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NCHUECA EDITORES

Rico Rodríguez. Alfonso La ingeniería de suetos en tas vfas terrestres: Carreteras, torrocarrües y ooropistas t Aifonso Rico Rodríguez. México: Limosa. 2005. 460p . : B.; 21 era IS8N: 968-16-0054-0 Rústica 1. Mecánica de soetos LC: 16208.5 Dewey:624.‘l5 l> 36-dc21

La

p r e s e n t a o ú n v o is p o s o ú n e m c o n m u t o s c

LA INGENIERIA OE SUELOS EN LAS VÍAS TERRESTRES
C m w c t o im , n m o c A m u s y A o w v r a V o lu m en 1
SON P K T C I M O 0C L (O T O R . M n o u n a M W t 0 > n t A p u o * k r re m c o u c x m o n w s m » . w to v w rt m a ú n S S T i l M O U É T O O O . E lE C Tn O M O O O M C C lM C O tN O irre N O O E L K JTO C O n A D O . LA Q fU M C tO N O O M J O U t f t S t r t U A O f flCCUPf RACIÓN V A U IA C C N A IK W T O OC m K M M A O O x ), S N C O K S E N TO IB flO POR E S C O TO DÉl ECTTOR. O e c o o s
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O 2006, EDíTORlAL L1MUSA. S A oe C.V. GRUPO MORIEGA EDITORES Baic &u s 95, Mfxco. D.F. C P . 06040 S 8503 8050 01(800)7069100 S 55122903
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«vwwnortega.oom.irac CANIEM NOm. 121 Hecho enMixteo IS8N 968-18 0054-0

20.1

d e re ch o s d e autor

Prefacio
P o r F rajscu N . H v u m •

"P o r h gracia de Dios, la cual me ha sido dada como hábil constructor, eché el cimiento; otro edifica sobre ¿ l " (A los Corintios 1-3.10)

La anterior rita bíblica parece particularmente apropiada para este libro de Mecánica de Suelos, puesto que los suelos y los materiales terreo» constitu­ yen el substracto básico de la mayor/a de las estructuras ingeníenles. La refe­ rencia parece especialmente apropiada cuando se.considera la esperanza expre­ sada f>or los autores de que los jóvenes ingenieros “ construyan sobre los cimien­ tos” que les pueda proporcionar este libro. La Mecánica de Suelos, especialmente la que se aplica a la construcción de las vías terrestres, tuvo que progresar a través de un camino erizado de dificul­ tades. Los hombres rudos y prácticos de antaño se inclinaban a considerar sólo dos clases de excavación para carreteras, las hechas en "p olvo" o en “ roca". Y toda la amplia variedad de los materiales naturales que es posible encontrar sobre la superficie de la tierra la estudiaron, analizaron, clasificaron y descri­ bieron los agricultores, agrónomos, geólogos, petrógrafos y los ingenieros de minas. Como consecuencia, términos tan'sencillos como “ buen suelo" o “ mal suelo" han llegado a tener significados distintos para cada especialista y lo que es “ bueno" para un agricultor puede ser muy malo para un ingeniero y v i­ ceversa. Es muy cierto que muchas veces la terminología y los métodos de clasifica­ ción que establecieron los geólogos resultan demasiado vagos o confusos para los ingenieros Que desean establecer cómo se comportará un determinado ma­ terial bajo condiciones de servicio. Debe reconocerse que la utilización exitosa de los suelo» como materiales de construcción es una actividad que tiene tanto de dencia como de arte. El hombre ha manejado los suelos y los ha usado en sus construcciones desde el alba de los tiempos. Los suelos pueden ser o no el material de construcción más viejo, pero no cabe duda que los antiguos aprendieron mucho sobre ellos, al practicar el arte ele la alfarería y al construir monumentos y moradas. Uno de k » grandes logros de la civilización moderna consiste en que los ingenieros puedan aplicar un enfoque científico a ésta, la más antigua de las artes de la construcción. En efecto, para llevar a cabo la planeadón y d proyecto de cualquier obra ingenieril de importancia, hoy día es imprescindible llegar a un acuerdo entre distintos puntos de vista. Por ejemplo, el proyecto de una carretera importante se logra mediante los esfuerzos cuibinados de muchos individuos que contri­ buyen con el conodmiento detallado de muchas espedalidades. Como la mayor parte de las obras de la ingeniería descansan sobre la supe» fid e de la tierra, la capaddad de los suelos para soportar cargas se convierte en una cuestión fundamental La expresión popular inglesa “ simple como la tierra" indica que la mayoría de la gente aún sabe poco sobre d avance actual
* Ingeniero Consultor. Anterior Jefe del Laboratorio dei Departamento de Carretera! del Ertado de California. U 4 A .

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Prefacio

de la rienda de los suelos. Sin embargo, los suelos tienen muchas propiedades peculiares que estimularon a varios hombres de diversas épocas a dedicar toda la vida a su estudio. En la actualidad es un requerimiento de todo ingeniero competente que se dedique a las vías terrestres el estar familiarizado con la obra de aquellos hom. bres que se han dedicado al estudio de la utilización de los suelos desde varios puntos de vista. Ixn conocimientos anuales sobre los materiales que componen la corteza terrestre se han ido acumulando lenta y celosamente gracias al aporte de diversos grupos de técnicos, tales como los ingenieros agrónomos, los quí­ micos de suelos. los especialistas en cerámica, los geólogos, los ingenieros de minas y de las diversas ramas de las ingenierias civil y militar, que intervinie­ ron personalmente en la construcción de presas, canales, ferrocarriles, control de erosión, aeropuertos, cimentaciones de edificios, etc. Considérese de nuevo el desarrollo de un proyecto para una carretera im­ portante. Es preciso coordinar los esfuerzos y conocimientos de nuevos grupos de especialistas. Los que preparen las especificaciones y detalles del proyecto deben asimilar y tomar en cuenta toda la información preliminar proveniente de reconocimientos aéreos y terrestre*, seguidos por investigaciones y resultados de trabajo de laboratorio. En la misma forma, deberá tenerse en cuenta una estimación del “ sistema de cargas", es decir, del número y peso de los vehículos que, según se espera, constituirán el tránsito que habrá sobre la obra. Después de preparar los planos y las especificaciones, intervienen los asesores legales que deben revisarlos, puesto que el contrato para construir la totalidad o una parte de un proyecto determinado es un documento legal y, en última instan­ cia. las interpretaciones legales usualmente tienen precedencia sobre considera­ ciones u opiniones puramente ingenieriles en el caso de que surgiera una con* troversia entre el contratista y el ingeniero. En un Departamento de Carreteras bien concebido, todos los planos y especificaciones de cualquier proyecto, los deben examinar y revisar conjuntamente los ingenieros de construcción y los en­ cargados de su futura conservación. Obviamente es esencial que existan la de­ bida cooperación y trabajo de equipo. Cualquier estudio de Mecánica de Suelos constituye un intento para esta­ blecer un conocimiento ordenado de los factores que definen e! comportamien­ to de los suelos y su capacidad para resistir cargas. Para aprovechar plenamente los beneficios de semejante ordenación teórica, además, se necesita establecer claramente los requerimientos de construcción. Es igualmente importante que el contratista y todos los elementos de la construcción ejecuten debidamente lo dispuesto. En esta etapa, surge nuevamente la necesidad de un buen trabajo de conjunto, así como res|ieto y comprensión, por parte de todos los que formen el equipo, en cuanto a los objetivos, ideas y funciones de los demis miembros. Se han mencionado a numerosos especialistas que participan en la prepa­ ración del proyecto y en la ejecución de la obra, pero todavía hay otro impor­ tante "especialista” o grupo de ellos. M e refiero al hombre que controla los fondos disponibles. Según un viejo y trillado refrán, M con suficiente tiempo y dinero cualquier imbécil puede hacer cualquier cosa” . Independientemente de que la expresión sea debatible o no, en cualquier caso, la misión particular del ingeniero es construir una obra satisfactoria, considerando las limitaciones de tiempo y de dinero existentes. Este libro viene de una tierra que ofrece una imperecedera evidencia de la capacidad del hombre para superar los problemas planteados por los suelos, tanto en obras modernas como en otras muy antiguas. Las pirámides y templos que se construyeron en México hace mucho tiempo han resultado tan impre­ sionantes y duraderas como cualquier otro monumento legado por los construc­ tores de la antigüedad, en cualquier parte del mundo. México posee una amplia variedad de tipos de suelos, grandes oscilaciones en el régimen de lluvias y condiciones muy diversas de agua subterránea. Alfonso Rico y Hermilo del Cas­ tillo, han tenido oportunidades únicas para aplicar la Mecánica de Suelos, gra­ das a sus cargos en la Secretaría de Obras Públicas de México. Han tenido que enfrailarse a problemas de suelos en carreteras, puentes, aeropuertos y otras

Prefacio

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obras públicas. Además, al impartir cátedras de Mecánica de Suelos en la U n i­ versidad Nacional Autónoma de M éxico se lian mantenido al tanto de los pro­ gresos técnicos en otra* partes del m u n do.. . y aun de los de California. Debe felicitarse a los autores por su am plio conocimiento de la Mecánica de Suelos, tanto en sus aspectos teóricos como prácticos, pero quizá aún más |>or el empello y la devoción a su profesión que se refleja en este libro.

Sa c r a m e n t o . C a l i j o r n ia

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Prólogo
Los autores de este libro han desarrollado durante los últimos 15 años acti­ vidades que básicamente podrían describirse como una aplicación de la Mecá­ nica de Suelos al proyecto y la construcción de vías terrestres en México. Su trabajo se efectuó dentro de la Secretaria de Obras Públicas, que es el organis­ mo del Gobierno Federal Mexicano que se dedica, a programar, proyectar, construir y conservar tales obras, entre otras fundones. En su trabajo diario, han visto que las vías terrestres constituyen un campo muy completo, muy fascinante y muy complicado dentro de todos los de la Ingeniería en que la Mecánica de Suelos es susceptible de arrojar alguna luz. Basta pensar que las vías terrestres son estructuras de tierra que se construyen sobre el terreno, para darse cuenta de que la Mecánica de Süelos no puede sef ajena a ninguna de las etapas de su proyecto y construcción. A veces, las pro­ piedades mecánicas de los terrenos serán tan criticas que án las soluciones de la Mecánica de Suelos resultará imposible o, por lo menos, irrazonablemente arriesgado enfrentar los problemas que se presenten; en otras ocasiones, propie­ dades más favorables permitirían (de hecho así sucedió sistemáticamente en un pasado que afortunadamente comienza a verse lejano en México) aparentemen­ te proceder al margen de las normas de la Mecánica de Suelos, pero una mí­ nima experiencia en la aplicación de estas doctrinas hace ver que, aun en este caso, se estarla desperdiciando una oportunidad de optimizar trabajos y abatir costos que resultaría totalmente absurda dentro de los niveles tecnológicos ac­ tuales. Las técnicas de construcción de las vías terrestres son inconcebibles en el momento presente sin un uso extenso, continuo y detallado de los principios de la Mecánica de Suelos aplicada, como lo son sin una utilización análoga de la Geología y de la Mecánica de Rocas. Como campo de aplicación de la Mecánica de Suelos, las vías terrestres Son uno de los más completos. Problemas tales como estabilidad de laderas natu­ rales y taludes, construcción de terraplenes sobre suelos blandos, empaje de tierras contra toda dase de elementos de retendón, dmentadones para puentes y obras viales, constituyen un catálogo cuya sola enumeradón fundamenta lo dicho. Además, en las vías terrestres se tiene la más variada acción de las aguas que sea posible concebir en la Ingeniería Civil y ya se sabe cuánto complica este demento a la Mecánica de Suelos cuando se infiltra, fluye y trata de bro­ tar. En añadidura, las aplicaciones a las vías terrestres induyen dos aspectos importantísimos, difídles y muy poco conoddos, pese al relativamente grande volumen de estudio que ha tenido lugar en los últimos años. Son éstos la oraspactación de suelos y d diseño de los pavimentos. En ambos casos, se siente que tui enfoque a partir de la Mecánica de Sudos puede contribuir mucho a dfluddar viejos problemas, heredados de una práctica más empírica y menos cien­ tífica. Los estudios modernos sobre la compactaaón son relativamente redentes y están aún muy incompletos, pero ofrecen ya un fasdnante horizonte para cualquier espíritu observador. Caen dentro de la categoría de los problemas a

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Prólogo

relativos a los sucios no saturados, que es aquella en la que la Mecánica de Suelos alcanza mayores alturas de complejidad, complicación... e inseguridad. La tecnología de los pavimentos se ha desarrollado extraordinariamente, al grado de constituir una nueva especialuarión, que en ocasiones parece indepen­ diente, dentro de la Ingeniería Civil; pero no debe olvidarse que un pavimento es, a su vez. una estructura en que los suelos y sus propiedades de conjunto han de decirlo todo el día en que se haya progresado lo suficiente en tan difícil campo, como para que un optimista piense que sabe algo con seguridad y firmeza. 1.a inversión de casi todos los países del mundo en el campo de las vías terrestres, lo variado de los problemas que se presentan y lo complejo de los mismos, justifican así la dedicación de numerosos esf>criaiistas de la Mecánica de Suelos a las carreteras, los ferrocarriles y las acropistas. Pero los autores de esta obra han observado también en su trabajo diario otro hecho curioso, cuya explicación no alcanzan a formular. Hasta donde llega su limitado conocimiento del tema, no conocen un solo libro de Mecánica de Suelos Aplicada a este campo fundamental. Proliferan los libros de Mecánica de Suelos en general y se escriben excelentes tratados que cubren sólo algún aspecto de las teorías involucradas en la disciplina. Inclusive, se escriben nu­ merosos libros de aplicación de conocimientos generales a otros cani|xn de la actividad práctica, como las presas de tierra o las cimentaciones, |>ero las vías terrestres permanecen arto tras año sin alguien que salte al terreno a proclamar sus bellezas. Todos los años se cwribcn sobre diferentes aspectos del tema, toneladas de papel, pero siempre bajo la forma de artículos, monografías o de ese curioso y nuevo género, técnicoliterario, jx>r cierto útilísimo, que ha dado en llamarse, sin que nadie parezca saber |jor qué, “ Resúmenes sobre el estado del arte’*. Sin negar que tales elementos de información son los únicos apro­ piados para captar convenientemente los diferentes aspectos de una disciplina técnica que cambia de día en día, por lo menos en su punta de lanza, los auto­ res piensan que un libro que recopile modestamente los conocimientos funda­ mentales que van quedando aparentemente bien establecidos y en el que pue­ dan transmitirse las cx(>erienc¡as más sobresalientes, tiene también su utilidad. Reprcictiia un alto en el cumitio, a>¡ se diría que la foto fija de una escena en perpetuo movimientOi que capta un instante, sólo un instante, pero que lo hace asequible en manos de quienes podrían correr el peligro (¿y quién no?) de confundirse por d incesante barullo de la escena. Esta es la misión que se han propuesto los autores de este libro y sólo los ha animado a lanzarse a esta empresa la ausencia de hombres más capacitados. La obra que ahora se presenta está concebida en dos volúmenes. Este pri­ mero contiene los conceptos básicos necesarios para la comprensión de las apli­ caciones y algunas de éstas; las restantes figurarán en el segundo tomo, siendo el criterio de división simplemente el llegar a equilibrar aproximadamente los dos tomos, haciéndolos manejables. El Capítulo I contiene los elementos básicos de la Mecánica de Suelos que necesitará el lector que desee comprender correctamente las aplicaciones. Se ha hecho especial énfasis en ciertos conceptos, en algunos casos recientes, sobre resistencia y compresibilidad de los suelos tanto friccionantes como cohesivos. El Capítulo I I establece un sistema de clasificación de suelos y fragmentos de roca, indispensable para encasillar debidamente la información general. Las nociones fundamentales del flujo de agua a través de los suelos en su aspecto teórico se han induido en un Apéndice, que figura al final del libro y que proporciona los elementos para comprender la preocupación de los inge­ nieros de vías terrestres por los aspectos de drenaje y subdrenaje. asi como las bases de las soluciones empleadas para resolver tales problemas. El Capitulo I I I inicia el estudio de las aplicadones propiamente dichas, tra­ tando al terreno de rimentadón como apoyo estructural de las vías terrestres. El fundamental problema de la compactadón de los sudos ocupa d Capí­ tulo IV . Se ha enfocado d problema desde d punto de vista de la tecnología de campo, haciendo referencia al equipo disponible y las normas para su uso, y de la de laboratorio, analizando d valor de las diferentes pruebas existentes.

r derechos de autor

Prólogo

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Adcmá% se presentan las conclusiones principales de las investigaciones que va h a b ie n d o sobre las propiedades mecánicas de los suelos compactados, buscando establecer el proceso de compactación no como una rutina de trabajo, sino corno un proceso de fabricación de materiales apropiados, sujetos a unos objetivos y a unos requerimientos técnicos, a la vez que a una disponibilidad práctica. En el Capítulo V se dan algunas normas básicas para manejar los elementos de retención de tierras, tan comunes en las vías terrestres. En el Capítulo V I se estudian los problemas de estabilidad de masas de tierra, tratando de diferenciar las laderas naturales de los taludes artificiales y los diferentes tipos de fallas que pueden ocurrir en unas y otros. También, en lo que se refiere a soluciones, se han distinguido los métodos de prevención de los de corrección. Se subrayan las circunstancias mecánicas que concurren en las diferentes fallas, así como los métodos de análisis aplicables a cada una como consecuencia. Esta información se complementa con los métodos de subdrenaje incluidos en el Capítulo V II. El Volumen I I contendrá un capítulo dedicado a cimentaciones de obras viales y una visión sobre los métodos de diseño de pavimentos con que hoy se cuenta. El volumen contendrá además, información sobre obras complementa* rías de drenaje y algunos problemas especiales de las vías terrestres, entre los que destacarán los túneles en suelos y las diferentes clases de estabilizaciones. Se piensa que esta obra puede resultar útil para los ingenieros que proyec­ tan y construyen vías terrestres, pero también se aspira a que los dedicados a otros campos de la Ingeniería con problemas comunes, como los que se ocupan de obras de irrigación, por citar un ejemplo, puedan también encontrar en ella, material útil. Los estudiantes de Ingeniería encontrarán también, es de esperar, material con qué cubrir los cursos de especializadón en vías terrestres, cada vez más populares, por necesarios, en las universidades mexicanas y del extranjero. Los Capítulos I, IV , V, V I y V II podrán también servir como texto en cursos regulares de Mecánica de Suelos Aplicada, tal como hoy se imparten en los niveles profesional y de maestría. Pensando en la utilización didáctica de esta obra se han incluido algunos problemas relativos a empuje de tierras y estabilidad de taludes, ilustrando los diferentes métodos de análisis. Muchas han sido las personas que han colaborado en este trabajo. A todas ellas se desea expresar el más amplio agradecimiento. Los ingenieros Juan Manuel Orozco, Manuel Jara y Manuel Zárate han leído partes del manuscrito, haciendo útiles comentarios. Eulalio Juárez Badiilo, jesús Alberto y Daniel Reséndiz discutieron con los autores muchos pun­ tos delicados. Esteban Meneses realizó las figuras incluidas y Ma. Esthcr Escoto, Ma. Antonieta Cárdenas y Graciela Reyes, mecanografiaron el original, cumpliendo tan ingrata tarea con el mayor entusiasmo. Tanto la Secretaría de Obras Públicas de México como la Universidad Na­ cional Autónoma proporcionaron muchas facilidades y estímulos, sin los cuales este libro difícilmente hubiera podido ser escrito. México, D. F

echos de a

Contenido Volumen I
Prefacio, Prólogo» 5 9 Capítulo 1 Breve» nociones de mecánica de suelos ......................................... M 1*2 1-3 Introducción, 17 Naturaleza y origen de loa suelos, 18 Relaciones gravimétricas y volumétri­ cas de los suelos, 18 1-4 Características y estructuración de las partículas minerales, 20 1*5 Cranulometría de los suelos, 24 1-6 Plasticidad, 27 1*7 El mecanismo de la contracción de los suelos finos por secado» 29 1*8 Permeabilidad, 31 1*9 Los concepto» de esfuerzo efectivo y esfuerzo neutral, 34 1*10 Relaciones esfuerzo deformación, 35 M I Compresibilidad de suelos granulares, 38 A Compresibilidad en compresión isotrópica, 39 B Compresibilidad en compresión confinada, 39 C Compresibilidad en compresión triaxial, 41 M2 Compresibilidad de suelos cohesivos, 43 A Consolidación, 43 B Asentamientos y expansiones, 56 C Consolidación secundaria, 61 1*13 Introducción al problema de la resis­ tencia al esfuerzo cortante de los sue­ los, 62 Generalidades y teoría de falla, 62 B Naturaleza de la resistencia al es* fuerzo cortante en suelos granula­ res y cohesivos, 64 C Pruebas para la determinación de la resistencia al esfuerzo cortante de los suelos, 67 I-I4 Resistencia al esfuerzo cortante de los suelos granulara, 71 1-15 Resistencia al esfuerzo cortante de los suelos cohesivos, 77 A A Suelos saturados, 77 B Suelos no saturados, 84 C Aplicación de los resultados de las pruebas triaxiales a los proble­ mas prácticos, 86 D Resistencia mixima y residual de las arcillas, 89 Referencias, 91 Capítulo 2 Clasificación de suelos desde el punto de vista de las vías tenestres ............................................. II-l 11-2 Generalidades, 93 siiiern» de clasificación de “ suelos” utilizado en la S.O.P., 94 A Sistema unificado de clasificación de suelos (versión SOP), 95 a Suelos gruesos, 95 b Suelos finos, 96 c Identificación de los suelos, 98 B Clasificación de los fragmentos de roca, 99 II-3 Clasificación de las rocas, A B C II-4 Lincamiento» generales, Textura, 103 Estructura, 104 105 101 101

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Rocas comunes» A B C

Rocas ígneas comunes, 105 Rocas sedimentarias comunes, 107 Rocas metamórficas comunes, 110 111

Referencias,

Capítulo 3 E l terreno de cimentación. Explo­ ración de suelos ........................ III-1 111-2 Introducción, 113 Generalidades acerca del terreno de cimentación, 113 Asentamientos en el terreno de cimen­ tación, 117 Mejoramiento del terreno de cimen­ tación, 122 El agua en el terreno de cimentación, 126 Terreno de cimentación constituido por arenas limpias, 127

m-3
111-4 III-5 I1I-6

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Contenido Volumen / 111*7 Terreno* <!e cimentación constituido por arcillas muy blandas y turbas, 128 Terraplenes en laderas indinadas, 137 Desmonte y despalme del terreno na­ tural. 138 Exploración de suelos en vías terres­ tres, 138 Estudios geológicos y fotointerpret ación. 138 B Exploración directa en suelos y rocas, 139 C Requerimientos de muestreo, 143 D Métodos de exploración indirec* rectos. Métodos geofísicos. 143 A A Comparadón de resultados de pruebas de laboratorio con los ob­ tenidos en los procesos de com­ pactadón con rodillos pata de ca­ bra. 204 Comparadón de resultados de pruebas de laboratorio con los ob­ tenidos en los procesos de com­ pactación con rodillos neumáti­ cos. 206

III-8 111*9 IIM O

B

IV-10 IV -II

Propiedades mecánicas de las arenas compactadas. 206 Propiedades mecánicas de los suelos finos compactados, 208 A B C Permeabilidad, 210Compresibilidad y expansión, 211 Resistencia al esfuerzo cortante, 214 D Resistencia a la erosión interna, 217 . E Valor relativo de soporte, .218 F Efectos de tiempo, 218 .

Referencias, Capítulo 4 IV-1 IV-2 1V-3 IV-4

ISO 153

Compactación de su elos.........

Introducción, 153 Variables que afectan ¿1 proceso de la compactación de los suelos, 155 La curva de compactación, 158 Procesos de compactación de campo, 159 A B Compactadores por amasado. R o­ dillos pata de cabra. 160 Compactadores por presión. Rodi­ llos lisos y neumáticos. 165 B-l B-2 B3 Rodillos lisos, 165 Rodillos neumáticos, 166 Comparación de resultados enue rodillos neumáticos y pala de cabra, 172

Anexo IV-a Anexo IV-b Anexo IV-c Anexo I Y'-d

Pruebas dinámicas tipo Proctor, 219 Pruebas dinámicas. Método de Ca­ lifornia, 222 Pruebas de compactación estáti­ cas. 227 Pruebas por amasado, 229 A B Prueba de compactadón mi­ niatura de Harvard, 229 Prueba de Hveem. de compac­ tación por amasado, 231 232 235

Referendas, C D E IV*5 Compactadores por impacto, 173 Compactadores por vibradón, 174 Compactadores por métodos mix­ tos, 178 Capitulo 5 V-l V-2

Empuje de tie rra s .......................

IV-6 IV-7 IV-8

Algunas ideas útiles en la ejecudón de los trabajos de compactadón en el campo. Grado de compactadón, 180 Algunos problemas especiales de compactación en d campo, 189 Compactación de pedraplenes, 190 Pruebas de compactación en el labo­ ratorio, 192 A B C D E Pruebas dinámicas, 193 Pruebas estáticas, 197 Compactadón por amasado, 201 Compactación por vibración, 202 Pruebas especíale» o en proceso de desarrollo, 203

Introducción, 235 Teorías clásicas de empuje de tierras, 237 Teoría de Rankine, 237 Método de Coulomb, 243 Otros métodos de cálculo funda* dos en teorías clásicas, 247 D Comentarios sobre las teorías d isicas, 247 E Aplicabilidad de las teorías dásicas a los problemas prácticos de muros de retención, 248 A B C

V-3

1V-9

Criterios para la selección de pruebas de laboratorio. Comparadón de resul­ tados obtenidos en el laboratorio y el campo, 204

V-4 V-5 V-6

El método empírico de Terzaghi para d cálculo de empujes contra muros de reiendón, 249 * Drenaje de muros de retendón, 252 Consideraaones respecto al cálculo de muros de retendón, ,254 Cálculo de muertos de anclaje, 257

rech

Contenido Volumen / V-7 Muros en celosía o muros criba, 258 V-8 Rellenos de muros de retendón, 259 V-9 Ademes, 261 V-10 La tierra armada. 265 Anexo V-A Ejercicios de aplicadón, V-A.I 268 Taludes en ardllas saturadas nor­ malmente consolidadas. 312 B Taludes en suelos |xtrcialmente saturados. Condidón al fin de la construcrión, 313 C Problemas que implican procesos de descarga, 313 D Condidón de flujo estableado. 313 E Condidón de vaciado rápido, 313 F Deslizamientos con superficies de falla preexistentes, 314 VI-5 Métodos de cálculo de estabilidad de taludes, 315 Taludes en arenas limpias, 315 Falla rotarional. Método sueco, 316 Análisis de estabilidad en super­ ficies de falla no circuíales, 326 Falla traslarional, 328 Método de la cuña, 329 VI-6 Vl-7 Terraplenes sobre suelos blandos, 331 Algunas ¡deas para fijar la inclina­ ción de cortes no calculados en las vías terrestres, 333. Factores que producen fallas de esta­ bilidad de laderas y taludes, 334 Identificación de problemas de esta­ bilidad de taludes en el campo, 342 Prevenrión de fallas, 344 Métodos correctivos'para fallas en la­ deras y taludes, 318 Métodos de elusión, 349 Métodos de excavación, 352 Abatimiento de taludes, 353 Empleo de bermas y escalonamientos, 355 E Empleo de materiales ligeros, 357 F La consolidadón previa de suelos compresibles, 357 C Empleo de materiales estabilizan­ tes, 357 H Empleo de estructuras de reten­ dón, 358 I Empleo de pilotes, 360 J Empleo de contrapesos al pie de la falla, 361 K Anclajes, 361 L Uso de explosivos, 362 M Empleo de vegetadón, 362 N Corrección de fallas de otros ti* pos, 364 O Otros métodos correctivos, 364 Anexo V l-A Ejercicios de aplicación, V l-A .l 369 A B C D A

15

V-A.2

V A .3 Referenrias, Capítulo 6 VI-1 VI-2 275

Ejemplo de aplicación del método gráfico de Culmann a rellenos ‘ ‘friccio­ nantes", 268 Cálculo de un muro de re* tención con diversas varian­ tes. 271 Propordonamiento de un caso de tierra armada, 274

Estabilidad de taludes..................

277

Introducdón, 277 Tipos de fallas más comunes en los taludes de las vías terrestres, 281 A Fallas relarionadas a la estabili­ dad de las laderas naturales, 282 A l A-2 Deslizamiento superficial (Creep). 282 Fallas asociadas a procesos de deformadón acumulati­ va. 284 Flujos. 286 A-3.a Flujos en materiales relativamente secos, 287 Flujos en materiales húmedos, 287

VM Vl-9 VI-10 V I. 11

A-3

A-S.b B

Fallas relarionadas a la estabili­ dad de taludes artitidales, 289 B-l E-2 B-3 B-4 Falla rotarional. 289 Falla trasladonal, 293 Fallas con superfide com­ puesta. 293 Fallas múltiples, 293

C D

Denumbes y caído*. 295 Otros tipo* dé fallas, no directa­ mente asociadas a la i esistenria al «fuer/© cortante dé fotf suelos. m . .. ~ E Fallas por 299 F Falla ñor défta macióíi eft 1 » hombros terraplétíéi, 300

Je ios

VI-3 VI-4

Algunas ideas acerca tíb U estabilidad de taludes de suelo? t&lduale* $00 Ciertos asj)Crtiw dé l«* paiámetros de resistencia al esfuerzo cortante a con­ siderar en el cálculo numérico de la estabilidad de laderas naturales y ta­ ludes. 306

Cálculo del factor de se­ guridad para un talud ‘'cohesivo*' con terreno de

dateri

erecl

16

Contenido Volumen i cimentación homogéneo con ¿I y limitado por un estrato horizontal resis­ tente, S69 Ejemplo de un análisis con tanteos, 369 Análisis con esfuerzos to­ tales. 373 Análisis con falla circular y esfuerzos efectivos, 374 Estabilidad de una lade­ ra natural para una su­ perficie de falla no circu­ lar, con flujo. Análisis con esfuerzos efectivos, 378 Terraplén sobre suelo blando, 380 Método de la curta, 381 Falla traslacional, 382 Capitulo 7 El subdrenaje en las vías terres­ tres ............................. ................. 403

V1-A.2 VI-A.3 VI-A.4 V I-A 5

VII-1 V1I-2 V IM

Introducción, 403 Agua subterránea, 405 Diserto de filtros, 410 Prevención de la erosión interna y de la tubificadón, 411 B Prevención de la obstrucción de perforaciones en tuberías o de fu* gas de partículas finas del filtro a través de ellas, 412 C Requerimientos de permeabilidad en el material del filtro, 412 D Requerimientos de segregación, 413 E Disposición de las perforaciones en tuberías, 413 F Comentarios, 413 A

VI-A.6 VI-A.7 V1-A.8 Referencias, APE N D IC E 383

V IM Planteamiento teórico tld proble* ma de flujo de agua en suelos. R e­ des de flujo, 387 . '• A *! A-2 Introducción, 387 Ecuaciones hidrodinámicas que rigen el flujo de agua a través de los suelos, 388 A-3 Solución de la ecuación de Laplace, 390 A-4 La teorfa de la sección transformada, 392 A-5 La red de flujo, 394 A-6 Trazo de la red de flujo. Cálculo del gasto, 394 A-7 Superficies libres a la pre­ sión atmosférica, 396 A-8 Cuadrados singulares, 397 A-9 Cálculo de las presiones hi­ drodinámicas en una red de flujo, 399 A-10 Cálculo de velocidades y gradientes hidráulicos en los puntos de una red de flujo, 400 A - ll Fuerzas de filtración. Gra­ diente critico de ebullición, 400 Referendas, 402

Métodos de subdrenaje en vías terres­ tres, 415 A B C D E F G H Capas permeables en pavimentos, 415 Drenes longitudinales de zanja, 421 Subdrenes interceptores transver­ sales, 424 Drenes de penetración transver­ sal 425 Pozos de alivio, 429 Capas permeables profundas con remoción de material, 430 Trincheras estabilizadoras, 431 Galerías filtrantes, 437

VI1-5 V I1-6 VII-7 VII-8 VII-9

Efectos capilares en el subdrenaje, 441 Subdrenaje en carreteras, 448 Subdrenaje en aeropistas, 452 Subdrenaje en vias férreas, 453 Problemas especiales de subdrena­ je; 454 455 457

Referencias,

Indice alfabético

CAPITULO

Breves nociones de mecánica de suelos
M INTRODUCCION

Para tos fines de este libro se entiende por “ Vías terrestres" las carreteras, los ferrocarriles y las aeropistas que constituyen los elementos básicos de la in­ fraestructura de una red nacional de transportes. Den­ tro de la denominación deben caber tanto la más moderna autopista como el más modesto camino ru­ ral. y lo mismo la pista que dé servido a aviones de retroimpulso en un gran aeropuerto que la sendlla púta destinada al tráfico de pequeñas avionetas. la s vías terrestres así definidas se construyen fun­ damentalmente de tierra y sobre tierra. Desde liace ya bastante tiempo, la técnica moderna ha reconoci­ do la influencia que sobre una estructura de esta na­ turaleza tiene el terreno que le sirve de apoyo, en­ tendiendo por tal no sólo al suelo o roca que exista en el lugar, pasivamente considerado, sino a todo un conjunto de condidones que comprenden desde la constitudón zninerológica, la estructuradón del suelo, la cantidad y estado del agua contenida y su modo de fluir, hasta toda una agrupadón de factores aje­ nos al concepto tradicional de suelo, pero que defi­ nen en el tiempo su comportamiento, tales como los factores dimátícos, los económicos, los que se refie­ ren al “ uso de la tierra" en actividades que poco o nada tienen que ver con la tecnología de las vías te­ rrestres, etc. Sin embargo, ha sido hasta épocas mu­ cho más red entes cuando los ingenieros han com­ prendido que el uso de los materiales, que se ofrecen en general en amplia variedad en la naturaleza, den­ tro d d cuerpo de la estructura, no es indiferente o arbitrario, sino selectivo, y que aun utilizando los mismos materiales para produdr una secdón dada, pueden obtenerse secdones estructuralmente muy dis­ tintas según el uso que se haga de los materiales dentro de la secdón, tanto en lo que se refiere a su posidón en ella, como a las condidones en que se coloquen y a los tratamientos mecánicos o aun químicos que se les dé. La construcción de las vías terrestres implica en­ tonces el uso de los suelos, pero un uso sdectivo, jui­ 17

cioso y, en lo posible, "científico". Es sabido que la ingeniería moderna ha desarrollado ramas cuyos ob­ jetivos son precisamente el aprender a manejar de la mejor manera posible, ingenierilmente hablando, los suelos y las rocas con que se construyen las vías te­ rrestres. Estas ramas son la Mecánica de Suelos y la Mecánica de Rocas, estrechamente auxiliadas por la Geología aplicada. N o es, pues, de extrañar, dejando a un lado aspectos de planeadón y trato y algunos de índole económica y social, que d proyecto y la construcrión de las vías terrestres sean a fin de cuen­ tas una cuestión de aplicadón juiciosa de normas de Mecánica de Suelos y de Mecánica de Rocas. Hov. la Mecánica de Suelos y la de Rocas se han diversificado tanto, que constituven dos ramas inde­ pendientes, con metodología y objetivos propios, den­ tro del conjunto de las espedalidades de la Ingenie­ ría; aunque siu fronteras están estrechamente entre­ lazadas. tanto como lo están los suelos y las rocas, cuya distindón a menudo es muy difícil, la Mecánica de Suelos y la de Rocas forman cada vez más tíos campos separados que exigen a sus respectivos espe­ cialistas toida su dedicadón personal El presente libro trata de las aplicadones que tie­ ne la Mecánica de Suelos en el proyecto y en la construedón de las Vías Terrestres; la Mecánica de R o ­ cas sólo interviene, cuando se traslapan los métodos de ambas disdplinas y las soludones sean comunes o bien, cuando la diferendadón entre ellas sea prác­ ticamente imposible. La aplicación de la Mecánica de Suelos a un cam­ po cualquiera exige un conodmiento previo de tal disaplina, que a propósito se ha considerado fuera de los alcances de este libro. Afortunadamente exis­ ten muchos, algunos muy buenos, con los que el lec­ tor podrá suplir esta deficiencia. Sin embargo, con fines de unificadón de pensamiento y aun de nomen­ clatura, este primer capítulo está dedicado a la presentarión de ideas básicas sobre Mecánica de Sue­ los, de las que después se hará intenso uso.

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Breves nociones de mecánica de suelos el transcurso del tiempo, toda la metodología de tra­ bajo de la Mecánica de Suelos, incluyendo los méto­ dos de prueba e investigación en el laboratorio, que han jugado tan importante papel en el desenvolvi­ miento de la disciplina, fue mostrando una inclina­ ción hacia los suelos transportados que fue dejando a los residuales relativamente marginados del fffogreso de la especialidad. Y si es cierto que los suelos transportados abundan en la naturaleza, sobre todo en zonas apropiadas para la deposición, geológica­ mente hablando, también es cierto que los suelos re­ siduales no lo son menos y que en estructuras como las carreteras o k » ferrocarriles dclien aparecer con particular frecuencia. En los últimos años, esto lo entendieron claramente muclios investigadores, cuyo interés se refleja cada vez más en las publicaciones de obras especializadas que ya, con relativa frecuen­ cia, tratan de suelos residuales; pero los autores de este libro se preguntan si en el momento presente baila tener “ interés" por los suelos residuales, inte­ rés que se refleje en su estudio con las ideas teóricas a que se ha llegado estudiando suelos transportados y con la metodología de laboratorio que se ha «Iesarrollado para estos suelos. Parece lógico pensar que no sean esenciales las diferencias en comportamiento entre los suelos residuales y transportados, pero tam­ bién parece lógico sentir que tales diferencias justifi­ quen algunos cambios en las actitudes mentales ante los suelos residuales y en las metodologías experi­ mentales, incluyendo diseño de pruebas y equipos. El ingeniero que aplica Mecánica de Suelos a Vías Terrestres debe tener presentes las ideas ante­ riores, por lo menos como un motivo para ejercer crítica sobre las conclusiones a que lo lleve la Me­ cánica de Suelos actual, especialmente si trata con suelos residuales. Esta labor crítica pennitirá. por otra parte, ir descubriendo deficiencias, diferencias y nuevos enfoques. Algunos países son particularmen­ te pródigos en suelos residuales ligados a problemas constructivos en obras de ingeniería. La Unión Sud­ africana. el Brasil y algunas zonas de los Estados Unidos han expresado ya con frecuencia su preocu­ pación por la escasez de conocimiento enfocado espe­ cíficamente a suelos residuales. En México también abundan. Seguramente su existencia será más común en regiones de clima tropical, en donde la actividad de la erosión y, sobre todo, el poder de las acciones químicas de aguas caigadas de agentes en solución, producto de una intensa vida vegetal, hacen que el efecto de descomposición y ataque "in situ" pueda ir siendo más rápido que la capacidad de transporte de los agentes naturales.

1-2 NATURALEZA Y ORIGEN OE LOS SUELOS

Los sucios son conjuntos de partículas minerales, producto de la desintegración mecánica o de la dev composición química ele rocas preexistentes. El con* junto de panículas presenta dos propiedades esencia­ les que no pueden ser olvidadas por quienes preten­ dan comprender su comportamiento ingenien!. a) El conjunto posee una organización definida y propiedades que varían "vectorialmente". En ge­ neral, en los valores de las propiedades, verticalmente ocurren cambios mucho más rápidos que horizon­ tal mente. b) La organización de las partículas minerales es tal que el agua, que como se sabe está presente en todo suelo en mayor o menor cantidad, puede, si hay la suficiente, tener "continuidad", en el sentido de distribución de presiones. El agua no ocupa hue­ cos aislados, sin intercomunicación; puede llenar to­ dos los poros que dejan entre sí las partículas mine­ rales y que se intercomunican, de manera que el agua forma una masa continua que contiene al mineral en su seno. Los suelos pueden ser residuales o transportados, según se les eiuueutre en el mismo lugar en que se han generado o en lugar diferente. El transporte por aire y agua y la sedimentación en esos dos medios constituyen el mecanismo usual que da lugar a un suelo transportado. Es evidente que la estructuración y la “ distribución interna" de las propiedades tienen que ser completamente diferentes en un suelo resi­ dual que en un suelo trans|x>nado. En el primero, el ataque mecánico y la desintegración química tien­ den a producir un resultado final que en estructura y disposición recuerda, aunque sea lejanamente, a la roca madre. Los suelos transportados y depositados en aire o agua generan estructuras que están regidas únicamente por los mecanismos propios de la depo­ sición y en nada por la disposición, características y condiciones iniciales de la roca originaL Cabe aquí un comentario de carácter general que pocas veces se valora por completo en las aplicacio­ nes de la Mecánica de Suelos. En una medida sin duda mayor que lo deseable, la Mecánica de Suelos actual se refiere sobre todo a los suelos transporta­ dos. Empezó por el interés que plantearon diversos problemas de índole general c importante, sobre todo del tipo de cimentaciones en ciudades grandes y con subsuelos particularmente difíciles; se desarrolló por las ideas que fueron surgiendo de los laboratorios y de las experiencias de campo de quienes afrontaban tales problemas. En general, tales ciudades cataliza* doras del interés por la Mecánica de Suelos existen en valles o planicies de costa, en los que, por razón natural, ios suelos son transportados y no residuales, más propios de zonas onduladas o montañosas. Como consecuencia, se estudiaron sobre todo suelos t r a s ­ portados y se fueron conociendo sus propiedades, que a menudo se confundieron con las propiedades de los suelos en general, aun cuando lógicamente las de los suelos residuales hayan de ser d iferen te En

M

RELACIONES CRAVIMETRICAS Y VOLUM ETR I­ CAS DE LOS SUELOS

En los suelos se distinguen tres fases constituyen­ tes: la sólida (partículas minerales), la líquida (ge­ neralmente agua) y la gaseosa (generalmente aire). Entre estas fases es preciso definir un conjunto de

Relaciones gratñmétricas y volumétricas relaciones que se refieren a sus pesos y volúmenes, las cuales sirven para establecer la necesaria nomen­ clatura y para contar con conceptos mensurables, a través de cuya variación puedan seguirse los proce­ sos ingeníenles que afecten a los suelos. En la Fig. I-I ¡quiete un esquema de una mues­ tra de suelo separada en sus tres fases y en ella se acotan los pesos y volúmenes cuyo uso es de interés. Wm W. t* vm iv m

19

V mm

T.. Ww+ W , w,

TI + u»

(M )

VO LU M ENES

PESOS

O
í3>

l a expresión (1-4) se usa en compactación de suelas. Se emplea asimismo el peso específico relativo de los sólidos del suelo, definido como: W. Y. y, Yo (1-5)

a s i cascos* *

O

W o -C

V

yA SC l'CUOA ‘

Las siguientes son también relaciones entre pesos y volúmenes que se utilizan mucho en las aplicacio­ nes, por representar conceptos cuya variación sirve para describir fenómenos importantes y, por lo tan­ to, figuran muy frecuentemente en las fórmulas. a) l a relación de vacíos (e ) es el cociente entre el volumen de vacíos y el de sólidos.

W m Z '/,..ráse soco

21 vt
que k

( 1*6 )

Figura 1-1, E iq u r a a d e una m u ñ irá d e lu c io cu h acolan los p o o t y volúm enes u u d o i.

Las relaciones entre los pesos y los volúmenes se establecen a través del concepto de peso volumétri­ co, definido como la reladón entre ambas cantida­ des. En la tecnología de las vias terrestres se usan los siguientes: W. Tm = V„ _ W , + )VW Vm

Teóricamente e puede variar de 0 a infinito (va­ cío perfecto), pero en la práctica sus límites están comprendidos entre 0.25 para arenas muy compac­ tas con finos, y 15 pora arcillas altamente estructu­ radas, muy compresible. b ) Se denomina grado de saturación a la rela­ ción entre el volumen de agua y el volumen de va­ cíos de un suelo; matemiticamente: d-7) El grado de saturación varía de 0% en suelo seco a 100% en un suelo en el que todos los vacíos estuvieran llenos de agua, al que se llama suelo sa­ turado. c) Se conoce como contenido de agua o humedad de un suelo a la relación entre el peso del agua con­ tenida en el mismo y el peso de su fase sólida: «f (% ) - 100

( 1- 1)

llamado el peso volumétrico de la masa; T, W. V,

( 1*2) ( 1*8 )

llamado el peso volumétrico de los sólidos. También se usa, sobre todo en cuestiones de compactación, el peso volumétrico seco, definido como la relación en­ tre el peso de los sólidos y el volumen total del suelo.

Ya = - ^

W. Vm

0*3)

Nótese que la expresión (1*3) puede ponerse:

El contenido de agua varía teóricamente de 0 a infinito, pero en la práctica es difícil encontrar va­ lores superiores a 1.000%, que se han medido en ar­ cillas procedentes del Sureste de México; la conocida arcilla del Valle de México suele tener contenidos de agua comprendidos entre 400% y 600%. Los conceptos anteriores sirven para establecer algunas relaciones útiles, que evitan la necesidad de medirlos todos en el laboratorio. Por ejemplo, en un
dei

20
M ie lo

¡IrcTtcs nociones de mecánica de suelos tica es la equidimensional, en la que las tres J¡.ten­ siones de la partícula son comparables. Se origina por la acción de los agentes mecánicos desintegrado­ res y sólo por excejición corresponde a partícu­ las que hayan sufrido algún ataque químico; puesto que los agentes mecánicos en general no actúan con preferencia por ninguna dirección en especial, es na­ tural que su producto final tienda a la forma esfé­ rica. Sin embargo, existen a veces efectos que repre­ sentan alguna acción que se ejerce preferentemente en una dirección determinada; ejemplo de lo ante­ rior son las formas redondeadas características de gravas y arenas que han sufrido el ataque de ríos o del mar. En los granos gruesos de los suelos, las fuerzas de gravitación predominan notablemente sobre cua­ lesquiera otras que pudieran ejercerse entre las par­ tículas; por ello todas las partículas gruesas tienen un comportamiento similar. En los suelos finos, producto en general del ata­ que químico de las aguas a las rocas o a otros sue­ los, la forma de los com|x)ncntcs tiende a ser aplas­ tada, por lo que los minerales de arcilla adoptan en general la forma laminar, en que dos dimensio­ nes son incomparablemente más grandes que la ter­ cera; como excepción, algunos minerales de arcilla poseen forma acicular, en la que una dimensión es mucho más grande que las otras dos. Como consecuencia de la forma de sus minerales y «le su tamaño, generalmente muy pequeAo. en los suelos muy finos ejercen acción importantísima fuerras de tipo diferente a las gravitacionales; ello es debido a que en estos granos la relación entre el área de su superficie y su peso (superficie específi­ ca) alcanza valores de consideración, cobrando mu­ cha significación las fuer/as electromagnéticas des­ arrolladas en la suiieríicie de los compuestos minera­ les. I a estructura interna de las arcillas puede con­ cebirse en forma elemental según las ideas que se exponen a continuación. En las referencias S y 4 podrán encontrarse algunos estudios que permitirán al lector ahondar un poco más en la cuestión funda­ mental de la físico-química de tas arcillas, tema al que se concede cada día mayor importancia en la Mecánica de Suelos y que resulta de fundamental utilidad para explicar el comportamiento macroscó­ pico de las formaciones férreas que el ingeniero en­ cuentra en su actividad diaria. I-a superficie de cada partícula de suelo posee carga eléctrica negativa, por lo menos en sus partes planas (por el contrario, parece liaber evidencia de concentraciones de carga positiva en las aristas). La intensidad de la carga depende de la estructuración y composición de la arcilla. Así, la panícula atrae a los iones positivos del agua que la rodea (H + ) y a cationes de diferentes elementos químicos existen­ tes en la misma, tales como Na+, K+, Ca++, Mg++, A1+++, Fe+++, etc. L o anterior conduce, en pri­ mer lugar, al hecho de que cada partícula individual de arcilla se ve rodeada de una capa de panículas

totalmente saturado basta conocer dos concep­ tos independíenles para, a i función de ellos, poder establecer fórmulas para otros; en este caso, las fórmulas mis usadas son:
tt> S ,

(19) S, (1 + w) I + S. w yw

S, + c Yw \+e

(l'O)

1.a deducción de estas fórmulas, así como de las que se mencionan a continuación, referentes a rela­ ciones volumétricas v gravimétricas, puede verse en la Reí. 1. En el caso de suelos parcialmente saturados (es decir, con |»ane de sus vacíos ocupada por aire) se precisan tres cantidades independientes para definir a otra dada. Las relaciones más usuales a que puede llegarse son: e G w = xo S, 1+ w Y. = (M I)

TT7

( 1- 12)

Atención especial debe darle al cálculo de los pe­ sos volumétrico* de los suelos situados bajo el nivel freático. En tal caso, el empuje hidrostático ejerce influencia en los pesos, de acuerdo con las leyes de la boyanria (Principio de Arquíntedes). El peso es­ pecífico relativo de la materia sólida sumergida vale:
S*.

S, -

1

(1-15)

y el peso volumétrico sumergido de los sólidos: Y*, - T, - 1 (I- H )

Es decir, un metro cúbico de suelo sólido desalo­ ja un metro cúbico de agua: luego sufre un empuje ascendente de 1 ton, que es el peso de dicho metro cúbico de agua. Para el peso volumétrico de la masa del suelo se obtienen las fórmulas (Ref. ! ) S .- 1 Y» 1 + S,w (M 5 )

Y*

5 ,-1 Ym S.

(1-16)

1-4 CARACTERISTICAS Y ESTRUCTURACION D E LAS PARTICULAS MINERALES

La forma de las partículas minerales de un suelo es de importancia primordial en su comportamiento mecánico. En los suelos gruesos la forma caracterís­

echos de

Características y estructuración de partículas minerales de agua orientadas en forma definida y ligadas a su estructura (agua adsorbida): cuando la partícu­ la atrae cationes de otros elementos químicos, éstos atraen a su vez a otras moléculas de agua orienta* das. por lo «pie el espesor de la película de agua adsorbida por el cristal de arcilla es función no sólo de la naturaleza del mismo, sino también del tipo de los cationes atrafdo*. Dada la superficie especifica a veces enorme de los cristales de arcilla, las fuerzas eléctricas de su* perficie juegan un papel mucho más importante que la acción gravitacional. Lo anterior se refleja, en primer lugar, en las formas estructurales que los suelos finos pueden adoptar cuando se depositan en un medio apropia­ do. Las estructuras sumamente abiertas, con gran predominio de vacíos de que después se hablará, sólo son concebibles si se toman en cuenta las ideas ante­ riores. Además, entre los cristales propiamente dichos del suelo fino, las capas de adsorción proporcionan un contacto sui genera que ayuda a entender y ex­ plicar propiedades macrofísicas familiares al ingenie­ ro, tales como plasticidad o resistencia al esfuerzo cortante. Las propiedades mecánicas de una arcilla podrán cambiar, por lo tanto, si se hacen variar los cationes contenidos en sus compiejos de adsorción, de mane­ ra que variando éstos puedan tenerse propiedades mecánicas diferentes en la arcilla original. Por cier­ to, estas ideas abren posibilidades (jara el trata­ miento físico-químico de muchos suelos a la escala ingenieril: desgraciadamente estos métodos no han sido suficientemente desarrollados en la práctica. En ge­ neral, los cationes pueden disponerse según su efec­ to benéfico decreciente en la resistencia de las ar­ cillas, de acuerdo con la lista: (N H < ) + , H+, K+, Fc+++, A I+++. Mg++, Ba-H-, Ca++, Na+. Li+. En resumen, puede concluirse que es la forma de las |iartículas minerales que constituyen el suelo la que determina primordialmente la preponderancia de las fuerzas gravitacionales o de las electromagné­ ticas entre los cristales, de donde, a su vez. quedan determinadas la estructuración en general del suelo y la naturaleza del contacto entre las partículas in­ dividuales. En los suelos gruesos (forma equidimensional) se tiene área mínima cubriendo peso máxi­ mo de la partícula (recuérdese que se demuestra que la esfera es el área mínima que cubre un volumen d ado); es, por tanto, natural que en estos suelos la actividad gravitacional sea claramente predominante. En suelos finos, las formas especiales de sus minerales causan que en las partículas haya un área muy gran­ de coexistiendo con un peso relativamente muy pe­ queño; es sabido que la carga eléctrica neta del cristal se concentra en su superficie y depende de ella, por lo que es natural en estos cristales de los suelos finos que la actividad eléctrica de su superfi­ cie predomine por mucho sobre las fuerzas gravitadónales. Cuando las partículas son suficientemente pequeñas y los suelos se forman por deposición en un medio continuo, existen, como se veri m is ade­

21

lante, otros efectos, tales como el movimiento Browniano, que contribuyen a minimizar el efecto natu­ ral de la gravedad terrestre. Se denomina estructura de un suelo al arreglo o disposición que adopten sus partículas minerales. Es obvio que la estructuración que tenga un suelo dado juega un papel fundamenta] en su comportamiento, especialmente en lo que se refiere a resistencia, com­ presibilidad y permeabilidad. El problema de la estructuración de los suelos es netamente distinto en los suelos gruesos (de fonna equidimensional) y en los finos (generalmente de forma laminar). En los primeros, la aglomeración de partículas se produce únicamente por acción gra­ vitaciónal; los granos de arena o grava se disponen como las canicas dentro de una caja. El mecanismo de estructuración es fácil de concebir (no se olvide que el hombre vive en un mundo gravitacional, en que los mecanismos de tales fuerzas le resultan com­ pletamente familiares) y, dado el tamaño de los granos de que se habla, cualquier hipótesis de es­ tructuración es inmediatamente verificable a simple vista. Por el contrario, en los suelos finos, las fuer* zas que definen la estructura son fundamentalmen­ te de naturaleza electromagnética, mucho m is difíci­ les de concebir y, además, existe la dificultad adicio­ nal de que cualquier hipótesis de estructuración «pie se haga no puede ser verificada a simple vista, dado el pequeño tamaño de los cristales, por lo que no es de extrañar que el problema de la estructuración de los suelos finos resulte difícil, controvertible y, en general, mucho más complicado que el de los suelos gruesos; los métodos de investigación de la estructu­ ra de los suelos finos, tales como el uso de micros­ copios electrónicos, difracción de ondas, etc, son to­ dos de naturaleza indirecta y están sujetos a la inter­ pretación del especialista, por lo que no resulta raro que existan muy variadas corrientes de pensamiento en torno a este problema. La estructura típica de un suelo grueso (análo­ ga a la de un agrupamicnto de canicas en una caja) recibe el nombre de estructura simple, y su compor­ tamiento mecinico queda fundamentalmente defini­ do por la compacidad. Terzaghi ha ]>ropuesto el con­ cepto de compacidad relativa para medir tal condi­ ción. La compacidad relativa es determinablc en la­ boratorio (referencia 5)

En donde: *= relación de vacíos correspondientes al es­ tado más suelto, obtenida vertiendo al material den­ tro de un recipiente, sin ninguna compactación pos­ terior. e = relación de vados correspondiente al esta­ do más compacto del suelo, obtenida al someter la

22

Breves nociones de mecánica de suelos

muestra del suelo grueso a un proceso de varillado por capas dentro de un recipiente. f „ , = relación de vados del sudo en estado na* turaL C, se expresa usualmente como porcentaje. Va­ lores superiores al 50% suelen considerarse de un suelo compacto y este valor se mendona frecuente­ mente como límite de seguridad razonable en pro­ blemas prácticos, tales como dmentadones en suelo* gruesos, posibilidades de licuadón de mantos de are­ na y limos no plásticos, etc. Aparte de la compacidad, se acepta que influye en el comportamiento mecánico de un suelo grueso la angulosidad de sus granos (a misma compaddad, la mayor angulosidad da más trabazón y, por lo tanto, mayor resistenda al esfuerzo cortante) y la orientadón de sus partículas, lo que se admite que influye sobre todo en la permeabilidad. Existen varias hipótesis sobre cstructuradón de los suelos finos. Terzaghi presentó originalmente las conoddas con los nom bro de panaloide y floculenta (referenria 6) que se muestran en las figuras 1*2 y 1-3. La estructura panaloide se considera típica de granos de 0.02 mm o algo menores que se depositan en agua o aire: las fuerzas gravitadonales ejercen un derto efecto, pero las fuerzas eléctricas son de mag­ nitud comparable. La estructura floculenta se consideró típica de partículas de tamaño mucho menor, que por sí solas ya no se sedimentarían por d efecto de impacto causado por las vibradones moleculares d d medio en que ocurra la sedimentadón; estas partículas por sí tolas se moverían al azar con un movimiento ca­ racterístico llamado Brovmiano. Se suponía que es­ tas partículas podían unirse formando un grumo, con la estructura de un panalito, el cual adquiriría peso tufidente para depositarse, obteniendo así una estructura de panales formados con panales. Como quiera que la caparidad de unión de las partículas individuales para formar los grumos más pesados, se

Figura 1-3. Eiqucma de ftiruciura floculrnta.

Figura U . Estructura panaloide.

incrementa mucho si existe un electrólito en el me­ dio de depósito, se suponía que esta estructura se­ ría muy típica de suelos muy finos depositados en el mar o en lagos de agua cargada de sales susceptibles de sufrir disodación electrolítica. En la referencia 7, A. Casagrande presentó otra hipótesis de estructuración de suelos predominante­ mente finos, que aparece en la figura 1-4. En esta hipótesis de Casagrande se considera la posibilidad de que no todas las partículas del suelo tengan el mismo tamaño, pero la idea más intere­ sante de ella es la introducá An del concepto de es­ queleto estructural, constituido por las partículas más gruesas (de limo en la figura) y por los panales y flóculos que existen entre ellas. La idea es que bajo el peso del suelo sobreyadente o de alguna carga actuante en la superficie se establece en el interior del suelo un mecanismo de transmisión, que funcio­ na como un esqueleto del conjunto, dejando en los espados entre las partículas gruesas y sus nexos gran cantidad de material fino poco o nada comprimido. Los nexos entre las partículas gruesas que forman parte d d esqueleto habrán sufrido, por el contrario, un lento proceso de compresión y adaptación a la carga, que es lo que da al conjunto su resistenaa. Si se acepta esta idea, es muy fádl comprender la diferencia de resistenaa que existe entre una ardlla inalterada y una remoldeada, en que. por alguna ra­ zón, se ha roto el esqueleto y se transmite la carga a las masas de flóculos no precomprimidos. En épocas más modernas se han introduddo como fundamentales los conceptos de floculadón y disper­ sión (referencia 8). Si el efecto neto de las fuerzas atraaivas y repul­ sivas entre dos cristales de ardlla es de atraedón, las dos partículas se unirán (posiblemente arista contra cara plana); se dice entonces que están floculadas. Si la acdón neta es repulsiva, se separarán, dando lugar a una estructura dispersa. La alteradón de la capa adsorbida de los cristales puede produdr tendencía a la floculadón o a la dispersión en un sis-

Características y estructuración de partículas minerales

25

(o ) E n form oclon
Figura 1-4. Una

(b ) Yo estructura compuesta fo rm ad a

(«egún A . C i «agrande).

lema de cristales de ardlla; la tendencia a la flocu» lación aumenta principalmente cuando hay un elec­ trólito en el agua que rodea a los cristales de ardlla o cuando se eleva la temperatura. Las figuras 1*5 y 1-6 muestran disposidones típicas de estructuras flo­ culadas y dispenas, respectivamente. Debe notarse que d conjunto de estructuras para los suelos finos someramente descrito en lo que ante­

cede no constituye una serie de posibilidades reales en la naturaleza, sino simplemente algunas hipóte­ sis de estructuración de que hoy se habla. Muchos investigadores aceptan alguna de las explicadones anteriores, pero no otras, de manera que no existe pleno acuerdo al respecta También debe advertirse la posibilidad de que se conjuguen las formas anteriores, dando lugar a un variado número de combinaaones.

Figura 1-5. Estructura en "castillo de naipe*”.

Figu ra 1 4

Estructura d is p e ra .

2-1

Breves nociones de mecánica de suelos cánicas de un suelo fino está descrita por la distri­ bución granulométrica de dicho suelo. En mucho mayor medida de lo que sucede en suelos gruesos, el conocimiento de la distribución granulométrica re­ sulta estéril en el caso de los suelos finos. Demostrándose una vez más la fuerza de la tra«lición y la costumbre, todavía es común en la actua­ lidad que muchas especificadones referentes al uso o rechazo de tos materiales para la construcción de Vías Terrestres contengan preceptos granulométricos en mayor o menor grado. Esta situación ha de verse como indeseable pues, debe insistirse, no es casi nun­ ca el tamaño de las panículas de un suelo fino el que define su comportamiento mecánico, y una nor­ ma de aceptadón o rechazo basada en Cal criterio corre el riesgo de aceptar lo malo y rechazar lo que sería mejor. Por ejemplo, una ardlla caolinftica, re­ lativamente inerte ante el agua y que para muchos usos resultarla perfectamente aprovechable, puede te­ ner una distribución granulométrica análoga a una ardlla montmoriloníiica, quizá con materia orgáni­ ca, sumamente activa, que constituye en casi todos los casos un suelo que debe rechazarse para su uso en la construcción de vias terrestres. Una de las razones que han contribuido a la di­ fusión de las técnicas granulométricas es que, en derto sentido, la distribución granulométrica proporcio­ na un criterio de clasificación. Los conoddos térmi­ nos ardlla, limo, arena y grava tienen tal origen y un suelo se clarificaba como arcilla o como arena según tuviera tal o cual tamaño máximo. La nece­ sidad de un sistema de Clasificadón de Suelos no es discutible, pero el ingeniero ha de buscar uno en que el criterio de clasificación le sea útil, es dedr, en el que se clasifique a los suelos de acuerdo con sus propiedades ingeníenles fundamentales y no según el tamaño de sus panículas, que poco significa. De todos modos, como en mudias cuestiones de aplicarifa de sus técnicas, el ingeniero actual en vías terrestres hace un uso todavía relativamente frecuen­ te de las curvas granulométricas, se exponen a con­ tinuación algunos detalles sobre tales métodos. Siempre que se cuente con suficiente número de puntos, la representadón gráfica de la distribudón granulométrica debe estimarse preferible a la numé­ rica en tablas. La gráfica de la distribudón granulométrica sue­ le dibujarse con porcentajes como ordenadas y ta­ maños de las partículas como absdsas. Las ordena­ das se refieren a porcentaje, en peso, de las partícu­ las menores que el tamaño correspondiente. La re­ presentadón en escala semilogarítmica (eje de abs­ dsas en escala logarítmica) resulta preferible a la simple representadón natural, pues en la primera se dispone de mayor amplitud en los tamaños finos y muy finos, que en escala natural resultan muy comprimidos, usando un módulo práctico de escala. La forma de la curva da idea inmediata de la dis­ tribudón granulométrica del suelo; un suelo cons­ tituido por partículas de un solo tamaño estará re­ presentado por una línea vertical (pues el 100% de

I-S GRANULO M ETR IA DE LOS SUELOS

Se denomina distribución granulométrica de un sucio a la división del mismo en diferentes fraccio­ nes. seleccionadas por el tamaño de sus partículas componentes; las partículas de cada fracción se ca­ racterizan porque su tamaño se encuentra compren­ dido entre un valor m ixim o y un valor mínimo, en forma correlativa para las distintas fracciones, de tal modo que el máximo de una fracción es el mínimo de la que la sigue correlativamente. La separación en fracciones se hace sencillamente por mallas, cuan* do es posible el cribado; pero en suelos de grano muy j>cqueño, que forman grumos, deben adaptarse pro­ cedimientos bastante más complicados para separar las partículas individuales y ello da lugar a resulta* dos mucho mis confusos, en los que, como se verá, para lograr las fracciones constituyentes ha de recu­ rriese a hipótesis no muy satisfactorias, llegándose a resultados finales basunte dudosos. En suelos gruesos (gravas, arenas y limos no plás­ ticos), de estructura simple, la caracerística más im­ portante para definir su resistencia es la compaci­ dad; la angulosidad de los granos y la orientación de las partículas juegan también un papel impor­ tante, aunque menor. Evidentemente, cualquier aná­ lisis por mallas no da ninguna información sobre estos aspectos. l a compresibilidad de estos suelos, por otra parte, aunque también depende fundamen­ talmente de su estructuración y compacidad, se ve influida en bastante mayor grado por la granulómetría, según ha puesto de manifiesto la investigación moderna, como se verá más adelante. Han resulta­ do decepcionantes los esfuerzos realizados hasta el presente para establecer alguna correlación entre la curva granulen!¿trica y la permeabilidad de los sue­ los (referencia 2 ). Se ha dicho que los suelos gruesos con amplia gama de tamaños (bien graduados) se compactan mejor, para una misma energía de compactadón, que los suelos muy uniformes (mal graduados). Esto sin duda es cierto, pues, sobre todo con vibrado, las par­ tículas más chicas pueden acomodarse en los huecos entre las partículas más grandes, adquiriendo el con­ junto una mayor compacidad. Sin embargo, la re­ lación entre granulomctría y fadlidad de compacta­ dón no ha podido pasar de una correladón cualita­ tiva tan vaga como la que queda enunciada, por lo cual en estudios para compactadón de suelos poco o ningún provecho puede obtenerse de la curva granulométrica de los suelos gruesos. Mucho más difí­ ciles de establecer son las propiedades mecánicas de interés ingenieril de los suelos finos tradidonalmen* te llamados cohesivos (ardllas y limos plásticos). Dependen de un número mucho mayor de concep­ tos que las de los suelos gruesos y, so pena de caer en confusión, tal estudio no puede ser abordado en esta etapa de la presentación de conceptos de la me­ cánica de suelos. Baste dedr (y el lector tendrá oca­ sión de comprobarlo más adelante) que ninguna de las circunstancias que definen las propiedades me­

Granulometria de los suelos

25

T o m o ñ o i r mm. ( E t c . lo g a r ít m ic o )
Figura 1-7. Curva* granulométríou «1c alguno» lucio». Á ) Arma muy uniforme de Ciudad Cuauhtcmoc. México. B) Sucio bien graduado. Puebla. México. C) Arcilla del Valle de México (curva obtenida con hidró­ metro). Ü ) Arcilla del Valle de México (curva obunida con hidrómetro).

partículas, en peso, es de menor tamaño que cual­ quiera mayor que el suelo posea): una curva muy tendida indica gran variedad en tamaños (suelo bien graduado). En la Fig. 1-7 se muestran algunas curvas granulométricas reales. Como una medida simple de la uniformidad de un suelo. Alien Harén propuso el coeficiente de uni­ formidad
mu

C .-2 S
en donde:

*'1#

<M8)

D lt : llamado por Hazen diámetro efectivo; es el tamaño tal que sea igual o mayor que el 10%, en peso, del suelo. En realidad, la relación (1-18) es un coeficiente de no uniformidad, pues su valor numérico decrece cuando la uniformidad aumenta. Los sucios con C„ < S se consideran muy uniformes; aun las are­ nas naturales muy uniformes rara vez presentan C« < 2. Como dato complementario, necesario para defi­ nir la uniformidad, se define el coeficiente de cur­ vatura del suelo con la expresión C. (1-19)

: tamaño tal, que el 60%, en peso, del sue­ lo, sea igual o menor.

X D.

io

i

ai

Tam año

D en

m m (E s c a la

lo g a r ítm ic a )

Figura 14. HUtograma de un suelo.

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26

Breves nociones de mecánica de suelos Los tamaños menores del suelo exigen una investigadón fundada en otros principios. El método del hidrómetro (densímetro) es hoy, quizá, el de uso más extendido y el único que sc verá con cierto grado de detalle. Como tocios los de este grupo, el método sc l>asa en el hecho de que la velocidad de sedimentación de partículas en un líquido es función de su tamaño. El método fue propuesto indepen­ dientemente por Coklschmidt en Notuega (1926) y por Bouyoucos en los Estados Unidos de América (1927). Debido a lo importante de los errores que afecta­ ban a las pruebas originales, d método no satisfizo a muchos espedalistas, por lo que, en épocas poste­ riores. el Public Road Adminislraíion de los Estados Unidos encomendó al doctor A. Casagrande la investigadón de tales errores, para su eliminación y necesaria corrección. Como resultado de sus estudios, Casagrande propuso el hidrómetro aerodinámico, ca­ librado en pesos espcdfícos relativos (en lugar de su primitiva calibración en gramos de un suelo estan­ darizado, por litro), y algunos cambios radicales en el procedimiento de la prueba, con el objeto de eli­ minar los errores principales; obtuvo también fórmu­ las para las correcciones necesarias en ciertos pasos, cuyos errores no pudieron eliminarse al cambiar el procedimiento. La ley fundamental de que se hace uso en el pro­ cedimiento del hidrómetro es debida a Stokes, y pro­ porciona una rdación entre la veloddad de sedimentarión de las partículas del sudo en un fluido y el tamaño de esas partículas. Esta relarión puede esta­ blecerse empíricamente, hadendo observadones con microscopio, o bien con procedimientos teóricos. Si­ guiendo estos últimos. G. G. Stokes en 1850 obtuvo una reladón aplicable a una esfera que caiga en un fluido homogéneo de extensión infinita. Aun con esa limitación importante (pues las partículas reales de suelo se apartan muchísimo de la forma esférica) la ley de Stokes es preferible a las observaciones em­ píricas. Aplicando esa ley sc obtiene el diámetro equi­ valente de la partícula, que es el diámetro de una esfera, del mismo Ss que el suelo, que sedimenta con la misma veloddad que la partícula real; en par­ tículas equidimensionales, este diámetro es aproxi­ madamente igual al medio diámetro real, pero en partículas laminares el diámetro rea] puede ser basta el cuádruple del equivalente; caite notar que en par­ tículas muy finas esta forma es la más frecuente. Esta es una razón más para que dos curvas ganulotricas iguales, correspondientes a dos suelos di­ ferentes, no indiquen necesariamente la similitud de ambos. Uno podría ser una ardlla muy franca con estructura flocu lenta y el otro una harina de roca, de comportamiento similar al de una arena. La ley de Stokes tiene la forma

Dm sc define análogamente que los D }„ y D M an­ teriores. Esta relación tiene un valor entre I y 3. en suelos bien graduados, con amplio margen de ta­ maños de partículas y cantidades apreciables de cada tamaño intermedio. A partir de las curvas granulométricas aumenta­ tivas descritas, es posible encontrar la curva corres* pondiente a la fundón
d

7

d ito g D )

p es el porcentaje, en |>eso,- de las partículas me­ nores que un cierto tamaño, y D el tamaño corres­ pondiente; la curva anterior, que sc dibuja en es­ cala serai logarítmica, suele denominarse el histograma del suelo y representa la frecuencia con que en ese suelo sc presentan partículas entre cienos tama* ños. El ¿rea bajo el histograma es 100, por represen­ tar la totalidad de las partículas del suelo. En la Fig. 1-8 aparece un histograma de un suelo en el que predominan partículas de tamaño próximo a 1 mm. I xk valores más altos del histograma correspon­ den a zonas muy verticales de la curva acumulativa primeramente vista, y los valores más bajos a zonas con tendencia a la horizontalidad. Actualmente el uso de histogramas no está muy extendido en los laboratorios. También sc han representado las curvas granu­ lométricas en escala doblemente logarítmica, con la ventaja, para algunos usos, de que en este caso, en muchos suelos naturales la forma de las curvas se acerca notablemente a una línea recta. Bajo el titulo de Análisis Mecánico quedan com­ prendidos todos los métodos para la separadón de un suelo en diferentes fraedones. según sus tama­ ños. De tales métodos existen dos que merecen acen­ dón especial: el cribado por mallas y el análisis de una suspensión del suelo con hidrómetro (densí­ metro). El primero ic usa para obtener las fracciones correspondientes a los tamaños mayores del suelo; generalmente se llega así hasta el tamaño correspon­ diente a la malla N* 200 (0.074 mm). La muestra de suelo se hace pasar sucesivamente a través de un juego de tamices de aberturas descendentes, hasta la malla N * 200; los retenidos en cada malla se pesan y el porcentaje que representan respecto al peso de la muestra total se suma a los porcentajes retenidos en todas las mallas de mayor tamaño; el comple­ mento a 100% de esa cantidad da d porcentaje de suelo que es menor que el tamaño representado por la malla en cuestión. Así puede tenerse un punto de la curva acumulativa correspondiente a cada aber­ tura. El método se dificulta cuando estas aberturas •on pequeñas y, por ejemplo, el cribado a través de las mallas N? 100 (0,149 mm) y N? 200 (0.07 mm) suele requerir agua para facilitar el |>ato de la mues­ tra (procedimiento de lavado).

„ ! S Z 2 t ( £ Y 9 -n ' 2/

(i-20)

Plasticidad en la que v = velocidad de sedimentación de la esfera, en cm/seg: Y, — peso específico de la esfera, en g/cm*; Y/ *= peso especifico del Huido, en g/cm* (varia con la temperatura); i) = viscosidad «leí fluido, en g • scg/cm3 (varía con la temperatura); D =* diámetro de la esfera, en au. De la fórmula anterior, si D se expresa en mm resulta

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Aplicada a partículas de suelo real, que se sedi­ menten en agua, la ley de Stokes es válida solamente en tamaAos menores de 0.2 mm. aproximadamente (en mayores tamaftos, las turbulencias provocadas por el movimiento de la partícula alteran apreciablemente la ley de sedimentación), pero mayores que 0.2 mieras, más o menos (abajo de este límite la partícula se afecta por el movimiento Browniano y no se sedimenta). Nótese que por el análisis de tamices puede llegarse a tamaftos de 0.074 mm, que caen dentro del campo de aplicabilidad de la ley de Stokes; este hecho afortunado permite obtener datos ininterrumpidamente. £1 método del hidrómetro está, en su origen, afec­ tado por las siguientes hipótesis. a ) 1.a ley de Stokes es aplicable a una suspensión del suelo. b ) A l comienzo de la prueba la suspensión es uniforme y de concentración suficientemente baja para que las partículas no se interfieran al sedimen­ tarse. (En general es apropiada una concentración de unos 50 g/litro.) c ) £1 área de la sección recta del bulbo del hi­ drómetro es despreciable en comparación a la de la probeta donde la sedimentación tiene lugar, de ma­ nera que didto bulbo no interfiere en la sedimenta­ ción de las partículas en el instante de efectuarse una medición.

1-6. PLASTICIDAD

La plasticidad y el uso extenso que de ella hace el especialista en Mécánica de Suelos, constituyen una de las cuestiones más difíciles de comprender para el ingeniero ajeno a la especialidad. Y, sin em­ bargo, el concepto que se halla debajo de la utili­ zación de las ideas de plasticidad es ampliamente familiar en nuestra vida cotidiana. Es común que en la naturaleza existan magnitudes imposibles de medir en sí mismas o magnitudes cuya medición directa sea difícil o costosa; en tal caso, el intentar una me­ dición indirecta constituye una técnica común a muchos campos de la actividad científica. Se trata de buscar una magnitud, diferente de la que se de­

sea medir, que sea fácilmente mesurable y cuya co­ rrelación con la magnitud problema sea conocida y confiable; así, midiendo los cambios en la magnitud auxiliar y usando la correlación, podrán conocerse los cambios en la magnitud problema durante el desarrollo de cualquier fenómeno que sea convenien­ te estudiar. Por ejemplo, la temperatura es muy difí­ cil de medir directamente, pero se mide muy fácilmen­ te en un termómetro clínico, midiendo en realidad una longitud (la de la columna de mercurio); el hecho es posible porque existe una correlación co­ nocida entre el aumento de longitud (dilatación li­ neal) del mercurio y el aumento de su temperatura. Se recurre así a una medición indirecta fácil y barata de un concepto difícilmente mesurable en si mismo. I jo mismo sucede con la plasticidad en Mecáni­ ca de Suelos. El ingeniero está realmente interesado en las propiedades fundamentales de los suelos, ta­ les como resistencia, compresibilidad, permeabilidad, etcétera. Hoy estas propiedades pueden medirse, den­ tro de una aproximación que pudiera considerarse razonable, según atestiguan muchas obras de inge­ niería, pero tal medición resulta en la práctica larga y costosa para algunos fines. Por otra parte, los tra­ bajos de Attcrberg y A. Casagrande (Ref. 9) han permitido manejar una nueva magnitud en los sue­ los finos, muy sencillamente mesurable en los labo­ ratorios más elementales y trabajando con las mues­ tras de suelo también más simples y baratas que se pueda imaginar. Esta magnitud es la Plasticidad; su utilidad radica en que ha sido posible establecer co­ rrelaciones entre sus valores y las propiedades fun­ damentales del suelo; estas corrciadoncs son sufi­ cientemente confiables, por lo menos, para trabajar en las etapas iniciales de un proyecto, cuando la identificación de los suelos y su clasificación son im­ portantes. A l mismo tiempo, las correlaciones son demasiado poco precisas como para permitir fundar en ellas un trabajo cuantitativo de detalle, que co­ rresponda a etapas avanzadas tic un proyecto; es de­ cir, generalmente el uso de las pruebas de plasticidad y el manejo de los valores correspondientes en los suelos que figuran en un proyecto dado no exime al ingeniero de la necesidad de realizar a fin de cuen­ tas las indispensables pruebas de compresibilidad, resistencia al esfuerzo cortante, etc, pero le permite identificar y clasificar a los suelos ya en sus prime­ ros contactos con ellos, dejando de trabajar a ciegas y recibiendo valiosísima orientación p n programas de exploración y muéstreos deGnitivos, de pruebas de laboratorio más elaboradas y costosas, etc En suma, la plasticidad proporciona una orientación previa de información preliminar que ahorra tiempo y esfuer­ zo en todas las etapas subsecuentes del proyecto, y con frecuencia evita que se cometan graves errores. Dentro de los límites del sentido que se da al tér­ mino en la Mecánica de Suelos, Plasticidad puede definirse como la propiedad de un material por la que es capaz de soportar deformaciones rápidas, sin rebote elástico, sin variación volumétrica apreriable y sin desmoronarse ni agrietarse. La anterior definí-

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Brevet nociones de mecánica de suelos Los anteriores estados son fases generales por las que pasa el suelo al irse secando, y no existen crite­ rios estriaos para definir sus fronteras. El estableci­ miento de éstas ha de hacerse en forma puramente convencional. Atterberg lo hizo originalmente esta­ bleciendo las primeras convenciones; Casagrande las refinó posteriormente y les dio su forma actual (Rcf. 10). La frontera entre el estado semiliquido y el plástico se denomina Límite Líquido, que se define en términos de una cierta técnica de laboratorio, consistente en colocar al suelo en una Copa de Casagrande. formarle una ranura de dimensiones especi­ ficadas y ver si la ranura se cierra o no de determi­ nada manera al darle al suelo 25 golpes en la Copa, también de un modo estandarizado. El contenido de agua con el que se produce el cierre de la ranura precisamente en 25 golpes es el Límite Líquido; un contenido de agua mayor haría que la ranura se cerrara con menos golpes y el suelo se consideraría en estado semiliquido; por el contrario, un conteni­ do de agua menor haría que la ranura se cerrara con más golpes y el suelo se consideraría, por lo menos, en estado plástico. En la mencionada referencia 10 se puede ver el detalle de esta prueba y de las demás que se mencionan en este apartado. La frontera entre el estado plástico y el semisólido se denomina límite plástico. Este es también un de­ terminado contenido de agua, propio de cada sue­ lo, y referido a una prueba en que se hace rolar en­ tre las palmas de las manos un alindrito de suelo hasta que se agrieta y desmorona; el suelo está en el limite plástico si el desmoronamiento ocurre preci­ samente cuando el alindrito tiene 5 mm. de diáme­ tro (Ref. 10). Actualmente se utiliza mucho como parámetro de plastiridad el llamado índice plástico. I f — L L — LP (1-22)

Capa de Cangraade

ción. según se verá más adelante, circunscribe la pro­ piedad a los suelos arcillosos bajo determinadas cir­ cunstancias. Atterberg hizo ver que, en primer lugar, la plas­ ticidad no es una propiedad general de todos los suelos; los suelos gruesos no la exhiben en ninguna circunstancia. En segundo lugar, hizo ver que en los suelos finos no es una propiedad permanente, sino circunstancial y dependiente de su contenido de agua. Una ardlla o un limo susceptibles de ser plásticos pueden tener la consistencia de un ladrillo, cuando están muy secos; con un gran contenido de agua, pueden presentar las propiedades de un lodo semiliquido o, inclusive, las de una suspensión liquida. Entre ambos extremos existe un intervalo de contc* nido de agua en el que esos suelos se comportan plásticamente. Según su contenido de agua decreciente, un sue­ lo susceptible de ser plástico puede estar en cualquie­ ra de los siguientes estados de consistencia, definidos por Atterberg: 1. Estado liquido, con las propiedades y apa­ riencia de una suspensión. 2. Estado semiliquido, con las propiedades de un (luido viscoso. 3. Estado plástico, en que el suelo se comporta plásticamente, según la definición anterior. 4. Estado semisólido, en que el suelo tiene la apariencia de un sólido, pero aón disminuye de vo­ lumen si se sigue secando. 5. Estado sólido, en que el volumen del suelo ya no varía con secado.

Figura 1-9. Dimensión de U ranura en la copa de Casagrande.

El valor antetior mide de un mudo muy claro el intervalo plástico; naturalmente que para situar a éste dentro de la escala general de humedades hace falta otro valor, sea el límite líquido o el límite plástico. Por eso suele decirse que para definir la plasticidad de un suelo hacen falta dos parámetros. El tercer límite o frontera entre estados de con­ sistencia de interés práctico es el límite de contrac* ción, contenido de agua abajo del cual el volumen de suelo ya no disminuye cuando éste se seca. El limite se manifiesta visualmente (y este hecho sirve para una determinación aproximada) por un carac­ terístico cambio de color de tono obscuro a más claro, producido por una retracción de los meniscos del agua hada el interior de la masa. En realidad, de todos los límites en uso este es el único que está ligado a un hecho físico significativo y no es pura­ mente convencional. El Límite de Contracrión repre­ senta dentro del secado gradual el momento en que la tensión capilar alcanza el valor máximo (los me­ niscos alcanzan su máxima curvatura en los extremos de los canalículos del suelo), de manera que cual­ quier evaporación posterior produce la retracción del

E l mecanismo de la contracción de los suelos finos por secado agua hacia el ¡menor del suelo, pero ya a tensión capilar constante (es decir, con curvatura constante en los meniscos). Según se explicará mis adelante, el que esto ocurra pricticamente en forma instan­ tánea en toda la superficie de la muestra indica que, estadísticamente hablando, todos los canalículos de la masa de suelo son similares en diámetro. Es natural que las atmósferas de adsorción de agua en tomo a los cristales de mineral no sc com(M ir le n como un Uquido libre, sometido sólo a fuer­ zas gravitarionales. Por ejemplo, al comparar dos suelos, I y 2 (referencia I I ) , si el 1 tiene mayor tendencia a crear atmósferas de adsorción, debe es­ perarse que la humedad a la cual los dos suelos co­ mienzan a comportarse como un Kquido sea mayor en | que en 2. Lo que es lo mismo, el suelo 1 tendrá un Ifmite Uquido mayor que el 2, si sus cristales tienen mayores atmósferas de adsordón. Es lógico pensar que un razonamiento análogo pueda estable­ cerse para el Límite Plástico y, por ello, para el Indi­ ce Plástico. Por otra parte, los limites se han fijado de un modo totalmente arbitrario, por lo que es difícil imaginar que la magnitud de uno de ellos, tomado aisladamente, pueda relarionarse de un modo cuan­ titativo con los espesores de agua adsorbida. A causa del gran incremento de superficie espe­ cífica que está ligado en general al tamafto decre­ ciente de las partículas de un suelo, es de esperar que la intensidad del fenómeno de adsordón esté muy influida por la cantidad de ardlla que conten­ ga el suelo. Skempton (referenria 12) ha definido una cantidad denominada Actividad de una ardlla.

29

Pracba M

limite plártlca

á

m il fino que 0.002 mm

<'•**>

La actividad puede valer 0.38 en arcillas caoliní* ticas, 0.90 en arcillas ilfticas y alcanzar valores supe­ riores a 7 en atrillas montmorilonfticas, lo cual da idea de las características de plastiridad de las arriUas, según su composición mineralógica. Los límites de plastiridad han resultado ser úti­ les en cuestiones de dauficarión e identificación de suelos, tal como se verá en el capítulo 2 de esta obra. También se usan en especificadones para controlar el empleo de suelos. En cuestiones posteriores de este mismo capítulo se presentarin algunas correlariones interesantes entre los Límites de Plastiridad y algunas propiedades fundamentales de los suelos.

muy espenalmente el contacto entre el agua y las partículas minerales de los suelos y entre el agua y el aire; generalmente los esfuerzos que corresponden a estos casos son de tensión. La atracrión entre las moléculas vednas de las substandas distintas en con­ tacto puede medirse por el coeficiente de tensión superfidal, que resulta ser una propiedad caracte­ rística de cada substanria. En la referenria 13 se detallan un poco los conceptos físicos que permiten definir este coefidente y entender los procesos del contacto entre el agua y los suelos, que tengan re­ percusión en la ingeniería de suelos aplicada a las vías terrestres. Probablemente la evidencia mis cono dda de los fenómenos de superfirie es la capilaridad, propiedad por la cual el agua puede ascender y per­ manecer por arriba de la línea que representa la presión atmosférica, por el interior de un tubo capi­ lar de vidrio o por un canalículo entre las partículas minerales de un suelo. En la referenria 13 sc de­ muestra que la máxima altura capilar a que puede ascender el agua en tales condidones resulta ser:

• T»

< *-«>

donde 7*s es el coefidente de tensión superfidal del

1-7 EL MECANISMO DE LA CONTRACCION DE LOS SUELOS FINOS POR SECADO Es un hecho generalmente aceptado en la actua­ lidad que cuando la superfirie de un líquido está en contacto con un material diferente se producen es­ fuerzos en esa superfirie, a causa de la atracrión en­ tre las moléculas ved ñas de los dos elementos dife­ rentes. A l ingeniero de vías terrestres le preocupa

Flgara M I Dittribución de esfuerzos en un tubo capilar
vertical.

50

Breves nociones de mecánica de suelos

Figura 1-12. Eaquema que Uuura la generación de presiones capilares en un tubo capilar.

donde i ) es el diámetro tlel canalículo en cm y h está en la misma dimensión. Se estima evidente la obten­ ción de la expresión (1*25) a partir de la (1-24), considerando a = 0. En la Fig. 110 se muestra la distribudón de es­ fuerzos en un canalfculo de suelo, el cual se ha idea­ lizado bajo la forma de un verdadero tubo capilar, tal como es común hacerlo en los análisis teóricos de estos temas. Bajo el nivel libre, la distribudón sigue la conorida ley lineal, supuesto que el agua se encuentra en condición hidrostática. Arriba del nivel libre, el es­ tado de esfuerzos está representado por la prolongadón del diagrama hidrostitico, de manera que en toda la columna de ascensión capilar se tendrán es­ fuerzos de tensión, considerando la presión atmosfé­ rica como origen tle esfuerzos. En cualquier punto de la columna, el esfuerzo de tensión puede obtenerse multiplicando la distanda vertical del punto a la superficie libre por el peso especifico del agua.
Muestra rir to rio (¡n o v a d o por m p o o c lA n

u -

2 7 , eos a h f w =» — — ---------

( 1- 26)

g agua (0.074 ----- a 20°C, pues también es fundón
cm

de donde

de la temperatura), a es el ángulo de contacto entre el agua y la pared del canalículo (Ref. 13). y r es el radio de dicho conducto. En Mecánica de Suelos es razonable pensar que usualmente a « 0 , o sea que el menisco esférico que forma el agua es tangente a las paredes (menisco semiesféríco); en tal caso, la ex­ presión (1-24) puede escribirse simplemente K, 0.3 — (1-25)

En la expresión anterior u es el esfuerzo de tensión en el agua en — - y A el radio del menisco que cm* forma el agua en el canalfculo. Nótese que el radio del menisco y el radio del conducto capilar están reladonados según se muestra en la Fig. 1-11, con cuya ayuda se podrá comprender de inmediato el origen de la expresión (1-27). La expresión (1-27) establece el hecho importan­ te de que el esfuerzo de tensión a que está sometida el agua dentro del suelo, cuando trabaja a tal tipo de esfuerzo, es inversamente propordonal al radio del menisco que se desarrolla en los canalículos del propio sudo. Naturalmente éste depende, en primer lugar, del diámetro del propio canalfculo; es eviden­ te que el radio mínimo de menisco (al que corres­ ponderá la tensión máxima) vale precisamente la mitad d d diámetro del conducto capilar que quede entre las partículas minerales, lo que corresponde a un menisco semiesféríco (menisco totalmente des­ arrollado). Nótese que de acuerdo con lo anterior el
g

Figura 1-11. Relación entre el radio del meniwo y el radio del conducto capilar.

Permeabilidad agua podrá altan/ar «fuer/o% de tensión muy im­ portantes dentro del sucio, cuando las partículas mi­ nerales estén muy próximas, lo que sucede sobre todo en los sucios muy finos, de acuerdo con la regla de que los huecos entre las partículas gruesas son gran* des, en tanto que entre las partículas muy finas (ar­ cillas) son pequeñísimos. De lo anterior resulta evidente que sc puede obte­ ner un menisco totalmente desarrollado siempre que el conducto capilar sea lo suficientemente largo como para permitir que la columna de agua se eleve hasta la altura máxima de ascensión capilar. Si el tubo es más corto, la ascensión capilar queda restringida y se formará un menisco de un radio tal que sc resta­ blezca el equilibrio hidráulico, con un esfuerzo de tensión en el agua menor que el máximo posible, correspondiente a una columna de agua también me­ nor que la máxima posible. Si el conducto capilar sc encuentra en posición horizontal, como es el caso del que aparece en la Fig. M 2. sc formarán gradualmente en sus extremos los meniscos, debido a la evaporación del agua. En cada extremo la curvatura del menisco aumentará hasta la máxima, que corresponde a la forma semies férica, como ya se dijo; al mismo tiempo, el esfuerzo de tensión en el agua aumentará hasta su valor máximo correspondiente al diámetro del conducto capilar de que se trate. Si continúa la evaporación del agita, los meniscos se retraerán hacia el inte­ rior del conducto, conservando su curvatura y man­ teniéndose, por lo tanto, invariable la tensión a i el agua. Se ve, pues, que en un conducto capilar hori­ zontal el esfuerzo de tensión en el agua es el mismo en toda la longitud, a diferencia del tubo vertical, en donde, como se indicó, los esfuerzos siguen una ley de s’ariación triangular. En el caso del conducto de la Fig. 1-12, al formar­ se los meniscos aparecerán en toda su periferia fuer­ zas de tensión (Fr), causadas por las atracciones en­ tre las moléculas del agua y las paredes. A estas fuerzas de tensión en el agua corresponderán, por reacción, las fuerzas de compresión (F t) que se mues­ tran; por efecto de estas fuerzas, el conducto capilar tenderá a cerrarse y a acortar su longitud. En toda la masa de agua entre los meniscos existen tensiones; por lo unto, existirán sobre las paredes del conduc­ to, como reacción, esfuerzos de compresión que tien­ den a cerrarlo. Como resultado del efecto anterior, una masa compresible, atravesada por tubos capila­ res sometidos a evaporación, se contraerá volumé­ tricamente. Con las consideraciones expuestas en los párrafos anteriores, siempre complementadas por la Rcf. 1S, es po&ible comprender el mecanismo de contracción de los suelos finos, asi como las razones para el misma Un sucio saturado exhibe primeramente una su­ perficie brillante, debido a la presencia del agua que llena sus poros por completo. A medida que comien­ za la evaporación, en los extremos de los canalículos sc irán formando meniscos cóncavos; al continuar el

SI

proceso de evaporación, irá disminuyendo el radio de curvatura de los meniscos y aumentando, por lo tanto, el esfuerzo de tensión en el agua (expresión 1-27) y, correspondientemente, los esfuerzos capila­ res de compresión actuantes sobre la estructura sólida del sudo que, por este efecto, sc comprime. U eva­ poración seguirá disminuyendo el radio de curvatura de los meniscos y comprimiendo la estructura del suelo, hasta un punto en que la tensión capilar sea incapaz de producir mayor deformación; en tal mo­ mento comenzará la retracción de los meniscos hacia d interior de la mas*j de suelo. Macrof'siramente ese momento está señalado jx>r el cambio de tono del suelo, de la apariencia húmeda a seca. Este momen­ to corresponde al Limite de Contracción, pues aun­ que la evaporación continúe ya no disminuirá el vo­ lumen del suelo, tx>r haber llegado d agua a su tensión máxima, a la que corresponde la máxima com­ presión capilar sobre la estructura del suelo. Nótese que en el límite de contracción el suelo sigue satura­ do si estaba saturado al comienzo del proceso de la evaporación, pues aunque dicha evaporación le ha he­ cho perder agua, esta pérdida está exactamente com­ pensada por la pérdida de volumen de vacíos causada por la compresión capilar; un gramo de agua eva­ porada corresponde a un era1 de contracción volu­ métrica.

1-8 PERMEABILIDAD

Generalmente el agua fluye a través de los suelos por gravedad. El régimen del flujo se dice que es laminar cuando las lincas de flujo permanecen sin juntarse entre sí, excepción hecha del decto micros­ cópico de mezcla molecular; cuando las líneas de flu­ jo sc entremezclan y dan lugar a turbulencias carac­ terísticas se dice que d flujo es turbulenta Para velocidades bajas, d flujo de agua a través de los suelos es laminar, pero al aumentar la velod­ dad más allá de un cierto límite, sc hace turbulento. Si de un régimen turbulento sc desea regresar al ré-

32

Breves nociones de mecánica de suelos

gimen laminar por disminución de velocidad, se observa que la transición ocurre a una velocidad mayor que aquélla en la que se pasó de régimen la* minar a turbulento; esto sugiere la existencia de un intervalo de velocidad en el cual el (lujo puede ser drcunstancialmente laminar o turbulento. Reynolds (Reí. H ) encontró que existe una cierta velocidad en el agua (y, de hecho, en cada líquido) abajo de la cual, para un cierto diámetro de conducción y a una temperatura dada, el flujo siempre es laminar. Esta es la velocidad crítica. Similarmcntc existe una velocidad atriba de la cual el (lujo siempre es tur* bulento; en el caso del agua esta segunda velocidad es del orden de G.5 veces la velocidad crítica. El fundamento de casi toda la teoría de flujo a través de los suelos radica en el trabajo experimen­ tal de Henri Darcy (Reí. 15), que se conoce hoy como ley de su nombre. Trabajando con un dispo­ sitivo de diseño personal, que se reproduce esencial­ mente en la Fig. 1*13, Darcy encontró que para velo­ cidades suficientemente pequeñas, el gasto a través de la conducción queda expresado por Q = donde A : es el área total de la sección transversal del filtro colocado en la conducción; i: es el gradiente hidráulico, medido por la ex­ presión; AiA (1*28)

Figura I-H. Esquema que ilustra la distinción entre la velo­ cidad de descarga y la de filtración.

.

_ J a r

k: es una constante de proporcionalidad, a la que Darcy dio el nombre de coeficiente de per­ meabilidad. Por otra parte, la ecuación de continuidad del gasto establece que Q * Av (1-29)

que en el valor numérico de A se reflejan propieda­ des físicas del suelo y del fluido circulante. En realidad, la velocidad v que se ha venido con­ siderando en las ecuaciones 1*29 y 1-30 no representa ninguna velocidad real con que el agua fluya a tra­ vés del filtro que llena la conducción mostrada en la Fig. 1*13. Esta velocidad, llamada de descarga, está referida al área A , total de la conducción, que no es de la que realmente dispone el agua para fluir. Es posible tener una idea aproximada de lo que pudie­ ra ser la verdadera velocidad del agua a tavés del suelo si se acepta que el flujo sólo es posible a tra­ vés de los vados. Tomando en cuenta el esquema de la Fig. 1*14, se ve que si se define una veloadad llamada de filtradón (v ¡) que coresponda a esta última consideradón, debe tenerse, por continuidad d d gasto, A j f i *» A v de donde A

donde v es la velocidad del flujo. Si la ecuación 1*29 se compara con la 1*28, resalta de inmediato que puede escribirse v =» ki (1*30)

Pero si se considera una dimensión unitaria ñor* mal al plano d d papel y se recurre a la definidón de la reladón de vacíos e, puede ponerse
A,

que es una manera común de escribir la ley de Darcy, aun cuando ella haya sido originalmente propuesta en la forma de la ecuación 1*28. Analizando la ecuación 1-30 puede establecerse una excelente definición para el coeficiente de per­ meabilidad, k, según la cual éste resulta ser la rclocidad con que fluye el agua a través del suelo cuan­ do está sometida a un gradiente hidráulico unitario. Naturalmente que las unidades de A son también las correspondientes a una velocidad, lo que se ve de inmediato en la misma ecuación 1*30, teniendo en cuenta que i carece de dimensiones. Es obvio

y
A A9 1+ e e

aterial protegido por derechos de autor

Permeabilidad Con lo anterior, la relación entre la veloddad de filtración y la veloddad de descarga resulta ser: i»i ■* - v 0*51)

33

do para usarse corno dren, y con permeabilidad me­ nor que I0-7 ----- un suelo puede ser considerado *eg prácticamente impermeable. 1.a permeabilidad de los suelos está influida por las siguientes características de los mismos: a) La relación de vacíos. b ) El tamaño de sus partículas. c) La composición mineralógica y físico-quími­ ca del suelo. d ) La estructura. e) El grado de saturadón. f ) 1.a existencia de agujeros, fisuras, etc. También depende en forma importante de la tem­ peratura del agua. En la referencia 2 sc discute de un modo bastante completo la reladón entre el coefidente de permea­ bilidad de un suelo fino y su reladón de vacíos, y se llega a la condusión de que el primero es directa­ mente proporcional al cuadrado de la segunda. N o se ha podido esublcccr una reladón confiable entre el coeficiente de permeabilidad y la curva gra­ nulométrica de un suelo. Para arenas finas. Alten Hazen obtuvo ya en 1892 su famosa Teladón: * “ C D»# (1-52)

En rigor, la veloddad de filtradón tampoco es una velocidad "real**, puesto que el suelo no es como sc muestra en el esquema de la Fig. 111, sino que el flujo ocurre a través de uiu serie de canalículos irre* guiares y sinuosos entre las partículas del suelo. Tan­ to la veloddad de descarga como la veloddad de filtradón son simplemente elementos de cálculo que permiten llegar a resultados correctos dentro de las consideraciones que han servido para las respectivas definiciones. l a ley de Darcy es, como se ha dicito, estricta* mente experimental, por lo que su validez no puede ir tnás allá de las condiciones específicas que hayan presidido el conjunto de experiencias que le dieron nadmiento; desde este punto de vista, es un 1 techo afortunado que Darcy haya experimentado flujos de agua a través de filtros de suelo, utilizando una gran variedad de tipos de suelo y de gradientes hidráuli­ cos, pues esto luce que sus resultados sean aplicables a los problemas prácticos de la Mecánica de Suelos. En ta referencia 16 se presenta una justificación más adecuada que la simple intuidón para la utiliiadón de la ley de Darcy en Mecánica de Suelos y se discu* ten sus límites de validez con base en la reladón conocida como el Número de Reynolds; en la refe­ rencia 2 se da otro análisis de los límites de validez de la le)- de Darcy, con base en un criterio diferente. 1.a conclusión en ambos casos es que la ley de Darcy resulta aplicable al flujo de agua a través de suelos que son más finos que las arenas medias o gruesas, para casi cualquier gradiente hidráulico imaginable en un problema práctico. En la mendonada referenria 2 se discuten y deta­ llan los diferentes métodos para medir el coeficiente de permeabilidad del suelo. La permeabilidad de los sudos es uno de los va­ lores que admiten mayores variaciones, según el tipo de material de que se trate. Varía entre límites un amplios como 10 ó 100 cm/seg en gravas limpias, hasta 10-* ó 10-* cm/seg en arcillas homogéneas montmoriloníticas o bcntoníticas, situadas abajo de la zona de intemperismo. La permeabilidad típica de las arc­ an ñas limpias puede ser del orden de l0-*-10-* — ■ , llegando a valores de I0-* ----- en arenas muy finas; ®eg los limos y depósitos de morrena gladar pueden to­ an ner permeabilidades u n bajas como 10-M0*4 ----- . En general las ara lias tienen permeabilidades me­ nores que 1(H ----- . Con permeabilidades menores que l(H un suelo debe considerarse inapropia­
ero

an donde k está e n ----- y O . es el diámetro efectivo *eg >• del suelo (el 10% en peso, del mismo, es de ese ta­ maño o menor), expresado en an. A despecho de su popularidad, la expresión (1-S2) debe verse simple­ mente como una burda manera de establecer sólo el orden de magnitud d d coeficiente de permeabilidad en arenas de tamaño mediano a grueso (con ellas trabajó Hazen para obtener su reladón), y nunca como algo que substituya a las pruebas de laborato­ rio cuando sc requiera una predsión razonable. El valor de la constante C varió entre 41 y 146 en las pruebas de Hazen, y un valor de 120 suele mencio­ narse como un promedio accpuble para el manejo de la fórmula. En la referenda 2 se mendonan al­ gunas otras expresiones más complicadas, pero de efectividad aún más dudosa, para reladonar el coe­ fidente de permeabilidad con d tamaño de las par­ tículas del suelo. 1.a composición mineralógica de las ardllas in­ fluye mucho en la permeabilidad de los suelos, a causa de las atmósferas de adsordón que sc forman en torno a los cristales de mineral, adheridas muy fuertemente a éstos y que contribuyen a dificultar el flujo de agua. La estructuración de los sudos también afecta su permeabilidad. En suelos muy fino», con minerales de forma laminar, d hecho de que exista una estruc­ tura floculada o dispena es importante, pues en el segundo caso se tienen permeabilidades mucho mayo­ res en la direcdón paralela a las caras alineadas de

54

Breves nociones de mecánua de suelos otra manera cu cada uno de los tres <oin|»onentes. Se adivina de inmediato la gran iiillueiicia que el tiempo tendrá cu la tespuesta de los .suele», pues son muy conocido* los c a m b io de touqxm atniciito del agua y del aire, según que las caigas aplicadas ac­ túan muy lentamente o muy rápidamente, con todas las gamas intermedias. Si por efecto de cargas exte­ riores el aguu adquiere presiones elevadas, aprove­ chando la |ienneabilidad tlel conjunto tenderá a Huir hacia zonas de la masa en que prevalezca una menor |iresión. y este hecho se rellejará en la compresibili­ dad y en el estado de esfuerzos de las zona* cargadas. En definitiva, puede decirse que la interacción cons­ tante de las tres fases del suelo y su inuy diferente te»|Miesta a los esfuerzos, producirá en cacla proceso de carga una compleja situación en la que los esfuer­ zos se re|»ariirán de un cierto modo entre las tres fa­ ses. siendo esta situación variable con el tiempo y, desde luego, distinta en cada proceso de carga y d iv tinta también, aun dentro del mismo proceso, si se produce cualquier cambio en el balance entre las tres fases. Considérese una carga P uniformemente distri­ buida sobre una placa ele átea A . la cual se apoya subte un conjunto de partículas minerales, de forma irregular y con vacíos entre ellas (Fig. 1-I5a). Es evidente que la distribución uniforme de la carga, que resulta admisible en la placa de área A, ya no resulta lógica en las partículas de suelo. La forma irregular y variable de las partículas hace im­ posible definir exactamente cómo se reparte la car­ ga entre ellas y cu li pueda ser el esfuerzo en cada uno de sus puntos, pero es evidente que estos esfuer­ zos serán ntuy elevados en los puntos de contacto y mucho menores en puntos intermedios o aun en pun­ tos interiores de las partículas. Com o quiera que re­ sulta imposible trabajar con los esfuerzos • verdade­ ros" que sufren los granos, en Mecánica d e Suelos se ha acostumbrado definir un esfuerzo ficticio como el que representa al estado que se tenga bajo la placa; este esfuer/o ficticio resulta de relacionar la carga to­ tal actuante con el área total cubierta con la placa

las panículas, produciéndose así una fuerte anisotroiía en la distribudón de permeabilidad dentro de a masa de .suelo. Estos fenómenos se plantean muy frecuentemente en suelos compactados, en los que la estructura que se obtiene es floculada o dispersa, se­ gún el proccd i miento de compactación que se em­ plee. Es evidente el efecto del grado de saturación y el de grietas y fisuras que pueda |>rcscniar el suelo y se estima que no es necesaria ulterior insistencia para imaginarlo cualitativamente; naturalmente «pie ta­ les influencias son mucho m is difíciles de delinir en forma cuantitativa

Í

1-9 LO S CO NCEPTO S DE ESFUERZO EFECTIVO Y ESFUERZO N E U T R A L

El suelo es un compuesto de ti es fases, sólida, lí­ quida y aire. N o es posible imaginar lies suhstan* cias de comportamiento mecánico más disfmlxdo que un cristal mineral, con alta resistencia al esfuer/o cortante y muy rígido; el agua, relativamente in­ compresible a presiones ingeníenles, pero con resis­ tencia al esfuerzo cortante insignificante, y el aire, altamente compresible. Sin embargo, al hablar de resistencia de los suelos a los esfuerzos o de esfuer* zos en suelos, hay que tener presente que los tres materiales actúan en ligazón estrecha, de manera que la respuesta del conjunto a cualquier carga o la trans­ misión de los esfuerzos de esa carga al interior del conjunto es una acumulación del comportamiento de los tres componentes. Si se dedica un momento de atención a esta situación, el ingeniero estará pre­ parado a accptai que los fenómenos de transmisión de esfuerzos y resistencia de los suelos siguen meca­ nismos tan complicados y cambiante» como los que efectivamente le revelará la práctica profesional. Un mismo suelo podrá presentar características de resistencia, compresibilidad y esfuerzo-deformación completamente distintas según las circunstan­ cias en que las cargas actúen e influyan de una u

A , • a r t a ém v s t i o »
P" i t N r M O K C IM
p «f » l (« M i l » . » a , » c a r g a lo m a d a p ar al oa u o.

r*s o rt*

(o )

(b )

f igura M i , Distribución de lo» cíectos de una carga exterior en una masa de suelo.

Relaciones esfuervt*ie¡ormaciAn

35

(ffa - ) . Sc le llama el esfuerzo total. Es, desde luego, menor que el esfuerzo medio en los sólidos bajo la placa y mucho menor que el "verdadero" «fu erzo actuante en los puntos de contacto entre las par­ tículas. Si la carga P se aplica a un suelo que tenga sus vacíos llenos de agua, la distribución de la carga en el conjunto «cni aún más compleja (Fig. 1-15.6). Si u es la presión del agua dentro de los vacíos y A , es el área de los vacíos medida en un plano paralelo a la base de la placa, entonces u A , representará la parte de la carga P que soporta el agua de los vacíos del suelo; el resto de la carga P la soportará la es­ tructura sólida del suelo y se transmitirá a través de los granos de la misma. En la Fig. I-I5.6 sc ha repre­ sentado a la estruttura sólida «leí suelo con un re­ sorte. Evidentemente, debe tenerse: P = p> + u Ar

tlonde I * representa a la parte de carga que toma la estructura sólida del suelo o el resorte de la Fig. M5.fr. Si sc dividen los dos miembros de la expresión anterior por A , área de la placa, sc tendrá:

La ecuación (1-35) fue propuesta primeramente por Ter/aght y más que a ninguna otra idea del>c atribuírsele el mérito de abrir el camino a la apari­ ción de la Mecánica de Suelos Moderna y la ¡ j o s í bilidad de estudiar la resistenda y la deformación de los suelos con base dentífica. En el concreto o las rocas, en las que los granos de sólidos sc interconectan por cristales, el valor de N es api «dablemente menor que I, pudiendo llegar a valores del orden de 0.5 en mármoles, granitos y en el propio concreto. Intuitivamente se ve que el concepto de esfuerzo efectivo, así definido, describe mejor el comporta­ miento de los suelos que los conceptos de esfuerzo total o de presión neutral. Sc advierte que si el es­ fuerzo efectivo aumenta, las partículas sólidas del suelo sc presionarán una contra otra, tratando de deslizarse relativamente o de encajarse, para llegar a estructuraciones más compactas; en cambio el mis­ mo aumento con el esfuerzo total y en la presión de poro (con lo que el esfuerzo efectivo permanecerá igual, según la ecuación (1*35) no tendrá ningún efecto en el acomodo de las ¡«articulas.

M0 o, empleando la notación de esfuerzos j ■ 5 + ii — —
A

RELACIONES E3FUERZO-DEFORMACION

(**53)

La ecuación (1*33) juega un papel fundamental en la Mecánica de Suelas Moderna y sc denomina la ecuación del esfum o efectivo. En ella figuran el es­ fuerzo total, c , ya definido, y los esfuerzos o y u, de­ nominados esfuerzos efectivo y presión de poro, respectivamente. El primero representa la parte del es­ fuerzo total que es tomada por la fase sólida del suelo, transmitiéndose entre los granos de la misma, l a segunda representa la presión a que está some­ tida el agua en los vacios del suelo: a causa de la incapacidad del agua para tomar esfuerzos cortantes, la presión u sc denomina frecuentemente presión neutral. En la fórmula (1-33) aparece también la relación N = ■£. <I-M)

denominada (elación del esfuerzo neutral. Como quie­ ra que en los suelos el área de contacto entre los granos sobre un plano horizontal dado es muy pe­ queña en comparadón con el área total cubierta por la placa de área A , se sigue que la reladón N valdrá muy aproximadamente I. Tomándola como tal (y esto sc hace normalmente en la Mecánica de Suelos), la ecuación (1-33) puede escTÍbitse sencillamente.

Probablemente una de las características ingeníe­ nles más representativas de un material, desde el punto de vista de definir su comportamiento en re­ lación con las necesidades y los usos del ingeniero, es el conjunto de datos de un proceso indtadónrespuesta que constituye lo que usualmente sc llama la relación o relaciones esfuerzo-deformación. En efecto, al tratar con un material de construc­ ción, el ingeniero está fundamentalmente preocupa­ do por dos aspectos básicos, en torno a los que ¡ H ie d e dedrse que giran todos los demás. Estos son, en pri­ mer lugar, la resistencia del material a los esfuerzos a los que se someta, problema que lleva aparejado el concepto de falla del material y que en forma breve sc comentará más adelante. En segundo lugar preocupa la deformabilidad del material expresada en reladón a los esfuerzos que sc le apliquen, tanto cu lo que sc refiere a la intensidad o nivel de los esfuerzos, como a la manera en que sc ejerzan, in­ cluyendo su veloddad de aplicación. Esta última gama de comportamiento es lo que el ingeniero describe en forma primaria por medio de una reladón es­ fuerzo-deformación. Si los suelos fueran homogéneos, isótropos y linealmente elásticos, sería posible des­ cribir su comportamiento esfuerzo-deformadón ha­ ciendo uso del módulo de Young (£ ) y de la reladón de Poisson, obtenidas de una prueba única y sencilla, tal como una simple prueba de extensión, en que sc estirase una barra del materia), midiendo las tensiones aplicadas y las deformaciones longitudinales y tranv

36

Breves nociones de mecánica de suelos nándolo en el interior de un anillo de bronce. De esta manca la deformación axial define exactamente la deformación volumétrica. En esta prueba la rela­ ción entre el esfuerzo normal lateral y el normal ver­ tical es el valor de que con el nombre de cocficiente de esfuerzo o presión de tierra en reposo, jue­ ga un papel importante en la Mecánica de Suelos Aplicada. En las formas comunes de consolidómetro sólo se mide el esfuerzo normal vertical y la defor­ mación axial (también vertical), pero en la referen­ cia 18, por ejemplo, se describe un tipo de aparato que permite medir también los esfuerzos normales laterales. La deformación vertical se mide por medio de ex tensómetros, en tanto que el esfuerzo normal ver­ tical se conoce controlando las cargas que se aplican a] aparato, las que se reparten homogéneamente so­ bre el área conocida del espécimen. La prueba de consolidación fue originalmente desarrollada por Tcr/aghi. S. Prueba triaxial. Es la más común y versátil de las pruebas que se realizan para conocer las rela­ ciones esfuerzo-deformación de los suelos. También r* la prueba mis útil de laboratorio oara conocer su resistencia, por lo cual se detallará m is adelante cuan­ do se hable de esta característica fundamental de los suelos. Baste por el momento decir que en ella se mide la deformación axial de un espécimen cilin­ drico de altura aproximadamente igual a 2 ó 5 veces el diámetro de su base, mientras se aplican a tal espécimen un esfuerzo normal vertical conoddo y esfuerzos laterales (presión confinante) iguales en todas las direcciones horizontales. El espécimen es primeramente sometido a la presión de confinamien­ to. dada usualmente por agua a presión dentro de la cámara triaxial; después se incrementa el esfuerzo vertical hasta que el espécimen falla (esfuerzo des­ viador) . La prueba de compresión simple es una variante de la prueba tiaxial. en la que la presión confinante inicial exterior es nula, por lo que no requiere ha­ cerse en la cámara triaxial. Es análoga a la prueba de compresión hecha en cilindros de concreto. En la prueba triaxial puede conocerse el esfuer­ zo aplicado utilizando un vástago de carga con pesos conocidos (prueba con esfuerzo controlado) o bien puede medirse el esfuerzo empleando una báscula hidráulica y presionando el vástago sobre el espéci­ men a una velocidad conocida (prueba de deforma­ ción controlada). La deformación axial se mide uti­ lizando extensómetros. Actualmente existen otras muchas variantes en lo que se refiere a la manera de hacer fallar el espéci­ men; la que más se usa, además de la someramente descrita, es aquella en la que el esfuerzo vertical normal se mantiene constante y se aumenta la pre­ sión de confinamiento hasta que el espécimen falla deformándose hada arriba; a esta variante se le de­ nomina prueba triaxial de extensión y se utiliza para simular los esfuerzos de empuje lateral en una masa tle suelo.

venales multantes. Con las constantes elásticas seria posible, en el material ideal, calcular la relación en* trc los esfuerzos y las deformaciones para otros tipos de prueba que representasen otras condiciones reales distintas de la tensión simple. Los suelos no son materiales en que se cumplan las hipótesis anteriores. Independientemente de que en un caso paiticular pueda resultar útil usar valo­ res de módulo de la elasticidad o de la relación de Poisson, debe tenerse muy presente que estos valores no son constantes de un sueto, sino cantidades que, en el mejor de los casos, describen aproximadamente el comportamiento de un suelo para un estado de esfuerzos dado y que cambiarán, quizá radicalmente, si cambia el estado de esfuerzos o si los esfuerzos se aplican de diferente manera. Por eso. cuando en re­ lación con los suelos se mencionan las constantes clásticas anteriores, debe tenerse en cuenta que no representan nada m si mismas, fuera de la condición particular para la que se ha medido o calculado. El monto de deformación causado en el suelo por los esfuerzos depende de su composición, de su rela­ ción de vados, de la historia anterior de esfuerzos aplicados al suelo y de la manera como se le apli­ quen los nuevos esfuerzos. Para la gran mayoría de los problemas prácticos, el mejor método para cono­ cer las características esfuerzo-deformación es medir directamente en una prueba de laboratorio o de campo las deformaciones que producen esfuerzos lo más similares posibles a los que actuarán en la masa de suelo afectada por el problema real que se estudie. Existe en la realidad ingcnieril una enorme varie­ dad de maneras de aplicar esfuerzos y de producir, por consiguiente, deformaciones al suelo. Tan gran variedad de circunstancias no puede representarse por una sola prueba de laboratorio, so pena de per­ der representatividad y, evidentemente, no puede as­ pirarse a diseñar en cada caso la prueba más repre­ sentativa a que sea dado llegar. Entre estas dos actitudes extremas, el ingeniero trata de lkgar a una solución racional de su inquietud haciendo uso de varias pruebas de laboratorio, que representen dife­ rentes condiciones entre las que queden comprendí* das aquellas que son mis familiares a la práctica in­ genien I. Las principales pruebas de laboratorio de que se hace uso para determinar características esfuerzodeformación de los suelos, son las siguientes: 1. Prueba de compresión hidrostática o isótropa. Es útil para el estudio de deformaciones volumétricas únicamente; en ella se aplica a un espécimen de sue­ lo un estado de esfuerzos hidrostáücos, es decir, es­ fuerzos de compresión iguales, actuando en todas direcciones. Esta prueba no es muy usual en la prác­ tica ingenien!. 2. Prueba de compresión confinada o prueba de consolidación. Se ejecuta en un aparato denominado consolidómetro o odómetro (Reí. 17). Se aplican al suelo (un espécimen cilindrico de poca altura en comparación al área) esfuerzos normales verticales, en unto se impide toda deformación lateral confi­

Relaciones esfuerzo-deformación

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PRUEBA

CO M PR ESION IS O T R O P A

C O M P R E S IO N C O N F IN A D A ( consolldom atro)

C O M P R E S IO N T R IA X IA L

P R U E B A D IR ECTA

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CONDICIONES B A S IC A S

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~CUANDO SC APLICA f e

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D IS T O R S IO N Y VO LU M ETR IC A

N CONSTANTE CUANDO SC A P L IC A !

