Historia

Josué y Jueces
INTRODUCCIÓN
En la introducción al Pentateuco hemos expuesto las alternativas
del Hexateuco y el Tetrateuco. La hipótesis comúnmente aceptada hoy
es que, en un estadio, existió una gran obra de historiografía que abar-
caba desde la entrada en la tierra hasta la salida al destierro. El
Deuteronomio, construido en esquema de alianza, era el gran prólogo
y clave teológica de dicha historia. Esa obra recibe el nombre de
Deuteronomista y su sigla es Dt. Esta hipótesis (propuesta por M. Noth
en 1942) ha orientado muchos análisis especiales de los libros que
comprende: Jos, Jue, Sm, Re, y se aplica como marco de referencia
de la exégesis.
Contenido
Después de la última actividad y la muerte de Moisés (véase
comentario a Dt), le sucede Josué, quien dirige la conquista y reparte el
territorio entre las tribus; antes de morir renueva la alianza (Jos 24). Sigue
una especie de edad media, la era de los Jueces (Jue). El último juez,
Samuel, introduce la monarquía de Saúl y David (Sm). Le sucede Sa-
lomón. Al morir éste, sucede el cisma, que divide al pueblo en dos reinos:
el septentrional, llamado Israel, y el meridional, llamado Judá. Ambos
continúan su vida paralela (Re) hasta la destrucción de Israel (622) y de
Judá (586). Es una historia lineal y continua, desigualmente desarrollada.
El intento de escribir la historia de un pueblo durante setecientos años es
una hazaña cultural de primer orden en aquellos tiempos.
Época
La obra no se pudo completar antes del destierro, y queda mar-
cada por la desgracia reciente, con una mezcla de nostalgia y espe-
ranza. Más importante, el autor intenta comprender la catástrofe por
sus causas; lo cual es historiografía madura. Da preferencia a las cau-
sas religiosas sobre las políticas y militares.
INTRODUCCIÓN 408
Un análisis más atento induce a muchos a distinguir dos redac-
ciones de la obra: la primera en tiempos de la reforma de Josías; la
segunda durante el destierro.
Autor
Hay que contar al menos con dos autores. Pero muchos investi-
gadores prefieren hablar de "escuela". Es un concepto maleable e
indefinido. Si era escuela, tuvo que haber una formación común, crite-
rios y procedimientos compartidos, dependencia o intercambio. Y un
último autor responsable.
Tema
Si hay que señalar un tema central, escogemos la monarquía
hereditaria en la tierra. Josué es el presupuesto. Los Jueces son el
"antes de la monarquía", con un intento abortado (Jue 9). Samuel es el
eslabón de enlace que actúa entre dos fuerzas opuestas (1 Sm 8; 12).
Con el cisma, los del norte pierden la continuidad dinástica; los del sur
la mantienen, superando repetidas amenazas. La tensión inicial, pro y
contra la monarquía, informa el relato hasta el balance final. De parte
de Dios, la tensión brota del contraste entre promesa incondicionada y
alianza condicionada.
Otro tema, que considero subordinado, es la tierra: conquistada y
repartida por Josué, habitada durante el gran arco que concluye en el
destierro. Su posesión también entraña tensiones: es don y tarea, es
posesión tranquila y amenazada, desde fuera y desde dentro. Es más
que simple escenario de la historia. Algunos descubren prefiguraciones o
semejanzas en los relatos patriarcales: bajada y subida de Abrahán a
Egipto; destierro y vuelta de Jacob; relaciones con los siquemitas y otros
extranjeros; conflictos de sucesión; conflictos de hermandad.
Método de trabajo
El Deuteronomista unifica materiales preexistentes en un esquema
simplificado. Acoge textos ya elaborados por la tradición y echa sobre
ellos una red de mallas anchas. Los hilos, paralelos y perpendiculares
de esa red serían: a) reflexiones del autor, que pone en boca de sus
personajes o pronuncia con autoridad de narrador; b) palabras divinas
que prometen o amonestan. Entre las mallas se escapan o se delatan
los materiales aprisionados.
a) Moisés (Dt 29,1-28; 30,1-6); Josué (Jos 23); Samuel (1 Sm
12); David (2 Sm 23,1-7; 1 Re 2,2-4); Salomón (1 Re 8,23-53); el
autor: para el reino septentrional (2 Re 17,7-23); para el meridional
(2 Re 21,10-15).
JOSUÉ Y JUECES
b) Prescindiendo de la misión de Moisés y Josué, los mensajes
divinos jalonan la historia; pocas veces pronunciados directamente por
el Señor, de ordinario transmitidos por medio de algún profeta. Al pue-
blo pecador (Jue 2,1; 10,11);aGedeón (6,8); a Manoj, padre de Sansón
(Jue 13); a Samuel (1 Sm 3); a Saúl (1 Sm 28); Natán a David (2 Sm 7
y 12); a Salomón (1 Re 3 y 9; 11,11-13). Ajías a Jeroboan (1 Re 11,29-
39 y 14,1-11); Semayas a Roboán (12,23-24); un profeta de Judá a
Jeroboan (1 Re 13); Jehú a Basa (1 Re 16,1-4); ciclos paralelos de Elias
y Eliseo (1 Re 17 a 2 Re 13); Miqueas ben Yimla (1 Re 21); Jonás a
Jeroboan II (2 Re 14,25); Isaías a Ezequías (2 Re 19-20); Julda a Josías
(2 Re 22,14-20). Es curioso y extraño que en la serie no figuren Oseas,
Amos, Miqueas ni Jeremías.
Materiales
A través de las mallas del tejido unitario y sobreañadido asoman
materiales heterogéneos, que el autor copia o elabora.
a) Listas: de personas, de oficios, de localidades. No es improba-
ble que las listas estén tomadas de archivos o conservadas por una
memoria tenaz y cultivada en aquella cultura.
b) Crónicas y Anales. Los libros de los Reyes mencionan periódi-
camente los anales del reino, dando a entender que los han consulta-
do y usado y que el lector puede controlarlos. La existencia de archi-
vos reales está ampliamente documentada por la arqueología, desde
el siglo XXV; sus registros suelen ser de tema económico o diplomáti-
co. En nuestro caso preguntamos: ¿eran los cronistas oficiales tan
buenos narradores, tan artistas del lenguaje?
c) Leyendas. Hay leyendas que son pura ficción; hay leyendas
que tienen base histórica, y hay rasgos legendarios que se adhieren a
figuras históricas. En la obra del Deuteronomista las leyendas parecen
agruparse en bloques: en el libro de los Jueces, p. ej. el ciclo de
Sansón, y en el ciclo del profeta Eliseo. Rasgos legendarios aureolan
figuras importantes, como la de David; casi podemos decir que es el
modo de contar del autor o de los textos que recoge. Como de ordina-
rio nos faltan elementos externos de juicio, no podemos aislar con
seguridad el núcleo histórico; por lo cual no podemos ni afirmar ni
negar la historicidad de los relatos. Sí podemos juzgar que el autor
quiso o pensó contar hechos sucedidos.
Mejor que con las sagas escandinavas, muchos relatos de esta
obra se pueden emparejar con nuestro romancero: romances heroi-
cos, históricos, fronterizos, ciclos. (Qué fácil sería traducir libremente
en forma de romance episodios sacados del Deuteronomista).
Lo heterogéneo de los materiales acogidos en la historiografía del
autor revelan su respeto por los recuerdos del pasado propio, su tole-
rancia para conceder la palabra a puntos de vista opuestos.
INTRODUCCIÓN 410
Principios
Como los materiales previamente elaborados tienden a frag-
mentar y disgregar la unidad, hacía falta atenerse a algunos principios
para componer unitariamente la obra. Impera el principio teológico: un
Dios y un pueblo suyo, y sus relaciones a lo largo de la historia.
Dios es el portagonista: unas veces discreto, entre bastidores;
otras veces espectacular, "con signos y prodigios". En particular con su
palabra. Sea institucional, que instaura un orden estable, sea coyuntu-
ral, que da instrucciones para una situación concreta. O sea, alianza
renovada (Js 24; 2 Re 11,17; 23,3) y palabra profética.
Dios actúa en la historia en un pueblo y por un pueblo. No mueve
marionetas, sino que engrana la libertad y responsabilidad del pueblo
con sus dirigentes. Como el pueblo es responsable directamente al
Señor, en virtud de compromisos formales, incurre en un proceso que
llamamos de retribución. El Señor puede retribuir dejando que se desa-
rrolle la dialéctica de la histora, o de forma extraordinaria y patente. Lo
había anunciado, y ha sucedido; lo había prometido, y lo ha cumplido;
lo había amenazado, y lo ha ejecutado. Si el don de la tierra es cum-
plimiento de una promesa, la pérdida es ejecución de una amenaza.
Ese diseño se repite a escala mayor o menor, colectiva o individual.
Una historia así compuesta glorifica al Señor por los beneficios
otorgados y lo justifica de los castigos infligidos. Las mallas de la red
se tensan cuando toma la palabra el Deuteronomista (2 Re 17); se
aflojan cuando cede la palabra a relatos más antiguos. El libro de los
Jueces es una excelente ilustración.
Finalidad
¿Para qué compuso el Deuteronomista su gran obra histórica?
No sólo para preservar recuerdos del pasado en el momento en que la
nación perecía. ¿Para glorificar al Dios que salvó o para justificar al
que castigaba? ¿Para infundir esperanza o para expresar su desespe-
ranza? El salmo 77 se pregunta: "¿Se ha agotado su misericordia, se
ha terminado para siempre su promesa?"; Lam 3,26-31 exhorta a la
esperanza; el Sal 81 habla en forma condicional.
Pienso que el breve final de la obra (2 Re 25,27-30), por lo ines-
perado, es una puerta abierta a la esperanza. A lo largo de la obra hay
sembrados otros gérmenes de esperanza. Ligados a la conversión del
hombre: 1 Sm 7,3; 1 Re 8,33.47.50; 2 Re 17,13; 23,25. Ligados a las
promesas o a la compasión de Dios: 2 Sm 7,14;1 Re 11,31-34; 15,4;
2 Re 8,19; 13,23; 14,26. Añadamos que cuando se da la última mano
a la obra, ya había invitado Jeremías a la esperanza (Jr 29; 31).
Los textos citados permiten hacer balance. Las promesas patriar-
cales eran incondicionales; garantizaban la supervivencia del pueblo.
411 JOSUÉ Y JUECES
La alianza sinaítica estaba condicionada a la lealtad del pueblo: justifi-
caba el castigo y ofrecía perdón a quien se convirtiera. La promesa
dinástica es incondicional: garantiza la continuidad de la descendencia
y tomará una dirección inesperada.
Consecuencias
El método de composición del Deuteronomista no facilita la tarea
del intérprete. No es historia al estilo nuestro. Muchas veces no es his-
toria en ningún sentido. Con todo procuraré analizar cada episodio
como si se tratara de un relato histórico: rastreando la coherencia de
sus motivaciones y persiguiendo el hilo de sus consecuencias. Pero no
pronunciaré cada vez la duda metódica sobre la historicidad. Baste esta
declaración de principio.
El modelo de sedimentación
Guiados por este modelo algunos exegetas prefieren trabajar
con secciones menores: perícopas o bloques, relatos o ciclos. Se ima-
ginan que un relato es el resultado de un proceso de sedimentación de
capas sobre un texto primitivo (con efectos secundarios de erosión y
desplazamiento). Mediante el análisis del resultado final, lo único que
tenemos, pretenden separar anatómicamente los estratos y asignar
cada uno a una época o corriente o intención. Los indicios principales
suelen ser incoherencias de contenido o forma, marcas de sutura. La
incoherencia vertical, de estratos, es correlativa de la coherencia del
mismo estrato en perícopas diversas.
En teoría la hipótesis es plausible. En la práctica se expone a
mucha especulación; porque faltan datos externos y los indicios inter-
nos son polivalentes. Dado el carácter de la presente obra, daremos
poco espacio a este tipo de análisis.
Arte narrativa
La obra del Deuteronomista contiene relatos estupendos, que per-
tenecen a la literatura universal, que han sido modelos tácitos o confesa-
dos de narradores occidentales. En el panorama literario del Próximo
Oriente antiguo dos textos sobresalen: el Guilgamés y los relatos del
Antiguo Testamento. Aquí me tengo que contentar con llamar la atención
del lector sobre el hecho y registrar algunos aspectos sobresalientes.
Ante todo, la riqueza de argumentos interesantes: patéticos, có-
micos, burlescos, heroicos, misteriosos, trágicos, novelescos, fantásti-
cos; y la destreza con que están contados.
a) Lo que no encontramos: descripción del paisaje o del escena-
rio, que agradeceríamos en varias ocasiones; análisis de la interioridad
INTRODUCCIÓN
412
de los personajes, desaprovechando ocasiones magníficas; reflexio-
nes generalizadoras, que añaden un contexto humano más amplio.
b) Esencialidad e inmediatez. La acción avanza rápida, apoyada
en momentos culminantes. Acertando con lo esencial, el narrador
puede sacrificar el resto o dejarlo a la fantasía del lector. También el
diálogo es escueto: dos interlocutores cada vez y pocas bazas. La
acción puede describirse con un rasgo decisivo o articularse en una
secuencia de movimientos.
c) La narración suele ser lineal. Practica el retardar o acelerar el
tempo narrativo; raras veces recurre a la sustentación. No conduce
simultáneamente acciones paralelas, aunque en algunos detalles seña-
la la simultaneidad para algún efecto. Aunque suele respetar el orden
cronológico, se permite anticipar en forma de presentimiento o de pre-
dicción, y también retrasar una información para el momento más efi-
caz o necesario.
d) Los personajes, salvo raras excepciones, no son rotundos.
Raras veces se fija el narrador en el aspecto externo. El carácter se
declara en la acción y en las palabras. El personaje colectivo asiste, es
interpelado. Pocas veces toma la iniciativa de protagonista.
e) El punto de vista suele ser el del narrador omnisciente. En el
Dt se interpone la voz narradora de Moisés. En los ciclos de Elias y
Eliseo nos parece escuchar la voz de un miembro de la comunidad.
El narrador delata sus preferencias; pero es capaz de contar con
distancia, casi con frialdad: el narrador no se inmuta, para que se
inmute el lector. El autor en parte presupone a su lector, ios judíos de
su época, en parte lo va haciendo.
f) Por el grado diverso de identificación o disociación del autor
con sus personajes y contando con el impacto sobre el lector, el texto
se puebla de tensiones y ambigüedades valiosas. Las tensiones no
siempre están resueltas.
g) Notas de estilo. Algunos factores son inseparables del texto
original, p. ej. el material sonoro, las paronomasias, aliteraciones, jue-
gos de palabras. Más accesible es el ritmo, que se ensancha o estre-
cha expresivamente. La repetición de palabra o raíz es uno de los
recursos más importantes, no siempre reproducible en la traducción.
Son frecuentes los esquemas numéricos, especialmente siete, diez y
doce. Muy importantes y no tan fáciles de captar son los valores sim-
bólicos.
A lo largo del comentario iré repartiendo observaciones de carác-
ter literario.
Josué
INTRODUCCIÓN
El libro
El libro de Josué mira en dos direcciones. Hacia atrás, completan-
do con la entrada en Canaán la salida de Egipto; hacia delante, inaugu-
rando con el paso a la vida sedentaria la nueva etapa del pueblo.
Por lo primero, algunos añadieron este libro al Pentateuco para
obtener un Hexateuco. Sin la figura y obra de Josué la gesta de Moisés
queda violentamente truncada. Con el libro de Josué, el libro del Éxodo
alcanza su conclusión natural.
Por lo segundo, otros juntan este libro a los siguientes, para for-
mar la obra que llaman Historia Deuteronomística (sigla Dtr); obra que
comienza con el Deuteronomio actual o con una versión precedente
más simple (véase introducción al Pentateuco).
Simplificación
El autor tardío que compuso este libro, valiéndose de materiales
existentes, se guió por el principio del simplificar. Lo que según mu-
chos fue una penetración lenta y desigual está presentado como un
esfuerzo colectivo bajo una dirección unificada: todo el pueblo a las
órdenes de un jefe supremo e inmediato, Josué.
La tarea asignada en el libro a Josué es conquistar toda la tierra y
repartirla entre todas las tribus. En otros términos, el paso del régimen
seminomádico al sedentario, de una cultura pastoral y trashumante a una
cultura agraria y urbana. Un proceso lento, quizá secular, se reduce
narrativamente a un impulso bélico y un reparto único. Una penetración
militar, una campaña al sur y otra al norte, y la conquista está concluida
en pocos capítulos. En un par de sesiones, el catastro queda terminado.
Para la génesis del presente libro véase la introducción general al
Deuteronomista y el comentario a algunos capítulos.
INTRODUCCIÓN 414
Historicidad
Semejante simplificación no da garantías de historicidad. Por los
resquicios del esquema se escapan unas cuantas anécdotas o breves
episodios que podrían remontarse a tiempos remotos. La arqueología,
que un tiempo se quiso aducir a favor de la historicidad del libro, ha
desmentido con su ambigüedad o con datos contrarios tal pretensión.
Este juicio de conjunto se confirma con los datos siguientes.
Historia
Sobre la aparición de los israelitas en territorio de Canaán se trata
de saber cómo fue -reconstrucción histórica- o de imaginarse cómo
pudo ser -modelos históricos-. Las preferencias de los exegetas se
reparten en tres modelos, a) Israel viene desde fuera, en una oleada
compacta, y conquista por la fuerza una parte sustancial del territorio
de Canaán. b) Israel viene desde fuera y va penetrando por infiltración
pacífica y asentamientos estables, a lo largo de un par de generacio-
nes, c) Israel se alza desde dentro y desbanca la hegemonía de las
ciudades-estado.
La primera es la propuesta por la Biblia y aceptada por varios
arqueólogos y exegetas de la generación precedente. Hoy cuenta con
pocos adeptos. La segunda cita algunos datos de la arqueología y se
concentra en los textos; especialmente en la versión de Jue 1 y en fra-
ses sueltas y significativas de Josué: Jos 11,22; 13,1.13; 16,10; 17,11;
18,2. Esta hipótesis ha dominado hasta años recientes y todavía es
adoptada por muchos. La tercera es de signo sociológico; aduce infor-
mación externa sobre la situación en Palestina durante el siglo XIV y se
apoya en excavaciones más recientes y difusas por todo el territorio.
Estos modelos pueden acoger como factor determinante la fe yavis-
ta. Para algunos intérpretes la fe en un Yhwh guerrero que auxilia y da la
victoria a su pueblo. Para otros la fe en un Yhwh ético frente a dioses míti-
cos que apoyan el poder establecido y aseguran la fertilidad de la tierra.
Para otros es el Dios exigente y celoso de Ex 34,10-26, que no admite
rivales directos ni indirectos. Finalmente la fe en Yhwh vivida con entu-
siasmo y transmitida eficazmente por un grupo dinámico que aporta su
experiencia transformadora. Véase también el marco histórico.
La figura de Josué
El libro lo presenta como continuador y como imitador de Moisés.
Además de los capítulos 3-5, simétricos de la salida, se pueden seña-
lar otras semejanzas: el envío de exploradores (Nm 13 y Jos 2), la vara
en la mano de Moisés y la jabalina empuñada por Josué (Ex 17 y Jos
8), intercesión (Ex 32; Nm 14 y Jos 7,6-9), renovación de la alianza (Ex
24; 34; Dt 29-31 y Jos 24), testamento espiritual (Dt 32-33 y Jos 23).
JOSUÉ
Con todo, la distancia entre ambos es ¡ncolmable. Josué no pro-
mulga leyes en nombre de Dios, Josué tiene que cumplimentar órde-
nes y encargos recibidos de Moisés o contenidos en la ley, Josué no
goza de la misma intimidad con Dios.
Al contrario, la figura de Josué resulta en conjunto tan apagada
como esquemática. El autor o autores se han preocupado de irlo intro-
duciendo en el relato, como colaborador de Moisés. Ya en Ex 17, en
el Sinaí (Ex 32), en momentos críticos del desierto (Nm 11; 14; etc.),
finalmente ha sido nombrado sucesor de Moisés (Nm 27; Dt 31). En el
libro que lleva su nombre, su perfil no se destaca por encima de su
tarea específica: no cobra espesor ni estatura.
Fuera del libro, llama la atención su ausencia donde esperába-
mos encontrarlo: ni él ni sus hazañas peculiares se mencionan en los
recuentos clásicos: 1 Sm 12; Sal 78; 105; 105; 106; 136; Neh 9; tam-
poco figura en textos que se refieren a la ocupación de la tierra: Sal 44;
68; 80. Ben Sira, el Eclesiástico, le dedica once versos de su loa (46,1-
8). Dos veces lo cita el NT: Hch 7,45 y Heb 4,8.
Dios protagonista
Por encima de Moisés y Josué, garantizando la continuidad de
mando y empresa, se alza el protagonismo de Dios. La tierra es pro-
mesa de Dios, es decir, ya era palabra antes de ser hecho, y será
hecho en virtud de aquella palabra. Si Josué la ocupa, es porque el
Señor ya se la ha entregado. La valentía de Josué se funda en la asis-
tencia divina: es confianza religiosa más que pura valentía humana.
Josué ejecuta órdenes concretas de Dios, o sea, palabras que crean
historia a través de la obediencia humana. Es Dios quien elige y nom-
bra a Josué; al pueblo toca reconocer el nombramiento divino. El Dios
de Josué es el Dios de la alianza, por eso el libro se cierra renovando
la alianza y queda abierto hacia la nueva era.
Arte narrativa
El libro de Josué es el menos agraciado en una serie sobresa-
liente. Descontemos los capítulos 1 y 23, marco en que los discursos
proponen el pensamiento de la obra. Apartemos las listas geográficas
del reparto, 13-21, con el problema teológico del 22. Quedan doce
capítulos para la narración; todavía sobran dos, las noticias escuetas
del 11 y la recapitulación de nombres en el 12.
Diez capítulos dan mucho de sí para un buen narrador bíblico. No
sucede así en este libro, sobre todo por la importancia concedida al
material cúltico. Es lógico que la renovación de la alianza sea texto
litúrgico más que relato (8,30-35 y 24). Recordemos el paso del Mar
Rojo: Ex 14-15 tienen dramatismo, momentos espectaculares, hondu-
ra simbólica, entusiasmo religioso. Para el paso del Jordán nos dan
INTRODUCCIÓN 416
una procesión litúrgica con sus preparativos y sus movimientos irregu-
lares: ¿quién puede imaginar plásticamente la escena?
La conquista de Jericó ha tenido fortuna en versiones pictóricas:
lo fantástico se sobrepone a lo bélico. Las trompetas desencadenan
una energía cinética que hace desplomarse de golpe la colosal mura-
lla. Pues bien, el relato está estilizado como celebración litúrgica du-
rante un semanario.
Gran parte del cap. 5 está ocupado por dos ritos con su explica-
ción. En el episodio de Acán (7) actúa el problema del herem y asisti-
mos al rito de las suertes.
En conclusión es poco lo que podemos saborear como relato en
el libro: el episodio de los espías (2), la derrota y conquista de Ay (8),
la burla de los gabaonitas (9). Si tenemos en cuenta que el reparto de
tierras se hace "ante el Señor", como rito sagrado, resulta que casi
todo el libro de Josué está estilizado como libreto de una gran cele-
bración cúltica. Más que presentar narrativamente la conquista, la
representa litúrgicamente. Me refiero al procedimiento literario, el
"como si"; no postulo la celebración de fiestas litúrgicas particulares,
que no se encuentran en el calendario oficial.
El problema ético
¿Cómo se justifica la invasión de territorios ajenos, la conquista
por la fuerza, la matanza de reyes y poblaciones, que el narrador pare-
ce conmemorar con gozo exultante?
Alguien responde que no hubo tal conquista violenta ni tales
matanzas colectivas; los israelitas pacíficamente infiltrados, se defen-
dieron, quizá excesivamente, cuando fueron agredidos por los reye-
zuelos locales con los cuales convivían. Pero, si los hechos fueron
más pacíficos que violentos, ¿por qué contarlos de esa manera?, ¿por
qué aureolar a Josué con un cerco de sangre inocente? Por si fuera
poco, todo es atribuido a Dios, que da las órdenes y asiste a la ejecu-
ción. ¿En qué sentido es Yhwh un Dios liberador? Hay un territorio
pacíficamente habitado y cultivado por los cananeos: ¿con qué dere-
cho se apoderan de él los israelitas, desalojando a sus dueños por la
fuerza? La respuesta del libro es que su Dios se lo entrega. Lo cual
hace aún más difícil la lectura.
Ya los antiguos sintieron de algún modo el problema. Y respon-
den que aquellas poblaciones son castigadas por sus pecados, se han
hecho indignas de seguir ocupando el territorio: Gn 15,16 lo dice como
profecía, Lv 18,24 lo incorpora a la legislación. Sab 12,1-12 lo discute
con más amplitud, apelando a la soberanía divina y al principio de la
retribución.
Añadamos una reflexión por nuestra cuenta. La posesión de un
territorio, la soberanía sobre él, ¿está siempre garantizada y justificada,
prescindiendo de razones éticas? Por razones de ecología y de huma-
417
JOSUÉ
nidad, ¿será legítimo en algún caso desposeer a una sociedad de su
derecho originariamente legítimo, actualmente abdicado? La ley retira a
veces a los padres la patria potestad sobre los hijos. Pero ¿quién tiene
autoridad para juzgar y ejecutar? Humanamente sería una instancia
supranacional reconocida. Para la mirada trascendente, Dios tiene dicha
autoridad. Y ¿cómo ejecuta sus sentencias? Muchas veces dejando
actuar la dialéctica de la historia; aceptando, aunque no justificando, la
ejecución humana torpe de un designio superior. Atribuirle a Dios la eje-
cución es como si dijéramos que "estaba de Dios".
Ni este relato de la conquista ni la historia Deuteronomista son la
última palabra. El pueblo de Israel es escogido por Dios en el estadio
cultural en que se encuentra y es conducido en un proceso de madu-
ración. Por encima del yehosua de este libro está el yehosua de
Nazaret, que pronuncia y es la última palabra, porque es la primera.
Marco histórico
Si aceptamos como hipótesis la historicidad básica, parece que la
época en que mejor encaja el movimiento de los israelitas es el siglo
XIII. La breve exposición que sigue no es un argumento a favor de la
historicidad, sino un simple marco donde encajar razonablemente los
relatos y los sucesos.
Hacia la mitad del siglo XIII a. C, el Medio Oriente, donde pulsa-
ba y crecía la cultura humana, había llegado a un equilibrio de fuerzas
organizado en un triángulo geográfico: Mesopotamia, Egipto, Asia
Menor. En Mesopotamia tocaba el turno al joven imperio asirio, que
había logrado someter al rival meridional, Babilonia; en Asia Menor
imperaban los héteos o hititas, en la segunda y última etapa de su
reino; en Egipto culminaba la dinastía de los Ramésidas, con el segun-
do de su nombre. Tukulti Ninurta I, Hattusilis III y Ramsés II eran los
soberanos.
¿No hará falta abrir el triángulo y convertirlo en cuadrilátero? Si
nos movemos del Oriente Medio hacia Occidente, recordamos que la
cultura no termina en los puertos fenicios y en el Delta del Nilo. En el
Mediterráneo oriental, al imperio marítimo y comercial de la Creta
Minoica había sucedido el nuevo imperio marítimo y comercial de los
micenios, los griegos que recuerdan la Miada y la Odisea. Este impe-
rio, que podemos llamar occidental, mantenía un cierto equilibrio de
intereses y bastantes relaciones con los héteos del Asia Menor.
La franja costera, Siria y Palestina, era, como de costumbre, un
larguísimo puente de comunicación, disputado por Egipto y Asia. El
Río del Perro (Nahr el Kelb, cerca de la actual Beirut) señalaba la fron-
tera norte de Egipto, hasta que Ramsés osó cruzarla y tuvo que en-
frentarse con el heteo Muwatallis, en Cades junto al Orantes. La bata-
lla quedó indecisa, y unos años después se firma un pacto que sella
un matrimonio real. La cancillería de la capital hetea (desenterrada en
INTRODUCCIÓN 418
Bogazkoy) da constancia de una serie de pactos con otros monarcas
o vasallos.
El equilibrio de los imperios estaba amenazado, y su decadencia
se precipitó en la segunda mitad del siglo XIII. El triángulo tenía tres
vértices firmes, pero sus lados no eran sólidos, porque se abrían a la
inundación del desierto, fecundo en hombres; mientras que el imperio
de islas en torno a la península griega era un trampolín diseminado,
que convertía el Mediterráneo oriental en aguas vadeables.
De pronto, no sabemos exactamente cuándo ni por qué ley mis-
teriosa de la historia, dos zonas humanas remotas entre sí y alejadas
de la cultura comienzan a moverse y a propagar el movimiento. Como
dos lagos tranquilos que recibieran dos fuertes impactos desde el
fondo ignoto. En Occidente los ¡lirios de Europa central, con los dorios
y los frigios en los Balcanes; en Oriente, grupos nómadas que osten-
tan el denominador común de árameos. Cuando las ondas concéntri-
cas empujadas desde los dos focos se encuentren, la inundación
habrá cubierto el triángulo de los imperios.
Ilirios, dorios y frigios avanzan, se les suman otros pueblos, de-
rrumban el imperio micénico, expulsan y empujan a otros pueblos,
sículos, etruscos, dáñaos... Estos últimos se arrojan al mar en busca
de nuevas tierras habitables. Son los llamados «Pueblos del mar»,
presentes ya como mercenarios en la batalla de Cades (Sardana,
Pelashat, Dardana), aludidos quizá en la Odisea (canto XIV), esculpi-
dos en el templo de Medinet Habú; el comentario a las escenas de los
relieves habla de los filisteos, Tjeker (¿Teucros?), Shekelesh (¿Sícu-
los?), Denyen (¿Dáñaos?). Estos pueblos destruyeron los emporios de
las costas mediterráneas orientales y se instalaron en algunos de
ellos. A esta época pertenece la conquista de Troya que cantó
Homero.
Por el otro lado el desierto empuja sus tribus nómadas, como el
viento las dunas. Por todas partes se infiltran estas tribus, de movi-
mientos flexibles, para saquear o en busca de una vida sedentaria, fija
y segura. Ya habían turbado las vías comerciales entre babilonios y
héteos en tiempo de Hattusilis III. Hostigan a los asirios, vuelven a
penetrar en Babilonia, hacen presión hacia la costa, y fundan una serie
de reinos menores remansándose en esas playas del desierto, donde
la arena comienza a ceder al agua y al verde: Alepo, Jamat, Damasco.
Las dos olas concéntricas se han juntado. ¿Dónde queda el ar-
monioso triángulo de los imperios? Los héteos sucumben como nación
y dispersan sus hombres en pequeñas colonias de exilados; el último
rey conocido lleva sólo un nombre glorioso, Supiluliuma II; hacia 1200
el imperio heteo ha dejado de existir. El imperio asirio comienza a
decaer al final del reinado del impetuoso Tukulti-Ninurta (a finales del
XIII). Y un siglo más tarde Tiglat Piléser I no logra restituir su poderío.
El trono de Egipto va añadiendo números a los monarcas ramésidas y
quitándoles fuerza y esplendor. En Asiria queda latente el ideal de un
419 JOSUÉ
dominio universal; en Babilonia y Egipto queda el rescoldo de antiguas
glorias, que un día podrá encenderse y arder. Pero por ahora el trián-
gulo ha sido sepultado, y sucede una especie de vacío.
Es también el tiempo en que fermenta una nueva cultura. La
Edad del Hierro va sucediendo a la del Bronce; la lengua aramea se
va extendiendo y ganando prestigio.
Datos cronológicos
Ramsés II 1301-1234: Batalla en Cades del Orontes: 1288.
Opresión y salida de los israelitas.
Moisés y Josué.
Mernepta 1234-1200: Estela de 1229: victoria sobre Israel.
Entrada en Palestina bajo Josué.
Ramsés III 1197-1165: Lucha contra los «pueblos del mar»: 1194.
Tiempo de los Jueces.
Ramsés IV-XI 1165-1085: Victoria de Barac hacia 1125.
Migración de los danitas.
Dinastía XX(?) 1085- 945: División de Egipto entre Tanis y Tebas.
Victoria filistea en Afee hacia 1050.
Saúl y David.
Cronología comparada (aproximada)
1300:
1250:
1200:
Egipto
Ramsés II
Mernepta
Dinastía XX
Hititas Asiría
Muwatallis
Urhi Tesup
Hattusilis
Tuthalia IV
Arnuwanda III
Supiluliuma II
Salmanasar I
Tukulti-Ninurta I
Asur-nadin-apli
—Paso de la Edad del Bronce a la Edad de Hierro.
—Fin del imperio hitita.
—Se instalan en Palestina: israelitas y filisteos.
1200-1100: En Babilonia reinan las dinastías casita y de Isin; lucha
contra Elam, hasta la victoria de Nabucodonosor I,
a finales de siglo.
1100: En Asiría sube al trono, a finales del siglo, Tiglat Piléser I:
derrota a los nómadas vecinos (Ahlamu), expediciones a
Siria y Fenicia, invade Babilonia, funda una biblioteca.
1,1
JOSUÉ 420
Conquista de la tierra
1 'Después que murió Moisés,
siervo del Señor, dijo el Señor a
Josué, hijo de Nun, ministro de
Moisés:
2
-Moisés, mi siervo, ha muerto.
Anda, pasa el Jordán con todo este
pueblo, en marcha hacia el país
que voy a darles.
3
La tierra donde
pongáis el pie os la doy, como pro-
metí a Moisés.
4
Vuestro territorio
se extenderá desde el desierto
hasta el Líbano, desde el gran río
Eufrates hasta el Mediterráneo, en
occidente. 'Mientras vivas nadie
podrá resistirte. Como estuve con
Moisés estaré contigo; no te deja-
ré ni te abandonaré.
6
¡Animo, sé
valiente!, que tú repartirás a este
pueblo la tierra que prometí con
juramento a vuestros padres.
7

ten mucho ánimo y sé valiente
para cumplir todo lo que te mandó
mi siervo Moisés; no te desvíes a
derecha ni a izquierda, y tendrás
éxito en todas tus empresas.
8
Que
el libro de esa Ley no se te caiga
de los labios; medítalo día y
noche, para poner por obra todas
sus cláusulas; así prosperarán tus
empresas y tendrás éxito.
9
¡Yo te
lo mando! ¡Animo, sé valiente!
No te asustes ni te acobardes, que
contigo está el Señor, tu Dios, en
todas tus empresas.
l0
Entonces Josué ordenó a los
alguaciles:
"-Id por el campamento y
echad este pregón a la gente:
«Abasteceos de víveres, porque
dentro de tres días pasaréis el
Jordán para ir a tomar posesión
de la tierra que el Señor, vuestro
Dios, os da en propiedad».
I2
A los de Rubén, Gad y me-
dia tribu de Manases les dijo:
l3
-Acordaos de lo que os
mandó Moisés, siervo del Señor.
El Señor, vuestro Dios, os va a
dar descanso entregándoos esta
1 Es un capítulo artificiosamente com-
puesto con intención programática. Interesa al
autor mostrar la continuidad en la misión his-
tórica de liberación. Josué es el continuador
legítimo de Moisés por la elección y asistencia
divinas. El nombre del difunto Moisés domina
el capítulo: un total significativo de diez veces.
También los contenidos nos lo dicen: "como
prometí a Moisés", "como estuve con Moisés",
"como mandó Moisés", "la tierra que os dio
Moisés". Es una rica constelación teológica:
promesa de Dios, o sea, promesa de la tierra,
asistencia de Dios en las empresas, mandato
de Moisés como mediador y entrega de la tie-
rra por encargo de Dios.
Junto a la memoria reciente y activa de
Moisés hay una realidad que le sobrevive, "el
libro de la Ley"; es como un testamento de
Moisés; es otro modo de asistencia de Dios
para dirigir y llevar a término la empresa pen-
diente. Ni Moisés ni Josué están por encima
de la Ley, sino a su servicio.
1.1 Según Nm 13,8.16, el nombre primero
era Hosea, y Moisés "le cambió el nombre en
Josué". Siervo del Señor es título honorífico de
Moisés, véase Nm 11,11; 12,7.8; Dt34,5.
1.2 Tres datos que unifican: un pueblo,
un país, una frontera. La tierra don de Dios a
su pueblo, dato frecuente en el Deuterono-
mio, por ejemplo, 1.25; 2,29; 3,20; etc.
1.3 Véase Dt 1,6-8. El pisar es acto de
tomar posesión, que realiza el don de Dios.
1.4 Como en Dt 11,24. Se trata del terri-
torio amplio, incluyendo los pueblos vasallos
de David y Salomón hacia el nordeste. El
desierto del Negueb es el límite meridional, y
las estribaciones de Líbano y Antilíbano el
septentrional. Se ha de entender el Eufrates
en su curva del noroeste, en la zona habita-
da, y no en el desierto oriental deshabitado.
Véanse Gn 15,18 (visión de Abrán), Ex 23,31
(como límite septentrional); Dt 1,7.
1,5 Referencia militar, como en Dt 7,24;
11,25.
1,7 Dt 29,8.
1.9 La cláusula final resume los elemen-
tos principales de las anteriores. Véanse las
formulas semejantes en 2 Cr 19,9-11; 11 Cr
28,20-21.
1.10 El oficio no está bien diferenciado,
hacen de capataces en Ex 5, y de comisarios
en otras ocasiones.
1.11 Fórmulas típicas del Dt. La entrada
en la tierra completará la salida de Egipto; la
toma de posesión cancela definitivamente la
condición de esclavos en Egipto y la situa-
ción de peregrinos por el desierto.
1.12 Empalma con la narración de Nm 32
y la referencia de Dt 3,18-20. La posesión de
tierras en TransJordania, antes de la entrada
formal en la tierra, tiene algo de primicias en
las que interviene Moisés, adelantándose de
algún modo al destino del pueblo. Esta es la
explicación de los que tienen que conciliar el
hecho de las tribus que habitan en Trans-
jordania con la función de frontera del Jordán.
1.13 Aunque ya ha comenzado la pose-
sión, no pueden dar por comenzado el "des-
canso" que pone fin al nomadismo y a las
batallas. Tal descanso ha de llegar simultá-
421 JOSUÉ
2,1
tierra.
l4
Vuestras mujeres, chi-
quillos y ganado pueden quedar-
se en la tierra que os dio Moisés
en TransJordania; pero vosotros,
los soldados, pasaréis el Jordán
bien armados al frente de vues-
tros hermanos, para ayudarlos
l5
hasta que el Señor les dé el
descanso lo mismo que a voso-
tros y también ellos tomen pose-
sión de la tierra que el Señor,
vuestro Dios, les va a dar; des-
pués volveréis a la tierra de
vuestra propiedad, la que Moi-
sés, siervo del Señor, os dio en
TransJordania.
16
Ellos le respondieron:
l7
-Haremos lo que nos orde-
nes, iremos a donde nos mandes;
te obedeceremos a ti igual que
obedecimos a Moisés. Basta que
el Señor esté contigo como estu-
vo con él.
I8
E1 que se rebele y no
obedezca tus ordenes, las que
sean, que muera. ¡Tú ten ánimo,
sé valiente!
Los espías
2 'Josué, hijo de Nun, mandó en
neamente para todos, después que todos ha-
yan luchado en la causa común. Más aún, los
que han precedido en la ocupación irán por
delante en la guerra.
1,14 En orden de batalla, o sea, un cuer-
po central flanqueado de dos alas, con van-
guardia y retaguardia. Otros interpretan "bien
armados". Véanse Ex 13,18 y Nm 32,17.
1,17-18 Es como un juramento de obe-
diencia, expresado en tres breves sentencias
y refrendado por la pena de muerte para la
desobediencia militar. Se basa en los tres
elementos que ha enunciado el Señor: la
sucesión de Moisés, su asistencia personal,
la respuesta de Josué. La valentía que Josué
reciba del Señor se comunicará a sus solda-
dos; su tarea no es sólo mandar, sino ante
todo infundir una actitud; también en ello
hace de mediador.
2 Quien entra en Palestina cruzando el
Jordán por el sur, se encuentra en una llanu-
ra fértil, calurosa, plantada de palmeras; en
ella se levanta una ciudad con nombre de
luna (yareh) o de viento (ruh): Jericó. Es lógi-
co considerar esta ciudad como la llave de
acceso que se ha de poseer antes de subir al
espinazo central. Un manantial abundante
asegura el agua para beber y regar; por eso
fue centro habitado desde el quinto milenio
antes de Cristo. La geografía no ha cambia-
do cuando el autor último compone su libro:
una entrada oriental, desde Moab, tiene que
encontrarse, ante todo, con Jericó.
¿Responde la historia a la geografía? Las
últimas excavaciones han mostrado que en el
siglo XIII a. C, época supuesta de la entrada
de los israelitas, Jericó no tenía murallas, ni
siquiera estaba habitada desde la destrucción
un par de siglos antes. Es verdad que la fértil
llanura debió de invitar a nuevos moradores,
quizá en otro lugar cercano; a éste se podría
referir la historia presente. Más probable es
pensar que el autor coloca su historia en el
emplazamiento que en su propia época le
pareció más conveniente.
El relato podría por sus elementos es-
quemáticos entrar en una antología de folclo-
re. Con la complicidad de un nativo, unos es-
pías se burlan del rey y de su policía. Relato
útil en una serie de guerras, contado por los
vencedores, que van a disfrutar del engaño
irónico antes de disfrutar de la victoria. Ese
tema genérico se especifica, porque el cóm-
plice nativo es una mujer; con ella puede
entrar en el relato o la emoción del amor o el
sabor de una mujer que se burla del rey,
nada menos. No basta: esa mujer es una
hostelera y prostituta: así entra el contraste
de su oficio y su apoyo a los invasores. Estos
ingredientes hacen sabroso y razonablemen-
te original el relato. Pero ¿por qué se pone de
parte de los visitantes, que son sus enemi-
gos? Aquí introduce el narrador la instancia
teológica que aplasta un poco los valores
narrativos. La prostituta extranjera resulta
una especie de profetisa iluminada que inter-
preta correctamente y consecuentemente los
hechos recientes y prevé con seguridad su
futuro inminente. Balaán era después de todo
un adivino transformado en profeta por el Se-
ñor; Rajab es una ramera que cumple un
designio semejante. Ese testimonio de la ex-
tranjera y su conversión lo saborean los isra-
elitas más que el simple acierto literario.
La historia de los exploradores es una
buena muestra literaria. Enviar exploradores
antes de aventurarse en terreno desconocido
es buena táctica militar, y ya lo practicó Moi-
sés, según Nm 13-14 (otro ejemplo en Jue
17-18). La historia del presente capítulo tiene
características propias.
Se distingue por la técnica narrativa de
inversiones cronológicas, de datos que se
2,2 JOSUÉ 422
secreto dos espías desde Sittim*
con el encargo de examinar el
país. Ellos se fueron, llegaron a
Jericó, entraron en casa de una
prostituta llamada Rajab y se
hospedaron allí.
2
Pero llegó el
soplo al rey de Jericó:
-¡Cuidado! Han llegado aquí
esta tarde unos israelitas a reco-
nocer el país.
3
E1 rey de Jericó mandó decir
a Rajab:
-Saca a los hombres que han
entrado en tu casa, porque han
venido a reconocer todo el país.
4
Ella, que había metido a los
dos hombres en un escondite,
respondió:
-Es cierto, vinieron aquí; pero
yo no sabía de dónde eran.
5
Y
cuando se iban a cerrar las puertas
al oscurecer, ellos se marcharon,
no sé adonde. Si salís en seguida
tras ellos, los alcanzaréis.
6
Rajab había hecho subir a los
espías a la azotea, y los había es-
condido entre los haces de lino
que tenía apilados allí.
7
Los guar-
dias salieron en su busca por el
camino del Jordán, hacia los va-
dos; en cuanto salieron, se cerra-
ron las puertas de la villa.
8
Antes de que los espías se acos-
taran, Rajab subió donde ellos, a la
azotea,
9
y les dijo:
-Sé que el Señor os ha entrega-
do el país, que nos ha caído enci-
ma una ola de terror y que toda la
gente de aquí tiembla ante voso-
tros; '"porque hemos oído que el
Señor secó el agua del Mar Rojo
ante vosotros cuando os sacó de
adelantan y datos que se retrasan (nótese el
uso del pluscuamperfecto). Con esta técnica
puede el autor entrar rápidamente en acción
y crear el interés, dejando para más tarde los
diálogos; también consigue contrastar iróni-
camente la acción de los policías y de los
exploradores. Al principio y al final una gran
densidad de verbos articula y apresura el
planteamiento y el desenlace.
La historia está contada aquí por motivos
religiosos: el momento culminante es la con-
fesión de la mujer cananea, que da al lector
la interpretación teológica de los hechos
pasados y del próximo futuro. Este recurso
enaltece el valor de la enseñanza, porque la
pronuncia una extranjera, una prostituta (el
libro de Judit explotará el recurso de la con-
fesión del extranjero). En ei reconocimiento
de esta extranjera, el Señor ya está conquis-
tando supuestos enemigos, ya está presente
en el territorio "enemigo"; es lógico que de
este reconocimiento se pase a la salvación
de la mujer y su familia. Primer caso de una
mujer cananea incorporada a la comunidad
de Israel (sin escrúpulos de impedimentos
matrimoniales).
Por el triple aspecto de su fe, de su bue-
na acción, de su salvación, la figura de Rajab
es conmemorada por Heb 11,31; Jac 2,25;
Mt 1,5 (en la genealogía de Cristo); y los Pa-
dres han visto en ella una figura de la salva-
ción de los gentiles, en su casa una figura de
la Iglesia, fuera de la cual no hay salvación,
en la cinta roja una figura de la sangre de
Cristo como señal de salvación.
En el actual libro de Josué, después de la
introducción solemne, cae bien esta historia
vivaz y entretenida.
2.1 Prácticamente ésta es la primera ac-
ción militar que emprende Josué. El texto
hebreo dice "el país y Jericó". En cuanto al
verbo "hospedarse", su sentido normal es
acostarse; en ese sentido sería una anticipa-
ción resumida de los hechos. * = Acacias.
2.2 La existencia de reyezuelos locales
concuerda con la situación de Palestina du-
rante el siglo XIII; pero ya hemos visto que no
sucedía tal cosa en Jericó. La información
suministrada al rey es muy exacta. Cosa fácil
distinguir a los extranjeros, no tanto conocer
sus intenciones.
2.3 El encargo se puede imaginar cuan-
do el rey lo da y cuando la policía lo comuni-
ca; el autor se salta el camino y la repetición.
Esto deja tiempo para la acción de esconder
del verso siguiente.
2.4 El engaño es fácil, porque la mujer
presta sus servicios sin pedir informaciones;
por otra parte se muestra pronta a colaborar.
2.9 La confesión de Rajab se introduce
con el verbo clásico de los salmos "sé", que
implica el reconocimiento religioso. Con el
mismo tema de confesión se cierra. En me-
dio, muy estilizadas, se enumeran las accio-
nes históricas de ese Dios. Varios elementos
son típicos de la "guerra santa": la tierra
entregada, el pánico; las últimas palabras de
este verso recuerdan el cántico del Éxodo
(Ex 15,15-16); podría ser cita libre del autor,
puesto que dicho cántico parece antiguo y
bien conocido. La confesión está compuesta
en estilo elevado, incluyendo expresiones
litúrgicas; tres veces pronuncia el nombre del
Señor, Yahvé.
2.10 Los dos hechos seleccionados son
ominosos: el paso del Mar Rojo anuncia el
423 JOSUÉ 3,1
Egipto y lo que hicisteis con los
dos reyes amorreos de Transjor-
dania, que los exterminasteis; "al
oírlo nos descorazonamos, y todos
se han quedado sin aliento ante
vosotros; porque el Señor, vuestro
Dios, es Dios arriba en el cielo y
abajo en la tierra.
I2
Ahora juradme
por el Señor que como os he sido
leal, vosotros lo seréis con mi fa-
milia, y dadme una señal segura
l3
de que dejaréis con vida a mi
padre y a mi madre, a mis herma-
nos y hermanas y a todos los suyos
y que nos libraréis de la matanza.
l4
Ellos le juraron:
-¡Nuestra vida a cambio de la
vuestra, con tal que no nos de-
nuncies! Cuando el Señor nos
entregue el país, te perdonaremos
la vida.
l5
Entonces ella se puso a des-
colgarlos con una soga por la ven-
tana, porque la casa donde vivía
estaba pegando a la muralla,
l6
y
les dijo:
-Id al monte, para que no os
encuentren los que os andan bus-
cando, y quedaos allí escondidos
tres días, hasta que ellos regresen;
luego seguís vuestro camino.
17
Contestaron:
-Nosotros respondemos de ese
juramento que nos has exigido,
con esta condición,
l8
al entrar
nosotros en el país, ata esta cinta
roja a la ventana por la que nos
descuelgas, y a tu padre y tu ma-
dre, a tus hermanos y toda tu fa-
milia los reúnes aquí, en tu casa.
I9
E1 que salga a la calle, será res-
ponsable de su muerte, no noso-
tros; nosotros seremos responsa-
bles de la muerte de cualquiera
que esté contigo en tu casa si al-
guien lo toca.
20
Pero si nos de-
nuncias, no respondemos del ju-
ramento que nos has exigido.
2l
Rajab contestó:
-De acuerdo.
Y los despidió. Se marcharon,
y ella ató a la ventana la cinta
roja.
22
Se marcharon al monte, y es-
tuvieron allí tres días, hasta que
regresaron los que fueron en su
busca; por más que los buscaron
por todo el camino, no dieron con
ellos.
23
Los dos espías se vol-
vieron monte abajo, cruzaron el
río, llegaron hasta Josué y le con-
taron todo lo que les había pasa-
do;
24
le dijeron:
-El Señor nos entrega todo el
país. Toda la gente tiembla ante
nosotros.
Paso del Jordán
(Ex 14-15)
3 'Josué madrugó, levantó el
campamento de Sittim*, llegó
paso del Jordán, la suerte de los reyes trans-
jordanos es un aviso para los reyes de Ca-
naán. La fama de las acciones del Señor pre-
cede a los israelitas: todos la han escuchado,
algunos la han comprendido. Compárese con
las fórmulas de Dt 3,8; 4,47; Jos 24,12.
2,11 Cielo y tierra componen el universo:
el Señor es Dios celeste y también de la tie-
rra, sin limitación. Véase la fórmula de Dt
1,28; 20,8 y la profesión de Dt 4,39.
2,12-13 El juramento sella un pacto de
lealtad mutua y tiene por objeto común salvar
las vidas. La mujer está cumpliendo con su
parte, por eso tiene derecho a exigir la pro-
mesa jurada y una garantía o señal para el
futuro.
2.14 Ellos añaden una cláusula restricti-
va al juramento, porque todavía no están a
salvo.
2.15 Hch9,25.
2,17-20 La función de estas palabras es
completar el juramento, ofrecer la señal pedi-
da y dar instrucciones. Dentro de casa esta-
rán a salvo, como los israelitas la noche últi-
ma de Egipto (Ex 12), protegidos por la señal
en la puerta cuando pasaba el ángel extermi-
nador; las condiciones están expresadas en
estilo estrictamente legal.
2,18 Ex 12,13.
2,21 Heb 11,31; Sant 2,25.
2,24 El informe resume las palabras de
Rajab. Los espías de hecho no han espiado
el territorio, se han contentado con escuchar
un testimonio, en el cual han reconocido la
voz de Dios. Como si Rajab hubiera pronun-
ciado un oráculo.
3,1 El capítulo empalma con 1.10-11, sin
apurar exactamente los tres días previstos.
* = Acacias.
3-4 Estos dos capítulos narran o descri-
ben o evocan un acontecimiento: el paso del
Jordán para entrar en la tierra prometida. Si
los tomamos como relato y los comparamos
con otros, p. ej., el capítulo precedente, nos
servirán como ejemplo de relato artificioso y
artificial, poco acertado. Sobre el arte narrativa
han preponderado otros intereses y técnicas.
Que haya repeticiones lo podemos acep-
tar, si tienen una función. Aquí estorban el
proceso narrativo (4,11 y 4,16s). Hay ade-
más incoherencias que hacen confusa la
descripción: la relación entre los doce hom-
bres y los sacerdotes (3,12s); las piedras eri-
gidas "en medio del río" y "en Guilgaf (4.
9.20); el orden de arengas y movimientos. El
3,2 JOSUÉ 424
hasta el Jordán con todos los is-
raelitas y pernoctaron en la orilla
antes de cruzarlo.
2
A1 cabo de tres días, los al-
guaciles fueron por el campa-
mento,
3
echando este pregón a la
gente:
-Cuando veáis moverse el arca
de la alianza del Señor, nuestro
Dios, llevada por los sacerdotes
levitas, empezad a caminar desde
vuestros puestos detrás de ella,
4
pero a una distancia del arca co-
mo de mil metros; manteneos a
distancia para ver el camino por
donde tenéis que ir, porque nun-
ca habéis pasado por él.
5
Josué ordenó al pueblo:
-Purificaos, porque mañana el
Señor hará prodigios en medio
de vosotros.
6
Y a los sacerdotes:
-Levantad el arca de la alianza
y pasad el río delante de la gente.
autor que ha dado la última mano a sus ma-
teriales se ha quedado atascado, como las
aguas del Jordán, y no milagrosamente.
Hubo quien pretendió historificar el rela-
to, despojándolo del aura milagrosa: se trata-
ría de un desprendimiento de tierras río arri-
ba. Otros reconstruyeron con algunos versos
entresacados un paso arriesgado por un
vado. Esa mezcla de apologética y raciona-
lismo hoy no convence. Más razonable es
otra explicación: el pueblo celebraba con una
procesión festiva el recuerdo del paso, y
algunos elementos de la fiesta son proyecta-
dos en el relato; pero ningún texto bíblico
menciona tal fiesta ni alude a ella.
El autor quiere describir un hecho decisivo
en su dimensión trascendente. Decisivo, por-
que es la frontera de entrada en la tierra.
Trascendente, porque es Dios quien abre pro-
digiosamente la puerta, o hace salvar el foso.
El texto presenta este paso como parale-
lo del Mar Rojo y lo muestra con datos explí-
citos: el jefe, las aguas, el paso de la multi-
tud. Al mismo tiempo marca las diferencias:
no es mar, sino río; no hay vara mágica ni
orden a las aguas; en vez de masa, doce tri-
bus disciplinadas; no hay enemigos a la es-
palda; la función de la nube la desempeña el
arca; no es noche, sino día. Sobre todo, la
grandiosidad épica y la riqueza simbólica de
Ex 14-15 dan paso a prescripciones y gestos
rituales: purificación (Ex 19,10s; 1 Sm 16,15),
procesión, etc.
La palabra clave es "pasar"; pero el cen-
tro de la atención lo ocupan el arca y las doce
piedras. El arca entra en el agua, se detiene
mientras pasa el pueblo, sale, se pone en
cabeza. En cuanto a las piedras, no se acaba
de ver su origen, función y destino en el rela-
to: si estaban ya en el río esperando; si las
colocaron entonces para fabricar un vado; si
las erigen en el agua, serían grandes, para
sobresalir; si cargan con ellas, serían peque-
ñas. Son doce como las tribus -clara simpli-
ficación-; se erigen en tierra, quizá en traza
de cromlech (cfr. Ex 24,4 y Dt 27,2-4).
El paso del Mar Rojo se conmemora con
un canto heroico, que recitarán generaciones
de israelitas; no se erige un obelisco en
medio del agua. El autor de los capítulos pre-
sentes no ha sabido erigir un monumento
poético al paso del Jordán.
Al rito de las piedras se vincula una expli-
cación catequética, semejante a las de Ex
12,26; 13,14; Dt 6,20. Todo se hace remon-
tar a Josué, que es la personalidad dominan-
te. Dos veces, en posición central, presenta
el autor a Josué como sucesor de Moisés. En
su discurso se escucha sin dificultad la voz
del Deuteronomista.
Este capítulo está construido con la técni-
ca "concéntrica", según el esquema A B C D E
D C B A. Al principio y al fin se encuentra la
partida y la llegada con sendas referencias
geográficas; en posición segunda y penúltima,
las instrucciones y la ejecución; después rigen
el movimiento los discursos: Josué al pueblo -
Josué a los sacerdotes - el Señor a Josué -
Josué a los sacerdotes (dentro del discurso
del Señor) - Josué al pueblo. En el centro, co-
mo hablante principal el Señor, pronunciando
las palabras claves. El verso 17 queda fuera
del esquema, como pieza de enlace. El verso
12 sirve para el enganche del tema de las pie-
dras, que desarrolla el capítulo siguiente.
3.2 Nm 10,35s; Dt 10,8.
3.3 El Arca es paladión bélico y contiene
el documento de la alianza, es una especie
de santuario transportable. Toca a los levitas
transportar el arca, según Dt 10,8.
3.4 La distancia suele tener sentido cúlti-
co. El autor, al transformar la rúbrica litúrgica
en hecho histórico, asigna al arca la función
de guía que tiene fuego y humo en algunas
narraciones del desierto; ya se ve que el arca
se presta menos a semejante función.
425 JOSUÉ 4,5
Levantaron el arca de la alianza
y marcharon delante de la gente.
7
E1 Señor dijo a Josué:
-Hoy empezaré a engrande-
certe ante todo Israel, para que
vean que estoy contigo como es-
tuve con Moisés.
8
Tú ordena a
los sacerdotes portadores del ar-
ca de la alianza que cuando lle-
guen a la orilla se detengan en el
Jordán.
9
Josué dijo a los israelitas:
-Acercaos aquí a escuchar las
palabras del Señor, vuestro
Dios.
,0
Así conoceréis que un
Dios vivo está en medio de vo-
sotros, y que va a expulsar ante
vosotros a cananeos, hititas, he-
veos, fereceos, guirgaseos, amo-
rreos y jebuseos. "Mirad, el arca
de la alianza del dueño de toda la
tierra va a pasar el Jordán delan-
te de vosotros.
12
(Elegid doce
hombres de las tribus de Israel,
uno de cada tribu).
I3
Y cuando
los pies de los sacerdotes que lle-
van el arca de la alianza del
dueño de toda la tierra pisen el
Jordán, la corriente del Jordán se
cortará: el agua que viene de
arriba se detendrá formando un
embalse.
l4
Cuando la gente levantó el
campamento para pasar el Jor-
dán, los sacerdotes que llevaban
el arca de la alianza caminaron
delante de la gente.
I5
Y al llegar
al Jordán, en cuanto se mojaron
los pies en el agua -el Jordán va
hasta los bordes todo el tiempo
de la siega-,
l6
el agua que venía
de arriba se detuvo (creció for-
mando un embalse que llegaba
muy lejos, hasta Adán, un pue-
blo cerca de Sartán) y el agua
que bajaba al mar del desierto, al
Mar Muerto, se cortó del todo.
La gente pasó frente a Jericó.
l7
Los sacerdotes que llevaban
el arca de la alianza del Señor
estaban quietos en el cauce seco,
firmes en medio del Jordán,
mientras Israel iba pasando por
el cauce seco, hasta que acaba-
ron de pasar todos.
4 'Cuando todo el pueblo acabó
de pasar el Jordán, dijo el Señor
a Josué:
2
-Elegid doce hombres del pue-
blo, uno de cada tribu,
3
y mandad-
les sacar de aquí, del medio del
Jordán, donde han pisado los
sacerdotes, doce piedras; que car-
guen con ellas y las coloquen en el
sitio donde vais a pasar la noche.
4
Josué llamó a los doce hom-
bres de Israel que había elegido,
uno de cada tribu,
5
y les dijo:
-Pasad ante el arca del Señor,
vuestro Dios, al medio del Jor-
3,9-13 Josué pronuncia estas palabras
en nombre del Señor. En el milagro que va a
suceder se revelará al pueblo el "Dios vivo",
que actúa para salvar la vida de su pueblos,
que no es inerte como los ídolos, que es
Señor de la vida. El título o sus derivaciones
se lee en Sal 42,3, 84,3.
La lista completa de los siete nombres se
lee en Dt 7,1; Jos 24,11 y Neh 9,8; en otros
textos faltan los guirgaseos. Los hititas son
restos dispersos del gran imperio de Asia
Menor; difíciles de identificar son los heveos
(Gn 34,2; 2 Sm 24,7), fereceos (Gn 13,7; 34,
30) y guirgaseos (Gn 10,16); los jebuseos
conservarán largo tiempo su capital de Jeru-
salén; amorreos es un nombre genérico que
significa occidentales.
3,5 Ex 19,1 Os; Nm 11,18.
3,9 Sal 84,3; Dt 7, 1.
3.11 Dueño de toda la tierra es título que
se lee en el salmo de Dios rey (Sal 97,5).
3.12 Narrativamente este verso está fuera
de sitio, interrumpe la continuidad de 11 y 13.
3,15 Según el capítulo 5, estamos en vís-
peras de Pascua; por tanto, todavía no ha lle-
gado la cosecha; pero es cierto que en todo
ese tiempo el Jordán va lleno: véanse 1 Cr
12,15 y Eclo 24,26.
3.16 Sorprende la mención geográfica
tan exacta. Sartán se encuentra a unos 25 ki-
lómetros al norte de Jericó, pero los mean-
dros del río multiplican la distancia recorrida.
3.17 El verso sirve para preparar el nue-
vo tema de las piedras. La última parte la re-
coge el comienzo del capítulo siguiente, ade-
lantando hechos.
4 Este capítulo es aún más complicado
que el anterior. Podemos aislar dos series
contadas según el esquema "el Señor manda
a Josué - éste transmite la orden - ejecución":
la primera se refiere a los doce representantes
de las tribus, la segunda a los sacerdotes, 1 -8
y 15-20; ambas hablan de la instrucción cate-
quética sobre las piedras. Esta división permi-
te ordenar así los actos: primero entra el arca
y se detiene en medio del río, va pasando todo
el pueblo, los doce sacan afuera las piedras,
salen los sacerdotes con el arca.
Entre las dos piezas indicadas se lee, en
puesto central, la nota de Josué como conti-
nuador de Moisés, una explicación sobre las
tribus de TransJordania (como en 1,12ss), y un
resumen de la actuación de los sacerdotes
(10-11) que repite unos datos y adelanta otros.
4,2 Ex 24,4.
4,6 JOSUÉ 426
dan, y cargad al hombro cada uno
una piedra, una por cada tribu de
Israel,
6
para que queden como mo-
numento entre vosotros. Cuando
os pregunten vuestros hijos el día
de mañana qué son esas piedras,
7
les diréis: «Es que el agua del
Jordán dejó de correr ante el arca
de la alianza del Señor; cuando el
arca atravesaba el Jordán, dejó de
correr el agua». Esas piedras se lo
recordarán perpetuamente a los
israelitas.
8
Los israelitas hicieron lo que
mandó Josué: sacaron doce pie-
dras del medio del Jordán, como
había dicho el Señor a Josué, una
por cada tribu de Israel; las lleva-
ron hasta el sitio donde iban a
pasar la noche y las colocaron allí.
9
Josué erigió doce piedras en
medio del Jordán, en el sitio don-
de se habían detenido los sacerdo-
tes que llevaban el arca de la
alianza, y todavía hoy están allí.
l0
Los sacerdotes que llevaban
el arca estuvieron quietos en me-
dio del Jordán hasta que termina-
ron de hacer todo lo que Josué
mandó al pueblo por orden del
Señor. La gente se dio prisa a
pasar. "Y cuando acabaron de
pasar todos, pasó el arca del Se-
ñor, y los sacerdotes se pusieron
a la cabeza del pueblo.
12
Los de
Rubén, Gad y media tribu de
Manases pasaron en orden de
batalla al frente de los israelitas,
como les había mandado Moi-
sés.
l3
Unos cuarenta mil hom-
bres equipados militarmente des-
filaron ante el Señor hacia el
páramo de Jericó.
14
Aquel día el
Señor engrandeció a Josué ante
todo Israel, para que lo respeta-
ran como habían respetado a
Moisés mientras vivió.
I5
E1 Señor dijo a Josué:
l6
-Manda a los sacerdotes por-
tadores del arca de la Alianza
que salgan del Jordán.
l7
Josué les mandó:
-Salid del Jordán.
I8
Y cuando salieron de en me-
dio del Jordán los sacerdotes
portadores del arca de la alianza
del Señor, nada más poner los
pies en tierra, el agua del Jordán
volvió a su cauce y corrió como
antes, hasta los bordes.
19
E1 pueblo salió del Jordán el
día diez del mes primero y acam-
pó en Guilgal, al este de Jericó.
20
Josué colocó en Guilgal aque-
llas doce piedras sacadas del
Jordán,
2l
y dijo a los israelitas:
-Cuando el día de mañana os
pregunten vuestros hijos qué son
esas piedras,
22
les diréis: «Israel
pasó el Jordán a pie enjuto.
23
E1
Señor, Dios vuestro, secó el agua
del Jordán ante vosotros hasta
que pasasteis, como hizo con el
Mar Rojo, que lo secó ante noso-
tros hasta que lo pasamos.
24
Para
que todas las naciones del mun-
do sepan que la mano del Señor
es poderosa y vosotros respetéis
siempre al Señor, vuestro Dios».
5 'Cuando los reyes amorreos de
Cisjordania y los reyes cananeos
de Occidente oyeron que el Señor
4,6-7 Las piedras servirán de memorial o
recordatorio, es decir, un objeto que refresca
la memoria de un hecho; su función se actua-
liza sobre todo en la conmemoración festiva
del hecho. Véase Ex 28,12 (las piedras pre-
ciosas del pectoral, recordatorio de los israe-
litas ante el Señor); Nm 17,5 (las chapas
hechas de los incensarios).
4.9 La noticia es extraña y difícil de expli-
car. El tiempo verbal no sigue la serie crono-
lógica. Además, unas piedras en el lecho del
río no son visibles cuando éste vuelve a cre-
cer, o no resisten mucho tiempo el ímpetu de
la corriente.
4.10 El texto hebreo añade "todo lo que
Moisés había mandado a Josué".
4.13 Uno de los pocos versos que dan
carácter militar a la empresa. Desfilan ante el
Señor para la guerra santa. Nm 22,23.
4.14 Recuerda sobre todo el final de Ex
14 (paso del Mar Rojo), cuando el pueblo se
fía de Moisés.
4,19 Marzo-abril, el mes de la Pascua. Da-
tación artificial, impuesta por razones litúrgicas.
4,24 El paso del Jordán será revelación
también para otros pueblos, como la salida
de Egipto.
5 Este capítulo es de gran densidad teo-
lógica. El autor final del texto quiere clausurar
como en espejo la empresa comenzada a la
salida de Egipto. Allí dominaban algunos he-
chos: la Pascua, que exige como prerrequisi-
to la circuncisión (a); el paso nocturno del
Señor y del exterminador (b); el paso del Mar
Rojo (c); la salida (d). En Jos 2 hemos encon-
trado el paso del río (c) y la entrada en la tie-
rra (d); en Jos 5 la circuncisión antes de la
Pascua (a), la visión nocturna del ángel del
Señor (b). Podemos fijarnos más en las co-
rrespondencias.
Tres aspectos o motivos literarios son co-
munes a los episodios: semejanza, continui-
dad, novedad. Primer episodio del capítulo,
la circuncisión: corresponde a la realizada en
Egipto según Ex: la norma de Ex 12,44-45.
50, realiza la continuidad a través de la nue-
va generación nacida en el desierto, inaugu-
427 JOSUÉ 5,9
había secado el agua del Jordán
ante los israelitas hasta que pasa-
ron, quedaron consternados y se
desalentaron ante ellos.
Circuncisión
(Gn 17, 23-27;
Ex 12,44-49)
2
En aquella ocasión dijo el Se-
ñor a Josué:
-Hazte cuchillos de pedernal,
siéntate y haz una nueva circun-
cisión de israelitas.
3
Josué hizo cuchillos de pe-
dernal y circuncidó a los israeli-
tas en Guibat Haaralot*.
4
E1 mo-
tivo de esta circuncisión fue que
todos los varones que habían sa-
lido de Egipto, como todos los
guerreros, habían muerto en el
desierto, en el camino desde
Egipto.
5
Todos los que salieron
de Egipto estaban circuncidados,
pero todos los nacidos en el
desierto, en el camino desde
Egipto, estaban sin circuncidar.
6
Porque los israelitas anduvieron
por el desierto cuarenta años,
hasta que la generación de gue-
rreros que habían salido de Egip-
to y que no obedecieron al Señor
se acabó, conforme a su jura-
mento de que no verían la tierra
que el Señor había jurado a sus
padres que les daría, una tierra
que mana leche y miel.
7
Dios les suscitó descendien-
tes; a éstos los circuncidó Josué,
porque estaban sin circuncidar,
no los habían circuncidado du-
rante el viaje.
8
Cuando todos aca-
baron de circuncidarse, se queda-
ron guardando reposo hasta que
se curaron.
9
Entonces el Señor
dijo a Josué:
-Hoy os he quitado de encima
el oprobio de Egipto.
Y a aquel sitio le pusieron el
nombre de Guilgal, y todavía se
llama así.
ra un tiempo de libertad del oprobio pasado.
El segundo episodio es la Pascua: co-
rresponde a la Pascua inaugural de Egipto,
según Ex 12,1-14.43-50, realiza la continui-
dad enlazando con el maná del desierto,
inaugura la etapa en que vivirán de los frutos
de la tierra entregada. Tercer episodio, la
aparición del ángel del Señor: corresponde a
la vez al paso nocturno del Señor según Ex
12,23.27, y a la visión de Moisés en el Horeb,
continúa la guía por el desierto, inaugura y
sella la entrada en la tierra.
Denominador común del paso del Jor-
dán, circuncisión y Pascua es el carácter li-
túrgico (algo semejante sucede en Ex 12). La
presencia del ángel es como una consagra-
ción de la tierra.
La voluntad constructiva domina sobre los
valores narrativos; si se pasa de la informa-
ción, es para caer en el razonamiento. Pero la
construcción tiene una grandeza impresionan-
te. En Dt 29,1-3 el autor amonestaba por boca
de Moisés: "el Señor no os ha dado inteligen-
cia para entender ni ojos para ver ni oídos
para escuchar, hasta hoy". En el presente ca-
pítulo madura plenamente esa comprensión
de los sucesos que faltaba al principio.
5,1 El verso continúa las indicaciones de
1,5 y 2,9-11.24, cierra el paso del Jordán,
como Ex 15,14-16 canta la impresión produ-
cida por el paso del Mar Rojo. "Amorreos y
cananeos" quiere englobar todos los habitan-
tes de la montaña central y de la costa: efec-
tivamente, a la entrada de los israelitas, Pa-
lestina estaba dividida en reinos pequeños.
No sabemos si cuenta a los filisteos como
cananeos o si piensa que todavía no se han
establecido en Palestina.
5,2-9 La circuncisión se presenta como
rito antiguo: se hace con cuchillos de peder-
nal; el que circuncida se sienta, señal de que
se trata de adultos. Se llama "nueva" o se-
gunda en relación a la realizada en Egipto
antes de la salida (supuesta y no contada en
las tradiciones que conocemos del éxodo).
Por la circuncisión el pueblo se consagra al
Señor, ya no es un pueblo de esclavos en tie-
rra extranjera; por eso se puede decir que les
han quitado el oprobio de Egipto. En Gn 17 el
autor sacerdotal (P) presenta la circuncisión
de Abrahán y su familia como señal de la
alianza con el Señor; Ex 4,24-26 cuenta enig-
máticamente la circuncisión del hijo de
Moisés; Ex 12,44-49 impone la circuncisión
para poder comer la Pascua: "Ningún incir-
cunciso la comerá". El razonamiento del au-
tor recoge los hechos de Nm 13-14.
5,3 * = Cerro de los Prepucios.
5,9 Es solemne la fecha: como en Ex
12,51 que remata el tema de la circuncisión.
La etimología de Guilgal - como tantas
otras- es artificial y fabricada para la oca-
sión: gil significa hacer rodar o girar, remo-
ver. Es posible que en esta localidad se
practicase en tiempos antiguos el rito de la
circuncisión; también puede tratarse de una
asociación artificial condicionada por razo-
nes narrativas.
5,10 JOSUÉ 428
Pascua
(Ex 12; 16)
l0
Los israelitas estuvieron acam-
pados en Guilgal y celebraron la
Pascua el catorce del mismo mes,
por la tarde, en la llanura de Je-
ricó. ' 'A partir del día siguiente a
la Pascua comieron de los pro-
ductos del país; el día de Pascua
comieron panes ázimos y grano
tostado.
I2
A partir del día siguien-
te, cuando comieron de los pro-
ductos del país, faltó el maná. Los
israelitas no volvieron a tener
maná; aquel año comieron de los
frutos del país de Canaán.
13
Estando ya cerca de Jericó,
Josué levantó la vista y vio a un
hombre en pie frente a él con la
espada desenvainada en la mano.
Josué fue hacia él y le preguntó:
-¿Eres de los nuestros o del
enemigo?
14
Contestó:
-No. Soy el general del ejérci-
to del Señor, y acabo de llegar.
Josué cayó rostro a tierra, ado-
rándolo. Después le preguntó:
-¿Qué orden trae mi señor a su
siervo?
I5
E1 general del ejército del
Señor le contestó:
-Descálzate, porque el sitio
que pisas es sagrado.
Josué se descalzó.
Conquista de Jericó
(Nm 10,1-10; Ap 8)
6 'Jericó estaba cerrada a cal y
canto ante los israelitas. Nadie
5,10-12 El autor supone ya reunidas la
fiesta pastoril del cordero y la fiesta agraria de
los panes sin fermentar. La fórmula "el mismo
día" aparece usada en Ex 12,17.41.51, y se
emplea en el calendario del Levítico, 23,14.
21.28.29.30. Sobre el maná véase Ex16.
La Pascua es para Israel la fiesta de la
liberación. De aquí el empalme litúrgico, "el
mismo día", entre la salida y la entrada.
5,13-15 El tercer episodio es el más suges-
tivo. Por el tema y el tono puede recordar la
lucha de Jacob con el ángel, Gn 32, o la visión
de David en la era de Arauná, 2 Sm 24. Más
cerca está otra noche fatídica y salvadora, la
noche de la Pascua en Egipto, cuando el Señor
"pasó hiriendo a Egipto" y "no permitió al exter-
minador entrar para herir". El ángel es el Señor
mismo que se presenta y se manifiesta, es
también (más tarde) un enviado sobrehumano
del Señor. Josué no lo reconoce, y en vez de
preguntar por el nombre, como Jacob, pregun-
ta en nombre del pueblo por su filiación. El
ángel se presenta por su oficio: ejército del
Señor son las huestes estelares en el cielo y
también los batallones de Israel en la tierra, se-
gún Ex 12,17 ("este mismo día sacó el Señor a
sus legiones, de Egipto"), 12,51 ("aquel mismo
día el Señor sacó de Egipto a los israelitas, por
escuadrones"). Además, el ángel ha guiado a
los israelitas por el desierto: Ex 14,19 (antes del
paso del Mar Rojo); 23,23 "mi ángel irá por
delante y te llevará a las tierras..."; 32,34 "mi
ángel irá delante de ti"; 23,20; 33,2; Nm 20,16
"envió un ángel que nos sacase de Egipto".
Después de identificarse, el ángel pro-
nuncia un mensaje densísimo: "He llegado"
(que muchos comentadores consideran in-
completo). Pero esas dos sílabas hebreas lo
dicen todo: la presencia del mensajero es el
mensaje (véase Is 52,6: "Por eso mi pueblo
reconocerá mi nombre, comprenderá aquel
día que era yo el que hablaba, y aquí estoy").
La salvación del pueblo se realiza en dos
actos: salir de Egipto, entrar en la tierra; en
forma activa, sacar y meter; los dos verbos
son correlativos y frecuentísimos en el An-
tiguo Testamento para describir la salvación.
Ya hemos oído que "el ángel los sacó", y la
promesa que el ángel los metería. Ahora se
cumple la promesa y se cierra la empresa
comenzada. Si el general del ejército del Se-
ñor ha llegado, es que también ha llegado el
ejército, es que la salvación se cumple. No
hace falta decir más.
Con todo, una nueva referencia insiste
en el paralelismo: las palabras que el Señor
dijo a Moisés cuando se le apareció en el
Sinaí (Ex 3,5) las repite ahora el ángel a Jo-
sué. La tierra en que se encuentran es terre-
no sagrado, es la tierra del Señor, que se la
entrega a su pueblo; es como un santuario al
que han de entrar descalzos. Será una entra-
da litúrgica, más que militar.
Josué comprende: se descalza por res-
peto a la tierra y adora a su Señor presente.
En la persona de Josué todo el pueblo hace
su primer encuentro en la tierra prometida:
con el Señor.
6 Llegamos quizá al capítulo más conoci-
do y pintado del libro, uno de los favoritos
para una mirada no crítica. Las trompetas
que suenan y los muros que caen bastan
para producir una historia inolvidable. Lo
malo es cuando uno se pone a leer el capítu-
lo con mirada crítica; peor todavía si, suscita-
429 JOSUÉ 6,12
salía ni entraba.
2
E1 Señor dijo a Josué:
3
-Mira, entrego en tu poder a
Jericó y su rey. Todos los solda-
dos rodead la ciudad dando una
vuelta alrededor, y así durante
seis días.
4
Siete sacerdotes lleva-
rán siete trompas delante del arca;
al séptimo día daréis siete vueltas
a la ciudad, y los sacerdotes toca-
rán las trompas,
5
cuando den un
toque prolongado, cuando oigáis
el sonido de la trompa, todo el
ejército lanzará el alarido de gue-
rra; se desplomarán las murallas
de la ciudad, y cada uno la asalta-
rá desde su puesto.
6
Josué, hijo de Nun, llamó a
los sacerdotes y les mandó:
-Llevad el arca de la alianza, y
que siete sacerdotes lleven siete
trompas delante del arca del Señor.
7
Y luego a la tropa:
-Marchad a rodear la ciudad;
los que lleven armas pasen de-
lante del arca del Señor.
8
(Después de dar Josué estas
órdenes a la tropa, siete sacerdo-
tes, llevando siete trompas, se pu-
sieron delante del Señor y empe-
zaron a tocar. El arca del Señor
los seguía;
9
Ios soldados armados
marchaban delante de los sacer-
dotes que tocaban las trompas; el
resto del ejército marchaba detrás
del arca. Las trompas acompaña-
ban la marcha).
l0
Josué había
dado esta orden a la tropa:
-No lancéis el alarido de gue-
rra, no alcéis la voz, no se os
escape una palabra hasta el
momento en que yo os mande
gritar; entonces gritaréis.
"Dieron una vuelta a la ciu-
dad con el arca del Señor y se
volvieron al campamento para
pasar la noche.
l2
Josué se levan-
tó de madrugada, y los sacerdo-
do el problema crítico, quiere leerlo como his-
toria de un hecho.
Ya hemos dicho que Jericó en aquella
época no tenía murallas ni estaba habitado:
éste es un dato de la arqueología. Por su
parte, el análisis literario descubre en segui-
da muchos elementos litúrgicos en el pasaje;
tantos, que la trasposición litúrgica es casi la
clave de lectura del pasaje.
Algo parecido a lo que sucedía con el pa-
so del Jordán. También aquí el autor, más que
narrar un hecho, parece describir una conme-
moración festiva. El arca llevada en procesión,
las vueltas en riguroso silencio, el toque de las
trompetas, los siete días son datos inconfundi-
bles. Si se trata de una guerra santa, el adjeti-
vo ha devorado al sustantivo.
La versión litúrgica exalta el sentido teo-
lógico del hecho, que Josué comenta. No son
los hombres quienes luchan y vencen, sino el
Señor presente en el arca. Suya es la ciudad
enemiga y los que la habitan, suyos los tiem-
pos, él da consistencia a las piedras y de-
rrumba las murallas. Al pueblo le toca obede-
cer, seguir, esperar y ser testigo del hecho
maravilloso; más tarde le tocará contarlo y
celebrarlo. El texto es una celebración. Si el
hecho no sucedió en Jericó, ni sucedió en
tales términos, sí es cierto que el Señor ven-
ció al enemigo y entregó la tierra a su pueblo.
Leído el capítulo en esta clave poética
puede recobrar su sugestión incluso para
una mente crítica. El carácter litúrgico del
capítulo ha facilitado la lectura simbólica de
los padres y autores medievales, que han
visto en los muros de Jericó las fuerzas del
mal o los poderes del mundo; en las trompe-
tas, la predicación apostólica; en las siete
vueltas, diversas eras de la historia, con otros
muchos detalles curiosos.
La narración está relativamente bien
construida, con algunas incoherencias que la
traducción castellana suaviza. Domina la téc-
nica de mandato-ejecución, y se aprovecha
el mandato -parte oral - para engranar en él
elementos subordinados. El texto está escri-
to en una prosa muy rítmica, con varias fór-
mulas repetidas casi como estribillos.
6,2-5 El discurso del Señor adelanta casi
todos los datos (menos la orden de silencio),
quitando interés a la narración. Las trompas
eran originariamente cuernos de carnero (yo-
bel), que después se emplearon para anun-
ciar el jubileo (yobel), y en otros usos litúrgi-
cos; más tarde se emplearon trompetas de
metal. El alarido es originariamente el grito
de guerra (el alalazo de los griegos y el ulu-
lar de los romanos), que también pasa al
culto como aclamación al Señor (traducido
por "vitorear" en los salmos). El arca funciona
como paladión militar, dentro del nuevo con-
texto litúrgico.
6,6-10 La disposición no es cronológica:
Las armas tendrán primero una función litúr-
gica, como en el salmo 149, y se emplearán
sólo dentro de la ciudad. La distribución de
tropa y pueblo es procesional, no estratégica.
El pueblo no armado desfila como si fuera la
retaguardia de un ejército.
6,11-20 La ejecución se reparte en tres
tiempos (según técnica conocida); cada vez
más largos: el primer día, los cinco siguientes,
6,13 JOSUÉ 430
tes tomaron el arca del Señor.
l3
Siete sacerdotes, llevando siete
trompas delante del arca del
Señor, acompañaban la marcha
con las trompas.
14
Aquel segun-
do día dieron una vuelta a la ciu-
dad y se volvieron al campamen-
to. Así hicieron seis días.
I5
E1
día séptimo, al despuntar el sol,
madrugaron y dieron siete vuel-
tas a la ciudad, conforme al mis-
mo ceremonial. La única dife-
rencia fue que el día séptimo die-
ron siete vueltas a la ciudad.
16
A
la séptima vuelta, los sacerdotes
tocaron las trompas y Josué
ordenó a la tropa:
17
-¡ Gritad, que el Señor os en-
trega la ciudad! Esta ciudad, con
todo lo que hay en ella, se consa-
gra al exterminio en honor del
Señor. Sólo han de quedar con vi-
da la prostituta Rajab y todos los
que estén con ella en casa, porque
escondió a nuestros emisarios.
l8
Cuidado, no se os vayan los ojos
y cojáis algo de lo consagrado al
exterminio; porque acarrearíais
una desgracia haciendo execrable
el campamento de Israel.
l9
Toda
la plata y el oro y el ajuar de bron-
ce y hierro se consagran al Señor:
irán a parar a su tesoro.
20
Sonaron las trompas. Al oír
el toque, lanzaron todos el alari-
do de guerra. Las murallas se
desplomaron y el ejército dio el
asalto a la ciudad, cada uno des-
de su puesto, y la conquistaron.
2
'Consagraron al exterminio to-
do lo que había dentro: hombres
y mujeres, muchachos y ancia-
nos, vacas, ovejas y burros, todo
lo pasaron a cuchillo.
22
Josué había encargado a los
dos espías:
-Id a casa de la prostituta y
sacadla de allí con todo lo que
tenga, como le jurasteis.
23
Los espías fueron y sacaron
a Rajab, a su padre, madre y her-
manos y todo lo que tenía, y los
dejaron fuera del campamento
israelita.
24
Incendiaron la ciudad y cuan-
to había en ella. Sólo la plata, el
oro y el ajuar de bronce y hierro lo
destinaron al tesoro del Señor.
25
Josué perdonó la vida a Ra-
jab, la prostituta, a su familia y a
todo lo suyo. Rajab vivió en me-
dio de Israel hasta hoy, por haber
escondido a los emisarios que en-
vió Josué a explorar Jericó.
26
En aquella ocasión juró Josué:
-¡Maldito de Dios el que ree-
difique esta ciudad! La vida del
primogénito le cuesten los ci-
mientos y la vida del benjamín
las puertas.
27
E1 Señor estuvo con Josué, y
su fama se divulgó por toda la
comarca.
El sacrilegio de Acán
7 'Pero los israelitas cometieron
un pecado con lo consagrado.
el último. Al acercarse el final, un discurso de
Josué retrasa el desenlace con instrucciones
detalladas. No están bien armonizadas las
dos indicaciones: Josué da la orden de gri-
tar, es un toque especial el que sirve de
señal.
6,17-19 La ley del exterminio se lee en Lv
27,28-29 y Dt 20. Nm 21,2-3 habla de un voto
que hace Israel. Prácticas semejantes eran
comunes entre los antiguos y en la guerra
santa de los árabes. Dicha consagración se
practicaba sólo en casos extremos (como in-
dica Dt 20) y tenía diversas cláusulas y gra-
dos. Las riquezas materiales se consagran al
culto o se guardan en el tesoro del Señor; lo
que vive se mata en honor del Señor. De este
modo el pueblo no se aprovecha en nada de
la conquista, y no debe asaltar ciudades sólo
por ganancia.
En otros casos sólo se daba muerte a los
guerreros, los demás podían tomarse como
esclavos. Para nosotros esa práctica no tiene
justificación, ni como castigo (pues incluye
personas inocentes), ni como medio de inti-
midación. Veremos en el capítulo siguiente el
desarrollo de este tema.
6.24 También el incendio de ciudades
era práctica común, como ha comprobado la
arqueología.
6.25 Mt 1,5 incluye a Rajab en la genea-
logía de Cristo, como tatarabuela de David
(naturalmente, es una composición artificial).
6.26 La maldición se cumple, según 1 Re
16,34 (reinado de Ajab, siglo IX). El dato no
concuerda con 2 Sm 10,5 ni con Jos 18,21.
7 Este capítulo se une al anterior como
una continuación y una consecuencia; los
versos 17-19 lo preparan, con los dos verbos
clave "dedicar al exterminio" (hrm) y acarrear
una desgracia ('kr). Seguimos en contexto de
guerra santa: si la narración no es rigurosa-
mente litúrgica, contiene varios elementos
cúlticos.
7,1 El primer verso plantea los elementos
de la tragedia.
a) Lo consagrado. La raíz hrm es el leit-
motiv de la narración, se repite ocho veces
en formas varias, unificando todo el proceso.
Se trata de parte del botín, que por ley de la
guerra santa, pertenece al Señor como cosa
sagrada (la raíz significa originariamente
431
JOSUÉ
7,10
Porque Acán, hijo de Carmí, de
Zabdí, de Zéraj, de la tribu de
Judá, robó de lo consagrado. Y el
Señor se encolerizó contra Israel.
2
Josué envió gente desde Je-
ricó hacia Ay, al este de Betel,
con esta orden:
-Id a reconocer la comarca.
-Yueron, hicieron el reconoci-
miento y, al volver, dijeron a
Josué:
-No hace falta que vaya toda
la tropa; bastan unos dos mil o
tres mil para conquistar la villa.
No canses a toda la tropa en este
ataque, que ellos son pocos.
4
Entonces fueron hacia Ay
unos tres mil del ejército; pero
tuvieron que huir ante los de Ay,
5
que les hicieron unas treinta y
seis bajas y los persiguieron
desde las puertas de la villa hasta
Hassebarim*, derrotándolos en
la cuesta. El valor del ejército se
deshizo en agua.
6
Josué se rasgó el manto, cayó
rostro en tierra ante el arca del
Señor, y estuvo así hasta el atar-
decer, junto con los concejales
de Israel, echándose polvo a la
cabeza.
7
Josué oró:
-¡ Ay, Señor mío! ¿Para qué hi-
ciste pasar el Jordán a este pue-
blo, para entregarnos después a
los amorreos y exterminarnos?
¡Ojalá nos hubiéramos quedado
al otro lado del Jordán!
8
¡Perdón,
Señor! ¿Qué voy a decir después
que Israel ha vuelto la espalda
ante el enemigo?
9
Lo oirán los
cananeos y toda la gente del país,
nos cercarán y borrarán nuestro
nombre de la tierra. ¿Y qué harás
tú con tu nombre ilustre?
I0
E1 Señor le respondió:
"apartar"). Dice la legislación (recogida pos-
teriormente): "Que no se te pegue a las ma-
nos nada dedicado al exterminio" Dt 13,18;
"Lo que uno ha separado como cosa dedica-
da al Señor... no podrá ser vendido ni resca-
tado. Lo dedicado es propiedad sagrada del
Señor" Lv 27,28. Siendo cosa "sagrada", el
que se la apropia comete "sacrilegio" o exe-
cración, el objeto se convierte en "execra-
ción" del ambiente donde se encuentra.
"Consagrar, execrar, desecrar" son los mati-
ces que el término va tomando en el curso de
la narración. (Dt 7,26 lo aplica a los ídolos de
materiales preciosos, que se han de extermi-
nar; añade la raíz emparentada w>b).
b) La comunidad. El pecado de uno afec-
ta a toda la comunidad de Israel, porque todo
el ejército forma una unidad solidaria en la
guerra santa. Continúa la ficción de un Israel
completo, dividido en tribus, participando en
la conquista. "Todo Israel, los israelitas" par-
ticipan en el pecado, en las consecuencias,
en las suertes, en el castigo del culpable; y el
Señor lleva el título "Dios de Israel".
c) El culpable. Al dar desde el principio el
nombre del causante, la ceremonia de las
suertes pierde interés narrativo. El nombre
del culpable, por medio de una aliteración
aproximada, se liga a una localidad, según
costumbre frecuente en estas narraciones. El
verso primero se podría leer como uno de los
títulos antiguos "de cómo los israelitas..."
d) La ira del Señor, provocada por el sa-
crilegio, se cierne sobre toda la narración y
sobre todo Israel, hasta que se aplaca con la
ejecución final. Por esa ira el paso del Jordán
parece resultar inútil, el enemigo triunfa, Is-
rael se desalienta, su nombre queda amena-
zado. La ira del Señor, que en la guerra santa
se dirige contra el enemigo, se vuelve contra
su pueblo.
7,3 El motivo "son pocos" no es típico de
la guerra santa; en el caso de Jericó no im-
portaba el número, porque los había vencido
ya el pánico o temor sagrado. Dos mil o tres
mil es una exageración posterior, dado el
tamaño de las villas antiguas.
7.5 * = Las Canteras, o bien "hasta des-
baratarlos".
7.6 Ritos penitenciales, como en Jon 3,6;
Dn 9,3; Job 42,6; los ancianos forman el
senado del pueblo, véase Nm 11 y Dt 1.
7,7-9 Josué intercede por el pueblo, como
lo hizo Moisés (Ex 32; Nm 14). Su oración,
aunque repite algunas razones, no alcanza la
altura de las de Moisés. El primer argumento
es la continuidad de la obra salvadora, el
segundo es el peligro grave del pueblo, el ter-
cero es el honor y fama del Señor.
Es frecuente la idea que el Señor actúa,
salva, perdona, por el honor de su nombre;
por ejemplo, los salmos invocan muchas ve-
ces este argumento: 23,3; 25,11; 31,4; 54,3;
79,9; 106,8; 109,21; 143,11. Aquí se añade
otro aspecto: que, al desaparecer el nombre
de Israel, queda comprometido el nombre del
Señor; porque a Israel toca invocar el nombre
del Señor y darlo a conocer a otros pueblos.
La oración está compuesta en tres pre-
guntas y tiene un desarrollo bastante rítmico.
7,10-15 A la oración responde un orácu-
lo que explica la causa y ofrece el remedio. Si
7,11
JOSUÉ 432
"-Anda, levántate. ¿Qué ha-
ces ahí, caído rostro en tierra?
Israel ha pecado, han quebranta-
do el pacto que yo estipulé con
ellos, han tomado de lo consa-
grado, han robado, han disimula-
do escondiéndolo entre su ajuar.
l2
No podrán los israelitas resistir
a sus enemigos, les volverán la
espalda, porque se han hecho
execrables. No estaré más con
vosotros mientras no extirpéis la
execración de en medio de voso-
tros. ''Levántate, purifica al pue-
blo, diles: Purificaos para maña-
na, porque así dice el Señor,
Dios de Israel: «¡Hay algo exe-
crable dentro de ti, Israel! No
podréis resistir a vuestros enemi-
gos mientras no extirpéis la exe-
cración de en medio de voso-
tros».
l4
Por la mañana os acerca-
réis por tribus. La tribu que el
Señor indique por sorteo se acer-
cará por clanes; el clan que el
Señor indique por sorteo se acer-
cará por familias; la familia que
el Señor indique por sorteo se
acercará por individuos.
I5
E1 que
sea sorprendido con algo consa-
grado, será quemado con todos
sus bienes, por haber quebranta-
do el pacto del Señor y haber
cometido una infamia en Israel.
l6
Josué madrugó y mandó a
los israelitas acercarse por tri-
bus.
l7
La suerte cayó en la tribu
de Judá. Se fue acercando la tri-
bu de Judá por clanes, y la suer-
te cayó en el clan de Zéraj. Se
fue acercando el clan de Zéraj
por familias, y la suerte cayó en
la familia de Zabdí.
l8
Se fue
acercando la familia de Zabdí
por individuos, y la suerte cayó
en Acán, hijo de Carmí, de Zab-
dí, de Zéraj, de la tribu de Judá.
19
Josué le dijo
-Hijo mío, glorifica al Señor,
Dios de Israel, haciendo tu con-
fesión. Dime lo que has hecho,
no me ocultes nada.
20
Acán respondió:
-Es verdad, he pecado contra
el Señor, Dios de Israel. He he-
cho esto y esto:
2i
vi entre los
despojos un manto babilonio
muy bueno, doscientas monedas
de plata y una barra de oro de
medio kilo; se me fueron los ojos
y lo agarré. Mira, está todo es-
condido en un hoyo en medio de
mi tienda, el dinero debajo.
22
Josué mandó a unos que fue-
ran corriendo a la tienda de
Acán: todo estaba allí escondido,
el dinero debajo.
23
Lo sacaron de
la tienda, se lo llevaron a Josué y
a los israelitas y lo depositaron
ante el Señor.
24
Josué cogió a Acán, hijo de
Zéraj (con el dinero, el manto y
la barra de oro), a sus hijos e
hijas, sus bueyes, burros y ove-
jas, y su tienda con todos sus bie-
Israel ha vuelto la espalda en la batalla, es
porque Israel ha pecado. En el discurso de
Dios se concentran las seis menciones que
quedan del término hrm. Como el oráculo
contiene la razón teológica de los hechos,
está bastante desarrollado, con repeticiones
y enumeraciones. Esta es la estructura: intro-
ducción (10), denuncia del pecado de Israel
en seis verbos (11), consecuencias del peca-
do y su duración (12); orden de convocar la
asamblea y transmitir el oráculo del Señor, se
resumen sus dos cláusulas (13); hallazgo del
culpable por suerte (14), sentencia (15).
7.10 Dios responde a las preguntas de
Josué con otra pregunta. No basta la oración,
le toca actuar.
7.11 Del pecado es responsable todo Is-
rael: los verbos están en plural o en singular
colectivo; el pecado va contra la alianza. Los
sinónimos dan énfasis.
7.12 La execración es como un contagio
que afecta a todos y hace incompatible la
presencia del Señor "en medio" de su pueblo.
Todo Israel queda comprometido a "extirpar"
ese contagio.
7,13-14 Las suertes se suelen echar por
medio de los urim y tumim, en una ceremonia
sagrada (especie de ordalía); véase por
ejemplo 1 Sm 10,20 (elección de Saúl). "Las
suertes se agitan en el regazo, pero el resul-
tado viene del Señor", dice Prov 16,33.
7,15 El pecado tiene doble dimensión:
contra el Señor -por quebrantar el pacto-,
contra la comunidad. Toda la familia sufre el
castigo, según la vieja costumbre, por ejem-
plo, Nm 16,27.
7,17 Prov 16,33.
7,19 El hombre puede confesar dos co-
sas: la bondad de Dios, la maldad propia: en
ambas confesiones glorifica al Señor, porque
lo reconoce y proclama bueno y libre de cul-
pa. Acán es invitado a una confesión pública,
ante Dios y la asamblea. Un caso semejante
en 1 Sm 14,43 (Saúl y Jonatán); también Sal
32,5.
7,20-21 Acán hace confesión plena, pri-
mero reconociendo el pecado, después des-
cribiéndolo en particular. El proceso del pe-
cado -ver, desear, tomar- se parece al de
Gn 3 y 2 Sm 12.
7,24 * = La Desgracia.
7,24-26 En la ejecución de la sentencia
hay algunas incoherencias, que la traducción
ha respetado: no hay razón para tomar los
433 JOSUÉ 8,11
nes. En compañía de todo Israel
los subió al Valle de Acor*,
25
y
Josué dijo:
-¡El Señor te haga sufrir hoy
mismo la desgracia que nos has
acarreado!
Todos los israelitas apedrea-
ron a Acán. Luego lo quemaron
y lo cubrieron de piedras.
26
Des-
pués levantaron encima un mon-
tón de piedras, que todavía hoy
se conserva. Y el Señor aplacó el
incendio de su ira. Por eso aquel
sitio se llama hasta hoy Valle de
Acor.
Conquista de Ay
(Eclo 46, 2)
8 'El Señor dijo a Josué:
-No temas ni te acobardes.
Vete con tu ejército a atacar Ay,
que yo te pongo en las manos a
su rey, su gente, la villa y sus
campos.
2
Trata a la ciudad y a su
rey como trataste a Jericó y a su
rey. Sólo os llevaréis el botín y el
ganado. Pon emboscadas al otro
lado del pueblo.
3
Josué y su ejército prepararon
el ataque de Ay. Josué escogió
treinta mil soldados
4
y los envió
durante la noche con estas ins-
trucciones:
-Os emboscáis detrás del pue-
blo, pero sin alejaros mucho, y
estáis alerta;
5
yo y los míos nos
acercaremos. Cuando el enemigo
salga contra nosotros, como la
primera vez, huiremos ante ellos;
6
eIlos saldrán detrás, pensando
que huimos como la primera vez,
y así lograremos alejarlos del
pueblo.
7
Entonces salid de la em-
boscada y apoderaos de la villa
-el Señor os la entregará-
8
y en
cuanto la ocupéis, incendiadla.
Haced lo que ha dicho el Señor.
Estas son mis órdenes.
9
Los despachó, y fueron a po-
ner la emboscada entre Betel y
Ay, al oeste de Ay. Josué pasó
aquella noche entre la tropa.
l0
Se
levantó temprano, pasó revista a
la tropa y marchó contra Ay. El
iba en cabeza, con los ancianos
de Israel. "Todos los soldados
que los acompañaban fueron
acercándose a Ay, hasta llegar
frente a ella, y acamparon al nor-
objetos ya entregados al Señor, se habla de
apedrear a uno y de quemar todos. En la
pena de lapidación interviene todo el pueblo.
La asonancia entre Acán y Acor (desgracia)
es débil y artificial; mencionan la renovación
de este valle Os 2,17 e Is 65,10.
8 Unos 20 kilómetros al noroeste de Je-
ricó, sobre la montaña central, se encuentra
la localidad llamada Et Tell; tell significa ruina
y suele designar esos montículos proceden-
tes de la sedimentación de sucesivas ciuda-
des destruidas sobre el mismo lugar. Casi to-
dos los investigadores identifican ese Et Tell
con la bíblica Ay, que también significa ruina,
y se encuentra a un par de kilómetros de Be-
tel (la árabe Beitin). El texto bíblico usa el ar-
tículo al nombrar la ciudad (ha'ay), y en el
verso 28 dice que Josué la convirtió en Tell
perpetuo.
Pero resulta que, como Jericó, Ay no es-
taba habitada en la época en que se supone
que los israelitas entraron en Palestina. Es
posible que un episodio famoso de la con-
quista, una estratagema feliz, haya recibido
al poco tiempo una localización trasladada
por la sugestión del lugar; el autor habría res-
petado la vieja narración y su localización
también antigua. Aparte la identificación ini-
cial, el texto contiene abundantes datos topo-
gráficos de detalle que no es fácil armonizar
ni comprender. Detrás y delante pueden sig-
nificar en hebreo poniente y levante.
Los movimientos estratégicos de un ejér-
cito son un tema que los narradores bíblicos
no dominan; de ordinario, cuando llegan al
desarrollo de la batalla, se contentan con la
información escueta "derrotaron". El capítulo
presente es relativamente acertado en este
punto, si le perdonamos algunas repeticiones
innecesarias y alguna insistencia inútil. Domi-
na la acción sobre las palabras (nada de in-
flujos litúrgicos).
Dos veces habla el Señor brevemente,
introduciendo dos claves teológicas; también
Josué habla poco, para dar instrucciones
precisas.
8.1 Expiado el pecado de Acán, el ejérci-
to está reconciliado con el Señor, vuelve en-
teramente la situación de la guerra santa. El
oráculo del Señor comienza con sus dos ele-
mentos tradicionales.
8.2 Esta vez, Dios cede al pueblo el botín
de guerra. (En adelante la traducción espa-
ñola evita la repetición monótona del original
de "ciudad" y "Ay", cuatro septenas la prime-
ra, y un número alfabético la segunda, un
total de cincuenta entre las dos).
8,10 En la noche de la entrada, Josué
estaba solo cuando se encontró con el ángel:
5,13-15.
8,12 JOSUÉ 434
te, dejando el valle entre ellos y
el pueblo.
,2
(Josué había tomado
unos cinco mil hombres y los
había emboscado entre Betel
l3
y
Ay, al oeste de la villa. El grue-
so del ejército acampó al norte,
la retaguardia al oeste de la villa.
Josué fue aquella noche hasta la
mitad del valle).
14
Cuando el rey de Ay lo des-
cubrió, despertó a toda prisa a la
gente y salió con su ejército a
presentar batalla a Israel, en la
bajada frente al páramo, sin saber
que detrás de Ay había una
emboscada.
l5
Josué y los israeli-
tas cedieron ante ellos y empren-
dieron la fuga camino del pára-
mo.
l6
Los de Ay salieron gritan-
do tras ellos y persiguieron a Jo-
sué, alejándose de la ciudad;
17
no
quedó uno que no saliera en per-
secución de los israelitas; por per-
seguirlos dejaron la ciudad des-
guarnecida.
I8
E1 Señor dijo a Josué:
-Extiende en dirección de Ay
la jabalina que llevas en la
mano, porque la entrego en tu
poder.
19
Josué extendió en dirección
de Ay la jabalina que llevaba en
la mano, y los de la emboscada
salieron corriendo de sus posi-
ciones, entraron en la ciudad, la
ocuparon y la incendiaron en se-
guida.
20
Los de Ay se volvieron
a mirar y vieron que subía de la
ciudad una humareda hasta el
cielo y que no tenían escapatoria
por ninguna parte, pues los que
habían huido hacia el páramo se
volvieron contra sus perseguido-
res
2l
(porque Josué y los israeli-
tas, viendo que los de la embos-
cada habían incendiado la ciu-
dad, por la humareda que subía,
se dieron la vuelta y atacaron a
los de Ay)
22
y por su parte los de
la emboscada salieron de Ay a
su encuentro, y así se vieron co-
pados entre dos ejércitos israeli-
tas. Israel los derrotó hasta no
dejarles un superviviente ni un
fugitivo.
23
A1 rey lo apresaron
vivo y se lo llevaron a Josué.
24
Cuando los israelitas acaba-
ron de matar a todos los de Ay
que habían salido a campo abier-
to en su persecución, haciéndo-
los caer a todos a filo de cuchi-
llo, hasta el último, se volvieron
contra Ay y pasaron a cuchillo a
sus habitantes.
25
Las bajas de
aquel día fueron doce mil entre
hombres y mujeres, toda gente
de Ay.
26
Josué tuvo extendido el
brazo con la jabalina hasta que
exterminaron a todos los de Ay.
27
Los israelitas se llevaron sólo
el ganado y el botín, como había
ordenado el Señor a Josué.
28
Jo-
sué incendió la ciudad, reducién-
dola a un montón de escombros,
que dura hasta hoy.
29
A1 rey de
Ay lo ahorcó de un árbol y lo dejó
allí hasta la tarde; al ponerse el
sol mandó bajar del árbol el ca-
8,18 Otra vez ha de imitar a Moisés, co-
mo en la batalla contra Amalee (Ex 17,12).
Es una señal que Josué da a sus soldados.
8,26 Se trata del exterminio sagrado, co-
mo en el caso de Jericó.
8,29 Según la ley de Dt 21,22-23. El
amontonar las piedras es una práctica que vol-
vemos a encontrar en 10,26-27 y en 2 Sm
18,17.
8,29 Dt21,22s; 2 Sm 18,17.
8,31-35 Estos cinco versos son en extre-
mo importantes, aunque no sabemos por qué
aparecen aquí, fuera de contexto. Geográfi-
camente, el campamento israelita se en-
cuentra todavía en Guilgal al comenzar el
capítulo siguiente. Y no se ha ha hablado de
una campaña o una marcha que haya abier-
to el camino desde Ay hasta Siquén (más de
20 km.) Además, por el tema y por algunos
motivos está estrechamente vinculado al
cap. 24. Tanto que algunos autores traspo-
nen estos versos al cap. 24. Pero hay que
tener en cuenta también Dt 11 y 27. Es sabi-
da la función programática del Dt para el
escritor Deuteronomista, a quien solemos
atribuir la composición final de Josué.
a) Dt 11,26-30 se encuentra al final de la
sección parenética (cap 6-11), inmediatamen-
te antes de la sección legal (12-26). Ahí lee-
mos: "Cuando el Señor tu Dios te introduzca
en la tierra donde vas para tomar posesión de
ella, darás la bendición en el monte Garizín y
la maldición en el monte Ebal. (Se encuentran
a la otra parte del Jordán... en la tierra de los
cananeos... frente a Guilgal, cerca de la enci-
na de Moré)". Habla de bendiciones y maldi-
ciones, como parte de la alianza; y señala con
cierto afán de precisión la situación geográfi-
ca, suponiendo que Moisés habla en la cam-
piña de Moab.
b) Dt27,1-8 se encuentra inmediatamen-
te detrás del cuerpo legal (12-26) y empalma
con Dt 11 a la vez que introduce el texto difu-
so de bendiciones y maldiciones (cap 27-28).
Son de notar en este capítulo: las piedras
escritas (2.3), el altar de piedras no labradas
(5), los sacrificios (6-7), una fórmula de alian-
za (9). Es decir, las bendiciones y maldicio-
nes que siguen son texto de un ritual de reno-
vación de alianza.
c) Por su parte, Dt 31,10-13 impone la
lectura pública de la ley, por la fiesta de las
435 JOSUÉ
9,1
dáver, lo tiraron junto a la puerta
de la ciudad y lo cubrieron con un
montón enorme de piedras, que se
conserva hasta hoy.
30
Entonces levantó Josué un
altar al Señor, Dios de Israel, en
el Monte Ebal,
3l
como había
mandado Moisés, siervo del Se-
ñor, a los israelitas -está escrito
en el libro de la Ley de Moisés-:
un altar de piedras enteras, no
labradas a hierro, y ofrecieron
sobre él holocaustos y sacrificios
de comunión.
32
Allí escribió Josué sobre las
piedras una copia de la Ley que
Moisés había escrito en presen-
cia de los israelitas.
33
Todo Is-
rael, los concejales, los alguaci-
les y los jueces estaban a ambos
lados del arca, frente a los sacer-
dotes portadores del arca de la
alianza del Señor; el extranjero
lo mismo que el nativo: la mitad
hacia el Monte Garizín, la otra
mitad hacia el Monte Ebal, como
había mandado Moisés, siervo
del Señor, cuando bendijo por
primera vez al pueblo israelita.
34
Josué leyó todo el texto de la
Ley, bendiciones y maldiciones,
tal como está escrito en el libro
de la Ley.
35
De cuanto prescribió
Moisés no quedó ni una palabra
que Josué no leyera ante la
asamblea de Israel, incluidos ni-
ños, mujeres y los extranjeros
que iban con ellos.
Los gabaonitas
9 'Cuando se enteraron los reyes
de Cisjordania, de la montaña, la
Sefela y toda la costa mediterrá-
nea hasta el Líbano (hititas,
Chozas, en presencia del pueblo entero sin
distinción. Con su calculado tejido narrativo,
el autor quiere decirnos que la entrada en la
tierra sucede según el programa, según las
instrucciones de Moisés.
Con todo, no apuremos la coherencia más
allá del autor o el texto. La conquista de Jericó
y Ay por una parte han permitido la penetra-
ción en el corazón de la tierra, por otra parte
no alejan la fecha del cruce del Jordán. Res-
petemos su decisión de colocar esos versos
aquí. También el éxodo comenzaba con una
pascua y culminaba con la alianza en el Sinaí.
Ebal y Garizín son un poco el Sinaí dentro de
Palestina, para usos litúrgicos.
8.30 El monte Ebal se encuentra al lado
de Siquén, y es el más alto de Palestina. Na-
da dice el libro de una conquista militar de
este importante centro urbano; históricamen-
te debió de tratarse de una incorporación
pacífica (véase Gn 34). Pero es el único caso
en que el Ebal asume esa función cúltica,
que de ordinario le está reservado al Garizín.
Quizá haya una punta polémica contra los
samaritanos.
8.31 Sobre el altar: Ex 20,25; 1 Re 18,31
(implícitamente): el contacto metal-piedra
profana. En Dt 27 se mencionan también los
holocaustos.
8.32 No se trata de las piedras del altar,
sino de estelas erigidas como réplica de las
tablas o losas en que Moisés escribió la ley,
Ex 24,4; 32,1 s; 34,1, y Dt 27,4-8.
8.33 Según Dt 10,1-5 el texto escrito de la
ley se deposita en el arca. En la presente cere-
monia el arca es el santuario portátil que cen-
tra a la comunidad, creando los dos lados,
derecha e izquierda. De aquí proviene la re-
presentación de colocar los benditos a la dere-
cha y los malditos a la izquierda (cfr. Mt 25,33).
8.34 Dt 11,26-30; 27-28; Dt 31,12.
8.35 El verso subraya la totalidad: totali-
dad del pueblo, lectura íntegra, cumplimiento
de todo. Según la ficción, Josué no añade
nada a la legislación de Moisés. Véase la
enumeración de Dt 31,12.
9 El episodio de los gabaonitas se pare-
ce, en escala amplia, al de Rajab. Está domi-
nado por la confesión de unos paganos, el
juramento de los israelitas, y termina con la
incorporación de un pueblo a la comunidad de
Israel. Si Rajab representaba la incorporación
de familias aisladas, los gabaonitas represen-
tan la incorporación de poblaciones enteras; y
así equilibran el aspecto militar de la ocupa-
ción de Palestina. Históricamente muchos in-
dicios muestran que la ocupación del territorio
cananeo fue más bien pacífica, comenzando
por zonas despobladas y disponibles y exten-
diendo y consolidando las relaciones con po-
blaciones que permanecieron en el territorio.
El libro de Josué ha querido dar relieve al as-
pecto militar, seleccionando unos cuantos
episodios y completándolos con construccio-
nes esquemáticas. Por esa tendencia "milita-
rista" del libro, es más interesante el contras-
te pacífico del presente capítulo.
Literariamente el relato extrae su sabor
de un tema muy conocido en el folclore: el
burlador burlado o burla y respuesta. El gé-
nero está irónicamente representado por La-
bán y trágicamente por Jacob. El narrador se
complace en detallar los preparativos y el
9,2 JOSUÉ 436
amorreos, cananeos, fereceos,
heveos y jebuseos)
2
se aliaron
para luchar contra Josué e Israel
bajo un mando único.
3
Los de Gabaón se enteraron de
lo que había hecho Josué con
Jericó y con Ay
4
y actuaron por
su parte astutamente; fueron y
tomaron provisiones, cargaron
los burros con alforjas viejas y
pellejos de vino viejos, rotos y re-
cosidos;
5
se pusieron sandalias
viejas y remendadas y se echaron
encima unos mantos viejos; todo
el pan que llevaban de comida era
pan duro y desmigajado.
6
Fueron al campamento de
Guilgal y dijeron a Josué y a los
israelitas:
-Venimos de un país lejano.
Haced un tratado de paz con
nosotros.
7
Los israelitas respondieron a
aquellos heveos:
-A lo mejor vivís aquí cerca.
¿Cómo vamos a hacer un tratado
de paz con vosotros?
8
Ellos contestaron a Josué:
-Somos vasallos tuyos.
El insistió:
-¿Quiénes sois y de dónde
venís?
9
Le respondieron:
-Venimos de un país muy
lejano, por la fama del Señor, tu
Dios; que bien hemos oído todo
lo que hizo en Egipto,
l0
y a los
dos reyes amorreos de Trans-
jordania: Sijón, rey de Jesbón, y
funcionamiento del engaño, sin preocuparse
demasiado por la verosimilitud.
Sobre ese tejido narrativo se sobrepone
la visión religiosa y se hace sentir la preocu-
pación programática del Deuteronomista. En
efecto (Dt 20,10.18) da instrucciones sobre el
comportamiento con poblaciones paganas.
Los gabaonitas eran heveos (v. 7): sólo
por el estatuto de ciudad remota y con pacto de
vasallaje podían salvar la vida. Lo primero lo
consiguen con engaño y astucia (v. 4), lo se-
gundo se lo aseguran con el juramento de los
nuevos señores. Los jefes israelitas obran des-
consideradamente, "sin consultar al Señor" (v.
14). Su pequeña venganza es someter a los
burladores a trabajos serviles. Así se cumple al
final lo establecido por la ley del Dt 20.
El autor último parace utilizar una vieja
tradición. El texto presenta repeticiones inne-
gables y algunas incoherencias: servirán a la
comunidad (21), al templo (23), a ambos
(27); el relato habla de Gabaón, en el v. 17 se
mencionan cuatro ciudades, ¿una confedera-
ción o tetrápolis?; actúan y deciden los ofi-
ciales (v. 14), los representantes o jefes (18.
19.21), Josué (6.8.22-26). El papel de Josué
parece añadido (se podría eliminar sin dañar
el relato). Es como si el autor final o interme-
dio hubiera introducido la figura de Josué en
una narración precedente en que no figu-
raba.
9,1-2 La noticia sirve para introducir las
futuras campañas (cap. 10-11) y mostrar el
carácter excepcional del presente episodio.
En la lista de pueblos faltan los guirgaseos.
La Sefela es la zona de colinas, intermedia
entre la montaña central y la costa. Esa alian-
za de todos es una ficción no menos que la
idea de un Israel único y total; se trata de
alianzas parciales, que se repetirán hasta el
tiempo de los Jueces.
9.3 Gabaón se encuentra a unos 12 kiló-
metros al noroeste de Jerusalén. El nombre
es uno de los derivados de gb' (que significa
altura, loma, collado). Es una localidad im-
portante todavía en tiempos de Salomón, y
estaba habitada en tiempos de la conquista,
como han probado las excavaciones; del
verso 17 se deduce que era la capital de una
tetrápolis. No dista mucho de Ay y Betel; por
eso el dato de que se enteran, aunque sea
procedimiento convencional de enlace, no di-
suena en la composición del autor tardío.
9.4 La astucia puede ser considerada
como virtud sapiencial, Prov 1,4; es clave y
como título de la narración. El autor se com-
place en los detalles minuciosos, repitiendo
cuatro veces el adjetivo "gastados" (en el
texto hebreo).
9.6 Para llegar a Guilgal, donde se supone
que Josué tiene su campamento general, bas-
tan dos jornadas cómodas bajando hacia el
valle del Jordán (unos 30 km.) Las negocia-
ciones comienzan en estilo lacónico. Al pedir
una alianza se presentan como inferiores.
9.7 El griego ha leído "hurritas" en vez de
heveos. La respuesta revela una conciencia
de dueños del país y de incompatibilidad con
otras poblaciones; es decir, refleja la legisla-
ción tardía recogida en Dt 7,1-6 y las distin-
ciones de Dt 20,9-18 entre ciudades lejanas
y próximas.
9.8 La nueva respuesta concreta los tér-
minos del pacto, un pacto de vasallaje que
pide protección a cambio del sometimiento.
9,9-11 En la respuesta no identifican su
nombre, por si acaso; lo sustituyen con una
confesión religiosa. Es del mismo género que
437 JOSUÉ 9,27
Og, rey de Basan, en Astarot.
"Nuestros ancianos y la gente
de nuestro país nos encargaron:
«Agarrad provisiones para el
viaje y marchad a su encuentro a
ofreceros como vasallos suyos».
Así pues, haced un tratado de
paz con nosotros.
l2
Mirad nues-
tro pan: caliente lo tomamos en
casa el día que emprendimos el
viaje hasta aquí, y ya lo veis, está
duro y mohoso.
l3
Estos son los
pellejos de vino: los llenamos
nuevos, y ahora están rotos. Es-
tos son nuestros mantos y las
sandalias, gastados por el largo
camino.
l4
Entonces los oficiales de Jo-
sué tomaron de las provisiones
de los viajeros, sin consultar al
Señor.
I5
Y Josué les firmó un
tratado de paz, comprometiéndo-
se a respetar sus vidas; así se lo
juraron también los representan-
tes de la asamblea.
l6
Pero tres días después de ha-
ber pactado con ellos se enteraron
de que eran vecinos, que vivían
allí cerca;
l7
porque los israelitas
levantaron el campamento y al
tercer día de marcha llegaron a
sus poblados: Gabaón, Quefira*,
Beerot* y Quiriat Yearim*.
l8
No
los atacaron, porque los represen-
tantes de la asamblea les habían
hecho un juramento por el Señor,
Dios de Israel; pero toda la asam-
blea murmuró contra sus repre-
sentantes.
l9
Entonces los jefes dieron ex-
plicaciones a la asamblea:
-Nosotros les hicimos un jura-
mento por el Señor, Dios de Is-
rael; así que ahora no podemos
atacarlos.
20
Pero vamos a hacer lo
siguiente: respetaremos sus vidas,
y así no nos vendrá un castigo por
quebrar el juramento que les hici-
mos.
2l
Que queden con vida, pero
que sean leñadores y aguadores
de toda la asamblea.
22
Se acordó lo que habían pro-
puesto los representantes. Josué
mandó llamar a los gabaonitas y
les dijo:
-¿Por qué nos engañasteis,
diciendo que erais de muy lejos,
siendo así que vivís cerca de
nosotros?
23
Pues bien, ¡malditos
seáis! Seréis a perpetuidad leña-
dores y aguadores del templo de
mi Dios.
24
Le contestaron:
-Nosotros, servidores tuyos,
estábamos informados de lo que
el Señor, tu Dios, había dicho a
su siervo Moisés: que os daría
todo el país, y a todos sus habi-
tantes los aniquilaría ante voso-
tros; entonces, temblando por
nuestra vida, discurrimos aque-
llo.
25
Ahora estamos en tus ma-
nos: haz de nosotros lo que te
parezca bien y justo.
26
Josué los trató como había
dicho: los protegió de los israeli-
tas para que no los mataran,
27
pero los hizo aquel día leñado-
res y aguadores de la asamblea y
del altar del Señor, hasta hoy,
donde el Señor quisiera.
la de Rajab (2,9-11): capaz de impresionar a
los israelitas en la ficción narrativa, y apta
para halagar a los lectores u oyentes; al
mismo tiempo expresa la conciencia de un
Israel que se sabe portador del nombre del
Señor en la historia, para sí y para otros pue-
blos. Si no se mencionan los reyes de Ay y
Jericó, es por el carácter convencional de la
confesión, en la que Egipto y los dos reyes
transjordanos son datos obligados. Los viaje-
ros se presentan como enviados y autoriza-
dos por su gobierno y su pueblo, plenipoten-
ciarios para pedir una alianza.
9.14 Parece tratarse de un comer y be-
ber en señal de alianza; pues para conven-
cerse de que el pan estaba duro, no hacía
falta probarlo, mientras que el vino no enve-
jece tan pronto en los odres. "Consultar al
Señor": la misma fórmula se lee en Is 30,2,
atacando el pacto con Egipto.
9.15 Sólo se dice lo que ofrece Josué, no
lo que exige. De ordinario se pedía presta-
ción militar y determinados tributos.
9.17 * = Leona; Pozos; Villasotos.
9.18 Se emplea el nombré sacro técnico
"asamblea".
9.19 El juramento tendrá consecuencias
graves en tiempo de David, 2 Sm 21,1-11.
9,21 Dt 29,10 registra a leñadores y
aguadores como oficios que desempeñan los
forasteros o emigrantes en Israel.
9,22-23 El discurso de Josué tiene algo
de interrogatorio judicial y sentencia; la mal-
dición corrobora el castigo. Por la referencia
al templo, algunos han querido identificar a
los gabaonitas con los "donados" (netineos)
de Esd 2,43.50; 8,20; Neh 3,26.31; pero es-
tos textos son tardíos. El texto del v. 23 es
algo inseguro. Recuérdese la maldición de
Noé a Canaán, según Gn 9,25. Los gabaoni-
tas se consideran cananeos.
9,25 Se entiende, dentro de las condicio-
nes del pacto ya jurado. Jr 26,14.
9,27 La última cláusula es típica adición
de la escuela deuteronómica, que alude a la
centralización del culto en Jerusalén.
10,1 JOSUÉ 438
La campaña del Sur
10 'Cuando Adonisedec, rey de
Jerusalén, oyó que Josué había
tomado Ay y la había arrasado
(con Ay y su rey hizo lo mismo
que con Jericó y su rey) y que los
de Gabaón habían hecho las
paces con Israel y vivían con los
israelitas,
2
se asustó enormemen-
te. Porque Gabaón era toda una
ciudad, como una de las capitales
reales, mayor que Ay, y todos sus
hombres eran valientes.
3
Entonces envió este mensaje
a Ohán, rey de Hebrón; a Piran,
rey de Yarmut; a Yafía, rey de
Laquis, y a Debir, rey de Eglón*:
4
-Venid con refuerzos para de-
rrotar a Gabaón, que ha hecho las
paces con Josué y los israelitas.
5
Entonces los cinco reyes alia-
dos -el de Jerusalén, el de He-
brón, el de Yarmut, el de Laquis
y el de Eglón- subieron con sus
ejércitos, acamparon frente a
Gabaón y la atacaron.
10 La alianza de paz suscita una coali-
ción militar, y así empalma lógicamente este
capítulo con el anterior. Por otra parte, una
coalición permite tratar simultáneamente una
materia amplia. Después de la coalición he-
vea, que hace las paces, se forma la amo-
rres, que declara la guerra.
Geográficamente tenemos una extensión
considerable de terreno, con ciudades impor-
tantes, de gran valor estratégico. Es una es-
pecie de triángulo, con la base casi horizon-
tal Eglón-Laquis-Hebrón un lado casi vertical
paralelo al Mar Muerto, Jerusalén-Hebrón, y
un lado oblicuo y algo curvo Jerusalén-
Yarmut-Eglón. En las cercanías de Yarmut
se encuentra Azeca, Maqueda y Libna, mien-
tras que Bejorón, Ayalón y Guézer se
encuentran a occidente, casi a la altura de
Gabaón y Guilgal. En línea recta el triángulo
tendría unos 30, 35 y 50 kilómetros, pene-
trando en cuña hacia la costa. Pero la geo-
grafía del capítulo presenta sus problemas:
primero, porque la lista de ciudades al final
difiere de la primera; segundo, porque Debir
es nombre de ciudad, como aparece en la
segunda lista, no es nombre de persona, co-
mo dice la primera. Algunos cambios se ex-
plicarían bien por razones estratégicas, qui-
tan rigidez al esquema y lo hacen más vero-
símil; no se explica la confusión de Debir.
Históricamente una coalición de reyes
locales contra el invasor es razonable; pero
no al comienzo de la penetración, sino cuan-
do Israel comienza a establecerse, a someter
territorios, a firmar alianzas. Algo semejante
sucederá un siglo más tarde, en tiempos de
Débora y Sisara (Jue 4-5); es menos verosí-
mil que sucediese en tiempo de Josué. La
organización del país en ciudades-reinos
corresponde a la situación de Palestina en
aquellos siglos; varias de las ciudades cita-
das han sido excavadas con resultados posi-
tivos. En resumen, una coalición militar hostil
y una victoria inesperada de Israel pudo muy
bien suceder y conservarse en la tradición
épica del pueblo; atribuírselo a Josué, poco
después de entrar en Palestina es una sim-
plificación histórica típica de nuestro libro.
Literariamente el capítulo está construido
con bastante claridad: planteamiento (1-6),
batalla (7-14), los reyes en la cueva (15-27),
campaña contra las ciudades (28-39); los
versos restantes son una recapitulación de
campañas en el sur. El estilo es diverso en
cada sección.
Teológicamente estamos ante un episo-
dio de guerra santa, con las fórmulas con-
centradas en la sección de la batalla. Josué
ya no parece tener que apoyarse en el ejem-
plo y las órdenes de Moisés, sino que actúa
por cuenta propia y gana méritos personales.
Es un jefe militar que descuella sobre los
reyes de ciudades importantes.
10.1 Jerusalén gozaba de una situación
estratégica privilegiada y pertenecía a los
jebuseos (David la conquistará). El nombre
del rey es muy semejante a Melquisedec, el
que encontró a Abrahán, según Gn 14; vuel-
ve a aparecer el nombre en Jue 1,1-8.
10.2 No se menciona un rey en Gabaón,
porque la organización de la tetrápolis era
más bien alianza de principados. Según este
verso, si los gabaonitas hicieron las paces
con Josué, fue por cálculo y prudencia, no
por cobardía. Se supone que los gabaonitas
prestarán ayuda militar a Josué; y la tetrápo-
lis está muy cerca de Jerusalén, formando un
arco; si Josué, partiendo de Guilgal, continúa
trazando un arco hacia el sur, puede consti-
tuir una seria amenaza para los jebuseos.
10.3 Este tipo de coaliciones era común,
dada la situación política de entonces; pare-
ce suponer que entre los cinco reyes ya exis-
tían relaciones de amistad, incluso algún
pacto de mutua ayuda, que el rey de Je-
rusalén -el más amenazado- puede invocar.
439 JOSUÉ
11,11
6
Los de Gabaón despacharon
emisarios a Josué, al campamen-
to de Guilgal, con este ruego:
-No dejes de la mano a tus va-
sallos. Ven en seguida a salvar-
nos. Ayúdanos, porque se han
aliado contra nosotros los reyes
amorreos de la montaña.
7
Entonces Josué subió desde
Guilgal con todo su ejército, todos
sus guerreros,
8
y el Señor le dijo:
-No les tengas miedo, que yo
te los entrego; ni uno de ellos
podrá resistirte.
9
Josué caminó toda la noche
desde Guilgal y cayó sobre ellos
de repente;
,0
el Señor los desba-
rató ante Israel, que les infligió
una gran derrota junto a Gabaón,
y los persiguió por la Cuesta de
Bejorón, destrozándolos hasta
Azeca y Maqueda. "Y cuando
iban huyendo de los israelitas
por la cuesta de Bejorón, el Se-
La coalición resulta mucho más poderosa
que el grupo heveo, pero el papel de atacan-
tes fuera de sus bases resulta más peligroso.
* = Becerril.
10,6 El mensaje supone que en la alian-
za Josué se ha comprometido a prestar ayu-
da militar. En todo caso, le conviene que sus
vasallos no sean derrotados. 1 Sm 11,3.
10.8 Es el típico oráculo de la guerra
santa: Dios ha decidido ya las suertes.
10.9 Supone una marcha de más de 30
kilómetros con una fuerte subida; partiendo al
oscurecer tendrían tiempo para algún des-
canso intermedio y para prepararse antes del
asalto decisivo, que tuvo lugar muy de maña-
na (un día muy largo).
10.10 Derrotadas en campo abierto, las
tropas aliadas huyen hacia poniente, y entre
Bejorón de Arriba y Bejorón de Abajo tratan
de abrirse camino hacia el sur por el valle de
Ayalón, hacia sus ciudades (la más difícil de
alcanzar de nuevo es Jerusalén). En este
momento se precipita la tragedia.
10.11 -14 Es necesario tratar aparte estos
versos, tristemente célebres. El nombre de
Galileo se cierne todavía sobre ellos.
El texto se compone de una cita poética
confesada y otras frases en verso o prosa
muy rítmica. Un fenómeno literario semejan-
te se encuentra en el paso del Mar Rojo (Ex
14 y 15) y en la batalla de Barac contra
Sisara (Jue 4 y 5); es probable que la versión
poética sea más antigua y que de ella depen-
da de algún modo la versión, menos fantásti-
ca, en prosa. Esta segunda no intenta renun-
ciar al elemento maravilloso que exalta la
poesía. Ni una ni otra se han de tomar como
crónica puntual de hechos.
Los motivos literarios se encuentran en
diversos textos sobre la guerra santa: una
batalla, un día memorable, una tormenta, un
fenómeno celeste. O sea, se trata de un "día
del Señor", en que él mismo interviene contra
el ejército hostil, utilizando meteoros como
armas, con acompañamiento estelar. En Ex
14 lucha el viento contra el agua; en Jue 4 se
trata de una tormenta y aguacero que impide
la maniobra de los carros, y que el poema
canta en tonos exaltados: "Desde el cielo
combatieron las estrellas"; en 1 Sm 7, Sa-
muel ora a Dios y él envía truenos que des-
baratan a los filisteos. Otros textos poéticos,
de teofanía; Hab 3 11; Is 13: oráculo contra
Babilonia. El motivo literario pasa después a
textos escatológicos, como Is 34,4; Joel 3,4;
4,15. Es decir, la unión de tormenta y fenó-
menos celestes, o el paso de una a lo otro, es
un hecho literario bien conocido.
También es sabido que los meteoros son
armas del Señor: Eclo 39,29; Job 38,22-23;
véase también el texto tardío de Sab 5,17-23.
Una tormenta en aquellos tiempos podía tener
valor psicológico o valor táctico decisivos.
Tampoco es raro que el hombre en peli-
gro pida a Dios su intervención y éste res-
ponda con la teofanía: Samuel, en el texto
citado; David, en Sal 18. Nuestro autor consi-
dera el dato excepcional.
Estos datos resumidos permiten compren-
der e interpretar el pasaje sin mayores que-
braderos de cabeza. No siempre fue así, ni
mucho menos. Ben Sira tomó el pasaje a la le-
tra en su canto a los varones ilustres de Israel.
Así han leído el texto los Padres y los
autores medievales, con mentalidad acrítica.
Lo malo fue cuando la mentalidad crítica que
se iba imponiendo tropezó con un dogmatis-
mo ignorante y simplicista. La comisión que
juzgó la obra de Galileo sentenció que su
posición era "absurda filosóficamente y for-
malmente herética porque contradice aser-
ciones expresas de la Sagrada Escritura"; a
la segunda acusación ya había respondido
Galileo, aconsejado por teólogos o amigos
más críticos. Pero no valió su esfuerzo y, lo
que un siglo antes pudo exponer Copérnico
en los jardines del Vaticano, entonces resul-
tó condenado y así siguió por mucho tiempo.
10,12 JOSUÉ 440
ñor les lanzó desde el cielo un
pedrisco fuerte y mortífero en el
camino hasta Azeca; murieron
más por la granizada que por la
espada de los israelitas.
l2
Cuando el Señor entregó los
amorreos a los israelitas, aquel
día Josué habló al Señor y gritó
en presencia de Israel:
-¡Sol, quieto en Gabaón! ¡Y
tú, luna, en el valle de Ayalón*!
I3
Y el sol quedó quieto y la
luna inmóvil, hasta que se vengó
de los pueblos enemigos.
Así consta en el libro de
Yasar*:
«El sol se detuvo
en medio del cielo
y tardó un día entero en ponerse.
l4
Ni antes ni después
ha habido
un día como aquél,
cuando el Señor obedeció
a la voz de un hombre,
porque el Señor
luchaba por Israel».
15
Josué y los israelitas se vol-
vieron al campamento de Guil-
gal.
l6
Los cinco reyes lograron
huir y se escondieron en la cueva
de Maqueda.
17
Avisaron a Josué:
-Los cinco reyes están escon-
didos en la cueva de Maqueda.
l8
Josué ordenó:
-Rodad piedras grandes a la
entrada de la cueva y apostad allí
centinelas.
19
Vosotros no dejéis
de perseguir al enemigo, atacadles
la retaguardia; no los dejéis llegar
a sus poblados, porque el Señor,
vuestro Dios, os los entrega.
20
Cuando Josué y los israelitas
los derrotaron hasta acabar con
ellos -fue una gran derrota-, los
que lograron salvarse huyendo
se refugiaron en sus plazas fuer-
tes.
2l
Todo el ejército volvió vic-
torioso al campamento de Josué,
en Maqueda. Nadie soltó la len-
gua contra los israelitas.
22
Josué ordenó:
-Destapad la entrada de la
cueva y sacadme a esos cinco
reyes.
23
Cumpliendo sus órdenes, sa-
caron de la cueva a los cinco
reyes: el de Jerusalén, el de He-
brón, el de Yarmut, el de Laquis
Bajo Benedicto XIV (1740-58) la prohibición
no se urgía, en 1822 Pío Vil permitió publicar
las tesis antes condenadas, en 1835 la edi-
ción del índice retiró las obras incriminadas.
Hoy día estos sucesos son un recuerdo dolo-
roso, difícil de comprender; han de ser tam-
bién un aviso contra los dogmatismo.
10.11 Suena un juego de palabras, habba-
rad y bahered = con granizo, con espada. La
espada es arma humana, el granizo es arma
divina, como de un hondero celeste. Funciona
además la oposición de arma de cerca, que se
empuña, y arma arrojadiza desde lejos.
10.12 * = Cervera.
10,12a La introducción pone en paralelo
un hablar a Dios, quizá por invocación o
súplica, y un pronunciar en voz alta. Sólo nos
da el texto de lo segundo, que no se dirige a
Dios, sino que interpela a los astros.
10,12b Sol y luna representan una con-
centración celeste, una alianza de poderes
estelares. En el canto de Débora (Jue 5,20),
se dice "desde el cielo combatieron las estre-
llas". Josué, jefe del ejército israelita, recaba
la alianza de los dos jefes de los escuadro-
nes celestes. Su colaboración será simple-
mente la inmovilidad, decisiva para rematar
la victoria.
10.13 Nm 21,14 cita un "libro de las bata-
llas del Señor"; 2 Sm 1,18 cita nuestro libro
sacando de él la elegía por Saúl y Jonatán; el
texto griego de 1 Re 8,53 menciona un "libro
de cantares". No sabemos si se trata de la
misma colección o de diversas; el texto he-
breo escribe la Vantes de la S, de modo que
se lee "librito del justo": el comentario se fija
sólo en el sol, quieto y sin prisa por entrar.
Recuérdese Sal 19,6-7. Ecl 1,5 dice que el
sol "jadea por llegar a su puesto". * O: en el
libro de Yaser; cfr. 1 Re 8,53.
10,14 Otro modo de expresar la guerra
santa; véanse Ex 14,14.25; Dt 1,30; 3,22; 2
Cr 20,29; Sal 35,1.
10,16-27 El autor se complace en repetir
"los cinco reyes", mencionando sus cinco ca-
pitales, para subrayar una humillación total:
huida, escondimiento, ejecución como crimi-
nales, sepultura sin honores. En contraste
resalta la victoria de Israel. Hasta se puede
escuchar cierto tono irónico en la huida de
los reyes desamparados de tropa y escolta
-como Sisara en Jue 4- , en la encerrona en
la cueva, cárcel improvisada, en la impoten-
cia de los reyes encerrados mientras fuera se
desarrolla la acción. El narrador retrasa hábil-
mente el desenlace, prolongando así el
arresto de los reyes.
10,16 No es cierta la localización de Ma-
queda; se encontraría cerca de Azeca. Las
cuevas desempeñan un papel importante en
las historias de Saúl y David.
10,21 Una expresión semejante se lee
también en Ex 11,7, referida a los israelitas
cuando iban a salir de Egipto.
441 JOSUÉ
11,1
y el de Eglón.
24
Cuando se los
presentaron, Josué convocó a to-
dos los israelitas y dijo a sus ofi-
ciales:
-Acercaos a pisarles el cuello
a esos reyes.
Ellos se acercaron y pusieron
el pie en el cuello de los reyes.
^El añadió:
-No temáis ni os acobardéis.
¡Animo, sed valientes!, que así
tratará el Señor a todos los ene-
migos con los que vais a luchar.
26
Dicho esto, los ajustició y los
colgó de cinco árboles; allí estu-
vieron colgados hasta la tarde.
27
A la puesta del sol mandó bajar-
los de los árboles y tirarlos a la
cueva donde se habían escondi-
do; después colocaron grandes
piedras a la entrada de la cueva, y
allí están todavía hoy.
28
Aquel día Josué tomó Ma-
queda. La pasó a cuchillo, consa-
grando al exterminio a su rey y a
todos sus habitantes. No quedó
un superviviente; trató al rey de
Maqueda como al de Jericó.
29
Desde Maqueda Josué y los
israelitas pasaron a Libna* y la
atacaron.
30
E1 Señor les entregó
también Libna y a su rey, y pasa-
ron a cuchillo a todos los habi-
tantes. No quedó en ella un su-
perviviente; a su rey lo trató
Josué como al de Jericó.
3l
Desde Libna Josué y los is-
raelitas pasaron a Laquis, acam-
paron frente a ella y la atacaron.
32
E1 Señor se la entregó: toma-
ron Laquis al segundo día y pa-
saron a cuchillo a todos los habi-
tantes, lo mismo que habían he-
cho en Libna.
33
Horán, rey de
Guézer, subió en auxilio de La-
quis, pero Josué lo derrotó a él y
a su ejército, sin dejarle un su-
perviviente.
34
Desde Laquis Josué y los is-
raelitas pasaron a Eglón; acam-
paron frente a ella y la atacaron.
35
La tomaron aquel mismo día y
la pasaron a cuchillo, consagran-
do al exterminio a todos sus
habitantes, lo mismo que habían
hecho con Laquis.
36
Desde Eglón pasaron a He-
brón y la atacaron.
37
La tomaron
y pasaron a cuchillo a su rey y a
toda la población. No quedó un
superviviente, lo mismo que ha-
bían hecho en Eglón; la consa-
graron al exterminio con todos
sus habitantes.
38
Después se volvieron contra
Debir y la atacaron.
39
Se apode-
raron de ella, del rey y sus pobla-
dos y los pasaron a cuchillo,
consagrando al exterminio a to-
dos sus habitantes. No quedó un
superviviente; trataron a Debir y
a su rey lo mismo que a Libna y
a su rey.
40
Así fue como conquistó Jo-
sué toda la montaña, el Negueb y
la Sefela y las estribaciones de la
sierra, con sus reyes. No quedó
un superviviente. Consagraron al
exterminio a todo ser viviente,
como había mandado el Señor,
Dios de Israel.
4l
Josué conquistó
desde Cades Barnea hasta Gaza,
y todo el país de Gosén hasta
Gabaón.
42
En una sola ofensiva
se apoderó de todos aquellos
reyes y sus tierras, porque el
Señor, Dios de Israel, combatía
por Israel.
43
Josué y los israelitas
que iban con él se volvieron des-
pués al campamento de Guilgal.
La campaña del Norte
11 'Cuando se enteró Yabín,
rey de Jasor, mandó mensajeros
a Yobab, rey de Madón, al rey de
10,24-25 Es como un rito acompañado
de su explicación. Al gesto simbólico de vic-
toria alude Sal 110,1; y en el museo de El
Cairo se puede ver un escabel con cabezas
de enemigos pintadas. Lo que Josué reco-
mienda a sus oficiales es lo que el Señor le
ha dicho a él: 1,6.7.9.
10, 26*= Dt21,22s.
10,27 Véase Dt 21,22-23. Una cueva con
la entrada a medio tapar, y unos árboles cerca,
sirve para localizar el recuerdo de la victoria.
10,29 * = Alba. Alba está cerca de Aze-
ca, a poniente.
10,28-39 Muertos los reyes, Josué se di-
rige contra sus capitales y otras vecinas. El
fragmento utiliza una lista en parte nueva:
Maqueda, Libna, Laquis, Guézer, Eglon He-
brón, Debir. Es justo que falte Jerusalen; falta
también Yarmut. La exposición utiliza ocho
fórmulas repetidas con variantes. Es curioso
que en Hebrón se encuentre el rey (ya ajusti-
ciado en Maqueda). El orden es extraño y no
justificado estratégicamente.
10,33 Guézer queda al NO de Ayalón, más
cerca de la costa; por eso se dice que sube.
10,40-42 La recapitulación repite algunas
fórmulas y ensancha considerablemente la
extensión de las conquistas. El Negueb es el
desierto meridional; en él se encuentra el oa-
sis de Cades Barnea; Gaza queda a la altura
de Laquis y Hebrón, junto a la costa, el
Gosén aquí mencionado está en la región de
Berseba. La amplificación llega al extremo.
Compárese con la noticia de 11,18.
11,1-15 Geografía. Nos encontramos en
la zona septentrional de Palestina. Si toma-
mos como orientación la línea del Jordán
desde el lago Hule hasta el sur del lago de
Genesaret, encontramos a pocos kilómetros
11,2 JOSUÉ 442
Simerón, al de Axaf
2
y a los re-
yes del norte de la montaña y del
páramo, al sur de Genesaret, de
la Sefela y del distrito de Dor,
junto al mar,
3
a los cananeos de
levante y poniente, a los amorre-
os, hititas y fereceos, a los jebu-
seos de la montaña y a los ne-
veos al pie del Hermón, en la re-
gión de Mispá*.
4
Salieron con
todos sus ejércitos, una tropa nu-
merosa como la arena de la pla-
ya, muchísimos caballos y ca-
rros.
5
Se aliaron todos aquellos
reyes, y todos juntos fueron a
acampar cerca del arroyo de Me-
rón para luchar contra Israel.
6
E1 Señor dijo a Josué:
-No les tengas miedo, que ma-
ñana, a estas horas, a todos ellos
los haré caer ante Israel; les des-
jarretarás los caballos y les que-
marás los carros.
7
Josué y sus soldados marcha-
ron contra ellos hacia el arroyo
de Merón y cayeron sobre ellos
de repente.
8
E1 Señor se los en-
tregó a Israel, que los derrotó y
persiguió hasta la capital de Si-
dón, Misrepot Maym* y la parte
oriental del valle de Mispá. Los
desbarataron hasta que no quedó
un superviviente.
9
Josué los trató como había di-
cho el Señor: les desjarretó los
caballos y les quemó los carros.
l0
Luego se volvió, se apoderó de
Jasor y ajustició a su rey (Jasor
era desde antiguo la capital de
aquellos reinos), "y pasó a cu-
chillo a todos sus habitantes,
consagrándolos al exterminio;
no quedó uno vivo. A Jasor la
incendió.
l2
Josué se apoderó de todas
aquellas poblaciones y sus reyes;
los pasó acuchillo, consagrándo-
los al exterminio, como había
ordenado Moisés, siervo del Se-
ñor.
l3
Pero no incendiaron los
israelitas las ciudades emplaza-
das sobre montículos; la única
excepción fue Jasor, incendiada
por Josué.
l4
Se llevaron todo su
botín y el ganado; sólo pasaron a
cuchillo a las personas, no dejan-
do una viva.
al suroeste de Hule la capital Jasor, un poco
más al sur y al oeste la localidad de Merón,
por donde pasa el arroyo del mismo nombre,
que desemboca en el lago Genesaret; a
media altura de este lago, a pocos kilómetros
de la orilla se encuentra Madón. En la costa
se encuentra Dor, unos 20 kilómetros al sur
del Carmelo; unos 30 kilómetros al norte está
la localidad Misrefot Mayim (Las Burgas).
Acsaf está un poco al NE de Jafa; Simerón
en la llanura de Esdrelón, no lejos de Na-
zaret. Se aprecia cierta unidad geográfica al
este, con una expansión hacia la costa.
Historia, Ya hemos visto que las coalicio-
nes son cosa verosímil. La arqueología ha con-
firmado la importancia de Jasor y su destruc-
ción en el siglo XIII. Una tradición antigua
recuerda la coalición septentrional y una derro-
ta por sorpresa. Pero es del todo inverosímil
que esto sucediera durante una primera pene-
tración de Israel, bajo el mando de Josué.
Aspecto literario. Con un par de datos de
la antigua tradición el autor posterior ha com-
puesto su capítulo: introduciendo a Josué,
ampliando la extensión, empleando fórmulas
que muestren el paralelismo con el capítulo
precedente. Así resulta una campaña sep-
tentrional haciendo juego con la meridional;
pero la del sur estaba justificada por la pene-
tración de Israel, la del norte no está justifi-
cada en su puesto actual.
11,2 La mención de un Negueb y una Se-
fela en estas latitudes suena extraña. Habría
que dar a las palabras su sentido etimológico,
páramo o desierto, y zona de colinas.
11.3 La mención aparte de los cananeos
podría indicar un predominio de población
cananea al norte; en cambio es raro encontrar
jebuseos al norte, siendo su pequeño territorio
un círculo en torno a Jerusalén. Mispa es
nombre común a varias localidades, debido a
sus condiciones geográficas. * = Atalaya.
11.4 Expresión proverbial: Gn 22,17; 32,
13; Jue7,12; 1 Sm 13,5; Is 10,22; Sal 139,18.
El elemento nuevo son los carros de comba-
te tirados por caballos; arma temida por los
israelitas. Pero a Israel no se le permite ha-
cerse con esas armas: Dt 17,16, y el salmo
20,8 dice: "Unos confían en sus carros, otros
en su caballería; nosotros invocamos el nom-
bre del Señor Dios nuestro". Una persecu-
ción hasta Sidón, arriba en el Líbano, es exa-
geración manifiesta.
11.5 Sal 83.
11.6 Dt 17,16.
11, 8* = Caldas.
11,11 Salomón la reconstruyó y la hizo
una de sus plazas fuertes, 1 Re 9,15.
11,15-23 En está recapitulación, obra del
autor posterior, hay un claro esfuerzo de ge-
neralizar, que exagera el aspecto militar. Mu-
chos indicios muestran que la ocupación de
los israelitas fue en gran parte, pacífica; es
decir, comenzó por la montaña no ocupada y
se fue extendiendo paulatinamente; pero
también es cierto que su presencia provocó
443 JOSUÉ
11,23
,5
Lo que el Señor había ordena-
do a su siervo Moisés, éste se lo
ordenó a Josué y Josué lo cum-
plió; no descuidó nada de cuanto
el Señor había ordenado a Moisés.
16
Así fue como se apoderó Jo-
sué de todo el país: de la monta-
ña, el Negueb, la región de Go-
sén, la Sefela y el páramo, la
montaña de Israel y su llanura,
l7
desde el Monte Jalac*, que su-
be hacia Seír, hasta Baalgad, en
el valle del Líbano, al pie del
Monte Hermón. Se apoderó de
todos sus reyes y los ajustició.
l8
Josué estuvo mucho tiempo
haciendo la guerra a todos aque-
llos reyes.
l9
Ninguna ciudad hi-
zo las paces con los israelitas, a
excepción de los heveos que vi-
vían en Gabaón; todas las con-
quistaron con las armas, apor-
que fue cosa de Dios endurecer
sus corazones para que opusie-
ran resistencia a Israel, con in-
tención de que Israel los exter-
minara sin piedad, aniquilándo-
los, como el Señor había ordena-
do a Moisés.
2l
Josué aniquiló a los enaqui-
tas de la montaña, Hebrón, De-
bir, Anab, los montes de Judá y
los montes de Israel. Los exter-
minó con sus poblaciones.
22
No
quedaron enaquitas en territorio
de Israel; sólo en Gaza, Gat y
Asdod quedaron algunos.
23
Josué se apoderó de todo el
país, como el Señor había dicho
a Moisés. Y se lo dio a Israel en
heredad, repartiéndolo en lotes.
El país quedó en paz.
recelos y ataques, de modo que los nuevos
colonizadores tuvieron que defenderse más
de una vez con las armas. Así, entre alguna
campaña inicial y otras provocadas por la
población local, Israel se fue imponiendo,
hasta que asimiló o eliminó a las demás po-
blaciones. Para el autor esto era designio de
Dios, y para nosotros también (en sentido
simbólico): por Israel establecido en Pales-
tina iba a caminar la historia de salvación.
De hecho, más de una población siguió
en convivencia pacífica con Israel; el autor
simplifica también este aspecto, exceptuan-
do sólo a los gabaonitas. Aquí ensaya una
explicación teológica (como otras que sumi-
nistrará a lo largo de su gran obra). Se trata
del endurecimiento o "empedernimiento". El
autor también simplifica los datos trazando el
siguiente proceso:
1. Mandato de Dios a Moisés.
2. Endurecimiento de la población.
3. Resistencia a Israel.
4. Derrota y destrucción.
Así se cierra un círculo férreo, en el que
triunfa la soberanía de Dios en la historia;
Dios es autor de todo, también del endureci-
miento humano, y lo hace con una finalidad
definida. De este modo hablan muchos tex-
tos del Antiguo Testamento; otros se fijan
más bien en la acción humana: se trata de
una negativa sucesiva del hombre a la oferta
o exigencia de Dios, que va creciendo en
proceso dialéctico, hasta que el hombre cae
víctima de su mismo endurecimiento, inca-
paz de romper su constricción. Esta segunda
visión acentúa la responsabilidad humana y
completa la primera. El endurecimiento es
progresivo y suele presuponer varios actos
que han cuajado en una actitud. Se podría
seguir preguntando: ¿por qué ha decidido
Dios su destrucción? Otros textos responde-
rán que por sus pecados y abominaciones.
En todo caso, sea el designio de Dios, sea
la capacidad humana de negarse, son dos rea-
lidades terribles, que no deberíamos domes-
ticar o reducir a dimensiones humanas razo-
nables; es decir, al alcance de nuestra razón.
11,15 Josué sigue en la dimensión de
ejecutor de órdenes, continuando la obra de
Moisés; a lo largo de la historia también Jo-
sué ha recibido órdenes concretas del Señor,
se supone que actualizando las transmitidas
por Moisés.
11,16-17 La enumeración de los territo-
rios meridionales es más explícita. La monta-
ña de Seír es el territorio de Edom, al sur del
Mar Muerto.
11,17* = Pelado.
11,18 Esta noticia contrarresta la impre-
sión dejada por 10,42.
11,20* = Ex 4,21.
11,21-22 Los enaquitas son una raza de
gigantes que asoma repetidas veces a las
páginas del Antiguo Testamento: Nm 13,22.
28 (episodio de los exploradores); Dt 1,28;
9,2. Otras tradiciones sobre su destrucción
se leen en Jos 14,12-15; 15,13, Jue 1,20.
Sólo quedan en el territorio que pronto será
filisteo.
11,23 El verso es una síntesis de lo que
sigue. La fórmula final retornará en Jue 3.
11.30; 5,31; etc.
12,1 JOSUÉ 444
12 'Reyes de TransJordania a
los que derrotaron los israelitas y
de cuyas tierras se apoderaron,
desde el río Arnón hasta el
monte Hermón, incluyendo toda
la estepa oriental:
2
Sijón, rey amorreo con resi-
dencia en Jesebón. Sus dominios
eran: desde Aroer, a orillas del
Arnón, desde el medio de la va-
guada, la mitad de Galaad hasta
el Yaboc, frontera de los amoni-
tas, % estepa, desde la parte
oriental del Mar de Galilea hasta
la parte oriental del mar del de-
sierto, el Mar Muerto, hasta el
camino de Bet Yesimot y las es-
tribaciones del Fasga, en el sur.
4
Og, rey de Basan, de los últi-
mos refaimitas, con residencia en
Astarot y Edrey.
5
Sus dominios
eran: el monte Hermón, Salea y
todo Basan hasta la frontera de
los guesureos y mácateos, ade-
más de medio Galaad, hasta la
frontera de Sijón, rey de Jesbón.
6
Moisés, siervo del Señor, y los
israelitas los derrotaron, y Moi-
sés, siervo del Señor, dio sus tie-
rras en propiedad a los de Rubén,
Gad y media tribu de Manases.
7
Reyes de Cisjordania a los
que derrotaron Josué y los israe-
litas, desde Baalgad, en el valle
del Líbano, hasta el Monte Ja-
lac*, que sube a Seír, cuyas tie-
rras dio Josué en propiedad a las
tribus de Israel, repartiéndolas
en lotes;
8
en la montaña, en la
Sefela, la estepa, en las estriba-
ciones de la sierra, el páramo y
el Negueb, donde estaban los
hititas, amorreos, cananeos, fe-
receos, heveos y jebuseos:
9
rey
de Jericó, uno; rey de Ay, junto
a Betel, uno;
I0
rey de Jerusalén,
uno; rey de Hebrón, uno; "rey
de Yarmut, uno; rey de Laquis,
uno;
l2
rey de Eglón, uno; rey de
Guézer, uno;
l3
rey de Debir,
uno; rey de Gueder*, uno;
14
rey
de Jormá*, uno; rey de Arad,
uno;
i5
rey de Libna*, uno; rey de
Adulan, uno;
l6
rey de Maqueda,
uno; rey de Betel, uno;
17
rey de
Tapuj*, uno; rey de Jéfer, uno;
l8
rey de Afee*, uno; rey de Sa-
rán, uno;
l9
rey de Madón, uno;
rey de Jasor, uno;
20
rey de Sime-
rón, uno; rey de Axaf, uno;
2l
rey
de Taanac, uno; rey de Meguido,
uno;
22
rey de Cades, uno; rey de
Yocneán del Carmelo, uno;
23
rey
de Dor, en el distrito de Dor,
uno; rey de los pueblos de Ga-
lilea, uno;
24
rey de Tirsá, uno.
Suma total: treinta y un reyes.
REPARTO DE LA TIERRA
13 'Josué era viejo, de edad
avanzada, y el Señor le dijo:
12 Este capítulo ofrece un resumen, ce-
rrando la primera parte del libro, dedicada a
la conquista. Sobre TransJordania nos ofrece
la bina tradicional, con una descripción geo-
gráfica más detallada. La parte de Cisjor-
dania nos ofrece una lista que tiene visos de
ser antigua; más amplia y completa que los
datos hasta ahora suministrados en el libro.
Entre los nuevos nombres conviene subra-
yar: El Cerco (Afee), escenario de luchas con
los filisteos; Betel, las fortalezas de Meguido
y Taanac asomadas a la llanura de Esdrelón;
Tirsá, la futura capital.
12,2 Nm 21,21-23.
12,7 * = Pelado.
12,13* = La Cerca.
12,14 * = Exterminio.
12,15* = Alba.
12,17* = El Manzano.
12,18 * = El Cerco. Este es el escenario
de luchas con los filisteos.
REPARTO DE LA TIERRA
Comienza la segunda parte del libro, que
trata del reparto de la tierra. A una primera
lectura, un catálogo de nombres geográficos,
bastante indigesto, ni siquiera agraciado con
un poco de disposición esquemática. Esta
permitiría la consulta fácil, ya que los capítu-
los difícilmente invitan a la lectura.
El que no tenga interés geográfico muy
intenso, el viajero de grupos turísticos, de Be-
dekker o Guide Bleu, prescindirá de la confu-
sa enumeración bíblica a favor de una selec-
ción moderna bien dispuesta; el que se inte-
resa por la geografía, encuentra en estos
capítulos más problemas de estudio que res-
puestas claras. ¿ Qué hacer entonces con es-
tos capítulos? Podemos intentar descubrir
primero los materiales empleados por el
autor y examinar después la intención de su
composición.
Materiales, a) Al parecer, el autor usa
una lista de fronteras y una lista de poblacio-
nes. La primera intenta definir los límites de
cada tribu; el trazado no es geométrico (co-
mo el de Ezequiel 40ss), hay repeticiones e
incoherencias. Hace pensar en una lista anti-
gua, cuando las tribus se habían consolidado
en su diversidad dentro del territorio de Pa-
lestina y todavía no eran una monarquía uni-
ficada. La lista expresa una conciencia de
unidad y totalidad, pretensión de derecho de
13,2
JOSUÉ 446
-Eres ya viejo, de edad avanza-
da, y queda aún mucha tierra por
ocupar,
2
toda la parte filistea y to-
do Guesur;
3
desde el Sijor, en tie-
rra de Egipto, hasta el término de
Ecrón, al norte, zona considerada
como cananea; más a los cinco
principados filisteos (Gaza, As-
dod, Ascalón, Gat, Ecrón) y los
heveos
4
del sur, todo el país cana-
neo, desde la Cueva de los Feni-
cios hasta Afee*, hasta la frontera
de los amorreos;
5
todo el país de
Biblos y el Líbano oriental, desde
Baalgad, al pie del Hermón, hasta
el Paso de Jamat.
6
Yo expulsaré
ante los israelitas a todos los habi-
tantes de la montaña, desde el
Líbano hasta Misrepot Maym*, y
a todos los fenicios. Tú tienes sólo
que repartir por suertes a Israel su
propiedad más que el dominio actual del terri-
torio delimitado. Simeón todavía conserva su
autonomía y Leví ya ha desaparecido como
tribu profana; el desdoblamiento de Manases
no turba el número de doce.
b) La segunda es una lista de poblacio-
nes. La lista es detallada y parece aspirar a
ser completa en las tribus del sur, es frag-
mentaria en las tribus del norte, falla en las
tribus del centro. Esto hace pensar en una
serie de listas, más o menos completas, me-
jor o peor conservadas, que el autor ha com-
puesto para formar una serie íntegra. Así se
explican algunas repeticiones e incoheren-
cias. Es posible, y aun probable, que ya en
tiempos antiguos se hayan comenzado a
compilar dichas listas y que hayan ido cre-
ciendo; por otra parte es muy fácil añadir
nombres a una lista ya existente. ¿Cuándo
terminó este proceso de crecimiento? Es de
suponer que la suerte del reino septentrional
fuese diversa de la del reino meridional; para
éste podríamos pensar en una época cerca-
na al destierro.
En esta visión estilizada confluyen mu-
chas experiencias posteriores y algo de la pre-
dicación profética. Ante todo conviene compa-
rar esta economía con la patriarcal. Abrahán,
Isaac y Jacob se mueven con inmensos reba-
ños, buscando pozos y zonas de pastos. Su
riqueza no priva a otros, sino que acrece el
valor de una tierra poco poblada. Cuando los
israelitas se asientan en Palestina, sólo un
reparto equitativo puede asegurar el bienestar
mínimo de todos. Ya no es bendición la rique-
za individual, porque la acumulación de tierras
y posesiones sólo se consigue a cuenta de los
demás, despojando o explotando. Sobre el
fondo de un reparto igualitario adquieren sen-
tido y fuerza relatos como el de Nabot (1 Re
21), el episodio de la viuda (2 Re 8,1-6), mu-
chas denuncias proféticas, como la clásica de
Is 5,8 o Miq 2,2. Este es el fondo del impor-
tante Sal 37. Se puede invertir la explicación y
decir que la triste experiencia histórica se
decanta y cristaliza en esta visión ideal pro-
yectada en el pasado.
c) Se trata de una visión teológica, algo
idealizada respecto a la realidad, pero más
profunda que la simple experiencia de cultivar
un campo. La concepción con su constelación
de términos técnicos pasa a la literatura profé-
tica, en sentido propio y figurado, a las visio-
nes escatológicas, y se conserva con gran vi-
talidad en el Nuevo Testamento. De la traduc-
ción griega de Irzg, klhros suerte, procede
nuestra palabra clero y sus derivados. Los ex-
traños capítulos del libro de Josué suministran
un fondo realista a un aspecto importante de
la teología del Nuevo Testamento.
El capítulo comienza, como es debido,
por las tribus de TransJordania, aunque ello
obligue a repetir cosas de Nm 32.
13,1 -7 Estos versos forman una introduc-
ción compuesta: por una parte van los versos
1 y 7; entre ellos hay una inserción. El marco
habla de la vejez de Josué, de la que se
sigue la urgencia de completar su misión his-
tórica repartiendo la tierra. El dato de la vejez
concuerda con la nota de 11,18, y quizá con
14,10, pues se puede suponer que Josué
fuera coetáneo de Caleb. Como el tema de la
vejez se repite en 23,1, el reparto aparece
como un bloque inserto en medio de dos noti-
cias iguales. Al introducir entre 1 y 7 los otros
versos, se subraya la urgencia de completar
el reparto de la tierra, aunque la conquista
todavía no haya terminado.
13,2-3 Ya están presentes en la costa los
grandes rivales de Israel, que serán someti-
dos en tiempo de David y se vengarán dando
su nombre al país, Palestina. Al parecer pro-
ceden de Asia Menor, a través de Chipre, y
están organizados en una pentápolis.
13,4 * = El cerco.
13,4-6 Los territorios del norte correspon-
den al imperio de David y Salomón; es decir,
se trata de reinos vasallos, no de territorio
nacional israelita.
13,6* = Caldas.
447 JOSUÉ
14,1
heredad, como te he mandado.
7
Así pues, reparte esta tierra en
heredad entre las nueves tribus y
la media tribu de Manases.
TransJordania
SLa otra media tribu de Ma-
nases, los de Rubén y los de Gad
habían recibido ya la heredad
que les había asignado en Trans-
jordania Moisés, siervo del Se-
ñor:
9
desde Aroer a la orilla del
Amón, con el pueblo que hay en
mitad de la vaguada, toda la lla-
nura de Mandaba hasta Dibón,
!0
y todas las ciudades de Sijón,
rey amorreo que reinaba en Jes-
bón, hasta la frontera de los
amonitas, "más Galaad, el terri-
torio de los guesureos y máca-
teos, todo el Hermón y todo el Ba-
san hasta Salea,
l2
y todo el reino
de Og de Basan, que reinaba en
Astarot y Edrey, y era uno de los
últimos refaimitas a los que Moi-
sés derrotó y expulsó.
l3
(En cam-
bio, los israelitas no pudieron ex-
pulsar a guesureos y mácateos,
que han seguido viviendo en
medio de Israel hasta hoy).
14
Sólo a la tribu de Leví no le
asignó Moisés una heredad; el
Señor, Dios de Israel, es su here-
dad, como les había prometido.
I5
A la tribu de Rubén le asignó
Moisés, por clanes, una heredad
cuyo territorio era:
l6
desde Aroer
a la orilla del Arnón, con el pue-
blo que hay en mitad de la vagua-
da, toda la llanura de Madabá;
l7
Jesbón y todos los pueblos de la
llanura, Dibón y alturas de Baal,
Bet Baal, Maón,
18
Yasá, Cade-
mot, Mepaat*,
l9
Quiriataym*,
Sibmá y Séret Sajar, en el monte
y en el valle,
20
Bet Fegor, las
estribaciones del Fasga y Bet
Yesimot:
2I
todos los pueblos de
la llanura y todo el reino de Sijón,
rey amorreo que reinaba en Jes-
bón, al que derrotó Moisés, con
Eví, Requen, Sur, Hur y Reba,
jefes madianitas vasallos de Sijón
que vivían en el país. AI adivino
Balaán, hijo de Beor, lo acuchi-
llaron los israelitas con los de-
más.
23
Así que el territorio de los
rubenitas fue el Jordán y su ribe-
ra. Esa fue, con sus pueblos y al-
querías, la heredad de los rubeni-
tas, repartida por clanes.
24
A la tribu de Gad (a los gadi-
tas) le asignó Moisés, por clanes,
25
una heredad cuyo territorio com-
prendía: Jezer, todos los pueblos
de Galaad, la mitad del país amo-
nita, hasta Aroer, frente a Rabat,
26
y a partir de Jesbón hasta Ramat
Hammispe* y Betonim, desde
Majnaym* hasta los términos de
Lodabar*.
27
En el valle: Bet Ha-
ram* y Bet Nimrá*, Sucot* y Sa-
fón, lo que quedaba del reino de
Sihón, rey de Jesbón. El Jordán
servía de límite hasta la orilla del
Mar de Galilea en TransJordania.
28
Esa fue, con pueblos y alquerí-
as, la heredad de los gaditas, por
clanes.
29
A la media tribu de Manases
le había asignado Moisés, por
clanes,
30
una heredad cuyo terri-
torio comprendía desde Maja-
naim, todo Basan, todo el reino
de Og, rey de Basan, todas las
villas de Yair en Basan: sesenta
poblaciones.
3l
Medio Galaad,
Astarot y Edrey, ciudades del
reino de Og de Basan, les tocaron
a los mauiritas de Manases (me-
dia tribu de Manases), por clanes.
32
Esa fue la tierra que Moisés re-
partió en herencia en las etapas de
Moab, en TransJordania, al este
de Jericó.
33
A la tribu de Leví no
le asignó heredad. El Señor, Dios
de Israel, es su heredad, como les
había prometido.
Introducción
14 'Herencia que el sacerdote
Eleazar, Josué, hijo de Nun, y los
cabezas de familias de las tribus
13,11-13 Con los guesureos hará David
una alianza matrimonial (2 Sm 3,3); a los
makateos los someterá como vasallos, 2 Sm
10,6-8.
13,14 La noticia se repite en 13,33; 14,3-
4 y 18,7. Quiere decir que los levitas han de
vivir del culto, como explica Nm 18,20-32 y Dt
10,8-9. El libro de Josué va cumpliendo lo
que manda el Dt por mano del autor final. De
esta disposición se siguen obligaciones gra-
ves para los israelitas, como indican Dt 12,
12; 14,27-29; 26,13. Con todo, hay que com-
parar esta noticia con el cap. 21 del libro.
13.18 * = Fuenteclamor.
13.19 * = Dosvillas.
13,21-22 La noticia coincide casi con Nm
31,8, que implica a Balaán con los cinco re-
yes de la confederación madianita, como ins-
tigadores del delito de Baal Fagor (Nm 31,
16). Muy diversa es la figura de Balaán en
Nm 23-24, cantor por imposición divina de
las glorias futuras de Israel.
13.26 * = Altos de Atalaya; Los Castras;
Pocacosa.
13.27 * = Casa Alta; Casapantera; Cabanas.
13,31 Sobre Maquir véase la genealogía
de Gn 50,23.
13,33 Véase el v. 14 con su nota.
14,1-5 A la pareja Moisés-Aarón sucede
la pareja Josué-Eleazar, en un intento de
asociar el sacerdocio a la ceremonia trascen-
14,2 JOSUÉ 448
de Israel departieron entre los
israelitas en el país de Canaán,
echando suertes, como había or-
denado el Señor, por medio de
Moisés, a las nueve tribus y me-
dia,
3
porque Moisés ya había
asignado heredad a dos tribus y
media en TransJordania y a los
levitas no les asignó ninguna
entre las otras tribus
4
(los descen-
dientes de José formaban dos tri-
bus: Manases y Efraín); a los le-
vitas no les asignaron un lote en
el país, sino pueblos para habitar
y ejidos para sus ganados y reba-
ños.
5
Los israelitas hicieron el re-
parto de tierra como el Señor
había mandado a Moisés.
Caleb
(Nm 14)
6
Los de Judá se acercaron a
Josué en Guilgal, y Caleb, hijo de
Jefoné, el queniceo, le dijo:
-Ya sabes el encargo que, por
orden del Señor, te dio para mí
Moisés, hombre de Dios en Cades
Barnea.
7
Cuarenta años tenía yo
cuando Moisés, siervo del Señor,
me envió desde Cades Barnea a
reconocer el país, y volví con una
información fidedigna.
8
Los com-
pañeros que habían ido conmigo
desanimaron a la gente; yo, en
cambio, seguí plenamente al Se-
ñor, mi Dios,
9
y Moisés juró
aquel día: «La tierra que han pisa-
do tus pies será tu heredad y la de
tus hijos por siempre, porque has
seguido plenamente al Señor, mi
Dios».
l0
Pues bien, el Señor me
ha conservado la vida, como pro-
metió. Cuarenta y cinco años han
pasado desde que el Señor se lo
dijo a Moisés, cuando Israel anda-
ba por el desierto; hoy cumplo
ochenta y cinco años, "y todavía
estoy tan fuerte como el día en
que me envió Moisés: me siento
ahora tan fuerte como entonces
para luchar y para emprender lo
que sea.
l2
Así, pues, dame ese
monte que prometió aquel día el
Señor; tú lo oíste: que vivían aquí
los enaquitas y qe sus ciudades
eran grandes y fortificadas. Ojalá
el Señor esté conmigo y logre ex-
pulsarlos como él prometió.
l3
Entonces Josué lo bendijo y
dio Hebrón en heredad a Caleb,
hijo de Jefoné.
l4
Por eso Hebrón
pertenece por herencia a Caleb,
hijo de Jefoné, el queniceo, hasta
el día de hoy, por haber seguido
plenamente al Señor, Dios de
Israel.
l5
Hebrón se llamaban anti-
guamente Quiriat Arbá, por el gi-
gante enaquita.
Y el país quedó en paz.
Suerte de la tribu de Judá
por clanes
15 'Quedaba hacia la frontera
de Edom, al sur del desierto de
dental del reparto de la tierra. Nm 34,17-29
suministra una lista de los cabezas de fami-
lia, en la que no falta Caleb, por la tribu de
Judá. Tres veces se hace remontar la cere-
monia a un mandato de Moisés.
El número de las tribus constituye una
preocupación. Tienen que ser doce en el re-
parto; por eso, al quedar fuera Leví, se des-
dobla José en dos, según la tradición que
recoge Gn 48.
Por su carácter introductorio, estos ver-
sos recogen tres de los términos clásicos del
reparto de la tierra: heredad, lote, suerte.
El episodio de Caleb interrumpe la serie
regular del reparto. Alude a los hechos narra-
dos en Nm 13-14, la exploración previa de la
tierra; además se presenta como cumpli-
miento de la orden de Moisés en Dt 1,36. Co-
mo otros jefes antiguos, Caleb lleva nombre
honorífico de animal: perro, animal valiente,
no domesticado. Entre los exploradores él
con Josué demostró su ánimo esforzado. Era
miembro del clan queneceo, que, según Gn
36,11.15.42, pertenecía a los edomitas des-
cendientes de Esaú; ese clan probablemente
fue asimilado más tarde por la tribu de Judá.
Le toca una localidad de gran resonancia his-
tórica: por la presencia de Abrahán (se iden-
tifica Hebrón con Mambré) y por la corona-
ción de David como rey de todo Israel. En su
discurso repite con insistencia los nombres
del Señor y de Moisés.
14,6 Dt 1,36.
14,10 Ello deja cinco años para la con-
quista de Palestina; pero tales números tie-
nen traza de ser artificiales.
14,13 Según Nm 13-14 Caleb era compa-
ñero de Josué, ahora Josué es su superior. No
está el sacerdote Eleazar para pronunciar la
bendición. Josué bendice aquí y en 22,6s.
14,15 No se ve la relación entre el nom-
bre de la ciudad y el gigante. Como 'arba sig-
nifica cuatro, el nombre de la ciudad pudo ser
Cuatro Caminos o Cuatro Vientos o Villa
Cuadrada.
La fórmula final puede indicar una pausa
en la exposición o puede referirse al territorio
de Caleb; en el segundo caso adelanta lo
que Caleb pide en el v. 12.
15 Es notable el detalle y abundancia
con que se presentan los dominios de la tribu
449 JOSUÉ
15,31
Sin*, en el extremo meridional.
2
Su límite sur partía de la punta
del Mar Muerto, desde el cabo
que mira hacia el sur;
3
salía
luego frente a Maale Acrabbim*,
pasaba por Sin, subía al sur de
Cades Barnea,
4
pasaba Jesrón,
subía a Adar, rodeaba Carca,
pasaba después por Asmón* y
venía a salir al río de Egipto,
para acabar en el mar: «Esa será
vuestra frontera meridional».
5
Su límite oriental era el Mar
Muerto, hastala desembocadura
del Jordán.
6
Su límite norte iba desde el
cabo que hay en la desemboca-
dura del Jordán, subía a Bejoglá,
pasaba por encima de Bet Haara-
bá*, subía por la Piedra de Bo-
hán, hijo de Rubén,
7
hasta Debir,
por el Valle de Acor*, dirigién-
dose luego hacia Guilgal, frente
a Maale Adummim*, que queda
al sur de la vaguada; pasaba jun-
to al arroyo de En Semes*, para
acabar en En Roguel*;
8
después
subía por el valle de Ben Hin-
nón, por la vertiente sur de los
jebuseos (o sea, Jerusalén); subía
a la cima del monte que hay so-
bre el valle Hinnón a poniente y
que llega por el norte al extremo
del valle de Refaín;
9
Iuego torcía
desde la cima del monte hacia la
fuente del arroyo Neftoj y venía
a salir a los pueblos del monte
Efrón, torcía por Baalá (o sea,
Quiriat Yearim*),
l0
rodeaba
desde Baalá por el oeste hacia
los montes de Seír, y pasando la
vertiente norte de Har Yearim*
(o sea, Quislón*), bajaba a Bet
Semes*, pasaba Timná, "salía a
Yabneel y terminaba en el mar.
I2
E1 Mar Mediterráneo era el
límite.
Esos eran los límites del terri-
torio de la tribu de Judá, por cla-
nes.
Caleb y Otoniel
(Jue 1,10-15)
l3
Josué, siguiendo la orden del
Señor, asignó a Caleb, hijo de
Jefoné, un lote en medio de Ju-
dá: Quiriat* Arbá (el padre de
Enac), o sea, Hebrón.
l4
CaIeb
expulsó de allí a los tres hijos de
Anac, descendientes de Enaq:
Sesay, Ajimán y Talmay.
15
Des-
de allí subió contra los de Debir,
llamada antiguamente Quiriat
Sefer*,
l6
y prometió:
-Al que tome al asalto Quiriat
Sefer le doy por esposa a mi hija
Axá.
l7
Otoniel, hijo de Quenaz,
pariente de Caleb, tomó la ciu-
dad, y Caleb le dio por esposa a
su hija Axá.
l8
Cuando ella llegó,
Otoniel la instigó a pedirle un
terreno a su padre; ella se bajó
del burro, y Caleb le preguntó:
-¿Qué te pasa?
l9
Contestó:
-Hazme un regalo. La tierra
que me has dado es de secano,
dame alguna alberca.
Caleb le dio la alberca de arri-
ba y la de abajo.
20
Esa fue la heredad de la tribu
de Judá, por clanes.
Poblaciones
de la tribu de Judá
2l
En la frontera del sur, junto a
Edom: Cabseel, Eder*, Yagur,
22
Quina*, Dimón, Adadá*,
23
Ca-
des, Jasor*, Yitnán,
24
Zif, Telan,
Baalot*, ^Jasor Jadatá*, Quiriat
Jesron* (o sea Jasor*),
26
Amán,
Sema, Moladá,
27
Jasar Gadda*,
Jesmón, Bet Pelet*,
28
Jasar Sual*,
el municipio de Berseba, Biziotía,
29
Baala, Iyim*, Esen*,
30
Eltolad,
Quesil, Jorma*,
3l
Sicelag, Mad-
de Judá; en ello influye la importancia capital
que dicha tribu adquirió en la historia poste-
rior, por la dinastía y por su permanencia
como reino meridional a la caída de Samaría.
15,1-12 Las fronteras de Judá son gene-
rosas especialmente a occidente; con mucho
cuidado está delimitado el territorio circun-
dante a Jerusalén, conquista de David.
15,1 * = Espino.
15.3 * = Cuesta de los Alacranes.
15.4 * = Fortaleza.
15.6 * = Casasola.
15.7 * = La Desgracia; Cuestabermeja;
Fuentelsol; Fuente del Explorador.
15.9 * = Villasotos.
15.10 * = Montesotos; Simplón; Casalsol.
15,13-20 Esta anécdota continúa y com-
pleta la noticia de 14,6-15, y se repite casi a la
letra en Jue 1,11-15. Otoniel representa otro
ramo de la tribu o clan de Quenaz, incorporado
a Judá. El método de las suertes queda sus-
pendido también en esta anécdota, con la que
se justifican derechos de propiedad locales.
15,13* = Villa.
15,15 * = Villa del Escribano.
15,21 * = Rebaño.
15,22* = El Nido; Perpetua.
15,23 Cades (qdsh) significa santo: po-
dría hacer alusión a algún santuario o lugar
sagrado primitivo. * = La Aldea.
15,24* = Dueñas.
15,25 * = Aldeanueva; El Cortijo; La Al-
dea.
15.28 * = Aldeaiazorra.
15.29 * = Las Ruinas; El Fuerte.
15.30 Eltolad podría significar el Dios de
la generación o de la fecundidad. El primer
componente es 'el = Dios. * = Exterminio.
15,32 JOSUÉ 450
maná, Sansaná*,
32
Lebaot*, Sil-
jim*, En Rimón*. Veintinueve
pueblos con sus alquerías.
33
En la Sefela: Estaol, Sorá,
Asená,
34
Zanoj, En Gannim*, Ta-
puj* y Enam*,
35
Yarmut, Adulan,
Socó* y Azecá*,
36
Saaraym*,
Adita, Aditaym, Guedera*, Ge-
derotaym*. Catorce pueblos con
sus alquerías.
37
Sanán*, Jadasá*, Migdal
Gad*,
38
Dileán, Hammispé*, Yoc-
tael,
39
Laquis, Boscat, Eglón*,
40
Cabón, Lajmás, Quitlis,
4l
Gede-
rot*, Bet-Dagón*, Naamá*, Ma-
quedá. Dieciséis pueblos con sus
alquerías.
42
Libna*, Éter, Asan*,
43
Yip-
taj*, Esná, Nasib*,
44
Queilá, Ac-
zib, Maresa. Nueve pueblos con
sus alquerías.
45
E1 municipio de
Ecrón con sus alquerías.
46
Y
desde Ecrón hasta el mar todas
las poblaciones que quedan al la-
do de Asdod, con sus alquerías.
47
E1 municipio de Asdod y sus
alquerías, el municipio de Gaza y
sus alquerías hasta el río de Egip-
to. El Mediterráneo era el límite.
48
En la montaña: Samir*, Ya-
tir*, Socó*,
49
Daná, Quiriat Sa-
na* (o sea, Debir),
50
Enab*, Este-
mó, Anim,
5l
Gosén, Jalón, Guiló.
Once pueblos con sus alquerías.
52
Arab*, Ruma*, Eseán*,
53
Ya-
nim, Bet Tapuj*, Afee*,
54
Jum-
tá*, Quiriat* Arba (o sea, He-
brón) y Sior. Nueve pueblos con
sus alquerías.
55
Maón, Carmel*, Zif, Yuta,
56
Yezrael, Yocdeán, Zanoj,
57
Caín*, Guibeá*, Timná. Diez
pueblos con sus alquerías.
58
Jaljul*, Bet Sur*, Guedor*,
59
Maarat*, Bet Anot*, Eltecón.
Seis pueblos con sus alquerías.
Tecua*, Efrata (o sea, Belén),
Fegor, Etam*, Quilón, Tatam,
Sores, Querem*, Galim*, Beter,
Manoc. Once pueblos con sus
alquerías.
60
Quiriat Baal* (o sea, Quiriat
Yearim*), Raba*. Dos pueblos
con sus alquerías.
6l
En el páramo: Bet Haarabá*,
Medín, Secacá*,
62
Nibsán, Ir
Hammélaj*, Engadí*. Seis pue-
blos con sus alquerías.
63
Pero la tribu de Judá no pudo
expulsar a los jebuseos que habi-
taban en Jerusalén; por eso han
seguido viviendo en Jerusalén,
en medio de Judá, hasta hoy.
Suerte de la tribu de José
16 'El límite iba desde el Jor-
dán, al este de Jericó, y subía
desde Jericó a la montaña de Be-
tel.
2
Saliendo de Betel (Luz*)
iba hasta la frontera de los arqui-
tas, en Atarot,
3
bajaba por el
oeste hasta la frontera de los ya-
fletitas, hasta el término de Be-
jorón de Abajo y Guézer, y ter-
minaba en el mar.
4
Esa fue la
heredad de Manases y Efraín,
hijos de José.
15,31
15,32
15,34
fuentes.
15,35
15,36
* = El Espinar; Leonas.
* = Canales; Fuengranada.
1
= Fuentejardines; El manzano; Dos-
El Seto; Cavada.
Dospuertas; La Cerca; Dostapias.
15,37 Gad es, entre otras cosas, el nom-
bre del dios de la fortuna. * = Ovejuna; La
Nueva; Torregad.
15,38* = El Otero.
15,29 * = Becerril.
15,41 * = Las Tapias; Casaltrigo; Hermosa.
15,42* = Alba; Humos.
15,43 * = Abridera; Castro.
15,45-47 Es una región que pertenecía a
los filisteos.
15.48 * = El Zarzal; Eminencia; El Seto.
15.49 * = Villa del Escribano.
15,50* = La Uva.
15.52 * = Acecho; Callada; Puntal.
15.53 * = Casalmanzano; El Cerco.
15.54 * = Lagartera; Villa.
15.55 * = La Vega.
15,57* = El Nido; La Loma.
15.58 * = Tremedal; Casarroca; Cercado.
15.59 Desde Tecua falta en el texto he-
breo. * = La Cueva; Casa Anot; Tecua; etc.
añadido del griego, falta en hebreo; Aguilar;
La Viña; Escombrera.
15.60 Señor; es decir, ba'al, nombre de
la divinidad, pero también del jefe del lugar.
* = Villaseñor; Villasotos; La Grande.
15.61 Sekaka (Vallada) es la misma for-
mación semántica que Ceuta (del latín Sep-
ta). * = Casasola; Vallada.
15.62 * = Salinas; Fuentelchivo.
15.63 El v. 8 da la misma Identificación; en
cambio 18,26 lo coloca en territorio de Ben-
jamín. Como Dt 7,1 y 20,17 ordena la expul-
sión de los jebuseos, en la lista de siete pue-
blos, la noticia de este verso, repetida en Jue
1,21, es una excepción digna de notarse. Y la
nota "hasta hoy" parece indicar que al menos
algunos siguieron viviendo sin asimilarse a los
israelitas aunque conviviendo con ellos.
16.2 * = Almendral.
16.3 Los yafletitas parecen ser una po-
blación cananea no sometida. Yanoj (como
yagur) podría ser abreviación de yanuh 'el =
Repose Dios.
JOSUÉ 17,14
^Territorio de los efraimitas
por clanes. El límite de su here-
dad iba desde Atarot Adar, al es-
te, hasta Bejorón de Arriba
6
y
terminaba en el mar; desde Mic-
metá, en el norte, daba un rodeo
hacia el este de Taanat* de Silo,
pasaba después al este de Yanoj;
T>ajaba desde allí a Atarot y Na-
ará*, llegaba a Jericó y termina-
ba en el Jordán.
8
Desde Tapuj*
iba en dirección oeste por la
vaguada de Cana* y terminaba
en el mar. Esa fue la heredad de
la tribu de Efraín por clanes,
9
además de los pueblos reserva-
dos a los efraimitas en la heredad
de Manases, pueblos con sus
alquerías.
l0
Efraín no pudo ex-
pulsar a los cananeos de Guézer;
los cananeos siguieron viviendo
en medio de Efraín, hasta hoy,
aunque sometidos a trabajos for-
zados.
Suerte de la tribu de Manases,
primogénito de José
17 'A Maquir, primogénito de
Manases, padre de Galaad, que
era hombre belicoso, le tocaron
Galaad y Basan.
2
A los otros
hijos de Manases les tocó por cla-
nes (al clan de Abiezer, de Jélec,
de Asriel, de Siquén, de Jéfer, de
Semidá, o sea, los hijos varones
de Manases, hijo de José).
3
Sal-
fajad, hijo de Jéfer, de Galaad, de
Maquir, de Manases, no tuvo
hijos varones, sino sólo hijas; se
llamaban Majlá, Noá, Joglá,
Milcá y Tirsá.
4
Estas se presenta-
ron al sacerdote Eleazar, a Josué,
hijo de Nun, y a los represen-
tantes de tribus, reclamando:
-El Señor mandó a Moisés
que nos diera una heredad entre
nuestros parientes.
Entonces les dieron, según la
orden del Señor, una heredad en-
tre los parientes de su padre.
5
Así,
le tocaron a Manases diez partes,
además de Galaad y Basan, en
TransJordania,
6
porque las hijas
de Manases recibieron una here-
dad entre sus parientes, mientras
que el país de Galaad fue para los
otros hijos de Manases.
7
E1 límite de Manases (vecino
de Aser) iba por Micmetá, frente
a Siquén, seguía por el sur de En
Tapuj*, (
8
la zona de Tapuj* per-
tenecía a Manases, pero el po-
blado, en el confín de Manases,
era de Efraín),
9
y bajaba a la va-
guada de Cana*; los pueblos al
sur de la vaguada eran los pue-
blos que tenía Efraín en medio de
Manases; Manases llegaba hasta
la parte norte de la vaguada; su
límite terminaba en el mar.
10
Li-
mitaban con el mar: al sur, Efraín,
y al norte, Manases; éste limitaba
al norte con Aser, al este con
Isacar. "Manases tenía enclaves
en Isacar y Aser: el municipio de
Beisán, el de Yiblán, los vecinos
del municipio de Dor, los del mu-
nicipio de Endor*, los del muni-
cipio de Taanac y los del munici-
pio de Meguido; tres cuartas par-
tes del distrito.
l2
Pero Manases no logró desa-
lojar aquellas ciudades, y los
cananeos pudieron seguir en
aquella región.
i:,
Cuando los is-
raelitas se hicieron fuertes, los so-
metieron a trabajos forzados,
aunque no llegaron a expulsarlos.
l4
Los hijos de José reclamaron
ante Josué:
-¿Por qué nos has dado en he-
redad sólo una suerte y una
16.6 * = Higuera.
16.7 * = Zagala.
16.8 * = El Manzano; Las Cañas.
17,3-4 El episodio recoge el final de
Números, y muestra la importancia que el
autor asigna al reparto inicial y a su continu-
lidad a través de las generaciones. El caso
de sola descendencia femenina plantea un
problema en que se definirán las prioridades.
¿Heredan en tal caso las mujeres? -Sí .
¿Pueden ellas casarse libremente? -Sí . Pero
si se casan fuera de la tribu, han de renunciar
a la herencia paterna, para que ésta perma-
nezca en la tribu. El reparto, en su calidad de
propiedad hereditaria, crea el espacio de rai-
gambre de la tribu. Diverso es el caso de Rut,
en que la propiedad arrastra consigo a la pro-
pietaria viuda y sin hijas. La falta de hijos
varones, que se suele considerar una des-
gracia, no lo es en el gran proyecto de repar-
to de la tierra. Por otra parte, hemos visto
(15,17-19) que la intervención de una mujer
deja sustancialmente mejorado a Otoniel.
17.7 * = Fuentelmanzano.
17.8 * = El Manzano.
17.9 * = Las Cañas.
17,11 * = Fuendor.
17,12-13 Se trata de plazas fuertes de
excelentes condiciones estratégicas.
17,14-18 La tribu de José, que se ha pre-
sentado dividida en Manases y Efraín en
páginas precedentes, se presenta aquí como
unidad; lo cual muestra cómo el autor final
trabaja con materiales heterogéneos. Que
sean muy numerosos responde a la realidad
histórica y es además una alusión a la etimo-
logía de Yosep = aumente, añada. Se en-
cuentran estrechados entre dos barreras: por
la parte del valle, por la barrera humana y
militar de los cananeos, con los cuales no
pueden enfrentarse en batalla; por la parte
17,15 JOSUÉ 452
parte, cuando somos tantos, gra-
cias a Dios?
l5
Josué les contestó:
-Si sois tantos, subid a los bos-
ques e id talando la zona de los
fereceos y refaimitas, si es que os
viene estrecha la sierra de Efraín.
l6
Los de José replicaron:
-No nos basta la sierra. Por
otra parte, los cananeos que vi-
ven en el valle (los del municipio
de Beisán y los del valle de Yez-
rael) tienen carros de hierro.
l7
Josué contestó a los hijos de
José, a Efraín y Manases:
l8
-Sois muchos y fuertes: no
tendréis una sola porción. Será
vuestra una montaña; es verdad
que es boscosa, pero la talaréis y
sus confines serán vuestros.
Además expulsaréis a los cana-
neos, aunque tengan carros de
hierro y sean poderosos.
18 'La asamblea israelita en
pleno se reunió en Silo e instala-
ron allí la tienda del encuentro.
El país les estaba sometido.
2
Pero quedaban siete tribus isra-
elitas que no habían recibido aún
su heredad.
3
Josué les dijo:
-¿Hasta cuándo vais a estar
con los brazos cruzados, sin ir a
tomar posesión de la tierra que
os ha dado el Señor, Dios de
vuestros padres?
4
EIegid tres
hombres de cada tribu; yo los
mandaré a recorrer el país para
que hagan un plano dividido por
heredades, y ellos me traerán el
proyecto.
5
Dividirán el país en
siete lotes. Judá seguirá en su te-
rritorio, al sur, y la casa de José
en el suyo, al norte.
6
Haced el
plano del país en siete lotes y
traedme el proyecto. Después os
lo echaré a suertes aquí, ante el
Señor, nuestro Dios.
7
(Los levi-
tas no tienen parte propia entre
vosotros; ser sacerdotes del Se-
ñor es su heredad. Por su parte,
Gad, Rubén y media tribu de
Manases ya recibieron en Trans-
jordania la heredad que les asig-
nó Moisés, siervo del Señor).
8
Cuando aquellos hombres em-
prendían el camino para hacer el
mapa del país, Josué les ordenó:
-Id a recorrer el país y trazad-
me un mapa; cuando volváis, os
lo echaré a suertes ante el Señor,
aquí en Silo.
9
Ellos marcharon y atravesa-
ron el país, registrando por escri-
to las poblaciones en siete lotes,
y se lo llevaron a Josué al cam-
pamento de Silo.
l0
Josué se lo
echó a suertes en Silo, ante el Se-
ñor; allí distribuyó la tierra entre
los israelitas, por lotes.
"Salió la suerte de Benjamín,
por clanes. El territorio que le
tocó está entre Judá y José.
l2
Su
límite norte partía del Jordán,
subía por la vertiente norte de
Jericó, luego el monte hacia el
oeste y terminaba en el páramo
de Betavén.
l3
De allí pasaba a
Luz* (es decir, Betel) por su ver-
tiente meridional, bajando des-
de la montaña, por la barrera de bosques
inhabitables e incultivables. La respuesta de
Josué desmiente el método bélico de pene-
tración y propone una conquista paciente de
la naturaleza, roturando bosques. Quizá esta
solución refleje la realidad histórica mejor
que otras versiones militares. Con todo, Jo-
sué se siente un poco profeta y promete tam-
bién que prevalecerán sobre los bien arma-
dos cananeos. El autor pudo estar pensando
en la derrota de Yabín y Sisera (Jue 4-5),
cuando la supremacía de los carros resultó
fatal.
18,1-10 Estos versos son una pausa que
divide el reparto en dos partes desiguales.
Observemos tres datos significativos. Primero,
que todo el territorio está sometido, no despo-
blado, no abandonado por los habitantes ante-
riores; el dato pertenece a la simplificación
esquemática del libro. Segundo, el campa-
mento militar se ha trasladado de Guilgal, en
el sur, al corazón del país, a Silo, unos 20 km.
al sur de Siquén, lugar del santuario del arca
hasta el tiempo de David. Tercero, se mencio-
na "la tienda del encuentro", designación típi-
ca del autor sacerdotal (P).
Ante la inacción de siete tribus, Josué ha
de tomar de nuevo la iniciativa para comple-
tar su misión. El viaje de los enviados no es
de exploración, sino de registro. El dividir las
porciones primero y echarlas a suerte des-
pués parece procedimiento imparcial; pero
sólo suponiendo que las tribus son iguales en
número. Otra consecuencia de la construc-
ción esquemática del libro.
18,1 Silo se encuentra en el corazón de
la tierra ocupada: el campamento militar de
Guilgal se ha trasladado al centro y ya tiene
carácter poco militar.
18,5 Judá y José al sur, vistos desde Si-
lo; pero en la relación mutua están bien loca-
lizados.
18.12 Betavén se convierte en nombre
despectivo para designar a Betel: de Casa de
Dios se pasa a Casa de Nulidad. Pero es
posible que en un tiempo existiese un san-
tuario llamado Casa de Potencia, escrito con
las mismas letras que Betavén.
18.13 * = Almendral.
453 JOSUÉ 19,21
pues a Atarot Adar por el monte
que hay al sur de Bejorón de
Abajo.
l4
Después torcía, dando
la vuelta por la parte oeste, hacia
el sur, desde el monte que está
frente a Bejorón, al sur, y termi-
naba en Quiriat Baal* (o sea,
Quiriat Yearim*), población que
pertenecía a Judá. Ese era el lími-
te occidental.
l5
Por el sur, desde el término de
Quiriat Yearim, iba hacia la fuen-
te del arroyo de Neftoj. ^Des-
pués, por la punta del monte que
hay frente al valle de Hinnón, al
norte del valle de Refaín*, bajaba
al valle de Hinnón por la vertien-
te sur de los jebuseos, hasta En
Roguel*;
l7
después torcía hacia el
norte, llegaba a En Semes* y a los
cerros que hay frente a Maalé
Adumim*, bajaba a la Piedra de
Bohán, hijo de Rubén,
l8
pasaba
por la vertiente norte frente a Bet
Haarabá*, bajaba hacia la estepa,
l9
pasaba por la vertiente norte de
Bet* Joglá, terminando en el cabo
del Mar Muerto, el cabo norte, en
la desembocadura del Jordán. Ese
era el límite meridional.
20
Por el este, el Jordán le ser-
vía de límite.
Esa fue la heredad de Benja-
mín, por clanes, siguiendo el tra-
zado de sus límites.
2l
PobIaciones de la tribu de
Benjamín, por clanes: Jericó, Bet
Joglá, Valle Quesís*,
22
Bet Haa-
rabá, Semaraym*, Betel,
23
Avín,
Zaca, Ofrá,
24
Villardel Amonita,
Ofní, Guibeá*. Doce pueblos
con sus alquerías.
25
Gabaón, Haramá*, Beerot*,
26
Mispá*, Quefirá*, Mosá,
27
Re-
quen, Yirfel, Tárela,
28
Sela Hae-
lep*, Jebús (o sea, Jerusalén),
Guibeá, Quiriat Yearim. Catorce
pueblos con sus alquerías.
Esa fue la heredad de Ben-
jamín, por clanes.
19 'En segundo lugar salió la
suerte de Simeón, por clanes. Su
heredad quedaba en medio de la
heredad de Judá.
2
Les tocaron como heredad:
Berseba, Sema, Molada,
3
Jasar
Suel*, Bala, Esem,
4
Eltolad, Be-
tul, Jormá*,
5
Sicelag, Bet Ham-
markabot*, Jasar Susá*,
6
Bet Le-
baot*, Sarujén. Trece pueblos con
sus alquerías.
7
En Rimón*, Éter, Asan*. Cua-
tro pueblos con sus alquerías.
8
Más todas las alquerías que
hay en torno a esos pueblos hasta
Baalat Beer* y Ramat del Negueb.
Esa fue la heredad de la tribu
de Simeón, por clanes.
9
La heredad de Simeón estaba
enclavada en el lote de Judá,
porque a Judá le había tocado
una parte demasiado grande; por
eso los de Simeón tenían su he-
redad en medio de Judá.
l0
En tercer lugar salió la suer-
te de Zabulón, por clanes. "Su
límite llegaba hasta Sarid, subía
por el oeste a Maralá*, llegaba a
Dabeset* y a la vaguada frente a
Yocneán,
l2
de Sarid volvía al es-
te, hasta el término de Quislot
Tabor, salía a Daberá y subía a
Yapía*;
l3
de allí, siguiendo ha-
cia el este, pasaba por Guitá-Je-
fer* hasta Itá Casín*, salía a Ri-
món* y torcía hacia Neá;
l4
des-
pués daba la vuelta por el norte
de Janatón, para terminar en el
valle de Yiptajel;
l5
Catat, Sime-
rón, Yidalá y Belén. Doce pue-
blos con sus alquerías.
16
Esa fue la heredad de Za-
bulón, por clanes, los pueblos
con sus alquerías.
l7
En cuarto lugar salió la suer-
te de la tribu de Isacar, por cla-
nes.
18
Su territorio comprendía:
Yezrael, Quesulot, Sunán,
l9
Ja-
faraym*, Sión, Anajara,
20
Hara-
bit*, Quisión*, Ebes,
2l
Yarmut,
18.14 * = Villaseñor; Villasotos.
18.15 Neftoj parece corrupción del nom-
bre dei faraón Memepta, ligado a una fuente
bien conocida.
18.16 Repa'im es el nombre de una po-
blación autóctona. Más tarde se convierte
para los israelitas en algo parecido a nuestro
"las ánimas". * = Fuente del Explorador.
18.17 * = Fuentelsol; Cuestabermeja.
18.18 * = Casasola.
18,19* = Casa.
18,21 * = Cortado; Lanera.
18,24* = Loma.
18,25-26 Reaparecen los nombres de la
tetrápolis hevea, protagonista del capítulo 9.
18.25 * = La Lata; Pozos.
18.26 * = Atalaya; Leona.
18,28 * = Costilla de Buey.
19.3 * = Aldealazorra.
19.4 * = Exterminio.
19.5 * = Casaloscarros; Aldealayegua.
19.6 * = Casaleonas.
19.7 Para llegar al número cuatro habría
que introducir el nombre Talca, que ofrece una
traducción griega.
19.7 * = Fuengranada; Humos.
19.8 Según la escritura hebrea r'mt, po-
dría significar búfala; según la identificación
con rmt, significa más bien alta, altura.
19,10* = Ama del Pozo.
19,11 * = La Tiembla; La Giba.
19,12* = Fulgente.
19,13 * = Lagar del Hoyo; Itá del Prínci-
pe; Granada.
19.19 * = Doshoyos.
19.20 * = La Grande; Asperón.
19,22 JOSUÉ 454
En Ganim*, En Jada*, Bet Fa-
ses*;
22
el límite llegaba al Tabor,
Sajasín y Bet Semes* y termina-
ba en el Jordán. Dieciséis pue-
blos con sus alquerías.
23
Esa fue la heredad de la tribu
de Isacar, por clanes, los pueblos
con sus alquerías.
24
En quinto lugar salió la suer-
te de la tribu de Aser, por clanes.
25
Su territorio comprendía: Jel-
cat*, Jalí, Beten, Axaf,
26
Ala-
mélec*, Amad y Misal*; el lími-
te occidental llegaba al Carmelo
y Sijor Libnat*;
27
volviendo al
este hacia Bet Dagón*, llegaba a
Zabulón y a la parte norte del
Valle de Yiptajel, a Bet Hae-
mec* y Nehiel, saliendo por el
norte a Cabul*,
28
Abdón, Re-
job*, Jamón*, Cana y Sidón
capital;
29
volvía hacia Rama y la
plaza fuerte de Tiro, volvía lue-
go por Josa y terminaba en el
mar. Majaleb, Aczib,
30
Aco,
Afee* y Rejob. Veintidós pue-
blos con sus alquerías.
3
'Esa fue la heredad de la tribu
de Aser, por clanes, los pueblos
con sus alquerías.
32
En sexto lugar salió la suerte
de la tribu de Neftalí, por clanes.
33
Su límite partía de Jélef, la
Encina de Sananín, Adama Ha-
neqeb* y Yabneel, hasta Lacún,
y terminaba en el Jordán,
34
vol-
vía luego por el este, hacia Az-
not Tabor; de allí salía hacia Ju-
coc y lindaba con Zabulón por el
sur, con Aser al oeste y con el
Jordán al este;
35
comprendía las
plazas fuertes de Sidín, Ser, Ja-
mat*, Racat, Genesaret,
36
Ada-
má*, Haramá*, Jasor,
37
Cades,
Edrey, En Jasor*,
38
Yirón, Mig-
dalel, Jorén, Bet* Anat y Bet Se-
mes*. Diecinueve pueblos con
sus alquerías.
39
Esa fue la heredad de la tribu
de Neftalí, por clanes, los pue-
blos con sus alquerías.
40
En séptimo lugar salió la
suerte de la tribu de Dan, por cla-
nes.
4I
E1 territorio de su heredad
comprendía: Sorá, Estaol, Ir Se-
mes*,
42
Salbín, Ayalón*, Yitlá,
43
Elón*, Timná, Ecrón,
44
Elte-
que, Gabatón, Baalá,
45
Yehud,
Bene Barac*, Gat Rimón*,
46
Río
Yarqón* con el término frente a
Jafa.
47
Pero a los danitas les venía
estrecho el territorio, y subieron a
atacar a Lais; la conquistaron,
pasaron a cuchillo a sus habitan-
tes, tomaron posesión y se insta-
laron en ella, y la llamaron Dan,
en recuerdo de su antepasado.
48
Esa fue la heredad de Dan,
por clanes, los pueblos con sus
alquerías.
49
Así terminaron de repartir la
tierra por demarcaciones. Des-
pués los israelitas dieron a Josué,
hijo de Nun, una heredad en me-
dio de ellos.
50
Siguiendo la or-
den del Señor, le dieron el pue-
blo que pidió: Timná Séraj, en la
sierra de Efraín. Josué lo recons-
truyó y se instaló allí.
5
'Esta fue la herencia que re-
partieron entre las tribus de Israel
el sacerdote Eleazar, Josué, hijo
de Nun, y los cabezas de familia,
echando a suertes en Silo, en pre-
sencia del Señor, a la entrada de
la tienda del encuentro. Así ter-
minaron de repartir el país.
Ciudades de refugio
(Nm35;Dt 19)
20 •El Señor dijo a Josué:
^Di a los israelitas: Determinad
19.21 * = Fuentejardines; Fuenterrábida;
Casamolida.
19.22 * = Casalsol.
19.25 * = La Finca.
19.26 El hebreo lee sihor, que significa
turbio y designa el río de Egipto, y podría
usarse como genérico de río; algunos pien-
san en dos ríos que se funden en una zona
pantanosa, serían el turbio y el claro.
* = Encina del rey; Demanda; Río Blanco.
19.27 * = Casaltrigo; Casalvalle; Tierra-
baldía.
19.28 * = Plaza; Caldas.
19,30* = El Cerco.
19,33 * = Campo Horadado.
19.35 Dudosos los nombres de Sidín y
Ser, que algunos consideran duplicado mal
escrito de Sidón y Tiro, v. 28. * = Caldas.
19.36 * = Campos; La Alta.
19.37 * = Fuentealdea.
19.38 * = Casa; Casalsol.
19.41 Quizá se veneraba antes la divini-
dad solar en Villasol. * = Villasol.
19.42 * = Cervera.
19,43* = Robledo.
19,45 Relámpagos o Hijos del Rayo. Ese
nombre lleva el jefe de la coalición israelita ani-
mada por Débora, Barac; es el mismo nombre
de Amílcar Barca (que, según algunos, da
nombre a Barcelona, Barcino). El nombre po-
dría referirse a la familia de un jefe famoso.
* = Relámpagos; Lagargranda.
19,46* = Verde.
19,47 Adelanta los acontecimientos de
Jue 17-18.
19.50 Es el lugar donde será enterrado
(Jos 24,30).
19.51 Cierra en perfecta inclusión repitien-
do casi a la letra el verso inicial (Jos 18,1).
20 El derecho de asilo es una costumbre
practicada y sancionada en muchos pueblos
. - • • ISACAR
Me mudo
G A D
M A N A S E S
Siguen
• ~- •
Guilgal
Siló
#
,., E F R A I M
Jericá
• • .. fBENfAMlN
jjerusalén
• •
Belén Qumrán
Amén
MOAB
CANAAN Y LAS DOCE
TRIBUS DE ISRAEL
Límites de las Tribus
20,3 JOSUÉ 456
las ciudades de refugio, de las que
os habló Moisés,
3
donde pueda
buscar asilo el que haya matado a
alguien sin intención, que os sir-
van de refugio contra el vengador
de la sangre.
4
Si busca asilo en una
de esas ciudades, se coloca en la
plaza junto a la puerta de la ciudad
y expone su caso a los concejales,
éstos lo admitirán en la población
y le señalarán una casa para vivir
entre ellos.
5
Si el vengador de la
sangre llega en su persecución, no
le entregarán al homicida, porque
mató involuntariamente, sin estar
enemistado con el otro.
6
Vivirá en
aquella ciudad mientras no compa-
rezca a juicio ante la asamblea,
hasta que muera el sumo sacerdote
en funciones por entonces.
Después el asesino podrá volver a
su ciudad y a su casa, a la ciudad
de la que huyó.
7
Entonces los israelitas aparta-
ron Cades de Galilea, en los
montes de Neftalí; Siquén, en la
serranía de Efraín; Villa Arbá (o
sea, Hebrón), en la serranía de
Judá.
8
En TransJordania, al este
de Jericó, sañalaron Beser Ba-
midbar*, en la llanura de la tribu
de Rubén; Ramot de Galaad, en
la tribu de Gad, y Golán de Ba-
san, en la tribu de Manases.
9
Esas fueron las ciudades de-
signadas para los israelitas y
emigrantes que vivieran entre
ellos, con el fin de que pudiera
encontrar asilo en ellas el homi-
cida involuntario, librándose de
morir a manos del vengador de
la sangre, antes de comparecer
ante la asamblea.
Ciudades Ievítícas
(Nm 35,1-8)
2 1 'Los cabezas de familia de la
tribu de Leví se acercaron al sa-
cerdote Eleazar, a Josué, hijo de
Nun, y a los cabezas de familia de
las tribus de Israel,
2
en Silo, en el
país de Canaán, y les dijeron:
-El Señor mandó, por medio
de Moisés, que se nos dieran
pueblos para vivir y ejidos para
nuestros ganados.
3
Entonces los israelitas, si-
guiendo la orden del Señor, die-
ron de sus heredades a los levitas
los siguientes pueblos con sus
ejidos.
4
Se echó a suertes para el clan
de Quehat; a los levitas descen-
dientes del sacerdote Aarón les
tocaron trece pueblos de las tri-
bus de Judá, Simeón y Ben-
jamín.
5
A los otros hijos de Que-
hat, por clanes, les tocaron en el
sorteo diez pueblos de las tribus
de Efraín, Dan y la mitad de
Manases.
6
A los hijos de Guer-
són, por clanes, les tocaron en el
sorteo diez pueblos de las tribus
de Isacar, Aser y Neftalí y de la
y en culturas diversas; de ordinario era privi-
legio de los templos. La institución de pue-
blos enteros con derecho de asilo parece
condicionada por la duración eventual de la
estancia. Tres de las ciudades mencionadas:
Cades, como su nombre indica, Siquén y
Hebrón.
La legislación se encuentra primero en
una ley breve de Ex 21,12.13: se refiere a
casos de homicidio no culpable, y no señala
lugares. Segundo, en una amplia exposición
de Nm 35,9-24, que nos informa detallada-
mente sobre la práctica. Tercero, en Dt 19,1-
13 que insiste también en la distinción homi-
cidio involuntario y culpable.
El "vengador de la sangre" es una figura
jurídica particular del "goelato" = rescate, vin-
dicación. Rescate de propiedades familiares
hereditarias, rescate de familiares esclavos,
vindicación (siendo imposible el rescate) de
un familiar matado. Es una obligación de soli-
daridad y la ejecución es acto de justicia vin-
dicativa. Vige como norma ordinaria antes
del astablecimiento de tribunales competen-
tes. Caundo se instituyen éstos, el homicida
y el vengador quedan sometidos a su juris-
dicción superior, garantía más segura de jus-
ticia (véase Sal 72); si fallan los hombres,
Dios mismo puede encargarse de hacer jus-
ticia (véase el relato de Caín en Gn 4).
La muerte del sumo sacerdote parece
señalar un plazo de prescripción. En medio
del reparto general de la tierra, este capítulo
desborda el tema y atestigua la preocupación
por la justicia en la convivencia ciudadana,
particularmente en casos en que se juega la
vida de algunos miembros.
20,8 * = Fuerte del Páramo.
21 Este capítulo se presenta como eje-
cución de la orden recogida en Nm 35,1-8.
Es cierto que la tribu de Leví no tuvo territo-
rio propio, pero por eso le asignaron los emo-
lumentos del culto. "Ser sacerdotes del Señor
es su heredad", dice 18,7. Las seis villas de
refugio del capítulo precedente resultan ser
también ciudades levíticas.
Con esta ordenación, grupos de levitas
quedaban dispersos por todo el territorio de
Israel. ¿Actuaban como centros religiosos?
Alguno los ha comparado con los monaste-
rios medievales, en su función religiosa y co-
lonizadora. Muy diversa la ordenación artifi-
cial que propone Ez 48.
457 JOSUÉ
22,1
mitad de Manases, en Basan.
7
A
los hijos de Merarí, por clanes,
les tocaron doce pueblos de las
tribus de Rubén, Gad y Zabulón.
s
Los israelitas asignaron a los
levitas por sorteo aquellos pue-
blos con sus ejidos, como había
mandado el Señor a Moisés.
9
De las tribus de Judá y Si-
meón les asignaron las poblacio-
nes que se indican a continua-
ción:
l0
a los levitas hijos de
Aarón, de los clanes de Quehat,
("porque a ellos les tocó prime-
ro la suerte), Villa Arbá (el padre
de Enac), o sea, Hebrón, en la
sierra de Judá, con sus ejidos
alrededor;
l2
sus campos y alque-
rías se los habían dado en pro-
piedad a Caleb, hijo de Jefoné.
i3
Con derecho de asilo para los
homicidas les asignaron Hebrón
y sus ejidos, Libna* y sus ejidos,
[4
Yatir y sus ejidos, Estemó y
sus ejidos,
l5
Jolón* y sus ejidos,
Debir y sus ejidos,
l6
Asén y sus
ejidos, Yuta y sus ejidos, Bet
Semes* y sus ejidos. Nueve pue-
blos de las dos tribus dichas.
l7
De la tribu de Benjamín: Ga-
baón y sus ejidos, Guibeá* y sus
ejidos,
l8
Anatot y sus ejidos, Al-
món y sus ejidos; cuatro pueblos.
l9
Suma total de las poblaciones
de los sacerdotes hijos de Aarón,
trece pueblos y sus ejidos.
^A los restantes levitas des-
cendientes de Quehat, de los cla-
nes de Quehat, les tocaron en
suerte pueblos de la tribu de
Efraín;
2l
Ies asignaron, con dere-
cho de asilo para los homicidas,
Siquén y sus ejidos, en la serranía
de Efraín, Guézer y sus ejidos,
22
Yocmán y sus ejidos, Bejorón y
sus ejidos; cuatro pueblos.
23
De la
tribu de Dan: Elteque y sus eji-
dos, Gabatón y sus ejidos,
24
Aya-
lón* y sus ejidos, Gat Rimón* y
sus ejidos; cuatro pueblos.
25
Y de
media tribu de Manases: Taanac
y sus ejidos, Rimón* y sus ejidos;
dos pueblos.
26
Suma total de las poblacio-
nes con sus ejidos para los clanes
de los restantes hijos de Quehat,
diez.
27
Para los levitas hijos de
Guersón y sus familias: de la
media tribu de Manases, con
derecho de asilo para los homici-
das, Golán de Basan y sus ejidos,
Astarot y sus ejidos; dos pue-
blos.
28
De la tribu de Isacar:
Quisión* y sus ejidos, Deberat y
sus ejidos,
29
Yarmut y sus eji-
dos, En Ganim* y sus ejidos;
cuatro pueblos.
30
De la tribu de
Asen Misal* y sus ejidos, Ab-
dón y sus ejidos,
3l
Jelcá* y sus
ejidos, Rejob* y sus ejidos; cua-
tro pueblos.
32
De la tribu de Nef-
talí, con derecho de asilo para
los homicidas: Cades de Galilea
y sus ejidos, Jamat* de Dor y sus
ejidos, Población y sus ejidos;
tres pueblos.
33
Suma total de las poblacio-
nes de los guersonitas, por cla-
nes, trece pueblos y sus ejidos.
34
Para los otros clanes levíti-
cos descendientes de Merarí: de
la tribu de Zabulón, Yocneán y
sus ejidos, Carta* y sus ejidos,
35
Dimna y sus ejidos, Nahalal* y
sus ejidos; cuatro pueblos.
36
De
la tribu de Rubén, en Trans-
jordania, con derecho de asilo
para los homicidas: Béser* y sus
ejidos, Yahas y sus ejidos,
37
Que-
demot* y sus ejidos, Mepaat* y
sus ejidos; cuatro pueblos.
38
De
la tribu de Gad, con derecho de
asilo para los homicidas: Altos
de Galaad con sus ejidos, Maj-
naym* y sus ejidos,
39
Jesbón y
sus ejidos, Yazer y sus ejidos;
cuatro pueblos.
