Karl-Otto Apel Teoría de la verdad y ética del discurso

Introducción de Adela Cortina Paidós/I.C.E.-UA.B.

Pensamiento Contemporáneo 15

PENSAMIENTO CONTEMPORÁNEO Colección dirigida por Manuel Cruz

1. 2. 5. 4. 5. 6. 7. 8. 9. 10. 11. 12. 13.

L. Wittgenstein, Conferencia sobre ética J. Derrida, La des construcción en las fronteras de la filosofía P.K. Feyerabend, Límites de la ciencia J.F. Lyotard, ¿Por qué filosofar? A.C. Danto, Historia y narración T.S. Kuhn, ¿Qué son las revoluciones científicas? M. Foucault, Tecnologías del yo N. Luhmann, Sociedad y sistema: la ambición de la teoría J. Rawls, Sobre las libertades G. Vattimo, La sociedad transparente R. Rorty, El giro lingüístico G. CoUi, El libro de nuestra crisis K.-O. Apel, Teoría de la verdad y ética del discurso

Karl-Otto Apel

Teoría de la verdad y ética del discurso

Introducción de Adela Cortina

Ediciones Paidós I.C.E. de la Universidad Autónoma de Barcelona
Barcelona - Buenos Aires - México

Teoría de la verdad y ética del discurso .

." edición. © 1987 by Suhrkamp. 2 . Francfort del Main y Diskursethik ais Verantwortungsethik: eine Postmetaphysische Transformation der Ethik Kants (inédito) Traducción de Norberto Smilg Cubierta de Mario Eskenazi y Pablo Martín 1. Mariano Cubí. y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos.493/1991 Impreso en Hurope. bajo las sanciones establecidas en las leyes.Título original: "Fallibilismus.A.. Recaredo. en Philosophie und Begründung Publicado en alemán por Suhrkamp. 08193 Bellaterra ISBN: 84-7509-657-3 Depósito Legal. Francfort del Main © Kari-Otto Apel © de esta edición. sin la autorización escrita de los titulares del "Copyright". Konsenstheorie der Wahrheit und Letztbegriindung". comprendidos la reprografia y el tratamiento informático.08005 Barcelona Impreso en España . 1991 Quedan rigurosamente prohibidas. e Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona. por cualquier medio o procedimiento. S.Printed in Spain . S. la reproducción total o parcial de esta obra. B-5.A. Ediciones Paidós Ibérica. 92 .08021 Barcelona.

Verdad y fundamentación última . Un humanismo cuasirrenacentista . Fundamentación última: compatible o incompatible con un principio del falibilismo pleno de sentido VI. IV. . . 2. V.SUMARIO INTRODUCCIÓN: Karl-Otto Apel. La fundamentación del falibilismo en Charles Peirce III. La teoría pragmático-trascendental de la verdad como consenso en tanto implicación metodológica de una teoría posibilista del conocimiento o de la ciencia . I. . 37 37 39 44 63 111 137 . VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO 9 9 14 16 19 22 26 T E O R Í A D E LA Falibilismo. La transformación de la filosofía trascendental kantiana 5. . Verdad y responsabilidad. 6. . teoría consensual de la verdad y fundamentación última Exposición: ¿son compatibles los conceptos o posiciones que se mencionan en el título? II. Fundamentación última: compatible o no con una teoría consensual de la verdad . Adela Cortina 1. . Una ética dialógica de la responsabilidad . El falibilismo y el problema de una teoría de la verdad criteriológicamente relevante . Antropología del conocimiento como superación del positivismo 4. . . Hermenéutica crítica: que Auschwitz no se repita 3.

Printed in Spain ." edición. 2 . Francfort del Main © Kari-Otto Apel © de esta edición. por cualquier medio o procedimiento.. 08193 Bellaterra ISBN: 84-7509-657-3 Depósito Legal. Recaredo. © 1987 by Suhrkamp. 1991 Quedan rigurosamente prohibidas. Konsenstheorie der Wahrheit und Letztbegriindung". B-5. Francfort del Main y Diskursethik ais Verantwortungsethik: eine Postmetaphysische Transformation der Ethik Kants (inédito) Traducción de Norberto Smilg Cubierta de Mario Eskenazi y Pablo Martín 1.08021 Barcelona.08005 Barcelona Impreso en España . en Philosophie und Begründung Publicado en alemán por Suhrkamp.A. S. Ediciones Paidós Ibérica. la reproducción total o parcial de esta obra.Título original: "Fallibilismus. bajo las sanciones establecidas en las leyes.493/1991 Impreso en Hurope. Mariano Cubí. S. sin la autorización escrita de los titulares del "Copyright". e Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Beircelona.A. comprendidos la reprografia y el tratamiento informático. 92 . y la distribución de ejemplares de ella mediante alquiler o préstamo públicos..

Verdad y responsabilidad. ÉTICA DEL D I S C U R S O 9 9 14 16 19 22 26 T E O R Í A D E LA V E R D A D Y Falibilismo. Fundamentación última: compatible o no con una teoría consensual de la verdad . El falibilismo y el problema de una teoría de la verdad criteriológicamente relevante . . Una ética dialógica de la responsabilidad . . Verdad y fundamentación última . La fundamentación del falibilismo en Charles Peirce III. IV. teoría consensual de la verdad y fundamentación última Exposición: ¿son compatibles los conceptos o posiciones que se mencionan en el título? II. . . V. I. 6. Un humanismo cuasirrenacentista . . Fundamentación última: compatible o incompatible con un principio del falibilismo pleno de sentido VI. Adela Cortina 1. La transformación de la filosofía trascendental kantiana 5. .SUMARIO INTRODUCCIÓN: Karl-Otto Apel. . 2. Antropología del conocimiento como superación del positivismo 4. La teoría pragmático-trascendental de la verdad como consenso en tanto implicación metodológica de una teoría posibilista del conocimiento o de la ciencia . . Hermenéutica crítica: que Auschwitz no se repita 3. 37 37 39 44 63 111 137 .

8 VERDAD Y RESPONSABILIDAD La ética del discurso como ética de la responsabili­ dad. . 147 147 159 . Una transformación posmetafísica de la ética de Kant L La comprensión pragmático-trascendental de la ética del discurso IL La ética del discurso como ética de la res­ ponsabilidad referida a la historia . .

tanto clásicas como actuales. En la línea del humanismo renacentista todo interesa a Apel: la historia. más tarde. desde un punto de vista que cada vez será más pronunciadamente el filosófico. la preocupación filosófica. que cuaja bien pronto en un pathos hermenéutico. los usos lingüísticos. historia y filosofía. Hasta el punto de que para muchos de los que le conocemos. el interés por las lenguas. las costumbres. los problemas políticos. las expresiones artísticas. en la ciudad alemana de Dusseldorf. que de algún modo prolonga estas raíces y se encuadra en el marco de un humanismo cuasirrenacentista.KARL-OTTO APEL. La vocación histórica. Saber es un modo de formarse para comprender. por la decisiva experiencia de la segunda guerra mundial. Su biografía intelectual viene jalonada por una vocación de historiador. en los años de profesor universitario. hoy profesor emérito de filosofía de la Universidad de Francfort. nacida en los años del Gymnasium. Apel encarna algo así como la idea platónica de filósofo: el hombre convencido. Por eso las primeras reflexiones de nuestro autor toman el rumbo de la hermenéutica que le permite unir lenguaje. las discusiones tecnológicas. nace Karl-Otto Apel. por la paulatina elaboración de una propuesta filosófica. profesional y vitalmente. filosofía y germanística en la Universidad de Bonn y. y además el filosófico enraizado en tradiciones continentales antes que anglosajonas. VERDAD Y RESPONSABILIDAD L Un humanismo cuasirrenacentista El 15 de marzo de 1922. van configurando una personalidad marcada por el afán de saber para comprender. por los estudios de historia. de que la reflexión filosófica posee una especificidad y que es menester mantenerla a .

Con el tiempo irá componiéndose tal propuesta de una antropología del conocimiento. 1985. Madrid. hallar una respuesta específicamente filosófica para los problemas hodiernos. es lo que le lleva a parecer poco flexible ante las conveniencias del momento. E n c u a n t o a e s t o s ú l t i m o s . tampoco puede haber mu­ chas filosofías. congresos. económicas. sin ceder a los ataques de los adversarios ni a los consejos de los amigos.' Apel no intentará construir un sistema. 2 v o l s . organizada arquitectónicamente. 1989. ecológicas. Esa fidelidad insobornable a la especificidad de lo filo­ sófico. Apel e x p o n e s u p e n s a m i e n t o p r e f e r e n t e m e n t e e n a r t í c u l o s . La metafísica de las costumbres. Alfa.10 VERDAD Y RESPONSABILIDAD cualquier precio.T e x t a u s g a b e . en los que suena excesivamente ro­ tunda la pretensión de alcanzar una fundamentación úl­ tima. la a r q u i t e c t u r a d e s c r i t a e n el t e x t o s e c o n t i e n e f u n d a m e n t a l m e n t e en La transformación de la filosofía. pero sí una propuesta filosófica pro­ pia. 7 ( A k a d e m i e . que con­ templa. sólo puede haber una razón humana. 207). sin componendas. 1986. en su vertiente de aplicación. una teoría de los tipos de racionalidad. B a r c e l o ­ na. prosigue Apel manteniendo su posición. l o s p r o b l e m a s d e é t i c a a p l i c a d a en Diskurs und Verant- . una semiótica como filosofía primera. T e c n o s . sólo es posible un verdadero sis­ tema de la misma según principios». Madrid. Y. . las c u e s t i o n e s d e fundam e n t a c i ó n é t i c a y d e t i p o s d e r a c i o n a l i d a d en Estudios éticos. objetivamente considerado. poco prudente y diplomático en tiempos de fri­ volidad y relativismo. sin embargo. e incluso en las tertulias amistosas. los criterios de com­ probación y los resultados propios de la filosofía.^ 1. en lo que se refiere al método. desde la que intenta en publicaciones. conferencias. I. 2. cuestiones políticas. VI. es decir. una teoría consensual de la verdad y una ética discursiva. q u e m á s t a r d e r e c o g e e n l i b r o s . Kant. deportivas y cuanto en la vida co­ tidiana demanda una respuesta normativa consensuable. una hermenéutica y una pragmática trascendentales. T a u r u s . porque resulta una contribución indis­ pensable para el saber y el obrar humanos. como si repi­ tiera aquella afirmación kantiana de La metafísica de las costumbres: «Pero como.

Este es el caso de la teoría consensual de la verdad. al parecer. señalará con su pragmática traswortung. p á g s . nombres a los que es menester añadir el de su amigo J. por su parte. 1979. en el sentido de que son hipótesis comprobables. Apel. en el primero de los artículos que presentamos en esta publicación— una teoría fenomenológica de la correspondencia. V é a s e t a m b i é n J.INTRODUCCIÓN 11 En todo ello es deudor Apel —podríamos decir— del conjunto de la filosofía occidental. H. y la c o n f r o n t a c i ó n e n t r e e x p l i c a c i ó n y c o m p r e n s i ó n e n Die Erklaren: Verstehen Kontroverse in traszendentalpragmatischer Sicht. empíricamente. no sin razón. Heidegger y Wittgenstein. porque rara es la tradición filosófica de occidente que no asume de algún modo nuestro autor. 332-338. Apel defiende explícitamente —por ejemplo. En lo que respecta a la teoría consensual de la verdad. la pragmática formal toma en Habermas el nombre de pragmática universal. S u h r k a m p . que se han ido profundizando en los últimos tiempos. El crepúsculo de la metafísica. Habermas.^ Por su parte. Habermas rehusa utilizar en este título el adjetivo «trascendental» por temor a que los resultados de las ciencias sean hasta tal punto formalmente diversos de los de la filosofía que resulte imposible una colaboración entre ambos saberes. la pragmática formal y la ética discursiva. más exactamente. de modo que se logre una mediación entre la evidencia referida a la conciencia y la intersubjetividad referida al lenguaje. con el que comparte buena parte de las propuestas explícitamente. . S u h r k a m p . Barcelona. 1989. si bien es cierto que en la formulación de cada una de estas teorías existen divergencias entre ambos autores. de suerte que llega a afirmar en ocasiones el carácter falible de los enunciados de su pragmática. y en la filosofía de Apel el de pragmática trascendental. Francfort. G. así como Peirce. Mead y Kohlberg. 1988. Conill. F r a n c f o r t . A n t h r o p o s . una teoría de la «evidencia de correspondencia» como parte indispensable de una teoría consensual de la verdad. Pero sin duda ocupan un lugar de honor en su producción Kant. 3.

Kommunikation und Reflexión. Im Prozess der Aufklarung. Razón comunicativa y responsabilidad solitaria. pero no falibles. 1985. V. O.. M a d r i d .' 4. W e l l m e r .. Razón comunicativa y responsabilidad solidaria. K u h l m a n n / D . Rekonstruktive Pragmatik. de tipo de enunciados y de modo de comprobación entre la filosofía y las ciencias que. | | | \ | | í | í . precisamente por ser diferentes pueden colaborar. 1986. Francfort. K. op. S u h r k a m p . 6. Van der Bewusstseinsphilosophie zur Kommunikationsreflexion. Cortina. m i t H a b e r m a s g e g e n H a b e r m a s zu denken».12 VERDAD Y RESPONSABILIDAD cendental la diferencia de método. acuñado por Apel en estos términos y que constituye la clave de la pragmática formal. F r a n c f o r t . 125 y sigs. 1985. Alber. 1989. H o n n e t h / T h . í \ ' \ j • . Frib u r g o / M u n i c h . Untersuchungen zur Transzendentalpragmatik. en la medida en que los presupuestos pragmáticos trascendentales de la argumentación son irrebasables. B o h l e r . aunque se mantiene en una posición ambigua. T e c n o s . cit. S a l a m a n c a . y recurre. 1982. aunque autocorregibles.' Por último. 15-65. como procedimiento de comprobación. p á g s . Este procedimiento de comprobación. K u h l m a n n . Habermas recurre a la contradicción performativa. V é a s e t a m b i é n A. Offe/A. 1989. V a l e n c i a . criticables y autocorregibles. S u h r k a m p . accede a enunciados universales. W. D. Cortina. La ética discursiva. 1985. en A. es también asumido por Habermas. « E t i c a d i s c u r s i v a » . Reflexive Letztbegriindung. pero también habla en ocasiones de comprobación empírica. Para la p r a g m á t i c a t r a s c e n d e n t a l t a m b i é n W. García-Marzá. Etica mínima. S i g ú e m e . S u h r k a m p . a la contradicción performativa o contradicción pragmática. « N o r m a t i v e B e g r ü n d u n g d e r " K r i t i s c h e n T h e o r i e " d u r c h R e k u r s auf l e b e n s w e l t l i c h e S i t t l i c h k e i t ? E i n t r a n s z e n d e n t a l p r a g m a t i s c h o r i e n t i e r t e r V e r s u c h . Zwischenbetrachtungen. B o h l e r . que supone una contradicción entre lo que se dice y lo que pragmáticamente se está suponiendo para que tenga sentido lo que se dice. Francfort. que Apel critica agudamente. en lo que se refiere a la ética discursiva. cosa que no ocurriría si fueran idénticos/ La filosofía utiliza el método trascendental. De e x p o n e r la é t i c a d i s c u r s i v a y e m p e z a r a b o s q u e j a r sus l í m i t e s m e he o c u p a d o en A. 5. M c C a r t h y / C . Apel. D. mientras que Apel mantiene que el procedimiento de comprobación es la contradicción performativa y que su aplicación conduce a una fundamentación filosófica última.

En cualquier caso. según la propia confesión de uno y otro. Habermas señala la acción comunicativa como punto de partida en el proceso de fundamentación. cabe recordar tres puntos de litigio fundamentales. B a r c e l o n a . B a r c e l o n a . p á g s . aceptando un cierto retorno a la eticidad. que Apel repudia sin ambages.). Etica comunicativa y democracia. W. « N o r m a t i v e B e g r ü n d u n g d e r " K r i t i s c h e n T h e o r i é " » . Apel i n t r o d u c i r á s u b d i v i s i o n e s e n el a r t í c u l o q u e e n e s t a p u b l i c a ción presentamos. Crítica. M i c h e l i n i (comps. pues.INTRODUCCIÓN 13 que ambos autores han elaborado conjuntamente. de suerte que la reflexión apeliana sobre el lenguaje nunca se limitará al modelo del análisis anglosajón.' Son. D e Zan/D. K u h l m a n n . Apel/A. Habermas parece en los últimos tiempos buscar la racionalidad práctica en el mundo de la vida. 533-577. O. entre otros. . Apel. y. e n K. sino que siempre conectará con el modelo fenomenológico-hermenéutico cone n V. En la línea de una hermenéutica filosófica empezará a esbozarse el pensamiento de nuestro autor. En principio. diferencias que. O. aunque reconoce reiteradamente su deuda con Austin y Searle. Historia de la Etica. 8. K.). en tercer lugar. Cortina/J. e n p r e n s a . más propia de la Escuela de Francfort. mientras que Apel se pronuncia por la argumentación en torno a la posibilidad de fundamentación de lo moral. éstas diferencias de importancia entre estos dos autores que se cuentan hoy entre los más relevantes de la actualidad. Crítica. 7. incide Apel en la necesidad de trabajar dos dimensiones como constitutivas de la ética —la dimensión de fundamentación (parte A) y la de aplicación (parte B ) — m i e n tras Habermas reduce el papel de la ética a la fundamentación o justificación de normas. III.' en segundo lugar. de Dilthey y Heidegger. la construcción del vasto edificio que hemos descrito tiene una historia. tras las huellas. C a m p s (comp. 9. dan fe del carácter eminentemente filosófico de Apel y de la tendencia sociologizante de Habermas. que empieza en el pathos hermenéutico cuasirrenacentista al que hemos aludido al comienzo. «Acerca de la f u n d a m e n t a c i ó n de la é t i c a del disc u r s o » .

y la referencia a su. y vaya ahora —en palabras de Apel— a olvidar también el logos. con las virtudes de la comunidad alemana. se lanzó a una contienda que. Y aquí el humanismo apeliano. 2. Recuerdo en este sentido hace algunos años una visita al Museo del Prado. No sea cosa que la metafísica occidental haya olvidado el ser. Hermenéutica crítica: que Auschuritz no se repita No era el pueblo alemán que hizo la segunda guerra mundial un pueblo inculto. sino una activa posición del logos. Ciencia y filosofía necesitan contar con criterios para discernir el conocimiento válido. Un pueblo que carece de la capacidad crítica que pro- . la hermenéutica de Heidegger y también de Gadamer pronto se revelarán insuficientes. nada que argumentar: bastaba para orientarse con ese sano sentir común del pueblo convenientemente interpretado. pero no para las ciencias o la filosofía. En un momento determinado se embarcó Apel en un entusiasta discurso sobre la verdad del arte como aletheia. que no requieren del hombre una actitud expectante de «dejar ser».14 VERDAD Y RESPONSABILIDAD tinental. sino que. o más inculto que otros pueblos. creyéndose encarnación del espíritu del mundo. que arranca fundamentalmente de Humboldt. el desapasionamiento. de quien no se contenta con la hermenéutica de Heidegger o Gadamer. a sus ojos. Nada había que razonar. cobra ese tinte ilustrado activo. es en puridad hermenéutica crítica. la serenidad como actitud de espera pasiva son adecuados para comprender la verdad de la obra de arte que se descubre. ebrio de su propia historia. admirado y denostado Heidegger resultó inevitable. no podía terminar sino en victoria. Sin embargo. que en su afán de saber para comprender hemos caracterizado como cuasirrenacentista. a la vez. por decirlo con Heidegger. consciente de la pregunta kantiana por la validez de los conocimientos. Saturado de humillación. Ciertamente la Gelassenheit.

en suma. para impedir ese expectante dejar ser a cualquier caudillo que conecte con la dimensión irracional del pueblo. op. opta —frente a Heidegger y Gadamer— por una línea crítica. va cobrando cuerpo poco a poco.INTRODUCCIÓN 15 porciona la reflexión desde principios universalistas. 11. así configurada. Apel/A. parecía haber olvidado la capacidad de juicio moral universalista. e n K. Fundamentación. ha perdido la iniciativa propia del logos para dirigir racionalmente la historia y está pasivamente a la espera de cualquier caudillo que sepa persuadirle. O. universalismo. Cortina/J. porque si las primeras publicaciones de Apel datan de 1955. iVIichelini ( c o m p s . para regresar a una eticidad prekantiana. que Auschwitz se repita. cit.'" Por eso era desaconsejable argumentar y fundamentar: bastaba con el sano sentir del pueblo. como es obvio. Criterio y fundamento que. por contra. La hermenéutica de Apel. orgulloso de su raza y de sus virtudes. que es en definitiva la pregunta por el criterio de validez y por la fundamentación del conocimiento. Claro que esta reflexión de corte ético-político. pues. Hitler supo conectar con el «sano sentir» del pueblo que. « ¿ V u e l t a a la n o r m a l i d a d ? ¿ P o d e m o s a p r e n d e r a l g o e s p e c i a l d e la c a t á s t r o f e n a c i o n a l ? El p r o b l e m a del p a s o h i s t ó r i c o (mundial) a la m o r a l p o s c o n v e n c i o n a l d e s d e la p e r s p e c t i v a e s p e c í f i c a a l e m a na». Apel. constituyen las claves de cualquier argumentación con sentido. salvarnos precisamente del totalitarismo y del dogmatismo de lo irracional. un pueblo que no quiere argumentar de modo que sus argumentos sean también convincentes para los adversarios. Proporcionan al individuo el utillaje suficiente para tomar la iniciativa. Para impedir. ) . K. criterios y argumentación pretenden. «El a priori de la c o m u n i d a d de c o m u n i c a c i ó n y l o s f u n d a m e n - . D e Zan/D. expresada por Kant con mano maestra. O. que sitúa en el centro de la reflexión la pregunta clave de la filosofía kantiana: la pregunta por las condiciones de posibilidad de la validez del conocimiento. el primer trabajo explícitamente ético —«El a priori de la comunidad de comunicación y los fundamentos de la ética»-—" 10.

espolea a Apel para dedicar explícitamente buena parte de su refle­ xión a cuestiones ético-políticas. abre esa dimensión de intersubjetividad. 3. elaborada junto con Habermas.'^ Ya en ella el interés hermenéutico en com­ prender. que tie­ nen el mundo por un conjunto de cosas ligadas por leyes. en La transformación de la filosofía. Sin embargo. que le entusiasma incluso en el ámbito personal. de relación entre sujetos —y no sólo entre sujeto y objeto— que exigirá como elemento a priori del saber el presupues­ to de una comunidad de comunicación. II. que ve la contribución de la filosofía en la reflexión y la argumentación. que es uno de los intereses antropológicos del conocimiento. esta elaboración específica en el ámbito de la razón práctica tiene sus raíces en los trabajos hermenéuticos y en una temprana antropología del conocimien­ to. El crepúsculo de la metafísica. 12. El p r o b l e m a d e u n a f u n d a m e n t a c i ó n r a c i o n a l d e la é t i c a e n la era de la c i e n c i a » . que hoy en día tiene una amplia difusión y cuenta con un buen número de colaboradores de diferentes países. Y entre sus más enconados adversarios no hay duda de que se encuentran positivistas y neopositivistas. Y es que el contacto con los francfortianos. De aquí surgirá con el tiempo esa ética discursiva o comunicativa. 341-413. p á g s . Para la a n t r o p o l o g í a del c o n o c i m i e n t o de Apel v é a s e J. siempre desde un com­ promiso claramente filosófico. de la po­ lémica. . 297-307. concretamente con Marcuse y Habermas. aunque constituye una de sus más interesantes aportaciones. no en la toma de postura ciega. como si la reflexión sobre las propias posibilidades de co­ t o s d e la é t i c a . Conill. p á g s .16 VERDAD Y RESPONSABILIDAD ve la luz en 1973. Antropología del conocimiento como superación del positivismo La filosofía de Apel va naciendo de la guerra. que desgraciadamente nuestro autor ha dejado sólo en bosquejo.

A diferencia de los francfortianos. Cortina. en el caso del Apel. 1982. y concretamente una teoría de la evolución social en el caso del Habermas de aquel tiempo. p á g s . sino que es ya un «ser-en-el-mundo». Se presenta esta antropología como una ampliación de 13." Sean estos últimos los impulsos del saber. o sean más bien el técnico. en la que puede participar mediante la comprensión lingüística del sentido y la acción. a una teoría de los intereses del conocimiento. Cincel. frente al positivismo. como si no fuera necesaria —siguiendo a Heidegger— una suerte de analítica de la pre-estructura del comprender. 115-119. frente al positivismo de Comte. 1985. Con ello amplía la tradición germánica de la antropología filosófica de Plessner y Scheler y también la heideggeriana que considera las estructuras humanas fundamentales en su función cuasi-trascendental. Razón comunicativa y responsabilidad solidaria. para el que el mundo es una situación global. bosqueja Apel su antropología del conocimiento. pág. 76-81. Madrid. S c h e l e r . J. M. que oponen al neopositivismo una teoría crítica de la sociedad. 89-92. y en pugna con el neopositivismo. una metafísica y un saber de salvación. en el caso de un ser como el Dasein.INTRODUCCIÓN 17 nocer no fuera conditio sine qua non de la objetividad del conocimiento. V é a s e t a m b i é n A. En la línea de esta triple invitación. que no se enfrenta al mundo en una relación descomprometida y neutra sujeto-objeto. S i g l o Veinte. 14. como querrán Apel y Habermas. 1973. B u e n o s Aires. que las formas humanas de saber difieren según los impulsos cognoscitivos que llevan a ellas. Conocimiento e interés.'* propone Apel una antropología del conocimiento. Madrid. 302. Sociología del saber. ampliándolas. de modo que siempre en la humanidad habrá una forma de saber técnica. Crítica y utopía: la Escuela de Frankfurt. por decirlo con Kant. lo cierto es que. . H a b e r m a s . T a u r u s . p á g s . p á g s . el hermenéutico y el emancipatorio. como si no hubiera tenido razón Scheler ai afirmar. todo conocimiento viene presidido por un interés que es menester desentrañar.

Apel. del a priori cognoscitivo práctico y los intereses del cono­ cimiento. una pragmática. Precisamente la doctrina de los intereses del conoci­ miento irá preparando el terreno de una hermenéutica. 141. Conill. 15. J." Estas pretensiones se recogerán también. una semiótica y una ética críticas. en la medi­ da en que. K. es decir. oportunamente reelaboradas. . en la pragmática trascendental y en la ética dis­ cursiva. II. La transformación de la filosofía. el interés hermenéutico en el mutuo entendi­ miento y acuerdo se revela como conditio sine qua non también del ejercicio de los intereses técnico y emancipatorio en las ciencias de la naturaleza y en la crítica de la ideología. pág. todas aquellas condiciones de posibili­ dad y validez del conocimiento. O. sino todas las condiciones que posibi­ litan planteamientos con sentido. 16. puesto que el mutuo entendimiento exige el presupuesto de una comunidad ilimitada de comunicación. de tal modo que no sólo se descubran las condiciones para una representación del mundo unitaria y objetivamente válida para una «con­ ciencia en general». por las que se hace efecti­ va la mediación de la conciencia por la praxis. De ahí que no sólo tenga en cuenta el conjunto de categorías del a priori de la con­ ciencia. sino también del a priori corporal del lenguaje. pág. El crepúsculo de la metafísica." De suerte que podemos decir que «la antropología del conocimiento es aquella parte de la filosofía de Apel que desvela las estructuras antropoló­ gicas que hacen posible el ejercicio complementario de la razón dialógica y la emancipación mediante sus pre­ tensiones de verdad y libertad en la historia». 304.18 VERDAD Y RESPONSABILIDAD la teoría del conocimiento tradicional. Apel cree encontrar en el a priori de la comunidad ilimita­ da de comunicación «el criterio supremo de valoración para las ciencias hermenéuticas del acuerdo intersubjetivo y las ciencias sociales críticas».

p á g s . aunque hubiera sido más exacto titularlo «la transformación de la filosofía trascendental kantiana». de la reflexión trascendental. II. . p á g s . tiene en cuenta la triple dimensión del signo. S. sino a una filosofía del lenguaje que ha asumido el giro pragmático. no a una filosofía de la conciencia. El gran interrogante es ahora la pregunta por la posibilidad de un acuerdo intersubjetivo sobre el sentido y la verdad de los enunciados. La transformación de la filosofía trascendental kantiana Si. « D e K a n t a Peirce: la t r a n s f o r m a c i ó n s e m i ó t i c a de la l ó g i c a trasc e n d e n t a l » . Peirce. no es menos cierto que a este intento acompaña de modo inseparable el de evitar la aporía interna en que cae la filosofía kantiana al responderla introduciendo una separación tajante entre un mundo nouménico incognoscible y un cognoscible y conocido mundo fenoménico. a la pragmática trascendental que.INTRODUCCIÓN 19 4. como la semiótica de Peirce. pues. F r a n c f o r t . C o r t i n a . Apel. de modo que el idealismo trascendental de corte kantiano deja paso a un realismo crítico del sentido. La dificultad para eludir tal aporía estriba en el hecho de que Apel también hace uso del método trascendental. extraño que el libro que dio a conocer por vez primera la filosofía de Apel en distintos países lleve por título La transformación de la filosofía. Der Denkweg von Ch." No es. 1975. O. S u h r k a m p . 70-77. Razón comunicativa y responsabilidad solidaria. e n La transformación de la filosofía. por considerarlo como el método propio de la filosofía. A. el hilo conductor de la filosofía apeliana es el intento de responder a la pregunta por las condiciones de posibilidad del conocimiento válido. como ya hemos apuntado. El expediente para evitarla consistirá en recurrir. doble perspectiva en la que en definitiva consiste el idealismo trascendental. 149-169. en la línea de la semiótica de C. porque tal metamorfosis desde una filosofía trascendental de la conciencia a una 17. K. S. Peirce. la lógica trascendental de raigambre kantiana.

entre otras cosas. Y puesto que no puede haber representación de algo sin una interpre­ tación por parte de un intérprete real. como ya Peirce indicaba. al menos. expresivo de la intersubjetividad humana. la crítica del sentido exige suponer una comunidad ilimitada de investigadores. salvar el abis­ mo abierto por Kant entre los dos mundos. tema inveterado de la filosofía.20 VERDAD Y RESPONSABILIDAD pragmática trascendental del lenguaje es precisamente lo que se pretende. es decir. todo conocimiento viene mediado por signos y ningún signo puede ejercer su función de representación para una conciencia sin un mun­ do real que tiene que pensarse como cognoscible. Con estos presupuestos pragmáticos de la argumenta­ ción no sólo salvamos el abismo entre los dos mundos. . a toda filosofía de la conciencia. Y por este camino. En efecto. inherente. según Apel. que funciona como idea regulativa. sino que evitamos. Aplicada a él la reflexión tras­ cendental. que dará cuenta de lo cognoscible en un proceso indefinido de conocimiento. que se lee ahora en los presupuestos pragmáticos del habla. sus condiciones de racionalidad. El punto de partida de la reflexión no será ya los jui­ cios sintéticos a priori de la física y las matemáticas o los imperativos como proposiciones prácticas sintéticas a priori. y que garantiza la objetividad y verdad de lo acordado en los consensos fácticos mediante un consen­ so ideal. importarán las condiciones de sentido y validez de los enunciados y las normas. otros dos lastres del kantis­ mo: el solipsismo. sino el hecho irrefutable del lenguaje. en que incurren cuantos prescinden de la dimensión pragmática del lenguaje y se contentan con la sintáctica y la semántica. De modo que la distinción entre lo cognoscible y lo incognoscible ca­ rece de sentido. y la imposibilidad de aplicar la deduc­ ción trascendental en el ámbito práctico. logramos. evitando lo que Apel llama «falacia abstracti­ va». y sólo lo tiene la distinción entre lo ya cono­ cido fácticamente por una comunidad finita de investigado­ res y lo que todavía puede ser conocido por una comunidad ilimitada en un proceso indefinido de conocimiento.

Lo cual nos permite superar la separación kantia­ na entre el punto supremo de la apercepción trascenden­ tal —el «yo pienso»— y un mundo práctico —un «yo ac­ túo»— para el que no cabe deducción trascendental en el mismo sentido en que cabe deducción de las categorías en el ámbito teórico. en la medida en que la pretensión de verdad de los enun­ ciados es análoga a la pretensión de corrección de las nor­ mas morales y. «La é t i c a del d i s c u r s o c o m o é t i c a d e la r e s p o n s a b i l i ­ d a d » . Entre ellos existe una analogía. K a n t . O. K. otros sujetos. el hecho del lenguaje. Apel. si la argumentación teórica tie­ ne por sentido aducir buenas razones para acreditar la 18. preocupado por la verdad de los enunciados. desde la conciencia del propio yo. Kant o Husserl. de modo que el «yo pienso-» kantiano puede sus­ tituirse sin ambages por el «nosotros argumentamos». la filosofía de la conciencia. por una intersubjetividad que representa el punto supremo en la reflexión. es una filosofía solipsista en la medida en que se ve obligada a suponer otros «yoes». La Metafísica de las Costumbres. e n e s t a m i s m a p u b l i c a c i ó n . por tanto. « E s t u d i o P r e l i m i n a r » a I. esto no significa que los discursos teórico y práctico se identifiquen. pues. sino también del discurso prác­ tico. XXVI-XXXI. Sin embargo. revela al usuario por refle­ xión trascendental su pertenencia a una comunidad de hablantes. que no sólo es un presu­ puesto pragmático del discurso teórico. .'' El sujeto trascendental kantiano es. se transmuta en la pragmática trascendental en una co­ munidad ideal de argumentantes. aunque la comunidad ideal de argumen­ tación represente el nexo de unión entre el ámbito teóri­ co y el práctico. que era en la filosofía de Peirce una comunidad de investigadores. el hecho de la sim­ ple utilización de una regla.INTRODUCCIÓN 21 En efecto. Por el contrario. sustituido por un «nosotros argumentamos». que se interroga por la corrección de las normas de acción. Cortina. A. la comunidad ilimitada. en el sentido de Descartes. Y en segundo lugar. sin descu­ brir la intersubjetividad mediante reflexión trascendental.

5. y a pesar de la analogía entre las argumentaciones teórica y práctica. Por eso presentamos estos dos artículos. nos ha pare­ cido conveniente presentar al lector en esta publicación dos trabajos de Apel. teoría consensual de la verdad y fundamentación última» constituye la contribución de Apel a unas jornadas celebradas en junio de 1986 en el Forum für Philosophie de Bad Homburg acerca del problema de 19. sólo en él cabe racionali­ dad. expresivo del quehacer ético de nuestro autor. Sin embargo. pues. . presupuesto último del discurso teórico y prác­ tico. dar razones que permitan distinguir una norma meramente vigente de una válida. son dos campos analíticamente separables y el mismo Apel confiesa que son los dos ámbi­ tos de investigación en los que hoy sigue trabajando. una verdad práctica. en sentido aristotélico. la argumentación práctica se propone aportar razones para mostrar la corrección de una norma de acción. Verdad y fundamentación última «Falibilismo. Como el mismo lector verá. 2 . inéditos en castella­ no. Etica a Nicómaco. Ateniéndonos a esta diferencia. y que cuentan entre los más representativos de la filo­ sofía madura de nuestro autor. VI.22 VERDAD Y RESPONSABILIDAD verdad de los enunciados. No hay. puesto que sólo en el ámbito teórico cabe hablar de verdad. separar tajantemente las cuestiones teóricas de las prácticas es imposible. orientada por un princi­ pio ético. porque la pragmática trascenden­ tal es la clave de la ética. el segundo. pero a su vez el punto supremo de la reflexión trascendental viene constituido por una co­ munidad ideal de argumentación." pero tampoco cabe decir con cientificistas y emotivistas que. el primero de ellos referido prefe­ rentemente a la cuestión de la verdad y a la construcción de una pragmática trascendental. Muy al contrario: en el ámbito práctico se puede y debe argumentar.

e n el n ú m e r o de Estudios filosóficos q u e a c a b a m o s d e citar. el número de «falibilistas» ha aumentado. « ¿ R e l a t i v i s m o o t r a s c e n d e n t a l i d a d h i s t ó r i c a ? » . como el que Apel propone. porque Apel no polemiza sólo con Albert y los racionalistas críticos. Sin embargo. El título mismo del paper es sumamente expresivo del apeliano modo de hacer en el terreno de la pragmática trascendental. p á g s . Si ya anteriormente hemos reseñado el gusto de Apel por la polémica. con quien nuestro autor ya ha peleado otros combates: el racionalista crítico H. Ya en «El problema de la fundamentación filosófica última desde una pragmática trascendental del lenguaje»'" trató Apel de mostrar la inconsistencia del planteamiento de Albert y abunda ahora en ello recordando que el hecho de que algo sea criticable no significa que sea falible. N i c o l á s . p á g s . Estudios filosóficos. vemos que en este caso el contrincante es un antiguo adversario. y un principio pragmático trascendental de no-autocontradicción performativa como 2 0 . 209-229. que toma el uso como criterio de validez. se percata de que los presupuestos pragmáticos del lenguaje que no pueden negarse sin autocontradicción performativa ni intentar fundamentarse sin caer en petitio principa. pero no falibles: pueden autocorregirse mediante reflexión en virtud de evidencias. Albert. sino también con Habermas. por ello un falibismo restringido. Habermas no ha defendido explícitamente un falibilismo irrestricto.3 0 1 . y el desarrollo no lo es menos. E n a l e m á n se p u b l i c a e n 1976.INTRODUCCIÓN 23 la fundamentación. y sustituye el principio racionalista clásico de razón suficiente por el de un falibilismo ilimitado. son criticables. S o b r e la p o l é m i c a Albert-Apel a c e r c a del f u n d a m e n t o v é a s e J. 2 5 1 . Apel replicará distinguiendo claramente entre una comprobación empírica. . n. pero sí afirma —como dijimos— el carácter hipotético de los principales enunciados de la pragmática formal y establece una analogía entre la comprobación de los enunciados pragmático-formales y la de la lingüística. en el caso del trabajo que presentamos. 102 (1987). quien niega la posibilidad de fundamentar el conocimiento y la moral.

muestra por reflexión trascendental cómo la relación entre sujeto y objeto no se produce sin una relación entre sujetos que deben entenderse.24 VERDAD Y RESPONSABILIDAD criterio lógico trascendental de validez. La comprobación que realizamos mediante reflexión trascendental. no sólo en que el primero nada quiere saber de fundamentación. propia de la filosofía frente a la comprobación empírica. porque sólo en el nivel pragmático es posible descubrir tales presupuestos de la argumentación. ante la que está dispuesto a aportar las razones que avalan la verdad del enunciado. urgida por un principio ético. es decir. sin una relación hermenéutica. pero para descubrir tales relaciones es menester reflexionar trascendentalmente desde la triple dimensión del signo. Porque cualquier sujeto que ajrgumenta en serio acerca de la verdad de enunciados reconoce contrafácticamente una comunidad ideal de argumentantes. el reconocimiento de una relación hermenéutica y ética entre los sujetos. que consiste en afirmar la irrebasabilidad de las presuposiciones necesarias de la argumentación. La teoría de la verdad como consenso se encuadra en esta pragmática trascendental. El mismo quehacer científico exige. no en relación con un mundo separado de ideas. de modo que reconoce el derecho de todo interlocutor real o virtual a la discursión. Permanece. fiel Apel a su antigua idea de una pragmática trascendental que. sino como aquello que podría ser defendido ante un conjunto de interlocutores y aceptado por ellos. Y en esto tiene razón Rorty: en que pensamos la verdad. pues. ni sin una relación ética entre ellos. y menos última. porque en definitiva «verdadero» es en principio un enunciado para un usuario cuando cree que cualquier otro sujeto racional estaría dispuesto a asignar el mismo predicado al sujeto. no como «conformidad» con ideas trascendentes. La diferencia entre Rorty y la teoría consensual de Apel consiste. sino también en que Rorty señala como interlocutores posibles a los que comparten una misma tradición y lenguaje. aun partiendo del modo científico de investigar. pues. por aquello . nos conduce a una fundamentación última.

Pero. Ciertamente. desde esta perspectiva a contextualismos hodiernos á la Rorty.INTRODUCCIÓN 25 de tomar en serio la contingencia del ubi. Nos enfrentamos. la teoría discursiva de la verdad no se distinguiría . también en este ar­ tículo permanece la idea de que el consenso ideal es una idea regulativa que. que sigue manteniéndose en «Falibilismo». litigio que viene endureciéndose con el tiempo y que se expone con claridad en «Falibilismo»: en la línea de la fenomenología phaneroscópica de Peirce pre­ tende Apel complementar la teoría consensual de la ver­ dad. mientras que Apel —y también Habermas— tienen por interlocutores a todos los seres dotados de competencia comunicativa. pero no sólo para ellas. por otra parte. que no se toman la contingencia suficientemente en serio. Pero si éste es el marco de la pragmática apeliana. con toda razón. por­ que piensan. Como dijimos. pues. Cualquier ser dotado de competencia comunicativa sabe que podría en­ tenderse y ser capaz de llegar a un acuerdo con cualquier otro ser dotado de la misma competencia. De lo con­ trario. tomarse en serio la contingencia significa —a mi entender— hablar desde unas tradiciones y formas de vida determinadas. de modo que la posibilidad de entendimiento y acuerdo sobrepasa toda frontera de tradición y contexto y llega a cuantos poseen competencia comunicativa. éste es uno de los puntos de litigio entre nuestros autores. como también la convicción —frente a Habermas en este caso— de que la evidencia fenoménica puede constituir un criterio de verdad. es un presupuesto pragmático contrafáctico. de modo que el a priori constitu­ tivo de la experiencia no queda desligado del a priori re­ flexivo de la validez del discurso argumentativo. es importante tomarse en serio la contin­ gencia. incluyendo la evidencia fenoménica en la formación discursiva del consenso. que con cualquiera de ellos creemos posible un entendimiento. aunque él no debería hacerlo ya que pide. no tomarse las cosas en serio sino instaurar la frivolidad como principio. a diferencia de las ideas regulativas kantianas. en cual­ quier caso. como quiere Rorty.

sea de los hegelianos lo que fuere. pues. 332-338. La verdad como coherencia está referida. por monológico y por despreocupado de las consecuencias de aplicar las má21. predominantemente al menos. Muguerza. Ambas quedan. G e n o va. « K a r l O t t o Apel y el p r o b l e m a d e la fund a m e n t a c i ó n d e la é t i c a e n la é p o c a d e la c i e n c i a » . ya que la propuesta de encarnar principios universales en un ethos concreto está llamada al fracaso por la naturaleza de la cosa misma. Para el p l a n t e a m i e n t o é t i c o d e Apel. en Doxa. porque las críticas hegelianas a la ¡«moralidad» kantiana no andaban desencaminadas. piensa Apel que Hegel tenía razón al criticar al imperativo kantiano por abstracto. V é a n s e p á g s . M a r i e t t i . R. que ése es problema suyo. Mancini. O. que haber superado el posconvencionalismo kantiano. . Entre otras razones. Marietti. Conill en El crepúsculo de la metafísica plantea a este respecto la p o s i b i l i d a d de c o n v e r g e n c i a e n t r e H u s s e r l . «Razón u t o p í a y d i s u t o p i a » . y la evidencia de la experiencia está basada en el encuentro con el ser-así de la realidad. págs. ai ámbito lógico. De ahí que los actuales defensores de la «eticidad» hegeliana más parezcan haber retrocedido en la línea kohlbergiana del desarrollo de la conciencia moral hacia una etapa convencional. págs. K.26 VERDAD Y RESPONSABILIDAD de la coherencial. así como la célebre separación de los dos mundos. 1988. 159-190. Linguaggio e Etica. mediadas en la propuesta apeliana. P e t r u c c i a n i . Una ética dialógica de la responsabilidad En el campo práctico como en el teórico se propone Apel rememorar las hazañas del trascendentalismo kantiano. AJ. véase J. 22. Apel y o t r o s . D e Z a n . Apel y Zubiri. 1990. 1988. Peirce. en Stromata (1986). S. G e n o v a . Marietti. Etica dell'argomentazione. pero evitando el monologismo en que —a su juicio— Kant incurría. a d e m á s de m i s l i b r o s Razón comunicativa y responsabilidad solidaria y Etica mínima.^' 6. si bien la solución de Hegel no resultó precisamente satisfactoria. J. G e n o v a . 3 (1986)." Pero. Etiche in dialogo (a c a r g o d e T e r e s a B a r t o l o m e i y Marina Callini). 159-209.

porque todos tienen igual derecho a participar. porque todos los interlocutores virtuales han de reconocerse como personas. Con tales trazos hemos esbozado la semblanza de una ética dialógica. no en monólogo. a través de la lógica del discurso práctico. sino para todos los seres dotados de competencia comunicativa. ¿Quiénes deben dialogar? O. lujo que una ética de la responsabilidad no se puede permitir. y. en caso de que no puedan hacerlo directamente. en lo cual la paternidad kantiana es expresamente reconocida. deontológica —en cuanto preocupada por las normas— y cognitivista. ¿quiénes deben ser tenidos en cuenta en el diálogo y en el acuerdo final? Todos los afectados por las normas que se cuestionen —es la respuesta de nuestra ética—. nos ha mostrado que la razón humana es en diálogo. pero no sólo para ellas. que arranca del dialogicismo socrático y se va fortaleciendo con el correr del tiempo en las sucesivas tradiciones dialógicas. Desde ellas podemos decir que la razón humana es dialógica. ¿En qué condiciones debe llevarse a cabo el diálogo? En condiciones de simetría —es la nueva contestación—. Aserto socrático. de modo que el reconocimiento recíproco de los interlocutores es la categoría clave. que pone en manos de los diálogos concretos la decisión sobre la corrección de las normas. De ahí que se proponga atender a las consecuencias de las acciones siguiendo los consejos de la ética weberiana de la responsabilidad frente a la kantiana de la intención: partir del factum de la argumentación. Por eso.INTRODUCCIÓN 27 ximas. trata el hijo de superar las limitaciones del padre. aun construyendo la ética discursiva como una ética formal —o procedimental—. con el que señalamos la rancia nobleza de nuestra ética. expresivo —como dijimos— de la intersubjetividad. hacer del «nosotros argumentamos» de una comunidad ideal el punto supremo de la reflexión. si los hay. legitimadas para participar. . Y es que la pragmática trascendental nos ha mostrado esa relación «sujeto-sujeto» en la que ya siempre somos. universalista.

