en la escuela de las

e s cr i t v ra s

LA TIERRA QUE LES DA YHWH
LA ENTRADA EN CANAAN
En la escuela de las Escrituras 1

SUMARIO

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Acuérdate del largo camino que tu Dios te hizo recorrer
El recuerdo de la historia quiere transmitir a todas las generaciones lo que considera más importante: el camino de la fidelidad al Dios que pactó una Alianza con su pueblo.

GEDEÓN COMBATE A LOS MADIANITAS. Obra de Nicolas Poussin.

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Ciudades grandes que tú no edificaste
El proceso de entrada en el país resultó complejo y se fue haciendo progresivamente. Cada uno de los clanes ingresó en la tierra de Canaán en circunstancias diferentes.

en la e s cuela de las

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La fiesta de las Semanas
Una fiesta agrícola asumida por el Israel ya sedentario

escritvras
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Entonces YHWH suscitó jueces que los salvaron
Si bien cada tribu se preocupaba de su espacio vital, cuando la federación era amenazada toda la agrupación era guiada a la lucha por un lider.

Una de las etapas más importantes del grupo conducido por Moisés a su salida de Egipto, camino a Canaán, ha sido el territorio ubicado al oeste del desierto de Negev. .

LES ENTREGO TODOS LOS LUGARES DONDE USTEDES PONDRÁN LA PLANTA DE SUS PIES, COMO SE LO PROMETÍ A MOISÉS
(Josué 1,3)
La tradición de la Promesa a los Patriarcas cobra relevancia con el relato épico de la Liberación de la esclavitud egipcia y con la conclusión de la Alianza que confirma la elección de Israel. Pero su culminación no puede ser otra más que la posesión de la tierra en la que los antepasados no pudieron permanecer. Por eso la historia de salvación para ese pueblo apunta a la instalación en el país en el que sus padres vivieron como extranjeros: «Dijo YHWH: «Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo en Egipto, y he escuchado su clamor en presencia de sus opresores; pues ya conozco sus sufrimientos. He bajado para librarle de la mano de los egipcios y para subirle de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos» (Ex 3,7-8). Sin embargo el conjunto de los relatos que constituye el Canon de referencia más sagrado para el judaísmo, la Torah (o Pentateuco), finaliza con esa Promesa aún sin cumplir. Las tribus liberadas de Egipto llegan hasta la orilla oriental del Jordán y Moisés muere en el monte Nebo, contemplando desde allí la tierra hacia la cual guió con tanto esfuerzo a una numerosa nación. En la época en que estos relatos se van integrando en el Canon del Pentateuco (s. VI aEC) Israel se encuentra en una situación semejante: desterrada en Babilonia, pero con la firme esperanza de que YHWH volverá a cumplir su promesa, como en el pasado. Tal expectativa no es ilusoria en la medida que los recuerdos del Exodo van acompañados de otra tradición que les da culminación: la narración de la «entrega» del país cananeo por parte de YHWH. fray Domingo Cosenza OP
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«En el monte Hor, que está en la frontera de Edom, YHWH dijo a Moisés y a Aarón: «Que Aarón vaya a reunirse con los suyos, porque él no entrará en la tierra que yo di a los israelitas, ya que ustedes se rebelaron contra mis órdenes junto a las aguas de Meribá» (Números 20,23-24).

Monasterio edificado en el lugar donde la tradición sitúa la muerte de Aarón, el hermano de Moisés.

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ACUÉRDATE DEL LARGO CAMINO QUE YHWH, TU DIOS, TE HIZO RECORRER POR EL DESIERTO DURANTE ESTOS CUARENTA AÑOS
(Deuteronomio 8,2)

La mayor parte del libro de los Números relata lo ocurrido desde el Sinaí hasta la entrada en la Tierra prometida. Estos relatos no sólo quieren describir la historia de la generación del Éxodo. Quieren dejar a las siguientes generaciones una lección clara: los creyentes tienen que conformar su conducta a la voluntad de Dios y optar por la libertad que les regaló. En este sentido, los relatos y las leyes insertas en él se complementan mutuamente.

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na lectura atenta de los textos permite advertir que no todas las tribus israelitas salieron de Egipto en la emigración que conocemos con el nombre de «Éxodo». Algunas permanecían en el país de Canaán desde la época de los patriarcas, otras posiblemente se unieron a la migración desde el desierto, sin haber pisado nunca las tierras del Nilo. Es importante, por eso, prestar atención a los nombres mencionados, tanto de personas como de lugares. Entre los muchos nombres de lugar mencionados en la gesta del Éxodo hay un punto principal, que es Kadesh Barnea. Varios textos sitúan en este lugar una de las etapas más importantes del grupo conducido por Moisés, a su salida de Egipto, camino a Canaán. En Kadesh el pueblo permanece acampado durante mucho tiempo (Dt 1,46). Las tradiciones colocan allí varios acontecimientos: «En el primer mes, toda la comunidad de los israelitas llegó al desierto de Sin, y el pueblo se estableció en Kadesh. Allí murió y fue enterrada Miriam [hermana de Moisés y Aarón]» (Nm 20,1). También se menciona la exploración de Hebrón y su territorio (Nm 13 y 14). Desde allí se pudo haber producido la
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Kadesh es un lugar al suroeste de Beersheba cuyo nombre se ha conservado hasta hoy. En la época monárquica los reyes de Jerusalén construyeron fortines defensivos, excavados hace unos años, en lo que entonces era la frontera sur del reino.

entrada del clan de los quenitas de Caleb, y de los quenicitas de Otniel, junto a toda la tribu de Judá y parte de la de Simeón (Jue 1,9-17). Las últimas etapas desde Kadesh, vienen consignadas en una tradición, según la cual los israelitas no atravesaron los territorios de Edom y Moab. Se dirigieron primero hacia Ezión Guéber en el Mar Rojo. Desde allí iniciaron la «ruta del desierto», bordeando los territorios de aquellos pueblos: «Después [de dejar Kadesh] dimos vuelta y nos pusimos en camino hacia el desierto, en dirección al Mar Rojo, como me lo había dicho el Señor. Durante muchos días estuvimos dando vueltas alrededor del macizo de Seír. Hasta que por fin YHWH me dijo: «Basta ya de dar vueltas alrededor de esta montaña. Ahora diríjanse hacia el norte. Comunica esta orden al pueblo: Ustedes van a pasar por la región de Seír [Edom], donde viven sus hermanos, los descendientes de Esaú, los
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cuales desconfían de ustedes. Pero atiendan bien: No los provoquen, porque yo no les daré nada de su territorio, no siquiera el espacio que ocupa la huella de una pisada, ya que el macizo de Seír se lo he dado en posesión a Esaú. Cómprenles con dinero el alimento que necesitan para comer, y páguenles también el agua que deban. Porque YHWH, tu Dios, te ha bendecido en todas tus empresas, y te ha protegido mientras caminabas por este gran desierto. Ya hace cuarenta años que YHWH, tu Dios, está contigo y nunca te faltó nada». Por la ruta de la Arabá, que viene de Elat y de Ezión Guéber, bordeamos la región de Seír, donde viven nuestros hermanos, los descendientes de Esaú. Luego dimos vuelta y tomamos el camino del desierto de Moab» (Dt 2,1-8). Los acontecimientos más importantes que siguen a la estancia en Kadesh se sitúan «en las Estepas de Moab, al otro lado del Jordán, a la

«Cuando subía de Egipto, Israel caminó por el desierto hasta el Mar Rojo y después llegó a Kadesh. Entonces envió mensajeros para que dijeran al rey de Edom: «Por favor, déjame pasar por tu país». Pero el rey de Edom no les hizo caso. También envió mensajeros al rey de Moab; pero tampoco este quiso acceder, y entonces Israel se quedó en Kadesh» (Jue 11,16-17).
CANAÁN

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EDOM

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DESIERTO DEL SINAI. «YHWH tu Dios te ha bendecido en todas tu obras: ha protegido tu marcha por este gran desierto, y hace ya cuarenta años que YHWH tu Dios está contigo sin que te haya faltado nada» (Dt 2,7).

