A diez años del Informe Final de la CVR

El peligro de un nuevo olvido
Por: Eduardo Cáceres Valdivia1

“Esta historia comienza hoy” Salomón Lerner Febres, 28 de agosto de 2003 A diez años de su presentación al país, el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación sigue provocando reacciones encontradas. Quizá esa sea la prueba más clara de su vigencia. El año 2001, en el marco de la transición democrática que se abrió con la caída del régimen dictatorial de Alberto Fujimori, se creó la Comisión de la Verdad con el encargo de “esclarecer el proceso, los hechos y las responsabilidades de la violencia terrorista y de la violación de los derechos humanos producidos desde mayo de 1980 hasta noviembre de 2000, imputables tanto a las organizaciones terroristas como a los agentes del Estado, así como proponer iniciativas destinadas a afirmar la paz y la concordia entre los peruanos”. Más aún, se le encargo analizar “las condiciones políticas sociales y culturales” que contribuyeron a la violencia, así como el “recomendar reformas institucionales, legales y educativas” que garantizasen la prevención de episodios similares en el futuro. Al ampliarse su nombre –Comisión de la Verdad y Reconciliación- se añadió el objetivo de “sentar las bases para un profundo proceso de reconciliación nacional, a partir del esclarecimiento de los hechos así como del restablecimiento de la justicia.” El Informe Final –presentado el 28 de agosto de 2003- cumplió largamente con el mandato recibido. Sintetizaba no solo dos años de investigaciones, entrevistas a más de 17 mil personas, audiencias públicas y debate; recogía un largo proceso de lucha por la verdad y la justicia desarrollado por las víctimas y sus familiares, los organismos de derechos humanos y diversos movimientos democráticos del país. Estructurado en tres secciones, el Informe Final en su primera parte da cuenta del proceso de la violencia, sus actores, 23 historias representativas y 73 casos emblemáticos de violaciones a los derechos humanos. La segunda sección analiza los factores que hicieron posible la violencia, tanto los coyunturales (la decisión de Sendero Luminoso de alzarse contra el estado) como los estructurales: exclusiones, discriminaciones, pobreza. La sección final se aboca a las secuelas de la violencia (psicosociales, sociopolíticas y económicas) y a las recomendaciones (reformas institucionales, el

1

Especialista en el análisis social y político, con particular concentración en movimientos sociales, análisis de poder, y desigualdades y políticas públicas en América Latina y el Caribe. Se ha desempeñado como Director de APRODEH, Asesor Regional en Gobernabilidad para Oxfam GB en América Latina y el Caribe, ha formado parte de equipos de dirección de diversas ONG locales y también ha sido consultor de ONG internacionales.

1

Programa Integral de Reparaciones, el Plan Nacional de intervención Antropológico-Forense y mecanismos de seguimiento). Los diez años transcurridos han sido escenario de complejos procesos. Avances efectivos, aunque limitados, en el terreno de las reparaciones. Extrema lentitud, muchos resultados decepcionantes y algunos logros de enorme impacto en el terreno de la justicia. Diversos niveles de reconocimiento y compromiso con la verdad de lo sucedido en las décadas de la violencia. Incertidumbre acerca de los niveles de reconstrucción del tejido social y la reconciliación de peruanas y peruanos. Sin embargo, no se puede negar el enorme impacto del Informe Final en particular en el terreno de la sensibilidad de diversos sectores sociales frente a la agenda de los derechos humanos en el país. Revisemos de manera sucinta lo que ha sucedido en relación con cada uno de los grandes temas del Informe Final. Hubo que esperar casi dos años para que se promulgue la ley Nº 28592 que creó el Programa Integral de Reparaciones. Y un año más para que estas comenzaran a ejecutarse. La elaboración del Registro Único de Víctimas tomó buena parte de los esfuerzos y recursos en una primera etapa. A marzo de 2013 – según el Informe Defensorial 162 (Defensoría del Pueblo, Agosto 2013) se ha registrado un total de 182,350 víctimas individuales de la violencia y 5,697 comunidades u organizaciones que comparten la condición de víctimas. El mismo informe da cuenta de los avances, ciertamente limitados:

Como se puede ver en el cuadro anterior, hay grandes vacíos. Y en cada uno de los campos en los que hay avances, se identifican limitaciones y distorsiones. Las reparaciones colectivas suelen ser proyectos de inversión en la comunidad beneficiaria, cuyo valor oscila alrededor de los cien mil soles. En promedio se han destinado 40 millones de soles cada año, lo cual permitiría atender 400 de estos proyectos cada año, a ese ritmo se requiere 16 años para la cobertura de todas las comunidades afectadas. Se han detectado problemas en los procedimientos de definición de los proyectos, lo cual lleva a una escasa apropiación de los mismos por las comunidades. Además, muchas veces son ejecutados y entregados sin una clara referencia a la intención reparadora. Las reparaciones en salud se han reducido a la afiliación

