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95319369 Aristotles Acerca Del Alma Peri Psyche Gredos

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ACERCA DEL ALMA

BIBLIOTECA CLÁSICA GREDa S, 14
ARISTÓTELES
ACERCA DEL ALMA
INTl.ODUCCION. TlII DUCa ON 'r NOTAS DE
TOMÁS CALVO MARr lNEZ
EDITORIAL GREDaS
Asesor para la sección griega: CARLOS GARclAGUAL.
Según las normas de la B. C. G., la traducción de esta obra
ha sido revi sada por ALBeRTO BER:\"A.Bl! PA. JARES.
o EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pechecc , 81, Madrid. Espa ña, 1983.
PRIMERA EDICIÓN, noviembr e de 1978.
1.' Reimpresión, octubre de 1983.
Depósito Legal: M. 22743 -1983.
ISBN 84·249·3518·7. Gua ñex .
Impreso en España. Prtnt ed in Spain .
Gráficas Cóndor, S. A., Sánchcz Pacheco. 81, Madrid. 1983.- 5642.
I NTRODUCCIóN GENERAL
I. VIDA y ÉP OCA
Aristóteles - que juntamente con Sócrates y Pla tón
forma el t rí o estelar de la filosofía ateniense- nació
en Es tagíra (Tra cia) y ac abó sus días en Calcis (Eu-
bca) l. No fue ateniense ni de nacimiento ni de ciuda-
danía. Tampoco murió en Ate nas. Pasó allí dos largos
períodos de su vída: desde los diecisiet e a los treint a y
siete años, primero, y desde los cuarent a y nueve a
los ses enta y uno, después. Tras estas dos dilatadas
estancias hubo de marchar de Atenas. Curiosamente,
en una y otra ocasión su marcha estuvo directamente
relacionada con la muer te de los dos hombres más gran-
des con que tuvo trato est recho en su vida: la primer a
1 La fuen te funda mental, aunque no única, para la biogr afía
de Aristóteles es DrÓGENES LI<ERCIO, V, 1-35. El lib ro más intere-
san te y completo que puede consultarse en r elación con la vida
de Aris tóteles es el de J. DtJRI NG, Aristotle in the ancient biogra-
phical tradition, Ootemburgo, 1957. En est a obra encontr ará el
l ect or una edición crítica - juntamente con comentari o- de las
distintas vidas de Aristóteles además de la de Dl(lGENllS LAERCI O
(Vita Marciana, Vita Vulgata, Vita Lascaris, Vita Latina), así
como fragmentos de la tradición biográfica antigua. Es también
i nteresante la edición de la Vita Marciana por O. GIGON con co-
mentar io. Berlln, 1962. Cf., también. la reciente obra de A. H.
CIIROUST, Aristotle. New Iight on his lite and on some ot hi s lost
1V0rks, Londres, 1973.
8 ARISTÓTELES
I NTRODUCCIÓN GENERAL 9
vez marchó de Atenas al morir Pl atón, s u maes tro; la
segunda vez hubo de marchar al mori r Alejandro Mag-
no, su di scípulo.
Ari stóteles nació en el año 384 a. C. Su padre, Nicé-
maco, era médico y a migo de Amintas, padre de Filipo
y rey de la entonces aún poco i mport ante Macedonia.
De s u infancia no sabemos gran cosa , excepto las co n-
j et uras que permite establecer la profes ión de su padre
que segur amente in fluyó en la formación primera de
Aristóteles. Su padre murió pr on to y de su tutorí a se
encargó un pariente llamado Pr óxeno. A los dieci siete
años se t rasl adó a Atenas ingresando como discí pulo
en la Academia pla tónica. Allí per ma neció dura nt e vem-
te años hasta la muerte de Plat ón (347 a. C.).- Es tos
largos años de permanencia en la Academia const ituyen
el pri mero de los t re s gr andes períodos en que cabe
d ivid ir la actividad intelectual de Ari st óteles : Es t ud ian-
te des tacado y de inteli gen cia fuer a de lo Común, as i-
miló con profu ndi dad las doctrinas de la filo sofía pla-
tónica. Solamente quien as imila con profundidad una
doctri na filosó fica puede de spués cr iti car la sóli damen-
te y forzar su evoluci ón. Las mentes mediocres acos-
t umbran a estar de vuelta de a lgo s in haber pasad o
realmen te pr imero por ello. nste no fue ciertamente el
cas o de Ari stótel es. Las líneas maestras de la fil osofía
ma dura de Ar istóteles son vigo rosamente pl atóni cas,
surgen del seno mis mo del plato nismo[ Por lo demás,
sabemos que d urant e es te pe rí odo de esta ncia en la
Academia Aris tóteles compartió apasionada e incondi-
ciona lment e las doct ri nas de su maestro. Prueba de
ello son los numerosos escritos a ri stot éli cos de j uven-
tud, diálogos de contenido (y es t ilo) estr ic tamente pl a-
tónic0a que más adela nte nos referiremos en esta In-
t roducción.
En el año 347 a. C. muere Pl atón y se inicia el se-
gundo gran período de la vida de Aristóteles que se
extenderá has ta su vuelta a Atenas doce años des pués.
Pla tón muere y Ari stóteles se va de la Academia y de
Atenas sin q ue podamos precisar con exact it ud los mo-
t ivos concretos de su marcha. Sabemos, eso sí, que a
la muerte de Platón hubo de elegirse nu evo di recto r
de la Academia , q ue los cand idatos más cualifi cados
pa ra el pues to era n el propio Ar istót eles , Jenócrates y
Espeusipo, sobri no de Plat ón, y que la elección recayó
finalment e sobre es te últ imo[A menu do se ha conj etur a-
do que su no elección co mo sucesor de Pl atón al frente
de la Academia fue el motivo det erminante de la mar-
cha de Ari stóteles quien, a su vez, no habr ía sido ele-
gido pa ra ta l pue s to por su notori a actitud crí t ica ante
la filosofí a de Pla tón-:Es probable que Ar is tóteles dístn-
J
ti era ya en es ta época de cier tos puntos fundamenta-
les de la doctri na pl atónica , pero no parece probabl e
que tal disensi ón pudiera cons tituir un motivo para su
elimi na ción como candidato a la di rección de la Aca-
demia, Las relaciones intelectu ales en el seno de la
escuel a platónica no pueden se r inter pretadas en tér-
mino s eclesiásticos de or todoxia y heterodoxia . Tam-
bién Espeusipo negaba la t eorí a de las Id eas y si n
embargo re sult ó el egido di rector de la Academia . Tal
vez su marcha de At enas es tuviera r elacionada con
los aconteci mientos políticos de la época, con los ava-
tares de la guerra entr e macedonios y atenienses que
había comenza do ya en el año 359 a . C. t ras la subida
de Filipo al poder en Macedonia. En el año 348 a. C.
(es deci r, un año a nt es de la muer te de Platón) FiJi po
había saqueado Cli nto. Quizás es te hecho exacerbó los
sent imientos entímacedontos en Aten as, lo que pudo s i-
tuar a Ari s tóteles en una posici ón es pecialment e diffci l.
Esté donde esté la ver dad de los hechos, 10 ci erto es
que la march a de Ari s tóteles puede ser considerada
como un s ímbolo de su vocación de cr eador de una
escuela y un sis tema fil osófico propios.
10 ARI STÓTELES INTRODUCCI ÓN GENERAL
11
El segundo peri odo de la vida de Ari st óteles (347·
335 3. e.. desde sus tre inta y siete a sus cuarenta y
nueve años de edad) t ranscurrió en diversos lugares.
[ Juntamente con Jenóc rates marchó a establecerse en
prime r término a Assos. Por aquel entonces gobernaba
allí el t irano Hermias, protector de Erasto y Cort sco ,
que t iempo atrás habían sido miembros de la Acade-
mi a platónica. Segurament e Ari stóteles llevó a cabo en
Assos una int en sa labor de carácter invest igador y do-
cente con un puñado de platónicos a Jos que se un ir tan
otros discípulos. Entre ot r os, allí es tuvo Teofrasto, el
más conoci do de los ari st ot élicos, el que habí a de ser ,
andando el t i e ~ . sucesor inmediato de Arist óteles a l
fre nte del LieeoJ En Assos. en fin. cont rajo Ar istóteles
mat ri monio con Pitias, hij a adoptiva. de Herrn iaa. Del
matr imonio con ést a tuvo una h ija de nombre Pitias,
como su madre, (Aún tendría Ari stóteles otro hijo, Nl-
cómaco, de su compañera Her pilis, mu jer con quien
convivió tras la mue rte de su esposa Pitias.)
Tras t res años de residencia en Assos, Aristóteles se
trasladó a Mitilene, en la isla de Lesbos, donde perman e-
ció con tinuando su ac tividad intelectual hasta que en
el año 343 a. C. es invitado a la cor te macedonia para
hacerse ca rgo de la tutoría de Alejandro Magno que
apenas contaba entonces los trece años de edad. No
sabemos los mot ivos concret os que determinaron a
Filipo a encomendar la educaci ón de su hijo a Ari s-
tót eles: posiblemente en es ta deci sión interviniera Her-
mías. ti ra no de Assos y suegro de Ari stóteles l . Sí ca be
suponer, s in embargo, cuá les fueron los motivos que
empujaron a Ari stóteles a aceptar el encargo. Apar te
de sus antiguos vínculos de familia y amistades con la
• Poco después moriría Hermias tortura do y ejecut ado por los
persas. Sus últ imas palabras seri an: ..Decid a mis amigos y co-
legas que no me he doblegado ni he hecho nada indigno de la
ñt osoñe.s En su honor compuso Aristóteles su Himno a Hermias.
corte de Pella, Ari stót eles -platónico en esto, al fin
y a l cabo- concedía suma impor ta ncia a la educación
y cu lti vo int elect ua l de los futuros gobernante-i....,La his-
toria se encargaría bien pronto de demostrar que los
ideales polít icos del maestro y del discípulo eran sus -
tanci almente antagónicos. Tal vez Alejandro compren-
di ó las teorí as ar istot élicas y prefiri ó no hacerl es caso.
Lo cie r to es que Ari stóteles no llegó a comprender el
signi ficado histórico profundo de la conquista y colo-
nización llevada a cabo por Alej andro. Mient ras Ale-
jandro transformaba a r itmo vertiginoso el mapa po-
lítico crea ndo un vas tfsimo imperio y anumba ndo de-
finitivamen te las es t ructuras polfti co-adminis trativas
griegas t radicionales, Aristóteles seguiría a ferrado al
ideal ya ir recuperable de la pequeña cludad-estad o.j'
En el año 335 a. C., a los cuarenta y nueve años de
edad, Ari stóteles regresa a Atenas para fundar un nu e-
vo centro de investigación y enseñanza, el Liceo. Doce
años pasaría en Atenas dirigiendo ambiciosos planes
de investigación y enseña ndo en el Liceo de forma inin-
ter ru mpida. De la labor intelect ua l llevada a cabo por
Aristóteles en es ta epoca podrá el lector hacerse una
idea cuando nos ocupemos más adelante de sus obras.
En el año 323 a. C. moría Alej andro. El odi o a los ma-
cedonios re brotó con fuerza en Atena s y Arist óteles hubo
de abandonar la ciudad para proteger su propia vida l .
Poco más tarde murió de enfermedad en Calcis (Eubea).
donde fue a buscar refugio, a los ses ent a y dos años de
edad. Diógenes Laercio - fuent e pr inci pal para la vida
y obra s de Ari stóteles- nos ha conser vado su testa-
J Todo parece indicar que Ari st ót eles fue ame nazado con un
proceso por impiedad (astbeia) a causa de su Himno a Hermias,
La Vi ta Vul gata lo presenta a su huida de Atenas dirigiéndose a
los aten ienses con est as pa labra s: ..No permitiré que pequéis por
segunda vez cont ra la filosofía._ Es evidente la búsqueda de un
paralelismo con el proceso y condena de Sócrates.
12 ARISTÓTELES
INTRODUCCIÓN GENERAL 13
mento 4, Su muer te tuvo lugar en el año 322 a. c. ; exac-
tamente el mi smo año en que morfa trágicamente De-
móst enes. el inst igador de la sublevació n ent ímacc-
d ónica.
JI. O BRAS
Siguiendo un cr ite r io ampliamente aceptado , la ín-
gente producción aristotélica puede ser cla sifica da en
t res grandes grupos o categorías: 1) escritos di r igidos
al gran público (de divulgación, d iríamos hoy) , que fue-
ron publicados por Ar is tó teles mismo; 2) t ratados cíe n-
tíficos y fil osóficos, que cons t ituyen el denominado Cor-
pus Aristotel ícum, y 3) un conjunto de memornndums
y colecciones de materiales emprendidos baj o la inspi-
ración y direcci ón de Ar istótel es con la col aboración de
otros miembros de la escuela 5,
1. Escritos de diwdgació"
Los títulos conservados son los siguientes : 1) Eudemo
(Acerca del Alma), 2) Pol ítica, 3) Sofista, 4) Menéxeno,
5) Banquete, 6) Grilo (Acerca de la Retórica), 7) Pro-
tr épti co, 8) Acerca del Bien, 9) Acerca de la Just icia,
10) Acerca de los Poetas, 11) Acerca de la Riqueza, 12)
Acerca de la Plegaria, 13) Acerca del Buen Linaje, 14)
• DlóGENES UERC10 , V, 11.
, Tres son las lisias antig uas de las obra s de Aristóteles: la
de DIÓGENES W RC10 (V, 22), la que se hall a incluida en la Vit a
Menagiana y una ter cera transmit ida por fuentes árabes y que
procede de Ptctcmeo (siglo II d. C.). Esta úl tima recoge los t ftu-
los de las obras de Ari stóteles aj ust ándose al Corpus Aristat e-
Ii cum editada por Andr onico de Roda s. En cuanto a las otras
dos, no se corres ponden en muchos uratos con el Corpus. La
lista de Díógenes Lacr cio parece r emon tarse hasta el siglo n r a. e .,
hasta Aristón de Ceos. Est a es la opinión de P. MORAUX en su
obra Les listes anoíennes des ouvrages d'Aristote, Lovaína, 1951.
Acerca de la Educación, 15) Acerca del Placer, 16) Me·
rinto, 17) Erótico, 18) Acerca de las I deas, 19) Acerca
de la Püosotía, 20) Alejandro (Acerca de las Colonias),
20) Acerca de la Mona rquía.
De la mayoría de est as obras --escr it as en forma de
di álogo- apenas conocemos algo más que su título y
su cronología probab le. Las cuat ro citadas en últi mo
lugar fueron escr itas seguramente después de que Arí s-
t óteles abandonara la Academia. Alej andro o Acerca de
las Colonias -al igual que el Acerca de la Monarquía-
per tenece n, sin duda y por razones obvias, a una época
poster ior (tal vez, incluso, a los últimos años de vida de
Aristóteles). En cua nto a los escri tos Acerca de las Ideas
y Acerca de la Filosofía, aunque anteriores a los dos
que acabamos de citar , de ben ser considerados tamb ién
posteriores a la muerte de Platón . Su post erioridad a
este momento se de duce de su propi o contenido, ya que
en. ellos se criticaba abiertamente la doctrina platónica
de las Ideas. Las restantes obras recogidas en la lista
debieron se r escritas, en fin, durante la estancia de
Ari stótel es en la Academia. Se t rata. en efec to. de es-
critos de carácter e inspiración platón icos: su tít ulo
mi smo en algunos casos. su contenido y su forma li te-
raria dependen fundamentalmente de Platón. Son to-
das es tas obras - literariamente bien cuidadas, formal-
mente bien contruidas- las que en la Anti güedad me-
recieron a Ari stóteles fa ma de escri tor elega nte, como
muestran el conocido elogio que Cicerón dedica a su
tlumen orat íonis aureum (Acad. 2. 38. 119) Y la alusión
de Quintili ano a su eloquendi sua vitas (10. 1.83). Uno
no puede por menos de lamentar la pé rdida de es tos
escritos. La pérdida , sin embargo, no ha sido total :
entre ci tas text ual es y referencias contamos con ce rca
de un centenar de informaciones relativas a algunos de
estos escritos. Un análisis minucioso y atento de est a
información fragmentaria ha per miti do recons t ru ir has-
14 ARISTóTELES I NTRODUCCIÓN GENERAL
15 •
la cierto pun to el contenido de a lgu nos de estos escrí-
tos, como es el caso del diálogo Eudemo, de l Prot r ép-
tíco y del diálogo en t re s libros Acerca de la Fitosot ía.
El - tema -centr et. det. díélogo Budemo esJa ínmor ta-
Iida d del alma. Su tí t ulo corresponde a l nombre de un
ch ipriota .col ega y amigo de Ari stót eles muerto en el
año 354 3. C. en la expedición a Si racusa en que lo mó
parte 6. Esta ci rcuns tancia nos permite suponer qu e
el diálogo fue escrit o algo después de est a fecha. En él
sigue Ari stó teles de cerca tanto la doct rina como la aro
gument ación contenidas en el Fedon de Platón. Frente
a las doctrinas materialistas que redu cían el al ma a la
a rmonía corporal, a la disposición a r mónica del cuerpo.
Ari stóteles defiende la sustancialidad e inmor talidad de l
alma, su preexistencia y transmigración, la t eorí a de la
reminiscencia o an ámn ésis y la existencia de un mundo
de I dea s transcendentes 7. Se trata , pues, de una obra
producida en una época en que Ari st ótel es se hall aba
totalmente identificado con las doctrinas platón icas..
Al mi smo período y act it ud intel ectua l de identifica-
ción con el pl atonismo per tenece también el Prot r épt í-
co 1, obra que eje rcer ía una notable influencia en el
• Cinco años an tes de su muerte y es tando gravemente enfer-
mo, Eudemo había tenido en sue ños una visión con el anuncio
de que tras cinco ali as r egresaría a su pat ria . Los platónicos in-
terpret aron su muer te como su vuelta a su patria. El di álogo
aristotélico arrancaba de es ta visión. (CICERóN, De. divinat iol1 e,
1, 25, 52. Cf. fr. 1 de R. WAUER, Anstole/is diaJogorum fragmel1'
la, Florencia, J934 :: fr . 37 de V. ROSE., Aristotelis qui ter ebaruur
frarmen. ta, Leipzig. 1886, 1967).
• La existencia de un mundo transcen dente de I deas no apa- ¡
r ece literal ni expl ícitamente afirmada en los fragmentos que
conservamos. Sin embargo, nos parece que t iene razón W. Jaeger
y cuantos afirman la presencia de esta doclrina plat ónica en el
diálogo. Lo que se dice en el fr. 5 de Walzer ( = 41 de Rose) im-
p lica, sin duda, la teoria platónica de las Ideas.
• El Protr épt ico ha s ido reconstru ldo en gran medida a part ir
de la obra del mismo titulo de Jámblico. El primer paso impar-
cult ivo poster ior de este género literario fil osófico (El
Hortensia de Cicerón, por ej empl o, lo lomó como mo-
delo) . A deci r verda d, no es fácil deci dir si se t ratab a
de un diálogo o de un di scurso seguido en es tilo epís-
ta la r. En cuanto exhortación, su forma cons tit uye un
acerca miento a las técnicas re tóricas de Isóc rates y
puede ser vinc ulado con el Eudem o de Platón . En él
aparecen cier tos planteamientos que cabrí a cali ficar de
genuinamente ari stotélicos (por ejemplo, la idea de
t élos, de fi nal idad inmanente: las di st intas capacidades
nat urales tienen como fin su pr opia ac tualización y
eje rcicio) 9. La noci ón de sabiduría que aparece en el
Protrépt ico es, por su pa rte, t ípicamente platónica. La
sabidur ía o phron és ís se concibe como un saber exact o
teórico y práctico a la vez: se trata del conocimiento
de l sabio plat ón ico que es conjuntamente contemplación
teórica y po sesi ón de los principios prácticos de toda
ordenación moral y política 10.
tante en la reconstrucción de este escr ito aristot élico fue dado
por l . BYWATl!R en el siglo pasado, - On a tose dialogue of Aris-
tot lee, Joumal al Philology, 2 (1869), págs. 55-59. Post eriormen te
ha tenido decisiva impor tancia la aportación de W. hfGER, Ari.!.
loteles =Aristóteles [t rad. J. GAQs l . M éxícc , 1957. (De W. J aeger-
y su obra nos ocuparemos más adelante.) Puede verse t ambién el.
libro de I. DtJRING, Aristotl e's Prot rept icus, AM attempt al recans-
t ruction, Gotembu rgo, 1961.
, Cf. el fr. 1I de Walzer {y ta mbién el fr. 6 en que aparecen
ade más los términos epotenciae (djnamis' y «ac tos o ac tu aliza-
ción /enérgeio. ) en su uso aristolélico técnico).
10 ' Véase el Interesante y polémico fr. 13 de Walzer. Al igual
que ocurre con el Eudemo, tampoco en es te caso aparece expll.
c1tamente afirmada la exis tencia de Ideas transcendentes (que
vendrían a ser el objeto de la ccnremplaclén teórica del sabio a
la va que la norma polltico- moral de su actividad ordenadora •
práctica], Al igual que indicábamos más arriba en relación con
el Eudemo, nos par ece que tant o el lenguaj e como el context o
implican la admislé n por parte de Aris tóteles de la doct ri na de
las Ideas.
,J6 ARI STÓTELES I NTRODUCCI ÓN GENERAL 17
El diálogo Acerca de la Filosofía const ituye la pri-
mera muestra inequívoca del alejamiento de Ar is tÓteles
de algunas de las tesis platónicas más características y
notori as. Pr ofundamen te r espetuoso con Pl atón per o
enérgicamente cr ít ico respect o de su doctrina, es te di á-
lago const aba de tres par tes o libros. En el primero de
ell os Ari stótel es ofrecía una histo ria de las doc t rinas
filosóficas remontándose más a llá de los primeros filó-
sofos griegos hasta la remola sabidur ía orienta l. Tras
esta exposición hi stóri ca, se pa saba en el libro segundo
a una crit ica det all ada y sis t emática de la teoría plató-
nica de las Ideas subsistentes. En el libr o t ercer o Arís-
t óteles exponía su!'> prop ias po siciones fil osóficas. Aun-
que estas nuevas posiciones filosóficas de Ari stóteles
son diff ci les de precisar en muchos de sus det all es, el
talante general de las mi smas puede se r descrito como
un in tento de reestruct urar el platonismo una vez re-
chazada la tes is capital de las Ideas t ranscendentales.
Negada la existencia de éstas y la consiguiente duplí-
cidad de mundos (sensibl e e inte ligi ble), la interpreta-
ción del Uni verso había de ser, por fue rza, mundana.
Eliminadas las I deas, desaparecía el modelo o pa radig-
ma de acuer do con el cual el Demiu rgo había organi-
zad o el mundo: de ahí la afirmación aristotélica de que
el Cosmos no ha sido engendrado, sino que es ete rno 11.
Además de esta afi rmación a nt iplatónica, Ari stóteles
introducía una segunda a firmaci ón ori ginal: la materia
de que es tán hechos los cuerpos celes tes es el éter 12.
En el diálogo se mantienen, sin embar go, import an tes
r asgos platónicos, ent re ellos una r eligiosidad que en-
vuelve por completo esta visión tra nsformada del Uni-
verso. No es solamente que en él aparezca la demos-
t ración de la exist encia de Dios por los grados de per-
" Cf. fr. 18 de Walzer ( ~ 1 8 de Rose).
.. Cf. fr. 21 ( ; 23-24 de Rose) y 22 de Walzer.
fección (demos t r-ación de raíz es tricta me nte pl atóni-
ca) 0 , sino que ade más Aristó teles se adhiere a la teolo-
gía astral de los últimos años de Platón. El movimiento
de los ast r os no es ni natural ni violento, sino intcncio-
nal, voluntario 14. Hast a la edici ón de los tratados aris-
totéli cos -de que nos ocuparemos a conti nuación-,
lIcvada a cabo por Andronico de Rodas en el s. I a. e.,
la fil osofía de Ari st óteles fue conocida en la Antigüc-
dad fundamentalmente a t ravés de este diál ogo.
2. Los tratados
El conjunto de Jos tratados filosóficos y cientí ficos
cons tit uye lo que usualmente suele denomi narse Corpus
Ar ístotelicum, que viene a coi ncidir con las obras orde-
nadas y editadas por Andronico de Rodas. Estos t ra-
tados pueden cl asificarse t emática mente del siguien-
te modo .
a) Tratados de lógica. Este grupo de escr it os, que
po steriormente vendría a ser denominado Organon (es
u Cf. fr. 16 de Walzer ( = 16 de Rose). El arg ument o de los
grados de perfección aparece for mulado del siguient e modo: _es
ley universal que donde hay algo mejor, haya también algo ffiá-
xtmamente bueno ; ahora bien, ent re los seres unos son mej ores
que ot ros, luego hay también algo máxi mamenl e bueno que no
es otra cosa que Dios... También est á tomado de Plat ón el ar-
gumento a par tir del movimiento hast a llegar a un primer mot or
que se mueve a sí mis mo.
En cuanto al argumen to basado en el orden del Universo , su
formulación aristoté lica en este diál ogo utilizaba una refcr mu-
lación cwiosa del símil plat ónico de la caverna: los hi potéticos
hombres encerra dos en una caverna no ha n tenido jamás l a opor-
tunidad de contempla r el fumamento; una vez salidos a la su-
perficie de la tierra y tras cont emplar el espectáculo del firma-
mento, estos hombres no dudaría n en proclamar que el Universo
es obra divina. Cf. fr. 13 de Walzer (=- 12 de Rose).
.. Cf. fr. 21 de Walzer.
14 -2
18
ARISTÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL 19
decir. Instrumento), comprende las siguientes obras:
1) Categorías (Predicamentos), dedicado al estudio de
los términos o locuciones simples a partir de las cuales
se construyen los juicios o proposiciones. 2) Acerca de
la Interpretación (De interpretatíone), tratado en dos
libros que se ocupa de los juicios o proposiciones. 3)
Primeros Analíticos, en dos libros también, dedicado al
silogismo considerado en su estructura formal y pres-
cindiendo, por tanto, de cualquier contenido a que tal
estructura argumentativa pueda aplicarse. 4) Anal/lieos
posteriores (Segundos Analíticos), que consta igualmen-
te de dos libros en que se estudia el silogismo en cuan-
to razonamiento científico capaz de conducir a la cien-
cia: no se trata, pues, de la mera coherencia formal,
sino de la adquisición de la verdad. 5) Tópicos, en ocho
libros cuyo objeto de estudio es igualmente el silogismo,
la argumentación silogística, pero no en tanto que con-
duce a la verdad, sino en tanto que alcanza solamente
conclusiones probables. 6) Acerca de las refutaciones
sofísticas (Elencos sot ísticos), que constituye en rea-
lidad el último libro de los Tópicos: en él se estudian
los silogismos que conducen al error.
b) Tratados de física. 1) La Física, en ocho libros
(los primeros libros de este tratado son designados
usualmente por Aristóteles como libros Acerca del Mo-
vimiento) 2) Acerca del Cielo (De Caelo), en cuatro
libros, dedicado al estudio del movimiento local en el
Universo. (Los dos primeros libros se ocupan del mo-
vimiento de los astros y los dos últimos se ocupan del
movimiento de los cuerpos terrestres). 3) Acerca de la
generación y la corrupción (De generatione el corrup-
tione), cuyos dos libros tratan de definir y explicar es-
tos procesos naturales. 4) Meteorología (Meteorologica),
compuesto de cuatro libros y cuyo objeto fundamental
son los fenómenos atmosféricos, aun cuando el cuarto
libro se ocupa de los metales. (La autenticidad de este
tratado no es unánimemente aceptada) 15.
c) T.r.atadosAL1:Ji()J9gía. Suelen distinguirse en este
grupo dos tipos de tratados, mayores y menores. Los
tratados mayores son los siguientes: 1) Acerca del alma,
tres libros en que se_tratadelo viviente en general, del
fenómeno_de la vida_y ._que contienen la formulación
aristotélica definitiva del tema del alma. 2) Historias
de los animales, en diez libros. Constituye una colec-
ción de datos y hechos y por tanto podría incluirse en
el tercero de los grandes grupos en que hemos clasifi-
cado la obra aristotélica, el grupo de los memorandums
y colecciones de materiales. El libro décimo no es autén-
tico y probablemente tampoco lo son -al menos en
parte- los tres anteriores. 3) Acerca de las partes de
los animales, que consta de cuatro libros, el primero de
los cuales ofrece una introducción general a la biolo-
gía. 4) Acerca de la locomoción de los animales (De
incessu animalium), obra que puede ser considerada
como una especie de apéndice de la anterior. 5) Acerca
del movimiento de los animales. 6) Acerca de la genera-
ción de los animales, en cinco libros dedicados al estu-
dio de la reproducción.
En cuanto a los tratados menores (Parva Naturalia),
en ellos están incluidos varios escritos breves cuyos
títulos son los siguientes: 7) Acerca de la sensación y
lo sensible (De sensu et sensato). 8) Acerca de la memo-
ria y del recuerdo (De memoria et reminiscentia). 9)
Acerca del sueño (De somno el vigilia). 10) Acerca de los
sueños (De ínsomniis], 11) Acerca de la adivinación por
(De adivinalioñé per somnum).12) Ace;ca
"'de la vida larga y breve (De longitudine et brevitate
" No es fácil determinar el objeto preciso de esta obra y su
lugar dentro del conjunto de los tratados físicos de Aristóteles.
Sobre este punto, d. W. D. Ross, Aristoteles = Aristóteles [trad.
D. F. PRÓ], Buenos Aires, 1957, págs. 159 y sígs.
lO El Corpus Aristotelicum Inclu ye además un conj unto de tra-
tados cuya autenticidad es rechazada práct icamen te de modo
unánime (si bi en 1. Zürcher -a cuyo es tud io sobre Ari st6t eles
nos referimos más adelant e- ha defendido la autenticidad de
muchas de ellas ). Las citamos por su t ít ulo en latín: 1) De virtu-
tibus el vitiis. 2) Rhetor ica ad Alexandrum. 3) Oeconomica. 4)
vitae). 13) Acerca de la vida y la muerte. 14) Acerca de
la juventud y la ve iez: 15) Acerca de la respiración.
d) Metafisica, filosofía pr i m era. Este apar tado lo re-
servamos para una obra de Ar istóteles . la Metafísica,
que en su forma actual se compone de
e) Eaca. Tres son los grandes tratados aristot élicos
dedicados a la moral: 1) St ica a Eudemo, en siet e
libros, cuya autenticidad parece razonablemente
da tras la obra de W. Jaeger , que ha puesto de rna m-
fiesta su situación Int ermedia entre el Prot r épt ico y la
Stica a N ícomaco. 2) La Stica a Nicómaco, en di ez libros.
3) Gran ét i ca (Magna moraliai , en diez libros. de auten-
t icidad dudosa. Más dudosa aú n es la autenticidad del
tratado 4) Acerca de las vi rtudes y los vicios, cuya como
po sición es probablemente muy t ardía (tal vez el s. 1
antes o después de C.).
f ) Pol ítica. A este apartado corresponden dos obras
de autenti cidad incontestable: 1) Polít ica, en ocho lib ros ,
cuyo orden r elativo de nt ro de la obra es obj eto de con-
tr overs ia. 2) La ccnstituci án de Atenas, ob ra descu-
bierta en un papiro en 1890 y que seguramente cons t í-
tuía el primer volumen de la a mplia colección de cons-
t ituciones (ci ento cincuenta y ocho, en total) , produci da
en la escuela peri pa t ética.
g) Teoría del arte. Dentro de este apartado han
inclui rse los dos conocidos escritos dedicado s por An s-
t óteles a la retórica y a la poética, respectivamente:
1) La Retórica, consta de tres libros. 2) La Poética cons-
t aba de dos libros. si bien solamente se conserva un
fragmento de l primero de ellos K..
Physiognomica. 5) De mirabilibus auscultationibus. 6) De Spiritu.
7) De Melisso, Xenophane et Gorgia. 8) De plantis. 9) Problemata.
10) De coloribus. 11) De audibilibus. 12) De tineis insecabilibus.
13) Mechanica. 14) De Universo ad Alexarul rum. 15) De Mundo.
16) Ventorum situs et nomina.
-(
La ed ición de los tratados por And ronico de Rodas r
marea----un-riiornentócruciál efi la difus l éri 'y. conoctmíen-
to de la filosofía de Ari stótel es. Anter iormente he mos
señalado cómo Aristóteles fue conocido en la antigüe-
dad - hasta Andronico- fundamentalmente a través de
los diál ogo s y muy especialmente del di álogo Acerca de
la Filosof ía. La situaci ón cambió sus ta nci alment e con
la edición de los tratados y éstos vinieron a convertir-
se en la fuente principal de l conocimiento de Aristóte-
les para los siglos siguientes . Las per ipecias seguidas
por los tratados nos han sido relatad as por Estrab ón.
Aristóteles los legóa . Teofra sto, quien, a su vez, los
entrega rí a á Neleo: -el hijo de Corisco. NeJeo los llevó
a Escepsis, en Asia Menor . En Escepsis
largo t iempo en pod er de la familia de Neleo ha sta que
-c-j untamente con las obra s de ' Teofrasto- fueron ven-
, -._-
didos a Apelicón de Teas a comienzos del siglo 1 a. C.
mu erte de Apelicón (acaecida en el año 86 a. C.)
Sil a se apoderó de los t ratados ar istoté licos, llevándo-
los a después pasar on a manos de Tira-
ni ón ' de-Amí sos, quien colaboró con Andronico de Ra-
das en su clasificación, ordenecí ón. y .publicaci ón. .a sta
tuvo lugaren el último tercio deljdglo r ' a. C.
No parecen existir razones defin it ivas para conside-
rar total mente falsa esta historia transmitida por Est ra-
bón. Es probable que sea verdadera, al menos en sus
líneas esenciales . Tal vez sea ver dader o lo que afirma
y fal so lo que aparentemente parece deduci rse de ella.
En efecto, aparentemente parece deduci rse de esta his-
toria que los t ratados aristotélicos es tuvier on literal -
mente pe rd idos y que fueron absoluta mente descono-
21 I NTRODUCCi ÓN GENERAL ARISIÓtliLES
20
22 AR1STÓTELES I NTRODUCCIÓN GENERAL 23
cidos tanto dentro como fuera de la Escuela ar ísto t é-
lica. Esta conclusión no parece, sin embargo. razona-
ble. En primer lugar, resulta difí cil de admitir que en
el liceo no quedara ninguna copla de los t ratados aris-
tot élicos. En segundo lugar. e l catálogo de Diógencs
Laercio incluye algu nos de los tratados de l Cor pus. Este
catá logo se remonta hasta el s iglo II o 111 a. C. y en
cualquier caso es anteri or a la publicación de los tra-
tados en el siglo 1 a. C. A partir d"Ce stóS-datos hemos
de concluir que los tratados eran hasta cierto punto
conoci dos antes de su publicación por Andronico. Por
ot ra parte ( y esta circunstancia parece prestar apoyo a
la hist ori a de Estrabón). es un hecho que la inmensa
mayor ía de las referencias a Ar istóteles en el período
helenístico (antes de Andronico) recaen sobre sus di á-
logos y no sobre sus trata dos 11.
3. Memorandums y colecciones de materiales
A es te apartado pertenecen aque llas obras de Investí-
gación a gran escala que se empre ndieron en el Liceo
bajo el impulso y orientación de Ari stótel es y con la
colaboración de otros miembros de la escuela. La exis-
t encia de este t ipo de trabajos de investigación en equi-
po es una muestra no sólo de la amplitud de los int ereses
in tel ectuales de l Peri pato. sino también 'del surgimiento
de una nueva manera de entender la metodol ogía y la
investi gación científica.
Dent ro de este apartado habri an de incluirse dos tra-
baj os ya citados con ant eriori da d: 1) la Historia de los
animales y 2) las Constituc iones de los Estados griegos,
" Este conjunto de circunstancias ha dado lugar a la idea del
. Aristót eles perdidos, cuyo máximo exponente es segu ramen te
l . B IGNONE, L'AriSlotele perduto e la tormozione iiíosot íca di
Bplcuro, I-U, Florencia, 1936. Véase, además, la bibliog raf ía que
ofrecemos al fina l de esta Introducción.
trabajo éste de l cua l solamente se conserva la Constitu-
ción de Atenas, redactada por Ari stóteles mismo, Sa-
bemos también de una 3) Lista de los vencedores en los
juegos piticos, que fue preparada por Aristóteles en
colaboración con su sobr ino Calístenes, como atestigua
una inscripción de Del fos, así como de otra lista de
4) las Vic torias dionisiacas y 5) las Didascalias, rese-
ña de las representaciones teatrales de Atenas. En el
terreno de la investigación sociopolítica y etnológica
tenemos noticia de otros dos trabajos notables : 6) las
Costumbres bárbaras y 7) los Juici os de las ciudades.
Hay que citar igualmente los trein ta y ocho libros de
los 8) Problemas. en que se recogen 873 problemas, en
su mayor par te referentes a la medicina, Junto a esta
obra merecen de stacarse tamb ién los siete libros de
9) las Disecciones. Por último, y en el campo de la hi s-
tori a de las ciencias, en la escuela aristotélica se llevó
a cabo una intensa labor protagon izada especialmente
por Teofrasto con su historia de las doct rinas ñsícas.
Bude rno, que se ocupó de la hi st oria de la ari t mética y
la astronomía. y Menen. autor de una hi storia de la
medici na.
Hl. GgNESI S y ESTRUCTURA DEL PENSAMIEN TO
ARI STOTÉLICO
~
Una vez publicados por Andronico de Rodas. los t ra-
tados se convirtieron en el centro fundamental de aten-
ción para los estudiosos de la filosofía de Ari stóteles.
La lectura de los mismos se emprendió sobre la base
de dos supuestos f irmemente admitidos: en primer lu--
gar, que la fil osofia auténtica de Arist óteles se halla en
los t ratados y no en los di álogos: en segundo lugar,
que los tratados ofrecen un sistema fil osófico, es decir,
un conj unt o de doctrinas coherentes entre sí y capaz
l' A favor de esta int erpret ación puede aducírse, por ejemplo.
el pasaje de la Etica a Nicómaco (1l02a18-28) en que Aristóteles
hace referencia al est udio del alma contenido en el Eudemo.
Todo parece apuntar a que la distinci ón entre escritos exotéri-
cos y esotéricos se refiere al carácter más sencillo y menos téc-
nico de los primeros.
lO E. ZEu.J¡R (Di e Phi lasophie der Gríeohen, H, Leipzig, 1921)
no dio en aceptar la idea de una evolución en el pensamiento de
Aristóteles aun teniendo por auténticos ta nto los diálogos como
los trat ados. Más bien se inclinó por suponer que en el pensa-
podían revelarse a los no pertenecientes a ésta. En el
Liceo esta distinción pudo hacer referencia sencillamen-
t e a la mayor o menor dificultad y complej idad de la
exposición 19 o bi en, como lalgunos han sostenido, pudo
tener su ori gen en los dos ti pos de enseñanzas que se
impartían : enseñanzas programadas pa ra pri nci piantes,
para gentes no versadas en filosofía, y cursos avanza-
dos para al umnos situados ya en un determinado nivel
de conocimientos.
La explicación de las di screpanci as existentes entre
los di álogos y los tratados es mucho más sencilla, en
realidad. Los diálogos son escritos de juventud, pe rte-
necen (como más arriba señalábamos al referirnos al
Eudemo y al Protrépti co) a una época en que Ar ist óte-
les se hall aba aún totalmente identificado con los pun-
tos de vis ta del platonismo, mientras que los tratados
comenzaron a a partir de l abandono de l plato-
nismo por parte de Aris tóteles . Para aceptar esta ex-
plicación había, sin embargo , que abandonar uno de
los supuestos fundamentales a que aludíamos más arri-
ba: que la auténtica fil osofía de Ari st ót eles está en los
tratados y no en los diálogos. En efecto,' tanto los tra-
t ados como los diálogos ofrecen el pensamiento autén-
tico de Aristóteles , si bien reflejan éste en dos épocas
distintas .' Una vez admitido esto, parecía inevitable ad-
mit ir la evolución del pensamiento de Aristótel es 20.
24 ARI STÓTELES I f
.- ; -,
r - - " """ "'" -
de totalidad _de
cíert'O que dentr o del Corpus es posible encontrar af ir-
maciones discrepantes y di fícil mente conci liables entre
sí. Sin embargo , o bien se intentaba resolver est as in-
consistencias recur riendo a interpret aciones más o me-
nos rebuscada s de los textos o bien se minimizaban
senc illamente, siempre en aras de la coherencia general
del sist ema . Este método de compromiso y la minimi-
zaci ón de las inconsistencias podía aplicarse con mayor
o menor éxito al Corpus, pero resultaba imposib le apli-
carlo a las di screpancias exis te ntes ent re éste y los di á-
logos. En efecto , las dis crepancias doct rinales ent re am-
bos conjuntos de escri tos resultaban t an obvias y de
t al magnitud que todo intento de conciliación quedaba
descart ado desde el principio. Puesto quc la filosofía
auténtica de Ari stóteles se hallaba en los tratados, ca-
bían dos caminos de explicación: o bi en negar si mple-
mente la autenticidad de los diálogos (negación que ha
t enido lugar muy tardíamente, en el siglo XIX po r ob ra
dc V. ROSE, Arist óteles pseudep igraphus, Lelpzig, 1863)
o bien suponer que Aris t óteles ofr ecía en sus diálogos
las opiniones (falsas) de otros mientras que en los trata-
dos exponía las doctrinas (verdaderas) propias . Esta
última hipót esis alcanzó cierto éxito en la Ant igüedad 13
sobre la base de la di stinción entre los escritos exotéri-
cos (diálogos) y esotéricos (t ratados) de Ari stótel es. La
distinción se remonta ciertamente a Ari stót eles mismo,
quien se refiere a veces a los diál ogos denominándolos
«escritos exotéricos». Las con notaciones post artstot éli-
cas de esta distinción son , sin embargo, ajenas a Aris -
t óteles y al Peripat o: no se trata de una distinción en-
tre doctrinas verdaderas y falsas ni t ampoco entre las
doctrinas secretas de la Escuela y aquell as ot ras que
l ' Est a fue la solución defendida por Alejandro de Afrodi sia.
Cf. Budemo, fr . 3 de Walzer ( '" 39 Rose).
INTRODUCCIÓN GENERAL 25
26
ARISTóTELES I NTRODUCCI ÓN GENERAL
27
Admi ti da ésta cabía ir mucho más lej os aún. Cabía, en
primer lugar. utfllzar la idea de una evolución doctrinal
para explica r las di screpancias e inconsistencias. exis-
t ent es dentro del Corpus : ¿no se deberán estas meen-
s ístenc ías a que el Corpus re coge doctrinas perteneci en-
t es a di sti ntos momentos o estratos del pensamiento
ari stotélico? De este modo se venía a negar el segundo
de los supuestos tradicionales a que aludíamos más
a rriba: que el Corpus contiene un sistema filosófico
coherente a pesar de ciertas discor dancias de menor
cua ntía. Lejos de ser minimizadas, est as discordanci as
habían de ser subrayadas como un aspecto fundamenta l
del conj unto de los t ra t ados, como un fenómeno de pri-
mordial importancia. El punto de vista genético-evolu-
tivo podía. en fin, extenderse más aún, no solamente al
est udio y comparación de unos tratados con otros, sino
al análisis compara tivo de di stintos pa sajes dent ro de
cada tratado. Después de todo. ¿no explicó Ari stóteles
filos ofía en Assos mucho antes de hacerl o en Atenas?
Si esto es así. ¿no es 16gico suponer que tal vez los
di stintos tratados conte ngan rest os de cursos imparti-
dos en una época y en ot ra ? Este pl anteamiento lleva
a la negaci6n de ot ro supuesto en el cual descans aba
la interpretación tradi cional de Ari st óteles: que todos
los tratados del Corpus (y t oda s las partes de los mis-
mos) pertenecen ál periodo de la enseñanza ateniense
de Ari stóteles al frente del Liceo.
La negación siste má tica de todos los puestos tradicio-
nales de la interpretación de Arist ótel es, a l susti tuir
el punto de vista lógico-si stemá t ico por el genético-evo-
lutivo, ha sido llevada a cab o este siglo por W, JAEGER
(Studien 4ur Enstehungssgeschichte de r Metaphysik des
Arist oteles, Berlín, 1912, y Arist ot eles = Arist óteles, t rad.
miento ar ist otélico se produjo un cambio brusco, radical y no
gradual .
J . Gaos. México, 1947) 21. La interpretación ofrecida por
W. Jaeger cuenta en principio con dos po derosos puno
tos de apoyo no difícil es de es tablecer : en primer lugar,
que los primeros escritos de Ari st óteles re velan una
aceptación incondicional de la s doctri nas pla tóni cas ; en
segun do luga r, el diá logo Acerca de la Filosofía pone de
manifiesto el primer momento del ab andono del plato-
nismo por parte de Aristóteles. Cabe concluir, por tan-
to, que la evo lución intelectual de Aristóteles cons tit uyó
un proceso cont inuado de alejamiento del platonísmo:
tal evol ución tendría como término el momento de má-
ximo alejamiento del platonismo y se caracteri zarla por
una ded icación decidida a la ciencia, a la investigaci ón
científica, dejando a un lado la especulación me ta ñ-
sica y adopta ndo una acti tud filosóficament e empiris-
ta 22. De acuerdo con es te esquema evolutivo. W. J aeger
distinguió tres períodos en la obra a ristoté lica :
11 Tr as la aparición de la obra de W. Jaeger, T, CASE afirmó
ser él qui en pr imer o apuntó esta idea de una evoluci ón en el
pensamiento de Aris tóteles en su art iculo .,Aristotle_, Bncyclopee.
dia Britanniea, 2." ed ., Londres, 1911. Entre los precursores de
la teoría jaegeriana suele citarse también a A. COVOrrI, . Le due
metañsíche di Ari stotele_, RN. di Fil. e d'Lns, ctass., 24 (1896),
326-375.
'" W. Jaeger cita un pasaje del t ratado Acerca de las partes
de los animales (1, 5, 644b22 sigs,) corno muestra fehaciente y
explici ta de la act itud de .,agnos ticismo -metafisico_ y de preocu-
~ . c i , ó n exclusi va por el conocimiento empírico- posit ivo que, a su
JUlClO, caracteriza al Arist ót eles de es t e úl timo pe ríodo. El mo-
mento fundamental de este pasaje es, tal vez, aquel en que Aris-
tót eles contrapone el conocimiento de las sustancias vivient es
perecederas (animales y pl antas) al conocimiento de los objetos
de que ocupa la filosofía primera: ern és aún, su mayor cercanía
y afinidad natural (se, de animales y plantas) respecto de nos-
otros es en cier to modo una contrapart ida a su favor frente a
la ciencia que se ocupa deJos seres divinos _ (64Sal-4). G.R. G.Mu_
RE, Aristotle, Nueva Yor t.-oxfon! , t 964, 27(}.71, ha replicado c on
razón, a nuestro juicio, que lo que aqtil opone- Arisióteles al
estudi o de animales y plantas no es Ia filosofía primera, sino
28 ARI STÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL
29
1. Perí odo platónico. A este período cor re sponde rí an
los diálogos (excepto Acerca de la Filosofía' . así como
las partes más antiguas de la lógica {T ópicos, Re'[utacio-
ñes sotísticas y Categorias) y el lib ro I II de l t ra tado
Acerca del alma.
l . Período de transición. El punto de par ti da de la
t ransición ha de sit uarse en el d iálogo Acerca de-ia Fi-
íosotía. Según W. Jaeger, est e escrito venía a se r no so-
lamente una proclama de las nuevas ideas filosóficas
de Aristóteles, sino también un amplio programa de su
filosofía. Con la exposición y contenido de este diálogo
coinciden ampliamente algunas partes de la Met afísi ca,
que por ello cons idera W. Jaeger como las más anü-
guas: los li br os 1, I II Y I V; el capít ul o 1 del l. VI ; los
ce. 9-10 del 1. XI II Y el 1. XIV; en fin, el 1. XII en que
Arist óteles expone su teología concib iend o a Dios como
Motor Inmóvil del Uni ver so 23, a excepción del c. 8 en
que se introduce una pluralida d de motores últi mos
pa ra acomodar la teología aristotélica a las nuevas doc-
trinas ast ronómicas de Calipo. A esta Metafí sica an tigua
contrapone W. Jaeger una segunda Met afísica que sería
posterior y abarcada las siguientes pa rtes: los cc. z-e
del 1. VI; los li bros VII , VI II, I X Y X; los ce. 1·9 del
I. XI lI. Ambas metafísicas consti tuyen, a j uicio de W. Jae-
ger, dos cicl os separados e incompa tibles , ya que cada
uno de ellos se basa en una concepción distinta de la
met afísica.
el estudio de las sustancias eternas sens ibles, es decir, la as t ro-
nomí a. En el c. XII de este libro de Mure pue de el lector encon-
trar algunas interesant es criticas a la tesi s y argumentos de
W. Jaeger.
.. La doctrina de que exis te un Motor I nmóvil Pri mero es
retrotraída por W. Jaeger hast a el diálogo Acerca de la Filosofía.
e l. I r. 26 de Walzer ( = 26 de Rose). La interpretación del pasaj e
(un texto de Cicerón) nos par ece du dosa.
Al período de transición pertenecen también el tra-
tadoAcerca del Cielo, Acerca de la generación y la co-
rrupción, los seis pri meros li bros de la Políti ca (siendo
más antiguos los lib ros que se ocupan, al estilo de
Platón, de l Estado deal -es deci r, los li bros 11, II I,
VII Y VI II - y poster iores los rest antes) y otras partes
de las ob ras de lógica. - <
3. .Períodojínal. A es te período cor responderfan las
grandes obras -de inve sVgación ci entf ñce.] los dos pri-
meros libros de l tratado Acerca del alma yciertamente
el lib ro XII de la Metafisica/en que se introducen
múltiples Motores Primeros en buJca de un acuerdo con
las teor ías astronómicas de Ca lipo. (Este ca pítulo no
puede ser anterior al año 330 a. C.)
Jaeger ..brillante y en
algunos aspectos plenamente convlncent e S : Dada su
complej ida d de detall es, ñ o-úo's de él en su
totalidad, sino que nos limitare mos a ofrecer a lgunas
observaciones en relación con la Met afísica aristotélica.
Para la teoría genética de los est ra tos propuesta por
W. J aeger, la Me taf ísica constituye el tratado más im-
por tante por varias razones: en prime r lugar, porque
contiene un materi al más abundante que cualquier otro
,. El punto de vista genético evoluti vo ha sido cont inuado por
otros investi gadores con result ados desiguales. El más prestigioso
de los discípulos de W . Jacger es F . SOLMSEN, que ha estudiado
el probl ema en relación con las doct rinas lógicas y la retórica
en su libro Die Entwicklung der aristotelischen Logik: und Rhe-
toril, Berlín, 1929. La evolución de la psicología aristotéli ca ha -
sido estudiada por F. NuYENs. L'ivolution de la Psich% gie d' Arís-
tot e, Lovalna, 1948, si bien sus r esul tados difi eren de los de
W. Jaeger en cuanto a las obras e intereses Intelectuales de
Aristóteles en el segundo y tercer periodo de su vida. En reta-
ción con este problema de la evolución y la cronología de las
obras de Ari st óteles es Importante la aportación de l . D(lRING
en su obra ya citada anteriormente. Más bibliografía al respect o
puede el lector encontrar en nues tra bibliogr afía general.
30 ARISTÓTELES
I NTRODUCCIÓN GENERAL
31
t ra tado para la contrastacíon del pensamiento de Ari s-
tóteles con las tesis de l platonismo; en segundo lugar.
porque su contenido puede compararse más que el de
ningún otro t ratado con el diálogo Acerca de la Filoso-
[ía; en t ercer lugar , po rque es el escrit o arist otélico que
contiene aparentemente más inconsistencia s inte rnas;
por último, porque en é!-bay. algunos
titulan sin duda, traúldos autó nomos.
- lit 1iíti mo punto qUéa cabamos de se ñalar es un áni-
memente ad mitido por los es tu diosos. Cuatro de sus
libros, al menos, no parecen guardar relación con el
plan genera l de la obra. El 1. V es algo as í como un
di ccionar io en que se explican los distintos sentidos
usuales de una serie de términos filos óficos El 1. XII
es un a exposición densa concisa de todo un sistema
filosófico que culmina en ' Dios como actualidad, forma
sin materia. pensarmen o' puro y Motor I nmóvil, foco
últ imo de la t eleología universal. El l. 11 (alpha minar)
contiene consideraciones generales sobre la ciencia. El
li bro XI, en fin, no contiene sino recapitulaciones o
ext ractos de otra s par tes de la Met af ísica y de la Física.
Estos li bros (11, V, XI Y XII ) fueron añadidos segura-
con posterioridad al cu er po de la Metaf!.sica.
El problema se plantea con los diez libros rest ant es .
En ellos distingue W. Jaeger dos estratos. el corres-
pondiente a la Metafísica antigua o primit iva y el de
la Metaf ísica poster ior. Los argumentos fundamentales
en que se apoya W. Jaeger son dos: de un lado, el
uso del plural «nosotros » (wir-Form) en algunas partes
de la Metaf ísica (1. 1, 11 y XI II, 9·10), señal inequívoca
de que en el momento de escribirlos Ari st ótel es se con-
sideraba aún miembro del círculo platónico (y por tan-
JI Es probable que este libro quinto de la Maaffsial no sea
otro que el escrito nú m. 36 de la lis ta de DIÓGaaS Lwta:o, De lo
que se dice en muchos sentidos,
ro, señal de que esas partes son más an tiguas), y en
segundo lugar, la presencia en cada uno de esos blo-
ques de libros de una concepción di stinta de la meta-
f ísica, de la f ilosofía primera. Así , en las partes más
antiguas de la Metafísica, Aristóteles asigna como obje-
to a la filosofía prímera, eLes tudio de las entidades in-
materiales, "C/ b io; como entidad Inmau......
cia r suprema) : se trata de una concepción platónica
de la ciencia suprema que viene a identificarse con la
Teología. En el segundo bloque de los libros corres-
pondientes a Ia Metafísica posterior, la filosofía pri-
mera deja de tener como obj eto las entidades supra.
sensibles . inmateriales y pas a a definirse como ciencia
que est udia el ente en tanto que ente, como est ud io
de lo real en sus rasgos comunes y más generales. En
terminología posteriormente acuñada, la Filosofía Pri-
mera deja de ser Teología (Metafísica especial) para
convertirs e en Ontol ogía (Metafísica general).
Esta interpretaci ón dualis ta de la Metafísica de Ari s-
tóteles ofrecida por W. Jaeger ha obligado a todos los
es tudiosos de nuestro siglo a plantears e el problema
del paso del estudio de las entidades inmateriaJes (Teo-
logía) al estudio del ente en genera l (Ontología) o vice-
versa. Por supuesto, es te - o viceversa. que aca bamos
de escribir no tiene sentido alguno para W. Jaeger que,
como hemos señalado, sostiene inquebrantablement e
que la Teología es a nterior, que el 1. XH de la Metai ísi-
c? (en que se la Teología) es antiguo, a excep-
cí én del c. 8 del mi smo. Supuesta la cronología reciente
de este capítulo (como consecuencia de su referencia a
las teorías as tronómicas del Calipo), la afirmación de
que el resto del libro es más antiguo se hace descan sar
sobre el supuesto de qu e la doctrina contenida en el
c. 8 (multiplicidad de Motores Inmóviles) es íncompan,
ble con la afirmación de un Motor Inmóvil contenida en
el res to del libro. Ahora bien , est a incompatibilidad
32
ARISTÓTELES I NTRODUCCI ÓN GENERAL 33
está lejos de ser evidente. En primer lugar, la adición
misma de este capít ulo (suponiendo que fuera añadido
con posterioridad) muestra un claro intento de armo-
nizar la doctrina del Motor Inmóvil con la de los mulo
t iples mo tores de las dis t intas es feras celestes. Tal in-
tento de armo nización parece proba r que la doctri na
t eológica se mantenía vigente para Aristó tel es (supo-
niendo que fuera éste quien añadió posterior mente el
c. 8) o bi en para los per ipatét icos post eriores, si es qu e
se prefiere sup oner que no fue Aristóteles mismo qui en
lo aña dió ». Por ot ra parte, el es tudio de la problemá-
t ica relati va al J. XII de la Metaf ísica ha abier to paso a
la op inión de que este libro const ituye un todo y por
tanto, que todo él per tenece a una época verdadera-
mente tardía ". De ser así, no habrfa más remedio que
excluir una t esis fundamental de W. Jaeger, la de que
Ari stóteles abandonó todo interés por la metafísica en
el último perí odo de su vida.
El problema puede -debe- ser atacado además des-
de ot ra pers pectiva , desde el punto de vista de la se-
cucncia l ógica y no meramente cronol ógica. ¿Las dos
concepciones de la met afísica son lógicamente incom-
pati bles? ¿Exist e una secuenci a lógica ent re el estudio
del ent e en general y el estudio de Dios, ent idad pri-
.. La acti tud de disección anaUt ica respecto del 1. XII de la
Metafísica ha llegado a limites ya desorbitados en la reciente
obra de L. ElDERS, Aristorl e's Tluology. A CQmmentary on book
A 01 the Metaphysics, Assen, 1972. El l . XII cons tituye, a j uicio
de Elders un agregedo de al menos seis tratados o ensayos di fe-
rentes (pág. 56). En cuanto al c. 8 en Que se expone la doctrina
de los 55 (ó 47) motores , L. Elders deñende que no es obra de
Aris tót eles s ino de algún disclpulo o disdpulos (en plural; ¿por
qué vari os?) Que cecha(n) roano con ciert a libertad de materi ales
procedentes de otros escritos ari sto télicos. (pág. 68).
n Cf., por ejemplo, W. C. K. GUTKlIIE, e'I'he development c t
Aristotle's Theclogye, cuu. Quart., 27 (1933), 162-171.
mera? 21. En es te punto no tenemos más remedi o que
oponernos a la opinión de W. Jaeger. En el 1. VI. c. 1,
tras exponer la división tripartita de las ciencias en
Met afísica, Matemát icas y Fí sica, se di ce: <por tanto,
si exis te a lguna entidad inmóvil, ést a será la primera
y cons tituirá el obj et o de la Filosofía Pri mera que será
universal en tanto que primera. A ella corresponderá,
pues, investigar ac erca de! ente en tanto que ente.
(1026 a 29-31). En es te t exto no se t raslu ce ruptura algu-
na ent re ambas concepciones de la Filosofía Pri mera,
sino, al contrario, una ri gurosa conexión lógica entre
ambos aspect os de la misma. Ninguna inter pretació n
dualista de la Met af L..ica aristotélica ha sido ni será
capaz de dar cuenta de este text o fun dament al 211.
El punto que nos parece más di scutible de la int er-
pretaci ón de W. Jaeger es , pues, su afirmación de que
Aristóteles abandonó su interés por la metafísica di -
• El problema de la unidad inter na de la Metafísica ari stoté-
lica ha sido ampliamente debat ido ':J se ha llegado a las interpre-
taciones má s dispares. Una defensa impor tan te de la unidad de
la Metafls ica se encuentra en G. REAI.B, 1t concetto di t i/osafia
prima e l'unitd della metaiisica di Aristot ele. Milán, 1961, donde
puede encont r arse además una exposición de las post uras más
Importantes ante el problema (pág. 151 slgs.). Cf., t ambi én,
J . OWBNS. The doctrine ot Being in the aristotelian Metaphysk s,
Toronlo, 1952. La un idad de la Met aHsica ha sido reivindicada
además desde una interp retación peculi ar de la expres ión aris-
totélica cent e en tanto Que ente. (ón h8i ónJ según la cual est e
ex presión se referirla a Dios, el ente por si. Cf. PIl. MERLAN,
_ón hli ón und prtJrl ousla: Pos tskri pt zu einer Besprechung».
Phllosophische ~ r u t ~ h a u , 7 (1959), 148-55. A est a interpretaci6n
se acerca J . Owens.
• Existe otro detal le de suma impor tancia en el 1. IV de la
Metafisica Que aboga claramente en favor de la unidad de la mis-
ma: por t res veces al menos (lOO9a36, 10103.32 ':J IOI2b30) se remi-
te Ari st6teles a Dios , ente pri mero, en la discus ión del pr incipio
de nc-ccn tradíccién, obj eto de estudio de la Ontología. El estudio
del princi pio Iégl co-ontol égtco supremo resulta vinculado ':J refe-
rido al Ente objeto de la Teología como a su lugar más propio.