UNA ÉPOCA IDEAL

Cuando el grupo guiado por Moisés abandonó la Montaña de Sinaí (1), atravesó el desierto hasta Kadesh Barnea (2). Allí pudo establecer contacto con grupos afines que permanecían desde hacía mucho tiempo en el lugar. Las fortificaciones cananeas y la resistencia de Edom obligaron a dar un rodeo por Ezion Gueber (3) hasta las montañas de Moab (4).

altura de Jericó» (Nm 22,1). Entre otros, se narra la historia de Balaam, un profeta al que el rey moabita Balac contrató para maldecir al pueblo de Israel, ya que temía que invadieran sus tierras (Nm 22,6). El nombre de este enigmático personaje de la narración bíblica, apareció en un hallazgo arqueológico en la ciudad de Deir Alla en Jordania.

se había experimentado la elección divina que se confirmaría con la Alianza. Lo que se dio después fue una crisis de confianza en el acompañamiento de Dios. Se pensó incluso en volver a Egipto, cuando ya se había llegado al límite de la Tierra prometida: «Los israelitas protestaban contra Moisés y Aarón, y toda la comunidad les decía: «¡Ojalá hubiéramos muerto en Egipto! ¡Ojalá muriéramos en este desierto! ¿Por qué YHWH nos quiere hacer entrar en esa tierra donde caeremos bajo la espada? ¡Nuestras mujeres y nuestros hijos serán llevados como botín! ¡Más nos valdría regresar a Egipto!» Y se decían unos a otros: «¡Elijamos un jefe y volvamos a Egipto!». Toda la comunidad amenazaba con matarlos a pedradas, cuando la gloria de YHWH se manifestó a todos los israelitas en la Carpa del Encuentro. Y YHWH dijo a Moisés: «¿Hasta cuándo este pueblo me seguirá
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Un ejemplo para todos los tiempos
En las distintas etapas el hambre y la sed fueron provocando quejas cada vez más fuertes en el pueblo (Nm 11,4-35; 20,1-13; 21,5). Estas tradiciones repiten, con ciertas variantes, lo relatado en el Éxodo a propósito del maná y de las codornices (cf. Ex 16) y de la protesta de Meribá (cf. Ex 17,1-7). Pero, por comparación, en aquellos episodios había necesidades reales y, sobre todo, no

«Oráculo de Balaam hijo de Beor, oráculo del hombre de mirada penetrante; oráculo del que oye las palabras de Dios y conoce el pensamiento del Altísimo; del que recibe visiones del Todopoderoso, en éxtasis, pero con los ojos abiertos» (Nm 24,3-4).
Izquierda: INSCRIPCIÓN aramea encontrada en 1967 en Deir Alla, junto al torrente Yabboq. Tiene como protagonista al famoso vidente Balaán ben Peor, el mismo que en Nm 22-24 adivina el porvenir glorioso de Israel. De los diferentes fragmentos de yeso, los especialistas formaron dos grupos o combinaciones que fueron montados y enmarcados. Aunque el texto solo se ha podido reconstruir en parte, el titulo de la combinación I, realizado en color rojo, dice:

«Inscripción de Balaam el hijo de Beor, el hombre que es adivino de los dioses». Y los dioses vinieron hasta él por la noche, [y le hablaro]n según la palabra de Él, y hablaron a Balaam, hijo de Beor, de la siguiente manera: «Él hará ...» Entonces Balaam se levantó a la mañana siguiente ... mientras lloraba, sí lloraba. Entonces vino hasta él Eliqa ... «¿Por qué lloras?» Entonces él les dijo: «¡sentaos! Os diré lo que la diosa Shag[ar hará]: Puedes romper los rayos del cielo, en tu nube (puede haber) tinieblas ...»

despreciando? ¿Hasta cuándo no creerán en mí, a pesar de los signos que realicé en medio de ellos?» (Nm 14,2-3.10-11). Después que YHWH se manifestara en el Sinaí y concertara una Alianza con su pueblo, las faltas de Israel son inexcusables y merecen un castigo ejemplar: cuarenta años de demora para entrar finalmente en la Tierra. En esto consiste la gran diferencia entre las quejas del pueblo antes de llegar al Sinaí (Ex 15-18) y después de partir de allí (Nm 11-21). La experiencia del desierto será objeto de recuerdo y exhortación en todas las generaciones. La liturgia celebrada en el Templo de Jerusalén se encargó de mantener en los Salmos el recuerdo de aquellos tiempos, evocando tanto las infidelidades del pueblo como el amor eterno de Dios: «¡Aleluya! ¡Dad gracias a YHWH, porque es bueno, porque es eterno su amor! Hemos pecado como nuestros padres,
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hemos faltado, nos hemos hecho impíos; nuestros padres, en Egipto, no comprendieron tus prodigios. No se acordaron de tu inmenso amor, se rebelaron contra el Altísimo junto al mar de Suf. El los salvó por amor de su nombre, para dar a conocer su poderío. Mas pronto se olvidaron de sus obras, no tuvieron en cuenta su consejo; en el desierto ardían de avidez, a Dios tentaban en la estepa. Se acordó en favor de ellos de su Alianza, se enterneció según su inmenso amor. ¡Bendito sea YHWH, Dios de Israel, por eternidad de eternidades! Y el pueblo todo diga: ¡Amén! (Sal 106,1.6-8.13-14.45.48) No se recuerda la historia por sí misma, sino en función de un sentido más profundo, de una enseñanza que aparece detrás del acontecimiento como lo permanente, lo único realmente importante: el camino de la fidelidad al Dios que pactó una Alianza con su pueblo:

«Sube a esa montaña de los Abarim, al monte Nebo que está en el país de Moab, frente a Jericó, y contempla la tierra de Canaán que yo doy en propiedad a los israelitas» (Dt 32,49).

VISTA DE ISRAEL desde el Monte Nebo (Jordania).

«Date cuenta de que YHWH tu Dios te corregía como un hombre corrige a su hijo, y guarda los mandamientos de YHWH tu Dios siguiendo sus caminos y temiéndole» (Dt 8,5-6). El ciclo de las tradiciones sobre el Exodo finaliza con la muerte de Moisés. Dios le ordena subir al monte Nebo, desde donde contemplará la Tierra prometida, sin poder entrar en ella. Esta visión permite recordar la antigua promesa hecha a los Patriarcas. Finalmente, después de tantos siglos, iba a cumplirse el anhelo de quienes pusieron su esperanza en Dios: «YHWH dijo: «Esta es la tierra que bajo juramento prometí a Abraham, Isaac y Jacob, diciendo: A tu descendencia se la daré. Te dejo verla con tus ojos, pero no pasarás a ella». Allí murió Moisés, siervo de YHWH, en el país de Moab, como había dispuesto YHWH. Le enterró en el Valle, en el País de Moab, frente a Bet Peor. Nadie hasta hoy ha conocido su tumba» (Dt 34,4-6).

El elogio fúnebre por aquel de quien se sirvió Dios para salvar a su pueblo está lleno de nostalgia: «No ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien YHWH trataba cara a cara» (Dt 34,10). Sin embargo la tradición, que conservó los recuerdos del legislador y liberador de Israel, también mantuvo viva la esperanza de una renovación de los comienzos de la historia del pueblo de la Alianza: «YHWH tu Dios suscitará, de en medio de ti, entre tus hermanos, un profeta como yo, a quien escucharéis» (Dt 18,15). No sólo para los contemporáneos de Moisés, sino para todas las generaciones siguientes, permanece vigente el llamado de Dios a su pueblo, para que «escuche y practique» los preceptos que conducen a la libertad y a la plenitud de vida (Dt 5,27).
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«Jericó estaba cerrada a cal y canto por mielo a los israelitas: nadie salía ni entraba» (Jos 6,1).

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CIUDADES GRANDES Y PRÓSPERAS QUE TÚ NO EDIFICASTE
(Dt 6,10). La ocupación que hicieron los antepasados de Israel del país habitado por los cananeos fue el resultado de un proceso inmigratorio muy poco uniforme. El proceso de entrada en el país resultó complejo y se fue haciendo progresivamente. Cada uno de los clanes ingresó en la tierra de Canaán en circunstancias diferentes.

