Revista del Hospital J. M.

 Ramos Mejía 
Edición Electrónica ‐ Volumen XV ‐ Nº 2 – 2012 
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LA MEDICINA EN EL ANTIGUO EGIPTO
Gonzalo Javier Demarchi (MAAC)
Médico de planta, Servicio de Cirugía General División “B”. Htal Ramos Mejía.

La civilización del Antiguo Egipto, el Kemet (tierra negra) para sus originarios habitantes, que así
la llamaban a causa del fértil limo negro que se depositaba a orillas del Nilo cuando bajaban las aguas
luego de la estación de las inundaciones, fue la cuna y espejo de dos grandes pueblos de la antigüedad,
Grecia y Roma. Si bien la arquitectura, las matemáticas, la astronomía y las artes en general son los legados
más ostensibles y llamativos a simple vista, la medicina y el cuidado de la salud fueron grandes
preocupaciones de la civilización más longeva de la historia de la humanidad. Durante sus más de 3000
años de historia, ciencia y magia se fundieron y evolucionaron bajo la figura del médico (Sunu) egipcio
(Fig.1)
(swnw)
Fig.1 Jeroglíficos con los que se identificaba al médico
Hay hallazgos y descripciones de enfermedades desde la prehistoria misma del Antiguo Egipto.
El primer médico-dentista del que se tiene conocimiento es Hesy-Ra, quien vivió entre el 2700 y 2600 ac
aproximadamente, durante la dinastía III y fue un alto dignatario del Imperio Antiguo (Jefe de dentistas y
médicos). (Fig.2)

Fig.2 Hesy-Ra. Panel de Madera procedente de su tumba. Museo Egipcio, El Cairo.
Pero la figura que se encuadra como padre de la medicina egipcia es la de Imhotep (Fig.3).
Quizás a primera vista su nombre no nos diga mucho (salvo por haber sido utilizado por Hollywood para
personificar a “La Momia”). Este gran sabio de la antigüedad fue visir, arquitecto, sacerdote, escriba y
médico del rey Dyeser (Zoser) que reinó entre 2663 y 2644 a.C. (Dinastía III). Imhotep fue el artífice del
primer monumento en piedra y de las primeras columnas levantadas por el hombre, el complejo funerario
y la pirámide escalonada del rey Dyeser en la necrópolis de Saqqara. Gozó de gran respeto y veneración a
lo largo de la historia egipcia pero no fue hasta una de las últimas etapas de esta civilización, el Período
Tardío (Dinastía XXVI llamada Saíta, 664-525 a.C.), que fue deificado y erigido como dios de la medicina.
Se decía de él que sus conocimientos eran tan vastos que era el mediador entre los hombres y los dioses.
Más tarde, los griegos lo asimilaron, como a tantos otros dioses, con el nombre de Asclepios que a su vez
derivó en el Esculapio de los romanos. La figura helenizada de Imhotep puede verse sentada con su
báculo y la serpiente que le enseñó las dotes curativas de las plantas y el arte de resucitar (que le costó la
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muerte a Asclepios a manos de Zeus) en escudos y emblemas de un sinnúmero de sociedades y
publicaciones médicas alrededor de todo el mundo.

Fig.3 Imhotep. Estatuilla de Bronce. Museo del Louvre, Paris.
Los conocimientos y práctica de la medicina se pueden apreciar en representaciones de templos
como el de Kom Ombo, de la Dinastía Ptolemaica, dedicado a los dioses Sobek y Haroeris (forma del dios
Horus) en el que destaca el bajorrelieve del muro exterior que muestra una gran variedad de instrumental
quirúrgico (Fig.4). En un relieve de la tumba de Ankhmahor, Visir de Teti (Dinastía VI ,2345 a.c) de la
necrópolis de Saqqara, se ven los pasos de la circuncisión y las actitudes del cirujano, su ayudante y el
paciente (Fig.5 y 6). Se sabe que era un procedimiento que se realizaba en la adolescencia y perseguía fines
religiosos e higiénicos. Largas jornadas de calor y la arena del desierto con pocos recursos de higiene a la
mano llevaban con seguridad a mayor probabilidad de infecciones y la circuncisión evitaba desde
balanopostitis hasta el cáncer de pene.

Fig.4 Kom Ombo. Templo doble de Sobek y Haroeris. Bajorrelieve con instrumental quirúrgico.
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Fig.5 y 6 Tumba de Ankhmahor. Saqqara. Relieve y Grabado. Circuncisión
También, la fama de los médicos egipcios fue plasmada en obras literarias como “La Odisea”
atribuida a Homero (IV, 229-232):
“Aquella tierra fecunda produce abundantes hierbas,
algunas nocivas otras curativas, debidamente mezcladas.
Allí cada hombre es un doctor; cada hombre
sabe mejor que los demás como tratar
todo tipo de enfermedades…”