. W e l l m e r . como decía Aranguren" más cuidada está por rawlsianos. 380. pág. M a d r i d . Mug u e r z a y o t r o s . Aranguren. Cortina. comunitarios. A. Aranguren. M i c h e l i n i . K u h l a m m . A. 25. J. V. puesto que en todas sus acciones y expresiones son interlocutores virtuales. W. 26. O. Etica mínima. al menos en cuanto a los conceptos que les prestan legitimidad. que a partir de él sea posible contruir una teoría de los derechos humanos. Muguerza. Sin duda las instituciones democráticas llevan entrañada en su seno nuestra ética. y muy especialmente la intersubjetividad jurídico-política. 1989.28 VERDAD Y RESPONSABILIDAD De ahí que el principio de la ética discursiva. A. Cortina. D. citado en n o t a s 7 y 10. p r e p a r a d a por G. C o r t i n a . L. A. « P r a g m á t i c a f o r m a l y d e r e c h o s h u m a n o s » . 24. La transformación de la filosofía. J. Como tampoco que un tal principio resulta óptimo como fundamento ético de una democracia. E l t r a b a j o d e J. Camps. 125-135.•''r no son sospechas gratuitas. utilitaristas y dialógicos la ética intersubjetiva que la intrasubjetiva. J. Peces-Barba). J. R. H o n n e t h . participativa. L. p á g s . que viene recogido en el artículo ético que presentamos en esta publicación en versión habermasiana. 23. rortyanos. H a b e r m a s . O. M a l i a n d i . D e s d e las p e r s p e c t i v a s a l e m a n a . y la justificación ilimitada del pensamiento no puede renunciar a ningún interlocutor y a ninguna de sus aportaciones virtuales a la discusión. a mi modo de ver.-' Cosa no extraña en estos tiempos en los que. D e b a t e . p r ó l o g o d e A. en J. Apel. M u g u e r z a «¿Una n u e v a a v e n t u r a del B a r ó n M ü n c h h a u s e n ? » s e r e f i e r e e s p e c í f i c a m e n t e a la posic i ó n de Apel. La c o n e x i ó n e n t r e é t i c a d i s c u r s i v a y d e m o c r a c i a e s tratada p o r los c o l a b o r a d o r e s del c o l e c t i v o etica comunicativa y democracia. II. aunque el funcionamiento de tales instituciones diste mucho de concordar con los conceptos." Que una formulación semejante haga del concepto kantiano de persona el centro de la reflexión ética. dice en su versión apeliana lo siguiente: Todos los seres capaces de comunicación lingüística deben ser reconocidos como personas. K. a r g e n t i n a y e s p a ñ o l a p a r t i c i p a n en él K. J. Apel. De Zan. 15. El fundamento de los derechos humanos (ed.

ha recibido desde entonces. Nuestra ética es propositiva y se ve atacada por racionalistas críticos. y a lo largo de toda su elaboración. vemos en su seno dificultades aún no resueltas." se está mostrando Apel especialmente sensible en los últimos tiempos a las críticas surgidas de su propio círculo. en Estudios éticos y en Diskurs 27. Entre otras razones. en tiempos de posiciones tan ambiguas que. V. A W e l l m e r . que continúa la línea trazada en «El a priori-». 2. beatos de la «moralidad» realizada en sus respectivos estados. incapaces de reconstruir una específica racionalidad práctica. «El r a c i o n a l i s m o c r í t i c o c o m o r a c i o n a l i d a d p r á c t i c a » . como también las que se dirigen hacia la teoría consensual de lo verdadero y lo correcto. B a r c e l o n a . posmodernos. como si la exigencia ética no pugnara siempre por escapar de la estrechez del contexto concreto. positiva. Crítica. se inmunizan frente a la crítica. apruébelo usted también». al parecer. conformados. n. por eso mismo. M a c i n t y r e e n l o s p r i m e r o s c a p í t u l o s de Tras la Virtud. 1987. ven en la universalidad un abandono de la solidaridad con el provinciano contexto. en Estudios filosóficos. No hay dogmatismo mayor que el de la oscuridad y la ambigüedad. 1986. con «El a priori de la comunidad de comunicación». con ser éstas críticas importantes. Sin embargo.INTRODUCCIÓN 29 Como es lógico. 301-325. 29. porque es una oferta constructiva. a las críticas de quienes." por emotivistas. múltiples críticas. D. p á g s . por tanto. García-Marzá. con ella. 102 (1987). S u h r k a m p . nuestra ética. porque pocos se atreverán a objetar lo ininteligible. venidas de diversos frentes. empeñados en destruir no sé qué razón total. Por eso hemos creído conveniente presentar este trabajo ético totalmente reciente —cuando escribo estas líneas todavía está inédito en alemán—.^' contextualistas que. Q u e el e m o t i v i s m o e s la é t i c a s o c i a l de n u e s t r o t i e m p o e s la t e s i s d e f e n d i d a por A. 28. Ethik und Dialog. que empezó a gestarse en 1973. e s p e c i a l m e n t e c a p . hegelianos. aun teniendo a la ética discursiva por la más adecuada actualmente. entrampados en el irracionalismo subjetivista del «Yo lo apruebo. . F r a n c f o r t .

anticipada contrafácticamente en toda argumen­ tación con sentido. y el hecho de que tal su­ peración puede llevarse a cabo sin tener por ello que lamentar pérdidas en comparación con la ética de Kant. y una comuni­ dad ideal. en la que nace de modo contingente. sin tener que recurrir a un reino de los fines. Pero esto —proseguirá A p e l ­ es utopismo. lo cual signifi­ ca que reconoce a todo ser dotado de competencia comu­ nicativa como inserto en dos comunidades: una real. resaltando dos aspectos: la superiori­ dad de la ética discursiva frente a la kantiana. un acceso trascendental a la intersubjetividad. como también nos capacita nuestra éti­ ca para realizar la intersubjetividad por medios dialógicos. Las ganancias son las que hasta este momento venimos comentando: es posible una fundamentación última de la ley moral. puede llevar el grupo .30 VERDAD Y RESPONSABILIDAD und Verantwortung. en la que se socializa y que constituye su comunidad histórica. un kantiano —dirá Apel—. Sin embargo. con tanta facilidad como Apel parece suponer. algunos —entre los que me cuento— no creen que tales ganancias se realicen sin pérdidas o. la segunda la he plan­ teado yo misma. Por ello el trabajo que nos ocupa destaca nuevamente la textu­ ra y méritos de la ética discursiva y además trata de res­ ponder a algunas preguntas surgidas del propio círculo de tal ética. preguntas de las que. En principio. en el senti­ do de que supone su superación. al menos. que en el ámbito moral prescinde de las contingencias históricas. para una comunidad ideal. quisiera destacar dos. la ética apeliana se presenta como una ética posweberiana de la responsabilidad. cuando nadie le garantiza que los demás vayan a hacerlo también. porque si un individuo responsable de un gru­ po actúa según tales reglas. La primera la he oído formular. pro­ pondrá desde su ética de la intención actuar según las má­ ximas que querríamos para un posible reino de los fines. y para atender a las demandas propias de una ética de la responsabilidad. por ir terminando esta presentación del pensamiento apeliano. a la relación entre cosujetos.

que si de normas morales se trata. Apel. y así lo viene admitiendo Apel sin problemas. de que obliga a dialogar para aclarar la propia posición. si todos los seres racionales podrían quererla. Pienso yo. de «lo que todos podrían querer». exige establecer diálogos reales para comprobar si realmente concordamos. Más allá del utopismo y el pragmatismo recobramos la afirmación de Peirce: «El idealismo sin materialismo está vacío. sin duda. en vez de experimentos mentales monológicos á la Kant. no supera nuestra ética a la kantiana. e n A.INTRODUCCIÓN 31 al desastre. entre otras cosas. complementar el principio de la ética discursiva con un principio que ordena conservar la comunidad real. una ética posweberiana de la responsabilidad exige moralmente. sin embargo (y me sé incluida en los «kantianos ortodoxos» a que se alude en el texto). el materialismo sin idealismo es ciego». por contra. que yo misma he planteado. . como también a la siguiente. es decir. con el fin de ir poniendo las condiciones para que un día podamos actuar según las reglas de la comunidad ideal sin poner en juego la conservación de la real. si satisfactoriamente o no. si una máxima podía convertirse en ley moral. como dice Wellmer. mientras que nuestra ética exige comprobar dialógicamente la corrección de las normas. Sólo en el sentido.^" Sin embargo. —no jurídicas o políticas—. p á g s . Esto exige. con medios estratégicos si es preciso. mediante el test del imperativo. O. Pasa con Hegel del yo al nosotros y. conservar la comunidad real. La idea de voluntad racional. se comprueba mediante diálogos reales. K. Cortina. porque éste proponía comprobar monológicamente. pero no en el de que el principio kantiano 30. « ¿ L í m i t e s de la é t i c a d i s c u r s i v a ? » . ¿puede hacerse esto tan limpiamente? ¿Está incluido en el principio ético de la pragmática trascendental el principio de la conservación? A esta pregunta intenta responder Apel en el artículo que ofrecemos. juzgúelo el lector. 233-264. Cree la ética discursiva superar a Kant. Razón comunicativa y responsabilidad solidaria.

que no puede perderse sin que | se disuelva la moral.32 VERDAD Y RESPONSABILIDAD de la autonomía de la voluntad pueda sustituirse por el de la ética discursiva. Porque para comprobar si una norma es moralmente correcta.\ mo. a la postre. juzgúelo el lector. y j se pregunta qué desearían realmente sus interlocutores en | lo que él considera condiciones de racionalidad. expresiva de esa intersubjetividad en la . exenta de las limitaciones mencionadas. un sujeto dialogará cuanto desee y pueda. sin el que tal vez pueda haber derecho o política obligadas por sanciones. aunque ya en él mismo funcionan una serie de correctivos (respeto a los derechos individuales.| subjetiva. pero para tomar una decisión tendrá que atenerse o bien a lo que su comunidad fáctica acuerde —cosa que hará sin que estén presentes todos los afectados. pero en ningún caso puede haber moral. Yo para mí | pienso que es hora de pasar a construir la ética intra. un experimento mental para formarse su juicio moral. es decir. para acceder a ese sujeto autónomo de un modo realista es menester partir de su inserción lingüística en el mundo. el individuo se atiende a los acuerdos fácticos. . la verdad del asunto es que.] sulta satisfactoria o no. aun con múltiples i correctivos? ¿Se encuentra un individuo moralmente obligado a cumplir una norma por haber sido fácticamente { consensuada? i A mi modo de ver. y ahí radica el fundamento de J una autonomía individual. etc. en el modelo político democrático. o bien a lo que él piensa que de modo unánime acordaría una comunidad ideal de seres racionales.¿ puede ser fundamento de exigibilidad moral haber obtenido algo por un consenso fáctico. a las minorías. Pero I eso es Kant. \ en una comunidad ideal o en un reino de los fines.—. desobediencia civil). pero. el sujeto realiza . por mayoría. de pasar a reconstruir al sujeto humano autóno. Si la respuesta apeliana del texto re. en condiciones de asimetría. tras | haber dialogado cuanto desee y pueda. Ciertamente. Ahora bien.

acreedores a dignidad. ADELA CORTINA Universidad de Valencia . y desde ella reconstruir los rasgos de esos individuos autónomos. por los que sigue habiendo moral.INTRODUCCIÓN 33 que ya siempre es y que le pide solidaridad. suje­ tos de derechos.

TEORÍA D E LA VERDAD Y ETICA DEL DISCURSO .

como complementación metodológicamente relevante. Otros —por ejemplo. los pragmatistas— suelen suponer que falibilismo y necesidad de consenso se implican mutuamente. Esto quiere decir que al principio metodológicamente relevante del falibilismo. perteneciente a la teoría del conocimiento y de la ciencia. Por el contrario. lo atractivo del tema estriba en la circunstancia de que la relación mutua entre estos tres conceptos me parece ser totalmente diferente de la que se supone habitualmente. no corresponde. TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD Y FUNDAMENTACION ULTIMA 1. una teoría de la verdad como correspondencia. se supone —por ejemplo los «racionalistas críticos»— que una teoría del conocimiento falibilista y consecuente no es compatible ni con una teoría consensual de la verdad ni con cualquier forma de fundamentación filosófica última. pero ambos excluyen la necesidad y posibilidad de una fundamentación última. en el sentido del realismo metafísica. en mi opinión. incluso puede haber partidarios bienintencionados de la pragmática trascendental que piensen que la fundamentación última de la idea del consenso veritativo último no se puede conciliar con la idea del falibilismo consistente. sino una teoría del consenso que explique . Exposición: ¿son compatibles los conceptos o posiciones que se mencionan en el título? En el título de mi exposición he reunido tres conceptos o posiciones de la filosofía actual para someter a discusión su relación mutua. Finalmente. quisiera representar a Continuación la tesis de que los tres conceptos o posiciones que se han mencionado se presuponen o se exigen mutuamente.FALIBILISMO. Pero. para mí. Así.

entonces resulta. Más tarde. en general. así como el discurso con sentido acerca del consenso o la disensión fundados. en primer lugar. conside­ rándola como implicación de una teoría falibilista de la ciencia. la crítica y la refutación. último y sobre el que ya no se discute más. frente a la con­ cepción de Popper. En la planificación de mi estrategia de argumentación puedo aprovechar la circunstancia de que a la relación sis­ temática de explicación e implicación que yo he afirmado entre los tres conceptos tematizados corresponde exacta­ mente también una dialéctica histórica de su descubrimien­ to: así.) El concepto de falibilismo. —después de que Karl Popper renova­ ra el principio del falibilismo— yo mismo propuse el prin­ cipio pragmático-trascendental de la fundamentación últi­ ma como respuesta a la pregunta por las condiciones necesarias de posibilidad de la duda válida y también de . a mi juicio que. que hay presupuestos de este uso del concepto acerca de los cuales no se puede dudar: con otras palabras. a la vez. (Aquí. fundador de ambas concepciones. ha fundamentado la teoría metodológi­ camente relevante de la verdad como consenso.38 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO el sentido semántico-pragmático de la verdad mediante la idea reguladora de un acuerdo. Si se puede mostrar finalmente que hay presupuestos indiscutibles no sólo para la ciencia sino para toda argu­ mentación falible y al tiempo susceptible de consenso y. para todo pensamiento con pretensión de vali­ dez. haremos o condiciones normativas de posibilidad de la duda. por tanto. en el sentido de una fundamentación última pragmático-tras­ cendental de la teoría del conocimiento y de la ciencia. implican también. Charles Peirce formuló el princi­ pio del falibilismo de la ciencia empírica en un contexto en el que. quisiera hacer valer. es posi­ ble una fundamentación última pragmático-trascendental de la filosofía. el carácter idénticamente originario de la teoría del falibilismo y la del consenso en el sentido de Charles Peirce. en mi opinión. de una comunidad ilimitada de investigadores.

op.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 39 la ciencia falibilista. S. 1141-1175. P e i r c e . sino como complemento del «meliorismo» en conexión con el contex­ to de una teoría del perfeccionamiento a largo plazo de nuestro saber empírico. Collected Papers. Philosophie. En este contexto el falibilismo se infiere de dos reflexiones. p á g s . La fundamentación del falibilismo en Charles Peirce Charles Peirce introdujo explícitamente el principio del falibilismo por primera vez en 1897.). en Hist. Igual que posteriormente Popper.. V é a s e K. Ch. Franc­ fort. p á g s . Peirce. Sprache und Erkenntnis. el contexto del principio del falibilismo —de forma parecida a como ocu­ rre en Popper— está formado por una teoría evolutiva del saber y por una teoría cosmológica de la evolución com­ prendida análogamente.^ Pienso que las últimas concepcio1. p á g s . O. « F a l l i b i l i s m u s » . 2. í n d i c e d e m a t e r i a s . Para e s t o R.' A continuación quiero reconstruir también la problemática al hilo de la gradación de esta dialéctica histórica. vol. Worterbuch d. Apel. en un artículo titula­ do «Fallibilism. «Das P r o b l e m d e r p h i l o s o p h i s c h e n L e t z t b e g r ü n d u n g i m Lichte e i n e r t r a n s z e n d e n t a l e n S p r a c h p r a g m a t i k . pág. ( V e r s u c h e i n e r M e t a k r i t i k d e s " K r i t i s c h e n R a t i o n a l i s m u s " ) » . 1976. I n s b r u c k . cit. O. P e i r c e .' Como indica el título del artículo citado. S. también Peirce hace valer que «un único experimento podría refutar ab­ solutamente una hipótesis por importante que sea» y de aquí que nuestra estrategia investigadora debiera consis­ tir en buscar conscientemente contraejemplos que falsen una teoría o hipótesis. 2. e n K a n i t s c h e i d e r (comp. 7 2 0 6 . 8 9 4 y s i g s . . Continuity and Evolution». S. Así se indica en Peirce —igual que después en Popper— que no hay que entender el principio falibilista como una variante del escepticismo. Heede. 3. aunque ya lo había defendido previamente en su «Logic of Inquiry». Der Denkweg von Ch. de las que sólo una tiene su ana­ logía en Popper: 1. 1975. II. 55-82. Ch. Apel. V é a s e t a m b i é n K.

el falsacionismo no asume la función —como en Popper— de ser una alter­ nativa —la única— al inductivismo o verificacionismo. Theorien te. sino. . pues no representa más que una prosecución meto­ dológicamente consciente de la selección natural en el pla­ no de la evolución del saber (como en el sentido de la máxima de Popper: dejemos que mueran teorías o hipóte­ sis en lugar de hacerlo nosotros mismos). En este contexto. además. cuasi-trascendental de la realización de las hipóte­ sis. Francfort. desde la perspectiva de una teoría nor­ mativa. todo conocimiento sintético 4. der Wissenschaftsgeschich- . según Peirce. Como estos dos tipos sintéticos de razonamiento no proporcionan una conclu­ sión obligatoria. en cierto modo en el context of discovery. respecto a su confirmación empí­ rica. Esto guarda relación con el hecho de que. 2. si es que no se dispone de alternativas— no han alterado seriamen­ te el núcleo del falsacionismo de Peirce y Popper. Por eso el núcleo del falsacionismo metodológico podría ser co­ rrecto. 'Pero a diferencia de Popper. Las posibles crí­ ticas o correcciones de la teoría popperiana hechas por Kuhn. en razonamientos inductivos.). los juicios perceptivos— se apoya para su realización en razo­ namientos abductivos y. Peirce ha obtenido el principio del falibilismo no sólo desde el punto de vista de un examen casi seleccionista de la validez de las hipóte­ sis. 1974. el falibilismo de todos los conocimientos sintéticos deriva de la siguiente circuns­ tancia: el conocimiento sintético —como por ejemplo. D i e d e r i c h (comp. V é a s e W. S u h r k a m p . deduc­ tivos e inductivos.Lakatos. para Peirce. sino que tiene su lugar en el contexto de una lógica de la inves­ tigación que comprende el proceso investigador como una estructura metódica de razonamientos abductivos.40 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO nes en teoría de la ciencia —tales como por ejemplo la de la dependencia de la teoría por parte también de los falsadores y la de la utilidad pragmática de aferrarse a teorías aun en los casos de exceso de anomalías. Sneed y Stegmüller'' podrían ser todas compatibles con el aspecto principal del falsacionismo.

Peirce no reconoce. 95 y s i g s . 2). 5318-5356. en que se eliminen las hipótesis falsas. y no. sino también en que se debe esperar a priori la convergencia in the long run. está vinculado a priori a ciertos postulados o ideas reguladoras.' Desde la inclusión. de los razonamientos sintéticos concretos. se hace comprensible que el principio peirceano. Sólo podemos definir lo real. 5 4 9 8 . Ch. cit. considerados en su totalidad. podemos y debemos sostener. Esto quiere decir que cuando hemos de sostener como prácticamente «cierta» una convicción. sino en el sentido de que. S. una deducción trascendental de los «principios» de la ciencia natural. en el sentido de que todos nuestros conocimientos. algunos podrían ser falsos en tanto que resultan de razonamientos sintéticos. P e i r c e : op. en el sentido de la aproximación a la verdad. en el plano de la lógica de la investigación.)^ En Peirce. como lo cog5. a diferencia de lo irreal. desde luego. cit.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 41 debe ser falible. en lo que atañe al progreso del conocimiento.. P e i r c e : op. a diferencia de Kant. p á g s . Ch. (en n o t a n. como en Popper. que hemos bosquejado. Para e l l o Apel. ciertamente. del principio falibilista de Peirce en la teoría del razonamiento sintético. (El uso del término a priori en este contexto no carece de fundamento. 6. la conexión entre falibilismo y progreso del conocimiento no consiste sólo. o la mayoría de ellos. pág. cit. p á g s . op. porque basándonos en los criterios de que disponemos no podemos dudar con sentido de ella (una paper doubt no cuenta). Peirce fundamenta este principio de convergencia mediante un argumento cuasi-trascendental o crítico del sentido: sin la presunción de la convergencia en la verdad de todos los razonamientos sintéticos. también en este caso. pudieran ser falsos. una reserva falibilista. pues. .. S. nuestros argumentos sobre ese particular no tienen ningún sentido. aunque sí —y hay que hacerlo notar— una deducción trascendental de la validez a largo plazo de los procedimientos sintéticos de razonamiento.

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noscible in the long run sobre la base de la convergencia de los razonamientos/ Peirce ilustra la posibilidad de esta convergencia con el ejemplo de la reconstrucción de un caso de asesinato partiendo de los razonamientos de un sordo y un ciego que pueden llegar, finalmente, al mismo resulta­ do desde evidencias sensibles muy diferentes/ Aquí se cla­ rifica ya que el realismo de la teoría de la verdad, que cons­ tituye el trasfondo del falibilismo en Peirce, no tiene el carácter de una hipótesis metafísica que no se puede fun­ damentar más, a diferencia del «realismo» de Popper, sino que se fundamenta en la misma lógica normativa de la in­ vestigación que —al menos en 1968-1969— debía propor­ cionar una «deducción trascendental» de los «fundamen­ tos de validez» de los «procesos sintéticos de razonamiento», así como también del conocimiento por experiencia/ Para Peirce, la probable convergencia de los razona­ mientos sintéticos de diferentes personas y desde distin­ tas evidencias perceptivas no sólo representa la posibili­ dad del conocimiento progresivo de lo real; más bien, un conocimiento teórico completo o suficientemente profun­ do de lo real presupone, en principio, la convergencia de los razonamientos sintéticos de todos los miembros de una comunidad ilimitada de investigadores. Sólo se puede com­ prender plenamente este postulado si se considera que, se­ gún Peirce, los razonamientos sintéticos de cara a la ob­ tención abductiva de conocimiento y a la confirmación inductiva de las hipótesis están vinculados, por principio, con procesos lingüísticos de interpretación:
7. V é a s e Apel, op. cit. p á g s . 41 y s i g s . 8. Ch. S. P e i r c e , op. cit., 8. 12. 9. En mi o p i n i ó n , e s t o e s v á l i d o a p e s a r de q u e Peirce — d e m o d o p a r e c i d o a P o p p e r — c o n c i b i e r a p o s t e r i o r m e n t e la m e t a f í s i c a c o m o c i e n ­ cia de las h i p ó t e s i s g l o b a l e s . P o r lo d e m á s , para Peirce, la m e t a f í s i c a p r e s u p o n e , p o r su p a r t e , la l ó g i c a n o r m a t i v a s e m i ó t i c a de la i n v e s t i g a ­ ción, tal y c o m o la c o n c i b i ó y a e n 1868-1869 c o m o r e s u l t a d o d e u n a r e c o n s t r u c c i ó n c r í t i c a d e la l ó g i c a t r a s c e n d e n t a l de Kant. V é a s e Apel, op. cit., p á g s . 159 y s i g s . 10. Para lo q u e s i g u e v é a s e K. O. Apel, «Von Kant zu P e i r c e : D i e

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Así, por ejemplo, toda percepción de algo como algo tie­ ne la estructura de un razonamiento abductivo inconsciente: 1. Premisa: eso de ahí... es tal y cual. 2. Premisa: lo que es tal y cual es, por lo general, un A. 3. Conclusión: luego, esto es, ciertamente, un A. En un razonamiento de este tipo la primera premisa representa la autodonación (Selbstgegebenheit) no interpre­ tada del fenómeno: eso que se puede, por ejemplo, fotogra­ fiar pero que aiin no se puede pensar ni, por tanto, cono­ cer, «como algo». En el mejor de los casos, se puede hacer de eso objeto de un «bautismo originario», en el sentido de Kripke, con la correspondiente definición indexical del nombre de pila; pero, a pesar de eso aún no se ha alcanza­ do su conocimiento como algo sino que sólo se ha hecho posible —evidentemente— una identificación que se pue­ de transmitir." Por el contrario, la segunda premisa re­ presenta la posible subsunción de una clase de fenómenos posibles bajo un concepto, tal y como es factible normal­ mente por el uso convencional del lenguaje. El conocimien­ to, qua percepción interpretativa de algo como algo, en el sentido del razonamiento abductivo, es factible gracias a esta posible subsunción; por ejemplo, el juicio perceptivo más o menos seguro: «eso de ahí (o lo que parece tal o cual) es, tal vez, un arbusto (y no una piedra o un perro)». Ese mismo juicio perceptivo puede convertirse en punto de partida de un razonamiento abductivo —por ejemplo, en el sentido de una explicación causal del hecho percibi­ do; o, también, en punto de partida de un examen inducti­ vo— en virtud de las consecuencias experimentables sens e m i o t i s c h e Transformation der t r a n s z e n d e n t a l e n Logik», e n ibíd., Transformation der Philosophie, vol. II, Francfort, S u h r k a m p , 1973, págs. 157 y sigs. (trad. cast.: La transformación de la filosofía, Madrid, T a u r u s , 1985), así c o m o también, del m i s m o autor: «Linguistic, M e a n i n g a n d Intentionality», en G. Deledalle (comp.): Sémiotique et Pragmatique (de p r ó x i m a aparición). 11- V é a s e S. Kripke, Naming and Necesity, Oxford, Basil Blackwell, 1980. T a m b i é n Apel, « L i n g u i s t i c , M e a n i n g . . . » , op. cit.

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siblemente y concluibles deductivamente del juicio perceptivo que se presupone correcto. (Si, por ejemplo, la sombra que hemos percibido en la oscuridad como un arbusto echa a correr de repente, entonces era, probablemente, un animal.) Ya ha quedado demostrado que el juicio perceptivo es falible, en tanto que se apoyaba en un razonamiento sintético. Hasta aquí, a grandes rasgos, he mencionado lo básico de la fundamentación peirceana del falibilismo/meliorismo del conocimiento empírico de lo real en el marco de una teoría de los razonamientos sintéticos de conocimiento y de su convergencia in the long run que hay que postular. ¿Qué teoría de la verdad o, más exactamente, qué explicación del sentido de la verdad se puede coordinar con esta teoría falibilista de la lógica de la investigación? III. El falibilismo y el problema de una teoría de la verdad criteriológicamente relevante

En cierto sentido, la teoría realista de la verdad como correspondencia no es sólo la intuición básica natural respecto a la verdad de los enunciados, sino que está presupuesta también por todas las teorías de la verdad como su condición necesaria, es decir, no sólo la presuponen aquellas teorías que —como en los casos de Aristóteles y Tomás de Aquino— comportan una metafísica y epistemología realistas, sino que también la presuponen los representantes de diferentes ontologías o/y epistemologías. Así, por ejemplo, Platón es el auténtico fundador de la teoría de la correspondencia referida a la verdad de los enunciados, a pesar de su metafísica objetivo-idealista;'' y, como es sabido, Kant ha explicado que podría concederse la validez de la teoría de la verdad como correspondencia en el sentido de una «explicación del nombre»." En el sen12. 13. V é a s e P l a t ó n , Sofista, 240-242a y 263b. V é a s e K a n t , Kritik der reinen Vernunft,

Lógica trascendental.

Formas postarskianas de la teoría realista de la co­ rrespondencia. la posibili­ dad del error de la realidad. en favor de su función como teoría de la apertura epocal I n t r o d u c c i ó n III (trad. junto con la falibilidad del conocimiento. 2. sino también el de Peirce— im­ plica también una teoría realista de la correspondencia para la verdad de los enunciados. en el sentido de Descartes. de la razón pura. Orbis. 6. 7. Teoría de la evidencia. 4.: Critica 1984). B a r c e l o n a . Brentano o Husserl. Teorías pragmáticas de la verdad en el sentido de James. con esta constatación. Sellars o Popper. 3. por ejemplo acer­ ca de las diferencias y los motivos de las siguientes teo­ rías que se diferencian de forma ideal: 1. Teoría semántica de la correpondencia en el senti­ do de Tarski. Teoría de la coherencia en el sentido de Hegel. Pues. en sentido aristotélico. porque finalmente fue revo­ cada. Dewey o Rorty. Pero. .TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 45 tido que hemos indicado vagamente aquí. Formas constructivistas de la teoría del consenso. Formas pragmático-trascendentales de la teoría del consenso de procedencia peirceana. por el propio autor. Peirce piensa. 8. del neohegelianismo británico o en el de Neurath o Rescher. por ejemplo Austin. el falibilismo —y no sólo el de Popper. precisamente. apenas se ha dicho nada acerca de la diferencia epistemo­ lógica —por ejemplo. en tanto que teoría de la verdad. criteriológicamente relevante— en­ tre las teorías de la verdad que se han formado a lo largo de la historia (ni acerca de sus motivos). (He omitido intencionadamente en esta Usta la teoría de la «A-letheia»de Heidegger. cast. Teorías clásicas de la correspondencia o adecuación. 5.

)'"' A continuación. 1969. por una parte. y la teoría metafisico-realista de la verdad como correspondencia. LAS APORIAS DE LA TEORÍA METAFÍSICO-ONTOLÓGICA DE LA VERDAD COMO CORRESPONDENCIA Las dificultades de la teoría clásica de la adecuación o correspondencia se pueden marcar de la forma más drás­ tica a la luz de la diferencia poskantiana entre la relación sujeto-objeto del conocimiento y todas las relaciones intramundanas objeto-objeto. al falibilismo: se trata de la diferencia entre la teoría prag­ mático-trascendental de la verdad como consenso. se trata básicamente de destacar la di­ ferencia. hasta ahora. rehabilitada por Popper. y las cosas por la otra. En la teoría clásica de la adecua­ ción. M. relevante epistemológica y metodológicamente. Zur Sache y sigs. T u b i n g a .tu TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO del sentido que debe preceder a toda posible verdad o fal­ sedad de un enunciado.1. el tercer punto afecta al papel —para Popper manifiestamente importante— de la teoría semántica de la verdad de Tarski. se presenta como una relación ontológica. El segundo punto se refiere a la limitada relevancia criteriológica de la teoría fenomenológica de la verdad de Hus­ serl. en­ tre las dos teorías de la verdad coordinadas. p á g s . H e i d e g g e r . quisiera tomar postura muy brevemente ante tres puntos de la actual discusión sobre la verdad. en el sentido de una nueva fundamentación de la teoría de la correspondencia evitando las dificultades tradicionales. des Denkens. la coincidencia entre el entendimiento o el juicio. desde la vi14. 76 . 3. Para ha­ cer comprensible esta diferencia. El primero de ellos concierne a las dificultades episte­ mológicas y metodológicas de la clásica teoría metafisicorealista u ontológica de la verdad como correspondencia. Finalmente. como una relación que. proce­ dente de Peirce.

En resumen: nadie puede mirar tras el espejo de los fenó­ menos y nadie puede examinar la coincidencia —supuesta por la teoría metafísica de la correspondencia— entre los fenómenos que se representan o se piensan en los juicios y las cosas-en-sí. Pero. en el marco de la filosofía trascendental de la conciencia hay una respuesta a esta aporía: una res­ puesta que evita por completo la suposición metafísica de una relación intramundana objetivable y examinable ex­ ternamente de correspondencia y que.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 47 sión poskantiana de una filosofía crítica de la conciencia. Me refiero a la teoría fenomenológica de la verdad . de hecho. es que aunque se supone inge­ nuamente tal enjuiciamiento externo de la relación de co­ nocimiento sujeto-objeto. 3. precisan de ese mismo examen.2. a su vez. lo que ha comprendido fundamentalmente la filosofía crítica de la conciencia frente a la metafísica prekantiana. pone de relieve de una forma criteriológicamente relevante el sentido «empírico-realista» —que Kant también presupo­ nía como «concedido»— de la teoría de la corresponden­ cia. sólo puede ser pensada con una relación intramundana ob­ jeto-objeto. sin embargo. Dicho con otras palabras: si se pregunta por el criterio de existencia de la supuesta coincidencia o ade­ cuación. no puede ser realizado. por prin­ cipio. la respuesta debería darla propiamente un obser­ vador que pudiera colocarse fuera de la relación sujetoobjeto del conocimiento y que pudiera enjuiciarla como una relación entre objetos. pues. LA LIMITADA RELEVANCIA CRITERIOLÓGICA DE LA TEORÍA FENOMENOLÓGICA DE LA VERDAD COMO EVIDENCIA (PARA LA CORRESPONDENCIA) Ciertamente. el examen (de la existencia de la relación de adecuación) sólo puede realizarse median­ te juicios que. de forma criteriológicamente relevante: todo intento de realizar el examen tiene que conducir a un regressus ad infinitum.

O. H u s s e r l . en una teoría fenome­ nológica de la verdad como evidencia está «superado». por lo que aquélla puede ser. el funcionamiento no problemático de la teoría de Husserl en el discurso. Esto se aclara inmediatamen­ te si se imagina un fenómeno dado que se puede fotogra­ fiar. Para e l l o . Las personas que han visto el fenómeno. Aquí. Die Krise der Phanomenologie und die Pragmatik des Wissehschaftsfortschritts. por ejemplo los participantes en una expedición científica. « D a s P r o b l e m d e r p h a n o m e n o l o g i s c h e n Evidenz im Lichte e i n e r t r a n s z e n d e n t a l e s S e m i o t i k » . Berlín. después me vuelvo y constato: mi intención judicativa se ha visto cumplida por la eviden­ cia que ha dado el fenómeno. entre la intención noemática del juicio y la autodonación {Selbstgegebenheit) del fenómeno en cada caso.48 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO de Edmund Husserl. en el sentido de un razonamiento abductivo y de una subsunción lingüístico-conceptual correspondiente. en cierto modo. B u r g e r (comp.: Investigaciones lógicas.. V é a s e t a m b i é n K. Apel. c a p . 5 (trad. Logische Untersuchungen. V i e n a 1986. E. presupone que todos los participantes en el discurso comparten la interpretación lingüística de los fenómenos del mundo de la vida. Alianza. obviamente. p á g s . Me parece que esta teoría satisface plenamente la con­ dición de una' teoría criteriológicamente relevante de la verdad . B e n e d i k t / R . pero que no se puede interpretar como algo. 2 voh. Tugendhat. V é a s e E.). 1967. sino de la relación de cumplimiento (Erfüllung) examinable desde la perspectiva del sujeto de conocimiento. en M. Un ejem­ plo que clarifica lo fundamental de esta posición podría ser el siguiente: primero formulo el juicio «La pared que hay detrás de mí es roja». muestra de hecho que —como ya se indicó antes— la teoría de la verdad como correspondencia con­ tiene una intuición natural fundamental que se presupone en todas las teorías posibles de la verdad. 78-79. Parte II. Der Wahrheitsbegriff bei Husserl und Heidegger. 1985). cast. presupuesta. Ciertamente.Como Common-sense en el «mundo de la vida» y en este sentido. M a d r i d . . lo básico de la teoría de la correspondencia. podrían referirse a la foto15." En ella ya no se trata de una rela­ ción ontológica y externamente objetivable de correspon­ dencia.

TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 49 grafía. no es correcto reducir la evidencia a un sentimiento de evidencia o vivencia de certeza sin ninguna función de fundamentación. Pues si la evidencia fenoménica sólo se puede hacer valer conjuntamente con la vivencia de certeza del sujeto que tiene conciencia de la percepción. compartida como obvia en el mundo de la vida y. han ido demasiado lejos en su repulsa de la evidencia fenoménica en el marco de la problemática de la fundamentación. también los popperianos. la filosofía actual que ha pasado por el linguistic-hermeneutic-turn y. sobre todo en la evidencia apodíctica de la «esfera residual del ser» del ego cogito que sobrevive a toda epoché. puede ponerse a la larga en su momento objetivo de la autodonación del fenómeno. considerada como libre de teoría y que sirva como base de la fundamentación filosófica ídtima— se dirige. contra la ilusión de una evidencia prelingüística. porque falta precisamente la interpretación lingüística de los fenómenos. en el sentido indicado. de modo que diferentes . totalmente en el sentido de la teoría del «cumplimiento» de Husserl y determinar una coincidencia con la intención de su recuerdo. entonces la evidencia fenoménica sensible. por eso. mediante una fotografía por ejemplo. Por ejemplo. Husserl vio la base indudable de certeza de la filosofía crítica en la pura evidencia prelingüística de la autodonación de los fenómenos. presupuesta como válida intersubjetivamente. también el «racionalismo crítico» de Popper y sus discípulos. descubierto por el linguistic-hermeneutic-turn de la filosofía actual. no fue compartido en modo alguno por Husserl. Más bien. Precisamente contra eso —es decir. en este contexto. De aquí que no valorara su teoría de la verdad como evidencia como una teoría del Common sense del mundo de la vida. como es sabido. Este presupuesto. a su modo. hay que señalar que los semanticistas y. Ciertamente. pero no podrían decir de lo que se trata. y en tanto que último clásico de la filosofía trascendental de la conciencia y de su correspondiente solipsismo metódico.

K. en el sentido de que ya puede confirmarse la pura correspondencia entre nuestra intencionalidad de conciencia y la cosa misma: la Mind-to-world direction of fit. « S p r a c h l i c h e B e d e u t u n g . como dice Searle. A esto corresponde que la evidencia sólo se puede hacer patente como mero sentimiento de evidencia corrigiéndola con la evidencia fenoménica objetiva. Francfort. 1959. Londres. y. «rojo». por el hecho de 16. pág. M969. Popper. por ejemplo. el prejuicio semanticista contra la evidencia puede refutarse. Madrid. Para u n a c r í t i c a . Apel. C a m b r i d g e Univ. 71. 105 (trad. e s p e c i a l m e n t e . 156 y sigs.: Lógica de la investigación científica." Si pensamos en las fotografías no interpretadas de una expedición de descubrimiento como ejemplo de la pura evidencia fenoménica. como diría Peirce—. como Neurath y Popper. Para c r i t i c a r l o . «verde» e. P. pág. Entre un juicio proposicional sin evidencia perceptiva y un juicio perceptivo existe una diferencia característica que se puede resaltar también semióticamente: a saber. Searle.«colgar». también. p á g s . Intentionality. B e r n a y s . págs. Finalmente. cast. 1973). 88 y 172 y s i g s . el siguiente punto: la pura evidencia del fenómeno representa ya totalmente un criterio de verdad. Tubinga. y A. se clarifica. V é a s e J. los predicados . T e c n o s . Press 1983. «ahora». en mi opinión. «aquí»." Pero. « R e f l e c t i o n s o n P o p p e r ' s E p i s t e m o l o g y » . e n The Critical Approach to Science and Philosophy. 1967. que las proposiciones sólo se pueden fundamentar mediante proposiciones y que la evidencia del fenómeno se debe tomar en consideración nada más que como causa psicológica y no como fundamentación de las conclusiones sobre «proposiciones-base». Logic of Scientific Discovery. sólo en el juicio perceptivo referido a la evidencia pueden y deben desempeñar su función los signos indexicales del lenguaje como «éste». semióticamente. 8. y sólo en él se pueden introducir ejemplarmente los predicados —mediante una carga «icónica» de su significado «simbólico». Methodologie ais Erkenntnistheorie. incluso. «caer». Por eso es falso decir. 17. V/ellmer. O. 1964. «redondo» o «triangular».50 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO sujetos de conciencia en diferentes momentos del tiempo puedan referirse a la misma evidencia perceptiva. Logik der Forschung. V é a s e K. Londres.

Sólo ella constituye. Incluso la existencia —a diferencia del ser-así como mera posibilidad— no está contenida como caso de Segundidad [Zv^eitheit] —donación del puro serasí para una conciencia— en el fenómeno puro. e n M. bajo el presupuesto de una interpreta­ ción lingüística públicamente participada del mundo de la vida— caracteriza a un juicio perceptivo. una evidencia de conoci­ miento. V i e n a (en prepara­ ción). . dado que está sometida en todo momento a una posible re-interpretación en relación al progreso en el conocimiento. Sprache und Kunst. sino que. de un ser-así sin relación ni significado alguno. D a s V e r h á l t n i s v o n S p r a c h a p r i o r i u n d B e w u s s t s e i n sapriori i m L i c h t e e i n e r t r a n z e n d e n t a l e n S e m i o t i k » . desde la evidencia puramente feno­ menológica —phaneroscópica— del ser-así. Siguiendo a Peirce. se puede especificar muy bien la razón de esta carencia.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 51 que se dé tal confirmación de nuestro juicio por la eviden­ cia fenoménica. evidentemente. la siguiente conclusión final respecto a la peculiariund I n t e n t i o n a l i t a t . no quedan garantizadas ni la validez inter­ subjetiva ni tampoco la certeza infalible de un conocimien­ to de algo como algo. Desde estas reflexiones se puede derivar ya. (Según Peirce. ) . se trata aquí de un caso de Primeridad [Erstheit]. es decir. B e n e d i k t / R . Segundidad y Terceridad (Drittheit). la pura evidencia fenomé­ nica para la correspondencia del cumplimiento intencio­ nal no es todavía. Pero aún falta la interpretación lingüística del ser-así dado —o recordado— «como algo» como significado comunicable. Bewusstsein. en absoluto. de evidencia de conocimiento. no es aún un criterio suficiente de verdad. un caso de Pri­ meridad. Sin la in­ terpretación lingüística adecuada al fenómeno en relación con un razonamiento abductivo. B u r g e r ( c o m p s . está testimoniada por la percepción actual o por el recuerdo [y también por el uso de expresiones indexicales en el juicio perceptivo o de recuerdo]. que normal­ mente —es decir. Pero incluso la evidencia de conocimiento. es decir. en mi opi­ nión.

15 y 17. «aquí». V é a n s e m i s t r a b a j o s c i t a d o s e n las n o t a s 10. en el sentido de la teoría peirceana de la verdad.'" Antes de seguir ocupándonos de este aspecto semiótico. y. Objective Knowledge.") 18. Clar e n d o n P r e s s . etc. Oxford. una función —que Peirce llama icónica— que puede representar el ser-así de los fenómenos con la introducción ejemplar de predicados. K. que hacen recaer nuestra atención. de modo que se establece en la conciencia un cierto modelo para el uso adecuado del predicado. (trad. una alternativa a la teoría de la verdad procedente de Peirce. V é a s e . 3 1 9 y s i g s . en los fenómenos dados. finalmente..52 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO dad de una teoría criteriológicainente relevante de la verdad: dicha teoría debe tener en cuenta claramente la armonía entre la evidencia que se debe desempeñar mentalistamente para la correspondencia y la interpretación lingüística intersubjetivamente vinculante en el contexto de razonamientos de conocimiento sintéticos y falibles.: Conocimiento objetivo. Esto apunta en la dirección de una teoría de la verdad fundada semióticamente que debe contemplar —al menos en el juicio perceptivo— tres diferentes funciones sígnicas: la función indexical de palabras como «esto». en el contexto de nuestro problema. esta explicación del sentido de la verdad está en la base de la reconstrucción de la teoría ontológico-realista de la verdad de Karl Popper y por eso parece constituir. Madrid. . en e s p e c i a l . quisiera —tal y como advertí— tomar postura brevemente ante la denominada teoría semántica de la verdad de Alfred Tarski. 1972. (Con todo. «tú». cast. también lingüística. p á g s . «yo». P o p p e r . 1982). una función simbólica de signos conceptuales que garantizan la validez intersubjetiva del conocimiento gracias a la mediación de lo singular con lo universal del significado lingüístico. T e c n o s . 19.

pues la ex­ plicación de Tarski no se refiere de antemano a la «verdad en general». la explicación tarskiana del sentido de la verdad evita. A. 21. sino a la «verdad en un determinado lenguaje S». desde luego. p o r e l l o . LA IRRELEVANCIA EPISTEMOLÓGICA Y CRITERIOLÓGICA DE LA TEORÍA DE LA VERDAD DE T A R S K I Y LOS PRESUPUESTOS PRAGMÁTICOS DE UNA COMPLEMENTACIÓN CRITERIOLÓGICAMENTE RELEVANTE DE LA TEORÍA SEMÁNTICO-ABSTRACTA DE LA VERDAD En nuestro contexto. por lo menos según la posibilidad. evi­ ta especialmente las «antinomias semánticas» relaciona­ das. 1977. 150 y s i g s . S u h r k a m p . De ese modo. si f u e r a v e r d a d e r a .-" Así. S k i r b e k k (comp. que n o s e p o d r í a s o s t e ­ ner. en G. Tarski evita también los problemas del lenguaje ordinario relacionados con la «indeterminación del significado». se ofrece una recons­ trucción de la teoría de la correspondencia que —según la comprensión de Tarski— no tiene implicaciones ontológico-metafísicas ni epistemológicas. al lenguaje ordinario surgido de la urdimbre pragmática con el mundo de la vida. s u u s o e n la filosofía d e b i e r a c o n d u c i r necesariamente a antinomias.'' Dicho bre20.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 53 3. mediante la separación estricta entre lenguaje objeto y metalenguaje. sino a un lenguaje artificial formalizado. T a r s k i .). todas las dificultades de las tradicionales teorías ontológico-metafísicas de la verdad. además. de hecho. pág. Francfort. T a r s k i . op. 169. A d e m á s n o s e p u e d e s o s t e n e r la o p i n i ó n q u e s u g i e r e Tarski a c e r c a de que el l e n g u a j e n a t u r a l repre­ senta u n « s i s t e m a s e m á n t i c o i n c o n s i s t e n t e » a c a u s a de la autorreflexividad de l o s e n u n c i a d o s q u e s e p e r m i t e e n él y que. donde S no alude. Wahrheitstheorien. con la autorreferencialidad del lenguaje natural. « D i e s e m a n t i s c h e K o n z e p t i o n d e r W a h r h e i t u n d d i e G r u n d l a g e n d e r S e m a n t i k » .3.. cit. y. evita también la dificul­ tad de la teoría fenomenológica de la verdad con la inter­ pretación lingüística de los fenómenos que se presupone ya siempre como intersubjetivamente válida. A. . el significado de la teoría de Tars­ ki consiste en que. Esta es una de las n u m e r o s a s t e s i s de la f i l o s o f í a m o d e r n a . por primera vez. p á g s .

De e s t e m o d o . p á g s . en el sentido también de una teoría realista de la verdad científica entendida como correspon­ dencia. en mi o p i n i ó n . There can be no syntactic of semantic "sieve" thaí will win now out the "bad" cases while preserving the "good" ones» (The Journal of Philosophy. sólo como presupuesto necesario para el concepto de deducción de la lógica se­ mántica (a diferencia del concepto de implicación de la sintaxis lógica). Tarski. s e a n a r r i e s g a d o s : «they risk being paradoxical if the empirical facts are extremely (and unespectedly) unfavorahle. L X X I I / 1 9 . y Tarski destaca. por cierto. a u n q u e si se c u e s t i o n a la i l u s i ó n — q u e s e b a s a en una «falacia a b s t r a c t a » — (la u t o p í a de Leibniz de u n l e n g u a j e . p e r o sí la de p a r a d o j a s e n el p l a n o pragmático del uso del lengua­ je.c á l c u l o filosófico) de q u e la filosofía podría c o n s t r u i r p o r sí m i s m a u n s i s t e m a l i n g ü í s t i c o u n i v e r s a l — o tam­ bién. por tanto. 692). s e g ú n Kripke. la u t i l i d a d t é c n i c a do reglas que e x c l u ­ yen a priori la a p a r i c i ó n de p a r a d o j a s e n d e t e r m i n a d o s á m b i t o s .'^ Es comprensible que esta explicación de la verdad pa­ reciera ofrecer a la moderna lógica de la ciencia —y. posi­ b l e m e n t e n o se p u e d a e x c l u i r la a p a r i c i ó n de e n u n c i a d o s e m p í r i c a m e n t e falsos. una t e o r í a a d e c u a d a d e la v e r d a d d e b e p e r m i t i r q u e n u e s ­ tros e n u n c i a d o s que e n v u e l v e n la idea de la v e r d a d . verdadero precisamente si la nieve es blanca. en el sentido del esque­ ma de definición que se expresa del siguiente modo me­ diante la «convención T»: «x es verdad precisamente si p». 1975. también a Karl Popper— la oportunidad de un nuevo comienzo. no se c u e s t i o n a . El enunciado «la nieve es blanca» es. A. en este sentido. en este sentido. Por e s o . . la definición de la verdad proposicio­ nal servía. Pero una teoría Saúl Kripke ha m o s t r a d o q u e n i n g u n a p r o p i e d a d s i n t á c t i c a o s e m á n ­ tica de un e n u n c i a d o p u e d e g a r a n t i z a r q u e no sea p a r a d ó j i c o . ya por la paradoja del paralenguaje q u e e s i m p r e s c i n d i b l e para el d i s c u r s o filosófico a c e r c a de t o d a s las r e g l a m e n t a c i o n e s a r t i f i c i a l e s del l e n g u a j e . cit. Ciertamente. una j e r a r q u í a i n f i n i t a de s i s t e m a s l i n g ü í s t i c o s — de m o d o que.. Se d e m u e s t r a la i m p o s i b i l i d a d d e e s t a e m p r e s a . op. pág. que su teoría no posee relevancia criteriológica. 22. se hace posible para Tarski la definición recursiva y formalmente precisa de la verdad proposicional en un sistema semántico S y. me­ diante la estructura semántico-sintáctica e s t a b l e c i d a de la l e n g u a .54 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO vemente: mediante la fijación de las condiciones esboza­ das. según el propio Tarski. 143 y s i g s . en mi o p i n i ó n .

en modo alguno. sin poner en peligro seria­ mente la pretensión de reconstruir la teoría clásica de la correspondencia. en tanto que dimensión del uso lingüístico epistemo­ lógicamente relevante.s e m á n t i c a a otra p r a g m á t i c a en la t e o r í a a n a l í t i c a de la c i e n c i a . . orientada lógico-semánticamente." dicha teoría de la ciencia. S t e g m ü 11er. o dicho más radicalmente: si la definición lógi­ co-semántica de la verdad propuesta por Tarski debe en­ tenderse como un componente necesario de una teoría de 23. una preferencia respecto a las teorías de la verdad de carácter ontológico-metafísico y epistemo­ lógico. en el consiguiente pragmatic turn de la teoría de la ciencia se mostró muy pronto que Tarski ha­ bía valorado más correctamente la situación en sus mani­ festaciones restrictivas: en el mejor de los casos. 24. vol. v é a s e W. K e u t h . B e r l í n / H e i d e l b e r g / N u e v a York. podría ser capaz de resolver los pro­ blemas pragmáticos adicionales de una aplicación episte­ mológica de la teoría de Tarski. su «corrección formal» se apoya en la completa abs­ tracción de la dimensión pragmática de la función sígnica. Si la teoría debe ser aplicable epis­ temológicamente. su teoría es una reconstrucción parcial. de la teoría clásica de la correspondencia y. sin tener en cuenta la interpretación. mediante la identificación de los datos relevantes de la experiencia). de las teorías. T u b i n g a . Karl Popper ha tomado en consideración la teoría de Tarski como base de una teo­ ría ontológico-realista de la correspondencia. S p r i n g e r . a pesar de que el propio Tarski había explicado que su teoría no prejuz­ ga." Sin embargo. relevante lógico-semántica­ mente. es decir. Para el p a s o p r o g r e s i v o d e u n a o r i e n t a c i ó n l ó g i c o . Probleme und Resultate der Wissenschaftstheorie und analytischen Philosophie. por eso. 1978. 1969-1973. I-IV. En este sentido.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 55 de la ciencia que parte —en primer lugar— de la posibili­ dad de investigar teorías considerándolas como sistemas semánticamente interpretados de proposiciones y sin te­ ner en cuenta la dimensión pragmática (es decir. Para la a p o r é t i c a de la t e o r í a de la v e r d a d d e P o p p e r v é a s e H. Realitat und Wahrheit. referida a la situación. de forma criteriológicamente relevante.