14. - 3
34 ARI STÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL 35
ri giéndolo a la investi gación empír ico-científica con ex-
cl usividad en el último periodo de su actividad inte-
lectual JO, Apl icado a la evolución intelectual de Ar is-
tóteles , el esquema «pla ton ísmo/antfptatoní smc» se
transforma en W. Jaeger en el esquema ..actit ud meta-
físi ca/actitud antimetafísica ». Sobre este punto hemos
de ser cautos, sin embargo. El rechazo de ciertas tesis
fundamentales del pl atoni smo (como la t eoría de las
I deas) no implica necesar iamente pérdida de interés
por la metafís ica (ni implica tampoco siquiera un aban-
dono radical de la interpret ación pla tónica de la reali -
dad) JI , Ot ro aspecto de la investigación de W. Jaeger
sob re el que no hay más remed io que adoptar una
actit ud cautelosa es el de las implicaciones de su me-
todología. La metodología de W. Jaeger obliga, en efec-
:>1 Esta afi rmación de W. Jac gcr posee, obviamente, las dos
siguientes implicaciones: a) que el interés por la investigación
cícnttñco- pos iríva comienza en el últ imo período de la activi dad
Intelect ual de Aristóteles y b ) que el interés por la Teol ogía y
la Metafí sica desaparece en es te mismo pen ado. Ambas impll-
caclones han sido SÓlidament e cri ticadas. La pri mera ya lo fue
por H. P. D. In! en su articulo éPlace-names and tbe dat e of
Arist ot1e's biological worke», Clas$. Qlla,-t., 41(1948), 61-7. (Cf., tam-
bién, la díscusíén por M. GRENE en su obra A port raít 01 Aris·
t ode, Londres , 1963, 13-34). Respec t o de la segunda tesis, mAs
arriba hemos señal ado la pert enenc ia del 1. XII de la Meta fls ica
a una época realmente ta rdía,
h Las últimas décadas de invest igaci ón han puesto cada vez
más de manifiesto los puntos de coincidencia y continuidad en-
tre b. filosofta aris tot élica y el pla tonismo a pesar del enfre nta-
miento de Ari stÓteles con su maest ro. De entre todos estos pun-
t os merece n des tacarse dos re lacionados con el tema de las
I deas y del al ma, respect ivament e: a) a pesar de rec hazar la
t eoría de las Ideas, Ari st ót eles mantuvo la exist encia de ent fda-
des inmateriales y se esfonó de con tinuo por justificarla y con-
cept uali zarla adecuadamente; b) a pesar de su enfrentamiento con
la doctri na platónica del alma, Ari stóteles mantuvo la ínmcrta-
ll dad del Ent endimient o (Intelecto, noÚ$), como más adelante
expondremos. Su actitud bás ica continuó siendo, pues, profun-
damente platónica.
to, a fragmentar si stemáticamente los escr itos aristo-
télicos admitiendo añadidos, interpolaciones y retoques
sin fi n. Como norma, todo pasaje que no encaja en el
marco gene ral propuesto ha de ser considerado o bien
como algo añadido posteriormente para salvar al guna
incoherencia doct ri na l o bien como residuo de una eta-
pa anteri or , residuo que - no sabemos cómo- no fue
eliminado en su momento.
Las dos linea s básicas de la interpretación de W. Jae-
ger (el esquema «pl atoní smo/anüpl atonísmo» como mar-
co general y la admisión de la presencia a gran escala
de retoques y reelaboraciones en la obra ar istotélica)
apar ecen llevadas hasta el extremo en la invest igación
de J. Zürcher, el est udio más revolu cionario y rad ical
del Corpus Arist otelicum 32. Más arriba señalábamos
cómo las di scordancias entre los tratados y los di álo-
ga s ha bían llevado incl us o a negar la autenticidad de
ést os. El camino emprendido por J . Zürc her es el in-
verso: la verdaderamente ari st otélico son los di álogos,
Aristó teles permaneci ó siempre estrechament e platóni-
co. Esta a fi r mación lleva consigo las siguient es implica-
ciones: en primer lugar, que Ari st óteles no evol ucíono
personalmente en la forma propuest a por la teor ía ge-
nético-evolutiva ; en segundo lugar , que la evolución que
se observa en el aristot elis mo y que va desde el pla to-
nismo hasta posiciones realistas y empiri stas no tuvo
como protagonista a Ar istót eles, sino a la escuela aris-
totélica; por último, que la mayor p..arte del Cor pus
no puede. en consecuencia , ser considerad a como obra
de Aristótel es, sino de su sucesor, Teofra sto. Solamente
pertenecerían a Aristóteles aquellas partes de los tra-
tados que muestran posiciones de carácter platónico.
El resto es obra de Teofrasto qu e en unos casos ret ocó
los textos y en otros los redactó total mente. La ar gu-
n J. ZURCHI!R, Aristot eles' Werk und Geíst, Paderborn, 1952.
36 ARISTóTELES I NTRODUCCi ÓN GENERAL 37
mentación de J . Zürche r se a poya fundamental mente
en que las diferencias (no sólo de contenido, si no tamo
bién de estilo) ent re los escritos exotéricos y esotér icos
no se justifican con una mera evolución de Arist óteles,
sino que su justi ficación caba l exige qu e procedan de
autores distintos; que en el Corpus existen elementos
que solamente pudieron int roduci rse con posterioridad
a Ari st óteles (element os de or igen es toico y epicúreo,
sobre todo); en fin. que la tarea de interpolación . reela-
borad ón , etc., debi ó extenderse durante un dila tado lap-
so de ti empo, como mu estra el análisis estilístico de
los esc rit os (predominio de unas conjunciones ti ot ras) lJ.
A pesar de su cohe rencia y verosimilitud a pare ntes,
la tesis de J. Zürc he r se basa en argume ntos cuya so-
lidez es discu ti ble. Sin exclui r en ningún caso la posi-
bilidad de que existan ciertas interpolaciones en el Cor-
pus, la coincidenci a de alguna s doctrinas presentes en
él con otras de cuño es toico o escéptico puede expli-
" J. Zürcher distingue t res períodos en la composición del
Corpus Aristot elícwn: antes del año 315 a. e., años 315·308 a. e. y
años 308·290 a. e. Las distint as obras del Corpus y sus par tes
Quedan da tadas del siguiente modo:
a) Primer periodo: Acerca del cielo; Acerca de la generaci6n
y la corr upci én. 1-11; Acerca de la generación de los animales,
1-11: Ffsica, I-I V, VI-VI II; Met eorología, 1: Acerca del Alma;
AcerCll del sentido y lo sensible; Meta/isica, I (ce. 1-8), n , I1I ,
VII , IX Ice. 1-4), X, XII, XlII, XIV; a Eudemo, n y VII;
l?tica a N íc ámaco, VI: Gran moral, 1; PoIft ica, H. 111, VII ; Ana-
Uticos, 111 y IV.
b) Segundo período: Meteoro/agio, 11; Acerca de la generación
de los animales, 111 y IV; Historia de los animales, V·VII; Acer·
ca de la respiración; Meta/lsica (el resto del libr o 1); l?t ica a
Nicómaco, 111 y IV; Gran moral, 11; Polflica, IV y VI II ; Anal/li-
cos, 1; MeteorologÚJ, 11.
e) Tercer periodo: Acerca de la generación de los animales, V;
Historia de los animales, I-I V, VID- X; Acerca de las partes de
los animales; Física, V; Meteorologfa, III y IV; Metaffsica, VI-IX;
l?tica a Nicómaco (el resto); Pofil ica. 1, V. VI; Poét ica; Re-
tórica.
carse en for ma inversa a la propuesta por J. z ürcber,
como infl uencias del a ri stote lismo sobre estas escue-
las o bien como deri vacione s comune s a parti r de doc-
trinas de origen socrát ico. En cuanto al ar gumento es.
tilís tico ba sado en el predomini o de unas expresiones
sobre otras, su valor probatorio está lejos de alcanza r
las conclusiones que pretenden der ivarse de él 14.
I V. L A FILOSOFíA DE ARi STóTELES
Toda expos ición post-jaegericna del pensamiento de
Ar istó teles ha de ser cautelosa y ha de renunciar en
ci erta med ida a presentar lo como un cuerpo monolí tico
de doctri nas or ganizadas en un sis tema perfectamente
coherente. La invest igaci ón contemporánea ha dejado,
a nues tr o j uicio, suficientemente sent ados los siguien-
tes hechos: que Aristóteles evolucionó efectivamente 1
la aceptación incondicional i!:! plat onismo hacia I
un sistema de ideas pec uliar y_propio; que n o largo I
intelectual cont inuó ini nt e-
rrumpida mente r evi sando sus propias ideas y teorí as ;
que no todos los tratados (ni, a veces. todas las par tes
de ca da t rat ado tal como hoy los tenemos) fueron es-
crit os en la mi sma época; que en el conjunto de la obra
ar istotélica exi sten, en fi n, di screpancias doctri nales. I
Todo esto no exige, sin embargo , que renunci emos a
exponer el pens amiento de Ari st óteles. Una dc la s ca-
racterísticas más propias y sobresalientes de Aris tóte·
les es su stste mat ícídad. el intento siempre presente en
sus obras de lograr un sis tema coherente a pesar de
Jo La teoría de J. Zürcher ha sido unánimemente contestada
y muy probabl emente no pasará de ser considerada en el futuro
como un episodio tan desorbitado como pasajero en la histori a
de la investigación sobre Aristóteles.
38 ARIS TÓTELES GENERAL 39
las sucesivas revisiones a que, s in dud a, iba sometiendo
sus propias ideas.
1. Clasificación de l as ciencias
f
Ari st ótel es recibió del platonismo tanto la noción y
ca ra cteríst ícas del conocimient o cientí fico como los cr t-
terios de cl asificación -e, incl uso, la cla sificación mis-
ma- de las distintas ciencias . El conocimien to cienti-
ñco. la cienci a, posee unos r asgos específicos que la
di stinguen de otras formas infer iores de conocimiento
como la mera opi nión, la conj etura o el conoci miento
sensible. La ciencia es conocimiento de lo real y no
meramente de las a par iencia s . Es. además. un conocl-
miento necesari o y universal cuyo contenido es inmu-
t abl e. Corno conocimiento autént ico de lo real , la cien-
cia ha- de la s cosas, es decir, ha de
conocer e s y no meramente las determinacio-
nes accídénta tes. os rasgos inesenciales de lo real. Por
último, el conocimiento cieñnhco es-causal, es un sa-
ber por ca usas: no basta con saber que algo sucede o
es de cierto modo, sino que ha de alcanzarse a expli-
car por qué es o sucede preci samente de t al mo do. To-
da s estas ca racterís ti ca s del saber cientí fico fueron las
que empuj aron a Platón (de acuerdo con la interpre ta-
ción tradi cional de su fil osofía ) a afirmar la existencia
de un mundo de realidades (Ideas, Esencias) inmuta-
bles, necesarias y universa les : puesto que la cie ncia
posee los carac teres descritos, también su o bj eto ha de
poseerlos. Las Ideas o Forma s universal es son además
lo auténticamente real, las esencias de todo lo exis te n-
te; ya qu e todo lo que exi ste, existe en tanto qu e imita
tales esencias o parti cipa de e llas. Por ello Platón con-
sideraba también que las Ideas o For mas ' son- causa.
E1conocimientoeientífico versa, pues, sobre el mundo
de--las Idea s transcendentes. Del mundo físico -como
puesto por seres mutables y perecederos y, por tanto,
menos reillcs..::rw-cabe ciencia en sentido es tr icto, sino
un-conoci miento de rango inferi or, lláme se op inión o
conjetura , o creencia. Ar istóteles ret "Uvo --esta
ción de la ciencia, si bien -como es sabido y hemos
repetido ampliamente en las páginas precedentes-
chazó la doc trina de las Ideas, la existencia de un mun-
do transcendente de Formas que siendo t ranscenden-
tes y de lo sens ible, habían de cons t ituir la
ver dadera esencia de las realidades sens ibles . De este
modo Aristóteles se vio en una doble necesidad: en
primer lugar, hubo de buscar en el mun do físico_las
esencias universales y péITIlanentes qu e garantizaran los
..- rasgos o ¡ent rico y I J
las halló en"1á\ f spl!Sls n/turales que "pe an ecen a
pesar de la ca duci dad de los miembros indi viduales
de cada una de ellas; en segundo lugar, hubo de re-
plantearse el problema de las causas dando con ello lu-
gar a uno de los aspectos más interesantes y ori gina-
les de su filosofía.
Junto con los rasgos caracterfsticos de l saber cien-
tífico , Aristóteles retuvo -pecando con ello de incon-
sistencia- el criter io platónico de clasificación y je-
rarquización de las ciencias: una ci encia será más ex-
celsa y más r igu rosamente cie'}l..(fLca en la medida en
que su objeto sea tmás real, /más \ inmutable y nece--
sario. De ahí que las Cie"'ncias tcd'fifticas sean más «ci en-
tíficas » que las ciencias prácticas (la ética, por ejem-
plo), ya que el objeto de és tas (en el caso de la ética,
la conducta humana) posee un grado de contingencia
mayor. A su vez, entre las cienci as teor étícas. la ci en-
cia suprema será aquella cuyo objeto sea máxima men-
te real y máximamente inmutable: puesto que la real i-
da d suprema} e inmutable es Dios, la Teología ha de
ser por fuerza la ciencia suprema . Esta es la ori enta-
ción general que sigue Aris tóteles en su clasificación
40 ARISTÓTELES I NTRODUCCI Ó:-¡ GENERAL
ciencias al dividirlas, en primer lugar , _en d en-
cias teor étícas (cuyo fin exclusivo es la cont emplación),
ciencias pr ácticas (cuyo fin es la acción) y ciencias pro-
ducti vas (cuyo fin es la producción de obj et os y que,
po r tanto, abarcan tanto lo que hoy denominamos «be-
lIas ar tes» como lo que hoy denomi narí amos - técni ca»).
Las ciencias teoréticas se dividen, a su vez, de acuerdo
con la natural eza de sus objetos. de menor a mayor
rango, en: Física, que tiene por objeto aquellas reali-
dades qu e poseen existencia sepa rada no siendo inmu-
tables; Matemdticas. cuyos objetos son inmutables pero
carecen reexistencia separada . ylTeo[ogía:¡ Filosof ía
primera, cuyo obj eto (las realida es inmateriales y la
suprema de és tas. Dios) po see ambos rasgos , inmutabí-
lida d y existencia separada D.
... Esta cl21fica6ón""1teIas ciencias t eor ét ícas plantea
ciertos problemas. El más importante de todos ellos es
la incoherencia que muestra en sí misma y en relación
con el pensami ento ar istoté lico. En ef ecto, es ta clasifi-
cación t rimembre basada en la jerarquía ontológica de
los objetos de ca da una de la s ciencias solamente co-
bra pl eno sentido dentro de una concepción platóni ca
de la realidad que admita la existenci a real de los obje-
tos ma temáticos 36. Ade más, se observa que en ella no
IS Esta es la clasificaci ón de las ciencias usualmente ofr ecida
en el Corpus aunque presente a veces vari aci ones
en su rormulación que son, sin duda, important es (por ejemplo,
la susti tución de la lema: Físic:a-Matemát icas-Mel afísica por es ta
ot ra de: Fisica-Astronomla·Metaflsica. Cf., más abajo, n, ]7). Una
clasificación de car áct er completamente dis ti nto aparece insinua-
da en Tópicos, 1, 14, I05b19 al divi dir se las proposicion es y las
clases de problemas en éticas, físicas y lógi cas . Tal división se
acerca a la división de la filosofí a us ual en el per íodo hele-
nístico.
-" La clasificación de las cienci a, teor ét íces en Metafí sica,
Matemáticas y Física aparece en Met., VI , 1 Y XI, 7, en Física,
II , 2, Yen Etica a Nic., VI, 9. Si el cr iter io clasificatorio en que
hay lugar def inido ni para la Ontología (o Met af ísica
general) que se ocupa del ente en t anto que ente ni
tampoco pa ra la lógica . La ausencia de la Ont ol ogía
como disciplina autónoma es un dato más del pr oble-
ma de las relaciones entre Ontología y Teol ogía , proble-
ma a que nos hemos referido más arriba al discu tir
las tesis de W. Jaeger. En cuanto a la ausencia de la
lógica, ta l vez se just ifique en el carácter instru mental
de la misma que hace que se la conside re como adqui-
sición previa a todas y ca da una de las restan tes cien.
cías ".
2. Lógica
Los aspectos más sobresalientes de la lógica de Ari s-
tóteles son su doct rina de las categorías, su t rata mien-
lo de los enunciados o proposiciones (con el estudio
de las re laciones lógicas de contrariedad y contradicción
se basa es el de la naturaleza de sus objetos respect ivos. pa-
r ece efectivamente presuponer la exis tencia real de los entes
matemát icos y por tant o, no encaj a en la doctrina genuinamente
aris totélica. Sto. Tomás de Aquino intentó solucionar el prcbje.
ma suponiendo que el criterio clasi fica torio no es el status onr c-
lógico de los obj et os de cada una de es tas ciencias, sino la forma
de conocimiento pro pia de cada una de ellas. Interp retando erro-
nea mente, a nuest ro j uicio, a Aris tóteles, dio con ello lugar a la
teoría célebre de los t res grados de abstracción.
En Flsica, 11, 7, Y en Met_. XII , I. nos encontramos con una
variación notable en la clasificación de las ciencias teorérícas.
En ella se pro ponen: la Metafísica que se ocupa de lo ímperece-
dero e inmóvil, la Astronomía que estudia lo imperecedero pero
móvil y la Flsica , ciencia que estudia Io que es perecedero y móvil.
Averroes se sirvió de esta cl asificación para eludir las dificult a.
des que presenta Jo ot r a. (Sobre todo este asun to, d . PII. MER.
U N, From Platonism t o Neoplatonism, La Haya, 195] .)
" Aunque él mi smo no denomina Organon, Inst rument o, a la
lógica, es ta denominación es perfectamente acor de con la forma
en que Ar ist óteles entiende su lugar y papel respecto de las cien.
d as . Cf. Metaflsica, VI, 1, 1025b7·12.
42
ARISTÓtELES I NTRODUCCIÓN GENERAL 43
entre las mismas) y su teoría del silogismo. Estos t res
capítulos de la investigación lógi ca de Ar istóteles se
hallan relacionados entre sí ya que los razonamientos
silogísticos se construyen a partir de proposiciones y
éstas se componen, a su vez, de términos . El progreso
moderno de la lógica ha puesto de manifiesto las insu-
ficiencias y limitaciones del sistema lógico aristotélico.
Sin embargo. este sis tema (con a lgunas adiciones prove-
nientes de l estoicismo y algunos desarrollos complemen-
t ari os llevados a cabo en la Edad Media) ha constituido
el núcleo de los estudios lógicos hasta época bien re-
ciente.
El punto de partida del análisis lógico llevado a cabo
por Aristóteles se halla en la doctrina de las categorías.
En Categorías 2, la16 se comienzan distinguiendo dos
tipos de expresiones lingüísticas: simples o no combina-
das y complej as. Las expres iones simples (ehombr-e»,
«corre») son los términos o palabras de cuya combina-
ción resultan las proposiciones o expresiones complejas
( eun hombre corre»). Los términos son clasificados más
adelante en diez grupos o géneros de acuerdo con su
significado: t odo t ér mino, en efecto, se utiliza o bien
para significar y designar una entidad (sustanci a; ou{óía)_
o bien para expresar aspectos o mo dificaciones de la
realidad tales como cantidad, cualidad, relaciones, lu- _
gar y tiempo, posición en'"-que algo se halla, 'estado en
que algü-s"e encuentra, acción y pasión 38. Mucho se ha
" Los ej emplos utilizados por Aristóteles al exponer el cuadro
de las categorías permiten acerse una idea de a qué se r efier e
cada una de ellas: «cada una de las expresiones simples signi fica
o bien la entidad °bi en te cantidad, la cualidad, la relación,
dónde cuándo la posición, el estado, la acción o la pasión. Bre-
vemen'te, es , por ejemplo, «hombre», «caballo»; cantidad,
por ejemplo, «de dos codos», "de tres codos»; cualidad, por ejem-
plo, «blanco», «experto en gr amática»; relación, por
«doble que», «la mitad que», «mayor que»; dónde, por ejemplo,
«en el Liceo», «en el ágora»; cuándo, por ejemplo, «ayer», «el
discutido acerca de este cuadro categorial, si se trata
de una clasificación que se refiere exclusivamente al
lenguaje ( y si es así, cuáles son los criterios utiliz ados
para la misma) o si al contrario, pretende ser una cla-
sificación de las realidades extralingüíst icas. Se trata,
sin duda, de una clasificación que Aris tóteles considera
válida para el lengua je y pa ra la realidad. Más adelante
tendremos ocasión de señalar el papel central que el
cuadro de la s categorías adquiere en la Ontología arís-
tot éllca como expresión sistemática no sólo de la uni-
dad de los significados de «ente», sino también de la
unidad de lo real.
Lo más impor t ante de esta clasificación - t anto des -
de el punto de vista de la Ontología como desde el
punto de vista de la Lógica- es la primacía que se
concede a la entidad o sus tancia sobre el resto de las
categorías 39. En la lógica aristotélica el término ousía
(ent idad, sustancia) significa t ant o las realidades indi-
viduales, los individuos (Sócrates, este perro concreto)
como el con junto de predicados o propiedades que de-
finen esencialmente a los individuos (hombre, perro,
animal : es decir , los géneros y especies). La primacía,
sin embargo , corresponde a los individuos a los que
Aristóteles denomina enti dades mientras
que los géneros__y sustan-
cias o entidades «segundas». El pilar fundamental so-
bre el torno al cual se articula el
lenguaje (y lo real) son las entidades o sustancias. Este
año pasado»; posición, por ejemplo, «está sentado», «está tum-
badc-: estado, por ejemplo, «está armado», «está calzado»; acción,
por ejemplo, «cortar», «quemar»; pasión, por ejempl o, «ser coro
tado», «ser quemado». Por si mismo, ninguno de estos términos
expresa af irmación alguna: la afirmación se origina con la com-
binación pe ellas entre si» (Cat., 4. l b25 sigs. ).
" Más sobre la teoría aristotélica de la entidad (ousfa ) puede
ver se la I ntroducción al tratado Acerca del alma en es te mismo
volumen.
ARIS TÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL 4S
')
punto de vista condiciona todo el desarrollo ulterior de
la lógica aristoté lica por lo que se refiere a la t eoría
de las proposicion es y el silogts mow, Por un a par te, la
pri ma cía de la sus tancia o ent idad hará que el modelo
bás ico y fundame nta l de proposición sea el que exhibe
la est ructura de sujeto-predica do (A es B). Todo otro
tipo de proposición po drá ( y habrá de) ser reínterp re-
tada y refor mulada en un a proposición de tal estru c-
tura. Por ot ra par te, tan to los individuos pertenecíen-
tes a los di stintos géne ros y especies (Sócrates, Pla-
tón, e tc.) como los géneros y especies a que aquéllos
per tenecen (anima l. hombre) quedan encuadra dos en
la mi sma categoría, en la ca t egoría fundamental de
enti dad (ousia): es ta categoría viene así a deli mitar un
conj unto de proposiciones a través de las cuales es po-
sible expresar las re laciones esenciales en tre predica-
dos e individuo (.los hombres son animales », eSócra-
tes es hombre•••Sócrates es ani mal s}, proposiciones
que, a su vez, const ituyen el material sobre el que in-
cidirá pri mordial men te la teorí a ari stotélica del sí-
logismo.
,. 3. Teorías t ísicas
a) El movimient o.-EI obj eto especí fico de la física
aristoté lica es el movimi ento o, más exactamente, aque-
lIas realidad es , sustancias que -como señala la clasi-
ficación tripartit a de las cie ncias teor étícas-c- son mu-
tables, están some tidas, cambia n jsean éstos
de la índole que fueren . 'G" realidad del o
cambio, la existe ncia de sere s mutables, es un dat o in-
mediato de experiencia y, como tal, no parece necesa-
ria su j ustificación . Esto había n pensado los primeros
lO ct . W. y M , K NEALE, The deveJopment ot Logic = El desarro-
llo de la lógica [trad. 1 . M I,J"GUERZA] , Madrid, 1972, 29·30.
filósofos griegos hasta que Parménides puso en entre-
dicho la posibilid ad misma de todo cambio o rnovi -
miento. Partiendo dc la cont ra dic ción ent re ..se r" y
ene-se r » y est ableciendo el axioma de que . 10 que es, v 'y.
no puede no ser , y lo que no es, no puede se r ", Pa nnéni_J\.
des señalaba la contr adicció n inhere nte al concepto mi s--
mo de cambio o movimiento: el cambio real implica ría
o bien que lo que no es llegue a ser (con tra la segunda
pa rt e de aXi oma o len que lo que es deje de ser (con-
Ira la primera parte del axioma ). En ambos casos la
contradic ción parece inevi table y del ra zonamiento de
Par ménides cabía concluir que el movi mien to, el cam-
bio (la na tural eza, en suma), no son a lgo real, sino..YQ,a
mera ilusión o ap ari encia: la verda dera rea lidad es in-
' mutable. inengendrada e imperecedera.
A partir de Parméni des y hasta Ari stóteles, todos los
filósofos griegos hubieron de enfrentarse con la tesi s
de aquél y lo hicieron con más o menos éxito y fortuna.
También Aristóteles hubo de enfrentarse con ella 41. Del
planteamiento mismo de Pa rméni des y de las crí t icas
de Platón a las soluciones propuesta s por los plura lis-
tas perecían deduci rse dos afirmaciones fundamenta.
les: en primer lugar, que solamente es po-
sible sobre la ba se de algo que pe rmanezca y no ca m-
bie; en segundo lugar , que el ca mbio o movimiento
t iene lugar entre contra rios. Esta última afir mación es
el punto de par t ida de Aristóteles. Algo que no era
blanco deviene blanco , aquél que no era sa bio se t ranso
for ma en sabio, etc.; el movimiento t iene luga r de no-
blan co a blanco, de no-sabio a sabio, en general, de un
tér mino a su cont ra rio 42. Ahora bien, los cont rarios son
necesar ios pero no suficient es pa ra explicar el moví-
mie nt o: es necesario un tercer pri ncipio, el sujeto qu e
" Cí. los capítulos 2 y 3 del lib ro 1 de la Física.
" Física, 1, S.
46 ARISTÓTELES J NTIlODUCCIÓN GENERAL 47
permanece a lo largo del proceso y que es afectado por
los contrart os " . En todo cambio hay, pues, al go
permanece, algo que desaparece y algo que aparece en
el lugar de esto último, Lo que aparece como resultado
del cambio es denominado «forma» por Aristóteles: su
cont r ario, es decir, el punto de p artida del cambio. será
obviamente la carencia de tal forma, ca renci a denorni-
nada por Aristóteles «privación» 44, Este esquema teó-
rico permite hacer frent e a la t esis de Parménides. Te-
nía és te razón al señalar que el cambio no puede prove-
nir del ser ni del no- ser si n provie-
ne de la privación que es esencialmente no-ser pero no
proviene de ella, sino accidentalmente: es decir, _pr o-
vien e no de la privación en s í misma, sino de la pri-
vación que afecta a un sujeto. I gualmente, el movi-
miento tampoco proviene del ser sin más. Si el hom-
bre (utilizando el ejemplo ari stotélico) se hace músico,
el movimiento parte del hombre (del ser, por tanto),
Pero parte del hombre no en tanto que es , sino en
tanto que no es músico 45.
Ar is tóteles posee además una segunda pla taforma con-
ceptual desde la cual enfr entar se a la tesis de Parméni-
de s: su célebr e e importante teoría de la potencia y
el acto. Para Parménides todo cambio, todo movimien-
to, es contr adict or io e imposible porque equivaldría al
tránsito del no-ser al ser . Aristóteles introduce en este
punto una notable distinción. Existen, en efect o, dos
formas o maneras' de no ser . Una piedra no es un á rbol,
•.• lb., 1, 6. Tres son las razones que Aristóteles aduce para
poner de manifiesto la insuficiencia de los contrarios y la consi-
guiente necesidad de un sujeto de los mismos: los contrarios no
actúan unos sobre los otros, sino sobre un tercero, sobre el su-
jeto al cual afectan; la sustancia carece de contrario; en fin, Jos
contrarios son por naturaleza adjetivos, es decir, inherentes a
•un sustretc .
.. lb, 1. 7.
' 1 lb., 1, 8, 191b13-26.
una semill a no es un ár bol tampoco per o mi entras que
aquéll a no es ni Pttede. ¡trp,.9.J.. ésta no es un ár-
bol pero sí que pueetet¡, é'i-fb. En éf Primer caso el cam-
bio es imposible." en el segundo es perfectamente pos i-
bl e, De lo que no es pero puede ser Ari stóteles dice que
está «en potencia »; a lo que es actu almente, efecti va-
mente lo denomina Ari stótel es «en acto». El movimiento
es, pues, paso de la potencia al acto "".
La teo ffa dc potencia y acto consigo un con.
j unto de implicaciones t eóricas que condici onarán de-
finitivamente la teoría ar istotélica del movimien to. En
pr imer lugar , el cambio (el movimiento, en la acepción
gene r al de est e t érmino) es concebido como un pr oceso
que lleva a la adqui sición de una forma, a la actualiza-
ción efecti va de una posibilidad o pote ncia del suj et o
que cambia . Por tanto, el movimiento no se explicará
adecuadamente sino en función de su término, de la
forma o actualización en que cu lmina. Se ll ega as í a
una int er pr et ación finalis ta, te leológíca, del movimiento
que tendrá consecuencia s tan desafor tunadas para la
mecánic a como vigorosas para la t eología ari stotélica.
En segundo lugar, Ari stóteles in troduce el principio de
que nada pasa de la pot en cia al acto a no ser baj o la
acción o influjo de un ser ya en acto, es decir, de un
ser que posea actualmente, efectivamente, la pe r fec-
ción o forma que constituye el fin de tal movimie nto.
De este modo se es t ablece la primacía del acto sobr e
la potencia 47, primacía que const ituye el ner vio de la
argume ntació n arist ot élica a favor de la exis t encia de
.. En Ffsica, 1, 8, no hay más que una breve referencia a la
teoría de la potencia y el acto como punto de partida para la
explicación 99 cambjo o movimiento (191b27·29). La teoría de
acto y pot encia se halla ampliamente desarrollada en sus impli-
caciones filosóficas en el libro IX de la Metafísica.
" Cf. Metatisica. IX, 8, donde se analiza la prior idad del acto
sobre la potencia,
48 ARI STÓTELES I NTRODUCCIÓN GENERAL 49
Dios como act o o actualidad perfecta, como pr incipio
supremo del que pende todo el movimiento de l Uni-
verso.
b) Clases de movimiento.-Una vez garantizada la
posibilidad del movimiento o cambio, Aristót eles proce-
de a la clasificación del mismo distinguiendo el carpQjo
sustancial (camb io o movimiento cuyo resultado es la
generación de una sustancia nueva o la destrucción de
una sustancia ya exi stente ) -Y3Lcambio__ ac.d1c_rltª1en
que no se gene ran o destruyen sustancias , sino que
éstas - sin resultar afectadas en su persistencia sus-
tancial- sufr en modificaciones en aspectos no esencia-
__ pueden ser" de
clases y ha y, por tanto, tres ti pos de cambio o moví-
mi ento acci dental : una sus tancia puede var iar de tama-
ño de cualidad (cambi o cualitati-
v_o, alteración) y de lugar (cambio local , transl aci ón) 48,
Anteriormente hemos señal ado cómo a través de todo
cambio hay el _sujt:;tQ_o._sustrato
del cambio. En el caso del cambio accidental lo qu e
__a_ y.és_gyL ca!:,?- Jas._sustancias que
pierden caracteres accidentales para adqui rir otr os que
no poseían . no puede decirse
que lo que permanece son las sus tancias ya que el
cambi o sus tancial es su genera ción y destrucción. Lo
qu e permanece es el sust rat o °materia última (Ari s-
tó teles la- qu e
.. Fí si ca, 111, 1, 200b32·201a8 y V, 1, 22Sal·b9. En nuestra expo-
sición no hemos distinguido explícit amente en tre cambio y mo-
vimiento (metaboU y kin ésis, respectivame nte). A veces Ar ls tct e-
les ut iliza estos términos indi st intamente. Sin embargo y hablando
con precisión, sol amente es movimient o sensú strícto el cambio
accide ntal (cualit ativo, cuantitativo y local ). El cambio sus-
tancial (generación y destr ucción de las sustancias ) no es movi-
miento en sentido estrict o. Cf. Físi ca, V, 1.
e!1.__símísma es _indeterminada, carece de toda deter-
minación y que precisamente por no ser en acto ningún
tipo de realidad, es en potencia cualquier ent e o sus-
tancia natural 49. En el cambio sustancial la materia
- inengendrada- se transfor ma, adquier e formas di stin-
tas que tampoco son generadas: 10 que se genera es
la realidad concreta individual a par tir de la materia y
tal ti po de formaw,
c) Las causas.-Aristóteles cons idera que su t eoría
de las caus as constituye la culmi nación de todo el p en-
samiento gr iego anterior que fragmentariamente y de
modo insuficient e habría ido preparándola y alumbrán-
dol a ". Según esta t eoría, son cuatro las causas que
intervienen en la realización (y p'or tanto, en la explica-
ció:fdecUada) de todo proceso.Ímeteria. for ma, agente -'"
y fj S2. La ma teria y la forma yd han sido mencionadas
en e apartado anterior: las entidades naturales son
compuest a"Ld.e materia y.Jgr ma (en geñe ral;ei'téññiño
de lOdocambio, y no solamente del cambio sustancial,
es al go compuesto de la forma que se adquiere y del
sujet o o sustrato a que tal t ransformación afecta). La
explicación de todo pr oceso ha de, atender, por t anto,
a est as dos causas o principios explicativos. Pero todo
pr oceso - y consiguientemente su explica ción- exi ge
además un agente y un fi n. Es to es también consecuen-
cia de la concepción aristotélica del cambio o movi-
mi ento: todo proceso exige un age nte porque nada pasa
de la po tencia al acto a no ser la acción o inflyjQ.
de un ser en acto (agente) y exige igualmente un fin
-
El disc urs o más elocuente de Aristóteles acerca de Ia ma-
terla últ ima se halla en la Metaf/sica, VII , 3; cf., también, VII, 1.
'" Cf. Metafl sica, VIII, 1, 1042a30.
" Véase la exposici ón históric a de la ñtoscña anterior ofrecida
por Ari stóteles en Metafísica, 1, 3-10, y especi almente en este úl-
timo capítulo, 992bll-IS.
" Flsica, 11, 3, 194b23 sigs., y 7, 19Sal4-22.
14 _ 4
r
so ARI STÓTELES I NTRODUCCIÓN GENERAL SI
porque todo cambio se da en función de la adqui sición
de una forma (fi n) que po tencialmen te poselá el sujete.
Respecto de la t eoría aristotélica de las causas se
hacen necesarias dos observaciones. En prime r lugar,
el lector ob servará que de las causas aristotélicas so-
lamente soJemos denominar causa en la actualidad a l
agente, a la causa eficiente. Esto no implica, por su-
puesto, qu e Ari stóteles carezca de razones par a denomi-
nar causas a los cuatro factor es enumerados. En efect o.
la cienci a se ca racteri za, como veíamos más arriba, por
-ser una explicación causal, por establ ecer el porqué de
un fenómeno o proceso y cua lquier proceso, a-j uicio
de Aristóteles, no queda sastisfactor iamente explicado
a no ser que se especi fiquen los cua tro pri ncipios seña-
lados que en él intervienen il. En segundo lugar, Ari stó.-
teles señala que en los pr ocesos naturales --cuyo proto-
tipo es la generación de los vivientes- la causa efici en-
te, la forma y el fi n coi nciden. Unos vivi entes engendran
a otros y gracias a ello la es pecie se perpetúa (et erna-
mente, pensaba Ari stóteles). La actividad generativa t ie-
ne como agente, como principio activo, la forma espe-
cifica existente en el progenitor. El efecto, a su vez, es
t ambién la forma es pecífica actuali zada en el nuevo in.
dividuo miembro de la especie. La causa final, por ú lt i.
mo. es la actualización misma de la for ma de tal modo
q ue dic ha especie se perpetúe >' .
.. . Que hay causas y que su número es el que hemos dicho,
es evidente: en efecto, este nWnero cubre el porqué. ( Fls ica, 11,
7, 198a14-15).
.. -Puesto que son cuatro las causas, al ñsíco corresponde
conocerlas todas y refiriéndose a todas ellas ofrecerá el porqué
en términos ñsícos : la materia, la forma, el motor y el fin.
Ahora bien, en muchos casos las tres últimas se reducen a una
y la misma ya que la esencia y la causa final son una misma
cosa y el agente primero, a su vez, es idéntico específicamente
a aquéllas. En efecto, es un hombre el que engendra a otro hom-
bre".• (Flsica, 11, 7, 1\18a22-27). La relación materia-forma es m-
d ) El Univer so.-El Univer so es, según Ari s tó teles,
fi ni to, si métrico y es féric o ss. La es fer ici da d del Cosmos
es una consecuencia lógica de la s ot ras dos car act erí s-
t icas señaladas. En efecto, s i el Universo es fini to, no
puede por menos de es tar contenido dentro de cier tos
límites y s i es simétr ico, su cent ro ha de equidis ta r de
todos sus extr emos. Es, pues, esférico . El Universo se
car acteri za, además, porque en él exi sten direcciones
abso lutas, independientes del lugar que en él ocupe
ocasional o permanentemente cada sustancia . Arriba
y abaj o, derecha e izquierda, delante y detrás son abso-
lu tos 56, (La izquierda del Cosmos es el Occidente y la
región de delante es la q ue at raviesan los as tr os en su
movimi ento de Oriente a Occidente.)
Junto a los rasgos señalados , Ari stóteles íntroduce
otros postulados totalmente aprt ortsucos. Así, comienza
es tableciendo que solamente existen dos tipos de mo-
vimientos simples : el rect ilíneo y el ci rcular , para aña-
dir que solamente estos dos tipos de movimi ento pue-
den ser naturales. Apli cada esta a firmaci ón a la imagen
ari stotéli ca del Universo, nos encontr amos con tr es foro
mas posibles de movimiento natur al: de l abajo arriba
(movimiento que parte de l centro del Univer so), de arri-
ba abaj o (hacia el cent ro de l Univer so ) y alrededor del
cent ro 51. Los movimientos naturales rect ilíneos (de ar r t-
terprelada en términos de potencia r actc (el. IX, 8);
por tanto, la fonna es acto, actuaIización y, por ello, fin o cum-
plimiento de una potencialidad De este modo la naturaleza queda
interpretada en térmi nos de teleología inmanente.
Cf.• también, Acuca la generación de los animales, 1, 1,
715a6 Yel interesante párrafo del tratado Acerca del alma, 11, -t,
-tl5b74 16a9.
.. Acerca del cido, IV, l. 308a27-28.
.. l b. cr., t ambién, Flsica, IV, 1, 208bl 4-2Z.
n Acerca del cielo, I. 2. La finitud del Universo es, en último
término, el fundamento de la existencia de lugares o direcciones
absolutas y, por tanto, el fundamento de la posibilidad del me-
,
52
ARISTóTELES
I NTRODUCCIÓN GENERAL 53
ha abajo. de abajo arriba) tienen lugar en la región
subluna r: la piedra que cae y el humo que asci ende.
Por su pa r te. el movimiento rectilíneo ci rcular es el que
cor responde a la luna y al resto de los cuer po s celes-
tes que giran alrededo r del centro del Universo en su-
ces ivas esferas concéntricas.
El concepto de movimien to natural es un concepto
fundamental de la física a ristotélica SI y sus implicacio-
nes son de suma importancia. Un movimiento es natu-
ral cuando corresponde a una sustanci a en virt ud de
sus propiedades y cuando el resultado de tal movimien-
to es la adq uisición de un es tado o forma acor de con
la nat uraleza de tal sus tancia. Esta noción de movi-
mi ento natu ra l obliga a afir ma r que los movimientos
rectilí neos hacia arriba y hacia aba jo, cuando son na-
tur ales , son consecuenci a de dos cuali dades inherentes
a las sust ancias corpóreas: la ligereza y la pesantez,
respectivamente. Las sus tancias que na tural mente se
mueven hacia abajo (como la t ierra ) lo hacen en virtud
de su pesantez que no es sino la tende ncia a di r igirse
hacia el cent ro del Universo. Por el cont rari o, los cuer-
pos qu e ascienden naturalme nte hacia arriba (co:n0 el
fue go) lo hacen en vi r tud de su ligereza, es decir, de
su tendencia a situarse en el extremo del Universo.
Ent re la tierra y el fuego, Ar istót eles sitúa como ele-
me ntos int er medios el agua y el aire, con 10 cual se
vimiento. En 1, 7, Aristót eles seña la explíci tamente que
no hay centro ni extremo no hay t ampoco un arriba y un abajo
y consiguientemente no hay tampoco lugar alguno pa ra e.1
plazamlento, lo que excluirla la pos ibilidad misma movtrr uen-
too Este es uno de los argumentos ut ilizados por Arist óteles p.ara
demost rar que el Universo es fini to. Sobre est e punto, también,
t s; 1, 5-6, y FJsica, 111, 5.
• e f. Acerca del cieJo, 1, 8, 276a23-26: elos cuerpos se mueven
naturalmente hacia el luga r en que reposan sin violencia y repo-
san sin violencia en el lugar hacia el que naturalment e se
mueven».
completa el cuadro tradicional de los cuatro elementos.
Obsérvese que la ligereza y la pesantez de los cuerpos
no se cons ide ran propiedades rela tivas, sino ab solutas,
es decir, no dependen de la rel ación exist ente entre su
dens idad y la densi dad de l medio en que se encuentran:
las sust ancias son ligeras o pesadas en sí mi smas, in de-
pendi entemente de la dens idad del medí o ".
La noción de movimi ento na tural señala, además, que
su resultado ha de ser la a dquisición de un es tado o
forma acor de con la naturaleza de la sustancia en cues-
t ión. Esto es válido de tod o movimiento nat ural y po r-
tanto, lo es también del movimiento local. En el caso
de este último, su resultado es el reposo de la sustan-
ci a en su lugar natural !lO, en el lugar donde le cor res-
ponde estar por naturaleza. Una sustancia que estuviera
en su lugar natural no se moverí a (a no ser violen-
tamente), no habrí a razón algun a para que se movier a:
est e es el caso de la Tierra, inmóvil en el ce ntro del
Uni verso. La teort a del lugar natural posee ta mbién con-
secuencias físicas en enor me t ranscendenci a. I mplica ,
en efecto, la primacfa del reposo sobre el movimiento
en la región sublunar : el reposo natural es de por sí
indefinid o mi ent ras que el movimiento es tran si torio ya
qu e ce sa una vez alca nzado el lugar natural -'.
so En Física, IV, 4, 212a24-25, Ari st óteles define lo ligero como
_lo que por na turaleza es transport ado hacia arriba , y lo pesado,
hacia aba j o». También ib., VIII , 4, 255bll·12: esí (se. un cuerpo)
es pesado por naturaleza le cor responde un movimient o hacia el
centro, y si es ligero, had a arrfba».
.. La jnterpretaci ón de todo tipo de cambio - y por tanto
también del movimiento local-, en términos de potencia y acto,
lleva necesari amente a esto. Asf, en FlsiCQ., VI II, 4, 255bll-12, se
dice que -el acto de lo ligero es estar en un lugar
detenninado, a saber, arTlba_.
" En Acerca del ciefo, IV, 4, Arist ót eles afir ma que el movi-
miento local de un cuerpo haci a su lugar nat ur al no es sino un
movimient o hacia su propia for ma .
54 ARI STÓTELES I NTRODUCCiÓN GE:-tERAL 55
El mov imiento qu e corresponde a las sus tancias ce-
lestes es , como declama s. el ci rcular. Las sustancias ce-
lestes se mueven circularmen te alrededor del centro
del Uni verso. La peculiaridad de su movimiento llevó
a Aristóteles a admitir que tanto sus propiedades como
su nat uraleza son radicalmente distintas de las de los
elementos exi stentes en la región subl unar : en efec to.
los cuerpos celestes no son ni ligero s ni pesados (pues--
to que no se mueven ni hacia arriba ni hacia abajo)
y su mater ia no es ta mpoco ninguno de los cuatro ele-
mentas, sino un quinto elemento. el éter . Los cuerpos
celestes - al contrari o que los pertenecient es a la re-
gión sublunar- son inalterables e incor ruptibles. En
el mundo supralunar no se dan cambios cualitativos ni
cuantitativos ni sustancial es: solamente se da el movi-
mi ento local eterno, uniforme, de seres et er nos e inal-
terab les 62. Este conjunto de a firmaciones a ri stotéli cas
tiene también consecuencias científicas de envergadura.
Al afirmar la radical diversida d de los cuerpos celestes
y te rrestres, Aristóteles dejaba es tableci do ---errónea-
mente- que las leyes mecánicas que rigen los moví-
mientes en la Tierr a no son aplicables al movimiento
de los se res celes tes.
En cuanto al origen del movimiento de los astros,
las explicaciones aristotélicas son parcialmente diferen-
tes entre sí, aunque tal vez no con tradict ori as. El t rat a-
do Acerca del Cielo (en que venimo s bas ando nuestra
expos ición de la cosmología a ristotélica) parece supo-
ner que el movimiento de las sus tanci as celestes es
nat ural, cor respondiente a la na tu raleza de l ét er. El
diálogo Acerca de la Filosofía, por su parte, subrayaba
el ca rá cter intencional. voluntario, de ta l movimiento.
Esta es la lí nea expli cat iva ge nuina mente ari st otélica.
Aun cuando voluntari o (y por tanto, carac ter ís ti co de
•1 l b., 1,2-3 .
seres vivientes ), el movimiento de las sustancias celes-
tes no puede, sin embargo, ser considerado plenamente
autónomo. La ley según la cual d ado lo que se mueve
es movido por otro» posee, a juicio de Aristóteles, va-
lidez universal ". Como principio supremo y origen úl-
timo del movimiento en el Universo no pu ede supo-
nerse, pues, algo que esté en movimi ento, algo que se
mueva a sí mi smo, sino que habrá de afirmarse la exis-
tencia de un primer Motor I nmóvil del cual procede
inmedia tamente el movi miento de la prime ra esfera
celeste .
4. Biologia, psicología, antropología
Las ideas de Aristóteles relat ivas a la biología y la
ps icología se hall an desar rolladas y expuestas en múl-
t iples escritos, de los cuales el más impor t ante es, sin
duda, el t ratado Acerca del alma. _Al igua l que otras
partes de su filosofía , la concepción a ri stotélica del
al ma evolucionó a pa r tir de la doctr ina plató nica enér-
gicamente defendida po r Ari st óteles en el Eudema 64. y-
En el t ra ta do Acerca del alma el viviente aparece ca-
.. La demostración ari stotélica de la exis tencia de un Primer
Motor Inmóvil se basa en dos princi pios fun damentales: el de
Que »todc lo que se mueve es movido por otros y el de Que «es
imposibl e una serie infinita de motor es movidos por ctrco. Am-
bos principios son defendidos por Ari stóteles profu samente en
los libros VII y VIII de la Física. Por lo Que se refiere al pr l-
mero de es tos principios, los argumentos ut ilizados son tres. Uno
de ellos es una es pecie de inducción en que se recorren los
distintos tipos de movimiento y se muestra cómo en todos ellos
el motor es distinto del móvil (VIII , 4); otro argumento parte
de la di visibilidad del móvil pa ra fundamentar en és ta la dlstl n-
ción entre móvil y mot or (VII, 1) ; el úl timo, en fin, es de carác-
ter metafJsico y se ba sa en la concepción del movimiento como
paso de la potencia al acto (VIII, 5).
.. Obra fundamental en relaci ón con la evolución de la psicol o-
gía aristotélica es l a ya cit ada de f . Nuyens.
56 ARISTÓTELE S I NTRODUCCI ÓN GENERAl 57
racter izado como una sustanci a o entidad compuesta
de materia y forma. El alma se define como forma del
viviente. for ma en virtud de la cual éste es ca paz de
reali zar el conj unto de funciones vitales específicas toS.
Estas fu nci ones se extienden desde la nutri ción hasta el
conocimiento in telectual 66{Ari s t óteles no separa, pues,
la biología de la psicol ogía: la nutrición es una fun-
ción vit al , del alma, al igual que 10 es el conoci miento.
Ocurre. eso sí, que exi ste en la natural eza una grada-
de acuerdo con la cual las funciones an ímicas .
pe rfores implican y suponen la s inferiores. Así , todo
viviente que posee sensación posee también actividad
vegetativa, si bien no ocurre lo ínversojt.
La teoría aristotélica del conocimient o es , acaso, lo
más interesante de su estudio de las distintas funcic-
nes o act ividades vitales / Ar ist ótel es analiza sucesiva-
-
mente las dis t intas clases de sensación desde el punto
de vista fi si ológico y desde el punto de vista psicológico.
Desde este último punto de vi sta, el conocimiento se
inter pr eta sobre la base de los conceptos de maieria
y fo r ma y de acto y potencia) Lo que caracteriza a las
facu ltades cognosci ti vas es su capacidad para captar las
formas de los objetos s in la materia de los mismos.
Ari stótel es utiliza el célebre ej emplo de la cera en que
se imprime la forma de un se llo s in q ue la materia de
éste ( pla ta u oro) quede también incrustada "'. Mient ras
que en la nutrición el vivient e asimila la mater ia de
la sus tanci a nutri tiva, en el conocimiento solamente se
as imila la forma de lo conocido y de ahí que la raíz
del conoc imiento r es ida precisamente en la inma teri a-
.. Sobre la concepción del alma en este tratado puede verse
la Introducción al tratado Acerca del alma en este mismo va-
lumen.
.. Acerca del alma, 11, 1, 413a21·25.
" lb., 11, 3, 4l4bl9-32.
.. l b., 11, 12, 424aI7·24.
l ida d. Por ot ra par te, las cualidades se ns ibles (colores,
sonidos , etc. ) en cuanto tales sólo se halla n potencial .
en los objetos hasta tanto éstos son conocidos
e igualmente la facultad cognosci ti va se encuentra en
potencia antes de conocer los obj etos. El acto del co-
nocimiento es, pues, act ualización de ambos, de lo sen-
sible y de la facultad o potencia sensit iva »,
Este esquema es sustancialmente váli do no sólo para
el conocim'iento se nsi ble, sino también- para el conocí-
mi ento intelectual. ya que, como señala ""'A'iiStÓt eles, el
for ma inteligible e facultad
sensitiva r ecibe la for ma sensi ble 70. El In telecto es ca-
paz de asimilarse a todas las formas y, por t anto, no
ha de poseer forma alguna propia ya que ésta Impedí-
r ía tal capacidad ilimitada de as imilación. Esta for ma
de r azon ar lleva a la conclusión de qu e el Intelecto
es una mera capaci dad o pot encia, siendo, además, in-
material y totalmente independiente del cuer po.
El c. 5 del l. I JI del tratado Acerca del alma in troduce
una notabl e >: em bre dis tinción, la distinción entr e el
l n telecto aw \1O Este desdobla-
miento del l ote ro viene propi ciado y j usti ficado en
dos t ipos de conside raciones: en primer luga r , en la
di stinción existente en todo proceso (sea na tu ral o téc-
nico ) entre el agente y la materi a o sujeto del proce-
so 11. Como más ar ri ba hemos señalado, es para Ari s-
tóteles una ley un iversal que nada pasa de la potencia
.. l b., Hf, 2, "2Sb2S sigs.
10 l b., IlI. ", 419312·18: «ahora bien, si el inleligir constituye
una operación semejante a la sensación, consistirá en padecer
cierto influjo bajo la acción de 10 inteligible o bien en algún
otro proceso simUar. POr consiguiente el intelecto - siendo im-
pasible- ha de ser capaz de recibir la forma, es decir, ha de ser
en potencia tal como la forma pero sin ser ella misma y será
respecto de lo inteligible algo análogo a lo que es la facultad se n-
sitiva respecto de lo sensible».
71 Ib ., Hf , 5, 430alo-14.
-
58 ARISTÓT ELES INTRODUCCIÓN GENERAL 59
al acto a no ser bajo la acción de un ser ya en ac to,
de un ser que ha de poseer actua lme nte la perfección
o forma que el sujeto del proceso posee solamente en
potencia. El Intelecto activo será, pues, un Intelecto ---..,........." - ,_o , _
e n acto que prensa e intelige ininterrumpidamente. Es te
Intelecto act ivo e íncorruptíble" h-i
-de-estaf--cte'-algún modo' en comunicación con "el-iñic:
humano. éiiéste
contexto a la metáfora (platómcaHeh 'sú or igen) de la
al igual que la luz hace que los colores se actua-
icen, el Intelecto activo ilumina, actualizándolas, las
for mas int eligibles 72. Este capítulo del Acer ca del alma
ha dado lugar a las más diversas interpretaciones. Del
conj unto del mismo y de su comparación con otros
pasajes pertinentes parece deducirse que solamente el
Intelecto activo es incorruptible y sobrevive a los in-
dividuos humanos y que es único y el mismo para todos
los hombres. Esta doctri na pone de manifiesto que la
-, antropología incluYi una conccnción no dua- 1
' l o " iali ....1t; Vlil:>lf\' (," r:;uo ¡"YO ! ,S' V1':¡(;P, YO
.- ista, S100 tna tsta el om re: ' cuerpo, a ma ente eco '
te, del cu'aTl5ffiicipa el ser humano de un modo no
claramente especificado por Aristóteles. No han faltado
intérpretes que han identificado al Intelecto activo con
Dios. Tal identificación es, sin embargo, dudosa 73.
11 t»., 43OaI4.15.
" Esta es la interpretación de Zabarella. Las interpretaciones
de este capítulo -que además presenta dificul tades textuales
como podrá el lect or comprobar; cf., la nota ad loe. en nuest ra
traducción- ha n sido múltiples y dispares desde los comenta rts-
t as antiguos, pasando por árabes, medievales y renacentistas,
hasta los especialistas y filólogos modernos. Una buena exposi -
ción de las distintas opiniones acerca del In telecto en Aristóte-
les se hall a en Ia edición del tratado Acerca del alma de Hicks
(R. D. HICKS, Aristotle. De anima, Cambridge, 1907, XLII stgs.).
También puede verse una reseña de las mismas en G. FRAILE.
Historia de la Filosofía, I, Madrid, 1965, 500 sigs.
S. Teología
La concepción de Dios como Intel ecto, como pensa-
mient o, responde a una teología ampliamente arraigada
en la filosofía griega y se remonta, cuando menos, a
Anaxágoras, En el pensamiento maduro de Aristóteles
ta l doctrina teológica se halla expuesta en el 1. XII de
la Metafísica 74.
La argumentación más ampliamente desarrollada por
Aristóteles en pro de la existencia de Dios es , sin duda,
la argumentación de carácter cosmológico 75. La neceo
sidad de un Primer Motor Inmóvil, fuente últ ima de
todo el movimiento de l Uni ver so, aparece argumentada
con ampli t ud en los libros VII y VII I de la Física.
En sus líneas generales, la argumentación aristotélica
se basa en dos principios: el de que «todo lo que se
mueve es movi do por otro» y el principio de que «es
imposible una serie infinita de mo tores en movimiento» .
Aristóteles utiliza en la Física varios argumentos con
vistas a justi ficar sóli damente ambos principios. De
ellos deduce, a su vez, la exis tencia del Pri mer Mot or
Inmóvil 76. En el 1. XII de la Meta física la argumenta-
ción es mucho más breve y sencilla. Se comienza es-
tableciendo (c .6) que el ti empo es eterno y continuo y,
por tanto, ha de haber algún movimiento eterno y con-
74 El único fragmento que conservamos de l Acerca de la ple-
garia (49 de Rose ) contiene una afirmación de Aristóteles según
la cual «Dios o es Intelecto o algo que está incl uso más allá dcl
Intelecto». Su fuent e es Simplicio y no parecen ext isti r motivos
razonables para dudar de su autenticidad. Sobre él . cf. J . PÉI'IN,
Idées grecques sur í'nomme et sur Dieu, París, 1971,249 sigs.
" Arist óteles ofrece otros argumentos como el de los grados
de perfección. Sobre este argumento , d. 10 arriba expuesto al
t ratar del diálogo Acerca de la filosofía. Además de en este diá-
lago, el argumento aparece en la Metaftsica, 11, 1, 993b24·27. aun-
que con una formulaci ón distinta.
" Cf. lo expuesto más arriba. especialmente la n. 70.
60 ARIS TÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL 61
t inuo ya qu e el tiempo «o no es otra cosa qu e el mo-
vimiento mismo o es, en todo caso, una afección de
éste» (1071bl 0). Hay, pues, movimiento etern o y con-
t inuo. (El único movimiento que puede r eunir estas
dos características es el movimiento local, pero no cual-
quier tipo de movi miento local, sino el circular.) De
aquí se concluye que la causa de tal movimiento ha
de ser igualmente eter na y por tanto inmaterial. El
Primer Motor es, pues, una entidad etern a e inmate-
ri al, ac to sin mezcla alguna de potencialidad 77. Esta
entidad mueve como ob j eto de deseo, en tanto qu e es
conocida y des eada 78: es, por tanto, buena y perfecta.
Al ser enti dad sumamente per fecta, su ac tualidad es
vivir: es un ser vivo, el mejor y más feliz de los vivien-
tes y su vida es la más perfecta y mejor de todas, la
vid a int ele ct ual, el pensamiento. Esta entidad es Dios 79.
El objeto de su intelección es é l mismo, su propia en-
tidad: sujeto y objeto no son realidades distintas en
el ca so del entender divi no. Est o pretende expresar la
conocida frase aristotélica según la cual es «pensamien-
t o que pi ensa su propio pensamiento» (XII, 9, 1074b34).
6. Ontología
La Teología es la más excelsa de las ciencias teoré-
ticas de acuerdo con la clasificación de la s mismas re-
petidas veces expuestas en el Corpus Aristotelicum. Ade-
más de las ci encias teor étícas par ticulares, Aristóteles
exige la existencia de una disciplina de carácter gene-
ral que no se ocupe de una parcela de la realidad, sino
de lo real en su totalidad. «Hay - pr oclama enfática-
mente Ari stóteles- una ciencia que contempla el ente
." M et af ísi ca, XII, 6, l 07IbI9-ll.
" tb., 7, IQ72b2.
.,. lb., 1072b2S-30.
en t anto que ente así como las propiedades que le co-
rresponden en cuanto ta l» (Metafísica, IV, 1, 1003a22) 80.
La posibilidad de esta disciplina (Meta físic a general,
Ontología) cuya existencia es reclamada sin vacilación,
tropieza, sin embargo, con una ob jeción de impor tancia.
Toda ciencia presupone la un idad de su ob jeto. Ahora
bien, el objeto de la ciencia en cuestión, el ente, pa-
rece carecer de la mínima unidad necesari a para cons-
tit.uir el ob jeto de una única En. ef ect2' )pJ It$E-CoJ
mmos «ente » y «ser» no son UniVOCaS, silla p oseen
múlt iples Pretender agrupar bájo una
miSrifaarsciplina a todos los entes sería algo así como
pretender ocuparse dentro de una misma desciplina
de los cuerpos que pueblan el Universo y de la in-
dustria cinematográfica porque en uno y otro caso
se habla de «estrellas»: sería dejarse con fundir inge-
nuamente por una palabra que encubre significaciones
diversas. Esta objeción es lúci damente asumida por
Aristóteles cuya respuesta a la misma consiste en afir-
mar que si bien los términos «ente» y «ser» poseen
signifi caci ones diversas, tal di ver sidad no excluye una
cierta unidad, por muy tenue que ésta sea. Tal unidad
(sin duda, menos rigurosa que la del obj eto de cualquier
otra ciencia) permit e la consideración general de los
dist intos entes en una única disciplina teórica 81.
10 Este rasgo de generalidad o uni versalidad se corresponde
adecuadame nte con uno de los dos rasgos que el libro 1 (2,
982a8) atri buye a la sabiduría: ésta ha de conocer, de algún
modo, t odo. Pero a continuación se at ribuye a la sabiduría otro
rasgo que no parece conocordar con la generalidad o universa-
lidad a que nos estamos refiriendo: en efecto , se nos dice que
la sabiduría ha de centrarse en el conocimiento de Dios como
su objeto. De acuerdo con este segundo ras go, la sabiduría que.
daría reducida a una ciencia especial que se ocuparía de una
pa rcela de lo real , a saber, de l as entidades separadas e inmó-
viles. De la pos ibilidad de armonizar ambos rasgos depende la
unidad int erna del discurso metafísico de Aristóteles.
" M et af fsi ca, IV, 1·2.
62 ARISTÓTEU,S I NTRODUCCIÓN GENERAL 63
A la hora de construi r su teoría general de l ente,
Ari s tót eles recurre al cuadro de las ca tegorías al. La doc-
trina de las categor ías posee una impor tancia pr imor.
di al en la met afísica de Aristót eles. En primer lugar,
es la exp resión sist emática de una plurali dad de sen-
tidos de «ent e.. y esers y en cuanto tal. Ari stóteles se
sir ve de ella para refutar tanto a Parménides como a
Platón: Pa r ménides no vio esta pluralidad de acepcio-
nes y t ra tó la noción de ente como si fuera unívoca 13;
Pla tón -en su teoría de las Ideas- confundió la cate-
goría de sus tancia o enti dad con las categorías restan-
tes. concediendo a cualidades, relaciones. etc., el esta-
t uto de entidades". Pero la tabla de las categorías no
es meramente la expresi ón de la pluralidad de signi-
ficaciones del término «entes, sino también la prueba
sistemática de la unidad de todas esas acepciones. En
efecto, los se res comprendidos en las nueve restantes
categorías (cantidad. cualidad. r elación. etc. ) son en la
medida en que son modificaciones y determinaciones
de las sustancias o entidades individuales . La unidad de
10 real es. pues. la unidad que resulta de la dependen-
ci a entitativa de todos ellos respecto del tipo pri mor-
dial de ente que es la sustancia o ent idad individual.