Placa de bronce procedente de un templo en la ciudad de Hazor. Representa a un noble cananeo. Página anterior: Ruinas de Tell es-Sultán, la antigua Jericó. La ciudad había sido fortificada desde el Neolítico. Para la época de la llegada de los hebreos Jericó era apenas un pequeño pueblo, fácil de conquistar.
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Figura de arcilla representando a un prisionero con las manos atadas a la espalda, encontrada en SAQARAH (Egipto). El texto en ella copiado comprende nombres de ciudades y príncipes hostiles a Egipto. Servía para ritos mágicos, destinados a «reducir por el miedo a los humanos y a poner a las tierras y a los extranjeros de todos los países extranjeros bajo los pies del rey». Se pensaba lograr este cometido rompiendo la estatuita o, simplemente, enterrándola para neutralizar mágicamente a los potenciales enemigos de Egipto. La lista nos ofrece un cuadro, aunque no sea completo, de las ciudades situadas en el país de Canaán:

1. El príncipe de Horim, Atamarabi; 2. El príncipe de Ascalón, Muri; 3. El príncipe de Asanu, Niqmepa; 4. El príncipe de Haram, Yattim-haddu; 5. El príncipe de Migdol, Abirafi; 6. El príncipe de Siquem, Abish-haddu; 11. El príncipe de Akshaph, Yapiranu; 12. El príncipe de Asapa, Apurasapa; 14. El príncipe de Rehob, Yakmis-ammu; 15. El príncipe de Hazor, Geti; 27. El príncipe de Busranu, Yamuru; 28. El príncipe de ..., Aparranya; 31. El príncipe de Rubya... 35. El príncipe de Tiro... 37. El príncipe de Megiddo... 45. El príncipe de Jerusalem... 49. El príncipe de Akko, Tar-ammu; 58. El príncipe de Ecrón, Yarpilu; 59. El príncipe de Laish, Haurón-abu; 62. Los jefes de Meguido; 63. Las tribus de Biblos; 64. Todos los príncipes Ya-anaq; 65. Todos los confidentes que están con ellos.

Entorno sociopolitico de Canaán
La Tierra Prometida de los textos bíblicos no estaba deshabitada cuando los antepasados de Israel llegaron a ella. El conjunto del llamado país de Canaán había estado sometido a la autoridad egipcia durante largo tiempo, como lo muestran los textos de execración egipcios (imagen en esta página) y, sobre todo, las cartas de El-Amarna dirigidas por los príncipes de ese territorio al faraón Amenofis IV. Por estos textos
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se puede llegar a la conclusión de que el sistema político dominante era el de «ciudades-estado». Cada una de ellas comprendía la ciudad y un territorio más o menos reducido a su alrededor. Entre las ciudades mencionadas varias veces en dichas cartas se pueden citar: Megiddo, Hebrón, Ascalón, Tanak, Jerusalén , Siquem, Gézer, Laku, Hazor y Pella. En el momento de la llegada de los israelitas a Canaán estas ciudades era habían conseguido su independencia de Egipto. Ellas vivían de la agricultura y del comercio, combatiendo frecuen-

«Los príncipes están postrados diciendo: ¡Paz!. Entre ellos los Nueve Arcos ni uno levanta su cabeza. Tehenu está devastado; Hatti está en paz; Canaán está despojado de toda su maleficencia; Ascalón está deportado; nos apoderamos de Gézer; Yanoam está como si no hubiese existido jamás. Israel está aniquilado y su simiente no saldrá jamás; Haru está viudo ante Egipto».

A fines del siglo XIII aEC el país de Canaán fue devastado por una campaña militar por parte del faraón Merneptah, hijo de Ramsés II. Una estela erigida cerca de 1219 aEC menciona el exterminio de varios pueblos, entre los que se cuenta uno llamado Israel. Esta es la mención más antigua de Israel en un documento extrabíblico. La inscripción registra la existencia de un grupo humano que se designa con el nombre de Israel y que está más o menos asentado en el norte del país que el texto egipcio llama Haru. Este grupo sería sólo una parte de la nación que más tarde portaría este nombre.

Jeroglífico con la palabra Israel, en la estela de Merneptah

temente entre sí. Los grupos hebreos se fueron estableciendo en el interior del país y, aunque su asentamiento comenzara en las montañas deshabitadas, su expansión desde allí no pudo evitar el choque con las numerosas ciudades fortificadas de la llanura. La arqueología ha demostrado que la urbanización y la cultura de esta época en Canaán (Bronce Reciente) era rica e incluso refinada. Se constata en varias ciudades la destrucción y ruptura cultural, debida probablemente a la conquista extranjera. Los recién llegados no poseían

el nivel cultural de sus predecesores cananeos. El primer texto extrabíblico donde se encuentra el nombre de «Israel» es la estela del faraón Mernephtá (1224-1204 aEC). En ese tiempo las tribus no estaban todavía constituidas como entidad nacional, sino en período de formación en su mayor parte y, con mayor razón, el número de Doce tampoco estaba todavía fijado. Es posible, por tanto, que el término sirviera para dar nombre al conjunto de las tribus después de que un grupo particular llamado Israel se hubiese integrado al resto.
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Arriba: Dibujo de una placa de marfil fechada en el siglo XIII, procedente del tesoro hallado en un palacio de Megiddo. En su extremo derecho se muestra al príncipe regresando a la ciudad en su carro de guerra, con dos prisioneros atados y un soldado de infantería. En su extremo izquierdo (detallado en la foto), el príncipe está sentado en su trono, bebiendo, mientras su mujer le ofrece una flor de loto y una toalla. Detrás una tañedora de lira. Abajo: Reconstrucción artística de la escena.

Cuando los hebreos conquistaron Canaán, el país estaba dividido en una multitud de principados. El texto bíblico enumera treinta y un reyes derrotados por Josué y esta lista no agota el mapa político de la región (Jos 12,924). Estas unidades políticas se reducían a una ciudad fortificada y a un pequeño territorio circundante. Estaban gobernadas por un rey, que se apoyaba en una tropa reclutada entre los suyos y reforzada por mercenarios.

La ocupación de Canaán
El lector del libro de Josué puede sacar la conclusión de que la instalación de las tribus hebreas en Canaán fue el resultado de una incontenible marcha triunfal, salvo algunos reveces menores, como la derrota en Ay que siguió a la toma de Jericó (Jos 7,1-5). Pero una lectura atenta del libro de los Jueces manifiesta desde el comienzo las dificultades no pequeñas padecidas por los inmigrantes. Por un lado, no se puede negar que la infiltración fue bastante efectiva en algunos casos importantes, como la ocupación de la montaña
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de Efraím (en el centro del país), y que se logró conquistar militarmente algunas ciudades fortificadas, como Hazor en el norte y probablemente Hebrón en el sur. Pero, por otro lado, como refieren ciertos sumarios bíblicos, algunas ciudades cananeas habrían sido conquistadas militarmente recién en una época posterior. Pero por entonces solamente se habría conseguido ocupar laz zonas deshabitadas de esas regiones. Respecto al ingreso de las tribus dentro de Canaán, actualmente la crítica histórica ha llegado a los siguientes resultados generales. En primer lugar, no todos los clanes que formarían más tarde la federación israelita habrían parti-

«Todos los cananeos que habitan en el llano tienen carros de hierro, lo mismo los de Bet Sheán y sus filiales que los de la llanura de Yizreel» (Jos 17,16).
Entre los nómadas, el ejército no se distingue del pueblo: todo hombre en el vigor de sus fuerzas puede tomar parte en expediciones de pillaje — razzias — y debe estar dispuesto a defender contra el enemigo los bienes y los derechos de su tribu, bajo la dirección del Seikh o de un jefe valeroso. Por lo regular, cada tribu obra por cuenta propia, pero a veces varias tribus se unen para una acción común. No hay entre ellos una organización militar estable. Es muy probable que sucediese esto mismo cuando los antepasados de Israel, seminómadas aún, llegaron a Canaán. Sus adversarios, los cananeos, tenían tropas permanentes de infantería y de carros, compuestas por soldados de profesión. Al establecerse en el país, las tribus hebreas tuvieron que enfrentarse con esos carros de guerra. Así se dice que «Judá conquistó la Montaña; pero no pudo expulsar a los habitantes del llano, porque tenían carros de hierro» (Jue 1,19). En efecto, a partir del segundo milenio antes de nuestra era, el arma de carros había llegado a ser un elemento esencial, a veces el principal, de los ejércitos del cercano Oriente. Las recetas para la cría de caballos y para la construcción de carros de dos ruedas, ligeros y resistentes, habían sido introducidas del norte por elementos indoeuropeos que contribuyeron a la formación del Estado de Mitanni en Mesopotamia del Norte. Desde allí no tardó esta arma en propagarse entre los hititas, en Mesopotamia, en Egipto, en Siria y en Canaán. Todo pequeño Estado cananeo tuvo sus carros y sus aurigas, que llevaban nombre indoeuropeo, los maryannu.
Arriba: Dibujo de otra placa de márfil de Megiddo, representando a un príncipe cananeo con su ejército de infantes y carros. Los soldados portan cimitarras como la de la foto, muy semejante a las usadas por los egipcios.

cipado de la esclavitud y salida de Egipto. Es posible que las tribus del NORTE nunca hayan abandonado el país cananeo para ir a Egipto, aunque terminaran después integrándose con las demás tribus que participaron de la experiencia del Exodo. Se trataría de las tribus de Aser, Zabulón, Neftalí e Isacar. ASER tenía su territorio desde el Carmelo hacia el norte, hasta Tiro (Jos 19,24-31). Vivía bastante mezclada con los cananeos y no se alió con otras tribus hebreas en el combate contra ellos: «Aser se ha quedado a orillas del mar, tranquilo en sus puertos» (Jue 5,17).

