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a dulce y estudiosa Neve Slater siempre sigue las reglas. Y la
regla número uno es que las chicas buenas, pero gordas no
consiguen chicos lindos y atractivos como William, el dueño
del corazón de Neve desde la universidad. Sin embargo,
William ha estado en Los Ángeles durante tres años, y Neve
ha adelgazado y se ha reinventado a sí misma, para que, cuando él
regrese, caiga de rodillas enamorado de ella, nueva y mejorada.
Así que no está interesada en otros hombres. Hasta que su hermana
Celia señala que si Neve quiere que William crea que es una
experimentada diosa del amor y no la inexperta y torpe chica que él dejó
atrás, entonces sería mejor que consiguiera algo de, bueno, experiencia.
Neve necesita alguien con quien entrenar, alguien como el
compañero de trabajo de Celia. El malvado, superficial, sexy Max. Y ya
que él es un mujeriego, y Neve no es su tipo, seguramente no se
enamoraría de él. Porque William es el hombre para ella… ¿Verdad?
En algún sitio entre la pérdida de peso y la pérdida de sus
inhibiciones, Neve pierde su corazón… ¿Pero para quién?
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Es tan duro de matar un fantasma como una
realidad.
Virginia Woolf
















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Traducido por Mery St. Clair
Corregido por tamis11

eve podía sentir sus bragas y medias suplicar por libertad tan
pronto como se sentó.
Se colocó en el borde de su asiento para así poder tener sus pies
firmemente en el suelo, enderezar su espalda y poder sumir el estómago. No
funcionó. Su faja pronto cedió y pudo sentir su panza alegremente empujar
contra las costuras del ajustado vestido que su hermana menor, Celia, insistió
que usara. No podía entrar en él sin la ayuda de una faja y un corsé.
Como de costumbre, Celia se había rehusado a tomar un no por
respuesta, de la misma manera en que se rehusó a escuchar las suplicas de
Neve para dejarle quedarse en casa con una taza de té y un buen libro. Eso era
por lo qué Neve estaba incómoda, en un sofá rosa chillón, en un popular club
en Soho, rodeada por todos lados de una multitud de personas vestidas a la
moda, quienes gritaban entre ellos para hacerse escuchar por encima de la
fuerte música.
—Te odio —le siseó a su hermana, que se dejó caer a su lado.
—No es cierto, me amas —respondió Celia implacablemente—. Aquí está
tu bebida. De ninguna manera iba a pedir una botella de agua, así que aquí
tienes vino blanco.
Neve tomó un sorbo sin entusiasmo, mientras trataba de digerir el líquido.
—¿Cuándo podré irme a casa, Seels?
—Voy a fingir que no dijiste eso —dijo Celia, sus ojos entrecerrados,
mientras escaneó la habitación—. Ahora, ¿Alguien aquí te parece lindo? —
Codeó a Neve—. Me encanta que hayamos salido a ligar juntas. Esto es tan
divertido.
Salir juntas a ligar no tenía nada de divertido. Y de todos modos…
—Yo no salí a ligar —dijo Neve remilgadamente—. Te dije que quería
intentar hablar con hombres solteros, y quizás coquetear un poco. Pero no voy
a ligar con nadie. No lo he hecho en años.
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—Bueno, veamos —dijo Celia—. ¿Qué piensas de Martyn, el subdirector
de corrección?
Neve miró al hombre que Celia estaba señalando. No parecía un
obsesionado con la moda, como los otros hombres presentes, pero estaba
fuera de la liga de Neve. Sin embargo, incluso el vendedor de revista afuera de
la estación del metro parecía fuera de la liga de Neve. Cuando mucho, ella
tenía la experiencia en hombres de una chica de dieciocho, educada en un
convento Victoriano, y yendo a su primer baile.
Celia insistió en alejarla de sus libros e ir a lugares donde los hombres
solteros se reunían. —Sólo sonríe un poco, has contacto visual, piensa en algo
que decir, como música o alguna mierda sobre el bar y eso es todo. —Había
proclamado alegremente—. Necesitas salir de la casa.
Así que aquí estaba ella, salió de la casa, hacia la fiesta de navidad de la
oficina de Celia. En la experiencia de Neve, las fiestas de oficina normalmente
envuelven un par de feas serpentinas de papel, un bol con frituras y una de las
secretarias llorando en el baño. Excepto que Celia trabaja en una revista de
moda llamada Skirt, así que era diferente, había un grupo de chicas hermosas
usando lo último de la moda que Neve había visto en revistas pero que
pensaba que nadie en la vida real vestía. Además, estaban a finales de enero,
pero aparentemente los trabajadores de Skirt estuvieron demasiado ocupados
atendiendo las fiestas navideñas de otras personas en diciembre, que recién
tenían su propia reunión.
—Oh, Celia, por favor, no —suplicó Neve mientras ella agitaba su mano
frenéticamente hacia el llamado Martyn, quien se separó de una multitud con
una mirada ansiosa y se acercó a ella apresurado.
Su mirada ansiosa se desvaneció cuando Celia posó su brazo alrededor
de él. —Martyn, esta es mi hermana mayor, Neve. Es súper lista y conoce un
montón de palabras largas, ustedes tienen mucho en común.
Martyn miró a Neve, luego de regreso a Celia, con incredulidad. Ellas no
parecían ni remotamente hermanas. Neve había absorbido los normales genes
de la familia de su padre, mientras que Celia tenía cada uno de los genes celta
de su madre y era delgada y alta. Y a pesar de que su rostro tenía una mirada
aguda, eso no importaba porque ella siempre tenía una sonrisa que hacía brillar
sus ojos verdes. Sus piernas parecían ser las de una corista de Las Vegas, y su
largo cabello rizado era tan ardiente y rojo, nadie había tenido las agallas de
llamarle zanahoria.
Neve, por el contrario, era robusta, esa era su característica. Pero
también era demasiado suave. Algunas veces Neve sentía como si todo en ella


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fuera vago y sin forma, desde su mirada hasta la forma en que hablaba y sus
profundas opiniones. Celia y su madre insistían en que los ojos azul marino de
Neve eran lindos y su abundante cabello castaño era lo mejor de ella, y tenía
una buena complexión pero todo del cuello para abajo necesitaba mucho
trabajo. Los hombres nunca iban a contener la respiración cuando Neve pasara
frente a ellos; Podía tratar con eso, pero desearía que Martyn no pareciera tan
consternado ante la perspectiva de quedarse con ella mientras Celia
murmuraba algo sobre ir al bar y desaparecía.
—Es un placer conocerte —dijo Neve, tendiéndole su mano. Ella sabía
que debería levantarse en vez de quedarse sentada como un monarca
anciano, pero no quería que sus medias se deslizaran hasta sus rodillas. Por
supuesto, Martyn siempre podría sentarse, pero él se quedó de pie frente a
ella—. Así que, umm, ¿Te gusta ser un editor?
Martyn se encogió de hombros. —Paga la hipoteca —dijo—. Consigo
productos gratis. Es casi tan bueno como parece.
—Hay una fila enorme en el bar —continuó Neve tenazmente. Ella
esperaba que Martyn no creyera que deseaba que le invitara una bebida, pero
él solo asintió y siguió mirando a todos lados menos a ella.
Neve sabía que sus técnicas de coqueteo eran tan inexistentes que eran
invisibles a simple vista, pero estaba comenzando irritarse con Martyn. Vale, ella
no era Celia, pero, si quería quedar bien con ella, al menos debería tratar bien
a su hermana mayor.
Sin embargo, él no agregó nada. Neve decidió decir: —Entonces, ¿Cuál
es tu palabra favorita? Creo que la mia es carbunclo. O quizás estación de
autobuses
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. No puedo decidir. No sé si estación de autobuses se toma como
una sola palabra o varias.
Ahora ella tenía toda la atención de Martyn. —¿En serio?
—Sólo me pregunto —dijo Neve, y supo que esto la molestaría por el resto
de la velada hasta que pudiera irse a casa y comprobarlo en una
enciclopedia—. ¿Estás disfrutando la fiesta?
—Mira, Eve… —Martyn estaba mirándola ahora con una sonrisa triste, sus
manos extendidas. Neve podría no saber mucho sobre coquetear, pero sabía
cuándo la iban a rechazar.

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En ingles Bus-Station, Neve le pregunta si cuenta como una sola palabra o varias.


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—Es Neve —le corrigió amablemente—. Y está bien. Únicamente viniste
porque Celia te lo pidió, pensaste que ella quería hablar contigo y en su lugar
te dejo aquí conmigo.
—No, no. No es así —protestó Martyn—. Estoy seguro de que eres
realmente linda. Eres realmente linda, pero dejé a mi amigo para buscar una
ronda de bebidas y él probablemente me esté esperando. No es nada
personal.
Neve asintió comprensivamente. —Deberías volver con él.
—Fue lindo hablar contigo, Eve —dijo Martyn, ya marchándose—. Quizás
te veo después.
—Claro. —Pero Neve estaba hablando con la espalda de Martyn. Ahora
sabía que era aburrida y físicamente repulsiva, incluso para un hombre que
hacía la corrección ortografica en una revista para ganarse la vida, no había
nada malo en levantarse un poco subir sus medias y estirar su faja. Luego se
sentó con cuidado en el sofá y miró sus pies en sus infantiles zapatos hasta que
Celia y Yuri, la compañera de piso de su hermana, se sentaron una a cada lado
de ella.
—¿Cómo te fue con Martyn? —preguntó Celia con ansiedad,
reemplazando la copa de Neve, la cual ella no recordaba haber tomado por
completo.
—No ocurrió nada. ¿Puedo irme a casa ya?
—Le dije a Celia que nunca funcionaria emparejarte a ti y a ese sub
editor —dijo Yuri con complicidad. Douglas, el hermano mayor de Neve y Celia,
insistía que Yuri era la mujer más aterradora del mundo, lo cual era irónico
considerando con quien estaba casado. Si Neve no hubiera visto a Yuri en sus
pijamas prácticamente cada mañana mientras subía las escaleras para pedirle
bolsitas de té, leche y una cuchara limpia de vez en cuando, estaría
aterrorizada de ella también. Neve nunca conoció a una persona japonesa
con una personalidad afro antes, o una que sonara tan autoritaria, pero eso se
debía a la escuela de idiomas en Nueva Jersey, donde Yuri había aprendido
inglés. Si Celia no hubiera regresado de Nueva York un año atrás, con Yuri a su
lado y Neve no fuera la hermana mayor de Celia, lo que de acuerdo con Yuri
automáticamente le da “un millón de puntos de genialidad”, Neve estaba
segura de que Yuri ni siquiera conocería de su existencia. O todas las razones
enlistadas de por qué Martyn no era el hombre correcto para Neve.
—Él bebé cerveza con limón y suda mucho —concluyó mordazmente—.
Oye, Celia, Neve necesita un partido mucho mejor.


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—Sólo quería alguien suave para ella —Celia fingió pensar—. ¿Qué hay
sobre un modelo? No son tan inalcanzables como toda la gente piensa. Están
muriendo de inseguridad por su apariencia, sus estándares no son muy altos.
—Muchas gracias —dijo Neve, retorciéndose en su asiento, con fastidio—.
Mira, es dulce que me invitaras, pero no encajo aquí. Todo el mundo es
hermoso y con clase y me siento como una vieja solterona.
—No, eso no es así —Jadeó Celia—. Te ves genial en ese vestido.
—No tanto como debería —Neve le recordó—. No me siento cómoda
aquí y ese hombre junto a la barra ha estado mirando hacia aquí y sonriéndoles
durante los últimos cinco minutos.
Mientras Yuri y Celia lo miraban, él levantó su copa a modo de saludo y
no pareció perturbado de que ellas estuvieran hablando sobre él.
—No nos está sonriendo, está comiéndonos con la mirada. —Yuri le
informó a Neve.
—¿Qué significa eso?
—Max se come con la mirada a todos —dijo Celia con indiferencia—. Él
es nuestro Editor de Contenido, es un completo mujeriego y no es, repito, no es
el tipo de hombre con quien jugar a coquetear, Nevy. Te comería para el
desayuno y aún tendría hambre.
A pesar de que ella estaba tratando de ignorarlo, Neve miró a través de
su bebida y la habitación para darle una mirada al jefe de la revista, pero
ahora él estaba comiéndose con la mirada a dos bonitas chicas rubias.
—Creo que probablemente estaba comien… mirándolas a ustedes dos,
no a mí, incluso, si intentara conmigo, yo puedo cuidar de mí misma —insistió
Neve, acariciando la mano de su hermana, porque de repente Celia se veía
muy acalorada y sonrojada. A pesar de que podría ser por culpa de su traje
demasiado abrigador.
—No puedes cuidar de ti misma —insistió Celia agudamente—. Tienes
cero experiencia con hombres como ese. Has llevado una vida protegida.
—Emites un vibra virgen —reflexionó Yuri—. ¿Has tenido sexo, verdad?
Neve se atragantó con un sorbo de vino. —¡Claro que sí! Bueno, eso creo.
Comencé a hacerlo, pero me dolía tanto y fue tan horrible… Dios, no estoy
teniendo esta conversación. —Cruzó sus brazos y miró a Celia severamente.
Celia era a la única persona que le dirigía una mirada severa—. Soy mayor que
tú por tres años, así que deja de tratar de buscarme pareja.
—Solo te advierto sobre el malvado lobo feroz.


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—Bueno, no hay necesidad —comenzó a decir Neve, mientras miraba
hacia la barra de nuevo para conseguir ver por tercera vez al Editor de
Contenido de Skirt, quien ahora tenía cada brazo sobre las chicas rubias—.
Nunca he visto un auténtico sin vergüenza en persona antes. Debería tener un
bigote pintando, ¿No?
Celia miró a su hermana con cariñosa exasperación. —Él no es un sin
vergüenza como los hombres de esos libros que lees, Nevy —dijo mordaz—. Él es
un prostituto del siglo XXI.
—Sí, él es totalmente superficial —agregó Yuri.
Celia le dio a Neve un codazo en las costillas. —De todos modos, ya
basta de hablar de Max. No vas a conocer a un hombre sentada aquí en esta
esquina.
—¿Pero no te parece que salir de casa y estar en la esquina de un club
ya es progreso? Vamos paso por paso… Por favor, Celia, ¡Deja de presionarme!
Celia metió una mano debajo de la axila de Neve y con la ayuda de Yuri
la levantaron. —Vamos a socializar. Será divertido —dijo con una sonrisa de
determinación.
Esto no sería divertido. No sería ni un poco divertido. Neve tomó su bebida
y se quedó pegada al lado de Celia, apartándose solo las veces en que la
correa de su bolso resbalaba mientras Celia hacía enérgicos movimientos de
baile o se giraba al mirar a todos los hombres con pantalones pitillos y camisas
ajustadas y cortes de pelo extraños. Al igual que Martyn, el corrector
ortográfico, todos ellos estaban poco interesados en Neve, pero eran vagos y
amables con ella porque querían quedar bien con Celia.
Una bebida más, entonces definitivamente me iré a casa, se prometió
Neve a sí misma, mientras Celia la arrastraba hasta el bar. —Ahora, ir hacia el
bar es una excelente manera de conocer a un hombre —le dijo Celia—.
Especialmente si hay fila —agregó, usando sus codos para hacerla avanzar a
través de la multitud que esperaba ser servida—. Mira alrededor y asegúrate de
llamar la atención de un hombre guapo, luego le das una sonrisa y él vendrá a
platicar contigo mientras esperas. Entonces él pagara tus bebidas, porque hola,
eres una chica, le estás ofreciendo una oportunidad y él debe de tomarla, él
pagará por ti y listo.
—Estoy segura de que recordaré eso —murmuró Neve, pero Celia ya
estaban analizando al hombre que estaba a su lado y el tiempo en que
tardaría ser atendida.


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—Oh, pobre Nevy, te ves tan miserable —musitó ella, cuando finalmente
tomaron sus bebidas gratis, cortesía de las habilidades de coqueteo de Celia—.
¿Sabes qué? Vamos a sentarnos durante cinco minutos, antes de que
comencemos la Operación Cacería otra vez.
—No voy a llamarlo de esa manera. Lo llamaré Operación Ligero
Coqueteo —insistió Neve, mientras seguía a Celia a un rincón oscuro, donde
había un par de sofás y un par de sillones alrededor de una mesa de café.
—Como sea. Vamos a platicar aquí. —Celia ya estaba caminando sobre
las piernas de las personas que estaban sentadas, para llegar a un sofá
desocupado. Se sentó y acarició el asiento a su lado—. Ven a aquí. Pon ese
jodido trasero tuyo aquí.
Neve caminó sobre las piernas de las personas mientras tropezaba y
pedía disculpas en voz alta, lo cual tuvo que hacer con más entusiasmo
cuando una chica le frunció el ceño, casi cuando llegaba al sofá.
Celia miró su teléfono para comprobar sus mensajes, mientras Neve trató
de tirar de sus medias y bragas, las cuales estaban bajando otra vez.
—¿Están seguras de que ninguna de ustedes son modelos?
Neve y Celia rodaron sus ojos, Celia lo hizo con humor y Neve gimió al
instante, por olvidarse de que tenían público, luego miraron hacia la esquina
donde el famoso Max estaba haciendo acopio a la altura de su reputación.
Neve había imaginado que un gigoló tendría una apariencia distinta.
Max era bastante atractivo, con unos enormes ojos enmarcados con largas
pestañas, pómulos pronunciados, su labio inferior sobresalido, pero su rostro era
demasiado hermoso para su nariz, la cual parecía haber sido rota por el novio
de alguien, y su cabello, que continuamente apartaba de su rostro, parecía
que necesitaba una buena lavada. Estaba usando una camisa negra
arrugada, un par de pantalones de vestir con los dobladillos deshilachados y
unos Converses sucios.
Le tomó a Neve menos de cinco segundos de mirarlo, para decidir que él
no era su tipo. Y ella seguramente no era el suyo, a juzgar por las dos rubias con
las que él estuvo hablando hace rato y que ahora estaban en su regazo y se
reían locamente mientras las abrazaba. —Bueno, al menos díganme si son
gemelas, entonces. He estado con trillizas antes, pero nunca con gemelas.
Celia resopló con humor. —Un mujeriego, ¿Ahora me crees?
Neve tenía algunas palabras que podrían describirlo, pero solo había
pensado en “prostituto” cuando ella sintió algo frío, duro y húmedo


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golpeándola en su pecho. Gritó de sorpresa mientras el cubo de hielo se
deslizaba por su escote y se adentraba en su vestido.
—¿Cómo… te… atreves…?
—Oye, imbécil, ¿Acabas de tirarle algo a mi hermana? —espetó Celia a
Max. Neve intentó sacar el cubo de hielo de su ajustado corpiño, pero se
derretía rápidamente en contra de sus dedos calientes y todo lo que obtenía
era un chorrito de agua helada deslizándose, que solo se detuvo cuando llegó
hasta sus medias—. ¿Cuál es tu problema?
Max miró a Neve, y luego su mirada se apartó como si ella no valiera la
pena mirar más de un segundo más. —Sí, lo siento —dijo alegremente,
dirigiéndose a Celia y deslumbrándola con una sonrisa brillante que parecía
estudiada—. No fue a propósito. Quería saber si tu hablabas Ruso o Polaco, o
algo por el estilo. Estas chicas no hablan nuestro idioma.
—No, no lo hago. —Celia hizo un gran show tratando de defender a
Neve, así que ella se apartó porque ya era lo suficientemente humillante que
Celia la tratara como una niña traviesa que tuvo un accidente con la botella
de salsa de tomate—. Esta es mi hermana, Neve, a quien acabas de lanzarle un
misil en el aire.
—Cállate —susurró Neve, apenas moviendo sus labios, cada uno de sus
latidos era de mortificación. No era como si Max lo notara; estaba dándole a
Celia toda su atención, incluso, mientras acariciaba el cuello de una de las
risueñas chicas extranjeras que estaban sobre su regazo—. No hagas esto más
grande.
—Dije que lo siento. Mira, ¿Hay una aplicación para el iPhone que me
puede decir en qué idioma están hablando? —Preguntó Max con seriedad—. Y
necesito una aplicación que traduzca lo que yo estoy diciendo a su lenguaje,
porque estoy malgastando mis mejores líneas aquí.
Era absolutamente venenoso, pensó Neve, mientras Celia dejaba
escapar una risa. Esto era desagradable. Superficial. Era una humillación que ni
siquiera tomara en cuenta la presencia de una mujer que no estaba a la altura
de sus estándares de clichés de la pulcritud femenina.
—Celia, me voy a casa ahora mismo —dijo Neve con su voz más firme,
pero Celia estaba feliz con el enemigo y tecleaba en su iPhone como si
deseara que hubiera una aplicación para su móvil que pudiera decirle dónde
comprar la ropa que uno de sus amigos vestía—. ¡Celia!


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—Vale, vale, adelántate —se quejó Celia, poniéndose de pie—. Solo
queda una media hora antes de que nos corran de aquí, pero igual podríamos
quedarnos un poco más. Te veo más tarde, Max.
Max ni siquiera se dignó a responder porque estaba acariciando el cuello
de la chica de nuevo, así que solo se despidió con una mano en su dirección.
—Qué hombre tan, tan, horrible —dijo Neve cuando salieron del área de
los sofás—. Era como estar de regreso en Oxford y tener a esos chicos mimados
burlándose de mí.
—Si te sirve de consuelo, Max es mucho más agradable cuando no está
alrededor de chicas rubias semi desnudas.
—Bueno, no lo creo. —Neve suspiró, luego mordió su labio inferior—. Me
voy. No quiero perder el último metro.
—Vale, pero podrías sostener mi bolsa un segundo, solo quiero tener un
baile más —dijo Celia, sin esperar a que Neve respondiera pero dándole el
bolso a su hermana.



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Traducido por Mery St. Clair
Corregido por tamis11

ue hasta media hora más tarde, cuando estuvieron en la calle y la
fría noche de enero lanzaba un centenar de dagas de hielo en su
rostro, cuando Neve notó que no estaba exactamente sobria.
Borracha tampoco. Pero en algún punto intermedio. Estaba de pie
afuera del club, temblando en su abrigo y preocupada por alcanzar la última
línea del tren, mientras ella y Celia esperaban que Yuri consiguiera su patineta
del guardarropa. Yuri nunca salía a algún lado sin ella, a pesar de que Neve
nunca la había visto patinar.
—Vamos, vayamos a Soho House a otra fiesta —dijo Celia, entrelazando
su brazo con el de Neve—. Grace va a unirse a nosotras allí.
Grace era más importante que Celia en la cadena alimenticia de Skirt;
Era una chica de apariencia sombría que Neve nunca vio antes, aunque se las
arreglaba para dedicarle una sonrisa.
—Me voy a casa —dijo Neve firmemente, desenredándose de Celia—. Ya
he tenido suficiente emoción por una noche.
—Apenas has tenido algo de emoción —dijo Celia, haciendo un mohín—.
Esto será divertido.
—He excedido mi cuota de diversión de este mes —le dijo Neve—. Ahora,
antes de que me vaya, puedes asegurarte de que tú o Yuri tengan sus llaves,
porque no te quiero tocando mi timbre a las tres de la mañana.
—Eso sólo sucedió una vez…
—Creo que quieres decir una en este mes. Muéstrame tus llaves.
Las llaves salieron a la luz finalmente, después de una búsqueda frenética
en los bolsillos del traje de Celia y su bolso, justo entonces Yuri por fin salió del
club con su patineta bajo el brazo.
Mientras Neve insistía en que no estaba borracha y que realmente se
había ido sola a su casa en el metro en muchas ocasiones, pudo oír una
conmoción detrás de ella. Se dio la vuelta para ver a Max rodeado por una
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pandilla de chicas Skirt, mientras proclamaba con tristeza: —Bueno, no estoy
seguro si ellas son mayores de edad, y tampoco hablan mi idioma, así que
tengo que disculparme. Es una lástima, están buenísimas.
Hubo un coro de “Pobrecito Max” antes de que Neve se volviera hacia
Celia y Yuri. Él era realmente odioso.
—No llegues demasiado tarde. —Le recordó a Celia—. Tienes una sesión
de fotos mañana temprano.
Celia hizo una mueca. —Sí, mamá.
—Como sea, ¿Cuál de estas damas vendrá a casa conmigo? —Exigió
Max detrás de ellas—. Gracie, ¿No crees que te merezcas poder deslizarte entre
mis sabanas una vez más? Te haré desayuno y te acompañaré a la parada de
autobuses en la mañana.
—Hmm, que oferta tan tentadora, Max, pero me he prohibido follar con
mujeriegos como propósito de año nuevo —fue la agria respuesta.
Neve rodó sus ojos, después comprobó que llevaba su tarjeta de metro y
gas pimienta.
—Bien, bueno, me voy —dijo enérgicamente.
—¿Celia? ¿Chica Patinadora? —Él aún estaba tratando de conseguir
compañía para esa noche, Neve besó la mejilla de Celia, y se giró para dirigirse
hacia el metro, cuando sintió una mano golpeando su trasero—. ¿Y qué hay de
ti? Tienes mucho trasero del cual agarrar. Me gusta eso en una mujer.
Neve dejó escapar un chillido furioso, sus ojos parpadearon rápidamente
llenos de lágrimas. —Bien, me voy —se atragantó, mientras Celia la miraba con
horror—. Nos vemos.
—Entonces, ¿Eso es un no? —gritó Max detrás de ella, mientras Neve se
apresuraba a cruzar la seguridad que ofrecía el otro lado de la calle y trataba
de desaparecer sus ojos acuosos. Max no era un sinvergüenza. Un sinvergüenza
nunca trataría tan mal a una mujer. Max era, sencillamente, algo más bajo que
eso. Exactamente lo mismo que esos chicos mimados y groseros de Oxford,
quienes únicamente notaban a Neve cuando querían reírse a sus expensas.
Se detuvo por un segundo, para tomar una profunda respiración y
recobrar el control. Todavía se sentía molesta cuando comenzó a caminar de
nuevo, pero por lo menos Neve no se sentía a punto de estallar en lágrimas. No
todos los hombres eran como Max, sabía que eso era un hecho, y no debía
dejar que… un mujeriego le afectara, incluso si él hubiera atraído la atención


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de todo el mundo hablando del tamaño de su trasero y prácticamente la
manoseó.
A pesar de que era una noche muy fría, Neve estaba rodeada de una
multitud de gente que fumaba afuera de los bares y clubs. Era bien pasada la
medianoche y deseó acurrucarse en su cama, debajo de sus cobertores, con
una taza de té. El solo pensamiento hizo que Neve apresurara su paso,
especialmente cuando notó que alguien estaba a unos pasos detrás de ella.
Estaba tratando de reunir el coraje para decir: —No, no quiero compartir un
taxi, muchas gracias —cuando se dio cuenta de que era Max.
—Dios, caminas rápido —dijo alegremente—. He estado tratando de
alcanzarte desde que cruzaste la calle.
—No es necesario que me siguieras —dijo Neve, deteniéndose, con las
manos en sus caderas y mirándolo fijamente.
Debajo de los faroles y el resplandor de las luces de neón, Neve podía ver
que su cabello no estaba sucio, pero era de un sedoso castaño oscuro y su piel
tenía un color oliva, que seguramente se bronceaba con solo salir un poco
hacia el sol. Lo cual no era lo importante ahora. No importaba cuán atractivo
era cuando tenía un alma tan fea.
Max extendió sus manos. —Mira, siento haberte dado una nalgada. Fue
imperdonable y me has recordado que la mayoría de las mujeres no tienen una
actitud tan liberal al ser tocadas de manera inapropiada, como la mayoría de
las chicas de la oficina lo hacen.
Era una excusa pobre para una disculpa. —Tu dijiste… tu dijiste…
—Para ser honesto, no fue en serio que tuvieras mucho trasero que
agarrar, fue solo una línea. Realmente no quería molestarte —Max sonó sincero
y la miró con su ceño fruncido.
—Bien —dijo Neve, aunque era un “Bien” del tipo enojado—. Disculpa
aceptada, supongo.
Comenzó a caminar otra vez. Max lo hizo también. Caminó a su lado
como si fueran amigos.
—Entonces, ¿Dónde vas?
—Voy al metro —dijo Neve, porque ella no tenía las agallas para ignorarlo
deliberadamente.
—¿Dónde vives? —preguntó él, casualmente.