Por otro lado, otras publicaciones no menos famosas como “Sinuhe el Egipcio” de Mika Waltari,
incursionan en el terreno de la fantasía describiendo trepanaciones de las cuales no hay evidencia científica
de haber sido una práctica utilizada en el Egipto de los faraones.
Como se dijo más arriba, Sunu era el nombre con el que se conocía en forma genérica a los
médicos. La flecha que se utiliza como determinativo en el jeroglífico que lo representa parece ser una
alusión a la práctica habitual de los médicos de utilizar cabezas de flechas para drenar abscesos. Pero había
distintos tipos de sanadores, algunos pertenecientes a la clase eclesiástica como los sacerdotes de la diosa
Sekhmet (protectora de enfermedades) y otros tenían títulos laicos, cada uno especializado en un área
determinada. De esta manera se distinguen:
• Sacerdotes (Wabu): mediadores entre el enfermo y los dioses. Solían utilizar drogas y se
encargaban de las patologías atribuidas a castigos divinos.
• Médicos (Sunu): trataban las enfermedades atribuidas a causas orgánicas con remedios,
inmovilizaciones y en ocasiones tratamientos quirúrgicos
• Magos (Sa.u): se encargaban de posesiones y encantamientos.
También dentro de los Sunu existían categorías. Había desde ordinarios hasta inspectores, supervisores y
maestros de médicos. El “Doctor Jefe del Sur y el Norte” era una especie de Ministro de Salud. En la cima
de la escala jerárquica estaban los médicos de palacio que ostentaban diversos títulos.
Un error frecuente es atribuir como fuente de los conocimientos anatómicos al perfeccionado arte
de la momificación. Dicha tarea estaba a cargo de los sacerdotes de Anubis, que no eran médicos. La
evisceración y el ultraje del cuerpo humano eran considerados impuros, a tal punto que el encargado de
realizar este paso de la momificación era expulsado del recinto con piedras una vez finalizada su tarea. De
donde sí se intentaba adquirir conocimientos desde tiempos remotos era de la faena de animales. Los
médicos estudiaban en ellos e intentaban entender así la anatomía y fisiología humana. Aprendían su
profesión en las llamadas “Casas de Vida”, donde leían antiguos textos con lecciones impartidas
ancestralmente por grandes maestros. Parte de ellas nos ha sido transmitida a través de los papiros que
tratan temas médicos. El más importante y conocido es el adquirido por George Ebers en 1872, que lleva
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su nombre y se conserva en la librería de la Universidad de Leipzig, Alemania. Se data su elaboración en
torno al año 1550 a.C. (Imperio Nuevo) probablemente en Tebas. Su longitud es de unos 20 metros e
incluye invocaciones y la descripción de enfermedades internas, oculares, cutáneas y de las extremidades.
También la prescripción de recetas así como algunos tratamientos cosméticos. Sobre cirugía existen
algunas menciones al tratamiento de las mordeduras de cocodrilo o de las quemaduras. Recomendaba el
drenaje de las hinchazones grasas, aunque advertía de determinadas patologías de la piel que no debían
ser tocadas.
El llamado “papiro quirúrgico” es el adquirido por Edwin Smith en 1862. A su muerte su hija lo
donó a la Sociedad de Historia de Nueva York. Se trata de una copia datada en el Imperio Nuevo de un
texto original escrito en las primeras dinastías del Imperio Antiguo. Este papiro que es la base de los
tratamientos quirúrgicos se aleja de la magia y se centra en observaciones empíricas. Describe el
tratamiento de contusiones, heridas y fracturas, y presenta prescripciones de cosméticos y medicación
para la patología anal.
El papiro Chester Beatty, es conocido como el “Libro de los Sueños”. Procedente de la XIX
dinastía, ofrece una lista de sueños y sus interpretaciones mediante una descripción de tipo literaria.
El papiro de Kahum relata enfermedades de mujeres y junto con el papiro de Berlín expone los
conocimientos de ginecología y obstetricia. Una gran serie de detalles en torno al embarazo, la
anticoncepción, el parto y la esterilidad nos han llegado de estas y otras fuentes. Digno de mención es el
método de diagnóstico de embarazo y el pronóstico del sexo del futuro bebé. Este último tópico resultaba
particularmente importante, sobre todo entre las familias de la nobleza y la realeza. Era muy importante
que la mujer les pudiera dar un heredero varón. El médico observaba el color y el aspecto de los pechos y
las sensaciones percibidas en ellos por la mujer y hacía una clara lectura del aspecto de los ojos. Una
prueba típica de comprobación de embarazo era la de añadir orina de posible embarazada a unos cereales
o vegetales y si estos crecían con fuerza era un resultado positivo. Para determinar el sexo se añadía una
muestra de orina a un puñado de cebada y otra a un puñado de trigo. Si crecía el trigo era mujer, si lo
hacía la cebada, el embarazo daría como resultado un varón. El uso de amuletos y magia era muy popular
en cuanto al cuidado del embarazo, el parto y el recién nacido. La diosa Tauret (Fig.7) era la protectora de
la embarazada y el neonato y el dios enano bes (Fig.8) era el encargado de alejar de ellos a los malos
espíritus.

