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Cosmovisión Aymara Felipe Casanova Rojas

El culto de la cultura Aymara descansaba entorno a tres divinidades que, juntas, simbolizaban el “mundo de acá” o Acapacha: El Mallku, la Pachamama y el Amaru. Los tres tienen una directa relación con el medio que rodea a la gente aymara, desarrollando un profundo respecto por lo natural. El Mallku es el espíritu de las montañas que circunda sus pueblos. Cada uno de ellos tiene cerros a los cuales les adjudican cualidades, como protección o como castigo. Estos representan las fuentes de la vida, pues en sus cumbres nevadas, durante el deshielo, cae el agua que fecunda el territorio. El Mallku se representa en el cóndor, por su majestuosidad y es sumamente respetado. Cada mes de enero se le realiza un culto en la falda del cerro, conociéndose la celebración como “Día del Compadre”. Así el Mallku es sumamente importante no solo como cumbre geográfica, sino por representar una cima jerárquica. La Pachamama es la madre tierra, cuyo culto se realiza en la zona altiplánica, no ya en las montañas. La Pachamama conlleva bondad, indiferencia o castigo. Los animales que la simbolizan son el puma, el lagarto o el sapo, siendo los cultos enfocados en obtener o mantener la abundancia de la vida, el agua, etc, así como la fertilidad y prosperidad del ganado. Comúnmente esta “deidad” es asociada a la madre tierra o incluso a la figura de la Virgen María, pero estrictamente hablando se centra en la fertilidad exuberante, los alimentos y la protección. “Ella” brinda a la sociedad aymara el fruto de sus esfuerzos y estos, a cambio le ofrecen “pagos! En libaciones en el ciclo agrícola vital, en épocas determinadas del año. Amaru, por su parte, se relaciona con el agua que corre por los ríos y vertientes que hacen posible la el paisaje agradable y producible, siendo el pez y la serpiente los animales que lo simbolizan y su fiesta, en agosto, se realiza con una limpieza de los canales que riegan los campos. Estas tres deidades representan las más antiguas celebraciones que los aymaras de la actualidad realizan, donde el jefe de la familia, siendo más antiguo y sostenedor de la tradición, oficia de celebrante. Con ello se advierte que los aymaras perciben su medio, su espacio, diferenciándolos en niveles que se complementan, como lo son las altas cumbres, la cordillera de pastoreo y agricultura y los valles y quebradas de la precordillera. Teniendo siempre una mirada espiritual como objeto principal en el Oriente, donde se genera vida y nacen las aguas. En tanto, hacia Occidente, las aguas mueren, teniendo un significado contario al Oriente, además es donde marchó Wiracocha cuando ya había creado la vida. Por último Acapacha es el mundo que se agota a sí mismo. No existiendo la idea de un edén o paraíso final. Su gran riqueza espiritual se plasma en la amplia visión que tuvieron de su espacio, espiritualizando lo esencial, que les permitió su subsistencia.

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