La lección

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La lección
Joan-Carles Mèlich
Profesor de Filosofía y de Antropología de la educación. UAB
Intervención en el ciclo de debates Liquidación por derribo: leer, escribir y pensar en la Universidad, organizado por La Central en Barcelona durante abril de 2008.

Se recompensa mal a un maestro si se permanece siempre discípulo Friedrich Nietzsche

No creo que sea fruto de la casualidad que la actual crisis del acto de leer tenga una importante repercusión en las lecciones, en las maneras de dar y de recibir lecciones. Para argumentarlo probablemente sería suficiente con recordar, una vez más, que la etimología de “lección” remite a lectio, a legere, a “leer”. Pero no me interesan demasiado las cuestiones etimológicas. De lo que trataré a continuación es de mostrar, con suma brevedad, los motivos de la crisis de la lección en el sistema educativo universitario. A mi entender una de las causas, quizá la principal, es la forma que la lectura está tomando en el universo pedagógico. Pero vayamos paso a paso. La cuestión no creo que sea, como habitualmente se supone, si la gente lee o no, sino cómo se lee, para qué se lee, qué sentido tiene la lectura. Es evidente que, visto desde un punto meramente estadístico, leer no está en crisis, lo que lo está es leer de una determinada manera, y es esta crisis de una determinada manera de leer lo que tiene unas importantes repercusiones en el menosprecio de la lección en el espacio universitario. Es obvio que uno puede leer para buscar una información. Entonces tiene que aprender a decodificar unos signos, y alcanzar una “competencia” en ello.1 Ahora bien, también hay otra forma de leer; sería lo que podríamos llamar una lectura existencial o vital, una lectura como “aliento de vida”, como “interpretación” del mundo, de los demás y de uno mismo. A mi entender sólo si uno sabe apreciar este tipo de lectura sabrá valorar una lección.

1 Aprovecho la ocasión para subrayar la idea de que la noción de competencia es la nueva palabra mágica en el universo educativo actual, especialmente en el universitario. Sería interesante reflexionar sobre esta cuestión, aunque, como es lógico, esto aquí no es posible.

hacia lo desconocido.LA CENTRAL La lección. sus propia lectura. cómo la ha convertido en experiencia vivida. El discípulo no anda a la búsqueda de la lectura para. ninguna mujer. A favor o en contra. La lección es una lectura que el maestro transmite frágilmente. el verdadero maestro no lo toleraría. Es lo que me gusta expresar diciendo que somos seres “desde”. entre otras cosas. cómo ha leído. Sin duda es posible iniciar algo nuevo. Busca lecturas que le interpelen. Esto es fácilmente detectable en las lecturas y en las lecciones. qué es lo que hay que evaluar. ¿Qué buscamos los discípulos en las lecciones de un maestro? Creo que sería absurdo contestar a esta pregunta diciendo que lo que queremos es ponernos bajo su tutela para que nos transmita sus conocimientos y la información que ha adquirido a lo largo de los años. repetirla porque. su textura. Lo que me parece que el discípulo siempre ha buscado (y todavía busca) en el maestro es precisamente sus lecciones. a su vez. se limita a dar una clase. a leer por primera vez o a leer de nuevo. es verdad. Se acude a las lecciones de un maestro para conocer sus lecturas y para descubrir cómo ha leído porque sólo desde las lecturas de los demás podemos llevar a término nuestra propia lectura. El profesor. asistir a una lección es entrar en un universo abierto. Quiero advertir que en lo que sigue no adoptaré la postura arrogante del que imparte lecciones. su trama. del que se supone que sabe con exactitud qué es lo que hay que saber y transmitir. La lección es una obertura. cómo ha interpretado. a lo sumo. No se puede olvidar que la ineludible condición finita de los seres humanos nos impide el acceso a los orígenes. sus lecturas. porque hoy para obtener información es suficiente con poner en marcha el ordenador. esto es. hacia lo nuevo. Sólo el maestro da una lección. El discípulo busca en la lección la lectura leída por el maestro: su tono. que le lancen hacia delante. como el discípulo que nunca he dejado de ser. No. puede en sentido estricto “originar” nada nuevo. Propiamente los profesores no imparten lecciones. que nunca he querido dejar de ser. Lo que el discípulo descubre en las lecciones del maestro es una lectura que le permita leer. sino otra cosa bien distinta: busca su experiencia de lector. La lección es una lectura que nos enseña y que nos invita a leer. . pero siempre enlazar. Significa esto que necesariamente tenemos que “enlazar”. que le interroguen. Ningún hombre. o leer de otro modo. de manera humilde. voy a hablar como discípulo. no de un “profesor”. para mí. o leer de nuevo. pero el inicio no es el origen. No. precaria y provisional. aquel es antropológico. Pero no una lista erudita de lecturas. los maestros de verdad no quieren ser imitados. Por eso. porque la lección no forma parte de su manual de estilo. Éste es metafísico. Joan-Carles Mèlich Páginas Centrales 2 Porque ¿qué es en definitiva asistir a una lección sino ir a escuchar las lecturas de un maestro? Me gusta subrayar el hecho de que hablo de un “maestro”. y los que todavía lo hacen dejarán de hacerlo muy pronto. Al contrario.

