La creación de una comunidad nueva Jesús dirige su mensaje del reino de Dios no a cada individuo, de manera aislada y separada

, sino a todo el pueblo. Las exhortaciones de Jesús están siempre en plural, no en singular. La buena noticia del reino de Dios es algo que concierne a toda una comunidad. Jesús no habla simplemente a la intimidad de cada persona, sino a una comunidad que él intenta movilizar y poner en marcha. Es cierto que la llamada de Jesús está pidiendo una respuesta personal de cada uno. Nadie recibe el reino por otro. Cada uno estamos llamados a una decisión personal, insustituible e intransferible. Pero la llamada de Jesús es a entrar en la comunidad humana en que puede reinar Dios. Todo individualismo queda excluido. No se trata de salvar nuestra alma alcanzando así el reino de Dios, ni siquiera de desarrollar plenamente nuestra personalidad o vivir en plena armonía con nuestro destino individual. Naturalmente, la conversión al reino de Dios conduce al hombre a su liberación, su realización personal y su armonía. Pero la llamada de Jesús es a entrar en el reino de Dios, a realizar el reino de Dios en medio de nosotros, el reino del Padre que solamente reina en cuanto crea solidaridad, fraternidad, comunidad. No se ha entendido bien el mensaje de Jesús cuando la preocupación última del cristiano es la salvación de su propia alma, o la realización de su propio destino. Este individualismo deforma el mensaje de Jesús y falsea la realidad del reino de Dios. Por otra parte, resulta bastante cómodo, pues permite vivir la fe cristiana relativamente despreocupado de los otros, sin tener por ello mala conciencia. Incluso, por motivos religiosos y evangélicos (?) se puede vivir eludiendo todas las cuestiones e interrogantes que plantea la injusticia estructural de nuestra sociedad. No hemos entendido todavía el mensaje del reino, si vivimos ignorando tranquilamente nuestra responsabilidad en la sociedad actual y si el evangelio no nos está llevando prácticamente a hacer una opción por un tipo de sociedad diferente. Si yo no vivo creando fraternidad, promoviendo un estilo nuevo de solidaridad, compartiendo mi vida con los hombres de hoy, ¿cómo puedo decir que he entrado en la dinámica del reino del Padre?

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