2

de las víctimas al Sistema Integral de Salud (SIS) que afronta serios problemas de cobertura en diversas regiones del país. Es de notar, sin embargo, que una porción limitada de comunidades afectadas por la violencia (384) disponen hoy de atención en salud mental. Y en cuando a las reparaciones individuales, al retraso con el que se iniciaron se suma las limitaciones y arbitrariedades en la definición de las mismas. Entre otros aspectos, se estableció un monto muy por debajo de lo que anteriormente el estado entregó como reparación a los ronderos (diez mil soles contra treinta mil soles). En general se constata una falta de liderazgo dentro del estado para sacar adelante un programa de reparaciones que sea efectivo e integral. Ciertamente el terreno más complejo, y decisivo por cierto, para establecer un balance de conjunto en torno al impacto del Informe, es el terreno de la justicia. No existe un registro consolidado de todos los casos de violaciones de derechos humanos que están en manos del ministerio público o los tribunales para su judicialización. Ante esta situación, desde hace varios años, la Defensoría de Pueblo ha optado por hacer un seguimiento de un conjunto de casos particularmente sólidos. En primer lugar, los 47 casos que la CVR presentó para su judicialización; junto con ellos 12 casos que elaboró la propia Defensoría en el 2003; y, finalmente, los 135 casos que el estado peruano aceptó tramitar como fruto de una solución amistosa con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El resumen de la situación de los mismos es elocuente:

En general, los casos presentados por la CVR han tenido mayores avances: 26% tienen sentencia, 19% se encuentra en juicio oral, 13% está pendiente de juicio oral, y solo un 8% ha sido archivado. Los casos que resultaron del acuerdo de solución amistosa son los que tienen mayores dificultades: 50% ha sido archivado, apenas un 12% tiene sentencia. Contra la versión interesa que la CVR y el Informe han promovido una persecución indiscriminada de miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales, el Informe Defensorial señala que en 32 expedientes judicializados se consigna un total de 281 procesados (194 del

3

Ejército, 36 de la Marina, 32 de la Policía, 9 de Comités de Autodefensa, 10 civiles). Y de estos, solo 65 tienen mandato de detención. Y si se examina el resultado de las sentencias, los resultados son desalentares:

De un total de 285 sentenciados, 223 fueron absueltos (78%) y 62 recibieron condena (22%). Ciertamente varias de estas condenas tienen un carácter emblemático: Grupo Colina, Montesinos, Fujimori. Pero cabe preguntarse si el resultado no se debió más a la presión mediática y social, asi como al carácter político que adquirieron dichos procesos, más que a un cambio en los operadores del poder judicial. A pesar del enorme esfuerzo que se hizo, desde la CVR y diversas instituciones, por introducir en nuestro país los principios y jurisprudencia de la justicia penal transicional, fiscales y jueces han seguido resolviendo los casos utilizando los criterios tradicionales del derecho penal. Hay excepciones –la sentencia a Fujimori y otras- pero es de notar que solo en un caso sentencias posteriores han utilizado la que condenó al expresidente como antecedente válido. Los fiscales han visto obstaculizada su labor por la negativa de las Fuerzas Armadas y Policiales, así como los Ministerios de Defensa e Interior, de dar información pertinente. Se carecen de recursos para desarrollar muchas de las pericias fiscales. Varios jueces, de manera escandalosa, rechazan como prueba las declaraciones de los familiares por considerar que son “parte interesada” en los casos, habitualmente rechazan las pruebas indiciarias, piden pruebas escritas de las órdenes superiores en relación a masacres o despariciones, etc. Mientras que a partir de septiembre del 2006 todos los acusados policias o militares cuentan con defensa financiada por el estado, cientos de víctimas carecen de apoyo legal. Particularmente indignante es la situación de los desaparecidos. Al culminar su trabajo, la CVR entregó una lista que contienen 8,558 casos por desaparición forzada. Asimismo, un “Registro Nacional de Sitios de Entierro”, que registraba 4,644 lugares a nivel nacional, 2,234 en Ayacucho. A la fecha, se han identificado 1,818 sitios más solo en Ayacucho. El Equipo Forense Especializado (EFE) del Instituto de

4

Medicina Legal (IML) del Ministerio Público, ya en el 2011 asumía la existencia de al menos quince mil personas desaparecidas. Están las listas, están los sitios, está claro a quien correspondería cumplir con este deber mínimo de humanidad de desenterrar, identificar y entragar a los familiares. ¿Qué ha sucedido en la década transcurrida? Los datos que presenta el informe Defensorial son contundentes al respecto:

A este ritmo tomará ochenta años culminar con las exhumaciones de quienes yacen en las fosas comunes regadas por el territorio nacional. Justicia y reparaciones, duelo y dignificación, son asuntos centrales de la agenda que nos dejó la CVR y que continúan pendientes. Ciertamente hoy hay mayor sensibilidad frente estos temas así como a las raíces estructurales de los mismos: exclusiones, discriminaciones, pobreza extrema, desigualdades. Es de reconocer, el enorme impacto del Informe Final en el terreno de la producción intelectual y cultural. El desafío está en transformar ese impacto en fuerza social y política que presiones para lograr la plena efectivización de las recomendaciones del Informe Final, única garantía para iniciar un proceso de Reconciliación en el país.

Eduardo Cáceres Valdivia, 28 Agosto del 2013

5

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful