Daniel Medvedov

!Ea, Bruno! !Ea, Giordano! Te recuerdo, ¡Oh, Santo de la Memoria!

Madrid 2009

He puesto esta ilustración para sugerir que los sujetos que han participado a la quema de Bruno en la hoguera eran de otra raza, no eran animales, ni pertenecían a la categoría de los Caballeros de la Mano al Pecho de El Greco. Giordano Bruno ha escrito tanto sobre la memoria que merecería ser recordado a menudo, durante siglos, durante milenios, tanto él como todos los mártires… Eso es memoria, caro amigo, recordarte siempre y admirar tu dignidad que alcanza los infinitos mundos. Para mi, Giordano Bruno es el Santo del Internet, no sé quien fue elegido por fin para tal oficio, grato, y a la vez, ingrato.

Giordano Bruno Tengo un hermano menor, llamado Cornel, que ha nacido el 17 de Febrero, el mismo día, y en la misma hora del martirio de Bruno, pero 454 años después. Cada vez que miro su cara me recuerdo de Giordano Bruno. Al menos por eso merece estar en este escrito.

Cornel Medvedov

“ Maiori forsan cum timore sententiam in me fertis quam ego accipiam ”
“Tal vez su miedo en juzgarme de tal modo es mayor que el mío al recibir el veredicto”

GIORDANO BRUNO

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Las palabras latinas del mártir Giordano Bruno y su firme e irrevocable decisión de negarse a abjurar, afirmando la corrección de su filosofía, interpretada de modo torcido y miserable por el tribunal eclesiástico y de la cual estaba dispuesto a dar razones: “Fra Giordano [...] dixit quod non debet nec vult rescipiscere, et non habet quid rescipiscat nec habet materiam rescipiscendi, et nescit, super quo debet rescipisci...” ( Declaración del 21 de diciembre; Cfr. Spampanato V.,
Documenti della vita di Giordano Bruno, Florencia, 1933, pag.183)

Me honra traducir sus palabras: “ Fra Giordano […] dijo que no debe, ni quiere abjurar o retractarse, que no tiene de qué abjurar, o retractarse, ni tiene materia alguna por la cual abjurar, o de la cual retractarse, y no sabe sobre qué debe abjurar o retractarse” Ante esta actitud de afirmación de la libertad de pensamiento y autonomía de la especulación filosófica, el Tribunal declaró a Bruno “hereje impenitente, pertinaz y obstinado”, lo expulsó de la Iglesia ( “ti scacciamo dal foro nostro ecclesiastico e dalla nostra santa inmaculata Chiesa, della cui misericordia ti sei reso indegno”), condenó todos sus libros a ser quemados públicamente en la plaza de San Pedro y a figurar en el Índice de libros prohibidos ( al lado de Arnaldo de Vilanova), y entregó al filósofo al brazo secular para ser ejecutado públicamente.

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Sin embargo la actitud de firme mantenimiento de la propia filosofía, finalmente adoptada por Bruno permaneció conscientemente digna e imperturbable, hasta el final. No mucho después de pronunciar estas palabras, Bruno fue llevado al Campo dei Fiori, con la lengua en una sucia trampa y fue quemado vivo. ¡Miserables asesinos! Si a la lectura de la sentencia respondió con sus célebres palabras “ Maiori forsan cum timore sententiam in me fertis quam ego accipiam ” -, en el momento de la ejecución expresó con un gesto elocuente su vocación filosófica y el último sentido de su pensamiento: “. . . hodie igitur ad rogum sive piram deductus, cum Salvatoris crucifixi imago ei iam morituro ostenderetur, torvo eam vultu aspernatus reiecit “
( Vid. el relato de C. Schoppius en la famosa carta del 17 de febrero de 1600, recogida en Spampanato: Documenti, pp.198-204)

No voy a dejar sin comentarios este hecho, aunque quisiera callar, no hablar, pues no podemos saltar, muy a pesar nuestro, por encima de la obligación de comentar esta barbaridad intelectual. Desde la visión teológica de la Iglesia Católica, (dicen ellos) - el respeto de la persona y la investigación científica, los experimentos científicos, médicos o psicológicos, en personas o grupos humanos, contribuyen o pueden contribuir a la curación de los enfermos y al progreso de la salud pública.
(Cfr. entrada 2292, Catecismo de la Iglesia Católica, Edic. Trípode, Caracas, 1993)