Paral elamente. la unidad del concepto de ente resulta
de que la noc ión de toda realidad accidental contiene
necesariamente una referencia a la noción de sustanci a
o enti da d in dividua l. es , pues. el ente primario y
.. l b. Y VII, 1, son los pasajes más significativos al respecto .
Por 10 demás , los múlti ples sen tidos de «ente» y _sen no se
re ducen a los diez recogidos en la ta bla de las categorí as. Ans -
t éreles reconoce la existencia de otros contextos en que eentee
y «ser » adquiere n más de una signifi cación: así, distingue eser
por sI- y eser accidentalment e», eser en potencias y _ser en
acto»; -ser_, en fin , significa a veces «ser verdad o verdadero».
cr. Metai ísica, V, 7, 1017a7 sigs.
11 Cf. la refut ación de las doctrinas monistas en Física, 1, 2-3.
*' Metafl sica, 1, 9.
funda me ntal. De ahí que - para Ari st ótel es- la pre-
gunta ¿qué es el ente ? venga a reducir se con todo de-
recho a la pregunta ¿qué es la sus tancia o enti dad?U,
Las sustancias o entidades constituyen. a su vez, una
serie or de na da jerárquicamente que culmina en Dios,
enti dad suprema y primera. De es te modo. el pensa-
miento metafísico de Aristóteles procede a través de
una doble reducción En pr imer luga r, la re-
ducción que remite desde los di stintos tipos de entes
a la categoría primera, a las sus tancias o entidades; en
segundo lugar. la que va de éstas a la entidad primera.
Dios. en quien se realizan pl enamente los rasgos o pro-
piedades comunes a todos los entes. como son la uni-
dad. la identidad cons igo mismo y la permanencia.
7. Fi l osof la practica
Seguramente la ética es aquel campo en que la teo-
ría genético-evolutiva de W. Jaeger permite explicar
con mayor éxito las di screpancias doctrinales que mani-
fiestan Jos escritos aristotélicos. Como ya señalábamos
en su momento. el Prot reptico revela una concepci ón cla.
ramente platón ica de la sabiduría [phr ón ési s] como ca-
nacimiento exacto. teórico y práctico a la vez. cuyo ob-
jeto no es ot ro qu e la contemplación del Bien. En la
e tica a Nic6maco esta postura queda defini tivamente
abandonada. Se di stingue ahora claramente entre un
saber teórico, contemplati vo. cuya exactitud es tá garan-
tizada por la' necesidad de su obj eto, y un saber de
tipo práctico (phrónesi s), cuya exac tit ud resulta impo-
sible a causa de la cont ingencia inherente a la conducta
III Metaflsica, VII, 1. Sobre las categorías y la doct rina ari s-
tot élica acerca de la sustancia o entidad puede vers e la Introduc-
ción al tratado Acerca del alma en este mismo volumen.
64 ARISTÓTELES
INTRODUCCIÓN GENERAL 65
humana sobre la cual versa. Entre ambas ob ras se halla
la l!li ca a Eudemo 16,
En sus líneas gene ral es , la discusión aristo télica de
la ética ha de contemplarse desde la di st inción - inau-
gurada en el siglo V po r los sofis tas- entre Na turaleza
y Convención. Llevados por un conj unto de observacio-
ne s de carácter hist órico, cultura l y etnológico, los so-
fista s t rataron de distinguir ent r e lo que hay de natu-
ral en las normas de conducta individual y social y 10
que en ést as hay de convencional e, incluso, antinatural.
Aunque la act it ud de los sofis tas ante este tema estuvo
lejos de ser unánime, en el seno de es ta corriente de
pensamiento se produjo una not a ble radicalización que
llegó a consi dera r todas las normas no sólo conven-
ciona les. sino antinaturales, a excepción de aquellas nor-
mas que prescriben la búsqueda del placer y el dominio
del más fuerte, Estas dos serían las dos únicas pautas
de conduc ta impuestas por la naturaleza. como a testi-
gua el comportamiento de los a nima les salvajes y de
los niños, unos y otros libres de todo adiestramien to
o condicionamiento cult ural. A esta teorí a moral se en-
frentaron Sócrates y Pl atón. Los ataques a la misma por
.. El caso de la Gran Etiea es pecul iar . Su contenido corres-
ponde a un esta dio anterior a la Et ica a Nioámaco. Basándose
en est e dala, al gunos especialis tas la ha n considerado como una
ob ra aristoté lica tempra na. La mayoría , sin embargo, opi nan
que se trata de una recopilación de ideas basada en la l!lica a
Eudemo y compuesta tardíamente no por Aristóteles, sino por
algún miembro de la escuela aristotélica. Esta úl t ima opi nión
es probablemente la correcta. Otro punto polémico en relación
con los escritos éticos de Aristóteles es la afirmación que epa-
rece al fina l del libro 111 de la Etica a Eudemo según la cual
los tres libros que hablan de venir a continuación son los
libros V, VI, VII de la Etica a Nic6maco. Esto ha suscitado
amplias cont rovers ias sobre a cuál de las dos éticas pertenecen
realmente estos tres libros. Atmque esta cuesti ón no pueda re-
solverse de forma taj an te, no falt an razones para as ignarlos a
la Etica a Nicómaeo. (Cf. W. D. Ross, o. c., págs. 29-30.)
pa rt e de Platón fueron múltiples pero el más caracte-
rístico y ef icaz consistió en poner de manifiesto que
esta doctri na sofíst ica interpretab a incorrectamente la
na tu raleza human a: en efecto, reduci r la natural eza bu-
mana al animal o a l niño equi val ía a excl uir la razón de
la na turaleza humana. Ahora bien, la razón no solamen-
te es par t e de la nat uraleza humana, sino que constituye
su par te más importante y específica .
El análisis de la nat uraleza humana ofreci do por Ari s-
tó teles se sit úa en una perspect iva t eleológica, de cons i-
deración de fines. (Esta per spectiva ya estaba presente
en el Protr ept ico, como hemos señalado más ar r iba).
Aristóteles se pregunta cuál es el fin a cuyo logr o son
/
empujados los hombres por su propia na turaleza. Y si
bien los fines u objetivos que se proponen los distin-
tos individuos son variados y dispares, como pone de
manifiesto la di versidad de modos de vida, actividades
concretas, profesiones , etc. que cada uno escoge o le
gustarla escoger, Ar ist ótel es señala la exist encia de un
fin últi mo al cual todos los hombres t ienden natu ral-
mente . Este fin último es denominado por Arist óteles
eudaimonía, pal ab ra que us ualme nt e suele t raduci rse
como «felicidad» 87. Esta pr imera ap r oximación resul ta,
sin embargo, ins uficiente por excesivamente impreci sa :
por más que sea aceptable que todos los hombres bus-
can la felici da d, es de todo punto evidente que no exís-
te consens o acerca de cómo conseguir la, acerca de qué
bi en o bi enes son los adecuados para promover una
.. A menudo se ha observado con razón que nuestro término
. felicidad. no hace justicia al significado del término griego
eudaimonia. El término I"riego alude a lo que podría denominarse
una vida plena, satisfactoria. Por lo demás, la palabra . felicidad.
resulta hoy o excesivamente solemne o excesivamente t ri vial,
segd,n los casos. Sirva esta llamada para que el lector se esfuerce
en int erpret ar correct amente el alcance y sent ido del plant ea,
miento aristotélico.
14. - 5
66 ARHi TÓTELES I NTRODUCCIÓN GENERAL 67
vida feliz. Aristóteles se ve empujado de este modo a
di scutir dis tintos bienes cuya posesión se considera en
ocasiones como paradigma de una vida dichosa: el pla-
cer. los honores y fama, la virtud y el saber.
La di SCUSÍón de estos bienes o ideales de vida depen-
de una vez más de la interpretación teleológica de la
naturaleza en que Aristóteles se sitúa. Como cualquier
otro ser natural, el hombre se caracteri za por poseer un
conj unt o de facultades o potencias que integran y de-
finen su naturaleza específica. Y puesto que la ple-
nitud de t oda facultad o potencia con siste en su actua-
lización, en su ejercicio, la eudaímonía ha de consist ir
en algún t ipo de actividad acorde con la naturaleza
humana. Este planteamiento es el que lleva a Aristó-
t eles a excluir el placer como contenido esencial de
una vida feliz, no cier tamente porque piense que el pl a-
cer es ajeno a la felicidad, sino porque considera que
el placer no es esencial mente una ac tivi dad, sino un
estado o sentimi ent o que acompaña a cier tas activida-
des saoLa vida feliz ha de consistir, por tanto, en algún
tipo de ac tividad y puesto que las potencias o facul-
tades humanas son múltiples, se hace necesario deter-
minar de qué tipo de acti vidad, del ejercicio de qu é fa-
cultad se trata. Los cri teri os introducidos al llegar a es te
punto son los sigui entes : se ha de tratar de una acti-
vidad autosuficiente, qu e constituya un fi n en si mis-
ma y que corresponda a la fa cultad más específica.
mente humana y más perfecta de cuant as posee el hom-
bre. Se llega así a la conclusi ón de que el ideal de
eudaimonia consi st e en la actividad intelectual teor é-
tí ce, en la contemplación desinteresada de la verdad 89.
Esta conclusión no t iene, por lo demás, nada de sor.
prendente si t enemos en cuenta que Dios -el vivi ente
.. ~ t . N íc., X, 5.
.. .sr. Nic., X, 7.

no sólo más perfecto, sino también más feliz- es pre-
cisamente pensamiento de acuerdo con la Teología del
l. XII de la Metafisica. Ari stóteles reconoce, sin emb ar-
go, con realismo que este tipo de vida - pr opia de
Dios- constit uye un ideal inaccesible para la mayor
parte de los hombres durante la mayor parte de su
exist encia, acosados como están por necesidades fí si-
cas, reveses de la fortuna y exigenci as soci ales. Aris-
tóteles viene as í a reducir prácticamente las exigencias
de una vid a feliz ampliando su base de sustentación
que exige tanto la po sesión de las virtu des morales
(que permitan regular racionalmente las tendencias pro-
pi as y la convivencia soci al) como la posesión de cier-
tos bienes corporales (salud, et c.) y ext eri ores (medi os
económicos, et c. ) de que la condición humana se halla
necesitada 90.
Un aspecto fundamental de la filosofía práctic a de
Ar ist óteles es su teoría política 91. Más arriba - al ocu-
parnos de sus relaciones con Alej andro Magno- seña-
lábamos cómo Aristóteles se mantuvo afer rado a la
concepción tradici onal griega de la pólis, de la pequeña
ciudad-esta do como entidad polí tica ideal. En este im-
por tante punto de su teoría Ari stóteles ponía de ma-
nifiesto, sin duda, una sorprendente incapacidad para
hacerse cargo del al cance de las transformaciones polí-
'" l b., J, 8, 1099a31·b7, y VII, 13, l153b17·19.
" Las teorí as políticas de Aristóteles aparecen expuestas en
los ocho libr os de la Pol ít i ca, Más ar ri ba hemos señalado que
existe una amplia controversia acerca del orden relat ivo de est os
libro s dentro de la obra . Tal vez se t rate de una recopilación
de varios t ratados pequeños. Por otra pa rte, el intento ina ugu-
rado por W. Jaeger de di stinguir entre elementos platónicos (más
antiguos, por tanto) y elementos de orientación más empí rica
dentro de la obra tropieza con dif icult ades lógicas y t ext uales
que, en nuestra opin ión, obligan a descart arlo. La ordenación
más lógica de los ocho libros pa rece ser, a fin de cuentas, la
t radicional .
68 ARI STÓTEl. f .S
I NTRODUCCIÓN GENERAL 69
ticas que se es taban operando an te sus pr opios ojos.
Las consecue ncias filosóficas de es tos cambios habían
de ser recogidas más tarde por estoicos y epicúreos,
perd ido ya ir remisiblemente e l orden po lí tico tradi-
cional. Sin emba rgo, y a pesar de esta no table limi ta-
ción, la teoría política de Ar istóteles presenta ciertas
lí neas de indi scutibl e interés. Est as lí neas es tán estre-
cha mente vinculada s a dos ideas centrales que domina n
po r igual sus teorías polí ticas y sus teorías ét icas: la
idea de na turaleza humana y la idea de finalidad que
orie nta a Ari stótel es hacia una consideración te íeotégt-
ca de la comunida d política.
Como en el caso de la ética, la idea de naturaleza ' es
utilizada por Ari st ót eles para enfrenta rse a aquellas teo-
rias de origen sofísti co qu e consider aban a la sociedad
corno mero product o de la convención, Frente a es tas
t eorías di solventes de la sociedad , Ari stóteles insiste
en que la soci abilidad es un rasgo o di mensión es enci al
de la naturaleza humana : ..el Estado es algo producido
por la naturaleza y el hombre es por naturaleza un
animal pol íüco»91. En la evalua ción aristot élica de la
condici ón humana resuenan los ecos platónicos de la
concepción del hombre como rea lidad intermedia entre
las bestias y Dios. La vida en soci eda d es imposible
para las bestias y es in necesaria para Dios: «aquel que
no puede vivir en sociedad o no tiene necesidad de
ello porque es autosu ficíente, ha de ser una best ia o
un dios»93, En es ta visión del hombre como animal po-
lítico se manifiesta , una vez más, la concepción de la
naturaleza humana a que má s arriba hemos hecho re-
ferencia al exponer sus ideas éticas fu nda mentales: el
hombre t iende naturalmente a la vida en comunidad, el
animal no puede ser cons iderado como arquet ipo, como
" Polít ica, 1, 2.
" Ib ídem.
punto de ref er encia para la investigación de la naturale-
za humana.
La soc iabili dad natural del hombre se act ua liza, se
realiza en tres ti pos fundament ales de comunidad: la
famili a. la aldea y el Estado. La ident ificación de forma
(o esencia) y fin , ca racterística de la filosofía aristoté-
lica (ya nos hemos re ferido más arriba a esta identi-
ficación al exponer su teorí a de la s causas) . lleva a
Aris tóteles a una concepción tel eol ógica del Estado:
Fre nte a los otros t ipos de comunidad, la esencia de l
Es tado se defi ne por el fin al cual está desti nado y sir ve.
Al igual que la aldea, el Estado sur ge para asegurar la
vida; de aquélla se distingue en que su función no se
reduce a es to, a procurar que los ciudadanos puedan
vivir, sino que procura además que és tos puedan vivir
bien fOl, Dentro de la comunidad política perfecta es pa-
sible el ejercici o de la s actividades moral e intelectual.
aspectos ambos imprescindibles de una vida buena.
es decir. de una vida de perfección y plenitud acorde
con la naturaleza humana. Des de la antigüedad hasta
nuestros días se ha r epetido con insistencia que el Es-
tado es una estructura alienante ' y destructo ra de la
libertad individual. Aristóteles sostiene con decis ión que
el Estado es el á mbito propicio en el cua l es posible
al ciudadano alcanzar la libertad y la pl enit ud de una
vida especí ficamente humana.
v. DI FUSI ÓN E I NFLUENCIA DE LA
FI LOSOFíA ARI STOTEI..ICA
M I bídem.
70 ARISTÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL 71
de subrayarlo repetidas veces ) que su doctrina no cons-
tituye l:ln sis tema ab solutament e cerrado y coherente,
pero no es menos cierto que las líneas maestras y los
principios básicos de su filosofía presentan un marco
clarament e defi nido y perfectamente ident ificable. Ta n-
to su Escuela como su doct rina sufr ieron una serie de
avatares hi stóricos a que no s re fer imos a continuación.
, Como más arriba hemos índlca dc.J áristé t eles peOIDO-
¡vió en su Escuela la invest igación ci entífica y el estu-
dio de la historia de las ciencias a gran escala. Hemos
citado al respecto los nombres de Teofras to - sucesor
de Aristóteles en la di rección de l Líceo-; como autor de
una histori a de las teorías físicaS"; de Eudemo de Ro-
das. autor de una historia de la s ma temá ticas {ar-i tmé-
tica. geomet ría. a stronomía), y de Menón, autor de una
hi storia de la medicina . La orienta ción cíenttfico-posit í-
va fue sin duda la que prevaleció posteriormente a Ari s-
tóteles en el Liceo. Es ta actitud cíenríñco-posí n va se
emparejó con una clara tendencia a l materialismo en
algunos peri pa téticos como Aristoxeno, Dícearco (ambos
provenientes de Pitagorismo) y, sobre todo, Estratón
de Lámpsaco, sucesor de "Teofrast o al frente de la Es-
cuela, quien en física adoptó una explicación antifina-
lista y en teorfa del conocimiento se inclinó abiertamen-
te por el sensualismo. El difícil equilibrio entre empiri s-
mo y pla tonismo que caracte riza a la obra de Aristóteles
se rompió muy pronto en el seno de su escuela. Frente
a los tendentes al materiali smo, otros pe ri pa té ticos
-como el chipriota Clearco- se mos traron par ti dar ios
lI!l Es ta obra de T EOFRASTO, Opiniop'¡C!s de tos íísícos , tuvo una
importancia decisiva para la translnISlóñ-de- las dOCirinas de los
fil ósofos presocráticos ya que de ella proceden, en úl tima Instan,
d a, tedas las doxograffas. Se conserva de ella un capitulo utu-
lado Acerca del sent ido (De sensu). Ot ra s obras de TEOFRASTO son:'
(
Historia de las plantas, Acerca de las causas de las plantas, los'
Caracteres y la MetafJsica.
de un aristotelismo pl atónico vol viendo su a tención
preferenteme nte a los escritos exo téricos de Ari s-
t ó t e l e s ~ , )
A Bs traté n sucedió L ícón en la di rección de la Es-
cuela. Además del de éste nos es conocido el nombre
de ca si todos los directores del Liceo hasta Andronico
de Rodas (siglo I a. C.). Durante es tos dos largos si glos,
sin embargo, la escuela peripatética no produjo filóso-
fos de categoría. Las discusiones fil osóficas se centra-
ro n fundamentalmente en cuestiones de ética a través
de una confrontación constante con las otras escue las
filosóficas del heleni smo. Este per íodo asistió, por lo
de más, a un proceso a mplio de si ncret is mo entre las
escuelas platónica, aristotéli ca y estoica. El enemigo co-
mún era el epicureísmo, considerado como paradi gma
repudiable de degradación y a te ísmo. El acercamiento
ent re las tres escuelas pasó po r diversas vicisitudes,
pero fue imponiéndose poco a poco '/1. Nombres egre-
\lO Est a bifurcaci ón de los sucesores de Aris tóteles es resumida
por J. MOREAU, Aristote et son écol e ", Aristdt eles y su escuela
[t ra d. M. AYERRA] , Buenos Aires, 1972, 262-63, del siguiente modo: f
_Ar istót eles habría. poseído, pues, en las generaciones que le I
sucedieron una doble posteridad : 1.", la de los Jlositivistas que
culmi nó en Estratón el fislco, y no tuvo ya d espuéS influenda
filosófica al guna; es en tre los sabios de Alejandrla. en el me-
cá nico Herén y el médico Eraststrato, donde hay que ir a bus-
car Jos continuadores de Estralón; 2.-, la de los herederos del
Aristóteles exotérico, es trechamente asociada con la antigua Aca-
demia, comprendIda con ella en la reprobación de un Epicuro
y abiertamente conciliada con ella en el sincretismo de Antl oco
de Asca!ón._
Sobre la escuela peripalética puede verse est a obra de 1. Ma-
reau, 249 sigs., donde se ofrece una exposición resumida pero
valiosa al respecto, asf como orientadoras referencias bibliográ·
f icas a fuen tes y ediciones.
" Una muestra notabt e de este sincret ismo es el psecdoari s-
totélico escrito Acerca del mundo (De mundo}, obra compuesta
probablemente en el s iglo 1 d. C. En ella se combinan etemeotos
72 ARI STÓTELES i NTRODUCCIÓN GENERAL n
gios en este proceso de acercamiento y asimilación mu-
t ua son el del es toico Pos idon io de Apamea (s iglos 11-1
a. C.) y el del acadé mico Antíoco de Ascalón (siglo 1 a. C.l ,
La influencia de aquél fue especialmente notable al res-
pecto. Siglos más tarde ( IlI d. C.l el neoplatonismo ( Plo-
tino, Porfir io) se er igirla en la gran corri ente filosófica
deposi taria de la tradición aristotéli ca.
Pero volvamos al siglo 1 a. C. A finales de este siglo.
como ya expusimos al ocuparnos de Corpus -Arislot el j·
cum, tuvo lugar la edición de los tra tados de Ari stóte-
les po r Andronico de Rodas. A raiz de esta edición
se or igina un primer renacimi ento de Aristóteles que
se prol onga durante siglos en la obra de
tarist as 96. Exis te toda una saga de comentari stas pe-
ripatéticos que se abre con Aspasio, continúa con Ar is-
tocl cs y Hermino y cul mina con Alejandro de Afr odi sia
(siglos II-III d. e.), el más grande y de mayor autoridad
entre los comen taristas griegos de Aristóteles. El rest o
de los comentari stas (salvo Temistlc , siglo IV d. C.) per-
tenecen ya a la corriente neopla tónica. En tre éstos des-
taca por su influ encia Porfir io (si glo m d. C.), autor
de una l ntroducc í án a las Cat egorí as de ca-
pit al importancia para la transmisión del ar ist otelismo
a la Eda d Media. Comentari sta de primera magnit ud
es también el neoplatónico Simplicio (siglo VI d. C.).
El occi dente cristiano tuvo durante la al ta Edad Me-
dia un conocimiento muy escaso de la obra de Ari s-
tóteles : apenas los dos primeros tra tados del Organon
aristotélico, conoci dos a través de la traducci ón de Boe-
cío. un neoplatónico que tradujo además la de
aristotélicos y estoicos juntament e con otros procedente s segu-
ra men te del j udaí smo.
.. Dos arist ot élicos impor tan tes Per tenecientes al siglo II d. C.
cuyos nombres no pueden ser pasados por al to son el médico
Galeno y el astrónomo Ptolomec . La influencia de ambos en la
Edad Media serí a apreciable.
Porfirio. Mlent ra s tanto, los árabes hablan tomado con-
tacto con la cult ura y la filosofía griegas 99. El más
Importante de los comentari stas árabes de Ar istótel es
y el que mayor influencia ejercería en Occi dente fue
el cordobés Averroes. Como Alej andro de Afrodisia en
la Antigüedad, Averroes ofrecía en sus comentari os un
ari stotelismo depurado y li bre de contaminacione s pla-
t ónicas. La mayorí a de las obras de Ar ist ótel es comen-
zaron a traducirse del griego y del á rabe al la tín a
partir" de l siglo XII, en Toledo y en otros luga res del
sur de Europa , y la llegada de los textos ari stotélicos
de la mano de los comentar ios de Aver roes produjo
una auténti ca conmoción in telec tual en el occi dente
cristiano y muy e specialmente en París 100.
Para comprender el alcance de es ta conmoción es
necesario hacerse siquiera una idea de la situación
.. El problema de la tr ansmisión t extual de Ari stótel es a la
Edad Medi a es enormemente complejo y vasto y la t area de
estudio a los manuscri tos est á aún lej os de qu edar completada .
En cuant o a los manuscr itos griegos , d . A. W"RTEUE, Inventaire
des manuscrits grecs d'Aristote, París, ]963, y E. MIONt, Aristo-
telis codices ¡ raeci qui in bibtiothecis Vetlel is adservantur. Pa-
dua, 1958. (Respecto del texto griego del tratado Acerca del alma
ofrece mos en nuestra I nt roducción al mismo información más
deta llada.) El estudio y edición de las traducciones latinas de
Aristóteles (anter iores a U lIO) se ha lla en proceso de realiza -
ción a t ravés de la publicació n del Anstate/es Latitlus. Referen-
cias bibl iogrAficas amplias (has ta la fecha de su publicación) pue-
den encontrarse al respecto en A. 1.EsKY, Guchichte der Griechis-
chen Líteratur e Hu tone de la literatura griega [ trad. J . M. Dtaz
REt;.t.ÑÓN, B. Roltll!Ro]. Madr id, 1968, 610-11.
... Sobre el aris to telismo en la Edad Media. e. GII.SOS, La
philosophie du moyen dge= La titosotía en la edad media [t rad.
A. PACl OS, S. CAB.w.ERoJ. Madri d, 1958, y F. Vo\N StF.ENIlERGEN, Aris-
tote en Decident . Les origines de l'Aristott tisme parisien, Lovaina,
1946. Sobre la flsica en el siglo XIV y pos teri ores en relación con
la ari stotélica, M. CuGElT. The soienoe 01 Mechanics in the Mid_
dIe Ages, Madison , 1959; A. C. CRoMsm, Augustine to Galileo= De
S. Agu$tltl a Galileo [t r ad. J . BERNIA] , 1-11, Madrid, 1974, y
M. CUVBLIN, La philosophie naturalle de Galilée, París, 1968.
74
ARISTÓJELES I Nr RODuccIÓN GENERAL 75
intelectual de l occidente cr is tia no. Al extenderse el
cristianismo en los primeros siglos de nuestra era, los
pensadores cris tianos habían sido prot agonistas de una
amplia y dilatada confrontación con las doc trinas filosó-
fica s griegas vigentes en el imperio romano. Más arriba
hemos se ñalado el proceso de sincretis mo y asimilación
que tuvo luga r en este periodo entre las doc tri nas aris-
totélicas, platónica y estoica que culminó en el predo-
minio de la comente neopla tónica. La confrontación
de los pe nsadores cristianos. de los Piares de1 ngfe-
513, con la fHosoTlr"gnega clrcuIrda llte dio lugar a la
torriíacI6n de un pensamiento cdstiano acuñado funda-
mentalmente en fórmulas y conceptos de origen plató-
ni co y neQplatónico. En efecto, el núcleo de las doctrinas
de origen platón ico result aba fácilmente asimilable
por el Cr istianismo: la transcendencia de Dios (el
Bien °el Uno), la duplicidad de mundos -sensible
e inteligible- que hada del mundo sensible algo hecho
a imagen (huella o vestigio) de 10 Inteligible, la acción
ordenado ra del Demiurgo (identi ficado en el neoplato-
nisrno como el Pensamiento divino), la inmortali dad del
alma y su origen y destino transmundanos, la concepción
de la vida como un proceso de ascesis, de pur ificación
y elevación de l alma, etc., aparecían como afi r macio-
nes básica mente a fines al Cr ist ia nismo y utilizables por
éste. La constitución de un platoñismo cristiano cul-
minó en la figura de San Agustín. Hasta el siglo XIII
el pensamiento en occidente fue vigorosamente pla-
tónico.
l En eltuUuación la llegada de Aristót eles y su comen-
tarist a .Aven od había de provocar p'or fuerza un no-
tabl e conflicto de carácter conflicto se
haría notar en diversos punt os doctrinales, per o los
más impor t antes fue ron dos: el terna del ori gen del
mundo y el t ema de la naturaleza del al ma. La ortodo-
xia cri sti ana enseñaba que el mundo había sido cre ado
y que el alma humana individual es inmortal : el ar is-
t ot elismo afir maba que el mundo es ete rno y que el
a lma humana individual es corrupt ible, siendo incor rup-
tible únicamente el Intelect o, qu e no es individua l, sino
impersonal y úni co para toda la especie humana./pa ra
intentar conci lia r lo inconciliable, los aristotélicos del
siglo XIII que se alinearon en el llamado «averroísmo
latino» recurrieron a una t ercera afi rmación caracte-
rísti ca que no puede halla rse en Ar istótel es ni segura-
mente en Averroes tampoco: la doc tri na de la dob le ver.
dad. Según esta doc trina, hay dos ve rdades, de fe o
de revelación la una, de razón o fil osófica la otra. Y si
bien es ver dad ---de acuerdo con la fe- que el alma
humana individual es inmortal y que el mundo ha sido
creado por Dios, también es verdad -de acuerdo con
la razón- que el alma humana individual es mortal y
el mundo es eterno, como enseña la filosofía de Aris-
tóteles. Los averroístas fuero n perseguidos ( su principal
figura, Sigerío de Brabant e, fue expulsado de la Uni-
versidad y condenado a cadena pe rpetua ) y el aristot e-
lismo fue condenado, pero/ a pesar de todas las con-
denas la fiJoso tia de Aristóteles acabó por ser integrad a
en un sis te ma filos ófico cristiano por obra de Sto. To-
más de Aqu ino. Sto. Tomás de Aquino replanteó la
cuest ión de las relaciones entre fe y razón sin aceptar
la teoría averroísta de la doble ver dad y fijando a la
razón unos límites más ri gurosos que los aceptados por
el agust ini smo platónico, para lo cual se sirvió de la
gnoseología aristoté lica. Asimismo incor poro a su siso
tema los conceptos y las líneas fundamentales de la filo-
soffa aris totélica: en lógica y ontología, la doctri na de
la pluralidad de sentidos del térmi no «ente.., las cate-
gor ías y la primacía de la sustancia, la teoría de poten-
cia y acto, el predomini o de és te sobre aquélla , la po-
sibili dad de demo st rar la existencia de Dios a partir de l
movimiento y la conceptualización de Dios como acto
76 ARI STÓTELES IKTRODUCCIÓN GENERAL 77
{ puro y pens amiento subsistente; en ñsíca, la doct ri na
de las cuatro causas, la composición hilern órfica (ma-
teri a y for ma ) de las sustancias sensibles, la conceJ>
ción aristotélica del Uni verso; en psicol ogía y antropo-
logía, la conceptualizaci ón del a lma como forma del
cuerpo y por t anto Ia unión sustancial de ambos, la
teorí a de las po tenci as o fa cultades, la di stinción ent re
el Int elect o pasivo y el Intel ect o agente o activo, si
bien este último venía a ser interpretado como fac ul-
tad del alma individu al; en éti ca, la inte r pret ación diná-
mica y tel eológica de la natural eza humana qu e sirve
de base a la teoría de la ley natural, la conce pción
de la felicidad como fin últ imo. la concepción de és ta
en términos de contemplación, etc. El sis tema t omi sta
venfa a configurarse en el lenguaje filosófico del arts-
tot eli smo.
Si el siglo XIII fue, gracias fundamental mente a la
obra de St o. Tomás de Aquino. e l siglo del triunfo del
aristotelismo al servi ci o de la fe cri stiana y de la uní-
dad inte lectual de occidente. el siglo XI V marca el co-
mienzo de su declive. El ataque nomina list a contra el
aristoteli smo erigido en sis tema r acional al ser vicio de
la religión cr is t iana y en armonía con ella tuvo lugar
en varios fr entes coordinados. En primer lugar , en el
ámbito del et erno deba te del pensamiento cristiano, el
ámbito de las re laciones entre fe y razón: el nominalis-
mo - preludi ado en es to por Du ns Es coto y acaudilla.
do por Guillenno de Ockham- fijó un alcance mucho
más limitado a la razón humana. De est e modo diver-
sas afirmaciones acerca de Dios - incluida su existen-
cia y acerca del al ma y de la moral que habían sido
consideradas accesibles al discurso raciona l- quedaban
relegada s ahora al á mbito excl usivo de la fe. En segun-
do lugar y en estrecha vinculación con lo anteri or, el
ataque nominali sta se di r igió con tra la gnoseología arís-
tot élica en su versión tomista socavando los fundamen-
tos noéticos del sis te ma al afirmar la primacía del co-
noci miento de las realidades individual es y al dejar con
ello a los conceptos universales si n una ba se ontológica
de sustentación. Por último, en el siglo XIV comenzó
el asalto a la fís ica aristotélica , asalto éste que había
de ser el de más de vasta doras consecuencias a lar go
plazo.
La crítica a la física aristotélica en el sigl o XI V no fue
en principio t ant o un in tento de eliminar la teoría aris-
totélica del movi miento cuanto un intento de corregirla
y completarl a en cie r tos de ta lles de impo r tancia . Como
seña lábamos~ m á ~ a rriba, la teoría a ri stotél ica del mo-
vimiento se basa en el principio de que todo lo que se
mueve es movido por otro. A efectos mecánicos este
principio llevaba consigo las tres siguientes a ñrmacío-
nes: a ) que el motor ha de se r di stinto del móvil. b) que
el motor ha de ser exterior al móvil y e) que la acci ón
del mo tor sobre el móvil ha de dura r mien tras dura
el movimiento (con ot ra s palabras. qu e una fuerza cons-
tante aplicada a un móvil produ ce en éste un movimien-
to uni forme). El mantenimiento de es tas tres afirma-
ciones resultaba especialmente difí cil para el caso de
los movimientos violentos de proyección (u na piedra
lanzada , por ejemplo) en los que el motor original (la
mano, en nuestro ejemplo) no se halla en contacto con
el móv il durante todo su movimiento. Aristóteles había
recurrido a la hipótesis de que es el aire el que des-
plazá ndose empujaba al móvi l mant eni éndolo en moví-
miento. Insat isfechos con esta extraña expl icación. los
fís icos del siglo XIV recurriero n a la teoría del ímpetus:
el motor impri me al móvil un empuje. un ímpetu que.
a su vez. actúa sobre éste man teniéndolo en movimlen,
to. Quedaba de es te modo negada la afi rmación ari sto-
télica de la ext eriori dad del motor respec to del móvil.
Con su doctr ina del ím petus y otros desarroll os pro.
movi dos po r los fí sicos en el siglo XIV se abrió la bre- :
78 ARISTÓTELES INTRODUCCI ÓN GENERAL 79
I
\.
i
sobre el movimi ento de los pr oyect iles vino igualmen-
te a desmentir la distin ción fundamental in troducida
por Ari stóteles entre movimientos naturales y violen-
tos. El pr incipio de inercia mo strar ía la inoperancia
física del pr incipio de que todo lo que se mueve es i
movido por otro. La ley de gravi tac ión universal, en \
fin, llevaría al descrédito definit ivo la idea de Aristó- i
te les según la cual las leyes qu e rigen el movimiento I
en la Tierra no son aplicabl es al movimiento de los
cuer pos cel estes. Newton había puest o de manifiesto
cómo la caí da de los graves y los movimient os orbi-
ta les de los planetas obedecen a la misma ley, la ley
de gravitación universal. Por otra parte, la fil osofía aris-
totélica había recibido un nuevo impulso durante el
Renacimient o en Uni versidades y Acad emias por obra de
los humanistas . El aristote lismo renacentis ta - en la
figura de su máximo representante, Pomponazzi- ad-
quirí a una t endencia marcadamente nat uralista. Pero
los humanistas fueron por lo general not ablemente in-
sensibles al movimiento cientí fico y ad optaron una ac-
tit ud dogmática y aprlorístlca que los llevó a opone rse
a los descubrimientos científicos de la época.
Con el descrédit o de su física y de su imagen del
Universo vino la dec adencia de la fil osofía ari stotélica
en Occidente a partir del siglo XVII. Es cier to que a
partir de l siglo XIX el ari stotelismo recibió indirect a-
mente un nuevo impulso al pr omocionars e y re vitalizar-
se el sist ema tomista en el seno de la I glesia Católica.
Pero ent re tanto nuevas teorías cient íficas -como el
evolucionismo- alejaban más v más a Aristó t eles del
pensami ent o vi gente a partir de la modernidad. Es ta cir -
cunstancia no s obliga a preguntarnos por el interés ac-
tual del estudio de Ari stóteles . Muchos dirán segura-
mente que tal interés es escaso o nulo. Sin embargo,
el inte rés contemporán eo por Ari stóteles est á ahí y es
innegable, como muestra la Inge nte producci ón literaria
"cha de la crítica a la física aristotélica. Su abandono
definitivo vendría en los tres siglos sigui entes de la
mano de las nuevas teorías mecánicas y astronómicas.
El primer paso en esta di rección lo dio Copérnico en
la segunda mitad del siglo XVI al proponer el modelo
astronómico heliocéntrico frent e al geocéntrico de Aris-
tóteles y Ptolomeo. Aun cuando en un pri nci pio la obra
de Copémico no produjo ninguna conmoción inme diata,
su propuesta suponía un duro golpe al aristotelismo
por dos razones fundamental es: En pr imer lu gar, la teo-
ría helio céntrica se oponía directamente a la doctrina
aristotélica de l reposo y el movimiento naturales y con
ello a la doctrina de los lugares naturales: el movi-
mi ento de la Tierra dejaba de ser hacia el centro del
Universo, el Centro de l Universo dej aba de ser el lu-
gar natural donde la Ti erra reposa inmóvil. En segundo
lugar, la teor ía heliocéntrica se oponía a la imagen
aristotélica de un espacio de reducidas dimensiones,
finito: si efect ivamente se mueve la Tierra, su di stan-
cia a las estrell as ha de ser enor me ya que no se ob-
servan cambios en las posiciones de éstas. Algunos ca.
pernícanos afirmaron que el Universo es infinito. Este
fue el cas o de Giordano Bruno, que fue por ello conde-
nado a muerte en 1600.
A partir de Cop érníco, las tesis fundamentales de la
cosmol ogía y la física aristotélicas serían impl acabl e-
mente refutadas una a una. Con sus leyes acerca del
movimiento de los planetas, Kepler vino a negar dos
ideas importantes de la astronomía aristotélica: que
el movimiento de los astros es ci rcular y que su velo-
cidad es const ante a 10 lar go de t odo su des plazamient o
orbital. Las observaciones de Ga lileo con su t el escopio
desmintieron, por su part e, la inalte rabilidad de los
cuerpos celestes, comprometiendo seriamente la dist in-
ción radical est ablecida por Aristóteles ent re las sus-
tanci as sublunares y las celes te s. Los estudios de Galile o
80 ARISTÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL 81
y filosófica que se remite a su obra o se ocupa direc-
tamente de ella. Pensamos que la fil osofía de Ari stó-
teles es aún (y probablemente seguirá siendo) una
fuente fec unda de ins piración y es tímulo filosófico por
dos razones, al menos. En primer lugar. su consi de-
ración t eleológica de lo real constituye un punto de
referencia ineludible para cualquier filosof ía, ya sea
para negarla como cami no viab le o bien para recorrer-
la con él, para interpretarla de forma t ranscendent e
como Santo Tomás de Aquino o para inmanentizarl a en
la Histor ia y la Razón como E. Husser l. En segundo
luga r y de for ma más general. Arist óteles representa
paradigmát icamente un modo perenne de acceder a la
refl exión filosófica y de procede r den tro de ell a : aquel
modo de proceder filosófico que parte de la expe rí en-
cia y se esfue rza en poner de manifiesto sist em át ica-
mente las aporías que la experie ncia suscita en el marco
de nuestros esquemas conceptua les ; un proceder filo-
sófico que está siempre a tento a la experi encia sin qu e
es ta atenci ón lleve consigo el abandono de la es pccu-
laci én teórica por de jadez o coba rdía.
VI. BIBLI OGRAFfA GENERAL DI! ARI STÓTELES
Una bibliografía sobre Ari stótel es que pre te ndiera se r
exha ust iva result aría no solamente imposible, sino ad e-
má s carente de utilidad. La que ofre cemos a continua-
ci ón es, por ta nto, select iva y moderadamente amplia.
Puede ser completada hasta donde se desee recurri en- •
do, entre otras, a las siguientes publicaciones :
F . UEBER\VF.G, K . PR.tLECIIT1!R. Grundiss der Geschichte der PhifO$t).
phie, 1, 12" ed., Berl ín, 1926.
S. WMBR[NO, BibUographie de l'Ant iquitt! cfassique (1896-1914),
París, 1951.
J . Mu oVZEA.u, DU clI1nies de bibliographie cfassique (1914-1924),
I·II, Parta , 1927·28.
A partir de es ta fecha puede consulta rse la publicación
anual L'année philologique.
Otras informaciones bibliográficas a tener en cuenta:
H. S. LONG, . A biogr aph ical Survey of Recent Works on Aris·
totle», The C/ass. World, 51 (1957), 52 (1958).
M. D. PHlLIPPI!, Bibliographische Einführungen in das Studimn
der Philosophie, 8: Aristoteíes, Berna, 1948.
D. Ross, Fifty Years oí Classical Scholarsh ip, Oxford, 1954.
G. VERBEKE, . Bulletin de Iiu ér ature arí stotéñcíennes. RelI. phil. de
Louvain. 56 (1953) .
Algunas de las obras recogidas en nuestra biblio-
gra fía contienen, a su vez, abundante bibliografía sob re
Aristóteles. En tales casos 10 indi ca remos ent re pa·
ré ntesis.
l. Ediciones completas y grandes colecciones
Aristotelis Opera, edidit Academia Regia Borussica,
Berlín, 1831-1970. Consta de cinco volúmenes cuyo con-
tenido es el siguiente:
1-11 . Aristotelis Graece (texto por E . Bl!It talR).
111. Aristot eles latine ( traducciones del Renacimiento) .
IV. &holia in Aristotelem (textos de comen tarios griegos
recogidos por C. A. BRANlIl$).
V. Aristot elis quE lerebantur librorum fragmmta (colee-
ción de fragmentos por V. RosE). &holiQ in A r i s t o t ~
lem ( suplemento por H. USI!NER). Inda Aristot eliCltS
( po r H. BoNITZ).
Las ci tas de Aristóteles suelen hacerse remitiéndose
a las páginas, columnas y líneas de esta edición.
14. - 6
82 ARISTÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL 83
Aristotelis opera omn ía Graece el Latine, ¡-V, ed . F. DIDOI, Pa-
rís, 1848-1874, 1883·1889.
Bibliotheea sorípíorum GraecOTum et Romanorum Teuoner íona,
Leipzig, 1868...
The Loeb Classical ILibrary, Londres y Cambridge, Mass. (texto
griego y traducción inglesa).
Bibli otheca Oxoniensis (Oxford classical eexts).
Collection des Universités de France (G. Bud é), París (texto grie-
go y traducción francesa).
2. Léxicos
P. F. RUIZ, Index Iocupletissimus duobus tornis digestus in Aris-
totelis Stagiritae Ope ra, Salamanca, 1540.
H. BON1TZ, tnaex Aristotelicus, Berlín, 1870, 1955. (Continúa sien-
do un instrumento indispensable pata el estudio de Artsto-
teles.)
M. KAPP1>s, Aristoteus Lexicon, Paderbcrn, 1894.
TROY WILSON ORGAN, An t náex to Aristotle in English Translat íon,
Prínceton, 1949. (Se basa en la traducción inglesa de las obras
de Aristóteles dirigida por J. A. SMITll y W. D. Rosa, Oxford,
1908".)
3. Comentarios antiguos
Los textos recogidos por e, A. Brandis y publicados
en el vol. IV de la edición de la Academia de Berlín
quedaron desfasados tras la publicación por la misma
Academia de la colección Commentaria in Aristotelem
Graeca, I·XXIII, Berlín, 1882-1909, que recoge los co-
mentarios de Alejandro de Afrodisia, Filópono, Temís- .
tío, Simplicio, etc,
Otros comentaristas medievales y renacentistas de in-"
terés son Averroes (Aristotelis Opera cum Averrois como
mentariis, I·XII, Venecia, 1562-1574, y Francfort, 1961),
Santo Tomás de Aquino (pueden verse Opera Omnia,
1, 11, 111, ed. Leonina, Roma, 1882-1886, y los comen.
t arios a diversas obras de Aristóteles editados en Tu-
rín, 1915.. . ), J. Pacio (ed. Francfort, 1596-1601), G. Za-
barella (ed. Padua, 1587.1604), Silvestre Mauro (ed. Pa-
rís, 1885-1889), P. de Fonseca (ed. Roma, 1589).
4. Ediciones bilingües y comentarios modernos
a) Obras de lógica
Organon, texto y comentario latino por T. WAITZ, en dos tomos,
Leipzig, 1844-6.
Elementa logices Aristoteleae, selección de textos, t raducción la-
tina y comentario por F. TRIlNDELENllURG, 9." ed., Berlín, 1892.
Sophistichl elenchi. texto, traducción inglesa y comentario por
E . POSTE, Londres, 1866.
Prior al1d Posterior Analitics, texto y comentario en inglés por
W. D. Ross, Oxford, 1949.
b) Obras de tísica
Aristote, Physique l l, t raducción francesa y comentario por
O. HAMELIN, París, 1907.
Aristotle's Physics, texto y comentario inglés por W. D. Ross,
Oxtord, 1949.
De generatione et corrupt íone, texto y comentario inglés por
H. H. J OACHIM, Oxford , 1922.
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84 ARISTÓTELES INTRODUCCIÓN GENERAL 85
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86 ARISTÓTELES
I NTRODUCCi ÓN GENERAL 87
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Véase la bibliografía especffica ofrecida en este mismo volumen.
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92 ARISTÓTEI.ES IN TRODUCCIÓN GENERAL 93
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J. G. WARRY, Greek Aesthetic Th eory, Londres. 1962.
Véase también la obra de F. Sol msen r eco gida en esta biblio-
gr afí a en 5 e), asl como la de P. Gohlke re cog ida en 5 g).
6. Traducciones españolas
Conocemos tres traducciones españolas del conjunto
del Corpus. Son las siguientes:
Obras de Aristót eles, en d iez volúmenes, traducidas por P. DE Az,
CÁRATE, Madrid, 1874. (Han sido reedit adas por separado en
la col. Austral, ed. Espasa-Calpe. No es u na traducción fiable .]
Obras completas de Aristóteles, en doce vol úmenes, t raducidas
por F. GALLACH PALÉS, Madrid, 1931-34.
Aristóteles. Obras, traducc ión de F. SAMARANCIl, Mad r id, 1964.
(No incl uye todo el Corpus pero sí las obras funda mentales
del mismo. Se trata d e una t raducción que no es en absol uto
de fiar.)
Las traducciones españolas de obras ai sladas son nu-
merosas y las hay de muy desigual valor, Además de
las ya recogidas en el apartado de ediciones bilingües,
podemos citar las siguientes:
Aristót eles, De anima, por A. LI.ANOS, Buenos Air es, 1969.
Arist ót eles. Tratados de lógica, por F. !.ARROYO, México, 1969.
Aristót eles. Meui.flsica, por F. LARROYO, México. 1969.
La Polftica, traducción d e J. PALU BONET, Barcelona, 1974.
La Polltica, traducción de C. GARc1A GUAl. y A. Pt REZ JIMtNEZ, Ma -
d ri d, 1977.
Poética, traducción d e E. Sc HLESINGllR, Buenos Aires . 1947.
Poética, traducción de J . D. GARcfA BACCA, 2.' ed., Caracas, 1970.
Aristóteles, Horacio, Boileau, Poéticas, traducción de A. GONZÁ-
LEZ PllREZ, Madrid, 19n.
Física , traducción de E. GONZ.l.LEZ BLANCO, Madrid, 1935.
94 ARISTÓTELES
Por otra parte, todavía continúan editándose las ve-
tusta s, yen su época muy dignas. tradu cciones de P. SI·
M6N ABRIL de la é tica y la Política (de fines del s. XVI),
así como la tradu cción de la Poética llevada a cabo por
J. GaYA y MUNIÁIN (de fines del s. XVIII ).
ACERCA DEL ALMA
I NTRODUCCIó N
La concepción del alma en el tratado «Acerca del alma»
Result a. sin <luda, necesario establecer en
pri mer lugar a qué género pertenece y qué
es el alma - qui ero decir, si se trata de una
reali dad ind ividual , de una entidad o si, al
contrar io, es cualidad, can tidad o cualquier
otra de las ca tegorías qu e hemos dis tinguido-
y en segundo lugar, si se enc uentra ent re los
seres en po tencia o más bien constituye una
cierta ent etequía. La diferencia no es , desde
luego. desdeñable.
(Acerc<2 dtl alma, 1, 1, 4OZa2J-27,)
Es cost umbre de Ari stóteles (costumbre, por lo de-
más. tan estimable como poco común) comenzar una
obra ofr eciendo la enumeración de todas aquellas cues-
tiones con que habrá de enfrent arse a lo largo de toda
ella. Un índice semejante de cues tiones existe también
en el t ratado Acerca del alma. La breve cita que enea-
beza este apartado de nuestra Introducción recoge pre-
cisamente aquellas líneas con que se abre la relaci ón
de los problemas a tratar. De acuerdo con el programa
expues to en es tas líneas. la cuestión fundamental y que
ha de aborda rse !:n primer luga r es ea qué género per-
tenece y qué es el alma». Tal afirmación impli ca que
Aristóteles no _se pl an tea de modo explícito el problema
14. - 1
98 ACERCA DEL AI.MA
99
y
\
\
,
de si el alma exis t e o no: su exis tencia no se cues-
tiona; sino que se pa sa di recta ment e a discutir su na -
'"tural eza y propiedades.( El lector de hoy sent irá segu-
ramente que su actitud ante el t ema se halla a una
not able distancia del planteamiento ari stotélico y con-
sí derara que la verdadera cuestión a debat ir no es la
natural eza y propi edades del alma, si no la exi stencia
mi sma de uña reali dad de ta l natu raleza y propieda-
"des.) EI hor izonte dent ro del cual Ari stóteles debate el
probl ema del alma difiere notoriamente del horizont e
int electual en que se halla instalado el lector moderno
en virtud de di versas circunstancias históricas de las
cuales tal vez merezcan desta carse las dos siguientes:
las connotaciones religiosas asociadas a la idea de alma
y la decisiva infl uencia ejercida por el
sobre la psicología metaffsica a partir de la moder-
nidad 1. Es cierto que en el pensamiento griego el tema
del alma aparece asociado con insist encia a concepci o-
nes y creencias de tipo reli gioso (inmortalidad, transmi-
gración, culpas y castigos, etc.): baste recordar el pita.
gor is mo y la ü toso ña platón ica. Ari st óteles, sin embargo,
no plantea la cuestión del alma en conexión con creen-
cias religiosas, sino desde una perspectiva estr ict ame nte
naturalist a.
acepta , pues, la_existencia del alma, sibien
su actit ud an te la mi sma es sustancialmente ajena a
las connotaciones religiosa s tradicionales. La p erspec:-
tiva en que se sitúa es la explicación del fenómeno de
I La influencia del Cart esianismo introdujo en la Modernidad
un planteamiento nuevo de l problema del alma: al afirmarse la
autonomía e incomunicación ent re la s sust ancias pensa nte (alma)
y extensa (cue rpo), el el rna quedaba desvinculada t ot almente del
cuerpo y el fenómeno de la vida venIa a inte rpret arse desde una
perspect iva rnecani clst a. Se abandonaba así el plant eamiento tra -
dicional del tema del alma que siempre Se había considerado
en relaci ón con la vida.
la vida. El razonamiento subyacente a su plan teamiento
es , más o menos, el siguiente: en el ámbito de los seres
na tu rales los hay vivientes y no-vivientes; ent re aqué-
llos y ést os exis te una diferencia radical, una barrera
ontológica infranqueabl e; ha de haber, por ta nto, algo
que constituya la raíz de aquellas actividades y funcio-
nes qu e -son excl usivas de los Est e algo -sea
lo qu e sea-s- es denOiñinado por Ar ist óteles a lma
y, cuando menos, hemos de conveni r en que tal deno-
minación cuadra perfectamente con la tradición griega
de qu e Aristóteles se nutre. El pr oblema est riba, pues,
en det ermi nar la naturalcza de ese algo, del alma. Ca-
bria decir que se trata de encont rar una referencia
adecuada al término salma» y tal búsqueda sólo es po-
sible a través de una invest igación -filosófica y em-
pírica- de las funciones, de las actividades vitales. ..E1
tratado Acerca del alma no es sino un tratado a cerca
de los vivientes, acerca de los seres nat urales dotados
de vida.
El primer problema a debatir es, por tanto, qué tipo"'
de rea lidad es el al ma. En las -lineas citadas an terior-
mente' és te problema se concreta, a su vez, en dos cues-
tiones funda mentales: en primer lugar , si el al ma es
una ent idad o bien constituye una realidad meramen te
acci de ntal; en segundo Jugar, si es acto, entelequia o,
por el con trario, se trata de una potencia, de una po-
tencialidad o capacidad para vivir qu e poseen ciertos
cuerpos nat ural es y de la cual carecen los seres Ina ni-
mados. Aristóteles se enfrenta al t ema del alma equipa-
do con un sistema de conceptos bien perfila do y crí-
ginal. Frente a toda la filosofía anterior , ensaya un
audaz exper imento de traducción cons is tente en reino
ter pretar el dualismo t radicional de cuerpo-alma a n-a-
vés de sus propios esquemas conceptuales de enti da d-
accide ntes, materia-forma, potencia-acto. El resultado
será un a t eoría vigorosa y nueva ac erca del alma, ale-
lOO ACERCA DEL AI. MA I NTRODUCCIÓN 101
j ada por igual de todas las especulaciones anteriores,
pero no exenta de ciertas ambigüedades y tensiones in-
ternas. (-__
A) La palabra griega ousia (que genera lmente suele
traducirse por «susta ncía« y que nosotros traduciremos
siempre po r eenti dade j t ab arca en la obra aristot élica
una pluralidad de noci ones cuya sistema tización cohe-
rente no deja de resultar difíci l. En efecto, Ari st óteles
denomina ousía, enti dad a las siguientes r ealidades o
aspectos de 10 real: a) . Lo que no se predica de un
sujeto ni existe en un sujeto; por ejemplo, un hombre
o un caballee (Cat egorias. S, 2aI2-13). Se trata, según es-
tablece explícitamente Ari st ót eles, de la acepción fun-
damental del término ousía, con la cual se hace refe-
rencia a los individuos pertenecientes a un género o
especie naturales. b) Las especies a que pertenecen los
individuos y los géneros en qu e aquéllas est án inclui-
das. por ejempl o, ..el ind ividuo humano es tá incl uido
en la especie "hombre" y el género a que esta especie
per tenece es "animal" y de ahí que la especia "hombre "
y el género "animal" se denominen entidades segun-
das» (ib., 5, 2aI6-18). En este caso la palabra ousía pasa
a significar el conjunto de los predi cados es enciales
que definen a un indi viduo. (Los individuos se denomi-
nan entidades primeras). e) Aquellas rea lidades que son
capaces de exis tencia independiente, autónoma, es de-
cir, las ..sus tancias. (en la ace pci ón tradiciona l de este
término), por oposición a los accidentes. d) El sujeto
físico del cambio, es decir, lo que per manece idéntico
como sustrato de las distintas modificaciones resultan-
tes de aquél . e) Por último, el sujet o lógico-gramatical
I La conveniencia de traduci r el t érmino griego ous la por el
castellano _entida d. ha sido también defendida por C. GARdA
GVAL, «La traducción y la Meta.ffsi ca de Ar istóteles _, Emerita,
3S (1967), 91-104.
de la predicaci ón, del discurso predica tivo: "lo que no
se predica de un sujeto, sino qu e lo demás se predica
de ello. (Metaflsica, VII, 2, 1029a8). El t érmino ousía se
inserta, pues, en un conj unto de oposiciones que de-
terminan su significado como: indivi duo fre nte a los
géneros-especies. predicados esenciales frente a predi-
cados accidentales , sustancia frent e a acci den tes , sujeto
permanente fr ente a las det er minaciones sucesivas cam-
biantes y suj eto del di scurso predicativo fre nte a los
predicados del mismo. La teor ía aristotélica de la ousía,
de la enti dad, es, pues, muy compleja y solame nte una
comprensión adecuada de la misma permit e adentrarse
en el planteamien to del problema del alma qu e se ofre-
ce en nuestro tratado.
B) El concepto de ousfa, de entidad, t iene su ma rco
fundamental en la teor ía de las categorfas . En el libro
de las Categorfas - al ' que ya hemos hecho r eferencia
anteríormente-c- la teoría se introduce en función de
los juicios predicativos. Ari st ót eles comienza distin-
guiendo (Cat ., 2. 1a I5) dos ti pos de expresion es: a que-
llas que constituyen j uicios o proposicion es, po r ejem-
plo, "un hombre corre», y aquella s que no son j uicios,
como «hombre», «corre», et c. Est as últimas son los
elemen tos a parti r de los cuales se forman los ju icios o
proposiciones. El cuadro de las categorías cons tituye
la clasificación de t ales t érminos o locuciones simples
(ib_, 5, l aS). No todos los términos, sin embargor s ~ ~ _
clasificables eilalguña de las di ez categorías (l as co-
necHvas- quedan fuera del esquema), sino solame nte las
palabras que cumplen una función significativo-designa-
ti va. De ahí que el esquema de las ca tegorías con stit uya
también una cl asificación de las cosas designadas por
medio de tales palabras, es decir, una clasificación de
los di stintos tipos de realida d.
En su significación técnica como predicados . el cua-
dr o categorial parece respon der en la obra de Arist6te-
o",,'2.
C
A 1>í.J
~ -' ~ . ~ .
r.
102 ACERCA DEL AU l A I NTRODUCCiÓN 103
les a dos perspectivas distintas sobre el lenguaj e predi.
cati vo: a ) Tomemos. en primer lugar, sujeto de
predicación a una entidad primera. a un-individuo,
Sócrates, por ej emplo. En tal caso, las ca tegor ías cons-
E!uirían una clasificación de todos los posibles ..
predicados susceptibles de ser Ie a tribui dos: Sócrates
es... hombre (ousta, entidad) , pequeño (cantidad), ho-
nest o (cualidad), etc. Es evidente que en est e sup ues-
to -cuando el sujeto del discurso es para los di stintos
predicados una entidad primera. indivi du al- el único
predi cado esencial (es decir, el único que expresa qué
es el sujeto) es la entidad (entidad segunda, en este
caso: géneros-especies). b ) Supongamos. en segundo lu-
ga r, que el sujeto es en cada proposición una rea lidad
di stin ta perteneci ente a la misma categor ía que el pre-
dicado: Sócrates es hombre, la honest idad es una viro
tud (cualidad), etc, En est e segundo supuest o, el di s-
curso es siempre y en cada caso esencial ya qu e en
todos ellos expresa qué es el suj eto '. La peculiar idad
de la categoría primera (la enti dad ) fre nte a la s nueve
re stantes se muest ra en la cir cunst ancia de que cuando
, Ambos aspectos del cuadro de las categor ías como clasifica-
ción de predi cados aparecen clarament e expuestos en el slgulen-
te texto de los Tópicas: «es claro a part ir de todo esto que el
discurso que expresa la esencia (t í esrí¡ se r efier e unas veces a
la entidad, otras a la cantidad y otras a cualqui era de las res-
tantes categcrtas. Por ejemplo, -sí ant e la presenci a de un hom-
bre afirma que lo que es tá presente es un hombre o un animal,
dice la esencia ( tí esei, y se refiere a la entidad. Y si ante la
presencia de un color blanco afirma que lo que está presente
es blanco o color, dice la esencia y se refiere a la cual idad.
E igualmente si ante la presencia de una magnitud de un codo
afinna que 10 que es tá presente es u na magnitud de u n codo,
dice la esencia y se refiere a la can l idad. Pues cada uno de
éstos, si se afirma de sí mi smo --Q b ien su género- significa
la esencia; pero si se afinna de otro, no di ce la esencia, si no la
ca nt idad, la cualidad o cualquier a de las r est ant es categorías»
(J, 9, 103b27).
el predicado pertenece a ella (entidades segundas, géne-
ros-especies), el sujeto pertenece también necesariamen-
te a ella (entidad primera o segunda, según los casos) ",
Con otras palabras, el di scurso dentro de la categoría
«entidad» es siempre un di scurso esencial.
Esta es, a grandes ra sgos, la si t uación de la teorfa
en los libros ari stotéli cos relativos a la lógica. En ellos.
sin embargo, queda n sin aclarar suficientemente cíer-
tas cues tiones impor tant es. De éstas . la más no toria es
la concérniente a las entidades segundas, al sentido qu e
tiene denominar las entida des y a su relación con las
entidades primeras o individuos. Asf, en el e. S de las
Categorías (3b l Q.23) se establece como algo carecterfs-
ríco de la entidad en general que significa eun esto.
(tóde ti). Respecto de las entidades primeras el asunto
es claro: «Sócrates>, e Pla tó ne, etc., son palabras que
desi gnan realidades concretas, cumplen una funci ón
deíctica , son, en úl tima instancia, demostrativos. En el
caso de las entidades segundas (géneros y especies) el
asunto es, sin embar go, bien diferente y Aristó tel es mi s-
mo señala que más que eun esto.. (tóde ti) signi fican
"un de tal t ipo o cualidad» (poión ti): afi r mar que Só-
crat es es hombre equi vale, en efecto, a afirmar que
«Sócrat es es una entidad de ci erto ti po o cualidad, a
saber, humana » (Cat ., S, 3b20). Est e pr oblema no es, por
lo demás, una cuestió n purament e semántica, es deci r ,
no afecta meramente al di scurso, sino que en el nivel
de la realidad extralingüística remi te al problema de la
relación existente entre aquello que denominamos en-
ti dad es segundas (géneros y especies) y aquello que
denominamos ent idades primeras (individuos, ejempla-
• Cons idérense las siguientes proposiciones: a) Sóc rates (eni l-
dad pr imer a) es hombre, animal (enti dades segundas}; b) el hcm-
bre (enti dad segunda , es pecie) es animal (entidad segunda, gé-
nero).
104 ACERCA DEL AL\IA I NTRODUCCi ÓN 105
res de las distintas especies). Se trata, en defi nit iva,
del problema del platonismo.
C) Es en la Metafisica -y muy es peci al mente en
Jos li bros "cent rales de la misma- don de Ari stótel es
parece responder adecuadamente a la ambigüedad que
acab amos de señalar en relación con la entidad así
como a otras cuestiones afines no aclaradas su ñcíen-
temente en los tra tados de lógica. El planteamiento
aristotéli co se halla posibilitado en ;;Sie "caso por la .
in troducci ón de do s teorías de suma importancia: la
concerniente a ~ pl urali dad de significaciones de _ser_
y «ente» y la teoría hilemórfica. Aquélla recae prima-
-riamente sobre la lengua ; és ta. sobre la est ruct ura de
la realidad extr alingüfst ica.
El c. 1 del 1. VII iaela Metafísica se sitúa dentrodel
es quema de las categorí as entendidas conforme a la prí-
mera de la s pers pectivas que señalábamos más arriba,
es decir , como clasificación de todos Jos posibles pre-
dicados para un discurso cuyo sujeto sea una entidad
..f' primera. Sobre las cosas -señala Ari stóteles- nos es
pos ible formular afirmaciones de muy dis tinto rango y
condición : cabe, por ejemplo, decir qu é son, pe ro t am-
bién cabe decir' dónde, cuándo, de qué tamaño, CÓmo
son. Pues bien, se nos dice, entre todas es tas posi bili -
dades de hablar acer ca de la r ealidad, la primaria y
or iginal (pr6ton) sería aquella que se articulara con-
forme al es quema lógico-lingillst ico: «¿qué es esto?».
Es obvio y tri vial que en cada cas o la respuesta con-
creta dependerá del tipo de realidad a que se apunte
con ta l pregunta pero es importan te señalar que en
cualquier caso las di stintas respuestas habrán de t ener
una estructura idént ica. La r espuesta habrá de ser
siempre un nombre que signifique dent ro de la cate-
ga rfa de entidad: a esto apunta Aristóteles al señalar
que la respuesta habrá de ser del ti po «(esto es) un
hombre o un dio s» (1028aI5-18). Esta contestación, a su
vez, podrá ser ulteriormente determinada: podemos aña-
dir que se trata' de un hombre senta do o paseando o
bueno pero en tal caso habla ría mos ya de det erminacio-
nes o afecciones (accidentes) de esa ent idad concre t a
e individual que llamamos hombre. Afecci ones o ac-
cidentes cuyo sujeto (hypokeímenon) es la entidad en
el dob le sentido de aquella palabra, es decir, como su-
jeto físico de inhesión (eporque ningún acci dent e tiene
existencia . ni puede darse separado de la entidad ».
l b. 1028a23) y como sujeto lógico de predicci ón ( epues
bueno o sentado no se di ce sin és ta ». lb. l 028a28).
Ousfa, entidad, es , por tanto, aquell o que realiza la
doble y coordi nada función de ser sus tra to ñs tco de
determinaciones y sujeto lógico o referent e último de
nuestro lenguaje acerca de la realidad. Desde un punto
de vista metafísico, esta doble caracteri zación lleva en
su seno la posibilidad de una conclusi ón monis ta y
más concret amente de un monismo materi alista : ¿no
habrá de concluirse qu e la única ent idad real es la
materi a. sustra to últi mo de tod as las det erminaciones
reales (pues to que las ent idades primeras o ind ividuos
no serían sino modif icaciones de la materia) y por con-
siguiente sujeto último de toda pred icación? s. A pesar
• • ... en efecto, todo Jo demás no es sino atecctones, acciones
y potencías de los cuerpos y la longitud, la latit ud y la profundi-
dad son distintos ti pos de cantidad, pero no entidad (la cantidad
no es, des de luego, enti dad); luego ent idad será más bien el sujet o
último en que se da lodo es to. Y es que eliminadas la longit ud,
la latitud y la profun didad , nos encontramos con que no queda
nada a no ser que haya algo delimit ado por ellas; con que a los
que adoptan es te pun to de vista por fue rza ha de parecerles
que no hay más entidad que la ma teri a. Por mi parte. llamo
materia a aquello que por si mi smo no puede ser denominado
ni algo ni cantidad ni ninguna ot ra de las determinaci ones del
ente. Se trat a. en efecto, de al go de lo cual se predica cada una
de est as determinaciones , algo cuyo ser es di sti nt o del de cada
una de las cat egorí as (y es que las demá s se predican de la en-
tidad y ésta, a su vez, de la materia)... quienes partan de es tas
106 ACERCA DEL ALMA INTRODUCCtÓN 107
de la ro tundidad de es te razonamiento, Ari st ótel es se
niega a ac epta r semejante concl usión monista. La nega-
tiva ari stotéli ca se justifica en la indeterminación pro-
pia de la mater ia que la hace incapaz de constituir el
sujeto de di scurso esencial alguno. En efecto. la_pre,:
gunta «¿qué es la m ater ia como tal. es dec ir, más a llá
de todas sus determinaciones?.. escapa a toda posibili--
dad de di scurso definitori o. Habrá que 'plantear ía más
bien en términos ta les como: «¿qué es la materia en
el caso del agua, del árbol. etc.?», con 1(l2U3-J el
de la pregunta -y de la respuesta correspondiente-
ya no es la materia como tal. sino un tipo
de materia. Situado en esta encrucijada, Aristóteles es-
úi.blece como rasgos fundamentales de la entidad, de
la ousia. el ser algo individualizado, separado (chons-
tón). es decir. algo determinado (un es to, tóde ti) 6. De
este modo regresamos a l punto de partida cerrando el
círculo a partir del cual se origina la teoría aristotélica
consideraciones se encontrarán. por t anto, COD. que la materia es
ent ldad- (M et ., VII . 3, 1029a1l·27).
En es ta discus ión acerca de la materia como enti dad, cabe
dist inguir dos aspectos dist intos de la cuesti ón. Hay, en primer
lugar, un aspecto de ' a cues t ión que afecta de manera directa
al léxico, a la lengua: ¿es correct o utilizar la palabra ousfa
para des ignar la materi a ? De hecho, la lengua gr iega lo permite
y Aristóteles mismo lo hace a menudo; pero también de dere-
cho, pues la mater ia cumple con las func iones señaladas que,
a juicio de Ar istóteles, son nota fundamental de la s ignificación
de ta l término. Hay, en segundo lugar, un aspecto de la cues-
t ión que es de fondo y no meramente de ut ilización de la pa-
labra : Gusta ---en el sent ido más genuino de este término- es
aqu ella realidad Que constituye el ref erente últ imo del discurso
esencial y, po r ta nt o, ha de ser un a r ealidad determi nada y no
indeterminada como la mat eria. (Dir íamos Que la materia, según
Aristóteles, Queda por debajo de la línea de flot ación del di s-
curso).
• . A la entidad parece corresponderle de manera especialí si-
ma el ser algo separado (cllOristón) y algo determinado (t óde t í] »
a»; 1029a27-28).
de la entida d: puesto que el di scurso esencial se origi-
na en la pregunta: «¿qué es esto?", aquello a que la
pregunta se refiere ha de ser ,«un esto.., es deci r. una
ent idad primera, individual. El paso siguiente se lleva
a cabo fáci lmente. sin esfuerzo . El sujeto y referente
últ imo del discurso ha de ser algo determinado y la
mater ia es indeterminada; ¿qué es lo que hace que la
ma ter ia sa lga de su indeter minación y venga a ser algo
det er minado?; evide nte mente. la forma. En el ámbito
de las realidades na turales el sujeto que se busca será,
JX)r tan to, la mater ia det erminada JX) r la forma, el corn-
puesto hilcmórfico 1.
D) La pregunta primaria y original (¿qué es es to?)
y su cont estación pertinente (por ej emplo, eun hombre ..)
recaen sob re la entidad primera, individual. El discurso
no termina, sin embargo, aquí, sino que cabe prolon-
garl o en un segundo nivel: ¿y qué es un hombre? La
respuesta a esta segunda pregunta viene, por su parte,
a recaer sobre lo que en filosofía suele de nominarse
esencia por la fuerza del uso y de la t radición. Al tema
de la esencia (palabra és ta que sirve para traducir la
expresión a ris toté lica 'ti') tí én einai) dedi ca Aristóteles
un conjunto de disquisiciones tan interesan tes como
complicada s s. Nos limitaremos a t omar el hilo de uno
de los aspectos de la cuestión.
1 Tres son, pues, los ti pos de realidad o aspectos de lo real
<
a que cabe denominar Gusia: la materia . la forma y el como
puesto. Con es ta idea comienza la discusión de la nat uraleza del
alma en el tratado Acerca del alma: ..Solemos decir que uno de
los género s de los entes es la enti dad y Que ést a puede ser en-
tendi da en primer lugar como mater ia - aquello que de por si
no es algo determinado-, en segun do lugar como es tructura y
forma en virtud de la cual puede decirse ya de la mat eri a que
es algo determinado y en tercer lugar como el compues to de
una y otra- (11, 1, 412a6-79).
• El c. 5 de este 1. VII de la Met af /si ca est á dedicado a dilucí-
dar de Qué hay esencia. Esta cuestión resulta especialment e per-
108 ACERCA DEL ALMA I NTRODUCCI ÓN 109
La es encia es el contenido de la definición. En efe cto,
qué sea el hombre se manifiesta y expresa en la de-
finición de hombre. La definición, por su parte, cons-
tit uye una frase, un enunciado complej o. ASÍ, la de-
finición de hombr e como «viviente-animal-racional" o
bi en como aquel ser que «nace, se al ime nta , crece,
se reproduce, envejece y muere (viviente) , siente. ape-
tece y se desplaza (animal) y, en fin, intelige, razona y
habla (r acional) ». Una definición se compone, pues, de
partes. ¿Qué partes de lo defi nido recoge el enunci ado
de la definición? Se t rata de una cuesti ón a la que
Aristót eles concede notable importancia y cuya r espues-
ta ha de ser cuidadosament e matizada . No han de con-
fundirse la perspectiva desde la cual define al hombre
el fís ico y la perspectiva desde la cual lo define el
metafísico. Situándose en la perspectiva de este último,
Aristóteles consi de ra que la definición no ha de incluir
las partes materiales del compuesto (tal sería el caso
de una definición de hombre que enumerara sus mi em-
bros, t ejidos y órganos), sino solamente las parte s de
la rforma específica, las par tes de aquello que Arísto-
t eles (Met., VII, 10, 1035a15) 9.
1---'
t inente para Aristóteles ya que -de acuerdo con el texto más
arriba citado de Tópicos, I, 9, 103b27- es posible un discurso
esencial res pect o de las realidades comprendidas en t odas y
cada una de las categorías , es decir, cabe expresar no solamente
qué es una entidad, sino también qué es un color, et c.: por ta n-
to, hay esencia no solamente de las ent idades, sino también de
Jos accidentes. La respuesta definitiva de Ari stóteles es que d a
esencia o es algo exclusivo de las entidades o, cuando menos"
cor responde a ella s primaria, principal y absolutamente» (1031a
11-14). Es t a respuesta se justifica en la importante doctri na ari s-
t ot élica de que las palabras «ente» y «ser» tienen múltiples sen-
t idos de los cuales el primario y fundament al es el que corres-
ponde a la entidad. Más ar riba hemos aludi do a la importancia
de est a doct rina en cuya exposición y análisis no nos ha sido
posible entrar,
• La prolija y complicada di scusión de est e problema de las
Al llegar a este punto result a ne cesario llamar la
atención sobre el significado Es te
término se t raduce
bra latiña- ;;."for ma». Esta manera de traducirlo no me-
re<?erí a el comentario si no fuera porque
es ta mbién la palabra «forma» la que se utiliza para
tradlicfr Clt "érmi nü -·griego··-morpM. Al am-
-la el lecto r se ve em-
pujado a cons ide rarl os como si nónimos, borrándose en
gran medida el significado preci so qu e el término eídos
pos ee en cont extos deci sivos como el que est amos ana-
lizando 10. La ..entre m orpM..L eídos
en este contexto es la que existe entre la estructura
de un organismo viviente y"'las funciones o ac tividades
vifales-que - tal "or ganismo realiza. .El ddos es el con-
junto de las fu nciones que corresponden a una ent idad
natural. El conj unto de tales funciones cons t it uye la
esencia de la entidad natural (i b., 1035b32) y por con-
siguiente cons t it uye también el cont eni do de su defi-
partes de la defini ción .tlene lugar en el c. 10 de este libro de la
Metaf ísi ca. Esta cuesti ón se toca t ambién en el t rat ado Acerca del
al ma, I, 1, 403a29-b16.
11 A este peligro de sinonímlzacíón de ambos tér minos no es
ajeno el propio Aristóteles, que pres cinde a menudo de la dis-
t inción ent re ambos (por ejemplo. ut l'lizando expresi ones como
morpht ka¡ d dos ) cuando el contexto no exige t al disti nción. Si
la exige, sin embargo, el contexto que estamos analizando y que
es prec isament e aquel en que se sitúa la explicación aristotélica \
del alma. A est e res pecto cabe se ñalar que el alma no es deno-
minada por Aristóteles morpht en ninguna ocasi ón pero sí que
es denominada erdcs muchas veces. (Hay textos en que - t ratán-
de se del alma- se utili za la expresión morpné ka¡ e/dos y au n
en t al es casos est a expresión no se aplica de manera directa al
alma; no hay ninguno en que se la denomine solament e morph é
y muchos hay en que se la denomina exclusivamente eldos.
Para evit ar_confusiones, sdlemos traducir efdos no simplemente
como «forma», sino como «forma especí fica» en aquellos pasajes
en que la confusión es posible).
110 ACERCA DEI. ALMA I S:TRODVCCI ÓN 111
nición, de acuerdo con el modelo de definición de hom-
bre que más arriba hemos propuesto.
E) El di scurso acerca de la entidad na tural -que
en su segundo nivel nos ha llevado a la pregunta ¿qué
es un hombre? y con ella a la esencia y la definición-
ha de prolonga rse aún en un tercer momento o ni vel
al cual corresponderí a la pregunta: ¿y por qué es to es
un hombre? Este t ercer momento del discurso posee
una impor tanci a decisiva ya que en el momento an te-
rior la materi a. los elementos mater ial es, habían que-
da do fuera de consideración al ceñirse el discurso ex-
clusivamente a la esencia entendida como eídos. Este
nuevo ni vel y esta nueva pregunta restituye n la como
po sición hilemórfica de la entidad a que el discurso se
refiere. Ari stóteles subraya, en efecto, cómo la pre-
gun ta recae di rectamente en la materia: preguntar por
qué esto es un hombre equivale a pregunta r po r qué
estos elementos material es están or ganizados de modo
tal que constit uyen un hombre. La resp uesta , a su vez,
ha de buscarse a través de la forma específica , del
conj unto de funciones para las cua les sirve tal orga-
ni zación materi al : «Iuego lo que se pregunta es la
caus a por la cua l la mater ia es algo de terminado y
esta causa es la forma específica (eidos) que, a su vez,
es la enti dad (ousí a) .. (i b., VII , 17, 1041b6-9).
La teoría aristotélica de la entidad natural queda com-
pletada en este último momento del discurso. El eidos,
el conj unto de funciones qu e corresponden a una en-
tidad natural aparece como ca usa de la entidad natu-
ra l mi sma. No se trata, como es obvio, de una causa
o agente exterior: la causalidad de la for ma específica
es i n m a n e n t ~ ~ J En tan to que causa inmanente Ar ist ó-
11 La causalidad -inmanent e- de la forma espec ífica o ei dos
ha de entenderse doblement e: a) un conjunto de elementos me-
t eriaJes consti tuye n una entidad determinada en la medida en
Que son apt os para re alizar y realizan las funciones pertinentes;
teles denomina eentldad.. {ousía] a la forma específica ,
recogiendo así una de las significaciones básicas del tér-
mino ousia expuest as en el 1. V de la M et afísica: «en
otro senti do [ se denomina ol/s ía ] a aquello que es cau-
sa inmanente de l ser de cuantas cosas no se predican
de un sujeto ; ta l es, por ej emplo, el alma para el ani-
mal .. (10l7bI4-16). Por último, el eidos o forma espe-
cí fica no es solamente la esencia y la caus a inmanente
de la entidad natural, sino también su ca usa fin al o
f in. La pregunta c¿por qué estos elementos so n un
hombre ?.. sólo aparece cont estada pl enamente cua ndo
aquéllos son cons iderados desde el punto de vista de
la función a qu e est án destinados y sir ven : la activi-
dad especifica del ser humano que cons tituye su ra-
zón de ser, su finalidad 12. De este modo se llega a la
tesis aristotéli ca más radica l re spect o de la naturaleza:
la forma especifica como finalid ad inmanen te, es decir,
como t étos, como entelequ ia, ac to o actividad que es
fin en sí misma.
F) Tras este necesario recorrido a t ra vés de la teoría
ar ist otélica de la entidad, volvamos ahora a las dos
b) en el cas o de los seres vi vient es, además. el tidO$ es causa
generadora de los elementos ma teriales y de su est ructura ción;
son, en efecto, las funciones vi tales mismas (alimentación y
des arrollo) las que van produciendo los disti ntos órganos a par.
li r de la semilla o el embrión. Se t rata de una concepción dia -
léctica , circul ar de la causalidad en cuant o que la función pro-
duce la estructura (las actividad es vit ales mis mas crea n y se-
¡regan los dist intos órganos) y la estructura, a su vez, sirve
a la función, si bien la prioridad corresponde a esta última,
al eidos.
11 «¿Por Qué est os elementos, por ejemplo, ladrillos y piedras,
son una casa?; es obvio Que la pregunta se refiere a la causa;
y ésta, desde el punto de vista de la de finición, es la esencia
que, a su vez, es en algunos casos el fin (tinos héneka). (ib .,
1G41a26-29). En este t ext o se sub raya cómo el terc ero de los ni-
veles que hemos distinguido en el discurso se refi ere a la esencia
en ta nt o que fin o finalidad.
/
112 ACERCA DEL AI.MA I NTRODUCCI ÓN 113
cuestiones que Ari stóteles considera fundamental es
acerca del alma: ¿es el alma en t idad o, por el contrari o,
es una determinaci ón accident al del vivi ente?; ¿es acto,
entelequia o más bi en ha de se r cons iderada como una
potencia. como una ca pacidad de los organismos vivos?
La respuesta a ambas preguntas -amplia mente elabo-
rada en el l. 11 de l t ratado Acerca del alma- viene
da da por cuanto hemos expuest o an terior mente. Aris-
tó teles establece y afir ma repetidas veces que el alma
es esencia- [to ti én einai ), forma especí fica (d dos) y
entidad (ousl a) del viviente. Sus ideas al respecto apa-
recen expresada s con concisión en las siguientes pala-
bras: «Oueda expuesto, por tanto, de mane ra general,
qué es el alma, a saber, la en tidad definitoria (ousJa
ka ta lógon) es to es. la esencia de tal t ipo de cuerpo. U)
(11, 1. 412b9). Al ser fonna específica de l vivi ente, el
alma constituye- también su fin inmanente y. por tanto,
su actualización o entelequia: c1uego el al ma es nece-
sa r iamente enti dad en cuanto forma especifica de un
cuer po natural que en potenci a ti ene vida . Ahora bien,
la entida d es entelequia, luego el alma es entelequia
de t al cuerpo» (i b., 412a20-23).
La coherencia de la explicaci ón aristotélica se basa
en la afi rmación fu ndamental de que el al ma es el
eidos, la forma específica del viviente: precisamente po r
ser lo. es también su enti dad y entelequí a.] Ahora bi en:
¿qué implicaciones tiene esta fundamental afirmaci ón
de que el alma es la forma especifica del viviente? Más ·
I u Cabe citar ~ pasajes del L VII de la M ~ t . a f í s ~ en que
se expresa 10 mismo. Así. en el c. 10 se lee; c... el alma de los
I animales ( ella es, en efecto, la entidad del ser animado) es la
I ent idad en cuanto definición. la forma especlfica y la esencia de
un cuer po de tal tipo...• (l03Sbl4-16). En el c. 11 del mismo libro
puede leerse: c... la definición de hombre es la definición de
alma; la entidad es, en efecto, ia forma especifica inmanente de
cuya unión con la materia r esult a 10 que denominamos entidad
compues ta...» (1037a28-30),
arri ba hemos señalado que la forma especí fica es el
conj unt o de las funciones que cor responden a una en-
ti dad natural : por tan to. la forma específica de un vi·
vlenre serán las actividades o funciones vitales (alímen-
tarse, reproducirse, etc.) que en su conj unto suelen
de nominarse «vida». La teoría a ri stotélica parece favo-
recer de este mo do la ide nt ificación de l alma con la
vida. Si esto es así, ¿no queda el alma desprovist a de
sust ancialidad, de exis tencia y realidad autónomas?; ¿no
se t rat aría, en defin itiva. de una manera discreta de
eliminar el alma manteni endo ---eso sí- la pal abra
salma» como un mero sinónimo de la pa labra «vida»?
La ide ntificación del alma con la vida, la sinoni mi-
zación de ambos t érmi no s, se insinúa en nuestro trata-
do como una posib le consecuencia interna del plantea-
miento mismo aristotélico . Nos limitaremos a llamar
la atención del lec tor sobre dos pasajes cruciales al
respecto. El primero de ellos dice lo siguiente: cent re
los cuerpos na turales los hay que t ienen vida y los hay
que no la tienen (y solemos llamar vida a la autoalt-
mcntecíó n. al crecimiento y al envejecimiento). De don-
de resulta que t odo cuer po natural que par ti cipa de
la vida es entidad, pero entidad en el sentido de ent i-
dad compuesta. Y puesto que se trata de un cuerpo
de t al ti po -a saber. que ti ene vida- no es posible
que el cuerpo sea el almas (i b., 412aI2.17). Repá rese en
las líneas que . hemos subrayado: en la premisa se es-
tabl ece que el viviente es compuesto a t ravés del sis-
tema «cuerpo/ vidas (el viviente es un cuerpo que t iene
vida) mientras que en la conclusión este sist ema se
sust it uye por el otro de «cuerpo/almas (es decir. el vi·
viente es un cuerpo que tiene al ma: el a1ma no es el
cuerpo) 14. El segundo de los text os que aduciremos co-
" Entre los comentaristas, Sofonias se apercibió en cierto
modo del quiebr o introducido en la ar gument ación en este pasaj e
14, -8
I
114 • ACERCA DEL AU lA l NTRODUCClÓN 115
rresponde a la cél ebre y conocida definición aristot é-
l ica del alma: «luego el alma es la entelequia primera I
de un cuer po que en pot encia tiene vida . (i b.• 412a27.28).
De acuerdo con el sistema arist ot élico, acto o entele-
quia es siempre y en cada caso el cumpli miento ade-
cuado de la potencia que viene a ac tualizar. Por t anto,
el acto o ente lequia de un cuer po que en potencia tiene
vida ha de se r precisamente la vida y no cual qui er
otra cosa. No obstante. Aristóteles nos ofrece el a lma
en su lugar. Como en el caso anterior. la coherencia
in terna de l texto parecerí a exigir la identifica ción de
alma y vida
La desust an cialización del alma es, pues, una pode-
ro sa posibili da d interna de la teor ía aris totélica acerca
del viviente . Es ta desustancialización del al ma podía
tener lugar de dos modos diferentes. En efe ct o, al st-
tuarse el alma entre el cuer po y la vida y al in tentar
conccptuali zar la desde la teoría de po tencia y ac to, no
sólo ca bfa la posibilidad de reduci r el alma a l act o
identificá ndola con la vida, sino que cabía ta mbién la
posibili dad de r educir la a la potenci a identificándol a
con la capacidad del organismo para vivir. Esta última
posibilidad --de la cual exis ten t ambién indicios en
nuest ro tratado 15_ fue la que histór icamente tuvo más
aristotélico. Sus palabras resti t uyen l a coherencia del texto en su
as pect o formal: ; El que posee vida es, pues, un cuerpo y t al
tipo de cuerp o. Por t anto, es compuesto de cuerpo y vida [ek:
ka! sómatos ): aquél, en cuanto sujeto y materia; és ta, por
su part e, en cuanto est á en el sujeto como forma. (ad l oe.).
" Repár ese en el siguiente texto de nuestro t ratado: ..Pero
es necesario también considerar en relación con las distintas
partes del cuerpo lo Que acabamos de decir. En efecto, si el
ojo fue ra un animal, su alma seria la vista: és t a es, desde lue-
go, la entidad defini t oria del ojo. El ojo, por su part e, es la
mater ia de la vista de manera que, q uit ada ésta, aquél no sena
en absoluto ojo a no ser de palabra, como es el caso de un oj o
esculpido en piedra o pint ado. Procede además aplicar a ,la to-
éxito en la escuela aristot élica primitiva. Por lo que
sabemos, el al ma no es ya para Ari stóxeno sino la a r-
monía o equilibrio entre las distintas funciones del or-
ganismo, En idént ica dirección se mueven Estratón y
Dicearco. Es te - disclpulo inmediato de Ari stótcles-
re cur re t ambién al concepto de equilibrio corporal para
afirmar que "no existe el alma», que el alma es algo
talidad del cuerpo viviente lo que se aplica a las partes, ya que
en la misma rel ación en que se encuentra la parte respecto de
la parte se encuent ra tambi tn la totalidad de la potencia sensi-
tiva respecto de la totali dad del cuerpo que posee sensibñidad
como ta l. Ahora bien, el que es tá en potencia de vivir no es
el cuer po que ha echado fuer a el alma, si no más bien aquel
que la posee. El esperma y el fruto, por su parte, son tal t ipo
(le cuerpo en potencia. La vigilia es entelequia a la maner a en
que lo son la visi ón y el acto de cortar; el alma, po r el con-
trarí o, lo es a l a maner a de la vis ta y de la potencia del ins-
trumento. El cuerpo, a s u va , es lo que es tá en pot encia. Pero
así como el oj o es la pu pila y la vista, en el otro caso - y pa ra-
lelamente-e- el animal es el alma y el cuerpo. (Il, 1, 412bI7·13a3).
La teori a aristot élica del alma funciona en un doble sistema
oposit ivo: fr ent e al cuerpo y frente a la vida o fun ciones vit ales.
Frente al cuerpo, el alma se des t aca como acto; fr ent e a la vida,
el afma aparece como potencia. Est a segunda es la perspectiva
que corresponde al texto t ranscrito en el que los ejemplos ut i-
nze cos son dos, el ojo y el hacha. El oj o se define por la capa-
cidad de ver (vist a) y el hacha por la capaci dad de cortar: t ales
cnpacldades o potencias consti tuyen su esencia. Anál ogamente,
señala Aristóteles, el viviente se defi ne por su capacida d de vivir,
siendo éste su esencia, es decir, su alma, El párrafo ofrece el
mis mo paradi gma par a los tres casos: a) Instrumento de hierro
( '" materia)/capacidad de cort ar ( ""eidos}facto de cortar; b ) pu-
pila ( ""materia)/ capacidad de ver, vis ta ( ""eldosJ!visión, y c)
cuerpo ("" material/capacidad de vivir ( = eidosJ!actividad o fun·
cíones vitales. Es obvio que en los tres casos aduci dos la capa-
d dad o potencia resul ta determinada por el tipo de materi a que
la posee asl como por su es tructura y di sposición peculiar es. En
cierto modo, est a ex:plicaclón podía ser tomada como apoyo para
In reducción del alma a la pot encia, a la es t ru ctura y equili brio
corpor ales.
/
116 ACERCA DEL AL.. \U I NTRODUCCI 6 N 117
einsustanciale tano úsíos¡ 16, Por más que Aris tóteles cr i-
ticó duramente y rechazó la doct rina del alma-a r mo-
1
nía 17, el alma viene ahora a significar, más o menos,
lo qu e en el lenguaje natu ralista de los médicos se
denomina salud: el equilibrio es tructural y funciona l
del organismo que hace a éste ca paz de realiza r las
funciones vitales .
A pesar de lo anteriormente expuesto. es un hecho
que Aristóteles no lleva a cabo la desus tanci alización
del alma a t ra vés de ninguna de las dos posibles re-
ducciones a que nos hemos referido. La metafísica aris-
t otélica camina por otros derroteros impuestos por la
afir mación de la autonomía de la vida respecto de la
mat eria y esta autonomí a de la vida respecto de la ma-
teria es la que j ustifica. en últ imo término, la autono-
mí a ac ti va del alma respect o del cuerpo 11, Tal lfnea de
lO Sobre este punto pueden verse las observaciones de OR1v.G!I.
y GASSET en su obra La idea de principio en Leibni t , Buenos
Air es, 1958, C. 18, págs. 163 y stgs.
Tanto Aristóxeno como Dícearco proc edían del pi t agori smo.
Por tanto result ad a exager ado suponer que su doctr ina acerca
del alma es el resul tado de una evol ución a partir del aristote-
lis mo. Su ori gen es evidentemente p itagórico. Si n embargo, no
es menos cier to que era posibl e intentar encaj ar esta doctrina
dentro de una determinada línea de interp retación del aristo-
telismo.
" La crft ica de Aristóteles a la doct ri na del al ma-armon ía se
halla en el 1. 1, c. 4, de nues tr o tratado (407b27-408a30).
11 Apar entement e, Aristóteles r ecurre en el tratado Acerca del
alma a una observación de tipo empíri co que justificarla la dis-
tinci ón entre alma y vida: la interrupción de cier tas acti vidades
vitales durant e el sueño. o bsérvese el siguiente t ed a: • .. . luego
el alma es entelequia de tal cuerpo. Pero la palabra eentetequlas
se ent iende de dos maneras: una, en el sentido en que lo es la
ci encia, y otra, en el sentido en que lo es el teorizar, Es, pues,
evidente que el alma lo es como la ciencia: y es que t eniendo
al ma se puede estar en sueño o en vi gilia y la vigilia es análoga
al teorizar mient ras que el sueño es análogo a poseer la ciencia
y no ejercitarla. (JI, 1, 412a22-26).
pensamiento acaba prevaleciendo a 10 largo del tratado
Acerca del alma. Resurge así inevitableme nte la ima gen
tradicional del cuerpcn : omo órgano, como insirtiITien to
- -- _.•... .._..,,"- .
del "cual -el alma se SIr ve: «Y es que es necesario que
ela rt e· 'ut ilice-Sü'S ins tr umen tos y el al ma utilice su
cuerpos (1, 3, 407b2,5.27). El alma no se reduce al con-
junto de las funciones vitales, sino que -más allá de
éstas- aparece como el agente ac ti vo regulador de su
coherencia y armonía 19. Es cierto que Aristóteles insis-
te en qu e el sujeto qu e realiza las ac tividades vitales
no es el alma, sino el vivient e en tanto qu e entidad
compuesta: «no es el alma quien se compadece , apren-
de o disc ur re, sino el hombre en virt ud de l alma" (408
Esta const atación emplrica no dej a de ser t rivial a efectos
de justificar la distinción entre alma y vida. En efecto, el dato
de experiencia propuesto resulta perfectamente integrable den-
tro de la teorfa de potencia y acto sin neces idad de afirmar la
ir reductibilidad del alma a las act ividades vitales. En primer lu-
gar (y esto lo sabía perfectament e Ari st ót eles que 10 constata,
por ejemplo, en los pequeños tratados dedicados al sue ño), en
el sueño no cesa la vida, sino algunas acti vidades vitales. Per o
es que aun supon iendo posible la int errupción total de 'las acti vi-
dades vital es, la explicaci ón teóri ca a t ravés de la doctrina de
potencia y acto cabría igual men te sin necesidad de distinguir el
alma de las fundones vitales. Sigamos imagin ando e imagine-
mos que en t al caso el cuerpo conti núa siendo potencialment e
vivient e, es decir, posee vida en potencia. Pues bien, es tes is aris-
totélica que cualquier ser natural est á en potencia cua ndo t al po-
tencia se actu aliza de no mediar impediment o alguno (cf. Met. ,
IX, 7). De acuer do con est a t esis. la pr esencia o ausenci a de ím-
pedimentos y la Inter vención de agentes exter ior es bas tar ian para
explicar el hipot ét jco fenómeno en cuest ión sin necesidad de supo-
ner la exis tencia de un alma en tal cuerpo. (A no ser que venga-
mos a ident ifica r el al ma con la capacidad de vivir, en cuyo caso
escaparíamos de Escila para caer en Caribdis.) La negat iva ari s--
tot élica a reducir el alma al conjunt o de las act ividades vital es
(o a una mera posibilidad de vivir resultante de la estructura y
es tado del or gan ismo) obedece, sin duda, a otras razones de más
calibre que esta banal constat ación empírica .
lO ce, por ejemplo: r, 5, 411b5·9; JI , 4, 415b28·a9.
/
118 ACERCA DEL ALMA
I NTRODUCCI Ó:-C
¡' b 15-16); sin embargo, compárese esta r otunda declara-
I
ci ón con lo que se establece en el siguiente texto de
la Metafísica: «... el acto está en el age nte mismo, por
ejemplo. la visión en el que ve, la especulación en el
qu e especula y la vida en el alma» (lOSOa34-bl). Pu es to
que la visión está en el qu e ve y la especul ación en el
que especula, la vida está paralelamente en el que
vive. El texto dice que es tá en el alma: el que vive es,
pues, el alma, de acuerdo con la est ru ctura lógi ca de
,-+¿ccste texto de la Metafísica 20,
Una vez afirmada la irreductibilidad del alma, ' el cua-
dro de la exp licación arist otéli ca de la vida queda de- \
fin itiv amente trazado de acuerdo con las siguientes
líneas: a) El viviente se especifica y define por un '1
conjunto de funciones (nutrición, etc .). Tales activida-
des o actos son, en suma, lo que denominamos vida.
>tl Esta ambigüedad en el plano de la teorí a (¿quién es el su-
jeto que realiza las actividades vitales y en el cual reside la
vida ?) se cor responde con una ambigüedad pa ralela en el plano
del uso de la lengua por parte de Aristót eles (sujeto gramat ical
de los verbos que expr esan act ividades vital es), En el t ratado
Acerca del alma podemos di stinguir tres t ipos de t extos: a ) Hay
algunos en que el sujeto de los verbos que expresan operaciones
vitales es un nombre común como «las plantas », «los anima-
les», et c. (elas pla ntas crecen», etc . Cf., por ejemplo: 11, 2,
413a25·25; 11, 2, 413bI6-17; rr, 8, 420b31-32). Estas expresiones co-
rresponderían en el plano de la teoría a la afirmación de que
no es el cuerpo ni el alma qui en vive, sino la enti dad compuesta
de ambos. b) Hay otros textos en que el sujeto de los verbos
que expresan operaciones vitales es un pronombre personal
{evivlmos», «pens amos», etc. Gener alment e se trat a en este caso
de actividades cognoscitivas. Cf.: n. 2, 414a4-13; IlI, 1, 424b13
y slgs., et c.). c) Hay otros muchos, en fin, en los cuales el su-
jeto de tales verbos es el alma [eel alma aliment a, Intelíge, de-
libera, afirma, niega, desea, huye o persigue», etc. Cf., entre muo
ches otros: n, 8, 420b27_29; n, 4, 416b20-23; 111, 7, 43Ial4-17). Este
t ipo de expresión correspondería, a su vez, en el p'lano de la
teoría a la doctrina de que es el alma quien ejecut a las opera-
ciones vit ales y en quien reside la vida .
La vida es, por tanto, actividad, acto. b) El alma - que
no se identifica sin más con la vida- es también act o.
De este modo, el alma resulta ser la ent elequia o acto
pr imer o de l viviente y la vid a su acto segundo. e) Pero
todo acto lo es de una potencia. De ahí que la disten-
sión o hiato exist ente en los vivientes naturales ent re
el acto pr imero (alma) y los actos segundos (funciones
vitales) implique la existencia de potencias correspon-
dient es a éstos últimos: a la nutrición, sensación, et c.,
corresponden otras t an t.as potencias (nutritiva, J
va, et c.). Son las potencies o facultades del alma, __
La marca histórica de garant ía de toda obra (
ñca de primera magnitud no es otra que su capacidad
para estimular"la reflexión y promover el sur gimiento I
de desarrollos ulteriores, de lineas de pensamiento qu e
- procediendo de ella- divergen y se contrapone n en- '>
t re sí. Es te ha sido el caso de la doctrina acerca de ! 1
alma y la vida exp uest a en nuestro tratado. Dentro <,
de las coordenadas conceptuales diseñadas en él se
ha polemizado apasionadamente sobre la naturaleza de l
alma desde los mismos discípulos de Ari stót eles hasta
los humanistas del Renacimiento,- pa sando po r los co-
mentaristas antiguos y las distintas escol ás ticas medie-
vales. En antropología filosófica, es ta obra aristotélica
ha inspirado ininterrumpidamente toda una corriente
de pensamiento que - sin olvidar su doble vertiente ('o
orgánica y anímica- ha insistido poderosamente en la
unidad de l ser humano. De esta obra aristotélica pro-
ceden y a ella se remiten como a su acta fundacional
todas las corrientes vitalistas hasta nuestros días. In-
cluso en el ámbito de la mística (ámbito de l que nadie
parecer ía más alejado a primera vista que el propio
Aristót eles) este t rat ado prop orcionó inspiración y ele-
ment os conceptuales a la filosofía árabe a t ravés de la
teorí a del Intelecto (n ofls) inengendrado e inmor tal de l
cual el hombre participa. (Más adelante nos ref eriremos
120 ACERCA DEL AUlA I NTRODUCCi ÓN 121
a es ta doctrina aristotéli ca. ) Igualmente notable es, en
, fi n. la in fluencia de esta obra de Aristóteles en los cam-
pos de la psicologí a y la teorí a del conocimiento. en
aquéll a a t r avés de su teoría de las facultades, en ésta a
t ravés de su concepción del conocimiento como asimila-
ción, como captación intenciona l de las formas de las
realidades conocidas. Solamente el Fedón de Pla tón po-
dr ía, tal vez, compararse con este t ratado en cuanto
a su t ranscendencia hi stórica en relación con el tema
del alma.
2-
. Cont enido, autent icidad y época de composici ón
del t ratado
El tratado Acerca del al ma comprende un total de
tr eint a capítulos di s tribui dos del siguiente modo: el
libro primero se compone de cinco ca pít ulos, el libro
segundo de doce y el libro tercero, en fi n, de los t r ece
capít ulos r es tantes. Es impor tante señalar que el des-
a r rollo del t ratado responde a un pl an de conj unto, a
una ordenación cohe rente.
El libro I se abre con una exposición - muy de es tilo
aristotélico- acerca del objeto a tratar y de las difi-
cult ades o apor ías con que se e nfrenta rá la obra, ade-
más de ofrecer ciertas consideraciones de carácter me-
todológico. El r esto del libro se dedica a un análisis
cr ítico minucioso de las teo rí as acerca del a lma mano
tenidas por sus pr edecesores. Un a vez llevado a cabo
este recor r ido hi stórico-crítico, el li bro IT r etoma sis-
temát icamen t e y de modo directo la cue st ión funda-
ment al de qué es el alma. En su c. 1 se defin e al al ma
como ent idad y como entelequia o ac to primero del
cuerpo. A continuación. en los ce. 2 Y 3 se pasa a un es-
tudio de carácter general sobr e [as potencias o facuIta-
des del alma . A par ti r de este momento se inicia el es-
tudio suc esivo de las di st int as facul tades. El c. 4 se dedi-
ca al alma vegetativa y sus -facultades. Con el c. 5 se
inicia el est udio de la facult ad de senti r, dí str íbuy én-
dose este es tudio de la siguiente manera: el c. 5 se
ocupa de la sensación en general; el c. 6 se dedica a ana-
lizar lo sensible y sus clases; los ce. 7· 11 est udian re s-
pectiva y sucesi vamente cada uno de los cinco sentidos;
el c. 12, en fin, t r ata de lo que es común a todos los
sent idos . En est e momen to se entra en el 1. I II que con-
tinúa r igurosamente la temática del libro anter ior. El
c. 1 de es te lib ro trata de demost rar que no existe ni n-
gún otro sentido además de los cinco ya enumerados y
es tudiados. Los ce . 2 y 3 se dedican, respect ivamente, al
sent ido común y la imaginación. A cont inuaci ón _se
emprende el es tudio del ent end imiento, del I ntelecto
(ce. 4-8). Después se pasa a estudiar la potencia o facul-
tad motr iz (ce. 9-11) par a ter mi nar el t ratado con un
conj unto de consideraciones gene rales acerca de la j e-
rarquía y di st ri bución de los sentidos en los di st intos
tipos de animales (ce. 12 y 13).
A pesar de que el plan general de la obra parece un
ar gumento poder oso a favor de la unidad de su com-
posición, ésta ha sido negada por W. Jaeger . Las cuno
s tderacíones aducidas por es te filólogo en su conocida
e infl uye nte obra sobre la evolución del pensamiento de
Aristóteles 21 se refieren fundamentalmente al conteni-
do doctrinal del t ratado. En concreto. se refie r en a la
doctrina acerca del Int electo expues ta en el 1. I II . La
doctri na fil osófica del I nt elect o inmaterial y et erno pro-
ce der ía - según Jaeger- de una etapa más antigua,
platónica, que r esulta inconciliable con la actitud em-
" W. I AEGill, ArUtoteles =A,istdteles [t rad. J. Gaos j, México,
1957. Sobre la t eorí a de W. Jaeger acerca de la evolución del pen-
~ n m i e n t o aristotélico puede verse una discusión de carácter ge-
ncral en la Introducción a Ari stóteles que incluimos en este
luismo volumen.
122 ACERe" DEl _ ALMA I NTRODLT CI ÓN 123
pmsta que ca racteriza al resto del tratado y que, a su
vez, per tenece r ía al últi mo es tadio de la evolución inte-
lect ual de Ar istó teles. La hipótesis de Jaeger es , sin
duda, sugestiva. pero nos parece que exis ten muy pode-
rosas evidencias en su cont ra. En primer lugar y con-
siderada la cuestión desde el punto de vista de la doc-
trina acerca de l alma. señalemos el hecho fu ndamental
y general -ya suficiente mente subrayado en el apa r-
tado anterior de es ta Int roducci ón- de que Aristóteles
no abandona en esta obra el pri ncipio metafí si co de la
autono mía de la vida respecto de la materia. Esta auto-
nomía de la vida respecto de la materia es la que per-
mite qu e la en tidad suprema inmaterial (Dios) sea con-
ceptu alizada como «viviente eter no, perfecto» (Met., XII,
7, 1072b30) y es también la que permite conce ptualiz ar
al Intelecto como entidad inmaterial. Si exist en ( y exis-
ten, efect iva mente) ci ertos desaj ustes entre la doct ri na
del Intelecto y otras doctrinas psicol ógicas y gnoseol ó-
gicas expues tas en este tratado, tal vez estos desajust es
hayan de considerarse a la luz de la tensión In terna en
que se desenvuelve la concepción misma del alma. En
la medida en que se ma nt iene la imagen del cue r po
como instrumento del alma y la concepción de ésta
como sujeto de la vida , no resulta imposible concebir
algún tipo de alma -el I ntel ect o- cuya actividad vita l
no preci se de órgano materi al alguno . Estarí amos, sin
duda , en tal caso ant e «ot ro gé nero de alma s, como
Arist óteles se ñala exp resamente (11,2, 4I3b26). Desde
esta pe rspectiva global no parece que los desaj ustes que
derivan de la participación del hombre en tal Inte-
lecto puedan cons ide rarse una prueba suficiente de que
la obra es un agregado de part es provenientes de épo-
cas dis t intas. En segundo lugar , la hipótesis de W. Jae-
ger exigirí a que la doctrina de l Intelecto resultara po-
sit ivame nt e excluida (al men os, de modo implícito) por
el planteamient o y el conte nid o del re sto del t ratado.
Ahora bi en, no solamente no es este el ca so, sino que
la doctrina en cuestión a parece explfci tamente mencio-
nada (si bien en forma aporética) entre los problemas
a tratar enumerados en el 1. I (l , 403a8 ss.) así como
posteriormente en el 1. II (I , 413a6-7) al ocuparse de la
definición del alma. ( Y es ta s no so n las únicas alusiones
congruent es al Intelecto que exis ten en el res to del
t ratado. Cf., ade más, r. 4. 408b18 ss.: H, 2. 4I3b26). Po r
último. no puede dej ar de tenerse en cuenta la existen-
ci a de numerosas referencias internas que remiten de
unos pa sajes a ot ros dentro del t ratado y que no Pe-
rece razonable explicar como re sultado de una repeti da
tarea de interpolación.
Todo lo expuesto en la pri mera parte de es ta Intro-
ducción con stit uye además un poder oso punto de refe-
rencia en relación con la autenticidad del tratado Acer-
ca del alma, así como en re lación con la época a que
pertenece dentro del conj unto de la producción aris-
totélica. Su autentici dad se hall a fuera de toda duda
razonable 22.' En su favor hay que señala r, en pri mer
lugar. las múltiples referencias de nuest ro tratado a
otras obras ari st otélicas (en especial, a t ratados meno-
res) de las cuales damos cuenta en no tas a pie de pá-
gina en los pasajes correspondientes. Hay que señalar
ta mbién la vinculación que est e tratado guar da en cuan-
to a su contenido con las doctrinas fu ndamentales ex-
puestas en la Metai ísica. Como creemos haber mostrado
suficient emente. la concepción de l alma ofre cida en
es te tratado no es sino una prolongación y una concre-
ción de las (corras fundamental es desarrolladas en los
libros cent ra les de la Metaflsk a: la correspondencia
D Su autent icidad ha sido, sin embargo. negada por J . ZORCHER.
t1 ristot eles' Wtrk und Getst, Paderborn, 1952. Más Infor mación
sob re la radica l postura adoptada por J. Zürcher en relación con
el Corpus Aristoteticum puede encontrarse más arriba en nues-
Ira Introducción general.
124
ACERCA DEL ALMA INTRODUCCIÓN 125
entre ambos tratados es absolut amente inobjetable. Es-
tos dos argumentos a favor de su autenticidad sirven
igualmente como punto de refer encia para determinar
la época de su r edacción. Su r edacción pertenece, sin
duda , al último período de la producción aristotélica>.
La transmisión d el texto
El texto del tratado Acerca del alma nos ha sido trans-
mitido en cerca de un centenar de códices (entre ellos,
los de El Escorial, Sevilla y Toledo). La inmensa mayo-
ría de estos códices no ha sido aún sometida a aná-
lisis. La tarea, pues, de r evisión de aquellos manuscritos
en que aparece el texto de nuestro trata do (tarea qu e
pare ce condición previa indispensable para alcanzar
conclusiones definitivas) está aún muy lejos de ser com-
pletada. En las observaciones que siguen no nos refe-
riremos a todos los códices ya est udiados, sino sola.
mente a los más importantes de ellos.
A) El códice E (Par ísinus 1853)
La edición de Bekker (Aristotelis opera, Berlín, 1831)
const ituye el punto de partida d e la investigación mo-
derna al respecto. En ella Bekker se si r vió de ocho ma-
nuscri tos: el Parisinus 1853 (E), el Vuticanus 253 (L), el
Laurentianus 81.1 (S), el Vaticanus 256 (T), el Vatica-
nus 260 (U), el Vaticanus 266 (V), el Vaticanus 1026 (W)
y el Ambrosianus H.50 (X), De todos ellos , el más ano
tiguo y al que Bekker concedió la máxima autoridad es
el E. Este códice vendr ía a ser considerado, de modo
casi unánime, como arquetipo de una familia de la cual
' 1 A est a conclusión ll ega igualmente F. NUYENS en su obra
L' évotution de la psychologie d'Aristot e, Lovalna. 1948.
se cons idera miembro también al manuscrito L. (Este
último solamente contiene el L III de nuest ra tratado.)
El códice E posee caracterís ticas dignas de ser seña-
ladas. No solamente se t rata del más an tiguo de todos,
sino que presenta además una peculiaridad notable por
lo que al texto transmitido se refiere. Ya Tr endelenburg
había observado en 1833 (Aristotelis de anima libri tres,
Ber-lín, 1877, pág. XVI) la presencia en él de dos manos
di ferentes. Posteri or mente A. Tors tr ik llegó a la con-
clusión de que en él se yuxtaponen dos versiones dis-
tintas del tratado Acerca del alma: el texto de los 1. I Y
In pertenece a una versión del tratado, el t exto de l 1. n
pertenece a otra ve rsión distinta del mismo. En efecto,
las páginas correspondientes al final de l l. I y al comien-
zo del l. III conservan; respectivamente, fragmentos del
comienzo y del final del 1. n en una versión que difiere
notablemente de la versión del 1. II conservada en su
totalidad. La redacción pr imitiva del 1. n fue, pues, sus-
tituida en algún momento por la que actualmente fígu-
ra en el manuscrito 24,
B) El códice C (Coislinianus 386)
Si normalmente se cons idera que los códices E y L
for man parte de la misma familia, el resto de los có-
dices utilizados por Bekker se consideran, por su parte,
como miembros de otra familia de manuscri tos. Pos te-
ri ores investigaciones pusieron de manifiesto que no
todos los mi embros de esta segunda familia gozan de
la misma calidad. Por ejemplo, De Corte cons idera que
el manuscrito S debe ser eliminado en favor de M
... A. TORSTRIK, Aristotelis De Anima, Berlín, 1862, 8 sigs. (Fors.
tr lk llega en realidad mucho más lejos afirmando que ambas
versi ones proceden del mismo Arist óteles, quien produciría dos
ver siones distintas de la totalidad de la obra.}
126 ACERCA DEL ALMA JNTRODL'CCl ÓN 127
(Marcianus 209) 25. Con anterioridad a De Corte. A. Férs-
ter había eliminado T en favor del manuscrito e (Co ís-
linianus 386) procedente del siglo XI y que a su antigüe-
dad añade una es timable calidad. Desde entonces, el ma-
nuscrito e se consider a el prin cipal (cuasi ar quet ipo)
de es ta segunda familia a que pertenece también el ma-
nuscri to y (Paris inus 2034) que fue estudiado po r Tren-
del enburg por vez primera.
Dos, por tanto, son las supuestas familias de manus-
cr it os por lo que a nues t ro tratado se refi ere: de un
lado, los manuscritos EL; de otro lado. el conj unto
compues to por e, M. v, W, X. Y. Desgraciadame nt e. no
exis ten evidenci as suficientes que puedan justificar la
pr efer encia por una u otra de estas dos familias. Un
argumento indirecto pudiera ser el apoyo qu e los di stin.
tos manuscritos reciben de los coment ar ist as (Alej andr o
de Afrodisía, Temist ic , Simplicio, Fi1ópono, Sofoni as:
muy particularmente el primero) . La importancia de
es t os coment ar istas para la cri tica del texto fue puesta
ya de r elieve por Trend elenburg. Sin embar go, las cons-
tataciones de W. Ross al respect o nos llevan a la sos-
pecha de que por este camino no es posible llegar a con-
clusiones definitivas 211">.
C) El códice H.· (Marcianus 214)
El estudio y util ización del manuscri to H .· no ha ve-
nido a aclarar la situación. Si acaso, ha venido a como
pl icar la más aún. Cuantos lo han es tudiado parecen
coincidir en su interés e import anci a. Exist en, s in em-
bargo. di screpancias acerca de dos puntos fund amen-
tales. En primer lugar , acerca de su antigüedad. A. Férs-
.. M. DI! CORTB, - a tudes sur les manu scríts du traité de
l'Ame d' Arist ote _, Rev. de phi1% gie, 59 (1933), 141-60, 261-81,
355-65.
:lO W. Ross, Aristotelis De anima, Oxford, 1956, 6.
ter (Aristotelis de anima, Budapest, 1912, pág. XV) lo
considera del s iglo XI V o xv, W. Ross [Aris toue's Pñysics,
Oxfor d, 1955, pág. 118) lo considera del s iglo XIII, E. Mio-
ni (Aristotelis codices graeci .. .• Padua, 1958, pág. 130)
lo data en el siglo XII . Otros --como A. Jannone-e- ade-
lantan la fecha hasta el siglo XI '11. Tampoco existe una-
nimidad por lo que se refiere a su relación con las dos
familias usual mente admitidas. Así, mi entras E. Mioni
(o. c., pág. 44) se inclina por su dependenci a respect o
de e, Jannone afir ma su independencia de ambas fami-
lias s ituando s u texto en una época anter ior a la bifur-
cación de a mbas fa milias (o. c., pág. XXXV).
Todo lo expuesto parece llevar a una doble concl u-
s ión re sp ect o del texto de nuestro trat ado. En pri mer
lugar, parece confi r mars e la sospecha ya adelantada
por Trendelenburg (o. c., pág. X) de que no cabe espe-
rar demasiado del estudio de la tradición manuscrita.
En segundo luga r y como se ha señal ado r ep etidamen-
te, la decisi ón ent r e distintas lecciones par ece tene r que
basarse pr imor dialmente en r azones de lengua, es tilo,
coherencia lógica del texto, et c. Es to resulta es pecial-
mente necesario en el caso del 1. III cuyo texto se hall a
notablemente corrupto.
El texto de nuestra versión
Originalmente, la traducción que ofrecemos del trat a-
do Acerca del alma fue pensada para formar parte de
una edici ón bilingüe de este t r atado, trabajo facilitado
por una ayuda de la Fundación Juan March.
Dadas las caracter ís ticas de es ta Col ección, no nos es
posible ofrecer el t ext o gr iego y nos hemos limitado
,.., A. JANNONE, E. B ARBOTIN, Aristott. De l'dme, Par ís, 1966. (So-
bre el manuscrito H.' , vcensc las páginas xxxii-xxxviii}.
128 ACERCA DEL ALMA
a utilizar el texto preparado por A. J annone en la obra
citada (publicada por «Les belles lettres»), aunque nos
separamos de él en diversas lecciones que señalamos a
continuación. Las lecciones que preferimos están siem-
pr e respaldadas por algún manuscr ito co mo indicamos
entre paréntesis.
Edición de A. ronnone
Libro 1
Nuestra lección
BIBLIOGRAFIA
Libro 11
Libro III
403b13 -nepl HIJO'; (CH")
408bS KLVELo9a L Xcx {puv fl
I'HO: VOEloOO:l (Ha)
413b33
415b14 TOLrrW V ( C)
416b32 MYOIlEV (e)
41737 010 OÓK atoeÓ:VETcn I«(X -
e Ó:l1Ep 1:0 J<;Cll) O 't O V
(Ha)
417316 At YOIl€V (Ha)
424b28 Cl UTOl (CH')
42706 l(a1 aÓta: ! pETOV Ka l
ól nPlllllvov -rd vc vr tc
(CHa) .
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TE lV (H")
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435b16 'f0
'ItlOpt '[ lVWV (E)
KlV€laOa l (CE)
1to l EI (UXFbP)
'[o0TOO (E)
MYW¡.lEV (E)
510 Ko Oá1tEp TO KOI..>(I1,OV (CE)
M YW¡.lEV (CE)
a<h wv (E)
KOt afHCdpE'fOV cdvcvr tcc (E)
0('1< á i- i-ol) '[ l VÓl; éo 'r rv 56-
é,a , a i-i-' tK€ ( VOl) ( E)
-nep l a6'fo[) (e)
DlOl ToV 'fOlQ[)'fOV 'f0 TOl6 v5E
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LIBRO PRI MERO
CAPíTULO PRI MERO
En que se recorren minuciosamente las múlt iples
cuestiones con qu e ha de enfrentarse el presente
es tudio en torno al Alma
Partiendo del supuesto de que el saber es una de las 420 a
cosas más valiosas y dignas de estima y que cie nos sa-
bercs son superi ores a otros bien po r su rigor bien por
ocuparse de objetos mejores y más admirables, por
uno y otro motivo deberíamos con justicia colocar en-
tre las primeras la inves tigación en tomo al alma.
Más aú n, parece que el conocimiento de és ta contri- "
buye notablemente al conj unto del saber y muy espe-
cialmente al qu e se re fiere a la Na turaleza : el alma
es, en efecto, como el principio de los animales. Por
nuestra par te, intentamos contemplar yconocer su na-
tura leza y su en t idad así como cu ant as propiedades
In acompañan: de és tas las hay que pa recen ser afec-
ciones exclusivas de l alma mien tras qu e otras parecen
afectar además, y en vir tud de ell a, a los an imales 10
como tales 1. En cualquier caso, y desde t odos los pun-
I Es decir, existen afecciones que no son exclusivas del al ma.
sino que pert enec en al animal como t al, al compuesto d e euer-
¡m y alma. Véase ínira; 403a3 stgs.
132 ACERCA DEL AUlA
-
LI BRO 1 133
tos de vista , resulta difici lísimo llegar a t ener convic-
ción alguna acerca de ella. Pues al ser esta investigación
- me refiero a la investigación en tomo a la en tidad
y la esenci a- común también a otros muchos t ra-
tados, ca bría pensa r que existe un método único
para todos y cada uno de aquell os obj et os cuya enti-
1" dad qu eremos conoc er, como ocurre con la demo st ra-
ción en el ca so de los acci dentes propios; de manera
que resultaría necesario invest igar semeja nte mét odo.
Si , por el contrario. no existe un método único y co-
mún en tom o a la esencia. entonces el empeño se hace
más difíci l todavía, puesto que será necesari o determi-
nar cuál es el modo de proc eder adecuado para cada
caso. Pero una vez acl arado es to - si se t ra ta de de-
20 most ración o de división o incl uso de cualquier otro
método- la cuestión da luga r aún a múltiples dificul-
t ades y extravíos en lo que se r ef iere a. cuáles son los
principios de qu e ha de par tir la invest igación: y es
que los princi pios so n disti ntos cua ndo son disti ntos
los objetos, como ocurre con los números y las su-
pe rfici es. -
Resulta , sin duda, necesario establecer en pr imer
lugar a qué género per tenece y qué es el alma -quiero
decir si se trata de una realidad individual, de una
2.5 entidad o si, al contrario, es cualidad, cant idad o in-
cluso cua lquier otra de las cat egorías qu e hemos dis-
tinguido- y, en segundo lugar, si se encuent ra entre
los sere s en potencia o más bi en constit uye una cie r ta
402 b entelequia. La diferencia no es, desde luego, desdeña-
ble. Pero ade más habrá que investigar si es di visible
o indivi sible e igualmente si todas las almas son de la
misma especie o no y. en ca so de que no sean de la
mi sma especie, si se di stinguen por la especie o por
el género. Ocur re, en efecto, que cuantos actualmente
tratan e investi gan acerca del al ma parece n indagar
.5 excl usivamente acerca del alma humana. Ha de tenerse
cuidado, pues, no vaya a pasarse po r alt o la cuestión
de si su definición es única como la del animal o si
es distinta para cada ti po de al ma, por ejemplo, del
caballo, del perro, del hombre, del dios --en cuyo caso
el animal, universalmente cons iderado, o no es nada
o es .at go posteríor-c-. E igualmente por lo qu e se re-
fiere a cualquier otro atributo que pueda predicársele
en común .
Más aún, si lo que hay son muchas pa rtes del a lma
y no muchas almas, está el problema de si ha de in-
ves tigarse primero el al ma como totalid ad o las par- 10
t es. Por lo demás, es también di ficil de precisar cuáles
de estas partes son por naturaleza diversas ent re sí y si
procede inves tigar pr imero las partes o bien sus actos,
por ej emplo, el inteligir o bien el intelecto, el percibir
sensitiva mcnte o bien la facultad sensit iva ; e igualmen-
te en los demás casos. Pero si se concede priori dad a
los actos , sur girí a nuevamente la dificultad de si se u
ha n de es tudiar sus objetos antes que ellos, por ejem-
plo, lo sens ible antes que la facultad sensitiva, y lo
inteligible ant es qu e el intelecto.
Por otra parte, y según parece" no sólo es útil ca-
nocer la esencia para comprender las causas de las
propieda des que cor responde n a las_ entidades (po r
ejemplo, en matemát icas saber qué es la recta, la cur-
va, la lín ea, la superficie para comprender a cuántos 20
rectos equivalen los ángulos de un tr iángulo), sino que
t ambién - y a la inversa- las propiedades cont r ibu-
yen en buena par te al conocimiento de la esencia: pues
si somos capaces de dar razón acerca de las propie-
dades - ya acerca de todas ya acerca de la mayoría-
tal como aparecen, sere mos capaces también en tal
caso de pronunciamos con notable exactit ud acerca 2.5
de la ent ida d. y es que el pri nci pio de toda de mos-
tración- es-"la' esencia y de ahí que a todas luce s re-
sulten vacías y dialécticas cuantas definiciones no 1Ie- 403 a
134
ACERCA om, ALMA
LIBRO 1
135
van aparejado el conocimiento de las propiedades o,
cuando menos, la posibilidad de una conjetura adecua-
da acerca de las misma s.
Las afecciones del alma, po r su parte. presenta n ade-
más la dificult ad de si todas e lla s son tambi én comu-
nes al cuerpo que posee alma o s i, por el cont rario,
.5 hay alguna que sea exclusi va del alma misma. Captar
es to es, desde luego, necesario. pero nada fáci l. En la-
mayor ía de los casos se pued e observar cómo el alma
no hace ni padece nada sin el cuerpo, por ej emplo.
encoler iza rse, envalentonarse, apetecer , sentir en gene-
ral. No obstante. el inteli gir par ece a lgo particularmente
excl usivo de ella ; pero ni es to si quiera podrá t ener lugar
sin el cuerpo s i es que se trata de un cierto tipo de
imaginación o de algo que no se da sin imaginaci ón.
10 Por tanto, s i hay algún acto o afección del alma que
sea exclusivo de ella, ella pod rí a a su vez existi r sepa-
r ada; pe ro si ninguno le pertenece con exclusividad,
tampoco ella podrá es ta r separada, sino que le ocurrí-
rá igual que a la recta a la q ue, en tanto que recta,
corresponde n muchas propiedades -e-como la de ser
tangente a una es fera de bronce en un punto por más
que la recta separada no pueda llevar a cabo tal con.
13 tacto; y es que es inseparable toda vez Que s iempre
se da en un cuerpo-. Del mi s mo modo parece que
las afecciones del alma se dan con el cuerpo: valor,
d ulzura, mi edo, co mpasión, osadía, así como la ale-
gría, el a mor y el odio. El cuerpo, desde luego, r esulta
afectado conj untamente en todos es tos casos. Lo pone
de mani fi esto el hecho de que unas veces no se pr o-
20 duce ira ni terr or por más que concur ran afecciones
violentas y pal pables mientras que otras veces se pro-
duce la conmoción baj o el influjo de afecciones pe.
queñas e imper cept ibl es - por ejemplo, cuando el cuer-
po se hall a exci t ado y en una sit uación semejante a
cuando uno se encuentra encol erizado-. Pero he aquí
un caso más claro aún : cuando se experimentan las
afecciones pr opias de l que es tá aterrorizado sin que
es té presente obj eto terrorí fico a lguno. Por consiguien-
te, y si esto es así, está cla ro que las afecciones son 2'
for mas inherentes a la materia . De manera que las
definiciones han de ser de este tipo: el encol eriza rse
es un movi mi ento de ta l cuerpo o de tal parte o po-
tencia producido por tal causa con tal fi n. De donde
resulta q ue corresponde al físico ocuparse del alma ,
bien de toda alma bi en de esta clase de alma en con-
creto. Por otra parte, el físico y el dialéctico defini-
rían de difer ente manera cada una de estas ateccto- 30
nes, por ejemplo, qué es la ira: el uno hablarla de l
deseo de venganza o de algo por el es tilo, mient ras
el otro habl arla de la ebullic ión de la sangre o del eh....
mento ca liente al rededor del corazón. El uno daría 403 b
cuenta de la mat eria mientras el otro darla cuenta de
la forma es pecifica y de la definición. Pues la definí-
ción es la forma específica de cada cosa y su exis-
tencia implica que ha de darse necesar iamente en tal
tipo de materia; de esta manera, la definici ón de casa
sert a algo así como que es un refugio para impedir
la destrucción producida por los vientos, los calores,
y las lluvias. El uno habla de pi edras, ladrillos y ma-
deras mientras el o tro habl a de la forma es pecífica
que se da en és tos en función de tales fines. ¿Cuál de
ellos es, entonces, el fí sico? ¿El que habla acerca de la
materia ignorando la definición o el que habla sola me n-
te de la defini ción? ¿Más bien el que 10 hace a par tir de
lo uno y lo otro? ¿Qué pasa, pues, con cada uno de
aquéllos? Que no hay nadie que se ocupe de las a fee- 10
ciones que son inseparables de la materia, ab stray én-
dolas de ésta: es más bi en el fí si co qui en se ocupa de
todas aquellas afecciones y acciones que correspon-
den a t al tipo de cuerpo y a tal tipo de materia. En
cuanto a aquell as afecciones que no son consideradas
136
ACERCA DEL ALMA
LIBRO I 137
tales, su conocimient o corresponde a otros: de algu-
nas se ?cupa el artesano según los casos, por ejemplo,
el carpintero o el médico; de las afecci ones ínsepara-
1" bIes se Ocupa, a su vez, el matemático si bien abst rae.
tamente y en cuanto que no son afecciones de tal tipo
de cuerpo; el metafísico, en fin, se ocupa de las reali-
dades que exis ten separadas, en cuanto t ale s 2.
Pero hemos de regresar al punto del "cual ha arran-
cado este di scurso. Decíamos que las afecciones del
alma no son separables de la materia natural de los
animales en la medida en que les corresponde tal t ipo
de afecciones - por ejemplo, el val or y el miedo- y
que se tra ta de un caso distinto al de la línea y la su.
perficie 3.
, Todo es discutido ya desde la antigüedad y
no ha recibi do una mterpretacíón unánime. Su sentido adecua.
nos parece el siguient e: las formas o afecciones que son
Insepa rables de la materia no pueden estudiarse prescindiendo
ésta; tal es el caso del alma, forma y actualizaci ón' de un
trpo dete rminado de mat eria por más que otros filósofos - a los
que Aristóteles; véase Meraf.. VII , 11. 1036b
22 y. también inira, 1, 3, 407bI2-27_ la ha yan pretendi do
est.udlar .SIn ocup?rse del cuerpo correspondient e. Es, pues, el
qUien. est udia las formas o afecciones inseparables de un
tlP,O determinado ma teria y lo hace at endie ndo a aquéllas y
a. es;a. El ma temático, por su parte, estudia aquellas formas que
sr bien no son de ;oda materia, pueden ser sepa ra.
por abstracci ón de cualquier ma te ria part icular. Al filósofo
prrmero o metafísico corresponde, en fin, el estudio de aquellas
for ma.s que existen actualmente separadas de todo tipo de
ma teria.
text o ha de entenderse, pues, a la luz de la conocida doc-
tr: na que se expone en la Meta/. . VI, 1, I025b34 slga.
El caso. las afecciones de'! alma es otro que el de la línea
o la sup:rfICle: éstas pueden estudiarse pr esci ndiendo del ti po
de materia en que se dan; aquéllas, no. Véase la nota anterior.
CA PíTULO SEGUNDO
Que recoge y expone las doctrinas de ot ros filósofos
en torno al conocimiento y al movimiento como
rasgos característicos del alma
Puesto que estamos estudiando el alma se hace nece- 20
sario que - al tiempo que recorremos las dificultades
cuya solución habrá de encontrarse a medida que ava n-
cemos- recojamos las opiniones de cuantos predece-
sores afirmaron algo acerca de ella: de es te modo nos
será posible r et ener lo que dijer on acertadamente así
como tomar precauciones respecto de aquello que pue-
dan haber dicho sin acierto. El comienzo de la investi-
gación, por otra par te, consiste en proponer aquella s 25
propiedades que de manera especialísima pare cen co-
rresponder al alma por na turaleza. Ahora bien, lo an i-
mado pa rece dist inguirse de lo inanimado principal-
mente por dos rasgos, el movimiento y la sensación
y ambas caracterizaciones acerca del alma son ap roxi-
madamente las que hemos recibido de nuestros prede-
cesores : algunos afirmaron, en efecto, que el alma es
pri mordialmente y de manera especial fsima el elemen-
to motor. Y como, por otra parte, pensaban que lo 30
que no se mueve no puede mover a otro, supusieron
que el alma se encuentra entre los seres que se mue-
ven. De ahí que Dem ócrito afirme que el alma es un 404 a
cierto tipo de fuego o elemento caliente; siendo infini-
tos en número las figuras y los átomos. concluye que
los de figura esféri ca son fuego y alma y los compara
con las motas que hay en suspensión en el aire y que
se dejan ver en los rayos de luz a t ravés de las rendi-
jas; afirma que el conjunto originario formado por
todos los átomos constituye los d eme ntas de la Natu- 5
ra leza en su tot alidad (Leucipo piensa de manera se- .
138 ACERCA DEL AUlA LI BRO 1 139
mejantc) ; de ellos. a su vez, los que tienen forma es-
férica son alma ya que tales figuras son especialmente
capaces de pasar a t ravés de todo y de mover el rest o
es tando ellas mi smas en movimien to: y es qu e parlen
de l supues to de que el alma es aquello qu e procura el
movimiento a los animales. De donde resulta también
10 que la frontera del vivir se en cuent ra en la respira-
ción ; en efecto, cuando el medio ambient e cont rae a
los cuer pos empujando hacia el exterior aque llas figu-
ras que - por no estar jamás e n reposo-- procuran a
los an imales el movimiento, la ayuda viene de fuera al
penetrar otras semejantes en el mo mento de la res pira-
ción. y es que es tas últ imas, contri buyendo a repeler
1.5 la fuerza cont ractora y condensadora, impiden que se
dispersen las figuras ya presentes en el interior de los
animal es; és tos, a su vez, vi ven hast a tanto son ca pa-
ces de real izar tal operación.
Parece, por lo de más, que la doctrina procedente de
los pi tagór icos implica el mismo razonamiento: efect i-
vamente, a lgunos de ellos han afir mado que el alma
se identifica con las motas en suspens ión en el aire,
si bien otros han afirmado que es aquello que mueve
a éstas. De éstas lo afir mar on porque se present an con-
20 ti nuamente en movi miento aunque la au sencia de ai re
sea total. A la misma postura viene n a para r t ambi én
cuantos afirman que el alma es lo que se mueve a si
mismo: es que lodos ellos, a lo que parece, parten
del supuesto de que el movimiento es lo más peculia r
del alma y que si bi en todas la s demás cosas se mue-
ven en virtud del alma, ell a se mueve por sí misma ;
conclus ión ésta a la que llegan al no haber observado
2.5 nad a que mueva sin que esté a su vez en movimiento.
También Anaxágoras , de manera similar , afirma que
el alma es la que mueve -e igualme nte quienquiera
que haya afirmado que el in t elect o pus o en movimien-
to al universo- por más que su afi r mación no es
exactame nte igual que la de Demócr it o. Pues éste iden-
ti ficaba sin más alma e inte lec to: la ver dad es la apa-
ri encia ; de ahí que, a su j uicio, Homero se exp resó con
j usteza al deci r qu e H éc tor yacía con la mente sin sen- 30
t ido 4, No recurre a l int electo como potencia relat iva a
la verdad, sino que, po r el contrario, sinoni miza alma
e intel ecto. Anaxágoras, por su parte, se expresa con 404 b
me nos claridad: a menudo dice que el intel ecto es la
caus a de la armonía y el orden, mientras que en o r 's
ocasiones di ce de él que es el al ma, por ejemplo, cu n-
do afir ma qu e se hall a presente en todos los ani a-
les. grandes y pequeños, nobles y vu lgares. No pa ce, .5
sin embar go, que el intelecto entendido como pruden-
cia se dé por igual en todos los animales, ni siquiera
en todos los hombres.
Todos aquell os que se fijaron en el hecho de que
el ser ani mado se mueve supus ieron que el al ma es el
motor por excelencia. Los que se han fij ado, sin em-
bargo, en que conoce y pe rcibe los entes identifican 10
el al ma con los princi pios : si ponen muchos , con todos
ello s, y si ponen uno sólo, con éste. Así, Empédocles
establece que el alma se compone de tod os los elemen-
tos y que, además, cada uno de ellos es alma cuando
dice~ :
• En la Ilúula que conocemos no existe texto alguno al que se
acomode est a ci ta de Ari stóteles. En XXI II , 698se lee: kad d 'al1o-
phrorttonJa meta sphisin helsan dgontes. Los comentaris tas de
Ari st óte les suelen referi rse a este verso si bien, como es sabido,
el pasaje a que pertenece no corresponde a la muerte de Héc-
ter. En el pasaje pert inente (XXII , 337), por el cont ra rio, se
describe como oligodranWn a Héct or herido por Aquiles. Por
lo demás, en la Metal., IV, S. l009b28, se hace re ferencia t amo
bién a la doctrina de Demócri to y al uso que éste hace de las
palabras homéricas en cuestión.
J Véase DI8LS, H. · KRANZ, F., Die Fragment e der Vorsokrati-
ker, Emp. B 109 (1, 351, 20).
140 ACERCA DEL ALMA
I.I BRO J
141
Vemos la t ierra con la tierr a, el agua con el agu a,
el divino ét er con el ét er, con el fu ego el fuego destructor,
1.5 el amor con el amor y el odio, en fin , con el dañino od io.
Ta mbién y de la misma mane ra const ruye Platón el
al ma a parti r de los elementos en el T ímeo 6: y es que,
a su j uicio, lo semejante se conoce con lo se mejante
y, por otra parte, la s cosas se componen de los prin-
cipios. De manera similar se especifica, a su vez, en el
20 t ratado denominado Acerca de la Filosofía " que el an i-
ma l en sí deriva de la idea de Uno en sí y de la lon-
gitud, latitud y profun didad primeras, siendo el proceso
análogo para todo lo demás. Tambi én, y según otra ver-
sión, el intelecto es lo Uno mi entras que la ci encia es
la Díada: és ta va, en efec to, de un punto de part ida
único a una única conclusión; el número de la super-
ficie es, a su vez. la opi nión y el del sólido es la sen-
sación: se afirma. pues, que los números const ituyen
:2.5 las ideas en sí y los pri ncipios Y. además. que proceden
de los dementas y que ciertas cosas se disciernen con
el in telecto, otras con la ciencia, otras con la opinión
y otras con la sensación. Est os números, por lo demás,
son las ideas de las cosas. Y p uesto que el alma les
parecía ser a la vez principio de movimi ento y princi-
pio de conocimiento, algunos llevaron a cabo una sín-
t esis de ambos aspectos. afi rmando que el alma es
30 número qu e se mueve a sí mismo. Discrepan, sin em-
bar go, sobre cuáles y cuántos son los principios, espe-
cial mente aquellos aut ores que ponen pr incipios cor-
4O!I a póreos y aquellos ot r os que los poncn incorpóreos; de
unos y otros di scr epan, a su vez. los que propone n una
• Véase el Timeo, 34 e sipo
• No es segura - por ca rencia de datos suficientes- la identi-
ficaci ón de est e t ratado al que t ambién se alude en la Flsica,
IV, 2, 2OObl4-15. En cualqu ier caso, es obvio que tanto su pro-
cedencia como su cont enido son plat ónicos.
mezcla establecie ndo que los principios pr oce den de
ambos tipos de realidad. Discrepan además en cuanto
al número de los mi smos : los hay. en efecto. que po-
nen uno sólo mientras otros pone n va rios. De ac uer do
con todas estas teorias dan cuenta del alma. Y no sin
razón han supuesto que aquello que mueve a la Natu- oS
raleza ha de contar ent re los primeros principios. De
ahí que algunos hayan opinado que era fuego: és te es,
en ef ecto, el más ligero y más incorpóreo de los ele-
mentos. amén de que se mueve y mueve pri mor dial -
mente todas las demás cosas.
Demócrito, por su parte, se ha pronunciado con ma-
yor agudeza al explica r el porq ué de ca da una de
estas propieda des: a lma e intelecto son la mi sma cosa.
algo qu e for ma parte de los cuerpos primarios e indi- 10
visibles y que mueve merced a la pequeñez de sus
partículas y su figu ra; explica cómo de todas las ñgu-
ras la mejor para el movi miento es la esférica y que
así son el intelecto y el fuego. Anaxágoras, a su vez, pa-
rece a firmar que alma e intelect o son di stintos -como
ya dij imos más ar riba- si bi en recurre a ambos como "
si se tratara de una úni ca naturaleza por más que
proponga especialmente al int elec to como principio de
todas las cosas: afir-ma al respecto que solamente él
---entre los entcs- es simple, sin mezcla y puro. Pero,
al deci r que el intel ecto pone todo en movimiento.
atribuye al mi smo pri ncipio tanto el conocer como el
mover. Parece que también Tales -a j uzgar po r lo que
de él se recuerda- supuso qu e el alma es un principio 20
motor si es qu e afirmó que el imán posee alma puest o
qu e mueve al hier ro . Por su parte, Diógenes - así como
algunos otros-e- dijo que el alma es ai re, por conside-
rar que és te es no sólo lo más ligero, sino también
princi pio. razón por la cual el alma conoce y mueve:
conoce en cuanto que es lo primero y de él se derivan
las demás cosa s; es principio de mov imiento en cuanto
142 ACERCA DEL AUlA LI BRO 1 143
2:; qu e es lo más ligero. Heráclito a fi rma también que el
principio es alma en la medida en que es la exhalación
a partir de la cual se constituye todo lo demás ; es ade-
más lo más incorpóreo y se enc uentra en perpetuo
fl uir; lo que es t á en movimiento, en fi n, es conocido
por lo que está en movimiento. Tanto él como la mayo-
ría han opinado que los ent es se hall an en movimiento.
Cercano a los anterior es es también, a lo que pa-
30 re ce, el punto de vista de Alcmeón acerca del al ma:
efectivament e, dice de ell a que es inmortal en virtud
de su semej anza con los seres inmortales, semej anza
que le adviene por est ar siempre en movimiento pues-
40S b to que todos los seres divinos - la luna, el sol, los
astros y el fi r mamento en tero- se encuent ran también
siempre en movimiento continuo. Entre los de mentali-
dad más tosca, en fin, al gunos como Hipen ll egaron a
afirmar que el alma es agua; su convicción der iva, al
parecer, del hecho de que el semen de t odos los ani -
males es húmedo; este autor refuta, en efecto, a los
que dicen que el alma es sangre, r eplicando que el
5 semen no es sangre y sí es , sin embargo, el alma pri-
mera. Otros, como Cr itias, han afir mado, por el con-
trario, que el alma es sangr e, partiendo de que lo más
propio del alma es el sentir y e sto le corresp onde al
alma en virtud de la naturaleza de la sangr e. Todos
los elementos han encontrado, por tanto, algún par-
tidario, si exceptuamos la ti erra; nadie se ha pr onun-
ciado por ést a a no ser quien haya afir mado qu e el
10 alma proviene de todos los elementos o se identifica
con todos ell os .
En resumidas cue nt as, todos definen al al ma por t r es
carac ter ísticas: movimiento, sensación e in corporeidad.
Cada una de es tas car acteríst icas se r emonta, a su vez,
hasta los principios. De ahí que los que defi nen al
alma por el conocimient o hagan de ella un elemento o
algo der ivado de los elementos coincidiendo entre sí
en sus afirmaciones a excepción de uno de ellos 8: afi r - t s
roan, en ef ecto, que lo seme jante es conocido por 10
semejante y, puesto que el alma conoce toda s las co-
sas , la hacen compuesta de todos los pri ncipios . Por
t anto, t odos aque llos que afi rman que hay una única
causa y un único elemento, es tablecen también que el
alma es ese único elemento, por ejemplo, el fuego o
el aire; por el contrario, aquell os que afi r man que los
elementos son múltiples , hacen del al ma también algo
múlt iple. Anaxágoras es el único en afir mar que el in- ao
t electo es impasi ble y que nada ti ene en común con
ninguna otra cosa : cómo y por qué caus a conoce siendo
de natur aleza tal, ni lo ha dicho ni se deduce con cla-
r idad de sus afirmaciones. Por otra parte, aquellos
que ponen las contrariedades entre los principios cons-
t ruyen el alma a partir de los cont r ari os, mi entras
que los que est ablecen como pri ncipio alguno de los 25
contrar ios - por ejemplo, lo calien t e o lo frío o cual-
quier otro por el estilo- est ablecen t ambi én paralela-
mente que el alma es sólo uno de los contrarios. De
ahí que busquen apoyo en los nombr es: los que afir -
man que el alma es lo caliente pretenden que zén (vi.
vir ) deriva de zei n (hervir); los que afi rman que el
alma es lo frío pretenden que psyche (alma) deriva
su denominación de psychrón (frío) en razón del en-
fri amiento (katápsyxis) resultante de la r espiración.
Es tas son las doc tri nas t ransmitidas en torno al
alma así como las causas qu e han motivado el que 30
estos autores .se expresen al resp ecto de tal mane ra.
• Se refiere a Anaxágoras como fácil mente puede comprobar-
se más adelant e, ya al f i n a ~ del capítulo, en 40Sb20.
144 ACERCA DEL AUtA
LIBRO [ 145
CAPí TULO TERCER O
Donde se crlttca la teor ía según la cual el alma se
mueve por si atendiéndose de modo muy especial
a la versión platónica de la misma
Analicemos, en primer lugar, lo relativo al movimien-
to ya que, a buen segur o, no sólo es falso que la en-
406 a tidad del alma sea tal cual afir man quienes di cen que
es aquello que se mueve a sí mismo -o bien aquello
que t iene la capacidad de moverse a si mismo-e, sino
que ade más es imposible que el movimiento se dé en
el alma. Por lo pronto ya ha quedado explicado con
anter iori dad ' que no es necesario que lo que mueve
se encuentre a su vez en movimiento. Pero es que ade-
más y puesto que todo ]0 que se mueve puede mo-
verse de dos maneras -puede, en efecto, moverse ya
~ por otro ya por sf: decimos que es movido por otro
todo aquello que se mueve por encontrarse de ntro de
algo que está en movimiento, por ejemplo, los marine-
r os que, desde luego, no se mueven de igual manera
que el navío ya que és te se mueve po r sí y aquéllos
por encont rars e dentr o de al go que está en movtm ten-
lo. Esto resulta evide nte si se atiende a las-partes del
cuer po: el movi miento propio de los pies (y, po r tan-
to, ta mbién de los hombres) es la marcha; ahora bien,
10 tal movimiento no se da, en nues tro supuesto, en los
marineros- en fin, puesto que moverse significa dos
cosa s distinta s, veamos ahora e n relación con el alma
si es que se mueve por sí y por si par ti cipa del mo-
vimiento.
, Aristótele s alude, sin duda, a la doctrina del motor inmóvil
expuesta en la Ff sica, VIII, 5, 256a3 si gs.
Puesto que cuat ro son las cl ases de movimiento
- traslación, alt eración, corrupción, crecimiento- el
al ma habrá de moverse o conforme a una de ellas o
confor me a varias o conforme a todas. Por otra parte,
si no es por accidente como se hall a en movi miento,
el movimi ento habrá de corresponder le por na turaleza; u
y si esto es así , entonces le corresponderá también
por naturaleza el lugar , ya que todos los tipos de mo-
vimiento señalados se dan en un lugar. Así pues, si
la entidad del alma cons iste en moverse a sí misma,
el movimiento no lc cor responderá por accidente, como
le ocurre a la blancura o a una altura de tres codos:
ta mbién éstas están ciertamente en movimiento, pero
por acci de nte, ya que 10 que realmente se mueve es 20
el cuerpo en que se encuentran ; de ahí que no les
corresponda un lugar. Por el contrario, sí habrá un
lugar para el alma , si es que participa por naturaleza
del movimiento. Más aún: si el alma está dotada de
un movimiento natural podrá se r movida tambi én vio-
lentamente y si es mov ida violentamente , estará dota-
da también de un movimiento natural 10. Y lo mismo
ocur re a su vez con el reposo ya que el término ad
quem de l movimi ento natural de algo constituye cl
10 Cuanto aquí se dic e acerca del movimient o natural y vio-
lento está relacionado -ccomc fácilmente se desprende del con-
texto-e- con la teorí a aristotélica del lugar natur al. El movi-
miento violento se produce cuando el objeto se mueve en sen-
tido contrario a su lugar natural alejándos e, po r tanto, de éste.
Que la existencia del movimiento violento (L e. antinatu ral ) su-
pone la existencia de un movimiento natural es obvio, y Aris-
tóteles lo exphca en e rres lugares (v éanse la Flsica, IV, 8, 21.5al.
y cl t ratado Acerca dtl cielo, 111, 2, 3CKla21 sip.). Que, a la in-
versa la existencia del movimiento natural (existencia, po r lo
d e m á ~ , incuesl ionable dent ro de las coordenadas de I.a ffsica
aris totél ica) impl ique la pos ibilidad de movi mientos VIolentos ,
antinaturales, ha de entenderse dent ro del contexto con la ex-
clusión de los cuerpos celes tes, inmunes a cualqui er movimien-
to violent o.
14. - 10
146 ACERCA DEL ALMA
LIBRO l
147
2.5 lugar en que reposa naturalmente. así como el término
ad quem de l movimiento violento de al go es el lugar
donde violentamente reposa. Ahora bien. de qué t ipo
serían los movimientos y re posos violentos del alma
es algo que no resulta fácil de explicar ni siquiera para
los que se empeñan en hacer divagaciones. Más aún,
si el alma se mueve hacia a rriba, será fuego; si hacia
abajo, será t ierra ya que és tos son los movimientos
30 de t al es cuerpos. Y lo mismo ha de decirse respecto
de los movimi entos intermedios. Otro argumento: pues-
to que el alma aparece como aquello que mueve al
cuerpo, es lógico que produzca en él aque llos movimien-
tos con que ella a su vez se mueve. Pero si es to es
as í, será verdadera también la afirmación inversa. a
406 b saber , que el movimiento a que está sometido el cuer-
p? es el mismo que aquel a que está sometida el alma.
Ahora bien , el cuerpo est á sometido al movimi ento de
traslación, luego el alma se desplazará - al igual que el
cuerpo- cambiando de posición ya en su totali dad ya
en alguna de sus part es. Pero si esto fuera posible se-
ría igualmente posible que volviera a entrar en el cuer-
po después de haber salido de él : de donde resultaría
.5 que los animales podrían resuci tar después de muertos.
Por lo que al movimiento ac cidental se refiere , ca-
bria qu e fuera producido por otro: cabe , en efecto,
que el animal sea impul sado violent amente. Pero, en
cualquier caso, un ser al que cor responde enti tar íva-
men te moverse por si mismo, no le corresponde ser
movi do po r otro a no ser accident almente, del mismo
modo que lo que es bueno por sí y para sí no puede
10 serlo ni por otro ni para otro. Suponiendo que en
re alidad se mueva, lo más apropiado sería decir que
el alma es movida por los objetos sensi bles 11. Por lo
.. Tampoco en el caso de la sensacson es movida el alma por
sf: la sensación (véase el tratado A",erca del sueño y fa vi gi-
demás, si se mueve a si mi sma es obvio que est á mo-
viéndose y, por tanto, si t odo movimiento consi st e
en que lo movido se al ej e en cuanto t al , el alma se
alejarfa de su propia entidad, suponiendo que no se
mueva por acci dente , sino que el movi miento pert enez- l.5
ca por sí a su mi sma entidad.
Los hay inclus o que afirman que el alma imprime al
cuerpo en que se encuentra los mismos movimientos
con que elJa se mueve: as í, Demócrito, cuya s afirma-
cione s resultan ba st ante cercanas a la s de Fili po el co-
mediógrafo. éste dice, en efecto, qu e Dédalo dotó de
movimiento a la estatua de madera de Afrodita ver-
tiendo sobre ella plata viva. Demócrito, por su parte, 20
afirma algo pare cido cua ndo dice que los átomos esf é-
ricos ar rast ra n y mueven al cuerpo todo po rque se
hallan en movimi ento, siéndoles imposible por natu-
raleza de tene rse. Nos otros, por lo demás, pr eguntaría-
mos si son es tos mismos átomos los que producen el
re poso: resulta dificil Yhast a imposibl e explicar de qué
modo podrían produci rlo. Aparte de qu e no parece que
el alma mueva al animal en absolut o de este modo, 2.5
sino a través de cie rt a elección e intelección .
En es ta misma línea, el Ti meo n presenta también
una explicación de carácte r físico sobre cómo el alma
l ía, 1, 454a7 sigs.) no afect a exclus ivamente ni al alma ni al
cuerpo, sino al con j unto de ambos. .
a Aristótel es - s in entrar en los comphcados detalles de la
psicología platónica expuesta en el Timeo-- subraya c u a ~ afir-
maci ones esenciales a ésta: a) el cuerpo se mueve en VIrtud de
los movimientos del alma , b) ésta es tá compuesta a partir de
elementos, e) su composición está en c o n s o n a n ~ i a con los núme-
ros armónicos y d) el result ado de toda la acción del Demiurgo
al res pect o es la coincidencia de las t raslaciones del fir:mamen-
10 con los movimientos del alma. Es de notar cómo Arist óteles
int erp reta literalment e lo expuesto por Platón en el Timro ba-
ciendo caso omiso de la duplicidad de niveles explicativos que
supone la disti nción plat ónica ent re fógos y myrhos. La refu-
148 ACERCA DEL AUlA
LI BRO 1
149
mueve al cuerpo: al movers e ella misma mueve simul-
táneamente al cuerpo por es ta r ligada a éL Y es que
una vez que es tuvo compuesta a parti r de los elemen-
tos y dividida conforme a los números armónicos de
30 manera que poseyera sens ibilidad y armonía connatu-
tacíó n que Arist óteles ofrece a cont inuaci ón desarrolla los s t-
guientes p untos:
a) El álma ---que en la teoría platónica a que se alude ha
de identificar se por fuerza con el intelecto al Quedar excluidas
de ella las funciones propias de la vida vegetat iva y sensi tiva-
no puede ser entendi da como magnitud ya que ésta presenta
una unidad cont inua mientra s Que el alma -por identificarse
con los inteli gibles-e- presenta una unidad discre ta, . como el
numere- (407a2-10).
b) La magnit ud implicada en el movimiento circular -en que
consiste la actividad del alma, del intelecto- es incompat ible
con la int elección. En efecto: el al ma int eligiría bien con toda
la circunferencia bien con parte de ella, sea esta parte un punto
o un fragmento de la misma do tado a su vez de magnitud. Aho-
r a bien, los pun los son infinitos y, por tanto, sería imposible
recorrerlos; si, por el contrario, intel ige con una parte de la
circunferencia dotada d e magni tud ( un arco de la misma) eneon-
ces el alma Inteligirá lo mi smo múltiples, en realidad, infinitas
veces (407al1 si¡s.).
e) Al consist ir en un movi miento circular, la intelección ha
de ser eterna, es decir. sin pri ncipio ni fin, ya que as í es tal
movimiento. Y, sin embargo, ningún t ipo de pensamiento es in-
definido : el pensamiento prácti co termina en l a acción ; en cuan-
t o al pensamiento teórico, sus límites están en los enunciados
trátese de definiciones o de demos traciones -estas últimas, en
efecto, comienzan en el an tecedente y te rminan en la conclu-
sión-. Suponiend o que hubiera que int er pretar la int elección
como un movimiento. lo correcto ser ía compararla al rnovimien-
to rectilf neo y no preci samente al circular (407a2J.3l).
d ) Pero es que la intelección más que un movimiento pa-
rece cons istir en un estado de reposo. Y si es to es ,as í. el movi -
miento que se atribuye al alma seria violento, antinatural: 10
que atentaría contra la felicidad propia del alma _divina_ del
universo. Contra ell a atenta igualmente el suponerla indisolu-
blemente vinculada a un cuerpo (407a33b5). '
e) En la doctrina platónica, en fin. no se explica el por qué
de es te movimiento circular (407b5 sigs. },
mies y el universo se desplazara ar mónicament e, (el
demi urgo) cur vó en forma de ci rcu nferencia la trayec-
toria rectilínea; además, t ras dividi r la unidad en dos
circunferenci as tangentes en dos puntos, volvió a divi- 407 a
dir una de ellas en siete circunferencias, de manera
que coincidieran las t raslaciones del firmament o y los
movimi entos del alma.
Pero, en pri mer lugar, no es correcto afi rma r que
el alma sea una magni tud: evidentemente Platón da
a entender que el alma del Universo es como el deno-
minado intelecto y no como el alma sensitiva o apeti- .5
t iva, ya que el movimiento de és tas no es de
ci rcular. Pues bien, el intelec to es uno y cont inuo a
la manera en que es la intelección: la intel ección, a su
vez, se identifica con las idea s y és tas constituyen
una uni dad de sucesión como el núme ro y no como
la magnitud: luego el intelect o no ten drá t ampoco es te
tipo de unida d, sino que o carece rá de partes o, en
cualquier caso. no será continuo a la manera de una 10
magnitud.
Además, si es magnitud ¿cómo inteli girá?: ¿todo él o
en alguna de sus partes ? Se tratarí a en este caso de
una pa rte entendida bien como magnitud bien como
punto -si es que procede llamar t amb ién part e es te
último-. Si irrtelige, pues, en un punt o es evident e
que - al ser éstos infinitos- no podrá recorrerlos en
absoluto. Si, por el contrari o, inteli ge en una parte
entendida corno magn itud, inteligirá lo mi smo múlt i-
ples o infini tas veces. Y, sin embargo, es obvio que pue- 1.5
de hacerlo una sola vez.
Por otra parte, si basta con que t enga contacto con
el objeto en cualquiera de sus pa rt es, ¿a qué viene el
movimi ento ci rc ular e. incluso, el tener en absoluto
ma gnitud? y si es necesario para que intelija que es té
en contacto con el objeto en la t otalidad de la ci rcun-
fer encia, ¿a qué viene el cont acto en las part es? Más
150
ACERCA DEL ALMA
LIBRO 1 151
aún, ¿cómo inteligirá lo divisibl e con lo indivisible o
20 lo indivisible con lo divisible? Sin embargo. el in telecto
ha de ser necesariamente el circulo: el movimien to
del in telect o es, en efecto. la intelección, así como el
movimiento de l círculo es la r evolución; por tanto, si
la intelecci ón es revol ución, el intelecto hab rá de ser
el circulo cuya revol ución es la intel ección.
Pero ¿que inteli girá siempre? Ha de inteli gir siem-
pre, desde luego, toda vez que el movimiento ci rcular
es etern o. Ahora bien. las íntelecciones prácticas t ienen
límite - pues todas ellas tienen un fin dist into de sí
2.5 mismas- y en cuanto a las intelecciones teór icas. es-
tán igualmente limit adas por sus enunciados. Todo enu n-
ciado es , en efecto, o definición o demostración: en
cuanto a las demostraciones, no s6lo parten de un
principio, sino que ad emás t ienen de alguna manera
su fin en el silogismo o en la conclusión; y si no ti e-
nen fi n, desde luego que no regresan de nuevo al prin-
cipio, sino que siguen una trayectoria rectilínea al avan-
zar asumiendo siempre un término medio y un extre-
30 mo; el movimiento circular, por el contrari o, regresa
de nuevo a l princi pio. En cuanto a las definiciones,
todas son limitadas.
Más aún , si la misma revolución se repite muchas
veces, po r fuerza int eligirá lo mismo muchas veces .
Y, sin embargo, la intelección se asemeja a la acción
de detenerse y al reposo más que al movimiento. Y lo
mi smo pasa con el silogismo. Pero es que, además, lo
401 b que no es fáci l, sino violento, no puede ser feliz. Aho-
ra bien, si el movimi ento no cons ti tuye su entidad,
estaría en movimiento antinatural mente. Además. y por
ot ro lado, el es tar mezcl ado con un cuerpo sin poder
separarse de él es algo que produce dolor ; tal unión,
por tanto, ha de resultarl e od iosa si es que ---como
-'1 suele decirse y es parecer de muchos- es mej or para
el in telecto el no estar unido a un cuerpo. Tambi én
queda sin exp licar, en fin , la caus a de que el firmamen-
to se desplace con movimiento circular . Pues ni la enti-
dad del alma es causa de es te desplazamiento circu-
lar -sino que se mueve as í por accidente- ni tampo-
co es el cuerpo la causa: en último térmi no lo ser ía
el alma en vez de él. Pero tampoco se especifica que
se trata de al go mejor; y, sin emba rgo, Dios de bió 10
hacer que el alma se moviera circularmente preci sa-
mente por es to, porque es mejor pa ra ella moverse
que estar inmóvil, moverse así que de cualquier otra
manera.
Dejemos aho ra a un lado tal investigación puest o que
es más bien propia de otr o t ratado. Por lo demás, t al
teor ía , así como la mayor parte de las propuest as acer-
ca del alma. adolecen del ab surdo siguiente: que unen 15
e int r oducen el alma en un cuer po, sin preocuparse
de definir ni el por qué ni la manera de ser del cuer-
po. Este punto, sin embargo, parece ineludible: pu es
uno actúa y otro padece, uno mueve y ot ro es mayido
cuando ti enen algo en común y estas relaciones mutuas
no acontecen ent re elementos cua lesquiera al azar.
Ellos. no obs ta nte. se ocupan exclus ivamente de defi nir 20
qué t ipo de realidad es el al ma, pero no definen nada
acerca del cuerpo que la recibe. como si fuera posi-
ble -confonne a los mitos pitagór icos- que cualquier
tipo de alma se al bergara en cualquier tipo de cuerpo:
parece, efectivamente, que cada cosa posee una forma
y una est ruct ura peculiares. En defini tiva. se expresan
como quien dijera que el arte del carpintero se alber- 205
ga en las flautas. Y es que es necesario que el arte
utilice sus ins trumentos y el alma utilice su cuerpo.
152 ACERCA DEL AU.lA
• LI BRO 1 153
CAPi TULO CUARTO
En que se comienza rechazando la t eoria del alma-
armonía y se termina crit icando la doctrina que
concibe al alma como número automotor
En torno al alma se nos ha transmitido aún otra
opini ón digna de crédito pa ra muchos y no inferior a
cualqui era de la s expuestas; opinión que, por lo de-
más, ha dado sus razones - como qui en rinde cucn-
30 tas-e- en discus iones habidas en común B. Los hay, en
efecto, que dicen que el alma es una ar moní a puesto
que -añade n- la armonía es mezcla y combinación
de con trari os y el cuerpo resulta de la combinación
de contrarios.
Pero, por más que la annonfa consista en una cie r ta
proporción o combinación de el ementos. no es po sible
que el alma sea ni lo uno ni lo otro. Añá dase que el
mover no es una acti vidad propia de la armoní a y que,
408 a sin emba rgo, todos se la atribuyen al al ma - por así
deci rl o- de modo prímordi a lísimo. Por otra parte, en-
" Tanto el sentido de la fr ase como aq uell o a que con ella
se ha ce referencia const ituyen dos puntos cuya ambigüedad ha
sido tra dicionalmen te puesta de relieve. En cuanto a 10 pr imero,
a la ambigüedad, con tri buye la dobl e lectura que se nos ha
transmitido: a) tois en koinói legomé nois lógois y b) rcts en
kotnat ginoménois lógois (como vari ant e de est a últ ima Ross ha
p ropuesto gegeneménois). Lo que pod ría traducirse: ..en trata-
dos denomina dos discursos en común» o bien ..en tratados en
forma de d.iá.l.ogos. o bien ..en discursos (o discusiones) habí-
dos en públicc-, etc. En cuanto a aquello a que se hace refe-
rencia. Simplicio supone que se t ra ta ya del Fed6n ya del Eude·
mo aristotélico. Otros hay J>iu-a qu ienes se alude aquí a los es-
cri tos exotéricos. Otros, en fin , opinan que Ari stóteles se refiere
a dis cusiones que habrían teni do lugar entre gente culta y afi-
cionad a a estos t emas.
caja mej or con los hechos aplicar la palabra armonía
a la sal ud y, en general, a la s virtudes corporales que
al alma: para compr oba r lo si n lugar a dudas, bastarí a
con intentar at ri buir las afecci ones y acciones del alma
a cualquier ti po de a rmonía; a buen seguro que resul- .5
taría difíci l encajarlas. Más aú n, puesto que al utilizar
la palabra armonía se sue le aludir a dos cosas distin-
tas -de una parte y en sen ti do primario se aplica a
la combinación de aque llas ma gnitudes que se dan en
seres dotados de movi mient o y posición, cuando enca-
jan entre sí de t al modo que no dejan lu gar a ningún
elemento del mísmo géner o; de otra parte y der ivada-
mente, se a lud e a la proporci ón de los element os en
mezcla-- ni en un sentido ni e n otro es correcto apli- 10
ca rla al alma. En cuanto a concebir a ésta como la
combinación de las par tes del cuerpo, se trata de a lgo
verdaderamente fác il de refut ar: múlt ipl es y muy va-
r iadas son, en efecto, las comb inaci ones de las partes;
¿cómo y de qué ha de suponerse, entonces, que so n
combinación el intelecto, la facultad sensitiva o la fa-
cult ad desi derativa ? Per o es que resulta igualmente
absurdo identificar a l alma con la propo rción de la
mezcla , dado que la mezcl a de los elementos no guaro
da la misma proporción en el caso de la ca rne y en el u
caso de l hueso. La consecuencia sería que se tiene n
muchas a lmas por t odo el cue rpo, pues to que todas
las par tes proviene n de la mezcl a de los elementos y
la proporción de la mezcla es, a su vez, ar monía y, por
tanto, alma.
En cuanto a Empédoc les, cabría pedi r le una con tes-
tación a las siguíent es pregunta s: puesto que a firma
que cad a una de las partes existe conforme a ci erta 20
proporción, ¿es el alma la proporción o más bien algo
que, siendo dist into de ella, se origina en los miem-
bros?; además, ¿la amistad es causa de cualquier ti po
de mezcla al azar o solamen te de la mezcla conforme
154 ACERCA DEL ALMA LIBRO I 155
a la proporc ión? ; ¿es la amistad, en fin , la proporc ron
o bien algo di stinto y aparte d e la pr oporción? Esta
opinión lleva consigo cie rtamen te dificultades de este
tipo .
2.5 Pero si e l alma es algo dist into de la mezcla, ¿por
qué desaparece al desapa recer la mezcla en que con-
sis te la esencia de la ca rne o de cualquier otra parte
del animal? Además. si cada una de las par tes no
posee un alma - ya que el al ma no es la proporción
de la mezcla- , ¿qué es lo que se corrompe cuando el
alma abandona el cuerpo?
De todo 10 dicho se desprende con evidencia que el
30 alma ni puede se r armonía ni se desplaza en movimien-
to circular. No obstante, sí que es posible ---como de-
cíamos 14_ que se mueva por accident e y también que
se mueva a sí mi sma en cierto senti do : por ejemplo,
si el cuerpo en que el alma se encuent ra está en mo-
vimiento y este movimiento es produci do po r ella; pero
no es posible que se mueva localmente de ninguna otra
mane ra. De cualquier modo seria má s razonable pec·
403 b guntarse si el alma se mueve a la vis ta de los siguien-
tes hec hos: solemos decir que el alma se entri stece
y se alegra. se envalentona y se a temor iza y también
que se encoleriza. siente y di scurre; a hora bi en, todas
es tas cosas parecen se r movimientos. luego cabria con-
.'5 cl ui r que el alma se mueve. Es to último, sin- embargo,
no se sigue necesariamente. Pues por más que entris-
tecerse, alegra rse o discurri r sean fundamental mente
movimientos y qu e cada una de estas afecciones con-
sis ta en un ser- movido y que tal movimiento, a su
vez, sea producido por el alma - po r ejemplo encole n -
zarse o atemorizarse cons is te en que el corazón se
mueve de tal manera, discurrir consiste en otro tanto,
10 ya re specto a es te órgano, ya respecto a cualquier otr o
" Véase supra, 3, 406a30 sigs. y M-8.
y, en fin, algunas de estas afecciones acaece n en viro
tud del desplazamiento de los órganos movidos, mien-
t ras otras acaecen en virtud de una alteración de los
mismos (cuáles y cómo, es otro asunto)- pues bien,
a firmar, con todo y con eso, que es el alma quien se irri-
ta , sería algo así como afi r mar que es el alma la que teje
o edifica. Mej or seria, en realidad, no deci r que es el
alma quien se compadece. a prende o di scur re, sino el 1.5
hombre en . virtud del alma. Esto no significa, en cual-
quier caso, que el movimiento se dé en eJla, sino que
unas veces termina en ella y otras se ori gina en ella:
por ejemplo, la sensación se origina en los objetos co-
rrespondientes mientras que la evocación se origi na
en el alma y termina en los movimientos o vestigios
existentes en los ór ganos sensorial es.
El intelecto, por su parte, parece se r -en su ori-
gen u_ una entidad independi ente y que no está so-
me tida a cor rupción. A lo sumo, cabria que se corrom-
piera a causa del debili tamiento que acompaña a la 20
vejez. pero no es así , sino que sucede como con los
órganos sens oriales: y es que si un anciano pudiera di s-
poner de un ojo apropiado vería. sin duda, igual que
un joven. De manera que la vejez no consiste en que
el alma sufra desperfecto alguno, sino en que lo sufra
el cuer po en que se encuentra , y lo mi smo ocurre con
la embriaguez y las enfermedades. La inte lección y la
contemplación decaen al corromperse algún otro órga- 2.5
no interno, pero el intelecto mismo es impasible. Dis-
curri r, amar u odiar no son, por 10 demás, afecc iones
suyas, sino del sujeto que lo posee en tanto qu e lo
" A nuestro juicio, est e t ext o ha de ent enderse en conexión
con la doctrina propuesta al r especto en el libro Acerca de la
¡:eneración de los animales, 11, 3, 736b2S-9. AlIl se afirma -ccom o
única hipótesis aceptable respect o de la aparición del in telecto
en el hombre- que ... solament e el intelecto adviene desde fuera
y sólo él es divino».
156 ACERCA DEL AUlA LI BRO 1 157
posee. Esta es la razón de que , a l cor romperse éste.
ni recuerde ni ame: pues no eran afecc iones de aqué l.
si no de l conjunto que perece. En cuan to al intelecto.
30 se trata sin duda de algo más divino e impas ible.
De todo esto se desprende con claridad que no es
posible que el alma se mueva; ahora bien, si no se mue-
ve en absoluto, es claro que tampoco podrá moverse
por sí misma. Por lo demás, de todas' las opiniones
expuestas la más abs urda. con mucho, es' decir que el
a lma es número que se mueve a sí mi smo. Qui enes
así piens an han de ca rga r con consecuencias imposi-
bles: en primer lugar. las que resultarían de que el
alma se moviera; además, otras peculiaridades resultan-
409 a t es de considerarla como número. ¿Cómo se va a en.
t ender, en efecto, que una unidad se mueva - por
quién y de qué rnanera- si es indivisible e indiferen-
ciada? Pues si es motor y móvil habrá de estar dife-
r enciada. Más aún, puesto que se di ce que una línea al
.5 moverse gener a una superficie y un punto una lín ea ,
los movimientos de las unidades cons t ituirán también
líneas. ya que un punto es una unidad que ocupa una
posición y el número del alma, a su vez. es tá en un
sitio y ocupa una posición. Más aú n, al restar de un
número cualquiera otro número o una unidad. el re-
sultado es un número distinto; y, sin embargo. las
planta s -al igual que muchos animal es- conti núan vi-
l O viendo aun después de divididos y teni endo, al parecer,
la misma especie de alma. Por otra par te. no parece
que haya diferencia alguna ent re habla r de unidades
y de corpús culos : pues si conver ti mos los cor púscu-
los esféricos de Demócrito en puntos, de manera que
sólo quede la magnitud. seguirá habiendo en ellos algo
que mu eve y algo que es movi do exac tamente igual
que lo hay en el continuo: y es que lo que acabamos
1.5 de decir se cumple no porque haya una diferencia ma-
yor en cuanto al tamaño, sino porque se trata de una
magnitud. De ahi que necesariamente ha de haber algo
que mueva a las unidades (dis tinto de ellas). Ahora
bien, si el a lma es el elemento mot or en el animal. lo
será t ambién en el nú me ro ; de donde resultará que
el alma no es el motor y el móvil, sino exclusivamente
el motor. Por otra parte. ¿cómo es posibl e qu e el alma
(siendo moto r) sea una unidad ? Desde luego que algu-
na diferencia hab rá de tener respecto de las demás; 20
pero ¿cuál puede ser la diferencia en el caso de un
punto como ta l apa r te de la posición? Por ot ra parte,
si suponemos que las unidades y puntos que corres-
ponden a l cuerpo son distintas de las del alma , las
unidades de ambos ocuparán el mismo lugar, ya que
cada una ocupará el lugar de un punto. Y si puede
haber do s puntos en el mismo lugar, ¿qué impedimen-
to existirá para que pueda haber infinitos?: en ef ect o,
aquellas cosas cuyo lugar es ind ivisibl e son ta mbién in- 2S
divisibles. Suponiendo, por el contrario, qu e los pun-
tos que cor responden al cuerpo cons tit uyen el número
de l alma -:l bien que el número del alma result a de
los puntos que corresponde n al cuerpo-, ¿por qué no
tienen a lma todos los cuerpos?: en todos ellos. desde
luego, parece ha ber puntos y además infinitos. Po r úl-
timo. ¿cómo va a ser posible que los puntos se sepa-
ren y desliguen de los cuerpos cuando las líneas no se 30
disuelven en puntos?
158 ACERCA DEI. ALMA
LIBRO 1 159
CAP1TUL O QUlNTO
Se con tinúa y concluye la crít ica de las distin tas teorías
acerca del alma y se at iende extensamente a
aquélla según la cual el alma estd
constituida de el ementos
Dos son ---como acabamos de señalar 16_ los absur-
dos en que desemboca la doct ri na expues ta: por un
lado, viene a coincidir con la de quienes afi rman que
40St b el alma es un cuerpo sutil; por otro lado, cae en el
ab surdo peculiar de la doct rina de Demócri tc según
la cual el movimiento es producido por el alma. En
efecto: si el alma se encuentra en todo cuerpo dotado
de sensibilidad y si además suponemos que el alma
es un cuerpo, necesari amente habrá dos cuerpos en el
mismo lugar. En cuanto a aquéllos que dicen que es
~ un número, o bien habrá múltiples puntos en un único
punto o bi en todo cuerpo t endrá un alma suponiendo
que ésta no sea un número diferente y di stinto de los
puntos que pe rtenecen a l cue rpo. Otra consecuencia
sen a que el anima l es movido por un número; así
-dedamos- es como Demócrito mueve al animal :
¿qué más da, en efecto, hablar de esferas diminutas o
10 de uni dades grandes o, en suma, de unidades en mo-
vimiento, si en cualquiera de los casos resulta nece-
sa rio mover al animal a ba se de que aquéllas estén
en movimiento ? Así pues, quienes pretenden j untar
movimiento y número en un mismo pri ncipi o vienen
a parar a est as dificultades y a otras muchas por el
estilo; y es que no sól o no es posibl e que tales rasgos
constituyan la definición esencial del alma, sino que
JO Véase supra, 4, 408b33 stgs.
ni siquiera pueden ser propieda des accidental es suyas.
Para ponerlo de manifiesto bastarí a con intenta r ex- 1.5
plica r las a fecciones y acci ones del al ma -por ejemplo,
razonamientos, sensacione s, pl acere s y dol ores, etc .e- a
partir de semejante defi nición. Como ya dijimos más
ar r iba 11, a partir de ta les rasgos no resultaría fácil ni
adivinarl as siquiera.
Tres son, por tanto, las maneras de defini r el alma
que se nos han transmitido: unos la defi nieron como
el mot or por antonomasia precisamente por moverse :20
a sí misma ; otros, como el cuerpo más sutil o más
incorpóreo (acabamos de analizar qué di ficultades y
contradicciones comportan estas teorí as); queda, por
último, examinar la definición según la cual el al ma se
constit uye a partir de los elementos. Sus autores afir-
man que ha de ser tal para que pueda percibir sen-
sori almente los entes y conocer cada uno de ellos ; :25
pero inevi tabl emente se encuentran abocados a múlti-
ples consecuencias lógi camente insost enibles. Estable-
cen, pues, qu e el alma conoce lo semejante con lo se-
mejante (y afirman a continuación que el alma es tá
cons tituida a partir de los element os) como si con ello
quedara garantizado que el alma se identifica con to-
das las cosas. Ahora bi en, Jos elementos no son las
ún icas cosas que conoce, sino que hay ad emás otras
muchas o, mejor, son infinit as las cosas que es tán
cons tituidas a par tir de ellos. Sea, pues , que el alma 30
conoce y percibe sensor ialmente los elementos de que
es tá constit uida cada cosa; pero ¿con qué conocerá o
perci birá sensorialment e el conjunto, por ejemplo, qué
es dios o el hombre o la carne o el hueso o cualquier
otro compuesto? Y es que cada uno de ést os no está 410 .
cons tit uido por element os amalgamados de cualquier
manera, sino conforme a cierta proporción y combí-
17 Véase supra, 1, 402b25-403a2.
160 ACERCA DEL ALMA LI BRO I 161
nación como Empédocles mismo afirma respecto del
hueso la:
Por su par le la t ierra agradecida en sus amplios crisoles
.5 reci bió dos pa rles de las ocho de la luminosa Nesti s
y cuatro de Hefestc . Y se forma ron as¡ los blancos huesos.
De nada sirve. pues, que los eleme ntos estén en e l
alma si no están además las p roporciones y la combi-
nación: cada elemento conocerá a su semejante . pe ro
nada habrá que conozca al hueso o al hombre . a no
10 ser que éstos estén también en el alma. Por lo de más,
no hace fa lta ni decir qu e tal supuesto es imposibl e:
¿a quién se le ocurriría, en efecto. preguntarse si den-
t ro del alma hay una piedra o un hombre? Y lo mismo
ocurre con el bien y el no bien . Y del mismo modo en
t odos los demás casos.
Más aún: puest o que «ente» ti ene múltiples acepcio-
nes -ya que puede significar bien la realidad indivi-
15 dual bien la cantidad o la cualidad o cualquier otra
de las categorías que hemos dis tinguido-, ¿estará cons-
ti tuida el a lma a partir de todas ellas o no? No pa-
rece, en cualquier caso; que los elementos sean comu-
nes a todas ellas. ¿Es tará, pues , cons tituida solamente a
partir de aquellos element os que son propios de las en-
tidades? ¿Cómo es , ent onces, que conoce también cada
uno de los demás en tes? ¿Dirán acaso que hay eleme n-
tos y principios propios de ca da género y que el alma
20 está compuesta de todos ellos? Entonces el alma será
cantidad, cualidad y entidad. Pero es imposible que,
est ando compues ta a partir de los elementos de la can-
t idad, sea entidad y no cantidad. A quienes afirman
que el alma está const it uida de todos los elementos,
les sobrevienen estas dificultades y otras por el estilo.
Por 10 demás, resulta igualmente absurdo afirmar, por
11 EMP!1DOCLES, Fr. B 96 (1, 346, S), DIELS·KRANZ.
un la do, que 10 semejante no puede padecer influjo
de lo semejante y afirmar, po r otro lado, que lo se-
mejante percibe sensortalmente lo seme jante y que lo
semejante conoce con lo semejante, pa ra terminar es- :15
tableciendo que percibir sensor ialmente - y también
inteli gir y conocer- cons isten en padecer un cie r to
influj o y un cie rto movimiento .
Muchas son, por tanto, las dificultades y obstácu-
los que lleva cons igo afirmar ----como Empédocles-
que los di st intos tipos de objetos se conocen por me-
dio de los eleme ntos corporales , es decir, al ponerse
los objetos en relaci ón con algo seme jante que hay en
el alma; una prueba más de ello es 10 siguiente: qu e 30
aquellas partes de los cuerpos de los animales que es-
tán cons ti tuidas exclusivamente de t ier ra -por ejem-
pl o, los hu esos, los tendones y los pel os- no perciben 410 b
objeto alguno, ni siquiera los semejantes por más que,
según tal teorí a, deberían hacerlo. Más aún, a cada uno
de los principios le corresponderá ma yor cant idad de
ignora ncia que de conocimiento; cada elemento cono-
cerá, en efecto, una cosa, pero desconocerá otras mu-
chas , en realidad, todas las demás. A la doctri na de
Empédocles, por su parte, le ocurre además que dios 5
resulta ser el má s ignorante: sólo él, desde luego, des-
conoce uno de los elementos -el Odio- mien tras que
los seres mortales conocen todos, por estar cons ti tuí-
dos de todos ellos. Y en general, ¿por qu é causa no
tienen al ma todos los entes, dado que todo lo que exis-
te o bien es el emento o bien procede de uno, varios
o todos los element os? : po r fue rza conoce rá , pu es, uno,
varios o todos los elementos. Cab rí a preguntarse tamo 10
bl én qué es lo que mantiene unidos los elementos del
alma: éstos son, en efecto, a modo de materia y, po r
tanto, aquello que los mantiene unidos - sea lo que
sea- es de rango má s elevado. Ahora bien, es impo-
sible que haya nada mej or ni superior al alma y más
\4. _ Il
162
ACERCA DEL ALMA LIBRO 1 163
imposible aún que haya nada mejor o superior al inte-
lecto. Es, desde luego, absolutamente razonable que
15 éste sea lo primigenio y soberano por naturaleza. No
obstante, estos autores afirman que los elementos son
los entes primeros.
Por otra parte, tampoco hablan de todas las clases
de alma, ni cuantos afirman que está con stituida a
partir de los el ementos basándose en que conoce y per-
cibe sensorialmente los entes, ni cuantos la definen
como el motor por antonomasia. En efecto, no t odos
los seres dotados de sensibilidad son capaces además de
20 producir movimiento: es obvio, desde luego, que ciertos
animales son inmóviles en cuanto al lugar a pesar de
que éste es, a lo que parece, el único movimiento con
que el alma mueve al animal. La misma objeción
cabe hacer t ambién a cuantos constituyen el int electo
y la facultad sensitiva a partir de los elementos: pues
es obvio que las plantas viven a pesar de que no par-
ticipan ni del movimiento local ni de la sensación y
es igualmente obvio que muchos an imales carecen de
25 razonamiento. Y por más que se aceptaran estos ex-
tremos y se estableciera que el intelecto es una parte
de l alma -e igualmente la facultad sensitiva- ni si-
quiera en tal supuesto se habl a r ía ni con universalidad
acerca de toda clase de alma n i en su totalidad acer-
ca de cualquiera de ellas. Por lo demás, de esto mis-
mo está aquejada la doctrina contenida en los llama-
dos Poemas Órficos 19 cuando en ellos se afirma que
desde el univer so exterior penetra el alma, al respirar ,
30 arrastrada por los vientos. Si n embargo, no es posible
411 a que suceda esto a las plantas ni tampoco a ciertos
animales, puesto que no todos respiran. Pero este de-
talle les pasó por alto a los autores de tal conjetura.
Por otra parte, aun cuando resultara necesario cons-
lO ORI'EO. Fr. B 11 (1, 10, 6),
tituir el alma a partir de los elementos, no sería en
absoluto necesario hacerlo a partir de todos: cualquie-
ra de las partes de la contrariedad se basta para j uz- 5
garse a sí misma y a su opuesto. Conocemos, en efec-
to, por medio de la recta no sólo ésta, sino también
la curva, ya que la regla es j uez para ambas. La curva,
sin embargo, no juzga ni de sí misma ni de la rect a.
Otros hay además que afirman que el alma se halla
mezclada con la totalidad del Universo, de donde se-
gurament e dedujo Tales que t odo está lleno de dioses.
Pero esta afirmación encierra ciertas dificultades : en
efect o, ¿por qué razón el alma no constituye un ani mal 10
cuando está en el aire o en el fuego y, sin embargo, sí
lo constituye cuando está en los cuerpos mixtos, a pe-
sar de que suele afirmarse que es más perfecta cuando
est á en aquéllos? Cabría preguntarse además por qué
razón el alma que está en el aire es mejor y más in-
mortal que la que se encuentra en los animales. El
absur do y la paradoja acompañan, por lo demás, a
ambos miembros de la alternativa: pues calificar de ent- 15
mal al fuego o al aire es de lo más paradójico y no
calificar los de animales, habiendo alma en ellos, es ab-
sur do. De otro lado 20, estos autores parecen suponer
'" Tres líneas ar riba (411all) ha cuestionado Aristóteles la añr-
mación de ciertos autores según la cual el alma que hay en los
elementos -suponiendo que la hubiera, elaro está- sería más
perfect a que la existent e en los cuerpos mixt os. Ahora se pone de
manifies to la incoherencia de tal afirmación por medio del sí-
guiente razonamiento: los autores en cues tión afirman que los
elementos son seres ani mados basándose en que son los cau-
santes de la vida en los seres animados terrestres y, por ta nto,
habrán de tener vida ellos mismos. Tienen. pues, alma los ele-
mentos. Por otra parte, el aire portador de vida que el viviente
ter restre absorbe al respirar es específicamente idéntico al aire
circundant e: en realidad es una parte del mismo. Y si el aire
es el mismo, ¿qué sentido tiene afirmar que el alma pr esente
en él es distinta según se trate de la porción de aire que se
absor be al respirar °de la porción que queda sin absorber?
164 ACERCA DEL AUlA
,
LIBRO I 165
que el a lma reside en los elementos basándose en que
un t odo es específicamente idént ico a SUS partes; y
puesto que, en defi ni tiva. los animales resultan anima-
do s al recibir en si el elemento cor respondiente del
20 medio que los rodea, se ven obligados a afi rmar que
el alma, universal, es también específicamente idéntica
a sus partes. Ahora bien, si se supone que el aire ex-
traído del ambiente al respirar es es pecíficamente idén-
tico a éste. mi entras que el al ma particular no es es-
pecíficamente idéntica a la univer sal, ocurrirá eviden-
temente que en el ai re que se inspira se encontrará
una parte de l alma pe ro no otra. Con que necesaria-
mente sucede rá que o bi en el alma es homogénea o
bien no se halla en cualquier parte del todo.
De lo dicho, pues, se desprende con evidenci a que
2.5 ni el conocer le corresponde al alma por estar cons-
tituida a partir de los elemen tos ni resulta tampoco
ad ecuado ni verdadero af irmar que se mueve. Ahora
bi en, puesto que conocer, percibir sensor ialmente y opí-
nar son del al ma, e igualmente apetecer, quere r y los
deseos en general; puesto qu e además el movimiento
30 local se da en los animales en vi rtud del alma -e
igualmente el desarrollo, la madurez y el envejecimien-
en b to-, ¿cada una de estas actividades cor responde a la
totalidad del alma y, por tanto, int eligimos, perdbimos
senscrialmente, nos movemos, ha cemos y padecemos
cada uno de es tos procesos con toda ella o, por el
con trari o, los dist intos procesos cor responden a par-
tes distintas del alma? El vivir , ¿se da solamente en
~ una de estas partes , en muchas, en todas, o tiene,
inclus o, alguna otra caus a? Hay quienes dicen que el
alma es di visible y que una parte intelige, otra apete-
ce. ¿Qué es, entonces, lo que man tiene uni da al alma
si es que es di visible? No, desde luego, el cuerpo; más
bien parece lo cont rar io, que e l alma mantiene unido
al cuerpo, puesto que, al alejarse ella, éste se disgrega
y dest ruye. Así pues, si es un pri ncipio di stinto de
ella lo que la mantiene unida, con mayor razón aún 10
habrá que considerar que tal principio es el alma;
pe ro, a su vez, habría que preguntarse de nuevo si
tal principio es uno o múltiple: si es uno, ¿por qué
no va a ser una también dir ectamente el alma?; y si
es divisible, una vez más el razonamient o ir á en busca
de aque llo que lo mantiene uni do, con lo cual tendre-
mo s un proceso al infini to. Cabria además preguntar-
se, en relación con las partes del alma, qué poder po- u
see cada una de ellas respe ct o del cuerpo, ya que, si
la totalidad del alma es la que mantiene unido a todo
el cuerpo, conviene que, a su vez, cada una de ellas
mantenga unida alguna par t e del cuer po. Esto, sin
embargo, parece imposib le: es difícil incluso de ímagí-
nar qu é parte -y cómo- corresponde al intelecto man-
tener unida.