V O LU M ETR IC A

P R IN C IP A L M E N T E V O L U M E T R IC A , PERO CON ALGO O E D IS T O R S IO N

P R IN C IP A L M E N T E O ISTO R SIO N Y ALGO DE V O L U M E TR IC A

T IP O OE DEFORM A­ CION

l__ _ _
P A R A E S T U O IO S DE DEFORMACION V O L U M E T R IC A RARA REPROOUOR A LG U N A S CON DI CIONES R E A L E S O E CAMPO PARA E L E S T U D IO D E R E S IS T E N C IA DE LO S SUELO S ES LA P R U EBA M A S CO M UN PAR A E L E S T U O » D E R E S IS T E N C IA DE LO S SUELO S

USOS

F ig ó n M í . Tip o » comunes de prueba* nfucrrodrfomiación. (Rcf. IS.)

4. La prueba directa de esfuerzo cortante. En esta prueba, un espécimen de altura pequeña en com­ paración a su ¿rea transversal se coloca dentro de una caja con dos secciones, la inferior fija y la supe­ rior susceptible de ser movida horizonulmente. Se da al espécimen carga vertical sobre la cara superior del dispositivo, para producir un esfuerzo normal vertical conocido. La falla se produce aplicando una

Figura 117. Tipo* de falla considerados en loa iodos.

fuerza rasante al marco superior móvil, de manera que sc obliga la falla del espécimen en el plano que define la unión entre las partes Oja y móvil del dis­ positiva En la Fig. 1-16 se muestran esquemáticamente las diferentes condiciones de esfuerzos, deformaciones y utilización de las pruebas que se han mencionado. Esta figura está inspirada en la referencia 18. En general, las curvas esfuerzo-deformación que se obtienen de las puebas someramente descritas más arriba corresponden a alguno de los dos arquetipos esquemáticamente presentados en la Fig. 1-17. La curva llena de la parte a) de la figura es re­ presentativa de los materiales llamados de "falla frá­ g il", cuyo comportamiento esfuerzo-deformación se caracteriza porque después de llegar el esfuerzo a un máximo bien definido, hasta el cual se llegó en for­ ma aproximadamente lineal, desciende rápidamente al aumentar la deformación. Los mata ¡ales con este tipo de falla resisten a los esfuerzos con pequeñas deformaciones, hasta llegar al esfuerzo máximo (re­ sistencia máxima), a partir de cuyo límite su capa­ cidad de resistencia desciende rápidamente, en tanto la deformación aumenta hasta la ruptura eventual; estos materiales son confiables en tanto no se alcanza su resistencia máxima, pero en tal punto sufren lo que para fines prácticos es un verdadero colapso.

Material protegido por derechos de

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Breves nociones de mecánica de suelos la porosidad alcan/a el valor de 45.6%. Por su parte. Lambe y Whitman (Ref. 19) presentan un caso en que una arena con relación de vacíos de 0.605 tenía comportamiento frágil, en tanto que con relación de vados de 0.834 su comportamiento era netamente plástico. Respecto a las arcillas pueden hacerse co­ mentarios similares, si bien en este caso son más los factores que intervienen, según habrá ocasión de dis­ cutir más adelante.

En la parte b ) de la Fig. M 7 se muestra la curva esfuerzo-deformación típica de los materiales de “ falla plástica", en los que al llegar a un esfuerzo límite se produce la fluencia plástica del material bajo es­ fuerzo constante c igual al limite; en estos materiales la falla no está bien definida, pero lo interesante desde el punto de vista práctico es que un material de "falla plástica*' movilizará su resistencia a medida que aumente el esfuer/o que se le aplique, de inanera que al llegar al esfuer/o máximo (resistencia má­ xima) el material ya no es capaz de movilizar mayor resistencia y. de hecho comienza a deformarse bajo esfuer/o constante (a no ser que haya alguna res­ tricción exterior que impida tal deformación, como jxxlrfa ser el hecho de que la masa de suelo que hubiese alcanzado la resistencia límite esté rodeada por otras masas de suelo con menores esfuerzos ac­ tuantes. que al estar sometidas a menores deforma­ ciones impiden la deformación de la masa en fluen­ cia) hasta la eventual ruptura, generalmente prece­ dida por una zona de ‘'endurecimiento*', en la cual el material suele movilizar resistencias mayores que la de fluencia, al sometérselo a deformaciones próxi­ mas a la ruptura. Ijo inquiríame es. desde el punto de vista práctico, que un material de “ falla plástica” continuará movilizando su resistencia máxima aun­ que se siga deformando bajo el esfuer/o límite, lo cual puede tener repercusiones muy importantes en el comportamiento estructural del material, que, por así decirlo, continuará resistiendo por completo tras lo que se podría considerar su falla; a diferencia de los materiales de "falla frágil” , en los que sobreviene un verdadero colapso, acompañado de gran pérdida de resistencia, cuando sufre cualquier deformación adicional a la correspondiente al esfuer/o límite. Es muy variable el intervalo de deformación que sea capaz de absorber un material de “ falla plástica” en fluencia bajo esfuer/o límite antes de endurecerse y romperse. En las referencias 19 y 20 Lambe y Whitman presentan varias curvas esfuerzo-deforma­ ción reales, obtenidas en pruebas directas o triaxia­ les; en ellas puede observarse que existe una varie­ dad amplia de formas, aun cuando en esencia todas ellas puedan identificarse con uno de los dos arque­ tipos mostrados en la Fig. 1-17. La relación esfuerzo-deformación de un material no es una característica constante, sino que varía con diversas circunstancias dentro del mismo material. En general, el comportamiento plástico corresponde a las arenas sueltas y a las arcillas blandas, con conte­ nido de agua relativamente elevado, en tanto que el comportamiento frágil es propio de arenas compac­ tas y arcillas duras. N o existe un límite preciso de compacidad a partir del cual todas las arenas pasen del comportamiento plástico al frágil, sino que hay diferencias en estus límites al analizar distintas are­ nas. Por ejemplo, Skempton y Bishop (Reí. 21) re­ portan el caso en que una arena con porosidad ini­ cial de S7.5% exhibe un comportamiento frágil daro, el cual pasa a ser plástico, igualmente claro, cuando

MI

COMPRESIBILIDAD DE SUELOS GRANULARES

La compresibilidad de suelos granulares ha mereci­ do relativamente menos atención que la que se ha otorgado a los suelos cohesivos. |»or lo menos hasta hace pocos años. I)e hecho, estal>a en la mente de muchos ingenieros prácticos la idea de que los sue­ los granulares no presentaban |>roblemas muy serios de deformación; éstas eran siempre muy pequeñas y ocurrían en forma casi instantánea, generalmente al aplicarse las primeras cargas durante el proceso de construcción. Es posible que este panorama simplista sea aún hoy correcto si se aplican al suelo granular esfuerzos de nivel muy bajo. Un criterio como el anteriormen­ te citado quizá pueda aún tenerlo un ingeniero que construya «mentaciones que transmitan al suelo gra­ nular cargas moderadas, sobre todo si, como es usual en estas técnicas, toma la dedsión de mejorar la ca­ lidad del suelo cuando su compaetadón natural es baja. Sin embargo, la ingeniería moderna ha impuesto otros usos a los suelos granulares. Como respaldos de las grandes presas que ahora se construyen o consti­ tuyendo los grandes térra jdenes que las modernas carreteras exigen, es cada ve/ más frecuente y lo será aún mis en el futuro, que los suelos granulares, for­ mados a veces por partículas muy gruesas (pedraplenes y enrocamientos) trabajen sometidos a niveles de esfuerzos hasta ahora completamente inusuales. En efecto, los enrocamientos de más de 150 m en presas de tierra son ya bastante familiares, y en caminos y ferrocarriles es ya común construir pedra plenes de 50 a 60 m de altura. Tanto por ra/ones de los mate­ riales que se explotan normalmente en zonas de te­ rreno quebrado, en las que lógicamente se dan estos grandes terraplenes, como por razones de natural preferencia por parte de los ingenieros, casi por lo general los terraplenes altos de las vías terrestres se construyen con suelos en que los fragmentos de roca, las gravas y las arenas forman la parte prinripal, la que define el comportamiento mecánico. El inge­ niero de Vías Terrestres no es entonces ya ajeno a los problemas de comportamiento de materiales granu­ lares bajo esfuerzos relativamente altos, en los que pueden presentarse problemas serios de compresibi­ lidad. Las deformaciones experimentadas por un ele­ mento de suelo granular son el resultado de las deformaciones propias de las partículas que lo com-

Compresibilidad en compresión ron finada

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csru cn zo VERTICAL C K| / « ■ ')
Figura I-I8. Compmibilidad n i p n ir h » de «ompn-vén confinada de sarias atrnat « ijr t u i ni»ele» de esfuerzo (R e f. 19). muy ¡alloa

|x>nen. más el movimiento relativo entre ella», b » deformaciones propias de las partículas |Hicdcn ser muy grandes, especialmente en sus contactos y coráisten fundamentalmente en distorsiones y eventualmente en rupturas y desmenuzamientos; el movimiento relativo entre las partículas ocurre por deslizamiento o rodamiento. Con frecuencia los movimientos rela­ tivos son posibles por las distorsiones previas que sufren las partículas, y la importancia relativa de estas dos fuentes (le deformación, respecto a la defor­ mación total, puede cambiar a medida que ésta tiene lugar. A Compresibilidad en compresión isotrópka

R

Compresibilidad en compresión confinada

l a compresibilidad de los suelos granulares y sus características esfuerzo-deformación en compre­ sión confinada (ver sección 1-10) tienen gran impor­ tancia. puesto que esta condición representa una situación que probablemente es común en la prác­ tica. por ejemplo cuando se somete al suelo a cargas verticales transmitidas por áreas grandes. Para este caso, Lambe y Whitman (Ref. 19) presentan datos sobre el comportamiento de arenas de cuarzo (y el cuarzo es con mucho el elemento más común en casi todas las arenas reales) uniformes, medias y gruesas, inidalmente compactas. Probadas en consolidómetro mostraron un punto de fluencia a partir de esfuerkg

Cuando una muestra de arena se somete a com­ presión isotrópica (ver párTafo 1-10) pueden ocurrirle grandes deformaciones volumétricas como consecuen­ cia de colapsos estructurales locales; éstos producen rodamientos y deslizamientos de las partículas y como resultado se ejercen fuerzas tangenciales de conside­ ración en los puntos de contacto entre ellas. Sin em­ bargo, estas fuerzas se neutralizan prácticamente en cualquier plano que corte a un conjunto de puntos de conticto. de manera que el esfuerzo cortante en cualquier plano puede ser cero y, a pesar de ello, están actuando fuerzas de contacto muy grandes en los contactos individuales.

zos del orden de 140 — - , más allá del cual el coracm*

portamicnto fue plástico, debido al fracturamiento de las partículas individuales, que permitió grandes movimientos relativos. A partir de estos niveles de esfuerzo la deformación compactó a la arena. En la figura 1-18 (Ref. 19) se muestran resulta­ dos de pruebas de consolidación en varias arenas típicas, empleando altos niveles de esfuerzos. Se nou la gran compresibilidad que pueden exhibir los sue­ los granulares en estas condiciones, como consecuen­ cia del deslizamiento de las partículas y del fractu­ ramiento, que aunque puede comenzar a esfuerzo

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Breves nociones de mecánica de suelos

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-\00 1,10 l¿0 IJO 1*0 1,80 l¿0 1.70 1,30 1,90 IfiO 2,10 ZJtO kflO t f l O 2,50 P E S O E S P E C IF IC O SECO, »/n*

Figura 1-19. Relación entre H módulo mdométdco y el peso e*pedfico u to M|dn divm o» c n u )w de laU m tw io en r a iln liln granulares (tegún Reí. 8t).

bajo, aumenta grandemente en altos niveles. Los esfuerzos críticos para los que se produce el compor­ tamiento plástico de las arenas y, por consecuencia, sus grandes deformaciones, serán menores cuanto mayor sea el tamaño de las partículas, y éstas sean más angulosas, cuanto más suelto y uniforme sea el suelo y cuanto menor sea la resistencia de las partícu­ las individuales. Desde luego es cierto que los niveles de esfuerzo a que se refieren las investigaciones citadas por Lambe y Whitman (por mencionar un solo ejemplo de toda la evidencia experimental que ya va habiendo) son inusualmente altos en relación a la práctica ingenieriL Estos datos se mencionan, más que natía, como norma de criterio. Como ya se ha dicho, la deformación de suelos friccionantes en compresión confinada va acompaña­

da de la producción de finos a causa de la ruptura de las partículas: ésta es grande cuando la granulometría es uniforme y mucho más pequeña si la curva granulométrica es tendida. La producción de finos también crece con la angulosidad de las partículas y con la presión efectiva, e igualmente es mayor cuanto más suelto es el material. La Fig. 1*19 (Reí. 22) presenta una relación en­ tre las características de compresibilidad de varios materiales granulares, representadas por lo que los au­ tores definen como módulo cdométrico (E m = — donde mv es el módulo de variación volumétrica, tal como se define en la referencia 17, en la forma acostumbrada en la literatura estadunidense), corre­ lacionándolo con el peso específico seco correspon­ diente a diversos grados de compactadón.

Material protegido por derechos de

Compresibilidad en compresión triaxial Los puntos unidos en la figura corresponden al mismo material con distintos grados de compactación; puede observarse de inmediato cómo aumenta el módulo edométrico al compactar el material. Tam ­ bién se ve como un mismo material es mis compre­ sible atando está húmedo que en estado seco. lo s materiales de grano anguloso resultan ser más com­ presibles que los de grano redondeado, lo cual resul­ ta lógico a la luí de ideas expuestas mis arriba. En general los suelos con coeficiente de uniformidad bajo se sitúan a la izquierda de la figura, en tanto que los que lo tienen alto lo hacen a la derecha. Cuanto más redondeadas son las partículas y mayor es la variedad de tamaños, mayor es el peso especi­ fico que se alcanza con una misma energía de compactación.

41

C

Compresibilidad en compresión triaxial

Las características de compresibilidad de mate­ riales granulares han sido estudiadas con un poco más de minuciosidad y en mayor variedad de casos y materiales en aparatos triaxiales, ya mencionados en el párrafo 1-10, pero los que se tratarán con ma­ yor detalle en párrafos siguientes de este capítulo. En la referencia 19, I-ambc y Whitman hacen un estudio general del comportamiento de las arenas en pruebas triaxiales. En el desarrollo de la prueba dis­ tinguen dos etapas de comportamiento en cuanto a deformación, l a primera etapa corresponde al prin­ cipio del proceso de carga y en ella se producen de­ formaciones muy pequeñas, acompañadas generalmen­ te de una disminución en el volumen del espécimen, causado por una tendencia de las partículas a adoptar formas estructurales más compactas. Después viene la etapa de falla, en la cual puede presentarse el máximo de resistencia, si la arena exhibe una falla frágil. Ahora las deformaciones verticales sólo se pueden producir si se desarrollan en la masa movi­ mientos laterales de las partículas que las permitan, y la consecuencia definitiva parece ser un aumento en el volumen del espécimen. Este es el efecto de dilatanria, que fue primeramente observado c inves­ tigado por O. Reynolds, en 1885. Como se dijo, en esta segunda etapa queda incluido el punto de re s i­ tencia máximo, a partir del cual la arena exhibe una disminución de resistencia, al continuar el proceso de deformación. Esta disminución, más notable cuan­ to más compacto sea el estado inicial de la arena (materiales de falla frágil marcada), puede expli­ carse como una consecuencia del acomodo individual de las partículas. Si se imagina una masa de partfcu* las individuales de arena sobre una superficie hori­ zontal, los planos de contacto entre los granos no serán horizontales sino inclinados, de manera que para producir la falla por cortante no sólo será nece­ sario vencer la fricción grano contra grano, sino que, además, será prenso obligar a las partículas a mover­ se unas sobre otras, rodando y deslizándose sobre ellas.

La fricción produce la componente normal de resistencia que tradicionalmente se ha incluido en el ángulo de fricción interna, del que se hablará más adelante; pero el movimiento relativo entre las par­ tículas, necesario para la falla, es una fuente adidonal de resistencia y de deformación, que depende sobre todo del acomodo inicial de los granos. Si el acomodo inicial es compacto, será grande el monto de resistencia y de deformabilidad que representa la necesidad de mover los granos, peto a medida que éstos se mueven y van adquiriendo una posición re­ lativa más favorable al deslizamiento (los planos a través de sus puntos de contacto irán siendo más ho­ rizontales en el ejemplo que se mencionó al principio de este análisis), irá siendo menor la componente de resistencia debida al movimiento relativo, de manera que adelante de la resistencia máxima el material irá mostrando menor resistencia de conjunto, según la deformación crece; naturalmente esta disminución de resistencia tiene un límite inferior, representado por aquel arreglo de los granos que permita et desliza­ miento relativo de éstos sin movimiento de reaco­ modo estructural. Si el estado inicial de los granos es suelto, el material tendrá una curva esfuerzo* deformación correspondiente a falla plástica y será prácticamente insignificante la componente de resis­ tencia por acomodo. Si los conceptos anteriores son correctos, la rela­ ción de vacíos inicial de la arena tendrá una influen­ cia decisiva en su comportamiento esfuerzo-deforción, lo cual parece ser lo que efectivamente sucede, si se toma en cuenta que la falla frágil o plástica de una arena depende sobre todo de su compacidad ¡nidal. Una de las investigaciones más significativas sobre compresibilidad y resistenaa de materiales granula­ res, es la desarrollada por Marsal y sus colaboradores para el proyecto de grandes presas; esta investiga­ ción, patrocinada por la Comisión Federal de Elec­ tricidad de México y realizada, en parte, en el Inv tituto de Ingeniería de la U.N.A.M., se encuentra básicamente contenida en las referencias 23, 24, 25, 26 y 27. Marsal y sus colaboradores disponen de sarias piezas de equipo de laboratorio que por su tamaño y características permiten realizar investigadones muy representativas para definir el comportamiento de suelos de partículas gruesas en altos niveles de esfuer­ zo. Este equipo induye una cámara triaxial de alta presión (hasta 25 kg/cm3 ), capaz de probar especí­ menes de 1IS cm de diámetro y 250 cm de altura (con tamaño máximo de partícula de 20 c m ); un equipo de compactadón a gran escala, y otro que puede probar especímenes con tamaño máximo de 15 cm en condidones de deformadón plana y hasta con 22 kg/cm* de presión de confinamiento. Algunas de las conclusiones de los estudios sobre resistencia se mencionarán m is adelante y en este párrafo sólo se presentan algunas condusione; relativas a compre­ sibilidad.

42

Breves nociones de mecánica de suettu

Fisura 1-29. Ojio» de iouipr<«¡b¡l¡d*d paia (n s m in ia ln de emouniicnto.

En la Fig. 1*20 aparecen los resultados obtenidos al medir la compresibilidad de lies materiales nom­ brado» 1. 2 y S (Reí. 24). £1 material 1 est i formado por fragmentos de basalto, |voducto de trituración. Los fragmentos eran sanos, con una resistencia a la compresión sin con*
lig lin a r s u p erio r a 1,000 ----- y e l peso v o lu m é tric o seco r cm 3

del espécimen fue de 2.1*1 ™ . £1 material 2 fue un gneiss granítico, producto de explotación con explo­ sivos; las partículas presentaban capas delgadas de esquisto; su resistencia a la compresión sin confinar
luj

fue de 740 —

cm3

y tenfa un peso volumétrico seca de

1.98 T/mS. £1 material 5 fue otro gueiss granítico con granulomeuía inás uniforme que el 2 y con un peso volumétrico de 1.62 lon/m"; no se reporta su resistencia a la compresión sin confinar. Puede verse en la Fig. 1-20 que las curvas rela­ ción de vacíos-presión de cámara presentan las carac­ terísticas de las de los suelos preconsolidados (ser sección 1-12). En la misma figura se aprecian los valores del coeficiente de compresibilidad ar para los tres materiales (ver la misma sección 1-12, adelante); es de notar que los valores del coefidente de com­ presibilidad son sufidentemente importantes como para justificar asentamientos grandes en terraplenes altos, dentro de la práctica actual de las vías terres­ tres.

la de C1 Infiernillo (Ref.

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Compresibilidad de suelos cohesivos

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o. A n te s de lo pruebo.

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Figura 1 -22. Curvas granulomctriat de trr* materiales de enrocamienlo.

Resultados como lot anteriores estin contra la actitud tradicional, aún más común en la tecnología de las vías terrestres de lo que fuera de desearse, de que los pedraplenes tienen un comportamiento "no­ ble", independientemente de tus dimensiones y de como se construyan. De hecho, Marsal y sus colabo­ radores (Ref. 26) han encontrado para el caso de la Presa del Infiernillo de 148 m de altura (Fig. 1*21) que los respaldos de enrocamiento han sufrido asentamientos del mismo orden que los del corazón impermeable arcilloso, construido con materiales de los que tradicionalmente se consideran compresibles. Un problema fundamental y estrechamente rela­ cionado con la compresibilidad de los suelos granu­ lares de grano grueso bajo cargas importantes y que ha sido puesto de manifiesto por la investigación moderna, es el que se refiere a la ruptura de las par­ tículas y su contribución a la deformación total (Rcfs. 24 y 25). El fenómeno produce cambios en la com-

posición granulométrica y en las propiedades me­ cánicas del material, muy especialmente en la com­ presibilidad. La Fig. 1*22 muestra las curvas de composición granulométrica de los tres materiales de enrocamiento estudiados por Marsal y sus colabo­ radores, a los cuales ya se ha hecho referencia un poco más arriba (Ref. 24), antes y después de ser probados en la cámara triaxial gigante, llegando a presiones de confinamiento de 25 kg/cm*. Es de notar muy especialmente la degradación subida por el material N ? 3 (de granulometría muy uniforme), aunque el fenómeno es claramente per­ ceptible en los tres materiales. Parece claro que a mayor uniformidad de la granulometría original se tiene mayor rotura de granos. Marsal propone como medida de la rotura de granos un número, representado por B, que se obtie­ ne como sigue. Una vez que se dispone de la curva granulométrica del material antes y después de la prueba triaxial, es posible comparar los porcentajes retenidos en ambos casos y obtener sus diferencias; se consideran positivas las diferencias en que el por­ centaje de la granulometría original es mayor y ne­ gativas en caso contrario. Pues bien, la suma de las diferencias positivas es precisamente el valor de B buscado. Es evidente que la diferencia a i cada por­ centaje retenido representa la fragmentación que ha tenido lugar en esa fracción del suelo. En la Fig. 1-23 (Ref. 24) se relaciona el coeficiente B de rotura de granos con el valor de la presión de confinamiento utilizada en la cámara triaxial, en diferentes pruebas.

M2 A

COMPRESIBILIDAD Consolidación

DE SUELOS COHESIVOS

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Figura 1-23. Rotura de granos en ptuetoa» triaxiales.

La deformación de ios suelos cohesivos, aun bajo cargas relativamente pequeñas, ha sido tradicional­ mente reconocida por los técnicos como un problema de fundamental interés, por ser causa de graves de­ ficiencias de comportamiento, sobre todo en cimenta­ ciones de estructuras sobre arcillas blandas o limos

hos de autor

4 -4

Breves nociones de mecánica de suelos

Co«uolid¿<nrtrm nruraáliro* tipo Geotcc

lición relativa de las partículas sólidas sobre un mis* mo plano horizontal; asi. el movimiento de las par­ tículas de suelo puede ocurrir sólo en la dirección vertical; esta es la consolidación unidimensional. Su­ cede en la realidad, por ejemplo, en estratos de gran extensión en comparadón con su espesor, comprimi­ dos bajo cargas que ocupan áreas importantes. T am ­ bién sucede cuando un estrato grueso de ardlla con­ tiene tal cantidad de capas delgadas de arena que la deformarión lateral queda restringida a limites desprcriables. En estos casos y en otros similares, las caracterís­ ticas de la consolidación de los estratos de arcilla pueden investigarse cuantitativamente con aproxiDetalle dd tonwWirtftiwma

plásiicos. De hecho, los más tempranos triunfos de la Mecánica de Suelos y mucho de su fama inirial sc deben al éxito que tuvo en aquellos momentos en el desarrollo de teorías y técnicas para la predicrión y control de asentamientos. £1 proceso de deformarión de las ardllas bajo carga llama la atendón no sólo por los grandes asen­ tamientos que pueden llegar a producirse, sino tam­ bién porque éstos tienen lugar casi completamente en un largo lapso posterior al momento de aplica* dón de la carga propiamente dicha; como resultado, es posible que una estructura sufra grandes defor* mariones años después de su erecdón. Los procesos de reduedón de volumen de los sue­ los finos cohesivos (ardllas y limos plásticos), pro­ vocados por la actuación de solidtadones sobre su masa y que ocurren en el transcurso de un tiempo generalmente largo, se denominarán procesos de con­ solidadón. Frecuentemente ocurre que durante el proceso de consoüdaaón permanece csendalmente igual la po-

Figxira 1 4 1 Detalle de la colocación de la muevtra en d

axnolidómetro de anillo flotante;

Compresibilidad de suelos cohesivos

45

Banco d.* con-oluVutirírm

mación ra/rmblc. realizando la prueba de compre­ sión confinada o de consolidación unidimensional (párrafo 1-10} sobre esperímenes representativos del suelo, extraídos en forma tan inalterada como sea posible. Se puede asf calcular la magnitud y la velo­ ddad de los asentamientos probables debidos a las cargas aplicadas. Desde luego es derto que en las pruebas de lal>oratorio hechas con muestras pequeñas se produce la consol i dadón en tiempos muy cortos, en compara­ dón con el tiempo en que el estrato real de ardlla se consolidará bajo la carga de la estructura. De hecho, en la aplicadón de las teorías a la práctica de la Mecánica de Sucios se supone que todas las cons­ umes de consolidadón son las mismas en el proceso rápido de laboratorio que en el mucho más lento que tiene lugar en la naturaleza. Si éste es el caso o no, no sc sabe en la actualidad. Es posible que lo anterior sea uno de los factores que influyan en el hecho observado de que los asentamientos predichos sean mayores que los reales. Una prueba de consolidadón unidimensional es­ tándar sc realiza sobre una muestra labrada con for­ ma de dlindro de pequeAa altura en comparadón al diámetro de la secdón recta. La muestra se coloca en el interior de un anillo, generalmente de bronce, que le proporciona un completo confinamiento la­ teral. El anillo se pone entre dos piedras porosas, una en cada cara de la muestra: las piedras son de sección circular y de diámetro ligeramente menor que el diámetro interior del anillo. El conjunto se coloca en la cazuela de un consolidómetio (Fig. 1-24). El consolidómeiro mostrado en dicha figura es del tipo “ de anillo flotante", hoy prinapalmcnte usado y asi llamado porque se puede desplazar du­ rante la consolidadón del suelo. Por medio del marco de carga mostrado en la

Fig. 1-24 se aplican cargas a la muestra, repartién­ dolas uniformemente en toda su área con el disposi­ tivo formado por la esfera metálica y la placa colo­ cada sobre la piedra porosa superior. Un externómetro apoyado en el marco de carga móvil y ligado a la cazuela fija, permite llevar un registro de las deformaciones en d suelo. Las cargas sc aplican en incrementos, permitiendo que cada incremento obre por un espado de tiempo sufidente para que la ve­ loddad de deformarión se reduzca prácticamente a cera En cada incremento de carga sc hacen lecturas en el cxtensótnctro, para conocer la deformación corres­ pondiente a diferentes tiempos. Los datos de estas lecturas sc dibujan en una gráfica que tenga pot abscisas los valores de los tiempos transcurridos, en escala logarítmica, y como ordenadas las correspon­ dientes lecturas del exteiuómctro, en escala natural. Estas curvas se llaman de consolidadón y se obtiene

Figura I-2V. Forma típica de la curva de cornolidación en arcillai ((aera de escala).

46

Breves rtotiones de mecánica de suelos

<W Figura 12*1. Forma ilp iu de compraibilidad « i suelo» cnmpinibln. » ) Rrprcarnuád» aritmétira, b ) Rcpm eaUdóo aerailogarítmica.

una para cada incremento de carga aplicado. En la figura 1*25 se muñirá la forma típica (fuera de es­ cala) de una de estas curvas. Una vez que el suelo alcanza su máxima deforma* ción bajo un incremento de carga aplicado, su reía* ción de vacíos llega a un valor menor evidentemen­ te que el inicial, y que puede determinarse a partir de los dalos iniciales de la muestra y las lecturas del ex tensómetro. Así. para cada incremento de carga aplicado se tiene finalmente un valor de la relación de vacíos y otro de la presión correspondiente ac­ tuante sobre el espécimen. En suma, de toda la prue­ ba, una vez aplicados todos los incrementos de carga, se tienen valores para constituir una gráfica en cuyas abscisas se ponen los valores de la presión actuante, en escala natural o logarítmica, y en cuyas ordenadas te anotan los correspondientes de e en escala natu­ ral. Estas curvas se llaman de compresibilidad y de ellas se obtiene una en cada prueba de consolidación completa. En la figura 1*26 se muestran, fuera de escala, las formas típicas de estas curva». Generalmente en una curva de compresibilidad se definen tres tramos diferentes. El A (Fig. 1-26.6) es un tramo curvo que comienza en forma casi hori­ zontal y cuya curvatura es progresiva, alcanzando su máximo en la proximidad de su unión con el tramo B. El B es por lo general un tramo muy aproxima* dam n tc recto y con él se llega al final de la etapa de carga de la prueba, al aplicar el máximo incre­ mento de carga, al cual corresponde la máxima pre­ sión sobre la muestra. A partir de este punto es común en la prueba de consolidación someter al es­ pécimen a una segunda etapa, ahora de descarga, en la que se le sujeta a cargas decrecientes, permane­ ciendo cada decrcmento el tiempo suficiente para que la velocidad de deformación se reduzca prácticamen­

te a cero; en esta etapa se tiene una recuperación del espécimen, si bien ¿ t e nunca llega de nuevo a su relación de vados inicia!; el tramo C de la figura 1-26.6 corresponde a esta segunda etapa, con el es­ pécimen llevado a carga final nula, como es usual. El tramo A de la curva de compresibilidad suele

Figura 1-27. Cuna* de compresibilidad para do* procesos de carga y descarga consecutivo*.

Material protegido por derechos dí

Com flexibilidad de suelos cohesivos

47

Figura 1-2#. F.K)utnu «id modelo m n ln ico de Terra ghi para la compresión de la consolidadón de sudo* fino».

llamarse "(ram o de recomprensión"; el B , "tramo virgen", y el C “ tramo de descarga". La razón de estos nombres se comprenderá con lo que sigue. Considérese un experimento en el cual una muev tra de arcilla sc somete a un ciclo de carga y completa descarga, correspondiente a una prueba de consoli­

dación unidimensional y, de inmediato, una vez des­ cargada, se vuelve a cargar, a una presión mayor que la máxima alcanzada en el primer ciclo; finalmente, la muestra vuelve a descargarse hasta retom ar a la condición / > = t). I latiendo raso omiso de algunos factores secún­ danos, la forma de las gráficas obtenidas en el labo­ ratorio es la «pie ainrccc en la Fig. 1-27. En la gráfica A ' B ' ('/, correspondiente al segundo ciclo, son de notar los siguientes hechos. El tramo A ', de iccompresión, se extiende ahora hasta la máxi­ ma presión a «pie se haya cargado al sucio en el ciclo anterior; mientras que el nuera tramo virgen. B ', rápidamente sc define como la prolongación del tramo virgen correspondiente al primer ciclo. El tra­ mo de descarga. resulta similar al tramo C , prime­ ramente obtenido. De la posición relativa de los tramos A ', B ' y C , del segundo ciclo de carga y descarga respecto a los A , B y C , del primer ciclo, puede concluirse que se produce un tramo de rctom presión, tal como el A ', cuando se están aplicando a la muestra de suelo pre­ siones que ésta ya ha soportado en una época ante­ rior; mientras que un tramo virgen, tal como el B*, resulta al aplicar a la muestra presiones nunca antes soportadas. Resultan así lógicos los nombres adopta­ dos para los diferentes tramos. Cuando se someta una muestra de suelo natural

u « p r o t ó n en «I a g u o « n e x c a s o de lo h id ro tto 'ü e a . p » p re sio 'n e q u iv o le n le en « I r o t o r to. (F u e rz o q u e to m o « I r e s o r t e entre

•I o re o A .)

Figura 1-29. Esquena d d

modelo de Tenaghl. comprendiendo varias cámara*.

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Breves nociones de mecánica de suelos como se muestra en la Fig. 1-29, la distribudón ¡ni­ dal de presiones en el agua será lineal (línea 1-2 de la Fig. 1-29). N o habrá en d fluido ninguna ten­ dencia a moverse, si se despreda el peso propio de los pistones y resortes o si se considera que el dispo­ sitivo llegó al equilibrio en el comienzo del experi­ mento. Si se aplica bruscamente una carga P al pri­ mer pistón, en el primer momento el fluido deberá soportarla totalmente, generándose en él una pre­ sión en exceso de la hidrostática. que se transmite con igual valor a cualquier profundidad. El nuevo diagrama de presiones en el fluido será ahora la línea 5-4 de la Fig. 1-29. N o existe aún ningún gra­ diente hidráulico que tienda a producir un movi­ miento del fluido, si se exceptúa el orificio supe­ rior, que está en las condiciones antes analizadas para el caso de una sola cámara. l a diferencia de presiones en dicho orificio {P }A ) crea un gradiente hidráulico que produce un flujo del fluido, hada afuera de la primera cámara; tan pronto como se inicia esc flujo, la presión en el fluido de la primera cámara disminuye, transfiriéndose simultáneamente una parte de la carga al resorte, l a reducción de la presión del fluido en la primera cámara causa, por diferencia con la segunda, un desnivel de presiones en el segundo orifido, por lo cual el fluido tenderá a pasar de la segunda a la primera cámara. Como consecuenda, disminuye también la presión del flui­ do en la segunda cámara, transmitiéndose así la ten­ dencia al flujo a las cámaras inferiores. E! fin del proceso será, obviamente, el momento en que la pre­ sión en el fluido vuelva a la condición hidrostática, estando la carga P totalmente soportada por los re­ sortes. En cualquier instante (¿) después de la aplicadón de la carga (/*), la distribución de presiones del fluido y los resortes, u y p respectivamente, es la que se indica con la línea quebrada que aparece en la ya citada Fig. 1-29, Nótese que en cada cáma­ ra la presión en el fluido sigue una ley lineal y que las discontinuidades en la presión, representadas por

a un solo ciclo de carga y descarga, como es usual en una prueba normal de consolidación unidimen­ sional y se obtenga una gráfica del tipo que aparece en la Fig. l-26.fr, hay evidencia experimental sufi­ ciente para concluir que las presiones correspondien­ tes al tramo A ya han sido aplicadas al suelo en otra época, mientras que las correspondientes al tramo B, son de magnitud mayor que las soportadas anterior­ mente. A fin de obtener una concepción objetiva del proceso de consolidación unidimensional de suelos finos, se estudiará en primer lugar un modelo mecá­ nico propuesto por Terzaghi, que es una modifica­ ción de un modelo originalmente sugerido con otros fines por Lord Kelvin. Considérese un cilindro de área de sección recta A, provisto de un pistón sin fricción, con una peque­ ña perforación en él, tal como aparece en la Fig. 1-28. A l pistón lo soporta un resorte unido al fondo del cilindro y éste está totalmente lleno de un flui­ do incompresible. Si se coloca sobre el pistón una carga P, manteniendo el orificio cerrado, es eviden­ te que el resorte no puede deformarse nada y, así, toda la carga P estará soportada por el fluido. Pero si se permite que el fluido salga por el ori­ ficio, abriendo éste, también es evidente que habrá una transferencia gradual de carga del fluido al re­ sorte; en efecto, entre el interior y el exterior del cilindro, en el orificio, habrá en un principio una diferencia de presión igual a P\A, que genera el gra­ diente necesario para que el fluido salga por el ori­ ficio, permitiendo la deformación del resorte, que tomará carga de acuerdo con la ley de Hooke. La velocidad de transferencia depende del tamaflo del orificio y de la viscosidad del fluido. Es claro que si se permite al resorte una deformación suficiente­ mente grande, se logrará que la totalidad de la car­ ga P quede soportada por él. volviendo el fluido a sus condiciones anteriores a la aplicación de P. Si en lugar de un cilindro con su resorte se con­ sidera ahora una serie de cilindros comunicados

A*

i BBS
A »l

p
t«C O

f *0

Ap

/

Ü

u / 1 1 "l

I

(o )

(b )

Figura 1-50. Estrato (le sudo de extensión infinita sometido a un proceso de coosolidatídn unidimensional.

Compresibilidad de suelos cohesivos los tramos horizontales, se producen solamente en los orificios. Conforme el tiempo pasa, la línea quebrada se desplaza continuamente hada la izquierda. Si el volumen de las cámaras sc considera muy pequeño y el número de ellas muy grande, el mo­ delo se acercará a la condición que prevalece en los suelos. La línea quebrada que representa la distri­ bución de presión en un número pequeño de cáma­ ras tenderá a convertirse en una curva continua a medida que el número de cámaras aumente. (Curva de trazo discontinuo en la Fig. 1-29.) En el suelo, la estructuración de las partículas sólidas puede considerarse representada por los re­ sortes del mode'o. el agua intersticial libre por el fluido incomprensible de las cámaras y los canalícu­ los capilares por los orificios de los émbolos. Considérese ahora un estrato de suelo de exten­ sión infinita según un plano horizontal y de un es­ pesor, H , tal que pueda considerarse despreciable la presión debida al peso propio del suelo y del agua del mismo, en comparadón a las presiones produci­ das por las caigas aplicadas. (Fig. 1-30.) Sc supondrá que el agua sólo puede drenarse por la frontera superior del estrato, al cual sc considera confinado inferiormente por una frontera impermea­ ble. El estrato ha estado sometido a una presión durante el tiempo suficiente para consolidarse total­ mente bajo esa presión. Considérese que en las con­ diciones anteriores se aplica al estrato un incremen­ to de presión Ap. La presión total sobre el estrato será p2 = + A p. Inmediatamente después de aplicar el incremento de carga, éste se soporta ínte­ gramente por el agua intersticial, que adquirirá por lo tanto una fxesión en exceso de la hidrosútica (a lo largo de todo el espesor H ) , igual a A p, como se muestra en la Fig. 1-30. 6. A l cabo de un tiempo l habrá escapado cierta can­ tidad de agua por la suj>erf¡cie superior y, conse­ cuentemente, parte del exceso de presión hidrostática se habrá transferido a la estructura sólida del suelo (A¿j). La distribución de la presión entre la estructura del suelo y el agua intersticial (p « pt + + A& t w, respectivamente) queda representada por la curva l = i en la misma 1-30.6. Es evidente que A p — A p 4- u (1-36)

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Esta ecuación expresa el progreso del fenómeno de la consolidación unidimensional, con flujo ver­ tical. La ecuación (1-37) tiene solución matemática bajo la forma de la ecuación diferencial (Ref. 17): *< » + « ) ü í f „ l l
r3** di

n-39)

que se ha llamado ecuación diferencial del p ro c es o de consolidación unidimensional con flujo de agua sólo vertical, pues sc planteó y dedujo bajo tales hipótesis. En ella: k, es el coeficiente de permeabilidad del suelo. e, es la relación de vacíos del suelo (antes de ini­ ciarse el proceso de consolidación). a, es el coeficiente de comprensibilidad del suelo. de dp + Af Ap (1-40)

Este coefidente expresa el cambio de la reladón de vados para un incremento dado de la presión efectiva; es la pendiente de la curva de compresibi­ lidad (Fig. 1-26). A partir del coefidente a¥ se de­ fine: " " " 7 + 7 <M 1 >

llamado coeficiente de variadón volumétrica, que ex­ presa la compresibilidad del suelo, rdarionindola con el volumen inirial (Ref. 17). Finalmente, la expresión
é ± 4 - t .
< m í>

ar ym

y la ecuación anterior es válida en cualquier instan­ te, t y a cualquier profundidad, z. En un instante posterior, i -f di, la nueva distribución de presiones aparece también en la Fig. 1-30.6. En esta figura se puede ver que tanto la presión A p, en la estructura del suelo, como la ti, en el agua intersticial, son fun­ ciones de la profundidad, z, y el tiempo t. Puede escribirse « = / o (1-37) Por lo tanto, Ap »- Ap u Ap - /(z, í) (1-38)

define el llamado coeficiente de consolidación del suela Para llegar a una soludón manejable, la ecuad ón (1*39) ha de resolverse para las condidones ini­ ciales y de frontera del problema particular de que sc trate. La soludón que se mendona en lo que sigue con­ sidera que la presión A p que produce la consolidadón de un estrato de espesor H , es constante en todo el espesor (la soludón es también aplicable a una repartidón triangular de la presión). Dicha so­ ludón es (Ref. 17):
W ■* O B

n» 0 i 4 # r(2 n + 1 )* L 2 i I (1-43) z “|

{ (2n + 1) *

(2n + l ) » * * C r « 4H1

50

Breves nociones de mecánica de suelos

termedio del proceso, /, es la relación entre la con­ Donde: solidación que ha tenido lugar en ese tiempo y la u: es la presión que tiene el agua por arriba de toial que haya de producirse. Se representa por U. la hidrostática. en punto del estrato a la profundi­ En la Ref. 17 se demuestra que el grado de con­ dad z y en el instante l del proceso de consolidación. solidación así definido resulta ser z; es la profundidad del punto dentro del estrato en que se calcula u. h: es el espesor del estrato que se consolida. v m ¿±X l: es el instante del proceso de consolidación en que se mide u. c; es el número base de los logaritmos neperianos. donde u está dado por la expresión ( 1 * 4 3 ) . Naturalmente, la ecuación (1*43) no es maneja­ b) Factor tiempo, T , es U magnitud adimensioble para la solución de un problema práctico. Para nal: transformarla en una expresión que sí se pueda uti­ lizar en un cálculo sencillo, es preciso definir los si* guíenles dos conceptos importantes. T~ w ‘ (MS) a) Grado de consolidación de un estrato someti­ do a un proceso de consolidación, en un instante in­ Con estas definiciones, substituyendo la expresión

< % ) —íoof, _

±ll

(1 * 4 4 )

£

ce F oe to r

i.o tiempo, T

ii

((••«!• •marti*»)

Figura M I . Curvas tróclea* de como* lid*ción. 4) Trazado arit­ mético. 6) Trazado acmllogarítmico.

Fo cto r

t ie m p o , T

( c m «u

(b)
Jerech

Compresibilidad de suelos cohesivos (1-45) en la (1-43) y el resultado de tal operación en la (1-44), se tiene:
T A B LA 1-1

51

U ( % ) = 100

[- T— n

Relación teórica V (% ) — T

V (% )
0 10

T
0. 000

¿ - * (2 n 4- 1) n~ 0

(2n 4- l ) * i « 3 4

(M 6)

15

20
25 30 35 40 45 50 55 60 65 70 75 80 85 90 95
100

La expresión (I-46) establece la relación entre el grado de consolidación de! estrato y el factor tiem­ po, y es la expresión conclusiva de la Teoría de la Consolidación Unidimensional de Tenaghi. A partir de la expresión ( I -46), dando valores a T y calculando la correspondiente de V , resulta la relación anotada en la tabla l-l y representada en la Fig. 1-51. La Tenrfa de la Consolidación Unidimensional, que desemboca en la relación expresada en la ecua­ ción (1-46), en la tabla o en la Fig. está obtenida bajo las siguientes hipótesis (Ref. 17): a) El suelo se deforma en una sola dirección, por ejemplo la vertical. b ) El flujo del agua ocurre sólo en la dirección vertical. c) Es válida la ley de Darcy. d) E! suelo está totalmente saturado. e) El agua y las partículas minerales del suelo son incompresibles, al ser consideradas individual­ mente. /) La variación en espesor del estrato es lo sufi­ cientemente pequeña como para que un valor dado de la variable z pueda suponerse constante durante todo el proceso de consolidación.

1 1

1 3 1 ,

0.008 0.018 0.031 0.049 0.071 0.096 0.126 0.159 0.197 0.238 0.287 0.342 0.405 0.477 0.565 0.684 0.848 1.127

jt) a B es constante en el estrato. h ) El coeficiente de consolidación, C „ es cons­ tante durante todo el proceso de consolidación. i) En el momento en que se hace una aplicación práctica de la Teoría de la Consolidación al cálcu­ lo de un asentamiento, obteniendo los parámetros de comportamiento del suelo (por eiemplo, el C¥ ) de una prueba de compresión no confinada efectuada en el laboratorio, se acepta que estos parámetros tie­ nen en el fenómeno real los mismos valores que en la prueba, lo que equivale a aceptar la plena rcprcsentatividad de la |>rucba y a despreciar todos los efectos de escala entre prueba y realidad. El conjunto de las hipótesis anteriores señala el campo de aplicabilidad de la Teoría de Terzaghi. Ya se comentó que las hipótesis (a ) y (b ) son razonables en estratos de gran extensión y mucho menor espe­ sor, pero naturalmente no se puede hablar de flujo \*eriical únicamente, si la masa de suelo en consoli­ dación bajo carga tiene dimensiones de! mismo or­ den en las tres direcciones del espacio; inciden tai­ naente, puede señalarse que en la Ref. 17 se estudia la extensión de la Teoría de la Consolidación a ca­ sos de flujo bi y tridimensional.

t a hipótesis (c ) probablemente se ajusta 1 Mistante a lo que sucede en los suelos finos cohesivos. Las hipótesis (d ) y (e ) seguramente no inducen errores muy graves en las aplicaciones de la teoría a suelos muy finos (arcillosos) situados bajo el nivel freático (como suele ser e! caso de los suelos trans­ portados y depositados en zonas lacustres, fluviales o marinas); sin embargo, hay dudas sobre lo que pue­ dan deformarse y romperse los cristales de suelo, bajo las altas presiones que en realidad actúan entre sus puntos de contacto. La importancia de las hipótesis sólo puede juz­ garse comparando las predicciones de la teoría que las contiene, con las observaciones reales; de hecho, en este caso particular, los resultados de la T eoría de la Consolidación ha demostrado muchas veces su excelencia para predecir el comportamiento de la mayoría de las arcillas, dentro de la aproximación ingenieriL En la Ref. 17 se presentan ligeras variantes de la teoría aquí expuesta para el caso de distribuciones de la presión exterior dentro del estrato diferente de la uniforme, que es la que se ha considerado. Se vio que el factor tiempo se definía como T _ * 0 + 0 t (1-47)

Esta ecuación puede escribirse:
t -

a, Y . H *
* ( ! + *)

(1-48)

ech

52

Breves nociones de mecánica de suelos

De la expresión anterior pueden deducirse algu­ no* hecho» de significación: а ) Si todos los demás factores permanecen cons­ tante*. el tiempo necesario para alcanzar un cierto grado de consolidación, correspondiente a un factor tiempo dado, varia en forma directamente propor­ cional al cuadrado del espesor efectivo del estrato. En realidad, este punto merece una disgresión. El espesor del estrato que gobierna la evolución de un proceso de consolidación unidimensional con flujo de agua vertical, es la trayectoria física real que el agua tiene que recorrer para abandonar el estrato. Si el estrato tiene una frontera impermeable, dicha tra­ yectoria, llamada espesor efectivo, coincide con el es­ pesor real del estrato (Fig. 1-52.a ) . Si el estrato está drenado por ambas caras, superior e inferior, la má­ xima trayectoria del agua al drenarse es el semiespe*or real del estrato de suelo, o sea que el espesor efectivo es la mitad del real (Fig. 1-52.6). En las fórmulas de la T eorfa de Consolidación Unidimen­ sional la H que figura es siempre el espesor efectivo en to referente al tiempo de consolidadón. Si dos estratos del mismo material tienen diferen­ tes espesores efectivos //» y //?. los períodos y f3 necesarias para que cada estrato alcance un cierto grado de consoliilaríón, están relacionados como sigue: c) Si todos los demás factores |iermanecen cons­ um es, el tiempo necesario para que un suelo alcan­ ce un cierto grado de consolidación es directamente proporcional al coeficiente de compresibilidad Por lo unto, si sc consideran dos estratos del mismo es­ pesor efectivo, pero de coeficientes de compresibili­ dad diferentes, arj y ov¿ los tiempos, f, y t~, necesa­ rios para que cada estrato alcance el mismo grado de consolidación, están relacionado» como sigue:

(M9>
б ) Si todos los demás factores permanecen cons­ um es, el tiempo. I. necesario para que un suelo al­ cance un cierto grado de consolidación es inseríam ente proporcional al coeficiente de permeabilidad k. Por lo tanto, si dos estratos del mismo espesor efectivo tienen permeabilidades diferentes. A, y k¿, respectivamente, los tiempos necesarios para que cada estrato alcance un cierto grado de consolidación, se relacionan:

A l hacer a una muestra de suelo una prueba de consolidación se obtienen curvas de consolidación para cada uno de los incrementos de carga aplicados. Ya se vio que estas cunas relacionan las lecturas realin d as en un mi eróme tro con los correspondientes tiempos. Por otra parte, como resultado de una aplicación estricta de la T eoría de T e r a g h i. se ha obtenido una cursa teórica V • (% ) — T . en donde T es c 1 factor tiempo, que involucra a todas las variables que afectan el progreso del proceso de consolidación. Desde luego T y I son dirccUincntc proporcio­ nales para una muestra dada, en una cierta condi­ ción de carga. Si se imagina, además, que el suelo sigue riguro­ samente los requerimientos de la teoría, el grado de consolidadón y las lecturas micrométricas estallan también relacionadas por una ley lineal de propor­ cionalidad, puesto que, en ules condiciones, a un 50% de consolidadón, por ejemplo, está asodada la mitad de la deform adón del sudo. Asi pues, si un suelo sigue la T eo ría de Terzaghi, la curva teórica U (% ) —- T y las curvas de consolidación de labo­ ratorio deberán ser semejantes, difiriendo únicamen­ te en el módulo de las escalas empleadas. Inciden-

:: v “.v,

f

t

M o lin o tfo j«e t o fio d*i ogwo • H

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2H

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lY 'V w • • • • /.V i-y.. . M o n to • • '• • •- •
p «r m « o b l«

«

5

Figura 1-32. Esquema* que ilustran d

concepto de espesor efectivo que gobierna el tiempo de consolidación.

Compresibilidad de suelos cohesivos

53

U

%

L in e a

t e ó r ic a del

O %
O %

T r a m o de
c o n s o lid a d o ^

prim aria

50%

1 0 0 %

Lín

T r a m o de c o n s o li» secun —

1 1/4

ti t 50

Tiempo

(E sc. iog.)

Figura 1-53. Determinación de 0% j dd 100% de consolidación primaria en una curra de confoiidacióa.

talmente, lo que las curvas de consolidación se apar­ ten de la íonna teórica ofrece una medida simple para calificar lo que esc suelo se aparta de un com­ portamiento estrictamente apegado a la Teoría de Terzaghi. Por lo tanto, si el suelo se apega a la teoría será posible lograr que las dos curvas coincidan total­ mente. a condición de modificar la escala de las cur­ vas prácticas en la proporción conveniente. F.n realidad, ningún suelo sigue estrictamente la curva teórica, y para comparar una curva observada con la teórica, debe, en primer lugar, definirse en qué punto de la curva de consolidación se supondrá el 0% y el 100% «le consolidación, para ajustar la escala U (% ) con la de lecturas micrométricas. Si el suelo contiene algo de aire o si la muestra no se ajusta perfectamente al anillo, existirá una de­ formación rápida inmediatamente después de la apli­ cación del incremento de carga. Observando las lec­ turas del micrómetro no puede definirse si las pri­ meras deformaciones se deben a esos ajustes rápidos o representan ya el inicio del fenómeno de consoli* dación. Afortunadamente, la curva de consolidación para la primera mitad del proceso es prácticamente una parábola y puede determinarse un 0% "teórico'' por la aplicación de una propiedad simple de tales curvas. Más diUril es la determinación del punto teóri­ camente corres|»ndicnte al 100% de consolidación

primaria. De los varios métodos propuestos para ello, se menciona a continuación uno debido al doctor A. Casagrande que requiere el trazo de la curva de consol ¡ilación en forma semilogarítmíca (Fig. 1*33). En trazado semilogarítmicó, la curva de consoli­ dación presenta la ventaja de que en ella se define por un tramo recto, generalmente muy preciso, la liarte en donde la consolidación secundaria1 ya se hace notable. Esto permite definir, por simple ins­ pección, la zona en que la consolidación primaria se completa; prácticamente hablando, esta zona es la correspondiente a la transición entre la parte incli­ nada de amplia curvatura y el tramo recto final (véai » la Fig. 1-33). Empíricamente se ha observado (A. Casagrande) que un punto fA ) obtenido como la intersección del tramo recto de compresión secun­ daria-y de la tangente a la parre curva en su punto de inflexión, represenra tolerablemente la línea prác­ tica divisoria entre la consolidación primaria y la secundaria, es decir, el 100% de consolidación pri­ maria. Como el efecto secundario se presenta desde e) principio de la prueba, realmente no es posible fijar un punto específico en el cual el efecto primario ter­ mine y aquél empiece. Por lo tanto, hasta cierto punto, la definición anterior de) 100% de consolida­ ción es arbitraria. En la primera parte del desarro> Esu rotwoHdadón ae ddine má« adelante en ene inUmo párrafo/

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Breves nociones de mecánica de suelos

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figura 1-34. Método de Taylor para d cálculo de loa valora de C,.

lio de la curva de consolidación, el efecto secunda­ rio no es aún muy notorio y por esta razón se en­ cuentra que la relación parabólica, ya mencionada, es conecta dentro de una aproximación razonable. La linea del 0% de consolidación puede ahora en* contraríe como sigue (Fig. 1*33). Escójase un tiempo arbitrario, i » tal que el pun­ to correspondiente, B, en la curva observada esté situado, de un modo notorio, antes del 50% de con­ solidación. Obténgase el punto C, correspondiente a un tiempo f (/4 y determínese la diferencia de orde­ nadas, a, de los dos puntos. Puesto que entre esos dos puntos hay una relación de abscisas de 4 y puesto que se advierte que son puntos de una parábola, se sigue que su relación de ordenadas ha de ser de y f i = 2. Es decir, el origen de la parábola está a una distancia a arriba de C. Es aconsejable repetir esta construcción simple va­ rías veces, partiendo de puntos diferentes y situar el 0% de consolidación a una elevación promedio de las obtenidas. En la Fiir. 1-33 puede vene en la parte derecha la escala U (% ) trazada a partir de los límites en­ contrados. Es así evidente el modo de encontrar el tiempo necesario para que la muestra de suelo al* canco, por ejemplo, el 50% de consolidación. (Este valor del tiempo, juega un papel de interés en cálculos que se detallarán posteriormente.) Nótese que toda la construcción anterior depen­ de, en principio, de que puede situarse la escala U (% ) en las diferentes ctuvas de consolidación, o sea de poder determinar en éstas el 0 y el 100% de consolidación primaria. Esto, a su vez, depende de que la forma de la curva de consolidación se ape­ gue a la curva teórica, de modo que se definan los quiebres y las inflexiones necesarias. Desgraciadamen­ te esto no siempre sucede en la práctica y muchas veces la forma de las curvas obtenidas en el labora-

torio es totalmente inapropiada para efectuar las de­ bidas construcciones. D. W. Taylor ha desarrollado un método alternativo para el cálculo de los coefi­ cientes de consolidación que da buen resultado en muchos casos en que falla el anteriormente descrito. El método exige el trazado de la curva teórica en unos ejes en los que se usan como ordenadas los va­ lores de V (% ) y como absdsas los valores de v / T (Fig- 134.a). La curva teórica resulta una recta hasta un pun­ to cercano al 60% de consolidación, como debe suce­ der teniendo en cuenta que es aproximadamente pa­ rabólica en ese intervalo. De la tabla de valores, ya obtenida. U (% ) — T , puede determinarse que la abscisa de la curva es 1.15 veces la correspondiente a la prolongación del tramo recto, para una ordenada de 90% de consolidación. Esta característica se usa en la curva de consolida­ ción obtenida en el laboratorio, para encontrar el 90% de consolidación. En la Fig. 1-34.6. se muestra una forma típica de curva real en representación de lecturas micrométricas —\/t- Prolongando el tramo recto puede tenerse una línea trazada con suficiente precisión. A continuación trácese otra recta con sus absdsas 1.15 veces corridas hada la derecha, respec­ to a la anterior. Esta segunda línea corta a la cur­ va de consolidadón de un punto al que correspon­ de d 90% de consolidadón primaría. Nótese que la prolongadón del tramo recto de la curva de labo­ ratorio corta el origen de ordenadas en un punto que debe considerarse como el 0% de consolidadón primaría y de este punto debe partir la segunda recta mendonada. Usando esta construcción conviene calcular el C, con la expresión

C ,— - 2 . H * —
**0

...

0.848 H * <M chi

(1-52)

_

Compresibilidad de suelas cohesivos De las ideas expuestas y de la similitud de forma de las curvas obtenidas en los sucesivos dclos de carga (Fig. 1-27) . sc deduce que en una zona cercana al quiebre o transición de la curva de recompresión a la vitgen. debe estar la máxima presión que el suclo ha soportado antes del desarrollo de ese ciclo de carga. Esta presión, que representa la máxima que el suelo ha soportado en su historia geológica, antes de la ejecución de la prueba a que sc le esté some­ tiendo al obtener sus curvas de compresibilidad, se denomina su carga de preconsolulación y juega muy importante papel en las aplicaciones de la Mecánica de Suelos. Sin embargo, la transición del tramo de recomprcsión al virgen no es brusca sino gradual, y no se puede determinar a simple vista la presión con que comienza el segundo tramo mencionado. El doc­ tor A. Casagrande ha desarrollado un procedimiento empírico para la determinación de la carga de pre­ tenso!¡dación (pf) , que ha demostrado ser de efi­ ciencia suficiente para los fines prácticos. El método se ilustra en la Fig. 1-55. Obtenida la curva de compresibilidad en una prueba de consolidación, determínese, en primer lu­ gar, el (Minio de máxima curvatura (T ) en la zona de transición entre el tramo de recompresión (I I ) y el virgen ( I ) . Por 7* trácese una horizontal ( h) y una tangente a la curva ( ( ) . Determínese la bisecu iz (e) del ángulo formado por las rectas h y /. Prolongúese el tramo virgen hacia arriba, hasta in­ terceptar a la bisectriz. Ese punto de intersección (C) tiene como abscisa, aproximadamente, la carga de preconsolidadón (pf) del suelo.

55

Figura Mi f.«|urm i que muestra U dim inu ción d d u ro u m iem o a mayor f>l ¡nidal.

La aplicación práctica más importante del con­ cepto carga de preconsolidadón radica en el análi­ sis de asentamientos; el conocimiento de tal carga puede ser también de importanda en investigaciones geológicas. Es un hecho afortunado el que en trazado semilogarítmico la pendiente del tramo virgen de la cur­ va de compresibilidad no se vea afectada de un modo

Presión» kg/cm*
Figu ra IJ S . D eterm inación de la carga de p reco m o li dación.

P r t s l o n , kg / c m 2

Figón W7. Influencia de la carga de prrcomolidaddn en el cálculo de aientimicnto*.

56

Breves nociones de mecánica de suelos asentamiento total que un estrato arcilloso sufrirá al redbir una solidtadón exterior y el análisis de la evoludón de ese asentamiento con el tiempo, ambas cosas igualmente importantes para el ingeniero de vías terrestres. La magnitud del asentamiento total es de importanda obvia; baste dedr que su cálcu­ lo podrá indicar, por ejemplo, cuánto se hundirá un terraplén cimentado sobre arcilla blanda o cuánto se hundirá el puente al que tal terraplén sirve de acce­ so, según se elija para éste uno u otro tipo de cimentación, de todos los que puedan usarse. La evolución del asentamiento con el tiempo es el otro dato impresdndible del ingeniero que ha de preocuparse por hundimientos; es radicalmente dife­ rente el efecto de un asentamiento de 30 cm (por mendonar una cifra) sobre una estructura rígida, tal como un puente, si se produce en forma relativamen­ te rápida, o si ocurre en un lapso de varios años. En el ejemplo del puente y el terraplén de acceso antes menrionado, no bastaría al ingeniero conocer los asentamientos totales de ambas estructuras para comprender su interacrión; necesitará, además, cono­ cer cómo ocurre el movimiento de ambas estructuras a lo largo del tiempo; sólo así podrá llegarse a ideas claras en cuanto a elección del tipo de cimentación conveniente, previsión de reniveladones o elevado* nes de partes del puente, etc.; muchas veces el cono­ cimiento de que una parte fundamental del asenta­ miento de un terraplén de acceso ocurrirá en un lap­ so breve, por ejemplo dentro del tiempo de construc­ rión de un camino, permitirá llegar a soluciones muy simples y seguras para establecer una buena inter­ acción entre estructura de acceso y puente, tal como podría ser decidir que el terraplén de acceso se cons­ truyese con suficiente anterioridad respecto al puen­ te, elegiendo ya para éste un tipo de cimentación no susceptible de sufrir asentamientos. El asentamiento total primario de un estrato de ardlla de espesor H , debido a un proceso de conso­ lidación unidimensional con flujo vertical, inducido por una sobrecarga A p, actuante en la superficie del mismo, puede determinarse a partir de los datos de una prueba de consolidadón y del esquema de la Fig. 1-38. Si A í representa la disminudón de espesor de una muestra de suelo, cuyo espesor total era ¿ = 1 + e0, siendo e0 la relarión de vacíos inicial, puede expre­ sarse el cambio de altura del elemento por la ex­ presión

muy notable por las expansiones u otras deforma* dones menores de la muestra. De ahí se sigue que si el suelo está totalmente consolidado bajo una pre­ sión actual (P|. usualmente el peso propio del ma­ terial sobrevadente). la consolidación adicional bajo un incremento de carga A p cualquiera puede calcu* larse con la expresión sendlla

en donde H es el espesor total del estrato de suelo. Puede verse en la Fig. 1*36 que en el trazado semilogarítmico el monto del asentamiento total bajo un incremento de presión A , es menor cuanto mayor es la presión efectiva inidal (p t) . Si el máximo espesor de tierra sobreyacente que el suelo haya soportado a lo largo de su historia geo­ lógica se hubiese erosionado parcialmente, el asenta­ miento debido al incremento de carga resultará mu* cho menor, independientemente del hecho de que la curva de compresión virgen permanezca inalterada. Por ejemplo (Fig. 1*37). si un estrato de ardlla ha soportado alguna vez un colchón que le haya comu* nicado una presión de 3 kg/cm3. que después se haya reduddo a I kg/cm3 por erosión y posteriormente aumentado hasta 2 kg/cm3 por la construcrión de una estructura, la compresión bajo la estructura ten­ drá lugar siguiendo la ley entre B y C, de la curva de compresibilidad del suelo; esto produce A f. Por lo contrarío, si el suelo sólo se hubiese consolidado bajo su carga actual 1 kg/cm3, la ley seguida hubiese sido la que ocurre entre D y E, que conduce a la compresión A._.. mucho mayor. Este ejemplo debe ter suficiente para comprender la importanda del con­ cepto carga de preconsolidadón, en el análisis de asentamientos. B Asentamientos y expansiones

La aplicadón más útil de la Teoría de Consoli* dación unidimensional y de las ideas expuestas sobre compresibilidad de suelos cohesivos es el cálculo del

^ " T T 5 *

“■ “ >

Integrando la ecuadón (1-53) a todo el espesor real del estrato compresible H , se obtiene

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Hgnra M I. Esquema que ilustra la obtención del asentamien­ to total de un estrato de suelo.

dx

(1*54)

considerando a la frontera superior del estrato com­ presible como origen de las z. La 1*54 es la ecuadón

Asentamientos y expansiones general pura el cálculo del asentamiento total por consolidación primaría, supuesto un proceso unidi­ mensional de consolidadón. La ccuadón (1-54) sugiere un método simple de trabajo para valuar lo» asentamientos en un caso práctico dado (Fig. - ). Si se tienen pruebas de consolidadón efectuadas sobre muestras inalteradas representativas de un es­ trato comprensible a diferentes profundidades, se contará con una curva de compresibilidad para cada prueba, representativa del comportamiento del suelo a esa profundidad (parte a de la Fig. 1-39). Sobre

57

I5 9

esas gráficas podrá llevarse al valor de Po- presión actual efectiva del suelo a esa profundidad; con tal valor podrá obtenerse el correspondiente e0; a conti­ nuación. podrá llevarse, a partir de po. el valor A p , que representa el nuevo esfuerzo efectivo que debe­ rá aceptar la fase sólida del suelo cuando éste se haya consolidado totalmente bajo la nueva condición de cargas exteriores, representada por la estructura cuyo asentamiento sc calcula. 1.a ordenada del valor p *= • p„ + Ap proporcionará la í final que teórica­ mente alcanzará el suelo a la profundidad de que se trate. Puede asi determinarse A r = e — en y, por lo tanto. Ae/l + En la parte b de la Fig. 1*39 se muestra la gráfica Ae/I + e0 — z. que deberá trazarse una vez determi­ nados sus puntos por el procedimiento anterior apli­ cado a las distintas profundidades. Basta ver la fórmula 1-54 para notar que el área entre 0 y H bajo la gráfica anterior, llamada curva de influencia de los asentamientos, propordona di­ rectamente el valor de A H . En algunos casos especiales los asentamientos pue­ den calcularse con métodos que son simplificadón del anterior. Por ejemplo, en el caso de un estrato compresible, homogéneo, de pequeño espesor, en que el coeficiente m, pueda considerarse constante para el intervalo de presiones en que se trabaja, puede escribirse:

(a)

Figura I-S9. Métodos para la obtención de la curva de influ n K ia de lo » atontam iento*.

práctica, requiere la determinación previa del Coefi­ ciente de Consolidación del suelo (C ,), que inter­ viene en la ecuación: (1-45)

Tm C ' »

AH

(1-55) La integral representa el área de incremento de presiones entre las profundidades 0 y H y puede calcularse gráficamente. Si además A p puede considerarse consume en el espesor tratado, la fórmula 1-55 se reduce simple­ mente a: A H a m r -A/> H (1-56)

Esta ecuarión puede aplicarse a la muestra de la prueba de consolidadón, considerando los datos co­ rrespondientes al 50% de consolidación de dicha muestra. En efecto, T M =* 0.197, según sc deduce de la cuna de consolidación teórica; puede encon­ trarse una vez estableada la escala U (% ) en la cur­ va de consolidadón (ver Fig. 1-5S), y H es el espe­ sor efectivo del espédmen usado en el momento en que alcanzó el 50% de consolidadón bajo el incre­ mento de carga; si, como es usual, la muestra está drenada por ambas caras, deberá usarse el sem¡espe­ sor del espédmen, calculado como un promedio de los semi espesores inirial y final de la muestra en ese incremento de carga. Entonces,
C.

Tu

La ecuación 1-56 goza de una popularidad segu­ ramente inmerecida, dadas sus limitaciones, no siem­ pre tenidas en cuenta por los que la usan. El cálcuto de la evoludón de A H con el tiempo, fundamental en muchos problemas de la ingeniería

H*

H*

i

- íET

<w

Nótese, sin embargo, que para cada incremento de carga aplicado en la prueba de consolidadón se puede usar la ecuadón (1-57). Asi pues, se tiene un
ae

utor

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Brevet nociones de mecánica de suelos señalarse y es conveniente discutir, con base en idea]i/.aciones, algunos conceptos que no son evidentes, pero que pueden servir de base |>ara analizar con buen criterio un caso real. Considérese, primeramente, un suelo de superfid e horizontal, arcilloso y homogéneo, antes de ser descargado. Para fadlidad de exposición se supone que el nivel freático coincide con la superfide del terreno. El estado de esfuerzos neutrales, efectivos y totales será el que se muestra con las líneas puntea­ das de la F ig 1-40. Supónganse ahora que se efectúa una excavarión instantánea de profundidad h y de extensión infinita. La presión total remosida será Xm J* y. consecuentemente, el diagrama de presiones totales se redudrá en esa cantidad; como el estado de esfuerzos efectivos en la masa d d suelo no puede cambiar instantáneamente, el agua que satura al sue­ lo tomará la descarga, disminuyendo el diagrama de esfuerzos neutrales también en la magnitud ym h. Como quiera que la presión original del agua a la profundidad h era y j i , la nueva presión a esa pro­ fundidad, después de la excavarión instantánea, será:
rv j i — T mh = f m A

valor de C , para cada incremento de carga. Es así posible dibujar una gráfica de C, contra la presión media aplicada en ese intiemento, obtenida como media aritmética de las presiones inicial y final. Para un estrato real, sujeto a una sobrecarga A p, se toma* rá como C¥ el valor medio de los correspondientes a la zona de la curva cubierta por ese A p. Obtenido el Cv del suelo, la ecuadón (1*45) pue­ de aplicarse en la forma t = (1*58)

Ahora. H es el espesor efectivo del estrato de sue­ lo. calculado según las condiciones de drenaje en la forma ya expuesta; Cv es el coeficiente de consolida­ d ón del suelo, redén calculado, dentro del intervalo de presiones que representa la sobrecarga aplicada al estrato. Así, dando valores a T , por ejemplo los que figuran en la labia (1*1), pueden tenerse y ta­ bularse los valores del tiempo en que el estrato al­ canza los grados de consolidadón correspondientes a esos factores tiempo. Como el asentamiento va sien­ do propordonal al grado de consolidadón. pueden en definitiva tabularse los valores de) asentamiento que corresponden a distintos tiempos, según evoludona el fenómeno de consolidadón. Esta última tabla obtenida puede dibujarse en es­ cala aritmética o en trazo seinilogarítmico, con el tiempo en escala logarítmica, como abscisa. Se tiene así una curva de asentamiento previsto y su evolu* dón con el tiempo. En muchos problemas prácticos, principalmente en lo que toca a aquellos casos en que el suelo es descargado, como por ejemplo en una excavarión, es de interés poder determinar las expansiones que tie­ nen lugar por la descarga efectuada. El problema es esencialmente pareado al del cálculo de asentamien­ tos y. hasta cierto punto, con las ideas antes expues­ tas se podría desarrollar un procedimiento similar para llegar a la meta propuesta. Sin embargo, la ex­ pansión presenta algunas pecub'aridades dignas de

o sea que aparece en el agua una tensión igual a la presión efectiva a la profundidad h, que en este caso es el peso específico sumergido del suelo por dicha profundidad. Debe notarse que, por ser la excavarión de exten­ sión infinita y por ser la nueva ley de presiones en el agua lineal y paralela a la original, esta nueva distribución de presión es hidrostática y, por lo tan­ to, de equilibrio, por lo que el agua no fluirá en ninguna direcrión; por ello, el anterior estado de presiones neutrales, efectivas y totales se mantendrá en el tiempo y corresponderá tanto al momento ini­ cial de la excavación, como a cualquier tiempo sub­ secuente. I^as presiones efectivas, que se mantienen en el suelo, no permitirán, en este caso, ninguna expansión.

Figón MOl Distribución de «fu en n » v n t io ln bajo el (onda de una excavación de extensión infinita.

Material protegido por derech

Asentamientos y expansiones

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Figura 1-41. Distribución de rtfurrzo* «trticakt bajo el fondo de una excavación de rxttmidn infinita, con un manto acuttm.

A l observar el diagrama de presiones en el agua después de la excavación (lineas llenas de la Fig. 1-40) sc nota que el nivel al cual la presión neutral es nula (nivel freático) corresponde a la profundidad. h (1-59)

En la Fig. M I se ha supuesto

y en este

Este abatimiento del nivel freático es, teóricamen­ te, inmediato a la remoción del material excavado. Asi, basta con excavar el suelo a la profundidad h (en extensión infinita) para lograr que el nivel fre­ ático se abata al valor / * + z®. es decir la profundi­ dad Zo bajo el fondo de la excavación. Supóngase ahoTa (Fig. 1-41) que en el subsuelo del caso anterior existe un manto arenoso acuffero, en el que se mantenga la presión del agua. Si se realira una excavación instantánea y de extensión infi­ nita a la profundidad h, los diagramas de presiones inmediatamente después de efectuada la excavación serán idénticos a los del análisis anterior, excepto en la zona del acuffero. en donde la presión neutral no cambia, pero la presión efectiva sc verá disminuida en la magnitud ym h. Si d es la profundidad a que se localiza el acuffero. la nueva presión efectiva en la frontera superior de éste, inmediatamente después de
e fe c tu a d a la e x c a v a c ió n (/ ■ 0) , ic ri:

P “ Ym * “

El valor mínimo a que puede llegar la presión efectiva en la arena es. evidentemente, cero. En este caso límite sc tendrá la máxima profundidad (A) a que puede llevarse la excavación, sin que la presión neutral en el acuffero (subpresión) levante el fondo, provocando una falla. Esta profundidad será:

< '• «>

caso, a partir del instante de la excavación ( t - 0) se inicia un proceso de expaiuión tanto en el estra­ to arcilloso sobre el acuffero. como en la masa de ar­ dlla subyacente: este proceso es producido por el flujo del agua que entra en la arcilla procedente del acuffero. Este proceso de expansión aumenta las pre­ siones neutrales en los estratos arcillosos, disminu­ yendo. correspondientemente, las presiones efectivas. En la Fig. M I se han dibujado isócronas correspon­ dientes a í — f, un instante intermedio del proceso; el estado final de las presiones en el estrato superior de arcilla dependerá de las condiciones de frontera en el fondo de la excavaoón; si se supone que toda el agua que aflora en el fondo de la excavadón sc drena conforme brota, el estado final estará dado por las líneas t *= * eo. En el estrato inferior, por ser semi­ infinito, el proceso de expansión continuará indefi­ nidamente, si bien a velocidad de credente y el es­ tado final de presiones es el de las líneas t = <*>, tal como sc muestra en aquella zona en la misma Fig, M I . El proceso de expansión analizado es sólo uni­ dimensional y el flujo del agua es vertical. Por lo tanto, son aplicables, en prindpio, los datos obteni­ dos del tramo de descarga de una prueba de conso­ lidadón. En un caso como el analizado antes, el bufaxniento del fondo de la excavación eti un tiempo t tiene dos componentes: el bufamiento ocurrido en el estrato de ardlla de espesor finito que subreyace al acuffero y el que corresponde a la masa semiinfinita situada debajo. En primer lugar se discutirá el pro* ceso de expansión del estrato finito. Antes de efectuar la descarga, un elemento de sue­ lo a la profundidad z está sometido a una presión efectiva p\ — y pasará, al final de la expansión, a una presión p*. que puede determinarse como an­ tes se discutió. Si a una muestra representativa del sudo a esa profundidad z se le hace una prueba de consolidadón, llegando a una carga máxima de />, y

de autor

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Breves nociones de mecánica de suelos en el que se tenia una masa de suelo arcilloso homo­ géneo. En las obras reales no se tienai. naturalmente, excavaciones de extensión infinita. I.as ideas ante­ riores. sin embargo constituyen la base del criterio para discutir las excavaciones finitas, más o menos idealizadas. En la Fig. 1-42 se muestra el caso de una excavación finita realizada en un medio arcillo­ so homogéneo; el nivel freático se considera a una profundidad a partir de la superficie. En este caso, el efecto de la excavación no será uniforme en todo el manto a i lo que a disminución de presiones totales se refiere, sino que esta disminución habrá de ser estimada en los diferentes puntos usando la Teoría de Boussincsq. por ejemplo. En una prime­ ra aproximación podrá afirmarse que lo que dismi­ nuye la presión neutral en cada punto de la masa será lo que disminuya la presión total (recuérdese el primero de los dos casos de excavación infinita arriba tratados); por ello, la presión neutral dismi­ nuirá más en las zonas centrales de la excavación y en los niveles próximos al fondo, y estas disminucio­ nes serán cada vez menores según se alcancen los bordes de la excavación (o fuera de ella) y según se profundice en la masa de arcilla homogénea. Esto da origen a un flujo de agua del extaior hacia el cen­ tro y de las zonas profundas hacia el fondo de la excavación (Fig. M 2 ) . Por lo tanto, la masa de suelo bajo la excavación se expandirá más en el ceniro del fondo de ésta, y la expansión irá disminuyendo hacia la periferia. Se­ gún ya se dijo, en depósitos naturales de ardlla por lo general la permeabilidad es mayor en la dirección horizontal que en la vertical, por lo que el flujo ra­ dial hacía la excavación influye más en la expansión que el vertical, proveniente de zonas profundas, lia de hacerse notar en forma muy predominante que d simple hecho de efectuar la excavación en la masa arcillosa disminuyó las presiones neutrales bajo día y si se llama nivel freático al lugar geométrico de los puntos en que la presión neutral es nula (con origen de presión en la atmosférica), este nivel se habrá abatido por sf mismo aún más abajo que el fondo de la excavación al efectuar esta. Si bajo d fondo de la excavación hay estratos permeables de gran extensión que funcional como abasterimientos de agua, éstos harán que el proceso de expansión sea mucho más rápido (revísense las ideas correspondientes al segundo caso de excavación infinita discutido). Para reducir a un mínimo la ve­ locidad de expansión en el fondo de una excavación se ha recurrido en la práctica a lo que resulta obvio tras haber discutido los casos de excavarión de exten­ sión infinita; en primer lugar se han usado tablesta­ cados más o menos profundos en los bordes de la excavación, lo cual impide el flujo radial y permite sólo el vertical, mucho más lento; en segundo lugar se ha recurrido al uso de pozos de bombeo y otros métodos (electrósmosis. por ejemplo) para abatir las presiones neutrales en puntos específicos y en las zo­ nas próximas a ellos, a fin de constituir una verda-

descargándola después a partir de ese valor hasta p3 como mínimo, en el tramo de descarga de la curva de compresibilidad así obtenida podrá determinar­ se la variación Le correspondiente al suelo en la descarga efectuada. Procediendo en forma análoga para otras profundidades se podrá dibujar la curva (A e/ (l + <•„) ] — z, de influencia de los bufamienlos, la cual cubre un área que, a la escala correspon­ diente, mide el bufamiento total del «ir a to finito. El bufamiento en el tiempo t podrá determinarse estudiando la evolución de la expansión con el tiem­ po, en la misma forma a i que previamente se estu­ dió la del asentamiento primario. Los conceptos av, m, y C¥ de la Teoría Unidimen­ sional de la Consolidación tienen sus correspondien­ tes concepto) análogos ar„ m „ y C „ para la descarga, que pueden usarse en los misinos casos y en forma análoga a la discutida. En cuanto a la masa semiinfinita colocada bajo el acuífero, su bufamiento total será, teóricamente, infinito, por lo que sólo tiene sentido práctico calcu­ lar el bufamiento para un tiempo finito l. Nótese que el punto clave para que la expansión pueda tener lugar está en el hecho de que el acuífero mantenga su presión neutral; si por algún mé­ todo artificial, esta presión se abale al valor f m h, (Fig. M I ) el proceso de expansión no podrá tener lugar. Esto se puede realizar en la práctica por me­ dio de poros en que se bombee la cantidad adecuada de agua del acuífero; así se logrará convertir este caso en otro, análogo al primeramente tratado en esta sección, en que no existía ningún acuífero. Si en el caso ahora analizado el acuífero fuese un sistema hidráulicamente cerrado, es decir, que ca­ reciese de una fuente de agua (por ejemplo, el caso de una lente arenosa de extensión finita), la pre­ sión neutral en el estrato arenoso bajaría instantá­ neamente al salir el agua y el proceso de expansión no se verificaría (en realidad por ser el agua incom­ presible teóricamente, bastará que salga cualquier cantidad de agua, por poca que sea. para aliviar la presión neutral en el estrato de arena); este caso se vuelve así similar al primero tratado en esia sección.

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F igu ra 1-4Z. Esqurtna d r l flu jo d e agua h ada una excavación d e e x ir o t ió n fin ita.

Consolidación secundaria

61

(Ref. 28) se muestra la variación del índice de ex­ pansión con el limite liquido de la arcilla; se ve que Ce aumenta al aumentar el límite liquido, si bien la dispersión de la reladón es lo suficientemente gran­ de como para que a ésta no se le pueda dar más que un carácter cualitativo. Ij Oí índices de cx|>amión pueden tener valores tan altos como 2.5 para la montmorilonita sódica, con límite líquido de 500%; pero en suelos naturales sus valores son mucho más bajos (por ejemplo 0.09 para la arcilla azul de Boston, en el periodo de descarga de I a 0.1 kg/cm*). C Consolidación secundaria

In4t«« dt
Figura M I Correlación entre el (ndke de expamión y el límite Uquido en suelo* (¡nos (Ref. 28).

dera pantalla de depresión en tom o a la excavación que intercepte el (lujo horizontal. Corno quiera que estas excavaciones normalmente son provisionales y sc construyen para existir durante un tiempo relati­ vamente breve, se logra asi que en ese tiempo la ex­ pansión no alcance valores de consideración. £1 hecho de que en suelos permeables, como las arenas y las gravas, se tenga que recurrir literalmen­ te a abatir el nivel freático para poder efectuar una excavación en seco, ha hecho pensar frecuentemente que esto debe lograrse también en arcillas, sin tomar en cuenta que, en estos materiales, el nivel freático baja por sf mismo cuando se excava. Las excavaciones reales no son instantáneas, sino que se efectúan en un espacio de tiempo. Esto no invalida los razonamientos anteriores; lo que sucede es que los abatimientos de presión neutral ocurrirán según la descarga se efectúa. Una idea de la expansión de los suelos puede ob­ tenerse calculando su Indice de expansión, definido por la expresión

c—

r< k * «

o -6 »

y relacionado con la prueba de consolidación hecha en edómetro (consolidómetro). Asi definido, el índi­ ce de expansión es una medida de k> pendiente que resulta la curva de compresibilidad en el intervalo de descarga, durante el cual el suelo se expande. Pue­ den obtenerse series de curvas de expansión en el consolidómetro si se carga una serie de especímenes a diferentes presiones verticales efectivas y se descar­ gan después de consolidados bajo ules presiones. Esas curvas tienden a ser paralelas en la representación usual de la curva de compresibilidad, de manera que el coeficiente de expansión resulu variar muy poco con la presión efectiva bajo la cual el suelo sc haya consolidado antes de expanderse. En la figura 1-43

La consolidación consta en realidad de dos fenó­ menos superpuestos y mezclados. El primero es el que se ha descrito con algún detalle en páginas an­ teriores de este apartado y consiste en la transmisión de la carga exterior, originalmente tomada por el agua de los poros, a la estructura sólida del suelo; esta transmisión va acompañada de una disminución de volumen y de la correspondiente pérdida de agua in­ tersticial que se drena a través de las fronteras permea­ bles del estrato. Esta es la consolidación primaria. Pero es evidente que el proceso de disminución vo­ lumétrica, al ir acompañado de un aumento de pre­ sión efectiva, exige la aparición de otra fuente de deformación, debida ahora a efectos discretos de re­ acomodo de partículas minerales, para adaptarse a la nueva estructura más cerrada. Este proceso recibe el nombre de consolidadón secundaria y no es to­ mado en cuenta para nada en la teoría de consoli­ dación unidimensional de Terzaghi. En las etapas iniciales de la consolidadón prima* ría, casi toda la carga exterior es tomada por el agua intersticial y ha ocurrido poca deformación volumé­ trica en la estructura sólida; es entonces natural que se noten poco los efectos de deformación por reaco­ modo. consistentes quizá en pequeños deslizamientos relativos, giros y vuelcos de unas partículas respecto a otras; por ello la consolidadón secundaría será poco perceptible en las etapas tempranas de la consolida­ dón primaría. Por el contrarío, en las eupas finales del proceso primario de consolidadón, mucha de la presión exterior ha sido ya transmitida a las partícu­ las minerales en forma de presión efectiva y ha te­ nido ya lugar gran parte de la deformación volumé­ trica que ha de produdne; por esta razón, será mu­ cho más relevante la componente de deformadón por reacomodo relativo de las partículas minerales al adaptarse a la nueva estructura más cerrada. I j con­ solidadón secundaría sc hará más y más imporunte, relativamente hablando, a medida que el proceso piimarío avance; de hecho, en las últimas eupas del proceso primario la consolidadón secundaria puede ser de capital im porunda y también puede darse el caso de que el suelo continúe sometido al proceso se­ cundario mucho tiempo después de que el proceso primario haya terminado, por lo menos para todo fin práctico.

62

Breves nociones de mecánica de suelos el ingeniero desearía; por ejemplo, los esfuerzos de tensión, por mencionar el mismo esfuerzo ya citado, juegan a vece* papel no despredable en el agrieta­ miento de obras de tierra y, de hecho, hoy sc siente en ocasiones que se ha ido demasiado lejos en el ol­ vido de la tensión como un esfuerzo digno de ser in­ vestigado en reladón con los suelos. Pero el hecho esenrial permanece: el ingeniero hace trabajar al sue­ lo sobre todo al esfuerzo cortante, por lo que es ló­ gico que sea la resistenda a este esfuerzo la que in­ terese también de preferencia. En segundo lugar, ocurre que la resistenda de los suelos a otros tipos de esfuerzos, como los de com­ presión {pura, naturalmente), es tan alta, que tam­ poco la resistenda es de interés práctico, pues los suelos sometidos a compresión en cualquier caso real, fallarían por esfuerzo cortante antes de agotar su re­ sistenda a la compresión propiamente dicha. En tercer lugar, es posible que el interés casi exdusivo de los ingenieros de suelos por la resistenda al esfuerzo cortante esté muy fomentado por el he­ cho de que la Teoría de Falla más umversalmente usada en la Mecánica de Suelos sea una teoría de esfuerzo cortante. Para comprender esta afirmadón es preciso definir lo que se entiende por una Teoría de Falla y todavía, yendo más al origen de los con­ ceptos, reflexionar sobre lo que ha de entenderse por falla, una de las palabras de uso más común por los ingenieros, pero en rigor de las de más confuso sig­ nificado. En términos generales, no existe aún una definídón umversalmente aceptada del concepto de falla; puede esta palabra significar el prindpio del com­ portamiento inelástico de un material o el momento de la ruptura del mismo, por sólo citar dos interpre­ taciones muy comunes. Muchas veces el concepto falla está induso ligado a factores económicos y aun esté­ ticos o de preferenria personal, a un grado tal que es común que varíe radicalmente de unos espenalis­ tas a otros, de unos campos de la ingeniería a otros o de un país a su vecino, de acuerdo con sus respec­ tivos recursos o nivel de riqueza; piénsese, por ejem­ plo. en tratar de definir lo que haya de entenderse por falla de un pavimento. Es derto que, a despecho de estas complejidades, no sude ser muy difícil en cada caso particular y dentro de las condidones socioeconómicas del mis­ mo, que un grupo de especialistas involucrados lle­ gue a una ddinidón razonable de falla para ese caso, y es derto también que esto es particularmente posi­ ble cuando se trata de definir d comportamiento de un material en una prueba concreta de laboratorio o en una estructura concreta que haya de erigirse. Por d io no es utópico pensar que en un caso dado pueda existir entre los especialistas responsables un criterio unificado sobre lo que ha de entenderse por falla en ese caso. Pero aun en tan favorables drcumtandas surgirá la pregunta de si el conjunto de normas de proyecto o protección adoptadas garantiza d que una derta

N o existe hasta este momento una teoría que per­ mita calcular la deformación que un suelo pueda su­ frir por consolidación secundaría, en el sentido y con la confiabiliibid con que la teoría de Ter/aghi pue­ de permitir la valuación del asentamiento primario. Se han hecho muy importante* investigaciones de la­ boratorio y algunos intentos para llegar a un mode­ lo matemático de comportamiento; las referendas 29 y 30 pueden mencionarse entre las muchas dispo­ nibles. Existe evidencia experimental que permite con­ cluir que el proceso de consolidación secundaria que* da representado por una recta en una gráfica de deformadón de una muestra en el consolidómetro, contra tiempo de prueba, en escala logarítmica (cur­ va de consolidadón). Este hecho explica la diferenda de forma entre la curva de consolidación teórica (Fig. 1-31) y la obtenida típicamente en el labora­ torio (Fig. 1-25), que adopta la forma recta en las etapas finales del proceso primario, cuando la con­ solidadón secundaria se hace predominante. La consolidadón secundaría es más importante dondequiera que la primaría sea más corta, tal como sucede en los especímenes de laboratorio, en los sue­ los orgánicos, en los estratos delgados o en estratos con gran abundancia de lentes de arena que proporcienen drenaje. Muy especialmente, la consolidación secundaría es importante en depósitos de turba, en que la consolidación primaría puede ocurrir en for­ ma casi simultánea con la aplicadón de la carga. Por lo tanto, en el caso de un terraplén construido sobre un depósito de turba, en el que interese cono­ cer el progreso del asentamiento ocurrido una vez terminada la estructura, se necesitará prestar atendón espedal a la consolidadón secundaria, pues a ella se deberá la casi totalidad del asentamiento que sc produzca a lo largo del tiempo.

MS

INTRO DUCCIO N A L PROBLEMA DE L A RE­ SISTENCIA A L ESFUERZO C O R TA N TE D E LOS SUELOS

A

Generalidades y teoría de falla

En Mecánica de Suelos, la resistenda al esfuerzo cortante constituye la característica fundamental a la que se liga la capacidad de los sudos para adaptarse a las cargas que actúen sobre ellos, sin fallar. Esto es debido a varías razones. En primer lugar, la resistencia de los suelos a ciertos tipos de esfuer­ zos diferentes del cortante, como ios de tensión» por ejemplo, es tan baja que generalmente no tiene gran importancia para el ingeniero. Por lo común las es­ tructuras en que el ingeniero liace intervenir al suelo son de tal naturaleza que en ellas el esfuerzo cor­ tante es el esfuerzo actuante básico y de la resistenda a él depende primordial mente el que la estructura no falle. Naturalmente que en estas estructuras ocu­ rre con frecuenda que esos otros esfuerzos diferen­ tes del cortante intervienen a veces más de lo que

Generalidades y teoría de falla estructura no fallará. Y esta pregunta lleva a la ne* resillad de responder a otra: ¿cuál es la causa de la falla de un material?, pues es claro que si no se de­ fine por qué fallan los materiales, no podrá decirse si un materia] concreto fallará o no. en una sitúa* ción determinada. La respuesta a esta fundamental pregunta es una teoría de falla (Refs. 31 y 32). En la Mecánica de Suelos actual, la teoría de (alia más utilizada es lo que podría considerarse una combinación de dos teorías clásicas algo diferentes. La primera, establecida en 1773 por Coulomb (Ref. 33), dice auc un material falla cuando el esfuer/o córrame actuante en un elemento plano a través de un suelo alcanza el valor x( » e + 9 ran ^ donde x¡ = esfuerzo cortante actuante, final o de falla, c = cohesión del suelo supuesta constante por Coulomb. Resulta ser la resistencia del sue­ lo bajo presión normal exterior nula. v = esfuerzo normal actuante en el plano de falla. ¿ = ángulo de fricción Interna del suelo, tam* bién supuesto constante por Coulomb. La otra teoría de falla es debida a Mohr (Ref. 34) y establece que. en general, la falla por deslizamien­ to ocurrirá a lo largo de la superficie particular en la que la relación del esfuerzo tangencial o cortante al normal (oblicuidad) alcance un cierto valor má­ ximo. Dicho valen1 máximo fue postulado por Mohr como una fundón tanto del acomodo y forma de las partículas del suelo, como del coeficiente de fric* ción entre ellas. Matemáticamente la condidón de falla puede establecerse xf — 9 tan ¿ (1*65) (1-62)

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Originalmente Mohr estableció su teoría pensan­ do sobre todo en suelos granulares, en tanto que Coulomb propuso la ecuación 1-62 como criterio de falla para suelos cohesivos «pie comprenden a los suelos granulares como un cato particular, en d que la resistencia al esfuerzo cortante es cero para un es­ fuerzo normal actúame nulo; esto equivale a par­ ticularizar la ecuación 1-62 del caso c • 0. En rigor la dtfcrcnda esencia] entre la teoría de Mohr y la de Coulomb estriba en que para el primero el valor de ¿ no debe ser necesariamente constante. En tan­ to que en una representación con esfuerzos norma­ les en el eje de abscisas y tangenciales en el eje de ordenadas, la ecuadón 1-62 quedará representada por una linea recta, la 1-63 quedará representada por una línea curva, que sólo como caso particular podrá ser recta. La Mecánica de Suelos actual suele utilizar como criterio de falla lo que se acostumbra llamar el cri­

terio de Mohr-Coulomb, en el cual se emplea la ecua­ ción 1-62 como representarión matemática, pero aban­ donado la idea original de Coulomb de que e y < f> sean constantes del suelo, y considerándolas varia* bles en el sentido que se verá posteriormente. Se advierte pues que la teoría de falla mis usada aun en la actual Mecánica de Suelos atribuye la falla de éstos al esfuerzo cortante actuante; resulta entonces lógico que. en tal marco de ideas, la resistencia al esfuerzo cortante de los suelos resulte el parámetro fundamental a definir en conexión con los prohle* mis de resistenria y falla. La teoría de falla de Mohr*Coulomb permite, en general. Pegar a resultados bastante satisfactorios en las aplicadones de la Mecánica de Suelos a los pro­ blemas prácticos, pero indudablemente no es una teoría perfecta en el sentido de que no permite pre­ decir todas las fallas observadas ni explica toda la evidencia exnerimental disponible. Quizá la explica­ ción de estas deficiendas estribe en que esta teoría posee una defidenda básica, si se acepta que la falla de un material se produce como consecuencia del es­ tado de esfuerzos que actúe en su interior. En efec­ to. es sabido que dicho estado de esfuerzos puede describirse a final de cuentas por tres parámetros independientes, por ejemplo los tres esfuerzos prin­ cipales ff|, <r, y oy. en general, un estado de esfuer­ zos no puede describirse por completo con menos de tres parámetros independientes. Pues bien, la teoría de Mohr-Coulomb relaciona la falla con el esfuerzo corlante actuante, el cual se relaciona con la diferen­ cia de los esfuerzos principales máximo y mínimo \x, = / ( ( ? , — {Ti)], pero no toma en cuenta el es­ fuerzo principal intermedio, o?. De esta manera la teoría de falla no puede aspirar a cubrir en forma completa todos los casos de falla reales, por no to­ mar en cuenta en su totalidad las causas de la falla. La ex perimen radón actual parece indicar que el valor del esfuerzo a2 en la falla influye en derta medida en los parámetros de resistenaa c y £ que puedan obtenerse en el laboratorio, si bien proba­ blemente esta influencia es moderada. También se acepta que la falla de los materiales reales está in­ fluida por cómo varíe a lo largo del proceso de carga que conduce a la falla. Se considera fuera d d alcance de este libro una discusión más a fondo de estos temas, la cual puede encontrarse en obras más especializadas, como por ejemplo las Ref*. 32, 35 y 36.

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Figura H i Concepto mecánico de la (ficción.

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Brexfs nociones de mecánica de suelos Naturaleza de la m b in tc ia al esfuerzo cortante eo suelos granulares y cohesivos nulares. si bien no la única, como ya se d ijo (sec­ d ón I - l l ) . Según esto, la resistenda al esfuerzo cor­ tante de los suelos granulares defiende fundamental­ mente de la presión normal entre sus granos y d d valor del ángulo de fricción interna Este, a su vez, depende de la compacidad del material y de la for­ ma de los granos, que desarrollarán mayor fricción cuanto más vis-as o menos redondeadas sean sus aristas. En la Ref. 37 se menciona un estudio acerca de la influencia d d agua sobre el ángulo de fricción desarrollado entre partículas de cuarzo de fotma equidimensional. Según tal estudio, el que haya o no agua entre las partículas carece de importanria y no ejerce mayor efecto en el ángulo de fricción entre ellas. Por el contrario, la presencia de otros contami­ nantes. tales como delgadas películas de materia or­ gánica o partículas muv finas laminares, sí reduce substandalmente el coefidente de friedón entre los granos. Si los suelos granulares tuvieran un comporta­ miento puramente fricrionante. tal como fue postu­ lado por Coulomb (ecuación 1-64), una representa­ d ón de su ley de resistencia en unos ejes t — tr (tal como se obtiene de una prueba triaxial, según se verá) sería una línea recta pasando por el origen, y el ángulo < f> sería constante, como precisamente esta­ bleció Coulomb. Sin embargo, esto no sucede y lo normal es que la representadón t — c de la ley de resistencia muestre una línea curva (si bien gene­ ralmente no muy alejada de la recta ); esto es debido al efecto sobre la resistenda del acomodo de los gra­ nos del suelo, que han de deformarse y rodar unos sobre otros para que la falla llegue a producirse (sec­ d ó n 1-11). El efecto del acomodo disminuye cuando aumenta el esfuerzo de confinamiento, puesto que las partículas se alisan en sus puntos de contacto y salientes, por aplastamiento y ruptura; esto hace que la muestra de sudo granular se compacte, pero aún así fallará m is fádlmente, por efecto de acomodo. Por ello, en una representación t — a, según a va siendo mayor, se va teniendo menor y la ley de resistenda se va hadendo más horizontal. La curvatura parece ser más marcada cuanto ma­ yor sea el tamaño de las partículas (ver R ef. 23. en la que se mendona el caso de enroca míen tos). Este hecho parece estar relacionado con la ruptura de granos, esperialraente al considerar que algunas arenas de tamaño relativamente pequeño, pero de grano débil y quebradizo (por ejem plo arenas con­ chíferas) también muestran envolventes de resisten­ d a muy curvas. La curvatura también parece ser ma­ yor en deformarión plana que en compresión tri­ axial. En resumen, los suelos granulares se consideran materiales friccionantes, pero con desviadones d d comportamiento puramente friedonal por efectos de acomodo entre sus granos. Esto se traduce en resis­ tenda a la distorsión de los granos, a la ruptura en sus contactos y al rodamiento y deslizamiento de

Conviene ahora anali/ar someramente los facto­ res de que depende la resistencia al esfuerzo cortante de los suelos friccionantes y de los cohesivos. En general se acepta que la resistencia al esfuer­ zo cortante de los suelos se debe, por lo menos en parte, a la fricción que se desarrolla entre sus granos, cuando hay tendencia al deslizamiento relativo a unos respecto a otros. Sc utiliza el concepto de fric­ ción en el sentido familiar en mecánica (Fig. 1-44). La fuerza necesaria para iniciar el deslizamiento del cuerpo de la figura es: F = \iP, donde | x recibe el nombre de coeficiente de fricción entre las super­ ficies en contacto. Análogamente, entre las partículas del suelo se desarrollan resistencias fricciónale*, de manera que si se considera una superficie potencial de deslizamien­ to y a es la presión normal que actúa en dicha su­ perficie. el esfuerzo cortante necesario para producir el deslizamiento, z, puede relacionarse con o por una expresión del tipo
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« * * , * = <r tan £

(I-64)

Resulta obvio que la resistencia friccionante (s) debe estar regida por el esfuerzo normal efectivo. En la expresión anterior tan ¿ juega el papel del coefi* cíente de fricción y sirve, a la vez, para definir el denominado ángulo de fricción interna del suelo. La expresión 1-64 fue primeramente propuesta por Coulomb en un sentido un tanto m i* estricto que el que es posible otorgarle hoy, pues para Cou­ lomb ¿ era una constante absoluta propia del suelo de que se tratara, en tanto que en épocas posteriores fue preciso considerar ciertas posibilidades d e varia­ ción en el ángulo de fricción interna. Análogamente, como ya se dijo. Coulomb estableció históricamente el concepto de cohesión, al observar que algunos ma­ teriales (las arcillas) presentaban resistencia bajo pre­ sión normal exterior nula. De esta manera postuló como ley de resistencia posible para tales materiales la expresión t = = e (1-65)

en que r ct la cohesión del suelo (que por cierto Coulom b también consideró constante, en tanto que hoy sc trata como variab le). Estos materiales fueron llamados "puramente cohesivos’* y en ellos se consi­ deraba ~ 0. A l considerar el caso más general. Coulomb atri­ buyó la resistenda de los suelos a ambas causas, se­ gún una expresión que resume a las dos anteriores, para un suelo que tenga "cohesión y fricción". s • Xf ** c + a tan ^ ( 1*66)

Actualmente sc considera que la fricción es la fuente fundamental de resistenda en los sudos gra­

¡Xatioaleza de la resistencia al esfuerzo corlante en suelos gran ufo res y cohesivos unos sobre oíros. Si el esfuerzo cortante es lo sufi­ cientemente alto, el efecto estadístico de superación de la fricción, más los efectos del acomodo, es un movimiento continuo o distorsión de la masa, que es la falla por esfuer/o cortante. El fenómeno no es básicamente afectado por el agua contenida en los vacíos del suelo granular. En rigor, el concepto de ángulo de fricción interna involucra tanto al coefi­ ciente de fricción grano-grano, como a todos los efec­ tos de acomodo. Es notable lo poco que influye el coeficiente de fricción grano-grano, que es bastante variable en la naturaleza, en el ángulo de fricción interna (R ef. 38), hecho explicable si se piensa que las partículas siempie se mueven de la manera que Ies resulta más fácil. Si el coeficiente de fricción es bajo, se desliran, y si es alto, ruedan. l..os mecanismos de la resistencia al esfuerzo cor­ tante son algo diferentes en los suelos finos de forma laminar, a los que, por costumbre, se denominan sue­ los cohesivos. Se analizará primeramente el caso de suelos cohesivos saturados, por ser quizá el más sen­ cillo y m ejor estudiado. Com o los suelos granulares, los cohesivos ton acumulaciones discretas de partículas que deben des­ lizarse unas sobte otras o rodar para que llegue a producirse una falla por esfuer/o cortante. Sin em­ bargo. hay ahora algunas diferencias de significación. Primero, cuando se aplica la carga exterior a una ardlla saturada, se acepta que es tomada primero por el agua, en forma de presión neutral, u. Esto es una consecuencia de la compresibilidad que ahora tiene la estructura sólida del suelo, en comparación con el agua. Segundo, la permeabilidad del suelo es aho­ ra tan baja, que la presión neutral produdda nece­ sita tiempo para disiparse, en el supuesto de que existan las apropiadas condidones de drenaje para hacer posible tai disipación. Tercero, existen ahora fuerzas muy significativas entre las partículas del suelo, debido a efectos eléctricos de atracrión y repulsión. Hay evidenria abundante en el sentido de que el mecanismo de la resistenaa de los suelos finos cohe­ sivos es fundamentalmente también un efecto de fric­ ción, pero ahora los simples hechos de la fricción mecánica pueden estar disfrazados por muchos efec­ tos secundarios, que complican extraordinariamente el cuadro general. Por ejemplo, con seguridad las lá­ minas de ardlla, aunque estén muy próximas en casi toda su área, no están en ningún punto en contacto real; se cree que los contaminantes que pueda haber entre las superfiries enfrentadas, incluyendo el agua adsorbida, no son removidos por presiones normales que tiendan a juntar las superficies que sean meno­ res de 5,000 kg/cm3 o aún más; asi, es lógico pensar que esos contaminantes participarán en la transmi­ sión de los esfuerzas normales y cortantes. Quizá el efecto friccionante cristal con cristal sea más similar al caso de los suelos friedonantes, c « el caso de con­ tacto borde-cara plana entre dos láminas, el cual, por derto, se considera debe ocurrir muy frecuentemente. Es un hecho experimental umversalmente acepta­ do que el agua intersüdal influye en la resistencia

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Figura M S, Enqurma p a n ilu U n r la influencia de diveno» factores mitre la « « t ie n d a al o lu m o cortaste de un »uelo "cnhemu".

al esfuerzo cortante de las arcillas, de manera que ésta disminuye si aquélla aumenta. Una explicación posible (R ef. 37) estriba en que, en una arcilla muy seca, los iones de superfide de sus cristales no están completamente hidratados, lo que permite acomodos más próximos y fuertes nexos entre los cristales; cuando llega el agua, los iones se hidratan y los ne­ xos entre los cristales se debilitan substancialmente. Pasando a un punto de vista ingenieril, los facto­ res que influyen principalmente en la resistenaa al esfuerzo cortante de los suelos M coliesivos“ saturados y cuya influencia debe sopesarse cuidadosamente en cada caso particular, son los siguientes: historia pre­ via de consolidadón del suelo, condidones de dre­ naje del mismo, veloddad de aplicaaón de las car­ gas a que se le someta y sensibilidad de su estructura. Para visualizar en forma sencilla el mecanismo a través del cual cada uno de los factores ejerce su in­ fluencia. se considera a continuación el caso de una ardlla totalmente saturada, a la que se somete a una prueba directa de resistencia al esfuerzo cortante. Supóngase que la muestra ha sido previamente consolidada bajo una presión normal proporcio­ nada por una carga, P , cualquiera. Supóngase tam­ bién que la muestra nunca soportó a través de su historia geológica un esfuerzo mayor que dicho crx; en otras palabras, la muestra está normalmente con­ solidada. En estas condiciones, debe tenerse en el agua u = 0 . Si ahora se incrementa rápidamente la presión normal en un valor A ax, aplicando un incremento de carga A P, actuará sobre la muestra una presión total r , ■ » i + Affj. Este incremento de caiga puede pro­ ducir muy diversos efectos sobre la resistencia al es­ fuerzo cortante de la muestra, dependiendo del tiem­ po que se deje actuar antes de aplicar la fuerza F que la hará fallar, del drenaje de la muestra y de la veloddad con que F sea aplicada. En efecto, supón­ gase que la muestra tiene muy buen drenaje, estando expedita la salida de agua de las piedras porosas ha­ d a el exterior; en el primer instante A ?! será toma­ do por el agua de la muestra, pero ti transcurre el tiempo sufidente se produdrá la consolidadón de la ardlla bajo la nueva condidón de esfuerzos y Aff, llegará a ser también esfuerzo efectivo. Si ahora la muestra se lleva a la falla, aplicando F en incremen-

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Breves nociones de mecánica de suelos dado en la naturaleza; si el suelo es prcconsolidado pueden desarrollarse razonamientos análogos. En efec* to, considérese la misma muestra anterior, pero fuer­ temente consolidada por una presión y,, de gran magnitud. Si ahora sc descarga rápidamente la mues­ tra, quitando la fuerza P que producía la y „ la ar­ cilla tenderá a expanderse; como la muestra no pue­ de tomar instantáneamente el agua necesaria para ello, aun en el supuesto de que existiese en el exte­ rior disponible, el agua intersticial quedará sometida a un estado de tensión tal que proporcione a las par­ tículas minerales una presión suficiente para mante­ ner el mismo volumen; obviamente, esta presión debe ser la misma que actuaba antes sobre la arcilla desde el exterior, es decir: ti, ® Si inmediatamente después de retirar la carga P. la muestra se lleva a la falla, aplicando F rápidamen­ te, la deformación tangencial en el plano de falla ocasionará, según se dijo, una perturbación de la es­ tructura sólida y la presión del agua intersticial, u, consecuencia de ello, disminuye la tensión ti3 existen­ t e de acuerdo con lo dicho en el párrafo anterior. En este caso la resistencia al esfuerzo cortante podrá escribirte, teniendo en cuenta que la presión total es nula, por haber retirado P y que u¡ « —c x como: i °

ios pequeños y permitiendo que entre cada uno transcurra el tiempo suficiente para que se disipe cual* quier presión neutral que se origine en la zona ve* riña a la superficie de falla, la resistencia de la ar­ cilla quedará dada por la expresión i => (ff| + tan ^ =• a* tan ¿

Pues, en todo momento, 7, y Ay, son efectivas y no existen presiones neutrales en el agua. Por otra parte, si F se anlicase rápidamente, en las roñas verinas a la «unerfírie de falla aoarecerian nretiones neutrales rauodas ñor la tendencia al cam­ bio de volumen bajo la deformarión tangenrial. En arcillas normalmente consolidadas esta tendencia es «iempre baria una disminución, por lo que los esfilenos que anareren m el agua son nresiones, que disminuyen los esfuerzo* efectivos. Si ti rcore«enta a éstas presiones neutrales en el momento de la falla, la resistencia de la arriPa quedará dada por:

1=

(y, + Ay, — u) tan ^ *= (y , — u ) tan 4,

La resistencia al esfuerzo mr»an*e ha variado plemente porque cambió la velocidad de aplicación de F. El valor de u deoende grandemente de la sensi­ bilidad de la estructura del suelo: bajo la deforma* rión que está teniendo lugar en la prueba, una es­ tructura sensible se degrada, tendiendo a disminuir más su volumen, por lo que u sc hace mayor que en el caso de una arcilla muy poco sensible a la defor­ mación. SÍ. por el contrario, la prueba te efectúa estando impedida la salida del agua de las piedras porosas hacia el exterior, el esfuerzo Aa, nunca podrá llegar a ser efectivo, pues la arcilla no puede materialmen­ te consolidarse; por lo tanto, el esfuerzo Ay, no de­ jará de ser neutral (A i, = ti,). A l aplicar F tam­ poco se disiparán las presiones neutrales que pueda generar la deformarión tangencial y ello aunque F se aplique lentamente (se supone que la salida del agua esta idealmente impedida, cosa muy difícil, por no decir imposible de lograr en un aparato de corte directo). Suponiendo que la presión neutral origi­ nada por la deformación tangencial sea también u (en realidad es un poco menor), la resistencia al es­ fuerzo cortante de la arcilla será ahora, teniendo pre­ sente que Ay, t= ut: s = (ffj + Ay, — Uj — ti) tan ^ a» (*, — u) tan ^

(0 — u3 —

u) tan ¿ =

(y, — u) tan

4

de nuevo diferente a las dos anteriores, nada más que a causa de un cambio en la condición de drenaje de la muestra. Esta misma resistencia sc podría haber obtenido si Ay, y F fuesen aplicadas rápidamente, una tras otra, aun con drenaje libre, pues en tal caso no se daría tiempo a que te disipase ninguna presión neu­ tral en los poros del suelo. Todos los razonamientos anteriores pueden consi­ derarse aplicables a un suelo normalmente consoli­

Esta es la resistencia que se interpreta histórica­ mente como “ cohesión** de las arcillas, por ocurrir a esfuerzo exterior nulo y que, según se ve, en realidad es también fricción consecuencia de la preconsolida* rión (historia previa de consolidación) adquirida por la arcilla a causa de la acción de y,. Si no existe nin­ guna fuente de agua exterior de donde absorber, no importa el tiempo que se deje transcurrir desde la remoción de la carga P hasta la falla de la muestra por aplicación rápida de F. I -a resistencia permane­ cerá la misma. Debe observarse que si las facilidades de drenaje son nulas; es decir, si no existiera posi­ bilidad para la muestra de ganar o perder agua, cual­ quiera que sea el decrcmento o incremento de pre­ sión exterior, toda esa presión adicional la tomará el agua, y al aplicar la fuerza F rápidamente, el mate­ rial tendría exactamente la misma resistencia debida a la preconsolidadón bajo 9 t; es decir, d material se comportaría como puramente cohesivo. Por otra parte, si el suelo tiene fadlidad para absorber agua y se deja transcurrir el tiempo para que esto suceda, después de haber removido P , la muestra se expen­ derá y gradualmente irá disipándose la tensión en el agua y por lo tanto el esfuerzo efectivo, liasta que, finalmente, el esfuerzo efectivo será prácticamente nulo y, por ende, la resistenda del material se habrá reducido prácticamente a cero. Q aro es que todos los razonamientos anteriores pueden aplicarse a estratos de ardlla depositados en

Pruebas para ¡a determinación de la resistencia al esfuerzo cortante de los suelos la naturaleza, cuya resistencia aumentará o dismi­ nuirá conforme te disipen con el tiempo las com* presiones o tensiones originadas en el agua por las cargas. De lo anterior se despende la idea de que es en definitiva la fricción el único concepto de que hay que echar mano, en última instancia, para explicar la resistencia al esfuerzo cortante de todo tipo de suelos. Sin embargo, esta imagen peca quizá de sim­ plista, pues en el caso de partículas de arcilla de for­ ma laminar, cm los contactos arista contra cara plana quizá se desarrollen nexos de unión suficientemente fuertes como para que haya de hablarse de una "ver­ dadera cohesión". Empero, se considera que estos análisis quedan fuera del objetivo de este libro y que la fricción puede proporcionar un mecanismo de resistencia suficientemente claro para las aplica­ ciones de la Mecánica de Suelos a las vías terres­ tres. a condición de tomar cuidadosamente en cuen­ ta las consideraciones que se han comentado en los anteriores nárraíns. En la referencia 59 podrán am­ ollarte considerablemente las ideas ahora apenas intincadas. Para terminar e*tas ideas sobre los mecanismos de la resistencia al esfuerzo cortante de los suelos es prerito establecer el concento de remienda residual, que ocuna un lugar importante en los problemas de esta­ bilidad de suelos ligados a las vías terrestres. Si se observa la Fie. 1-17.4 se verá ctue en los materiales de falla fráeil la curva esfuerre-deformarión llega a una condidón en que el suelo presenta grandes de­ formaciones para esfuerzo prácticamente constante; este efecto, en mayor o menor medida, se observa en todos los suelos (arenas o arcillas) que presenten una resistencia máxima, siendo más acusado en tanto la ardlla esté más prcconsolidada o la arena más com­ pacta, a pesar de ser perceptible en ardllas normal­ mente consolidadas y en arenas relativamente suel­ tas. Esta resistencia, denominada última o residual, fue estudiada para ardllas por Skempton (Ref. 40). En el caso de las arenas esta resistenaa ocurre con una reladón de v a d o s independiente de la ¡nidal, que se tenía antes del proceso de deformación por cortante, y la deformadón tiene lugar a volumen constante. La influencia del acomodo de las partícu­ las es mínima, aunque hay evidenda de que aun jue­ ga un derto papel, a pesar de las grandes deformadones que han tenido lugar. En las ardllas. la resiv tenda residual es independiente de la historia previa de esfuerzos, como lo demuestra el hecho de que tie­ ne igual valor para suelos naturales y remotdeados. l a caída de resistenaa tras la máxima, se debe tanto a una ruptura progresiva de los nexos entre las par­ tículas. como a su reorientadón en arreglos en que ias partículas se disponen con sus caras paralelas. Los mecanismos de la resistencia al esfuerzo cor­ tante de los suelos cohesivos pardalmente saturados (tan importantes para el ingeniero de las vías te­ rrestres por el amplio uso que hace de los suelos com­ pactados, que generalmente caen dentro de la ante­ rior condición), envuelven los mismos conceptos que

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Figura 1-46. Esquema d d aparato de resbtenda al a fu m o cortante directo.

los de los suelos saturados. Sin embargo, al haber aire y agua en los vacíos del suelo, los mecanismos de generación de las presiones neutrales son mucho más complicados e involucran fenómenos de tensión capilar y presión de gases, que a su vez dependen del grado de saturadón y del tamaño de ios vados. A l nivel del conodmiento actual es prácticamente im­ posible determinar los esfuerzos efectivos que real­ mente actúan entre los granos del suelo.

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Pruebas para la determinación de la resistencia a! esfuerzo cortante de los suelos

En la secdón M 0 de este capítulo ya se presen­ taron someramente las principales pruebas de labo­ ratorio hoy utilizadas para medir la resistenda al es­ fuerzo cortante de los suelos. Se trata ahora de exten­ der ligeramente este tema, complementándolo con una dcscriprión general de los aparatos que se em­ plean, pues no se cree posible llegar a una compren­ sión justa de las conclusiones que se establecerán en los dos párrafos siguientes sin cumplir tal prerrequisito. El aparato de corte directo responde a la idea más intuitiva para medir la resistenda de los suelos. En la Fig. 1-46 aparece un esquema del dispositivo. El aparato consta de dos marcos, uno fijo y otro móvil, que contienen a la muestra de suelo. Dos piedras porosas, una superior y otra inferior, propordnnan drenaje libre a muestras saturadas, cuan* do se desee, y se substituyen simplemente por placas de confinamiento, al probar muestras secas. L a parte móvil tiene un aditamento al cual es posible aplicar una fuena rasante, que provoca la falla de! espédmen a lo largo de un plano que, por la construcción del aparato, resulta bien definido. Sobre la cara superior del conjunto se aplican cargas que propordonan una presión normal en el plano de falla, v, graduable a voluntad. La deformadón se mide con extensómetro, tanto en direcdón hori­ zontal como verticaL De acuerdo a como se fijen las condidones de drenaje de la muestra, se tienen tres tipos de pruebas: — Sin drenaje, en que no se permite el drenaje de la muestra ni en la etapa de aplicacióc del

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Brevet nociones de mecánica de suelos A
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piedras porosas, cuya comunicación con una bureta exterior puede establecerse a voluntad con segmen­ tos de tubo plástico (tubo sarán). El agua de la cá­ mara puede adquirir cualquier presión deseada por la acrión de un compresor comunicado con ella. La carga axial se transmite al espédmen por medio de un vástago que atraviesa la base superior de la cá­ mara o con cables jalados a través de la base inferior. La presión lateral que se ejerce con el agua que llena la cámara es sólo normal, por ser hidrostátíca, y produce, por lo tanto, esfuerzos pri nopales sobre el espédmen fa ). En las bases de éste obra natural­ mente también esta misma presión ffa, pero además en esas secciones actúa el efecto de la carga transmi­ tida por el vástago desde el exterior, que ejerce una presión p sobre d espédmen; esta presión suele lla­ marse en Mecánica de Suelos “ esfuerzo desviador*'; en total, en dirección axial actúa una presión e,. que también es príndpal y que vale “ o» + p

esfuerzo normal, ni en la aplicación del es­ fuerzo córtame. — Con consolidación sin drenaje, en la que se permite a la muestra consolidarse durante la etapa de aplicación del esfuerzo normal ver­ tical. hasta disipar toda presión intersticial, pero no se permite drenaje adicional durante la etapa de aplicación del esfuerzo cortante. — Con drenaje, en la que sc permite consolida­ ción de la muestra en las dos etapas de la prueba, de manera que sc disipan las presio­ nes neutrales tanto al aplicar el esfuerzo ñormal, como durante la aplicación del esfuerzo cortante. Las pruebas más comunes para determinar la re­ sistencia de los suelos son, como ya se dijo, las tri­ axiales. Las pruebas de compresión triaxial son más refi­ nadas que las de corte directo y en la actualidad son, con mucho, las más usadas en cualquier labora­ torio para determinar las características de esfuerzodeformación y de resistencia de los suelos. Teórica­ mente son pruebas en que se podrían variar a vo­ luntad las presiones actuantes en tres direcciones or­ togonales sobre un espédmen de suelo, efectuando medidones sobre sus características mecánicas en for­ ma completa. En realidad y buscando sencillez en su realizadón, en las pruebas que hoy se efectúan, los esfuerzos en dos direcciones son iguales. Los espedmenes son usualmente dlíndricos y están sometidos a presiones laterales de un liquido, por lo general agua, del cual se protegen con una membrana im­ permeable. Para lograr el debido confinamiento, la muestra se coloca en el interior de una cámara alfndrica y hermética, de lurita, con bases metálicas (Fig. M 7 ) . En las bases de la muestra se colocan

En un instante dado d estado de esfuerzos se con­ sidera uniforme en toda la muestra y puede anali­ zarse recurriendo a las soludones gráficas de Mohr, con 7, y Cj romo esfuerzos pri n a pales mayor y me­ nor, respectivamente. Debe observarse que en una cámara triaxial d suelo está sometido a un estado de esfuerzos tridimensional, que aparentemente debería tratarse con la soludón general de Mohr, que en­ suelve el manejo de tres dreulos diferentes; pero como en la prueba dos de los esfuerzos principales son ¡guales, el menor y el intermedio, en realidad los tres dreulos devienen a uno solo y el tratamiento resulta simplificado, pudiéndose emplear las construcdones correspondientes al estado de esfuerzos planos. Ya se vio que la resistenda al esfuerzo cortante, sobre todo en sudos "cohesivos", es variable y de­ pende de diversos factores circunstancíales. A l tratar de reproduar en el laboratorio las condidones a que el suelo estará sometido en la obra de que se trate, será necesario tomar en cuenta cada uno de los fac­ tores, tratando de reproducir las condidones reales de este caso particular. En tal virtud, no es posible pensar en una prueba única que refleje todas las po­ sibilidades de la naturaleza. Podría parecer que. en cada caso, debería montarse una prueba especial que lo representara fielmente; sin embargo, es obvio que esto no es práctico, dado el fundonamiento de un laboratorio común. Lo que se ha hecho es reproduar aquellas circunstandas más típicas e influyentes en algunas pruebas estandarizadas. Estas pruebas se re­ fieren a comportamientos y circunstancias extremas; sus resultados han de adaptarse al caso real, gene­ ralmente intermedio, interpretándolos con un crite­ rio sano y teniendo siempre presente las normas de la experienda. Los tipos de prueba de compresión triaxial que más comúnmente sc realizan hoy en los laboratorios de Mecánica de Suelos son los que se describen bre­ vemente a continuación;

Pruebas para la determinación de la resistencia al esfuerzo corlante de los suelos Prueba lenta (símbolo /.). Con drenaje. La característica fundamental de la prueba es que los esfuerzos aplicados al esperimen son efectivos. Primeramente se somete al suelo a una presión hi­ drostática (<r,), teniendo abierta la válvula de comu­ nicación con la bureta y dejando transcurrir el tiempo necesario pora que haya completa consolidación bajo la presión actuante. Cuando el equilibrio está­ tico interno se haya reestablecido, todas las fuerzas exteriores estarán actuando sobre la fase sólida del suelo; es decir, producen esfuerzos efectivos, en tan­ to que los esfuerzos neutrales en el agua correspon­ den a la condición hidrostática. A continuación la muestra es llevada a la falla aplicando la carga axial en pequeños incrementos, cada uno de los cuales se mantiene el tiempo necesario para que la presión en el agua, en exceso de la hidrostática, se reduzca a cero. Prueba rápida-consolidada (símbolo R e). Con con­ solidación. Sin drenaje. En este tipo de prueba, el espécimen se consolida primeramente bajo la presión hidrostática o*. como en la primera etapa de la prueba lenta* así el esfuer­ zo a, llega a ser efectivo (cra ) , actuando sobre la fase sólida del suelo. En seguida, la muestra es llevada a la falla por un rápido incremento de la carga axial, de manera que no se permita cambio de volumen. El hecho esencial de este tipo de prueba es el no permitir ninguna consolidación adicional de aplica­ ción de la carga axial durante el período de falla. Esto se logra fácilmente en una cámara de compre­ sión triaxial cerrando la válvula de salida de las pie* dras porosas a la bureta; una vez hecho esto, el re­ quisito es cumplido independientemente de la velo­ cidad de aplicación de la carga axial; sin embargo, parece no existir duda de que esa velocidad influye en la resistenda del suelo, aun con drenaje total­ mente restringido. En la segunda etapa de una prueba rápida-con­ solidada podría pensarse que todo el esfuerzo desvia­ dor fuera tomado por el agua de los vacíos del suelo en forma de presión neutral; ello no ocurre así y se sabe que parte de esa presión axial es tomada por la fase sólida del suelo, sin que, hasta la fecha, se hayan dilucidado por completo ni la distribución de esfuerzos, ni las razones que la gobiernan. De hecho no hay en principio uinguna razón para que el es­ fuerzo desviador sea íntegramente tomado por el agua en forma de presión neutral; si la muestra es­ tuviese lateralmente confinada, como en el caso de una prueba de consolidación, sí ocurriría esa distri­ bución simple del esfuerzo desviador; pero en una prueba triaxial la muestra puede deformarse lateral­ mente y, por lo tanto, su estructura puede tomar es­ fuerzos cortantes desde un principio. Prueba rápida (símbolo R ) . Sin drenaje.

69

Labrado d r u u

m in tn

pura pruebas.

En este tipo de prueba no se permite consolida­ ción de la muestra en ninguna etapa. La válvula de comunicación entre el espécimen y la bureta perma­ nece siempre cerrada, impidiendo el drenaje. En pri­ mer lugar se aplica al espécimen una presión hidros­ tática y, de inmediato, se hace fallar al suelo con la aplicación rápida de la carga axial. Los esfuerzos efectivos en esta prueba no se conocen bien, ni tam­ poco su distribución, en ningún momento, sea ante­ rior o durante la aplicación de la carga axiaL Prueba de compresión simple (símbolo C ,). Esta prueba no es realmente triaxial y no se cla­ sifica como tal. pero en muchos aspectos se parece a una prueba rápida. A l principio de la prueba los esfuerzos exteriores son nulos, pero existen en la es­ tructura d d suelo esfuerzos electivos no muy bien definidos, debidos a tensiones capilares en el agua intersticial. Las pruebas triaxiales a que se ha hecho referen­ cia. en las que el esfuerzo desviador se aplica por compresión del vástago. deben verse como las tradi­ cionales históricamente hablando y como las de rea­ lización todavía más frecuente, pero en épocas más recientes se han desarrollado otras modalidades de prueba triaxial. En una de ellas, ya bastante rtada.

70

Breves nociones de mecánica de suelos ral, de modo que el promedio aritmético de los es­ fuerzos normales principales se mantiene constante. Análogamente existen las variantes correspondien­ tes para las pruebas de extensión. En una prueba de compresión, la presión axial siempre es el esfuerzo principa] mayor, a,; en una prueba de extensión, por el contrario, la presión axial siempre será el esfuerzo principal menor. Cj. Se han desarrollado asimismo cqui|ios triaxiales para aplicación de tres esfuerzos principales diferen­ tes (Ref. 41). Existen además aparatos de deforma­ ción plana (Ref. 42 y 43) en los cuales se hacen va­ riar las deformaciones axialmcnie y en un sentido lateral, permaneciendo fija la dimensión del espéci­ men en el otro sentido lateral. Para la medición de las propiedades dinámicas de los suelos se ha desarrollado la prueba triaxial pulsante, en la cual se aplica 9$ como en la prueba estándar, pero la de manera cíclica. La prueba de corte anular (ReL 4-i) se realiza utilizando un aparato prácticamente idéntico ai de la prueba directa con la diferencia de que el esfuer­ zo cortante se produce aplicando una torsión alrede­ dor de un eje vertical y normal a la muestra; al no cambiar el área de la muestra, la prueba es muy apropiada para la determinación de la resistencia re­ sidual de los suelos. En los aparatos de corte simple el espécimen se deforma también de un modo análogo a como se hace en un aparato de corte directo, pero de tal manera que en la deformadón todas las sccdones horizon­ tales de la muestra permanecen invariables; existen prindpalmcnte dos, que se describen detalladamente en las referendas 45 y 46. Se admite que los apara­ tos de corte simple son más apropiados que los de corte directo para el estudio de las deformadones de loa suelos, por abarcar la zona deformada prácti­ camente a todo el espécimen, en lugar de una estre­ cha franja del mismo, lo que produce incertidumbres en el análisis de las deformadones (R ef. 47). Los aparatos de corte simple a que se ha hecho relerenda, producen estados de defot marión plana, condi­ ción que se ha querido ver como representativa de la situadón prevaleciente en muchos problemas reales. La prueba de la veleta es una contribución rela­ tivamente moderna al estudio de la resistenda al es­ fuerzo cortante de los suelos. La prueba presenta, en prindpio. una ventaja considerable: la de realizarse directamente sobre los suelos in situ, es dedr, no so­ bre muestras extraídas con mayor o menor grado de alterabilidad, sino sobre los materiales en el lugar en que se depositaron en la naturaleza. Sin embargo, la altcradón de los sudos sometidos a la prueba dista de ser nula, pues la veleta ha de hincarse en el es­ trato en el cual van a realizarse las determinadones y esta operadón ejerce siempre influencia negativa. La prueba guarda derla similitud, desde un punto de vista interpretativo de sus resultados, con la prue­ ba directa de resistenda ya menaonada tantas veces y está afectada por algunas de sus limitadones.

VHm

de laboratorio

el «fu erzo transmitido por el vástago es de tensión, disminuyendo así la presión axial actuante sobre la muestra durante la prueba; en otra, se varía la pre­ sión lateral, modificando la presión de cámara dada con el agua, pero manteniendo la presión axial cons­ tante, para lo cual será preciso realizar los ajustes co­ rrespondientes en la transmisión producida por el vástago. Finalmente, sobre todo en trabajos de inves­ tigación, se están efectuando pruebas en las que se hace variar tanto el esfuerzo axial como el lateraL Actualmente las pruebas triaxiales se clasifican en dos grandes grupos, de acuerdo con lo anterior: de compresión y de extensión. En las primeras, la di* roeiuión axial disminuye y en las segundas, aumenta. Tanto las pruebas de compresión como de exten­ sión pueden tener diversas modalidades de laborato­ rio. En efecto, la dimensión axial del espécimen se puede hacer, por ejemplo, disminuir, aumentando el esfuerzo axial, por aumento en la carga transmitida por el vástago o manteniendo constante el esfuerzo axial, pero haciendo disminuir el lateral dado por el agua o, finalmente, aumentando la presión axial y disminuyendo simultáneamente la lateraL La más común de las pruebas de este último tipo es aquella en que cada incremento de presión axial sobre la muestra es el doble del decrcmento de presión late*

Renuencia al esfuerzo cortante de tos n ulos granulares

71

•(hM

ñ

De donde Ai M mit (1-68)

( f T

)

Obsérvese que el valor de C es una constante del aparato, calculable de una vez por todas. Es frecuente que H = 2D, con lo que C - — (1-69)

6

Figura I-4R . Aparato de veleta para determinadone* de robleuda al esfuerzo corun le. El aparato consta de un vástago, desmontable en piezas, a cuyo extremo inferior está ligada la veleta propiamente dicha, por lo general de cuatro aspas fijamente ligadas a un eje, que es prolongación del vastago (Fig. 1-48). Para efectuar la prueba, una vez hincada la veleta a la profundidad deseada, se apli­ ca gradualmente al vistago un momento en su ex* tremo superior, en donde existe un mecanismo apro­ piado, que permite medirlo. Por lo general la ope­ ración de hincado se facilita perforando un pozo hasta una profundidad ligeramente menor al nivel en que la prueba haya de realizarse; la parte supe­ rior de la veleta ha de quedar suficientemente aba­ jo del fondo del pozo. A l ir aplicando el momento, la veleta tiende a girar tratando de rebanar un a* lindro de suelo. Llamando i a la resistencia al esfuerzo cortante del suelo, el momento máximo soportado por ¿ite será medido por los momentos resistentes generados, tanto en las bases del cilindro, como en su área la­ teral. El momento resistente que se desarrolla en el área lateral será: M r, «* v D H nD’Hs

Fácilmente se nota que el tipo de falla que pro* dure la veleta es progresiva, con deformaciones má­ ximas en el extremo de las aspas, y mínimas en los (danos bisectores de dichas aspas, por lo que puede concluirse que la veleta sólo es aplicable a materia­ les de falla plástica, del tipo de ardllas blandas. En las arenas, aun en las sueltas, la veleta al ser introdudda modifica la compaddad de los mantos y, sobre todo, el estado de esfuerzos general de la masa, por todo lo cual los resultados que pudieran obte­ nerse son de interpretación difícil. En las ardllas finamente estratificadas, en que capas delgadas de ardlla alternan con otras de are­ na fina que proporcionan fádl drenaje, los esfuer­ zos debidos a la rotadón inducen consolidadón en la ardlla, efecto que se hace notorio durante la prue­ ba por el pequeño espesor de la estratificadón; por ello se obtienen resistendas más altas que tas reales. Una vdeta apropiada para medir resistendas altas luí sido operada por Marsal (Ref. 48). En la misma referenria 48 se mendonan algunos equipos de prue* ba actualmente en desarrollo y uso para medida de la resistenda de los sudos en d lugar.
1-14 RESISTENCIA A L ESFUERZO C O R TANTE DE LOS SUELOS GRANULARES

y despreciando el efecto del vástago, el momento ge­ nerado en cada base valdrá: x /)* 2 D 1 „

,“ T

*T T “ í2

1

Nótese que, en la base, se toma el brazo de palan­ ca de la fuerza resistente como 2/3 * D/2, lo que equi* vale a considerar elementos resistentes en forma de sector circular. El momento resistente total, en el instante de falla incipiente, será igual al momento aplicado (Af ) :

y: M ■kD3

(M )

(1-67)

Según ya se vio en el párrafo anterior, los facto­ res que afectan a la resistencia al esfuerzo cortan­ te de los suelos granulares pueden considerarse dentro de dos clases. La primera agrupa a los que afectan la resistencia al esfuerzo córtame de un suelo dado, de los cuales los más importantes ion la compacidad (a menudo referida a la reladón de vacíos ¡nidal o a la compacidad relativa inicial) y d esfuerzo de confinamiento (en la naturaleza o en la cámara tri­ axial), pero entre los que la vdoridad de aplicadón de la carga juega también un papd. La segunda da* se de factores agrupa a aquéllos que hacen que la resistenda de un suelo granular sea diferente de la de otro sudo granular que tenga el mismo esfuer­ zo confinante y la misma compacidad. Entre estos factores destacan el tamaño, la forma, la textura y la distribudón granulométrica de las partículas, y su grado de sanidad y dureza, definien­ do estas últimas condidones el fenómeno de ruptu* ra de granos, que afecta la resistenda de manera fundamental.

echos de a

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Breves nociones de mecánica de suelos En el caso de las arenas cementadas podrá tener­ se una ley como las anteriores, según sean sueltas o compactas; la diferencia estriba en la resistenaa que exhibirá la arena bajo presión normal exterior nula, por efecto de la cementación (ordenada en el ori­ gen) , lo que hace que la resistencia en estas jmiebas quede mejor expresada por una ley del tipo ( 1-66) , pudiéndose calcular e y ^ de las pruebas triaxiales efectuadas y teniendo en cuenta que c representa un efecto de cementación antes que cualquier clase de cohesión. Las ideas anteriores permiten obtener expresio­ nes manejables para la resistencia al esfuerzo cor­ tante de las arenas, en forma aproximada y apropia* da para niveles de esfuerzos relativamente bajos. Cuando éstos aumentan, el anterior panorama sim­ plista se complica, según se discutirá más adelante. Es evidente que es el efectivo el esfuerzo que debe tomarse en cuenta en la aplicación de las ante­ riores leyes de resistencia en arenas. Si la arena está saturada, podrán aparecer por carga exterior o por flujo presiones en el agua, u. En tal caso, si, como es frccncnte en la práctica, la presión normal con que haya de entrarse en la fórmula 1-64 se calcu­ la como esfuerzo total, es decir a partir del peso es|ietf fico del suelo saturado, y * , que involucra el peso del suelo y del agua contenida, deberá escribirse la ecuación 1-64 en cualquiera de las dos formas. s an ó tan ¿ = (ff-u) u n ¿ (1*70)

A continuación se analizarán algunas conclusio­ nes que pueden considerarse de interés y que se des* prenden de los resultados de pruebas de laboratorio y experiencias de campo en relación a la resistenda al esfuerzo cortante que pueden desarrollar los suelos granulares. En primer lugar existe considerable acuerdo en que, en lo que a las aplicaciones prácticas se refiere, resulta licito expresar la resistenaa al esfuerzo cor­ tante de los suelos granulares por medio de una ecuación análoga a la 1-04. según la cual s = ó tan £ (l-**4)

en la que s representa la resistencia del suelo o, lo que es lo mismo, el máximo esfuerzo cortante que éste soporta sin falla (t MJ . En la figura 1-49 se muestran las envolventes de falla, obtenidas en pruebas triaxiales convencionales, realizadas a niveles de esfuerzos relativamente bajos para tres arenas, una suelta, otra compacta y una tercera, cementada. Se marcan los puntos correspon­ dientes a cada prueba, que indican la combinación particular de esfuerzo normal y esfuerzo cortante máximo con que se produjo la falla en el punto. En el caso de la arena suelta, se observa que se define una envolvente de falla que es prácticamente una Unea recta que jki. su | »r el origen; lo que es lo mis­ ino, el material satisface una ley del tipo de la ecua­ ción 1-64 y el ángulo de fricción interna de la arena ) puede obtenerse precisamente del conjunto de pruebas. En el caso de sultantes definen muy diferente de con el ángulo de la arena compacta, los puntos re­ en realidad una linea curva, no una recta que pase por el origen, inclinación ^ . Para fines prácticos

es razonable asimilar la curva a una recta que cum­ pla con las condiciones de la ley (1-64) y en tal caso podrá calcularse de las pruebas d ángulo f (estado compacto), necesario para poder aplicar la ecuación (1-64) a los problemas de campo.

donde o representa el esfuerzo efectivo y 9 al total, según se han definido anteriormente. La experien* á a de laboratorio ha demostrado que el valor de ^ cambia relativamente poco entre la arena seca y la arena saturada; el verdadero cambio en la resistencia de la arena estriba en la aparición de la presión neu­ tral intersticial u, que si es importante puede redu­ cir la resistencia en forma substancial. Si la arena estuviera "seca", a la profundidad z dentro de la masa se tendría, para fines de resistencia, una pre­ sión normal.

Si el nivel freático sube hasta la superficie de la arena, el valor y , aumenta al valor ym, que es mayor; pero si se desarrollan en el agua presiones neutrales de valor u, el esfuerzo disponible para la resistencia será: a m m (a u ) m. «yjt — U Si u es suficientemente grande, la resistencia pue­ de reducirse a un valor despreciable. Puede verse en­ tonces claramente la influencia del agua y de las presiones que pueda desarrollar en los problemas de estabilidad de tierras. Las fluctuaciones en el nivel freático o el flujo de agua a través de los suelos son causas comunes del desarrollo de presión neutral. Si la presión neutral aumenta lo suficiente, la diferencia c-u puede llegar a ser cero, y la arena ha­

Figura M9. Lincas de tniuradi p in una arena en csudo suelto, compacto y crinenlado.

Resistencia al esfuerzo cortante de los suelos granulares brá perdido toda su resistenda, pasando a compor­ tarse como un fluido pesado. Esta condición está li­ gada no sólo a la causa que provoque u, como po­ dría ser el Oujo de agua, sino a características de la propia arena; en arenas finas y uniformes o en limos sin cohesión, la permeabilidad es relativamente baja y cualquier presión neutral que se desarrolle tendrá dificultades para disiparse, siendo estos suelos los que presentan más riesgo de disminuir o anular su resistenda por este concepto. Las arenas gruesas y las gravas pueden llegar a la condición de resistenda nula sólo si el flujo es suficientemente grande. Cuando las arenas se deforman bajo esfuerzo cor­ tante, su volumen cambia; si la arena está saturada, tal cambio debe ir acompañado de una nueva distri­ budón del agua en los vacíos. Si la permeabilidad del suelo es alta o los cambios anteriores ocurren muy lentamente, sólo aparecerán presiones neutra­ les muy pequeñas sin mayor influenda en la resiv tencia; pero si los cambios son muy rápidos o la permeabilidad es relativamente baja se podrá llegar por efecto acumulativo a grandes presiones neutra­ les, quedando la resistencia muy afectada. Los suelos compactos se expanden al deformarse, según ya se dijo, lo cual tiende a producir tensiones ¡nierstidalcs, con valor límite igual a la máxima ten­ sión capilar del suelo; este efecto produce un aumen­ to temporal en la resistencia del suelo. En las arenas sueltas, la deformadón bajo cortan­ te produce disminudón de volumen y el agua gene­ ra |jresión neutral. El valor límite de u es ahora la presión de confinamiento del suelo (< ra) y el mínimo esfuerzo efectivo a que puede llegarse es:
a " i <r*u

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Cuando la arena se deforma por corlante, las pre­ siones neutrales se desarrollan al principio sólo en la zona de deformación; depende de la permeabili­ dad y de las condidones de movimiento interno del agua el que la presión neutral se mantenga o se pro­ pague por la masa de arena. Este debilitamiento del suelo m is allá de la tona inidalmente deformada transmite las condidones de falla y contribuye a ge­ nerar mis presiones neutrales en el agua, de manera que puede tender a producirse un verdadero meca­ nismo de falla progresiva. A estos fenómenos están ligados muchos deslizamientos de tierra importantes. Cargas relativamente pequeñas pueden generar condidones de falla por desarrollo de presión neu­ tral, en condiciones apropiadas, cuando la carga ac­ túa repetidamente en forma más o menos cíclica. Cada aplicadón de caiga produce un incremento en la presión neutral; si las condidones de granulome­ tría y permeabilidad no permiten que ésta se disipe antes de la siguiente aplicadón, se tendrán las con­ didones propinas para el desarrollo de una falla. Este es el caso que puede llegar a presentarse bajo una rimentarión de una máquina que transmita vi­ braciones; también es el caso de explosiones y tem­ blores de tierra durante o después de los cuales pue­

de presentarse el efecto de resistenda nula con desas­ trosas consecuencias (licuadón). La tensión capilar puede introdudr diferencias en la resistenda al esfuerzo cortante de la arena, res­ pecto al estado seco. En las arenas húmedas pueden desarrollarse meniscos entre los granos y generarse altos esfuerzos de tensión capilar en el agua, a los que corresponderán fuertes compresiones entre loe gra­ nos, lo que equivale a un aumento de la presión efectiva y, por lo tanto, de la resistencia. Este es el efecto de cohesión aparente debida a la capilaridad, responsable de que xuudtos trentes de arena parcial­ mente saturada se mantengan prácticamente con ta­ lud vertical. Naturalmente este no es un efecto per­ manente. y si el ingeniero confía en él, se enfrentará a una falla casi segura cuando la arena pierda el agua por evaporación o cuando se sature por cual­ quier razón. Como ya se dijo, la ley de resistenda al esfuerzo cortante de los suelos granulares puede aproximarse a una línea recta (ecuadón 1-64) de un modo bas­ tante razonable en la práctica, siempre y cuando los esfuerzos normales actuantes en el plano de falla y en el instante de la falla se mantengan a bajo nivel. N o hay una frontera específica para definir alto o bajo nivel de esfuerzo; en la Ref. 49 Lambe y W'hitmam mencionan experimentos en que ese limite se definió entre valores que quizá puedan situarse en­ tre 5 y 10 kg/cm3, dependiendo mucho, como quedó estableado, de la comparidad del suelo granular. Cuando el nivel de esfuerzo normal en la superfide de falla se combina con la corapaddad de manera que se tienen envolventes de resistencia más curvas (a un grado que la aproximarión a la recta se haga con una falta de precisión que se considere indesea­ ble) , puede proeederse de alguna de las tres maneras siguientes. Eu primer lugar puede trabajarse con la envolvente curva obtenida en las pruebas, lo que se­ guramente complica cualquier cálculo que haya de hacerse con base en tal envolvente. En segundo lu­ gar, puede aproximarse a una linea recta solamente la parte de la envolvente curva comprendida entre los valores extremos de la presión normal en el pla­ no de falla que se considere actuarán en el problema espedfico que se está analizando; esto llevará segu­ ramente a la obtenrión de una ley de resistenda del tipo de la ecuadón 1-66, pues la prolongación de la aproximarión recta puede cortar al eje v por arri­ ba del origen; naturalmente que el valor de c asi obtenido tiene poco que ver con el concepto de cohe­ sión ya discutido y no debe verse más que como un parámetro de cálculo. En tercer lugar puede traba­ jarse con la ecuación 1-64, pero considerando en día a < > variable y dependiente de la presión de confina­ miento en la falla [£ * * • / (o * )), si bien este método se considera poco cómodo para los cálculos prácticos. Abandonando el examen d d panorama general que hasta ahora se ha tratado, se concluirá este breve análisis sobre la resistenda al esfuerzo cortante de los sudos fraccionantes, tal como se considera que puede encontrarse por experimentación de laborato-

74

Breves nociones de mecánica de suelos

&

río, haciendo algunas consideraciones sobre V a in­ fluencia en los resultados de las pruebas de algunos de los factores que influyen en dicha resistencia, los cuales han sido mencionados al principio de éste y en párrafos precedentes. Se considerará en primer lugar el efecto d d es­ fuerzo confinante Oj utilizado en la prueba. Ya se ha dicho que dicho esfuerzo es fundamental para de* finir la resistencia adicional que muestra el sudo granular por efecto de acomodo; cuando el esfuerzo confinante aumenta, la componente de resistencia por efecto de acomodo disminuye; a causa de que las par­ tículas se alisan en los puntos de contacto e incluso se rompen. Esta tendencia sc muestra claramente en la Fig. 1-50. presentada por Marsal en la Ref. 24. La figura presenta resultados para los tres mate* ríales de enrocamiento ya mencionados en el párra­ fo 1*11. Aparecen dos seríes de pruebas; a la izquier­ da, con presiones de confinamiento relativamente ba­ jas (hasta 1 kg/cm3 ) , las hechas en el aparato tri­ axial con muestras de US cm de diámetro y 250 an de altura, y a la derecha, las realizadas en el aparato triaxial gigante, con presiones de confinamiento has­ ta de 25 kg/cm*. En ambos casos es notable la ten­ dencia señalada de disminución del decto de acomo­ do con el aumento de 9t. Las pruebas de la izquierda se hicieron sobre es­ pecímenes secos, en unto que las de la derecha so­ bre especímenes saturados; d cambio de inclinación y tendencia de las líneas obtenidas indica d d ec­ to de la saturación sobre la resistenda al esfuerzo cortante de los suelos granulares (para ver esto, tén­ gase en cuenta que la escala en que se ha dibuja­ do es logarítmica). La reladón de vados inicial o la compiddad ¡nidal influye decisivamente en la resistenda al esfuerzo cortante, siendo ésta ma­

yor a menor reladón de vados o mayor com paridad relativa iniciales. La Fig. 1-51 (Ref. 49) ilustra esta tendencia para una arena particular. En la figura se muestra también d valor de f c ángulo de fricción d d materia] partícula-partícula en el sentido mecá­ nico del término, d cual es naturalmente indepen­ diente de la compaddad inicial. La relación de varios ¡nidal de un sudo dado parece, en cambio, no tener infiuenda en d valor

Resistencia al esfuerzo cortante de ios suelos granulares

75

RELACION OC VACIOS ANTES OE LA C A M A

Figura M I. Angulo «le fricción interna en función de l i reUción de vados inicial de una arena inedia a fina (Kgún Ref. 49).

del ángulo de fricción correspondiente a la resisten* d a residual o última de dicho suelo, asi como umpoco en la reladón de vados con que se llegue a ese estado residual, en d cual el suelo se deforma a vo­ lumen constante y con esfuerzo desviador también constante. Este ángulo de resistenda residual es ma­ yor que y aparece señalado en la Fig. 1*51 para la arena particular que en ella se trata. En la Fig. 1-52 (Reí. 49) se muestra la reladón entre el ángulo de friedón interna, ^ y la reladón de vados ¡nidal en varios suelos granulares. Puesto que los valores de fo. que definen el efec­ to de friedón partícula contra partícula únicamente, varían relativamente poco entre partículas de dife­ rentes tamaños de los distintos minerales que com-

ponen los suelos granulares reales, se sigue que las diferencias grandes que se observan en ¿ para una reladón de vados inicial dada, han de deberse al efecto de acomodo de los granos. La compoddón granulométrica d d sudo granu­ lar afecta su ángulo de friedón interna de dos ma­ neras. En primer lugar afecta la reladón de vados que te alcanza con una energía de compactadón dada, si se compacta d sudo, como es u n frecuente.

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< ta lOS 0.4 R E L A C IO N C im a n triaxial empleada para el estudio de gratas y fragmentos de r o o (vista Interior). M

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figura l<Jt Valoras d d ángulo ¿ va. reladón de vados ini­ cial en vatios todos granulara (següa Ref. 49).

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Breves nociones de mecánica de suelos

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Figón I-SS. CorrrUoón dr U rajón 9 t ltXs en b faUa y b ruptura de ln« granos (tcgita Ref- 24).

y segundo, afecta, según se ve en la Fig. 1*52, al va* lor de ^ que se alcanza con una relación de vados ¡nidal dada. Para un problema práctico específico (por ejemplo, la construcdón de un terraplén), el efecto de la composidón granulométrica del suelo puede estudiarse haciendo series de pruebas triaxia­ les y determinando ^ para varias granulometría*. compactando siempre la arena con la misma energía. El procedimiento más común para determinar < f> en el lugar es por medio de correladones con resultados de pruebas de penetración, razón por la cual el estudio de tales correladones es tan importante. Más adelante se insistirá sobre este importante as­ pecto. Finalmente; parece conveniente puntualizar algo sobre la influencia ya tratada del fenómeno de la ruptura de granos en la resistenda al esfuerzo cor­ tante de los suelos granulares. A medida que el coefidente B de ruptura aumenta, puede notarse una dis­ minudón de la resistenda en todos los materiales investigados por Marsal (R ef. 24). A l respecto son de interés los datos contenidos en la Fig. 1>5S. En esa figura puede vene también cómo al aumentar la

presión confinante. o*, aumenta la ruptura de los granos. Entre los fenómenos que afectan la ruptura. Marsal menciona la presión de confinamiento, la distri­ budón granulométrica. el tamaño medio y la forma de las partículas, la reladón de vacíos y, desde lue­ go, la naturaleza y sanidad de los granos. l a razón por la que la ruptura ocurre en mayor grado al aumentar el esfuerzo de confinamiento, a-v se cree que radica en las altas fuerzas que actúan en los puntos de contacto entre las partículas; éstas au­ mentan con el tamaño medio y con el coeficiente de uniformidad. Marsal (Ref. 50) ha comparado estas fuerzas intergranulares para una arena típica y un enrocamiento, ambos bajo una presión de confina­ miento de I kg/cm9, y llegó a la condusión de que son alrededor de dos millones de veces mayores en el enrocamiento que en la arena común, lo cual ex­ plica muchas de las diferencias de comportamiento encontradas entre esos materiales en la práctica; este hecho señalado por Marsal no debe ser olvidado por ingenieros que trabajen con enrocamientos, sea en lo relativo a resistenda o a compresibilidad.

Resistencia al esfuerzo arriante de los suelos cohesivos ESFUERZOS TOTALES ff« ESFUERZOS EFECTIVOS

77

u -o

+

I* Etapa

2 * Etapa

Figura KM . Distribución de esfuerzo* totales v efectivos en prueba de compre»¿óu triaxial lenta.

maciones en las dos direcdones horizontales son nulas (tj = t j ** 0) y de que los esfuerzos principales en tales direcciones son iguales entre sí e ¡guales a una fracción, K , del esfuerzo normal prindpal ver­ A Suelos saturados tical, c, (ff2 = a, = A'ff,), Asi. si se hiciesen sucesi­ vas pruebas de consolidadón convendonal para car­ Sc analizan a continuación tas conclusiones bási­ gas verticales crecientes, sc obtendrían los círculos de cas a que permiten llegar los resultados de las dife­ Mohr que se muestran en la figura 1-55 (Ref. 51). rentes pruebas triaxiales en suelos saturados. Corno ya se ha indicado en el párrafo I-1S, cada prueba Se denomina trayectoria de los esfuerzos actuan­ triaxial representa unas circunstancias especificas de tes sobre un derto plano particular al lugar geomé­ trabajo, en lo referente a condiciones de consolida­ trico de un punto de los sucesivos círculos de Mohr, ción y drenaje principalmente, antes que una divi­ obtenidos al hacer un conjunto de pruebas, que re­ sión caprichosa o basada en la simple metodología presenta a la combinación de esfuerzos normales y de trabajo. A continuación sc analizan los resultados cortantes actuantes en cada prueba sobre dicho pla­ de cada una de las pruebas por separado, con refe­ no. En la Fig. 1-55 se dibujó la trayectoria de esfuer­ rencia al tipo más tradicional de prueba de com­ zos para tres pruebas sucesivas de consolidadón uni­ presión. dimensional escogiendo como plano de interés aquel 1. Prueba lenta.— Condición drenada. Como que­ en que se presenta el esfuerzo cortante máximo (lí­ nea 1-2-3). Puede serse que la trayectoria de esfuerzo da dicho, los esfuerzos actuantes sobre el espécimen es una recta. en esta prueba son efectivos en toda etapa significa­ En la prueba lenta, las cosas son diferentes a la tiva de ella; esto se logra permitiendo el drenaje li­ prueba de consolidación unidimensional convcndobre de la muestra y, por lo tanto, la completa con­ nal, en d sentido siguiente: La consolidadón del es­ solidadón del suelo bajo ios distintos estados de es­ fuerzos a que se le somete. En la primera etapa, el pédmen durante la primera etapa suele ser isótropa espédmen queda sometido a presión de agua (ffj) (ff, = ffj = < ra) . Después de la consolidadón en la primera etapa, se aumenta d esfuerzo desviador, actuante en todas direcciones, y en la segunda etapa se le Ilesa a la falla con incrementos de carga axial p (esfuerzo desviador). En la figura 1-54 (Ref. 47) sc muestra esquemáticamente la distribudón de esfuer­ zos totales y efectivos en la prueba. En esta prueba no hay cambios en los esfuerzos neutrales y cualquier aumento en el esfuerzo total produce el correspondiente aumento en d esfuerzo efectivo. Durante ella el suelo se consolida, disminu­ yendo su reladón de vacíos y su contenido de agua. Aunque el mecanismo de esta consolidadón es esen­ cialmente el mismo descrito al tratar de compresibi­ lidad de suelos cohesivos, la curva de compresibili­ dad es ahora diferente, por ser distinto el campo de los esfuerzos actuantes. El efecto del anillo de confi­ namiento que se tiene en la prueba de consolidadón Figura I-M . Círculos de M ohr y trayectoria de afuéraos en b prueba de conulidjdóa unidimensional. convendonal impone la condidón de que las defor­
R E S IS T E N C IA A L E S F U E R Z O C O R T A N T E L O S S U E L O S C O H E S IV O S DE

M5

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78

Breves nociones de mecánica de suelos

manteniendo constante el esfuerzo lateral, dado por el agua. En la Tig. 1-56 (Ref. 51) se muestra una trayectoria típica de esfuerzo en el plano de corte máximo (para tener datos comparables a los de la Fig. 1-55). Las pruebas de la Fig. 1*56 se hicieron aplicando al espécimen un esfuerzo ff, con agua v un esfuerzo normal o%, mayor que ff,. lo que equivale a producir en la primera etapa una consolidación anisótrooa (ffi > < 7 .. = er,). lo cual también es práctica común en los laboratorios. A continuación se aplicó al espé­ cimen un esfuerzo desviador <r,, igual a la carga de precnnsolidarión del suelo, variando la presión de la cámara a un valor Kac y permitiendo la consolida* dón del espécimen bajo esos esfuerzos: asf sc obtuvo el estado de esfuerzos efectivos representado por el círculo 2. En seguida y ya sin variar el esfuerzo de cámara ff, ■* Aftr,, se pasó a la segunda etapa de la prueba, aplicando al suelo un esfuerzo vertical, por el vástago, ff. para obtener el círculo S. La trayectoria de esfuerzos para el plano de corte máximo es ahora 1-2-3, diferente de la mostrada en la Fig. 1-55 para el caso de la prueba de consolida­ dón, lo cual es lAgico si se piensa que en aquel caso existe un rígido confinamiento lateral, que no se tiene en el caso de la prueba triaxial. Cada día se hace un uso más extenso de los re­ sultados de la consolidadón triaxial, que suelen ex­ presarse en gráficas esfuerzo vertical-deformación ver­ tical (o asentamiento). En general, existe la tendencia a pensar que los resultados de la consolidadón triaxial pueden ser más apropiados para describir el asentamiento de es­ tratos gruesos de ardllas o limos plásticos, pero to­ davía está muy extendido el uso de la consolidadón convencional para definir la compresibilidad de todo tipo de sudos cohesivos. Como un resultado de la consolidadón triaxial, durante una prueba lenta (drenada) se reducen en !* muestra tanto el espariamiento entre las partícu­ las, como el contenido de agua; por tal motivo se hacen más fuertes los nexos entre las partículas, en forma proporcional al esfuerzo confinante y, por ello, la resistenda aumenta propordonalmente al esfuerzo confinante efectivo; a esta situadón corresponde una envolvente de resistenda, obtenida en una secuela de

Cámara* triaxiales.

varias pruebas, con esfuerzos crecientes, que sea una línea recta que pase por el origen (Fig. 1-57). El ángulo ¿ se denomina ángulo de resistencia o de friedón interna del suelo cohesivo y suele variar entre 20° y 30°. Los valores más altos suelen estar asociados a arcillas con valores de índice de plastici­ dad entre 5 y 10 y los más bajos* a índices mayores de 50 ó 100, lo que verifica d efecto de la repulsión

Banco can cámara triaxial y aparato m edidor de p m M a de p o ra

Suelos saturados

79

Figura 1-57. Linea de falla de arcillas uturadas y normalmente consolidada» en prueba lenta.

entre partículas y «leí agua adsorbida sobre los ne­ xos entre los cristales, pues a altos Índices de plasticidad se tienen las condiciones mis desfavorables en tales conceptos. Cuando una arcilla se carga en la cámara triaxial con esfuerzos menores que su carga de prcoonsol¡da­ ción (?| < 9t) , aun cuando pueda haber tendencia a la expansión con absorción de agua, sus partícu­ las no vuelven a su espaciamiento original y la rela­ ción de vacíos no alcanza tampoco el valor original, anterior a la consolidadón bajo 9e Por lo anterior, las fuerzas atractivas entre las partículas no se redu­ cen tanto como podrían hacerlo y, en consecuencia, la resistenda a esfuerzos menores que la carga de preconsolidadón ya no es proporcional al esfuerzo efectivo de confinamiento, sino algo mayor; esto hace que la envolvente de resistenda (Fig. 1-57) se aparte de la recta y se desarrolle sobre ella para valores del esfuerzo aplicado menores qae ae Naturalmente que esc tramo no recto de la envolvente representa d comportamiento en cuanto a resistenda en prueba drenada. De esta manera, la resistenda de una arci­ lla en prueba drenada puede representarse por la expresión s = 9 tan ¿ (1-64)

para valores de la carga arriba de la carga de prcconsolidadón (condición de sudo normalmente con­ solidado), y por la expresión i » c + ? tan $A (1-66)

para valores de la carga menores que la carga de preconsolidadón (condidón de suelo preconsolida-

d o ). Naturalmente que en este último caso e y +A habrán de obtenerse haciendo una aproximadón a una línea recta en la envolvente curva, por lo que no puede considerarse que signifiquen más que pa­ rámetros de cálculo sin un significado teórico prenso. La resistenda drenada de un suelo cohesivo, tal como se obtiene en una prueba lenta, representa la resistenda que el suelo desarrollará cuando quede sometido a cambios de esfuerzos, de manera que d sudo llegue a ««solid a rse por completo bajo los nuevos; esto implica las condidones de drenaje apro­ piadas y el transcurso del tiempo sufidente. Repre­ senta la resistenda que se alcanzará en un caso real a largo plazo en condidones ordinarias en que no existe un impedimento espedal a la consolidadón del suelo bajo los esfuerzos que se le apliquen. La resistenda drenada también debe usarse en la resolución de los problemas prácticos que se haga con el método de los esfuerzos efectivos, el cual se describe con detalle más adelante y en el que se determinan las condidones de falla a partir de los esfuerzos tota* les y de la presión neutral; es particularmente útil en los problemas en que ocurran cambios compli­ cados en las condidones de carga y en los movimien­ tos del agua en el subsuelo. 2. Prueba rápida consolidada. Condición con con­ solidadón y sin drenaje. En esta prueba se establece más marcadamente que en la lenta la distinción entre la primera etapa, con consolidadón bajo los esfuerzos aplicados usualmente en condidón hidrostática (9j *= aa «= Oj), pero a ve<xs en alguna condidón anisótropa, y la se­ gunda etapa, de falla, en la que se carga al espérirnen con un esfuerzo desviador aplicado sin permitir

Material protegido por derechos de

80

fíreves nociones de mecánica de suelos tiene lugar en ardllas muy sensibles y que afecta in* eluso su capaddad de resistir las presiones hidráuli­ cas en la cámara, correspondientes a la primera etapa de la prueba (que son efectivas en la segunda); así, el agua no sólo ha de tomar todo el esfuerzo des­ viador, sino que se ve obligada a cooperar para resis­ tir la presión hidrostática. Una ccuadón general para representar la presión neutral es: Ah = A (Affj — Affa) (1*71)

drenaje y. por lo unto, ton consolidadón adicional. A medida que ve aplica el esfuer/o desviador se va desarrollando presión neutral en el agua intersticial, por lo que durante toda la segunda etapa de la prue­ ba los esfuerzos efectivos ya no serán iguales a los totales, sino que se verán disminuidos vertical y late­ ralmente por el valor de dicha presión neutral. En la figura 1-58 se muestra la distribución de los esfuerzos totales y efectivos en esta prueba. El esfuerzo principal total mayor en la falla es cr, «= ff, - f // y el total menor es Es fundamental para la comprensión de la prueba el valor que alcan­ ce la presión neutral, u, que se desarrolle en la eta­ pa de carga axial. En arcillas normalmente consoli­ dadas, el valor de u defiende sobre todo de la sensi­ bilidad de la estructura; es dedr, de la facilidad con que ésta se degrada con la deformación bajo cor­ tante. $t el suelo sc comportara de un modo perfec­ tamente elástico sc tendría

K
Um 5 según se hace ver en la Ref. 47. En realidad existen en el suelo efectos plásticos que apartan su compor­ tamiento del puramente elástico; las pérdidas de estructuración hacen que dicha estructura transmita al agua lo que ella deja de tomar como presión efec­ tiva. En suelos de sensibilidad baja y media sc han medido en la falla presiones neutrales comprendidas entre —— y // al finalizar la etapa de carga de una prueba rápida consolidada, en tanto que en suelos altamente sensibles sc puede llegar a 1.5 //. A prime­ ra vista (Midiera parecer paradójico obtener u > es dedr, que en la segunda etapa de la prueba el agua desarrolle en la falla presiones mayores que el esfuerzo vertical total aplicado, pero la paradoja se desvanece al tomar en cuenta la desintegración par­ d a l de la estructura sólida por la deformadón que
K

En esta reladón A es un coeficiente de presión de poro que describe el efecto del cambio de la di ferenda entre los esfuerzos principales (Reís. 47, 52 y 53). Para muchas arcillas saturadas no consolida­ das A vale aproximadamente I. Para ardllas fuerte­ mente sobreconsolidadas o mezclas compactas de are­ na y ardlla, d aumento de esfuerzo cortante descrito por la diferencia A ~ produce un aumento de volumen similar al que ocurre en las arenas com­ pactas cuando se deforman en cortante. Para tales suelos A < 0. En las arcillas ligeramente sobreconsolidadas A varía de 0.25 a 0.75. En las arcillas sen­ sibles, como se vio, A podrá tener valores mayores que I. En cada caso, el valor correcto de A habrá de ser determinado en pruebas en que se mida la pre­ sión neutral en el instante de la falla incipiente. Si se hacen varias pruebas rápidas-consolidadas con esfuerzos crecentes a varios espedmenes de un mismo suelo, será posible dibujar círculos de Mohr en un diagrama t — c y obtener la envolvente de resistenda del suela Esto puede hacerse ahora de dos maneras: una inmediata* a partir de los esfuerzes totales, que el operador conoce en todo momento de la prueba y en la falla en particular, y otra a partir de los esfuerzos efectivos, para trazar la cual será pre­ ciso conocer la presión neutral, cuando menos en el instante de la falla indpicnte. Esto puede hacerse hoy con bastante fadlidad, pues u se puede estimar por métodos teóricos (Ref. 47), o en pruebas en que

ESFUERZOS TOTALES

ESFUERZOS EFECTIVOS

O*

u=o

-4-

|t Etapa (Da consolidoclón)

2 * Etopo (De folio)

Fisura I-5H. Distribución «le « f u e r a » to tal» y efectitoa en prueba de compresión triaxial ripida consolidada.

rech

Suelos saturados

81

se mida la presión neutral directamente en la cá­ mara triaxial (Ref. 52). La Fig. 1-59 muestra las en­ volventes obtenidas en ambos casos. Razonando igual que en el caso de la prueba drenada, puede com­ prenderse la razón por la que las envolventes son rectas por arriba de la caiga de preconsolidadón, a(, abajo de la cual, el suelo exhibe una resistencia algo mayor que la correspondiente a la envolvente recta. A l efectuar pruebas con medición de presión neu­ tral, puede concluirse que es bastante correcto supo­ ner que los círculos de esfuerzos efectivos son tangen­ tes a la línea de talla obtenida en pruebas drenadas. Si para el trabajo se adopta el criterio de los es­ fuerzos totales, la ley de resistencia del suelo arriba de la carga de preconsolidadón puede ponerse como x «

bajo el peso de una estructura y que después queda sometido a un rip id o incremento ele esfuerzos por la construcción de una estructura que pueda añadirse o por la acrión de una carga viva acddental. Suele emplearse para representar las condidones de rimen* tariones de terraplenes en que la construcrión dura más que d tiempo requerido por el sudo para al­ canzar una consolidadón significativa. 3. Prueba rápida.—Condidón no drenada. £n esta prueba tanto d esfuerzo de confinamien­ to. dado con la presión del agua en la cámara, como el esfuerzo desviador, se aplican de manera que no se permite ninguna consolidadón del espédmen; esto se logra cenando la válvula de salida de la cámara hada la bureta y/o aplicando los esfuerzos con rapi­ dez sufidente. La reladón de vados de la muestra y su contenido de agua permanecen en prindpio inva­ riables y se desarrollan presiones neutrales en el in­ terior d d espéamen. Si la muestra proviene de la profundidad z y y es su oeso especifico, representa un suelo que estaba consolidado a la presión yz. Si se somete la mues­ tra a esa presión dentro de la cámara en la primera etapa de U prueba, teóricamente la estructura sólida del suelo tomará toda la caiga y el agua de la mues­ tra pasará a un estado de presión nula a partir de la tensión que hubiera desarrollado al ser extraído el espédmen de su. lugar natural Por otra parte, si la presión que se ejerce con el agua es más grande que la que d suelo tenía en la naturaleza, todo el exceso lo tomará en teoría el agua contenida en la muestra, sin que se modifique el grado de consolida­ dón del espédmen ni la magnitud de los esfuerzos efectivos, y d io sin que cambie la reladón de vados.

9 tan +m

(1-63)

y < * > „ recibe el nombre de ángulo aparente o de resis­ tenda no drenada del suelo; es en rigor sólo un pará­ metro de cálculo, cuyo verdadero significado teórico es. por lo menos, muy d ifíd l de establecer. En términos de esfuerzos efectivos, la resistenda para el intervalo normalmente consolidado puede es­ tablecerse en la prueba ripida-consolidada por la ex­ presión

j *■

(<r

— u) un

< f >

= c tan < ¿ >

(1*64)

también del tipo de la ecuadón (1*64), usando d ángulo de resistenda. obtenido de la envolvente de esfuerzos efectivos, tal como se obtendría con prue­ bas lentas. £1 ángulo sude ser del orden de ¿/2. La prueba rápida-consolidada representa las con* didones de un suelo que primeramente se consolida

82

Breves nociones <lc mecánica de suelos ESFU E R ZO S TOTALES E SFU E R ZO SE FE C TIV O S

i í O» «i

H ■ ¥ 0, o~ ■ a

r *
$ ,*0 »- U= ■ / í-ü *
r i ( « n 1-60. Distribución de < » fueron iota lo* y (fniitra en prue­ ba d f c o a p id ió o triaxial lápida.

"fi? o¡ 2* Efopo el espaciaraiento entre las partículas o la resistencia del suelo, sea cual sea el valor de la presión aplicada en la cámara. Consecuentemente, al no variar los es­ fuerzos efectivos, la resistencia mostrada por el auelo (/>;") es constante, cualquiera que sea la presión del agua en la etapa inicial; esto se traduce en el hecho de que todos lo» círculos de M ohr correspondientes a esfuerzos totales sean iguales, siendo una linea hori­ zontal la envolvente de resistencia correspondiente a dichos esfuerzos totales. En la Fig. I-CO se muestra la distribución de esfuerzos en el interior del espécimen durante la prueba rápida. En la primera etapa se supone que la presión hi­ drostática en la cámara es la y* que el suelo tenia en la naturaleza, más un cierto valor arbitrario, A. Consecuentemente, se desarrollará en el agua de la muestra una presión neutral ut = A. En la segunda etapa se aplica el esfuerzo desviador, p " , con el vástago de la cámara, y al final de ella se habrá desarro­ llado en el agua una presión neutra] adicional, u^. A l sumar las dos etapas se tiene una presión neu­ tral total u =» « j + tí¡. Ixw esfuerzos efectivos serán los totales menos dicho valor de u.

r, ° -

g} ■ — ii ■

-

(u t •+ • U j) wa

»

(yz -fr ú )

(A + Uj) ■ yz -

* 9 * + PS - Y* “ «j + P e*
Es de importancia hacer notar que, como se dijo, el valor de los esfuerzos efectivos resulta ser inde­ pendiente de A. de manera que todos los círculos de esfuerzos totales, obtenidos mediante una serie de pruebas con esfuerzos totales crecientes, tienen un solo y mismo círculo de esfuerzos efectivos correspon­ dientes, por lo que todos los círculos de esfuerzo* to­ tales deben ser iguales entre sí y la envolvente de resistencia de esfuerzos totales debe ser una línea ho­ rizontal, tal como ya se había establecido. En la Fig. 1-61 se muestra tal envolvente de resistencia, re­ lacionándola con las correspondientes a ¡>rueba len­ ta y rápida consolidada. Puede verse que la ordenada al origen de la línea de falla se asemeja mucho a la resistencia del esfuer­ zo cortante del suelo en su condición original, conso­ lidado bajo la carga de suelo suprayacente. Esta or­ denada en el origen se denomina la cohesión del

Suelos saturados suelo, llamándose suelo puramente cohesivo al que en un problema dado le sea aplicable una envolvente de resistenda horizontal. Cuando le sean aplicables las condiciones de la prueba rápida (sin drenaje y sin consolidación) la resistenda de dicho sudo será simplemente s = c (145) y el ángulo de friedón aparente resulta ser cero en este caso. Este ángulo tampoco es más que un pará­ metro de cálculo, que se usará cuando se trabaje con el método de los esfuerzos totales en un problema práctico en que las condidones de la prueba rápida sean representativas de aqudla a que realmente es* tará sometido el suelo. Sin embargo, en la prueba real el ángulo de falla de la muestra no es de 45°, como lo sería si el ángulo de fricción aparente fuese el realmente representativo de la resistenda friccio­ na! de la muestra (éste es naturalmente ligado a los esfuerzos efectivos actuantes, que puede medirse en una prueba lenta o en una rápida consolidada con determinarión de la presión neutral). La resistenda no drenada representa la resisten­ cia que tiene un suelo natural. Puesto que la mayor parte de las construcciones se llevan a efecto con mu­ cha rapidez en comparadón a los tiempos que nece­ sita la ardlla para consolidarse, la resistenda sin dre­ naje debe usarse en la mayoría de los problemas de diseño. Aun en aquellos casos en que la construcdón es tan lenta que durante ella ocurren aumentos significativos de la resistenda por consolidadón, sue­ le usarse la resistenda no drenada para obtener datos de proyecto, por representar un valor rafnimo y, por ende, conservador. Cuando sc piense en la utilizadón de la resistencia no drenada para obtendón de valo­ res de proyecto, han de vigilarse aquellos casos en los que los esfuerzos finales aplicados al suelo pue­ dan ser menores que la carga inicial que éste sopor­ taba; tal es frecuentemente la situadón en excavadones y en problemas de estabilidad de taludes. En dichos casos, para condidones de proyecto a corto plazo, cuando el suelo no tiene tiempo sufidente para expanderse, pueden ser aplicables las condirioESFUERZOS TOTALES

83

Pretbi de w ip cw M w «Imple

nes de resistenda sin drenaje; pero a largo plazo d sudo se debilita y el uso de la prueba rápida puede quedar fuera de la seguridad. La resistencia no drenada depende del esfuerzo ¡nidal a que estaba sometido d suelo en su lugar natural, de su carga de preconsolidadón y de la en­ volvente de falla de Mohr correspondiente a condi­ ciones con drenaje. En suelos compresibles, la pre­ sión que soportaba el suelo en su lugar natural se ESFUERZOS EFECTIVOS

£
+ 3

| t E top o

2* E tap a

Figura 1-62. Distribudón de etfuem » loóles y efectivos en prueba de compraión limpie.

8-1

Breves nociones de mecánica de suelos la muestra en la prueba aquí tratada (7 „), denomi­ nado resistenda del suelo a la compresión simple, sea el mismo p * de prueba rápida. Sin embargo, la prue­ ba de compresión simple no es una triaxial rápida; el método de prueba es fundamentalmente distinto v en ningún caso es lícito usar los dato* de esa prue­ ba para completar envolventes obtenidas con pruebas rápidas. Es muy normal que qm resulte un poco me­ nos que p " pero en aplicaciones prácticas sencillas puede considerársele como igual. En la Fig. 1-63 aparecen los círculos de esfuerzos totales (IV v efectivos (10 correspondientes al ilu­ tante de falla incipiente en este tino de prueba V su posición relativa a la línea de resistencia en pruebas triaxiales. Debe notarse que la (¡gura se dibuja con la suposidón de que la carga de preconsolidadón del suelo es yz. La resistencia del suelo a la compresión simple se ha usado como medida de la sensibilidad de la estructura de un suelo a la deformadón. comparan­ do en un mismo suelo el valor de a., a i los estados inalterado y rcrnoldcado. La pérdida de resistencia entre amitos estados se toma como la medida indi­ cada. Se define a*( la sensibilidad de un suelo como

relaciona con la relación de vado» por la curva de compresibilidad. Como resultado de lo anterior, la resistencia no drenada de una arcilla saturada aumen­ ta cuando disminuyen la relación de vacíos y/o el contenido de agua. En suelos normalmente consoli­ dados una gráfica de relación de vacíos o el conteni­ do de agua contra la resistenda no drenada es apro­ ximadamente una línea recta. 4. Prueba de compresión simple. Según ya se dijo, esta prueba se realiza aplicando un esfuerzo axial a un espédmen. sin la etapa pre­ via de presión hidrostática. Prácticamente sólo existe la etapa de carga, que conduce el suelo a la falla; sin embargo, en vías de simplificación, podría consi­ derarse como primera etapa el estado inicial de la muestra, sin esfuerzos exteriores. En esta primera etapa (Fig. 1-62) los esfuerzos totales son nulos y el agua adquiere la tensión de preconsolidadón (yz) que el suelo tuviere en la naturaleza; esta tensión del agua comunica a la estructura sólida los esfuer­ zos efectivos necesarios para que la muestra manten­ ga su volumen. En la segunda etapa es llevada a la falla con la aplicadón del esfuerzo axial (q u ) , que mide su re­ sistenda en este tipo de prueba, originando a la vez una presión neutral adicional u«. Los esfuerzos efec­ tivos que aparecen al final de la prueba, en el ins­ tante de la falla, se muestran en la misma Fig. 1-62 y valen 5, = 0 — u ** — (n, + Uj) » = yz — tu ( —y* + u,) «

* B

< / „ (remoldcado)

Suelos no saturados

+

qu =

r* -

«2 +

?.

Nótese que el esfuerzo principal menor efectivo es teóricamente el mismo que se tuvo en la prueba triaxial rápida. Por ello, lógicamente debe esperarse que el es­ fuerzo desviador máximo necesario jara hacer fallar

Básicamente. la resistenda al esfuerzo cortante de los suelos no saturados ensuelve los mismos con­ ceptos que la de los suelos saturados: pero existen entre ambos casos algunas diferendas muy signifi­ cativas. En los suelos no saturados los poros contienen agua sólo pardalmente y en ellos existe aire en una propordón acorde con d grado de saturadón; la gran diferencia de comportamiento mecánico entre ambos fluidos impone caracterísdcas de comporta­ miento muy complejas al conjunto. Desde luego, den­ tro de la actual manera de concebir la resistenda al esfuerzo cortante de los suelos sigue siendo cierto que es el esfuerzo efectivo el que controla la compo­ nente fricrional de dicha resistencia. Los esfuerzos cortantes son tomados sólo por las partículas sólidas del sudo no saturado (esqueleto), excepto a niveles de deformadón muy altos; en cambio el esfuerzo normal total en cualquier plano se descompone en general en dos partes, una correspondiente al esfuer­ zo efectivo transmitido en d esqueleto mineral y otra neutralizada por la presión del fluido en los poros del suelo. Pero ahora la presión neutral es una combinadón muy complicada de presión y tensión capilar en el agua y de presión en d aire, que depen­ de del grado de saturadón y d d tamaño de los poros del suelo. Si hay un solo fluido en los poros, sea aire o agua, el esfuerzo normal efectivo medido por la ecua­ dón ya estableada es:
cr = 9 — u

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Suelos no saturados

85

Intervalo d e O " q u e in te re sa en e l problem a

flg u n 144. Pru'bt ir i u b l ala (Im u jc en un w cio p lr d ilm a ic «aturada.

donde a es el nfuer/c efectivo, ff el total y ti la pre­ sión neutral. En los suelos parcialmente saturados suele haber dos Huidos en los poros, los cuales pue­ den estar en equilibrio a presiones que difieren con­ siderablemente en uno y otro a causa de la tensión superficial. Bishop (Ref. 54) ha propuesto para re­ presentar al esfuerzo efectivo en este caso una expre­ sión del tipo o — a — u, + X (u« — u¿) (1*73)

Cabe un enfoque similar |»ra expresar el aumento de la presión en el agua y en el aire al aplicar un incremento al esfuerzo desviador que se ejerce sobre una muestra de suelo; ahora A u. = A , (Aff, Aff,) (1*75)

A um — Aw (Aff, — Aff,)

donde »/„ representa la presión en la fase gaseosa (gas o vapor) y uw la presión en la fase líquida. El pará­ metro X vale uno para suelos saturados y cero para suelos secos; sus valores intermedios dependen sobre todo del grado de saturación, pero están influidos también por otros factores tales como la estructura del M ie lo , los ciclos de humedecimiento y secado a que éste esté expuesto y los cambios de esfuerzos que sc tengan para un valor particular del grado de sa­ turación. En la mencionada referencia 54 se mues­ tran determinaciones de X para algunos suelos par­ ticulares; desde luego X crece al crecer el grado de saturación. Los valores de u, y uv que sc tienen cuando se somete al suelo a un cambio de esfuerzo Aff han sido estudiados por Bishop y Eldin (Ref. 55) y por Skemton (R ef. 56). Según estos autores, al aplicar a un cuelo parcialmente saturado un incremento hidrostático de esfuerzo, A ff„ se produce un aumento tanto en la presión del agua, como en la del aire, de acuer­ do con las relaciones. A “ BéAff, B„Aff, (1-74)

Au„ «

I-as expresiones anteriores sirven para definir los coeficientes de presión neutral B , y B^. En la Ref. 56 se dan valores típicos de B „ para suelos parcialmente saturados, con variaciones de 0.10 a 0.89. indicando en rada caso qué ja rte del esfuer/o aplicado es to­ mado por el agua.

Valores típicos de A w en la falla han sido repor­ tados por Bishop y Henkcl (Ref. 57) quedando comprendidos entre —0.28 y +0.27 para muestras de suelos compactados parcialmente saturados. En pruebas triaxiales sin drenaje en suelos par­ cialmente saturados, la resistencia al esfuerzo cortan* te aumenta con la presión normal exterior, pues la compresión del aire permite el desarrollo de esfuerzo efectivo; sin embargo, el aumento de lesistencia se hace cada vez menor, por el efecto de disolución del aire en el agua de los poros, que se hace más fácil según aumenta la presión en el propio aire. Cuando los niveles de esfuerzo son suficientemente altos, la baja compresibilidad del conjunto agua-aire disuelto y la diminución del volumen de vacíos por deforma­ ción se concitan para producir en el espécimen un comportamiento similar al de los suelos saturados, con un ángulo ^ en la envolvente de falla que tien­ de a ser cero. La envolvente de esfuerzos totales no es pues una recta, sino una curva que tiende a la horizontal. Los parámetros de resistencia c y $ sólo pueden definirse si se aproxima a una recta aquel tramo de la curva que comprenda al intervalo de esfuerzos normales que rija en el problema particu­ lar de que sc trate. Si se ha de resolver un problema con el criterio de esfuerzos totales, y ese es el caso más común en suelos no saturados, es de la mayor importancia reproducir en la prueba de laboratorio condiciones lo más representativas que sea posible de las de campo. En la Fig. 1-64 sc muestra una envol­ vente típica de suelos no saturados en pruebas tri­ axiales sin drenaje. N o es posible realizar pruebas con drenaje en suelos parcialmente saturados, con el mismo sentido

echos de

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litares nociones de mecánica de sítelos cunstandas a que d suelo va a estar expuesto en la obra de que sc trate. Es condidón previa indispensable que el ingenie­ ro analice con buen criterio las diferentes etapas por las que el suelo atravesará durante la vida de la obra y ello desde el primer instante de su construcción; sólo asi podrá juzgar rorreetámeme las condiciones críticas para las que el diseño ha de ser efectuado; debe tenerse muy en cuenta que no es de ningún modo raro que esas condiciones críticas sc presenten, en lo que se refiere a la masa del suelo afectada, largo tiempo después de erigida la estructura en es­ tudio. Se comprende que también es indispensable al ingeniero, con vistas a normar su criterio, un co­ nocimiento amplio y meditado del perfil de suelo en estudio, de sus propiedades básicas y de las condicio­ nes de drenaje que se presentarán en el transcurso del tiempo. l.as condidones de preconsolidadón de­ ben ser espedalmente investigadas, pues ellas ten­ drán gran influencia en el comportamiento general. En el momento presente existen dos criterios para la determinación práctica de la resistenda al esfuer­ zo cortante de los suelos. 1) El criterio de los esfuerzos efectivos. En este criterio se razona que es este tipo de es­ fuerzos el que realmente define al esfuerzo corlante del suelo. Conocido el esfuerzo efectivo que actuará entre las partículas del suelo en un derto punto de la masa, bastará multiplicar este valor por la tan­ gente d d ángulo de friedón interna obtenido en prueba lenta (línea L ), para obtener la verdadera resistencia al esfuerzo cortante de que dispone et sue­ lo en tal punto. Este criterio presenta pocas dificul­ tades de índole teórica para su comprensión; es el que lógicamente sc desprende de todo lo que sc ha venido estudiando en el cuerpo de este capítulo, en reladón con la resistenda al esfuerzo cortante de los suelos. En la figura 1-65 está someramente descrito el criterio de los esfuerzos efectivos para interpretar la resistenda al esfuerzo cortante de los suelos a par­ tir de los resultados de las pruebas triaxiales. El primer requisito para la aplicadón del méto­ do consiste en conocer la envolvente de resistencia del sudo obtenida en reladón a los esfuerzos efec­ tivos, tal como por ejemplo resulta de una serie de pruebas lentas, trazando los dreulos de falla de cada uno y dibujando a partir de ellos la línea L , tangen­ te a todos. (En general, la linea L quedaría definida teóricamente con un círculo trazado en el intervalo normalmente consolidado, pero dadas las incorrec­ ciones inherentes al trabajo de laboratorio, es reco­ mendable obtener, por lo menos, dos o tres círculos de falla y trazar como línea L la recta que más se aproxime a la tangente común.) En la presa de la figura se desea calcular la resistenda d d suelo en d elemento mostrado, para fines de estudio de la esta­ bilidad del talud de aguas arriba. En la misma figu­ ra aparece la línea L que se supone ya obtenida. En lo que sigue se considera que el material que cons­ tituye la presa es saturado y normalmente consolida-

c interpretación que las pruebas lentas normales (es dedr, pruebas en que la presión neutral sea nula en tocia etapa significativa), pues ello implicarla «les* truir las tensiones capilares y para lograr tal fin es preciso saturar la muestra. Si sc desea trabajar con esfuerzos efectivos, para obtener la envolvente corres­ pondiente lo que se hace es saturar la muestra y su­ poner que tal proceso no produce cambios significa­ tivos en d valor de este criterio resulta conserva­ dor en los análisis prácticos, pues la resistenda suele disminuir con la saturadón. En suelos no saturados es común la prueba con drenaje, pero a humedad constante, en que se man­ tiene a la muestra sin cambios de humedad y se controla la presión d d aire en lo que sea preciso para lograr tal lin. En este tipo de pruebas basta me­ dir la presión neutral cu el agua de los vados para conocer la proión intersticial. tas envolventes de resistenda de los sudos no sa­ turados en prueba rápida (sin drenaje) se acercan más y más a la forma correspondiente a tos suelos saturados, a medida que el grado de saturadón au­ menta. como es lógico que suceda. En la Ref. 47 pue­ den verse resultados de laboratorio en correspondenda con la afirmación anterior. Un caso de fundamental importanda de suelos no saturados, por cierto de gran interés para el in­ geniero especialista en vías terrestres, es d correspon­ diente a suelos compactados. Existe ya bastante in­ formación en tomo a este tema, pero no setá tratada en este lugar, sino en el capitulo correspondiente a suelos compactados, en páginas subsecuentes de esta obra. C Aplicación de los resultado* de las pruebas triaxiales a los problemas prácticos

En la práctica, cuando el ingeniero necesita co­ nocer las características esfuerzo-deformación y resis­ tencia de un suelo dado, con vistas a la obtendón de datos para diseño de una obra particular, recurre por lo general a las pruebas de compresión triaxial. De inmediato surge entonces la pregunta de cuál o cuáles de esas pruebas ha de realizar para el |iroblema en cuestión y qué interpretadón ha de dar a los resultados obtenidos. El criterio para la elección de las pruebas resulta obvio después de analizar las varias disponibles; en cada caso deberá hacerse aquella prueba o pruebas que mejor refleje o reflejen en el laboratorio las cir-

Flgui.i H S . Obtención d e la resistenda al etfuerxo cortante del suelo trabajando con « f a e n e s efectivos.

Aplicación de los resultados de las pruebas triaxiales a los problemas prácticos «lo, persiguiendo así fines didácticos. Si c es la pre­ sión total sobre el elemento y ti la presión neutral en el mismo en el ilutante de la (alia, el esfuerzo efectivo, que obra en la estructura del suelo, será í «■ — u y la resistenda del elemento será simple­ mente la ordenada de la linca /. correspondiente a tal < r. El criterio anterior, aparentemente tan sencillo, tiene serios inconvenientes prácticos aun en el mo­ mento píeseme. Entre éstos hay que mencionar los que emanan de la necesidad de obtener la línea L en el laboratorio, para considerar posteriormente otros que surgen aún después de obtenida la línea, en eta­ pas [josteriores de la aplicación práctica del método. Para obtener la linea L en el laboratorio podrían hacerse pruebas lentas y aparentemente con ello se daría una solución simple y satisfactoria al proble­ ma; la realidad sin embargo no es tan halagüeña; las pruebas lentas son las más largas en duración y, por lo tanto, las más costosas, por lo que una solución basada exclusivamente en tu realización no puede considerarse desprovista de dificultades prácticas. In­ dependientemente de esta razón económica y de tiem­ po de ejecución, las pruebas lentas presentan dificul­ tades inherentes a su propia naturaleza, de las que se discutirán únicamente dos en lo que sigue. En pri­ mer lugar, se tiene en el laboratorio un problema no del todo resuelto en lo relativo a la membrana im|>enneablc que aísla los especímenes en las cámaras triaxiales; membranas muy delgadas cuya rigidez no influye en el estado de esfuerzos del espécimen, al cabo del tiempo dejan pasar y cuando están en juego presiones relativamente elevadas, como sucede en las pruebas lentas, pequeñas cantidades de agua que bastan para introducir eriores de consideración en los resultados; membranas suficientemente gruesas como para garantizar una completa impermeabili­ dad, por su mayor rigidez influyen de un modo sig­ nificativo en los resultados de las pruebas triaxiales. Este efecto es notable en las pruebas lentas, aunque es despreciable en otras pruebas triaxiales, pues en las primeras el agua puede estar sometida a presio­ nes más grandes y los tiempos de exposición de la membrana a la propia agua son también mucho ma­ yores. Una segunda dificultad práctica en la realiza­ ción de las pruebas lentas de laboratorio, que puede conducir a errores importantes en sus resultados, emana del hecho de que, en la prueba lenta, el cv pécimcn sufre deformaciones notablemente más gran­ des que en otras pruebas triaxiales, bajo presiones de vástago también mayores; estas deformaciones tien­ den a hacer que el espécimen disminuya en longitud y, por asi decirlo, que aumente en diámetro, con la consecuencia de que se establece una restricción por fricción entre las bases del espédmen, en las que el suelo tiende a desplazarse lateralmente y las piedras porosas que naturalmente permanecen fijas en re­ lación a la tendencia anterior, esta restriedón por (riedón poducc esfuerzos cortantes en las bases del es­ pécimen que entonces dejan de ser planos principales.

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de manera que las presiones por el vástago tampoco son ya esfuerzos principales, ion el consiguiente error en la interpretación de la prueba, ]x>r medio de la teoría de Mohr, que así los considera. Se ve pues que la obtenrión de la línea /. por medio de pruebas lentas, que además son dilatadas y costosas, pudiera no ofrecer una garantía sufidente en todos los casos particulares. En el momento presente puede intentarse la ob­ tenrión de la línea L en el laboratorio con base en pruebas triaxiales diferentes de la lenta, por ejemplo rápidos-consolidadas. Para ello se dispone de abun­ dancia de equipos que permiten medir la presión de poro que se desarrolla en el espédmen en el ilutante de la falla, con lo cual, conoddo el esfuerzo desvia* dor total, es fácil obtener el esfuerzo efectivo actuan­ te en dicho momento. Sin embargo, en la actualidad los medidores tle la presión de poro son costosos y de manejo relativamente delicado, por lo que no es todavía común verlos en acrión en muchos laborato­ rios de Mecánica de Suelos, especialmente en los de pie de obra. Finalmente, existen medios teóricos jura estimar la presión de poro en el instante de la falla en un espédmen sometido a una prueba rápida consolida­ da. Hay métodos debidos a Skempton, Henkel y Juá* re7-Badillo jura cubrir tal fin (Ref. 47). En condusión, puede decirse que ya empieza a haber métodos confiables para la obtenrión de la linea l., sea en el laboratorio o con ayuda de métodos que no pueden considerarse aún de uso popular; esto permite esperar que en un futuro cercano el método de los es­ fuerzos efectivos pueda aplicarse con mayor facilidad que en la actualidad, por lo menos en lo que a este primer requisito se refiere. Una vez obtenida la línea /. queda en pie un im­ portante problema para la aplicación del método de ios esfuerzos efectivos a los problemas prácticos. En efecto, considérese la situación indicada en la figu­ ra 1-65. Una vez obtenida la línea L , para realizar un análisis será preciso conocer el estado de esfuerzos efectivos en todos los puntos de interés dentro de la masa d d suelo en estudio; en el caso concreto de la Fig. 1-65, en los puntos de la superficie de desliza­ miento supuesta. Este es un problema no resuelto hasta hoy, pues se comprende que si no ha podido diluadarsc del todo el estado de esfuerzos efectivos, en el Interior de un espédmen dentro de una cáma­ ra triaxial sometida a un control de prueba, menos podrá detallarse tal estado de esfuerzos en las gran­ des masas de suelo que involucra cualquier obra real; asi pues, aun disponiendo de la línea L en la prácti­ ca se tendrá la dificultad adidonal de no conocer los esfuerzos efectivos que actúan en los diferentes pun­ tos de la masa de suelo que interesa estudiar. Algu­ nas institudones dedicadas a la construcción de pre­ sas de tierra superan esta dificultad y diseñan sus obras de acuerdo con el método de esfuerzos efecti­ vos, a base de una prediedón de los esfuerzos efec­ tivos que te desarrollarán en la obra durante la

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Breves nociones de mecánica de suelos Es obvio que una estructura ha de diseñarse fun­ damentalmente para las que hayan de resultar las etapas críticas de su vida. En estructuras edificadas sobre suelo o con suelo es muy común que las etapas más críticas ocurran en los momentos inidalcs de su vida o a muy largo plazo. Constituye una interesante norma de criterio analizar, en primer lugar, dichos momentos de la vida de la estructura, con lo que en muchos casos de la práctica se conseguirá definir de un modo claro la etapa crítica para la que ha de efec­ tuarse el proyecto y atendiendo a la cual habrán de realizarse, correspondientemente, las investigaciones de laboratorio. Considérese, por ejemplo, un edificio que vaya a ser construido sobre un terreno arcilloso franco. Se­ gún progresa d proceso de consolidadón induddo por el edifido, la resistencia d d suelo aumenta. La condidón crítica corresponderá entonces a las etapas iniciales de la vida de la obra. Por ser la ardlla muy impermeable, los procesos de consolidadón serán len­ tos y, comparativamente, el tiempo de construcción de la estructura dcsprcdablc. Por dio, el momento crítico será cuando la carga d d edifido se complete. En este caso es obvio que una prueba en que el es­ fuerzo desviador se aplique rápidamente representa las condidones de campo; la prueba rápida satisface esa condición. Por el contrario, si el edificio fuese a ser construi­ do sobre una arcilla igual a la anterior, pero con abundantes intercaladones tic arena que proporcio­ nen drenaje rápido y ef¡dente, puede pensarse que el suelo se consolida al unísono ron el progreso de la construcción de la estructura, por lo cual la prue­ ba lenta sería ahora la adecuada para la determina* dón de la resistenda al esfuerzo cortante. Si la es­ tructura que se desea construir es un terraplén (Fig. 1-66), por ejemplo para un camino o un bordo de protecdón, y se requiere investigar las condidones d d tcrTcno que lo ha de soportar, debe tenerse en cuenta que el peso del terraplén incluirá un proceso de consolidadón en el suelo, si éste es arcilloso y, por tanto, su resistenda al esfuerzo cortante tenderá a aumentar con el tiempo. Si el terraplén se construye rápidamente y el terreno arcilloso tiene drenaje di* ffd l, el instante más crítico será el inicial de la vida de la obra, antes de que sc produzca la consolidadón del suelo y, por ello, lo que se dijo para el caso aná­ logo del edifido conservará su validez. Si el sudo sc consolida tan aprisa como avanza la construcción de la obra, la prueba lenta sería la correcta para la obtención de los datos de proyecto. Las cosas variarán radicalmente si en el mismo suelo se desea hacer una cxcavarión, por ejemplo para la ciraentadón de una estructura. En ese caso, sobre todo si las condidones del sudo fadlitan d fe* nómeno, sc inducirán expansiones en la masa d d sue* lo por la descarga efectuada y, por ello, la resisten* d a al esfuerzo cortante tenderá a disminuir con el tiempo. Ahora la condidón crítica del sudo estará en los momentos finales d d proceso de expansión,

construcción. Colocando píczómctros para medir la presión de poro mientras la construcción avanza, pueden determinar si sus predicciones van resultando correctas o si han de hacerse modificaciones al diseño a la luz de las mediciones efectuadas. Este método es práctico únicamente para instituciones que poseen suficiente experiencia en el campo, respaldada por amplios archivos en los que figuren presas construi­ da! similares a la que se encuentre en ataque. A pesar de todas las dificultades reseñadas, cuya importancia no debe subestimarse, especialmente en obras de menor aliento y posibilidades que la presa de tierra, no es arriesgado afirmar que los futuros progresos de la Mecánica de Suelos harán que el cri­ terio de los esfuerzos efectivos esté destinado a ser el más ampliamente usado, por ser el más racional y el que hace un uso más adecuado de las ideas básicas que rigen en el campo de la resistencia al esfuerzo cortante de los suelos. 2) El criterio de los esfuerzos totales. En este segundo modo de trabajar se utilizan di* rectamente los esfuerzos totales usados en las pruebas triaxiales; es decir, sc hace uso de las envolventes L o R , según el problema específico que se tenga. Puesto que cada una de las pruebas da valores de re­ sistenda muy diferentes para el mismo sudo, por va­ riar las dreunstandas en que se hace la prueba, sc sigue que ésta sólo setá representativa si sus propias dreunstandas de trabajo duplican de un modo sufi* dentemente aproximado las dreunstandas a que es­ tará sometido el sudo en el prototipo; en consecuen­ cia, es en este segundo método donde el ingeniero tiene que ser más cuidadoso y experimentado en la elección del tipo de prueba o pruebas que vaya a efectuar. N o existe una regla fija única que permita esta­ blecer qué pruebas deberán hacerse en cada caso y son d criterio y la experiencia del proyectista los que han de diluddar tan fundamental problema. Para ayudar al lector a formar su propio criterio a este respecto, en lo que sigue se hacen algunos comenta­ rios de carácter general.

F ig ó n 140. Variación de b m in e a d a al «fu e r z o cortante « a ua corte y un terraplén en d mismo sudo arcilloso.

Resistencias máxima y residual de las arcillas que corresponderán a etapa* avanzadas de )> vida de la obra. La prueba lenta o la rápida-consoüdada se­ rían obviamente las recomendables para la represen­ tación de esta situación, Una vez seledonado el tipo o tipos de pruebas triaxiales de las que lian de obtenerse los datos de resistencia del suelo para proyecto, lo que se hace hoy en la gran mayoría de los laboratorios es realizar vanas pruebas de tipo escogido, obteniendo el circu­ lo de Mohr de falla en cada una y trazar a ojo la reo ta (en el tramo normalmente consolidado) envolven­ te de esos circuios. En el tramo preconsolidado las envolventes se trazan a mano siguiendo las formas ya discutidas en este capítulo y siendo tangentes a los círculos. Una vez obtenida así la envolvente aproxi­ mada del suelo en ese tipo de prueba, es costumbre seleccionar dentro de ella el tramo que corresponde al intervalo de presiones en el que se vaya a mante­ ner al suelo en la obra particular de que se trate y trazar, de ser factible, una recta que represente con suficiente precisión a la envolvente en el tramo. Esta recta, sobre todo en suelos preconsolidados o no sa­ turados, seguramente no pasará por el origen de co­ ordenadas. y su ecuación matemática será de la forma
i ■ a + a ta n a (1 * 7 8 )

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ria seguir usando los símbolos c y ^ para los paráme­ tros de resistencia, pero naturalmente sometiéndolos a la interpretación moderna. En este sentido han de ser también interpretados los símbolos c y ¿ cuando aparezcan en las páginas subsiguientes de esta obra. Como quiera que las pruebas triaxiales actualmente usadas representan circunstancias extremas para el suelo en estudio, algunos especialistas en estas mate­ rias, cuando se enfrentan a un caso real gobernado por circunstancias intermedias entre las adoptadas para las pruebas prefieren dibujar sus propias envol­ ventes simplemente interpolando entre las dos repre­ sentativas de comportamiento* extremos. Este proce­ der ha de estar siempre respaldado por amplia expe­ riencia, pero en esc caso conduce a la obtención de dalos mis realistas que ninguna prueba por separado. D Resistencias máxima y resklua! de las arcillas

con a y a como parámetros definidores de la resisten­ cia del suelo en la prueba particular efectuada y den­ tro del intervalo de presiones considerado (a es la ordenada en el origen y a el ángulo de inclinación respecto a la horizontal de la recta en cuestión). N ó ­ tese que la ecuación 1-76 es de la misma forma que la Ley clásica de Coulomb. Sin embargo, resulta ya inútil discutir las diferencias esenciales de concepto e interpretación entre ambas; a y a ya no tienen un sentido físico característico como propiedades inhe­ rentes al suelo, sino que solamente son elementos de cálculo. Por la fuerza de la tradición histórica y la simple costumbre, algunos autores lian llamado a "a " la “ cohesión aparente del suelo” en las condiciones de su obtenrión y a “ a” el “ ángulo de fricción apa­ rente". Incluso es usual en las obras sobre la mate­

Considérese una ardlla preconsolidada sometida a una prueba de corte simple o prueba directa en la cual se permita en todo momento drenaje libre (características correspondientes a una prueba len­ ta) ; supóngase también que se trata de una prueba d ' deformación controlada, con velocidad suficiente­ mente lenta para que se disipen las presiones de poro y en la que se midan los esfuerzos necesarios para producir las deformaciones que se provocan. Conforme el desplazamiento aumenta y la muestra de arcilla precon'olidada se deforma angularmente, aumenta la carga tangencial y, por tanto, el esfuer­ zo cortante, pero para una presión normal efectiva dada y aplicada a la muestra existe un límite defini­ do para el esfuerzo cortante que la muestra puede resistir; a este límite, que hasta ahora se lia venido manejando en este capítulo con el nombre de resisten­ cia al esfuerzo cortante de la arcilla, se le llamará ahora resistencia máxima. Si la prueba continúa, pro­ vocando mayores desplazamientos angulares, dismi­ nuye la fuerza tangencial aplicada (y el esfuer/o cor­ tante actuante). En la práctica, la prueba se suspen­ de una vez que la resistencia máxima ha quedado bien definida; sin embargo, si la prueba continúa,

R E S IS T E N C IA AL CSfU CR ZO CORTANTE

PRESION MOrt&t. EFECTNl EN E l X ah O OE 0 E S P U & N K N T 0 I NCREMENTO EN CONTEW00 OE A M A

(OStMLNCNTE MQVKQUEflA. OCENOl

Figura 1-97. Resistencia máxima y residual y característica de resistenda al «fu e r z o cortante de una arcilla prrcnmolidtda.

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Breva nociones de mecánica de suelos Independientemente de Lis razones que puedan aducirse para explicar la disminución de resistencia de las ardllas cuando se sobreasa su resistenda má­ xima, hay evidencia de tal disminución, especialmen­ te cuando las ardllas son prcconsolidada*. Entonces, si por cualquier razón sc sobrepasa la resistencia má­ xima en un punto cualquiera de la masa de arcilla, la resistencia en «licito punto descenderá; esto con­ duce a una redistribución de esfuerzos, como conse­ cuencia de la cual sc sobrecargan las zonas veri na*, con lo que es posible que la resistenda máxima se sobre|>ase en otros puntos próximo*. Así se conciI>e la inidadón de una falla progresiva y, en el lími­ te, la resistenda a lo largo de toda una superficie de falla decrecerá al valor de la resistencia resiilual. Sin embargo, son tan grandes los desplazamientos nece­ sarios para que la resistenda residual llegue a des­ arrollarse, que esta condidón sólo debe considerarse para fines de proyecto o cálculo, en general, cuando la ardlla haya sufrido deslizamiento sobre una su­ perficie de falla existente de antiguo o citando exis­ ta en ella un estado de creep más o menos genera­ lizado. Skempton señala también que la presencia de gran número de pequeñas fisuras, grietecillas y otros acddcntcs similares en la masa de arcilla, constituye otro caso en que la resistencia residual debe consi­ derarse como la de proyecto para un análisis más realista. N o existe una prueba estándar para determinar en los laboratorios la resistenda residual de las ar­ dllas, pero el propio Skempton descril>e cu la referenda que se comenta, una realizada para un caso concreto en la que sc usó un aparato de resistenda al esfuerzo cortante directo. Tras produdr al espé­ dmen un desplazamiento del orden de un centíme­ tro en un cierto sentido, sc regresó la parte desli­ zante a su posirión original, produciendo de nuevo el mismo desplazamiento y continuando así la prue­ ba hasta que la resistenda de la arcilla llegó a un valor final constante, que se consideró la resistencia residual. El inconveniente de la prueba fueron los seis días que duró, pues se realizó permitiendo en todo momento la disipación de presiones de poro. El propio Skempton comenta que esta técnica no es perfecta, y sugiere que una mejor prueba sería aque­ lla que produjese un desplazamiento continuo en un solo sentido, sin regresar; indica también que los aparatos de resistencia a) corte anulares pudieran resultar apropiados. Otros autores han sugerido la ennvenienria de usar pruebas de torsión. La disminución de resistencia del valor de la re­ sistencia máxima al valor de la resistenda residual no sólo ocurre en las ardllas ¡ireconsolidadas, sino también en las ardllas normalmente consolidadas, aunque en este último caso la diferencia entre am­ bas resistencias es de menor cuantía. En el caso de las ardllas normalmente consolidadas la disminución en el ángulo de friedón interna se atribuye prind* pálmente al efecto de orientadón de las partículas.

se observa que, según el desplazamiento crece, la re­ sistencia de la arcilla disminuye; pero esta disminu­ ción también tiene un límite, el cual, una ve/, alcan­ zado, se conserva, aun cuando el desplazamiento an­ gular crezca a valores grande», del orden de varios centímetro* a la escala de la prueba, y existe eviden­ cia de campo de que en la arcilla esta resistencia se conserva para desplazamientos del orden de metros. Si de esta manera sc realizan diferentes pruebas, usando en cada una distinta presión normal efecti­ va. se obtendrán resultados similares a los antes des­ critos, aunque naturalmente sean distintos en cada caso los valores finales de la resistencia exhibida por la ardlla. A esta resistencia final, más allá de la má­ xima. sc le llama resistenda residual (Ref. 40). En la |iartc (a) de la figura 1-67 se muestra la relación esfuer/o cortante-desplazamiento, tal como ex usual obtenerla en una prueba como la descrita. Ahí puede verse también el cambio en contenido de agua su­ frido por d espédmen durante la prueba. En la parte (6) de la misma figura se han trazado las envolventes de falla obtenidas llevando los resul­ tados de diferentes pruebas a un plano de esfuer­ zos normales efectivos sobre el plano de (alia contra las resistendas máximas y residuales obtenidas en esas pruebas. Puede observarse que dichas envolven­ tes resultan prácticamente líneas rectas, pudiéndose por ello escribir para la resistenda máxima tf ** c + a tan ^ y para la resistenda residual: s, = cr + c tan p, (1-77) (1*66)

Los resultados de las prueba» que sc han realiza­ do han demostrado que invariablemente cr es muy pequeña, pudiendo por ello despreciarse. Por tanto, para el uso de la resistenda residual puede escri­ birse s, = a tan (1-78) También se ha observado que es menor que el ángulo En algunas arcillas esa diferencia es de sólo 1 ó 2 grados, pero se han registrado ardllas en que esa diferencia ha llegado a ser de 10°. Las razones para explicar las diferencias anterio­ res, siguiendo a Skempton (Ref. 40), podrán ser las siguientes: primeramente se lia constatado que en ardllas fuertemente preconsolidadas hay expansiones cuando se deforman bajo esfuerzo cortante, sobre todo después de sobrepasar su resistenda máxima; por tanto, una parte de la disminudón de resis­ tencia puede achacarse al incremento de contenido de agua que sc produce como consecuencia. En se¡rundo lugar actúa el desarrollo de franjas ddgadas dentro de la masa general de la ardlla, en las que las partículas de forma laminar se orientan en la direcdón del desplazamiento, y es razonable suponer cuc la resistenda de un conjunto de tales partícu­ las orientadas al azar sea mayor que cuando se en­ cuentran paralelamente acomodadas.

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Breves nociones de mecánica de suetos 36. Scott. R F. y Hon-Yim Ko. StresvDeformation and Stength Characteristics, Repone sol>re el Estado tlel Anc, Vol. III. V il Congreso Internacional de Mecá­ nica de Suelot e Ingeniería de Cimentaciones, Méxi­ co. 57. Larah<*. T . W. y Whitman, R. V. Mecánica de Suelos. (Trad. J. A. Jiménez Salas y J. M. Rodríguez). Cap. 6. Limusa-Wilcy, S. A.. México, 58. Sl.inuer. A. E. A note on tlie influente of Inteipartide Friction on the Shearing Strrngth o f a Random Assembly o í Spherical Par ti de», Geotechnique. 59. Scott, R F. y Sdioustra. J. J. Soil Mechanics and Engineering, Cap. 5. McCraw-Hill Book. Co. 40. Skempton. A. W. Long-Term Stability o f Clay Slopes, IV Rankine I«ecune. Ceotechnique, Vol. XIV. 41. Hambly. E. C. A new Triaxial Apparatus, Ge oteehñique. 42. Bishop. A. W . The Strength of Solls as Engineering Materials V I Conferencia Rankine. Geotechnique, VoL 16. N? 2. 45. Cornforth. D. II. Some experitncnts on the Influcncc o f Strain conditíons on the Strrngth o f Sand. G<otechnique, VoL 16. 44. Hvonkv. M. J. y Kaufman. R. I. Torsion Shear Apparatus and Testing Proccdures. Boletín ,V? 38, Waterways Experiment Station. Vicksburg, Miss. 45. Roscoc, K. I!. Discusión contenida en el volumen 3 (pigs. 105-107) de la» Memorias del V Congreso In ­ ternacional de Mecánica de Suelos y Cimentaciones, París. 46. Bjemim. I . y Landva, A. Direct Simple Sisear Tests on a Norwegian quidt clay. Geotechnique, Vol. 16, 47. Juárat Badilio, E. y Rico, A. Mecánica de Suelos, Fundamentos d i la Mecánica de Suelos, Cap. XII. Ediciones de la Facultad de Ingeniería. U.N.A.M., México. 48. Wilson. $. D. y Squier, R Earth atsd Rodrfill Dam», Reporte sobre el Estado del Anc, Vol. III, V II Con­ greso Internacional de Mecánica de Suelos y Ctmen­ taciones. México. 49. Lambe, T . W . y Whitman. R V. Mecánica de Suelos, Cap. II. Limuta-Wilcy, S. A.. México. 50. Matul. R J. y Ramírez de Arcllano, L. Field measutements in Rockfill Dam*. I I Congreso Panamericano de Mecánica de Suelos e Ingeniería de Cimentado' rus, VoL 2, Sao Paulo. Brasil. 51. Sowers. G. B. y Sowcri. G. F. Introducción a la Mecónica de Suelos y Cimentaciones, Cap. 5. LirouiaWiley. S. A.. México. 52. Lambe. T . W. y Whitman, R V. Mecánica de Suelos, Cap. 26. limusa-Wiky, S. A., México. 55. Skempton, A. W.. The Pore Pressure Coefficients A and B. Geotechnique, VoL IV. 54. Bishop, A . W.. Alpan. U Blight. O. E. y Donald, L B. Factor* oontrolling dte Strength o f Panly Satu­ rated cohesive SoiK Research Conferenee on Shear Strength o f Cohesive Soib, ASCE, Boulder, Colorado. 55. Bishop, A. W . y Eldin. G. Undralned triaxial Tests on Saturated Sands and their significance in the Ge­ neral Theory o f Sisear Strength, Geotechnique, Vol. IL N ; 1. 56. Bishop. A. W. y Ifenkcl. D. J. The Measurement of Soil Properties in the Triaxial Test, Edward Arnold, I,td.. Londres.

16. Juárez Badilio, E. y Rico, A. Mecánica de Suelo». Tomo I I I Flujo de Agua en Suelos, Cap. I. Edicio­ nes de la Facultad de Ingeniería. U.N.A.M» Méxi­ co. 17. Juárez BadiUo. E. y Rico. A. Mecánica de Suelo». Tomo 1 Fundamentos de la Mecánica de Suelas, Cap. X. Ediciones de la Facultad de Ingeniería. U.N.A.M.. México. 18. Lambe» T . W. y W biuun. R. V. Mecánica de Suelos, (Trad. J. A. Jiménez Salas y j . M. Rodríguez). Cap. 9. Limuta-Wiley, S. A - México. 19. Lambe. T . W. y Whitman. R- V, Mecánica de Suelos, (Trad. J, A. Jiménez Sala» y J. M. Rodrigue;). Cap. 10. Limuia-Wiley, S. A.. México. 20. Laml>e. T . W. y Whitman. R. V. Mecánica de Suetos, (Trad. J. A. Jiménez Sala» y J. M. Rodríguez). Cap. 20. Lúnusa-Wiley. S. A - México. 21. Skempton, A. W. y Bisliop, A. Wr. Soils. Cap. X de la publicación Buitdíng Meteríais, their Elasticity and inelasticity, North Ilolland PubL <*>.. Amsterdan. 22. Jiménez Sala». J. A. y de Justo A l parte». J. L. en o­ tecnia y Cimiento», lo m o I Propiedades de los Sue­ los y de las Rocas, Cap. G . Ed. Rueda. Madrid. 23. Marsal. R. J. Moreno. E„ Núrter. A.. Cuéllar. R. y Moreno, R /nueíJigacidn sobre el comportamiento de suelos granulan* y muestras de enrocamiento. Co­ misión Federal de Electricidad. México. 24. Marsal. R. J. Laige scale testing of Rockfitl Mate­ rials, Journal o f the Soil Mechanics and Foundationi División, ASCE, Mano. 25. Contribuí ion» and Dhcustfons on Medianical Propíenles o( RockfíII and Grave! Materials. Sesión Es­ pecial N? 13. Organizador: Raúl J. Manal. V il Con* greso Internacional de Mecánica de Suelos e Ingenie' ría de Cimentaciones, México. 26. Marsal. R. J. y Ramírez de Arcllano. L. Performance o í El Infiernillo Dam. Journal o f the Soil Mechantes and Foundation División, ASCE. 27. Marsa!. R. J. Ramírez de Arellano, L. y Nú fie/. A. Plañe strain o f R o& fill Materials. I I I Congreso Pa­ namericano de Mecánica de Suelos e Ingeniería de Cimentaciones, Caracas. 28. Lambe. T . W. y Whitman. R V. tSlecánica de Suelos, (Trad. J. A. Jiménez Salas y J. M. Rodríguez). Cap. 22. Limusa-Wiley. S. A.. México. 29. Leonards, G. A. y Girault, P. A Study o f the OneDimensional Consolidaóon Test, V Congreso Internacional de Mecánica de Suetos y Cimentaciones, Pa­ rís. SO. Barden. L. Primary and Secondary Consolidaron of Clay and Peat, Geotechnique. 31. Juárez Badilio. E. y Rico, A. Mecánica de Suelos. Tom o I Fundamentos de ¡a Mecánica de Suelos, Cap. X I. Ediciones de la Facultad de Ingeniería, U .N A M ., México. 52. Scott. R. F. Principies of Soil Mechantes, Cap. 7 y 8. Addison Wesley PubL Co., Inc. 53. Coulomb, Ch. A. Essai sur une application des régles des maximis et minimis a quelques problemes de uatique relatií* a l'architccture, Memoria a la Real Academia Francesa, 5, 7, París. 54. Mohr, O. Avhandlungen aus dem Gebiete der Technisehen Mechanik, W. Ernst, Berlín. 55. Newtiurk, N. M. Failurc hypothcses for Soils. ASCE Research Conferenee on Shear Strength of Cohesive Soib, Colorado,

CAPITULO

Clasificación de suelos desde el punto de vista de las vias terrestres
IM GENERALIDADES Dentro del campo particular de las vías terrestres, los suelos se presentan con una variedad y comple­ jidad prácticamente infinitas. Asi, cualquier intento de sistematización científica, acompañado de la co­ rrespondiente tendencia generalizadora, debe ir pre­ cedido por otro, en que se procure clasificar a los suelos del modo más completo posible. De hecho, los sistemas de clasificación de suelos son tan antiguos como la propia Mecánica de Sue­ los, pero por el escaso conocimiento que sc tenia sobre los suelos, los sistemas que aparecieron en un principio estaban basados en características poco re­ levantes (olor, color, textura, etc.) o muy difíciles de correlacionar con las fundamentales: estos siste­ mas están hoy superados y no conviene dedicarles ul­ terior atención. La granulometría ofrece un medio sencillo y evi­ dente para clasificar suelos. En verdad, basta dividir un suelo en sus fracciones granulométricas para te­ nerlo “ clasificado” , si previamente k conviene en dar una denominación particular a las distintas fraccio­ nes, según queden comprendidas en una determina­ da gama de tamaños. Los sistemas de clasificación granulométrica, tan populares en el pasado, tuvieron esa génesis u n simple, y los términos grava, arena, limo y arcilla aún tienen para muchos ingenieros un significado relacionado únicamente con el tamaño de las partículas constitutivas de esos suelos o fracdones.* Es evidente que un sistema de dasificadón de suelos debe agruparlos de acuerdo con sus propieda­ des mecánicas básicas, por ser éstas lo que interesa para las aplicaciones ingeníenles. A la vez, el crite­ rio clasificador ha de ser prejxinderantemente de naturaleza cualitativa, puesto que un sistema que in­ cluyera relaciones cuantitativas resultaría excesivat Loa autores tapetan que del Capitulo 1 haya podido coaduirae que en la Mecánica de Suek» moderna ae hacen in­ tervenir mucho» m i» faetom pan distinguir una arena de una ardlla, por ejemplo.

mente engorroso y complicado. Probablemente, lo menos que puede esperar un técnico de un sistema de clasificación es que sirva para normar su criterio respecto al suelo en cuestión, antes de que adquiera conodmientos m is profundos y extensos de las pro­ piedades d d mismo; así, al usar el sistema será po­ sible, entre otras cosas, obtener criterios para saber en qué direcciones es conveniente profundizar la in­ vestigación. A pesar de su sendllez. los criterios de clasifica­ ción puramente granulométricos resultan hoy poco apropiado*, porque la correlación de la distribución granulométrica con las propiedades fundamentales (resistenda, compresibilidad, relaciones esfuerzo-de­ formación, permeabilidad, etc.) resulta demasiado in­ segura y sujeta a excepciones y casos especiales. Apenas hay duda de que en el momento presente el sistema más efectivo de dasificadón de sudos es el propuesto por A . Casagrande (Ref. 1) y conocido con el nombre de Sistema Unificado de dasificadón de Suelos. En la Ref. 2 puede verse una descripdón detallada de tal sistema y del trabajo experimental que condujo a A. Casagrande a su formuladón. El sistema dasifica a los suelos finos prindpal­ men te con base en sus características de plastiddad, cuya correladón con las propiedades mecánicas bási­ cas es consistente y confiable, según se comentó en el capítulo I de este libro. Los suelos gruesos, mayo­ res que la malla N * 200 (0.074 mm de abertura), se clasifican sobre todo con criterio granulométrico, si bien son cuidadosamente tomadas en cuenta también las características de plasticidad de su fraedón fina. N o está claramente definido el tamaño máximo de los suelos que quedan comprendidos en el Sistema, pero como han de jxxler ser cribados, frecuentemen­ te se fija en forma arbitraria en 7.6 cm (3 " ). El Sis­ tema Unificado nadó como medio para clasificar sue­ los finos únicamente (menores que la malla 200, con 0.074 mm de abertura), y después fue extendido has­ ta induir gravas y arenas. Para el ingeniero de Vías Terrestres tiene aún la defiaenda de que éste ha de manejar en muchos casos fragmentos de roca, de taM atería! protegido por derechos de

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Clasificación de suelos desde el punto de vista de las xHas terrestres se usa para formaciones rocosas más o menos conti­ nuas o masivas. El “suelo” sc subdivíde en suelos de partículas fi­ nas o “ finos” y suelos de partículas gruesas o ''grue­ sos''. Los “ finos” son aquellos cuyas partículas ton menores que la malla N * 200. y los “ gruesos” son los que sc retienen a i la malla N* 200 y pasan la malla tic 7.6 cm (3 " ). Los “ finos” comprenden los suelos orgánicos, limos y arcillas. Los suelos orgánicos son los que contienen una cantidad apreciable de materia orgánica, y un material fino orgánico es limo o arcilla, según sus características de plasticidad, como se describe más adelante. Los suelos en que predo­ mina mucho la materia orgánica quedan en un gru­ po denominado “ turba” . Los “ gruesos” comprenden los grupo* denomina­ dos arena y grava, siendo la frontera entre ellos la malla N* 4. Los “ fragmentos de roca” se subdividen en “ chi­ cos", “ medianos” y “ grandes” . Los fragmentos chicos son aquellos que se retienen en la malla de 7.6 an (5*) y su dimensión máxima es menor de 30 cm. l os fragmentos medianos son aquellos cuya dimensión máxima está comprendida entre 30 cm y 1 m. Los fragmentos grandes son aquellos cuya dimensión má­ xima es mayor que de I m. Cada uno de estos grandes grupos tiene un sím­ bolo genérico, dado por una o más letras alusivas (Ref. 2). En la tabla ]I-1 se resumen los grupos que

maño más o menos grande, que quedan fuera del sistema original. Los técnicos mexicanos han venido usando el Sistema Unificado de Clasificación de Suc­ ios desde hace muchos años, siempre con resultado satisfactorio, y su familiaridad con él Ies ha ido in­ duciendo a hacerle pequeñas modificaciones de or­ den secundario, dictadas en cada caso por la conve­ niencia práctica. También lo han complementado con un sistema |>aia clasificar los fragmentos de roca (mayores de 7.6 cm) que con tanta frecuencia han de ser manejados en la ingeniería de Vías Terrestres. De esta manera, la Secretarla de Obras Públicas, or­ ganismo oficial que resume la práctica ingenieril me­ xicana en el campo de las Vfas Terrestres, ha forma­ do su propio Sistema de Clasificación de Suelos, Fragmentos de Roca y Rocas, que es el que en tér­ minos generales ac expone en este Capitulo (Ref. S). H 2 SISTEMA DE CLASIFICACION OE "SUELOS* UTILIZADO EN LA S.O.P. Para fines de clasificación, los materiales que constituyen la corteza terrestre se agrupan en S di­ visiones: “ suelos” , “ fragmentos de roca” y “ rocas” . El término "suelo” se aplica a todas aquellas par­ tículas de material menores de 7.6 cm (S”) . El tér­ mino “ fragmentos de roca” se aplica a los fragmen­ tos mayores de 7.6 cm (3*) y que no forman parte de una formación rocosa masiva. El término “ roca”

TABLA D-l
Oastfkadóe de B a tn iila pairan y lucio* DIMENSIONES DE LAS PARTICULAS 0 FRAGMENTOS 1 1 1 1 1 1 1

DIVISIONES

8UB-OM OONES ALTAMENTE ORGANICOS

GRUPO TU » • A ORGANICOS

SNBOLO

0 y c B < < M ALLA * <00

SUELOS

n i o t

L I MOS

M A L L A 4 » 200

> ♦ tO O T < MM4 > « * 4 T < > > > T.Ge»

g r u eso s

B FRAGMENTOS 0E R O CA C H IC O S MUÑAMOS GRANO CS EXTRUSVAS INTRUSIVAS CLASTICAS ROCAS SEDIMENTARAS QUIMICAS ORtARCAS NOFOUAOAS METAMORFICAS FOLIADAS *se «MI "so Kr» "mf ftts fe F»

r . G c » ( 3 l Y < SO «a. SO c « Y < l a Ir

Suelos gruesos intervienen en el Sistema de Clasificación de la Se* cretaría de Obras Públicas de México (SOP).

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A. SISTEM A U N IF IC A D O DE CIJVSIFICACION DE SUELOS (Versión S.O.P.) I.a base del Sistema Unificado de dasificadón de Suelos es la Carta de Plasticidad, resultado de una investigación realizada por A. Casagrande en el laboratorio (Reís. I y -I). En esta investigación se vio que, si se sitúan los suelos en un sistema coorde­ nado que tenga el Limite U quido en el eje de las abscisas y al Indice Plástico en el de las ordenadas, su agrupamiento no ocurre al azar sino que se agru­ pan de manera que en cada zona de la carta se si­ túan suelos con características de plasticidad y pro­ piedades mecánicas e hidráulicas cualitativamente de­ finidas; del mismo modo que los suelos vednos po­ seen propiedades similares, los alejados las tienen di­ ferentes. Con base en esta observadón, Casagrande pudo establecer en la gráfica fronteras que separan a los materiales finos en diferentes grupos de propie­

dades afines (líneas A y B ). En la Fig. 1I-I aparece lu gráfica de referencia, denominada carta de plasti­ cidad. en la forma en que se usa en la Secretaría de Obras Públicas de México, la cual difiere ligeramen­ te de la originalmente presentada por A . Casagrande. El sistema unificado abarca tanto a los suelos gruesos como a los finos, distinguiéndolos por el cri­ bado a través de la malla 200; las partículas gruesas son mayores que dicha malla y las finas, menores. Un suelo se considera grueso si más del 50% de sus partículas son gruesas, y fino, si más de la mitad de sus panículas, en peso, son finas. (Véanse las tablas 1M. 11*2 y 11-3.) Se describirán en primer lugar los diferentes gru­ pos de suelos grueso*.

a. SUELOS GRUESOS El símbolo de cada grupo está formado por dos letras mayúsculas, que son las ¡nidales de los nom­ bres ingleses de los suelos más típicos de ese grupo. El significado sc especifica a continuarión:

LIMITE

LIQUIDO

W p n n-1 Cuta de plasticidad tal cono te uu en b Secretarla de Obtas Públicas de México.

Material oroteaido p

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Clarificación de suelos desde el punto de vista de las vías terrestres Gravas y suelos en que predominan aquéllas. Sím­ bolo genérico C (gravel). Arenas y suelos arenosos. Símbolo S (sand). lo referente a su contenido de partículas finas, pero no cumplen los requisitos de graduación indicados para ser considerados como bien graduados. Dentro de estos grupos están comprendidas las gravas unifor­ mes, tales como las que se depositan en los lechos de los ríos, las arenas uniformes, de médano y pla­ yas, y las mezclas de gravas y arenas finas, prove­ nientes de diferentes estratos obtenidos durante un proceso de excavación. S) Grupos GM y SM En estos grupos el contenido de finen afecta las características de resistencia y esfuerzo-deformación y la capacidad de drenaje libre de la fracción grue­ sa; en la práctica se ha visto que esto ocurre para porcentajes de finos superiores a 12% en peso, por lo que esa cantidad se toma como frontera inferior de dicho contenido de jwrtlculas finas. La plastici­ dad de los finos en estos grupos varía entre "nula" y "media” ; es dedr, es requisito que los límites de plasticidad localicen a la fracción que pase la malla N* 40 abajo de la línea A o bien que su índice de plasticidad sea menor que 6%. En su sistema. Casagrande fijó este último número en 4%. Cuando el porcentaje de finos está entre 5 y 12% deberá usan se un símbolo doble, por ejemplo GW -GM, para in­ dicar una grava bien graduada con finos no plásti­ cos, en porcentaje comprendido entre 5 y 12%. 4) Grupo* GC y SC Por las mismas razones expuestas para los grupos G M y SM. el contenido de finos de estos grupos de suelos debe ser mayor que 12% en peso. Sin embar­ go. en estos casos, los finos son de media a alta plas­ ticidad; es ahora requisito que los límites de plasti­ cidad sitúen a la fracción que pase la malla . V 40 arriba de la linea A, teniéndose además la condi­ ción de que el índice plástico sea mayor que 6% (7% en el sistema original de Casagrande). Cuando un material no se ubique claramente den­ tro de un grupo, deberán usarse también símbolos dobles, correspondientes a casos de frontera. Por ejemplo, el símbolo GW-SW se usará para un mate­ ria] bien graduado, con menos de 5% de finos y for­ mada su fraedón gruesa por iguales proporciones de grava y arena.

Las gravas y las arenas se separan con la malla N* 4, de manera que un suelo pertenece al grupo genérico G si más del 50% de su fracción gruesa (retenida en la malla 200) no pasa la malla N* 4, y es del grupo genérico S en caso contrario. Las gravas y las arenas se subdividen en cuatro tipos: 1. Material prácticamente limpio de finos, bien graduado. Símbolo W (well graded). En com­ binación con los símbolos genéricos, se obtie­ nen los grupos G W y SW. 2. Material prácticamente limpio de finos, mal graduado. Símbolo P (poorly graded). En combinación con los símbolos genéricos, da lugar a los grupas G P y SP. S. Material con cantidad aprcciablc de finos no plásticos. Símbolo M (del sueco rao y mjala). En combinación con los símbolo* genéricos. <la lugar a los grupos G M y SM. 4. Material con cantidad apreciable de finos plás­ ticos. Símbolo C (clay). En combinación con los símbolos genéricos, da lugar a los grupos GC y SC. A continuación se describen los grupos anteriores a fin de proporcionar criterios más detallados de identificación, tanto en el campo como en el labo­ ratorio. 1) Grupos GW y SW Estos suelos son bien graduados y con pocos fi­ nos. o limpios por completo. La presencia de los finos que puedan contener estos grupos no debe pro­ ducir cambios apreriabtes en las características de re­ sistencia de la fracción gruesa, ni interferir con su capacidad de drenaje. Los anteriores requisitos se garantizan en la práctica, especificando que en estos grupos el contenido de partículas finas no sea mayor de un 5% en peso. En el laboratorio la graduación se juzga por medio de los coeficientes de uniformi­ dad (C J y curvatura ( Q ) . Para considerar una gra­ va bien graduada se exige que su coeficiente de uni­ formidad sea mayor que 4, mientras el de curvatura debe estar comprendido entre I y 5, En el caso de las arenas bien graduadas, el coeficiente de unifor­ midad será mayor que 6, en tanto que d de curva­ tura debe estar entre los mismos límites anteriores. 2) Grupos GP y SP Estos suelos son mal graduados; es dedr, son de apariencia uniforme, o presentan predominio de un tamaño o de un rango de tamaños, faltando algunos intermedios; en laboratorio deben satisfacer los re­ quisitos señalados para los dos grupos anteriores, en

b. SUELOS F IN O S También en este caso el Sistema considera a los suelos agrupados, formándose d símbolo de cada gru­ po con dos letras mayúsculas, elegidas con un crite­ rio similar al usado para los suelos gruesos, lo que da lugar a las siguientes divisiones: I.iinos inorgánicos, de símbolo genérico M sueco mo y m jala). Arcillas inorgánicas, de símbolo C (clay). (del

Suelos finos Limos y ardllas orgánicas, de símbolo genérico O (organic). Ciada uno de estos tres tipos de suelos se subdivide en dos grupos, según su limite liquido. Si éste es menor de 50%, es dedr, si son suelos de compre­ sibilidad baja o media, se añade al símbolo genérico la letra I, (low compressibility). y por esta cornbinación se obtienen los grupos M U C L y O L Los suelos finos con límite liquido majvr de 50%, o sea de alta compresibilidad, llevan tras el símbolo gené­ rico la letra H (high compressibility), y así se tie­ nen los grupo* M H, CH y OH. Debe notarse que las Iciras L y H no sc refieren a baja o alta plastiridad, pues esta propiedad dd suelo, como se ha dicho, ha de expresara: a i fun­ ción de dos parámetros (I,L e Ip ), mientras que en el caso actual sólo interviene el valor del limite lí­ quido. Por otra parle, ya se hizo notar que la com­ presibilidad de un suelo es una fundón directa d d límite liquido, de modo que un sudo es más com­ presible a mayor límite liquido. También es preciso tener en cuenta que el tér­ mino compresibilidad, tal como aquí se trata, se re­ fiere a la pendiente del tramo virgen de la curva de compresibilidad y no a la condidón actual del suelo inalterado, pues éste puede estar parcialmente seco
o p r e r o n s o l id a d o .

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tos cólicos, d d tipo del Loes», con 25% < L L < < 85%, usualmentc aparecen también en este gru|x>. Un tipo interesante de suelos finos que cien en esta zona son las ardllas del lipo caolín, derivadas de (os feldespatos de rocas graníticas; a pesar de que el nombre de arcillas está muy difundido para estos suelos, algunas de sus características corresponden a limos inorgánicos: por ejemplo, su resistenda en es­ tado seco es relativamente baja y en estado húmedo muestran cierta reacción a la prueba de dilatancia; sin embargo, son suelos finos y suaves con un alto porcentaje de partículas tamaño de ardlla, compara­ ble con el de oirás ardllas típicas, localizadas arriba de la línea A. En algunas ocasiones estas arcillas caen en casos de frontera M L-CL y MH-CH, dada su pro­ ximidad con dicha línea. (Véase la tabla 11*2.) la s tierras diatomáceas prácticamente |>uras sue­ len no ser plásticas, por más que su límite líquido pueda ser mayor que 100% (M H ). Sus mc/clas con otros suelos de partículas finas son también de los grupos M L o MH. S) Grupos OL y OH I j s zonas correspondientes a estos dos grupos son las mismas que las de los grupos M L y M H , respec­ tivamente, si bien los orgánicos están siempte en lu­ gares próximos a la línea A. Una pequeña adirión de materia orgánica coloi­ dal hace que crezca el limite líquido de una arcilla inorgánica, sin aprcriablc cambio de su índice plás­ tico; esto hace que el suelo se desplace hacia la de­ recha en la Carta de Plasticidad, pasando a ocupar una posidón más alejada de la línea A. 4) Gnrso Pi En la mayoría de los suelos turbosos las pruebas de límites pueden ejecutarse después de un completo remoldeo. El límite líquido de estos suelos suele es­ tar entre 300 y 500%. quedando su posidón en la Carta de Plastiddad notablemente abajo de la líi..‘a A ; d índice plástico normalmente varía entre 100 y 200%. Sirailarmente al caso de los suelos gruesos, cuan­ do un material fino no cae claramente en uno de los grupos, sc usarán para él símbolos dobles de fron­ tera. Por ejemplo, MH-CH representará un suelo fino con L L > 50% e índice plástico tal que el ma­ terial quede situado prácticamente sobre la línea A. El Sistema Unificado de ■ Clasificación de Suelos no se concreta a ubicar al material dentro de uno de los grupos enumerados, sino que abarca además una dcscripaón del mismo, tanto alterado como in­ alterado. Esta descripdón puede jugar un papel im­ portante en la formación de un sano criterio técnico y, en ocasiones, puede resultar de fundamental importanda para poner de manifiesto características qu » escapan a la mecánica de las pruebas que sc rea­ lizan. Un ejemplo típico de d io es la compacidad.

Los suelos altamente orgánicos, usualmcnte fibro­ sos, tales romo turbas y suelos pantanosos, extrema­ damente compresibles, forman un grupo indepen­ diente de símbolo Pt (del inglés Peal, turba). Los distintos grupos de suelos finos ya menciona­ dos se describen a continuación en forma más de­ tallada. 1) Grupo* CL y CII En estos grupos se encasillan las arcillas inor­ gánicas. El grupo C L comprende a la zona sobre la línea A, definida por L L < 50% e Ip > 6% (Ip > 7% en el sistema originalmente propuesto por A. Casagrande). El grupo C H corresponde a la zona arriba de la línea A , definida por L L > 50%. En este grupo CH se encasillan las arcillas formadas por descomposición química de cenizas volcánicas, tales como la bentonita o la arcilla del Valle de México, con límites lí­ quidos de hasta 500%. 2) Grupos ML y MH El grupo M L comprende la zona bajo la linca A, definida por L L < 50%, y la porción sobre la lí­ nea A con Ip < 6%_ (I p < 4% en el sistema origi­ nal). El grupo M H corresponde a la zona debajo de la línea A , definida por L L > 50%. En estos grupos quedan comprendidos los limos típicos inorgánicos y limos arcillosos. Los tipos co­ munes de limos inorgánicos y polvo de roca, con L L < 50%, sc ubican en el grupo M L. Los depósi­

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Clasificación de sucios desde el punto de insta de las vías terrestres las, forma y composidón mineralógica. Para distin­ guir las gravas de las arenas puede usarse el tamaño 14 cm como equivalente a la malla N ° 4, y para la estimación del contenido de finos basta considerar que las partículas de tamaño correspondiente a la malla N * 200 son aproximadamente las más peque­ ñas que puedan distinguirse a simple vista. En lo referente a la graduación d d material, se requiere bastante experiencia para diferendar los suelos bien graduados de los mal graduados median­ te un examen visual. Esta experiencia se obtiene comparando graduaciones estimadas con las obteni­ das en laboratorio, en todos los casos en que se ten­ ga oportunidad de hacerlo. Para examinar la fracdón fina contenida en el suelo, deberán ejecutarse las pruebas de identificación de campo de suelos fi­ nos que se detallarán más adelante, sobre la parte que pase la malla N * 40; si no se dispone de esta malla, d cribado puede substituirse por una separadón manual equivalente. En ocasiones puede ser importante juzgar la in­ tegridad de las partículas constituyentes de tos sue­ los, en cuyo caso será predso un examen especial­ mente cuidadoso. I,as partículas procedentes de rocas ígneas sanas se identifican fácilmente; las partículas intemperizadas se reconocen por las decoloradones y la relativa fadlidad con que se desintegran. 2) ID E N T IF IC A C IO N DE C A M P O DE SUELOS FINO S

En general, en los suelos gruesos deben propor­ cionarse los siguientes datos: nombre típico, porcen­ tajes aproximados de grava y arena, tamaño máximo de las partículas, angulosidad y dureza de las mis* mas, características de su su|ierfide, nombre toca! y geológico, además de cualquier otra información per­ tinente, de acuerdo con la aplicadón ingenien! que se va a hacer del material. En lo» suelos gruesos en estado inalterado, se aña­ dirán datos sobre estratificación, compaddad, cemen­ tación, condiciones de humedad y características de drenaje. En los suelos finos, se propordonarán. en gene­ ral, los siguientes datos: nombre típico, grado y ca­ rácter de su plastiddad, cantidad y tamaño máximo de las partículas gruesas, color del suelo húmedo, olor, nombre local y geológico, aparte de cualquier otra información descriptiva pertinente, de acuerdo con la aplicadón que se vaya a hacer del material. Respecto del suelo en estado inalterado, deberá agregarse información relativa a su estructura, estra­ tificación, consistencia en los estados inalterado y remoldeado, condiciones de humedad y características de drenaje. c. ID E N T IF IC A C IO N DE SUELOS El problema de la ¡dentificadón de suelos es de importancia fundamental en la ingeniería; identifi­ car un Mielo es, en rigor, encasillarlo dentro de un sistema previo de clasificadón. En este caso concreto, es colocarlo en alguno de los grupos mendonados dentro del Sistema Unificado de (Unificación de Sue­ los; obviamente en el grupo que le corresponda se­ gún sus características. La identificación permite conocer, en forma cualitativa, las propiedades mecáni­ cas e hidráulicas del suelo, atribuyéndole las del gru­ po en que se sitúe; naturalmente, según ya se dijo, la experiencia juega un papel importante en la uti­ lidad que se pueda sacar de la dasificadón. En el Sistema Unificado hay criterios para clasi­ ficación de suelos en el laboratorio; estos criterios de tipo granulométrico y de investigación de caracterís­ ticas de plasticidad, ya han sido sulidcntemente des­ critos. Además y ésta es una de las ventajas del Sis­ tema. se ofrecen criterios para identificación en el campo, es decir, en aquellos casos en que no se dis­ ponga de equipo de laboratorio para efectuar las pruebas necesarias para una identificación estricta. Estos criterios, simples y expeditos, se detallan a con­ tinuación. 1) ID E N T IF IC A C IO N DE C A M PO DE SUELOS GRUESOS

Los materiales constituidos por partículas gruesas se identifican en el campo sobre una base práctica­ mente visual. Extendiendo una muestra seca del sue­ lo sobre una superficie plana puede juzgarse, en for­ ma aproximada, su graduación, tamaño ele partícu­

Una de las grandes ventajas d d Sistema Unifica­ do es, como ya se dijo, el criterio para identificar en el campo los suelos finos, si se cuenta con algo de experiencia. El mejor modo de adquirir esa experien­ cia sigue siendo el aprendizaje al lado de quien ya la posea; a falta de tal apoyo, es aconsejable la com­ paración sistemática de los resultados de la identificadón de campo realizada con los d d laboratorio, en cada caso en que exista la oportunidad de ha­ cerlo. La principal base de criterio para identificar sue­ los finos en el campo es la investigadón de las ca­ racterísticas de dilatanda. de tenacidad y de resis­ tencia en estado seco. El color y el olor del suelo pueden ayudar, espenalmente en suelos orgánicos. (Véase Procedimiento de Identificadón en la tabla 11-2). Dilatanda. Las arenas limpias muy finas dan la reacción más rápida y distintiva, mientras que las ar­ dllas plásticas no tienen reacción. Los limos inorgá­ nicos, tales como el típico polvo de roca, dan una reaedón rápida moderada. La velocidad con que la pastilla cambia su consistencia y con la que el agua aparece y desaparece, define la intensidad de la reacción e indica el carác­ ter de los finos del suelo. Una reaedón rápida es tí­ pica en arenas finas uniformes, no plásticas (SP y SM) y en algunos limos inorgánicos (M L ), particu­ larmente del tipo polvo de roca; también en tierras diatomáceas ( M U ). A l disminuir la uniformidad en

Clasificación de los fragmentos de roca o ío s sucios, la reacción se hace menos rápida. Con­ ten i<los ligeros de arcilla coloidal imparten algo de plasticidad al suelo, por lo que la reacción en estos materiales sc vuelve más lenta; esto sucede en los li­ nios inorgánicos y orgánicos ligeramente plásticos (M U O L ). en arcillas muy limosas (CL-M I.) y en muchas arcillas de tipo caolín (M U M L-CU M H y MH-CH). Una reacción extremadamente lenta o nula es típica de arcillas situadas arriba de la linea A (C U C II) y de arcillas orgánicas de alta plasticidad. £1 fenómeno de la aparición de agua en la su­ perficie de la muestra es debido a la compactación de los suelos limosos y, aun en mayor grado, de los arenosos, bajo la acción dinámica de los impactos contra la mano; esto reduce la reladón de vacíos del material, expulsando al agua de ellos. £1 amasado posterior aumenta de nuevo la relación de vados y el agua se restituye a esos vados. I jo s suelos ardllosos no sufren esos efectos bajo cargas dinámicas, por lo cual no producen reaedón. Tenacidad. La potencialidad de la fraedón coloi­ dal arcillosa de un suelo se identifica por la mayor o menor tenaddad del rollito al acercarse al límite plástico y por la rigidez de la muestra al romperse finalmente entre los dedos. La debilidad del rollito en el límite plástico y la pérdida rápida de la cohe­ rencia de la muestra al rebasar este límite, indican la presencia de arcilla inorgánica de baja plastiddad o de materiales tales como arcilla del tipo caolín; las anillas orgánicas sc sienten muy débiles y esponjosas al tacto, en el límite plástico. Cuanta más alta sea la posición del suelo respec­ to a la linea A (C L. C H ), más rígido y tenaz será el rollito cerca del limite plástico, y más rígida tam­ bién sc notará la muestra al romperse entre los de­ dos, abajo del límite plástico. En suelos ligeramente sobre la línea A . tale» como ardllas glaciales (C U CH ). los rollito* son de media tenacidad cerca de su límite plástico y la muestra comienza pronto a des­ moronarse en el amasado, al bajar su contenido de agua. Casi sin exeepaón. los suelos que están deba­ jo de la línea A (M U M H . O L y O H ) producen rollitos poco tenaces cerca del limite plástico; en el caso de suelos orgánicos y micáceos, muy abajo de la linea A. los rollitos sc muestran muy débiles y es­ ponjosos. También en lodos los suelos bajo la lí­ nea A, excepto los O H próximos a ella, la masa pro­ ducto de la manipulación entre los dedos, posterior al rolado, se muestra suelta y se desmorona fádlmente, cuando el contenido de agua es menor que el correspondiente al límite plástico. Cuando se trabaje en lugares en que la humedad ambiente sea casi constante, el tiempo que transcu­ rra hasta que se alcance el límite plástico será una medida relativamente tosca del índice plástico del suelo. Por ejemplo, una ardlla C H con L L = 70% e Ip = 50% o una O H con L L = 100% e Ip « 50% prensan mucho más tiempo de manipuladón para llegar al límite plástico que una arcilla gladal del tipo C U En limos poco plásticos, del grupo M U el

99

límite plástico se a lea n » muy rápidamente. Claro es que para que las observaciones anteriores tengan sen­ tido será necesario comenzar todas las pruebas con los suelos muy aproximadamente en la misma con­ sistencia, de preferenda cerca del límite líquido. Resistencia en estado seco. Una alta resistenda en seco es característica de las ardllas del gni|>o CH. Un limo inorgánico sólo posee muy ligera resisten­ cia, pero puede distinguirse por el tacto al pulveri­ zar el espécimen seco. Ua arena fina se siente granu­ lar, mientras que el limo típico da la sensación sua­ ve de la harina. Los limos M L o M H exentos de plastiddad no presentan prácticamente ninguna resistenda en esta­ do seco y sus muestras se desmoronan con muy poca presión digital; el polvo de roca y la tierra diaiomácea son ejemplos típicos. Una resistenda en estado seco baja es representativa de todos los suelos de baja plasticidad localizado» bajo la línea A y aun de al­ gunas arcillas inorgánicas muy limosas, ligeramente sobre la línea A (C L ). Las resistendas medias defi­ nen generalmente a las ardllas del grupo C U o, en ocasiones, a otras de los grupos CH, M H (ardllas tipo caolín) u O H , que se localicen muy cerca de la línea A. La mayoría de las arcillas C H tienen resis­ tencias altas, así como las C U localizadas muy arriba de la linea A. Los materiales O H con altos límites líquidos y próximos a la linea A también exhiben grandes resistendas. Por último, resistendas muy al­ tas son típicas de ardllas inorgánicas del grupo CH. localizadas en posidones muy elevadas respecto a la línea A. Color. En exploraciones de campo el color del suelo suele ser un dato útil para diferendar los dife­ rentes estratos y para identificar tipos de suelo, cuan­ do se posee experienria local. En general, existen también algunos criterios relativos al color; por ejem­ plo, el color negro y otros de tonos obscuros suelen ser indicativos de la presenda de materia orgánica coloidal. Los colores claros y brillantes son más bien propios de suelos inorgánicos. Olor. Los suelos orgánicos (O H y O L ) tienen por lo general un olor distintivo, que puede usarse para identificación; el olor es particularmente inten­ so si el suelo está húmedo, y disminuye con la exposidón al aire, aumentado, por el contrario, con el calentamiento de la muestra húmeda. B. C LA S IFIC A C IO N DE LOS FR AG M E N TO S DE ROCA Los fragmentos de roca son todos aquellos cuyo tamafio es mayor que 7.6 exu (5*) y no forman par­ te de una formadón rocosa. a. D IV IS IO N DE LOS FR A G M E N TO S Los fragmentos de roca se subdividen en: 1) Fragmentos chicos (Fe). Aquellos cuyo tamaño está comprendido entre la malla de 7.6 cm (3 ") y 30 cm de dimensión máxima.

100

Clasificación de suelos desde el punto de vista de las vias terrestres 5) Grado de alteración

2) Fragmentos medianos ( Fm ). Aquellos cuya di­ mensión máxima está comprendida entre SO cm y 1 m. 5) Fragmentos grandes (F g ). Aquellos cuya d i­ mensión máxima es mayor de I m.

b. C A R A C T E R IS T IC A S G E N E R A L E S En este tipo de materiales deberán indicarse las siguientes características: clasificación petrográfica, características de granulometría, tamaño máximo de los fragmentos, forma de los mismos, características de la superficie, grado de alteración y cualquier otra información descriptiva pertinente. Para los materiales *‘in sita” deberá agregarse in­ formación sobre su estructura, estratificación, com­ pacidad, cementación, condiciones de humedad y ca­ racterísticas de drenaje. A continuación se describen cada una de las ca­ racterísticas que han sido anotadas y los adjetivos que deberán usarse para especificar cada una de ellas. 1) Clasificación petrográfica

El grado de alteración deberá indicarse usando los términos: sanos, poco alterados, medianamente alterados y muy alterados. E l grado de alteradón puede juzgarse por las siguientes características de los fragmentos: falta de lustre, manchas locales y so­ nido cuando son golpeados por un martillo. Algunos fragmentos que n o estén expuestos a la intemperie pueden parecer sanos cuando acaban de ser extraídos de su lugar; en estos casos se recomienda exponer dichos fragmentos a la intemperie por algún tiempo; se presenta entonces una desintegración gradual cuan­ do no son completamente sanos. 6) Estructura

Cuando sea posible deberá hacerse la clasificación petrográfica, que consiste en especificar de qué roca se trata. Para esto puede consultarse el párrafo II-3. 2) Características granulam¿tricas

En las características granulométricas deberá indi­ carse si se trata de un material de fragmentos de tamaño "u n iform e" o, en el caso de comprender va­ rios tamaños, deberá estimarse si el material está "m al graduado" o “ bien graduado", con un criterio similar al que se usa en el procedimiento de identi­ ficación de suelos en el campo. Tam bién se indicará el tamaño máximo de los fragmentos. 3) Forma

El término estructura que aquí se usa, se refiere a la manera en que están colocados entre sí los di­ ferentes constituyentes de un depósito pétreo. La es­ tructura es importante desde el punto de vista del comportamiento mecánico de todo depósito, siendo esencial el que los fragmentos rocosos estén en con­ tacto directo o separados por suelo. En el segundo caso, el comportamiento mecánico del conjunto está determinado fundamentalmente por las propiedades del suelo que separa los fragmentos. En un depósito que esté constituido por fragmentos de roca y suelo fino, los casos extremos que pueden presentarse son un depósito en que todos los fragmentos sean resis­ tentes y estén en contacto entre sí, constituyendo una estructura simple y el suelo fin o sólo se presente lle­ nando parcialmente los huecos de esta estructura simple, o un depósito que se encuentre constituido predominantemente por suelo fino limoso o arcillo­ so y los fragmentos se encuentren aislados sin pre­ sentar ningún contacto entre ellos. Es evidente que bajo la aplicación de una carga rápida, el material del primer caso mencionado se comportará como "puramente friccionante", mientras que en el segun­ do caso, el comportamiento mecánico será el de un suelo fino: 7) Estratigrafía

L a forma de los fragmentos deberá indicarse con los términos “ acicular” cuando tenga forma de agu­ ja, "lam inar" cuando tenga forma de lámina y "equidimensional” cuando sus tres dimensiones tengan el mismo orden de magnitud. Esta última comprende los siguientes casos: "angulosos” , cuando el fragmen­ to tenga vértices y aristas agudos; “ subangulosos” , cuando estos vértices y aristas no sean agudos; "subredondeados", cuando los vértices y las aristas prác­ ticamente no existan, y "redondeados", cuando ten­ gan prácticamente la forma esférica. 4) Características de la superficie

La estratigrafía, en caso de existir, deberá descri­ birse indicando el espesor de los estratos, el tipo de material que constituye dichos estratos y el echado de ellos; se debe explicar claramente que se trata de un material no estratificado, cuando así ocurra. 8) Compacidad

La compacidad deberá juzgarse usando los térmi­ nos: muy suelto, suelto, poco compacto, compacto y muy compacto. 9) Cementación

Las características de la superficie deberán califi­ carse según los términos: lisa, ligeramente rugosa, medianamente rugosa y muy rugosa.

L a cementación química entre los fragmentos de­ berá expresarse con los términos: nula, ligera, media

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Lin ca m ien tos generales para clasificar las rocas y alta, de acuerdo con la m agnitud d el esfuerzo necesario para separar los fragmentos; debiendo indi* carse, cuando sea posible, si el tip o de cementación es p o r carbonatos, por silicatos, p o r alum ínalos o por óxidos d e fierro. Queda entendido q u e ya una ce­ mentación alta está en el lím ite de lo qu e se podría considerar una roca sedimentaria. £1 grad o de ce­ mentación deberá estimarse en una muestra repre­ sentativa del m aterial q u e se haya dejado sumergida en agua cuando menos 24 horas.
I I-S

101

CLASIFIC AC IO N DE LAS ROCAS L I N E A M I E N T O S G E N E R A L E S P A R A C L A S I­ F IC A R L A S R O C A S

A.

10)

Condiciones de humedad

La clasificación de las rocas q u e aparece en este capítulo (tablas U-4, 11-5' y 11-6) está basada en las características que pueden ser observadas directam en­ te en el campo sin ayuda del m icroscopio; en conse­ cuencia, para clasificar una roca se deben tom ar en cuenta, com o factores principales, su com posición m ineralógica y su textura. En la tabla II-7 se presenta una lista d e los prin­ cipales minerales qu e constituyen las rocas y sus ca­ racterísticas físicas más importantes, com o una ayu­ da para su identificación. Asim ism o, en el texto se describen las texturas y tipos de rocas más comunes. Para clasificar una roca se sugiere seguir el p ro ­ cedim iento q u e a continuación se indica: 1. U na vez qu e se ha exam inado cuidadosamente una muestra de la roca, deberán definirse, en el orden q u e se indica, los tres aspectos funda­ mentales siguientes: tip o de textura, m inera­ les q u e la constituyen y gru p o a q u e pertenece (ígnea, sedim entaria o m eta m ó ríica ). 2. C on la anterior inform ación se entra a la ta­ bla correspondiente II-4, II-5 ó II-6, para de­ term inar la clase de roca de q u e se trata.

Las condidones d e humedad deberán indicarse con los términos: seco, poco húmedo, m uy húmedo y saturado.

11)

Características de drenaje

Las características de drenaje de un depósito se refieren a la facilidad con la qu e un depósito de m aterial puede drenarse en e l caso de qu e llegu e a saturarse. Las características de drenaje deberán cali­ ficarse con los adjetivos: nulas, malas, medias y buenas. Estas características dependen tanto de las p rop ie­ dades hidráulicas de los materiales constituyentes com o d e la topografía y la naturaleza de las form a­ ciones geológicas circundantes.

TABLA 11-4

CO M PO SIC IO N PRINCIPALES MINERALES QUE FORMAN LAS ROCAS

Y

C L A S IF IC A C IO N R 0

D E RO CAS IG N EA S C A S

O R IG E N
ERUPCIONES

N A TU R A LE Z A

V IT R E A

OBSIDIANA PERU TA PIEDRA POMEZ * RETINITA (Plcdro P « )

EXTRUSIVAS (Grano tino d porflrÍHca )

INTRUSIVAS (Grano g ru ñ o )

TRANQUILAS

C U A RZO 0«

RiO LIT A

GRANITO 1 » 2 « mi O

ERUPCIONES EXPLOSIVAS

PlROCLAS TIC A (FR A G M EN TO S )

PIEDRA POMEZ BLOQUES BOMBAS
C o n x X H Bd—

FELDESPATO POTASICO (Orfotloa* > K AISlt 0 ,

TRAQUITA

SIENITA

■A

o i

GRAVAS LAPILLI ARENAS CENIZAS

BRECHAS TOBAS ARENISCAS TOBAS TOBAS

ANOESITA FELDESPATO
V U JlL V r

DlORITA

'

( Ploglocloioa ) CO AlaS lt Oa Na A l S L 0 . Silicato* ParroRMfimioiMM: Mica*. MB.
Homblanda

1 DACITA

GRANOdOWTA

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POLVOS

BASALTO

GABRO

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Clasificación de sucios desde el punto de vista de las iñas terrestres

TABLA 0-5

ROCAS
0 R l 6 E N A G E N T E TR A N S P O R TA D O R AGUA M E C A V IE N T O N 1 C 0 GRAVEDAD

SEDIMENTARIAS
S E D I M E N T O S U E L T O GRAVA (A R IS T A S R EDONDEADAS) GRAVA (A R I S T A S ARENA L IM O A R C IL L A M EOANOS LO ESS
V

S E D I M E N T 0 C O N S O L I D A DO

CONGLOM ER ADO BRECHA A R E N IS C A U M O L IT A A R G IL IT A A R E N IS C A

AGUDAS)

H IE L O

GRAVAS A N G ULO SA S ARENA L IM O A R C IL L A GRAVA ANGULO SA ► T IL IT A

BRECHA

DE

TA LU D

0

R | G

E

N

N A T U

R A L E

Z A

S E D I M E N T O CAUZA D O L O M IT A A R A G O N IT A

C O N S O L I D A D O

CALCAREA 0 U 1 M i CALCAREA SI U C O S A A R C IL L O S A

T R A V E R T IN O M ARGA PEDERNAL G E Y S E R IT A E V A P O R IT A S ! S A L GEM A YESO BORAX T E O U E S Q U IT E C R 1 STA U L L O CAUZA CORAL C O Q U IN A C R E T A (S A S C A B ) D IA T O M IT A TU R B A L IG N IT O H ULLA A N T R A C IT A (T IZ A R )

S A L IN A

o

o
n

CALCAREA

G A N I
V

S IU C O S A CARBONOSA

0

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Textura de las rocas
T A B L A H-6

103

ROCAS
R O C A ARENISCA C A LIZ A L U TITA BA SIC AS G R A N IT O , D IO RITA Y CONGLOMERADO O R I G I N A L

METAMORFICAS
P R O D U C T O CU A R CITA M A RM O L PIZAR RA E SQ U ISTO S , S E R P E N T IN A , E T C . GNEISS MET A MORFICO

3. Habiéndose deleminado el nombre de la roca, se consulta la descripción correspondiente, con el fin de comprobar su clasificación.

B. T E X T U R A DE LA S R O C A S La textura de una roca está representada por el orden, la orientación, el tamaño, la forma y el en­ lace de las partículas que la constituyen y que se observan a simple vista o con la ayuda de una lente de poco aumento. Quedan excluidas las innumera[ bles texturas que, aunque formadas en los mismos principios, sólo son visibles al microscopio a través ¡de una lámina delgada de la roca. a.

Texturas comunes de las rocas ígneas

Las diferencias en el grado de cristalización y en el tamaño de los cristales determinan la textura de ; una roca ígnea; ambos factores están controlados jen primer lugar por la velocidad de enfriamiento, [aunque pueden tener intervención la constitución química del magma y su contenido de materiales vo­ látiles. 1) Piroclástica. Constituida por partículas de vi¡drio volcánico, trozos pequeños de pómez, fenocris­ tales y fragmentos de roca volcánica, cementados. Las [partículas de vidrio y la pómez pueden alterarse en [parte, convirtiéndose en arcillas. Las rocas piroclás[ ticas son el producto de explosiones volcánicas. 2) Vitrea. Constituida esencialmente de vid rio •volcánico. Pueden estar diseminados en el vidrio pe­ queños fenocristales de feldespato o de otros mineírales. E l vid rio puede ser espumoso, lleno de minúscu­ las burbujas que forman una textura vitrea pumítica. 3) Afanitica. Constituida principalmente por d i­ minutos cristales (menores de 0.5 mm) con residuo ¡vitreo entre los cristales, o sin él. Aun cuando los crisitales pueden observarse a simple vista, no es posible íidentificarlos sin la ayuda del microscopio. Su pre­ sencia da a la roca un lustre pétreo u opaco, en con­

traste con el lustre de vidrio de las rocas de textura vitrea. L a mayor parte de las corrientes de lava tie­ nen textura afanitica; en algunas, la corriente ha alineado a los pequeños granos minerales que dan a la roca una apariencia bandeada o fluida!. 4) Granular. (Fanerítica.) Constituida por cris­ tales lo suficientemente grandes para verlos e iden­ tificarlos sin la ayuda de una lente o de un micros­ copio. H ay rocas en las que el tamaño m edio puede variar desde 0.5 mm hasta más de 1 cm; las rocas granulares comunes, como el granito, tienen granos de tamaño de 3 a 5 mm en promedio. 5) Porfiritica. Compuesta de dos tamaños dife­ rentes de los minerales, que dan a la roca una apa­ riencia moteada. A causa de que en pequeños cuer­ pos intrusivos o en las lavas la textura porfiríüca es la más común, ha sido atribuida a un cambio en la velocidad de enfriam iento mientras el magma esta­ ba en cristalización. El proceso de deformación pue­ de explicarse imaginando un gran cuerpo de magma subterráneo que puede enfriarse hasta una tempera­ tura a la que comiencen a cristalizar uno o más m i­ nerales; como el enfriamiento es lento, los cristales de estos minerales crecen hasta adquirir un tamaño considerable. Si cuando el magma está casi a medio cristalizar se abre una grieta en el techo de la cá­ mara, parte del magma con sus cristales suspendidos puede escapar para ir a formar una corriente de lava en la superficie. L a porción todavía líquida del mag­ ma se enfría rápidamente en la superficie del terreno y rodea a los cristales grandes, llamados fenocris­ tales, de una pasta fundamental de cristales afaníticos. Los fenocristales se formaron bajo la tierra, la pasta fundamental afanitica se form a en la superfi­ cie. Esa lava tiene una textura afanitica porfiritica. El adjetivo “ porfirítico” se usa para calificar la tex­ tura que prevalece en la pasta fundamental. Las ro­ cas que tienen una textura granular porfiritica (grandes cristales en una pasta fundamental de gra­ no fino) son comunes en los cuerpos intrusivos. La textura vitrea porfiritica aparece en algunas corrien­ tes de lava y en los fragmentos de pómez de las rocas piroclásticas. Otras condiciones diferentes a las de un cambio de la velocidad de enfriam iento rara vez pueden producir rocas porfiríticas.

Clasificación de suelos desde el p u n to de vista de las vías terrestres b.
Texturas comunes de las rocas sedimentarias

Las diferencias entre la naturaleza de las partícu­ l a constituyentes y la manera en que están unidas, determinan la textura de una roca sedimentaria. 1) Clástica. Constituida por fragmentos de ro­ cas, partículas minerales o conchas, cuyo conjunto ha sido cementado. Pueden hacerse distinciones pos­ teriores acerca del tamaño de las partículas y del grado de desgaste de los fragmentos individuales. 2) Orgá nica. Constituida por acumulaciones de detritus orgánicos (conchas, residuos, huesos, etc.), en los cuales las partículas orgánicas individuales estan tan bien conservadas (ni rotas, ni desgastadas notablem ente), que los rasgos orgánicos dominan en la textura de la roca. 3) Cristalina. Constituida por cristales que han sido precipitados de soluciones y entrelazados ínti­ mamente por mutua interpenetración durante su crecimiento. La roca debe su coherencia a este enlazamiento de cristales y no a la presencia de un ce­ mentante, como en el caso de las texturas clásticas y orgánicas. c.

debido al paralelismo casi perfecto de cristales m ¡| croscópicos y ultramicroscópicos de minerales lain¡: nares, principalmente mica. 4) Granoblástica. N o foliadas o débilmente foi liadas. Compuesta de granos minerales que se inter) penetran mutuamente y que cristalizaron simultánea! mente. Los minerales son lo suficientemente grande! como para ser identificados con facilidad sin el usj de microscopio y son todos del tipo equidimensio nal, tales como el feldespato, el cuarzo, el granate i la piroxena. 5) Felsitica córnea. N o foliada. Los granos m il nerales son por lo común microscópicos o ultramicrosl cópicos, aunque unos cuantos pueden ser visibles; s | rom pen en fragmentos de ángulos muy agudos cotí superficies dé fractura curva.

tamaño de i ducir el espe Algunas i estructura er rales) y este La diatot tan pequeño con un fuer frotado entr duce un lige lín, además parte, una ] que la diatoi

Texturas comunes de las rocas metamórficas

Las diferencias en la orientación o alineamiento de los cristales y el tamaño de los mismos, determi­ nan la textura de una roca metamórfica. H ay dos grupos generales de texturas. Las texturas foliadas, en las cuales los minerales laminares o en forma de hoja, como la mica y la clorita, están casi todos ali­ neados paralelamente unos con otros, de tal manera que la roca se divide fácilmente a lo largo de los cruceros casi paralelos, bien orientados, de sus par­ tículas minerales constituyentes. Las texturas no fo­ liadas, constituidas ya sea de minerales equidimensionales o de minerales laminares orientados al azar, lo que hace que la roca se rompa en partículas angulosas. 1) Gnéisica. Toscam ente foliada; las hojas indi­ viduales tienen un espesor de 1 mm o más, pudiendo llegar a varios centímetros. Las hojas o láminas pueden ser rectas, aplanadas, onduladas o dentadas. D ifieren comúnmente en su composición; por ejem plo, los feldespatos pueden al­ ternar con minerales obscuros. Los granos minerales son gruesos y fáciles de identificar. 2) Esquistosa. H ojas muy finas que forman ban­ das delgadas paralelas, a lo largo de las cuales la roca se parte o divide con facilidad. Los minerales individuales se ven distintamente; los minerales son principalmente laminares o en forma de bastonci­ llo, principalmente la mica, la clorita y la anfibola. Pueden estar presentes, pero no en forma abundante, algunos minerales equidimensionales, como el feldes­ pato, el granate y la piroxena. 3) Apizarrada. Foliación muy fina en hojas pla­ nas, casi rígidam ente paralelas, de fácil separación

Las lutit; a formacione margosas. Ej alteran fácil: después, se c C. E S T R U C T U R A DE L A S RO CAS suelos sumar Í miento del " Es la serie de rasgos morfológicos megascópicaj Hay que de las rocas, debidos a oquedades, deformaciones tí prendidas en discontinuidades. Cuando los minerales que forman una roca ígne¡! cia es la misi se presentan en forma de cristales grandes, visiblef espesor. Con a simple vista, como en el caso de un granito o d e ¡ distinción co una diorita, lo más seguro en que se trate de u n a! hacen eferve: ellas del cari roca intrusiva. Cuando s Cuando la roca ígnea es de textura vitrea, afani! tica o porfiritica, seguramente se trata de una rotí la estructura extrusiva. Algunas veces estas rocas presentan en t ficación. El gneis campo una estructura fluidal. Los basaltos presentan das, que sepe con frecuencia una estructura rugosa o acordonada las riolitas, la apariencia fluidal que les ha dado s] es, hay unas nombre y esto se puede observar aun en el ejemplo feldespato, e de mano, pues los cristales, principalmente los d roto paralela cuarzo, están alineados en la dirección de la corrietl textura corre te. Otras veces, la riolita, la andesita y la dacita prí das. Esto es sentan una estructura en fajas de distinto color. o| dkx destacar dorita, la m: señal de la fluidez de la lava de que procedieron. Las rocas sedimentarias de textura clástica ns tura, que cas presentan dificultad para su identificación cuanóa* los gneises, y su grano es grueso, a partir de la arenisca. Sin eaj pequeños. bargo, se da el caso de que una arenisca de gran* muy grueso puede ser confundida con un conziorrerado fino; entonces se le da este último nombn (tam bién se le ha llamado arenisca conglomera tica | L a identificación de las rocas sedimentarias i textura clástica, de grano fino, puede presentir zguna dificultad. Desde luego, la mayoría de las roca de este tipo están dispuestas en capas delgadas a tratos delgados), pero hay algunas, como las cali3* margosas, que se presentan en bancos gruesos. C o m do están sometidas a presiones, tanto anas cccb» otras sufren trastornos en su posición o rigin a l M se supone horizontal y presenta indinaciooes. coi vaturas, pliegues sencillos y complicadas, q _ - aJe*j ñas veces conservan aun en ejemplares de mai>:-_ 14 este ú ltim o caso, hay que atender no sólo a la ~ei tura de la roca, sino también a su estructura. EsJ es importante, pues puede haber casos en t p e A La fisilidz extrati ficaciór ninas que n sal de los es ■ a esquistosi ¿irse fárilme Sama pizarro zarras de div »p lm en es planos de Entre las raa nota el i cío de bs cal ald ta , que f acn grandes trátales gran 3 c :c de gra i de colores,

Rocas comunes tamaño de un ejemplar de mano no alcance a tra­ ducir el espesor de la capa de roca en el campo. Algunas calizas de origen orgánico presentan una estructura en bancos gruesos o en grandes masas (co­ rales) y esto no aparece en un ejemplar de mano. La diatomita (tiza) está formada por carapachos tan pequeños que sólo pueden verse al microscopio con un fuerte aumento; pero el polvo del material frotado entre los dedos y muy cerca del oído pro­ duce un ligero ruido que lo hace distinguir del cao­ lín, además de que al tacto es diferente. Por otra parte, una poca de agua hace ver inmediatamente que la diatomita no es plástica. Las lutitas (lodos endurecidos) abarcan no sólo a formaciones arcillosas y limosas, sino también a las margosas. Expuestas a la intemperie, estas rocas se alteran fácilmente, se agrietan primero, se rompen después, se deshacen y dan lugar a la formación de suelos sumamente plásticos. Recuérdese el comporta­ miento del “choy'’ en el norte del país. Hay que advertir que las margas están aquí com­ prendidas en las lutitas, en general, pues su aparien­ cia es la misma cuando se presentan en capas de poco espesor. Con el ácido clorhídrico se puede hacer la distinción con facilidad, pues solamente las margas hacen efervescencia con él, debido a la presencia en ellas del carbonato de calcio. Cuando se trata de rocas metamórficas foliadas, la estructura tiene mucha intervención en su identi* ficación. El gneis presenta una estructura en fajas o ban­ das, que separan a los minerales que lo forman, esto es, hay unas fajas de cuarzo, otras de mica, otras de feldespato, etc. Si el ejemplar que se examina está roto paralelamente a una de esas fajas, presentará la textura correspondiente a cada una de dichas ban­ das. Esto es más notable en los esquistos, pues en ellos destacará sobre todo el mineral abundante (la cloríta, la mica, etc.) y puede no notarse su estruc­ tura, que casi siempre es muy plegada, más que en los gneises, y los cristales de los minerales son más pequeños. L a fisilidad de las pizarras es independiente de la estratificación, esto es, se dividen fácilmente en lá­ minas que no tienen reladón con la posición origi­ nal de ios estratos. Así como en los esquistos se lla­ ma esquistosidad a la propiedad que tienen de divi­ dirse fádlmente en láminas cortas y delgadas, se llama pizarrosidad a la propiedad que tienen las pi­ zarras de dividirse en hojas o láminas más o menos amplias, en una direcdón independiente de la de los planos de estratificación. Entre las rocas metamórficas no foliadas merece una nota el mármol, en el que el carbonato de cal­ d o de las calizas de que procede está convertido en calata, que forma cristales de todos tamaños, desde muy grandes hasta muy pequeños. El mármol de cristales grandes, triturado, se utiliza para la fabricadón de granito artifidal; el de grano fino, blanco o de colores, sirve para fines ornamentales. El már­

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mol negro contiene carbón grafitico y proviene de calizas que contienen originalmente carbón finamen­ te dividido. En ejemplares de mano estas calizas ne­ gras han sido confundidas a veces con basalto. Cuando se trata de carbonatos o de rocas que los contienen, la aplicadón del áddo clorhídrico hace que se desprenda el anhídrido carbónico (C O j) que los forma, lo que se efectúa con efervescenda, que es mayor mientras mayor es la concentración del á d ­ do y, desde luego, el contenido de carbonato en la roca que se analiza. Es suficiente una concentradón al 10%, lo que tiene la ventaja de que cuando se trata del carbona­ to doble de calcio y de magnesio (dolomía o dolo­ mita). o de calizas dolomíticas, estas rocas no hacen eftrvcscenda o la hacen muy débil con el áddo di­ luido. Entonces se obtiene con la navaja un poco de polvo del ejemplar y así se logra la efervescenda y la identificación.

11-4 ROCAS COMUNES

A. ROCAS IG NEAS CO M UNES a. Rocas extrusix/as pirocláslicas 1) Toba. La toba volcánica es una roca pirodástica de grano fino compuesta de fragmentos me­ nores de 5 mm. La mayor parte de los fragmentos son fenocristales rotos y fragmentos de lava solidifi­ cada; otros constituyentes comunes son partículas de vidrio volcánico, ya sean esquirlas microscópicas lla­ madas escamas o corpúsculos espumosos de pómez. También pueden estar presentes partículas de la roca basal sobre la cual se apoya el volcán. Generalmente las tobas son rocas poco resistentes, aunque algunas se encuentren lo sufidentemente bien consolidadas como para soportar cualquier dmentadón o para ser cortadas con taludes verticales. Muchas tobas se en­ cuentran entre los peores materiales en cuanto a la tendenda al deslizamiento; la ardlla montmorilonítica es un constituyente de la bentonita, mineral co­ mún de las tobas y su presenaa debe tomarse siem­ pre como señal de peligro. Esta roca es muy abundante en toda la Sierra Madre Occidental, generalmente intercalada con la­ vas riolliicas. 2) Brecha volcánica. En la brecha volcánica do­ minan como componentes fragmentos de más de 5 mm. En general, los fragmentos de lava son más abundantes que en la toba; las partículas de vidrio y la pómez pueden ser escasas. La escoria (tezontle) abunda en algunas brechas. La escoria puede for­ mar grandes bloques angulares, bombas estriadas de 2 a 15 cm de largo con la forma de un huso o lá­ grima, por haber sido lanzadas al aire cuando toda­ vía estaban fundidas. 5) Lapilli. Es un material fragmentario formado por partículas sueltas de unos 2 cm, constituidas de

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Clasificación de suelos desde el punto de vista de las vias terrestres misma reladón a la riolita que la que tiene la granodiorita con el granito (véase más adelante). La riolita y la dadta se encuentran como co­ rrientes de lava y como pequeñas intrusiones. 3) Andesita. La andesita es una roca afanítica y frecuentemente porfirítica, que se parece a la da­ dta, pero que no contiene cuarzo. El feldespato pla­ gioclasa constituye el fenocristal más común, pero pueden estar presentes la piroxena, la anfíbola o la biotita. La mayoría de las andesitas presentan estruc­ tura bandeada, pero no tan notable como las rioli­ tas. El color de las andesitas varía del blanco al ne­ gro, aunque la mayoría son de color gris obscuro o gris verdoso. La andesita es abundante en corrientes de lava y también en fragmentos en la brecha vol­ cánica, particularmente en cordilleras rematadas por volcanes, como la de Los Andes (de donde deriva su nombre), las Cascadas y los Cárpatos. La andesita también forma pequeñas masas intrusivas. La Sierra de Pachuca está constituida por ande­ sitas en sus dos terceras partes inferiores. La cum­ bre, o sea la tercera parte superior, está constituida por dadtas. Las vetas minerales del Distrito Minero de Pachuca y Real del Monte "arman" en andesitas. Gran parte del contorno de la cuenca del Valle de México está constituida por andesitas; la Sierra Ne­ vada, el Ajusco, las Sierras de Las Cruces y Monte Alto son todas andesíticas. El gran abanico de ori­ gen fluvio-gladal que cubre las faldas de las sie­ rras del sur de la dudad de México, está formado por material andesítico pirodástico (arenas y gravas) retransportado. El mismo material se encuentra al oriente de Texcoco, así como en las "lomas" de Cuernavaca. Mor., y en el Estado de México en los mon­ tes de Ocuilán, en Manilalco y en Malinaltenango. 4) Basalto. El basalto es una roca afanítica de un color gris o negro; la mayor parte de los basal­ tos no son porfíricos, pero algunos contienen fenocristales de plagiodasa y olivino. El basalto es la lava más abundante en el mundo y está muy esparcida en forma de grandes mesetas que cubren miles de kilómetros cuadrados. Aunque forma típicamente corrientes de lava, el basalto es también común en pequeñas masas intrusivas. El basalto es muy abundante en la República, espedalmente en el Valle de México y sus alrededo­ res. Se le encuentra en casi todos los estados.

lava espumosa y que fueron eyectadas por volcanes. Se usa mucho en construcción de carreteras, ya que es excelente material para base y para revestimiento, mezclado con algún cementante. Es muy frecuente encontrar este material en co­ nos volcánicos cineríticos, casi siempre en explota­ ción. Algunas brechas volcánicas sc forman como las tobas, pero otras son partículas de corrientes de lodo volcánico. Se ha visto que cuando han caído lluvias intensas en las laderas de fuertes pendientes de un cono volcánico, se han producido deslizamientos como aludes de detritus pirodásticos sin consolidar. Se han formado otras corrientes de lodo por nubes procedentes de erupciones explosivas a través de crá­ teres lagos. Los detritus volcánicos pueden viajar va­ rios kilómetros como corrientes en los valles. 4) Obsidiana. La obsidiana es un vidrio natu­ ral formado principalmente por magmas de compo­ sición riolítica, dacitica o andesítica. Es lustrosa y se rompe con superficie conchoidal. I-a mayor parte de las obsidianas son negras a causa de que tienen diseminados granos de magnetita y minerales ferromagnesianos, pero pueden ser rojas o grises por la oxidación del hierro, provocada por los gases magmáticos calientes. Los fragmentos delgados de obsi­ diana son casi transparentes. Se les encuentra a lo largo de las orillas de las intrusiones y raras veces forman pequeñas masas intrusivas. La mayor parte de las obsidianas intrusivas tie­ nen un lustre opaco parecido al de la pez, y a esa variedad se le llama piedra pez. 5) Pómez. La pómez es espuma de vidrio, ca­ racterizada por un color gris blanco y llena de mi­ núsculas burbujas. Las burbujas son tan numerosas que la pómez flota en el agua. La pómez abunda en forma de fragmentos en las tobas y en las brechas. Forma también corrientes distintas, o más común­ mente, corona corrientes de obsidiana y de riolita y se gradúa hada abajo hasta confundirse con la lava no espumosa.

b. Rocas extrusivas. ÍMvas 1) Riolita. La riolita tiene una pasta fundamen­ tal afanítica salpicada de fenocristales de cuarzo o de feldespato de potasio. El color de la riolita varía ampliamente, pero en general es blanco o amarillo claro, gris o rojo. La mayor parte de las riolitas tie­ nen una estructura bandeada, es decir, muestran una serie de capas alineadas, que se formaron cuando el magma fluía pastoso antes de solidificarse. La máxima manifestarión de las riolitas y sus tobas se halla en las cumbres de la Sierra Madre Occidental, que comprende zonas de los estados de Nayarit, Zacatecas, Sinaloa, Durango y Chihuahua. También es abundante en el centro del país. 2) Dadla. La dadta es semejante a la riolita, con la excepción de que es la plagioclasa la que pre­ domina, en vez del feldespato de potasio. Tien e la

c. Rocas intrusivas 1) Granito. El granito, que se caracteriza por una textura granular, tiene como sus dos minerales más abundantes el cuarzo y el feldespato, y en con­ secuencia, la mayoría de los granitos son de color daro. En la mayoría de los granitos también están presentes la biotita y la hornblenda, o una de ellas. Abunda en las costas del Océano Pacífico, en la Sierra de Chiapas, en el batolito de Acapulco, en Guerrero, y los de Michoacán y jalisco. En los dos

Rocas sedimentarias comunes extremos de la península de Baja California, región de El Cabo en el sur y Sierra de Juárez, Kukapás y Rumorosa, en el norte. En algunas regiones de los estados de Sonora y Sinaloa, en donde está muy al­ terado, recibe el nombre de Tucuruguay y presenta la apariencia de una arena gruesa pobremente ce­ mentada. Técnicamente, el término granito está reseñado a aquellas rocas ígneas granulares, cuarcíferas, que tienen el feldespato potásico como mineral predomi­ nante. Aquella en la que predomina la plagioclasa se llama granodiorita (compárese con la riolita y la d adta citadas con anterioridad). Generalmente la granodiorita puede distinguirse del granito por las estrías finas que caracterizan a una de las superficies de crucero de la plagioclasa. Se la encuentra con frecuencia en las mismas zo­ nas que el granito. Los levantamientos geológicos muestran que el granito y la granodiorita se encuentran en grandes cantidades en la corteza terrestre. Forman grandes masas intrusivas a lo largo del núcleo de varias cor­ dilleras, así oomo en otras áreas que han sufrido una erosión profunda. Son típicamente rocas continenta­ les y nunca han sido encontradas en islas océanica6 aisladas ni lejos de las masas continentales. Algunos granitos son de origen metamórfico, en vez de ígneo.

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pio. Esos gabros, con tamaño de grano intermedio entre el basalto y el del gabro normal, se llaman doleritas o diabasas. Se conocen en M éxico algunos lugares donde apa­ rece el gabro sano. En el Estado de San Luis Potosí, en la presa La Ventilla; en el Estado de Hidalgo, cerca de Tlalch in ol; en el camino Pachuca-Huejutla; en el Estado de Sinaloa, en algunos cortes del Ferro­ carril Chihuahua-Pacífico. En el Estado de Baja Ca­ lifornia, con m otivo de algunos cortes en el camino Tijuana-Ensenada se ha encontrado un gabro, a ve­ ces cavernoso, pero resistente, a pesar de una alteradón profunda causada por una larga permanená a bajo las aguas del mar. 4) Pen d olita , piroxenita y serpentina. En al­ gunas regiones son comunes las rocas de textura granular, casi enteramente compuesta de minerales ferromagnesianos, sin feldespato. Si la roca tiene d i ­ vino, como constituye predominante, se llama peridotita; si está constituida totalmente por piroxenas, se llama piroxenita. A las peridotitas y piroxenitas alteradas se les llama serpentinas. En virtud de que la serpentina está compuesta casi por completo de minerales se­ cundarios que no se solidificaron directamente del magma, se clasifica a menudo oomo roca metamórfica en vez de ígnea. La serpentina forma láminas intrusivas, diques y otras pequeñas masas intrusivas. 5) Pórfid o. El término antiguo de pórfido se 2) D iorita . La diorita es una roca granular com­ usa aquí de modo indefinido. Es común aplicarlo a puesta de plagioclasa y menores cantidades de mine­ las rocas ígneas intrusivas de grano fino, de textura rales ferromagnesianos. De éstos los más comunes son porfírica, en las cuales los fenocristales constituyen la hornblenda, la biotita y la piroxena. En general el 25% o más de su volumen. L a pasta fundamental las masas de diorita son de menor tamaño que las puede ser afanitica de grano grueso o fanerítica de de granito o de granodiorita. grano fino. Se antepone la palabra pórfido el nom­ La diorita se presenta en grandes masas, como al bre de la roca cuya composidón y textura se ajustan sur de Zitácuaro (Cerro de L a Coyota) y en muchos a la pasta fundamental. lugares de la Sierra Madre Occidental y de las cos­ Para distinguirlo del adjetivo porfirítioo, e l nom­ tas del Océano Pacífico. En el gran batolito de Acá* bre de “ pórfido” no debe ser aplicado a las rocas pulco, a los lados de la carretera es común ver con porfiríticas que tengan una pasta fundamental de frecuencia diques de diorita que atraviesan la masa grano grueso, o a corrientes de lava porfiritica que del granito. En el cruce del río Aguacatillo se ve un contengan unos cuantos fenocristales diseminados. La contacto de granito con diorita. L a pequeña penín­ primera debe llamarse diorita porfiritica y la última sula de L a Quebrada es una intrusión de diorita en andesita porfiritica, si tiene la misma composidón granito. que la diorita y la andesita. 8) Gabro. El gabro es una roca granular com­ El pórfido de granito, el pórfido de granodiorita puesta principalmente de plagioclasa y piroxena y, y el pórfido de la diorita, forman diques cerca de por lo común, con pequeñas cantidades de otros mi­ las masas de granito y de granodiorita. El pórfido nerales ferromagnesianos, especialmente olivino. Si de riolita, el pórfido de dadta y el pórfido de ande­ los minerales ferromagnesianos predominan sobre la sita son comunes en los cuellos volcánicos y en otras plagioclasa, de modo que la roca sea de color obscu­ pequeñas masas intrusivas. ro, generalmente es correcto llamarla gabro, aunque la distinción microscópica con la diorita reside en la identificación de la plagioclasa, que no es determi* B. R O C A S S E D IM E N T A R IA S C O M U N E S nable a simple vista. a) Conglomerado. El conglomerado es grava ce­ El gabro se encuentra distribuido tanto en gran­ mentada. La grava es un depósito sin consolidar des como en pequeñas masas. Es especialmente co­ compuesto prindpálm ente de fragmentos arrastrados mún en diques y láminas intrusivas delgadas, de por los ríos. Estos fragmentos pueden ser de cual­ grano fino. En la mayoría de estas pequeñas intrusio­ quier dase de roca o de mineral y de cualquier ta­ nes, los granos minerales son tan pequeños que son maño. L a mayor parte de los conglomerados, espedifícilm ente reconocibles sin la ayuda del microsco­

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Clasificación de suelos desde el punió de vista de las vias terrestres Todas contienen cantidades apreciables de ard­ lla. Las grauvacas son comúnmente de color gris obs­ curo, verde obscuro y aun negro. Como las arkosas. indican erosión y depósito rápido sin mucho intem­ perismo químico. Las areniscas forman unidades litológicas impor­ tantes que ocupan extensiones considerables. A flo ­ ran areniscas en la zona de Ciudad Altamirano, en Guerrero; en la Sierra Madre Occidental, interestratificada con lutitas; en la planide cosiera del Golfo, en la zona norte del Istmo y en masas menores en toda la República. d) Lutita. Estrictamente, el término lutita se re­ fiere a una roca que tiene una estructura físil, la­ minada o finamente estractificada, así como una com­ posición esendalmente arcillosa, aunque puede tener cantidades importantes de limo, arena, materia orgá­ nica y carbonato de calcio. Las lutitas se acumulan en muy diferentes me­ dios. Puesto que la carga prindpal que los grandes ríos llevan al mar está compuesta de lodo y arena fina, no es sorprendente que la lutita sea la roca se­ dimentaria marina más abundante; también puede endurecerse hasta convertirse en lutita el lodo depo­ sitado en los deltas, en el fondo de los lagos y en las planides que estuvieron a los lados de antiguos ríos divagantes. La dasificadón de las rocas de este grupo para fines de ingeniería geológica exige la separadón en­ tre los tipos laminados y no laminados, debido a la importanda que tiene la posidón de la estratificad ón con respecto a la direcdón en que actúan las fuerzas a que se les somete. Las ardllas y los limos pasan a lutitas a través de un proceso de consolidadón, siempre con eliminadón de agua. Las lutitas formadas por consolida­ ción vuelven a constituir lodos cuando se les somete a procesos alternados de saturadón y deshidratadón. Las lutitas bien cementadas son bastante más resis­ tentes a esos cambios. Es una roca que abunda en el territorio nadonal, principalmente en el Este y el Sur. Frecuentemente se presenta con cantidades subordinadas de carbo­ nato de calcio. e) Marga. La marga es una roca formada por ar­ cilla y carbonato de caldo en propordones aproxi­ madamente iguales. Sus propiedades son semejantes a las de la lutita, pero es todavía más intemperizable. Si predomina la ardlla, se dice que se trata de una lutita calcárea, y si predomina el carbonato de caldo, es una caliza arcillosa. f) Caliza. La caliza está compuesta de carbonato de caldo (CaCOa) con impurezas que pueden ser ar­ dlla, limo, arena, materia orgánica, etc Las calizas de origen orgánico son rocas comunes y se presentan en gran variedad, a causa de las mu­ chas clases de restos de que están formadas. Entre las más comunes están; la caliza coralígena que con­ tiene una trama de depósitos de coral pero también Ce

rfalmente los que han sido depositados por ios ríos, tienen mucha arena y otros materiales finos que lle­ nan los espacios entre las gravas. Algunos conglome­ rados de playa que han sido lavados cuidadosamente, contienen poca arena. Se le encuentra formando grandes masas en el Estado de Guerrero, en las zonas de Chilapa y Tía* pa bastante alterado por intemperismo. En el norte del país también es frecuente encontrarlo ocupando grandes extensiones. En masas pequeñas se le en­ cuentra en todas partes. b) Brecha. Las brechas sedimentarias se parecen a los conglomerados, excepto en que la mayoría de los fragmentos son angulosos en vez de redondeados, sin que exista una frontera definida entre dichas ro­ cas. Por la forma angulosa de sus fragmentos cons­ tituyentes es evidente que los componentes de las brechas sufrieron un desgaste y transporte relativa­ mente pequeños antes de ser depositados. Hay otras clases de brechas que no son sedimentarias, como las volcánicas y las de falla. Las brechas son abundantes en las áreas monta­ ñosas que han estado sometidas a movimientos tec­ tónicos intensos. c) Arenisca. La arenisca es arena cementada. La arena, por definición, consiste de partículas de un diámetro comprendido entre 4.76 mm (malla N « 4) y 0.074 mm (malla N* 200). La arena sc acumula en diferentes medios. Algu­ nas son depositadas por los ríos, otras son acumu­ ladas por los vientos para formar médanos, otras son extendidas por las olas y las corrientes a lo largo de las playas o en aguas de poca profundidad en las plataformas continentales; otras son transportadas por corrientes turbias a lo largo de pendientes sub­ marinas hasta el fondo del mar. Se reconocen tres variedades principales de are­ nisca. 1) Arenisca de cuarzo. Compuesta principalmente de granos del mineral cuarzo, aunque puede conte­ ner pequeñas cantidades de otros minerales. 2) Arkosa. Es una arenisca rica en feldespato. Pue­ de contener casi tantas partículas de feldespato par­ cialmente ¡ntemperizado como de cuarzo, o aún más. La mayor parte de las arkosas han sido formadas por la erosión rápida de rocas ricas en granos de feldespato, tales como los granitos y los gneises y por el depósito rápido de esos detritus erosionados, sin que el feldespato haya tenido tiempo de que el intemperismo lo convirtiera en ardlla. S) Gravvaca. Es una "arena suda" cementada, que contiene grandes cantidades de arcilla y fragmentos de roca, a los que se agregan cuarzo y feldespa­ to. Varías grauvacas contienen muchos detritus piroclásticc con diferentes grados de alteradón; otras contienen gran cantidad de fragmentos pequeños de pizarra, rocas verdes y otras rocas metamórficas; en ocasiones son rocas con abundanda de minerales ferromagnesianos.

Rocas silicosas de grano fin o s de arci. r gris obsis arkosas, ho intern­ as impor>les. Afloíirano, en interestraiel Golfo, enores en ¡ta .se ret físil, la­ una coraede tener eria orgá;ntes me5 grandes y arena i roca se:n puede ido depogos y en antiguos ipo para ición en>ido a la ¡tratifica:túan las a través >n elimionsolidas somete ratación. lás resisíacional, itemente z carbopor araproxinejantes erizable. trata de nato de rbonato
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incluye conchas de otros animales, especialmente fo­ raminíferos, moluscos y gastrópodos; la caliza de al­ gas constituida principalmente por calcita precipita­ da por algas y bacterias; la caliza de foraminíferos, compuesta principalmente de diminutas conchas de foraminíferos; la coquina, compuesta principalmente de conchas grandes, de moluscos y gastrópodos, y la creta, que consiste principalmente de láminas y espi­ nas microscópicas de calcita, llamadas cocolitos. Las calizas clásticas están compuestas de fragmen­ tos rotos y desgastados de conchas o de cristales de calcita. La caliza precipitada químicamente se está for­ mando en la actuálidad en mares calientes de poco fondo, en manantiales termales y en lagos salados. El trabajo de la precipitación orgánica es, no obs­ tante, difícil de separar del de los agentes bioquím i­ cos y orgánicos. Las calizas que presentan una estratificación grue­ sa y que están poco deformadas, proporcionan con­ diciones excelentes para cimentaciones o cortes; las de estratificación delgada, deformadas y fracturadas, pueden introducir serios problemas en las cimenta­ ciones y presentan condiciones muy desfavorables por su baja resistencia al esfuerzo cortante y por las fil­ traciones de agua que permiten. Por lo demás, se le considera como un m agnífico material de construcción. La caliza forma la masa general de la Sierra M a­ dre Oriental y se le encuentra aflorando a lo largo de toda esa sierra. Se le encuentra formando grandes masas en el sur del país; constituye la totalidad de la Penr'nsula de Yucatán, y se presenta en casi todos los Estados de la República. g) Travertino. El travertino es otra roca formada por carbonato de calcio impuro, que se deposita al aflorar manantiales termales. Es toscamente crista­ lina y por lo común está llena de pequeños agu­ jeros irregulares por donde ha circulado el agua que ia formó. Se le conoce también como sillar de agua, por su uso en maniposterías toscas y en ornamen­ tación. Esta roca abunda en el Estado de Puebla, en la región de Valsequillo hasta Tehuacán. En Viesca, del Estado de Coahuila, hay también yacimientos abundantes de travertino. En el Estado de N u evo León se le llama sillar de agua y se le usa para cons­ trucción. h) Dolomita. La dolom ita es una roca compues­ ta principalmente de mineral del mismo nombre: do­ lomita (carbonato doble de calcio y de m agn esio); se parece a la caliza y se transforma gradualmente en ella por cambios en la cantidad de calcita en la roca; generalmente es necesario hacer pruebas m i­ croscópicas y químicas para determinar en la roca las cantidades relativas de los minerales calcita y do­ lomita. L a dolomita hace una efervescencia suave en el HC1, y para que sea mayor este efecto debe ras­ parse con una navaja y aplicar el ácido al polvo.

N o es muy abundante esta roca en la República; sin embargo, se puede señalar la presencia de caliza dolomítica explotable en Teapa, T a b . Esta roca tam­ bién existe en el cañón de Petaquillas, Gro. i) Rocas silicosas de grano fino. Son comunes las rocas compuestas casi enteramente de sílice de gra­ no fino, pero rara vez forman grandes masas; las más comunes se describen a continuación; 1) Pedernal. El pedernal es una roca dura, de gra­ no tan fino que la superficie de fractura aparece uniforme y lustrosa. Los nodulos y lentes de peder­ nal son comunes en las calizas y las dolomitas; el pedernal es muy duro y de color negro, amarillento y blanco, principalmente. 2) Diatomita. Es una roca blanca compuesta casi enteramente de conchas silicosas de plantas micros­ cópicas llamadas diatomeas. N o todas las rocas silicosas de grano fino son de origen orgánico. Se cree que algunas han sido pre­ cipitadas por manantiales termales submarinos de aguas silicosas. Otras se han formado por el reem­ plazamiento de madera, caliza, lutita u otros mate­ riales por soluciones silicosas. La madera petrificada es un ejem plo común. j) Rocas carbonosas. Turba y carbón. La turba es un conjunto de restos de plantas ligeramente des­ compuestas. Puede encontrársele en procesos de acu­ mulación de pantanos y lagos de poco fondo en cli­ mas templados y aún en laderas empinadas en re­ giones húmedas. El carbón es el resultado de la compresión y una descomposición más completa del material de plantas en antiguas turberas que fueron sepultadas por sedimentos posteriores, k) Evaporitas o depósitos de sal. Las evaporitas va­ rían mucho en su composición y textura. En la ac­ tualidad están siendo formadas por evaporación de aguas saturadas de minerales disueltos. 1) Halita. Cuando el agua del mar se evapora completamente, se precipitan varias sales, siendo la sal gema (N a C l) la más abundante. 2) Yeso. En la naturaleza es mucho más abundan­ te que la sal gema el sulfato de calcio, que se pre­ senta tanto en la forma hidratada, yeso (C aS 04 2H2 0 ) , como en la forma de mineral anhidro, que se llama anhidrita (C aS 04 ) . 3) Caliche. El caliche es un depósito por evapo­ ración de aguas incrustantes que se presenta en for­ ma de costras superficiales o de capas intercaladas con suelos, principalmente en zonas semiáridas. Su composición es C a C 0 3 mezclado con los componen­ tes del suelo y tiene utilidad en algunos casos en que se puede emplear como cementante.

ser ar-

C. R O C A S M E T A M O R F IC A S a) Cuarcita. R oca muy dura, granoblástica, de tex­ tura sacaroide, constituida predominantemente por granos de cuarzo entrelazados. La cuarcita difiere de la mayoría de las areniscas en que se rompe a

omunes las mu. Entre ue conambién

110

Clasificación de suelos desde el p u n to de vista de las vias terrestres e) Micaesquisto. Roca esquistosa constituida p%re Menchaca, cipalmente por muscovita, cuarzo y biotita, en prjuárez Badillo porciones variables; puede predominar cualquiera ¿ción incluye 1 estos minerales. Las variedades más comunes son ¿distinguido ge cas en muscovita. publicación, d El esquisto de mica es una de las rocas metámose Ia anterior ficas más abudantes. Com o la pizarra, la mayoría ¿SOP tal come ellas se ha formado de lutitas y tobas, aunque alg¿publicación f ñas se derivan de la arkosa, de la arenisca arcillo^iningo Sáncht de la riolita o de otras rocas. El esquisto represen¿cázar Padilla, un metamorfismo más intenso que el de la pizarr, A todas es f) Esquisto de anfíbola. Roca esquistosa consdtii,que han conti da principalmente por anfíbola y plagioclasa, co¡*n*ento cr* cantidades variables de granate, cuarzo o biotit; Públicas, los Es un derivado metamórfico común del basalto, d e ígl°sar a(luí e* gabro, del esquisto de clorita y de rocas relacionad^ con éstas. Las pizarras y los esquistos de sericita, con gr¡ duación imperceptible de unas a otras, se encuentra: en los Estados de H idalgo, Puebla y Veracruz, en 1 ¿ barrancas profundas cercanas a los linderos de esj entidades (barrancas de Huayacocotla y Vinazco)i en el camino de Vizarrón a Jalpan (Estado de Qu| ré ta ro ), donde, por razones paleontológicas en é primer caso y estratigráficas en el último, se les tó atribuido una edad Jurásica. En los Estados de M éxico y Michoacán (Tlalpu jahua, Jungapeo, la mayor parte del terreno dond¡ se desarrolla el sistema hidroeléctrico M iguel Alemán Ixtapan de la Sal, etcétera) se han encontrado gran des manifestaciones de pizarra sericítica, con aparien cia de esquistos en muchos lugares. A estas forma dones se les ha atribuido una edad Triásica. g) Gneis. Roca gnéisica de grano grueso con leu tes o capas distintas de diferentes minerales. Es d i composición mineral variable, pero el feldespato e especialmente abundante. Otros minerales comune en el gneis son el cuarzo, la anfíbola, el granate í la mica. Los gneises se encuentran entre las rocas metí mórficas más abundantes. Pueden derivarse de vaj rias rocas diferentes: granito, granodiorita, lutita, rio; lita, diorita, pizarra y esquisto, entre otras. Los gneises abundan en las zonas de la Repúblil ca donde se presentan grandes masas de granito! cuando aquellas rocas se han derivado de éstas (zff, ñas en los Estados de Oaxaca, Guerrero y MichoaJ c á n ). T am bién se les ha encontrado, sin relacióre aparente con los granitos, en el cañón de Tomellírj y en la Sierra de Ixtlán del Estado de Oaxaca. En algunos lugares muy restringidos de esas zm ñas se han encontrado también esquistos micáceos] N O T A D E LO S A U T O R E S : Muchos han sido los especialistas de la Secreta­ ría de Obras Públicas que han contribuido a la adop ción del Sistema de Clasificación SOP, incluido en este capítulo. Los trabajos de todos ellos han dado lugar fundamentalmente a dos publicaciones alusi vas. Una, de 1965, por los ingenieros Luis M. Aguí

través de los granos y no alrededor de ellos. El color varía del blanco hasta el negro, pasando por crema, rosado, rojo y gris, pero la mayoría de las cuarcitas son de color claro. La cuarcita se foma por el metamorfismo de la arenisca de cuarzo. Es una roca metamórfica amplia­ mente esparcida. L a arenisca con cemento de sílice ( “ cuarcita” se­ dimentaria) es d ifícil de distinguir de la cuarcita me­ tamórfica, puesto que las dos se rompen a través de los granos. Mediante el uso del microscopio petro­ gráfico la distinción no es muy difícil, pues por lo común el cemento es fácil de distinguir de los gra­ nos de arena originales. L a cuarcita metamórfica también puede distinguirse de la arenisca cementa­ da con sílice, por m edio de las rocas asociadas con ella en el campo, pues la verdadera cuarcita está aso­ ciada con otras rocas metamórficas y la arenisca con otras rocas sedimentarias. b) Mármol. Roca granoblástica de grano fino o grueso, compuesta principalmente de calcita o de do­ lomita, o de ambas. Varios mármoles presentan una alteración bandeada de porciones claras y obscuras; otros presentan estructuras de brecha atravesada por vetillas de calcita. El mármol es formado por el metamorfismo de la caliza y la dolomita; si proviene de la dolom ita, co­ múnmente contiene silicatos magnesíferos, tales como piroxena, serpentina y anfíbola. c) Pizarra y filita. Rocas con grano muy fino, ex­ cepcionalmente bien foliadas. A causa de su exce­ lente foliación se dividen en hojas delgadas. Los gra­ nos minerales son tan pequeños que sólo se identifi­ can con el uso del microscopio o de rayos X . La pizarra es opaca en las superficies de crucero, la fi­ lita es brillante y de grano grueso y contiene algunos granos minerales de suficiente tamaño para ser iden­ tificadas a simple vista. L a pizarra y en menor ex­ tensión la filita, por lo común presentan restos de rasgos sedimentarios tales como la estratificación, así como de gravas y fósiles. Abundan las pizarras y las filitas. L a mayoría fueron formadas por el metamorfismo de las lutitas, pero otras se han derivado de las tobas o de rocas de grano fino. d) Cloritoesquisto. Roca verde de grano muy fino, esquistosa o apizarrada. Generalmente es una roca suave, de, tacto graso y fácil de pulverizar, compues­ ta de clorita, plagioclasa y epidota; pero todas, ex­ cepto la clorita, pueden estar presentes en granos demasiado pequeños para ser identificados. Pueden tener restos de las estructuras volcánicas originales, tales como fenocristales y escoria. Los esquistos de clorita son comunes. A menudo se les llama esquistos verdes o, si su folicación es muy débil, piedra verde, debido al color de la clorita. La mayoría se ha formado por el metamorfismo del ba­ salto o de la andesita y de sus correspondientes to­ bas, pero algunas se han derivado de la lutita dolomítica, de gabro y de algunas rocas ferromagnesianas.

Referencias Cuida priji rre M enchaca, M an u el Bustam ante Velasco, E u la lio ta, en pt0| Juárez B a d ilio y Juan J. C orrea Rachó. Esta p u blica­ ilq u ie r a (j. ción incluye la clasificación d e rocas que rea lizó el nes son r¡) distinguido geólogo G o n za lo V iv a r Sifrú. L a segunda

111

REFEREN C IAS 1. Casagrande A. Classification and Identification of Soils. American Society o f Civil Engineers. Transactions. Vol. 113, 1948. 2. Juárez Badilio, E. y Rico, A. Mecánica de Suelos. Tom o I. Fundamentos de la Mecánica de Suelos. Ca­ pítulo V II. Eds. de la Facultad de Ingeniería de la U.N.A.M. México, D. F„ 1969. 3. Sistema de clasificación de Materiales Pétreos y Sue­ los. Publicación Técnica de la Secretaría de Obras Pú­ blicas. México, 1970. 4. Juárez Badilio, E. y Rico A. Mecánica de Suelos. Tom o I. Fundamentos de la Mecánica de Suelos. Ca­ pítulo VI. Eds. de la Facultad de Ingeniería de la U .N.A.M . México, D. F„ 1969.

publicación, de 1970, es prácticam ente una ad op ción s metamótf de la anterior y con tien e el sistema de clasificación Tiayoría di SOP tal com o se usa en la actualidad (1 971). Esta nque algJ publicación fue preparada por los ingenieros D o ­ a arcillosa mingo Sánchez Rosado, A lfo n s o R ic o y L u is Balrepresent¡ cázar Padilla. A todas estas personas, así com o a muchas otras la pizarra i constituí que han con tribu ido en fo rm a anónim a al estableci­ >clasa, coi miento del criterio co lectivo de la Secretaría de O bras o biotita. públicas, los autores agradecen la oportu n id ad de 'asalto, del glosar aqu í el resultado fin a l de su trabajo. :lacionada¡ con graincuentran ruz, en la s os de esas V i nazco); 0 d e Quecas en el
se les ha

1 (Tlalpu:no donde ;1 Alemán, rado grann aparientas formasica. > con lenles. Es de iespato es comunes granate y
•cas metase d e valutita, rio-

Repúbli; granito, éstas (zo/ Michoai relación Tom ellín xaca.
5 esas zomicáceos.

i Secretai la adop :lu id o en han dado nes alusiM . Agui-

LISTA

DE

MINERALES
y Oxidos, Comunes.
CRUCERO Tres cruceros muv per­ fe c to s, en ángulos obli­ cuos. aue dan o los fraa mentos formas rombo­ édricas D U R E Z A DENSIDAD 3 2.72

C arb o natos, Su lfato s, Cloruros
M IN E R A L C A LC IT A - Carbonato de c a lc io , Ca C 0 3 FO RM A

TABLA
OTRAS

H j- 7
P R O P IE D A D E S

" Dientes de perro", o— cristales aplanados, con excelente crucero; granu­ lar, con c r u c e r o , tam — bie^n en masas de grano — demasiado fino para ver el crucero con claridad.

Generalmente incolora, blanca o amarilla, o de cualquier color debido a impurezas. Transparente u opaca; la variedad trans­ parente -muestra muy fuerte doble retrae ción (p.e. 1 punto, a través d é la c a lc i t a , aparece como 2 ) . Lustre vitreo u opaco, h ierve fácilmente co trío, diluido. con acido clorhídri­

DOLOMITA.- Carbonato de calcio y de magnesio, Ca Mg (C 0 3 ) 2

Los c ris ta le s , de caras rómbicas m uestran buen crucero .También se presenta en m asas de grano fino.

Tres cruceros perfectos en ángulos oblicuos cocomo la c a lc ita .

3 .5 - 4

2.9

Color variable , pero generalmente bloncq Transparente o translúcida. Lustre vitreo o aperlado. Pu lverizad o , hierve le n ta ­ mente con el acido clorhídrico diluido, pero los cristales grandes no.

Y E S O - S u lf a t o hidratado de c a lc io ,C a S 0 4 *2H20

C rista le s tab u lares, y masas g ran u lares,terro ­ sas, fibrosas y aún con crucero.

Un crucero perfecto que da la'minas flexibles del­ gadas. Otros 2 son me­ nos p e rfe c to s.

2

2.2—2.4

Incoloro o blanco por im purezas, otros co lo res. T ran sp are n te u o p aco .L u stre v itr e o , a p e rla d o o sedoso.Las lamillas* de crucero son fle x ib le s, pero no elás­ ticos como las de la mica. f

H A L IT A - (S a l de roca). Cloruro de sodio,N aCI.

C ristales cúbicos ( Flg.2 - 6 ) Masas granulares.

Crucero cúbico excelen­ te ( 3 cruceros en ángulo recto entre sí).

2-2.5

2.1

Incolora o blanca; pero por impurezas , p resen ta d iversos co lo res. E l co lo r pue­ de estar distribuido sin uniformidad en el c ris ta l. T ran sp aren te o translúcida. Lus­ tre vitreo. Sabor salado.

OPALO.-Sílice hidratada, con 3 % a 1 2 % de agua : S i0 2 nH20 No tiene una estructura interior geomé­ trica definida,por lo tanto, es un mineraloide ,no un verdadero mineral. CALCEDONI A-(Cuarzo criptocristalino). Bioxldo — de silicio, S i 0 2

Am orto. Generalmente, en vetas o en masas — irregulares que m ues­ tran una e s tru c tu ra — hondeada. Puede serterroso.

Ninguno. Fractu ra choidal

con-

5-6.5

2.1-23

Color variable en alto grado, a menudo en fajas u ondulado. Translúcido u opoco,— Lustre parecido al de la cera.

C ristale s demasiado pequemos para ser vi­ sibles. A veces con ban

Ninguno. Fractura choidal

con —

6

-6.5

2 .6

El color es por lo común blanco o gris cío-* ro , pero las impurezas le pueden dar cualquier color. S e distinge del cp alo —

w

u c i

U JJU I U

muy morcadas. Tam bién en masas.
gqs

por su lustre opaco

o nebuloso

M IN E R A L CUARZO .-(Cristal de ro ca ) Bióxido de silicio, Si Og

FORMA Cristales prismáticos de seis caras. Terminados por 6 caras triangulare^ También macizo Cristales bien formados, de 8 caras; generalmente en agregados com — pactos, 0 granos disemj nados 0 sueltos en la are na Sumamente variada ; compacta,granular, fibro­ sa ;o terro sa, m icáceo ; rara vez en cristales bien formados. Masas compactas 0 t e ­ rro sas; puede presentar estructura fibrosa radial

CRUCERO Ninguno
0

D U REZA 7

DENSIDAD 2.65

OTRAS

P R O P IE D A D E S

apenas nota­

ble Fractura conchoidal.

Generalmente incoloro 0 blanco, pero — puede ser amarillo, rosado, pardo ahumado translúcido, v aun nearo. Transparente u opaco . L u s tre vitreo 0 graso. Negra Opaca. Lustre metálico 0 submetaIScg. Raspadura neqra Fuertem ente a tra í­ do por un im án.La m agnetita es un mi­ neral im portante d« hierre.

M A G N ET IT A r Combina­ ción de oxidos ferroso y férrico Fe 3 0 4

Ninguno. Fractura concho^ dal 0 d isp areja. Puede partirse en forma que parece crucero.

55-6.5

5-5.2

HEM ATITA.-Oxido ferri co, F e 2 0 3

Ninguno, pero algunos ejem p lares fibrosos 0 / m icáceos se p a rte n co­ mo si tuvieran crucero ; fractura desigual 0 astillada Ninguno. Fractura con­ choidal 0 te rro s a .

5-6.5

4.9- 5.3

Color gris de acero, pardo rojizo, rojo 0 negro de hierro. L u stre metálico 0 terro­ so. Raspadura característica roja parduzca La hematita es el mineral de hierro mas importante. Color am arillo, pardo 0 negro. Lustre t e ­ rroso opaco, que la distingue de la hema­ tita. Raspadura c a ra c te rístic a parda — amarillenta. Mineral común de hierro.

*

“ LIM ONITA":El estudio >. microscopico muestra que el matera! llamado limo­ nita no es un soio mineral. La mayoría de las"limo­ n itas" es la variedad,en cristales muy finos ,del mineral GO ETHITA quecontiene agua absorbi­ da.Oxido férrico h id ra ­ tado,con cantidades me­ nores de otros elementos Aproximadamente: Fe 2 0 3 * H2 0 HIELOrOxido de hidroge­ no h 2o

1-5.5

34-4

Granos irreg u lares; paji­ llas irregulares en fo r­ ma de fle c o s , con sim e­ tría e x a g o n a l, macizo.

Ninguno. Fractura choidal.

co n ­

1.5

0 .9

Incoloro, blanco 0 azul .Lu stre vitreo.Fun de a 0 o C. por lo tanto, es líquido a la tem peratura del cuarto. Bajo de peso es/ »* peci f ico.

Silicatos
FELD ESPA TO POTASICO (Ortoclasa,microclina y sa nídino). Silicato de alumi­ nio y de potasio, K A IS i 3 0 8

comunes

en

la

formacion
Uno perfecto y uno bue-^ / no que hacen un ángu­ lo de 9 0 °

de
6

las
2

rocas.
.5-2 . 6 Generalmente blanco,gris,rosado , 0 am a­ rillo pálido; rara vez incoloro.Generalmente opaco,pero puede ser trasparente en las rocas volcánicos.Vitreo. Lustre aperlado en el mejor crucero Se ritetinnno h* in

C ristales en forma de ca ja ; m acizo , con crucero excelen te.

nídino). Silicato de alumi­ nio y de potasio, K A IS Í 3 O®

excelente.

10

ae

10 u ( j u ^ u , p c i u f ju c u o dai

11 us^/ui c i n e

e n iub

rocas volcaViicas. Vitreo. Lustre aperlado en el mejor crucero.Se distingue de la plagiaclasa por la ausencia de estrfas.

1/

l\

M I N E R A L

FORMA En cristales bien form a­ dos y en masas granula­ res o con crucero.

CRUCERO Dos buenos cruceros — ---- ------7 — ------------casi en ángulo recto. ( 8 6 ° ) No muy claro en algunas rocas volcánicos

DUREZA 6-6.5

DENSIDAD 2.6-2.7

OTRAS

P R O P IE D A D E S

F E L D E SP A T O PLAGIOCL& S A r (Feldespatos sodico-coi cicos). Un grupo de solucio­ nes solidas de silicatos d ealuminio, sodio y calcio, N a A IS i 3 0 8 a C aA I 2 Si 2 0 8
M U C C O VlTA^tiju__ .________v

Generalmente blanco o g ris ,pero puede pre sentar otros colores.Algunas variedades — grises presentan un juego de colores llama­ do opalescencia .Transparente en algunas — rocas volcánicas. Lustre vitreo o aperlado. Se distingue de la ortoclasa por la presen cía e¡n lo caro del mejor cru cero , de es —
trías

( Im eos

finas

paralelas).

WMIV

C 3 U U IIIU S

cola de pescado). Un silica to complejo de potasio y — aluminio, KAI2 S¡3 0 |o(OH)2 oproximadamente,pero varía BIO T IT A r(Mica negra). Un silicato complejo de potasio, fierro,aluminio y magnesio, de composicio'n v a ria b le ,— pero aproximada.: K(M g,Fe )3 AlSi 3 0l0 (0 H )2 PIROXENAÍ O ).Un grupo de soluciones sólidas de silica­ tos, principalmente de sili­ catos de Ca,Mg y Fe con cantidades variables de otros elementos.Variedades masco muñes: augita e hiperstena.

delgadas, o en agrega­ dos foliados, escamosos.

cion, que separa lami­ nillas delgadas,transpa­ rentes.flexibles.

r e r/ rwuru en unu a i r e e —

2-3

2.8 -3 .

Incolora ; pero puede ser gris, verde o pardol claro en piezas gruesas. Transparente o — translúcida. Lustre aperlado o vitreo

Cristales como escamas delgadas, generalmente de 6 lados, y en masas escamosas foliadas.

Perfecto en una direc­ ción que da laminillas delgadas, flexibles.

2.5-3

27-3.2

Negra o parda obscura. Transli/cida u opaca Lustre aperlado o vitreo. Raspadura blanca o verdosa.

Generalmente en crista­ les cortos, prismáticos, de 8 c a ra s ; ángulo entre caras alternas de cerca de 9 0 ° También en masas compactas y en granos diseminados.

Dos cruceros en ángulo casi recto. Crucero no siempre bien desarrolla do : la fractu­ ra,en algunos ejempla res, desigual o conchoidal.

5—6

3 . 2 —3 .6

Por lo común el color es verdoso o negro. Lustre opaco o vitreo. Raspadura gris ver dosa.Se_ distinque de \q anfíbola jdot ej_ cru cero a . 9 0 ° y _1 _ q $ cristales de 8 caros y por el hecho de que la mayoría de los cris­ tales son cortos y muy duros en vez de prismas largos v delgados como en la — an f íbola. Color negro o verde claro, o aun incolora. Opaca. Lustre v ítreo intenso en los superfi­ cies de crucero. Se distingue de la piroxena por la d iferen cia en el ángulo del crucero y por la forma del cristal. La anfíbola tiene mucho mejor crucero y mayor lustre que la piroxena.

A N FIBO LA rUn grupo de sili­ catos complejos, en solucion sólida,principalmente de Ca, M g,Fe y Al.Composicion se­ mejante a la piroxena,pero contiene un poco de idn de hidroxilo (OH) La variedad mas común de las anfíbolas es la hornblenda. OLIVINO r Silicato de hierro y de magnesio, ( Fe, Mg)2 S i0 4

Cristales ticos, de también guiares cristales lazan, y minados.

lar_gos, prismaca ra s; en m asas irre o fibrosas,con que se entre­ en granos dise
6

Dos buenos cruceros que se encuentran en ángulos de 5 6 ° y 124°

5-6

2 .9 - 3 .2

Ger.t ralrr.ur.te en granos como de vidrio y en — agregados granulares.

Tan débil que es raro verlo : Fractura conchoi dal.

6.5-7

3 .2 - 3 6

Varios tonos del verde, también amarillento opalescente y parduzco cuando esta algo alterado Transparente o translúcido. Lustre vitreo Se parece al nmr-»^ ----- - - f r a g m e n t o s , pero tiene un color_ verdoso característico a menos que este alterado.

CAPITULO

El terreno de cimentación. Exploración de suelos
III-l INTRODUCCION Las rocas ígneas, por su dureza, pueden presentar problemas de costo de excavadón muy elevado; por lo general permiten taludes verticales o muy próxi­ mos a la vertical, cuando están razonablemente sa­ nas, y como apoyo de un pavimento requieren de la colocadón de una capa de suelo intermedio en los cortes, para eliminar las irregularidades que quedan tras el proceso de conformadón. En las rocas sedimentarías es frecuente una du­ reza mucho menor que en las ígneas, lo que se tra­ duce en una mayor fadlidad de excavación; en este grupo abundan las rocas deleznables, espedalmente las de estructura aglomerada. En este grupo merecen mendón especial las calizas, muy comunes en Méxi­ co, entre las que se encuentran todos los tipos de comportamiento, pues mientras las de grano fino son duras y permanentes, las de grano grueso son blan­ das y deleznables. Las lutitas y las margas suelen ser relativamente fádles de excavar; con Erecuenda son poco estables ante el agua; al igual que los yesos y rocas similares, pueden ser expansivas al absorber agua y esto las hace peligrosas en los lechos de los cortes y como materiales de relleno en muros de re­ tendón. Finalmente, conviene hacer notar que las aguas que han fluido a través de rocas margosas, ye­ sos o anhidritas pueden ser muy peligrosas, pues en su recorrido se cargan de sales cálcicas que pueden descomponer el cemento de los concretos utilizados en las diferentes estructuras de la obra vial. En las rocas sedimentarías relativamente sanas es también frecuente poder construir taludes seguros muy próxi­ mos a la vertical. Los esquistos y las pizarras son quizá las rocas metamórficas más frecuentes en la tecnología de las vías terrestres; son fádles de excavar, hasta el grado de que muchas veces no requieren explosivos y bas­ tan los medios mecánicos para su extraedón. A l te­ ner planos de foliadón muy marcados en la mayor parte de los casos, estas rocas rompen a lo largo de dios, por lo que su echado es muy importante cuan113 Copyrighíed materia) Las terracerías que requiere una obra vial trans­ miten esfuerzos al terreno natural bajo ellas; esos esfuerzos, a su vez, producen deformadones que se reflejan en el comportamiento estructural de las mendonadas terracerías; de ahí la necesidad de estu­ diar el terreno de apoyo o cimentación, objeto de este capítulo. Además, existen factores independien­ tes de la superestructura de la obra vial, aunque a veces influidos por ella, como el agua por ejemplo, que producen efectos en el terreno de cimenta­ ción que también se reflejan en el comportamiento de la misma obra, por lo cual han de ser asimismo estu­ diados. Finalmente, la interacdón del terreno de ci­ mentación y la superestructura de la obra vial afecta de tal manera al comportamiento conjunto, que es de extrema importanda el estudio de los métodos a dísposidón del ingeniero para modificar las condi­ dones del terreno de dmentadón cuando sean des­ favorables, convirtiéndolas en más propicias; tales métodos también requieren atendón. Se entiende por terreno de dmentadón la parte de la corteza terrestre en que se apoya la estructu­ ra de la obra vial y que es afectada por la misma; su función es soportar a dicha obra vial en condidones razonables de resistencia y deformación.

in-2

GENERALIDADES ACERCA DE CIM EN TAC IO N

DEL

TERRENO

Los terrenos de dmentadón pueden estar consti­ tuidos por roca o por suelos. En general, la roca no plantea problemas como terreno de dmentadón pro­ piamente dicho, pues la obra vial le comunica es­ fuerzos que suelen ser de muy baja intensidad en comparadón con la resistenda del material. La alte* rabilidad de la formadón rocosa, por la acdón de agentes mecánicos o químicos, tampoco desempeña un papel que deba ser fuente de inquietudes espe­ ciales desde el punto de vista de apoyo.

M IN E R A L

FORMA

CRUCERO Ninguno. Fractura conchoidal 0 desigual.

D U R EZA

D E N S lD A ü l

O T R A S

P R O P IE D A D E S

\

GRANATE r Un grupo de sili Generalmente en crista­ catos en solucioVi solida, que les equidimensio nales, tienen una foVmula general bien formados ; pero — con proporciones variables también macizo y gralunar. de diferentes elementos i / metálicos.La variedad mas común cotiene Ca,Fe y Al — pero los granates pueden con tener varios elementos mas. S IL L IM ANITA r (Fibrolita ). Si Meato de aluminio , A l2 5 í 0 5 En cristales largos, del­ gados, 0 fibroso.

6.5-7.5

3 .4 - 4.3

Generalmente rpjo, pardo 0 amarillo , pero puede presentar otros colores. T ra n sp a ­ rente u opaco. Lu stre resinoso 0 vitreo.

Paralelo a lo largo, pero raras veces se nota.

6-7

3.2

Gris f blancoPverde arisco incoloro ; cristales # prismáticos delgados, 0 en masas de fibras aterciopeladas . Raspadura blanca 0 inco­ lora. Incoloro,blanco r 0 de un color azul claro dis tintivo. Puede ser rayada con la navaja en sentido paralelo al crucero, pero en el — transversal es mas dura que el acero.

KIANITA o CIANITA.-( Dis­ tena). Silicato de aluminio, A I2 S i 0 5

Cristales largos em fo r­ ma de hoja de cuchillo.

Uno, perfecto, y otro ape­ nas notable, paralelos a la ma^xima dimensión de cristal, y una partición muy tosca a través de los c ris ta le s . Muy poco notable

4-7

3.5-3 7

STAUROLITA Silicato de Fe y A l! Fe(O H ) 2 (AI2 Sí 0 5 ) 2

Cristales prismáticos — robustos y en gemelaciones en forma de cruz

1

7-7.5

3.7

Pardo rojizo, pardo amarillento 0 negro parduzco. Por lo general, en cristales bien formados, de mayor tamaño que los mine­ rales de la m atriz en que viene. Color característico verde amarillento v itre o .

EPIDOTA Un grupo compl.fi jo de silicatos de Ca, Fe,A I Ca 2 (A I,F e ) 3 (S ¡0 4 )3 (OH)

C ristale s cortos, de 6 c a ra s To aruoos de cris* ta le s ra d ia n te s y en m asas com p actas y g ranulares. Comunmente en masas foliadas 0 escam osas; puede presentarse en — c ris ta le s tabulares de 6 caras que parecen mica Foliada 0 fibrosa; gene­ ralmente maciza.

Un crucero bueno , en — algunos ejemplares,un segundo crucero , poco notable, hace ángulo de 115° con el primero. Un crucero perfecto,que da la m in illas delgadas, flex ib les,p ero no elás­ ticos.

6-7

3.4

(verde pistache). L u stre

C LO RITA. Un grupo comple­ jo de silicatos hidratados de Mg y Al,que contienen Fe y otros elementos e n — pequeKa cantidad. S E R P E N T IN A Un aruoocomplejo de silicatos hidrg tados de Mg.aprox. H4^g3 S i 2 O9

1- 2 .5

2 .6-3

Verde yerba 0 verde negruzco, Translú­ cido u o p aco . Raspadura verdosa. Lustre vitreo muy fácilmente desintegrable.

P o r lo común , un solo cru ce ro , pero puede ser en prismas. Fractu ra — generalmente conchoidal 0 a s tillu d a .

2 .5 - 4

2.5-2.65

Tacto suave: alaunas veces araso. Color verde puerro 0 verde nearuzco.aue varía a rojo parduzco, amarillo, etc. Lustre resi­ noso 0 graso. Translucido u opaco. Raspa dura blanca.

MINERAL TALCO.- S ilic a to hid rata­ do de Mg, Mg3 (0H )2 S i 4 0 , 0

FORMA En escamas pequePlitas y en masas suaves com­ pactas. Por lo común, en masas terrosas, suaves compac tas.

CRUCERO Un crucero perfecto que forma escamas y pedaceria chica. Los c ris ta le s son siem­ pre tan pequeños que el cru cero solo es visi­ ble al microscopio.

DUREZA
1

DENSIDAD
2 .8

OTRAS

P R O P IE D A D E S

Blanco,blanco plateado o verde manzana muy suave,con tacto graso.Lu stre aperla do en las superficies de crucero. Color blanco, pero puede estar manchado por im purezas. Tacto graso.Se adhiere a la lengua y se vuelve plástico cuando — se moja" Huele a a r c illa " ante el aliento.

KAOLINITA.-Sillcato hidra­ tado de Al, H4 AI2 S i 2 09 Representante de 3o 4 m inerales semejantes co­ munes en las arcillas. M inerales

1- 2

2

.2 -2 . 6

meitálicos (m enas ), im p o rtan tes. Son comunes los c ris ta ­ les cúbicos,pero predo­ minan las masas granu­ lares, de grano grueso a fino. Es común en c ris ta le s ,

/ (Vease

también la lista de m inerales de 2.5 7 .3 -7 6

Fe en la hoja b ),

G A L E N A r S u lfu ro de plo­ mo , Pb S.

Tres cruceros cúbicos p erfecto s, a 9 0 °e n t r e si.

Color gris plateado. Lustre metálico. R a s­ padura gris p latead a o negra grisáceo. Es el principal mineral (m ena) de plomo.

i ranslucído Seis cruceros perfec3.5-4 3.9-4 2 E l color varí- - '^ * ¿ * 2 2 o adam antino, ^raspadura blanca am arilla palida o parda. Es el principal m ineral de cinc. Color amarillo de latón pálido.Opaco. Lus — * tre metálico.Raspadura negra verdosa o / parduzca. Fragi 1.No es fuente de hierro. Se usaba en la fabricación de acido S u l­ fúrico. En general acompaña a m inerales de d iferen tes metales. Amarillo dorado o bronceado. Por oxida cion, azul morado, rojizo irid is ce n te . R a s­ padura negra verdosa. Se distingue de la # $ pirita por ser mas intenso el am arillo y por su menor dureza. Mineral común de cobre. Grís negruzco o gris de a c e r o ; por lo — general oxidado en azul o verde. Raspadu­ ra gris oscura. Muy pesada. Lu stre me­ tálico. Mineral importante de cobre.

E S F A L E R IT A r Sulfuro de P IR IT A r C 'E I oro de los tontos"), Sulfuro de hierro* Fe S 2

C ris ta le s bien formados / comunmente cúbicos,con caras e s tria d a s j tam ­ bién en masas granu­ lares.

Ninguno. Fractura d e si­ gual.

6-6.5

4 9 - 5 .2

CH A LC O PIRITA o C A LC O ­ P IR IT A - Su lfu ro de hierro y cobre* C u F e S 2

En masas compactas o disem inadas; rara v e z en cristales en forma de cuna.

Ninguno. Fractura desi­ gual.

3.5-4

4.1-4.3

CH ALCO C ITA o CALCOCIT A (C ob re lu cien te).Su l — furo cu proso, Cu2S

M aciza; rara vez en cris­ tales de forma tosca mente exagonal. Puede oxidarse y adquirir su­ p erficialm en te tonos de azul y verde.

In d fs tin to , rara vez observable.

2.5-3

5.5-5.8

MINERAL COBRE.- (Cobre nativo). Elemento químico, Cu

FORMA Hojas dobladas y retor­ cidas y en forma de alam bre: araño* anin«-

CRUCERO Ninguno.

DUREZA DENSIDAD 2.5-3
8

OTRAS

PR O PIED A D ES

.8-8.9

Color de cobre característico pero casi siempre manchado de verde.Sumajinente dúctil

PIRITA:- Su lfu ro de hierro y cobre» C u F e S 2

diseminadas ; rara vez en cristales en form a de cuña.

gual.

ción, azul morado, rojizo irid isce n te . R a s­ padura negra verdosa. S e distingue de la • 9 pirita por ser mas intenso el am arillo y por su menor dureza. Mineral común de cobre. vez 2.5-3 5.5-5 . 8 Gris negruzco o gris de acero ;por lo — general oxidado en azul o verde. Raspadu­ ra gris oscura. Muy pesada. L u stre me — talico. Mineral importante de cobre-

C H A LC O C IT A o CALC O CIT A ( C o b r e lu cien te ).Su l — furo cu proso, Cu2S

M aciza; rara vez en cristales de forma tosca — mente exagonal. Puede oxidarse y adquirir su­ p erficialm en te tonos de azul y verde.

In d istín to , rara obser vable.

MINERAL COBRE.- (Cobre nativo). Elemento químico, Cu

FORMA Hojas dobladas y retor­ cidas y en forma de alam bre: araños aolastados o redondeados. Macizo o en planchas delgadas /también en* granos aplastados o la* minillas. Son muy raros los cristales distintos. En en en en de

CRUCERO Ninguno.

DUREZA DENSIDAD 2.5-3
8

’ OTRAS

PR O PIED A D ES

.8-8.9

Color de cobre característico pero casi — siempre manchado de verde.Sumamente dúctil y maleable Excelente conductor del calor y de la electricidad. Muy pesado. Color amarillo de oro característico, y. enraspadura. Extremadamente pesado. Muy ma l e a b l e y dúctil

O R O r Elem ento químico, Au

Ninguno.

2.5-3

15.6-19.3

PLATAr- Elem entó químico, Afl.

granos aplastados y Ninguno. escamas;raras veces forma de alambre,o cristales en forma agujas irregulares. Ninguno, frac tura cur­ va o irregular.

2.5-3

10

-l 1

Color y raspadura blanco de p lata, pero — puede presentar en la superficie color gris o negro. Su mámente d úctil y maleable Muy pesada.Lustre metdlico de espejo, on superficie limpia. Parda o negra.Lustre adamantino. Raspadura blanca o amarillo pálido. Principal mineral de estaño.

CA SITERITA :- Bióxido de es­ taño, S n 0 2

Cristales prismáticos de 4 caras,bien form a­ dos,terminados en pirá­ mide^ cristales pueden enlazarse para formargemelos en forma de rodilla,también en ma­ sas arriñonadas, como cantos de río. Cristales regulares de 8 caras,o cúbicos ; maciza. Polvo terroso.

6-7

7

URAN IN 1 T A.- (Pechblenda) Oxido de uranio, U 0 2 a u3 o e . C A R N O T IT A r Vanadato de potasio y uranio, K2 (U 0 2 ) 2 ( V 0 4 ) 2 8 H20

Ninguno ; fractu ra conchoidal o desigual.

5-6

6.5-10

Color negro o negro parduzco. Lustre submetalico, resinoso, u opaco. Principal mineral productor de uranio , rad io , etc. Color brillante amarillo canario. Es ral de vanadio y uranio. mine­

No aparente

Muy suave

A prox. 4.1

I
114
E l terreno de cimentación. E xp lora ción de suelos O tro efecto del flu jo del agua en el terreno d e c¡. costo SU uso i mentación es la tubificación, producida cuando el las vías terres agua se infiltra a través del suelo de cimentación go de tubific: con su gradiente hidráulico superior al crítico, de nómeno pued La licuacic manera que haya arrastre de partículas (R ef. 1 ). La condición de tubificación no es muy peligrosa en el cas y espectaci terreno de cimentación de terracerías, puede afectar de suelo que más bien a los terraplenes, siendo un factor que s e nómeno. En debe considerar en su estabilidad (como tal será tra­ lativamente si tado en un capítulo subsecuente de este lib r o ), pero! dinámica rápi pudiera presentarse en ocasiones, por ejemplo al bro-1 rante un sisme tar el agua en un lado de un terraplén, cuando exisi que crecen a ta un embalse en el otro lado. Los suelos más su s-f disiparse por ceptibles a la tubificación son los friccionantés finos, estructura del permeables, sin cementación, con índice plástico mei nes del agua ñor de 10%; los suelos que además de cumplir lo¡l los granos de requisitos anteriores son ligeros ‘(arenas pumíticasl al esfuerzo cor por ejem plo) resultan particularmente afectables pon mos a cero; en el flu jo de agua. En la tabla I I I - l (Ref. 1) se detallé comporta comí la susceptibilidad a la tubificación de los distintos! de las cargas i génesis de las : suelos: ratura sobre c biéndose prodi T a b la I I I - 1 de la superesti en decenas y a Susceptibilidad de los Suelos a la T u b ificación co pueden cita como consecuei Gran resistencia a la 1. Arcillas muy plásticas (Ip y o Jáltipan en ’ tubificación. > 15% ), bien compactadas. ' Los suelos s 2. Arcillas muy plásticas (Ip n | v 15% ), deficientemente com ñas sueltas (pi compactar la e pactadas. 3. Arenás bien graduadas o ma presiones que g Resistencia media la tubificación cías de arena y grava, con con-' (en ellas se rec tenido de arcilla de plasticidad disipación de j media (Ip \ 6 % ), bien comí depósitos de li pactadas. 4. Arenas bien graduadas o me {ármente peligr cías de arena y grava, con cok El único mi tenido de arcilla de plasticidad la licuación, sej media (Ip > 6%), deficientes' ra, consiste en mente compactadas. 5. Mezclas no plásticas, bien gn utilizando para duadas y bien compactadas, ti' tos usuales en ! grava, arena y limo con Ip trucción de caí < 6%•
Baja resistencia a la tubificación. 6. Mezclas no plásticas, bien gni. duadas y deficientemente cott, pactadas, de gTava, arena y lio con Ip < 6%. 7. Arenas limpias, finas, uniformé (IP < 6 % ), bien compactada! 8. Arenas limpias, finas, unifo| mes (Ip 6%) deficientemet te compactadas.

do aparecen en cortes y laderas. Son rocas bastante deleznables y como producto de alteración final pro­ ducen, arcillas muy inestables, a veces en tiempos dentro de la vida útil de la obra. Los terrenos de cimentación constituidos por sue­ los también suelen proporcionar apoyo suficiente para las vías terrestres, aunque existen algunas con­ diciones que plantean grandes problemas de provec­ to y construcción. Algunas de éstas se detallan por separado en páginas subsecuentes de este caoífulo y constituyen quizá las contingencias más grandes a que ha de enfrentarse el ingeniero de obras viales, a tal grado que éste deberá considerar siempre como la mejor solución a estos problemas el cambio de trazo que lo aleje de ellos. Sin embargo, ha de insistirse en que son excepcionales los casos en que el terreno de cimentación constituido por suelos plan­ tea problemas realmente difíciles y costosos de resol­ ver, pero por la gravedad que pueden im plicar han de ser detectados en la etapa de estudios previos al pro­ yecto, para que se les evite cuando sea posible o para que se les tome en cuenta con todo cuidado y sean objeto de estudios muy esoeciales y a veces muy ex­ tensos, cuando el trazo obligue al ingeniero a avo­ carse a ellos, por consideraciones de superior con­ veniencia. Los suelos friccionantes (gravas, arenas y limos no plásticos o las mezclas en que ellos predominan) por lo general tienen capacidad de carga suficiente y características de compresibilidad que no provocan problemas de asentamientos de importancia. Las arenas o limos muy sueltos pueden plantear problemas de erosión y de asentamiento brusco, por colapso rápido de su estructura simple, cuando está sometida a cargas de alguna importancia; según se desprende de lo dicho en el capitulo I de esta obra, estos colansos suelen estar asociados a movimientos en el agua del subsuelo, sea saturación por flu jo de agua que se in filtre de la superficie o ascensos del nivel freático por cualquier razón. Sin embargo, este efecto no es muy im portante b ajo las terracerías, pues éstas absorben con facilidad los m ovimientos re­ sultantes; naturalmente que el efecto anterior es mu­ cho más peligroso cuando el terreno de cimentación soporta alguna de las estructuras rígidas qu e suelen construirse en una vía terrestre. En ocasiones, las fuerzas hidrodinámicas produci­ das por un flu jo ascendente del agua, al vencer el peso de las partículas, provocan efectos de boyancia que hacen que el suelo pierda total o casi totalmente su capacidad de carga, con los consiguientes efectos para la obra vial. Este problem a será poco frecuente y no de temer tan pronto como la altura de los terra­ plenes sobre el terreno sea de alguna significación, pero puede desempeñar algún papel en la cama de ciertos cortes. L a solución al caso consistirá siempre en cortar el flujo o en reducir su gradiente a niveles convenientes; por fortuna, la situación es calculable por métodos teóricos, por lo que el ingeniero podrá contar con orientación.

L a tubificación de los terrenos de cimentación « P más frecuente cuando en éstos hay estratificación rf errática, con mantos permeables, susceptibles de ací lerar el fenómeno. J ; ^ Los filtros graduados, de los que se hablará páginas posteriores de este libro, constituyen el m ? jo r m edio de evitar el fenóm eno de la tubificadópoblemas de licua< en el terreno de cimentación, aunque por razones «*lenes bajo un sisn

Generalidades acerca del terreno de cimentación costo su uso deba estar limitado en la tecnología de las vías terrestres a aquellos lugares en que el ries­ go de tubificación esté comprobado y en que el fe­ nómeno pueda ser de graves consecuencias. La licuación ha producido las fallas más dramáticas y espectaculares, debido a la magnitud de la masa de suelo que se pone en juego al producirse este fe­ nómeno. En suelos tales como arenas saturadas re­ lativamente sueltas, es posible que una solicitación dinámica rápida, como la que puede presentarse du­ rante un sismo, origine en el agua elevadas presiones que crecen a un ritmo mayor de lo que alcanzan a disiparse por la salida del agua de los poros de la estructura del material. A l incrementarse las presio­ nes del agua interior, se debilita el contacto entre los granos de la arena, disminuyendo su resistencia al esfuerzo cortante hasta valores nulos o muy próxi­ mos a cero; en estas condiciones la masa de arena se comporta como un liquido, fluyendo bajo la acdón de las cargas que provocan el fenómeno. Ésta es el génesis de las fallas más notables que registra la lite­ ratura sobre comportamiento de vías terrestres, ha­ biéndose produddo en algunos casos desplazamientos de la superestructura de la obra vial que se miden en decenas y aun en centenares de metros. En Méxi­ co pueden citarse como ejemplo las fallas ocurridas como consecuencia de los temblores de Coatzacoalcos o Jáltipan en 1957. Los suelos susceptibles a la licuadón son las are­ nas sueltas (pues en éstas la deformadón tiende a compactar la estructura, transmitiéndose al agua las presiones que generan el fenómeno), uniformes, finas (en ellas se reduce su permeabilidad, impidiendo la disipadón de presiones en el agua) y saturadas; los depósitos de limos no plásticos sueltos son particu­ larmente peligrosos. El único medio que parece seguro para impedir la licuación, según la experienda lograda hasta aho­ ra, consiste en compactar los terrenos susceptibles, utilizando para ello cualquiera de los procedimien­ tos usuales en la actualidad. En el caso de la construedón de carreteras, la compactadón de grandes

115

Visión típica de ios problemas constructivos de un camino sobre suelos blandos (construcción del camino VillahermosaEscárcega).

extensiones de terreno de dmentadón es problemá­ tica y sobre todo costosa, pero en zonas sísmicas y caminos de importanda pudiera llegar a ser acon­ sejable y económica, en espedal si se atraviesan áreas peligrosas relativamente restringidas. En terrenos de dmentadón constituidos por li­ mos plásticos y ardllas, deben distinguirse dos casos diferentes: cuando su compresibilidad sea relativa­ mente baja (suelos CL, M L y O L ) y cuando sean francamente compresibles (suelos C H , M H , O H y P .). En suelos de compresibilidad relativamente baja no se plantean problemas espedales a la superestruc­ tura de la obra vial; los pequeños asentamientos que puedan llegar a producirse son absorbidos fáalmente por la flexibilidad propia de dicha superestructu­ ra y la capaddad de carga del terreno suele ser su­ fidente para soportar a los terraplenes que hayan de ser construidos. En estructuras especiales más rígi­ das, tales como puentes y obras de drenaje, se podrá llegar a soluciones adecuadas de los problemas apli­ cando las teorías disponibles que toman en cuenta la capaddad de carga del terreno y los movimientos to­ lerables para la estructura elegida, las que serán ex­ puestas en páginas posteriores de este libro. Los materiales O L, debido al contenido de mate­ ria orgánica, pudieran no ser apropiados, en casos extremos, para usarse como materiales de construcdón. Como ya se dijo, es diferente el panorama cuan­ do el terreno de dmentadón está constituido por limos o ardllas altamente compresibles (suelos O H , M H , C H y P|); este caso se trata con mayor detalle en otro párrafo de este mismo capítulo, pero algunas generalidades pueden mendonarse ahora. En primer lugar puede decirse que no existe una reladón fija entre las características desfavorables de un terreno de dmentadón en cuanto a resistenda y compresibilidad y su situadón geográfica o topográ­ fica, aunque los terrenos desfavorables suelen abun­ dar más en formadones fluviales, lacustres o mari­ nas; la fotointerpretadón y los estudios geológicos

P ro b lriim de llrn ación d d t t i i u w d e d f i m d ó n ba jo terra­ p le n a bajo un afamo (Jáltipan, 1967).