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Si por algún extraño giro del destino Max hubiera decidido pasar la noche
con ella, entonces él se iba a llevar una gran decepción. —Finsburk Park —dijo
escuetamente Neve.
—Voy en esa dirección también. Vivo en Crouch End. ¿Quieres compartir
un taxi negro?
Los taxi negros eran una extravagancia que Neve no podía pagar, no es
que no trajera dinero para pagarlo, pero esa no fue la razón por la cual declinó.
—No, gracias. Estoy perfectamente bien con ir en metro.
—De acuerdo, metro será —Concordó Max, porque él, obviamente,
identificó el tono seco y pudo sentir la falta de paciencia que Neve
seguramente estaba emitiendo—. Aún estás enojada conmigo, ¿Verdad?
—Te disculpaste, ¿Por qué aún seguiría molesta contigo?
—Un día nos reiremos de esto. Cuando el pequeño Tommy pregunte
cómo nos conocimos, yo le diré: “Bueno, hijo, le lancé un cubo de hielo a tu
madre, azoté su trasero, y hemos sido inseparables desde entonces.”
Neve pudo sentir su boca haciendo algo muy extraño. Se sentía como si
estuviera sonriendo, y cuando Max le devolvió la sonrisa, pudo entender por
qué las chicas de Skirt le perdonaban que fuera tan terriblemente coqueto. Fue
la sugerente sonrisa junto con la mirada lasciva hacia Neve, que la hizo sentir
como si ella fuera sensual y deseable y valiosa. De hecho, fue una sonrisa tan
contagiosa que Neve no tuvo fuerza para resistirse a su potente encanto.
—Vamos, entonces —dijo—. No quiero perderme el último metro.
Estar caminando entre las bulliciosas calles, significaba que no tenían que
hablar, y pronto entraron en el agradable calor de la estación. Neve siempre
caminaba por las escaleras eléctricas, por lo que lo hizo sin pensar, así que ni
siquiera se dio la vuelta para ver si Max la seguía sin moverse. El estruendoso
ruido de un músico callejero tocando “Hey Jude” era cada vez más fuerte,
hasta que ella salió de las escaleras. Max estuvo justo detrás de ella, sin siquiera
tocarla, pero lo suficientemente cerca para recordarle a qué línea debía
dirigirse cuando ella se confundió.
—Está lleno de gente —se quejó Neve mientras caminaban en la multitud
de la plataforma—. Está tan feo como en la hora punta.
Max la tomó del codo. —Vamos hasta el final, hay más oportunidades de
encontrar un asiento.


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Mientras llegaban al final de la plataforma, el tres chirrió entrando en la
estación. Max tenía razón: Allí había muchos asientos vacíos. Neve se dejó caer
en uno y se quitó su gorro de lana.
—Uno nunca debería entrar en el primer y último vagón —dijo—. Si
tuviéramos una colisión nos llevaríamos toda la fuerza de impacto.
—Bueno, estoy dispuesto a correr el riesgo, si eso significa que consigo un
asiento —dijo Max, sentándose a su lado y estirando sus largas piernas. Le dio a
Neve una mirada de reojo con esos ojos tupidos de extra largas pestañas—. Así
que aquí estamos.
—¿No querías ir a Soho House con los demás?
—Tenía que irme temprano esta noche —dijo Max con una sonrisa que
definitivamente rayaba en lo lascivo en este momento—. Normalmente soy el
último en irme, pero tengo una reunión en Wolseley con mi agente. El hombre
es un sádico, siempre me obliga a salir de la cama casi a la madrugada.
—Sé lo que quieres decir —dijo Neve con compresión. No tenía
desayunos de trabajo con agentes, en los restaurantes más elegantes de
Londres, pero cinco días a la semana su alarma sonaba insistentemente a las
seis. Miró su reloj con molestia—. Tengo que despertarme en cinco horas y
media.
—No hay mucha lógica en irte a la cama, ¿No? —Max se removió en su
asiento para que su brazo y pierna se presionara contra Neve—. Estoy seguro de
que encontraremos algo que hacer para pasar el rato.
Lo dijo a la ligera y con esa sonrisa tan descarada que Neve no lo tomó a
mal. En cambio, ella sonrió, segura de que había mucha lógica en irse sola a la
cama para dormir profundamente durante cinco horas.
—Así que, ¿Por qué tienes un agente? —Preguntó, tratando de cambiar
el tema—. ¿Todos los Editores de Contenido tienen uno?
—Sólo aquellos que escriben novelas famosas —reveló Max con algo de
molestia, como si no pudiera creer que Neve necesitara más información—.
Bueno, técnicamente soy un escritor fantasma, pero entre tú y yo, Mandy no es
una Iris Murdoch
2
por sufrir insomnio.
—Bueno, Iris Murdoch ha estado muerta desde hace varios años —
murmuró Neve. Sin embargo, Max dejó de mirarla con expectación, como si sus
novelas famosas merecían más reacción—. Lo siento, ¿Quién es Mandy?

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Iris Murdoch, escritora irlandesa famosa por sus novelas con tramas de índole moral y sexual.


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Max dejó de relajarse en su asiento y se sentó recto. —Mandy —repitió
con impaciencia.
—No puedo reconocer el nombre —dijo Neve—. ¿Es una de esas
personas muy famosas que no necesitan usar su apellido?
Él resopló burlescamente. —Sí, claro. Mandy McIntyre. Es solo la escritora
WAG
3
más famosa de Gran Bretaña.
—Hmm… déjame hacer memoria de nuevo —pidió Neve—. Siempre se
me olvida lo que significa, pero recuerdo que es algo que no tiene sentido.
—No sabes lo que es WAG, ¿Verdad? —preguntó Max, con
incredulidad—. El grupo de esposas y novias de futbolistas.
—¡Oh! Ves, esa es la parte que no tiene sentido. ¿Si son un grupo de
esposas y novias de futbolistas porque no es FWAG
4
? Es difícil de entenderlo —
Neve pensó para sí misma las abreviaciones, mientras Max la miraba
fijamente—. No, para mi sigue sin tener sentido. Como sea, nunca he
escuchado de esa autora, pero no veo mucha televisión. Escribe novelas,
¿Verdad? ¿O tú las escribes por ella?
Neve estaba tratando de no sonar con mucha desaprobación al saber
que alguna novia de un futbolista pudiera tener un contrato por un libro,
cuando ella conoce al menos a tres aspirantes a novelistas provenientes de
buenas universidades, que trabajan con un salario mínimo y ni siquiera
conseguirían un cuento publicado. Supuso que supo contener su indignación
mientras las comisuras de la boca de Max se curvaron.
—Bueno, Mandy y yo trabajamos en conjunto —dijo—. La entrevisté para
Skirt y congeniamos, así que me preguntó si podría ser su escritor fantasma para
sus memorias.
—Oh, debe de ser muy vieja si ya tendrá sus memorias publicadas.
—Tiene veintidós —dijo Max—. Entonces, después de la autobiografía de
Mandy, escribiremos una Guía de Estilo y ahora estoy trabajando en su cuarta
novela.
—Pero pensé que habías dicho que trabajan en conjunto —Todo esto era
muy confuso, especialmente cuando ella había tomado demasiadas copas de
vino.

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WAG, Wifes and Girlfriend. La prensa rosa de Gran Bretaña ha nombrado así a las esposas y
novias de los futbolistas.
4
FWAG, Footballers’ wives and girlfriends.


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—El editor pensó que sería una buena idea la imagen de una chica joven
que trabajaba en un supermercado cuando salió con un futbolista, luego
Mandy y yo tuvimos una lluvia de ideas de algunos escenarios, yo lo
perfeccioné y tres novelas más tarde, nosotros hemos vendido un millón de
libros. La serie ha sido traducida a veintitrés idiomas diferentes y estamos en
pláticas con una compañía productora —dijo Max orgullosamente—. Deberías
leer uno. Cada mujer que conozco está secretamente enamorada de ellos.
—Mira, yo no leo ese tipo de novela —dijo Neve, y de inmediato notó
cuán engreída sonó, la sonrisa de Max fue un buen indicador. Francamente
trató de retractarse—. Sin embargo, suena muy injusto, Quiero decir, tú haces
todo el trabajo y ella se lleva todo el crédito y las regalías.
—No todas las regalías —objetó Max. Él negó con su cabeza—. ¿Por qué
no sabes quién es ella? ¿Vives debajo de una gran roca?
—La verdad es que no estoy muy interesada en las celebridades —
explicó Neve cuidadosamente—. Todo eso me parece superficial, y de todos
modos, ya tengo mucho que leer en mi trabajo, así que…
—¿Cuál es tu trabajo? —Exigió, beligerantemente, Max—. Supongo que
será algo completamente digno y poco superficial, como encontrar la cura
para el cáncer o solucionar la hambruna mundial.
No había dicho que él fuera superficial, así que Max no tenía por qué ser
tan insolente. —Trabajo en un archivo literario —Le informó Neve con frialdad—.
Soy una archivista de alto nivel.
—¿Qué? ¿Cómo una bibliotecaria o algo así?
—No es en lo más mínimo una bibliotecaria —espetó Neve—. Y proteger
trabajos literarios para las futuras generaciones es un trabajo muy valioso y
gratificante.
—Sí tú lo dices —dijo Max con desdén—. Suena un poco aburrido para mí.
Neve se guardó su comentario sobre lo que pensaba de sus líneas de
coqueteo y de seguirla hasta la estación del metro.
Tan pronto como el tren se detuvo, estuvo fuera de su asiento y
atravesando las puertas antes de que terminaran de abrirse. Luego caminó
tambaleándose por las escaleras con esos zapatos que eran oficialmente un
instrumento de tortura, y correría por el largo pasillo que la dirigiría hasta la
calle, si no tuviera atrapada con un hombre de maletín impidiéndole el paso.
No pasó mucho tiempo antes de que Max la alcanzara, a pesar de que
Neve no podía imaginar por qué la seguía. Si las posiciones estuvieran al revés,


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se escondería en la plataforma por algunos minutos, hasta asegurarse de que él
se hubiera ido.
—¿Esto será lo que haremos siempre en nuestra relación? —le preguntó,
su cuerpo pasaba el lector de tarjetas de metro primero—. ¿Digo algo
medianamente polémico, te molestas y luego tengo que correr detrás de ti
para poder disculparme?
—No tenemos una relación. —Le recordó Neve. No debería sentirse bien,
no debería sonreír, ni dejarse llevar por el arrollador encanto de Max, pero que
Dios la ayudara, ella sonrió—. Bien. Debes disculparte. Una vez más. ¿No es ese
tu autobús?
Ambos vieron la línea W7 doblar en una esquina. —Claro, pero en vez de
disculparme, ¿Por qué no nos besamos? —sugirió Max a la ligera.
Estaban de pie frente al mapa del metro de Londres, sus manos
enfundadas en sus respectivos bolsillos. Neve miró a Max, para ver si estaba
bromeando, porque, francamente, tenía que estar bromeando. Los hombres
como Max que tenían glamorosos trabajos y se rodeaba de chicas WAG no
besaban a mujeres como ella.
—¿Quieres besarme? —preguntó con voz trémula.
—Bueno, sería un buen final para cuando le diga al pequeño Tommy la
historia de cómo nos conocimos —dijo Max, y Neve no estaba sonriendo,
estaba riendo, a pesar de que por regla general ella no reía—. La pregunta es,
¿Puedo besarte aquí o en frente de tu puerta, después de que te acompañe a
tu casa, justo antes de que me invites un café?
Neve frunció el ceño. Toda esta situación se escapaba de sus manos.
Estaba comenzando a caer en su juego de coqueteo y ahora Max había
corrido detrás de ella para besarla y… —¿Un café?
—¿Realmente estamos haciendo esto? —Max parecía exasperado—. No
es por un café. Es para esto.
Sus manos estaban fuera de sus bolsillos y alrededor de su cintura antes
de que Neve tuviera tiempo de parpadear o de sumir su estómago. Lo único
que podía hacer era mirar el rostro de Max acercándose cada vez más. El beso
era inevitable, pero ella todavía pensando, cuando Max rozó sus labios con los
suyos.
Neve no se apartó, pero tampoco se movió más cerca, sólo se quedo
absolutamente quieta, para vez a donde los conduciría esto.


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—Me encanta tu labial rojo —murmuró Max, como si estuvieran solos en
su apartamento y no afuera de la estación del metro con el viento silbando a su
alrededor y los contenedores de basura a sus lados—. Es tan sexy.
Neve sabía que sólo era una frase para entrar en sus bragas, deseó que él
no hablara tan tristemente. Abrió su boca para decir algo, para decirle a Max
que el labial rojo era sólo una falsa publicidad, que Celia la obligó, pero sus
palabras se perdieron cuando Max levantó su pulgar hacia su boca y
lentamente y deliberadamente lo borró.
—¿Por qué hiciste eso? —Neve tocó sus labios con los dedos, los cuales
hormigueaban como si él los hubiera besado por horas.
—Porque quiero besarte otra vez y el rojo no es mi color. Usualmente me
inclinó hacia los colores rosados —dijo Max, y Neve se preguntó con cuántas
chicas había practicado esa línea para conseguir que las palabras correctas
salieran con naturalidad. Él, sin duda, ha besado a muchas mujeres, realmente
sabía lo que estaba haciendo, así que, ¿Por qué no tomarlo como una
experiencia educativa?
—Bueno, adelante entonces —dijo con lo que esperaba fuera un tono
desafiante—. Bésame si quieres.
Esta vez Neve estaba lista, echando su cabeza hacia atrás mientras Max
tomaba su mejilla y la besaba lentamente. Sólo labios sobre labios, nada más
que fricción, pero eso envió un millón de chispas disparadas desde sus brazos,
hasta sus piernas, así que Neve flexionó sus dedos y trató de curvar los dedos de
sus pies en sus apretados zapatos. Este era su tercer beso. La primera vez había
sido una horrorosa colisión con la lengua de su primo lejano, en una boda
donde ella estaba borracha y, la segunda, había sido con un estudiante de
Filosofía, que pudo o no haber tomado su virginidad, y eso fue porque ella
consumió un montón de panqueques, los cuales descubrió más tarde habían
sido mezclados con marihuana. Esos apenas contaban. Se considera que este
era su primer beso, el tipo de beso que ella solo había leído a escondidas en los
libros de la estantería de su abuela.
Neve hizo lo que recordó que las heroínas hacían y llevó sus brazos
alrededor del cuello de Max soltando un pequeño suspiro extasiado mientras el
beso se volvía más profundo, más caliente, y sólo se detuvieron cuando alguien
al otro lado de la calle gritó: —¡Consíganse una habitación!
Su gorro se había caído con toda la excitación. Max se agachó para
recogerlo, mientras Neve trataba de regular su respiración. Realmente debería
tener más control de la situación.


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—Entonces, ¿Qué piensas? —preguntó Max colocando el gorro de
regreso a la cabeza de Neve, tirando de él sobre sus ojos y sonriendo cuando
ella frunció el ceño y lo ajustó—. ¿Tomamos el autobús a tu casa o a la mía?
Neve nunca había sido buena tomando una decisión rápida. Incluso
elegir un DVD en Blockbuster podría ser toda una experiencia y ella necesitaba
al menos una semana para pensar en esta pregunta, pero Max estaba dando
golpecitos con su pie de impaciencia.
—Bueno, yo… yo no… creo que ya perdiste tu último autobús —
tartamudeó, mirando fijamente el botón del abrigo de lana de Max, porque
perdería el control si lo miraba a la cara. Ella le daría un café y pasarían una
media hora dándose esos apasionados besos, luego lo echaría de su casa—.
Supongo que estará bien.
Max asintió. —Genial. —Se detuvo—. Por cierto, no creo que siquiera haya
dicho tu nombre.


















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Traducido por Annabelle
Corregido por tamis11

l Parque Finsbury era un área de Londres que se suponía ser solo de
pasada, pero, aún así, no lograba ser solo de eso. Si girabas hacia la
derecha cuando salías de la estación del metro y caminabas
debajo del puente, todo era un laberinto sin alma de oficinas de
mini taxis, quioscos de comida rápida y pandillas con sudaderas.
Pero Neve siempre caminaba hacia la izquierda y pasaba los pequeños
supermercados con puestos exhibiendo frutas exóticas y vegetales, la tienda de
belleza Afro-Caribeña que mostraba por la ventana cabezas de maniquís con
distintas pelucas, el pescadero y el camino hacia Old Dairy, que ahora era un
pub gastronómico. Cuando los padres de Neve se habían casado y mudado a
una casita a pocas calles de distancia del pub de su abuela en Stroud Green
Rode, el área era una mugrienta colección de tiendas de apuestas sin licencias
y terrazas desmoronadas, convertidas en pequeños pisos; el típico lugar donde
no se podía estar afuera hasta muy tarde. Sin embargo, en los últimos diez años,
las calles de casas Victorianas sólidas y con terrazas, el gran parque y la ruta de
diez minutos hacia el Circo de Oxford, se habían convertido en clase media.
Neve no podía imaginarse viviendo en ningún otro lugar. Había estado
tres años en Oxford, pero los encantadores capiteles, iglesias medievales y las
bateas flotando en el río, carecían completamente de la poesía del apuro de
las multitudes caminando fuera de la estación cuando Arsenal jugaba en casa
o cuando el sol caía en sombras moteadas sobre el camino de Parkland.
Además, ¿Quién querría vivir en un lugar donde no pudieses conseguir una lata
de refresco y una bolsa de papitas luego de la medianoche, a solo dos minutos
de abrir tu puerta de enfrente?
No obstante, era la primera vez que Neve caminaba por estas calles, tan
familiares, con un hombre que no era miembro de su familia, ni gay. Neve no
estaba segura de cuál sería el tema de conversación adecuado para un
prácticamente extraño que llevabas a tu apartamento para darse besos y
posiblemente algunas de las otras cosas que iban junto con los besos. Pero
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luego Max comenzó a hablar sobre la prostituta que podía ser completamente
visible debajo del puente, tambaleándose por los rieles con una botella de
sidra, y sobre: ―¿Alguna vez has estado en esa tienda de caridad? Huele a las
entrañas del infierno.
Demasiado pronto llegaron a su portón. Max se detuvo un momento
como si quisiera darle la oportunidad de arrepentirse, pero Neve simplemente
abrió su portón y se apresuró por el camino hacia la casa que una vez había
sido de su abuela. Cuando había muerto, su hijo, el padre de Neve, había
convertido la propiedad en tres pisos y los dividió entre sus tres hijos. Celia
todavía se encontraba molesta por haber estado en Nueva York cuando la
conversación fue terminada y ella tuvo que quedarse con el piso de abajo.
Actualmente, Celia se encontraba contaminando su hígado en algún
lugar de Soho y la casa se encontraba oscura y en silencio, pero Neve no
encendió la luz del pasillo y, tan pronto como Max entró por la puerta, se
tropezó con su bicicleta, que se encontraba apoyada contra la pared.
El corazón de Neve saltó. Miró frenéticamente hacia arriba, esperando
que la luz del piso de arriba se encendiera y esa voz chillante comenzara a
gritar. Cuando nada ocurrió, excepto por Max maldiciendo en voz baja, se
relajó de alivio.
—Um, ¿Podrías quitarte tus zapatos? —murmuró.
—¿Por qué? —preguntó Max, en voz normal que sonaba lo
suficientemente alto para despertar a los muertos.
—Debes mantener tu voz baja —siseó Neve—. Mi hermano y mi cuñada
son los dueños del primer piso y ella es… una perra mala y psicópata… muy
sensible al sonido. Por favor, Max.
Estaba demasiado oscuro para ver nada, pero Neve estaba segura de
poder oír como Max rodó sus ojos con gran fuerza. —De acuerdo —dijo en un
susurró falso, quitándose sus Converse.
Subieron las escaleras, Neve sostuvo su aliento hasta que estuvieron lejos
del primer piso y pudo exhalar muy silenciosamente. Con cuidado introdujo la
llave en su puerta cuando llegaron hasta su piso.
—Esto me recuerda a cuando era adolescente y las chicas me metían a
hurtadillas a sus casas mientras sus padres dormían arriba. —Murmuró Max
mientras Neve lo callaba frenéticamente y lo empujaba por la puerta.
—Perdón por eso —murmuró, encendiendo la luz del vestíbulo. Fue a
desabotonarse su abrigo y se heló porque ahora en su sala, con Max alrededor,
la realidad comenzaba a penetrar. Tenía a un hombre en su piso, quien había


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venido a casa con ella con el simple propósito de poner sus manos en su
cuerpo, y súbitamente, quitarse el abrigo se sentía como desnudarse. Y aunque
no había manera de que tuviera sexo con Max, todavía estaba el toque, y con
la forma en que lo había besado afuera de la estación del metro, Max
esperaría… Dios, no sabía lo que él esperaría, y de alguna manera eso era lo
más aterrador de todo.
Neve no sabía qué hacer con sus manos aparte de simplemente dejarlas
revolotear sin hacer más nada, mientras Max deshacía el nudo de su bufanda y
se quitaba su abrigo. —¿Debo colgarlos aquí? —preguntó, señalando hacia lo
ganchos en la pared.
—Sí. —Neve hizo un lento giro como si nunca hubiese estado en su piso
antes e intentaba reconocer su alrededor—. La sala de estar es por acá.
Imaginó que podía sentir el aliento de Max detrás de su cuello mientras
entraba hacia la sala y encendía un par de lámparas; el único modo en que
superaría esto con algo de su dignidad todavía intacta, era si disminuía la luz.
Max tomó asiento en el sofá que Neve señaló y miró alrededor con
interés. La sala originalmente habían sido dos habitaciones, ahora era un cuarto
gigante alineado en dos paredes, con estanterías desde el suelo hasta el techo.
Ni Douglas ni Celia habían querido los muebles antiguos de su abuela, así que
Neve había reclamado el sofá de cuero Chesterfield y dos sillones de rojo
terciopelo. En la esquina más alejada de la habitación se encontraba su
escritorio, puesto frente a la ventana, para que pudiese ver hacia los rieles y el
bosque. Y entonces estaban los libros, no solamente en los estantes, sino
también apilados sobre el escritorio y desordenados sobre el piso de madera,
los cuales su padre había insistido en que limpiara y barnizara, e incluso los libros
luchaban por espacio contra la colección de Clarice Cliff
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en la repisa de la
chimenea. La computadora, la televisión y la base se su IPod lucían como si
fuesen importados de otro universo.
Max simplemente asintió y sonrió. Era como una especie de sonrisa
secreta, como si no estuviese satisfecho con la habitación sino con algo más
que no quería compartir. —No entiendo cómo tu cuñada se vuelve tan loca
por el completamente razonable sonido de alguien subiendo por las escaleras
cuando vive cerca de los rieles de un tren. —remarcó Max.
A menudo, Neve se preguntaba lo mismo. —Aparentemente mis pisadas
son bastante pesadas —confesó, pero Max se rió como si el pensamiento de
Neve subiendo y bajando por las escaleras “como un rebaño de jodidos
elefantes” fuese completamente ridículo. Aunque, en ese momento, todavía

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Artista de cerámica industrial


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usando su abrigo y con sus bragas y mallas de nuevo más debajo de su sitio,
Neve se sentía más andrajosa de lo que se había sentido en meses.
—¿Tienes algo de beber? —preguntó Max, acomodándose de nuevo en
su sofá—. ¿Y vas a quitarte tu abrigo?
Neve se encontraba todavía en medio de la habitación en su tapete de
felpa art deco de imitación de IKEA
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. —Sí, lo siento, sí. Vino. Creo que solo tengo
blanco. Excepto que hay un poco del rojo, pero es bastante malo. Es vino para
cocinar…
—El blanco estaría genial —le aseguró Max—. No hay necesidad de estar
tan asustada, por cierto. No muerdo.
Al menos no había agregado “a menos que eso quieras”, pensó Neve al
quitarse su abrigo y mirar hacia su reflejo en el espejo del pasillo. Tenía un severo
caso de cabeza en forma de sombrero, su cabello era una masa de friz, y sus
mejillas sonrojadas combinaban perfecto con su labial embarrado, pero su
rostro estaba bien, era el resto de ella lo que le preocupaba.
Neve levantó su falda y subió sus medias tan arriba que casi tocaban el
borde de su brasier, luego acomodó de nuevo su vestido y se miró a si misma
críticamente. De perfil su cintura se veía muy pequeña, pero solamente era por
el amplio ensanchamiento de sus caderas e, incluso, con la mejor faja que
Marks & Sparks podía ofrecer, su estómago todavía sobresalía. El cuello en
forma de corazón de su ajustado vestido negro clásico no mostraba mucho
escote, lo que estaba muy bien, y las mangas ajustadas mantenían sus
antebrazos en orden. Neve miró hacia sus pies envueltos en las medias, el borde
de su vestido placenteramente cubría sus piernas hasta la mitad. Sí,
completamente vestida se veía aceptable, así que simplemente debía
quedarse completamente vestida, pero las medias debían irse, decidió Neve,
mientras estas se bajaban lentamente por la millonésima vez esa tarde.
Con la puerta de la cocina cerrada completamente tras ella, Neve se
quitó las medias y las guardó en la panera vacía para lidiar con ellas luego.
Había una botella de Pinot Grigio sin abrirse en la nevera y Neve se sirvió una
copa, la tomó, luego depositando la botella debajo de su brazo, volvió a la sala
donde Max se encontraba sentado en el sofá como si todas las noches
terminara en la sala de estar de alguna chica extraña. Probablemente lo hacía,
en realidad.

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Corporación multinacional neerlandesa de origen sueco dedicada a la venta minorista de
muebles y objetos para el hogar y decoración, a bajo precio y diseño contemporáneo.


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—Espero que no quieras queso y galletas —dijo Neve, dudosamente,
poniendo el vino y las copas en la mesita frente a él—. Porque no tengo. Pero sí
tengo algunas galletas de avena.
—El vino está bien —dijo Max fácilmente, mirando atentamente mientras
Neve se sentaba al otro lado del sofá, doblando las piernas debajo de ella al
tomar un cojín de lunares para tapar su estómago. —¿Lo sirvo?
—Sí, por favor.
Se pudo relajar una vez que sus dedos se curvaron alrededor de la copa,
y con su otra mano aferrada al cojín como si fuese una madre que había jurado
proteger a su hijo. Se estaba sintiendo un poco confundida y todo en la
habitación, excepto por Max, parecía estar borroso, como si alguien hubiese
embarrado sus corneas con Vaselina.
Max tomó un sorbo de su vino y Neve esperó a que hiciese un
movimiento. Había pensado que irían directo a besarse más, no a este
incómodo silencio, mientras ella se quemaba las neuronas por algo que decir.
No era como si Max pareciera enfermo de tranquilidad, lentamente tomaba de
su copa y miraba a sus llenos estantes con una expresión un poco divertida en
su rostro. Luego miró a Neve, justo a tiempo para ver la mirada ansiosa que le
estaba dando debajo de sus pestañas.
—¿Así que tú y Celia son hermanas? —preguntó Max de pronto—. No se
parecen en nada.
Era la cosa más predecible que alguien decía sobre las hermanas Slater. E
incluso después de todo este tiempo, todavía dolía. —Sí, bueno…
—Porque ella siempre está hablando de sus raíces Célticas y tú no
pareces para nada Irlandesa. —continúo Max, sin lucir ni un poco incómodo
con la expresión severa de Neve. —Eres más como una rosa Inglesa.
—Yo salí con la parte de Yorkshire de la familia —explicó Neve, forzando a
relajar sus músculos rígidos de tensión. Todo iba a estar bien. Max parecía estar
haciendo conversación y, seguramente, luego de hacer conversación, los
besos serían lo segundo en la agenda—. Celia es la imagen de nuestra abuela
Irlandesa. Tenía un fuerte puño derecho.
—¿Cómo sabías que su puño derecho era fuerte? —Quiso saber Max—.
No lo usó en ti, ¿Verdad?
—Por supuesto que no —dijo Neve, aunque su Abuelita Annie nunca
había sido capaz de resistir pinchar sus mejillas lo suficientemente fuerte para
dejar moretones—. Era dueña del pub más rudo de Stroud Green Rode y


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siempre se le encontraba en medio de las peleas para sacar a la gente y
decirles que no eran bienvenidos de por vida.
—¿Y no fuiste tentada a seguir con el negocio familiar?
Neve sacudió la cabeza. —No. Golpeo como una chica y el olor de la
cerveza me deja un poco aturdida.
—Tú y Celia: no son para nada parecidas. —Murmuró Max de nuevo.
Quizás Celia era más de su tipo. Tal vez Celia y Max ya habían… ¡No! Celia
definitivamente habría dicho algo. Siempre compartía demasiado sobre sus
escapadas sexuales, incluso cuando Neve se tapaba los oídos con sus manos
todo el tiempo. Pero sí, Celia era más el tipo de Max…
—Tenemos muchísimo en común —Insistió Neve—. De hecho, yo le
enseñé a Celia todo lo que sabe. —Lo cual era la única razón por la que Celia
había podido sacar su certificado en Inglés—. Aparte de las cosas relacionadas
con la moda.
—¿De verdad? —Inquirió Max con un sensual ronroneo que no había
estado allí antes—. ¿Por qué no te acercas un poco más?
—¿Vas a besarme de nuevo? —Probablemente no era lo más sexy para
preguntar, pero Neve quería estar segura de que Max estuviese en la misma
página que ella. La página donde había besos apasionados y donde sus
pesados senos se aplastaban contra un masculino pecho y…
—Definitivamente pensaba en ello. —Estuvo de acuerdo. Palmeó su
rodilla como invitación—. Bueno, ven aquí entonces.
Sentarse en las piernas de Max no era muy viable pero Neve se apoyó en
sus rodillas para poder arrimarse por el sofá hasta lentamente quedar a su lado.
No era muy cómodo, pero, con un poco de retorcimiento y un codo en las
costillas de Max, lo que lo hizo gemir sorprendido, Neve pudo aplastar sus labios
contra los de él.
Los primeros segundos del beso fueron llenos de lengua y dientes, al Neve
atacar la boca de Max con mucho entusiasmo y nada de delicadeza. Pero
luego Max se separó, se reintegró y le mostró cómo hacerlo lentamente para
que cada beso fuese como morder el más oscuro y lujoso chocolate y
detenerse para saborearlo. Neve se sentía cada vez más mareada, no debido
al alcohol, sino de estar embriagada de besos y de sentir los dedos de Max
hacerse paso por sus cabello, y luego bajando a acariciar su cuello. Cuando su
mano ahuecó su seno, Neve gimió aprobatoriamente y sostuvo su mano contra
el pecho de Max para así sentir los latidos de su corazón.
Sería perfecto si no fuese por el dolor en su cuello.