De otro lado, salta a la vist a que las plantas y,
ent re los ani males, ciertos insectos viven aún des- 20
pués de haber sido divi didos, como si los t rozos po-
seyeran un alma id ént ica específicamente ya que no
numéricamente: cada un a de las partes ti ene, en efec-
to, sens ibili da d y se mueve local mente durante un cier-
t o ti empo. No es nada extraño, po r lo demás, que no
conti núen haciéndolo indefinidamente ya que ca recen
de órganos con que conservar su naturaleza. Sin em-
bargo, no es menos cierto que en cada uno de los t ro-
zos se hallan todas las partes del alma y que cada una 2..5
de éstas es de la mi sma especie que las demás y que
el a lma total, como si cada parte del alma no fuera
separable de las demás, por más que el alma toda sea
divi sibl e. Parece, además, que el princi pi o exist ente
cm las planta s es un cierto tipo de al ma: los ani males
y las plantas, desde luego, solamente t ienen en común
es te pr incipio. Princi pio que , ade más, se da separado
166 ACERCA lJEL ALMA
30 del pr incipio sensitivo si bien ningún ser posee sens t-
bilidad a no ser que posea ta mbién aquél 11.
n Ari stóteles int roduce aqul ya la doctrina que más ade lante
(véase inira, 11, 3. 414a29 según la cual las
distintas al mas se subordinan de modo que cada clase de alma
s upone la inferi or pero no al revés.
LIBRO SEGUNDO
Donde se recurre a la doctrina expuesta en la Metaftsi ca
para definir al alma como entidad -s-entiéndase
forma, esencia y definición- del viviente
Quedan explicadas ya las doctrinas transmitidas por 411 •
nuest ros predece sores en torno al alma. Vol vamos,
pues, de nuevo desde el principio e intentemos def í- "
nir qué es el alma y cuál podría ser su definición más
general 22.
Solemos decir que uno de los géneros de los en tes
es la enti dad y que ést a puede ser entendi da . en pri-
mer lugar, como materia -aquell o que por sí no es
algo detenninado-, en segundo lugar. como est ructu-
ra y fonna en vir tud de la cual p uede deci rse ya de
la materia que es algo determinado y, en t ercer lugar,
como el compuesto de una y otra. Por lo demás, la
materia es pot encia mientras que la fonna es ente- 10
Icquia. Bs ta, a su vez, puede entenderse de dos mane-
ras, según sea como la ciencia o como el acto de
teorizar .
:Q Par a una exposición y análisis crítico de la concepci ón del
alma contenida en este capítulo y siguientes puede leer se el es-
tudio introductori o que ofrecemos en esta edición.
168
ACERCA DEL ALMA LIBRO n 169
Por otra par te y a lo que parece, ent idades son de
manera primordial los cuerpos y, en tre ellos . los cuero
pos natura les : ést os const it uyen , en efecto, los princi-
pios de todos los demás. Ahora bien, entre los cuerpos
naturales los hay que tienen vida y los hay que no la
t ienen: y solemos llama r vida a la autoalimentación,
1.5 al crecimiento y al envejecimiento. De donde resul ta
que todo cuer po natural que par ticipa de la vida es
entidad , pero ent ida d en el sentido de entidad com-
puest a. Y puesto que se tra ta de un cuerpo de tal
ti po - 3 saber . que tiene vida- no es posi ble que el
cuerpo sea el alma: y es que el cuerpo no es de las
cosas que se di cen de un sujeto, antes al contrari o,
realiza la función de sujeto y materia. Luego _el alma
1'0.\.:0,. es necesariamente entidad en cuanto forma específica
de un cuerpo na tu ral que en potencia ti ene vida. Aho-
ra bien, la entidad es entelequia, luego el alma es ente-
lequi a de tal cuerpo.
Pero la palabra «entelequias se entiende de dos ma-
neras: una, en el sentido en que lo es la ciencia, y otra.
en el sentido en que lo es el teorizar. Es, pues, evidente
que el alma lo es como la ciencia: y es que teniendo
:J,5 alma se puede est ar en sueño o en vigilia y la vigilia
es análoga a l teori zar mi entras que el sueño es aná-
logo a poseer la ciencia y no ejercitarla. Ahora bien,
tratándose del mi smo sujeto la ciencia es anterior des-
de el punto de vist a de la génesis, luego el alma es
la entelequia primera de un cuerpo natural que en
potencia t iene vida. Tal es- ef caso de un orga nismo.
412 b Tambi én de lasplantas son órganos , si bien
absolutamente simples, por ejemplo, la hoja es envol-
tura del pericarpio y el pericarpio lo es del fruto; las
rafees, a su vez, son análogas a la boca puesto que
aquéllas y ésta absorben el ali mento. Por tant o, si cabe
enun ciar algo en gene ra l acerca de toda clase de alma,
,5 habrí a que decir que es la entelequia primera de un
cue.rpo natural De ah í además que no que-
pa preguntarse si el alma y el cuerpo son una única
realidad, como no cabe hacer tal pregunta acerca de
la cera y la figura y. en gene ral, acerca de la ma teria
de cada cosa y aquello de que es materia. Pues si bi en
las palabras «una " y «ser.. t ienen múltiples acepciones,
la entelequia lo es en su sentido más primor dial.
Qucda expuesto, por tanto. de manera general qué 10
es el alma. a saber , la entidad definitor ia, esto es, la
l esenciade tal t ipo de cuerpo. Supongamos que un ins--
trumento cualqüíera poi e]emplo, un hacha- fuera
un cuerpo natural : en tal caso el «ser hacha s seria su
entidad y, por tanto, su alma, y quitada ést a no se ria
ya un hacha a no ser de palabra. Al margen de nues- u
tra suposición es realmente, sin embargo, un hacha: es
que el alma no es esencia y definición de un cuerpo
de este t ipo, sino de un cuerpo natural de tal cua lidad
que posee en sí mismo el pri ncipio del movimi ento y
de l reposo. '\
Pero es necesario también considerar, en relación
con las distintas partes deLcuerpo, lo que acabamos
de deci r.- En éfecto.Si "el·oJofuera un animal, su alma
sert a la vista. Esta es, desde luego. la entidad definí- 20
tori a del ojo. El ojo, po r su parte, es la materia de la
vista, de manera que, qui tada és ta, aquél no sería en
absoluto un ojo a no ser de pal ab ra, como es el caso
de un ojo esculpido en piedra o pintado. Procede ade-
más aplicar a la t otalidad de l cuerpo viviente lo que
se aplica a las partes ya que en la misma relación en
que se encuent ra la parte respecto de la parte se en-
cuentra también la totalidad de la potencia sensit iva
respecto de la totalidad del cuerpo que posee sensibi- :1.,
lidad como tal. Ahora bien, lo que es tá en pot enci a de
- ".- ._. T •
vivir no es el cuerpo que ha echado fuera el alma, S100
aquel que la posee. El esperma y el fruto, por su- par-
te, son tal tipo -de cuerpo en potencia. La vigilia es en-
170 ACERCA DEL ALMA LI BRO 11 171
telequía a la manera en que lo son el acto de cortar
413 a y la vis ión; el alma, po r el cont rari o. lo es a la mane-
ra de la vista y de la potencia del instrumento. El
cuerpo, a su vez, es lo que está en po tencia. Y así como
el ojo es la pupila y la vista. en el otro caso - y Pe-
ra lelamente- el animal es el alma y el cuerpo. Es
perfectamente claro que alma no es separable del
cuerpo o. al menos, ciertas paries-de
que es por na turaleza divisible: en efect o. la entele-
quia de ciertas pa r tes del alma pertenece a las par-
tes mismas del cuerpo. Nada se opone, sin embargo.
a que ciertas partes de ella sean separables al no ser
entelequi a de cuerpo alguno. Por lo demás, no queda
claro todavía si el al ma es entelequia del cuerpo como
lo es el piloto del navío.
l a El alma queda, pues, definida y esbozada a grandes
L rasgos de esta manera.
CAPiTULO SEGUNDO
Abúndase en la definición emprendida en el capitulo
anterior enriqueciéndola con la teoría de
pot encia y acto
Puesto que aquello que en sí es claro y más cog-
noscible, desde el punto de vi sta de la razón, sue le
emerger partiendo de lo que en sí es os curo pero más
asequible n, intentemos de nuevo, de acuer do con esta
:u Esta oposición sistemática entre lo que es más claro y cog-
nos cible en sí mismo (hapl6s, physei) siendo menos asequible
para nosotros (pros hlmas) y lo que es más asequible a pesar
de poseer en sI mismo una Inteligibili da d menor aparece ab un-
da ntemente a 10 largo de toda la obra de Aristóteles aunque
15U aplicación y concreción varíe de unos contextos a ot ros. En
práct ica , conti nuar con nuestro estudio en torno al
alma. El enunciado definitor io no debe limitarse, des-
de luego, a poner de manifiesto un hecho -esto es lo
que expresan la mayorí a de las definiciones- , sino
qu e en él ha de ofrecerse ta mbién y patentizarse la cau-
sa. Sin embargo, los enunciados de las definiciones sue-
len ser a manera de conclus iones: por ejemplo, ¿qué
es la cuadratura? -que un rectángulo equilátero sea
equivalente a otro cuyos lados no sean iguales. Pero
una definición tal no es sino el enunciado de una con-
clusión. Por el contrario, aquel que dice que la cua- --,
dratura es el hallazgo de una media proporcional, ése 20
si que expone la causa del asunto.
Digamos, pues, tomando la inves tigación desde el
principio,__que lo animado se di stingue de lo inani me-
do por Y como-I a-pal abra «vivir .. hace referen-
cia a múÍtiples operaciones, cabe decir de al go que
vive aun en el caso de que solamente le corresponda
alguna de ellas, por ejemplo, intelecto, sensación, mo-
vimiento y reposo locales , amén del movimiento enten-
di do como alimentación, envej ecimiento y desarrollo. 23
De ahí que-opinemos - Úunbién que todas las plantas
viven . Salta a la vista, en efecto, que poseen en sí mis-
mas la potencia y principio, en cuya virtud crecen y
menguan según di recciones cont rarias: todos- aquellos
seres que se alimentan de manera conti nuada y que se
mantiene n viviendo indefinidamente hasta tanto son ca-
paces "di?' asimilar el ali mento, no crecen, desde luego,
hacia arriba sin crecer hacia abajo, sino que lo hacen 30
en una y otra y todas las direcciones. Por lo demás,
est e caso se trat a, sin duda, de la oposi ción entre lo que puede
percíbirse sens orialmente -casos singulares, hechos- y lo que
se capta Int elect ualmente: conceptos y definiciones, causas .
Puede consul tarse al re specto: Tópicos, VI, 4, 141b5 slgs.; Ana-
lft icos Post eriores, 1, 2, 71b34; l1tica a Nío ámaco, 1, 2, 1095b2;
Metaf fsica, VII , 4, 1029b4 sigs., etc .
esta cla se de vida puede darse sin que se den las
otras, mientras que la s otras -en el caso de los vl-
l vlentes sometidos a coirupci6n- no pueden darse si n
-- ella. Es to se hace evidente" en el cas o de las plantas
[ , " b en las qu e, efectivamente, no se da ninguna otra po-
;, tencia del alma. El vivir, por t anto, pertenece a los
en virtuct- de principio, mientras que-el
animal ia es primariamente en virtud de la sensacl óiii "
... de -ahf -que-a aquellos seres que 'nise-rñüeveñ-'ni cam:-
bian de lugar, pero poseen sensación, los llamemos ani-
males y no simpleme nte vivientes . Por otra parte, la
actividad sensorial más pri mitiva que se da en todos
los animales es el t acto. Y de la misma manera que
la facultad nutritiva puede darse sin que se dé el tacto
ni la totalidad de la sensación, t ambién el tacto puede
darse sin que se den las re stantes sensaciones. Y lla-
mamos fa cul t ad nutritiva a aquella parte del alma de
que pa rti cipan incluso las planta s. Salt a a la vis ta que
los animales, a su vez, poseen todos la sensación del
10 tacto. Más adelante diremos por qué razón sucede así
cada uno de es tos hechos. Por ahora ba ste con decir
que el alma es el principio de todas estas facultades
y que se define por ellas: fac ultad nutriti va, s éfisttíva.
di scursiva y movimiento. Ahora bien, en cuanto a si '
cada una de esta s facultades cons tit uye un alma o
bi en una parte del alma y, suponiendo que se t rate
de una parte del alma, si lo es de tal manera que r e-
15 sulte sepa rable únicame nte en la definición o tamb ién
en la realidad, no es difícil discernido en el caso de
algunas de ellas, si bien el cas o de algunas otras en-
traña cierta di ficult ad. En efec to: así como ciertas
plant as se obser va que continúan viviendo aunque se
las parta en t rozos y ést os se encuentren separados
entre sí, como si el alma presente en ellas fuera ---en
cada planta- una encnt elequia pero múltiple en poten-
cia, así también observamos que ocurre con ci ertas
,. Se alude seguramente a P.l atón y a su t ripartición del alma
con la consiguiente localización de las tres part es en el vientre,
el pecho y el cerebro re specti vamente. Véase la República, IV,
438 d sigs.; I X, 580 d slgs.; VIII, 548 e y 550b. También Tímeo,
69e slgs.
:l5 Aristóteles .remite al lect or al capítul o duodécimo del libro
tercero. En cua nto a la frase inme diat amente anteri or al pa-
réntes is (toato dé. poiei díaohoran tÓn zóion) cabe enten derl a de
dos ma neras:
a) Como la hemos enten dido: «esto es lo que marca la di fe-
rencia entre los animales». La palab ra «este» hace referencia al
hecho previament e consignado de cómo las dist intas facultades
están dis tribuidas desigual men te ent re los animales.
b) «Esto es lo que ma rca la diferencia ent re los animales y
los simpl es vívíentes.s En tal caso se aludiría al tacto, mencío-
nado inme diata mente antes como facultad sensitiva ínfima.
-"
diferencias del alma tratándose de insectos que han ' 20
sido divididos: también, desde luego, cada uno de los
trozos conserva la sensación y el movimiento local y,
con la sensación, la j maginación pues all í
donde 11ay·-sensa ción hay también dólory plac er, y
donde hay éstos, hay además y necesad ameñte apeti-
t o. Pero por lo que hace- al intelecto y a la potencia 25
especulativa no est á nada cl aro el asunto si bien pa-
rece tratarse de un género di stinto dc alma y que so-
lamente él puede darse separado como lo et erno de lo
cor rupt ibl e. En cuant o al resto de las partes del alma
se deduce claramente de lo an terior que no se dan
separadas como algunos pretenden 24. Que son distintas
desde el punto de vista de la definición es, no obs t ant e.
eviden te: la esencia de la fa cultad de sentir di fiere 30
de la esencia de la facultad de op inar de igual manera
que difiere el sent ir y el opinar; y lo mi smo cada una
de las demás facultades mencionadas . Más aún, en
ci er tos animales se dan todas estas facultades mientras
en otros se dan algunas y en al gunos una sola. Esto
es lo que marca la diferencia entre los animal es (por 414 a
qué razón, lo veremos más adelante) 25. Algo muy pa-
172 ACERCA DEL ALMA
- ------------------------
LIBRO 11 173
174 ACERCA DEL ALMA LI BRO 11 175
re ci clo ocur r e t amb ién con las sensaciones : ciertos an i-
males las poseen todas, otros al gunas y otros, en fin,
solamente una, la más necesaria, el t acto.
Pu es bien, puesto que la expre sión «aquello por lo
..'l que vivimos y sentimos» tiene dos acepciones -e igual-
mente la expresión «aque llo por lo que sabemos»: so-
Jemos re ferirnos ya a la cienci a ya al alma , t oda vez
que decimos saber por un a y otra; y lo mi smo t ambién
la expresión «aquello por lo que sanamos »: cabe re-
feri rse ya a la salud ya a cierta parte del cuerpo o a
todo él- t anto la ciencia como la salud son estructu-
ra, forma, defi nición y a manera de acto del sujet o
10 que las reci be - del que r ecibe la ciencia y del que
recibe la salud respect ivamente-, ya que, según nues-
tra opinión, el acto del agent e ti ene lugar en el Pe-
ciente afec tado por él; por el contrari o, el alma es
aquello por lo que vi vimos, sentimos y razonamos pri-
maria y radicalmente . Luego habrá de ser definición
y forma específica, que no materia y suj eto. En efec-
t5 to: dado que, como ya hemos dicho , la entidad se
entiende de tres maneras - bien como forma, bien
como materia, bi en como el compuest o de ambas-
y que, por lo de más, la materia es potencia mientras
que la forma es entelequia y puest o que, en fin, el
compuesto de ambas es el ser animado, el ,cuerpo no
cons tit uye la entelequia del a lma, sino que, al con-
.-- trar'io, ésta consti tuye la ent elequia -de un cuerpo. Pre-
0 cisamente por esto están en lo cierto cuantos opinan
, que el alma ni se da .sin un cuerpo ni es en sí misma
un cuerpo. Cuerpo, desde lueg ó; no'e s;-perosí, ;}'go-del
"' cuerpo, yde ahí qu e se dé un cuerpo y, más precisa.
mente, en un deter minado tipo de cuerpo: no como
nuestros predecesores 26 que la endosaban en un cuerpo
'" Se r efiere a los pit agóric os repitiendo la críti ca ya lanzada
cont ra su teoría de la t ras migración en el libro anterior, 3,
407a13·27.
sin preocuparse de matizar en absoluto en qué cuerpo
y de qué cualidad, a pesar de que ninguna observa-
ción muestra que cualquier cosa al azar pueda r ecibir
al azar cualquier cosa. Resulta ser así, ad emás, po r de-
fin ición : pues en cada caso la entelequia se produce
en el sujet o que está en potencia y, por tanto, en la
materia adecuada . Así pues, de todo esto se deduce
con evidencia que el alma es entelequia y for ma de
aquel sujet o que tiene la pos ibilida d de convertirse
en un ser de tal t ipo.
CAPíTULO TERCERO
De cómo se relacionan entre sí las disti ntas facul tades
del almay que ést a ha de de fini rse
a t ravés de aquéllas
En cuant o a las antedichas potencias del alma,
ciert os vivientes se dan todas -como decíamos 27.....f? &:
mientras que en ot ros se dan al gunas y en algunos,
en fin, una sola. Y llamábamos potencias a las fac ul-
tades nutritiva, sensi tiva, "desiderat iva, motora y dis-
cursiva: En la s pl antas se da solamente la facult ad
nutr it iva, mientras que en el rest o de los vivient es se
da no sól o ésta, sino también la sens it iva. Por otra 414 b
par t e, al darse la sensit iva se da también en ellos la
desiderativa. En efecto: el apetito, los impulsos y la
volunt ad son tres cl ases de deseo 28; ahora bi en, todos
:l? Véas e supra, 413b32-414a.
21 En lo que a la terminología se refiere, el ámbito de la
vida afect iva aparece fija do con notable est abilidad a lo largo
de la obra de Aristót eles. El fenómeno general de atracción y
repulsión {ebúsqueda» y «huida» de los obj etos, dice a menudo
Aristóteles) recibe el nombre de drexis, pa labra que traducimos
176 ACERCA DEL ALMA LI BRO 11 177
los a ni males poseen una al menos de las sensaci ones,
~ I tacto, y en el sujeto en que se da la sensación se
s dan también el placer y el dolor -lo placentero y lo do-
loroso-c, luego si se dan es tos procesos, se da también
el apetito, ya que éste no es sino el deseo de lo pla-
centero. De otro lado, los animales poseen la sensa-
ción del alimento, ya que la sensación del a limento no es
sino el ficto. todos los animales, en efecto, se a limen- . _.
ta n de o seco y de lo húmedo, de lo caliente y de lo
frio y el tac to es preci samente el sentido que percibe
todo es to. Las otras cualidades las percibe el tacto sólo
10 accidentalmente: y es que en nada contribuyen a la
alime ntación ni el sonido ni el color ni el olor. El sao
bor , sin embargo, constituye una de las cualidades tác-
til es. El hambre y la sed son ape tit os : el hambre, de
lo seco y caliente; la sed, de lo frío y húmedo; el sa-
bor , en fin, es algo as¡ como el regusto de estas cua-
lidades. Más adelante se dilucidará t odo esto 29, Baste
u por ahora con decir que aquellos vivientes que poseen
tac to poseen también deseo. Por lo que se refiere a si
poseen además imaginación, no está claro y más ade-
. lan te se analizará JO. Por lo demás, hay animales a los
que además de estas facultades les corresponde tamo
bién la del movimiento local; a otros, en fin, les co-
rresponde además la facultad discu rs iva y el in telecto :
tal es el caso de los hombres y de cualquier otro ser
semejante o más excelso, suponiendo que lo haya.
siempre por edesec-, asl como tó orektikdn por «facultad de-
slderat ivas. Sus especies son tres: tlJym6J - palabra qu e t radu-
cimos como «Impu lsos» a qu e en el ca mpo del adjeti vo corres-
ponderá en nuestra t raduccíén la pa labr a epulslcnab-s-, epithy-
mla. que tra ducimos como eapetlt ce, y boúllsis. En cuan to a
este últ imo térmi no. lo traducimos como evcluntade y . volición_
según Que el context o halla referenci a a la facult ad o al acto
de la misma.
.. Véase ín íra, n, 10.
)l Véase inira, 111, 11, 433b31434a7.
Es, por tanto, evidente que la definición de alma po- 20
see la mi sma un idad que la defini ción de figura, ya que
ni en el caso de és ta existe figura a lguna aparte del
t rián gul o y cuantas a éste suceden, ni en el caso de
aquélla existe alma alguna fuera de las antedichas. Es
posible, pues, una definición común de figura que se
a dapte a todas pero que no será propia de ni nguna
en particular . Y lo mi smo ocur re con las almas enu- 2.5
merada s. De ahí que resulte ridículo -en es te caso
como en otros- buscar una defi ni ción común, que
no sera definición propia de ninguno de los entes, en
vez de a tenerse a la especie propia e ind ivisible 31, de-
jando de lado defini ciones de tal tipo. Por lo demás,
la situación es prá cticament e la misma en cuanto se -1
refiere al alma y a las f iguras: y es que siempre en
el t ér mino siguiente de la serie se encuent ra potencial-~
mente el anterior, tanto en el caso de las figuras c o m o ~
en el ca so de los seres animados, por ej emplo, el trián-
gulo está contenido en el cuadrilátero yIa facultad
vegetativa está contenida en la sens it iva. Luego en re-
iaci óncon cada uno de los vivientes deberá Investí-
garse cuál es el alma propia de cada uno de ellos, por
ejemplo, cuál es la de la planta y cuál es la del hombre
o la de la fiera . Y deberá además examinarse. por qué
razón se encuentran escalonadas del modo descri to 32. 415 a
Sin que se dé la facultad nutritiva noseda desde lue-
go, la sensit iva, si bien la nutritiva se da separada de
" Aristóteles se: refiere a las spectes ínt ímee qu e ya no pue-
den subdividi rse en ulteriores especies. No es necesario seña lar
que la palabra eespecíe- (eldos) no es tá utilizada en sentido
estrict o ni en este pasaje ni en otros an álogos (véase supra,
413b20. donde se ha bla de diferencias t ambién en sent ido am-
plio): no se puede hablar, en ri gor, ni de eespecíess ni de . di-
Ierenciass en relació n con e l alma ya que ésta no constit uye un
géne ro.
" Véase inira, 111, 12-13.
14. - \2
178 ACERCA DEL ALMA
LI BRO Il 179
la sensitiva en las plantas. I gu al mente, sin el tacto no
se da ninguna de las rest antes sensaciones, mientras
~ que el t acto sí que se da sin que se den las demás:
así, muchos animales carecen de vista, de oído y de
olfato. Además, entre los animales dotados de sensi-
bili dad unos t ienen movimiento local y otros no lo
tienen. Muy pocos poseen, en fin, razonamiento y pen-
samiento discursivo. Entre los seres sometidos a co-
rrupción, los que poseen razonamiento poseen también
10 la s demás facultades, mientras que no todos los que
poseen cualquiera de las otras potencias poseen ade-
más razonamiento, sino que algunos carecen incluso
de imaginación, mientras otros viven gracias exclusi-
vamente a ésta n. En cuanto al in tele cto teórico, es
ot ro asunto 34, Es evidente, pues, que la explicación de
cada una de estas facultades const ituye también la ex-
plicación más adecuada acerca de l alma.
CAPí TULO CUARTO
En que Aristóteles analiza la facultad nutritiva interca-
lando en este anális is una amplia e interesante
digresión sobre el alma como causa
Si se pretende realizar una investigación en torno a
l IS estas fac ultades, es necesario captar desde el principi o
qué es cada una de ellas, para de es ta manera pasar
después a sus propiedades, etc, Pero si ha de decirse
lJ Se entiende, viven exclus ivamente con la imaginación por-
que carecen de un conocimiento superior y no porque carezcan
de las facultades inferi ores a la misma, hipótesis totalmente
ajena a la doctrina aristotélica del escalonamiento de las facul-
tades.
.. Véase ínj ra, IlI, 408,
qué es cada una de ellas, por ejemplo, qué es la fa-
cultad intelectiva o la sensitiva o la nutri tiva, antes
aún habrá de defini rse qué es inteligir o sentir: los
actos y acciones son, en efecto, anteriores a las po-
tencias desde el punto de vista de la definición l'i. Pero 20
si esto es así, antes aún que los actos habrán de que-
da r definidos sus objetos; por este mot ivo habría, pues,
que tratar primero acerca de éstos, por ejemplo, acer-
ca del alimento, 10 sensible y lo int eligibl e. Esto acla-
rado, hab1aremos en primer lugar acerca de la nutri-
ción y la generación ya que el alma nutritiva se da
- además de en los animales- en el resto de los vi-
vientes y constit uye la potencia primera y más común
del alma; en virtud de ella en todos los vivientes se 25
da el vivir y obras suyas son el engendrar y el ali-
mentarse. Y es que para t odos los vivientes que son
perfectos 36 - es decir, los que ni son incompletos ni
tienen generación espontánea- la más natural de las
obras consiste en hacer otro viviente semejante a sí
mismos - si se trata de un animal , otro animal, y si
se trata de una pl ant a, ot ra planta- con el fin de pa r-
" La prioridad del acto sobre la potencia constituye un pr in-
cipio fundamental de todo el pensamiento aris totél ico. Puede
verse -como texto esencial- el capítulo octavo del libro noveno
de la Metafísica.
" En cuanto a los animales incompletos e imperfectos puede
consultarse: Acerca de la generación de los animales, 1, 20,
72SblO; 111, 1, 749a1S; IV, 1, 766a26. También, Historia de los ani_
males, 11, 1, 500a12, etc.
Por lo que se ref iere a esta forma de interpretar la repro-
ducción en las especies vivient es -interpretación ya presente
en Platón: véase el Banquete, 206e-20S d- es doctrina nuclear
dentro del pensamiento aristotélico: es la afirmación de la su-
premacía de la especie sobre los individuos en los cuales se
realiza y a través de los cuales permanece y se prolonga. Véase,
al res pecto, Acerca de la generación y la corrupción, 11, 10,
336b25 sigs., y Acerca de la generación de los animales, 11, 1,
731b23-732al .
180 ACERCA. DEL ALMA LI BRO n 181
ticipar de lo et erno y lo divino en la medida en que
415 b les es po sible: todos los seres, de sde luego, aspiran a
ello y con tal fi n realizan cuantas acci ones realizan
naturalmente -la palabra «fi n », por lo demás, tiene
dos sentidos: obj etivo y subjet ivo-. Ahora bien, pues-
to que les resulta imposible partici pa r de lo eterno y
divino a t ravés de una exis ten cia ininter rumpida, ya
que ningún ser sometido a corrupción puede pennane-
s cer siendo el mismo en su individualidad, cada uno
par ticipa en la medida en que le es posible, unos más
y otros menos; y lo que per vive no es él mi smo, sino
otro individuo semejante a él, uno no en número, sino
en especie.
Por otra parte. el alma es causa y princi pio del
cuerpo viviente. Y por más que las palabras ecausae
y «pri nci pio.. tengan múl tipl es acepciones, el alma es
10 causa po r igual según las tres acepciones definidas:
ella es, en efec to, causa en cuanto principio de l mo-
vimiento mismo, en cuanto fi n y en cuanto ent idad de
los cuerpos animados. Que lo es en cuanto entidad,
es evidente: la entidad es la ca usa del ser para todas
las cosas; ahora bien, el ser e s pa ra los vivientes el
vivir y el al ma es su causa y princi pio. Amén de que
la entelequia es la forma de lo que está en po tencia.
1.5 Es evidente que el alma es tambi én caus a en cuanto
fin. La ,Na turaleza -al igual que el intelecto- obra
siempre por un fin y este fin constituye su perfec-
ción 31. Pues bien, ést e no es otro que el alma en el
caso de los an imal es de acuer do con el modo de obrar
de la Naturaleza. Todos los cuerpos na turales, en efec-
to, son órganos del alma tant o los de los an imales
... 1.8 concepci ón teJeol.ógica de la Nat uraleza es fu ndamenta l
en la ciencia y filosoHa aristot élicas . Sobre esto puede verse el
estudio int roductori o en que remitimos a pasajes relevant es de
la obra aristotél ica.
como los de las plantas: lo que de muest ra que su fin 20
es el alma, La palabra ..fin », por lo demás, tie ne dos
sentidos, objetivo y subjetivo. Po r último, el alma
cons tituye tambi én el pri ncipio primer o del movimien-
to local, si bien tal po tencia no se da en todos los
vivientes. También la alteración y el crecimiento exí s-
ten en vi rtud de l alma. En cuanto a la sensación, pa-
rece ser un cie rto ti po de alteración y ningún ser que 2 ~
no participe del a lma posee sensaciones. Lo mi smo
oc ur re en el ca so del creci miento y de l envejecimien-
to: que nada envejece ni crece naturalmente a no
ser que se a lime nt e y na da, a su vez, se ali me nta a
no ser que par ticipe de la vida. Por ciert o que Em-
pédocJes no atinó en la explicación de es te proc eso
al afirmar que las plan tas crecen hacia abajo a l ere.
cer las raíces porque tal es el lugar al que natural- 416 a
mente se mu eve la ti erra y hacia a rriba po rque este
es el luga r a l que na turalmente se mueve el fuego.
No interpre t a acer t adament e el ..ar r -i ba» y el «abaj e»,
ya que el arriba y el ab ajo no son 10 mismo ni para
cada uno de los seres ni para el univer so como con-
junto; an tes al cont rario, lo qu e es la cabeza para los
animales eso son las raíces para las plantas, si es que .5
hemos de considerar idénticos por sus funciones a
órganos que son di versos JI. Pero ade más, ¿qué es lo
que mantiene unidos a l fuego y a la ti erra a pesar
de que se mueve n en sentido opuesto? Pues se dis-
gregarí an a no ser que haya a lgo que lo impida. Pero
si lo hay, eso será el alma, caus a del movimiento y de
la nut r ición .
Otros opinan que la na turaleza del fuego es, sin más, 10
la causa de la nutr ición y de l crecimiento puesto que,
a lo que se observa , es el único ent re todos los cuero
• Véase, por ejemplo, Acerca de l a marcha de l os (mimales, 4,
70Sa29 sigs.; también, Hist oria de l os atl imal es, H, 1, SOOb28·30.
182
ACf\RCA DEL ALMA LIBRO Il 183
pos O elementos qu e se nutre y crece. De ahí que al-
guien pueda opinar que también es él el que realiza
tal funci ón en las plantas y animales. Sin embargo,
es en cier to sentido concausa, pero no causa sin más:
l' ésta es más bien el a lma. Pues el crecimiento de l
fuego no tiene li mite, en tan to dura el combusti ble
mi ent ras qu e todos los seres naturalmente consthul ,
dos tienen un lí mite y una propo rc ión en cuanto a
su tamaño y crecimiento. Ahora bien, es ta configura-
ción cor responde al alma y no al fuego, a la forma
más bi en que a la ma teria.
Per o pu esto que la misma potencia del alma es a la
20 vez nutri tiva y generativa, es necesario hablar primero
acerca de la nutrición ya que por es ta (unción se de.
fin e frente a las demás potencias. Parece. por lo demás,
que lo contrario cons tit uye el alimento de lo contrario,
bi en entendido que no es así en el caso de todos los
contrarios, sino en el de aquellos que no sólo se ge.
neran uno a parti r del otro, sino que además se hacen
crecer recíprocamente : y es que muchos contrarios
t ienen su génesis uno a partir del otro, pero no todos
2.'5 poseen contidad; por ejemplo, la salud que se genera
a partir de la enfermedad. Es manifiesto, por otra
pa rt e, que ni siquiera todos los cont rar ios que poseen
ca ntidad se a limen ta n recíprocamente del mi smo modo,
pues si bien el agua es ali ment o de l fuego, el fuego a
su vez no alimenta a l agua. Pa rece, pues, que los con-
t rarios son respec tivamente ali mento y alimentado pri-
mordialmente en el caso de los cuerpos simples. El
asunto, con lodo, encierra una dificultad. Algunos opi o
30 nan que lo semejante se ali men ta y crece con lo seme-
jante, mien t ras que -como diji mo s- otros op inan a
la inver sa, es decir , que lo cont r ario se alimenta con lo
contrario; és tos se apoya n en que lo semej ante no
puede ser afecta do por la acción de 10 se mejante y,
sin embargo, el alimento camb ia al se r digerido y el
cambio en lod os los casos se produce haci a el t érmi no
contrar io o in ter medio. Más aún, el alimento padece 3 ~
una cier ta a fecc ión por parte del que se ali menta
mi entras que éste no resulta afectado po r el alimento, 4t6 b
de l mismo modo que el ar tesano no es a fectado por
la materia , pero sí ésta por él; el artesano solamente
cambia en cuanto pasa de la inacti vidad a la acti vidad.
Por lo de más, la controversia depende de qué se en-
tiende por al imento. si lo que se incorpora a l principi o
o lo que se incorpora al final de la digestión. Si es
tanto lo uno como lo ot ro --en un caso aú n sin di ge- ~
rir y en el otro caso ya dige rido- cabria habl ar de
alimento en ambos sentidos: así, pues, en la medida
en que el alimento está aún sin digerir, lo cont rario
se alimenta de lo contrario, mientras que, en cuanto
que es tá ya digerido, lo semejante se alimenta de lo
semej ant e. Con que resulta evidente que las afirma-
ciones de unos y otros son a la vez acertadas y er ró-
neas en cier to sentido. Y puesto que nada se al imenta
a no ser que participe de la vida, lo alimentado se rá 10
el cuerpo animado en tanto que animado: el ali mento,
pues, gua rda relación - y no accidental- con el ser
animado. Por otra par te, en el ali me nto hay que dis-
tinguir dos poderes, el de nut ri r y el de hacer crecer:
de una pa rte, el a limento hace crecer, en la medida
en que el se r animado posee cantidad, y de otra, ali-
menta en la medida en que es individuo y ent idad : el
alimento, en efec to, cons erva la entidad y ésta pervive
gracias a él en la medida en que se alimenta. El ali- u
mento es, en fin, princi pio de la generación, no del
viviente que se ali menta, sino de otro semejante a
és te, puesto que la entidad de ést e existe ya y nada se
engendra - sólo se conser va- a sí mismo. Luego el
pri ncipio del alma al que corresponden ta les funcio-
nes será una potencia capaz de conservar el sujeto que
la posee en cuanto tal, mientras que el alimento es ,
184
ACERCA DEL ALMA LI BRO II 185
por su pa rte, aquello que la dispone a actua r ; de ahí
20 que un ser privado de alimento no pueda continuar
exi stiendo. y puesto que int er vienen tres factores - lo
alimentado, aquello con que se alimenta y el principio
a liment ador- el principio alimentador es el alma pri-
mera, lo alimeñtado es el cuerpo que la posee y, por
' e ón que se alimenta es el aliment o. Y
como lo lo a cada cosa
un nombre derivado de su fin y el fin en este caso es
2.'5 engendrar ot r o ser semejante , el alma pri mera será
el pr incipio generador de otro ser semejant e. Por úl-
timo, la expresión «aquello con qu e se alimenta» pue-
de entender se de dos maneras lo mi smo que «aquello
con que se gobierna un barco »: la mano y el gober-
nalle , ést e que mueve y es movido, aquélla que mueve
únicamente. Ahora bien, todo alimento ha de encerrar
necesariamente la posibilidad de ser di gerido, siendo
h lo calient e el factor que reali za la di gestión. De ahí
{JO' que todo ser animado posea calor vital. Queda, pues,
expuesto en líneas generales qué es la alimentación.
No obstante, habrán de hacer se ulteriores acl aracio-
nes en torno a ella en los tratados pertinentes
.. No puede determinarse con exactitud a qué tratado o t r at a-
dos se refiere Ari stóteles. Hay quienes piensan que aquí se alu-
de al tratado Acerca de la generación de los animales (a favor
de est a int erpret ación cabe aducir un pasaje de la obra Acerca
de las partes de los animal es, 111, 5, 668a7, en que se r emite
a aquel t r atado en relación con el t ema de la nutri ción) . Según
otros, se tratarí a de un tratado es peci al - per dido- dedicado
al tema de la alimentación.
CAPfTULO QUINTO
Se anali zan en él las diver sas acepciones de tér minos
como «potencia», «padecer» y «alt eración» y se deli mita
el sentido exacto con el que han de utili zarse
en relación con el conocimiento sensible
Hechas ya es tas precisiones, tratemos en general de
toda sensación. Pu es bi en, la sensación - como ya se
dij o- tiene lugar cuando els ujeto es
una tratarse, en cf ecto:.,..de un CIer to
t ipo-de--altenición. Hay qui enes añaden que lo seme-
jantepadece bajo el influjo de lo semejante: en .qué
medida es es to posible o imposible lo hemos dicho
ya en el tratado general En torno al hacer y al p,ade- .
cer
40
• Es t á, por lo demás, el problema de por que no
hay percepción sensible de los ór ganos sensori ales mis-
mos y por qué ést os no da n lugar a sensación algu na
en aus encia de a pesar de que en
ellos hay fuego, tierra y los de más elementos que
constituyen el obj eto de la sensación , ya por sí, ya por
las cuali da des que les acompaña n. Es obv io al respec-
to que E!.-facult ad sensitiva no es tá _en act o, sino .sola.
mente en pote ncia. De ahí que le ocurra lo
qüe al combus ti ble; que no se qu ema por sí solo sm
el concurso del carburante ; en caso contrar io, se que-
marí a a sí mismo y no preci saría en absolu to de algo
que fuera fuego en acto. Así pues , puesto que pa- 10
labra «sentir» solemos utilizarla con dos
.. Tal vez Aristó teles aluda a algún escr ito dedicado especí-
ficamente al tema y que no ha llegado a nosot ros . Con t odo,
tradicionalmente se han enten dido estas palabras como una re-
ferencia al tratado Acerca de la generación y la corrupción, I, 7,
323a1 sigs .
186 ACERCA DEL ALMA U BRO JI 187
- solemos, en efec to, decir que «ve» y que «oye» todo
aquél que puede ver y oír aunque acaso esté durmien-
do , y t ambién lo de cimos de l que está actualmente
viendo y oyendo- habrá que dlst lnguí n. Igualmente en
la palabra «sensación» dos ecepcíone éu/ la una en po-
tenciay la otra en acto. Y lo mismo «senti r», ya sea en
1" Comencemos, pues, hab lando
como si padecer, ser movido y est ar en acto fue ran
lo mi smo: des de luego. el movimiento constituye tam-
bién un cierto tipo de acto, si bien imperfecto. como
quedó dicho en ot ro lugar 42. Por otra parte, todos los
seres padecen y son movidos por un agente que está
en acto. De ahí que -como dij imos 43_ en cierto modo
padecen bajo el influjo de lo semejante y en cier t o
20 modo bajo el influjo de lo desemejante: padece, en
efecto, lo desemej ante pero, una vez afectado, resulta
ya semejante.
Pero es necesario precisar aún más lo relativo a la
potencia y la entelequia, ya que hasta el momento
venimos hablando de ella sin matizar 44. En efec to, se
es sabio de tres maneras. En primer lugar, en el sen-
tido en que cabe decir de un hombre genéricament e
que es sab io: en cuanto que e l hombre pertenece al
conj unto de aquellos seres que son sabios y poseen
2 5 sabe r ; en segundo lugar, en el sentido en que llama-
mos sabio al que domina la gramática. Uno y otro
están en potencia, per o no de la misma manera, sino
(;'i) Esta dupl icidad de stgníñcacíones -cpotencía sensit iva y
sensación actual- corresponde a nuestr os términos «sent ido»
y-"sensación_. Téngase en cuen ta que la pal abra aisthisis cubre
en gri ego ambos significados.
., Véase Física, UI, 2, 2Dl b31.
... Véas e supra, JI , 4, 416a29 sigs.
.. Es decir, no basta con distingui r ent re po tencia y acto, sino
que hay que distinguir aún --como Ar istót eles hace a continua-
ciÓn- disti nt os nivel es de pot encia según su mayor o menor
proximidad al acto.
que el uno lo está en cuanto género apropiado y mate-
r ia, mient ras que el otro lo está en cuanto que puede
ejerci tar el sabe r cuando quiera, a no ser que se inter-
ponga algún obs táculo exte r ior . En tercer lugar viene
el que es tá ya actua lmente ejerci tando el saber y sabe
-en su sentido más genuino- que «esto es una A».
Los dos primeros, por tanto, son sabios en potencia, 30
si bien esta po tencia la actualizan de-diférent e'-mane-
ra : aq uél, sufri endo la alt eración cor respondiente a l
aprendizaje y .pa sando de un estado a
su. con trari o; éste, por su parte, cuando de poseer la
sensació n o la gramática sin ejercit ar las pasa a ejer- 417 b
cit arl as. Pero es que tampoco «padecer» siem-
pre lo mismo, sino que en algunos casos se trata de
una__destrucci ón por la acción del contrari o, mientras
otros casos es más bien la conservación de lo
que está .en potencia por la acción de lo que está en
entelequia, siendo lo uno y lo otro semejantes ent re
sí -en la medida en que esta semejanza corresponde
a la relación exist ente entre potencia y entelequia-o s
En efecto, el que posee el saber pasa a ejercitarlo, lo
cual o no es en absoluto una alteración - puesto que
se trata de un proceso hacia sí mi smo y hacia la en-
t elequia- o const it uye ot r o género de alteración. De
ahí que no sea correcto afirmar que el que piensa
sufr e una alteración cuando piensa, como tampoco cabe
decir que quien edifica sufr e alteración alguna al edi-
fi car. Así pues, el objeto que lleva ha sta la ent elequia 10
a quien está en potencia de inteligir y pensar no pue-
de, en rigor, deci rse que «enseña», sino que habr á que
ut ilizar otra palabra. Y en cuanto al que, estando en po-
t encia, aprende y adquiere una ciencia ba jo el influjo
de otro que está en acto y le enseña, tampoco puede
decir se -e-como queda explicado- que padezca o, en
caso contrario, habrá que distinguir dos tipos de al-
teración, la una con sistente en un cambio hacia esta- 15
- - - - - - - - - - - - - - ~ ~ - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -----
188
ACDRCA DEL ALMA LI BRO 11 189
dos pasivos y de privación, la ot ra hacia un est ado
activo. hacia su actividad na tura l.
El pri mer ca mbio del ser do ta do de sensibilidad se
produce bajo la acción del progenitor, de manera que,
una vez engendra do , posee ya el senti r como e l que
posee una ciencia. Consiguiente mente. la sensación en
acto ha de considerarse aná loga al acto de ej erci ta r
la ciencia, si bien entre uno y otro existe una dife ren-
20 cia: en el caso de aquél los agentes del acto - lo vi.
sible, lo audi ble y el resto de los objetos sensibles-
son exteriores. La causa de ell o es triba en que mien-
t ras la sensación en acto es de objet os indi vidual es.
la ciencia es de universales y éstos se enc uentran en
cierto modo en el alma misma. De ahí que sea posible
inte ligir en sí mi smo a voluntad, pero no sea posib le
as percibir sensi tivamente en sí mismo, ya qu e es nece-
saria la presencia del objeto sens ible. Con las ciencias
que se ocupan de objetos sens ibles ocurre 10 mismo
y por la mi sma razón: porque los objetos sensib les
forman parte de la s realidades exteriores e individua-
les. Pero ocasión habrá más adelante de hace r preci-
siones ul teri ores en to mo a estas cuestiones 45_ Por el
30 moment o quede señalado que no siendo simple la ex-
presión ..en potencia », s ino que en un sentirlo es como
si dijéramos que un niño está en potencia de dirigir un
ej ército, y en otro sentido es como si dijéra mos lo
mi smo de un adulto, la facu ltad sensitiva lo es de esta
segunda manera. Ahora bien, puesto que no hay pala-
418.a bras distintas para expresa r es t a diferenci a ent re am-
bos ti pos de potenci a y ya está suficie ntemente ac lara.
do qu e son di stintas y cómo lo son, no queda más
remedio que se rvirse de las expresiones ..padecer »- y
..ser alterado. como tér mi nos más preci sos. Por lo de.
" Int ra, Hl . 4.
más y como queda dicho 46, la facultad sens m va es
en potenc ia, tal como lo sensible es ya en ente lequia.
Padece ciertamente en tanto no es semejante pero- a
una vez afectada, se asimila al objeto y es tal cual él.
CAPIT ULO SEXTO
De qué y eudles son los objetos sensibles propios,
comunes y por occidente
Si pasamos ahora a es tudiar ca da uno de los sen-
tidos, será preci so comenzar hablando acerca de los
objetos sensibles ...Sens ible. se dice de tres clases de
objetos. dos de los cuales diremos que son sensibles
por sí, mient ras que el t ercer o lo es por accidente. De
los dos primeros, a su vez, uno es propio de cada 10
sensación y el ot ro es común a todas. Llamo, po r lo
demás, «propio» a aquel objeto que no puede ser per o
cibido por ninguna otra sensación y en tomo al cua l no
es posible sufri r error, po r ej emplo, la visión del co-
lar, la aud ición del sonido y la gustación del sabor.
El tacto, po r su parte, aba rca múlti ples cualidades di-
ferentes. En cualquier caso, cada senti do di sci erne acero
ca de este tipo de sensible;Y- ~ o sufreerror - sobre si u
se t r a - t ~ de un color o de un sonido, si bien puede
equivoca rse ace rca de qué es o dónd e es tá el ob jeto
coloreado, qué es o dónde está el objeto so noro. Tales
cualidades, po r tanto, se dice que son propias de cada
sent ido mientras se dice que son comunes el rnovi-
miento, la inmovili dad, el número , la figura y el rama-
ño. ya que és tas no son propias de ninguna sens a-
ción en pa r ticular , sino comunes a todas. El movímten-
.. Supra, 417a12·20.
190 ACERCA DEL ALMA LIBRO JI 191
20 to, en efecto, es percepti bl e tanto al tacto como a la
vista. Se habl a, en fin, de «sensible por accidente»
cuando, por ejemplo, esto blanco es el hijo de Díares.
Que «es el hijo de Diares» se percibe por accidente,
en la medida en que a lo blanco es tá asociado accí-
de ntalrnente esto que se percibe . De ahí también que el
que lo percibe no pa dezca en cuanto t al af ección algu-
na bajo el influjo del sensib le p or accidente. Por últ i-
mo y en relac ión con los sensibles por sí, los sens ib les
2 ~ por excelencia son los propios ya que en fu nción de
ellos está naturalmente constitui da la entidad de cada
sent ido.
CAPí TULO SÉPTIMo
Acerca de la visión y qué papel desempeñan en ella
el color. la luz, el medio t ransparente y el
órgano sensorial
Lo visible, pues, es el ob jeto de la vista 47. Vis ible
es , a su vez, el color así como otr o objeto qu e carece
de nombre, si bien cabe descr ibirl o por medio de una
" La teoría ar istotélica de la visión tal como aparece aquí
expuesta - y que debe ser complet ad a con ulterio res precisio-
nes de detal le contenidas en el pequeño tratado Acerca del sea-
tido y 10 sensible- puede resumirse así: La visión -como el
res to de las sensaciones- se realiza a t ravés de un medio que
en este caso es Jo t ransparente o diáfano (de ahf la critica a
Demócrit o en 419aI5-21). La transparencia en cuanto posibilid ad
o potencia pertenece a diversos cuerpos, por ejemplo, el aire y
el agua. La actualización o acto de la t ransparencia es, a su vez,
la luz; ésta es, por t ant o, un estado de Jo transparente como tal
(418b9) y no un movimiento: su aparición es inst ant ánea y de
ahí la crít ica a Empédoc1es (418b20-26). El color, en fin, actúa
sobre lo t ransparen te en acto (419aI0) que, a su vez, act úa sobre
el Órgano correspondiente.
frase 4.'! ; en cualquier caso quedará claro a qué aludi-
mos, especialmente po r lo qu e vendrá a continuación.
Lo visibl e es, por tanto, el color. Este, a su vez, es lo
que recubre a todas aquellas cosas que son visibles por 3D
sí - «por sí- no significa en este caso que la visibili-
dad forme par te de su definición, sino quc poseen en
sí mismas la causa de su visibilidad-o Todo color es
un agente capaz de poner en movimiento a lo t ranspa- 418 b
re nte en acto y en esto consiste su naturaleza. He
ahí por qué el color no es visible si no hay luz, mien-
tras que, a la luz, cualquier color de cualqui er cosa
result a visibl e. Habrá que empezar, por t anto, diciendo
qué es la luz.
Hay, pues, algo que es transparente. Y llamo «trans-
parente» a aquello que es visible si bien - por deci rlo ~
en una pal abra- no es visible por sí, sino en vi r tud
de un color ajeno a él. Tales son el aire, el agua y
multitud de sólidos : no son transparentes, en efecto,
ni en tanto que agua ni en t anto que ai re, sino po rque
en ellos se da una cierta natural eza , la mis ma que se
da en el cuerpo eterno situado en la regi ón más al ta
del fi rmamento. La luz, a su vez, es el acto de esto, de 10
lo transparente en tanto que transparente. Por el con-
t rari o, en los cuer pos transparentes en potencia se da
la oscuridad. La luz es, pues, como el color de lo t rans-
parente cuando Jo t ransparent e está en entelequia bajo
la acción de l fuego o de un agente similar al cuerpo
situado en la región superior de l fir mamento: y es
que la propiedad inherente a éste es una y la mi sma
que la de l fuego. Queda dicho, por tanto, qué es lo
transparente y que es la luz, y cómo ésta no es ni
fuego ni cuerpo alguno ni efluvio de cuerpo alguno 1.5
- ya que en es te caso sería tambi én un cuerpo-e, sino
.. Se refiere a los objetos fosforescent es. Véase mira. 419a2
si guient es.

I
l '
193 LlBRO Ir
luz es el color , y de ahí que éste no se vea s i no hay
luz: la esencia del color, en efec to, cons iste en ser el lo
agente que pone en movimiento a lo t ransparente en
acto y la entelequia de lo t ranspa rente es, a su vez, la
luz. Una prueba ev idente de ello es que s i colocamos
cualquier cosa que tenga color directamen te sobre el
órgano mi smo de la vis ta , no se ve . El funcionamiento
adecuado, por el cont ra r io, consi ste en que el color pon-
ga en movimiento lo transparente - por ej empl o. el
aire- y el órgano sensor ial sea, a s u vez, movido por
és te Ultimo con q ue es tá en contacto. No se expresa 15
acertadame nte Demócri to en este punto cuando opina
que si se produjera el vacío entre el órgano y el objeto,
se vena hasta el más míni mo detalle , has ta una hor-
miga que estuviera en el cielo. Esto es , desde lu ego,
imposible. En efec to, la visión se produce cuando el
órgano sensorial padece una cierta afección ; ahora bien,
es imposi bl e que padezca i nflujo alguno baj o la acción
del co lor perci bi do, luego ha de ser bajo la acción de :10
un agente intermedio; por fuerza ha de haber, pues,
algo intermed io y, por tanto, hecho el vacío, no sólo no
se verá hasta el más mí nimo detall e, sino q ue no se
verá en absoluto. Qu.eda dicho ya por qué causa el color
se ve ún icamente a la luz . Por el cont r ario, el fuego
se ve tanto a la luz como en la oscur idad y ha de ser
así por fuerza, ya que lo tr ansparente se hace transpa-
rente precisa mente baj o su infl uj o. Lo dicho vale tamo 2.5
bién, por lo de más. en relación con el sonido y el o lor.
En ef ect o, si es tán en contacto con el órgano sensor ial,
en ningu no de ellos se da la sensación cor respondiente ;
más bien ocurre que por la acción del olor y el sonido
se pone en movimiento el medio que, a su vez, pone
en movimiento al órgano respectivo, mi entras que s i
se co loca a l objeto sonoro u oloroso directamente so-
bre el ór gano sensorial, no se produci r á sensación algu- 30
na. y lo mis mo pasa con el tacto y el gusto si bien no
14. -l3
ACERCA DEL ALMA 192
la presencia de l fuego o cualquier otro agente similar
en lo transpa rente, toda vez que es imposible q ue d os
cuer pos ocu pen s imullá neamente el mis mo lugar. Pa-
rece, además, q ue la luz es lo contrario de la oscur i-
dad: ahora bien. la oscuridad es la privación de una
d isposición ta l en lo transparente. luego evidentemen-
20 te s u presencia es la luz. Y han comet ido un error
Empédocles y quienquiera que con él haya afirmado
que la presencia de la luz se produce a l desplazarse
és ta y sit uarse en un momento dado ent re la Tierra
r la capa celeste que la rodea. si bien tal movi mi ento
nos pasa inadvertido. Tal afirmaci ón, desde luego. no
concuer da ni con la verdad de l razonamiento ni con
2.5 la evidencia de los hechos: y es que cabria que su des-
plazamien to nos pasara ina dvertido tratánd ose de una
distancia pequeña; pero que de oriente a occide nte
nos pase inad vertido constituye. en verdad. una supo-
s ición colosal.
Lo q ue recibe el color es lo incoloro, lo que reci be el
sonido es lo insonoro. I ncolo ro es, por lo demás, tanto
lo transpa rente como lo invisible o bien a duras penas
vis ibl e, por ej emplo, lo oscuro. Esto ultimo no es s ino
30 lo transpa re nte pero no cuando es t ransparente en ac to.
s ino cuando lo es en potencia : es que la misma natura-
leza es unas veces oscuridad y ot ras luz.
Por otra parte, no todo lo que se ve es vi sible a
la luz, s ino solame nte el colo r car acter ís tico de cada
cosa : cier ta s cosas, desde luego, no se ven a la luz , y,
sin embargo, producen se nsaciones en la oscuridad, por
ejempl o, toda s aq uéll as que apa r ecen ígneas y brillan-
tes - no hay en n uestra lengua un término único para
.5 desi gnarlas- como son los hongos, el as ta y las cabe-
za s, esca mas y ojos de los peces. Sin embargo, no se
per ci be el color car acte rí st ico de ninguna de ell as. Por
qué r azón se ven ta les cosas, es otro asunto. Por el
momento quede claro, al men os, que lo que se ve a la
419 a
194 ACERCA DEL ALMA
LIBRO 11 195
aparece con evidencia a la observación: más adelante
quedará clar o el por qu ée . Por lo demás, el medio en
el caso de los sonidos es el aire y en el caso del olor
carece de nombre peculiar: se trata de una cierta af ec-
ción que se da por igual en el aire y en el agua, y esta
afección que se da en ambos elementos es al objeto
35 oloroso lo que lo transparente es al color; la observa-
419 b ción muestra, en efecto, qu e los animales acuáticos po-
seen también el sentido del olfato. Por su parte, el
hombre, al igua l que todos los animales terrestres que
respiran- no puede oler a no ser que respire. La causa
en re lación con todo esto será expuest a también más
adelante 50,
CAPíTULO OCTAVO
Que se ocupa del oído así como del sonido en general
y de la voz en parti cular
Comencemos haciendo ahora algunas di sti nciones en
s torno al sonido y a la audición. El sonido puede enten-
derse de dos maneras, en acto y en potencia. De ciertas
cosas decimos que carecen de sonido, por ej emplo, la
esponja y la lana; de otras cosas - por ejemplo, el bron-
ce y los ob jetos duros y lisos- decimos' que sí lo
tienen porque pueden sonar, es decir, pueden producir
un sonido en acto en aquel medio que se encuentra en-
tre ellas mismas y el oído. El sonido en acto es siempre
10 producido po r al go, contra algo y en algo 51. El agente
" Infra, II. 10 Y 11.
50 Infra, JI, 9, 42Ib13-422a6.
" Tres son, pues. los factores que se requieren para que se
produzca el choque sonoro: un cue rpo que choque con otro
(algo contr a algo) y un espacio (en algo) a través del cua l se
desplace el pri mero hasta encon trarse con el segundo.
es, desde luego, un golpe y de ahí la imposibilidad de
que se produzca un sonido si hay solamente una cosa,
ya que el cuerpo que golpea y el golpeado han de ser
distintos : luego lo que suena, suena contra algo. El
golpe, a su vez, no se produce a no ser que haya un
desplazamiento. Como acabamos de decir, el sonido no
es el golpe de cualesquiera objetos; la lana, en efecto,
no produce sonido alguno por más que la golpee, pero 15
sí lo producen el bronce y t oda suer t e de ob jetos lisos
y huecos: él bronce, po r ser liso, y los objetos huecos
porque en virtud de la repercusión producen reiterados
golpes además del primero al no poder escapar el aire
puesto en movimiento. Añadiremos que se oye en el
aire y también en el agua , pero menos. El agente prin-
cipal del sonido no es , sin embargo, ni el aire ni el
agua, sino que es preciso que objetos duros se golpeen 2Q
mutuamente y golpeen el aire. Esto último sucede cuan-
do el aire se mant iene sin disgregarse al recibir el gol-
pe. De ahí que suene cuando se le golpea con rapidez
y violencia: es necesario que el mov imiento de l que
golpea al ai re sea más rápido que la disgregación de
ést e, algo así como si se intentara machacar un mon-
tón o un conjunto de granos de arena que se movie-
ra con rapi dez. En cuanto al eco, se produce al ser 25
repelido como una pelota el aire exter ior por el aire
de dent r o que se mantiene compact o a causa de la ca-
vidad que lo limita y lo impide disgregarse. Por lo de-
más, parece ser que siempre se produce eco aunque no
sea nítido. Con el sonido, pues, sucede como con la luz:
también la luz se refleja siempre -en caso contrario 30
no se produciría cla ridad por todas part es, sino que
habría oscuridad fuera de la zona soleada- pero no
siempre con la misma in tensidad con que es reflejada
por el agua , el bronce o cualquier otro objeto pulido:
en este caso llega incluso a producir sombra, fenóme-
no por el cual solemos caract eri zar a la luz. El vacío,
196 ACERCA DEL ALMA

Ll URO 11 197
po r su pa rte, es conside rado con aci erto como el agente
principal del oír: vacío parece ser, en ef ecto, el aire y
3.5 és te es el que hace oír cua ndo, compacto y sin perder
su unidad, se pone en movimiento. No obs tan te y precl-
420 a sa mente por carecer de cohesión, el aire no resuena , a
no ser que el objeto golpeado sea liso. en cuyo caso el
ai re permanece compac to graci as a la superficie de
aquél , ya que la superficie de un objeto liso es una.
Es , pues, sonoro todo ob jeto capaz de poner en mo-
vimiento un conj unto de aire que se extienda con con-
t inuidad hasta el oído. El oí do. por su parte, es tá nat u-
ralmente adaptado a l aire 52 y precisamente por que está
, in merso en el aire, al moverse e l de fuera se mueve el
de dentro . He aquí por qué el animal no oye por todas
la s pa rtes de su cuerpo, así como tampoco le entra el
aire po r todas part es, ya que el órgano que act úa como
centro mo tor y que está animado no t iene aire po r to-
das partes . El a ire es de por si insonoro por ser fácil -
mente disgregable, pero cuando se le impide disgregar-
se, su movimi en to se convier te en sonido. En cuanto
10 a l aire que hay en los oídos, está ence rrado con el fin
de que permanezca inmóvil, de manera que pueda pero
cibir con exact itud todas las vari edades del movimiento.
He aquí la causa de que oigamos también dentro del
agua: que és ta no penetra hast a el aire congénito mi s-
~ Sob re el aire ence rrado en el oldo puede verse el c. 10 de
la part e 11 del tratado Acerca de llU partes de los anin141es y
el c. 2 de la parte V de la ob ra Acerca de la generación de los
animales.
Obsérvese la contradicción literal Que se encierra en las lineas
siguientes: en 42Oa9 se dice que _el aire que hay en los oídos
está encerrado a fin de que permanezca inmóvil. mientras que
en 42Oa 16 se dice que eel ai re encerrado en los oídos está con-
t inuamente animado de un movimiento peculiar-e. No es fácil
conciliar ambas afi r maciones a no ser que la primera se inter-
pr ete restr ictivamente como exclusión únicamen te de los mo-
vimient os propios del aire exterior.
rno. ni siquiera penet ra en el interior de la oreja grao
cías al laberinto; si sucede esto último, no se oye . as í
como tampoco en el caso de que la membrana sufra
una lesión, caso aná logo a cuan do se lesiona la piel que
recubre la pupila . Por lo de más, un indicio de si se oye 15
o no es que la orej a rezumbe perma nentemente como
un cuer no, ya que el aire encerrado en las orejas está
cont inuamente animado dc un movimiento peculiar: el
soni do, sin embargo, no es algo suyo, sino fo ráneo. Y
la gente dice que oímos con algo «vací o y que rezum-
ba», precisamente porque oímos con un ór gano que con-
tiene una determina da cantidad de aire.
¿Qué es lo qu e suena , el obj eto que golpea o el gol- 20
pcado? Más bien uno y otro aunque de distinta manera:
el so nido es , en efecto. el movimiento de algo capaz
de moverse en la forma en que lo hacen aquellos ob-
jetos que. al hacerlos chocar , rebotan en una superficie
lisa . Ya ha quedado acl arado que no todo objeto que
golpea y es golpeado suena , por ejemplo, si un a aguja
choca con ot ra aguj a; a ntes a l contrario, es preciso que 2.s
el ob jeto golpeado sea liso para que r ebote y vibre el
ai re en bloque.
En cuant o a las diferencias entre los sonidos, se
ponen de manifiesto en el sonido en acto: y es qu e,
de la misma manera qu e no se ven los colores si no
hay luz, tampoco se pueden percibir lo agudo y lo grave
si no hay so nido. • Agudo» y «grave.. son pa labras que
procede n por metáfora a partir de la s cualidades t ác. JO
tiles: lo agudo, ef ec tivamente, mu eve el órgano mucho
en poco tiempo mientras que lo grave lo mueve poco
en mucho tiempo. Y no es que lo agudo sea rápido y
lo grave len to, sino qu e la diferencia de cualidad entre
el movimiento de lo uno y de lo otro es el resultado
de su rapidez y su lent itud respectivamente SJ. A lo que 420 b
JI Lo afir mado aquí en relación con la agudeza y grave dad de
198 ACERCA DEL ALMA LIBRO II 199
parece, guar dan una cierta analogía con el modo en que
lo agudo y lo obtuso actúan sob re el tac to: lo ag udo
es como s i pi nchara mientras que lo obtuso es como
si empu jara precisamente porque aquello mueve en
poco t iempo y es to en mucho; y de ahí que accidental-
mente lo uno resulte se r rápido y lo otro lento. En
5 relación con el sonido basten. pues, estas precisiones.
La voz es un tipo de sonido exclusivo de l ser ani-
mado: ni ngún ser inanimado. po r tanto, emite voz si
bien por analogía se dice que emiten voz, por ejemplo,
la flauta, la lira y todos aquellos seres inanimados cu-
yos sonidos poseen longitudes varias, tono y articu-
laci ón: la voz, desde luego, parece implicar todo es to.
10 Por otra parte, muchos animales no po seen voz, por
ejemplo, los que carecen de sangre y -entre los san-
gutneos-c- los peces. Y es lógico que así sea t oda vez
que el so nido es un movimiento del ai re. Por lo demás,
aquell os peces de que se dice que poseen voz e-como
los del rí o Aqueloo- se limita n a producir sonidos
con las branqui as o con cua lquier otra parte por el
es til o. La voz, por el contrario, es un sonido producido
por un animal pero no con una parte cualquiera del
cuerpo. Ahora bien, puesto que todo sonido t iene lugar
1.S cuando algo golpea sobre algo y en algo y esto último
es el aire, lo lógico es que solamente emitan voz aque-
llos an imales que reciben aire en su inter ior . Y es que
la Natural eza se sirve de l aire inspirado para una do-
ble ac t ividad, lo mismo que se si r ve de la lengua para
gustar y pa ra hablar, y si bien el gusto es algo ne-
los sonidos posiblemente constituye una rectificación de la doc-
trina contenida al respecto en el Tímeo, 67b: no iden-
tifica la gravedad y la agudeza del sonido respectivamente con
la lentitud y rapidez del movimiento; en sentido estrict o, aqué-
llas son consecuencia de éstas. La diferencia queda perfecta-
mente ilustrada con el ejemplo aducido del tacto. Véase, tam-
bién, Acerca de la geMeraci6n de los ani males, V, 7, 787a11.
cesario - y de ahí que se dé en la mayorí a de los ani-
males-, la posibilidad de expresarse no ti ene ot ra fina- 20
lidad que la perfección; pues bien, de l mismo modo
la Naturaleza se si rve de l aire, no sólo con vistas a re-
gular la temperatura in terior como algo necesario - el
motivo se expondrá en otra parte- 54, sino t ambién con
vistas a la voz, de manera que se añada una perfección
al que la posee. El órgano de la respiración es , a su
vez, la laringe, cuyo funcionamiento está al servicio
de otra parte, a saber, el pulmón: precisamente en vir-
tud de este órgano los an imales terrestres poseen más
calor que los demás. Ahora bien, es la zona que ro dea 25
al corazón la que de mane ra primordial necesita de la
respiración. De ahí que sea imprescindibl e que el ai re
penet re al ser inspirado. En conclusión, la voz es el
golpe de l ai re inspirado, por la acción de l alma resi-
dente en estas partes de l cuerpo, contra lo que se de-
nomina tráquea. Y, como ya dijimos, no t odo sonido de
un an imal es voz - cabe, en efecto, producir sonidos 30
con la lengua así como t osiendo-, sino que ha de ser
necesariamente un ser animado el que produzca el
golpe sonoro y éste ha de estar asociado a alguna re-
presentación, puesto que la voz es un sonido que posee
significación y no simplemente, como la tos, el sonido
de l aire inspirado. Por lo demás, la voz se emite a l 421 a
hacer que golpee contra la tráquea el aire contenido
en ella sir viéndose al efecto del inspirado. Prueba de
ello es que ni al inspirar ni al respirar se puede emi-
t ir voz, sino solamente cuando se retiene el ai re, ya
que, reteniéndolo, se imprimen con él los movimientos
cor respondientes. Resulta igualmente claro por qué los
peces carecen de voz: porque no tienen lar inge. Y no 5
ti enen es te ór gano, a su vez, porque ni respiran ni re-
... Véase Acerca de la respiración, 478a28: también Acerca de
las partes de tos animales, 1, 1, 642a31b4.
200
ACERCA DEL ALMA
...
LIBRO II 201
ciben el aire en su interior. Por qué razón, es otro
asunto ss,
CAPf TUlO NOVENO
Que se dedica al estudio del olor y del ol fat o y también
de su diterente manera de fu ncionar en los
animales que respiran y en los peces
Por lo que se refiere al olfa t o y al objeto oloroso.
defini rlos con prec isión resulta más difícil qu e en el
ca so de los sentidos ya expues t os: en qué consiste el
olor no está tan cl aro. desde luego, como lo está el
sonido, la luz o el color. La causa de ello estriba , a su
10 vez, en que tal senti do carece en nosotros de precisión
y es inferior en agudeza al de muchos animales. El
hombre, en efec t o, capta torpemente los olores y no
percibe objeto alguno oloroso a no ser con dolor o
placer. prueba de que el órgano sensorial ca rece de
agudeza. Es probable que los animales de ojos du ros
se hallen afectados de una deficiencia análoga en cuan-
to al modo de percibir los colores, siéndoles imposible
u dist ingui r las diferenci as cromát icas a no ser por la
conf ianza o temor qu e Jes infunden : tal es el modo
en que perci be los olores el gé nero humano. Parece
exi stir, por otra parle, cie r ta analogía ent re es te sen-
t ido y el gust o, a sí como entre la s dist intas especies de
sabore s y de olores, si bien el gusto posee en nosotros
mayor agudeza precisamente por tratarse de un cierto
20 tipo de t acto, y ser éste el sent ido más agudo que
posee el hombre: pues si bi en es inferior a muchos an i-
" Véase Ac.erca de la respiración, 474b25, y Acerca de las par-
tes de los ammales, II I, 6, 669a2-5, en que Aristóteles remit e a
la obra an terior.
males en los resta ntes sentidos, sin emb ar go es capaz
de perci bir por medio de l t acto con mucha má s preci-
sión que el resto de los anima les. Y de ahí qu e sea el
más in teligente de los animales. Prueba de ello es que
en el género humano los hay po r naturaleza mejor
y peor dotados en función de este órgano sensorial y
no en función de ningún otro: los de ca rne dura son :2.)
por nat uraleza ma l dotados intelectua lmente mient ras
que los de carne blanda son bien dotados.
El olor, como el sabor, puede ser también dulce y
amargo. Por lo demás, ciertas cosas poseen el olor y
el sabo r correl ativos- quiero decir, por ejemplo, olor
dulce y sabor du lce- mientras otras los poseen cont ra-
ri os. De la mi sma manera, un olor puede ser ta mbién 30
picante, ás per o, ácido o untuoso. En cua lquier caso y
precisamente porque -como decíamos- los olores no
se captan con tanta nitidez como los sabores, aqué llos
han recibido su denominación de éstos en virtud de la 421 b
semejanza de sus objetos: el dulce es el olor dcl aza-
frán y la mi el , el picante es el del tomilIo y ot ras
cosas por el est ilo. Y del mismo modo ocurre con los
res ta ntes olores. Por otra parte, con cada uno de los
se nt idos pa sa como con el oído: és te t iene por objeto
lo audible y lo inaudible, aquél lo visible y lo invisible y .5
el ol fat o lo oloroso y lo inodoro. I nodoro es tanto lo
que ca rece en absoluto de olor como aquello que lo
t iene tenue o impe rceptible. Y de modo aná logo se
ut iliza la pa labra ..insípido».
Ta mb ién la olfaci ón se realiza a través de un medio,
sea és te el aire o el agua. Todos los indicios son, des- 10
de luego, de que los animales acuáticos - tanto si son
sanguíneos como si no lo son- perciben el ol or lo
mismo que aque llos cuyo medio es el aire : algunos de
ellos, en efec to, viene n desde lejos a l encuentr o de la
comi da atraídos por el olor. Esto plantea evidcntcmen-
t e un problema, , 1 par-timos de que lodo, lo, a n i m a l c ~
¡fF'PO
N
-:;\
202 ACERCA DEL ALMA LIBRO n 203
perciben los olores de la misma manera y dado que el
hombr e huel e cuando as pira mi entras que cuando dej a
15 de aspirar - bien porque expulse o re tenga el aire-
no huel e ni de lej os ni de ce rca, ni siquiera colocando
el obj eto directamente sobre la nariz en su parte inte-
rior - que el objeto no se perciba si es tá colocado d í-
rectamente sob r e el órgano sensorial es algo común a
todos los animales; que no se percib a a no ser cuando
se aspir a es, sin embargo, algo peculi ar de los hom-
br es; es evidente por expe riencia- o De to do esto re-
20 sultana que los ani males no sang uíneos -puesto que
no r es piran- han de po seer algún sentido dis tinto de
los ya en unciados. Lo que, por otra parte, es imposi-
bl e, si es que en r ea lidad per ciben el olor, ya que el
sentido de lo ol oroso - tanto si es bien como s i es
mal oliente- es precisamente el ol fato » . Amén de que
es paten te a la observación cómo estos animales son
des truidos por los mi smos olor es fuertes que el hom-
:25 br e, por ejempl o, el de l asf alto, el del azufr e, etc. Lo
que implica necesariamente que perci ben los olores
aun que no sea al respi rar. Parece, en cualquier caso,
que este ór gano sensor ial es diferent e en el cas o del
hombr e y en el de los demás animales, de igual ma-
nera que los ojos del hombre son di fer entes de los de
los animales de oj os duros : aquéllos ti enen los párpados
como protección y a manera de cubierta, de modo que
30 no pueden ver a no ser que los muevan y levanten; los
animales de oj os duros, por el co nt rario, no tienen nada
56 La cuestión es clara: tanto 10s animales que respiran como
los acuá ticos perciben los olores si bien los perci ben evident e-
mente de modo dist into. Si para identificar un sen tido at en-
demos al modo en que se rea liza la sensación, habrá que admi-
ti r que el sen tido en cues tión de los peces es distinto del de
los ani males que res piran; si ate ndemos al objeto, habrá que
afirmar que se t rata del mismo sentido. Arist ót eles, fi el a su
doctrina de que los sentidos se especi fican por sus objetos, se
decide por el último miembro de la alternat iva.
análogo, s ino que ven d irectamente lo que hay en lo
t r ans par ente. Paralelamente y al igual que el ojo, los
hay que ti enen al descubi erto el órgano olfat ivo, mi en- 422 a
tras que en los animales que r espiran este ór gano
tiene una cubierta que se descubre al inspirar, al dila-
tarse las venas y los poros . He aquí por qué los ani -
males que r espiran no percib en olores cuando es tán
sumer gidos en un medio húmedo; porque únicamente
huelen cuando aspiran y no es posible hacer esto último .5
estando en un medio húmedo. El olor es de lo seco así
como el sabor es de lo húmedo; el órgano olfativo es,
por su parte, seco en poten cia.
CAPíTULO DÉCIMO
Que se ocupa en est udiar el sentido del gusto y su
obj eto propio, el sabor
Lo gustabl e es una cierta clase de tangible 57. He ahí
la razón por la cual no es posible percibirlo a través
de un cuerpo extraño interpues to : tampoco es esto po- 10
sible en el ca so del t acto. Además, el cuerpo que po-
see sabor, es decir, lo gustable, se da en un elemento
húmedo como en su materia y lo húmedo, a su vez , es
algo tangible. 'De donde r esulta que, de vivir sumergidos
en agua, percibiríamos lo dulce d iluido en ella pero
no a través del agua como medio, sino por hallarse di-
57 La existe ncia o no de un medio t ransmisor ent re el objeto
sensible y el órgano sensorial divide a los senti dos en dos gru-
pos: perciben a través de un medio la vista, el oído y el olfato;
por contacto inmediato, el tacto y el gust o. De ahl que este úl -
trmo se considere como especie del ant eri or. Véase, por ei em-
plo, Acerca de las partes de los animales, n, 10, 656b37, y H, 17,
66OaI7. También, i ntra, 111, 12, 434b18.
~ - - - ~ - - - - - - - - - - - - - - - " .... - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - "
204
ACERCA DEL AU l A LIBRO 11 205
luido en ella como cuando de una bebida se trata. El
IS color, por el cont rario, no se pe rc ibe de esta man era
-porque se halle mezclado--- ni tampoco en forma de
efluv ios. Para el sabor no hay, por t anto, medio algu-
no. Ahora bien, de igual manera que lo visi ble es el
color, lo gustab le es el sa bor. Por lo demás: un objeto
carente de humeda d no produce la sensación de sa bor,
si no que ha- de poseer humedad ya en acto ya en po-
tencia como, por ejemplo, lo salado. que es a la vez
fácilment e solub le y colabora a la salivación de la
lengua. Y así como la vist a tiene por objeto no sólo
20 lo visi ble y lo invisible - la oscuridad es invisibl e pero
es también la vista quien la di scierne-, sino además
lo deslumbrante - que también es invisible aunque de
manera distinta que la oscurida d- , el oído tiene por
obj eto no sólo el sonido y el silencio, audible aquél
e inaudible éste, sino tambi én el sonido excesivo: éste
2 ,5 es al oído como lo deslu mb rant e a la vi sta ya que el
sonido exces ivo y violento resu lt a en cier to modo tan
inau dible como el tenue ; téngase en cuenta que «invi-
sible» se dice no sólo de lo que es totalmente invisi-
ble -c-dmpostble» se dice en este sent ido en relación
con otros ternes-e, sino también de aquello que. aun
siendo natural mente vis ible. no se ve o se ve mal; en
este últi mo sentido se dice (de la golondri na) «que no
ti ene pies » y (de ciertas frutas) «que no tienen hueso»SI.
30 De modo análogo. el gusto tiene como objeto lo gusta-
ble y lo insípido, esto últ imo, bien que posea un sabor
mínimo e impercept ible. bien que sea destructor del gus-
too El origen de esta dist inción pa rece encontra rse. por
lo demás. en lo potable y lo no potab le, ya que de lo
51 Véase la Met af isi ca, V. 22, I022b32, donde se sistemat iza
es ta duplicidad de s ignificaciones y usos de los términos nega-
ti vos. En cuant o al ejemp lo de la golondrina, Historia de los
anima l es, 1, 1, 487b24, donde se dice cómo a es t e volátil se le
llama dpodos no por carecer de pi es, sino por ser kakópodos.
uno y lo otro hay gus to; ahora bien. mient ra s lo se-
gundo es malo y destructor del gus to. lo pri mero es
confor me a la natural eza de és te. Lo potable. en fin, es
común al tacto y al gust o.
Puesto que lo gus table es húmedo. resulta nec esario 422: b
que el órgano qu e lo pe rcibe no sea hú medo en acto
pero tampoco incapaz de humedecerse. En efecto. el
gusto sufre una cierta a fecc ión bajo la acción de lo
gusta ble , en tanto que gus table. Es necesario. pues. que
el órgano de l gusto se humedezca. para lo cual ha de
tener la ca pacida d de humedecerse sin destruirse, pero
no ha de ser húmedo en acto. Prueba de ello es que ,5
la lengua no pe rci be sabores ni cua ndo es tá reseca , ni
tampoco cua ndo está excesivamente húmeda, en cuyo
caso el contact o tiene lugar con la hu medad ya pres en-
te en la lengua mi sma: así, cuando, tras ha ber probado
un sabor fuerte, se prueba otro a cont inuación y cuan-
do a los enfermos les parecen amar gas todas las cosas
porque las perciben con la lengua impregnada de talio
humedad.
En cuanto a las especies de sa bores - y al igual que
en el ca so de los col ores- son simp les los cont ra rios.
lo dulce y lo a margo mientras que lo unt uoso tiene del
primero y lo salado del segundo; intermedios. en fin .
son lo picante. lo áspero. lo agri o y lo ácido: és tas Pe-
recen ser. más o menos, las diferencias de los sabores.
En conclusión, la facultad gus tativa es aquella que es 15
tal en potencia y lo gus table. a su vez , es aquello que
la actualiza.
206

ACERCA DEL ALMA LI BRO II 207
I
I
CAPÍTULO UNDécI MO
En que se est udia el tacto y se dedica una atención
pref erente a la cues tión de si el contact o con el
obj eto es inmediato o se realiza al
través de un medio
Lo que se afi rme de 10 t angible ha de afirmarse tam-
bién del tacto: o sea, que si el tacto no constituye un
sentido sino varios , las cualidades tangibles serán tam-
bién necesariamente múltiples . Su di ficultad encierra,
ao por lo demás, la cuestión de si se trata de uno o va-
rios sentidos y cuál es el órgano del tacto: si lo es la
carn e - yen otros animales algo análogo-e- o no, en
cuyo cas o aquélla sería un medio mientras que el órga-
no pr imario serí a algún otro localizado en el interior 39.
El primero de estos problemas pr oviene de que todo
sentido parece li mitarse a un par de cont rar ios, por
ej emplo, la vista a lo bl anco y lo negro , el gusto a lo
25 dulce y lo amargo mient ras que en lo tangible se dan
múltiples contrari edades: caliente y frío, seco y húme-
do, dur o y blando y otras por el estilo. Es ta dificultad
se resuelve en cierto modo si t enemos en cuenta que
" En este capítulo se discute y precisa la af ir maci ón según
la cual el tacto (y con él el gust o) se di sti ngue del r esto de
los sentidos en que actúa por contact o, es decir, sin el concurso
de medio trasmisor alguno entre el obj eto y el ór gano ( v éase -
supra, 422a8-10 y n. 57). El tacto está t ambién mediatizado : en
pri mer lugar, por la car ne -que no cons tituye el órgano sen-
sorial , sino un medio naturalmente incor porado al or ganismo-
y, en segundo luga r, la fina pelícu la de aire o agua interpuest a
ent re dos cuerpos tangentes ent re 51. Con t odo, se cont inúa mano
t eniendo una cierta inmediatez para el t act o y, con ella, la distin-
ción establecida entre él y el r est o de los sen tid os. Véas e iníra,
423b12·17.
también en los demás sentidos se dan múltiples cont ra-
riedades - por ejemplo, en la voz no sólo hay agudeza 30
y gravedad, sino además intensidad y suavidad, deli ca-
deza y rudeza de voz y otras semejantes. También en
el caso del col or se dan otras diferencias similares-o
No obstante, queda sin acl arar cuál es el objeto sens ible
que subyace a las contrariedades, aquello que sería en
el tacto lo que el sonido es en el oído.
En cuanto a la cuest ión de si el órgano sensorial es
al go interno o no -en cuyo caso lo se ri a direct ament e
la carne - me parece que no sir ve en abs olut o como 423 a
prueba (a favor de lo segundo) el hecho de que la sen-
sación se produzca al toca r. Pues aun en el supuest o
de que se recubriera la carne tras fabricar al efec t o
algo así como una membran a, t ambi én ést a transmitiría
la sens ación nada más ponerse en contact o con el ob-
jeto; y, sin embargo, es obvio que en ella no se en-
cuentra el órgano sensor ial. Y suponiendo que tal mem- .5
brana fue ra con génita, la sensación se t ran smi tiría con
mayor rapidez aún. De donde resulta que esta parte
del cuerpo (la carne) pa rece actua r (respecto del tacto)
como actuaría (re specto de los demás sentidos) una
capa de aire en que est uviéramos congénitamente en-
vueltos: en tal caso nos parecerí a que percibíamos el
sonido, el color y el olor con un único órgano y que
vista, oído y olfato eran un único senti do. Pero el caso 10
es que, al es tar separado el medi o a través del cual
se producen los movimientos, los sus odichos órganos
se nos presentan cl ara mente como diversos. En el caso
del tacto, sin embargo, el asunto no resulta evidente . Y
es que es imposible que el cue r po animado esté cons-
ti tui do de aire o de agua pu esto que ha de ser algo só-
lido. Sólo resta que sea una mezcl a de estos el ementos
juntamente con ti erra como lo son la carne y su aná lo- 1.'i
go; luego el cuer po, a su vez, es necesariamente el me-
dio que natural me nte recubre al sentido de l t act o, medio
208 ACERCA DEL AUllA LIBRO 11 209
a través del cual se producen las múltiples sensa-
ciones. Por lo demás, el tacto en el caso de la lengua
pone de manifiesto cómo las sensaciones son múltiples:
ella, en efecto, pe rcibe t odas las cua lidades táctiles con
el mismo órga no que el sabor. Por tanto, en el supues-
20 to de que la carne percibi era t ambi én el sabor, gusto
y t act o parecerían se r uno y el mismo sentido. De hecho,
sin embargo, son dos como lo prueba el que no son
convertibles.
Puesto que todo cuerpo tiene profundidad - se trata
de la tercera dimensión- surge aquí ot ro problema.
De una parte, cuando un cue r po está situado entre dos
cuerpos, éstos no pueden tener contacto entre sí. De
otra parte, ni lo húmedo ni lo mojado pueden darse
25 sin un cuerpo, sino que por fuerza han de ser agua o
contener agua; las cosas, en fi n, que están en contacto
entre sí dentro del agua, pues t o que sus ext re midades no
están secas, han de tener por fuerza agua entre medias ,
a saber, el agua de que están empapadas sus superfi-
cies exteriores. Ahora bien, si es verdad, resulta imposi-
bl e que una cosa esté en contacto con otra en el agua;
y del mismo mo do ocurrirá en el aire - ya que el aire
30 es a las cosas que están en él lo que el agua es a las
que están en el agua- por más que nos demos menos
cuenta al igual que tampoco se dan cuenta los anima-
423 b les acuáticos si los cuerpos que tocan es tán mojados.
¿La sensación se realiza, pues, de la misma manera pa ra
todos los objetos o, más bien, de manera distinta para
los distintos obj etos, según la opinión ac tua lmente ge-
neral izada de que el gusto y e l tacto actúan por con- .
tacto y los demás a distancia? Esto último no sucede
en real idad; antes al contrario, incluso 10 duro y lo
.5 blando 10 percibimos a través de otros cuerpos al igual
que 10 sonoro, lo visible y lo oloroso, si bien éstos úl-
timos los percibi mos a di stancia y aquéllos de cerca:
de ahí que el medio nos pase inadvertido. Desde luego
que todo lo percibimos a través de un medio que, sin
embargo, nos pasa inadvertido en el caso de aquellos
objetos. Y es que, como ya dijimos más arriba, en el
caso de que percibiéramos todos los tangibles a través
de una membrana, sin que nos diéramos cuenta de que 10
se hall a en medio, nos encontraríamos en una situación
similar a aquella en que de hecho nos encont ramos
en el agua y en el aire: nos parece que realmente es·
tamos en contacto con los objetos y que nada hay entre
medias. No obstante, lo tangible difiere de los objetos
vis ibles y audibles en cuanto que éstos son percibidos
al ejercer el medio cier to infl ujo sobre nosotr os, rni en-
tras que los objetos tangibles los pe rcibimos infl uidos
no por el medio, sino a la vez que el medio; al go así 15
como el que es golpeado a través de un escudo: no
es que el escudo lo golpee tras ser él golpeado; an tes
bien, sucede que ambos resultan golpeados conj unta-
mente. En suma, lo que el aire y el agua son respecto
de la vista, el oído y el olfato, eso mismo parece ser
la carne y la lengua (respecto de l tacto y de l gus to):
entre ellas y el órgano sensit ivo se da la misma r ela-
ción que en el caso de aquéllos, Desde luego, ni en 20
aquellos sentidos ni en éstos habría sensación suponien-
do que el órgano esté en contacto con el objeto, por
ejemplo, si se coloca un cuerpo bl anco di rect amente
sobre el ojo. Lo que una vez más pone de manifies t o
que el órgano del tacto es interno, ya que sólo en tal
supuesto viene a suceder con él lo mismo que con los
demás sentidos, que los objetos directamente situados
sobre el órgano no se perciben: pues bien, los objetos 2 .5
situados di rectamente sobre la carne se perciben, Iue-
go la carne es únicament e un medio para el sentido
de l tacto.
Tangibles son, pues, las diferencias del cuerpo en t an-
to que cuerpo . Y llamo diferencias a las que definen
a los elementos: caliente y frío, seco y húmedo, de las
14. _14
210 ACERCA DEL ALMA
LI BRO I1 211
que hemos hablado con anteriori dad en el t ratado Acer-
30 ca de los elemen tos 60. El órgano perceptor de las mis-
mas es, a su vez, el del tacto, es deci r, aquella parte
del cuerpo que constituye el asien to donde pri mari a.
men te se da el sentido denominado tacto y que es en
424 • po tencia tales cualidades: pe r cib ir sens itivamente es,
en efecto, sufri r una cier ta a fecc ión. y de ahí que el
agente haga que esta parte -que está en po tencia-
sea tal cual él mi smo es en ac to. Esta es la razón por
la cual no percibimos lo que está igual de ca liente.
frío. duro o blando qu e el órgano y sí los objetos que
Jo es tá n más que él : es que el sentido es a manera de
5 un término medio, entre los contrarios sensibles. Por
eso mismo disci erne los obj etos sensibles. porque el
t ér mino medio es capaz de di scernir, ya que respecto
de ca da extremo viene a ser el contrar io. Y de la mis-
ma manera que el órgano que ha de recibir lo blanco
y 10 negro no ha de ser ni lo uno ni lo otro en acto,
per o si ambas cosas en pot encia -y lo mismo en el
caso de los demás senti dos- también en el caso del
10 tacto el órgano no ha de ser ni fr ío ni caliente . Más
aún, de la misma manera que la vista t iene por objeto
lo visibl e y lo invisible - y lo mismo ocurre con los
demás sent idos respecto de sus objetos- también el
tacto ti ene por ob jeto lo tangi ble y lo in tangible. I n-
tangibles son, a su vez, ya lo que po see en grado mí-
nimo la caract er ísti ca de los cuerpos tangibles ---eomo
sucede con el aire- ya los excesos en las cualidades tan-
t.5 gíbles, como ocurre con los cue rpos destructores.
Queda, pues , esquemáticamente expuesto lo relat ivo
a cada uno de los sent idos.
.. Acerca de la generación y la corrupción, 11, 2-3.
C APí TULO D U O D ~ C U t o
Donde Arist ót eles define al sentido en general como
facultad capaz. de recibir las f ormas sensibles sin
la materia y propone ciertas consideraciones
bas ándose en esta definición
En relación con todos los sent idos en gene ra l ha de
entenderse que senti do es la facultad capaz de recibir
las formas sens ibles sin la materia al modo en que
la cera r ecibe la marca del anill o sin el hi erro ni el 20
oro : y es qu e recibe la marca de oro o de bronce pero
no en t an to que es de oro o de bronce. A su vez y de
manera similar, el senti do sufre t ambién el influjo de
cualquier reali dad individual que tenga color, sab or
o sonido, pero no en t anto que se t rata de una rea lida d
individual, sino en ta nto que es de tal cua lidad y en
cuanto a su forma. El órgano pri mario es, por su par-
te, aquel en el cual reside semejante potencia. Desde 25
luego que la potencia no se distingue realmente del ór-
gano pero su ese ncia es distinta : en caso cont rar io, el
ser dotado de sensibilida d seria, en cuanto t al. una mag-
ni tud; y, sin embargo, ni la esencia de la facultad sen-
siti va ni el sentido son magnit ud, sino más bi en su pro-
porción idónea y su potencia.
A partir de estas expli caciones queda claro además
por qué los excesos de los sens ibles destruyen los ór-
ganas de la sensación: en efecto, si el movimiento del 30
órgano resulta demasiado fuerte, desapa rece la propor-
ción idónea - y esto es el sentido-e- al igual que desapa-
recen la armonía y el tono si se pulsan violentamente
las cuer das, Queda claro también por qué las plantas
no es tán dotadas de sensibili dad a pesar de que poseen
una parte del alma y a pesar de que padecen bajo el
212 ACERCA DEL ALMA
influjo de las cualidades sensibles, puesto que se en-
424 b frían y calientan: la razón está en que no poseen el t ér-
mino medio ad ecuado ni el principio capaz de recibir las
formas de los ob jetos sensibles (sin la materia), sino
que reciben el influjo de éstas unido a la materia. Ca-
bría, en fin, preguntarse si lo que no puede percibir
s olores padece bajo el influjo del olor, lo que no puede
ver, bajo la acción del color y así sucesivamente en
los demás casos. Pues bien, si lo oloroso es precisa-
mente el olor, el olor - de producir algún efecto- pro-
ducirá precisamente la sensación olfativa: luego ningún
ser incapaz de percibir olores podrá padecer bajo la
acción del olor. El razonamiento vale también para las
demás sensaciones. Y los seres capaces de percibir son
afectados por el ob jeto sensible solamente en la me-
dida en que poseen la capacidad de percibirlo. Es to
se pone de manifiesto también de la siguiente manera:
10 ni la luz o la oscuridad ni el sonido ni el olor actúan
sobre los cuerpos; los que actúan son los cuerpos en
que se dan tales cualidades, por ejemplo, es el aire
acompañado de truenos el que rompe el tronco del
ár bol. Cabe ob jetar, si n embargo, que las cualidades
tangibles y los sabores sí que actúan: ¿qué agente,
si no, es el que actúa sobre los seres inanimados y los
altera? Y si esto es as í, ¿por qué no van a actuar tam-
bién aquellas cualidades? Lo que ocurre es, en deflni-
tíva. que no todos los cuerpos resultan afectados bajo
l ~ la acción del olor y de l sonido: los cuerpos que resul-
t an afectados son aquellos que carecen de contornos
consistentes y se desvanecen como el aire que, al ser
afectado, de viene oloroso. ¿Qué es, entonces, captar un
olor además de sufrir una determinada afección? ¿No
será que captar un olor es además percibir sensit iva-
mente, algo que el aire no hace, puesto que se li mit a
a resultar perceptible cuando es afectado?
LIBRO TERCERO
CAPiTULO PRIMERO
Que no existe ningún otro sentido aparte de los cinco
ya expuestos pero si una sensibilidad común
cuyas funciones comienzan a estu-
diarse en este capitulo
Que no existe ningún otro sentido aparte de los cinco 424 b 2Z
- me refiero a vista, oído, olfato, gusto y tacto-e cabe
confirmarlo de la sigui ente manera 61, Puesto que de
hecho tenemos sensación de todo aquello que const i-
tuye el objeto del senti do del tacto -en efecto, todas 25
las cualidades de lo tangible en tanto que tangible nos
son percept ibl es al t act o--, habrá de suponerse por
fuerza qu e, si nos falta alguna sensación es que nos
falt a, a su vez, algún órgano sensor ial. Ahora bien, las
cualidades que percibimos al entr ar en contacto con
ella s son pe rcept ibl es por medio del tacto, sentido que
" Se trata, sin duda, de la más ext raña demostración que
cabe encontrar en . Ia obra de Aristóteles. Acerca de este pasaje
escribe TORsr RIK(De Anima, Ber lín, 1862, ad l oe.): «Vldetur post
Ari stotelem neme hanc d emostrat lcnem Intelextss e: vítleantur
Slmplfcius, Phi loponus , Sophonias, Alexander. Averrocs, Juhus
Pacius, denique Tr endclenburgius . Nec ego intelexi.» Sólo nos
que da añadirnos humildemente a la li sta .

de hecho no nos falta ; en cuanto a las cualidades que
no percibimos dir ect amente sino a través de un medio
las percibimos en vir tud de los cuer pos simples -e-me
30 refiero, en conc reto, al aire y al agua-o Por Jo qu e se
re fiere a este último caso los hechos son los siguien tes :
si varias cualidades sens ibles het erogéneas se perc iben
a través de un único medio. el sujeto do tado de un
órgano de la nat uraleza de éste será capaz por fuerza
de perci bir ambas cualidades - asf, por ejemplo, si el
órgano es tá compuesto de aire y puesto que el ai re
es el medio trasmisor de l sonido y de l color-; si. por
425 • el contra rio. son más de uno los medios trasmisores de
una úni ca cualidad -por ejemplo, tanto el aire como
el agua so n medios trasmisores del color al ser ambos
trasparentes- entonces el suje to dotado de un órgano
constituido por uno solo de estos elementos percibi rá
la cua lidad t rasmit ida a través de ambos. Pues bien,
entre los' cuerpos simples solament e los do s citados
-aire y agua- son elementos constitutivos de los or-
ganas sensoriales : la pupila es de agua; el oído, de ai re.
.s y el olfato, de ambos, mientras que el fuego o no entra
en la composición de ninguno o es común a todos - ya
que ningún ser sin ca lor es capaz de sentir- y la ti e-
rra, en fin , o no forma parte de ninguno o, en todo
caso, entra en la composición del órgano del tacto. De
donde resu lta que no exis te órgano sensitivo alguno fue-
ra de los de agua y aire. ü stos, por lo demás, los po-
seen de hecho cie rtos a nima les. Por tanto, todos los
l O sentidos posibles se da n en aquellos animales que no
son ni incompl etos ni imperfectos; hasta el topo -c-pue-
de obse rva rse-; posee ojos bajo la pi el. En conclusión :
a no ser que exis ta algún ot ro cuerpo simple, o bi en
(
alguna cualidad que no esté presen te en cue r po alguno
de este mundo, g) cabe la posi bilida d de que nos falt e
algún sentido.
Q El cont exto elimina toda pos ible ambigüedad acerca del
significado d e la expres ión «por accide nte » que en este caso. al
apli carse a los sensibles comunes, no tiene el signifi cado preciso
que le cor responde cua ndo se refiere a los sensibles «por eccr-
dente». Véase supra, 11, 6, 418a7-23.
.. Puesto que cada sentido percibe una sola cualidad sensible
(color, sonido, etc.) en la percepción conjunta de un objeto por
par te de varios sent idos se pone de manifiesto la pluralidad. de
estas cua lidades sensi bles y, por tant o, el número.
Tampoco es posible que exi sta un órgano especiai ¡
para los sensibles comunes , es deci r , aquellos que pero
ci bimos por accide nte 62 po r medio de cada sent ido c o m ~ l '
son movimiento, reposo, figura, magnitud. número y uni-
dad. Todos éstos los percibi mos gracias al movimiento:
por ejemplo. gracias a l movimi ento percibi mos la mago
nitud y. por tanto, también la figura ya que también la
figura es una magnitud; el reposo, a su vez, lo percibi-
mos por la ausencia de movimiento y el número po r
la negación de l continuo así como por los sens ibles
propios, dado que cada sensación percibe una sola cua- 20
lidad u. Queda evidenciada, por tanto, la imposibilidad
abs oluta de que exista un sentido especial para estos
sensibles - por ejemplo, para el movimiento- ya que
en tal supuesto ocurriría lo que ocurre cuando percí -
bi mos lo dulce con la vista. En este caso sucede que
de hecho poseemos sensación de lo uno y lo ot ro y
graci as a ello reconocemos ambas cualidades cw."ndo
se dan juntas. De no ser de es te modo, los sens ibles
comunes no podr íamos percibirl os a no se r por eccíden- 2'
le: como ante el hijo de Cleón percibimos no que es
el hi jo de CIe6n, sino que es algo blanco, si bien lo
blanco. a su vez. es por accidente hijo de Cleón . Contra
esto últ imo, sin embargo. está el hecho de que posee-
mos una sensaci ón común y no por accide nte de los
sens ibles comunes. No hay, pues, un sentido especial,
ya que, de haberl o, no podríamos pe rci bi r los sens ibles
215 LIBRO 1I1 ACERCA DEL ALMA
214
216
ACERCA DEL ALMA LIBRO I II 217
comunes a no ser, como queda dicho que percibimos
al hijo de Cleón 64.
30 Los sent idos particulares perciben por accidente las
cualidades sensibles propias de los demás - pero no
en tanto que son sentidos particulares, sino en tanto
425 b que constituyen uno solo- siempre que se produce una
sensación conj unta sobre un mismo objeto, por ej em-
plo, que la bilis es amar ga y a mar ill a. A ningún sent i-
,
$ .. El argumento es el siguiente: De existir un sentido especial
{
' cuyo obj eto lo const ituye ran los sensibles comunes (rncvímíen-
, to, número, et c.), la percepción de éstos vendría a ser «como
c ~ a n d o perci bimos lo dulce con la vista» (425a22), es decir, gra-
"eras a la asoci ación producida por el hábito de percibir la dul-
zur a y el color simultá neamente : percepción accidental , por t an-
to, para los cinco sent idos. Coloca dos en esta hip6tesis de una
percepción accidental de los sensibles comunes - hi p6tesis im-
plicada en el sup uesto de que su conocimiento fuera adquiri do
por medio de una facul tad di sti nta- cabría aún otra posibilidad
(<<De no ser asr...•, 425al4): «como an t e el hijo de Cleón perci-
bi mos no que es el hijo de Oleón, sino que es algo bla nco, si
bien ·10 blanco, a su vez, es por accidente hijo de Cleén». En
ambos casos se t ra taría, en definitiva, de una per cepci ón accí-
dent al cont ra la que «está el hecho de que poseemos una sen.
saet ón común y no por accidente de los sensibles comunes»
(425a27).
La cláusula «De no ser así...» podría int erpretarse de dos ma-
neras: a) Como negación del supues to general (1. e., negación
de la existencia de un senti do especial para los sensibles comu-
nes), supuesto cuya reducción al absurdo se est á llevando a
cabo. Lo que vendría a significar: «suponiendo que no exista
un sent ido especial, los sensibles comunes se percibirían por
accident e». Pero est o contradice lo que más aba jo se afir ma
(425a28·30); «no hay, pues, un sentido especial ya que, de haber.
10, no podr íamos percibi r los sensibles comunes a no ser como
se ha dicho que percibimos al hijo de Cle óne. Est a Interpre ta.
ción de la cláusula en cuestión llevarí a a negar la autenticidad
de est as dos líneas (negación propugnada, por ej emplo, por Tren-
delenburg, ud tcc., pág. 353). b) Como la interpret amos en la ex-
plicación arriba ofrecida. En tal caso vendría a significar: «Pues.
tos en la hipótesi s de una percepción accidental de los sensibles
comunes, cabria ot ra posibilidad, etc.e.
do particular corres ponde, por tanto, decir que ambas
cualidades constituyen un único objeto; de ahí la po-
sibilidad de equivocarse al pensar, por ejempl o, que
algo es bili s porque es amarillo. ~
Cabría preguntarse, en fin, con qué fin alidad posee- J
mas va rios sentidos y no uno solo. Seguramente es p
así para que no no s pasen inadvertidos los sensibl es
comunes y concomitan t es, como movimiento, magnit ud
y número. Y es que, de exis tir solamente la vista y
siendo lo blanco su objeto, estos sens ibles comunes
nos pa sarían más fácilmente inadver ti dos: al darse co-
lor y magnitud conj untame nte, po dr ía parecernos que
todo ell o es la mi sma cosa. Sin embargo y puesto que
los comunes se dan también en otras cualidades sen-
sibles , se pone de manifiesto la peculiaridad de cada 10
uno de ellos.
C APí TL'LO SEGUNDO
En que se cont inúa y concluye el análi sis de la
sensibilidad común
Dado que pe rcibimo s que vemos y oímos, el acto de
ver hab rá de percibir-se forzosamente o con la vista o
con algún ot ro sentido. Ahora bien, en este último su-
pu esto el mi smo sentido captaría la vist a y el color,
objeto de ésta ÓS. Luego ha brá dos sentidos que capten
el mi smo obj eto a no ser que el mi smo senti do se 15
.. La razón es simple y está implicada en la teoría arls tot é-
lica de la se nsaci ón: pues to que la visión «en acto» se identi fica
con el color "en acto» (véase in/ m, 425b25-26: «el acto de lo sen-
sible y el del senti do son uno y el mlsmo»), ese hi pot ét ico se-
gundo sentido que captaría el acto de ver hab rí a de captar, por
lo mismo, el color en acto.
capte a sí mismo. Pero es que, además. si fuera otro
el senti do encargado de cap ta r la vis ta o bien habrá
una se r ie infi ni ta o bien habrá, en últ imo término. al-
gún sent ido que se capte a si mismo. Establezcamos
es to, pues, respecto del primero de la serie. Queda, con
todo, una dificultad : puesto que ..perc ibir con la vista »
es c\'cr . y lo que se ve es un color o bien algo que
tiene color , si aq uello que ve puede, a su vez, ser vis to,
será porque aque llo que pri ma ri amente ve posee color.
20 Por 10 pronto. es evidente que «percibir con la vista.
ti ene más de un significado: incluso cuando no vemos,
distingui mos con la vista la oscuridad y la luz. aunque
no de la mi sma manera. Pero es que, además, aquello
que ve está en cierto modo coloreado, ya que cada
órgano sensori al es capaz de recibir la cualidad sen-
sible sin la materia. De ahí que queden las sensacio-
2.5 ne s e imágenes en los ór ganos sensoriales aun en au-
sencia de las cualidades sensoriales.
El acto de lo sensible y el del sentido son uno y
el mismo. si bien su esencia no es la misma. Me refiero.
por ejemplo, al sonido en acto y al oído en acto: cabe ,
desde luego. que alguien. teniendo oído, no esté oyendo.
así como no siempre está sonando lo que es sonoro; no
30 obstante. cuando lo que puede oír está en acto y lo que
puede sonar suena , se producen conjuntamente el oído
426 a en acto y el sonido en acto: cabría llamar los respect i-
vamente audición a aquél y «sonecíón » a és te. Y puesto
que el movimiento. la acción y la pasi ón se pan en
aquello que es act uali zado, ta nto el sonido como el
oído en acto han de darse necesar ia mente en el oído
.os en pot enci a, ya que el acto del agent e y mo tor ti ene
luga r en el paci ente -de ahí que no sea necesario qu e
lo que mueve sea, a su vez, movido- o El acto de lo
que puede sonar es, por tanto, sonido o «sonecíon» y
el de lo que puede oír es oí do o aud ición. Doble es ,
pu es, el significado de oí do y doble el de sonido. La
mi sma explicació n es válida t ambién para el rest o de
los sent idos y sens ibles . Y as í como la acci ón y la pa- 10
sión se da n en el paciente y no en el age nte, as í tam-
bién el acto de lo sensible y el de la facultad sens iti va
tienen luga r en la facultad sens iti va. Por lo demás, en
cier tos casos exis te un nombre para a mbos actos -por
ejemplo, esonacíón» y audición- mi entras que en otros
casos uno u otro carecen de nombre: el acto de la
vis ta ~ e llama visión mientras que el del color carece
de nombre; el acto del gus to se llama gustación pero el u
del sabor carece de nombre.
Puesto que uno es el ac to de l sent ido y el de lo
sensible, por más que su esencia sea di stinta , es neceo
sario que, considerados desde es te punto de vista, el
oído y el sonido desaparezcan y permanezcan a una;
y también el sabor y la gustación, etc. Cons iderados
desde el punto de vista de la po tencia no es necesa-
rio, sin embargo, que así ocurra. Los primer os fisiólo- 20
gas explicaban esto inadecuadamente , al considerar que
nada hay blanco ni negro independientemente de la
vista , y que tampoco hay sabor independi entemente
de l gusto. Acertaban en parte y en parte se equivoca-
ban : y es que, pa rtiendo de que el se ntido y el se ns i-
ble se ent iende n de dos maneras, en potencia y en
acto, su aserto se cumple en relación con éste, pero no ~
se cumple en relación con aquélla. Pero ellos no dist in-
guían di versos sentidos al referi rse a asun tos cuya for-
mulaci ón impli ca senti dos diversos.
Si la voz cons iste en una cierta a r monía, y voz y
oído son en cierto modo un a sola cosa - si bien en
cierto modo no son una y la misma cosa- y si la armo-
nía cons is te a su vez en una cier ta proporción, neceo
sari amente ta mbién el oído ha de consist ir en un a '\
cierta pr oporción . De ahí que cualquier exceso, tanto lo as ..,
agudo como lo grave, destruya el oído y cua lquier ex- ~ I
ceso en los sabores destruya el gusto y lo excesiva- ~ ~ b
~
"'
218 ACERCA uer. ALMA LIBRO 111 219
220 ACERCA DEL ALMA

LI BRO 111 221
mente brillante u oscuro destruya la vist a en el ca so
de los colores y lo mi smo el olor fuerte - ya sea dulce
o amargo- en el caso del olfato: es porque el sent ido
f
consiste en una cierta proporción. De ahí ta mbién que
las cualidades sens ibles resulten placenter:as"ruando,
:os puras y sin mezcla, caen dentro de la proporción: en
tal caso, por ejemplo, lo agudo. lo dulce o lo salado
result an sin duda alguna placen teros. En general, sin
embargo, lo mi xto constituye mejor una armonía que
"lo agudo o lo grave. Para el lacto, a suvez, resul ta
placentero Jo templ ado o fresco. El sentido, por su
parte. es la proporción. Los excesos en lo sensibl e, en
fin, producen ya dolor ya des trucción.
Evidentemente. cada senti do -asentado en el órgano
sensoria l en tanto que ·órganosensori al- ti ene su obje-
10 lo sensible correspondiente y discierne las diferencias
de su objeto sensible correspondiente, por ej emplo, la
vista lo blanco y lo negro, el gusto lo dulce y lo amar-
go. Y lo mismo pasa con los demás sentidos. Ahora
bien, si di scernimos lo blanco y lo dulce y cada una de
las cua lidades sensibles de cada una de las demás,
será que percibimos también sus diferencias por medi o
de a lguna facultad. Y ha de se r necesariamen te por
I S medi o de un sentido, ya que de cual idades sensibles
se tra ta. Con lo que se pone una vez más de manifiesto
que la carne no cons t it uye el órgano sensorial último
ya que, en tal caso, la facultad dis cern ien te habría de
es ta r por fue rza en contacto con lo sensible para dis-
cernir lo. Tampoco cabe, por otr a parte, discerni r por
medio de sent idos di versos que lo dulce es distinto de
lo blanco, sino que amba s cuali dades han de manifes-
ta rse a un único senti do: de no ser así, cabría por la
misma razón que se pusiera de manifiesto la diferen-
20 ci a ent re dos cua lidades percibiendo yo la una y tú
la otra. Es, pues, necesario que sea una facult ad única
la que enuncie que son diferen tes , ya que difer entes
son lo dulce y lo blanco. Lo enuncia, pues, la misma
facult ad y, puesto que lo enuncia, es que ta mbién inte-
lige y percibe. J
Está cl aro, por tanto, que no es posible discern ir cua-
lidades se pa radas por medio de sentidos sepa rados. Del
a rgumen to siguiente se desprende además que tampoco
es posible hacerlo en momentos separados: y es que,
asf como el principio que enuncia que lo bueno y lo 25
mal o son dist intos es uno y el mismo princi pio, así
ta mbién cuando dice que uno de ellos es distint o lo
est á dici endo al mismo t iempo del ot ro y es te ea! mis-
mo tiempo» no es accident al a la enunciación. Quiero
decir que si, por ej emplo, afirmo en es te momento que
es distinto, no es que afirme que es distinto en es te mo-
mento. La facul tad que di scierne las cualidades sens i-
bl es , por su pa rte; enunci a en est e momento que son
di stint as en este momento: las dos cosas, por tanto, a
una. Luego es indivisibl e y discierne en un tiempo in-
di visible.
Pero -cabe obj etar- resulta imposible que una mts- JO
ma cosa se mueva con movimi entos cont ra rios en tanto
que es indivisible y en un ti empo indivisible. Supon-
gamos, en efecto, que se t rata de lo dulce: esto pon·
drá en movimiento a l sentido y a la intelección de 427 .
una cierta manera, mientras 10 amargo lo hará de la
manera cont ra ria y lo blanco de una ma nera distinta:
¿ocurrirá, pues, que la facultad discerniente es indi vi-
sible, numéricamente una e inseparable en el tiempo
pe ro que es tá a la vez di versificada en su ser ? Esto
supues to. cabrí a que percibiera las cualidades separa-
das en cie r to mod o en tanto que divi sible y en ciert o .5
modo en tanto que indivisible: sería, pues, divisible en
su se r pero a la vez indivisible local, temporal y nu-
méricamente. Pero ¿no es esto imposible? En efecto,
una facultad que es idéntica a si misma e indivisible
podrá ser ambos contrarios en potencia pero no actual-
222 ACERCA DEL ALMA

LIBRO 1I1 223
mente: antes bien, dejará de ser una al actualizarse.
No cabe ser blanco y negro a la vez y, por tanto, tam-
poco es posible recibir la ac ción de ambas formas
suponiendo que el sentido y la intelección estén en
acto.
10 Ocurre, más bien, lo que con el punto tal como alg u-
no s lo entienden: que es in divi sible en la medida en
que cab e considerarl o como uno o como dos. En tanto
que indivisible, la facult ad discerniente es una y dis-
cierne simult áneament e; pero en tanto que divisible no
es un a ya que usa dos vece s si multáneamente de la
mi sma señal. En la medida, pue s, en que utiliza el
límit e como dos , disci erne dos objetos que resultan se-
parados para una facultad en cierto rnodo dividida; pero
en la medida en que utiliza el límite como uno, dis-
cierne simul táneamente.
15 De est e modo queda analizado lo relativo a aquel
pri ncipio en cuya virtud decimos que el an imal posee
sensibilidad.
CAPíTULO TERCERO
Que se dedica al estudio de la imaginación señalándose
cuidadosamente los rasgos diferenciales que
la distinguen del resto de las acti-
vidades cognoscitivas
Es usual defin ir al alma pr imordialmente a través
de dos notas diferenciales , el movimiento Jacal y la
actividad de pensar 66. El inteligir y el pen-
- ---
.. El léxico relativo a las distintas formas de conocimient o
adolece en Ari stóteles - y muy especialmente en esta obra- de
enormes ambigüedades en cuant o a sus significados. Especial-
mente notable al respecto es el caso de las palabras noas y
sar, por su parte, present an una gran afinidad con la
percepción sensible: en uno y otro caso, en efecto, el 2 0
alma di sci erne y reconoce alguna realidad. De ahí que
los anti guos lleguen a afi r mar que pensar y pe rcibi r
sens ibl ement e son lo mismo: Empédocles, por ejem-
plo, decía que «con lo que est á present e (a la pe rcep-
ción) aumenta a los hombres el conocimiento» 67 y, en
otro lugar, que «de ahí les viene el cambiar cons tante-
mente en lo que piensan»68 y lo mismo, en fi n, quier e 25
noeín. Así, por ejemplo, mien tr as que en 427b1O el verbo noeln
adqui ere la significación genérica de un conocimiento que, de
ser verdadero, engloba como especies a la ph ronésis, la episltme
y la dóxa, en 428a4 el susta ntivo noas apar ece como una for ma
de conocimiento específica frente a aísthesis, dóxa y episté mé
y, por tanto, sin englobar a est as dos últimas. Otra situación
semejante : en 427b27 phantasía e hypólepsis aparecen como es-
pecies de noein e igualmente en el c. 10 (433a1O) la imaginación
se considera como un tipo o especie de nóesis; fr ente a esta
significación amplia del tér mino, sin embargo, está la oposición
entre phantasía y noas tajantemente establecida en 428a15.
Todo esto hace que la delimit ación precisa del significado de
estos .t érmincs deba buscarla el lect or en cada cont exto a tra-
vés de las oposiciones que en cada caso adquieran relevancia.
Por nuestr a parte - y dada la importancia que la palabra noUs
posee no sólo en la psicologia, sino también en la Metafí sica y
Teología aristotélicas- traduci mos siempre noas y noeln como
«Int electo- e «int eligir» respectiva ment e. Como en el caso del
t exto ori ginal, el lector debe rá preci sar a t ravés del conte xto
el alcance significativo de estas palabras quita ndo y poniendo
aquellos rasgos que re sul ten adecuados.
Otro problema -digno t amb ién de tenerse en cuenta- es el
juicio que en este capít ulo vierte Aristót eles sobre los presocrá-
ticos de que ident ificaban "pensamient o» y "conocimi ento sen-
sible». Nos parece que en este caso Ari stÓteles los enjuici a des-
de sus propias clasificaciones del conocimient o y desde el signi-
ficado que para él adquieren palabras como noas. Ahora bien,
ni noas significa en los presocráti cos lo que en el siglo I V ni
en est os aut ores existe aún la distinción ent re conocimiento in-
telectual y conocimiento sensible.
" EMPÉDOtU S, Fr. B 106 (1, 250, 21),
o, Fr. B 108 (1, 351, 11-12), DIEI.8-KRJ\NZ.
224 ACERCA DEL ALMA

LIBRO III 225
s
decir aquella frase de Ho mero de que d al es, en efec to,
su Intelectos 1>9. Y es que todos ellos suponen que el
inteligir -al igual que percibir sens iblemente- es algo
corporal y que se percibe y piensa lo semejante con
lo semej ante, como ya hemos explicado al comienzo de
este estud io. En todo caso deberían haber ofrecido
4Z7 b además y simultáneamente una explicación satisfacto-
ri a acerca de l error, puesto que éste es más fr ecuent e
aún en los animales y el alma permanece en él más
tiempo (que en la verdad). De sus teo ría resulta nece-
sari ame nte al respec to que o bien ---como algunos di-
cen- todas las apariencias son verdaderas o bien el
er ror consiste en el contacto con lo desemejante ya
5 que esto es lo contrario de conocer lo semejante con
lo semejante. Contra 10 últ imo, sin embargo. está la
doctrina comú nmente aceptada de que el er ror y la
ciencia respecto de los contrarios son lo mismo.
Pues bien. es evidente que percibir sens iblemente y
pensar no son lo mismo ya que de aquello partici pan
todos los anima les y de esto muy pocos. Pero es que
tampoco el inteligir -me refiero a aquel en que caben
tanto el inteligir con recti tud como el int eligir sin
10 rectitud; el inteligi r con rec ti t ud está cons ti tui do por
la prudencia. la ciencia y la opinión verdadera. y el
inteligir sin recti tud por lo cont ra r io de ell as- tam-
poco intel igir , di go, es lo mismo que perc ibir sens i-
blemen te: prueba de ello es que la percepción de los
sensibles propios es siempre verdadera y se da en
todos los animales, mien tras q ue el r azonar puede ser
también falso y no se da en ni ngún animal que no
es té dot ado además de razón.
La imaginación es . a su vez, algo distinto t anto de
1.5 la sensación como del pensamiento. Es cierto que de
no haber sens ación no hay imaginación y sin és ta no
.. Odisea, XVII I, 136.
es posible la ac tividad de enj uiciar. Es evidente, s in
embargo. que la imaginación no consiste ni en int eli-
gir ni en enj ui ciar. Y es que aquéll a depende de nos-
otros; podemos imaginar a voluntad -es posible, en
efecto. crea r ficciones y contemplarlas como hacen los
que ordenan las ideas mnemot écníca mentc creando imá- 20
genes- mi entras que opinar no depende excl us iva men-
te de nosot ros por cuanto que es forzoso que nos
situemos ya en la verdad ya en el error. A esto se aña-
de que cuando opinamos de algo que es terrible o es-
pantoso, a l punto y a la par sufrimos de la impresión
y lo mismo si es algo que nos encoraj ina; ' trat ándose
de la imagina ción, por el cont rario, nos quedamos tan
tranquilos como quien contempla en pintura escenas
espantosas o excitantes. Existen también, por lo de-
más. diferentes maneras de enjuiciar como son cie n, :1.5
cía. opinión, prudencia y sus contrarios; en cuanto a
sus rasgos diferenciales, es ot ro asunto.
Puesto que el inteligi r es algo distinto de la sens ación
y puesto que abarca. según pare ce. tanto el imaginar
como el enj uici ar, nos ocuparemos de esta últ ima acti-
vidad una vez que hayamos precisado lo re lativo a
imaginación. Pues bien. si la imaginación es aq uel lo 428. )
en virtud de 10 cual solemos --decir "que ' se -origina -en
nosotros- una imagen -excl us ión hecha de todo uso
meta fóri co de la palabra-e- ha de ser una de aque llas
potencias o di sposiciones, po r med io de las cuales dis-
ce rn imos y nos situa mos ya en la verdad ya en el erro r.
y éstas son lsentido, y
.. Est e pár rafo resulta aparentemente incoherente con el r es to
de la doc trina mantenida en el capitulo. De un lado, se afirma:
«(la imaginación) ha de ser una de aquellas pot encias po r medio
de las cuales discern imos y nos sit uamos ya en la verdad ya en
el error. Y és tas son, por su parte, sentido, opinión, intelecto
y ciencla», Por otro lado, sin embar go, los párrafos que vienen a
conti nuación se dedican precisamente a demostrar lo contrario,
14. - IS
226 ACERCA DEL ALMA

LIBRO III 227
Que la imaginación no es un sent ido se deduce con
evidenciarle sentido es tá en
potencia o en acto -por ejemplo. Vi sta y visión- mi en-
tras que una imagen puede pre sentarse sin que se dé
ni lo uno ni lo otro, como ocurre en los
más. el sent ido está siempre presen te y di sponible pero
no la imaginación. Por otra pa rte. si fueran 10 mis mo
10 en acto, la imaginación podría darse en todas las bes-
tia s; sin embargo. no parece que así sea en la hormiga,
la abeja o el gusano. Más aún, las sensaciones son
siempre verdaderas mientras que las imágenes son en
sumayoría falsas. Amén de qu é cuando nuestra-pero
cepción del objeto sensible es exac ta no solemos decir
eme imagino que es un hombr es: antes bien, solemos
1.5 decirlo cuando no percibimos con claridad. Es entono
ces cuando se dan las sens aciones verdaderas y falsas.
Por último y como ya di jimos anteriormente, incluso
con los oj os cerrados aparecen vtsíones.
Pero } a _imaginación no puede ser tampoco ninguna
de las disposiciones habit uales o potencias a las que
siempre acompaña la verdad, como son la ciencia o
el intelecto: y es que la imaginación puede ser tamo
bién falsa. Sólo queda ver,
qu e-la-ópinión puede ser verdadera o fals.:LAho ra bien,
20 la opi nión va -siempre acompañada de convicción - no
que la imaginación no es ni sent ido ni opinión ni intelecto ni
ciencia. Para evitar esta aparente contradicción se han propues-
to cier tas vari aciones en el texto convirt iendo a la fra se ya en
inter rogativa (. ¿será acaso la Imaginación una de aquellas po-
tencias...?; véase, por eje mplo, la t raducción inglesa de J. A.
SMITII en The Work s of Arist otl e translated int o English, Oxford,
1931, vol. III ) ya en negativa {ela imaginación no es ni nguna de
aquellas potencia s.. .•; véase TRI!NDELI!MBURG, ad íoc., pá g. 375).