La tribu de ZABULÓN se instaló en la zona de la actual Nazaret, siendo controlados por los cananeos del valle de Yizreel (Jos 19,10-16). La tribu de NEFTALÍ, cuyo nombre es probablemente geográfico, está situada al este del lago Hule. Se alaba a ambas tribus por su participación en la batalla contra la confederación cananea de la ciudad de Hazor: «Zabulón es un pueblo que reta a la muerte, y Neftalí, en las alturas del país. Vinieron los reyes, combatieron, entonces combatieron los reyes de Canaán, en Tanak, en las aguas de
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«Por entonces, Josué se volvió y tomó Hazor, y mató a su rey a espada. Hazor era antiguamente la capital de todos aquellos reinos. Pasaron a cuchillo a todo ser viviente que había en ella, dando cumplimiento al anatema. No quedó alma viva y Hazor fue entregada a las llamas» (Jos 11,10-11).

En las excavaciones de Hazor se ha hallado un estrato que puede datarse en la segunda mitad del siglo XIII aEC. Es un nivel que presenta evidentes muestras de destrucción y de incendio. Los nuevos ocupantes de la ciudad (como se observa en el estrato superpuesto) eran seminómadas que plantaron allí sus tiendas o construyeron simples chozas con silos y hogares. Hay que esperar al estrato siguiente para que aquellas gentes se asienten definitivamente, aunque sólo en el siglo X (época que corresponde al reinado de Salomón) Hazor volverá a ser una verdadera ciudad.
Foto: Ruinas del Palacio de Hazor y reconstrucción de una de las puertas del mismo.

Megiddo, mas sin lograr botín de plata» (Jue 5,18-19). ISACAR, cuyo nombre recuerda el trabajo asalariado, estaba instalada en la parte este de la llanura de Yizreel. No está claro si conoció los acontecimientos del Éxodo, pero si participó en la coalición de tribus convocada por Débora (Jue 5,15). Algunas tribus que realizaron la travesía por el desierto, nunca ingresaron al país, sino que se establecieron en la TRANSJORDANIA, en una parte de la meseta al nordeste del Mar Muerto. Para ello tuvieron que enfrentarse al rey de Jesbón, a quien habrían derrotado en Yahás: «Sijón, rey de los amorreos, reunió toda su gente y salió al desierto, al encuentro de Israel, hasta Yahás, donde atacó a Israel. Pero Israel le hirió a filo de espada y se apoderó de su tierra, desde el Arnón hasta el Yabboq, hasta los límites de los hijos de Ammón, porque Yazer estaba en la frontera de los hijos de Ammón. Israel tomó todas aquellas ciudades. Ocupó Israel todos los pueblos de los amorreos, Jesbón y todas sus aldeas» (Nm 21,23-25).
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Estas tribus fueron RUBÉN y GAD, quienes se comprometieron en una alianza con las tribus que pasaron el Jordán: «Podemos construir aquí rediles para nuestras ovejas y ciudades para nuestros niños. Pero nosotros tomaremos las armas a la cabeza de los israelitas, hasta que los introduzcamos en sus lugares, mientras que nuestros hijos de quedarán en las plazas fuertes, al abrigo de los habitantes del país» (Nm 32,16-17). La casa de JOSÉ ocupa un lugar primordial en esta zona central de Canaán. Este grupo engloba las tribus de Manases y de Efraím. El territorio de MANASES (Jos 17,7-13) tiene su centro en Siquem, aunque la ciudad será conquistada en la época de los Jueces. El clan de Makir constituye uno de los fundamentales de esta tribu, cuyo territorio se sitúa unas veces del lado occidental del Jordán (Jue 5,14), y otras veces en Galaad, al lado oriental del Jordán: «Los hijos de Makir, hijo de Manasés, fueron a Galaad, la conquistaron y expulsaron a los amorreos que habitaban allí» (Nm 32,39).

EFRAÍM toma su nombre del territorio por ella ocupado: la «montaña de Efraím». Los conflictos por la hegemonía entre Manases y Efraím fueron constantes (cf. Jue 8,1-3; 12,1-6). Poco a poco, Efraím consiguió el liderazgo. Josué fue efraimita (Jue 2,9) y el rey Jeroboam I también (1 Re 11,26). La tercera tribu del centro es BENJAMÍN. Su territorio se sitúa entre Betel y Jerusalén. Esta tribu sigue en importancia a la de Efraím (Jue 5,14). Saúl era benjaminita (1 Sam 9,1-2). Estas tribus del centro habrían sido las principales participantes en los acontecimientos del Éxodo y de la marcha por el desierto, y las transmisoras a las demás de estas tradiciones fundamentales. El eje esencial de las tribus del sur es JUDÁ, que también es un nombre geográfico: el de la montaña donde se asentaría un grupo de clanes. El núcleo más primitivo parece ser el clan de Efratá (cf. Miq 5,1), pero el más importante de ellos por entonces fue el de los calebitas, que ocupó Hebrón y su región: «Josué bendijo a Caleb, hijo de Yefunné, y le

dio Hebrón por heredad. Por eso Hebrón sigue siendo hasta el día de hoy heredad de Caleb, hijo de Yefunné el quenizita, por haber sido fiel a YHWH, Dios de Israel» (Jos 14,13-14). Simeón figura junto a Leví en el episodio narrado en Gn 34,25-30: una instalación frustrada en Siquem. Su territorio se habría hallado luego en la zona de Beersheba: «Judá se fue con su hermano Simeón, derrotaron a los cananeos que habitaban en Sefat y consagraron la ciudad al anatema» (Jue 1,17). Pero finalmente la tribu habría sido absorbida por Judá: «Su heredad estaba en medio de la heredad de los hijos de Judá» (Jos 19,1. El territorio de Dan se encuentra en la llanura costera o Shefelá (Jos19,40-46). Pero, por causas no claras, toda la tribu o una parte emigró. Es el único relato de emigración que se conoce (Jue 18). Se instalaron en la ciudad de Lais y su territorio, al norte del país, en las fuentes del
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«Cuando Israel cobró más fuerza, sometió a los cananeos a tributo, aunque no llegó a expulsarlos» (Jue 1,28).

Aser, Zabulón, Neftalí e Isacar

Rubén y Gad

Benjamín, Efraím y Manasés

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n eó im S y

Un sumario al comienzo del libro de los Jueces refiere que la tribu de Manasés no pudo tomar las ciudades de Beth-Sean (1), Tanak (2), Dor (3), Yibleam (4) y Megiddo (5) junto con sus aldeas, sino que en esas regiones continuaron residiendo los cananeos (cf. Jue 1,27). Estos lugares constituían una sola cadena que, desde la costa del Mediterráneo, llegaba hasta el Jordán, formando un cinturón de ciudades, que se extendía a través del país. En correspondencia con esa cadena de ciudades del norte existía también otra cadena semejante en el sur, que estaba situado aproximadamente a la altura de Jeru-

salén (6) y Bethel (7): Gezer (8: Jue 1,29), Ayalón (9) y Selebim (10: Jue 1,35). El sumario también refiere que los habitantes de estas ciudades fortificadas rechazaron hacia la montaña a los tribus recién llegadas sin dejarles bajar a la llanura. Sin embargo otros poblados fueron conquistados, como Jericó (11) y Hazor (12). Siquem (13) parece haber sido ganada anteriormente. Las cadenas de fortificaciones aislaron a las tribus que ingresaron por el sur respecto a las que cruzaron el Jordán y se establecieron en el centro del país.