116

E l terreno de cimentación. Exploración de suelos

de superficie son el medio más seguro para detectar las zonas difíciles, en que serán precisos estudios de detalle suficiente. La falta de resistencia en el suelo de cimentación es particularmente crítica cuando la obra vial exige altos terraplenes, lo que sucede principalmente en los accesos a puentes y pasos a desnivel, en llanuras de inundación en ríos o esteros y en zonas en que exista tirante de agua. A veces se ha querido ver en 3.0 m de altura de terraplén un lím ite práctico para establecer cuando se reauieren estudios espe­ ciales, en lo relativo a exploración de suelos y deter­ minación detallada de características del suelo en el laboratorio, con fines de realizar los análisis de esta­ bilidad nue estos casos especiales demandan: pero es difícil fiia r tales límites, pues la gravedad de un caso concreto depende' no sólo de la altura de los terra­ plenes, sino también de la naturaleza de los mate­ riales presentes y de lo importante que sean las con­ secuencias de una falla hipotética. La falta de resistencia del terreno de cimentación bajo un terraplén puede producir una falla ñor falta de capacidad de carga, asociada a un hundimiento brusco y destructivo del terraplén, con bufamiento del terreno a ambos lados de aquél (o a un sólo la d o ), no lejos de la línea de ceros. La falla puede presentarse sin previo aviso, pero en ocasiones se pro­ ducen con anterioridad deformaciones en la corona del camino, con hundimientos en la línea de centro y aparición de grietas en el material natural, parale­ las al bordo, .y a una distancia que es función de la altura y el ancho del terraplén; estas grietas suelen ir acompañadas de un perceptible bufamiento del terreno natural. A l detectar estos signos precursores de una falla inevitable, el ingeniero debe proceder de inm ediato al remedio del mal, ya sea empleando bermas, o aligerando las presiones inducidas por el terraplén. En muchos casos una previsión razonable podrá consistir en adoptar un procedimiento de cons­ trucción por etapas, en el cual se construya primera­ mente una altura parcial del terraplén, que se irá completando a medida que el terreno de cimentación desarrolle resistencia al irse consolidando bajo la carga previa. El procedimiento para estimar en la práctica el aumento de resistencia al esfuerzo cortante que tiene lugar en un suelo durante un proceso de consolida­ ción, se fundamenta en ideas ya discutidas en el ca­ pítulo I de este libro. Para fija r ideas, supóngase que se trata de un proceso de consolidación produci­ do por un terraplén que se construye sobre un suelo compresible, normalmente consolidado, cuya resisten­ cia inicial no garantiza la estabilidad de la estructu­ ra, por lo que se decide exigir la mitad de su altura y esperar para completarla a que el suelo se haya consolidado parcialmente, aumentando lo suficiente la resistencia inicial del terreno en ese proceso. Bajo carga rápida, supuesto que el terraplén se construye en poco tiempo, en comparación con el que el suelo necesita para consolidarse significativa-

por rotaciór zamiento de terreno de * considerará Taludes, po

m-J ASEN! DE C1
Figura III-l. Aumento de la resistencia rápida con carga d (' consolidación.

mente, la resistencia del suelo de cimentación estari| representada por la envolvente de la prueba rápidaconsolidada obtenida al trabajar con esfuerzos tota les. Analizando esta envolvente (Fig. I I I - l ) puede! verse que la resistencia al esfuerzo cortante (s) proporcional a la carga con que se haya consolidado el material. En el manto compresible normalmente consolida­ do, la resistencia bajo carga rápida será, por lo tanto, proporcional a la profundidad. A l construir la mitad del terraplén se inducirá un proceso de consolidación en el terreno de cimentación, como consecuencia d e l cual aumentarán las presiones efectivas en todo pun­ to del mismo. L a resistencia final en cualquier puntoj del suelo de cimentación, una vez logrado el 100% de consolidación bajo la nueva carga, puede deter­ minarse a partir de las nuevas presiones efectivas existentes al térm ino del proceso, calculables con h aplicación de la T e o ría de Boussinesq, como se in ­ dica en el párrafo III-3 de este mismo capítulo. A sí, si s¡ es a la resistencia inicial de un punto de 1 ) masa consolidada bajo la presión efectiva de su p eso propio ( p „) , la resistencia final bajo carga rápida. Sf, será la correspondiente a la nueva presión de con solidación, pa + Ap, donde A p representa el incre mentó de presión efectiva que ha producido la m i tad del terraplén primeramente construida. De e s ta manera sf será la resistencia con que pueda contar* al iniciar la construcción de la segunda mitad dd terraplén, si el terreno natural ha alcanzado el 100% de consolidación bajo la primera mitad; la resisten cia correspondiente a un porcentaje de consolidació»| comprendido entre 0% y 100% tendrá un valor ta ro bién comprendido entre s¡ y sf, que podrá obtener* por interpolación lineal, según se desprende obvi* mente de la Fig. I I I - l. Si el suelo de cimentación fuese preconsolidado, el problema podría tratar* como en el caso anterior, pero incluyendo en la eft volvente R c el intervalo de consolidación. Hvorslc* (R ef. 3) y R u tledge (R ef. 4) han dado manera algo diferentes de la aquí expuesta, pero básicame^ te equivalentes, para resolver el problema que ahofl se trata. Otro problema relacionado con los terrenos de o mentación de muy baja resistencia es el que se i* | fiere a las fallas del terraplén propiamente dicho

Posiblem un suelo de que se refiei producirse a terraplenes. 1. Pérdi< por el térra; na que bajo 2. A p ari sentido long dencia del perjuicios ei vimento, en 3. Dismi cuando se a 4. Perju drenaje mer dráulicamen dirse más er 5. A grie pedalmente terraplén ti< 6. Pérdit terraplenes < amentadas ¡ ticipan del Indepenc cuyo estudie capitulo, en que los asei desempeñan diseño de la un cambio ellos. Se lleg se toman en dicionalmen terrestre. En el ap de esta obra Ue los méto ocurren en i la carga de to fúndame variación d( sobrecarga o el terraplén, car éste, el t únicamente ahora un pe la profundic

Asentamientos en el terreno de cimentación por rotación o traslación sobre superficies de desli­ zamiento desarrolladas total o parcialmente en dicho terreno de cimentación; pero este tipo de fallas se considerará en el capítulo relativo a Estabilidad de Taludes, por lo que serán pasadas por alto ahora.

117

III-S

A S E N T A M IE N T O S E N E L T E R R E N O D E C IM E N T A C IO N

Posiblemente el problema más grave que entraña un suelo de cimentación fin o y compresible, es el que se refiere a los asentamientos que en él pueden producirse al recibir la sobrecarga que representan los terraplenes. Dichos asentamientos causan: 1. Pérdida de bombeo, pues la presión ejercida por el terraplén es mayor bajo el centro de la coro­ na que bajo los hombros. 2. A parición de asentamientos diferenciales en el sentido longitudinal, por heterogeneidades en la ce* dencia del terreno de cimentación; éstos producen perjuicios en la funcionalidad del camino, en el pa­ vimento, en el drenaje superficial, etc. 3. Disminución de la altura del terraplén, grave cuando se atraviesan zonas inundables o inundadas. 4. Perjuicios en el comportamiento de obras de drenaje menor, que adquieren una conformación hi­ dráulicamente inconveniente y se agrietan, al hun­ dirse más en el centro que en los extremos. 5. Agrietamientos en la corona del terraplén, es­ pecialmente cuando ésta es muy ancha y cuando el terraplén tiene bermas. 6. Pérdida de la apropiada transición entre los terraplenes de acceso y las estructuras, cuando éstas, cimentadas por ejem plo en pilotes de punta, no par­ ticipan del asentamiento general. Independientemente de algunos casos especiales cuyo estudio se hace en páginas subsecuentes de este capitulo, en M éxico no es raro encontrar regiones en que los asentamientos en el terreno de cimentación desempeñan un papel tan importante que todo el diseño de la obra vial, incluyendo la posibilidad de un cambio de trazo, debe quedar condicionado a ellos. Se llega asi a proyectos que no son óptimos si se toman en cuenta únicamente los aspectos que tra­ dicionalmente se contemplan para diseñar una vía terrestre. En el apartado B del párrafo 1-12 del capítulo I de esta obra se discutieron con cierto grado de deta­ lle los métodos para calcular los asentamientos que ocurren en un suelo de cimentación compresible bajo la carga de un terraplén. Se mencionó como requisi­ to fundamental del cálculo el conocimiento de la variación de A p con la profundidad, siendo A p la sobrecarga comunicada al terreno de cimentación por e l terraplén, bajo e l supuesto de que antes de colo­ car éste, el terreno de cimentación estaba consolidado únicamente bajo su peso propio (p0) . Se detallará ahora un poco de cálculo de esa variación de A p con la profundidad z dentro del suelo.

Efecto del asentamiento total. Hundimiento de una alcantarilla.

En la R ef. 2 se trata con bastante detalle la apli­ cación de la T e o ría de la Elasticidad y en particular de la T eo ría de Boussinesq al cálculo de la distribu­ ción de esfuerzos en la masa de suelo, cuando en la superficie horizontal de ella se coloca una cierta car­ ga; interesa ahora el caso en que tal carga sea espe­ cíficamente un terraplén. El problema puede tratarse como una extensión del caso de una carga concen­ trada de magnitud P , propuesto y resuelto original­ mente por Boussinesq. Se acepta en la solución que el medio cargado, que representa al suelo real, es un continuo semi-infinito, homogéneo, isótropo y lineal­ mente elástico, hipótesis que representan un aleja­ miento muy significativo de las condiciones de un suelo real. Es entonces hasta cierto punto sorpren­ dente que a partir de tan decepcionantes hipótesis se

Otro efecto del asentamiento del terraplén en el drenaje transversal.

118

E l terreno de cim entación. Exploración de suelos El problema del cálculo de los esfuerzos transmi. tidos por un terraplén a la masa semi-infinita de su e. lo fue resuelto por Carothers (Reís. 2 y 5) de acuer. do con la situación que se indica en el croquis d e la Fig. III-2. Los esfuerzos en las direcciones que se indican resultan ser:

+ — a — — (x — b ) a r,2 v '
r, . x 2z , r0 z 3 + — a + — In — + — (x — b ) a a rj r.,2

x

z

u
Figura III-2. Distribudón de esfuerzos bajo una carga trape­ cial de longitud infinita (trapecio rectángulo).

z z— a —— a r ,2

(3-1)

puedan estimar con la teoría de Boussinesq (en com­ binación con la Teoría de la Consolidación) asenta­ mientos de una aproximación plenamente satisfacto­ ria para el ingeniero.

En la Fig. III-3 se incluye la solución gráfica para Cj de las ecuaciones (3-1) realizada por J. O. Osterr z en los pun­ berg, que perm ite calcular el esfuerzo < tos que se indican. Para calcular los valores de az bajo el centro d e! terraplén, supuesto de longitud infinita, bastará muí

Los movimiem con el problei piloteado.

0. 40

o
z Id

3

Id

O
C 0 Id

0 . 20

C C O -J < >

Figura III-3.

Gráfica de valores de influí cia para el cálculo de esfufl zos verticales debido a la * brecarga impuesta por u o carga trapecial de longiti* infinita según J. O. Osttf berg).

Figura I I I 4.

1 t

t
t

Asentamientos en el terreno de cimentación

119

Loe movimientos d d terraplén de acceso al asentarse produje» ron el problema que se muestra en el estribo de un puente piloteado.

tiplicar por dos el valor de < r e obtenido para cada profundidad z en la gráfica, pues ésta considera sólo la mitad del terraplén y se estima válido el princi­ pio de superposición de causas y efectos. Si se desean calcular los esfuerzos bajo el centro del extremo fi­ nal de un terraplén, supuesto así semiinfinito en lon­ gitud, bastará considerar la mitad del valor de crt obtenido para el terraplén completo de longitud in­ finita. En las Figs. I I 1-4 y I I 1-5 sc presenta la solución gráfica de otro caso de utilidad para el ingeniero de Vías Terrestres, propuesta originalmente por Hamilton Cray (Reís. 2 y 6 ) . Se trata ahora de una carga triangular de ancho finito, útil para el cálculo de los esfuerzos inducidos por derrames de terraplenes. Naturalmente que con base en el principio de super­ posición, las soluciones de las Figs. III-3, III-4 y 1II-5 pueden combinarse para reproducir mejor la geome­ tría de los casos concretos que la práctica propor­ cione. Con la distribución de esfuerzos inducidos por el terraplén en la masa de suelo, el cálculo de los asen­ tamientos bajo tales formaciones podrá hacerse con base en la Teoría de la Consolidación de Terzaghi,

Figura I I I -4. Esfuerzos verticales inducidos bajo el punto 0, por una car­ ga triangular de longitud fini­ ta (triángulo rectángulo).

Velorta d i m

Copyrighted material

120

E l terreno de cim entación. Exploración de suelos

V AL ORE S

OE m

Figura m-5.

Esfuerzos verticales inducidos bajo Q por una carga triangular de longitud finita (triángulo rectángulo).

siguiendo todos los pasos señalados en el apartado B del párrafo 1-12 del capítulo I de esta obra. Resulta muy difícil estimar cuál pueda ser el or­ den de asentamiento perm isible que se deba consi­ derar en una vía terrestre construida sobre suelos blandos. En primer lugar, hay que tener en cuenta que el asentamiento total del terraplén puede no te­ ner excesiva importancia (excepto en ciertos casos, tales como terraplenes de acceso a estructuras rígidas que no se asienten o en zonas inundables), en com­ paración con los asentamientos diferenciales, o sea los movimientos diferenciales que tengan lugar a dis­ tancias significativas. Por la naturaleza de su trán­ sito, una carretera suele ser más tolerante con los asentamientos diferenciales qu e un ferrocarril; pero, por otra parte, los equipos modernos permiten cal­ zar la vía con facilidad y rapidez, aumentando el es­ pesor de balasto lo necesario para reconstituir el ali­ neamiento inicial, en tanto qu e en una carretera las renivelaciones han de hacerse generalmente con mez­ clas asfálticas, que constituyen la parte más costosa de su sección. En un aeropuerto, los requisitos de alineamiento suelen ser muy rígidos en este aspecto, pues los asentamientos diferenciales, al hacer vibrar las aeronaves, impiden una lectura conveniente de los instrumentos de que depende el piloto. Además,

en las aeropistas los asentamientos diferenciales pro­ pician encharcamientos peligrosos tras las lluvias; na­ turalmente que este efecto ocurre también en carre­ teras, aunque en m enor proporción. En resumen, no es posible dar una regla fija para definir la política de proyecto de una vía terrestre en lo referente a asentamientos. E l ingeniero deberá definir los valores admisibles en cada caso particu­ lar, partiendo de la importancia del problem a y de cualesquiera otras consideraciones. En M éxico, se tie­ nen casos en que asentamientos superiores a 1.0 m no han producido daños de consideración a una au­ topista que se extiende a lo largo de varios kilóme­ tros en una antigua cuenca lacustre ( camino directo M éxico-Puebla), pero se trata de una formación de subsuelo muy homogénea y, así, los grandes asenta­ mientos totales no producen efectos diferenciales muy importantes. Casos como éste pueden ser preve­ nidos si inicialm ente se dota al camino de una sobreelevación apropiada. Pero aun en estos casos relati­ vamente favorables el asentamiento excesivo produce serios problemas en terraplenes de acceso, alcanta­ rillas, etc. Com o ya se d ijo y es bien conocido por los espe­ cialistas en M ecánica de Suelos de todos los campos, la evolución de los asentamientos con el tiempo es

Otro ejemplo b estructura

Asentamientos en el terreno de cimentación

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Efecto d d asentamiento de lo* terraplenes de acceso en «ma estructura.

Otro ejemplo del efecto del asentamiento de los terraplenes de acceso a un paso a desnivel; la estructura tenia fuertes pendientes de acceso para disminuir la altura de las terraplenes.

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E l terreno de cimentación. Exploración de suelos 2. L a sobreelevación de la rasante. Se trata aho­ ra de sobreelevar inicialmente la rasante del terra­ plén, de manera que quede en el nivel requerido después de producirse el asentamiento. L a efectivi­ dad de la solución depende de que el terreno natu­ ral soporte la sección sobreelevada. 3. Construcción previa de terraplenes. En este caso se construye el terraplén con suficiente antici­ pación a las obras de pavimentación, permitiendo qu e ocurra el asentamiento durante ese lapso dispo­ nible; después se conformará la corona, para pavi­ mentar una estructura que ya no se deformará. En ocasiones, la falta de resistencia del terreno de ci­ mentación puede obligar a completar la sección definitiva por medio de sucesivos recargues, aprove­ chando la resistencia que se genere como consecuen­ cia de la consolidación. Naturalmente que el núme­ ro de recargues necesariamente tendrá que ser bajo, y el últim o tal, que produzca asentamientos que no sean de significación. La solución es muy ventajosa sobre todo en accesos y pasos a desnivel, pero está lim itada por la disponibilidad de tiempo. 4. E l uso de drenes verticales de arena. Siendo el proceso de asentamiento un proceso de consolida­ ción, todos los procedimientos que aceleren esta ú l­ tima servirán para que aquellos se produzcan con mayor rapidez, dando oportunidad a que ocurran durante el proceso de construcción, con lo que la es­ tructura permanecerá prácticamente libre del pro­ blema durante su vida de servicio. Además, la acelera­ ción de la consolidación sirve también para aumentar la rapidez de generación de resistencia al esfuerzo cortante consecuencia del proceso. Los drenes ver­ ticales de arena son un acelerador comprobado de los procesos de consolidación, cuya influencia en és­ tos puede ser establecida teóricamente (R ef. 7 ). Son perforaciones verticales rellenas de material permea­ ble, de pequeño diámetro y de longitud suficiente para que sus efectos alcancen a la totalidad del man-

m ucho más d ifícil de determinar con precisión que el m onto del asentamiento propiamente dicho. Ello se debe a varias razones, pero quizá la principal sea la dificultad de determinar apropiadamente las capas drenantes (y, por lo tanto, el espesor de las ca­ pas compresibles), de cuya correcta consideración tanto dependen los resultados del cálculo (ver párra­ fo 1-12 del capítulo 1 de esta o b r a ). Esta circunstan­ cia es desafortunada, pues muchas decisiones im por­ tantes del ingeniero de vías terrestres se basan en la correcta determinación del tiempo en que tendrán lugar los asentamientos. De esta manera, las reco­ mendaciones de construcción de terraplenes sobre te­ rrenos blandos, previamente a la del resto de la obra vial, de manera que al concluir ésta ya se hayan producido los asentamientos que pudieran ser per­ judiciales, que constituyen soluciones tan limpias y apropiadas para muchos casos, han de manejarse fre­ cuentemente en un aura de peligrosa incertidumbre. Y a se d ijo en el párrafo 1-12 del capítulo I de esta obra cuales son los medios teóricos de que dis­ pone el ingeniero para realizar los cálculos que se acaban de comentar.

m-4

MEJORAMIENTO DEL TERRENO DE CIMENTACION

N o se repetirá bastante que el terreno de cimen­ tación suele ser suficientemente bueno, tanto en lo que se refiere a resistenda como a compresibilidad, para soportar a las vías terrestres en condiciones nor­ males, pues las presiones a él comunicadas son rela­ tivamente bajas y la estructura del terraplén se suele adaptar muy bien a pequeños movimientos que pue­ dan producirse. Los problemas señalados y los mé­ todos de mejoramiento que ahora se mencionarán se presentan normalmente en áreas restringidas y no pueden verse como de utilización común, por su alto costo. Los principales métodos que se han seguido para mejorar las condiciones del terreno natural, ya sea en lo referente a resistencia o a compresibilidad, son los siguientes: 1. E l uso de materiales ligeros. Se trata de con­ seguir, dentro de distancias de acarreo tolerables, bancos de materiales de bajo peso específico para la construcción de los terraplenes, a fin de lograr así que se reduzcan al máxim o tanto las presiones co­ municadas al terreno natural como la geometría de la sección que se construya, pues no debe olvidarse que el problema de asentamientos suele estar ligado al de falta de resistencia, de modo que si el terra­ plén se hace con materiales pesados requerirá talu­ des muy tendidos, bermas, etc, que podrán reducir­ se y quizá eliminarse con el uso de materiales lige­ ros; siendo el hundimiento menor a menor ancho de terraplén, esta últim a ganancia repercutirá favora­ blemente en el asentamiento final a que se llegue.

Croquis de una instalación de drenes verticales de arena.

Mejoramiento del terreno de cimentación lo compresible o, por lo menos, al espesor que vaya a producir la mayor parte del asentamiento. Su función se ejerce disminuyendo la longitud de las trayectorias que el agua debe recorrer para ser drenada de los estratos compresibles que se consoli­ den; esto se logra al permitirse el flujo en la direc­ ción horizontal, además del flujo vertical usual. Como la mayoría de los suelos arcillosos finos son algo estratificados, de manera que la permeabilidad horizontal es más grande que en la dirección verti­ cal, el flujo radial hacia los drenes verticales de are­ na es, en principio, muy eficiente. Los drenes se instalan introduciendo en el terre­ no un tubo de ademe del que después se extrae el suelo y que debe recuperarse por razones de costo, extrayéndolo a medida que se rellena de arena el espacio interior, o por medio de un mandril o broca apropiada, que haga una perforación cuyas paredes se sostengan al retirar la herramienta, por lo menos el tiempo necesario para rellenar el hueco con la are­ na que funciona como material drenante. Natural­ mente el segundo método suele ser de menor costo que el primero, pero no siempre es aplicable, pues en suelos muy blandos o turbosos no se sostienen las paredes de pozos relativamente profundos. Ambos métodos producen un importante remoldeo del sue­ lo natural, que se refleja en su resistencia conjunta; esta reducción de resistencia ha de ser tomada en cuenta, ya que han tenido lugar algunas fallas im­ portantes por olvidarse de ello, si bien es cierto que la resistencia suele recuperarse algunos días o cuan­ do mucho semanas, después de instalados los drenes. El remoldeo de los suelos puede evitarse en gran parte usando chiflones, taladros o procedimientos si­ milares, que realicen la excavación con mínimo des­ plazamiento (Ref. 8 ) . Por ejemplo, en la División de Carreteras del estado de California (EE.UU.) está prohibido el uso de mandriles de punta cerrada, que perforan desplazando al suelo blando (Ref. 9 ).

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Colocación de drenes verticales de arena.

Indudablemente, los drenes verticales de arena aceleran la salida del agua de los estratos compresi­ bles, pero no deben considerarse como una solución apropiada en todos los casos; no deben utilizarse sin una exploración de campo adecuada y sin un cono­ cimiento preciso del subsuelo que se desea tratar. Quizá el caso en que su efectividad es mayor, es aquel en que existen en el terreno lentes de materiales algo permeables, que sean atravesadas por los drenes. En suelos arcillosos homogéneos es frecuente que los drenes verticales aun cuando reduzcan los tiempos de consolidación, no conduzcan a procesos suficien­ temente rápidos como para justificar su alto costo. Es importante para el buen funcionamiento de los drenes verticales que el material que en ellos se coloque sea realmente permeable; a este respecto la experiencia parece indicar como aconsejable sobre­ pasar incluso las normas usuales para materiales dre­ nantes o constitutivos de filtros, normas que apare­ cen comúnmente en diversas obras y que podrán también encontrarse en páginas posteriores de este libro. En especial, deberá cuidarse que sea muy bajo el contenido de finos menores que la malla N? 100,' pues éstos afectan mucho la permeabilidad del con­ junto, al grado de que variaciones de un 1% a un 2% pueden reducir la permeabilidad 3 ó 4 veces (Ref. 10). De la misma manera, debe evitarse toda segregación dentro del material filtrante en su colo­ cación en el pozo. L a instalación de drenes verticales de arena debe complementarse con una capa drenante de espesor razonable, que cubra toda el área tratada. Así se ga­ rantizará salida al agua acumulada en los drenes ver­ ticales y además se propiciará el flujo vertical del

Colocación de la plataforma de trabajo j d d delantal de drenaje p a n una instalación de drenes verticales de arena.

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E l terreno de cimentación. Exploración de suelos suelos estratificados; pero la permeabilidad radial se mide mejor con pruebas de campo, para lo cual se pueden usar los pozos de instaladón de piezómetros, que tendrán que existir obligatoriamente en toda instalación importante de drenes verticales de arena. Las inexactitudes en la medida de la permeabilidad se han mendonado como causa importante en la di­ ficultad de predecir el efecto de los drenes de arena en un caso dado. N o se ha estudiado suficientemente el efecto que los drenes verticales de arena pudieran tener sobre la resistenda del estrato compresible, por ejemplo al deslizamiento, al actuar como verdaderos pilotes de arena. El uso de los drenes verticales de arena suele ser costoso, sobre todo en países en que no exista la ma­ quinaria especializada para su construcción con que es posible contar en la actualidad; por consiguiente, su utilizadón no puede recomendarse sin un cuida­ doso estudio de su idoneidad y una completa consideradón económica de otras alternativas. 5. La compensación total o parcial de la carga del terraplén. Si se logra por algún procedimiento de construcaón adecuado que al penetrar el material del terraplén desplace lateralmente al suelo de amentadón blando, se produdrá una compensadón del peso de aquél, que actuará únicamente con una presión correspondiente a la diferencia entre el peso del ma­ terial colocado y el desplazado. El método es más fac­ tible cuando más fádl sea de desplazar lateralmente el terreno natural, por lo que rinde sus mejores re­ sultados en suelos ardllosos orgánicos o en turbas. En ocasiones el desplazamiento del terreno natural se ayuda con sobrecargas, explosivos, e tc En el caso particular de las aeropistas, estructuras de longitud más limitada que una carretera, se ha usado un pro­ cedimiento de auténtica compensación completa, preexcavando una caja de profundidad sufidente, la que se conforma estructuralmente construyendo en su fondo una losa delgada de concreto pobre y se relle­ na posteriormente con materiales ligeros, para produdr una compensadón total. Ejemplo de lo ante­ rior es la prolongación de algunas pistas y la construcción de calles de rodaje en el Aeropuerto de la Ciudad de México. En carreteras, el inconveniente del procedimiento estriba en la gran cantidad de material que puede llegar a incrustarse en el material natural antes de lograr una compensadón efectiva.

Otra máquina para inxalar drena verticales de arena.

agua, como ayuda del radial. Esa capa superior dre­ nante no debe ser de menos de 30 ó 40 cm de es­ pesor. La separación que se dé a los drenes verticales de arena en una instalación dada influye grandemente en la aceleración que se logre en el proceso de con­ solidadón, que es mucho mayor cuanto más próxi­ mos se pongan, pero también, naturalmente, en el costo de la instaladón, que crece mucho cuando se colocan muy cercanos; entre estos dos criterios opues­ tos ha de moverse el ingeniero. Tam bién el diáme­ tro de los pozos tiene importanda, aunque en menor grado. La práctica ha sandonado una reladón entre la separadón y el diámetro en el orden de 10 , con valores de 30 ó 40 cm para esta última dimensión. Es frecuente y conveniente la disposidón denomina­ da comúnmente en "tres bolillo". El poder establecer por cálculo la evoludón de la consolidación en una instaladón de drenes verti­ cales depende mucho de la precisión que se logre en la determinadón de las permeabilidades, vertical y radial (Ref. 11). La permeabilidad vertical puede medirse en el laboratorio, usando los métodos para

6. L a remoción del material compresible. En este caso se utiliza una idea tan senalla como ésta: si el terreno de dmentadón es malo y compresible, re­ muévasele y póngase en su lugar otro de mejor cali­ dad. El Departamento de Carreteras del Estado de California considera que ésta es la mejor soludón en suelos muy blandos y compresibles, que se pre­ sentan bajo los terraplenes en espesores no mayores que 4 ó 5 m (R ef. 9 ), añadiendo que el material substituto debe ser granular cuando no esté garantí-

M ejo ra m ie n to del terreno de cimentación id radial lo cual se zómetros, en toda de arena, zado su drenaje. Esta norma resulta quizá exagera­

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da para países que disponen de menores presupuestos para la construcción de una obra dada; en México, por ejemplo, se ha utilizado poco la substitución de terrenos malos por suelos estables baio terraplenes eabilidad v la experiencia indica que cuando el esoesor del en la diterreno natural es in ferior a 4 ó 5 m es posible obte­ de arena ner un comportamiento favorable a menor costo con el empleo de algún otro de los métodos descritos. Cuando el esoesor de terreno malo es superior a fecto que 4 ó 5 m, es universalmente reconocido que el costo 1 er sobre de la substitución de materiales se hace prohibitivo. jemplo al En resumen, la substitución de materiales debe verse jilotes de como una alternativa más a disposición del ingenie­ ro, que podrá sopesarse para ser empleada sólo cuan­ suele ser; do resulte ser la más económica o conveniente des­ .ta la ma- í con quej pués de un cuidadoso balance. 7. Tratamiento fisico-quimico del terreno com­ siguiente, [ un cuida- í presible. Aun cuando estas técnicas están todavía en eta consi-! sus comienzos, se sabe que al añadir ciertas substan­ cias al suelo se producen en éste intercambios ióni­ cos entre sus partículas minerales y las materias di­ la carga j niento de j sueltas en el agua intersticial, de manera que se modifican los nexos estructurales, m ejorando la re­ iterial del I sistencia del suelo y disminuyendo su compresibili­ cimenta-1 dad. En cada caso se hará necesario un análisis físi­ i del peso j co-químico del suelo, a fin de definir la substancia a presión'. o substancias que producirán los efectos más favora­ 0 d e l mables; éstas pueden incorporarse al suelo haciéndolas 1 más faccircular por su interior disueltas en agua. En M éxi­ eralmente | co se han realizado diversos estudios para la aplica­ ejores reción de estas técnicas, pero nunca han llegado a n turbas. usarse en las obras, debido a su alto costo. o natural 8. Calcinación del suelo. Consiste este método ,n el caso en calcinar literalmente hablando la estructura del longitud suelo, con elevadas temperaturas provenientes de la d un pro­ combustión de gases. En algunos casos se han repor­ beta, pretado disminuciones notables de la compresibilidad te, la que lo en su i y, por consiguiente, de los asentamientos. El método y se relie- j debe considerarse en etapa experimental. para pro- ¡ : lo ante\ la cons;rto de la | ;dimiento ue puede antes de ?. En este ] ) ésta: si j esible, reíejor caliístado de solución e se pre> mayores material é garanti­ 9. Colocación de entramados de ramas, palmas y otros materiales similares bajo el terraplén. Consis­ te este método en fabricar una verdadera balsa de enramado bajo el terraplén, que reparte la carga y proporciona una especie de Dotación al conjunto de la superestructura. E l método se ha usado con exce­ lentes resultados en diversos países, pero en México se carece de una experiencia concluyente al respecto. 10. La colocación de bermas o el uso de taludes muy tendidos. Con ello se logra uniform izar las pre­ siones transmitidas al terreno bajo el terraplén, con lo que se uniformizan también los asentamientos, reduciendo los diferenciales. Por otra parte, convie­ ne no olvidar que el asentamiento total es mayor cuanto mayor es el ancho del área cargada, por lo que las medidas objeto de este apartado tenderán a hacer crecer dichos asentamientos totales; natural­ mente, la bondad de estas medidas estará supedita­ da al balance de estos factores contradictorios. Estos métodos carecerán de sentido en aeropistas, donde

las coronas de los terraplenes son muy anchas en comparación con las de las carreteras. 11. Escalonamiento de laderas naturales. En te­ rrenos naturales con pendiente transversal fuerte existe el peligro de que los terraplenes se deslicen ladera abajo, aun cuando los materiales involucra­ dos no sean demasiado malos. El escalonamiento del terreno de cimentación en form a apropiada a la geo­ metría del terraplén y a la topografía de la zona es quizá el m étodo que más se ha usado en M éxico para com batir este tipo de problemas. Los escalones, de huella horizontal y peralte vertical, proporcionan al terraplén apoyo horizontal, eliminando la compo­ nente de su peso a lo largo de la superficie de con­ tacto con el terreno natural y, por lo tanto, la causa de la posible falla. Los escalones deben tener peral­ te apropiado y huella suficiente para las maniobras del equ ipo de construcción. E l proyecto deberá in­ dicar al detalle la forma y las dimensiones de los escalones, siendo deseable que toda su sección se alo­ je en terreno firme. 12. Construcción de rellenos sobre apoyo irregu­ lar en roca. A l hacer cortes en roca es muy común que, como consecuencia del proceso de excavación con explosivos, la cama del camino quede rispida y llena de aristas irregulares y agudas. En este caso ha de colocarse entre esa roca y el pavimento una capa de suelo del suficiente espesor y apropiada resis­ tencia, oara impedir que las irregularidades señaladas se reflejen en el propio pavimento. Este es un caso ilustrativo de aquellos en que el mejoramiento del terreno consiste en la substitución de un apoyo muy firm e por otro de suelo, aparentemente de peor ca­ lidad. L a lección que se extrae de esto es que los problemas de interacción entre superestructura y te­ rreno de cimentación en una obra vial son tan com­ plejos que con frecuencia la norma de mejoram ien­ to adoptada es contradictoria, en el sentido de que resulta desventajosa desde uno o varios de los pun­ tos de vista que intervienen; lo importante es enton­ ces resaltar el aspecto fundamental que se pretende mejorar, balanceando convenientemente las virtudes y defectos de la norma de m ejoramiento adoptada. 13. Compactación. Frecuentemente se mejora la parte superior del terreno de cimentación con un proceso de compactación posterior al desmonte, des­ hierbe y desenraizado; el tratamiento es frecuente sobre todo en aeropistas y suele ser somero, alcan­ zando 85 a 90%, en relación a cualquier estándar usual. 14. Anclaje de bloques de roca fracturada. En laderas rocosas inclinadas y cuando los planos de fracturamiento son desfavorables a la obra vial, se ha recurrido al anclaje de los bloques de roca con varillas de acero introducidas en perforaciones pre­ vias selladas posteriormente con concreto o lechada de cemento, de modo que literalmente se cosen los fragmentos cuya situación sea peligrosa. 15. R elleno de grietas. C on frecuencia la super­ ficie del terreno de cimentación aparece agrietada.

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E l terreno de cimentación. Exploración de suelos III-5 EL AGUA EN EL TERRENO DE CIMENTACION Del agua que cae sobre el terreno natural en el lugar en que se construirá una vía terrestre, parte escurre por la superfide, parte se infiltra en él y parte se evapora. La relación entre el agua que es­ curre y la prcdpitadón total es el coeficiente de escurrimiento del terreno; éste es variable según el tipo de suelo, su pendiente, tipo de vegetadón y otros factores. El agua que corre sobre la superfide del terre­ no, lo erosiona y, más tarde o más temprano, se in­ corpora a alguna corriente superficial. La que se infiltra a través del suelo, lo penetra hasta ser detenida por una capa impermeable y sa­ tura la zona suprayacente a esa capa formando el nivel freático, que se mantendrá a un nivel más o menos constante en tanto no haya una modificación substandal en el régimen hidráulico de la zona. Cuando el agua freática aflora o es muy poco pro­ funda, da lugar a terrenos pantanosos. Cuando el agua freática está a relativa profundidad, pero el te­ rreno sobre ella es fino y con potendal capilar ele­ vado, aquélla puede ascender a importantes alturas y puede llegar a perjudicar a las terracerías y a los pavimentos. Se mencionan a continuadón los efec­ tos prinopales a que dan lugar los cambios en el agua freática y capilar dentro del terreno de am en­ tad ón. 1. A l cambiar el contenido de agua de los sue­ los cambian sus propiedades mecánicas más impor­ tantes, tales como la resistencia al esfuerzo cortante, que disminuye notablemente en suelos ardllosos o con apredable contenido de finos cuando aquél au­ menta, y la compresibilidad, que crece cuando el suelo fino adquiere agua. En suelos arenosos, espe­ nalmente en los cementados con substancias solu­ bles, la invasión de agua puede producir cambios drásticos en la estructuradón y, por lo tanto, en la resistenda; también en este caso disminuye la resis­ tenda por las fuerzas boyantes que se ejercen sobre los materiales bajo el nivel freático. T od o lo ante­ rior se refleja en los asentamientos produddos en los terraplenes, en la posible falla de éstos, en las deformadones que puede sufrir la capa subrasante, etc. 2. Los movimientos y variaciones en el agua fre­ ática y sus efectos no son nunca uniformes, por lo que producen ¿reas de diferentes comportamientos en el terreno de cimentadón. 3. Los cambios en contenidos de agua propician cambios de volumen perjudidales en suelos expan­ sivos. 4. En suelos susceptibles a las heladas ( R e í 14) la existenda de agua es particularmente peligrosa, debido a los cambios de volumen y resistenda que se producen con el congelamiento periódico. 5. La acdón del agua en el pavimento puede produdr efectos destructivos diferentes de los asodados a los cambios de volumen o de resistenda de

Cuando ello suceda, la causa del agrietamiento debe­ rá investigarse siempre, pues el fenómeno puede ser indicio tanto de la existencia de un estado de falla incipiente relativamente fácil de corregir, por ejem­ plo en una ladera inclinada, como de un verdadero estado de deslizamiento superficial generalizado o de un estado de tensión importante, del tipo descri­ to por Juárez Badillo, como ejemplo, en la Referen­ cia 13. La causa del agrietamiento deberá ser eliminada como un requisito indispensable para la corrección del agrietamiento. Podrá haber casos en que el cam­ bio de trazo constituya la mejor soludón, pues como se ha dicho, el agrietamiento puede estar asodado a fenómenos de gran escala y correcrión dificilísi­ ma y muy costosa: pero en los casos sendllos, una vez eliminada la causa del agrietamiento puede re­ sultar muy conveniente rellenar las grietas previa­ mente formadas con arcilla, suelo-asfalto o algún material similar, con características plásticas. Las grietas abiertas pueden ser peligrosas, pues al relle­ narse de agua generan empujes hidrostáticos que pueden agravar cualquier tendenda a la inestabili­ dad preexistente. Como puede verse, ninguno de los métodos pro­ puestos (R ef. 12) para mejorar las características de resistenda o compresibilidad del terreno de rimentadón de un terraplén constituye una solución uni­ versa!, de manera que en cada caso en que se haga realmente indispensable mejorar tales condidones será predso analizar todas las dreunstandas particu­ lares, a fin de escoger la soludón o combinación de soluciones más convenientes. De hecho, algunos de los métodos propuestas son contradictorios, en el sen­ tido de que si bien resultan favorables para algún aspecto del problema, pueden resultar desfavorables para otros. Así, la elecdón del criterio a seguir en cada caso no está subordinada a reglas fijas, sino que es materia de ju id o del proyectista. Afortunadamen­ te, tanto el monto de los asentamientos, como su evolución con el tiempo (si bien ésta con menor predsión) son calculables por los métodos teóricos que proporciona la Mecánica de Suelos (véase ca­ pítulo 1) . Este cálculo, por derto, exige un eonodmiento mucho más detallado de las propiedades del sub­ suelo del que puede lograrse con los procedimientos normales actualmente en uso para la exploradón del terreno de dmentación para carreteras y aeropistas, por lo que, cuando se trabaje en áreas de suelos arcillosos blandos que presenten problemas especia­ les, la exploradón ha de ser también de tipo espe­ cial, incluyendo la obtendón de muestras inaltera­ das; como consecuenda, el programa de pruebas de laboratorio tampoco podrá ser rutinario y deberá comprender la realización de pruebas de compresión simple y triaxiales, para determinadón de resisten­ d a al esfuerzo cortante, y de pruebas de consolida­ dón, para definir las características de compresibi­ lidad.

T erren o de cimentación constituido p or arenas limpias los sucios, tales como el bombeo o la separación de la película de asfalto de las partículas de agregado en las carpetas o en las bases asfálticas. Además de esos efectos, el agua que corre super­ ficialmente produce erosiones en la obra vial y en el terreno de cimentación que son siempre indesea­ bles. Es indispensable el drenaje superficial de estas aguas. Muchos de los métodos de tratamiento del terre­ no de cimentación que ofrecen mejores resultados, independientemente de los enlistados en páginas an­ teriores de este capítulo, están relacionados con la eliminación del agua del interior de los suelos. Es­ tas son las técnicas de subdrenaje que desempeñan un papel fundamental en la ingeniería de las vías terrestres y que, sin duda, están destinadas a desem­ peñarlo en forma más importante cada vez. Cuando se coloca un terraplén sobre el terreno natural se modifica el régimen hidráulico, en el sen­ tido de que se im pide la evaporación del agua en un área que antes era de libre exposición; por esta causa el nivel freático tenderá siempre a ascender en el terreno natural bajo los terraplenes. Además, en el terreno natural puede existir agua, sea propia del lugar o proveniente de un flu jo que la traiga desde otra parte. Los métodos de subdrenaje del terreno de cimen­ tación deben verse como técnicas fundamentales en su tratamiento y mejoramiento, pero n o serán ex­ puestos en este lugar, sino en un capítulo especial más adelante, pues son comunes a problemas de es­ tabilidad de taludes, em puje de tierras y, en gene­ ral, a todos los aspectos de la tecnología de las Vías Terrestres.

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de 2 ó 3 m de altura pueden recorrer decenas de centímetros por hora, durante una tormenta violen­ ta. U n médano de 10 m de altura fácilmente puede desplazarse un metro por año. L o anterior debe orientar el criterio del ingeniero en cuanto a la mag­ nitud del problema que enfrenta. U n médano representa hasta cierto punto una acumulación de arena a volteo, de manera que es de esperar que el talud del frente de avance se en­ cuentre con inclinación muy próxim a al ángulo de equilibrio lím ite; en su parte posterior, el médano tiene un talud mucho más tendido, consecuencia de su génesis y modo de avance b ajo la acción de los vientos dominantes. Cualquier corte practicado en el frente de avance tendrá siempre mayor inclinación que el ángulo d e equ ilib rio lím ite de arena, por lo que no será estable y producirá invasión de mate­ rial sobre la cama del corte, independientemente de que este fenómeno pueda retrasarse con respecto al momento de la construcción, si la arena tuviera co­ hesión aparente por efecto de la tensión capilar. Desde luego es cierto que la estabilidad general del médano no se verá afectada básicamente por el cor­ te. por lo que, en general, los volúmenes caídos no serán importantes, pero lo continuo del fenómeno y los peligros oue im plica para el tránsito hacen des­ aconsejable el efectuar cualquier dase de corte en médanos. De esta manera el trazo de la vía terrestre deberá desarrollarse siempre en terraplén o, por lo menos, a nivel de las dunas de mayor elevadón. La regla anterior puede conducir a costos prohibitivos y en algunas ocasiones el ingeniero deberá confor­ marse con que su trazo ocurra a nivel de los méda­ nos más móviles, pero cuidando de no cortar los de altura superior. N o debe pensarse que al evitar los cortes y realizar un trazo en terraplén se resuelven todos los problemas que acarrea el cruce de una zona de médanos. E l terraplén representa siempre una barrera a los vientos y al m ovim iento general de la arena; sin un estudio detallado, resulta muy d ifía l decir cual pueda ser el efecto que produzca esa ba­ rrera, pero en ocasiones podrá ser muy desfavorable. H a sido práctica común defender las carreteras trazadas a través de zonas de médanos con vegetad ó n apropiada plantada en dirección de donde avan­ za la arena. Las plantadones pueden hacerse en for­ ma masiva o en líneas sensiblemente paralelas a la vía terrestre; su efecto puede complementarse con bordos y empalizadas y grupos de árboles y arbustos. Las especies deberán seleccionarse con un estudio agronómico que trasriende los límites de este traba­ jo, pero el ingeniero debe contar con las plantas pro­ pias de la región como un excelente punto de par­ tida en tales estudios. Las propiedades mecánicas de las arenas de mé­ dano y playa presentan características de interés y han sido objeto de estudios específicos. En la R ef. 16, por ejemplo, se presentan datos y conclusiones im ­ portantes, en que se demuestra la influ en da de la historia de esfuerzos en las características actuales.

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TERRENO DE CIMENTACION CONSTITUIDO POR ARENAS LIMPIAS

El caso de interés especial que será tratado en esta sección, corresponde al cruce de una vía terres­ tre por una zona de médanos. Si bien esta localiza­ ción no es muy frecuente y probablemente deba evi­ tarse en cuanto sea posible, existen casos de locali­ zación forzada que una vez ocurridos han sido fuen­ te de problemas muy costosos y de d ifícil solución. H ay también algunas reglas de aplicación casi for­ zosa y algunos métodos de corrección de problemas que pueden rendir buenos resultados; a todo ello se enfoca someramente la atención de este párrafo. En la R ef. 15 se hace un análisis correspondien­ te a un caso real que sirve para resumir las princi­ pales precauciones que es necesario observar en es­ tos casos. En términos generales el m ovim iento de los mé­ danos, que es la principal fuente de problemas para la vía terrestre, varía inversamente con su tamaño, de manera que un gran médano, de por ejem plo 100 m de altura, puede avanzar tan poco como un par de centímetros por año, en tanto qu e médanos

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E l terreno de cimentación. Exploración de suelos del asentamiento producido sí crece con ella, de ma­ nera que una sobrecarga producirá en menos tiem­ po el asentamiento final a que llegaría el terraplén no sobrecargado); si estos métodos son antieconómi­ cos en un caso dado, deberá pensarse en obras de pa­ vimentación provisional, sobreelevaciones, etc., pues el terraplén se hundirá en la etapa de operación de la obra. La magnitud y la naturaleza del problema que se pueda tener en cada caso quedan fuertemente in­ fluidas por algunas características que conviene men­ cionar a continuación. 1. Las dimensiones del terraplén. Su altura y an­ cho influyen mucho en la solución que haya que adoptarse. Un terraplén alto y estrecho se hunde por desplazamiento mucho más que otro bajo y ancho, por lo cual en los primeros puede ser mucho más efectivo un procedimiento de construcción a base de desplazar el material de cimentación. 2. Características de la cimentación. Influyen so­ bre todo el perfil de resistencia del suelo blando y su espesor. 3. Materiales de construcción. Los criterios del ingeniero se ven muy influidos por la disponibilidad y el costo de los materiales con que hará su terra­ plén. Por ejemplo, si no hay material granular a distancia prudente no podrá pensarse en colocación bajo agua a volteo. La utilización de materiales li­ geros, como tezontles o cenizas volcánicas, sólo será posible cuando las distancias de acarreo sean ade­ cuadas, pero, por otro lado, la posibilidad de em­ pleo de tales materiales abre oportunidades de uti­ lizar muchas soluciones que de otra manera estarían vedadas. 4. E l programa de construcción. Los requeri­ mientos de programa influyen mucho en los méto­ dos de proyecto que puedan intentarse. En este sen­ tido, es importante el momento en que haya de construirse el pavimento definitivo, como también lo es el que haya o no disponibilidad de tiempo para construcción por etapas, uso de sobrecarga, etc 5. Localización. Las condiciones topográficas del lugar, sean naturales o creadas por el hombre como consecuencia de otras obras, también influyen mu­ cho en los métodos que puedan seleccionarse para resolver un problema dado. Por ejemplo, la existen­ cia de población impone severas restricciones al uso de explosivos, o el disponer de un derecho de vía estrecho, al uso de bermas o a la formación de ondas de lodo. En la tabla 121-2 se resume brevemente el con­ junto de métodos para cimentar terraplenes en terre­ nos muy blandos. Antes de proceder a una somera descripción de los métodos arriba mencionados, conviene reseñar brevemente las propiedades principales de los suelos de cimentación muy blandos, asi como de los méto­ dos más confiables para obtener tal información (Refs. 19 y 20).

III-7 TERRENO DE CIMENTACION CONSTITUIDO POR ARCILLAS MUY BLANDAS Y TURBAS En general, todos los depósitos de suelos blandos y turbas susceptibles de causar serios problemas tie­ nen tres condiciones en común: son zonas Dianas, tienen mal drenaje superficial y están formados por suelos muy finos u orgánicos. E l primer requisito para superar este tipo de oroblemas es. naturalmente, el detectarlos y ello debe suceder en la etapa de proyecto, antes de que se produzcan costosos daños a la vfa terrestre y en mo­ mentos en que el ingeniero conserva toda su liber­ tad de acción, incluyendo la capacidad de estudiar un cambio de trazo que lo aleje de la zona que se revele como critica. Para esto es de singular ayuda la fotointerpretación de fotografías aéreas. Pero una vez que por cualquier razón se decida a arrostrar los peligras y altos costos que significa cruzar una zona de suelos blandos u orgánicos, el ingeniero debe comprender que casi todos los métodos de proyecto y construcción de que dispondrá requieren de un buen conocimiento de las características de compre­ sibilidad y resistencia de los suelos sobre los que se construirá la vía, así como de los que se utilizarán en la formación de la misma. Así, este es un caso que debe verse como especial en lo que se refiere a exploración de suelos y pruebas de laboratorio, en el que se justificará el uso de los métodos más delicados para obtener muestras inalteradas y el desarrollo de programas completos de pruebas de la­ boratorio, que incluyan pruebas de consolidación y triaxiales. La exploración deberá hacerse separando muy claramente las dos etapas tradicionales (Ref. 17): primeramente se realiza un muestreo preliminar, con procedimientos sencillos y económicos que propor­ cionan muestras alteradas para clasificación de sue­ los y, después, se hace la investigación definitiva, con métodos delicados y mucho más costosos, capa­ ces de proporcionar muestras inalteradas. La orien­ tación que se obtenga en la primera etapa, que debe llevarse hasta que se puedan formular perfiles de suelos razonablemente confiables, será fundamental para planear la segunda con un costo de tiempo y dinero óptimos. L a información que se recabe sobre el terreno de cimentación deberá arrojar luz suficiente para estu­ diar los siguientes problemas principales (Ref. 18): 1) 2) Estabilidad del terraplén. Asentamiento del terraplén.

En genera], será deseable que todo el asentamien­ to significativo ocurra durante la construcción de la obra, pero esto no suele lograrse sin usar aceleran­ tes del proceso de consolidación, tales como drenes de arena o sobrecargas (en rigor el tiempo de asen­ tamiento no depende de la carga, pero la magnitud

Terreno de cim entación constituido p o r arcillas muy blandas y turbas Tabla 111*2 Métodos para cimentar terraplenes en terrenos muy blandos

129

I. Remoción por:
a) Excavación.

2.
b)

1. C om pleta.

Pardal.
terraplén, con o sin sobre­

Desplazamiento. 1. P o r e l peso d el cargas. 2. C on explosivos.

11. Tratamiento del terreno
a) Fundamentalm ente p o r requerim ientos d e estabi­ lidad. 1. Construcción anticipada o p o r etapas. 2. Uso d e materiales ligeros. S. Bermas estabilizadores. 4. D renaje interceptor. Fundamentalm ente p o r requerim ientos d e asenta* m iento. 1. Construcción p o r etapas. 2. Sobrecargas. 8. Com pactación con equipos pesados. P o r requerim ientos d e estabilidad y asentamiento. 1. Construcción por etapas o con sobrecargas. 2. Drenes verticales d e arena. 3. Com binación d e cualesquiera d e los métodos anteriores.

b)

c)

Desde e l punto de vista ahora enfocado, las pro* piedades más importantes de las turbas y los suelos muy blandos son el peso específico, el contenido de agua, la permeabilidad, la resistencia al esfuerzo cor* tante y la compresibilidad. Por su alto contenido de agua y por la dificultad en la obtención y labrado de los especímenes, en estos suelos deberán cuidarse especialmente todas las manipulaciones de muestreo y prueba, a fin de obtener resultados estadísticamente concordantes.

El contenido de agua de las turbas y arcillas muy compresibles puede variar de 400% a 1500%; se ha reportado algún valor arriba tle 2000%. Es común que el metro más superficial del terreno presente contenidos de agua mucho más bajos, aun en las zo­ nas con mayor predominio de turbas. 1.a reladón de vacíos suele estimarse a partir del contenido de Agua, y el peso específico relativo también puede es* timarse, presentando valores tan bajos como 1.5 ó 1.6 para turbas muy puras. Puede tener interés conocer el contenido de aire y gases en las turbas, para lo cual no existe prueba estándar de valor reconocido, por lo que se recurre a estimarlo en pruebas de con* solidación. Valores de hasta un 10% no son raros en turbas. Las turbas reducen fuertemente su permeabilidad al aumentar la carga que actúa sobre ellas; en forma­ ciones vírgenes, el coeficiente de permeabilidad sue­ le estar entre 10-3 y 10”4 cm/scg, pero puede redu* cirse a 10-? cm/seg en turbas consolidadas bajo un terraplén de uno o dos metros de altura. En la Fig. 111*6 se muestra una correladón entre valores de la reladón de vados y la permeabilidad de turbas de la Colum bia Británica, de las que se trata en la R ef. 19. L a resistencia a l esfuerzo cortante puede deter* minarse con pruebas de compresión simple o pruebas triaxiales, si bien puede haber dificultades credentes para el labrado de especímenes cuanto más orgá­ nico sea el suelo, por lo que se recurre frecuentemen­ te a determinar la resistencia con pruebas de veleta y a estimarla aplicando el cálculo en secciones en que haya ocurrido o se induzca una falla. En la ta­ bla I I 1-3, tomada de la R ef. 20, se presenta una comparadón entre la resistenda al esfuerzo cortante ob­ tenida para diversas turbas y su contenido de agua. L a mayor parte de las resistendas de la tabla corres­ ponden a medidas con veleta en el lugar. L a tabla propordona también una interesante lista de traba­ jos sobre el tema, según recopilación de L eo Casagrande. En la Fig. 111-7 (R ef. 20) se presentan resultados medios obtenidos por distintos investigadores en va­ rios lugares, que correladonan la resistencia al es­ fuerzo cortante con la profundidad; en ella puede ob-

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Figura UI-6.

Reladón de vados vs. Permeabilidad en turbas (R ef.

19).

C o p y rig h te d material

130

E l terreno de cim entación. E x p lo ra ció n de suelos Tabla III-3 Resistencia al Esfuerzo Cortante en Turbas
L oca liza ción d e la tu rba R esisten cia al es fu erz o co rta n te (T / m * ) C o n ten id o natu ral d e a gu a ( % )

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A -l

Excava Comj

R e fe r e n c ia

Andersen y Hempstock (R ef. 21) Casagrande, A . y L. (R ef. 22)

Canadá (Alberta) E.E.U.U. (Mass.)

Dücker (R ef. 23) Fraser (Ref. 24) Hardy y Thomson (R ef. 25) Lea y Brawner (R ef. 19) Margason y Fraser (R ef. 26) Moos y Schneller (R ef. 27) R ipley y L eon off (R ef. 28) Smith (R ef. 29) Tresidder y Fraser (Ref. 30) W ard (R ef. 31) (i) Valor de la corteza superficial.

Alemania (Holstein) Irlanda del Norte Canadá (N.O.) Canadá (Alberta) Irlanda del Norte Suiza Canadá Inglaterra Escocia Inglaterra, Gales

0.50-1.25 0.50-1.85 0.35-2.90 1.35 0.35-0.95 5.00 (i) 0.10-5.00 (i) 1.40-2.80 0.50-3.00 0.55-1.50 1.70 0.50-1.50 1.00-2.25 0.35-1.80 0.35-9.35 0.65

700-1400 230- 750 400- 800 400- 550 250- 380 110 400- 800 680-1450 470- 760 No hay dato 790 220-1460 100-2100 N o hay dato 400-1600 800-1000

Sólo p i ba o suele que los tei un requisi tirar sin ri de la exea rreo de di suele qued dos; el sue La exc; medida qu anchura ci padas mas; turos prob La pro la remoció riable y de 10 m de e; A-2 Excai

servarse el im portante efecto de secado p rop io de los suelos turbosos. L a m ayoría de los resultados de prue­ bas de veleta se concentran en la parte m edia de la figura (parte sombreada) y muestran una preconsolidación substancial por secado aun a las mayores profundidades. A causa de la perm eabilidad relativam ente alta de las turbas, la consolidación prim aria se produce

R esisten cia al Esfuerzo C ortan te , en Tn./m?

Es un en ellas muy rápidam ente (Refs. 19, 32, 33, 34, 3 5 , da del su( 36, 37 y 38). L a consolidación secundaria ocurre so compresibi bre todo cuando la p rim aria term inó y generalmente se usa com sigue una ley lineal (recta) cuando se d ibu ja el asen constructiv tam iento contra el tiem po (este últim o en escala h > g a rítm ic a ); la consolidación secundaria puede s e r B Despla; mucho más im portante qu e la prim aria y durar m u­ chos años, viéndose afectada por la descomposición Cuando de la m ateria orgánica durante la vida de la obra terreno de (R efs. 36, 38 y 39). L a predicción del asentamiento en las turbas por los m étodos normales de la Mecá­ nica de Suelos es incierta, com o consecuencia de lo anterior y aún lo es más la de la evolución de lo s asentamientos con e l tiem po. L a teoría de Terzaghi probablem ente no sea aplicable a las turbas; las cau­ sas más importantes de e llo son el drenaje horizon tal que ocurre en estos suelos, la anisotropia que pre­ O n sentan en lo relativo a la perm eabilidad y el escaso sentido que puede tener determ inar en turbas d 100% de consolidación p rim aria (R ef. 19). Si el suelo blando es inorgánico, es de esperar que si la hom ogeneidad d e las arcillas es razonable, pueda aplicarse la teoría d e T erzagh i para el cálcu lo del asentamiento y aun para el de su evolución con e l tiempo, si bien esta ú ltim a se determinará coi mucha m enor precisión. P o r las razones anteriores, sobre todo en turbas, los resultados de cualquier calculo de asentamiento o evolución de éstos no serán confiables en grado s o ficien te para servir de base a un proyecto importante; éste es un caso en que puede rendir m agníficos frfr tos la instrumentación de terraplenes de prueba, ^ chos preferentem ente a escala natural (R e f. 4 0 ).

Figura IU-7.

Resistencia al esfuerzo cortante vs. profundidad, en turbas (Mediciones con veleta en el lugar) (R ef. 20).

Se comentarán ahora brevem ente los método constructivos que se agruparon en la tabla III-2 .

I

Desplazamiento p o r el peso del terraplén con o sin sobrecargas A A -i Excavación. Completa.

131

Sólo puede intentarse cuando los espesores de tur* ba o suelo blando son pequeños y cuando se desea qu e los terraplenes sc inmovilicen muy rápidamente; un requisito económico suele ser la posibilidad de tirar sin riesgo el desperdicio inmediatamente al lado de la excavación, de modo que se elimine todo acarreo de dicho desperdicio. L a excavación producida suele quedar llena de agua y con taludes muy tendi­ dos; el suelo que la rellene habrá de ser granular. La excavación completa suele ser más eficiente a medida que el terraplén es más ancho, pues a mayor anchura crece el riesgo de que bajo él queden atra­ padas masas de turba o suelo blando, origen de fu­ turos problemas. L a profundidad a que deba considerarse posible la remoción total del terreno de cimentación es va­ riable y depende del proyecto; se ha hecho hasta con 10 m de espesor de suelo. A-2 Excavación parcial.

Es un procedimiento recomendable si la resisten­ d a del suelo blando crece con la profundidad y la compresibilidad disminuye con la misma. Tam bién se usa como ayuda para el empleo de otros métodos constructivos, como el de desplazamiento. B Desplazamiento.

cualquier fuerza restrictiva que pueda haber, ocurri­ rá un desplazamiento de dicho terreno de cimenta­ d ó n en la direcdón de la menor resistenda. L a in­ tensidad del desplazamiento depende de la reladón entre el espesor del estrato blando y la altura y an­ cho del terraplén y de la magnitud del desequilibrio señalado. El desplazamiento produce ondas de lodo a los lados del terraplén, que actúan como resined ó n a posteriores desplazamientos. Generalmente, en terraplenes sobre suelos blandos uniformes, una vez que ha comenzado el hundimiento de la estructura y el desplazamiento del terreno blando, el proceso con­ tinuará si se mantiene la misma elevadón en la co­ rona del terraplén y si se quitan las ondas de lodo que sc forman; esto se debe a que el material de te­ rraplén tiene mayor peso especifico que e l suelo blando, de manera que se incrementa el peso total superimpuesto a medida que aumenta la carga. Si la altura del terraplén no se aumenta, sino que se mantiene constante, e l desplazamiento condudrá a una compensadón parcial del peso del terraplén. Si no se remueven las ondas del lodo que se forman a los lados pueden generar la sufidente restricción como para im pedir todo ulterior desplazamiento. E l desplazamiento puede verse favorecido por la disminudón de resistenda que sufra el suelo blando como consecuenda de su remoldeo. B-l Desplazamiento p o r el peso del terraplén con o sin sobrecargas.

Cuando el esfuerzo que el terraplén comunica al terreno de cimentadón supera la resistenda de éste y

Es posible atenerse al desplazamiento por el peso único del terraplén cuando éste pesa lo suGdcnte y cuando el material blando que pueda quedar atra­

N¡V*I Inicial d«l t«rropl*n

M aterial mo» firm a

Figura 1II-8.

Colocación de un terraplén por desplazamiento de un suelo blando, con uso de sobrecarga.

132

E l terreno de cim entación. Exploración de suelos 3. M étodo de N e w Hampshire. 4. M étodo alemán.
P e r f»

pado sea de tales características y resulte en tales es­ pesores, que los procesos de consolidación posteriores ocurran durante el tiempo de construcción y antes del momento previsto para la pavimentación defini­ tiva. Cuando convenga acelerar el proceso de despla­ zamiento o aumentar su eficiencia, puede recurrirse a una sobrecarga. En general las sobrecargas tienen dos efectos benéficos, al inducir un mayor desplaza­ miento y al causar que ocurran antes los asentamien­ tos por consolidación. En la figura III-8 se ilustra la situación final a que llega un terraplén construido por desplazamiento con sobrecarga. En terraplenes construidos sobre terrenos muy blandos es seguramente una m agnífica práctica la co­ locación de una sobrecarga de tierra sobre el terra­ plén, con el lím ite que im ponga la resistencia del terreno, pues el provocar una falla violenta de desli­ zamiento de talud o de capacidad de carga puede te­ ner muy malas consecuencias en estos casos, por el remoldeo que producen en los materiales blandos, que al perder su estructura original disminuyen drás­ ticamente su ya escasa resistencia, de una manera no recuperable. E l efecto de la sobrecarga en los asentamientos puede calcularse por los métodos ya descritos, en to­ dos los casos en que la teoría de Consolidación de Terzaghi sea aplicable.

B-2.1.

Barrenación en el frente de avance.

Consiste el m étodo en alterar y desplazar los de­ pósitos muy blandos con explosiones provocadas en barrenos situados en torno al extremo de avance del terraplén en construcción y a una distancia de 8 a 10 m de éste (Fig. III- 9 ). Se recomienda hacer explotar una hilera de ba­ rrenos cada vez. L a carga explosiva en cada per­ foración debe ser lo suficientemente pequeña como para no dañar al terraplén adjunto; debe determi­ narse experimentalmente y con frecuencia resulta del orden de — en kg, estando h referida a la Fig. III-9. E l método es lento y a veces deja mucho suelo blando atrapado bajo el terraplén. L a práctica ale­ mana ha establecido una secuencia operacional para este método que puede considerarse como una va­ riante de su forma tradicional y que considera las si­ guientes etapas. 1. Se forma una plataforma de trabajo de arena adelante de la punta de avance del terraplén (Fig. 111-10). El espesor de esta plataforma puede estar comprendido entre 30 y 60 cm. 2. Sobre esta plataform a se perforan los pozos de barrenación, con 20 ó 30 cm de diámetro, llegando al terreno firme. E l espaciamiento de los pozos pue­ de oscilar entre 2 y 5 m,. dependiendo del espesor del suelo por desplazar. 3. Las cargas de explosivo se colocan en el fondo de las perforaciones, en cantidad comprendida entre 8 y 40 kg. 4. Se establecen las necesarias conexiones eléctri­ cas para la explosión, protegiendo los alambres con­ venientemente. 5. Se prolonga entonces el terraplén sobre los po­ zos de barrenación, hasta alcanzar la altura deseada más la sobrecarga que se desee colocar. 6. Se produce la explosión.

tu r b

w

B-2

Desplazamientos con explosivos.

rrenos de cualquier importante plazar se : tando cad; secciones ( Pueden lie barreno (S B-2.3. Mé

Se busca incrementar instantáneamente la presión neutral, reduciendo así la resistencia del suelo. Cada día goza de mayor popularidad este método para acomodar y estabilizar terraplenes sobre terre­ nos muy blandos y es de esperar que en el futuro se utilice con profusión. La R ef. 20 constituye una fuente fundamental del tema, pues no sólo ofrece una exposición detallada del mismo, sino que ésta se complementa con una muy completa lista de re­ ferencias, útiles para la investigación de ulteriores de­ talles. L a exposición que sigue está basada muy es­ pecialmente en dicho trabajo. Los métodos para desplazar suelos muy blandos con explosivos que han sido más utilizados son los siguientes: 1. Barrenación en el frente de avance. 2. Barrenación bajo el cuerpo del terraplén.

El D ep hire ha de; plazamient tre 3 y 15 a descansar

B-2.2.

Barrenación bajo el cuerpo del terraplén.

Una vez lim piada la superficie del terreno, se co­ loca el terraplén y después se perfora éste con ba-

sobrecarga

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Figura IU-9.

Desplazamiento de turbas por barrenación en el frente de avance (Ref. 20).

M étodo de New Hampshire
Plataforma de areno S o b re c a rg o

133

turba

S o b ra c o rg o co lo ca d a s o b r a las c a rg a s on ta s d a la o x p lo s iá n .

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Método alemán para barrenadón en d

frente de avance (Ref. 20).

rrenos de 4 a 12 cm de diámetro perforados por cualquier procedimiento apropiado. Para espesores importantes de turba o suelo muy blando por des* plazar se recomienda la explosión por etapas, afec­ tando cada vez 4 ó 5 m de espesor de turba en secciones de terraplén de 30 a 50 m de longitud. Pueden llegar a ponerse unos 25 kg de explosivo por barreno (Refs. 41, 42 y 43). B-2.3. Método de N ew Hampshire.

£1 Departamento de Carreteras de N ew Hamps­ hire ha desarrollado un método económico para des­ plazamiento de suelos blandos cuyo espesor oscile en­ tre 3 y 15 m; el método lleva al terraplén construido a descansar sobre los estratos firmes subyacentes. Una

vez limpiado el terreno de su cobertura vegetal se coloca el terraplén, construyendo primeramente sus dos segmentos extremos; generalmente se utiliza para ello sólo sobrecarga, hasta apoyar la sección en estra­ tos firmes. Después se unen los dos extremos, cons­ truyendo la totalidad del terraplén vaciando mate­ rial sobre el suelo blando, de manera que éste queda atrapado bajo aquél (Fig. 111-11) El material blando atrapado bajo el terraplén asf construido se desplaza por medio del siguiente pro­ cedimiento. Se colocan barrenos a ambos lados del relleno, con separación del orden de 3 m, como se indica en la parte (b ) de la Fig. I ll- U ; los barrenos son de 4 ó 5 cm de diámetro y deben contener una cantidad de explosivo en kg del orden de la tercera parte del espesor del material blando en m.

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fe ) Seoolon Método de New Hampshire (Ref. 20).

Copyrighted material

134

E l terreno de cim entación. Exploración de suelos ber hasta 100 kg de explosivo en grandes espesores de suelo blando o 25 kg en espesores pequeños. Independientemente del método que se utilice ¡ para incrustar el terraplén en el terreno blando, sur­ ge la cuestión de cuál deba ser el ancho del relleno que se coloque para evitar deformaciones posteriores del terraplén, que se traducirían en asentamientos y agrietamientos, sobre todo en sus bordes. En la Ref. 20 L. Casagrande proporciona reglas semiempíricas para establecer tal ancho, que se comentan con refe­ rencia a las figuras 111-13 y 111-14. Cuando el terraplén se esté incrustando sin la ayuda de una sobrecarga temporal de suelo, el mé­ todo para determinar el ancho de la excavación por producir se describe en la Fig. 111-13. A partir de A , sobre el hombro del terraplén, di­ bújese una línea con un talud 1.25:1 hasta su inter­ sección en el punto C 0 con el estrato duro, bajo el suelo blando que se desea desplazar. L a vertical C 0 D0 fija el ancho de la excavación en el suelo blando. El talud del terraplén definitivo se ha dibujado en la Fig. 111-13 con la inclinación 2:1 y su cero (B ) coin­ cide aproximadamente con el punto D 0, pero queda ligeramente fuera de la zona de relleno, de manera que no hay peligro de que se deform e substancial­ mente el pie del talud. Sin embargo, si la relación h/d es muy grande, que es el caso ilustrado en la Fig. 111-14, la misma construcción anterior conduce a un punto B muy alejado y a la derecha de D 0, con lo que una parte importante del terraplén final que­ daría sobre suelo muy blando, sometida a deforma­ ciones. Esta situación puede resolverse ampliando el ancho de la excavación, de modo que D 0 coincida aproximadamente con B, construyendo una berma como ilustra la figura o dando al terraplén un talud más parado, hasta que B quede cerca de D 0, obte­ nido según la construcción. Cuando el terraplén se incruste con ayuda de una sobrecarga temporal de suelo, el m étodo propuesto por L. Casagrande para determinar el ancho de la zona excavada y rellenada se determina con la regla

Si la colocación del terraplén produjo ondas de lodo importantes a sus lados, puede ponerse una se­ gunda hilera de barrenos a unos 3 m de la anterior, como se ve en la Fig. I I I - l l ; esta segunda hilera debe hacerse explotar una fracción de segundo después que la primera, pues la experiencia ha probado que se tiene la máxima eficiencia cuando las hileras prin­ cipales explotan encontrando resistencia a ambos la­ dos. L a parte (c ) de la Fig. I I I - l l muestra la posición final a que debe llegar el terraplén. Se ha visto ventaja en este método cuando el cuer­ po del terraplén se construye con material granular muy grueso o incluso con enrocamiento, pues el terraplén se asienta en form a más homogénea que cuando está constituido por materiales más finos, in­ cluyendo arenas, y además, los suelos más gruesos se arquean m ejor sobre, las pequeñas bolsas de material blando que de cualquier form a pudieran quedar atra­ padas. Naturalmente (Fig. I I I - l l . c ) que el material que se utilice para la configuración final del terraplén puede ser cualquiera apropiado y debe colocarse com­ pactado en la forma usual. B-2.4. £1 método alemán.

figura I II - 1

Este método fue desarrollado en conexión con la construcción de la red alemana de autopistas entre los años de 1934 y 1940 (Refs. 44, 45, 46 y 47). L im ­ piada la cobertura vegetal, se construye el terraplén sobre el suelo blando en toda su longitud, como se muestra en la Fig. 111-12. A continuación se coloca bajo el terraplén una gran cantidad de cargas, las cuales se hacen explotar simultáneamente en toda la longitud y ancho del mismo. Esta importante explo­ sión es muy efectiva para destruir la resistencia del suelo blando, de modo que el terraplén se asienta fácilmente hasta la posición final mostrada en la Fig. III-12.C. Los explosivos pueden disponerse en 4 o más hi­ leras bajo el terraplén y en cada barreno puede ha­

siguiente, III-14. A par con talud bre el sue la excavai se reflexii con la pe pre con t suelo blar Cuand miento ar vación qu terraplén, la que de suelo bla emplear t rraplén; quier ma peso. C Trata: mente

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Figura m-12.

M étodo alemán (Ref. 20).

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Figura IH-13.

Determinación del ancho mínimo de relleno para h/d, pequeña (Ref. 20).

C o r lo b r e e a r g a

siguiente, también en reladón con las Figs. III-13 y 111-14. A partir del punto A, se traza ahora una línea con talud 0.7:1, determinándose asi el punto C so­ bre el suelo duro. L a vertical CD define el ancho de la excavadón en suelo blando. Ahora pueden hacer­ se reflexiones similares a las anteriores en reladón con la posición relativa de los puntos B y D, siem­ pre con el criterio de que no quede apoyada sobre suelo blando una parte substandal de terraplén. Cuando la relación h/d es muy chica, el procedi­ miento anterior puede condudr a un ancho de exeavadón que exceda, en mucho, el área cubierta por el terraplén. En tal caso será la posidón del punto B la que determine el ancho, si bien para espesores de suelo blando muy grandes seguramente convendrá emplear bermas estabilizadoras a ambos lados del te­ rraplén; estas bermas pueden construirse de cual­ quier material, pues su única fundón es ejercer un peso. C Tratam iento del terreno natural, fundamental* mente p o r requerimientos d e estabilidad.

La remoción del terreno de cim entadón por excavación o desplazamiento, que implica la substitu­

ción de terreno malo por otro de m ejor calidad, con­ duce muchas veces a movimientos de tierra excesi­ vos, procedimientos de construcdón imprácticos y costos altos. L a adopdón de un criterio simplista, por el cual los métodos de substitudón se empleen en forma sistemática, impedirá, además, discriminar co­ rrectamente aquellos casos en que el terreno de d mentadón es realmente de los que no conviene usar. En muchas ocasiones tratamientos sencillos del terre­ no natural permitirán utilizar suelos que con un cri­ terio más rigorista serian desechados a gran costo. Cuando se piense en tratamientos para m ejorar las condidones del terreno natural es preaso pensar siempre tanto en resistenda como en asentamiento. En ocasiones el mejoramiento de las condidones de estabilidad puede lograrse simplemente por el em­ pleo de bermas calculadas como se indica en el capi­ tulo correspondiente a estabilidad de taludes. En otras ocasiones, un abatimiento de rasante que dis­ minuya la altura de los terraplenes puede resolver problemas que de otra manera resultarían muy d ifí­ ciles. De la misma manera, puede manejarse la pen­ diente, dando la m ínim a del tramo en la zona en que se espere el asentamiento máximo, para que al presentarse dicho asentamiento el efecto diferendal sea mínimo.

Sobreeorgo (caporal ferau o

o 15 ■. paagyor)

íSlótkmdoi Suelo wry blontfo duro Su» sotrecorfo

Coa Mlncoryi

Figura 111-14. Determinación del ancho mínimo de relleno para h/d, grande (R ef. 20).

136

E l terreno de cim entación. Exploración de suelos a no ser que pueda aprovecharse en otras secciones de la vía, en cuyo caso podrá haber una parcial re. cuperación de su costo, o que la sobrecarga se roaneje como una sobreelevación, impuesta de tal ma­ nera que, tras producirse el asentamiento, quede la altura requerida en el terraplén. En ocasiones, cuando el espesor del terreno blan­ do es muy pequeño, puede recurrirse a compactarlo con el empleo de equipos muy pesados, a fin de el¡. minar los asentamientos posteriores b ajo el peso del terraplén; este m étodo podrá usarse también si el terreno de cimentación tiene espesores chicos de are­ na suelta. El m étodo es poco efectivo en arcillas muy blandas o en turbas, y lo será más a m edida que el terreno natural posea más partículas del tamaño de la arena o de la grava. Generalmente, un terraplén que ha de apoyarse en suelos blandos o en turbas presenta condiciones críticas tanto en lo referente a estabilidad como a asentamientos; como ya se ha dicho, ambas condicio­ nes han de ser analizadas y pudiera ser que la nor­ ma idónea bajo un punto de vista, 110 lo fuera tanto o resultase mal, bajo el otro, por lo que el caso ha de ser juzgado con un criterio general, que contem­ ple el conjunto de factores que intervienen simultá­ neamente, si bien destacando, en el m om ento de deci­ dir soluciones, aquellos factores que influyan preponderantemente. L a tecnología de los drenes de arena ha S do men­ cionada en páginas anteriores, por lo que no se insis­ tirá aquí sobre ella. Como conclusión para definir convenientemente la construcción de terraplenes sobre suelos muy blan­ dos o turbas, conviene realizar algunas reflexiones adicionales. En primer lugar, hay que destacar la necesidad de detectar estos problemas desde las etapas iniciales del proyecto. U n cambio de línea puede ser la solu­ ción más lim pia del caso, y en otros lugares podrán aplicarse soluciones económicas a condición de que se disponga del tiem po suficiente para que desarro­ llen sus efectos. Los diversos métodos brevemente tratados en lo que antecede no son de aplicación general; en cada caso habrá que analizar algunos de ellos (o todos) para elegir el más económico y conveniente. A veces, la solución idónea resultará de la combinación de varios métodos. N o existe un criterio rígidamente establecido para fijar el factor de seguridad con que debe aplicarse cada método de los mencionados y este es un asunto que se debe definir en cada caso particular. Los pro­ blemas más serios de construcción sobre suelos blan­ dos no suelen perm itir factores muy altos, por razo­ nes de costo; por otra parte, ha de tenerse en cuenta que una falla en un tramo de terraplén edificado so­ bre material muy blando o turba puede tener muy serias repercusiones, pues con el rem oldeo interno que acompaña al colapso muchos de estos materiales sufren tal pérdida de propiedades mecánicas (ya se­ guramente pió) que i pleo poste) dación esti es entonce margen de a emplear. Finalrm establecer > resulte el dos anteric Los autore que los in en el pasa que en alg plicados hi yor sencilli los terraplf no de los limpieza n déos. Es fi miento tot¡ gra paliars que la sobi nitud nece quier otro camino dii zona laqust madamente ce en punt; terreno nat yo del crit sional, segi finitiva cua magnífico < tructivos uí aquí tratad III -8 T E R I L a cons nadas pued

Las virtudes de la construcción anticipada son ob­ vias y no se considera preciso insistir sobre ellas; la condición es su compatibilidad con el calendario de las obras. Tam bién se ha m encionado ya la ventaja que puede tenerse en la construcción por etapas y en el uso de materiales ligeros en el terraplén, subordi­ nado naturalmente a su disponibilidad. En ocasiones puede mejorarse mucho la situación de un terreno de cimentación utilizando drenaje in­ terceptor ladera arriba de los terraplenes. En este sentido las trincheras y zanjas de subdrenaje, los dre­ nes de penetración transversal e, inclusive, los pozos de drenaje por bombeo constituyen los recursos más empleados. El agua en el subsuelo, al fluir a sus tra­ vés desarrolla fuerzas de filtración y ‘ presiones que hacen disminuir la resistencia al esfuerzo cortante. En donde tales condiciones existen, se hace indispensable una exploración cuidadosa, determinando las condi­ ciones del agua del subsuelo y sus movimientos. D Tratam iento del terreno natural, fundamental­ mente por requerimiento de asentamiento.

La elección de un criterio de trabajo para redu­ cir los efectos de los asentamientos depende del m on­ to y la velocidad de los mismos, de la uniformidad y continuidad del terraplén y el terreno de cimenta­ ción, de la existencia de singularidades, tales como terraplenes de acceso a puentes y pasos a desnivel y, finalmente, de las características de la vía terrestre y del nivel de exigencia que al respecto se tenga. Siempre debe tenerse en cuenta que asentamien­ tos uniformes, aun cuando sean relativamente gran­ des, no perjudican seriamente al terraplén en la mayoría de los casos. La construcción por etapas cons­ tituye un m agnífico recurso en casos en que se pre­ senten problemas serios de asentamiento diferencial y en donde no sea posible m anejar sobrecargas eco­ nómicamente; en lo referente a asentamiento, la construcción por etapas suele consistir en posponer la pavimentación definitiva hasta que la vía terres­ tre haya alcanzado su equ ilibrio final. Cuando el terreno de cimentación es suficiente­ mente resistente, puede dar muy buen resultado, des­ de el punto de vista de asentamientos, el uso de so­ brecargas, en forma de altura de tierra adicional a la altura normal del terraplén. E l peso de sobrecarga requerido depende de la relación tiempo-asentamien­ to y del espesor del estrato compresible, de la altura del terraplén y del tiempo disponible, de acuerdo con el programa de construcción. L a sobrecarga au­ menta el asentamiento que se produce por unidad de tiem po y puede quitarse después de que se pro­ duzca el asentamiento que corresponde a la altura final del terraplén. Cuando sea muy grande el espesor de suelo com­ presible o muy alto el terraplén por construir, pue­ de suceder que una sobrecarga cuyo efecto sea signi­ ficativo necesite mover cantidades de tierra tan gran­ des que resulte antieconómica; el material empleado en la sobrecarga requiere de doble pago por manejo,

Terraplenes en laderas inclinadas guramentc con valores deficientes desde un princi­ pio) que se hace muy difícil o casi imposible su em­ pleo posterior. El estudio de laboratorio sobre degra­ dación estructural por remoldeo, por cierto no fácil, es entonces indispensable para definir un criterio de margen de seguridad en las soluciones que se vayan a emplear. Finalmente, ha de insistirse en la necesidad de establecer claramente en cada caso lo procedente que resulte el empleo de alguno o algunos de los méto­ dos anteriores, cuando ello implica un costo elevado. Los autores de este trabajo tienen la impresión de que los ingenieros de vías terrestres han exagerado en el pasado la importancia de estos problemas, y que en algunos casos ciertos proyectos costosos y com­ plicados hubieran podido realizarse con mucha ma­ yor sencillez y economía, simplemente construyendo los terraplenes sobre terrenos muy blandos con algu­ no de los métodos convencionales, ejecutado con la limpieza necesaria para no producir fallas y remól­ deos. Es fundamental tener presente que el asenta­ miento total no es necesariamente muy dañino, si lo­ gra paliarse lo suficiente el diferencial, de manera que la sobreelevación inicial del terraplén en la mag­ nitud necesaria, pueda evitar la aplicación de cual­ quier otro método más costoso. La construcción del camino directo México-Puebla en su cruce por la zona lacustre del ex Lago de Chalco (10 km aproxi­ madamente) , llevada a cabo por el método de avan­ ce en punta de flecha, con desplazamiento pardal del terreno natural, constituye un buen ejemplo en apo­ yo del criterio anterior. Una pavimentadón provi­ sional, seguida de reniveladón y pavimentación de­ finitiva cuando la vía se estabilice finalmente, es un magnífico complemento de los procedimientos cons­ tructivos usuales cuando se aplican a los problemas aquí tratados.
IIL8 TERRAPLENES EN LADERAS INCLINADAS

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La construcdón de terraplenes en laderas indi­ nadas puede constituir un problema difídl. General­

mente existen dos circunstandas geológicas desfavo­ rables en las laderas de pendiente más o menos pro­ nunciada. En primer lugar, la frontera entre la zona más intemperizada y los materiales más sanos tiende a seguir la pendiente de la ladera, lo que produce una tendencia al deslizamiento a lo largo de dicha frontera. En segundo lugar, la presenda del terraplén modifica los movimientos naturales de las aguas superfidales y profundas; la acumuladón del agua en la base del terraplén aumenta el peso volumétrico de su material y disminuye su resistenda al esfuerzo cortante, incrementando así el peligro de deslizamien­ to. Aun cuando el agua no se manifieste en su super­ ficie, humedece las superfides críticas de posible des­ lizamiento abajo y aguas arriba del terraplén. De esta manera, el control del agua de infiltradón debe redbir una atendón especial cuando se construyan terraplenes en laderas inclinadas, aten­ diendo además al hecho de que el régimen de agua interna varía mucho de una a otra época del año, de modo que es posible que no se manifieste ningún signo de flujo interno en el momento de realizar los estudios correspondientes. Usualmente no es fád l o posible evitar las lade­ ras en pendiente en la localizadón de caminos y fe­ rrocarriles, por lo que en general los problemas que se planteen han de afrontarse y resolverse allí donde se presenten. Además de las precauriones de drenaje y subdrenaje, que se detallarán en el capítulo corres­ pondiente, el uso de escalones de liga, tales como los que aparecen esquemáticamente representados en la Fig. IIM 5 , se ha revelado como una práctica muy conveniente y generalmente indispensable en laderas cuyo talud exceda 4:1. Las dimensiones de los escalones de liga deben establecerse para cada caso particular, pero él ancho (huella) debe ser sufidente para permitir la opera­ ción del equipo de construcción, lo que suele reque­ rir por lo menos 2.50 m. Los escalones de liga logran la transmisión de las cargas del terraplén a planos horizontales; para complementar su efecto benéfico

Figura III-15.

Escalones de liga en laderas ind inadas.

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E l terreno de cimentación. Exploración de suelos

será muy conveniente y a veces indispensable que queden alojados dentro de terreno relativamente fir­ me, por lo menos bajo las capas más alteradas.

m-10 EXPLO RACIO N DE SUELOS EN VIAS
TERRESTRES En las vías terrestres se utilizan esencialmente los mismos métodos de exploración y muestreo de sue­ los que son comunes a todos los campos de aplica­ ción de la Mecánica de Suelos. Así, atendiendo a tal circunstancia, no sería necesario tratar el tema en este libro, dado que puede consultarse en la litera­ tura tradicional que existe sobre Mecánica de Sue­ los. De hecho, este es el criterio con que se abordará el presente párrafo, en el cual no se tratarán los te­ mas referentes a métodos de exploración, tipos de muestreadores, técnicas de muestreo, etc. Estos pun­ tos podrán consultarse en general en las Refs. 17, 48 y 49 y en aplicaciones particulares a las vías te­ rrestres en las Refs. 8, 9 y 50. Sin embargo existen algunas ideas para definir criterios generales que sí resulta conveniente discutir, si bien someramente, en lo que sigue. A Estudios geológicos y fotointerpretadón.

111*9 DESMONTE Y DESPALME DEL TERRENO NATURAL Como fase previa a las operaciones constructivas propiamente dichas, la construcción de terracerías suele exigir una limpieza a fondo del terreno natu­ ral, que se denomina desmonte, en lo que se refiere a la eliminación de vegetación, incluyendo árboles, y despalme cuando se refiera a la eliminación de una capa superficial del terreno. El desmonte tiene ios siguientes objetivos:

1. Perm itir la operación de la maquinaria de construcción en zonas boscosas. 2. Perm itir la liga adecuada entre los terraple­ nes y el terreno de cimentación. 3. Elim inar materiales no deseables, tales como hierbas, arbustos o árboles, en cortes y préstamos. 4. Evitar la caída posterior de árboles o ramas a la vía terrestre, al quedar aquélla* muy cerca de los taludes de los cortes. En la remoción de arbolado en esta zona, deberán cortarse los árboles sin desenrai­ zados, a fin de no aflojar la cobertura de terreno en el coronamiento de los cortes. 5. Aumentar la visibilidad en curvas horizonta­ les, sobre todo en terreno plano con vegetación in­ tensa. 6. Evitar el efecto del desarrollo de raíces que afecten posteriormente la superficie de rodamiento, especialmente en terraplenes muy bajos o en seccio­ nes prácticamente a pelo de tierra. 7. Evitar problemas de comportamiento poste­ rior en los terraplenes al pudrirse los troncos o raí­ ces atrapados en o bajo ellos. Es práctica común preparar el terreno natural an­ tes de la construcción, eliminando un cierto espesor de su superficie. Este despalme sude llevarse a pro­ fundidades no mayores de 30 cm y frecuentemente menores que esta cantidad. Cubre los siguientes ob­ jetivos: 1. Evitar movimientos en los terraplenes, pues la cobertura vegetal superficial generalmente es un ma­ terial esponjoso y compresible, que puede afectar a los terraplenes de baja altura. 2. Elim inar suelos inadecuados para la construc­ ción en préstamos de materiales o en cortes en casos de compensación longitudinal. 3. Elim inar materia orgánica vegetal susceptible de causar problemas por crecimiento posterior, bajo terraplenes de escasa altura. Los volúmenes que se muevan por desmonte o despalme deben ser tomados en cuenta de alguna ma­ nera en los cálculos del diagrama de masas del pro­ yecto, pues el desperdicio que estas operaciones re­ presentan, alcanza a reflejarse en los volúmenes totales de movimientos de tierras por considerar.

Los mapas geológicos constituyen una informad ó n básica invaluable para el proyecto de las vías terrestres. Con trabajo de campo o con fotointerpre­ tadón de pares estereoscópicos de aerofotografías pueden determinarse los tipos de formadones de sue­ los y rocas, así como sus límites y secuencias, lo cual propordonará la primera idea en reladón con las propiedades mecánicas de los suelos existentes en la zona en que se proyecta la vía terrestre, lo mismo que la primera inform adón sobre problemas de es­ tabilidad. P o r los mismos procedimientos es posible definir las estructuras geológicas de interés, tales como fallas, trayectorias de juntas y fisuras, desliza­ mientos de tierras anteriores, etc. U n estudio geoló­ gico que induya un mapa geológico con sufidente detalle es, entonces, el primer paso obligado en el proyecto de una vía terrestre. L a elaboración de estos estudios debe verse invariablemente como económi­ ca e imprescindible. Las técnicas de la fotointerpretadón (R ef. 51) se han incorporado más y más al conjunto de estudios para proyecto qu e la m ejor experiencia va viendo como obligatorios. Estas técnicas permiten acelerar notablemente la produedón de inform adón y aho­ rran un gran número de recorridos de campo. Los principales datos que es posible obtener de estudios de fotointerpretadón son los siguientes: 1. Características sodales y económicas de la zona por la que se desarrollará la vía terrestre, incluyendo pobladones, industrias, cultivos, minería, y un le­ vantamiento de las obras de ingeniería existentes en la región. 2. T op ografía de la zona, induyendo facilidades de acceso. 3. Datos climáticos y relacionados con el dim a, tales como vegetadón, humedad, etc. 4. Factores hidrológicos, tales como corrientes im ­ portantes, longitud y localización de puentes y la configuradón precisa del drenaje regional.

E xploración directa de suelos y rocas 5. Descripción general de rocas y suelos. 6. Identificación de características geológicas de interés, tales como formaciones lacustres o pantano­ sas, formaciones inestables, lugares de erosión acen­ tuada, falta o abundancia de materiales de construcción, posibles dificultades para realizar excavaciones, zonas de infiltración, llanuras de inundación, etc. 7. D efinición del uso de la tierra, de los tipos de cultivo, etc. En general conviene realizar los trabajos de fotointerpretación sobre fotografías a escalas crecientes en por lo menos dos y quizá en tres etapas de traba­ jo sucesivas (la escala 1:50 000 es apropiada para la primera etapa y las escalas 1:25000 y 1:10000 son seguramente convenientes para afinaciones posterio­ res. L a elección de las escalas depende un tanto del gusto y la costumbre, así como del equipo fotogramétrico de que se disponga para trabajar en conjun­ ción con la fotointerpretación). Una vez completado el trabajo de fotointerpretación en cualquiera de las etapas de proyecto, será preciso verificar sus conclu­ siones en el campo, examinando la zona por la que pasará la vía terrestre para comprobar todas las ca­ racterísticas del estudio. Completado este paso, que debe incluir el señalamiento de referencias de campo para posteriores aerofotografías, deberá rehacerse en lo necesario la fotointerpretación realizada, ratifi­ cando o rectificando las conclusiones obtenidas. U n inform e geológico para cualquiera de las eta­ pas de proyecto (fotointerpretación a diversas esca­ las, cubriendo desde valuación de anteproyectos has­ ta la elaboración de un proyecto definitivo) debe in­ cluir datos sobre los siguientes puntos, con el grado de detalle necesario según la etapa del proyecto a que corresponda. Rocas. Clasificación petrográfica: descripción mor­ fológica; grado de meteorizadón; clasificación y des­ cripción de fracturas, grietas, fallas, etc ; espesor de materiales de cubrimiento no aprovechables para construcdón; recomendaciones generales para la es­ tabilidad de cortes y dasificadón desde el punto de vista de su facilidad de trabajo, para fines de pre­ supuesto. Suelos. Origen, espesor, compaddad, plasticidad y contenidos medios de agua y materia orgánica. Tam bién será útil toda la información que pueda propordonarse sobre variadones en las direcciones vertical y horizontal, y las recomendaciones genera­ les sobre su utilizadón como material de construc­ dón. Cruces. Deberán consignarse todas las caracterís­ ticas de interés en el momento en que la línea en es­ tudio cruce cualquier cauce, indicando los materia­ les de depósito en el lugar, la velocidad estimada de la corriente, el gasto y elevación qu e alcance el agua, las tendendas de socavadón o depósito, la estabili­ dad del propio cauce, y una indicadón sobre las ca­ racterísticas de la exploradón detallada del subsue­ lo que se vaya a realizar, para fines de análisis de la cimentación de la estructura necesaria para efectuar el cruzamiento.

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Naturalmente que es variable el grado de predsión con que un ingeniero geólogo puede propordo* nar todos los datos anteriores, y no se exd u ye en ningún caso la necesidad de realizar trabajos d e ex­ ploradón o estudios gcotécnicos de detalle en todos los lugares en que se considere necesario ampliar o precisar la inform adón geológica; pero un estudio geológico bien ejecutado constituye una base invaluable para analizar alternativas, detectar problemas de im portanda y para planear estudios subsecuen­ tes de mayor precisión, estableciendo criterios claros sobre cómo y dónde efectuar tales estudios. En resumen, puede decirse que la investigadón geológica y en particular la fotointerpretadón cons­ tituyen ayudas fundamentales en el proyecto de las vías terrestres, de las que no es posible prescindir en cada etapa de proyecto que se ejecute y en cada tramo de cualquier alternativa de la línea final que se analice. B Exploración directa de suelos y rocas.

L a exploradón de suelos para fines de proyecto y construcdón de vías terrestres constituye uno de los capítulos en que existen menos criterios preestablecidos, para normar el ju id o del ingeniero qu e ha de tomar dedstones de tal naturaleza en un caso par­ ticular dado. En rigor, en cada caso ha de planearse la exploradón de un m odo distinto, no sólo dife­ renciando una vía terrestre de' otra, sino los diferen­ tes tramos de cada una o las diversas zonas de cada tramo. Existen cuatro tipos de problemas fundamentales que requieren de exploradón de suelos en conexión con la construcdón de vías terrestres. 1. Análisis de estabilidad de cortes y terraplene. 2. Investigadón de bancos de materiales. 3. Estudios de dm entadón para puentes y otras estructuras. 4. Exploraciones con fines de control de calidad. Además de los anteriores existen problemas me­ nos generales o frecuentes qu e exigen también ex­ ploración directa, como puede ser la que se hace para. determinar la necesidad de subdrenaje en un aeropuerto o para obtener agua para compactadón en una carretera que cruce una zona desértica. En aras de la brevedad se centrarán los comentarios de esta secdón sobre los cuatro casos primeramente enu­ merados, espedalmente en el 1 y en el 3, pues el 2 y el 4 se tratarán sobre todo en otros capítulos o partes de esta obra, dedicados a bancos de materiales y a control de calidad, respectivamente. 1. E xploradón directa para determinar condi­ ciones de estabilidad d e cortes y terraplenes. En principio, la exploradón necesaria sería la que permitiese llegar a un completo conocimiento de las características mecánicas de los suelos involucra­ dos, con ayuda del laboratorio. Sin embargo, es prácticamente imposible el conodm iento detallado de las propiedades mecánicas en cada punto de una carretera o un ferrocarril, por

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E l terreno de cim entación. Exploración de suelos en su experiencia anterior y en el conocimiento ge. neral de los materiales involucrados. H a de destacarse, sin embargo, que las ideas an­ teriores se aplican a la obra vial como un conjunto, pero no excluyen la necesidad que plantean algunos cortes y terraplenes especiales de estudios teóricos realizados con todo detalle, respaldados por la expío, ración directa necesaria y por el em pleo de labora­ torio hasta donde sea preciso. Desde luego, los estudios de campo deben incluir un uso lo más completo posible de los recursos que proporciona la Geología, pues su utilización implica un relativo bajo costo y en cambio puede tener re­ percusiones muy grandes sobre la inform ación en que en un m om ento dado haya de basarse el inge­ niero proyectista de la obra vial. El uso de métodos indirectos de exploración (mé­ todos geofísicos), de los que se trata más adelante, puede ser asimismo muy útil, pues a un costo tam­ bién relativamente bajo puede obtenerse una infor­ mación general de considerable extensión y bastante detalle. Por ejem plo, la Secretaría de Obras Públicas! de México, encargada de construir las vías terrestres) en la República, tiene como norma la realización de un estudio geofísico en todo lugar donde haya de construirse un corte de más de 7 m de altura, utili­ zando la inform ación obtenida tanto para ayudar a fijar la inclinación del corte, como para determinar las condiciones de traba jabilidad de los materiales, a fin de definir así el método de ataque más conve­ niente. Pero independientemente de los importantísimos auxilios que representan los criterios anteriores, ha de dejarse al criterio de un ingeniero de campo, au­ xiliado por métodos de exploración y estudios some­ ros y rápidos, la recomendación final sobre la incli-I nación de todos los cortes y terraplenes que no me-[ rezcan un tratamiento especial. Es esencial, entonces, que el ingeniero de campo responsable de tales deci­ siones sea auténticamente un hombre de primera cla­ se en esta actividad. A l efecto, las instituciones en­ cargadas de la construcción de obras viales han de cuidarse de encomendar estos trabajos a personal con el nivel técnico adecuado, seleccionándolo entre téc­ nicos que posean estudios postprofesionales en los campos de la Mecánica de Suelos o la Mecánica de Rocas. Estos ingenieros realizadores de estudios geotécnicos (pues fácilmente se verá que podrán encar­ garse de tareas más amplias que la fijación de la inclinación de taludes) podrán garantizar, a costo mí­ nimo, un criterio razonable detrás de las recomenda­ ciones que se produzcan. Naturalmente que estas re­ comendaciones, basadas en información general pro­ ducto de exploración somera, no serán infalibles, por lo que habrán de verificarse constantemente en el campo durante la construcción, modificando sobre la marcha lo que sea necesario. La exploración somera para respaldar las recomen­ daciones generales de estabilidad, a que se ha hecho referencia, consistirá básicamente en la ejecución de pozos a cielo abierto, sondeos con posteadora, barre­

lo menos en el grado de aproximación suficiente como para permitir un proyecto basado en métodos téoricos en cada corte o terraplén. Las razones de lo anterior son principalmente de orden práctico, pues no se puede concebir un organismo encargado de la construcción de vías terrestres con las disponibilida­ des económicas, de personal, administrativas, etc., que permitan una labor tan minuciosa. Desde este punto de vista, la carretera o el ferrocarril son obras en que cualquier estudio que se proponga para un metro lineal, aun cuando parezca sencillo y econó­ mico, corre el riesgo de convertirse en utópico cuan­ do se le aplique el m ultiplicador constituido por to­ dos los metros lineales de la estructura; en esto se diferencian de obras como la cimentación o la presa de tierra, en las que es posible aceptar una concen­ tración de estudios mucho más alta sin ir contra la . economía o el sentido común. P or otra parte, conviene insistir en que un trata­ miento demasiado teorizante de los problemas de es­ tabilidad de una obra vial puede también fácilmen­ te convertirse en estéril, en el sentido de que a un desmedido aumento en el m onto del estudio efec- ' tuado no corresponda un aumento proporcional en el conocimiento y en la seguridad obtenidos. L a ra­ zón de ésto es doble; por un lado, existen las incertidumbres inherentes a cualquier teoría que se u tili­ ce, que son relativamente independientes del conoci­ miento que se llegue a tener de los materiales a que dicha teoría se aplique; en segundo lugar, ningún es­ tudio de campo, por completo que sea dentro de los límites de lo posible, evita que sea burda la inform a­ ción que a final de cuentas se tenga, sobre todo por los problemas de variabilidad de punto a punto (aun entre puntos muy próximos) que son típicos de las vías terrestres y también por dificultades de obten­ ción de muestras e interpretación de resultados. Des­ de luego que en las vías terrestres sucede lo mismo que en tantas otras estructuras d e tierra; en los terra­ plenes se utiliza un material controlado en su extrac­ ción y colocación o que puede controlarse, por lo m e­ nos en principio; en los cortes, por el contrario, es preciso trabajar con el material tal como la natura­ leza lo ha dispuesto con in fin ita complejidad. Es en­ tonces ob vio que cualquier esfuerzo teórico tiene mu­ chas mayores posibilidades de éxito en un terraplén que en un corte, en el que es mucho menor la pro­ babilidad de llegar a obtener datos detallados muy representativos del comportamiento conjunto; esta idea debe tenerse muy presente al planear la explo­ ración y fija r los límites y ambiciones de su pro­ grama. Como consecuencia de todo lo anterior, en todos los países del mundo, hasta donde llega el conoci­ miento de los autores de este libro, los criterios para el proyecto de inclinación de cortes y terraplenes se basan en mucho en seguir las indicaciones de los in­ genieros encargados de los estudios de campo para el proyecto de la obra vial, quienes proporcionan las recomendaciones correspondientes, con fundamento

o O

nos helicoi ción prelin ración debí los meteori ríales de q dones de e tos se cum des del orcl dades algo bilidades < cielo abieri emplear. E tes, cortes te complei mera. El espí con estos ninguna r< ingeniero vamente a nes fijan u tar y frec distancia c

Exploración directa de suelos y rocas

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l)n perfil de suelos para estudio de cimentación de puentes.

nos helicoidales u otros métodos análogos de explora­ ción preliminar (Ref. 17). La profundidad de explo­ ración debe ser tal que se supere el espesor de los sue­ los meteorizados superficiales y se llegue a los mate­ riales de que dependerán a fin de cuentas las condi­ ciones de estabilidad; en la práctica estos requerimien­ tos se cumplen generalmente explorando profundida­ des del orden de 1 m ó 1.50 m, aun cuando profundi­ dades algo mayores suelen quedar dentro de las posi­ bilidades económicas. Naturalmente que el pozo a d élo abierto constituye el mejor método que se puede emplear. En ocasiones, la inspección de pozos existen­ tes» cortes naturales, zanjas, etc proporciona excelen­ te complemento a estos métodos de exploradón so­ mera. £1 espadamiento de los puntos que se exploren con estos métodos sendllos no puede ser objeto de ninguna regla y ha de ser fijado en cada caso por el ingeniero encargado de los estudios geotécnicos, nue­ vamente auxiliado por el geólogo. Muchas instituaones fijan un espadamiento mínimo que se debe respe­ tar y frecuentemente se mendona para tal fin la distanda de 500 m. Huelga dedr que se trata de ñor-

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mas arbitrarias, con mayor apoyo en la costumbre que en la técnica estricta. En los cortes o terraplenes en que por su altura, riesgos implicados en la falla, materiales involucrados o cualquier otra razón valedera, se considere necesario realizar un estudio espedal de detalle, los métodos ex­ plorati vos serán los comunes a todos los campos de la Mecánica de Suelos o de Rocas, mismos que se co­ mentan brevemente en el punto 3 de este párrafo. Casos espedaies serán siempre los túneles y los te­ rrenos blandos y compresibles sobre los que haya que construirse terraplenes. En el primer caso deberá ob­ tenerse una informadón muy completa sobre los ma­ teriales en los que se excavará el túnel Ésta por lo común se obtiene por una combinadón de estudios geofísicos (generalmente geosísmicos para el análisis de las formadones geológicas y de resistividad eléctri­ ca para exploradón de agua en el subsuelo) y son­ deos por rotadón que cubran ampliamente todo el espesor de cobertura. En el caso de suelos blandos las exploradones son las usuales en la técnica de dmentadones, induyendo la necesidad de obtener muestras inalteradas para pruebas triaxiales y de consolidadón; en este caso cobran cada día mayor importanda los métodos de determinadón de resistenda al esfuerzo cortante in situ, tales como la veleta, mencionada en el capítulo I de esta obra; por su fádlidad de operad ón y su relativa economía, estos dispositivos se pres­ tan para conocer el cambio de resistenda al esfuerzo cortante a lo largo del tiempo, realizando investigadones periódicas, o para conocer rápidamente las variadones de resistenda de unos lugares a otros a lo largo de la obra viaL 2. Investigadón de bancos de materiales. Como ya se ha indicado, los métodos exploratorios para este caso, que por otra parte son también de la práctica común, se tratarán en el capítulo espedfico relativo a bancos de materiales. 3. Estadios d e dm entadón para puentes y otras estructuras. Los estudios de dmentadón para puentes y otras estructuras que requieran trabajos de exploradón se

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E l terreno de cimentación. Exploración de suelos según criteri ción más bí suelos expío tros son ace tencia, comp ciso alcanzai Pero al peí puentes, el i característicc posibilidad i do éstas se 1 temente aml cialmente, a baja compre
Máquina de exploración de suelos montada en un chalán.

Un tipo más elaborado de máquina de exploración de suelos.

fundamentan, como se detalla en el capítulo alusivo, en los mismos datos y tipo de información que son comunes a todos los campos de la Mecánica de Sue­ los, por lo que los métodos de exploración y mues­ treo serán también los conocidos para aquellos casos, que se detallan en las referencias mencionadas al co­ mienzo de este párrafo. En el caso de puentes, son muy populares los mé­ todos exploratorios a base del uso de penetrómetros. Por ejemplo, la prueba de penetración estándar (Refs. 17, 49 y 52) ha probado muy extensamente su popularidad y utilidad en este tipo de trabajos. Los penetrómetros cónicos, estáticos o dinámicos, se usan también con mucha frecuencia. El espaciamiento óptimo de los sondeos en los cauces de los ríos no es fácil de establecer con reglas demasiado fijas. Si el momento de hacer la explora­ ción se conoce la distribución del puente que se va a construir, podrá lograrse que los sondeos coincidan con los apoyos previstos; pero si, como es frecuente, no se dispone de un anteproyecto del puente al ha­ cer la exploración, será necesario cubrir el cauce de tal manera que con base en los sondeos pueda lle­ gar a elaborarse un perfil de suelos razonablemente preciso. A l manejar éste, el ingeniero constructor de­ berá estar consciente de que dicho perfil implica ne­ cesariamente mucha extrapolación de información y

precisamente en una zona (cauces de ríos) que suele ser sumamente heterogénea y expuesta a cambios muy importantes de los suelos, aun en distancias m uy pequeñas. L a cantidad de trabajo de exploración que sería preciso hacer para producir un perfil de suelos “ seguro” probablemente no compensará los riesgos de algún error ocasional, especialmente teniendo en cuenta que la construcción de la cimentación estará siempre en manos de un ingeniero, que podrá detec­ tar los errores cometidos y corregir sus efectos. Una regla práctica común es cubrir la sección transversal del cauce con sondeos espaciados a 20 ó 25 m, lo que quizá es un buen margen si no existen circunstancias especiales; en cauces muy anchos o en los que se sepa que •existen condiciones muy homo­ géneas, los espaciamientos anteriores podrán am­ pliarse un poco. En puentes es muy común el empleo de cimenta­ ciones profundas, por medio de pilotes o de cilin­ dros, por lo que con frecuencia los sondeos han de ser también relativamente profundos. En general, conviene que los trabajos de perforación estén al cuidado de ingenieros responsables, para poder esta­ blecer en cada caso las profundidades de exploración

Cuando ga a pensar ción deberá incluyendo \ te, en el ca; posibles estr; La profu afectada poi se aplican 1 mente con < los esfuerzos ducen a un fundidad de plorarse sisi rocosas sana L a prese suele exigir para realiza cia; para 1 ; usarse los m de tubos de cuales existe modelos y ti Mención terminar las rillas y otras grande que estudio de e tos problem do más que lista, auxilia les; también encargado d da experiem Los mur raciones var más elaborac ta tendencia dón de tai Huelga deci produdr m tarse. 4. Expl< Se tratar

Muestras de exploración en roca.

Requerimientos de muestreo >cgún criterios razonables. Naturalmente, la cimenta­ ción más barata es la superficial, por lo que si los suelos explorados y muestreados en los primeros me­ tros son aceptables desde el punto de vista de resis­ tencia, compresibilidad y permeabilidad, no será pre­ ciso alcanzar grandes profundidades de exploración. Pero al pensar en una cimentación superficial en puentes, el ingeniero no deberá olvidar dos aspectos característicos de estos problemas: la socavación y la posibilidad de inundación de las excavaciones, cuan­ do éstas se hacen bajo el nivel freático, pues frecuen­ temente ambos fenómenos impiden cimentar superfi­ cialmente, aun en terrenos de buena resistencia y baja compresibilidad. Cuando la naturaleza del terreno detectado obli­ ga a pensar en cimentaciones profundas, la explora­ ción deberá cubrir toda la profundidad involucrada, incluyendo un espesor suficiente del estrato resisten­ te, en el caso de pilotes de punta o cilindros o de posibles estratos compresibles bajo pilotes de fricción. La profundidad significativa, o sea aquella que es afectada por la cimentación abajo del nivel en que se aplican las cargas, puede determinarse razonable­ mente con el criterio de que es aquella en la cual los esfuerzos aplicados al suelo por el cimiento se re­ ducen a un 10 % del valor prevaleciente en la pro­ fundidad de desplante; esta profundidad deberá ex­ plorarse sistemáticamente, excepto en formaciones rocosas sanas. La presencia de suelos blandos y compresibles suele exigir la obtención de muestras inalteradas para realizar pruebas de consolidación y resisten­ cia; para la obtención de tales muestras deberán usarse los métodos de perforación con muestreadores de tubos de pared delgada hincados a presión, de los cuales existe actualmente una amplísima variedad de modelos y tipos. Mención especial merecen los estudios para de­ terminar las condiciones de dmentadón de alcanta­ rillas y otras obras de arte, cuyo número suele ser tan grande que desafía ya la posibilidad práctica de un estudio de exploradón detallado para cada caso. Es­ tos problemas suelen resolverse igualmente utilizan­ do más que nada el criterio de un ingeniero especia­ lista, auxiliado por métodos exploratorios elementa­ les; también ahora será indispensable que el hombre encargado de realizar tales estudios posea la adecua­ da experienda y preparadón. lo s muros de retendón pueden requerir expíoradones variables, desde las más sendllas hasta las más elaboradas, según el caso. En general, existe cier­ ta tendenda a descuidar los aspectos de la dmenta­ d ón de tan importantes y complejas estructuras. Huelga dedr que esta tendenda ha contribuido a producir muchas fallas que hubieran podido evi­ tarse. 4. Exploraciones con fines de control de calidad. Se tratará brevemente en la parte de este libro

143

relativa a los problemas generales del control de ca­ lidad de las obras viales. C Requerimientos de muestreo.

Como es sabido, la naturaleza de las muestras que se deben obtener fija en buena parte el método de exploradón que se ha de utilizar. La tabla III-4 (Ref. 48) establece tan importantes reladones. D Métodos de exploración indirecta. Métodos geofísicos.

Cada día es mayor el uso que se hace de los mé­ todos geofísicos en el campo de las exploradones in­ geníenles en general y de las vías terrestres en par­ ticular. En estas últimas, tales métodos de explora­ dón pueden rendir excelentes frutos por su capaci­ dad para explorar grandes extensiones a un costo relativamente bajo y con una predsión que con mu­ cha frecuenda resulta sufideme. La Geofísica (Ref. 53) es una den d a que generaímente permite reladonar parámetros físicos del subsuelo puestos en evidenda por la geología super­ fid a l o no, y establecer las características geológicas del espesor estudiado; a veces permite explicar y comprobar algunas teorías sobre la constitudón del globo terrestre. Un fenómeno que se pueda medir en la superfi­ d e y que se correladone de una manera u otra con la estructura subterránea puede ser la base de un método geofísico de prospección. Los métodos que más se utilizan en la actualidad son los siguientes: — Magnético — Gravimétrico — Radiactivo — Geotérmico — Sísmico — Eléctrico De estos métodos, los dos últimos son, los mu­ cho más usados en las tecnologías conectadas con el proyecto y la construcdón de vías terrestres. A continuación se reseñan brevemente los métodos ritados, enfatizando un poco más en los dos últimos. E l lector de esta obra encontrará más detalles en las Reís. 17, 48, 49 y 53, cuyas listas de referendas y bi­ bliografía le propordonarán el material sufidente para un estudio especializado. M étodo magnético. Es el más antiguo de todos los métodos geofísicos. Consiste en determinar el va* lor del campo magnético terrestre en diferentes pun­ tos, correladonándolo con las formadones geológicas ^opyrighted materia

144

E l terreno de cim entación . Exploración de suelos
T a b l a I II- 4 M u e s tr e o e n Suelos

que ejerz nos fruto rior a la Métoa ca ha si( investigac anomalía; en época para estu El mé distribuci subsuelo, sobre toe naturales, o calcáre rpinas de pues en ; leración < la zona e ramente ] rán la pr rio será i o caverna En la ramo qu< permite c suras imj en honde ficultad i profundic N o e: aplicaciór tres, pero medidore atractivo justifica : mental. I método e M étoo ción que maciones estas radi tas carac perfil de va emite deben s u j granito y mosférico prospecci diación s « didad) y M étoc la tempei des. XJtili aplicacioi la detecc ras, pero a poca p: M étoc rendas c

Etapa de la exploración

T ip o

de prueba q u e se pu ed e realizar

T ip o de muestra

Cantidad o tamaño de la muestra

Reconocim iento exp loratorio

C lasificación visual C on ten id o d e agua L ím ites d e plasticidad

Representativa

Muestras d e posteadora, barrenos o de pe. netróm etros. T a m b ié n d e pozo a cielo abier­ to o zanja.

E xploración

detallada

L ím ites de plasticidad Análisis granulom étrico Peso específico relativo.

Representativa

A lred ed o r de 1 dm3 A lred ed o r de 50 kg A lred ed o r de 1 dm3

Pruebas menores

C on ten id o de agua Peso específico

Representativa, sellada

bien

Suelen ser adecuadas muestras de 5 cm de diám etro, pero se usan con frecuencia algo mayores. En pozos a cielo a b ierto suelen ex­ traerse muestras d el ord en de 30 cm de lado.

C om presión simple Prueba directa de esfuerzo cortante

Inalterada

Para pruebas d e esfuerzo cortante es desea­ b le muestra de 10 cm d e diám etro.

E xp loración

detallada

Perm eab ilid ad Consolidación C om presión triaxial

Inalterada

Ocasionalm ente muestras d e 5 cm de diám e­ tro, pero resultan más convenientes las de 10 y aun 15 cm de d iám etro.