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Neve se levantó en sus rodillas, descansando una mano en el respaldo
del sofá mientras recuperaba el aliento, no le importaba si su estómago
sobresalía o si Max todavía acariciaba su pecho como si fuera la cosa que más
le gustara en el mundo. Solo quería quedarse en el sofá, besándolo por siempre.
—Así que, ¿Este piso tuyo tiene una habitación? ——Max arrastró las
palabras, y Neve nunca había hecho a nadie arrastrar sus palabras antes.
Ella había planeado seguir con este experimento de besos en el
controlado ambiente de su sala, pero acariciarse furiosamente en un sofá era
demasiado de adolescentes. Max ya pensaba que Neve era cortada de la
misma tela brillante de Celia, y quizás era porque en el espacio de una tarde
había logrado un pequeño flirteo y besos expertos. Ahora era tiempo de quizás
besarse en una habitación, con una cama en ella. Incluso podría dejar a Max
deslizar sus manos por su cuerpo, decidió Neve imprudentemente. Improvisó,
luego de tomar lo que había quedado en su copa de vino.
—Por aquí —dijo, tratando de levantarse con gracia del sofá y
escuchando cómo su vestido se rompía en el proceso. Se encogió
internamente y estiró la mano para levantar a Max. Él apretó un poco sus dedos
en un gesto extrañamente confortante mientras Neve lo sacaba de la sala,
subiendo unas pequeñas escaleras, lo jaló del baño y luego de otras pequeñas
escaleras dentro del ático que era su habitación.



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Traducido por Annabelle
Corregido por tamis11

eve soltó la mano de Max para poder apagar la lámpara pasada
de moda en la esquina, luego sintió sus brazos envolverla mientras
besaba la parte de atrás de su cuello, con sus manos acariciando
el satín falso y resbalante de su vestido. Rápidamente intentó
meter su barriga incluso aunque Max no parecía importarle si su estómago salía
hacia afuera en vez de hacia dentro.
—Nunca pensé que tuvieses una habitación tan desordenada. —le
susurró en el oído.
—No esperaba visitas. —Neve cerró los ojos al inclinarse hacia el pecho
de Max para así no tener que ver el desastre que Celia y Yuri habían hecho
cuando la ayudaban a elegir su conjunto de fiesta. Habían sacado
prácticamente cada pieza de ropa del closet de Neve y sus gavetas, luego las
habían lanzado a la cama, a su aparador clásico de 1950 y su par de sillas de
mimbre marca Lloyd Loom. No ayudaba que casi el 95 por ciento de su ropa
tenían una paleta de color tan extremo que habían montones de material
negro estropeando el bonito rosa y blanco de su habitación, como si de pronto
los invitados de un funeral hubiesen hecho un striptease.
Con Max todavía envuelto a su alrededor, Neve lo arrastró hasta su cama
—la única cosa que había comprado nueva, ya que había querido una
apropiada cama de chica con una estructura de marfil con diseños que
pudiera adornar con linóleo florado—. Solo las tiraré en el piso —dijo,
levantando una pila de faldas y lanzándolas a sus blancas tablas de madera en
el piso—. Aunque normalmente las acomodaría en su sitio apropiado.
—Claro que lo harías —dijo Max, como si no le creyera.
—¡Lo haría!
—De acuerdo, tú quita todo eso de la cama y yo te quito a ti ese vestido
—dijo Max juguetonamente, levantando su cabello para poder luchar con el
cierre a presión.
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—No, no hagas eso —saltó Neve, girándose rápidamente para poder
rodear el cuello de Max con sus brazos—. No me has besado por al menos
cinco minutos.
—Siento eso. —Sus labios estuvieron en los de ella incluso antes de poder
terminar la oración, mientras la llevaba hacia la cama y se acostaba encima
de ella.
Era muchísimo mejor que besarse en el sofá —no solo era la cabeza de
Neve apoyada en su almohada de plumas, sino el peso de Max sobre ella y el
ligero movimiento que hacía, que la estaba encendiendo más de lo que Neve
había esperado. También significaba que todo lo que él podía ver era su cara
sonrojada, así que, incluso cuando el borde de su vestido se enredó en medio
de ellos y él comenzó a trazar un camino por entre sus piernas, no había nada
por lo que exaltarse. Tocar no era lo mismo que mirar y, de todas maneras,
temprano se había afeitado las piernas, incluso cuando Celia había insistido
que una de las maneras de garantizar que no conseguirás un chico es si te
afeitabas las piernas antes de salir. Lo cual solo mostraba lo poco que sabía.
—Eres tan guapa —murmuró Max contra su piel al besar un camino por el
cuello de su vestido—. ¿Deberíamos desnudarnos un poco más?
Se apartó para que ella pudiera comenzar a desabotonar su camisa y la
miró expectante. Neve se apoyó en sus codos porque acostarse
completamente en la cama no era muy favorecedor. La habitación se
encontraba un poco iluminada, pero no lo suficiente para que Max pudiese ver
todo de ella tan claramente como ella podía ver cada parte del pecho de
Max, emergiendo lentamente de las fronteras del algodón. Su pecho no era
solamente bueno para apoyarse, era bueno para ver también. No
especialmente velludo, solo lo suficiente ancho y tonificado que no pudo evitar
tocar uno de sus pectorales con su dedo tembloroso. No había mucho que dar.
Neve estiró sus dedos y rodeó uno de sus pezones con su pulgar; era más
pequeño, más plano y oscuro que el de ella, y luego con ambas manos
acarició todo lo que pudo de su pecho. Porque Max quería que lo hiciera y no
estaría sonriendo y sacando sus brazos de la camisa si quisiese que se detuviera.
Hundió sus dedos en sus clavículas y los deslizó hacia bajo, sobre su
abdomen, luego se detuvo cuando alcanzó su gastado cinturón de cuero.
Cuando inclinaba sus ojos podía ver el contorno de su erección, ella lo había
hecho ponerse duro. Era un concepto que Neve ni siquiera podía comenzar a
procesar.
—De acuerdo, te mostré lo mío, ahora muéstrame lo tuyo. —sonrió Max
mientras soltaba la hebilla de su cinturón.


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Había una parte de Neve que lentamente se revolvía en sus sabanas de
Cath Kidston, incluso aunque se sentía como si debería estar corriendo
alrededor de la habitación, con sus piernas y brazos revoloteando locamente,
mientras emitía un grave sonido de terror.
Neve sabía que era su derecho decir que no, en cualquier momento, de
cualquier actividad sexual. Sabía eso, pero cuando estabas acostada en tu
cama mientras un sexy, glamoroso y experimentado hombre, que habías
invitado a tu piso con la vaga promesa de café, lentamente desbotonaba su
bragueta, se sentía como que “no” era lo incorrecto.
Si decía que no, iba a parecer torpe, mojigata y un fenómeno, que ni
siquiera estaba segura de si era virgen o no. Además, la virginidad no era gran
cosa. Celia y Chloe se habían desecho de su virginidad cuando tenían dieciséis,
ella tenía veinticinco y debía haber hecho eso hace años y, aunque tener un
encuentro sexual sin compromisos no se encontraba en su lista de cosas por
hacer, al menos podría dejar de preocuparse por ello y...
—Mira, no tengo un gran cuerpo —soltó Neve—. No soy delgada ni estoy
tonificada ni nada de eso.
Max resopló. —Conozco al menos diez mujeres que matarían por curvas
como las tuyas. —palmeó su rodilla y dejó su mano descansando allí para
poder trazar patrones en la piel de Neve con la punta de sus dedos, mientras
que con la otra mano levantaba el borde de su vestido.
Neve apretó los dientes para mantenerse calmada. Esto no sería fácil,
pero se había convencido en hacer esto y no tenía que volver a ver a Max,
especialmente si prometía solemnemente no ir a otra fiesta de Skirt.
—Vamos, Neve —dijo suavemente Max—. Si no fueses sexy, ¿Entonces por
qué yo estaría así de duro? Ven, siente…
Su mano había permanecido a su costado pero Max la tomó y la colocó
sobre su dura verga. Podía sentirla dar espasmos y cuando, tentativamente,
curvó sus dedos alrededor de su longitud, dio un pequeño salto.
—Yo hice eso —dijo incrédula.
—Hiciste eso —dijo Max, su otra mano subió por su pierna y apartó el
vestido —y ahí fue cuando Neve vio el borde de su negligé.
¡Estaba usando negligé debajo de su vestido! Estaba salvada porque
fácilmente podía hacer control de daños en sus brazos caídos, y tener sexo con
su negligé puesto, era sexy en los textos de mujer fatal, según las películas.


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Neve alcanzó su cierre y lentamente lo bajó mientras Max comenzaba a
desabrochar sus pantalones, así que había una sinfonía de sonidos
estereofónicos de metal raspando. Ambos se veían mutuamente, los ojos se le
abrieron de repente cuando Max se detuvo y se inclinó.
—Verme en nada más que mis calcetines mataría la atmósfera. —
remarcó casualmente, mientras Neve aprovechó el momento para
rápidamente quitarse el vestido y presionar sus brazos tan fuertemente a sus
costados que no hubiese nada de flacidez a la vista. Incluso sus senos lucían
parados en su mejor brasier con sujetadores y el encaje negro al borde de su
negligé.
Y Neve no creyó nunca haberse sentido tan validada como cuando Max
levantó su cabeza y dio un largo y bajo silbido cuando la miró. —Dios, luces
exactamente igual a Liz Taylor en Butterfield 8 —dijo reverentemente—. De
verdad tienes increíbles tetas.
—Están bien. —Estuvo de acuerdo, tímidamente, porque sí lucían
espectaculares en ese momento gracias a sus copas con aros y relleno —y eso
era todo lo que Max vería de ellas.
Max no compartía su timidez. Deslizó su cinturón y dejó caer los
pantalones en su cadera, luego, rápida y eficientemente, los dejó caer
completamente como si no pudiera esperar para desnudarse y pasar hacia la
siguiente parte. Neve sabía que se encontraba mirando fijamente, pero no
podía evitarlo. Nunca había visto un pene erecto antes, no en carne, de todos
modos, y lo que había sucedido con el estudiante de Filosofía había ocurrido
debajo de las sábanas y a oscuras. Todo lo que podía hacer era quedarse allí
viendo la verga de Max, entre horror y fascinación. Lucía dolorosa y muchísimo
más grande de lo que había imaginado, parecía como si nunca cabría dentro
de ella y lucía tan extraña, que Neve solo quería seguir observándola hasta que
se hiciese más familiar. De esa forma lo hacía un crucigrama particularmente
problemático.
Pero eso no era una verdadera opción cuando Max caminaba hacia ella
con un cuadrado envuelto en su mano y su verga indicando el camino, como
una varita adivinadora hecha de carne. Neve solo hizo lo que haría en una
circunstancia como esa y se metió debajo de su edredón.
—¿Hay allí espacio para mí también? —preguntó Max.
Neve desdobló dos centímetros de edredón. —Por supuesto —chilló. Y,
solo para demostrar que estaba metida en el asunto, tomó una de las
almohadas de cuerpo completo y las lanzó al piso—. Ves, muchísimo espacio.


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Luego, súbitamente, su cama era invadida por ondas de calidez y carne
de hombre, cuando Max la tomó en sus brazos. Ahora sí era un momento
decisivo; había un hombre desnudo en su cama, moldeándose a las curvas de
su cuerpo, e incluso cuando Neve sentía como que todo se estaba moviendo
demasiado rápido y era tan aterrador como saltar de edifico en edificio, no
podía recordar la última vez que había sido sostenida por alguien que no fuese
Celia.
Max trazó sus cejas con la punta de un dedo. —Sé que sigo diciéndolo,
pero eres tan guapa.
Neve sabía que no lo era. Solo era algo que los chicos decían cuando
querían tener sexo contigo, y ahora estaba en la cama y era una conclusión
inevitable, Max de verdad no tenía que decirlo, pero de todas maneras las
palabras significaron algo para ella. Era la primera vez que un hombre le decía
eso, aparte de su papá, y eso no contaba; además, en serio no quería pensar
en su padre en un momento como ese.
—Eres guapo también —dijo, tocando el tumulto en su nariz torcida—. Me
recuerdas a la pintura de David sosteniendo la cabeza del Goliat hecha por
Caravaggio.
Max hizo una mueca de fingida indignación. —Siempre y cuando no te
refieras al David de Michelangelo —dijo y arqueó sus labios, para que ella
estuviese segura de su significado, no era como si Neve tuviera alguna duda.
—Desearías tú —dijo secamente, era la manera en que hablaba cuando
le tomaba el pelo a Celia o cuando hablaba con Chloe y Rose en el trabajo.
De hecho, la manera en que era normalmente cuando no estaba media ebria
y mareada de su propio horror y atrevimiento.
Neve nunca pensó que estaría haciendo chistes mientras estaba en la
cama con un hombre. O que él la voltearía en el colchón y le haría cosquillas
hasta ahogarla. —Lo siento —dijo, en medio de carcajadas. Se acostó allí, con
su cabello estirado en la almohada, y con Max mirándola, fue todo lo que le
tomó para jalar su cuello y persuadirlo de besarla una y otra vez.
No era seguido que Neve sentía que podía escapar de las fronteras de su
cuerpo, pero en esos calientes y dulces momentos, se imaginaba a sí misma
transformada en una criatura de nada más que pura sensación. No le
importaba nada más que la boca y manos de Max sobre ella, e incluso la
sensación de su verga dura y caliente contra su pierna interna era algo nuevo y
excitante.
—¿Puedo tocarla? —preguntó, cuando Max abandonó su boca para
poder besar ese punto en su cuello que la hacía retorcerse contra él. Pero sus


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manos ya se deslizaban por su cuerpo para poder envolverse alrededor de su
pene, midiendo su longitud y peso, acariciando la punta con su dedo y
arrancando su mano rápidamente cuando Max gruñó como si lo hubiese
herido. —Lo siento —murmuró.
Él mordió su cuello gentil pero deliberadamente. —No te detengas —dijo
con voz ronca—. Solo continúa con lo que estabas haciendo.
Su mano estuvo de vuelta en un segundo, maravillada de cómo un pene
podía ser duro y suave al mismo tiempo, y como es que quería echarle otro
vistazo, incluso aunque significara quitarse las sabanas, pero sus pensamientos
se desviaron gracias a la mano de Max subiendo por sus piernas.
—Vamos a quitarte las bragas —dijo ligeramente, jalando el algodón
reforzado y la elástica con tanta fuerza y destreza que Neve no pudo
sostenerlas—. Eso está mejor. Ahora, ¿Por qué no te muestro lo bueno que soy
con mis manos? También soy bastante espectacular con mi lengua.
La criatura de pura sensación bajó del escenario y Neve estuvo de vuelta
en su propia carne pesada, y apartó las caderas de los dedos de Max. Ella
podía soportar el sexo, porque iba a insistir en nada más lujoso que la posición
del misionero, para que así Max estuviera arriba con nada más que ver que la
pintura de Modigliani sobre su cabeza. Pero de ningún modo se iba a extender
ahí, como una colección sexual variada. El sexo definitivamente era la opción
más segura.
—No tienes que hacer eso —le dijo, presionando sus piernas juntas y
alejándose de él—. Estoy lista.
—¿Estás segura? Porque no me molesta si te vienes dos veces.
Celia había pintado a Max como del tipo “amalas y déjalas” y el clásico
Casanova, pero en cambio, solo estaba siendo dulce y considerado, y hacía
más por el ego maltratado de Neve de lo que su madre había hecho
pagándole un Retiro de Diosa, cuando específicamente había pedido un Wii
Feet, pero al final tuvo la mano ganadora, por decirlo así.
—No, de verdad, estoy bien —dijo Neve, firmemente, al aplicar la misma
fuerza a la verga de Max que le había aplicado a una vaca en la visita de la
escuela a Ciudad Granga en Kentish Town. El granjero había dicho que se le
daba natural, y resultó que tenía razón, ya que Max cerró sus ojos y lanzó su
cabeza hacia atrás.
—Si sigues haciendo eso, el juego se va a terminar incluso antes de
comenzar —murmuró—. Condón.
—¿Qué hiciste con él? —dijo Neve, soltando su agarre.


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—Mesa de noche.
—¿Por qué hablas en oraciones de una sola palabra? —preguntó Neve,
mientras buscaba el paquete envuelto.
—Sabes por qué —dijo Max entre dientes—. Ya que estás tan pegada
con mi pene, quizás deberías hacer los honores.
Neve intentó llevar su mente de vuelta hacia sus clases de educación
sexual y a la banana verde que debía envolver en el plástico resbaloso.
Excepto que Charlotte había dicho que no se molestara, ya que nadie nunca
querría tener sexo con ella. Toda la clase, aparte de su amiga Paula, habían
rugido su aprobación y Neve había estado tan molesta que se había comido su
banana sin concha mientras todos veían una película sobre las ETS.
Solo el recuerdo hizo que Neve temblara. Le entregó el condón a Max. —
Siempre entierro mi uña en ellos —mintió, con una tranquilidad que le
sorprendió—. Tú hazlo.
Neve nunca hubiese pensado que era posible ponerse un condón tan
rápido sin siquiera mirar, pero Max se encargó del asunto en cuestión de
segundos para así poder besar la esquina de su boca, que se doblaba hacia
abajo. Esos malos recuerdos habían matado el ánimo de Neve, pero no se iba
a retractar ahora. No. Ella no se rendía. Cuando decidía hacer algo, lo hacía
hasta el final.
Se encontraban acostados de lado, cara a cara, con sus rodillas
tocándose, pero Neve gentilmente se apartó de Max para acostarse sobre su
espalda e intentar pensar en algo sexy para acelerar las cosas.
—Ven entonces —dijo, en lo que esperaba fuera una conducta atractiva.
Max se apoyó en su codo. —¿Estás segura de esto? —preguntó—. ¿Lista
para ser devorada?
—Bastante —dijo Neve, jalando su brazo—. Por favor, simplemente
podrías…
—Dios, eres impaciente —dijo Max, como si en realidad no le importara,
pero, al menos ahora se acostaba sobre ella, deteniéndose para besarla
mientras Neve gustosamente abría sus piernas.
Neve se quedó completamente tiesa, hasta que recordó que necesitaba
acomodar su negligé hacia debajo de nuevo ya que se había subido y su
edredón no cubría todo lo que ella quería.
Ahora Max buscaba a tientas sus partes femeninas y Neve estaba segura
que su clítoris se retraía tratando de evadir su toque. Miró el techo e intentó


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apartar la mente de su cuerpo, justo como cuando tenía un examen de Frotis.
¿Qué le tomaba tanto tiempo?
—¿Neve? Sé que dijiste que estabas lista, pero si no te sientes lista…
Levantó la cabeza. —Créeme, estoy completamente lista.
Max frunció el ceño, y un mechón de su cabello cayó hasta su frente. —
¿Podrías levantar un poco tus caderas? No, levántalas hacia mí.
Ahora se sentía como en clases de Pilates, tratando de encontrar su
“buena postura”. Aunque de hecho inhalar por la nariz y exhalar por la boca
parecía una buena idea mientras Max empezaba a entrar en ella lenta y
laboriosamente, con su labio inferior entre sus dientes. Parecía tardarse una
eternidad, como si no fuesen dos personas teniendo sexo, sino dos satélites
buscando señal.
Al menos ahora, Neve estaba completamente segura de que estaba
siendo penetrada. No dolía, pero era extremadamente incómodo y no algo
que planeara volver a hacer muy pronto. Pero sería diferente cuando tuviera
sexo…. No, cuando hiciera el amor con alguien de quien estuviese enamorada.
Solo el amor puede hacer esto más tolerable.
Max se estaba saliendo y Neve deseaba que no lo hiciese porque solo
tendría que volver a empujarse hacia adentro y siseaba ligeramente, con los
dientes a la vista, su rostro tenso y con las manos en sus caderas. Neve cerró los
ojos para no tener que verlo, y ¿Cómo pudo haber sido tan estúpida? Había
estado impaciente y pensó que el sexo era algo que podía apresurar, y luego
tacharlo de su lista de cosas por hacer. Pero no era algo que se podía marcar y
ya; era algo especial y muy, muy íntimo. Si alguien no se había metido de
verdad en tu cabeza y tu corazón, entonces no debía estar dentro de tu
cuerpo. Neve entendía eso ahora, pero su epifanía había llegado demasiado
tarde. Había alcanzado el punto de no retorno hacía ya diez minutos.
Se preparó a sí misma para la re-entrada, cerró fuertemente sus ojos y
apretó sus puños hasta que se dio cuenta de que no pasaba nada. Max se
había detenido.
—¿Algo está mal? —preguntó tenso, quitando las manos de su cadera
para poder moverse hacia atrás.
—No, estoy bien. Puedes continuar si quieres.
—Bueno, lo haría, pero no es fácil mantenerse duro cuando la chica
debajo de ti obviamente desea estar en otro lugar —soltó.


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El intenso rubor de la mortificación fue como ser tirada en una olla de
agua hirviendo. Él pensaba que era mala en la cama. Era mala en la cama. Y
estaba siendo tan repelente que causaba que perdiera su erección. Neve
intentó que sus ojos se abrieran, pero ellos decidieron mantenerse cerrados
para no tener que ver la expresión obvia de repulsión en el rostro de Max. Era lo
suficientemente malo que maldijo en voz baja y se salió de las sabanas, para
poder sentarse al borde de la cama y poner tanto espacio entre ellos como
podía.
Neve dijo lo único que podía decir en circunstancia como estas. —Me
gustaría que te fueras, por favor.
—Te pregunté si querías hacer esto, no una vez, sino varias.
—Por favor, ¿Podrías irte? —Neve rodó de espaldas para poder
esconderse en su edredón y no tener que verle la cara a Max cuando
finalmente abrió los ojos.
—Debiste haber dicho algo, porque yo nunca hubiese… No fuerzo a las
mujeres. ¿Te lastimé? —Estaba molesto, no sin una buena razón, pero Neve
podía escuchar otras cosas en su voz: vergüenza, culpa, incertidumbre. Todas
las cosas que ella también sentía.
—No me lastimaste —dijo tensa—. No me forzaste. Para nada. Pero ahora
de verdad necesito que te vayas. —No podía soportar quedarse en la misma
habitación que él, así que impulsó sus piernas fuera de la cama y cuando sintió
el piso debajo de sus pies, quitó las sabanas y levantó su bata de la silla en un
fluido movimiento—. Te daré algo de privacidad. —murmuró mientras
aceleraba hacia la puerta.
Neve se apresuró a la seguridad de su sala para poder acurrucarse en su
silla y amontonarse en su vieja bata, con los brazos alrededor de sus piernas y
escuchando los sonidos de Max vistiéndose. Su corazón golpeaba
dolorosamente al ritmo de sus pasos en las escalera y esperó a que sus pasos
siguieran caminando hasta la puerta de enfrente y abrirla, pero se detuvieron —
y cuando subió la mirada, se encontraba en la entrada de la sala de estar.
Se encogió ante su intenso escrutinio, incluso aunque no estaba
enfadado, ni acusatorio, sino más bien gentil.
—¿Mala ruptura? —preguntó.
Neve parpadeó. —¿Disculpa?
—Rompiste con alguien y pensaste que podías salir y acostarte con
cualquier chico, pero tu conciencia sacó lo mejor de ti. —Sonrió un poco—.
Usualmente sucede como a los diez minutos después, no durante.


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—¿Crees que he salido con alguien? ¿Qué tengo un novio? —Neve
sacudió la cabeza con incredulidad. Había apagado todas las luces porque la
oscuridad hacía que todo pareciese, bueno, oscuro y así Max pudiese verla en
toda su empañada gloria. El maquillaje corrido, la voluminosa bata, y con sus
pantorrillas tan pegadas a su cuerpo que no se podía distinguir cuán gruesas
estaban. Él podía ver todo eso y aún así pensar que ella había tenido al menos
otra persona en su cama—. No es nada de eso.
Max entrecruzó sus brazos. —¿Entonces qué es?
—No es nada de lo que quiera hablar —dijo Neve tensamente—. De
verdad necesito que te vayas. Ya. Por favor.
—Entonces, yo busco la salida, ¿Sí? —soltó Max y Neve no podía culparlo
por enfadarse con ella. Lo merecía completamente.
El sonido de la puerta abriéndose fue la más dulce sinfonía, aunque Max
la lanzó detrás de él. Neve podía escuchar a Charlotte comenzando a chillar y
el familiar sonido de un cepillo golpeando contra el suelo, pero lo ignoró y
escuchó a Max bajar por las escaleras, y luego otra lanzada de la puerta de la
calle —y solamente cuando estuvo segura de que se había ido, se estiró en el
sofá, porque no iba a dormir en su cama hasta que lavara las sabanas en agua
hirviendo.







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Traducido por Pixie
Corregido por Maia8

eve se despertó un par de escasas horas después de la
tumultuosa noche anterior y se preguntó por qué durmió en el
sofá. Hubo unos segundos de dichosa ignorancia, luego, los
acontecimientos que la habían echado fuera de su propia cama,
la inundaron de nuevo. Miró un punto en la alfombra, donde esperaba que un
vórtice se abriera y la tragara. ¡Ay! Esos útiles vórtices nunca aparecían cuando
realmente los necesitabas, así que Neve se conformó con el Plan B.
Una hora corriendo en la cinta de caminar del gimnasio ayudó
inmensamente y, para el momento en que llegó al trabajo, Neve estaba
calmada y el ejercicio pareció haber evitado la resaca también.
Neve había trabajado en el Archivo Literario de Londres durante los
últimos tres años y medio. Hubiera sido imposible continuar con la educación
superior sin un trabajo de media jornada, a menos que tuviera un gran
fideicomiso, así que Neve pagó su pequeña beca de la Academia Británica
trabajando en el ALL
7
, el cual estaba situado en el sucio interior entre King’s
Cross y Holborn. Una vez que finalizó su MA
8
y se dio cuenta de que no tenía el
apetito o los medios para pasar otros cuatro o cinco años para convertirse en
PhD
9
, gratamente aceptó la posición de Archivista Senior a tiempo completo,
aunque su madre insistió en decirle a todos que Neve era bibliotecaria. Lo cual
no era. Los polvorientos archivos y los, aún más, polvorientos libros del ALL sólo
podían verse mediante una cita previa y después de enviar referencias de
establecimientos educativos acreditados.
No muchos académicos querían buscar en sus archivos, porque la mayor
parte de la colección del ALL había sido rechazada por todos los otros archivos
en el hemisferio oeste. Su lista mayormente consistía en escritores desconocidos
a quienes había que redescubrir, y ellos raramente rechazaban una donación
de un patrimonio literario, que usualmente consistía en colecciones de libros
enmohecidos, con sus lomos maltratados y sus páginas mezcladas. Cada seis

7
.ALL: Archivo Literario de Londres.
8
MA: Master of Arts, Maestría en Artes.
9
PhD: Doctor of Philosophy, doctorado.
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meses más o menos, se oían rumores entre los empleados de que el archivo
cerraría, debido a la falta de fondos, pero un pastón de dinero siempre
aparecía de fuentes insólitas: un legado de un recién expirado filántropo; uno
de los libros de “sus” autores fallecidos, de repente adaptándose para una
película de un autor de Hollywood; o de esa fundación de la Lotería Nacional,
Holy of Holies.
Incluso, su edificio carecía de mérito arquitectónico. El ALL ocupaba la
planta baja y el sótano de un pequeño y bajo edificio que compartía con una
firma de contadores y un procurador que se especializaba en casos de
asistencia jurídica y perseguir ambulancias. El Salón de Lectura, la recepción y
la oficina del jefe del archivo, el Sr. Freemont, estaban en la planta baja. Neve
trabajaba en el sótano dónde la única luz natural provenía de una minúscula
ventana en la minúscula cocina, en la parte trasera del edificio, y donde todo
—paredes, piso, techo, incluso el anuncio de “Saludable y Seguro” clavado en
la plancha de corcho— era amarillo nicotina.
Neve emprendió su camino a través de la enorme y diáfana oficina del
sótano, la cual era una carrera de obstáculos de cajas de cartón, apiladas en
precarias pilas, deteriorados archivadores de metal, alineados contra cada
pared y donde sea que hubiera espacio para ellos, y se detuvo para saludar a
la bella rubia Chloe, que se suponía estaba a cargo de las nuevas
adquisiciones, pero pasaba la mayor parte de su tiempo rellenando solicitudes
de empleo para convertirse en agente literaria. Luego saludó a Rose, la
encargada de la oficina, que había trabajado en el ALL durante décadas y era
una buena persona para tener de su lado, porque era la encargada del dinero
para gastos menores y podía acabar con el Sr. Freemont con una ceja
arqueada y una palabra escueta, y al “esposo” de trabajo de Neve, Phillip, que
trabajaba en el archivo cuando no estaba escribiendo su tesis doctoral. Los
otros miembros del personal, eran una variada colección de académicos
socialmente ineptos, que habían sido incapaces de conseguir empleo, inclusive
en las más humildes universidades. “Las que solían ser politécnicas” le gustaba
burlarse al Sr. Freemont cuando acarreaba a alguien sobre las brasas de las
inexactas referencias cruzadas.
Una vez que determinó que el Sr. Freemont estaba fuera esa mañana,
Neve se apresuró a la pequeña antesala que había requisado como su oficina,
para cambiar las tres barras del calentador portátil. Encendió su computadora,
que aún funcionaba con Windows 98, y se retorció en su silla de respaldo duro
en un vano intento de sentirse cómoda. Luego, deslizó un cassette en un
deteriorado Walkman, que tuvo que ser golpeado suavemente en el lugar
adecuado para que comenzara a reproducir.