Jordán. Cambian de nombre a la ciudad, que recibió el nombre de la tribu. La expresión «de Dan a Beersheba» designará, a partir de Salomón, los límites norte y sur del reino de Israel. El famoso texto de la batalla contra Sisara y el cántico de Débora (Jue 4-5) muestra la trama general de los acontecimientos de la época. Aunque los israelitas estuvieran confinados en un primer momento en las zonas montañosas, sus incursiones en la llanura, dominada por las ciudades cananeas, hacía inevitable la confron18 En la escuela de las Escrituras

tación. Y, en algunos casos como en éste, el resultado era favorable a los recién llegados.

La formación de Israel
Los diversos clanes hebreos terminaron confederándose en una asamblea en Siquem. El libro de Josué conserva el recuerdo de esta alianza tribal en la cual las tribus se asociaron en torno al culto de YHWH (Jos 24,24-25). Por eso, a pesar del complicado proceso histórico de instalación, el libro de Josué muestra la conquista

«Cuando Josué y los israelitas acabaron de causarles una grandísima derrota, hasta acabar con ellos, los supervivientes se les escaparon y se metieron en las plazas fuertes» (Jos 10,20).
El relato de la toma de Meguido por los egipcios, grabado en los muros del templo de Karnak, nos presenta la importancia estratégica de una ciudad que dominaba las entradas y salidas del un amplio valle. Por su ubicación podía cerrar un camino tan vital como el que unía Egipto y Mesopotamia. La ciudad amurallada ofreció protección a los soldados ante el poderoso avance de los carros de un ejército como el de Tutmosis III. Después de siete meses la ciudad fue tomada. La lista de prisioneros y del botín nos muestra que en el siglo XV Megiddo era un poblado con no muchos habitantes.

«Capturé 340 prisioneros vivos y 83 manos. 2041 caballos, 191 yeguas, 6 sementales... Un carro trabajado en oro y un arca de oro de este vil enemigo, un bello carro trabajado en oro del príncipe de Meguido, 892 carros de su miserable ejército. En total, 924. Una bella cota de malla de bronce perteneciente al príncipe de Meguido, 200 cotas de cuero de su vil ejército, 502 arcos, 7 varas de este enemigo, trabajadas en plata y en madera».

de Canaán como una operación militar única: para enseñar a cada israelita que Dios condujo todos esos acontecimientos y manifestó así su gloria. La actividad salvífica de YHWH se referirá en lo sucesivo a Israel como pueblo entero en virtud de aquella alianza tribal. Al agruparse, cada clan aportó sus propias tradiciones, que conservaban desde antiguo y que habían comenzado a relacionar con los santuarios cananeos en torno a los cuales habitaban. Pero el principal aporte fue la vivencia de la fe en YHWH que transmitieron a las demás

tribus los decendientes de aquellos que participaron en la experiencia del cruce del mar. La liberación de Egipto, de la cual sólo algunos grupos tenían tradición, pasó a ser la seguridad absoluta en la voluntad salvífica de Dios para todos los clanes hebreos asociados en Siquem. A esta certeza podían recurrir cada vez que pasaran por momentos de prueba. En ese hecho había demostrado Dios que Israel era su pueblo elegido, y por eso le seguiría mostrando su amor y su protección en todos los momentos de peligro a lo largo de la historia.
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«Escucha, Israel. Hoy vas a pasar ya el Jordán para ir a desalojar a naciones más grandes y fuertes que tú, ciudades grandes, de murallas que llegan hasta el cielo» (Dt 9,1).
Se comprende que las tropas mal armadas de los hebreos se aterrorizasen ante las plazas fuertes de Canaán (Dt 1,28) y de sus carros revestidos de hierro (Jos 17,16-18). Por eso, en el primer estadio de la conquista, debieron aprovechar la dispersión de las fuerzas cananeas y el vacío dejado por la retirada de Egipto. Sus conquistas serían infiltraciones, deteniéndose en el límite de las llanuras que estaban defendidas por las plazas fuertes y por los carros.

Ése llegó a ser el verdadero acontecimiento fundador, a partir del cual se estableció una larga cadena de hechos también salvíficos hasta los días presentes. Entonces, las tradiciones patriarcales precedieron como promesa a la salida de Egipto, y la ocupación de la tierra le siguió como cumplimiento. Según esta reflexión, los hebreos no habitaban la tierra como conquistadores, sino como herederos. Si Dios les ayudó a ocupar el país, fue porque esa tierra había sido ya antes prometida a los padres y allí ellos lo habían adorado. Era la tierra en que descansaban sus antepasados. En Hebrón se encontraba la tumba de los patriarcas según la tradición que recordaba la despedida de Jacob frente a sus hijos: «Yo voy a reunirme con los míos. Sepúltenme junto a mis padres en la cueva que está en el campo de Efron el hitita, en la cueva que está en el campo de Makpelá, enfrente de Mambré, en el país de Canaán, el campo que compró Abraham a Efrón el hitita, como propiedad sepulcral: allí sepultaron a Abraham y a su mujer Sara; allí sepultaron a Isaac y a su mujer Rebeca, y allí sepulté yo a Lía» (Gen 49,29-31). También otra tradición referirá que los huesos de José fueron llevados a ese lugar cuando
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Moisés salió de Egipto (Ex 13,19). Los hebreos que se instalaron en Canaán reflexionaron su presente en ese país, como el resultado de un hacerse, de un devenir histórico complejo. Este trabajo de historización fue posible gracias a la agrupación de las tradiciones conservadas por los distintos clanes federados en Siquem. Una agrupación que no fue una simple yuxtaposición de eslabones dispersos. La historia sagrada llegó a ser tal, llegó a ser más que una crónica continuada, porque una convicción unificante sirvió de conexión para todos los sucesos: Dios había actuado en todos los casos y había conducido los hechos salvíficos en una proyección hacia un punto. Los hebreos llegaron a describir así un proyecto de Dios que apuntaba a un objetivo hacia el cual se dirigía toda su historia: introducir a Israel en la tierra prometida: «A nosotros nos sacó de allí para conducirnos y entregarnos la tierra que había prometido bajo juramento a nuestros padres» (Dt 6,23). YHWH habría seguido un plan y habría recorrido un camino con los antepasados de Israel, hasta que en ese itinerario las tribus llegaron a ser Israel. Es decir, la historia de Israel se convirtió en la historia de Dios con ellos, en un camino recorrido bajo su dirección.

Asedio a una ciudad cananea. Relieve egipcio.

Murallas de Dan reconstruidas en la edad de hierro.

Ruinas de la puerta de la ciudad de Dan durante la época cananea.

Las antiguas ciudades de Canaán estaban rodeadas de murallas y defendidas por torres y puertas fortificadas. Las figuras que en los monumentos egipcios ilustran las campañas de los faraones del Imperio Nuevo reproducen su aspecto exterior y las excavaciones hechas en la región permiten estudiar el plan de estas defensas y la técnica de su construcción. Los arquitectos cananeos procuraban seguir la línea de declive de la colina sobre la que estaba construida la ciudad, adoptando un trazado curvo. O bien multiplicaban los salientes en las partes rectas de

sus murallas, obteniendo así una serie de dientes de sierra que facilitaban más la defensa contra enemigos que llegaban al pie de los muros, ya que aumentaban el campo de tiro de los arqueros. La puerta era un punto especialmente fortificado. Un tipo clásico de las ciudades cananeas era la puerta en tenaza: dos o tres pares de pilastras en saliente en el hueco de la puerta daban lugar a estrechamientos de la entrada, a «tenazas» (como en la foto). Su objetivo era fortalecer los muros y constituir obstáculos sucesivos para los atacantes que intentaban penetrar por ella.

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LA FIESTA DE LA ALIANZA

CELEBRARÁS EN HONOR DE YHWH TU DIOS LA FIESTA DE LAS SEMANAS
Los israelitas tomaron de los cananeos el calendario festivo, que tenía la impronta de una religión campesina. Al ritmo agrícola sumaron el ritmo pastoril tradicional de sus antepasados nómadas. Pero, además, dieron al contenido de estas fiestas la impronta propia de su fe en YHWH. Si la fiesta de la cosecha de la cebada, durante la primavera, pasó a ser la conmemoración de la salida de Egipto, la fiesta de la cosecha del trigo, en el verano, se convertiría en la celebración del don de la Torah en el Monte Santo.