40
Suma total de poblaciones
que tocaron por sorteo a los otros
clanes levíticos descendientes de
Merarí, por clanes, doce pueblos.
4
'Suma total de poblaciones
levíticas en medio del territorio
propiedad de los israelitas, cua-
renta y ocho pueblos con sus eji-
dos.
42
Cada uno de esos pueblos
se entiende con sus ejidos alrede-
dor; así todos los pueblos citados.
43
De esta forma, la tierra que
el Señor había prometido a sus
padres, se la entregó a Israel; los
israelitas tomaron posesión y se
instalaron en ella.
44
E1 Señor les
dio paz con todos los pueblos
vecinos, exactamente como lo
había jurado a sus padres; ni un
enemigo pudo resistirles; el Se-
ñor les entregó todos sus enemi-
gos.
45
No dejó de cumplirse una
palabra de todas las promesas
que había hecho el Señor a la
casa de Israel. Todo se cumplió.
CONCLUSIÓN
El altar de TransJordania
22 'Entonces Josué llamó a los
21, 13* = Alba.
21, 15* = Arenal.
21.16 * = Casalsol.
21.17 * = Loma.
21.24 * = Cervera; Lagargranada.
21.25 * = Granada.
21, 28* = Asperón
21,29 * = Fuentejardines
21, 30* = Demanda.
21,31 * = Finca; Plaza.
21, 32* = Caldas.
21,34* = Puebla.
21,35 * = Abrevadero.
21,36* = El Fuerte.
21.37 * = La Antigua; Fuenteclamor.
21.38 * = Los Castros.
22 El Jordán sigue siendo un problema
más teológico que geográfico en el libro. El
tema se anunció ya en el primer capítulo, rea-
22,2 JOSUÉ 458
de Rubén, a los de Gad y a los de
la media tribu de Manases,
2
y les
dijo:
-Obedecisteis las órdenes de
Moisés, siervo del Señor, y a mí
también me habéis obedecido en
lo que os he mandado;
3
no ha-
béis abandonado a vuestros her-
manos desde hace muchos años;
habéis cumplido las órdenes que
os dio el Señor, vuestro Dios.
4
Pues bien, el Señor, vuestro
Dios, ha dado ya el descanso a
vuestros hermanos, como les ha-
bía prometido. Así que vosotros
marchaos a casa, a la tierra de
vuestra propiedad, la que os dio
Moisés, siervo del Señor, en
TransJordania.
5
Cumplid a la le-
tra los mandatos y leyes que os
dio Moisés, siervo del Señor:
amar al Señor, vuestro Dios, ca-
minar por sus sendas, cumplir
sus mandamientos y adherirse a
él, sirviéndole con todo el cora-
zón y toda el alma.
6
Josué les echó la bendición y
los despidió. Ellos marcharon a
sus casas.
7
Moisés había dado tierras en
Basan a media tribu de Manases;
a la otra media tribu le dio Josué
tierras en medio de sus herma-
nos, en Cisjordania. También a
éstos los despidió echándoles es-
ta bendición:
8
-Volved a casa llenos de ri-
quezas, con rebaños abundantes,
con plata y oro, con bronce y
hierro y ropa abundante. Repar-
tid con vuestros hermanos el bo-
tín tomado al enemigo.
9
Los de Rubén, los de Gad y
los de la media tribu de Manases
dejaron a los israelitas en Silo de
Canaán y emprendieron la mar-
cha hacia el país de Galaad, la
tierra de su propiedad, que Moi-
sés les había entregado por orden
del Señor.
l0
Fueron a la zona del
Jordán, en Canaán, y levantaron
allí un altar junto al Jordán, un
altar grande, bien visible.
1
'Los israelitas se enteraron de
que los de Rubén, los de Gad y los
de la media tribu de Manases ha-
bían levantado un altar frente al
pareció lógicamente en el paso del Jordán,
retornó en el reparto de la tierra y se cierra
aquí. ¿Es el Jordán el límite teológico de la tie-
rra prometida? ¿Es la TransJordania tierra ex-
tranjera, "profana"? La referencia repetida a
Moisés da una primera respuesta: el reparto
que él hizo mantiene su valor jurídico y prue-
ba que aquéllos son territorios israelitas.
22,1 -6 Despedida y retorno. El fragmento
insiste en "lo mandado" (tres veces el verbo y
dos veces el sustantivo): en el mandato se
ponen en línea Moisés y Josué, remontándo-
se a Dios mismo; hasta ahora ha cumplido los
mandatos y deberá seguir cumpliéndolos. El
cumplimiento de esos mandatos ha sido el
mérito de las tribus transjordanas y será su
tarea: el tema se repite en forma positiva y
negativa, con diversos verbos. Josué pasa del
testimonio a la exhortación. La acumulación
de verbos expresando la fidelidad, en el v. 5,
es de estilo deuteronómico.
22,7-9 Hay una enumeración septenaria
de bienes requisados al enemigo entre los
cuales figura anacrónicamente el hierro. El
reparto del botín responde a la norma de Nm
31, suponiendo que estos hermanos son sol-
dados de intendencia; pero podría tratarse de
los soldados de otras tribus que han participa-
do en la lucha; entonces el verso insinuaría un
reparto equitativo entre los guerreros, por
encima de la suerte o habilidad de cada grupo.
22,9 La terminología está bien marcada:
país de Canaán = Cisjordania, país de Ga-
laad = TransJordania. El verso es conclusivo
en ese remontarse a Moisés y a Dios, y po-
dría ser el final de la historia.
22,10-12 El incidente del altar hace que
no sea el final. En rigor, éste es el tema del
capítulo, como lo muestra la fórmula "levan-
tar un altar", repetida siete veces.
El texto no deja claro si el altar se cons-
truye en Cisjordania o en TransJordania - en
cualquier caso, se erige junto al Jordá-. Si es
auténtica la indicación "en Canaán", según la
terminología establecida se trata de Cisjor-
dania; lo cual indicaría una cabeza de puen-
te en territorio de Benjamín, vigilando uno de
los vados del Jordán (véase Jue 12,1-6); na-
da se ha dicho de tal enclave en el reparto. Si
consideramos dicha nota como glosa inexac-
ta, el altar se encontraría en TransJordania,
bien visible, por sus proporciones, desde el
otro lado; casi un desafío para algunos que
se asoman a mirarlo.
Porque la narración presupone el princi-
pio de un único altar central, por entonces en
Silo - al no hablar de Jerusalén ni emplear la
fórmula clásica "el lugar que elija el Señor", e
texto no supone la centralización cúltica de
Josías-. Supuesto el único altar central, todc
otro altar está erigido en honor y al servicie
de otra divinidad, es, por tanto, idolatría
apostasía, constituye casus belli. Todo elle
revela la idea de un Israel unificado fuerte-
mente por el vínculo religioso: el pueblo lleva
el nombre de asamblea, comunidad (v. 12
459 JOSUÉ 22,21
país de Canaán, en la zona del Jor-
dán, al margen del territorio israe-
lita,
i2
y reunieron la asamblea en
Silo, para ir a luchar contra ellos.
l3
Les enviaron a Fineés, hijo
del sacerdote Eleazar,
l4
con diez
notables, uno por cada tribu de
Israel, cabezas de familia.
l5
Se
presentaron a los rubenitas, a los
gaditas y a la media tribu de
Manases, del país de Galaad, y
les dijeron:
l6
-Así dice la asamblea del Se-
ñor: «¿Qué pecado es ése que ha-
béis cometido contra el Dios de
Israel, apostatando hoy del Señor,
haciéndoos un altar, rebelándoos
contra el Señor?
17
¡Como si no nos
bastara el crimen de Fegor, que no
hemos logrado borrar de nosotros
hasta hoy, y eso que vino un casti-
go a la comunidad del Señor!
I8
¡Vosotros habéis apostatado hoy
del Señor! Y por rebelaros voso-
tros hoy contra el Señor, mañana
estará encolerizado contra toda la
comunidad de Israel.
l9
Si la tierra
que os ha tocado está contaminada,
pasaos a la propiedad del Señor, en
la que está su santuario, y elegid
una propiedad entre nosotros. Pero
¡no os rebeléis contra el Señor, no
nos hagáis cómplices de vuestra
rebeldía levantando un altar aparte
del altar oficial del Señor, nuestro
Dios!
20
Cuando Acán, hijo de
Zéraj, pecó con lo consagrado, él
pereció por su pecado; pero la ira
de Dios alcanzó a toda la comuni-
dad de Israel, y eso que se trataba
de uno sólo».
21
Los rubenitas, los gaditas y
la media tribu de Manases res-
pondieron a los cabezas de fami-
lia de Israel:
16.17.18.20.30), título sacro dominante en
documentos posteriores.
La guerra sería una expedición punitiva
entre hermanos, como la que narra Jue 20.
Pero antes de pelear, tienen el buen sentido
de parlamentar, lo cual permitirá al autor fa-
bricar dos discursos en que se expone la teo-
logía del problema.
22,13-15 Este sacerdote, es nieto de Aa-
rón, representa la tercera generación; el nom-
bre se perpetuará en la familia hasta tiempos
de Samuel. Dirige la embajada un sacerdote
por tratarse de un asunto cúltico. El número
diez supone que la media tribu de Manases de
Cisjordania también está representada.
22,16-20 El discurso de los delegados es
a la vez interrogatorio, acusación y exhorta-
ción, y presenta una estructura coherente. El
paralelismo estructural está subrayado por
varias repeticiones y correspondencias de
frases y palabras.
Punto teológico capital es la solidaridad o
responsabilidad colectiva: Israel es una asam-
olea unitaria, el delito de un grupo es delito de
todos, el castigo alcanza a toda la comunidad,
os dos casos citados lo prueban. El delito se
define en términos consabidos y en términos
ooco frecuentes fuera de este pasaje: el prime-
'o (m'l) es favorito de escritos emparentados
con la escuela sacerdotal, el segundo "apos-
tasia" (shub me'ahare), y el tercero "rebelión"
imrd) son característicos de este capítulo.
22,16 El título "Dios de Israel" tiene en
este pasaje particular importancia, porque
señala desde el principio la unidad religiosa
de todas las tribus y alude a la alianza. Es
¡ógico que los delegados no definan a quién
está dedicado el altar, es bastante declarar el
hecho como apostasía y rebeldía. El nombre
de Yhwh (Señor) cerrando tres de las cuatro
cláusulas subraya con su rima el sentido.
22.17 Véase la narración en Nm 25. Allí
se dice que Fineés expió por los israelitas y
que había apartado la cólera del Señor. El
término hebreo para borrar el pecado ( t\\hr)
es de estirpe cúltica: quiere decir que el deli-
to cometido en Belfegor -acoplarse sexual-
mente con la divinidad- imposibilita a toda la
comunidad para el culto al Señor.
22.18 El verso central, en sus tres cláu-
sulas, resume los elementos del discurso,
apostasia, rebelión, ira de Dios.
22.19 Sigue el lenguaje cúltico con el tér-
mino "contaminada" (tm'). La idea se puede
comprender leyendo Lv 24,30: los pueblos que
habitaban la tierra de Canaán han contamina-
do el territorio con sus abominables prácticas
sexuales, por lo cual la tierra misma los vomi-
ta. La contaminación cúltica es algo que se
agarra a la tierra como un contagio, y que no
es fácil de extirpar. Por eso es concebible que
la tierra asignada por Moisés como tierra pro-
metida, haga aparecer más tarde una contami-
nación arraigada, que incapacita para el culto
al Señor. En tal caso, mejor es abandonar esa
tierra y pasar a otra consagrada por la presen-
cia del Señor en su santuario.
22.20 El texto es dudoso, como muestran
las traducciones antiguas. Según el capítulo
7, Acán muere con su familia, pero antes
habían caído varios israelitas al asaltar Ay.
22,21-29 La respuesta rebate todos los
cargos explicando el sentido del altar. Para
más claridad lo harán en forma negativa y
22,22 JOSUÉ
460
22
-¡El Señor, Dios de los dio-
ses; el Señor, Dios de los dioses,
lo sabe bien, y que Israel lo sepa!
Si ha habido rebelión o pecado
contra el Señor, que nos castigue
hoy mismo.
23
Si hemos hecho un
altar para apostatar del Señor,
para ofrecer en él holocaustos,
presentar ofrendas y hacer sacri-
ficios de comunión, que el Señor
nos pida cuentas.
24
Pero no. Lo
hicimos con esta preocupación:
el día de mañana vuestros hijos
dirán a los nuestros: «¿Qué te-
néis que ver vosotros con el
Señor, Dios de Israel? ^El Señor
puso el Jordán como frontera
entre nosotros y vosotros, los de
Rubén y los de Gad. ¡No tenéis
parte con el Señor!». Y así vues-
tros hijos alejarán a los nuestros
del culto del Señor.
26
Entonces
nos dijimos: «Vamos a hacernos
un altar no para ofrecer holo-
caustos ni sacrificios de comu-
nión,
27
sino como testimonio en-
tre vosotros y nosotros con nues-
tros sucesores de que seguiremos
dando culto al Señor en su tem-
plo con nuestros holocaustos y
sacrificios de comunión». Que el
día de mañana no digan vuestros
hijos a los nuestros: «No tenéis
parte con el Señor».
28
Nos diji-
mos: «Si el día de mañana nos
dicen algo a nosotros y a nues-
tros sucesores, les diremos: "Fi-
jaos en la forma de ese altar del
Señor que hicieron nuestros pa-
dres: no sirve para holocaustos
ni sacrificios de comunión, sino
como testimonio entre vosotros
y nosotros"».
29
Ni pensar en re-
belarnos contra el Señor ni en
apostatar hoy del Señor levan-
tando un altar para ofrecer holo-
caustos, presentar ofrendas y
sacrificios de comunión fuera
del altar del Señor, nuestro Dios,
que está en su santuario.
30
Cuando el sacerdote Fineés,
los notables de la comunidad y
los cabezas de familia israelitas
que lo acompañaban oyeron la
explicación de los rubenitas, los
gaditas y la media tribu de Ma-
nases, les pareció bien.
3I
Y Fi-
neés, hijo del sacerdote Eleazar,
dijo a los rubenitas, a los gaditas y
a la media tribu de Manases:
-Ahora sabemos que el Señor
está entre nosotros, porque no
habéis cometido ese pecado con-
tra él. Habéis librado a los israe-
litas del castigo del Señor.
32
Luego el sacerdote Fineés,
hijo de Eleazar, y los notables
dejaron a los rubenitas, a los ga-
ditas y a la media tribu de Ma-
nases en el país de Galaad, y se
volvieron al país de Canaán, a
los israelitas, y les informaron de
lo ocurrido.
33
E1 informe con-
venció a los israelitas. Bendi-
jeron al Señor, Dios de Israel, y
no se habló más de subir contra
ellos en plan de guerra para aso-
lar la zona donde se habían ins-
talado los rubenitas y los gaditas.
34
Estos llamaron a aquel altar
«Altar del Testimonio», expli-
cando:
-Nos servirá de testimonio de
que el Señor es Dios.
Despedida de Josué
23 'Habían pasado muchos
años desde que el Señor puso fin
a las hostilidades de Israel con
positiva, repitiéndolo. Si los delegados ha-
bían repetido tantas veces el nombre del Se-
ñor, ellos los ganarán con largo margen. El
altar ha de ser signo y medio de unión, no de
separación, pues por él invocarán todas las
tribus el nombre del Señor.
La respuesta está también estructurada.
Un doble juramento la enmarca, 21-23 y 29.
E1 cuerpo está construido en un calculado
juego de previsiones condicionales del futuro,
montadas sobre la repetición siete veces del
verbo 'mr, que significa pensar y decir; se
podría esquematizar así "nos dijimos: si dicen
- les diremos - y ya no dirán; nos dijimos: si
dicen - les diremos"; en el original la serie
resulta en movimiento alterno y disposición
quiástica. Según costumbre, la pieza central
es la clave: se trata de una doble negación,
equivalente a una robusta afirmación "no di-
rán: "no tenéis parte". Realmente de eso se
trata, de tener parte con las demás tribus, de
participar con ellas en el culto común al Señor,
de superar la barrera física del Jordán y la
barrera espiritual de una excomunión.
Otro juego importante subraya el tema:
en hebreo suenan muy parecidas las dos fór-
mulas "vuestros hijos - nuestros hijos" y
"entre nosotros y vosotros" (banékem-bane-
nu, bénénu-bénekém). Esas dos fórmulas,
que llevan ya una inversión, se suceden en
rigurosa alternancia, tres veces pronuncia-
das por vosotros, tres veces por nosotros.
22,31 En su respuesta parecen recoger
toda la tensión de los versos precedentes
resolviéndola en el enunciado "el Señor entre
nosotros".
22,34 Falta el título del altar en el texto
hebreo. Según Ex 17,15 Moisés erige un
altar y lo llama "Señor, mi estandarte"; éste
podría llamarse "Señor, nuestro testigo" o
algo parecido.
23 En la composición unificada de este
cuerpo histórico el autor va poniendo en boca
461 JOSUÉ 23,13
sus enemigos fronterizos. Josué
era ya de edad avanzada,
2
y con-
vocó a todo Israel, a los ancia-
nos, cabezas de familias, jueces
y alguaciles, y les dijo:
3
-Yo ya soy viejo, de edad
avanzada. Vosotros habéis visto
cómo ha tratado el Señor, vues-
tro Dios, a todos esos pueblos
ante vosotros; el Señor, vuestro
Dios, es quien peleó contra ellos.
4
«Mirad: he sorteado como
heredad para vuestras tribus a
todos esos pueblos que quedan
(aparte de los que aniquilé), des-
de el Jordán hasta el Medi-
terráneo, en Occidente.
5
E1 Se-
ñor, vuestro Dios, os los quitará
de delante y los desposeerá para
que poseáis sus tierras, como os
prometió el Señor, vuestro Dios.
6
»Animaos mucho a poner por
obra todo lo prescrito en el libro
de la Ley de Moisés, a no des-
viaros a derecha ni a izquierda,
7
a no mezclaros con esos pue-
blos que quedan entre vosotros.
»No invoquéis a sus dioses, ni
juréis por ellos, ni les deis culto, ni
os postréis ante ellos;
8
al contrario,
seguid unidos a vuestro Dios co-
mo habéis hecho hasta hoy.
9
»Así os ha quitado de delante
pueblos grandes y fuertes, sin
que nadie os haya resistido hasta
hoy.
l0
Uno solo de vosotros
puede perseguir a mil, porque el
Señor, vuestro Dios, lucha por
vosotros, como os ha prometido.
1
'»Poned toda el alma en amar
al Señor, vuestro Dios;
l2
pero si
apostatáis y os unís a esos pue-
blos que quedan entre vosotros y
emparentáis con ellos, si os mez-
cláis con ellos y ellos con voso-
tros,
13
estad seguros de que el
Señor, vuestro Dios, no os los
volverá a quitar de delante; os
serán lazo y trampa, látigo en el
costado y espinas en los ojos,
hasta que desaparezcáis de esa
de personajes ilustres sendos discursos de
despedida antes de morir: empezó Moisés
dando ejemplo, le sigue Josué, continuará Sa-
muel. Estos discursos tienen la función de
recapitular los hechos precedentes y de abrir-
se a la visión del futuro; están escritos en un
estilo muy semejante, con variación temática.
El presente discurso recoge de la vida de
Josué dos temas: los pueblos de Canaán y la
tierra ocupada; habla de "esos pueblos, esa
tierra". El tema "esos pueblos" (hay que notar
el énfasis del demostrativo repetido) va llevan-
do el hilo del desarrollo: Dios ha eliminado a
esos pueblos - yo os los he repartido - Dios
seguirá eliminándolos - si emparentáis con
ellos - no los eliminará. El tema de la tierra
(tres veces con el adjetivo "magnífica") suena
con tono pesimista, como si la realidad del
destierro pesara sobre las palabras colocadas
en boca de Josué, justificando desde tan larga
distancia lo acaecido. El autor dice a sus con-
temporáneos: ya Josué nos avisó que la tierra
se podía perder, que había que conservarla
guardando la alianza. En la dinámica del libro,
este discurso acompaña con resonancia omi-
nosa los últimos días de Josué.
El discurso está dividido en dos partes
desiguales por la repetición enfática del yo:
vejez y muerte (v. 2 y 14). La primera parte
expone y amplifica el tema, la segunda avisa
de la validez de esas palabras.
23,3-13 Esta sección está construida en
forma de repetición paralela con una inver-
sión significativa: a) beneficios de Dios y res-
puesta del pueblo en forma negativa - en
forma positiva; b) beneficios de Dios - res-
puesta del pueblo en forma positiva - en
forma negativa. Marcan el paralelismo pala-
bras repetidas: los verbos yrsh y shmr y la
partícula ki 'im; el cambio sucede en la fun-
ción de la partícula, que la primera vez equi-
vale a "al contrario, sino...", la segunda vez
introduce una condicional "pero si...". Es
decir, la condicional introduce como hecho
futuro posible - no sólo como exhortación- la
desobediencia, y desemboca en el final trági-
co de la pérdida de la tierra. El contraste está
subrayado con la repetición del verbo dbq (=
pegarse, unirse) referido al Señor en v. 8, y a
los pueblos cananeos en v. 12.
Algunas repeticiones retóricas y una fór-
mula poética realzan el estilo del pasaje.
23,3 Haber visto es función de testigos del
Señor: es un eco inconfundible de las pala-
bras de Moisés al transmitir la oferta de alian-
za, Ex 19,3. Lo que han visto es la interven-
ción victoriosa del Señor en la guerra santa.
23.5 Esa acción tiene el carácter de cum-
plimiento de una promesa y prueba la fideli-
dad del Señor a su palabra.
23.6 Es precisamente la orden que ha re-
cibido Josué al comienzo de su tarea, 1,7.
23.7 La cuádruple prohibición es enfáti-
ca, deseando apartar toda relación con los
dioses extraños.
23,10 Véase la fórmula en Lv 26,8; Dt
32,30; Is 30,17; Sal 90,7.
23,12 Véase la prohibición de emparentar
en Dt 7,3 y el hecho narrado en Gn 34, que
emplean el mismo verbo (poco frecuente).
23,14 JOSUÉ 462
tierra magnífica que os ha dado
el Señor, vuestro Dios.
l4
»Yo emprendo hoy el viaje
de todos. Reconoced de todo co-
razón y con toda el alma que no
ha dejado de cumplirse una sola
de todas las promesas que os hizo
el Señor, vuestro Dios. Todas se
han cumplido, ni una sola ha de-
jado de cumplirse.
l5
Pues lo
mismo que han venido sobre vo-
sotros todas las bendiciones que
os anunció el Señor, vuestro
Dios, lo mismo enviará el Señor
contra vosotros todas las maldi-
ciones, hasta exterminaros de
esta tierra magnífica que os ha
dado el Señor, vuestro Dios.
l6
»Si quebrantáis el pacto que
el Señor, vuestro Dios, os dio, y
vais tras otros dioses rindiéndo-
les adoración, el Señor se enco-
lerizará contra vosotros, y seréis
expulsados inmediatamente de
la tierra magnífica que os ha
dado».
Renovación de la alianza
(Ex 19; 24; Dt 29-30)
2 4 'Josué reunió a las tribus de
Israel en Siquén. Convocó a los
ancianos de Israel, a los cabezas
23,14-16 Como lo anterior estaba monta-
do sobre la antítesis cumplimiento-incumpli-
miento, actitud fundamental del pueblo, lo que
sigue está montado sobre la antítesis bendi-
ción-maldición (palabra buena y mala), actitud
del Señor respecto a su palabra. Como fue fiel
a las promesas, lo será a las amenazas, am-
bas contenidas en la alianza, como paga a la
fidelidad o infidelidad del pueblo. La genera-
ción del destierro, que lee estas palabras
como pronunciadas por Josué, comprende
que no puede quejarse del Señor, que ha
merecido el castigo. Pero también sabe, por
otros profetas, que todavía quedan palabras
buenas, promesas del Señor.
23,15 Dt 27-28.
24 Después del discurso de Josué, últi-
ma voluntad del jefe, que emprende "el viaje
de todos", esperábamos la noticia de su
muerte y sepultura. Esta se retrasa para dar
paso a un acontecimiento capital: la renova-
ción de la alianza. Es patente la intención del
autor último de marcar al final el paralelismo
Moisés = Josué, paralelismo que asegura la
sucesión. En dos puntos se respeta el para-
lelismo: discurso de amonestación y ceremo-
nia de la alianza. En otros puntos falta la
correspondencia: Josué no compone un cán-
tico ni pronuncia bendiciones tribales, como
hizo Moisés (Dt 32 y 33). El autor no está en
vena poética y considera suficientes los orá-
culos tribales de Gn 49 y Dt 33. En compen-
sación, dedica gran atención y cuidado a
componer la escena de la renovación de la
alianza. Por ellos, este capítulo, completado
con 8,30-35, nos ofrece un modelo muy inte-
resante que hay que estudiar junto a Ex
19-20 y 24.
Josué congrega al pueblo para una
acción litúrgica en el centro de la tierra pro-
metida. En nombre de Dios, como liturgo ofi-
ciante, pronuncia el "prólogo histórico", es
decir, la serie articulada de beneficios históri-
cos que el soberano ha otorgado a su pueblo
y que van a justificar la alianza (v. 2-13). Sigue
un diálogo apretado y estilizado de Josué con
la asamblea para conseguir una aceptación
de la alianza plenamente responsable y for-
mulada con validez jurídica (14-24). Sigue el
rito de conclusión de la alianza, simplificado
(25-27). Finalmente Josué despide al pueblo
(28). No enumera explícitamente las estipula-
ciones de la alianza, que son primero el decá-
logo y después un código y también las adi-
ciones de Moab; basta con hacer referencia
global a ellas (25-29). En cuanto a las bendi-
ciones y maldiciones, están aludidas y son el
tema del fragmento complementario, anticipa-
do en 8,30-35.
El recuento de beneficios, que a primera
vista puede dar la impresión de una serie des-
ligada, está cuidadosamente construido. El es-
quema fundamental de la salvación se expresa
con la bina verbal salir-entrar o sacar-meter,
según el sujeto de la acción sea el hombre o
Dios. Este esquema binario se hace ternario
por la inserción de una etapa intermedia en el
desierto, con los verbos caminar-conducir. La
versión presente dedica bastante espacio al
sacar y al introducir y despacha en una frase
los cuarenta años del desierto: salir (5-7ab),
desierto (7c), entrada (8-13).
Novedad notable de este prólogo histórico
es remontarse a la etapa de los patriarcas. Así
presenta la-posesión como cumplimiento de la
promesa, y hace que todo arranque de una
elección personal (v. 3).
Algunas repeticiones estilísticas marcan o
matizan en contrapunto la composición. El
verbo yshb = habitar suena tres veces: en
Mesopotamia (v. 2), en el desierto, uso ano-
463 JOSUÉ 24,8
de familia, jueces y alguaciles, y
se presentaron ante el Señor.
2
Josué habló al pueblo:
-Así dice el Señor, Dios de Is-
rael: «Al otro lado del río Eufra-
tes vivieron antaño vuestros
padres, Téraj, padre de Abrahán
y de Najor, sirviendo a otros dio-
ses.
3
Tomé a Abrahán, vuestro
padre, del otro lado del río, lo
conduje por todo el país de Ca-
naán y multipliqué su descen-
dencia dándole a Isaac.
4
A Isaac
le di Jacob y Esaú. A Esaú le di
en propiedad la montaña de Seír,
mientras que Jacob y sus hijos
bajaron a Egipto.
5
»Envié a Moisés y a Aarón
para castigar a Egipto con los
portentos que hice, y después os
saqué de allí.
6
Saqué de Egipto a
vuestros padres, y llegasteis al
mar. Los egipcios persiguieron a
vuestros padres con caballería y
carros hasta el Mar Rojo;
7
pero
gritaron al Señor, y él puso una
nube oscura entre vosotros y los
egipcios; después desplomó so-
bre ellos el mar, anegándolos.
Vuestros ojos vieron lo que hice
en Egipto. Después vivisteis en
el desierto muchos años.
8
Os lle-
vé al país de los amorreos, que
vivían en TransJordania; os ata-
caron y os los entregué; os apo-
níalo (7c), en el país cananeo (13), y está evi-
tado en Egipto (4). El verbo ntn = dar, se repi-
te seis veces, tres veces en la etapa patriar-
cal, tres veces en la etapa final, de posesión
de la tierra; la simetría producirá algunas asi-
metrías significativas respecto al don; Dios
es el dador.
Los numerosos verbos en primera perso-
na enuncian el protagonismo de Dios en la his-
toria, del principio al final. Por eso disuenan los
verbos con Yhwh sujeto en tercera persona,
como si fueran cita de otra versión litúrgica no
armonizada. Es un protagonismo que no anula
la intervención de personajes y fuerzas históri-
cas: lo que sucede es que el Señor derrota a
las hostiles, somete a las rivales, utiliza otras.
Así se frustra la agresión bélica de varios pue-
blos, la persecución de los egipcios, la maldi-
ción intentada de Balaán, la barrera de las
aguas. Es un cuadro dramático este prólogo,
no una enumeración monótona. Por su parte,
algunos verbos en segunda persona dirigidos
a los israelitas, indican su participación activa
en los sucesos, niegan enfáticamente su parti-
cipación en el don final.
Hay que leer en voz alta, bien declama-
dos estos versos libres. Varios siglos de his-
toria están abarcados en una visión unitaria
de gran aliento: es la visión de una fe madu-
ra que embalsa siglos de reflexión.
24,2 Dt 26,5-9.
24,2-4. Etapa patriarcal. Comienza la his-
toria en tiempos inmemoriales en Mesopo-
tamia, donde se encontraban las raíces étni-
cas del pueblo. En la perspectiva del capítu-
lo, los antepasados servían o daban culto a
"otros dioses".
"Tomé" es verbo de elección. Todo se
concentra en un sólo hombre, introducido
con su segundo nombre, Abrahán (no Abrán,
que sería coherente con la versión del Gé-
nesis). Dios "lo hace caminar" por la tierra,
prometida y no entregada todavía. El don por
el momento no era la tierra, sino un descen-
diente legítimo, Isaac.
24.3 Gn 12.
24.4 Nuevos dones en que comienza a
bifurcarse la historia. A Isaac Dios le "da" dos
hijos, el menor antecede al mayor; a Esaú le
entrega una tierra; a Jacob nada, Esaú repo-
sa (es diversa la versión de Gn 27, 40) y se
sale de la historia dramática: no será actor ni
testigo de ella. Jacob, en vez de recibir un
don, tiene que emigrar a Egipto. En Egipto
concluye la etapa patriarcal.
24,5-7b Desaparecen los cuatrocientos
años oficiales de estancia en Egipto y se
salta a la salida o liberación. Comienza con
una "misión", con el verbo shlh, primera de
tres presencias.
La salida presenta algunas incoherencias
gramaticales en cuanto a la persona que
actúa: vosotros / vuestros padres. "Os saqué a
vosotros... saqué a vuestros padres... vosotros
llegasteis... ellos gritaron... vosotros y los egip-
cios... vuestros ojos vieron". En la incoherencia
gramatical se aprecia a primera vista cierta tor-
peza narrativa; a segunda vista se aprecia la
voluntad de unificar litúrgicamente la genera-
ción de la salida y la de la entrada.
El largo merodear como beduinos o se-
minómadas por desiertos y estepas no me-
recía la denominación "habitar". No creo que
se le haya escapado por descuido al autor.
Quizá ha querido equilibrar con un verbo
ponderoso la brevedad del espacio dedicado
a la etapa reciente del desierto.
24,6 Ex 14-15.
24,8-13 Llama la atención el espacio de-
dicado a la etapa final. Comienza con un
24,9 JOSUÉ 464
derasteis de sus territorios; y os
los quité de delante.
9
»Entonces Balac, hijo de Sipor,
rey de Moab, atacó a Israel; man-
dó llamar a Balaán, hijo de Beor,
para que os maldijera;
lo
pero yo
no quise oír a Balaán, que no tuvo
más remedio que bendeciros, y os
libré de sus manos.
1
' «Pasasteis el Jordán y llegas-
teis a Jericó. Los jefes de Jericó
os atacaron: los amorreos, fere-
ceos, cananeos, hititas, guirga-
seos, heveos y jebuseos, pero yo
os los entregué;
l2
sembré el
pánico ante vosotros, y expulsas-
teis a los dos reyes amorreos no
con tu espada ni con tu arco;
,3
y
os di una tierra por la que no
habíais sudado, ciudades que no
habíais construido y en las que
ahora vivís, viñedos y olivares
que no habíais plantado y de los
que ahora coméis».
l4
Pues bien, temed al Señor,
servidle con toda sinceridad; qui-
tad de en medio a los dioses a los
que sirvieron vuestros padres al
otro lado del río y en Egipto, y ser-
vid al Señor.
l5
Si os resulta duro
servir al Señor, elegid hoy a quién
queréis servir: a los dioses que sir-
vieron vuestros padres al otro lado
del río o a los dioses de los amo-
rreos en cuyo país habitáis, que yo
y mi casa serviremos al Señor.
resumen programático en el v. 8. La entrada
en la tierra resulta más belicosa que la salida,
a los dos lados del Jordán.
En TransJordania el episodio de Balaán
ocupa el puesto tradicional de Sijón rey amo-
rreo y Og rey de Basan. Por sus artes mági-
cas es contrapartida de los magos de Egipto.
Lógicamente, Balaán invoca a sus divinida-
des para maldecir a los intrusos; ilógicamen-
te el Señor no invocado dice "no quise escu-
charle". Porque impera otra lógica superior:
sólo el Señor controla bendiciones y maldi-
ciones y convierte a Balaán en oráculo suyo.
El paso del Jordán es simplemente men-
cionado, sin amplificación. En Cisjordania re-
comienza la guerra. La versión militar se impo-
ne: en la conquista de Jericó contra la versión
del cap. 6; en la acumulación enumerativa de
enemigos, incluso los "dos reyes amorreos",
que pertenecen a TransJordania, que son Sijón
y Og. Pero es una guerra santa, que no deci-
den las armas humanas, "espada y arco", sino
el "pánico" infundido por Dios. Pánico que ac-
túa como contrapartida de las aguas que se
desplomaron sobre los egipcios.
24,13 El don de la tierra subraya la gra-
tuidad, con expresiones semejantes a las de
Dt 6,10-11. En el momento inicial los israeli-
tas no se fatigan, no construyen ni plantan,
encuentran casa y mesa puesta. Todo es
gracia.
En la etapa próxima tendrán que añadir
su esfuerzo. El verbo yshb = habitar cierra
con pausa de reposo el gran prólogo his-
tórico.
24,14-24. En este diálogo Josué va con-
duciendo al pueblo hacia una aceptación
consciente y responsable de la alianza. La
aceptación radical y global, que es el funda-
mento de la alianza y que en el NT se llama-
rá fe, en el contexto presente se llama "servir
al Señor". Es el verbo clave del pasaje, se
repite catorce veces, dos veces siete, en
puntos estratégicos.
En su primera intervención, más amplia,
Josué repite el verbo siete veces, culminando
en la última, en la que proclama como testimo-
nio y ejemplo su adhesión al Señor. Las otras
siete veces se reparten en el resto del diálogo,
de modo que el pueblo repita tres veces su
decisión de servir al Señor. El movimiento se
puede esquematizar así: no serviremos a otro
Dios / serviremos al Señor; no podéis servir al
Señor / si servís a otros Dioses; serviremos al
Señor / elegís servir al Señor / serviremos al
Señor. También se repite catorce veces el
nombre del Señor, dominando el diálogo;
mientras que el término dios se reparte entre
las otras divinidades y el Dios de Israel.
24.14 Comienza el diálogo con una partí-
cula enfática que expresa la consecuencia de
lo dicho: pues bien, por tanto, por consi-
guiente. Y como el servicio es exclusivo, el
pueblo ha de quitar de en medio las imáge-
nes de los demás dioses: compárese cor Gn
35,2-4. Yhwh no acepta ser uno más de un
panteón, ni siquiera acepta el primer puesto
de la serie; para Israel ha de ser el único.
24.15 Si esa condición resulta demasiado
exigente, el pueblo tendrá que hacer una nue-
va elección. No se suele decir que el pueblo
escoja al Señor, sino lo contrario. (Recuérdese
lo que dice Jesús a sus discípulos en Jn 15,
16). El verbo elegir introduce aquí el tema de la
libertad. La alianza se ha de aceptar con un
acto de libertad responsable, no indiferente. La
"casa" de José puede ser la gran familia y pue-
de abarcar toda una tribu. Según Nm 13,16 y 1
Cr 7,20-27, Josué pertenece a la tribu de
Efraín y por él a la "casa de José".
465 JOSUÉ 24,22
I6
E1 pueblo respondió:
-¡Lejos de nosotros abandonar
al Señor para ir a servir a otros
dioses!
l7
Porque el Señor, nues-
tro Dios, es quien nos sacó a
nosotros y a nuestros padres de
la esclavitud de Egipto, quien hi-
zo ante nuestros ojos aquellos
grandes prodigios, nos guardó en
todo nuestro peregrinar y entre
todos los pueblos que atravesa-
mos.
I8
E1 Señor expulsó ante no-
sotros a los pueblos amorreos
que habitaban el país. También
nosotros serviremos al Señor: ¡es
nuestro Dios!
l9
Josué dijo al pueblo:
-No podréis servir al Señor,
porque es un Dios santo, un Dios
celoso. No perdonará vuestros
delitos ni vuestros pecados.
20
Si
abandonáis al Señor y servís a
dioses extranjeros, se volverá
contra vosotros, y después de ha-
beros tratado bien, os maltratará
y os aniquilará.
2,
E1 pueblo respondió:
-¡No! Serviremos al Señor.
22
Josué insistió:
-Sois testigos contra vosotros
mismos de que habéis elegido
servir al Señor.
Respondieron:
24,16 La respuesta del pueblo es univo-
ca. "Lejos de nosotros" equivale a tachar de
blasfemia la propuesta, de apostasía, el no
servir. "Abandonar" es lo contrario de servir;
pero abandonar implica una situación prece-
dente de aceptación. No están ante una elec-
ción inicial, sino ante una renovación al co-
mienzo de la nueva etapa. Podrían dar mar-
cha atrás, podrían desprenderse del dios de
Egipto y el desierto. Pero de ningún modo
sería elección neutral, indiferente; sería acto
formal de apostasía. La propuesta de Josué
es retórica, es aclaratoria y urgente. Moisés
proponía al pueblo elegir entre "el bien y el
mal, la bendición y la maldición, la muerte y
la vida" (Dt 30,15.19). De modo semejante
Josué propone al pueblo elegir entre el Señor
y los otros dioses.
24,17-18 "Nuestro Dios" equivale a profe-
sión de fe en el Dios de la alianza. El pueblo
hace suyo el prólogo histórico resumiendo en
tres tiempos la historia de la liberación: salida
de Egipto como liberación de la esclavitud;
camino por el desierto, que no es "habitar",
sino "caminar" (como corrigiendo a Josué);
entrada en Canaán.
24,19-20 Josué parece complacerse en
poner dificultades al propósito del pueblo. Pri-
mero describe a un Dios trascendente y exi-
gente, el Dios "celoso" que no admite rivales:
Ex 20,1 34,14; Dt 4,24; 5,5; 6,15. Después
alude a las bendiciones y maldiciones de la
alianza: quien elige a ese Dios y acepta su
alianza, acepta en raíz las consecuencias de
su respuesta. El tema del bien y del mal se
plantea aquí radicalmente, como en Dt 30.
24.21 La respuesta del pueblo es más
enérgica porque la conciencia de la respon-
sabilidad es más clara.
24.22 Josué insiste pidiendo una especie
de juramento, un testimonio solemne. En alian-
zas internacionales se invocan como testigos
los dioses de ambas partes; aquí el mismo
pueblo dará testimonio por sí en virtud de su
aceptación solemne y pública. En la alianza de
Moab Moisés invoca como testigos "cielo y tie-
rra" y deja como testigo el "código de la ley".
(Dt 31,28-29). Aquí es testigo el pueblo y lo
será la piedra o estela erigida (v. 27).
El rito. No se describe con detalle el rito,
que solía incluir un sacrificio: véase Ex 24,1 -
10. El texto de la alianza se escribe para su
validez y se depone en el santuario para su
conservación. La expresión "libro de la ley"
= seper tórá se encuentra en Dt 28; 29 y 30;
también en Jos 8,31.34; 23,6.26; 2 Re 22, 1;
etc. Podría tratarse de un pergamino. Moi-
sés escribió en losas de piedra, las llama-
das "tablas de la ley", confiriendo solemni-
dad y duración lapidaria al protocolo. El tex-
to no dice aquí que Josué grabe las estipu-
laciones en la "gran piedra" erigida como
estela. En 8,32 se dice que "escribió sobre
las piedras una copia de la ley...". Una este-
la, con o sin inscripción, podía ser monu-
mento commemorativo de alianza, como in-
dica Gn 31,31.
Es interesante la mención de un árbol sa-
grado junto al santuario. Israel acepta sin difi-
cultad la costumbre cananea, no exenta de
peligros: véanse Gn 35,4 (los ídolos enterra-
dos junto a la encina de Siquén); 1 Cr 10,12;
Ez 6,23. Esta noticia, la erección de una
estela al parecer contra la prescripción de Dt
16,22 y la concepción de que la piedra "ha
oído" pueden sugerir una notable antigüedad
de la tradición aquí conservada. Siquén con
un santuario del Señor, una estela conme-
morativa y un árbol sagrado, lugar y recuerdo
de una renovación histórica de la alianza,
quizá lugar de otras renovaciones periódicas.
Y en la cercanía el Hebal y el Garizín, reso-
24,23 JOSUÉ 466
-¡Somos testigos!
23
-Pues bien, quitad de en
medio los dioses extranjeros que
conserváis y poneos de parte del
Señor, Dios de Israel.
24
E1 pueblo respondió:
-Serviremos al Señor, nuestro
Dios, y le obedeceremos.
25
Aquel día Josué selló el
pacto con el pueblo y les dio le-
yes y mandatos en Siquén.
26
Es-
cribió las cláusulas en el libro de
la Ley de Dios, agarró una gran
piedra y la erigió allí, bajo la
encina del santuario del Señor,
27
y dijo a todo el pueblo:
-Mirad esta piedra, que será
testigo contra nosotros, porque
ha oído todo lo que el Señor nos
ha dicho. Será testigo contra vo-
sotros para que no podáis rene-
gar de vuestro Dios.
28
Luego despidió al pueblo,
cada cual a su heredad.
Muerte de Josué
29
Algún tiempo después murió
Josué, hijo de Nun, siervo del
Señor, a la edad de ciento diez
años.
30
Lo enterraron en el tér-
mino de su heredad, en Timná
Séraj, en la serranía de Efraín, al
norte del monte Gaas.
3
'Israel sirvió al Señor mien-
tras vivió Josué y los ancianos
que lo sobrevivieron y que ha-
bían visto las hazañas del Señor
en favor de Israel.
32
Los huesos de José, traídos
por los israelitas de Egipto, los
enterraron en Siquén, en el
campo que había comprado Ja-
cob a los hijos de Jamor, padre
de Siquén, por cien pesos, y que
pertenecía a los hijos de José.
33
También murió Eleazar, hijo
de Aarón. Lo enterraron en Gui-
beá*, población de su hijo Fineés,
que la había recibido en propiedad
en la serranía de Efraín.
nadores de maldiciones y bendiciones para
el pueblo.
24,23 Gn 35,2.
24,25 Ex 15,25.
24.28 Despachar a cada uno a a su here-
dad significa una vez más que la tarea de
Josué está cumplida, que todas las familias
tienen su casa y su terreno donde habitar.
24.29 Al principio del libro Moisés era el
siervo del Señor, y Josué era sólo ministro de
Moisés. Al morir, Josué es canonizado o de-
clarado "siervo del Señor", como homenaje a
una vida elegida y dedicada al cumplimiento
de una misión.
24,30 La traducción griega añade aquí
que enterraron con él los cuchillos de peder-
nal empleados para la circuncisión de los
israelitas.
24.32 Véanse las noticias de Gn 50,25
(última voluntad de José); Ex 13,19 (Moisés
toma los huesos de José); Gn 33,19 (compra
del campo).
24.33 Con la muerte del sumo sacerdote
Eleazar y la de Josué termina la segunda ge-
neración, aunque queden algunos ancianos
supervivientes. Loma de Fineés no entraba
en las localidades levíticas.
* = Loma.
Jueces
INTRODUCCIÓN
Personajes
El título del libro es antiguo, pero no original. Mientras el libro de
Josué esta dominado por un protagonista que le da su nombre, este
otro está repartido entre muchos protagonistas sucesivos, acogidos a
un título común. Juez es título de oficio: hecho institucional y vitalicio,
bastante definido y homogéneo. En cambio, al leer el libro, tropezamos
con jefes militares, una profetisa, un extraño nazireo (o soldado con-
sagrado), un usurpador y varios jefes pacíficos poco definidos.
Podríamos agrupar a los personajes que intervienen militarmente
contra la opresión o la agresión extranjera. En otro grupo quedan los
restantes, registrados en forma de lista (10,1-5 y 12,8-15): Tola, Yaír,
Ibsán, Elón, Abdón. De éstos no se cuentan hazañas, no se les dedi-
can cantos épicos; sólo se consigna que ejercieron el cargo tantos años
(23, 22, 7,10, 8), murieron y fueron sepultados en su tierra. Figuran en
listas de fórmulas repetidas, con apariencia de lista oficial, conservada
quizá en archivos judiciales. Ni la fantasía poética ni intereses particu-
lares pueden haber inventado esas pálidas figuras; parecen responder
a una institución de la que el autor ha salvado una página.
Hasta qué punto esa página pertenece a los años oscuros antes
de la monarquía, es casi imposible rastrearlo. Las valoraciones están
en función de la imagen que uno se haga de aquella época. ¿Hubo
una administración judicial central y un lugar de culto común? La suce-
sión ¿es real o artificial? La suma de los años nos da setenta, número
redondo que no cubre el tiempo previsto.
¿Y qué tienen que ver con ellos los grandes jefes "salvadores"?
Estos no se suceden continuamente, sino que surgen cuando el es-
píritu del Señor los arrebata; no dirimen litigios, sino vencen al enemi-
go en campaña abierta o con estratagemas; rehusan un cargo vitalicio,
como Gedeón (8,22s) o mueren relativamente jóvenes, como Sansón.
Solemos llamar a éstos "jueces mayores" y a los funcionarios "jueces
menores". El sociólogo Max Weber llamó a los primeros jefes caris-
máticos, denominación que ha hecho fortuna.
INTRODUCCIÓN 468
¿Cómo se explica la unificación de materiales tan dispares?
También de los mayores se dice que "juzgaron a Israel"; pero eso se
dice en el marco narrativo, no en el relato. Hay uno que actúa primero
como salvador y entra después en la lista de funcionarios, es Jefté. En
el libro hace de puente entre ambos grupos.
Método del autor
Podemos imaginarlo así. Intenta llenar el vacío histórico que dis-
curre en Canaán antes de la monarquía. Para ello echa mano del
material antiguo a su disposición y lo encaja en un marco suyo. Los
materiales son cantares de gesta o romances tradicionales, transmiti-
dos quizá oralmente, y listas de funcionarios. Su marco es un patrón
común, no extraído de los relatos, sino fabricación teológica propia.
A los funcionarios no se les puede asignar el título de salvadores
ni la acción de salvar, que es acción divina; a los salvadores se les
puede añadir el título y la función de juzgar. El parentesco entre librar
al pueblo en la guerra y juzgarlo en la paz está bien documentado en
el Antiguo Testamento (1 Sm 8,20; Sal 45). Además, hacer justicia al
desvalido es salvarlo. Finalmente, juzgar era casi sinónimo de gober-
nar (Sal 96 y 98).
La sustancia de este libro son los relatos de salvación prodigiosa,
sobrehumana, no regida por el calendario. Los temas de salvar y juz-
gar avanzan paralelos y a veces se sobreponen, como muestra la tabla
siguiente:
Juzgar Salvar Ambos
Yaír Sangar Otoniel
Ibsán Ehud Jefté
Elón Gedeón Sansón
Abdón Tola Débora
La contaminación en el caso de Tola es sospechosa. En cambio,
2,16 realiza conscientemente la síntesis: "el Señor suscitaba jueces
que los libraban".
El autor unifica simplificando: todo Israel queda afectado, la etapa
entera queda cubierta. En ningún libro como en éste podemos apreciar
el método de trabajo del autor. Construye un esquema teológico articu-
lado, lo expone en abstracto, con un par de nombres lo ilustra, después
lo aplica a los relatos de modo que sus etapas encajen en el esquema.
Composición
Lo dicho hasta aquí vale para el bloque de capítulos 2-16. Por
delante hay un capítulo dedicado a la conquista por tribus. A manera de
apéndice siguen dos episodios tribales "cuando no había rey".
JUECES
La época de los Jueces
Admitida la historicidad sustancial, aunque sea exigua, entre el
asentamiento de las tribus y la monarquía transcurren unos dos siglos.
¿Como se organizaban las tribus en esa época? El libro nos presenta
varias tribus autónomas, unidas con vínculos de solidaridad, sin
gobierno central permanente. ¿Qué garantiza la unión?, ¿cómo fun-
ciona? Hay que buscar una institución jurídica que explique la tensión
de los datos transmitidos. En teoría la unidad puede ser natural, por
parentesco, y artificial, por convención o acuerdo. La artificial puede
ser ficción literaria o realidad. La imagen que ofrece el libro ¿se expli-
ca como pura ficción? Detrás de los datos ¿hubo una institución jurídi-
ca real? Los comentaristas responden con modelos.
a) El modelo de la anfictionía. Lo expuso M. Noth, aplicando al
mundo bíblico una institución que funcionó en Grecia y en Italia en la
antigüedad y que lleva el nombre técnico de anfictionía. Etimo-
lógicamente son anfictiones los que habitan unidos en torno a un cen-
tro. Históricamente eran grupos de seis o doce tribus autónomas cuyo
centro de unidad era un santuario. Allí celebraban reuniones periódi-
cas o extraordinarias, para resolver asuntos de interés común; allí se
conservaban textos escritos y tradiciones orales.
Noth encuentra en el texto bíblico datos que responden a dicha
ordenación jurídica; otros datos son interpretables a la luz de los pri-
meros. Hay doce tribus, un santuario central, una divinidad y un culto
común, reuniones especiales, delitos que afectan a todos, movilización
en caso de ataque externo.
b) El modelo de las sociedades segmentadas (descubiertas en
África). Son asociaciones formadas por grandes familias, agrupadas
en clanes, sin autoridad central, pero unidas por lazos de solidaridad
local o tribal. La falta de mando central se suple por la solidaridad en
varios planos o esferas: entre grupos real o convencionalmente empa-
rentados (antepasados comunes), entre grupos que habitan en un
territorio, entre grupos generacionales.
En el texto bíblico se encuentran esos dos factores conjugados:
ausencia de gobierno central y solidaridad fundada en parentesco
común.
c) Historicidad. El salto del modelo a la realidad es inseguro. El
modelo es un "como si". Los datos bíblicos, casuales y fragmentarios,
se pueden combinar en un esquema interpretativo; de lo cual no se
sigue la realidad histórica de la institución. Noth defendió la realidad
histórica de su modelo; otro tanto los propugnadores del nuevo mode-
lo. Hay razones para dudar cautelosamente.
El esquema jurídico es en buena parte mental y extrapolado. ¿No
será proyección de la vida de los judíos durante el destierro? En la
desgracia sintieron quizá, más que antes, los vínculos de solidaridad;
INTRODUCCIÓN
470
entonces apelaron a los orígenes recreando viejas leyendas.
Entonces el santuario de Jerusalén, perdido, era punto central de refe-
rencia; no había rey; el poder opresor de Babilonia recibiría su casti-
go. Jue 20-21 era parábola de la reconciliación necesaria de tribus
hermanas, esperanza de superación del cisma. Si todo esto es hipó-
tesis, no lo son menos los modelos.
El balance final es que no podemos reconstruir una historia del
período. Pero sí podemos saborear unos cuantos relatos magistrales.
Los Jueces apenas dejan huellas en el resto de la Biblia. Pro-
bablemente aluden a ellos: Is 1,26; Sal 106,34-43; 136,23-24; el
Eclesiástico les dedica tres versos entusiastas: Eclo 46,11-12. En el
NT una cita: Heb 11,32.
471 JUECES
1,8
Campañas de las tribus
(Jos 10)
1 'Después que murió Josué, los
israelitas consultaron al Señor:
-¿Quién de nosotros subirá el
primero a luchar contra los cana-
neos?
2
E1 Señor respondió:
-Judá, que ya le he entregado
el país.
^Entonces Judá dijo a su her-
mano Simeón:
-Ven conmigo a la región que
me ha tocado en suerte; lucha-
remos contra los cananeos, y
después iré yo contigo a la tuya.
4
Simeón fue con él. Judá su-
bió, y el Señor le entregó los
cananeos y los fereceos: mataron
a diez mil hombres en Bézec.
'Encontraron a Adonibezec*, lu-
charon con él y derrotaron a
cananeos y fereceos.
6
Adonibe-
zec logró escapar, pero lo persi-
guieron, lo apresaron y le corta-
ron los pulgares de manos y pies.
7
Adonibezec comentó:
-Setenta reyes, amputados los
pulgares de manos y pies, reco-
gían las migajas que caían de mi
mesa. Dios me paga mi merecido.
Lo llevaron a Jerusalén y allí
murió.
8
La tribu de Judá asedió Jeru-
salén; la conquistaron, pasaron a
1 Tiene cierto parentesco con el libro de
Josué, incluso correspondencias literales,
según la siguiente lista:
Josué Jueces
15,14-19 1,20.10b.11-15
15,53 1,21
17,11-13 1,27-28
16,10 1,29
Además la noticia de 17b se parece a la
de Nm 21,1-3, que es continuación de Nm
14,40-45.
Las semejanzas hacen resaltar las diferen-
cias, incluso oposiciones. En Jos actuaba todo
Israel, aquí tribus sueltas; allí se describía una
entrada desde oriente, aquí parecen subir
desde el sur; allí las noticias se diseminaban
Dor el reparto de la tierra, aquí forman unidad
aparte; allí Josué era el jefe, aquí ya ha muer-
to. En la lista de tribus faltan Leví y las orienta-
es y echamos de menos a Isacar y Benjamín.
Es curiosa la colaboración de Simeón con Ju-
dá. bajo la dirección del segundo. Se lee una
sta de fracasos que sugiere un proceso lento
z-e penetración y ocupación.
1,1-21 La tribu de Judá abre dominadora
e' capítulo, probablemente por ser la tribu de
David. La primacía se atribuye a un oráculo
39I Señor. La tribu de Simeón da la impresión
de una tribu casi absorbida en lo político, co-
T>O los clanes de Quenaz y Hobab el quenita.
La enumeración no evita repeticiones; la
nclusión con Jerusalén hace más extraña la
^oficia. He aquí el esquema:
Judá + Simeón Adonisedec Jerusalén
Caleb + Otoniel Enaquitas Hebrón y Debir
Hobab Amalee Arad
Judá + Simeón Jormá
Caleb Enaquitas Hebrón
Judá no pudo con
Jerusalén
1.1 Empalma con Jos 24,29-30; pero
véase Jue 2,6-10. El verbo hebreo "subir"
puede significar también ataque militar. Es
normal consultar al Señor: 1,1 Sm 14,37; 22,
10; 23,2; 30,8.
1.2 Respuesta típica de la guerra santa:
la suerte de la batalla está ya decidida.
1.3 La frase supone que ya se ha hecho
el reparto, según Jos 15,1-12, pero compa-
rando Jos 19,1-8 (suerte de Simeón) con 15,
26-32.42 (ciudades de Judá), se atenúa la
distinción territorial. El verso lleva un ritmo
decreciente, 5 + 4 + 3, con rimas insistentes.
1,5-8 El episodio de Jerusalén es enig-
mático. Consta que Jerusalén se mantuvo
como enclave independiente e inexpugnable
hasta que la conquistó David para hacerla su
capital. El verso 21 dirá expresamente que
no pudieron conquistar Jerusalén.
El personaje que el texto hebreo llama
Adonibezec parece ser el mismo que Jos 10,
1 llama Adonisedec, rey de Jerusalén y jefe
de una coalición meridional. El mismo com-
ponente se encuentra en el nombre del rey
sacerdote de Jerusalén, Melquisedec, según
Gn 14. La mutilación es castigo degradante,
que respeta la vida; en Jos 10,26 el rey de
Jerusalén muere colgado de un árbol.
El número de setenta, por muy exagera-
do que sea, da idea del tamaño de aquellos
reinos y la importancia de aquellos reyezue-
los de aldea.
"Pagar" en hebreo shlm consuena con el
nombre de la ciudad; el hebreo bazaq signifi-
ca relámpago, bezeq significa guijarro o mi-
ga; se prestaba al juego de palabras malicio-
so. Se puede dar un salto mental desde este
verso al final de 2 Re.
1,5 * = ¿O Adonisedec? cfr. 10,1.
1,9 JUECES 472
cuchillo a sus habitantes y pren-
dieron fuego a la ciudad.
9
Des-
pués bajaron a luchar contra los
cananeos de la montaña, del Ne-
gueb y de la Sefela.
l0
Judá marchó contra los ca-
naneos de Hebrón (llamada anti-
guamente Quiriat* Arbá), y de-
rrotó a Sesay, Ajimán y Talmay.
"Desde allí marchó contra los
de Debir (llamada antiguamente
Quiriat Sefer*),
l2
y prometió:
-Al que tome al asalto Quiriat
Sefer, le doy por esposa a mi hija
Axá.
l3
Otoniel, hijo de Quenaz, pa-
riente de Caleb (más joven que
él), tomó la ciudad, y Caleb le
dio por esposa a su hija Axá.
14
Cuando ella llegó, Otoniel la
instigó a pedirle un terreno a su
padre; ella se bajó del burro, y
Caleb le preguntó:
-¿Qué te pasa?
l5
Contestó:
-Hazme un regalo. La tierra
que me has dado es de secano,
dame alguna alberca.
Caleb le dio ia alberca de arri-
ba y la de abajo.
l6
La familia de Jobab, el que-
nita, suegro de Moisés, subió
desde la ciudad de Temarim*,
junto con los de Judá, hasta el
desierto de Arad, y se establecie-
ron entre los amalecitas.
17
Judá fue con su hermano
Simeón y derrotó a los cananeos
de Safat; exterminaron la pobla-
ción y la llamaron Jormá*. ^Pe-
ro no pudo apoderarse de Gaza y
su término, ni de Ascalón y su
término, ni de Ecrón y su térmi-
no;
19
no logró expulsar a los ha-
bitantes del valle, porque tenían
carros de hierro, pero el Señor
estaba con Judá, y conquistó la
montaña.
20
A Caleb, como dejó encar-
gado Moisés, le asignaron He-
brón, y expulsó de allí a los tres
hijos de Enac.
2l
Pero la tribu de
Judá no pudo expulsar a los je-
buseos que habitaban Jerusalén;
por eso han seguido viviendo
hasta hoy en Jerusalén, en medio
de Judá.
22
Por su parte, la casa de José
subió hacia Betel -el Señor esta-
ba con ellos-,
23
e hicieron un
reconocimiento en las cercanías
de Betel (llamada antiguamente
Luz*);
24
los centinelas vieron a
un hombre que salía de la ciudad
y le dijeron:
-Enséñanos por dónde se entra
en la ciudad, y te perdonamos la
vida.
25
E1 hombre les enseñó por
dónde entrar en la ciudad, y la pa-
saron a cuchillo, excepto a aquel
hombre y a su familia, a los que
dejaron ir libres;
26
el hombre emi-
gró al país de los hititas y fundó
una ciudad: la llamó Luz, nombre
que conserva hasta hoy.
27
En cambio, Manases no lo-
gró expulsar a los vecinos del
municipio de Beisán, ni a los del
municipio de Taanac, ni a los del
municipio de Dor, ni a los del
municipio de Yiblán, ni a los del
municipio de Meguido. Los ca-
naneos siguieron en aquella re-
gión.
28
Sin embargo, cuando Is-
rael se impuso, no llegó a ex-
pulsarlos, pero los sometió a tra-
bajos forzados.
29
Tampoco Efraín logró expul-
sar a los cananeos de Guézer. Los
1,10-15 La anécdota sirve para justificar
una propiedad de familia o de clan en territo-
rio de Judá. * = Villa.
1,11 * = Villa del Escribano.
1.16 Es dudosa la lectura: en el texto
hebreo falta el nombre, que se suele suplir
tomándolo de 4,11 comparado con Nm 10,
29. La ciudad es Jerico, en cuyas cercanías
tendrían sus tiendas estos beduinos. No
cambian su estilo de vida, por eso, en vez de
ciudad, les asignan un desierto con sus
oasis. Los amalecitas son también beduinos,
y poco amigos de Israel: Gn 36,12 (como
ramadeEdom); Ex 17,8-13; Dt 25,17-19; Jue
3,13; 6,3; 7,12; 1 Sm 15. * = Las Palmas.
1.17 En rigor, hrm podría significar zona
reservada o santuario (como el templo árabe
Al Haram). * = Exterminio. Nm 14,40-45.
1.18 El texto hebreo lee en forma positi-
va, pero es casi cierto que ha caído la nega-
ción, como indica la traducción griega; lo con-
firma el verso siguiente y Jos 13,3.
1.19 Se refiere al valle que baja hacia el
mar. Véase 1 Re 20,23. El hierro es una no-
vedad extraordinaria en aquella época.
1.20 Se refiere a Nm 14,24.
1,22-26 Se habla primero de la casa de
José, antes de distinguirla en sus dos tribus.
Efraín y Manases. Betel era una ciudad im-
portante, llena de recuerdos patriarcales se-
gún el Génesis; su destino es semejante al
de Jerico, pero sin arrasarla. La ciudad fue
un centro importante al dividirse la monar-
quía. Jos 12,16 menciona al rey de Betel en-
tre los derrotados por Josué.
1,23 * = Almendral.
1.27 Betsán controla un paso importante
del Jordán, Taanac y Meguido controlan gran
parte de la llanura de Esdrelón. Jos 17,11-13.
1.28 Suerte semejante a la de los gabao-
nitas, Jos 10. Era la situación de los israelitas
en Egipto, Ex 1.
1.29 Sobre Guézer véanse las noticias
de Jos 10,33 y 1 Re 9,16.
473 JUECES 2,10
cananeos siguieron en Guézer, en
medio de los efraimitas.
30
Tampoco Zabulón logró
expulsar a los de Quitrón ni a los
de Nahalol*. Los cananeos si-
guieron viviendo en medio de
Zabulón, aunque sometidos a
trabajos forzados.
31
Tampoco Aser logró expul-
sar a los de Acó, ni a los de
Sidón, ni a los de Majaleb, ni a
los de Aczib, ni a los de Afee*,
ni a los de Rejob*,
32
se instaló en
medio de los cananeos que habi-
taban el país, porque no pudo
expulsarlos.
33
Tampoco Neftalí logró ex-
pulsar a los de Bet Semes* ni a
los de Bet* Anat; se instaló en
medio de los cananeos que habi-
taban el país, pero a los vecinos
de Bet Semes y de Bet Anat los
sometió a trabajos forzados.
34
Los amorreos presionaron
sobre los danitas hacia la monta-
ña, sin dejarlos bajar al valle; así
pudieron los amorreos seguir en
Har Jeres*, Ayalón* y Saalbín.
35
Pero la casa de José los tuvo en
un puño, sometiéndolos a traba-
jos forzados.
36
Las fronteras del territorio
edomita iban desde Male Acra-
bbim hasta Hassela*, y seguían
más arriba.
Liturgia penitencial
(1 Sm 12)
2 'El ángel del Señor subió de
Guilgal a Betel y dijo:
-Yo os saqué de Egipto y os
traje al país que prometí con ju-
ramento a vuestros padres: «Ja-
más quebrantaré mi pacto con
vosotros,
2
a condición de que
vosotros no pactéis con la gente
de este país y de que destruyáis
sus altares». Pero no me habéis
obedecido. ¿Qué es lo que habéis
hecho?
3
Por eso os digo: «No los
expulsaré ante vosotros, serán
enemigos vuestros, sus dioses
serán vuestra tentación».
4
Cuando el ángel del Señor
terminó de hablar contra los isra-
elitas, el pueblo se echó a llorar a
gritos
5
-por eso llamaron a aquel
sitio Boquim*-. Luego ofrecie-
ron sacrificios al Señor.
6
Josué despidió al pueblo y los
israelitas marcharon cada cual a
tomar posesión de su territorio.
7
Mientras vivió Josué y los
ancianos que le sobrevivieron y
que habían visto las hazañas del
Señor a favor de Israel, los israe-
litas sirvieron al Señor.
8
Pero
murió Josué, hijo de Nun, siervo
del Señor, a la edad de ciento
diez años,
9
y lo enterraron en el
término de su heredad, en Timná
Séraj, en la serranía de Efraín, al
norte del monte Gaas.
l0
Toda
aquella generación fue también a
1.30 * = Abrevadero.
1.31 * = El Cerco; Plaza.
1.33 * = Casalsol; Casa Anat.
1.34 Llama amorreos a los cananeos;
supone que todavía no se han instalado allí
los filisteos. Véanse los capítulos 13-16
(Sansón) y 17-18 (los danitas). * = Montesol;
Cervera.
1,36* = La Peña.
2,1-5 Nos ofrecen una liturgia penitencial
condensada. Seguirán otras en el libro: 6,8-
10 y 10,11-16. La presente parece querer ex-
plicar el fracaso en los intentos de desalojar
la población cananea; coloca los sucesos
precedentes bajo el signo del castigo, del luto
(cfr. Ex 33,1-6).
El ángel del Señor es una manifestación
divina, por la cual habla el Señor en primera
persona (cfr. cap. 6 y 13). Su discurso es
más bien una minuta, que nos permite reco-
nocer el esquema del género. El Señor se
presenta a juicio como parte ofendida. En la
denuncia menciona el beneficio inicial, los
compromisos de la alianza, la infracción. Si-
gue la sentencia, que responde al delito.
"Enemigos" es enmienda del hebreo, que
dice "costados": ¿aludiendo a Nm 33,55 o Jos
23,13? En lugar de la paz pretendida el casti-
go introduce una situación ambigua de tenta-
ción y hostilidad: los dioses cananeos atraen,
las armas rechazan. A lo largo del libro retor-
nará alternativamente esta duplicidad.
El pueblo responde con el llanto del arre-
pentimiento y con sacrificios, que podrían ser
expiatorios.
2,5 * = El llanto.
2,6-9 Con alguna variante, repiten el
final, Jos 24,28-31. Sirven para empalmar y
continuar.
2,7 Jos 24,28-31.
2,10 Con este verso pasa el autor a la
próxima etapa. Es artificial trazar una línea
tan clara de separación de generaciones (pe-
ro véase Nm 14 y los esfuerzos de Moisés en
Dt 29,13-14). Además hay que contar con el
principio de la tradición. Es una noticia sim-
plificada, de intención teológica.
El marco y los relatos. Antes de los rela-
tos individuales, una visión teológica de con-
junto, compuesta de frases idénticas o seme-
jantes o de motivos con variación de fórmu-
las. Un cuadro esquemático aclarará más
que muchas explicaciones:
2,11 JUECES 474
reunirse con sus padres, y le si-
guió otra generación que no
conocía al Señor ni lo que había
hecho por Israel.
Gran Introducción
1
'Los israelitas hicieron lo que
el Señor reprueba: dieron culto a
los ídolos, ' abandonaron al Se-
ñor, Dios de sus padres, que los
había sacado de Egipto, y se fue-
ron tras otros dioses, dioses de
las naciones vecinas, y los adora-
ron, irritando al Señor. ' -'Aban-
donaron al Señor y dieron culto a
Baal y a Astarté.
I4
E1 Señor se encolerizó con-
tra Israel: los entregó a bandas
de saqueadores, que los saquea-
ban; los vendió a los enemigos
de alrededor, y los israelitas no
podían resistirles.
l5
En todo lo
que emprendían, la mano del Se-
ñor se les ponía en contra, exac-
tamente como él les había dicho
y jurado, llegando así a una
situación desesperada.
l6
Entonces el Señor hacía sur-
gir jueces, que los libraban de
a) pecado: de ordinario repetido
b) al Señor: lo abandonan, irritan, desobede-
cen
c) a otros dioses: los siguen, les dan culto
d) castigo: Ira, entrega, vende, somete a otros
e) súplica:
f) un salvador: lugar del relato
g) victoria
h) paz por X años
13,1 a)
b)
c)
d)
e)
f)
g)
h)
2,11
2,11
2,11
2,14
2,16
2,18
3,10
3,11
2,17
2,19
2,21
3,30
3,30
3,7
3,7
3,7
3,8
3,9
3,9
4,23
3,12
3,12
3,15
3,15
4,1
4,2
4,3
5,31
6,1 10,6
6,10 10,6
10,6
6,1 10,7
6,6 10,10
8,28 11,33
8,28
13,1
Pecado y castigo tienden a ir juntos al
comienzo, victoria y paz al final, la súplica se
puede retrasar. Las fórmulas componen un
marco que queda fuera de la narración, sin mo-
dificarla, pero interpretándola. En términos na-
rrativos el libro es variado y ameno, en térmi-
nos teológicos el libro es regular y monótono.
La repetición del esquema da la impre-
sión de movimiento circular: ¿no contradice
la visión cíclica al proceso lineal de la histo-
ria? ¿Se extrae realmente el esquema de los
sucesos, o es fabricación superpuesta? La
tensión entre marco y narraciones es innega-
ble. El autor ha respetado los relatos y sus
personajes, aunque su historia no encajase
perfectamente en el molde previsto; porque
no ha pretendido predicarnos una idea, sino
enseñarnos a meditar sobre unos sucesos.
Nos enseña que Dios realiza su plan respe-
tando el juego de las libertades humanas; por
eso el autor respetó los relatos tradicionales.
Pero ¿qué decir de la forma cíclica del
esquema?, ¿no es un girar sin sentido? No
lo es, ya que enuncian un sentido, una direc-
ción teológica. Además la repetición ordena-
da de constantes no turba el carácter lineal
del acontecer.
Finalmente, Dios puede romper el círcu-
lo, como veremos. El libro no es una historia
edificante ni una historia de tesis.
2,11-3,6 Hasta el v. 19 o el 21 propone
el autor el esquema desnudo, de fórmulas sin
datos concretos; después añade algunas
motivaciones y consecuencias. Es como una
gran obertura que expone los temas o leit-
motiv en su encadenamiento.
Es el esquema expuesto más arriba, con
tres peculiaridades significativas. Primera, fal-
ta el clamor del pueblo, y así, el paso del cas-
tigo a la gracia no sucede como respuesta,
sino por pura iniciativa de Dios. Segunda, la li-
beración desemboca inmediatamente en nue-
vo pecado y castigo, apuntando así la circula-
ridad. Tercera, una vez apuntado el círculo, el
texto se sale de él y se explaya en otras expli-
caciones menos esquemáticas.
2,11-13 El pecado es de idolatría. Los
títulos del Señor agravan la culpa. En el cen-
tro el tema dominante de los pueblos cana-
neos con sus dioses.
2.11 2 Re 17,7.
2.12 2 Re 17,12.
2,14-15 Castigo. Ira es la reacción perso-
nal del Señor y su sentencia. Entregar equi-
vale a invertir los factores de la guerra santa.
Vender sugiere la esclavitud. Las iniciativas
de Israel, sobre todo las bélicas, fracasan. El
castigo estaba previsto en las maldiciones de
la alianza.
2,14 Dt 28,25.32.
2,16 Liberación: la situación desespera-
da moviliza la iniciativa del Señor: Israel,
caído en esclavitud, sigue siendo su pueblo.
475 JUECES
3,8
las bandas de salteadores;
l7
pero
ni a los jueces hacían caso, sino
que se prostituían con otros dio-
ses, dándoles culto, desviándose
muy pronto de la senda por
donde habían caminado sus pa-
dres, obedientes al Señor. No
hacían como ellos.
l8
Cuando el Señor hacía surgir
jueces, el Señor estaba con el
juez, y mientras vivía el juez, los
salvaba de sus enemigos, porque
le daba lástima oírlos gemir bajo
la tiranía de sus opresores.
l9
Pe-
ro en cuanto moría el juez, re-
caían y se portaban peor que sus
padres, yendo tras otros dioses,
rindiéndoles adoración; no se
apartaban de sus maldades ni de
su conducta obstinada.
-°E1 Señor se encolerizó con-
tra Israel y dijo:
-Ya que este pueblo ha viola-
do mi pacto, el que yo estipulé
con sus padres, y no han querido
obedecerme,
2I
tampoco yo se-
guiré quitándoles de delante a
ninguna de las naciones que Jo-
sué dejó al morir;
22
tentaré con
ellas a Israel, a ver si siguen o no
el camino del Señor, a ver si
caminan por él como sus padres.
23
Por eso dejó el Señor aque-
llas naciones, sin expulsarlas en
seguida, y no se las entregó a
Josué.
3 'Lista de las naciones que dejó
el Señor para tentar a los israeli-
tas que no habían conocido las
guerras de Canaán
2
(sólo para
enseñar la estrategia militar a las
nuevas generaciones de los is-
raelitas sin experiencia de la
guerra):
3
los cinco principados
filisteos, todos los cananeos,
fenicios e hititas que habitan el
Líbano, desde la cordillera de
Baal Hermón hasta el Paso de
Jamat.
4
Estas naciones sirvieron
para tentar a Israel, a ver si obe-
decía las órdenes del Señor, pro-
mulgadas a sus padres por medio
de Moisés.
5
Así, pues, los israelitas vivie-
ron en medio de cananeos, hiti-
tas, amorreos, fereceos, heveos y
jebuseos.
6
Tomaron sus hijas por
esposas, les entregaron las suyas
en matrimonio y dieron culto a
sus dioses.
Otoniel
7
Los israelitas hicieron lo que
el Señor reprueba: se olvidaron
del Señor, su Dios, y dieron cul-
to a Baal y Astarté.
s
Entonces el
Señor se encolerizó contra Israel
y los vendió a Cusan Risatain,
rey de Aram Naharaym*. Los
2,17 Nuevo pecado: se cierra el círculo y
recomienza. El primer verso es un enunciado
general que los dos siguientes matizan o
corrigen. El juez, terminada la liberación, te-
nía que instaurar una era de fidelidad al
Señor, según el modelo de la generación de
la alianza en el desierto; por el contrario, el
pueblo desobedece y comete adulterio con
dioses extraños.
2,18-19 Desdoblan el proceso en dos
etapas: en vida del juez y a su muerte. El
"gemido" equivale a una súplica (Ex 2,24; 6,
5). La muerte del juez es como la de Josué.
2,20-21 Castigo. Se repite el segundo
tiempo. El castigo está formulado como sen-
tencia judicial: denuncia del delito, anuncio
de la pena. Recoge los temas de la alianza,
de los padres que pactaron, de la desobe-
diencia. Así volvemos a la situación en que
se encontraba el pueblo a la muerte de Jo-
sué, como si la historia no progresara. A par-
tir de ahí salimos del movimiento circular.
2,22-3,6 El Señor había prometido entre-
gar la entera tierra de Canaán a Israel, con-
ducido por Josué. Frente a esa promesa se
impone el hecho: en Canaán subsisten otros
pueblos en paz o en guerra con Israel.
¿Cómo resolver la contradicción? Una prime-
ra respuesta ha sido el pecado del pueblo. La
nueva respuesta dice: Dios ha dejado esos
pueblos para castigar los pecados, para en-
trenar al pueblo, para ponerlo a prueba.
Acumula razones, como si una no basta-
ra. ¿Convencen o dejan dudas? Si Dios hu-
biera acabado con los enemigos, no necesi-
taría entrenarlos para la guerra; y para probar
al pueblo, ¿no bastaba la nueva situación de
vida sedentaria? (cfr. Dt 8). El autor ve una
convergencia de las tres razones, que propo-
ne bajo el triple epígrafe de la tentación o la
prueba.
3,3 Los filisteos aparecen en el libro de
Josué sólo en 13,2-3: en la sección del repar-
to, no en las batallas.
3,5-6 Véanse Ex 34,16; Dt 7,3.
3,7-13 Esperamos que comiencen las
narraciones, y nos encontramos con una es-
pecie de pantomima estilizada. Exceptuando
dos nombres y una fecha, la supuesta narra-
ción no es más que el desfile de fórmulas que
ya conocemos; esta vez todas, en perfecto
orden, sin faltar ninguna. Parece como si el
autor quisiera hacernos aprender de memo-
ria el esquema.
3,8 * = Siria Entremos.
3,9 JUECES 476
israelitas le estuvieron someti-
dos ocho años.
9
Pero gritaron al
Señor, y el Señor hizo surgir un
salvador que los salvara: Oto-
niel, hijo de Quenaz, pariente de
Caleb, más joven que él.
l0
Vino
sobre él el espíritu del Señor,
gobernó a Israel y salió a luchar;
el Señor puso en sus manos a
Cusan Risatain, rey de Aram
Naharaym, y Otoniel se le impu-
so. "El país estuvo en paz cua-
renta años. Y murió Otoniel, hi-
jo de Quenaz.
Ehud
12
Los israelitas volvieron a
hacer lo que el Señor reprueba.
Entonces el Señor fortaleció
contra Israel a Eglón, rey de
Moab, porque hacían lo que el
Señor reprueba.
l3
Eglón se alió con los amoni-
tas y amalecitas, y fue y derrotó a
Israel, conquistando la ciudad de
Temarim*.
l4
Los israelitas es-
tuvieron dieciocho años someti-
dos a Eglón, rey de Moab.
l5
Pero
gritaron al Señor, y el Señor hizo
surgir un salvador: Ehud, hijo de
Guerá, benjaminita, impedido de
la mano derecha; por su mano
enviaron los israelitas el tributo a
Eglón, rey de Moab.
l6
Ehud se había hecho un pu-
ñal con hoja de doble filo, de un
palmo de largo, y se lo ciñó bajo
el manto, junto al muslo dere-
cho.
l7
Presentó el tributo a
Eglón, rey de Moab, que era gor-
dísimo,
l8
y al acabar de presen-
tar el tributo se marchó con el
séquito que lo había llevado.
19
Pero él se volvió desde Happe-
silim*, que está junto a Guilgal,
y le dijo a Eglón:
-¡Majestad! Tengo que comu-
nicaros un mensaje secreto.
Eglón ordenó:
-¡Silencio!
Y salieron de su presencia to-
dos los cortesanos.
20
Entonces Ehud se acercó al
rey, que estaba sentado en su
galería privada de verano, y le
dijo:
-Tengo que comunicaros un
oráculo divino.
21
Eglón se incorporó en el
trono, y Ehud echó la mano iz-
quierda al puñal, junto al muslo
derecho, lo agarró y se lo metió a
Eglón en la barriga:
22
el mango
entró tras la hoja y la grasa se
cerró sobre ella, porque Ehud no
sacó el puñal del vientre.
23
Lue-
go escapó por la puerta trasera,
salió al pórtico y dejó bien tran-
cadas las puertas de la galería.
24
Mientras él salía, los criados
entraban; miran, y se encuentran
trancadas las puertas de la gale-
ría. Comentaron:
-Seguro que está haciendo sus
necesidades en la habitación de
verano.
25
Esperaron un rato, hasta el
aburrimiento; pero como nadie
abría las puertas de la galería,
agarraron la llave, abrieron y mi-
3.9 A Otoniel el quenazita ya lo conoce-
mos, y su presencia aquí es por lo menos
sospechosa. Imposible identificar al rey ex-
tranjero: su apellido o apodo significa "mal-
dad" (remalo, recanalla), suena a deforma-
ción satírica. Su reino cae en la región de
Mesopotamia (Entremos), que habitan tribus
arameas.
3.10 Fuera de las fórmulas se menciona
por primera vez la acción del espíritu, que
moverá a Gedeón, Jefté y Sansón, y dará pie
para la denominación de jefes carismáticos.
3,11-31 Ehud. Podemos distinguir fácil-
mente las fórmulas del marco, la narración del
hecho, su extensión a todo Israel. Es un relato
minúsculo y magistral. Los protagonistas: Ehud
(con nombre de majestad o esplendor) y Eglón
(con nombre de becerro); Ehud impedido de la
mano derecha, Eglón gordísimo.
3,13 * = Las Palmas.
3,15 El tema de la mano: benjaminita sig-
nifica en rigor meridional, pero en hebreo se
presta a un juego de palabras, porque el sur
es la derecha (se orientan mirando al orien-
te); es decir, era un "miembro de la diestra"
con la mano diestra impedida. Por su mano
("por su medio" anularía el juego) envían un
tributo, veremos cuál, cuando su mano actúe.
3,16 El puñal se lleva lógicamente a la
izquierda; allí lo buscan los que cachean.
3,19 Quizá se tratase del grandes esta-
tuas, que denominaban la localidad. Como
Moab queda en TransJordania, Ehud vuelve
con su séquito hasta una localidad israelítica.
Moab ocupaba las dos orillas del río. * = Los
ídolos. Hab 2,20.
3,20-22 El asesinato está descrito en una
serie rápida de momentos, marcados en el
original con rimas y aliteraciones. Hay que
fijarse en esa mano certera. El tono es de
crueldad burlesca. Ehud anunciaba un orácu-
lo de Dios, evitando el nombre de Yahvé. Se
cierra la grasa, se cierra la puerta, se guarda
el secreto.
3,23-25 La simultaneidad del salir y el
entrar subrayan lo ridículo de la escena. El
descubrimiento está puntuado en el original
con tres partículas "he aquí" (hinne): las puer-
477 JUECES 4,3
raron: su señor yacía en el suelo,
muerto.
26
Mientras ellos habían
estado esperando, Ehud pudo
escapar hasta Happesilim y se
refugió en Seír.
27
En cuanto llegó, tocó a rebato
en la serranía de Efraín. Los is-
raelitas bajaron de los montes, con
él al frente.
28
Ehud los arengó:
-¡Seguidme!, que el Señor ha
puesto en vuestro poder a Moab,
vuestro enemigo.
Bajaron tras él y ocuparon los
vados del Jordán, cortando el pa-
so a Moab; no dejaron pasar ni a
uno.
29
En aquella ocasión derro-
taron a unos diez mil moabitas,
todos gente de armas; no escapó
ni uno.
30
Aquel día Moab quedó
sujeto bajo la mano de Israel. Y el
país estuvo en paz ochenta años.
Sangar
3I
A Ehud le sucedió Sangar, hi-
jo de Anat. Con una aguijada de
bueyes mató a trescientos filisteos,
y así también él salvó a Israel.
Débora* y Barac
4 'Después que murió Ehud, los
israelitas volvieron a hacer lo que
el Señor reprueba,
2
y el Señor los
vendió a Yabín, rey cananeo que
reinaba en Jasor; el general de su
ejército era Sisara, con residencia
en Jaróset Haggoyim*.
3
Los israelitas gritaron al Se-
tas cerradas, nadie abre, el señor caído.
3.27 El mismo verbo hebreo se usa para
meter la espada y tocar la trompa. Con este
recurso se enlaza lo que sigue, una amplia-
ción del hecho a otra tribu, con consecuen-
cias para todo Israel.
3.28 Jue 7,24s.
3,31 El nombre de Sangar no parece is-
raelita. Anat es el nombre de una diosa cana-
nea. Su hazaña se parece a la de Sansón,
con la quijada, y las de Sama, soldado de
David (2 Sm 23,11). Mientras los filisteos dis-
ponían de armas de hierro, Sangar se vale
de una aguijada, probablemente rematada
en punta metálica. El personaje reaparece en
el canto de Débora.
4 Dos versiones, una en prosa narrativa,
otra en verso épico, recogen el importante
acontecimiento de la victoria sobre los reyes
cananeos aliados. Si el relato tiene base his-
tórica, habría que situarlo en la mitad del
siglo XII. En cualquier caso, el relato funcio-
na situado en el cuadro que podemos re-
construir con coherencia. Israel ya se ha es-
tablecido firmemente en dos bloques dividi-
dos por una franja central, y resultan una
amenaza grave para las poblaciones y los
reinos locales. Si logran ocupar la fértil franja
central, pronto se harán los amos únicos del
territorio palestino; los reinos autóctonos que
todavía subsisten tendrán que someterse,
desaparecer, ser absorbidos. En cambio, la
lanura central puede ser el punto de partida
de un ataque que mantenga separados los
dos grupos de tribus y ponga un freno a su
afán expansionista. Varios reyes cananeos
forman una coalición, nombran un general y
reúnen sus armas más avanzadas, los ca-
rros. Presentarán batalla en la llanura, donde
su ejército tiene superioridad absoluta. In-
cluso pueden contar con la indiferencia de
algunas tribus, que no se sientan directamen-
te amenazadas. El ejército cananeo avanza
por la llanura, los destacamentos israelitas se
derraman desde el Tabor; de repente sobre-
viene una tormenta, un aguacero, y ios ca-
rros armados cananeos se vuelven su perdi-
ción. No pueden maniobrar, ni siquiera pue-
den huir en las vías encharcadas; no pueden
subir a las montañas, que controlan los isra-
elitas. El general huye a pie y muere a manos
de una mujer beduina. Es una victoria decisi-
va que da a Israel el predominio sobre los
cananeos, une geográficamente a las tribus y
confirma su sentido de unidad.
Los personajes de la historia se reducen
a cuatro. La primera bina lleva nombres sig-
nificativos: Débora (= abeja) es la mujer
valiente y decidida, Barac (= rayo) es el hom-
bre indeciso; la mujer es profetisa y posee la
palabra de Dios, el hombre es militar y está
desanimado. La segunda pareja la forman
Yael (= cabra montes, rebeco) y Sisara, un
general que era también rey.
4,1-3 La presencia de Yabín en esta na-
rración es sospechosa: en Jos 11,1-9 es el
jefe de la coalición septentrional derrotada
por Josué junto al arroyo de Merón; no apa-
rece en el resto de la narración ni en el
poema; el verso 3 parece indicar que el opre-
sor es Sisara. Su residencia se encontraba
probablemente al oeste de la gran llanura,
cerca del mar y del Carmelo; hasta allá no
habían llegado los filisteos.
4.1 * = Abeja. 2 Re 22,14.
4.2 * = de los Pueblos.
4.3 Jos 11,6; 17,18.
4,4 JUECES 478
ñor, porque Sisara tenía nove-
cientos carros de hierro y llevaba
ya veinte años tiranizándolos.
4
Débora, profetisa, casada con
Lapidot, gobernaba por entonces
a Israel. Tenía su tribunal bajo la
Palmera de Débora, entre Rama y
Betel, en la serranía de Efraín, y
los israelitas acudían a ella para
que decidiera sus asuntos.
6
Débora mandó llamar a Ba-
rac*, hijo de Abinoán, de Cades
de Neftalí, y le dijo:
-Por orden del Señor, Dios de
Israel, ve a alistar gente y reúne
en el Tabor diez mil hombres de
Neftalí y Zabulón;
7
que a Sisara,
general del ejército de Yabín, yo
te lo llevaré junto al torrente
Quisón, con sus carros y sus tro-
pas, y te lo entregaré.
8
Barac replicó:
-Si vienes conmigo, voy; si no
vienes conmigo, no voy.
9
Débora contestó:
-Bien. Iré contigo. Ahora que
no será tuya la gloria de esta
campaña que vas a emprender,
porque a Sisara lo pondrá el Se-
ñor en manos de una mujer.
Luego se puso en camino para
reunirse con Barac, en Cades.
10
Barac movilizó en Cades a Za-
bulón y Neftalí; diez mil hom-
bres lo siguieron, y también Dé-
bora subió con él.
"(Jeber, el quenita, se había
separado de su tribu, de los des-
cendientes de Jobab, suegro de
Moisés, y había acampado junto
a la Encina de Sananín, cerca de
Cades).
l2
En cuanto avisaron a Sisara
que Barac, hijo de Abinoán, ha-
bía subido al Tabor, movilizó
sus carros -novecientos carros
de hierro- y toda su infantería, y
avanzó desde Jaróset hasta el
torrente Quisón.
l4
Débora dijo a Barac:
-¡Vamos! Que hoy mismo po-
ne el Señor a Sisara en tus manos.
¡El Señor marcha delante de ti!
15
Barac bajó del Tabor, y tras
él sus diez mil hombres. Y el
Señor desbarató a Sisara, a todos
sus carros y todo su ejército ante
Barac, tanto que Sisara tuvo que
saltar de su carro de guerra y
huir a pie.
4,4-5 Su oficio principal es zanjar dispu-
tas, fallar pleitos; era el modo común de go-
bernar entonces. Su prestigio irradiaba des-
de la zona central hacia otras tribus, inclui-
das las del norte. Pero su autoridad para
convocar a Barac le viene de un oráculo del
Señor, porque es profetisa. Barac debía de
tener un cargo importante en las tribus del
norte; lleva el mismo nombre que el general
cartaginés Amílcar Barca, mientras que el
nombre de su padre "mi padre es hermoso"
parece referirse al dios Tamuz o a su equi-
valente fenicio.
4,6-9 El diálogo enfrenta dos caracteres.
El autor lo expresa con refinamiento estilísti-
co: Débora habla en verso bastante regular,
comenzando con un mandato categórico
"ve"; Barac contesta poniendo condiciones,
repite cuatro veces el verbo ir, insistiendo en
la vocal i; es irónica la indecisión de este
"Rayo"; para ir, Débora replica repitiendo el
verbo ir en forma categórica.
"Poner en manos de" o "entregar" es una
de las piezas de la guerra santa, forma parte
del oráculo en que Dios da la seguridad de la
victoria. El narrador va a jugar con la palabra
mano (aunque en modo diverso que en el
relato de Ehud). "En manos de una mujer": el
lector piensa que esa mujer será Débora, la
única mujer que ha aparecido hasta ahora en
la escena.
4,6 * = Rayo.
4.10 Zabulón y Neftalí son dos tribus
septentrionales; nada dice el relato en prosa
de las otras tribus, tema importante del
poema. Puede ser que las tribus septentrio-
nales fueran menos temidas como menos
belicosas, los datos bíblicos dan preferencia
militar de ordinario a las tribus de la montaña
central o meridional; Taanac, Meguido y Bet-
sán, fortalezas cananeas, custodiaban los
accesos desde el sur.
4.11 La noticia sirve para preparar los
acontecimientos de la segunda parte. La lo-
calidad lleva el nombre común Cades (= san-
tuario), y se encontraba quizá entre Meguido
y Taanac. La tribu de los quenitas habitaba
en el Negueb, mientras que Heber había emi-
grado hacia el norte, continuando su vida de
nómada.
4,14 La frase de Débora es oracular y
tiene un ritmo marcado con varias rimas. Sa-
lir delante es término militar; véase Ex 11,4,
significa que el Señor será el general. La sali-
da se podía realizar con el arca como pala-
dión militar; pero no es probable que Barac
pudiera contar con ella.
4,15-16 No se describe la batalla. Todo
lo realiza el Señor con una acción típica de la
guerra santa: sembrando el pánico, turban-
do, desbaratando (hmm). La acción se sepa-
ra en dos hilos simultáneos: mientras Sisara
479 JUECES 5,2
l6
Barac fue persiguiendo al
ejército y los carros hasta Jaróset
Haggoyim*. Todo el ejército de
Sisara cayó a filo de espada, no
quedó ni uno.
l7
Mientras tanto, Sisara había
huido a pie hacia la tienda de
Yael, esposa de Jéber, el quenita,
porque había buenas relaciones
entre Yabín, rey de Jasor, y la
familia de Jéber, el quenita.
l8
Yael salió a su encuentro y
lo invitó:
-Pasa, señor; pasa, no temas.
l9
Sísara pasó a la tienda, y
Yael lo tapó con una manta.
Sisara le pidió:
-Por favor, dame un poco de
agua, que me muero de sed.
20
Ella abrió el odre de la leche,
le dio a beber y lo tapó. Sisara le
dijo:
-Ponte a la entrada de la tien-
da, y si viene alguno y te pre-
gunta si hay alguien, le dices que
nadie.
2l
Pero Yael, esposa de Jéber,
agarró un clavo de la tienda, aga-
rró un martillo en la mano, se le
acercó de puntillas y le hundió el
clavo en la sien, atravesándolo
hasta la tierra. Sisara, que dor-
mía rendido, murió.
22
Barac, por su parte, iba en
persecución de Sisara. Yael le
salió al encuentro y le dijo:
-Ven, te voy a enseñar al
hombre que buscas.
Barac entró en la tienda: Sisa-
ra yacía cadáver, con el clavo en
la sien.
23
Dios derrotó aquel día a Ya-
bín, rey cananeo, ante los is-
raelitas.
24
Y éstos se fueron ha-
ciendo cada vez más fuertes
frente a Yabín, rey cananeo, has-
ta que lograron aniquinarlo.
Canto de victoria
(Ex 15;Hab3)
5 'Aquel día Débora y Barac,
hijo de Abinoán, cantaron:
2
«Porque cuelgan
las melenas en Israel,
por los voluntarios del pueblo,
¡bendecid al Señor!
huye a pie, Barac persigue al ejército derrota-
do. Es muy enfático ese huir "a pie" del ge-
neral que mandaba con sus carros.
4.16 * = de los Pueblos.
4.17 El segundo acto cambia la escena:
en vez de campamento, tienda de campaña;
en vez de batalla, buenas relaciones o paz.
4,18-20 La escena tiene resonancias
ambiguas. Que la mujer tome la iniciativa y
salga al encuentro, que invite a pasar, que
cubra al soldado; la invitación suena seducto-
ramente sura adoni sura 'elay 'al tir'a; y no
olvidemos la homofonía en hebreo de "dame
de beber" y "dame un beso" (véanse Is 27,2-
5 y el comienzo del Cantar de los Cantares).
Las últimas palabras de Sisara reducen la
dignidad del general a su pura dimensión
numana, el anónimo que desaparece: "Viene
alguno... hay alguien... nadie".
4,21 Con precisión de detalles, con rapi-
dez en la sucesión y con sonoridad áspera
describe el autor la acción de Yael. La mano
de una mujer ha actuado. Jud 13,6-8.
4,24 La conclusión sugiere que Yabín si-
guió con poder y que la derrota fue el co-
mienzo de su decadencia definitiva. Canaán
(kn'n) es asonante de derrotar (kn').
5 El llamado "canto de Débora" es una
explosión lírica sin perder la cabeza. Que el
autor haya utilizado material de otros es muy
posible, pero interesa menos, porque el resul-
tado se impone como un poema de los mejo-
res de la antigüedad. Muchos indicios hacen
sospechar que este canto es antiguo.
La técnica de composición es muy libre:
cuadros intensos y rápidos se yuxtaponen
creando contrastes violentos, o se interrum-
pen con intermedios líricos, invocaciones o
imprecaciones. Acción narrativa, diálogo, in-
cluso un desfile de tribus, se funden en el fer-
vor del entusiasmo. El poeta convoca con su
palabra a los personajes, se dirige en segun-
da persona a los de Israel, deja en tercera
persona al enemigo.
En mirada amplia enfrenta a Israel con
Canaán, juzgando a las tribus por su actitud
a la hora decisiva; pero en la batalla intervie-
nen fuerzas cósmicas, las estrellas y el to-
rrente, como ejército del Señor. El poema
canta a Débora, bendice a Yael; pero sobre
todo bendice y alaba al Señor de las victorias
de Israel.
El poema emplea un ritmo algo flexible,
se complace en repeticiones próximas según
la fórmula abc-bcd o semejantes; sutiles re-
peticiones de palabras crean relaciones a
distancia, que escucha un oído entrenado. El
poema tiene varios puntos de contacto con el
Sal 68, que parece ser arcaizante.
5.1 Él título es posterior y no responde al
contenido: en el poema el poeta se distingue
expresamente de los protagonistas. Compáre-
se con Ex 15,1.20-21.
5.2 El soltarse la melena podría estar en
relación con el nazireato (Nm 6,1-21). Parece
5,3 JUECES 480
3
Oíd, reyes; príncipes, escuchad:
que voy a cantar,
a cantar al Señor,
y a tocar para el Señor,
Dios de Israel.
"Señor, cuando salías de Seír
avanzando
desde los campos de Edom,
la tierra temblaba,
los cielos destilaban,
agua destilaban las nubes,
5
los montes se agitaban
ante el Señor, el de Sinaí;
ante el Señor, Dios de Israel.
6
En tiempo de Sanga,
hijo de Anat,
en tiempo de Yael,
los caminos no se usaban,
las caravanas
andaban por sendas tortuosas;
7
ya no había aldeanos,
no los había en Israel,
hasta que te pusiste en pie,
Débora;
te pusiste en pie,
madre de Israel.
8
Se había escogido
dioses nuevos:
ya la guerra
llegaba a las puertas;
ni un escudo
ni una lanza se veían
entre cuarenta mil israelitas.
9
¡Mi corazón
por los capitanes de Israel,
por los voluntarios del pueblo!
¡Bendecid al Señor!
l0
Los que cabalgáis
borricas pardas,
sentaos sobre albardas,
de camino, atended:
1
'tocando trompetas,
entre los abrevaderos,
celebrad
las victorias del Señor,
que algunos de estos consagrados eran mili-
tares. Otros piensan en un simple gesto gue-
rrero.
5,3 Dirigiéndose a reyes, el poeta finge
una audiencia de extranjeros, a la vez que
exalta la soberanía del Señor.
5,4-5 Según una tradición bien atestigua-
da, el Señor habita en el sur, y de allí sale a
luchar por su pueblo: Dt 33,2; Hab 3,3; Sal
68,8-9. Seír es prácticamente sinónimo de
Edom. Los versos pueden referirse a la gran
salida del Señor sacando a su pueblo de
Egipto y a nuevas teofanías históricas; tam-
bién puede ligar poéticamente la teofania
actual con la tradicional, en unidad de desig-
nio histórico. En tiempos antiguos el Señor
está vinculado al Sinaí, más tarde se vincula
al monte Sión, y desde Sión viene la teofania
(por ejemplo, Sal 50,2-3; Sal 76). La teofania
incluye un aguacero y un terremoto, sea en
sentido propio, sea como impresión de sacu-
dida por los violentos truenos; véase Sal 29.
5,6 Ya hemos encontrado a este jefe de
nombre hitita (o luvio): en 3,31 aparecía co-
mo salvador de Israel, aquí define una época
sombría. Más extraño es encontrar a Yael
definiendo una etapa. ¿Se tratará de una
confusión con Yabín?
5,6-7 Los caminantes parecen ser mer-
caderes, quizá caravanas menores, que tie-
nen que evitar las rutas normales por el peli-
gro de bandidos (véase Jue 9,25); se oponen
a los campesinos, que habitan poblados
abiertos y desguarnecidos.
Madre de Israel suena a título honorífico,
como se dice "padre de la patria". En el con-
texto actual se oye una oposición entre
Sangar, incapaz de defender al pueblo, y
Débora que se levanta y toma la iniciativa de
salvarlo. Al ponerse en pie va a movilizar a
los israelitas, también en el poema.
5,8a Si leemos el texto hebreo como está
-aceptando alguna anomalía de construc-
ci ón-, el verso da la razón de aquel estado
de cosas: es un castigo por la idolatría, y el
sujeto es Israel. Con la primera expresión
hay que comparar Jos 24,15; con la segun-
da, Is 28,6.
5,8b Recordando que Sangar luchó con
una aguijada, esta noticia indica que Israel,
establecido ya como pueblo agrícola seden-
tario, no disponía de armas. A lo mejor se ha-
cía sentir ya lo que cuenta 1 Sm 13,19-22,
que los filisteos se reservaban la técnica de
la elaboración del hierro, incluso de afilar los
instrumentos de labranza. Es la época en
que el uso del hierro se extiende, pero tarda
en llegar a los israelitas; los filisteos lo han
traído en sus barcos, los cananeos lo impor-
tan de Asia Menor. El número de cuarenta
mil parece redondeado, generosamente.
5.9 Repitiendo parte del v. 2 este verso y
la estrofa que sigue introducen la segunda
parte.
5.10 El camello, domesticado durante el
siglo XII, todavía no se había hecho común
en Israel, y menos el caballo de tiro. Ca-
balgar en una borrica era ya señal de riqueza
o de honor; lo confirman las noticias sobre
los jueces menores en los próximos capítu-
los. Más tarde se empleará la muía para es-
tos menesteres.
5.11 Según la etimología, "victorias" son
los actos por los que el Señor hace triunfar la
481 JUECES 5,22
las victorias
de los aldeanos de Israel,
cuando el pueblo del Señor
acudió a las puertas.
l2
¡Despierta, despierta, Débora!
¡Despierta, despierta,
entona un canto!
¡En pie, Barac!
¡Toma tus cautivos,
hijo de Abinoán!
'-'Superviviente,
somete a los poderosos;
pueblo del Señor,
sométeme a los guerreros.
l4
De Efraín,
que arraiga en Amalee,
siguiéndote Benjamín
con sus familias;
de Maquir
bajaron los capitanes;
de Zabulón los que empuñan
el bastón de mando;
l5
los príncipes de Isacar
con Débora;
Isacar también con Barac;
los infantes destacados
al valle.
Rubén entre las acequias*
decide cosas grandes.
l6
-¿Qué haces sentado
en los apriscos,
escuchando
la flauta de los pastores?
¡Rubén entre las acequias
decide cosas grandes!
17
Galaad se ha quedado
al otro lado del Jordán,
Dan sigue con sus barcos;
Aser se ha quedado
a la orilla del mar
y sigue en sus ensenadas.
l8
Zabulón es un pueblo
que despreció la vida,
como Neftalí
en sus campos elevados.
19
Llegaron los reyes al combate,
combatieron
los reyes de Canaán:
en Taanac,
junto a las aguas de Meguido,
no ganaron
ni una pieza de plata.
20
Desde el cielo
combatieron las estrellas,
desde sus órbitas
combatieron contra Sisara.
2I
E1 torrente Quisón los arrolló,
el torrente Quisón
les hizo frente,
el torrente
pisoteó a los valientes.
22
Marti Meaban
los cascos de los caballos
al galope,
al galope de los bridones.
causa del oprimido, defiende su derecho, le
hace justicia. La victoria es también de los
aldeanos, del pueblo, por su decisión de de-
fenderse. Estos son los voluntarios del v. 9,
ya que no bastaba el ejército regular.
5,12-13 La invocación a los dos jefes y al
resto del pueblo está llena de aliteraciones,
además de las manifiestas repeticiones: dé-
bora - dabberí, yorid (?) - sarid - addir.
5,14-18 En la lista de las tribus faltan las
meridionales Judá y Simeón; Maquir repre-
senta a Manases occidental, Gad se llama
Galaad, Zabulón se nombra dos veces; en
total son diez. Dado que el poeta alaba y
reprueba, parece considerar su lista comple-
ta; por algún motivo las tribus del sur estaban
dispensadas. En la versión en prosa sólo se
mencionaban Zabulón y Neftalí. Este recuen-
to y caracterización de tribus recuerda un
poco Gn 49 y Dt 33, si bien la función es aquí
diversa.
5.14 Es extraño encontrar a Efraín entre
los amalecitas, beduinos que habitan la este-
pa del sur; el griego, suprimiendo una letra,
ha leído "en el valle", que es más aceptable,
aunque Efraín habitaba más bien una zona
montañosa, "la serranía de Efraín".
5.15 Es extraña la repetición de Isacar;
pero esta tribu residía en la llanura de Es-
drelón, y en su territorio estaba enclavado el
Tabor, donde Barac concentró sus tropas.
* = O: entre clanes.
5.16 La referencia a Rubén es irónica. La
tribu de pastores de TransJordania no hace cau-
sa común con los campesinos del otro lado.
Compárese con su actuación en Jos 1 y 22.
5.17 Supone la migración de Dan, de la
región vecina a los filisteos al extremo norte de
Canaán, capítulos 17-18. La destrucción de
Lais parece que sucedió a finales del siglo XII,
que es una fecha posterior a los hechos del
presente capítulo. Los barcos estarían en rela-
ción con los fenicios o con alguno de los "pue-
blos del mar", o con la tribu vecina, Aser.
5,19-22 La batalla no está descrita. Unos
datos objetivos se asocian a dos audaces
personificaciones cósmicas y a un rasgo im-
presionista. Las estrellas forman el ejército
del Señor, mientras que el torrente puede
recordar el Mar Rojo.
5,19 El poema alude a una confedera-
ción cananea, que es lo más probable. Sólo
menciona el nombre de Sisara. La primera
aliteración une los dos nombres Canaán y
Taanac (kn'n t'nk). Otra aliteración recorre
toda la estrofa: combatir-torrente-ganar-mar-
tillar (nlhm nhl Iqh hlm).
5,22 El galope es famoso como ejemplo
de onomatopeya: halemu 'iqqebe susim da-
harot daharot abbirayu.
5,23 JUECES 482
23
Maldecid a Meroz; maldecidla,
dice el mensajero del Señor;
maldecid a sus habitantes,
porque no vinieron
en auxilio del Señor,
en auxilio del Señor
con sus tropas.
24
¡ Bendita
entre las mujeres Yael,
mujer de Jéber, el quenita,
bendita
entre las que habitan en tiendas!
25
Agua le pidió, y le dio leche;
en taza de príncipes
le ofreció nata.
26
Con la izquierda
agarró el clavo,
con la derecha
el martillo del obrero,
golpeó a Sisara,
machacándole el cráneo,
lo destrozó
atravesándole las sienes.
27
Se encorvó entre sus pies,
cayó acostado;
se encorvó entre sus pies, cayó;
encorvado,
allí mismo cayó deshecho.
28
Desde la ventana,
asomada, grita
la madre de Sisara
por la celosía:
-¿Por qué tarda en llegar
su carro,
por qué se retrasan
los pasos de su tiro?
29
La más sabia de sus damas
le responde,
y ella se repite las palabras:
30
-Están agarrando
y repartiendo el botín,
una muchacha o dos
para cada soldado,
paños de colores para Sisara,
bordados y recamados
para el cuello de las cautivas.
31
¡Perezcan así,
Señor, tus enemigos!
¡Tus amigos sean fuertes
como el sol al salir!»
Y el país estuvo en paz cua-
renta años.
Gedeón
(Jue 13)
6 'Los israelitas hicieron lo que
el Señor reprueba, y el Señor los
entregó a Madián por siete años.
2
E1 régimen de Madián fue tirá-
5,23 No sabemos dónde se encuentra
ese poblado que ocupa un lugar tan promi-
nente en el poema. Esa maldición, que co-
mienza con un oráculo y es coreada por el
pueblo, equivale a una excomunión o exclu-
sión de la comunidad. El Señor hace leva y el
pueblo responde enviándole tropas auxiliares.
