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EJERCICIOS DE FIGURAS RETÓRICAS

Su luna de pergamino preciosa tocando viene Respeto sus canas (edad) Ha comprado un greco Las aves que me escuchan, cuando cantan con diferente voz se condolecen. Verde que te quiero verde Lo dejaría todo todo lo tiraría. Aquí se vive porque se bebe. ¡Oh soledad, que a fuerza de andar sola, se siente de sí misma compañera! Ráfagas de huracán que rompe el rayo Tus dulces ojos, ojos que me miran. Para y óyeme, ¡oh Sol!, yo te saludo Continuamente me llaman, continuamente me acerco, continuamente me empujan, continuamente me alejo y continuamente herido… Era del año la estación florida En la calma oliente y negra suena un agrio cornetín El viento se llevó los algodones del cielo La tarde se ha dormido y las campanas suenan. José, saca el saco al sol para que se seque ¿Para quién edifiqué torres? ¿Para quién adquirí honras? ¿Para quién planté árboles? Tu voz de niña en mi oído como una campana nueva Entre el clavel y la rosa su majestad escoja. Llamas, dolores, guerras, muertes, asolamientos, fieros males entre los brazos cierras. ¡Hurra, cosacos del desierto, hurra! Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar. El sol es un globo de fuego; la luna, un disco morado. Y la carne que tienta con sus tiernos racimos / y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos. A falta de rayar, vamos royendo; a falta de caber, vamos cavando. Soy un fue y un será y un es cansado. Y allí fuerte se reconoce y crece y se lanza, y avanza y levanta espumas, y salta y confía y hiende y late en aguas vivas Un rebaño de cien cabezas Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero que muero porque no muero Yo quisiera escribirlo, del hombre domando el rebelde, mezquino idioma [Bécquer se refiere al espíritu] La blanca nieve Cerrar podrá mis ojos la postrera sombra (muerte) Tengo un sueño que me muero La noche sosegada, en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora. Érase un hombre a una nariz pegado, érase una nariz superlativa, érase una nariz sayon y escriba; érase un pez espada muy barbado. En colores sonoros suspendidos oyen los ojos, miran los oídos. Acude, corre, vuela, traspasa la alta sierra, ocupa el llano, no perdones la espuela. Cual queda el blanco lirio cuando pierde su dulce vida entre la hierba verde Aquí fue Troya, aquí mi desdicha y no mi cobardía se llevó mis alcanzadas glorias; aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas; aquí se oscurecieron mis hazañas, aquí, finalmente, cayó mi ventura para jamás levantarse La justicia es todo sabiduría, y la sabiduría es todo orden, y el orden es todo razón, y la razón es todo procedimiento, y el procedimiento es todo lógica Con mayor frío vos, yo con más fuego en tierra, en humo, en polvo, en sombra , en nada (refiriéndose a la vida) El amigo verdadero ha de ser como la sangre que siempre acude a la herida sin esperar que la llamen el breve vuelo de un velo verde
Repartió [el Dómine Cabra] a cada uno tan poca carne en la comida, que entre lo que se les pegó a las uñas y se les quedó entre los dientes, pienso que se les consumió todo, dejando descomulgadas las tripas de participantes...

y el agua se desliza presurosa y alegre por las piedras... En la ladera de un cerro por mi mano tengo plantado un huerto

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