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Una gran parte del día laboral de Neve, se pasaba escuchando
chisporroteantes cassettes, debido a que una enorme cantidad de figuras
literarias menores habían dictado sus biografías en cintas antes de morir, y el Sr.
Freemont insistió en que todas fueran transcritas. Él, honestamente, creía que un
día se toparían con una cinta de Shakespeare o incluso un escabroso
escándalo sexual entre miembros del Bloomsbury Set
10
que pusiera al ALL
firmemente en el mapa académico.
Hoy no. J.L. Simmons (1908-1997) tenía una voz malhumorada,
quejumbrosa y era tan detallado que Neve tuvo que pausar la cinta para
consultar palabras oscuras que tenían al corrector ortográfico de Word
desconcertado, en tres diccionarios diferentes. Era aburrido y su mente
continuaba vagando hacia la noche anterior. No hacía falta ningún esfuerzo
para conjurar la incomodidad y la vergüenza que habían sido los principales
temas de las horas que pasó con Max. Eso fue cuando ella no estaba
buceando en su boca y su lengua.
Pero el momento al que Neve continuaba regresando una y otra vez, era
la dolorosa parte donde Max se detuvo y se deslizó fuera de ella, porque había
perdido su erección. De hecho, ella ni siquiera sabía cómo se las había
arreglado él para ponerse duro en primer lugar, porque no era la clase de
chica que hacía sentir a un hombre como que podría simplemente morir si no
podía estar dentro de ella. Después de la debacle de la última noche, Neve
sintió que estaba destinada a estar sola y sin amor, lo que significaba que los
últimos tres años habían sido por nada.
Tenía seis meses para armar su actuación. Seis meses para ser la mejor
Neve que podía ser. Seis meses hasta que William regresara de California y viera
su versión nueva y mejorada.
Neve pausó la cinta otra vez para poder hurgar en su cartera, en busca
de la carta que había recibido hacía quince días. Las hojas celestes del correo
estaban arrugadas debido a que releyó la carta al menos una vez por hora,
aunque ya había memorizado el contenido.
Le encantaba que se escribieran cartas, cartas apropiadas que se
enviaban mutuamente, aunque Celia se había horrorizado.
—¿Por qué no pueden enviarse mensajes en Facebook como todos los
demás? —preguntó.

10
Bloomsbury Set: Grupo literario que se formó en Londres en el siglo XX. Entre sus miembros
estaba Virginia Woolf.


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Porque ser amiga de William en Facebook y tener acceso a sus
actualizaciones de estado diarias y a sus álbumes de fotos terminaría con el
juego. Tampoco es que ellos fueran tecnofóbicos, hablaban por teléfono una
vez al mes, se enviaban emails con enlaces hacia artículos de periódicos
literarios, pero mayormente intercambiaban cartas porque—: Estudiamos
literatura inglesa y hay una gran tradición epistolar…
—Oh Dios, sabes que no me gustan las palabras largas —gimió Celia.
—Escribir cartas es más romántico —aclaró Neve, Celia rodó sus ojos y dijo
que necesitaba salir y conocer chicos reales y vivos, así no estaría todavía
enamorada de su asesor de estudiantes de Oxford.
Neve miró la pantalla de su computadora, pero todo lo que pudo ver fue
la mirada alentadora en el rostro de William cuando él la invitó a salir con el
resto del grupo de su seminario. Como siempre, quiso saber su opinión sobre el
libro que estaban leyendo o qué pensaba del artículo de su Decano, que había
sido publicado en el Suplemento Literario del Times. Como siempre, sonreía y
asentía y realmente escuchaba lo que ella estaba diciendo, de una forma en
que nadie nunca lo había hecho. Había habido una centena de esas suaves
miradas, una multitud de pequeñas bondades, hasta que él aceptó un puesto
como profesor por tres años en la Facultad de Inglés de la UCLA
11
, y se sintió
como si se hubiese llevado un pedazo de su corazón con él, en su maleta,
cuando voló a California. Pero ahora estaba regresando a ella. Leyó la carta en
voz alta, bajo su aliento:
Tú eres absolutamente el primer nombre en mi lista de gente a quien ver
cuando vuelva a Londres. Es extraño que tres años y un océano entre nosotros
nos hayan hecho mucho más cercanos. Hay tantas cosas que debo decirte,
pero no en una carta, necesito ver tu rostro. Tú nunca escondes nada o te lo
guardas para ti; todo lo que piensas y sientes se refleja en tus ojos y en la curva
de tu boca cuando me sonríes o muerdes tu labio, porque estoy hablando
disparates y no quieres decirme, porque podría herir mis sentimientos. Esto es por
qué puedo decirte cualquier cosa sin miedo a la censura o las críticas. Sé que
has cambiado desde que nos separamos; te has fortalecido, estás más de ti
misma y yo estoy intrigado por conocer a esta nueva encarnación de la chica
que solías ser.
Neve suspiró. Estaba tan harta del amor no correspondido y platónico y
todos los otros tipos de amor que no eran apasionados, románticos, del tipo de
amor no-puedo-vivir-sin-ti, tengo-que-tenerte-ahora, el-ritmo-de-tu-corazón-

11
UCLA: Universy of California, Los Ángeles.


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combina-con-el-mío. Ella amaba a William de esa forma, y los tres años que
había estado lejos sólo lo había pulido y refinado, lo hicieron arder con más
brillo. Podría decir por sus cartas, que él sentía algo nuevo por ella, que era más
que respeto intelectual. Así que, cuando él regresara de LA, ella no podía
permitirse arruinarlo; todo tenía que ser perfecto, nada podía dejarse al azar,
porque Neve estaba determinada a que cuando comenzará su relación con
William, fuera por siempre y para siempre. Y, para siempre, iba a significar
mucha planificación de futuro para Neve. Para comenzar, necesitaba algo de
experiencia de la vida real en una relación exitosa. También necesitaba ser
mucho más sofisticada y caber en un pequeño vestido negro de talla diez.
Actualmente, Neve no podía caber en nada pequeño.
De repente, todo cayó en su lugar. Por supuesto, ella había estado
incómoda y avergonzada anoche. Todavía estaba lejos de una talla diez.
Cuando fuera talla diez, todo sería diferente. Ella sería diferente. Fue tal el alivio
de saber que realmente no era su culpa, que Neve se fue a almorzar dando
saltitos y con una nueva resolución que la hizo caminar con un paso ligero
alrededor de Holborn, por una hora y sólo teniendo sopa y ensalada para
comer. Las malas decisiones de anoche no fueron olvidadas, pero iba a intentar
arduamente no pensar en ellas.
De hecho, no pensó en ellas hasta cinco minutos antes de que finalizara
su almuerzo y Celia la llamara a su celular exactamente a la una y cincuenta y
cinco, como todos los días.
Siempre significaba que Neve estaba retrasada para volver al sótano del
Archivo, dónde no había recepción telefónica a menos que trepara a la parte
superior del drenaje del tablero de la cocina y tratara de acercarse a la
ventana, tanto como fuera humanamente posible.
—Hey, Seels —dijo cuando respondió —. ¿Qué sucede?
—¿Qué sucede contigo? —respondió Celia.
—No mucho. En el Infierno de Transcripción, fui al gimnasio antes del
trabajo, lo mismo de siempre.
—Sé lo de anoche —Celia dijo categóricamente—. No puedo creer que
estés tratando de evadir el tema.
Neve trató de ignorar el terror helado que se apoderó de ella.
—¿Qué estoy tratando de evadir? —preguntó cuidadosamente.
—¡Siempre haces eso cuando estás bajo sospecha! Respondes una
pregunta con otra pregunta, es tan molesto —presionó Celia. Neve no escuchó
a Celia o a Yuri, llegar a casa anoche, lo que significaba que su hermana


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estaba privada de sueño y con resaca, una combinación letal—. ¡Sé sobre ti y
Max! ¿No te advertí sobre él?
Neve tuvo que agarrarse de la lámpara más cercana en busca de
apoyo.
—Bueno, sí, pero…
—Beth de Artículos los vio irse en el metro, juntos —dijo Celia.
Como es usual con Celia, era algo y nada. Neve soltó la lámpara que
había estado agarrando porque no podía lidiar con esto sin ayuda.
—Tomamos el metro a Finsbury Park, juntos porque él vive en Crouch End
—explicó—. Fue perfectamente inocente. No saques conclusiones.
—Bueno, si saco conclusiones es porque he visto a Max esta mañana y sus
historias no coinciden —Celia dijo secamente—. Él dijo que vino a casa contigo.
—Me acompañó hasta la puerta…
—Y luego subió las escaleras porque dijo que tenías más libros que
Waterstone’s.
Neve se sintió fría de una forma que nada tenía que ver con las ráfagas
de viento helado que sacudía mechones de su cabello y azotaba sus mejillas.
Trató arduamente de no gemir en el teléfono
—¿Qué más dijo?
—No mucho —Celia admitió—. Solo dijo que tienes serios problemas, pero
luego preguntó si hablé contigo hoy y si estabas bien. Él intentó algo, ¿No es
cierto? ¿Te lastimó?
—No. ¡No! Mira, él entró por un trago y… —Neve exprimió su cerebro por
algo para decirle a Celia. No la verdad, obviamente. Aunque Celia no supiera
el significado de DI
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, Neve trató de seguir su propio consejo. Usualmente no era
difícil ya que nada remotamente excitante jamás le sucedía a ella. Pero no
podía contarle a Celia sobre lo de anoche porque algo había pasado y había
sido horrible, pero no había sido culpa de Max, en absoluto. Ella lo atrajo hacia
el ático bajo falsas pretensiones. No era que Celia creyera eso jamás—. Fue sólo
un trago ¿Se veía molesto? —agregó.
—Hmmm, no tan molesto, más bien, preocupado, supongo —Celia
musitó—. Pero eso puede deberse a que ha tenido pesadillas con la portada de

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DI: Demasiada Información. En el texto original, TMI (Too Much Information).


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June. Pero, en serio Neevy, ¡Juro que si trató de violarte en la cita, le cortaré su
polla con las tijeras del Departamento de Moda!
—Seels, ¿De verdad crees que alguien que se ve como Max y que
probablemente ha dormido con modelos y…?
—No “probablemente” sobre eso. Definitivamente se acostó con modelos
y esa chica que hizo esa estúpida canción sobre…
—Entonces, ¿Por qué trataría de hacerlo conmigo? —Neve le preguntó—.
Y si lo hizo, lo cual no fue así, puedo cuidar de mi misma. Boxeo con Gustav.
—Bueno, supongo que cuando lo pones de esa manera… —Celia dijo
lentamente, y Neve pudo decir que ya no estaba planeando vengarse con la
hombría de Max—. No me malinterpretes, eres maravillosa y bonita pero es el
tipo de belleza que es como una colección de Marc Jacobs. La mayoría de la
gente no lo capta a primera vista, ¿Entiendes lo que quiero decir?
—No, no tengo idea, pero gracias por el cumplido. ¿Era un cumplido,
verdad?
—¡Por supuesto que lo era! —Celia se rió—. Mira, no te preocupes,
encontraremos algunos tipos totalmente atractivos para que saborees antes de
que William regrese. Tipos sensibles que van a galerías de arte y mantienen la
puerta abierta para ti.
Max no mantuvo ninguna puerta abierta para ella anoche, pero caminó
por el camino lateral del pavimento y preguntó por su bienestar durante cada
paso peligroso de su ascenso hacia el sexo.
—Creo que voy a contratar a un acompañante masculino y practicaré
con él en cambio —dijo Neve. No estaba pensando tal cosa, pero quería
escuchar el jadeo de Celia al sorprenderse.
—Se lo voy a contar a Mamá —dijo alegremente antes de cortar y Neve
tuvo que escabullirse de nuevo a su trabajo, con diez minutos de atraso.
Neve realmente no podía concentrarse en transcribir y en las referencias
cruzadas, después de hablar con Celia. Esa mañana había estado tan
involucrada en su propia fiesta de la lástima, que ni siquiera había considerado
como podría estar sintiéndose Max.
Recordar las secuencias del evento era doloroso y se sintió mucho como
agarrar una costra que debería haberse dejado para que terminara de curar,
pero Neve se forzó a hacerlo, verse a sí misma acostada allí con sus ojos


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fuertemente cerrados y una expresión dolorosa en su rostro, que su familia
llamaba “la mirada comiendo arenque
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ahumado”
—Cuando la chica debajo de ti obviamente desea estar en otro lado.
Max había percibido que algo andaba mal y se detuvo, no se molestó,
hasta que ella actuó como una mujer loca. Dios, ni siquiera podía elegir al tipo
correcto para tener sexo de una noche. Celia había dicho que Max era un
seductor de mujeres implacable y ciertamente estuvo a la altura de su
reputación, pero, ¿No había Neve dado toda la impresión de que estaba lista
para ser seducida?
En lugar de retorcer sus manos y comportarse como la inocente víctima
del libertinaje, de la pasada noche, Neve fue forzada a confrontar la molesta
verdad, que realmente, fue Max la persona perjudicada.
Oh, ¡Demonios!
Después de un arriesgado viaje a casa, donde ella casi fue derribada de
su bicicleta, por un taxista que se desvió repentinamente hacia el carril del
autobús, sin advertirlo.
Neve abrió la puerta del frente y se armó de valor para la ingrata tarea
que la aguardaba. En el momento justo, mientras apoyaba su bicicleta contra
la pared y quitaba su cartera de la maleta, escuchó abrirse la puerta de
Charlotte y Douglas. Inevitablemente, los gritos comenzaron antes de que Neve
viera aparecer la cabeza de Charlotte sobre la barandilla.
—No pude dormir ni un jodido minuto anoche —chilló, porque Charlotte
siempre iba de cero a perforar el oído en un segundo—. ¿Qué demonios
estabas haciendo?
Neve sabía que para el resto del mundo ella, Neve Slater, era una adulta
en pleno funcionamiento. Votaba, comía sus vegetales, dejaba que la gente
mayor subiera primero al autobús, tenía un trabajo y pagaba sus cuentas a
tiempo, pero con Charlotte instantáneamente retornaba a la tímida, torpe y
desarticulada quinceañera que solía ser.
—Realmente lo siento, Charlotte —gimió—. No sucederá nuevamente.
—Bueno, de todos modos, tú trayendo a casa a un hombre no es algo
que probablemente ocurra más de una vez en una década —se burló
Charlotte, e incluso con su rostro desencajado por la ira que Neve siempre
despertaba en ella, Neve se sorprendió por lo bonita que era.

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Pez que normalmente se come salado o ahumado.


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Tienes que despojarla del falso bronceado, las pestañas postizas y los
reflejos que transformaron su arratonado cabello marrón en rubio, pero aún así
Charlotte era una belleza sin esfuerzo alguno. Era tonificada y alta, así fuera que
llevara uno de sus adorados chándales de Juicy Couture o un diminuto vestido
negro y tambaleantes tacones, siempre se veía arreglada y prístina. Incluso el
combo de cola de caballo y jeans de esta noche, se veía como si hubiese sido
reunido por un estilista importante.
La madre de Neve, que no conocía la otra mitad, siempre decía que
Neve debería hacer un esfuerzo por ser amiga de Charlotte. Pero, en lo que a
Neve respectaba, una no intenta adular a la chica que hizo de tus años de
adolescencia un infierno, ni siquiera aunque ella fuera ahora tu cuñada. Había
sido casi soportable cuando se mudaron primero a la casa, porque Neve y
Charlotte se habían dado un amplio margen, pero luego hubo ese fatídico fin
de semana, cuando Douglas se marchó a Sheffield y Charlotte había tenido a
sus horribles amigas quedándose. Las mismas horribles amigas que habían
atormentado a Neve en la escuela, desde el Séptimo al Decimoprimer grado.
Todas habían bajado las escaleras en tropel, con tacones y una nube de
olor dulzón mientras Neve iba hacia ellas, y escuchó ese horrible nombre que la
había perseguido durante toda la escuela. Peor, alguien la empujó con el
hombro contra la pared. Y, aún peor, cuando regresaron a casa, ebrias, a las
tres de la madrugada, procedieron a emborracharse aún más y poner
SingStar
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a un volumen inimaginable hasta que incluso Celia (no Neve, sino
Celia) golpeó a su puerta y les dijo que cerraran sus malditas bocas. Ahí fue
cuando comenzaron a cantar “Nellie la elefante” seguida por “Hey Gordita
Bum Bum” e incluso “Chicas Con Traseros Gordos” hasta que el Bacardi Breezers
se agotó.
Neve pasó el siguiente día llorando en el hombro de Celia. Celia le contó
a su madre, que se lo contó al Sr. Slater, que debía haber charlado con Dougie
y él definitivamente le dijo algo a Charlotte porque después de eso bajó los
guantes. Fue una guerra abierta. Celia y Charlotte habían tenido una
competencia de gritos en el medio de Stroud Green Road. El Sr. Slater apenas
se atrevía a tener un carácter civil frente a Charlotte, y Charlotte se la agarró
con Neve.
—Lo siento —repitió Neve, porque nunca hizo algún bien tratar de
explicar o, Dios no lo permita, discutir con Charlotte. Ella simplemente lo
devolvería cien veces peor y siempre lo hacía personal, así que Neve había
decidido hace tiempo que la repetición era mejor que la razón—. Realmente lo
siento.

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SingStars: Juego de video para PS.


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—¿Qué crees que estás haciendo? —dijo Charlotte mientras Neve daba
un paso hacia adelante—. ¿Cuántas veces debo decírtelo? ¡Quítate los
zapatos!
Con toda la gracia de un bebé elefante, Neve se tambaleó en un pie,
mientras trató de quitarse su bota y logró chocarse su bicicleta.
—La bicicleta ni siquiera debería estar en el pasillo —Charlotte explotó
nuevamente, no del todo preocupada de que Neve estaba cautelosamente
sintiendo su cadera para ver si estaba rota.
—Eres tan jodidamente egoísta. Rompí un nuevo par de mallas que por
supuesto deberás pagar.
Era una casa con doble frente, con un pasillo tan largo que aunque
hubiera tres bicicletas en lo profundo, aún habría espacio para pasar sin
obstáculos. Pero Neve no se iba a meter en eso.
—Supongo que puedo intentar montarla en un soporte en la pared pero
no estoy segura de que el yeso sea lo suficientemente fuerte para sostenerla.
—¡Me importa una mierda, déjala afuera! No es como si ir en bicicleta a
todos lados estuviera teniendo algún impacto en tu figura, ¿Verdad? —
Charlotte demandó groseramente, y cuando sonrío así, su rostro se iluminó con
malicia, no se veía tan bonita.
Era sólo Charlotte tirando los mismos agotadores viejos insultos, que ni
siquiera eran ciertos ya, pero, aún así, Neve miró hacia su cuerpo solo para
asegurarse de que no había engordado una talla desde que Charlotte
comenzó a gritarle.
—Lo siento —Neve ofreció de nuevo y se quedó parada allí, las manos
colgando débilmente a sus lados, cabizbaja, hasta que murmurando una última
maldición, Charlotte regresó a su piso y dio un portazo detrás de ella.
Neve subió las escaleras, tensa, mientras alcanzaba el primer piso, en
caso de que Charlotte decidiera que estaba lista para una segunda actuación,
porque hacía eso algunas veces. Sólo para mantener a Neve es su lugar.
Una vez que estuvo dentro de su apartamento, Neve se hizo una tortilla
muy tranquilamente, asegurándose de colocar cuidadosamente los platos y
utensilios en los individuales de goma que había comprado. Incluso colocó
topes de goma en las puertas de su alacena, para que fuera imposible cerrarlas
con un golpe, aunque no había tenido tanta suerte con la gaveta de los
cuchillos. Comió su cena en la mesa de la cocina y se hicieron las siete y media,


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Charlotte estaría mirando EastEnders
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y no estaría disponible para comenzar a
golpear el techo, porque el sonido de los dedos de Neve en el teclado de su
computadora o dando vuelta las páginas de un libro podrían ser clasificados
como contaminación sonora si eras la bruja más atroz, mala y de corazón
oscuro que jamás había caminado sobre la tierra.
Mientras lavaba los platos, Neve pensó en Max. Pero entonces, había
estado pensando en Max, toda la tarde. Deseaba ser el tipo de chica que,
metafóricamente, podía encogerse de hombros, encontrar algo de perspectiva
sobre la situación y luego convertirla en una anécdota graciosa para contarles
a sus amigos. Como estaban las cosas, Neve sabía que se llevaría el sórdido
secreto a la tumba y nunca se lo contaría a nadie, y sólo podía esperar que
Max sintiera lo mismo. Tal vez, él ya estaba celebrando con cócteles en algún
club privado del Soho y haciendo que sus glamorosos y agotados amigos
rugieran de risa, mientras les daba un reporte con puntos y comas de cómo
había pasado la noche previa.
Neve agarró su cabeza y sintió una ola de vergüenza y repulsión
estremecerse a través de ella. Aún estaba sentada en la silla de la cocina y se
balanceó suavemente cuando el teléfono sonó, diez minutos después.
—¿Hola? —dijo precavidamente al receptor, porque su madre siempre
llamaba cerca de esta hora y no estaba segura de que pudiera lidiar con la
Sra. Slater lamentándose sobre qué tan frío estaba en Yorkshire y cuántos
centímetros de nieve habían tenido en las últimas veinticuatro horas.
—¿Neve? Soy William ¿Cómo estás? —Simplemente así, sólo con seis
palabras de William, Neve pasó de la desesperación al deleite.
—Estoy bien —jadeó, su rostro transformándose de placer—. Qué
encantadora sorpresa. ¿Cómo estás tú?
—Mucho mejor por escuchar tu voz. ¿Cómo haces eso?
—No lo sé —dijo Neve, resistiendo la necesidad de reírse como una chica
y pavonearse ante el cumplido de William—. Pensé que íbamos a hablar el
domingo ¿Algo está mal?
—No exactamente. —Pero William sonaba tan triste, que Neve sintió doler
su corazón en simpatía—. Neevy, me he puesto en un terrible aprieto con los pie
de nota en ese documento que estoy escribiendo acerca de Rossetti.
Honestamente, estoy pensando en abandonar el mundo académico y
conseguir trabajo en una librería.

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EastEnders: telenovela británica emitida desde 1985 por la BBC.


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—Oh, querido. —Neve susurró, su tono se volvió tan empalagoso que de
hecho quiso atragantarse—. No creo que seas un empleado de librería modelo;
tendrías que estar muy ocupado leyendo bajo el mostrador para hacer el
inventario y te rehusarías rotundamente a vender libros a los clientes si pensaras
que están mal escritos o que no tienen ningún merito literario.
—¿Y tú no? —William inquirió, y no lo dijo sarcásticamente, sino con tal
diversión que Neve no podría ofenderse.
—Oh, totalmente —le aseguró—. Así que, ¿Hay algo que pueda hacer?
Quiero decir, los Poetas Románticos no son mi mejor área, pero ¿Te gustaría que
leyera tu último borrador?
—¿Lo harías? —El alivio de William era palpable—. También, ¿Irás a la
Biblioteca Británica la próxima semana? Porque necesito revisar un par de
referencias pero los préstamos de la inter-biblioteca, tardan mucho y ni siquiera
estoy seguro de que ellos tengan…
—No es un problema. Estoy por hacer una visita —Neve dijo apresurada.
Cada pocas semanas, ella inventaba una razón para descender a la Biblioteca
Británica, y después de pasar diez minutos chequeando diligentemente una
fuente, se tomaba un par de horas para hacer cosas no relacionadas al
Archivo. Siempre se sentía culpable acerca de eso y vivía con miedo de que el
Sr. Freemont apareciera repentinamente para controlarla, descubriendo la
terrible verdad y la echara, pero no obstante lo hacía—. Por qué no me envías
un email con las referencias y prometo tenerlas revisadas, antes de que termine
la próxima semana.
—Muchísimas gracias. —William respiró, y Neve sostuvo el teléfono más
fuerte, porque, aunque había una pequeña demora transatlántica, cada vez
que él hablaba, imaginaba que podía sentir su aliento sobre su piel—. No sé
qué haría sin ti.
—Realmente no es nada —dijo Neve, alejando su cabeza del receptor
para poder, momentáneamente, sonreír como una lunática—. Siempre estoy
feliz de ayudar —agregó, cuando pudo confiar en si misma otra vez para
responder.
—Bueno, ahora que nos sacamos eso de encima, quizás puedas
explicarme por qué me mentiste. —William agregó enérgicamente.
—¿Qué? No he mentido. ¿Sobre qué he mentido? —demandó Neve,
mientras exprimía su cerebro por algo que pudiera haberle escrito a William que
se alejara de la verdad. Tal vez, se refería a mentir por omisión, porque no le
había contado sobre…


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—Puedo decir que no estás bien, a pesar de que dijiste que sí lo estabas.
Supe tan pronto como atendiste el teléfono y dijiste hola, que algo te estaba
perturbando. —La voz de William se suavizó—. Me gustaría pensar que confías
en mí lo suficiente para contármelo.
—Confío en ti —dijo Neve rápidamente, y aunque daría cualquier cosa
por contarle a alguien sobre lo de anoche y rogar por algún consejo, William
era la última persona a quién se lo contaría. Se lo contaría a su madre antes
que a William—. Y realmente, estoy bien. No es nada.
—No estás bien y obviamente es algo. Voy a tener que recurrir al cliché y
decirte que un problema compartido en un problema a medias.
—Bueno, no estoy segura de que eso sea cierto —refunfuñó Neve y
William chasqueó la lengua, y más para mantenerlo en el teléfono que otra
cosa ella dijo—: Yo, bueno…um, yo cometí un error de juicio y dio lugar a todo
tipo de er… equivocaciones, hubo más involucrados y creo que puedo
haberlos cabreado —Frunció el ceño, y si no estuviera sosteniendo el teléfono,
sus manos estarían agarrando su cabeza —. O ellos pueden haberle dicho a
otra gente lo que hice. Oh Dios, estoy en un gran aprieto.
—¿Pero qué hiciste? —preguntó William—. Estoy seguro de que no pudo
haber sido tan malo.
—Pero fue malo. Muy, muy malo.
—Neevy, no has tenido un hueso malo en tu cuerpo y si cabreaste a esta
otra persona, estoy seguro de que no fue a propósito —dijo William dulcemente,
y era en momentos como estos, cuando él era tan simpático, que Neve se
preguntaba si él tomaba una píldora cada mañana que le diera la habilidad
de decir exactamente lo correcto siempre.
—Es sólo que no sé qué hacer para revertir la situación —admitió Neve—.
O para sentirme mejor.
—Puedes disculparte con ellos —sugirió William—. Explica las
circunstancias que llevaron a este um… error de juicio y estoy seguro de que
ellos se darán cuenta de que normalmente nunca te comportas así. No has
cometido plagio, ¿Verdad, Neve?
—¡Dios, no! Por supuesto que no —farfulló Neve, sorprendida de que
William pudiera pensar tal cosa—. Nunca haría algo así.
—Bueno, entonces no puede ser tan malo. Tienes una tendencia a
impacientarte. Sólo explica, discúlpate, sigue adelante —dijo William
firmemente, y era justo el consejo que Neve había estado esperando,
excepto…


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—Cuando dices disculparme, ¿Te refieres a personalmente? O
telefónicamente, así tendré que hablarles, porque no estoy enteramente segura
de poder hacerlo.
William suspiró.
—Oh Neevy, ¿Qué voy a hacer contigo? Escríbeles una carta… escribes
bellas y elocuentes cartas. —Suspiró otra vez—. Siempre es agradable ver un
sobre azul del correo esperándo en mi buzón.
Neve no pudo evitar suspirar también, aunque su suspiro fue un suspiro de
puro anhelo.
—Eso es algo muy bonito —dijo con una voz que estaba al borde de una
sonrisilla—. Y un muy buen consejo. Le escribiré a esta persona una carta y
entonces, tal vez sea capaz de dormir esta noche sin preocuparme por eso.
Compartieron un par de bromas sobre el tiempo y como Neve
absolutamente iría a la Biblioteca Británica en cuanto pudiera, luego William
cortó y Neve pudo agarrarse la cabeza con las manos por razones
enteramente diferentes.
Dejó que Max la tocará de formas y en lugares que sólo le pertenecían a
William. William jamás se hubiese permitido tomar esa clase de libertades con
mujeres que apenas conocía. Repentinamente, Neve recordó como Max la
besó y le preguntó si podía ir a casa con ella cuando ni siquiera sabía su
nombre. Era un canalla y probablemente se estaba moviendo hacia otra
víctima mientras Neve se sentaba en su cocina, melancólica.
Neve fue en puntillas de pie a la sala, se sentó en su escritorio, abrió su
cajón superior y selecciono una hoja de Basildon Bond. Luego tomó su mejor
pluma, debido a que si iba a escribir una carta, lo iba a hacer
apropiadamente. Además, era de mala educación tipear correspondencia
personal. Vaciló un momento acerca de poner su dirección en la esquina
superior derecha, pero Max ya sabía donde vivía y ella no podía escribir una
carta sin poner su dirección en la esquina superior derecha, así era como lo
hacía ella. Hecho eso, pudo abocarse a la verdadera tarea:
Querido Max, solo quería disculparme por mi comportamiento la noche
que nos conocimos. Estuvo completamente fuera de lugar y es algo de lo que
sinceramente me arrepiento. No menos importante, porque Celia me contó
que estabas algo molesto con lo que ocurrió. No estoy poniendo excusas, pero
en mi defensa había bebido mucho y no estoy acostumbrada al alcohol.
Disminuyó mis inhibiciones y coloreó mi juicio, y me encontré actuando de una
forma que me hace sentir profundamente avergonzada. Escribir esto es muy
difícil para mí pero siento que te debo una honesta explicación por mis


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acciones. Cuando me preguntaste si estaba recuperándome de un amorío que
salió mal, no podías haber estado más equivocado. Nunca había estado en
una relación o siquiera en una cita, lo que sé que es muy inusual para una mujer
de mi edad, pero verás que estoy profundamente enamorada de un hombre
que ha estado fuera del país durante los últimos tres años. Durante este tiempo,
he hecho varios grandes cambios de estilo de vida, uno de los cuales ha sido
perder una considerable cantidad de peso. No por William (ese es su nombre),
pero debo admitir que esta ausencia ha sido una motivación para querer
transformarme para su regreso. Tengo esta tonta idea de que como parte de mi
viaje de autodescubrimiento necesitaba embarcarme en alguna interacción
con el sexo opuesto. Nada muy oneroso para comenzar: algunos coqueteos, un
par de citas y después, con suerte un amorío de corta duración que facilitaría
mi pasaje a este nuevo mundo. Una relación crepe, si se quiere, así cuando
William regrese de ultramar, habré ganado algo de experiencia y un vistazo a lo
que hace funcionar una relación para no cometer errores. Odiaría que nuestra
vida juntos se arruinara antes de que realmente comenzara debido a mis
nervios e ignorancia en la materia del corazón. Pero anoche, como dije, bebí
demasiado y estaba halagada (y también confundida) por tu atención, y todo
se descarriló. De repente, pareció terriblemente importante que dejara el sexo
fuera de mi plan, pero mi inexperiencia y mis problemas con mi cuerpo
superaron al alcohol y bueno, ya conoces el resto. No puedo enfatizar lo
suficiente que nada de esto fue tu culpa. Di todas las indicaciones de que
quería tener sexo contigo, y tú eras muy consciente al solicitar mi consenso en
cada etapa de nuestro desafortunado encuentro. Estoy muy agradecida de
que te hayas detenido cuando lo hiciste, ya que me temo que hoy sentiría una
forma enteramente diferente de arrepentimiento si hubiéramos seguido hasta el
amargo final. Por favor, no pienses que te estaba usando de alguna manera.
Tengo la impresión de que tuviste una actitud muy relajada con respecto a este
tipo de intimidad y creo que te di la impresión de que compartía la misma
indiferencia casual por las relaciones sexuales. Sé que no tengo el derecho de
pedirte nada, pero estaría eternamente agradecida si guardas el contenido de
esta carta para ti. Amo a mi hermana, pero ella puede ser muy protectora
conmigo y tiene una tendencia a sobre dramatizar. Una vez más, me disculpo si
te he causado alguna aflicción o inconveniente.
Con un cordial saludo.
Neve Slater (Hermana de Celia).
Neve leyó la carta con horror. Había sido felicitada a menudo por
su estilo de prosa; incluso había ganado una competencia nacional de historias
cortas a los once años y tenía varias piezas publicadas en “Isis”, cuando estaba
en Oxford. Pero esta carta… Dios, era tan artificial y estirada, como si fuera


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escrita por una solterona de la parroquia que tenía demasiados gatos y un gran
interés en la capilla.
Sin embargo, seguía buscando en su escritorio por un sobre y un libro de
estampillas, porque ya estaba hecho. Evaporado. Nunca sucedió.

















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Traducido por Pixie
Corregido por Mali..♥

eve nunca volvió a escuchar acerca de Max, lo cual fue un gran
alivio. Significaba que ella podía dejar todo el desafortunado
incidente atrás y seguir adelante. Al menos, había aprendido de
la experiencia —y lo que había aprendido era que no estaba lista
para interactuar con el sexo opuesto. No emocionalmente. No mentalmente. Y
ciertamente, no físicamente.
Al menos podía hacer algo respecto a la última. Después de todo, tenía
un historial comprobado a la hora de perder peso, como era el segundo
sábado de febrero, y el momento de su evaluación física mensual con su
entrenador, Gustav, Neve esperaba algunas buenas noticias. Era el único
momento que Neve tenía permitido subirse a una balanza. Gustav era
enfáticamente anti-balanzas y muy pro-cinta de medir.
—Has perdido otro centímetro de tu… —Hizo un gesto en su pecho. Neve
no sabía si era porque Gustav era austríaco o gay pero nunca le gustaba decir
la palabra con s —senos— sino que en cambio, prefería hacer gestos con sus
manos.
—¿Se han ido abajo? ¿Otra vez? —Neve miró hacia su pecho
consternada.
—Casi un centímetro y medio de tu cintura superior, nada de tu cintura
baja, sin cambios en tu cadera. Quizás medio centímetro de tu muslo izquierdo,
nada del derecho.
Había habido una breve, dichosa ventana en el tiempo, cuando Neve
creyó que terminaría con una clásica figura de reloj de arena, pero esos
momentos no perduraron y ahora ella tenía definitivamente una forma de pera.
—¿Pero cuando la grasa va a pasar de la cintura para abajo? —
preguntó, desesperada, agarrando un muslo para que Gustav pudiera verlo
sacudirse—. ¿Cuántas sentadillas y estocadas va a tomar?
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Gustav hizo girar su silla hacia atrás y le dio su mirada más seria. Estaban
en su pequeña oficina del último piso del gimnasio en Highgate. Ella había
comenzado en un gimnasio menos elegante en Finsbury Park, pero luego
Gustav se mudó al de Highgate, le otorgó a escondidas un gran descuento en
la membrecía e hizo este estirado, pero sentido, discurso acerca de cómo
estaban juntos en un viaje y —No nos detendremos, ni siquiera cuando
alcancemos la línea de llegada. Es un viaje de por vida, Neve.
Neve no estaba completamente segura, debido a que nunca se sabía
con Gustav, pero pensaba que estaba en lo cierto al decir que su relación
profesional se había transformado en una amistad. Una amistad muy co-
dependiente.
—Neve, te he dicho esto una y otra vez, tú no decides dónde y cuándo la
grasa se va. Se va cuando quiere. Tienes que ser realista. ¿Qué más digo
siempre?
—No gané peso de un día para otro y no voy a perderlo de un día para
otro —Neve repitió obedientemente—. Pero siendo realista, aún necesito perder
unos buenos dieciocho kilos. Y realísticamente ¿Puedo hacerlo en seis meses?
—Si eres muy buena, muy paciente y haces exactamente lo que te digo
—dijo Gustav implacable. Normalmente era bueno que el reaccionara
duramente cuando Neve estaba teniendo una crisis de fe, pero a veces solo
era muy, muy irritante.
—Pero he tocado techo. Lo sé, tú lo sabes. Subo dos kilos cuando es mi
momento especial de dama y luego los pierdo cuando ha finalizado. ¡Ha sido
así desde hace tres meses! —finalizó Neve, lamentándose agraviada—. Ya
ejercito seis días a la semana y voy en bicicleta a todos lados, siempre subo las
escaleras y…
—¿Te has estado pesando en secreto, verdad? —preguntó Gustav
malhumorado, doblando sus brazos y sus bíceps se abultaron aún más de lo
que lo hacían en reposo.
Cuando se conocieron, ese fatídico día en el que Neve había entrado a
un gimnasio por primera vez en su vida y goteaba litros de sudor en un ejercicio
en bicicleta, mientras trataba arduamente de no morir de un infarto, había
estado aterrada de Gustav. Se veía como salido de Olympia de Leni Riefenstahl
con su bronceado, su musculatura, sus gélidos ojos azules y su rubio cabello
aplanado, su acento austriaco había sido la cereza de un postre ario. A lo largo
de los últimos dos años y medio, él ha sido imposiblemente amable con Neve,
de una manera inflexible, “amor duro”, y ella se había encariñado


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increíblemente. Incluso ahora, cuando sus ojos centelleaban y sus delgados
labios se habían afinado tanto que habían dejado de existir.
—Dije bien al comienzo de esto que no iba a haber peso sin supervisión —
dijo—. Lo prometiste.
—Sé que lo hice y lo siento, pero a veces necesito números.
—Solo las mediciones cuentan —le recordó Gustav, su voz era gentil
ahora que Neve estaba debidamente arrepentida—. Sabes que cuando
rompes una promesa conmigo, rompes una promesa contigo misma. Te dije
que los últimos veintidós kilos serían los más difíciles de perder.
—No pensé que sería tan difícil.
—Tu metabolismo es muy impredecible —olfateó Gustav—. Cambiaremos
un poco las cosas. —La miró pensativo—. Tal vez deberías tomar un descanso
de los ejercicios por una semana para que puedas reiniciar tu sistema.
—¡No puedo hacer eso! —Neve lo miró con horror—. Engordaré como un
globo de un día para otro y de todas maneras, estoy acostumbrada a gastar
cierta cantidad de energía cada día y no seré capaz de dormir. —Podía sentir
sus cejas juntarse mientras le daba a Gustav una mirada suplicante—. Cualquier
cosa menos un descanso del gimnasio.
Gustav se derrumbó inmediatamente, de la manera en que siempre lo
hacía cuando Neve mostraba un compromiso hacia su estado físico y su
régimen de entrenamiento más allá de sus expectativas. —Has recorrido un
largo camino —murmuró, su voz entrecortada se suavizó, era una señal de que
se sintió conmovido—. Estoy tan orgulloso de ti. Es por eso que te tengo esto.
Se acercó a la gaveta de su escritorio, y el espíritu de Neve, que se había
hundido ante la perspectiva de recortar el gimnasio, se elevó. Tal vez Gustav
cedió y la dejaría tener un podómetro después de todo. Pero los podómetros
no vienen en grandes sobres rojos.
—Feliz San Valentín —dijo Gustav con una cara seria, porque él nunca
bromeaba durante las consultas personales.
Neve tomó el sobre cautelosamente.
Aunque había recibido la usual tarjeta de su madre y un texto de Celia,
había estado tratando de olvidar qué era San Valentín. Al menos tuvo la
decencia de caer un sábado este año, porque odiaba a las chicas presumidas
en el subte, al atardecer, con sus presumidos ramos de presumidas rosas rojas.


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—¿Normalmente les das a tus clientes tarjetas de San Valentín? —
preguntó Neve, mientras abría el sobre y era enfrentada por dos corazones rojos
acurrucados uno al lado del otro.
—Por supuesto que no —Gustav se estremeció—. Harry y yo aún estamos
muy felices juntos, pero tú no eres solo mi cliente, Neve, eres mi amiga —Se
detuvo—. Una de mis mejores amigas.
—Y tú has cambiado mi vida —dijo Neve, sin humor en su voz—. Y te
abrazaría pero recién hemos estado haciendo acondicionamiento corporal y
estamos muy sudados.
Gustav asintió. —Harry me está preparando una cena esta noche, pero
tengo veinte minutos si quieres hacer algo de combate ligero.
Mientras Neve se ponía los guantes de boxeo, miró alrededor del
gimnasio desierto (solo un hombre, insistiendo mucho en la cinta, pero tenía un
olor corporal espantoso por lo que no era de extrañar que no tuviera planes
para esta noche) y, de repente, tuvo una epifanía de que este sería el último
día de San Valentín que pasaría sola. El próximo año, para esta época, William
estaría de regreso, ella sería una talla diez y todo sería perfecto.
Neve se sintió exhausta, pero vigorizada, por golpear sus demonios y
luego regresar en bicicleta a casa bajo la lluvia. Su revelación de que estos
serían los últimos meses que pasaría soltera le había pintado una sonrisa en su
rostro que no se movería. A medida que avanzó sin pedalear en Abelard Road
y vio todas las luces apagadas en el número veintisiete, la vida le pareció
bastante buena. Neve usualmente salía los sábados a la noche, incluso si solo
era ir al cine, pero sus amigos emparejados estaban teniendo citas románticas y
todas sus amigas solteras habían, con toda razón, decidido que salir el día de
San Valentín y tener que abrirse camino a través de parejas besuqueándose era
una receta para ataques de rabia y pensamientos suicidas.
Neve estaba contenta de quedarse, porque parecía que Charlotte había
arengado a Douglas para que la llevara fuera y poder festejar la absoluta farsa
que era su matrimonio, lo que significaba que Neve podía subir corriendo las
escaleras con sus zapatos puestos y pisar tan fuerte como quisiera. Incluso,
escuchar Radio Four y hacer ruido con los utensilios mientras hacía la cena. Se
deslizó de su bicicleta para destrabar la puerta y vio una sombría figura sentada
en los escalones de su puerta.
Celia y Yuri estaban en la noche “Que Se Joda San Valentín y el Caballo
en el que se Montaba” en Dalston, así que Neve alcanzó sus llaves, que podría
usar como un arma. Entonces la figura se puso de pie y la lámpara del otro lado
de la calle reveló quien era su supuesto atacante.


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—¿Qué estás haciendo aquí? —le gritó a Max.
—Tengo tu carta y la corazonada de que estarías sola en casa un sábado
a la noche —explicó Max mientras Neve se mantenía mitad dentro, mitad fuera
de la puerta—. Quiero hablar contigo.
—No hay nada que hablar. —Insistió Neve, con sus dedos bien apretados
en el llavero, mientras ignoraba la indirecta sobre su supuesto sábado a la
noche de soltería—. He dicho todo lo que tenía que decir. ¡Me disculpé!
—Bueno, sí, lo hiciste —En el medio me catalogaste como una especie de
prostituto. Mira, no estoy aquí para tener una discusión. Solo quiero…hablar. —
Finalizó Max, como si no fuera la palabra adecuada, pero sí en la única en la
que podía pensar.
—No creo que tengamos algo de qué hablar. —Entonces, la lluvia siguió
cayendo, densa, rápida y goteando el cuello del pasamontaña de Neve—.
Mira, no es conveniente. He estado en el gimnasio, he venido en bicicleta a
casa y me estoy empapando…
—Puedo entrar mientras te duchas y te cambias —dijo Max con facilidad.
Neve lo miró suspicazmente. No había manera de que él entrara a su
departamento y se sentara en su sala mientras ella estaba desnuda en su baño.
No, a menos que él pensara que, a pesar de todo lo que había dicho en la
carta, ella quería otro intento. —No, no puedes —siseó en un escandalizado
susurro—. ¿No fue la última vez lo suficientemente malo?
—Créeme, aún tengo pesadillas sobre eso. —Devolvió Max—. Solo quiero
hablar. Mira, ¿Qué me dices del bar de la esquina?
—¿Qué hay con él?
—Te veo allí, digamos, en ¿Media hora? —Max dio un paso fuera del
porche y Neve no tuvo más opción que correr la rueda de su bicicleta hacia
atrás, así él podría salir del edificio.
—Tienes un paraguas, ¿Verdad? —Neve se escuchó a si misma preguntar
—. Podría prestarte…oh
Max estaba abriendo un enorme paraguas de golf, que aparentaba
haber comenzado su vida en el Four Seasons de Beverly Hills. —Así que ¿Eso
significa que te veré en treinta? —Él estaba ahora al mismo nivel que ella, su
bicicleta entre ellos actuaba como chaperona.
—Bueno, supongo —dijo Neve, sin gracia—. Aunque no puedo imaginar
sobre qué tenemos que hablar.
—Genial —dijo Max—. Tendré un vino blanco esperando por ti.


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—No estoy bebiendo —Neve le dijo a su figura yéndose—. ¡Nunca otra
vez!
Neve quería reunirse con Max en Hat and Fan tanto como quería un
descanso del gimnasio. Pero había visto la mirada de resolución en sus ojos
mientras pasaba y, simplemente, podía imaginarlo regresando a la casa y
apoyándose en el timbre hasta que ella lo dejara entrar.
Mientras se daba una rápida y superficial ducha, Neve no podía pensar
en ninguna razón lógica de porque Max querría hablar con ella sobre la carta.
Además, una cosa era ser honesto y real en una carta y otra serlo en persona,
era algo enteramente diferente. Secó rápidamente su cabello con una toalla
debido a que iba a mojarse nuevamente y se puso un sostén, bragas y soquetes
de lana, inspeccionando sus opciones de vestuario. No se iba a producir otra
vez, solo le daría a Max la idea equivocada —no era como si él pareciera tener
algunos recuerdos agradables del tiempo que pasaron juntos. Aún así, ella tenía
su orgullo y no iba a aparecer en un chandal y con mala actitud.
Neve se puso sus jeans de Gap modelo Larga & Delgada, que no hicieron
nada para detener que ella sea Corta & Rechoncha, a continuación, después
de algunas breves vacilaciones, ella se deslizó en una túnica de corte imperio
color gris, que finalizaba en la mitad de los muslos y cubría multitud de pecados
—o por lo menos cubría sus caderas.
Una rápida mirada al reloj y Neve se dio cuenta de que tenía diez minutos
para presentarse en el bar. Recogió su cabello en una cola de caballo suelta,
se puso su confiable Black Honey Clinique Almost Lipstick en sus labios y sus
falsas Uggs de Primark, aunque Celia había tratado de hacerle prometer de
que nunca dejaría la casa usándolas.
La lluvia había cesado, así que, con sus guantes y gorro, Neve corrió a lo
largo de la calle y un minuto antes de que se cumpliera la media hora, empujó
la puerta de Hat and Fan.
Normalmente, Neve odiaba ir a bares por su cuenta, pero Hat and Fan
era como su segundo hogar, aún cuando no había puesto un pie en él por casi
tres años. Estaba encantada de ver que todavía era la hostería que el
aburguesamiento había pasado por alto. Aún había caballos de bronce
montados atrás de la barra, junto con paquetes de chicharrones, una
verdaderamente horrible reproducción de Monarch of the Glen colgando
sobre las llamas simuladas en la falsa chimenea, y del otro lado de la barra,
estaba la sala “acogedora”, y todo el mundo aún la llamaba así.
Ida y Jake estaban sentados en su mesa habitual en el pequeño rincón
junto a la puerta, con sus respectivas botellas, copas y limón y, mientras Neve se


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adentraba al calor del bar, sobre una alfombra con un estampado paisley que
no había sido quitada para no exponer las tablas de madera debajo de ella,
cada cabeza se giró para mirarla. Era esa clase de bar.
—¡Neevy, mi querida! —chilló Bridie, la dueña—. Mira a esta chica, está
consumiéndose.
—No realmente —dijo Neve, removiendo su gorro y ondulándose hacia
los hermanos O’Leary que estaban siempre sentados en la barra.
—No queda nada de ti —insistió Bridie—. Apenas te habría reconocido si
no te conociera mejor que a mi propia carne y sangre.
Bridie la había reconocido bien cuando Neve se tropezó con ella en
Tesco, la semana anterior, así que Neve solo sonrió vagamente y miró alrededor
buscando a Max. —Él está en “la acogedora” —dijo uno de los hermanos
O’Leary —Neve nunca estaba segura de quién era quién—. El tipo joven que
vino más temprano.
Neve sonrió. Max no sería capaz de comprar una bolsa de patatas fritas
sin una feroz interrogación y la sugerencia de que sería mucho más feliz en el
Old Dairy en la esquina, dónde tienen toda esa cerveza importada.
Abrió la congelada puerta de vidrio que llevaba hasta la sala poco
cargada que siempre olía a naftalina, y allí estaba él; sentado en uno de los
sofás de cuero picado de imitación y viéndose como si deseara tener otro lugar
donde estar.

















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Traducido por ♥...Luisa...♥
Corregido por Mali..♥

ú eras el que quería conocer esto —dijo Neve, mientras los labios de
Max se retorcían a modo de saludo.
—Podrías haber dicho que este es tu abrevadero habitual.
—No realmente, pero este era el antiguo pub de mi abuelo, así que
medio me crie aquí —dijo Neve, mirando a su alrededor con una medio sonrisa
al recordar los almuerzos del domingo en la larga mesa en el bar principal y de
pie sobre los pies de su abuelo Fred, mientras él bailaba alrededor, con los
viejos discos de Frank Sinatra de la abuela—. Se siente como en casa.
—Mientras yo sea la dueña, esta será siempre tu casa —dijo Bridie, de
forma afanada—. Dame tu abrigo, amor, y dime lo que quieres para beber.
—¿Puedo tomar una taza de té? —pidió Neve mientras le entregaba su
abrigo a Bridie.
—Puedo hacerte un plato de bocadillos o, ¿Qué tal un tazón de sopa
buena? Tengo un poco de Oxtail
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casero arriba.
—Sólo té está bien, gracias —dijo Neve, sentándose en el sofá que estaba
dispuesto en ángulo recto al de Max. Bridie le lanzó a Max una mirada que
hervía de sospecha.
—¿Y tu novio va a querer algo más?
Max parecía bastante inofensivo en pantalones vaqueros y un suéter a
rayas, de lana y, en realidad, no había hecho nada para merecer tal abierta
hostilidad, sino sólo tener un pene y conocer a Neve por su nombre era crimen
suficiente.
—Él no es mi novio —dijo Neve, suavemente, con una sonrisa de disculpa
en dirección a Max, lo que le consiguió una ceja levantada a cambio—. Este es
Max. Trabaja con Celia.

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Sopa de rabo de buey.
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Mientras la cara de Bridie se cuajaba como si alguien hubiera pisado
mierda de perro y hubiera dejado huella a través de las alfombras,
interiormente, Neve golpeó su mano contra su frente. Celia era el garbanzo
negro del clan Slater con su ropa extravagante y sus amigos fantoches y la
forma en que se había fugado a Nueva York después de sus niveles-A y
"rompiendo el corazón de su pobre madre", como Bridie se padecía. Neve no
se acordaba de la rotura del corazón de su madre. Había estado realmente
molesta cuando Celia había aterrizado sin haber sido invitada a las puertas de
la tía Catalina en Nueva Jersey, pero eso era lo que se había ido.
—Bueno, yo te conseguiré una taza de té, entonces —dijo Bridie, con una
mano en la ajustada puerta—. Sólo grita si necesitas algo. —Ella dejó la puerta
entreabierta, mucho mejor, para escuchar los gritos doloridos de Neve si Max
fuese vencido por la lujuria y se abalanzaba allí mismo sobre ella.
—Así que, una palabra tuya ¿No habrá una procesión de antorchas, que
me echen? —preguntó Max, vaciando el contenido de su vaso de cerveza.
—Creo que sólo te ejecutarán a través de horcas —dijo Neve con calma,
porque estaba en su propio terreno, por así decirlo, y se sentía un poco menos
en una situación de desventaja.
—¿Tienes sentido del humor, entonces? —Max se encogió de hombros—.
Estaba empezando a preguntármelo. —Y, simplemente así, Neve se sentía
incómoda e inquieta de nuevo.
—Mira, acerca de esa noche. Lo siento mucho —empezó vacilante—,
traté de explicarlo en la carta. No entiendo por qué tienes que perseguirme
para discutirlo todo de nuevo una y otra vez.
—Nadie nunca me había enviado una carta pidiendo disculpas después
de una aventura de una noche.
—No fue una aventura de una noche. —Lo interrumpió Neve en un susurro
feroz—. En realidad no. —Sin duda ¿Tendría que haber penetración prolongada
real para que pudiera calificarse como una aventura de una noche?
—En cierto modo lo fue —respondió Max, susurrando, y Neve le agradeció
que se hubiera dado cuenta de que todos los oídos en el bar principal se
esforzaban en su dirección—. De todos modos, me asusté y luego me preocupé
de que estuvieras aún más asustada y quería asegurarme de que estuvieras
bien. —No era en absoluto lo que Neve había estado esperando y se pudo
relajar un poco. O por lo menos exhalar y aflojar.


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—Así que, ¿Lo estás? —Le solicitó Max, llegando cautelosamente a su
brazo, para empujarlo, como si temiera que pudiera romperse si la tocaba o,
más probablemente, que gritaría para pedir ayuda.
—¿Qué si estoy bien? —Neve examinó la cuestión, pero la quemadura en
sus mejillas respondió por ella—. Creo que sí, aparte de preguntarme si es
posible morir de vergüenza.
—¿Ves? Eso es lo que me daba miedo. —Max se movió hacia la derecha
de la esquina de su sofá, así estaba tan cerca de Neve como podía, mientras
mantenía una distancia respetable entre ellos—. El sexo no es nada por lo qué
avergonzarse. No es gran cosa.
—Pero si es una gran cosa —dijo Neve, haciendo una pausa mientras la
magnitud del acto la volvía a golpear—. O debería serlo. Se trata sólo de lo más
íntimo que puedes hacer con alguien y yo estaba demasiado bebida y me
estrellé directamente en el sexo, sin ningún tipo de pensamiento. He pasado
más tiempo debatiendo si debo comprar un par de zapatos.
Las cejas de Max habían subido más y más alto, mientras Neve
pronunciaba su discurso, y justo cuando abrió la boca para defender la causa
del amor libre y fácil, Bridie estaba de vuelta con una bandeja en donde traía
una pinta de cerveza, una humeante taza de té y un plato de bocadillos.
—Ahora sé que dijiste que no tenías hambre, pero te ves como si no
hubieras tenido una comida decente en las últimas semanas —insistió Bridie con
fuerza, a pesar de que Neve sabía que si alguna vez sobrevivía a un accidente
de avión tenía suficientes reservas de grasa para una duración de al menos un
mes si no se encontraba nueces y bayas—. Queso y pepinillos. Te gustaba el
queso y los pepinillos.
Neve sintió que sus fosas nasales se contraían, mientras Bridie
ceremoniosamente colocaba los emparedados en frente de ella. No importa el
queso y los pepinillos, podía oler la mantequilla. Espesa, mantequilla cremosa,
salada.
Max estaba hablando con Bridie, quien estaba dialogando, bajo el
marcado ambiente hostil, mientras él le sonreía y le decía que no parecía lo
suficientemente mayor para dirigir su propio pub, pero todo lo que Neve podía
oír era el correr en su cabeza mientras miraba el plato de bocadillos. Tenía que
haber por lo menos mil quinientas calorías allí. Eso son dos horas completas en el
gimnasio haciendo ejercicio cardiovascular de alto impacto. Pero, Dios, esa
mantequilla...
Neve parpadeó lentamente y apartó la mirada lejos de la bandeja
mientras la voz de Bridie se hizo más nítida.


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—¿Perdona? —dijo Neve—. ¿Has dicho algo?
—Me estaba preguntando ¿si tu madre está en Yorkshire o en España en
este momento? —Los ojos de Bridie brillaron con curiosidad.
—Están en Yorkshire —admitió Neve, a sabiendas de que su madre estaría
recibiendo una llamada telefónica dentro de una hora para hacerle saber que
su hija mayor estaba en público con un hombre, cuyas intenciones eran, hasta
ahora, no declaradas.
—Realmente debería darle un anillo —dijo Bridie, era previsible, ya que
prácticamente corrió hacia la puerta—. Los asesinatos de Midsomer
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está a
punto de comenzar por lo que es mejor mantener esta puerta cerrada. No
quiero molestarte.
Neve tuvo visiones de Bridie poniendo a su madre en el altavoz del
teléfono para que Ida y Jack, e incluso los taciturnos O'Learys pudieran entrar
en el coro.
—Mi padre convenció a mi madre para volver a Yorkshire después de que
mi abuela murió —le dijo a Max, que probablemente no tenía el menor interés,
pero si ella usaba su boca para hablar, entonces no podría usarla para comer
bocadillos. Sandwiches que habían sido generosamente untados con
mantequilla y amontonado queso cheddar desmenuzable realmente fuerte y el
pepinillo hecho-en-casa de Bridie, lo que tiende a tomar la capa superior de
piel de tu boca, de una manera muy buena—. Pero ellos compraron un lugar
también en España, en la Costa del Sol, en donde pasan la mitad del año. Dios,
tienes que comerte esto.
Incluso dejando las puntas de sus dedos en el plato, para poder
empujarlo hacia Max, hizo que su determinación se debilitara. Visualizar su talla
diez por la calle con un ceñido vestido negro no estaba teniendo el efecto
habitual.
—Ya he comido algo —protestó Max—. Sólo déjalos.
—¡No puedo! Has pasado diez minutos con Bridie, por lo que debes saber
que ella va a estar sobre mí hasta que me los coma… Y yo no como cosas
como esta. —Neve miró a su alrededor, salvajemente, por una papelera a
mano o una ventana que, de hecho, se pudiera abrir, mientras que Max la
miraba como si estuviera echando espumarajos por la boca. Se sentía como si
sus glándulas salivales estuvieran trabajando horas extras.

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Es un programa británico de detectives, basado en los libros de Caroline Graham


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—¿Por qué no tomas solo uno? —sugirió Max razonablemente, como si
estuviera hablando con una persona razonable, con una actitud razonable con
respecto a la alimentación.
—¿Sólo uno? —Se hizo eco Neve con incredulidad—. ¿Le dirías a un
adicto a las drogas que tuviera una sola dosis de crack?
—Es un sándwich de queso, no un narcótico de clase A —Max seguía
sentado en su sofá, a pesar de que Neve medio esperaba que corriera a la
puerta ahora. Preferiría volver a representar cada momento terrible de su noche
juntos, a que él fuera testigo de uno de sus ataques de locura con la comida—.
Sólo tienes que envolverlos en las servilletas, ponerlos en tu bolsa y tirarlos a la
basura cuando te vayas. —Neve miró la mochila de Max, adornada con el logo
de Marc Jacobs, que estaba apoyada en la pata de la mesa.
—¿No puedes ponerlos en tu bolsa? Por favor —Podía sentir el latido de
alerta por primera vez en sus conductos lacrimales—. Te lo ruego, Max.
Decir su nombre lastimeramente funcionó como un conjuro mágico,
porque Max estaba cuidadosamente envolviendo los bocadillos en las
servilletas de color rojo proporcionadas por Bridie. Lo hacía con reticencia, pero
lo estaba haciendo, que era lo que importaba.
—Espero que estos no dejen jugo de pepinillos derramado en mi cargador
de teléfono —se quejó.
Sólo cuando los sándwiches estaban ocultos y Max había escondido la
bolsa atrás del sofá para que Neve no tuviera que mirarla cuando se inclinara,
buscando la taza de té con una mano temblorosa.
—Lo siento —murmuró ella—. Estoy bien si sé de antemano que van a
haber alimentos que no puedo comer, pero cuando se me toma por sorpresa...
—Decayó, porque nadie realmente entendía que la comida no era sólo el
combustible o que no había nada de malo en un poco de lo que imaginaba;
cada comida, cada bocado era una batalla, una guerra de nunca acabar.
—Decías en tu carta... —Max comenzó, pero se detuvo cuando sus ojos
se perdieron en ella—. Te ves bien para mí y vi lo suficiente de ti esa noche...
—Sólo viste lo que yo quería que vieras —confesó Neve, recordando la
forma en que ella había guardado sus brazos sujetos a los lados, ni siquiera se
había deslizado fuera.
—Creo que vi un poco más que eso, cuando estaba debajo de las
sábanas —dijo Max en esa forma lenta y divertida que le debería dejar todos los
pelos y cada cabello de punta. En su lugar, Neve sintió un escalofrío pequeño
corriendo a través de ella, que no tenía nada que ver con las réplicas de los


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bocadillos de queso y más que ver con la forma en que la voz de Max cayó tan
bajo, como si el recuerdo de estar entre sus muslos atronadores fuera
agradable.
—Estábamos en la penumbra, tú estabas bebido —insistió Neve. Ella tragó
saliva porque esto nunca era fácil de decir, incluso si hubiera sido capaz de
escribirlo en una carta—. Mi cuerpo... si hubiera tenido este peso todo el
tiempo, mi cuerpo se vería diferente. Pero pesaba mucho más que esto y eso se
nota.
—Así que has perdido un par de piedras —Max se encogió de hombros
otra vez—. Ustedes, las mujeres. Todas tan obsesionadas con su peso, y
realmente, a menos que tengas obesidad mórbida, no hay nada de qué
preocuparse. Uno siempre piensa que pesa más que tú.
En algún nivel, tan pronto como ella vio a Max sentado en su puerta,
Neve había sabido que tendrían esta conversación. Al menos eso sería una
cosa de la que estaría a salvo con William, porque él la había conocido en
aquel entonces. De todos modos, después de esta noche, era casi cien por
ciento seguro de que no volvería a ver de nuevo Max, por lo que también
podría ir a por todas.
—Siempre he sabido exactamente cuánto peso —dijo ella, con la
esperanza de que Gustav no la hubiera provisto de un dispositivo de escucha—.
Y era mórbidamente obesa.
—Oh, por favor... —Max estaba listo para comenzar a mofarse, pero Neve
lo había esperado, razón por la cual había quitado la foto que estaba
generalmente en la puerta de la nevera y la metiera en su bolsa, así que pudo
tirar de ella hacia afuera y dejarla de golpe sobre la mesa.
—Obesidad mórbida —repitió—. Pesaba trescientos cincuenta y ocho
libras
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. Eso son veinticinco piedras y media. Yo diría que era de un tamaño
treinta y dos, porque ese era el tamaño más grande que Evans hizo. —Pero
incluso eso era escaso. Max se quedó mirando la foto con una expresión de
horror.
—¡Joder! Esa no eres tú —suspiró—. No puede ser.
La foto había sido tomada en la cena de Navidad familiar hace cuatro
años. Neve había sido tomada por sorpresa, porque normalmente corría, o se
balanceaba, lejos del lente de la cámara. Pero, en esta ocasión, Celia había
logrado encajarla justo cuando estaba maniobrando una salchicha de cóctel
envuelta en tocino hacia su boca, la mandíbula bien abierta para recibir la

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162 kg aproximadamente.


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oferta, la cámara había captado realmente la gloria de sus múltiples barbillas. El
resto de ella no estaba muy bien; una montaña vestida de negro, de carne
amorfa, con una cara redonda, pálida, encaramada inestable en la parte
superior de la misma.
Neve no tuvo que mirar la imagen en la mesa, porque la había visto por lo
menos cinco veces al día, cuando estaba haciendo la leche desnatada o
sacando las hojas verdes y esas cosas de la nevera. Tal vez fue la familiaridad
que había disminuido el valor de choque, pero en estos días era como mirar a
una chica que solía conocer, en lugar de la chica que solía ser.
—Soy yo —dijo simplemente, porque estaba acostumbrada a la
incredulidad de la gente cuando veían esa imagen. Incluso Celia, que había
tomado la maldita cosa—. No eras tan grande —ella siempre insistía—. Es sólo
un mal ángulo.
—Ahora que lo has visto, ¿Entiendes por qué soy como soy? —le preguntó
en voz baja Neve.
—Wow —dijo Max. Miró a Neve sentada allí, a pesar de que su túnica gris,
era tan voluminosa como una sixeen podría llegar a ser, no había ninguna duda
de su cuerpo entallado—. Eres la mitad de la mujer que solías ser, literalmente.
—Neve nunca se cansaría de la mirada que Max le estaba dando, la mirada
que ella había recibido de tantas otras personas que no la habían visto desde
su transformación. Era una mirada de estupefacción tonta, por lo general
seguido por un rápido “¡No me jodas!”
—Más de la mitad —dijo con un poco de aire de suficiencia, pero había
ganado el derecho a ser presumida—. He perdido a dos Kylie Minogue enteras.
—Luego su expresión se volvió seria—. Así que ya ves, por eso nunca he tenido
un novio o he estado en una relación. —Max empujó la foto lejos como si no
pudiera soportar verla por más tiempo.
—Pero un montón de go… personas más grandes, tienen relaciones.
—Puedes decir la palabra con G, no me molesta —le dijo Neve,
encrespando las piernas debajo de ella porque ahora podía hacer eso. Y
cruzarlas también, si quería—. Sé que hay mucha gente gorda con relaciones
felices y saludables, pero no era una de ellos. Quiero decir, yo tenía amigos,
pero me sentía muy mal por la forma en que me veía así que comía para
animarme y eso me hizo más grande, lo que me hizo más miserable. No estaba
exactamente en el estado de ánimo adecuado para ponerme allí para tratar
de encontrar un novio. Estaba segura de que la mayoría de los hombres odiaría
la forma en que me veía.
—Pero este tipo, William, ¿No te odiaba? —Neve negó con la cabeza.


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—No, no me odiaba. No, en absoluto. —Max apoyó los codos sobre sus
rodillas y se quedó mirando serenamente a Neve.
—¿Y él siente lo mismo por ti? —Su mirada sin pestañear, era como suero
de la verdad.
—Bueno, creo que sí. —Enderezó los hombros, obligándose a mirar Max
directamente a los ojos—. El corazón sabe, ¿No es lo que dicen?
—Si él te ama, entonces no debería importar tu tamaño o la experiencia
que puedas o no tener —dijo Max en voz baja—. No, si realmente te ama.
—No es sólo eso. —Neve cerró los ojos un momento—. Él me preguntará si
he estado saliendo con alguien y yo tendría que decirle que no, y sabrá que no
estaba involucrada con nadie cuando estaba en Oxford, y esa noche tuvimos...
si estuviera así con William, lo arruinaría todo y me querría morir —Sonaba tan
tonto y melodramático cuando lo dijo en voz alta, pero Max solo asintió con la
cabeza.
—Mira, tendrías que haberme dicho que era tu primera vez —comentó
alegremente—. Podríamos haberlo tomado más lento, mucho más lento. Te
garantizo que habrías tenido un buen momento.
—Oh, Dios mío —dijo Neve débilmente, porque el sexo no era algo que se
discute en un tono jovial o en un lugar público o con alguien que no era Celia y,
aun así, estaba bajo presión extrema.
—No, en serio —insistió Max, la duda mortificada de Neve pasó a la
incredulidad—. No hay punto en ser modesto al respecto, yo soy muy bueno en
el sexo. Fantástico en el juego previo, nunca tienen que pedirme que me
ponga bajo una chica… de hecho, me encanta, sobre todo cuando…
—Por favor, por el amor de Dios, detente —rogó Neve—. Deja de hablar
de ello.
—De verdad estás muy reprimida. Ni siquiera lo puedes decir, ¿Verdad?
—Max frunció el ceño—. Mira, esa noche, dijiste que le habías enseñado todo lo
que ella sabe a Celia y créeme, ella sabe mucho, y que… —Neve llevó la mano
a su corazón, golpeando frenéticamente.
—¡Oh, dulce Jesús, te has acostado con mi hermana pequeña!
—Por supuesto que no lo he hecho —dijo Max, indignado, y Neve quería
golpearlo, porque a pesar del enorme alivio por no haber compartido la cama
de Celia, no había necesidad de que sonara tan ofendido. Celia era la presa—.
Nunca me acuesto con las chicas de Skirt, bueno, aparte de las internas y he
renunciado a ellas también últimamente, pero he estado fuera de filmar con tu


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hermana y ella no es una flor poco tímida y pensé que eran cortadas de la
misma tela. Prácticamente me arrastraste a tu dormitorio.
A pesar de que el lugar estaba lo suficientemente caliente para que
Neve estuviera con la cara roja y tostándose lentamente en su túnica de lana
gris, se estremeció.
—Mira, ya dije que lo sentía en la carta entonces ¿Por qué someterme a
este post mortem? —Debió haberse escuchado muy triste, porque Max se
movió incómodo en su sofá.
—Realmente quería asegurarme de que estabas bien —dijo—. Que no te
sigues dando golpes por lo que pasó.
—Bueno, lo estaba hasta que apareciste en la puerta de mi casa y ahora
he vuelto a castigarme —suspiró Neve. Max se inclinó hacia delante para poder
tener las manos blandas de Neve a su alcance. Neve anhelaba tirarlas lejos,
pero Max chasqueó la lengua cuando sintió el aleteo de sus dedos.
—Mira, Neve, eres una chica bonita, inteligente y que no debe pasar la
Noche de San Valentín sentada en un bar de mierda. Sin ánimo de ofender.
—No lo has hecho —dijo Neve, ya que la única razón por la que amaba
Hat and Fan era a causa de los recuerdos, no por el olor real del funky—. Pero
también estabas pasando la Noche de San Valentín en un bar de mierda.
—Sí, pero tenía otros tres lugares en los que estar después de ese —Max le
informó con altanería—. No iba a pasar el resto de la noche en casa solo. —
Neve trató de tirar de sus manos entonces, pero Max se negó a dejarla ir—. Deja
de ser tan malhumorada —dijo—, estoy aquí para ayudar.
—¡Yo no necesito tu ayuda!
—Esto es lo que va a pasar —dijo Max, como si ella no hubiera hablado—.
Vamos a regresar a lo tuyo para que puedas cambiarte en algo que sea
mucho menos, bueno, como un costal, y luego iremos a la ciudad a
conseguirte sexo. ¿Qué piensas de eso? —Neve pensaba mucho sobre eso,
pero no pudo conseguir ninguna palabra mientras tosía y escupía.
—No quiero conseguir sexo —dijo ella finalmente—. Nunca lo hice. No
hace mucho tiempo. Hay otros pasos.
—Si yo fuera tú me olvidaría de los otros pasos por ahora y solo querría
acabar de follar fuera del camino. —Max le aconsejó, como si fuera una
especie de experto en follar, lo que en realidad, era cierto—. Piensa en ello
como si fuera igual a quitarse una tirita muy rápido, por lo que no hace daño, y


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una vez que tienes sexo fuera del camino, entonces puedes seguir adelante
con las otras cosas.
—Yo no quiero obtener sexo fuera del camino —siseó Neve—. De hecho,
yo creo que el sexo está completamente fuera de la agenda por ahora.
—Por lo tanto, vas a esperar a que este tío William ¿Haga los honores? —
Max aclaró, mientras distraídamente acariciaba la muñeca derecha de Neve,
donde el pulso le latía con fuerza. El movimiento era como un mantra,
calmante y reconfortante, Neve quiso incluso recoger su taza de té fría con
rapidez y arrojársela a la cara—. ¿Te estás guardando para él, porque es el
único y verdadero amor? Cristo, es mucha presión para que alguien esté a la
altura. —Max tenía razón, era exasperante. Pero si el encuentro sexual
estancado le había enseñado algo a Neve, era que ella no estaba lista para el
sexo.
—Necesito experiencia en una relación, no experiencia en el sexo —le
dijo.
—Vamos, te llevaré a Black. Siempre ha estado llena de tipos literarios y
voy a encontrar un tío que deje de darle a los libros y, a continuación, eh...
bueno, te dé a ti. —Neve logró arrebatarle la mano.
—Uf, ¡Eso es asqueroso! —Ella apuntó con un dedo tembloroso a Max,
quien le sonrió. Descortés—. ¡Tú eres asqueroso! No es divertido tener veinticinco
años y no tener idea de cómo todo esto está destinado a funcionar. No hay
forma terrenal en la que alguien como tú podría entender cómo aterrorizar y
confundir el sexo y las relaciones y citas cuando nunca has hecho nada de eso.
—Estaba a punto de llorar, tan cerca que tenía que respirar fuerte antes de
continuar—. Perdí mucho tiempo en este ciclo de la grasa y odio a mí misma, y
ahora no hay tiempo y se siente como una tarea imposible el salir y tratar de
conocer a alguien y coquetear con ellos y que se rían de tus chistes. —Ella se
encogió de hombros—. Entonces, ¿Qué? Empiezas a salir y es todo este
galimatías y dejar pasar dos días antes de llamarlos y que podría prolongarse
durante semanas y semanas. Quiero saltar directamente a tres meses en la
relación.
No estaba compartiendo tanto, como despotricar, pero Max parecía que
estaba colgado de cada palabra y Neve vio que había un trozo arrugado de
Bond Basildon en su mano que parecía horriblemente familiar.
—¿Qué es una relación panqueque? —Le preguntó, trazando esa línea
en particular con la punta de un dedo.
—Es tan tonto. Sólo esta analogía muy torturada...


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—Me encantan las analogías torturadas. Son mi clase favorita. —Era difícil
saber cuándo Max se estaba riendo de ella.
—Bueno, cuando haces panqueques, el primero que haces sabe bien,
pero básicamente estás probando la consistencia de la masa y nunca tiene la
forma bastante correcta o el espesor por lo que lo tiras lejos. —Max la miró
confundido.
—Nunca he oído hablar de eso. —Frunció el ceño—. Así que cuando
haces panqueques, ¿Tiras el primer panqueque lejos?
—Bueno, yo no como panqueques más, y cuando solía hacerlos, siempre
me comía el primero —recordó Neve secamente—. Y el segundo y el tercero y
el que va después de eso, hasta que no había que batir más a la izquierda.
Pero en general las personas que no son compulsivas con la comida tiran el
primero lejos. Y yo quiero una relación así.
—Por lo tanto una relación que está bien a las otras relaciones, pero que
no es lo bastante consistente por lo que sólo puedes volcar el pobre tipo,
cuando este otro tipo vuelve de donde ha estado —resumió Max, entonces
esbozó una sonrisa mientras cogía su botella de vidrio.
—Suena terrible y despiadado cuando lo pones de esa manera —
protestó Neve—. Es sólo un asunto con un poco de diversión, nada serio, y sin
rencores, cuando llegue el momento de ir por caminos separados.
—¿Y qué hay para el hombre en esta relación panqueque? ¿Sabe que
vas a poner sus órdenes en marcha o que vas a pretender que en realidad
podría ser el indicado y…?
—¡Alto! Por favor, detente —Neve tomó su taza de té, pero la porcelana
estaba fría. Tuvo la tentación de vociferar a Bridie para que pusiera el agua a
hervir, porque entonces ella haría bullicio y esto haría que Max dejara de
hablar, pero por el sonido de voces que se alzaban en el bar, asesinatos de
Midsomer había llegado a un momento particularmente emocionante y Neve
no tenía el corazón para molestarla. —. Obviamente no he considerado todas
las fallas en el plan, pero Celia dice que el noventa y nueve por ciento de todos
los hombres tienen fobia al compromiso y una aventura de tres meses, sin
compromiso es un asunto que pueden manejar.
—No creo que un asunto sin condiciones es cualquier cosa que tú puedas
manejar, sin embargo. No por el momento de todos modos —apuntó Max, y de
pronto Neve se sintió desnuda y vulnerable, como lo había hecho la otra
noche. Debajo de toda esa ropa gastada en encanto y desaliñada, la
percepción de Max era afilada—. Entonces, ¿Qué implica esta falsa relación?


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Neve no iba a decir una palabra más sobre el tema. Realmente no lo
haría. Excepto que en su mente ya estaba yendo a ese lugar feliz, donde no
habría "largos paseos de domingo a la tarde”, aunque estuviera lloviendo,
porque es estimulante caminar bajo la lluvia con alguien más, en lugar de
hacerlo por su propia cuenta. Y luego, cuando llegara a su casa y se secara,
habría té y tostadas y una película en blanco y negro en la BBC2 con Bette
Davis en el mismo. O tal vez no lo habría, pero no importaba, porque entonces
podrían hacer juntos el crucigrama. Pero si el tiempo era seco, entonces
podrían dar una vuelta y visitar las casas del National Trust.
—Realmente tengo que conseguir unirme a la National Trust —se oyó
decir en sueños. Entonces Neve parpadeó y volvió a la tierra en la que Max la
estaba mirando como si hubiera estado hablando mandarín.
—¿En serio? —dijo—. ¿Es eso lo que sucede en las relaciones?
—Bueno, estoy segura de que sabes más acerca de las relaciones que yo
—dijo Neve, su columna un poco rígida de intentar mirar más en control. Max
hizo una mueca.
—¿Ya sabes cómo Mariah Carey no hace los escalones? —Neve negó
con la cabeza, pero Max no parecía darse cuenta—. Bueno, yo no tengo
relaciones. Así que no puedo ver el punto de estar con una mujer, y no tener
permitido tener relaciones sexuales con nadie más. Soy demasiado joven y
hermoso para ese tipo de compromiso.
—Eres absolutamente increíble —le dijo Neve, pero era imposible no
divertirse y, tal vez, envidiarlo un poco. La vida debe ser tan fácil cuando la
veías como Max—. Mira, yo no espero que lo entiendas, pero sólo quiero tener
una idea acerca de las clases de relación y ver en qué áreas tengo que
mejorar. —Eso sonaba mejor, más formal.
—Ya veo. —La cara de Max era muy seria, pero sus ojos brillaban con la
diversión—. ¿Y tienes a algunos candidatos alineados?
—Bueno, no. Estoy más, en la etapa de planificación. —Neve miró a Max
con una fija mirada severa—. Todo eso de domingo a la tarde lo voy a hacer
con William, es la carne y las patatas las cosas que tengo que practicar —como
saber qué decir y hacer cuando salgo en las citas y bueno, yo nunca he
compartido la cama con un hombre, y cómo negociar quien duerme en qué
lado y cuándo apagar la luz y quién se va a quedar con la almohada de bultos
—Neve no sabía por qué seguía hablando y hablando. Porque cuanto más
hablaba, y cuanto más trataba de justificar sus ideas difusas sobre las relaciones
a Max, más borrosa y fuera de su alcance se convertía.


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—¿Por lo tanto, puedo poner mi nombre en la lista? ¿Tienes una lista? —
preguntó Max, apartando el vaso vacío y buscando suerte en la puerta como si
esperara que Bridie fuera a materializarse con otra copa de Stella.
—¿Qué lista? ¡No tengo una lista! No me estás tomando en serio. —Neve
se dio cuenta de que su túnica gris se había arrugado y mostraba su extendidos
muslos, por lo que la ajusto—. Acabas de decir que no tienes relaciones.
—No las tengo, pero lo hiciste sonar divertido, y si no quieres tener
relaciones sexuales, entonces no te enojarás si me divierto en otro lugar —Bajó
las pestañas—. Tengo mis necesidades.
Neve no sabía por qué se había molestado en tratar de despertar
conciencia sobre los más oscuros, los lugares más secretos de su psique. De
hecho, ella ni siquiera sabía por qué había llegado a la taberna a sufrir este
abuso emocional cuando pudo haber estado en su sofá con una taza
agradable de sopa casera de verduras y la nueva edición de la London Review
de los Libros. Ella se puso de pie y sacó su mano de la dirección general de Max.
—Fue bueno verte de nuevo, pero me tengo que ir ahora.
—Oh, no seas así. —Max le tomó la mano, pero sólo pudo rozarle los
nudillos—. Tienes que realmente dejar de tomar todo tan personal. Debe ser
agotador.
—Adiós —dijo Neve, bruscamente, eliminando su mano de las garras de
Max y tomando su bolsa, abrigo, bufanda, gorro y guantes, y deseando que no
fuera invierno, ya que era imposible hacer una escapada rápida cuando tenía
tanto equipo para el frío que ponerse en primer lugar—. Dile a Bridie que ponga
tus bebidas en la ficha Slater —añadió, porque Dios no quiera que Max piense
mal de ella. O más mal de ella.
—¿Así que no te gustaría que nos reuniéramos otra vez? —Max persistía, a
pesar de que Neve no sabía por qué, porque pensaba que ella había dejado
su posición muy clara—. ¿Intercambiar historias de guerra?
—No tengo ninguna historia de guerra —dijo Neve, y en ese momento
sintió que nunca las tendría. Que cada noche la pasaría arrastrándose en su
apartamento en calcetines con la tele tan bajita que apenas podía oír, así que
al final no tendría otra opción que escapar a las páginas de los libros, donde
había otras chicas cayendo dentro y fuera del amor, pero ella no. Nunca ella.
Se quedó mirando los dedos de los pies desgastados de las botas Ugg de
imitación con una repentina derrota y cansancio.


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—Si no tienes ninguna historia de guerra, por lo menos no tienes ninguna
herida de guerra —dijo Max, en voz tan baja que Neve tuvo que esforzar sus
oídos para captar sus palabras—. Toma mi número.
Era imposible decirle a alguien en su cara que no querías volver a verlo,
porque todo lo que decías se frotaba en carne viva, como si hubieran tomado
tu alma con una gigantesca esponja de acerco. Era mucho más fácil entregar
sin fuerzas su teléfono y ver cómo Max escribía su número, a pesar de que Neve
se prometió que lo eliminaría tan pronto como llegara a su casa.



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Traducido por ♥...Luisa...♥
Corregido por Mali..♥

n la mañana del lunes, después de su segunda noche en vela,
meditando sobre la conversación que había tenido con Max en el
Hat and fan, Neve caminaba por sus escaleras con los pies y un
corazón pesado. Todavía estaba mentalmente regañándose por lo
mucho que había compartido, y tenía previsto pasar la mayor parte del día
tratando de ordenar sus confusos pensamientos acerca de aventuras
iluminadas con el corazón y relaciones sin compromiso. Entonces captó la vista
del sobre de correo aéreo azul que la esperaba sobre el felpudo.
Neve lo tomó con un grito emocionado, todos los pensamientos de Max
inmediatamente desterrados, sólo el hecho de que tenía cuarenta minutos
para ir en bicicleta, a Holborn para encontrase con Philip para el desayuno,
antes de detenerse en el trabajo, bajó fuertemente al último escalón y lo rasgo
hasta abrirlo. Tuvo que conformarse con acariciarlo contra su mejilla e imaginar
que podía sentir el tacto fantasma de la mano de William mientras él escribía su
nombre y dirección con su hermosa y ondulante caligrafía, hasta que vio la
sonrisa distraída en su rostro en el espejo del pasillo.
Sin embargo, era difícil concentrarse en la última tesis relacionada con la
angustia de Philip, cuando el sobre quemaba haciendo un agujero en su
cartera. Philip era un estudiante maduro, que había sido despedido de su
trabajo en derivados, divorciado y salido del closet todo en el espacio de seis
meses. Eso había sido hace cuatro años y Neve no estaba segura de que Philip
hubiese superado del todo el choque. Era un hombre de aspecto ansioso - de
unos cuarenta años —que había tenido que rebajarse de una casa de cuatro
dormitorios en Chiswick a un estudio en Ealing6 (Chiswick y Ealing, áreas
suburbanas ubicadas en el oeste de Londres), y que había abrazado la
academia junto con un librero anticuario llamado Clive, aunque ninguno de los
dos le traía mucha alegría.
—... Y ahora dice que debemos ser libres de dormir con otras personas —
dijo a Neve malhumorado mientras esperaba a que su avena se enfriara.
—Por lo tanto, ¿Lo van a dejar entonces? —Como siempre, Neve resistió
la tentación de decirle a Philip que estaría mucho mejor sin Clive, quien había
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intentado meter la lengua hasta la garganta de Gustav después de cinco
minutos de haber sido presentado a él en el cumpleaños bebible de Neve el
año pasado. No era sólo que Philip tuviera un gusto horrible con los hombres,
también estaba su ex-mujer, que vivía actualmente en la casa de cuatro
dormitorios en Chiswick con su novio de veintitrés años de edad, dilapidando lo
que quedaba a Philip de su paquete de liquidación. Fue muy, muy, muy malo
en la elección de sus compañeros de vida.
—No, al parecer, vamos a tener una relación abierta —exhaló Philip, con
los ojos sospechosamente enrojecidos, como si él sólo hubiera dejado de llorar
justo antes de bajar del metro en Holborn—. No puedo creer que tenga
cuarenta y cinco años y todavía tenga que pasar por toda esta tempestad e
ímpetu. No sabes la suerte que tienes de estar soltera y sin trabas. —Estar solo no
se sentía sin trabas. Se sentía muy incómodo.
—Bueno, realmente creo que estoy casi lista para empezar a salir —
aventuró Neve porque Philip era un buen candidato en el que poner a prueba
la idea. O quizá no, porque él la miraba con horror no disimulado, sus cejas
levantadas, sobresaliendo por encima de sus lentes de media luna.
—¿Lo estás? —Philip le preguntó—. ¿En serio? —Neve bebió un
apresurado trago de su leche desnatada que le escaldó la lengua, pero era
mejor que tener que defender su decisión de comenzar a salir en la cara de
Philip que mostraba cero aliento.
—Tengo que empezar tarde o temprano. No quiero terminar como
Nuestra Señora de la Santísima Hankie. —Philip se estremeció.
—Nadie quiere terminar de esa manera. Entonces, ¿Cómo vas a meter un
dedo en las agitadas aguas del romance? —Ese era el problema. Mirar con
detenimiento extraños no había funcionado demasiado bien.
—Leí una cosa, acerca de las citas rápidas en Skirt
—¡Neve! ¡No puedes! te comerán viva —exclamó Philip—. Sería como tirar
un parapléjico cristiano a los leones.
—Podrías ser un poco más de ayuda —se quejó Neve—. Te digo que
estoy a punto de empezar a salir y tengo cierta experiencia con el sexo
opuesto, ya sabes. —Lo cual era cierto, porque ahora había casi tenido
relaciones sexuales dos veces y sabía un montón de los hombres heterosexuales
como su hermano y su padre y estuvo en términos de primer nombre con Aziz
de la tienda de conveniencia durante toda la noche y Dave de la tienda de
muebles de segunda mano, que siempre la llamaba cuando una estantería
nueva llegaba, y el señor Freemont en la LLA, aunque Neve no estaba segura


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de contarlo como un hombre heterosexual. No le gustaba pensar que tenía
genitales de cualquier tipo.
—Por supuesto que sí —dijo Philip suavemente—. Bueno, ¿Qué pasa con
Adrián, el asistente de gerente de Clive? —Adrián era un joven esbelto que
Neve recordaba de Oxford. Incluso cuando no estaba lánguidamente
descansando y evadiendo el trabajo, parecía como si debiera estarlo—. Adrian
es gay.
—No, no lo es. —Philip apretó los dientes—. Puede que tengas alguna
experiencia con el sexo opuesto, pero tu radar gay es un poco inestable.
—Se llama gaydar, Philip —dijo Neve suavemente. Philip era un hombre
gay terrible. Desde que se había sumido en la educación superior, trató de
vestirse para la ocasión con pantalones de pana y chaquetas de tweed, pero
Neve siempre tuvo la impresión de que ansiaba estar de regreso en su traje a
rayas gris—. De todos modos, creo que tienes que decirle a Clive que no quieres
estar en otra cosa que no sea una relación comprometida —añadió, deseosa
de llevar la conversación de nuevo al amor de la vida de Philip, en lugar de a su
propia falta de uno.
—Pero incluso una relación abierta es mejor que estar sin él —dijo Philip en
voz baja, como si estuviera hablando consigo mismo en lugar de con Neve. Él le
dirigió una sonrisa valiente, pero aguada—. Asegúrate de que una relación es
algo que realmente quieres. Aquí hay dragones...
Pero no habría dragones. Habría sólo diversión y travesuras y su corazón
estaría a buen recaudo hasta que William volviera a reclamarlo. O tal vez era
más importante trabajar en la reducción de su tamaño en lugar de en sus
habilidades con las relaciones. Neve dio una evasivo: "Hmmm", y en realidad
fue un alivio cuando Philip decidió qué hacer con sus cosas personales y que
podrían ponerse a trabajar. Sacó un folder de su cartera de cuero y Neve
farfulló en su café.
—Dios mío, eso es un montón de papel —dijo en tono acusador—.
¿Cuánto has escrito de tu tesis desde la última vez que nos vimos? —Cuando no
estaba ocupado lejos en el Archivo, Philip estaba escribiendo su tesis doctoral
sobre el poeta Stephen Spender. Neve, por sus pecados, había accedido a
"beta-leer" para él.
—Estoy cerca de las treinta mil palabras en el segundo proyecto —dijo
Philip con orgullo—. Pero todavía me faltan millas por recorrer.
—Está bien, entrégamelo —suspiró Neve, tendiéndole la mano y
mentalmente preparándose para treinta mil palabras de uno de sus menos
favoritos poetas. Philip chasqueó la lengua y sacudió su cabeza.


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—Sabes el acuerdo, Neevy. Yo te muestro la mía, si me enseñas la tuya. —
Neve metió su cartera más debajo de la silla.
—Pero has escrito otras diez mil palabras y yo he escrito mucho, pero
mucho menos que eso.
—¿Hasta dónde has llegado? —Le preguntó Phillip, empujando sus gafas
por su nariz para poder mirarla con más eficacia.
—Lucy en Oxford y ha conocido a Charles Holden, aunque piensa que él
es un cerdo absoluto en el momento —reveló Neve—. Es extraño, realmente,
cuando tú y yo sabemos que conocerlo a él la llevara por un camino que
cambiaría su vida para siempre, pero ella ni siquiera se conoce a ella misma en
estos momentos. ‘
—Por favor, sólo ríndete y dámelo —dijo Phillip—. Quiero saber qué pasó
con su padre antes de irse a Oxford. Deja de retenerlo.
Neve, a regañadientes, metió la mano bajo la silla, a su cartera. Cuando
las doce cajas de cartón que contienen novelas fallidas y muchos, muchos
pequeños poetas, la vida de un muy, muy pequeño poeta, Lucy Keener y las
obras habían llegado al Archivo, Neve había dejado acumulando polvo en su
oficina durante semanas. Había tanto de ello y no pudo encontrar ningún
detalle de Lucy Keener o sus escritos en las bases de datos de autores muertos,
por lo que no tenía mucha esperanza de que descubriera uno de los grandes
escritores desconocidos del siglo XX. Después, una tarde en que se había
quedado sin cintas de transcribir, había empezado a hojear Bailando, la novela
autobiográfica de Lucy, en el Borde del Mundo, de sus años de trabajo en la
Segunda Guerra Mundial en el Ministerio de Información. Y eso fue todo - Neve
se había enamorado, de la misma manera como lo había hecho cuando abrió
Orgullo y prejuicio en la biblioteca local un sábado por la mañana, cuando
tenía doce años, o el tiempo que había visto por primera vez la película de
Katharine Hepburn, o cuando William había llamado a su puerta en el
Somerville College y se presentó como su asesor de estudiantes.
Había pasado el resto de la semana devorando cada página amarillenta
en las cajas del archivo. Había leído poemas, cartas y diarios y, además, se
había enamorado de Lucy, una chica también de la clase obrera de Leeds,
que había ganado una beca para Oxford, a pesar de la oposición de su padre
tiránico. En Oxford, había conocido al Muy Honorable Charles Holden, cuya
familia poseía grandes extensiones en Gloucestershire
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y una mansión en
Mayfair. La aventura amorosa de Lucy con Charles sobreviviría a la guerra, su

19
Es un condado situado al oeste de Inglaterra, en el Reino Unido


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matrimonio con la segunda hija de un vizconde, incluso a Charles desertando
en Rusia en el...
—¡Neve! Estoy esperando. —Phillip le recordó. Neve escarbó en una
carpeta que contenía diez páginas a espacio simple: Capítulo Cinco de la
biografía que había comenzado a escribir acerca de Lucy Keener. Ella ni
siquiera sabía por qué estaba molesta, porque el señor Freemont se había
negado a ver algún mérito literario en los escritos de Lucy, cuando Neve había
ido a él con su descubrimiento.
Había rozado una página de Dancing on the Edge of the World
20
con sus
ojos de huevo cocidos en estado duro.
—Bueno, es fácil ver por qué no ha encontrado una editorial —había
anunciado—. Esto es muy vulgar. Pequeñas ideas de una mujer con una visión
pequeña del mundo, ¿Es realmente necesario pasar una página entera
asegurando sobre el sombrero que planea comprar? Envíalo de regreso de
dónde vino.
Pero Neve no lo había hecho. Había argumentado su caso, había
sorprendido al señor Freemont, porque por lo general Neve hacía lo que le
decía, sin ningún tipo de impertinencia, pero se negó a ceder. Cuando Neve
había distribuido una fotocopia de Dancing on the Edge of the World en torno
a los otros miembros del personal, a todos les encantó, él la había amenazado
con una advertencia por escrito por insubordinación grave, por lo que Neve y
Chloe habían preparado las maletas, tomado el coche del novio de Chloe y
transportado las cajas a la habitación de repuesto de Neve. Eso fue después de
haber pasado una semana entera a escondidas explorando hasta la última
pieza de papel, para que no hubiera copia de seguridad si Celia dejaba una
vela perfumada ardiendo otra vez y la carretera 27 de Abelardo estallaba en
llamas.
Así, Neve había comenzado a escribir la biografía, porque estaba
enfadada con el señor Freemont y la rebelión silenciosa era el único tipo de
rebelión que ella conocía. También había querido ejercitar sus músculos de
escritura, que estaban llegando a ser flojos desde que había terminado su
maestría. Mayormente, sin embargo, no pudo relegar la vida triste y hermosa de
Lucy para doce cajas de cartón y simplemente dejarlo ahí sin leer y
desconocida.
A pesar de trabajar a tiempo completo y castigarse con un programa de
gimnasia, Neve todavía tenía una cantidad alarmante de tiempo de
inactividad. Utilizó éste para ordenar y recopilar y escribir sobre la vida de Lucy,

20
Bailando en el borde del mundo


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confiándole cada nuevo capítulo a Phillip, quien después lo pasó a Chloe, y la
siguiente en la lista fue Rose, antes de que llegara de nuevo a Neve con un
montón de notas al margen en tinta roja.
Miró con ansiedad a través de la mesa a Phillip, que ya estaba
echándole una ojeada a la primera página de su nuevo capítulo.
—No lo leas ahora —lo reprendió—. No cuando estoy sentada aquí.
—Lo siento. Eso es tan grosero —murmuró Phllip, todavía leyendo, incluso
mientras deslizaba la hoja de nuevo en su carpeta de plástico. Con un suspiro,
lo escondió en su maletín y se fijo en Neve con lo que él consideraba como una
sonrisa ganadora.
—Por lo tanto, ¿Puedes devolverme el proyecto de nuevo en una
semana? —Neve lo miró fijamente, sin pestañear, sin ni siquiera el más leve
parpadeo de sus músculos faciales. Phillip se retorció.
—¿Dos semanas?
—Llámalas tres —decidió Neve.
—Muy bien, tres —reconoció Phillip con desgana.
—Y por favor no escribas en él. Tu escritura es ilegible.
Media hora más tarde, Neve estaba sentada detrás del mostrador de
recepción en la Sala de Lectura del Archivo. Se suponía que debía estar
escribiendo fichas con su letra ilegible, pero estaba leyendo la carta de William
en su lugar. Luego leyó entre las líneas de la carta de William, en busca de
significados ocultos en la forma en la que William salpicaba sus “i” (hubo una en
la segunda línea del tercer párrafo que se veía un poco como un corazón),
pasó por la T y giró a su “y”. Consumía mucho tiempo.
Neve se obligó a desacelerar y saborear cada palabra. William comenzó
con un informe meteorológico y una solicitud de una gran caja de bolsitas de té
Red Label de Sainsbury y una caja de galletas de agua de Carr. Ella leyó eso
por encima, impacientemente, deseando poder llegar a las cosas buenas.
Fue tan maravilloso hablar contigo la semana pasada. El sonido de tu voz
siempre me hace sentir nostalgia por esas largas tardes en Oxford, donde nos
sentábamos al lado del río (si no recuerdo mal, el sol siempre tenía ese brillo
dorado suave, ¿Pero seguro que no puede ser el caso? Porque yo también
recuerdo mucha lluvia y a ti regalándome un conjunto de recipientes de
Tupperware
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y hablando sobre los libros que más amábamos. ¿Recuerdas la

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Es una marca registrada, que se hizo famosa por sus recipientes herméticos y generalmente
plásticos para atrapar las corrientes de agua que se vertían a través de mi techo con goteras


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discusión feroz que teníamos alrededor de Jane Austen, en comparación con
las Brontë? Creo que fue la única vez que te he visto realmente enfadada.
“Metete con la señorita Austen y te metes conmigo”, me parece que te
recuerdo gruñendo. Siempre es soleado en California - o gran parte de la
misma. Pero no hay ríos y Neve para sentarse y hablar acerca de literatura,
filosofía o cualquier otra cosa que tiene mi imaginación.
Neve tuvo que detenerse allí para suspirar de entusiasmo. Hubo
momentos de duda, por supuesto, los hubo, cuando se preocupaba de que
estuviera delante suyo y que se estuviera construyendo una espectacular caída
cuando William regresara. Pero no podía escribir cosas como esas si él no las
sintiera también: la sensación de un tirón en el pecho, como si su corazón
estuviese en constante esfuerzo hacia la dirección de William.
El Océano Atlántico será condenado. Me recuerda a todas aquellas
largas tardes junto al río, porque mi generación actual de estudiantes
universitarios estarían demasiado presionados para nombrar siquiera una novela
cualquiera de Miss Austen o la señorita Brontë, por no hablar de
descomponerlas. Una de las chicas de mi grupo de tutoría de segundo año
interpretó a Lydia Bennet en una gran adaptación de Hollywood de Orgullo y
prejuicio ambientada en Nueva York. (De hecho, ¡Puedo escuchar tu ingesta
súbita y rápida de aire!) Ella es lo suficientemente agradable, bastante, incluso,
si te gusta ese tipo de cosas. Pero también es tan tonta como una caja de
piedras y al parecer sus apariciones frecuentes en el campus tienen más que
ver con su agente de comercialización, que de ella como una intelectual,
mientras que la universidad está contenta con la publicidad que reciben.
También tengo dos modelos en mi clase de primer año, el decano me ha
pedido que haga la vista gorda cuando necesitan prórrogas en sus cursos, ya
que están modelando bikinis o volando a Nueva York para castings. Si, Oxford
parece otra vida.
Neve alejó la carta de ella con horror. ¿Actrices de Hollywood?
¿Modelos? Ella había estado lo suficientemente preocupada de pieles doradas,
de las rubias chicas de California, ¿Pero una actriz? ¿Modelos? Se comerían a
William con una cuchara. Él tenía rasgos perfectos, patricios, como si acabara
de salir a un paseo fuera de un campo de cricket y un elegante, aire abstraído
al igual que Hugh Grant. Y William no era un monje. Bueno, él no era un
Casanova en absoluto como Max, pero había tenido un montón de novias en
Oxford. Delgadas, pequeñas malas hierbas que cultivaban una elegancia
bohemia a través de Topshop
22
y leían un montón de Rilke
23
. Probablemente

22
Tienda de ropa inglesa, conocida por sus modelos extremadamente delgadas.
23
Rainer Maria Rilke, cuno de los poetas más importantes en alemán y de la literatura universal.


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habría chicas así en la UCLA también, pero se llamarían Tiffany y Brittany y
Courtney en lugar de Sophie, Camilla y Tamara.
William había estado en California tres años y, aunque sólo había tenido
citas casuales, había tenido relaciones sexuales con al menos quince mujeres.
Cinco mujeres al año, en realidad parecía una estimación muy conservadora.
Considerando que, en tres años, el único hombre que realmente había tocado
a Neve fue Gustav, cuando estaba ayudándola a estirar sus músculos después
de hacer ejercicio. Además de un asalto casi sexual con Max. No había sido lo
suficientemente bueno. No iba a ser lo suficientemente buena. William tenía un
pasado sexual, mientras que había chicas de dieciséis años, que tenían más
experiencia que Neve.
Miró a través de la sala de lectura para ver los visitantes más regulares del
Archivo, Nuestra Señora de la Santísima Hankie, oler y sacar el fajo masivo de los
tejidos que mantienen siempre en la manga de su chaqueta de punto. Era
como mirar a su futuro.
Neve dobló la carta de William y la metió de nuevo en su sobre para que
su contenido no la atormentara más. No había tiempo para tergiversar y
posponer las cosas y seguir poniéndose y quitándose de un plan vago para
trabajar la forma de sacar su manera de coqueteo a la luz. Tenía que hacer
algo ahora. Y algo que tenía que hacer era encontrar a un hombre, cualquier
hombre...



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Traducido por Violet_7
Corregido por Mali..♥

ara el lunes siguiente, Neve aún no había encontrado un hombre
pero tenía cinco citas fijadas para esa semana y había
desarrollado un terror que revuelve el estómago que había
asesinado a su apetito completamente, lo que era un plus inesperado.
Había decido mantener oculta su decisión de tener citas a Celia porque
su hermana estaría alentándola a engancharse con modelos masculinos y
forzándola a entrar en ropas que no quería usar. En cambio, se había arrojado a
merced de Chloe.
En la superficie, no tenían mucho en común. Chloe era genial y Neve no.
Chloe no era genial a la moda vanguardista, como Celia, pero de la clase de
genial despreocupada que solo pedias ser cuando habías pasado tus años de
formación viajando por Europa en una caravana VW con tus padres hippies.
Hablaba cinco lenguas, había obtenido honores dobles en Cambridge
24
,
aunque solo había comenzado a asistir a una escuela regular el año anterior a
obtener sus GCSE
25
, hacía carteras hermosas de seda de antiguos velos y los
vendía en Etsy
26
, pero también tocaba el bajo en una banda llamada The Fuck
Puppets y podía tomarse un litro de cerveza en once segundos. Neve le había
tomado el tiempo.
Quizás era por su loca niñez transitoria, pero había un lado de Chloe que
era profundamente convencional. Neve a menudo pensaba que ese era el
lado de Chloe con el que estaba conectada. Exactamente a las cuatro
treinta, cada tarde, discutían que iban a cenar esa noche; compartían su amor
por las novelas de Georgette Heyer y un odio común por el señor Freemont.
Chloe realmente no tenía citas porque había estado saliendo con el
mismo chico (ahora un muy calificado Contador Público) desde que tenía

24
Cambridge: es la segunda universidad de habla inglesa más antigua, después de Oxford
25
GCSE: (“Certificate of Secondary Education”) El Certificado General de Educación
Secundaria es el nombre de un grupo de títulos británicos obtenidos a través de exámenes
tomados a estudiantes de entre 14 y 16 años en las escuelas secundarias.
26
Etsy: Tienda online de vestimenta y accesorios.
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quince años, pero tenía muchos amigos que si salían y siempre estaba al
teléfono con ellos, compadeciéndose por malas citas y ofreciéndoles buenos
consejos sobre las relaciones, así que Neve había esperado hasta que el señor
Freemont salió para reunirse con la Junta Directiva el jueves anterior y se
escurrió hacia su pequeña oficina trasera. —¿Puedes venir aquí y ver algo? —
rogó.
Chloe había ido, murmurando, porque pensó que Neve iba a echar un
vistazo a oscuras referencias literarias en grandes, diccionarios polvorientos,
pero fue enfrentada en cambio al perfil de citas de Neve en match.com
27
.
—Necesito que leas esto y me digas si saldrías conmigo —Neve había
dicho nerviosamente—. Si fueras un chico.
Se quedó de pie allí, esperando ansiosamente, mientras Chloe se sentaba
y comenzaba a leer. De vez en cuando había un gemido reprimido, o un—:
Cristo, Neve, ¿En serio?...
—¿Es tan malo? —preguntó, cuando Chloe declaró que había
terminado.
—Es peor que malo. Nunca vas a conseguir una cita con este perfil —dijo
Chloe, convincentemente, porque su apariencia angelical enmascaraba un
centro interior de acero. Tenía rizos rubios, ojos azules Wedgwood
28
y un rostro
aparentemente recatado que incluso el señor Freemont nunca le dijo que se
fuera, aunque llegaba al trabajo la mayoría de los días usando jeans y zapatillas
e insistía en que tomarse una hora para el almuerzo era una ofensa a sus
derechos civiles—. Necesitas quitar todas las palabras de más de dos silabas.
—¿Todas ellas? Pero “archivista” tiene más de tres silabas.
Chloe había mirado a Neve como si ella recién hubiera admitido que era
la asesina serial británica más exitosa. —No puedes decir que eres una
archivista. Tienes que decir que trabajas en una editorial y ¡Oh Dios mío! “Me
gustan las caminatas largas y siempre soñé con visitar la Biblioteca Pública de
New York pero no entiendo toda la fascinación con los mochileros. Caminar a
través del Hindu Kush
29
sería mi propio noveno circulo personal.” ¿En serio?
—¿Qué? ?Qué?
Chloe le palmeó el hombro gentilmente. —Realmente ellos no van a
entender la referencia a Dante.

27
Página de citas.
28
Wedgwood: hace referencia a una cerámica famosa de color azul.
29
Hindu Kush: macizo montañoso de Asia.


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—Entonces ¿Debería cambiarla a…?
—“Me gusta viajar y las largas caminatas” —Chloe dijo firmemente, los
dedos ya posicionándose sobre el teclado—. Esta lista de autores favoritos se
tiene que ir también. Ni siquiera yo he escuchado de la mitad de ellos. Cambia
“realmente no escucho” a “me gustan diferentes tipos de música”, y “un par de
kilos extra” por “curvilínea”.
—Pero ¿No es eso publicidad falsa? —Neve se había puesto nerviosa
cuando Chloe comenzó a borrar grandes cantidades de texto.
—Oh, no te preocupes. Todo el mundo miente en estas cosas —le
aseguró Chloe—. Es una pequeña tarjeta de presentación; no es hasta que te
reúnas con ellos que sabrás si tienen potencial.
—¿Cómo voy a reunirme con cualquiera de ellos si están mintiendo y yo
estoy mintiendo y no sé si tenemos nada en común? —Neve había intentado
codear a Chloe para que renunciara al control del teclado pero se rehusaba a
moverse.
—Te envían un mensaje, después vas y te reúnes con ellos —dijo, dedos
volando sobre las teclas mientras describía la personalidad de Neve como
“burbujeante y extrovertida”—. Te conozco, señorita. Pasarás semanas
intercambiando mensajes prolijos sobre cine francés y nunca conocerás a
ninguno.
—¡No haría eso! —Neve había jadeado sin mucha indignación, porque
eso era precisamente lo que haría.
—Honestamente, cariño, mi compañera de piso encuentra a todos sus
novios en internet y es todo sobre los números —Chloe había dicho—. Cantidad,
no calidad. La única manera de eliminar al noventa y nueve por ciento que son
fenómenos de la naturaleza, es conocerlos en persona.
A Neve no le habían gustado esas probabilidades. Le gustó incluso
menos, cuando Chloe había llamado a Rose, la jefa de ofician, por apoyo
moral y ambas se pusieron de acuerdo y borraron la foto artística en blanco y
negro de perfil que ella había subido. La llevaron de compras durante su hora
del almuerzo y la intimidaron para que comprara un sostén push-up y una blusa
escotada que realmente no podía pagar, para que pudieran tomarle nuevas
fotos con la cámara del teléfono de Rose.
—Tetas y dientes —Chloe había continuado cantando mientras Neve
enseñaba sus labios en lo que esperaba fuera una simpática y cálida sonrisa.
A pesar de sus serias dudas, el perfil idiotizado y la foto con la táctica del
escote condujeron a treinta respuestas la mañana siguiente. Rose y Chloe


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habían recortado a los no contendientes y se quedaron de pie sobre Neve
mientras enviaba mensajes azucarados a la lista corta. Ahora, era lunes a la
tarde y se estaba alistando para encontrarse con Tom, un ingeniero informático
al que le gustaban las artes marciales, el cine asiático y las novelas gráficas.
Neve también tenía una lista de sí y no, de la compañera de piso de
Chloe.
1- No des tu apellido, número telefónico o dirección electrónica. 2-deja
que Chloe sepa dónde te reunirás con él y envíale un mensaje cuando estés de
camino a casa, así ella sabrá que no has sido drogada con Roofie
30
y
secuestrada. 3- No hables de dietas, pérdida de peso o tu loco régimen de
gimnasia. 4- Has muchas preguntas e intenta parecer interesada cuando él
responda, incluso si es más aburrido que el lodo. 5- Ofrece compartir la cuenta,
pero no lo fuerces demasiado. 6- No te entregues. Un beso en la boca es
aceptable pero solo usa lengua si una segunda cita ya ha sido acordada. 7-
Comprueba todas las salidas en tu entrada, así podrás hacer una rápida
escapada mientras él está haciendo pipi. 8- Intenta divertirte un poco.
Neve pensó que nunca había estado tan aterrada mientras caminaba
lentamente por High Holborn, para encontrarse con Tom fuera de la estación
de metro. Podía sentir gotas de transpiración estallando en su frente, aunque
era el Febrero más frío en treinta años, y estaba segura de que cuando abriera
la boca, no sería capaz de hablar. Incluso respirar era un calvario.
—Es solo una cita —continuaba diciéndose a sí misma mientras
alcanzaba los semáforos frente a la estación y escaneaba la multitud en busca
de Tom. Lucía bastante lindo en su foto —un rostro juvenil sonriendo
tímidamente al mundo— y su puntuación había sido absolutamente perfecta
en los dos mensajes que le había enviado a ella/ pero Neve no podía ver a
nadie juvenil y tímido fuera de la estación, solo un flujo de pasajeros
esquivando a los desafortunados hombres blandiendo copias gratuitas del
“Evening Standard”.
De alguna manera, sus pies la llevaron al otro lado del camino para que
pudiera estar de pie fuera de la estación y observar ansiosamente al mar de
rostros.
—¿Eres tu, Neve? —dijo una voz detrás de ella, y se giró para ver a un
envejecido gótico que no era ni juvenil ni tímido, juzgando por la rápida pero
exhaustiva mirada que le dio.

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Roofie: droga utilizada para tener relaciones sexuales sin el consentimiento de la víctima.


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Tom estaba más cerca de los cuarenta que de los treinta que afirmaba
tener, y Neve sospechaba que lo más cerca que había estado de las artes
marciales y el cine asiático era mirando películas de Kung fu.
Una vez que encontraron una mesa en la esquina en un pub que
apestaba a grasa de papas fritas, enojado él le dijo a Neve que no lucía nada
como en su foto de perfil, y mientras ella aún estaba pensando, “el muerto se
asusta del degollado
31
”. Tom comenzó a hablar por horas sobre algo llamado
Linux mientras miraba fijo sus pechos hasta que se paró para ir al bar y Neve se
deslizó fuera por la puerta lateral sin dudarlo un segundo.
Mientras caminaba por Gray’s Inn Road para recoger su bicicleta, Neve
se sentía extrañamente eufórica. ¡Lo había hecho! Realmente había salido en
una cita. Su primera cita. Y sí, había sido horrible y aterradora, pero nada podía
ser tan malo como la primera incursión en lo desconocido. Ahora sabía que
esperar —lo menos posible— y quizás en la segunda o tercera cita, quizás
incluso tendría la oportunidad de hablar sobre ella misma por unos minutos.
Ahora mismo, Neve no podía esperar a llegar a casa y confesarle todo a Celia
porque estaba comenzando a entender lo que había querido decir la
compañera de piso de Chloe cuando dijo que el interrogatorio era usualmente
más divertido que la misma cita.
El martes tuvo unos tragos tempranos con un Dj, quien dejó bien claro que
Neve no tenía un ápice de genial (“¿Nunca has escuchado de David Toop?
¡Tienes que estar bromeando!”)
El miércoles a la noche fue una cita con un agente inmobiliario. Neve
había tenido serias dudas sobre eso incluso cuando Chloe había insistido que
tenían que existir simpáticos agentes inmobiliarios. Había resultado que David no
era uno de ellos. Sus manos habían rozado el bajo de los pechos de Neve
cuando galantemente la ayudo a quitarse el abrigo, y solo había tenido tiempo
de tomar un sorbo de su vino blanco antes de que él preguntara: —¿Vamos a
tener relaciones más tarde? Si no es así, entonces esto es una verdadera
pérdida de mi tiempo.
Para el jueves, Neve estaba desfalleciendo seriamente y no estaba de
humor para su cita con Adrian, pero Philip había pasado por grandes
problemas para fijarla, provocando la ira de Clive, quien pensaba que su
personal era su propiedad personal. Con cero entusiasmo, se marchó para
encontrarse con Adrian fuera de Foyles en la calle Charing Croos.

31
En el original utiliza un refrán muy usado en inglés, que significa lo mismo que este que usamos
en español. Ya que se usa cuando alguien se queja de algo de lo que también podría ser
acusado, cuando alguien es hipócrita.