56 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO la verdad filosóficamente relevante. de los problemas de una renovada disputa de la fenomenología con una teoría metafísico-on­ tológica de la correspondencia. Para lo que v i e n e a c o n t i n u a c i ó n v é a s e K. sino —así lo pienso yo— de los problemas de una integración pragmático-hermenéu25. Apel. por eso. el concepto de «cumplimiento» de la semántica lógica —en el sentido del cumplimiento de funciones proposicionales por objetos que pertenecen al ámbito valorativo de las variables— introdu­ cido por Tarski para proposiciones generales y de existen­ cia. 189-223. The Relevance of Charles Peirce. La definición tarskiana de la verdad proposicional «en S» presupone ya siempre que el lenguaje artificial for­ malizado S tiene significado con la ayuda del lenguaje cien­ tífico existente y ya en uso. con la ayuda de un lenguaje natural y. La Salle/Illinois. es decir. F r e e m a n n (comp. 1983. en el sentido de la pragmática del uso cognitivo del lenguaje. en el sentido del cumplimiento de las intenciones cognitivas por la evidencia perceptiva. 25 tiva. S. relevante epistemológicamente. O. e n E. la brujas y los ángeles) sino también como denotata identificables en el mundo real. entonces se muestra que presupone ya siempre. T h e H e g e l e r Institute. claro que no se trata. Dicho brevemen­ te: «cumplimiento» por «objetos» debe poder entenderse también.). puede se aplicado a fenóme­ nos identificables e interpretables. P e i r c e and Post-Tarskian T r u t h » . «C. Sólo menciono aquí los tres más importantes:" 1. págs. Pue­ de verse cómo vuelven aquí los problemas ya discutidos de la teoría fenomenológica de la verdad. Además. De ahí derivan una serie de problemas adicionales prin­ cipales para garantizar la «conformidad objetiva» que Tars­ ki afirmaba de la teoría semántica de la verdad y cuya no consideración filosófica conduce a una falacia abstrac­ . la posibilidad de una definición. en principio. . por principio. necesariamente. presupone ya siempre que los objetos no sólo pueden comprenderse como desígnala de un sistema semántico abs­ tracto (al que pueden pertenecer también los caballos vo­ ladores. de la ver­ dad.

en el sentido de una reducción lógi­ co-semántica del problema del conocimiento. en el sentido ya indicado. de . ya se presupone una adecuada definición o explicación del sentido de la verdad. Esto es. (La insistencia de Popper en la tesis de que las proposicio­ nes sólo pueden ser fundamentadas mediante proposiciones y que la evidencia del fenómeno sólo entra en considera­ ción como causa psicológicamente relevante para las con­ clusiones de la base puede comprenderse ahora como una «falacia abstractiva». (Esto último es lo que afirman de hecho Bolzano y Tomás de Aquino.) En el argumento que ya se ha expuesto respecto a los presupuestos pragmáticos de la aplicabilidad —y también de la posible relevancia epistemológica— de la teoría lógi­ co-semántica de la verdad de Tarski. En una teoría de este tipo. Una prueba útil en contra de esta tesis la proporciona el argumento —igualmente querido— proveniente de Bolzano acerca de que puede haber innumerables proposi­ ciones verdaderas cuya verdad no se ha constatado ni na­ die lo hará jamás. o son verdaderas de forma total­ mente independiente de la existencia de conocimiento hu­ mano y también de verificabilidad de enunciados. No tener esto en cuenta constituye la falacia abstractiva de la fase semanticista de la lógica analítica de la ciencia (incluyendo la «Lógica de la investigación» de Popper). necesaria por principio. sirve nuestro postulado de una complementación pragmática. a los fenó­ menos dados de lo real). precisamente lo que pre­ supone la complementación pragmática de la teoría de Tars­ ki.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 57 tica de la evidencia del fenómeno. Pero este argumento estandarizado para defender la suficiencia ló­ gico-científica de la teoría tarskiana de la verdad pasa por alto que una teoría de la verificación (o confirmación) pre­ supone una explicación del sentido de la verdad que es aplicable por principio a la realidad (es decir.) En el primer caso. aquí es decisiva la si­ guiente cuestión: esas proposiciones son verdaderas inde­ pendientemente del conocimiento fáctico realizado o realizable en el futuro. En mi opinión. no se trata de la exi­ gencia de una teoría de la verificación (o confirmación).

Pero jus­ tamente esta diferenciación semanticista implica la falacia abstractiva respecto a la situación del sujeto de la (según Peirce) relación triádica básica del conocimiento mediado por signos. Me parece que este argumento muestra también que es insostenible la versión platonizante de Popper acerca de un conocimiento objetivamente válido withotit a knowing subject. pertinente en el problema de la verdad. según el cual la problemática del sujeto de conocimiento representa una temática relevante sólo em­ pírico-psicológicamente. existe de nuevo una falacia abstractiva (a menos que —como Tomás de Aquino y también Bolzano— se presuponga tácitamente al intellectus divinus como sujeto de la verificación de las «proposiciones en sí» verdaderas). de carácter pragmá­ tico y tematizable de forma meramente empírica. tematizarse en una pragmática trascenden­ tal (en tanto que dimensión interpretativa de una semióti­ ca trascendental). mostrán­ dose a la vez la necesidad de una complementación o trans­ formación teórico-intersubjetiva de la teoría del conocimiento kantiana de la «conciencia en general» en tanto que sujeto. del conocimien­ to. Pues las condiciones de posibilidad del acuerdo inter­ subjetivo acerca de la interpretación lingüística del mun- . Esa situación del sujeto. en el segundo caso.58 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO la teoría de Tarski. más bien. como perteneciente a las condiciones de posibilidad del conocimiento válido debe­ ría. Esta situación no puede considerarse como con­ vertida de antemano en objeto de referencia semántica (aun­ que necesariamente integrada de modo pragmático) de los signos. en principio autárquico. Si ocurre así. se muestra aquí la analogía fundamental entre la arquitectónica en la que se basa y la diferenciación de Carnap entre la «semántica lógica». alcanzaremos por lo menos el nivel pro­ blemático de la teoría del conocimiento de Kant. en el sentido del «segundo mun­ do». Más exactamente: a pesar de todos los pronunciamien­ tos acerca de la relevancia en teoría del conocimiento de la «Lógica de la investigación» popperiana. y la pro­ blemática del sujeto de conocimiento.

en que —como sólo puede asegu­ rarse la aplicabilidad epistemológica de la teoría a fenó­ menos dados— la validez intersubjetiva de la interpreta­ ción lingüística del mundo está garantizada siempre a priori. Pero ahora hay que volver a cuestionar esta ventaja al interpretar de forma semántico-pragmática el lenguaje artificial con la ayuda del lenguaje ordinario. en principio. no se puede extender tal efecto hasta la posible aplicación del lenguaje reconstruido a los fenó- . no pueden tematizarse adecuadamente. No se puede negar aquí el efecto unificador del signifi­ cado que puede comportar una reconstrucción fragmenta­ ria del lenguaje natural —por ejemplo. asi como también para la necesidad básica de incluir pragmático-trascendentalmente la teoría de la verdad de Tarski. frente a la teoría fenomenológica de la evidencia. por ejemplo. entonces se demuestra que también es problemática la principal ventaja de esta teoría. al igual que la integración de la referencia semántica mediante la iden­ tificación subjetiva del fenómeno en un análisis meramen­ te empírico de objetos de referencia semántica.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 59 do. Se comprende que di­ cho postulado debe tener consecuencias respecto al carác­ ter distintivo de la teoría de la verdad que postulamos. Si se ha comprendido esto. que es ya constitutiva para el conocimiento perceptivo válido. se ob­ tienen los siguientes problemas adicionales: 2. del lenguaje cientí­ fico formulado en él— en el sentido del lenguaje artificial. pues la verdad se ha definido previamente como verdad proposicional en un sistema lingüístico unívoco y semántico. Tal ventaja con­ siste. Si se admite que la aplicación teórico-científica de la definición tarskiana de la verdad para lenguajes forma­ lizados presupone una interpretación pragmático-semán­ tica del lenguaje artificial con la ayuda del lenguaje «natu­ ral». Ya en Peirce se obtenía en este punto el postulado de una «comunidad ilimitada de investigadores» que hace las veces de sujeto del posible conocimiento verdadero. como ya se indicó. Pero. como presupuesto de la posible verificación de las hipóte­ sis del conocimiento.

En este momento debe hacerse problemática la equivalencia de significado que se presupone en la «convención T» de Tars­ ki. E s s l e r . «Zur I d e e einer t r a n s z e n - . 156. sino que ahora caracteriza el punto en el que debe alcanzarse un acuerdo. Esa equivalencia no se puede ya garantizar a priori en el mar­ co de un lenguaje artificial de dos niveles. en principio ilimitada. adjudicándole el último metalenguaje utilizado dentro de la jerarquía. Aquí. objeto de la semántica lógica. Esto se ha propuesto haciendo del lenguaje de la filo­ sofía. de los metalenguajes. a causa de las expresiones indexicales necesarias. Para u n a c r í t i c a v é a s e K.60 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO menos dados del mundo de la vida. S t u t t g a r t 1972." Es 26. O. pues la diferencia entre lenguaje objeto y me­ talenguaje se toma ya en consideración para los enunciados de la relación de equivalencia entre x y p QXX el marco de la «convención T». Analytische Philosophie. Más bien llegará con se­ guridad el momento en el que la traducción del lenguaje ar­ tificial unívoco al lenguaje no unívoco de la interpretación semántico-pragmática del mundo se constituya en un pro­ blema. entre los científicos y con ayuda del lenguaje natural. pág. Como afirma Tarski. que ilumina ya la problemáti­ ca de la fundamentación pragmático-trascendental última de la filosofía. en vista de la radical indeterminación de toda traducción fác­ tica en el ámbito del lenguaje natural. entre el significado de la proposición nombrada del len­ guaje objeto «p» y la proposición usada del metalenguaje p. 3. la: garantía lógico-semántica de la validez intersubjeti­ va de la verdad proposicional en S debe darse por perdida en favor de la problemática hermenéutica del acuerdo. voL I. Resultaría fácil caracterizar el status semántico de la semántica lógica o de la filosofía en gene­ ral. la semántica debe ser­ virse de un metalenguaje para la formulación de la «con­ vención T». por así decirlo. V é a s e W. Finalmente. Apel. acer­ ca de la aplicabilidad del lenguaje artificial al natural y a la interpretación del mundo que ya siempre se realiza en él. quisiera mencionar ahora el tercer pro­ blema principal de la inclusión pragmática de la teoría lógico-semántica de Tarski.

" Esto lo confirma la circunstancia de que el lenguaje usado por el propio Tarski tiene que entrar en contradic­ ción con la prohibición de autorreferencialidad cuando se encuentra con definiciones como la siguiente: ha de ser válido para todas las lenguas. tiene que ser falsa para la filosofía (por ejem­ plo. Pero con esto queda ya claro que la —denominada tam­ bién por Tarski— hipótesis fundamental de la semántica lógica que establece que no es al lenguaje natural al que hay que remitirse últimamente. p á g s . Alber.). aunque ella sabe o establece que la diferencia entre lenguaje objeto y metalenguaje se puede prolongar indefinidamente. F r i b u r g o / M u n i c h . es­ p e c i a l m e n t e 332 y s i g s . Esto indica que el lenguaje de la filosofía —el lenguaje natural como metalenguaje pragmático último de la semántica lógica— se escapa de una reconstrucción semántica lógica (defini­ tiva) de la misma manera que el lenguaje natural. pues la filosofía sabe ya siem­ pre que la jerarquía es ilimitable y debe poner de mani­ fiesto este saber en cada ordenamiento lógico-semántico de su propio lenguaje. está claramente en situación de producir enunciados universalmente válidos acerca de la totalidad de la jerarquía de los metalenguajes y. 283-326. S i m ó n (comp. Sólo nos queda —como en el caso de la teoría de los tipos de B. . al menos mediante la expresión «et­ cétera». 1974. Russell y del Tractatus de Wittgenstein— la siguiente alternativa: o el lenguaje que usa actualmente la filosofía tiene que servir d e n t a l e n S p r a c h p r a g m a t i k » . qua semántica-lógica. para una explicación del sentido de la verdad). con cuya ayuda tiene que interpretarse el lenguaje artificial forma­ lizado mediante su aplicación a fenómenos identificables. Aspekte und Problema der Sprachphilosophie. en J. por tanto. cuan­ do no autocontradictoria. 27. sobre lenguajes sin más. V é a s e n o t a 2 1 .TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 61 fácil ver que esta determinación tiene que ser falsa. La filosofía. que ninguna de ellas pueda usarse de forma autorreferencial. sino al lenguaje artificial formalizado.

" más bien. (nota 17). p á g s . cit. debe garantizarse el cumplimiento de la in­ tención de sentido mediante la reflexión sobre la autocomprensión lingüística de la intención de algo como algo. Esto indica. la evidencia para la correspondencia. 38. Pero. en el contexto actual del problema. Pues esta problemática no puede. «Linguistic M e a n i n g a n d Intentionality». finalmente. en la identificación de los fenómenos «como algo». tam­ bién K. op.. como se ha indicado antes. por e j e m p l o . S e a r l e . a diferencia del lenguaje de todas las ciencias particulares— plantea el problema de una reflexión prag­ mático-trascendental sobre las condiciones de posibilidad y validez del discurso sobre el discurso. sólo así se puede hablar de la evidencia para la correspondencia como de un posible criterio fenomenológico de verdad. 1942. necesario cuando se pone en discusión la posible aplicación (el posible uso) del lengua­ je científico. R. Cambr. en el sentido de una identificación e interpre­ tación de los fenómenos con el fin de confirmar o falsar teorías. Apel. Es fácil ver que el lenguaje autorreferencial de la filo­ sofía se vuelve. como la del cumplimiento de las intenciones (bajo la suposición de una interpretación lingüística y participada del mundo). con­ vertirse en tema de observación empírica del «comporta­ miento» por parte de los científicos. no puede ser un criterio suficiente de verdad. párr. O. V é a s e . como quisiera Car­ nap. op.62 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO como un tipo de paralenguaje que no hay que tomar en serio —una escalera que se arroja después de haberla usa­ do—. V é a s e John R. 37 y sigs. Intentionality. 29. Introduction to Semantics. cit./Mass. en tanto que evidencia fenoménica. que en el uso de la teoría semántica de la verdad en el sentido de una teoría criteriológicamente relevante..-' En cualquier caso. porque se supo­ ne ya siempre una interpretación lingüística intersubjeti­ vamente válida para la identificación de algo como algo. C a r n a p . o el lenguaje de la filosofía —en mi opinión de ella sola. el problema de la verdad se presenta también para el lenguaje pragmá28. .

a pesar de ser anterior en el tiempo. nos remite a Charles Peirce. es relevante precisamente como paradigma de una teoría postarskiana de la vei'dad^° por los siguientes motivos: 30.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 63 tico de la interpretación. la cual hace posible fijar. entre la evidencia fenoménica para mí. En mi opinión. en el sentido del cumplimiento —evidente para mi conciencia— de la intención. V é a s e mi trabajo c i t a d o en la n o t a 25. que tiene que mediar entre el lenguaje artificial de la semántica lógica y la identificación de los fenómenos. El problema de la verdad de este lenguaje pragmático que condiciona de forma ostensible y esencialmente la falibilidad de teorías e hipótesis. sino más bien la validez intersubjetiva de la interpretación del lenguaje y del mundo. en un contexto pragmático. está situado. La teoría pragmático-trascendental de la verdad como consenso en tanto implicación metodológica de una teoría falibilista del conocimiento o de la ciencia La tarea que hemos esbozado de una complementación pragmática de la teoría lógico-semántica de la verdad. El tema de la explicación que se postula aquí acerca del sentido de la verdad no sería ni el sentido lógico-semántico formalmente definible de la correspondencia en el «espacio lógico» entre un enunciado y un supuesto hecho abstracto. ni tampoco el puro sentido fenomenológico de la correspondencia. no rectificable en sí (en el sentido de la primeridad y la segundidad). la correspondencia del estado de cosas (exigida lógico-semánticamente). . como cumplimiento de la intención. y la validez intersubjetiva que trivialmente se le imputa a las proposiciones de un sistema semántico abstracto definidas como verdaderas. su teoría «pragmaticista» de la verdad como consenso. en cierto modo. ¿Qué aspecto tendría la teoría de la verdad que se exige aquí? IV.

como relevante al menos criteriológicamente— del sentido de la verdad. y ade­ más la teoría de la coherencia). 3. se corresponde con el «pragmatic turn» de la teoría actual de la ciencia. Así. cuya base es la tridimensionalidad de la fun­ ción sígníca. . sino además una posible ex­ plicación del sentido de la verdad que promete tomar en consideración todas las teorías criteriológicamente relevan­ tes de la verdad (es decir —como aún hay que mostrar—. La teoría de Peirce está concebida de antemano como explicación semántica y pragmática —es decir. no entra en contradicción con la intuición fundamental de la teoría de la verdad como correspondencia. del sentido de la verdad en sí: como condición abstracta mínima de toda teoría de la ver­ dad. en el marco de la semánti­ ca lógica. re­ levante para la metodología de la investigación— contiene virtualmente no sólo la reconstrucción lógico-semántica de la teoría de la correspondencia (como condición mínima de toda teoría de la verdad). la teoría fenomenológica de la evidencia. En el sentido de la semiótica tridimensional conce­ bida por el propio Peirce y —en conexión con él— por Char­ les Morris. la teoría peirceana contiene Virtualmente la explicación.64 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO 1. sino que confirma su reconstrucción se­ mántica como reconstrucción parcial —criteriológicamen­ te irrelevante— de la intuición fundamental del sentido de la verdad de los enunciados. Al menos de este modo. ya tratada. 2. hidimensional o bilateral y fundamentada de modo sintáctico-semántico. a excepción de la teoría metafísico-ontológica de la correspondencia. que es meto­ dológicamente inservible. En tanto que teoría «pragmaticista» —es decir.

un experimento mental en el que. p á g s . La i n v e s t i g a c i ó n r e c i e n t e h a m o s t r a d o . según Peirce. con toda bre­ vedad. para Peirce. pues. por otra parte. hay que tener a la vista las propias accio­ nes u operaciones en relación a la cosa denominada «dura» o «pesada». Precisamente este pro­ grama estaba implicado. en el caso de la «teoría especial 3 1 . estas explicaciones del sentido son muy vagas e incompletas. ofrecería resisten­ cia». Si se quiere saber qué es lo que se dice cuando se afir­ ma de una cosa que es «dura» o «pesada» hay que poner en marcha. 106 y s i g s . Por ejemplo. en principio. . la frase «Esa cosa de ahí es pesada» se corresponde­ ría con esta otra: «Si le quito el apoyo a la cosa. sino que sea pragmáticamente relevante. Dicho punto de partida está en el programa de una explicación del sentido de los signos lingüísticos en general que no tenga carácter metafísico-ontológico. LA EXPLICACIÓN PRAGMATICISTA DEL SENTIDO DE LA VERDAD EN CHARLES P E I R C E COMO TEORÍA PRAGMÁTICO-TRASCENDENTAL DE LA VERDAD COMO CONSENSO (UNA RECONSTRUCCIÓN) Con la última observación se ha alcanzado. el punto de partida para una reconstrucción prag­ mático-trascendental de la explicación peirceana del senti­ do de la verdad. traducirse como «Si yo intentai^a rayarla o taladrarla. por así de­ cirlo. V é a s e mi i n t e r p r e t a c i ó n en Der Denkweg. (nota 2). de hecho. en mi o p i n i ó n . Naturalmente. se caería». La fra­ se «Esa cosa de ahí es dura» puede. cit. que el denominado «pragmatismo semántico» de Peirce debe entenderse desde el t r a s f o n d o de una c o n c e p c i ó n semiótica más amplia. op. con el ejemplo de los predicados «duro» y «pesado». hay que tener en cuenta las experiencias esperables en el caso de tales acciones.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 65 4. y. por una parte..1. en el caso de «pesado». se podría poner en marcha el experimento mental exigido teniendo en cuenta la teoría de la gravitación de Newton o de Einstein.Quisiera aclararlo.. en la denominada «máxima pragmática».

de n u e s t r a comprensión del significado.) En esto y en el posicionamiento correspondiente de carácter contrafáctico y normativo. en el sentido de la «máxima pragmática» de Peirce. esta explicación puede también. S e g ú n CoUingvvood. modificar el uso lingüístico —al menos el de la ciencia—. en principio. 5. W i t t g e n s t e i n . En realidad. al fin y al cabo. De este modo se muestra que una explicación del significado. en general. como en cualquier otro idioma que disponga de la palabra correspondiente. H e i d e g e r y G a d a m e r ." De este modo. Einstein ha desarrollado una teoría revolucionaria de la física sólo mediante el intento de clarificar —totalmente en el sentido de la «máxima pragmática»— el significado de la expresión «dos sucesos son simultáneos» mediante un ingenioso experimento mental relativo a la posible medida de la simultaneidad. a diferencia del programa de Wittgenstein. sino el uso adecuado (en el sentido de lo que Peirce denomina «intérpretes lógicos») que se debería hacer en español de la palabra existente para (el concepto de) verdad. cit. n e c e s a r i a m e n t e p r e s u p u e s t o c o m o no d i s p o n i b l e . . sino a opiniones o enunciados? ¿Es posible. como muestra el ejemplo de la «teoría especial de la relatividad». con la pregunta por el sentido de «verdad» no pretendemos. no sólo aclara simplemente el uso lingüístico establecido.66 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO de la relatividad». el significado del predicado «verdadero» cuando se aplica no a las cosas. S e a r l e ha r e d e s c u b i e r t o r e c i e n t e m e n t e el « t r a s f o n d o » . (No «deja todo como está». ¿cómo se debe intentar explicar. aclarar el uso fáctico de esta palabra en español. c a p . op. Pero. sino que además eleva tendencialmente a la conciencia el «trasfondo» —presupuesto ya siempre en el uso y en la comprensión lingüísticos normales. Véase Intentionality. en el sentido de la máxima pragmática. me parece que reside la superioridad potencial del método peirceano de clarificación del significado frente a los métodos meramente descriptivos de la Ordinary Language Philosophy. tener en cuenta las 32. J. pero no disponible— de nuestra precomprensión del mundo.

. Peirce estaba poco entusiasmado por esta teoría «pragmatista» de la verdad. no es trivial 33. no debía ser primariamente una cuestión subjetivo-privada. cuando esas opiniones o enunciados que se suponen verdaderos se sometan a un uso práctico? Como es sabido. por ejemplo. por ejemplo en Nietzsche. Consequences of Pragmatism. este ejemplo no puede ni debe ser excluido de la explicación de James sobre el sentido de la verdad. creyendo que será recibido de inmediato en el paraíso en caso de muerte. 34. William James. (Para constatarlo. sino un quehacer público. utilidad o productividad. The Will to Believe. V é a s e W. H a r v e s t e r P r e s s . que hay que tener en cuenta. N u e v a York. Rorty.\. Dice aproximadamente así: si quieres saber si una opinión o teoría es verdadera intenta creer en ella y observa si se obtienen experiencias satisfactorias." está equivocada respecto a la idea normativamente vinculante de la comprobación que Peirce concibió. ¿Qué se puede decir de este uso de la «máxima pragmática» desde el punto de vista de Peirce? Mientras que. Brighton. Para él. un amigo de Peirce. 1897. como la concebía John Dewey y como la vislumbraba también Richard Rorty al retomar la teoría de la verdad de James. un soldado lucha con más valentía y también con más éxito. la comprobabilidad práctica de la verdad.^^ Cuando por ejemplo. en un sentidq empírico-pragmático casi sociológico. J a m e s .TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 67 proposiciones experimentales del tipo si-entonces en referencia a opiniones o enunciados de modo que entonces quepa esperar determinadas experiencias. y no podía ni quería excluir. se encuentran formulaciones muy parecidas referidas al valor de la vida. Pero una explicación de la comprobación pública de las convicciones. ha dado una respuesta espectacular precisamente a esta pregunta. V é a s e R. la comprobación existencial de las convicciones religiosas. Susse. James aplicó absolutamente a puras experiencias subjetivo-individuales esta versión de la teoría de la verdad como satisfacción. 1982.

por parte de la ciencia.. T u b i n g a . Peirce. G. 1979. 159 y sigs.^'' considerara de antemano un contexto de comprobación práctica para las opiniones o enunciados verdaderos que fuera diferente al de James y Dewey. V é a s e K. que recurre a Peirce.. en el que Peirce se compromete. en K. como un peligro para su búsqueda libre de la tutela social. cit.. en general. a proporcionar un equivalente metodológicamente útil para la suposición nietafísica criteriológicamente irrelevante de que la verdad puede definirse por lo que Dios piensa. su «máxima pragmática» de la clarificación del significado al concepto de verdad. en principio ilimitada. De esa comunidad se supone que. O. como se afirma con frecuencia. 2 4 4 y s i g s . ¿cómo sería posible explicar el sentido absolutamente válido de la verdad en una línea posmetafísica y útil metodológicamente? No es correcto. Papers. (Esto está especialmente claro en el debate entre Peirce y el idealista absoluto Royce.. cit.U n t e r s c h e i dung ais Voraussetzung der liberalen D e m o k r a t i e » .. mediante un 35. Más bien se puede caracterizar de antemano como un intento de explicar. op.). en cierto modo. El contexto que él presupone no es el del éxito en la vida individual o social. T a m b i é n mi interpretación al r e s p e c t o en Der Denkweg. sino el de una comprobación en el marco de la comunidad de interpretación y de experimentación de los científicos. por eso. sea entendida hoy en día por algunos popperianos como una reducción sociologista de la pretensión absoluta de validez de la verdad y. 36. 37. M o h r . Coll. p á g s . más bien.S o l l e n . C. .68 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO que la teoría pragmático-trascendental de la verdad como consenso. Sozialphilosophie ais Aufklarung.. Apel.. por primera vez de forma criteriológicamente relevante. S a l a m u n (comp. p á g s . precisamente el absolutismo de la teoría metafísica tradicional de la correspondencia.)^'' Pero. V é a s e . 8. Der Denkweg. p á g s .41 y s i g s . « D i e S e i n . R a d n i t z k y .)^' Pero la genuina teoría peirceana de la verdad no se propone hacer nada con tales explicaciones «pragmatistas vulgares». lo correcto es.. V é a s e . que como representante de una lógica normativa y semiótica de la ciencia. que Peirce no haya aplicado. 459-493. por e j e m p l o . op.

pero que se encuentren bajo el falibilismo —y también bajo la reserva de disensión—. por una cuasi-institución que no representa a ningún sistema social o individualmente limitado (de autoafirmación). 39. p á g s . Cátedra. bajo la presuposición empírico-pragmática de una formación de consenso por las presiones sociales del sistema. Coll. 1986)..TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 69 «Selfsurrender» moral. mediante la falsación a la que se aspira o mediante el proyecto de teorías alternativas. The Postmodern Condition: A Report of Knowledge. cast. sino que está constituido a priori sólo por la idea reguladora de la formación ilimitada e intersubjetiva del consenso sobre los criterios de verdad disponibles.. No puede tener ningún otro sentido en el marco del discurso argumentativo. cit. . (Esto tiene relación con el hecho de que en Peirce —y. en mi opinión. F. una explicación definitiva del sentido de la verdad que se pueda poner en el lugar de la teoría criteriológicamente impotente de la correspondencia! En mi opinión. op.. Univ. en términos de formación argumentativa y no forzada de consenso. ¿hasta qué punto se puede formular. se puede usar emancipatoriamente —como hace Lyotard— la formación de disensión contra la formación de consenso. En todo caso. 102 y s i g s .: La condición posmoderna. Peirce. Madrid. Lyotard. Peirce da la siguiente respuesta para esa pregunta: si la investigación científica debe tener sentido en general (y esto lo debemos presuponer cuando formulamos la pregunta por el sentido de la verdad científi38. 66 (trad. 1984. Der Denkweg. Papers. T a m b i é n Apel. págs. d e M i n n e s o t a P r e s s .. también en Popper y en Habermas— la formación de la disensión. C. e s p e c i a l m e n t e X X V a.^''' Pero. sus miembros han subordinado todos los intereses individuales y sociales al interés de buscar la verdad. en cierto modo. V é a s e J." Pero la comprobación de creencias o hipótesis en un contexto tal sólo puede pensarse como prueba de la capacidad de consenso mediante argumentos. Con otras palabras: en Peirce. el contexto de la comprobación práctica para las pretensiones de verdad está formado. debe estar a priori al servicio de la formación de consenso. 5354 y sigs.

8.'"' Pero esa opi­ nión tiene que ser. Si no s e s u p o n e e s t o d e s d e el p r i n c i p i o . por e s o . idéntica a la verdad. es decir. P e r o lo m á s f u n d a m e n t a l del p u n t o d e partida p e i r c e a n o — q u e y o e n t i e n d o c o m o p r a g m á t i c o . entre o t r o s l u g a r e s . Papers.. Peirce. bajo c o n d i c i o n e s ó p t i m a s ) y q u e ya no p o d e m o s d i s c u t i r m á s .. 244 y sigs. del cual no disponemos).70 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO \ ca). del punto de vista de Dios.. Der Denkweg. Es o b v i o q u e la r e a l i z a c i ó n fáctica d e un c o n s e n s o no p u e d e v a l o rarse c o m o c r i t e r i o d e v e r d a d . en la ú l t i m a parte de e s t e t r a b a j o .. Coll. en el sentido de una meta a la que nosotros. es decir. op. O. q u e e n todo d i s c u r s o a r g u m e n t a t i v o se p r e s u p o n e la s u p o s i c i ó n f u n d a m e n t a l de la teoría c o n s e n s u a l y q u e . una opinión que no pudiera ser discutida por nadie sobre la base de los criterios de verdad de que se dispone. que­ da aquí superada y. p u e d e s e r v á l i d a c o m o fundamentada últimameníe. T a m b i é n K. ciertamente. como opinión absoluta e Ínter-subjetivamente válida tiene que ser también —en tanto que relación ontológica no demostrable— la representación adecuada de lo real (y el equivalente. 319 y s i g s . nin­ gún s e n t i d o . tiene que e s t a r en cualquier caso e n la opinión que podemos alcanzar todos en general (es decir.. e n e s e c a s o . V é a s e C. p á g s . cit. p o r q u é e x i g e n c i a s m e t ó d i c a s p u e d e n garan tizarse las c o n d i c i o n e s i d e a l e s del d i s c u r s o para la f o r m a c i ó n del c o n s e n s o . . n o hay n i n g ú n s e n t i d o p r a g m á t i c a m e n t e r e l e v a n t e d e la verdad. 51 y s i g s . Apel. d e f o r m a p r a g m á t i c a m e n t e relevante. normativo para nosotros. p á g s . 41. Es d e c i s i v o para la c o m p r e n s i ó n d e e s t e a r g u m e n t o b á s i c o y critico del sentido de la t e o r í a p e i r c e a n a de la verdad c o m o c o n s e n s o que se c o n t e m p l e de l'orma t o t a l m e n t e i n d e p e n d i e n t e d e la p r e g u n t a que se r e s p o n d e r á d e s p u é s . podemos aspirar de forma metódica y práctica: el logro aproximativo de opiniones que ya no se pueden discutir más. entonces podemos y debemos suponer como idea re­ guladora que una comunidad científica de interpretación y experimentación.12. los hombres. para nosotros. ilimitada y que trabaje en condiciones ideales.. 5407 y sigs. . B a s á n d o m e e n e s t e r e f l e x i ó n s o b r e lo irrebasable mostraré. N u e s t r a actual d i s c u ­ s i ó n del tema « t e o r í a s d e la v e r d a d » t a m p o c o tendría.'" Resumiendo: la usual contraposición (metafísico-abstracta) entre las opiniones hu­ manas y los estados de cosas (hechos) existentes en sí. 40.t r a s c e n d e n t a l o crítico del s e n t i d o — c o n s i s t e e n q u e el sentido d e lo q u e n o s o t r o s pode­ m o s e n t e n d e r c o m o v e r d a d . debiera alcanzar verdad intersubjetivamente in the long run una opinión en válida.

Francfort. 54-82. no se recomienda usar el término «criterio» para referirse a una idea reguladora a la que no puede corresponder «nada empírico» (Kant). « W a h r h e i t s t h e o r i e n » . y a causa de la estructura e. se podrían suscitar preguntas del tipo de cómo podemos asegurarnos de que se ha logrado el consenso racional que ya no se puede criticar ni tampoco mejorar. H a b e r m a s . 1982.xperiencial del tiempo. Kommunicaiion und Reflexión. De lo contrario. inmejorable mediante otra formación argumentativa de consenso— como el criterio ideal (de imaginabilidad) de la verdad que nosotros podemos lograr. debiera poder esperarse con seguridad. en W. . Wirklichkeit und Reflexión. 4 3 . A la luz de esta reflexión hay que reseñar la siguiente objeción conti^a la concepción de Peirce: se podría exigir.). que en un proceso de investigación llevado a cabo con un tiempo suficientemente largo. sobre la verdad relevante empíricamente. la categoría de «segundidad»). « R a t i o n a l e r K o n s e n s u n d Idéale Sprechsituation a i s Geltungsgrund?». por así decirlo— no sólo es que no tengan respuesta. J. K u h l m a n n y D.'" Las preguntas de este tipo. 1973. en H. 2 5 5 . la categoría de «terceridad») con un hecho posible basado en la experiencia (según Peirce. por cuanto confunden una idea reguladora (según Peirce. Por lo demás. sino que ante todo me parece que están mal formuladas. Según Kant. S u h r k a m p .). p á g s . P f u l l i g e n . F a h r e n b a c h (comp. Habermas sobre el «consenso racional» como «criterio suficiente» para la realización de las pretensiones de validez''" y la consideraría como comprensible y justificada en el sentido indicado. es imposible pensar como un hecho un consenso último. que conciben el consenso último como un hecho representable criterialmente —como un paradigm case. Skirbekk. pág. B o h l e r (comps.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 71 Se podría sentir la tentación de definir un «consenso racional» en el sentido ya indicado —es decir. V é a s e G. inmejorable argumentativamente. se llegara a una convicción última que satisficiera las siguientes condiciones: 42. Así es como entendería yo la tesis —retirada entretanto— de J.

precisamente por eso. que niega toda relevancia criteriológica al concepto de verdad. entonces. y. sino en el sentido de una idea reguladora (según Peirce. de esta reflexión no se sigue en modo alguno que la explicación epistemológica. que la raza humana se extinga sin haber logrado la pretendida convicción última. concebida por Peirce. 2) Todo lo que está implicado en la convicción última es verdadero. es incompatible con la afirmación de que el sentido de la verdad es independiente de que se piense que ella establece para el conocimiento humano la idea reguladora de un consenso discursivo inmejorable. en el sentido de un hecho esperable (según Peirce.) b) Pero si la esperada convicción última se define de tal manera que —como convicción última inmejorable— cumple las condiciones 1 y 2. puede objetarse lo siguiente: a) no se puede esperar de ninguna convicción. no podremos contar nunca con ella. siempre podrían pasar desapercibidos. Por lo demás. que nunca se realizará fácticamente. categoría de la «segundidad»).72 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO 1) La convicción aquí considerada abarca todas las verdades imaginables (es decir. Desde mi punto de vista. . han sido olvidados. algunos «pequeños hechos de la historia» porque. categoría de la «terceridad»). con seguridad. en principio. la explicación peirceana es también compatible con la tesis de Bolzano y de Frege de que «el ser verdad (las proposiciones) es independiente de que sea reconocido por alguien». por ejemplo. que está en cuestión en el sentido de la coherencia de todos los hechos. tenga que ser falsa o absurda. Frente a ello. Como idea reguladora de un consenso inmejorable. más bien se muestra que no hay que entenderla. podría no ser completa. que satisfaga las dos condiciones mencionadas. sencillamente. y por tanto no ser verdadera. Por el contrario. (Como piensa el propio Peirce. acerca del sentido de la verdad. Pues es posible. pensando en contra del propio Peirce. ninguna otra cosa es verdadera). Una tesis de este tipo. la convicción.

tanto a la siempre posible mejora epistemológica de la valoración argumentativa e interpretativa de los crite­ rios. tiene que aparecer. como también a la garantía de las condiciones pre­ vias éticamente relevantes. es precisamente esto lo que se presupone en la teo­ ría consensual orientada hacia Peirce: que todos los crite­ rios objetivos disponibles de la verdad fundamentan la validez intersubjetiva del consenso. por lo demás con la consideración adicional siguiente: ningún criterio especifi- . ob­ jeciones elementales como las siguientes: en el sentido de nuestra intuición natural —así se dice— el consenso debe depender de la verdad objetiva de los juicios y no ocurre que el concepto de verdad dependa del consenso. siempre rebasable numéricamente. Pues cuando se trata de la valoración exhaustiva de los criterios. En esto consiste. los criterios fácticos de que se dispone para la verdad objetiva. Esta reserva se refiere. la función criteriológica de la explica­ ción consensual del sentido de la verdad sólo puede con­ sistir en que ella —y sólo ella— permite relacionar mutua­ mente. de forma comparativa y sintética. la función reguladora de la idea del consenso ideal último: en que todo consenso fáctico actual de los investigadores competentes puede y debe establecerse en el metaplano metodológico bajo una reserva falibilista y de mejora heu­ rísticamente relevante. de este modo. por eso. de nuevo. de la comunidad de argumentación. en el sentido de la aproxima­ ción a una comunidad ideal e ilimitada de argumentación. formar una opinión —siempre falible y. provisional— sobre el asunto. en mi opi­ nión. En mi opinión. la limita­ ción. Mediante la concepción que se ha expuesto de la fun­ ción criteriológica que tiene la teoría consensual de la ver­ dad se han superado anticipadamente. como una abstractive fallacy en el sentido de la absolutización metafísi­ ca de la semántica lógica. me­ diante la interpretación y la argumentación y. ya como carencia. en mi opinión.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 73 quedará desenmascarada mediante la explicación pragmá­ tico-trascendental del sentido de la verdad. Sin em­ bargo.

por su parte. 53 (IV. se deduce que todo sujeto empírico hcice bien en cer­ ciorarse del acuerdo con otros sujetos de conocimiento. (Pero esta coincidencia sigue siendo abstracta y meto­ dológicamente irrelevante en tanto sea entendida en gene­ ral nada más que como suposición de la identidad y uni­ dad del intelecto —divino y humano—. 1. parte I. p á g s . 138) s o b r e el acuerdo como «criterio de verdad . mediante recurso al concepto de proposición verdadera. de la intersubjetividad del conocimiento verdadero que está garantizada formal­ mente y mediante la estructura de la «conciencia en gene­ ral». De este modo. La teoría peirceana se basa. ni la integrabilidad en el sentido de la teoría de la coherencia. la aplicabilidad téc­ nicamente eficiente. como pre­ supuesto de una conciencia trascendental en tanto que del sujeto del conocimiento. en este sentido. en el sentido de la tradición metafísica o. En Kant.) y párr. en las siguientes reflexiones. párr. Kant. a una teoría de la verdad que deba ser criteriológicamente relevante sólo le resta la po­ sibilidad de dar una explicación indirecta del sentido de la verdad. coincide con su validez absolutamente intersubjetiva. como co­ rrespondencia con la realidad de las opiniones o enuncia­ dos. en el sentido de Kant.74 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO / cable de verdad puede servir por sí sólo como criterio su­ ficiente de verdad: ni la evidencia fenomenológica para la correspondencia. 13 y sigs. ni la productividad en los contex­ tos prácticos de la vida. ni el consenso fáctico. p á g s . por ejemplo. 2 (IV.De 44. y el concepto ontosemántico-formal —derivable del Tractatus de Witt­ genstein o de Tarski— de la concordancia entre las propo­ siciones verdaderas y los hechos (o estados de cosas exis­ tentes) es criteriológicamente vacío. Anthropologie. También en el sentido de la teoría clásica de la co­ rrespondencia hay que suponer que la verdad. V é a s e I. pues el concepto de hecho o de estado de cosas existentes sólo se puede definir. para evitar errores condicionados psicológicamente.

TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 75 este modo. entre otros elementos. B r u m l i k . la labor de síntesis cuyo sujeto sólo puede ser una comunidad ilimitada de interpretación de los investigado­ res. como idea reguladora de una aproximación metó­ dica. según la cual el consensus omnium representa un «criterio subjetivo» o un indicio para la verdad objeti­ va. Gemeinsinn und Urteilskraft. en principio. e s t o e s . y. entendiéndolo como el objetivo ideal de una posible formación argumentativa del consenso en una comunidad ideal de investigación. por eso. V é a s e . Pero aquí aún se está presuponiendo que el concepto de verdad.n e c e s a r i o » o «e. F r a n k f u r t e r D i s s e r t a t i o n . De ahí se obtiene lo siguiente:) 2. s e g ú n l e y e s uni­ v e r s a l e s del e n t e n d i m i e n t o y de la razón. . Sin t e n e r razón. por e j e m p l o .xterno».en­ tiendo por teoría pragmático-trascendental o hermenéutico-trascendental de la v e r d a d c o m o c o n s e n s o . en que únicamente mediante la formación argumentativa s u b j e t i v o . El concepto de validez absolutamente intersubjeti­ va se puede usar. 3. puede y debe explicarse en refe­ rencia a las funciones cognoscitivas de una «conciencia en general». en el sentido de una explicación indirecta del primer concep­ to mediante el segundo. Pero esto cambia cuan­ do se reconoce que al conocimiento verdadero le pertene­ ce la interpretación lingüística del mundo y. del mismo modo. el presupuesto epistemológico para el postulado de la intersubjetividad del conocimiento verda­ dero sigue siendo también el concepto ontosemántico de la correspondencia con la realidad. Ahora se da la posibilidad de aprovechar la coinciden­ cia entre verdad y validez absolutamente intersubjetiva. a d i f e r e n c i a del «criterio objetivo» (for­ mal) de las « r e p r e s e n t a c i o n e s en un j u i c i o e n t r e e l l a s . Esta posibilidad se apoya. m e d i a n t e i n t u i c i o n e s o c o n c e p t o s » . al contrario de lo que ocurre con el con­ cepto ontosemántico-formal de la correspondencia con los hechos. 1977. Kant confirma la teoría estoico-arístotélica del consenso. B. s e h a n e q u i p a r a d o en trabajos r e c i e n t e s las o b s e r v a c i o n e s k a n t i a n a s de e s t e t i p o (que se e n c u e n t r a n t a m b i é n en la Crítica del juicio) c o n lo q u e y o — e n s e n t i d o pospeirceano—.

en estos casos la formación argumentativa del consenso es siem­ pre provisional e. que hay que esperar.) Para explicar más exactamente esta última tesis habría que conectarla con el contexto. En estos casos —incluso ante alternativas de «paradigmas» que se han mantenido invariables durante siglos. se puede clarificar la función regula­ dora de la teoría consensual sobre todo como la de dar con la decisión en caso de conflictos entre criterios de ver­ dad especificados en otras teorías de la verdad: por ejem­ plo. dado que aún se realiza referido a la idea reguladora de una formación. sin embargo. En el contexto actual del problema hay dos puntos de especial significación: . debe suspenderse temporalmente a la espera de estrategias alternativas de investigación. Por supuesto. el discur­ so argumentativo. de los razonamientos sintéti­ cos. en el caso del conflicto entre evidencias de falsación (anomalías) y el criterio de integrabilidad de una teoría en contextos teoréticos más amplios. Con mayor pre­ cisión: el principio de la síntesis mediante formación del consenso respecto a los criterios de verdad disponibles debe aclararse mediante el mencionado principio de la conver­ gencia. desarrollado antes. siem­ pre insuficientes si los tomamos en sí mismos. en el caso de las teorías corpuscular y ondulatoria de la luz— permanece. en principio posible­ mente definitiva. (En este contexto. del consenso. como por ejemplo en física. incluso.76 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO del consenso acerca de los criterios de verdad se puede aspirar a una síntesis provisional —fáctica— y a otra últi­ ma —concebida como idea reguladora— en la valoración interpretativa de los diferentes criterios de verdad. A ambas síntesis —la provisional y la última mediante formación argumentativa del consenso— deben aspirar los científi­ cos. si no se quiere que pierda sentido la idea de investi­ gación. de la teoría peirceana del falibilismo/meliorismo.

el p r e s u p u e s t o de e s t a «de­ d u c c i ó n t r a s c e n d e n t a l » —en el s e n t i d o de Kant. S u v a l i d e z no se b a s a b a . en el l u g a r de la s í n t e s i s c o n s t i t u t i v a de la a p e r c e p c i ó n de Kant. n o e s f u n d a m e n t a b l e — s i n o — c o m o y a se ha i n d i c a d o {véase n o t a 6)— e n u n a « d e d u c c i ó n tras­ c e n d e n t a l » de la n e c e s a r i a v a l i d e z de los p r o c e d i m i e n t o s s i n t é t i c o s de r a z o n a m i e n t o in the long run. como parte complementaria del falibilismo. como teo­ ría ontológico-metafísica. entonces la idea reguladora del falibilismo/meliorismo y la teoría consensual de la verdad se corresponden metodológica y mutuamente. y en t a n t o q u e s í n t e s i s del c o n o c i m i e n t o . Pero no tiene. qua i n t e r p r e t a c i ó n de s i g n o s . a d i f e r e n c i a de Popper. v e í a en la comprobación s i e m p r e provi­ sional de las h i p ó t e s i s u n a f u n c i ó n de la inducción. como «supe­ rada» —en tanto que intuición fundamental «concedida»— en la teoría consensual de Peirce. . Para P e i r c e . por e s o .'*^ es decir. p r e c i s a m e n t e . Si esta espera está jus­ tificada. Un argumento adicional en favor de la mutua per­ tenencia del falibilismo/meliorismo y la teoría consensual de la verdad se obtiene desde la base de la comprensión 45. Pero. e n u n « p r i n c i p i o de i n d u c c i ó n » — q u e h a b r í a q u e funda­ m e n t a r de n u e v o en la i n d u c c i ó n y q u e .TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 77 1. que s ó l o se p u e d e p o s t u l a r . quod erat demonstrandum. en el sentido de Popper. A d v i é r t a s e s o l a m e n t e q u e P e i r c e . ningún significado metodológico coherente con el principio del falibilismo. esto significa metodológicamente que hay que esperar de la pre­ tendida exclusión de las hipótesis falsadas una facilitación económica de la formación de consenso sobre los razona­ mientos sintéticos plausibles en el sentido de la abducción y de la inducción. según Peirce. Aquí n o p u e d o e n t r a r con m á s d e t a l l e en la d i f e r e n c i a de trata­ m i e n t o de la i n d u c c i ó n en P o p p e r y Peirce. P e i r c e p o n í a e s t a s í n t e s i s . (Una teoría realista de la verdad como correspondencia. puede considerarse. la idea r e g u l a d o r a q u e hay q u e s u p o n e r nece­ sariamente para que tenga sentido t a n t o la i n v e s t i g a c i ó n c o m o la a r g u m e n t a c i ó n y q u e c o n s i s t e en la s í n t e s i s ú l t i m a m e d i a n t e c o n s e n s o . El sentido metódico del principio del falibilismo de la ciencia empírica sólo puede entenderse —tanto según Peirce como según Popper— en el contexto de una lógica cuasi-evolucionista de la ciencia. s u « p u n t o m á s eleva­ d o » — era. de la formación innovadora de hipótesis y de su comprobación. p a r a él.) 2. en todo caso.