5,24-27 La versión poética omite el deta-
lle de la manta y el momento del sueño. Este
martillar parece hacer eco a los cascos de los
caballos del v. 22 (el mismo verbo en he-
breo). La acción de Yael se descompone en
momentos rápidos, y la muerte se alarga en
frases de doble sentido. Es probable que el
autor del libro de Judit se haya inspirado en
esta escena.
5,26 Jud 16,9.
5,28-30 Singular acierto del poeta es
añadir, con montaje audaz, ese epílogo que
expresa patéticamente la ausencia del gene-
ral muerto. La madre de Sisara se opone a
Débora, la madre de Israel; la dama de corte
crea en sus palabras una magnífica escena
inexistente; ¡qué irónico su título de sabia!
5,31 Suena como invocación litúrgica.
Narración y poema se han complacido en
desarrollar el motivo literario "victoria del
débil": Israel, aldeano, más débil que su ene-
migo bien armado; Débora, la mujer, más
débil que Barac; Yael frente al general. In-
cluso en el campo enemigo domina la pre-
sencia femenina: la reina, la dama, mucha-
chas y vestidos; si bien los sueños de estas
mujeres sean vanos. Para la imagen del sol
véase Sal 19,6.
GEDEÓN
Débora y Barac se enfrentaban con los
señores cananeos que por tradición ocupa-
ban Palestina; su victoria quebró definitiva-
mente la resistencia de los precedentes po-
bladores. Gedeón se tiene que enfrentar con
una agresión que viene del este. Parece que
la historia se complace en repetirse: los
amorreos (= occidentales) fueron tribus se-
míticas que invadieron la franja costera y se
establecieron allí; también el cuerpo de los
israelitas venía del desierto y penetró cru-
zando el Jordán, para desalojar lentamente
a los precedentes ocupadores; una nueva
marea se agita en el desierto oriental, en-
viando ondas sucesivas capaces de cubrir el
territorio y a sus nuevos ocupantes. ¿Les to-
cará a los israelitas, hace poco asentados, la
suerte de los cananeos?, ¿los medirán con
la misma medida?
La nueva ola introduce un factor nuevo,
revolucionario: el camello domesticado. Los
madianitas son una tribu nómada que se ha
dedicado en parte al transporte de mercan-
cías, el cual se realizaba antiguamente a lo-
mos de asnos. Este sistema limita las rutas a
483 JUECES
6,9
nico. Para librarse de él, los isra-
elitas tuvieron que valerse de las
cuevas de los montes, las caver-
nas y los refugios.
3
Cuando los israelitas sembra-
ban, los madianitas, los amaleci-
tas y los orientales venían a hos-
tigarlos;
4
acampaban frente a
ellos y destruían todos los sem-
brados, hasta la entrada de Gaza.
No dejaban nada con vida en
Israel, ni oveja, ni buey, ni asno;
5
porque venían con sus rebaños
y sus tiendas, numerosos como
langostas, hombres y camellos
sin número, e invadían la comar-
ca, asolándola.
6
Con esto Israel
iba empobreciéndose por culpa
de Madián.
7
Entonces los israelitas grita-
ron al Señor. Y cuando los israe-
litas gritaron al Señor por causa
de Madián,
8
el Señor les envió
un profeta a decirles:
-Así dice el Señor, Dios de Is-
rael: Yo os hice subir de Egipto,
os saqué de la esclavitud,
9
os
libré de los egipcios y de todos
vuestros opresores, los expulsé
ante vosotros para entregaros sus
zonas con fuentes poco distantes. Durante el
siglo XII se consuma y se difunde la domes-
ticación del camello (los camellos de Gn
37,25 son un anacronismo), con lo cual se
abren nuevas rutas, se pueden cubrir mayo-
res distancias y la velocidad de transporte se
multiplica. El camello se demuestra útil para
otro tipo de actividad no menos lucrativa que
el transporte de mercancías, a saber, el robo
y pillaje. Un escuadrón de jinetes montados
en camellos pueden partir de lejos, irrumpir
de improviso, escapar sin ser alcanzados.
Los madianitas se alian con otros bedui-
nos: con los amalecitas ya conocidos en Ex
17,8-16, y otra tribu que lleva el nombre geo-
gráfico "orientales" (lo mismo que benjamini-
tas significa "meridionales"). Su camino de
penetración es a través de los vados del Jor-
dán, frente a la llanura de Esdrelón al norte y
quizá más al sur, frente a la sierra de Efrafn;
o bien penetraban por el norte y doblaban
hacia el sur. Su táctica es refinada: dejan tra-
bajar a las poblaciones sedentarias y se pre-
sentan a recoger las cosechas. Estos bedui-
nos con sus camellos pueden resultar tan
peligrosos como los cananeos con sus carros
de combate. La táctica repetida año tras año
amenaza matar de hambre y desesperación
a los pobres aldeanos israelitas.
En este contexto histórico, así recons-
truido o imaginado, actúa el nuevo héroe Ge-
deón Yerubaal. Comparados con los veinte
versos dedicados a Ehud (incluyendo marco
y ampliación), se aprecian los cien versos
que se lleva Gedeón en el libro. El material
narrativo sobre el héroe procede de diversas
tradiciones, al principio orales: con ellas ha
construido el autor último una narración arti-
culada en breves escenas bien encadena-
das, bastante variadas, con justa proporción
entre acción y diálogo; la maestría narrativa
alcanza aciertos excepcionales. El sentido
religioso de los hechos está explícito sobre
todo en los diálogos.
Vamos a dividir este capítulo en una se-
rie de escenas o secciones: la situación (1-6),
requisitoria pro!ética (7-10), vocación del
héroe (11-24), Dios pone a prueba a Gedeón
(25-32), situación (33-35), Gedeón pone a
prueba a Dios (36-40).
6,1 Según Gn 25,1-4, Madián es uno de
los hijos de Abrahán y de Quetura, mientras
que Gn 37 los relaciona con los ismaelitas,
también descendientes de Abrahán. El re-
cuerdo de un parentesco ancestral parece
operar en estas noticias.
6.4 Gaza en aquella época estaba ya en
poder de los filisteos; quizá el autor toma a
Gaza como denominación de los principa-
dos, y parece pensar en una penetración
también a lo largo de la costa.
6.5 La comparación con la langosta, que
llega a hacerse tópica (Jr 46,23; Nah 3,15),
es muy eficaz para describir el avance rapidí-
simo del ejército de camellos, los saltos, la
polvareda, su paso desolador.
6,7-10 Segunda aparición y requisitoria
del libro. Su función estructural es semejante:
2,1-5 explica el fracaso descrito antes, como
castigo por el pecado; lo mismo hace la pre-
sente pieza. También el contenido es seme-
jante: recuento de beneficios, que resumen en
dos tiempos la salvación, y denuncia de la
desobediencia. En vez del ángel del Señor,
habla un profeta anónimo (la requisitoria es
frecuente en la actividad profética); no se lee
la respuesta del pueblo, que debía ser peni-
tencia y confesión. Quizá falte esta conclusión
en vista de los sucesos de v. 25-32. El discur-
so del profeta es como un resumen esquemá-
tico: beneficio del Señor -título de la alianza-
exigencia de culto exclusivo. El discurso está
en versos de cuatro o tres acentos.
6,8 Jue 2,1-5.
6,10 JUECES 484
tierras, y os dije:
l0
«Yo soy el
Señor, Dios vuestro; no adoréis a
los dioses de los amorreos, en
cuyo país vais a vivir». Pero no
me habéis obedecido.
"El ángel del Señor vino y se
sentó bajo la Encina de Ofrá,
propiedad de Joás, de Abiezer,
mientras su hijo, Gedeón, estaba
trillando trigo a látigo en el la-
gar, para esconderse de los ma-
dianitas.
I2
E1 ángel del Señor se le apa-
reció y le dijo:
-El Señor está contigo, valiente.
l3
Gedeón respondió:
-Perdón; si el Señor está con
nosotros, ¿por qué nos ha venido
encima todo esto? ¿Dónde han
quedado aquellos prodigios que
nos contaban nuestros padres:
«De Egipto nos sacó el Señor...»?
La verdad es que ahora el Señor
nos ha desamparado y nos ha
entregado a los madianitas.
I4
E1 Señor se volvió a él y le
dijo:
-Vete, y con tus propias fuer-
zas salva a Israel de los madiani-
tas. Yo te envío.
l5
Gedeón replicó:
-Perdón, ¿cómo puedo yo li-
brar a Israel? Precisamente mi
familia es la menor de Manases,
y yo soy el más pequeño en la
casa de mi padre.
I6
E1 Señor contestó:
-Yo estaré contigo, y derrota-
rás a los madianitas como a un
solo hombre.
l7
Gedeón insistió:
-Si he alcanzado tu favor, da-
me una señal de que eres tú quien
habla conmigo.
l8
No te vayas de
aquí hasta que yo vuelva con una
ofrenda y te la presente.
El Señor dijo:
-Aquí me quedaré hasta que
vuelvas.
l9
Gedeón marchó a preparar
un cabrito y unos panes ázimos
6,11-24 Personajes. El ángel del Señor
es la aparición del Señor, por eso el texto
emplea dicha fórmula cuando aparece, se
sienta, actúa, mientras que dice simplemente
"el Señor" cuando habla. Ver la aparición del
Señor entraña peligro de muerte. Gedeón
significa "el que arranca, tala, destroza"; Ye-
rubaal significa "defienda, pleitee Baal". El
narrador dice que el segundo es un apodo,
pero es extraño que den un nombre teoforico
de Baal al enemigo de Baal; algunos autores
invierten la explicación del autor, diciendo
que Yerubaal es el nombre original -nombre
baalista- y Gedeón es el apodo. Hay que
notar que el padre lleva un nombre teoforico
yahvista, Joás. Abiezer (= mi padre auxilia)
es el nombre, también teoforico, de un clan
de Manases, según Nm 26,30 y Jos 17,2.
El pasaje tiene un tono que recuerda
intensamente las escenas patriarcales, espe-
cialmente Gn 18: la divinidad asume figura
antropomórfica, si bien demuestra poder so-
brehumano y se reserva la libertad de apare-
cer y desaparecer. El hombre puede rogar,
no mandar ni disponer. En Gn 18, la divinidad
aceptaba el banquete, aquí lo transforma en
holocausto.
El diálogo, para lo que estila el Antiguo
Testamento, es bastante largo -cuatro do-
bles intervenciones- y muy elaborado. Se
coloca en el género de "vocación" y hay que
estudiarlo en paralelo con la vocación de
Moisés, la de Jeremías, etc. Dios confía una
misión al hombre, el hombre se resiste, Dios
le promete su ayuda, el hombre pide un
signo, Dios se lo concede: éstos son los posi-
bles elementos de un relato de vocación, y se
encuentran de modo diverso en cada caso.
6,11 Ofrá de Manases se encuentra a
pocos kilómetros al sur del Tabor, muy ex-
puesta a las incursiones madianitas. La en-
cina o terebinto podría tener carácter sacro,
sobre todo considerada su cercanía a una
roca que hará de altar; el artículo distingue
esta encina entre otras.
6,12-16 Las palabras del Señor, con su
insistencia en el valor y la fuerza, hacen des-
cubrir al hombre su incapacidad para la mi-
sión. Esta lleva el verbo "salvar", el de los
jueces mayores, y tiene por objeto todo Is-
rael. La incapacidad humana, una vez confe-
sada, queda abolida por la presencia activa
del Señor; "el Señor contigo" leemos dos ve-
ces, como saludo y como fundamento de la
misión; y la objeción de Gedeón implica la
misma idea, son inconciliables las desgracias
con esa presencia.
Con gran claridad y con sentido teológico
se plantea el motivo de la victoria del menor,
recurrente en el libro; su desarrollo vendrá en
el capítulo siguiente. Pueden recordarse la
elección de Saúl (1 Sm 9,21) y la de David (1
Sm 16).
6.13 Sal 60,12.
6.14 Ex 3,10.
6.15 1 Sm9, 21.
6,17-21 Mientras Moisés pide un signo
que garantice la misión, Gedeón pide un
signo que identifique al interlocutor; no vaya
a tratarse de un sueño o de una alucinación.
485 JUECES
6,27
con media fanega de harina; co-
locó luego la carne en la cesta y
echó el caldo en el puchero; se lo
llevó al Señor y se lo ofreció
bajo la encina.
20
E1 ángel del Señor le dijo:
-Toma la carne y los panes
ázimos, colócalos sobre esta ro-
ca y derrama el caldo.
2
'Así lo hizo. Entonces el án-
gel del Señor alargó la punta del
cayado que llevaba, tocó la carne
y los panes, y se levantó de la
roca una llamarada que los con-
sumió. Y el ángel del Señor de-
sapareció.
22
Cuando Gedeón vio que se
trataba del ángel del Señor, ex-
clamó:
-¡ Ay Dios mío, que he visto al
ángel del Señor cara a cara!
23
Pero el Señor le dijo:
-¡Paz, no temas, no morirás!
24
Entonces Gedeón levantó
allí un altar al Señor y le puso el
nombre de «Señor de la Paz».
25
Aquella noche habló el Se-
ñor a Gedeón:
-Toma el buey de siete años
que tiene tu padre, derriba el altar
de tu padre dedicado a Baal y cor-
ta el árbol sagrado que está junto
a él;
26
levanta luego un altar al
Señor, tu Dios, en la cima del ba-
rranco, con las piedras bien pues-
tas; toma el buey y ofrécelo en
sacrificio aprovechando la leña
del árbol ya cortado.
27
Gedeón escogió a diez de sus
criados e hizo lo que le había
mandado el Señor; pero no atre-
viéndose a hacerlo de día por mie-
Quizá espera un signo relacionado con la
ofrenda; el de Moisés estará relacionado con
el culto (E,Y 3,12). Lv 1-2 explica, perfecta-
mente, la diferencia entre ofrenda, holocaus-
to y otros sacrificios; en las ofrendas no en-
tran los animales; nuestro texto puede repre-
sentar costumbres más antiguas, menos di-
ferenciadas. La cantidad de comida es fa-
bulosa para un solo comensal. Caldo, cabrito
y pan estaban destinados a un banquete; el
Señor pide que el caldo se ofrezca en liba-
ción, el resto arderá; no es normal que el pan
se queme en el sacrificio.
El fuego milagroso revela como signo al
Señor: recuérdese a Moisés (Ex 3), Elias (1 Re
18) y Lv 9,24. El fuego del templo es sagrado
oor su uso, éste lo es por su origen también.
6,22-23 Esto sucede fuera y después de
¡a visión; por tanto, el oráculo del Señor está
visto como tantos otros en la literatura prote-
i ca, como respuesta personal, interna. El sa-
udo normal, pronunciado por Dios mismo, se
mpone con su eficacia y evidencia. "Ver cara
a cara" es expresión gráfica, que también se
oodría traducir "en persona"; es privilegio de
-!ombres como Moisés, Ex 33.11.
6,24 Construir un altar para conmemorar
n situ una visión es costumbre antigua: Gn
->2.7 (Abrahán); 26,25 (Isaac), 28,18 (Jacob
erige una estela); 35,1-7 (el altar en Betel). El
-sombre del altar puede concretar el recuer-
do, por ejemplo Ex 17,15 (Moisés después
de vencer a Amalee); Gn 22,14 (Abrahán
después de sacrificar el carnero).
6,25-32 La presencia de otro altar, tan
cerca en la narración y en la comarca, puede
nsinuar una tradición paralela. El autor últi-
mo no ve contradicción, antes bien, yuxtapo-
ne los dos relatos de altares. Una vez que
Gedeón se ha presentado como fiel yahvista,
tendrá que demostrar su celo religioso en un
gesto osado.
La acción cumplirá dos funciones: com-
probará y templará al elegido, expiará por la
comunidad. Lo primero se verá venciendo el
miedo y afrontando a su propio clan. Lo se-
gundo lo hará cumpliendo la orden del Señor,
que también se lee en Dt 7,5.
La narración nos muestra sin comentarios
una situación de sincretismo. En Ofrá, no tan
lejos de Siquén, hay un jefe de familia con
nombre yahvista que posee un altar donde los
vecinos dan culto a un dios cananeo de fecun-
didad, mientras su hijo da culto a Yahvé (y no
sería el único). Precisamente este pecado de
sincretismo es la causa de los males que el
pueblo sufre, como lo ha dicho el profeta al
principio. Hay que expiar el pecado, como
cuando el becerro de oro (Ex 32) o cuando la
prostitución sacra de Belfegor (Nm 25); esta
vez el acto no será cruento, pero sí arriesga-
do. La acción tendrá algo de juicio de Dios,
que sacará afuera las actitudes de muchos y
obligará a tomar partido: se destruye un altar y
se construye otro (recuérdese la destrucción
de ídolos en Jos 24).
6.25 El texto hebreo, mal conservado,
menciona dos bueyes. El árbol sagrado pue-
de ser un palo o maya plantado en tierra, co-
mo símbolo de la deidad femenina cananea.
6.26 El destino del árbol, combustible del
sacrificio auténtico, simboliza el triunfo del
culto de Yahvé y expresa la fidelidad de los
buenos yahvistas.
6,28 JUECES 486
do a sus familiares y a la gente del
pueblo, lo hizo por la noche.
28
Cuando los vecinos se levan-
taron temprano, se encontraron
derruido el altar de Baal, cortado
el árbol sagrado junto a él y sacri-
ficado el buey sobre el altar recién
construido.
29
Se preguntaban:
-¿Quién habrá sido?
Indagaron, averiguaron y lle-
garon a la conclusión:
-Ha sido Gedeón, hijo de Joás.
30
Entonces le dijeron a Joás:
-Sácanos a tu hijo, que muera;
porque ha derribado el altar de
Baal y cortado el árbol sagrado
que había junto a él.
3
'Joás respondió a todos los
que le amenazaban:
-¿Qué tenéis vosotros que de-
fender a Baal? ¡Como si vosotros
fuerais a salvarlo! El que lo de-
fienda, muera antes de que salga
el sol. Si Baal es dios, que se de-
fienda a sí mismo, ya que han
derribado su altar.
32
Por eso aquel día pusieron a
Gedeón el apodo de Yerubaal,
comentando:
-¡Que Baal se defienda a sí mis-
mo, ya que han derribado su altar!
33
Los madianitas, los amaleci-
tas y los orientales se aliaron,
cruzaron el río y acamparon en
la llanura de Yezrael.
34
E1 espíritu del Señor se apo-
deró de Gedeón, que tocó a reba-
to, y Abiezer corrió a unírsele.
35
Envió mensajeros a Manases, y
se le unió; luego a Aser, Zabulón
y Neftalí, y también ellos vinie-
ron a unírsele.
36
Gedeón dijo a Dios:
-Si realmente vas a salvar a
Israel por mi medio, como ase-
guraste, mira, voy a extender en
la era esta zalea:
37
si cae el rocío
sobre la lana mientras todo el
suelo queda seco, me convence-
ré de que vas a salvar a Israel por
mi medio, como aseguraste.
38
Así sucedió. Al día siguiente
Gedeón madrugó, retorció la
lana, exprimiéndole el rocío, y
llenó una cazuela de agua.
39
En-
tonces Gedeón dijo a Dios:
-No te enfades conmigo si te
hago otra propuesta; haré sólo otra
vez la prueba con la zalea: que
sólo ella quede seca, y, en cambio,
caiga rocío sobre el suelo.
40
Así lo hizo Dios aquella no-
che: sólo la zalea quedó seca,
mientras que cayó rocío en todo
el suelo.
7 'Yerubaal, es decir, Gedeón,
madrugó con su gente y acampó
6,29-30 La acción del joven ha sido sa-
crilega y merece la muerte; de lo contrario
Baal enviará una calamidad a la población.
6,31 -32 En la reacción de Joás no basta
el amor paterno (recuérdese el caso de Saúl
y Jonatán en 1 Sm 14,30-45). Con la acción
de su hijo ha descubierto la impotencia de
Baal, ese dios que ha de ser defendido por
sus fieles y no puede defenderlos. El segun-
do verbo es aún más enérgico: Dios ha de
salvar al hombre, no el hombre a Dios. Está
claro que Baal no es Dios y que sus defen-
sores merecen la muerte, no el que destruyó
el altar -algunos dudan que esa amenaza de
muerte sea parte del texto antiguo-. Joás se
atreve incluso a desafiar a esa divinidad
públicamente: sus palabras equivalen a una
abjuración y piden otro tanto de sus vecinos.
El apodo es en rigor una invocación
"Baal defienda", y tiene una correspondencia
yahvista en Yehoyarib (1 Cr 9,10); se refiere
en rigor a la defensa judicial. El autor da una
explicación maliciosa, usando ambiguamente
el sufijo de tercera persona "Baal se / lo de-
fienda, ya que ha destruido su altar": la se-
gunda lectura es el colmo de la burla. La tra-
dición posterior conocerá a Gedeón también
por este otro nombre, 1 Sm 12,11, deforma-
do en Yeruboset, 2 Sm 11,21.
6,33-35 Estos versos podían constituir el
comienzo de la historia, empalmando con el
clamor de 1,6. En vez de una elección bien
articulada, tendríamos la irrupción imprevista
e incontenible del espíritu, que impulsará a
Jefté y a Sansón.
La preocupación por determinar las tri-
bus que participan en la empresa puede ser
antigua, como testimonia el canto de Débora;
el modo sintáctico de introducirlas aquí se
presta a la manipulación posterior. Tenemos
la tribu propia y las tres septentrionales, sin
Dan. La manera de responder a la llamada,
parece indicar un prestigio y una fama que no
se improvisan en un día. Zabulón y Neftalí
son las tribus sobresalientes en la batalla
contra los reyes cananeos, Aser se desen-
tendió. Puede extrañar la falta de Isacar, cu-
yo territorio invaden los beduinos; a lo mejor
están demasiado controlados o intimadados
por los enemigos.
6,36-40 Nuevo signo. Antes quería Ge-
deón identificar al que hablaba, ahora quiere
estar seguro de su auxilio. Los antiguos se
han fijado en el simbolismo del rocío fecun-
dador y el vellón.
7 Una masa de beduinos belicosos es di-
fícil de afrontar en batalla abierta: saben con-
487 JUECES
7,11
junto a En Jarod*. El campa-
mento de Madián les quedaba al
norte, junto a la colina de Moré,
en el valle.
2
E1 Señor dijo a Gedeón:
-Llevas demasiada gente para
que yo os entregue Madián. No
sea que luego Israel se me gloríe
diciendo: «Mi mano me ha dado
la victoria».
3
Vas a echar este
pregón ante la tropa: «El que
tenga miedo o tiemble, que se
vuelva».
Se volvieron a casa veintidós
mil hombres, y se quedaron diez
mil.
4
E1 Señor dijo a Gedeón:
-Todavía es demasiada gente.
Hazlos bajar a la fuente, y allí te
los seleccionaré. El que yo te
diga que puede ir contigo, irá
contigo; pero el que yo te diga
que no puede ir contigo, ése, que
no vaya.
5
Gedeón mandó bajar a la
tropa hacia la fuente, y el Señor
le dijo:
-Los que beban el agua len-
güeteando, como los perros,
ponlos a un lado; los que se arro-
dillen para beber, ponlos al otro
lado.
6
Los que bebieron lengüetean-
do (llevándose el agua a la boca
con la mano) fueron trescientos;
los demás se arrodillaron para
beber.
7
E1 Señor dijo entonces a Ge-
deón:
-Con estos trescientos que han
bebido lengüeteando os voy a
salvar, entregando a Madián en
vuestro poder. Todos los demás
que se vuelvan a casa.
s
Tomaron, pues, sus provisio-
nes y sus trompetas, y Gedeón
despidió a los israelitas, cada
uno a su casa, reteniendo consi-
go a los trescientos.
9
E1 campamento de Madián
les quedaba abajo, en el valle. Y
el Señor habló a Gedeón aquella
noche:
-Levántate, baja contra el
campamento enemigo, que yo te
lo entrego.
l0
Si no te atreves, ba-
ja con tu escudero Fura hasta el
campamento. "Cuando oigas lo
que dicen, te sentirás animado a
atacarlos.
traatacar o escurrirse velozmente. Es mejor
recurrir a una estratagema que los turbe y los
disperse: es lo que hará Gedeón. Para la estra-
tagema, un ejército numeroso puede ser un
obstáculo; un grupo manejable de gente espa-
bilada y ágil prestará mejores servicios. El
idear y realizar la estratagema es lo que hizo
famoso y cantado a Gedeón. El presente capí-
tulo lo contará en tres tiempos sugestivos.
7,1-8 El primer tiempo trata de la selec-
ción de los guerreros para la estratagema. El
autor lo explota para proponer la paradoja del
auxilio divino, realizada en el motivo de la vic-
toria del débil. El hombre se gloría frente a
Dios cuando se arroga el éxito, el triunfo, el
mérito: Dt 8; Jr 48,42; 1 Cor 1,29; 3,21; 4,7.
El final del v. 8 explica la situación estratégi-
ca: la gente de Gedeón ocupa un puesto más
alto desde donde se puede ver el dilatado
campamento enemigo.
7.1 El nombre de la fuente servirá para la
primera aliteración: los que tiemblan se reti-
ran. * = Fuentemblor.
7.2 Esa expresión se reserva para el
Señor: Is 59,16; 63,5, y es como la respues-
ta a 6,14. Véanse también Jr 17,14; Job 40,
14 (irónico).
7.3 Según la legislación de Dt 20,8 (cam-
biando el segundo verbo para obtener la ali-
teración). El texto hebreo contiene una frase
ininteligible sobre el "monte de Galaad".
7.4 Según el texto, es Dios mismo quien
hará la selección y no Gedeón por criterios
de razón; no serán las cualidades mostradas
en el gesto, sino la palabra del Señor quien
decida. Es algo como echar a suertes.
7,5 El verso continúa dejando la solución
suspensa. El modo de beber servirá para
hacer dos grupos desiguales, la elección de
Dios vendrá después. El modo de beber no
está bien definido en el texto, pues parece
confundir el lengüetear y el llevarse el agua a
la boca con la mano.
7.7 Si alguna relación hay entre el modo de
beber y la elección es que el Señor ha elegido
a los que se tumbaron para beber, a los que
hicieron como perros; pero basta pensar en la
relación cuantitativa, el Señor ha escogido el
grupo más pequeño, para revelar su poder.
7.8 El comienzo del verso es dudoso: no
está claro el sujeto ni se ve la razón del dato.
Cambiando una consonante se leería "cánta-
ros" en vez de provisiones: Gedeón quiere
asegurarse un número abundante de cánta-
ros y trompetas.
7,9-15 El segundo tiempo tiene valor de
signo, indicando que ha llegado el momento.
Todos reconocían el valor revelatorio de los
sueños (recuérdense los de José); el pan de
cebada representa al pueblo de agricultores,
la tienda a los beduinos, también es signifi-
cativa la desproporción entre la hogaza y la
tienda bien sujeta con estacas y cuerdas.
7,11 2 Re 7,5.8.
7,12 JUECES 488
Gedeón y su escudero Fura ba-
jaron hasta las avanzadas del cam-
pamento.
l2
Madianitas, amale-
citas y orientales estaban tumba-
dos por el valle, numerosos como
langostas; sus camellos eran in-
contables, como la arena de la
playa.
13
A1 acercarse Gedeón, ca-
sualmente estaba uno contando un
sueño al compañero:
-Mira lo que he soñado: una
hogaza de pan de cebada venía
rodando contra el campamento
de Madián, llegó a la tienda, la
embistió, cayó sobre ella y la
revolvió de arriba a abajo.
I4
E1 otro comentó:
-Eso significa la espada del is-
raelita (de Gedeón, hijo de Joás):
Dios ha puesto en sus manos a
Madián y todo el campamento.
l5
Cuando Gedeón oyó el sue-
ño y su interpretación, se pros-
ternó. Luego volvió al campa-
mento israelita y ordenó:
-¡Arriba, que el Señor os en-
trega el campamento de Madián!
l6
Dividió a los trescientos
hombres en tres cuerpos y entre-
gó a cada soldado una trompeta,
un cántaro vacío y una antorcha
en el cántaro.
l7
Luego les dio es-
tas instrucciones:
-Fijaos en mí y haced lo mis-
mo que yo. Cuando llegue a las
avanzadas del campamento, vo-
sotros haced lo que yo haga.
l8
Yo tocaré la trompeta, y con-
migo los de mi grupo; entonces
también vosotros tocáis en torno
al campamento y gritáis: ¡El Se-
ñor y Gedeón!
19
Gedeón llegó con los cien
hombres de su grupo a las avan-
zadas del campamento, justamen-
te cuando empezaba el relevo de
medianoche; en cuanto se hizo el
cambio de guardia, Gedeón tocó
la trompeta y rompió el cántaro
que llevaba en la mano.
20
Entonces los tres grupos to-
caron las trompetas y rompieron
los cántaros; luego, empuñando
en la mano izquierda las antor-
chas y las trompetas con la dere-
cha para poder tocar, gritaron:
-¡El Señor y Gedeón!
21
Y se quedaron todos en su
sitio alrededor del campamento.
Todo el campamento se alboro-
tó, y empezaron a gritar y a huir,
22
mientras seguían sonando las
trompetas. El Señor hizo que se
acuchillasen unos a otros en el
campamento y que huyeran has-
ta Bet Hassittá*, en dirección a
Sartán, hasta las lindes de Abel
Mejolá*, frente a Tabat.
23
Los
israelitas de Neftalí, Aser y todo
Manases se unieron en persecu-
ción de Madián.
24
Gedeón había
enviado mensajeros que avisa-
ron en la serranía de Efraín:
-Bajad contra Madián. Ocu-
padles los vados del Jordán hasta
Bet Bará.
25
Todo Efraín corrió a ocupar
los vados hasta Bet Bará, y apre-
saron a dos jefes madianitas,
Oreb y Zeeb. A Oreb lo degolla-
ron en Sur Oreb*, a Zeeb en
Yequeb-Zeeb*. Siguieron en
persecución de los madianitas y
le llevaron a Gedeón, al otro
lado del Jordán, las cabezas de
Oreb y de Zeeb.
8 'Pero los efraimitas se le que-
jaron:
7,16-22 La famosa estratagema es más
fácil de imaginar en su conjunto que en sus
detalles. Los tres cuerpos de Gedeón avan-
zarán sigilosamente hasta rodear a Madián
por tres lados, dejando salida sólo hacia el
Jordán. Una vez situados, en el momento en
que la nueva guardia se despereza del sueño
y se acostumbra a la oscuridad, Gedeón dará
la señal convenida. De repente los beduinos
se despertarán sobresaltados al estruendo
de trescientas trompetas, y al salir de las
tiendas verán el llamear de cientos de antor-
chas por tres lados del campamento. Tantas
luces y trompetas anuncian un ejército in-
menso; turbados por el pánico y tropezando
en la oscuridad, se precipitarán a salvar sus
cosas, a montar en sus camellos, y en la con-
fusión se herirán unos a otros.
No es tan fácil imaginarse cómo sustentan
los cántaros con las antorchas y cómo los
rompen. Para esta operación necesitan las
dos manos; llevarían la trompeta colgando a la
cintura o al hombro. Podemos imaginarnos el
grito de guerra repetido rítmicamente por los
guerreros. El ejército enemigo intenta salvar-
se en TransJordania, y en la persecución in-
tervienen los soldados que no servían para la
estratagema nocturna.
7,22 * = Casalacacia; Prado Bailen.
7,24-25 y 8,1-3 La intervención de Efraín
en este momento es difícil de explicar. Son ve-
rosímiles las tensiones entre tribus hermanas:
Efraín y Manases se consideran descendien-
tes de José. La anécdota ilustra por igual el en-
tusiasmo de Efraín y la habilidad de Gedeón.
7,25 No es raro entre los jefes antiguos
llevar nombres de animales (también los lle-
van Débora y Yael). El narrador parece insi-
nuar que su muerte da nombre a dos lugares.
* = Peñalcuervo; Lagar del Lobo (Oreb =
cuervo; Zeeb - lobo).
8,1 La reclamación de los efraimitas
puede estar dictada por la codicia y no sólo
489 JUECES
8,18
-¿Qué es lo que has hecho no
llamándonos cuando salías a
luchar contra Madián?
2
Y se lo reprochaban dura-
mente. El les respondió:
-¿Qué supone mi hazaña com-
parada con la vuestra? Vale más
el rebusco de Efraín que toda la
vendimia de Abiezer.
3
A voso-
tros os ha entregado el Señor los
jefes de Madián, Oreb y Zeeb.
¿Qué he podido yo hacer al lado
de esto?
Con esta respuesta se calmó la
cólera de los efraimitas contra
Gedeón.
4
Gedeón llegó al Jordán y lo
cruzó con sus trescientos hom-
bres, agotados y hambrientos.
5
Y
dijo a los vecinos de Sucot*:
-Haced el favor de darme
unas cuantas hogazas de pan
para la tropa que marcha conmi-
go, porque vienen agotados, y
voy persiguiendo a Zébaj y a
Saímuná, reyes madianitas.
6
Las autoridades de Sucot le
respondieron:
-¿Qué, tienes ya en el puño a
Zébaj y a Salmuná para que
demos de comer a tus soldados?
7
Gedeón contestó:
-Cuando el Señor me entregue
a Zébaj y a Salmuná cautivos, os
trillaré las carnes con espinas y
cardos del páramo.
8
Desde allí subió a Penuel, y
les pidió el mismo favor; pero
los de Penuel le respondieron lo
mismo que los de Sucot.
9
Y tam-
bién contestó a los de Penuel:
-Cuando vuelva victorioso,
derribaré esa torre.
l0
Zébaj y Salmuná estaban en
Carcor con sus tropas, unos
quince mil hombres. Era todo lo
que quedaba de los soldados
armados de espada de los orien-
tales, pues las bajas habían sido
ciento veinte mil.
1
'Gedeón subió por la ruta de
los beduinos, al este de Nóbaj y
Yogbohá, y atacó al enemigo
cuando menos lo esperaban,
l2
Zébaj y Salmuná lograron huir,
pero Gedeón los persiguió y cap-
turó a los dos reyes madianitas,
Zébaj y Salmuná. El resto del
ejército huyó a la desbandada.
l3
Gedeón, hijo de Joás, volvió
de la batalla por la Male de Je-
res*.
14
Echó mano a un mucha-
cho de Sucot, lo sometió a inte-
rrogatorio y el muchacho le dio
una lista de las autoridades y con-
cejales de
l5
Sucot, setenta y siete
personas. Entonces Gedeón fue a
los vecinos de Sucot y les dijo:
-Aquí tenéis a Zébaj y a Sal-
muná, por los que os burlasteis
de mí, diciendo: «¿Qué, ya tie-
nes en el puño a Zébaj y a Sal-
muná para que demos de comer
a tus soldados, que vienen ago-
tados?»
l6
Agarró a los concejales de la
ciudad y los desolló con espinas y
cardos del páramo.
l7
Derribó tam-
bién la torre de Penuel y pasó a
cuchillo a la población.
l8
Luego
preguntó a Zébaj y a Salmuná:
-¿Cómo eran los hombres que
matasteis en el Tabor?
Respondieron:
por la honra, pues una victoria como aquella
permitía un sustancioso botín.
8,2-3 Gedeón parece adaptar un prover-
bio, o forma proverbial, oponiendo a la tribu
de Efraín el clan de Abiezer. La frase se pres-
ta a juegos de palabras, dadas las semejan-
zas fonéticas de rebusco-hazañas-chiquillos
Colelota-lilot-'olalim) de vendimia-fortaleza
(bas\r-basor).
8,4-12 Podría tratarse de otra campaña de
Gedeón en TransJordania, con un ejército ma-
yor. El narrador quiere presentarlo como un
explotar la victoria conseguida persiguiendo al
enemigo en su territorio. El camino es largo y
exige el paso del torrente Yaboc, junto a Pe-
nuel; Carcor podría estar cerca de la moderna
Aman; es lógico que los beduinos de camellos
no teman a esa distancia una incursión de los
israelitas. La gente de Sukkot (= Cabanas) y de
Penuel pertenecía a la tribu de Gad. Su res-
puesta significa desentenderse de la causa
común de Israel. Se diría que ellos no tienen
que sufrir el pillaje de los beduinos.
8,5 Los nombres de los dos jefes suenan
a "Matanza" y "Refugio negado", lo que hace
pensar en una deformación burlesca de nom-
bres originales; el segundo podría ser teofóri-
co, compuesto de "refugio" y el nombre de su
dios (hay un Mení, dios de la fortuna). * = Ca-
banas. 1 Sm21,4.
8,7 El hebreo describe el suplicio del
desollar con el verbo "trillar", que puede ser
una metáfora (cfr. Sal 129,3).
8,13* = Cuesta del Sol.
8,14 El texto indica un conocimiento no-
table del arte de escribir en aquella época.
Quizá sean siete jefes y setenta ancianos o
concejales.
8,18-21 Este es un caso de venganza de
sangre, que era ejercicio de la justicia vindi-
cativa en aquellos tiempos. Es ley aceptada
por tribus y pueblos diversos, y codificada en
Nm 35 y Dt 19. Gedeón, el hermano, cede el
oficio a Yeter, el sobrino, como para entre-
narlo: ha de ser uno de la familia quien eje-
cute la venganza. Los jefes enemigos prefie-
8,19 JUECES 490
-Parecidos a ti. Tenían aspec-
to de príncipes.
,9
Gedeón exclamó:
-¡Mis hermanos maternos!
¡Vive Dios, que si los hubierais
dejado vivos, yo no os mataría
ahora!
20
Y ordenó a Yéter, su primo-
génito:
-Anda, mátalos.
Pero el muchacho no desenvai-
nó la espada, porque tenía miedo;
era todavía un muchacho.
2
'Entonces Zébaj y Salmuná
le pidieron:
-Anda, mátanos tú, que tú eres
un valiente.
Gedeón fue y degolló a Zébaj
y a Salmuná. Luego recogió las
lunetas de sus camellos.
22
Los israelitas dijeron a Ge-
deón:
-Tú serás nuestro jefe, y des-
pués tu hijo y tu nieto, porque nos
has salvado de los madianitas.
23
Gedeón les respondió:
-Ni yo ni mi hijo seremos
vuestro jefe. Vuestro jefe será el
Señor.
24
Y añadió:
-Os voy a pedir una cosa: dad-
me cada uno un anillo de vuestra
porción del botín (los vencidos
llevaban anillos de oro porque
eran ismaelitas).
25
Con testaron:
-Con mucho gusto.
El extendió su manto, y cada
uno fue echando un anillo de su
porción en el botín.
26
E1 peso de
los anillos de oro que pidió
Gedeón fue diecinueve kilos de
oro, sin contar las lunetas, pen-
dientes y los vestidos de púrpura
que llevaban los reyes madiani-
tas, más los collares de los came-
llos.
27
Con todo ello hizo Ge-
deón un efod, que colocó en la
ciudad de Ofrá. Con él se prosti-
tuyó todo Israel: fue la tentación
de Gedeón y su familia.
28
Madián quedó sometido a
los israelitas y ya no levantó
cabeza. Con eso el país estuvo
en paz cuarenta años, mientras
vivió Gedeón.
29
Yerubaal, hijo de Joás, se
fue a vivir a su casa.
30
Gedeón
tuvo setenta hijos, pues tenía
muchas mujeres.
3l
Una concubi-
ren morir a manos de Gedeón; será menos
deshonra ser muertos por un valiente: véan-
se los casos de Abimelec (9,54) y de Saúl (1
Sm31,4).
8,20 Nm 35,19.
8,22-23 La primera parte del desenlace
nos revela algo de los antiguos intentos de
institucionalizar el mando, al estilo de otros
países. Que el vencedor en la guerra se con-
vierta en "juez" de tribu o de la confederación
es cosa normal; aquí leemos dos innovacio-
nes. Primera, el cargo no es juzgar, sino go-
bernar; parece implicar mayor poder, aun-
que se evite el título de rey. Segundo, el car-
go será hereditario, como se viene haciendo
en el sacerdocio. Es de notar que los jueces
menores no instalan a sus hijos en el cargo,
sino que éste va girando por tribus y locali-
dades (tampoco lo hicieron Moisés o Josué).
Si el sujeto "los israelitas" es original, la pro-
puesta introduce un cambio grave en la con-
federación, favoreciendo a la tribu de Ma-
nases. Gedeón apela al principio teocrático y
rehusa categóricamente, en una frase enfá-
tica. El título se aplica al Señor: Sal 59, 14
(Jacob); 22,29 (las naciones); 2 Cr29,12 (los
reyes).
8,24-27 Segunda parte del desenlace.
Gedeón, en cambio, no renuncia a una parte
escogida del botín, como si quisiera retirarse
a gozar del premio de su victoria. El efod
aparece en el Antiguo Testamento como un
objeto de culto transportable y como un orna-
mento del sacerdote. Según la teoría más
probable hoy, sería un manto cónico (como
los de nuestras Vírgenes) ricamente adorna-
do; con él se vestía la estatua de la divinidad
o bien se exponía sólo como símbolo de su
presencia; a imitación suya se hacía un orna-
mento para el sacerdote (Ex 28,6-14). Según
el juicio del narrador, ese efod es un objeto
idolátrico que extravía a "todo Israel"; eso
supondría que el santuario local de Ofrá se
vuelve centro de atracción. La noticia parece
posterior; sería antigua la referencia a la
familia.
8,28 La fórmula típica del marco narrati-
vo sirve de conclusión a la historia de Ge-
deón liberador. Gedeón no recibe el título de
juez, como Otoniel, Jefté y Sansón. La me-
moria de su hazaña pervive también en la
fórmula "el día de Madián" (Is 9,3); lo recor-
dará la carta a los Hebreos 11,32.
8,29-34 Estos versos preparan el capítu-
lo siguiente. Gedeón, como gran señor, tiene
varias mujeres legítimas, que le dan hijos
pertenecientes a su familia y clan; también
tiene una concubina siquemita, que le da un
hijo perteneciente al clan de la madre. El
nombre Abimelec es teofórico, invoca a su
Dios como padre y rey. Siendo el padre quien
impone el nombre, ese hijo parece encarnar
la negativa de Gedeón a aceptar el mando
hereditario, y es una confesión teocrática.
491 JUECES
9,3
na que tenía en Siquén también
le dio un hijo, al que puso por
nombre Abimelec.
32
Gedeón, hijo de Joás, murió
en buena vejez, y lo enterraron
en la sepultura de su padre, Joás,
en Ofrá, de Abiezer.
33
Pero en
cuanto murió, otra vez los israe-
litas se prostituyeron con los ído-
los, eligiendo como dios suyo a
Baal del Pacto,
34
sin acordarse
del Señor, su Dios, que los había
librado del poder de todos los
enemigos de alrededor.
35
Y no se
mostraron agradecidos a la fami-
lia de Yerubaal-Gedeón, como
merecía por todo lo que hizo por
Israel.
Abimelec
9 'Abimelec, hijo de Yerubaal,
fue a Siquén, a casa de sus tíos
maternos, y les propuso a ellos y
a todos los parientes de su abue-
lo materno, lo siguiente:
MDecid a los siquemitas: ¿Qué
os conviene más, que os go-
biernen setenta, es decir, todos los
hijos de Yerubaal, o que os
gobierne uno solo? Y no olvidéis
que yo soy de vuestra sangre.
3
Sus tíos maternos lo comuni-
caron a los siquemitas, y éstos se
pusieron de parte de Abimelec,
pensando:
-¡Es pariente nuestro!
8.32 Heb 11,32.
8.33 La fórmula genérica de 2,19 se es-
pecifica con el nombre o título de la divinidad.
En rigor Baal del Pacto podía ser un título de
Yhwh, unido como soberano a su pueblo con
un pacto. El capítulo siguiente nos saca de
dudas: se trata de un dios cananeo venerado
en Siquén; pero no sabemos a qué pacto se
refiere. ¿Un pacto de convivencia con los is-
raelitas?, ¿un pacto con la misma divinidad?,
¿simplemente el dios que garantiza los pac-
tos humanos?
8.34 El narrador juzga duramente el he-
cho, que equivale a olvidarse del Señor su
Dios y su liberador. Es decir, más bien apos-
tasía que sincretismo.
8.35 Esta otra introducción confunde un
poco los sucesos siguientes, al hacer a los
israelitas culpables de deslealtad, sin distin-
ciones. Es mucho generalizar.
ABIMELEC
Como el último capítulo de Josué, éste
nos traslada al corazón de Palestina, a Si-
quén, la ciudad situada entre el Ebal y el Ga-
rizín, bien comunicada, medianamente de-
fendible; ciudad central, si miramos a Dan y
Berseba, al lago de Genesaret y al Mar
Muerto, al valle del Jordán y al de Sarón.
El libro de Josué no hace ninguna refe-
rencia a una conquista militar de Siquén, a
pesar del afán del autor por enriquecer sus
listas; la arqueología confirma ese silencio,
pues no hubo destrucción de la ciudad hasta
fines del siglo XII. También el Génesis habla
de una presencia de Jacob-Israel en la zona,
que concluye violentamente por causa de
Simeón y Lew', Gn 34; Jos 24,32 recoge una
tradición según la cual Jacob había compra-
do cerca de Siquén una propiedad donde en-
terrar los huesos de José. Leví como tribu se
dispersa, Simeón reaparece al sur, donde se
funde con Judá. El capítulo presente supone
una convivencia pacífica de poblaciones
cananeas e israelitas en la comarca.
En la dinámica de la obra el capítulo sirve
de contraste, y su personaje de antagonista.
Se elige a sí mismo, rompe la paz, pierde en
vez de salvar. Su muerte violenta es como
una némesis que restablece el curso de la
historia. Literariamente es uno de los capítu-
los más ricos. Tiene tipos mejor trazados, va-
riedad de escenas, intervención coral. Con
material heterogéneo el autor último ha sabi-
do componer un relato que se impone por su
belleza trágica.
Es extraño que el tema no haya sido ex-
plotado por dramaturgos y compositores. Para
montar las piezas, el autor utiliza desde luego
el enlace normal: "le informaron, se enteró", tan
frecuente en la narrativa hebrea; a esto añade
otras correspondencias sutiles que iremos
notando. La historia es bastante "profana" en
su desarrollo; es decir, Dios actúa en la pe-
numbra o deja correrlos acontecimientos. Sólo
a la mitad el autor atribuye a Dios el cambio
radical de dirección, y al final reflexiona sobre
esa acción como sacando la moraleja.
9,1-6 Se diría que en Siquén hay una po-
blación mixta de cananeos e israelitas; la fa-
milia materna de Abimelec sería cananea y el
mensaje se dirige a los señores (¿propieta-
rios?) de la ciudad. Abimelec apela a su pa-
rentesco y propone un gobierno monárquico,
sin emplear todavía el término de rey; a los
siquemitas les impresiona el argumento del
parentesco, que equivale a un gobierno local,
en vez del sometimiento a un poder externo,
con el consiguiente pago de tributos.
9,4 JUECES 492
4
Le dieron setecientos gramos
de plata del templo de Baal del
Pacto, y con ese dinero Abime-
lec asalarió a unos cuantos deso-
cupados y aventureros que se
pusieron a sus órdenes.
5
Luego
fue a casa de su padre, a Ofrá, y
asesinó a sus hermanos, los hijos
de Yerubaal, a setenta hombres
en la misma piedra. Sólo quedó
Yotán, el hijo menor de Yeru-
baal, que se había escondido.
6
Los de Siquén y todos los de
Bet Millo* se reunieron para
proclamar rey a Abimelec, junto
a la encina de Siquén.
7
En cuanto se enteró Yotán,
fue, y en pie sobre la cumbre del
monte Garizín, les gritó a voz en
cuello:
8
-¡ Oídme, vecinos de Siquén,
así Dios os escuche! Una vez
fueron los árboles a elegirse rey,
y dijeron al olivo: Sé nuestro rey.
9
Pero dijo el olivo: «¿Y voy a
dejar mi aceite, con el que engor-
dan dioses y hombres, para ir a
mecerme sobre los árboles?»
l0
Entonces dijeron a la higuera:
«Ven a ser nuestro rey». "Pero
dijo la higuera: «¿Y voy a dejar
mi dulce fruto sabroso para ir a
mecerme sobre los árboles?» ^En-
tonces dijeron a la vid: «Ven a
ser nuestro rey.
l3
Pero dijo la vid:
¿Y voy a dejar mi mosto, que ale-
gra a dioses y hombres, para ir a
mecerme sobre los árboles?» ' '•En-
tonces dijeron todos a la zarza:
«Ven a ser nuestro rey».
I5
Y les
dijo la zarza: «Si de veras queréis
ungirme vuestro rey, venid a co-
bijaros bajo mi sombra, y si no,
salga fuego de la zarza y devore a
los cedros del Líbano».
l6
«Pues bien, ¿habéis procedi-
do sincera y lealmente procla-
mando rey a Abimelec? ¿Os ha-
9,4-5 En el templo se guardaba el tesoro
religioso y también el civil. Los comienzos de
Abimelec no difieren mucho de los de David.
Su ejército en cambio se parece bien poco a
los voluntarios que han combatido bajo Barac
o a los soldados de Gedeón; gente sin oficio
y sin escrúpulos, que aureolan a tal jefe.
Desde el principio marca a Abimelec la rapi-
dez en decidir y actuar. Esa piedra única
hace pensar en un lugar de ejecución, en un
asesinato por orden y despiadado.
9.6 * = El Terraplén podría ser un barrio
o una sección fortificada (una alcazaba). Es
notable la aliteración de este verso, montada
sobre las consonantes de rey mlk.
9,7-21 Yotán gritando desde la montaña
sagrada es la voz superviviente de Gedeón,
es como la voz de la conciencia que acusa,
casi voz profética. Natán, Isaías, Ezequiel
imitarán sus procedimientos oratorios. Yotán
puede ser nombre teofórico que significa
"Yhwh es perfecto", y tiene un extraño pare-
cido con huérfano yatom. No le quedan más
armas que la voz y la palabra, pero su maldi-
ción será más fuerte que el valor y las armas
del hermanastro. No tiene personalidad inde-
pendiente, aparece y desaparece de la narra-
ción, con la función exclusiva de pronunciar
ese discurso. Sus últimas palabras son como
una síntesis de las bendiciones y maldiciones
pronunciadas litúrgicamente en aquel lugar,
según Jos 8,30ss, con un acento enfático
sobre la maldición.
9.7 Es un poco exagerado decir que des-
de la cumbre se hace oír; el efecto es más
bien exaltar su figura y su pulpito; recuérdese
Is 13,2; 40,9. Sus primeras palabras son un
nuevo alarde de aliteración.
9.8 El apólogo no parece de origen is-
raelítico, ya que pone en bina complementa-
ria a dioses y hombres. El estilo se basa en
la repetición sucesiva de fórmulas, al gusto
popular o infantil; el ritmo varía levemente
algunas fórmulas; repetición y cambios pre-
paran y subrayan el elemento final. Olivo,
higuera y vid (o parra) son plantas básicas en
la economía del país; con ellos contrasta la
nobleza de los cedros del Líbano (de buena
madera, pero sin frutos) y la mezquindad
dañina y peligrosa de la zarza.
9.9 El verbo /c¿>cr significa engordar, enri-
quecer, sustentar, honrar. El aceite se usa
también en el culto y para ungir reyes y sa-
cerdotes. La primera visita de los árboles es
para ungir al olivo: ¿hay ironía en la pro-
puesta?, ¿hay una alusión al primer intento
de ungir a Gedeón?
9,13 Alegrar o también festejar.
9,15 No carece de ironía que la zarza
ofrezca su sombra, su asilo, a los árboles; en
cambio no extraña que sea causa de un in-
cendio forestal. El tema del fuego y las ramas
se materializa en 48-49; el tema de la sombra
resuena con otra función en el v. 36. La pará-
bola es ya bastante significativa: los nobles
cedros de Siquén han elegido rey a una
zarza siniestra que será su ruina.
9,16-20 Yotán aplica la parábola explo-
tando los últimos elementos en una perora-
ción elocuente y apasionada. En sus pala-
bras indica que también los siquemitas su-
frían bajo los golpes de Madián.
493 JUECES
9,26
béis portado bien con Yerubaal y
su familia? ¿Os habéis portado
con él como merecían los favo-
res que os hizo?
I7
-Mi padre lu-
chó por vosotros exponiéndose a
la muerte y os libró del poder de
Madián-.
i8
Al contrario, os ha-
béis sublevado hoy contra la
familia de mi padre, asesinando
a sus hijos, setenta hombres, en
la misma piedra, y habéis nom-
brado rey de los siquemitas a
Abimelec, hijo de una criada de
mi padre, con el pretexto de que
es pariente vuestro.
l9
Si os ha-
béis portado hoy sincera y leal-
mente con Yerubaal y su familia,
celebradlo con Abimelec y que
él lo celebre con vosotros;
20
pero
si no es así, ¡salga de Abimelec
fuego que devore a los de Siquén
y a los de Bet Millo, salga fuego
de los de Siquén y de los de Bet
Millo que devore a Abimelec!»
21
Luego Yotán emprendió la
huida y marchó a Beer*; allí se
quedó por miedo a su hermano
Abimelec.
22
Abimelec gobernó a Israel
tres años.
23
Dios enconó las rela-
ciones entre Abimelec y los
siquemitas, que lo traicionaron.
24
Así, el asesinato de los setenta
hijos de Yerubaal, la sangre de
sus hermanos, recayó sobre
Abimelec, que los había asesina-
do, y sobre los de Siquén, cóm-
plices del asesinato.
25
Los de Si-
quén le pusieron emboscadas en
los puertos de la sierra y despo-
jaban a los caminantes que pasa-
ban por allí. Abimelec se enteró.
26
Gaal, hijo de Obed, vino a
Siquén con sus hermanos y se
ganó la confianza de los sique-
Tratándose de una pequeña pieza de
oratoria antigua, es interesante observar sus
recursos: las preguntas retóricas, las condi-
cionales, la fuerte antítesis entre dos con-
ductas, la ponderación de los hechos, la pe-
riodización en grupos ternarios (habéis - ha-
béis - habéis / luchó - se expuso - salvó /
sublevad - matado - nombrado rey), el mo-
vimiento rítmico de contracción y expansión
de la frase.
9.21 * = El Pozo.
9.22 La escueta noticia es problemáti-
ca, porque no explica su alcance y porque
no sabemos si es histórica. El verbo emple-
ado puede significar reinar en lenguaje se-
mítico oriental. Israel suele designar la con-
federación de tribus.
9,23-24 El cambio de situación no se pro-
duce por razones visibles, en un cauce narra-
tivo lógico. Un poco ex machina el autor lo in-
troduce con una reflexión teológica, redacta-
da en fórmulas muy intelectuales, con para-
lelismos y desarrollo por sucesiva bifurca-
ción; el punto capital es que el castigo mutuo
pagará la mutua complicidad. Es significativo
el subrayado del término hermanos: apelan-
do a una hermandad: los siquemitas han
nombrado rey a Abimelec, y para ello han
ayudado a quebrantar otra hermandad más
íntima; cómplices de un fratricidio, la sangre
envenenará la amistad que fundó.
El "mal espíritu" (que encona las relacio-
nes) se opone al espíritu que mueve a los
héroes auténticos: Jefté y Sansón.
9,25 El movimiento de caravanas asegu-
ra el comercio exterior y rinde a quien cobra
impuestos de tránsito; el bandidaje desarticu-
la esa comunicación y hace que las carava-
nas busquen rutas más seguras Si se trata
de grupos menores de caminantes, el daño
sufrido crea enemistades y rencores de gru-
po. De este modo comienza la tensión entre
siquemitas y Abimelec. Este se entera, pero
difiere la acción.
9,27 2 Sm 16,10; 1 Re 21,10.
9,26-41 El episodio de Gaal tiene las tra-
zas de una inserción: la narración podría sos-
tenerse sin él, Gaal aparece y desaparece sin
antecedentes ni consecuentes, es hasta ahora
un desconocido, lo mismo que Zebul. Con to-
do, el episodio enriquece el relato con una
figura interesante y con una escena sugestiva;
al retrasar el desenlace, permite que crezca la
tensión entre las dos partes.
El nombre del personaje, tal como lo da
el texto actual, se traduce "Fastidio, hijo de
Esclavo". La raíz g'l significa también recha-
zar, repudiar, abortar; 'ebed forma parte de
nombres teofóricos como Abdías, Abdula,
Abdeel. Con el nombre juega el comienzo del
episodio, con el apellido el final.
Gaal repite con variaciones los comien-
zos de su rival: convence a los siquemitas y
los pone de su parte. Apela al honor de los
vecinos -Abimelec a la conveniencia-, se
trae su familia -Abimelec impuso el mando
de uno-, se queda a residir en Siquén - Abi -
melec reside fuera-. Gaal habla, mientras
Abimelec actúa. Muy pronto se verá que la
táctica de Abimelec es superior; con todo, ya
no logrará sanar la división.
9,26 La rapidez de su éxito parece indi-
car que Gaal era también siquemita: lo con-
firma el plural "nosotros" de su discurso.
9,27 JUECES 494
mitas.
27
Salieron al campo, a la
vendimia, pisaron la uva y cele-
braron la fiesta; fueron al templo
de su dios y comieron y bebieron
entre maldiciones a Abimelec.
28
Gaal, hijo de Obed, les dijo:
-¿Quién es Abimelec y qué es
Siquén para que seamos sus es-
clavos? ¡Un hijo de Yerubaal, y
Zebul, su gobernador, que sirvie-
ron en casa de Jamor, padre de
Siquén! ¿Por qué vamos a ser sus
esclavos?
29
¡Ah, si yo tuviera
poder sobre este pueblo! Quitaría
de en medio a Abimelec. Le diría:
«Refuerza tu ejército y sal».
30
Zebul, gobernador de la ciu-
dad, oyó el discurso de Gaal, hi-
jo de Obed, y se encolerizó,
3,
y
mandó emisarios a Abimelec,
avisándole:
-Mira, Gaal, hijo de Obed, ha
venido con sus parientes a Si-
quén y están soliviantando la
ciudad contra ti.
32
Ven de noche
con tu gente y pon emboscadas
en el campo;
33
por la mañana
madrugas al salir el sol y atacas
la ciudad. Gaal y los suyos sal-
drán a presentarte batalla; enton-
ces actúa, que es tu ocasión.
34
Abimelec se puso en marcha
de noche con su gente y se em-
boscaron frente a Siquén, divi-
didos en cuatro cuerpos.
35
Gaal,
hijo de Obed, salió y se detuvo a
las puertas de la ciudad, y Abi-
melec con su gente surgió de la
emboscada.
36
Cuando Gaal los
vio, dijo a Zebul:
-Mira, baja gente de las cum-
bres de los montes.
Zebul contestó:
-Las sombras de los montes
se te antojan hombres.
37
Pero Gaal insistió:
-Baja gente de Tabbur Haa-
res*, y un grupo avanza por el
camino de Elón Meonenim*.
38
Entonces Zebul le dijo:
-¿Dónde está esa boca que
decía: «¿Quién es Abimelec pa-
ra que seamos sus esclavos?»
¡Esos son los que despreciabas!
Sal ahora y lucha con ellos.
39
Gaal salió al frente de los
siquemitas y entabló batalla con
Abimelec.
40
Abimelec lo persi-
guió. Gaal emprendió la huida y
muchos cayeron muertos cuando
huían hacia las puertas de la ciu-
dad.
41
Abimelec se volvió a Aru-
má, y Zebul desterró de Siquén a
Gaal y sus parientes.
42
A1 día siguiente, los de Si-
quén se echaron al campo, y
Abimelec se enteró;
43
tomó a su
gente, la dividió en tres cuerpos
y se emboscó en el campo.
Cuando los vio salir de la ciu-
dad, se lanzó al ataque y los des-
trozó.
44
Abimelec y los de su
grupo se abalanzaron contra la
ciudad y tomaron posiciones en
las puertas, mientras los otros
dos grupos atacaban y derrota-
ban a los del campo.
45
Todo
aquel día estuvo Abimelec ata-
cando la ciudad; al fin la con-
quistó, pasó a cuchillo a todos
sus habitantes, la arrasó y la
sembró de sal.
46
A1 saberlo los de Torre Si-
quén, se refugiaron en la cripta
del templo del dios del Pacto.
47
Abimelec se enteró de que es-
taban reunidos los de Torre Si-
quén;
48
subió al Har Salmón*
con toda su gente, empuñó un
hacha, cortó una rama de un ár-
9,27 El narrador tiene prisa en avanzar y
acumula ocho verbos en una frase. La fiesta
de la vendimia era especialmente alegre,
incluía sacrificios con banquete sagrado. En
medio de la borrachera se sueltan las len-
guas; maldecir al rey es delito de lesa majes-
tad, véanse I s8, 21; 2 Sm 16,10; 19,22; 1 Re
21,10.
9,28-29 Esta nueva pieza oratoria es
más bien un ejemplo minúsculo de demago-
gia, con recursos simples, preguntas retóri-
cas, admiraciones, triple repetición del verbo
servir. En el v. 28 traducen otros "sirvan" en
vez de "sirvieron". El "salir" es militar, y fun-
ciona como palabra clave en el episodio
9,30 Zebul significa "príncipe". Repre-
sentaba en la ciudad al rey, que residía fuera.
No se atreve a intervenir personalmente, por-
que conoce la situación: las simpatías de que
goza Gaal.
9,34-38 El autor se coloca a sí mismo y
al lector en un puesto en que abarca los dos
campamentos y los va presentando en mira-
da alterna, en rápido progreso; después, re-
trasa el encuentro con un diálogo que revela
la cobardía del fanfarrón Gaal.
9,37 * = Ombligo de la tierra: es el lugar
donde la tierra se une al cielo, y es el centro
religioso del orbe: Babilonia para los babilo-
nios, Roma para los romanos, etc.
* = Encina de los adivinos.
9,39-40 Al llegar el encuentro de las dos
fuerzas, el autor nos defrauda. La victoria hu-
bo de ser parcial, cuando Gaal puede aban-
donar incólume la ciudad.
9,42 La salida de los siquemitas al cam-
po parece pacífica. Expulsado el principal
culpable, se creen quizá seguros. Para Abi-
melec ha llegado el momento de la vengan-
za. Sembró de sal según Dt 29,23.
9,46 Da la impresión que Torre-Siquén
se encuentra separada de la capital, quizá
templo-fortaleza.
9,48 * = Monte Umbrío.
495 JUECES 10,5
bol y se la echó al hombro, mien-
tras decía a los suyos:
-¡Aprisa, haced lo que me
veis hacer!
49
Cada uno cortó una rama y
siguieron a Abimelec. Apoyaron
las ramas sobre la cripta y pren-
dieron fuego al techo. Murieron
todos los de Torre Siquén, unos
mil entre hombres y mujeres.
50
Después Abimelec fue a Te-
bes, la sitió y la conquistó.
5l
En
medio de la villa había una torre
fortificada, y allí se refugiaron
todos los hombres y mujeres de
la población, aseguraron por den-
tro los cerrojos y se subieron a la
azotea.
52
Abimelec llegó junto a
la torre, intentando asaltarla,
53
se
aproximó a la puerta para pren-
derle fuego, pero una mujer le
dejó caer sobre la cabeza una
piedra de moler y le partió el crá-
neo.
54
Abimelec llamó en segui-
da a su escudero y le dijo:
-Saca la espada y remátame,
que no se diga «lo mató una
mujer».
Su escudero lo atravesó, y
murió.
55
Al ver los israelitas que había
muerto Abimelec, cada cual se
fue a su casa.
56
Así pagó Dios a
Abimelec lo mal que se portó con
su padre, asesinando a sus setenta
hermanos.
57
Y todo el mal que
hicieron los de Siquén, Dios lo hi-
zo recaer sobre ellos. Sobre ellos
cayó la maldición de Yotán, hijo
de Yerubaal.
JUECES MENORES (I)
10 A Abimelec le sucedió co-
mo salvador de Israel Tola, hijo
de Fuá, de Dodó, de la tribu de
Isacar. Vivía en Samir*, en la se-
rranía de Efraín.
2
Gobernó Israel
veintitrés años. Murió y lo ente-
rraron en Samir.
3
Le sucedió Yaír, el galadita,
que gobernó a Israel veintidós
años.
4
Tuvo treinta hijos, que
montaban en treinta asnos y eran
señores de treinta villas, llama-
das hasta hoy Villas de Yaír, en
Galaad.
5
Yaír murió y lo enterra-
ron en Camón.
9,48-49 A la letra, sale fuego de la zarza,
como decía el apólogo de Yotán. Y el Monte
Umbrío (llamado así por su arbolado) ofrece
extraña sombra o refugio a la ciudad: Umbrío
es salmón aliterado con sombra sel.
9,50 Tebes cae unos quince kilómetros al
nordeste de Siquén.
9.54 1 Sm31,4.
9.55 Se trata de aquellos Israelitas que
seguían a Abimelec en su lucha contra los
cananeos de Siquén.
JUECES MENORES I
Aquí empieza la serie de seis jueces
"menores", de los cuales el tercero, Jefté,
pertenece también a los "mayores". Varios de
estos nombres aparecen en las genealogías
de Gn 46 y Nm 26. Tola representa la tribu de
Isacar, y Yaír la de Gad, en TransJordania.
10,1 * = El Zarzal.
10,6-11,40 Los amonitas son un pueblo
de origen nomádico, que se constituyen en
reino, quizá muy avanzado el siglo XII, y han
dejado su nombre a la moderna capital
Aman, en TransJordania. Su principal ocupa-
ción debió de ser un tiempo el servicio de las
caravanas, actividad que recibe enorme im-
pulso con la domesticación del camello. Una
vieja tradición, Gn 19,30-38, los considera
emparentados con los moabitas y descen-
dientes de Lot por turbias relaciones; Moisés
todavía no se los encuentra en su avance por
TransJordania.
El presente episodio los muestra en un
movimiento de expansión hacia occidente,
amenazando una de las tribus transjorda-
nas; cuando los amonitas logran establecer
una cabeza de puente en Cisjordania, su
presencia amenaza a otras tribus, lo cual
significa de hecho una seria amenaza contra
la confederación. Esto basta al autor poste-
rior para generalizar el hecho, según su vi-
sión unificada y esquemática de los aconte-
cimientos.
El episodio de Jefté se distingue en el
libro por su carácter "hablado"; la acción llega
como resultado o consecuencia de un hablar
o parlamentar. Esto da coherencia al relato.
Primero el pueblo parlamenta con el Señor
en una liturgia penitencial; después, los gala-
ditas (o los gaditas habitantes en Galaad)
parlamentan con Jefté, para que asuma el
mando militar; después, Jefté parlamenta
con los jefes amonitas, intentando salvar una
paz justa. Así tenemos varios ejemplos del
arte de la palabra, relativamente antiguos;
aunque probablemente son más tardíos que
otras partes del libro.
A manera de apéndices, el relato incor-
pora dos tradiciones ricas en acción, más ca-
racterísticas y más famosas en la literatura
europea: la hija de Jefté, la lucha con los
efraimitas, 11,34-40 y 12,1-6.
10,6
JUECES
496
Liturgia penitencial
6
Los israelitas volvieron a ha-
cer lo que el Señor reprueba: die-
ron culto a Baal y Astarté, a los
dioses de Siria, a los dioses de
Fenicia, a los dioses de Moab, a
los dioses de los amonitas, a los
dioses de los filisteos. Abando-
naron al Señor, no le dieron culto.
7
Entonces el Señor se encole-
rizó contra Israel y lo vendió a
los filisteos y a los amonitas,
8
que a partir de entonces opri-
mieron tiránicamente durante
dieciocho años a los israelitas de
TransJordania, enclave de Ga-
laad en territorio amorreo.
9
Los amonitas pasaron el Jor-
dán con intención de luchar tam-
bién contra Judá, Benjamín y la
tribu de Efraín; así que Israel lle-
gó a una situación desesperada.
'"Entonces los israelitas grita-
ron al Señor:
-¡Hemos pecado contra ti!
Hemos abandonado al Señor,
nuestro Dios, para dar culto a los
baales.
U
E1 Señor les respondió:
-Os he librado de los egipcios,
de los amorreos, de los amonitas
y de los filisteos.
12
Los fenicios,
amalecitas y madianitas eran
vuestros tiranos. Me gritasteis, y
yo os salvé.
l3
Pero me habéis
abandonado, habéis dado culto a
otros dioses.
l4
Por eso no volve-
ré a salvaros. Id a gritar a los dio-
ses que os habéis escogido. ¡Que
os salven ellos en la hora del
peligro!
15
Los israelitas insistieron:
-¡Hemos pecado! Haz de no-
sotros lo que te parezca bien,
pero líbranos hoy.
16
Entonces quitaron de en
medio los dioses extranjeros y
dieron culto al Señor, que cesó
en su cólera ante los sufrimien-
tos de Israel.
17
Los amonitas, movilizados,
acamparon en Galaad. Los israe-
litas se movilizaron también y
acamparon en Mispá*.
l8
La gen-
te decía:
-El que empiece la guerra
contra los amonitas será el cau-
dillo de los que vivimos en Ga-
laad.
10,6 Jue 2,1-5.
10,6-8 Las fórmulas del marco se hinchan
con afán enumerativo y van volviendo a las di-
mensiones originales: primero, dioses de
cinco países; después, dos pueblos, finalmen-
te los amonitas. Siria y Fenicia están al nor-
deste y noroeste, Amón y Moab al este, los
filisteos al oeste; con Edom al sur tendríamos
cerrado el círculo. Resulta extraño, aunque no
sea imposible, que los israelitas hubieran
adoptado los dioses filisteos. Tampoco parece
probable, entonces, un dominio de los filisteos
en TransJordania -aunque tiempo más atrás
hubiera una guarnición filistea en Betsán-. Se
ve que el autor amplía, escribiendo una espe-
cie de portada a los capítulos siguientes, in-
cluidos los de Sansón: esto justifica el hablar
de amonitas y filisteos.
10,10-16 También la liturgia penitencial
sirve de pórtico a las dos figuras siguientes.
Es la tercera pieza de su género en el libro:
el ángel del Señor en El Llanto (Boquín),
capítulo 2, el profeta del capítulo 6, y el Señor
aquí. La liturgia penitencial es diversa de
otras: en vez del esquema normal, acusa-
ción-confesión, sigue un esquema propio,
confesión-acusación-confesión. De este
modo las palabras de Dios adquieren una
función de urgencia, de llamar a la seriedad
en la conversión; son una negativa dialéctica
que denuncia la gravedad de la recaída, que
denuncia el juego cómodo de "volver a las
andadas" (precisamente el círculo que traza-
ba la "gran overtura").
Los otros dioses son incapaces de salvar
a Israel, mientras que la salvación define al
Dios de Israel: "nuestro Dios es un Dios que
salva" dice el salmo 68,21. La lista de siete
pueblos parece haber sufrido manipulacio-
nes. A ello se debe la presencia de amonitas
y filisteos: del dominio fenicio no tenemos no-
ticia, los amorreos pueden ser los dos reyes
de TransJordania, Sijón y Og.
El rito de eliminar los ídolos repite el de
Jos 24,23 y Gn 35,2.
10.14 Jr 2,28.
10.15 Jr 3,22-25.
10.17 Este verso adelanta acontecimien-
tos, pues el acampar frente a frente, supone
la existencia de un ejército con su jefe. Ade-
más Galaad es toda una región, mientras que
Mispá es una localidad.
10,17* = Atalaya.
10.18 Si el sujeto es "la gente", el texto
parece hablar de un estado de opinión: ante
la amenaza presente y las futuras posibles,
Galaad necesita un jefe militar; incluso podría
implicar que el auxilio de la confederación no
funciona. En el texto hebreo hay una adición
que limita el sentido: "los jefes de Galaad".
497 JUECES 11,17
Jefté
11 'Jefté, el galadita, era todo
un guerrero, hijo de Galaad y de
una prostituta.
2
Galaad tuvo
otros hijos de su esposa legítima,
y cuando llegaron a la mayoría
de edad, echaron de casa a Jefté,
diciéndole:
-Tú no puedes heredar en casa
de nuestro padre, porque eres
hijo de una mujer extraña.
3
Jefté marchó lejos de sus her-
manos y se estableció en el país
de Tob. Se le juntaron unos
cuantos desocupados, que hacían
incursiones bajo su mando.
4
Algún tiempo después los
amonitas declararon la guerra a
Israel.
5
Los concejales de Galaad
fueron al país de Tob a buscar a
Jefté, duplicándole:
-Ven a ser nuestro caudillo en
:a euerra contra los amonitas.
7
Pero Jefté les respondió:
-Vosotros, que por odio me
echasteis de casa, ¿por qué venís
a mí ahora que os veis en aprieto?
8
Los concejales de Galaad le
contestaron:
-Así es. Ahora nos dirigimos
a ti para que vengas con nosotros
a luchar contra los amonitas.
Serás jefe nuestro, de todos los
que estamos en Galaad.
9
Jefté les dijo:
-¿De modo que me llamáis
para luchar contra los amonitas?
Pues si el Señor me los entrega,
seré vuestro jefe.
l0
Le respondieron:
-Que el Señor nos juzgue si
no hacemos lo que dices.
1
'Jefté marchó con los conce-
jales de Galaad. El pueblo lo
nombró jefe y caudillo, y Jefté
juró el cargo ante el Señor, en
Mispá.
l2
Luego despachó unos emisa-
rios al rey de los amonitas con
esta embajada:
-¿Qué te he hecho yo para que
vengas contra mí, a hacer la gue-
rra a mi país?
I3
E1 rey de los amonitas con-
testó a los emisarios de Jefté:
-Israel, cuando venía de Egip-
to, se apoderó de mi país, desde
el Arnón hasta el Yaboc y el Jor-
dán; así que ahora devuélvemelo
por las buenas.
14
Jefté envió una segunda
embajada al rey de los amonitas,
l5
con esta respuesta:
-Así dice Jefté: «Los israelitas
no se apoderaron del país de
Moab, ni del país de Arnón, ^si-
no que al venir de Egipto mar-
charon por el desierto hasta el
Mar Rojo y llegaron a Cades.
l7
Enviaron emisarios al rey de
Edom pidiéndole que les dejase
11,1-3 El nuevo héroe encarna el motivo
de la victoria del débil como variante particu-
lar se trata de un bastardo desterrado que se
vuelve jefe de bandidos. Es inevitable com-
Dararlo con Abimelec y con la primera etapa
de David. Si el nombre del padre coincide
con el de la región, el nombre del hijo apare-
ce como localidad en Jos 19,14. Jefté yiptah
significa "abra", sin explicitar el nombre de la
divinidad - es fácil que la madre no fuera
sraelita- el nombre podría ser una invoca-
ción de la madre, pidiendo la fecundidad:
*Dios abra mi seno", véase Is 66,9. El texto
hebreo da la impresión de que los hijos legí-
timos nacen más tarde y que Jefté durante
cierto tiempo había sido considerado como el
posible heredero. Expulsado y sin esperan-
za, su actividad como jefe de una cuadrilla
podía ser asaltar caravanas o bien alquilar,
ocasionalmente, sus servicios a cualquier je-
fe necesitado.
Todos los rasgos parecen escogidos
para subrayar su indignidad, no compensada
por el valor y la experiencia militar. Aquí, pre-
cisamente, comienza a cambiar de dirección
ia historia: al expulsarlo, sus hermanos han
creado las bases de su carrera, de su des-
quite y rehabilitación. La región donde actúa,
Tob = Bueno o Fértil, se encuentra, proba-
blemente, en territorio de Edom, al sureste
del Mar Muerto.
11,3 Jue 9,4.
11,4-11 Jefté conduce ahora las negocia-
ciones desde una posición ventajosa. En la
propuesta que le hacen, ¿no parece resonar
la historia de Yotán, de los árboles ofrecien-
do el mando a la zarza? Sin usar el término,
la narración sugiere la conclusión de un
pacto con juramentos mutuos.
11,13 Dt 2,16-25.
11,12-13 Después de un contexto tan mili-
tar, con los campamentos alineados, con la
prisa de enviar al capitán a la batalla, no espe-
rábamos estas negociaciones diplomáticas,
elaboradas con tanto escrúpulo legal. Es un
Jefté inesperado y sorprendente. Cuando Is-
rael venía de Egipto, el territorio junto al Jor-
dán, entre el Arnón y el Yaboc, pertenecía a
Sijón, rey de Jesebón; Moab quedaba al sur
del Arnón, los clanes amonitas se dispersaban
al oriente. Según Nm 21,26, Sijón había arre-
batado ese territorio al rey de Moab.
11,15-27 En la segunda embajada Jefté
introduce el relato de tres embajadas prece-
11,18 JUECES
498
atravesar el país, pero el rey de
Edom no hizo caso. Mandaron
también emisarios al rey de
Moab y tampoco quiso. Enton-
ces los israelitas se instalaron en
Cades.
l8
»Luego anduvieron por el
desierto, bordeando Edom y
Moab; llegaron a la parte orien-
tal de Moab y acamparon en la
otra orilla del Arnón, sin violar
la frontera (pues el Arnón es la
frontera de Moab).
l9
»Enviaron emisarios a Sijón,
rey de los amorreos, que reinaba
en Jesbón, pidiendo que les deja-
se atravesar su territorio, de paso
hacia nuestra tierra;
20
pero Sijón,
no fiándose de la petición de
Israel de cruzar su frontera, reu-
nió sus tropas, acampó en Yasá y
presentó batalla a Israel.
2I
E1 Se-
ñor, Dios de Israel, entregó a
Sijón y todas sus tropas en poder
de Israel, que los derrotó y tomó
posesión de las tierras de los
amorreos que habitaban aquella
región.
22
Tomaron posesión de
la demarcación de los amorreos,
desde el Arnón hasta el Yaboc y
desde el desierto hasta el Jordán.
23
»Pues bien, si el Señor, Dios
de Israel, expulsó a los amorreos
ante su pueblo, Israel, ¿tú ahora
quieres expulsarnos?
24
Ya tienes
lo que te asignó tu dios Camós,
lo mismo que nosotros tenemos
lo que el Señor, nuestro Dios,
nos ha asignado.
25
Vamos a ver,
¿vales tú más que Balac, hijo de
Sipor, rey de Moab? ¿Se atrevió
él a pleitear con Israel? ¿Le
declaró la guerra?
26
Cuando Is-
rael se instaló en el municipio de
Jesbón y en el Aroer y en los
pueblos que bordean el Arnón,
hace trescientos años, ¿por qué
entonces no los librasteis?
27
»Así que yo no te he faltado.
Eres tú quien me ofende decla-
rándome la guerra. ¡Que el Se-
ñor sentencie hoy como juez
entre israelitas y amonitas!»
28
Pero el rey de los amonitas
no quiso hacer caso al mensaje
de Jefté.
29
E1 espíritu del Señor vino
sobre Jefté, que atravesó Galaad
y Manases, pasó a Mispá de
Galaad, de allí marchó contra los
amonitas,
30
e hizo un voto al
Señor:
3I
-Si entregas a los amonitas
en mi poder, el primero que
salga a recibirme a la puerta de
mi casa, cuando vuelva victorio-
so de la campaña contra los amo-
nitas, será para el Señor, y lo
ofreceré en holocausto.
32
Luego marchó a la guerra
contra los amonitas. El Señor se
los entregó:
33
los derrotó desde
dentes: las tres son prueba de la voluntad
pacífica de Israel, la tercera ha de servir de
escarmiento a los amonitas. Los hechos na-
rrados se leen en Nm 20,14-21 (Edom); 21,
21-30; Dt 2,22-37; nada se dice de una
embajada a Moab. El hecho clásico de Moab
es la intervención fallida de Balaán (véase
cómo la recoge Josué en 24, 9-10), de la que
hablará más adelante.
11,19 Nm 21,21-26.
11,23-24 Los mensajeros emplean un
lenguaje diplomático, apelando a la creencia
común que ve los diversos países como pro-
piedad de dioses diversos, que los entregan
a sus pueblos. Camós es en rigor el nombre
del dios de Moab, el de los amonitas se suele
llamar Milcom; pero es posible que este se-
gundo sea más bien título "rey", y que origi-
nariamente los dos pueblos emparentados
compartieran la misma divinidad. En una vi-
sión más ortodoxa o más evolucionada, es el
Señor quien reparte los territorios, como Dios
universal (Dt 32,8; Jos 24,4). La victoria y la
ocupación durante cierto tiempo son pruebas
del acto divino de entrega, que el hombre no
puede invalidar.
11,25 Nm22.
11,27 Las negociaciones toman la forma
y términos de un pleito: protesta de inocen-
cia, acusación formal y apelación a un tribu-
nal superior. Aquí Jefté renuncia a la diplo-
macia y apela a su propio Dios, al Señor.
Este juicio sucederá en la batalla que se ave-
cina, juicio de Dios que dará la victoria al ino-
cente. Jefté invoca al Señor como juez de la
historia; y el libro de los jueces se levanta a
una instancia definitiva. 1 Re 24,13.
11.30 Nm 30,1-10.
11.31 Jefté promete al Señor un sacrificio
humano, cosa no infrecuente en la época, pe-
ro prohibida a los israelitas: Dt 12,31; Lv
18,21; 20,2; 2 Re 3,27; 17,31; Sal 107,38. Na-
turalmente hay que recordar Gn 22 (Isaac).
Designando la víctima de ese modo, deja a
Dios la elección. El holocausto exige quemar
la víctima después de matada. El narrador
antiguo no parece condenar el voto. Ni Ben
Sira, Eclo 46,11, ni Heb 11,32 hacen repro-
ches o salvedades a Jefté; y la tradición anti-
gua en general alaba y justifica su conducta.
11,32-33 Aunque no se puede identificar
con seguridad la zona, parece que se trata
de ciudades amonitas en la región suroeste
de la actual Aman.
499 JUECES
12,4
Aroer hasta la entrada de Minit
(veinte pueblos) y hasta Abel
Queramim*. Fue una gran derro-
ta, y los amonitas quedaron suje-
tos a Israel.
34
Jefté volvió a su casa de
Mispá. Y fue precisamente su hi-
ja quien salió a recibirlo, con
panderos y danzas; su hija única,
pues Jefté no tenía más hijos o
hijas.
35
En cuanto la vio, se ras-
gó la túnica gritando:
-¡ Ay hija mía, qué desdichado
soy! Tú eres mi desdicha, porque
hice una promesa al Señor y no
puedo volverme atrás.
36
Ella le dijo:
-Padre, si hiciste una promesa
al Señor, cumple lo que prome-
tiste, ya que el Señor te ha per-
mitido vengarte de tus enemigos.
37
Y le pidió a su padre:
-Dame este permiso: déjame
andar dos meses por los montes,
llorando con mis amigas, porque
quedaré virgen.
38
Su padre le dijo:
-Vete.
Y la dejó marchar dos meses,
y anduvo con sus amigas por los
montes, llorando porque iba a
quedar virgen.
39
Acabado el plazo de los dos
meses, volvió a casa, y su padre
cumplió con ella el voto que
había hecho. La muchacha era
virgen.
40
Así empezó en Israel la cos-
tumbre de que todos los años
vayan las chicas israelitas a can-
tar elegías durante cuatro días a
la hija de Jefté, el galadita.
Reyerta con los efraimitas
12 'Los efraimitas se amotina-
ron, cruzaron el Jordán hacia el
norte y fueron a protestarle a
Jefté:
-¿Por qué marchaste a la gue-
rra contra los amonitas y a noso-
tros no nos llamaste para que
fuéramos contigo?
2
Jefté les respondió:
-Cuando yo andaba reñido con
los parientes y los amonitas me
presionaban, os pedí ayuda, y no
me salvasteis. ^Entonces, viendo
que no había quien me salvara,
me jugué la vida, marché contra
los amonitas, y el Señor me los
entregó. Por tanto, ¿a qué venís
hoy a mí atacándome?
4
Luego juntó a todos los de
11.33 * = Pradoviñas.
11.34 El verso supone que Jefté, antes
de salir a la batalla, se había instalado con
todos los honores en Mispá; esto habría
sucedido cuando juró su cargo. La hija sale
conduciendo un grupo de danzantes, véase
Ex 15 (María) y 1 Sm 18,6.
11.35 Prov 20,25.
11,37 El sentido más coherente con el
conjunto de la narración es que la muchacha
llora el tener que morir sin haber sido esposa
y madre (véase Is 54,4); muchas madres,
jóvenes o no, morían entonces de sobreparto,
pero con el consuelo de dar vida a un hijo
(véanse por ejemplo Gn 35,16-18, 1 Sm4,19-
21); la hija de Jefté pasa sin dejar rastro vivo.
Queda su presencia literaria. El autor ha
operado con medios en extremo simples,
marcando un par de contrastes elementales.
Jefté, que "era todo un guerrero", es al térmi-
no de su victoria un padre destrozado, que
apenas puede expresarse, si no es repitien-
do el mismo verbo y multiplicando irregular-
mente la vocal i. La hija es una doncella que
sale danzando al encuentro de su desgracia,
y que pide una dilación de su sentencia sólo
para llorar. Es un momento de la historia que
logra conmovernos.
Pero también nos turba. ¿Es esa mucha-
cha una víctima de religiosidad auténtica, o
de prejuicios religiosos? ¿Es una víctima ofre-
cida al Señor de la vida y de la salvación, o a
un dios de la guerra y de la muerte, un dios
cruel que cobra las victorias en vidas inocen-
tes y jóvenes? ¿Cuál es el sentido de este
sacrificio? A lo mejor fue quedar como recuer-
do de tiempos superados, como amonesta-
ción contra usos paganos; a lo mejor su sen-
tido es seguir denunciando la crueldad de los
hombres que siguen ofreciendo víctimas hu-
manas a sus ídolos seculares y crueles. La
hija de Jefté y sus compañeras todavía siguen
vagando y llorando por los montes.
11.39 2 Re 3,27.
11.40 Eclo 46,11; Heb 11,32.
12,1-6 Este episodio es otro testimonio de
las antiguas rivalidades entre tribus, que dura-
rán hasta bien asentada la monarquía. Parece
que a Efraín le toca llegar siempre tarde, como
en el caso de Ehud, 3,27, en el de Gedeón, 8,1-
3, o no llegar, como sucede aquí. Y se muestra
muy celoso de su participación, sobre todo
cuando ha visto la victoria. Estas tres historias
parecen expresar cierto sentimiento de hostili-
dad y burla hacia Efraín. No así el canto de
Débora, donde Efraín abría la marcha.
12,4 El texto hebreo añade "que decían:
¡Escapados de Efraín es lo que sois vosotros!
¡Galaad en medio de Efraín, en medio de
12,5 JUECES 500
Galaad y atacó a los de Efraín.
Los galaditas derrotaron a los
efraimitas.
5
Ocuparon los vados
del Jordán, cortándole el paso a
Efraín. Y cuando los efraimitas
fugitivos les pedían: «¡Dejadnos
pasar!», los galaditas pregunta-
ban: «¿Eres de Efraín?»; el otro
respondía: «No»;
6
y ellos le
mandaban: «Di "cebada"». El
decía «sebada», pues no sabía
pronunciar correctamente; en-
tonces lo agarraban y lo degolla-
ban junto a los vados del Jordán.
Así murieron en aquella ocasión
cuarenta y dos mil efraimitas.
7
Jefté gobernó a Israel seis
años. Murió, y lo enterraron en
su pueblo de Galaad.
JUECES MENORES (II)
8
Después de él gobernó a Israel
Ibsán, natural de Belén, ^uvo
treinta hijos y treinta hijas. A sus
hijas las casó fuera y a sus hijos
los casó con forasteras. Gobernó
a Israel siete años.
l0
Murió, y lo
enterraron en Belén.
"Después de él gobernó a Is-
rael Elón, zabulonita. Gobernó a
Israel diez años.
12
Murió, y lo
enterraron en Ayalón*, en el te-
rritorio de Zabulón.
l3
Después de él gobernó a Is-
rael Abdón, hijo de Hilel, natural
del Piratón.
J4
Tuvo cuarenta hi-
jos y treinta nietos, que monta-
ban sendos pollinos. Gobernó Is-
rael ocho años.
l5
Abdón, hijo de
Hilel, natural de Piratón, murió,
y lo enterraron en Piratón, de la
serranía de Efraín, en el término
de Saalín.
Sansón
13 'Los israelitas volvieron a
Manases!". La frase repite cuatro palabras
que se leen más abajo y alude a otros moti-
vos de rivalidad.
12.6 Hay aquí un testimonio curioso de las
antiguas diferencias dialectales, que también
podían dar origen a burlas maliciosas o crue-
les. Aquí se trata de algo más que una burla,
pero los viejos narradores orales pudieron
contarlo entre risas. En hebreo se trata de la
variación de la s inicial, que los efraimitas pro-
nuncian s (el sonido inglés, sh; alemán, sen;
francés, ch, pronunciado como simple s mu-
da); la palabra hebrea es shibbolet (espiga). El
desenlace es trágico por tratarse de una tribu
de Israel, porque la victoria contra el extranje-
ro ha provocado una división interior. El hecho
se presenta sin signos religiosos explícitos,
aunque la arrogancia es castigada y el héroe
es reivindicado. Una diferencia dialectal se
hace símbolo de divisiones más profundas; la
pacífica espiga resulta fatal y produce una
cosecha de vidas junto al río divisorio. Y Jefté
sale aureolado de tragedia.
12.7 Seis años no es cifra convencional.
12.8 Este Belén se encuentra probable-
mente en zona fronteriza entre Zabulón y
Aser. La tribu de Aser entraría así en la lista
de los jueces. Los matrimonios de sus hijos e
hijas con extranjeros podían obedecer a ra-
zones diplomáticas o de prestigio.
12,12 * = Cervera.
SANSÓN
La Sefela. La cadena central de Pales-
tina, en la extensión de Samaría, va bajando
hacia la llanura del Sarón y hacia el mar por
terrazas escalonadas, en continuidad des-
cendente; por el contrario la zona de Judea
baja rápidamente, casi se precipita a valles y
gargantas paralelas al mar, y vuelve a subir
en un sistema de colinas de media altura
asomadas a la plana marítima. Esta zona de
colinas se llama la Sefela; es decir, la Baja;
se entiende, comparada con las montañas de
Hebrón y Jerusalén. Por esa división, la Se-
fela tiene una vida independiente: es una
zona más suave de aspecto y clima, cruzada
por anchos valles perpendiculares, que al lle-
gar a la cadena central, se convierten en des-
filaderos. Por estos desfiladeros se penetra
difícilmente hacia el corazón de Judea, mien-
tras que por los valles de la Sefela se baja
fácilmente a la Plana filístea, por donde pasa
la vía del mar.
Esta zona apacible y expuesta le ha
tocado en suerte a la tribu de Dan; y en una
de sus cuencas más apacibles, formada por
la confluencia de varios valles o pasos, se
encuentran Sorá y Estaol, los lugares donde,
según la leyenda, nació y creció el héroe de
los danitas, Sansón; el rival de los filisteos
cuyo nombre sugiere una dedicación al Sol.
Los filisteos entran decididamente en es-
cena en estos capítulos bíblicos y no la aban-
donarán hasta los días de David. Un día serán
la amenaza máxima de los israelitas; por ahora
son la molestia constante de los danitas.
Traían una cultura mediterránea desarro-
llada, sabían trabajar el hierro, durante cierto
tiempo debieron de controlar las vías maríti-
mas occidentales (antes de la expansión
501 JUECES
13,3
hacer lo que el Señor reprueba, y
el Señor los entregó a los filiste-
os por cuarenta años.
2
Había en Sorá un hombre de
la tribu de Dan, llamado Manoj.
Su mujer era estéril y no había
tenido hijos.
3
E1 ángel del Señor se apare-
ció a la mujer y le dijo:
fenicia). Se organizaban políticamente en
una pentápolis, cuyos jefes llevaban el título
de seranín (seran-im tyrann-os). Sus relacio-
nes con los vecinos danitas eran de paz ines-
table; por su cultura y sus armas, llevaban las
de ganar.
Rival de los filisteos no es la tribu entera,
sino un héroe individual. A nivel de historia,
sus hazañas son travesuras, cosquillas o
punzadas a un enemigo superior. Muerto el
héroe, los danitas tendrán que emigrar. Pero
literariamente Sansón supera en fama al
mismo Goliat.
El ciclo de Sansón. Esta denominación
da idea del carácter compuesto de estos rela-
tos y de su unidad de protagonista. Podemos
leer estas páginas con diversas actitudes,
que no se excluyen.
La primera será una lectura entretenida,
por el placer de escuchar una buena narra-
ción. No importa que haya incoherencias o
irregularidades entre las diversas piezas,
•ncluso no es imposible que se le cuelguen al
héroe triunfos ajenos -hoy no hay medio de
determinarle—. Los viejos narradores tenían
ingredientes abundantes para componer bue-
nos relatos: variedad de escenas y situacio-
nes, un héroe que junta fuerza y astucia, inge-
nio y pasión, burlas que permiten reírse del
enemigo más poderoso, y la tragedia final.
Sin perder su viveza original, Sansón
asume un sentido simbólico para nosotros.
Sansón y Dalila, Hércules y Onfalia, la fuerza
y el amor, el héroe ciego antes de ser cega-
do, las vueltas monótonas del molino. Esta
dimensión simbólica ha contribuido a la fama
y popularidad de estos relatos.
A nosotros nos interesa, sobre todo, la
'ectura religiosa del ciclo, sentido buscado
oor el autor último y presente de diversos
modos en los capítulos; por varios de sus
elementos, por su inserción en el libro. El
sentido religioso del personaje se propone
antes de que nazca, en su anunciación, que
ocupa un capítulo entero; elegido antes de
nacer, como ninguno de los demás héroes
del libro, consagrado a Dios de por vida. Su
consagración es un nazireato, que le impone
renuncias ascéticas y cúlticas. De joven reci-
be la bendición del Señor, y el espíritu de
Dios comienza a moverlo. ¿Cumple Sansón
con los deberes de un consagrado y con el
oficio de un salvador?
Más bien parece empeñarse en quebran-
tar sus votos: bebiendo vino en los banque-
tes, comiendo miel contaminada por el con-
tacto con un cadáver, uniéndose a mujeres
paganas, entregando su cabellera. Más que
un salvador parece un pecador que servirá de
escarmiento, porque Dios no puede dejar im-
pune su sacrilegio. A Sansón lo mueve la
pasión con más fuerza que el espíritu de Dios.
Como salvador tampoco encaja bien en
la serie de "los débiles victoriosos". Dema-
siado fuerte y astuto para manifestar el poder
de Dios. Con todo, Sansón el fuerte se debi-
lita a sí mismo dilapidando sus fuerzas en
aventuras guerreras y amorosas. Como gue-
rrero es un individualista, incapaz de reclutar
y guiar a los suyos a victorias sustanciales;
como hombre, su debilidad son las mujeres,
y también su perdición. Ya tenemos al débil
que necesitábamos para salvar; pero, como
resulta que es un pecador, infiel a sus com-
promisos religiosos, el proceso de su acción
salvadora toma un curso paradójico. Por sus
pecados tiene que morir, como liberador tie-
ne que salvar: su muerte heroica será la con-
junción de las dos exigencias. Muere salvan-
do, y su memoria es gloriosa.
13 Este es el relato de anunciación más
desarrollado del Antiguo Testamento. El
núcleo es realmente la fórmula clásica de
anunciación, dicha por el ángel del Señor y
repetida por la mujer; a partir de ella toma
cuerpo un relato de aparición.
¿Quién se aparece? Cuando habla la
mujer, es "un hombre de Dios" (que equivale
a un profeta), "el que vino"; cuando habla el
marido, también es un "hombre de Dios", "el
que habló"; sólo al final lo llama "dios"; el
narrador lo llama casi siempre "el ángel del
Señor", y dice simplemente "el Señor" cuan-
do habla de la oración o del altar. Como
ángel significa, en rigor, mensajero, podemos
resumir así: no se dice que el Señor se apa-
rezca, porque la aparición es como un salir
13,4
JUECES
502
-Eres estéril y no has tenido
hijos.
4
Pero concebirás y darás a
luz un hijo; ten cuidado de no be-
ber vino ni licor, ni comer nada
impuro, porque concebirás y da-
rás a luz un hijo.
5
No pasará la
navaja por su cabeza, porque el
niño estará consagrado a Dios
desde antes de nacer. El empeza-
rá a salvar a Israel de los filisteos.
6
La mujer fue a decirle a su
marido:
-Me ha visitado un hombre de
Dios que, por su aspecto terrible,
parecía un mensajero divino; pero
no le pregunté de dónde era ni él
me dijo su nombre.
7
Sólo me dijo:
«Concebirás y darás a luz un hijo;
ten cuidado de no beber vino ni
licor, ni comer nada impuro, por-
que el niño estará consagrado a
Dios desde antes de nacer hasta el
día de su muerte».
8
Manoj oró así al Señor:
-Perdón, Señor: que vuelva ese
hombre de Dios que enviaste y
nos indique lo que hemos de ha-
cer con el niño una vez nacido.
9
Dios escuchó la oración de
Manoj, y el ángel de Dios volvió
a aparecerse a la mujer mientras
estaba en el campo y su marido
no estaba con ella.
l0
La mujer
corrió en seguida a avisar a su
marido:
-Se me ha aparecido aquel
hombre que me visitó el otro día.
1
'Manoj siguió a su mujer, fue
hacia el hombre y le preguntó:
-¿Eres tú el que habló con esta
mujer?
El respondió:
-Sí.
,2
Manoj insistió:
-Y una vez que se realice tu
promesa, ¿qué vida debe llevar
el niño y qué tiene que hacer?
I3
E1 ángel del Señor respon-
dió:
l4
-Que se abstenga de todo lo
que le prohibí a tu mujer: que no
tome mosto, que no beba vino ni
licores, ni coma cosa impura;
que lleve la vida que dispuse.
l5
Manoj dijo al ángel del
Señor:
-No te marches, y te prepara-
remos un cabrito.
(No había caído en la cuenta
de que era el ángel del Señor).
,6
Pero el ángel del Señor le
dijo:
-Aunque me hagas quedar, no
probaré tu comida. Si quieres
ofrecer un sacrificio al Señor,
hazlo.
l7
Manoj le preguntó:
-¿Cómo te llamas, para que
cuando se cumpla tu promesa te
de sí tomando figura, y por eso se emplea la
perífrasis "el mensajero / ángel del Señor";
para aparecer toma figura humana, por lo
cual los hombres ven a un hombre que habla
como profeta, con aspecto de "mensajero di-
vino". Cuando esa figura desaparece su-
biendo en la llama del altar, los hombres des-
cubren que era Dios mismo quien se mani-
festaba y hablaba. Estos datos completan los
de la aparición a Gedeón en el capítulo 6.
13,2 El tema de la esterilidad de la madre
del héroe es común: Sara, Raquel, Ana. El
hijo es puro don de Dios.
13,3-5 El esquema completo de anuncia-
ción tiene las siguientes piezas: concepción y
parto, nombre del niño y su explicación, una
dieta, historia futura del niño. Pueden verse
los siguientes textos: Gn 16,11-12 (Ismael);
Is 7,13-14 (el hijo de Acaz); el patrón pasa al
Nuevo Testamento, donde lo utilizan Mateo y
Lucas, Mt 1,20-23; Le 1,11-20.26-37. Aquí
falta el nombre, quizá porque Sansón no es
nombre teofórico (o alude a una divinidad
pagana); en compensación se desarrolla el
motivo de la dieta, de acuerdo con el destino
del héroe; es decir, ni a través de su madre
deberá tocar el vino la criatura. Su destino
será "comenzar" lo que seguirán otros, Sa-
muel, Saúl y David.
13,7 De ordinario el voto de nazireato era
temporal, Nm 6, el caso de Sansón es extra-
ordinario.
13,11-18 En el diálogo hay un dato con-
creto, la dieta del niño; lo demás es negativo,
misterioso. La primera identificación es vaga,
el personaje rehusa el banquete y no dice su
nombre, es evasivo y alusivo. Algo se insi-
núa, que aún no se aclara. Se puede compa-
rar con la escena de Gedeón en el capítulo 6.
13.15 Jue6,18s; Gn 18,6.
13.16 Hay sacrificios concebidos como
banquete, otros queman la víctima y se lla-
man holocaustos. El desconocido juega con
alusiones: como comida no acepta nada, co-
mo holocausto, el Señor lo aceptará.
13,17-18 La pregunta por el nombre re-
cuerda las visiones de Jacob (Gn 32) y Moisés
(Ex 3). Sólo que Manoj considera todavía a su
interlocutor como ser humano: quiere hacer un
homenaje o un obsequio al mensajero que le
trajo la gran noticia.
La respuesta avanza por la línea de la alu-
sión: es un adjetivo que se podría leer como
nombre, "que es: misterioso"; la raíz hebrea
significa lo que excede la mente humana, mis-
terioso, o la capacidad humana, milagroso, y
de ordinario se predica de la divinidad (por
ejemplo, Is 9,5 Maravilla de Consejero; Sal
503 JUECES
14,1
hagamos un obsequio?
I8
E1 ángel del Señor contestó:
-¿Por qué preguntas mi nom-
bre? Es Misterioso.
l9
Manoj tomó el cabrito y la
ofrenda y ofreció sobre la peña
un sacrificio al Señor Misterioso.
:o
Al subir la llama del altar hacia
el cielo, el ángel del Señor subió
también en la llama, ante Manoj
y su mujer, que cayeron rostro a
tierra.
2I
E1 ángel del Señor ya no se
les apareció más. Manoj cayó en
la cuenta de que aquél era el
ángel del Señor,
22
y comentó con
su mujer:
-¡Vamos a morir, porque he-
mos visto a Dios!
23
Pero su mujer repuso:
-Si el Señor hubiera querido
matarnos no habría aceptado
nuestro sacrificio y nuestra
ofrenda, no nos habría mostrado
todo esto ni nos habría comuni-
cado una cosa así.
24
La mujer de Manoj dio a luz
un hijo y le puso de nombre
Sansón. El niño creció y el Señor
lo bendijo.
25
Y el espíritu del Se-
ñor comenzó a agitarlo en Majné
Dan*, entre Sorá y Estaol.
14 •Sansón bajó a Timná y vio
allí una muchacha filistea.
139,6). Al negarse a decir su nombre, apunta
hacia arriba.
13.18 Gn 32,10.
13.19 Manoj recoge la sugerencia al ofre-
cer su sacrificio. En el título se contiene una
confesión: el Señor podrá hacer el milagro de
dar un hijo a la mujer estéril, y hasta parece
adelantar la acción de gracias por el beneficio.
13,19-20 Los versos están marcados por
el movimiento ascendente que expresa la
raíz 'ly (= subir), que designa también el
sacrificio (= elevación): sube la víctima sobre
ía roca, sube la llama de sobre el altar hacia
el cielo, sube el ángel del Señor. En fuerte
contraste, los esposos caen en tierra.
13.21 La desaparición final empalma en
inclusión con la primera aparición (1,20). El
"cayó en la cuenta" recoge y resuelve el "no
nabía caído en la cuenta" del v. 16.
13.22 No se concede a los mortales ver
a Dios, porque es una visión terrible que
-nata. Ex 33,20.
13.23 La mujer impone la sensatez hu-
mana por encima de una teología oficial, co-
mo si le resultase más fácil entrar en el mun-
do de lo divino.
13,25 El espíritu del Señor es el elemen-
to dinámico que no dejará quietud al héroe,
que lo moverá de modo imprevisible para que
cumpla su misión. * = Castrodán.
14 La narración se centra en una boda
ír
acasada, con el episodio de un león muerto
y un juego de enigmas; todo ello está bas-
tante bien trabado y se articula en cinco o
seis bajadas.
La boda normalmente se hacía por me-
dio de los padres. Muchas veces ellos mis-
mos escogían la esposa, siempre pagaban la
dote al padre; la fiesta podía durar al menos
una semana, y los novios tenían sus respec-
tivos cortejos, en los cuales destacaba por su
papel el "amigo del novio" (especie de padri-
no que lo arregla todo); la novia era llevada a
casa del marido o de sus padres. Había una
variante en la que la esposa quedaba en ca-
sa de sus padres, donde la visitaba el mari-
do, y los hijos pertenecían al clan de ella.
Enigmas y apuestas podían ser uno de los
entretenimientos de las fiestas.
En el relato, los enigmas o acertijos ad-
quieren una importancia decisiva, no sólo
para influir en el curso de la acción, sino tam-
bién para simbolizar los hechos. El verbo ngd
= informar (de un hecho, de una solución)
sale catorce veces en forma negativa, positi-
va, de petición o de condición; nos dice, so-
bre todo, la reserva de Sansón que ha de ser
conquistada, cosa que solamente la novia
conseguirá.
El primer enigma y su respuesta parecen
contener alusiones sexuales: fuerza y dulzura,
¿qué más fuerte que el amor, qué más dulce
que el amor? (y se podrían buscar alusiones
más explícitas). El enigma resume en el relato
el episodio del león; pero ¿por qué se introdu-
ce dicho episodio innecesario?
Si nos fijamos en la correspondencia del
león y de los enemigos muertos a manos de
Sansón, descubriremos un sentido que des-
borda a los comensales, incluido el héroe. La
fiera va a ser el pueblo hostil, al que ha de ata-
car Sansón con la sola fuerza de sus manos;
de ese pueblo vecino y enemigo sale algo
dulce, que es la muchacha de Timná. Sansón
la recoge despreocupado. Pero una miel en
contacto con el cadáver de la fiera está conta-
minada y puede ser fatal para el nazireo. Si el
14,2 JUECES 504
2
Cuando regresó les dijo a sus
padres:
-He visto una muchacha filis-
tea en Timná. Pedídmela para
esposa.
3
Sus padres le contestaron:
-¿Y no hay ninguna mujer en
tu parentela y en todo el pueblo
para que vayas a casarte con una
chica de los filisteos, esos incir-
cuncisos?
Pero Sansón insistió a su
padre:
-Pídemela para esposa, por-
que ésa me gusta.
4
(Su padre y su madre no sos-
pechaban que el Señor lo dispo-
nía así buscando un pretexto
contra los filisteos, que por en-
tonces dominaban a Israel).
5
Sansón bajó a Timná. Cuan-
do llegaba cerca de las viñas de
Timná, le salió rugiendo un
leoncillo;
6
el espíritu del Señor
invadió a Sansón, que descuarti-
zó al león como quien descuarti-
za un cabrito, y eso que no lleva-
ba nada en la mano. Pero no se lo
contó a sus padres.
7
Sansón habló con la mucha-
cha, y le gustó.