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sta fiesta se celebra el día 6 del mes hebreo de Siván (finales de mayo o principios de junio). Existe una vinculación entre las fiestas de Pesaj y Shavuot, que es destacada por el precepto bíblico de contar los días entre una y otra. De ahí surge el nombre hebreo Shavuot (las Semanas) y el griego Pentecostés (los Cincuenta): «Contarán siete semanas, a partir del día en que entreguen la gavilla ofrecida con el gesto de presentación, o sea a partir del día siguiente al sábado. Las semanas deberán ser completas. Por eso tendrán que contar hasta el día siguiente al séptimo sábado: cincuenta días en total. Entonces ofrecerán al Señor una ofrenda de grano nuevo» (Lev 23,15-16). Este recuento de los días y semanas quiere expresar una cierta ansia por la llegada del momento en el que el pueblo recibe la Torah de parte de Dios. Porque la Pascua no encuentra plenitud hasta Pentecostés, ya que el sentido de la liberación física es conducir a una liberación integral a través
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Conmemoración de la salvación
La fiesta de Shavuot tiene lugar durante la cosecha del trigo, al fin de la primavera y comienzo del verano. En la época del Templo se realizaba el sacrificio «de los dos panes», hechos de harina de trigo nuevo (Lv 23,17).

«En el judaísmo la Pascua era originalmente una fiesta de primavera y se convirtió en una celebración de la salida de Egipto; la Fiesta de las Semanas, una antigua fiesta de la recolección al final de la cosecha del trigo (Ex 23,16; 34,22), se convirtió en la celebración del día en que fue dada la Torah en el Sinaí; la Fiesta de las Tiendas, una antigua fiesta de la vendimia (Ex 23,16) conmemora el tiempo en que los israelitas vivieron en tiendas durante su estancia en el desierto (Lv 23,42s). Para el pueblo de Israel los acontecimientos singulares de su época eran espiritualmente más importantes que el proceso repetitivo del ciclo de la naturaleza, aun cuando su sustento físico dependiese de esta última. Mientras que las deidades de otros pueblos estaban asociadas a lugares o cosas, el Dios de Israel era el Dios de los acontecimientos: el Redentor de la esclavitud, el que había revelado la Torah, manifestándose a sí mismo en hechos históricos más que en cosas o lugares».
Abraham J. Heschel, El Shabbat, Bilbao 1998, p.15.

de los mandamientos que orientan la conducta del pueblo. La servidumbre en Egipto es superada sólo cuando el pueblo se dispone al servicio de Dios. Y esto se realiza a través de la observancia de los mandamientos. Así entiende un famoso comentador judío de la Escritura las palabras que Dios dirige a Moisés cuando le confía su misión: «Dijo Moisés a Dios: ¿Quién soy yo para ir a Faraón y sacar de Egipto a los israelitas?» Respondió: «Yo estaré contigo y esta será para ti la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto ustedes servirán a Dios en este Monte» ¿Cual fue entonces el mérito de Israel que le valió salir de Egipto? Esta partida para mí tiene una gran importancia, ya que están destinados a recibir la Torah en esta montaña tres meses después de su salida de Egipto» (Rashi, Comentario de Ex 3,11-12).

1) FIESTA DE LAS SEMANAS (Hag-ha Shavuot): «Contarás siete semanas. Cuando la hoz comience a cortar las espigas comenzarás a contar estas siete semanas. Y celebrarás en honor de YHWH tu Dios la fiesta de las Semanas, con la ofrenda voluntaria que haga tu mano, en la medida en que YHWH tu Dios te haya bendecido» (Dt 16,9-10). 2) DÍA DE LAS PRIMICIAS (Yom ha-Bikkurim): «El día de las primicias, cuando ofrezcan a YHWH oblación de frutos nuevos en la fiesta de las Semanas, tendrán reunión sagrada; no harán ningún trabajo servil» (Num 28,26). Expresa el agradecimiento a Dios por el don de la Tierra, que hace posible que Israel pueda obtener los frutos de ella. En la época del Templo se pronunciaba ante el altar el relato de la historia desde los patriarcas hasta la llegada a Canaán. Y concluía con estas palabras: «Nos trajo aquí y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel. Y ahora yo traigo las primicias de los productos del suelo que tú, YHWH, me has dado» (Dt 26,9-10).

Los nombres de la fiesta
Shavuot tiene distintos aspectos y, por eso, recibe varios nombres en la Escritura. El más conocido tiene que ver con la cuenta de los días:
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PURIM («Las Suertes»). Conmemora la gesta de la reina Ester.

PESAJ (Pascua) MATZOT (Panes ázimos) Comienzo de la primavera. Cosecha de la cebada. SHAVUOT (Las Semanas) Comienzo del verano. Cosecha del trigo.

JANUKÁ («La Dedicación»). Invierno. Conmemoración de la purificación del Templo por Judá Macabi.

SIMJAT TORAH («El gozo de la Torah»). SUKKOT («Las Tiendas»). Otoño. Se ruega por las lluvias.

ROSH HASHANÁ («Comienzo del año») YOM KIPPUR («Día del perdón»). Expiación de los pecados cometidos.

3) FIESTA DE LA COSECHA (Hag ha-Qatsir): «Guardarás la fiesta de la Cosecha, de las primicias de tus trabajos, de lo que hayas sembrado en el campo» (Exodo 23,16). La cosecha del trigo sucede a la de la cebada, realizada tres meses antes. El trigo es el alimento que supera en calidad a la cebada en la fabricación del pan. El pan leudado es alimento de alegría, a diferencia del pan ázimo, que era el pan de la aflicción. La diferencia evoca el cambio de situación del pueblo que deja a prisa el Egipto de la esclavitud respecto a la libertad de quienes pactan con Dios una Alianza a través de la Torah. 4) CONCLUSIÓN (Atzeret)´. Este nombre no aparece en la Biblia, sino que es de origen rabínico: «Atzeret es el tiempo de los frutos de los árboles. El Santo, bendito sea, dice: Traigan ante mí dos panes en Atzeret [Lev 23,17] para que queden bendecidos para ustedes los frutos de los árboles» (Mishná Rosh ha-Shaná 1,2). Shavuot concluye el ciclo comenzado en Pesaj.

5) TIEMPO DEL DON DE NUESTRA TORAH (Zaman matan Torahtenu). El nombre se encuentra sólo en la liturgia de la fiesta: «Bendito seas Señor, Dios nuestro, Rey del mundo, que nos has escogido de entre todos los pueblos y nos has exaltado entre todas las lenguas y nos has santificado por tus mandamientos. Tú, Señor Dios nuestro, nos has dado por amor ocasiones para la alegría, fiestas y tiempos para el júbilo, esta fiesta de las semanas, el tiempo del don de nuestra Torah, asamblea santa, recuerdo de las salidas de Egipto, porque tú nos has escogido y santificado de entre todos los pueblos, y nos has dado en herencia ocasiones para la alegría y la exultación. Bendito seas Señor, que santificas a Israel y los tiempos» (Quiddush de la fiesta). 6) EL QUINCUAGÉSIMO DÍA (Pentecostés). «En nuestra solemnidad de Pentecostés, que es la santa solemnidad de las Semanas, me habían preparado una excelente comida y me dispuse a comer» (Tob 2,1). Es la designación de los judíos de lengua griega.
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Ruth, la prosélita
«En virtud de la bondad que has mostrado con tu suegra, porque la has mantenido después que murió tu marido y abandonaste a tu dios y a tu pueblo, a tu padre y a tu madre, y el país de tu nacimiento, y partiste para hacerte prosélita y para vivir entre un pueblo que te era desconocido ayer y anteriormente, YHWH te recompensará muy bien en este mundo, debido a tu obra buena, y tu salario será completo en el mundo venidero de parte de YHWH, Dios de Israel, porque has venido a hacerte prosélita» (Targum de Ruth 2,11-12).
La traducción aramea (Targum) del Libro de Ruth acoge con simpatía la historia de esta mujer extranjera que se incorporó libremente al pueblo de Israel y mereció llegar a ser antepasada del rey David y de su linaje mesiánico. Esta perspectiva puede compararse con el lugar que el Evangelio de Mateo otorga a Ruth en la genealogía de Jesús (Mt 1,5).

Izquierda: RUTH EN EL CAMPO DE BOAZ. Obra de Julius Schnorr von Carolsfeld. Derecha: Un grupo de campesinos palestinos cosechan manualmente el trigo en un campo.