En esto. por una parte. nue­ vas percepciones fisiognómicas. lingüísticos y epocales. cit. . de hecho. En mi opinión. una superioridad de la semiótica peirceana sobre las teorías semánticas del frame work posteriores a Carnap y las teorías del «juego lin­ güístico» posteriores a Wittgenstein.entre los procesos sintéticos de razonamiento y la interpretación lingüística del mundo.. R o t h a c ker. la superioridad de la semiótica de Peir­ ce consiste en que puede hacer comprensible la conexión interna . la lógica semiótica de la ciencia de Peirce es. Apel. op.. reguladora y normativamente rectora en toda interpretación sígnica. V é a s e Apel.^^ Y. E.. F e s t s c h r . Konkrete Vernunft. la urdimbre de la formación innovadora de hipótesis con la nueva interpretación lingüística de los fenómenos en el contexto de razonamientos abductivos. O. por otra parte. 1958. F u n k e (comp. B o n n . 47.'" En mi opinión. p á g s . í n d i c e de m a t e r i a s : «Intér­ prete». Der Denkweg. la po­ sible explicación del sentido lingüístico (incluyendo las pre­ suposiciones de fondo del mundo de la vida implicado en él) mediante la aplicación de la «máxima pragmática» y la teoría correspondiente de la idea de los (últimos) «intér­ pretes lógicos».. los dos teoremas (aquí sólo indicados) de una semiótica normativa prometen una superación de la separación conceptual que hoy es dominante entre los procesos racionales de razonamiento —y también los pro­ cesos de aprendizaje— por una parte y los procesos de in46. la primera formación teórica que ha analizado con exajctitud el contexto aludido. en G. f. en la situación actual del problema. del sentido del ser.). 61-79.78 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO de la dependencia lingüística tanto de la formación de las teorías como de las posibles evidencias empíricas. así como también so­ bre la reciente amalgama entre teorías del juego lingüístico y representaciones heideggerianas de las «iluminaciones» (Lichtungen) y los simultáneos «ocultamientos» [Verbergungen). S o b r e el p r o b l e m a de las n u e v a s p e r c e p c i o n e s « f i s i o g n ó m i c a s » v é a s e K. por ejemplo. A mi parecer. de aquí se obtieipe. Así. « T e c h n o g n o m i e — e i n e e r k e n n t n i s a n t h r o p o l o g i s c h e Kategorie».

sólo en el sentido de la subsunción convencional (implicada en todo razona­ miento abductivo) de los fenómenos dados bajo conceptos lingüísticamente pre-dados.'^'^ Creo que la teoría del razonamiento abductivo hace comprensi­ ble que se realicen nuevas interpretaciones lingüísticas del mundo junto con razonamientos sintéticos que se confir­ man. en el plano de la ciencia metódica. Esto no es válido. la teoría pragmaticista-normativa de la explicación del significado bajo la idea rectora de los (últi­ mos) «intérpretes lógicos» muestra que. V é a s e Apel. del significado de la hipótesis de fondo de la precomprensión del mundo. como ya se indicó. nuevas percepcio­ nes de los fenómenos e hipótesis «explicativas» ingeniosas e innovadoras). la «teoría especial de la relatividad» de 48. se puede enlazar el esfuerzo por el con­ senso progresivo acerca de la verdad. en la lí­ nea de una «destinación {Schickung) del ser». en modo alguno. Dicho con brevedad: las «iluminaciones» lin­ güísticas del ser pueden concebirse tanto como condición de posibilidad como resultados de procesos de aprendizaje. auténticas. que van ligadas por regla general a razonamientos abductivos creativos (raras. incluso. De este modo. Un ejemplo que defiende tal explicación del significado es. con el esfuerzo co­ rrespondiente por la explicación progresiva de los signifi­ cados —también. Por otra parte.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 79 terpretación lingüística del mundo o «apertura del mun­ do» por la otra: separación en la que a estos últimos se les presupone como ingenuos o —con Heidegger— como destinados irracionalmente {irrationalschicksalhaft). sino también en el sentido de las modificaciones del contenido conceptual de las pala­ bras. lo que Heidegger entiende como «iluminación» [Lichtung) lingüística del ser. . en Concordia II {1987). «Die H e r a u s f o r d e r u n g der totalen Vernunftkritik und das P r o g r a m m e i n e r p h i l o s o p h i s c h e n T h e o r i e d e r R a t i o n a l i t á t s t y p e n » . hipótesis im­ plícita siempre en el uso y la comprensión del lenguaje. debería es­ tar totalmente condicionado mediante aquellos razonamien­ tos abductivos que se han comprobado inductivamente in the long run.

Francfort. del uso científico del lenguaje. p á g s 127-187. 1972 H. V é a s e P. «Wahrh e i t s t h e o r i e n » e n Vorstudien und Erganzungen zur Theorie des kommunikativen Handelns. « D e r d i a l o g i s c h e W a h r h e i t s b e g r i f f » . en este punto existe una interesante afinidad entre las concepciones de Peirce y las versiones constructivista y habermasiana de la teoría del consenso como teoría del discurso. "1973 (trad. 1982). Ciertamente. Protophysik. con la ayuda de la semióti­ ca peirceana.: Pensamiento metódico. y J. 50. Lorenz. H a b e r m a s . los envmciados paradigmáticos del jue49. . en la que se desarrolló un juego lingüístico total­ mente nuevo en el sentido de la medida de la simultanei­ dad.''^ Pero. p á g s . Obviamente. F r a n c f o r t .*' Brevemente: en mi opinión. LA RELACIÓN ENTRE LA TEORÍA PEIRCEANA DE LA VERDAD COMO CONSENSO Y LA TEORÍA CONSTRUCTIVISTA DEL CONSENSO Sólo haré unas pocas observaciones acerca de la teoría constructivista del consenso o del diálogo.2. Pero yo quisiera decir —en otro sentido— que la re­ construcción iniciada por Paul Lorenzen del juego lingüístico de la «protofísica» también conduce a una ex­ plicación de los presupuestos «de fondo» y relativos al mun­ do de la vida. 1976. a continuación. L o r e n z e n . cast. G. 2/3. me parece que se basa finalmente en una normación del sentido de los conceptos mediante la introducción ejemplar («em-pragmática») del sentido de las palabras (predicados). median­ te esta normación. Methodisches Denken. se puede mostrar con exactitud cómo nos es posible englobar también la formación lingüística de conceptos en el proceso metódico de la formación progre­ siva del consenso. L o r e n z . 4. Lorenzen y K. F r a n c f o r t 1984. B o h m e (comp. quisiera intentar mostrar que la versión peirceana de la teoría consensual aún tiene algunas ventajas frente a las dos más recientes teorías de la ciencia hipotético-empírica.80 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO Einstein. Esta teoría.). ini­ ciada por P. U n i v e r s i d a d de V a l e n c i a . 111-123. V é a s e K. en Neue Hefte für Philosophie.

automáticamente. Obviamente. pues en la situación de introducción (la situación de enseñanza y aprendizaje) no se puede separar el consenso acerca del uso de las palabras. la formación de consenso acerca de la verdad empírica de un enunciado. hay que decidir acerca de la verdad empírica de un enunciado? Por ejemplo. en el caso de la «protofísica» fundada por Lorenzen. en una situación en la que el enunciado «Eso de ahí es un cisne» no introduce. junto con la fijación paradigmática de los hechos. Por supuesto. la normación correcta de los conceptos también podría garantizar ampliamente la posible formación dialógica del consenso acerca de la verdad de los enunciados que se afirmen independientemente de la situación de introducción. Por eso. en el que el predicado «es un cisne» se atribuye a un objeto. en la que se estableció el sentido de las palabras junto con el consenso sobre los enunciados ejemplares. e incluso. con las reglas de uso de las palabras se establecen también las reglas de la formación dialógica del consenso acerca de la verdad de los enunciados. la regla de la formación de consenso acerca del sentido del predicado «cisne» no es suficiente aquí para asegurar. el significado de «cisne». De este modo. del consenso acerca de la verdad de los enunciados paradigmáticos. ¿cómo pueden garantizar estas reglas la posibilidad de la formación de consenso si. independientemente de la situación de introducción. o es otro pájaro o simplemente es una imitación. . esta divergencia de las reglas de formación de consenso no se presentará cuando sólo se trate de enunciados (razonamientos) que se basen en el uso correcto de la lógica de juntores.TEORÍA CC^NSENSUAL DE LA VERDAD 81 go lingüístico respectivo se han demostrado también como susceptibles de consenso. sino que el problema consiste en si un objeto que parece un cisne lo es de hecho. el consenso acerca de la verdad de los enunciados puede quedar asegurado mediante recurso a la situación de introducción. Pero esto se basa sólo en que aquí se trata. de las condiciones metódico-aprióricas (cuasi pragmático-trascendentales) de posibilidad de la ciencia empírico-hipotética. precisamente. Pero.

elaborada con mucho detalle por J . . en el ámbito de los razonamientos sintéticos (in­ ductivos y abductivos) y en el de la correspondiente am­ pliación semántico-realista (extensional e intensional) del lenguaje conceptual. Es decir. Apel. especialmente. En mi opinión. O. en la q u e s ó l o los e x p e r t o s co­ r r e s p o n d i e n t e s c o n o c e n r e a l m e n t e el s i g n i f i c a d o extensional de las pala­ bras (por e j e m p l o . vol. op. n u e s t r o s p r e d i c a d o s b o t á n i c o s ) . sino que consiste en alcanzar un consen­ so. pues el problema de la formación de consenso ya no es idéntica a la introducción consensual-constructiva del juego lingüístico. sobre la base de diferentes criterios independientes de verdad. cit. s o b r e la b a s e de una n u e v a e x p e r i e n c i a e m p í r i c a . el criterio de la evi­ dencia para la correspondencia en sentido fenomenológico adquiere ahora por primera vez un sentido empírico regu­ lador como criterio de verdad. en que ha puesto de relieve —llegando más 51.82 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO El caso es otro cuando se trata de la verdad de los enun­ ciados de la ciencia empírico-hipotética. Habermas. la teoría constructivista del consenso ha llegado aquí a su límite. (en la n o t a 10).. Papers. 1975) c o m o « d i v i s i ó n s e m á n t i c a del trabajo». LA RELACIÓN E N T R E LA TEORÍA PEIRCEANA DEL CONSENSO Y LA TEORÍA CONSENSUAL O DISCURSIVA DE LA VERDAD DE J ü R G E N HABERMAS En el caso de la teoría de la verdad como consenso o como discurso. 4 . S ó l o aquí se llega a la n e c e s i d a d de la r e c o n s t r u c c i ó n del l e n g u a j e c i e n t í f i c o .. Aquí c o m i e n z a la s i t u a c i ó n c a r a c t e r i z a d a p o r H. P u t n a m {Mind. Language. por ello. establece ya a priori la posibilidad de la formación argumentativa del con­ senso. Press. adquiere un senti­ do independiente de aquella evidencia fenoménica que for­ ma parte de la introducción ejemplar del sentido de las expresiones lingüísticas en la fundamentación constructi­ va de un juego lingüístico y que.3. 2. Philos. C a m b r i d g e Univ. V é a s e t a m b i é n K." De ese modo. «Linguistic Meaning.». and Reality. Su ventaja estriba. el dictamen es más complicado.

en la ga­ rantía de la valoración capaz de ser consensuada (por ejem­ plo. Esta im­ presión parece apoyarse en que Habermas considera la función criteriológica de la teoría consensual más en una línea teórico-comunicativa —en la garantía del discurso no desfigurado. Tam­ bién hay que decir que algunas de las distinciones básicas. V é a s e K. cit. O. en el sentido de las condiciones de una «situación ideal de habla». 52. pues Habermas quiere tener en cuenta la circunstancia de que la fuerza motivadora del consenso que tienen los argumentos dis­ cursivos puede estar «apoyada en la experiencia». Precisamente en este último aspecto me pa­ rece que es posible y necesaria una complementación. simultáneamente. (en n o t a 25). p a r t e IV. Apel. el punto de vista de la fenomenología (Phaneroscopy) y de la epistemología semiótica de Peirce. del punto de partida habermasiano. op. P e i r c e and P o s t . S. introducidas recientemente por Habermas. Una comple­ mentación en el sentido de la inclusión de la evidencia em­ pírico-experimental del fenómeno en la formación discur­ siva del consenso de una comunidad de argumentación que. la interpretación) de los criterios objetivos disponibles de la verdad." Así. después de la interpreta­ ción y apreciación de estas distinciones quisiera hacer va­ ler. me parecen ser totalmente aceptables. de nuevo. se tiene fácilmente la im­ presión de que la garantía de las condiciones de las reglas de una «situación ideal de habla» pudiera extenderse tam­ bién. «C. eo ipso. es una comunidad de experimentación y una comunidad de interpretación orientada fenoménica­ mente.T a r s k i a n T r u t h » . al menos. en el sentido de hacer efectivas las pretensio­ nes de validez— que en una línea epistemológica. Por eso. Esto no es fácil de mostrar con detalle. a la valoración óptima y epistemológicamen­ te relevante de los criterios objetivos de verdad.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 83 allá de la suposición de Peirce de una moral selfsurrender— las condiciones éticamente relevantes de las reglas para una formación no desfigurada y puramente argumentati­ va del consenso. .

Habermas en­ laza esta distinción más antigua con otra de Peter Straw53. 1973. Según lo veo yo. 381 y s i g s . 1986). por una parte y el a priori (válido reflexivamente) del discurso argumentativo por la otra. cast. T a u r u s . en mi opinión.: Cono­ cimiento e interés. e s p e c i a l m e n t e p á g s . V é a s e J. Ambos problemas no se tematizan ya como el del análisis de las estructuras o funciones de la conciencia. Es fundamental la propia distinción realizada a raíz de «Erkenntnis und Interesse» entre el a priori (constituti­ vo) de la experiencia. Madrid.84 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO El punto de partida nuevo y decisivo de la teoría con­ sensual o discursiva de la verdad de Habermas estriba. 2. En su teoría discursiva de la verdad. (trad. del discurso argumentativo liberado de la carga de la acción. 130 y sigs. mientras que el problema de la reflexión sobre la validez o de la justificación (legitimación). se trata del paso decisivo de una transformación —que yo entiendo como pragmáticotrascendental— de la arquitectónica del sistema kantiano: la reflexión sobre las condiciones de la validez de los enun­ ciados de conocimiento o argumentos ya no está restringi­ da a la reflexión sobre las condiciones de la constitución de la objetividad de la experiencia. op. p á g s . «Epílogo» a Erkenntnis und Interesse. H a b e r m a s . sino que el problema de la cons­ titución de la experiencia objetiva o del mundo de la expe­ riencia. también J." Én mi opinión. las relaciones de la praxis y los inte­ reses rectores del conocimiento. Habermas obtiene esta distinción mediante una combinación (sínte­ sis) de las dos distinciones siguientes: 1. S u h r k a m p . (en n o t a 50).. . Franc­ fort. se incluye en el de los contextos mundano-vitales de la acción. en que introduce una separación analítica radical entre el juego lingüístico que se i-efiere a las condi­ ciones de la experiencia objetiva y el juego lingüístico que se refiere a la discusión de las razones para la pretensión de validez de los argumentos. tematizable por la analítica del lenguaje. y 151 y sigs. cit. queda subordi­ nado al ámbito. Habermas.

por ejemplo. por un lado y entidades del espacio lógico. a pesar de todo. comprensible epistemológicamente. la pregunta tradicional por la relación de correspondencia entre enunciados y hechos mundanos.TEORÍA CONSENSUAL D E LA V E R D A D 85 son: la separación analítica entre objetos o sucesos del mundo de la experiencia. . interpreta las vacilaciones de Ramsey y de Strawson en el sentido de una teoría pragmático-universal del discurso. Normalmente —en el marco de la comunicación en el mundo de la vida— las pretensiones de validez permanecen implícitas —como la pretensión de verdad en el caso de la simple afirmación de «p»—. En su lugar.. Esta parte de que los hombres. Pero si. (En Strawson.) Habermas sigue a Strawson sólo en la medida en que no explica como posible la relación. como estados de cosas y hechos ( = estados de cosas existentes). pues no son cuestionadas por los participantes en la comunicación. que pueden ser localizables o datables. en los contextos de experiencia y acción del mundo de la vida. ¡híd. se llegara a cuestionar. sucesos y personas— una pretensión de verdad para «enunciados declarativos». como información orientadora de la acción. entre enunciados y entidades intraniundanas. la pretensión 54. la pretensión de corrección normativa y —sobre la base de experiencias con cosas. sino que —como en el caso de la coordinación de la acción mediante la comprensión lingüística— son aceptadas. págs. como ocurre con el enunciado «p». la pretensión de veracidad. 132 y sigs. Según Strawson. la función de metaenunciados como «p es verdadero» consiste únicamente en expresar un asentimiento: algo así como «¡Sí!». esta distinción está coinspirada por la teoría de Ramsey acerca de la «redundancia» del predicado proposicional «es verdadero» y tiene la finalidad de desenmascarar como pseudoproblema.'"* por el otro. realizan actos de habla para los que reclaman pretensiones performativas de validez: la pretensión de sentido o de inteligibilidad.

quisiera proponer una complementación diferenciadora de la dicotomía habermasiana entre condi­ ciones de la experiencia y del discurso. pueden apo­ yarse también en la experiencia. tiene sentido como explicitación de la afirmación del hecho abstracto de «p». lle­ nar el vacío existente entre la teoría del discurso de Habermas y una fenomenología de las evidencias de la experien55. 132 y s i g s . págs. sí quisiera cuestionar las consecuencias radicales en el sentido de Strawson. Ibicl.. por lo que. sin embargo —tanto según Habermas como según Strawson— no tiene sentido como enunciado acerca de una relación de correspondencia en­ tre el enunciado «p» y hechos intramundanos (según Straw­ son. sino como explicitación de la pretensión implícita de verdad del enun­ ciado «p». condiciones del discurso y condiciones de la experiencia re­ feridas al discurso. en la línea de una tricotomía: condiciones prediscursivas de la experiencia. Quisiera intentar. y en co­ nexión con esto. en el sentido de una pragmática tras­ cendental del lenguaje). es decir. o que a César lo mataron en el Senado— no debe ser confundido con un objeto o un suceso del mundo. Ahora bien. per­ tenecen a la transformación de la clásica filosofía trascen­ dental de la conciencia. en el mundo de la experiencia sólo hay objetos y suce­ sos que no se pueden afirmar como hechos). el hecho afirmado —por ejemplo. según Habermas. desde el metaplano reflexivo del discurso. entonces el metaenunciado aparentemente «re­ dundante» «p es verdadero» cobraría sentido. . por este camino. en todo caso. sólo puede ser inmediatamente discutida y po­ siblemente aceptada en el plano del discurso argumentati­ vo mediante buenas razones: que. la pretensión de verdad reclamada para «p» no puede examinarse inmediatamente en el mundo de la experiencia. en tanto que afir­ mación justificada. que el gato está o estaba sobre la esterilla. con todo. y 141. no quisiera cuestionar en absoluto las distinciones fundamentales de Habermas (a mi parecer."' Con lo que sigue.86 TEORÍA D E LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO de verdad.

como quiere Strawson. Pero normalmente. 130. él confirma mediante el enunciado «p es verdadero» la afirmación de «p».TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 87 cia —también de la evidencia para la correspondencia— en el sentido de la epistemología semiótica de Peirce. y con esta constatación añade algo totalmente nuevo a la mera afirmación del hablante: por ejemplo. 57. de hecho. que él —al abrir la ventana— se ha proporcionado a sí mismo la evidencia fenoménica para la correspondencia con los datos de la experiencia (fenómenos) del enunciado (proposición) «Está lloviendo». cit. En e s t e conte. Ibíd. pues ésta podría ser también la reacción ante un ofrecimiento) ¿Se puede. no es el que propone una afií^mación sino uno de los que participan en la comunicación quien encuentra la constatación de que es verdadero un enunciado escuchado antes (por ejemplo. «Sí» o «Estoy de acuerdo». en lugar de datos. eliminar o considerar como superfina esta concepción de la fun56. . Sería de hecho así.f' En el sentido de esta constatación adicional de la evidencia existente. c o m o c o r r e s p o n d e n c i a c o n « j u s t i f i c a c i ó n » de precept o s / p r o h i b i c i o n e s .. la « e x p l i c a c i ó n t e ó r i c a » d e « a f i r m a c i o n e s » . si un hablante la reformulara mediante la constatación de su propia afirmación. Viene a decir algo así como «Es verdad que está lloviendo» (y no sólo. p á g s . (Muchos dirían aquí hechos. 164 y 176) en la c o l u m n a « f u n d a m e n t a c i o n e s » inserta i n m e d i a t a m e n t e .. Comienzo con una crítica detallada con la que espero introducirme en los presupuestos de la «arquitectónica» de Habermas tomados de Ramsey o de Strawson: quisiera negar que sea adecuado decir que la constatación de «que "p" es verdadero» no añade nada a la afirmación «p».'*" Habermas diría que la citada constatación sólo hace explícita la pretensión implícita de verdad de la afirmación de «p». que hasta ahora sólo estaba afirmado. pág. la c u a l d e b e p r e c e d e r a cualquier posible «explicación». «Está lloviendo»). se p a s a por a l t o la p r u e b a de la e x i s t e n c i a del e s t a d o de c o s a s f e n o m e n a l c o r r e s p o n d i e n t e al h e c h o a f i r m a d o . en s u c o m p a r a c i ó n e s q u e m á t i c a entre la e s t r u c t u r a del d i s c u r s o t e ó r i c o y la del práctic o (op.xto es i n t e r e s a n t e q u e H a b e r m a s . E v i d e n t e m e n t e .

y del cual se tuvo experiencia. se podría considerar que el recurso a la . Pero ¿de qué modo una teoría consensual de la verdad. Así. hablar de la correspondencia o coincidencia entre enunciados y hechos es hablar criteriológicamente en el vacío. Y. en cierto modo. en los contextos de acción del mundo de la vida)? Ciertamente. de hecho. o que puede ser lograda. difícilmente se puede discutir el argumento de Strawson acerca de que el hecho de que César fuera asesinado en el Senado no sea idéntico al suceso que tuvo lugar en el año 44 a. en principio. debe poder superar la aporía de la teoría onto-semántico-formal de la verdad como correspondencia? ¿Acaso mediante la previsión de que en la aceptación argumentativa de las pretensiones de verdad porque hay buenas razones también se recurre a la experiencia prediscursiva (es decir. así debiera ser la respuesta en el sentido de los presupuestos de Habermas.. no es algo en el mundo de la experiencia. las «ideas» de Frege.. al ámbito lógico-lingüístico al que pertenecen también las «proposiciones en sí» —verdaderas o falsas— de Bolzano. a lo que podría ocurrir en el discurso de un historiador. a pesar de todos los esfuerzos de la crítica de las fuentes: no se podría prescindir. No es localizable ni datable. El hecho de que. las proposiciones (las lekta de los estoicos) y las entidades popperianas del «tercer mundo».88 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO ción del metaenunciado que usa el predicado «es verdadero»? A mi parecer. pues los hechos se han definido a priori como aquello con lo que se corresponden los enunciados verdaderos. esta respuesta correspondería. a la experiencia que se logró. en principio. por ejemplo. que se puede afirmar y negar en el discurso.C. en mi opinión. Por supuesto. en tanto que teoría del discurso. sino que pertenece. Aquí está. de la referencia a experiencias prediscursivas transmitidas por tradición. la aporía de toda restauración ontosemántica-formal —proveniente del Tractatus del primer Wittgenstein o de Tarski— de la teoría de la verdad como correspondencia.. acerca de la muerte de César.

.. que debe esforzarse por incorporar al discurso de los hom­ bres. entre los enunciados y los «datos factuales». la búsqueda metódica de la evidencia fenoménica para una correspondencia..'" En último término. Der Denkweg. más bien. visto desde la distinción de Strawson entre sucesos experimentables y hechos afirmables en enuncia­ dos. Papers. Dejemos hablar a Peirce en este punto. pero. o. Para ello es necesario y en principio posible. 5383 y s i g s . V é a s e C. enunciados sobre datos de medida y otros) en los que se constata la evidencia fenoménica. pág. no formulable sin usar expresiones indexicales: «Allí enfrente. cit. pág. un sistema —quizá problemático— de clasificación zoológica). el discurso no recurriría sencillamen­ te —como en el caso del discurso de «seminario»— a expe­ riencias del mundo de la vida. T a m b i é n Apel. la voz de la naturaleza.. en cierto modo. 131 y s i g s . en este juicio perceptivo. de alguna manera. parece difícilmente posible pensar la presunta corres­ pondencia sin caer en un error categorial. pero. epistemo­ lógicamente relevante. mediante experimentos. al menos. bajo el sauce.. incluir en el dis­ curso argumentativo los juicios perceptivos (enunciados observacionales. por otra 58.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 89 experiencia como fundamentación para los enunciados afir­ mados es. el discurso desarrollado hasta ahora tendría únicamente el carácter de una discusión de «seminario» y no de un discurso de «laboratorio» de la comunidad de experimentación y de la comunidad de interpretación —re­ ferida al fenómeno— de los científicos de la naturaleza. Según él. no se trata de un proto­ colo de libre interpretación del fenómeno (con la subsun­ ción del animal que se ha visto bajo la clase de los cisnes se está presuponiendo. Pero. op. para aducir buenas razones en defensa de las pre­ tensiones de verdad. por ejem­ plo. mediante observaciones dirigidas por la teoría. en forma de enunciado situacional. nada un cisne negro». Peirce. más bien intentaría producir la evidencia de experiencia en tanto que evidencia fenomé­ nica y referida al discurso. Coll.

en el razona­ miento abductivo del juicio perceptivo que se va a inter­ pretar. fundamentando así —a través de la interpretación mediadora— la evidencia feno­ menológica (phaneroscópica) para la correspondencia en­ tre el enunciado y el «dato de experiencia». P e i r c e . pero que por otra parte. p á g s . 5 1 2 8 y s i g s . cuya verdad sólo puede ser afirmada.90 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO parte. por una parte pertenece como tal al discurso argumentativo. por lo tanto. más bien. difícil de concebir fenomenalmente. del ar59.'" En mi opi­ nión no tratamos aquí ni de un objeto localizable ni de un suceso datable. de un enunciado que. determinando así. 5 1 1 5 y sig. por tanto. falible— (en el sentido de la ca­ tegoría peirceana de la terceridad) entre la afirmación de hechos —establecida quizás a la luz de una teoría— me­ diante un enunciado proposicional y la pura evidencia del fenómeno —quizá fotografiable— [primeridad y segundi­ dad). Coll. del ser-así de la percepción. 5568. Wahr ( = v e r d a d e r o ) y nehmen { = tomar). tampoco se trata de un enunciado proposicional abs­ tracto. Papers. en mi opinión. 3 0 0 y s i g s . op. [T.. no afirma solamente un hecho (o lo relaciona con otros he­ chos). V é a s e C.* Que debe haber algo semejante —y. T a m b i é n Apel. cit. Peirce llama a esto último «percepto». el correlato. hace las veces de premisa. el juicio perceptivo efectúa la mediación —en principio revisable por reinterpretación del fenómeno y. * El a u t o r j u e g a con e! s i g n i f i c a d o de la palabra c o m p u e s t a Wahrnehmung ( = p e r c e p c i ó n ) y los s i g n i f i c a d o s de las p a l a b r a s q u e la c o m p o ­ nen.] . evidencia objetiva del fenómeno— se infiere. 2 1 4 1 . Se trata. sino que manifiesta un fenómeno dado como tal y lo interpreta en el sentido de un hecho proposicionalmente afirmable. Precisamente así. sino de aquel momento de la realidad dada que —aún antes de la diferenciación categorial entre objetos y sucesos (y personas)— posibilita la comprensibi­ lidad de algo a través de la percepción (Wahr-nehmung). se produce evidencia para la co­ rrespondencia entre el enunciado proposicional abstracto y el fenómeno dado en la percepción. Interpretando ésta en el sentido de un hecho afirmable proposicionalmente. en mi opinión. que. p á g s .

me parece que el puro ser-así del fenó­ meno. Los poetas —me parece—. enten­ dido como lo hace Peirce. la primeridad del fenómeno. y sólo a la luz de esta universali­ dad lingüísticamente «superada» del sentido es identificable como algo «eso de ahí» con lo que nos encontramos. no se podría pensar con sentido. por el uso que hacen de las palabras. al sentido totalmente irreducible y fulgurante en la vivencia noética de la evi­ dencia. constituyendo así la universa­ lidad eidética del sentido. Scheler) de experiencias o repre­ sentaciones. Su valora­ ción como certeza sensible particular debiera basarse en la contingencia del encuentro eventual (segundidad) con el objeto o con el suceso (o con la persona) y no en el ser-así que constituye la evidencia del fenómeno puro. en el sentido de la primeridad. Por lo demás. inherente a las experiencias originales y a las representaciones mediadas lingüísticamente. Este. Dicho de otra manera: sin la primeridad del ser-así dada en el encuentro (segundidad) (también del ser-así de las relaciones y. Aquí está. la me­ diación interpretativa mediante la universalidad del con­ cepto {terceridad) que se realiza en el juicio de percepción. el peligro de la hipostatización y la confusión de la primeridad fenome- . así. pueden renovar. de los estados de cosas que ocurren intramundanamente). como posibilidad en el sentido de la pura intuición— correspondería más bien a la «idea» propiamente descubierta por Platón (y desde luego hipostasiada metafísicamente): es decir. que —incluso de forma independiente a toda generalización— entra a formar parte en la introducción ejemplar de los predicados.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 91 gumento aducido anteriormente para la diferencia —marcable semióticamente— entre enunciados proposicionales abstractos y juicios perceptivos. precede a la dis­ tinción usual entre singularidad y universalidad. por otra parte. en cierto modo. en tanto que primeridad libre de relaciones —es decir. pueden «refres­ car» el lenguaje (Hólderlin). y los filósofos —fenomenólogos— pueden llegar a constituir en objeto de una «reduc­ ción eidética» (Husserl. por tanto. su fundamento de sentido mediante la primeridad y.

Aquí s e a ñ a d e a l g o así c o m o la e v i d e n c i a en el s e n t i d o de la « p r i m e r i d a d » y la « s e g u n d i d a d » a la s i m p l e a f i r m a c i ó n de un ser-así o de u n e s t a d o d e c o s a s . a u n q u e sí lo e s c o n una s e m i ó t i c a no l i m i t a d a s o l a m e n t e a s i g n o s conceptuales ( « s í m b o l o s » . Me p a r e c e q u e aquí se da t a m b i é n una r e h a b i l i t a c i ó n parcial d e la «présence» h u s s e r l i a n a (Derrida) frente a la r e d u c c i ó n s e m i o t i c i s t a del m u n d o a «littérature» o <iSÍgnification» sin «signifié» (Derrida). t a m b i é n la p o s i b i l i d a d de la interpretación conceptual ya en el j u i c i o p e r c e p t i v o s e b a s a e n la p o s i b i l i d a d de la a f i r m a c i ó n no s i t u a c i o n a l de h e c h o s (la « v e r d a d del l e n g u a j e » de Hegel). 46 y sigs. hacer olvidar que difícilmente es posible pensar la obviedad de los argumentos filosóficos sin algo parecido a la evidencia de la «intuición categorial» (Husserl). del significado lingüístico convencional de los ideogramas «color» 60. sin duda. op. para los j u i c i o s de a c t o s de h a b l a en el s e n t i d o del saber performativa de la acción o en el s e n t i d o de la evidencia reflexiva de la coincidencia entre y o pienso (argumento) y yo existo. . desde mi punto de vista. p o r e j e m p l o . e x i s t e aquí la p o s i b i l i d a d de una p o s t u r a « p h a n e r o s c ó p i c a » (Peirce) q u e n o e s c o m p a t i b l e ni c o n la fenómeno logia de la evidencia prelingüística d e H u s s e r l ni c o n la negación semanticista o constructivista de toda evidencia. (en la nota 15). cit (en la nota 50) p á g s . s e a p o y a —al c o n t r a r i o — en la posibilidad del jincio de percepción ligado a una situación. O.92 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO nal con la terceridad de la universalidad del concepto que está mediada lingüísticamente. En mi o p i n i ó n . Así. que un color no se pueda representar sin la superficie correspondiente depende..."" Por ejemplo. en la m a t e m á tica). Pero el intento de evitar los peligros de la «visión de la esencia» platonizante no debiera. me parece que n o se c o r r e s p o n d e con el m o m e n t o idéntico de la «primeridad» t a n t o de la « c e r t e z a s e n s i b l e » c o m o de la « i n t u i c i ó n categorial». por lo d e m á s . en mi o p i n i ó n . de m o d o p a r e c i d o a c o m o en D e r r i d a la posibilidad del j u i c i o no ficticio se b a s a en la posibilidad del j u i c i o f i c t i c i o r e p e t i b l e l i n g ü í s t i c a m e n t e . V é a s e K. op. semióticophaneroscópica— e s válida. e n el s e n t i d o de la a f i r m a c i ó n de hec h o s respaldada por evidencia. que..». a mi p a r e c e r . en la d i f e r e n c i a i n n e g a b l e entre el j u i c i o perceptivo y c u a l q u i e r afirmación no situacional de hechos. p e r o la p o s i b i l i d a d del j u i c i o verdadero. cit. t a m b i é n para juicios perceptivos no sensibles — c o m o l o s r e f l e x i v o s — . Y e s t a p e r s p e c t i v a cuasi fenomenológica — o mejor. e s la m á s u n í v o c a c u a n d o e n t e n d e m o s (nachversteheri) n u e s t r a s p r o p i a s c o n s t r u c c i o n e s (por e j e m p l o . Apel: « D a s P r o b l e m d e r p h a n o m e n o l o g i s c h e n Evidenz. S u a r g u m e n t o c l a v e s e basa. La c r í t i c a de H a b e r m a s a H u s s e r l . en el s e n t i d o de Peirce).

y es sobre todo así como el «percepto» del fenómeno dado constituye el correlato de la evidencia de un juicio perceptivo (en el sentido de la teoría fenome­ nológica de la evidencia para la correspondencia entre el fenómeno dado y el juicio perceptivo). no tendría sentido alguno el examen filosófico («no sensi­ ble») de argumentos.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 93 y «superficie» (Husserl no consideró esto fundamental). concebible «phaneroscópicamente») entre primeri­ dad y terceridad. también se­ gún él. Y lo que es más importante: también la posible comprensión de la diferencia entre estos dos ejem­ plos tiene que basarse de nuevo en la primeridad —que se ha de realizar. Como certeza sensible —esto es. Es básicamente ahora. en el sentido de una cualidad cromática o también de una configuración de for­ mas fotografiables— el «fenómeno originario». mediante la interpreta­ ción lingüística— de los fenómenos eidéticos. Volveré a tratar este punto. cuando la universalidad del . en cierto modo. que se apoyan sólo en el significado convencional de ambas palabras. y sólo en virtud de su mediación por la interpretación lingüística [terceridad) —que tiene que estar enlazada con el razonamiento abduc­ tivo que se da implícito en el juicio perceptivo— ese juicio perceptivo puede erigirse en juicio de conocimiento con pretensión intersubjetiva de validez (de sentido y de ver­ dad). Pero esto no significa. que —con Descartes y Husserl— se pueda fundar algo así como la verdad apodíctica de la fundamentación filosófica última sobre la evidencia eidética y de libre in­ terpretación del fenómeno. constituti­ vo de la evidencia (en el sentido de la primeridad). porque ésta —así me parece a mí— se basa en la pri­ meridad del ser-así de los fenómenos. aunque esta circunstancia es irrelevante para la «concep­ ción categorial» de la inseparabilidad de ambos fenóme­ nos. Este supuesto pasa por alto la diferencia «categorial» resaltada por Peirce (y. que está dado para esta percep­ ción (segundidad). a diferencia de la concepción trivial de que los célibes son hombres no casa­ dos. de ninguna manera. de otro modo. está sujeto a la particularización en el sentido de la existencia de este fenómeno objetivo.

la realización de la interpretación lingüís­ tica del fenómeno sólo puede fundamentar la pretensión de verdad de un enunciado científico cuando éste entre a formar parte —en el plano del discurso argumentativo— de la pretensión de sentido de la afirmación de un hecho y la pretensión de verdad de este último pueda aceptarse como bien fundamentada. puede exponerse de nuevo a la confirma­ ción (también a la limitación y ampliación) mediante el exa­ men inductivo en fenómenos que existen objetivamente y que se someten a modo de ensayo a la subsunción/' Por supuesto. no queda criteriológicamente vacía. metódicamente orientada y referida al dis­ curso. en la circunstancia de que la interpretación del fenómeno estaba también en situación de interpretar los datos (el «percepto»). . que no permanece limitada al ámbito lógico-lingüístico de la argumentación —como ocurre con la correspondencia onto­ semántico-formal entre enunciados verdaderos y hechos abstractos— y. entonces la fuerza de las buenas razones (la «fuerza no violenta de los argumentos») se basa. 61.94 TEORÍA D E LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO sentido de la primeridad fenomenal alcanza el status de un atributo en el marco de un contenido conceptual (inten­ sión). en el sen­ tido de la afirmación de los hechos. Ella es quien hace valer una relación de correspondencia de la verdad. de evidencia— sobre el abismo aparente entre la experiencia y la afirmación de hechos. es decir. así. por su parte. V é a s e la n o t a 4 7 . en este caso. quien tiende un puente —al menos en el caso de la producción. por tanto. pues. Pero si ocurre esto. La interpretación del fenómeno es. la fuerza de la fundamentación de la pretensión de verdad se basaría en la revelación —lingüísticamente mediada— de la evi­ dencia para la correspondencia entre el enunciado afirma­ do y el fenómeno intramundanamente dado y percibido (tomado como verdadero). que. si se llegaba una "realización de la pretensión de verdad me­ diante la formación argumentativa del consenso. determina la amplitud conceptual (extensión) y. es decir.

tam­ bién como mediación entre experiencia y discurso argumen­ tativo. aun­ que la vivencia de la evidencia de la experiencia siga es­ tando referida a la síntesis de la apercepción o al cumplimiento de la intención de la conciencia respectiva. etc. La razón de que así ocurra podría consistir en que la síntesis de la apercepción (Kant) o la intención de algo como algo (Husserl o Heidegger). de este modo. sino fenomenológica— de la correspondencia (o más propiamente: una teoría de la evidencia para la correspondencia). por tanto. se presu­ pone ya siempre la mediación de los significados. cuan­ do no necesariamente coherente. en tanto que función de una conciencia. no puede constituir la objetividad —no sólo formal— qua intersubjetividad de la experiencia. a priori intersubjetivos. personas. Aquí —en el punto de la mediación entre la evidencia refe­ rida a la conciencia y la intersubjetividad referida al len­ guaje (y. la reconstrucción y transformación críticas de la filosofía tras- . de los signos lingüísticos —que entran en juego en el razonamiento abductivo— (podría denominar­ se el a priori corporal intersubjetivo de la experiencia). desde mi punto de vista. quien franquea el paso desde una teoría fenomenológica de la verdad como evidencia (para la correspondencia) a una teoría consensual o discursiva de la verdad. sino más bien la propia necesidad de interpre­ tación de los fenómenos. también a la comunicación y al consen­ so)— hay que colocar.. sucesos. Es evidente que no es tanto la diferencia categorial entre objetos intramundanos. con una teoría consen­ sual o discursiva de la verdad si —a diferencia de la teoría husserliana de la evidencia para la correspondencia entre la intención noemática y la autodonación de los fenómenos— puede considerar la realización de la inter­ pretación lingüística del mundo como constitutiva para la comprensión del fenómeno como algo y. por un lado.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 95 De aquí saco la conclusión de que una teoría —no me­ tafísica ni onto-semántico-formal. y entidades abstractas del ámbito lógico-lingüísti­ co por otro. En esta aparente labor de constitución de la conciencia. es compatible.

hipótesis con teorías. Esto significa que en esta transfor­ mación no se trata sólo —ni primariamente— de introdu­ cir la distinción entre las condiciones prelingüísticas de la constitución de la experiencia objetiva (en el sentido de Kant o de Husserl) por una parte y las condiciones del discurso que reflexiona sobre la validez por la otra. A u n q u e . De ahí q u e n o c a r e z c a t o t a l m e n t e d e f u n d a m e n t o q u e L. p á g s . Me parece que ésta es la consecuencia de una fundamentación. en la línea de Peirce. «proposiciones de base» supuestas convencionalmente como empíricamente verdaderas. El posible 62. esta última no está en situación de diferenciarse. con proposiciones de base potenciales que se puedan deducir de teorías. B. de forma criteriológicamen­ te relevante. la forma de la mediación definitiva entre los criterios de verdad de la evidencia y de la coherencia. más allá o más acá de esto.l i n g ü í s t i c a de la t e o r í a de la v e r d a d c o m o c o h e r e n c i a » . . Sin dicha complementación. en todo caso. en términos de una síntesis. Pun­ te! (Wahrheitshteorien in der neueren Philosophie. que recurriera en todos los casos a experiencias prediscursivas. d e b i e r a ser.) e n t i e n d a la « t e o r í a del d i s c u r s o o del c o n s e n s o » de Haberm a s c o m o «forma i n t e r s u b j e t i v a p r a g m á t i c o . La teoría que he esbozado aquí la concibo como una complementación necesaria de la teoría habermasiana del discurso. en­ tretejida con procesos sintéticos de razonamiento. propiamente. D a r m s t a d t 1978. en el plano de los enunciados pro­ posicionales abstractos. en el sentido de su posible integrabilidad— o. pero no suministrara eviden­ cia para la correspondencia con los fenómenos mediante juicios perceptivos referidos al discurso y que las hiciera valer inmediatamente como razones para la afirmación de los hechos: tal discurso sólo podría. se trata de la transformación del problema de la constitución objetiva (—intersubjetiva) del mundo de la experiencia. de la teoría consensual de la verdad. 161 y sigs. en mi o p i n i ó n .96 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO cendental del lenguaje. m á s b i e n . sino que. de una teoría de la verdad como coheren­ cia.''^ Pues un discurso. relacio­ nar entre sí enunciados aceptados como igualmente verda­ deros en potencia —por ejemplo. de la interpretación consensuable del mundo.

mundo subjetivo in­ terno y mundo social) y con las correspondientes funcio­ nes del lenguaje según Bühler (la de «representación». se deja de lado uno de los mo­ tivos fundamentales por los que se caracteriza la teoría consensual como englobadora de todos los criterios de ver­ dad de que se dispone: la necesidad de una mediación —que sea al mismo tiempo inductiva e inferencial-abductiva— entre la evidencia del fenómeno. en el encuentro con el ser-así de la realidad) quedaría suavizado ya siempre. la de «expresión» y la de «apelación»). y una consecución deíctica de la evi­ dencia en el marco de un «discurso de laboratorio». Pero. el que argumenta . redu­ cido a un conflicto entre enunciados o teorías que compi­ ten entre sí. es decir. existe una diferencia de orientación al mundo. con esto. con muchas proposiciones o teorías que ya han sido aceptadas —provisionalmente— como verdaderas o que son útiles debido a su gran capaci­ dad explicativa) y el criterio de verdad de la evidencia de la experiencia (que se basa.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 97 conflicto entre el criterio de verdad de la coherencia (com­ patibilidad. referida a la reali­ dad. En el primer caso —al igual que en caso de una afirmación—. En conexión con la distinción de Habermas de tres re­ ferencias al mundo (mundo objetivo. mi propuesta de com­ plementación fenomenológico-semiótica de la teoría discur­ siva de la verdad podría caracterizarse también de la si­ guiente manera: entre una argumentación en forma de «discurso de seminario» en la que la fundamentabilidad de afirmaciones mediante la experiencia sólo se enuncia como una razón entre otras para la realización de las pre­ tensiones de verdad. por el contrario. probablemente. en último término y a pesar de toda interpretación. que se refieren meramente al espacio lógico de la argumentación. y los criterios de verdad como la coherencia (y la con­ sistencia). En el segundo caso. el que argu­ menta se dirige hacia el mundo circundante (Mitwelt) —el de los cosujetos de la argumentación— y busca hacer va­ ler su pretensión de verdad —en la línea de su afirmación— como pretensión de la capacidad intersubjetiva de consen­ so.

obras e instituciones de hombres. Pero.98 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO se dirige primariamente al mundo objetivado y busca desempeñar su pretensión de verdad —en la línea de un juicio perceptivo— como interpretación lingüística de la autodonación de un fenómeno. como condición de posibilidad de la experiencia objetiva en el sentido del conocimiento intersubjetivamente válido. entra en función en este contexto sólo como pretensión natural de veracidad en la formulación lingüística de intenciones de sentido.) 4. entre estas dos dimensiones diferentes. fundados en una realidad experiencial que contiene ya en sí misma enunciados lingüísticos con pretensión de sentido y validez que pueden ser apoyados con buenas razones (o que contiene. acciones. o para reconstruir la realización de las pretensiones de validez del discurso humano. tras las cuales hay intenciones. EL PROBLEMA DE LA COMPLEMENTACIÓN DE LAS A DE LA TEORÍA CONSENSUAL DE LA DE LA VERDAD CIENCIAS CON EMPÍRICAS RESPECTO O CIENCIAS NATURALEZA CIENCIAS (ORIENTADA PEIRCE) A LAS HERMENÉUTICAS DEL ESPÍRITU SOCIALES CRÍTICO-RECONSTRUCTIVAS La interpretación pragmático-trascendental de la teoría consensual de la verdad de Peirce que se ha esbozado no es suficiente para reconstruir la totalidad de la problemática de la teoría consensual o discursiva de la verdad formulada por Habermas. Ha quedado sin considerar el problema más complejo de los enunciados verdaderos que deben fundarse en el comprender y el juzgar acerca de fenómenos de experiencia estructurados simbólicamente. . (La tercera referencia al mundo. que corresponde a la función expresiva del lenguaje. la de orientación al mundo y la de puesta en marcha de la pretensión de verdad. es decir. está mediando de antemano el lenguaje.4. Pues hay que subrayar que hasta ahora sólo se ha tratado la problemática de la verdad referida a las ciencias empíricas de la naturaleza. al menos.

convenciones y pretensiones de validez que pueden ser. sin el presup u e s t o v a g o de una r a c i o n a l i d a d p a r t i c i p a d a y n o r m a t i v a m e n t e vinculante—: a m o d o de una reducción definitiva del p r e d i c a d o «.'"' Toda abstención metódica de valoración —como por ejem6 3 . de nuevo. 1979. En ella. las razones de las exteriorizaciones y acciones que se tratan de comprender. O. . págs. en este caso. Apel. el siguiente problema adicional en comparación con el problema de la verdad en las ciencias de la naturaleza: ¿se puede pensar la formación de consenso acerca de la verdad de la comprensión del sentido bajo la que se forma. O.. obras e instituciones que hay que comprender simbólicamente) una comunidad abarcante de comunicación'?^^ Pues no puede tratarse —puesto que hablamos de ciencias del espíritu— simplemente de una comunidad de interacción conuuiicativa en el mundo de la vida. V é a s e K. V é a s e K. Apel. op.. en principio. Aquí —en la cuestión de la posible verdad de las ciencias hermenéuticas sociales y del espíritu— se plantea. 233 y s i g s .d e d u c t i v o » d e u n a « e x p l i c a c i ó n rac i o n a l » . S u h r k a m p . valorar sobre la base de la suposición de una racionalidad en principio común. acciones. 178 y 2 2 0 y s i g s . esto es. la comunidad de los investigadores. enjuiciar. debe tratarse también —al menos virtualmente— de una comunidad de discurso. de m o d o q u e e s a e x p l i c a c i ó n p u e d a s e r e m p í r i c a m e n t e examin a b l e y f a l s a b l e . p á g s . 64. la imagen del mundo o las normas reconocidas). más bien.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 99 motivos. Die Erkldren: Verstehen-Kontroverse in transzendentalpragmatischer Sichl. legitimadas y explicadas lingüísticamente). es racional» a c o n c e p t o s de d i s p o s i c i ó n m a n e j a b l e s e m p í r i c a m e n t e q u e se p u e d e n c o l o c a r e n el e s q u e m a « n o m o l ó g i c o . ante todo. realizadas por sujetos de la ciencia que ya han muerto. E n p r i n c i p i o . m e p a r e c e q u e e s i m p o s i b l e e s t a b l e c e r la racionalidad c o m o u n p r e d i c a d o p u r a m e n t e descriptivo — e s d e c i r . sin presuponer que los científicos establecen (tanto entre sí como con los sujetos de exteriorizaciones. Transformation der Philosophie. en el caso de la historia de la ciencia. en la que se comprende ya siempre sobre la base de los presupuestos de fondo en los que se participa (por ejemplo. (en la n o t a 10). los sujetos de la investigación hermenéutica debieran. cit. F r a n c f o r t .