8
Pasado algún tiempo, cuando
volvía para casarse con ella, se
desvió un poco para ver el león
muerto, y encontró en el esque-
leto un enjambre de abejas con
miel;
9
sacó el panal con la mano
y se lo fue comiendo por el ca-
mino; cuando alcanzó a sus pa-
dres, les dio miel, y la comieron,
pero no les dijo que la había re-
cogido en el esqueleto del león.
l0
Bajó a casa de la novia y
hubo allí un convite, como sue-
len hacer los mozos; ' 'y como le
tenían miedo, le asignaron trein-
ta compañeros que se cuidaran
de él.
l2
Sansón les dijo:
-Os voy a poner un acertijo; si
me lo sacáis en estos siete días
del convite, os doy treinta sába-
nas y treinta mudas;
l3
si no
lográis sacarlo, me dais vosotros
a mí treinta sábanas y treinta
mudas.
Le contestaron:
-A ver, di el acertijo.
I4
E1 dijo:
-Del que come salió comida,
del fuerte salió dulzura.
Durante los tres primeros días
no pudieron dar con la solución.
15
Al cuarto día le dijeron a la
mujer de Sansón:
-Engaña a tu marido, a ver si
nos enteramos de la solución,
que si no, te quemamos a ti y a la
casa de tu padre. ¿O nos habéis
invitado para dejarnos sin nada?
,6
Entonces la mujer de Sansón
le fue llorando:
-Ya me has aborrecido, ya no
me quieres. A mis paisanos les
has puesto el acertijo y a mí no
me dices la solución.
El le contestó:
-¡Conque no se la he dicho a
mi padre ni a mi madre y te la
voy a decir a ti!
l7
Pero ella le estuvo llorando
los siete días del convite. Al fin,
el día séptimo -tanto le importu-
naba- le dijo la solución, y ella
se la dijo a sus paisanos.
i8
Y
éstos dieron la respuesta a
Sansón el día séptimo, antes de
que entrase en la alcoba:
«¿Qué más dulce que la miel.
qué más fuerte que el león?».
Sansón repuso:
«Si no hubierais arado
con mi novilla,
no habríais acertado
mi acertijo».
l9
Entonces lo invadió el espí-
relato presente no acaba en tragedia, en él
están sonando ya los motivos de otro episodio
semejante. El capítulo es casi como un ensayo
a escala reducida de lo que va a suceder. El
relato tiene un tono bastante profano (salvo el
paréntesis y la referencia al espíritu), y con-
trasta fuertemente con la religiosidad del ca-
pítulo precedente.
14.1 Timná se encuentra a pocos kilóme-
tros al sur de Sorá, todavía en la Sefela, en
una colina más baja; es ciudad fronteriza de
poca importancia. Dt 7,3.
14.2 Puede compararse con la historia
de Dina en Gn 34.
14.3 El adjetivo "incircuncisos" retornará
muchas veces con carácter despectivo y cier-
ta connotación cúltica: son un pueblo profa-
no, mientras que Sansón está especialmente
consagrado. Gn 24.
14,4 El paréntesis parece añadido por el
autor último, que además generaliza, según
costumbre. En aquel tiempo no todo Israel se
encontraba bajo dominio filisteo.
14,6 La presencia del espíritu en su lu-
cha con la fiera da al acontecimiento un serv-
tido particular; la fiera, particularmente el
león, es imagen frecuente del enemigo.
14,8-9 Muy seca tenía que estar la osa-
menta para que las abejas se alojasen er
ella; aun así, será un cadáver que contami-
naba. Por eso no dice a sus padre de dónde
procede la miel.
14.8 Nm 6,6.
14.9 Nm 5,2.
14,14 Gn 29,27.
14,19 La repetición de la frase liga enfá-
ticamente esta escena con la del león, v. 6.
Ascalón es una de las capitales filisteas.
505 JUECES
15,12
ritu del Señor, bajó a Ascalón,
mató allí a treinta hombres, los
desnudó y dio las mudas a los
que habían sacado el acertijo.
Después, enfurecido, se volvió a
casa de su padre.
20
Y su mujer
pasó a pertenecer a uno de los
compañeros que habían cuidado
de él.
15 'Algún tiempo después,
cuando la siega del trigo, fue
Sansón a visitar a su mujer, y le
llevaba un cabrito. Pensó:
-Voy a llegarme a mi mujer,
en la alcoba.
2
Pero su suegro no le dejó
entrar, diciendo:
-Yo estaba seguro de que la
habías aborrecido, por eso se la
di a uno de tus compañeros. Pero
su hermana la pequeña es más
guapa, acéptala en vez de la otra.
3
Sansón replicó:
-Esta vez soy inocente del
daño que voy a hacer a los filis-
teos.
4
Fue y atrapó trescientas zo-
rras; preparó teas, ató las zorras
rabo con rabo, con una tea entre
los dos rabos, -aprendió fuego a
las teas y soltó las zorras por las
mieses de los filisteos, incen-
diando los haces, la mies sin
segar e incluso viñas y olivares.
6
Los filisteos preguntaron:
-¿Quién ha sido?
Les respondieron:
-Sansón, el yerno del timnita,
porque le quitó su mujer y se la
dio a un compañero.
Entonces subieron los filisteos
y prendieron fuego a la mujer y a
la casa de su padre.
7
Sansón les
dijo:
-Por haber hecho eso, no pa-
raré hasta haberme vengado de
vosotros.
8
Y les sacudió una paliza.
Luego se fue a vivir en la cueva
del Sela Etam*.
9
Los filisteos fueron y acam-
paron contra Judá, haciendo
incursiones por la zona de Lejí*.
l0
Judá protestó:
-¿A qué habéis venido contra
nosotros?
Los filisteos contestaron:
-Venimos a capturar a Sansón
para devolverle lo que nos hizo.
"Entonces bajaron tres mil
judíos a la cueva de Sela Etam y
dijeron a Sansón:
-Pero ¿no sabes que estamos
bajo el dominio filisteo? ¿Por
qué nos has hecho esto?
Les respondió:
-Les he pagado con la misma
moneda.
^Insistieron:
-Pues hemos venido para apre-
sarte y entregarte a los filisteos.
Sansón les dijo:
-Juradme que no me mataréis.
puerto de mar. La cólera de Sansón es la
ruptura de hostilidades, motivada por la trai-
ción. La miel resultó amarga.
14,20 No se realiza la unión, cada uno de
!os dos retorna a su propio pueblo.
15 Este relato está bien soldado con el
anterior, por continuación y semejanza. Pero
la narración se ensancha por la dialéctica de
la venganza. Los danitas son una tribu pe-
queña que separa a filisteos de judíos, como
la Sefela separa la plana marítima de la mon-
taña central; hasta ahora Sansón había ope-
rado dejando a sus espaldas la cadena mon-
tañosa donde reside la tribu grande de Judá,
ahora se enciende la rivalidad, propagada
por el fuego de Sansón. La tribu de Judá re-
conoce al parecer un señorío moderado de
los filisteos, quizá enviando algún tributo pa-
cífico, evitando motivos o pretextos de irrita-
ción. Pues los filisteos están mejor armados,
mejor organizados y pueden apetecer una
expansión hacia occidente.
En el proceso Sansón va creciendo en
fuerza y en soledad. Se retiran de la escena
sus padres, no lo acompañan los de su tribu,
lo persiguen los de Judá; en torno a él se
mueven grupos anónimos, sólo él tiene un
nombre. Los enemigos de ayer parecen re-
conciliados contra él. Sansón es un cazador
de raposas, que despacha como su ejército
personal, y se retira a donde habitan los bui-
tres. Le niegan su mujer y en la venganza se
la matan. Su arma será un hueso de animal,
y para beber tendrá que gritar al Señor, cuyo
espíritu lo agita. ¡Qué diverso de los otros
héroes, Barac o Gedeón!
15,1 Desde las alturas de la Sefela San-
són puede contemplar un paisaje escalonado
de olivares, viñedos y extensos campos de
mieses en la Plana. Se le ha pasado la cóle-
ra, siente la querencia de aquella muchacha
filistea que todavía considera esposa suya.
15,5 Ex 22,5.
15,8a La expresión hebrea podría signifi-
car una llave en la pelea; pero el autor no
parece pensar en desafíos cuerpo a cuerpo.
A la letra suena "pierna sobre muslo".
15, 8* = Peñalbuitre.
15,9 * = Loma de la Quijada. Este nom-
bre debe quizá su nombre al perfil que ofrece
vista desde determinado sitio.
15,11 Los danitas que cuentan esta his-
toria sienten quizá animosidad contra la tribu
15,13 JUECES 506
l3
Le juraron:
-Sólo queremos apresarte y en-
tregarte, no pretendemos matarte.
Entonces lo ataron con dos so-
gas nuevas y lo sacaron de la peña.
,4
Cuando llegó a Lehi, los fi-
listeos salieron a recibirlo con
gran algazara; pero lo invadió el
espíritu del Señor, y las sogas de
sus brazos fueron como mecha
que se quema, y las ataduras de
sus manos se deshicieron. ^En-
tonces encontró una quijada de
asno reciente, le echó mano, la
empuñó y con ella mató a mil
hombres.
16
Después cantó:
«Con la quijada de un burro,
zurra que zurro,
con la quijada de un burro
maté a mil hombres».
I7
A1 terminar, tiró la quijada y
llamó a aquel sitio «Ramat Le-
jí*».
l8
Pero sentía una sed enor-
me y gritó al Señor:
-Tú me has concedido esta
gran victoria, ¡y ahora voy a mo-
rir de sed y a caer en manos de
esos incircuncisos!
l9
Entonces Dios abrió el pilón
que hay en Lehi y brotó agua.
Sansón bebió, recuperó las fuer-
zas y revivió. Por eso a la fuente
de Lehi se la llama hasta hoy En
Haqqoré*.
20
Sansón gobernó a Israel du-
rante la dominación filistea vein-
te años.
Sansón y Dalila
16 'Sansón fue a Gaza, vio allí
una prostituta y entró en su casa.
2
Corrió la voz entre los de Gaza:
-¡Ha venido Sansón!
Entonces lo cercaron y se
apostaron junto a la puerta de la
ciudad. Toda la noche estuvieron
tranquilos, diciéndose:
-Al amanecer lo matamos.
3
Sansón estuvo acostado hasta
medianoche; a medianoche se
levantó, agarró las hojas de la
puerta de la ciudad con sus jam-
bas, las arrancó con cerrojos y
todo, se las cargó a la espalda y
las subió a la cima del monte,
frente a Hebrón.
4
Más tarde se enamoró Sansón
de una mujer de Valle Sorec, lla-
mada Dalila.
5
Los príncipes filis-
teos fueron a visitarla y le dije-
ron:
-Sedúcelo y averigua en qué
de Judá, que no los ayudó en sus momentos
difíciles. ¿No hubiera sido mejor enviar los
tres mil hombres contra el enemigo común, el
filisteo? El narrador no tiene miedo a los
números; una batida de tres mil contra uno.
15,13 En las sogas suena un motivo que
será central en el capítulo siguiente.
15,17 * = Alto de la Quijada.
15.19 * = Fuente de la Perdiz, con toda
probabilidad. El narrador adapta la toponimia
a su intención narrativa, así el lugar recorda-
rá la hazaña de Sansón.
15.20 La fórmula tiene valor conclusivo
en los diversos episodios del libro, el número
veinte (mitad de cuarenta) es convencional.
Responde a una tradición que no conocía la
muerte heroica de Sansón, o a un autor que
la consideró ignominiosa y la censuró.
16,1-3 Las puertas de una ciudad se ce-
rraban de ordinario al anochecer. Sansón se
ha metido en una trampa, y sus enemigos
" pueden descansar despreocupados hasta el
alba, cuando se vuelven a abrir las puertas.
Gaza era una de las capitales filisteas y su
nombre significa La Fuerte.
El brevísimo relato se complace en alar-
gar el desenlace. Esas puertas son la protec-
ción de la ciudad y el símbolo de su poder.
Sansón se contenta con una magnífica burla.
No sabemos por qué se menciona Hebrón a
900 metros de desnivel y unos 60 kilómetros
de distancia.
16,4 Aquí empieza el episodio más famo-
so de la historia de Sansón. Un poco pueden
haber influido en nuestra sensibilidad los
nombres: Sansón y Dalila hacen una feliz pa-
reja fonética, reciamente masculino él, fina-
mente femenina ella. Aunque a oídos hebre-
os el nombre Dalila les puede traer resonan-
cias de dll= exiguo, débil, o de zll= vil, libidi-
noso. Dalila es además el único personaje
con nombre en las andanzas de Sansón (sin
contar el padre).
La historia está contada según las exigen-
cias de la narración popular. Estilizada en cua-
tro actos breves, construidos con piezas equi-
valentes y frases repetidas, preparando el últi-
mo, que se ensancha y trae el desenlace fatal.
No se busca la verosimilitud realista, sino el
efecto del movimiento y de los detalles. Los
oyentes aceptan sin dificultad que nada me-
nos los cinco jefes de la pentápolis vayan a
entrevistar a la amante de Sansón y participen
después en todas las incidencias; no pregun-
tan cómo se puede atar a un hombre sin que
se despierte. Los oyentes conocen la historia,
porque la han oído ya muchas veces, y ven
cómo a la tercera llegan los filisteos a la cabe-
llera prodigiosa de Sansón; saben que el se-
507 JUECES
16,23
está su gran fuerza y cómo nos
apoderaríamos de él para sujetar-
lo y domarlo. Te daremos cada
uno mil cien siclos de plata.
6
Dalila le dijo a Sansón:
-Anda, di me el secreto de tu
gran fuerza y cómo se te podría
sujetar y domar.
7
Sansón le respondió:
-Si me atan con siete cuerdas
humedecidas, sin dejarlas secar,
perderé la fuerza y seré como
uno cualquiera.
8
Los príncipes filisteos le lle-
varon a Dalila siete cuerdas hu-
medecidas, sin dejarlas secar, y
lo ató con ellas.
9
Se apostaron al
acecho en la alcoba, y ella gritó:
-¡Sansón, los filisteos!
El rompió las cuerdas como se
rompe un cordón de estopa cha-
muscada, y no se supo el secreto
de su fuerza.
l0
Dalila se le quejó:
-Vaya, me has engañado; me
has dicho una mentira. Anda, di-
me cómo se te puede sujetar.
"El respondió:
-Si me atan bien con sogas nue-
vas, sin estrenar, perderé la fuerza
y seré como uno cualquiera.
l2
Dalila tomó sogas nuevas y
lo ató con ellas. Y le gritó:
-¡Sansón, los filisteos!
-(Estaban apostados al acecho
en la alcoba). Pero él rompió las
sogas de sus brazos, como si fue-
ran un hilo.
l3
Dalila se le quejó:
-Hasta ahora me has engaña-
do, me has dicho una mentira.
Anda, dime cómo se te puede
sujetar.
El respondió:
-Si trenzas las siete guedejas
de mi cabeza con la urdimbre y
las fijas con el batidor, perderé
la fuerza y seré como uno cual-
quiera.
l4
Dalila lo dejó dormirse y le
trenzó las siete guedejas de la
cabeza con la urdimbre y las fijó
con el batidor, y le gritó:
-¡Sansón, los filisteos!
El despertó y arrancó el bati-
dor y la urdimbre.
15
Ella se le quejó:
-¡Y luego dices que me quie-
res, pero tu corazón no es mío!
Es la tercera vez que me engañas
y no me dices el secreto de tu
fuerza.
16
Y como lo importunaba con
sus quejas día tras día hasta
marearlo,
l7
Sansón, ya desespe-
rado, le dijo su secreto:
-Nunca ha pasado la navaja
por mi cabeza, porque estoy con-
sagrado a Dios desde antes de
nacer. Si me corto el pelo perde-
ré la fuerza, me quedaré débil y
seré como uno cualquiera.
18
Dalila se dio cuenta de que
le había dicho su secreto, y
mandó llamar a los príncipes
filisteos:
-Venid ahora, que me ha di-
cho su secreto.
l9
Los príncipes fueron allá,
con el dinero. Dalila dejó que
Sansón se durmiera en sus rodi-
llas, y entonces llamó a un hom-
bre, que cortó las siete guedejas
de la cabeza de Sansón, y San-
són empezó a debilitarse, su
fuerza desapareció.
20
Dalila gritó:
-¡Sansón, los filisteos!
El despertó y se dijo:
-Saldré como otras veces y
me los sacudiré de encima (sin
saber que el Señor lo había aban-
donado).
2l
Los filisteos lo agarraron, le
vaciaron los ojos y lo bajaron a
Gaza; lo ataron con cadenas y lo
tenían moliendo grano en la cár-
cel.
22
(Pero el pelo de la cabeza
le empezó a crecer después de
cortado).
23
Los príncipes filisteos se
reunieron para tener un gran
banquete en honor de su dios
Dagón y hacer fiesta. Cantaban:
«Nuestro dios nos ha entregado
a Sansón, nuestro enemigo».
creto no debería ser creíble para los filisteos, y
aprecian así la percepción de la mujer que
reconoce la voz de la sinceridad.
Sorec se encuentra en la Sefela, a poca
distancia de Sorá; es un valle que ha dado
nombre a una cualidad especial de uvas. El
autor no identifica la nacionalidad de Dalila,
pero es justo inferir que es filistea.
16,9 Parece ser que los filisteos no salen
del escondrijo hasta la última vez. El número
siete, las cuerdas frescas o sin estrenar, indi-
can que se trata de virtudes mágicas, no del
simple hecho de atarlo.
16,13 De este modo la melena de San-
són queda entretejida en el telar donde tra-
baja la mujer. La imagen del héroe tan enre-
dado en la tela de Dalila es particularmente
sugestiva.
16,17 Nm 6,5.
16.20 Es la primera vez que en la narra-
ción suena el nombre del Señor. Su aleja-
miento es la medida teológica del hecho.
Sansón ha caído en la inconsciencia y de ella
pasará a la ceguera.
16.21 Probablemente se trataba de un
molino grande, en el que hace el trabajo de
un animal, no del molino común de mano.
16,23 Dagón es dios del grano. El canto,
o estribillo, se distingue por la acumulación
de rimas producidas por los sufijos. Como si
los filisteos cantasen en hebreo: es parte de
la convención narrativa.
16,25 JUECES 508
25
Cuando ya estaban alegres,
dijeron:
-Sacad a Sansón, que nos di-
vierta.
Sacaron a Sansón de la cárcel, y
bailaba en su presencia. Luego lo
plantaron entre las columnas.
24
La
gente al verlo alabó a su dios:
«Nuestro dios nos ha entregado
a Sansón, nuestro enemigo,
que asolaba nuestros campos
y aumentaba
nuestros muertos»*.
26
Sansón rogó al lazarillo:
-Déjame tocar las columnas
que sostienen el edificio para
apoyarme en ellas.
27
(La sala estaba repleta de
hombres y mujeres; estaban allí
todos los principes filisteos, y en
la galería había unos tres mil
trescientos hombres y mujeres,
viendo bailar a Sansón).
28
E1 gritó al Señor:
-¡Señor, acuérdate de mí! Da-
me la fuerza al menos esta vez
para poder vengar en los filiste-
os, de un solo golpe, la pérdida
de los dos ojos.
29
Palpó las dos columnas cen-
trales, apoyó las manos contra
ellas, la derecha sobre una y la
izquierda sobre la otra,
30
y al
grito de «¡A morir con los filis-
teos!», abrió los brazos con fuer-
za, y el edificio se derrumbó so-
bre los príncipes y sobre la gente
que estaba allí. Los que mató
Sansón al morir fueron más que
los que mató en vida.
3l
Luego bajaron sus parientes
y toda su familia, recogieron el
cadáver y lo llevaron a enterrar
entre Sorá y Estaol, en la sepul-
tura de su padre, Manoj.
Sansón había gobernado a Is-
rael veinte años.
LA CONFEDERACIÓN
ISRAELÍTICA
Mica, el ídolo y el levita
17 'Había un hombre en la
serranía de Efraín llamado Mica.
2a
Un día dijo a su madre:
-Aquellos mil cien siclos que
* El v. 24 va detrás del v. 25.
16,25 Debemos imaginarnos un patio
con una galería superior apoyada en colum-
nas, de modo que el público puede mirar
desde arriba y desde abajo. El narrador pre-
para muy bien el desenlace acumulando de-
talles alegres: fiesta, banquete, cantos, es-
pectáculo, danza; es una ebriedad popular
de triunfo con pretensiones religiosas. San-
són tiene que escucharlo todo.
16,28 Es una oración en voz alta, en con-
trapunto con los cantos filisteos. El nombre
del Señor es invocado en la fiesta de Dagón,
y la contienda adquiere proporciones sobre-
humanas: dando la victoria a Sansón, Yahvé
derrota a Dagón. Es el primer encuentro en
las páginas, bíblicas.
16,29-30 Según la técnica normal, el au-
tor alarga con una descripción precisa la
escena final. La frase final, con la triple repe-
tición del verbo morir, suena como el epitafio
literario de Sansón.
17 Con la muerte de Sansón se acaba la
serie de jueces y héroes. Lo que sigue son
asuntos de tribus o historias de levitas, según
se mire. La primera sección (17-18), cuenta la
migración de los danitas, personalizando el
hecho en la figura del levita errante. La segun-
da (19-21), cuenta una lucha de tribus provo-
cada por la injuria hecha a un levita. El que
coleccionó las historias declaró que su punto
de vista era la monarquía, desde el cual aque-
llos hechos son "premonárquicos", cuando ca-
da uno "hacía lo que le parecía bien". El arte
narrativo no decae, antes alcanza una cumbre
en el capítulo 19.
El que estos relatos formen parte del li-
bro de los jueces se debe a razones crono-
lógicas, no literarias: podían muy bien formar
un libro aparte. En cambio, pensando en tér-
minos de confederación, este final del libro
es muy interesante. También son preciosos
por la cantidad de informaciones que nos
suministran sobre la vida israelítica en tiem-
pos antiguos. El sentido religioso pertenece
al cuerpo narrativo, no está confiado a mar-
cos superpuestos.
Según el v. 13, Mica es yahvista, lo cual
hace pensar que el ídolo quería representar
al Señor. La tribu de Leví ya entonces había
perdido su ser profano, con territorio aparte,
y parece haberse convertido en especialista
del culto.
El autor escoge como centro narrativo un
lugar anónimo en la serranía de Efraín: allá
convergen los personajes y se van atando
los hilos del argumento. El estilo narrativo so-
bresale por la vivacidad de los diálogos.
17,1 El nombre es teofórico yahvista y
suena a desafío: "¿Quién como el Señor?"
(recuérdese el nombre semejante mika'el =
¿Quién como Dios?).
17,2-3 El que no aparezca el padre po-
dría indicar que ya ha muerto y que Mica es
ya el jefe de la familia; pero su madre ocupa
509 JUECES
18,1
te desaparecieron, por los que
echaste una maldición en mi pre-
sencia, mira, ese dinero lo tengo
yo, lo tomé yo.
3b
Pero ahora te lo
devuelvo.
2b
Su madre exclamó:
-¡Dios te bendiga, hijo mío!
3
Trajo a su madre los mil cien
siclos, y ella dijo:
-Consagro este dinero mío al
Señor, en favor de mi hijo, para
hacer una estatua chapeada.
4
Entonces entregó el dinero a
su madre; ella tomó doscientos
siclos, se los llevó al platero, que
les hizo una estatua chapeada, y
la pusieron en casa de Mica.
5
Aquel Mica tenía una capi-
lla, hizo un efod y unos amule-
tos y consagró sacerdote a uno
de sus hijos.
6
Por entonces no había rey en
Israel. Cada uno hacía lo que le
parecía bien.
7
Un joven de Belén de Judá
(de la tribu de Judá), que era le-
vita y residía allí como emigran-
te,
8
salió de Belén de Judá con
intención de establecerse donde
pudiera; fue a la serranía de
Efraín, y, de camino, fue a dar a
casa de Mica.
9
Este le preguntó:
-¿De dónde vienes?
El levita respondió:
-De Belén de Judá. Voy de
camino, con intención de esta-
blecerme donde pueda.
l0
Micá le dijo:
-Quédate conmigo, me servi-
rás de capellán. Te daré diez
monedas al año, ropa y comida.
Y lo convenció.
"Así pues, el levita accedió a
quedarse con él, y Mica lo trató
como a un hijo.
12
Lo consagró, y
el joven estuvo en casa de Mica
como sacerdote.
l3
Micá pensó:
-Ahora estoy seguro de que el
Señor me favorecerá, porque
tengo a un levita de sacerdote.
Los danitas
18 'Por entonces no había rey
en Israel. Entonces también la
tribu de Dan andaba en busca de
todavía un lugar importante. La devolución
del dinero se articula en la maldición y bendi-
ción: al no encontrar su dinero, la madre pro-
nuncia en voz alta una maldición, que persi-
gue al culpable hasta cumplirse en él; tam-
bién el que sepa algo puede ser alcanzado
por la maldición (véase el uso judicial en Lv
5,1). Mica se siente amenazado y confiesa;
pero, antes de devolver el dinero, exige que
[
a madre deshaga el poder de la maldición
pronunciando la bendición opuesta. Enton-
ces el hijo presenta la cantidad, y la madre,
antes de tomarla, hace un voto de consagrar
oarte al Señor, por cuyo medio la ha reco-
brado. La madre en el voto y el juramento se
profesa yahvista.
La cantidad de dinero es, ciertamente, no-
table. En aquel tiempo el dinero se pesaba, no
se acuñaba; once kilos de plata es una canti-
dad muy respetable (el sacerdote ganará cien
gramos al año, además de comida y vestido).
17.4 Probablemente se trata de una ima-
gen chapeada de plata, representación hu-
mana o animal del Señor.
17.5 El efod, según conjeturas, era un
manto cónico ornamentado, que podía sim-
oolizar la presencia de la divinidad sin ima-
gen... El sacerdocio aparece aquí como fun-
ción doméstica, y el padre de familia tiene
autoridad para investir o consagrar sacerdo-
te a un hijo. Estos usos contradicen la ley
mosaica o usos posteriores; por eso el que
recoge la historia se siente obligado a distan-
ciarse de ellos, atribuyéndolos a la época
"premonárquica".
La hornacina de Mica se dice en hebreo
bet-'elohim, que suena muy parecido a betel;
como Betel y Dan fueron los dos centros del
culto cismático instituidos por Jeroboán, po-
dría haber en esta historia una alusión mali-
ciosa; si la hay, a ambos centros, apenas es
audible.
17.6 Jue 21,25.
17.7 Se insiste en el carácter errante o iti-
nerante del levita. Ateniéndonos al texto he-
breo, el levita ya es forastero en el punto de
partida, Belén de Judá; pero las palabras he-
breas "forastero allí" se pueden leer como el
nombre propio Guersón (gershom), de acuer-
do con 18,30 y Ex 2,22; el levita aparece
como descendiente de Moisés.
17,10-12 El sacerdote doméstico lleva el
título hebreo "padre". Aunque el levita tenga
el culto como profesión, el jefe de familia lo
consagra sacerdote suyo.
17,13 Se ha evitado el nombre del Señor
al hablar de la capilla, de la imagen, del sa-
cerdote; al final Mica vuelve a pronunciarlo.
18,1 Véase el puesto de Dan en el repar-
to de Josué, Jos 19,40-48. A Dan le tocó una
zona en el reparto, pero sólo pudo ocupar
una parte y aún ésa no pudo mantenerla, por
culpa de los filisteos. Subiendo hacia el norte,
18,2 JUECES 510
su heredad para establecerse,
porque aún no había recibido su
heredad entre las tribus de Israel.
2
Los danitas enviaron a cinco
de sus hombres, gente aguerrida,
de Sorá y Estaol, a explorar el
país, con el encargo de examinar
el país. Fueron a la serranía de
Efraín y llegaron a casa de Mica
para hacer noche allí.
3
Cuando estaban cerca de la
casa de Mica, reconocieron la
voz del levita y se acercaron. Le
preguntaron:
-¿Quién te trajo acá? ¿Qué ha-
ces aquí? ¿En qué te ocupas?
4
E1 les contó cómo lo había
traído Mica, y añadió:
-Me ha contratado como ca-
pellán.
5
Ellos le pidieron:
-Consulta a Dios, a ver si va a
salimos bien este viaje que esta-
mos haciendo.
6
E1 sacerdote les dio esta res-
puesta:
-Id tranquilos. El Señor ve
con buenos ojos vuestro viaje.
7
Los cinco hombres se pusie-
ron en camino y llegaron a Lais.
Observaron a la gente que vivía
en aquel pueblo: era gente con-
fiada, como suelen ser los feni-
cios; vivían tranquilos y seguros,
nadie cometía acciones ignomi-
niosas y estaban bien abasteci-
dos. Sidón les quedaba lejos y no
tenían relaciones con los sirios.
8
Los exploradores volvieron a
Sorá y Estaol, a sus paisanos,
que les preguntaron:
-Hermanos, ¿qué noticias
traéis?
9
Respondieron:
-¡Vamos, marchemos contra
ellos! Que hemos visto aquel
país, y es de lo mejor. ¡Y os que-
dáis parados! No dudéis en mar-
char allá a apoderaros del país;
10
que os vais a encontrar con una
gente confiada, unos terrenos es-
paciosos que Dios os da, un sitio
donde no escasean los productos
del campo.
"Entonces emigraron de Sorá
y Estaol seiscientos hombres ar-
mados de la tribu de Dan. ^Su-
bieron y acamparon cerca de
Quiriat Yearim* de Judá; por eso
aquel sitio se llama hasta hoy
Majné Dan* (queda a poniente
de Quiriat Yearim).
13
Desde allí
pasaron la montaña de Efraín y
llegaron cerca de la casa de Mica.
l4
Los cinco exploradores del
país dijeron a sus paisanos:
-Sabed que en esta casa hay
un efod, unos amuletos y una
estatua chapeada. Vosotros ve-
réis qué hacéis.
l5
Se desviaron hacia allá, lle-
garon a casa del levita y lo salu-
daron.
l6
Los seiscientos danitas
armados se quedaron en guardia
junto al portal de entrada,
17
y los
cinco exploradores del país se
adelantaron y se metieron dentro
a tomar la estatua, el efod, los
amuletos y al sacerdote, mien-
tras los seiscientos hombres ar-
mados estaban en guardia junto
al portal de entrada.
l8
Se metie-
ron en la casa y tomaron el ídolo,
el efod y las imágenes, pero el
encontrarán todos los territorios ocupados
por otras tribus, hasta que llegan al extremo
septentrional.
18.2 Se repite la exploración como en
Nm 13 y Jos 2. Podemos pensar que otras
tribus tuvieron que hacer su propia explora-
ción antes de avanzar. Lo nuevo de Dan es
que gran parte del territorio ya era israelita.
18.3 No está claro si reconocen la voz de
la persona, viejo conocido, o si reconocen un
acento peculiar; aunque Dan linda con Judá,
Belén queda algo lejos.
18.5 1 Sm 23,9-12.
18.6 En su respuesta el levita habla en
nombre del Señor, comunicando el oráculo
que ha obtenido quizá con el efod (1 Sm 23,
9; 30,7)
18.7 La descripción tiene la inmediatez
de abundantes participios. En vez de "nadie
cometía..." leen otros "no escasean los pro-
ductos del campo", armonizando con el v. 10;
pero hay que notar las diferencias del men-
saje. Se trata de un sitio ideal: un pueblo
pacífico, honesto, rico, aislado, bien poco pa-
recido a los vecinos filisteos. Cerca de las
fuentes del Jordán, al pie del Hermón, fértil y
apacible, se encuentra el lugar de la antigua
Lais, a la altura de Tiro, entre los fenicios y
los árameos de Damasco; la continuación
meridional del Líbano y el Hermón la aislan
de peligros y contactos; hay que subir por el
valle del Jordán, pasando el lago Genesaret
y el lago Hule, para alcanzarla.
18,9-10 Más que un informe, traen una
arenga, en la que apelar a Dios es el princi-
pal argumento.
18.11 A esa cifra hay que añadir muje-
res, niños y personas incapaces de luchar.
18.12 * = Villasotos; Castrodán.
18,15-18 El relato no procede con clari-
dad. Podemos imaginarnos una tapia y un
portal que da a un patio o cercado; dentro de
él la casa de Mica, y la capilla separada o for-
mando parte del edificio. Los cinco conocidos
entran y saludan sin despertar sospechas;
pero cuando comienzan a coger los objetos
sagrados, el levita interviene. Entre tanto los
soldados hacen guardia fuera, junto al portal,
511 JUECES 19,1
sacerdote les dijo:
-¿Qué estáis haciendo?
19
Le contestaron:
-¡Tú, a callar! Calla la boca y
vente con nosotros a ser nuestro
padre y sacerdote. ¿Qué te con-
viene más: ser capellán en casa
de un particular o sacerdote de
una tribu y un clan israelita?
20
A1 sacerdote le gustó. Re-
cogió el efod, los amuletos y el
ídolo y se fue con ellos. ^Em-
prendieron la marcha, colocando
en cabeza a las mujeres y niños,
el ganado y sus enseres.
22
Iban ya
lejos de la casa, cuando Mica y
los suyos, dando la alarma, los
persiguieron de cerca.
23
Como
venían gritando, los danitas mira-
ron atrás y preguntaron a Mica:
-¿Qué te pasa, que has dado la
alarma?
24
Micá contestó:
-Me habéis robado mi dios,
que me había hecho, y mi sacer-
dote y os vais sin dejarme nada,
¿y todavía me decís que qué me
pasa?
25
Los danitas contestaron:
-¡Que no te oigamos más! No
sea que nos calientes y caigamos
sobre vosotros, y perezcas tú con
los tuyos.
26
Y siguieron su camino. Mica
tuvo miedo, porque eran más
fuertes ellos, y se volvió a casa.
27
Los danitas, con el ídolo que
había hecho Mica y con el sacer-
dote que tenía, fueron a Lais, a
aquella gente tranquila y confia-
da. Los pasaron a cuchillo e in-
cendiaron la villa.
28
No hubo
quien los librara, porque estaban
lejos de Sidón y no tenían rela-
ciones con los sirios. Estaba si-
tuada en el valle que llaman Bet
Rehob*. La reconstruyeron y se
instalaron en ella,
29
llamándola
Dan, en recuerdo del patriarca
hijo de Israel. Antiguamente se
llamaba Lais.
30
Los danitas entronizaron el
ídolo. Y Jonatán, hijo de Guer-
són, hijo de Moisés, con sus hi-
jos, fueron sacerdotes de la tribu
de Dan hasta el destierro.
3l
Todo
el tiempo que estuvo el templo
de Dios en Silo tuvieron instala-
da entre ellos la estatua de Mica.
El crimen de Guibeá
(Gn 19)
19 'Por entonces no había rey
en Israel. En la serranía de
mientras que el campamento queda a cierta
distancia. Lo más significativo es la rapaci-
dad sin escrúpulos de estos danitas y la
venalidad del levita.
18,24 Para oídos hebreos la expresión
' mi dios, que me había hecho" tiene un dejo
irónico o blasfemo; ¿cómo puede el hombre
hacerse un dios? también al sacerdote lo ha
hecho él, consagrándolo. "Sin dejarme na-
da": es posible que Mica sacase ganancias
de su sacerdote, si gente de las cercanías
acudían para consultar el oráculo.
18,28 * = Casagrande.
18.30 El hacer remontar el sacerdocio a la
familia de Moisés parece originalmente un
intento de justificación; los escribas tardíos han
cambiado el nombre de Moisés en Manases,
metiendo una ene. Si ha durado hasta el des-
tierro, significa que empalma con la reforma
asmática de Jeroboán; es decir, que el usur-
pador se apoya en un culto ya existente.
18.31 Quizá Silo sea un error, casual o in-
tencionado, en vez de Lais. En Silo estuvo el ar-
ca hasta que la capturaron los filisteos, 1 Sm 4.
GUERRA CIVIL
19-21 El protagonista de estos capítulos
es realmente la confederación, y el asunto es
interno. El espíritu de solidaridad vincula a
las tribus: el delito cometido en una tribu afec-
ta a todos, el castigo es un acto colectivo, pe-
ro también es compartido el deseo de que no
se menoscabe la unión con la destrucción de
una tribu. Como al fin predomina este deseo
salvador, la tragedia se abre a la esperanza.
La narración está construida en tres actos
o cuadros bien diferenciables: el delito, la
lucha, la paz. De tal construcción surgen algu-
nas relaciones sugestivas: el arranque es una
relación matrimonial intertribal que se quiebra
y se recompone; de allí procede la gran ruptu-
ra entre las tribus, que al fin se recompone;
precisamente en un acto matrimonial colecti-
vo. La dieta en Atalaya decreta el castigo, la
fiesta en Silo sella la reconciliación.
El perfil estilístico de las escenas es vario.
El primer capítulo es una de las mejores na-
rraciones que se leen en el Antiguo Testa-
mento, en cambio el segundo es confuso en
su estado actual; el tercer capítulo es poco lla-
mativo.
En estas relaciones entre tribus -que ya
hemos encontrado varias veces a lo largo del
libro- tiene un papel decisivo un levita, es
decir uno perteneciente a la tribu sin tierra,
ligado por residencia a Efraín, por matrimonio
a Judá; entre Efraín y Judá se encuentra la
tribu culpable, Benjamín. Las localidades sa-
cras del relato se encuentran en territorio de
19,2 JUECES 512
Efraín vivía un levita que tenía
una concubina de Belén de Judá.
2
EUa !e fue infiel y se marchó a
casa de su padre, a Belén de Ju-
dá, y estuvo allí cuatro meses.
3
Su
marido se puso en camino tras
ella, a ver si la convencía para
que volviese. Llevó consigo un
criado y un par de burros. Llegó a
casa de su suegro, y al verlo, el
padre de la chica salió todo con-
tento a recibirlo.
4
Su suegro, el
padre de la chica, lo retuvo, y el
levita se quedó con él tres días,
comiendo, bebiendo y durmiendo
allí.
5
A1 cuarto día madrugó y se
preparó para marchar. Pero el
padre de la chica le dijo:
-Repon fuerzas, prueba un bo-
cado y luego os vais.
6
Se sentaron a comer y beber
juntos. Después el padre de la
chica dijo al yerno:
-Anda, quédate otro día, que
te sentará bien.
7
E1 levita se disponía a mar-
char; pero su suegro le insistió
tanto, que cambió de parecer y
se quedó allí.
8
A la mañana del quinto día
madrugó para marchar, y el
padre de la chica le dijo:
-Anda, repon fuerzas.
Y se entretuvieron comiendo
juntos, hasta avanzado el día.
9
Cuando el levita se levantó
para marchar con su mujer y el
criado, el suegro, el padre de la
chica, le dijo:
Efraín, Silo en el centro, Mispá y Betel en el
confín meridional. También aparece Yabés
de Galaad, para que no falte una presencia
de TransJordania.
Belén de Judá, Benjamín como antago-
nista, Yabés de Galaad que no lucha contra
Benjamín, Yebus = Jerusalén nos llevan sin
querer a evocar la historia de David. ¿Se
contarían estos sucesos "premonárquicos"
en la patria del rey David? ¿Hubo un intento
posterior de ligarlos a su memoria? El texto
no ofrece más datos que esa acumulación de
coincidencias.
Por este capítulo podemos llegar a me-
dir la maestría de los antiguos narradores.
El proceso avanza linealmente alternando
escenas de quietud y movimiento, lentas y
rápidas; calibrando la mezcla de diálogo y
acción. Nos hace pasar del tono gozoso al
temor, del encuentro sereno a la noche
sombría. El narrador repite al principio para
detener, al final lo sacrifica todo al dato es-
cueto, decisivo. Es como un milagro de con-
tención: un par de rasgos recrean toda la
escena, tensa de pasión, sin que la voz del
narrador tiemble apenas. Si hay algo no
sentimental es ese descubrimiento del ca-
dáver y el descuartizarlo. Además, la veloci-
dad arrolladura del final espanta, sin dar lu-
gar a las lágrimas.
Motivo constante es la hospitalidad, sa-
grada a los antiguos. Hospitalidad cordial en
casa del suegro, no esperada de los jebuse-
os y negada por los de Loma, de nuevo hos-
pitalidad generosa en la casa del forastero, y
el delito contra el huésped.
La narración tiene evidentes puntos de
contacto con la de Sodoma, Gn 19, y con la de
Saúl, 1 Sm 11; quizá aluda a ella Job 31,31-32.
19,1 Las concubinas están admitidas en
la legislación. Es fácil que el levita tuviera
una mujer de su misma tribu.
19,2-3 Así lee el texto hebreo, y habría
sido causa de repudio si la legislación estric-
ta estuviera entonces en vigor. Otras traduc-
ciones, empezando por las antiguas, hablan
sólo de un enfado transitorio. Pero no está de
más recordar a Oseas, que habla también de
infidelidad y de "hablar al corazón" (la misma
fórmula que el v. 3). Tal como se lee el texto,
la iniciativa del marido es un acto de perdón
en busca de la reconciliación. En vez de
"llegó a casa de su suegro", el texto hebreo
dice "ella lo metió en casa de su padre". La
alegría del suegro puede tener un compo-
nente de interés, porque una hija separada
así del marido es un problema doméstico.
19,4 Suena por primera vez el verbo lyn
(pernoctar, quedarse), que será dominante
en la narración hasta el v. 20.
19,4-9 Estos relatos se recitaban y se
escuchaban repetidas veces. Si al que los
oía por primera vez, lo vencía la curiosidad
por el desenlace, el oyente ya enterado apre-
ciaba valores más importantes. Así, sabido el
desenlace, la insistencia del padre tiene algo
de presentimiento; y como el hebreo "cobrar
fuerzas, sentar bien" emplea la palabra Ibb
(corazón, mente), el presentimiento queda
subrayado.
Produce un ritmo lento la repetición cinco
veces de "se levantó para irse". Es como una
pereza narrativa, la acción no quiere despegar.
Nada más cotidiano y sin interés que este co-
mer y beber, y acostarse. "¿Qué va a salir de
aquí?" pregunta impaciente el que no conoce
la historia; "¡y pensar en lo que va a salir de
aquí!" comenta el que la conoce.
513 JUECES
19,25
-Mira, ya se hace tarde; pasa
aquí la noche, que te sentará
bien; mañana madrugas y haces
el camino a casa.
10
Pero el levita
no quiso quedarse y emprendió
el viaje; llegó a dar vista a Jebús
(o sea, Jerusalén). Iba con los
dos burros aparejados, la mujer y
el criado.' 'Llegaron cerca de Je-
bús ya atardecido, y le dice el
criado a su amo:
-Podemos desviarnos hacia
esa ciudad de los jebuseos y ha-
cer noche en ella.
l2
Pero el amo le respondió:
-No vamos a ir a una ciudad
de extranjeros, de gente no israe-
lita. Seguiremos hasta Guibeá*.
13
Y añadió:
-Vamos a acercarnos a uno de
esos lugares, y pasamos la noche
en Guibeá o en Rama.
14
Siguieron su camino, y la
puesta del sol los pilló cerca de
Guibeá de Benjamín.
l5
Se diri-
gieron allá para entrar a pasar la
noche. El levita entró en el pue-
blo y se instaló en la plaza, pero
nadie los invitó a su casa a pasar
la noche.
l6
Ya de tarde llegó un viejo de
su labranza. Era oriundo de
Efraín, y, por tanto, emigrante
también él en Guibeá. Los del
pueblo eran benjaminitas.
I7
E1 viejo alzó los ojos y vio al
viajero en la plaza del pueblo. Le
preguntó:
-¿Adonde vas y de dónde vie-
nes?
l8
Le respondió:
-Vamos de paso, desde Belén
de Judá hasta la serranía de
Efraín; yo soy de allí y vuelvo de
Belén a mi casa; pero nadie me
invita a la suya,
l9
y eso que trai-
go paja y forraje para los burros,
y tengo comida para mí, para tu
servidora y para el criado que
acompaña a tu servidor. No nos
falta nada.
20
E1 viejo le dijo:
-¡Sé bien venido! Lo que te
haga falta corre de mi cuenta.
Anda, no te quedes de noche en
la plaza.
2l
Lo metió en su casa, echó
pienso a los burros, los viajeros
se lavaron los pies y se pusieron
a cenar.
22
Ya estaban animándose cuan-
do los del pueblo, unos perverti-
dos, rodearon la casa, y aporre-
ando la puerta, gritaron al viejo,
dueño de la casa:
-Saca al hombre que ha entra-
do en tu casa, que nos aprove-
chemos de él.
23
E1 dueño de la casa salió
afuera y les rogó:
-Por favor, hermanos, por
favor, no hagáis una barbaridad
con ese hombre, una vez que ha
entrado en mi casa; no cometáis
tal infamia.
24
Mirad, tengo una
hija soltera: os la voy a sacar, y
abusáis de ella y hacéis con ella
lo que queráis; pero a ese hom-
bre no se os ocurra hacerle tal
infamia.
25
Como no querían hacerle
19,10-15 La distancia aproximada del ca-
mino es de dos leguas hasta Jerusalén, y
otras dos hasta Loma, unas cuatro horas lar-
gas de camino. Jebús es el nombre de la tri-
bu, sólo aquí y en 1 Cr 11,4-5 recibe ese nom-
bre la ciudad: hasta la conquista de David, fue
un enclave inexpugnable para los israelitas.
Según la tradición recogida por Jr 31,15,
Rama es el lugar donde murió Raquel al dar
a luz a Benjamín (véase Gn 35); si los oyen-
tes conocían esta tradición, la mención de
Rama despertaría resonancias sugestivas.
19.12 * = Loma.
19.13 Rama (= El Alto) y Guibeá quedan
a izquierda y derecha del caminante que
viene desde Jerusalén; los viajeros tiran a la
derecha, y no con buen agüero.
19.15 La aldea era abierta, sin muralla ni
puerta, y la plaza es el sitio de reunión, pa-
tente a la curiosidad de todos. No hay excu-
sa para esa falta grave de hospitalidad. Sólo
otro forastero sabe comprender y compade-
cerse.
19.16 Job 31,31s.
19,21-22 El paralelismo con el comienzo
del capítulo va a preparar de cerca la trage-
dia. "Meter en casa, comer y beber, recobrar
fuerzas o sentirse bien (= hacer bien al cora-
zón)", hay que escucharlo como eco que ac-
tualiza el comienzo: otra vez el gozo de la
hospitalidad, también en territorio desconoci-
do se encuentra un acogimiento como el del
suegro. Simultáneamente se echa encima la
tragedia. Hay otra resonancia, la del verso 16
(que suena clara en hebreo): "Los del pueblo
eran benjaminitas", "los del pueblo eran unos
pervertidos" -bene yemini —bene beüya'al).
19,22-23 La palabra "casa", recinto sacro
de la hospitalidad, suena una y otra vez en
breve espacio.
19.24 El anciano es un forastero que
hospeda a otro forastero, nada puede contra
la población local que rodea la casa amena-
zando; antes que sacrificar a su huésped,
prefiere sacrificar a su hija doncella. Como
comida echada a las fieras para aplacarlas.
19.25 Lo mismo intenta el levita con su
concubina, y con éxito. Recuérdese el expe-
19,26 JUECES
514
caso, el levita tomó a su mujer y
se la sacó afuera. Ellos se apro-
vecharon de ella y la maltrataron
toda la noche hasta la madruga-
da; cuando amanecía la soltaron.
26
A1 rayar el día volvió la mu-
jer y se desplomó ante la puerta
de la casa donde se había hospe-
dado su marido; allí quedó hasta
que clareó.
27
Su marido se levantó a la
mañana, abrió la puerta de la ca-
sa, y salía ya para seguir el viaje,
cuando encontró a la mujer caída
a la puerta de la casa, las manos
sobre el umbral.
28
Le dijo:
-Levántate, vamos.
Pero no respondía. Entonces la
recogió, la cargó sobre el burro y
emprendió el viaje hacia su pue-
blo.
29
Cuando llegó a casa, agarró
un cuchillo, tomó el cadáver de
su mujer, lo despedazó en doce
trozos y los envió por todo Israel.
30
Cuantos lo vieron comenta-
ban:
-Nunca ocurrió ni se vio cosa
igual desde el día en que salieron
los israelitas de Egipto hasta
hoy. Reflexionad sobre el asunto
y dad vuestro parecer.
La guerra
20 'Todos los israelitas, desde
Dan hasta Berseba, incluido el
país de Galaad, fueron como un
solo hombre a reunirse en asam-
blea ante el Señor en Mispá.
2
Asistieron a la asamblea del
Pueblo de Dios los dignatarios
del pueblo y todas las tribus de
Israel: cuatrocientos mil solda-
dos armados de espada.
3
Los benjaminitas se entera-
ron de que los israelitas habían
ido a Mispá. Los israelitas empe-
zaron:
-Vosotros diréis cómo se co-
metió ese crimen.
4
E1 levita, marido de la que
había sido asesinada, respondió:
-Mi mujer y yo llegamos a
Guibeá de Benjamín para pasar la
noche.
5
Los del pueblo se le-
vantaron contra mí, rodearon la
casa de noche intentando matar-
me, y abusaron de mi mujer, que
de resultas murió.
6
Entonces tomé
a la mujer, la despedacé y envié
los trozos por toda la heredad de
Israel, porque se había cometido
un crimen infame en Israel.
7
To-
dos vosotros sois israelitas: deli-
berad y tomad una decisión.
8
Todo el pueblo se puso en pie
como un solo hombre, diciendo:
-Ninguno de nosotros marcha-
rá a su tienda ni se volverá a su
casa.
9
Ahora vamos a actuar así
contra Guibeá: sortearemos los
que han de atacarla;
l0
de todas las
tribus de Israel tomaremos diez
hombres de cada cien, cien de
cada mil, mil de cada diez mil,
para encargarse de la intendencia
del ejército que vaya contra
Guibeá de Benjamín a castigar
como se merece esa infamia que
han cometido en Israel.
"Todos los israelitas, como
un solo hombre, se reunieron
contra la ciudad.
l2
Entonces las
tribus israelitas mandaron emi-
sarios a la tribu de Benjamín a
decirles:
diente de Abrahán en Egipto y en Canaán,
Gn 12 y 20; y, dejando la iniciativa a las muje-
res, el exponerse de Yael y de Judit. Los dos
hombres piensan que son recursos lícitos en
caso de legítima defensa.
19,26-27 Una pesada e insistente alitera-
ción de sonidos pt / bt subraya con su música
la escena. Pero lo visual es aquí más impor-
tante.
19,28-29 De repente, el movimiento que
se había detenido en los dos versos anterio-
res, se hace vertiginoso. La densidad de ver-
bos lo realiza.
19,30 El texto griego trae las palabras co-
mo mensaje, que el levita pone en boca de
los mensajeros. Leyendo el texto hebreo es-
cuchamos una respuesta coral al silencio te-
rrible del verso 28 "pero no respondía". La
salida de Egipto, con lo que incluye, se con-
sidera como el origen de la confederación.
20 Este capítulo se puede dividir en dos
partes: la dieta o asamblea de los israelitas
(1-13) y la batalla (14-48). El autor insiste en
el carácter nacional del hecho: se trata de to-
do Israel, de todas las tribus, de los israelitas,
el crimen ofende a todo Israel; significativa-
mente se oponen israelitas y benjaminitas o
"hijos de Benjamín" a "hijos de Israel". En la
misma línea están los términos de reunión y
asamblea (qahaly 'eda), pueblo de Dios, y la
expresión "como un solo hombre".
La reunión es sagrada y se celebra en
una localidad próxima a Loma, en territorio
de Efraín. Dada esta cercanía, los benjamini-
tas tenían que saberlo; además que los de
Judá pasaban por el territorio benjaminita ca-
mino de la asamblea general.
20,2 En todo el capítulo imperan los
números exagerados.
20,4-7 En la narración resumida, el nom-
bre de la ciudad culpable ocupa un puesto
inicial enfático.
20,8-10 El comienzo de la respuesta
también es muy rítmico, como si fuera una
fórmula en verso recitada a coro.
515 JUECES 20,30
l3
-¿Qué crimen es ese que se
ha cometido entre vosotros?
¡Venga! Entregadnos a esos per-
vertidos de Guibeá, que los mate-
mos y se borre así este crimen de
en medio de Israel.
Pero los de Benjamín no qui-
sieron hacer caso de sus herma-
nos los israelitas.
l4
Desde sus
ciudades se congregaron en Gui-
beá para ir a la guerra contra los
israelitas.
l5
De las ciudades de
Benjamín se alistaron aquel día
veintiséis mil hombres armados
de espada, sin contar a los veci-
nos de Guibeá.
l6
En todo aquel
ejército se alistaron setecientos
hombres escogidos, zurdos, ca-
paces de acertar con la honda a
un pelo sin fallar el tiro.
l7
Los israelitas, excluidos los
benjaminitas, alistaron cuatro-
cientos mil hombres armados de
espada, todos ellos gente ague-
rrida.
l8
Se pusieron en camino
hacia Betel y consultaron a Dios:
-¿Quién de nosotros irá el pri-
mero a la guerra contra los ben-
jaminitas?
El Señor respondió:
-Judá.
l9
Los israelitas se levantaron
temprano y acamparon frente a
Guibeá.
20
Salieron al combate
contra Benjamín y formaron
frente a Guibeá.
21
Pero los ben-
jaminitas salieron de Guibeá y
dejaron tendidos en tierra aquel
día a veinte mil israelitas.*
23
Los israelitas fueron a Betel
a llorar ante el Señor hasta la
tarde. Le consultaron:
-¿Volvemos a presentar bata-
lla a nuestro hermano Benjamín?
El Señor respondió:
-Atacadlo.
22
Entonces se rehicieron, vol-
vieron a formar en orden de ba-
talla en el mismo sitio que el día
anterior y
24
se acercaron a los de
Benjamín aquel segundo día.
25
Pero los de Benjamín salieron
a su encuentro desde Guibeá
aquel segundo día y dejaron ten-
didos en tierra otros dieciocho
mil israelitas armados de espada.
26
Entonces subieron a Betel
todos los israelitas, todo el ejér-
cito, a llorar allí, sentados ante el
Señor. Ayunaron aquel día hasta
la tarde, ofrecieron al Señor ho-
locaustos y sacrificios de comu-
nión
27
y le consultaron (en aque-
lla época estaba allí el arca de la
alianza
28
y oficiaba Fineés, hijo
de Eleazar, hijo de Aarón):
-¿Volvemos a salir al comba-
te contra nuestro hermano Ben-
jamín, o desistimos?
El Señor respondió:
-Atacad, que mañana os lo
entregaré.
29
Entonces pusieron embosca-
das en torno a Guibeá
30
y mar-
charon contra Benjamín el tercer
20,13 La ejecución de los culpables ha-
bría solucionado pacíficamente el caso; pero
los benjaminitas se solidarizan con los culpa-
bles provocando el casus belli. Dt 17,12.
20,14-48 La batalla, tal como se encuen-
tra el texto actual, está mal contada, con re-
peticiones, vueltas atrás e incoherencias. Te-
niendo en cuenta los hechos de Ay (Jos 7-8)
es fácil reconstruir el esquema de los suce-
sos. Dos intentos de ataque frontal fracasan,
con pérdidas para los atacantes; a la tercera
adoptan otra táctica, que es destacar una
emboscada detrás de la ciudad, atacar, simu-
lar la huida, para que el enemigo se aleje de
la ciudad; en ese momento los de la embos-
cada atacarán a la gente indefensa e incen-
diarán algunas casas; a la señal de la huma-
reda, el grueso del ejército se volverá de re-
pente, el enemigo intentará refugiarse en la
ciudad; pero al ver la columna de humo, hu-
yen hacia el campo; entonces los de la em-
boscada los atacan de flanco, mientras el
grueso los persigue y derrota. Esto se podía
haber contado con bastante sencillez, aun re-
conociendo la dificultad de manejar los tres
hilos simultáneos de la acción.
La traducción sigue el orden del texto
actual, dado que no es posible reconstruir el
original con suficiente probabilidad.
20,16 Como no se habla todavía de ar-
cos y flechas, la honda se convierte en una
ventaja importante en el armamento. Algunos
traducen "ambidextros" en vez de zurdos;
tenemos el mismo juego de palabras que
encontrábamos en la figura de Ehud.
20,18 Consulta y respuesta suenan como
variante de 1,1-2; resulta patético oír que una
guerra civil comience con los términos de la
conquista. Pero hay una diferencia significati-
va: en 1,2 el Señor promete entregar la tierra;
esta cláusula falta en la primera consulta del
presente capítulo, y sólo se lee en la tercera
consulta, después del llanto primero, del llanto
segundo con ayuno y de los sacrificios.
20,21 El v. 22 va detrás del v. 23.
20,23 Jue 2,4.
20,26 Job 2,13.
20.28 Si la noticia fuera original, el episo-
dio habría sucedido durante la generación que
sucede a Josué, cosa del todo improbable y
que no está de acuerdo con el resto del libro.
20.29 Jos 8,3-25.
20,31 JUECES
516
día, formando frente a Guibeá
como las otras veces.
3l
Los benjaminitas salieron a
su encuentro, alejándose del pue-
blo, y como las otras veces, em-
pezaron a destrozar y herir por los
caminos, el que sube a Betel y el
que va a Gabaón. Así mataron en
campo abierto a unos treinta isra-
elitas,
32
y comentaron:
-Ya están derrotados, como el
primer día.
Pero es que los israelitas ha-
bían convenido:
-Emprenderemos la huida
para alejarlos del pueblo hacia
los caminos.
33
(E1 grueso del ejército se
reorganizó en Baal Tamar*). Los
que estaban emboscados salie-
ron de sus posiciones desde el
claro de Guibeá.
34
(Diez mil hombres selectos
de Israel llegaron delante de
Guibeá, y se entabló un combate
reñido, sin que los benjaminitas
se dieran cuenta de que el desas-
tre se les echaba encima.
35
E1
Señor los castigó ante Israel:
aquel día los israelitas hicieron a
Benjamín veinticinco mil cien
bajas, todos soldados armados
de espada).
36
(Los benjaminitas se vieron
derrotados). Los israelitas retro-
cedieron ante Benjamín, contan-
do con la emboscada que habían
tendido contra Guibeá.
37
Los de
la emboscada asaltaron Guibeá
rápidamente; fueron y pasaron a
cuchillo a toda la población.
38
Los israelitas habían conve-
nido con los de la emboscada en
que, cuando hicieran subir una
humareda desde el pueblo,
39
ellos
se volverían en la batalla.
Los de Benjamín empezaron a
destrozar y herir a los israelitas,
a unos treinta, y comentaron:
-Ya están derrotados, como
en el primer combate.
40
Pero en aquel momento em-
pezó a subir la humareda desde el
pueblo. Los benjaminitas miraron
atrás y vieron que el pueblo ente-
ro subía en llamas al cielo;
4l
entonces los israelitas se vol-
vieron, y los de Benjamín que-
daron aterrorizados viendo que el
desastre se les echaba encima,
42
y
huyeron ante los israelitas, cami-
no del páramo, con el enemigo
pisándoles los talones.
43
Los que habían arrasado el
pueblo los acometieron de flanco
y los dividieron, persiguiéndolos
sin descanso; los persiguieron
hasta llegar frente a Guibeá, a
levante.
44
Las bajas de Benjamín
fueron dieciocho mil hombres.
45
En su huida se dirigieron
hacia el páramo, a Sela Harri-
món*; pero los israelitas dieron
alcance a cinco mil por los cami-
nos, los persiguieron de cerca,
hasta Guideán, y les mataron dos
mil hombres.
46
Las bajas de
Benjamín aquel día fueron vein-
ticinco mil hombres armados de
espada, todos gente de guerra.
47
En su huida, seiscientos hom-
bres se dirigieron hacia el pára-
mo, a Sela Harrimón, y allí estu-
vieron cuatro meses.
48
Los israelitas se volvieron
contra los de Benjamín. Los pa-
saron a cuchillo, desde las perso-
nas hasta el ganado y todo lo que
encontraban; todas las ciudades
que encontraron las incendiaron.
La paz
21 'Los israelitas habían hecho
este juramento en Mispá:
-Ninguno de nosotros dará su
20,31 Dada la posición de la ciudad, los
atacantes tienen que subir, los defensores
tienen la ventaja de la altura; en un punto
cambia la dirección, y los israelitas comien-
zan a ganar altura.
20,33 * = La Palma.
20,34-35 Este resumen genérico del ata-
que y la victoria interrumpe la narración y pa-
rece provenir de otro contexto.
20,40 Reconstrucción hipotética: "Pero
en aquel momento empezó a subir la huma-
reda del pueblo; entonces los israelitas se
volvieron y los benjaminitas se desconcerta-
ron; miraron atrás y vieron que el pueblo en-
tero subía en llamas al cielo, y viendo que el
desastre se les echaba encima, huyeron ante
los israelitas camino del páramo, con el ene-
migo pisándole los talones".
20,42 "De flanco" o bien "cogiéndolos en-
tre dos fuegos"; el texto hebreo es confuso.
20,43 También este verso es difícil. Otra
traducción: "Los derrotaron y los persiguieron
desde Nojá hasta avistar Guibeá".
20,45 Sela Harimmón se encuentra a po-
ca distancia al nordeste del campo de bata-
lla. El que seiscientos hombres encontraran
refugio seguro en aquel lugar benjaminita,
desmiente la amplitud de la batalla que
sugieren otros versos. "Dieron alcance": el
verbo hebreo ofrece la imagen de una rebus-
ca agrícola. Guideán: algunos lo leen como
verbo "hasta desgajarlos". * = Peñagranada.
21 Ha terminado la batalla con una gran
victoria. Extrañamente, los israelitas no la
celebran con himnos, sino llorando ante el
Señor, porque ha sido una victoria en una
guerra entre hermanos. El precio de castigar
una culpa ha sido muy alto: una tribu "se ha
desgajado", que es como si hubiera quedado
517 JUECES 21,13
hija en matrimonio a un benja-
minita.
2
Fueron a Betel y estuvieron
allí sentados ante Dios hasta la
tarde, gritando y llorando incon-
solables,
3
y decían:
-¿Por qué, Señor, Dios de Is-
rael, ha pasado esto en Israel,
que ha desaparecido hoy una
tribu de Israel?
4
A1 día siguiente madrugaron,
construyeron allí un altar y ofre-
cieron holocaustos y sacrificios
de comunión.
5
Después pregun-
taron:
-¿Quién de entre todas las tri-
bus de Israel no acudió a la
asamblea ante el Señor?
Porque se habían juramentado
solemnemente contra el que no
se presentase ante el Señor en
Mispá, en estos términos: «Es
reo de muerte».
6
Los israelitas sentían lástima
por su hermano Benjamín y
comentaban:
7
-¡Una tribu se ha desgajado hoy
de Israel! ¿Cómo proveer de muje-
res a los supervivientes? Porque
nosotros nos hemos juramentado
por el Señor a no darles a nuestras
hijas en matrimonio.
8
¿Quién de las
tribus de Israel no se presentó ante
el Señor en Mispá?
Resultó que ningún hombre de
Yabés de Galaad había venido a
filas, a la asamblea;
9
al pasar re-
vista a la tropa, vieron que allí no
había nadie de Yabés de Galaad.
,0
Entonces la asamblea mandó
allá doce mil soldados, con esta
orden:
-Id y pasad a cuchillo a Yabés
de Galaad, sin perdonar mujeres
ni niños. "Hacedlo de modo que
exterminéis a todos los hombres
y a las mujeres casadas, dejando
con vida a las solteras.
l2
Así lo hicieron. Y resultó
que en Yabés de Galaad había
cuatrocientas muchachas jóve-
nes no casadas, y las llevaron al
campamento de Silo, en tierra de
Canaán.
l3
Luego envió la asam-
fuera de la confederación; con lo cual, han
quedado sólo once. El Señor "ha abierto bre-
cha" rompiendo la unidad y consistencia de la
confederación. Por si fuera poco, el juramen-
to de no entregar mujeres, amenaza con ex-
tinguir a los que quedan de la tribu; lo que
está mandado por la ley respecto a mujeres
extranjeras, está ahora prohibido por el jura-
mento, respecto a una tribu hermana. Por
eso domina el llanto, la queja al Señor, la
compasión. Quizá sea casualidad (aunque a
los hebreos les gustaban estos procedimien-
tos numéricos): el nombre de Israel suena
doce veces en el capítulo (prescindiendo del
colofón), la última vez cuando se ha recons-
tituido la unidad de la totalidad.
Con todo, el castigo no ha terminado.
Una ciudad importante de TransJordania
(muy unida a Benjamín según las tradiciones
de Saúl y David) ha faltado a la solidaridad y
los deberes de la confederación, y según la
ley tiene que ser castigada. Su castigo es el
comienzo de la recuperación de Benjamín. El
complemento es un curioso ejemplo de ca-
suística, en un contexto pintoresco.
La narración no se puede comparar con
las buenas del libro. Su punto de vista es la
asamblea, donde se celebra una liturgia, se
delibera, se toman decisiones. La ejecución
de las dos decisiones, versos 11 y 23, es
demasiado breve. Así resalta la acción del
centro, el saludo de paz de las tribus.
21,2-3 Otros relatos hablan de castigos
semejantes entre las tribus: los levitas cuan-
do el becerro de oro (Ex 32), Fineés cuando
lo de Belfegor (Nm 25); sólo aquí encontra-
mos una reacción de dolor. Esa breve lamen-
tación, que pide cuentas a Dios por lo suce-
dido, es patética; la triple repetición de "Is-
rael" en tan poco espacio expresa la con-
ciencia de unidad; también es expresiva la
vaguedad "esto, una tribu", que no se atreve
a pronunciar los nombres; el Señor lleva aquí
su título "Dios de Israel".
21.4 La liturgia penitencial se celebraba
por la tarde, los sacrificios de comunión la
completan por la mañana. Así comienza la
asamblea bajo el signo litúrgico.
21.5 Jue 5,21.
21.6 El original nos ofrece un par de ver-
sos muy elaborados: en el primero resalta la
colocación con la asonancia; a la letra sería
"se dolían los hijos de Israel de Benjamín sus
hermanos" (bene yisra'el -binyamin). En el
segundo, la palabra tribu, que significa rama,
sirve para la metáfora de desgajar (véase Is
10,33).
21,9 Yabés es sólo una población del te-
rritorio de Galaad, importante por su situa-
ción estratégica junto al Jordán, a la altura de
Beisán. En tiempos de Saúl juega un papel
importante; no se nota que haya sido aniqui-
lada poco antes.
21,11 Nm 31,15-18.
21,13 Nuevo mensaje después del fatídi-
co de 20,12-13.
21,14
JUECES
518
blea una embajada a los benja-
minitas de Sela Harrimón, con
propuestas de paz.
l4
Los benja-
minitas volvieron, y les dieron
las mujeres que quedaban de
Yabés de Galaad, pero no hubo
para todos.
I5
E1 pueblo se compadeció de
Benjamín, porque el Señor había
abierto una brecha en las tribus
israelitas.
16
Los ancianos de la
asamblea se preguntaban:
-¿Cómo proveer de mujeres a
los supervivientes? Porque las
mujeres de Benjamín han sido
exterminadas.
17
¡Que los super-
vivientes de Benjamín tengan
herederos y no se borre una tribu
de Israel!
l8
Claro que nosotros
no podemos darles nuestras hijas
en matrimonio. (Porque habían
jurado: ¡Maldito el que dé una
mujer a Benjamín!).
l9
Entonces propusieron:
-Está la fiesta del Señor, que
se celebra todos los años en Silo
(al norte de Betel, al este del
camino que va de Betel a Si-
quén, al sur de Libna*).
20
Y dieron estas instrucciones
a los benjaminitas:
21
-Venid a esconderos entre las
viñas, y estad atentos: cuando sal-
gan las muchachas de Silo a bailar
en corro, salís vosotros de las vi-
ñas, raptáis cada uno a una mucha-
cha y os marcháis a vuestra tierra.
22
Si luego vienen sus padres o her-
manos a querellarse con vosotros,
les diremos: «Compadeceos de
ellos, que no las han raptado como
esclavas de guerra ni vosotros se
las habéis dado; porque en ese
caso seríais culpables».
23
Los benjaminitas lo hicieron
así, y de las danzantes que ha-
bían raptado se quedaron con las
mujeres que necesitaban. Des-
pués se volvieron a su heredad,
reconstruyeron sus ciudades y
las habitaron.
24
Los israelitas se repartieron,
cada uno a su tribu y su clan, y se
fueron de allí cada cual a su
heredad.
25
Por entonces no había
rey en Israel; cada uno hacía lo
que le parecía bien.
21.14 El verbo volverse tiene gran reso-
nancia: es la vuelta y la conversión. No se
dice adonde, pero se puede sobreentender a
la confederación, al lugar sagrado, al Señor.
21.15 Israel, visto antes como un árbol,
toma aquí la imagen de una ciudad o una
muralla; véanse Ex 19,22.24; Sal 106,23.
21,19 Todo va a concluir durante una
fiesta en honor del Señor, solemnidad alegre
de todo el pueblo. (Parece como si el autor
quisiera explicar los accesos a los participan-
tes, o como si el glosador quisiera identificar
la ciudad destruida). * = Alba.
21,21 Ex 15,20; 1 Sm 18,6.
21,23 Con la reconstitución de las fami-
lias y la reconstrucción de las ciudades co-
mienza la nueva etapa, en espera de la
monarquía.
21,25 Jue 17,6.
1 y 2 Samuel
INTRODUCCIÓN
El libro de Samuel se llama así por uno de sus personajes deci-
sivos, no porque él sea el autor. Está artificialmente dividido en dos
partes, que se suelen llamar primero y segundo libro, las versiones
antiguas los llamaron primero y segundo libro de los reyes; en termi-
nología moderna los llamaríamos primera y segunda parte.
Tema
El tema central es el advenimiento de la monarquía bajo la guía
de Samuel como juez y profeta.
Samuel actúa como juez con residencia fija e itinerante. Siendo
de la tribu de Efraín, es respetado por las otras tribus. Por este capítu-
lo Samuel prolonga la serie de Débora, Gedeón, Jefté y Sansón, en
sus etapas no belicosas. Pero Samuel recibe una vocación nueva:
mediador de la palabra de Dios, profeta. Al autor le interesa mucho el
dato y proyecta esa vocación a la adolescencia de Samuel. En virtud
de dicha vocación, el muchacho se enfrenta con el sacerdote del san-
tuario central; más tarde introduce un cambio radical de régimen: unge
al primer rey, lo condena, unge al segundo, se retira, desaparece,
asoma un momento desde la tumba. Cuando muere, sucede el turno
de Gad y de Natán.
En otras palabras, el autor que escribe en tiempo de Josías, uno
de los reyes buenos, o el que escribe durante el destierro, nos hace
saber que la monarquía está sometida a la palabra profética. Es el
principio formulado en Dt 17-18, que seguirá actuando en los dos libros
de los Reyes.
La monarquía
Fue para los israelitas una experiencia bivalente, con más peso
en el platillo negativo de la balanza. Iluminado por la reforma forzosa
INTRODUCCIÓN
520
y forzada de Josías y por el resplandor sombrío del destierro, el autor
llega a un balance negativo: pocos monarcas respondieron a su misión
religiosa y política. En Judá y más aún en Israel. Aunque es verdad
que los hubo buenos: David, Josafat, Ezequías, Josías (cfr. Eclo 49,4).
Esa valoración ambigua se extiende a lo largo de la historia. El Deu-
teronomio democratiza muchas decisiones. Oseas es muy crítico sobre
los orígenes de la monarquía. Amos al norte y Jeremías al sur ilustran la
oposición de profetas a monarcas individuales (no a la institución).
Por otra parte, los salmos dan testimonio de una aceptación sin-
cera y hasta de un entusiasmo hiperbólico por la monarquía. Antes de
ser leídos en clave mesiánica, los salmos reales expresaron la espe-
ranza de justicia y paz, como bendición canalizada por el Ungido;
mientras que otros salmos exaltaban la realeza del Señor.
Pues bien, el autor proyecta la ambigüedad y las tensiones al
mismo origen de la monarquía -remontarse a los orígenes para expli-
car el presente o la historia, es hábito mental hebreo-. No queremos
afirmar que sea pura invención. Que frente a un cambio tan profundo
de régimen hubiera dos tendencias entre las tribus es bastante proba-
ble porque es lógico. En los tiempos difíciles de la amenaza filistea,
pudieron surgir entre las tribus dos tendencias opuestas: unos, con-
servadores, defensores de la autonomía tribal, satisfechos con la inter-
vención providencial de algunos héroes; otros, renovadores, más
conscientes de la amenaza continua y de las nuevas exigencias de los
tiempos. Pero aquí hablamos de la versión literaria de lo que haya de
histórico en los relatos.
Pro y contra
Explícita e implícitamente el libro nos hace presenciar o deducir
las dos tendencias. Es un acto de honradez del autor el haber conce-
dido la voz en sus páginas a los dos partidos
Así pues, los conservadores consideran la monarquía una veleidad
del pueblo, desconfiado, desleal a su Dios, deseoso de imitar a pueblos
vecinos. Cierto, Moab, Amón, Edom, Fenicia han tenido reyes antes que
Israel; por no hablar de los innumerables reyes cananeos, especie de
alcaldes o gobernadores de pequeñas ciudades estado. Frente a tal
deseo reacciona Samuel defendiendo la soberanía del Señor y acusan-
do al pueblo (véase cap. 8)
Los otros miran la monarquía como innovación providencial,
querida por Dios para enderezar por vías nuevas la historia de su pue-
blo. Respecto a los jueces, el rey aporta dos novedades: unificación
del poder y el principio dinástico. Lo primero es una necesidad, com-
probada por acontecimientos recientes (cfr Jue 17-21). Lo segundo es
garantía de continuidad: ¿por qué va a ser un atentado contra la sobe-
ranía del Señor?
521 1 y 2 SAMUEL
Sin enunciarlo como teoría, el libro nos lo hace comprender con-
tando. El primer rey fracasa, el segundo triunfa. Es el contraste que
ocupa gran parte de esta obra. La tribu de Efraín aporta el primer pro-
feta, la de Benjamín el primer rey, la de Judá el segundo y la dinastía
duradera.
Historias o historia
A primera vista creemos estar leyendo una obra de historiografía
antigua. Escrita con viveza, con realismo, con un aire de verosimilitud.
Es verdad que el libro tiene rasgos y escenas poco verosímiles, que
encierra incoherencias patentes, versiones no armonizadas. En con-
junto es más fuerte la sensación de verosimilitud, de coherencia huma-
na y política. Con todo, eso no basta para inferir la historicidad.
En primer lugar, el Deuteronomista tiene ideas bastante claras y
precisas, que orientan el relato en su conjunto. Los criterios del Deu-
teronomio y la situación histórica condicionan seriamente al autor. Su
historiografía es tendenciosa. En segundo lugar, estos libros de
Samuel son descaradamente favorables a David, contra Saúl, y por
tanto, no menos tendenciosos.
Con todo, hay que aligerar el peso de ambas afirmaciones. Porque
el autor último recoge y respeta muchas tradiciones, sin apenas interferir;
y cuando quiere dar su opinión, la pone en boca del algún personaje, y el
lector lo advierte. En los libros de Samuel, no disimula las debilidades, el
crimen de su protagonista, mientras que el antagonista alcanza grande-
za trágica.
De acuerdo con los datos a nuestra disposición, los juicios sobre
la historicidad son divergentes. Están los que conceden a la obra un
valor histórico muy limitado, los radicales que la declaran simple fic-
ción, y están los que reconocen a la obra una historicidad básica,
imposible de definir con precisión. En la última hipótesis ¿dónde y
cuándo hay que situarla?
Marco histórico
Con razonable probabilidad situamos los relatos en los siglos XI
y X. La batalla de Afee caería hacia el 1050; un par de decenios des-
pués la accesión de Saúl; en 1010 el reinado de David en Hebrón; la
accesión de Salomón el 971.
Es una etapa vacía o átona en la política de los imperios. En
Egipto, a la serie cada vez más débil de los Ramésidas ha sucedido la
dinastía XXI, que reina modestamente en Tanis, mientras en Tebas
gobierna de hecho una clase sacerdotal. En Mesopotamia, el final del
siglo XII registra un monarca importante, Nabucodonosor I, vencedor
definitivo de los elamitas y restaurador del reino. El comienzo del siglo
INTRODUCCIÓN
522
XI está dominado por el gran Tiglat Piléser I de Asiria, pacificador,
conquistador, gran cazador, fundador de una importante biblioteca,
creador de un parque botánico y zoológico. Después de él el imperio
decae. Las tribus nómadas siguen en fermento: primero son los
Ahlamu quienes hostigan a los asirios; después los árameos, que van
fundando y consolidando reinos en Siria oriental y llegan a usurpar el
trono de Babilonia.
En este largo compás de silencio pueden actuar como solistas
sobre el suelo de Palestina dos pueblos relativamente recientes en el
país: filisteos e israelitas.
Arte narrativa
Lo que llevamos dicho sobre la historicidad de estos libros es
hipotético. Lo que es indudable, indiscutible, es la maestría narrativa
de las páginas que siguen. Aquí alcanza la prosa hebrea una cumbre
clásica. Aquí el arte de contar se muestra inagotable en los argumen-
tos, intuidor de lo esencial, creador de escenas impresionantes e inol-
vidables, capaz de decir mucho en poco espacio y de sugerir más. Por
muy devoto o por muy crítico que sea, el lector no debe saltarse esta
etapa: la fruición de unos relatos magistrales.
Samuel
En su elogio de los antepasados, Ben Sira el Eclesiástico, traza
un perfil de Samuel en doce versos. Leemos:
46,13 consagrado como profeta del Señor,
Samuel, juez y sacerdote
Sacerdote, porque ofrecía sacrificios. Juez, de tipo institucional,
porque resuelve pleitos y casos, no empuña la espada ni el bastón de
mando. Cuando su judicatura intenta convertirse en asunto familiar,
por traspaso a los hijos, fracasa. Profeta, por recibir y trasmitir la pala-
bra de Dios. Hch 13,20s lo llama profeta; Heb 11,32 lo coloca en su
lista entre los Jueces y David.
Un monte en las cercanías de Jerusalén perpetúa su nombre:
Nebi Samwil. ¿No es Samuel como una montaña? Descollante, cer-
cano al cielo y bien plantado en tierra, solitario, invitador de tormentas,
recogiendo la primera luz de un nuevo sol y proyectando una ancha
sombra sobre la historia.
/ SAMUEL
Nacimiento de Samuel
1 'Había un hombre sufita,
oriundo de Rama, en la serranía
de Efraín, llamado Elcaná, hijo
de Yeroján, hijo de Elihú, hijo de
^Toju, hijo de Suf, efraimita.
Tenía dos mujeres: una se llama-
ba Ana y la otra Feniná. Feniná
tenía hijos y Ana no los tenía.
-'Aquel hombre solía subir todos
los años desde su pueblo para
adorar y ofrecer sacrificios al Se-
ñor de los ejércitos en Silo,
donde estaban de sacerdotes del
Señor los dos hijos de Eli: Jofní
y Fineés.
4
Llegado el día de ofrecer el
sacrificio, repartía raciones a su
mujer Feniná para sus hijos e
hijas, -'mientras que a Ana le
daba sólo una ración, y eso que
la quería, pero el Señor la había
hecho estéril.
6
Su rival la insulta-
ba ensañándose con ella para
mortificarla, porque el Señor la
había hecho estéril.
7
Así hacía
año tras año; siempre que subían
al templo del Señor, solía insul-
tarla así. Una vez Ana lloraba y
no comía.
8
Y Elcaná, su marido,
le dijo:
-Ana, ¿por qué lloras y no
comes? ¿Por qué te afliges? ¿No
te valgo yo más que diez hijos?
9
Entonces, después de la co-
mida en Silo, mientras el sacer-
dote Eli estaba sentado en su si-
lla, junto a la puerta del templo
del Señor,
l0
Ana se levantó, y
con el alma llena de amargura se
puso a rezar al Señor, llorando a
todo llorar. "Y añadió esta pro-
mesa:
-Señor de los ejércitos, si te
fijas en la humillación de tu sier-
va y te acuerdas de mí, si no te
olvidas de tu sierva y le das a tu
1 El nacimiento de Samuel entra en la
categoría de nacimiento de héroes, como los
de Isaac o Sansón. Con el primero comparte
otro elemento: el tema de las dos mujeres,
como Sara y Agar, esposas de Abrahán (o
Raquel y Lía, esposas de Jacob). La fecundi-
dad de una y la esterilidad de la otra subrayan
el carácter maravilloso del nacimiento: el naci-
do será hijo de la promesa y de la oración
más que simple hijo de la carne. El Señor de
la vida demuestra su poder precisamente en
la debilidad, otorgando con su palabra explíci-
ta una fecundidad que el hombre iba a consi-
derar natural. Por eso ocupa en la narración
un puesto principal la oración de Ana; a ella y
al cumplimiento se subordina el resto de la
narración, la peregrinación, el papel del
sacerdote, los reproches. Su marido la repro-
cha cariñosamente, ella no responde, se diri-
ge a Dios; el sacerdote la reprocha duramen-
te, y ella se explica. Una romería al principio y
otra al final encierran el capítulo.
1.1 Elcaná significa Dios crea o compra.
Según 1 Cr 6,34-38 (testigo más bien par-
cial), Elcaná era de familia levítica y residen-
te en territorio de Efraín.
1.2 Ana significa gracia, y Feniná co-
rales.
1.3 Silo fue durante bastante tiempo la
ciudad central del culto. Según Jos 18,1 ya
hospedó el arca en tiempo de Josué; Jue 21
la presentaba como centro de una romería
celebrada con danzas. Su situación es geo-
gráficamente central. No están claras sus re-
laciones con Siquén, donde se renovó la
alianza (Jos 24). El arca, que había sido pa-
ladión durante las campañas militares, tenía
ahora una morada estable, no sabemos si en
forma de tienda, según la tradición del desier-
to, o en un edificio con patio y anejos, al esti-
lo cananeo. En cualquier caso, disponía de
altar y de un sacerdocio levítico. Los nom-
bres de los hijos son egipcios, en concreto
Pinehas (Fineés) es el nombre de un influ-
yente virrey bajo el último Ramsés.
1,4-5 Se trata de sacrificios de comunión,
de cuya carne participaban los oferentes. En
este momento festivo y comunitario, Ana
siente más su soledad.
1,4 2 Sm 6,19.
1,6 Sobre las rivalidades de las mujeres
puede leerse Eclo 25,14-16.
1,7Gn30.
1,9 El sentarse en una silla es gesto de
dignidad. Desde la puerta del edificio o recin-
to donde se custodia el arca puede ver lo que
sucede en el atrio donde se reúne la gente.
1,11 Es humillación no tener hijos, por-
que lo suelen considerar castigo de Dios por
alguna culpa. Ana promete entregar al Señor
el hijo que de él reciba, renunciando al dere-
cho de rescate: Ex 12,13; 22,28, 34,19; Nm
3,45-48. Sobre el nazireato véase Nm 6 y la
historia de Sansón.
1,12 1 SAMUEL 524
sierva un hijo varón, se lo entre-
go al Señor de por vida y no
pasará la navaja por su cabeza.
l2
Mientras ella rezaba y reza-
ba al Señor, EIí observaba sus
labios.
I3
Y como Ana hablaba
para sí, y no se oía su voz aunque
movía los labios, Eli la creyó
borracha y
l4
le dijo:
-¿Hasta cuándo te va durar la
borrachera? A ver si se te pasa el
efecto del vino.
15
Ana respondió:
-No es así, señor. Soy una mu-
jer que sufre. No he bebido vino
ni licor, estaba desahogándome
ante el Señor.
l6
No creas que
esta sierva tuya es una descara-
da; si he estado hablando hasta
ahora, ha sido de pura congoja y
aflicción.
l7
Entonces Eli le dijo:
-Vete en paz. Que el Dios de
Israel te conceda lo que le has
pedido.
l8
Ana respondió:
-Que puedas favorecer siem-
pre a esta sierva tuya.
Luego se fue por su camino,
comió y no parecía la de antes.
I9
A la mañana siguiente madru-
garon, adoraron al Señor y se
volvieron. Llegados a su casa de
Rama, Elcaná se unió a su mujer
Ana, y el Señor se acordó de
ella.
20
Ana concibió, dio a luz un
hijo y le puso de nombre Sa-
muel, diciendo:
-¡Al Señor se lo pedí!
2l
Pasado un año, su marido,
Elcaná, subió con toda la familia
para hacer el sacrificio anual al
Señor y cumplir la promesa.
22
Ana se excusó para no subir,
diciendo a su marido:
-Cuando destete al niño, en-
tonces lo llevaré para presentár-
selo al Señor y que se quede allí
para siempre.
23
Su marido, Elcaná, le res-
pondió:
-Haz lo que te parezca mejor;
quédate hasta que lo destetes. Y
que el Señor te conceda cumplir
tu promesa.
24
Ana se quedó en casa y crió a
su hijo hasta que lo destetó.
Entonces subió con él al templo
del Señor de Silo, llevando un
novillo de tres años, una fanega de
harina y un odre de vino. ^Cuan-
do mataron el novillo, Ana pre-
sentó el niño a Eli,
26
diciendo:
-Señor, por tu vida, yo soy la
mujer que estuvo aquí, junto a ti,
rezando al Señor.
27
Este niño es
lo que yo pedía; el Señor me ha
concedido mi petición.
28
Por eso
yo se lo cedo al Señor de por
vida, para que sea suyo.
Después se postraron ante el
Señor.
Canto de Ana
(Sal 113; Le 1,46-55)
2 'Y Ana rezó esta oración:
«Mi corazón se regocija
por el Señor,
mi poder se exalta por Dios,
1,12-13 La oración solía hacerse en voz
alta o murmurando. Ana está concentrada en
su interior, donde el Señor escucha. Algunos
suponen que la fiesta anual correspondía al
tiempo de la vendimia; véase el uso pagano
de Jue 9; si en el templo se pasaba la copa
(Sal 23), esto no bastaba para embriagar.
1,15 Desahogarse es en hebreo "derra-
mar el alma", y es el mismo verbo usado
para la libación (Ex 29,38-42; Nm 29,6.11).
Con la mención del vino, la respuesta resul-
ta ingeniosa.
1.17 Las palabras de EIí se podrían
entender también como futuro "dará" (aun-
que lo corriente en semejantes oráculos es el
perfecto natan, también se usa el futuro: Sal
16,10; 29,11; 37,4; 85,13; etc.). La mujer to-
ma estas palabras como oráculo sacerdotal
que responde a su plegaria, y se siente segu-
ra y consolada.
1.18 Otro juego de Ana consiste en alu-
dir a su nombre, "favor, gracia", pidiendo el
favor de EIí.
1.19 En el momento en que el marido la
posee, el Señor se acuerda de ella; así ex-
presa el autor la bendición de la fecundidad.
1,20 Aquí es la mujer quien impone el
nombre. Pero la etimología no cuadra, no pa-
sa de una asonancia; Samuel podría signifi-
car "nombre de Dios", su componente divino
no es Yahvé. "Pedido" se dice sha'ul, como
muestra el v. 28.
1,22 El período de la lactancia solía durar
dos años, y al acabarlo, se celebraba una
fiesta familiar: Gn 21,8.
1,27-28 Ultimo juego de palabras monta-
do sobre la raíz pedir sh'l; el castellano la
imita en parte con los verbos conceder-ce-
der. Según la versión griega, el capítulo ter-
mina "y lo dejó allí en presencia del Señor".
2 En el capítulo no se lee - y se podía es-
perar- un oráculo de anunciación pronunciado
por el sacerdote (como en los casos de Ismael
y Sansón). Repitiendo 21 veces el nombre del
Señor, subraya el sentido religioso del hecho y
articula la narración: siete veces la primera
parte, sobre la esterilidad, con la octava co-
525 1 SAMUEL 2,6
mi boca se ríe
de mis enemigos,
porque celebro tu salvación.
2
No hay santo como el Señor,
no hay roca como
nuestro Dios.
3
No multipliquéis
discursos altivos,
no echéis por la boca
arrogancias,
porque el Señor es
un Dios que sabe,
él es quien pesa las acciones.
4
Se rompen los arcos
de los valientes,
mientras los cobardes
se ciñen de valor;
5
los hartos se contratan
por el pan,
mientras los hambrientos
engordan;
la mujer estéril
da a luz siete hijos,
mientras la madre de muchos
queda baldía.
6
E1 Señor da la muerte y la vida,
hunde en el abismo y levanta;
mienza la súplica, con la decimoquinta comien-
za la vuelta de la mujer. Hacen eco las siete
presencias del verbo clave "pedir".
2,1 -10 En rigor este himno es un canto de
victoria pronunciado por un rey al volver de la
batalla. Haría buena compañía a los salmos
20 y 21 formando con ellos un tríptico.
La victoria ha sido obra del Señor, que
actúa en la teofanía cósmica (v. 10a) y comu-
nica su fuerza al rey (v. 10b). Por eso el rey
puede sentirse unido al Señor en el gozo por
la victoria. Frente al poder de los enemigos,
apoyados en otras divinidades, el Señor ha
mostrado su santidad exclusiva, es decir, su
superioridad trascendente y su gobierno jus-
to, y también su fortaleza protectora (v. 2).
En la victoria del débil se ha revelado la
soberanía del Señor, que dirige eficazmente
el curso de la historia. Esta se presenta a los
ojos como un columpio en que lo bajo sube y
o alto baja: valientes y cobardes, hartos y
hambrientos, fecunda y estéril (vv. 4-7). Esta
alternancia extrema de las suertes no es la
siega fortuna que repite su eterno girar sin
sentido. Es acción de Dios, que se enfrenta
;on la responsabilidad humana: porque lo
alto lleva el signo de la arrogancia (v. 3) y de
a maldad (v. 9), mientras que lo bajo repre-
senta la humildad y amistad con Dios. El
rambio de las suertes es la acción de quien
conoce exactamente las acciones humanas
. 3) y puede juzgarlas con autoridad.
La victoria de Dios desborda los límites
ze la historia y alcanza otras dos esferas: la
rcsmica, ya que Dios afianzó el orbe (v. 8), y
~ límite definitivo del hombre, la frontera de
a vida y la muerte (v. 6). La victoria del rey
-= sido como el ángulo con que incide en la
-•s:oria un colosal triángulo: un acto breve y
- ei udo sobre el que gravita la soberanía
rascendente de Dios. Esto ha revelado la
- storia y esto canta el rey en tonalidad de
gozo mayor (v. 1), que asume esa pequeña
risa de triunfo sobre los enemigos.
¿Y por qué pronuncia Ana este himno de
victoria real? El autor que introdujo este him-
no posterior en este sitio se dejó llevar quizá
de la referencia a la fecunda y la estéril: Ana,
despreciada por su rival fecunda, ahora es
madre de un hijo que será famoso. También
la suya es una victoria que puede revelar o
conjurar el repertorio de las acciones sobera-
nas de Dios. Y quizá esa referencia al rey al
principio del libro contenga una sutil alusión a
ios futuros acontecimientos. El autor que
inserta aquí este himno sabe muy bien que el
hijo de Ana ha de ungir reyes.
El himno abunda en reminiscencias de
los salmos o coincidencias con ellos. El desa-
rrollo se basa en las oposiciones simétricas,
regulares, de extremos, subrayadas con múl-
tiples efectos sonoros más llamativos que
ingeniosos. Parece haber inspirado el Mag-
níficat.
2.1 El comienzo se destaca por su cons-
trucción: tres enunciados muy paralelos,
morfológicamente en tercera persona, de-
sembocan violentamente en el hemistiquio
que hace explícito el diálogo: mente, poder
(cuerno), boca, yo-tú. La tercera pieza sirve
para cerrar en inclusión el salmo, indicando
que el yo anónimo es el rey.
La salvación equivale a la victoria, y así
se podría traducir. Véanse Sal 5,12; 9,2;
35,21.
2.2 Véanse Sal 95,1; 99.
2.3 El texto hebreo parece burlarse del
estilo de los arrogantes: al tarbu tedabberu
geboha geboha. Véanse Sal 75,6; 94,4.
2.5 Véase Sal 113,9.
2.6 En medio del himno suena esta con-
fesión central: aquí se exalta el Señor, más
que en su poderío cósmico. Porque la estéril
2,7 1 SAMUEL 526
7
da la pobreza y la riqueza,
el Señor humilla y enaltece.
8
E1 levanta del polvo
al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para hacer que se siente
entre príncipes
y que herede un trono glorioso,
pues del Señor
son los pilares de la tierra
y sobre ellos afianzó el orbe.
9
E1 guarda los pasos
de sus amigos
mientras los malvados
perecen en las tinieblas
-porque el hombre no triunfa
por su fuerza-.
10
E1 Señor desbarata
a sus contrarios,
el Altísimo truena
desde el cielo,
el Señor juzga
hasta el confín de la tierra.
El da autoridad a su rey,
exalta el poder de su Ungido».
Samuel y Eli
"Ana volvió a su casa de Ra-
ma, y el niño estaba al servicio
del Señor, a las órdenes del sa-
cerdote Eli.
12
En cambio, los hi-
jos de Eli eran unos desalmados:
l3
no respetaban al Señor ni las
obligaciones de los sacerdotes
con la gente. Cuando una perso-
na ofrecía un sacrificio, mientras
se guisaba la carne, venía el ayu-
dante del sacerdote empuñando
un tenedor,
l4
lo clavaba dentro
de la olla o caldero o puchero o
cazuela, y todo lo que engan-
chaba el tenedor se lo llevaba al
sacerdote. Así hacían con todos
los israelitas que acudían a Silo.
l5
Incluso antes de quemar la
grasa, iba el ayudante del sacer-
dote y decía al que iba a ofrecer
el sacrificio:
-Dame la carne para el asado
del sacerdote. Tiene que ser cru-
da, no te aceptaré carne cocida.
I6
Y si el otro respondía:
-Primero hay que quemar la
tiene una matriz muerta (Rom, 4,193, dar la
fecundidad es hacer revivir. Véase Sal 30,4).
Este verso con el siguiente, repitiendo el
nombre del Señor, le asigna siete participios
comenzados por m-; auténtica concentración
de predicados.
2.7 Véase Sal 75,8.
2.8 Véanse Sal 113,7 y 24,2; 75,4; 104,5.
Lo cósmico aparece aquí con una estabilidad
que contrasta con los cambios de la historia.
2.9 Véase Jue 6,14; Sal 20,8; 21,2.
2.10 Véase Sal 29; 72,8; 96,10.
2,11-36 Aquí comienza un montaje para-
lelo que va oponiendo el crecer de Samuel al
agravarse del pecado de los hijos de Eli, y
también del mismo Eli. Los miembros o pie-
zas del montaje se reparten así:
2.11 Ministerio de Samuel
2„12-17 Los hijos de Eli abusan de su
cargo
2,18-21 Samuel crece y crece su familia
2,22-25 Nuevo pecado de inmoralidad; re-
prensión y endurecimiento
2,26 Samuel sigue creciendo
2,27-36 Oráculo de un profeta a Eli
3,1 ss Oráculo del Señor llamando a Sa-
muel.
El crecimiento de Samuel es físico y
espiritual, y es cauce de bendición para sus
padres en virtud de la renuncia, es una pre-
sencia silenciosa que condena a los minis-
tros del culto. No siendo de familia sacerdo-
tal, se ocupará de servicios secundarios en el
templo.
El pecado de los hijos de Eli es triple:
contra el culto, contra las mujeres al servicio
del santuario, contra su padre. Culto: una co-
sa es vivir del altar, lo cual está permitido y
reglamentado (la legislación posterior de Lv
7,28-36 recoge tradiciones más antiguas;
compárese también con Jue 17), otra cosa es
abusar de la ofrenda no respetándola y desa-
creditándola ante el pueblo. El segundo pe-
cado también es abuso del cargo; desacredi-
ta y amenaza el servicio de las mujeres en el
templo (del que hablan Ex 35,25ss; 38,8). El
tercero es pecado de contumacia.
2.11 Sobre los servicios complementa-
rios en el santuario véase Nm 8,23-26, pos-
terior a la reforma del culto.
2.12 "Respetar", conocer, reconocer al
Señor es en síntesis la actitud del hombre
religioso; mucho más debido al mediador del
culto. Véanse Jr 2,8 (sacerdotes y doctores
de la ley); 4,22 (el pueblo); 9,2.5; 10,25 (ne-
gativo); 31,34 (nueva alianza); Os 2,22 (el
pueblo); 5,4. El autor juega burlescamente
con el apellido de los jóvenes: bene 'eli-bene
beliya 'al.
2.13 Otros traducen comenzando frase
en este verso: "Los sacerdotes procedían así
con el pueblo". Esta lectura incluye una burla
amarga, porque la palabra hebrea que desig-
na la costumbre, mishpates la palabra técni-
ca que designa el derecho y el deber del
sacerdote. Sobre los sacrificios: Lv 1 -7.
2.14 Los nombres de las vasijas son di-
versos -quizá posteriores- en Ex 35,25ss.
527
1 SAMUEL 2,29
grasa, luego puedes llevarte lo
que se te antoje.
Le replicaba:
-No. O me la das ahora o me
la llevo por las malas.
l7
Aquel pecado de los ayudan-
tes era grave a juicio del Señor,
porque desacreditaban las ofren-
das al Señor.
18
Por su parte, Samuel seguía
al servicio del Señor y llevaba
puesto un roquete de lino.
l9
Su
madre solía hacerle una sotana, y
cada año se la llevaba cuando
subía con su marido a ofrecer el
sacrificio anual.
20
Y Eli echaba
la bendición a Elcaná y a su
mujer:
-El Señor te dé un descendien-
te de esta mujer, en compensa-
ción por el préstamo que ella
hizo al Señor.
Luego se volvían a casa.
21
E1 Señor se cuidó de Ana,
que concibió y dio a luz tres ni-
ños y dos niñas. El niño Samuel
crecía en el templo del Señor.
22
Elí era muy viejo. A veces
oía cómo trataban sus hijos a
todos los israelitas y que se acos-
taban con las mujeres que ser-
vían a la entrada de la tienda del
encuentro.
23
Y les decía:
-¿Por qué hacéis eso? La gen-
te me cuenta lo mal que os por-
táis.
24
No, hijos, no está bien lo
que me cuentan; estáis escanda-
lizando al pueblo del Señor.
25
Si
un hombre ofende a otro, Dios
puede hacer de arbitro; pero si
un hombre ofende al Señor,
¿quién intercederá por él?
Pero ellos no hacían caso a su
padre, porque el Señor había de-
cidido que murieran.
26
En cambio, el niño Samuel
iba creciendo, y lo apreciaban el
Señor y los hombres.
27
Un profeta se presentó a Eli
y le dijo:
-Así dice el Señor: «Yo me re-
velé a la familia de tu padre
cuando eran todavía esclavos del
Faraón en Egipto.
28
Entre todas
las tribus de Israel me lo elegí
para que fuera sacerdote, subiera
a mi altar, quemara mi incienso
y llevara el efod en mi presencia,
y concedí a la familia de tu padre
participar en las oblaciones de
los israelitas.
29
¿Por qué habéis
tratado con desprecio mi altar y
las ofrendas que mandé hacer en
2,16 "Lo que se te antoje" en el original
contiene una burla disimulada y cruel, porque
la expresión significa desear y también tener
apetito; compárese "dar la gana-tener gana".
Compárese con la avidez en el desierto, con
el mismo verbo o raíz: Nm 11,31-34; Sal
106,14.
2,17-18 Repitiendo la fórmula "en pre-
sencia del Señor" (en la construcción origi-
nal), el autor subraya el contraste de pecado
y servicio.
2,23-25 El argumento de Eli no está
claro: en el paralelismo se repite el verbo
ofender (pecar), se cambia Dios-Señor, arbi-
trar interceder. Quizá se refiera a los sacrifi-
cios "por pecado", con los que el hombre ex-
pía ofensas contra el prójimo (Lv 5,20-26); si
se invalidan los ritos sacrificiales, como ha-
cen los jóvenes, se cierra el camino de la
reconciliación. Sólo la conversión radical po-
drá restituir el valor del culto y su eficacia
expiatoria.
Eli es blando en la reprensión, no toma
otras medidas, y así se hace cómplice de sus
hijos. Dios ha decidido su muerte por su con-
tumacia: véanse Ex 10,1; Is 6,10.27-36.
El autor principal del libro inserta aquí
una profecía que adelanta un hecho, para ilu-
minar la historia próxima. El profeta (hombre
de Dios, Jue 6,8 y 13,6) propone una profe-
cía y una reflexión teológica explicativa. La
fórmula empleada es clásica: recuerda el
beneficio de Dios, o sea la elección, de Aa-
rón, para subrayar por contraste el pecado;
después denuncia el pecado concreto y con-
mina la pena; añade un signo que comprue-
ba el oráculo.
El beneficio: supone ya establecida la
tradición que leemos en el Éxodo, de Aarón
como sumo sacerdote. Revelación y elección
se articulan como en Ez 1-2, o Is 6 o Ex 3
(Moisés). Pecado: los hijos regatean a Dios
las ofrendas para engordar a costa del culto,
el padre honra (kbd) a sus hijos más que a
Dios: lo que había de ser honrar a Dios se
convierte en su desprecio, el culto se profana
en manos de los sacerdotes. Castigo: enun-
cia la ley general de la retribución y la aplica
al caso; el castigo responde al pecado: envi-
dia por envidia, debilidad por afán de engor-
dar, llanto por gloria. El signo se encuentra
en la misma línea, porque en los dos hijos
comienza a ejecutarse la sentencia.
Finalmente -nos dice intencionadamente
el auto- la profecía introduce la elección de
una nueva dinastía sacerdotal, la dinastía sa-
docita, con la consiguiente degradación de la
dinastía de Eli: véase el cumplimiento en 2
Re 23. La adición de este elemento repite el
esquema de Is 22,15-25 (el mayordomo de
palacio).
2,26 Le 2,52.
2,30 1 SAMUEL 528
mi templo? ¿Por qué tienes más
respeto a tus hijos que a mí,
cebándolos con las primicias de
mi pueblo, Israel, ante mis mis-
mos ojos?
30
»Por eso -oráculo del Señor,
Dios de Israel-, aunque yo te
prometí que tu familia y la fami-
lia de tu padre estarían siempre
en mi presencia, ahora -oráculo
del Señor- no será así. Porque
yo honro a los que me honran y
serán humillados los que me
desprecian.
3l
»Mira, llegará un día en que
arrancaré tus brotes y los de la
familia de tu padre, y nadie lle-
gará a viejo en tu familia. ^Mi-
rarás con envidia todo el bien
que voy a hacer; nadie llegará a
viejo en tu familia.
33
Y si dejo a
alguno de los tuyos que sirva a
mi altar, se le consumirán los
ojos y se irá acabando; pero la
mayor parte de tu familia morirá
a espada de hombres.
34
Será una
señal para ti lo que les va a pasar
a tus dos hijos, Jofní y Fineés:
los dos morirán el mismo día.
35
»Yo me nombraré un sacer-
dote fiel, que hará lo que yo quie-
ro y deseo; le daré una familia
estable y vivirá siempre en pre-
sencia de mi ungido.
36
Y los que
sobrevivan de tu familia vendrán
a prosternarse ante él para mendi-
gar algún dinero y una hogaza de
pan, rogándole: "Por favor, dame
un empleo cualquiera como sa-
cerdote, para poder comer un
pedazo de pan"».
Vocación de Samuel
(Is6; Jr 1)
3 'El niño Samuel oficiaba ante
el Señor con Eli. La palabra del
Señor era rara en aquel tiempo y
no abundaban las visiones.
2
Un
día Eli estaba acostado en su ha-
bitación. Sus ojos empezaban a
apagarse y no podía ver.
3
Aún no
se había apagado la lámpara de
Dios, y Samuel estaba acostado
en el santuario del Señor, donde
estaba el
4
arca de Dios. El Señor
llamó:
-¡Samuel, Samuel!
Y éste respondió:
-¡Aquí estoy!
5
Fue corriendo adonde estaba
Eli, y le dijo:
-Aquí estoy; vengo porque me
has llamado.
Eli respondió:
-No te he llamado, vuelve a
acostarte.
6
Samuel fue a acostarse, y el
Señor lo llamó otra vez. Samuel
se levantó, fue a donde estaba
Eli, y le dijo.
-Aquí estoy; vengo porque me
has llamado.
Eli respondió:
-No te he llamado, hijo; vuel-
ve a acostarte.
7
(Samuel no conocía todavía
al Señor; aún no se le había reve-
2,30 La expresión hebrea es casi un jura-
mento, califica de execrable lo que se recha-
za; y tiene fuerza especial atribuido a Dios,
Gn 18,25.
2,33 Véanse las maldiciones de Lv 26,16
y Dt 28,65. Los posesivos son dudosos: el
hebreo dice "tus ojos, te irás acabando".
2.35 El lenguaje es semejante al de la
promesa davídica (2 Sm 7); véase también 1
Re 11,38 (Salomón). Aquí está formulada, en
la ficción de la profecía, la vinculación de la
familia sacerdotal a la dinastía de David.
2.36 Es curioso que el verbo hebreo
(muy raro) de dar colocación, asociar, tenga
aquí las mismas consonantes en otro orden
que el nombre de Fineés.
Los cinco incisos (incluido 3,1) que ha-
blan de Samuel lo presentan en presencia o
compañía del Señor.
3 Aunque el capítulo cuenta la vocación
profética de Samuel, su protagonista es la
palabra de Dios. Aparece negativamente en
el v. 1, otra vez en relación con Samuel en el
v. 7 "aún no"; al final del capítulo ha penetra-
do plenamente en la historia. Samuel será su
mediador: la misma palabra se crea este ins-
trumento humano con su llamada. La triple
voz nocturna, además de ser un recurso na-
rrativo popular, ilumina un contraste: hasta
ahora Samuel ha estado a las órdenes de Eli,
ha escuchado su voz; en adelante escuchará
la voz del Señor, para cumplir y transmitir sus
órdenes.
3,1 Visión y palabra pueden ser dos for-
mas o dos componentes del saber profético:
Am 7; Jr 1; etc. El profeta, hombre de la pala-
bra, se llamaba en otro tiempo "vidente".
3,2-3 No pudiendo encargarse de la vigi-
lancia, el viejo Eli duerme en uno de los ane-
jos, el joven Samuel duerme en el recinto pro-
piamente dicho (tienda o edificio). El candela-
bro de que habla Ex 25,31 -40; 27,21, era quizá
desarrollo de una institución más antigua.
3,4 Esta primera llamada equivale a una
vocación, como Ex 3,4, aunque no incluya to-
dos los elementos de una vocación profética.
3,7 Samuel todavía no tiene trato perso-
nal, familiar, con el Señor, como lo tienen los
profetas (Am 3); la palabra no se le ha revé-
529 1 SAMUEL
4,1
lado la palabra del Señor).
8
E1 Señor volvió a llamar por
tercera vez. Samuel se levantó y
fue a donde estaba Eli, y le dijo:
-Aquí estoy; vengo porque me
has llamado.
Eli comprendió entonces que
era el Señor quien llamaba al
niño,
9
y le dijo:
-Anda, acuéstate. Y si te lla-
ma alguien, dices: «Habla, Se-
ñor, que tu siervo escucha».
l0
Samuel fue y se acostó en su
sitio. El Señor se presentó y lo
llamó como antes:
-¡Samuel, Samuel!
Samuel respondió:
-Habla, que tu siervo escucha.
1
'Y el Señor le dijo:
-Mira, voy a hacer una cosa en
Israel, que a los que la oigan les
retumbarán los oídos.
l2
Aquel día
ejecutaré contra Eli y su familia
todo lo que he anunciado sin que
falte nada.
l3
Comunícale que con-
deno a su familia definitivamente,
porque él sabía que sus hijos mal-
decían a Dios y no les reprendió.
l4
Por eso juro a la familia de Eli
que jamás se expiará su pecado, ni
con sacrificios ni con ofrendas.
l5
Samuel siguió acostado hasta
la mañana siguiente, y entonces
abrió las puertas del santuario.
l6
No se atrevía a contarle a Eli la
visión, pero Eli lo llamó:
-Samuel, hijo.
Respondió:
-Aquí estoy.
l7
Elí le preguntó:
-¿Qué es lo que te ha dicho?
No me lo ocultes. Que el Señor
te castigue si me ocultas una
palabra de todo lo que te ha
dicho.
18
Entonces Samuel le contó
todo, sin ocultarle nada. Eli
comentó:
-¡Es el Señor! Que haga lo
que le parezca bien.
19
Samuel crecía, y el Señor es-
taba con él; ninguna de sus pala-
bras dejó de cumplirse,
20
y todo
Israel, desde Dan hasta Berseba,
supo que Samuel era profeta
acreditado ante el Señor.
2I
E1 Se-
ñor siguió manifestándose en
Silo, donde se había revelado a
Samuel.
4 'La palabra de Samuel se es-
cuchaba en todo Israel.
lado o manifestado personalmente, porque
hace falta una actualización con la fuerza del
Espíritu para que el hombre capte esa pala-
bra en su carácter único de palabra de Dios.
3.10 El presentarse el Señor sería una
visión (Job 4,16: visión de Elifaz): v. 15.
3.11 Con la vocación coincide el primer
oráculo, o bien éste da ocasión a la llamada.
Es una sentencia pronunciada contra Eli por
el pecado de sus hijos y por su negligencia o
tolerancia. El castigo será terrible escarmien-
to para cuantos se enteren, se extenderá a
toda la familia y sucesión, será inevitable.
Como ha precedido la síntesis de 2,27-36, el
oráculo presente no contiene datos concre-
tos: es posible que él autor del libro haya sus-
traído datos al oráculo de Samuel para com-
poner su oráculo; resumen puesto en boca
de un profeta anónimo.
3,14 Los sacrificios tienen valor expiato-
rio cuando el Señor los acepta; es decir, su
validez consiste en la aceptación divina. Los
mismos culpables han atentado contra la ins-
titución sacrificial. Sobre la fórmula véase Is
22,14; 27,9.
3,16-18 La llamada de Eli es como un
eco de la llamada del Señor: como en ésta
dominaba el verbo llamar, aquí domina la raíz
hablar-palabra; desde aquí su dominio se
difunde a todo el capítulo. Así el llamar y
hablar del Señor forman la sustancia narrati-
va de este pasaje: llamada que produce res-
puesta, y palabra que se cumplirá.
3,19-21 Al final el oficio profético de Sa-
muel está afirmado: el Señor está con él (Jr
1), sus palabras son del Señor (también en
hebreo es ambiguo el posesivo sus), el pue-
blo lo reconoce como tal. Israel está descrito
según los límites del reino unido bajo David.
Los versos resumen globalmente toda
una etapa, pues por cierto tiempo Samuel de-
saparece del escenario en el que va a actuar
su palabra profética.
3.20 Jue 20,1.
3.21 La revelación del Señor hace eco al
v. 7, convirtiendo el hecho en línea divisoria:
antes no, ahora sí. Al final del verso añaden
algunas traducciones antiguas: "Eli estaba
muy viejo y sus hijos seguían empeorando su
conducta ante el Señor."
En estos tres primeros capítulos la pre-
sencia del Señor es envolvente, casi absor-
bente; en adelante tomarán cuerpo los acon-
tecimientos humanos.
4,1a Esta frase cierra el capítulo prece-
dente con una visión unificada: Samuel es
ahora un guía de todo Israel, quizá desde el
santuario central, como en otro tiempo Dé-
bora bajo su encina (Jue 4).
4,2
1 SAMUEL 530
Victoria filistea
Por entonces se reunieron los
filisteos para atacar a Israel. Los
israelitas salieron a enfrentarse
con ellos y acamparon junto a
Ebenezer*, mientras que los fi-
listeos acampaban en Afee*.
2
Los filisteos formaron en orden
de batalla frente a Israel. Enta-
blada la lucha, Israel fue derrota-
do por los filisteos; de sus filas
murieron en el campo unos cua-
tro mil hombres.
3
La tropa vol-
vió al campamento, y los conce-
jales de Israel deliberaron:
-¿Por qué el Señor nos ha he-
cho sufrir hoy una derrota a ma-
nos de los filisteos? Vamos a
Silo, a traer el arca de la alianza
del Señor, para que esté entre
nosotros y nos salve del poder
enemigo.
4
Mandaron gente a Silo, a por
el arca de la alianza del Señor de
los ejércitos, entronizado sobre
querubines. Los dos hijos de Eli,
Jofní y Fineés, fueron con el arca
de la alianza de Dios.
5
Cuando el
arca de la alianza del Señor llegó
al campamento, todo Israel lanzó
a pleno pulmón el alarido de
guerra, y la tierra retembló.
6
A1
oír los filisteos el estruendo del
alarido, se preguntaron:
-¿Qué significa ese alarido
Protagonista de este capítulo es el arca,
y seguirá con el mismo papel hasta el final
del capítulo 6. Es otro modo de presencia del
Señor, digamos, algo más institucional; aun-
que sin imagen, se puede localizar. Parece
entrar en contraste narrativo con la palabra,
que irrumpe imprevisible; como si la palabra
empujase el arca, la expulsase del territorio
para ocupar ella el centro. Es un drama enig-
mático y significativo: abolida temporalmente
una presencia, el Señor se crea otra más
inmaterial, más penetrante.
Con doce menciones, el arca es el centro
de todo: la primera derrota trae su recuerdo y
la hace venir al campamento, ella es el mejor
botín, la noticia de su captura es el golpe de
gracia para Eli y golpe mortal para su nuera.
Los filisteos están bien establecidos en
dos puertos -desde ellos en el mar-, en la
plana costera y han trepado un poco por la
Sefela. Ahora aspiran a extender su dominio
por Palestina, penetrando hacia nordeste;
quizá cuentan con un punto de apoyo en
Beisán, junto al Jordán. Como son militar-
mente superiores, deciden exponerse en una
batalla importante, antes que sus vecinos is-
raelitas se hagan demasiado numerosos y
fuertes. Son las dos fuerzas jóvenes en el
territorio. Para Israel la migración forzada de
los danitas es un aviso.
4,1 Los filisteos suben hacia la llanura de
Sarón y desde allí por el curso del Río Verde
(Yarqon) a una localidad bien defendida; los
israelitas se reúnen a cierta distancia. Al pa-
recer los filisteos toman la iniciativa, y la pri-
mera derrota es parcial. El autor cuenta sim-
plemente sin explicar las causas: se podría
ligar la desgracia con el delito de los sacer-
dotes, aunque el texto no lo dice explícita-
mente. * = Piedrayuda; El Cerco.
4.3 Los israelitas pueden replegarse y
reorganizarse en su campamento, regido por
un consejo de ancianos - no se mencionan
mandos militares-. Los ancianos consideran
al Señor como causante de la derrota, quizá
por su ausencia (cfr. Sal 60,12), por eso ha-
cen venir el arca, que es paladión de los isra-
elitas. Por el arca la divinidad guerrera está
presente entre la tropa y actúa, salvando o
dando la victoria. Silo se encontraba a poca
distancia; es fácil que media jornada bastase
para transportar el arca. Era un objeto bas-
tante pesado y se transportaba con barras
(Ex 37,1-5).
4.4 El arca aparece con sus títulos: de la
Alianza, porque contenía el documento del
tratado; del Señor de los Ejércitos, que es el
título cósmico y guerrero de su Dios, sus
ejércitos son los astros y su pueblo; los que-
rubines son dos animales alados que susten-
tan un trono real o imaginario. Esta acumula-
ción podría ser posterior. Los dos sacerdotes
custodian el arca y se espera que serán pro-
tegidos por ella. Ex 37,1-5.
4.5 La llegada del arca es saludada con
el "alarido", grito ritual, bélico y litúrgico.
Práctica militar antigua (alalazo de los grie-
gos, ululatus de los romanos, alarido de los
musulmanes), con la que los guerreros se ex-
citan a sí mismos y aterrorizan al enemigo.
Por su carácter sacro ha de producir como
una descarga de valentía religiosa en sus fie-
les, y un terror pánico, irresistible en el ene-
migo. El temblor de la tierra describe la reso-
nancia del grito, pero puede insinuar además
una reacción a la teofanía. Jos 6,5.20.
4,6-9 La reacción de los filisteos va pro-
gresando: primero sorpresa, después temor,
después ánimo. La referencia a la victoria so-
bre los egipcios puede ser simplemente un
531 1 SAMUEL 4,20
que retumba en el campamento
hebreo?
Entonces se enteraron de que
el arca del Señor había llegado al
campamento,
7
y muertos de mie-
do decían:
-¡Ha llegado su Dios al cam-
pamento! ¡Ay de nosotros! Es la
primera vez que nos pasa esto.
s
¡Ay de nosotros! ¿Quién nos li-
brará de la mano de esos dioses
poderosos, los dioses que hirie-
ron a Egipto con toda clase de
calamidades y epidemias? '¡Va-
lor, filisteos! ¡Sed hombres y no
seréis esclavos de los hebreos,
como lo han sido ellos de noso-
tros! ¡Sed hombres y al ataque!
l0
Los filisteos se lanzaron a la
lucha y derrotaron a los israeli-
tas, que huyeron a la desbanda-
da. Fue una derrota tremenda:
cayeron treinta mil de la infante-
ría israelita. ' 'El arca de Dios fue
capturada y los dos hijos de Eli,
Jofní y Fineés, murieron.
Muerte de Eli
l2
Un benjaminita salió co-
rriendo de las filas y llegó a Silo
aquel mismo día, con la ropa
hecha jirones y polvo en la cabe-
za.
l3
Cuando llegó, allí estaba Eli,
sentado en su silla, junto a la puer-
ta, oteando con ansia el camino,
porque temblaba por el arca de
Dios. Aquel hombre entró por el
pueblo dando la noticia, y toda la
población se puso a gritar.
i4
Elí
oyó el griterío y preguntó:
-¿Qué alboroto es ése?
15
Mientras tanto, el hombre
corría a dar la noticia a Eli. Eli
había cumplido noventa y ocho
años; tenía los ojos inmóviles, sin
poder ver.
16
E1 fugitivo le dijo:
-Soy el hombre que ha llega-
do del frente.
Eli preguntó:
-¿Qué ha ocurrido hijo?
17
E1 mensajero respondió:
-Israel ha huido ante los filis-
teos, ha sido una gran derrota pa-
ra nuestro ejército; tus dos hijos,
Jofní y Fineés, han muerto, y el
arca de Dios ha sido capturada.
l8
En cuanto mentó el arca de
Dios, Eli cayó de la silla hacia
atrás, junto a la puerta; se rom-
pió la base del cráneo y murió.
Era ya viejo y estaba torpe.
Había sido juez en Israel cuaren-
ta años.
19
Su nuera, la mujer de Fineés,
estaba encinta y próxima a dar a
luz. Cuando oyó la noticia de
que habían capturado el arca y
que habían muerto su suegro y
su marido, le sobrevinieron los
dolores, se encorvó y dio a luz.
20
Estando para morir, las muje-
recurso del narrador para introducir el recuer-
do de la gran liberación nacional, precisa-
mente en boca de paganos, como en Jos
2.10 (Rajab). "Hebreos" es el nombre que
dan a los israelitas los extranjeros (por ejem-
plo: Ex 1,16), y es quizá despectivo. En esta
batalla está en juego el dominio, ser señores
o vasallos.
4.10 Los gritos y discursos han durado
narrativamente más que la batalla, la derrota,
la fuga, la captura del arca, las muertes. El
israelita no sabe describir una batalla, y com-
pensa su incapacidad con la rapidez del ritmo
de los verbos
4.11 La derrota es desconcertante: el
Dios que salvó de Egipto, ¿no puede salvar
ahora?; el que salvó a otros, ¿no puede sal-
varse ahora, presente en el arca?
4,12-18 El acierto de esta minúscula es-
cena reside en la alternancia de acción verbal
y descripción sustantiva. Se puede comparar
con 2 Sm 1 (muerte de Saúl), 2 Sm 18 (muer-
te de Absalón).
4.12 Gestos rituales de duelo. 2 Sm 1,2.
4.13 Desde la puerta del santuario el an-
ciano espía los ruidos del camino que pasa
delante del recinto total del templo.
4,18 La frase final lo coloca en la serie de
los jueces, juntando este cargo al de sumo
sacerdote. No es imposible ni improbable
que desde el santuario central se administra-
se justicia para toda la confederación; por
otra parte, la noticia es estereotipada y pare-
ce adición posterior, en vistas a la actividad
de Samuel.
4,19-22 El nieto mayor, heredero de la fa-
milia, llevará un nombre fatídico: durante toda
su vida recordará la tragedia del arca. La gloria
del Señor, su presencia invisible y activa, pro-
tectora y exigente, puede abandonar al pueblo.
No se puede controlar mecánicamente, no se
puede manipular la presencia del Señor.
Para los lectores que supieron del destie-
rro, el episodio y el nombre suenan como pre-
sentimiento simbólico, como sombra de la tre-
menda tragedia que ellos vivieron. El profeta
Ezequiel contemplará en una visión el deste-
rrarse voluntario de la Gloria poco antes de la
catástrofe final (Ez 10). Otros pueblos -por
ejemplo, Babilonia respecto a los elamitas-
lamentarán el robo de una estatua, de una
imagen; un israelita llora por la Gloria. Pero la
Gloria está todavía ligada a un objeto.
4,20 Gn 35,17.
4,21
1 SAMUEL 532
res que la atendían la animaban:
-No tengas miedo, que has
dado a luz un niño.
2l
Pero ella no respondió ni
cayó en la cuenta. Al niño lo lla-
maron Icabod*, diciendo:
-Está desterrada la gloria de
Israel (aludían a la captura del
arca y a la muerte de su suegro y
su marido).
22
Y repetían:
-Está desterrada la gloria de
Israel, porque han capturado el
arca de Dios.
El arca, en el templo
de Dagón
5 'Mientras tanto, los filisteos
capturaron el arca de Dios, y la
llevaron desde Ebenezer* a As-
dod.
2
Agarraron el arca de Dios,
la metieron en el templo de Dagón
y la colocaron junto a Dagón.
3
A
la mañana siguiente se levantaron
los asdodeos y encontraron a
Dagón caído de bruces delante del
arca del Señor, lo recogieron y lo
colocaron en su sitio.
4
A la maña-
na siguiente se levantaron y en-
contraron a Dagón caído de bru-
ces ante el arca del Señor, con la
cabeza y las manos cortadas enci-
ma del umbral; sólo le quedaba el
tronco.
5
(Por eso se conserva has-
ta hoy esta costumbre en Asdod:
los sacerdotes y los que entran en
el templo de Dagón no pisan el
umbral).
4,21 * = Singloria.
5 El Arca del Señor entra en territorio
enemigo: al parecer, vencida, conquistada;
en realidad, aceptando un desafío a nivel de
dioses. Y no sólo entra en territorio extranje-
ro, sino que penetra en el santuario de la divi-
nidad rival. Penetra no vencedora, sino en
ademán de cautiva. Irónicamente, los filis-
teos introducen a su enemigo.
La lucha con otros dioses, ya planteada
en Egipto y en Moab (episodio de Balaán),
continuará en la tierra prometida, se consu-
mará en territorio extranjero, en Babilonia (co-
mo canta Is 46 y todo Isaías II). El salmo 82
canta el destronamiento de los otros dioses
por mano del Señor. Para Israel a la larga
resulta más difícil resistir a la tentación de los
dioses ajenos que a la agresión de los enemi-
gos invasores; también a éstos los deja el
Señor entrar en la tierra prometida, para derro-
tarlos "en sus montes". Ambas victorias son
necesarias para la salvación de Israel.
De esta manera, el duelo Dagón-Yhwh es
preludio y símbolo de una hostilidad duradera
y de una victoria decisiva. El Señor no admite
otros dioses frente a sí (Ex 20,3; Dt 5,7: primer
mandamiento del decálogo), ahora le toca
estar junto a Dagón, en posición secundaria.
No se sabe cómo, en el silencio de la noche
(como junto al Mar Rojo, Ex 14), sucede el pri-
mer encuentro y la primera victoria; a la
segunda noche sucede la victoria decisiva. Es
irónico que los devotos tengan que levantar y
colocar a su dios caído ('lienen pies y no
andan", Sal 115,7), y es significativo que el
dios pierda manos o brazos demostrando su
impotencia. La cabeza cortada significa la
muerte: "Aunque seáis dioses, moriréis como
uno de tantos" (Sal 82). Una vez que ha termi-
nado con el dios, el Arca comienza a ejecutar
su sentencia contra los filisteos: en una pere-
grinación movida por los mismos enemigos; la
epidemia (quizá de peste bubónica) se va
extendiendo por la Pentápolis; de la cual el
autor menciona sólo tres ciudades, según
conocido esquema narrativo. Sigue la ironía:
los mismos enemigos van transportando el
Arca fatídica, colaborando en la ejecución de
la propia sentencia. La epidemia revela la pre-
sencia numinosa del Señor, que produce
terror pánico entre los filisteos; un modo de
reconocimiento ofrecido al poderoso Dios de
Israel. ¡Y pensar que ese dios parecía tan
débil en el campo de batalla!
El esquema narrativo es semejante a la
captura de Sansón, el enemigo traído al pro-
pio territorio, a la fiesta del dios, y que cau-
sará la ruina de los filisteos.
5.1 Para oídos hebreos Asdod suena
bastante a devastación (verbo sdd): el Arca
se desplaza desde Ayuda a Devastación.
* = Piedrayuda.
5.2 Dagón parece ser una divinidad se-
mítica del grano, adoptada por los filisteos al
establecerse en territorio cananeo. Los mo-
vimientos del Arca son muy regulares.
5.3 Is46,1s.
5.4 El esquema narrativo normal pide
dos tiempos semejantes y un tercer tiempo
decisivo. El autor se salta el segundo tiempo,
quizá respondiendo a los dos tiempos de la
victoria filistea con la captura del Arca a la
segunda. Es notable la sonoridad con que se
describe al dios caído ('aron-dagon, npl-lpn).
5.5 Puede ser rito apotropaico, para evi-
tar los espíritus que vigilan allí, o puede ser
533
1 SAMUEL 6,3
El arca, en territorio filisteo
6
La mano del Señor descargó
sobre los asdodeos, aterrorizándo-
los, e hirió con diviesos a la gente
de Asdod y su término.
7
A1 ver lo
que sucedía, los asdodeos dijeron:
-No debe quedarse entre noso-
tros el arca del Dios de Israel,
porque su mano es dura con noso-
tros y con nuestro dios Dagón.
8
Entonces mandaron convocar
en Asdod a los príncipes filisteos
y les consultaron:
-¿Qué hacemos con el arca
del Dios de Israel?
Respondieron:
-Que se traslade a Gat.
9
Llevaron a Gat el arca del
Dios de Israel; pero nada más
llegar, descargó el Señor la ma-
no sobre el pueblo, causando un
pánico terrible, porque hirió con
diviesos a toda la población, a
chicos y grandes.
10
Entonces trasladaron el arca
de Dios a Ecrón; pero cuando lle-
gó allí, protestaron los ecronitas:
¡Nos han traído el arca de Dios
para que nos mate a nosotros y a
nuestras familias!
"Entonces mandaron convo-
car a los príncipes filisteos, y les
dijeron:
-Devolved a su sitio el arca
del Dios de Israel; si no, nos va a
matar a nosotros con nuestras
familias.
Todo el pueblo tenía un pánico
mortal, porque la mano de Dios
había descargado allí con toda su
fuerza.
I2
A los que no morían,
les salían diviesos. Y el clamor
del pueblo subía hasta el cielo.
6 'El arca del Señor estuvo en
país filisteo siete meses.
Devolución del arca
2
Los filisteos llamaron a los
sacerdotes y adivinos y les con-
sultaron:
-¿Qué hacemos con el arca
del Señor? Indicadnos cómo la
podemos mandar a su sitio.
Respondieron:
-Si queréis devolver el arca
del Dios de Israel, no la mandéis
rito de paso del mundo profano al sacro, re-
presentado en un salto. El autor liga la prác-
tica conocida con la historia del Arca.
5,6 Empieza la peregrinación, y el Arca
sigue cambiando de título, a lo largo del epi-
sodio (hasta 6,1 incluido): cuando es trasla-
dada por los filisteos, se llama "el Arca de
Dios", los filisteos la llaman "el Arca del Dios
de Israel", el narrador la llama "Arca del
Señor". La "mano del Señor" que hiere triun-
fa de las manos cortadas de Dagón.
5,9 Ex 9,8-12.
6,1-18 Una vez que ha fracasado el dios
Dagón, los sacerdotes y adivinos tendrán
que salvarlo a él y a sus devotos. La delibe-
ración se desarrolla en un estilo de calcula-
das condicionales. Desde luego hay que sol-
tar o enviar el Arca; además hay que apurar
el sentido de los hechos.
La vuelta del Arca, lo recuerdan expresa-
mente los sacerdotes, se parece a la salida
de los hebreos de Egipto: los filisteos retie-
nen injustamente el Arca, el Señor los hiere
con una plaga, los filisteos se endurecen y,
en vez de soltarla, la van paseando por el
territorio, la plaga recorre el territorio, los filis-
teos deciden soltar el Arca cautiva. Hay va-
rios contactos de vocabulario entre las dos
narraciones.
El sentido de los hechos se aclarará en
una especie de juicio de Dios: el primer signo
será la curación, que probará el poder del
Señor sobre la salud y la enfermedad; el se-
gundo signo será la reacción de las vacas,
que probará el poder del Señor sobre el reino
animal. La alternativa de la mano del Señor
es un accidente casual.
La devolución del Arca va acompañada
de un don expiatorio, o compensación ritual,
el cual a su vez expresa el acto interno de
reconocer la gloria del Señor y el propio pe-
cado. El Arca vuelve a entrar en territorio
israelita en una especie de procesión, con
filisteos por asistentes; la procesión concluye
en un sacrificio litúrgico un poco improvisado,
en el que los filisteos hacen el gasto de vícti-
mas y leña, mientras que una gran piedra se
ofrece como altar intacto. Este sacrificio, que
presencian de lejos los filisteos, será la ex-
piación realizada.
El estilo narrativo se mantiene al mismo
nivel de acierto con nuevos elementos de
variedad: el estudio del caso, las instruccio-
nes minuciosas de los sacerdotes, por un
lado; por otro, la descripción de las vacas (su
mugido llena el silencio del camino), el paso
suave de los filisteos a los israelitas, la retira-
da silenciosa de los primeros; y en toda la
narración, un tono irónico que se hace más
explícito en algún momento.
6,3 Sobre la "indemnización" como sacri-
ficio "penitencial", véase Lv 5; 7 y 14. Se trata
de exvotos al revés, se entregan antes de la
6,4
1 SAMUEL
534
vacía, sino pagando una indem-
nización. Entonces si os curáis,
sabremos por qué su mano no
nos dejaba en paz.
4
Les preguntaron:
-¿Qué indemnización tene-
mos que pagarles?
Respondieron:
-Cinco diviesos de oro y cinco
ratas de oro, uno por cada prínci-
pe filisteo, porque la misma pla-
ga la habéis sufrido vosotros y
ellos.
5
Haced unas imágenes de
los diviesos y de las ratas que
han asolado el país, y así recono-
ceréis la gloria del Dios de
Israel. A ver si el peso de su ma-
no se aparta de vosotros, de
vuestro país y de vuestro dios.
6
No os pongáis tercos, como hi-
cieron los egipcios y el Faraón, y
ese Dios los maltrató hasta que
dejaron marchar a Israel.
7
Ahora
haced un carro nuevo, tomad dos
vacas que estén criando y nunca
hayan llevado el yugo y uncidlas
al carro, dejando los terneros
encerrados en el establo.
8
Des-
pués tomad el arca del Señor y
colocadla en el carro; poned en
una cesta junto al arca los obje-
tos de oro que le pagáis como
indemnización, y soltad el carro.
9
Observadlo bien: si tira hacia su
territorio y sube a Bet Semes*,
es que ese Dios nos ha causado
esta terrible calamidad; en caso
contrario, sabremos que no nos
ha herido su mano, sino que ha
sido un accidente.
l0
Así lo hicieron. Agarraron
dos vacas que estaban criando y
las uncieron al carro, dejando los
terneros encerrados en el esta-
blo; "colocaron en el carro el
arca del Señor y la cesta con las
ratas de oro y las imágenes de
los diviesos.
l2
Las vacas tiraron
derechas hacia el camino de Bet
Semes; caminaban mugiendo,
siempre por el mismo camino,
sin desviarse a derecha o izquier-
da. Los príncipes filisteos fueron
detrás, hasta el término de Bet
Semes.
La gente de este pueblo estaba
segando el trigo en el valle;
l3
al-
zaron los ojos, y al ver el arca, se
alegraron.
I4
E1 carro entró en el
campo de Josué, el de Bet Se-
mes, y se paró allí. Al lado había
una gran piedra. Entonces la
gente hizo leña del carro y ofre-
ció las vacas en holocausto al
Señor. "5(Los levitas habían des-
cargado el arca del Señor y la
cesta con los objetos de oro y los
habían depositado sobre la pie-
dra grande. Aquel día los de Bet
Semes ofrecieron holocaustos y
sacrificios de comunión al Se-
ñor).
16
Los cinco príncipes filis-
teos estuvieron observando, y el
mismo día se volvieron a Ecrón.
17
Lista de los diviesos de oro
que los filisteos pagaron como
indemnización al Señor: uno por
Asdod, uno por Gaza, uno por
Ascalón, uno por Gat, uno por
Ecrón.
18
Las ratas de oro eran
por las ciudades de la Pentápolis
íilistea, incluyendo plazas forti-
ficadas y aldeas desguarnecidas.
Y la piedra grande donde deposi-
taron el arca del Señor se puede
ver hoy en el campo de Josué, el
de Bet Semes.
19
Los hijos de Jeconías, aunque
vieron el arca, no hicieron fiesta
con los demás, y el Señor castigó
curación, recordando la enfermedad y sus
propagadores. Lv 5.
6.5 El narrador juega con la oposición
kbd-qll, ser pesado y ser ligero, y con el doble
sentido de kbd: "ser pesado" y "gloria" El
tema de la "mano pesada" ya sonaba en 5,
6.11; el verbo se repite en el verso siguiente
(ponerse terco = poner pesado el corazón).
En el castigo han quedado unidos pueblo,
tierra y dioses, y la triple rima lo subraya
sonoramente. Jos 7,19.
6.6 Ex 7,13; 8,19.
6.7 Es importante que todo sea nuevo,
limpio de posible contaminación. El verso se
distingue por la acumulación del sonido ayn.
6,9 Normalmente hay que esperar a que
las vacas vuelvan hacia el establo donde
están los terneros. Al dios extranjero tocará
arrastrarlas hacia sí, si quiere hacerse con
los dones; de lo contrario, todo volverá a
poder de los filisteos. Como se ve, el juicio de
Dios es casi un desafío. * = Casalsol.
6,12 La localidad de Bet Semes (Casal-
sol) aparece como zona fronteriza, y se en-
cuentra a unos 35 kilómetros de la costa, de-
fendiendo un importante acceso hacia el inte-
rior. Esto significa una expansión filistea en
territorio israelita, sin duda como consecuen-
cia de su victoria reciente.
6.14 1 Re 19- 21; 2 Sm 24,22.
6.15 Este verso parece adición que pre-
tende aclarar la forma de la ceremonia, según
usos posteriores: la dirigen los levitas, se ofre-
cen holocaustos y sacrificios de comunión.
6,19 Comienza la primera etapa del Arca
en tierra israelita, primera etapa de una pere-
grinación que durará muchos años y culmi-
nará con su entrada en un templo propio en
Jerusalén.
El texto hebreo de este verso es muy
dudoso: sea porque no hicieron fiesta, sea
por fisgar dentro, el arca despliega su poder
numinoso entre los vecinos (a lo mejor los
alcanza la epidemia).
535 1 SAMUEL 7,10
a setenta hombres.
20
E1 pueblo
hizo duelo, porque el Señor los
había herido con gran castigo, y
los de Bet Semes decían:
-¿Quién podrá resistir al Se-
ñor, a ese Dios santo? ¿Adonde
podemos enviar el arca para des-
hacernos de ella?
21
Y mandaron este recado a
Quiriat Yearim*:
-Los filisteos han devuelto el
arca del Señor. Bajad a reco-
gerla.
7 'Los de Quiriat Yearim fueron,
recogieron el arca y la llevaron a
Guibeá* a casa de Abinadab, y
consagraron a su hijo Eleazar pa-
ra que guardase el arca.
2
Desde el día en que instalaron
el arca en Quiriat Yearim pasó
mucho tiempo, veinte años.
3
To-
do Israel añoraba al Señor. Sa-
muel dijo a los israelitas:
-Si os convertís al Señor de
todo corazón, quitad de en me-
dio los dioses extranjeros, Baal y
Astarté, permaneced constantes
con el Señor, sirviéndole sólo a
él, y él os librará del poder fi-
listeo.
4
Entonces los israelitas retira-
ron las imágenes de Baal y As-
tarté y sirvieron sólo al Señor.
5
Samuel ordenó:
-Reunid a todo Israel en Mis-
pá*, y rezaré por vosotros al
Señor.
6
Se reunieron en Mispá, saca-
ron agua y la derramaron ante el
Señor; ayunaron aquel día y dije-
ron:
-Hemos pecado contra el
Señor.
Samuel juzgó a los israelitas
en Mispá.
7
Los filisteos se enteraron de
que los israelitas se habían reuni-
do en Mispá, y los príncipes fi-
listeos subieron contra Israel. Al
saberlo, a los israelitas les entró
miedo,
8
y dijeron a Samuel:
-No calles, grita por nosotros
al Señor, nuestro Dios, para que
nos salve del poder filisteo.
9
Samuel agarró un cordero
lechal y lo ofreció al Señor en
holocausto; gritó al Señor en fa-
vor de Israel, y el Señor le escu-
chó.
l0
Mientras Samuel ofrecía
el holocausto, los filisteos se
acercaron para dar la batalla a
Israel; pero el Señor mandó
aquel día una gran tronada con-
6.20 Los vecinos, parecen imitar a los
filisteos en deshacerse del arca. Sal 76,8.
6.21 Villasotos (Quiriat Yearim) se en-
cuentra a unos veinte kilómetros de distancia
hacia el este. ¿Por qué no escogen uno de
los sitios tradicionales, Guilgal o Betel o Silo?
Puede ser que no lo permitieran los filisteos.
Véase Sal 132. * = Villasotos.
7 Este capítulo suena como un sumario
genérico, que sirve para colocar a Samuel en
¡a serie de los jueces y para preparar el adve-
nimiento de la monarquía. Los motivos típi-
cos del libro de los Jueces vuelven a sonar
reunidos, con algunos detalles nuevos. Lee-
mos una liturgia penitencial, una batalla vic-
toriosa, una noticia sobre la judicatura.
Samuel había desaparecido en los capí-
tulos precedentes y ha estado en silencio
veinte años. Su última actuación había sido
el oráculo comunicado a Eli, que incluía la
próxima derrota. De repente reaparece y es
para volver a hablar; su palabra introduce
una nueva etapa. Antes y después de la ba-
talla recibe su título o actividad de juez. Juez
salvador por su intercesión.
7,1 * = Loma.
7,2-6 Liturgia penitencial: puede compa-
rarse con Jue 2,1-5; 6,7-10; 10,10-16 (espe-
cialmente el último texto). Contiene algunos
elementos típicos: lenguaje de sabor deute-
ronómico, el retirar los ídolos (Jos 24,23; Jue
10,16), el ayuno, la confesión del pecado.
Son elementos nuevos el término de la la-
mentación inicial y el rito del agua.
Este rito parece tener valor de libación y
ofrenda a la divinidad: el agua es don precio-
so en aquellos climas, y si se saca de un po-
zo (como puede sugerir el verbo usado), se
podría pensar en un pozo sagrado.
7,5 * = Atalaya. 1 Sm 12,19.23.
7,7-9 El primer detalle es individual: si los
filisteos tienen sometidos a los israelitas, es
natural que sospechen de una concentración
israelítica. La acción de Samuel es clamar,
como en los salmos de lamentación pública,
interceder, función más bien profética, y sa-
crificar, función sacerdotal. Esto indica el
deseo de sintetizar varios aspectos en la figu-
ra de Samuel y la falta de diferenciación rigu-
rosa en las funciones.
7,10-11 Batalla - si se puede llamar así -
y victoria parecen hechas de reminiscencias:
por ejemplo, del paso del Mar Rojo. El acer-
carse del enemigo, el temor del pueblo, la
acción teofánica. El trueno es arma cósmica
del Señor, que infunde terror numinoso al
enemigo (Sal 18,14; 29,3). Históricamente se
puede pensar en una victoria local y limitada,
que el autor convierte en caso típico y decisi-
7,11 1 SAMUEL
53o
tra los filisteos y los desbarató;
Israel los derrotó.' 'Los israelitas
salieron de Mispá persiguiendo a
los filisteos, y los fueron destro-
zando hasta más abajo de Bet-
Car*.
l2
Samuel cogió una piedra
y la plantó entre Mispá y Sen*, y
la llamó Ebenezer*, explicando:
-Hasta aquí nos ayudó el
Señor.
13
Los filisteos tuvieron que so-
meterse, y no volvieron a invadir
el territorio israelita. Mientras vi-
vió Samuel, la mano del Señor
pesó sobre ellos.
l4
Israel recon-
quistó las ciudades que habían
ocupado los filisteos; así, volvie-
ron al poder de Israel desde Ecrón
a Gat y su territorio. Y hubo paz
entre Israel y los amorreos.
,5
Samuel fue juez de Israel
hasta su muerte.
l6
Todos los
años visitaba Betel, Guilgal y
Mispá, y allí gobernaba a Israel.
17
Luego volvía a Rama, donde
tenía su casa y solía ejercer sus
funciones. Allí levantó un altar
al Señor.
Los israelitas piden un rey.
La monarquía
8 'Cuando Samuel llegó a viejo,
nombró a sus hijos jueces de
Israel.
2
E1 hijo mayor se llamaba
Joel y el segundo Abías; ejercían
vo; una victoria más parecida a las de Ehud
o Gedeón que a la de Barac.
7.11 * = Casalcordero.
7.12 Otros testimonios antiguos han
leído La Antigua en vez de Muela (yeshana-
shen). De Eben Ezer (Piedrayuda) ya habló
en 4, 1. * = Muela; Piedrayuda.
7,13-14 Esta generalización no corres-
ponde a ningún hecho o situación de la vida
de Samuel. A lo más puede ser un modo hi-
perbólico para hablar de una tregua que, por
cierto tiempo, dejó tranquilos a los israelitas.
La vida de Samuel entra así en el esquema
que antecede la serie de jueces (Jue 2,18).
Más comprensible es la última noticia, sea
que tomemos "amorreo" en sentido estricto,
como habitantes de TransJordania, o en sen-
tido lato, incluyendo a los cananeos de
Cisjordania.
7,16 Las localidades se encuentran en
un área bastante restringida, y son puestos
famosos desde la conquista. La condición
de juez itinerante es una novedad curiosa.
Con el altar erigido por Samuel, Rama podía
convertirse en centro religioso de la comar-
ca; además podía atender a las necesida-
des de los que acudían allí con pleitos por
resolver.
8 De la institución del régimen monárqui-
co nos da el libro dos versiones discordantes,
sin esforzarse por armonizarlas: una negativa
y otra positiva (véase la Introducción al libro).
Samuel se opone a la petición del pue-
blo. Israel debe tener al Señor por único rey,
debe confiar en él en su vida política y militar,
el profeta será el intermediario que hará co-
nocer en cada caso la voluntad de Dios diri-
giendo la historia. Además, la monarquía se
volverá contra el pueblo por sus exigencias
despóticas. Samuel recita al pueblo lo que
significa tener un rey: esclavitud más que
liberación. Recordemos que cuando el autor
quiere hablar, lo suele hacer por boca de al-
guno de sus protagonistas.
Pero ¿no exagera Samuel? Un mediador
humano no desbanca la soberanía del Señor.
El rey es el defensor del pueblo frente a la
prepotencia de los poderosos, es garante de
la justicia y defensor en la guerra. Eso justifi-
ca la otra postura, y los hechos lo comprue-
ban. El libro cuenta que Samuel lo ungió, el
pueblo lo aclamó, el rey comenzó bien su
tarea salvadora.
Para explicar la presencia de las dos visio-
nes opuestas en el libro, algunos proponen
una sucesión temporal. En tiempo de Salomón
se redactó la versión positiva, favorable a Da-
vid, prolongando la conciencia "premonárqui-
ca" del final de Jueces. A medida que creció la
oposición de varios profetas a varios monar-
cas, fue cuajando la postura hostil o crítica re-
presentada en el libro por Samuel.
En el capítulo 8 asistimos a la versión
antimonárquica en forma dramática de diálo-
go. Para el pueblo, el rey representa gobier-
no firme y defensa militar; para Samuel re-
presenta impuestos y servidumbre. El drama
consiste en que ambos tienen razón. La ver-
dadera libertad y seguridad está en recono-
cer y servir al Señor, que libera y no esclavi-
za; sólo cuando el rey sea servidor del Señor
al servicio de la comunidad, protegerá sin
esclavizar (cfr. Dt 17,14-20)
8,1 El acto de Samuel es nuevo. Cuando
Josué se siente viejo (Jos 23) exhorta al pue-
blo a la fidelidad, pero no se nombra un suce-
sor; los jueces menores no forman una dinas-
tía familiar, sino que pertenecen incluso a
537
1 SAMUEL 8,16
el cargo en Berseba.
3
Pero no se
comportaban como su padre;
atentos sólo al provecho propio,
aceptaban sobornos y juzgaban
contra justicia.
4
Entonces los
concejales de Israel se reunieron
y fueron a entrevistarse con Sa-
muel en Rama.
5
Le dijeron:
-Mira, tú eres ya viejo y tus
hijos no se comportan como tú.
Nómbranos un rey que nos go-
bierne, como se hace en todas las
naciones.
6
A Samuel le disgustó que le
pidieran ser gobernados por un
rey, y se puso a orar al Señor.
7
E1
Señor le respondió:
-Haz caso al pueblo en todo lo
que te pidan. No te rechazan a ti,
sino a mí; no me quieren por rey.
8
Como me trataron desde el día
que los saqué de Egipto, abando-
nándome para servir a otros dio-
ses, así te tratan a ti.
9
Hazles ca-
so; pero adviérteles bien claro,
explícales los derechos del rey.
l0
Samuel comunicó la palabra
del Señor a la gente que le pedía
un rey:
"-Estos son los derechos del
rey que os regirá: a vuestros hi-
jos los llevará para enrolarlos en
destacamentos de carros y caba-
llería y para que vayan delante
de su carroza;
l2
los empleará co-
mo jefes y oficiales en su ejérci-
to, como aradores de sus campos
y segadores de su cosecha, como
fabricantes de armamentos y de
pertrechos para sus carros.
I3
A
vuestras hijas se las llevará como
perfumistas, cocineras y repos-
teras.
l4
Vuestros campos, viñas
y los mejores olivares os los qui-
tará para dárselos a sus mi-
nistros.
15
De vuestro grano y
vuestras viñas os exigirá diez-
mos, para dárselos a sus funcio-
narios y ministros.
I6
A vuestros
criados y criadas, vuestros mejo-
res burros y bueyes se los lleva-
diversas tribus; los jueces salvadores son
enviados individualmente por el Señor; Ge-
deón rehusa fundar una dinastía. Samuel
nombra personalmente a sus dos hijos.
8.2 Los nombres llevan el componente
divino yo- -ya. Joel significa "el Señor es
Dios", Abías "el Señor es mi padre". Es extra-
ño desplazar su residencia al extremo meri-
dional del territorio; no sabemos las razones
ni entendemos el significado.
8.3 El experimento falla. La corrupción
administrativa es un delito condenado con
mucha frecuencia: véase, por ejemplo, Ex
23,8; Dt 16,19.
8,5 Los ancianos hacen la síntesis de
juzgar y reinar. El término "juzgar" adquiere
poco a poco nuestro sentido más genérico de
gobernar; lo que hasta ahora ha hecho Sa-
muel, lo hará en adelante el rey.
8,6-8 El disgusto de Samuel parece tener
algo de personal y no ser pura cuestión de
principio: aunque sólo acusan a los hijos,
rechazan la entera institución de los jueces.
Es una situación parecida a la de Moisés en
sus tensiones con el pueblo, y la terminología
nos lo recuerda: véase Ex 16,8 (habla Moi-
sés). El Señor corrige la visión personal de
Samuel: en rigor, lo que el pueblo rechaza es
la soberanía directa del Señor; Samuel sólo
sufre de rechazo. Pero "no es el siervo mayor
que el señor". El Señor conserva su sobera-
nía, incluso frente a Samuel, y a él le toca
conceder o negar. Como otras veces, Dios
concede la petición, manda a Samuel obede-
cer o hacer caso a los representantes del
pueblo -tres veces repite el mandato- pero
en el pecado llevarán la penitencia. Con
todo, antes de la decisión, el pueblo debe co-
nocer bien las condiciones; el diálogo quiere
informar bien al pueblo antes de formalizar la
elección, y recuerda de lejos el diálogo de
Josué con el pueblo en la renovación de la
alianza (Jos 24).
8,9 El verso juega con la raíz común a
juzgar-gobernar y a derechos-estatuto (shpt):
el pueblo desea el gobierno de un rey, pero
el estatuto de un rey es...
8,11-17 Esta descripción responde a lo
que sabemos por otros documentos anti-
guos. Leído en contexto bíblico, suena como
una legalización de lo que prohibe el décimo
mandamiento (y en su forma antigua el sép-
timo "no robar hombres"). Los verbos que
definen la actividad real son quitar o llevarse,
diezmar, para sí y sus ministros; la lista de
bienes incluye los tres capítulos fundamenta-
les: familia, tierras, ganado. La abundante
enumeración tiene aquí una función retórica,
lo mismo que otros recursos de estilo, como
anáforas, aliteraciones y rimas, la inversión
comenzando por el complemento; el posesi-
vo de tercera persona -ó (antiguo ahu) suena
catorce veces repitiendo que todo es para él.
Todo desemboca en la terrible frase final:
es la eterna tensión de los hombres entre
libertad y autoridad, entre seguridad y escla-
vitud. Hay que recordar la historia de José
culminando en Gn 47,25: "Nos has salvado la
vida... seremos siervos del Faraón".
8,12 1 Re 9,15-23; 10,15.
8,17
1 SAMUEL
538
rá para usarlos en su hacienda.
17
De vuestros rebaños os exigirá
diezmos. ¡Y vosotros mismos
seréis sus esclavos!
l8
Entonces
gritaréis contra el rey que os ele-
gisteis, pero Dios no os respon-
derá.
I9
E1 pueblo no quiso hacer ca-
so a Samuel, e insistió:
20
-No importa. ¡Queremos un
rey! Así seremos nosotros como
los demás pueblos. Que nuestro
rey nos gobierne y salga al frente
de nosotros a luchar en la guerra.
2
'Samuel oyó lo que pedía el
pueblo y se lo comunicó al Se-
ñor.
22
E1 Señor le respondió:
-Hazles caso y nómbrales un
rey.
Entonces Samuel dijo a los
israelitas:
-¡Cada uno a su pueblo!
SAMUEL Y SAÚL
9 'Había un hombre de Guibeá*
de Benjamín llamado Quis, hijo
de Abiel, de Seror, de Becorá, de
Afij, benjaminita, de buena posi-
ción.
2
Tenía un hijo que se lla-
maba Saúl, un mozo bien planta-
do; era el israelita más alto: so-
bresalía por encima de todos, de
los hombros arriba.
3
A su padre,
Quis, se le habían extraviado
unas burras, y dijo a su hijo Saúl:
-Llévate a uno de los criados
y vete a buscar las burras.
4
Cruzaron la serranía de Efraín
y atravesaron la comarca de Sa-
lisá, pero no las encontraron.
Atravesaron la comarca de Saa-
lín, y nada. Atravesaron la co-
marca de Benjamín, y tampoco.
5
Cuando llegaron a la comarca
de Sur", Saúl dijo al criado que
iba con él:
-Vamos a volvernos, no sea
que mi padre prescinda de las
burras y empiece a preocuparse
por nosotros.
5
Pero el criado repuso:
-Precisamente en ese pueblo
hay un hombre de Dios de gran
fama; lo que él dice sucede sin
falta. Vamos allá. A lo mejor nos
orienta sobre lo que andamos
buscando.
7
Saúl replicó:
-Y si vamos, ¿qué le llevamos
a ese hombre? Porque no nos
queda pan en las alforjas y no te-
nemos nada que llevarle a ese
profeta. ¿Qué nos queda?
8
E1 criado respondió:
-Tengo aquí dos gramos y
medio de plata; se los daré al
8.17 Gn 47,25.
8.18 Con el verbo gritar añadido al servir
entramos en otro esquema, bien sabido por
el libro de los Jueces: el extranjero sometía a
Israel, el cual gritaba al Señor; pero la histo-
ria se quiebra, porque el Señor no responde-
rá. Es un poco como el argumento de Jue
10,14: si se empeñan en buscar la salvación
en un rey, que el rey los salve.
8,19-20 El pueblo parece querer contra-
rrestar el discurso de Samuel, oponiendo una
barrera de sufijos de primera persona de plu-
ral: no para él, sino para nosotros, repite
siete veces el sufijo. De nuevo se juntan los
términos juzgar-rey, dando la victoria al se-
gundo; todo el,capítulo ha orquestado el pa-
so, repitiendo doce veces la raíz mlk, contra
seis veces la de juez shpt.
8.21 Samuel sigue en su papel de media-
dor, como Moisés (Ex 19,9).
8.22 La ejecución de la orden del Señor
queda en suspenso. Con la última frase Sa-
muel disuelve la asamblea (Jos 24,28). En el
fondo, esta narración, bastante formalizada,
puede conservar el recuerdo de negociacio-
nes entre los dos partidos: el renovador, re-
presentado por los ancianos, y el conserva-
dor, representado por Samuel. El "juez" com-
prende que hay que rendirse a los deseos del
pueblo, aun previendo inconvenientes.
9 El relato de la elección y unción de Saúl
nos traslada a un mundo de sencillez y vive-
za aldeana, en fuerte contraste con las deli-
beraciones formales del capítulo precedente.
Las borricas perdidas, el estipendio para el
profeta, las aguadoras, el pemil en el ban-
quete, la estera en la azotea, definen la tona-
lidad de la narración.
En este mundo destaca la figura corpu-
lenta, ingenuamente ignorante, de Saúl, y el
saber milagroso de Samuel, que le permite
adelantarse a los hechos y pronunciar pala-
bras enigmáticas.
El argumento parece desenvolverse ca-
sualmente, a fuerza de coincidencias; pero lo
fortuito humano encaja en un plan de Dios,
que se cumple por etapas y se revela a Sa-
muel paso a paso.
9,1 Es la tercera aparición de Benjamín.
La primera es gloriosa, Ehud; la segunda
ignominiosa, el crimen de Loma. La vincula-
ción a la tribu será importante, demasiado
importante en la historia futura; quizá era ine-
vitable por entonces. * = Loma.
9,4 Empieza una articulación ternaria: las
tres comarcas cruzadas en vano; seguirán
tres diálogos, con el criado, con las aguado-
ras, con Samuel.
9.7 Nm 22,7.
9.8 El v. 9 va detrás del v. 11.
539 1 SAMUEL
9,26
profeta y nos orientará*.
,0
Saúl comentó:
-Muy bien. ¡Hala, vamos!
1
'Y caminaron hacia el pueblo
en donde estaba el profeta. Se-
gún subían por la cuesta del pue-
blo, encontraron a unas mucha-
chas que salían a por agua; les
preguntaron:
-¿Vive aquí el vidente?
9
(En Israel, antiguamente, el
que iba a consultar a Dios, decía
así: «¡Vamos al vidente!», por-
que antes se llamaba vidente al
que hoy llamamos profeta).
l2
Ellas contestaron:
-Sí; se te ha adelantado. Pre-
cisamente hoy ha llegado al pue-
blo, porque el pueblo celebra
hoy un sacrificio en el altozano.
I3
S¡ entráis en el pueblo, lo en-
contraréis antes de que suba al
altozano para el banquete; por-
que no se pondrán a comer hasta
que él llegue, pues a él le corres-
ponde bendecir el sacrificio, y
luego comen los convidados. Su-
bid ahora, que ahora precisa-
mente lo encontraréis.
l4
Subieron al pueblo. Y justa-
mente cuando entraban en el pue-
blo, se encontró con ellos Samuel
según salía para subir al altozano.
15
E1 día antes de llegar Saúl, el
Señor había revelado a Samuel:
l6
-Mañana te enviaré un hom-
bre de la región de Benjamín, para
que lo unjas como jefe de mi pue-
blo, Israel, y libre a mi pueblo de
la dominación filistea; porque he
visto la aflicción de mi pueblo,
sus gritos han llegado hasta mí.
l7
Cuando Samuel vio a Saúl,
el Señor le avisó:
-Ese es el hombre de quien te
hablé; ése regirá a mi pueblo.
l8
Saúl se acercó a Samuel en
medio de la entrada y le dijo:
-Haz el favor de decirme
dónde está la casa del vidente.
l9
Samuel le respondió:
-Yo soy el vidente. Sube de-
lante de mí al altozano; hoy
coméis conmigo y mañana te
dejaré marchar y te diré todo lo
que piensas.
20
Por las burras que
se te perdieron hace tres días no
te preocupes, que ya aparecie-
ron. Además, ¿por quién suspira
todo Israel? Por ti y por la fami-
lia de tu padre.
2
'Saúl respondió:
-¡Si yo soy de Benjamín, la
menor de las tribus de Israel! Y de
todas las familias de Benjamín,
mi familia es la menos importan-
te. ¿Por qué me dices eso?
22
Entonces Samuel tomó a
Saúl y a su criado, los metió en
el comedor y los puso en la pre-
sidencia de los convidados, unas
treinta personas.
23
Luego dijo al
cocinero:
-Trae la ración que te encar-
gué, la que te dije que apartases.
24
E1 cocinero sacó el pemil y
la cola, y se lo sirvió a Saúl. Sa-
muel dijo:
-Ahí tienes lo que te reserva-
ron; come, que te lo han guarda-
do para esta ocasión, para que lo
comas con los convidados.
25
Así, pues, Saúl comió aquel
día con Samuel. Después baja-
ron del altozano hasta el pueblo,
prepararon la cama a Saúl en la
azotea y se acostó.
Unción de Saúl
26
A1 despuntar el sol, Samuel
fue a la azotea a llamarlo:
-Levántate, que te despida.
9,11 Empieza otra característica narrati-
va, la simultaneidad que subraya el suceder-
se casual de los encuentros; dado el predo-
minio de pretéritos narrativos en la prosa he-
brea, la presente construcción resalta.
9,12-13 Muchas aldeas tenían un altoza-
no con un santuario local (como las ermitas
de nuestras aldeas), no siempre con edificio,
pero sí con un árbol cobijando un altar. Allí se
celebraba el culto local, y la costumbre duró
siglos. Parece tratarse aquí de un sacrificio
de comunión, que concluye con un banquete
sagrado para todos los oferentes o sus invi-
tados. "Bendecir el sacrificio" es una termino-
logía no común.
9,16 Ex 3,8.
9,16-17 Las dos palabras del Señor ga-
rantizan la autenticidad del encuentro y ende-
rezan la acción del profeta. Dios dice tres
veces "mi pueblo", no emplea el término
"rey", sino nagid = jefe; será un salvador,
como los jueces.
9.20 Con la información sobre las borri-
cas demuestra Samuel su saber superior, al
mismo tiempo minimiza este acontecimiento
y endereza la atención hacia lo que vendrá
mañana. Lo que Saúl piensa puede ser una
indicación genérica o puede suponer en Saúl
una preocupación por los sucesos de Israel.
Ni ahora ni después especifica el autor. Al-
gunos traducen la frase penúltima: "¿Para
quién serán los tesoros de Israel? -Para ti...";
o sea, las borricas son nada en comparación
con las riquezas que le esperan.
9.21 A la objeción de Saúl no responde
con palabras Samuel; pero toma la iniciativa
en una serie de órdenes precisas. Jue 6,15.
9.22 Empiezan los privilegios de Saúl: la
presidencia del banquete, la mejor ración, el
sitio más fresco para dormir.
9,27 1 SAMUEL 540
27
Saúl se levantó, y los dos, él
y Samuel, salieron de casa.
Cuando habían bajado hasta las
afueras, Samuel le dijo:
-Di le al criado que vaya delan-
te; tú párate un momento y te
comunicaré la palabra de Dios.
10 'Tomó la aceitera, derramó
aceite sobre la cabeza de Saúl y
lo besó, diciendo:
2
—¡El Señor te unge como jefe
de su heredad!* Hoy mismo,
cuando te separes de mí, te trope-
zarás con dos hombres junto a la
tumba de Raquel, en la linde de
Benjamín, que te dirán: «Apa-
recieron las burras que saliste a
buscar; mira, tu padre ha olvida-
do el asunto de las burras y está
preocupado por vosotros, pen-
sando qué va a ser de su hijo».
3
Sigue adelante y vete hasta la
Encina del Tabor; allí te tropeza-
rás con tres hombres que suben a
visitar a Dios en Betel: uno con
tres cabritos, otro con tres hoga-
zas de pan y otro con un pellejo
de vino;
4
después de darte los
buenos días, te entregarán dos
panes, y tú los aceptarás.
5
Vete
luego a Guibeá* de Dios, donde
está la guarnición filistea; al lle-
gar al pueblo te toparás con un
grupo de profetas que baja del
cerro en danza frenética, detrás
de una banda de arpas y cítaras,
panderos y flautas.
6
Te invadirá
el espíritu del Señor, te converti-
rás en otro hombre y te mezclarás
en su danza.
7
Cuando te sucedan
estas señales, hala, haz lo que se
te ofrezca, que Dios está contigo.
8
Baja por delante a Guilgal; yo
iré después a ofrecer holocaustos
y sacrificios de comunión. Espe-
ra siete días, hasta que yo llegue
y te diga lo que tienes que hacer.
9
Cuando Saúl dio la vuelta y
se apartó de Samuel, Dios le
cambió el corazón, y todas aque-
llas señales le sucedieron aquel
mismo día.
l0
De allí fueron a
Guibeá, y de pronto dieron con
un grupo de profetas. El espíritu
de Dios invadió a Saúl y se puso
a danzar entre ellos. ' 'Los que lo
conocían de antes y lo veían dan-
zando con los profetas, comen-
taban:
-¿Qué le pasa al hijo de Quis?
¡Hasta Saúl anda con los profe-
tas!
12
Uno del pueblo replicó:
-¡Pues a ver quién es el padre
de ésos!
(Así se hizo proverbial la fra-
se: «¡Hasta Saúl anda con los
profetas!»)
l3
Cuando se le pasó el frenesí.
Saúl fue a su casa. '
4
Su tío les
preguntó:
-¿Dónde anduvisteis?
Saúl respondió:
-Buscando las burras. Como
vimos que no aparecían, fuimos
a ver a Samuel.
l5
Su tío le dijo:
-Anda, cuéntame qué os dijo
Samuel.
l6
Respondió:
-Nos anunció que habían apa-
recido las burras.
Pero lo que le había dicho Sa-
muel del asunto del reino no se
lo dijo.
10,1 La unción es un rito sacramental: el
aceite, que protege la piel y penetra y vigori-
za los tejidos, simboliza la penetración de
una fuerza divina que capacita al hombre
para su misión específica. Hasta ahora, nin-
guno de los jueces había sido ungido. El
beso del profeta es el primer reconocimiento
oficial de la consagración.
10,2-7 Algunos signos externos compro-
barán la trasformación operada por Dios. El
primero cancela definitivamente el pequeño
problema familiar de las borricas, problemas
más serios le esperan al joven rey. El segun-
do indica un reconocimiento popular, todavía
inconsciente: parte de las ofrendas que lle-
van al templo se las ceden a Saúl; una parte
menor, porque los chivos y el vino son para
el Señor. El tercero manifiesta la presencia
de Dios en el elegido: una banda de "profe-
tas", derviches al servicio del santuario local,
circulan entregados a manifestaciones or-
giásticas de entusiasmo religioso; ante el es-
pectáculo, Saúl sentirá como un contagio, o
como la resonancia interna de quien también
está lleno del Señor. La gente no comprende
la trasformación operada en Saúl; Samuel
sabe que Saúl es otro hombre.
10,5 * = Loma.
10,8 Este verso intercalado prepara los
acontecimientos de 13,7-15 y desentona un
poco en la situación presente. Es una correc-
ción añadida a lo anterior: aunque Saúl cuen-
ta con el apoyo de Dios, sigue subordinado al
profeta, mediador de la palabra de Dios.
10,10 Jue 11,29; 14,19.
10,12 La respuesta nos resulta algo ex-
traña: quizá aluda al apellido "hijo de Quis",
indicando que tampoco los otros son profetas
por herencia. (Siete veces suena la raíz nb'
en 9-12.)
10,14 El tío tenía muchas veces una res-
ponsabilidad particular en la familia.
10,17-27 Nueva versión, que empalma
con los sucesos del capítulo 8, repitiendo, am-
541 1 SAMUEL
11,1
Elección del rey a suerte
17
Samuel convocó al pueblo
ante el Señor, en Mispá,
l8
y dijo
a los israelitas:
-Así dice el Señor, Dios de Is-
rael: «Yo saqué a Israel de Egip-
to, os libré de los egipcios y de
todos los reyes que os opri-
mían».
l9
Pero vosotros habéis
rechazado hoy a vuestro Dios, el
que os salvó de todas las desgra-
cias y peligros, y habéis dicho:
«No importa, danos un rey».
Pues bien, presentaos ante el Se-
ñor por tribus y por familias.
20
Samuel hizo acercarse a las
tribus de Israel, y le tocó la suer-
te a la tribu de Benjamín.
2l
Hizo
acercarse a la tribu de Benjamín,
por clanes, y le tocó la suerte al
clan de Matrí; luego hizo acer-
carse al clan de Matrí, por indi-
viduos, y le tocó la suerte a Saúl,
hijo de Quis; lo buscaron y no lo
encontraron.
22
Consultaron de
nuevo al Señor:
-¿Ha venido aquí Saúl?
El Señor respondió:
-Está escondido entre el ba-
gaje.
23
Fueron corriendo a sacarlo
de allí, y se presentó en medio de
la gente: sobresalía por encima
de todos, de los hombros arriba.
24
Entonces Samuel dijo a todo
el pueblo:
-¡Mirad a quién ha elegido el
Señor! ¡No hay como él en todo
el pueblo!
Todos aclamaron:
-¡Viva el rey!
25
Samuel explicó al pueblo los
derechos del rey, y los escribió
en un libro, que colocó ante el
Señor. Luego despidió a la gen-
te, cada cual a su casa.
26
Tam-
bién Saúl marchó a su casa, a
Guibeá. Con él fueron los mejo-
res, a quienes Dios tocó el cora-
zón.
27
En cambio, los malvados
comentaron:
-¡Qué va a salvarnos ése!
Lo despreciaron y no le ofre-
cieron regalos. Saúl callaba.
Saúl vence a los amonitas
11 'El amonita Najas hizo una
incursión y acampó ante Yabés
pliando o resumiendo sus elementos. El dis-
curso del Señor, de sabor deuteronómico, res-
ponde a 8,7-8 (y a su modo también a 7,3-4 y
a otros del libro de los Jueces); 20-24 encajan
detrás de 8,22a como ejecución del mandato
divino; 25 es resumen de lo que amplia Sa-
muel en 8,11-17, cumpliendo el mandato de
8,9; 25c repite 8,22c. Por otra parte, el pasaje
tiene enlaces verbales con 9,1-10,16 que
podrían ser significativos. En contraste con el
suceso privado y secreto del relato preceden-
te, la elección es aquí pública; la presencia y
participación del "pueblo", de "todo el pueblo",
está bien marcada en las siete repeticiones de
la palabra (en el original).
10,18-19 De mala gana -parece decir el
autor- Dios accede, denunciando al mismo
tiempo que accede. De ordinario -podemos
comentar- Dios respeta la libertad humana,
no impide sus decisiones, aunque pone en
guardia, hasta colaborar con la ejecución de
los planes humanos. Dios presente, respe-
tuosamente. Ya en el Sinaí pidió el pueblo a
Moisés que Dios no hablase directamente.
¿Tiene el hombre que rechazar a Dios para
salvarse a sí mismo?
10,20 El método de las suertes sirve para
dejar la decisión en manos de Dios, que go-
bierna las suertes: véase, por ejemplo, Jos 7.
10,22 El autor no dice si Saúl se escon-
día por timidez o por cálculo; el detalle le sir-
ve para preparar una aparición sensacional.
Dado que el verbo "encontrar" ha sido domi-
nante en el relato anterior, parece significati-
vo que ahora "no encuentren" a Saúl.
Consultar se dice en hebreo s'l, patente alite-
ración con el nombre del elegido.
10.24 Parece resonar 9,2: por la descrip-
ción física de Saúl y por la asonancia entre
elegir y mozo (bakar bahur). 1 Re 1,34; 2 Re
11,12.
10.25 Esta escritura tiene carácter oficial
y valor jurídico; es como la constitución que
define las relaciones entre el rey y su pueblo.
No debe sustituir al protocolo de la alianza,
constitución del pueblo en relación con el
Señor soberano.
10,27 Quizá un error en la lectura de una
letra de la noticia cronológica que sigue ha
originado aquí una frase de gran valor narra-
tivo "él callaba".
11 Yabés de Galaad se encuentra cerca
de la orilla oriental del Jordán, y el reino de
los amonitas se extiende al sureste. Es decir,
Israel se encuentra de nuevo amenazada en
su flanco oriental, como en tiempos de Jefté,
algo lejos del corazón del país. Buen sitio
para poner a prueba la unidad del pueblo;
sobre todo teniendo en cuenta el frente occi-
dental de los filisteos, más peligroso. Las
relaciones entre Yabés de Galaad y la tribu
11,2 1 SAMUEL 542
de Galaad. Los de Yabés le pi-
dieron:
-Haz un pacto con nosotros y
seremos tus vasallos.
2
Pero Najas les dijo:
-Pactaré con vosotros a condi-
ción de sacaros el ojo derecho.
Así afrentaré a todo Israel.
3
Los concejales de Yabés le
pidieron:
-Danos siete días para que po-
damos mandar emisarios por todo
el territorio de Israel. Si no hay
quien nos salve, nos rendimos.
4
Los mensajeros llegaron a
Guibeá de Saúl, comunicaron la
noticia al pueblo, y todos se echa-
ron a llorar a gritos.
5
Pero, mira
por dónde, llegaba Saúl del
campo tras los bueyes y preguntó:
-¿Qué le pasa a la gente, que
está llorando?
6
Le contaron la noticia que
habían traído los de Yabés, y al
oírlo Saúl, lo invadió el espíritu
de Dios;
7
enfurecido, cogió la
pareja de bueyes, los descuartizó
y los repartió por todo Israel,
aprovechando a los emisarios,
con este pregón: «Así acabará el
ganado del que no vaya a la gue-
rra con Saúl y Samuel».
El temor del Señor cayó sobre
la gente, y fueron a la guerra
como un solo hombre.
8
Saúl les
pasó revista en Bézec*: los de
Israel eran trescientos mil y
treinta mil los de Judá.
9
Y dijo a
los emisarios que habían venido:
-Decid a los de Yabés de Ga-
laad: «Mañana, cuando caliente
el sol, os llegará la salvación».
Los emisarios marcharon a
comunicárselo a los de Yabés.
que se llenaron de alegría,
l0
\
dijeron a Najas:
-Mañana nos rendiremos >
haréis de nosotros lo que mejor
os parezca.
"Al día siguiente Saúl distri-
buyó la tropa en tres cuerpos:
irrumpieron en el campamente
enemigo al relevo de la madru-
gada y estuvieron matando amo-
nitas hasta que calentó el sol; los
enemigos que quedaron vivos se
dispersaron, de forma que nc
iban dos juntos.
l2
Entonces el
pueblo dijo a Samuel:
-¡A ver, los que decían que
de Benjamín se han manifestado en la guerra
civil de Jue 19-21.
La función del nuevo rey es gobernar en
la paz y salvar en la guerra: se tiene que
comprobar su capacidad y eficacia salvadora
en una empresa, que atañe a una pequeña
localidad, pero compromete a todo Israel. El
rey tiene que ser el polarizador, el que haga
sentir la solidaridad de todo el pueblo, el que
movilice las fuerzas de todos ante el peligro
de algunos.
El autor puede unir hábilmente un frag-
mento en el que Saúl reacciona como un juez
de la serie, sin prerrogativas reales, con otro
fragmento que presupone al menos el nom-
bramiento real.
11.1 Los nombres son ominosos para
oídos israelitas. Saúl = El Pedido, tiene que
vencer a Serpiente.
No es raro entre los monarcas de enton-
ces llevar nombres de animales, quizá como
nombre del reinado: Zorro, Oso, Carnero
(recuérdense los animales emblemáticos de
las tribus en Gn 49).
11.2 El pacto de vasallaje obliga sobre
todo a tributos y prestaciones personales,
asegurando la soberanía. La respuesta del
amonita es de una crueldad inútil, expresa-
mente dirigida a la afrenta de todo Israel.
Afrenta equivale a derrota y se opone a sal-
vación que es victoria: los dos polos de la
narración.
11.3 Las negociaciones son sorprenden-
tes. Quizá Serpiente quiere ahorrarse el ries-
go y las pérdidas de un ataque frontal y pre-
fiere intimidar a los cercados; quizá cuente
con la desunión de tribus y ciudades, y sabe
que nadie vendrá a socorrer a la insignifican-
te aldea de TransJordania. Pero no cuenta
con el cambio de situación en Israel, y acep-
ta la propuesta saboreando por adelantado e
triunfo: el fracaso de los mensajeros será la
última afrenta de Israel.
11.4 Es una distancia de unos setenta
kilómetros.
11.6 Como a Sansón, Jue 14,6-19; 15
14, como en el ensayo pacífico de 10,10.
11.7 El gesto recuerda el del levita pi-
diendo venganza, que provocó la guerra civil
de Jue 19.
11.8 Bézec (Centella) se encuentra cerca
de la orilla occidental del Jordán, a unos vein-
te kilómetros de Yabés. Es curiosa la divisiór
en Judá e Israel, y son exageradas las cifras
* = Centella.
11.9 Es clásico considerar la mañana co-
mo tiempo de gracia y salvación. La ventaja
estratégica de Saúl tendrá así algo de rite
religioso. La fecha parece coincidir con e
séptimo día del plazo. Sal 46,6.
11,11 La táctica es conocida: Jue 7,16
(Gedeón); 9,42 (Abimelec). La marcha noc-
turna desde Centella ha permitido llegar sir
ser observados.
REI NO DE SAÚL
(1030-1010)
l i r o o .<
* Bet Anat.*
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° .* • Gabaón» •
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• „ . . . * • Gu i be á de Saúl
\ s do d *<-' ; Qu t na t - Ye a nm . • • .
" • Be t S e me s J J c bús ( J e r u s al é m
Gu i l gal
®
Rabbat h-
*• ». be ne - ammo n
• J e s b ó n
o, Gal *• *• S o c ó Be l é n
* As c al ón
r^ r?<»i,í, í Laqu i s
Gaza A^_ bgl o n • ^
Qu e i l á
i He br ón
Zi k l ag »*
Gu e de r .•* Go s é n
De bi r
E ngadi .
Es t e mo a
• S har u he n í
Be r s e ba
• J o r má
• • Ar ad
N\ *
11,13 1 SAMUEL
544
Saúl no reinaría! ¡Entregadlos,
que los matamos!
l3
Pero Saúl dijo:
-Hoy no ha de morir nadie,
porque hoy el Señor ha salvado a
Israel.
I4
Y Samuel dijo a todos:
-Hala, vamos a Guilgal a
inaugurar allí la monarquía.
15
Todos fueron a Guilgal y co-
ronaron allí a Saúl ante el Señor;
ofrecieron al Señor sacrificios de
comunión y celebraron allí una
gran fiesta Saúl y los israelitas.
Despedida de Samuel
12 'Samuel dijo a los israelitas:
-Ya veis que os he hecho caso
en todo lo que me pedisteis, y os
he dado un rey.
2
Pues bien, ¡aquí
tenéis al rey! Yo estoy ya viejo y
canoso, mientras a mis hijos los
tenéis entre vosotros. Yo he
actuado a la vista de todos desde
mi juventud hasta ahora.
3
Aquí
me tenéis, respondedme ante el
Señor y su ungido: ¿A quién le
quité un buey? ¿A quién le quité
un burro? ¿A quién he hecho in-
justicia? ¿A quién he vejado?
¿De quién he aceptado un sobor-
no para hacer la vista gorda?
Decidlo y os lo devolveré.
Respondieron:
-No nos has hecho injusticia,
ni nos has vejado, ni has acepta-
do soborno de nadie.
'Samuel añadió:
-Yo tomo hoy por testigo
frente a vosotros al Señor y a su
ungido: no me habéis sorprendi-
do con nada en la mano.
Respondieron:
-Sean testigos.
6
Samuel dijo al pueblo:
-Es testigo el Señor, que en-
vió a Moisés y a Aarón e hizo
subir de Egipto a vuestros pa-
dres.
7
Poneos en pie, que voy a
querellarme con vosotros en pre-
sencia del Señor, repasando to-
dos los beneficios que el Señor
os hizo a vosotros y a vuestros
padres.
8
Cuando Jacob fue con
sus hijos a Egipto, y los egipcios
los oprimieron, vuestros padres
gritaron al Señor, y el Señor en-
vió a Moisés y a Aarón para que
sacaran de Egipto a vuestros pa-
11.13 En la conciencia de Saúl y del pue-
blo, la salvación ha venido del Señor; la mo-
narquía conserva el carácter de mediación
humana. 2 Sm 19,23.
11.14 Inaugurar o renovar solemnemen-
te el nombramiento precedente. Con la victo-
ria, Saúl se ha hecho acreedor al título.
11.15 El último verso reúne en síntesis
pacífica los tres miembros de la nueva orde-
nación: el Señor, Saúl, Israel.
12 Después de la primera victoria y de la
inauguración solemne del reino, o sea, cuan-
do Samuel reduce su autoridad, el autor del
libro inserta una de sus recapitulaciones teo-
lógicas, puestas en boca de un personaje
importante, como Jos 23. Por contener diálo-
go y acción litúrgica, este capítulo también
está emparentado con Jos 24.
El conjunto de la ceremonia consta de los
siguientes elementos: juramento de inocencia
(2-5); requisitoria (6-15); teofanía que la con-
firma (6-18); confesión del pecado (19); exhor-
tación conclusiva. Todo tiene un carácter de
presencia, incluso la vida pasada y la historia,
como la tiene Samuel y Saúl y el pueblo; pre-
sencia mutua y ante Dios (subrayada por par-
tículas apropiadas, hinne, neged).
12,2-3 Juramento de inocencia. Contrasta
la integridad y desinterés de Samuel con las
futuras exigencias del rey (cfr. 8,10-18). La
misma fórmula, negada y afirmada, define el
pasado de Samuel y el futuro del rey, con la
misma repetición del verbo quitar. En vez de
"para hacer la vista gorda" leyó Ben Sira (49,
19) y algunas traducciones antiguas: "¿... o un
par de sandalias? Respondedme."
12,5-6 Samuel toma dos testigos. Y ya
figura el rey como distinto del pueblo, en un
papel que mantendrá a lo largo del capítulo.
"Ungido" es título real clásico. En el testimo-
nio del Señor ya asoma la visión histórica.
12,7 Requisitoria. Conocemos el género
en versiones amplias o reducidas. Funda-
mentalmente se trata de un pleito de Dios
con su pueblo, con la mediación de un profe-
ta o de un liturgo. El pleito va enderezado a
la confesión y conversión del pueblo, para
que se reconcilie con su Dios, es normal
hacer un recuento de beneficios, denunciar
los pecados, invitar a la penitencia amena-
zando y prometiendo; el Señor se puede pre-
sentar en una teofanía; el pueblo responde
confesando el pecado y apelando a la mise-
ricordia, directamente o por un intercesor.
Ahora bien, Samuel llama a su actividad
"juzgar", el mismo verbo que enuncia la acti-
vidad del juez y gobernante. Si escoge este
término con preferencia a otros más frecuen-
tes o también posibles (rlb y ykh), es proba-
blemente para unificar su actividad en un tér-
mino común.
12,8-15 En los versos 8-12 contrastan
beneficios y pecados. Remontándose a Egip-
545
1 SAMUEL 12,20
dres y los establecieran en este
lugar.
9
Pero olvidaron al Señor,
su Dios, y él los vendió a Sisara,
general del ejército de Yabín,
rey de Jasor, y a los filisteos y al
rey de Moab, y tuvieron que lu-
char contra ellos.
l0
Entonces gri-
taron al Señor: «Hemos pecado,
porque hemos abandonado al Se-
ñor, para servir a Baal y Astarté;
líbranos del poder de nuestros
enemigos y te serviremos». "El
Señor envió a Yerubaal, a Barac,
a Jefté y a Sansón, y os libró del
poder de vuestros vecinos, y pu-
disteis vivir tranquilos.
l2
Pero
cuando visteis que os atacaba el
rey amonita Serpiente, me pedis-
teis que os nombrara un rey,
siendo así que el Señor es vues-
tro rey.
13
Pues bien, ahí tenéis a!
rey que pedisteis y que habéis
elegido; ya veis que el Señor os
ha dado un rey.
14
Si respetáis al
Señor y le servís, si le obedecéis
y no os rebeláis contra sus man-
datos, vosotros y el rey que reine
sobre vosotros viviréis siendo
fieles al Señor, vuestro Dios.
l5
Pero si no obedecéis al Señor y
os rebeláis contra sus mandatos,
el Señor descargará la mano
sobre vosotros y sobre vuestro
rey, hasta destruiros.
l6
Ahora
preparaos a asistir al prodigio
que el Señor va a realizar ante
vuestros ojos.
l7
Estamos en la
siega del trigo, ¿no es cierto?
Pues voy a invocar al Señor para
que envíe una tronada y un agua-
cero; así reconoceréis la grave
maldad que cometisteis ante el
Señor pidiéndoos un rey.
18
Samuel invocó al Señor, y el
Señor envió aquel día una trona-
da y un aguacero.
l9
Todo el pue-
blo, lleno de miedo ante el Señor
y ante Samuel, dijo a Samuel:
-Reza al Señor, tu Dios, para
que tus siervos no mueran, por-
que a todos nuestros pecados he-
mos añadido la maldad de pedir-
nos un rey.
20
Samuel les contestó:
-No temáis. Ya que habéis co-
metido esta maldad, al menos en
adelante no os apartéis del Se-
to, Samuel puede proponer una especie de
ciclo en que la historia se repite, y se repiten
los actos con sólo una variación de términos:
gritaron - envió - sacaron - se establecieron
/ gritaron - envió - libraron - se establecieron
(correspondencias del original, que la traduc-
ción no puede reproducir a la letra). La pri-
mera serie recuerda la primera liberación, de
Egipto a Canán; luego viene el pecado de
olvido y el castigo con la terminología típica
de Jueces; luego comienza la segunda serie.
En este momento cambia la dirección de los
acontecimientos. Al presentarse un peligro
semejante a los anteriores, lo lógico era
aceptar a Samuel como salvador; en cambio
el pueblo pide un rey.
Tenemos, pues, una tercera motivación:
primero era la mala conducta de los hijos de
Samuel, después parece ser la amenaza filis-
tea, aquí es el ataque amonita (que según los
capítulos anteriores es posterior a la elección).
Con todo, más grave que el desprecio de
Samuel es el desprecio del Señor, verdadero
rey de Israel. Sus beneficios se llamaban en
v. 7 sidqot, o sea "victorias" (a favor de Israel
= beneficios), "actos de justicia". Por ellas
adquiere derechos sobre el pueblo, será ino-
cente frente a él, mientras que el pueblo será
pecador (v. 10 y 19).
Los versos 14-15 son la peroración en
forma clásica (véanse p. ej. Sal 50,22-23; Is
1,19-20 en condicionales). La peroración se
concentra en quiasmos y paralelismos muy
marcados: si-si no, obedecer-no rebelarse,
no obedecer-rebelarse; en la primera condi-
cional se echan por delante los verbos usua-
les "temer-servir". El Señor va figurando en
su voz, su boca (obediencia, mandato), su
mano (que castiga). Un mismo destino unirá
al pueblo y a su rey, porque lo decisivo es
obedecer al Señor - al pueblo no se le incul-
ca la sumisión al rey, sino al Señor-.
12,11 Jue 11,13-16.
12.13 Sal 93,1; 99,1.
12.14 Dt 27-28.
12,16-19 La teofanía precede a la requi-
sitoria en el Sal 50, precede y acompaña a la
proclamación de la ley en Ex 19-20; aquí si-
gue, en términos que recuerdan el Sinaí (Ex
19,10-19; 20,18-21), y viene a subrayar el
discurso de Samuel, sobre todo las amena-
zas. Es decir, una función opuesta a la de la
tormenta contra los filisteos en 7,10.
12,18 Ex 9.
12,20 El verbo "temer", "tener miedo"
despliega en el contexto su doble sentido: el
pueblo debe "temer" al Señor (v. 14), tiene
miedo por la tormenta, no debe temer. Así se
forma en el pueblo una actitud de respeto y
confianza hacia el Señor, que definirá su vida
religiosa. Las palabras que siguen contienen
implícito el perdón y exhortan de nuevo. Aun-
que el pueblo se arrepiente, la monarquía
queda establecida. El autor proyecta en es-
tas frases la experiencia de muchas genera-
ciones de israelitas con sus reyes. Dt 6,4.
12,21
1 SAMUEL
546
ñor; servid al Señor de todo co-
razón,
2l
no sigáis a los ídolos,
que ni auxilian ni liberan, porque
son puro vacío.
22
Por el honor de
tu Nombre ilustre, el Señor no
rechazará a su pueblo, porque el
Señor se ha dignado hacer de
vosotros su pueblo.
23
Por mi
parte, líbreme Dios de pecar
contra el Señor dejando de rezar
por vosotros.
24
Yo os enseñaré el
camino recto y bueno, puesto
que habéis visto los grandes be-
neficios que el Señor os ha he-
cho, respetad al Señor y servidlo
sinceramente y de todo corazón.
25
Pero si obráis mal, pereceréis,
vosotros con vuestro rey.
Amenaza filistea
13 'Saúl tenía...* años cuando
empezó a reinar, y reinó sobre
Israel veintidós años.
Seleccionó a tres mil hom-
bres de Israel: dos mil estaban
con él en Micmás y la montaña
de Betel, y mil estaban con Jo-
natán en Guibeá* de Benjamín.
Al resto del ejército lo licenció.
3
Jonatán derrotó a la guarni-
ción filistea que había en Gui-
beá. Los filisteos supieron que
los hebreos se habían sublevado.
Saúl tocó a rebato por todo el
país.
4
Entonces los israelitas su-
pieron que Saúl había derrotado
a una guarnición enemiga y que
se habían roto las hostilidades
con los filisteos, y se reunieron
con Saúl en Guilgal.
5
Los filis-
teos se concentraron para la gue-
12.21 Sal 115.
12.22 No es la bondad del pueblo, ni si-
quiera su arrepentimiento, lo que justifica la
elección y la gracia divina. Por sola gracia
han sido elegidos, y la elección no queda
abolida. Ez 36,22.
12.23 En su papel de intercesor, Samuel
continúa la gran tradición de Moisés (Ex 32;
Nm 14).
12,25 Dt 11,16s.
13 Después de la victoria en Transjor-
dania, Saúl ha de enfrentarse con el peligro
filisteo dentro de casa. La situación parece ser
ésta: los filisteos tienen sometidos a los israe-
' litas como vasallos no muy convencidos. Para
asegurar su dominio emplean sobre todo dos
medidas militares: pequeñas guarniciones
destacadas en puntos estratégicos, desarme
sistemático de los israelitas. Los filisteos ha-
bían traído consigo la técnica del hierro cuan-
do desembarcaron en Palestina, y se adelan-
taron notablemente a Israel en la "edad de hie-
rro". La situación entre ambos pueblos es
inestable, tensa, y en un momento se pueden
romper las hostilidades. Saúl necesita valor,
rapidez y prudencia. La última cualidad parece
faltar a su hijo Jonatán, la nueva figura que
penetra violentamente en escena, y que dará
que hacer a su padre.
En Israel la monarquía, tan deseada por
muchos - no por todos-, no ha arraigado del
todo. A una victoria sucede el entusiasmo, al
peligro sucede el desánimo. Lo han experi-
mentado otros antes, sobre todo Moisés:
cuando el nuevo curso de liberación impone
sacrificios duros, los esclavos prefieren su
segura esclavitud. Una cosa son los amoni-
tas, lejanos, al otro lado del Jordán, otra cosa
los filisteos, metidos en el corazón del país.
A Saúl se le pide algo más: la prueba de la
fe, que toma la forma de paciencia. Y esta vir-
tud no parece fácil para el impulsivo monarca,
feliz en las decisiones rápidas. La norma gene-
ral "haz lo que se te ofrezca" (10,7) queda sus-
pendida por la orden explícita "espera siete
días" (10,8): ¿podrá Saúl con ella?
Los hechos se desenvuelven en el cam-
pamento de Guilgal, cerca del Jordán y en el
espinazo montañoso e irregular de Benjamín.
Loma de Saúl es una altura dominadora (839
m), hacia el NE se descubre otra Loma (713
m), lugar de una guarnición filistea; allí se
despeña el monte en un desfiladero y enfren-
te surge la altura de Micmás (607 m.), que
vigila y defiende el paso de sur a norte.
13.1 * El texto hebreo está mutilado.
13.2 Si licencia el grueso del ejército des-
pués de la campaña contra los amonitas, es
que no intentaba por el momento presentar
batalla a los filisteos. Los tres mil hombres,
como ejército permanente, servían para
afrontar imprevistos y ganar tiempo. Es una
novedad incluso respecto a las bandas de
Abimelec y de Jefté. Para convocar más tro-
pas se toca a rebato, como hizo Ehud (Jue
3,27), o Gedeón (Jue 6,34). * = Loma.
13,3-4 Guilgal, con el Jordán a la espal-
da, es un buen puesto para concentrarse. En
caso adverso, es fácil cruzar los vados y sal-
varse al otro lado; en caso favorable es un
tradicional punto de partida.
13,5-8 El autor presenta vigorosamente el
drama de Saúl, como queriendo justificarlo.
Cómo se complace en subrayar el contraste:
la gran concentración filistea -muchos sustan-
547
1 SAMUEL
13,22
rra contra Israel: tres mil carros,
seis mil jinetes e infantería nu-
merosa como la arena de la
playa, y fueron a acampar junto
a Micmás, al este de Betavén.
5
A1 verse en peligro ante el avan-
ce filisteo, los israelitas fueron a
esconderse en las cuevas, los
agujeros, las peñas, los refugios
y los aljibes.
7
Muchos pasaron el
Jordán hacia Gad y Galaad. Saúl
seguía en Guilgal, mientras la
gente, atemorizada, se le marcha-
ba.
8
Aguardó siete días, hasta el
plazo señalado por Samuel; pero
Samuel no llegó a Guilgal, y la
gente se le dispersaba.
9
Entonces
Saúl ordenó:
-Traedme las víctimas del ho-
locausto y de los sacrificios de
comunión.
Y ofreció el holocausto.
Samuel condena a Saúl
10
Apenas había terminado,
cuando se presentó Samuel. Saúl
salió a su encuentro y lo saludó.
"Pero Samuel le dijo:
-¿Qué has hecho?
Contestó:
-Vi que la gente se me disper-
saba y tú no venías en el plazo
señalado, y los filisteos se con-
centraban frente a Micmás,
l2
y
me dije: Ahora bajarán los filis-
teos contra mí a Guilgal, sin que
yo haya aplacado al Señor, y me
atreví a ofrecer el holocausto.
13
Samuel le dijo:
-¡Estás loco! Si hubieras
cumplido la orden del Señor, tu
Dios, él consolidaría tu reino
sobre Israel para siempre.
l4
En
cambio, ahora tu reino no dura-
rá. El Señor se ha buscado un
hombre a su gusto y lo ha nom-
brado jefe de su pueblo, porque
tú no has sabido cumplir la or-
den del Señor.
l5
Samuel se volvió de Guilgal
por su camino. El resto del ejér-
cito subió tras Saúl al encuentro
del enemigo y llegaron desde
Guilgal a Guibeá de Benjamín.
Saúl revistó las tropas que se-
guían con él: unos seiscientos
hombres.
Saúl y Jonatán
l6
Saúl, su hijo Jonatán y sus
tropas se establecieron en Gui-
beá de Benjamín; por su parte,
los filisteos acamparon junto a
Micmás.
l7
Del campamento fi-
listeo salió una fuerza de choque
dividida en tres columnas; una se
dirigió a Ofrá, hacia la zona de
Sual*;
l8
otra se dirigió a Be-
jorón, y la tercera se dirigió a la
colina que domina el valle Se-
boín, hacia la estepa.
I9
Por entonces no se encontraba
un herrero en tierra de Israel, por-
que el plan de los filisteos era que
los hebreos no se forjaran espadas
ni lanzas.
20
Todos los israelitas
tenían que bajar al país filisteo
para aguzar su reja, su azada, su
hacha y su hoz.
2l
Por aguzar una
reja o una azada les cobraban
medio peso, y dos tercios de peso
por un hacha o una aguijada.
22
Así
sucedió que, a la hora de la bata-
lla, en todo el ejército de Saúl no
había más espada ni lanza que las
de Saúl y su hijo Jonatán.
tivos y verbos de batalla- frente a la dispersión
israelita -muchos sustantivos con verbos de
huida, presencia y escondimiento-. En medio
de este doble movimiento, Saúl cada vez más
solo, esperando en Dios que no responde,
aguardando al profeta que no viene.
Betavén, como suena, significa Casa de
Vanidad (es decir, del ídolo), y es denomina-
ción polémica posterior de Betel; cambiando
las vocales sería Casa de Abundancia.
13.8 1 Mac9,5s.
13.9 Puede ser que al sacrificio acompa-
ñase la consulta del oráculo. El holocausto
servía para expiar, los sacrificios de comu-
nión para reconciliarse con Dios. No le esta-
ba prohibido al rey sacrificar, todavía no era
acción exclusiva del sacerdote; la acción de
Saúl habría sido loable si no hubiera media-
do una orden del Señor.
13,10-14 Samuel aparece a media cere-
monia. Saúl resume perfectamente la situa-
ción; pero sus razones, humanamente tan
convincentes, se estrellan frente a la orden
de Dios. La sentencia de Samuel parece
adelantar acontecimientos, especialmente el
desenlace del capítulo 15. Explícitamente no
se rechaza la dinastía, porque el principio
dinástico no ha sido formulado aún (como
sucedió en el caso de Gedeón); las palabras
de Samuel no excluyen la posibilidad de que
Dios elija al hijo de Saúl; pero a la luz de la
historia posterior, vemos que el autor se re-
fiere a David sin nombrarlo.
13,13 Sal 89,21.
13,15 Al marcharse Samuel, nos da la
impresión de que con él se aleja Dios de Saúl;
sin embargo, el capítulo siguiente traerá una
nueva victoria; nueva prueba de que la sen-
tencia de Samuel es una anticipación. Saúl
hasta ahora no ha vencido a los filisteos.
13,17 Según el original, se trata de "los
devastadores", o, como pronunciaría el cas-
tellano antiguo, "gastadores".
* = La Zorra.
13,21 El texto hebreo es muy dudoso, las
traducciones son conjeturales.
13,23 1 SAMUEL 548
23
Un destacamento filisteo sa-
lió hacia la cañada de Micmás.
Hazaña de Jonatán
14 'Un día Jonatán, hijo de
Saúl, dijo a su escudero:
-Vamos a pasar hasta el desta-
camento filisteo, al otro lado de
la cañada.
Pero no se lo dijo a su padre.
2
Saúl estaba entonces en las
afueras de Guibeá*, bajo el grana-
do de la era. Su tropa eran unos
seiscientos hombres.
3
Ajías, hijo
de Ajitub, hermano de Icabod*,
hijo de Fineés, hijo de Eli, sacer-
dote del Señor en Silo, llevaba un
efod.
4
La tropa no se dio cuenta de
que Jonatán se alejaba. A ambos
lados de la cañada que Jonatán
intentaba pasar para llegar al
destacamento filisteo había dos
salientes rocosos: uno se llama-
ba Bosés* y el otro Sene*.
5
Uno
se erguía hacia el norte, frente a
Micmás, y el otro hacia el sur,
frente a Guibeá.
6
Jonatán dijo a su escudero:
-Vamos a pasar hacia el des-
tacamento de esos incircuncisos;
a lo mejor el Señor nos da la vic-
toria; no le cuesta salvar con
muchos o con pocos.
7
E1 escudero respondió:
-Haz lo que quieras; estoy a
tu disposición.
8
Jonatán dijo:
-Mira, vamos a pasar hasta
esos hombres; nos descubrirán.
9
Si nos dicen: «¡Alto! ¡No os
mováis hasta que vayamos a
vosotros!», nos quedamos quie-
tos donde estamos, sin subir
hacia ellos.
l0
Pero si nos dicen:
«¡Subid acá!», subiremos, por-
que el Señor nos los entrega; ésta
será la contraseña.
"El destacamento filisteo los
descubrió, y comentaron:
-Mirad, unos hebreos que sa-
len de las cuevas donde se ha-
bían escondido.
l2
Luego dijeron a Jonatán y a
su escudero:
-Subid acá, que os contamos
una cosa.
Jonatán ordenó entonces a su
escudero:
-Sube detrás de mí, que el
Señor se los entrega a Israel.
l3
Jonatán subió gateando, se-
guido de su escudero; los filis-
teos caían ante Jonatán, y su
14 Este capítulo está bien compuesto,
salvo la escena de los versos 31-34. Es
manifiesta la intención de exaltar la figura de
Jonatán, mientras que el papel de Saúl es
menos feliz. Los filisteos se encuentran en
una altura escarpada, que desaconseja un
ataque frontal; precisamente de esta cir-
cunstancia se aprovecha el joven príncipe
para un ataque por sorpresa; su hazaña
desencadena una batalla de cierta amplitud
y una victoria importante para los israelitas.
Jonatán se atreve a criticar una decisión de
su padre y se gana el favor del pueblo: es el
héroe de la jornada. El que ha escrito y el
que ha conservado esta narración detallada
llevaban en el corazón el recuerdo del joven
malogrado.
La narración se distingue por lo bien pla-
neada. Mientras otras suelen ir dando infor-
maciones a medida que lo pide el desarrollo,
ésta adelanta los elementos esenciales de la
situación. Más que otras, nos da a conocer el
modo de los hechos. El enlace visual de las
escenas (v. 16) es menos común y más efi-
caz que el frecuente enlace "se enteró"; a
partir de él, en olas sucesivas y alternas se
va extendiendo la batalla, según el siguiente
esquema: desbandada filistea - Saúl investi-
ga - crece el tumulto filisteo Saúl ataca -
pánico filisteo - los prófugos se pasan, los
escondidos acuden; al final de esta expan-
sión bélica, la frase culminante: "El Señor
salvó aquel día a Israel".
14, 2* = Loma.
14.3 "Llevar el efod" equivale a ser sumo
sacerdote; no está claro si se trata del vesti-
do que lleva o del objeto de culto que sirve
para la consulta (ejemplo de lo primero 1 Sm
2,28; 22,18; de lo segundo 1 Sm 23,9; 30,7);
el verbo usado hace pensar en la segunda
acepción (véase el v. 18). Ajías continúa to-
davía la dinastía de Eli: 4,19-22.
* = Sin gloria.
14.4 * = El Brillante; La Espina.
14,6 Jonatán invoca un principio clásico:
Jue 7,4-7.
14.10 Después de invocar el auxilio de
Dios, se atreve a pedir una señal del cielo, de
la que serán mediadores los mismos enemi-
gos. Es una situación irónica subrayada por
el doble sentido del verbo 'ly, subir-atacar.
14.11 Probablemente se muestran de-
sarmados, con las armas escondidas, como
un par de israelitas extraviados o fugitivos. El
comentario de los filisteos es despectivo: la
denominación "hebreos", la alusión a la co-
bardía.
14.12 Al cumplirse el signo convenido, Jo-
natán se identifica con todo Israel, emplean-
do una fórmula de la guerra santa.
549 1 SAMUEL 14,33
escudero, detrás, los iba rema-
tando.
l4
Fue la primera victoria
de Jonatán y su escudero: unos
veinte hombres, como en medio
surco de tierra arada. ''Temieron
los filisteos del campamento y
toda la tropa. Temieron también
los de la guarnición y la fuerza
de choque. La tierra tembló: hu-
bo un pánico sobrehumano.
16
Desde Guibeá de Benjamín
vieron los centinelas de Saúl que
el ejército enemigo huía a la des-
bandada.
l7
Entonces Saúl orde-
nó a los suyos:
-Pasad revista, a ver quién se
ha separado de los nuestros.
Pasaron revista, y faltaban Jo-
natán y su escudero.
l8
Saúl ordenó a Ajías:
-Acercarme el efod. (Porque
Ajías era el que llevaba entonces
el efod en Israel).
l9
Mientras Saúl hablaba al sa-
cerdote, el tumulto del campa-
mento filisteo iba en aumento.
Saúl dijo al sacerdote:
-Retira la mano.
20
Todo el ejército de Saúl se
reunió y se lanzó al combate; los
filisteos se acuchillaban unos a
otros, en medio de una confusión
enorme.
2I
Y los hebreos movi-
lizados hacía tiempo por los
filisteos, y que habían subido
con ellos al campamento, se pa-
saron a los israelitas de Saúl y
Jonatán.
22
Todos los israelitas
que se habían escondido en la
serranía de Efraín oyeron que los
filisteos iban huyendo, y se jun-
taron también en su persecución.
23
E1 Señor salvó aquel día a Is-
rael. La lucha llegó hasta Be-
tavén.
24
Los que seguían a Saúl
eran unos dos mil nombres. La
lucha se extendió por toda la
serranía de Efraín.
Saúl cometió aquel día un grave
error, conjurando a la tropa:
-Maldito el que pruebe un bo-
cado antes de la tarde, mientras
me vengo de mis enemigos.
25
Nadie probó bocado. Por el
suelo había unos panales*,
26
y el
ejército se acercó a los panales,
que destilaban miel, pero nadie
se la llevó a la boca, por miedo al
juramento.
27
Jonatán no había
oído el juramento impuesto al
pueblo por su padre, y alargó la
punta del palo que llevaba en la
mano, lo hundió en el panal de
miel, se lo llevó a la boca y le
brillaron los ojos.
28
Uno de la
tropa dijo:
-Tu padre nos echó un jura-
mento maldiciendo al que proba-
se hoy un bocado, y eso que la
tropa está agotada.
29
Jonatán exclamó:
-¡Mi padre ha traído la des-
gracia al país! Mirad cómo me
brillan los ojos, sólo por haber
chupado esta poca miel.
30
Si la
tropa hubiera comido hoy de los
despojos ganados al enemigo, la
derrota de los filisteos sería hoy
mucho mayor.
3
'Aquel día destrozaron a los
filisteos desde Micmás hasta
Ayalón*, y el ejército acabó ago-
tado.
32
Entonces echaron mano
de los despojos y agarraron ove-
jas, vacas y terneros, los degolla-
ron en el suelo y los comieron
con la sangre.
33
Avisaron a Saúl:
14,14-15 La victoria es en realidad mo-
desta, sólo notable por la desproporción de
fuerzas; sus consecuencias van a ser graves,
porque aquella guarnición parecía inexpug-
nable. En una visión épica, hasta la tierra se
resiente del temor pánico que infunde la divi-
nidad. Véanse Is 5,25; Am 8,8; etc.
14,18 El texto, hebreo contiene una co-
rrección posterior: arca en vez de efod. Saúl
quiere consultar las suertes antes de ordenar
un ataque, pero no puede terminar. Hay que
salvar a Jonatán y aprovechar la confusión
del enemigo. 1 Sm 30,7s.
14,20 Son datos típicos de la guerra
santa: Jue 7,22; 2 Cr 20,23. 21 El detalle indi-,
ca que los israelitas estaban sometidos a
prestaciones militares al servicio de los filis-
teos. Es una medida de doble filo.
14,24 La narración marcha hacia atrás
para introducir un episodio importante. He-
mos traducido el texto griego de este verso,
mal conservado en hebreo. El error de Saúl
(shegaga) es una inadvertencia, algo que
afecta al causante y que se convierte en pe-
cado formal cuando, cayendo en la cuenta,
no lo remedia; véanse Lv 4 y 5; Nm 15. Por
un afán de piedad inoportuna está a punto de
provocar una desgracia. Porque el juramento
es activo, equivale a un ayuno ofrecido con
una imprecación. La maldición alcanza a
cualquiera - no a todo el ejército en bloque-,
en principio no hace falta que se descubra y
se juzgue al culpable; éste puede incurrir en
la maldición sin saberlo. Saúl parece fatal-
mente destinado a equivocarse en asuntos
litúrgicos.
14,25 El texto hebreo está mal conserva-
do; seguimos una reconstrucción probable.
14,27 El verso es notable por la plastici-
dad y por el estrechamiento rítmico de la
acción: 5 + 5 + 4 + 3 + 2.
14,31 * = Cervera. Lv 17.
14,32-34 Sobre la prohibición léase Lv 17.
El breve episodio, en el lugar en que se en-
14,34 1 SAMUEL 550
-Mira que la tropa está pecan-
do contra el Señor, tomando la
sangre.
Saúl respondió:
-Rodad aquí una piedra gran-
de.
34
Luego ordenó:
-Id por entre la gente y decid-
les que cada uno me traiga su
toro y su oveja; los degolláis
aquí y los coméis; pero no pe-
quéis contra el Señor tomando la
sangre.
Cada uno llevó lo que tenía, y
Saúl degolló allí los animales.
35
Levantó un altar al Señor (fue
el primero que levantó),
36
y des-
pués dijo:
-Bajaremos tras los filisteos
de noche, a saquearlos hasta el
amanecer, sin dejarles uno vivo.
Le contestaron:
-Haz lo que te parezca bien.
El sacerdote ordenó:
-Vamos a acercarnos a con-
sultar a Dios.
37
Saúl consultó a Dios:
-¿Puedo bajar tras los filis-
teos? ¿Los entregarás en poder
de Israel?
38
Aquel día no obtuvo res-
puesta. Entonces ordenó:
-Acercaos todos los jefes del
pueblo, para ver quién ha come-
tido hoy este pecado.
39
Porque,
¡vive el Señor, salvador de Is-
rael!, aunque sea mi hijo Jona-
tán, morirá sin remedio.
40
Nadie le respondió. Enton-
ces se dirigió a todo Israel:
-Vosotros poneos de un lado y
yo con mi hijo lonatán nos pon-
dremos al otro.
Le respondieron:
-Haz lo que te parezca bien.
4l
Entonces Saúl consultó al
Señor, Dios de Israel:
-¿Por qué no respondes hoy a
tu siervo? Señor, Dios de Israel,
si somos culpables yo o mi hijo
Jonatán, salga cara; si es culpa-
ble tu pueblo Israel, salga cruz.
42
Cayó la suerte en lonatán y
Saúl, y la tropa quedó libre.
Entonces dijo Saúl:
-Echad a suertes entre mi hijo
Jonatán y yo.
43
Le tocó a Jonatán. Y Saúl le
preguntó:
-Dime lo que has hecho.
Jonatán le contó:
-Probé un poco de miel con la
punta del palo que llevaba en la
mano. ¡Y ahora me toca morir!
44
Saúl le dijo:
-¡Que Dios me castigue si no
mueres, Jonatán!
45
Pero la tropa dijo a Saúl:
-¿Cómo va a morir Jonatán.
que ha dado esta gran victoria a
Israel? ¡De ningún modo! ¡Vive
Dios!, que no caerá a tierra ni un
pelo de su cabeza; que su hazaña
de hoy la ha hecho ayudado por
Dios.
46
Así salvaron la vida a Jo-
natán. Saúl dejó de perseguir a
los filisteos, y éstos volvieron a
sus casas.
47
Después de ser proclamado
rey de Israel, Saúl luchó contra
todos sus enemigos de alrededor:
Moab, los amonitas, Edom, el rey
de Soba, los filisteos, y vencía en
todas sus campañas,
48
haciendo
proezas; derrotó a Amalee y libró
a Israel de sus opresores.
49
Sus hijos fueron: Jonatán.
Isbaal, Malquisúa. De sus dos hi-
jas, la mayor se llamaba Merab:
cuentra, retrasa el desenlace de la maldición.
Un punto de enlace con lo que precede es el
hambre de la tropa al terminar la jornada.
14,35 Quizá se trate de un altar conme-
morativo.
14,37-39 Saúl se encuentra copado entre
dos silencios: el de Dios, que no responde y
el del pueblo, que parece saber y ocultar al-
go. El segundo silencio parece desaprobar el
nuevo juramento de Saúl, expresión de una
religiosidad desatinada. Por lo demás, el
movimiento del diálogo es notable en toda la
sección 36-44, con un número de interlocuto-
res poco frecuente.
14,38 1 Sm 28,6.
14.41 El texto hebreo está incompleto; la
traducción griega completa lo que falta. Se
trata de las famosas suertes con dos objetos
llamados urim y tummim.
14.42 Jos 7,16-18.
14.43 La intensidad de la respuesta está
marcada por el tejido de las aliteraciones (ta
'om ta'amti... hamma fíe... me'at... 'amut).
14.45 La tropa rompe su silencio omino-
so en una especie de rebelión democrática.
Si el amor paterno queda satisfecho, la auto-
ridad real comienza a resquebrajarse. Las
palabras suenan con tono amenazador, miti-
gado por la razón religiosa con que conclu-
yen. Si Dios estaba con él, no debe morir. La
suerte, más que designar a un culpable, ha
designado al héroe.
14.46 La derrota de los filisteos no ha
sido definitiva ni las pérdidas han sido dema-
siado graves. Pero su prestigio ha bajado er
la medida en que ha subido la confianza de
los israelitas.
14,47-52 Sumario del reinado de SaC
antes de los sucesos trágicos del capít„ :
siguiente. Nos da una visión muy positiva ZÍ
sus éxitos militares. Parece un poco exage-
rado el recuento de victorias, sobre todc ;
Soba es la región cercana al Antilíbano p:
blada de árameos; por otra parte, si el aL::
551
1 SAMUEL 15,3
la pequeña, Mical.
50
Su mujer se
llamaba Ajinoán, hija de Aji-
maas. El general de su ejército se
llamaba Abner, hijo de Ner, tío
de Saúl. -^Quis, padre de Saúl, y
Ner, padre de Abner, eran hijos
de Abiel.
52
Durante todo el reinado de
Saúl hubo guerra abierta contra
los filisteos. A todo mozo va-
liente y aguerrido que veía, Saúl
lo enrolaba en su ejército.
Saúl
es rechazado
15 'Samuel dijo a Saúl:
-El Señor me envió para un-
girte rey de su pueblo Israel.
2
Por
tanto, escucha las palabras del
Señor. Así dice el Señor de los
ejércitos: «Voy a tomar cuentas a
Amalee de lo que hizo contra
Israel, atacándolo cuando subía
de Egipto. Ahora ve y atácalo;
3
entrega al exterminio todos sus
haberes, y a él no lo perdones;
mata a hombres y mujeres, niños
de pecho y chiquillos, toros, ove-
jas, camellos y burros».
último ha respetado aquí esta lista tan favo-
rable a un personaje que él no aprueba, se
puede pensar que la consideró autorizada.
14,52 Esta nota define mejor el reinado
de Saúl y nos habla de una institución militar
nueva, el ejército permanente.
15 En este capítulo se consuma el recha-
zo de Saúl. Seguirá actuando como rey, pero
su reino comienza a dividirse y no pasará a
un sucesor de la familia. Es fácil de entender
la sentencia de Samuel: "Porque has recha-
zado al Señor, el Señor te rechaza." Es difícil
de comprender la causa de tan dura conde-
na. ¿Es justo acabar con todo un pueblo, in-
cluidas mujeres y niños, y esto por un crimen
cometido hace siglos?
Cuando las guerras son productivas,
porque terminan en saqueo, porque dan mu-
jeres y niños para el trabajo y la esclavitud,
un pueblo puede sentirse tentado a declarar
la guerra nada más por interés: tal guerra
sería un acto de bandidaje legalizado.
Cuando está prohibida toda clase de saqueo,
la guerra no será tentación, sólo se empren-
derá en legítima defensa. Este resultado
secundario de la ley del exterminio total es
bueno; pero ¿justifica dicho exterminio? Y si
la guerra tiene por finalidad ejecutar una sen-
tencia, ¿por qué han de pagar justos por
pecadores? Y si admitimos que accidental-
mente los inocentes sufran no como culpa-
bles castigados, sino como miembros de un
cuerpo social de cuya suerte participan, ¿por
qué, concluida la guerra, se ha de ejecutar el
exterminio total?