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Según estas palabras, la actividad de Giordano Bruno puede representar, hoy día, no solamente un motivo de rehabilitación, lo que nada vale, sino de consideración retroactiva, similar al caso de Galileo. Muchos cardenales se oponían a la actitud que el Papa Juan Pablo II adoptaba, in motu propio, frente a estos hechos de triste memoria. En el mismo catecismo, (entrada 2298), el texto describe con sumo detalle la actitud que debe adoptar la Iglesia frente a tales ocurrencias: En tiempos pasados, se recurrió de modo ordinario a prácticas crueles por parte de las autoridades legítimas para mantener la ley y el orden, con frecuencia sin protesta de los pastores de la Iglesia, que incluso adoptaron, en sus propios tribunales las prescripciones del derecho romano sobre la tortura. Junto a estos hechos lamentables, la Iglesia ha enseñado siempre el deber de clemencia y misericordia; prohibió a los clérigos derramar sangre. En tiempos recientes se ha hecho evidente que estas prácticas crueles no eran, ni necesarias para el orden público, ni conformes a los derechos legítimos de la persona humana. Al contrario, estas prácticas conducen a las peores degradaciones. Es preciso esforzarse por su abolición, y orar por las víctimas y sus verdugos. Nunca es tarde reconocer los errores, pero para Bruno es tarde. En términos de teología dogmática, en la victoria de Cristo sobre la muerte va incluida la universalidad de la resurrección.
(Cfr. Ott, Ludwig, Manual de Teología dogmática, pag. 717, Edit. Herder, Barcelona, 1962).

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La ley espiritual es generosa: Los cuerpos de los impíos resucitarán (¡también!) en incorruptibilidad e inmortalidad, pero no serán glorificados... (ibid. pag. 720) Sentencia cierta , agrega el texto. Si la muerte es para San Pablo un incidente, una mera transición de este cuerpo carnal hacia el estar con el Señor,
(Cfr. Emerson F.,H., A Guide to understanding the Bible, pag. 297, Harper & Brothers, New York, 1938),

la pena de muerte es un verdadero accidente, una ocurrencia que transgrede las leyes humanas y divinas y por ello es obvio que no tiene lugar en los códigos y en las leyes formuladas por los mismos humanos. Morir era para los pueblos antiguos un ir hacia el occidente y tal como el sol hace este viaje de manera fluida y natural, desde un lado al otro del cielo, asimismo el ser humano debería seguir su ruta, sin ser interrumpido y apagado por una decisión impropia y literalmente anacrónica. * El tema de la tortura es el siguiente punto más importante en el mapa de los estudios éticos para una educación integral del joven marginado. ¿Quién está suficientemente preparado para siquiera asomarse a este mundo oscuro y tan poco lleno de aliento? Emprendemos este viaje con la convicción de que algún día muy cercano, la humanidad pueda olvidar la existencia de la tortura. *

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Decía Andrés Maurois (L’Instinct du bonheur, XXIII.) que la mayoría de nuestros dolores, los morales, naturalmente, proceden de que tenemos palabras para describirlos. . . Les damos cuerpo, e incluso un cuerpo que no es el suyo, porque las palabras de todo el mundo no corresponden nunca a nuestros sufrimientos, que son una especie siempre nueva y distinta. Pasaba yo una vez al lado de un parque, en Madrid, y de repente, arrimada a un árbol, una mujer lloraba diciendo en voz baja: . . . Nadie sabe mi dolor. . . Nadie sabe mi dolor. . . Era cierto . . . En el marco del DOLORISMO, teoría que afirma la superioridad innegable del enfermo sobre el sano, en cuanto a la riqueza del fuero interno y a las enseñanzas a sacar de él sobre el problema primordial de las relaciones entre lo físico y lo moral, se podría escribir un libro entero. Esta sola expresión es digna del más atento examen.
(Cfr. Teppe, J. , Apologie sur l’anormal ou Manifestye du Dolorisme, 26, 1a. de., 1935, Paris)

La tortura no es más que un caso particular de la teoría del dolor. Otros casos particulares como el sadismo y el masoquismo no tienen más que un valor folclórico y pasajero en la grave línea del infligir dolor a través de la tortura. La tortura establece la existencia inexorable de la ecuación TORTURADOR - TORTURADO.

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El esquema y sus términos constituyen la matriz de complejos grafos de conexión entre uno y el otro de los involucrados en ese binomio de triste memoria. Para comprender a fondo el problema de la tortura, habría que penetrar hondamente en el núcleo del dolor. La consideración del dolor a través de los tiempos El dolor y la tortura son tan antiguos como la humanidad. Los testimonios primitivos se refieren al dolor y a las formas de aliviarlo. En el Génesis se afirma que el hombre padece dolor por culpa de su caída. Los mitos antiguos hablan del dolor de los dioses: el dios del Sol soportó las enfermedades dolorosas de la ancianidad; Isis tuvo una inflamación cardiaca; Horus fue picado por un escorpión y tuvo una dolorosa afección ocular; Dionisio y Esculapio no pudieron nacer de modo natural, sino mediante una primitiva cesárea practicada estando sus madres conscientes. Pero el dolor proviene del bien, según Platón (Timaeus, 69) Este es la ventaja de tu dolor - dice Platón en Gorgias que vas a sanar. . .
(Gorgias, 478)

Pero no valen las palabras al pensar en el dolor de Giordano Bruno, antes y durante el suplicio. No sé cómo describir lo que le pasaba por su cabeza en aquel momento. Giordano Bruno no tenía nada que sanar. Tampoco se puede decir que este hecho miserable estaba escrito, pues seria como decir que la crucifixión de Jesús fue su karma.
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Entonces, lectores amigos, me callo y guardo un momento de sereno silencio, ,

silencio.

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