Para esta doctrina, el análisis en términos de equilibrio o desequilibrio carece de sentido. IV. Conclusiones El estudio de la economía y de la economía política nos muestra que los ejes de investigación, los temas que abordan y el diagnóstico sobre las políticas a aplicar para resolver los problemas económicos difieren considerablemente. La economía implícitamente deja fuera del análisis características del sistema capitalista que son esenciales a la hora de pensar dichos problemas; y las diferencias son claramente visibles en casi todos los aspectos relevantes de la disciplina económica: en la teoría del valor, en el objeto de estudio, en el rol del contexto histórico, en la explicación de la sociedad y en la distribución del ingreso, en la noción de competencia, en la relación de

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la economía con otras ciencias sociales, en el análisis del mercado de trabajo y en el comportamiento de las variables. El sistema capitalista y sus problemas son complejos y sus contradicciones así como el diagnóstico sobre las políticas a adoptar siguen siendo materias de debate. El estudiar los problemas desde un determinado enfoque -y no desde otro- implica asumir los presupuestos de cada paradigma y tomar las responsabilidades de esa elección. En la búsqueda de respuestas tenemos que ver claramente de qué procesos queremos dar cuenta cuando nos hacemos las preguntas. Estas reflexiones se propusieron mantener presente los principios que fundamentan estas dos perspectivas distintas de abordaje del campo teórico de las ciencias sociales que hoy denominamos “economía” y que en sus orígenes no podía estudiarse sino como Economía Política. La enseñanza de la economía en los ámbitos universitarios, salvo excepciones, no suele proponer un estudio disciplinario que contemple estos matices, resultado de lo cual se profundiza el estudio de las perspectivas hegemónicas o más recientes que constituyen el mainstream que los economistas deben seguir para desempeñarse como tales en el ámbito académico o profesional. Sin perjuicio de la necesidad de estudio de las perspectivas contemporáneas es necesario no perder de vista las piedras fundamentales sobre las que se erigieron estas doctrinas y cuyo espíritu intentan mantener vivos las versiones más críticas o heterodoxas. Ante la gran proliferación de escuelas, enfoques y perspectivas de análisis que dan cuenta del enorme desarrollo de la economía, la formación del economista no puede dejar de lado la pregunta por la génesis de las teorías de cuya difusión participa ni tampoco el cuestionamiento de los límites que muestran para interpretar la realidad económica de las sociedades en que vivimos. La historia del pensamiento económico no sólo puede ser útil como ejercicio intelectual sino que, ante la ausencia de un paradigma central o dominante, puede ser necesaria también para iluminar las cuestiones del presente. Rescatar del olvido los aportes del pasado para abordar los problemas actuales es una tarea compleja que los economistas no debemos dejar de enseñar a hacer y de continuar aprendiendo en el camino. V. Bibliografía • • Aglietta, Michael (1991): Regulación y crisis del capitalismo, Siglo XXI, México. Blaug, Mark (1968): La teoría económica en retrospección, Ed. Miracle, Barcelona. 21

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Eaton, John (1966): Political Economy: A Marxist interpretation, International Publishers, New York. Ekelund, Robert y Hebert, Robert (1999): Historia de la teoría económica y de su método, Ed. Mac Graw Hill, Madrid. Foley, Duncan (1990): Notes on the Theoretical foundation of political economy. Ed. Mimeo. Marx, Karl (1995): El Capital, vol. 1, Fondo de Cultura Económica, México. Polanyi, Karl (1992): La gran transformación. Fondo de Cultura Económica, México. Ricardo, David (1985): Principios de Economía Política y Tributación, Fondo de Cultura Económica, México. Samuelson, Paul y Nordhaus, W. (2001): Macroeconomía, 16º Edición, Mc Graw Hill. Santarcángelo, Juan (2007): “Historia y evolución de la macroeconomía”, Serie Documento de Trabajo, LITTEC, Instituto de Industria, Universidad Nacional de General Sarmiento.

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Screpanti, Ernesto y Zamagni, Stefano (1997): Panorama de Historia de Pensamiento Económico, Ed. Ariel, Barcelona. Smith, Adam (1997): Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones, Fondo de Cultura Económica, México. Varian, Hal (1992): Análisis microeconómico, W.W. Norton, New York.

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