p. El maestro no es un sabio. mirando su mano vuelta hacia arriba.”3 Estar presente en una lección es ser partícipe de la reflexión de un maestro. y esto es lo que la hace tremendamente atractiva y seductora. literalmente. para darse cuenta de que no lo es en absoluto. Al contrario. la corporeización de sus lecturas. antes de volver a bajar con las inflexiones seguras de la respuesta a los problemas evocados. Didier Eribon escribe: “Michel Foucault es un profesor que fascina. a sus gestos y a sus miradas. es. Esta atención es fundamental porque nada más lejos para una lección que un maestro orgulloso. recupera su ritmo rápido. .”2 Michel Foucault podría servir también de ejemplo. el mayor acto de creación posible para un ser finito. es una actividad. las somete a juicio. 273. una perspectiva. En la lección se transmite una lectura que permanecerá abierta 2 Monk. pero este “estar presente”. es escuchar a alguien que ha convertido sus lecturas en parte de su cuerpo y de su vida. en los finales de frase. (1997): Ludwig Wittgenstein. no es porque transmita una verdad objetiva. parece echar a volar sobre la curva melódica de una interrogación. Pero no es un mero ejercicio retórico. Barcelona. basta con imaginarse una sola de sus clases. entrecortado. irrepetible. Estar presente en una lección de verdad es ser partícipe de una somatización. D. a uno no le interesa lo más mínimo la objetividad de una lección. 3 Eribon. alguien que se reconoce ignorante. (1999): Michel Foucault. Oír una lección es asistir a un acto estético. El maestro es alguien atento a las palabras de sus alumnos.. al hacerlo. El deber de un genio. pensando en voz alta. ¡dejadme pensar!». Si una lección es interesante. y con frecuencia parecía estar simplemente de pie delante de su público. Joan-Carles Mèlich Páginas Centrales 3 Lo que el maestro muestra en sus lecciones es. Es probable que para algunos lo que acabo de decir pueda resultar exagerado. p.LA CENTRAL La lección. porque al dar su lección el maestro convoca. R. es vivir la configuración de una obra de arte.. y se sentaba unos minutos. todo lo contrario. Anagrama. En la lección. De vez en cuando se detenía y decía: «Un momento. 192. evoca y provoca a sus alumnos. La lección siempre es un punto de vista. Si se lee la excelente biografía que Ray Monk escribió sobre Wittgenstein se puede reparar en la manera que tenía el filósofo vienés de dar una lección: “Enseñaba sin notas. si debe ser reivindicada. y su voz se eleva de nuevo. altivo y desatento. Pero oír una lección es algo más. Anagrama. el maestro pone en juego sus lecturas y. Al menos en el ámbito de las ciencias humanas. y. habla sin detenerse y sólo en contadas ocasiones vuelve al paquete de fichas que ha dejado sobre el escritorio: una breve ojeada. pero basta con repasar las biografías de los grandes maestros. como Sócrates. si merece la pena ser escuchada. Barcelona. Camina de un lado a otro de la tarima. Es vivir un acto de creación. en la lección. sino todo lo contrario.

L. (2002): Investigaciones filosóficas.”5 4 La mayor parte de las obras de Wittgenstein no son otra cosa que lecciones y diarios. Por eso. aunque no para concluir. probablemente. una de las mejores maneras que conozco de expresar lo que significa dar una lección y merece tenerse en cuenta: “No quisiera con mi escrito ahorrarles a otros el pensar sino. para terminar. si fuera posible.LA CENTRAL La lección. Eso no ha sucedido. .4 Lo que Wittgenstein escribe al final del prólogo de sus Investigaciones filosóficas es. Crítica. Barcelona. estimular a alguien a tener pensamientos propios. para ser problematizada. pp. acudiré de nuevo a Wittgenstein. Joan-Carles Mèlich Páginas Centrales 4 porque precisamente se ha impartido para ser puesta en tela de juicio. 5 Wittgenstein. Me hubiera gustado producir un buen libro. el que con toda seguridad puede calificarse como el gran «filósofo de la lección». pero ya pasó el tiempo en que yo podría haberlo mejorado. 13-15.

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