a la larga. la e s t r a t e g i a a r g u m e n t a t i v a de H a b e r m a s p a r e c e c o n d u c i r c a d a vez m á s c l a r a m e n t e a i m p e d i r p r e c i s a m e n t e la fundamentación ú l t i m a de las c i e n c i a s c o m p r e n s i v o . en A.. P e r o i n c l u s o a u n q u e en l a s c i e n c i a s h e r m e n é u t i c a s e x i s t a una «conexión interna e n t r e d e s c r i p c i ó n y v a l o r a c i ó n de m o t i v o s » y t a m b i é n una « i n e v i t a b i l i d a d de i n t e r p r e t a c i ó n r a c i o n a l » — e s t o lo m a n t e n d r í a c o m o v e r d a d e r o j u n t o con H a b e r m a s — n o v a r í a e n n a d a la c o r r e c c i ó n de las s i g u i e n t e s frases de S c h n a d e l b a c h : « B i e n p u e d e s u c e d e r que en la acción c o m u n i c a t i v a se f o r m u l e n p r e t e n s i o n e s i n c o n d i c i o n a l e s . Para ello d e b i e r a n ser. 15-34. el sentido de «abstención de valoración» presupone ya la valoración que hay que efectuar normalmente. por e j e m p l o . tales abstenciones. « T r a n s f o r m a t i o n d e r K r i t i s c h e n T h e o r i e » .). H a b e r m a s . P r e c i s a m e n t e en e s e p u n t o . en las abstenciones de valoración" 65. e l l a s m i s m a s .. 346 y s i g s . En todo caso. p e r o e s o n o las c u a l i f i c a para f u n d a m e n t a r a la t e o r í a c r í t i c a . e n j u i c i a b l e s c r i t i c a m e n t e . p á g .) h e b u s c a d o la s o l u c i ó n del p r o b l e m a de una h e r m e n é u t i c a (y c r í t i c a d e la i d e o l o g i a ) n o r m a t i v a en la s o l u c i ó n del p r o b l e m a de u n a fundamentación racional lÁltima de la ética. p á g s . D e s d e el p u n t o de v i s t a de la p r i n c i p a l t e n d e n c i a s o s t e n i d a p o r una t e o r í a crítica. e n la Transformation der Philosophie (op. p á g s . H..r e c o n s t r u c t i v a s m e d i a n t e la r e f e r e n c i a a la « c o n e x i ó n i n t e r n a e n t r e la d e s c r i p c i ó n y la v a l o r a c i ó n de m o t i v o s » . Kommunikatives Handeln. de modo parecido al sentido de «silencio» que presupone el discurso que cabe esperar. 3 7 9 y sigs. en las c i e n c i a s h e r m e n é u t i c a s . De hecho. cit. en parte en el acuerdo en el mundo de la vida y en parte en supuestos hipotéticos. el t e ó r i c o d e b e r í a p o d e r a p o r t a r i n c o n d i c i o n a l m e n t e l o s h a r e m o s i n c o n d i c i o n a d o s de la critica y n o p o d e r s e p a r a r l o s d e su o b j e t o p o r el c a m i n o de la c o n s t r u c c i ó n h i p o t é t i c a de reglas». e s p e c i a l m e n t e vol. 1986. cit. J o a s (comps. (op. p a r a t r a s c e n d e r l a s m e r a s tradiciones.100 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO pío. Por el contrario. Francfort. S c h n a d e l b a c h . usos. S u h r k a m p . en interés de la prioridad del comprender frente al enjuiciar (precipitadamente)— no puede hacer olvidar que las pretensiones de verdad de los hombres no pueden ser comprendidas en absoluto sin el presupuesto básico del juicio que hay que realizar (valoración) y sin una cierta prerrealización del juicio (valoración) que puede estar fundamentada. 34). y t a m b i é n J. Honneth/H. e s d e c i r . II. en f o r m a de una abstracc i ó n («constitutiva del o b j e t o » y fijada m e t ó d i c a m e n t e ) del o b j e t i v o normal del d i s c u r s o o b j e t i v o c o n s i s t e n t e e n el e n j u i c i a m i e n t o (valoración) definitivo y c a p a z de s e r c o n s e n s u a d o ? Para e s t o v é a s e . p á g . Me p a r e c e q u e la s i g u i e n t e p r e g u n t a r e p r e s e n t a un p r o b l e m a a ú n no e x p l i c a d o : ¿en q u é m e d i d a se p u e d e n f o r m u l a r . ibíd. y .

e n Archivio di filosofía (1986). 66. 31-49. en el caso de las ciencias empíricas de la naturaleza —y de las ciencias sociales cuasi-nomológicas—.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 101 —justificadas metódicamente— no se puede tratar. con el interés exclusivo de facilitar la historia crítico-reconstructiva de la ciencia— a haremos de valoración que sean «inmanentes a la ciencia». y. d e s d e el p u n t o de vista del c o n t e n i d o . al l í m i t e de la p é r d i d a de la m o t i v a c i ó n c r í t i c a en favor de la g l o r i f i c a c i ó n del m u n d o de la vida (véase. q u e s e d e b e r í a p o d e r alcanzar e n p r i n c i p i o m e d i a n t e la r e c o n s t r u c c i ó n c r í t i c a . p o r e j e m p l o . 1983. F r e y (comp. Apel. O. el r e c u r s o s e aproxima m u c h o . págs. en G. en especial. «Die T r a n s z e n d e n t a l p r a g m a t i s c h e Beg r ü n d u n g dert K o m m u n i k a t i o n s e t h i k u n d das P r o b l e m d e r h o c h s t e n Stufe e i n e r E n t w i c k l u n g s l o g i k d e s m o r a l i s c h e n B e w u s s t s e í n s » . i n d e p e n d i e n t e m e n t e del á m b i t o para el c í r c u l o h e r m e n é u t i c o . a v e c e s . la idea de e v i t a r la f u n d a m e n tación ú l t i m a n o r m a t i v a ( ¿ s o l u c i ó n a e s t e p s e u d o p r o b l e m a ? ) m e d i a n t e el r e c u r s o al m u n d o de la vida (más e x a c t a m e n t e : a las pretensiones de v a l i d e z m e r a m e n t e u n i v e r s a l e s de las n o r m a s del m u n d o d e la vida) c o n d u c e a H a b e r m a s a un s í n d r o m e de i n c o n s i s t e n c i a s : d e s d e un p u n t o de v i s t a m e r a m e n t e l ó g i c o . V é a s e t a m b i é n la n o t a 84. tampoco es posible restringir el juicio y la valoración —por ejemplo. G. p á g s . el r e c u r s o al m u n d o s o c i a l d e la vida —incapaz de f u n c i o n a r s i n el r e c o n o c i m i e n t o de las n o r m a s — f r e n t e al c u e s t i o n a m i e n t o d e la f u n d a m e n t a b i l i d a d racional de e s t a s n o r m a s (por ejemplo. 110 y. del m i s m o autor. p o r e j e m p l o . p o r M a x W e b e r ) t i e n e que p a r e c e r c o m o petitio principii o falacia naturalista. R e s u m i e n d o : p r e c i s a m e n t e la « c o n e x i ó n i n t e r n a e n t r e la d e s c r i p c i ó n y v a l o r a c i ó n d e r a z o n e s » (o e n t r e sentido y validez c o m p r e n s i b l e s de las r a z o n e s ) a p u n t a . 108). R a d n i t z k y . en modo alguno. « W e r f r e i h e i t s t h e s . I n n s b r u c k . Finalmente. S o l a r i s . en el c a s o de las c i e n c i a s c r í t i c o r e c o n s t r u c t i v a s a la n e c e s i d a d de un p u n t o a n t i c i p a d o de la f u n d a m e n t a c i ó n ú l t i m a u n i v e r s a l y s u s c e p t i b l e de c o n s e n s o . en último término al baremo normativo de la verdad/* Pues. permite que el objeto de la investigación se convierta en tema de descripción y de explicación [analítico-causal). «Die S i t u a t i o n d e s M e n s c h e n a i s e t h i s c h e s P r o b l e m » .). V é a s e K. en mi o p i n i ó n . en el caso de una historia crítico-reconstrucconvenciones del m u n d o social de la vida (mejor d i c h o : de los d i s t i n t o s m u n d o s s o c i o c u l t u r a l e s de la vida) en d i r e c c i ó n a r e l a c i o n e s posconvencionales — r a c i o n a l m e n t e l e g i t i m a b l e s — . p á g . 1983. de aquella neutralidad valorativa que. E s t o lo d e f i e n d e . Der Mensch und die Wissenschaften von Menschen. Moralbewusstsein und kommunikatives Handeln.

) Voraiissetziiii'icu und Grenzen der Wissenschaft. pues. se: W i s s e n s c h a u f t . 1979. G. A n d e r s o n (comps. Una teoría consensual de la verdad del comprender hermenéutico presupondría. Por des­ contado. Begriffene Geschichte. de baremos morales de valoración en la praxis hermenéutica de la re­ construcción. G a d a m e r . Precisa­ mente ahí estaría la conexión interna. por eso. Así pues. F r a n c f o r t . al menos hipotético. S u h r k a m p . supo­ ner también una posibilidad de consenso —conectada con la racionalidad metódica de una reconstrucción hermenéutico-crítica de la evolución cultural— sobre las normas mo­ rales universalmente válidas. la posibilidad básica de resolver el problema de una teoría consensual de la corrección de las normas éticas. Vernunft im Zeitalter der Wissenschaft. V é a s e e s p e c i a l m e n t e H. R ü s e n . también metodológicamente relevante. 1981. en G. acentuada una y otra vez desde Gustav Droysen"' —y también por H. más allá de la sugeren­ cia gadameriana de «comprender la tradición cada vez de manera distinta» —referida al contexto y. como muestra la propia obra de Max Weber. fundamenta­ ría una pretensión metódica que. p á g s 47-126. Radnitzky/G. Mohr. 68. Droyseiis. Tubinga. Génesis und Begründung der Geschichtsüíeorie J. sería necesario en principio. V é a s e J. además de la idea reguladora —-co­ nectada con la racionalidad metódica de la ciencia empíri­ ca— de un consenso definitivo acerca de la verdad. P a d e r b o r n . G."" por ejemplo— entre el sentido de las «ciencias comprensivas del espíritu» y la «razón práctica». 67. Gada­ mer. G. el presupuesto que se ha indicado de una teoría consensual que consolidara la hermenéutica. E t h i k u n d P o l i t i k » . Pero si el caso es el de la problemática de la verdad del compi-ender en las ciencias sociales y del espíritu. tal y como se ha indicado. funda­ mentada sólo en la «fusión del horizonte» histórico— apun­ taría al postulado. . 1969. entonces se plantea el auténtico problema de una teoría consensual de la verdad que ya no se refiere solamente a la verdad factual.102 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO tiva del desarrollo del derecho o de la moral no se puede pasar. más allá de un presupuesto.

de la historia.. Apel. En el marco del presente trabajo. Yo atribuiría toda filosofía. no puedo desarrollar los problemas que sólo se han indicado aquí —expresados. Utopieforschung. S t u t t g a r t . de u n a filosofía b a s a d a en la fundamentación última —especialmente d e las o b l i g a c i o n e s é t i c a s — y e n « i d e a s r e g u l a d o r a s » e s p e r o u n a estrategia a l t e r n a t i v a a la r e c o n c i l i a c i ó n q u i l i á s t i c o . n a t u r a l m e n t e en u n s e n t i d o k a n t i a n o y n o c í n i c o . O. Por e s o t a m p o c o p u e d o e n t r a r a q u í en la c r í t i c a de A. vol. cit. en l e n g u a j e t e o l ó g i c o : el R e i n o de Dios) en el c o n t i n u u m de la h i s t o r i a » ( W e l l m e r . a la t r a d i c i ó n — e n s e n t i d o g r a n d i o s o — q u i l i á s t i c o . 1982. V é a s e . e n t e n d i d a en el ú l t i m o s e n t i d o . 93 y sigs.u t ó p i c a . .). ¡Vletzler. W e l l m e r a la t e o r í a c o n s e n s ú a ! {en Eihik und Dialog. V o s s k a m p (comp. p á g s . Francfort. comprendida críticamente.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 103 de un progreso en la reconstrucción. op. de forma compleja y explicados de manera aún menos satisfactoria— acerca de una teoría. En mi o p i n i ó n .). 325-355."' 4 . 1986). entre otras— tengo que indicar la existencia de una clase de enunciados que. Tal progreso debiera estar estrechamente unido a un progreso prácticamente relevante en el acuerdo interhumano —e intercultural— acerca de las normas y los valores. «Ist die Etnik d e r i d e a l e n K o m m u n i k a t i o n s g e m e i n s c h a f t e i n e U t o p i e ? » . Por el c o n t r a r i o . EL PROBLEMA DE UNA TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD PARA LOS ENUNCIADOS UNIVERSALES Y AUTORREFLEXIVOS DE LA FILOSOFÍA Para preparar el paso del problema de la teoría de la verdad al de la fundamentación filosófica última —de la teoría de la verdad. relevante crítico-hermenéuticamente. en mi opinión y 69. y los relativos a su conexión interna con una teoría consensual de la fundamentación ética de las normas. sin duda. de la verdad como consenso.5.u t ó p i c a : a l g o asi c o m o una « c r í t i c a de la razón u t ó p i c a » . u n a filosofía q u e trabaja c o n « i d e a s r e g u l a d o r a s » — e n el s e n t i d o de Kant— n o p u e d e o d e b e n u n c a l l e g a r a la s i t u a c i ó n de «ir a b u s c a r lo a b s o l u t o (que en A d o r n o está " c u b i e r t o d e n e g r o " . p á g s . S ó l o quis i e r a r e s a l t a r —a m o d o d e c o m p l e m e n t o d e la a r g u m e n t a c i ó n p r e c e d e n t e — un p u n t o de d i v e r g e n c i a m u y g e n e r a l r e s p e c t o a !a estrategia a r g u m e n t a t i v a e n t r e W e l l m e r y y o m i s m o . e n W. por el m o m e n t o . K. I.

de tal modo que los enunciados típicamente filosóficos son reflexivos respecto a su propia pretensión de validez y deben ser incluidos en el ámbito de validez de su preten­ sión universal de validez. en este sentido también son diferentes de los de una «teoría crítica»). . dicha reflexión está radicalizada de nue­ vo. de verdad. la reflexión sobre las pretensiones de validez (pre­ tensión de sentido. no pue­ den ser autorreflexivos. son esencialmente diferentes no sólo de los enunciados de las ciencias empíricas de la naturaleza. de veracidad y de correc­ ción) que ya diferencia a las ciencias hermenéuticas socia­ les o del espíritu frente a las ciencias de la naturaleza —a pesar de la pretensión empírica de conocimiento que es común a ambas—. correspondiente­ mente. desde luego. sino también de la pretensión universal a priori de validez de los enunciados matemáticos (y metamatemáticos) que. que también se podrían citar aquí. '1961.104 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO en cuanto a su pretensión de validez —y. H e i d e l b e r g . 70. acerca de las diferentes clases de enunciados. de sus res­ pectivas pretensiones de verdad y de sus condiciones de realización. se diferencia esta pretensión universal de validez no sólo de la preten­ sión empírico-general de validez de los enunciados de le­ yes en las ciencias de la naturaleza. y t a m b i é n Hegel: Versuch einer kritischen Erneuerung. en este contexto. No estoy pensando en los enunciados de la lógica formal o de la matemática. sino en los enunciados típi­ cos de la filosofía que —como por ejemplo los enunciados de este trabajo— intentan decir algo verdadero acerca del sentido de la verdad de los enunciados y. Aquí y en lo q u e s i g u e m e i n s p i r o en la c o n c e p c i ó n c r í t i c a neoh e g e l i a n a de T e o d o r Litt a c e r c a de la « a u t o g r a d a c i ó n del e s p í r i t u y del lenguaje».™ De este modo. sino también de los de una ciencia hermenéutica social o del espíritu (y. '1961. V é a s e Mensch und Welt. también respecto a las posibilidades de realización de esta pretensión—. en ellos. Me parece que lo esencialmente característico de los enunciados a los que nos estamos refiriendo estriba en que.

ante todo. los teoremas de Russell y Tarski.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 105 Ejemplos característicos de la no observancia de la di­ ferencia que acabamos de establecer son. por eso. Esta confusión ha sido sugerida. En el inten­ to de llevar a cabo una ordenación concreta del lenguaje filosófico de la metalógica. a continuación —dada la problemática de la rela­ ción entre falibilismo y fundamentación última— nos van a interesar. Chomsky y J. existe una diferencia entre el análisis empírico. por el linguistic turn de la filosofía analítica. Pero. las confusiones entre la pretensión de validez de carácter filosófico-universal y la de carácter empírico-general. por la pre­ tensión aparentemente filosófico-universal de validez de la lingüística teórica de N. y el interés cuasi-tras­ cendental del conocimiento por las reglas gramático-uni­ versales o pragmático-universales del uso lingüístico (y su . recien­ temente. que tienen que convertir en objeto de la reglamentación lingüística metamatemática (o metalógica) el lenguaje filosófico que ellos mismos tienen que utilizar para introducir sus teorías. pues se intenta indicar el lugar condicionado transitoriamente del enunciado sobre la serie indefinida a priori de los metalenguajes dentro de la serie de metalenguajes realizable transitoriamente. no puede tomarse en serio (el ejemplo es el len­ guaje «escalera» de Wittgenstein en el Tractatus). en mi opinión. descriptivo y generalizador de los lenguajes concretos. después. Pronto se advirtió que. en el primer caso. di­ cho con mayor precisión: en primer lugar por la función heurística de la descripción del uso fáctico del lenguaje en la Ordinary Language Philosophy y. Katz. que actualmente se utiliza en la jerarquía de los metalenguajes —en el sentido de los estratos realizados últimamente de forma transitoria— se llega también a la misma confusión de la pretensión filosófi­ ca de validez con las pretensiones metamatemática y empíri­ ca de validez. La aporía de la reducción metamatemática o metalógica de la pretensión filosófica uni­ versal de validez se muestra en la inevitabilidad de un paralenguaje filosófico que contradiga performativamente la re­ glamentación metamatemática o metalógica del lenguaje y que.

. sólo se puede conseguir una distinción —ciertamente— clara oponiendo al criterio de la anomalía lingüística. universalmente válidos.'' pero resultó extraordinariamente difícil diferenciar entre las reglas válidas universalmente (y las diferencias taxonómicas. 2. oast. Lyas (comp. en mi opinión. 1) «Prometió venir mañana.). sólo la primera de estas dos proposiciones es anómala (y apunta a la posibilidad 71. Speech Acts. En mi opinión. Esto se pone de manifiesto.. los principios que sean indiscutiblemente universales en el plano de la autorreflexión del discurso filosófico. LA vtRDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO «urdimbre» con actividades y formas de experiencia en el marco de las formas de vida). uti. de entre los candidatos a principios filosóficos universales obtenidos por análisis del lenguaje. Cátedra. pero no se comprometió a ello. así c o m o t a m b i é n J. . 3 9 y sig. que el primer criterio solamente indica. C a m b r i d g e Univ. mediante el segundo criterio que hace valer la pretensión autorreflexiva de universalidad de la filosofía.: Actos de habla. Londres.» Según mi intuición del idioma. pero no se comprometió a fundamentar la afirmación si se le pedía. Philosophy and Linguistic. V é a n s e los trabajos en C. por ejemplo. por ejemplo. 1971.. Madrid. S e a r l e . Y viceversa. sólo heurísticamente relevante para la filosofía.» 2) «Afirma que nuestra hipótesis es falsa.. 1986).^^. y examinando la posibilidad de una violación de los principios filosóficouniversales. Con este procedimiento se pueden entresacar. comparando las dos proposiciones siguientes.5: «Rules». el criterio pragmático-trascendental puede caracterizar determinados enunciados como principios filosóficamente indiscutibles y. P r e s s 1969. cuya negación meramente lingüística no incurre en ninguna violación. e s p e c i a l m e n t e pág. el criterio de la autocontradicción performativa referido al discurso.r. entre clases de actos de habla) y las reglas condicionadas empíricamente y por lenguajes particulares (y los puntos de partida de la taxonomía). (trad. por ello.

TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 107 de que en ella se haya vulnerado algún principio universal). Pero en el plano de la autorreflexión del discurso argumentativo se puede mostrar tanto este enunciado: «Quien promete algo. porque sería «analítico». reflexiona sobre la pretensión implícita de validez de sus afirmaciones. se compromete por ello —ceteris paribus— a cumplirlo». al mismo tiempo. rechazar la fundamentación sin cometer autocontradicción performativa. que podría darse también . en calidad de alguien que argumenta en serio. éticamente vinculante (es decir. no se podría fundamentar más). no fundamentable mediante convenciones. Pero esto no impide que aquel que. debe parecer un acertijo) se basa en una confusión: la evidencia lógico-formal (analítica) de la explicación del significado convencional de «prometer» o «pacta» se confunde con la evidencia reflexiva que está ligada a la comprensión del fundamento de la convención lingüística: la coincidencia performativa entre prometer y comprometerse. se compromete también a fundamentarlo si se le pide». demostrable discursivoreflexivamente (aún) no se ha convertido en parte integrante del significado convencional de la palabra alemana. Si la regla que se va a fijar lingüísticamente —es decir. empíricamente mediante consulta a los native speaker— fuera normativa para la validez del principio filosófico correspondiente. por el contrario. La diferencia entre los dos casos en el plano del lenguaje ordinario podría estar condicionada por el hecho de que en el caso de «afirmar» —a diferencia del caso de «prometer»— la norma de obligación. como también este otro: «Quien afirma algo (¡en un discurso argumentativo!). se pueda sorprender de poder formular una afirmación y. que gusta a los positivistas del derecho (para los que el principio «Pacta sunt servanda». Esta respuesta artificiosa. no incurre en ninguna violación lingüística como proposición. entonces el principio «Hay que mantener las promesas» o «Pacta sunt servanda» sería. sólo por eso. la segunda. En el primer caso se trata de un análisis de la regla de uso de las palabras.

A Chapter in the History of Rationalist Thought.108 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO del mismo modo para palabras como «traición». que se muestra cuando se intenta negar una obligación comunicativa. la lingüistica teórica de Chomsky. N u e v a York. Language and Mind. fue equiparada por Kant —y por su crítico Hegel— con una mera contradicción lógico-formal entre preposiciones. Cartesian Linguistics.) Pero en el segundo caso se trata de la autocontradicción de la razón (Kant). p á g s . me parece que es sistemáticamente más fácil aclarar la confusión que en el caso de la Ordinary Language Philosophy.) Mientras que la Ordinary Language Philosphy hace un uso exclusivamente heurístico de la función indicativa de las anomalías lingüísticas para fundamentar finalmente enunciados filosófico-universales. C h o m s k y .'^ De este modo. (trad. Philosophie der Sprache. J. B a r c e l o n a . (Quien infrinja la regla de uso que hemos analizado aquí indica sencillamente que no ha entendido la regla del juego lingüístico. N. S u h r k a m p . Pero. de modo que los niños no pueden aprender lenguajes estructurados de modo diferente 72. e s p e c i a l m e n t e pág. sólo la famosa tesis del «. ha fascinado tanto como confundido las mentes. en este caso.Innateness» de Chomsky que debe fundamentar (o explicar) que hay determinadas condiciones universales de reglas para la competencia lingüística que los hombres pueden alcanzar en general. y Katz conecta las pretensiones de validez de una ciencia empíricamente falsable con la pretensión de una fun-damentación universalista de la filosofía (del lenguaje). a d e m á s . 1968. e s p e c i a l m e n t e . H a r p e r & R o w . 1966. N u e v a Y o r k / L o n d r e s . Sei-x B a r r a l . para nuestro objetivo. cuya evidencia depende de la definición previa del contenido proposicional. J. . 1986). así como clarificar la diferencia entre los «universales lingüísticos» empírico-generales de la lingüística teórica y los universales de una pragmática filosófico-trascendental del lenguaje. cast.: El lenguaje y el entendimiento. «engaño». en especial a las que están cansadas de filosofía pero creen en la ciencia. V é a s e . del m i s m o a u t o r . etc. H a r c o u r t . Katz. (Esta autocontradicción performativamente evidente de la razón práctica comunicativa. 2 1 . 115 y s i g s . 1970. Consideremos. F r a n c f o r t . y t a m b i é n .

)'''' 73. postulados) cuya validez hay que presuponer necesariamente aun en el examen empírico de los universales lingüísticos en el sentido de Chomsky: como candidatos hay que contar. V é a s e K. cit. obviamente. con lo cual se fundamenta de manera pragmático-trascendental el presupuesto categorial de una cadena de sucesos causalmente necesaria. 74. en principio. no se pueden aprender. es posible alcanzar el consenso acerca de estas dos pretensiones de validez. que no podrían producirse sin ellas. Siguiendo a Peirce y Habermas. consistiría en hacer que unos niños crecieran sin contacto con un lenguaje normal —como ya debió intentarlo el emperador Federico II— ofreciéndoles como medio de comunicación sustitutorio un lenguaje artificial de los que. según Chomsky. con los presupuestos (existenciales y de reglas) de la argumentación de la comunidad de interpretación y experimentación de los científicos... aunque no es realizable por razones éticas. O. difícil de imaginar. expresamente. en principio. (en la n o t a 72). op.) Por otro lado. Languaje and Mind. que se dispone de escalas de medida válidas intersubjetivamente —como instrumentos normalizados-— para realizar mediciones y que se pueden producir situaciones. cit. C h o m s k y . Die Erklaren: Verstehen-Kontroverse. por Chomsky. V é a s e N." (El experimentum crucis no es. .. op. ésta tiene que presuponer en cualquier examen imaginable de hipótesis —también de hipótesis lingüísticas— que a los argumentos formulables lingüísticamente va unida una pretensión válida intersubjetivamente de sentido y de verdad y que. por ejemplo. hay que tener en cuenta como universales pragmático-trascendentales a aquellos enunciados (principios. (Si son posibles los experimentos físicos habrá que presuponer además. Ya por mi formulación de la tesis fundamental de Chomsky se advierte que estamos tratando con una hipótesis arriesgadamente empírica (en el sentido de la teoría popperiana de la ciencia) cuya posible falsación empírica es aceptada.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 109 (aunque sí los puedan construir los lingüistas). mediante intervenciones corporales o instrumentales en la naturaleza. Apel.

en el consenso de una comunidad ilimitada de argumentación. IL . Pero. también en él caso de los enunciados específicamente filosóficos. por eso. respecto a los enunciados filosóficos. 1971. Press. I t h a c a / N u e v a York. independientemente de la idea de un examen empírico. e n r e l a c i ó n a G. Cornell Univ. von Wright. en el que se explica la teoría consensual de la verdad y que puede aplicarse a sí mismo— la necesidad del consenso con el postulado del jalibilismo. el propio principio de la necesidad del consenso? Si no: ¿se puede concebir la necesidad del consenso. precisan el consenso. por una parte. por otra? ¿Significa la necesidad de consenso. y con la fundamentación última. quedaría obviamente excluida a priori una fundamentación última. principios) de la filosofía que se han ejemplificado antes son objeto del discurso argumentativo y. y a las que tendremos que dar respuesta en la medida de lo posible. tanto como la dependencia de un examen empírico? En este caso.110 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO Pero no se puede negar que también los enunciados (postulados. También es válida para ellos la definición peirceana del sentido de la verdad. Explanation and Understanding. (en nota 59) p á g s . para nosotros. por ejemplo. en el caso de los enunciados específicamente filosóficos —por ejemplo en el caso del enunciado que se acaba de formular. de modo que sea compatible con la fundamentación última aunque ya no lo siga siendo con el principio del falibilismo ilimitado? Estas son las cuestiones que discutiremos seguidamente en la última parte de esta investigación. ¿tiene sentido querer examinar empíricamente los presupuestos razonables de todo examen empíricamente imaginable. H. según la cual la idea de la verdad queda representada. acerca del cual no es posible ya discutir más. 129 y s i g s . c a p . Ahora se presenta el siguiente problema básico para nuestra investigación: ¿cómo se relaciona.

en I n t e r n a t i o n a l C u l t u r a l F o u n d a t i o n (comp. esta posición como obje­ ción en contra de la posibilidad de una fundamentación filosófica última. como radicalización del criticismo de Popper. . Esta es." Consideremos.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 111 V. impregnado de lenguaje y. la posición del «ra­ cionalismo pancrítico». de teoría. de hecho. V é a s e .) Absohite Valúes and the Creation of the New World. por eso. En primer lugar. «In D e f e n s e of Self-Applicable Critical R a t i o n a l i s m » . por lo que siem­ pre es criticable y por principio falible. según la representan entre otros William Warren Bartley III. p á g s . C u l t u r a l F o u n d a t i o n P r e s s 1983. obviamente. Hans Albert y Gerard Rad­ nitzky. precisamente. II. De aquí es de don­ de parece resultar. también aplicable a sí mismo— en tanto que «falibilismo consecuente» (tal punto de vista excluye. la fundamentación última sólo sería posible —según parece— si se pudiera recurrir a la evidencia pri­ vada no criticable. En el lugar de este supuesto habría que asumir. Intern. necesariamente. según pare­ ce. G. R a d n i t z k y . quisiera afirmar que acepto expresa75. 1025-1069. N u e v a York. desde la perspectiva peircea­ na de la mutua correspondencia entre falibilismo y teoría consensual parece formularse la siguiente objeción contra la idea de una fundamentación última: el falibilismo y la teoría consensual presuponen que la teoría del conocimien­ to no puede recurrir a la evidencia prívada de la concien­ cia como instancia última y autárquica de la certeza. el punto de vista del falibilismo ilimitado —y. la siguiente posición básica: el conocimiento con pre­ tensión de validez es a priori público. Teniendo en cuenta la reiteración de la exi­ gencia de fundamentación y la prohibición de cometer pe­ titio principii. es decir. Fundamentación última: compatible o incompatible con un principio del falibilismo pleno de sentido No sólo desde la perspectiva popperiana del falibilismo sino también. potencialmente. algo como la fundamenta­ ción última). por ú l t i m o . vol. en primer lugar.

Por ejemplo. una impregnación actual de teoría. Esto hay que indicarlo en primer lugar (también aquí). por lo demás. evidencia como criterio objetivo de verdad no reducible al mero sentimiento de evidencia. Ciertamente no hay.112 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO mente los siguientes presupuestos de la posición que se ha esbozado: No es aceptable el recurso a la evidencia privada de conocimiento. Para mí. ambiguo. como ya intenté mostrar. pues. una evidencia privada de conocimiento. Así pues. yo no creo que tenga sentido replicar al interlocutor que insiste en que ha planteado una pregunta'o que ha sostenido una opinión. pues el conocimiento con pretensión de validez presupone ya siempre interpretación lingüística. De hecho. Para mí. en mi opinión hay una evidencia que. Finalmente. en el sentido de la primeridad y segundidad peirceanas: criterio que. si es que todo debe exponerse a la crítica. con mayor o menor peso. es ambiguo también hablar de la imposibilidad del recurso a la evidencia. lo siguiente: «¿Está usted seguro de estar empleando la teoría correcta de los actos de habla en la interpretación de sus expresiones?» Volveré a tratar este asunto. pero sí hay. criticable. El concepto de «criticable» parece ser. pero no que sea falible en principio. entra a formar parte de la formación de consenso sobre la validez intersubfetiva. como se indicó antes. en principio. quisiera dar cuenta de una reflexión contra la concepción ampliada de la moderna teoría de la ciencia que incluye necesariamente. cualquier tipo de conocimiento es público a priori y esto significa que está impregnado lingüísticamente y que es. esto último quiere decir solamente que puede y debe ser expuesto a la crítica. en la impregnación lingüística de todo conocimiento. no es suficiente porque aún le falta la categoría constitutiva del conocimiento que es la terceridad. Puedo resumir del siguiente modo las consideraciones previas acerca del conjunto de las presuposiciones de fondo de la pragmática trascendental y del racionalismo críti- .

posiblemente. como enunciado con pretensión de verdad. hace ya diez años. la verdad necesaria de las presuposiciones semánticas y pragmáticas que están implicadas en él.) En resumen: la suposición del deus malignas que siempre nos engaña. es refutable desde la crítica del sentido. Este argumento capital de Albert es incompatible con la tesis de que.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 113 co y SUS límites: dado que el hombre es falible —incluso el Papa— se deduce que la pragmática trascendental también lo es. se infiere con necesidad. como . lo cual significa tan lejos como sea posible sin superar el sentido del principio del falibilismo. LA PARADOJA DEL PRINCIPIO ILIMITADO Y APLICABLE A SI MISMO DEL FALIBILISMO. la posición del racionalismo pancrítico. pues. de la posición del falibilismo ilimitado y aplicable a sí mismo se deriva el derecho y el deber de someter a crítica. entonces es necesario presuponer metódicamente al argumentar que puede ser excluido el error en sentido psicológico (como en el caso de una equivocación). por lo demás con una limitación: si es posible enunciar la comprensión de la falibilidad. en todos los casos. 5. Arbert. es decir. (Esto es lo que intenté. el hombre se equivoca siempre. precisamente esta posición. es decir. Investiguemos. a modo de ensayo. (Sólo bajo este presupuesto idealizador se puede comprender que —en el supuesto de que «fundamentar» signifique tanto como «derivar de otra cosa»— el «trilema de Münchhausen». desde este punto de vista.1. Ocurre algo parecido con la estrategia fundamental de la pragmática trascendental respecto al posible ámbito de validez del principio del falibilismo: en mi opinión. una filosofía cuidadosa y autocrítica debiera ponerlo tan lejos como fuera posible. (UNA DISCUSIÓN CON EL «RACIONALISMO PANCRÍTICO») En primer lugar. deducido por H. acaba en una autocontradicción performativa.

¿no podrían decir los partidarios de dicho principio: «Pues bien. en general. (en la n o t a 1). ( v é a s e nota 43). en W. el principio se. entiendo por «criticable» lo siguiente: ¿puede indicarse en qué caso resultaría refutado el principio? Parece que esta pregunta no tiene respuesta. a pesar 76. Allg. B o h l e r (comps. según Popper: ¿Es criticable. 122 y sig. los racionalistas críticos. incluso en su refutación. 1968. es decir. en el intento de crítica al principio del falibilismo aplicable a sí mismo. Kommunikation und Refle. en segundo lugar la unimos —en el metaplano de la metodología— con una fundamental reserva de certeza..)'' Sin embargo. los defensores del falibilismo ilimitado responderían posiblemente: «Usted no ha entendido el sentido del principio del falibilismo. p á g s . . Apel..114 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO buen popperiano. en primer lugar. es decir. dificultades que realmente no debería haber. V é a s e K. Traktak über kritische Vernunfí. « D a s P r o b l e m d e r p h i l o s o p h i s c h e n Letztbegründung. refutable en principio —en el plano de la discusión científica— y. T u b i n g a .xion. V é a s e A. cit.ha confirmado. el principio del falibilismo aplicable a sí mismo? Como buen popperiano.). op. hemos aceptado la autoaplicabilidad en el sentido del principio mencionado. O. se tropieza en seguida con dificultades de un tipo específico. pues. 325. 251-287." Nosotros. . en Ztschr. XIV/2 (1983). ¡inmune a la crítica! A continuación. De este modo la unimos. B e r l i c h . es decir. e s p e c i a l m e n t e 281 (nota 33) en r e f e r e n c i a a H. como autoaplícable»? El principio sería. a d e m á s H.. pues. f. Kuhlmann/D. Wissenschaftstheorie.». por así decirlo. « E l e n k t i k d e s D i s k u r s e s . pág. dado el caso de que consiguiera refutar el principio ilimitado del falibilismo mediante un argumento convincente. Se ha olvidado de diferenciar entre la pretensión de verdad y la pretensión de certeza de una tesis. K e u t h « F a l l i b i l i s m u s ' v e r s u s t r a n s z e n d e n t a l p r a g m a t i s c h e L e t z t b e g r ü n d u n g .albert. cit. op. Karl-Otto Apels Ansatzt einer t r a n s z e n d e n t a l p r a g m a t i s c h e n L e t z t b e g r ü n d u n g » . con una pretensión de verdad criticable. pág. nosotros contamos con que nuestra hipótesis podrá ser refutada algún día. 77. consideramos todas las tesis como hipótesis.

si es posible esta universalización extrapoladora del principio del falibilismo. nosotros lo tenemos como absolutamente verdadero y no como al mismo tiempo falso. se objetará probablemente. La pregunta es. Precisamente esta combinación de pretensión de verdad y reserva de certeza es lo que caracteriza también la pretensión de validez que nosotros conectamos con el principio del falibilismo. La cuestión consiste en si puede aplicarse también a la filosofía la combinación de pretensión de verdad y reserva de certeza. pues la posible refutación debiera dirigirse. pero no contra la necesaria reserva metateórica de certeza. de este modo. pues. sino sólo con principios umversalmente válidos a priori. «¿Por qué no?».TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 115 de la circunstancia de que nos veamos obligados a tenerla por verdadera sobre la base de los criterios de que disponemos por el momento. No quisiera poner en duda que el principio del falibilismo ilimitado esté concebido así. nuestro principio es. Nuestros adversarios se encuentran ante la tarea de mostrar que se puede refutar definitivamente la pretensión de verdad de nuestro principio. contra la pretensión de verdad del principio. de hecho. abiertamente. en unlversalizar extrapoladoramente el principio del falibilismo que Peirce y Popper refirieron a la ciencia empírico-hipotética y en aplicarlo también a la filosofía erigida sobre este principio. que es normativa para toda ciencia empírico-hipotética. La estrategia de los racionalistas pancríticos consiste. es decir. Es sólo una dificultad apa- . básicamente criticable y. así. de modo que también quedara refutada la necesidad de la reserva metateórica de certeza para las dos partes: para la pretensión de verdad de nuestro principio y para la de la refutación». «Sólo depende de que se supere el antiguo prejuicio de la filosofía apriorístico-racionalista: el prejuicio de que ella tiene que tratar no con hipótesis revisables. en principio. en tanto que convierte la mencionada combinación en objeto de la pretensión de verdad de un principio. de la que participa nuestro principio al igual que cualquier otra hipótesis que se afirme como verdadera. también refutable. como cualquier hipótesis.

según su pretensión de validez. están también referidos de antemano a todos los metaplanos imaginables. La filosofía —según parece— está condenada a decir solamente cómo sucede eso en general. establecer la reserva de certeza para los principios de la filosofía en el siguiente metanivel y esto es válido también para lo que vamos a decir ahora. 1054. Y de este modo. cit. .'' ¿Qué hay que decir al respecto? En mi opinión. es decir. Esto queda especialmente claro en la obra de G. en relación a la ciencia hipotética. No constituye. aplicable a sí mismo.116 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO rente que consiste en decir que la filosofía. al principio falibilista ilimitado del racionalismo pancrítico. Radnitzky incurre aquí en el mismo error que cometen los que coordinan los principios de la metalógica de un lenguaje —por ejemplo. el «racionalismo pancrítico» debería no sólo endo78. el teorema de la jerarquía ilimitada de los metalenguajes posibles— a un lenguaje que puede encontrar por sí mismo su sitio dentro de esta jerarquía. y así ad infinitum. precisamente. Se olvida aquí por completo que uno mismo establece principios que. De aquí que tenga que defender esta pretensión. Esta pretensión universal y autorreflexiva. va a corresponder.» No dudo de que éstos deben ser los últimos pensamientos de fondo de aquellos que defienden la estrategia del falibilismo ilimitado. en la que se afirma de modo absolutamente inequívoco que la reiterada distinción de Tarski entre lenguaje objeto y metalenguaje demuestra que es posible la universalización de Bartley del principio del falibilismo. Op. (en la n o t a 75). pues. debe asumir previamente en su pretensión filosófica de verdad la reserva de certeza en referencia a todos los metaplanos imaginables. absolutamente ninguna dificultad. Pues desde Tarski sabemos que para cada metateoría puede pensarse una metametateoría y así ad infinitum. es una metateoría que debe explicar y fundamentar el propio principio del falibilismo. Radnitzky In Defense of Self-Applicable Critical Rationalism. en el sentido del «falibilismo aplicable a sí mismo». pág.

creo poder refutar definitivamente la defensa que hace Rad­ nitzky del falibilismo ilimitado. a diferencia de las hipótesis empíricas. al contenido del principio que han fijado. precisamente. sólo por eso. sino también ser capaz de aclarar que —o en qué condiciones— podría darse. o más exactamente. En mi opinión. un caso de refutación definitiva de su pretensión de ver­ dad. habría que evitar precisamente esto: establecer en general un princi­ pio universal y autorreflexivo. para diferenciarse del principio del falibilismo normal . lo que. B. Pero esto no lo puede hacer el principio ilimitado y apli­ cable a sí mismo del falibilismo. que es normativa para toda hipótesis empírica. a su carencia de contenido. Hasta aquí el principio es paradójico. Este último enuncia­ do —el principio del racionalismo pancrítico— no puede pre­ ver. pues transforma toda refutación definitiva imaginable en una confirmación median­ te la reserva de certeza asumida en la pretensión universal de verdad. ningún metanivel más allá de la propia pretensión de validez en el que pudiera tener su lugar la reserva de certeza. más bien. que se vieron en la situación de hablar de la necesidad de la escisión lingüística en una suerte de pa­ ralenguaje filosófico que no respondía.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 1 17 sarle a sus adversarios la carga de demostrar la refutación de­ finitiva de su pretensión de verdad. a los enunciados filosófico-universales. no es posible apUcar la combinación de pretensión de verdad y reserva de certeza. aplicación mediante la cual se afirma precisamente la universalidad de esta combinación. no debería esta­ blecer el principio del falibilismo ilimitado. en este senti­ do. en princi­ pio. El enunciado del principio del falibilismo que se puede aplicar a sí mis­ mo. y. en la prácti­ ca. Y. No quisiera reprocharle —como Tarski— a los racionalistas pancríticos que hayan for­ mulado un principio universal autorreflexivo. Russell y Tarski. al que se remite Radnitzky. quiere decir en una autocontradicción performativa. He mos­ trado esto anteriormente en relación al primer Wittgenstein. a la refe­ rida teoría de la escisión lingüística. Mi reproche se refiere. Pero esta prohibi­ ción general de enunciados auténticamente universales desemboca en la prohibición de la filosofía. Ateniéndose a Tarski.

debe asumir su propia y posible refutabilidad en su premensión de sentido y de verdad. podría argumentar el oponente: «Esto sí lo sabes con seguridad: que afirmas como hipótesis que. E i n e Replik». . con lo que admite que sabe con seguridad que ha planteado una hipótesis (esto es. mediante el siguiente diálogo entre el que propone el principio (P) y un posible oponente (O). aunque no una pretensión de certeza). y 79. performativamente. Pero esto conduce. a la autoinmunización frente a la posible crítica y. de modo que se resuelva claramente el sentido criticable del principio.». diría: «Afirmo como hipótesis que todo es inseguro». que formula una pretensión de verdad. Así pues. de hecho. W.) Pero. XVI/2 (1985). en este caso. de modo que no perjudicara el sentido criticable de la proposición afirmada. e n Ztschr. así. Como ha mostrado Wolfgang Kuhlmann. pleno de sentido y necesario—." se puede mostrar esto mediante penetrantes preguntas acerca del sentido exacto del principio ilimitado del falibilismo.. ¿'es seguro seguro?» que todo es inseguro».. que es inseguro que todo es in- Naturalmente. P: «El principio dice O: «Pero. Allg. K u h l m a n n . 357-374.118 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO —en mi opinión. f. Se podría pensar que este regreso pudiera evitarse si el que propone la reserva de inseguridad la expresara. que todo es inseguro?» es inseguro». O responde a la pregunta afirmativamente. P tiene que negar esto también y así sucesivamente. « R e f l e x i v e L e t z t b e g r ü n d u n g v e r s u s r a d i k a l e r Fal l i b i l i s m u s . por ejemplo. (No quiero poner en duda de nuevo que con esto se alude a la intención del racionalismo pancrítico. Wissenschaftstheorie. de una vez por todas. El que propone el principio tiene ahora dos posibilidades de respuesta. eso también O: «Pero. ¿es seguro P: «No. a la pérdida de toda pretensión discutible de sentido. p á g s .

O el que propone el principio sigue siendo consecuente y responde: «No."" De este modo se consigue una confirmación radicaliza­ da pragmático-trascendentalmente de aquella intuición del segundo Wittgenstein (en Sobre la certeza). por cierto. y reclama de nuevo para el último juego del lenguaje —se­ so. sin presupo­ ner la certeza. . pero sí vir­ tualmente para cada caso particular— todos los juegos del lenguaje. Aún se puede aducir un último argumento de los racionalistas pancríticos contra el grado de refle­ xión de esta concepción de Wittgenstein: se pueden poner en tela de juicio —ciertamente. realmente. no de una vez. nada con los pospopperianos. en el que se puede hablar de todos los juegos lingüísticos con pretensión universal de validez.. p á g s .. 360 y sig. asunto al que volveremos más adelante). Pero la pragmática trascendental. y esta posibilidad se puede expresar en el metanivel como reser­ va básica de certeza.» En este caso se obtiene de nuevo un re­ greso de la demanda de información del oponente acerca del auténtico sentido de la afirmación del que propone el principio.. Ibíd. en el sentido de la certeza sobre el saber reflexivo acerca de la acción de la argumen­ tación. que qui­ sieron heredar tanto Wittgenstein como Popper. Esta posibilidad y su función clarifi­ cadora fueron ignoradas por toda la variedad de pragma­ tistas del mundo de la vida posteriores a Wittgenstein. segiin la cual no se puede concebir ningún juego lingüístico en el que pueda expresarse la duda con pleno sentido. como también muestra Kuhlmann. a causa de sus certezas paradigmáticas.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 119 en ese caso está en contradicción con el principio de fali­ bilismo ilimitado (y. De ahí que ellos no puedan discutir. ve preci­ samente en la posibilidad de la reserva formal general de certeza —incluso frente a las «certezas paradigmáticas» de juegos lingüísticos en el sentido de Wittgenstein— un testimonio en favor de la diferencia trascendental entre to­ dos los juegos lingüísticos descriptibles y el juego lingüís­ tico (de la filosofía). naturalmente tampoco es seguro que yo afirme como hipótesis que.

Dicho con brevedad: debe excluir todos los enunciados que se presuponen en cada uso posible del principio del falibilismo. Pero a continuación quisiera defender una tesis más dura: junto con la exclusión de sí mismo. debiera quedar limitado de tal modo que al menos se excluyera explícitamente a sí mismo de su ámbito de validez. LA LIMITACIÓN DEL PRINCIPIO DEL FALIBILISMO EN EL SENTIDO DE LA DIFERENCIA TRASCENDENTAL ENTRE ENUNCIADOS EMPÍRICO-HIPOTÉTICOS Y ENUNCIADOS FILOSÓFICOS SOBRE LAS CONDICIONES DE VALIDEZ DE LOS ENUNCIADOS HIPOTÉTICOS Dado que eludir todo enunciado universal autorrefíexico en el sentido de Tarski no representa —como ya se indicó— una posible alternativa al racionalismo pancrítico en el marco de la filosofía. del concepto de falsación de hipótesis). . «consecuente») del falibilismo debe excluir de su ámbito de validez a todos aquellos enunciados (filosóficos) de los que se pueda mostrar que nombran condiciones de validez de enunciados hipotéticos (por ejemplo. En este sentido se puede establecer una diferencia formal entre dos tipos de enunciados diferentes: entre los enunciados cuya falsación empírica es posible y aquellos otros que no pueden. en principio.2.120 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO gún la filosofía. presuposiciones del concepto de examen y. un principio pleno de sentido (y. así también. el juego lingüístico trascendental no rebasable— la necesidad de presuposiciones de certeza. por eso.^' ¿Qué se deduce de estas reflexiones de cara a la discusión del denominado principio del falibilismo? 5. ser falsados porque es8 L E s t a e r a la c u e s t i ó n f u n d a m e n t a l e n mi a r t í c u l o de 1976 s o b r e la f u n d a m e n t a c i ó n ú l t i m a ( v é a s e n o t a 1). no queda más alternativa que la limitación consciente en cuanto al contenido del principio del falibilismo. Para evitar la paradoja de la aplicación a sí mismo.