Pruebas mayores

C om presión m ú ltiple; pruebas directas; pruebas especiales de esfuerzo cortante

Inalterada

Muestras de 10 cm d e d iám etro com o m í­ n im o; preferentem ente d e 15 cm de diám e­ tro. En pozos a cielo a b ierto muestras cú­ bicas d e 30 ó 40 cm d e lado.

E xploración

M ateriales d e construcción C ontrol de calidad

Análisis granulom étrico Compactación y v a lo r re la ti­ v o de soporte Com presión tria xia l Pruebas en agregados para concreto Peso específico seco C ontenido de agua V a lo r relativo d e soporte Com presión tria xia l

R epresentativa natu ral o fabricada en lab ora­ torio, d e m o d o q u e sea representativa

50 a 100 k g com o m ín im o, pero a veces la serie com pleta d e pruebas sobre un m ism o m aterial requiere 250 kg.

Inalterada

Muestras d e 5 a 10 cm d e diámetro. En pozos d e cielo abierto, muestras cúbicas d e 30 cm d e lado por lo me­ nos. Muestras procedentes del molde V R S. 10 lt.

A gu a

Análisis quím ico Análisis bacteriológico de Inspección visual Pruebas m ineralógicas Com presión, esfuerzo cortan ­ te, porosidad, perm eabilidad a l aire

Representativa

Corazones roca

Inalterada

Muestras d e 2,2, cm a 2.9 cm (7/8" y 1/1/8", barras E X y A X , respecti­ vam ente) . P re fe rib le d e 4.13 cm a 5.40 cm (1-5/8" a 2-1/8", barras B X y N X , respectivam ente). E n roca sua­ v e o m uy fracturada convendrá llegar a muestra hasta 15 cm d e diám etro.

f
M étodos de exploración indirecta. Métodos geofísicos que ejerzan influencia local. Unicamente rinde bue­ nos frutos en exploraciones a gran escala', muy super¡or a la que rige en el campo de las vías terrestres.
M étod o gravimétrico. L a prospección gravimétrica ha sido muy utilizada en todo el mundo para investigaciones petroleras, con el fin de localizar anomalías que afectan a estructuras profundas. Sólo en épocas relativamente recientes se ha utilizado para estudios de prospección más superficial.

145

m uestra

nos o de pe. a cielo abier-

de 5 cm de :cuencia algo to suelen ex) cm de lado.

I [ I 1

El método tiene por meta la determinación de la distribución de los contrastes de densidades en el subsuelo. Desde este punto de vista puede aplicarse sobre todo para detectar la presencia de cavidades naturales, debidas a la disolución de rocas yesíferas o calcáreas, o de cavidades artificiales tales como minas de arena, pozos, galerías, canalizaciones, etc., pues en ambos casos se detectan cambios en la ace­ leración del campo gravitacional terrestre dentro de la zona explorada. Valores de dicha aceleración lige­ ramente más altos que el normal de la zona indica­ rán la presencia de masas densas de roca; lo contra­ rio será indicación de la presencia de masas ligeras o cavernas y oquedades.

Desarrollo de un estudio geosísmico.

En la actualidad afirman los especialistas del ramo que la precisión de los aparatos disponibles permite descubrir la existencia de fallas, grietas y fi­ suras importantes o rellenos de materiales recientes en hondonadas antiguas. Persiste sin embargo la di­ m de díameficultad interpretativa para situar las anomalías en ¡entes las de profundidad. N o existe todavía experiencia suficiente en la aplicación de este método al campo de las vías terres­ •o como mítres, pero es indudable que el desarrollo de aparatos n de diámemedidores de alta precisión lo hace hoy mucho más muestras cúatractivo de lo que fue en el pasado y seguramente justifica su aplicación, por lo menos en vía experi­ mental. Por el momento el costo de aplicación del método es alto. M éto d o radiactivo. Consiste en registrar la radia­ ción que llega a la atmósfera procedente de las for­ mo, pero a maciones del subsuelo. De la diferencia acusada en de pruebas . estas radiaciones puede inferirse la naturaleza y cier­ ial requiere i tas características de las formaciones geológicas del perfil de suelos local. Las rocas ricas en materia acti­ va emiten mucha radiación; las fuentes radiactivas deben sus propiedades en gran parte a la erosión del le diámetro, granito y otras rocas magmáticas por los agentes at­ to, muestras mosféricos. Actualmente están en ensayo métodos de por lo meprospección superficial, basados en emitir cierta ra­ i del molde diación sobre el terreno (hasta unos 2 m de profun­ didad) y recibir la reflexión de la emisión.
M éto d o geotérmico. Está basado en la medida de la temperatura del subsuelo a diferentes profundida­ des. U tiliza el concepto de gradiente geotérmico. En aplicaciones'superficiales, ha servido sobre todo para la detección de veneros de agua, cavernas y fractu­ ras, pero por el momento su utilización en medidas a poca profundidad es antieconómica. M éto d o sísmico. El m étodo se basa en las dife­ rencias de velocidad de propagación de las ondas

nte es desea etro.

elásticas en medios de constitución diferente. Por lo general los diferentes minerales tienen densidades y pesos específicos bastante parecidos; en cambio, los módulos elásticos son muy distintos; la velocidad de propagación de las ondas elásticas depende mucho del módulo de elasticidad y se correlacionan con él en forma bastante confiable, por lo que las medidas de propagación pueden poner en evidencia cambios en la naturaleza de los materiales y estratificaciones. En las aplicaciones del método sísmico se provo­ can las ondas elásticas por medios artificiales, tales como impactos o explosiones. Las vibraciones que transmite el suelo se recogen en aparatos sensibles capaces de registrarlas e inscribirlas, llamados sismó­ grafos o geófonos. Si se colocan varios de éstos a di­ ferentes distancias de la perturbación se podrán me­ dir los distintos tiempos de llegada; los geófonos es­ tán separados a distancias que oscilan entre 15 y 30 m y como en estas distancias cortas la velocidad puede suponerse constante, las curvas tiem po de lle­ gada-distancia de los geófonos al centro de perturba­ ción, serán líneas rectas. El método sísmico se aplica de dos maneras dis­ tintas, por reflexión o por refracción.

9 cm (7/8" .X, respecti4.13 cm a barras BX n roca suaendrá llegar e diámetro.

Registrador utilizado en el método sísmico por refracción.

146

E l terreno de cimentación. E xplora ción de suelos te alineados respecto a dicho punto. La distancia desde el punto de explosión hasta el geófono rn¿s alejado debe ser de 3 a 12 veces la profundidad qu e se desee explorar. En la Fig. I I I - 16 se muestra esque. máticamente la disposición de los geófonos sobre u n perfil en estudio y el tipo de gráfica que se obtiene y ha de interpretarse. Sólo se utiliza el tiempo en que llega a cada ge¿. fono el impulso inicial. U n a gráfica como la de la Fig. III-16.a se obtiene si los estratos sucesivamente más profundos transmiten ondas con velocidades cre­ cientes. Los geófonos más próximos a la explosión reciben ondas transmitidas sólo a través de la capa de cobertura superficial; los intermedios las reciben refractadas a través de la frontera superior de la ar­ cilla y devueltas a la superficie, en tanto que los geó­ fonos más alejados reciben ondas que se han refrac­ tado en la frontera inferior de la arcilla con la roca. Por la curva de la Fig. III-16.a se pueden deducir las velocidades en cada estrato, a partir de las cuales pueden determinarse las profundidades a que apare­ cen las distintas fronteras. Nótese que el método de refracción sísmica sólo se puede usar cuando la velocidad de propagación de las ondas va creciendo en los estratos sucesivamente más profundos; no puede determinarse la presencia

El método sísmico por reflexión m ide el tiempo que invierte una onda en hacer el trayecto entre el origen de las oscilaciones y el geófono, después de reflejarse en una superficie de contacto entre dos formaciones de naturaleza distinta. El procedimien­ to, muy sencillo en teoría, requiere de aparatos muy complicados y de la ubicación del centro de pertur­ bación a cierta profundidad. La com plejidad de los aparatos se debe a la necesidad de registrar la onda de regreso cuando la superficie del suelo aún está en movimiento. E l método sísmico por reflexión fi­ gura entre los que rinden resultados más precisos, por lo que es muy utilizado en prospección petrolí­ fera, pero por su complicación se usa muy poco para resolver problemas de ingeniería civil. El método sísmico por refracción se basa en el hecho de que una onda elástica que atraviesa una frontera entre materiales diferentes se refracta hacia el plano de dicha frontera cuando entra a un mate­ rial que transmite la onda con velocidad mayor que la que tenía en el m edio original, y se refracta hacia un plano perpendicular a la frontera cuando la ve­ locidad de propagación es menor en el material a que entra que la que tenía en el m edio por el que se venía propagando. Los geófonos se colocan a dis­ tancias variables del punto de explosión, generalmen­

Ma

L im o s

Ardllas

Boleos

Granitc

Riolita

Basalto

Tobas

0
I

I

ESPACIAMIENTO D ELOS GEOFONOS Calizas

J*— Distancio de disporo, 3 o 12 veces la profundidad explorada------ H

Arenisc

Aglomf

Conglo:

Lutita Figura ni-16. Método sísmico por refracción.

M é to d o s d e e x p lo r a c ió n in d ire c ta . M é to d o s g e o fís ic o s T a b la III-5 V elocidad de propagación d e ondas elásticas en suelos y rocas.

147

Material

Condición

Velocidad í kmfseg)

Arabilidad

SUELOS

Limos y arenas

Compactos Sueltos

0.4-0.7 0.2-0.4

Arable Arable

Ardllas

Dura blanda

OJb-lÚ 0J2 -0J i

Arable Arable

Boleos y gravas

02-0.4

Arable

ROCAS IGNEAS

Granito

Sano Poco fracturado Muy fracturado Alterado

45-6.0 15-45 0.7-1.8 0.4-1.0

Explosivos Explosivos Explosivos Explosivos

0

Intermedio

Riolita y andesita

Poco fracturada* Muy fracturadas Alteradas

3.8-5.0 15-3.8 0.9-15

Explosivos Explosivos Arable

Basaltos

Sanos Poco fracturados Muy fracturados Alterados

5.0-6.0 1.4-5.0 0.7-1.4 05*0.7

Explosivos Explosivos Explosivos Intermedio

0

arable

Tobas

Sanas Poco fracturadas Muy fracturadas Alteradas

I.4-1.S

1 * 1 JS
0.4-12 05-0.7

Intermedio Intermedio Arable Arable

ROCAS SED IM EN TARIAS Y M ETAMORF1 CAS

Calizas

15-4j 0

Explosivos

Arenisca

0.6-25

Arable hasta 0.8 km/s aproximadamente; des­ pués requiere explosivos

Aglomerados

02-03

Arable

Conglomerados

1j 0-Sj 0

Generalmente explosivos

Lutita

Dura Blanda

I ü-4.0 0¿>-L4

Explosivos Arable

Copyrighted material

H8

E l terreno de cimentación. Exploración de suelos

cíe un estrato en que las ondas se propaguen a me­ nor velocidad que en los su ¡ m;i yacen tes. A veces sc presentan complicaciones en dej>ós¡tos sueltos en los que la velocidad de transmisión aumenta gradual­ mente con la profundidad; la trayectoria de los pri­ meros impulsos y las gráficas tiempo-distancia son entonces curvas, lo que dificulta determinar las velo­ cidades de propagación y los espesores de los estratos no uniformes. En estratos inclinados únicamente se pueden determinar espesores promedio, que pueden afinarse inviniendo las posiciones de los geófonos y del punto de explosión. En la tabla 111-5 se muestra una carta en la que aparecen los rangos de veloci­ dad de propogación de ondas elásticas que corres­ ponden a diferentes tipos de suelos y rocas. Tam bién se señalan en la tabla las características de arabilidad que en principio pueden atribuirse a los materiales, si bien con muchas reservas, pues re­ sulta muy difícil estimar las condiciones de detalle del estado de las formaciones a partir de la velod­ dad de propagadón de ondas elásticas únicamente; en este sentido existen en la literatura práctica va­ rios intentos, algunos más detallados que el que aquí se presenta, todos los cuales han de aplicarse en la práctica con mucho juicio y experiencia. La arabili­ dad se espedfica con base en tres palabras. E l tér­ mino “ arable” significa que el material puede ata­ carse únicamente con pala mecánica, arado, escrepa halada por tractor, etc El término "intermedio" se refiere a aquellos casos en que se hace un uso limi­ tado de explosivos, sea con fines de romper o aflo­ jar una capa que después resulta arable o para dis­ gregar fragmentos de tamaño demasiado grande. La palabra “ explosivos" se aplica en aquellos casos en que el material ha de obtenerse por d idio medio.

Desarrollo de un estudio geoeléctrfeo.

En las aplicaciones a las vías terrestres puede decirse en términos generales que velocidades abajo de 800 m/seg corresponden a materiales arables y que las superiores a 1500 m/seg señalan la necesidad de usar explosivos. Los valores entre esos límites corres­ ponden a los casos “ intermedios" de que se ha habla­ do y son los más difíciles de definir en la práctica, pues a una velocidad de 1 000 m/seg por ejemplo, puede corresponder un material arable, si se trata de una estructura granular muy discreta, o pueden re­ querirse métodos de ataque más elaborados, si se tra­ ta de un granito muy fracturado, por ejemplo. M étodo eléctrico. El método eléctrico está basa­ do en las diferendas de conductividad eléctrica que presentan los materiales en el subsuelo, las cuales son bastante fielmente correladonables con otras ca­ racterísticas geológicas y mecánicas. La resistividad

Reslstividod * p - 2 T r d - f Uiliamperímelro ( I) B o t e r ía s

H t,

Po tencio'm etro (V )

Córrete

Córrete

Electrodo de corriente.—

Electrodos de potañcjoL

Electrodo de corriente.—

Figura UI-17.

Esquema del dispositivo para explo­ ración geofísica por el método de resistividad eléctrica.

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M é to d o s de e x p lo r a c ió n in d ire c ta . M é t o d o s g e o fís ic o s

149

B o t e rio _

Electrodo de corriente Electrodo de corriente. O íslo neto ol segundo electrodo de co rrie n te iguof o 5 o 10 veces lo profundidad «plorodo.

Figura n i- 18.

Método eléctrico de la calda de potencial (Ref. 48).

3

Electrod os de potencio!

T A B L A 111-6 Resistividades eléctricas de lo* sucios y rocas más
com unes

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150

E l terreno de cimentación. Exploración de suelos y en la gran mayoría de los casos todos ellos necesi­ tan verificarse y correlacionarse con los resultados de exploración directa jx>r medio de sondeos. Pero así, rinden un m agnífico servicio, pues permiten cu­ b rir grandes extensiones a costo relativamente bajo, m odo tendría que hacerse. ahorrando mucha exploración directa que de otro En vías terrestres sus máximos servicios tienen lu­ gar en túneles, grandes cortes y búsqueda de agua. Las propias características de los métodos geofísi­ cos en uso señalan sus respectivos cam|)os de aplicabilidad óptima. Puesto que la resistividad es muy sensible al agua contenida en los vacíos, este m éto­ do será muy apropiado para estudiar condiciones de porosidad o permeabilidad o para la búsqueda de agua. Las condidones estructurales de una formad ó n se describen m ejor en reladón al m ódulo clás­ tico de deformación de la misma, obtenible por el método sísmico en función de las velocidades de propagadón de las ondas longitudinales y transversales (R ef. 53), por lo qu e los métodos sísmicos son los más idóneos cuando se quieren conocer las condicio­ nes mecánicas de las formaciones. El método sísmico y el eléctrico proporcionan con bastante precisión las fronteras entre diferentes estratos, si bien la exac­ titud del método eléctrico es superior, aparte de no tener este último los inconvenientes ya mencionados que aparecen cuando estratos blandos subyacen a es­ tratos duros. Se ha dicho que el m ejor método geo­ físico sería aquel que determinara las fronteras de estratificadón por el m étodo eléctrico y las caracte­ rísticas mecánicas de las formadones por el método sísmico; naturalmente, en las aplicadones a las vías terrestres y en aras de la sendllez y economía es co­ mún utilizar un solo m étodo para cada estudio dado.

de las rocas ígneas sanas es mucho mayor que la de los suelos saturados sueltos; sin embargo, algunos de­ pósitos sedimentarios secos pueden tener resistivida­ des bastante altas. En general, la resistividad depende principalmente de la cantidad y salinidad del agua contenida en el subsuelo y, en menor grado, de la composición mineralógica de los suelos y de las rocas. Existen dos variantes principales de los métodos geofísicos eléctricos, el de resistividad propiamente dicho y el de caída de potencial. E l método de resistividad consiste en producir un campo eléctrico en el terreno oor m edio de dos electrodos de corriente (Fig. 111*17). M idiendo la corriente v la diferencia de tensión entre dos electrodos de potencial puede medirse la resistividad en un punto situado entre los electrodos de potencial y a una profundidad igual a la distan­ cia entre éstos. Si se dibuja la resistividad contra el espadamiento entre los electrodos de potendal pue­ den adquirirse indicaciones preliminares sobre la na­ turaleza del subsuelo; la evaluación detallada de aquélla es mucho más complicada y ha de ser reali­ zada por especialistas en la aplicación del método. En el diagrama simple aue se ha mendonado, apa­ recen generalmente cambios bruscos en la curvatura cuando el espadamiento entre los electrodos alcanza un valor igual a la profundidad en que exista un depósito con resistividad diferente de la del mate* rial suprayacente. En el método de la caída de potendal se colocan los electrodos ríe corriente muy aleiados (5 ó 10 ve­ ces la profundidad que se desea explorar) y se hacen las medidas cerca de uno de tales electrodos. En la Fig. 111*18 se muestra esquemáticamente el disposi­ tivo necesario. Se usan tres electrodos de potencial alineados con el electrodo de corriente y se mide la caída de po­ tendal entre A-B y B*C. L a distanda R se va varian­ do, en tanto se mantiene constante el valor b, espa­ dam iento entre los electrodos de potencial, general­ mente del orden de R/S. Sc dibuja la reladón entre las caídas de potendal medidas y el valor de R ; un cambio brusco de cur­ vatura en ese diagrama indica la presenda de un suelo cuya resistividad difiere del suprayacente; natu­ ralmente que los resultados han de ser interpretados por un espedalista.. Este método da indicaciones bastante aceptables sobre estratos inclinados y, en ciertos casos, es más preciso que el de resistividad eléctrica, pero produce inform adón menos diferenciada en casos de estratificadón horizontal, que es la más frecuente, d e tal manera que el método de resistividad suele preferir­ se para fines de ingeniería d v il y exploradón co­ nectada con las vías terrestres. En la tabla I I I -6 se presenta una relación de las resistividades que corresponden a los tipos más co­ munes de suelos y rocas. Ninguno de los métodos geofísicos reseñados tan brevemente en lo que antecede puede utilizarse sólo

REFERENCIAS

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CAPITULO

Compactación de suelos
IV-1 INTRODUCCION cuencia que una compactadón intensa produce un material muy resistente, pero sin duda muy suscepti­ ble al agrietamiento; en este aspecto el número de ejemplos contrastantes que pudieran ocurrirse es prác­ ticamente ilimitado. Estas posibles contradicdones se complican y amplían aún más si se toma en cuenta que los suelos compactados han de tener una vida dilatada y que es compromiso obvio que conserven sus propiedades en toda esa vida; bajo la acdón del agua, de las cargas soportadas, etc. En esta perspectiva dr* cunstandai y temporal pueden multiplicarse mucho los ejemplos de contradicdones entre los objetivos del proceso; la alta resistenda, obtenida con compactación muy enérgica, de que antes se habló, puede entrar en contradicción consigo misma, pues un suelo muy com­ pacto podrá, en general, absorber mucha agua si se dan las condidones propinas y al hacerlo su resistenda po­ drá descender drásticamente, en tanto que ese mismo suelo inicialmente compactado en forma menos enér­ gica, con menor resistencia inicial, podrá resultar mucho más estable ante el agua, mateniendo en el tiempo una resistenda inicialmente menor que la del otro, pero probablemente suficiente. Desde un principio el problema de la compacta­ d ón de suelos resulta ligado al de control de calidad de los trabajos de campo; en efecto, después de rea­ lizar un proceso de compactadón siempre es necesa­ rio verificar si con él se lograron los fines propues­ tos. Como quiera que las vías terrestres suelen cons­ truirse a contrato por parte de empresas especializa­ das, la verificadón antes atada resulta ligada a pro­ blemas de pago, legales, etc Esta multipliddad de los problemas de compactación de suelos, que tantas veces los hace trascender de la esfera meramente téc­ nica, se encuentra en el fondo de todo el manejo ra­ zonado de dichos problemas y le imprime a las condusiones y soluciones a que se llegue un carácter dis­ tintivo que no puede ignorar quien los maneja. Para medir la resistenda, la compresibilidad» las reladones esfuerzo-deformación, la permeabilidad o la fle­ xibilidad de los suelos se requieren pruebas relativa­ mente espedalizadas y costosas que, además, suelen

Se denomina compactación de suelos al proceso mecánico por el cual se busca mejorar las caracterís­ ticas de resistencia, compresibilidad y esfuerzo-defor­ mación de los mismos; por lo general el proceso im­ plica una reducción más o menos rápida de los va­ cíos» como consecuencia de la cual en el suelo ocu­ rren cambios de volumen de importancia, funda­ mentalmente ligados a pérdida de volumen de aire, ¡Mies por lo común no sc expulsa agua de los hue­ cos durante el proceso de compactadón. N o todo el aire sale del suelo, por lo que la condición de un suelo compactado es la de un suelo parcialmente sa­ turado. El objetivo principal de la compactación es obte­ ner un suelo de tal manera estructurado que posea y mantenga un comportamiento mecánico adecuado a través de toda la vida útil de la obra. Las propie­ dades requeridas pueden variar de caso a caso, pero la resistenda, la compresibilidad y una adecuada re­ ladón esfuerzo-deformación figuran entre aquellas cuyo mejoramiento se busca siempre; es menos fre­ cuente, aunque a veces no menos importante, que también se compacte para obtener unas característi­ cas idóneas de permeabilidad y flexibilidad. Final­ mente; suele favorecerse mucho la permanenda de la estructura férrea ante la acción de los agentes ero­ sivos como consecuenda de un proceso de compac­ tadón. De la simple enumeradón de los objetivos de la compactadón destaca un hecho importante, que debe hacer prever al ingeniero muchas de las dificultades y complejidades que después efectivamente encontrará en estas técnicas. En primer lugar, la compactadón resulta ser un proceso de objetivos múltiples y ello propicia la complicación, pero, en segundo lugar, es evidente que muchos de esos objetivos serán contradic­ torios en muchos problemas concretos, en el sentido de que las acdones que se emprendan para cumplir con uno pudieran perjudicar a algún otro. Por ejem­ plo, en términos generales puede ser derto con fre­

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Compactadón de sucios

Rodillo de piedra que parece haber sido osado por los antiguos mayas para compactar ras caminos.

Otra vista del rodillo maya de compactación.

requerir un tiempo de ejecución demasiado largo para controlar un proceso de compactación que avance de manera normal. Por otra parte, ciertas ex­ periencias (Proctor y otras, Refs. I y 2 ), realizadas en los primeros años de la aplicación de las técnicas modernas de compactación, indicaron que existe una correlación que en aquella época se juzgó muy con* fiable (pero a la cual posteriormente se encontraron algunas desviaciones significativas) entre las propie* dades fundamentales arriba enumeradas y el peso vo­ lumétrico seco a que llega el material compactado, de manera que puede decirse que a mayor peso vo­ lumétrico seco se alcanza una situación más favo­ rable en el suelo compactado. Debido a que la prue­ ba de peso volumétrico es fácil y sencilla de realizar, se hizo costumbre controlar la compactación deter­ minando el peso volumétrico seco de los materiales compactados. Sin embargo, la correlación entre las propiedades fundamentales y el peso volumétrico seco no es tan segura y simple como para permitir la aplicación ciega de la norma anteriormente mencionada, dicta­ da exclusivamente por la comodidad; de hecho, esta aplicación, realizada sin tener en cuenta las peculia­ ridades y objetivos de cada caso o la confíabilidad de la correlación, es quizá la fuente más común de los errores que se cometen en las aplicadones prácti­ cas de las técnicas de compactación. Asf, el aumento de peso volumétrico es meramen­ te un medio, pero no un fin en si mismo. Donde el mejoramiento de las propiedades fundamentales está directamente ligado al aumento del peso volumétri­ co, el uso de la sencilla correlación que se menciona proporciona magníficos resultados; pero en algunos casos la correlación se vuelve muy eirá tica o incluso llega a invertirse, en tanto que en otros» algunas otras variables desempeñan un papel fundamental (Ref. 3 ). En general, son mucho más complejos los problemas ligados a cuanto pueden mejorarse las ca­ racterísticas fundamentales de los suelos compacta­ dos cuando éstos son finos, razón por la cual las ar­ dllas suelen ser los materiales que más se investigan

al tratar de definir las propiedades mecánicas de los suelos compactados. L a compactadón ha figurado entre las técnicas de construcdón desde las épocas más remotas de que se tiene notida, si bien en la antigüedad su aplicad ón no era ni general ni sistemática. Los métodos de apisonado por el paso de personas o animales se utilizaron en épocas muy lejanas, como por ejemplo en la construcdón de grandes obras hidráulicas en diversas partes de Asia. En las fotografías que acom­ pañan a este párrafo se muestra un antiguo rodillo de compactadón (según la autorizada opinión del historiador Silvanus G. Morley) que usaron los an­ tiguos mayas para la construcdón de la importante red de caminos que unía los prindpales centros ce­ remoniales de lo que hoy son el estado de Yucatán y el territorio de Quintana Roo. Tales caminos apa­ recen también ilustrados en fotografías que se inclu­ yen en estas páginas. Este rodillo se encontró sobre el camino que unía los centros de Cobá y Yaxuná; medía originalmente 4 m (hoy está fragmentado en dos pordones), con un diámetro de 65 cm y un peso aproximado de 5 ton, por lo cual es probable que su empleo requiriera de 15 hombres. Por derto que al ver tal implemento de construcción no se puede dejar de pensar en la extendida afirmadón de que los antiguos mayas desconocían el uso de la rueda. El desarrollo de las modernas técnicas de com­ pactadón tuvo lugar en los últimos años del siglo pasado y en los primeros del presente, prína pálmen­ te en los Estados Unidos. En 1906 apareaó el rodillo pata de cabra de Fitzgerald, de 2000 kg de peso, punto de arranque de estos utensilios (Ref. 4 ). En 1928 y 1929, O. J. Poner desarrolló en la D i­ visión de Carreteras de California las investigadones básicas de laboratorio que permitieron el in id o de la aplicadón razonada de las técnicas de compacta­ d ón a la construcdón de carreteras (Ref. 5 ); sus métodos fueron en gran parte popularizados por Purcell (Ref. 6) . En 1933, Proctor comenzó a produd r los importantes trabajos que hideron posibles muchas de las técnicas de uso actual (Refs. 1, 2 y 7 ).

Variables que afectan el proceso de la compactación de los suelos

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Vota de mi antiguo

maya.

Otra vista d d m im o camino maya. Nótense las hileras esterna» de piedra gruesa confinando el material central más fino.

Con posterioridad a estas épocas, ha sido explosi­ vo el desarrollo de equipos de compactación y se han investigado bastante las propiedades de los sue­ los compactados y las técnicas de campo y de labo­ ratorio; de todo ello habrá un breve testimonio en páginas subsecuentes de este capítulo. En rigor, la compactadón es uno de los varios medios de que hoy se dispone para mejorar la con* dición de un suelo que haya de usarse en construc­ ción; es, además, uno de los más efidentes y de apli­ cadón más universal. La tabla IV-1, que se presenta a continuación, permite situar a la compactadón dentro del conjunto de métodos de mejoramiento de suelos que hoy pueden aplicarse.
T A B LA IV-1
Métodos de mejoramiento d e suelos Confinamiento (suelos friccionantes) Consolidadón previa (suelos finos ardIlwos) Mezclas (suelo con suelo)
L V ib r o flo ta d ó n

. Ffoico,

Métodos Químicos
(estabilizaciones)

' Con Con Con Con Con

sal cemento asfalto cal otras substancias

Mecánicos

Compactadón

Por lo general, las técnicas de compactadón se aplican a rellenos artifidales, tales como cortinas para presas de tierra, diques, terraplenes para cami­ nos y ferrocarriles, bordos de defensa, muelles, pavi­ mentos, e tc En ocasiones se hace necesario compac­ tar el terreno natura], como en el caso de las amentadones sobre arenas sueltas. Así, la compactadón de suelos es, ante todo, un problema constructivo, de campo. La efiden da de cualquier proceso de compacta­ dón depende de varios factores y para poder anali­

zar la influenda particular de cada uno se requiere disponer de procedimientos estandarizados que re­ produzcan los procesos de compactadón de campo en el laboratorio, en forma representativa (hasta donde ello sea posible). D e esta manera, pasan a primer plano de interés las pruebas de compactadón de laboratorio y los estudios que en éste han de ha­ cerse en tom o a tales procesos. Comoquiera que los procesos de campo involucran costos altos, en gene* ral los estudios para proyecto habrán de hacerse con base en el trabajo de laboratorio; esta afirmadón no la invalida el hecho de que en la técnica actual se haga un uso cada vez más extenso de terraplenes de prueba, en que se investigan modelos a escala natu­ ral para obtener normas de proyecto. Los estudios de compactadón en laboratorio también desempe­ ñan un papel muy importante en el control de cali­ dad de los trabajos. Así pues, los procesos de compactadón han de es­ tudiarse con referencia a las técnicas de campo y a todo un conjunto de técnicas de laboratorio; pero además de los dos puntos de vista anteriores existe un tercero, relativamente descuidado hasta épocas re­ cientes y es el que se refiere a la investigadón de las propiedades que es posible obtener en los suelos compactados. Este tercer punto de vista, convenien­ temente reladonado con los otros dos, completará el cuadro en la forma en que el ingeniero requiera para establecer un criterio adecuado. En este capítulo, los tres puntos de vista del pro­ blema de compactadón se analizan en forma relati­ vamente separada, para destacar criterios del modo más diferenciado que sea posible.

IV-2

VARIABLES Q U E AFECTAN E L PROCESO DE LA COM PACTACION D E LOS SUELOS

Como es natural, un suelo se puede compactar de varias maneras, y en cada caso se obtendrá un resul­ tado diferente; por otra parte, una misma forma de compactación dará resultados distintos si se aplica a diversos suelos; por último, si una misma forma de

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Compactación de suelos por impactos dados con un pisón; de hecho, resulta daro que para tal caso queda dada por la expre­ sión:

compactación se aplica a un suelo determinado, po­ drán lograrse resultados muy diferentes si de un caso a otro se varían ciertas condidones de las prevale* dentes en dicho suelo. Las afirmaciones anteriores justifican la condusión, obvia para quienquiera que tenga cualquier grado de familiaridad con estos problemas, de que los resultados de un proceso de compáctadón de­ penden de varios factores, unos que atañen al tipo de sufelo, otros relativos al método de compactadon que se emplee y,, por último, varios más que se re­ fieren a determinadas dreunstandas que en ese mo­ mento pudieran prevalecer en el suelo con .que se trabaja. Estos factores suelen denominarse Jas “ varia­ bles” que tigen el proceso de compactación; Las prindpales de éstas se reseñan a continuación. 1. La naturaleza del suelo. . Es claro que la cla­ se de suelo con que se trabaja influye de manera dedsiva en el proceso de compactadón; de hecho, a lo largo de este capítulo habrán de diferendarse las técnicas que se empleen y los resultados que se ob­ tengan predsamente con base en el tipo de suelo. Prevalece aún la distindón usual entre suelos finos y gruesos o entre suelos arcillosos y friccionantes, pero en el análisis de los procesos de compactadón es muy común que tal distinción sc detalle bastante más. tipificando los suelos de acuerdo con las nor­ mas establecidas en el capitulo 2. 2. E l método de compactación. En el laborato* río resulta bastante fá d l clasificar los métodos de compactadón en uso en tres tipos bien diferenaados: la compactadón por impactos, por amasado y por aplicadón de carga estática. A reserva de deta­ llar algo más estos métodos, baste por el momento la afirmación de que producen resultados diferentes tanto en la estructuradón que adquiere el suelo como, en consecuenda, en las propiedades del mate­ rial que se compacta. Además, ya se comienzan a utilizar algunos dispositivos de laboratorio para com­ pactar por vibradón, si bien su uso está menos ex­ tendido que el de los otros tres métodos. Resulta bastante más d ifíd l diferenciar de un modo análogo los métodos de compactadón de cam­ po. Es común describir éstos con base en el equipo mecánico que se emplee en el proceso, y así se habla de la compactación con rodillo liso, con rodillo neu­ mático, con equipo vibratorio, etc. Se supone que los métodos de laboratorio reproducen las condidones del proceso de campo, pero en muchos casos no es fád l establecer una correspondenda clara entre el tren de trabajo de campo y las pruebas de laborato­ rio, en el sentido de contar con que estas últimas re­ produzcan en forma suficientemente representativa todas las condidones del suelo compactado en el campo. 3. La energía especifica. Se entiende por energíá específica de compactadón la que se entrega al suelo por 'unidad dé volumen, durante el proceso mecánico' de ¡qíié se trate. :E v'ri¡u f fádl ¿"vaTtiár lk ‘energía específica en ¡uria prueba de laboratorio en que se compacte aí siitfío

E. = ^
donde:

L

(4-,)

E . — energía especifica N = número de golpes del pisón compactador por cada una de las capas en que se acomo­ da el suelo en el molde de compactadón. n = número de capas que sc disponen hasta lle­ nar el molde. W 8 peso del pisón compactador. h = altura de caída d d pisón al aplicar los im­ pactos al suelo. V — volumen total del molde de compactadón, igual al volumen total del suelo compactado. En las pruebas de laboratorio en que se compacta el suelo con la aplicadón de presión estática, en principio la energía específica se puede evaluar de manera análoga en términos del tamaño del molde, el número de capas en que se dispone el suelo, la presión que sc aplique a cada capa y el tiempo de aplicadón. Sin embargo, en este caso la evaluación no resulta ya tan sencilla y la energía espedfica se ve afectada por la deformabilidad del suelo y por el tiempo de aplicadón de la presión. En el caso de las pruebas en que se realiza la compactadón por amasado es aún más compleja la evaluación de la energía específica, pues cada capa de suelo dentro del molde se compacta mediante un derto número de aplicadones de carga con un pisón que produce presiones que varían gradualmente des* de cero hasta un valor máximo, y luego se invierte el proceso en la descarga. La energía de compacta­ d ón no se puede cuantificar de un modo sencillo, pero puede hacerse variar a voluntad si se introdu­ cen cambios en la presión de apisonado, en el nú­ mero de capas, en el número de aplicaciones del pi­ són por capa, en el área del pisón o en el tamaño del molde. El concepto de energía específica conserva su ple­ no valor fundamental cuando se relaciona con pro­ cedimientos de compactadón de campo. En el caso del uso de rodillos depende principálmente de la presión y el área de contacto entre el rodillo y el sue­ lo, del espesor de la capa que se compacte y del nú­ mero de pasadas del equipo. Tampoco es sencillo eva­ luar la energía de compactadón en términos abso­ lutos en un caso dado, pero si se varían los factores mendonados es posible hacerla cambiar, con lo que se obtienen términos de comparación entre dos tre­ nes de trabajo diferentes. En páginas subsiguientes de este capítulo se po­ drá ver la gran influencia de la energía de compac­ tadón en los resultados que se logran. Puede decirse que la energía específica de compactadón es una de las variables que mayor influenda ejercen en el pro­ ceso de compactadón de un suelo dado, con un procedimiento determinado.

Variables que afectan el proceso de la compactación de los suelos 4. E l contenido de agua del suelo. Ya en los pri­ meros estudios de Proctor se puso de manifiesto que el contenido de agua del suelo que se compacta es otra variable fundamental del proceso. Proctor ob­ servó que con contenidos crecientes de agua, a partir de valores bajos, se obtenían más altos pesos espe­ cíficos secos para el material compactado, si se usa la misma energía de compactadón; pero observó también que esta tendenda no se mantiene indefini­ damente, ya que cuando la humedad pasa de cierto valor, disminuyen los pesos específicos secos logra­ dos. Es decir, Proctor puso de manifiesto que para un suelo dado y usando determinado procedimiento de compactación, existe un contenido de agua de compactadón, llamado el óptimo, que produce el má­ ximo peso volumétrico seco que es dable obtener con ese procedimiento de compactadón. En relación a un proceso de compactación de campo, dicho contenido de agua es el óptimo para el equipo y la energía correspondientes. L o anterior puede explicarse en términos genera­ les si se toma en cuenta que en los suelos finos arci­ llosos, a bajos contenidos de agua, ésta se encuentra en forma capilar, produciendo compresiones entre las partículas constituyentes del suelo, las cuales tien­ den a formar grumos difídlmente desintegra bles, que dificultan la compactadón. El aumento en con­ tenido de agua disminuye la tensión capilar y, por lo tanto, el aglutinamiento de sus grumos, lo que hace que aumente la efidenda de la energía de compac­ tación. Empero, si el contenido de agua es tal que hay exceso de agua libre, al grado de casi llenar los vacíos del suelo, se impide una buena compactadón, puesto que el agua no puede desplazarse instantá­ neamente a resultas del efecto mecánico que se esté aplicando. Esto es más cierto en los sucios más finos. El contenido de agua del suelo es otra de las va­ riables fundamentales del proceso de compactadón. 5. E l sentido en que se recorra la escala de hu­ medades al efectuar la compactación . Este aspecto afecta sobre todo a las pruebas de compactadón que se realizan en el laboratorio, en las que es común presentar resultados con base en gráficas yd — w (peso volumétrico seco vs. humedad). Estas curvas son diferentes si las pruebas se efectúan a partir de un suelo relativamente seco al que se va agregando agua o si se parte de un suelo húmedo, que se va secando según avanza la prueba. Las in vestigacion es experimentales comprueban que en el primer caso se obtienen pesos espedí i eos secos mayores que en el segundo, para un mismo suelo y con los mismos contenidos de agua; este efecto parece ser particular* mente notable en los suelos finos plásticos con conte­ nidos de agua inferiores al óptimo. La explicación del fenómeno podría ser qüe cuando el suelo está seco y se le agrega agua, ésta tiende a quedar en la periferia de los grumos, con propensión a penetrar en ellos sólo después de algún tiempo; por otra par­ te, cuando el agua se evapora al irse secando un sue­ lo húmedo, la humedad superficial de los grumos se

157

hace menor que la interna. Se tienen entonces con­ didones diferentes en los grumos del suelo con un mismo contenido de humedad; en el primer caso, en que se agregó agua, la presión capilar entre los gru­ mos es menor por el exceso de agua, en comparación con el segundo caso, en que la evaporación hace que los meniscos se desarrollen más. Por lo tanto, en el primer caso será menor la ligazón entre los grumos y una misma energía de compactadón será más eficien­ te para compactar el suelo que en el segundo caso. Naturalmente que los razonamientos anteriores se ven influidos por el tiempo que se deje pasar entre la incorporadón del agua y el momento en que se aplique la energía de compactación, pues si el lapso es largo, se permite la incorporación uniforme del agua a los grumos del suelo, con la consecuente disminudón de su humedad superfidal y el aumento de las presiones capilares. El contenido de sales tam­ bién influye, así como la naturaleza de la ardlla. En los laboratorios es común que se proceda a partir de un suelo relativamente seco; se incorpora agua según avanza la prueba y se deja pasar el tiem­ po suficiente tras la incorporación (24 h o algo asi), para permitir la distribudón uniforme del agua. 6. E l contenido de agua original del suelo. Se refiere este concepto al contenido natural de agua que el suelo poseía antes de añadirle o quitarle hu­ medad para compactarlo, en busca del contenido óp ­ timo o cualquier otro con que se hubiere decidido realizar la compactadón. En los procesos de campo el contenido de agua original no sólo ejerce gran influencia en la respues­ ta del suelo al equipo de compactadón, sino que también gobierna en gran parte el comportamiento ulterior de la masa compactada. Aunque por lo ge­ neral sólo pueden lograrse cambios relativamente pe­ queños al humedecer o secar el suelo extendido en la obra, es muy aconsejable buscar siempre condicio­ nes de humedad natural que no se aparten mucho de la óptima para el proceso de compactadón que vaya a usarse. En los procesos de laboratorio, el contenido na­ tural de agua del suelo tiene especial influenda en las compactadones que se logren con una cierta ener­ gía, a humedades menores que la óptima, sobre todo cuando se procede a compactar el suelo inmediata­ mente después de la incorporadón del agua. Este fenómeno se comprende si se toma en cuenta la explicadón que se ofrece en el punto 5 anterior, pues en un suelo originalmente bastante seco, el agua que se añada producirá mayor diferencia inmediata en­ tre las condidones de humedad interna y externa de los grumos que en otro que originalmente hubiese estado más húmedo; por ello, es de esperar que los pesos volumétricos secos que se obtengan sean mayo­ res cuando los contenidos originales de agua del sue­ lo sean menores. 7. La recompactación. En muchos laboratorios es práctica común usar la misma muestra de suelo

158

Compactación de suelos agua del suelo en la compactación que de él se ob­ tiene, con un derto procedimiento. Juntando estos dos aspectos, que consideró básicos, estableció la cos­ tumbre, que también ha subsistido hasta ia actuali­ dad, de representar la marcha de un proceso de com­ pactadón por medio de una gráfica en la que se haga ver el cambio de peso volumétrico seco al com­ pactar al suelo con diversos contenidos de agua, uti­ lizando varias muestras del mismo suelo, cada una de las cuales propordona un punto de la curva. Comoquiera que diferentes procesos de compacta­ d ón producen al mismo suelo compactadones dis­ tintas, un mismo suelo podrá tener diversas curvas de compactadón, correspondientes a los diferentes modos de compactarlo que puedan usarse, sea en el campo o en el laboratorio. Una representación tal como la anterior — io) recibe por antonomasia el nombre de curva de compactación, pero no constituye el único medio gráfico de representar los resultados de un proceso de com­ pactación; simplemente es el modo más usual de representación de los que hoy se utilizan, aunque po­ dría haber otros; de hecho, en páginas subsecuentes de este capítulo se utilizarán algunas otras formas gráficas para representar o analizar algunas condido­ nes de interés en los procesos de compactadón. En la Ref. 10 se ofrece una representadón triangular bastante objetiva, aunque no impuesta por la cos­ tumbre. Sea cual fuere el procedimiento de compactación que se siga, la forma de la curva de compactación será parecida a la que se muestra en la Fig. IV-1. La curva muestra un máximo absoluto, alguna vez acompañado de otro secundario, de menor valor. £1 peso volumétrico seco correspondiente al máximo absoluto redbe el nombre de peso volumétrico seco máximo; la humedad con la que tal máximo se con­ sigue se denomina humedad óptima y representa el contenido de agua con el cual el procedimiento de

para la obtención de puntos sucesivos de las pruebas de compactación; ello implica la continuada recompactación del mismo suelo. Se ha visto que esta prác­ tica es inconveniente en lo absoluto, toda vez que la experimentación ha demostrado, sin género de duda, que si se trabaja con suelos recom pactados los pesos volumétricos que se obtienen son mayores que los que se logran con muestras vírgenes en igualdad de circunstancias, de modo que con suelos recompactados la prueba puede llegar a dejar de ser representativa. A l parecer, una explicación sencilla de este efecto radica en la deformación volumétrica de tipo plástico que causan sucesivas compactaciones (Reís. 8 y 9 ). 8. La temperatura. La temperatura ejerce un im­ portante efecto en los procesos de compactadón de campo, en primer lugar por efectos de evaporadón del agua incorporada al suelo o de condensadón de la humedad ambiente en el mismo. Además, {Hiede llegar a ejercer algún efecto en la consistenda y manejabilidad de los suelos con que se trabaja. 9. Otras variables. Además de las mencionadas, existe todo un conjunto de variables que afectan a las pruebas de compactación de laboratorio y cam­ po, tales como el número y espesor de las capas en que se dispone o se tiende el suelo, el número de pasadas del equipo de compactadón sobre cada pun­ to o el número de golpes del pisón compactador en cada capa, e tc Todos estos factores y su efecto se detallarán al describir los procesos de compactadón de campo o las diferentes pruebas de laboratorio. En todo proceso de compactación existe una efi­ ciencia con la que la eneigía se aplica; su papel es fundamental, pero su cuantificación muy difícil.

IV-3 LA CURVA DE COMPACTACION Como ya hemos visto, de acuerdo con la Historia los procesos de compactación comenzaron a desarro­ llarse en el campo, como técnicas de construcdón. Fue hasta que se trató de estudiar de un modo más riguroso los efectos de tales técnicas y de establecer procedimientos de control de calidad y verificadón de resultados en el campo cuando naderon las prue­ bas de compactadón de laboratorio, al prinripio sólo con base en la original desarrollada por Proctor, y después con base en toda una serie de pruebas, va­ riantes más o menos cercanas a la primera, que se desarrollaron por el afán de ir logrando en el labo­ ratorio mayor acercamiento a los procesos de campo, que paralelamente se ampliaron con toda una serie de equipos nuevos producidos por una tecnología cada vez más conocedora y exigente. Como ya se dijo, Proctor visualizó la correladón entre los resultados de un proceso de compactadón y el aumento del peso volumétrico seco del material compactado, y estableció la costumbre, que aún hoy se sigue, de juzgar los resultados de un proceso de compactadón con base en la variadón de peso vo­ lumétrico seco que se logre; también comprendió el fundamental papel que desempeña el contenido de

FSgara IV-1.

Curva de compactadón típica.

Procesos de compactación de campo

159

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( I - 9 ): (Suelo saturado) Figura IV-2.

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(4 -3 )

Esquema de un suelo saturado y deducción de la fórmula (4-S).

compactadón que sc esté usando produce la máxima eficiencia, por lo menos si ésta sc juzga por el peso volumétrico seco que se logre. La Fig. 1V-1 puede construirse, ya sea en el labo­ ratorio o en el campo, a partir de parejas de valores Ym ~ w> los cuales se pueden obtener, como ya se dijo, si se aplica el procedimiento de compactación de que se trate a diversos especímenes del mismo sue­ lo con diferentes contenidos de agua. La curva y4 — — xo puede entonces dibujarse a partir de los valo­ res anteriores aplicando la fórmula

cuya obtención es inmediata al aplicar las definicio­ nes de yd y xo. Esta es la fórmula 14 del capítulo 1 de esta obra y allí fue deducida. Tam bién aparece en la Fig. JV-1 la curva corres­ pondiente al 100% de saturación del suelo en cada caso. Como ya se dijo, la condición de un suelo com­ pactado en circunstancias normales es la de un suelo no saturado, razón por la cual la curva de compac­ tación se desarrolla por abajo de la curva de satura­ ción; si se comparan las dos es posible saber cuál tendría que ser el contenido de agua que saturase a una muestra que sc compactara a determinado peso volumétrico. La curva de saturadón se puede obte­ ner si se calculan los pesos volumétricos secos que corresponderían al mismo suelo supuesto, saturado con el contenido de agua correspondiente a una derta abscisa de la curva, aplicando la fórmula

4 ). En rigor esta forma es típica de las pruebas di­ námicas que se aplican a materiales suficientemente permeables como para que no se desarrollen presio­ nes de poro en el interior del suelo durante el pro­ ceso de compactadón. La explicación de la forma pu­ diera ser como sigue: Cuando el contenido de agua de la arena aumenta un poco, se desarrollan fuerzas ca­ pilares entre los granos, que dificultan su acomodo y la eficiencia de la compactadón baja: con más agua esas fuerzas desaparecen y el proceso se hace más efi­ ciente. Una curva como la de la Fig. IV-3 no define en forma clara ni el peso volumétrico seco máximo ni la humedad óptima; pero, por otra parte y desde un punto de vista práctico, que es el único en que tienen vigenda los conceptos anteriores, el asunto no tiene demasiada ¡mportanda, pues existen otras pruebas de laboratorio aplicables a arenas limpias o a mezdas de arenas y gravas sin finos en que estos materiales exhiben curvas en la forma usual; además, tales prue­ bas son más satisfactorias desde el punto de vista de la representatividad de los procesos de campo que se usan con tales materiales (pruebas de compactación con vib ra d ón ).
IV-4 PROCESOS D E COM PACTACION DE CAMPO

La energía que se requiere para compactar los suelos en el campo se puede aplicar mediante cual­ quiera de las cuatro formas que adelante se enume­ ran, las cuales se diferencian por la naturaleza de

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que corresponde a suelos saturados y cuya obtendón es sendila a partir del esquema que se presenta en la Fig. IV-2. Como se verá, muchas de las curvas de compacta­ d ón que se obtienen en el laboratorio se realizan en pruebas en que el espédmen se compacta por capas dentro del molde y por medio de golpes aplicados con un pisón estándar, con una energía también pre­ fijada. Cuando una prueba de tal naturaleza (prue­ ba dinámica) se realiza en una arena sin contenido de partículas de arcilla, la curva de compactadón adquiere la forma que aparece en la Fig. IV-5 (Ref.

Figura IV-S. Curva de compacudón obtenida en prueba di­ námica en arenas limpias y gravas arenosas (Reí. 4).

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160

Compactación de suelos presentan todos los modos posibles de entregar ener­ gía de compactadón a un suelo, sino que simple­ mente son las soluciones comerciales e industriales que hasta el momento se han desarrollado para re­ solver el problema. A ohusodo de d ose am pliado prism ático de cobro Compactadores por amasado. Rodillos paca de cabra.

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Figura IV-1. Tipo* usuales de palas de rodillo pata de cabra (Ref. 8).

los esfuerzos aplicados y por la duración de los mis­ mos. Estas formas son: A. B. C. D. E. Por amasado Por presión Por impacto Por vibración Métodos mixtos.

Con las tres primeras formas se aplican casi todos los métodos convencionales en uso desde hace varias décadas. La cuarta se refiere a técnicas de implanta* ción más reciente, pero que se han popularizado mu? d io en los últimos tiempos. Como es natural no re­
Figura rv-s. Influencia de la forma de la pun­ ta del vástago en los rodillo» “ Pata de cabra” .

Estos compactadores concentran su peso sobre la relativamente pequeña superfide de todo un conjun­ to de puntas de forma variada (ver Fig. 1V-4) ejer­ ciendo presiones estáticas muy grandes en los puntos en que las mendonadas protuberancias penetran en el suelo. Conforme se van dando pasadas y el mate­ rial se va compactando, las patas profundizan cada vez menos en el suelo, y llega un momento en que ya no se produce ninguna compactadón adidonal; en una profundidad del orden de 6 cm, la superfide queda siempre distorsionada, pero se compacta bajo la siguiente capa que se tienda. En la Fig. 1V-5 (R ef. 11) se muestra la influend a que sobre la compactadón obtenida ejerce la forma de la punta d d vástago, que constituye la “ pata de cabra” propiamente dicha; en forma esque­ mática se presentan los pesos volumétricos que re­ sultaron en un caso dado con el empleo de tres tipos de vástago, todos de secdón cuadrada de 15 cm de lado.

Todos los vastagos son de sección cuodrada y 15 cm. de lodo p Superfide original p p del terreno. •d, en ift/m*

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Superfide original del terreno.

F
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Figura IV-A

Influencia d d ta­ maño y dd área de la secdón rec­ ta de los vástagos de los rodi­ llos “ Pata de ca­ bra” .

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Procesos de compactadón de campo

161

Rodillo pata de cabra común halado por un tractor de oruga. El equipo está provino de una cuchilla para nivelar la faja de terreno que se va compactando.

En todos los casos que se muestran, el vástago aplicó la misma presión y con la misma ley a lo lar­ go del tiempo. La mayor eficiencia del vástago pla­ no, así como la del que está ligeramente biselado se revelan en la forma más regular, de la zona más compactada y el mayor volumen representado por tal zona. En la Fig. IV -6 (Ref. 11) se muestra esquemática* mente el resultado de una investigación particular que se realizó para estudiar el efecto de la forma de la sección recta del vástago y de su área transversal. Es notable la mayor eficiencia del vástago más gran* de, así como la superioridad de la sección cuadrada sobre la redonda. Más adelante» en este mismo párra­ fo, se completará esta información (ver Fig. IV -9 ). L a presión que ejerce el rodillo pata de cabra al pasar con sus vástagos sobre el suelo no es uniforme en el tiempo; los vástagos penetran ejerciendo pre­ siones crecientes, las cuales llegan a un máximo en el instante en que el vástago está vertical y en su máxima penetración; a partir de ese momento la pre­ sión disminuye hasta que el vástago sale. Además, la acción del rodillo es tal que hace progresar la com­ pactación de la capa de suelo de abajo hacia arriba; en las primeras pasadas las protuberancias y una parte del tambor mismo penetran en el suelo, lo que permite que la mayor presión se ejerza en el lecho inferior de la capa por compactar; para que esto ocurra el espesor de la capa no debe ser mucho mayor que la longitud del vástago. A esta peculiar manera de compactar se le denomina acdón de “ amasado” y en ¿pocas recientes ha sido tomada en cuenta en algunos equipos de compactadón de laboratorio, a fin de lograr mayor representatividad en pruebas que se realizan sobre suelos que se compactan con rodillos pata de cabra. Los rodillos más usuales tienen vástagos de 20 a 25 cm de longitud y se usan para compactar capas de suelo suelto de alrededor de 30 cm de espesor. Como ya se dijo, al aumentar el número de pasadas del equipo la parte inferior de la capa va adquirien­ do mayor resistencia, lo que impide la penetración del rodillo y de sus vástagos, que así van compactan­

do al suelo suprayacente. El proceso puede llegar a un límite en el cual el rodillo “camina" sobre el suelo y transmite todo su peso a través de los vásta­ gos, pero sin que haya contacto entre el tambor y el suelo propiamente dicho. Alguna vez se ha especi­ ficado este límite como norma sencilla para control de compactación de la capa, pero en suelos con con­ tenido de agua relativamente alto o cuando se usan rodillos pesados puede suceder que el tambor no deje de estar en contacto con el suelo, aunque el número de pasadas se incremente de manera arbi­ traria (Refs. 12 y 13). Por lo general, se considera adecuada la operación cuando el vástago penetra del 20 al 50% de su lon­ gitud, lo que depende de la plasticidad del suelo; así, para una arcilla blanda se busca hacer penetra­ ciones menores que para una arcilla arenosa, a fin de evitar que se adhieran al vástago cantidades con­ siderables del suelo y se reduzca el rendimiento del equipo. En cualquier caso, según ya se dijo, siempre se produce una cierta penetración de las patas del ro­ dillo. El rodillo pata de cabra produce entonces dos resultados muy deseables en los terraplenes de suelos finos compactados, que son una distribudón unifor­ me de la energía de compactadón en cada capa y una buena liga entre capas sucesivas. La Fig. IV-7 (R ef. 13) ilustra cualitativamente el efecto de la energía de compactadón y del conte­ nido de agua del suelo en un proceso de compacta­ d ón de campo con rodillo pata de cabra, si bien la forma de tales curvas, obtenidas para energías de compactadón crea entes, es general para cualquier tipo de rodillo o compactador. Con el uso de un mis­ mo equipo, todo incremento en la energía de com­ pactadón hace que aumente el peso volumétrico seco máximo y disminuya el contenido de agua óptimo. L a Fig. IV -8 (Refs. 13 y 14) analiza otro aspecto importante de la compactación con rodillos pata de cabra. Se trata ahora de presentar el efecto del nú­ mero de pasadas de un rodillo de tipo medio sobre diferentes tipos de suelos.

162

C om pactación de suelos

Figura IV-7.

Diagrama cualitativo de -y. vs. v para divenas energías de oompacudón (Ref. 13).

Puede verse que p o r lo general, disminuye el increcr em ento d e peso volum étrico seco por pasada al au* mentar la plasticidad, y qu e e l núm ero adecuado de pasadas depende d el tip o de suelo qu e se tenga en cada caso. En la tabla IV -2 (R eís. 13 y 15) se presenta un resumen de la inform ación d e varias fuentes reía ti* v a a l efecto d e la presión de contacto b a jo los vás­ tagos d e un rod illo; el cálculo se h izo d ivid ien d o el peso total d el ro d illo en tre e l producto d el núm ero d e vástagos en una hilera p o r e l área de apoyo de cada vástago. Se puede observar q u e con las presiones y m e­ diante las pasadas qu e se indican prácticamente no ca m b ia b a compactación de los suelos probados, aun

Figura IV-8. Compactadón con rodillo pata de cabra. Efecto del número de pasadas en el grado de compactación de diversos suelos (Ref. 13).

con incrementos de más d e tres veces en la presión de contacto. L o anterior parece in dicar q u e la intensidad de la presión d e l vástago carece d e im portancia en el proceso, pero es claro, desde luego, q u e ha de existir un valor m ín im o necesario en dich o concepto para lograr una com pactación eficiente; con la inform a* ción de qu e h oy se dispone n o es posible decir cuál sea este valor, pero la tabla IV-2 perm ite pensar qu e

Tabla IV-2 Rodillos pata de cabra. Efecto de la presión de cont icto en el peso volumétrico seco máximo (R ef. 13)
Presión de contacto kg/enfl 175 315 175 354 525 8.7 26JZ 8j 0 175 8.0 175 8.0 175 8.0 175 Area de contacto cm? 43.75 43.75 43.75 43.75 43.75 875 875 7525 315 75.25 SI 5 7525 315 7525 315 Grado de compactación obtenido, respecto a la prueba P roctor estándar 99 99 102 101 101 101 101 108 108 112 111 104 104 100 99

T ip o de suelo

N p de pasadas

Arena arcillosa

9 9 8 8 8 12 12 64 64 64 64 64 64 64 64

Arcilla limosa 1

Ardlla poco plástica Ardlla plástica

Ardlla limosa 1 1

Ardlla arenosa

Mezcla de grava. arena y ardlla

En todos los casos et espesor de la capa compactada fue de 15 cm aproximadamente.

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Procesos de compactación de campo
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Figura IV-9.

Compactadón con rodillo "pata de cabra". Efec­ to d d área de contacto de las patas en el peso volumétrico seco y en el contenido de agua óp­ timo de campo (Rcfs. 18 y 15).

no debe ser inferior a 8 kg/cm2 , si el área de contac­ to del vástago no es mayor de 75 ó 90 cm3. P o r otra parte, si bien el peso volumétrico seco máxim o no depende de la presión de contacto, si aumenta con la presión de contacto el contenido de agua con que se obtiene tal máximo. La Fig. IV-9 amplía la inform adón de la tabla 1V-2; en ella se muestra el efecto del área del vástago en el peso volumétrico seco m áxim o y en el conténido de agua óptim o de compactación, siempre con el empleo de rodillos pata de cabra. Para un número dado de pasadas, el incremento del área de contacto trae consigo un aumento del peso volum étrico seco que se obtiene (ver también la Fig. 1V-6, qu e complementa la inform adón sobre el área con la forma de la secdón recta ); asimismo, el aumento del área de contacto permite redu dr el número de pasadas que se necesitan para alcanzar determinado resultado. Se ve, pues, la convenienda —a la que tienden los rodillos modernos— de hacer lo más grande posible el área de la sección recta de los vástagos, para lograr la máxima productividad, a condición de que se sobrepase la presión mínima ne­ cesaria.

En la Fig. 1V-10 (R ef. 16) se ilustra la forma en que el esfuerzo de compactadón produ ddo por los rodillos pata de cabra afecta al suelo a distintas pro­ fundidades, medidas a partir de la superficie de la capa; la gráfica corresponde a un rodillo pata de ca­ bra con vástago del tip o tronco-cónico con un área de contacto por vástago de 52.2 cm- y una presión de contacto equivalente a 7.4 kg/cm 2 con el tambor del rodillo vad o y 14.1 kg/cm* con el tambor lastrado. Estando el tambor lastrado se hideron pruebas con suelos limo-arenosos y areno-limosos, que acusaron 52 y 40% en peso, respectivamente, de tamaños que pasan por la malla N? 200; con el tambor va d o sólo se efectuaron pruebas con un suelo limo-arenoso. El porcentaje de compactadón se refiere al peso volu­ métrico seco máxim o obtenido mediante el método A A S H O modificado. A l examinar las curvas que componen la Fig. IV10 puede observarse que en estos suelos (predomi­ nantemente arenosos) el porcentaje de compactadón decrece poco hasta una profundidad de más o me­ nos 25 cm, cuando se compacta con el rod illo lastra­ d o (presión de contacto 14.1 kg/cm2) ; en cambio, cuando se ocupa el rodillo va d o (presión de contac­ to 7.4 kg/cm3 ) se observa una marcada disminudón del peso volumétrico seco aproximadamente abajo de los 10 cm de profundidad. En la práctica usual, los rodillos pata de cabra suelen quedar dentro de los limites espedficados para sus diversos detalles en la tabla IV-S (R ef. 16).
T a b la IV-S R o d illo s pata d e cabra Eapecificaciones comunes Ancho del ta m b o r................................. 1.22 a Diámetro del ta m b o r............................ 1.02 a Número de patas o vástagos ................64 a Atea de la sección recta de la pata . . . . 88 Longitud de la pata .............................. 18 Peso del rodillo vado .......................... 1.6 Peso del rodillo lleno de a g u a ............ 25 Presión de contacto, vado ................... 52 Presión de contacto, lleno de agua . . . . 8 a 1.98 m 1.83 m 144 a 185 cm2 a 46 cm a 7.0 ton a 115 ton a 80 kg/cra2 55 kg/cm*

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I.- Sw lo kme-orwoM, pr««ltfn dtc*r#xlo ■ f 4> I4 .I kg/cm? 2- Su*¡o a tfo pr«W«<J« centoctí _ j_d* 14 I kf/cm! 3 l - SiMto I mo-orf«oto, privón d econiocic

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Figura IV-10.

Efecto de la compactadón con rodillo ''pata de cabra” en reladón con la profundidad dentro de la capa compactada (R ef. 16).

El porcentaje de cubrimiento por pasada que pro­ porcionan los rodillos pata de cabra (dos aplicadones sucesivas por el mismo punto) se encuentra por lo general entre el 4 y el 12%, bastante menor a los de otros equipos de compactadón. Si se aumenta el nú­ mero de vástagos se aumenta el porcentaje de cubri­ miento, pero se disminuye la presión de contacto, por lo qu e e l número de vástagos de los equipos co­ merciales ha de establecerse sopesando estos factores en forma conveniente. N o debe perderse d e vista la necesidad de una separadón mínima de vástagos que permita conservar siempre lim p io el rodillo, hecho que se relaciona directamente con e l rendimiento del equipo de compactadón. Es im pórtam e hacer notai que, al compactar ios suelos, los rodillos pata de cabra dejan en ellos un

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Compactación de suelos

Rodillo pata de cabra auto-propulsado pro­ visto de un tambor doble de 152.4 cm de diámetro y 183 cm de ancho, con 144 patas tronco-piramidales por tambor. Cada pata tiene 23.5 cm de longitud, 48.1 cm2 de área y ejerce una presión de contacto de 46.1 a 60.1 kg/cm?, según que el tambor esté vado o lastrado con agua. La velocidad de opera* dón llega basta 13.9 km/hora.

porcentaje de vados mayor que los otros equipos de compactadón (rodillos lisos, neumáticos, de rejillas y segmentados); esta dreunstanda puede ser perju­ dicial y puede evitarse si se combinan diversos equi­ pos de compactadón al compactar suelos cohesivos. £1 rendimiento de los rodillos pata de cabra está influido notablemente por la forma en que opera el equipo; por ejemplo, si los vástagos penetran en los mismos agujeros durante varias pasadas sucesivas, el rendimiento del equipo se reduce; para evitar que esto ocurra el operador debe procurar hacer un lige­ ro cambio en el recorrido del rodillo. Para un equi­ po de características determinadas, el máximo rendi­ miento posible de operadón puede calcularse burda­ mente aplicando la siguiente expresión:

propulsado, con 2 pares de tambores de 18S cm de ancho cada uno, dispuestos en tándem; corresponde también a un espesor de capa de 23 cm. Los rodillos pata de cabra rinden sus mejores re­ sultados en suelos finos. La concentradón de presión que producen los vástagos se ha revelado como muy útil para la rotura y disgregación de los grumos que se forman en las ardllas homogéneas por acción de fuerzas de naturaleza capilar entre sus partículas. En suelos finos no homogéneos, con diferentes rangos de tamaños, la acaón de las patas de cabra también es muy benéfica para romper y disgregar las diferentes

En la que E = rendimiento del compactador, en m* por hora. a = ancho del rodillo, en cm. h = espesor de la capa compactada, en cm. v a veloddad del compactador, en km/h. n = número de pasadas del equipo por el mismo lugar. La deducaón de la expresión 4-4 se considera obvia. Los rendimientos de compactadón de los rodillos pata de cabra aumentan siempre con la velocidad, siendo esta reladón mayor cuando el número de pa­ sadas es menor. En la gráfica IV -11 se puede ver cómo aumenta el rendimiento del equipo a medida que pueden lo­ grarse los resultados requeridos con menor número de pasadas, para una misma veloddad de operadón. La gráfica se refiere a un equipo pata de cabra auto­

Figura IV-11.

Reladón entre d rendimiento de un equipo "pata de cabra” , la veloddad de operadón y el número de pasadas (Ref. 16).

Procesos de compactación de campo

165

Rodillo pata de cabra superpesado, de alta capacidad, con auto-propulsión, equipado con 4 tambores iguales, cuyos diámetros y anchos son de 152.4 cm. Está provbto de 120 patas tronoxónicas por tambor, teniendo cada pata 23 cm de longitud y 61.4 cm- de área de contacto» Su velocidad de operación alcanza hasta 8 km/hora.

partículas y para unir entre sí las distintas capas de material compactado, pues al quedar distorsionada la superficie de cada capa, se compacta junto con la siguiente, lo que elimina la tendenda a la laminadón. En ardllas blandas francas, además de que tie­ ne la posibilidad de eliminar grumos, el rodillo pata de cabra resulta muy conveniente por la acdón de amasado, ya descrita. En épocas redentes incluso se ha combinado la acdón de los rodillos pata de cabra con la vibradón, para incrementar la concentradón de fuerzas sobre áreas pequeñas y favorecer el poder rompedor y mezdador de estos equipos. Se han des­ arrollado también dos tipos de compactadores que pueden considerarse como variantes del rodillo pata de cabra tradidonal: el rodillo de rejillas y el seg­ mentado. El rodillo de rejillas se ha venido utilizando con éxito en materiales que requieren disgregadón, pero en realidad ha dado buen resultado en una gran va­ riedad de suelos, incluyendo ardllas homogéneas o

mezdas de arenas, limos y ardllas, con abundanda de finos. La superfide del dlindro la constituye una parrilla o malla fabricada con barras de acero, que forman una cuadrícula. Suelen lastrarse con bloques de concreto o arena húmeda. Por lo común se fabri­ can con alto peso (más de 14 ton, lastrados) y ele­ vadas presiones de contacto (arriba de 20 kg/cm*). El rodillo segmentado también se ha utilizado so­ bre todo con materiales que requieren disgregadón, pero su uso se está extendiendo a varios tipos de sudos, incluso las ardllas no muy plásticas. Cada cilindro suele estar formado por tres ruedas adosa­ das, de aro interrumpido, lo cual forma la segmentadón que da su nombre al equipo. B Compactadón por presión. Rodillos lisos y neumáticos

B-l Rodillos lisos. Se dividen en dos grupos: remol­ cados y autopropulsados. Los primeros constan gene-

Rodillo de rejilla con tambor doble, cuya cuadrícula deja un espacio libre entre bom a de 8.9 X 8 9 o " ! *u peso bruto varía de 2J2 ton vado a 6.87 ton, lastrado totalmente. Este compactador está provisto de 4 cajas metálicas para lastrarlo y es remolcado por un tractor de oruga.

166 "e

Compactación de suelos número de pasadas lleguen a presentarse fracturas en la parte superior de la capa, debido a la rigidez que esta zona adquiere por excesiva compactadón, en coraparadón al lecho inferior de la misma capa, menos compactado, que adquiere una resistenda re­ lativamente baja. Las características prinapales de los rodillos lisos son su disposidón, diámetro (con el que aumenta mucho la efidencia), ancho y peso total. El espesor suelto de la capa de material que es posible com­ pactar con rodillo liso varía de 10 a 20 cm. En la tabla IV-4 se presentan las características más sobresalientes de los rodillos lisos autopropulsa­ dos de tres ruedas (Ref. 16). Tabla IV-4
R od illos lisos autopropulsados de tres ruedas Especificaciones comunes Peso total ............................................... ... Si) Diámetro del rodillo frontal ................. ... 86 Diámetro de kM rodillos traseros.......... ... 94 Ancho del rodillo frontal ...................... ... 61 Ancho de los rodillos traseros............... ... 38 Carga por unidad de ancho del rodillo frontal .................................................... 14 Carga por unidad de ancho de los rodi­ llos traseros ........................................ ... 25 a a a a a a a 1S.0 ton 120 cm 160 cm 122 cm 58 cm 45 80 kg/cm kg/cm

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PROFUNDIDAD BAJO L A SUPERFICE CCMftVTTAOA, cm.

Figura IV-12. Disipación de la presión de contacto de un ro­ dillo Uso con la profundidad.

raímenle de dos tambores montados en un marco al que se sujetan los ejes; su peso varía por lo común de 14 a 20 ton y pueden lastrarse llenando un depó­ sito sobre el marco con agua o arena húmeda. Los autopropulsados constan de una rueda delantera y una o dos traseras (normalmente dos); se fabrican con pesos de 3 a 13 ton (R ef. 17). El motor que los impulsa es de gasolina o diesel y pueden circular en velocidad directa o en reversa. Los rodillos lisos tie­ nen su campo de aplicación circunscrito a los mate* ríales que no requieren concentraciones elevadas de presión, por no formar grumos o por no necesitar disgregado; por lo general son arenas y gravas rela­ tivamente limpias. También se utilizan mucho para el acabado de la superfide superior de las capas compactadas (terminación de la subrasante, de la base y de carpetas de mezcla asfáltica). El efecto de la compactación de los rodillos lisos se reduce considerablemente a medida que se pro­ fundiza en la capa que se compacta, y el efecto de la compactación se produce de arriba hacia abajo. L a Fig. IV-12 ilustra el efecto de disipación de la presión con la profundidad y de la eficacia compactadora de un rodillo liso de tres ruedas, con peso total de 9.5 ton, que actúa sobre un material ardUo-arenoso con un contenido de agua de 13.5% (Ref. 16). Cuando se utiliza sólo el rodillo liso en ardllas y limos plásticos es común que al cabo de un derto

El rendimiento de un rodillo liso también se pue­ de calcular en forma aproximada con la fórmula 4-4. En los rodillos de tres ruedas el valor a debe consi­ derarse como el ancho de la capa compactada, igual a la suma de los anchos de las tres ruedas menos el traslape de las ruedas traseras sobre la delantera. La Fig. 1V-13 muestra el rendimiento de un rodi­ llo liso de tres ruedas con peso de 10 ton, cuyas rue­ das motrices tienen un ancho de 51 cm y dejan entre sí un espado libre de 91.5 cm. El rendimiento se calculó considerando sólo el efecto de las ruedas mo­ trices al actuar sobre una capa de 15 cm de espesor. B-2 Rodillos neumáticos. La acdón compactadora del rodillo neumático (con llantas rellenas de aire) tiene lugar fundamentalmente por la presión que transmite a la capa de suelo tendida, pero estos rodi­ llos producen también un derto efecto de amasado,

Compactador autopropulsado, de ruedas me­ tálicas segmentadas, capaz de desarrollar ve­ locidades hasta de 94¡5 km/hora.

Procesos de compactación de campo

167

Figura IV -13.

Relación entre el rendimiento de un rodillo liso, la veloddad de operadón y d número de pasadas de las ruedas por el mismo punto (R ef. 16).

que causa al suelo grandes deformaciones angulares por las irregularidades (dibu jo) de las llantas; este efecto ocurre a escala mucho menor que en los rodi­ llos pata de cabra, pero tiene cierta importancia, so* bre todo en la porción más superficial de la capa que se compacta. £1 rod illo aplica a la superficie de la capa prácticamente la misma presión desde la pri* mera pasada; esta presión es casi igual a la presión de inflado de la llanta, si sc descuentan pequeños efectos de rigidez de la llanta misma. L a superficie de contacto de la llanta depende del peso del rodillo y de la presión de inflado; su forma es más o menos elíptica. L a presión que se transmite no es rigurosamente uniforme en toda el área de aplicación, pero para sim plificar suele ha­ blarse de una presión media de contacto. Para lograr una aplicación más o menos uniforme de la presión a una cierta profundidad bajo la superfide es pre* oso que las llantas delanteras y traseras del equipo tengan huellas que se superpongan ligeramente; es usual buscar una disposidón tal qu e deje a ambos lados 2/3 de huella libre entre las superposiaones. Podría pensarse que la eficada compactadora pudie­ se crecer de manera indiscriminada con la presión de inflado, pero esto no es del todo derto, pues si la presión no es demasiado grande, a ambos lados de

R odillo Uto de S ruedas, compactando una capa de roca triturada. En la parte posterior lleva acoplado un compactador vibratorio de
Sp l a c a s .

R odillo neumático tipo coa peto o remolcado, eoa peso máximo de 11 ton y presión de inflado de 8 kg/cm?.

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Compactación de suelos
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E sp e so r capas sueltas cm. 3 0 .5 305 230 Figura IV-14.

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NUMERO D E R A SA Q A S

Compactadón con rodillo neumá­ tico. Efecto d d número de pa­ sadas y de la presión de inflado en d peso volumétrico seco de diversos suelos (Refs. 13 y 18).

la h u ella se produ cen concentraciones q u e hacen apa­ recer presiones h orizon tales ad icion ales q u e ayudan al asen tam ien to d e Jas partículas d e suelo y a su m ezclado; así, la elección d e la presión d e in fla d o se ha d e hacer con base en varios factores, a algu n o d e los cuales se hará referen cia más adelante. E l acabado su p erficia l d e las capas com pactadas con ro d illo s neu m áticos su ele tener la rugosidad su­ fic ie n te para g a ra n tiza r una buena lig a con la capa
HUMEDAD* U O | 1 POR CIENTO

superior. E n la F ig . IV-14 se ilustra e l e fe c to del n ú m e ro d e pasadas y d e la presión d e in fla d o en el peso v o lu m é tric o seco o b te n id o para varios suelos (R e fs . 13 y 1 8 ). N ó tese q u e la fo rm a d e las curvas es la m ism a para los tres suelos y q u e en todos los casos es in sig­ n ific a n te e l in crem en to d e peso v o lu m é tric o seco a rrib a d e 16 pasadas. Esto n o o cu rriría si e l con te­ n id o d e agua fu era in fe r io r a l ó p tim o , pues se ha observado q u e en tal caso el peso v o lu m é tric o seco aum enta aun cu an do se in crem en te m u ch o e l núm e­ r o d e pasadas. A l observar la fig u ra se d edu ce tam ­ b ién la gran in flu e n c ia d e la p resión d e in fla d o en el proceso d e com pactación. E n la F ig . I V - 15 (R e f. 4, ta m b ién c ita d o en la R e f. 19) se presenta o tr o im p o rta n te aspecto reía* t iv o a los prob lem as prácticos d e com pactación . Es

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figura IV-15. Efecto de la presión de inflado, d d número de pasadas y de la humedad de compactadón — Rodillo neumático (Ref. 4).

Figura IV-16. Compactación con rodillo neumático. Relación entre presión de inflado y peso volumétrico seco máximo (Refs. 13 y 18).

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Procesos de com pactadón de campo i?eo
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NUMERO Figura IV-17.

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PASADAS

Gráfica que muestra el efecto del contenido de agua y el número de pasadas del equipo sobre la compactación.

el de los pesos volumétricos secos que se obtienen con rodillo neumático en función de la presión de la llanta, del número de pasadas y del contenido de agua del suelo, un lim o de baja compresibilidad (M L ). Puede observarse que para la humedad más alta manejada en la prueba (18%) influyó poco el aumento en el número de pasadas de 4 a 16, y otro tanto puede decirse del aumento de la presión de la llanta a partir de cierto valor. A l disminuir la hu­ medad de compactación, el aumento de la presión de la llanta se traduce en una mayor eficiencia, se­ gún ya se dijo, y el número de pasadas también ejerce mayor efecto. Nótese cómo, para una hume­ dad de compactación dada, el aumento de la presión de las llantas del rodillo permite disminuir en gran medida el número de pasadas necesario para lograr

un cierto peso volumétrico seco. Nótese también la gran influencia de la humedad de compactadón en la efidenda del proceso. En cualquier tipo de suelo, un incremento en la carga por rueda o en la presión de inflado produce un aumento en el peso volumétrico seco máximo, como se puede apreriar en la Fig. IV-16. Ese incremento va acompañado de una disminud ón en el contenido de agua óptimo. N o obstante, es poco recomendable aumentar la presión de in­ flado sin incrementar en la misma propordón la car­ ga por rueda, pues ello redudría el área de contacto, haría que no se presentasen las presiones de confi­ namiento horizontal de qúe ya se habló y tendería a produdr mayores variadones del grado de compac­ tadón cón la profundidad. En la Fig. IV-17 se tipifican otros datos de inte­ rés con base en una investigadón realizada por el Road Research Laboratory de Londres, Inglaterra. En la figura se muestran los resultados de la com­ pactadón de dos suelos, una arena y una arena ardllosa, efectuada con un rodillo neumático relativa­ mente ligero y de ruedas múltiples. La humedad óp­ tima que se señala es la correspondiente a la prueba británica estándar, que es muy similar a la A A S H O estándar, la cual se mendonará más adelante en este mismo capítulo. Aparecen curvas que reladonan el peso volumétrico seco con el número de pasadas que se dieron a diferentes contenidos de agua en el sue­ lo; debe notarse cómo la humedad ejerce una gran influenda en la efiden da del equipo, al grado de que con un derto contenido de agua es posible al­ canzar un peso volumétrico que con otra humedad no podría lograrse prácticamente con ningún núme­ ro de pasadas concebible. Ello hace ver que la elecd ón de humedad de compactadón en el campo no puede fijarse con base en ninguna idea rutinaria, por ejemplo con el criterio simplista tan frecuente de que sea igual a la humedad óptima de alguna prue­ ba de laboratorio de control, aun cuando ésta pu­ diera ser una guía. Una vez más resalta la idea bási­ ca de que la humedad conveniente para trabajar con un derto equipo en determinado suelo, no tiene por qué ser igual a la humedad óptima de la prueba de laboratorio que se vaya a usar para controlar los tra-

RodUlo neumático tipo remolcado, de 4 llantas, cada una de las cuales lleva montada una caja oadlatoria. La unidad de 4 secciones se fabrica con peso total de 1&5 a 91 too y presión de Inflado de M a 10.6 kg/an>.

170

Compactación de suelos de agua; en este caso se utilizó un rodillo neumático pesado y se compactó suelo ardlloso homogéneo. La lecdón práctica que se desprende de la gráfica es la siguiente: al realizar trabajos de campo siempre sc exige al constructor un cierto peso volumétrico mí­ nim o en todo el espesor de la capa; puede verse que para lograr tal fin y no tener problemas de control de calidad, al constructor probablemente le conviene emplear un equipo que dé pesos volumétricos ma­ yores que el exigido en los niveles superiores «le una capa potente, para asi garantizar el que se exige en los inferiores. La gráfica también permite ver la in­ fluencia del espesor de la capa en la selección del equipo de compactadón y en la eficiencia y el costo de la operadón. Se observa que la elección del espe­ sor de la capa no es arbitraria, sino que resulta estar íntimamente ligada al equipo disponible, la hume­ dad de compactación, etc. Para un equ ilibrio eficaz, todos estos factores suelen requerir d d uso de terra­ plenes de prueba en que se realicen las investigadones previas necesarias.

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PESO ESPECIFICO SECO, Figura JV-18.

Influencia del «p e s o r de 1a capa y el contenido de agua en la compactadón. Rodillos neumáti­ cos (Refe. 4 y 19).

bajos de compactación. L a razón principal, obvia­ mente, es que las energías de compactación son dis­ tintas en ambos casos. En la Fig. IV-17 se v e también cómo se reduce la eficiencia del equipo de compactadón a partir de d erto número de pasadas, que depende del su do y de su contenido de agua. En la Fig. IV-18 (R e f. 4, también dtada en la R ef. 19) se muestran otros resultados de interés, esta vez reladonados con la efid e n d a de la compactadón de rodillos neumáticos según d espesor de la capa tendida y sometida a compactadón. Se presentan datos correspondientes a capas de tres espesores: 15, 50 y 60 cm. Se ven los pesos volu­ métricos secos que sc obtuvieron con tres contenidos

L a Fig. IV-19 (R ef. 16) complementa hasta d e r­ to punto la inform adón de la figura anterior. En ella se ilustra la forma en que el esfuerzo de com­ pactación afecta al suelo a distintas profundidades.

Se utilizó un compactador de rodillos neumático* de 14 ton de peso y 15 llantas repartidas en dos ejes, con aproximadamente una tonelada de carga por llanta; el área de contacto fue de 19 X 38 cm y la presión de inflado de 2.5 kg/cm3; los tres suelos estudiados se colocaron en capas sueltas de 75 cm de espesor y sc compactaron con 6 pasadas. Puede observarse que la eficada del rod illo disminuye con bastante rapidez con la profundidad, si bien no tan­ to como en los rodillos lisos.

Los rodillos neumáticos suelen disponerse en uno o dos ejes, sobre los que normalmente existe una plataforma o depósito para el lastre; pueden ser re­ molcados o autopropulsados. Los rodillos ligeros por lo general son autopropulsados, pesan menos de 15 ton y están provistos de 9 a 13 ruedas en dos ejes. Los de peso medio varían de 13 a 25 ton y sue­ len tener d e 4 a I I ruedas, en uno o dos ejes. Los pesados se fabrican con pesos de 25 a 110 ton y por lo común tienen 7 ruedas en dos ejes o 4 en un solo eje.

Figura IV-19.

Influencia de un rodillo neumático a lo largo de la profundidad de la capa compactada (R ef. 16).

Existe un tipo de compactador neumático, deno­ minado de ruedas bamboleantes, que tiene las rue­ das de uno de sus ejes en posidón oblicua respecto al mismo, lo que contribuye a aumentar el efecto de amasado; esto incrementa la e fid e n d a del equipo en los suelos finos en que tal efecto es deseable.

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Procesos de compactación de campo
En la tabla IV-5 muestran las características más comunes de los rodillos neumáticos. Influyen en el rendimiento de los compactadores de rodillos neumáticos la carga por rueda, la presión de inflado, el ancho del rodillo, el porcentaje de cu­ brimiento por pasada, el traslape entre pasadas y la velocidad del compactador. Aunque cada caso puede ser diferente de los demás, en la tabla IV-6 se anotan, a manera de ilustración, los rendimientos promedio de varios rodillos neumáticos que se obtuvieron al compactar una arena arcillosa hasta alcanzar un 95% del peso volumétrico seco máximo determinado por medio de una prueba Proctor estándar:

171

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Tabla IV-5
Rodillo* neumáticos Especificaciones comunes

Ancho total del equipo .............. ...152 a SOS cm Tamaño de la llanta .................... 730 X 15 a SO X 40 ptg Espaciamiento entre ruedas, centro a centro .................................... 45.6 a 76.2 cm Peso total del rodillo .....................6 a 110 ton Carga por rueda ............................ 0.6 a 27 ton Presión de in flado ...................... .. 1.76 a 10.6 kg/cm2 Presión de contacto..................... .. 15 a 85 kg/cm2 Area de contacto ........................ .. 480 a S.7S0 cm*

Rodillo w m i i i r ^ autopropulsado, coa SO toa de peso ■¿mimo j 7 l— <—

Rodillo neumático tipo remolcado, con 4 llantas, peso máximo de 100 toa y presión de Inflado de 35 a 105 kg/cm*. T ab la IV-6 Rendimientos promedio de rodillos neumáticos Peso del rod illo ton 13.44 22.4 50.4 50.4 50.4 50.4 Presión de inflado kg/cm* 254 5j 64 654 956 654 956 Ancho de la faja compac­ tada m 2.08 2.15 255 255 255 255 Velocidad del rod illo km/h 3.65 3.65 3.65 355 355 355 Núm ero de pasadas Espesor de la capa compactada cm 12.7 152 17.7 205 225 25.4 Rendim iento de suelo compactado rrfl/h 199 245 321 367 550 611

Carga por rueda ton 155 2.26 5.09 5.09 10.18 10.18

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172

Compactación de suelos En limos poco plásticos también son efidentes los rodillos neumáticos. B-3 Comparación de resultados entre rodillos neumá­ ticos y pata de cabra. Con frecuenria no es posible distinguir los campos de aplicadón práctica de los rodillos neumáticos y de los de pata de cabra, según ha quedado ya estableado, de manera que en nume­ rosos casos, para muchas organizaciones la elecdón de uno u otro equipo es casi cuestión de costumbre o de preferencia particular. Se ha dicho con frecuenda que del mecanismo de compactación del rodillo pata de cabra se puede esperar una compactadón más uniforme que la que es posible obtener con rodillos neumáticos; y como la uniformidad es una caracte­ rística altamente deseable, en el pasado esa opinión inclinaba a muchos constructores a preferir los rodi­ llos pata de cabra en los casos de duda. Sin embargo, los datos cuantitativos disponibles no corroboran tal opinión, sino la contraria; es dedr, se inclinan en favor del rodillo neumático. Estos datos se ilustran en la tabla IV-7, tomada en la Ref. 13. En ella se ve que, con una misma presión de inflado, crece la uni­ formidad que se logra con los rodillos neumáticos al aumentar la carga por rueda, y que, en el caso de los rodillos pata de cabra, se insinúa una ligera ven­ taja en favor del vástago de forma prismática (tipo c de la Fig. IV -4 ).
Tabla IV-7 Variación del peso volumétrico seco con la profundidad en una capa compactada I. Rodillo pata de cabra Espesor de la apa compactada: 15 cm.
Relación entre el peso volum étrico seco me­ dio en el tercio in ferior y el peso volum é­ trico seco medio en el resto de la capa Pata tip o a de la Fig. IV-4, de 115 cm de longitud Ardlla plástica Ardlla limosa Ardlla arenosa Mezcla de grava, arena y arcilla 0.88 0.82 0.80 1.00 Pata tip o c de la Fig. IV -4 , de ¡9 3 cm de longitud 0.88 0.88 0.90 0.86

La Fig. IV-20 muestra los rendimientos máximos de un rodillo neumático pesado, con una carga por rueda de 11.4 ton, una presión de inflado de 10.6 kg/cm3 y un ancho de 3.05 m, al compactar una capa de material de 23 cm; se considera un cubrimiento completo por pasada, para un ancho de capa com­ pactada igual al del rodillo, por lo que la gráfica debe considerarse ideal, en forma análoga a otras gráficas similares que se han presentado en este ca­ pitulo para distintos tipos de rodillos. A medida que el suelo se compacta, su resisten­ d a a la penetradón va aumentando, por lo que a veces resulta conveniente emplear al prindpio equi­ pos que transmitan presiones de contacto relativa­ mente bajas, y utilizar en las etapas finales de la compactadón otros que puedan transmitir presiones mayores. Existen rodillos neumáticos autopropulsa­ dos provistos de un dispositivo espedal que permite al operador variar la presión de inflado de las llan­ tas hasta derto límite, sin interrumpir el proceso de compactadón; los cambios de presión se efectúan con una compresora conectada a las llantas. En la actua­ lidad hay equipos de este tipo que pueden variar la presión de inflado de 2.1 a 7 kg/cm2, lo que permite aumentar la efiaenda de un proceso y abatir sus costos. Estos equipos se utilizan sobre todo en la compactadón de la capa subrasante. Los rodillos neumáticos se usan prindpalmente en los suelos arenosos con finos poco plásticos, en los que no existen grumos cuya disgregación requiera grandes concentradones de presión, como las que producen los rodillos pata de cabra; en estos suelos resulta efidente la aplicación de presiones uniformes en áreas mayores, lo que induso evita que se produz­ can zonas sobrefa ligadas en el material compactado.

T ip o de suelo

II. Rodillo neumático Espesor de la capa compactada: 30 cm .
Relación entre el peso volum étrico seco medio en el tercio in ferior y el peso volum étrico seco medio en el resto de la capa 10)00 kg 10300 kg 5150 kg >150 kg p or rueda p or rueda p or rueda p or rueda 635 99 99 635 kg/cma kg/cm? kg/cm 2 kg/cm2 Ardlla plástica Ardlla arenosa Mezcla de arcilla. grava y arena 0.93 0.95 0.95 0J93 0.94 0.95 0.88 0.90 055 0.88 0.89 0.96

T ip o de suelo

V E LO C ID A DO C LC O M PAC TA D O *, K m /». Figura IV-20. Reladón entre el rendimiento de un rodillo neumático, la veloddad de operación y el nú­ mero de pasadas de las ruedas por un mismo punto (Reí. 16).

Procesos de compactación de campo

173

Rodillo apisonador autopropulsado, que tiene una forma de pata apisonadora, especialmente rfimmafla para trabajar a velocidades hasta de 24.1 km/hora.

Además de este hecho, cuyo conocimiento no pa­ rece estar suficientemente extendido, se sabe de otras ventajas de uno de estos tipos de rodillos sobre el otro. a. En suelos residuales, el rodillo pata de cabra logra mayor uniformidad y es más eficiente que el neumático, debido a que la concentración de presión que producen sus patas permite desintegrar fragmen­ tos de roca intemperizada. b. Por razones que ya se han mencionado, el rodillo pata de cabra produce una mejor unión en­ tre capas sucesivas que los rodillos neumáticos. c. Los rodillos neumáticos pueden compactar ca­ pas más gruesas y a mayor velocidad que los rodillos pata de cabra. Además de la ventaja económica que esto implica, el mayor espesor de capa permite in­ cluir materia] grueso de mayor tamaño.

d. En suelos con grandes guijarros, las llantas neumáticas permiten una distribudón de esfuerzos más uniforme, en tanto que el tambor rígido del rodi­ llo pata de cabra suele puentearse sobre sus vástagos entre tales guijarros, dejando prácticamente sin com­ pactar el sudo intermedio. C Compactación por impacto

En los procedimientos de compactadón por im­ pacto es muy corta la duradón de la transmisión del esfuerzo. Los equipos que pueden clasificarse dentro de este grupo son los diferentes tipos de pisones, cuyo empleo está reservado a áreas pequeñas, y cier­ tas clases de rodillos apisonadores (tamper) semejan­ tes en muchos aspectos a los rodillos pata de cabra, pero capaces de operar a velocidades mucho mayores que estos últimos, lo que produce un efecto de im ­ pacto sobre la capa de suelo que ae compacta.

Compactadores de pisón, accionados por mo­ tor de explosión, compactando un suelo tm una superficie de área pequeña.

174

Compactación de suelos a) La frecuencia, esto es, el número de revolucio­ nes por minuto del oscilador. b) La amplitud, generalmente medida por una distancia vertical en casi todos los equipos comerciales. c) $1 empuje dinámico que se genera en cada im­ pulso del oscilador. d) La carga muerta, es dedr, el peso del equipo de compactación, sin considerar el osdlador propia­ mente dicho. f ) La forma y el tamaño del área de contacto del vibradór con el suelo. f)\ La estabilidad de la máquina. Además existen otras características de gran influenda referentes al suelo por compactar. De muchas de ellas se hablará en lo que sigue, pero conviene des­ tacar ahora el contenido de agua del suelo y su na­ turaleza propiamente dicha. En el caso de la vibración, para obtener la máxima eficiencia de compactadón, el contenido de agua óptimo del suelo suele ser bastante menor que el que el mismo requeriría para ser com­ pactado por otro procedimiento. Quizá la ventaja prindpal de la aplicación de la vibración a las técnicas de compactación estriba en la posibilidad de trabajar con capas de mayor espesor que las que es común usar con otros compactadores; esto aumenta el rendimiento del proceso y reduce el costo de la operadón. Por ejemplo, en suelos del tipo G W o GP, la compactación por vibración puede conseguir con fadlidad el mismo resultado en capas de 60 cm que el que se lograría con el uso de rodillos neumá­ ticos muy pesados en capas de 20 ó 30 cm de espesor. Ya se ha hablado de la práctica estadounidense de compactadón de capas de 1.20 m, si bien usando ro­ dillos vibratorios de peso excepcional. Los procedimientos de compactación de campo combinan siempre la vibración con la presión; la vibradón utilizada sola resulta poco efidente. La pre­ sión es necesaria para vencer los nexos interparticula­ res que se producen tanto en los suelos gruesos como en los finos. En los suelos gruesos, la vibración es conveniente porque reduce por instantes en forma considerable la fricción interna de los granos. La presión estática debe vencer esta fricción en todo su valor, por un mecanismo en el que incluso aumenta mucho la re­ sistencia al deslizamiento de los granos, precisamente por el aumento en la presión normal. En el movimien­ to vibratorio que un suelo friedonante sufre bajo el compactador por vibradón, se produce una orientadón de las partículas en el momento en que tienden a separarse y una fuga de las partículas más finas hacia los huecos entre las partículas más grandes. En diversas pruebas (R ef. 20) se ha llegado a apre­ ciaciones cuantitativas de la reducción de la fricción interna que se consigue por un proceso vibratorio; ésta ha llegado a ser de 15 veces en arenas y de 40 er. gra­ vas. A este efecto reductor de la friedón se suma la presión del compactador, con sus cargas de compre­ sión y esfuerzo cortante, las que además de mejorar el acoplamiento entre las partículas y aumentar la

Los pisones pueden ir desde los de tipo más ele­ mental, de caída libre y accionados a mano, hasta aparatos bastante más complicados movidos por com­ presión neumática o por combustión interna. Sobre todo por razones de costo, en todos los casos su em­ pleo está limitado a determinadas partes de la 'es­ tructura vial, tales como zanjas, desplante de cimen­ taciones, áreas adyacentes a alcantarillas o estribos de puentes, cobertura de alcantarillas, etc y en don­ de no puedan usarse otros equipos de compactación de mayor rendimiento, por razones de espacio o por temor al efecto de un peso excesivo. Los pisones de caída libre pueden ser desde sim­ ples mazas unidas a un mango y accionadas por un hombre, hasta mazas de 2 ó 3 ton que se izan con cables y se dejan caer desde uno o dos metros de altura. Estos modelos pesados, accionados por una máquina apropiada, se han usado con éxito en la compactación de grandes fragmentos de roca. Los pisones neumáticos o de explosión se levan­ tan del suelo por la reacción que ellos mismos gene­ ran al funcionar contra el propio suelo, lo que basta para elevarlos 15 ó 20 cm. Se les considera apropia­ dos para compactar suelos cohesivos, pero pueden resultar convenientes en otros tipos de suelos. Actualmente se fabrican pisones con pesos desde 30 hasta 1,000 kg. Pisones de media tonelada han pro­ ducido excelentes compactadones con 5 ó 6 cubri­ mientos sobre capas de 20 a 25 cm; se han reportado rendimientos del orden de 200 a 250 m*/h. Los rodillos apisonadores (tamper) operan a ve­ locidades de 20 ó 25 km/h, y ello, unido a la forma, las dimensiones y la separación de sus patas, hace que su efecto sobre el suelo sea básicamente el de una compactación por impacto. Todavía no se han estudiado suficientemente los resultados obtenidos al usar estos rodillos, pero parece que su mejor rendi­ miento se logra en suelos finos con abundante con­ tenido de grava y guijarros o en suelos finos residua­ les que contengan fragmentos de roca parcialmente intemperizados. D Compactación por vibración

Para la compactación por vibración se emplea un mecanismo, bien sea del tipo de masas desbalanceadas o del tipo hidráulico pulsativo, que proporciona un efecto vibratorio al elemento compactador propia­ mente dicho. La frecuencia de la vibración influye de manera extraordinaria en el proceso de compactación, y se ha visto que su intervalo de variación óptimo puede estar comprendido entre 0.5 y 1.5 veces la fre­ cuencia natural del suelo, lo que lleva al aparato a frecuencias prácticas del orden de 1,500 a 2,000 ciclos por minuto, si bien existen en el mercado equipos co­ merciales cuya frecuencia alcanza hasta 5,000 ciclos por minuto. El elemento compactador propiamente dicho lo constituyen reglas, placas o rodillos. Hay varios factores inherentes a la naturaleza de la vibración que influyen de manera substancial en resultados que rinde el equipo; los principales son:

Procesos de compactación de campo posibilidad del relleno de huecos, contrarrestan las fuerzas de tensión capilar que pueden existir entre los granos de arena. También esta aparente cohesión por capilaridad se ha cuantificado en forma experimental (R ef. 20); las presiones para vencerla son del orden de 0.5 a 1 kg/cm- en gravas y arenas, y de 4 a 7 kg/cm2 en arcillas compactadas al 90% del peso volu­ métrico seco máximo correspondiente a la prueba Proc­ tor modificada. Las fuerzas de cohesión aparente son menores cuan­ to mayor sea el tamaño de las partículas predominan­ tes en el suelo, de manera que en gravas y fragmentos de roca no son muy relevantes. Ello no obstante, se ha visto que el contenido de agua del material que se compacta juega un papel importante también en estos suelos; este punto se discutirá con mayor detalle cuan* do se trate de la compactación de pedraplenes, más adelante en este mismo capítulo. Puede anticiparse que cuando se compacta un suelo muy grueso con vibración se propicia la salida rápida del agua durante el proceso, si ésta existiera en cantidad importante, lo que conduce a la conclusión práctica de que las gravas y los fragmentos de roca podrán compactarse exitosamente con contenidos de agua muy bajos. Si el suelo grueso (arena y grava) contiene una cantidad apreciable d e finos y su contenido de agua es alto, la compactación por vibración puede dificul­ tarse notablemente. Desde el punto de vista de la com­ pactación por métodos vibratorios convendrá siempre que dicho contenido de finos no exceda el 10% (Ref. 21). Cuanto más uniforme sea la arena o la grava, más difícil será compactar intensamente la parte su­ perficial del suelo. De hecho, un espesor quizá del or­ den de los 10 cm tendrá menor compacidad que zonas más profundas, pero este hecho carece usualmente de una importancia especial; si sobre la capa compactada vienen otras, al compactar éstas se resolverá la situa­ ción. En el caso de las carreteras, la última capa de una base se compactará con la carpeta o con la capa de revestimiento. La compactación de los suelos grue­ sos uniformes con métodos vibratorios pueden mejo­ rarse humedeciéndolos en forma intensa y dando las pasadas finales a alta velocidad; también ayuda el dar las últimas pasadas con vibraciones de pequeña ampli­ tud. N o está claro por el momento el papel del agua en estos casos, pero su acción densificante podría rela­ cionarse con el humedecimiento de las aristas de las partículas gruesas, que propicia su aplastamiento bajo i as altas presiones que se producen en los contactos entre los granos en los suelos uniformes, en los que cada partícula se apoya en sus vecinas a través de pocos puntos, en los que se producen altas presiones (capí­ tulo I ) . El papel del agua es en cambio muy claro cuando se compactan con vibración suelos gruesos en los que existan presiones capilares importantes entre sus gra­ nos; el añadir agua disminuye la tensión capilar y propicia el acomodo de los granos.

175

De hecho esta idea ha conducido a métodos prác­ ticos para la compactación de arenas gruesas, gravas y fragmentos de roca. Otras veces se “arma" la capa por compactar dándose las primeras jasadas con un contenido de humedad bajo (se usa para tal armado la cohesión aparente que da la capilaridad) y se aña­ de agua a medida que se dan las pasadas subsecuentes, con lo que se busca eliminar los efectos de capilaridad. La Fig. 1V-21 ilustra el efecto favorable que pue­ den tener los métodos vibratorios de compactación en un caso particular dado. La figura se refiere a un proceso de compactación que se realizó en Inglaterra para la autopista Lancashire-Yorkshire, en el que se compactaron pedraplenes con tamaño máximo de 60 cm, con 90 cm de espesor de capa, con el empleo de rodillos neumáticos de 50 ton y rodillos de rejilla de 13.5 ton, como representa­ tivos de los métodos estáticos de compactación, así co­ mo rodillos vibratorios de 8 y 5 ton para aplicar vi­ bración a los pedraplenes. Es de notar la gran ventaja de la vibración en este proceso.

M t 0E PASADAS Figura 1V-21. Ilustración de la eficacia de la compactadón por vibradón (Ref. 20).

En la Fig. 1V-22 (R ef. 20) se puede apreciar lo que influye la frecuencia de vibración en los procesos de compactación. Se presentan datos de un rodillo vibratorio de 5 ton de peso que compacta una capa de 60 cm de espesor de un suelo gravo-arenoso. La misma figura ilustra el efecto de disipación de la com­ pactación con la profundidad, para el mismo caso par­ ticular. En lo que se refiere a los suelos finos arcillosos que se compactan por vibración, se ha visto una in­ fluencia muy grande del contenido de agua; las ar­ dllas poco húmedas exigen grandes energías de com­ pactación y los equipos que las compacten han de ejercer adidonalmente grandes presiones. El compactador ha de vencer las fuerzas internas que aglutinan los granos de arcilla, lo que exige presiones adicionales a la vibración del orden de 8 kg/cm2, tal como más atrás se ha comentado. Este requerimiento hace que el espesor de las capas que pueden manejarse sea mu­ cho menor que en el caso de arenas y otros suelos fric­ cionantes, así como que la compactación haya de dar­ se con equipos pesados pata de cabra o neumáticos.

176

Compactación de suelos

Peso del rodillo: 5Th.
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2.1
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2 4 0 0 rpm
1 1 0-10 c» tProfundld id)

20-3 Oí*.

10 PASADAS

que adquieren en el laboratorio en una prueba A A S H O modificada, del tipo de la que más adelante se describe en este mismo capitulo. Se ha visto que la vibración puede disminuir la re­ sistencia al esfuerzo cortante de las arcillas, probable­ mente al producir una degradación estructural (capí­ tulo 1) gradual y permanente. El efecto es tanto más notorio cuanto más sensible sea la arcilla. L a Fig. IV23 (R ef. 22) hace ver claramente estos efectos en un caso particular; la resistencia al esfuerzo cortante se m idió con pruebas de veleta.

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Contenido de agua: 34 % Antes de lo vibración Tros lOmin. de vibración

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Tras 1 hr. de vibración ^ Durante le vibración

Figura IY-22.

Influencia

de la frecuencia del vibrador proceso de compactadón (Ref. 20).

capaces de dar la presión requerida adicional a la vi* br ación. N o están del todo definidos los mecanismos a tra­ vés de los que la vibración actúa en las arcillas hú­ medas, en condición más o menos plástica, pero parece ejercer un efecto favorable al hacer variar la visco­ sidad de las substancias coloidales, fenómeno que se ha detectado en masas de ard lla en vibración. Las ar­ dllas húmedas pueden compactarse con energías mucho menores que las más secas y con equipos que ejerzan una presión adidonal también mucho menor. Por otra parte (R e f. 21) se ha visto qu e en las ardllas blandas homogéneas, en las que puede ser relativamente fácil alcanzar una derta compactadón, puede hacerse muy difícil elevar el nivel del proceso en forma substan­ cial. Se ha dicho (R e f. 21) que puede llegar a ser imposible hacer llegar en el campo y con cualquier equipo vibratorio a una ard lla blanda homogénea a pesos volumétricos secos superiores a un 90% de los

e o w c • m W M tx.

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20

V elo cida d de rotacio'n de la v e le ta , Vseg.
Figura IV-23. Variación de la resistencia al esfuerzo cortante de una ardlla con vibradón (Ref. 22).

Los limos y los suelos limosos pueden compactarse adecuadamente por métodos vibratorios cuando su contenido de agua es próxim o al óptim o y cuando los espesores de capa no son excesivamente grandes. U n o de los equipos vibratorios de m i» extenso uso es e l manual de placa, en el que ésta es acrionada por un operador que utiliza un mango o ma­ nera!; si se opera de m odo efidente, puede avanzar unos 10 m por minuto. Las placas vibratorias tam­ bién pueden montarse en un bastidor a l qu e remol-

Compactador vibratorio de una sola placa, accionado por un motor eléctrico y provisto de dos numerales para moverlo.

CopyríghlE

Procesos de compactación de campo

177

Compactador vibratorio de placas múltiple*'

qu e un tractor. En la tabla IV -8 se dan las caracte­ rísticas más comunes de los compactadores vibrato­ rios de placa.
T a b l a IV - 8

L a operación de equipos vibratorios combinada con la acción de rolado constituye la aplicación más común de los métodos vibratorios; esto se describe en el siguiente párrafo de este inciso. La Fig. 1V-24 (R e f. 22) muestra los valores de las presiones dinámicas que ejercen a diferentes profun­ didades algunos de los equipos vibratorios actualmen­ te en boga. Puede verse el comportamiento de los equipos en el intervalo de presiones 0.5-1.0 kg/cm3, como se d ijo necesario para romper la tensión capilar en los suelas friccionantes y en la zona de más altas presiones, que requieren las arcillas. En el caso de los rodillos lisos
P rtsio 'n d in á m ic o , k g / c m *

Compactadores vibratorios de placa Especificaciones comunes
Peso total del compactador ............ ..70 a 6,000 kg Peso de cada unidad vibratoria . . . . 70 a 204 kg Area de contacto de la p la c a ......... ..1,540 a 13,900 cmPresión de contacto de la placa — 0.04 a 0.43 kg/cm2 Amplitud de la vibración . ............ ..2.0S a 12.7 mm Frecuencia ........................................ ..420 a 2.800 ciclos minuto Ancho de la taja com pactada......... ..38 a 380 cm Veloddad de operadón ................... ..0.05 a 26.0 km/hora

P loco

Vibro to rio

40 kg

« ® "
» "
0 N

« *
1400 h

120 «
400«

R odillo Liso Vibraforio, 1400kg(Sin vibración]

"
M

3300 m( Sin v ib ra c ió n )
3300 M

Figura IV-24

Presiones dinámicas ejcrddas a diferentes pro­ fundidades por algunos aquipos vibratorios (Ref. 22).

C o W ri9ht(* , m a {e r| a ,

178

Compactación de suelos £ Compactación por métodos mixtos

SOO

4000

1500

2000 2500 3000 F r * c « « n c io , r p *.

L a tecnología actual está desarrollando un gran número de equipos en los que se busca combinar los efectos de dos o más de los sistemas tradicionales, a fin de lograr una cspecializadón de las acdones que garantice un resultado óptim o para cada caso particular. Com o es natural, el uso de muchos de estos equipos difídlm ente se justificará para empre­ sas y organismos que no tengan un alto grado de d iferen daaón en sus trabajos; en otros casos, aún no hay sufidente experiencia acerca de los propios equipos.

Figura IV-25.

Influencia d e la frecuencia y la am plitud en las presiones ejercidas por un r o d illo liso vibra* torio (R e f. 22).

se presentan resultados sin y con vibración, que ha­ cen muy clara la eficacia de esta última. La Fig. 1V-25 (R ef. 22) ilustra el ya mencionado efecto de la frecuencia de la vibración y de la am pli­ tud de la misma en las presiones ejercidas por un equi­ po vibratorio, que en este caso fue un rod illo liso, provisto de aditamentos de masas desbalanceadas. N ó ­ tese el incremento de presión con la vibración, asf como el aumento de la misma cuando la frecuencia alcanza valores de 1,500 r.p.m. o algo superiores; esta influencia de la frecuencia disminuye rápidamente para aumentos adicionales. Debe notarse también la gran influencia de la amplitud. A los métodos de vibración en el campo le son aplicables muchos de los conceptos que se han venido manejando para otros tipos de compactadores; por ejem plo, la información básica contenida en la Fig. IV7 es válida, así como también lo es la que se refiere al efecto del número de pasadas, muy relevante al prin­ cipio y mucho menos eficiente posteriormente.

En el compactador de rodillo liso vibratorio, la unidad vibrante se acopla a un equipo Uso conven­ cional. Existen remolcados y autopropulsados. Su efxciencia es mayor en los suelos granulares, y pueden combinar los efectos de la vibradón y la presión que ya se discutieron, aun en capas de espesor mucho mayor de las que sería capaz de compactar el rodillo liso por sí solo. Son muy eficientes para la compacta­ d ó n de concretos asfálticos. Existen también de tipo manual, de muy peque­ ñas dimensiones. En la Fig. 1V-26 (R ef. 16) aparecen gráficas de peso volumétrico seco —contenido de agua para tres tipos de sudos, qu e se compactaron en ca­ pas de 23 cm, con 32 pasadas de un rodillo doble liso, con vibración en el tambor delantero; el peso del equipo era de 2 2 ton en total y tenía presiones de 12 y 17 kg/cm por unidad de an d io de los rodi­ llos delantero y trasero, respectivamente. Las curvas continuas se refieren al equipo con vi* bradón, en tanto que las discontinuas dan datos de la compactadón con equipo que no utiliza ese re* curso. Puede verse que es menor el contenido de agua que d suelo requiere cuando se usa la vibra­ d ó n que cuando se emplea el mismo sistema pero sin vibración, como ya se d ijo antes.

C o n v i b r o c i o 'n

G ra v a - a re n a - a r e l lia

s f 2200

4 CONTENTO 0 E HUMEDAD, % Figura IV-26. CONTENIDO 0 6 HUMEDAD, %

6

6

10

12

CONTENIDO D E HUMEDAD, %

Com pactadón d e los contenidos de agua óptim os del sucio en com pactadón con ro d illo liso, con o sin vib rad ón (R e f. 16).

Copyrighted material

Procesos de compactación de cam po En la tabla IV-9 se muestran las características más comunes de los rodillos lisos vibratorios.
T a b la IV-9 Compactadores lisos vibratorios Especificaciones comunes Diámetro del r o d illo ............................... 55 a 122 cm Ancho del rodillo .....................................61 a 185 cm Peso total del rodillo .............................. 0.2 a 13 ton Velocidad de avance ............................... a 6 km/h Frecuencia de vibración .......................... 1,050 a 5,000 rpm Amplitud de v ib ra ció n ............................ Del orden de 1 mm

179

Los rodillos pata de cabra con aditamento vibra­ torio generalmente son de tipo remolcado y se reco­ miendan para compactar suelos finos arcillosos. Ade­ más de otras ventajas que ya se mencionaron, su uso permite utilizar mayor espesor de capa. La combinación de los rodillos lisos y neumáticos es por lo común a base de ruedas con llantas en el eje trasero y rodillos lisos en el delantero. Suele ser un equipo autopropulsado y tener un aditamento que le permite alzar cualquiera de las dos clases de tambores que posee, de manera que en realidad pue­ de operar con tres modalidades diferentes. Por esta razón, el equipo goza de amplia difusión entre las empresas constructoras. En ocasiones esta combinación se hace aún más versátil dotándola de un vibrador, por lo general adaptado al rodillo liso. El rodillo liso también se puede combinar con placas o plataformas vibratorias; esto los convierte en equipos muy eficientes para compactar pequeños fragmentos de roca, gravas y mezclas de estos suelos con arena, y permite manejar capas de mucho mayor espesor que las que es posible compactar sólo con rodillo liso.

Entre estos datos tiene especial importancia la ve* locidad de avance del rodillo, pues influye mucho en la energía de compactación, por ser independiente de la frecuencia. El compactador neumático vibratorio por lo ge* ñera 1 es de tipo remolcado y encuentra su m ejor apli* cación en suelos arenosos bien graduados, arenas li­ mosas e, incluso, en arenas arcillosas. Es más eficien­ te que los rodillos lisos cuando aumenta el contenido de finos del suelo friccionante, pues en este caso lo­ gra transmitir sus efectos a mayor profundidad.

Rodillo liso vibratorio de propulsión a mano con p a o de 203 kg, diámetro de 55 cm y ancho de 61 a n . E l mecanismo vibratorio está accionado por un motor de gasolina.

R odillo U*o vibratorio tipo remolcado, ton 5.9 ton de peso, 1.9 m de ancho d d tambor, 8 ton de fuerza dinámica y 1 400 a 1 600 vibraciones por minuto. Su velocidad de operadón varia de 5 a 5 km/hora.

Cópyrighted m

180

Compactación de suelos ploración general que se realice a lo largo de la línea, con objeto de producir el estudio geotécnico del pro­ yecto, y por la exploración particular que se efectúe en los bancos de donde se extraerán los materiales. Para tales fines deberán recabarse muestras represen­ tativas y completas (40 ó 50 k g ), a fin de realizar con ellas las necesarias investigaciones de laboratorio. L a humedad natural del suelo en el campo es un dato importante. T am bién lo será la información que se logre al obtener curvas de compactación, siguien­ do el procedimiento de laboratorio que se estime re­ produce m ejor las condiciones de campo; de ello se hablará en un párrafo posterior de este mismo ca­ pítulo.

Los rodillos lisos también se usan combinados con rodillos lisos vibratorios, y en ocasiones incluso se añade a esta combinación un eje con rodillos seg­ mentados. Estos equipos suelen tener mecanismos ele­ vadores, que permiten levantar cualquier rodillo, lo que hace aún más versátil al conjunto.
IV-5 A L G U N A S IDEAS U T IL E S EN L A EJECUCION D E LO S T R A B A JO S D E C O M P A C T A C IO N EN EL C AM PO . G R A D O DE C O M P A C T A C IO N

Desde luego, el primer requisito para quien aspi­ re a realizar un buen trabajo de compactación es co­ nocer razonablemente bien los suelos que se vayan a compactar; esto ha de lograrse por medio de la ex­

Combinación de 3 rodillo* liso* vibratorios, remolcados por un solo tractor.

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m

Compactador compuesto de un rodillo seg­ mentado al frente, un rodillo liso vibratorio y un rodillo liso atrás.

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Compactador compuesto de 3 rodillos lisos, con el central vibratorio, el cual puede levantane para convertir el equipo en un compactador convencional de 2 rodillos lisos en tándem.