No parec en, sin embargo, necesari as estas vari aciones: el contex-
to gener al del capitulo es, por '10 demás, suficientemente explí-
ci to como para deshacer toda ambigüedad; lo afi rmado en est a
fr ase res ulta ser, de este modo, algo a refutar posteriormente.
es , desde luego, posibl e mantener una opinión si no se
es tá convencido- y en nin guna bestia se da convic-
ción a pesar de que muchas de ellas posean imagina-
ción. Además, t!.0da opinión implica convi ccí ón.jla con-
vicción implica haber sido pe rsuadido y la persuasión
impli ca la pal abra. Y si bien algunas best ias poseen
imaginación, sin embargo no poseen pal abra. Queda,
pues, evidenci ado que la imaginación no es ni una op io 2.5 -.J.
ni ón acompañada de un a sensación, ni una opinión pro-
ducida por una sensación, ni el conj unto de opini ón y
sensa ción. De todo esto resul ta ta mbién evidente que
(según taJes teorías) 11 la opinión no recae sobre otro
obj eto que aquel sobre el cual recae, en su caso, la
sensa ción: quiero decir, la imaginación viene a se r la
opinión de que es blanco unida a la sensación de lo
blanco y no, desde luego, la opinión de que es bueno
unida a la sensación de lo bl anco. I maginar viene a 428 b
ser, pues, opinar acerca de l objeto sensibl e percibido
no acci dentalmente. Ahora bien, ciertos objetos sen-
" Arist ót eles pretende refuta r aquellas teorías -en definit iva,
de su maest ro Plat ón: véanse Timeo, 52a; Sofista, 263a-64b, y Fi-
febo, 38 b-39 e- que reducen la imaginación a la sensación y la
opinión tomadas conjuntamente: elmaginar viene a ser, pues,
opinar acerca del objeto sensible percibido no accidentalment e-
(428bl). Una vez más, esta manera de interpretar la imagina ción
resul ta diflcilmente in teligible desde nuestra lengua. Para un
griego, sin embargo, esta forma de definir lo que tra ducimos
por . imaginación. debla resultar hasta cierto punto nat ura l dado
el contorno significativo de las palabra s phalnesthai y phanta·
sla. Estos términos poseen una doble connotación ya simultá-
nea ya alternativamente: de una part e, ..lo que aparece» y de
ahí su fácil vinculación a la percepción sens ible; de ot ra parte,
. 10 que pareces al sujeto, connotación ésta que lleva implícita
una toma de posición, una opinión por parte del sujet o. Es pre-
cisamente desde esta duplicidad significa tiva desde donde Ad s-
tóteles refuta la def inición en cuestión haciendo ver que es In-
servible para el caso limi te en que la opinión -siendo verde-
dera- no coincida con la percepción sensible a que se refiere
porque la ima gen ofrecida en ésta no se ajuste a la real idad.
228 ACERCA DEL ALMA
i ;;
LIBRO m 229
sibles presentan una imagen fa lsa a los sent idos Y. sin
embargo. son enj uiciados de a cuerdo con la verdad:
por ej emplo, la imagen del sol apa rece como de un
pi e de diámetro y, no obst ante , el que lo ve está per-
suadido de que es mayor que e l orbe habitado. Sucede.
:l por tanto, una de dos: o bien -sin que varíe el hecho
y s in que el indi viduo en cuestión lo haya olvidado ni
haya cambiado su convicción a l respecto- la opinión
verdadera ha desaparecido o bien -en caso de que
a ún la mantenga- ta l opinión es necesar iamente ver-
dadera y fa lsa a la vez. Sin embargo. una opinión ver -
dadera só lo se convier te en falsa cuando el hecho varia
sin que uno se haya dado cuenta de ello.
La imaginación, por tanto, ni se id entifica con ningu-
10 no de los ti pÓsde conocimiento señalados ni es tam-
poco algo r esultante de s u combinación. Pero, pues to
que es posible que cuando algo se mueve se mueva
otra cosa bajo su influj o, y
ginación parece consistir en un movímíento que no se -
"produc ér str no " existe sensación, ya que pareceTtener"
lugar - en " Jos ser es dotados de sensibilidad y recaer
sobre los mi smos obj etos que la sensación; puesto que.
por últ imo, es posible que baj o el in fluj o de la sensa-
ción en acto se produzca un movimiento y tal movt-
miento ha de ser necesari amente s imila r a la sensa-
l' cí ón, resulta q ue un movimiento de este tipo no podrá
darse s in sensación n¡- tener-Iuga r en "seres 'Car entes
de sensibilidad. e l -ser que lo posea podrá r ealizar y pa-
decer múlti ples acciones gracias a él y. en fin . él mis-
mo podrá ser ta nto verdadero como falso. Esto último
su ced e en virtud de 10 siguiente. En primer luga r , la
per cepción de los es verdadera o,
al menos, encier ra un mínimo-de fal sedad. En segundo
lugar, es tá ' la "per cepción del su j et o de qüe ta les cua-
20 lidades son accidentes; en esto cabe ya equivocarse :
en efecto, no se equivocará en si es blanco, pero sí pue-
de equi vocarse en si lo bl anco es tal cosa o tal otr a .
Por últi mo lugar , está la percepción de
los {sens ibíes aquellos que acompañan a los
sensibles pÓr acéidente y en los cuales se dan los sen-
s ibles propios: me refi ero, pOr ej emplo; al-ñiOvi mieri-
-lO y al tamaño que acompañan a los sens ibles propios
y acerca de los cuales es ya es pecialmente fácil equi- 20S
vocarse en la percepción. Por su parte, el movimiento
producido por la sensación actual diferirá de la sensa-
ción misma en cada uno de estos t res t ipos de per-
cepción. El movimiento que corresponde a l pri mer tipo
de percepción es ver dadero cuando la sensación es tá
presente, mientras que los otros dos pueden ser falso s
tanto si la sensación está presente como si es tá au-
sent e y de manera muy especial si el objeto se en-
cuentra lejos. Así, pues, si ni nguna otra facultad posee -,
las característ icas expuestas excepto la imaginación y,e.r
és ta consiste en lo imaginación un me-
vimiento producido por la sensacióñ""en acto. Y como
laVista es eJ sentido por excelencia, la palabra eima-
ginací én» (phan tasia) deriva ,de la pal abra d uz ,. (phAos)
pues to que no es posible ver si n luz. Y precisamente
porque las imágenes perduran y son semejantes a las oS
sensaciones, Jos animales realiza n multitud de conduc-
tas gracias a ellas, unos animales - por ejemplo, las
bes t ias- porque carecen de intelecto y otros - por
ejemplo, los hombres- porque el intel ecto se les nubla
a veces tanto en la enfer medad como en el sueño.
En cuanto a la imaginación -qué es y por qué- val-
ga, pues, lo anted icho. ....
)
230 ACERCA DEL ALMA
· ,
LIBRO 111
231
CAPi TULO CUARTO
Que contiene una exposición general sobre la natu raleza.
del intelecto y de la act ividad de ínteligir
G Por lo qu e se refiere a aquella parte del alma con
que d-alma conoce y piensa - ya se trate de algo se-
parabl e, ya se t rate dealgo no separabl e en cuanto
a la magnit ud, pero sí en cuanto a la definici6n- ha
de examinarse cuál es su caracterí st ica di ferencial y
cómo se lleva a cabo la actividad de inteligir . Ahora
bi en, si el inteligir constituye una operación semejante
L a la sens ación, cons ist irá en padece r cierto influjo bajo
1.5 la acción de lo int eligibl e o bien en algún otro proceso
V similar. Por consiguiente, e.!- intelecto -siendo impa-
sible- ha de ser capaz de recibir la forma, es decir,
ha de ser en potencia tal como' la forma per o sin ser
ella misma y se rá respec to dé lo inteligibl e algo a nálogo
- a- lo que es la facultad sens it iva respecto de lo sensí-
l... bl e. Por consiguiente y puesto que intelige todas las
cosas, necesari amente ha de ser sin mezcla -como dice
Anaxágoras 72- para que pueda dominar o. 10 que es
20 lo mi smo, conocer, ya que lo que exhibe su propia
forma ob st aculiza e in ter fiere a la ajena. Luego no ti ene
naturaleza alguna propia aparte de su mi sma poten-
cialidad. Así pu es, el denominado intelecto del alma
- me refiero al intelecto con que el alma razona y
enj uicia- no es en acto ninguno de los entes antes de
int eligir. De ahí que ser ia igualmente il ógico que estu-
2.5 viera mezclado con' el cuerpo: y es que en tal caso
poseería alguna cualida d, sería f rí o o calient e y ten-
dría un órgano como lo t iene la facultad sensitiva;
" Fr , B 12 (11, 37, 17 sigs.), DU!LS·KRANZ.
pero no lo tiene realmente. Por lo tanto, dicen bien
los que dicen que el alma es el lugar de las for mas 13,
si exceptuamos que no lo es toda ella , sino s610 la
in telect iva y que no es las formas en acto, sino en
potencia. Por lo demás y si se ti ene en cuenta el funcio-
nami ento de los órga nos sens ori ales y del sentido, re- 30
sulta evide nte que la impasibilidad de la facultad sensi-
tiva y la de la facult ad intelectiva no son del
ti po: el sent ido, desde luego , no es capaz de perci bi r
t ras haber sido afec tado por objeto sen- 1f' b
síble, po r ejemplo, no percibe el sonido después de Jf
soni dos intensos, ni es capaz de ver u oler, t ras haber.
sido af ectado por colores u olores fue rtes ; el inte lecto,
por el cont rar io, tras haber int eligido un objeto fuer-
t emente inteli gible, no intelige menos sino más, incluso,
los objetos de rango inferior. Y es que la facultad sen- s
sible no se da sin el cuerpo, mientras que el intelecto
es separable. Y cuando éste ha llegado a ser cada uno
de sus objetos a la manera en que se ha di cho que 10
es el sabio en acto - lo que sucede cuando es ca paz
de ac tualizarse por si mismo 14_ , incluso entonces se
encuent ra en cierto modo en potencia, si bien no del
mismo modo que antes de haber aprend ido o investi-.
gado: el intelecto es capaz también entonces de in teli- y
gir se a sí mismo.
Pero, puesto que la magnitud y la esencia de la mag- 10
nitud son cosas distintas y lo son también el agua y la
esencia del agua - y otro tanto ocurre en otros m.u-
chos casos pero no en todos; en algunos es lo mi s-
mo-, será que el alma discierne la esencia de la carne
y la carne, ya con facultades distintas, ya con una sola,
.. Se trata evidentemente de una rejerencía al platonismo. No
obstante, la expresión aquí utilizada no se encuentra [iteralmen-
te en Platón.
.. Véase supra, 11, S, 417a21·b 2.
232 ACERCA DEL AU U.
1
LIBRO 111
233
1
pero d ispuesta de di s ti nta manera; y es que la ca rne no
se da sin materi a, sino que, al igual que lo ch ato, es
un tipo determinado de forma en un tipo determinado
1.5 de materia. Con la facultad sensi t iva, pues , d isci erne lo
caliente y lo fr ío as í como aquellas cualidades de las
que la carne constituye una cierta proporción combí-
na tor ia ; en cuanto a la esenci a de la ca rne, la di scierne
ya con otra fac ult ad separada, ya con la mi sma facultad,
siendo ésta respecto de s í mi s ma lo que la línea cur va
es respecto de sí mi sma un a vez enderezada. A su vez
y por lo qu e se refi ere a los entes abst ractos, con la
línea rect a sucede como con lo chato, puesto que no
se da si n el continuo; sin embargo, su esencia - si es
20 que la esencia de la recta y la rect a son cosas d is tin-
t as- la discierne con otra facult ad. Supongamos, pues,
que su esencia sea la díada: la discierne, por tanto,
ya co n otra facultad, ya con la mi sma di spues ta de
ot ra manera . Asi pues , digamos en general que el in.
t etecto es separable en la misma med ida en que los
obj etos son separables de la materia 'l5,
Cabe, por 10 demás. plantearse el s igu iente proble-
ma: si -como dice Anaxágoras- el intelecto es sim-
pl e e impasible y nada tiene en común con ninguna
otra cosa. ¿de qué manera conoce s i el in tel igi r con.
sis te en una cierta a fección y de dos cosas, a Jo que
par ece, la un a act úa y la otra pa dece en la med ida en
que ambas poseen algo en común? Afiádese a esto el
.. Este es uno de los argument os t ra dicional mente ut ilizados
en Occidente por los defen sores de la espiritualidad del ent en-
dimient o: el ent endi mient o cap ta esencias abstr act as, l . e., sepa-
radas de la ma teri a en que se realiza n [ eel arua y la esencia
del a¡ua son dis ti nt as.); ahora bien, la naturaleza del entendí-
ha de ser proporcional a la de su objeto, luego el en-
tendimiento está separado de la ma teria. De donde pret ende
concluirse su espi ritualidad. Aristóteles, con lodo, es más roo-
.en este caso al concluir ; el intelecto o no es la faculta d
senstnva o es ésta func ionando de otra manera.
problema de si el intelect o mi smo es a su vez inteli-
gible. De ser así o bien el int electo se dará en las
demás cosa s - suponiendo que no sea inteligible en viro
tud de otra cosa y s uponi endo que lo inteli gible sea
específicamente uno- o bien es tará mezclado con algo
que 10 haga inteligi ble como las de más cosas.
En cuanto a Ja dificultad de que el paciente ha de
tene r algo en común con el agente, ¿no ha qued ado 30
ya contes tada al deci r que el intelecto es en cierto modo
potencialmente lo inteligibl e si bien en entelequia no
es nada antes de inteligir ? 76. Lo inteligible ha de estar
él del _mis!!:o que en UDé!.. tablilla la que
nada está actualment e escrito: es to es lo que sucede !.
con el intelecto. (En cuanto a la segunda dificultad)
el intelecto es inteli gible exactament e como lo son sus ,(t '-(f
obj etos. En efecto, tratándose de seres inmateriales lo
que in telige y lo int eligido se identifica n 77 toda vez que
el conocimiento teórico y su objeto son idénticos - más s
ade lante habr á de anal iza rse la causa por la cual no
int elige s iempre 71-; pero tratándose de seres que tie-
nen materia. cada uno de los objetos inteli gibles es tá
presen te en ellos sólo potencialmente. De donde re-
sulta que en estos ultima s no hay intel ecto -ya que el
intelecto que los tiene por obj et o es una potencia in-
material- mientras que el intelecto si que posee inte-
ligibilidad.
.,. Véase supra, "29a15-2".
n Véase el libro XII de la Metafisica, especialmente en 7,
1074b33
,. Véase ini ra, en el próximo capitulo de est e libro.
234 ACl!RCA DEL ALMA
CAPi TULO QUINTO

1
LI BRO 111
CAPITULO SEXTO
235
En que aparece la célebre y controve rtida dist inción
aristotélica de dos int electos, activo el uno y
pasivo el otro
10 Puesto que en la Naturaleza toda existe al go q ue es
materia para cada género de entes -a saber . aque llo
que en po tencia es todas las cosas pertenecientes a tal
género- pero existe además otro princi pio, el causal
y act ivo al que corresponde hacer t odas las cosas -tal
es la técnica respecto de la materia- también en el
caso del alma han de darse necesariamente estas dife-
.r enclas. Así pues, existe un intelecto que es capaz de
t:§ llegar a ser todas las cosas y otro capaz de hacerlas
{ todas; este último es a manera de una disposición ha -
bitual como, por ejemplo, la luz: también la luz hace
en cierto modo de los colores en potencia colores en
acto. Y tal intelecto es separable, si n mezcla e impasi-
ble, siendo como es acto po r s u propia entidad. Y es
que siempre es más excel so el agente que el paciente,
20 el pri nci pio que la materia. Por lo demás, la mi s ma
cosa son la ciencia en acto y su objeto. Desde el punto
de vis ta de cada ind ividuo la ciencia en potenci a es
anter ior en cuanto al tiempo, pero desde el pun to de
vis ta del universo en gene ral no es anteri or ni siquier a
en cuanto al tiempo : no ocur re, desde luego, que el in-
telecto in telija a veces y a veces dej e de inteli gir. Una
vez separado es sólo aquello que en r eali da d es y úni-
camente esto es inmortal y eterno. Nosotr os, sin em-
bar go, no somos capaces de r ecordarlo, porque tal prin-
cipi o es impasible, mientras que el intelecto pasivo es
2.5 corruptible y sin él nada ínteüge " .
.,. Las últimas palabras del capítulo - kai áneu toút ou ouden
De c6mo se lleva a cabo la int elección de los objetos
compues tos y también la de los indivi sibles
La intelección de los indi visibles tiene lugar en aque-
llos obje tos acer ca de los cuales no cabe el error. En
cuanto a los objetos en que cabe tanto el error como
la verdad, tiene lugar ya una composición de conceptos
que vie ne a cons ti tuir como una unidad. Empédocles
dice que «donde nacieron muchas cabezas sin cue-
110 _ " po st eriormente viene n a componerse por la fuer- JO
za de la amistad: así también se componen es tos con-
ceptos de por st separados, por ej emplo, lo inconmensu-
rabl e y la diagonal. En cuanto a los acontecimientos
pasados o futuros, el tiempo for ma parte también de 431 b
la intelección y la composición. El error, en efecto,
t iene lugar siempre en la composición: y es que al
afi rmar que 10 blanco es no-blanco se ha hecho ent rar
a lo no-blanco en composición. Cabe, por lo demás. ha-
blar igualmente de di vis ión en t odos estos casos. Por
otra parte, el error y la verdad no tienen luga r sola-
noel- las hemos dejado intencionadamente en la misma am-
bigüedad que presentan en el texto origi nal: _y sin él nada In-
telige•. Son, cuando menos, susceptibles de cua tro inter pret a-
ciones distintas (véase Ross, W. D., Aristdteles, trad. esp., Bue-
nos Aires, 1951, págs. 219 sigs. ) que, a su vez, influ irán en la ín-
t erpretación general del terna del intelecto en Arist óteles: a) «sln
el intelecto pasi vo el intelect o activo no conoce nada»: b) «sin
el intelecto act ivo el int electo pasivo no conoce nada»: e) «sln el
intel ecto activo ningún ser puede conoceo: d ) estn el intelecto
pasivo ningún ser puede conocer >. La oscuridad de la teoría
aristotélica del intelect o es manifiesta y buena prueba de ello
son las múltiples Interpre taciones que recibió por parte de ce-
mentaristas e intérpretes .
.. EM Pl100CLES, F r. B 51 (1, 333, 9), DIELS·K RANZ.
236 ACERCA DEL ALMA LI BRO I II 237
s mente al afi rmar que CIe6n es blanco. sino también
que lo era o lo será. En fin . quien compone llevan do
a cabo cada uni ón es el intelecto.
.Pues to qu e la palabra . indivisible,. puede entenders e
de dos maneras, en potencia o en acto, nad a impide que
la longitud se in telija como algo indi visible -en t al
caso es, en efecto. indivisible en acto "- y que se haga
en un tiempo indivisible. Y es que el tiempo es di visible
re e in di visi bl e de manera semej ante a como lo es la lon-
git ud. No cabe, pues, dec ir qu é parte se intclige en
cada un a de las mitades del tiempo. ya que las partes
no existen, sino en potencia, antes de divid irse el todo .
Pero si se intelige por separado cada una de las dos
mitades, entonces se divide tamb ién y a la par el ti empo
y cada un a de las mitades viene a ser como un todo
de longitud. Sin embargo, si se lntelige como una to-
t ali dad en que se integran ambas partes potencial es,
entonces se intelige también en un tiempo que aba rca
a ambas.
En cuanto a lo que es indivisible no según la cant i-
1.5 dad, sino según la forma, se íntelige en un tiempo
indivisibl e y por medio de un ac to indivisible del alma.
El acto en qu e se in teli ge y el ti empo en que se ínte-
lige son, a su vez, divisibles acci dentalment e; pero no
porque los continuos espacial y t emporal (int eligidos en
ell os) se dividan, sino en la medida en que t ales con.
tinuos permanecen indi visos 12; y es que en éstos hay
" La doble acepci ón -en potencja y en acro-, de la palabra
corresponde, respect ivamente , a aquello que no pue-
de ser en ningún caso dividido y aquello Que, siendo di visible,
no está act ualmente dividi do.
Q . EI acto en Que se Intejjge y el tiempo en Que se intelige
un conti nuo son, a su vez, divisibles eecídentetmenre., Se t rata
de un párrafo di ficil y discutido. Esta afir mación de que acto y
t iempo de intelección son divisibles accident almente la int erp re-
t amos así: el adverbio eaccident almentes no significa en es ta
ocasión que se dividan al d ividi r se el continuo inteligido (algo
algo indi visible - por más que no exista separado-
qu e hace que el tiempo y la extens ión cons t it uya n una
unida d, algo que está presente por igual en todo con-
ti nuo, sea temporal o espacial. 20
Por lo que se refiere al punto y, en general, a t odo
aquell o que actúa como elemento divisor io siendo en
sí indi visibl e, su intel ección se rea liza de l mismo modo
que la de la pr ivación. Y lo mi smo ha de decirse en
relación con otros casos, por ejemplo, cómo se conoce
lo malo o lo negro: desde luego que de algún modo
se conocen por mcdio de su cont ra r ie El in telec to que
los conoce ha de ser, pues, en potencia (a mbos cont ra-
r ios) y uno de ellos ha de encontrarse en él. Y si al guna 2.5
causa hay que carezca de contrario, una causa tal se
con ocerá a sí mi sma y existi rá en act o y separada.
Al igual qu e la afi rmación, la enunci ación predica
algo de un suj et o y siempre es verda dera o falsa. No
ocur re lo mismo, sin embargo, con todo ti po de Inte-
lecci ón , sino que cuando se inteli ge qué es algo en
cuanto a su ese ncia , la in telección es ve rdadera y no
predi ca nada de ningún sujeto. Pero as¡ como la visión
es verd adera cua ndo se t rata de l sens ible propio pero
no siempre es verdadera cuando se tra ta de si lo blan- 30
ca es un hombre o no, así t ambién sucede en reta-
ción con los objetos separados de la materia.
de que se habló ya más arr iba) ya que cada una de las partes
de tal continuo dividido resultan, a su vez, un cont inuo y, como
tales, son inteligidas en un acto indivisible y en un t iempo indi -
visible. La divisibilidad «accidental» de estos últ imos ha de con-
siderarse, por tanto, desde el punto de vista de la intelección
de un continuo actualmente uno ( . en la medida en que tales
continuos permanecen indivisibles e},
Es ta interp retación impl ica evidentemente que el párrafo en
cuestión no se ref iere a la intelección de los indivisibles según
la forma - de que se acaba de hablar-, si no a la de los ín díví-
sibles según la cantidad de que se venia hablando más arriba.
La referencia a los indivisibles según la for ma (430bl4-1S) ha de
consider arse, por tanto, como un inelso.
.. Véase supra, 11, 5, 417b2-16.
.. Véase la S tica a Nicómaco, VI, 2, 1139311.
De cuál es la con exión exi stente entre las di stintas
facultades cognoscitivas y muy especialmente
entre la imaginación y el intelecto
(
'4ií7) ,i a ciencia en acto y su ob jeto son la misma cosa.
Por su par te, la ciencia en potencia es anterior en
! t cuanto al tiempo tratándose de cada individuo, pero
/0 desde el punto de vista del universo en general no
"i c> es anterior ni siquiera en cuanto al tiempo: y es ' que
todo lo que se origina procede de un ser en ent elequia.
De otra parte, es obvio que lo sens ible hace que la
s facultad sensitiva pase de la potencia al acto sin que
ést a, desde luego, padezca afección o alteración algu-
na. De ahí que se t rate de otra es pecie de movi miento
ya que el movimiento - como decíamos 83_ es esencial-
mente el ac to de lo que no ha alcanzado su fin mien-
tras que el acto entendido de un modo absoluto -el
de lo que ha alc anzado su fin- es otra cosa. Así pues,
la percepción es análoga a la mera enunciación y a la
intelección. Pero cuando lo percibido es placentero o
doloroso, la facult ad sensitiva -como si de este modo
10 estuviera afirmándolo o negándolo- lo persigue o se
al eja de ello 84. Placer y dolor son el acto del t érmino
medio en que consiste la sensib ilidad fiara- lo bueno y
"Io "malo en cuanto- tales. Esto mísmo j on también el
deseo y la aversión en ac to: las facultades del deseo
y la aversión no se distinguen , pues, realmente ni entre
sí ni de la fac ultad sensitiva. No obstant e, su esencia
es distinta.
238 ACERCA DEL ALMA
CAPiTULO St PTI MO
LIBRO III , 239

'"
En vez de sensaciones, el alma di scursiva utiliza imá -
genes. y cuando afir ma--ó""IDega-(dc ro-l.maginado )- que 15
"és"bueno o malo, huye de ell o o lo persigue. He ahí
cómo el alma jamás intelige sin el concurso de una
imagen. El proceso es similar a cuando el ai re hace
que la pupila adquiera una determinada cualidad y
ésta, a su vez, ac túa sobre ot ra cosa - y lo mismo pasa
con el oído- si bien, en última instancia, la facultad
sensitiva es una y uno es el término medio en que
consist e por más que sea múltiple en su esencia. Más 20
arriba quedó ya dicho 85 con qué di sci erne el al ma la
di ferencia entre lo dulce y lo caliente, pero ha de deci r-
se una vez más ahora. Se trata, desde luego, de una
facultad cuya unidad es como la del límite. En cuanto
a las facultades que en ella convergen - y que consti-
tuyen- ÜÍlaunf,GiCi -ñOs 6lú- de analogía, sino t ambién
de número 86_ .son ..La a la otra lo que sus objetos
son ent re sí. ¿Qué diferencia puede haber, en efecto,
entre preguntarse cómo se disciernen cualidades het eo
rogéneas y cómo se disci ernen cualidades contrari as, 25
por ejemplo, blanco y negro? Sea, pues, «A» - lo blan-
co- r especto de "B » - lo negro-e- como "C» (la facul-
tad que di scierne lo blanco) r especto de " D » (la facultad
que discierne lo ne gro), es decir, como cada una de
aquellas cualidades respecto de la otra. Y lo mismo
da conmutar los tér minos 87. Suponiendo, por tanto,
" Véase supra, II I, 2, 426b12-427aI4.
lO Es decir, las facul tades constituyen una doble unidad: de
número, porque en realidad son diversi ficaci ones de una única
sensi bilidad asent ada, en último término, en un único sensorio;
de analogía, porque su relación mutua es aná loga a la r elació?
existe nte entre sus obj etos. Los pá rrafos que vienen a conn-
nuación desarrollan est a idea: al igual que las dist int as cuallda-
des sensibles se identifican en un único objeto, también las ra-
cultades correspondi ent es convergen y se i dent ifican en una úni-
ca facul t ad.
., Tenemos: a (lo blanco) es a e (la facult ad que perci be 10
240 ACERCA DEL ALMA LIBRO IU 241
que «CD» se den en uno y el mismo sujeto, tendremos
un caso análogo al de «AB»: en realidad cons tit uyen
una y la misma cosa, si bi en su esencia no es la mis-
~ ~ roa - e igual ocurre en el caso de aquéllas-o La ana-
8 10gía, por lo demás, sería idéntica suponiendo que «A»
sea lo dulce y «B» lo blanco.
Z- La facultad intelectiva intelige, por tanto, las for mas
en las imáge nes . Y así como en las sensaciones le
aparece delimitado lo que ha de ser perseguido o evi-
tarlo, también se pone en movimiento cuando, al mar-
gen de la sensación, se vuelve a l as imágenes: por ejem-
plo, cuando uno percibe que la antorcha es fuego y,
viendo que se mueve, reconoce por medio del sentido
común que se t rata de un enemigo. Otras vece s calcu-
la y delibera comparando el futuro con el presente,
como si estuviera viéndolo con ayuda de las imáge-
ne s o conceptos que están en el alma. Y cuando de-
clara que allí está 10 placentero o 10 doloroso, al puno
to lo busca o huye de ello: siempre es a sí t ratándos e
de la acción. En cuanto a lo verdadero y lo falso que
nada tienen que ver con la acción, pertenecen al mís-
mo género que lo bueno y lo malo; difieren, sin em-
bargo, en que aquéllos 10 son ab solutamente y éstos
por relación a algu ien. Las llamadas ab stracciones, en
fin, las intelige del mismo modo que lo chato: en tanto
que chato, lo int elige sin abstraer de la materia, pero
15 si se intelige en tant o que concavidad actualmente, en-
tonces se intelige abstrayendo de la carne en que se
da la concavidad; cuando los intellge, inteli ge también
de es ta manera los objetos matemáticos: como sepa-
radas de la materia aunque no se den separados de
ella. De manera general, el intelecto en acto se iden-
blanco) como B (lo negro) es a D ( la facultad que percibe lo
negro).
ti fica con sus objetos. Más adelante ", por lo demás,
ha bremos de examinar si el intelecto puede o no inte-
l ígir algo que exis ta separado de la materia, no estan-
do él mi smo separado de la extens ión.
CAPíTULO OCTAVO
Continúa trat ando de cómo se relacionan entre si
sensaciones, imágenes e intelecciones
Recapitulando ahora ya la doctrina que hemos ex- 20
puesto en torno al alma, di gamos una vez más que el
alma es en cierto modo todos los entes, ya que los
entes son o in teligibles o sensibles y el conoci miento
intelectual se identifica en cierto modo con lo inteligi-
ble, así como la sensación con lo sensible. Veamos de
qu é modo es esto así.
El conoci mient o int electual y la sensación se dividen
de acuerdo con sus objetos, es deci r, en tanto que están 25
en pot encia tienen como corre lato sus objetos en po-
tencia, y en t anto que están en acto, sus objetos en
acto. A su vez, las facultades sensible e intelectual del
alma son en po tencia sus objetos, lo inteligible y lo
sensible respectivamente. Pero éstos han de ser neceo
sariamente ya la s cosas mi smas, ya sus formas. Y, por
supuesto, no son las cosas mismas, toda vez que lo
que está en el alma no es la piedra, sino la forma de ~
és t a. De donde resulta que el alma es comparable a 43:"'a;
la mano, ya que la mano es instrumento de instrumen- ~
~ . , .
.. No parece que est a cuestión haya sido tratada expresamen-
t e por Aristóteles. Cuando menos, no es posible iden tificar nin-
gún pasaje de su obra que pueda responder a esta promesa foro
mulada aquí por el autor.
14, - 16
242 ACERCA DEL ALMA
i
LIBRO ni 243
tos 39 Y el intelec to es forma de formas así como el
senti do es forma de las cualidades sens ib les. Y puest o
que, a lo que parece, no existe cosa alguna separada y
.:l fuera de las magnit udes sensibles. los objetos inteli gi-
bles - tanto los denominados a bs tracciones como to-
dos aquellos que const ituyen es tados y a fecciones de
las cosas sensibles- se encuent ran en las formas sen-
sibles. De a hí que, careci endo de sensación, no se ria
posible ni aprender ni comprender. De ahí también que
cuando se contempl a intelectualmente. se conte mpla a
la vez y necesariamente al guna imagen: es que las imá-
10 genes son como sensaciones sólo que sin mater ia. l..a
imaginación es, por lo demás. al go di stin to de la afir-
mación y de la negación, ya que la verdad y la fal-
sedad cons isten en una composición de conceptos. En
cuant o a los conceptos prime ros, ¿en qué se di stingui-
rán de las imágenes? ¿No cabría dec ir que ni ést os ni
Jos demá s con ceptos son imágenes, si bien nunca se dan
sin imágenes 110.
.. Véase Actrca de las partes de los animal es, IV, l O, 487a6-21.
.. Los comentaristas no se ponen de acuerdo sobre los concep-
tos a que Arist ót eles se refiere aq uí adj et ívándolos como epr'i-
meros •. Dado el carácter relacional d e est e t érmino, para algu-
nos se tratarla de los cont eni dos p rimarios y fund amentales
del pensamient o (ajenos, por tanto, a la abstracción a partir
de ·la experiencia sens ible) mientras que para otros se alude
más bien a los conceptos menos abs tractos y, por consiguient e,
más próximos a las Imágenes sensibles .
CA Pf TULO NOVENO
De la f acultad motriz y que ésta no se identifica con
ninguna de las facultades estudiadas has ta
el momento
Puesto qu e el a lma propia de los ani males se defin e l oS
por dos potencias, la de discernir - ac tivida d ésta que
corresponde al pensa miento y a la sensación- y la de
moverse con movimiento local, baste con todo lo ya
dicho en torn o a la sensaci ón y al intelect o; en cuanto
al principio motor, sin embargo, aún queda por inves-
t igar qué es respecto de l alma: ¿se trata de una pa r te
de la misma, separable ya según la magnitud, ya según '%O
la definición , o más bien se ident ifica con t oda el alma?
y si se trata de una parte, ¿es acaso una parte espe-
claljdístlnta de las que se suelen enumerar y ya he-
mos nu merado o se identi fica con alguna de és tas?
El problema surge inmediatamente al preguntarnos
en qué sentido ha de hablarse de par tes del al ma y
cuán tas son. Y es que en cierto modo parece que son
innumerables y que no pueden reducirse a las que
algu nos enumeran en sus clasificaciones - las partes ra- 2.5
ci onal, pul sional y apet it iva o bien, según otros, las
partes raciona l e ir racional 91_. En efecto, atendiendo a
los cri terios 'con que es tabl ecen estas di visiones apa-
recen también otras partes dotadas de un a di ferencia-
ción mayor que és tas de que acabamos de habl ar aho ra :
.. Alusión a la psicología platónica. Respecto de la pri mera
clasi ficación, v éase Republica, IV, 43541. Respect o de la segun-
da, platónica también, puede verse la Etica a Ni cómaco, 1, 13,
1102816 sigs., pasaj e en que Ari st ót eles se sirve de ella dando a
entender que es de dominio común y, eso sí, sin comprometer-
se en absolut o con su valor.
--- - - - - - - ..,- - - - - - - - - - -
244 ACERCA DEL AlMA LIBRO In 245
as í. la parte nut rit iva que se da por igual en las plan-
30 la s y en todos los animales y la part e sensiti va a la
que no result ar ía fácil caracterizar ni como racio nal
ni como irracional. Está. además. la pa r te imagina tiva
432 b que si bien se distingue en su esencia de todas las de-
más, se ría muy difícil precisar con cuál de ell as se
ident ifica o no, suponiendo que las part es del a lma se
den sep aradas. Añádase a ést as la parte desiderati va,
que parece distinguirse de todas tanto por su definí -
ción como por su po tencia; sin embargo. sería abs urdo
~ sepa rarla : en efecto. la vol ición se origi na en la parte
racional as i como el apetito y los impulsos se originan
en la irracion al : luego si el al ma está const ituida por
estas tres partes . en cada una de ellas tendrá lugar el
deseo .
Pero volviendo al tema a raíz del cua l surgió esta
digresión, ¿qué es lo que mueve localmente al animal ?
Desde luego los movimient os de desarrollo y envejeci -
miento -puesto que se dan en todos los vivientes-
l O parece que son producidos por una parte del alma pre-
sente en todos ellos, la reproduc tora y nutri tiva. En
cuanto a la inspir ación y la r espiración, el sueño y la
vi gilia, habrá que estudiarlos más a delante 9l ya que todo
ello encier ra múltiples dificultades. Por lo que se re-
fiere a l movimiento local, examinaremos ahora qué
es lo que mueve al animal con movimient o de lo-
comoción .
1.5 Que no se t ra ta de la potencia nutri tiva result a evi-
dente: en efecto, el movimi ent o en cues ti ón tiene
lugar siempre por un fin y va acompañado ya de ima-
ginación, ya de deseo . puest o que un animal que ni
desea algo ni huye de a lgo, no se mueve a no ser vio-
lentamente. Amén de que , en ta l caso, las plantas se-
11 Véanse los tratados correspo ndientes A.cerca de la resp íracíón
y Acerca del sueño.
rían t ambién capaces de movimi ento local y poseer ían
algún órgano para tal movimiento.
Por análogas razone s hay que excl uir también que
sea la potencia sens it iva. Muchos son, efec tivamente.
los an imales que poseen sensación y, sin embargo, per- 20
manecen fij os e inmóviles a 10 largo de toda su vida.
Ahora bien . si la Natura leza no hace nada en vano ni
prescinde de nada necesario --excepto en los an ima-
les imperfectos e incompletos; pero los animales a que
me re fiero son completos y per fectos y prueba de ello
es que se reproducen, maduran y envej ece n- debe- 25
rí an poseer también los órganos corr espondientes a la
locomoción.
El pr incipi o motor, en fin, no es tampoco la facultad
intel ectiva, el denominado int electo. En efecto, el int e-
lecto teórico no tiene por objeto de contemplación nada
que haya de ser lleva do a la prácti ca ni hace formu-
lación alguna acerca de lo que se ha de buscar o rehui r,
mientras que, por el cont ra rio, el movimient o se da
siempre que se busca algo o se huye de algo. Pero es
que ni siquiera cuando contempla algún objeto de este
tipo ordena la búsque da o la huida: por ejemplo, muo 30
chas veces piensa en algo ter ri ble o placentero y, sin
emba rgo, no ordena movimient o alguno de temor --es
el corazón el que se agita o bien a lguna otra pa rte del 433 •
cuerpo si se trata de algo placentero-. Más aún, in-
cluso cuando el intelecto manda y el pensamiento orde-
na que se huya de algo o se busque, no por eso se
produce el movimiento correspondiente, sino que a ve-
ces se actúa siguiendo la pauta del ap et ito, como ocu-
rre. por ejemplo, con los que carecen de autocont rol.
Además y de manera general, vemos que el que posee
la ciencia médica no por eso la ej ercit a: como qu e el 5
principio que ordena obrar conforme a la ciencia es
dist into de la ciencia mi sma. El deseo tampoco basta,
por últ imo, para explicar t al movimien to: prueba de
246
ACERCA DEL AU.lA
1
LIBRO 111 247
ello es que los q ue tienen cont rol de sí mi smos DO reali-
zan aquellas conductas que desean , por más que las
de seen y apetezcan, sino que se dej an guiar por el
intelecto.
CAPfnrLO »ecrao
Que continúa con el mismo tema de la facultad motriz
analizándose en él la facultad desiderativa y el
bien práctico como motor de la misma
En cua lquier caso, éstos son los dos principios que
aparecen como causantes del movimiento: el deseo 9J
10 Y el intel ect o -con t al de que en este caso se consi-
dere a la imaginación como u n ti po de intelección ;
en efecto, a menudo los hombres se dejan lleva r de
sus imaginaciones contraviniendo a la ciencia y. por
ot ra parte, la mayoría de los animal es no tienen ni in.
telecto ni capacidad de cálculo r acional , sino só lo ima-
ginación-. Así pues, uno y otro -es deci r, intelec to
y deseo- son principio del movimiento local; pero se
trata en es te caso del intelecto práctico. es decir. aquel
1.5 que razona con vistas a un fin: es en su finalidad en 10
que se diferencia de l teórico. Todo deseo t iene también
un fin y el obj eto deseado constit uye en sí mismo el
principio del intel ecto práct ico, mien tras qu e la con-
clusión del razonamiento cons t ituye el principio de la
conducta. Con razón, por consiguient e, aparecen como
causantes del mov imiento los dos. el deseo y el pen-
samiento práctico: efecti vamente. el obje to deseable
mueve y ta mb ién mueve el pensamiento precisamente
20 porque su pri nci pio es el objeto desea ble. Y. del mismo
u Respecto de la terminología referente al campo del deseo
apetito, etc; véase la nota n. 28 del capítulo 3 del libro 11. '
modo. la imaginación cuando mueve. no mueve sin
deseo.
El principio motor es , por tanto, úni co: el objeto de-
seable. Y es que si los principios que mueven son dos.
intelecto y desea, se rá que mueven en virtud de una
forma común. Ahora bien. la observación muestra que
el intelecto no mueve sin deseo: la volición es. desde
luego, un tipo de deseo y cuando uno se mueve en viro
tud del razonamiento es que se mueve en virt ud de una
volición. El deseo, por su parte, puede mover contra- 2.5
viniendo al razonamien to ya que el apetito es t ambién
un tipo de deseo. Por lo demás, el intelecto aci erta
siempre , mi entras que el deseo y la imaginación pue-
den acertar o no acerta r. Por consiguiente. lo que cau-
sa el mov imiento es sie mpre el objeto deseable que.
a su vez, es lo bueno o lo que se presenta como bueno.
Pero no cualquier objeto bueno. sino el bi en realizable
a través de la acción. Y el bi en realizable a través de
la acción es el que puede ser de otra manera que como JO
es . Es, pues, evident e que la potencia mot riz del alma
es lo qu e se llama deseo. En cuant o a los que dividen 433 b
el alma en partes -si realmente dividen y sepa ran aten-
diendo a las distintas potencias- las partes ha n de
ser por fuerza muchas: nutri ti va. sensitiva. intelectiva,
delibera ti va y. en fin. desiderativa; todas éstas. desde
luego. difieren entre sí en mayor grado que las panes
apeti tiva y pulsional. Y puesto que se producen de- e
seos mutuamente encont rados -esto sucede cuando la
razón y el apet it o son contrarios ; 10 que, a su vez. ríe-
ne lugar en aquellos se res que poseen pe rcepción del
t iempo: el intelecto manda resisti r ateni éndose al fu-
turo. pero el apetito se at iene a lo inmed iat o; y es que
el placer inmedi ato aparece como placer absoluto y bien
absoluto porque se pierde de vista el futuro- habrá 10
que concluir que si bien el motor es específicamen te
uno, a sab er, la facultad desiderativa en tanto que desi-
248 ACERCA DEL ALMA
-
LIBRO I n
249
dcrativa -y más allá de todo lo demás, el objeto de-
seab le que, en definit iva. mueve sin moverse a l ser
intcligido o Imaginado-e, sin embargo numéricamente
existe una pluralidad de motores.
Con que t re s son los element os que integran el roo-
'vimíento: uno es el motor , otro aquello con que mueve
y el tercero, en fin, lo movido. El motor es, a su vez,
u doble; el que permanece inmóvil y el qu e mueve mo-
viéndos e. Pues bien, el que pe rmanece inmóvil es el
bien realizable a través de la acción, el que mueve
moviéndose es la facultad desiderati va -en efecto. el
qu e desea se mueve en t an to que desea, ya que el
deseo cons tit uye un movimiento 0 , más exac ta mente,
un a cto- y lo movido es el an imal. En cuanto al órga-
no con que mueve el deseo, se t r at a ya de algo carpo-
20 r al y, por tanto, habrá de es tudiarse j untamente con
las funciones que son comunes al cuerpo y al alma.
Por el momento y en resumen digamos que un motor
que produce el movimiento a tra vés de órganos se en-
cuent ra allf donde coinci den el principi o y el fin del
movimiento como es el caso de una articulación: en
ella están lo cóncavo y lo convexo, principio y fi n del
movimi ento respecti vamente ; y por eso lo uno est á en
reposo mientras que lo otro se mueve, siendo distintos
2.5 en cuanto a su definición pero inseparables en cua nto a
la magnit ud. Y es qu e todo se mueve o por impulsi ón
o por t racción. Y de ah í que --como ocurre con el
círculo- hay algo que permanece inmóvil y a part ir . de
lo cual se origina el mov imi ento.
Así pues, y en té r mino s genera les, el animal -como
queda dicho- es ca paz de moverse a sí mi smo en la
medida en que es capaz de desea r. Por su parte, la fa-
cultad de desear no se da a no se r que haya imagina-
ción. y toda imaginación, a su vez, es racional o sensí-
30 bl e. De esta última , en fi n, parti ci pan también el resto
de los ani males.
CAPíTULO UNDÉCI MO
Acerca de la relación existente ent re la facul tad motriz
y otras a ella vin cul adas
En relación con los animales imperfectos -es decir,
aquellos que poseen únicament e el sentido del tact o- 434 a
queda aún por examinar cuál es el elem.ento. y
si es posible o no que se den en ellos imaginación y
apet ito. La observación mues tra, desde luego, que en
ellos hay dolor y placer; ahora bien, de haber éstos ha
de haber además y necesariamente apetito. En cuanto
a la imaginación, ¿en qué medida cabe que exi sta en
ellos?, ¿no será qu e, así como sus movimientos son in-
definidos, ta mb ién 'aquélla exis te en ellos pero de modo .5
indefinido?
Como acaba mos de deci r 94, la imaginación sens it iva
se da tamb ién en los animales ir r acionales, mientras
que la deli berativa se da únicament e en los racionales :
en efecto si ha de hacerse es to o lo otro es el resultado
de un cálculo racional ; y por fuer za ha de utilizarse
siempre una sola medida ya que se persigue lo mejor .
De donde resulta que los seres de t al naturaleza han
de ser capaces de for mar una sola imagen a partir de
muchas. y la razón por la cual a fi rmábamos 95 la 10
imagi nación no implica de por sí opinión es ésta:
no implica la opinión que resulta de un .
nal; per o, a la inversa , la opinión sí que lmagl:
nación. De ahi que el deseo como tal no ti ene por
implicar una activida d deliberativa ; an tes al contrario.
a veces se impone a la deliberación y la arrastra; otras
.. Véase al final del capítulo ant erior, 433b29.
.. Véase supra, c. 3, 428a18-b W.
CAPí TULO D U O D ~ C I M O
De cómo la Naturaleza ha dist ribuido sabiament e las
dis tintas facultades an ímicas entre los distintos
t ipos de vi vientes siempre de acuerdo con
los fines y las necesidades de éstos
Todo ser que vive y posee alma ha de poseer neceo
sariamente alma nutritiva desde que es engendrado has-
ta que muere. Y es que un ser producido por genera·
2.5 ción ti ene necesari amente des arrollo, madurez y enve-
jeci miento y es impos ible que todo es to suceda si no
251 LI BRO I II
hay a limentación. Luego la potenci a nut rmva ha de
da rse necesariamente en cuantos seres se engend ran y
envejecen. La sens ación, sin embargo, no es necesario
que se dé en todos los vivientes: en efe cto, no pueden
poseer el sentido del tac to -sin el cual no es posible
que ha ya animal- ni aquellos cuyo cuerpo es simple
ni aquellos que son incapaces de reci bi r las formas J O
sin materia. En cuanto al animal, éste sí que ha de
poseer necesa r iamente sensación dado que la Natura-
leza nada hace en vano. Todos los seres naturales , des-
de luego , o son seres ordenados a un fin o son acon-
te cimi entos vinculados a seres ordenado s a un fin .
Ahora bien, todo cuerpo dot ado de capacidad de des-
plazamiento y, sin embargo, carente de sensación pere-
cen a sin conseguir su finalidad y és ta cons t ituye la 434 b
obra de la Naturaleza: pues ¿cómo podría nutri rse en
tal supuesto? Es cier to que los vivientes estacionarios
cuentan con el ali mento a llí donde na turalmente se en-
cuentran; pero no es posible que un cuerpo tenga alma
e intelecto capaz de discernir y no tenga , sin embargo,
sensación suponiendo que no sea es tacionar io y sea, ade-
más, engendrado (no así si es ínengendradc ): en efecto, s
¿por qué habí a de ca recer de sensación? Qui zás porque
serí a mej or para el alma o para el cuer po . Per o de
hecho no ocurriría ni lo uno ni lo otro: ni aquélla in-
tel egiría mejor ni éste tendrí a una existencia mejor ca-
reci endo de sens ación lit. Así pues, ningún cuerpo no
JO 434b2-8: es un párrafo de interpretación dudosa ante el Que
no existe unanimidad entre los distintos t raductore s e intér-
pre tes. Ni siquiera los manuscritos coinciden en un punto im-
portante: mientras al gunos presentan la lect ura (1. S):diO. ti g.u
hb. ei , en otros esta frase aparece como negat iva: diii tE giJr
ouk héxei (l ectura ésta adoptada por nosot ros). La interpreta-
ción que ofrecemos - t al como puede apreciars e a t ravés de la
traducci ón pres entada- es la siguiente: el contexto en que el
pá rrafo se encuentra situado es el. de un conj unto de argumen-
taciones de carácter teleológico encami nadas a demost rar en ge-
ACERCA DEL ALMA 250
veces, sin embargo. ésta se impone y arrastra a aquél
romo una es fera a otra es fera; por último, a veces
-cuando t iene lugar la intemperancia-e- un deseo se
impone a otro deseo y lo ar rast ra - los dictados de la
t ~ Naturaleza , sin embargo, son que el principio supe rior
sea el más fuerte y el llamado a originar el movimien-
to-o Asf pues, el a ni mal está somet ido a tres tipos de
movimiento.
En .cu anto a la facultad intelec tual. no produce mo-
vimient o algun o. sino que se queda det enida (en el mo-
mento anter ior al mi smo) . Una cosa es, en efec to, un
juicio o enunciado de carácter universal y otra cosa
es uno acerca de algo en particular -el primero enun-
cia que un individuo de tal tipo ha de realizar tal clase
de conducta, mi entras que el segundo enuncia que tal
individuo de tal clase ha de realizar es ta conducta con-
creta de ahora y que yo soy un individuo de tal clase- o
20 Esta última opini ón sí prod uce un movi miento pero no
la de carácter universal ; o quizás la s dos, pero perma-
neciendo aquélla en reposo y ést a no.
252 ACERCA DEL ALMA
LIBRO III 253
I
1
!
estacionar io posee alma si n poseer t ambi én sens ación.
Pero si el cuerpo posee sensación, necesariamente
10 será o simple o compuesto. Y no es posible que sea
simple, ya que en t al ca so carecer ta del sent ido del
tact o, sentido que ne cesariamente ha de poseer. Esto
últ imo se pone de mani fiesto de la manera siguiente.
Puest o que el ani mal es un cuerpo animado y todo
cuerpo es tangi ble y tangible es, a su vez, lo que puede
ser percibido por el tacto, necesa riamente el cuerpo
del anima l ha de posee r a su vez el sent ido del tacto
si es qu e el a ni mal ha de esta r en condiciones de sobre-
1.5 vivir. Las restan tes sensaciones, en efecto. se perciben a
t ravés de un medio distinto del cuerpo: así, por ejem-
plo, el olfa to, la vis ta y el oído; per o al entrar en
contacto directo con las cosas, si no tuviera el sentido
neral que un viviente no estaci onario ha de est ar dotad o de co-
nocimiento sensible (434aJO.b2). Ari stót eles lo ha demostrado
ha ciendo ver la finalid ad a que este conoci mient o sensi ble sir ve
en el caso de los vivientes no esjecícnartcs. El pár ra fo que nos
ocupa presenta una doble variación respecto del ant eri or: a l la
demostracíon en est e caso es indirecta , por reducción al absur-
do; se trata de hacer ver -además y sobre lo anteri orme nte
establecido- que no es posible asigna r finalidad alguna a la ca-
rencia de conocimiento sensible por parte del viviente no esta-
cionario: b) la argumentación se refiere no ya al viviente est e-
cionario carente de intelecto (L e., el animal irracional ) que in-
dudablemenle marina si careciera de sensación, sino al viviente
no estacionario dot ado de intelecto: ¿podría darse un viviente no
est acionario dotado de intelecto y carente de sensibilidad ? La
cuestión es, a buen seguro, dialéctica y prueba de ello es el
carácter parentét ico de las pal abras al lá msn oudé agénnéton,
..no así si es ínen ge nd rado»: palabras ést as int roducidas segura-
mente por una mano deseosa de compaginar la doct rina aris-
totélica de los cuerpos celestes con 10 aquf afi rmado, a saber,
que no existe ningún viviente capaz de des plazarse que posea
intelect o y no sensación: y es que esta afirmación es irrele-
vante y ociosa si se refiere a las vivient es t errestres mientras
que resul ta cont raria al pensamient o de Ari st óteles si se refiere
a todo viviente , incluidos los cuerpos celest es.
cor respondiente, no podría ni evit ar ci er tas cosas ni apo-
derarse de otras. Y, de ser así, le serí a imposible al
animal sobrevivir. Esta es la razón por la cua l el gusto
viene a ser una cIase de tacto: es que su objeto es el
alimento y el a limento es el cuerpo tangible. Por el
contrario, el sonido, el color y el olor ni ali mentan ni 20
son causa de desarroll o o de envejeci miento: De donde
resulta que el gusto ha de ser necesariamente una ci erta
clase de tacto, preci samente por ser el se ntido de lo
lo que es tangibl e y nut riti vo. Ambos se ntidos son, pues,
necesar ios al ani ma l y es evide nte que si n el tacto el aní-
mal no podría exis ti r.
Los demás sentidos, por el contrar io, tienen como
finalidad el proporcionar una exist encia mejor y han de
darse nec esariamente no en cualquier género de an ima- 2 5
les, sino en algunos: t al es el caso del animal capaz de
desplaza rse ; en efec to, para sobrevivir no basta con
que perciba cuanto está en cont acto inmediato con los
objetos, sino que necesita percibir t ambién a di stan-
cia. Lo que, por su parte, será po sibl e si es capaz de
percibir a través de un medio de modo que és te re-
sulte infl uido y pues to en movimiento por lo sensible
y el animal, a su vez, por él. Ocur re como con el movi- 30
miento local: el motor produce un cambio hast a cier to
punto, el impulso ac túa sobre otra cosa haciendo que
ésta a su vez produzca un impulso y el movimiento
tiene lu gar a través de un medio transmisor ; de este
modo el motor pr imer o impulsa sin se r impulsado, el
último es sólo impulsado pero no impulsa y el medio
t rasmisor desempeña a mbas fu nciones - los interme- 43S a
diar ios son, po r lo demás, m úl tiples-c. Otro tan to ocu-
r re en el caso de la alteración, excepto que la acci ón
de alt erar puede ejercerse sobre a lgo sin que esto ca m-
bie de luga r : por ejemplo, si se t rata de impr imi r sobre
cera, és ta resulta afectada por el movimiento ha sta
donde llega la impresión; una piedra, por el contrario,
" Véase en el cap. ant erior, 434bJ6-24.
CAPITULO DECI MOTERCERO
En que bas ándose en el funcionamiento de los órgatlOs
sensoriales se pon e de manifiesto có mo el cuerpo del
ani mal ha de ser necesariamente compuesto y una
vez más, para concluir, se ofrece una explica-
ción te íeal ágica de los disti nt os sent idos
no resultaría afectada en absol uto mi ent ras que el
agua lo sería hast a una profundidad mayor; el aire,
:1 en fin, es móvil , activo y pasivo en grado sumo, siem-
pre que permanezca y se mant enga compacto. De ahí
qu e en relación con la refl exión de la luz sea preferible
suponer, no que la visión proc edente del ojo se refleja,
sino que el aire es a fectado por la figura y el color
mi entras se mantenga compacto. Ahora bien. sobre. una
superficie lisa se mantiene compacto y de ahí que él
mi smo mueva, a su vez, la vista como si la señal im-
I O presa en la cera at ravesara a ésta hasta su extremo
opuesto.
I
!I
I
1
1
255 UBRO JII
sor iales perciben también por con tacto, pero es a tra-
vés de al go dist into de ellos mi smos; solamente el
tacto par ece percibir por sí. De donde resulta que nln- 20
guno de tal es elementos podría constituir el cuerpo
del animal. Tampoco puede ser éste excl usivamente de
ti erra. En efecto, el tacto es como el t érmino medio
adecuado respecto de las cualidades tangibles y el ór-
ga no sensorial es capaz de perci bir no sól o las diferen-
cias propi as de la tierra, sino t ambi én lo ca liente y lo
frío y todas las demás cuali dades tangibles. Y si no
percibimos ni con los huesos ni con los cabellos ni 2.5
con otras partes similares es precisa mente porque son
de ti erra. Y si las plantas no poseen sentido alguno es 435 b
preci samente porque son de tierra. De no haber ta cto
no es posible que haya ningún otro sentido: ahora bien,
el ór gano de aquél no es exclusivamente ni de tier ra ni
de ningún otro elemento.
Así pues, sólo en caso de estar pr ivados de este sen-
tido perecen ineludi blemente los animales. Est o es eví- .5
dente ya que ni es posible poseer tal senti do sin ser
a nimal , ni para ser animal es necesario poseer ningún
otro ad emás de él. Y esta es precisamente la razón de
que las restantes cualidade s sens ibles - por ejemplo,
el color, el sonido y el olor- no destruyan con sus
excesos al an imal, sino que solamente de st r uyen los
órganos sensor iales correspondi entes -de suceder 10
contrari o serí a accidentalmente: por ejemplo, si jun- 10
ta men te con el soni do se produce un impul so o un
choque; también si ba jo la acción de lo percibido por
la vista o del ol or se ponen en movimiento otros agen-
tes cuyo contacto sea dest rucüvoc-. El sabor, po r su
pa rte, puede destruir al animal sólo en tanto en cuan-
to que resulta ser a la vez tangible. Por el contrario,
el exceso en las cualidades tangibl es - po r ej emplo, ca-
lor, frí o o dureza- eliminan a l a nimal: y es que el IS
exceso en cualquier cualidad sensible elimi na el órgano
ACERCA DEL AUJA 254
Es manifiesta la imposib ilidad de que el cuerpo del
an imal sea simple : me refiero a que sea de fuego o de
aire, por ejemplo. En efecto, si no se t iene tacto es
imposible tener ningún otro sent ido , ya que lodo cuer-
po animado es cap az de percibir por conta cto, como
l' más arriba se dij o n. El resto de los elementos , excepto
la tierra, puede cons tit uir órganos sens oriales, pero es
que todos ellos producen la sensación a t ravés de un
medio, ya qu e perciben a t ravés de ot ro cuerpo; el
tacto, por el contrario, consi ste en entrar en contacto
con los objetos mi smos y de ahí precisamente que ten.
ga tal nombre. Por supuesto que los otros órganos sen-
256 ACERCA DEL ALMA
sensorial correspondíente: por tanto, el exceso en lo
tangible elimina el tacto ; ahora bien, por és te se define
el vivir ya que, como quedó demostrado, sin tact o no
puede haber animal. luego el exceso en las cualidades
tangibles , no sólo des truye el órgano sensorial, sino tam-
bién al animal, precisamente porque éste es el único
sentido que necesariament e han de poseer los animales.
20 Los demás sent idos -como ya se ha dicho 98_ los
posee el animal, no simplemente con el fin de que pue-
da subsistir. sino para que goce de una existencia me-
jor : por ej emplo, la vista para ver ya que vive en el
aire o en el agua o - hablando en general- en un me-
dio transparente; el gust o en función del placer y el
dol or para que , perci biéndolos en el al imento, apet ezca
y se mueva; el oído para capta r señales dirigidas a él
2 ~ Y la lengua, en fin, pa ra emitir señales dirigidas a
otros.
• Véase en el cap. anterior, 434b24.
14. - 17
Í N DI CE S
I
1NDICE DE NOMBRES PROPIOS
Afrodita, 1, 406b19.
Alcmeón, 1, 4OSa29.
Anaxágora s, 1, 404a25, bl ; 40Sa
J3, b2O; I1I , 429a19, b24.
Aqueloo (rio), 11, 420b12.
"Cleén, IIJ, 42Sa2S, 26, 27; 4lOb5.
Crujas, 1, 4OSbó.
Dédalo, J, 406b18.
Dem6cr ito, 1, 403b32; 404a27;
405a8; 406b17, 20; 409a12; b l ,
b8; 11, 419a15.
Dier es, 11, 418a21.
Diógenes, 1, 405811.
Ernpédocles , I. 404b l l; 408a19;
410aJ, 28, b5; 11, 415b28; 418b
20; 111, 427812; 430328.
Filipo Icomedi égrafo), 1, 406bI1.
Héctor, 1, 404c3O.
Heráclito, 1, 4OSa2S.
Hipén, 1, 405b2.
Homero, 1, 404a29; 111, 427816.
Leucípo, 1, 404a5.
Pit agóricos (los), I. 404a17.
Plató n, 1, 404b16.
Tales, J, 405a19; 411a8.
• Nombre uli lizado a menudo romo eje mplo por Ari slól eles rara s ~ ·
nifica r Un individuo cua lquiera.
rNDICE GENERAL
Págs.
I NTRODUCCi ÓN GENERAL •. ••• • •• • ••. •.•••••••• " •. • 7
t. Vida y época 7
2. Obra s . . . . . . .. . 12
3. Génesis y estructura del pensamiento aris-
totéli co ... . .. ... ... . . . .. . •. . 23
4. La filosofía de Ari stóteles .. . 37
S. Difusión e influenci a de la filosofía aristo-
téli ca ... . .. ... ... . .. . . . .. . . .. .. . 69
6. Bibliografía general de Ari st óteles 80
ACERCA DEL ALMA 9S
1ntroducción 97
La concepción del alma en el tratado Acerca del
alma. fIl. _ Contenido, auten ticidad y época de
composición del trat ado, 120. - La t ransmisión
del texto, 124. - El texto de nuestra versi ón, 127.
Bibliografía ... ...... ... ...... ......... ......... 129
., Libro I .. ' ' 131
Capitulo J. 13l. - Capitulo 11, 137. - Capitulo
III, 144.
262 ACERCA DEL ALMA
Págs.
>( Libr o 11 o • • o • • o • ••• • • • • o •• o •• o •• o ••••• o •• o . . 167
Capítulo 1, 167. - Capilulo H, 110. - Capítulo
111, 175. - Capitulo IV, 178. - Capit ulo V. 185. -
Capit ulo VI, 189. - Capít ulo VII , 190. - Capítulo
VII I, 194. - Capi tul o IX, 200. - Capítul o X, 2'03.-
Capilulo XI , 206. - Capí tu lo XII , 211.
Libro IJI o •• O"' o. ' O " ••• o •• o .
Capitulo 1, 213. - Capítulo JI , 217. - Capítulo
111, 222. - Capit ulo IV, 230. - Capítu lo V, 234.-
Capit ulo VI. 235. - Capit ulo VII , 238. - Capitulo
VIII , 241. - Capit ulo IX, 243. - Capítulo X, 246. -
Capítulo XI , 249. - Capít ulo XII , 250. _ Capítulo
XIII, 254.
213

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