TEORÍA

CONSENSUAL

DE

LA

VERDAD

121

tan incluidos —como presuposiciones— en el concepto de la falsación empírica. Según Peirce, esto está relacionado, por ejemplo, con la suposición de la validez de los proce­ sos sintéticos de razonamiento in the long run^^ y tam­ bién con el principio del falibilismo y con el principio co­ rrespondiente de la posible formación de consenso acerca del sentido y la verdad. He reclamado esto —tendiendo, sin duda, a ir más allá de Peirce— como el punto de vista pragmático-trascendental. En mi opinión, esto se puede re­ lacionar con las cuatro pretensiones necesarias de validez del discurso —sentido, verdad, veracidad y corrección normativa— investigadas por Habermas y con la necesa­ ria suposición de su realizabilidad básica en el discurso argumentativo*'' (con la excepción de la pretensión de ve­ racidad). El propio Habermas ha dado a entender de varias ma­ neras que se deben considerar como hipótesis los enuncia­ dos básicos de una «pragmática formal» o «universal» que tratan de los presupuestos necesarios de la comunicación y que se deberían comprobar empíricamente —análogamen­ te a las hipótesis de la lingüística de Chomsky— mediante encuestas tan amplias como fuera posible entre los hablan­ tes competen t e s . M e parece que ésta no es una propues82. V é a s e a n t e s , p á g s . 41-44. 83. V é a s e J. H a b e r m a s , « W a h r h e i t s t h e o r i e n » , op. cit. (véase n o t a 46), págs. 137 y s i g s . 84. V é a s e J. H a b e r m a s « W a s h e i s s t U n i v e r s a l p r a g m a t i k » , e n K; O. Apel (comp.), Sprachpragmatik un Philosophie, Francfort, S u h r k a m p , 1976 (ahora e n J. H a b e r m a s , Vorstudien und Erganzungen zur Theorie des kommunikatives Handelns, F r a n c f o r t , S u h r k a m p , 1984, p á g s . 353-440). Aqui r e m i t e ya H a b e r m a s a la d i s t i n c i ó n , a n á l o g a a la de Kant, e n t r e a n á l i s i s e m p í r i c o y t r a s c e n d e n t a l en la p r a g m á t i c a u n i v e r s a l , y la en­ t i e n d e s e g i i n el m o d e l o d e la l i n g ü í s t i c a de C h o m s k y : «Por una parte, la c o n c i e n c i a de las r e g l a s q u e tiene u n h a b l a n t e c o m p e t e n t e e s , para él m i s m o , u n s a b e r a priori; p o r otra, la r e c o n s t r u c c i ó n de e s t e s a b e r r e q u i e r e a v e r i g u a c i o n e s q u e s e e m p r e n d e n c o n h a b l a n t e s e m p í r i c o s : el l i n g ü i s t a s e p r o c u r a un s a b e r a posteriori» (op. cit., pág. 384). Mi a r g u m e n t o en c o n t r a d e e s t a c o m p a r a c i ó n e n t r e la p r a g m á t i c a u n i v e r s a l y la l i n g ü í s t i c a s i g u e s i e n d o el m i s m o q u e en 1976 (op. cit., p á g s . 83 y sigs.): en la i d e n t i f i c a c i ó n f i l o s ó f i c a de los a u t é n t i c o s univer-

i¿¿

TEORÍA

DE

LA

VERDAD

Y

ÉTICA

DEL

DISCURSO

ta con sentido, sencillamente porque no se puede entender en absoluto el sentido de conceptos como examen empírico, verificación, falsación, etc., sin presuponer ya lo que se quiere examinar (las cuatro pretensiones de validez y su posible realización básica).
s a l e s , n o se trata de aquel s a b e r d e r e g l a s q u e p u e d e ser a priori — c o m o lo l i n g ü í s t i c a m e n t e r e l e v a n t e — p a r a la p e r s o n a s o m e t i d a a e x p e r i m e n to, p e r o q u e p u e d e ser, p o r el c o n t r a r i o , a posteriori para el teórico. Tal s a b e r de reglas se a p l i c a de f o r m a c a r a c t e r í s t i c a a c o n v e n c i o n e s c o n t i n g e n t e s (o a u n i v e r s a l e s e m p í r i c o - a n t r o p o l ó g i c o s en el s e n t i d o de Chomsky) que deberían e l i m i n a r s e en u n a p r a g m á t i c a universal que quiera ser r e l e v a n t e e p i s t e m o l ó g i c a o é t i c a m e n t e . En mi o p i n i ó n , la aporía del p u n t o de p a r t i d a de H a b e r m a s ha s i d o p u e s t a de relieve de forma espec i a l m e n t e clara por T h o m a s M c C a r t h y en la d i s c u s i ó n de P a d e r b o r n sobre fundamentaciones pragmálico-lrascundeniales de las normas (editada por W. D e l m ü l l e r , U T B - S c h d n i n g h 1978): «Si la p r a g m á t i c a universal e s una c i e n c i a r e c o n s t r u c t i v a e m p í r i c a , si el p r a g m á t i c o u n i v e r s a l s e p r o c u r a u n ' s a b e r a posteriori, si p o r t a n t o , una r e c o n s t r u c c i ó n que sea o p e r a t i v a en el á m b i t o o b j e t i v o c o r r e s p o n d i e s e e x a c t a m e n t e a las reglas ... ¿ c ó m o se p u e d e llegar al r e s u l t a d o d e q u e las c u a t r o p r e t e n s i o n e s de validez s e a n c o n d i c i o n e s u n i v e r s a l e s , e s d e c i r , g e n e r a l e s e i n e l u d i b l e s , del p o s i b l e a c u e r d o ? ¿ N o ha e m p r e n d i d o H a b e r m a s una e x p l i c a c i ó n conc e p t u a l p r a g m á t i c o - u n i v e r s a l d e u n t i p o d e a c c i o n e s q u e él d e s t a c a ? Y si es asi, ¿ p o r qué r a z o n e s p u e d e s e r v i r é s t a c o m o b a s e de validez del d i s c u r s o ? (op. cit., pág. 136). En mi o p i n i ó n , n o se p u e d e de h e c h o alcanzar una r e c o n s t r u c c i ó n crítica d e las r e g l a s q u e s o n o p e r a t i v a s en el á m b i t o o b j e t i v o de las c i e n c i a s s o c i a l e s —y e s t o es lo q u e le i n t e r e s a a H a b e r m a s — si se r e c o n o c e n c o m o h a r e m o s de la r e c o n s t r u c c i ó n las reglas v i g e n t e s , f á c t i c a m e n t e o p e r a t i v a s (que, por e j e m p l o , en el c a s o de la moral y del d e r e c h o , p u e d e n s e r de n a t u r a l e z a m u y c u e s t i o n a b l e , por n o hablar de la c o n f u s i ó n q u e , de h e c h o , e x i s t e s i e m p r e e n t r e la a c c i ó n e s t r a t é g i c a y la c o n s e n s u a l - c o m u n i c a t i v a ) . Más bien hay que abordar y c o m p r o b a r a priori en l a s c i e n c i a s s o c i a l e s y c o n h a r e m o s normativos f u n d a m e n t a d o s p r a g m á t i c o - t r a s c e n d e n t a l m e n t e , q u e tales harem o s (los que no p u e d e n n e g a r s e e n el d i s c u r s o de la r e c o n s t r u c c i ó n sin a u t o c o n t r a d i c c i ó n ) son i d é n t i c o s a l o s « p r e s u p u e s t o s u n i v e r s a l e s e inel u d i b l e s de u n a c o m u n i c a c i ó n o r i e n t a d a al a c u e r d o » , es d e c i r , s o n idént i c o s al tipo ideal de la c o m u n i c a c i ó n h u m a n a q u e s e a n t i c i p a ya s i e m pre c o n t r a f á c t i c a m e n t e en las pretensiones u n i v e r s a l e s de validez de los h o m b r e s . La f u n d a m e n t a c i ó n n o r m a t i v a d e la i d e n t i d a d — s u p u e s t a tamb i é n por H a b e r m a s — entre las c o n d i c i o n e s u n i v e r s a l e s de las reglas de la c o m u n i c a c i ó n h u m a n a y las c o n d i c i o n e s del d i s c u r s o a r g u m e n t a t i v o , t i e n e que e f e c t u a r s e no n a t u r a l i s t a m e n t e , s i n o en c i e r t o m o d o « d e s d e arriba», es decir, en el s e n t i d o del p r i n c i p i o de a u t o a l c a n c e (Selhsteinho-

TEORÍA

CONSENSUAL

DE

LA

VERDAD

123

El motivo de la analogía que establece Habermas entre los enunciados pragmático-formales o pragmático-universales y los de la lingüística en el sentido de Chomsky consiste, en mi opinión, en la confusión que ya se ha indicado anteriormente: las anomalías lingüísticas, que la intuición de un hablante competente reconoce como tales, actúan como indicio de dos circunstancias totalmente diferentes: 1. En primer lugar, puede tratarse de indicios de la divergencia del uso convencional del lenguaje (o —bajo la presuposición de la teoría del lenguaje de Chomsky— también se puede tratar de indicios de divergencia en aquellas reglas que están establecidas en todas las lenguas que pueden aprender los hombres gracias a la disposición innata para las reglas). En este caso, la encuesta, tan amplia como sea posible, entre los hablantes competentes representa, en tanto que procedimiento empírico de prueba, el método definitivo del examen, pues el uso empíricamente comprobable del lenguaje ha de servir aquí como criterio de validez2. Pero las anomalías lingüísticas que llaman la atención del hablante o del oyente competentes pueden actuar
lung) del d i s c u r s o de las c i e n c i a s c r í t i c o - r e c o n s t r u c t i v a s , p r i n c i p i o derivad o de la a u t o l u n d a m e n t a c i ó n p r a g m á t i c o - t r a s c e n d e n t a l (véase la nota 65). D e h e c h o , a mi p a r e c e r , el p r o p i o H a b e r m a s — e n c o n t r a de s u autoc o m p r e n s i ó n m e t o d o l ó g i c a — p r o c e d e , e n el s e n t i d o del p r i n c i p i o que h e m o s r e s e ñ a d o , c u a n d o {en Theorie des kommiinikativen Handelns, F r a n c f o r t , 1981, vol. l, c a p . III) (trad. c a s t . : Teoría de la acción comunicativa, M a d r i d , T a u r u s , 1987) se sirve del tipo ideal d e la c o m u n i c a c i ó n o r i e n t a d a al a c u e r d o en c o n t r a del ( e n c u b i e r t o ) d e la a c c i ó n e s t r a t é g i c a y p r e s e n t a a e s t e ú l t i m o c o m o « p a r a s i t a r i a m e n t e d e p e n d i e n t e » del primero; pues, naturalmente, elude toda referencia a «prácticas discursiv a s » ( F o u c a u l t ) d i f e r e n t e s del tipo ideal y q u e e s t á n c o n d i c i o n a d a s p o r la f u e r z a y p o r las c o n v e n c i o n e s , y q u e r e i n a n en la r e a l i d a d del m u n d o d e la v i d a . Y p r e c i s a m e n t e por e s o , la d i s t i n c i ó n d e H a b e r m a s q u e se ha m e n c i o n a d o a n t e s , e s a d e c u a d a p a r a arrojar luz s o b r e las v a l o r a c i o n e s e m p í r i c o - p r a g m á t i c a s e n o r m e m e n t e a m b i g u a s d e las p r á c t i c a s disc u r s i v a s ; p o r e j e m p l o , s o b r e el c o n c e p t o , p r o f u n d a m e n t e a m b i g u o , de persuasión u s a d o p o r la t r a d i c i ó n r e t ó r i c a o c c i d e n t a l , c o m o i n d i c a r é en otro lugar.

Yo no existo» 2) «. pero no puede servir por sí misma como criterio de validez. en este caso más bien. pragmático-universales. el principio pragmático-trascendental de la no autocontradicción performativa. que tú no existes» con pretensión de comprensibilidad que no pretensión de comprensibilidad» . una función heurístico-sin­ tomática. Considérense. de hecho. En este caso. obviamente. lingüísticamen­ te— de las siguientes proposiciones: 1) «.124 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO como indicio de que se han vulnerado principios lógicos o. respectivamente.Tú no existes» 3) «No tengo ninguna pretensión de comprensibilidad» 4) «No tengo (como filósofo) ninguna pretensión de ver­ dad» (R. por ejem­ plo. más bien. las anomalías —detectables. la detección de la ano­ malía por el hablante competente en un determinado len­ guaje tan sólo tiene. que yo no existo» con esto y contra ti. como en el caso de la contradicción de las siguientes pro­ posiciones explícitas: 1) 2) 3) tengo «Afirmo «Afirmo «Afirmo ninguna con esto. poco sentido pregun­ tarle su opinión al mayor número posible de native speakers siendo. de hecho. que constituye el auténtico punto de partida metodológico de la filosofía analítica del lenguaje.El criterio de validez acerca de la existencia de una vulneración de una regla lo proporciona. Rorty) 5) «Defiendo la disensión como objetivo del discurso» (tesis posmodernista) 6) «Toda argumentación es usar la fuerza» (tesis pos­ modernista) En estos casos tiene. lo decisivo que se haga entender que la contradicción performativa indicada mediante las proposiciones citadas es el motivo del rechazo a priori ne­ cesario de las proposiciones explícitas correspondientes.

) Naturalmente. de modo que los presupuestos pragmático-trascendentales del discurso de los sujetos que elaboran la teoría quedan sin tematizar.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 125 4) «Afirmo como verdadero que no tengo ninguna pretensión de verdad» 5) «Represento. basándose en la coinprensión de los universales formales de las lenguas que pueden aprender los niños. incluso cuando denotan invariantes empíricamente generales (universales antropológicos). sin modificar por eso los hechos reglados universales y tematizables lingüísticamente. un lingüista) a personas sometidas a experimentos. (Aquí se podría aludir de nuevo a la tesis de Chomsky según la cual. como susceptible de consenso. son rebasables. los lingüistas. el concepto de la irrebasabilidad de los presupuestos necesarios de la argumentación. en principio. la propuesta de que en principio deberíamos sustituir el consenso por la disensión como meta del discurso» 6) «Quisiera convencer a cada cual mediante la argumentación de que la argumentación conduce al uso de la fuerza» El examen del que aquí se trata debe llevarse a término como requerimiento de la reflexión trascendental sobre los presupuestos de la argumentación en el plano del discurso argumentativo de los que hacen filosofía (¡no tienen que ser especialistas!) y no como requerimiento probatorio de un investigador empírico (por ejemplo. podrían construir muy bien lenguajes estructurados de otra manera. Sólo cuando se puede presuponer como razonable la diferencia entre examen y realización de la validez se puede introducir en general el concepto clave de la fundamentación última pragmáticotrascendental. Pues está claro que todos los hechos reglados empíricamente comprobables. no son irrebasables de ninguna manera en el sentido pragmático-trascendental. en el sentido de una elicitación reflexiva de hechos reglados {Regel-Tatsachen) que se tematizan de antemano como simples objetos de una teoría. todos los .

de ahí que no tenga ninguna gracia que se utilice contra el intento de fundamentación última mediante recurso a los presupuestos necesarios de la argumentación el hecho de que hay o puede haber cul­ turas sin la institución del discurso argumentativo (como ha venido sucediendo siempre en la discusión del punto de partida pragmático-trascendental).126 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO hechos reglados condicionados histórica y socioculturalmente. Pero esta tajante distinción entre posibles universales filosóficos (que también son presupuestos necesarios pre­ cisamente del discurso acerca de la pregunta por los uni­ versales) y hechos reglados meramente empíricos —y posi­ blemente generalizables— (que corresponde a la reflexiva «autogradación del espíritu y del lenguaje» que afirma T. se admite en esta prueba cualquier posible opositor. véase nota 70) no impide. los cuales constituyen la muy aludida diversidad de presupuestos básicos contingentes del mundo de la vida (CoUingwood. igual de irrelevantes para nues­ tra problemática que las que se refieren a la posibilidad de recusación del discurso por parte de los escépticos. Searle. sino sólo «objeto de la formación de teorías». más exactamente: cualquiera —aunque sea un habitante de Papua suficientemente educado— que pueda compartir el problema —la pregun­ ta por los presupuestos necesarios de la argumentación— con el que lo propone. sólo cuenta la prueba reflexiva de consistencia referida a ellos. en principio. como examen de los argumentos pragmático-trascenden­ tales de reflexión respecto a los universales de la argu­ mentación. Los demás no pueden ser interlocu­ tores en el discurso argumentativo. De hecho. de ningu­ na manera. que en las ciencias histórico-antropológicas —a las que Habermas llama ciencias «reconstructivas»— se tome como punto de partida la siguiente hipótesis global: . pues. Naturalmente. en el sentido del intento de negar la afir­ mación de los presupuestos sin cometer autocontradicción performativa. Litt. Habermas) que se dan en la concien­ cia humana de las normas. en mi opinión. las refe­ rencias a hechos de incapacidad de los hombres para el discurso son.

1984.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 127 la muy aludida diversidad cultural de hechos del mundo de la vida que están reglados o normados necesitan o de­ ben ser interpretados no relativistamente. R e b e l ( c o m p s . en K. V é a s e aqui K. ) . los presupuestos universales de la acción comunicativa). p á g s . l. y K. A d e m á s . K a d e l b a c h (comps. Funkkolleg:. e n Archivo di Filosofía LIV (1986). Dicha teoría parte. Funkkolleg: Pmktische Phüosophia/Ethik: Dialoge. pues. 107-158. pues. O. Beltz. se tenga en cuen­ ta la independencia de sus diversos métodos y criterios de examen de la validez. Apel. H. 49-162. debe ser posible «alcanzar» los presupuestos trascendentales necesarios de la argumentación en las ciencias reconstructivas mediante esa hipótesis también como resultado de la evolución humana (véase el princi­ pio de autoalcance de las ciencias reconstructivas en la nota 65). vol. Apel/D. 13-156. en interés del mutuo apoyo entre los argumentos de la filoso­ fía y los de las ciencias empírico-sociales. del m i s m o autor: «Die t r a n s z e n d e n t a l p r a g m a t i s c h e B e g r ü n d u n g d e r K o m m u n i k a t i o n s e t hik u n d d a s P r o b l e m d e r h d c h s t e n S t u f e e i n e r E n t w i k l u n g s l o g i k d e s moralischen B e w u s s t s e i n s » . Studieniexte. O. 1984. p á g s .). Kohlberg). Fischer. O. en definitiva. en principio. Aquí depende todo de nuevo de que. Piaget o de L. W e i n h e i m . vol. I. « W a r u m b e n o t i g t d e r M e n s c h Ethik?». Esta hipótesis global de las ciencias reconstructivas incluso se reclamará por su fun­ damentación filosófica (pragmático-trascendental). A esta tajante distinción entre universales filosóficos y hechos reglados empíricos —posiblemente generalizables— corresponde. Bohler/G..*' 85. sino en el senti­ do de una teoría gradual de la evolución cultural. B ó h l e r / K . p á g s . de la presuposición de normas unitarias de racionalidad que ya se habían empleado con anterioridad (por ejemplo. . Apel/D. en la reconstrucción del desarrollo de la conciencia moral. F r a n c f o r t . el posible programa de una coo­ peración complementaria de la filosofía y las ciencias so­ ciales comprehensivas en la reconstrucción de la evolu­ ción cultural (por ejemplo... en el sentido de la «ló­ gica del desarrollo» que Habermas recibió de J.

con pleno sentido. y fá­ bula y mito por el otro.3. del mismo modo.su comprensibilidad y. por otra parte aque­ llos enunciados (principios) que están ya implicados en el concepto de examen empírico como presupuestos de . el motivo de la diferencia insuperable entre la clase . el criterio de la no autocontradic­ ción performativa. EL CRITERIO DE LA DIFERENCIA TRASCENDENTAL COMO INDICATIVO DE LOS ENUNCIADOS DE LA FILOSOFÍA QUE ADMITEN FUNDAMENTACIÓN ÚLTIMA Y EL CRITERIO DE LA NO AUTOCONTRADICCIÓN PERFORMATIVA COMO PRUEBA DIRECTA (SELECTIVA) DE LOS ENUNCIADOS FILOSÓFICOS QUE ADMITEN FUNDAMENTACIÓN ÚLTIMA Hasta ahora hemos conseguido dos criterios para una po­ sible distinción de los enunciados (principios) filosóficos uni­ versales y que pueden ser fundamentados últimamente: 1) En primer lugar. el criterio de la diferencia tras­ cendental entre enunciados empíricos de la ciencia. por ello. la disolución del popperianismo en la «teoría anarquista de la ciencia» de Paul Feyerabend podría basarse. se ignoran también los pre­ supuestos de la distinción entre teoría. La pragmática trascendental se recomienda. por tanto. en objetos de un examen empírico de validez. De hecho. En el primer criterio está ya fijada la indicación sobre la compatibilidad y la exigencia mutua entre el falibilismo con sentido por una parte y la fundamentación trascen­ dental última de los principios por la otra. en que en el «racionalismo pancrítico» se ignoran los presupuestos no falibles por principio del concepto de teo­ ría falsable y.128 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO 5. como posible salvación del poppe­ rianismo ante sus partidarios demasiado apasionados. en definiti­ va. El criterio de la diferencia trascendental es. universales de la argumentación. obviamen­ te. por un lado. que sólo puede servir como criterio de distinción de los presupuestos trascendentalmente necesa­ rios y. no pueden constituirse. 2) En segundo lugar. que pueden ser comprobados y falsados y. por eso.

según el primer Wittgenstein. se fundamenta la refu­ tación indirecta del falibilismo ilimitado. en mi opinión. de su ca­ rácter paradójico. la refutación indirecta del falibilismo ilimitado a partir de la paradoja de su principio mediante una refutación direc­ ta. también. lo cual sólo podía suponerse.3. los presupuestos indiscutibles tienen que servir como premi­ sas si es que se quieren fundamentar mediante inferencia . de las proposi­ ciones analítico-tautológicas.1. desde luego. de este modo.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 129 de los enunciados hipotéticos falibles y el principio uni­ versal y autoaplicable del falibilismo y. Posibles errores de la fundamentación última p ragmático. pues este segundo criterio está en situación de caracte­ rizar los presupuestos indiscutibles de la argumentación como proposiciones reflexivas fundamentadas últimamen­ te: es decir. como proposiciones que no precisan de fundamentación en ninguna otra cosa. Por tanto. en el sentido de la lógica «apodíctica» formal Para evitar los errores. porque no pueden ser en­ tendidas sin saber que son verdaderas. En el segundo criterio —el principio de la no autocon­ tradicción performativa— se completa. de errores en los que es fácil caer: 5. parece indispensable ante todo remitirse a los siguientes puntos: 1) El concepto de fundamentación pragmático-trascen­ dental es básicamente distinto del concepto tradicional —presupuesto en el racionalismo o empirismo clásicos— de fundamentación como inferencia a partir de algo distin­ to (deducción o inducción). (En efecto. y. Esta tesis —la verdadera tesis de la fundamentación última— debe preservarse. el recurso estricta­ mente reflexivo a presupuestos innegables no es equivalen­ te al recurso lógico-formal a premisas. producida por la imposibilidad de formularlo con sentido.trascendental —es trictamente reflexiva—.

de una simple reproducción del elenchos socrático-platónico o «prueba indirecta» en el sentido de Aristóteles. aunque exista una relación interesante. o. el elenchos no puede hacer las veces de argumento de la fundamentación última. Tal intento conduciría. (Naturalmente. dicho de otra manera. «¿Por qué hay que ser racional?» o «¿Por qué hay que ser moral?» no se pueden responder con una fundamentación racional. la conclusión de lo contrario a lo afirmado presupone ya dos principios como axiomas: el principio de no contradicción y el principio de tercero excluido. a un círculo o a un regreso al infinito. si el argumento de la fundamentación última pragmático-trascendental se entiende según el modelo del elenchos apodíctico entonces se exige. preguntas como «¿Por qué hay que ser lógico?» o análogamente. de nuevo. al menos frente a Aristóteles. fundamentados lógicamente. de que los principios de la lógica —como el principio de contradicción— no pueden ser. lo que puede ser fundamentado reflexivotrascendentalmente no es posible fundamentarlo lógicamente sin cometer petitio principii. entendiendo por tal la derivación lógica de algo a partir de algo distinto. aún otra fundamentación última de los dos axiomas presupújestos.) 3) Lo siguiente parece más difícil de ver: tampoco se trata. en la fundamentación última pragmático-trascendental. fundamentación que se entendería en el sentido de la deri- . conocida desde Aristóteles.) 2) Tampoco se trata de refutar la concepción.« uc LA vjiKUAD Y ÉTICA DEL DISCURSO lógica. naturalmente. ni tampoco con Hans Albert. por eso.v. La diferencia fundamental. En este punto no existe ninguna discusión con la opinión generalizada acerca d'e la «fundamentación última». me parece consistir en la siguiente circunstancia: la prueba indirecta por reductio ad absurdum de la afirmación contraria está ya pensada desde la perspectiva de la objetivización abstractiva de las estructuras argumentativas en la lógica apodíctica: Aquí. con toda la razón. De este modo.^^..

cit."" Pero esta crítica no acierta en lo fundamental de la pragmática trascendental. «et in infinitum»: u n a e x i g e n c i a que. e n Ztschr. 4-26. Me refiero a la e x i g e n cia (op. precisamente en este punto. Alber. 342-368. V é a n s e aquí l o s t r a b a j o s de W. f. 347) de q u e la regla d e no c o n t r a d i c c i ó n p r a g m á t i c a ( = performativa) debiera «fundamentarse mediante una superargumentación de f u n d a m e n t a c i ó n última». Y. la crítica de Gethmann y Hegselmann a la fundamentación última pragmático-trascendental. p á g s . m e v o y a p e r m i t i r f o r m u l a r la s i g u i e n t e p r e g u n t a : ¿ e n t r a r í a en c o n t r a d i c c i ó n el a r i s t ó c r a t a c o n un presupuesto no rebasable de su argiunentación si — s e g ú n u n a c t o f i l o s ó f i c o d e a u t o a c l a r a c i ó n — « a b a n d o n a r a la n o r m a » (ibíd. F. . p á g s . Philos. « R e f l e x i v e Letztbeg r ü n d u n g » .t r a s c e n d e n t a l " ) y s e inclina hacia la p e r s p e c t i v a obj e t i v i s t a ("apodíctica") del c o n c e p t o t r a d i c i o n a l de f u n d a m e n t a c i ó n » . lo que importa por encima de todo es evitar la perspectiva de la objetivación lógico-abstractiva (apodíctica) de la argumentación en favor de la reflexión estricta sobre la propia argumentación y sobre sus presupuestos en el contexto del discurso:" lo fundamental de este giro se puede clarificar de la mejor forma a través de la pregunta «¿Por qué hay que ser racional?» (Esta pregunta corresponde. (en la n o t a 79). así c o m o Reflexive Letztbegründung. E i n e R e p l i k » . seg ú n el c u a l la n o r m a f u n d a m e n t a l « T o d o s d e b e n c u m p l i r p r e c i s a m e n t e a q u e l l a s n o r m a s q u e h a n i m p l a n t a d o i n d i v i d u o s de p r o c e d e n c i a a r i s t o c r á t i c a » c u m p l e las c o n d i c i o n e s de f u n d a m e n t a c i ó n ú l t i m a p r a g m á t i c o t r a s c e n d e n t a l si e s t á n r e p r e s e n t a d a s p o r un a r i s t ó c r a t a . V é a s e C.) En mi opinión. pág. VIII/2 (1977).) c i t a d a ? 87. Forschung. «Das P r o b l e m d e r B e g r ü n d u n g z w i s c h e n D e z i s i o n i s m u s u n d F u n d a m e n t a l í s m u s » en Ztschr. F r i b u r g o / M u n i c h . Allg. s e aleja d e la l í n e a de la a u t o f u n d a m e n t a c i ó n « e s t r i c t a m e n t e reflexiva ( " p r a g m á t i c o . (En esta línea se mueve. G e t h m a n n / R . cit. en nuestro contexto. H e g s e l m a n n . f. 1985. ninguna respuesta racional para la cuestión que se ha planteado. Wissenschaftdtheorie. N o v o y a e n t r a r c o n m á s d e t a l l e e n el o t r o a r g u m e n t o p r i n c i p a l . a esta otra: «¿Por qué hay que evitar la autocontradicción performativa?») En el sentido del concepto usual de fundamentación —ohjetivo-apodíctico— no puede haber. y « R e f l e x i v e L e t z t b e g r ü n d u n g vs. a mi parecer. c o m o s e p u e d e ver. 35/1 (1981). op. K u h l m a n n . claramente. Untersuchungen zur Transzendentalpragmatik.. r a d i k a l e r F a l l i b i l i s m u s . P e r o sí.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 131 vacian a partir de algo distinto y que —como se ha dicho— es imposible. se aconseja actual86.

con él. En este caso. (Que ha reconocido por lo menos este último principio se muestra porque sabe e insiste en formular performativamente una pregunta y no en no formularla. . la «decisión» de ser racional. ha reconocido como presupuestos necesariamente demostrables del argumentar en serio ante todo y en primer lugar el principio de no autocontradicción performativa. mientras el concepto de racionalidad —de modo análogo al concepto de fundamentación— se oriente hacia el modelo abstracto de la lógica apodíctica. con la autorreflexión psicológica de un individuo— se admite como rasgo característico en el juego lingüístico de la fundamentación racional.) Así pues. también el ser racional. de todos los presupuestos indiscutibles (del sentido) de su obrar. Más bien está en la situación de quien debe tomar conciencia reflexivamente. en cierto modo tras de sí. al plantear la pregunta. Popper. Stegmüller y el existencialismo— que se busque la respuesta en una «decisión irracional» o «arracional». ha tocado el fondo del discurso argumentativo y así ha dejado. Max Weber. aquel que formula la pregunta «¿Por qué ser verdaderamente racional?» puede tomar conciencia en primer lugar de que él. en tanto individuo que argumenta seriamente.132 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO mente —por ejemplo. no existe alternativa a este irracionalismo. él no llega a estar en la situación de tener que derivar lógicamente desde algo distinto este principio y. a ser posible. En esta toma de conciencia —por reflexión sobre el discurso estando en el discurso— el principio de no autocontradicción performativa reconocido ya siempre. naturalmente. del argumentar. dicho con Wittgenstein. Discutir o dudar de esto haría imposible a limine toda discusión o duda con sentido: aquí «se dobla la pala». Y. hacia un modelo que no permite la reflexión sobre las pretensiones de validez de los que argumentan. de hecho. Ocurre de otra manera cuando la reflexión pragmático-trascendental sobre la situación de los que argumentan —que no hay que confundir. Pero esto quiere decir que. le sirve como criterio de selección de lo que puede valer como fundamentado de forma reflexiva y última.

"" o es falso o no dice nada (o incluso incurre en pe­ titio). so pena de incurrir en una autocontradicción performativa. pues se presupone lo que se quiere demostrar. por 88. H i n t i k k a .). Yo pienso o argumento. Luego. yo existo. para demostrar que algo es indiscu­ tible. la evidencia de la necesaria coincidencia entre mi pensamiento o argumentación y mi existencia. existe. e r g o s u m : I n f e r e n c e o r P e r f o m a n c e ? » e n V^. p á g s . D o n n e y (comp. otra vez. para demostrar que uno mismo existe habría que poder presuponer lo siguiente: Todo lo que piensa o argumenta. 1967. por ejemplo. . dado que —se­ gún Shakespeare— piensa y argumenta. J. «Cogito. o el razonamiento sólo es válido para seres que piensan o argumentan y exis­ ten. no llegamos al mismo lugar que si —en el sentido de la pragmática trascendental— nos basamos en el principio de no autocontradicción perfor­ mativa. 108-139. el razonamiento no dice nada. evidentemente. pues. en tan­ to que presupuesto (de regla o existencial) de mi argumen­ tación. hay que presuponer lo que se va a demostrar en for­ ma de definiciones conceptuales y premisas universales fun­ damentadas en ellas. y. Y. a un fácil malentendido: si se utiliza el principio de no contradicción proposicional «a y no-a» —en el senti­ do de la lógica de enunciados semántico-objetivadora— como criterio de selección. en este último caso. como ya indicó el mismo Descartes. según él. Ahora puedo descubrir. A Collection of Critical Essays.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 133 En este punto del argumento tengo que enfrentarme. La situación tiene un aspecto totalmente diferente cuan­ do yo reflexiono sobre aquello que no puedo negar. Pero un silogismo de este tipo. N u e v a York. Hamlet debiera existir. En el primer caso. Descartes. como ha indicado Hintikka.

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decirlo así, a la luz de la no autocontradicción performati­ va, «Yo pienso, o afirmo con esto, que yo no existo». La reflexión sobre el clash entre la proposición afirmada y el acto de su afirmación performativa me muestra, en este caso, que la afirmación performativa incluye in actu mi existencia y un saber sobre la existencia. Y exactamente en este sentido, todo el que argumenta puede descubrir que ha reconocido las cuatro pretensiones de validez de Habermas y la posibilidad básica de su reali­ zación mediante la formación argumentativa del consenso. También la pretensión de veracidad cuya realización en ca­ sos concretos no puede tener lugar mediante argumentos, sino sólo por la conducta práctica, puede demostrarse aho­ ra como indiscutible por principio; pues su negación en la proposición «Yo miento ahora» desembocaría en una autocontradicción performativa. En la realización de la pre­ tensión de corrección normativa, el que argumenta puede descubrir ahora como evidente —en contra de la opinión de Alfred B e r l i c h — a la luz del criterio que él ha re­ conocido en cada acto argumentativo realizado con serie­ dad, la fundamental igualdad de derechos de todos los miembros de una comunidad ideal de comunicación. Es decir, a la luz del principio, reconocido ya siempre, de la consistencia performativa, se puede demostrar como in­ discutible cada uno de los elementos individuales de este presupuesto necesario. El principio de consistencia performativa se manifiesta de este modo como órgano y criterio de un autoesclarecimiento de la razón absolutamente explorativo e informati­ vo y por eso, en mi opinión, es el criterio esencial de la racionalidad autorreflexiva del discurso. En comparación, el principio lógico-formal de no contradicción proposicio­ nal «a y no-a» es el criterio correspondiente al tipo de ra­ cionalidad no informativo en absoluto, pero precisamente por eso formalizable, de la lógica formal y de la matemáti­ ca. (He intentado mostrar en otro lugar que todos los ti89. V é a s e A. B e r i i c h , op. cit. (en n o t a 77) y t a m b i é n la n o t a 76.

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pos usuales de racionalidad de la acción y de los métodos de conocimiento se pueden clasificar entre el polo de la racionalidad autorreflexiva del discurso y el de la raciona­ lidad lógico-matemática.y"^ Si yo llevara a cabo la fundamentación última de la
90. V é a s e K. O. Apel, «Die H e r a u s f o r d e r u n g d e r t o t a l e n Vernunftk­ ritik u n d d a s P r o g r a m m e i n e r p h i l o s o p h i s c h e n T h e o r i e d e r Rationali­ t á t s t y p e n » en Concordia II, 1987. P r o b a b l e m e n t e , el p r o b l e m a de l o s juicios sintéticos a priori y de su r e l a c i ó n c o n lo q u e h o y s e d e n o m i n a conceptual analysis, s ó l o se p u e d e c l a r i f i c a r a la luz de la d i s t i n c i ó n e n t r e u n p r i n c i p i o de c o n t r a d i c c i ó n lógico-semántico y o t r o pragmático-trascendental. Si la p r e t e n s i ó n apriórica d e validez del conceptual analysis e s t u v i e r a o r i e n t a d a e x c l u s i v a m e n t e al c r i t e r i o l ó g i c o - í o r m a l de la no contradicción proposicional, entonces t e n d r í a q u e p r e s u p o n e r las d e f i n i c i o n e s p u r a m e n t e convencionales de los c o n c e p t o s — o , mejor, las d e f i n i c i o n e s n o m i n a l e s — y, d e s d e un p u n t o de v i s t a f i l o s ó f i c o n o t e n d r í a i n t e r é s o c o n d u c i r í a a e r r o r e s . Habría q u e e n t e n d e r l a s p r o p o s i c i o n e s « T o d o s los c u e r p o s s o n e x t e n s o s » o «Pacta sunt servanda» c o m o p r o p o s i c i o n e s a n a l í t i c a s , s i g u i e n d o el m o d e l o de «Los c é l i b e s s o n h o m b r e s n o c a s a d o s » . Aquí vería y o la f a l a c i a semanti­ cista c a r a c t e r í s t i c a de la p o s i c i ó n a n t i f e n o m e n o l ó g i c a de la p r i m e r a fase de la f i l o s o f í a a n a l í t i c a . P o r el c o n t r a r i o , si el conceptual analysis ha de e n t e n d e r s e c o m o m é t o d o f i l o s ó f i c o de la e.xplicación del sentido, en t o n c e s l a s p r o p o s i c i o n e s c o m o «Pacta sunt servanda» y « T o d o s los cuer­ p o s s o n e x t e n s o s » p u e d e n c o n s i d e r a r s e c o m o concepciones aprióricas, a d i f e r e n c i a de la p r o p o s i c i ó n « T o d o s los c é l i b e s s o n h o m b r e s n o casa­ d o s » . E s d e c i r , a q u é l l a s p u e d e n c o n s i d e r a r s e c o m o p r o p o s i c i o n e s analí­ ticas n o s ó l o s e g ú n c o n v e n c i o n e s l i n g ü í s t i c a s —y, p o r e l l o , n o en el sen­ tido de la n e c e s i d a d l ó g i c o - f o r m a l — s i n o p o r q u e n o se p u e d e n n e g a r e n n i n g ú n j u e g o l i n g ü í s t i c o que s e p u e d a u s a r c o n p l e n o s e n t i d o s i n cometer autocontradicción performativa. T a l e s c o n c e p c i o n e s n o s o n t a m p o c o e v i d e n t e s c o n i n d e p e n d e n c i a del l e n g u a j e , a u n q u e sí en el s e n t i d o de un « p a r a d i g m a » de j u e g o l i n g ü í s t i c o ( W i t t g e n s t e i n ) q u e n o e s p o s i b l e r e b a s a r m e d i a n t e n i n g ú n o t r o j u e g o del l e n g u a j e . P o r e s o , a la p r o p o s i c i ó n «Pacta sunt servanda» debería cor r e s p o n d e r l e « e v i d e n c i a p a r a d i g m á t i c a » e n el j u e g o l i n g ü í s t i c o de la fi­ l o s o f í a del d e r e c h o , p o r q u e la c o r r e s p o n d i e n t e prohibición de prometer hipócritamente r e p r e s e n t a u n p r e s u p u e s t o del d i s c u r s o a r g u m e n t a t i v o irrebasable mediante argumentos, que no se puede negar sin c o m e t e r a u t o c o n t r a d i c c i ó n p e r f o r m a t i v a . A la p r o p o s i c i ó n « T o d o s l o s c u e r p o s s o n e x t e n s o s » le c o r r e s p o n d e , al m e n o s , « e v i d e n c i a p a r a d i g m á t i c a » en el j u e g o l i n g ü í s t i c o de la p r o t o f í s i c a q u e a r g u m e n t a t i v a m e n t e e s , d e s d e l u e g o , i r r e b a s a b l e , a u n q u e a p e n a s lo s e a de f o r m a t é c n i c o - p r á c t i c a y también metódicamente.

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ética con la única ayuda de la lógica formal, y en este sen­ tido contara sólo con la no contradicción proposicional «a y no-a», entonces Hans Albert tendría razón cuando hace la siguiente afirmación: Apel se inventa primero un con­ cepto de argumentación que ya incluye una ética de la co­ munidad ideal de comunicación y, entonces, determina —a su gusto— que el que argumenta se enreda en una con­ tradicción cuando niega los principios éticos." El esquema de la contradicción proposicional «a y noa» permite, de hecho, tal procedimiento, pues se ha presu­ puesto ya la definición del contenido con el que se van a llenar las variables «a» y «no-a», en el sentido de los principios de la argumentación por una parte y de la ética por otra. Por contra, el esquema de la autocontradicción performativa no permite el procedimiento que Albert su­ pone; pues obtiene su sentido sólo en el clash reflexiva­ mente realizable entre lo que yo afirmo y lo que implica performativamente mi afirmación, en el sentido del saber de la acción: por ejemplo en el clash entre la proposición «Yo no necesito reconocer, en principio, la igualdad de de­ rechos de todos los participantes imaginables en la argu­ mentación» y el acto de afirmación por el que, precisa­ mente esa tesis, se pone en discusión como capaz de ser consensuada universalmente. Para entender esto, sólo hay que admitir la reflexión metódica en el sentido indicado; y a eso no se puede obli­ gar a nadie. Quisiera rechazar enérgicamente el argumen­ to aducido por Popper'*" —y más recientemente por Habermas—" de que habría que valorar la posibilidad del
9 L V é a s e H. Albert, Dia Wissenschaft und die Fehlbarkeit der Ver­ nunft, T u b i n g a 1982, p á g s . 76 y s i g s . V é a s e también mi n o t a 14 al «Streitgesprach H. Albert/K. O. Apel», en Apel/Bohler/Kadelbach (comps.), Funkkolleg..., op. cit. (en n o t a 80), p á g s . 117 y s i g s . 92. K. R. Popper, Die offene Gesellschaft und ihre Feinde, Berna/Mu­ nich, Francke, vol. II, pág. 2 8 4 (trad. cast.: La sociedad abierta y sus enemigos, B a r c e l o n a , P a i d ó s , 1982). 93. J. H a b e r m a s , Moralbewusstsein und kommunikatives Handeln, op. cit. (en nota 65), p á g s . 109 y sig.

y su conducta no puede tenerse en cuenta. Quien «no se mantiene» en el discurso es «casi como una planta» (Aristóteles. en el caso de la fundamentación de la ética. IV. garantizara no sólo la concepción posible en principio.) Hasta aquí mi defensa de la fundamentación última pragmático-trascendental frente a los representantes del falibilismo ilimitado. que sería imprescindible para la acción. dado que el conocimiento de algo como algo tiene que ser a priori . pues cualquiera que sea el motivo que tengan (por ejemplo. Fundamentación última: compatible o no con una teoría consensual de la verdad Al comenzar el apartado sobre fundamentación última he reconocido expresamente que no es posible la vuelta a algo así como la evidencia privada de conocimiento. (Pedirle que convenciera también a los que rechazan el discurso sería tan disparatado como esperar de él que. que hemos usado en la aplicación del criterio de no autocontradicción performativa. por ejemplo. con la teoría consensual de la verdad? VI. 4 10006 a6-18). que se comportan estratégicamente o que necesitan una terapia). la precaución estratégica para evitar la autocontradicción performativa o también la desesperación existencial) sólo se puede establecer sobre ellos (es decir sobre los que rechazan la argumentación) una conjetura (teoría) por parte de quienes argumentan (por ejemplo. Pero el discurso de la fundamentación última no puede dejar de afectarles por eso. sino además la confirmación voluntaria de la concepción. en ningún caso.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 137 rechazo de la argumentación —ya sea por parte de los oscurantistas o de los escépticos precavidos— como argumento contra la posibilidad de la fundamentación última. teoría consensual de la verdad y fundamentación última») tengo que intentar aún responder a una segunda pregunta fundamental: ¿cómo se relaciona el regreso a la evidencia reflexiva. como argumento. Met. En la línea de mi tema («Falibilismo.

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público, es decir, tiene que estar impregnado de lenguaje. Ahí está ya implicada la necesidad de una capacidad de consenso ilimitada por parte de cualquier pretensión váli­ da de conocimiento. Además he afirmado la compatibili­ dad de esta tesis con el reconocimiento de la evidencia como (un) criterio de verdad. La evidencia fenoménica in­ terviene como criterio de verdad necesario pero no sufi­ ciente —y que puede competir, por ejemplo, con la cohe­ rencia como criterio de verdad— en la formación de consenso sobre la validez intersubjetiva. En este sentido, he intentado antes clarificar la necesaria función de sínte­ sis de la formación interpretativa del consenso en referen­ cia a la evidencia y a otros criterios de verdad que compi­ ten con ella, en la línea de la teoría peirceana de la verdad como consenso. Esta íesis, orientada hacia Peirce, de la compatibilidad entre las teorías de la verdad como evidencia y como con­ senso se refiere de todos modos a la ciencia falible, empíri­ ca e hipotética; por eso, no es inmediatamente relevante en la respuesta a la cuestión de la compatibilidad de la teoría del consenso con la pretensión de una fundamenta­ ción última reflexiva de los enunciados filosófico-trascendentales. Si fuera inmediatamente relevante para la meto­ dología de esta última, entonces podría parecer casi utópica la posibilidad de una fundamentación última; pues la fun­ damentación última reflexiva parece apoyarse —a diferen­ cia de la formación del consenso sobre la validez de las hipótesis— en algo parecido a una evidencia infalible de conocimiento cuya posibilidad para la ciencia empírica se ha negado expresamente. Pero la situación metodológica cambia —ésta debe ser, desde luego, nuestra tesis— si po­ demos hacer uso de los criterios de la diferencia trascen­ dental y de la no autocontradicción performativa en la vuel­ ta reflexiva a la evidencia trascendental de los enunciados filosóficos. Por supuesto —a la vista de esta afirmación— se po­ dría preguntar ahora mismo cuál es, pues, el sentido que debe tener aún el postulado de la formación de consenso

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(respecto a la validez intersubjetiva), cuando no se trate —en el más amplio sentido— de una hipótesis falible, sino de una proposición que no se puede entender sin saber que es verdadera, dado que no puede ser negada so pena de autocontradicción performativa, como, por ejemplo, la proposición «Cogito, ergo sum» o la proposición, algo más complicada, «Yo argumento, luego reconozco las reglas (entre las que están también las normas éticas) de una ilimitada comunidad ideal de comunicación». ¿No habría que recurrir, en el caso de estas concepciones reflexivo-trascendentales, a la evidencia prelingüística y precomunicativa de la conciencia! (Esta pregunta la plantean hoy algunos —los representantes de la clásica filosofía trascendental que proviene de Kant o de Husserl— en el sentido de una crítica al giro semiótico-lingüístico-hermenéutico y también a la teoría de la verdad como consenso; otros —por ejemplo, los racionalistas críticos y también H a b e r m a s — p l a n t e a n esta misma pregunta en la línea de una crítica al ensayo de una fundamentación última reflexiva.) Mi respuesta a la última cuestión sería la siguiente: incluso el sentido de la proposición «Cogito, ergo sum» no hay que entenderlo como mera evidencia prelingüística para mí (en la línea del «solipsismo metódico»), sino con un sentido impregnado de lenguaje y, por eso, también explicable lingüísticamente. Así pues —como pretensión de sentido y como pretensión de verdad—, también precisa de consenso. Esto mismo es válido para todas las concepciones pragmático-trascendentales posibles. Son, por principio, explicables y, respecto a su validez intersubjetiva, están necesitadas de consenso. Esto es exactamente lo que nosotros presuponemos como obvio en toda discusión filosófica. Ahora bien, en tanto que, en las concepciones pragmático-trascendentales, se trata de proposiciones que no se pueden entender sin saber que son verdaderas, también es válido que se puede decir de las concepciones pragmáti94. Ihíd., pág. 106.

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DISCURSO

co-trascendentales suficientemente explicadas que, en tanto enunciados evidentes, también son a priori capaces de ser consensuadas. Esto vale, por ejemplo, para la proposición «Cogito, ergo sum» en el sentido de la explicación que hemos presentado a la luz del criterio de no autocontradicción performativa. El espacio de juego de la posible formación explicativa de la disensión, que se abre por principio con la impregnabilidad lingüística, se reduce prácticamente a cero en los casos límite metódicamente relevantes del saber de reflexión (como aún tenemos que mostrar con mayor exactitud). En el caso de nuestro ejemplo, esto implica, por otra parte, que hay que limitar el sentido del Cogito, ergo sum, en la línea de la explicación aducida. Hay que delimitarlo drásticamente no sólo frente a la explicación ontológicometafísica que nos proporciona el mismo Descartes en la línea de^la res cogitans y de su contraposición a la res extensa, sino también frente a toda pretensión psicológicoantropológica de autoconocimiento. Aquí habría que hacer valer de nuevo los dos criterios de la diferencia trascendental y de la no autocontradicción performativa, por ejemplo, frente al conocido argumento de Nietzsche (al que también alude Albert) contra la ilusión cartesiana del autoconocimiento.'*' Inmediatamente se muestra lo siguiente: precisamente aquel que niega la relevancia cognoscitiva, ya sea de carácter metafísico o psicológico-antropológica, del argumento del cogito sum tiene que hacer valer y reconocer como evidente en esa negación suya —es decir, en el correspondiente saber de la acción que es imprescindible para argumentar con pleno sentido— lo que antes se reclamó como saber de los presupuestos pragmático-trascendentales: esto es, que existe como individuo que argumenta, que también existe el destinatario, que existe un lenguaje, que existe o ha existido''*' una comunidad de co95. V é a s e A p e l / B ó h l e r / K a d e l b a c h (comps.), op. cit., pág. 95 r e s p e c t o a F. N i e t z s c h e , Jenseits von Gut und Bóse, afor. 16 (trad. cast.: ¡\4ás allá del bien y del mal, Madrid, Alianza, 1987). 96. En el c a s o de q u e el q u e a r g u m e n t a f u e r a el ú l t i m o m i e m b r o s o b r e v i v i e n t e de la c o m u n i d a d h u m a n a real d e c o m u n i c a c i ó n .