Copyrighted mate

AJ »!.-»_ 7 Algunas ¡deas útiles en la ejecución

los trabajos de compactación en el campo J 1 r

181

rgo de la Iíim écnico del p que se efect los material ostras represt fin de — de :1 camjx) es iformación ación, e se estime ipo; de ello ís’te mismo c

. , ___. . , . . . . neso total de 3.9 ton, fuerza dinámica de 10 ton R o d illo pata de cabra vib ratorio, d e l Upo rem olcado, con p e»o ¡ ¿ q„ tron avcón ira* y frecuencia de 1 400 a 1 600 vibraciones por m inuto. E l tam bor está provisto de 98 patas tronco-cónicas.

lisos vibratoria ctor.

C om pactador compuesto d e ro d illo liso y ro d illo neum ático. Presión d e in fla d o de las llantas, hasta 7.0 kg/cm -; carga por cm de ancho d e l ro d illo liso, de 21.4 a 95.5 kg; velocidad de operación hasta de 16.1 km/hora.

3 rodillos lis* e l cual pue¿ 1 equ ip o en 0 1 e 2 rodillos tí* R o d illo neumático vib ratorio de tipo pesado, con un solo e je y dos llantas, rem olcado por un tractor d e oruga.

182

Compactación de suelos enormes traslapes de campos de aplicabilidad entre unos equipos y otros, y es que, en realidad, el des­ arrollo de los equipos ha sido empírico, regido por impulsos comerciales y por necesidades particulares y sólo rara vez, resultado de un proceso de investiga­ ción científica rigurosa. En consecuencia, el ingeniero suele tener varías alternativas de equipo, entre las que deberá decidir, escogiendo la combinación más favorable a sus intereses económicos; es decir, la que lo lleve a satisfacer al mínimo costo los requisitos de calidad impuestos por el proyecto. En el párrafo IV-4 de este capítulo se presentaron ya los campos de acción de los diferentes equipos, así como las características de éstos que deben buscarse para hacerlos más eficientes y eficaces. La tabla 1V-10 (Ref. 11) ofrece un resumen de los criterios allí ex­ puestos, vertido a través de la opinión de su autor, la que se basa en su propia experiencia, con conclu­ siones que pudieran no ser compartidas por todos los especialistas. Tablas como la IV-10 existen en gran profusión dentro de la literatura alusiva, y cada una de ellas refleja la experiencia que han acumulado diferentes instituciones y equipos técnicos. Naturalmente que no es posible reproducirlas aquí todas, ni siquiera las más importantes y completas; sin embargo, se ha juzgado conveniente reproducir en la tabla IV-11 una de las de mayor interés. La información está tomada de la Ref. 21 y se refiere a las características de utili­ zación de los suelos, no sólo en lo que respecta al pro­ blema de compactación, sino a otros varios; aun cuan­ do sea cuestionable su inclusión en este lugar, desde el punto de vista del orden de presentación del ma­ terial, se ha juzgado preferible citarla en conjunto^

También se d e k n investigar las características de expansión y contracción por secado del suelo, para lijar el porcentaje de cambio de volumen que puede sufrir el suelo en la operación de la vía terrestre; la expansión deberá estudiarse en especímenes compac­ tados y saturados, y la contracción secando el suelo compactado. La elección del equipo de compactación es fun­ damental, desde luego. Antes de la elección, además de las características de los suelos que se vayan a compactar, deberán sopesarse cuidadosamente las con­ diciones estructurales que se desea obtener, de acuer­ do con las condiciones de la vía terrestre que se cons­ truya y ron la ubicación de la zona que se compacte dentro de la sección transversal de la misma. Las con­ sideraciones más importantes que se deben ponderar antes de elegir el equipo apropiado en un caso dado son las siguientes: a. T ip o de suelo. b. Variaciones del suelo dentro de la obra. r. Tamaño e importancia de la obra que se vaya a ejecutar. d. Especificaciones de compactación fijadas por el proyecto. c. Tiem po disponible para ejecutar el trabajo. f. Equipo que ya se posea antes de comenzar los trabajos. L a selección de un equipo de compactación es fundamentalmente un asunto de economía. El lector que haya seguido con atención lo expuesto sobre las características y los campos de aplicación de los dife­ rentes equipos disponibles, se habrá percatado de los

Tabla IV-10 Una indicación sobre elección de equipos de compactación
TAMPER AUTOPROPULSADO 0 u

USO VIBRATORIO PE SA D O

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CUER PO O E L TERRAPLEN

SP S M ,G M M L .M H GC. SC CH, C L

A R E N A U N IF O R M E A R E N A S 0 GRAMAS LIM O SA S L IM O S A R E M S O G R A A S ARCILLOSAS ARCILLAS

2 2 2 2 2
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3

Copyrighted m í tterial

N E U M A T IC O

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PATA D E CABRA VIBR AT O RIO , P E SA D O

PATA O E CABRA AU TO PRO PU LSADO

PATA D E CABRA REM OL CADO

L IG E R O

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PESA00

Algunas ideas útiles en la ejecución de los trabajos de compactación en el campo
sin fragmentaciones que limiten el panorama global. Es obvio que el lector deberá colocarse hasta cierto punto en guardia contra este tipo de información de carácter tan general y condensado; una tabla como la IV -11 puede ser una excelente norma de criterio, pero desde luego no exime al ingeniero encargado de una obra particular de la obligación de hacer todos los estudios de detalle que se requieran para definir cíaramente las condiciones concretas a que haya que enfrentarse. Como ya se dijo, en un proyecto específico suelen fi jarse los requerimientos de compactación estableciendo un cierto peso volumétrico seco que se debe alcanzar con el equipo que se utilice. A su vez, el valor de este peso proviene por lo general de un estudio de laboratorio en el que se realizan pruebas de compactación al suelo que haya de manejarse; de en* tre todas las pruebas disponibles se elige aquella que

183

mejor represente el proceso de compaciación de campo y que garantice un nivel de compactación suficiente para poder asegurar el comportamiento deseado al material en el campo. H a de comentarse, por cierto, que con frecuencia los ingenieros olvidan el aspecto de representatividad de la prueba de laboratorio que utilizan y les basta ampararse en una prueba suficientemente enérgica como para confiar en que se están estableciendo niveles de compactación lo bastante altos como para obtener en el campo un material de buen comportamiento, independientemente de que rara vez o casi nunca se investigan las características finales de ese material. Este es quizá el error más común o la deficiencia más grave en re* lación con el manejo práctico de las técnicas de coni­ pactación; los autores de este libro esperan que atando el lector haya terminado la lectura de este capítulo, especialmente de la parte que sc refiere a

Tabla IV -11 Características de utilización de los suelos, agrupados según sucs.
Peso vo­ lumétri­ co seco Características de máx. tí­ compactibilidad pico ( Proctor estándar tonfm *) Buenas. Rodillos lisos vibratorios, rodillo neumáti­ co. Respuesta p e rc e p tib le al bandeo con trac­ tor. Buenas. Rodillos lisos vibratorios, rodillo neumáti­ co. Respuesta per­ ceptible al ban­ deo con tractor. Buenas. Rodillos neumáticos o pa­ ta de cabra lige­ ros. Buenas o regula­ res. Rodillos neu­ máticos o pata de cabra. Buenas. Rodillos neumáticos o vi­ bratonos. Buenas. Rodillos neumáticos o vi­ bratorios. 1.9 a 2.1

Sím­ bolo

Compresi­ bilidad y expansión

Permrabililidad y caractcristicas de drenaje

Característi­ cas como material de terraplén

Caracte­ rísticas como subrasante

Caracte­ rísticas como base

Características como pavimento provisional c/revestimiento ligero enrola­ miento asfáltico

GW

Práctica­ mente nula

Permeable. Muy buenas

Muy estable

Excelente

Muy buena

Regular a mala

Excelente

GP

1.8 a 2.0

Práctica­ mente nula

Permeable. Muy buenas

Estable

Buena a excelente

Regular

Pobre

Regular

CM

1.9 a 22

Ligera

Semipermea­ ble. Drenaje pobre.

Estable

Buena a excelente

Regular a mala

Pobre

Regular a pobre

GC

1.8a 2.1

Ligera

Impermeable. Mal drenaje

Estable

Buena

Regular a buena

Excelente

Excelente

SW

1.7 a 2.0

Práctica­ mente nula Práctica­ mente nula

Permeable. Buen drenaje

Muy estable

Buena

Regular a mala

Regular a mala

Buena

SP

1.6a 1.9

Permeable. Buen drenaje

Razonable­ mente esta­ ble en estado compac­ to.

Regular a buena

Mala

Mala

Regular a mata

Copyrighted material

184

Compactación de suelos
T a b la IV-11 (C ontinu ación)
Peso v o ­ lumétri­ co s e c o Características de máx. ticompactibilidad pico (proctor estándar to n /m s)

peso volum la obra no mo de la p
Características como pavimento provisto,nfli

Simbolo

Compresi­ bilidad y expansión

Permeabililidad y ca­ racterísticas de drenaje

CaracteristiCaracteCaractecas como risticas risticas material de como subcomo terraplénrasante base

estudio. L a

nalmente s
com pactacu

c/revestímiento ligero

c/ trata­ miento asfáltico

SM

Buenas. Rodillos neumáticos o pata de cabra.

1.7 a 2.0

Ligera

Impermeable, M al drenaje

Razonable* mente esta­ ble en esta­ do compac­ to R azonable­ mente esta­ ble

Regular a buena

Mala

Mala

Regular a mala

de un suel< porcentaje, por el equ diente a la el estudio. El grad<

SC

Buenas o regulares. Rodillos neu­ máticos o pata de cabra. Buenas a malas. Rodillos neumá­ ticos o pata de cabra. Regulares a bueñas. Rodillos pa­ ta de cabra o neumáticos Regulares a malas. Rodillos pa­ ta de cabra o neumáticos. Regulares a malas. Rodillos pa­ ta de cabra o neumáticos. Regulares a malas. Rodillos pa­ ta de cabra. Regulares a malas. Rodillos pa­ ta de cabra. N o debe usarse

1.6 a 2.0

Ligera media

a

Impermeable, M al drenaje

Regular a buena

Regular a mala

Excelente

Excelente

ML

1.5 a 1.9

Ligera media

a

Impermeable, M al drenaje

Mala estabi­ lidad si no está muy compacto Buena

Regular a mala

No debe usarse

Mala

Mala

Cabe m se hace en

pactación, t
tos. D e hec

CL

1.5 a 1.9

Media

Impermeable. N o drena

Regular a mala

No debe usarse

Mala

Mala

para evalúa en el ca m f suelto, tal < un grado d de sufrir r 4-5; otro m de tener ui último se c A, se d iría < diciones de grado de o complétame con todo le su com por t. sido parcial su resistenc general, ad« estado suelt Algunas terior, han dir la c o m f po, la que definida po

OL

1.3 a 1.6

Media alta

a

Impermeable, M al drenaje

Inestable. Debe evitar­ se su uso

Mala

No debe usarse

N o debe usarse

N o debe usarse

MH

1.1 a 1.6

Alta

Impermeable. Mal drenaje

Inestable. Debe evitar­ se su uso

Mala

N o debe usarse

M uy mala

Muy mala

CH

1.3 a 1.7

Muy alta

Impermeable. N o drena

Regular. Vigílese la expansión Inestable. Debe evitar se su uso N o debe usarse

Mala o muy mala

No debe usarse

M uy mala

N o debe usarse

OH

1.0 a 1.6

Alta

Impermeable. No drena

Muy mala

N o debe usarse

N o debe usarse

N o debe usarse

Pt

Muy alta

Regular o mal drenaje

N o debe usarse

N o debe usarse

N o debe usarse

N o debe usarse

las propiedades de los m ateriales compactados, pueda com prender que para estar seguro de contar con un proyecto adecuado no basta con em plear un estándar de compactación “ alto” , basado en un estudio de la ­ b ora torio que utilice una prueba de compactación de alta en ergía específica. L a prueba pudiera no ser re­ presentativa del m odo de compactación que se u ti­ lice en el campo, de m anera qu e aun cuando los sue­ los compactados en el la b ora torio con aquel procedi­ m iento tuviesen las propiedades adecuadas (y pocos son los ingenieros que investigan a fondo cuáles son las propiedades de verdadero interés de los suelos

que compactan, verificando por eje m p lo su resisten­ cia, su com presibilidad o que poseen una adecuada ley de esfuerzo-deform ación) pudiera ser que el equi­ po en el cam po obtuviese un suelo con propiedades distintas y quizá poco adecuadas, para el m ism o peso volum étrico. D e todos modos, el peso volu m étrico en el campo se fija con base en una prueba de laboratorio. Como consecuencia de la diferencia esencial qu e existe en­ tre ambos procesos de compactación y tam bién como consecuencia de todos los problem as qu e en el cam­ po pudieran presentarse, casi siem pre sucede que el donde
X# * a máx

C

es

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dmin

,

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Yd es c<

Algunas ideas útiles en la ejecución de las trabajos de compactación en el campo peso volumétrico que a fin de cuentas se obtiene en ia obra no es idéntico al peso volumétrico seco m áxi­ mo de la prueba de laboratorio que sirvió de base al estudio. La diferencia entre ambos valores, tradicionalmente se mide a través del concepto grado de compactación. Se define como grado de compactación de un suelo compactado en la obra a la relación, en porcentaje, entre el peso volumétrico seco obtenido por el equipo en el campo y el máximo correspon­ diente a la prueba de laboratorio que fundamentó el estudio. El grado de compactación de un suelo es:

185

tristicas cotm¡

i to provisión, |

Esta otra relación tiene la ventaja de no caer en la ambigüedad del grado de compactación, pues aquí un material totalmente suelto tiene 0% de compac­ tación relativa, pero hay el inconveniente de que no existe un procedimiento estándar para determinar

e/trata­ m iento
asfáltico

Regular ¡ mala

En suelos friccionantes, algunas instituciones han utilizando el concepto de compacidad relativa (expre­ sión 1-17 del capítulo 1 de esta obra) para establecer y m edir la compactación de campo; ello tiene el mis­ mo inconveniente, pues tampoco existe una prueba estándar para determinar la compacidad relativa.

Excelente

Gc (% ) =

100

(4-5) De cualquier manera, el concepto grado de com­ pactación sigue siendo el método más usual para fi­ jar el requisito de compactación que ha de lograrse en el campo. Así, por lo general éste se expresa con una frase como ésta: “ Compáctese este material hasta el 95% del peso volumétrico seco máximo obtenido en tal prueba de laboratorio, como m ínim o."

Mala

Mala

No debe usarse

la

Muy m ala

No debe usarse

No debe usarse

No debe usarse

Cabe mencionar que a pesar del amplio uso que se hace en la actualidad del concepto grado de com­ pactación, éste dista mucho de estar exento de defec­ tos. De hecho, casi podría decirse que es inadecuado para evaluar la calidad lograda por un cierto equipo en el campo. Un m aterial A , en estado totalmente suelto, tal como se deposita en la obra, puede tener un grado de compactación del orden de 80%, antes de sufrir ninguna compactación, según la fórmula 4-5; otro material B, en las mismas condiciones, pue­ de tener un grado de compactación de 60%. Si este último se compacta hasta alcanzar el mismo 80% de A, se diría que ambos suelos están en las mismas con­ diciones de compactación, si se aplica el criterio de grado de compactación. Sin embargo, la realidad es completamente distinta, pues A está en estado suelto, con todo lo que ello im plica en lo que se refiere a su comportamiento mecánico, en tanto que B ya ha sido parcialmente compactado, con lo que aumentó su resistencia, disminuyó su compresibilidad y, en general, adquirió características diferentes a las del estado suelto. Algunas instituciones, tomando en cuenta lo an­ terior, han adoptado una relación diferente para me­ dir la compactación que alcanza el suelo en el cam­ po, la que se denomina compactación relativa y está definida por la expresión

En consecuencia, el trabajo de un equipo de com­ pactación en el campo suele planearse para lograr el grado de compactación especificado en la forma más económica.

El grado de compactación que se fije para un pro­ yecto dado debe ser realista en el sentido de no im ­ poner requerimientos excesivos, sea con relación a las propiedades que se deban obtener o al equipo dispo­ nible y la importancia de la obra que se vaya a eje­ cutar; lo contrario causa continuos problemas de ajuste en el campo, que entorpecen la marcha de las obras.

N o puede prefijarse el grado de compactación que se vaya a exigir en cada caso; éste es un asunto en que el ingeniero debe emplear su criterio, ade­ cuándolo a cada proyecto.

• su resistenna adecuada que el equipropiedades mismo peso en el campo itorio. Como ue existe enimbién como e en el carnacede que el donde y

C. R . (% ) = 100

(4-6)

¿máx es el m áxim o peso volumétrico seco obte­
nido en la prueba de laboratorio qué se utilice. es el m ínim o peso volumétrico seco del mismo material. es el peso volumétrico seco del material compactado en la obra.

L a Secretaría de Obras Públicas de México, por ejemplo, tiene la norma de no compactar el cuerpo de las terracerías a menos del 90% en ningún caso, y exige por lo general el 95% en una porción supe­ rior de los terraplenes y el 100% en la capa subrasante y en las diversas capas del pavimento; estos gra­ dos de compactación se refieren a las pruebas de compactación de laboratorio que específicamente uti­ liza la Secretaría de Obras Públicas, las que se co­ mentarán más adelante. L a tabla IV -12 que aparece a continuación está tomada de la R ef. 23 y repre­ senta más bien una guía sobre los grados de compac­ tación que son usuales en las obras, que números fi­ jos que se puedan aplicar indiscriminadamente.

186

Com pactación de suelos Tabla IV-12 Valores tentativos de grados de compactación convenientes la especificación del contenido de agua de compactación; por ejemplo, si las condiciones 3 y 4 se consi. deran de mayor interés que las 5 y 6, debe especifj. carse un contenido de agua menor que el óptimo, y mayor, en caso contrario. L a condición 5 puede investigarse mediante pruebas de consolidación en que la muestra se someta a saturación bajo diversas cargas, así se llegará a u n valor m ínim o aceptable del contenido de agua de compactación. Pnra estimar el m áxim o contenido de agua d e compactación aceptable desde el punto de vista d e las condiciones 4 y 5 se pueden realizar pruebas tri­ axiales sin consolidación ni drenaje, con medición de los coeficientes de presión de poro A y B (R ef. 2 6 , citado en la Ref. 27) • E l contenido de agua mínimo necesario para satisfacer la condición 6 sólo se puede estimar cualitativamente, pues por ahora no hay dis­ p onible ninguna correlación entre el comportamien­ to probable del prototipo y las propiedades esfuerzodeform ación de los suelos. A l especificar el m ínim o peso volumétrico seco debe considerarse sobre todo la experiencia acumula­ da en la construcción de obras similares. En rigor el requisito de compactación se fija en términos del equipo que se vaya a usar, del resultado que se espera obtener o por una combinación de ara­ bas cosas..La formulación de un requisito adecuado requiere un conocimiento detallado de la sensibili­ dad del suelo compactado a todas las variables de im portancia en el proceso de compactación; de éstas, el contenido de agua es probablemente lo que m ás influye. Muchas veces en el requisito de compacta­ ción se omite toda referencia al contenido de agua y entonces tal especificación puede cumplirse con un am plio intervalo de contenidos de agua, ajustando el tipo de equipo y su m odo de empleo. Pero en tal caso, el suelo que se compacte puede tener también una amplia variedad de comportamientos, indepen­ dientemente de que se alcance el mismo peso volu­ m étrico seco. En la Fig. IV-27 (Refs. 3 y 28) se ilus­ tra un estudio realizado en una serie de especíme­ nes de laboratorio (una arena arcillosa) a los que se compactó por amasado utilizando varias energías de compactación, pero hasta el mismo peso volumétrico seco (parte a de la Fig. IV -2 7 ); después se permitió la saturación de los especímenes bajo una presión de confinam iento moderadamente baja, y por último s e les probó en cámara triaxial, en pruebas sin drenaje, con los resultados que se muestran en la parte b de la misma figura. Puede observarse (parte a) la gran diferencia en el contenido de agua de compactación que se ha de utilizar para alcanzar el mismo peso volumétrico con distintas energías; también se puede observar en la parte b la variación de resistencia final que se tiene después de saturar el espécimen, cuando varía la hu­ medad de compactación. En deformaciones grandes es mayor la resistencia del suelo saturado cuando el suelo se ha compactado con el contenido de agua óp

T ip o d e suelo

G rado d e com p a cta ción , , r e fe rid o a la p ru e b a P ro c to r estándar, segú n la im p orta n d a y el tip o d e ob ra p o r ejecu ta r. T ip o 1 T ip o 2 T ip o 3

GW GP GM SW SP SM SC ML CL OL MH CH OH

97 < 1 7 98 !»H 07 98 98 99 100 100
__

__ __ —

94 94 94 94 95 95 95 96 96 96 96 97 — 97

90 90 90 90 91 91 91 92 92 92 93 93 93 93

Obras tipo 1. Terraplenes de más de 30 m de altura. Subrasantes bajo pavimentos definitivos, con espesor no mayor de 30 cm. Los 2 m superiores bajo cimentaciones de edificios de dos o más pisos o de puentes y pasos a desnivel. Obras tipo 2. Partes inferiores de los rellenos bajo edificios. Capa superior de los terraplenes comunes, bajo subrasantes de 30 cm, como mínimo. Terraple­ nes de menos de 30 m de altura. Obras tipo 3. Otros suelos que requieren compactación, sin grandes requerimientos de resistencia e incompresibilidad.

E l requisito de compactación se fija básicamente buscando el balance óptim o de las siguientes propie­ dades (R ef. 13): 1. Homogeneidad. 2. Características favorables de permeabilidad. 3. Baja compresibilidad para evitar el desarrollo de presiones de poro excesivas o deformaciones inaceptables. Este requisito es más importante a mayor altura del terraplén. 4. Razonable resistencia al esfuerzo cortante. 5. Permanencia de las propiedades mecánicas en condiciones de saturación. 6. Flexibilidad, para soportar asentamientos di­ ferenciales sin agrietamiento. El cumplimiento de la condición 1 depende sólo del equipo de compactación que se use y del buen control del proceso. El conjunto de los requisitos 3 y 4 es conflictivo con los 5 y 6 y frecuentemente con el 2. Dados el suelo y la energía de compactación de campo, la m ejor solución al conflicto es la compac­ tación con un contenido de agua muy próxim o al óptim o de campo. Cuando uno de los grupos de re­ quisitos en conflicto se considera más importante que el otro, debe modificarse en el sentido que convenga

Algunas ideas útiles en la ejecución de los trabajos de compactación en el campo

187

HUMEOAD DE COMPACTACION, %

Figura IV-27. Variación de la resistencia de un suelo com­ pactado con la humedad de compactadón (Refs. 3 y 28).

timo correspondiente a la energía de compactación usada; si se aumenta la presión de confinamiento du­ rante la saturación, la resistencia del suelo también aumenta. Se requieren altas energías de compacta­ ción para alcanzar el peso volumétrico fijado a bajos contenidos de agua y, según se ve en la Fig. IV-27, es fácil que se obtenga un producto cuya resistencia quede muy por debajo de lo que se podría lograr si se compactara con el contenido de agua apropiado. La Ref. 15 contiene varios ejemplos de interés en relación a la variación del peso volumétrico con la humedad de compactación y sobre el reflejo de ésta en las características del suelo compactado. Como ya se vio, la humedad de compactación es un valor fundamental en cualquier proceso de cam­ po. Como ya se ha dicho también, existe un conteni­ do de agua óptimo, para el cual la eficiencia de com­ pactación es máxima en determinadas condiciones. Desafortunadamente, es común ver que muchos in­ genieros tratan al concepto de humedad óptima como si fuera una constante básica del suelo y no un con­ cepto variable que cambia con el método que se uti­ lice para compactar y con otros factores, siendo con seguridad la energía de compactadón la variable es­ pecífica que más influye en la humedad óptima de un proceso (ya se dijo que al aumentar la energía

específica invariablemente disminuye la humedad óp­ tima) . Así pues, en el campo, la humedad óptima depende y varía con el tipo y modo de utili/ación del equipo de compactación. De esta manera al igual que se señaló antes con reladón al concepto peso es­ pecífico seco máximo (o del grado de compactación), el concepto humedad óptima carece de significado en lo absoluto si se sitúa al margen de todas las con­ diciones y circunstancias en que se compacta al sue­ lo (Refs. 24 y 25). Sólo se puede determinar en foima precisa la hu­ medad con la que se debe compactar el suelo en cada caso y con el equipo que haya de usarse si se hacen terraplenes de prueba, en donde a escala 1:1 se compacte el suelo en todas las alternativas que hagan falta, siguiendo exactamente el tren de tra­ bajo de la futura obra, para definir el propio conte­ nido de agua, el espesor de las capas compactadas, el número de pasadas del equipo y todas las demás variantes que puedan influir en el resultado que se espera obtener. El contenido de agua óptimo corres­ pondiente a la prueba de laboratorio que haya ser­ vido como base al proyecto no será igual a la hume­ dad óptima de campo, como ya se ha indicado con una insistencia que ojalá resulte sufidente, pero po­ drá servir como una guía o punto de partida para proponer el rango en que se comenzarán a probar las humedades de campo. A qu í nace uno de los p ro blemas más delicados de la compactadón de las Vías Terrestres; en las presas, han de compactarse para di­ versos fines volúmenes muy grandes de suelo proce­ dentes de un mismo banco, por lo que resulta justi­ ficado y práctico el uso de terraplenes de prueba; pero en las Vías Terrestres los materiales suelen cam­ biar, a veces mucho, al cabo de relativamente pocos metros, por lo que con frecuencia resulta ant¡econó­ mico y engorroso el uso de terraplenes de prueba para definir las condiciones idóneas de la compacta­ ción de cada pequeño tramo. Desde luego hay casos, mucho más frecuentes de lo que la actuación de los ingenieros suele indicar, en que tales terraplenes de prueba pueden y deben usarse (esto es, daro, parti­ cularmente derto en la construcdón de aeropistas), pero es evidente que el constructor de carreteras y ferrocarriles ha de fijar el detalle de los trabajos en la obra, sin contar muchas veces con los beneficios de la información de un terraplén de prueba; el in­ geniero deberá entonces ejercer su criterio y máxima experiencia, y la única norma general que puede dársele es que esté dispuesto en todo momento a cambiar las normas implantadas y que, en todo mo­ mento también, esté alerta a todo el conjunto de va­ riables que puedan afectar al resultado que espera obtener. El laboratorio montado al pie de la obra se debe usar en forma intensa para verificar de conti­ nuo las condiciones finales y como calibrador de ex­ periencia y norma de criterio para sugerir cambios en busca de la idoneidad del proceso. Con frecuenda los suelos han de ser humedecidos o secados en el banco o sobre el terraplén. Por lo

188

Compncladón

de

suelos
cerías y no es d ifícil que se le tome en cuenta en la compactación de capas subrasantes. En el proceso de compactación es de gran impor­ tancia el espesor de la capa compactada, según ha quedado ya establecido en páginas anteriores. Para un determinado suelo, equipo de compactación y re­ querimiento de la misma, a medida que aumenta el espesor de la capa aumenta el número necesario de pasadas; sin embargo, por regla general, resulta más económico satisfacer los requerimientos de la com­ pactación cuanto más gruesa sea la capa compacta­ da, por lo que en principio debería usarse el mayor espesor posible. Esta regla tiene un lím ite en la disi­ pación del efecto compactador con el espesor de la capa, tal como, por ejemplo, se ha señalado en la Fig. IV - 18; de hecho, cuanto mayor sea el grado de compactación que se exija, más delgadas deberán ser las capas con que se trabaje. La Fig. IV-28 ¡lus­ tra el m odo en que varían los conceptos principales, con base en los cuales se determina el espesor de la capa. En la parte a de la figura se ve cóm o el núme­ ro necesario de pasadas aumenta desmesuradamente cuando el espesor de la capa pasa de un cierto valor, de m odo que resulta imposible alcanzar el requeri­ miento de compactación con una capa más potente. Cercano a ese valor, que en cada caso real se puede estimar si se trabaja en un terraplén de prueba, debe considerarse el óptim o del espesor de la capa, pues es claro que una capa más delgada requeriría casi el mismo número de pasadas, con un aumento en el costo por unidad de volumen de suelo compactado; por otro lado, si el espesor de la capa se fijase arriba de los valores corresj>ondientes al intervalo crítico, se requeriría un número de pasadas desproporciona­ damente alto. Por consiguiente, si se representa el costo de compactación contra el espesor de la capa, es lógico pensar que se obtendrá una gráfica del tipo que se muestra en la Fig. IV-28 b, la cual defi­ ne en forma clara el espesor óptimo.

general es d ifícil añadir al suelo más de 1 ó 2% de humedad en el terraplén, y en ocasiones es imposi­ ble secarlo allí, como cuantío son húmedas las condi­ ciones climáticas prevalecientes. £1 humedecimiento es mucho más fácil en el banco. £1 secado suele ha­ cerse por aireación y a veces se ayuda con mezcla­ dores mecánicos. En todos los casos en que haya que variar la humedad original del suelo, lo fundamental es lograr una distribución homogénea del nuevo con­ tenido de agua. Cuando la variación de la humedad en la obra se dificulte al grado de no poderse lograr las condiciones previstas por el proyecto, éste deberá modificarse correspondientemente. L a energía de compactación queda representada a fin de cuentas para un equipo dado por el núme­ ro de pasadas de dicho equipo por un mismo lugar. Ya se vio que el aumento del peso volumétrico que se logra con el número de pasadas no es una función monótonamente creciente, sino que, como puede verse en las Figs. IV -8 a IV -14 por ejemplo, existe un número de pasadas más adelante d d cual es muy pequeña la ganancia en resultado, aun cuan­ do el número se incremente mucho a gran costo. Cuando se alcanza el número de pasadas critico sin lograr obtener el requisito fijado para el campo, de­ berá rcestudiarsc el problema, a fin de ver cuál o cuáles de los factores que influyen deben modificarse. L a velocidad de circulación del equipo de coralactación es importante, pero su efecto no ha sido suficientemente estudiado; por otra parte, dentro de la escala de velocidades que recomiendan los distin­ tos fabricantes, no |»arecc haber diferencias funda­ mentales en el funcionamiento de los equipos, si bien, se repite, falta investigación al respecto. Se ha dicho que cuando los equipos de compactación circu­ lan con rapidez, lo cual es conveniente desde el pun­ to de vista de la economía, hay tendencia a que la su perfide superior de la capa quede ligeramente on­ dulada. Suponiendo que exista, este defecto tiene en general poca importancia en la construcción de terra-

Figura iv-28. Determinación del espesor conveniente de capa.

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Algunos problemas especiales de com portación en el campo Es frecuente que en trabajos de terracerías los es­ pesores óptimos de capa fluctúen entre 20 y 30 cm, cuando no se usan equipos vibratorios y que en ge­ neral permiten capas de mayor espesor. La liga entre capas sucesivas debe ser debidamen­ te garantizada. Es aconsejable que las capas sean ho­ rizontales, sobre todo en lugares de pendiente trans­ versal importante, para tener mejor resistencia a cual­ quier tendencia al deslizamiento. Siempre que haya duda sobre la capacidad de una superficie terminada para ligarse en forma conveniente con la capa que sigue, deberá escarificarse ligeramente la superficie de la capa compactada antes de tender la siguiente.

189

cuales han de construirse dentro de los requerimien­ tos especiales que estas obras imponen según su tipo, los que se detallarán más adelante, en el capítulo correspondiente. c) Compactación en los bordes de los terraplenes

IV-6

A L G U N O S P R O B L E M A S ESPECIALES D E C O M P A C T A C IO N EN E L C A M P O

Se mencionan brevemente algunos problemas de naturaleza especial relacionados con el problema de compactación en el campo: a) Compactación de zonas difíciles, inaccesibles para los equipos convencionales

A medida que la construcción de un terraplén progresa en altura, se va presentando el problema de la compactación en sus taludes, por el doble motivo de que el equipo de compactación no puede orillar­ se demasiado durante su operación y por la falta de confinamiento lateral que se tiene en las zonas de borde. El problema suele resolverse dando un sobreancho a ambos lados del terraplén (quizá sean sufi­ cientes SO ó 40 cm eu cada lado), el cual se puede recortar y afinar al fin de la construcción. En terraplenes muy bajos el problema anterior puede justificar la adopción de taludes suficiente­ mente tendidos como para que sobre ellos circule el equipo de compactación. Las obras complementarias de drena ie y las de protección con forestación u otros medios pueden ayudar mucho a paliar los efec­ tos de una mala compactación en los taludes. d) Compactación de las primeras capas de un terraplén sobre terrenos blandos

Estas condiciones se presentan con cierta frecuen­ cia y pueden demandar desde el uso ineficiente de equipos en distancias cortas hasta el empleo de equi­ pos y métodos especiales de rendimiento reducido, a los que ya se ha hecho mención en páginas ante­ riores. En la construcción de carreteras suele presentarse este problema, muy agravado, en el fondo de cañadas profundas y angostas, en que no se justifican los ca­ minos de acceso al fondo de las mismas por los pe­ queños volúmenes que hay que compactar. Una prác­ tica común en tales casos es rellenar a volteo el fon­ do hasta un nivel a partir del cual pueda trabajarse mecánicamente. Si se tiene cierto cuidado en la ope­ ración de relleno y no se abusa de ella en cuanto a altura de material colocado a volteo, este método no causa necesariamente efectos perjudiciales; el caso se complica cuando en el fondo de la barranca existe una obra de drenaje, lo cual es común; dicha obra, por su parte, impone condiciones al material que la rodea y la sobreyace. En el fendo de barrancas y de­ presiones es común también, en el caso de carreteras y ferrocarriles, que el material colocado lo constitu­ yan tamaños más o menos gruesos, incluyendo mu­ chas veces fragmentos de roca. Las técnicas de com­ pactación de estos materiales son las que correspon­ den a los pedraplenes. b) Zonas próximas a puentes, alcantarillas, muro* de retención, etc

Cuando un terraplén se va a construir sobre un suelo de cimentación muy blando, suele presentarse el problema de falta de apoyo suficiente para una buena acción del equipo de compactación sobre las primeras capas de base. El desmonte y despalme adecuados del terreno natural, seguidos de un orea­ do, cuando ello es posible, puede ayudar a resolver el problema; si no es ése el caso, podrá construirse en toda la zona de desplante una plantilla de trabajo, preferentemente de material granular fino, con 20 ó 30 cm de espesor; al compactar dicha capa se mejo­ rará también la parte más superficial del suelo na­ tural, mejorando las condiciones de conjunto. La plantilla de trabajo podrá ser bastante más potente cuando exista agua permanente, pues en tal caso de­ berá sobresalir algo del agua; si ésta tiene tirantes de importancia, ya será económico pensar en la cons­ trucción de pedraplenes u otro tipo de soluciones. En relación con el problema presentado en el pá­ rrafo anterior ha de tenerse en cuenta que los suelos arcillosos blandos muchas veces poseen una costra relativamente más firme, producto del secado por evaporación; la remoción de esta capa o su debilita­ miento contribuirá siempre a hacer más difíciles las condidones de trabajo. e) Suelos friedonantes que se toman “ movedizos”

Ya se ha mencionado el buen resultado que pro­ porcionan los equipos de compactación manuales en estos casos. Un caso especial lo constituyen los col­ chones de protección de las obras de drenaje, los

La experienda ha demostrado que algunos sue­ los, tales como limos no plásticos, arenas muy finas o polvo de roca, cuando se compactan en zonas de nivel freático alto atraen agua por capilaridad hasta

190

Compactación de suelos apropiados para la compactación deberán determi­ narse en un estudio de expansión. Es fundamental el control de la humedad de compactación durante el proceso. O tro tanto puede dedrse de los suelos que exhi­ ben rebote elástico, por ejem plo bajo el paso de cargas en movimiento; este efecto, que conduce a la destruedón rápida de un pavimento, por ejemplo, es mucho más notable cuando el suelo se compacta más allá de un d erto límite, que deberá determinarse también con base en estudios especiales. IV-7 COM PACTACION DE PEDRAPLENES
(Refs. 20 y S0>

su superficie y se vuelven movedizos, con pérdida casi total de su resistencia. El mismo efecto puede presentarse en tales suelos si se compactan con un excesivo contenido de agua. A l presentarse el proble­ ma, es muy fácil secar estos suelos por escarificación y oreo, si se logra elim inar la fuente de agua que los ha saturado, pero es en este punto en donde pueden surgir problemas casi insolublcs; en áreas pequeñas el problema se puede eliminar con la colocación de una capa de material granular grueso que rompa la capilaridad e impida la subida del agua; en otros casos podrá abatirse el nivel freático por medio de subdrenes laterales de zanja. Cuando todo lo ante­ rior no sea posible, deberá procurarse no alterar al terreno natural y usar sobre éste materiales gruesos apropiados, modificando el proyecto cuando sea ne­ cesario. 0 Problemas derivados de sobrecompactación

La creencia común de que cualquier aumento en el peso volumétrico seco de un suelo por compacta­ ción va acompañado por un mejoramiento general de sus condiciones la desmienten en forma drástica algunos casos, frecuentes en la práctica, en los que, por el contrario, puede llegarse a condiciones franca­ mente desfavorables por compactar los suelos más allá de un cierto límite. N o es posible mencionar to­ dos los casos de sobrecompactación perjudicial, pero algunos de los más comunes son los siguientes: 1. Suelos en que la sobrecompactación produce un cambio estructural que los hace inadecuados. Qui­ zá el caso más tipico es el de los tezontles (espuma de basalto) que se utilizan como terraplenes ligeros sobre suelos compresibles blandos. La sobrecompac­ tación rom pe los fragmentos porosos, produciendo una granulometría mucho más variada y abundante cantidad de finos, todo lo cual puede hacer llegar al material fuertemente compactado a pesos volumétri­ cos incluso más altos que los de cualquier material térreo convencional que se hubiere usado, haciendo perder por completo la ventaja de su utilización. 2. Materiales expansivos o con rebote elástico. Los materiales expansivos son fuente de problemas muy graves, sobre todo donde las condiciones climá­ ticas conducen a cambios significativos en el conte­ nido de agua en diferentes épocas del año. Tam bién lo son cuando la construcción se efectúa durante la época de secas y el suelo absorbe humedad en la sub­ secuente estación lluviosa. Si estos suelos se compac­ tan en exceso, se expandirán mucho y generarán pre* siones de expansión muy grandes al humedecerse tras la compactación; por el contrario, si se compactan con un contenido de agua apropiado y sólo hasta un lim ite justo, las expansiones se podrán reducir al mínimo; para tal fin, e l requisito de compactadón en general no tendrá nada que ver con el peso volu­ métrico seco máximo o la humedad óptim a de cual­ quier prueba de laboratorio que se use como prueba de control. Ahora, la humedad y el peso volumétrico

Ya se ha mencionado en otras partes de esta obra cómo el desarrollo moderno de las vías terrestres, con mayores requerimientos de pendiente y curvatura, provoca la necesidad de construir terraplenes de altura cada vez mayor. Como consecuencia natural de la ne­ cesidad práctica de utilizar los materiales en el sitio, es también muy común que esos terraplenes hayan de ser construidos con fragmentos de roca y suelos grue­ sos. De esta manera la construcción de pedraplenes de gran altura es cada vez más frecuente y es de esperar que en el futuro sean cada día más numerosos y más altos. Com o se expresó en el capítulo 1 los suelos gruesos y los fragmentos de roca dan lugar a muy se­ rios problemas de compresibilidad cuando están su­ jetos a los altos niveles de esfuerzos que suponen los actuales pedraplenes altos; seguramente deben vigi­ larse estos problemas en estructuras cuyas alturas so­ brepasen los 20 ó 30 m. Ya se d ijo también que en épocas redentes ha tenido un gran impulso la tecnología de la construcción de pedraplenes; ello es debido a los aportes de la expe­ riencia de la construcción de grandes presas. Esta ex­ periencia es muy valiosa cuando se extrapola a carre­ teras, pero ello no quiere decir que la extrapoladón pueda hacerse ciegamente, pues entre ambos casos exis­ ten diferendas que no deben ignorarse, que probable­ mente aún no se endenden del todo y que ameritan investigación especializada en el campo de las vías terrestres. Baste señalar, como un ejemplo, que en el caso de las presas los enrocamientos suelen hacerse con materiales muy seleccionados y muy limpios, en tanto que en las carreteras existe el im perativo económico de utilizar materiales mucho más alterados y con por­ centajes nada despreciables de -uelos finos. Obviamente los fragmentos de roca se han usado siempre en las vías terrestres y existe una definida ten­ dencia de los ingenieros interesados a considerarlos como un material inerte, del que no es posible esperar serios problemas de comportamiento. En gran medida esto fue d erto y debe entenderse que las preocupacio­ nes que motivan este párrafo se relacionan no tanto con el uso del material en sí, cuanto con el hecho de que la altura de los modernos pedraplenes impone ni­ veles de esfuerzo que hace que muchas situaciones ac­ tuales difieran de las pasadas no en forma cuantita-

Pruebas de compactación en el laboratorio (iva, sino cualitativa, tal como se hizo ver en forma general en el capítulo I. La práctica usual en la construcción de carreteras acepta que la base del pedraplén se forme rellenando el fondo de la barranca, sin tratamiento previo de éste, con enrocamiento a volteo, hasta obtener una superficie de trabajo lo suficientemente amplia como para que puedan operar los equipos de construcción. Sin duda resulta mejor la práctica de desmontar y des­ palmar el terreno natural, eliminando alguna forma­ ción de suelo de baja resistencia que pudiese romper la homogeneidad del apoyo; esto no puede lograrse en construcción bajo agua (ver Ref. 31, con un caso muy interesante de construcción en estas condiciones). En muchas ocasiones la masa del pedraplén sobre la base no recibe ningún tratamiento mecánico espe­ cial, el que se reserva cuando mucho para una capa de mejoramiento de material más fino y, desde luego, para la subrasante y las capas de pavimento. Esta prác­ tica debe abandonarse en lo que se refiere al cuerpo del pedraplén, en beneficio del buen comportamiento de la estructura. La colocación de fragmentos de roca a volteo pro­ duce una masa suelta totalmente segregada y muy compresible. Las observaciones realizadas con terra­ plenes de prueba (Ref. 32) y los resultados de ensa­ yos recientes (Ro£s. 33 y 34. Ver también los temas alusivos a compresibilidad de suelos granulares en el capítulo 1 de esta obra) han modificado de manera fundamental el criterio de los ingenieros sobre los problemas conectados con la construcción de estas estructuras. Es probable que el primer esfuerzo que deba hacerse en la investigación futura se refiera a una clasificación adecuada de los materiales para enrocamiento y en las pruebas índice que sirven de norma a tal clasificación y que permitan distinguir los ma­ teriales limpios de los contaminados, los gruesos de los finos, etc. En México se considera un enrocamiento limpio el que está formado por fragmentos de roca y pequeñas cantidades de finos mayores que la malla No. 4, siendo mínimo el contenido bajo dicha malla. Tentativamente, se ha dicho que un enrocamiento que contiene más de 5% de material menor que la malla No. 4 es contaminado. Es material grueso el mayor de 6 mm y fino el menor. N o existen pruebas estándar universalmente aceptadas para catalogar la fracción gruesa de los pedraplenes (mayor de 6 mm) y en México se han adoptado para ello las normas tradicionales para juzgar la sanidad de los agregados de concreto, a las que se añade un estudio sobre el tipo de roca, forma de los fragmentos, características de la meteorización, etc La fracción fina se juzga en México con el Sistema Unificado de Clasificación de Suelos. Como se vio en el capítulo 1, la granulometría es una propiedad importante en el comportamiento de los enrocamientos. Ya se dijo que en un material uniforme (Cu < 10) los contactos entre los granos ocurren a través de pocos puntos, en los que se con­

191

centran mucho los esfuerzos, propiciándose la rotura de granos y el flujo plástico de la roca, todas causas de deformación. Correspondientemente, un enroca­ miento bien graduado debe resultar menos deformable. La rotura de granos puede comenzar a niveles de esfuerzo relativamente bajos y se ha visto en prue­ bas triaxiales con presiones de confinamiento menor que 5 kg/cm2. En el capítulo I se ha insistido sufi­ cientemente sobre lo que significa en el comporta­ miento de los suelos granulares, tanto en compre­ sibilidad como en resistencia. La compactación de los enrocamientos tiene una influencia muy marcada tanto en su compresibili­ dad como en su resistencia y ello es válido tanto para los enrocamientos limpios como para los relativa­ mente más contaminados. La granulometría ejerce también una influencia notable en los resultados de la compactación de estos materiales y, para la misma energía de compactación, el materiaJ bien graduado adquiere una compacidad mayor que el uniforme. Sin embargo, no siempre es fácil de obtener una buena composición granulométrica, sobre todo en el caso en que la roca provenga de la explotación de macizos con explosivos, a no ser que el fracturamiento natural de la roca induzca la obtención de un material bien graduado. Las mezclas de grava y arena de río tienen por lo general buena granulometría y granos sanos, por lo que constituyen excelentes materiales. Otro hecho que favorece la colocación de un material con granulometría adecuada es el evitar la segregación de los fragmentos durante las maniobras de transpor­ te y tendido en el pedraplén; a ello contribuye el li­ mitar la altiva de caída al mínimo posible y el uso de precauciones especiales de tendido. La segregación es poco significativa en materiales de granulometría uniforme. La compacidad de los materiales de enrocamiento después de compactados no es fád l de medir. Cuando los fragmentos no son muy grandes se utiliza el con­ cepto de compacidad relativa (expresión 1-17 del ca­ pítulo 1) . Lx>s enrocamientos se compactan actualmente con rodillos vibratorios de 10 a 15 ton. de peso, cuando son relativamente láminos y no están formados por fragmentos muy grandes, de más de 30 cm. Los enro­ camientos más gruesos o los de escasa altura, forma­ dos por material muy bien graduado, pueden compac­ tarse con un tractor pesado, con mínimo de 4 pasadas. Los enrocamientos contaminados, con más de 15% de material fino plástico, se han compactado exito­ samente con rodillos neumáticos muy pesados, de 50 ton o aún más. El espesor de las capas de pedraplén depende del tamaño máximo de los fragmentos de roca. Los frag­ mento s de menos de 30 cm suelen disponerse en ca­ pas de 50 cm de espesor en estado suelto. En el caso de los grandes fragmentos, este espesor puede aumen­ tar hasta un metro o más.

192

Compactación de suelos a construir, llegando como lím ite al absurdo tota] de hacer algo para aprender a hacerlo (absurdo, n a­ turalmente, en el caso de que se habla, pero no en relación a otras actividades humanas). A sí planteado el problema, las pruebas de co®. pactación de laboratorio se justifican sólo en térmi­ nos de su representatividad de los procesos de campo que reproducen. Y esta representatividad ha de set llevada a sus últimas consecuencias, so pena de caer en un despropósito y llegar a estudiar detenida y acuciosamente en el laboratorio un proceso que n o tenga nada (o no tenga mucho) que ver con el pro. ceso de compactáción de campo que se supone que reproduce; este divorcio podría llegar a tener conse­ cuencias graves en cuanto a las conclusiones prácti­ cas que se adopten y, desde luego, las tendría al des­ viar fuera de sus cauces justos y razonables el criterio de aquellos ingenieros que juzgaran el proceso de compactación a través del laboratorio de manera úni­ ca o principal. En rigor, actualmente se hacen dos usos principales de las pruebas de compactación de laboratorio. En el primero, se compactan los suelos para obtener datos para proyecto de estructuras de tierra; esta información se refiere a resistencia, deformabilidad, permeabili­ dad, susceptibilidad al agrietamiento, etc. En este caso, la representatividad de la prueba, en el sentido de que se produzca en el laboratorio un suelo con las mismas propiedades mecánicas que después se obten­ drán al compactar los materiales en el campo, e s obviamente esencial. Pero hay un segundo uso de las pruebas de compactación, que es el que de ellas s e hace en las operaciones de control de calidad; en este caso, la prueba funciona fundamentalmente como un índice comparativo del peso volumétrico de laborato­ rio y de campo y la similitud de propiedades mecá­ nicas entre ambos es mucho menos importante, sién­ dolo por consecuencia cualquier idea de “ representa­ tividad” referente a la prueba. L o esencial de un ín­ dice de comparación es que sea siempre el mismo. Y a se comentó con relativa extensión el conjunto de factores que afectan a un proceso de compacta­ ción; es obvio que todos deben contemplarse al esta­ blecer una prueba de laboratorio. Como existen tan­ tos modos de compactar suelos en el campo, es tam­ bién razonable pensar que no se logrará tener una sola prueba, con una única técnica estandarizada, que pueda representarlos a todos. Así, es lógico pen­ sar que haya pruebas de compactación de varios ti­ pos. L a energía de compactación influye mucho tam­ bién en los resultados del proceso, y hoy los equipos de campo la aplican en formas muy variadas, de ma­ nera que también habrá variantes en las pruebas por este concepto. A u n cuando otros factores actúan como variables que afectan el proceso de compactación, sólo los an­ tes mencionados han sido utilizados para diferenciar pruebas de laboratorio, por lo menos las más co­ munes. A part. prueba, la riendo otr en uno de
A

Es una norma muy recomendable para la cons­ trucción de grandes pedraplenes el seleccionar cuida­ dosamente al material producto de la excavación de un corte o del préstamo de roca, separándolo en dos tipos, uno de ellos con fragmentos menores de 30 cm y el otro, con los fragmentos mayores. Esta clasifica­ ción ha de hacerse en el frente de trabajo. Conviene colocar la parte más fina en el centro del pedraplén, dejando los fragmentos grandes para las zonas adya­ centes a los taludes. L a experiencia ha demostrado que es una práctica recomendable para reducir la compresibilidad de los pedraplenes el humedecimiento del material al co­ locarlo. Este .hecho está corroborado por investiga­ ción de laboratorio, donde se ha visto que al hacer pruebas de compresibilidad a los materiales gruesos y someterlos en un momento dado a un humedeci­ miento intenso, se produce en ese m om ento un au­ mento drástico y muy rápido en la deformación. De esta manera, la práctica del humedecimiento condu­ ciría a producir la deformación del pedraplén durante la construcción, evitando que se presentase posterior­ mente. Las razones de ese aumento rápido de deform abilidad con el humedecimiento no están del todo dilucidadas, pero se han relacionado con cierto re­ blandecimiento de las aristas y picos de los fragmen­ tos de roca, que toleran menos, cuando están hume­ decidos, las concentraciones de esfuerzo que en ellos se producen. Según la inform ación disponible en la actualidad, el agua debe incorporarse a razón de 300 ó 400 lt/m3. U n pedraplén importante debe ser siempre ins­ trumentado (ver el capítulo alusivo en el T o m o I I de esta o b ra ), para conocer su comportamiento y adquirir experiencia para otras obras futuras. IV -8 PRUEBAS DE COM PACTACION EN EL LA B O R A T O R IO Los procesos de compactación de campo son en general demasiado lentos y costosos como para repro­ ducirlos a voluntad, cada vez que se desee estudiar cualquiera de sus detalles; no proporcionan un modo práctico de disponer de una herramienta de análisis, estudio e investigación, tal como lo requiere el pro­ blem a de la compactación de suelos, con sus muchas complicaciones y complejidades. Así, la tendencia a desarrollar pruebas de laboratorio que reproduzcan fácil y económicamente aquellos procesos debió de ser obvia para cualquiera que se interesara (e inte­ rese) en racionalizar las técnicas de campo y en co­ nocer más un proceso tan difícil e importante. Las mismas razones inducen a las pruebas de la­ boratorio a ser base de estudios para proyecto y fuen­ te de información para planear un adecuado tren de trabajo de campo; la alternativa sería o establecerlo sobre bases únicamente personales, fundadas en la experiencia anterior, pero sin ningún estudio para el caso, o desarrollarlo en un modelo a escala natural, verdadera duplicación de la estructura que se vaya

Pri

B P rt C Prr D

Pru

£ Pru A Prueba Todas pan de las

1. El s de un mo pruebas a la capa.

2. En i te dicha s < molde un distribuido altura de ( a otras. El por capa l

3. En i de calcular de la expi mero de g número de del molde, de caída y

4. En i ximo de p eliminan 1 la prueba, especificaci la prueba.

El valoi ba puede i reproducir tación de cada organ suelos coro prueba pat pecificacioi Desde luej; de los suel nes de con seables en

Pruebas de compactación en el laboratorio A partir de 1933, en que Proctor desarrolló su absurdo tota] (absurdo, n a . p r u e b a , la primera históricamente, han ido apare­ , pero no e n ciendo otras muchas; todas ellas pueden agruparse en uno de los siguientes apartados: ;bas de coij. A. Pruebas dinámicas 31o en térmi2 J Pruebas estáticas sos de campo id ha de s e t C Pruebas por amasado pena de caet D Pruebas por vibración r detenida E Pruebas especiales o en proceso de desarrollo jceso que n o r con el pro. supone que \ Pruebas dinámicas tener conse­ Todas las pruebas dinámicas hoy en uso partici­ siones práctipan de las siguientes características comunes: ¡ndría al d esles el criterio l proceso d e 1. El suelo se compacta por capas en el interior manera úni- de un molde metálico cilindrico, variando de unas pruebas a otras el tamaño del m olde y el espesor de la capa. js principales atorio. En el )btener datos 2. En todos los casos la compactación propiamen­ i información | te dicha se logra al aplicar a cada capa dentro del , permeabilimolde un cierto número de golpes, uniformemente etc. En este I distribuidos, con un pisón cuyo peso, dimensiones y en el sentido altura de caída cambian de unas variantes de prueba suelo con las a otras. El número de golpes de pisón que se aplica ués se obtenpor capa también cambia en las diferentes pruebas. 1 campo, esf lo uso de las e de ellas se 3. En todos los casos, la energía específica se pue­ idad; en este de calcular con bastante aproximación con el empleo nte como un' de la expresión 4-1, quedando definida por el nú­ de la b ora l» I mero de golpes por capa del pisón compactador, el idades mecá-1 número de capas en que el suelo se dispone dentro >rtante, siendel molde, el peso del pisón compactador, su altura “ representade caída y el volumen total del molde. ai de un ínI mismo. 4. En todos los casos se especifica un tamaño má­ el conjunto • ' ximo de partícula que puede contener el suelo, y se 'e compactaeliminan los tamaños mayores por cribado previo a larse al estala prueba. Con frecuencia se establece también una existen tanespecificación relativa al reuso del material durante npo, es tamla prueba. á tener una itandarizada, lógico pen­ El valor de cada una de las variables de la prue­ de varios tiba puede hacerse cambiar según convenga, a fin de mucho tamreproducir en cada caso las condiciones de compac­ los equipos tación de campo, pero se ha hecho costumbre que idas, de níacada organismo (o grupo de ellos) de los que usan pruebas por suelos compactados, fije según su experiencia una no variables sólo los an. diferenciar las más coprueba patrón y que de sus resultados deriven las es­ pecificaciones para la compactación en el campo. Desde luego que, como las propiedades mecánicas de los suelos compactados dependen de las condicio­ nes de compactación, y las propiedades que son de­ seables en cierta estructura no necesariamente lo son

193

en otra, resulta irracional el uso de un solo patrón de laboratorio para todas las posibles situaciones de campo (R ef. 13). Algunas de las pruebas dinámicas que han alcan­ zado mayor difusión son la prueba Proctor estándar (que es la que originalm ente propuso P ro c to r), la prueba Proctor (A A S H O ) estándar (con cuatro va­ riantes) , la prueba Proctor (A A S H O ) m odificada (con cuatro variantes), la prueba E-10 del U.S. Bureau o f Reclamation, la prueba de impactos de Cali­ fornia (en sus dos variantes) y la prueba británica estándar (B. Std.-1377. 1948). Las características principales de algunas de estas pruebas se presentan en la tabla IV-13 (R ef. 4 ). . A l final de la tabla IV-13 se añadió la variante Proctor S.O.P., por m edio de la cual la Secretaría de Obras Públicas suele controlar los trabajos de com­ pactación de terracerías en materiales finos.

Además de las anteriores, merece mención la va­ riante de prueba de compactación dinámica estipu­ lada por el Departamento de Carreteras del Estado de Texas (E E .U U .), similar hasta cierto punto a la prueba A A S H O modificada.

Las pruebas A A S H O estándar y A A S H O m od ifi­ cada se detallan en su procedimiento en el anexo IV-a de este capítulo. Ambas existen en 4 variantes, generadas con el criterio que se indica a continua­ ción. En primer lugar se utilizan dos tipos de molde, uno con diámetro de 10.16 cm (4 ") y otro con diá­ metro de 15.24 cm ( 6 " ) ; la razón de esto es que el primero es el molde clásico establecido por Proctor y que perdura por la costumbre, en tanto que el se­ gundo es un tamaño que se introdujo después debi­ do a la conveniencia de realizar pruebas de valor relativo de soporte (V R S ) en el material compacta­ do, sin extraerlo del m olde; para estas pruebas, tí­ picas de la tecnología de pavimentos y que se deta­ llarán en el capítulo alusivo, el molde de 4" resulta pequeño y se utiliza el de 6 " (técnica del Cuerpo de Ingenieros de los Estados Unidos. Ref. 41). En se­ gundo lugar se utilizan dos tipos de granulometrías, uno hasta el tamaño m áxim o de la malla N ? 4 y otro hasta el tamaño m áxim o de 3/4"; esto es con el ob­ jeto de dar mayor representatividad a la prueba y abarcar una mayor variedad de materiales. El método por impactos de California, que se des­ cribe en el anexo IV -b dé este capítulo, en realidad es anterior a la propia prueba original de Proctor en su utilización como m étodo de control de compac­ tación de campo. En esencia es similar a las pruebas normalizadas por la A A S H O , si bien la energía espe­ cífica es distinta, com o consecuencia de las diferen-

194

Compactación de suelos

Tabla IV-13 Características de las pruebas de compactación por impactos de uso más generalizado
Prueba Tratamiento del material Molde Diámetro Altura Peso del martillo Altura de caída
Np

N? de de golpes capas por capa

Reuso del Energía suelo especifica
kg cm

cm Proctor estándar Prueba E-10 del U.S.B.R. Cribado por la malla de 1/4" Cribado por la malla Núm. 4, tras secado al aire y desintegración de grumos Cribado por la malla Núm. 4, tras secado al aire Tras secar al aire, se desintegran grumos y se criba por la malla de 3/4", reemplazando material retenido con igual peso del mate­ rial comprendido en­ tre las mallas de 3/4" y Núm. 4 Cribado por la malla de 3/4" en estado seco Cribado por la malla de 3/4" en estado hú­ medo Secado al horno o al aire y cribado p/malla 3/4" Secado al aire y cri­ bado por la malla Núm. 4

cm

kg

cm

cm3

10.16

12.70

2.490

30.48

3

25

4.02

10.80

15.24

2.490

35.72

3

25

6.05

Proctor (AASHO) están­ dar (variante A ) Proctor (AASHO) modi­ ficada (variante D)

10.16

11.43

2.490

30.48

3

25

6.05

15.24

17.78

4.530

45.72

5

55

no

27.31

California Variante A Variante B

7.30

91.44

4.530

45.72

5

20

no

17.70

Compa
7.30 '91.44 4.530 45.72 10 20 no 35.40

Británica estándar

10.16

11.68

2.492

30.48

3

25

6.05

Variante Proctor de SOP

10.16

11.68

2.490

30.48

3

30

si

6.65

diferencias maño de la; compactació usa pisones quisito de energías d if se disminuy los finos a i a la expan un procedir limpias. Una de h to a las pru ba en decir talmente en finamiento i lo colocado la posibilida suelo, haciéi el campo, d menor. Con de los cereb tudiado esto moldes conv ma de cilini un cilindro miento de 1 ¡ en el campe

cias anotadas en la tabla IV-13. E l Departamento de Carreteras de C alifornia la utiliza para control de compactación de campo y la ha m antenido en uso durante muchos años, apartándose un poco de la ten­ dencia casi universal en los EE.UU., en favor de las pruebas Proctor, normalizadas por la A A S H O , quizá por no desaprovechar la experiencia de muchos in­ genieros de campo, que al cabo de los años se va “ ca­ librando” en el uso de una cierta prueba; la anterior es quizá la principal razón por la que muchas insti­ tuciones mantienen en uso pruebas que en realidad difieren poco de otras y cuyo uso no añade nada substancial a la tecnología que se emplea. Otro tanto sucede en la Secretaría de Obras Pú­ blicas de México, que utiliza para suelos finos una prueba tipo Proctor cuya única variación notable respecto a la prueba A A S H O estándar consiste en

dar 30 golpes por capa en vez de 25. Esta norma se introdujo hace más de 35 años y obedeció a que en­ tonces se creyó que era más fácil obtener una buena repartición de los golpes por capa si se daba un nú­ mero mayor; la razón para apartarse de la práctica común podrá parecer hoy excesivamente sutil o, in­ cluso, inadecuada, pero el hecho es que la Secretaría de Obras Públicas ha desarrollado sus últimos 35 años de experiencia con base en esta prueba y ésta es la causa única de que se siga utilizando. El Departamento de Carreteras del Estado de Te­ xas ha desarrollado otra prueba de impactos que, como se dijo, tiene interés particular (Ref. 36). El hecho esencial está en la mecanización de la prueba, por lo demás básicamente similar a la Proctor (A A S H O ) modificada; m ediante la mecanización s e trata de elim inar la influencia del operador. Existen

Pruebas de compactación en el laboratorio O fS n ia u d O NM A M J U M C m C A

195

Figura IV-29. Curvas de compactación para dos arenas de di­ ferente granulometría con la misma energía de compactadón (Rrf. 37).

Compactador mecánico por impactos, de Texas.

diferencias relativamente menores en relación al ta­ maño de las partículas, al tamaño del espécimen y la compactación se hace en un equipo automático que usa pisones también automáticos; se impone el re­ quisito de no reusar el material. Se especifican 4 energías diferentes para distintos tipos de suelos, y se disminuye la energía de comr^ctación en los sue­ los finos a medida que puedan desarrollar tendencia a la expansión o al agrietamiento; se tiene todo un procedimiento de compactación para las arenas limpias. Una de las objeciones más serias que se han pues­ to a las pruebas de compactación por impacto estri­ ba en decir que su representatividad está fundamen­ talmente en entredicho por las condiciones de con­ finamiento muy rígidas que impone el molde al sue­ lo colocado en su interior; estas condiciones limitan la posibilidad de desplazamiento de las partículas del suelo, haciéndolas distintas de las que se tienen en el campo, donde el confinamiento lateral es mucho menor. Con base en esta idea, Francis Hveem, uno de los cerebros más agudos y originales que han es­ tudiado estos problemas, propuso realizar pruebas en moldes convencionales, pero con especímenes en for­ ma de cilindro hueco, en cuyo interior se colocaría un cilindro de hule, que hiciese posible un desplaza­ miento de las partículas más parecido al que tienen en el campo. Los autores de este libro conocen por

comunicación personal algunos resultados prelimina­ res de esta idea, que indicaban ia obtención en mu­ chos suelos de más altos grados de compactación para menores energías, respecto a la pruebas tradiciona­ les; sin embargo, parece ser que estas interesantes investigaciones se interrumpieron antes de conducir a conclusiones de carácter definitivo. En la Fig. 1V-7 se presentó un hecho fundamen­ tal que rige los procesos de compactación de labora­ torio en pruebas dinámicas. A energía creciente, se obtiene mayor peso volumétrico seco máximo a con­ tenido de agua óptimo decreciente. A l comparar las diferentes curvas de compactación de la Fig. 1V-7 se puede ver también que arriba de la humedad ópti­ ma un fuerte aumento en la compactación tiene muy poco reflejo en el peso volumétrico seco logrado, en tanto que abajo del contenido óptimo de agua, es muy considerable el efecto del aumento de la ener­ gía de compactación. La Fig. 1V-29 (Ref. 57) ilustra el efecto del tipo de suelo (en este caso la granulometría) en los re­ sultados de la compactación lograda en dos arenas diferentes; en ambos casos se usó la prueba británica estándar. Nótese la ventaja de la arena bien graduada, en la que las partículas finas pueden acomodarse en los huecos entre las grandes. La influencia del contenido de partículas gruesas en la muestra de suelo fue investigada por Maddison (Ref. 38), quien encontró que la mezcla de 25% de cualquier agregado de un solo tamaño, hasta 2.5 cm, tiene poco efecto en la compactación del con­ junto de suelo, pero porcentajes mayores de ese mis­ mo tamaño hacen decrecer con rapidez los pesos vo­ lumétricos alcanzados, y cuando dicho porcentaje llega a ser 70%, el comportamiento del suelo es el

196

Com pactadón de suelos
TIPOS OE SUELO
ARENA LIMO ARCILLA % % %

E S C R IPC IO N N o D 1 ARENA BIEN GRADUADA

VOLUMETRICO SECO, T o n /m ?

2.05

2 MARGA ARENOSA BIEN GRADUADA 3 MARGA AMENOSA DE GRADUACION MEDIA 4 ARCILLA LIMO ARENOSA 5 ARCILLA LIMOSA 6 LIMO DE L O ES S 7 ARCILLA HOMOGENEA 8 ARENA MAL GRADUADA

88 72

1 0 1 5
9

2 1 3

is 16 -

73 32 5 5
6 94

33 64 85 22
6

1 8 35 3 1 1 0 72

22 4 28 9 36 1 5 26 2 67 40

LINEA DE SATURACION

5

1 0

1 5

20

CONTENIDO DE AGUA, %
a IV-30. Curvas de compactación para 8 suelos utilizando la prueba Proctor (AA S H O ) estándar (Ref. 15).

de un conjunto de partículas gruesas del tamaño s e . leccionado. L a inform ación respecto a la influencia del tipo de suelo puede complementarse si se analiza la Fig, IV-30 (R ef. 15), en la que se presentan curvas d e compactación para 8 diferentes suelos, compactados con la prueba Proctor (A A S H O ) estándar. En la Fig. IV-31 (R ef. 37) se muestran resultados del secado y humedecimiento de una arena arcillosa compactada con la prueba británica estándar de i®, pactos; en la figura aparece también la curva d e compactación correspondiente. A partir de diferen­ tes puntos de dicha curva, que representan condido­ nes particulares del citado- suelo, se secó y humedeció éste; en la figura se puede ver la evolución del con­ tenido de agua y del peso volumétrico seco como consecuencia de tales operaciones. Los máximos cam bios de volumen ocurren cuando el suelo está cerca de la saturación, pero la capacidad de absorber agua decrece cuando también disminuye el porcentaje de aire en los vacíos. A u nqu e los cambios de volumen más pequeños ocurren con contenidos de aire muy altos, estos suelos cuando se saturan, son' los que lle­ gan a los menores pesos volumétricos y a los mayores contenidos de agua. L a forma de las curvas de compactación obteni­ das se considera “ regular” cuando presenta el con­ torno parabólico •que se muestra en muchas de las figuras presentadas, pero muchos suelos lateríticos, las arenas uniformes (ver Fig. IV-3) y ciertas arci­ llas coloidales altamente plásticas exhiben con fre­ cuencia curvas de compactación de form a muy irre­ gular. L a forma de las curvas puede estar también ligada a la energía de compactación; por ejemplo, en las arcillas de alta plasticidad, la form a irregular obtenida en la prueba Proctor (A A S H O ) estándar suele tornarse muy regular cuando se usa la prueba Proctor (A A S H O ) modificada. En una representación semilogarítmica, tal como la que se ve en la Fig. IV-32 (R ef. 39), se puede apreciar la variación de los pesos volumétricos secos máximos para 17 suelos diferentes, compactados con distintas energías de compactación. Dicha figura se obtiene al unir los valores de los máximos pesos vo­ lumétricos obtenidos en el laboratorio para cada sue­ lo y en cada prueba efectuada, lo que produce una variación lineal en representación semilogarítmica como la que se muestra. En la gráfica resalta una vez más la influencia del tipo de suelo en los resul­ tados de la compactación y el diferente efecto que puede tener sobre cada uno el aumento de la ener­ gía específica de la prueba (de la A A S H O estándar a la A A S H O m od ifica d a ). A l tomar en cuenta que se está utilizando una representación semilogarítmi­ ca, podrá observarse que para todos los suelos la efi­ ciencia de un aumento de la energía de compacta­ ción va disminuyendo a medida que se opera a ni­ veles más altos de energía. L a experiencia de campo indica que en muchos suelos es muy d ifícil sobrepasar el 100% de compac-

Proctoí estando

2400 2 3 0 0
x 2200
Z
U J

o 2100 |

£2000
1 9 0 0 1 8 0 0 1 7 0 0 1 6 0 0 1 5 0 0 0 1 21 4 0 0
a.

° 3

PESO

1 3 0 0

1200. Figura IV-3Í

T o n /m .

VOLUMETRICO

tadón cor que con c al hecho s naciones c En la interés en> y Proctor los diferei dón Proc

SECO,

PESO

y el 97%
modificad para defir table el a de las do: Para fi no a las f sentan res suelos cor equipos c tomada d diferenda mo suelo, como en rentes mí los dos c

Figura IV-31.

Relación entre el peso volumétrico seco y el contenido de agua en una arcilla arenosa cuan­ do se humedece o seca lentamente después de ser compactada (R ef. 37).

Pruebas de compactación en el laboratorio

197

tamaño se.
ia del tipo liza la Fig. curvas d e Mnpactados ir. i resultados la arcillosa! idar de i®. I i curva del de diferenn condiciohumedeció 5n del conseco como) ximos cam > está cereal ►orber agua rcentaje d e le volumen ; aire muy los que líe­ los mayores ión ob teni­ sta el con­ chas de la s laterí ticos, áertas arci:n con frei muy irrear también >r ejemplo, 1 a irregular •) estándar i la prueba i, tal como , se puede tríeos secos tetados con a figura se > s pesos voa cada sueroduce una logarítmica resalta una n los resulefecto que | de la enerO estándar cuenta que nilogarítmireíos la efi: compactaopera a ro­ en muchos de compac-

Proctor lAASHO)__1 Proctor S.O. R estándar.

Proctor (AASHO) modificad

2400'-------------- 1 1

3

4

5 6 7 8

1 0

20

30

40 50

RELACIO N ENTRE EL PESOVO LU M ETRICO SE C O MAXIM O ESTANDAR Y EL CORRESPONDIENTE A LA PRUEBA M ODIFICADA, EN % Figura IV-33. Relación entre los pesos volumétricos estándar y modificado (AASHO).

E N E R G I A E S P E C IF IC A , Kg-cm /cm S Figura IV-32. Variación de peso volumétrico máximo con la energía de compactación para diferentes tipos de suelos (Ref. 39).

tadón con base en la prueba modificada, en tanto que con otros es más fácil lograrlo. La explicación al hecho se ve clara al comparar las diferentes incli­ naciones de las curvas en la gráfica. En la Fig. 1V-33 se presenta otra comparación de interés entre las pruebas Proctor (A A S H O ) estándar y Proctor (A A S H O ) modificada hechas para 43 sue­ los diferentes. El máximo de la curva de compacta­ dón Proctor (A A SH O ) estándar oscila entre el 85 y el 97% del máximo correspondiente a la prueba modificada; el tipo del suelo es el factor prinapal para definir la relación entre ambas pruebas. Es no­ table el acercamiento que ocurre entre los resultados de las dos pruebas en materiales granulares. Para finalizar la información que se ofrece en tor­ no a las pruebas dinámicas, en la tabla IV-14 se pre­ sentan resultados de compactación en varios tipos de suelos correspondientes a varias pruebas y a diversos equipos de compactadón de campo. La tabla está tomada de la Ref. 37 y en ella se ve claramente la diferenaa grande que se puede obtener para un mis­ mo suelo, tanto en peso volumétrico seco máximo como en contenido óptimo de agua, al aplicar dife­ rentes métodos de compactación; la relatividad de los dos conceptos anteriores resalta como evidente

una vez más. L a investigación que se presenta corres­ ponde a un caso particular, pero destaca convenien­ temente las tendencias generales. B Pruebas estáticas

Con relación a la Fig. IV-3 ya se comentó que en suelos friedonantes es muy común que las pruebas dinámicas produzcan una curva de compactación con una forma inadecuada para la determinación de un peso volumétrico seco máximo y una humedad ópti­ ma. También se d ijo que para este tipo de suelo existen otras pruebas de compactación en las que usualmente se define una curva de compactación de forma típica, adaptada a los fines que se persiguen. Una de éstas es la prueba de compactación está­ tica, que introdujo O. J. Porter y que alcanzó su for­ ma definitiva alrededor de 1935. En ella se compacta al suelo colocándolo dentro de un molde dlíndrico de 15.24 cm (6 ") de diámetro; el suelo se dispone en tres capas, acomodándolo con 25 golpes de una varilla con punta de bala, lo que no significa una compactación intensa, pues la varilla es ligera y la altura de caída, que no está especificada, es la míni­ ma utilizable por el operador para una manipulad ó n cómoda. L a compactación propiamente dicha se logra al aplicar al conjunto de las tres capas una pre-

198

Compactación de suelos

Tabla IV 14
Com paración de pesos volum étricos m áxim os y humedades óptimas obtenidas con distintas pruebas de laboratorio y varios equipos de cam po

Tipo de prueba

Arcilla franca P.V.S. Humedad máx óptima T/M3 %

i p o de Su e l o T ; Arcilla limosa Arcilla arenosa Arena P.V.S. Humedad P.V.S. Humedad P.V.S. Humedad máx. máx. máx. óptima óptima óptima T/M3 T/M3 T¡M3 % % %

Mezcla de arena, grava y arcilla P.V.S. máx. T/M3 Humedad óptima
%

Suelos

l

Británica dar Proctor (AASH O ) ficada R odillo 2.5 ton

están­ 1.560 26 1.670 21 1.850 14 1.940 11 2.080 9

3 4 5

6
7

modi» 1.810 liso de' 1.520 de 1.670 20 1.780 16 1.860 14 2.120 8 2.220 7 ' 21 1.770 17 1.830 16 2.060 10 2.150 8 17 1.930 14 2.050 1 1 2.080 9 2.220 7

8
9

10

R odillo liso 7.5 ton R odillo tico

11
12
13

neumá­ 1.575 25 1.670 20 1.780 19 2.040 11 2.020 7

R odillo pata de cabra (vástago b de Fig. IV-4) R odillo pata de cabra (vástago a de Fig'. 'IV-4) Plataforma vi­ bratoria manual de 450 kg

14 1.720 16 1.860 14 1.910 12 2.080 6 15 16 1.720 15 1.850 14 1.920 12 2.060 5 17

1.720- •

17

1.760

15

1.860

13

2.050

10

2.180

7

sión de 140.6 kg/cm2 , la cual se mantiene durante un minuto. Los detalles de la prueba se incluyen en el anexo IV-c de este capítulo; se menciona allí la m o­ dalidad adoptada por la Secretaría de Obras Pú bli­ cas, que ésta utiliza con frecuencia para controlar los trabajos de compactación de campo con suelos pre­ dominantemente friccionantes (prueba Porter S O P ). Com o se ve, la prueba de compactación estática es tan antigua como las dinámicas; si bien no se ha extendido tanto como éstas ni es de aplicación tan universal, tiene en su favor de igual manera el fac­ tor de tradición y costumbre. Además, la prueba clá­ sica estática estaba ligada con la prueba de valor re­ lativo soporte (C .B .R .), muy usada en pavimentos, y ésta es, quizá, otra razón de su supervivencia en la tecnología de muchas instituciones. Es bastante dudoso, pero está relativamente poco estudiado, que una prueba estática tenga un buen índice de representatividad respecto a cualquier pro­ ceso de compactación en el campo. L a aplicación de presión, que de por sí no es un método eficiente para compactar suelos friccionantes (que es a los que mu­ chas veces se les aplica la ..prueba estática), no con­ sidera ni la vibración ni ninguno de los métodos mo­ dernos de compactación de estos suelos en el campo; además, hay razones para pensar que la aplicación de una presión estática puede producir cambios gra-

nulométricos importantes durante la prueba, lo que contribuye a poner en entredicho su representati­ vidad. Hubo una época en que se pensó que una prueba estática representaría bien al efecto de un rodillo liso, cuando era costumbre usar estos equipos en sue­ los friccionantes; de ahí vino la idea de que, mien­ tras las pruebas dinámicas representaban m ejor I procesos de compactación en arcillas, las estáticas eran más apropiadas en arenas y gravas. Independiente­ mente de que esta afirmación se basaba en una in­ tuición nunca comprobada, hasta donde llega el co­ nocimiento de los autores de este libro, la idea carece hoy de base, pues, como se dijo, los suelos friccio­ nantes se compactan en el campo con el empleo de otros sistemas. En la Ref. 39 A gu irre Menchaca presentó los re­ sultados de un estudio comparativo sobre los logros de la prueba estática en relación a los de las pruebas dinámicas. El estudio abarcó 17 suelos, desde gravas hasta arcillas de alta plasticidad. La tabla IV-15 mues­ tra las características principales de los 17 suelos que se estudiaron. En la tabla IV - 16 se muestran los pesos voluffl^ tríeos secos máximos obtenidos y las humedades óp­ timas correspondientes a cada una de las pruebas rea­ lizadas a los diferentes suelos. Nótese que en los sufr

Com parack

Suelo

1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

SP SW-SM SW-SM SM-SC C L-M L CH CH

8. 9. 10. U. 12. 13.

GW-GN GW-GN GM GM GW-GC GW-GC

Pruebas de compactación en el laboratorio
T ab la IV-15 Comparación de resultados entre las pruebas estática y dinámicas Relación de suelos estudiados (Ref. 39) Clasificación (S.U.CS.) SP SW-SM SW-SM s m -sc: CL-ML CH CH GW-GM GW-GM GM GM GW-GC GW-GC GC GC SC SC Limites de plasticidad LX. /J*.

190

Suelos 1

Descripción Arena fina uniforme Arena media limosa, bien graduada Arena gruesa, angulosa Arena limo-arcillosa Ardlla limosa Ardlla de alta plastiddad Arcilla de alta plastiddad Grava angulosa con 9% de finos no plásticos Grava red on d ea d a con 9% de finos no plásticos Grava angulosa con 18% de finos no plásticos Grava red on d ead a con 18% de finos no plásticos Grava angulosa con 9% de finos plásticos Grava redon d ead a con 9% de finos plásticos Ciava angulosa con 18% de finos plásticos Grava red on d ead a con 18% de finos plásticos Arena ardllosa con 30% aprox, de gravas Arena arcillosa

Porcentaje que pasa la malla J/-T \ r 200 Á> 4 N t 40

2
3 4 5

22 20 21
34 62 71 25

fNAP. INAP. INAP, 7

10 0 10 0 10 0 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 100 10 0

100 10 0 10 0 10 0 100 10 0 10 0
49 47 55 55 42 42 54 54

100
40 30 55 70 06 96

5

10 12
25 45 90 92 9 9 18 18 9 9 18 18 37 45

6
7

12

8
9

36 35

21 21 21 21
49 49 49 49 38 38

6 6 6 6
29 29 29 29

21 21
25 25 19 19 28 28 55 80

10 11 12
13 14 15 16 17

12 12

100

72

T ab la IV-16 Com paradón de resultados entre las pruebas estática y dinámicas. Resumen de pesos volumétricos secos máximos y humedades óptimas. Arenas y suelos finos E-2 Vd 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7. SP SW-SM SW-SM SM-SC CL-ML CH CH 1555 1640 1785 1830 1558 1312 1290 V 17.1 16.8 14.7 14.0 Y«i 1556 1645 1792 1850 1610 1380 1320 E-4
w

P Td 1645 1720 1800 1900 1745 1713 1630 w 16.8 14.0 123 115 153 18.9 21.8 VJ 1630 1730 1910 1912 1675 1510 1450

AÍ-2 w 153 153 JOo 1640 1765 1900 1940 1740 1540 1515

M-4
XV

22.0
31.8 32.2

17j 0 15.0 14.3 13.7 19.8 30.4 32.4

15.4

12.0
173 25.4 26.1

12J 2 12.0
113 16.7 243 233

Gravas £-4 E -6 93 83 2117 2062 2048 1991 1980 1962 93 9.1 9.1 2095 2032 2050 2077 P 75 2213 2104 2037 M í 73 7.7 83 9.0 8.7 83 2175 2095 2097 2037 2107 2057 M -6 7.9

8. 9. 10. 11. 12. 13.

GW-GM GW-GM GM GM GW-GC GW-GC

2124 2049 2045 2015 1971 1951

10.1 10.0
113 113

8.1

2120 2112

8.0
83 9.2 8.4 83

10.0
103

2012 2021

10.2

10.6
10.7

93 103

2059

Copyrighted material

200

Compaclación de suelos T a b la IV-16 (Continuación)

14. CC 15. CC 16. SC 17. SC

1892 1895 1514 —

12.6 11.0 223 —

1916 1887 ___ —

12.0 11.6 __ —

2098 2052 1628 —

10.4 10.1 21.4 •—

2077 2020 1622 —

93 9.6 19.4 —

2072 2018

8.8 93 _ —

Sím bolos: F.-2 E-4 E-6 M 2 M 4 M-6 P

Proctor (AASH O ) estándar, Proctor (AASH O ) estándar. Proctor (AASH O ) estándar. Proctor (AASHO) modificada Proctor (AASH O ) modificada Proctor (AASHO) modificada Prueba estática (Porter SOP)

en en en en en en

molde molde molde molde molde molde

de de de de de de

2* 4» 6* 2* 4** 6" 6" y humedad óptima {u<)

N o to : Los valores anotados en las columnas correspondientes a pesos voluméuicos máximos (y j¡ representan el promedio de 5 ensayes. Los «alores de y d están en kg/m3 y los tle ir, en porcentaje.

los finos se usó el molde de la prueba miniatura de Harvard (m olde de 2* de diám etro), pero al suelo se le hizo una prueba con impactos de un pisón. Las principales conclusiones del estudio estriban en establecer que en las arenas gruesas y gravas, lim ­ pias o con finos no plásticos, los resultados de la prueba Porter SOP son similares a los obtenidos para los mismos suelos con la prueba Proctor (A A S H O ) estándar (ver Fig. IV -3 4 ). En las arcillas de mediana plasticidad, en las are­ nas finas con cualquier dase de finos, en las arenas gruesas con finos plásticos y en las gravas con finos plásticos, los resultados de la prueba estática son comparables a los de la prueba Proctor (A A S H O ) modificada, tal como se ve en la Fig. IV-35.

P o r último, en las arcillas de alta plasticidad los resultados obtenidos con la prueba Porter superan en forma notable (hasta en un 10% ) a los de la prueba Proctor (A A S H O ) modificada, según lo muestra la Fig. IV-36. En la Fig. 1V-37 (R ef. 59) se presenta el resulta­ d o de otra comparación entre las pruebas de com­ pactación Proctor SO P y Porter SOP, variantes que utiliza la Secretaría de Obras Públicas, de M éxico, y de las qu e ya se ha hablado. En la Figura aparecen dos correlaciones. L a primera entre el cociente y «i Proctot sobre Porter y un número que se obtiene al mul­ tiplicar el índice plástico del suelo por su porcen­ taje de partículas menores que la malla N * 200. La segunda correlación se establece entre la misma rela­ ción de pesos volumétricos y el equivalente de arena de los suelos (prueba utilizada en la tecnología de los pavimentos que se detallará en el capitulo alu­ sivo).
ARENA FINA UNIFORME (S P )

Figura IV-54.

Comparación entre la prueba estática y priebas dinámicas en una arena gruesa con (Utos no plásticos (Ref. S9).

Figura IV-S5. Comparación entre la prueba estática y pruebas dinámicas en una arena fina (Ref. 39).

Copyright

Pruebas de com ¡utcltirión en el luboralorio

201

I o X
Z

u o o u

e n

O O

E k l
5

2

í
O «

í

Para la primera correlación se observa que (Proctor) < v d (Poner) en los suelos plásticos (cuando es mayor que 100 el producto del Índice plástico por el porcentaje de material menor que la malla 200). La prueba Porter produce jjesos volumé­ tricos secos máximos menores cuanto más friccionante sea el material y mayores cuanto más plástico. Los resultados concuerdan con los obtenidos por Aguirre Menchaca (R ef. 39) y, de hecho, sus 17 suelos figu­ ran entre los resultados del estudio que ahora se co­ menta. La segunda correlación indica substancialmente el mismo hecho. Para equivalentes de arena menores de 20 (suelos plásticos) el peso volumétrico seco má­ xim o Proctor es menor que el peso volumétrico seco máximo Porter; cuanto más friccionante sea el suelo mayor es el peso volumétrico seco máximo Proctor que el Porter. Algunas instituciones tienen a la Porter como prueba estándar de compactación en suelos friccio­ nantes y a pruebas tipo Proctor como norma en sue­ los finos; los resultados de un estudio como el ante­ rior inducen a pensar sobre la conveniencia de tra­ tar de diversificar los controles de compactadón a tal grado, pues en ocasiones un derto estándar pu­ diera significar un requisito elevadísimo respecto al otro, en tanto que en otras pudiera quedar muy por abajo de la necesidad real del proyecto; esto depende de si el suelo friedonante es fino o grueso, de si contiene finos plásticos o no plásticos y de factores que en general son muy diffdles de cuantificar y que se prestan a la aparidón de multitud de casos de frontera o de casos de duda, cada uno de los cuales puede generar un problema de campo, al fijar un estándar de compactadón inalcanzable por el equipo o innecesario, o bien al establecer un estándar de compactadón insufidente. Estudios como el que se comenta sugieren que la mejor política puede ser la de controlar la compactadón de campo con base en un solo estándar, pero que comprenda las limitadones de este criterio, analizando cada discrepanda par* ticular con base en una sólida comprensión de lo que es compactar un suelo y un recto ju id o de cuá­ les son las necesidades de cada caso particular. C Compactadón por amasado

1300

HU.MCDAO,

%

Figura IV-36. Comparadón entre la prueba estática y pruebas dinámicas en una ardlla de alta plastiddad (Ref. 39).

IP i% «2 0 0

Con una sola excepdón, los métodos de compac­ tadón por amasado son relativamente nuevos en la tecnología de los laboratorios. L a excepdón la cons­ tituye la prueba denominada '.‘miniatura" que des­ arrolló ,S. D. Wilson en la Universidad de Harvard

(EE.y Ü .)..
En todos los casos se busca reproduar en el la­ boratorio el efecto típico que tiene lugar en muchos rodillos de campo (pata de cabra y neumáticos, en menor escala), con el objeto de lograr en el espéd­ men la misma estructuradón interna que adquiere el suelo del campo.

Yi

P R O CIW Td P OR TER %

Figura IV-37. Correlación entre los pesos volumétricos secos máximos obtenidos en pruebas Porter y Proctor.

202

Compaclación de suelos sea el que produzca los espedmenes más representa­ tivos de los suelos a los que en el campo se aplican métodos de compactación con rodillo pata de cabra o rodillo neumático. En el anexo IV-d de este capítulo se detalla el método de compactadón por amasado de Hveem.

En la prueba "miniatura" el efecto de amasado se logra al presionar un émbolo de área especificada contra la superficie de las diversas capas con las que se constituye la muestra dentro de un molde, el cual tiene las dimensiones necesarias para formar un es­ pédmen apropiado para la realización de pruebas triaxiales convencionales; en cualquier aplicación se transmite al émbolo una presión constante, lo que se consigue cuando se le adapta un resorte calibrado, que permite saber el momento en que se aplica tal presión. En el anexo IV-d de este capítulo se descri­ be en detalle la prueba, que sólo se puede realizar en suelos con tamaño máximo de 2 mm, lo que por otra parte no es un inconveniente grave pues, como es natural, su campo de aplicabilidad se circunscribe a suelos arcillosos. Hveem (Ref. 42) desarrolló un compactador me­ cánico de laboratorio que, sin el operador, forma es­ pecímenes por medio de un verdadero proceso de amasado, independientemente de la influencia del operador, aun cuando no hay suficientes publicacio­ nes sobre resultados y conclusiones, que permitan de­ finir la representatividad del compactador (o por lo menos no son conocidas por los autores de este libro en cantidad suficiente) , toda la intuición ingenieril inclina a pensar que este método de compactadón

D

Compactadón por vibración

Las pruebas de compactadón con vibradón han interesado a numerosos investigadores en los últimos años (Ref. 43). Muchas de ellas utilizan un molde Proctor montado en una mesa vibratoria; se estudia el efecto de la frecuenda, la amplitud y la aceleradón de la mesa vibratoria, así como la influenda de las sobrecargas, de la granulometría del suelo y del contenido de agua. Schaffner (Ref. 44, también ci­ tado en la Ref. 43) estudió la compactadón de are­ nas secas en mesas de vibración. La Fig. IV-38 mues­ tra resultados típicos; puede verse cómo disminuye la reladón de vados con la aceleradón y cómo se obtuvieron los máximos pesos volumétricos con frecuendas del orden de 6 000 r.p.m. Resultados análogos han sido reportados por Selig (Ref. 44), quien encontró que los máximos pesos volumétricos se obtienen con aceleradones compren­ didas entre lg y 2g y que cuando crece la presión que se ejerce sobre la arena, se requiere una aceleradón mayor para alcanzar un cierto peso volumétrico. Ortigosa y Whitman (Ref. 46) encontraron que con aceleradones arriba de 2 g el peso volumétrico disminuye otra vez por efectos de la sobrecompactadón, pero si la arena está saturada o húmeda, el peso volumétrico sigue subiendo aun con acelerado­ nes superiores a 3 g (Ref. 47).

FRECUENCIA EN rps Figura IV-38. Compactadón de arenas por vibradón. Influen­ cia de la aceleradón y la frecuencia (Ref. 4).

C— fc tn rto c mecánico por am ando d e Hveem.

Pruebas de compactación en e l laboratorio

203

, Op
Figura 1V*S9. Curvas de compactadón para un sudo arenoso compactado con dos tipos de vibrador y con la prueba Británica estándar (Ref. 15).

,

ESPECIMEH.

La técnica sueca (R ef. 21) ha desarrollado otro tipo de prueba de laboratorio con vibración que con* siste en colocar un espécimen en la parte baja de un cilindro unido a un bloque masivo de concreto; sobre el espécimen y cubriéndolo en toda su superficie vibra una placa, provista de un vástago sobre el que actúa cl vibrador. Los métodos de vibración en el laboratorio tam­ bién se han estandarizado a base de una mesa vibra* toria combinada con una sobrecarga o con un pisón vibratorio. En las Re£s. 48, 49 y 50 se muestra algo de estos métodos. En la Fig. 1V-39 aparece una comparación de la eficiencia que se logra al compactar una arena en el campo con vibración y la que se puede obtener con una prueba dinámica de laboratorio; resalta en pri­ m er lugar lo mucho que influye el tamaño de la placa del vibrador y, en segundo, la gran eficiencia que se puede conseguir al aplicar racionalmente la compactadón vibratoria. P o r su im portanda al espedficar el rango de frecucndas con que se deben usar los compactadores en el campo o aplicarse las vibradones en el labora­ torio, se presentan a continuación, en la tabla IV-17, las frecuendas naturales de algunos suelos y rocas considerados en conjunto con un vibrador; la tabla procede de la R ef. 15 y se refiere a un determinado vibrador.
T a b la IV-17 Frecuendas naturales d e l con ju nto suelo-vibrador para varios suelos y rocas T ip o de suelo o roca Frecuencia natural r.p.tn. 750 1145 1165 1280 1430 1445 1570 1650 1800 2040

Figura IY-40.

Dispositivo esquemático de la máquina de compactadón giratoria (R eí. 52).

U n aumento en la amplitud incrementa la efi­ ciencia de la vibración y su efecto en profundidad a todas las frecuendas, al aumentar la deformarión de las partículas del suelo. Una amplitud grande es es­ pecialmente favorable en las arcillas, así como en los materiales friccionantes más gruesos. Cuando se utili­ zan amplitudes muy grandes pueden reducirse las fre­ cuencias de los equipos, lo que suele conducir a pro­ cesos de compactadón más económicos. La investigadón de laboratorio (R ef. 2 1 ), ha he­ cho ver también que la utilizadón de frecuencias de resonanda para el sistema suelo*vibrador es más útil cuanto mayor sea la presión que se ejerce sobre el suelo compactado. En la práctica esto ha conduddo a la utilización de frecuendas más altas en los equipos de compactadón más ligeros. E Pruebas especiales o en proceso d e desarrollo

2 m de turba sobre arena 2 m de relleno con arenas y suelos finos Arena y grava con lentes de ardlla Terracería compactada por el peso del tránsito A rd lla húmeda Arena media muy uniforme Arena gruesa uniforme A rd lla casi seca Caliza Arenisca

D e entre éstas merece esp ea al m endón la máqui­ na giratoria de compactadón (Refs. 51 y 5 2 ), que es obvio que ha sido ideada con el propósito de re* produ ar en el espédmen de laboratorio la estructu­ ra y demás condidones que adquiere el suelo cuan­ d o se le compacta en el campo con los equipos de rolado usuales. En rigor, se puede considerar a este equipo como un compactador de amasado. L a Fig. IV-40 muestra esquemáticamente el dispositivo por el cual se transmite al espédmen una presión combi­ nada con un efecto de balanceo. Muchas de las pruebas que hasta ahora se han h edió con este aparato están ligadas a la tecnología de los pavimentos, y comienzan a desarrollarse dife* rentes modos e intensidades de aplicadón d e la ener­ gía de compactadón para distinguir los volúmenes del tránsito. L a máquina también ha demostrado que es ú til para detectar la in flu en aa de la plastid­ dad de la fnicdón fina de los suelos que se prueban

204

Compactación de suelos que se pueda obtener sobre resultados comparativos de pruebas de laboratorio y procesos de campo. Algunas comparaciones de tal tipo se presentan a continuación. A Comparación de resulados de pruebas de labo. ratorio con los obtenidos en los procesos de com . pactación con rodillo pata de cabra

y para estudiar la degradación estructural de los ma­ teriales bajo un cierto tipo de carga dinámica. Es de esperar que en un futuro próximo se dispon­ ga de información mucho más completa sobre este sistema de compactación.

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200

IV-9

CRITERIOS PARA L A SELECCION DE PRUE­ BAS DE LABO RATO RIO . COMPARACION DE RESULTADOS OBTENIDOS EN EL LABORA­ TO R IO Y EL CAMPO

A riesgo de caer en la reiteración, conviene ahora hacer una breve recapitulación de los criterios prác­ ticos para elegir una determinada prueba de labora­ torio que haya de servir como base de proyecto o como norma de control de calidad en un proceso de compactación; comoquiera que tales criterios sólo se basan en la representatividad de las pruebas, se insistirá aquí algo en la presentación de información sobre resultados comparativos de procesos de com­ pactación en el campo y en el laboratorio; también se completarán y sistematizarán algunos datos, sobre los cuales ya aparecieron algunos comentarios en pá­ ginas anteriores de este capítulo. El problema de la selección de la prueba de labo­ ratorio apropiada puede expresarse en términos sen­ cillos, pues se trata de elegir la prueba que por re­ producir la relación entre pesos volumétricos y con­ tenidos de agua y la estructura del suelo en el cam­ po, permita estudiar el efecto de las condidones de compactadón en los suelos particulares que vayan a usarse, con el fin de definir en forma radonal las condiciones en que se lleve a cabo el proceso de com­ pactación de campo (R ef. 13). En el caso de los suelos finos, con pruebas de amasado se logra la máxima aproximadón a la es­ tructura del suelo que se vaya a compactar; esto se ha comprobado por comparación de propiedades me­ cánicas (Ref. 57). L a compactadón por impactos es menos apropiada y menos representativa, pero es pro­ bablemente aceptable en la tecnología de Vías T e ­ rrestres, sobre todo con fines de control de calidad; la mayor parte de las diferendas con respecto a la compactadón de campo quedan seguramente dentro de las variadones y desviaciones de los procesos cons­ tructivos prácticos (Ref. 13). D e esta manera, la selección de la prueba patrón de laboratorio se reduce a escoger la energía de com­ pactadón que mejor reproduzca la reladón entre el peso volumétrico y los contenidos de agua que se espera en el campo. Nótese que se recomienda siem­ pre el uso de una pueba de amasado o, cuando me­ nos, dinámica, y se considera poco apropiado utili­ zar una prueba estática, cuya representatividad, como se dijo, es mucho más problemática. L a elecdón del estándar de energía que conven­ ga ha de hacerse con base en experiencia previa o en pruebas de campo en secciones representativas a escala natural. Ayudará a ello toda la información

L a Fig. IV-41 (Refs. 13 y 58) indica que la cu r. va de campo con rodillo pata de cabra corresponde a grados de saturación ligeramente mayores que lo s correspondientes a una prueba de impactos en el la . boratorio (Proctor, A A S H O , estándar). En la misma figura se ve una curva correspondiente a una prueba de amasado (Harvard m iniatura), bastante más próxima a la curva de campo. El proceso de compacta­ ción a que se refiere la figura se realizó con 12 pa­ sadas de un rodillo pesado sobre un suelo arcilloso colocado en capas de 23 cm de espesor en estado suelto. La Fig. IV-42 (Refs. 12 y 13) muestra informa ción análoga correspondiente a los materiales finos de las tres presas que se citan. El proceso de campo se hizo con rodillo pata de cabra pesado y el mate­ rial fue una arcilla tendida en capas de 20 cm de espesor suelto. Los datos de las Figs. IV-41 y IV-42 deben com­ pararse con los de la Fig. IV-43 (Refs. 13 y 15), que presenta resultados análogos, pero con un rodillo pata de cabra ligero. Nótese que en este último caso se invierten las posiciones relativas de las curvas de óptimos de campo y de laboratorio. Una presión del rodillo del orden 25 kg/cm2 distingue al equipo lige­ ro del pesado para los efectos que aquí se discuten.

Fig u ra

IV-42.

diferencias i pactación p < estas última tienen en p 2. Para óptimos de con la que s Proctor, qui Las curvas tipo Harvar las curvas d Por desg relación a e 24

Los datos en las Refs. 12, 13, 14 y 15 se resumen en la Ref. 13 en las siguientes conclusiones. 1. Para presiones entre 8 y 18 kg/cm2 la línea de óptimos de la compactación de campo queda lige­ ramente a la izquierda de la correspondiente a una prueba de impactos tipo Proctor. Son mayores las

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figura IV-43.

CONTENIDO DE AGUA DE COMPACTACIÓN,

Figura IV-41.

Comparación de curvas de compactación de cam­ po (rodillo “ pata de cabra” de gran presión nominal) y de laboratorio (Proctor estándar y Harvard miniatura) (Refs. 13 y 58).

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Criterios para la selección de pruebas de laboratorio
o m p a r a t iv o s :a m p o .

205

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Figura IV-44.

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IV-42.

Comparación de curvas de compactación de cam­ po (rodillo “ pata de cabra” de alta presión no­ minal) y de laboratorio (Proctor estándar para material que pasa la malla Núm. 4) (Refs. 12

Comparación de curvas de compactadón de cam­ po (rodillo “ pata de cabra” ligero) y de labo­ ratorio (prueba británica estándar) (Refs. 14

y i5)compactadores por amasado, que por cierto se u tili­ zan más ahora. En la Fig. IV-44 (Refs. 14 y 15) se comparan las curvas de compactación de campo de los cuatro sue­ los que se indican, con los valores obtenidos en el laboratorio por medio de la prueba británica están­ dar (muy similar a la Proctor, A A S H O , estándar). El proceso de campo se llevó a cabo con un rodillo pata de cabra ligero (8 kg/cm2 de presión de contacto), con 64 pasadas y 75 cm2 de área de contacto del vás­ tago. Desde luego se mantiene la tendencia señalada en párrafos anteriores, pero se ve que no es consis­ tente la relación entre los pesos volumétricos m áxi­ mos que se obtuvieron en campo y en el laboratorio para los cuatro suelos. Obsérvese que la Fig. IV-44 se refiere a la misma investigación que la Fig. IV-43. L a inform ación comparativa entre los resultados de los procesos de compactación de campo con ro­ dillo pata de cabra y los de pruebas de laboratorio se complementa con los datos que se ofrecen en la Fig. IV-45 (R ef. 15). Las pruebas dinámicas que se comparan son la Proctor (A A S H O ) modificada (1 ), la estándar (3) y una prueba de impactos con energía intermedia (2 ); la línea de óptimos que se obtuvo con base en las tres pruebas representa las condicio­ nes de compactación que puede esperarse al emplear en el laboratorio tal tipo de pruebas, en el rango de energías que se señala. E l suelo que se probó fue una arcilla con L L = = 38% e I P = 18% y se tendió en capas de 15 cm de espesor compacto. Se presentan tres curvas de cam­ po. L a A corresponde a 6 pasadas de un rodillo pata de cabra con 44 cm2 de área de vástago y 18 kg/cm2 de presión de contacto; la B a 12 pasadas del mismo equipo y, finalmente, la C a 24. Nótese que el óptim o de los rodillos queda por abajo del de laboratorio para cualquier valor me­ nor de aproximadamente 22 pasadas. Comparaciones como la presente indican los peligros de fijar el gra-

y In ­ diferencias entre las curvas de campo y las de com­ pactación por amasado tipo miniatura Harvard, pues estas últimas quedan a la derecha de las que se ob­ tienen en pruebas dinámicas. 2. Para presiones de 18 a 35 kg/cm2 la línea de óptimos de la compactación de campo casi coincide con la que se obtiene en una prueba de impactos tipo Proctor, quedando ligeram ente a la derecha de ella. Las curvas de amasado correspondientes a pruebas tipo Harvard miniatura prácticamente coinciden con las curvas de campo. Por desgracia no hay suficiente inform ación con relación a especímenes producidos con otros tipos de 240
|- Grava -arena arcilla 2 Arcilla arenosa 3 Arcilla limosa 4 Arcilla plástico

220

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20

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CONTENIDO D E AGUA, % :ión de camran presión estándar y figura IV-43. Comparación de lineas de óptimos de campo (rodillo “ pata de cabra” de baja presión nomi­ nal) y de laboratorio (impactos) (Refs. 13, 14 y 15).

206

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Figura IV-45.

Comparación entre los resultados de un proce­ so de compactación de campo con rod illo "pata de cabra” y pruebas dinámicas (R ef. 15).

Figura IV-47.

Comparación de curvas de compactación de campo (rodillo neumático) y de laboratorio (Proctor estándar) (R ef. 13).

D J O > O l 80---1 0 U J Q . ___
| 2.40’ ----X

d o de compactación de cam po con base en una prue­ ba de laboratorio escogida sin realizar previam ente un estudio para determ inar la relación entre ambos métodos de compactación. B Comparación de resultados de pruebas de labora­ torio con los obtenidos en los procesos d e com ­ pactación con rod illos neumáticos

de óptim os a que se refiere el párrafo anterior al au­ mentar la energía de compactación. En la Fig. IV-49 se muestra la influencia del tip o de suelo en estos aspectos. C om o se ve, en los procesos de compactación con rodillos neumáticos ía curva de óptim os se localiza a la derecha de la obtenida con pruebas dinámicas, para un am plio rango de presiones de inflado en los rodillos. Es razonable pensar qu e las pruebas de ama­ sado reproduzcan m ejor las curvas de campo de los rodillos neumáticos que las dinámicas, pero es segu­ ro que n o será grande la diferencia entre ambos ti­ pos de pruebas.

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2

220

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Las Figs. IV-46 y IV-47 (R ef. 13) hacen ver que para un suelo dado la línea de óptim os de los proce­ sos de campo con rod illos neumáticos con presiones de in flad o comprendidas entre 2.80 y 10.50 kg/cm2 queda siempre a la derecha de la línea d e óptim os correspondiente a pruebas dinámicas de laboratorio.

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0

Figura IV-49.

IV-10

PROPIEDADES M ECANICAS DE LAS ARENAS C O M PAC TAD AS da al esfu dijo, una c tico” , tal cc Para produ esfuerzos ta ba, una ar fuerzo-defoi ce en dich; creciente p vez que se éste puede crecer (con ya que esta plicarse en pacta es pi los granos, do unos sol roto la tra cilita mucli rio, en arei e inestable pero éste i

Si, por ejem plo, en un aparato de corte directo se prueba una arena suelta para obtener su resisten-

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Laboratorio

NOTA-los números indican la presiín de inflo— n kj/cm? y el do ■ número de pasadas

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Figura IV-46. Comparación de curvas de compactación de cam­ po (rodillo neumático) y de laboratorio (Proc­ tor estándar) para una arcilla arenosa ( L L = 1 8 , L P = 16) (R ef. 13).

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CONTENIDO DE AGUA, % Figura IV-48. Comparación de curvas de óptimos de camp® (rodillo neumático) y de laboratorio (impactos tipo Proctor) (Refs. 13 y 15).

L a Fig. IV-48 (Refs. 13 y 15) indica qu e dismi­ nuye la diferencia en la posición de las dos curvas

Propiedades mecánicas de los suelos finos compactados

207

cerradas (capítulo 1) y la resistenda de la arena va creciendo en forma paulatina hasta un cierto límite. Esta estructura es prácticamente igual a la que se llega al compactar la arena, por lo que la resistencia final o residual es la misma en el caso suelto y en el compacto. L a parte inferior de la misma Fig. IV-50 muestra las variaciones de volumen que sufre la muestra du­ rante la deform adón. E l volumen de las arenas suel­ tas disminuye desde un prin dpio, a causa de la destrucdón de las inestables estructuras m ídales. En las arenas compactas hay al p rin d p io una ligera dismi* nudón de volumen por el aumento del nivel general de esfuerzos, pero en seguida el proceso de deforma­ ción que ya explicamos produce un aumento de vo­ lumen, cuya máxima veloddad corresponde al es­ fuerzo máximo que aparece en la parte superior de la figura. En la figura se aprecia que la resistencia máxima que puede desarrollar una arena compacta es mucho mayor que la que puede ofrecer la misma arena, suelta. Naturalmente que no siempre son más favo­ rables las características con que se presenta la resis­ tenda en las arenas compactas; p o r ejem plo, en are­ na suelta se desarrolla siempre resistenda credente, en tanto que la compacta exhibe una falla frágil, a partir de la cual su resistenda cae mucho, hecho que pudiera tener gran importancia en las aplicacio­ nes; las arenas compactas son también susceptibles de falla progresiva. Cuando una arena se compacta por un proceso de campo, puede aumentarse mucho su resistenda máxima, pero, en rigor, tan sólo una parte del incre­
Figura IV-49. Comparación de curvas de óptimos de campo (rodillo neumático) y de laboratorio (impactos tipo Proctor) (Ref. 1S).

cía al esfuerzo cortante, se obtendrá, como ya se d ijo, una curva esfuerzo-deformación del tipo “ plás­ tico", tal como se muestra en la Fig. IV-50 (R ef. 10). Para producir deformadones crerientes se necesitan esfuerzos tangenciales crecientes. En la misma prue­ ba, una arena muy compacta mostrará la curva esfuerzo-deformadón con línea discontinua que apare­ ce en dicha figura; al p rin d p io se necesita esfuerzo creciente para aumentar la deform adón, pero una vez qu e se sobrepasa un valor m áxim o del esfuerzo, éste puede disminuir sin que la deform adón deje de crecer (comportamiento fr á g il). Tam bién se indicó ya que esta diferenda de comportamiento puede ex­ plicarse en términos de estructuradón; en arena com­ pacta es preciso no sólo vencer el rozamiento entre los granos, sino obligarlos a girar y moverse, rodan­ do unos sobre otros; sin embargo, una vez que se ha roto la trabazón estructural compacta ínidal, se fad lita mucho su m ovim iento relativo. P o r el contra­ río, en arena suelta, la estructuradón in id a l es floja e inestable y es fá d l in id a r e l m ovim iento relativo, pero éste va produciendo estructuras cada vez más

Figura IV-30.

Diferencias de comportamiento entre una suelta y una compacta (R ef. 10).

Gopyrighted materi

208

Compactación de suelos pulsión entre los estratos positivos de las dobles capas eléctricas de cada partícula. Las fuerzas de repu], sión son función exponencial de la distancia entre partículas y aumentan al disminuir la concentración ue electrólitos. Las fuerzas de Van der Waals son in. dependientes de la concentración de electrólitos. L a Fig. IV-51 (R ef. 13) muestra dos arreglos ex­ tremos de las partículas sólidas, entre los que puede variar un suelo arcilloso real. L a estructura queda determinada por dos factores principales, que son la magnitud relativa de las fuerzas de atracción y repulsión de las partículas y el m onto de la deform ación angular que el suelo haya sufrido. A mayor repulsión y mayor deforma­ ción angular corresponde un mayor grado de orien­ tación de las partículas. Se analiza a continuación, siempre según la Ref. 13, el efecto de las condiciones de compactación en las variables que gobiernan el comportamiento me­ cánico (peso volumétrico seco, grado de saturación y grado de orientación de las partículas). Las condi­ ciones que se consideran son el contenido de agua, la energía de compactación, el procedimiento de com­ pactación, el método de preparación del suelo y la proporción y características de la fracción no arci­ llosa. 1 Efecto del contenido de agua
a.

mentó que se obtenga podrá tomarse en cuenta en un proyecto, pues la susceptibilidad a la falla pro­ gresiva y lo irregular de cualquier distribución real de esfuerzos harán que la falla se produzca a nive­ les de esfuerzos menores que la resistencia máxima. L a compresibilidad de las arenas compactadas también disminuye mucho respecto a la de las are­ nas sueltas. A este respecto, el lector debe consultar el capítulo 1 para tener muy presentes los problemas de compresibilidad de arenas y suelos gruesos a altas presiones. Un efecto que merece más atención de la que se le ha dedicado hasta el presente es la degradación estructural que sufren muchos suelos gruesos, por el proceso de compactadón, lo que se traduce en cam­ bios importantes en su granulometría, de manera que la que se obtiene en el campo no es la misma que se obtuvo en el laboratorio. Aparte de los cambios en resistencia y compresibilidad que esto puede produ­ cir (los que tal vez no serán de excesiva importan­ cia en la mayoría de los casos prácticos excepto, tal vez, en las bases de los pavimentos flexibles) pueden te­ nerse efectos substanciales en los contenidos óptimos de asfalto en materiales de bases tratadas con este material o de carpetas. Es claro que el efecto será más notable cuanto más deleznables sean las partícu­ las del material que se compacta. En la R ef. 39 A g u irre . M enchaca presenta curvas granulométricas de materiales gruesos compactados en el laboratorio por diferentes procedimientos; en algunos casos los efectos de la degradación estructural son bastante importantes (p or ejem plo, de 9% de m aterial menor que la malla 200 en condición original a 18% des­ pués de la com pactación).

donde Gw y pecífico reí; m ite dibuja va correspo Ya se di rápidamenti timo, pero agua arriba Fig. IV -7 ).
c. En la

Cuando desarrollo d ción de ion» den pequen esfuerzos e f cía, se tend formación y Si aumei zas de repu) con lo que formación, iguales, un de agua su alcanzará ui tación. Con el grado de variar la en gía habrá n de las partí» 2 Efecto d»
a. En el

En el peso volum étrico seco

Y a quedó debidamente establecido en páginas an­ teriores de este capítulo. El máxim o peso volumétri­ co seco se alcanza con el contenido de agua óptimo (Fig. IV - 1 ).

IV-11

PROPIEDADES MECANICAS DE LOS SUELOS FINOS COMPACTADOS

b.

En el grado de saturación.

E l estudio de las propiedades de los suelos finos compactados requiere un análisis previo de la in­ fluencia de las variables de compactación que condi­ cionan las propiedades mecánicas de dichos suelos; estas variables son su relación de vacíos (o peso vo­ lumétrico seco), su grado de saturación y la estruc­ turación que adquieren sus partículas sólidas. Mu­ cha de la inform ación que se presenta a continuación procede de la excelente R ef. 13; se puede encontrar información complementaria en las referencias 53, 54, 55, 56 y especialmente en la 60. Ya se ha hablado en el capítulo 1 de esta obra de la interacción entre las fases sólida y líquida de un sistema agua, aire y arcilla. Se vio que cada cris­ tal de arcilla parece comportarse como si tuviese una carga eléctrica negativa, atrayendo una atmósfera de iones positivos (doble capa eléctrica). Además de esa interacción existe otra de partícu­ la a partícula, debido a fuerzas de acción a distan­ cia; estas fuerzas se componen de una atracción elec­ tromagnética (fuerzas de Van der W aals) y una re­

Este efecto también se puede ver en la curva de compactación. Para cualquier par de valores y¿ — w, G w puede calcularse con la expresión

(4-7) ss Tw — 'id

En la Fi¡ va de comp Al aumentar trico será tai de agua del que se aplic perior al óp angular, per» a que un si deformable tanto, fase f¡
b.

En el

Durante de agua de manera que menta la ene peso volumé Cuando e perior al ópt tación result;
c. En la
Figura 1V-51. Estructuras extremas de un suelo arcilloso: 3 ) alto grado de orientación de partículas; b) bajo grado de orientación de partículas (R ef. 13)'

La energi reducir su ve

Propiedades mecánicas de los suelos finos compaclados dobles c a . ¡ de repu], ncia entre centración ais son in . ólitos. rreglos e x que puede dos factoiv a de la s articulas v e el suelo r deforma' de orienAn la Ref. ctación e n liento m eturación v Las condi> de agua, to de com suelo y la i no arcii0 jjde G w y w están en jx»rcentaje y Ss es el peso es­ pecífico relativo de los sólidos. L a expresión 4-7 per­ m ite dibujar en el diagrama de compactación la cur­ va correspondiente a cualquier grado de saturación. Ya se d ijo que el grado de saturación disminuye rápidamente para contenidos de agua abajo del óp­ tim o, pero que es casi constante para contenidos de a «ia arriba de dicho límite (ver, por ejemplo, la Fig. IV-7).
c. En la estructura.

209

P o r tanto, el aumento de la energía de compactación produce una orientación adicional de las partículas de arcilla, que es una función creciente del conteni­ do de agua; si el suelo tiene una humedad superior a la óptima, todo aumento de la energía de compac­ tación se empleará en acercar al suelo a la condición de dispersión extrema que se muestra en la Fig. lV-51a. 3 Efecto del método de compactación

Cuando el contenido de agua es bajo, se limita el desarrollo de la doble capa eléctrica y la concentra­ ción de iones es muy alta. A esta situación correspon­ den pequeñas repulsiones entre las partículas y altos esfuerzos efectivos por capilaridad; como consecuen­ cia, se tendrá un suelo con alta resistencia a la de­ formación y bajo grado de orientación de partículas. Si aumenta el contenido de agua, crecen las fuer­ za s de repulsión y disminuyen los esfuerzos capilares, con lo que se reduce la resistencia del suelo a la de­ formación. Con método y energía de compactación iguales, un suelo compactado con m ayor contenido de agua sufrirá mayores deformaciones angulares y alcanzará una estructura con mayor grado de orien­ tación. Con un mayor contenido de agua, aumenta el grado de orientación de las partículas. Si se hace variar la energía de compactación, con mayor ener­ gía habrá más tendencia a lograr mayor orientación de las partículas.

Desgraciadamente no es posible comparar los d i­ versos métodos de compactación que se utilizan al mismo nivel de energía de compactación, pues, como ya se explicó, éste no puede cuantificarse con preci­ sión en cada caso y se ve afectado por factores im ­ ponderables que influyen en la eficiencia de los pro­ cesos. L o que se hace es comparar los procedimientos que llevan al suelo al mismo peso volum étrico seco y con el mismo contenido de agua. En tales condi­ ciones, se espera que la diferencia de propiedades del suelo que pueda obtenerse se deba únicamente a una diferencia en las estructuras, la cual sería atribuible sólo a diferencias en la magnitud de las de­ formaciones angulares inducidas por el m étodo de compactación. En el laboratorio, a mismo peso volum étrico y mismo contenido de agua, el máximo grado d e orien­ tación de las partículas se logra por amasado y el m ínim o por compactación estática. En la R ef. 63, de la que se reproduce la Fig. IV-52, se presenta una interesante investigación en la que se hace ver que con compactación estática una arcilla conserva una estructura completamente floculada en toda la curva

láginas an volumétri- 2 Efecto de la energía de compactación ua óptimo a. En el peso volumétrico seco. En la Fig. IV-7 ya se mostró cómo cambia la cur­ va de compactación al variar la energía específica. Al aumentar la energía, el aumento de peso volumé­ trico será tanto mayor cuanto menor sea el contenido t curva de de agua del suelo; cualquier incremento de energía « Td - vi, que se aplica a un suelo con contenido de agua su­ perior al óptim o se utiliza en producir deformación angular, pero no reducción de volumen; esto se debe (4-7) a que un suelo con contenido de agua alto es más deformable y tiene bajo contenido de aire y, por tanto, fase fluida menos compresible.
b. En el grado de saturación.

Durante el proceso de compactación el contenido de agua de los suelos finos permanece constante, de manera que el grado de saturación crece si se incre­ menta la energía de compactación y se alcanza mayor peso volumétrico. Cuando el suelo tiene un contenido de agua su­ perior al óptimo, el aumento de energía de compac­ tación resulta muy poco eficiente, como ya se dijo.
c. En la estructura.
arcilloso: a) las; b) bajo i (R ef. 13).

----------- ESTÁTICA — '— — PO R IMPACTO
------POR amasado

La energía que se aplica al suelo se emplea para reducir su volumen y para deformarlo angularmente.

Figura IV-52.

lufluenci:) <kl tipo <|c compactación en la es­ tructura adquirida por el suelo compactado (Ref. Ü jjjgit

210

Compactación de suelos
-------------. -

de compactadón; la arcilla, que tenía estructura flo­ culada a bajas humedades, con compactación por amasado alcanza una estructura dispersa desarrolla­ da en su totalidad (con la máxima orientación de las partículas) a contenidos de agua de compactadón co­ rrespondientes aproximadamente a la humedad óp­ tima de la prueba que se haga; esta estructura disper­ sa se mantiene a contenidos de agua crecientes ya en toda la curva. En una prueba de compactación por impactos, una estructura inicialmente floculada a con­ tenidos de agua muy bajos, se va tornando dispersa a medida que la curva de compactación progresa con humedades crecientes, alcanzándose una estructura to­ talmente orientada sólo con humedades mayores que la óptima, ya en la rama húmeda de la curva. Es evidente que de lo anterior pueden extraerse conclusiones que trascienden en mucho al aspecto me­ ramente académico de la investigación. A estructuras tan diferentes en el suelo han de corresponder propie­ dades fundamentales también muy diferentes (ello se comprobará en las páginas siguientes). Por otra par­ te, casi todos los procesos de compactación de campo más usados, excluyendo la vibración, desgraciada­ mente no incluida en la investigación anterior, inclu­ yen en mayor o menor grado efectos de amasado, en tanto que la compactación estática del laboratorio no puede considerarse representativa de ningún método actual de campo. De esta manera, puede ya intuirse que una prueba de compactación estática no podrá considerarse representativa de ningún proceso de com­ pactación de campo y, por ende, el uso de una prueba estática de laboratorio para estudio de suelos con fi­ nes de proyectar una estructura de tierra deberá cues­ tionarse seriamente. En el campo, el rodillo pata de cabra produce mayor orientación de las partículas que el neumá­ tico. Una diferenda bien conocida entre las pruebas de laboratorio por amasado y por impactos es que el lugar geométrico de los óptimos corresponde a gra­ dos de saturación mayores en el primer caso que en el segundo. En la Fig. IV-53 (R ef. 13) se propordon a el or­ den de magnitud de dicha diferencia en el caso de una arcilla arenosa poco plástica y bien graduada; en suelos más plásticos la diferenda puede ser mayor. 4 Efecto de la fracción gruesa

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por im pactos

Com lactación

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Compoctoci on por amasado

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bien graduada Suelo, mezd de are na y arcilla poco plástic a 0 5 10 CONTENIDO DE AGUA,

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1 5 % 2 0

13.7 S O

Figura IV-53.

Curvas correspondientes al óptimo contenido d e agua de un mismo suelo para compactación pot impactos (tipo Proctor) y por amasado (tipo Harvard miniatura) (Ref. 13).

Figura

IV-55.

dim iento de compactación de laboratorio en que la fracción retenida en una m alla (muchas veces la d e 3/4") se substituye por el mismo peso de material que pasa por dicha malla y lo retiene la N? 4; si tal m étodo se aplica, se obtienen resultados que pudie­ ran desviarse significativamente de lo que ocurra en el campo. 5 Efecto de la preparación de la muestra

Como se i la permeabili el cuadrado i La variac dad del suel< tipo que se r En la Fig. del grado de arcillas comp cho grado di el efecto de tropía (dismi partículas), ; rante 21 días La estruc la permeabili Refs. 13 y 6

Com o ya se ha indicado, los dos factores que m ás influyen son el reuso y el logro de una homogénea distribución del contenido de agua. Se analizan a continuación las propiedades m ás importantes de los suelos finos compactados. A Permeabilidad

L a permeabilidad de un suelo compactado, como sus otras propiedades mecánicas, depende de su rela­ ción de vacíos (o su peso volumétrico seco), de s u estructura y de su grado de saturación.

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1.75

Ya se comentó en páginas anteriores de este ca­ pítulo la influencia de la fracción gruesa en el peso volumétrico que se obtiene al realizar pruebas diná­ micas. Nos limitaremos aquí a insistir en que el peso volumétrico seco aumenta al aumentar el porcentaje de gruesos hasta un cierto límite, arriba del cual dis­ minuye. Si el porcentaje de gruesos es constante, pero se cambia la granulometría de la fracción gruesa, el peso volumétrico seco máximo aumenta al mejorar la distribución granulométrica de dicha fracción grue­ sa. Por esta razón es inadecuado (R ef. 13) el proce-

1.70
1.65 1.60

1.55 Figura IV-54. Relación entre la humedad de compactación f el coeficiente de permeabilidad en un limo J* sifico saturado con contrapresión de 6 kg/cffl(Ref. 61).
1.50

figura IV-56.

E

Propiedades mecánicas de los suelos finos compactados

211

Inmediotamente despué de la compactociofo —— --------21 dios de reposo a contenido de agua constante

-Peso vol. seco = 1.73 ton/m3 Reí. de vacíos * 0 . 5 7

«5 90 GRADO OE SATURACION, % Figura IV-55.

95

too

Efccto del grado de saturadón en la permeabi­ lidad de una arcilla limosa compactada por amasado (Refs. y 62).

Como se indicó en el párrafo 1*8 del capítulo 1, la permeabilidad puede relacionarse linealmentc con el cuadrado de la relación de vacíos del suelo. L a variación entre el coeficiente de permeabili­ dad del suelo y la humedad de compactación es del tipo que se muestra en la Fig. IV-54 (R e f. 61). En la Fig. IV-55 (Refs. 13 y 62) aparece el efecto del grado de saturación en la permeabilidad de las arcillas compactadas, que aumenta siempre con di­ cho grado de saturación. L a figura ilustra también el efecto de los cambios de estructuración por tixotropía (disminución del grado de orientación de las partículas), al dejar reposar a los especímenes du­ rante 21 días a contenido de agua constante. L a estructuración es el factor que más afecta a la permeabilidad de un suelo compactado (Fig. IV-56, Refs. 13 y 6 2 ). Nótese que a mayor contenido de

agua y mayor distorsión producida por la compacta­ d ó n (a lo que corresponde mayor grado de orienta* d ó n en las partículas) se obtiene menor permeabili­ dad, y que las diferendas por este efecto son muy importantes. L a Fig. IV-57 (Refs. 13 y 57) propordona las di­ ferencias de permeabilidad que se obtuvieron para un mismo suelo que se compactó en el campo con rodillo pata de cabra y en el laboratorio con un com­ pactador de amasado, llegando siempre al mismo peso volumétrico seco con el mismo contenido de agua; pueden observarse las diferencias producidas por el método de compactadón y también las que se obtienen en el campo entre las permeabilidades ver­ tical y horizontal, mucho mayores que las que se producen en el espédmen de laboratorio. L a permeabilidad de un suelo arcilloso compac­ tado puede variar mucho con las condidones de compactadón, sobre todo con las que influyan en la estructuradón del suelo, que es con mucho e l factor más influyente.
B C o m p r e s ib ilid a d y e x p a n s ió n

Cuando un suelo ardlloso cambia de volumen existen dos componentes de deform adón a nivel es­ tructural. En primer lugar, la correspondiente a va­ riaciones de las distandas entre las partículas con grado de orientación constante, y en segundo, la que ocurre por reduedones de las distandas medias de

1 \ I0*1 l Contei ido de tfptimo— l\k “ Compacto»oon estático 1 i y V por am o ¡ o d o - j - " ’ * I0*1 j C O M PAC TAC IO NO ELABO RATO RIO . (Permeobilidod horizontal) COMPACTACION 0£ CAMPO (Feuweqtilidod fc wizonM)

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COM PACTACION DE CAMPO (Permeobilidod vertical)

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PRESION EFECTIVA OE CONSOLIDACION',
Figura IV-57. Figura IV-56. Efecto de la estructura de una arcilla limosa en su permeabilidad (Refs. 13 y 62).

kg/cm?

Diferendas de permeabilidad vertical y hori­ zontal en muestras compactadas en e l campo y en el laboratorio (Refs. IS y 57).

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212 C o m p a c ta c ió n de suelos

las partículas, sin que cambie su distancia mínima por aumento del grado de orientación. L a segunda componente sólo opera cuando ocu­ rre una compresión en el suelo, y es irreversible, dada la com plejidad estructural de un suelo compactado, de manera que las expansiones pueden atribuirse casi exclusivamente a la primera componente (R ef. 13). Si se compactan dos muestras de un suelo arci­ lloso con los mismos métodos y energías y al mismo peso volum étrico seco, pero em pleando en un caso una humedad menor que la óptim a y en el otro ma­ yor, se obtiene un comportamiento en procesos de carga en que se mida la deform ación volumétrica, como el que se muestra en la Fig. IV-58. En prim er lugar, la muestra que se compactó en el lado húmedo (muestra 2 ) exhibe una curva de compresibilidad con la forma típica regular que co­ rresponde al tipo de suelo de la prueba (arcilloso), en tanto que la muestra 1 , compactada del lado seco, presenta una curva de compresibilidad que se diría compuesta de dos curvas convencionales. En suelos que se compactaron por amasado, se ha obser­ vado que la presión a la que aparece la transición, con variación brusca de pendiente, es ligeramente menor que el esfuerzo de com pactadón (R ef. 64). A l parecer el aumento del coeficiente de compresibi­ lidad (pendiente abrupta) se debe al predom inio de la tendencia a la aproximación de las partículas con aumento del grado de compactación.

En segundo lugar, bajo presiones pequeñas, coeficiente de com presibilidad del suelo compacta^! en el lado seco es m enor que el del suelo que compactó en el lado húmedo, pero esta situación gi invierte bajo presiones grandes. Esto se debe a que bajo poca presión ocurren cambios insignificantes el grado de orientación de las partículas de las d o s muestras, y al ser m ayor en la muestra 2 la distanci; m ínim a entre partículas, la resistencia que oponen para aproximarse es más grande en esta muestra qu e en la 1 ; bajo grandes presiones, en la muestra 1 (de lado seco) ocurren deformaciones volumétricas debi das al aumento del grado de orientación de las par­ tículas por colapso, que no tienen lugar en la mués tra 2 .

%

to de vista del m ás peligrosos La Fig. 1\ compresibilida arena arcillosa de un lado di] formación cori res para suelo Una vez q parte de la esi una serie de c ciones de satu más o menos sobre los que que son m uy rio, incluso cu Las circun bios son (R e í sión debido a el aumento er pansión, depe agua de co m j miento (en deben esperar

B ajo presiones muy altas ambas muestras llegan a la misma relación de vacíos, pues en las dos s e llega a una estructuración similar. En la muestra compactada en la rama seca es mu­ cho mayor la expansión libre que tiene lugar al per­ m itir a las muestras absorber agua (Fig. IV-58a). Esto se debe a que la distancia m ínim a entre par­ tículas es mucho m enor en la muestra compactada en el lado seco; por tanto, las repulsiones netas resul­ tan también mucho mayores. L a expansibilidad crece con la energía de compactación. Resulta d ifícil decir si un suelo que se compacte de un lado del óp tim o tendrá m ejor o peor compor­ tamiento, en lo que se refiere a compresibilidad, que otro que se compacte en el lado opuesto. En cada caso la decisión al respecto debe basarse en las carac­ terísticas del terraplén en que se usará el suelo. La compresibilidad es m enor del lado seco (Fig. IV-59) pero la compactación del lado húmedo producirá un material más flexible, capaz de adaptarse m ejor a asentamientos diferenciales (por ejem plo en terraple­ nes altos en cañadas abruptas, en que las alturas pue den variar mucho en cortas distancias); desde el pun

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28
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o) Condiciones de compoctocion y trayectorias de expansión libre

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§1 7 5

PRESION OE CONSOLIDACION (Escola aritmética)

b) Curvas relación devacíos-presion
Figura IV-58. Compresibilidad y expansividad de un suelo ar­ cilloso compactado a una misma relación de vacíos con contenidos de agua a ambos lados óptimo (Ref. 13). Figura IV-59. del contenido de agua de compactación en la compresibilidad de una arena arcillosa (Ref. 28). F‘»gura IV-60. ]

E fecto

Propiedades mecánicas de los suelos finos compactados
to de vista del agrietam iento, en general son tam bién compacta^ más peligrosos los suelos compactados del lado seco. aelo que $ La Fig. IV-59 (R e f. 28) muestra las curvas de situación compresibilidad obtenidas en dos muestras de una debe a qu ( arena arcillosa, cada una de las cuales se com pactó iíficantes e n de un lado diferente de la hum edad óptim a; esta in ­ ; ele las d o j formación corrobora lo expuesto en párrafos anterio­ la distancia res para suelos arcillosos en general. ju e oponen Una vez que el suelo ha sido compactado com o nuestra qu{ parte de la estructura del terraplén, se inicia para él estra 1 (de | una serie de cambios en contenido de agua y condi­ kricas deb¡. de las par. ciones de saturación, cambios de volum en y cambios más o menos transitorios en estados de esfuerzos, en la m ués sobre los qu e existe poca in form ación cuantitativa y que son m uy difíciles de reprodu cir en el laborato­ stras llegan rio, incluso cualitativamente. . las dos s e Las circunstancias que más in flu yen en esos cam­ bios son (R e f. 3) el aum ento de esfuerzo y com pre­ s e c a es musión debid o al suelo que va siendo colocado encima, u g a r a l per* el aumento en contenido de agua y compresión o ex­ g . IV -58 a ). pansión, dependiendo esto ú ltim o del contenido de e n t r e paragua de compactación y de las presiones de confina­ •co m p actad a miento (en la R ef. 65 Bishop y H en kel señalan que n e t a s resuldeben esperarse expansiones aun en suelos arcillosos ►equeñas,

213

4

%

compactados aproxim adam ente en su hum edad óp ti­ m a y bajo cargas de 10 m de te rra p lé n ), y finalm en­ te la contracción causada por dism inución d e l conte­ n id o de agua. L a F ig. IV-60 (Refs. 3 y 60) muestra los cambios en contenidos de agua q u e pueden ocu­ rrir en el suelo fin o compactado (la figu ra refleja un caso p a rtic u la r); la expansión está relacionada con el grado de orien tación de la estructura de la arci­ lla. E l m áxim o peso volum étrico seco qu e el suelo conserva en cu alqu ier circunstancia se ob tien e cuan­ do se compacta cerca del contenido de agua óptim o correspondiente al m étodo y energía de compacta­ ción que se usen.

AMASADO

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ESTATICA

»e com pacte í o r comporj i l i d a d , que o. En cada :n l a s carao íl s u e lo . La F i g . IV-59), r o d u c ir á un se m e jo r a e n terraplea l t u r a s pueís d e e l pun-

A U M E N T ALA G U A D E S P U E Sv FLOCUlAaONH* C O N T E N IO *50EA DELA E XP A N S K )N J _ ^ \ A .......

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HUMEOAD DE COMPACTACION, %
compactación rena arcillosa figura IV-60. Influencia de la humedad de compactación y la estructuradón del suelo en las características de expansión de una arena arcillosa (Refs. 3 Y «>).

12
Figura IV«61.

13

14

15

16

17

18

HUMEDAD DE COMPACTACION, %
Expansión y contracción de una arcilla arenosa compactada estáticamente y por amasado (Refs. 3 y 60).

214

Compactación de suelos es función de la relación de vacíos, del grado de s a ­ turación y de la estructuración del suelo. En consecuencia, estos últimos tres parámetros gobiernan la s características esfuerzo-deformación y de resistencia d e las arcillas compactadas. En los suelos finos compactados suelen desarro, liarse presiones neutrales negativas, una vez que lj compactación ha sido terminada. Estas presiones ne­ gativas dependen fundamentalmente del grado de s a turación del suelo (Ref. 63). Investigación de labo ratorio parece comprobar que el estado de presiones neutrales evoluciona muy rápidamente durante e in­ mediatamente después de la compactación y que el estado de presión negativa que se alcanza con esa rapidez es relativamente independiente del tiempo que después transcurra, naturalmente en tanto no cam­ bien condiciones ambientales externas que, por ejem­ plo, den al suelo compactado oportunidad de ab­ sorber agua. Las presiones negativas desarrolladas en el agua son mayores a menor grado de saturación inicial y hacen que, correspondientemente, sea tam­ bién mayor la resistencia del suelo compactado y me­ nor su deformabilidad. Hay indicios experimentales (Ref. 63) para pensar que cuanto mayor sea la velo­ cidad de deformación a que se sujete un suelo com­ pactado menor es su respuesta resistente y también su deform abilidad; este efecto de la velocidad de de­ formación se hace menos notorio a grado de satura­ ción decreciente. El efecto se debe obviamente a la tensión superficial desarrollada en el agua. Tam bién es de pensarse que las presiones neutra­ les negativas que se desarrollen en el suelo compac­ tado serán mayores cuanto mayor sea la energía de compactación. 1 Comportamiento en prueba rápida dación y sin d ren aje). (sin consoli­

E l potencial de expansión también varía según el m étodo de compactación que se emplee. En la Fig. IV-61 (Refs. 3 y 60) se indica la expansión y la contracción de una arcilla arenosa que se compactó por amasado y con compactación estática; las m edi­ ciones se hicieron en muestras con el mismo peso vo­ lumétrico seco, del lado seco y húmedo del contenido de agua óptim o de compactación. L a Fig. 1V-62 (Refs. 3 y 28) muestra que el po­ tencial de expansión también es función de la ener­ gía de compactación, y que crece con ésta. Se presen­ tan datos de una arcilla sometida a compactación estática bajo diferentes presiones. Es de notar que se define una ley de relación lineal bastante franca. E l potencial de expansión también depende mu­ cho del método de compactación. En general es mayor cuando se usan métodos estáticos que cuando se compacta por amasado, y esta diferencia aumenta a mayor energía de compactación que se emplee y a ma­ yor peso volumétrico que se obtenga.

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C

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Figura 1V-6Í

C

Resistencia al esfuerzo cortante

L a resistencia al desplazamiento relativo de las partículas de un suelo arcilloso depende del esfuer­ zo normal efectivo y del valor, medio de la distancia mínima entre sus partículas; la resistencia aumenta cuando dicho valor m edio disminuye. L a distancia mínim a entre las partículas depende de la relación de vacíos y el grado de orientación de las partículas, y el esfuerzo normal efectivo corres­ pondiente a una cierta condición de esfuerzos exte­ riores depende de la presión neutral que, a su vez,

con un co cada caso Cada mué pida y la punto def agua-peso de igual r figuras. En el < ron sin sat ra de 4 kj que quedó pactación. ñera aprec de compa diente del tiva indep el aire en todas se 1 1 aplicar la muestras e esfuerzo d < En la 1 tras que se finamientc no se disi muestra. I aumentar bién al di: En las muestran : lia limosa también e rando al < se permitii ración, y con el usi rentes.

Puesto que el grado de saturación influye mucho en las propiedades de los suelos compactados, la respuesta de una misma muestra en prueba triaxial rápida dependerá de si se la ensaya con el grado de saturación que adquiere cuando se compacta o de si se la satura a volumen constante antes de probarla. En el prim er caso, la resistencia es función de la pre­ sión de confinamiento en la cámara, pues la com­ presibilidad del aire hace que la relación de vacíos varíe con tal presión; en el segundo caso, el compor­ tamiento del suelo es independiente de la presión de cámara (ver capítulo 1 de esta obra, en su parte alu­ siva) . En las Figs IV-63 y IV-64 (R ef. 13) se indica el comportamiento típico de los suelos arcillosos com­ pactados a los que se prueba con el grado de satura­ ción con el que resultaron después de la compac­ tación. En ambas figuras se muestran líneas de igual re­ sistencia a la compresión en prueba triaxial rápida. Se prepararon numerosas muestras de un mismo sue­ lo, una arcilla limosa, y cada muestra se com pacto

Figura IV-62.

Reladón entre la presión estática de compacta­ ción y la presión de expansión en una arcilla (Refs. 3 y 28).

Propiedades mecánicas de ios suelos finos compactados
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19

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CONTENIDODEAGUA OE COMRftCTACICN, % Figura IV-63. Lincas de igual resistencia a la compresión en prueba rápida, sin saturadón previa y compre­ sión confinante de 4 kg/cm- (Ref. 13).

18

HUMEDAD DE COMPACTACION, %
Figura IV-64. Linea de igual resistenda a la compresión en prueba rápida, sin saturadón previa y compre­ sión confinante de 1 kg/cm- (R ef. 13).

con un contenido de agua diferente; desde luego en cada caso se obtuvo un peso volumétrico distinto. Cada muestra se probó hasta la falla en prueba rá­ pida y la resistencia que se obtuvo se anotó en el punto definido por sus coordenadas contenido de agua-peso volumétrico. Después se trazaron las curvas de igual resistencia, que son las que aparecen en las figuras. En el caso de la Fig. IV-63 las muestras se proba­ ron sin saturación previa y bajo una presión de cáma­ ra de 4 kg/cm3, suficiente para disolver todo el aire que quedó en la muestra después del proceso de com­ pactación. Nótese que la resistenda decrece de ma­ nera apreciable cuando aumenta el contenido de agua de compactación y que es prácticamente indepen­ diente del peso volumétrico. L a razón de esta rela­ tiva independencia es que cuando se disuelve todo el aire en el interior de la muestra, prácticamente en todas se llega al mismo peso volumétrico después de aplicar la presión de cámara, por lo que todas las muestras eran similares en el momento de aplicar el esfuerzo desviador. En la Fig. 1V-64 aparecen las resistencias de mues­ tras que se probaron bajo una presión inicial de con­ finamiento en la cámara de 1 kg/cm2, con la cual no se disuelve por completo el aire dentro de la muestra. Ahora la resistencia disminuye no sólo ál aumentar la humedad de compactación, sino tam­ bién al disminuir el peso volumétrico seco obtenido. En las Figs. IV-65 y IV -66 (Refs. IB y 60) se muestran resultados de resistencia de la misma arci­ lla limosa mencionada en las dos figuras anteriores, también en prueba triaxial rápida, pero ahora satu­ rando al espécimen antes de realizar la prueba. N o se permitieron cambios de volumen durante la satu­ ración, y las muestras se compactaron por amasado, con el uso de tres energías de compactación dife­ rentes.

En el caso de la Fig. IV-65 se define la resisten­ cia como el esfuerzo que produce una deformación unitaria de 5% . En este caso la resistencia es mayor a menor contenido de agua de compactación, lo cual se debe a que con el contenido de agua aumenta el grado de orientación de las partfeulas y la presión neutral inducida por el esfuerzo desviador, factores ambos cuyo crecimiento hace bajar la resistencia del suelo. Nótese cómo a peso volumétrico constante la resistencia disminuye con el contenido de agua.

§ 1.65

% 8
necesario paro u m detonación de 5 %

(Ts ■ I fcfl/cm. 2
lo 14 18 22 24 H U M E D A D D E C O M P U T A C IO N , °/o

Figura IV-65.

lincas de resistenda a la compresión en prueba rápid^, con saturadón previa (resistenda para deformación pequeña) (Refs. U y 60).

En la Fig. IV -66 se presentan curvas análogas de igual resistencia, pero ahora la resistencia se define como el esfuerzo que produce en el espécimen una deformación unitaria del 20%. Estas grandes defor­ maciones dan lugar a estructuras prácticamente idén­ ticas en todas las muestras que tengan la misma re­ lación de vados, por lo que 4a resistenda es similar en todos los especímenes, independientemente de la humedad de compactadón.

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216

Compactación de suelos
(dependió s i el suel voluniétri C om f (con < En lo

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Figura IV- 66.

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CONTENIDO DE AGUA.%

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2 2
Figura IV-68. Efectos d e procedimientos de compactación en la resistencia en prueba rápida (saturación prfr v ia de muestras compactadas a mismos y con com pactación estática y de amasado ( Ref. 60).

HUMEDAD DE COMPACTACION, %
Líneas de resistenda a la com presión en prueba rápida, con saturación p revia (resistencia para deform ación grande) _ (R efs. 13 y 60).

Este comportamiento de las muestras previamen­ te saturadas también se puede apreciar en las curvas esfuerzo-deformación de especímenes con igual rela­ ción de vacíos, pero compactados uno del lado seco y otro del húmedo en la curva de compactación. La Fig. IV-67 (R ef. 13) muestra un par de curvas de tal tipo; se puede ver la mayor rigidez de la estructura menos orientada, y cómo las resistencias tienden a igualarse en las deformaciones grandes, en el m o­ mento en que llega a ser similar el grado de orien­ tación de ambos especímenes. El efecto de la estructuración en la resistencia hace también que muestras compactadas por diferen­ tes procedimientos, pero llevadas hasta el mismo peso volum étrico seco con el mismo contenido de agua, tengan resistencias muy diferentes en prueba rápida, en las mismas condiciones de ensaye, sobre todo cuan­ do el contenido de agua de compactación es superior al óptim o y la resistencia se define para valores pe­ queños de la deformación. Sin embargo, los efectos del m étodo de compactación son muy diferentes en los diversos suelos. T o d o ello se ilustra en la Fig. IV-68 (R ef. 60). En esa figura se muestra una comparación de los efectos de las compactaciones estática y por amasado en la resistencia de 3 suelos diferentes, definida en

un caso como el esfuerzo que produce el 5% d e deformación unitaria y en el otro como el esfuerzo que produce el 20%. Se mantiene el mismo efecto d e la estructuración, casi idéntica a la que se llega en grandes deformaciones; pero en las pequeñas varía en forma considerable la susceptibilidad de los sue­ los a la alteración estructural. Esto tal vez se debe a las diferentes fuerzas interpartículas que se desarro­ llan en la fracción arcillosa; cuando éstas son fuer­ temente atractivas se tiende a estructuras muy flocu­ ladas, y cuando son de repulsión, a dispersas. Es ló­ gico pensar que los máximos efectos de los métodos de compactación y de la deformación bajo cortante se tengan en aquellos suelos en que el balance de las fuerzas interpartículas no sea ni de intensa atracción, ni de intensa repulsión. De la inform ación anterior es posible concluir en términos generales que la resistencia no drenada de un suelo fino no siempre está ligada al peso volu­ métrico, de manera que puede resultar peligroso aco­ gerse con exclusividad al criterio de que a mayor peso volumétrico obtenido “ m ejor" compactación lograda. Puede verse cómo la resistencia puede ser práctica­ mente independiente del peso volum étrico y en esos casos la lucha por m ejorar éste resultará un dispendio inútil (independientemente de que al hacer aumentar dicho peso volum étrico pueda perjudicarse mucho al suelo, por ejem plo en su estabilidad ante el agrieta­ miento o en su futura estabilidad ante la absorción de a g u a ). Otros casos podrá haber en que el aumento del peso volum étrico se refleje poco en el aumento de resistencia y aun en los casos atrás detallados en que a mayor peso volum étrico se tiene una resistencia no drenada netamente creciente, debe observarse que en grados de saturación que vayan acercándose al 100%* la resistencia crece cada vez menos con el peso volu* métrico o aun disminuye al aumentar éste. Debe concluirse también la importancia funda­ mental del m étodo de compactación en la resistencia no drenada. Vease (Fig. IV-68) cómo hay casos en que si un suelo se compacta con un m étodo estático a un cierto peso volum étrico y con un determinado contenido de agua, la resistencia alcanzada puede ser

Figura IV-67.

Relaciones esfuerzo-deform ación en prueba rá­ p id a (con saturación p revia a volum en cons­ tante) de muestras compactadas a mism o peso volum étrico con d iferen te contenido de agua (R e f. 13).

r

Propiedades mecánicas de ¡os sucios finos com pactados (dependiendo de los suelos) varias veces mayor que s¡ el suelo se compacta por amasado al mismo peso volumétrico y con el mismo contenido de agua.
2,

!17

I Supwíor olo'piim efimdo como el ■sario para una

200

Comportamiento en prueba rápida consolidada (con consolidación y sin dren aje). En lo que se refiere a estabilidad de terraplenes,

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1.90

(9 .3 ) 9\

<

(IL5

L °e

esta resistencia sólo interesa en condiciones de satu­ ració n previa del suelo compactado y, en cualquier caso, no tiene gran importancia práctica en proble­ mas que se relacionen con las vías terrestres.
lO E AG U A ,% mpactación e n saturación pr&
lis m o s y d y V)

180

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1.70

isado (Ref. 60).

e el 5% de 3 el esfuerzo mo efecto de : se llega en güeñas varía 1 de los suevez se debe e se desarroas son fuer¡ muy floculersas. Es lólos métodos ajo cortante tlance de las sa atracción, concluir en drenada de . peso voludigroso acómayor peso ión lograda, ser práctica:o y en esos tn dispendio er aumentar se mucho al i el agrietaibsorción de el aumento aumento de idos en que sistencia no arse que en se al 100%, I peso volue. icia fundai resistencia asos en que ■ estático h eterminado i puede ser

Algunas investigaciones indican que para una mis­ ma humedad de compactación la resistencia aumen­ ta con el peso volum étrico; a mayor peso volum étri­ co en la compactación, resultará mayor este concepto después de la consolidación, al comenzar la aplica­ ción del esfuerzo desviador, resultando así menores presiones neutrales y mayor resistencia. A mismo peso volum étrico seco de compactación, la resistencia crece con la humedad de compactación; cuanto más alta es la humedad de compactación, más compresible es el suelo y mayor el peso volumétrico que se obtiene después de la consolidación, inm edia­ tamente antes de aplicar el esfuerzo desviador, lo que conduce a mayores resistencias. 3. Comportamiento en prueba lenta dación y con d re n a je ). (con consoli­
.

o

tg/cm?
14

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Líneas de igual re■sistencia a la compresión

1.60 10

12

16

18

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CONTENIDO OE AGUA DE COMPACTACION, %

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I7 \ o \ 1 1 6 .8 ) (1 6 .6 ) 0 v (2 1 )

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1.80
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1.70

(6.6) o Línea i de igual resistencia a la ompresion
20

Tam bién en este caso para fines prácticos intere­ sa la resistencia en condiciones de saturación, si bien la poca experiencia de que se dispone indica que, para presiones de consplidación superiores a 1 kg/cm2 , es similar la resistencia lenta con y sin saturación previa. La Fig. IV-69 (Refs. 13 y 67) muestra los efec­ tos conjuntos de las condiciones de compactación y de la presión confinante en la resistencia drenada de un suelo arcilloso compactado. Las pruebas se reali­ zaron sin saturación previa. A un contenido de agua de compactación cons­ tante, la resistencia en prueba lenta crece con el peso volumétrico seco, por el menor espaciamiento que logran las partículas al aumentar esta últim a magni­ tud. A peso volum étrico seco constante, la compresi­ bilidad del suelo crece con el contenido de agua de compactación y por esta razón disminuye el espadamiento de las partículas en el instante de la falla, a mayor peso volumétrico, de manera que, en defini­ tiva, la resistencia en prueba lenta aumenta al cre­ cer el contenido de agua de compactación (a peso volumétrico constante). Q Resistencia a la erosión interna

ig /cm?

L60 10

12 1 4 16 18 CONTENIDO DE AGUA DE COMPACTACION, %

Figura IV-69.

Efectos de las condiciones de compactación y de la presión efectiva en la resistencia drenada, sin saturación previa (Refs. 18 y 67).

tructura y por la magnitud de las fuerzas electromag­ néticas entre partícula y partícula. En las arcillas sue­ le haber partículas tan pequeñas como para emigrar por los poros, si están en suspensión; así, para una misma permeabilidad, un suelo arcilloso sería tanto más susceptible a la tubificación cuanto mayores fue­ ren las fuerzas de repulsión entre sus partículas. Esta idea parece confirmarse cuando se analizan las fallas por tubificación de muchas presas (R ef. 13). L a compactación del lado seco del óptimo produ­ ce bajo grado de orientación y alta permeabilidad. Si en tal caso ocurre flujo y se lava el suelo con agua con baja concentración de sales, aumentarán las fuer­ zas de repulsión entre las partículas, favoreciéndose el arrastre de las mismas. Si la compactación se hace del lado de las humedades mayores que la óptima se tiene, por efectos contrarios, m enor susceptibilidad a la tubificación. Es ob vio que la emigración de partículas de ar­ cilla no se contrarresta con filtros.

Se trata de analizar someramente la resistencia de los suelos finos compactados a la tubificación y otros efectos de las fuerzas de filtración. Esta resistencia depende de la trabazón entre sus partículas, determinada por la geometría de la es-

i ts* &

A y
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20

218
E

Compactación de suelos

V alor relativo de soporte (V.R.S.)

L a prueba de valor relativo de soporte se utiliza mucho todavía en la tecnología mundial de pavi mentos como prueba de diseño y, en algunos casos, como prueba de control de calidad. Por tanto, es in­ teresante conocer la variación del valor relativo de soporte con las diferentes condiciones de compacta­ ción. En el capítulo referente a pavimentos flexibles habrá ocasión de explicar con mayor detalle la uti­ lidad que es posible extraer de tal información. L a Fig. 1V-70 (R ef. 68) muestra la variación del valor relativo de soporte de una arcilla limosa con las condiciones de compactación; naturalmente el valor relativo de soporte depende tanto del conteni­ d o de agua como del peso volumétrico que se alcan­ ce. Se presentan curvas de variación para el m aterial que se probó con el contenido de agua de compacta­ ción y se saturó después de cuatro días de exposi­ ción al agua en el laboratorio. Parjr'los especímenes que se prueban después de la saturación se obtiene una curva parecida a la de compactación, debido a la absorción de agua y ex­ pansión que sufre el espécimen durante la satura­ ción. L a figura ilustra también la expansión que su-

PESO VOLUMETRICO SECO, kg/m3 Figura IV-71. Variación del V. R. S. con el peso volumétrico de los suelos (Ref. 68).

fren los especímenes en función del contenido d e agua con que se compactaron; se ve una vez más la conveniencia de compactar los suelos expansivos en el lado húmedo, independientemente de que en ta l caso se llegue a un menor valor relativo de soporte. En la Fig. 1V-71 (R ef. 68) se expresa la varia­ ción del valor relativo de soporte de dos suelos (un C H y un C L ) con respecto al peso volumétrico seco. En ambos casos se probaron especímenes sometidos a saturación previa en el laboratorio durante cuatro días, tras haber sido compactados con las humedades que se indican. En el material C H , el V.R.S., aumen­ ta cuando crece el contenido de agua, si se mantiene constante el peso volumétrico; también crece el V.R.S., si el peso volum étrico aumenta, si bien esta tenden­ cia tiene un límite, a partir del cual disminuye el V.R.S., aunque crezca más el peso volumétrico; este fenómeno es el resultado del aumento de la presión neutral en el interior del suelo cuando éste se com­ pacta más allá de un cierto límite. El suelo C L mues­ tra tendencias similares. L a form a de las curvas de la figura corresponde a procesos de compactación por impacto, pero podría ser diferente en compactación estática o por amasado.

6

sS

lV-72 (R C piedades i presión si carga que series de mente des un períot dad y p< se definú para caus de 10%. En los mente de: disminucii carga de pruebas c que la res 1 0 días qi dor de 10 En los 1 8 días d < algo con ' aumentó 1 no se pro la resisten El coi: especímen mediatami sobre todc rren con i que se alr Es de resistencia sentan dai pués de ! que la re 3 kg/cm2. Debe i estas resis asociados línea de i turos.
3.0

2.5

F

Efectos de tiempo

;2.o
S 1 .5 o

CONTENIDO DE AGUA, %
Figura IV-70. Variación del V. R. S. de una arcilla limosa con la compactación (R ef. 68).

Las investigaciones que al respecto se han reali­ zado indican que el paso del tiem po afecta de mane­ ra significativa a la resistencia dé las arcillas compac­ tadas. Las referencias 60, 69, 70, 71 y 72 tratan con bastante detalle este fundamental aspecto de las pro­ piedades de los suelos compactados, descuidado casi en lo absoluto en los criterios de los ingenieros de quienes depende el manejo de dichos suelos en la s grandes obras de la práctica. U n ejem plo típico del m odo en que el tiemp0 puede afectar a la resistencia se muestra en la Fig-

11 .0
0 .5

figura IV-72

Propiedades mecánicas de los suelos finos compactados IV-72 (R ef. 60). Una arcilla limosa con notables pro­ piedades tixotrópicas se probó hasta la folla en com* presión simple con velocidades de aplicación de la carga que variaron desde 5 min. hasta 10 dias, en dos series de pruebas, en un caso realizadas inmediata­ mente después de la compactación y en el otro tras un período de almacenamiento de 18 días a hume­ dad y peso volumétrico constantes. La resistenda se definió como el esfuerzo desviador requerido para causar al espécimen una deformación unitaria de 10% . En los especímenes que se probaron inmediata­ mente después de la compactación se produjo una disminución ligera de la resistencia entre tiempos de carga de 5 y 100 min y un aumento continuo para pruebas que duraron más de 100 min, de manera que la resistencia fue 30% mayor en una prueba de 10 días que en la prueba estándar, que dura alrede­ dor de 10 min. En los especímenes que se probaron después de 18 días de almacenamiento, la resistencia disminuyó algo con el tiempo de carga hasta un día y después aumentó ligeramente hasta 10 días, pero en este caso no se produjeron diferendas de más de un 4 % de la resistencia estándar. El considerable aumento de resistenda para los especímenes en que se realizaron pruebas largas in­ mediatamente después de su compactadón se debe sobre todo a efectos normales de tixotropia, que ocu­ rren con rapidez y no se hacen notar en las muestras que se almacenan. Es de notar cómo, en general, el suelo gana en resistenda con el tiempo. En la atada R ef. 60 se pre­ sentan datos de la misma a rd lla limosa probada des­ pués de 9 meses de almacenamiento, que indican que la resistenda siguió credendo hasta valores de 3 kg/cma. Debe notarse que los esfuerzos a que se refieren estas resistendas son totales; los esfuerzos efectivos asociados no se conocen y probablemente ésta es una línea de investigadón conveniente para trabajos fu­ turos.

219

An exo IV-a Pruebas dinámicas. T ip o Proctor Prueba Proctor (A A S H O ) estándar (R ef. 35).

IV-a.l

O bjeto de la prueba

L a prueba tiene por objeto determinar la rela­ ción entre el peso volumétrico y el contenido de agua de los suelos, cuando se compactan con la metodolo­ gía estandarizada que se detalla a continuación. Existen cuatro alternativas de prueba: — M étodo A . En m olde de 10.16 cm (4*),^con suelo que pasa la m alla N? 4. — M étodo B. En molde de 15.24 cm ( 6* ) , con suelo que pasa la. m alla N? 4. — M étodo C. En molde de 10.16 cm (4 * ), con suelo que pasa la m alla de 3/4". — M étodo D. En molde de 15.24 cm ( 6* ) , con suelo que pasa la malla de 3/4*. Cuando no se espedfique el método que se use, se entenderá que se trata del A.

IV-a.2

Equipo para la prueba

Para esta prueba se necesita el siguiente equipo: — Un molde estándar de compactadón con ex­ tensión. A l m olde de 4 " se le fija un volumen de 1/30 de pie cúbico, con una toleranda de ± 0.0003 de pie cúbico, y al de 6" un volu­ men de 1/13.33 de pie cúbico, con ± 0.00075 de pie cúbico de tolerancia. — U n pisón estándar, de operación manual, de secdón dreular, de 5.08 cm de diámetro (2.0 ± 0.005 plg) y con un peso de 2.49 kg (5.5 ± 0.02 I b ) . Existen martillos que se ope­ ran mecánicamente. (O pdon al.) — G uía metálica para el pisón. — Balanza de 15 kg de capaddad y sensibilidad de 5 g. — Una balanza de laboratorio con sensibilidad de 0.1 g. — H orno secador. — R egla recta metálica.

PRUEBAS REALIZADAS TRASALMACENAR ■LOS ESPEC IM EN ES IB OUS ----

PRUEBAS REA U ZA M S M O M IAM EN TE DESPUES DE LA COMPACTACION.

PARA TOOOS LOS ESPECIMENES: HUMEDAD 1 8 5 :0 2 % PECO VOLUMETRICO SECO- 177 Toa/llt* -----------GRADO 0E SATUKAOOÑ 96 % “

10
Figura IV -72.

1 0 0

1 0 0 0

1 0 0 0 0

1 0 0 0 0 0

TIEMPO 0E CARGA, MNUT0S
Efectos de tiempo en la resistenda de una ard­ lla limosa con alto grado de saturadón (R ef. 60).

— Mallas de

2", 3/4" y N ? 4.
Copyrighted

— Equipo diverso, como espátulas, vidrios de re­ loj, e tc

220

Compactación de suelos

Molde de compactación. Pisones con guía. Regla metálica para enrasar. I’ iobita para manejo del agua. Cápsulas para medir humedad. Balan/a. 8 . Espátula. 9. Charola y cuchara. 10 . Vaso para manejar el suelo. ll. Mano para disgregación. Base fija para hacer la prueba. r

Si la mué; ratorio tiene se desmorone secado puede peratura no disgregúese el las originales desechando e mantener en terial grueso N? 4) que ti que se reteng zar mediante Críbese ui gregado por retenido de 1 pasó la malla y reemplácese pase la malla Tómese el m; no se utilice Para el m tra de suelo te 5 kg. El proced 1) Mézcl' de agua comc tos abajo de 2) Fórme en el molde hasta obtene 18 cm. Sígase se detalló pat

Los números indican el orden de selección (1, el mejor). Datos de la Ref. 11.

IV-a.3

Procedimiento de prueba M étodo A

1) Si es necesario, séquese la muestra al recibir­ la en el laboratorio, hasta hacerla manejable; el se­ cado se puede hacer al aire o con algún horno cuya temperatura no exceda de unos 60°C. Después, disgréguese el material sin rom per sus partículas. 2) Críbese el suelo por la malla N? 4 (4.76 mm) y elimínese el retenido. 3) Selecciónese unos 3 kg. una muestra representativa de

4) Incorpórese a la muestra la cantidad de agua suficiente para ponerla cuatro o seis puntos (en por­ centaje) bajo la humedad óptim a esperada. 5) Divídase la muestra en el número de porcio­ nes que se requiera, según las capas que vayan a dis­ ponerse en el m olde de 10.16 cm (4 ") de diámetro; en el caso presente serán 3 capas. E l m olde tendrá instalada su extensión y deberá llegarse a un espesor total compacto de unos 13 cm. Compáctese cada capa con 25 golpes del pisón, distribuyéndolos uniform e­ mente y con altura de caída de 30.48 cm (1 2 "). Du­ rante la operación el m olde deberá apoyarse en una base rígida. Después de la compactación, remuévase la extensión del m olde y enrásese el suelo compacta­ do, utilizando la regla metálica. Pésese el conjunto y réstese la tasa del molde, para tener el peso húme­ do del material. Divídase entre el volumen del m ol­ de, para obtener el peso volumétrico de la masa del suelo (r,„) • 6) Retírese el m aterial del molde, sin desmoro­ narlo y divídase el espécimen en dos porciones, se­

gún un plano vertical por el centro de la sección transversal. Tómese una muestra representativa de una de las caras del corte y determínese el contenido de agua del suelo. 7) Desmorónese el resto del material hasta que vüelva a quedar en condiciones de pasar por la ma­ lla N? 4, lo cual se juzgará a ojo. Añádasele sufi­ ciente agua para aumentar su humedad en 1 ó 2 puntos y repítase todo el procedimiento. Continúen­ se estas determinaciones hasta que disminuya o no cambie el peso húmedo del suelo compactado. Este últim o aspecto funciona satisfactoriamente en mu­ chos casos, pero cuando la recompactación altere la granulometría o en arcillas muy plásticas, en las que es muy d ifícil incorporar agua, deberá evitarse el reuso del material y se preparará una nueva mues­ tra para cada prueba de compactación; en estos ca­ sos, la humedad debe d iferir de un espécimen a otro en dos puntos de porcentaje aproximadamente. Las muestras deben colocarse en recipientes cerrados, en los que permanecen doce horas antes de probarlas.

M étodo B L a muestra se selecciona como en el caso del Mé­ todo A , pero ahora deberá pesar unos 7 kg. E l procedimiento de prueba será el mismo que se describió para el método A , excepto que se utilizará un m olde de 15.24 cm (6 ") con extensión y que el suelo se colocará en 3 capas iguales, hasta un espe­ sor total compactado de la muestra de unos 13 cm; se darán a cada capa 56 golpes uniformemente distri­ buidos en su superficie, con 30.48 cm (12") de altura de caída.

r
Propiedades mecánicas de los suelos finos compactados

221

M étodo C Si la muestra de suelo que se reciba en el labo­ ratorio tiene humedad en exceso, séquese hasta que s e desmorone con facilidad y se haga manejable; el secado puede hacerse al aire o en un horno cuya tem­ peratura no exceda de unos 60°C. A continuación disgregúese el material hasta reducirlo a sus partícu­ las originales y críbesele a través de la malla de 3/4", desechando el material retenido. Si es aconsejable mantener en la muestra el mismo porcentaje de ma­ terial grueso (material entre la malla de 2" y la N? 4) que tenía el material original de campo, el que se retenga en la malla de 3/4" se debe reempla­ zar mediante la siguiente operación: Críbese una cantidad adecuada de suelo bien dis­ gregado por la malla de 2" y de 3/4", deséchese el retenido de la m alla de 2"; retírese el m aterial que pasó la malla de 2" y se retuvo en la malla de 3/4" y reemplácesele con un peso igual de m aterial que pase la malla de 3/4", pero al que retenga la N? 4. Tómese el material de reemplazo de una porción que no se utilice de la muestra de campo original. Para el método C deberá disponerse de una mues­ tra de suelo para compactación de aproximadamen­ te 5 kg. El procedimiento de prueba será el siguiente: 1) Mézclese el suelo con la suficiente cantidad de agua como para darle una humedad de 4 a 6 pun­ tos abajo de la óptima. 2) Fórmese un espécimen compactando el suelo en el molde de 10.16 cm (4 ") en 3 capas iguales, hasta obtener un espesor compacto total de unos 13 cm. Sígase el procedimiento de compactación que se detalló para el método A, hasta determinar el peso

ón. enrasar, del agua, humedad.

volum étrico húmedo y el contenido de agua de la muestra. 3) Desmenúcese el material sobrante hasta que todo él pase la malla de 3/4" y el 90% pase la malla Nv 4; el criterio al respecto puede establecerse a ojo. Añádase a la muestra el agua necesaria para que gane uno o dos puntos en el porcentaje de humedad y repítase todo el procedimiento de prueba para ob­ tener otro punto en la curva de compactación. Con­ tinúese el procedimiento hasta que no cambie o dis­ minuya el peso volumétrico húmedo del suelo. Ca­ ben los mismos comentarios que se hicieron en el método A respecto al reuso. M étodo D La muestra deberá prepararse como en los demás casos, pero conviene que su peso final sea de alrede­ dor de 12 kg. El procedimiento de prueba es el mismo que se detalló para el método C, pero se utiliza el m olde de 15.24 cm (6 " ), con 3 capas y 56 golpes por capa.

suelo, ón. la prueba.

IV-a.4

Cálculos

de la secdón esentativa de : el contenido ial hasta que ar por la m añádasele sufiad en 1 ó 2 3. Continúenminuya o no pactado. Este ente en mu:ión altere la is, en las que á evitarse el nueva raues; en estos caicimen a otro damente. Las cerrados, en de probarlas.

Com o complemento de la prueba deberán reali­ zarse los cálculos correspondientes para determinar los contenidos de agua y los pesos volumétricos secos que se requieren. Asimismo, deberá dibujarse la cur­ va de compactación y determinar en ella el peso vo­ lumétrico seco máximo y la humedad óptima. Prueba Proctor (A A S H O ) m odificada (Ref. 40). L a prueba es similar a la Proctor (A A S H O ) tándar en todos sus aspectos descriptivos. es­

caso del Mé' kgnismo que se e se utilizará ión y que el asta un espeunos 13 cm; ■mente distrií " ) de altura

Moldes y pisones de las pruebas A A S H O modificada y estándar de la prueba miniatura.

T
999

Compactación de suelos

compactan peso volun método pr diante un de 3/4" q aplica.

iV-b.l

Ec

El equ el siguient Aparati tipo C; co, un bras) y rilla m Una b cúbico Una b; mos y Un hoi peratui to diez Una ir Charol Cuchar Espátu

IV-b.2

Pi

C O M P A C T A C IO N PO R IM P A C T O S . (PR O C T O R A A S H O M O D IF IC A D A ).

La pre se indica : 1) Coi par gar, 20 ] se (
2)

Se presenta en 4 modalidades (A, B, C y D ) , cuya descripción es idéntica a las correspondientes de la AA SH O estándar. L a mayor energía de la prueba modificada se logra a base del peso del martillo, que ahora es de 4.530 kg (10 ± 0.02 Ib) y de la altura de caída, especificada en 45.72 cm (18" ± 1/16"). En el método A se coloca el suelo en 5 capas y se dan 25 golpes por capa. En el B se coloca el sue­ lo también en 5 capas y se dan 56 golpes por capa. En el C, el número de capas es de 5 y el de golpes por capa es de 25. Por último, en el D se usan 5 ca­ pas con 56 golpes por capa. Recientemente (1970) la misma institución AASHO, ha establecido una prueba intermedia, también di­ námica, con energía comprendida entre la estandar y la modificada (del orden de 17 kg-cm/cm3) . La prueba se hace también en 4 variantes, las A y C con molde de 10.16 cm (4") y las B y D con molde de 15.24 cm de diámetro (6 "). En las variantes A y C se utilizan tres capas, con 25 golpes por capa de un martillo de 4.54 kg (10 I b ), con altura de caída

de 45.7 cm (18"). En las variantes B y D varía úni­ camente el número de golpes por capa, que es de 5 6 . L a razón de la especificación de este nuevo tipo de pruebas radica, naturalmente en un intento de representar en el laboratorio las condiciones de com­ pactación actuales en el campo, de un modo más realista. Anexo IV-b Prueba de compactación dinámica. Método de California Este método de prueba sirve para determinar el peso volumétrico máximo y la humedad óptima en suelos no estabilizados o estabilizados con productos no asfálticos que se emplean en la construcción de terracerías. El método consiste en dividir una mues­ tra inicial por medio de cuarteo en porciones más pequeñas, con las cuales se preparan especímenes de prueba con diferentes contenidos de agua que se

Dis se has secc 3) Det la i 4) Di\ pas«
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Prueba de compactación dinámica. Método California compactan mediante impactos para determinar el peso volumétrico máximo y la humedad óptima. £1 método presenta la ventaja de tomar en cuenta, me­ diante un factor de corrección, los tamaños mayores de 3/4" que contienen los materiales en los que se aplica. Variante A I V-b. 1 Equipo El equipo necesario para efectuar esta prueba es el siguiente: Aparato estándar de compactación por impactos tipo California, consistente en un molde cilindri­ co, un pisón con peso de 4.53 kilogramos (10 li­ bras) y un émbolo metálico provisto de una va* tilín manual. Una base de concreto consistente en un bloque cúbico de 30 centímetros de lado. Una balanza con capacidad mínima de 3 kilogra­ mos y aproximación de 1 gramo. Un horno con termostato, que mantenga una tem­ peratura constante comprendida entre cien y cien* to diez grados centígrados. Una malla U.S., estándar de 3/4". Charolas. Cucharas de albañil. Espátulas.

223

IV*b.3

Procedimiento de prueba

El procedimiento de prueba es el siguiente: 1) Ajústese la humedad en las diferentes porcio­ nes, en tal forma que sus contenidos de agua se incrementen de una a otra porción en dos por dentó, aproximadamente, con respecto al peso húmedo; para obtener esta reladón de incrementos se deberá adidonar agua, o dis­ minuirla mediante secado, pero no se harán estas dos operadones en una misma porción y en ningún caso se secarán totalmente las por­ ciones de prueba. A l elegir los porcentajes de humedad de prueba se deberá procurar que queden dos porciones con contenidos de agua inferiores a la humedad óptima y dos con con­ tenidos de agua superiores a ésta. I-a hume­ dad óptima de prueba aproximada por lo ge­ neral es la humedad mínima con la que el material presente una consistencia tal que al ser comprimido en la palma de la mano no deje partículas adheridas en ella, ni la hume­ dezca y que, a la vez, el material comprimido se pueda tomar con dos dedos sin que se des­ menuce. Una vez que se adidone la cantidad de agua que requiera cada porción, mézclese completamente y cúbrase con una lona para evitar pérdidas por evaporadón. 2) Divídase una de las muestras de prueba en dnco fracciones aproximadamente iguales, ya sea en peso o en volumen; colóquese una de éstas en el molde de prueba y compáctese con veinte golpes del pisón; éste debe tener una caída libre de 45.72 centímetros (1 8 "), medi­ da sobre la superfide del material que se com­ pacte. Repítase esta operación con cada una de las cuatro fraedones restantes. Después de compactar la quinta fraedón, colóquese el émbolo en el molde y nivélese la cara superior del espédmen compactado, mediante la apli* cación de cinco golpes con el pisón, con una caída libre de 45.72 centímetros (1 8 "), medi­ da a partir de la cara superior del émbolo. Mientras se efectúa la operadón de compacta­ dón el molde deberá estar apoyado, ya sea so­ bre el bloque estándar de concreto o sobre un cuerpo igualmente rígido. Si al terminar la compactación del espédmen se observa agua en la base del molde, la humedad de compac­ tadón es mayor que la óptima; si, por el con­ trarío, la base del molde se observa seca o polvosa, dicha humedad es inferior a la óp­ tima. 3) Estando el pisón sobre el émbolo, léase el vás­ tago graduado del pisón en el punto que corn­ a d a con el borde del molde y regístrese este valor en centímetros, con aproximadón de un dédmo, en la columna a de la hoja de

IV*b.2

Preparación de la muestra

La preparación de la muestra se efectuará como se indica a continuación: 1) Con el producto del sondeo que se practique para determinar el peso volumétrico en el lu­ gar, intégrese una muestra de suelo de 15 a 20 kilogramos, completándola con material que se obtenga de las paredes del mismo. 2) Disgréguese la muestra manualmente y críbe­ se por la malla de 3/4"; séquese el retenido hasta peso constante y determínese su peso seco, W r 3) Determínese el peso específico relativo Sit de la fracción retenida en la malla de 3/4". 4) Divídase, mediante cuarteo, el material que pase la malla de 3/4" en cuatro o cinco por­ ciones representativas, con pesos iguales; cada porción o muestra de prueba, será de una cantidad suficiente para obtener especímenes cuyas alturas estén comprendidas entre 25.4 centímetros y 30.48 centímetros (10-12"), una vez que hayan sido compactados en el molde estándar. Para cada espécimen se requieren aproximadamente 2.7 kilogramos de suelo hú­ medo; cuando sea necesario, este peso podrá ajustarse mediante la elaboración de un espé­ dmen preliminar.

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221

C on)portación da sucias registró de la prueba, que se incluye al final de este anexo. 3) E l peso volum étrico seco, mediante la siguien. te fórmula, anotando su valor en la columna | de la hoja de registro.

jV-b.5

Obte

4) Sáquese el espécimen del molde, teniendo cui­ dado de no perder material; determínese su peso húmedo en kilogramos w x, con aproxi­ mación de un gramo y anótese este valor en la columna c de la hoja de registros. 5) Córtese el espécimen longitudinalm ente y ob­ téngase una fracción representativa de m il gra­ mos aproximadamente; determínese el peso W m de dicha fracción, con aproximación de un gramo y anótese su valor en la columna k de la hoja de registro. 6) Séquese hasta peso constante la fracción antes citada y pésese con aproximación de un gra­ mo, anotando su valor ( en la columna 1 de la hoja de registro. 7) Repítase el procedimiento en las muestras de prueba restantes.

Obténgase
ia s ig u ie n t e 1

en donde Y peso volum étrico seco del espécimen, en kilogramos por metro cúbico.
IV-, = peso seco del espécimen, en kilogramos,

1)

En ur el pui toman' seco y Unans pondií máxin métric medad

2)

C = factor obtenido de la tabla IV -b .l y que corresponde a la lectura que se hizo en el vástago. 4) Cuando la muestra de suelo contenga más del diez por ciento en peso de partículas mayo­ res de 3/4", obténgase el peso volumétrico seco máximo corregido mediante la siguiente fórmula:

lV-b.6

Prec;

A l efectu guientes pre 1) N o ei a algi! boratc

100
IV-b.4 Cálculos X i Y Ys R y dm /m o en donde Calcúlese y regístrese para cada espécimen lo si­ guiente: 1) El contenido de agua, por m edio de la fórmu­ la que se indica a continuación, anotando su valor en las columnas n y g de la hoja de re­ gistro.
WmW,

(1000)

2)

(y dm )c = peso volum étrico seco m áxim o corre­ gido del espécimen, en kilogramos por metro cúbico. X = m aterial que retiene la malla de 3/4", en porcentaje.
Y = material que pasa la malla de 3/4".

La m la hu espéci que e por ir se en Las c espéci para ción.

3)

w = — -------- i 100

en porcentaje. en donde
w = contenido de agua, en porcentaje. W m — peso de la fracción de suelo húmedo, Ss = peso específico relativo del material

retenido en la malla de 3/4". Yd = peso volum étrico seco m áxim o del es­ pécimen, en kilogramos por metro cú­ bico.
R — coeficiente cuyo valor se da abajo,

4) N o sí sa coi secció usar j do és

en gramos.
W s = peso de la fracción de suelo seco, en

gramos.
2)

de acuerdo con los valores de X .
X , en porcentaje R

El peso seco, por medio de la siguiente fórmu­ la, anotando su valor en la columna d de la hoja de registro. 100 Wx 100 + w en donde
W 2 = peso seco del espécimen, en kilogramos. W x = peso

20 ó menos 21-25 26-30 31-35 36-40 41-45 46-50 51-55 56-60 61-65 66-70

1.00 0.99 0.98 0.97 0.96 0.95 0.94 0.92 0.89 0.86 0.83

La varia para deterir do en el ca en la malla peso. 1) El e< indic 2) L a F mún, echai tan te fico :

húmedo del espécimen, en kilo­ gramos.

w = contenido de agua, como porcentaje.

Prueba de com pac!ación dinámica. M rtodn California
Tabla IV-b.l

225

IV-b.5

Obtención de la curva de compactación

Factor C para el cálculo de |*sos volumétricos

Obténgase la curva peso volumétrico-humedad en la siguiente forma:

factura en el vástago (cm) 25.4 25.5 25.6 25.7 25.8 25.9 26.0 26.1 26.2 26.S 26.4 26.5 26.6 26.7 26.8 26.9 27.0 27.1 27.2 27.3 27.4 27.5 27.6 27.7 27.8

Factor C

I.celara en el vástago (cm)

Factor C

1)

En un sistema de ejes coordenados dibújese c] punto correspondiente a cada espécimen* tomando como ordenada el peso volumétrico seco y como abscisa la humedad respectiva.

2) Unanse mediante una curva los puntos corres­ pondientes a cada uno de los especímenes. El máximo de la curva representa el peso volu­ métrico seco máximo, y su humedad es la hu­ medad óptima del material.

IV-b .6 Precauciones durante la prueba. A l efectuar esta prueba deberán tenerse las si­ guientes precauciones: 1) N o emplear material que haya sido sometido a algún procedimiento de compactación de la­ boratorio. 2) La muestra de suelo para la determinación de la humedad se obtendrá siempre cortando el espécimen longitudinalmente, en virtud de que en algunos suelos, cuando se compactan por impactos, la humedad tiende a concentrar­ se en la parte inferior del espédmen. 3) Las capas que se compactan para elaborar el espédmen deberán ser prácticamente iguales, para asegurar la uniformidad en la compacta­ dón. 4) N o se deberán apretar las tuercas de maripo­ sa con la llave, para evitar que se deforme la secdón del molde. La llave sólo se deberá usar para aflojar las mendonadas tuercas cuan­ do éstas se aprieten debido a que en el inte­ rior del molde se tengan suelos expansivos.

940.0 936.0 932.0 928.0 925.0 921.6 918.0 914.4 911.2 «J07.6 904.4 900.8 897.6 894.0 890.8 887.2 884.0 880.8 877.6 874.4 871.2 865.2 861.6 858.8

868.0

27.9 28.0 28.1 28.2 28.3 28.4 28.5 28.6 28.7 28.8 28.9 29.0 29.1 29.2 29.3 29.4 29.5 29.6 29.7 29.8 29.9 30.0 30.1 30.2 30.3

855.6 852.4 849.6 846.4 8-13.6 840.4 837.6 834.8 831.6 828.8 826.0 823.3 820.4 817.6 814.8 812.0 809.3 806.4 803.6 800.8 798.0 795.2 792.4 790.0 787.2

3) El procedimiento de prueba es el mismo que se indicó para la variante A de la prueba. 4) En esta variante calcúlese y regístrese lo si­ guiente: a) El contenido de agua, por medio de la fór­ mula que se indica a continuación, anotan­ do su valor en las columnas n y g de la hoja de registro: Wm ~ W* IAA w = ----- -------- 100 Wé en donde w = contenido de agua, en porcentaje. W m — peso de la fracción de suelo húmedo, en gramos. W, = peso de la fraedón de suelo seco, en gramos b ) El peso volumétrico húmedo, por medio de la siguiente fórmula, anotando su valor en la columna t de la hoja de registro.

Variante B L a variante que presenta este método se utiliza para determinar el peso volumétrico máximo húme­ do en el caso de suelos en que lá fracción retenida en la malla de 3/4" es menor del diez por ciento, en peso. 1) El equipo que se utiliza es el mismo que se indicó para la variante A de la prueba. 2) La preparaaón de la muestra mún, con la salvedad de que echar el retenido en la malla tanto, no deberá determinarse fico relativo St. también es co­ se deberá des­ de 3/4* y, por el peso especí­

Y* = W\ C Copyrighted material

PRUEBA

OE

COMPACTACION

DINAMICA,

ME T O D O

DE

CALIFORNIA

O B R A ______________________________________________

LOCAL. ÍZACÍON_______________________________________ SONDEO_________ F E C H A _________________________ M U ESTRE O _____

MUESTRA_______________________ PR O F U N D ID A D ______________________

D A T O S
LECTURA EN EL PISON a FACTOR b PESO DEL ESPECIMEN, EN K g H U M ED A D C SECO d

D E
e t

P R U E B A
% H U M E D A D g PESO PESO PESO ESPECIFICO E S P E C ÍF IC OR E L A T IV O V O LU M ET R IC O RELATIVO C O RREG ID O C O R R EG IO O h 1 i

PESO PESO VOLUMETRICO VOLUM ETRICO H U M E O OE NK g / m ? SEC O EN K g / m »

D A T O S PESO H U M E O OW m , EN G rs . r

DE

H U M E PERD ID AO EA G U A , EN G rs. m

DAD % H U M E D A D n W X Y Z r

GRANULOMETRÍA

Y

PESO

ESPECÍFÍCO

RELATÍVO

PESO SEC O , EN 6 rs. 1

PESO TOTAL DE LA MUESTRA, EN GRAMOS PESO DEL MATERIAL PESO DEL MATERIAL >3/4" < 3/4“ > 3/4"

PESO ESPECÍFICO REL. DEL MAT. COEFICIENTE

d e s c r ip c ió n :

c á lc u lo s :

r - be €l __ • v1 IOOO

u - — 100 - y»X . % Y Z rt lOOOi

DE l_A MUESTRA O P E R A D O R ________ FECHA DE PRUEBA

Pruebas de compactación estáticas en donde = peso volumétrico húmedo del espéci­ men, en kilogramos por metro cúbico. W x = peso húmedo del espécimen, en kilogra­ mos. C = factor de corrección obtenido de la ta­ bla IV-b. 1, que corresponde a la lectura que se observó en el vástago. 5) Obténgase la curva peso volumétrico-humedad en la siguiente forma: a) En un sistema de ejes coordenados, dibúje­ se el punto correspondiente a cada espéci­ men tomando como ordenada el peso volu­ métrico húmedo y como abscisa la humedad respectiva. b ) Unanse medíante una curva los puntos co­ rrespondientes a cada uno de los especíme­ nes. El máximo de la curva representa el peso volumétrico húmedo máximo y su hu­ medad es la humedad óptima del material.

227

tro de 15 ccntímetá'os, que pueda sujetarse a la ca­ beza de aplicación de la carga. Malla U.S. Standard de aberturas cuadradas de 25.4 milímetros (1 *). Malla U.S. Standard de aberturas cuadradas de 4.76 milímetros (N? 4 ).

i

26 Ton.

PISTON.

6)

En esta prueba deberán tomarse las precaucio­ nes que se indican para la variante A en pá­ rrafos anteriores.

Anexo IV-c Pruebas de compactadón estáticas Prueba Porter SOP IV -c l Objeto de la prueba.

OI MEMSI O N E S

EN

n m.

COMPACTACION PON CANOA ESTATICA, t PON T E N )

Este método de prueba sirve para determinar el peso volumétrico seo» máximo y la humedad óptima en suelos con partículas gruesas que se emplean en la construcdón de terracerías; también se puede efec­ tuar en arenas y en materiales finos cuyo índice plás­ tico sea menor de 6. E l método consiste en preparar especímenes con material que pasa la malla de 25.4 milímetros ( 1* ) , a los que se agregan diferentes can­ tidades de agua y se compactan con carga estática.

Balanza con capaddad mínima de 10 kilogramos y aproximadón de un gramo. Charolas. Equipo accesorio normal.

IV-c.3

Preparación de la muestra.

IV-c.2

Equipo necesario.

Molde dlíndrico de compactadón de 15.24 cen­ tímetros ( 6.0*) de diámetro interior y 22.86 centí­ metros (9*) de altura, induyendo el collarín, pro­ visto de una base con dispositivo para sujetar el dlindro. Máquina de compresión con capaddad mínima de SO toneladas y aproximadón de 100 kilogramos. Varilla metálica de 1.9 centímetros (3/4*) de diá­ metro y 30 centímetros de longitud, con punta de bala. Placa circular para compactar, ligeramente me­ nor que el diámetro interior del dlindro, con diáme­

La preparadón de la muestra se efectúa como se indica a contínuadón. 1) D e una muestra de campo, preparada con el cuidado de secar el material únicamente lo necesario para fadlitar su disgregadón, tómese y críbese una cantidad sufidente para obtener una pordón de 16 kilogramos de material que pase la malla de 25.4 m i­ límetros ( 1* ). 2) Divídase esta pordón mediante cuarteo en cuatro fracdones representativas con pesos iguales.

IV-c.4

Procedimiento de prueba.

E l procedimiento de prueba es el siguiente:

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228

C o m p a c ta d ó n de sucios 1) T ó m e s e una de las fracciones representativas

d el m aterial e in corpóresele la can tidad d e agua ne­ cesaria para que, una vez rep artid a uniform em ente, presente una consistencia tal qu e cuando se le com­ prim a en la p alm a de la m ano n o la humedezca y que, a la vez, el m aterial co m p rim id o pu eda formar grumos. E n algunos casos para logra r esto será nece­ sario dejar el m a teria l húm edo un cierto tiem po en reposo, cu bierto con una lon a húm eda. 2) C oloqú ese el m aterial hu m edecido dentro del m olde en tres capas; con la punta de la varilla dé­ sele a cada una d e ellas 25 golpes, uniform em ente distribuidos. S) A l term inar la colocación d e la ú ltim a capa, tómese el m o ld e q u e contiene el m aterial, coloqúese en la m áquina d e com presión y com páctese el mate­ ria l aplicando lentam ente carga u n iform e, de m odo qu e se alcance en un lapso de cinco m inutos la pre­ sión de 140.6 kilogram os p or centím etro cuadrado, equivalente a una carga de 26.5 toneladas, aproxim a­ damente; manténgase esta carga durante un minuto y hágase la descarga en el siguiente m inu to. A l lle­ gar a la carga m áxim a, .revísese la base del molde; si está ligeram ente humedecida, el m aterial ha alcan­ zado la hum edad óp tim a de com pactación y su peso volum étrico m áxim o. 4) Si al llegar a la carga m áxim a n o se liumede-

altura entr de superio t/metros, c metro. 7) Pése ga el espéi {tV¡ ) , en ki 8) Sáqu gitudinalme muestra re| determinad valor ( w ) .

lV-c.5

Cál<

En esta 1) Calci humedad ó¡ a) El v. muía:

en donde
V = vo.

bi<
he = alt A m = ár<

de
b ) El pe
Compactación estática. Se muestra la exudación del espécimen.

siguit

Compactación estática. Prensa y molde instalado en ella.

ce la base del molde, la humedad con que se pre­ paró la muestra es in ferio r a la óptima; por tanto, tómese otra fracción representativa del m aterial y adiciónesele una cantidad de agua igual a la del es­ pécim en anterior más 80 centímetros cúbicos, méz­ clese uniform em ente y repítanse en ésta los pasos que se describen en los párrafos 2) y 3 ). Prepárense los especímenes que sean necesarios siguiendo los pa­ sos que se indican en este párrafo, hasta lograr que en uno de ellos se in icie el humedecimiento de la base del m olde con la carga máxima, lo cual se con­ sigue por lo general con menos de cuatro especí­ menes. 5) Si antes de llegar a la carga máxima se hume­ dece la base del m olde p o r haberse iniciado la ex­ pulsión de agua, la humedad con que se preparó la muestra es superior a la óptima. En este caso, procédase como se indica en el párrafo 4 ), pero en vez de adicionar 80 centímetros cúbicos de agua se reduce la cantidad en cada nueva fracción representativa del material, hasta lograr que en una de ellas se ini­ cie el humedecimiento de la base del m olde con la carga máxima. 6) A l terminar la compactación del espécimen preparado con la humedad óptima, quítese el molde de la máquina de compresión y determínesele la al­ tura ( he) , restando de la altura total del molde la

en donde r m = Pe¡ kil W, = pe; mt W, = pe
gn

V = vo

bit c) El p<

diantt

donde Pf m ? m = 1* ki w = hi ce

Pruebas por n masada

229

altura entre la cara superior del espécimen y el b or­ de superior del molde; regístrese este valor en cen­ tímetros, con aproxim ación de un décimo de m ilí­ metro. 7) Pésese el molde de compactación que conten­ ga el espécimen com pactado y anótese dicho peso nVj), en kilogramos, con aproxim ación de un gramo. 8) Saqúese el espécimen del cilindro, córtese lon­ gitudinalmente y de la p arte central obténgase un a muestra representativa y efectúese en la m uestra la determinación del contenido de agua, anotando su valor (w ) .

2) Regístrese el peso volumétrico seco máximo (yd ) y la hum edad óptima, como valores correspon­ dientes al m aterial ensayado.

IV-c.G

Errores comunes.

Los errores en que se incurre con más frecuencia son los siguientes: 1) Q ue el agua no se incorpore al m aterial en forma adecuada. 2) Q ue la velocidad de aplicación de la carga no sea la especificada. 3) Q ue no se mezcle adecuadam ente el material antes de colocarlo en el cilindro de prueba.

lV-c.5 Cálculos. En esta prueba calcúlese y regístrese lo siguiente: 1 ) Calcúlese del espécimen compactado con la humedad óptim a: a) El volumen, por m edio de la siguiente fór­ mula: V m 1000 A m he en donde decímetros cú­ bicos (litros). he ~ altura del espécimen, en centímetros. Am = área de la sección transversal del cilindro de compactación, en centímetros cuadrados. b) El peso volumétrico húmedo, por medio de la siguiente fórmula:
Y ‘m

Anexo IV-d Pruebas por amasado A. P rueba de compactación m in iatu ra Harvard IVA-d.l O bjeto de la prueba.

V — volumen del espécimen en

del espécimen.

q u e se pre-

; por tanto,
m aterial y

- Wt X 1000 = ----- ---------y

Este m étodo de prueba tiene por objeto determi­ nar el peso volumétrico seco m áxim o y la humedad óptim a en suelos finos plásticos, con partículas me­ nores de 2 mm; consiste en preparar especímenes con m aterial qu e pase la malla N? 10 (U.S. Bureau of Standards), a los que se agregan diferentes cantidades de agua. Los especímenes se com pactan dentro de un molde m etálico bajo la acción de u n émbolo que aplica u n a presión transm itida por la acción de un resorte calibrado.

a la del es- en donde ibicos, mézYm = peso volum étrico húm edo del espécimen, en a los pasos kilogram os por m etro cúbico. Prepárense W¡ = peso del espécimen húmedo más el peso del :ndo los pa- ¡ molde de compactación, en kilogramos. lograr que Wt = peso del molde de compactación, en kilo­ iento de la gramos. cual se conV = volumen del espécimen, en decímetros cú­ atro esped­ bicos. ía se hurnec) El peso volum étrico seco máximo Ydm> me­ :iado la ex­ diante la siguiente fórmula: preparó la caso, procé0 en vez de 1 se reduce = T ñ r T Z — 100 + w X 1 0 0 presentativa ellas se inialde con la espécimen 5e el molde lesele la al:1 molde la
ai donde

IVA-d.2

E quipo necesario para la prueba.

En esta prueba se utiliza el siguiente equipo: — U n m olde cilindrico m etálico de compacta-

t d — peso volumétrico seco máximo del espéci­ men, eri kilogramos por metro cúbico. Y = peso volumétrico húm edo del espécimen, en kilogramos por m etro cúbico. w = hum edad óptim a del espécimen, en por­ centaje.

Equipo para realizar la prueba miniatura de Harvard.

230

Compactación de suelos

— — —

ción, con extensión y placa de base tam bién metálicos. Las dimensiones del m olde son 3.3 cm (1 5/16") de diám etro in terio r y 7.2 cm (2.816") de altura; su volum en resulta ser de 62 cm 3 (1/454 pie3) ; la extensión es de 3.5 cm (1.37") de altura. U n pisón metálico, con un ém bolo en su ex­ trem o inferior, que pueda aplicar presión por la acción de un resorte (la presión que se apli­ q ue se puede hacer variar dentro de amplios márgenes con el uso de resortes de diferentes constantes elásticas). El ém bolo aplicador de presión es un a barra m etálica de 1.3 cm (1/2") de diám etro, con m ango de m adera; dentro de éste actúa el resorte com prim ido a que se hace referencia. U n mecanismo para q u ita r la extensión del molde, provisto de u n ém bolo q u e m antiene al suelo en su lugar d u ran te la extracción. U n extractor, para retira r del m olde la mues­ tra com pactada con una alteración mínima. U na balanza de laboratorio, con aproxim ación de 0.1 g. U na regla metálica, un horno, m alla N? 10 y equipo diverso como espátulas, vidrios de re­ loj, etc. P reparación de la m uestra.

1 1 . Si compactad pisón por capas.
B.

IV-B-d.l

(

Prueba miniatura de Harvard. Afinamiento estático del espécimen preparado por amasado.

Represe amasado c dón de car en el Dej (EE.UU.) dir la esta mentos qu<

IVA-d.3

1) P ara esta prueba se requiere u n a m uestra de suelo, debidam ente cuarteada, con peso com prendi­ do entre 1 y 1.5 kg. Se seca al horno lo necesario para facilitar su disgregación. 2) A la m uestra disgregada m anualm ente se la criba por la m alla N? 10. 3) Como la curva peso volum étrico seco-conteni­ do de agua debe definirse en 6 u 8 puntos, prepá­ rense las mismas porciones de suelo en recipientes con el contenido de agua deseado y déjense en repo­ so por lo menos u n a noche; esto facilita u n a buena mezcla del agua y los suelos finos. Si se trabaja con suelos que a b u ^ b e n el agua con rapidez, con resis­ tencias en estado seco por lo general bajas, la mez­ cla de agua y suelo podrá hacerse inm ediatam ente antes d e la prueba. IVA-d.4 Procedim iento de prueba.

El procedim iento para realizar la p ru eb a que se describe se aju stará a lo siguiente; 1. C on el m olde ajustado a su base y provisto de su extensión, colóquese en él la can tid ad que se re­ quiera de suelo en estado suelto. 2. L a colocación del suelo den tro del m olde de­ berá hacerse en el núm ero de capas que se desee (por lo com ún cin c o ); nivélese cada capa presionán­ dola ligeram ente con un pisón de hule. 3. Después de ajustar apropiadam ente el resorte del pisón, insértese en el suelo el ém bolo del pisón

IV-B-d.2 1 y presiónese hasta qu e el resorte empiece a comprimirse. Quítese la presión, cámbiese ligeram ente de I. A pai posición el émbolo y repítase la operación, repartien­ do así la presión aplicad a de m anera uniform e en 1) U n la superficie de cada capa, hasta com pletar el núme­ ro de aplicaciones q u e se desee. 2) Acct 4. Repítase este procedim iento p ara cada capa; — ]N procúrese que la capa su p erio r sobresalga del molde c p o r lo menos 1 cm (en tran d o en la extensión metá­ d lica del m ism o). ti 5. Trasládese el co n ju n to del molde al aditamen­ r; to para retirar la extensión; presiónese firmemente si el ém bolo del p ro p io ap arato y, a la vez, accionando 1 el mecanismo extractor, suéltese el collar m etálico del — E m olde y del suelo com pactado. — A 6 . Quítese el m olde de su base y enrásese con — I cuidado su boxde su p erio r con una regla metálica. d V erifiqúese tam bién con la regla m etálica el enrasa3) Equ: m iento del borde in ferio r del molde. — C 7. Pésese el m olde q ue contiene al suelo compac­ d tado, con aproxim ación de 0.1 g. a 8 Extráigase la m u estra del m olde utilizando el extractor y colóquesela en u n recipiente apropiado — E p ara introducirla al h o rn o y determ inar su conteni­ P do de agua. Si se reu sa el m aterial p ara determinar 3 otros puntos de la cu rv a de compactación, el conte­ 4) Coll; n id o de agua se d eterm in ará con el m aterial exce­ acerc d en te del borde su p erio r del molde. 9. Com páctense otros especímenes con conteni­ Ii; M at dos de agua crecientes, h asta que el peso húm edo de la m uestra vaya decreciendo, hecho que in d ica que — Disc< se h a sobrepasado el contenido de agua óptim o. de d 10. Calcúlese el peso volum étrico seco correspon­ — Cint. d ien te a cada contenido de agua, m ediante la fórmula nasti 6.35 Y* 2") Y . = 100 -------------d 100 + a; dispi y dibújese la curva de com pactación para obtener el sepai peso volum étrico m áxim o y el contenido óptim o de — C in t agua. (1/2

Prueba de Hveem, de compaclacián por amasado

231

11. Si se desea, cambíese el procedimiento de compactación variando el número de aplicaciones del pisón por capa, la presión aplicada o el número de capas. B. Prueba de Hveem, de compactación por amasado lV-B-d.l Objeto de la prueba.

lV-B-d.3 Procedimiento de compactación. 1) En los incisos 2 a 10 se describe el procedí* miento normal de fabricadón del espécimen para suelos y agregados con finos que posean sufidente cohesión natural para mantener a los especímenes intactos durante los procesos de prueba. Los materiales sin cohesión, tales como agregados para bases, requieren del uso de canastillas de papel como ayuda para po­ der manejarlos sin que sufran alteraciones. Cuando se emplean las canastillas, el procedi­ miento de fabricación especial se da en los indsos 11 al 19. 2) Colóquese el molde en el collarín con mango, que tiene un disco de hule de 10.00 cm (3*15/ 16") de diámetro y 0.32 cm (1/8") de espe­ sor, pegado a la placa. Ajústese el molde para dejar un espadamiento de 0.32 cm (1/8") en­ tre el borde inferior del molde y la base del molde con mango. Sujétese así. Colóquese un disco de cartulina de 10.00 cm (3*15/16") den­ tro del molde, sobre el disco de hule. Póngase en su lugar la extensión con embudo y el molde sobre la placa giratoria del compacta­ dor y atorníllese. 3) Colóquese una muestra bien mezdada en el alimentador, con el material suelto y bien dis­ tribuido a lo largo de toda su extensión. 4) Echese a andar el compactador y ajústese la presión del aire del compactador a 1.05 kg/cm2 (15 lb/in3) , lo cual equivale a una presión en el pisón de aproximadamente 16.85 kg/cm2 (240 lb/in2) . Espérese hasta que el pisón al­ cance su posición más baja antes de colocar al material en el molde. 5) Con una espátula váyase depositando el mate­ rial del alimentador en el molde de manera que se cubra su fondo; el resto de la muestra se vaciará en 20 partes iguales, una en cada aplicadón del pisón; después propordónense 10 aplicadones más para asentar y nivelar todo el material. Levántese y limpíese el pisón y co­ lóquese un disco de hule de 10 cm de diáme­ tro en la parte superior del espédmen. Si du­ rante todas las operaciones anteriores la pre­ sión de 1.05 kg/cm3 (15 lb/in3) resultó exce* siva y produjo levantamiento del material al­ rededor del pisón, podrá bajarse. 6) Aflójese el molde dentro del collarín con man­ go, manipulando los tornillos, bájese el pisón e increméntese la presión del aire hasta obte­ ner una presión en el pisón de 24.6 kg/cma (350 lb/in3) , lo que normalmente se logra con una lectura de 1.48 kg/cm3 (21 lb/in3) en el manómetro que mide la presión del aire. 7) Las ardllas pueden requerir presiones de com­ pactadón menores, pues en ellas el pisón pe­ netra con facilidad; en estos casos la penetradón del pisón deberá ser el factor que se obCopyrighted material

Representar en el laboratorio las condiciones de amasado que producen los equipos de compacta* dón de campo. Este procedimiento lo ideó F. Hveem en el Departamento de Carreteras de California (EE.UU.) con vistas a lograr especímenes para me­ dir la estabilidad en el método de diseño de pavi­ mentos que lleva su nombre. lV*B*d.2 Equipo para la prueba. I. Aparatos. 1) Un compactador mecánico de amasado. 2) Accesorios del compactador. — Molde de acero de alta resistenda de 10.16 cm (4" ± 0.002") de diámetro interior y de 11.40 cm (4.49" ± 0.005") de diáme­ tro exterior. El interior del dlindro debe­ rá ser liso, con 250 micropulgadas de rugo­ sidad máxima. La altura del molde es de 12.70 cm (5" ± 0.008"). — Extensión del molde con mango y embudo. — Alimentador de 50.8 cm (20") y espátula. — Discos de hule de 10.00 cm (3*15/16") de diámetro y 0.32 cm (1/8") de espesor. 3) Equipo de fabricadón de canastillas. — Cilindro de madera de 9.84 cm (3*7/8") de diámetro y un distribuidor de cinta adhesiva de 1.27 cm (masking tape). — Discos perforados de bronce al fósforo, de presión de exudadón, de 10.08 cm (3-31/ 32"). 4) Collar metálico para formar las canastillas de acero inoxidable. II. Materiales. — Discos de papel manila de 10.00 cm (3-15/16") de diámetro. — Cintas de papel ranurado, para hacer las ca­ nastillas, de papel café Kraft (60 lbs), de 6.35 cm (2*1/2") de ancho por 34.29 cm (13-1/ 2") de largo, con ranuras de 3.42 cm (1-7/8") dispuestas uniformemente a 1.91 cm (3/4") de separación. — Cinta adhesiva (masking tape) de 1.27 cm (1/2") de ancho.

232

Compactación de suelos

serve; se debe buscar q u e no sea mayor qu e 0.64 cm (1 /4 "). A pliqúese 100 veces el pisón al espécimen. Si antes de las 100 aplicaciones aparece agua lib re en la base del m olde, deténgase el pro­ ceso de inm ediato y anótese el núm ero de ap li­ caciones. 10) Si la superficie del espécim en queda irregular después de la com pactación, enrásese. P rocedim iento cuando se requieren canastillas. 11) Constrúyanse las canastillas de acuerdo con las siguientes etapas. a) Tóm ese un pedazo de papel ranurado y colóquesele alrededor del bloque de m adera cilindrico, con los extrem os a tope. b) Con la tela adhesiva (masking tape) péguese el disco de bronce al fósforo al pa­ pel, de m anera que no queden tapados los orificios del disco. 12) Colóquese el molde en el collarín exterior con mango, habiendo pegado a la placa del mismo u n disco de hule y colóquese u n disco de p a­ pel M anila dentro del m olde sobre el disco d e hule. 13) Deslícese un a canastilla d en tro del molde, has­ ta que el borde superior de la misma sobresal­ ga aproxim adam ente 2.54 cm (1") del borde superior de dicho m olde. D el mismo m odo coloque el collar m etálico en la canastilla has­ ta q u e su borde inferio r quede aproxim ada­ m ente 2.54 cm (1") b ajo el borde superior de aquélla. Deslícense ah o ra sim ultáneam ente la canastilla y el collar m etálico hasta que el dis­ co perforado de bronce al fosforo (pegado al fondo de la canastilla) descanse sobre el disco de ca rtu lin a y el borde superio r del collar m e­ tálico coincida con el b o rd e superior del molde. 14) A jústese el m olde de m a n era que quede u n a ho lg u ra de aproxim adam ente 3 m m ( 1 / 8 ") en ­ tre el borde inferior del m olde y la base del m olde exterior con m ango; esto se logra desli­ zando el m olde y el collar q u e contiene; a to r­ níllese el dispositivo. 15) Colóquese en posición el em budo y sitúese el conjunto sobre la mesa giratoria, en la cual se asegurará. 16) Llévese a cabo el paso 3. 17) Echese a an d ar el com pactador y ajústese la presión del aire a 0.7 k g /c m 2 (10 lb /in 2) , lo q u e equivale, aproxim adam ente, a 11.25 k g / cm 2 (160 lb /in 2) de presión en el pisón. 18) C on la espátula hágase pasar la m itad del m a­ terial del alim entador al molde, repartiéndo­ lo. H ágase b ajar al pisón sobre el m aterial y dense 10 aplicaciones del mismo. Elévese el pi­ són, introdúzcase la o tra m itad del m aterial en el m olde y vuélvase a aplicar 10 veces el

pisón, m an ten ien d o siempre la presión del aire en 0.7 k g /c m 2 (10 lb /in 2) . 19) Levántese y límpiese el com pactador. Renué. vese el collar m etálico y colóquese u n disco de hule en la p arte superior del espécimen, el cual q u ed a ah o ra preparado p ara el proceso de com pactación propiam ente dicho, que se describe en los párrafos 6 a 9.

IV-B-d.4

Precauciones.

1) L a colocación del m aterial en el m olde debe ser uniform e. L a falta de u n ifo rm id ad se re­ fleja de inm ed iato en la energía necesaria para producir la exudación. 2) Las partículas gruesas deben distribuirse uni­ form em ente en toda la lo n gitud del alimenta­ dor, p ara evitar segregaciones. 3) Es m uy im p o rta n te acomodar b ie n la canas­ tilla a m ano antes de com enzar las operacio­ nes de com pactación. Si se em pieza la compac­ tación sin q u e el conjunto esté perfectamente asentado en la base del collarín q u e sostiene al molde, es fácil desgarrar las tiras de papel adhesivo q u e u n en a la canastilla con el disco de bronce.

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234

C om p a cta ción de suelos

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V-l IN T R O

En las \ turas de reí mas que se aparece la s ciñas deben que el talu< ma, pero co uso de estn estas estruct rriles, son r decir, de tip de escasa ali de manera pueden hac< poco al ma: certidumbre de tierra cc vuelven mu las estructu común (se no debe ex< de construii mensiones, < delicados, d vía en las ti jo de las e: Con bas' turas de dii grar una ri obtenerse n je de tierra con algunas toman en c cindible ne paldo de u A este : digresivo. ^ una solucú' después de económico tipo, y se e por su ven

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C A P IT U L O

Tensoes Neuduráis dos Sode Ingeniería
Obras Públj.

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1 o f Soil Me DE. L X X X IX ,

Empuje de tierras

n on Compac> . 1961.

>2.

T riaxial Test,
V-l IN T R O D U C C I O N En las V ía s T e r re s tr e s se usa., m u c h o las estruc­ turas d e re te n c ió n p a ra resolver n u m erosos con frecu en cia. De p ro b le ­ mas q u e se p resen ta n co n tin u o es cierto a n a liza n con cu id a d o la p re v is ió n y el p resu pu esto fo rm u la d o s para d ic h a s o lu c ió n se ob serva q u e só lo se h a con sid erad o escu etam en te la erecció n d e la es­ tru ctu ra d e reten ción , p e ro sin tom ar en cu en ta para n a d a ese co n ju n to d e regla s d e l arte; p o r e je m p lo , n o se ha hecho n in g u n a p re v is ió n para la con stru c­ c ió n d e filtro s en el re s p a ld o d e l m u ro, d r e n a je d e l r e lle n o , etc., o n o se h a to m a d o n in g u n a p re ca u c ió n p a ra p re v e r co n d icion es especiales de c im e n ta c ió n , q u e p u d ie ra n ser necesarias. C o n tales o m isio n es, el m u r o d e reten c ió n g a n a el concu rso e c o n ó m ic o , p e ro ta m b ié n es p ro b a b le q u e esté destin ado a fa lla r. En efecto, en el caso d e estru cturas d e re te n c ió n es m u y co m ú n q u e n o se co n sid eren todas las preca u cion es accesorias y norm as d e constru cción, sin las cuales las teorías d e e m p u je d e tierras fre cu en tem en te n o bastan para g a ra n tiza r el é x ito , algunas veces p o rq u e tales p recau cion es se r e fie r e n a circunstancias n o to­ m adas en cuenta p o r las teorías y otras, p o r q u e las m ism as precauciones son esenciales para su p lir d e fi­ cien cia s e in certid u m b re s d e en c u a lq u ie r b a la n ce las p rop ias teorías. Si e c o n ó m ic o se hace in te r v e n ir el

westigation o¡ racteristics oj
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John Wi-

aparece la situ a c ió n en q u e dos masas d e tierra ve­ cinas d eb en m a n ten erse a d ife r e n te n iv e l; que el talu d es la so lu ción típ ic a p a ra este p ro b le ­ ma, p ero con fre c u e n c ia ha d e recu rrirse ta m b ié n al uso de estructuras d e reten ción . L a m a y o r pa rte de estas estructuras, constru id as en carreteras y ferro ca ­ rriles, son m u ros d e co n creto o d e m a n ip o s te ría ; es decir, d e tip o “ r íg id o ” . C asi sie m p re estos m u ros son de escasa a ltu ra (p o r lo gen eral a b a jo d e au n

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pueden hacerse co n ra zo n a b le seg u rid a d práctica, un

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1951.

de tierra c o n tra los elem en tos d e re te n c ió n , q u e se vuelven m u y crítica s cu ando es m a y o r la a ltu ra de las estructuras. Sin em b argo, a u n q u e n o es práctica común (se e v ita so b re tod o p o r razon es d e c o s t o ), no d eb e e x c lu irs e en las V ía s T e r re s tr e s la necesidad de con stru ir estru cturas d e r e te n c ió n d e gran d es d i­ mensiones, q u e p o r supuesto o r ig in a n p ro b lem a s m uy delicados, dadas las m uchas dudas q u e ex isten toda­ vía en las teoría s d e e m p u je d e tierras y en el m an e­ jo de las estru cturas d e reten ción . C o n base en los co n ocim ien to s actuales, en estruc­ turas d e d im e n s io n e s n o m u y gran d es, es p o sib le lo ­ grar u na r e la tiv a se gu rid a d p ráctica, la q u e ha d e obtenerse n o só lo co n el uso d e u n a te o r ía d e em p u ­ je d e tierras “ r a z o n a b le ” , sin o c o m p le m e n ta n d o ésta con algunas regla s d e “ a rte” , q u e p o r l o g e n e ra l n o toman en cu en ta las teorías. P o r e je m p lo , .la im pres­ cin d ib le n ecesid a d d e un ad ecu a d o d r e n a je d e l res­ paldo d e un m u r o d e reten ción . A este res p ec to cabe un c o m e n ta r io lig e ra m e n te digresivo. M u ch a s veces para un p r o b le m a se a d op ta una so lu ción económ ico las a base d e m uros d e re te n c ió n , q u izá solu cion es a lte rn a tiva s de d ife re n te después d e h a b e r sopesado desde e l p u n to d e vista tipo, y se e lig e la so lu c ió n d e los m u ros precisam en te por su v e n ta ja en el costo; sin e m b a rg o , cu an do se

la estru ctu ra de re te n c ió n con todas las n orm as acce­ sorias q u e gara n ticen su fu n c ió n , es co m ú n q u e res u lta d o d e l b a la n ce sea o t r o y q u e resu lte ex c e s iv o el costo d e una estru ctu ra con stru id a según las regla s d e l arte. Si lo a n te rio r es co rre cto , d a d o el g ra n n ú m e ro d e m u ros q u e se v e en las vías terrestres en n ú m e ro la d o lo de ellos se h a n co n stru id o d e ja n d o precauciones todas a un partes, ha d e juzgarse ra z o n a b le pensar q u e u n gran q u e se ha lla m a d o accesorias

esenciales; desgraciad am en te ésta es la e x p e r ie n c ia de los au tores de este lib r o . L a s estructuras d e r e te n c ió n son d e las q u e su elen r e c ib ir m en o r a te n c ió n por p a rte d e los in g en iero s constructores, p o r lo m en os en co m p a ra ció n a los p e lig ro s q u e en cierra n y sobre to d o en lo r e fe re n te a sus co n d icion es d e d re n a je , co n e l fin d e e lim in a r em p u je s h id rostáticos y e fe c ­ tos n o c iv o s d e l agua. C o m o consecuencia d e lo a n te­ r io r, las obras d e s o p o r te son d e las estructuras q u e to d a v ía se caen, a pesa r d e la in te n c ió n y e l esfu erzo d e l in g e n ie r o con stru ctor.

236

Em puje de tierras

Las teorías de que se dispone actualmente para el cálculo de las obras de retención de tierras tienen de­ fectos graves y son inciertas en el sentido de que mu­ chas veces es muy difícil definir en la práctica si se están cumpliendo las condiciones de aplicabilidad en la medida necesaria. No hay ninguna teoría de apli­ cadón universal y su utilidad para un caso dado de­ pende siempre de condidones de la estructura y del relleno que no son fádles de prever, tales como la deformabilidad de la estructura, vertical y horizon­ talmente, las condidones del relleno, por ejemplo en lo relativo a saturadón o evoludón de su resistenda al esfuerzo cortante con el tiempo, etc Así, se han de manejar varias teorías de empuje y diversos tipos de estructuras de retendón. De ello se tratará de dar una idea somera en las páginas que siguen, si bien centrada exdusivamente en aquellas estructuras que son de uso común en el campo de las vías terrestres. Los casos más comunes de utilizadón de estruc­ turas de retendón en tal campo, son los siguientes: 1. Confinamiento de terraplenes, sea porque no se dispone de espado para su derrame, como ocurre con frecuenda en zonas urbanas, o por­ que tales derrames resultarían demasiado lar­ gos, angostos e inseguros y difídles de cons­ truir, como suele suceder en secdones en bal­ cón sobre laderas de pendiente fuerte. 2. Confinamiento de accesos a puentes, pasos a desnivel, alcantarillas y otras estructuras. Se trata de evitar taludes con derrame importan­ te, sea por no haber espado para ellos, para no invadir cauces y zonas inconvenientes o por ahorro en el movimiento de tierras. 3. Retendón de masas de tierra inestables en sí mismas; en este caso, el elemento de retendón se utiliza como soludón al problema de ines­ tabilidad. Las estructuras de retendón suelen dasificarse de acuerdo con dos normas de criterio, las que, a su v tt, tienen mucho que ver con su comportamiento

Ua maro de w tn rifa a

ana a n d a » .

mecánico y con los campos de aplicabilidad de las teorías de empuje de tierras disponibles. Según el primer criterio, las estructuras pueden ser "rígidas*' o flexibles, según su deformabilidad ante las presio­ nes ejerddas por el relleno; por lo general una es­ tructura queda dentro de uno u otro grupo según el material que la forma. £1 concreto y la manipostería dan lugar a estructuras del tipo rígido, cuando se disponen en muros de espesor considerable. Desde luego que la palabra “rígido", impuesta por la cos­ tumbre, se refiere simplemente a estructuras cuyo ni­ vel de cedenda ante la presión es bajo, hablando en términos relativos; más adelante habrá ocasión de detallar los límites de esta expresión y su signifi­ cado en los mecanismos de generación de la pre­ sión de tierras, que es muy relevante. Las estructuras flexibles son aquellas que, por su secdón y materiales constitutivos, tienen una alta de­ formabilidad; las más representativas son las tables­ tacas de madera, acero o concreto, de las que no se tratará en esta obra, por ser poco usadas en la tecno­ logía de las vías terrestres. Las estructuras de retendón se dasifican, según un segundo criterio, de acuerdo con el término de vida que se les señala, y pueden ser permanentes o provisionales. La estructura de retendón permanente típica de las vías terrestres es el muro de concreto o manipostería. Las obras provisionales se denominan ademes o entibaciones y suelen construirse de madera o de acero, cuando hayan de soportar fuertes empu­ jes; en las vías terrestres se usan principalmente para detener las paredes inestables de las excavadones, para cimientos de puentes, en túneles y, con menos frecuencia, para detener paredes de excavaciones que se hacen para alojar obras especiales de drenaje de grandes dimensiones, conectadas con problemas de estabilidad de taludes. Las obras provisionales tienen una previsión de vida corta, o sea el tiempo que tar­ de en construirse la obra prindpal, y este hecho ha­ brá de reflejarse en su diseño y construcción, pero sin que ello implique desinterés por sus problemas, pues con frecuenda es mucho lo que depende de su buen comportamiento. En este capítulo se tratarán preferentemente los muros de retendón, obras permanentes de tipo rígi­ do, por ser las que más se usan en las vías terrestres, pero se dará alguna atenrión a las formas de adema­ do de mayor utilizadón. Se tratarán primeramente las teorías dásicas de presión de tierras y algunos métodos empíricos para la valuadón de ese concepto; después se darán nor­ mas para definir la aplicabilidad de los diferentes métodos a los distintos problemas prácticos. También se detallarán algunas reglas de "arte", de las que, como se dijo, muchas veces depende el éxito o el fra­ caso de una soludón determinada. De los ademes se hablará por separado, pero se exduirá el caso de los túneles, que serán objeto de un estudio espedal en esta obra.

Teorías clásicas de empuje de tierras

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V-2 TEORIAS CLASICAS DE EMPUJES DE TIERRAS

A. Teoría de Rankine (Reís. 1 y 2) A-l Estados plásticos de equilibrio. Teoría de Rankine en suelos friccionantes Considérese un elemento de suelo de altura dz si­ tuado a una profundidad z en el interior de un se* miespado de suelo en “reposo" (es decir, sin que se permita ningún desplazamiento a partir de un esta­ do natural, que es lo que en lo sucesivo se entenderá por "reposo" en este capítulo); sea la frontera del semiespado horizontal (Fig. V*l). En tales condido­ nes, la presión vertical efectiva actuante sobre la es* tructura del elemento es:
Pv = Y*

(5*1)

donde y e* el peso espedfico correspondiente al es­ tado en que se encuentre el medio. Bajo la presión vertical actuante, el elemento de suelo se presiona lateralmente y se origina asi un es­ fuerzo horizontal, pk, que, con base en la experien* da, se ha aceptado como directamente proporcional a py ph - *0 Y 2 (5*2)

La constante de propordonalidad entre pv = yz y ph se denomina coefidente de presión de tierra en reposo; sus valores han sido obtenidos experimental­ mente en laboratorio y en el campo y se ha observa­ do que, para suelos granulares sin finos, oscila entre 0.4 y 0.8. El primer valor corresponde a arenas suel­ tas y el segundo a arenas intensamente apisonadas; una arena natural compacta suele tener un K% del orden de 0.5. En el caso de arcillas sobreconsolidadas por desecadón, K0 puede acercarse a 1 (Ref. S). Durante el rehumededmiento, el valor de K% dependerá del agrietamiento preexistente y de las propiedades de expansión (Ref. 4 ), pero puede crecer mucho en riertos casos. También pueden influir en K0 los fe­ nómenos de precompresión en arenas» que dependen de la historia de la formación del depósito y de la de los esfuerzos que actuaron sobre el material en el lugar. Es muy difícil determinar el valor de K0

en un lugar determinado, por medio de pruebas apropiadas (Refs. 5 y 6), de manera que suele renundarse a tal intento, aunque sólo sea por razones de costo. Si en el diagrama de Mohr se representa el dreulo que corresponde al estado de esfuerzos descrito para el elemento mendonado (Fig. V-2) se obten­ drá un dreulo tal como el 1, que evidentemente no es falla. A partir de estas condidones de esfuerzo en "re­ poso" se puede llegar a la falla por dos caminos de interés práctico. El primero consistirá en disminuir el esfuerzo horizontal, manteniendo constante el ver­ tical; se llega así al círculo 2 de falla, con un esfuer­ zo principal menor c ra = Ka y z, donde Ktt se deno­ mina coefidente de presión activa de tierras; nótese que este esfuerzo < r 3 corresponde en este dreulo a la presión horizontal, pues, por hipótesis, el esfuerzo principal mayor correspondiente es yz o presión ver­ tical debida al peso del suelo sobreyaciente sobre el elemento. El segundo camino para llevar a la falla al elemento en estudio consistirá en tomar al esfuer­ zo yz como el prinapal menor, aumentando ahora por consiguiente la presión horizontal hasta llegar a un valor Kpyz, de modo que el círculo resultante sea tangente a la línea de falla. El valor Kp red be el nombre de coefidente de presión pasiva de tierras. Estas dos posibilidades son las únicas de interés práctico para llegar a estados de falla a partir del de "reposo", puesto que respetan el valor yz de la pre­ sión vertical, que es una condidón natural del pro­ blema, por lo menos en un primer análisis simpli­ ficado. De acuerdo con Rankine se dirá que un suelo está en estado plástico cuando se encuentra en esta­ do de falla indpiente generalizado. Así, de acuerdo con lo anterior, caben dos estados plásticos prácticos. El que se tiene cuando el esfuerzo horizontal alcan­ za el valor mínimo Kéyz y el que ocurre cuando di­ cha presión llega al valen* máximo Kpyz. Estos estados se denominan respectivamente activo y pasivo.

X*

i 4—
Figura V-L Esfuerzos actuantes sobre un elemento de suelo en reposo. Figura V-2. Estados plásticos en el Diagrama de Mohr. (Sue­ los friccionantes.)

Copyrighted i

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E m puje de tierras

En cl estado plástico activo (Fig. V-2), evidente mente se tiene:

Se ve entonces que
* - = T T = 's 2 (45° - ♦ /.) (5-3)

expresión que da el valor del coeficiente activo de presión de tierras. De manera análoga, en el estado plástico pasivo se tendrá: h = E± = N é
pv

(5-4)

y resulta: Kp = N t = tg* (45° 4- f / 2) (5-5)

para el coeficiente pasivo de presión de tierras. Estos dos casos de estados plásticos tienen una co­ rrespondencia con la realidad ingenieril que los hace
de interés práctico.

Considérese un muro cuyo relleno se supone ori­ ginalmente en “reposo*'. Dicho muro podrá física­ mente ser llevado a la falla de dos maneras. Una por empuje del relleno cediendo la estructura hada su frente; otra, por acción de algún empuje exterior, in­ crustándose el muro en el relleno y deformándose hada su espalda. Rankine pensó que, bajo el empuje del relleno, el muro cede y se desplaza, lo que disminuye la pre­ sión del relleno a valores abajo del correspondiente al "reposo”; esto hace que la masa de suelo desarrolle su capaadad de autosustentadón, por medio de los esfuerzos cortantes que se generan. Si el muro cede lo suficiente, la presión horizontal puede llegar a ser la activa, valor minimo que no se puede disminuir aun cuando el muro ceda más a partir del instante de su apariaón. Así, se podría razonar que, con que se proyectase un muro para resistir la presión activa, se garantiza­ ría su estabilidad, siempre y cuando el muro pudie­ se ceder lo suHdente como para que, en última instanda, se desarrolle dicha presión activa. De manera análoga se podría razonar para el caso en que el muro se desplace hada su respaldo bajo una fuerza exterior sufidente como para que llegue a desarrollarse la presión pasiva, en cuyo caso se po­ drá diseñar la estructura contando con la máxima resistenda del suelo.

Agrietamiento de un moro de reteadáa

Grietas en un muro de maaportena.

Teorías clásicas de empuje de tierras

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Si dentro de la Teoría de Rankine, las expresio­ nes para la presiones activa y pasiva, que se obtuvie­ ron para una profundidad z, se integran a lo largo de la altura H de un muro de retención, podrán ob­ tenerse los empujes totales correspondientes. El pro­ cedimiento implica la suposición de que los estados plásticos respectivos se han desarrollado totalmente en toda la masa del relleno, es dedr, que el muro se ha deformado lo necesario. Así, para el estado plástico activo podrá escribirse, con base en la ecuadón 5-2,
(5-6)

eos $ — sjeos* P — eos2 < * > eos { J
C O S {3 - f 'y 'c o s 2 P — CO S2
<f>

(5-9)

Er = - y H *

(5-10)

Na

expresión que da la presión horizontal actuante so­ bre el muro a la profundidad z, para el caso de re* Heno con superficie horizontal. En un elemento dz del respaldo del muro, a la profundidad z, obra el empuje dEA = — yzdz

En vista de que las distribudones de presión tam­ bién son lineales y su direcdón es paralela a la su­ perfide del relleno, las resultantes serán paralelas a la superfide del relleno y estarán aplicadas a un ter­ cio de la altura del muro, a partir de su base. Nótese que para 3 = 0 las fórmulas 5*9 y 5-10 se reducen a las 5-7 y 5-8, respectivamente. Un caso práctico de interés es el que resulta de considerar la superfide del relleno, supuesta hori­ zontal, sometida a una sobrecarga uniformemente dis­ tribuida, de valor q. Este caso puede analizarse, para el estado plástico activo; como sigue: Se vio que, en este caso,

<r,

2V,

*

supuesta una dimensión unitaria normal al papel; por tanto, en la altura H el empuje total será:

Al obrar la sobrecarga q, el esfuerzo vertical se transforma en: *i* = cr, + q y el horizontal en:

* - ¡4 *!t
La expresión 5-7 da el empuje total activo que ejerce un relleno de superfide horizontal contra un muro de respaldo vertical, en un suelo puramente friedonante. En forma análoga, para el estado plástico pasivo, a partir de la fórmula 5-5 se llega al valor del em­ puje pasivo total:
= (5-8)

= <r* + A<r8

Por tanto, podrá ponerse 1 Nf de donde o* + A < ra =» — — -f- — — cr, + Acr, <r, + q

válida también para muro de respaldo vertical y su­ perfide de relleno horizontal, en suelo friccionante. Para efectos de cálculo de la estabilidad del muro, considerado como un elemento rígido, se puede con­ siderar que al volumen de presiones lo substituyen sendas fuerzas concentradas, cuya magnitud queda dada por EÁ y E,; dada la distribudón lineal que para ambas presiones se tiene en la Teoría de Ran­ kine, se infiere que el punto de aplicadón de tales fuerzas está a un terdo de la altura del muro, medi­ do a partir de la base. Desde luego, ambas fuerzas resultan horizontales en el caso hasta aquí tratado. En el caso de que la superfide del relleno sea un plano indinado a un ángulo $ con la horizontal» por un proceso de integradón análogo al que antes se efectuó se puede llegar a las expresiones de los empu­ jes activo y pasivo siguientes (Ref. 1):

N*

N a

Por comparadón con el caso de sobrecarga nula se deduce de inmediato: Apk — Acr, = — = KÁq

(5-11)

O sea que, para el caso activo, el efecto de la so­ brecarga uniformemente distribuida es simplemente el aumento uniforme de la presión actuante contra el muro en el valor dado por la ecuadón 5-11. Puede verse que, de un modo totalmente análogo, para el caso pasivo el efecto de la sobrecarga unifor­ me es aumentar la presión en el valor APk = A o"j = qNf = Kpq
(5-12)
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2*10

E m puje de tierras

Obsérvese con atención que en las fórmulas 5-11 y 5*12 el campo de aplicación se restringe a relleno con superficie horizontal. Para el caso de relleno inclina­ do pueden obtenerse expresiones análogas (Ref. 1). Otro caso de interés práctico es aquel que se tie­ ne cuando parte del relleno horizontal arenoso tras el muro está en condición sumergida. Si H es la al­ tura total del muro y H |r es la altura de arena no sumergida, medida a partir de la corona (Fig. V-3), la presión vertical del relleno en un punto bajo el nivel del agua será:
(5*13)

Todas estas fórmulas se aplican con frecuencia en la práctica de la construcción de muros de retención de mamposteria o en la práctica de la construcción de muros de retención de mamposteria y de concre* to reforzado, por lo cual es de fundamental impor­ tancia recapitular las condiciones de su aplicabilidad. Estas son, por supuesto, las hipótesis que afectan a la Teoría de Rankine y se destacan a continuación: 1. Los estados '‘plásticos”, tanto activo como pa­ sivo, se desarrollan por completo en toda la masa del suelo. Ya se comentó que esta hipó­ tesis se realiza de manera razonable en los mu­ ros reales, que pueden deformarse lo suficien­ te para ello siempre y cuando el proyectista no tome precauciones especiales para restrin­ gir los movimientos de la estructura como cuer­ po rígido. £1 tipo de movimiento necesario para que se pueda desarrollar un estado “plás­ tico0 es un ligero giro del muro en torno a su base, en el sentido conveniente. 2. Cuando la superficie del relleno es horizontal y si el respaldo del muro es vertical, como im­ plícitamente se ha considerado hasta ahora, el muro debe ser “liso"; es decir, debe ser nulo el coefidente de friedón entre él y el suelo de relleno. Cuando la superfide del relleno es un plano inclinado a un ángulo 0 con la horizon­ tal, se ha de admitir que el muro es rugoso, con tal coeficiente de fricción con el suelo, que las presiones resultantes sobre el respaldo ver­ tical resulten indinadas al mismo ángulo 0. A-2 Teoría de Rankine en suelos cohesivos

Así, la presión que ejerza horizontalmente la are­ na bajo el nivel freático será:
^ = =
o

(5-M)

Además, en este caso, sobre el muro y bajo el ni* vel freático se ejercerá la presión hidrostática y wz'
(5-15)

Por consiguiente, el empuje total activo está dado por:
£ 1 1 = -J — v H * + 2N+ 1 1 1 — v H ./ f- + - i - V f í a + N f 1 1 a 2Nf 1 2

(5*16) En suelos puramente “cohesivos", para la aplica­ dón práctica de las fórmulas que se obtienen a continuadón es necesario tener muy presente que la “cohesión” de las ardllas no existe como propiedad intrínseca, sino que es propiedad drcunstandal, ex­ puesta a cambiar con el tiempo, sea porque la ardlla se consolide o porque se expanda con absoraón de agua. Por ello, en cada caso es necesario tener la se­ guridad de que no cambie con el tiempo la “cohe­ sión” de que se haya hecho uso en las fórmulas de proyecto. Desde luego que esta garantía es, por lo menos, muy diffdl de obtener.

Nótese que en este caso, a pesar del hecho de que la arena esté sumergida hace disminuir el va­ lor de y a y7 » el empuje s