La lectura del libro de Ruth
Dentro de los Escritos que conforman la III Parte de la Biblia (después de la Torah y los Profetas), un grupo de libros recibe el nombre genérico de los Cinco ROLLOS (Meguillot). Éstos se leen en las celebraciones litúrgicas según la siguiente secuencia: Pesaj Shavuot Tishá be Av Sukkot Purim Cantar de los cantares Ruth Lamentaciones Eclesiastés Esther

muy feliz, ya que la pobre viuda se casa con el dueño del campo: «Boaz tomó a Ruth, y ella fue su mujer; se unió a ella, y YHWH hizo que concibiera, y dio a luz un niño... Tomó Noemí al niño y lo puso en su seno y se encargó de criarlo. Las vecinas le pusieron un nombre diciendo: «Le ha nacido un hijo a Noemí» y lo llamaron Obed. Es el padre de Jesé, padre de David (Rut 4,13-17). El relato representa una comprensión universalista de la salvación. Sería una réplica a la tendencia particularista que se fue gestando en la época de la restauración nacional llevada a cabo por Esdras y Nehemías. Por entonces se había impuesto obligatoriamente el divorcio a todos los judíos casados con extranjeras: «Shekanías, hijo de Yejiel, de los hijos de Elam, dijo a Esdras: Hemos sido rebeldes a nuestro Dios, casándonos con mujeres extranjeras, tomadas de entre las gentes del país. Ahora

La Meguillá de Ruth narra la historia de una joven viuda moabita, que decide acompañar a su suegra Noemí, también viuda, al país de Judá, dejando su propia tierra y la casa de sus padres. Instaladas en la comarca de Belén, buscará el sustento para ambas recogiendo las espigas que dejaban los cosechadores de un propietario llamado Boaz. La historia tiene un final
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«Fue Rut y se puso a espigar en el campo detrás de los segadores, y quiso su suerte que fuera a dar en una parcela de Boaz, el de la familia de Elimélek» (Rut 2,3).

bien, a pesar de ello, todavía hay una esperanza para Israel. Hagamos alianza con nuestro Dios de despedir a todas las mujeres extranjeras y a los hijos nacidos de ellas, conforme al consejo de mi señor y de los temerosos de los mandamientos de nuestro Dios. Hágase según la Ley (Esd 10,2-3). El libro de Ruth quiere mostrar que, si la Torah exigía que se expulsara a las extrajeras y a los decendientes de ellas, se tendría que haber echado a David, bisnieto de una extranjera. Y el Mesías esperado también formaría parte de este grupo excluído. Estaba claro, entonces, que Dios podía depositar su elección también en personas de otros pueblos. Las palabras de Ruth a su suegra representan el ideal de todo converso al judaísmo: «Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios» (Rut 1,16). Pero también es una figura ejemplar para

todo el pueblo de Israel, llamado a convertirse constantemente a través del recibimiento de la Torah. Shavuot puede experimentarse como una fiesta de conversión nacional, donde toda la comunidad renueva el compromiso que los israelitas pronunciaron en el Sinaí: «Cumpliremos todas las palabras que ha dicho YHWH» (Ex 24,3). Otras explicaciones sobre el motivo por el cual se lee el libro de Ruth en Shavuot son los siguientes: El relato de Ruth acontece en la época de la cosecha de trigo. El libro de los Jueces describe un tiempo de desobediencia, idolatría, violencia y olvido de la Alianza. En marcado contraste, el libro de Ruth muestra la actitud de personas que, en la misma época, optan por formar parte del pueblo de YHWH, practicar la misericordia y hacer lo recto ante los ojos de Dios.
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«Baraq bajó del monte Tabor seguido de los 10.000 hombres. YHWH sembró el panico en Sísara, en todos sus carros y en todo su ejército ante Baraq» (Jue 4,14-15).

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«ENTONCES YHWH SUSCITÓ JUECES QUE LOS SALVARON DE LA MANO DE LOS QUE LOS SAQUEABAN»
(Jueces 2,16)

Bajo el punto de vista político, cada tribu siguió abandonada a su propia suerte y debió preocuparse de sí misma y de su espacio vital. Sólo cuando la federación como tal estaba amenazada o cuando estaban en juego sus intereses, entonces toda la agrupación entablaba la lucha. En este caso se las consideraba como guerras santas en las que el mismo YHWH combatía en favor de los suyos; eran actos religiosos antes de los cuales se santificaban y tras los cuales se entregaba el botín a YHWH. La convocación para tales empresas partía de un caudillo carismático que se sentía invadido por el Espíritu de YHWH y que reunía al pueblo para la lucha. Después de la lucha cada clan retornaba a su respectivo territorio. Estos jueces eran líderes naturales, sin institucionalización.
Foto: El monte Tabor. Desde esta altura, inaccesible para los carros cananeos, las tribus de Neftalí y Zabulón lograron imponerse al rey de la ciudad de Hazor.

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«Yabín de Hazor tenía novecientos carros de hierro y había oprimido duramente a los israelitas durante veinte años» (Jue 4,3).

Basado en la decoracion lateral del carruaje egipcio del siglo XV aEC el dibujo muestra a un guerrero y su carruaje, tal vez muy similares a los que pelearon contra los hebreos durante la conquista de Canaán en el siglo XIII. El guerrero esta protegido por un traje y casco de cuero recubiertos de bronce, para protegerse de las flechas. La manera de compensar la insuficiencia del armamento y la falta de formación militar que tenían las tribus hebreas era atacar con una pequeña tropa de hombres valerosos. Estas tropas reducidas, pero bien manejadas por sus jefes se imponían a enemigos más numerosos o mejor equipados, con sus audaces ataques, con ardides de guerra o con emboscadas. Así actúa Baraq, que «atrae hacia el torrente Quison a Sísara, jefe del ejército de Yabín, con sus carros y sus tropas» (Jue 4,7), poniendo de su parte los obstáculos naturales que ofrecía el agua y el accidentado relieve del Monte Tabor. También Gedeón deberá recurrir a una tropa escogida para enfrentar a las hordas madianitas (nómadas del desierto) que, procedentes de más allá del Jordán, asolaban el país. Esta vez se aprovechó de un ataque nocturno para crear la confusión entre un enemigo numeroso, a quien hizo creer que era atacado por fuerzas superiores. A la derecha un relieve asirio ilustra uno de los veloces camellos con los que estos atacantes del desierto realizaban sus rápidas incusiones. Éstas razzias no consistían en conquistar tierras, sino en saquerarlas y volver a sus campamentos.

urante el siglo XII aEC, la situación del país de Canaán experimentó un notable cambio debido a la incorporación en su territorio de nuevos elementos extranjeros. Si entre las numerosas ciudades-estado cananeas se habían instalado las tribus hebreas, luego llegaron otros grupos étnicos que recibieron de parte de sus contemporáneos la designación genérica de Pueblos del Mar. Del desierto siro-arábigo arribaron también los arameos, que formarán su estado propio en el territorio de la actual Siria, y las tribus beduinas de los madianitas, que se dedicaron a saquear los territorios ocupados recientemente por las tribus hebreas. Los conflictos por la posesión de los territorios se hicieron inevitables.
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El pueblo en armas
Entre los nómadas, el ejército no se distingue del pueblo: todo hombre en el vigor de sus fuerzas puede tomar parte en expediciones de saqueo — razzias — y debe estar dispuesto a defender contra el enemigo los bienes y los derechos de su tribu, bajo la dirección del Seikh o de un jefe valeroso. Por lo regular, cada tribu obra por cuenta propia, pero a veces varias tribus se unen para una acción común. Sin embargo no hay organización militar estable. Es muy probable que sucediese esto mismo cuando las tribus hebreas conquistaron Canaán. Si bien en el libro de Josué se presenta a todo

«Cuando sembraba Israel, venía Madián, con Amalec y los hijos de Oriente: subían contra Israel, acampaban en sus tierras y devastaban los productos de la tierra hasta la entrada de Gaza. No dejaban víveres en Israel: ni ovejas, ni bueyes, ni asnos, porque subían numerosos como langostas, con sus ganados y sus tiendas. Ellos y sus camellos eran innumerables e invadían el país para saquearlo. Así Madián redujo a Israel a una gran miseria y los israelitas clamaron a YHWH» (Jue 6,3-6).