Pero no admitiría que se valorara el argumento de la «explicación» como objeción contra la posibilidad y necesidad de una fundamentación última pragmático-trascendental. porque el sentido del concepto de examen de hipótesis depende de los presupuestos necesarios 97. una explicación suficiente del sentido de las concepciones pragmático-trascendentales) como supuesto de la certeza acerca de los presupuestos! ¿No se abre aquí. para la filosofía qua pragmática trascendental? Yo admitiría esto. Reflexión und Diskurs. se obtiene esta necesidad en el examen de hipótesis de explicación igual que en el de hipótesis empíricas. Francfort. según las circunstancias. y. V é a s e H. que ya dura varias décadas. en este caso.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD municación. en principio.'" presupone como condición de su posibilidad el recurso siempre posible a las certezas absolutamente indubitables del presupuesto de la argumentación. S c h n á d e l b a c h . bajo las condiciones de las reglas de una ilimitada comunidad ideal de comunicación— acepta la realizabilidad de las cuatro pretensiones de validez en el discurso argumentativo (con la excepción de la pretensión de veracidad). k a m p . en relación a la condición de la explicación del sentido. de explicar satisfactoriamente el programa de una pragmática trascendental. que. surge aún una última reflexión contra la pretensión de una fundamentación última infalible: ¿no se supuso la comprensión exacta (significando esto. 1977. 277 y sigs. Para quien intenta seguir pensando las certezas que se presuponen en la argumentación y que se han indicado en el sentido del proyecto total de una pragmática trascendental de la argumentación. Suhr- . de hecho. —es decir. un ámbito de juego para las hipótesis revisables. e s p e c i a l m e n t e p á g s . en mi opinión es propiamente característico del asunto de la filosofía. Ahora. que tiene las cuatro pretensiones de validez de Habermas. por primera vez. Por el contrario: el programa de hipótesis de explicación revisables. que. puedo y debo recurrir a mis propias experiencias en el intento.

en referencia a los presupuestos necesarios de la argumentación.)"" 98. c o m o por e j e m p l o .t r a s c e n d e n t a l . S u h r k a m p . su posible revisión. Pero. pretendidamente. s o b r e la b a s e de generalizac i o n e s e m p í r i c a s y de su e x a m e n e n u n a « t e o r í a » c u a s i . icuKiA ut LA VERDAD Y ETICA DEL DISCURSO de la argumentación. una vez que e s t á n g a r a n t i z a d o s d e f o r m a r e f l e x i v o . Esto sólo se entenderá cuando. (El no encuentra ninguna dificultad en la idea de que todos los presupuestos imaginables del asunto de la falsación puedan ser. algo así como hipótesis filosóficas de explicación y cómo puede darse. supuestos.xivo de las condiciones universales (¿necesarias?) de la comunicación. e n t o n c e s se p u e d e m i r a r al m u n d o de la v i d a d e f o r m a m á s realista y a b o r d a r s u transformación e m a n c i p a d o r a c o n m a y o r r e s i s t e n c i a a la frustración. . en general. n o e s p o s i b l e tener universales a u t é n t i c o s s i n f u n d a m e n t a c i ó n trascendental. se tome en consideración con mayor exactitud la diferencia entre la posible revisión de los primeros y la de los últimos. 349 y sigs. considerando la diferencia trascendental entre hipótesis empíricas y enunciados filosóficos acerca de sus condiciones de validez. Sólo entonces se obtiene el contraargumento decisivo frente a la representación que suele tener el representante del principio ilimitado del falibilismo acerca de la reiteración de la idea de la falsación posible (también en referencia a los presupuestos del concepto de falsación.s o c i o l ó g i c a de l a s r e l a c i o n e s en el « m u n d o d e la vida». Francfort. también falsados —aunque de otra manera— y se encuentra aquí con el contextualista.jL-rz. por principio. Pero este paralelismo aún no hace comprensible de qué modo puede haber. que afirma que la «gradación» de reflexión de la filosofía no puede conducir a ninguna clase de preenunciados formales y universales a priori respecto a la fundamentación de la validez de los enunciados filosófico-trascendentales. (Véase Kommunikatives Handeln. págs. la d i f e r e n c i a t í p i c a ideal e n t r e la acc i ó n « o r i e n t a d a al a c u e r d o » y la « o r i e n t a d a al é x i t o » («estratégica»)— no se p u e d e n a l c a n z a r en la intentio recta. J. p u e s é s t a s —-y s u s i m p l i c a c i o n e s . En m i o p i n i ó n . H a b e r m a s p a r e c e h a b e r p a s a d o p o r a l t o d e f i n i t i v a m e n t e esta convicción.) N o veo c ó m o e s t a a p r o b a c i ó n contextualista de la diferencia t r a s c e n d e n t a l e n t r e las p r e t e n s i o n e s d e v a l i d e z e m p í r i c a s y los enunciados filosóficos le p u e d e p e r m i t i r a ú n a H a b e r m a s h a c e r u s o — c o m o hasta ahora— de la idea del c o n o c i m i e n t o refle. sólo a modo de-hipótesis).

La posibilidad de tales autocorrecciones de las explicaciones filosóficas se comprende mejor cuando no se limita al Logos de la filosofía —como es usual en la tradición—. ¿en qué consiste la diferencia entre la posible revisión de hipótesis empíricas y la posible revisión de hipótesis filosóficas de explicación respecto a los presupuestos necesarios de toda argumentación? Respuesta: las razones decisorias para la revisión de hipótesis trascendentales de explicación no pueden estar en evidencias empíricas externas (porque sólo pueden pensarse y conseguirse de forma válida bajo presunción de los presupuestos que están en cuestión). B o s s h a r d t (comp. ya siempre y una y otra vez. p á g s . podemos poner en servicio nuestro saber infalible a priori de los presupuestos de la argumentación. «Die L o g o s . G.A u s z e i c h n u n g d e r m e n s c h l i c h e n S p r a c h e . Cuando se llega. O. Perspektiven auf Sprache. e n H. sólo pueden consistir en que nosotros. a las proposiciones en tanto que posibles portadoras de verdad. pues.TEORÍA CONSENSUAL DE LA VERDAD 143 Pero. B e r l í n / N u e v a York.'*'* Entonces es posible entender la autocorrección de las explicaciones filosóficas del sentido como un poner en juego —cada vez de forma más renovada y «estrictamente reflexiva»— el saber performativo de la acción 9 9 . como relación de complementariedad entre la representación proposicional del mundo y el saber performativo de reflexión acerca de las pretensiones de validez de los actos de habla o de argumentación. sino que el Logos de la filosofía se entiende. en el sentido de la «doble estructura» (Habermas) del discurso y de la argumentación. en el sentido que ahora nos interesa. V é a s e K. a revisiones de hipótesis de explicación.). Apel. como filósofos. W. . 1986. D i e p h i l o s o p h i s c h e R e l e v a n z d e r S p r e c h a k t t h e o r i e » . es decir de correcciones que no serían posibles si no pudiera presuponerse también como sabido aquello que hay que corregir. en el sentido de la función «representativa» del lenguaje (Bühler). 45-87. también contra los resultados de su explicación. entonces sólo se puede tratar de autocorrecciones. de G r u y t e r .

H a l l e . (trad. o de la argumentación. '1941. O.'"" y no consiste —como en el Heidegger tardío— en soportar la contingencia del acontecimiento ontohistórico del sentido. op.. una pretensión de validez con referencia intersubjetiva. de la teoría consensual de la verdad y de la fundamentación filosófica última. de la ciencia.. c a s t . y que supongo. sólo hipotética. 100."" En cada praxis argumentativa puedo y debo suponer como cierto a priori (como certeza paradigmática del juego lingüístico irrebasable de la argumentación) que yo. H e i d e g g e r . y sin ella tampoco tiene sentido querer «entrar co­ rrectamente» en el «círculo hermenéutico» de la autoexplicación de la razón. « D i e H e r a u s f o r d e r u n g d e r t o t a l e n Vernunftkritik. . : El ser v el tiempo. no se excluyen mutuamente. Madrid. Sein und Zeit. cit. N i e m e y e r . 153 y t a m b i é n 314 y sigs. Pues sin la indicada suposición —esto es completamente cierto— no tiene ningún sentido querer establecer una teoría hipo­ tética. 101. Apel.». también se explica proposicionalmente el sentido del saber perfor­ mativo de la acción. (en n o t a 90). sino que se exigen entre sí. por ejemplo. del acto de habla. o de la lógica. por principio. me parece haber mostrado que los conceptos —o posturas— del falibilismo bien entendido. V é a s e K. 1980). FCE. p á g s . M.144 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO de nuestros actos argumentativos frente a las explicacio­ nes proposicionales del saber de la acción. por lo que podría ser adecuado ha­ blar de un «círculo hermenéutico» de la explicación de la razón. sino en la reflexión sobre el saber performativo de los presupuestos necesarios de la argu­ mentación. Así. Esto significa que no debo ni puedo hacer depender la certeza de esta suposición de una teoría. Así. Pero existe aquí un punto arquimédico que nos pone en situación de «entrar de la manera adecuada» (Heideg­ ger) en el círculo. realizo necesariamente con un acto argumentati­ vo una pretensión de verdad y de sentido. es decir. su realizabilidad en el sentido de la capacidad de consenso de la proposición afirmada.

Sólo tendría sentido si. con su ayuda. carente de sentido. Pero en este caso no se podría tratar.TEORÍA CONSENSUAL DE LA V E R D A D 145 Si se quisiera negar la conexión pragmático-trascendental de los tres conceptos —y. la idea de «otra razón» —que aún tenemos que pensar— me parece si no híbrida. sea en el sentido del historicismo-relativismo de las culturas. sólo para nosotros ahora. «De lo que no se puede hablar. También sería verdaderamente extraño que estuviéramos en la situación de criticar nuestra razón no desde el punto de vista de ella misma (mediante la racionalidad trascendental). por ejemplo. Ibid. hoy esto es válido en muchos casos como exigencia de cautela o de modestia filosófica. S e e n t i e n d e q u e no e s t o y s u p o n i e n d o — c o n el p r i m e r W i t t g e n s t e i n — que lo q u e no s e p u e d e d e c i r —aquí s e r i a la «razón difer e n t e » — « e x i s t e » o. «se m u e s t r a » . en el de una transformación futura del hombre. la conexión interna del Logos científico con el filosófico— habría que tener presente la posibilidad de que toda la conexión estructural que hemos esbozado y su inteligibilidad pragmático-trascendental pudieran ser válidas sólo contingentemente. en todo caso. o en el de una relativización cósmica de nuestro saber humano. de la argumentación. ahora necesarios. se pudiera pensar realmente la posible falsación de los presupuestos. Esto quiere decir que se debería tener en cuenta la posibilidad de una «otra razón». precisamente. 103. sino desde la perspectiva de una razón diferente —o desde la posición de lo «otro de la razón»— como algo contingente. i n c l u s o . Sin embargo. mejor es callarse».'" 102. Esto se debería dejar a cargo de los posmodernistas. de «otra razón». . de ese modo. De hecho. sí.

e n Moralbewusstsein und kommunikatives Handeln. vol. « D i s k u r s e t h i k — N o t i z e n z u e i n e r B e g r ü n d u n g s p r o g r a m m » . en segundo lugar. O. p á g s . « D a s Apriori d e r K o m m u n i k a t i o n s g e m e i n s c h a f t u n d die Grundlagen der Ethik». 2.4 3 6 . quisiera introducir estas dos dimensiones características de la ética del discurso. porque remite a la circunstancia de que el discurso argumentativo —y no íiíualquier otra forma de comunicación en el mundo de W v i d a — contiene también el a priori racional de ftmdan/entación para el principio de la ética. 1973. H a b e r m a s .' Yo mismo he hablado anteriormente de la «ética de la comunicación» o de la «ética de la comunidad ideal de comunicación». II. e n Transformation der Philosophie. 5 3 . y esto por dos motivos principales: primero porque esta denominación remite si una forma especial de comunicación —el discurso argumentativo— como medio de fundamentación concreta de las normas y. Francfort. Jürgen Habermas y yo. Apel. . también. en sus rasgos esenciales. UNA TRANSFORMACIÓN POSMETAFISICA DE LA ETICA DE KANT I.miLA ETICA DEL DISCURSO COMO ETICA DE LA RESPONSABILIDAD. En primer lugar. se entiende que con «ética del discurso» o. con «ética *'ae la comunicación» no se está pensando 1. V é a s e K. hoy prefiero hablar de «ética discursiva».1 2 6 . 1983. 3 5 8 . F r a n c f o r t . La comprensión pragmático-trasceptaental de la ética del discurso La expresión «ética discursiva»/ha tomado carta de naturaleza entre los filósofos alemaries en los últimos años como calificativa de un punto de partida de fundamentación de la ética que representamos conjuntamente." pero de hecho. V é a s e J. S u h r k a m p . p á g s . (Por lo que se ha dicho. S u h r k a m p .

Jürgen Habermas y yo. 1983. «Das'Apriori d e r K o m m u n i k a t i o n s g e m e i n s c h a f t u n d die Grundlagen der Ethik».4 3 6 . 1973. 3 5 8 . S u h r k a m p . en segundo lugar. La comprensión pragmático-trascendental de la ética del discurso La expresión «ética discursiva» ha tomado carta de naturaleza entre los filósofos alemanes en los últimos años como calificativa de un punto de partida de fundamentación de la ética que representamos conjuntamente. vol. porque remite a la circunstancia de que el discurso argumentativo —y no cualquier otra forma de comunicación en el mundo de la vida— contiene también el a priori racional de fundamentación para el principio de la ética. (Por lo que se ha dicho. En primer lugar. S u h r k a m p .' Yo mismo he hablado anteriormente de la «ética de la comunicación» o de la «ética de la comunidad ideal de comunicación». Francfort. p á g s . con «ética de la comunicación» no se está pensando )' • 1. Apel. y esto por dos motivos principales: primero porque esta denominación remite a una forma especial de comunicación —el discurso argumentativo— como medio de fundamentación concreta de las normas y. 2.Afee. Francfort. II. 5 3 . « D i s k u r s e t h i k — N o t i z e n zu e i n e r B e g r ü n d u n g s p r o g r a m m » . e n Moralbewusstsein und kommunikatives Handeln. quisiera introducir estas dos dimensiones características de la ética del discurso. H a b e r m a s . en Transformation der Philosophie. también. miLA ETICA DEL DISCURSO COMO ETICA DE LA RESPONSABILIDAD. O. en sus rasgos esenciales. V é a s e K. ." pero de hecho. p á g s .1 2 6 . V é a s e J. se entiende que con «ética del discurso» o. UNA TRANSFORMACIÓN POSMETAFISICA DE LA ETICA DE KANT I. hoy prefiero hablar de «ética discursiva».

Francfort. y la alternativa al burocratismo despótico-totalitarista. B o h l e r / G . Diskurs und Verantwortung. I. vol I. que desposee al individuo de su corresponsabilidad. suficiente hoy en día. . por ú l t i m o . Funkkolleg: Praktische Philosophie/Ethik: Studientexte. la cooperación solidaria de los individuos ya en la fundamentación de las normas morales y jurídicas susceptibles de consenso. es de asumir la responsabilidad solidaria por las consecuencias y. no puede asumir esta tarea por muy corresponsable que se sienta. es decir. para resolver el problema de una ética posconvencional de la responsabilidad. Este aspecto se puede hacer plausible intuitivamente aclarando que una moral de las «costumbres» referida a las relaciones próximas interhumanas. ciertamente. como destinatario de una moral convencional.) Primero: El aspecto que se evoca preferentemente con la denominación «ética del discurso» es el que hemos mencionado en primer lugar. the Apparent Diffic u l t y . Fischer. 1988. en la que todas las normas son casi evidentes para todos los individuos. Pues de lo que hoy se trata. también A p e l / B ó h l e r / R e b e l ( c o m p s . subconsecuencias a escala mundial de las actividades colectivas de los hombres —como. W e i n h e i m y B a s e l : B e l t z .). a d e m á s K. por vez primera en la historia del hombre. Funkkolleg: Pmktische PhilosophieJEthik: Dialoge. ya no es. 1984. V é a s e mi a r t i c u l o en K. sólo parece quedar el camino de la ética discursiva: es decir. O.^ El individuo. del m i s m o a u t o r «The N e e d for. la caracterización del discurso argumentativo como medio indispensable para la fundamentación de las normas consensuables de la moral y del derecho. 1984. tal como 3. vol. Así pues. and the Eventual P o s s i b i l i t y of a P l a n e t a r y M a c r o e t h i c s of CoR e s p o n s a b i l i t y » (próxima a p a r i c i ó n ) . la aplicación industrial de la ciencia y de la técnica— y de organizar esa responsabilidad como praxis colectiva. Apel/D. S u h r k a m p .148 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO algo así como una ética especial para el discurso o para la comunicación lingüística. K a d e l b a c h (comps. ) . Apel. O. Francfort. por ejemplo. no es —como enseña la experiencia del socialismo de Estado— ni efectivo ni compatible con la libertad y autonomía moral del individuo.

4. así. la perspectiva normativa de una ética de la corresponsabilidad. estaría sujeta también a la crítica de la «opinión pública» mediante los discursos. más o menos vinculante.d i s c u r s i v a f r e n t e a u n a c a p i t u l a c i ó n de la { c o . se puede llegar a tener hoy la impresión de que esta perspectiva normativa básica de la ética del discurso ha sido reconocida ya.'' Esta sería. la institucionalización política de los discursos prácticos que se ha postulado hasta ahora. . de for­ ma universal y —al menos como pretensión— se participa de ella por doquier en la moderna sociedad industrial.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 149 es posible. Además. Es­ toy pensando en las numerosas —ya casi innumerables— conversaciones y conferencias en las que. desde todos los planos de la política local.) r e s p o n s a b i l i d a d h u m a n a f r e n t e a la aiitopoiesis de las «institu­ c i o n e s » . en este sentido. y. realrnente. económica y social) se discuten los problemas de la responsabilidad colectiva y se llega a una reglamentación normativa. Pues la «liberación» (Entlastung) —por otra parte. mencionado como fun­ damental. principalmente. cultural. conclusiones y pactos. en todo caso. por medio del discurso argu­ mentativo. frente a las ins­ tituciones. también de la fundamentación o justificación de las normas jurídi­ cas y morales. tal y como la sugiere el pri­ mer aspecto de la ética del discurso. sería una tarea que estaría sujeta a la cooperación solidaria de todos los individuos corresponsables. Lo que hoy parece sumamente claro respecto a esas conversaciones es que los discursos de una macroética con­ temporánea se caracterizan como medio de organización cooperativa de la responsabilidad solidaria. Y. necesaria— del individuo mediante las instituciones no debería conducir nunca a que la comuni­ dad de comunicación de los hombres capacitados para el discurso perdiera su distancia de responsabilidad y su com­ petencia para decidir. y. en forma de acuerdos. algunas veces. en última instancia. d e las « c o a c c i o n e s objetivas» o de los « s i s t e m a s » f u n c i o n a l e s . nacional e internacional (inclu­ yendo la política científica. E s t a s e r i a la r e s e r v a é t i c o .

xte. O. no según argumentos válidos. esta pretensión esotérica de la ética discursiva no puede comprenderse por el hecho de que se indiquen las venta­ jas y la absoluta necesidad del discurso como medios de fundamentación de las normas. la capacidad de con­ senso por parte de los participantes en la negociación. V é a s e . Los representantes de una ética de principios más anti­ gua. Stttdiente. p á g s . han indicado con razón que los discursos prácticos de fundamentación de normas que exige la ética discursiva. . tendremos que ha­ cer constar que el consenso a costa de terceros o el con5. sino apoyándose en pro­ puestas ventajosas y amenazas de perjuicios. en mi opinión. Si se admite también que la mayoría de las negociaciones —no todas— son mejores que la violencia declarada. p o r e j e m p l o . más bien. el carácter de negociaciones en las que no se discute tanto la capaci­ dad de consensuar las soluciones a los problemas por parte de todos los afectados como. pro­ piamente filosófica. y esto. Su dimensión esotérica. más o menos. presuponen ya por sí mismos un principio ético que puede servir como criterio formal para el procedimiento y para los resultados pretendidos de es­ tos discursos. vol.' De hecho. de esta manera sólo se ha indicado una parte de la ética del discurso: la dimen­ sión exotérica. en tanto que discur­ sos prácticos de fundamentación de normas.150 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO Segundo: Pero. pág. (en n o t a I). 620. Ahora bien. H o f f e . comprometida con Kant. II.. no se deben reivindicar sencilla­ mente todas las conversaciones y conferencias en las que se aspira hoy en día a convenios normativamente vincu­ lantes como discursos prácticos en el sentido que he indi­ cado. 5 4 0 y sigs. v é a s e m i r e s p u e s t a ibíd. cit. La mayoría de ellas tienen. por así decirlo. op. consiste en que la idea del discurso argumentativo —de su irrebasabilidad {Nichthintergehbarkeit) por parte de cualquier pensamiento con pretensión de validez— debe posibilitar también la fundamentación última del principio ético que debe conducir ya siempre todos los discursos argumentativos. como es ca­ racterístico en un discurso de negociación.

Esta pretensión de la ética discursiva tiene. orientados hacia Kant. Stiidientexte. II. de una fundamentación tras­ cendental última de la ley moral. cit. en el sentido del «solipsismo metódico». formulada pero no realizada. la «ética del discurso» merece su nombre sólo porque puede pretender descubrir. a mi pare­ cer. B o h l e r . que la pregunta por el prin­ cipio criteriológico de los discursos prácticos tenga que re­ mitir al propio principio del discurso: como si se tratara de una fundamentación. p á g s . Desde luego. por otro.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 151 senso por chantaje no son resultados éticamente deseables de los discursos prácticos. Sin embargo. vol. un carácter estrictamente filosófico-trascendental. a la antigua ética de principios. y las prácticas discursivas y los resultados que son éticamente cuestionables. En mi opinión. Totalmente al contrario: a mi juicio. como lo muestra la presente discusión de la ética del discurso. por un lado. que los discursos postulados como medio de fundamenta­ ción de las normas presuponen ya un principio ético criteriológico: un principio que permite diferencias a priori en­ tre sus procedimientos y los resultados a los que se aspira. éste es un punto que hay que clarificar siempre de nuevo. tal fundamentación no pudo realizarla Kant porque partió de un principio subjetivo de la razón. que Kant exigió en un principio pero que después planteó en favor del mero establecimiento de un «factum evidente de la ra­ zón (práctica)». un a priori irrebasable para todo pensamiento filosófico. precomunicativa y referida al in­ dividuo autárquico. V é a s e D. en modo alguno. mediante el «discurso reflexivo-argumentati­ vo»" en el propio discurso. De este modo. Aquí 6. la fundamentación trascendental última de la ley moral. la ética del discurso no puede concederle. en el sentido de una transformación y puesta en marcha pragmático-lingüística de la pretensión kantiana.. que incluye también el reco­ nocimiento de un principio criteriológico de la ética. 326 y s i g s . cier­ tamente. de la ley moral. op. se les puede conceder de antemano a los críticos de la ética del discurso. . que es lo que intentó Kant.

Akad. 1986). Berlín. 1968.. Gedenkschrift für Karl-Heinz llting.: Meditaciones cartesianas. por S. vol. Madrid. Espasa-Calpe. T e c n o s . ese «Yo pienso». O. D e n H a a g . según Kant —y también Descartes e incluso Husserl— marca el punto de irrebasabilidad para la refle­ xión trascendental. p á g s .' De hecho. M a r t i n u s Nijhoff. P o z z o (comps. 8. V é a s e W. Apel/R. Kant tiene que recurrir a este «reino de los fines» metafísico (y a estas entidades de razón como fines en sí mismas) para poder pensar la autonomía de la volun7. no permite ninguna fundamentación trascendental de la ética desde sí mismo. sencillamente porque una ley moral —a diferencia de toda ley natural— obtiene evidentemente su sentido en la regu­ lación de las relaciones intersubjetivas de una pluralidad de sujetos. V é a s e L Kant. tienen que «constituirse» —como aún en Husserl—* como objetos del yo-sujeto trascendental. K u h l m a n n .-Ausg. no aparecen en ab­ soluto en función trascendental. en el sentido de objetos del mundo de la experiencia. « S o l i p s i s m u s in K a n t s p r a k t i s c h e r Philo­ s o p h i e und die D i s k u r s e t h i k » . en el principio trascendental kantiano del «Yo pienso». Grundlagen zur Metaphysik der Sitten.152 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO sólo puedo abordarlo de forma muy breve y asertórica. Por ejemplo. F r o m a n n / H o l z b o o g . 1990. Ni siquiera puede proporcionar un fundamento para la constitución del sentido de la pregunta por la ley moral. 4 3 3 y s i g s . Medi­ t a c i ó n V (trad. H u s s e r l . forman el «reino de los fines». en Werke. 9. IV. Los otros yoes. Zur Rekontruktions der praktischen Philosophie. según Kant. "1983). S t r a s s e r . cast. '1963. Madrid. (trad.). sin embargo.' Una dimensión trascendental de la intersub­ jetividad —como la necesidad de la comunicación como condición de posibilidad de la comprensión lingüística con los otros-^ no está incluida. V é a s e E. e n K.: Fundamentación de la metafísica de las costumbres. c o m p . del siguiente modo: el principio del «Yo pienso» que. junto con Dios. Stuttgart-Bad C a n n s t a t t . Cartesianische Meditationen und Pariser Vortráge. . o tienen que suponerse —como en el caso de la ética— como puras entidades racionales no trascendentales sino metafisico-inteligibles que. cast. que habría que presuponer como cosujetos del conocimiento objetivo mediado comunicativamente.

Véase I. Es decir. Aquí se cierra el círcu­ lo que obliga a Kant. vol. que previamente aún exigía —en la Fundamentación de la metafísica de las cos­ tumbres—. por otra parte. Kant.. E s p a s a Calpe. no puede obtener la libertad y autonomía de los sujetos de la acción moral a partir de la concepción tras­ cendental de que esta libertad pertenece también a las condiciones de sentido del pensamiento en tanto que argu­ mentación. . en tan­ to que ley del deber. p á g s . 46 y sig. Más bien. sólo puede tener sentido para un ser con intereses e inclinaciones.-Ausg. según Kant —de acuerdo con la «pri­ macía de la razón práctica»— del deber de la ley moral que ya se ha presupuesto como válido en tanto que ratio cognoscendi. y esto. tiene que presuponer la libertad metafísica —sólo «pensable». pero no «cognos­ cible» ni demostrable— de las entidades inteligibles pura­ mente racionales. en el comienzo de la Crítica de la razón práctica. Kritik der praktischen Vernunft. Kant tiene que recurrir en su fundamentación última de la ley moral a una libertad y autonomía de la voluntad. en el sentido de la «dialéctica trascen­ dental» de la Crítica de la razón pura. para poder hacer comprensible la auto­ nomía moral del hombre. Madrid. del mismo deber. de la voluntad del hom­ bre puesta en manos finalmente de sus inclinaciones. que tiene que separar radicalmente la autonomía de la voluntad moralmente buena.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 153 tad moralmente buena como rado essendi de la ley moral. pues. con el mero esta­ blecimiento de un «factum de la razón» evidente. Por otra parte. en el senti­ do de la razón autónoma legisladora. (trad. De aquí que la certeza práctica de la libertad y autonomía tenga que derivarse. en cambio. V. ambas de ca­ rácter metafísico. Akad. a renunciar a la fundamentación trascen­ dental de la validez de la ley moral. M984).'" 10. como ratio essendi que —como él mis­ mo sabe y destaca— no puede ser conocida o demostrada. Pero esto quiere decir. cast.: Crítica de la razón práctica. aun reconociendo también que una ley moral. condiciones que no pueden negarse sin contra­ dicción. y a conformarse. cuya validez tiene que fundamentarse en primer lugar por la libertad.

en el sentido de que pudiera encontrar en él un argumento contra la posi­ bilidad de una fundamentación filosófica última. sustituyendo el a priori irreba­ sable del «Yo pienso» por el a priori del «Yo argumento». t a m b i é n K.). 11-52. Franc­ fort. . la transformación pragmático-lingüística de la filosofía trascendental puede mostrar dos cosas: 1) que cuando argumentamos públicamente. también presupongo que el discurso filosófico irrebasable de la filosofía es rigurosa y temáticamente ilimitado. tenemos que presu­ poner en todo momento las condiciones normativas de po­ sibilidad de un discurso argumentativo ideal como la úni­ ca condición imaginable para la realización de nuestras pretensiones normativas de validez. 40 (1986). vol. O. Naturalmente. y también en el caso de un pensamiento empírico solitario. 1986. p á g s . Wissenschaft und Ethik.154 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO De este modo fracasó la fundamentación trascendental última de la ética. Apel. 572-605. todo participante en H . en Funkkolleg. Por eso. De un es­ céptico. fün Philosophische Forschung. p á g s . del m i s m o a u t o r : «Grenzen der Diskursethik?». Quisiera aclarar con toda brevedad esta tesis funda­ mental de una ética discursiva entendida de modo prag­ mático-trascendental:" para ello. op. El discurso argumentativo no puede ser rechazado por un escéptico o relativista. Stu­ dientexte. cit.. p á g s . presupongo de antema­ no que la argumentación —al igual que el pensamiento con pretensión de validez que se expresa en ella— es irrebasa­ ble en la filosofía. de ese modo. II. « D a s P r o b l e m d e r B e g r ü n d u n g e i n e r V e r a n t w o r t u n g s e t h i k i m Zeitalter d e r W i s s e n s c h a f t » . vol. K u h l m a n n . y. Para m á s detalle v é a s e : W. una trans­ formación pragmático-trascendental de la filosofía trascen­ dental puede conseguir la fundamentación última de la ética que fracasó en Kant. en el sentido de los presupuestos kan­ tianos. en Ztschr. y 2) que. que no argumenta. Lang. y sólo queda mostrar si.. hemos reconocido también necesaria e implícitamente el principio ide una ética del discurso. B r a u n (comp. no podemos saber absoluta­ mente nada. 3-31. «Ist e i n e p h i l o s o p h i s c h e L e t z t b e g r ü n d u n g m o r a l i s c h e r N o r m e n m o g l i c h ? » . p o r ú l t i m o . en E. (en nota 3). A mi parecer. o en qué medida.

Apel/R. No se trata de un juego autosuficiente. p á g s . sino que es la úni­ ca posibilidad existente para nosotros. en H. B a u m g a r t n e r (comp. f. de re­ solver sin violencia los conflictos acerca de las pretensio­ nes de validez. L o s c o n t r a e j e m p l o s c i t a d o s p o r A. O. como en el caso de la utilización del saber de los expertos en un discurso limitado estratégicamente. del m i s m o a u t o r . M. todos los interlocutores comparten ya siempre con los de­ más todos los problemas imaginables —y también el de si existe un principio vinculante de la moral—y. los hombres. cit. Festschr. en K. Bochum. Alber. Krings. 301-317) s o n c a r a c t e - . en Ztschr. en un discurso filosófico. f. P o z z o ( c o m p s . O.'" Y. por eso. están interesados a priori en alcanzar soluciones para los problemas que son susceptibles de consenso para todos los miembros de una comunidad ideal e ilimitada de argu­ mentación. Friburgo/Munich. 1979. Apel (comps. Para d i s c u t i r la o b j e c i ó n de q u e p u d i e r a n s e r i r r e l e v a n t e s . naturalmente.. philos. H.LA É T I C A DE LA RESPONSABILIDAD 155 el discurso debe comprender que la función de éste es ela­ borar soluciones vinculantes para todas las cuestiones ima­ ginables que se puedan plantear en el mundo de la vida. 43 (1949). Germinal-Verlag. 23-80. Apel. Leist ( « D i e s s e i t s d e r "Trans­ z e n d e n t a l p r a g m a t i k " : gibt e s s p r a c h p r a g m a t i s c h e A r g u m e n t e für Moral». v é a n s e los s i g u i e n t e s t r a b a j o s : K. O. en principio. p á g s . l o s p r e s u p u e s ­ tos m o r a l e s i m p r e s c i n d i b l e s e i n n e g a b l e s en el c a s o del d i s c u r s o «libre de la c a r g a de la a c c i ó n » . Freiheit ais praklisches Prinzip. en la solución de todas las cuestiones imaginables sobre la validez y no pretenden instrumentalizar el discurso con los otros sólo para sus propios fines. Forschung.). también se presupone que todos los participantes en el discurso están interesa­ dos. K r i n g s " E m p i r i e u n d Aprior — z u m V e r s t a n d n i s von T r a n s z e n d e n t a l p h i l o s o p h i e u n d S p r a c h p r a g m a t i k " » . vol.'^ Pero se puede presuponer precisamente 12. van Reijen/K. Rationales Handeln und Gesellschaftstheorie. 13. Dicho con bre­ vedad: hay que presuponer que. en W. ) . «Lasst s i c h e t h i s c h e V e r n u n f t v o n s t r a t e g i s c h e r Z w e c k r a t i o n a l i t á t u n t e r s c h e i d e n ? » . (en la n o t a 7). del m i s m o autor: « F a k t i s c h e A n e r k e n n u n g o d e r e i n s e h b a r n o t v v e n d i g e A n e r k e n n u n g ? B e r u h t der A n s a t z d e r t r a n z e n d e n t a l p r a g m a t i s c h e n D i s k u r s e t h i k auf e i n e r i n t e l l e k t u a l i s t i s c h e n F e h l s c h l u s s ? » . Zur Rekonstruktion der prakiischen Phi­ losophie. 13-43... 1984. y. p a r a la s o l u c i ó n d e c o n f l i c t o s de i n t e r e s e s a j e n o s al d i s c u r s o . op.). p á g s . « W a r u m t r a n s z e n d e n t a l e S p r a c h p r a g m a t i k ? B e m e r k u n g e n zu H.

el c h a n t a j e de u n o s t e r r o r i s t a s a u n c i e n t í f i c o o a p e r s o n a s i n f l u y e n t e s e n la política. t a m b i é n e n el d i s c u r s o f i l o s ó f i c o .t r a s c e n d e n t a l (la « s i t u a c i ó n original». el racista. 14. . Por eso. P e r o . al igual q u e el p r e s u n t o e s c é p t i c o . i l i m i t a d o y s i n r e s e r v a s . el q u e p a r t i c i p a en u n a n e g o c i a c i ó n s i t u á n d o s e en una p o s i c i ó n de fuerza) n o e s el i n t e r l o c u t o r r e l e v a n t e p a r a la é t i c a del d i s c u r s o . ¿cuáles son los presupuestos étir í s t i c o s del e r r o r s o b r e la i n t u i c i ó n f u n d a m e n t a l de la é t i c a del discurso. Reflexive Letztbegründung.156 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO cuando se formula rigurosamente la pregunta por la posibilidad de una fundamentación racional última de la ética. P e r o a l g u i e n q u e r e c h a z a r a de a n t e m a n o el d i s c u r s o s o b r e las p r e t e n s i o n e s de v a l i d e z y s e m a n t u v i e r a en u n a p o s i c i ó n de fuerza. s u p u e s t a m e n t e sin r e s e r v a s e i l i m i t a d o — i n t r o d u c e c o m o e j e m p l o s a i n t e r l o c u t o r e s ficticios: por e j e m p l o . e n el q u e el b l a n c o n o e s t á d i s p u e s t o a cuestionar d i s c u r s i v a m e n t e sus prejuicios racistas. a una p r e g u n t a f o r m u l a d a d e o t r a m a n e r a (sería p r a g m á t i c a m e n t e absurdo). ni e s n e c e s a r i o h a c e r l o . la p o s t u r a de los a t e n i e n s e s en s u s « n e g o c i a c i o n e s » c o n los m e l l o s . q u e c a l l a p r i n c i p a l m e n t e p o r p r e c a u c i ó n . en el s e n t i d o de e s t a r d i s p u e s t o al a c u e r d o s o b r e las p r e t e n s i o n e s de v a l i d e z de f o r m a ilimitada y sin r e s e r v a s . o el « d i s c u r s o » ficticio e n t r e un racista b l a n c o y u n n e g r o . Tal r e s p u e s t a no se le p o d r í a dar. p a r a la f o r m a c i ó n del c o n s e n s o : p o r e j e m p l o . La r e s p u e s t a r e f l e x i v a d e la f u n d a m e n t a c i ó n ú l t i m a d e p e n d e del preg u n t a r en s e r i o c o m o p r e s u p u e s t o del d i á l o g o . son m u y r e l e v a n t e s .M u n i c h . que hem o s s u p u e s t o a n t e s . en m i o p i n i ó n . t a m p o c o p o d r í a a r g u m e n t a r . s i n o que s ó l o lo es aquel q u e — e n u n d i s c u r s o a r g u m e n t a t i v o . Alber. T o d o d e p e n d e de su «reflexión e s t r i c t a » . En esto consiste lo más importante de la fundamentación reflexiva última de la é t i c a . En e s o s e j e m p l o s n o s e s a t i s f a c e n las c o n d i c i o n e s n o r m a t i v a s de pos i b i l i d a d de un d i s c u r s o . a a l g u i e n q u e r e c h a z a r a el d i s c u r s o : así e s c o m o e n t i e n d o y o . s e g ú n la describe T u c í d i d e s . Estos ejemplos empíricos de « d i s c u r s o » ' q u e p o d r í a n a u m e n t a r s e i n d e f i n i d a m e n t e . V é a s e W. a d i f e r e n c i a de Leist. Y c o m o y a d e c i a W i t t g e n s t e i n : «Un á n g e l b u e n o tiene q u e e s t a r p r e s e n t e s i e m p r e » . Ni s e p u e d e r e s p o n d e r . por así decirio) de la é t i c a del d i s c u r s o (que p r e c e d e a t o d a d i f e r e n c i a c i ó n — q u e se d e b e f u n d a m e n t a r t a m b i é n d i s c u r s i v a m e n t e — del d i s c u r s o arg u m e n t a t i v o en d i s c u r s o s « t e ó r i c o s » y « p r á c t i c o s » ) . el p r e s u n t o i n t e r l o c u t o r f i n g i d o (el c h a n t a j i s t a . 1985. la pregunta rigurosa incluye ya implícitamente las condiciones de posibilidad de su respuesta. p e r o s o n i r r e l e v a n t e s para la s i t u a c i ó n d e f u n d a m e n t a c i ó n entendida de m o d o p r a g m á t i c o . F r i b u r g o . el p r o p i o A n t ó n Leist. En t o d o s e s t o s c a s o s . Untersuchungen zur Transzendeutalpragmatik. en a b s o l u t o . K u h l m a n n . p a r a la p r o b l e m á t i c a de la aplicación de la é t i c a d i s c u r á i v a ( v é a s e lo q u e s e d i c e en e s t e t r a b a j o s o b r e la parte B de la ética).

En el primer aspecto tenemos que pre­ suponer todo lo que nos presenta la hermenéutica filo­ sófica y la pragmática lingüística acerca de la precomprensión del mundo. tanto si lo ad­ mite como si no. de la comunicación en una comunidad ideal de comunicación.'' Ocurre de modo distinto con el presupuesto de la comunidad ideal de argumenta­ ción anticipada contrafácticamente. Kleine Schrifte I. and Solidarity. . Y a estas condiciones pertenecen también presupuestos moralmente relevantes: 15. MacIntyre. B. cit. En u n s e n t i d o c r í t i c o v é a s e K. 179 y sigs. en el sen­ tido indicado. L o n d r e s . acerca del acuerdo con los demás. D u c k w o r t h . En este sentido (casi ignorado por la hermenéutica y la pragmática lingüística procedentes de Heidegger y de Wittgenstein) aquel que ar­ gumenta seriamente tiene que hacer valer. y. 1960 (irad. G a d a m e r . L o n d r e s . L o n d r e s 1985. S a l a m a n c a . R. 1988. en mi opi­ nión. p á g s .LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 157 camente relevantes que tenemos que reconocer necesaria­ mente en tanto que argumentamos en serio? Como individuos que argumentan seriamente. condicionada sociocultural e históricamen­ te y. S i g ú e m e . Press. Apel. Rorty Contingency. del m i s m o autor. D u c k w o r t h . O. Irony. G. « Ü b e r d i e M o g l i c h k e i t e i n e r p h i l o s o p h i s c h e n Ethik». V é a s e H. nuestra participación en una comunidad real de ar­ gumentación y en otra comunidad ideal anticipada contrafácticamente. Mohr. 1967. 1989. W i l l i a m s . -1984).. Se trata de los presupuestos que recono­ cen hoy. idea­ les y universalmente válidos. cast. Ethics and the Limits of Philosophy. Discurs und Verantwortung. a éstas pertenecen también presupuestos en el sen­ tido de una eticidad concreta y condicionada sociocultural e históricamente. tam­ b i é n ibid. Verdad y método. las condiciones y los presupuestos. en general. T u b i n g a . Tubinga. Wahrheit und Methode. op. Williams y Rorty— bajo el lema de «base histórica y contingente de consenso». e n ibtd. A.. Cambridge Univ. (en la n o t a 3). '1985. A study in moral theory. los neopragmatistas y los neoaristotélicos pragmático-hermeneutas —por ejemplo. también. Gadamer. After Virlue. M a c i n t y r e . hemos reconocido ya siempre. siendo éstas las condiciones iniciales para cualquier discurso con­ creto. Whose Justice? Which Rationality?.

también de aquellos problemas que sólo pueden resolverse en el mundo de la vida —pensado sin la forma reflexiva del discurso— mediante lucha o negociaciones estratégicas. Según la ética del discurso. normativos e inevitables —es decir. Cada vez que argumentamos seriamente. pues— que Kant formuló por primera vez. En mi opinión. idea reguladora que tienen que aceptar como vinculante todos los individuos. ¿De qué normas se trata? A mi entender. presuponemos ya la corresponsabilidad —la propia y la de todos los interlocutores potenciales— en la solución de todos los problemas que se pueden resolver en el discurso: es decir. está ya implicado un principio ético-discursivo. todas las soluciones vinculantes de los problemas de fundamentación de normas. además de la corresppnsabilidad. por principio. además de haber anticipado nolens volens las relaciones ideales de comunicación. Pues suponemos necesariamente.158 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO en el sentido. hay que realizar aproximadamente en el discurso real. de normas ideales válidas universalmente. en esta capacidad de consenso se encuentra la implementación de sentido y la concretización de la determinación kantiana de la aptitud como ley en el plano . según Kant— aparece ahora la idea reguladora de la capacidad de ser consensuadas todas las normas válidas por parte de todos los afectados. la capacidad (universal) de consensuar todas las soluciones de los problemas: así. cada vez que preguntamos seriamente en el plano del discurso filosófico. también hemos reconocido ya siempre. que no se pueden negar sin autocontradicción performativa—. la igualdad de derechos. a ser posible. pero que. un principio que puede entenderse como transformación posmetafísica del principio de universalización de la ética —del imperativo categórico. en estos presupuestos de la argumentación. El momento principal de la transformación es el siguiente: en lugar de la aptitud legal de las máximas de acción —que los individuos han de querer. por ejemplo. por ejemplo. de todos los participantes en la comunicación. siempre como finalidad del discurso.

se puede decir entonces que ese factum evidente de la razón consiste. para aquellos que intentan formarse una idea más exacta de la relevancia de este punto de partida. se pueda entender como interpretación [Dechiffrierung) del sentido de la fundamentación última que Kant simplemente sugirió.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 159 de la intersubjetividad. Posiblemente. II. hemos reconocido ya siempre la validez de la ley moral en forma de principio ético del discurso. pero fundamentable pragmático-trascendentalmente. la fundamentación última pragmáticotrascendental del principio de universalización de la ética que he esbozado (y que se puede obtener por reflexión acerca de los presupuestos innegables de la argumentación. La ética del discurso como ética de la responsabilidad referida a la historia Hasta aquí. so pena de incurrir en autocontradicción performativa). la interpretación [Dechijfrierung) posmetafísica. precisamente. Pues. se han presentado numerosas cuestiones y. Por lo demás. en cierto modo. en tanto que argumentamos y junto con la razón comunicativa qua racionalidad discursiva. naturalmente. también objeciones en los últimos años. con esta introducción se les habrán planteado más problemas de los que se les han resuelto. A continuación quisiera intentar responder a las preguntas y objeciones —desde mi punto de vista— más importantes. en que nosotros. del «reino de los fines» en el sentido de una idea reguladora de la comunicación humana. he expuesto lo que concierne a la primera introducción y explicación del concepto —y también del principio— de una ética del discurso. Para ello parto de una introducción arquitectónica que me parece . Tanto desde el punto de vista de la fundamentación (racional) como también —ante todo— desde la perspectiva de la posible aplicación de este punto de partida. si se lee la fórmula (alocución) kantiana del evidente «factum de la razón» en el sentido de un perfecto apriórico.

exigibles por principio. sólo el principio procedimental. la fundamentación concreta de las normas está abierta también a la consideración del sa­ ber de los expertos sobre las consecuencias y subconse­ cuencias previsibles que están vinculadas. Obviamente. al cumplimiento de las normas que se van a fundamentar. indicada en liltimo lugar. desde el cual no se pueden deducir normas u obligaciones situacionales. En la ética del discurso voy a distinguir entre una par­ te A de fundamentación abstracta y una parte B de fundamentación referida a la historia y.la exigencia de que se produzcan discursos reales para la formación del consenso entre los afectados (o. Así pues. La distinción. conserva siempre su validez incondicionada. Así. entre dos pla­ nos dentro de la parte A de la fundamentación se deriva de una transformación de la ética de Kant: como el princi­ pio (susceptible de fundamentación última) de la ética dis­ cursiva incluye . en resultados revisables de un procedimiento fali­ ble de fundamentación.160 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO que se deriva de la transformación pragmático-trascenden­ tal de los presupuestos metafísicos de la ética kantiana. para garantizar un máximo de adecua­ ción a la situación y. Este principio constituye también un baremo normativo permanente —una idea reguladora— para la exigida insti- . entre sus representantes) acerca de nor­ mas concretas aceptables. el principio se tiene que deter­ minar a sí mismo como un puro principio procedimental discursivo. la máxima uti­ lización [Ausschópfung) del principio de universalización referido al discurso. la ética del discurso delega en los propios afectados la fundamentación concre­ ta de las normas. distingo de nuevo entre el plano de la fundamentación úl­ tima pragmático-trascendental del principio de fundamen­ tación de las normas y el plano de fundamentación de nor­ mas situacionales en los discursos prácticos. dentro de la parte A. las normas situacionales se convierten. en todo caso. de ese modo. fun­ damentado pragmático-trascendentalmente y que contiene también las condiciones de sentido de la posible revisión de las normas. por lo general. simultáneamente.

En el contexto actual. es más importante aclarar desde un principio que. también. la ética del discurso plantea el siguiente dilema a los individuos: o el consenso real de los afectados es normativo en su resultado fáctico para la validez de una norma (y. en principio sobre la base de la concepción . según la idea que hemos esbozado del procedimiento público-discursivo de fundamentación de normas consensuables universalmente. para una máxima de acción en tanto que norma válida). o. así también. del establecimiento de normas universalizables) cuando la capacidad de consenso acerca de las normas pueden establecerla también los individuos en un experimento mental. más allá de Kant. Aquí no puedo entrar en más detalles acerca de la problemática de la posible diferenciación e institucionalización de los discursos prácticos. mucho menos.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 161 tucionalización de los discursos prácticos de fundamentación de las normas y. el paradigma de la autonomía continúa vigente y el individuo puede poner en tela de juicio. de los «discursos de aplicación». La prueba de capacidad de consenso que hemos llevado a cabo en un experimento mental sustituye aquí. no puede ser sustituido suficientemente por un experimento mental in foro interno ni. En este punto podría formularse la siguiente objeción desde la perspectiva del kantismo ortodoxo: ¿qué sentido puede tener exigir. tiene que constituirse también in foro interno el baremo de los discursos de la conciencia particular y empírica de los individuos. puede el individuo cuestionar el consenso real sobre la base de su autonomía de conciencia. lo cual parece implicar una vuelta colectivista o comunitarista anterior al paradigma kantiano de la autonomía. al procedimiento de prueba recomendado por Kant en el imperativo categórico. aparentemente del mismo modo en que —según Kant— hay que establecer la aptitud legal de las máximas de acción? Según parece. a ser posible. discursos reales para la formación de consenso como implementación óptima del sentido del principio de aptitud legal de las máximas de acción (es decir. con lo que. en cierto modo. en este caso.