Este es el problema que nos plantea el
presente capítulo y otros semejantes del AT.
A la luz de la enseñanza de Cristo, el man-
dato de Samuel nos desconcierta, nos repug-
na. Mirado como etapa superada en la histo-
ria de la revelación, todavía no acabamos de
comprenderlo. Lo más que se nos ocurre es
esto: el Señor elige un pueblo, con sus cos-
tumbres e instituciones, para conducirlo len-
tamente a niveles más altos y puros. El Se-
ñor de la vida, que no anula sin más la mor-
talidad infantil, que castiga a los padres en
los hijos hasta la cuarta generación, que no
impide los accidentes mortales ni las catás-
trofes naturales, acepta provisoriamente una
institución guerrera que causa la muerte de
inocentes. El autor sagrado trasforma esa
aceptación genérica en un mandato concreto
y formal al contar la historia. Por lo demás,
que Saúl no acabó con los amalecitas lo
demuestra su presencia en tiempos posterio-
res: 1 Sm 27,8; 30,2 (cfr. 1 Cr 4,43); aunque
sí es cierto que Amalee desaparece como
pueblo autónomo.
Pero no intentemos disimular el estupor
ni reprimir la protesta. Este capítulo turba a
un cristiano repetidas veces; esa turbación
es un componente de su sentido que nos
obliga a preguntar.
15,1 Samuel se presenta con autoridad
profética, definiendo las coordenadas del ca-
pítulo: el Ungido ha de estar a disposición de
su Soberano, y esa misión genérica se con-
creta ahora en una orden específica. Desde
el principio sabemos que está en juego para
Saúl seguir sus propios planes políticos o
aceptar sin reserva el plan de Dios.
15,2-3 La misión concreta es ejecutar, co-
mo verdugo, una sentencia pronunciada por el
Señor contra un delito antiguo de Amalee. En
la acción injusta y agresiva contra un pueblo
pacífico y desprovisto, Amalee ha decidido su
suerte: Ex 17,8-16; Dt 25,17-19. Parecía que
la historia lo olvidaba, pero el Señor sabe
esperar (Is 18). Sobre el exterminio sagrado
véase el comentario a Jue 7-8. El verdugo de
Dios no tiene derecho a perdonar por razones
personales. Amalee en esta época ya se ha
15,4 1 SAMUEL 552
4
Saúl convocó al ejército y le
pasó revista en Telan: doscientos
mil de infantería y diez mil de
caballería.
5
Marchó a las ciuda-
des amalecitas y puso embosca-
das en la vaguada.
6
A los queni-
tas les envió este mensaje:
-Vosotros salid del territorio
amalecita y bajad. Os portasteis
muy bien con los israelitas cuan-
do subían de Egipto y yo no
quiero mezclaros con Amalee.
7
Los quenitas se apartaron de
los amalecitas. Saúl derrotó a los
amalecitas, desde Telan, según se
va a Sur*, en la frontera de Egip-
to.
s
Capturó vivo a Agag, rey de
Amalee, pero a su ejército lo pasó
a cuchillo.
9
Saúl y su ejército per-
donaron la vida a Agag, a las
mejores ovejas y vacas, al ganado
bien cebado, a los corderos y a
todo lo que valía la pena, sin que-
rer exterminarlo; en cambio, ex-
terminaron lo que no valía nada.
I0
E1 Señor dirigió la palabra a
Samuel:
1
'-Me pesa haber hecho rey a
Saúl, porque ha apostatado de mí
y no cumple mis órdenes.
l2
Samuel se entristeció y se
pasó la noche gritando al Señor.
Por la mañana madrugó y fue a
encontrar a Saúl; pero le dijeron
que se había ido a Carmel*,
donde había erigido una estela, y
después, dando un rodeo, había
bajado a Guilgal.
i3
Samue! se
presentó a Saúl, y éste le dijo:
-El Señor te bendiga. He cum-
plido el encargo del Señor.
l4
Samuel le preguntó:
-¿Y qué son esos balidos que
oigo y esos mugidos que siento?
l5
Saúl contestó:
-Los han traído de Amalee. La
tropa ha dejado con vida a las
mejores ovejas y vacas, para ofre-
cérselas en sacrificio al Señor. El
resto lo hemos exterminado.
l6
Samuel replicó:
-Pues déjame que te cuente lo
que el Señor me ha dicho esta
noche.
Contestó Saúl:
-Dímelo:
l7
Samuel dijo:
-Aunque te creas pequeño,
eres la cabeza de las tribus de Is-
rael, porque el Señor te ha nom-
brado rey de Israel.
I8
E1 Señor te
envió a esta campaña con orden
de exterminar a esos pecadores
amalecitas, combatiendo hasta
acabar con ellos.
l9
¿Por qué no
has obedecido al Señor? ¿Por
qué has echado mano a los des-
pojos, haciendo lo que el Señor
reprueba?
20
Saúl replicó:
-Pero ¡si he obedecido al Se-
ñor! He hecho la campaña a la
que me envió, he traído a Agag.
rey de Amalee, y he exterminado
a los amalecitas.
21
Si la tropa to-
provisto de camellos amaestrados, como
Amón y otras tribus caravaneras.
15,4 Telan se encuentra probablemente
en la región meridional de Judá, cerca de los
amalecitas del desierto meridional.
15,6 La excepción de los quenitas re-
cuerda la de Lot cuando la catástrofe de So-
doma. Sobre las relaciones amistosas de los
quenitas con los israelitas véanse Nm 10,29-
32; Jue 1,16; 4,11.
15, 7* = La Muralla.
15,9 El término hebreo del exterminio sa-
grado es herem (de la misma raíz es el árabe
harén); el sustantivo y el verbo se repiten
siete veces, definiendo el pasaje.
Otra vez sale el verbo "perdonar" (aho-
rrar, guardar, hml). ¿Y perdonar será un deli-
to imperdonable? Es que la acción militar la
ha convertido el pueblo en acto de codicia y
pillaje, mientras que el rey Saúl perdona la
vida al otro rey, quizá por miras políticas. ¿Y
no parecen más útiles y humanas esas razo-
nes económicas y políticas? Poco se saca
con destruir; pero ¿no es destruir el valor útil
ofrecer un holocausto a Dios?
Dt 13, 16-18.
15.11 Véase Gn 6,7. Los gritos de Samuel
parecen de súplica por el hombre que él ha
ungido; como profeta cumple con el oficio de
interceder, esperando quizá que a la mañana
llegue el "tiempo de gracia" y Dios perdone.
Pero en toda la noche no recibe el oráculo so-
licitado, y tiene que partir.
15.12 Se trata de una estela conmemora-
tiva de la victoria. * = La Vega.
15.13 Saúl dice lo contrario que el Señor
en el v. 11: ¿es embuste, o inconsciencia?
15,15 Saúl empieza a sentirse atrapado en
el interrogatorio e intenta justificarse. El exter-
minio sagrado era una consagración de las vi-
das al Señor, equivalía a un sacrificio en el con-
texto casi litúrgico de la guerra santa; por tanto,
no tenía sentido sustraer lo consagrado para
volver a sacrificarlo. Por tercera vez se usa el
verbo perdonar, dejar con vida.
15,17-19 Según el esquema conocido de
la denuncia profética, con elementos de inte-
rrogatorio judicial. El que ha nombrado rey a
Saúl puede darle órdenes y exigirle cuentas.
Un rey por la gracia de Yhwh que no obedece
a Yhwh no puede apoyarse en ofrendas a
Yhwh.
553 1 SAMUEL 16,1
mó del botín ovejas y vacas, lo
mejor de lo destinado al extermi-
nio, lo hizo para ofrecérselas en
sacrificio al Señor, tu Dios, en
Guilgal.
"Samuel contestó:
-¿Quiere el Señor sacrificios y
holocaustos o quiere que obe-
dezcan al Señor? Obedecer vale
más que un sacrificio; ser dócil,
más que grasa de carneros.
23
Pe-
cado de adivinos es la rebeldía,
crimen de idolatría es la obstina-
ción. Por haber rechazado al Se-
ñor, el Señor te rechaza hoy co-
mo rey.
24
Entonces Saúl dijo a Sa-
muel:
-He pecado, he quebrantado
el mandato de Dios y tu palabra;
tuve miedo a la tropa y les hice
caso.
25
Pero ahora perdona mi
pecado, te lo ruego; vuelve con-
migo y adoraré al Señor.
26
Samuel le contestó:
-No volveré contigo. Por ha-
ber rechazado la palabra del
Señor, el Señor te rechaza como
rey de Israel.
27
Samuel dio media vuelta
para marcharse. Saúl le agarró la
orla del manto, que se rasgó,
28
y
Samuel le dijo:
-El Señor te arranca hoy el
reino y se lo entrega a otro más
digno que tú.
29
E1 Campeón de
Israel no miente ni se arrepiente,
porque no es un hombre para
arrepentirse.
3
°Saúl le dijo:
-Cierto, he pecado; pero esta
vez salva mi honor ante los con-
cejales del pueblo y ante Israel.
Vuelve conmigo para que haga
la adoración al Señor, tu Dios.
3
'Samuel volvió con Saúl y
éste hizo la adoración al Señor.
32
Entonces Samuel ordenó:
-Acercadme a Agag, rey de
Amalee.
Agag se acercó temblando, y
dijo:
-Ahora pasa la amargura de la
muerte.
33
Samuel le dijo:
-Tu espada dejó a muchas ma-
dres sin hijos; entre todas queda-
rá sin hijos tu madre.
34
Y lo descuartizó en Guilgal,
en presencia del Señor. Luego se
volvió a Rama, y Saúl volvió a
su casa de Guibeá* de Saúl.
35
Samuel no volvió a ver a Saúl
mientras vivió. Pero hizo duelo
por él, porque el Señor se había
arrepentido de haber hecho a
Saúl rey de Israel.
SAÚL Y DAVID
David, ungido rey
(1 Sm9-10)
16 'El Señor dijo a Samuel:
-¿Hasta cuándo vas a estar la
mentándote por Saúl, si yo lo he
rechazado como rey de Israel?
Llena la cuerna de aceite y vete,
15,22-23 El oráculo propone un principio
general, sobre el sentido y valor de los sacri-
ficios, que reaparece en el AT con variacio-
nes; se puede aplicar al culto. Pueden con-
sultarse los pasajes clásicos: Sal 50; Is 1;
Eclo 34-35. Del principio general fluye la sen-
tencia condenatoria: puede haber un culto
que sea apostasía, una piedad que sea re-
chazar al Señor.
15,24-25 Finalmente Saúl confiesa el pe-
cado y pide perdón, como se hace en la litur-
gia penitencial (p. ej. Sal 51). También el
Faraón dijo "he pecado", y fue en vano (Ex
9,27).
15,24 2 Sm 12,13.
15,27 El signo, que otras veces ratifica la
certeza de una profecía, ahora lo provoca el
mismo Saúl, en su esfuerzo desesperado por
retener al hombre de Dios, y con él el favor
de Dios. Es un gesto de ironía trágica. 1 Re
11,30.
15,29 Samuel parece enunciar otro prin-
cipio. ¿No contradice a los versos 11 y 35?
Como si Dios se arrepintiese del beneficio y
no de la«ondena. ¿No se arrepintió para per-
donar, a petición de Moisés? (Ex, 32,14); y
Oseas dice: "No volveré a destruir a Efraín,
que soy Dios y no hombre" (Os 11,9). Sa-
muel habla más bien del caso actual, en el
que Dios ha pronunciado la sentencia final.
Con todo, esta sentencia permitirá a Saúl
vivir y morir como rey; lo castigará "en sus
hijos", no dejando que continúen su dinastía.
15,32 Si Agag hubiera quedado con vida,
acarrearía una execración al pueblo. Algunos
traducen de otro modo el texto hebreo dudo-
so: "Se acercó alegre y dijo: Ya ha pasado la
amargura de la muerte".
15,34* = Loma.
16 David es una de las grandes figuras
de la historia de Israel, figura a la vez militar,
política y religiosa. Es el comienzo de una
nueva elección, de una institución salvadora
estable; su recuerdo será terreno en que se
descubra y madure la esperanza mesiánica.
Por eso David es una figura exaltada e
idealizada, formada por la historia y la leyen-
da, por la memoria y la fantasía, sin que sea
hoy posible separar con rigor sus componen-
16,2 1 SAMUEL 554
por encargo mío, a Jesé, el de
Belén, porque entre sus hijos me
he elegido un rey.
2
Samuel contestó:
-¿Cómo voy a ir? Si se entera
Saúl, me mata.
El Señor le dijo:
-Llevas una novilla y dices
que vas a hacer un sacrificio al
Señor.
3
Convidas a Jesé al sacri-
ficio, y yo te indicaré lo que tie-
nes que hacer; me ungirás al que
tes. Probablemente muy pronto se empeza-
ron a formar tradiciones diversas de su vida y
hazañas, que el autor de nuestro libro no pu-
do descartar ni consiguió armonizar. El David
guerrero y el David músico producen dos ver-
siones de su llegada a la corte de Saúl; el
David pastor y el capitán se armonizan en
etapas sucesivas.
A estos hilos narrativos, sueltos o trenza-
dos, se fueron superponiendo nuevas varia-
ciones o complementos, según las condicio-
nes históricas de los sucesores y según la
reflexión teológica de la escuela que elabora-
ba los textos ya existentes. Así encontramos
un David teólogo que, en medio de la acción
narrativa, revela en sabios discursos el senti-
do religioso de los sucesos.
Detrás de simplificaciones de una mirada
distante, por entre la ornamentación épica o
lírica, se entrevé una vida azarosa que desem-
boca en el trono y en una dinastía estable. Ese
proceso piensan los autores, ha sido asumido
y dirigido por Dios para salvar a su pueblo. Por
eso es legítimo enmarcar la maraña de los su-
cesos con dos narraciones iluminadoras: la
elección inicial de Dios, incluida la unción anti-
cipada, y la profecía de Natán refrendando la
nueva monarquía. Esta manera de proyectar
hacia el pasado y hacia el futuro muestran la
visión superior de los autores bíblicos, su tran-
quila certeza al interpretar los hechos. En sus
palabras se revela la salvación que se fue rea-
lizando en los hechos.
Sobre los valores artísticos de las períco-
pas se destaca el juego contrastado de los
personajes: Saúl, antagonista indeciso y arbi-
trario, lentamente devorado por la envidia y la
sospecha; Jonatán, dividido entre la piedad
filial y la amistad. Entre tanto Samuel se retira
discretamente, para que sus personajes ocu-
pen todo el escenario. Hay que leer primero
esta historia seguida, hasta la muerte de Saúl,
antes de releer con atención sus episodios.
16,1-13 Es doctrina clásica que David ha
sido elegido expresamente por el Señor. La
primera aparición de David en el libro encaja
ya en esta doctrina, gracias al recurso litera-
rio de la anticipación: la unción, que proba-
blemente vino a sancionar un proceso ya
adelantado, se coloca en la primera juventud
o adolescencia de David, en la primera pági-
na de su historia El Señor toma la iniciativa,
Samuel es el ejecutor oficial, el pueblo no
cuenta. Comparémosla con la elección de
Saúl: iniciativa de los israelitas, viciada desde
el comienzo, aceptada por Dios como conce-
sión tolerante. En el caso de David el Señor
ha aceptado el principio monárquico y lo to-
ma en sus propias manos. El contraste está
ligeramente marcado con la presentación del
primer eliminado: Eliab era de buena apa-
riencia y gran estatura -como Saúl -, por den-
tro no era como el Señor quería -también
como Saúl-.
En el descubrimiento del elegido, el autor
utiliza el conocido motivo del hermano menor
que se antepone a sus hermanos, tan común
en el folclore. En el desarrollo emplea una
variante de la articulación conocida: una se-
rie de tres, el resto hasta siete, el último. Al
mismo género narrativo pertenece la frase
repetida como un estribillo.
16.1 Los verbos rechazar y elegir (m's y
bhr) se oponen: en 10,24 Samuel ha dicho
que el Señor eligió a Saúl, en otras dos oca-
siones dice que ha sido el pueblo. En este
primer verso se emplea el verbo r'h ver, fijar-
se en, elegir. Toda la historia dramática que
se va a contar está concentrada en esa sim-
ple oposición, ofrecida como palabra inicial y
activa de Dios. Al lector se le da como clave
de lectura teológica; ¿cuándo lo llegó a com-
prender Samuel?
La función profética de ungir reyes se
prolongará en otros, como Ajías de Silo y
Eliseo. Sal 89,21.
16.2 Belén poseía su santuario y su altar,
antes de la centralización del culto. La obje-
ción del profeta indica que ya Saúl sospe-
chaba; el hecho es posterior.
16.3 El procedimiento de decir las cosas
a medias, para no descubrirlo todo desde el
principio, es común en la narración bíblica
(Gn 12 y 22, Abrahán; Nm 22, Balaán). Tiene
función narrativa y además reserva la iniciati-
va a Dios, que se declara por etapas.
555 1 SAMUEL 16,16
yo te diga.
4
Samuel hizo lo que le mandó
el Señor. Cuando llegó a Belén,
los ancianos del pueblo fueron
ansiosos a su encuentro:
-¿Vienes en son de paz?
•''Respondió:
-Sí, vengo a hacer un sacrifi-
cio al Señor. Purificaos y venid
conmigo al sacrificio.
6
Purificó a Jesé y a sus hijos y
los convidó al sacrificio. Cuando
llegó, vio a Eliab, y pensó:
-Seguro, el Señor tiene delan-
te a su ungido.
Tero el Señor le dijo:
-No te fijes en las apariencias
ni en su buena estatura. Lo re-
chazo. Porque Dios no ve como
los hombres, que ven la aparien-
cia. El Señor ve el corazón.
8
Jesé llamó a Abinadab y lo
hizo pasar ante Samuel, y Sa-
muel le dijo:
-Tampoco a éste lo ha elegido
el Señor.
9
Jesé hizo pasar a Sama, y Sa-
muel dijo:
-Tampoco a éste lo ha elegido
el Señor.
l0
Jesé hizo pasar a siete hijos su-
yos ante Samuel, y Samuel le dijo:
-Tampoco a éstos los ha elegi-
do el Señor.
1
'Luego preguntó a Jesé:
-¿Se acabaron los muchachos?
Jesé respondió:
-Queda el pequeño, que preci-
samente está cuidando las ovejas.
Samuel dijo:
-Manda a por él, que no nos
sentaremos a la mesa mientras
no llegue.
12
Jesé mandó a por él y lo hizo
entrar: era de buen color, de her-
mosos ojos y buen tipo. En-
tonces el Señor dijo a Samuel:
-Anda, úngelo, porque es éste.
l3
Samuel tomó la cuerna de
aceite y lo ungió en medio de sus
hermanos. En aquel momento
invadió a David el espíritu del
Señor, y estuvo con él en adelan-
te. Samuel emprendió la vuelta a
Rama.
David,
en la corte de Saúl
14
E1 espíritu del Señor se había
apartado de Saúl, y lo agitaba un
mal espíritu enviado por el Se-
ñor.
l5
Sus cortesanos le dijeron:
-Ahora te agita un mal espíri-
tu.
16
Da una orden, y nosotros,
tus siervos, buscaremos a uno
16.4 El viaje a Belén no desdice del juez
itinerante que conocemos por 7,16, aunque
Belén quede algo lejos de su ciudad (unos 50
kilómetros). El término "ansiosos" es fuerte,
algo más que un simple temor reverencial.
Implica que el profeta podía venir a denunciar
y condenar con palabra eficaz.
16.5 La purificación incluía ritos de conti-
nencia y lavatorios para conseguir la pureza
cúltica (Lv 7,19). El sacrificio, pretexto frente
a Saúl, se va a convertir en marco litúrgico de
la elección.
16.6 Los dos primeros nombres significan:
"Mi dios es padre", "mi padre es príncipe" (no
tiene el componente -Ya, Yo- de Yahvé).
16.7 Juega con el verbo ver (= elegir) del v.
1: Dios "se ha fijado en uno", Samuel se fija en
otro, -"apariencia" se forma de la misma raíz-.
Compárese la oposición con la de Is 55,8.
16.11 Narrativamente está muy marcada
la separación de David. Su oficio pastoril es
un dato importante de la tradición (por ejem-
plo: Sal 78,70-72). Sin él no se celebrará el
banquete sacrificial.
16.12 Se diría que el narrador se está fi-
jando en las apariencias. La belleza de David
puede pertenecer, al menos en parte, a la figu-
ra idealizada del monarca; es fácil que tenga
fundamento histórico. En todo caso, es de no-
tar que en Saúl y Eliab resaltaba la corpulen-
cia, la robustez, en David la belleza; (Goliat las
considera incompatibles: capítulo 17).
16,12-13 La elección es estable: el espí-
ritu, que irrumpe ocasionalmente en los jue-
ces, se queda en David. Además, este "espí-
ritu" cumple una función narrativa secunda-
ria, en contraste con el "mal espíritu" de Saúl
(v. 4).
16,14-23 Lo que ha anunciado Samuel en
15,18 se empieza a cumplir: el espíritu ha
penetrado en David y ha abandonado a Saúl.
El paso del espíritu del Señor y la venida del
mal espíritu son el puente narrativo para reali-
zar el primer encuentro de David con Saúl; es
decir, el primero según una de las versiones,
la pacífica. El puente no puede anular ni disi-
mular la discrepancia entre las tres perícopas
iniciales: la unción de David (16,1-13), David
cantor (14-23), el vencedor de Goliat (17).
16,14 En términos psicológicos, ese
"espíritu malo" es un primer ataque o síntoma
del mal que aquejará en adelante a Saúl, y
que irá creciendo: fuertes depresiones y ata-
ques violentos de ira (maníaco depresivo).
16,16 Es interesante leer en un texto tan
antiguo un testimonio sobre el valor terapéu-
tico de la música, capaz de serenar el ánimo,
con poder sobre los malos espíritus. Sobre el
uso de la música para profetizar, véase 2 Re
3,13.
16,17
] SAMUEL
556
que sepa tocar la cítara; cuando
te sobrevenga el ataque del mal
espíritu, él tocará, y se te pasará.
17
Saúl ordenó:
-Buscadme un buen músico y
traédmelo.
l8
Entonces uno de los cortesa-
nos dijo:
-Yo conozco a un hijo de Jesé,
el de Belén, que sabe tocar y es
un muchacho muy valioso, buen
guerrero, habla muy bien, es de
buena presencia y el Señor está
con él.
19
Saúl mandó emisarios a Jesé
con esta orden:
-Envíame a tu hijo David, el
que está con el rebaño.
20
Jesé tomó cinco panes, un
pellejo de vino y un cabrito, y se
los mandó a Saúl por medio de
David.
2l
David llegó a palacio y
se presentó a Saúl; al rey le
causó muy buena impresión, y lo
hizo su escudero.
22
Saú] mandó este recado a
Jesé:
-Que se quede David a mi ser-
vicio, porque me gusta.
23
Cuando el mal espíritu ata-
caba a Saúl, David tomaba el ar-
pa y tocaba. Saúl se sentía alivia-
do y se le pasaba el ataque del
mal espíritu.
David y Goliat
(Eclo 47, 3-6)
17 'Los filisteos reunieron su
ejército para la guerra; se con-
16.17 La figura de un David músico está
muy arraigada en la tradición, especialmente
en la tradición cúltica de las Crónicas.
16.18 Al narrador le parece poco esta
habilidad musical, y por boca de un criado
pronuncia el elogio complexivo del joven: as-
pecto físico, valor militar, temperamento ar-
tístico, protección del Señor. El joven músico
es un ideal humano en la boca del siervo; his-
tóricamente es innegable que David poseyó
un atractivo humano extraordinario. Lo de ha-
blar muy bien, puede referirse a cualidades
de narrador de historias, cosa que se podía
hacer con acompañamiento musical.
16,21 "Escudero" es en rigor un cargo
militar; pero no los veremos salir juntos a la
guerra; no sabemos si era cargo puramente
honorífico en la corte. El ascenso rápido de
David es todo obra de Saúl.
17 La historia de David y Goliat presenta
sus dificultades. Primero, el relato desconoce
todo lo precedente, Saúl no conoce todavía a
David; segundo, según 2 Sm 21,19, es Elja-
nán de Belén, uno de los campeones de
David, quien mata al filisteo Goliat de Gat; se
podría pensar en una victoria de David sobre
un soldado filisteo que la tradición ha confun-
dido con otro. Por otra parte, la victoria sobre
Goliat se supone en 19,5; 21,10; 22,10.13.
A pesar de las dificultades, el autor del
libro tenía razón al conservar este capítulo:
es una narración clásica. Clásica porque se
ha incorporado a la tradición occidental, co-
mo una de las páginas favoritas del AT. Y si
queremos, también por su indudable paren-
tesco con la épica homérica. La armadura del
gigante, toda en bronce -sól o la punta de la
lanza era de hierro-, el desafío, el duelo sin-
gular, son detalles más frecuentes en la Mia-
da que en la Biblia.
Salvo una incoherencia al final y un in-
tento de armonización en 12-15, la narración
está bien construida y equilibrada. Entre un
prólogo y un epílogo, 1-3 y 55-58, discurre el
relato en una serie de escenas compuestas
variablemente de acción (A), o descripción (D)
y palabra (P). El esquema es el siguiente:
a) D.P.A. 4-7.8-10.11: el campamento;
solo de Goliat; efecto en los israelitas.
b) A.P.A. 12-15.17-19.20-22: David es
enviado por su padre.
c) A.P. 23-24.25-30: David en el campa-
mento, diálogos.
d) A.P.A.P. 31.32-37.38-39a.39b: David
ante Saúl; (flash back).
e) A.P.A. 40-42.43-47.48-51 a: pelea sin-
gular.
f) A. 51b-54: victoria general; desenlace.
El v. 16 es como una pieza de montaje: la
figura del gigante proyecta su sombra sobre la
aldea; el v. 54 adelanta hechos y sirve para
cerrar en inclusión con la figura de Goliat.
También se puede notar la presencia al-
terna de la multitud en las escenas primera,
tercera y última, como fondo de escenas con
dos personajes: David con su padre, David
con Saúl, David con Goliat.
Junto a la construcción tenemos que
considerar a los personajes. De las dos mul-
titudes presentadas al principio se destacan
dos solistas: Goliat y David; lo cual significa
que Saúl está relegado a la multitud de Is-
rael, con la que se confunde en el miedo (v.
11). Si Saúl se destaca en la escena cuarta
(en la tienda real), su papel es negativo; lo
557
1 SAMUEL
17,3
centraron en Soco* de Judá y
acamparon entre Soco y Azeca*,
en Fesdamín.
2
Saúl y los israeli-
tas se reunieron y acamparon en
el valle de Ela*, y formaron para
la batalla contra los filisteos.
3
Los filisteos tenían sus posicio-
nes en un monte y los israelitas
en el otro, con el valle en medio.
más que hace es "enviar", lo mismo que
había hecho Jesé; ni siquiera sus armas ser-
virán vicariamente; en la persecución final
desaparece Saúl, sólo se destaca David.
Lo lógico es que Saúl hubiera salido a
responder al desafio de Goliat: éste se llama
a sí mismo "el filisteo", a Saúl le tocaría ser el
israelita. Más aún, Goliat lo llama indirecta-
mente amo de esclavos. Retirado Saúl, que-
dan Goliat y David reservados para el com-
bate singular, representantes de los dos pue-
blos y ejércitos.
Hay otra oposición que recorre todo el
relato y es más significativa: el contraste del
guerrero y del pastor. La figura pastoril de
David es el leitmotiv del episodio. Las dos pri-
meras escenas plantean la oposición: irrum-
pe en escena el "guerrero": estatura procer,
armadura completa, desafío; a distancia y en
segundo plano aparece el hijo menor de Jesé
recibiendo órdenes paternas; los tres herma-
nos mayores han ido a la guerra, él se ha
quedado con el rebaño; irá al campamento
por breve tiempo como recadero, para volver
a su oficio (lo subraya el v. 15); si va al cam-
pamento militar es para preguntar cómo es-
tán (en hebreo: por su paz); las últimas pala-
bras del padre (v. 19) subrayan el dato: los
hermanos con Saúl y todos los israelitas es-
tán en el frente. Cuando David se marcha,
encarga el rebaño a un guardián.
En la tercera escena David anda como
perdido en el campamento, recogiendo noti-
cias de oídas: "Pregunta a sus hermanos",
"oye al filisteo", "pregunta a la gente". Eliab
se encarga de recordarle a su hermano su
verdadero oficio de pastor, y David se defien-
de arguyendo que no ha hecho nada, han
sido sólo palabras.
Paradójicamente, será Saúl quien comien-
ce a transformar al pastor en guerrero. La cuar-
ta escena prepara y retrasa el cambio. En pri-
mer lugar, Saúl intenta disuadir al mozo, es
decir, quiere relegarlo a la masa indiferenciada
de los israelitas; después cede e intenta trans-
formarlo en guerrero: es un intento exterior, de
sólo traje y armas, y fracasa; David sale a la
pelea, pero está claro que sale en pura calidad
de pastor, las armas reales no le sirven. En el
diálogo con Saúl, David ha argumentado en
calidad de pastor: tales son sus victorias y sus
armas; el flash back exalta su experiencia y
valentía de pastor, en fuerte contraste con Go-
liat "guerrero desde mozo".
La escena culminante lleva el contraste
al extremo: guerrero frente a pastor. Lo ob-
serva Goliat, lo sabe David, lo muestra el
narrador concentrándose con precisión des-
criptiva en la piedra y la honda. En la escena
final David se presenta como el hijo de Jesé,
el pastor con la cabeza cortada del guerrero.
El motivo del pastor tiene dos comple-
mentos: uno es la insistencia en que es pe-
queño, joven (v. 14.28.33.43.55.56); segun-
do, el más pequeño cuenta con el apoyo del
Señor. Así encontramos el motivo clásico del
menor-mayor, en su versión teológica.
Ahora bien, el esquema del pastor se
destaca con valor simbólico. El pastor cuida
de sus ovejas, las defiende de las fieras; el
rey debería cuidar de su pueblo, defendién-
dolo del enemigo; rey / pastor, pueblo / reba-
ño, enemigo / fieras. Saúl no es capaz de
cumplir su oficio, David lo cumple, mostrando
su capacidad de reinar. El pastor asume el
cuidado del pueblo (incluido el rey) y lo
defiende del enemigo / fiera. Hasta el final,
pastor. Sólo en el capítulo próximo lo nom-
brará Saúl capitán. Externamente los suce-
sos son casuales, parece que es Saúl quien
hace la promoción; en realidad, es el Señor
mismo quien "de andar tras las ovejas lo llevó
a pastorear a su pueblo, Jacob" (Sal 78,71).
17.1 Casi a mitad de camino entre Belén
y la costa, en un puesto que controla uno de
los accesos al interior. Entre varias eminen-
cias se forma una especie de circo por cuyo
costado discurre un arroyo. La última locali-
dad, tal como está escrita en el texto hebreo,
significaría "término de la sangre".
* = Vallado; Cavada.
17.2 * = Encina.
17,3-7 Goliat es un buen nombre filisteo:
Walyata-Alyata. Según el texto hebreo, sólo
el metal de la lanza era de hierro. Cosa
extraña, siendo así que los filisteos apoyaban
su superioridad en el monopolio del hierro.
Goliat parece un héroe de otro tiempo, o usa
17,4
1 SAMUEL 558
4
Del ejército filisteo se adelan-
tó un campeón, llamado Goliat,
oriundo de Gat, de casi tres me-
tros de alto.
5
Llevaba un casco de
bronce en la cabeza, una cota de
malla de bronce que pesaba
medio quintal,
6
grebas de bronce
en las piernas y una jabalina de
bronce a la espalda;
7
el asta de su
lanza era como la percha de un
tejedor y su hierro pesaba seis
kilos. Su escudero caminaba de-
lante de él.
8
Goliat se detuvo y
gritó a las filas de Israel:
-¡No hace falta que salgáis
formados a luchar! Yo soy el fi-
listeo, vosotros los esclavos de
Saúl. Elegios uno que baje hasta
mí;
9
si es capaz de pelear conmi-
go y me vence, seremos esclavos
vuestros; pero si yo le puedo y lo
venzo, seréis esclavos nuestros y
nos serviréis.
I0
Y siguió:
-¡Yo desafío hoy al ejército de
Israel! ¡Echadme uno, y luchare-
mos mano a mano!
1
'Saúl y los israelitas oyeron el
desafío de aquel filisteo y se lle-
naron de miedo.
l2
David era hijo de un efrateo
de Belén de Judá, llamado Jesé,
que tenía ocho hijos, y cuando
reinaba Saúl era ya viejo, de
edad avanzada;
13
sus tres hijos
mayores habían ido a la guerra
siguiendo a Saúl; se llamaban
Eliab el primero, Abinadab el se-
gundo y Sama el tercero.
l4
Da-
vid era el más pequeño. Los tres
mayores habían seguido a Saúl;
l5
David iba y venía del frente a
Belén, para guardar el rebaño de
su padre.
I6
E1 filisteo se aproximaba y
se plantaba allí mañana y tarde;
llevaba ya haciéndolo cuarenta
días.
,7
Jesé dijo a su hijo David:
-Toma media fanega de grano
tostado y estos diez panes, y llé-
vaselos corriendo a tus hermanos
al frente,
l8
y estos diez quesos
llévaselos al comandante. Mira a
ver cómo están tus hermanos y
toma el recibo que te den.
19
Saúl,
tus hermanos y los soldados de
Israel están en el valle de Ela,
luchando contra los filisteos.
20
David madrugó, dejó el re-
baño al cuidado del rabadán,
cargó y se marchó, según el en-
cargo de Jesé.
2l
Cuando llegaba
al cercado de los carros, los sol-
dados salían a formar, lanzando
el alarido de guerra. Israelitas y
filisteos formaron frente a frente.
22
David dejó su carga al cuidado
de los de intendencia, corrió ha-
cia las filas y preguntó a sus her-
manos qué tal estaban.
23
Mien-
tras hablaba con ellos, un cam-
peón, el filisteo llamado Goliat,
oriundo de Gat, subió de las filas
del ejército filisteo y empezó a
decir aquello. David lo oyó; los
israelitas,
24
al ver a aquel hom-
bre huyeron aterrados.
25
Uno
dijo:
-¿Habéis visto a ese hombre
que sube? ¡Pues sube a desafiar a
Israel! Al que lo venza, el rey lo
colmará de riquezas, le dará su
hija y librará de impuestos a la
familia de su padre en Israel.
26
David preguntó a los que
estaban con él:
-¿Qué le darán al que venza a
ese filisteo y salve la honra de
Israel? Porque, ¿quién es ese fi-
listeo incircunciso para desafiar
al ejército del Dios vivo?
27
Los soldados le repitieron lo
mismo:
-Al que le venza le darán este
premio.
28
Eliab, el hermano mayor, lo
oyó hablar con los soldados y se
le enfadó:
-¿Por qué has venido? ¿A
quién dejaste aquellas cuatro
ovejas en el páramo? Ya sé que
eres un presumido y qué es lo
que pretendes: a lo que has veni-
do es a contemplar la batalla.
29
David respondió:
-¿Qué he hecho yo ahora? Es-
taba preguntando.
una armadura heredada. Todavía no se men-
ciona su espada.
17,4 Nm 13,33.
17,8-9 Goliat se burla del régimen mo-
nárquico, que esclaviza los hombres a un
rey. En su desafío propone jugarse quién
será vasallo de quién.
17,12-15 Con tanto detalle parece como
si quisiera retrasar los hechos. Para más de-
talles de la genealogía de David hay que con-
sultar el final del libro de Rut.
17,17 Gn37,13s.
17,21 1 Sm 4,5.
17,25-26 De la misma raíz vienen el ver-
bo que traducimos por "desafiar" (salvar la
honra) y el sustantivo "deshonra": con su de-
safío Goliat coloca a Israel en situación des-
honrosa, de derrota práctica; sólo aceptando
el desafío y venciendo se devolverá el honor
de Israel. Por encima del duelo humano, un
hombre contra un ejército, se alza el capitán
celeste del ejército israelita, el verdadero de-
safiado e injuriado por el "incircunciso". El
título no coincide con el clásico "Señor de los
Ejércitos" (Yhwh Sabaot), pero es equivalen-
te. Aquí es donde comienza a emerger el Da-
vid teólogo, que comprende y explica el sen-
tido de todos los hechos en su profundidad
auténtica.
17,26 Jos 3,10.
559 1 SAMUEL
17,48
30
Se volvió hacia otro y pre-
guntó:
-¿Qué es lo que dicen?
Los soldados le respondieron
lo mismo que antes.
3
'Cuando se corrió lo que de-
cía David, se lo contaron a Saúl,
que lo mandó llamar.
32
David dijo a Saúl:
-Majestad, no os desaniméis.
Este servidor tuyo irá a luchar
con ese filisteo.
33
Pero Saúl respondió:
-No podrás acercarte a ese fi-
listeo para luchar con él, porque
eres un muchacho, y él es un
guerrero desde mozo.
34
David le replicó:
-Tu servidor es pastor de las
ovejas de mi padre, y si viene un
león o un oso y se lleva una oveja
del rebaño,
35
salgo tras él, lo apa-
leo y se la quito de la boca, y si
me ataca, lo agarro por la melena
y lo golpeo hasta matarlo.
36
Tu
servidor ha matado leones y osos;
ese filisteo incircunciso será uno
más, porque ha desafiado a las
huestes del Dios vivo.
37
Y añadió:
-El Señor, que me ha librado
de las garras del león y de las
garras del oso, me librará de las
manos de ese filisteo.
Entonces Saúl le dijo:
-Anda con Dios.
38
Luego vistió a David con su
uniforme, le puso un casco de
bronce en la cabeza, le puso una
loriga,
39
y le ciñó su espada so-
bre el uniforme. David intentó
en vano caminar, porque no esta-
ba entrenado, y dijo a Saúl:
-Con esto no puedo caminar,
porque no estoy entrenado.
40
Entonces se quitó todo de en-
cima, agarró el cayado, escogió
cinco cantos del arroyo, se los
echó al zurrón, empuñó la honda
y se acercó al filisteo.
4l
Este, pre-
cedido de su escudero, iba avan-
zando acercándose a David;
42
lo
miró de arriba abajo y lo despre-
ció, porque era un muchacho de
buen color y guapo,
43
y le gritó:
-¿Soy yo un perro para que
vengas a mí con un palo?
44
Luego maldijo a David invo-
cando a sus dioses, y le dijo:
-Ven acá, y echaré tu carne a
las aves del cielo y a las fieras
del campo.
45
Pero David le contestó:
-Tú vienes hacia mí armado de
espada, lanza y jabalina; yo voy
hacia ti en nombre del Señor de
los ejércitos, Dios de las huestes
de Israel, a las que has desafiado.
46
Hoy te entregará el Señor en mis
manos, te venceré, te arrancaré la
cabeza de los hombros y echaré tu
cadáver y los del campamento
filisteo a las aves del cielo y a las
fieras de la tierra, y todo el mundo
reconocerá que hay un Dios en
Israel,
47
y todos los aquí reunidos
reconocerán que el Señor da la
victoria sin necesidad de espadas
ni lanzas, porque ésta es una gue-
rra del Señor, y él os entregará en
nuestro poder.
48
Cuando el filisteo se puso en
marcha y se acercaba en direc-
ción de David, éste salió de la
17,32 No carece de ironía el presentar al
joven pastor animando al rey: ¿es presun-
ción, o ingenuidad? La respuesta de Saúl lo
toma en el segundo sentido.
17,34-36 Con una velocísima acumula-
ción de verbos de acción resume el joven sus
hazañas contra las fieras; se diría un nuevo
Sansón, que luchó con leones y filisteos.
17,37 El epifonema suena casi como es-
tribillo de un posible salmo, de marcado para-
lelismo.
17,38-39 La armadura de Saúl resulta
más modesta que la de Goliat, aunque pro-
bablemente más elaborada que la de sus sol-
dados. Por la relación personal de vestidos y
armadura con sus dueños, las armas reales
tenían que comunicar al joven un suplemen-
to de vigor. Al primer "no podrás" del rey res-
ponde David "con esto no puedo", lo cual pre-
para por contraste el verso siguiente.
17,40 Los preparativos se describen con
minucia, como las armas de Goliat al princi-
pio; y las marcadas aliteraciones dan fuerte
resalte a este verso.
17.43 "Perro", en sentido despectivo; los
pastores todavía no usaban perros domesti-
cados. La aliteración usada por el gigante
parece querer transformar el palo deshonro-
so en maldición (keleb = perro, maqqel =
palo, qalal= maldecir); en sus sonidos resue-
na la sonoridad del llamativo verso 40.
17.44 Frase estereotipada: 1 Re 14,11;
16,4; 21,24; Jr 7,33. Es quedar sin sepultura.
17,45-47 El discurso de David es una
confesión teológica que reconoce al Señor
como protagonista. Rítmicamente, a las tres
armas del filisteo se opone el Señor con su
nombre y títulos. La intervención divina lleva-
rá a un reconocimiento universal y local. Está
claro quiénes son los dos rivales del duelo,
en el que David es modesto representante,
ejecutor de lo ya consumado.
17.45 Sal 20,8.
17.46 2 Re 19,19.
17.47 2 Cr 20,15.
17,48-49 Quizá el filisteo no conociese la
honda como arma de combate y se figura
que David viene desarmado. El necesita
17,49 1 SAMUEL
560
formación y corrió velozmente
en dirección del filisteo;
49
echó
mano al zurrón, sacó una piedra,
disparó la honda y le pegó al
filisteo en la frente: la piedra se
le clavó en la frente, y cayó de
bruces en tierra.
50
Así venció
David al filisteo, con la honda y
una piedra; lo mató de un golpe,
sin empuñar espada.
5l
David
corrió y se paró junto al filisteo,
le agarró la espada, la desenvai-
nó y lo remató, cortándole la
cabeza. Los filisteos, al ver que
había muerto su campeón, huye-
ron.
52
Entonces los soldados de
Israel y Judá, en pie, lanzaron el
alarido de guerra y persiguieron
a los filisteos hasta la entrada de
Gat y hasta las puertas de Ecrón;
los filisteos cayeron heridos por
el camino de Saaraym* hasta
Gat y Ecrón.
í3
Los israelitas de-
jaron de perseguir a los filisteos
y se volvieron para saquearles el
campamento.
54
David agarró la
cabeza del filisteo y la llevó a
Jerusalén, las armas las guardó
en su tienda.
55
Cuando Saúl vio a David sa-
lir al encuentro del filisteo, pre-
guntó a Abner, general del ejér-
cito:
-Abner, ¿de quién es hijo ese
muchacho?
Abner respondió:
-Por vuestra vida, majestad,
no lo sé.
56
E1 rey le dijo:
-Pregunta de quién es hijo el
muchacho.
57
Cuando David volvió de ma-
tar al filisteo, Abner lo llevó a
presentárselo a Saúl, con la ca-
beza del filisteo en la mano.
58
Saúl le preguntó:
-¿De quién eres hijo, mu-
chacho?
David respondió:
-De tu servidor Jesé, el de
Belén.
Envidia de Saúl
18 'Cuando David acabó de
hablar con Saúl, Jonatán se enca-
riñó con David; lo quiso como a sí
acercarse, al menos a tiro seguro de jabalina,
mientras que a David le ayuda mantener una
cierta distancia; por eso resulta extraño que
corra hacia él. Quizá se pudiera traducir
"corrió hacia las filas, al acercarse el filisteo".
17,49-51 Los versos 49 y 51 emplean la
técnica conocida de articular la acción en
momentos precisos y rápidos, con acumula-
ción verbal; el verso 50, en cambio, es como
un comentario que hace coro al principio de
que "el Señor da la victoria sin espada".
También expresa la oposición guerrero-pas-
tor explicada más arriba.
17.51 Jdt 13,8.
17,52-53 La distancia entre Judá e Israel
será más tarde decisiva, pero ya tenía funda-
mento entonces: David y Saúl la representan
a su manera. La derrota filistea es en buena
parte cuestión de prestigio, una huida des-
honrosa, un revés sin muchas pérdidas.
17.52 * = Dospuertas.
17,54 Naturalmente la noticia no encaja:
porque Jerusalén todavía no ha sido con-
quistada, y cuando la conquistó David, de
aquella cabeza quedaría la calavera y el
casco. El sentido en el contexto es simple-
mente el de un trofeo de guerra. Jdt 13,15.
17,55-58 Este epílogo no va de acuerdo
con la narración, y sirve más bien para intro-
ducir el capítulo siguiente empalmándolo con
el 17. El procedimiento de volver hacia atrás
es normal, pero es inexplicable la ignorancia
de Saúl.
Abner es tío de Saúl y su primer general.
La escena concluye propiamente en 18,2.
18 Este capítulo reúne noticias y episo-
dios diversos ligados por dos temas contra-
puestos: el éxito creciente de David y el te-
mor creciente de Saúl. La oposición produce
un movimiento dialéctico, porque precisa-
mente el temor de Saúl provoca el éxito de
David y viceversa. Unidad artística y simplifi-
cada de un proceso.
El éxito de David es general y rápido: el
hijo del rey se encariña con él, la hija del rey
se enamora de él, cae bien en la tropa, lo esti-
man los ministros, lo quieren Judá e Israel;
triunfa en la guerra, escapa de un atentado;
finalmente, el Señor está con él. Por su parte
Saúl, a raíz del triunfo sobre Goliat, se irrita,
después teme, siente pánico, atenta contra su
vida, se vuelve enemigo permanente suyo.
Así es muy pronto David amado de todos
odiado del rey ('oheb 'oyeb). Y en la actitud
frente a él deciden los otros su suerte.
No es este capítulo modelo de imparciali-
dad. Por algo temía Saúl: el principio monár-
quico era reciente en Israel y el principio di-
nástico aún no había cuajado; si Saúl había
sido aceptado por sus victorias militares, aho-
ra había otro que lo ganaba en ese terreno; el
pueblo podía muy bien elegirse otro monarca.
Además Saúl ya había tomado posición contra
él. A estas razones objetivas se unió el proce-
so patológico que sufrió el rey.
561 1 SAMUEL
18,23
mismo.
2
Saúl retuvo entonces a
David y no lo dejó volver a casa
de su padre.
3
Jonatán y David hi-
cieron un pacto, porque Jonatán lo
quería como a sí mismo;
4
se quitó
el manto que llevaba y se lo dio a
David, y también su ropa, la espa-
da, el arco y el cinto.
5
David tenía
tal éxito en todas las incursiones
que le encargaba Saúl, que el rey
lo puso al frente de los soldados, y
cayó bien entre la tropa, e incluso
entre los ministros de Saúl.
6
Cuando volvieron de la gue-
rra, después de haber matado
David al filisteo, las mujeres de
todas las poblaciones de Israel
salieron a cantar y recibir con
bailes al rey Saúl, al son alegre
de panderos y sonajas.
7
Y canta-
ban a coro esta copla:
«Saúl mató a mil,
David a diez mil»
8
A Saúl le sentó mal aquella
copla, y comentó enfurecido:
-¡Diez mil a David y a mí mil!
¡Ya sólo le falta ser rey!
9
Y a partir de aquel día Saúl le
tomó ojeriza a David.
I0
A1 día siguiente le vino a
Saúl el ataque del mal espíritu, y
andaba frenético por palacio,
mientras David tocaba el arpa
como de costumbre. "Saúl lle-
vaba la lanza en el manto y la
arrojó, intentando clavar a David
en la pared, pero David la esqui-
vó dos veces.
I2
A Saúl le entró miedo de Da-
vid, porque el Señor estaba con
él y se había apartado de Saúl.
l3
Entonces alejó a David nom-
brándolo comandante, y hacía
expediciones al frente de las tro-
pas.
I4
Y todas sus campañas le
salían bien, porque el Señor esta-
ba con él.
l5
Saúl vio que a David le sa-
lían las cosas muy bien, y le en-
tró pánico.
16
Todo Israel y Judá
querían a David, porque los
guiaba en sus expediciones.
David, yerno de Saúl
l7
Una vez dijo Saúl a David:
-Mira, te doy por esposa a mi
hija mayor, Merab, a condición
de que te portes como un valien-
te y pelees las batallas del Señor.
Porque pensó:
«Es mejor que lo maten los
filisteos y no yo».
l8
David respondió:
-¿Quién soy yo y quiénes mis
hermanos -la familia de mi
padre- en Israel para llegar a
yerno del rey?
l9
Pero cuando llegó el mo-
mento de entregarle a David por
esposa a Merab, hija de Saúl, se
la dieron a Adriel, el de Mejolá*.
20
Mical, hija de Saúl, estaba ena-
morada de David. Se lo comuni-
caron a Saúl y le pareció bien,
2
'porque calculó:
-Se la daré como cebo, para
que caiga en poder de los filisteos.
Y renovó su propuesta a David:
-Hoy puedes ser mi yerno.
22
Luego dijo a sus ministros:
-Hablad a David confiden-
cialmente: «Mira, el rey te apre-
cia y todos sus ministros te quie-
ren; acepta ser yerno suyo».
23
Los ministros de Saúl insinua-
ron esto a David, y él respondió:
-¡Pues no es nada ser yerno
del rey! Yo soy un plebeyo sin
medios.
18,1-3 Jonatán se siente atraído por David
y se liga con el vínculo de la "camaradería" en
sentido antiguo: unión con compromisos mu-
tuos que sella el cambio ritual de traje y armas
(de la que hay ejemplos en la literatura clási-
ca). Amistad reglamentada de compañeros de
armas: ha quedado atrás el David pastor.
18,3 Prov 17,17.
18.5 El verso resume un proceso de as-
censo militar que pudo ser rápido. En el
verso siguiente remontamos a hechos ante-
riores.
18.6 Sobre esa costumbre véanse Ex 15
(María), Jue 11,34 (la hija de Jefté).
18.10 En hebreo está muy marcado el
contraste: la cítara en mano de David, la lan-
za en mano de Saúl. Un episodio semejante
en 19,9ss. Con frecuencia veremos a Saúl
con su lanza: 20,24; 26,7; 2 Sm 1,6.
18.11 "Arrojó", o bien blandió en gesto
amenazador, que David comprende. "El
Señor se aparta de Saúl", Saúl "aparta de sí"
a David: va agravando su soledad. 1 Sm
19,9s.
18,16 1 Sm8,20.
18,17-27 El episodio del matrimonio con la
hija del rey sigue el esquema de las dos her-
manas, la mayor y la menor (recuérdense Lía
y Raquel, Sansón). En ambos casos, según el
narrador, Saúl utiliza a su hija para deshacer-
se de David, con perversa crueldad para con
ambos.
El rey había prometido "su hija" (17,25:
suponemos que es la mayor), ahora se la
debe por la victoria sobre el filisteo; la nueva
exigencia es ya una primera negativa.
18,18 La respuesta de David, más que
una excusa para no aceptar, es un modo cor-
tés y modesto de aceptar, exaltando la cali-
dad de la oferta. Así resulta de lo que sigue.
18,19* = Bailen.
18,23 Eclo 13,2-7.
18,24 1 SAMUEL 562
24
Los ministros comunicaron a
Saúl lo que había respondido
David,

y Saúl les dijo:
-Habladle así: «Al rey no le
interesa el dinero; se contenta con
cien prepucios de filisteos, como
venganza contra sus enemigos».
(Pensando que haría caer a David
en poder de los filisteos).
26
Entonces los ministros de
Saúl comunicaron a David esta
propuesta, y le pareció una condi-
ción justa para ser yerno del rey.
27
Y no había expirado el plazo,
cuando David emprendió la mar-
cha con su gente, mató a dos-
cientos filisteos y llevó al rey el
número completo de prepucios,
para que lo aceptara como yerno.
Entonces Saúl le dio a su hija
Mical por esposa.
28
Saúl cayó en la cuenta de que
el Señor estaba con David y de
que su hija Mical estaba enamo-
rada de él.
29
Así creció el miedo
que tenía a David, y fue su ene-
migo de por vida.
30
Los genera-
les filisteos salían a hacer incur-
siones, y siempre que salían,
David tenía más éxito que los
oficiales de Saúl. Su nombre se
hizo muy famoso.
Saúl y Jonatán
(Eclo 6,14-17)
19 'Delante de su hijo Jonatán
y de sus ministros, Saúl habló de
matar a David. Jonatán, hijo de
Saúl, quería mucho a David,
2
y
le avisó:
-Mi padre, Saúl, te busca para
matarte. Estáte atento mañana y
escóndete en sitio seguro;
3
yo
saldré e iré al lado de mi padre al
campo donde tú estés; le hablaré
de ti, y si saco algo en limpio, te
lo comunicaré.
4
Así, pues, Jonatán habló a su
padre, Saúl, en favor de David:
-¡Que el rey no ofenda a su
siervo David! El no te ha ofendi-
do, y lo que él hace es en tu pro-
vecho;
5
se jugó la vida cuando
mató al filisteo, y el Señor dio a
Israel una gran victoria; bien que
te alegraste al verlo. ¡No vayas a
pecar derramando sangre ino-
cente, matando a David sin mo-
tivo!
6
Saúl hizo caso a Jonatán, y
juró:
-¡Vive Dios, no morirá!
7
Jonatán llamó a David y le
contó la conversación; luego lo
llevó a donde Saúl, y David si-
guió en palacio como antes.
8
Se reanudó la guerra y David
salió a luchar contra los filisteos;
les infligió tal derrota, que huye-
ron ante él.
9
Saúl estaba sentado en su pa-
18,25 El precio significa la muerte atesti-
guada de cien filisteos. Tiene especial valor
aplicado a los "incircuncisos" filisteos; otros
pueblos cortaban a los caídos el miembro viril.
18,28 La asistencia del Señor a David pro-
voca en Saúl un miedo sacro, que no logra ra-
cionalizar y desemboca en hostilidad. Entra el
rey en una situación ambigua, entre los impul-
sos agresivos y el terror insuperable.
19 El autor sigue enhebrando episodios
diversos, o repetidos, en el hilo de su narra-
ción. El hilo conductor de la hostilidad de
Saúl y la repetida liberación de David por
intercesión de Jonatán, por habilidad del
mismo David, por el ingenio de Mical, por el
espíritu de Dios. El verbo mlt = salvarse,
escapar con vida, liga varios episodios. En
cuanto a la disposición, se repite parcialmen-
te y se prolonga el capítulo 18: Saúl-Jona-
tán-David; episodio de la lanza: Saúl-Da-
vid-Mical.
El motivo dominante en segundo plano
(los filisteos) prolonga su presencia en un
inciso, v. 8, con el que el autor nos quiere
recordar la situación; como diciendo que, en
tiempo de guerra, Saúl intenta eliminar a su
mejor capitán. Falta el tema del ascenso de
David. Esta disposición no puede considerar-
se como puramente cronológica; obedece
más bien a intenciones temáticas. En los dos
últimos episodios se escucha un tono irónico,
casi burlesco: Saúl se vuelve figura trágico-
cómica: la piedad y el respeto por el rey se la
cede el narrador al mismo David, y sólo se
contagiará de ellas al final. Los episodios son
minúsculos, no permiten un desarrollo narra-
tivo rico; su mérito está en la invención del
tema (o selección, en términos de historia), y
en la agudeza del desenlace.
19,1-7 Primer episodio. Intercesión de
Jonatán. Su recurso es la palabra, natural-
mente apoyada en su doble amor por Saúl y
David: tiene que librar a David de la muerte,
a su padre del crimen. Su brevísimo discurso
es una maciza apología: David es inocente,
sería injusto hacerle mal; David es un bene-
factor, sería injusto no pagárselo; David ha
sido instrumento del Señor, sería peligroso
atentar contra él. Jonatán enuncia aquí el
gran tema de los capítulos que siguen: el
duelo entre David y Saúl acerca de la ino-
cencia y culpabilidad de ambos. Son térmi-
nos correlativos.
19.4 Eclo 37,5.
19.5 Dt 19,10-13.
563 1 SAMUEL 20,1
lacio con la lanza en la mano,
mientras David tocaba el arpa.
Un mal espíritu enviado por el
Señor se apoderó de Saúl,
l0
el
cual intentó clavar a David en la
pared con la lanza, pero David la
esquivó. Saúl clavó la lanza en la
pared y David se salvó huyendo.
Mical
salva a David
"Saúl mandó emisarios aque-
lla noche a casa de David para
vigilarlo y matarlo a la mañana.
Pero su mujer, Mical, le avisó:
-Si no te pones a salvo esta mis-
ma noche, mañana eres cadáver.
l2
Ella lo descolgó por la ven-
tana y David se salvó huyendo.
l3
Mical agarró luego el ídolo, lo
echó en la cama, puso en la cabe-
cera un cojín de pelo de cabra y
lo tapó con una colcha.
14
Cuando
Saúl mandó los emisarios a Da-
vid, Mical les dijo:
-Está malo.
l5
Pero Saúl despachó de nue-
vo los emisarios para que busca-
ran a David:
-Traédmelo en la cama, que lo
quiero matar.
l6
Llegaron los emisarios y se
encontraron con un ídolo en la
cama y un cojín de pelo de cabra
en la cabecera.
17
Entonces Saúl dijo a Mical:
-¿Qué modo es éste de enga-
ñarme? ¡Has dejado escapar a mi
enemigo!
Mical le respondió:
-El me amenazó: «Si no me
dejas marchar, te mato».
Saúl, en trance
18
Mientras tanto, David se
salvó huyendo y llegó a Rama, el
pueblo de Samuel, y le contó to-
do lo que había hecho Saúl. En-
tonces fueron lo dos a alojarse al
convento.
l9
Cuando avisaron a
Saúl que David estaba en el con-
vento de Rama,
20
despachó emi-
sarios para apresarlo. Encon-
traron a la comunidad de profe-
tas en trance, presididos por Sa-
muel; el espíritu de Dios se apo-
deró de los emisarios de Saúl, y
también ellos entraron en trance.
2l
Se lo avisaron a Saúl, y mandó
otros emisarios, que también
entraron en trance. Por tercera
vez despachó unos emisarios, y
también éstos entraron en trance.
22
Entonces fue él en persona a
Rama, y al llegar al pozo de la
era junto al cabezo, preguntó:
-¿Dónde están Samuel y
David?
Le respondieron:
-En el convento de Rama.
23
Siguió hasta el convento de
Rama, y también de él se apode-
ró el espíritu de Dios, entró en
trance y caminó así hasta el con-
vento de Rama.
24
Se quitó la
ropa y estuvo en trance delante
de Samuel, tirado por tierra, des-
nudo, todo aquel día y toda la
noche. (Por eso dicen: «¡Hasta
Saúl está con los profetas!»).
David y Jonatán
20 'David huyó del convento de
Rama y fue a decirle a Jonatán:
-¿Qué he hecho, cuál es mi
delito y mi pecado contra tu pa-
dre para que intente matarme?
19,9-10 Casi repetición de 18,10-11, con
el detalle añadido de la lanza que se clava en
la pared. Aunque la sucesión no sea cronoló-
gica, el autor da la impresión de los cambios
violentos en la conducta de Saúl.
19,11-17 El episodio está articulado en
tres envíos (según fórmula conocida). El en-
gaño preparado por Mical tiene un par de ele-
mentos dudosos: el "ídolo" (terafim) solía
tener figura humana y proporciones peque-
ñas, por eso difícilmente llenaría una cama;
también es conjetura el cojín de pelo de ca-
bra. De aquí procede la variedad de traduc-
ciones y explicaciones. Con todo, el sentido
de la burla parece bastante claro.
19,18-24 Este episodio añade el interés de
introducir al viejo profeta, Samuel. Vive en su
pueblo y visita un "convento", o lugar donde
habita un grupo de profetas. No sabemos si el
lugar tenía derecho de asilo. El esquema na-
rrativo de tres más uno da relieve a Saúl. Es
irónico presentar al rey desnudo, por tierra,
ante el profeta; y aumenta la ironía el recuerdo
del primer trance profético de Saúl, que com-
probaba su elección (capítulo 10).
19,19 2 Re 1,9-12.
20 Este capítulo contiene una narración
lineal y dramática. Por el desdoblamiento del
primer diálogo en dos escenas resultan cua-
tro breves escenas, que se equilibran y avan-
zan hasta un momento decisivo:
a) Jonatán y David en la corte; b) Los dos
en el campo, c) Jonatán y Saúl en palacio, d)
Jonatán y David en el campo.
Gran parte de la acción es diálogo, el
tono dramático procede de la situación y de
las palabras.
Jonatán y David renuevan su pacto de
amistad, que los une fuertemente en el mo-
mento en que han de separarse. David apela
al pacto, oprimido por el peligro de muerte
que aprecia con claridad; Jonatán, lleno de
20,2
1 SAMUEL 564
2
Jonatán le dijo:
-¡Nada de eso! ¡No morirás!
No hace mi padre cosa grande ni
chica que no me la diga antes.
¿Por qué va a ocultarme esto mi
padre? ¡Es imposible!
3
Pero David insistió:
-Tu padre sabe perfectamente
que te he caído en gracia, y dirá:
«Que no se entere Jonatán, no se
vaya a llevar un disgusto». Pero,
vive Dios, por tu vida, estoy a un
paso de la muerte.
4
Jonatán le respondió:
-Lo que tú digas lo haré.
5
Entonces David le dijo:
-Mañana precisamente es lu-
na nueva, y me toca comer con el
rey. Déjame marchar y me ocul-
taré en descampado hasta pasado
mañana por la tarde.
6
Si tu padre
me echa de menos, le dices que
David te pidió permiso para
hacer una escapada a su pueblo,
Belén, porque su familia celebra
allí el sacrificio anual.
7
Si él dice
que bueno, estoy salvado; pero si
se pone furioso, quiere decir que
tiene decidida mi muerte.
8

leal con este servidor, porque
nos une un pacto sagrado. Si he
faltado, mátame tú mismo, no
hace falta que me entregues a tu
padre.
9
Jonatán respondió:
-¡Dios me libre! Si me entero
de que mi padre ha decidido que
mueras, cierto que te aviso.
l0
David preguntó:
-¿Quién me lo avisará, si tu
padre te responde con malos
modos?
1
'Jonatán contestó:
-¡Vamos al campo!
l2
Salieron los dos al campo, y
Jonatán le dijo:
-Te lo prometo por el Dios de
Israel; mañana a esta hora son-
dearé a mi padre, a ver si está a
buenas o a malas contigo, y te
enviaré un recado.
l3
Si trama
algún mal contra ti, que el Señor
me castigue si no te aviso para
que te pongas a salvo. ¡El Señor
esté contigo como estuvo con mi
padre!
l4
Si entonces yo vivo to-
davía, cumple conmigo el pacto
sagrado, y si muero,
l5
no dejes
nunca de favorecer a mi familia.
Y cuando el Señor aniquile a los
enemigos de David de la faz de
la tierra,
l6
no se borre el nombre
de Jonatán en la casa de David.
¡Que el Señor tome cuentas a los
enemigos de David!
,7
Jonatán hizo jurar también a
David por la amistad que le te-
nía, porque lo quería con toda el
alma,
18
y le dijo:
presentimientos sombríos, quiere alargar el
pacto más allá de la muerte. Saúl los separa:
intenta quebrar la lealtad de Jonatán apelan-
do al deber filial y a la esperanza de suce-
derle en el trono; no lo consigue, pero los
separa de por vida,
20,1-11 Jonatán confía en el éxito de su
primera intercesión: la primera escena del
capítulo precedente resuena aquí, y obliga al
lector a tender un puente de continuidad na-
rrativa. David tiene que desengañarlo de tal
confianza en la bondad última de Saúl. El
diálogo de cuatro dobles intervenciones es
largo para el estilo bíblico.
20,1-2 El comienzo es apasionado: Da-
vid pronuncia una sola pregunta urgente,
marcada por la aliteración inicial; Jonatán
responde agitadamente con una impreca-
ción, una negación categórica, un enunciado,
una pregunta, una negación categórica, en
ritmo irregular y expresivo.
20,3 David continúa en estilo enfático; su
doble imprecación por la vida del Señor y por
la del amigo, ensombrece el recuerdo de la
muerte amenazadora.
20,5-7 El plan de David aclarará la situa-
ción a la vez que le permitirá escapar. La luna
nueva o comienzo de mes es día festivo.
20,8 La alianza sellada ante el Señor vin-
cula a los dos soldados: si uno quebranta gra-
vemente la lealtad, el otro podrá matarlo sin
recurrir a una instancia superior. Eclo 14,16.
20,12-23 Esta salida al campo de los dos
amigos nos recuerda sin querer aquella otra
de dos hermanos llamados Caín y Abel. Jo-
natán comienza respondiendo a la petición de
David, pero muy pronto se remonta mirando al
futuro: en sus palabras está renunciando
prácticamente a sus derechos de sucesión,
está viendo a David como sucesor de Saúl,
invoca el favor de Dios para el nuevo rey y el
favor del nuevo rey para sí y su familia.
Lealtad más allá de la muerte. Es como si
Jonatán rindiese el homenaje que no podrá
rendir en vida; como anticipando su muerte,
pone a sus descendientes bajo la protección
de David. Esta es la fuerza de la amistad y de
la alianza.
Se habla del nombre de Jonatán, no de
Saúl. En estas dos escenas el narrador ha
evitado nombrar a Saúl; es "tu padre", "mi
padre", según quien hable; una vez es "el rey";
cuando el narrador tome la palabra, en la ter-
cera escena, entonces lo nombrará.
20,13 1 Sm 10,7.
20,17 Eclo 25,9.
565
1 SAMUEL 20,38
-Mañana es luna nueva. Te
echarán de menos, porque verán
tu asiento vacío.
l9
Pasado maña-
na tu ausencia llamará mucho la
atención. Tú te vas a donde te
escondiste aquella vez, y te que-
das junto a las piedras;
20
yo dis-
pararé tres flechas en esa direc-
ción, como tirando al blanco,
2l
y
mandaré un criado que vaya a
por las flechas. Si le digo: «Las
tienes más acá, recógelas», pue-
des venir, es que todo te va bien,
no hay problema, vive Dios.
22
Pero si le digo al chico: «Las
tienes más allá», vete, el Señor
quiere que te marches.
23
Y en
cuanto a la promesa que nos he-
mos hecho tú y yo, el Señor esta-
rá siempre entre los dos.
24
Así, pues, David se escondió
en el campo.
25
Llegó la luna nueva y el rey
se sentó a la mesa para comer;
ocupó su puesto de siempre,
junto a la pared; Jonatán se sentó
enfrente, y Abner a un lado, y se
notó que el puesto de David que-
daba vacío.
26
Pero aquel día Saúl
no dijo nada, porque pensó: «A
lo mejor es que no está limpio,
no se habrá purificado».
27
Pero
al día siguiente, el segundo del
mes, el sitio de David seguía
vacío, y Saúl preguntó a Jonatán:
-¿Por qué no ha venido a
comer el hijo de Jesé ni ayer ni
hoy?
28
Jonatán le respondió:
29
-Me pidió permiso para ir a
Belén. Me dijo que lo dejase
marchar, porque su familia cele-
braba en el pueblo el sacrificio
anual y sus hermanos le habían
mandado ir; que si no me parecía
mal, él se iría a ver a sus herma-
nos. Por eso no ha venido a la
mesa del rey.
30
Entonces Saúl se encolerizó
contra Jonatán, y le dijo:
-¡Hijo de mala madre! ¡Ya sa-
bía yo que estabas conchabado
con el hijo de Jesé, para vergüen-
za tuya y de tu madre!
31
Mientras
el hijo de Jesé esté vivo sobre la
tierra, ni tú ni tu reino estaréis
seguros. Así que manda a buscár-
melo, porque merece la muerte.
32
Jonatán le replicó:
-Y ¿por qué va a morir? ¿Qué
ha hecho?
33
Entonces Saúl le arrojó la
lanza para matarlo. Jonatán se
convenció de que su padre había
decidido matar a David.
34
Se le-
vantó enfurecido y no comió
aquel día (el segundo del mes),
afligido porque su padre había
deshonrado a David.
35
Por la mañana Jonatán salió
al campo con un chiquillo para la
cita que tenía con David.
35
Dijo
al muchacho:
-Corre a buscar las flechas
que yo tire.
El muchacho echó a correr, y
Jonatán disparó una flecha, que
lo pasó.
37
É1 muchacho llegó a
donde había caído la flecha de
Jonatán,
38
y éste le gritó:
-¡La tienes más allá! ¡Corre
20,23 El Señor sanciona el pacto sagra-
do, (sanctus = sancionado): sanciona la
mutua aceptación, el mantenimiento, y san-
cionará las transgresiones de cualquiera de
las partes. Gn 31,50.
20,25-34 El esquema clásico de los tres
tiempos o días se cumple aquí con gran den-
sidad abarcando esta escena y la siguiente:
el primer día reina un silencio ominoso, el
segundo día estalla la cólera, el tercer día se
consuma la fuga.
20.26 No sólo el banquete sagrado, sino
cualquier banquete exigía estado de pureza,
para no contaminar a los demás; era muy
fácil adquirir una contaminación, y complica-
do purificarse de ella.
20.27 En boca de Saúl (v. 27.30.31),
David es "el hijo de Jesé"; evita el nombre
personal.
20,30-33 Saúl reacciona con violencia
inusitada: se trata de la traición del heredero.
La orden obliga a Jonatán a tomar partido
contra David, por su padre (que será tomar
partido por sus propios derechos): haciendo
de esbirro y trayendo a David para que sea
ejecutado, traicionará a su amigo, será fiel a
su padre, se asegurará el trono. Al negarse
Jonatán, Saúl ve consumada la traición, no
puede contar con su heredero; en un nuevo
arrebato o ataque intenta matarlo allí mismo.
Jonatán en su intento pacificador ha pre-
cipitado la ruptura, el odio final de Saúl. Es
una figura trágica.
20,30 Prov 15,20.
20,35-42 David habló en la primera esce-
na con pasión, después ha callado escu-
chando, después se esconde, finalmente de-
saparece. En casi toda esta escena a David
le toca escuchar escondido; y al final no dice
nada.
En esas flechas disparadas se nos anto-
ja ver una cifra de la situación. Flechas, juego
de guerreros, Jonatán no ha dado en el blan-
co; van más allá del criado con su mensaje
cifrado; y están disparando a David hacia lo
desconocido. David arrojado: ¿dará en el
blanco? Pero, aunque los hebreos amaban el
lenguaje de las acciones simbólicas, no po-
demos afirmar que dieran tal alcance a estas
flechas. Con todo, debemos escuchar con
20,39 1 SAMUEL 566
aprisa, no te quedes parado!
39
E) muchacho recogió la fle-
cha y se la llevó a su amo, sin
sospechar nada; sólo Jonatán y
David lo entendieron.
40
Jonatán
dio sus armas al criado y le dijo:
-Anda, llévalas a casa.
4l
Mientras el muchacho se
marchaba, David salió de su
escondite; cayó ante él a tierra,
postrándose tres veces; luego se
abrazaron llorando los dos co-
piosamente.
42
Jonatán le dijo:
-Vete en paz. Como nos lo ju-
ramos en el nombre del Señor:
que el Señor sea siempre juez de
nosotros y de nuestros hijos.
David, en Nob
21 'David emprendió la marcha,
y Jonatán volvió a la ciudad.
2
Da-
vid llegó a Nob, donde el sacerdo-
te Ajimélec. Este salió ansioso a
su encuentro y le preguntó:
-¿Por qué vienes solo, sin na-
die contigo?
3
David le respondió:
-El rey me ha encargado un
asunto y me ha dicho que nadie
sepa una palabra de sus órdenes \
del asunto que me encargaba. A
los muchachos los he citado en tal
sitio.
4
Ahora dame cinco panes, si
los tienes a mano, o lo que tengas.
5
E1 sacerdote le respondió:
-No tengo a mano pan ordina-
rio. Sólo tengo pan consagrado:
si es que los muchachos se han
guardado, al menos, del trato con
mujeres.
6
David le respondió:
David escondido esas palabras de Jonatán
"corre, aprisa, no te quedes parado". El cria-
do no lo entiende, David y Jonatán tienen
ahora un secreto.
20,41 Se postra en señal de respeto al
amigo: véanse, por ejemplo, Gen 42,6 (los her-
manos ante José); Gn 33,3 (Jacob ante Esaú).
DAVID Y SAÚL
Cuando David se despide de Jonatán y
abandona definitivamente la corte, inicia una
vida errante, de proscrito. Primero en territorio
israelítico poblado, después por las montañas
y en descampado, con un intermedio en Moab,
y finalmente en territorio filisteo (la perícopa
21,11-16 adelanta el capítulo 27; la visita a
Moab, 22,1-5, también parece estar adelanta-
da. La noticia de la muerte de Samuel, 25,1, y
la visita del rey a la bruja, capítulo 28, adelan-
tan y preparan la muerte de Saúl).
Aparte el consejo del profeta (22,5) y las
repetidas consultas a Dios en los capítulos
23 y 30, la narración discurre en un plano
simplemente humano. La hostilidad de Saúl
no se dice provocada por un espíritu maligno,
sino que se explica por el temor de perder el
trono para sí y su hijo; temor exacerbado
morbosamente, aunque no injustificado. Las
sucesivas liberaciones de David son fruto de
su astucia, presencia de ánimo, decisión
rápida, de un acontecimiento inesperado; a
través de estos factores humanos, el Señor
va dirigiendo la carrera de David, sin inter-
venciones milagrosas o espectaculares.
Aunque el estilo de las narraciones no sea
puramente histórico, y aunque algunos episo-
dios tomen colores legendarios, gran parte de
lo narrado corresponde a hechos históricos.
Un David valiente, agitado, sin demasiados
escrúpulos, va subiendo hacia el trono; mien-
tras que un Saúl también valiente, pero coléri-
co e inestable, camina hacia su ruina. El autor
ha visto en ese doble curso la mano de Dios
guiando la historia de su pueblo.
21,1-10 Nob parece ser una localidad pró-
xima a Jerusalén (según Is 10,32). Quizá des-
pués de la caída de Silo se ha convertido en
un centro importante del reino, por la presen-
cia del sumo sacerdote y de un grupo de 85
sacerdotes. Este número, si no es la corres-
pondencia numérica de kohane = sacerdotes,
parece bastante exagerado. En Nob se con-
sulta el oráculo, se despachan procesos, se
conservan exvotos, y el v. 7 supone que ya
entonces se presentaban panes al Señor co-
mo ofrenda permanente (véase Lv 24).
Ajimélec (= mi hermano es rey) debe de
ser el mismo Ajías, que ha aparecido en 14,3.
ya que "melek" es un título de Yhwh, de donde
la variante del nombre. El sacerdote conocía a
David y su alto cargo en la corte, pero no sabe
nada de la nueva situación. No parece tener
relaciones con Samuel, el juez-profeta.
David busca dos cosas elementales: pan
para mantener la vida y una espada para de-
fenderla. Lo que encuentra es de buen augu-
rio: pues, ¿qué mejor pan que el consagrado
al Señor?, ¿y qué mejor espada que la del
filisteo?
21.5 Mateo 12,1-4 aduce este uso profa-
no del pan consagrado, en caso de necesi-
dad, para defender a los discípulos ham-
brientos que arrancan espigas en sábado.
21.6 La continencia es uno de los elemen-
tos de la pureza ritual (Ex 19,15) y también se
567
1 SAMUEL
22,5
-Seguro. Siempre que salimos
a una campaña, aunque sea de
carácter profano, nos abstenemos
de mujeres. ¡Cuánto más hoy los
muchachos se conservan limpios!
7
Entonces el sacerdote le dio
pan consagrado, porque no había
allí más pan que el presentado al
Señor, retirado de la presencia
del Señor, para poner el pan re-
ciente del día.
8
(Estaba allí aquel
día uno de los empleados de
Saúl, detenido en el templo; se
llamaba Doeg, edomita, mayoral
de los pastores de Saúl).
9
David
preguntó a Ajimélec:
-¿No tienes a mano una lanza
o una espada? Ni siquiera traje la
espada ni las armas, porque el
encargo del rey era urgente.
I0
E1 sacerdote respondió:
-La espada de Goliat, el filis-
teo, al que mataste en el Valle de
Ela. Ahí la tienes, envuelta en un
paño, detrás del efod. Si la quie-
res, llévatela; aquí no hay otra.
David dijo:
-¡No la hay mejor! Dámela.
David, en Gat
"Huyendo David aquel día
lejos de Saúl, llegó a donde Aquís,
rey de Gat.
12
Pero los cortesanos
de Aquís comentaron con el rey:
-Ese es David, rey del país.
¿No le cantaban a éste danzando:
«Saúl mató a mil, David a diez
mil?».
l3
No se le escapó a David aquel
comentario, y tuvo miedo de
Aquís, rey de Gat.
l4
Entonces se
puso a hacer el bobo ante ellos;
fingiéndose loco cuando iban a
apresarlo, se puso a arañar las
puertas, dejándose caer la baba
por la barba.
15
Entonces Aquís di-
jo a sus cortesanos:
l6
-¡Si ese hombre está loco!
¿A qué me lo habéis traído? ¿An-
do escaso de tontos para que me
traigáis éste a hacer tonterías? ¿A
qué viene éste a mi palacio?
David, huido
22 'David marchó de allí a es-
conderse en el refugio de Adu-
lan. Cuando se enteraron sus pa-
rientes y toda su familia, fueron
allá.
2
Se le juntaron unos cuatro-
cientos hombres, gente en apu-
ros o llena de deudas o desespe-
rados de la vida.
3
David fue su
jefe. De allí marchó a Mispá, de
Moab, y dijo al rey de Moab:
-Permite a mis padres vivir
entre vosotros, hasta que vea qué
quiere Dios de mí.
4
Se los presentó al rey de
Moab, y se quedaron allí todo el
tiempo que David estuvo en el
refugio.
5
E1 profeta Gad dijo a David:
-No sigas en el refugio, métete
en tierra de Judá.
Entonces David marchó y se
metió en la espesura de Járet.
practica en la guerra santa. David extiende la
costumbre a todas sus salidas militares.
21,7 Quizá para prestar algún servicio en
el templo, quizá por algún proceso. Es un
extranjero al servicio de Saúl.
21,10 El efod se usaba sobre todo para
obtener el oráculo. Algunos piensan que era
como un manto cónico sin estatua, que de
algún modo indicaba la presencia de la divi-
nidad. 1 Sm 17,34.
21,11-15 Este episodio parece adelantar
hechos del capítulo 27, pues presenta a Da-
vid en territorio filisteo. El loco, tocado por la
divinidad, tenia algo de sagrado e intocable.
Si melek no es un error gráfico, resulta extra-
ño oír llamar a David "rey del país". Supremo
talento de David: hacer el tonto de modo con-
vincente. Al mismo tiempo, una burla maligna
de los filisteos, que "no andan escasos de
tontos".
22,1-5 Este episodio con el anterior sir-
ven para retrasar el desenlace del episodio
de Nob, por lo cual es difícil determinar su
posición cronológica correcta. Además, la
gente que se agregó a David debió de ir cre-
ciendo paulatinamente; el autor resume en
una noticia muchos casos diversos. La fami-
lia se le junta porque teme las represalias del
rey, los demás son gente que rompe con la
sociedad y el estado.
Adulan es una minúscula población en te-
rreno montañoso rico en cavernas, situada a
media distancia entre Belén y Gat; sitio bueno
para el refugio, el escondrijo y la retirada.
22.2 Jue 9,4.
22.3 Según la tradición que recoge al
final el libro de Rut, David tenía ascendencia
moabita, lo cual podría justificar su petición
de asilo para sus padres. Moab, al otro lado
del Jordán, queda al margen de las luchas
israelitas con los filisteos. Lo que Dios quiere
de David se le irá manifestando por oráculos
proféticos, consultas sacerdotales, y por el
desenvolverse de los sucesos.
22,5 El profeta Gad reaparece en 2 Sm
24; según 1 Cr 29,29, escribió una historia
del reino de David. Járet queda entre Adulan
y Hebrón.
22,6 1 SAMUEL 56¿
Matanza de los sacerdotes
6
Saúl estaba en Guibeá, senta-
do bajo el tamarindo, en el alto,
con la lanza en la mano, rodeado
de toda su corte, cuando llegó la
noticia de que habían sido vistos
David y su gente.
7
Entonces ha-
bló Saúl:
-Oíd, benjaminitas: Por lo visto
también a vosotros el hijo de Jesé
os va a repartir campos y viñas y
os va a nombrar jefes y oficiales
de su ejército,
8
porque todos es-
táis conspirando contra mí, nadie
me informa del pacto de mi hijo
con el hijo de Jesé, nadie siente
pena por mí ni me descubre que
mi hijo ha instigado a un vasallo
mío para que me aceche, como
está pasando ahora.
9
Doeg, el edomita, mayoral de
los pastores de Saúl, respondió:
-Yo vi al hijo de Jesé llegar a
Nob, donde Ajimélec, hijo de
Ajitob.
l0
Le pidió por amor de
Dios, y Ajimélec le dio provisio-
nes, y además la espada de
Goliat, el filisteo.
"El rey mandó llamar al sa-
cerdote Ajimélec, hijo de Ajitob,
a toda su familia, sacerdotes de
Nob. Se presentaron todos ante
el rey,
l2
y éste les dijo:
-Escucha, hijo de Ajitob.
Respondió:
-Aquí me tienes, señor.
l3
Saúl preguntó:
-¿Por qué habéis conspirado
contra mí tú y el hijo de Jesé? Le
has dado comida y una espada, y
has consultado a Dios por él para
que me aceche, como está pasan-
do ahora.
l4
Ajimélec respondió:
-¿Y qué siervo tenías tan de
confianza como David, yerno
del rey, jefe de tu guardia y tra-
tado con honor en tu palacio?
l5
¡Ni que fuera hoy la primera
vez que consulto a Dios por él!
¡Líbreme Dios! No mezcle el re\
en este asunto a este servidor y a
su familia, que tu servidor r,
sabía ni poco ni mucho de esc
asunto.
16
Pero el rey replicó:
-Morirás sin remedio, Aji-
mélec, tú y toda tu familia.
i7
Y luego dijo a los de su es-
colta:
-Acercaos y matad a los sa-
cerdotes del Señor, porque se
han puesto de parte de David, y
sabiendo que huía no lo denun-
ciaron.
Pero los guardias no quisieron
mover la mano para herir a los
1
Sacerdotes del Señor. Entonces
Saúl ordenó a Doeg:
-Acércate tú y mátalos.
Doeg, el edomita, se acercó \
22,6-23 La narración empalma con los
sucesos de Nob. Está construida linealmente,
como un proceso ante el tribunal regio: denun-
cia, interrogatorio, sentencia, ejecución. Se
acumulan los detalles para mostrar lo odioso
del hecho: denuncia de un extranjero, no se
admite la respuesta justa del reo, por la su-
puesta culpa de uno paga toda la población,
hay una matanza de sacerdotes, la ejecuta el
mismo extranjero, porque los demás se niegan
a herir a personas consagradas.
Saúl intentó cortar, con un castigo ejem-
plar, posibles adhesiones a su rival; pero
quebrantó la justicia, ofendió a sus militares,
mató sacrilegamente. Saúl queda totalmente
condenado al actuar como juez inicuo, él,
que debía ser defensor de la justicia. El epí-
logo nos muestra, frente al Saúl temible, al
David protector.
22,6 Muchas poblaciones israelitas se lla-
man Loma en aquella región montañosa. Saúl
ha establecido su corte en una de ellas y le ha
dado su nombre, Loma de Saúl; está situada
a unos 4 kilómetros al norte de Jerusalén. En
algunas épocas del año la corte se reúne al
aire libre, bajo un tamarindo o una encina, a
tratar cuestiones de gobierno, administrar jus-
ticia, etc. A falta de cetro, la lanza parece ser
el distintivo real de Saúl: 18,10; 20,24; 26,7; 2
Sm 1,6. Casi un leitmotiv.
22,7-8 Saúl apela al principio "quien no
está conmigo, está contra mí", suponiendo
que sus ministros están informados y que su
silencio es culpable. Con tono irónico y paté-
tico, que incluye una grave acusación, inten-
ta vencer su silencio. Un acumularse de po-
sesivos de primera persona modela con su
rima llamativa el discurso. También importan
los contrastes: Saúl ha escogido de su tribu,
de Benjamín, a sus ministros, mientras que
Doeg es un edomita; Jonatán es hijo de un
rey, mientras que David es hijo de Jesé, es
un esclavo del rey.
22,13 Saúl da por descontado que David
está conspirando contra él; por eso, todo
acto de colaboración con David es delito de
lesa majestad. Y mezclar a Dios en la cons-
piración, pidiendo un oráculo, es un agravan-
te imperdonable. (Saúl no dispone ya de orá-
culo profético, una vez que ha roto con Sa-
muel, y no leemos que siga consultando el
oráculo sacerdotal).
22,14-15 Ajimélec retuerce la acusación:
David es hijo de Jesé, pero además yerno del
rey; él ha dado una espada, pero David es
jefe de la guardia real; ha dado comida al que
569
1 SAMUEL 23,13
los mató. Aquel día murieron
ochenta y cinco hombres de los
que llevan efod.
,9
En Nob, el
pueblo de los sacerdotes, pasó a
cuchillo a hombres y mujeres,
chiquillos y niños de pecho, bue-
yes, asnos y ovejas.
20
Un hijo de
Ajimélec, hijo de Ajitob, llama-
do Abiatar, se escapó.
2l
Llegó
huyendo detrás de David y le
contó que Saúl había asesinado a
los sacerdotes del Señor.
22
David
le dijo:
-Ya me di cuenta yo aquel día
de que estaba allí Doeg, el edo-
mita, y que avisaría a Saúl. ¡Me
siento culpable de la muerte de
tus familiares!
23
Quédate conmi-
go, no temas; que el que intente
matarte a ti intenta matarme a mí;
conmigo estarás bien defendido.
David, en Queilá
23 'A David le llegó este aviso:
-Los filisteos están atacando
Queilá y andan saqueando las eras.
2
David consultó al Señor:
-¿Puedo ir a matar a los filis-
teos?
El Señor le respondió:
-Vete, porque los derrotarás y
liberarás Queilá.
3
La gente de David le dijo:
-Aquí, en Judá, estamos con
miedo; cuánto más si vamos a
Queilá a atacar a los escuadrones
filisteos.
4
David volvió a consultar al
Señor. Y el Señor le respondió:
-Emprende la marcha hacia
Queilá, que yo te entrego a los
filisteos.
5
David fue a Queilá con su
gente, luchó contra los filisteos,
les infligió una gran derrota y se
llevó sus rebaños. Así salvó a los
vecinos de Queilá.
6
(Cuando
Abiatar, hijo de Ajimélec, huyó
adonde David, a Queilá, llevó
consigo un efod).
7
A Saúl le informaron de que
David había ido a Queilá, y co-
mentó:
-Dios me lo pone en la mano;
se ha cortado la retirada, metién-
dose en una ciudad con puertas y
cerrojos.
8
Luego convocó a todo su ejér-
cito a la guerra, para bajar a Quei-
lá a cercar a David y su gente.
9
David supo que Saúl tramaba su
ruina y dijo al sacerdote Abiatar:
-Trae el efod.
'«Y oró:
-Señor, Dios de Israel, he oído
que Saúl intenta venir a Queilá a
arrasar la ciudad por causa mía.
1
'¿Bajará Saúl como he oído? ¡Se-
ñor, Dios de Israel, respóndeme!
El Señor respondió:
-Bajará.
l2
David preguntó:
-Y los notables de la ciudad,
¿nos entregarán a mí y a mi
gente en poder de Saúl?
El Señor respondió:
-Os entregarán.
l3
Entonces David y su gente,
unos seiscientos, salieron de
Queilá y vagaron a la ventura.
come honoríficamente en palacio. En cuanto
a la conspiración, no sabía nada.
22,19 Como en una guerra santa: Dt 20.
22,20-23 Es conocido el motivo narrativo
del hijo que se salva de la matanza: Yotán hijo
de Gedeón, Joás rey de Judá. De este modo
continúa la casa sacerdotal de Eli, según lo
anunciado en 2,33, y David tiene de su parte al
que será sumo sacerdote. Como la ruptura de
Saúl con Samuel hizo que Gad se pasase a
David. Saúl sigue construyendo su propia ruina
y el ascenso de su rival: es la ironía trágica.
23,1 Queilá se encuentra unos kilóme-
tros al sureste de la espesura de Járet; los
filisteos hacen incursiones repentinas, aden-
trándose por valles y desfiladeros hasta los
poblados israelitas desprevenidos.
23,2-4 Como indica el v. 6, el sumo sa-
cerdote se encarga de hacer la consulta; el
segundo oráculo pronuncia la fórmula clásica
de la guerra santa.
23,5 Con su rápida reacción David ocupa
a sus hombres, los entrena, prueba su fideli-
dad a la causa israelita, se gana el agradeci-
miento de algunas poblaciones y la confianza
de otras.
23,7 Comienza un esquema semejante al
del v. 1: el anuncio, el enemigo. Saúl cuenta
con la victoria: "Dios me lo pone en la mano";
fórmula parecida a la anterior. Pero con una
diferencia decisiva: lo que arriba era oráculo
del Señor, aquí es cálculo de Saúl, que no
cuenta ya con el profeta o el sacerdote.
Queilá es ciudad cerrada: la muralla o las
casas no dejan más que una entrada, es fácil
de cercar y asaltar. Saúl comprende que Da-
vid se ha metido en una trampa.
23,9 El verso parece indicar que David
disponía de enlaces y espías en la corte.
23,10-11 Los notables de la ciudad sien-
ten más miedo a Saúl que agradecimiento a
David; por un fugitivo, aunque benefactor,
no están dispuestos a sacrificar la entera
población.
Esta tuvo que ser la actitud de muchos
durante esta etapa de la vida de David.
23,13 David comprende que lo mismo le
puede suceder en cualquier poblado, y en
adelante tiene que vivir en los montes.
23,14 1 SAMUEL 570
Avisaron a Saúl que David había
escapado de Queilá y desistió de
la campaña.
David y Jonatán
l4
David se instaló en el páramo,
en los picachos, en la montaña del
desierto de Zif. Saúl andaba siem-
pre buscándolo, pero Dios no se
lo entregaba.
l5
Cuando Saúl salió
en su busca para matarlo, David
estaba en el desierto de Zif, en
Jores, y tuvo miedo.
16
Pero Jona-
tán, hijo de Saúl, se puso en cami-
no hacia Jores para ver a David; le
estrechó la mano, invocando a
Dios,
l7
y le dijo:
-No temas, no te alcanzará la
mano de mi padre, Saúl. Tú serás
rey de Israel y yo seré el segundo.
Hasta mi padre, Saúl, lo sabe.
l8
Los dos hicieron un pacto
ante el Señor, y David se quedó
en Jores mientras Jonatán volvía
a su casa.
David, perseguido
l9
Algunos de Zif fueron a Gui-
beá a decir a Saúl:
-David está escondido entre
nosotros, en los picachos, en Jo-
res, en el cerro de Jaquilá, en la
vertiente que da a la estepa.
20
Majestad, si tienes tantas ganas
de bajar, baja, que a nosotros nos
toca entregárselo al rey.
2l
Saúl dijo:
-Dios os lo pague, ya que os
habéis compadecido de mí. ^An-
dad, preparaos bien, aseguraos
bien del sitio por donde anda, por-
que me han dicho que es muy
astuto.
23
InfonTiaos a ver en qué
escondrijos se esconde, y volved
trayéndome los datos exactos. Yo
marcharé con vosotros, y si él está
en esa zona, daré una batida por
todas las aldeas de Judá.
24
Se pusieron en camino en
dirección a Zif, delante de Saúl.
David y su gente estaban en el
páramo, hacia el sur de la estepa.
25
Saúl y los suyos fueron en su
busca, pero le llegó el soplo a
David, y bajó al roquedal de la
estepa de Maón.
26
Saúl iba por
un lado del monte y David con
los suyos, por el otro, y cuando
David se alejaba precipitada-
mente de Saúl, y éste con los
suyos estaba ya rodeándolo para
atraparlo,
27
se le presentó a Saúl
un mensajero:
-Ven aprisa, que los filisteos
están saqueando el país.
28
Entonces Saúl dejó de perse-
guir a David, y se volvió para ha-
cer frente a los filisteos. Por eso
aquel sitio se llama Selá Ham-
mahlacot*.
Saúl y David, en la cueva
24 'David subió de allí y se ins-
taló en los riscos de Engadí*.
2
Cuando Saúl volvió de perse-
guir a los filisteos, le avisaron:
-David está en el páramo de
Engadí.
3
Entonces Saúl, con tres mil
soldados de todo Israel, marchó
en busca de David y su gente.
hacia las Suré Hayelim*;
4
llegó
a unos apriscos de ovejas junto
al camino, donde había una
cueva, y entró a hacer sus nece-
sidades.
David y los suyos estaban en
lo más hondo de la cueva*,
5a
y le
dijeron a David sus hombres:
-Este es el día del que te dijo el
23,14-18 Los montes de Zif se encuen-
tran en la región de Hebrón; hasta la corona-
ción, serán su campo preferente de opera-
ciones. La visita de Jonatán hace eco a la
despedida del capítulo 20, con el mismo
tema de la alianza y del reinado futuro de
David. Ningún presentimiento de muerte sue-
na en estas palabras. El narrador coloca aquí
la noticia para mostrar la lealtad de Jonatán
incluso en la desgracia y el peligro.
23,19-28 El episodio cuenta muy bien el
rápido acercarse de los dos grupos, en una
serie de movimientos alternos, ligados por
verbos de informar. Al final Saúl se muestra
fiel a su misión real, que es luchar contra los
filisteos. ¿No deberían andar los dos de
acuerdo contra el enemigo común?
23,28 * = Peña de las Despedidas.
24,1 Siguiendo hacia levante se llega al
oasis de Engadí (Fuentelchivo), cerca del
Mar Muerto. El autor supone que Saúl ha ter-
minado su campaña contra los filisteos y
puede continuar la persecución de su rival
interno. Pero el episodio es autónomo y con-
tiene algunos rasgos inverosímiles, de sabor
legendario.
* = Fuentelchivo.
24,3 Es una leva de todo Israel, porque el
asunto concierne a todo el pueblo, no sólo a
las tribus de Benjamín (Saúl) y Judá (David).
24.3 * = Peña de los Rebecos.
24.4 Seguimos en paisaje animal: chivo,
rebecos, ovejas; sitio ventajoso para el pas-
tor David. Nos parece escuchar una risa con-
tenida del autor al presentar a Saúl inerme,
agachado en una cueva.
* Del v. 5 al v. 9 el orden está alterado.
24,5-8 Los compañeros parecen citar un
oráculo en favor de David, aplicándolo al
momento presente; él corrige el sentido, por-
que en la lista de los enemigos no puede
571
1 SAMUEL 24,18
Señor: «Yo te entrego tu enemi-
go. Haz con él lo que quieras».
7
Pero él les respondió:
-¡Dios me libre de hacer eso a
mi señor, el ungido del Señor,
extender la mano contra él! ¡Es
el ungido del Señor!
8a
Y les prohibió enérgicamen-
te echarse contra Saúl;
5b
pero él
se levantó sin meter ruido y le
cortó a Saúl el borde del manto;
6
aunque más tarde le remordió la
conciencia por haberle cortado a
Saúl el borde del manto.
8b
Cuando Saúl salió de la cue-
va y siguió su camino,
9
David se
levantó, salió de la cueva detrás
de Saúl y le gritó:
-¡Majestad!
Saúl se volvió a ver, y David
se postró rostro en tierra, rin-
diéndole vasallaje.
l0
Le dijo:
-¿Por qué haces caso a lo que
dice la gente, que David anda
buscando tu ruina? "Mira, lo es-
tás viendo hoy con tus propios
ojos: el Señor te había puesto en
mi poder dentro de la cueva; me
dijeron que te matara, pero te res-
peté, y dije que no extendería la
mano contra mi señor, porque
eres el ungido del Señor.
l2
Padre
mío, mira en mi mano el borde de
tu manto; si te corté el borde del
manto y no te maté, ya ves que
mis manos no están manchadas
de maldad, ni de traición, ni de
ofensa contra ti, mientras que tú
me acechas para matarme.
13
Que
el Señor sea nuestro juez. Y que
él me vengue de ti; que mi mano
no se alzará contra ti.
14
Como
dice el viejo refrán: «La maldad
sale de los malos...», mi mano no
se alzará contra ti.
15
¿Tras de
quién ha salido el rey de Israel?
¿A quién vas persiguiendo? ¡A
un perro muerto, a una pulga!
16
E1 Señor sea juez y sentencie
nuestro pleito, vea y defienda mi
causa, librándome de tu mano.
17
Cuando David terminó de
decir esto a Saúl, Saúl exclamó:
-Pero ¿es ésta tu voz, David,
hijo mío?
l8
Luego levantó la voz lloran-
do, mientras decía a David:
entrar el rey, que por la unción es sagrado e
intocable. La mirada prospectiva al futuro
remordimiento da a la narración un carácter
de recuerdo personal, con un esbozo de aná-
lisis psicológico.
24,7 1 Sm9,16.
24,10-16 El discurso de David tiene ca-
rácter judicial de rib o pleito bilateral, con ape-
lación última a Dios juez. David y Saúl están
en relación mutua de vasallo y soberano y
también de parientes: el título "padre mío"
cubre ambos aspectos.
En esa relación, que ha de ser de justicia
y lealtad, David ha demostrado que él cumple
su deber; el borde del manto es una prueba
judicial. Por tanto, la persecución de Saúl no
tiene justificación, es una ruptura arbitraria e
injusta de los compromisos. David ha ganado
el pleito obrando con generosidad (San Pablo
aconsejará: "Vence el mal a fuerza de bien"
Rom 12-21). Esta evidencia basta para reba-
tir el falso testimonio de otros. Mientras "mal-
dad" es genérico, "traición y ofensa" son deli-
tos específicos. La venganza que invoca Da-
vid es un acto de la justicia vindicativa: él
puede acusar a Saúl y probar la acusación,
no tiene derecho a condenar ni a ejecutar la
sentencia.
El texto de la parte final es muy rítmico.
El contraste "rey de Israel", "perro muerto,
pulga" quiere mostrar lo absurdo de la situa-
ción; pero no va de acuerdo con el canto de
las mozas: "Saúl a mil, David a diez mil". La
invocación final completa el proceso: en prin-
cipio Saúl tendría autoridad para juzgar, sen-
tenciar y ejecutar a un subdito; apelando al
Señor, David sustrae su causa a la compe-
tencia del rey, queda exento de una posible
causa criminal. Y como el Señor defiende la
causa del perseguido, Saúl entra en pleito
perdido con el Señor.
24,13 Jr 20,12.
24,17-22 Dice el proverbio: "Si tu enemi-
go tiene hambre, dale de comer, si tiene sed,
dale de beber; así le sacarás los colores"
(Prov 25,21-22) Saúl reconoce lo justo del
planteamiento y las razones del adversario.
Saúl comienza a hablar bajo el choque de
sentir que ha estado a un paso de la muerte;
su llanto es mezcla de terror y arrepentimien-
to. Al reconocerse culpable, la causa está ter-
minada, y no hace falta apelar al Señor juez;
mejor invocar al Señor benefactor, que igua-
lará con sus beneficios el desequilibrio de
mal y bien causado por el rey. Saúl, que se
ha librado de la venganza de David, quiere
librarse también de la temible venganza de
Dios; para ello invoca al Señor a favor de su
rival y pide a éste un juramento que contra-
rreste la apelación del v. 14.
El autor va más lejos y aprovecha el mo-
mento para poner en boca de Saúl un acto de
homenaje anticipado al futuro rey de Israel; lo
decía Jonatán en 22,17. El juramento de David
incluye mentalmente a su amigo Jonatán.
24,18 Gn 38,26; Prov 25,22.
24,19 1 SAMUEL 57_
-¡Tú eres inocente y no yo!
Porque tú me has pagado con
bienes y yo te he pagado con
males,
l9
y hoy me has hecho el
favor más grande, pues el Señor
me entregó a ti y tú no me matas-
te.
20
Porque si uno encuentra a
su enemigo, ¿lo deja marchar
por las buenas? ¡El Señor te pa-
gue lo que hoy has hecho conmi-
go!
2l
Ahora, mira, sé que tú se-
rás rey y que el reino de Israel se
consolidará en tu mano.
22
Pues
bien, júrame por el Señor que no
aniquilarás mi descendencia, que
no borrarás mi apellido.
23
David se lo juró. Saúl volvió
a casa y David y su gente subie-
ron a los riscos.
David, Nabal y Abigail
25 'Samuel murió. Todo Israel
se reunió para hacerle los funera-
les, y lo enterraron en su pose-
sión de Rama. David bajó des-
pués a la estepa de Maón.
2
Había un hombre de Maón
que tenía sus posesiones en
Carmel*. Era muy rico: tenía tres
mil ovejas y mil cabras, y estaba
en Carmel esquilando las ovejas.
3
Se llamaba Nabal, de la familia
de Caleb, y su mujer, Abigail; la
mujer era sensata y muy guapa,
pero el marido era áspero y de
malos modales.
4
David oyó en el
páramo que Nabal estaba de
esquileo,
5
y mandó diez mozos
con este encargo:
-Subid a Carmel, presentaos
Nabal y saludadlo de mi pan.
6
Le decís: «¡Salud! La paz con:
go, paz a tu familia, paz a
hacienda.
7
He oído que estás e
el esquileo; pues bien, tus pasto-
res estuvieron con nosotros; no
los molestamos ni les faltó nada
mientras estuvieron en Carmel.
8
Pregunta a tus criados y te lo
dirán. Atiende favorablemente a
estos muchachos, que venimos
en un día de alegría. Haz el favor
de darle a David, siervo e hijo
tuyo, lo que tengas a mano».
9
Cuando llegaron los mozos
de David, se lo dijeron a Nabal,
de parte de David, y se quedaron
aguardando.
l0
Nabal les respon-
dió:
24,23 Los dos se separan. David no es
invitado ni vuelve a la corte. Para el autor es
sólo una tregua, que va a llenar con un epi-
sodio menos dramático.
25.1 En silencio desaparece Samuel de
la escena histórica dejando en marcha el
futuro de Israel; y el autor le ofrece el home-
naje de todo Israel. ¿Quiere decir que asistió
también Saúl a los funerales? Samuel juez ya
no tiene sucesores; como profeta, le suceden
Gad y Natán. Entre tanto David torna a su
región preferida, no lejos de su patria.
25.2 Comienza una de esas narraciones
bíblicas con personaje femenino protagonista
en las que parecen complacerse los narrado-
res luciendo su talento y sensibilidad; nos
recuerda la historia de Rebeca o la de Rut.
La acción es sencilla y está llevada con habi-
lidad: tras la presentación del lugar y de los
personajes (2-3) la primera escena está ocu-
pada por el mensaje de David y la respuesta
de Nabal (4-11); en la escena siguiente se
ponen en movimiento David y Abigail hacia el
encuentro (12-22); sigue la gran escena del
encuentro, con el discurso de Abigail y la res-
puesta de David (23-35); los v. 36-42 cuentan
el desenlace. * = La Vega.
25,2-3 Esta Vega (Carmel) se encuentra
al sur de Hebrón, donde reside el clan de
Caleb, parte de la tribu de Judá según datos
bíblicos (Nm 13-14; 26,65; Jos 14,6-15). Los
personajes están presentados ya desde el
principio con una breve caracterización, que
determinará el desarrollo de la acción. Nabal
significa "necio": podría ser un mote o nom-
bre apotropaico para evitar la envidia de la
divinidad. La mujer se llama Abigail, que
puede significar "mi padre (Dios) responde
por mí".
25,4-11 El mensaje de David es cortés
en la forma, si bien está respaldado por seis-
cientos hombres a sus órdenes. Apela al
principio común de la hospitalidad, particular-
mente en un día de abundancia y alegría; es
lógico invitar en tales ocasiones. Además
apela a los beneficios prestados a los pasto-
res, que son más bien negativos, no haber
abusado; la vieja condición del pastor asoma
en esta actitud.
El saludo con la triple "paz" indica las
buenas intenciones y es augurio de prosperi-
dad; David no viene en son de guerra.
David se ha llamado siervo e hijo de Na-
bal, éste retuerce los títulos: hijo de Jesé (de
condición inferior) y esclavo huido. La res-
puesta es tacaña e insultante, y crea una si-
tuación de beneficios pagados con ofensas.
Aunque el título de esclavos huidos no les
vaya mal a algunos de los hombres de David.
El discurso de Nabal está marcado por una
insistencia en la vocal i larga, no sabemos si
con intención burlesca.
25,8 Prov 3,27.
573
1 SAMUEL 25,24
-¿Quién es David, quién es el
hijo de Jesé? Hoy día abundan
los esclavos que se escapan del
amo. "¿Voy a tomar mi pan y
mi agua y las ovejas que maté
para mis esquiladores y voy a
dárselos a una gente que no sé de
dónde viene?
l2
Los mozos desanduvieron el
camino de vuelta, y cuando lle-
garon, se lo contaron todo.
l3
David ordenó a sus hombres:
-¡Ceñios todos la espada!
Todos, incluso David, se la
ciñeron. Después subieron unos
cuatrocientos siguiendo a David,
mientras doscientos se quedaron
con el bagaje.
l4
Uno de los criados avisó a
Abigail, la mujer de Nabal:
-David ha mandado unos emi-
sarios desde el páramo a saludar
a nuestro amo, y éste los ha tra-
tado con malos modos,
15
y eso
que se portaron muy bien con
nosotros, no nos molestaron ni
nos faltó nada todo el tiempo que
anduvimos con ellos, cuando
estuvimos en descampado;
l6
día
y noche nos protegieron mien-
tras estuvimos con ellos guar-
dando las ovejas.
l7
Así que mira
a ver qué puedes hacer, porque
ya está decidida la ruina de nues-
tro amo y de toda su casa; es un
cretino que no atiende a razones.
l8
AbigaiI reunió aprisa dos-
cientos panes, dos pellejos de vi-
no, cinco ovejas adobadas, trein-
ta y cinco litros de trigo tostado,
cien racimos de pasas y doscien-
tos panes de higos; lo cargó todo
sobre los burros,
,9
y ordenó a los
criados:
-Id delante de mí, yo os guiaré.
Pero no dijo nada a Nabal, su
marido.
20
Mientras ella, montada en el
burro, iba bajando al reparo del
monte, David y su gente bajaban
en dirección opuesta, hasta que
se encontraron.
2l
David, por su
parte, había comentado:
-He perdido el tiempo guar-
dando todo lo de éste en el pára-
mo para que él no perdiese nada.
¡Ahora me paga mal por bien!
22
¡Que Dios me castigue si antes
del amanecer dejo vivo en toda
la posesión de Nabal a uno solo
de los que mean a la pared!
23
En cuanto vio a David,
Abigail se bajó del burro y se
postró ante él, rostro en tierra.
24
Postrada a sus pies, le dijo:
-La culpa es mía, señor. Pero
25,12-19 Hábilmente presenta el autor
dos escenas distintas y paralelas. Nabal se
ha retirado dejando el puesto a David y
Abigail. Ambos reaccionan con decisión y
rapidez: David en son de guerra -nótese en
el original la triple repetición de la espada-,
Abigail en son de paz -nótese la acumula-
ción de regalos sabrosos.
25,13 Gn 32,7.
25,14-17 En el discurso contrapone el
criado las dos partes en causa, David y
Nabal. La desproporción de las dos partes es
calculada: por segunda vez, suena el elogio
de la conducta de David, protector de pasto-
res; en cuanto a Nabal, basta aludir a cosas
conocidas, que Abigail acepta sin sorpresa ni
enfado.
25,18-19 Envía por delante los regalos,
como Jacob yendo al encuentro de su herma-
no Esaú (Gn 32-33). La orden de Abigail no es
mucho más larga que la de David, y entre las
dos hacen resaltar el discurso del criado como
una especie de testimonio judicial.
25,20-22 El autor se complace en mos-
trar cómo se acercan las dos comitivas. Y
para llenar el tiempo narrativo ha reservado
un comentario de David al mensaje de Nabal
que, pronunciado al principio, habría retrasa-
do la rapidez de la decisión. Es un juicio
sobre la situación jurídica del asunto con una
sentencia: Nabal es culpable, David tiene
derecho a hacerse justicia. Con juramento
pronuncia la sentencia y señala el plazo de la
ejecución. El modo de mencionar a los varo-
nes parece despectivo.
25,21 Gn 44,4.
25,23-31 Abigail tiene que contrarrestar y
deshacer las ofensas del marido, es decir, las
injurias verbales y el haber negado las provi-
siones. El segundo delito, en su aspecto ma-
terial, es fácil de reparar; el insulto que con-
tiene y que expresaron las palabras es delito
que hiere más profundamente. Abigail pro-
nuncia un discurso más psicológico que lógi-
co. Aunque no proyectemos sobre el texto
una sensibilidad caballeresca medieval o
romántica, parece que el autor no es insensi-
ble a ese cuadro que traza de la belleza a los
pies de la valentía: ¿no lo dice la insistencia
machacona en el título "mi señor" en correla-
ción con "tu servidora"? Más importante el
título que le reconoce al final "jefe de Israel"
nagid), un reconocimiento más en la corona
que va enlazando el autor en honor de su
héroe.
25,24-25 Abigail se hace responsable de
la culpa, al mismo tiempo que la niega, decla-
rando irresponsable al marido. El resultado
es que no ha habido reato, y que Abigail se
ofrece como víctima ¡nocente: un castigo de
25,25 1 SAMUEL 574
deja que hable tu servidora,
escucha las palabras de tu servi-
dora.
25
No tomes en serio, señor,
a Nabal, ese cretino, porque es
como dice su nombre: se llama
«Necio»*, y la necedad va con
él. Tu servidora no vio a los cria-
dos que enviaste.
26
Ahora, señor,
¡vive el Señor que te impide de-
rramar sangre y hacerte justicia
por tu mano!, por tu vida, sean
como Nabal tus enemigos y los
que intenten hacerte daño.
27
Aho-
ra, este obsequio que tu servido-
ra le ha traído a su señor, que sea
para los criados que acompañan
a mi señor.
28
Perdona la falta de
tu servidora, que el Señor dará a
mi señor una casa estable, por-
que mi señor pelea las guerras
del Señor, ni en toda tu vida se te
encontrará un fallo.
29
Y aunque
alguno se ponga a perseguirte a
muerte, la vida de mi señor está
bien atada en el zurrón de la
vida, al cuidado del Señor, tu
Dios, mientras que la vida de tus
enemigos la lanzará como pie-
dras con la honda.
30
Que cuando
el Señor cumpla a mi señor todo
lo que le ha prometido y lo haya
constituido jefe de Israel,
3l
mi
señor no tenga que sentir remor-
dimientos ni desánimo por haber
derramado sangre inocente y
haber hecho justicia por su
mano. Cuando el Señor colme de
bienes a mi señor, acuérdate de
tu servidora.
32
David le respondió:
-¡Bendito el Señor, Dios de
Israel, que te ha enviado hoy a
mi encuentro!
33
¡Bendita tu pru-
dencia y bendita tú, que me has
impedido hoy derramar sangre >
hacerme justicia por mi mano!
34
¡Vive el Señor, Dios de Israel,
que me impidió hacerte mal! Si
no te hubieras dado prisa en
venir a encontrarme, al amane-
cer no le quedaba vivo a Nabal
uno solo de los que mean a la
pared.
35
David le aceptó lo que ella le
traía, y le dijo:
-Vete en paz a tu casa. Ya ves
que te hago caso y te he guarda-
do consideración.
36
A1 volver Abigail encontró a
Nabal celebrando en casa un
David no sería acto de justicia, sino de cruel-
dad. Claro está que esto no se pronuncia
todavía.
25.25 * = Nabal.
25.26 Más bien sigue una invocación al
Señor, que es un augurio para David, pero que
contiene, en forma de predicado divino, una
amonestación: si David quiere que el Señor lo
salve de sus enemigos, no deberá hacerse la
justicia por su mano derramando sangre.
25.27 La mano señalando a los dones es
una bajada de la invocación a Dios a un argu-
mento más material, y reduce la tensión de
las palabras precedentes. Gn 33,11.
25.28 Recomienza confesándose culpa-
ble y apelando a la misericordia. El nuevo
argumento es como una profecía, en la que
suena el tema dinástico "una casa estable", y
se remonta de nuevo a la razón teológica.
Como el Señor le hará grandes beneficios,
así tiene él que mostrarse generoso. David
pelea las guerras del Señor (Nm 21,14; 1 Sm
18,17), no puede distraerse en venganzas
personales.
25.29 La imagen del zurrón y la honda
tiene resonancias inevitables dirigida a Da-
vid; quizá sea expresión popular, quizá alu-
sión a prácticas de la época. Una imagen
parecida se lee en Is 22,17-18.
25,31 Vuelve el argumento del delito pro-
yectado con singular eficacia en el futuro, en
forma de recuerdo que atormenta. Es más
explícito, porque habla de "sangre inocente".
La peroración resume con brevedad conmo-
vedora los principales elementos del discur-
so: Dios, la servidora, su señor, el futuro di-
choso, el recuerdo futuro. Gn 40,14.
25,32-34 Bendecir equivale a dar gracias y
a hacer favores. Abigail traía sus dones como
una "bendición" (beraka), como obsequio y
muestra de agradecimiento; David recoge el
tema y lo devuelve en la forma amplia del agra-
decimiento. Es decir, bendiciendo - agrade-
ciendo a Dios, que ha dirigido los sucesos,
invocando la bendición sobre el hombre, que
los ha realizado (compárese con Gn 14,19-20).
Por encima del simple perdón, los personajes
establecen una nueva relación de mutua bene-
volencia, sellada por el Señor.
25,35 La etimología de la doble expre-
sión hebrea es "oír la voz y levantar el rostro"
del que suplica, para que no esté inclinado, y
pueda mirar sin miedo al otro. La despedida
desea la paz: esa paz que ha restablecido
Abigail con su audacia y buen sentido.
25,36-39 La breve escena juega con con-
trastes fuertes: el corazón alegre - el corazón
agarrotado (los sonidos B subrayando la
correspondencia); Nabal se quedó de piedra
(en hebreo nabal- le'aben, con inversión de
consonantes). El narrador y David Interpretan
la muerte como castigo de Dios, es decir, co-
575 1 SAMUEL 26,7
banquete regio; estaba de buen
humor y muy bebido, así que
ella no le dijo lo más mínimo
hasta el amanecer.
37
Y a la ma-
ñana, cuando se le había pasado
la borrachera, su mujer le contó
lo sucedido; a Nabal se le aga-
rrotó el corazón en el pecho y se
quedó de piedra.
38
Pasados unos
diez días, el Señor hirió de muer-
te a Nabal, y falleció.
39
David se enteró de que había
muerto Nabal, y exclamó:
-¡Bendito el Señor, que se en-
cargó de defender mi causa con-
tra la afrenta que me hizo Nabal,
librando a su siervo de hacer
mal! ¡Hizo recaer sobre Nabal el
daño que había hecho!
Luego mandó a pedir la mano
de Abigail, para casarse con ella.
40
Unos criados de David fueron
a Carmel, a casa de Abigail, a
proponerle:
-David nos ha enviado para
pedirte que te cases con él.
4l
ElIa se levantó, se postró
rostro en tierra y dijo:
-Aquí está tu esclava, dis-
puesta a lavar los pies de los
criados de mi señor.
42
Luego se levantó aprisa y
montó en el burro; cinco criadas
suyas la acompañaban, detrás de
los emisarios de David. Y se ca-
só con él.
43
David se casó también con
Ajinoán, de Yezrael. Las dos fue-
ron esposas suyas.
44
Por su parte,
Saúl había dado su hija Mical,
mujer de David, a Paltiel, hijo de
Lais, natural de Galín.
Ultimo encuentro
de David y Saúl
(1 Sm 24)
26 'Los de Zif fueron a Guibeá
a informar a Saúl:
-David está escondido en el
cerro de Jaquilá, en la vertiente
que da a la estepa.
2
Entonces Saúl emprendió la
bajada hacia el páramo de Zif,
con tres mil soldados israelitas,
para dar una batida en busca de
David.
3
Acampó en el cerro de
Jaquilá en la vertiente que da a la
estepa, junto al camino.
4
Cuando
David, que vivía en el páramo,
vio que Saúl venía a por él, des-
pachó unos espías para averiguar
dónde estaba Saúl.
5
Entonces fue
hasta el campamento de Saúl y
se fijó en el sitio donde se acos-
taban Saúl y Abner, hijo de Ner,
general del ejército; Saúl estaba
acostado en el cercado de carros
y la tropa acampaba alrededor.
6
David preguntó a Ajimélec, el
hitita, y a Abisay, hijo de Se-
ruyá, hermano de Joab:
-¿Quién quiere venir conmigo
al campamento de Saúl?
Abisay dijo:
-Yo voy contigo.
7
David y Abisay llegaron de
noche al campamento. Saúl esta-
ba echado, durmiendo en medio
del cercado de carros, la lanza
hincada en tierra a la cabecera.
mo acto de justicia contra el culpable y en
defensa del inocente. Así David, esperando
la justicia del Señor, se ha librado de come-
ter un delito. Dios se encarga de la causa de
los afrentados y los oprimidos: véanse Sal
35,1; 43,1; 119,154; Prov 22,23; 23,11.
25,40-42 Con este matrimonio se liga Da-
vid a un clan influyente en la zona de Hebrón.
Abigail tiene prisa y el narrador también, dando
a entender que la mujer siguió a David todavía
perseguido, confiando en su futuro.
25,44 Esto indica que Mical no acompa-
ñó a David en su fuga ni al principio ni más
tarde, y Saúl la considera prácticamente
abandonada. Más adelante la reclamará
David (2 Sm 3,13-14).
26 En toda la estructura narrativa, en la
intención y hasta en varias expresiones, el
capítulo 26 se parece mucho al 24, tanto que
algunos lo consideran un duplicado proce-
dente de otra tradición oral. Como las situa-
ciones son tan diversas, cabe pensar que
quien compuso el libro armonizó espon-
táneamente dos narraciones que corrían so-
bre el héroe David. Imposible determinar
cuánto hay de hecho y cuánto de leyenda.
La narración tiene puntos débiles: no
explica bien la primera visita de inspección
de David, no dice por qué ejecuta él la orden
que ha dado a Abisay, no justifica la alusión
al destierro. Pero queda clara la intención del
episodio y sus variaciones respecto al capí-
tulo 24. La magnanimidad de David brilla otra
vez, unida a su valentía; se prepara el des-
tierro forzoso; gran parte de la culpa recae
ahora sobre ministros o cortesanos aludidos;
se presiente la muerte próxima de Saúl. El
capítulo encaja en el movimiento narrativo
del libro.
26.1 Zif y Jaquilá han salido en 23,19ss.;
la persecución con tres mil es como la de
24,3.
26.2 1 Sm 24,3.
26,6 Ajimélec es un extranjero al servicio
da David. Su nombre hebreo podría significar
su incorporación religiosa (también es hitita
Urías: 2 Sm 11). Seruyá es hermana de David,
sus tres hijos son Abisay, Joab y Asael.
26,8 1 SAMUEL 576
Abner y la tropa estaban echados
alrededor.
8
Entonces Abisay dijo
a David:
-Dios te pone el enemigo en la
mano. Voy a clavarlo en tierra
de una lanzada; no hará falta
repetir el golpe.
9
Pero David le dijo:
-¡No lo mates, que no se pue-
de atentar impunemente contra
el ungido del Señor!
l0
¡Vive
Dios, que sólo el Señor lo herirá:
le llegará su hora y morirá, o
acabará cayendo en la batalla!
"¡Dios me libre de atentar con-
tra el ungido del Señor! Toma la
lanza que está a la cabecera y el
botijo y vamonos.
l2
David tomó la lanza y el bo-
tijo de la cabecera de Saúl y se
marcharon. Nadie los vio, ni se
enteró, ni despertó; estaban to-
dos dormidos, porque los había
invadido un letargo enviado por
el Señor.
l3
David cruzó a la otra parte,
se plantó en la cima del monte,
lejos, dejando mucho espacio en
medio,
l4
y gritó a la tropa y a
Abner, hijo de Ner:
-Abner, ¿no respondes?
Abner preguntó:
-¿Quién eres tú, que gritas al
rey?
l5
David le dijo:
-¡Pues sí que eres todo un
hombre! ¡El mejor de Israel!
¿Por qué no has guardado al rey,
tu señor, cuando uno del pueblo
entró a matarlo?
l5
¡No te has
portado bien! ¡Vive Dios, que
merecéis la muerte por no haber
guardado al rey, vuestro señor, al
ungido del Señor! Mira dónde
está la lanza del rey y el botijo
que tenía a la cabecera.
l7
Saúl reconoció la voz de Da-
vid, y dijo:
-¿Es tu voz, David, hijo mío?
David respondió:
-Es mi voz, majestad.
I8
Y añadió:
-¿Por qué me persigues así,
mi señor? ¿Qué he hecho, qué
culpa tengo?
l9
Que vuestra ma-
jestad se digne escucharme: si es
el Señor quien te instiga contra
mí, aplaqúese con una oblación;
pero si son los hombres, ¡maldi-
tos sean de Dios!, porque me
expulsan hoy y me impiden par-
ticipar en la herencia del Señor,
diciéndome que vaya a servir a
otros dioses.
20
Que mi sangre no
caiga en tierra, lejos de la pre-
sencia del Señor, ya que el rey de
Israel ha salido persiguiéndome
a muerte, como se caza una per-
diz por los montes.
21
Saúl respondió:
-¡He pecado! Vuelve, hijo
mío, David, que ya no te haré na-
da malo, por haber respetado
hoy mi vida. He sido un necio,
me he equivocado totalmente.
22
David respondió:
-Aquí está la lanza del rey.
Que venga uno de los mozos a
recogerla.
23
E1 Señor pagará a
cada uno su justicia y su lealtad.
Porque él te puso hoy en mis
manos, pero yo no quise atentar
contra el ungido del Señor.
24
Que como yo he respetado ho\
tu vida, respete el Señor la mía \
me libre de todo peligro.
25
Entonces Saúl le dijo:
-¡Bendito seas, David, hijo
mío! Tendrás éxito en todas tus
cosas.
Luego David siguió su cami-
no, y Saúl volvió a su palacio.
26.8 Saúl muerto con su propia lanza sería
una hazaña singular (como la cabeza del filis-
teo cortada con su propia espada). El lector
recuerda que con esa lanza intentó Saúl atra-
vesar a David, y sabe quizá que esa lanza
rematará a Saúl (lo sabía el oyente o lector
antiguo, que escuchaba una y otra vez la his-
toria). La lanza es el arma real, leitmotiv narra-
tivo de su persona. De tres maneras puede el
Señor dar muerte a Saúl: con una enfermedad
mortal (ngp), dejando que le llegue la hora,
haciendo que caiga en la guerra. David desea
y presiente: morir en la batalla es la muerte
menos afrentosa para el Ungido del Señor. Por
boca de David, el narrador nos prepara.
26.9 Lam 4,20.
26,12 El autor cae en la cuenta de lo in-
verosímil del hecho, y lo justifica apelando a
una intervención especial de Dios. La frase
es muy rítmica, casi una respiración acompa-
sada por el sueño.
26,13 Mucho espacio para los pies que
bajan y suben, no para la voz que atraviesa
la hondonada ni para la vista que distingue
ya los objetos; el autor supone que ya clarea.
26,15-16 La ironía de David tiene algo de
amenaza y condena. Con tal escolta el Un-
gido del Señor vive amenazado; al que no
guardan sus soldados lo tiene que guardar
su supuesto enemigo. "De-volverá" (pagará)
a cada uno sus méritos. Es justicia no tocar
al Ungido, y es lealtad no atentar contra el
soberano.
26.19 1 Sm 10,1.
26.20 Gn 4,14.16.
26.21 1 Sm 15,24.
26,25 Aunque no se realiza la plena re-
conciliación, la despedida de Saúl, sus últi-
mas palabras a David, suenan serenas y no-
bles. "Hijo mío", como siervo y como yerno:
"bendito", en invocación de agradecimiento:
"tendrás éxito", como augurio profético. Los
577
1 SAMUEL 28,1
David, entre los filisteos
(1 Sm21, 11-16)
27 'David se echó esta cuenta:
-Saúl me va a eliminar el día
menos pensado. No me queda
más solución que refugiarme en
el país filisteo; así, Saúl dejará
de perseguirme por todo Israel y
estaré seguro.
2
Entonces, con sus sescientos
hombres, se pasó a Aquís, hijo de
Maón, rey de Gat.
3
David y su
gente vivieron con Aquís en Gat,
cada uno con su familia: David
con sus dos mujeres, Ajinoán, la
yezraelita, y Abigail, la esposa de
Nabal, la de Carmel.
4
Avisaron a
Saúl que David había huido a
Gat, y dejó de perseguirlo.
5
David pidió a Aquís:
-Si quieres hacerme un favor,
asígname un sitio en una pobla-
ción del campo para establecer-
me allí; pues este servidor tuyo
no tiene por qué residir contigo
en la capital.
6
Aquel mismo día Aquís le
asignó Sicelag. (Por eso Sicelag
pertenece a los reyes de Judá
hasta hoy).
7
David estuvo en la campiña
filistea un año y cuatro meses.
8
Solía subir con su gente a sa-
quear a los guesureos, a los guir-
sitas y a los amalecitas, los pue-
blos que habitaban la zona que
va desde Telan hasta el paso de
Sur* y hasta Egipto.
9
David de-
vastaba el país, sin dejar vivo
hombre ni mujer; agarraba ove-
jas, vacas, burros, camellos y ro-
pa, y se volvía al país de Aquís.
10
Aquís le preguntaba:
-¿Dónde habéis saqueado hoy?
David respondía:
-Al sur de Judá.
O bien:
-Al sur de los yerajmelitas.
0 bien:
-Al sur de los quenitas.
1
'David no se traía a Gat nin-
gún prisionero vivo, hombre ni
mujer, para que no lo denuncia-
ran por lo que hacía. Ese fue su
modo de proceder todo el tiempo
que vivió en la campiña filistea.
12
Aquís se fiaba de David, pen-
sando que David se había ene-
mistado con su pueblo, Israel, y
que sería siempre vasallo suyo.
28 'Por entonces los filisteos
concentraron sus tropas para
salir a la guerra contra Israel.
caminos se separan: David a seguir cami-
nando, Saúl a su residencia. Gn 33,16s.
27 Para salvar su vida y la de los suyos,
David se refugia en territorio filisteo. Situación
en extremo paradójica y peligrosa para el hé-
roe, y nada cómoda para el narrador.
¿Por qué no se refugió en Moab, al otro
lado del Jordán, donde tenía parientes? Geo-
gráficamente Gat es el principado filisteo más
próximo a su tierra; políticamente es la patria
de Goliat y de sus peores enemigos exter-
nos. Si no fuera un hecho, el autor no habría
podido inventarlo.
Al príncipe filisteo le viene muy bien la
presencia de David: es un soldado valiente
que manda un grupo aguerrido; pertenece al
país enemigo, y al pasarse lo debilita. Aquís
hace una pequeña alianza a expensas de Is-
rael: David se convierte en su vasallo y reci-
be (quizá en feudo) una ciudad al sur.
A la larga la situación es peligrosa para
David: difícil conservar la fe yavista en tierra
extranjera, difícil librarse de tener que pelear
contra sus paisanos. El que no ha extendido
la mano contra Saúl, ¿la extenderá contra
israelitas inocentes?
En Sicelag, ciudad fortificada al sur del
principado, unos 20 km. al sureste de Gat,
David está más seguro que en la corte. El,
sus soldados y su familia tienen un puesto
donde habitar y tierras que cultivar. David
realiza una serie de campañas o razzias con-
tra tribus cananeas. Se trata en parte de ene-
migos tradicionales de Israel, de pueblos que
ocupan territorios prometidos a Israel (véase
Jos 13,13; Dt 25,17-19; Jue 6-7). David pien-
sa que tales campañas no le manchan las
manos, que la odiosidad recaerá sobre los fi-
listeos, quizá que está despejando un territo-
rio. Las falsas razones que da al príncipe filis-
teo las cuenta el autor como muestra de una
astucia digna de admiración.
27,1 Repite el verbo nmlt, escapar, salvar
la vida, leitmotiv de todas sus andanzas de
perseguido.
27,8 El texto habla de guirsitas, pueblo
desconocido. Para llegar a Guezer, ciudad
cananea, tendría que atravesar todo el terri-
torio filisteo. * = La Muralla.
27,10 Es decir, en territorio de sus paisa-
nos. Lo cual tranquiliza al filisteo.
27,12 En contraste con la primera visita,
cuando lo expulsó como loco (21,11-16). Pero
los dos episodios parecen independientes en
la tradición y no bien armonizados en el libro.
28,1-3 El comienzo del capítulo 28 nos
presenta una nueva ruptura de hostilidades;
la noticia continúa en el capítulo 29. En cam-
28,2 1 SAMUEL 578
Aquís dijo a David:
-Te comunico que tú y tus
hombres tenéis que ir conmigo al
frente.
2
David le respondió:
-De acuerdo. Verás cómo se
porta un vasallo tuyo.
Aquís le dijo:
-Muy bien. Te nombro de mi
guardia personal para siempre.
Saúl y la nigromante
(Eclo46, 20; Dt 18, lOs)
3
Samuel había muerto; todo
Israel asistió a los funerales, y lo
habían enterrado en Rama, su
pueblo. Por otra parte, Saúl ha-
bía desterrado a nigromantes y
adivinos.
4
Los filisteos se concentraron
y fueron a acampar en Sunán.
Saúl concentró a todo Israel y
acamparon en Gelboé.
5
Pero al
ver el campamento filisteo, Saúl
temió y se echó a temblar.
6
Consultó al Señor, pero el Se-
ñor no le respondió, ni por sue-
ños, ni por suertes, ni por profe-
tas.
7
Entonces Saúl dijo a sus mi-
nistros:
-Buscadme una nigromante
para ir a consultarla.
Le dijeron:
-Precisamente hay una en
Endor.
8
Saúl se disfrazó con ropa aje-
na; marchó con dos hombres,
llegaron de noche donde la mu-
jer, y le pidió:
-Adivíname el porvenir evo-
cando a los muertos y haz que se
me aparezca el que yo te diga.
9
La mujer le dijo:
-Ya sabes lo que ha hecho
Saúl, que ha desterrado a nigro-
mantes y adivinos. ¿Por qué me
armas una trampa para luego
matarme?
i0
Pero Saúl le juró por el Señor:
-¡Vive Dios, no te castigarán
por esto!
"Entonces la mujer preguntó:
-¿Quién quieres que se te apa-
rezca?
Saúl dijo:
-Evócame a Samuel.
l2
Cuando la mujer vio apare-
cer a Samuel, lanzó un grito y
dijo a Saúl:
-¿Por qué me has engañado?
¡Tú eres Saúl!
I3
E1 rey le dijo:
bio, el resto del capítulo supone la campaña
muy avanzada, a favor de los filisteos. La
respuesta de David es ambigua. Suena a
obediencia en el verbo, pero no dice el com-
plemento.
28,4-24 La historia de Saúl es una trage-
dia: al empezar el último acto de su vida, una
escena misteriosa y sombría derrama el pre-
sentimiento hasta hacerlo certeza inevitable.
Saúl surgió para salvar a Israel de los
filisteos: va a acabar pronto a manos de los
filisteos, arrastrando consigo a Israel. El que
lo ungió rey, el que pronunció su primera
condena, le habla ahora desde la tumba con-
minándole la próxima ejecución de la senten-
cia. Saúl, consciente de su condena y de la
próxima ejecución, camina valientemente ha-
cia su propia muerte. El que sea culpable no
resta intensidad y grandeza a su figura trági-
ca; el que el autor esté contra él, no le impi-
de presentarlo en muerte como héroe extra-
ordinario.
La voz de la tumba. Los magos burlados
en Egipto, el adivino Balaán convertido en
profeta, la legislación recogida en Dt 18 nos
dan la pista: en Israel no habrá agoreros ni
adivinos ni magos; les basta la palabra de
Dios, para guiarse por la historia, para con-
fundir a los magos extranjeros. Y cuando la
palabra del Señor enmudece, ¿qué hacer?
Isaías responde: "esperar" (Is 8,16-20), y se
burla de los que consultan a los muertos los
asuntos de los vivos.
La mudez de Dios significa realmente
que ha abandonado a Saúl, que la última
palabra de Dios para Saúl ha sido una sen-
tencia condenatoria; y no hay más que aña-
dir. El silencio es ya castigo, comienza el
castigo final. Pero Saúl no lo resiste en vida,
y en su desesperación va a escuchar la voz
de los muertos. Que va a resultar la voz de la
muerte, que lo convoca. Llama, evoca a Sa-
muel, el juez a quien ha sucedido, el profeta
que lo ha ungido, el que ha llorado por su
desgracia. Al reino de la muerte alcanza el
poder del Señor, y la voz del muerto será por
última vez palabra del Señor: denuncia y
condena.
¡Qué rápido viaje descendiendo! Dis-
frazada su figura, en la noche encubridora, al
escondrijo de la nigromante, al reino de la
muerte. La caída de Saúl "cuan largo era"
(recordemos su estatura procer) está ensa-
yando la próxima caída final.
Al final le queda un viaje corto: también él
necesita comer y cobrar fuerzas. Con esta
comida vuelve al reino de los vivos, para re-
presentar lo poco que le queda de su papel.
28,8 Son casi tres horas de camino, en
gran parte cuesta abajo. Is 8,20.
579 1 SAMUEL 29,4
-No temas. ¿Qué ves?
Respondió:
-Un espíritu que sube de lo
hondo de la tierra.
14
Saúl le preguntó:
-¿Qué aspecto tiene?
Respondió:
-El de un anciano que sube,
envuelto en un manto.
Saúl comprendió entonces que
era Samuel, y se inclinó rostro
en tierra, prosternándose.
l5
Samuel le dijo:
-¿Por qué me has evocado,
turbando mi reposo?
Saúl respondió:
-Estoy en una situación deses-
perada: los filisteos me hacen la
guerra, y Dios se me ha alejado y
ya no me responde ni por profe-
tas ni en sueños. Por eso te he
llamado, para que me digas qué
debo hacer.
l6
Pero Samuel le dijo:
-Si el Señor se te ha alejado y
se ha hecho enemigo tuyo, ¿por
qué me preguntas a mí?
17
E1
Señor ha ejecutado lo que te
anunció por mi medio: ha arran-
cado el reino de tus manos y se
lo ha dado a otro, a David.
l8
Por
no haber obedecido al Señor, por
no haber ejecutado su condena
contra Amalee, por eso ahora el
Señor ejecuta esta condena con-
tra ti.
I9
Y también a Israel lo
entregará el Señor contigo a los
filisteos; mañana, tú y tus hijos
estaréis conmigo, y al ejército de
Israel lo entregará el Señor en
poder de los filisteos.
20
De repente, Saúl se desplo-
mó cuan largo era, espantado por
lo que había dicho Samuel.
Estaba desfallecido, porque en
todo el día y toda la noche no
había comido nada.
2l
La mujer
se le acercó, y al verlo aterrado
le dijo:
-Esta servidora tuya te obede-
ció, y se jugó la vida para hacer
lo que pedías;
22
ahora obedece tú
también a tu servidora: voy a tra-
erte algún alimento, come y re-
cobra las fuerzas necesarias para
ponerte en camino.
23
E1 lo rehusaba:
-¡No quiero!
Pero sus oficiales y la mujer le
porfiaron, y les obedeció. Se
incorporó y se sentó en la estera.
24
La mujer tenía un novillo
cebado. Lo degolló en seguida,
tomó harina, amasó y coció unos
panes.
25
Se los sirvió a Saúl y
sus oficiales. Comieron y se pu-
sieron en camino aquella misma
noche.
David, excluido de la batalla
29 'Los filisteos concentraron
sus tropas hacia Afee*. Israel
estaba acampado junto a la fuen-
te de Yezrael.
2
Los príncipes
filisteos desfilaban por batallo-
nes y compañías. David y los
suyos iban en la retaguardia, con
Aquís.
3
Los generales filisteos
preguntaron:
-¿Qué hacen aquí esos hebre-
os?
Aquís les respondió:
-Ese es David, vasallo de
Saúl, rey de Israel. Lleva conmi-
go cosa de uno o dos años, y
desde que se pasó a mí hasta hoy
no tengo nada que reprocharle.
4
Pero los generales filisteos le
28.16 Preguntar es en hebreo sh'l, que
alude al nombre de Saúl.
28.17 Recuerda 15,28 añadiendo el nom-
bre del nuevo elegido.
28,19 Como Israel se ligó a Saúl pidien-
do un rey que lo salvase de los filisteos, así
ahora seguirá la suerte de ese rey, cayendo
con él en manos de los filisteos. Esto implica
aquí la mención de Israel.
28,24-25 Según costumbre, el autor pre-
cipita el desenlace con la rápida sucesión de
verbos.
29 Recordemos que continúa la narra-
ción comenzada en 28,1-3. Para entender los
movimientos de las tropas hay que tener pre-
sente la posición de la llanura de Esdrelón,
extendida de Oeste a Este, al norte del Car-
melo, dividiendo las tribus centrales de las
septentrionales. Los filisteos han subido por
la costa y han penetrado por occidente en la
llanura. Las tropas de Saúl van bajando des-
de Siquén, hacia la parte oriental de la llanu-
ra. Se concentran o se repliegan en la zona
montañosa que se alza al sur de Yezrael,
porque se sienten más fuertes en la montaña
que en la llanura.
Es una campaña en regla, más ambicio-
sa que las penetraciones desde la costa ha-
cia la montaña, a través de valles y desfila-
deros. Cada uno de los cinco príncipes filis-
teos reúne sus tropas, hay un mando unifica-
do. Tropas mercenarias es cosa normal en la
época, pero el batallón de desertores que
manda David no es de fiar en una batalla
contra israelitas.
De modo inesperado, sin intervención
explícita de Dios, se libra David de alzar la
mano contra su pueblo. El narrador aprove-
cha el momento para acumular dos testimo-
nios extranjeros en la cadena de alabanzas a
su héroe, una vez citando de nuevo el famo-
so estribillo de las mozas israelitas.
29,1 * = El Cerco.
29,5 1 SAMUEL 580
contestaron irritados:
-¡Despide a ese hombre! Que
se vaya al pueblo que le asignas-
te. Que no baje al combate con
nosotros, no se vuelva contra
nosotros en plena batalla; porque
el mejor regalo para reconciliar-
se con su señor serían las cabe-
zas de nuestros soldados.
5
¿No
es ese David al que cantaban
danzando: «Saúl mató a mil,
David a diez mil?»
6
Aquís llamó entonces a Da-
vid, y le dijo:
-¡Vive Dios, que eres honrado
y no tengo queja de tu comporta-
miento en el ejército! No tengo
nada que reprocharte desde que
entraste en mi territorio hasta
hoy, pero los príncipes no te ven
con buenos ojos;
7
así que vuél-
vete en paz para no disgustarlos.
8
David replicó:
-Pero ¿qué he hecho? ¿En qué
te he ofendido desde que me pre-
senté a ti hasta hoy? ¿Por qué no
puedo ir a luchar contra los ene-
migos del rey, mi señor?
9
Aquís le respondió:
-Ya sabes que te estimo como
a un enviado de Dios; pero es
que los generales filisteos han
dicho que no salgas con ellos al
combate.
l0
Así que tú y los sier-
vos de tu señor madrugáis, y
cuando claree, os marcháis.
"David y su gente madruga-
ron y salieron temprano, de vuel-
ta al país filisteo. Los filisteos
subieron a Yezrael.
David,
en Sicelag
(Gn 14, 1-17)
3 0 'Para cuando David y su
gente llegaron a Sicelag, al ter-
cer día, los amalecitas habían he-
cho una incursión por el Negueb
y Sicelag, habían asaltado Sice-
lag y la habían incendiado.
2
Sin
matar a nadie, se llevaron cauti-
vos a las mujeres y los vecinos,
chicos y grandes, y arreando los
rebaños se volvieron por su ca-
mino.
3
David y sus hombres lle-
garon al pueblo y se ¡o encontra-
ron incendiado y sus mujeres y
sus hijos llevados cautivos, fri -
taron y lloraron hasta no poder
más.
5
Las dos mujeres de David.
Ajinoán, la yezraelita, y Abigail.
la esposa de Nabal, el de Car-
mel*, también habían caído pri-
sioneras.
6
David se encontró en
un gran apuro, porque la tropa,
afligida por sus hijos e hijas,
hablaba de apedrearlo. Pero con-
fortado por el Señor, su Dios.
7
ordenó al sacerdote Abiatar:
-Acércame el efod.
8
Abiatar se lo acercó, y David
consultó a Señor:
-¿Persigo a esa banda? ¿Los
alcanzaré?
El Señor le respondió:
-Persigúelos. Los alcanzarás y
recuperarás lo robado.
9
Entonces David marchó con
sus seiscientos hombres; pero al
llegar a la vaguada de Besor, se
quedaron doscientos, demasiado
cansados para pasar la vaguada,
l0
y David continuó la persecu-
29.8 La indignación de David es fingida y
se ha de leer en clave irónica; sus palabras
son ambiguas: "Los enemigos de mi señor"
pueden ser los filisteos.
29,5 1 Sm 18,7.
29.9 El griego suprime la frase "como un
enviado de Dios"; podría ser adición.
29.10 Después de "os marcháis" el grie-
go añade: "al puesto que os asigné, sin hacer
caso de esas palabras injuriosas, porque yo
te estimo." Así se aleja David de la batalla
decisiva.
30,1 Ya hemos encontrado a los amale-
citas en tiempos de Moisés (Ex 17), y frente
a Gedeón (Jue 6-7): Saúl los había derrotado
(cap. 15). Al enterarse de la campaña en
forma de los filisteos, quizá en la época tradi-
cional de la primavera, pagan a David sus
incursiones, sólo que respetando las vidas.
La técnica de las razzias es normal en pue-
blos que no pretenden conquistar ciudades ni
hacerse sedentarios: saqueo e incendio son
a la vez venganza y provecho.
La lógica de los sucesos es perfecta. En la
composición general del libro resulta un para-
lelismo: mientras Saúl pelea con los filisteos, y
es derrotado, David contrataca a los amaleci-
tas y los derrota. Al norte y al sur se deciden los
destinos de Israel y de sus jefes históricos.
30,3-6 La primera escena nos ofrece el
descubrimiento: al principio, de modo gene-
ral, con el llanto de todos, después concen-
trándose en David. El esquema apuro-libera-
ción es clásico en los salmos de súplica y
acción de gracias; entre los dos verbos el
autor puede suponer una oración de David o
un oráculo del sacerdote. En este puesto
cabría cómodamente un salmo, pero el autor
no pierde el hilo narrativo.
30.5 * = La Vega.
30.6 Nm 14,10.
30,7-8 Confortado por Dios, David ya ha
decidido no aceptar los hechos como cosa
irremediable; el oráculo sirve para confirmar
el plan de ataque rápido. El estilo del oráculo
es categórico y muy marcado en el sonido.
30,9 1 Sm 25,13.
581 1 SAMUEL
30,29
ción con cuatrocientos hombres.
1
'Encontraron a un egipcio en el
campo y se lo llevaron a David;
l2
le dieron pan para comer y
agua para beber y un poco de
pan de higos, más dos racimos
de pasas; con la comida recobró
las fuerzas, porque llevaba tres
días y tres noches sin comer ni
beber.
13
David le preguntó:
-¿De quién eres y de dónde
vienes?
El muchacho egipcio respon-
dió:
-Soy esclavo de un amalecita;
mi amo me abandonó porque me
puse malo hace tres días.
l4
Ha-
bíamos hecho una incursión por
la parte sur de los quereteos, de
Judá y de Caleb, e incendiamos
Sicelag.
l5
David le dijo:
-¿Puedes guiarme hasta esa
banda?
El muchacho respondió:
-Si me juras por Dios que no
me matarás ni me entregarás a
mi amo, yo te guiaré hasta esa
banda.
16
Los guió. Los encontraron
desparramados por todo el cam-
po, banqueteando y festejando el
rico botín cobrado en el país filis-
teo y en Judá.
17
David los estuvo
machacando desde el amanecer
hasta la tarde. Los exterminó sin
que se escapara nadie, fuera de
cuatrocientos muchachos que
huyeron a lomo de camello.
l8
David recobró todo lo que le
habían robado los amalecitas,
incluidas sus dos mujeres.
l9
No
les faltó nada, ni chico ni grande,
hijos o hijas; David recuperó todo
lo que les habían robado.
20
Aga-
rraron todas las ovejas y bueyes,
y los bueyes se los presentaron a
David, diciendo:
-Esta es la parte que le toca a
David.
2l
Después volvió David a don-
de estaban los doscientos hom-
bres que, demasiado cansados
para seguirlo, se habían quedado
en la vaguada de Besor. Salieron
a recibir a David y a su gente, y
cuando llegaron, los saludaron.
22
Pero entre los hombres de Da-
vid, algunos mezquinos dijeron:
-Por no haber venido con no-
sotros, no les damos del botín
recuperado, sino sólo su mujer y
sus hijos a cada uno; que los
tomen y se marchen.
23
Pero David dijo:
-No hagáis eso, camaradas,
después que el Señor nos ha da-
do la victoria, nos ha protegido y
nos ha entregado esa banda que
nos había atacado.
24
En eso
nadie estará de acuerdo con vo-
sotros,
«porque tocan a partes iguales
el que baja al campo de batalla
y el que queda
guardando el bagaje».
25
Aquel día David estableció
esta norma para Israel, y ha esta-
do en vigor hasta hoy.
26a
Cuando entró en Sicelag,
David mandó parte del botín a
los concejales de Judá y a sus
amigos:
27
los concejales de Be-
tul, los de Rama del Sur, los de
Yatir,
28
los de Aroer, los de Si-
femot, los de Estemó,
29
los de
Carmel, los de las ciudades de
30,14 Los quereteos son probablemente
grupos filisteos; David los tomará más tarde
a su servicio. La tribu de Caleb está asenta-
da en la región de Hebrón.
30,17 El narrador parece suponer que
David ha caído sobre ellos de madrugada, es
decir, que los encontró banqueteando de no-
che y los dejó dormir parte de la borrachera.
El autor se complace en sugerir la multitud del
enemigo: hace falta un día entero para des-
truirlo, se salvan sólo cuatrocientos jóvenes
en camellos, que es un número enorme.
30,20 Corrigiendo el texto hebreo, que no
hace sentido.
30,23 Nm 31,25.
30,21-25 Algo semejante se cuenta en
Nm 31,25-31 sobre una guerra santa contra
Madián; también aquel incidente tiene valor
normativo, aunque no se dice expresamente.
30,23 La declaración de David tiene algo
de sentencia motivada, estableciendo derecho
consuetudinario, y el motivo es teológico. El
botín es don de Dios y como tal se ha de dis-
tribuir entre todos; así todos se alegrarán por
igual de la victoria. La sentencia tiene ritmo de
proverbio, fácil de retener de memoria.
30,26-31 El epílogo ensancha el alcance
de esta última campaña de David: ha sido una
guerra santa, contra los enemigos del Señor,
ha sido una victoria para todos los amigos de
David en una gran extensión, dentro del territo-
rio de Judá. La lista repite varios nombres de
Jos 15; Hebrón es la ciudad más septentrional.
Con esta lista el autor está preparando de
cerca la coronación de David en Hebrón.
El capítulo tiene puntos de contacto con
Gn 14: el robo de personas y posesiones, la
persecución y liberación, el reparto del botín,
los obsequios; aunque cambian las relacio-
nes entre los personajes. Como no podemos
datar Gn 14, no podemos decir si hay mutua
influencia. Tal como leemos la Biblia hoy, el
parentesco es llamativo, y nos hace pensar
en una dimensión "patriarcal" de David; inclu-
so su presencia en Hebrón -como veremos-
recuerda al gran patriarca Abrahán.
30,30 1 SAMUEL 582
Yerajmeel,
30
a los de Jormá* y a
los de Bor Asan*, a los de Atac,
3l
a los de Hebrón y a los de todas
las localidades por donde andu-
vo David con su gente,
26b
y lo
acompañó con estas palabras:
-Aquí tenéis un obsequio del
botín cobrado a los enemigos del
Señor.*
Muerte de Saúl
31 'Mientras tanto, los filisteos
entraron en combate con Israel.
Los israelitas huyeron ante ellos,
y muchos cayeron muertos en el
monte Gelboé.
2
Los filisteos persiguieron de
cerca a Saúl y sus hijos, hirieron
a Jonatán, Abinadab y Malqui-
súa, hijos de Saúl.
3
Entonces ca-
yó sobre Saúl el peso del comba-
te; los arqueros le dieron alcance
y lo hirieron gravemente.
4
Saúl
dijo a su escudero:
-Saca la espada y atraviésa-
me, no vayan a llegar esos incir-
cuncisos y abusen de mí.
Pero el escudero no quiso,
porque le entró pánico. Entonces
Saúl tomó la espada y se dejó
caer sobre ella.
5
Cuando el escu-
dero vio que Saúl había muerto,
también él se echó sobre su espa-
da y murió con Saúl.
6
Así murie-
ron Saúl, tres hijos suyos, su
escudero y los de su escolta, to-
dos el mismo día.
7
Cuando los israelitas de la otra
parte del valle y los de Trans-
jordania vieron que los israelitas
huían y que Saúl y sus hijos ha-
bían muerto, huyeron, abando-
nando sus poblados.
8
Los filisteos
los ocuparon. Al día siguiente
fueron a despojar los cadáveres, y
encontraron a Saúl y sus tres hijos
muertos en el monte Gelboé.
9
Lo
decapitaron, lo despojaron de sus
armas y las enviaron por todo el
territorio filisteo, llevando la
buena noticia a sus ídolos y al
pueblo.
l0
Colocaron las armas en
el templo de Astarté y empalaron
los cadáveres en la muralla de
Beisán.
"Los vecinos de Yabés de
30,26b * depués de v. 30.
30,30 * = Exterminio; Pozodehumo.
31 De los dos acontecimientos históricos,
la derrota de Israel y la muerte de Saúl, el
autor se interesa más por el segundo.
La batalla fue importante, y la victoria
concedió a los filisteos una supremacía indis-
cutible: al ocupar el valle de Esdrelon y el de
Yezrael, hasta la llave de los vados del Jor-
dán, los filisteos se han adueñado de una
región fértilísima, han aislado a las tribus del
norte, poseen nuevas vías de acceso hacia
la zona central de Efraín. Muchos poblados,
antes cananeos y después israelitas, cam-
bian de mano. La llanura ya ha sido testigo
de la importante batalla de Débora y de la es-
tratagema de Gedeón.
La muerte de Saúl empalma directamen-
te con el capítulo 28, pero el autor no explo-
ta el aspecto psicológico, la angustia de los
presentimientos. Por otra parte, los narrado-
res hebreos no sabían describir batallas, se
contentaban con datos generales y se solían
concentrar en algún personaje. Esta vez le
toca a Saúl con su familia y escolta.
31.1 El narrador concede la iniciativa a
los filisteos, mientras que los israelitas se re-
pliegan monte arriba.
31.2 La derrota del rey significa la derro-
ta de todo el pueblo; por eso los filisteos se
concentran sobre el grupo de Saúl; por eso
su situación se hace más difícil.
31.3 Texto dudoso. El griego dice "lo hirie-
ron en la ingle". Herida mortal, pero no inme-
diatamente.
31.4 Es una afrenta morir a manos de in-
circuncisos, como lo era para Abimelec morir
a manos de una mujer (Jue 9,53ss). El escu-
dero teme atentar contra la vida del rey, pues
sería un sacrilegio; tiene que esperar a que le
llegue el momento. Para el autor esa especie
de suicidio de Saúl no es objeto de reproche
(véanse 1 Re 16,18 y 2 Mac 14,36-47).
31.5 El capítulo siguiente dará otra ver-
sión del momento final. Si se quieren armoni-
zar ambas narraciones, habría que traducir
aquí "viendo que Saúl moría, se echó sobre
su propia espada, para morir con él".
31.6 El verso tiene carácter conclusivo y
está marcado por la cuádruple rima del pose-
sivo hebreo.
31.7 Esto supone una penetración filistea
en TransJordania.
31.9 Lo que había hecho David con Go-
liat caído, y era uso frecuente, como atesti-
guan viejos monumentos.
31.10 El templo de Astarté es probable-
mente el de Ascalón; parece que la veneran
como diosa de la guerra.
31.11 Yabés de Galaad había provocado
la primera batalla de Saúl, el cual liberó la
ciudad asediada. Es un acto de agradeci-
miento.
583 1 SAMUEL 31,13
Galaad oyeron lo que los filis- de Beisán el cadáver de Saúl y enterraron bajo el tamarindo de
teos habían hecho con Saúl,
i2
y los de sus hijos y los llevaron a Yabés y celebraron un ayuno de
los más valientes caminaron toda Yabés, donde los incineraron, siete días,
la noche, quitaron de la muralla
l3
Recogieron los huesos, los
31,12-13 Simultáneamente la cabeza de
Saúl es trofeo en el templo filisteo y su cuer-
po recibe honras fúnebres de algunos israeli-
tas. Esta división material y postuma podría
simbolizar la polaridad de su carácter e histo-
ria; su valor y destino trágico, sus méritos y
culpas. Al dividirse su cadáver, Israel está
otra vez dividido. Descansa en sepulcro aje-
no, aunque en territorio de Israel.
31,13 Eclo38,16s.
2 SAMUEL
David Hora la muerte de Saúl
y Jonatán
(1 CrlO, 1-12)
1 'Al volver de su victoria sobre
los amalecitas, David se detuvo
dos días en Sicelag.
2
A1 tercer
día de la muerte de Saúl, llegó
uno del ejército con la ropa he-
cha jirones y polvo en la cabeza;
cuando llegó cayó en tierra, pos-
trándose ante David.
3
David le
preguntó:
-¿De dónde vienes?
Respondió:
-Me he escapado del campa-
mento israelita.
4
David dijo:
-¿Qué ha ocurrido? Cuéntame.
El respondió:
-Pues que la tropa ha huido de
la batalla, y ha habido muchas
bajas entre la tropa y muchos
muertos, y hasta han muerto
Saúl y su hijo Jonatán.
5
David preguntó entonces al
muchacho que le informaba:
-¿Cómo sabes que han muerto
Saúl y su hijo Jonatán?
6
Respondió:
-Yo estaba casualmente en el
monte Gelboé, cuando encontré
a Saúl apoyado en su lanza, con
los carros y los jinetes persi-
guiéndolo de cerca;
7
se volvió, y
al verme me llamó, y yo dije:
«¡A la orden!».
8
Me preguntó:
«¿Quién eres?». Respondí: «Soy
un amalecita». 'Entonces me
dice: «Échate encima y remáta-
me, que estoy en los estertores y
no acabo de morin>.
l0
Me acer-
qué a él y lo rematé, porque vi
que, una vez caído, no viviría.
Luego le quité la diadema de la
cabeza y el brazalete del brazo y
se los traigo aquí a mi señor.
"Entonces David agarró sus
vestiduras y las rasgó, y sus acom-
pañantes hicieron lo mismo. ^Hi-
cieron duelo, lloraron y ayunaron
hasta el atardecer por Saúl y por
su hijo Jonatán, por el pueblo del
Señor, por la casa de Israel, por-
que habían muerto a espada.
13
David preguntó al que le
había dado la noticia:
-¿De dónde eres?
Respondió:
-Soy hijo de un emigrante
amalecita.
l4
Entonces David le dijo:
-¿Y cómo te atreviste a alzar
1 El anuncio de la derrota y muerte de
Saúl es una narración que recuerda la relata-
da en 1 Sm 4, cuando Eli recibe la noticia de
la muerte de sus hijos y de la captura del Arca.
El amalecita conoce la residencia de Da-
vid y la hostilidad de Saúl; considera a David
desertor de los suyos y vasallo fiel de los filis-
teos. La victoria filistea, la derrota de Israel,
la muerte de Saúl y su heredero serán una
buena noticia para David, merecedora de
generosas albricias. Corre a ser el primero; lo
cual indica que la noticia no ha llegado a terri-
torio filisteo ni han comenzado los festejos ya
narrados.
Se discute si la narración del mensajero
es verídica o embustera. El amalecita trae las
preseas reales: sólo puede haberlas recogi-
do si ha llegado muy pronto al lugar donde
murió Saúl, antes que otros, antes que los
filisteos. David toma su narración por verídi-
ca y por ella lo sentencia y hace ejecutar. Por
otra parte, el mensajero habla de la lanza,
mientras que la precedente versión mencio-
naba la espada; él dice que Saúl "se volvió",
cosa difícil si yacía atravesado. En caso de
ser verídica nos presenta el final patético del
rey: incapaz aun de morir, pidiendo como últi-
ma limosna un golpe de gracia. La lanza que
intentó atravesar a David contra la pared lo
sujeta ahora a la tierra.
1,2 Es inverosímil esa rapidez del men-
sajero; la indicación "al tercer día" podría ser
fórmula estereotipada. El autor subraya la
rapidez de los sucesos y la simultaneidad de
las batallas. La aparición del mensajero es
espectacular, realzada con signos de luto; no
necesita recomendaciones para obtener
pronta audiencia.
1,4 Para el amalecita, Saúl es el rival de
David, y Jonatán es el heredero; para David se
trata del amigo íntimo y del Ungido del Señor.
1,9 Este verso es particularmente difícil,
porque la traducción "estertores" es pura-
mente conjetural.
1.12 El luto abarca a todos, rey, herede-
ro y pueblo; la expresión "pueblo del Señor"
podría entenderse en sentido restringido:
"tropa, ejército del Señor", pero este sentido
no es común.
1.13 Como hijo de emigrante avecindado
en Israel disfrutaba de bastantes privilegios y
estaba sometido a la legislación local.
1.14 Es el mismo argumento de 1 Sm 24
y 26: el Ungido es sacrosanto, intocable; ma-
585 2 SAMUEL
2,1
la mano para matar al ungido del
Señor?
l5
Llamó a uno de los oficiales
y le ordenó:
-¡Acércate y mátalo!
I6
E1 oficial lo hirió y lo mató.
Y David sentenció:
-¡Eres responsable de tu muer-
te! Pues tu propia boca te acusó
cuando dijiste: «Yo he matado al
ungido del Señor».
17
David entonó este lamento
por Saúl y su hijo Jonatán,
l8
para
que lo aprendieran los de Judá (así
consta en el libro de Yasar):
19
«¡ Ay la flor de Israel,
herida en tus alturas!
¡Cómo cayeron los valientes!
20
Én Gat no lo contéis,
no lo pregonéis
en las calles de Ascalón;
que no se alegren
las muchachas filisteas,
no lo celebren
las hijas de incircuncisos.
21
¡Montes de Gelboé,
altas mesetas,
ni rocío ni lluvia
caiga sobre vosotros!
Que allí quedó manchado
el escudo de los valientes,
escudo de Saúl
no untado con aceite,
22
sino con sangre de heridos
y enjundia de valientes.
¡Arco de Jonatán,
que no volvía atrás!
¡Espada de Saúl,
que no tornaba en vano!
23
Saúl y Jonatán,
mis amigos queridos:
ni vida ni muerte
los pudo separar:
más ágiles que águilas,
más bravos que leones.
24
Muchachas de Israel,
llorad por Saúl,
que os vestía de púrpura
y de joyas,
que enjoyaba con oro
vuestros vestidos.
25
¡Cómo cayeron los valientes
en medio del combate!
¡Jonatán, herido en tus alturas!
26
¡Cómo sufro por ti,
Jonatán, hermano mío!
¡Ay, cómo te quería!
Tu amor era para mí
más maravilloso
que amoríos de mujeres.
27
¡Cómo cayeron los valientes,
los rayos de la guerra
perecieron!».
DAVID, REY
David, ungido rey en Hebrón
(Eclo 47,7-12)
2 'Después consultó David al
Señor:
-¿Puedo ir a alguna ciudad de
tarlo es sacrilegio y merece pena capital.
Según 1 Sm 26,10 "sólo el Señor lo herirá",
en batalla o cuando le llegue la hora; el hom-
bre no puede adelantar el plazo. Aunque Da-
vid había invocado el juicio de Dios (1 Sm
24,13.16), ahora no se alegra, como en el ca-
so de Nabal (1 Sm 25,39).
1,15-16 David venga la sangre de su pa-
riente, de su soberano, del consagrado. Em-
pieza a administrar justicia. Y ha de quedar bien
claro que no se alegra de la muerte de Saúl.
1,17-27 El canto se llama en hebreo qi-
na, es decir, elegía o lamentación; género
bien conocido en la literatura israelítica, y que
más tarde suele adoptar ritmo regular de fór-
mula 3+2 (acentos). La colección se llama en
hebreo Libro del Justo (yashar), mencionada
también en Jos 10,13; pero la traducción
griega ha leído "libro del canto" (shir), o sea,
colección de cantares. No hay razón para
negarle a David la paternidad de esta elegía,
por la cual ocupa un buen puesto entre los
antiguos poetas de Israel. El poema es un
llanto, cuya tonalidad se escucha ya en esa
especie de estribillo con que comienza. El
poeta ve escenas de júbilo, y las conjura para
que no sucedan turbando el luto; ve monta-
ñas regadas y campos fecundos, y los conju-
ra para que hagan luto con aridez perpetua.
Acallado, poéticamente, el júbilo de las mu-
chachas.filisteas, invita al llanto a las mucha-
chas israelitas, y desahoga su dolor perso-
nal. De ahí la abundancia de partículas nega-
tivas ante verbos de acción, mientras abun-
dan adjetivos y participios.
Una serie de asonancias y aliteraciones
estilizan esta pieza, compuesta Dará la reci-
tación oral, probablemente con acompaña-
miento. Las binas marcadas, geminadas o en
paralelismo, sirven aquí para prolongar la
tristeza: lluvia y rocío, arco y espada, águilas
y leones, sangre y grasa, amados y queridos.
Si a Saúl lo lloran las muchachas, a Jonatán
lo llora su amigo, con un amor más fuerte.
1.20 Gat y Ascalón representan a toda la
Pentápolis filistea.
1.21 "Untado" es en hebreo lo mismo que
ungido, y puede aludir a la unción de Saúl.
1,25 Cambiando levemente el texto,
otros traducen "Jonatán, me aflijo por tu
muerte", más cerca de la traducción griega.
DAVID REY
La división del libro único de Samuel en
dos partes es del todo artificial, y su intento
2,2 2 SAMUEL 586
Judá? -¿A cuál debo ir? y sus dos mujeres, Ajinoán, la
El Señor le respondió: Respondió: yezraelita, y Abigail, la mujer de
-Sí. -A Hebrón. Nabal, el de Carmel.
3
Llevó tam-
David preguntó:
2
Entonces subieron allá David bien a todos sus hombres con sus
parece haber sido dedicar a David un libro
entero. Esta segunda parte sigue un orden
temático más que cronológico. David rey de
Judá, en contraste con Isbaal, hasta que se
proclama también rey de Israel. Luchas con-
tra los filisteos, Jerusalén, el arca, la prome-
sa dinástica; guerras con otros pueblos, Bet-
sabé; rebelión de Absalón, rebelión de Sibá.
Un apéndice final completa con datos sueltos
la narración precedente.
David es para los israelitas el rey más
grande, una figura que se coloca detrás de
Moisés y Elias. Históricamente David es un
rey muy importante: recibe una nación des-
hecha, y en pocos años la convierte en el
reino principal de la franja costera; recibe un
reino dividido, y establece una monarquía
unificada; más allá de sus fronteras somete a
vasallaje a casi todos los reinos de alrededor.
Da a su reino una capital administrativa y reli-
giosa de gran influjo y atractivo; organiza un
gobierno y un ejército; da origen a una dinas-
tía estable.
Teológicamente es el beneficiario de una
nueva elección y de una promesa. Su elec-
ción se suma a la del pueblo y a la de otros
jefes, constituyendo un nuevo artículo de la
fe israelítica; a su elección se junta la de Je-
rusalén, como morada del Señor; otro artícu-
lo religioso fundacional. Como beneficiario de
la promesa, es casi un nuevo patriarca, padre
de una dinastía, como Abrahán lo fue de un
pueblo grande.
Por esta promesa David se carga de fu-
turo. Quiere decir que los israelitas no se
contentarán con añorar el pasado, cuando
recuerdan a su rey favorito, sino que en su
nombre esperan un sucesor legítimo, digno
de él, un restaurador, un futuro liberador. So-
bre este eje se desarrolla y crece la esperan-
za mesiánica. Por David y su dinastía entra
en la religión de Israel todo un repertorio de
símbolos de salvación, que servirán para ex-
presar y alimentar la esperanza mesiánica.
David, según la imagen que traza el
autor, fue un hombre de singular atractivo pa-
ra sus coetáneos. De joven se atrajo múlti-
ples simpatías; la guerra y la persecución lo
curtieron y lo enseñaron a esperar paciente-
mente. Fue a la vez magnánimo y astuto, de
gran visión y rápida decisión. Supo reconocer
y llorar su gravísimo pecado. No logró la paz
de su familia, ni logró consolidar la unifica-
ción del reino. David fue una cumbre, y lo que
siguió, a pesar del esplendor salomónico, se
asemeja a una decadencia.
2,1-3 Para abandonar su destierro volun-
tario en Sicelag y trasladarse a su patria, se
cumplen ahora tres condiciones: primera, ha
desaparecido su rival y perseguidor, y el suce-
sor, aunque quisiera, no está en grado de con-
tinuar la misma política; segunda, los filisteos
tienen que dar su aprobación al que ha sido su
vasallo durante dieciséis meses; tercera, la
más importante, Dios tiene que sancionar este
nuevo paso decisivo. El autor pone en cabeza
la consulta y el oráculo, como bendición formal
de la nueva etapa del elegido.
Los filisteos no han apurado su penetra-
ción en territorio de Israel; no hacía falta, por-
que la nación ha quedado demasiado débil
después de la derrota. David, aceptado como
rey al sur, será razonable y fiel a sus señores
y protectores; además, la división interna de
los israelitas en dos minúsculas monarquías
es una baza para los filisteos. Aunque el
autor no lo dice, la coronación sucedería con
la aprobación filistea.
Judea es la región de su nacimiento, de
sus correrías, de sus regalos bien calculados
(1 Sm 30,26-31). Allí es un capitán conocido,
un terrateniente bien relacionado. Tener un
rey de la propia sangre o tribu es mejor que
depender de los septentrionales, que tan
ineptos se han mostrado. Si alguna esperan-
za queda para el pueblo, la encarna David,
no la dinastía caída y fantasmal.
Hebrón conserva el santuario del patriar-
ca Abrahán, que es un buen patronazgo y en
adelante tendrá un sacerdote legítimo, Abia-
tar. La unción tendría lugar en algún santua-
rio, con intervención del sacerdote, aunque
los electores son el pueblo (véase la historia
587 2 SAMUEL 2,16
familias y se establecieron en los
alrededores de Hebrón.
4
Los de Judá vinieron a ungir
allí a David rey de Judá y le in-
formaron:
-Los de Yabés de Galaad han
dado sepultura a Saúl.
5
David mandó unos emisarios a
los de Yabés de Galaad a decirles:
-El Señor os bendiga por esa
obra de misericordia, por haber
dado sepultura a Saúl, vuestro
señor.
6
E1 Señor os trate con mi-
sericordia y lealtad, que yo tam-
bién os recompensaré esa acción.
7
Ahora tened ánimo, sed valien-
tes; Saúl, vuestro señor, ha muer-
to, pero Judá me ha ungido a mí
rey suyo.
Abner y Joab
8
Abner, hijo de Ner, general
del ejército de Saúl, había reco-
gido a Isbaal, hijo de Saúl, lo
había trasladado a Majnaym*
9
y
lo había nombrado rey de Ga-
laad, de los de Aser, de Yezrael,
Efraín, Benjamín y todo Israel;
l0b
sólo Judá siguió a David.
I0a
lsbaal, hijo de Saúl, tenía cua-
renta años cuando empezó a rei-
nar en Israel, y reinó dos años.
"David fue rey de Judá, en
Hebrón, siete años y medio.
l2
Abner, hijo de Ner, y los
subditos de Isbaal, hijo de Saúl,
fueron desde Majnaym hasta
Gabaón.
l3
Por su parte, Joab, hijo de
Seruyá, y los de David salieron
de Hebrón, se los encontraron
junto a una alberca de Gabaón y
se detuvieron, unos a un lado de
la alberca y otros al otro.
i4
Ab-
ner propuso a Joab:
-Que los jóvenes se desafíen
ante nosotros.
Joab dijo:
-¡Muy bien!
l5
Se prepararon y desfilaron
doce benjaminitas por Isbaal, hi-
jo de Saúl, y doce de los de Da-
vid.
16
Cada uno agarró por la ca-
beza a su contrario, hundió la es-
pada en las costillas del otro y
cayeron todos a una. Por eso a
aquel sitio lo llaman Jelcat Ha-
de Abimelec, Jue 9).El jefe militar sube a la
categoría de rey: es un momento histórico,
1000 a. deC.
2,4-7 Yabés de Galaad, al otro lado del
Jordán, es una ciudad lejana y adictísima a
Saúl; puede constituir un fuerte punto de apoyo
para la dinastía. El mensaje de David está muy
calculado: felicitando a los de Yabés, se une al
luto por Saúl; en seguida habla desde una
posición ventajosa, prometiendo por su parte
beneficios -gesto de buena voluntad y a la vez
afirmación de poder-; para acabar, sugiere
finalmente que, si ha muerto un rey, hay un
nuevo rey. Los de Yabés han sido fieles a Saúl
hasta la sepultura; ahora tienen a quien ofrecer
su fidelidad y su valor militar. Saúl ha sido un
jefe carismático, pero no ha fundado una di-
nastía estable.
2,8-10 Abner e Isbaal. Abner ha salido
vivo, no sabemos cómo, de la batalla contra
los filisteos, y se considera llamado a salvar
lo que queda de Israel. Isbaal, hijo y herede-
ro de la casa de Saúl, es un símbolo que
enarbola y maneja hábilmente. Han tenido
que abandonar la primera capital, Loma de
Saúl, y se han trasladado a una ciudad de
TransJordania, donde no alcanza el señorío
filisteo, desde donde el gobierno es poco efi-
caz. Pero al menos se salva la continuidad,
que Abner está dispuesto a explotar. Para
este proyecto David rey es un obstáculo se-
rio, que conviene eliminar o debilitar. David
por su parte no tiene prisa, ni quiere subir por
la fuerza. Bien temprano en la historia se
está dibujando la fatal división y aun oposi-
ción entre Israel y Judá.
2,8 Varias veces se lee en el texto he-
breo el nombre de Isbaal deformado en
Isboset. En tiempos posteriores, los israeli-
tas, para no pronunciar el nombre de Baal, lo
sustituyen con el despectivo "infamia", "ver-
güenza" (boshet). * = Los Castras.
2,12-32 El episodio es difícil de explicar.
¿Son dos episodios autónomos, o son conti-
nuación lógica el desafío y la batalla? ¿Se
trata de un desafío a muerte, con conse-
cuencias militares, o de un torneo con desen-
lace trágico? La segunda parte, ¿es la perse-
cución de un vencido que huye, o es un de-
safío de velocidad y maña?
Parece tratarse de una batalla en la que
los contendientes no quieren perder mucha
gente, y se plantea con cierta desigualdad:
Abner quiere imponer su hegemonía a los del
sur, pero no quiere debilitar a los suyos ni
diezmar al pueblo; Joab no necesita atacar a
fondo, le basta con mantener sus posiciones.
Es decir, Abner aspira a mandar en el sur,
David por ahora se contenta con Judá.
2,12 Gabaón es la frontera de ambos rei-
nos, situada a unos 15 kilómetros al nordes-
te de Jerusalén; mucho más cerca de Hebrón
que de Los Castras.
2,14 La palabra hebrea shq significa de
ordinario jugar, danzar, retozar. Aquí lo que
sucede es un desafío a muerte.
2,17 2 SAMUEL 588
ssiddim*; queda junto a Gabaón.
l7
Aquel día la batalla fue muy
violenta. Los de David derrota-
ron a Abner y a los de Israel.
18
Estaban allí los tres hijos de
Seruyá: Joab, Abisay y Asael.
19
Asael corría como un gamo y
persiguió a Abner derecho, sin
desviarse a un lado ni a otro.
20
Abner volvió la cabeza y pre-
guntó:
-¿Eres Asael?
Respondió:
-Sí.
2l
Abner le dijo:
-Desvíate a derecha o izquier-
da, agarra a alguno de los mu-
chachos y quítale las armas.
22
Pero Asael no quiso dejar de
seguirlo. Abner le repitió:
-Deja de perseguirme, que
voy a tener que aplastarte, y
¿con qué cara me presento luego
ante tu hermano Joab?
23
Pero como Asael no quiso
apartase, Abner dio hacia atrás
con la lanza, se la clavó en la
ingle y la lanza le salió por detrás.
Allí cayó y allí mismo murió.
Todos los que llegaban al sitio
donde Asael había muerto se
paraban.
24
Joab y Abisay persi-
guieron a Abner. Al ponerse el
sol, llegaron al collado de Ammá,
frente al valle, en el camino del
páramo de Gabaón.
25
Los ben-
jaminitas se concentraron tras
Abner en pelotón cerrado, y
aguantaron firmes en lo alto de la
loma.
26
Entonces Abner le gritó a
Joab:
-¿Vas a estar siempre devo-
rando la espada? ¿No piensas
que luego acaba amargando?
¿Cuándo vas a decir a tu gente
que deje de perseguir a sus her-
manos?
27
Joab respondió:
-¡Vive Dios, si no hubieras
hablado, mi gente habría estado
persiguiendo a sus hermanos
hasta por la mañana!
28
Entonces sonó la trompa y
todos se detuvieron, dejando de
perseguir a los de Israel;
29
no
reanudaron la batalla. Abner y
los suyos caminaron por el pára-
mo toda aquella noche, cruzaron
el Jordán, caminaron toda la
mañana y llegaron a Majanain.
30
Joab, por su parte, dejó de per-
seguir a Abner, congregó a toda
la tropa y se vio que de los de
David faltaban diecinueve hom-
bres, más Asael.
3l
En cambio,
habían hecho trescientas sesenta
bajas a los de Benjamín y Abner.
32
Llevaron el cadáver de Asael y
lo enterraron en Belén, en la
sepultura de la familia. Joab y
los suyos estuvieron caminando
toda la noche, y les amaneció en
Hebrón.
3 'La guerra entre las familias
de Saúl y David se prolongó.
David iba afianzándose, mien-
tras la familia de Saúl iba debili-
tándose.
2
David tuvo varios hijos en
Hebrón: el primero fue Amnón.
de Ajinoán, la yezraelita;
3
el
segundo fue Quilab, de Abigail,
2.16 * = Campo del Costillar.
2.17 La pelea de los doce no ha decidido
nada, y se traba la batalla. "Los de Isbaal" se
llaman ahora "los de Israel". Se supone que
la batalla termina con la huida, como es nor-
mal y se desprende de lo que sigue.
2.18 Seruyá es hermana de David. Joab
es el general, Abisay apareció acompañando
a David en la expedición nocturna al campa-
mento de Saúl (1 Sm 26), Asael aparece y
desaparece en este capítulo.
2,19-22 Corriendo, Asael está seguro de
alcanzar a Abner, pero medirse con él es una
temeridad. La agilidad era una de las cuali-
dades principales de un guerrero de enton-
ces (Sal 18,34.37), y Abner parece conceder-
le la victoria a Asael en esta especialidad. En
cambio, ocupado como está en recoger y po-
ner a salvo sus tropas, no quiere verse obli-
gado a excitar la cólera de Joab matándole
un hermano. Por eso lo invita a medirse con
un soldado cualquiera y contentarse con des-
pojarlo. Asael aspira quizá a vencer perso-
nalmente al jefe enemigo, lo cual le daría glo-
ria y ventajas en el ejército de David.
2,23 La muerte de Asael impresiona a
sus camaradas e irrita a sus hermanos. Ab-
ner ha derramado una sangre que pide ven-
ganza, y la tendrá. Esa muerte ha tenido
muchos testigos.
2,26 Hay que recordar la fama de buenos
guerreros de los benjaminitas, por ejemplo:
Jue 20. Abner se da prácticamente por venci-
do, sólo quiere ahorrar una matanza y volverse
a su corte. Los dos contendientes reconocen
que ha sido una lucha "entre hermanos". A
Joab, quizá según instrucciones de David,
tampoco le interesa seguir matando y persi-
guiendo, y acepta la propuesta. Todo termina
razonablemente, pero no establemente.
3,1 Guerra en el sentido de oposición,
hostilidad, y en algunos momentos con lucha
declarada.
3,3-5 De estos hijos el primero, el tercero
y el cuarto figurarán en la historia posterior.
589 2 SAMUEL 3,15
la mujer de Nabal, el de Carmel;
el tercero, Absalón, de Maacá,
hija de Talmay, rey de Guesur;
4
el cuarto, Adonías, de Jaguit; el
quinto, Safarías, de Abital; el
sexto, Yitreán, de su esposa
Eglá.
5
Esos fueron los hijos que
tuvo David en Hebrón.
Asesinato de Abner
6
Abner fue afianzándose en la
casa de Saúl, mientras ésta estu-
vo en guerra con la de David.
7
Saúl había tenido una concubi-
na llamada Rispa, hija de Aya.
Isbaal dijo a Abner:
-¿Por qué te has acostado con
la concubina de mi padre?
8
A Abner le molestó mucho
aquella pregunta de Isbaal y le
contestó:
-¡Ni que fuera yo un perro!
De modo que estoy trabajando
lealmente por la casa de tu padre,
Saúl, sus hermanos y compañe-
ros y no te entrego en poder de
David, ¡y ahora me echas en cara
un asunto de mujeres!
9
Que Dios
me castigue si no trabajo yo para
que se cumpla el juramento del
Señor a David:
l0
«Le pasaré el
reino de Saúl, afianzaré el trono
de David sobre Israel y Judá,
desde Dan hasta Berseba».
"Isbaal, de puro miedo, no
fue capaz de replicarle. ' enton-
ces Abner despachó unos emisa-
rios a Hebrón, para hacer a
David esta propuesta:
-El país, ¿para quién es?
(Quería decir: «Haz un pacto
conmigo y te ayudaré a poner a
todo Israel de tu parte»).
l3
David respondió:
-Está bien. Yo haré un pacto
contigo. Sólo te exijo una cosa:
cuando vengas a verme, no te re-
cibiré si no me traes a Mical, hija
de Saúl.
l4
David despachó también
emisarios a Isbaal, hijo de Saúl,
pidiéndole:
-Devuélveme a mi mujer Mi-
cal, con la que me casé pagando
por ella cien prepucios de filisteos.
15
Entonces Isbaal mandó qui-
Los dos últimos llevan nombre teofórico
yavista. Emparentando con el rey de Guesur,
reino arameo al nordeste del lago de Ge-
nesaret, David adquiere rango y apoyo políti-
co en caso de necesidad.
3,6-21 Pasados algunos años, Abner cae
en la cuenta de que el reino de Isbaal no
tiene porvenir. La debilidad fantasmal del rey,
muy cómoda para los planes del que gober-
naba de hecho, se vuelve contra él, denun-
ciándolo como mantenedor de una causa
perdida. Porque el pueblo no sigue a Abner,
sino a la monarquía de Saúl. Esta monar-
quía, nacida para defender al pueblo contra
los filisteos, ha fracasado en Saúl y en su
hijo; sólo David podrá realizar de nuevo la
independencia. El estado de opinión a favor
de David se va haciendo fuerte, incluso en la
tribu de Saúl, Benjamín. Abner lo reconoce y
a tiempo decide montarse y guiar hacia el
Sur. Así, tomando la iniciativa, podrá poner
condiciones a David y conseguir un puesto
relevante en la corte del nuevo señor, incluso
deshancando a Joab, sobrino de David.
Falta un pretexto para comenzar la ac-
ción, y el mismo Isbaal se la procura. Tomar
la concubina del rey difunto es en primer
lugar una injusticia, porque el harén toca en
herencia al sucesor; además puede significar
pretensiones de alzarse con el trono, como
indican 16,20-22 y 1 Re 2,13-25. La queja del
rey es justificada, pero Abner no tolera repro-
ches de su protegido real; se considera gra-
vemente ofendido en su lealtad a la casa
real, y por ello libre del deber de lealtad. Por
si fuera poco, puede invocar uno de los orá-
culos que David ha recibido de algún profeta.
La formulación del oráculo bien puede deber-
se al narrador, pues si la primera parte res-
ponde a palabras de Samuel (1 Sm 15,28-
29), la segunda parte define a posteriori los
límites del reino de David.
David comprende la importancia de la
oferta: más o menos lo que venía esperando;
y antes de aceptar pone una condición impor-
tante. Pidiendo a Mical, reclama un derecho,
pone a prueba al general Abner con un asun-
to comprometido, tantea la capacidad de re-
sistencia de Isbaal, restablece su vínculo
familiar con Saúl consolidando así su preten-
sión al trono unificado. Isbaal no sabe resistir
y el mismo Abner se encarga de traer a la
princesa.
El mensaje de Abner parece intenciona-
damente ambiguo. En forma de pregunta
puede contener una oferta amplia (véase 1
Sm 9,20). Sus palabras al final del banquete
muestran una seguridad absoluta, subrayada
por los tres verbos en primera persona y la
quíntuple aliteración: asume el papel de pro-
tagonista, capaz de mover a "todo Israel", y
conoce las aspiraciones de David.
3,7 2 Re 16,20-22; 1 Re 2,13-15.
3,10 1 Sm 15,28.
3,16 2 SAMUEL 590
társela a su marido, Paltiel, hijo
de Lais.
l6
Paltiel la siguió hasta
Bajurín, llorando detrás de ella.
Abner le dijo:
-¡Hala, vuélvete!
Y se volvió.
l7
Abner había hablado a los
concejales de Israel:
-Hace algún tiempo preten-
díais que David fuera vuestro
rey.
l8
Pues bien, ha llegado el
momento; porque el Señor dijo
acerca de David: «Por medio de
mi siervo David salvaré a mi
pueblo, Israel, del poder de los
filisteos y de todos sus enemi-
gos».
l9
Abner habló también a los
de Benjamín. Después fue tam-
bién a Hebrón a hablar personal-
mente con David y comunicarle
lo que habían acordado Israel y
Benjamín.
20
Cuando Abner, con
veinte hombres, llegó a Hebrón
para hablar con David, éste los
convidó.
2I
Abner le dijo:
-Voy a ir a reunir a todo Israel
ante el rey, mi señor, para que
hagan un pacto contigo y seas
rey según tus aspiraciones.
David lo despidió y él marchó
en paz.
22
Pero los soldados de David
venían con Joab de una correría
y traían un gran botín. Abner no
estaba ya en Hebrón, porque
David lo había despedido y ha-
bía marchado en paz.
23
Cuando
entraron Joab y su ejército, les
dieron la noticia:
-Ha venido Abner, hijo de
Ner, a visitar al rey, y el rey lo ha
despedido y se ha marchado en
paz.
24
Entonces Joab se presentó al
rey y le dijo:
-¿Qué has hecho? Ahora que
se te había presentado Abner,
¿por qué lo has despedido deján-
dolo marchar sin más?
25
¿No sa-
bes que Abner, hijo de Ner, vino
a engañarte para averiguar tus
movimientos y enterarse de lo
que piensas?
26
Joab salió de palacio, y sin
contar con David, despachó emi-
sarios tras Abner, que lo hicieron
volver desde el Pozo de Sirá.
27
Cuando Abner volvió a He-
brón, Joab lo llevó aparte, a un
lado de la entrada para hablar
con él a solas, y allí lo hirió en la
ingle y lo mató, para vengar la
muerte de su hermano Asael.
28
David se enteró muy pronto y
dijo:
-Ante el Señor y para siem-
pre, yo y mi reino somos inocen-
tes de la sangre de Abner, hijo de
Ner.
29
¡Respondan de ella Joab y
su casa! No falten nunca en tu
familia tinosos ni gonorreicos,
castrados, muertos a espada y
muertos de hambre.
30
Joab y su hermano Abisay
asesinaron a Abner porque éste
les había matado a su hermano
Asael en la guerra junto a Ga-
baón.
3l
David ordenó a Joab y a sus
acompañantes:
3,22-27 Parece que David reside en He-
brón dedicado a gobernar, y ha delegado en
Joab el ejercicio militar de las incursiones por
el Sur. Joab es impulsivo, violento; se atreve
a reprochar al rey, su tío, y a obrar sin su con-
sentimiento en asuntos graves. Pero es que
tiene sus motivos para enfrentarse con
Abner: en primer lugar, le toca vengar la san-
gre de su hermano Asael; en segundo lugar,
fácilmente descubre que Abner es una ame-
naza para su posición en el reino de David;
por eso, su acusación contra Abner parece
un simple pretexto. Lo más probable es que
Joab estuviera al corriente de las negociacio-
nes y del cambio de opinión en Israel. El
modo de ejecutar la venganza es más eficaz
que noble.
3,27 Nm 35,19.
3,28-39 El desenlace perjudica seria-
mente a David. Ahora que la fruta deseada
estaba madura y para caer, el asunto se
complica: le han quitado el hombre de poder
y prestigio que iba a realizar la transmisión
pacífica de poderes; además se ha creado la
impresión de que todo ha sido urdido por
David, de que ha sido un acto de felonía; ¿se
podrán fiar de él? Dentro de su reino la per-
sona de Joab se vuelve peligrosa para el
mismo rey.
David reacciona urgentemente y con to-
da energía. Primero hace un juramento públi-
co de inocencia, como se estilaba entonces,
y que tiene valor decisivo, porque el Señor
castiga al perjuro. Al mismo tiempo hace
recaer públicamente la culpa sobre Joab. No
puede castigar al vengador de la sangre fra-
terna, pero lo maldice, dejando el castigo a
Dios. Después ordena un funeral solemne
por el muerto, al que asiste en cabeza dedi-
cándole una elegía personal; y fuerza al ase-
sino a asistir al funeral. Joab tiene que some-
terse públicamente al mandato real y escu-
char la elegía que lo afrenta. Al funeral sigue
un ayuno de corte.
La reacción de David hizo gran impresión
allí y probablemente se divulgó fuera de su
reino de Judá; es lo que quiere decir el narra-
dor en el v. 37.
591 2 SAMUEL 4,9
-Rásgaos las vestiduras y ce-
ñios un sayal y haced duelo por
Abner.
32
E1 rey David caminaba de-
trás del féretro. Y cuando ente-
rraron a Abner en Hebrón, el rey
gritó y lloró junto a su tumba.
Todos lloraron,
33
y el rey entonó
este lamento por Abner:
«¿Tenía que morir Abner
como muere un insensato?
34
Sus manos
no conocieron las cadenas
ni sus pies los grilletes.
Caíste como se cae
a manos de traidores».
35
Todos siguieron llorándolo y
luego se llegaron a David para
obligarlo a comer mientras fuese
de día, pero David juró:
-¡Que Dios me castigue si an-
tes de ponerse el sol pruebo pan
o lo que sea!
36
Cuando la gente lo supo, a
todos les pareció bien, como
todo lo que hacía el rey.
37
Aquel
día supieron todos, y lo supo to-
do Israel, que el asesinato de Ab-
ner, hijo de Ner, no había sido
cosa del rey.
38
E1 rey dijo a sus cortesanos:
39
-Ya veis que hoy ha caído en
Israel un gran general. Yo he sido
hoy blando, aunque ungido como
rey, mientras que esa gente, los
hijos de Seruyá, han sido más du-
ros que yo. Que el Señor pague al
malhechor su merecido.
Asesinato de Isbaal
4 'Cuando Isbaal, hijo de Saúl,
oyó que Abner había muerto en
Hebrón, se acobardó, y todo Is-
rael se alarmó.
2
Isbaal, hijo de
Saúl, tenía dos jefes de guerri-
llas: uno se llamaba Baaná y el
otro Recab, hijos de Rimón, el
de Beerot*, benjaminitas (por-
que también Beerot se conside-
raba perteneciente a Benjamín;
3
los de Beerot huyeron a Gui-
ttaym* y allí siguen todavía resi-
diendo como emigrantes).
4
Por
otra parte, Jonatán, hijo de Saúl,
tenía un hijo tullido de ambos
pies: tenía cinco años cuando lle-
gó de Yezrael la noticia de la
muerte de Saúl y Jonatán; la
niñera se lo llevó en la huida, pe-
ro con las prisas de escapar el
niño cayó y quedó cojo; se lla-
maba Meribaal.
5
Baaná y Recab, hijos de Ri-
món, el de Beerot, iban de ca-
mino, y cuando calentaba el sol
llegaron a casa de Isbaal, que es-
taba echando la siesta.
6
La porte-
ra se había quedado dormida
mientras limpiaba el trigo. Recab
y su hermano Baaná entraron
libremente en la casa,
7
llegaron a
la alcoba donde estaba echado
Isbaal y lo hirieron de muerte;
luego le cortaron la cabeza, la
recogieron y caminaron toda la
noche a través de la estepa, ele-
varon la cabeza de Isbaal a Da-
vid, a Hebrón, y dijeron al rey:
-Aquí está la cabeza de Isbaal,
hijo de Saúl, tu enemigo, que
intentó matarte. El Señor ha ven-
gado hoy al rey, mi señor, de
Saúl y su estirpe.
9
Pero David dijo a Recab y
Baaná, hijos de Rimón, el de
Beerot:
3,33-34 La elegía es difícil por su conci-
sión. El verso central se podría interpretar
como un recuerdo de su carrera militar: nun-
ca cayó prisionero. Los versos primero y últi-
mo son un alarde de efectos sonoros, gene-
rados por el nombre 'bnr y el verbo caer
(napal), insensato (nabal), ante (lipné) hijos
(bené).
3,39 La oposición blando-duro la entien-
den otros como débil-fuerte. Pero David pre-
tende dar testimonio de su voluntad concilia-
dora.
4 Muerto Abner, Isbaal se ha quedado
sin apoyo y sin iniciativa. Los que esperaban
en la dinastía de Saúl están desconcertados,
los que esperaban en la unión con David,
organizada por Abner, no saben lo que va a
suceder.
El rey Isbaal, esa sombra de monarca,
impotente y apenas consciente, muere en la
quietud e inconsciencia de un sueño. En la
capital prestada de TransJordania, en un pa-
lacio que custodia una mujer desarmada y
soñolienta. ¡Qué lejos de la muerte en cam-
paña de Saúl y Jonatán!
4.2 * = Pozos.
4,2-3 La población cananea de la locali-
dad huyó a territorio filisteo en tiempo de la
ocupación israelita.
4.3 * = Dos Lagares.
4.4 Esta noticia encajaría mejor después
de 9,3. En la presente situación puede recor-
dar que la dinastía de Saúl no se extingue
con Isbaal, pero sus representantes son, por
diversos motivos, incapaces.
4,5-8 Los dos jefes guerrilleros preten-
den quizá ocupar el puesto vacante a la
muerte de Abner. De un solo golpe retirarán
el último obstáculo a la unificación y se ase-
gurarán el favor del nuevo rey, David. Re-
cordando la hostilidad de Saúl, se presentan
como vengadores y hasta atribuyen la acción
a la justicia de Dios.
4,9-11 Pero David quiere llegar al trono
unificado sin mancharse con la sangre de la
4,10 2 SAMUEL 591
l0
-¡Vive Dios, que me ha sal-
vado la vida de todo peligro! Si
al que me anunció «ha muerto
Saúl», creyendo darme una bue-
na noticia, lo agarré y lo ajusticié
en Sicelag, pagándole así la
buena noticia, "con cuánta más
razón cuando unos malvados han
asesinado a un inocente, en su
casa, en su cama, vengaré la san-
gre que habéis derramado, extir-
pándoos de la tierra.
l2
David dio una orden a sus
oficiales, y los mataron. Luego
les cortaron manos y pies y los
colgaron junto a la Alberca de
Hebrón; en cambio, la cabeza de
Isbaal la enterraron en la sepul-
tura de Abner, en Hebrón.
David, rey de Israel
(lCr 11,1-3; Sal 78,70-72)
5 'Todas las tribus de Israel fue-
ron a Hebrón a decirle a David:
^Aquí nos tienes. Somos de la
misma sangre. Ya antes, cuando
todavía era Saúl nuestro rey, tú
eras el verdadero general de
Israel. El Señor te dijo: «Tú pas-
torearás a mi pueblo, Israel; tú
serás jefe de Israel».
3
Fueron, pues, a Hebrón todos
los concejales de Israel para visi-
tar al rey. El rey David hizo un
pacto con ellos, en Hebrón, ante
el Señor, y ellos ungieron a Da-
vid rey de Israel.
4
Tenía treinta
años cuando empezó a reinar, y
reinó cuarenta años;
5
en Hebró
reinó sobre Judá siete años \
medio, y en Jerusalén reinó
treinta y tres años sobre Israel \
Judá.
Conquista de Jerusalén
(1 Cr 11,4-8; 14,1-7)
6
E1 rey y sus hombres marcha-
ron sobre Jerusalén, contra los
jebuseos que habitaban el país.
Los jebuseos dijeron a David:
-Ño entrarás aquí. Te rechaza-
rán los ciegos y los cojos. (Era
una manera de decir que David
no entraría).
7
Pero David conquistó el alcá-
zar de Sión, o sea, la llamada
dinastía de Saúl. Su ascensión está ya segu-
ra, ¿qué falta le hace un asesinato? En un jui-
cio sumarísimo venga la sangre de su cuña-
do - no se dice que fuera ungido-, condena a
unos traidores y demuestra a todo el pueblo
su propia inocencia. Es el segundo acto im-
portante en que administra justicia.
4,10 2 Sm 1,5-10.
5,1-5 Eliminados Abner e Isbaal, David
atrae todas las esperanzas. La oposición de
Israel a Judá queda cubierta por un sentimien-
to más fuerte de hermandad. Lo que Abimelec
decía a los de Siquén, para apoyar su candida-
tura real (Jue 9) lo confiesan a David las tribus.
David no es un extranjero impuesto, y podrá
librar a los suyos del poder extranjero.
Un oráculo del Señor confirma la expe-
riencia de años mejores. Este oráculo emplea
la tradicional imagen del jefe-pastor, que en
el caso de David adquiere resonancias parti-
culares (véase Sal 78,70-72).
El pacto entre rey y pueblo tiene algo de
constitución: implica un juramento de lealtad
mutua y contiene normalmente una serie de
cláusulas. Los ancianos, como responsables
de todo el pueblo, hacen de intermediarios en
la unción.
Como vemos, David ha comenzado se-
ñalándose por sus cualidades en una serie de
circunstancias militares, hacia fuera y hacia
dentro; los acontecimientos muestran un día
que David es el hombre que se necesita. Este
modo de descubrir, reconocer, designar, es
una elección de Dios. Los oráculos no son
operaciones milagrosas. Es curioso que es-
tos oráculos se recuerden más tarde, a la luz
de los acontecimientos: 3,10 (Abner), 3,18
(Abner), 5,2.
5,6-9 La conquista de Jerusalén y su
establecimiento como capital del reino suce-
dió ciertamente después de la victoria defini-
tiva sobre los filisteos; probablemente des-
pués de otras campañas exteriores. El autor
tiene mucho interés teológico en juntar la
elección de David rey y la de Jerusalén capi-
tal. En adelante van a formar una fuerte uni-
dad, como nueva elección del Señor y arran-
que de una nueva etapa histórica. En este
sentido es justo poner los dos hechos juntos
en el arranque de la narración. La intención
teológica impera sobre la cronología.
Saúl se había quedado en su aldea, co-
mo los jueces tribales, para gobernar desde
allí. Loma de Benjamín no reunía condicio-
nes estratégicas ni tenía prestigio especial,
además de estar muy ligada a la tribu de
Benjamín. David ha residido en Hebrón, sitio
excelente para un rey de Judá, ciudad bas-
tante céntrica y aureolada con el recuerdo de
Abrahán. Pero para unificar y gobernar a to-
do Israel, Hebrón no basta: está demasiado
ligada a una tribu y cae demasiado al sur.
David decide estrenar capital: una ciudad sin
vínculo tribal, conquista suya personal, bien
situada y de gran valor estratégico.
593 2 SAMUEL 5,19
Ciudad de David.
8
David había dicho aquel día:
-Al que mate a un jebuseo y
se cuele por el túnel...* A esos
cojos y ciegos los detesta David.
(Por eso se dice: «Ni cojo ni
ciego entre en el templo»).
9
David se instaló en el alcázar y
lo llamó Ciudad de David. Des-
pués edificó una muralla en torno,
desde el terraplén hacia adentro.
l0
David iba creciendo en po-
derío y el Señor de los ejércitos
estaba con él. "Jirán, rey de Ti-
ro, mandó una embajada a David
con madera de cedro, carpinteros
y canteros para construirle un
palacio.
12
Así comprendió David
que el Señor lo engrandecía co-
mo rey de Israel y que engrande-
cía su reino por amor a su pue-
blo, Israel.
l3
Después que vino
de Hebrón, David tomó en Jeru-
salén otras concubinas y espo-
sas, que le dieron más hijos e
hijas.
14
Los nombres de los hijos
que tuvo en Jerusalén son: Sa-
múa, Sobab, Natán, Salomón,
l5
Yibjar, Elisúa, Néfeg, Yafía,
l6
Elisamá, Baalyadá y Elifálet.
Batallas con los filisteos
(1 Cr 14, 8-16; Sal 18,33-43)
l7
Cuando los filisteos oyeron
que habían ungido a David rey
de Israel, subieron todos a por él.
David se enteró y bajó al refugio
de Adulan.
l8
Los filisteos habían
llegado y se habían desplegado
en Valrefaín.
l9
David consultó al
Señor:
Es la antigua Urushalimu, ciudad hasta
ahora inexpugnable para los israelitas, encla-
ve cananeo en la montaña central, que ha
dividido las tribus. Jerusalén es un símbolo
de la persistencia y resistencia cananea no
domada -Jue 1,8 adelanta acontecimientos
para ofrecer una síntesis-. No son sólo los
filisteos quienes impiden la ocupación de la
tierra prometida.
La decisión de David es un acto de auda-
cia y de clarividencia. De audacia, porque es
dificilísimo conquistarla, y un ataque fracasa-
do podría desprestigiar al nuevo rey. Clari-
videncia, como muestra la historia sucesiva
hasta hoy: Jerusalén adquiere para Israel, y
más tarde para los judíos, un valor espiritual
que supera ampliamente su valor geográfico,
estratégico, urbanístico. Jerusalén será el se-
gundo polo de la escatología.
Más inexpugnable que la ciudad parece
el texto bíblico, que muchas generaciones de
exegetas no han logrado descifrar. Aun reu-
niendo los datos de Samuel con los de Cró-
nicas, no llegamos a una explicación sa-
tisfactoria. Una de las hipótesis más atracti-
vas ve las cosas así: David pone asedio a la
ciudad, los defensores se burlan de los ata-
cantes, "ciegos y cojos bastan para rechazar-
los" (tan segura es la ciudadela); David, quizá
después de ataques infructuosos y de largo
asedio, promete algún privilegio a quien pe-
netre en la ciudad; entonces algunos solda-
dos logran colarse y subir por el túnel de
acceso al manantial, y desde dentro facilitan
la entrada de los demás.
Se trata de una hipótesis acerca del mo-
do; la sustancia es que David, con esta con-
quista, se suma a los héroes de la conquista
bajo Josué, somete el baluarte simbólico de
los cananeos, dispone de una capital. (Qui-
zá el capítulo 14 del Génesis tenga que ver
con el presente hecho: allí el patriarca de
Hebrón rinde homenaje al sacerdote de Je-
rusalén).
5,8 * Texto dudoso. Lv 21,18; Mt 21,14.
5,9-12 El autor sigue adelantando datos.
El crecer en poderío adelanta su dominación
fuera de las propias fronteras. El comercio
con Jirán rey de Tiro sólo puede caer al final
del reino de David, cuando Jirán comienza a
reinar sobre Tiro; David comenzaría por re-
forzar el baluarte y sólo al final de su reino
construiría un palacio.
5,12 Meditando sobre los hechos, derro-
ta de filisteos y cananeos y fundación de la
nueva capital, David llega a comprender su
destino religioso: es un rey por la gracia de
Dios al servicio del pueblo. Elección, no co-
mo privilegio, sino como función. Dado que el
pueblo es del Señor, David es un vasallo y
mediador al servicio de ese pueblo. Su espe-
cie de vasallaje en Gat y el probable vasalla-
je en Hebrón son pura sombra de la nueva
situación histórica. Sal 18,49.
5,13-16 El futuro heredero se cuenta en-
tre los hijos nacidos en Jerusalén, no entre
los de Hebrón.
5,17-25 Cronológicamente ésta es la pri-
mera tarea de David en cuanto rey de la
monarquía unificada. El autor resume en bre-
vísimo espacio sucesos que debieron de du-
rar varios años; se fija en un par de batallas.
A esta época pertenecen algunos datos que
se leen en el apéndice (2 Sm 21 y 23). Allí se
habla de repetidas batallas y de hazañas per-
sonales de sus mejores soldados.
5,20 2 SAMUEL
594
-¿Puedo atacar a los filisteos?
¿Me los entregarás?
El Señor le respondió:
-Atácalos que yo te los en-
trego.
20
David fue a Baal Perasin*, y
allí los derrotó. Y comentó:
-El Señor ha abierto una bre-
cha en el frente enemigo, como
brecha de agua en un dique. (Por
eso aquel sitio se llama Las
Brechas).
2l
Los filisteos dejaron aban-
donados allí sus ídolos; David y
sus hombres los recogieron.
22
Los filisteos hicieron otra in-
cursión y se desplegaron en el
Valle de Refaím.
23
David con-
sultó al Señor, que le respondió:
-No ataques. Rodéalos por de-
trás, y luego atácalos frente a las
moreras.
24
Cuando sientas rumor
de pasos en la copa de las mo-
reras, lánzate al ataque, porque
entonces el Señor sale delante de
ti a derrotar al ejército filisteo.
25
David hizo tal como le man-
dó el Señor, y derrotó a los filis-
teos desde Gob hasta la entrada
en Guézer.
El arca, transportada
a Jerusalén
(1 Cr 13, 5-14; 15,25-29;
Sal 132)
6 'David reunió nuevamente a
los mozos israelitas: treinta mil
hombres.
2
Con todo su ejército
emprendió la marcha a Baalá de
Judá, para trasladar de allí el arca
de Dios, que lleva la inscripción:
«Señor de los ejércitos», entroni-
zado sobre querubines.
3
Pusie-
ron el arca de Dios en un carro
nuevo y la sacaron de casa de
David presenta batalla en la zona monta-
ñosa, donde los filisteos se desenvuelven
con menos medios y mayor dificultad. Val-
refaín o Valle de los Gigantes (para el pueblo
Valle de las Animas) está situado junto a
Jerusalén, donde los filisteos se encuentran
protegidos por el enclave jebuseo de Je-
rusalén, mientras David, evitando las ciuda-
des, se refugia en el paraje que tan bien co-
noce de Adulan (1 Sm 22,1.4; 24,13). Desde
allí iría agrupando tropas y despachando pe-
queñas incursiones contra los filisteos. Del
capítulo 23 se desprende que éstos están
instalados también en Belén.
Los filisteos acampan en terreno ventajo-
so, llano, en el valle que arranca al sudoeste
de Jerusalén y se alarga hacia poniente. Da-
vid parte de Adulan, rodea por occidente, su-
be a Perasin (Las Brechas) y desde el norte
ataca y pone en fuga al enemigo.
5,21 Los ídolos se llevan al campo de
batalla como protección. Israel paga ahora a
los filisteos la captura del arca (1 Sm 4). Son
el trofeo más valioso.
5,22-25 Los filisteos insisten en el mismo
sitio, que consideran ventajoso. El oráculo
del Señor ofrece esta vez un signo no tan
fácil de entender: se trataría del rumor del
viento en las copas de las moreras. Otros
interpretan el nombre como toponímico, "en
las alturas de Becaim".
La localidad de Gob figura varias veces
en el capítulo 21. Guézer queda al oeste,
cerca de la Pentápolis filistea; probablemen-
te estaba entonces bajo su dominio. A la
batalla decisiva contra los filisteos alude 8,1.
6 Para que Jerusalén tenga plena fuerza
de unificación, tiene que ser también centro
religioso de las tribus. Saúl ha descuidado este
aspecto. El Arca estuvo en Silo en tiempos de
Eli, fue capturada por los filisteos, y cuando la
devolvieron, pasó a Villasotos (Quiriat Yearim).
Por su parte, la familia sacerdotal de los elidas
se estableció en Nob, disociada del Arca.
El Arca es el objeto religioso por exce-
lencia, paladión en la guerra y testimonio de
la alianza, cuyo documento guarda. David
decide trasladarla a su nueva capital y con-
centrar allí a los principales sacerdotes. Es
una decisión trascendental. El salmo 132 di-
ce que el Arca se encontraba "en el Soto de
Yaar" (que parece ser Villasotos); Baalá es
otro nombre de la misma localidad, según
Jos 15,9-11. Por ser el Arca protagonista de
la narración, está mencionada catorce veces,
siete veces como "Arca de Dios", siete veces
como "Arca del Señor".
6.1 David quiso hacer del traslado un
acontecimiento religioso nacional, una oca-
sión para robustecer la conciencia de unidad
religiosa, cuyo centro en adelante será Je-
rusalén (eso no quiere decir que la cifra de
participantes sea objetiva).
6.2 La denominación corresponde a lo
que describe Ex 25, texto al parecer tardío. A
la manera oriental, los querubines (animales
alados) sostienen un trono invisible, sobre el
cual se sienta el soberano de los Ejércitos
estelares.
6.3 El carro tiene que ser nuevo; es decir,
no utilizado para tareas profanas.
595 2 SAMUEL 6,23
Abinadab, en Guibeá. Uzá y
Ajió, hijos de Abinadab, guiaban
el carro con el arca de Dios;
4
Ajió marchaba delante del arca.
5
David y los israelitas iban dan-
zando ante el Señor con todo en-
tusiasmo, cantando al son de
cítaras y arpas, panderos, sonajas
y platillos.
6
Cuando llegaron a la
era de Nacón, los bueyes trope-
zaron y Uzá alargó la mano al
arca de Dios para sujetarla.
7
E1
Señor se encolerizó contra Uzá
por su atrevimiento, lo hirió y
murió allí mismo, junto al arca
de Dios.
8
David se enfadó por-
que el Señor había arremetido
contra Uzá, y puso a aquel sitio
el nombre de Peres* Uzá, y así
se llama ahora.
9
Aquel día David
temió al Señor, y dijo:
-¿Cómo va a venir a mi casa
el arca del Señor?
10
Y no quiso llevar a su casa, a
la Ciudad de David, el arca del
Señor, sino que la trasladó a casa
de Obededom, el de Gat. "El ar-
ca del Señor estuvo tres meses en
casa de Obededom, el de Gat, y el
Señor bendijo a Obededom y su
familia.
l2
Informaron a David:
-El Señor ha bendecido a la
familia de Obededom y toda su
hacienda en atención al arca de
Dios.
Entonces fue David y llevó el
arca de Dios desde la casa de
Obededom a la Ciudad de Da-
vid, haciendo fiesta.
l3
Cuando
los portadores del arca del Señor
avanzaron seis pasos, sacrificó
un toro y un ternero cebado.
,4
E
iba danzando ante el Señor con
todo entusiasmo, vestido sólo
con un roquete de lino.
l5
Así
iban llevando David y los israe-
litas el arca del Señor entre víto-
res y al sonido de las trompetas.
l6
Cuando el arca del Señor en-
traba en la Ciudad de David,
Mical, hija de Saúl, estaba mi-
rando por la ventana, y al ver al
rey David haciendo piruetas y
cabriolas delante del Señor lo
despreció en su interior. 'Me-
tieron el arca del Señor y la ins-
talaron en su sitio, en el centro
de la tienda que David le había
preparado. David ofreció holo-
caustos y sacrificios de comu-
nión al Señor,
l8
y cuando termi-
nó de ofrecerlos, bendijo al pue-
blo en el nombre del Señor de
los ejércitos;
l9
luego repartió a
todos, hombres y mujeres de la
multitud israelita, un bollo de
pan, una tajada de carne y un
pastel de uvas pasas a cada uno.
Después se marcharon todos,
cada cual a su casa.
20
David se volvió para bende-
cir a su casa, y Mical, hija de
Saúl, salió a su encuentro y dijo:
-¡Cómo se ha lucido el rey de
Israel, desnudándose a la vista de
las criadas de sus ministros, como
lo haría un bufón cualquiera!
2l
David le respondió:
-Ante el Señor, que me prefi-
rió a tu padre y a toda tu familia
y me eligió como jefe de su pue-
blo, yo bailaré
22
y todavía me
rebajaré más; si a ti te parece
despreciable ante las criadas que
dices, ante ésas ganaré prestigio.
23
Mical, hija de Saúl, no tuvo
hijos en toda su vida.
6,4 Sal 149.3S.
6,6-7 Un accidente mortal es interpretado
por los asistentes como castigo de Dios, de-
bido a una profanación objetiva. La sacrali-
dad todavía está vista de manera muy con-
creta, casi material, aunque el autor persona-
liza el efecto mortífero de lo sacro. Como el
hombre no puede ver a Dios sin morir, así el
profano no puede tocar impunemente el obje-
to sagrado; recuérdese la sacralidad de la
montaña del Sinaí. Es dudosa la palabra he-
brea que traducimos por "atrevimiento".
6,8 * = Arremetida.
6,8-9 El suceso es teofánico, infunde te-
rror sacro en los presentes, incluido David.
6,10-11 No sabemos si es un israelita na-
cido en Gat o un extranjero naturalizado en
Israel; dejar el Arca en casa de un extranjero
parece extraño.
6.16 Danzar ante el Arca es para el na-
rrador lo mismo que danzar ante el Señor.
6.17 Esto indica que la tienda del desier-
to no se conserva. El Arca ha tenido una
casa propia en Silo y casa prestada en otras
poblaciones.
6,18-19 David oficia como sacerdote: Lv
9,22; Nm 6,22-27.
6,19 Neh 8,10-12.
6,20-22 La ironía de Mical está subraya-
da con el uso de esos dos verbos, que en
hebreo significan también "gloriarse" (kbd) y
"revelarse" (glh). La respuesta de David con-
tiene un principio importante de espirituali-
dad: ante Dios y para Dios siente el ímpetu
de jugar o bailar; ocupación poco seria y que
puede parecer humillante para un rey, mira-
da con criterios de soberbia humana; pero
David se sabe elegido por el Señor como
vasallo suyo, su gloria será festejar al sobe-
rano, y la gente sencilla comprenderá el valor
del gesto. Es la conciencia y la acción del
homo ludens y el espíritu festivo.
6,23 El autor entiende el hecho como
castigo.
7,1 2 SAMUEL 596
PROMESA Y PECADO
Promesa dinástica
y oración de David
(1 Cr 17; Sal 89; 132)
7 'Cuando David se estableció
en su casa y el Señor le dio paz
con sus enemigos de alrededor,
2
dijo el rey al profeta Natán:
-Mira, yo estoy viviendo en
una casa de cedro, mientras el
arca de Dios vive en una tienda.
3
Natán le respondió:
-Anda, haz lo que tienes pen-
sado, que el Señor está contigo.
4
Pero aquella noche recibió
Natán esta palabra del Señor:
5
-Ve a decir a mi siervo Da-
vid: Así dice el Señor: «¿Eres tú
quien me va a construir una casa
para que habite en ella?
6
Desde
el día en que saqué a los israeli-
tas de Egipto hasta hoy no he
7 Lo culminante en la historia de David
no son sus empresas, su valor militar o su
clarividencia política; lo culminante es la pro-
mesa que Dios le hace. Este capítulo es el
verdadero centro de la historia de David. Por
encima de David como protagonista, se alza
como verdadera protagonista la palabra de
Dios, creadora de historia. Natán es su pro-
feta privilegiado.
El oráculo original fue probablemente
breve, montado en el doble sentido de la
palabra casa: edificio y dinastía (también no-
sotros decimos la Casa de Austria). David
quiere construirle al Señor una casa = tem-
plo, el Señor lo rehusa y en cambio promete
construirle una casa = dinastía.
Este oráculo original escueto produce
una reacción viva en el pueblo que lo recibe,
creando una corriente histórica; entonces el
pueblo receptor reacciona a su vez sobre el
oráculo, explicándolo y enriqueciéndolo. So-
bre todo, los profetas hacen resonar en sus
oráculos el de Natán, colocándolo en una
perspectiva siempre más rica y tensa hacia el
futuro. Autores del NT lo leerán a la luz del
misterio de Cristo, fijando su sentido definiti-
vo: Le 2,32-33; Heb 1,5.
La acción histórica de comentar no