Fig.7 Diosa Tauret Fig.8 Dios Enano Bes
Según el papiro de Hearst, de la dinastía XVIII, (Universidad de California) ya en la dinastía III se
entablillaban fracturas y se inmovilizaban con una pasta formada por harina, miel y vendas, que al secarse
daba una consistencia parecida al yeso utilizado en nuestros días.
Las recetas cosméticas también resaltan en varios de los llamados “papiros médicos”. Un dato a
señalar es el característico delineado de los ojos, que es tan representativo del arte egipcio. El mesdemet, no
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solo perseguía fines estéticos. También protegía del reflejo del sol, era repelente de insectos, fungicida y
evitaba que el polvo del desierto entrara en los ojos.
Las nociones de fisiología y patología estaban basadas en el corazón como centro del organismo.
De él partían canales (Metu) que unían todas las partes del cuerpo. Por ende no sólo transportaban sangre
sino también aire, saliva, lágrimas, moco, esperma, etc. A través del corazón los egipcios conocían la
voluntad divina y también el amor. Era tan importante para una persona como su nombre y su rostro,
elementos que lo identificaban e individualizaban a tal punto que era lo que se buscaba preservar en el
más allá. Era fundamental para el muerto conservar sus rasgos faciales con la momificación para que su
alma lo reconozca al volver al cuerpo y, su corazón, era el único órgano que se preservaba in situ de
manera deliberada para que pudiera seguir gobernando todas las funciones. Frente al enfermo y hecho el
diagnóstico, el médico tenía tres caminos a seguir y lo manifestaba de la siguiente manera:
1. “Esta es una enfermedad que curaré”
2. “Esta es una enfermedad que trataré”
3. “Esta es una enfermedad que no trataré” (significaba que no había nada por hacer)

Se sabe que reconocían más de doscientos tipos de enfermedades de acuerdo a los textos en parte
ya citados y a representaciones de diversa índole como la estela funeraria del sacerdote Remi de la dinastía
XVIII, que se conserva en Copenhague y en la que se pueden apreciar claras secuelas de poliomielitis en su
pierna derecha. (Fig.9)

Fig.9 Fragmento de la estela de Remi. Copenhague.
A todo esto se agrega el estudio de patologías en momias y restos óseos que se inició ya en 1825,
cuando Granville diagnosticó un tumor de ovario maligno en la momia de una mujer de la época
Ptolemaica. De esta manera nació la paleopatología que ha permitido descubrir fracturas, heridas,
enfermedades infecciosas (como tuberculosis, malaria, parasitosis, etc.), neoplásicas y congénitas.
Recientemente se ha elaborado un minucioso mapa genético de la familia real de la XVIII dinastía para
tratar de establecer con rigor científico el parentesco del famoso Tutankhamon con el polémico Akhenaton,
que históricamente ha sido tomado como su padre, pero hasta aquí solo con presunciones basadas en
inscripciones y relatos de historiadores griegos.
En síntesis, la medicina en el Antiguo Egipto estaba notablemente avanzada para la época. El
campo que sin dudas contaba con más base racional y empírica era la cirugía, aplicada fundamentalmente
al cuidado de heridas, fracturas, drenajes de abscesos e intervenciones menores. Los cuchillos o flechas
utilizados se calentaban previamente al fuego. Las heridas se vendaban con carne los primeros días y
luego con vendas embebidas en aceite o miel. Por otro lado los tratamientos clínicos, con recetas derivadas
de animales, plantas, minerales, alimentos, bebidas y secreciones, tenían en gran medida solo efectos
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psicoterapéuticos. Como creían que las sustancias nocivas entraban al organismo con los alimentos,
cuidaban su salud mediante ayunos o enemas que se aplicaban con un cuerno de animal con la punta
cortada. Pensaban que la mayor parte de la comida ingerida era superflua y por esa causa se originaban
las enfermedades a través de esos excesos. Esto último no estaba tan alejado de la realidad.
Con lo antedicho, se pretende dar una idea somera del desarrollo de la medicina en el Antiguo
Egipto, quedan muchos temas para profundizar pero escapan al objetivo de este artículo.
Bibliografía:

• Strouhal, Eugen. La Vida en el Antiguo Egipto. Cap 19, 243-252. Ed Folio. Barcelona,
2005
• Cuenca-Estrella, Manuel. La medicina en el Antiguo Egipto. Ed Aldebarán.- Madrid,
2004.
• Egiptomanía: el fascinante mundo del Antiguo Egipto. Fas: 64-65 y 134 a 137.- Ed Planeta
DeAgostini.- Barcelona, 1999
• Hagen, Rose-Marie y Rainer.- Egipto: hombres, dioses, faraones.- Ed Taschen. Barcelona,
1999
• Hawass, Zahi et al. Ancestry and Pathology in King Tutankhamun's Family. JAMA.
2010;303(7):638-647 (doi:10.1001/jama.2010.121)
• Könemann, Ludwig. Egipto, El Mundo de los Faraones. Ed BonnerStrabe. Colonia, 1997
• Nunn, John. La Medicina del Antiguo Egipto. Ed. FCE de México. México DF, 2002

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