Israel tomando parte en cada operación, ciertas secciones de este libro y los pasajes del comienzo de los Jueces dan una visión más real, y muestran a las tribus o a grupos de tribus (Judá y Simeón, la casa de José) asegurándose independientemente su parte de la tierra. Cada tribu se implanta en su territorio y lo defiende contra las reacciones de los cananeos que habían sido desposeídos, contra los ataques de los pueblos vecinos o las razzias de los nómadas. Pero las tribus, unidas por el pacto sellado en Siquem (Jos 24) se ven a veces empeñadas en empresas militares comunes. Así, Gedeón convoca no sólo a Manases, su propia tribu, sino también a Aser, Zabulón y

Neftalí (Jue 6,35), como también a Efraím (Jue 7,24), que se queja de que no se le hubiese llamado desde el principio (Jue 8,1). Baraq moviliza a Zabulón y Neftalí contra los cananeos (Jue 4,6s). Pero el cántico de Débora enumera además los contingentes de Efraím, Benjamín, Makir e Isacar, y reprocha a Rubén, Galaad, Dan y Aser el haberse mantenido neutrales (Jue 5,14s). La dirección militar de las tribus, aliadas entre si, corre por cuenta de unos líderes espontáneos llamados JUECES. Según los relatos bíblicos los jueces eran «salvadores» revestidos por el Espíritu de Dios con fuerza o habilidad para liberar a su pueblo.
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«Madrugó Yerubbaal (o sea Gedeón), así como todo el pueblo que estaba con él, y acampó junto a En Jarod; el campamento de Madián quedaba al norte del suyo, al pie de la colina de Moré, en el valle. Madián, Amalec y todos los hijos de Oriente habían caído sobre el valle, numerosos como langostas, y sus camellos eran innumerables como la arema de la orilla del mar» (Jue 7,1.12).

Para llamar el pueblo a las armas, el juez hacía tocar el cuerno: «Ehúd tocó el cuerno en la montaña de Efraím y los israelitas bajaron con él de la montaña. El se puso al frente de ellos, y les dijo: «Seguidme, porque YHWH ha entregado a Moab, vuestro enemigo, en vuestras manos» (Jue 3,27-28). También podía enviar embajadas a las otras tribus:
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«El Espíritu de YHWH revistió a Gedeón; él tocó el cuerno y Abiezer se reunió a él. Envió mensajeros por todo Manasés, que se reunió también con él; y envió mensajeros por Aser, Zabulón y Neftalí, que le salieron al encuentro» (Jue 6,34-35). La respuesta a estos llamamientos depende de la decisión de cada grupo. El cántico de Débora insiste en esta libertad de alistarse (Jue 5,2.9), y se limita a reprochar que algunas tribus no acudieran al llamamiento (Jue 5,15-17).

YHWH dijo a Gedeón: «Demasiado numeroso es el pueblo que te acompaña para que ponga yo a Madián en sus manos; no se vaya a enorgullecer Israel de ello a mi costa diciendo: "¡Mi propia mano me ha salvado!" Ahora pues, pregona esto a oídos del pueblo: "El que tenga miedo y tiemble, que se vuelva y mire desde el monte Gelboé"». 22.000 hombres de la tropa se volvieron y quedaron 10.000. (Jue 7,2-3).

La acción de Gedeón contra los madianitas (Jue 6,337,22) es un ejemplo típico de la estrategia tribal de la época de los Jueces: de los 32000 hombres que habían respondido a su llamamiento, despide a los que tienen miedo, y se queda sólo con 10000; de éstos finalmente escoge a 300 y los divide en tres columnas. Se informa sobre la moral del enemigo, que es baja, y prepara cuidadosamente una operación nocturna. Las antorchas disimuladas en los cántaros hasta la señal del ataque, los toques de trompeta y el griterío de guerra deben infundir pánico en el campo enemigo dando la sensación de un ejército numeroso. La estratagema da resultado: los madianitas pierden la serenidad y emprenden la fuga. Viene luego la explotación de la victoria: las gentes de Efraím cortan la retirada a los fugitivos (Jue 7,23-25), y el pequeño ejército de Gedeón persigue a los supervivientes hasta las márgenes del desierto (Jue 8,4-12). Foto: Vista del valle desde el Monte Gelboé.

Los hombres se congregan en traje de campaña, hálüsím, literalmente «despojados, desembarazados», es decir, con ropa corta. Ellos mismos aportan su armamento, que es sencillo. Las armas ordinarias son la espada (Jue 20,15) y la honda; los de Benjamín tenían honderos de primera clase: «En toda esta tropa había setecientos hombres elegidos, zurdos, capaces todos ellos de lanzar una piedra con la honda contra un cabello sin errar el tiro» (Jue 20,16).

En tiempos de Débora no había «escudo ni lanza para los cuarenta mil de Israel» (Jue 5,8).

Llegada de otros pueblos
Por entonces las dos grandes civilizaciones creadas a los bordes del Nilo, en el sur, y del Tigris y el Eufrates, en el norte de la Media Luna Fértil, habían entrado en decadencia simultáneamente. Algunos pueblos invasores aprovecharon la situación para apoderarse de sus doEn la escuela de las Escrituras 33

Las victorias navales de Ramsés III fueron glorificadas en las paredes de los templos de Karnak y Madinet-Abú (arriba). En este último las inscripciones mencionan la confederación de los filisteos cheker, los shekelesh, los denyen y los ueshesh. El mismo texto describe un recorrido de la invasión que incluye amplias zonas de Asia Menor: Cilicia (Qode), Anatolia (Arzaua), Chipre (Alashia) y la tierra de Amurru (Líbano). Según la crónica los egipcios le opusieron resistencia por mar y tierra, de modo que «un fuego ardiente estaba ante ellos en las bocas del río, mientras que una empalizada de lanzas les rodeaba en la playa». Izquierda: Filisteos cautivos de los egipcios.

minios. El soberano asirio Tiglatpileser I (11151077 aEC) tuvo que combatir con los nómadas Armayu (arameos), que habían cruzado el Eufrates y llegado hasta las puertas de Asiria. Egipto tuvo que hacer frente durante el siglo XII aEC a las incursiones de los llamados Pueblos del Mar, que asolaron la costa oriental del Mediterráneo. El imperio hitita y la ciudad de Ugarit estuvieron entre las víctimas de estos invasores, y el faraón Ramsés III logró vencerlos sólo después de mucho esfuerzo. Entre estos invasores marítimos se encontraban los filisteos (pilistim). Rechazados de Egipto se establecieron en la llanura costera de Canaán, en la hoy llamada franja de Gaza. Allí fundaron la Pentápolis, una confederación de cinco ciudades-estados de marineros y comerciantes: Gaza, Askelón, Asdod, Ekrón y Gat. Ellos han dado su nombre a la región: Palestina. La expansión filistea desde la llanura coste34 En la escuela de las Escrituras

ra hacia el interior del país presionó de tal manera a las tribus hebreas que produjo una profunda reestructuración dentro de la federación de los clanes. La coalición tribal de estilo patriarcal, con sus limitadas posibilidades de autodefensa, ya no era suficiente para enfrentar a un enemigo mejor equipado. Los filisteos, poseedores de veloces carros de combate y armas de hierro, superaban ampliamente a las milicias dispersas de las tribus equipadas con armas de bronce. Por eso, los hebreos buscaron procurarse un jefe que uniera a sus clanes de modo permanente y los organizara para enfrentar la superioridad filistea. Así, en tiempos de Samuel, el último de los jueces, se recurrió a un proyecto de poder centralizador como se hace en todas las naciones (1 Sam 8,5). En otras palabras, una organización político social con capital, ejército y administración pública común, unidos en la persona de un rey.

«Queda todavía muchísima tierra por conquistar: «Todos los distritos de los filisteos y todo lo de los guesuritas. Los cinco tiranos de los filisteos son el de Gaza, el de Asdod, el de Ascalón, el de Gat y el de Ecrón» (Jos 13,1.3).

La silueta de dos guerreros filisteos señala a los turistas la ubicación de Tel Tzafit, la antigua Gat, la ciudad de Goliat.

Varias sugerencias han sido propuestas por los estudiosos acerca de los Pueblos del Mar. La Biblia identifica a los filisteos como residuo de la isla de Kaftor [Creta] (Jer 47,4). Por su parte, la mayoría de la evidencia apunta a la costa de Anatolia (Jonia) y/o el mundo del Egeo. Se ha encontrado idéntica cerámica de estilo griego micénico en Chipre y en las ciudades filisteas de Asdod y Ekrón, revelando el análisis científico que la cerámica de las ciudades filisteas era de fabricación local. Por tanto los filisteos serían un grupo de griegos micénicos emigrado hacia Oriente.
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