La autonomía de la conciencia del individuo se conserva.162 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO conseguida en el experimento mental de la universaliza­ ción. 1987). todo resultado práctico de la formación real de con­ senso. F. Hegel: Phcinomenologie des Geistes. De este modo. S u h r k a m p . en cuyo caso está de más la exigencia —específica­ mente ético-discursiva— de un consenso real de los afectados (o. ni tampoco interrumpirlo apelando al punto de vista sub­ jetivo de su conciencia. negándole al individuo el derecho a una reserva moral de conciencia frente a la eticidad sus16. F r a n c f o r t . V é a s e G. Michel. El postulado de la formación de consenso de la ética discursiva tiende a una solución procedimental que. . en mi opinión. 64 y sig. W. tiene su lugar entre el comunitarismo-colectivismo y el autonomismo monológico de la conciencia. por E. 137 y 139. Como advierte Hegel con razón. la posible referencia universalista a la humanidad desde la conciencia individual. Si lo hiciera. en tanto que el in­ dividuo entiende su autonomía desde un principio —en el sentido del p a r a d i g m a de intersubjetividad o reciprocidad— como correspondencia posible y planteada para el consenso definitivo de una comunidad ideal de co­ municación. tam­ b i é n . págs. la siguiente. pues.'" Por cierto que Hegel ha modificado.: Fenomenología del espíritu. (trad. sino tan sólo su idiosincrasia en su aspecto cognitivo y voluntarista. el individuo puede y debe com­ parar y. el individuo no puede. por decirlo así. M o l d e n h a u e r y K. cast. La respuesta a este —aparente— dilema tiene que ser. c o m p . del mismo modo. p á g s . por otro lado. renunciar al discurso para la formación real del consenso. del m i s m o autor: Grundlinien der Philosophie des Rechts. con el sic jubeo sic volio de la apelación a la conciencia «estaría pisoteando la raíz de la huma­ nidad». cada resultado fáctico de una formación real de consenso con respecto a su concepción de un consenso ideal. Sin embargo. posiblemente cuestionar en el experimento men­ tal. M a d r i d . A l h a m b r a . no estaría haciendo valer su autonomía. totalmente. en su defecto. M. de sus representantes).

los t r a b a j o s d e A. B o h l e r en Funkkolleg: Praktische Philosophie/Ethik. por e j e m p l o . debe llamar la atención en seguida la siguiente circunstancia: la ética del discurso no procede sólo de la analogía pragmático-trascendental del «reino de los fines» —de la comunidad ideal de comunicación anticipada con17. A continuación quisiera en­ trar con más detalle en la distinción —que creo necesariaentre una parte A y otra B de la fundamentación de la ética discursiva. que de­ biera acreditar a la ética del discurso como ética de la responsabilidad con referencia histórica. p á g s . una prefigura­ ción metafísica del a priori de la comunidad ideal de co­ municación. 18.'^ A mi juicio. la ética del discurso puede entenderse como una mediación entre la demanda kantiana y la hegeliana de una fundamentación nueva del paradigma intersubjectivista de la trascendentalidad. cit. P a r a la r e l a c i ó n e n t r e a u t o n o m í a d e la c o n c i e n c i a y d i s c u r s o en la h i s t o r i a de la filosofía. . 2.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 163 tancial del Estado.1. SINO COMO ÉTICA DE PRINCIPIOS REFERIDA A LA HISTORIA Si se parte —como yo he intentado— de que el «reino de los fines» de Kant es.). M a c i n t y r e (en la nota 15). sino también más allá del concepto clásico de una ética deóntica de principios. nos conduce no sólo más allá de Kant. v é a s e D. II. V é a n s e . vol. 347 y sigs. Hasta aquí me he referido a la parte A de la fundamen­ tación de la ética discursiva. Hegel (queriendo sal­ var el telos del universalismo de la libertad por el progre­ so en el acatamiento del Estado que garantiza la filosofía de la historia) emprendía ya el camino de la renuncia al universalismo kantiano en favor de la sustancialidad que hoy continúa con el «comunitarismo» neoaristotélico. en cierto modo. PRIMERA INTRODUCCIÓN DE LA DISTINCIÓN ENTRE LAS PARTES A Y B DE LA ÉTICA DEL DISCURSO: LA ÉTICA DISCURSIVA COMO NO-ABSTRACTA." De este modo. Se mostrará que esta distinción. op. (en n o t a 3.

En mi opinión. desde este punto de partida se obtiene. en general. hay que hacerla valer. del a priori de la «facticidad» de la comunidad real de comunicación. desde un principio. del hecho de que la pragmá­ tica trascendental. históricamente condicio­ nada. en el que hay que considerar los a priori de la idea­ lidad y de la facticidad. Pero. en el entrecruzamiento pragmático-trascen­ dental del a priori de la comunidad ideal de comunicación. Este punto de partida de un a priori casi dialéctico tie­ ne una consecuencia para la fundamentación última de la ética que aún no he puesto de relieve en la explicación que he dado hasta ahora de la transformación (pragmáti­ co-trascendental) de Kant. esto es.164 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO trafácueamente— sino a la vez. desde la base de su identidad contingente. más bien —como se ha indicado anterior­ mente— de la concepción kantiana de que una ética del deber sólo tiene sentido. de una forma sociocultural de vida a la que pertenecen. en mi opi­ nión. como teoría posmetafísica. Ya en la fundamentación últi­ ma del principio de la ética se debe tomar en considera- . hay que proceder desde un punto de partida más acá del idealismo y del materialismo metafísicos. es decir. Por así decirlo.dualista. esta diferencia se obtie­ ne. de su nacimien­ to y socialización. anticipada y la comunidad real. que la suposición de un a priori de la intersubjetivi­ dad. pretende evitar naturalmente el dualismo kantiano de la doctrina (casi platónica o agustiniana) de los dos mundos y la correspondiente concepción del hombre (que comporta paradojas) como «ciudadano de dos mundos». La pragmática tras­ cendental parte. el contenido fenomenal de verdad de la concepción . y sin querer negar. que en Kant estaba prefigurado en el «reino de los fines» de carácter metafísico. ciertamente. en comparación con Kant. ya siempre. cada uno de los que aceptan la ética. como el fenómeno de la posible tensión entre Qbligación e inclinación. así como su situación histórica. para un ser que —como el hombre finito— no es ni un ser racional puro ni —como en el caso de los animales— un ser puramente sensitivo o instintivo.

sino que además. Si hubiera que concebir el a priori de la comunidad de comunicación presupuesto en la ética del discurso sola­ mente desde la perspectiva metafísica del «reino de los fines» de Kant.'" En cambio. Así por ejemplo. desde un principio. muchos pragmáticos que —precisamente hoy— quisieran renunciar al proyecto de una ética de principios universalmente válida. de hecho. V é a n s e los t r a b a j o s c i t a d o s en la n o t a 15. entonces tendrían razón aquellos críticos que sólo pueden descubrir en él un utopismo. . también hay que tener en cuenta la nor­ ma fundamental de la responsabilidad referida a la histo­ ria —la de la cura (Sorge)— para la conservación de las condiciones naturales de vida y de los logros histórico-culturales de la comunidad real de comunicación existente. ahora. posiblemen­ te peligroso. sino que tam­ bién están suficientemente realizadas en tal medida que es posible una fundamentación posconvencional de las nor­ mas morales sobre la base de un principio universalmente válido del discurso. en especial. en favor de una ética neoaristotélica o neohegeliana escéptica que asegure y refuerce reflexivamente una eticidad ligada a la tradición regional y particular y a su base meramente histórico-contingente de consenso. de hecho. las concepciones de la hermenéutica filosófica en el a priori de la «facticidad» e «historicidad» del ser-en-el-mundo humano (Heidegger) y en el de la pertenencia necesaria a una «forma de vida» 19. hay que conservar aquellos logros culturales gracias a los cuales nos podemos incor­ porar. a discursos argumentativos de fundamen­ tación consensual de normas. una ética discursiva fundamentada en el a priori dialéctico de la co­ munidad de comunicación puede reivindicar que ella toma en consideración.LA ÉTICA DE LA R E S P O N S A B I L I D A D 165 ción no sólo la norma fundamental de la fundamentación consensual de las normas. reconocida en la anticipación contrafáctica de las relaciones ideales de comunicación. de modo que podemos pre­ suponer que las condiciones ideales del discurso no sólo tienen que anticiparse contrafácticamente.

Tal reconstrucción interna ha de tener preferencia ante la explicación externa de la historia —que sólo es procedente de forma complementaria— me­ diante motivos que actúan de forma meramente causal (como. Mead y Wittgenstein en versión hevmenénúco-trascendental o pragmático-tras­ cendental. de establecer el prin­ cipio del discurso. el a priori del discurso. del a priori nocontingente del discurso argumentativo. Pero sólo podemos satisfacer suficientemente esta obligación adjudicándole al a priori del discurso. H. Del mismo modo. Más aún: la ética del discurso. que hoy es posible.166 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO determinada socioculturalmente (Wittgenstein). entre los seguidores de Heidegger y del segundo Wittgenstein. instinto sexual. que hace posible sobre todo la filosofía y la ciencia. la concepción del a priori universalista del discurso.). G. como ocurre hoy. que acepta la herencia de Heidegger. factores económicos de base. no se puede negar que tenemos que re­ construir la historia de la cultura y la sociedad humanas de tal modo que podamos hacer comprensible el propio presupuesto normativo de nuestra reconstrucción —preci­ samente. el status de un baremo teleológico-normativo en la reconstrucción de la historia de la cultura y la sociedad humanas. en tanto que individuos que argumentamos fácticamen­ te. sin dejar pasar o ignorar el a priori no-contingente de los presupues­ tos universales de la racionalidad del discurso argumenta­ tivo. y debe tener también . racionalmente comprensible y valorativa de la his­ toria bajo la idea reguladora del objetivo. considera también valiosa la siguiente aprecia­ ción: la comprensión. que hoy pertenece a la facticidad de nuestro ser-en-el-mundo— como resultado de la historia. representa también un factum histórico que pertenece a nuestro legado cultural. pertenece también a aquellos logros de la evo­ lución cultural para los que hemos reconocido de antema­ no. Naturalmente. Para ello es imprescindible una posconstrucción interna. qua «factum de la razón». Peirce. etc. conseguido fi­ nalmente al menos de modo parcial. la voluntad de poder. Gadamer. la obligación de conservarlos. por lo general. por ejemplo.

índice. a una autocontradicción performativa por parte de quienes hacen la reconstrucción. Der philosophische Diskurs der F r a n c f o r t . p á g s . en Concordia 11 (1987). He llamado a esto principio de autoalcance de las ciencias críticas sociales y de la historia. es motivo de la división arquitectónica de la ética en una parte A y otra B: La ética del discurso no puede. este punto tiene la siguiente consecuencia metodológica: la ética discursiva. V é a s e K. y K. o del punto cero de la historia. en mi opinión. 2-23. Apel. no puede partir de un punto de vista abstracto ajeno a la historia. Toda infracción contra la prioridad de la reconstrucción racional normativa conduce. que se apoyan confiadamente y satisfechos de la paradoja en el arte nietzscheano de desenmascarar por completo la razón en su aspecto moral o en cualquier otro. como se puede comprobar. A mi parecer.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 167 preferencia ante la explicación meramente sistémico-funcional de la racionalidad humana o de los procesos históricos de racionalización. pues no están en situación de adjudicarle un lugar en la historia a su propia obra. obviamente. d e r toTheorie . O. «Die H e r a u s f o r d e r u n g talen V e r n u n f t k r i t i k u n d d a s P r o g r a m m e i n e r p h i l o s o p h i s c h e n der R a t i o n a l i t á t s t y p e n » . sino también los que hoy se llaman posmodernistas. Apel. separada de la realidad y de la historia. V é a s e J. Diskurs und Verantwortung.)"' Ya desde la explicación precedente del a priori cuasi dialéctico del ensamblamiento de las comunidades ideal y real de comunicación se obtiene una consecuencia que. op. O. cit. partir —a diferencia de Kant— del ideal normativo de los entes puramente racionales o de una comunidad ideal de seres racionales. 21. 1985. S u h r k a m p . a diferencia de una pura ética deontológica de principios proveniente de Kant.. Moderne. tiene que considerar que la historia humana —también la de la moral y la del derecho— ha comenzado desde siempre y la fundamentación de normas concretas (por no hablar de su apli20. H a b e r m a s . Más bien. no sólo los naturalistas reduccionistas de la Edad Moderna [desde Hobbes] han testificado contra el principio de autoalcance."" (Extrañamente.

en el sentido de Aristóteles y Kant. A mi parecer. como hace Kant. Pues la conexión con la historia que hay que reconstruir críticamente —conexión exigida en el a priori dialéctico del ensamblamiento— sobrepasa amplia­ mente la problemática normal de la phronesis o del «jui­ cio». ya siempre. en el senti­ do de la eticidad convencional de la polis en Aristóteles. la aplicación responsable de . respectivamente. Me parece que está justificado reservar una parte espe­ cial de fundamentación de la ética para esta tarea y no equipararla sencillamente al problema tradicional de la apli­ cación de las normas morales.168 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO cación a las situaciones) puede y debe conectarse también. en primer lugar —en la parte A de su fundamentación—. la-fundamentación de un principio procedimen­ tal formal —de una metanorma— para la fundamentación discursiva de las normas que se pueden consensuar uni­ versalmente.factum de la razón». que le permite proporcionar una fundamentación última del principio ético de universalización mediante la interpreta­ ción (Dechiffrierung) pragmático-trascendental del «. es decir. a la eticidad concretada históricamente en las correspondientes formas de vida. hasta cierto punto apriórico. en el sentido de una ética de la responsabilidad con referencia a la his­ toria. la ética del discurso tiene que clari­ ficar también en una parte B de fundamentación que pue­ de enlazarse (o cómo puede enlazarse) su exigencia de fundamentación consensual de las normas con las relacio­ nes fácticas que se dan en las situaciones. Como ya se indicó. se encuentra en una situación. al menos en el siguiente sentido: ni puede recurrir a las costumbres convencionales de aplicación. al problema de la phronesis o del «juicio». la transformación que he indicado del principio kantiano de universalización de la ética deóntica: esto es. ni puede dejar simplemente a cargo del juicio del hombre corriente. la ética dis­ cursiva no puede ni quiere renunciar al punto de vista uni­ versalista del deber ideal que Kant alcanzó. Sin embargo. Pero así. por primera vez. de aquí se deduce que la ética discursiva tiene que explicar.

se trata de reconstruir la situación histórica concreta a la que hay que conectar una aplicación políti­ camente responsable (en el más amplio sentido) de la ética del discurso en el contexto de una forma de vida particu­ lar.C a l p e . pues el hombre co­ rriente debe poder saber lo que tiene que hacer sin necesi­ dad de gran inteligencia ni conocimiento. De este modo se obtie­ ne. pronósticos con­ dicionados de consecuencias y subconsecuencias previsi­ bles de medidas." Estas indicaciones sobre el problema de la conexión histórica apuntan ya a que aquí hay una tarea por resol­ ver hoy de nuevo —dentro de lo posible— mediante discur­ sos reales: mediante discursos en los que —al igual que en los discursos de fundamentación de normas. . a mi juicio. se trata tanto de la vinculación con institu­ ciones (ante todo. acuerdos y resoluciones legales.: Fundamentación de la metafísica de las costumbres. V é a s e L Kant. Vorrede Madrid. Así pues. Gmndlegung zur Metaphysik der Sitien. "1983). por no hablar de «discursos de aplicación». la posibilidad y necesidad de una coopera­ ción de la filosofía con las ciencias empíricas en dos dimensiones. por ejemplo. (trad. la del derecho) como de la posible vincu­ lación con los datos sociohistóricos reconstruibles de la conciencia moral. además de cálculos sobre la base de situaciones simuladas). Por otra parte.LA ÉTICA DE LA R E S P O N S A B I L I D A D 169 una moralidad de principios altamente abstracta y por ello incisiva en la moralidad convencional. que deben hacer valer el principio de universalización— debe tener parte también el saber de los expertos acerca de los he­ chos relevantes en las situaciones. E s p a s a . que están trazadas por la estructura del tiem­ po: por una parte se trata de cooperar con aquellas cien­ cias sociales y de la naturaleza que estén en situación de proporcionar un saber pronósticamente relevante y orientativo sobre el futuro (como. cast. Un modelo elaborado ya relativamente para la posible cooperación de la ética filosófica con las 22. con la ayuda de las ciencias sociales o de la historia (internamente hermenéuticas y externamente ex­ plicativas).

170 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO ciencias sociales. (en nota 3). F r a n c f o r t . y. S u h r k a m p . op. S u h r k a m p . e n Diskurs und Verantwortung. es. K o h l b e r g . SEGUNDA INTRODUCCIÓN DE LA DISTINCIÓN ENTRE LAS PARTES A Y B DE LA ÉTICA DISCURSIVA: LA ÉTICA DEL DISCURSO COMO ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD. cast. cit. Pero no se debe silenciar que en las referencias que hemos hecho hasta ahora al tema de la mediación histórica entre el principio universalista ideal de la ética discursiva y la situación concreta de la comunidad real de comunicación. tampoco he explicado por completo el motivo que me ha impulsado a distinguir entre una parte A y otra B de la fundamentación de la ética discursiva. el problema mencionado se po23. K. p á g s . 2. Madrid. .). Eder. 1976. 1986. Beitrage zur Entwiklung der ¡nteraktionskompetenz. 1984. S u h r k a m p . San F r a n c i s c o . aún no hemos mostrado en la forma adecuada el reto que supone este problema para toda ética abstracta de principios. Soziale Interaktion und soziales Verstehen. Igualmente. The Philosophy of Moral Development. «Die t r a n s z e n d e n t a l p r a g m a t i s c h e B e g r ü n d u n g der Komm u n i k a t i o n s e t h i k u n d das P r o b l e m d e r h o c h s t e n s t u f e e i n e r E n t w i k l u n g s l o g i k des m o r a l i s c h e n B e w u s s t s e i n s » . Transformation und Entwiklung. S u h r k a m p . 1981. Francfort. Die Entstehung staatlich organisierter Gesellschaften. F r a n c f o r t . J. V é a s e L. H a b e r m a s . T a u r u s . en e s p e c i a l c a p . II (trad. H a r p e r & Row. Apel. F. 1985. S u h r k a m p . por ejemplo el ensayo de estructurar no sólo la ontogénesis sino también la filogénesis —ensamblada por interdependencia con la ontogénesis— de la conciencia moral con ayuda de la teoría de los grados de Piaget/Kohlberg. Francfort." De este modo. del m i s m o a u t o r : Geschichte ais Lernprozess. Francfort. K. Oser/R.). O. 1976.2. 306-369. Hoffe (comps.: La reconstrucción del materialismo histórico. el problema del paso histórico a la moral posconvencional misma podría considerarse como el de una ética discursiva informada científicamente. E d e l s t e i n / J . H a b e r m a s (comps. 1986). Falke/ O. REFERIDA A LA HISTORIA Y POSWEBERIANA En relación con la lógica del desarrollo de la conciencia moral de Piaget/Kohlberg. W. . Zur Rekonstruktion des Historischen Materialismus.

no se puede esperar que un individuo alcance una competencia judicativa moral del tipo del grado 4 [Law and Order]. como Kohlberg ha determinado. parece mostrarse de dos maneras. la competencia de una moral de Law and Order —como la de un funcionario fiel cumplidor de sus obligaciones— en una sociedad en la que el Estado de derecho no se ha realizado o no funciona? ¿Debe renunciar. En primer lugar. sin embargo. sino que facilita que en las sociedades modernas posilustradas. respecto a la filogénesis de la eticidad humana. pues no impide. para nuestro problema. la segunda forma de dependencia es absolutamente importante para nuestro problema: la dependencia de las condiciones de aplicación y también de la competencia moral posconvencional —ya alcanzada por parte de la población mundial— respecto al nivel de eticidad colectiva. en el sentido de una ilustración racional. cuando apenas nadie lo hace? ¿Ha de pagar honradamente los impuestos cuando los demás no lo hacen? . a defenderse ilegalmente o a métodos de corrupción. del grado filogenético de desarrollo de la eticidad colectiva. por ejemplo. partes de la población hayan alcanzado grados morales posconvencionales. respecto al nivel de las instituciones jurídicas y su efectividad o aceptación social: ¿cómo debe aplicar. Sin embargo. el desarrollo de la competencia judicativa moral —dicho con mayor precisión: el grado de desarrollo alcanzado por el individuo— depende del proceso de socialización y. y. en especial. también. a costa de las necesidades de su familia. un individuo.) Esta dependencia —pedagógicamente relevante— no es decisiva. y en una sociedad en la que no ha existido ningún cuestionamiento de las instituciones.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 171 dría bosquejar del siguiente modo: la dependencia de la ontogénesis de la moralidad individual. (En una sociedad tribal en la que se carece de la forma de organización del Estado. aunque la mayor parte de la población permanece en los grados convencionales 3 y 4. según la estimación de Kohlberg. no se puede esperar normalmente que los individuos alcancen grados posconvencionales de competencia para el juicio.

contra la ética del Sermón de la Montaña y contra Kant. en mi opinión. Madrid. en condiciones de guerra civil o en las del Estado natural interestatal aún dominante. Tubinga. págs. Tubinga. 1980. Taurus. 1. cast. la siguiente: el individuo no puede hacer algo así sin fracasar como sujeto de la acción. deba comportarse según un principio moral incondicionalmente válido. . ibid. « P o l i t i k a i s B e r u f » . y t a m b i é n W. 1987). 1972. Esto es conocido como el aspecto fundamental de la distinción entre «ética de la convicción» y «ética de la responsabilidad» que hizo valer Max Weber. sino también de un sistema de autoafirmación que se le ha confiado a él: familia. Studien zu Max Weber. Estado. págs. se ve en segui24.. Schriften. ni debe tampoco hacerlo suponiendo que se tiene que responsabilizar no sólo de sí mismo.172 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO ¿O debe un político.''' Y nosotros podríamos intentar reformular este punto en el sentido de nuestra problemática de la mediación entre la ética de principios y la historia del siguiente modo: el conflicto entre la ética de la convicción y la ética de la responsabilidad (por las consecuencias) surge siempre cuando no están dadas aún las condiciones sociales de aplicación para un determinado grado de la competencia judicativa moral. polit.: Ensayos sobre sociología de la religión. zur Religionssoziologie. Si el problema de Weber se formula así. F r a n c f o r t . grupo de intereses. Ges. V é a s e Max W e b e r . S u h r k a m p . vol. Aufs. -1985. entre otras. 55 y sigs. aplicar el principio normativo de la ética discursiva para la solución de los conflictos'? ¿Puede o debe renunciar —en las negociaciones— a la racionalidad estratégico-instrumental del representante de intereses para transformar la conversación en el sentido de la ética del discurso y de sus normas sobre la formación puramente argumentativa del consenso acerca de las pretensiones de validez? La respuesta a estas preguntas sólo puede ser. sdn una ponderación responsable de los resultados y subconsecuencias previsibles de su acción. Rationalismus ais Weltheherrschung. 554 (trad. Con Otras palabras: no se le puede exigir moralmente que. en Ges. S c h l u c h t e r .

1971. H e g e l . Suhrkamp-Theorie-Werkausgabe. Podemos.: Introducción a la historia de la filosofía. tal como supuso Wittgenstein para cualquier regla. lo expresa como mandato. Francfort." En el «espíritu inculto» de la eticidad sustancial natu­ ral está ya incluido. también. Sólo la propia conciencia —si es que no habita en ella un espí­ ritu cobarde— atacará violentamente a los enemigos en la guerra y los matará. si se le pregunta. sino como espíritu ya supe­ rado. En el «espíritu» de esta eticidad están contenidos los cri­ terios de aplicación de la moral. Vorlesungen über die Geschichte der Phi­ losophie I.. S u h r k a m p . es espíritu. V é a s e G.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 173 da que este dilema apenas tiene importancia en los grados convencionales del desarrollo moral (grados 3 y 4 según Kohlberg). Por ejemplo. Ma­ drid. pág.. según Hegel. llamarlo el espíritu al que se le puede ocurrir en un momento una cosa y en otro momento lo contrario. cast. en la moral interior de Law and Order de las sociedades preilustradas organi­ zadas estatalmente— las condiciones de aplicación de la moral han surgido con ella misma y las costumbres de aplicación están «entretejidas». el saber sobre las excep25. . si aquí se le pregunta acerca de si es un mandato matar a sus enemigos. vol.. con el sen­ tido de las propias normas en el marco de una forma de vida. Aguilar. o como espíritu que corrige en sí lo que es incorrec­ to en su conciencia. no se le ocurre este mandato de matar a sus enemigos. 18. lo afirmará... pero conciencia no-es­ piritual». es la ley universal. Hegel ha ejemplificado estas relaciones de forma más expresiva en su caracterización de la «eticidad sustancial natural» de los griegos antes de la aparición de Sócrates. en la moral arcaica del orden de consanguinidad y. En ellos se apoya que «el espíritu inculto no siga el contenido de su conciencia tal como se le aparece en ella. F. en cierto modo. pues. M959). en la conciencia esto sirve como mandato del deber: "No matarás".. So­ lamente cuando se ve implicada en una disputa privada con adversarios. 486 (trad. W. pues aquí —es decir.

esto otro: bajo la protección del Esta­ do de derecho investido con el monopolio del poder. se aclara al momento en qué consiste el logro —nada evidente— del Estado de derecho. una uto­ pía negra. responsabilizarse de) la acción moral en mucha mayor medida que antes. Di­ cho con brevedad: el «Estado de naturaleza» de hellum om­ nium contra omnes. El Estado de derecho no ha hecho posible realmente —como sugiere la posición de Hobbes hasta la actualidad— una convivencia pacífica de hombres que sólo persiguen sus intereses estratégicos. así que todos los ciudadanos cerrarían el contrato social y de poder.i/T muKlA un LA V E R D A D Y E T I C A DEL DISCURSO ciones a las situaciones en la aplicabilidad de las normas. pero el precio de esta seguridad de comportamiento de una forma de vida preilustrada es la limitación. en el sentido de Hobbes). los hombres —que no son nunca sólo sujetos de la acción es­ tratégica («lobos». racionalmente injustificable.) Lo que ha hecho posible el Estado de de­ recho es. intereses económicos. más bien. de la pretensión de universalidad de la vali­ dez de las normas morales. no se modifica­ ría en absoluto. en ese Estado el soberano tendría que ser también un demonio con entendimiento. con tal de que tuvie­ ran entendimiento»— representa. al igual que cualquier otro contrato. por así decirlo. (Esta suposición. que son inseparables de las formas de vida. Si se plantea el problema weberiano de la ética de la responsabilidad de esta manera. con una reserva criminal. etc. de cara a la aplicación de una moral de princi­ pios. sino que son seres que viven en una «sociabilidad insociable» (Kant) con propensión a los conflictos y con «sentido de la justicia» (Rawls)— pueden realizar (es decir. Con mayor precisión: la justi­ ficación tácita de la limitación está en el compromiso —di­ ferente en cada forma de vida— de las pretensiones morales de validez con las exigencias funcionales —intereses de po­ der. que ya no es abstracta sino diferenciable históricamente.— del sistema social de autoafirmación. pues. que imaginó Hobbes. aun­ que el Estado sólo les exija conductas externamente con- . agudizada por Kant —la idea de que un Estado de derecho debería poder adaptarse «a un pueblo de demonios.

Hdffe. Apel «Die D i s k u r s e t h i k v o r d e r P r o b l e m a t i k v o n R e c h t u n d P o l i t i k » . en su coincidencia histórica y de desarrollo con la moral posconvencional de principios se ha diferenciado de la «eticidad» preilustrada) es ya un fenómeno que no puede ser fundamentado. precisamente ahí está la fundamentación (justificación normativa) del poder sancionador de las normas jurídicas mediante la ética discursiva. Apel/M. ) . S u h r k a m p . eficaz también estratégicamente. en K. Francfort. que cuenta con que no se den las condiciones de aplicación de la parte A ideal-abstracta de la fundamentación de la ética discursiva —la regulación de todos los conflictos mediante discursos no violentos (sin sometimiento)— y justifica la violencia legítima como antiviolencia. V é a s e . c u a n d o en s u libro Poliíische Gerechtigkeit. S u h r k a m p . Pues el precio que hay que pagar para que el Estado de derecho haga posible la moral consiste. K e t t n e r ( c o m p s . en que hay que fundamentar e imponer aquellas normas cuya validez (legítimamente imponible) ya no se basa —como se prevé idealmente en la fundamentación ético-discursiva de las normas— solamente en el reconocimiento (aceptación) no violento (sin sometimiento) por parte de los afectados. de una justificación ética) de la fuerza c o a c t i v a q u e va u n i d a a las n o r m a s j u r í d i c a s . K. pero no acciones morales «por deber». precisamente. esta fundamentación se presenta ya como una ética de la responsabilidad referida a la historia. 1987) p l a n t e a a s u m a n e r a la c u e s t i ó n de la p o s i b i l i d a d d e una f u n d a m e n t a c i ó n filosófica (es decir. . El logro. del Estado de derecho (que. En el sentido de la parte B de la fundamentación de la ética del discurso. Grundlegung einer kritischen Philosophie von Recht und Staat ( F r a n c f o r t . 27.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 175 formes con la ley. e n t o n c e s t e n d r í a r a z ó n c o n s u s r e s e r v a s a n t e la é t i c a del d i s c u r s o O." Es cierto que se supone que esta fuerza coactiva —¡legítima!— es susceptible de consenso (reconocible) por todos los afectados. es decir. sino más bien en el reconocimiento por parte de los afectados y de la fuerza coactiva del Estado de derecho." 26. O. 1 9 9 1 . justificado normativamente en el marco de la parte A abstractivo-ideal de la ética del discurso. p a r a m á s d e t a l l e . O. moralmente relevante. Recht und Politik. Diskursethik. Si la é t i c a d e i s d i s c u r s o c o n s i s t i e r a s ó l o en la parte A de la fundamentación.

Textausg. .176 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO Sin embargo. Kant. vol. t r a n s z e n d e t a l e H e r m e n e u t i k u n d die M ó g l i c h k e i t . C o n j u n t a m e n t e c o n D.''* Pero. no se puede decir que esté ya resuelto el problema que plantea Max Weber acerca de la imposibilidad de aplicar una pura ética de principios como ética de la acción responsable. es 28. « I d e e zu e i n e r a l l g e m e i n e n G e s c h i c h t e in weltb ü r g e r i i c h e r Absicht». No sería éste el caso. ¿cómo habría que reconstruir. A u s c h w i t z zu v e r s t e h e n » . Tal caso no se puede dar en la actualidad por la razón de que el establecimiento de un orden jurídico cosmopolita. incluso en un Estado de derecho que funcionara óptimamente. el problema de una ética de la acción responsable. de la competencia moral posconvencional—. 187 y s i g s . V é a s e I. como se ha hecho hasta ahora. Pero. condicionada por las formas de vida. en este caso. e s t o s e d i r i g e c o n t r a la relativizac i ó n — p r o b a b l e m e n t e w i t t g e n s t e i n i a n a — del s e n t i d o del i m p e r a t i v o cat e g ó r i c o que V. concibiéndolo como el problema de que aún no se dan las condiciones de aplicación de una ética universalista de principios? Tan prontojcomo nos movemos —con Kant— en el plano de una ética universalista de principios —en el grado más alto. Francfort. por eso. N o r d e n s t a m m / G . en el sentido de una seguridad convencional del comportamiento. comporta también como principio consciente la pretensión de fijar desde sí condiciones limitadoras para cada forma de vida. 15-32. en Werke. de una «urdimbre». Akad. S k i r b e k k (comps. Sprachspielpragmatik oder Transiendentalpragmaíik?. tampoco se puede esperar aquí que el juicio —o la phronesis— sepa determinar las excepciones a la aplicabilidad de las obligaciones moralmente incondicionadas. Más bien. mediante la función de posibilitar la moral que ejerce el Estado de derecho. S u h r k a m p . Die pragmatische Wende. presupuesto por Kant como su condición. según la lógica de la evolución."' pues la pretensión de validez universal de la moralidad deóntica como tal. 1986. 29.). según Kohlberg. VIII. no se ha alcanzado aún. p á g s . V é a s e D. B o h l e r / T . B o h l e r . entre el sentido de las normas y sus correspondientes costumbres de aplicación. R o s s v a e r s u g i e r e en s u a r t í c u l o « T r a n s z e n d e n t a l p r a g matik. ya no se puede hablar. y 261 y s i g s . p á g s .

Werke. orientada metafísicamente. se muestra con toda clari­ dad que Kant. la autosuperación performativa de la comunica­ ción. de la ética universalista de principios. «Zum e w i g w n F r i e d e n . con su versión. no puede pensarse —como dice Kant— sin contradicción.. una ley en el sentido de mentir en general. mentir significaría. pensaba él que podía recomendar una solución para el problema de la «política moral» en la lí­ nea del principio Fiat justitia.^' A mi parecer.. Y tampoco pueden ser crea­ das por un reinicio racional en el sentido del principio de 30. Kant. De hecho. de hecho. Textausg. en este punto. Lo cual no significa. que Kant piensa como «reino de los fines».LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 177 totalmente consecuente que Kant deduzca del imperativo categórico obligaciones válidas «indispensables».^" En estricta correspondencia con este enfoque. de evitar la contradicción lógica A y no-A. supuestamente. Las condiciones de aplicación de una ética de la comunidad ideal de comunicación no están dadas aún. en la comunidad real e históricamente condicionada. como entiende Hegel. lo que significaría también la autocomprensión en el pensar solitario. . op. A n h a n g I». V é a s e L Kant. Ya se sabe que Kant estaba dispuesto a sacar todas las consecuencias de este punto. es decir. Akad. págs. 31. como el mandato negativo de evitar incondicionalmente la mentira. cit. V é a s e I. de ninguna manera. aún no estaba en condiciones dé concebir el problema de la responsabilidad referida a la historia para la aplicación de una ética pos­ convencional de principios. pereat mundus. que haya que remitir la ley moral al principio. incluso en una situación real en la que. 411-422. se han tergi­ versado desde un principio las condiciones de una comu­ nidad ideal de comunicación. 378 y sig. «Über e i n v e r m e i n t e s R e c h t a u s M e n s c h e n l i e b e zu l ü g e n » . vacío de contenido. sino que bajo las condiciones de una comunidad ideal de comunicación. como por ejemplo en el caso de que se le pregunte a un presunto asesino por el parade­ ro de su inocente víctima. p á g s . sin excepciones.

op. J. en conjunto.. como parte A de la fundamentación de la ética. p á g s . sólo podría resolverse —si acaso— por una parte B de la fundamentación de la ética de la responsabilidad. págs.. S u h r k a m p . Naturalmente. incluyendo —a diferencia de Kant— la responsabilidad por las consecuencias de la aplicación de las normas en el principio de universalización? Jürgen Habermas ha propuesto. del principio de la ética kantiana. Rationalitat. Pues el riesgo por las consecuencias de tal acción previa absoluta no puede ser asumido por ningún político responsable. 218-235. (en n o t a 1). Moralbewusstsein und kommunikatives Handeln. aquí se plantea con toda urgencia la pregunta definitiva por la relación entre la ética del discurso y la problemática indicada de una responsabilidad histórica de la ética por su propia aplicación. y 103 y sig. «Über M o r a l i t á t u n d S i t t l i c h k e i t — W a s m a c h t eine Lebensform "rational"?». 75 y sig. Dicho con brevedad: se muestra aquí con una claridad sorprendente que una ética deontológica de principios. H a b e r m a s . cit. con libertad por parte de todos los afectados. ¿No le sería posible a la ética discursiva resolver ya el problema planteado mediante la transformación. para la satisfacción de los intereses de cada uno. 1984. en este sentido.178 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO universalización reconocido por todos. en H. El problema de la aplicación responsable y referida a la historia de una ética tal. . en el mejor de los casos puede figurar. por ejemplo. la siguiente formulación del principio de universalización de la ética discursiva (U): «(U) Toda norma válida debe satisfacer la condición de que puedan ser aceptadas. posmetafísica y referida al discurso.»^" ¿Queda resuelto de este modo el problema que he expuesto anteriormente? En mi opinión. esta hipótesis se ba32. Francfort. como a veces han supuesto los pacifistas. las consecuencias y efectos colaterales que previsiblemente resulten de su cumplimiento generalizado. t a m b i é n ibíd. S c h n a d e l b a c h (comp.). que parte de un imaginario punto cero de la historia o que hace abstracción de ella.

. pues. por ejemplo. 103 y s i g s . a mi parecer. desde sí misma y en 3 3 . op. p á g s . und Verantwortung. Pero. Pues la consideración de la responsabilidad por las consecuencias que se hace en el principio de universalización de la ética del discurso —consideración. necesaria y correcta— presupone siempre que el propio principio puede y debe ser aplicado hoy. en los casos de regulación de conflictos. mientras que el problema de la responsabilidad histórica de la ética discursiva por su propia aplicación habría que resolverlo en la parte B. ¿es que hay una parte B de la fundamentación? ¿No se está indicando aquí la práctica imposibilidad de una aplicación de la ética universalista del discurso en las circunstancias de la conditio humana? ¿No debiera limitarse la posibilidad de aplicación y también el carácter vinculante de la regulación consensual-díscursiva del conflicto al ámbito de una forma particular de vida. sin duda. cit. Moral. pero en modo alguno un principio. Se muestra.LA ÉTICA DE LA R E S P O N S A B I L I D A D 179 saría en una falsa comprensión del problema. precisamente esto no es posible o no es exigible desde la ética de la responsabilidad —al menos en lo que se llama ámbito político— porque las condiciones de aplicación de la ética del discurso aún no se han realizado históricamente. que la consideración de la responsabilidad ante las consecuencias en el principio de universalización de la ética del discurso concierne sólo a la parte A de la fundamentación de la ética. de este modo sólo se ha proporcionado una analogía ético-discursiva del imperativo categórico kantiano en la parte A de la fundamentación de la ética del discurso. en el sentido de la responsabilidad con referencia histórica que la ética del discurso tiene ante su aplicación." Pero. Hasta ahí puedo aceptar la formulación. De hecho. una forma de vida que haya desarrollado. me parece que la formulación propuesta el principio (U) representa una adecuada transformación ético-discursiva del principio de universalización de la ética kantiana. (en . E s t e e s el p r o b l e m a p l a n t e a d o en Diskurs Das Problem des übergangs zur postkonventionellen la n o t a 3). Pero.

por ejemplo. puede y debe ser diferente: En primer lugar. que la idea posilustrada de los derechos humanos —y. está limitada particularmente. en la parte B de la fundamentación. a la forma occidental de vida en la que se ha articulado históricamente de la manera más clara y en la que se ha realizado aproximativamente? Pienso que la respuesta de la ética del discurso. hay que admitir dos cosas: 1. sólo puede ejercerse performativamente en la medida en que lo permitan las formas colectivas de vida.180 TEORÍA DE LA VERDAD Y ÉTICA DEL DISCURSO el marco de su «eticidad sustancial». se debe decir que las formas posconvencionales de la competencia judicativa moral de los individuos. La aplicación del principio de la ética discursiva. —por ejemplo. hemos llegado hoy a un punto de discusión en el que las objeciones de los neoaristotélicos y neohegelianos pragmatistas contra cualquier forma de ética universalista de principios. en función de su validez moral. la propuesta de Kant de una comunidad cosmopolita de derecho— hay que limitarla. (En general. de modo que sólo serviría para la forma artificiosa de vida que es el discurso argumentativo y no para la regulación consensual de todos los conflictos normativos de comunicación en el mundo de la vida. se dirigen también contra la ética del discurso y le contraponen la necesidad de salir de una eticidad ligada a la tradición y de su base histórico-contingente de consenso. ¿Qué se puede responder a esto? ¿Tenemos que admitir que la validez del principio ético del discurso. el ejercicio de una regulación consensual— discursiva del conflicto. sólo se puede realizar —aproximativamente— allí donde las relaciones locales de la moralidad y del derecho lo posibiliten conjuntamente desde sí mismas. con tal de que la comunicación haya conseguido su posible forma reflexiva en el discurso argumentativo? ¿Hemos de admitir. reconocida ya siempre al argumentar.) . aún más. que estuviera totalmente separada de la aplicación de la racionalidad estratégica de negociación. la costumbre de la regulación consensual-discursiva del conflicto? En realidad.

cit. los dos conocidos principios de la justicia de John R a w l s — n o pueden deducirse nunca solamente del prin­ cipio de la ética del discurso y de su aplicación en un dis­ curso ideal (práctico) de fundamentación de normas. 1979. en absoluto. op. sin prejuzgarlos a ellos mismos. Así se h a c e p o s i b l e u n a a l t e r n a t i v a c o m p l e m e n t a r i a a l a r e s i g n a ­ c i ó n h i s t ó r i c o . op. Tie­ nen que poder entenderse también y al mismo tiempo como resultado de la conexión con la tradición ya existente del derecho y de la moralidad de una forma de vida deter­ minada. Apel.r e l a t i v i s t a del ú l t i m o R a w l s (en « J u s t i c e a s F a i m e s s : Political not M e t a p h y s i c a l » . Eine Theorie der Gerechíingkeit. Apel. el propio principio del discurso recibe un valor posicional distinto del que tenía en la parte A de la fundamentación: ya no se le puede seguir suponien­ do como base de una norma fundamental.^^ Pero de todo esto no se sigue. de una ética deóntica que simplemente limita las valoraciones y la fijación de objetivos de los hombres.LA ÉTICA D E LA R E S P O N S A B I L I D A D 181 2. Diskurs und Verantwortung. S u h r ­ kamp. por ejemplo. 1987). p á g s . que en la parte B de la fundamentación de la ética del discurso. O. p á g s . X I V (1985). 223-251 (trad.' 36. ] . 398 y s i g s . F C E . T e c n o s . p á g s . Véa­ se t a m b i é n K. Por eso hay que conceder también que las normas de contenido básicas para una ordenación de la justicia que se pueda fundamentar filosóficamente —como. O. P e t e r s o n y R. 35. (en la nota 3). e n M. 2 (trad. ••»•'••!**'»•••. V é a s e K. 146 y s i g s . reconocida ya siempre. e n Philosophy and Public Affairs. Diskurs und Verantwortung.: Teoría de la justicia. Cambridge/MaM. y a s u r a d i c a l i z a c i ó n p o r R o r t y (en «The P r i o r i t y of D e m o c r a c y to P h i l o s o p h y » . procedimental y aplicable. Vaughan [ c o m p s . Madrid. R a w i s . c a s t . cast. Francfort. 1979). i . c a p . (en la nota 3). eit. que tenga que cuestionarse o limitarse la validez universal del prin­ cipio ético del discurso. V é a s e J. Ma­ drid. En la parte B de la fundamentación hay que considerar el principio ético del dis­ curso más bien como un valor que puede funcionar como baremo de un principio teleológico de complementación del principio del discurso. Se sigue. The Virgenia Statue of Religions Freedom.'* En tanto que las condiciones co34. más bien. : La justicia como equidad y oíros ensayos. 1986).

moralmente representable. De este modo. G ü n t h e r . de la crisis) no ha quedado suficientemente determinada 37. 1. sino que deberán intentar actuar estratégicamente de modo adecuado a la situación. en la disponibilidad para una dirección. si no en un discurso real. aquellos que hayan logrado comprender la validez universal del principio ético del discurso en el plano filosófico del discurso. . por el momento. están obligados de dos modos a considerar el principio deóntico del discurso y una responsabilidad referida a la historia. de la interacción consensual. Anwendungsdiskurse in Moral und Recht (Francfort. S u h r k a m p . más allá del ámbito de ejercicio posible. de forma que la máxima de su acción pudiera considerarse como una norma susceptible de consenso. Quizá. p o r q u e G ü n t h e r p a r e c e s o s t e n e r q u e lo q u e y o he d e n o m i n a d o p r o b l e m á t i c a de la parte B de la fundamentación de la ética del discurso. no es más que una «dramatización» innecesaria. Por ejemplo. Pero n o e s t o y s e g u r o de ello. 1988). en el caso de una confrontación con un criminal o con una organización como la Gestapo. no ¡. sí al menos en uno ideal imaginario de todos los afectados de buena voluntad. en cierto modo.^'' Pero con esta disponibilidad para dominar adecuadamente la situación mediante soluciones de emergencia (que tienen su contrapartida política. se podría decir que se ha llevado hasta sus últimas consecuencias el principio de universalización de la ética del discurso. Por una parte. Der Sinn für Angemessenheit. al fraude e incluso al uso de la fuerza. la p o s i b i l i d a d d e l l e v a r a s u s ú l t i m a s c o n s e c u e n c i a s el p r i n c i p i o de u n i v e r s a l i z a c i ó n d e la é t i c a e s t á p e n s a d a t a m b i é n en la conc e p c i ó n f u n d a m e n t a l de K.182 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO lectivas de aplicación de la ética posconvencional del discurso no se hayan realizado. con la disponibilidad para la acción estratégica. tiene que mediar —por responsabilidad para con los miembros individuales y/o colectivos de la comunidad real de comunicación que confían en ellos— la disponibilidad para solucionar de modo consensual-discursivo los conflictos de intereses en consonancia con la valoración de la situación.podrán renunciar a la mentira.

Únicamente con este reconocimiento de un compromiso exi­ gido de la voluntad. T u b i n g a . como perversión de la é t i c a . de la ética se deduce un principio del deber obligatorio en todo mo­ mento y que —como Kant previo— obliga a un compro­ miso. Aquí. anticipada ya siempre contrafácticamente. la ética no ha sido «su­ perada» en el «saber del curso necesario de la historia». cast. obligatorio para cada cual en todo momento. ) P e r o la parte B de la fundamen­ tación de la ética del discurso no tiene nada que ver con un historicismo de ese estilo. . en favor del progreso moral. en este punto. por el saber de los funcionarios acerca de la necesidad histórica. Mohr. Con la comprensión de la diferencia entre la situa­ ción condicionada históricamente de la comunidad real de comunicación y la situación ideal. Karl P o p p e r . con toda razón. M987). más bien. (trad. U 9 7 9 . en favor del valor u objetivo de la realización de las condiciones de aplicación del principio ético del discurso. alcanza éste su nuevo valor posicional en la parte B de la fundamentación de la ética discursiva. imponiéndole la tarea probatoria al representante 38. Alianza. que se está obligado a colaborar en la supresión aproximativa y a largo plazo de la diferencia. ni se ha sustituido el deber. ha quedado definitivamente superado. 43 y sig. (Karl Popper ha criticado este «historicismo» y «futurismo» éticos.LA ÉTICA DE LA RESPONSABILIDAD 183 la función teleológica de baremo del principio del discur­ so en la parte B de la fundamentación de la ética discursiva. al contrario. el concepto de una ética de principios puramente deóntica y que abs­ trae de la historia. resistente a la frustración. Se percibe con facilidad que. y cabe sospechar que alguna vez —como en el marxismo ortodoxo— la ética quedará «superada» en la filosofía es­ peculativa de la historia. en la que se darían las condiciones de aplicación de la ética discursiva —comprensión inevi­ table en el plano filosófico del discurso— se ha reconocido también.: La miseria del historicis­ mo. y 59 y sig. M a d r i d . Das Elend der Historizismus. 2. p á g s . en mi opinión.

p á g s . 1983. 39. haciendo que los componentes estratégicos de la negociación se convier­ tan paulatinamente en elementos discursivos de estas con­ versaciones y conferencias. 308 y s i g s . 325-355. vol. Pues la situa­ ción de una comunidad ideal de comunicación que noso­ tros anticipamos ya siempre contrafácticamente al argu­ mentar. a una norma proce­ dimental en el sentido del principio ético del discurso. S t u t t g a r t . en W. «Ist d i e E t h i k d e r i d e a l e n K o m m u n i k a t i o n s g e ­ m e i n s c h a f t e i n e Utopie?». no alude a ninguna utopía social concreta. V é a s e L Kant. al menos ideológicamente. V o s s k a m p (comp. I. p e r o n o e s c o n v e n i e n t e para la p r a x i s » . conversaciones y conferencias en las que hoy se recurre." El compromiso de colaborar en la realización a largo plazo y aproximativa de las condiciones de aplicación de la ética discursiva no está unido.*^ Por una parte sólo le interesan las condiciones ideales de la posible formación de consenso sobre normas. p á g s . hay que remitirse de nuevo a nuestra primera ilustración exotérica sobre la actualidad de la ética discursiva en nues­ tro tiempo: allí aludimos a las numerosas. Si se quiere conseguir una visión adecuada del signifi­ cado de la colaboración que se ha exigido en el progreso moral. Akad. « E s o p u e d e s e r c o r r e c t o e n la t e o r í a . VII. de ninguna manera. por ejemplo. Metzler. por lo que hace depender la conformación concreta de la sociedad de las conclusiones falibles y revisables de los afectados.): Utopieforschung. O. a la expectativa de una «revolución mundial» y de un «reino de la libertad» erigido a partir de aquélla. V é a s e K. en el sentido de la parte B de la fundamentación. . se conseguiría mucho si se pudiera contribuir a que esta anticipación ideológica pudiera realizarse a lar­ go plazo y aproximativamente. por otra parte. según Kant.184 TEORÍA DE LA V E R D A D Y ÉTICA DEL DISCURSO de la tesis sobre la imposibilidad del progreso moral. cuando no in­ numerables. Apel. 40. Textausg. En mi opinión. cuya tota'l realización ni siquiera puede imaginarse en el mundo espacio-temporal de la experiencia. la misma realización planteada de las condicio­ nes ideales de^'comunicación sólo es una «idea regulado­ ra».

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