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Su corazón estaba en algún lugar cerca de sus rodillas, pero cuando
Neve vio a Adrian esperando por ella, con una expresión enfurruñada en su
bonito rostro, cayó en picada hasta sus tobillos.
—Soy gay —estalló, tan pronto como ella estuvo al alcance del oído.
—¡Oh! Como que ya sabía eso —dijo Neve, y cuando intentó una sonrisa
vacilante, Adrian sonrió de regreso. Era realmente muy lindo. No era tan bonito
cuando la miró apropiadamente y sus ojos se salieron de sus orbitas.
—¿Neve de Oxford? —cuestionó—. ¡Demonios! ¿Te has hecho una de
esas reducciones gástricas?
—Lo hice a la manera antigua —dijo, fallando en quitar el tono
engreído—. Dieta, ejercicio, sangre, sudor y lágrimas. Aunque es mucho camino
para recorrer.
Adrian le dio una mirada evaluadora, como si estuviera por enviarla al
mercado. —Luces fabulosa. —Se detuvo y Neve pudo verlo llegar a una
decisión—. Vamos por un trago. No te importa si vamos donde hay caramelos
para los ojos, ¿No?
Fue la mayor diversión que Neve tuvo en toda la semana. Pasaron una
hora muy agradable quejándose sobre el vil, alevoso Clive y como Adrian tuvo
que pretender ser heterosexual en el trabajo ya que era la única manera de
detener sus lascivos avances.
—Aunque sigue diciéndome que una vez que tenga un pene, nunca
volveré atrás. —Le confesó a Neve, quien chilló en horror.
Adrian incluso prometió pensar en amigos heterosexuales, solteros, para
salir con ella y la noche llego a su fin cuando el barman con el que Adrian
estuvo coqueteando toda la tarde, terminó su turno.
Y el viernes estuvo Edward, sobre el cual Neve tenía un muy buen
presentimiento. Le había enviado doce mensajes en los últimos dos días
elogiando su intelecto, el estilo de prosa y su belleza, y era un enorme alivio
mantener correspondencia con alguien que sabía cómo era el poeta
Laureado.
Edward era más bajo de lo que ella esperaba pero, a estas alturas, Neve
estaba añadiéndole cinco años a la edad de sus citas y quitándoles cinco
centímetros, y él estaba incluso más nervioso que ella, lo que era un lindo
cambio. Él estaba sudando copiosamente, una vez que estuvieron sentados en
un pequeño pub en Law courts, se balanceaba de lado a lado pero
escuchaba intensamente mientras Neve describía su día transcribiendo.


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—¿Y qué hay de ti? —preguntó Neve, cuando dijo todo lo que había
para decir sobre el patrimonio literario de un poeta menor—. ¿Dijiste que eras
escritor?
Verdad, Edward había dicho que era escritor, pero su escritura
mayormente consistía en post en blog sobre el asesinato de Kennedy. Mientras
hablaba, se puso cada vez más agitado hasta que finalmente admitió que
hace tres meses había tenido un episodio maniaco y estaba actualmente
viviendo con sus padres y trabajando temporalmente en los días que podía salir
de la cama.
Al menos había mucho de lo que hablar, pensó Neve, mientras intento
guiar la conversación lejos de Virginia Woolf, Sylvia Plath u otras famosas
suicidas. Max, en quien ella estaba intentando fuertemente no pensar, le había
preguntado qué aportaría ella a su primera relación, además de una estrategia
de salida, pero mientras, pacientemente, respondía las preguntas de Edward
bajo un análisis freudiano, Neve se dio cuenta de que si salía con él, quizás sería
capaz de tener algunos efectos positivos en su vida. Además, él la estaba
mirando con algo parecido a la reverencia mientras ella describía las
diferencias entre psicoanálisis y psicoterapia. Nunca nadie la había mirado así
antes.
No era tan feo, razonó Neve, mientras Edward caminaba con ella hasta
el metro de Tesco para que ella pudiera comprar leche descremada, antes de
volver en bicicleta a casa. Rose del trabajo lo llamaría “necesitado de
reparaciones” y si se deshiciera de la cola de caballo de pelo lacio y dejara de
sudar tanto, podría ser bastante atractivo, y no era como si ella le estuviera
dando a Angelina Jolie muchas noches de insomnio. Además, salir con Edward
significaría que no tendría que caminar “por el corredor de la muerte” con el
corazón golpeando y un sabor metálico en la boca para salir con más posibles
citas.
—Entonces, Neve, creo que eres maravillosa. —Edward exhaló, mientras
estaban de pie fuera de Tesco—. ¿Crees que querrías verme otra vez?
—Eso sería adorable —dijo Neve decididamente, y se estaba
preguntando si ahora que una segunda cita estaba, sería correcto darle su
número telefónico a Edward, cuando él alzo la mano para ahuecar su mejilla.
Fue el preludio de un beso que nunca ocurrió, porque un toque de la
húmeda mano caliente de Edward en su rostro tuvo a Neve temblando
violentamente. Se sintió como si su piel estuviera intentando arrastrarse fuera de
sus huesos, porque aunque su cabeza había tomado una razonable, decisión


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racional y su corazón estaba ambivalente, su cuerpo sentía absolutamente,
inequívocamente rechazo.
Ambos pretendieron que no ocurrió. Edward le dio a Neve su número
telefónico, ella prometió que llamaría, y aunque tuvo un pequeño momento de
vergüenza cuando llegó a casa y descubrió que Edward ya le había enviado
tres mensajes para decir que era hermosa y que no podía esperar a verla otra
vez, su cuerpo tembló otra vez con la línea, Ten un grandioso fin de semana,
cariño. ¿Cómo podías salir con alguien cuando tenías espasmos de disgusto
solo porque te había tipiado un cariño casual? No podías.
No hubo citas el sábado, porque Celia, Rose, Chloe y la compañera de
piso de Chloe, todas habían decretado que cualquiera que fuera a una cita
por internet un sábado a la noche era un triste, perdedor desesperado,
haciendo a Neve una triste, perdedora desesperada, por asociación. Además,
Rose estaba empeñada en arrastrar a Neve a un club de salsa en el Charing
Cross Road.
Rose era algo como un enigma para Neve. Estaba en sus cuarenta, había
trabajado en los Archivos desde que tenía dieciocho y nunca se había casado,
porque había pasado la mayor parte de su vida adulta cuidando a su madre
que tenía esclerosis múltiple. Su madre había muerto hace cinco años y ahora
la vida social de Rose, la cual rivalizaba con la de Celia, se centraba alrededor
de encontrar y atrapar a jóvenes hombres de Sudamérica, luego
desechándolos unas semanas después cuando se aburría.
Era raro, porque Rose lucía exactamente como una mujer en sus
cuarentas que había pasado los mejores años de su vida cuidando a un
pariente mayor. Era alta y pechugona con una mirada determinada en su
rostro, la cual era muy práctico, cuando el señor Freemont estaba siendo
insoportable, y en el trabajo ella prefería trajes a medida y zapatos apropiados.
Pero el sábado a la noche, estaba transformada en una sexy gatita de
edad media, en un vestido rojo brillante que mostraba más escote de lo que
Neve pensaba era apropiado para una mujer de la edad de Rose. Su tímido
cabello castaño había sido convertido en una masa de rizos y estaba usando
tacones de plataforma y una sonrisa salvaje. Neve estaba usando un vestido
cruzado negro, un cárdigan negro y zapatos planos, aunque Rose la forzó a
removerse el cárdigan antes de la lección de salsa.
—Tienes que mostrar un poco de piel —mirando a su propio pecho con
satisfacción—, tengo un poco de brillantina corporal en mi bolso. Realmente
lleva los ojos a los senos.


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Neve no quería los ojos de nadie en sus senos, los que estaban pesados
después de una hora de lección de salsa —una experiencia que había
confirmado todas sus peores sospechas de que no tenía sentido del ritmo.
Mientras todos iban a la izquierda, ella iba a la derecha, y solo podía mover las
caderas de lado a lado, en lugar de girando, haciendo círculos y empujándolas
como todos los demás.
—Lo estás haciendo genial. —Rose llamó mientras hacía mambo,
pasando a Neve en los brazos de un lavaplatos chileno llamado Esteban quien
lucía como un joven Antonio Banderas. Neve había sido dejada para pisarle los
dedos de los pies a Jorge, quien era muy dulce sobre eso, pero tan pronto
como la lección terminó y los bailarines más experimentados comenzaron a
llegar, besó a Neve en la mano, se excusó y se fue.
Después de un par de bailes más, Neve fue dejada al margen —se había
corrido la voz de que era una pisa-pies. Estaba aliviada de descansar sus
dolorosos pies y lentamente sorber una soda con lima mientras observaba a los
trabajadores de oficina de Croydon y a los conductores de mini-taxis de
Edmonton se pavoneaban por la pista como si tuvieran sangre Latina fluyendo
por sus venas. Todos estaban teniendo un buen momento, porque era sábado
a la noche y por unas cortas horas, los juicios y decepciones de la semana
pasada eran olvidados. El sábado a la noche era sobre beber y bailar y
coquetear y sacudirte, quienquiera que tuvieras que ser de lunes a viernes.
Neve se sentó allí en su negro básico y se preguntó qué estaba mal con
ella. Era como si, una vez que los kilos comenzaron a desaparecer, se hubieran
llevado el sentido de la diversión con ellos. Había sido feliz yendo a clubes
nocturnos con sus amigos cuando estaba en Oxford y podía concentrarse en
pasar un buen rato (y ocupándose de los abrigos de todos y los bolsos mientras
ellos estaban bailando) porque no tenía que preocuparse por intentar ser
atraída. Ahora quería desesperadamente ser atraída, pero aún estaba
preocupándose por el divertido tapado de piel estampado de leopardo y el
bolso a juego, mientras ella practicaba un energético mambo. Estos eran los
pensamientos equivocados para tener a las once y media en un sábado a la
noche, sentada en la esquina oscura de un club agitado, mientras los demás
giraban y gritaban a su alrededor.
Neve esperó otros cinco minutos para que su sentido de la diversión
hiciera hacer sentir su presencia, después fue a encontrar a Rose para decirle
que tenía que irse para alcanzar el último metro.
Mientras el metro salía de la estación, Neve tuvo que tensar los músculos
de su rostro, en un esfuerzo para dejar de mirar y moler sus molares traseros,
porque la mujer sentada frente a ella estaba luciendo bastante preocupada.


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Pero, realmente, las costumbres de las citas modernas eran horribles y
completamente injustas.
No debería ser sobre números y perfiles de cita cuidadosamente
redactados y mensajes diseñados específicamente para vender una versión de
ti mismo que no se asemejaba remotamente a la cosa real.
Incluso, las casuales aventuras, sin ataduras deberían ser sobre romance,
sobre conectarse con alguien, sobre ojos encontrándose en habitaciones
repletas, una sonrisa compartida a través de un club oscuro. Pero, a excepción
del pobre, desdichado Edward, no había un solo hombre de los que conoció
esa semana que pareciera estar buscando a la chica que hiciera su corazón
acelerarse. Solo buscaban una chica que fuera agradable a la vista, con un
poco de inteligencia en su lóbulo frontal y que dejara caer sus bragas a cambio
de una copa de vino blanco.
Todo lo que Neve necesitaba era un hombre bastante normal para tener
una relación bastante normal con él, y solo había conocido a uno de ellos en
las últimas semanas.
Neve sacó su teléfono tan pronto como salió de la estación Finsbury Park.
Iba a hacerlo aquí y ahora mismo, antes de siquiera comenzar a caminar a
casa, porque sabía que en esos quince minutos comenzaría a pensar en todas
las razones por las que no debería y después decidiría dormir. Luego, por la
mañana, habría salido con un número descomunal de obstáculos y tropiezos
que habría precavido y pronosticado, después lo empujaría a la polvorienta
esquina de su mente donde ponía todas las cosas con las que no quería lidiar.
Esa polvorienta esquina ya estaba a punto de reventar.
Sí, iba a hacerlo ahora, porque aún no había borrado el número de Max
de su teléfono. Como era usual, su subconsciente estaba mucho más
adelantado que su regular, torpe conciencia.
Max respondió en el tercer timbre, lo cual era bueno, porque Neve tenía
el sentimiento que se habría acobardado para el quinto. —¿Hola? —dijo con
recelo, como si no le gustara tener un número desconocido parpadeando en
su pantalla.
—¿Max? Es Neve —Se giró para así estar acurrucada contra el mapa
subterráneo de Londres, justo como había estado esa noche cuando él la besó,
y se esforzó para seguir adelante—. ¿Puedes hablar?
—¿Qué? ¿Quién? No puedo oírte —grito Max sobre lo que sonaba como
el ruido del desfile de Mardi Gras—. ¡Espera!


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Neve esperó, contando silenciosamente en su cabeza mientras hacía un
trato consigo misma que colgaría si llegaba a cincuenta.
—Perdón, ¿Quién es? —Max preguntó cuándo solo había llegado a
treinta y siete.
—Es Neve —dijo otra vez—. Disculpa por llamarte tan tarde un sábado a
la noche.
—Ah, la noche apenas ha comenzado —Max arrastró—. Así que ¿Cómo
demonios estás?
—Oh, estoy bien. Absolutamente bien. —Neve se dio cuenta que no
sabía que decir—. ¡Felicitaciones! Has sido el candidato elegido para la
posición de mi novio. —Probablemente no era la manera correcta de
continuar—. ¿Cómo estás tú?
—Estoy bien también —dijo Max—. Entonces… ¿Qué pasa?
Solo tienes que construir una oración de unas diez palabras, Neve se dijo
a sí misma. —Me estaba preguntando si te gustaría salir en una cita. Conmigo —
añadió, en caso de que Max no tuviera claro ese punto—. Si estás libre. En la
próxima semana o algo así.













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Traducido por Violet_7
Corregido por Mali..♥

oce horas después, Neve estaba caminando abajo por Crouch
hill hacia Crouch End Broadway, porque Max estaba allí teniendo
un desayuno-almuerzo en el Italian Food Hall y ella tenía una
invitación abierta para unírsele, después de haberse
compadecido de su completa incapacidad para pensar en un horario, un
lugar y un día para su cita.
Estaba nerviosa, eso era un hecho, pero no estaba sufriendo un tsunami
de terror, como lo había estado antes de sus otras citas. Al menos con Max
sabía qué esperar, lo más que podía, con alguien que era tan voluble como él,
y solo era una cita. Ella era una veterana en “solo una cita” para el momento y
después de que hubiera sacado eso del camino, podría obtener algunas
aceitunas orgánicas de Waitrose y hojear los estantes de la librería Oxfam y la
papelería, Neve se dijo a si misma mientras marchaba hacia el Italian Food Hall
precisamente a las cinco con doce minutos.
Neve miró a través de la ventana, intentando ver más allá del mostrador
de delicatesen, hacia el área de jardín en la parte de atrás. El aire húmedo
había untando condensación en la ventana, haciendo difícil mirar, así que
Neve no tuvo más opción que entrar y vagar entre las mesas y cabinas hasta
que encontrara a Max —eso, si él realmente aparecía y no solo había estado
jugándole una mala broma a ella.
Hubo un momento de vacilación antes de que Neve marchara
decididamente hacia la entrada —y después se detuvo. A un lado del edificio
había un área de descanso toldada completamente desierta aparte de una
solitaria figura, quien levantó la mirada de su periódico y la saludó con la mano.
Neve saludó de regreso y ahora estaba comprometida a ajustarse por el
estrecho pasillo entre las mesas vacías, mientras Max se ponía de pie para
poder inclinarse y besarla en la mejilla, cuando Neve alcanzó su lado. Neve
golpeó su nariz contra la barbilla de Max, cuando intentó devolverle el favor,
mientras Max estaba apuntando a su otra mejilla. Siempre olvidaba que Celia y
sus amigos hacían el doble beso y ahora ella estaba nerviosa, mientras se
sentaba y armaba un escándalo con sus bolsas.
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—Así que, tú y yo en una cita de verdad, ¿Quién lo hubiera pensado? —
dijo Max ligeramente.
Neve sonrió vagamente, en respuesta, mientras observaba a Max deslizar
su BlackBerry y un iPhone en un bolsillo interior. Era la primera vez que Neve lo
veía a la luz del día o lo que pasaba por un tipo turbio de luz del día, y había
algo decididamente exótico sobre él. Quizás era la inclinación de sus pómulos
o el color miel de su piel. Su cabello era tan oscuro que era casi negro y tenía
algún producto en él para intentar matar los rulos. Había olvidado lo apuesto
que era; solo sus enrojecidos, ojos hinchados hacían que Neve se sintiera un
poco menos intimidada.
Antes de que Max la atrapara mirándolo, Neve tomó el menú laminado,
el cual era difícil de ver cuando estaba usando guantes de lana. Estaba por
preguntar por qué estaban sentados afuera, cuando se le ocurrió que quizás
Max no quería que lo vieran con ella en un lugar público abarrotado.
—¿Estás lista para ordenar? —preguntó Max, y Neve notó que había una
camarera a su lado.
Ordenó una tetera e iba a enviar lejos a la camarera con su estómago
gruñendo en advertencia. Normalmente nunca hubiera soñado en comer en
una cita o frente a nadie que no fuera inmediatamente familia, pero Max
observándola comer huevos revueltos en una tostada de granola no se
comparaba con su primer encuentro medio desnudos.
La camarera se fue demasiado rápido para el gusto de Neve, así que allí
solo estaba Max mirándola fijamente y ella no le había dicho una sola palabra
desde que se había sentado.
—¿Has tenido una buena semana? —preguntó tímidamente, gravemente
consciente de cuán entrecortada y aguda su voz sonó y cómo no quería
quitarse su estúpido gorro de lana con las orejeras, porque sabía que tendría un
cabello de gorro realmente sorprendente.
Max asintió. —Ha sido un poco como una pesadilla, si tienes que saber —
él espeto—. Intentando finalizar la portada de agosto. Si hay una cosa peor que
lidiar con el talento, es lidiar con el agente del talento, manager y el publicista.
Pesadilla completa.
Neve asintió en lo que esperó fuera una manera simpática. Había
entendido la esencia general de la conversación, Max había tenido una
semana difícil, pero eludía las especificidades. —¿El talento? ¿Es ese el
sobrenombre de alguien en la industria del entretenimiento?


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—No —Max dijo lentamente y casi condescendientemente—. Es como
describo a una celebridad cuando no puedo decir su nombre porque tuve
que firmar un contrato de confidencialidad.
—Oh. Ya veo —Neve sentía como si hubiera sido injustamente castigada
por no saber los mecanismos de la industria del entretenimiento, pero por la
forma en que Max hizo una mueca como si las nubes momentáneamente se
partieran para permitir pasar a través un fino rayo de luz, sospechaba que él
tenía una resaca y decidió no tomarlo como algo personal—. ¿Por qué están
trabajando en la portada de Agosto cuando es el comienzo de marzo?
—¿No te ha explicado Celia sobre los tiempos de entrega? —Neve
sacudió la cabeza y Max gruño dramáticamente—. Bueno, haz que te ponga al
corriente la próxima vez que la veas. Es realmente difícil explicar esas cosas a los
civiles.
Al menos estaba recogiendo algo de vocabulario de moda en los medios
de comunicación. Las celebridades eran llamadas “el talento” y los bajos
campesinos como Neve eran conocidos como “civiles”.
—Me aseguraré de hacerlo —Neve dijo, flamantemente, cruzando sus
brazos porque estaba enfada y congelándose, absolutamente, pero sería
condenada si le dejaba saber eso a Max—. Tonta de mí, pensar que trabajar en
una revista de moda era glamoroso.
—Es glamoroso —estalló Max—. Y Skirt no es una revista de moda. En
realidad es un título de estilo de vida de lujo. —Se detuvo mientras la camarera
regresó con la tetera para Neve y el expreso triple de Max—. Gracias, querida.
Voy a necesitar otro de estos en unos diez minutos.
Neve se sacó uno de sus guantes con reticencia para poder servirse una
taza de té y esperó que Max preguntara cómo había estado su semana, pero
estaba demasiado ocupado bebiéndose su café en un rápido trago.
—Entonces ¿Qué cosas glamorosas has hecho esta semana? —persistió
ella y ni siquiera le importaba, pero escuchar la mandíbula de Max sobre un
montón de celebridades insulsas tenía que ser mejor que sentarse allí en un
tenso y resentido silencio. No podía creer que él había estado de acuerdo en
salir con ella, y había pasado por todos los problemas para realmente
presentarse, cuando tenía cero intereses en tener una conversación educada.
—Lo usual. Almuerzos, proyecciones, after-shows… Oh, y fui a la apertura
del nuevo restaurante de Jamie Oliver —dijo Max con un entusiasmo
marcadamente mayor del que había mostrado hasta ahora—. Nigella y Sophie
ambas están allí, la misma Sophie Dahl. Me retó a robar la sal y la pimienta, pero
esa no fue la mejor cosa que paso este fin de semana,


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Sonaba bastante espectacular para Neve, quien tenía mucho tiempo
para Sophie Dahl y su lucha con su peso, aunque estaba sorprendida de que
alentara a Max a cometer actos de hurto menor. —¿No lo fue?
—Ni siquiera cerca —dijo Max, descansando sus codos en la mesa y
dándole una rápida y perversa sonrisa—. Mi publicista me compró un Mini
Couper, aunque Mandy envió el de ella de regreso, porque quería que lo
pintaran de rosado y le pusieran un techo corredizo.
—¿Eso sería un auto? —aclaró Neve, porque quería asegurarse de que no
era más jerga oscura de los medios.
—Sip. “Penalties and Prada” fue la ficción más vendida el año pasado de
Tesco y recién hemos alcanzo el cuarto de millón de copias vendidas —Sonrió
para sí mismo—. Claro, eso no incluye las ventas en el extranjero.
—¿Un cuarto de millón? —Hizo eco Neve, y si sonó espantada entonces
solo no pudo evitarlo.
—¿Por qué estás arrugando la cara como si estuvieras de pie en dirección
del viento de una tubería de aguas residuales?
—Bueno, es grandioso que tengas un auto nuevo y, bueno, al menos
quiere decir que las personas están comprando libros, supongo. —Neve se
detuvo, pero después no pudo evitar darle rienda a esas indignantes palabras
que necesitaban ser dichas en voz alta—. Sin embargo dice que todo está mal
en la industria de la publicidad, que un cuarto de millón de personas hayan
comprado y leído una novela de sexo y compras que ni siquiera fue escrita por
una de esas novias de futbolistas y, aun así, la mayoría de los títulos en la lista
del Premio Orange, que es un premio para las mujeres escritoras, no vende ni
siquiera diez mil copias. No es justo.
—Bueno, es probablemente porque son una basura y son sobre cuanto
apesta ser una mujer oprimida con un burka
32
en Irán o son de esos valiosos
libros sobre una joven chica que hace las paces con su creciente sexualidad
en un pueblo rural en algún momento en el pasado cuando todo era libretas
de racionamiento y nada de televisión. —Max le criticó de regreso.
Neve se atoró con su té. Realmente se ahogó tanto con él, que tuvo que
escupir gotas de este en el mantel de papel. —¿Nómbrame tres libros que
estuvieron en la lista para el premio del año pasado? —siseó hacia él y ni
siquiera tuvo que esperar a que Max respondiera, porque sería una espera

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Burka: una prenda de vestir tradicional en la religión musulmana, que cubre el rostro de las
mujeres.


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malditamente larga—. No puedes. Supongo que ni siquiera puedes nombrar a
la ganadora.
—Sí, bueno, ¿Has leído al menos uno de mis libros?
—Quieres decir uno de los libros de Mandy McDonald’s, ¿No es así? —
Neve lo corrigió.
—Es Mandy McIntyre, cariño, lo que sabrías si hubieras leído algo que fue
impreso en este siglo.
Neve había leído muchos libros que habían sido escritos en el siglo actual,
aunque en el momento estaba en apuros para pensar en uno solo. —Al menos
leo libros —se burló, y pensó que quizás había sido la primera vez que se había
burlado de alguien, pero, en serio, Max era la persona más desagradable que
jamás había conocido —tan pagado de sí mismo y obsesionado con lo trivial y
lo superficial.
—Es, probablemente, porque trabajas en alguna librería antigua
polvorienta, llena de lesbianas mayores con sus cardiganes abotonados hasta
sus cuellos, mientras leen novelas de Agatha Christie y miran lascivamente tu
trasero cuando te piden que alcances libros de los estantes superiores. —Max
anunció ferozmente mientras Neve goteaba té sobre el mantel otra vez.
—Es un archivo literario y no hay nada malo con usar cárdigan —lo gritó,
aunque no era ni el lugar ni el momento, pero Neve nunca se sentía vestida
adecuadamente sin un cárdigan, y sí, usualmente, lo abotonaba todo porque
tendía a sentir frío—. Y no hay nada malo en ser lesbiana, a menos que seas un
completo homofóbico.
—¿Cómo te atreves? —jadeó Max. Ciertamente lucia enojado, aunque
sonó como si estuviera aumentando gradualmente la indignación para el
efecto cómico—. No soy homofóbico. Casi todos mis amigos hombres son gay y
amo a Lady Gaga.
Neve resopló en burla y se hubiera puesto de pie allí mismo, saliendo
enfadada hacia Waitrose, y quizás, incluso, jurando bajo su respiración, pero la
camarera estaba de regreso con una bandeja cargada.
Fue recompensada con una sonrisa devastadora de Max, que la hizo
batir sus pestañas y empujar sus senos en su rostro mientras colocaba el
desayuno inglés completo, una canasta de pasteles y una cafetera frente a él.
Casi un pensamiento tardío, puso abajo el plato de Neve.
—Cariño, eres una salvavidas —dijo Max, mientras echaba kétchup sobre
sus huevos—. Honestamente, sigue malcriándome así y tendremos que hacer
oficiales las cosas.


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La camarera rió, aunque Max no intentó sonar sincero, Neve pensó para
sí misma, enojada, mientras tiraba de su otro guante para poder comer su
tostada y huevos con un cuchillo y tenedor. Había sido educada
apropiadamente, a diferencia de Max, quien estaba untando habas cocidas
en un trozo de tostada.
Era difícil mantener el agarre sobre los cubiertos, cuando sus dedos se
estaban poniendo azules. —¿Por qué estábamos afuera de todas maneras? —
preguntó.
Para su sorpresa, Max sonrió vagamente y señaló debajo de la mesa. —
Traje a mi compañero en caso de que las cosas se pusieran pegajosas, pero no
tendría que haberme preocupado, porque las cosas están yendo
fantásticamente bien.
—¿Trajiste tu qué? —Neve corrió su silla hacia atrás para poder mirar bajo
la mesa. Acurrucado alrededor de la pierna de la silla de Max, estaba un
robusto perro marrón, que lucía como un Rottweiller o un mastín o alguna otra
clase de perro diabólico que el Daily Mail siempre estaba intentando prohibir.
Neve le dio al perro, y al arnés que estaba usando, una mirada de
desconfianza, pero no tenía que preocuparse. El perro miró hacia arriba, llamó
la atención de Neve y después se acurrucó más bajo la silla, con sus patas
delanteras sobre sus ojos. Era increíblemente lindo pero también un golpe al
ego de Neve.
—No creo que le guste —dijo ella.
—A Keith no le gusta nadie.
—¿El nombre de tu perro es Keith? Ese no es un nombre de perro.
Max se encogió de hombros. —Es el único nombre al que responde.
Intenté con otros nombres nobles y duros como Troy y Cassius, pero él no lo
entendía. ¿Realmente tienes mucho frío aquí fuera? Deberías haber dicho algo.
Neve sacudió la cabeza. —Estaré bien siempre y cuando caliente mis
manos contra la tetera cada un par de minutos —dijo, porque no había mucho
más que pudiera decir. Se suponía que ellos tendrían un desayuno-almuerzo,
juntos y si Max había traído a su perro, entonces iban a tener que almorzar al
aire libre.
—Es solo que intento pasar mucho tiempo con Keith el fin de semana.
Tengo un caminador de perro, pero Keith se queda solo durante la semana y
tiene serios problemas de abandono.
—¿Los tiene? —Neve arriesgó otra mirada a Keith, quien aún estaba
haciendo la cosa de no veo nada.


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—Bueno, él era un perro callejero… —Max se detuvo—. ¿Estás segura de
que quieres escuchar esto?
—Claro que sí. Siempre quise un perrito cuando era pequeña, pero Celia
tenía asma, así que tenía un pez dorado. Los peces dorados son mascotas muy
aburridas —añadió Neve, mientras pensaba en todos los peces que tuvo y las
muchas veces que había descendido las escaleras en la mañana para
encontrar sus hinchados, cuerpos con vientres blancos flotando en la parte
superior del agua.
—Yo no tuve ninguna mascota —dijo Max—. Aunque una vez robé el
conejillo de indias de mi amigo y lo lleve a casa, lo que no salió bien con mi
mama. Pensó que teníamos ratas.
Neve sonrió y Max sonrió de regreso y fue un alivio no estar provocándose
uno al otro, Neve dejo de juguetear con la azucarera o de pretender de leer el
menú o incluso calcular cuánto tiempo pasaría antes de poder marcharse.
—Entonces, me ibas a decir de las raíces de los problemas de abandono
de Keith —puntualizó Neve—. ¿No crees que se pondrá paranoico si hablamos
de él?
—Paranoia está muy abajo en la lista de desórdenes emocionales, creo
que estaremos bien —dijo Max con una sonrisa, recostándose en su silla—. Así
que hace un par de veranos, mi banda ancha andaba floja y tuve que
conseguir a un ingeniero…
Neve había terminado sus huevos revueltos y tostada y estaba en su
segunda taza de té para el momento en que Max había finalizado la
desgarradora historia de los primeros años de Keith. Había seguido al ingeniero
de banda ancha hacia el apartamento de Max. Max había asumido que Keith
pertenecía al ingeniero y era un poco descarado que llevara a su perro a las
llamadas domiciliarias, pero el ingeniero había encontrado a Keith en los
escalones y pensó que era el perro de Max.
—Creo que perteneció a alguien que se fue de vacaciones y no podía
permitirse llevarlo a una guardería canina, así que solo lo abandonaron y
esperaron que él estuviera ahí cuando regresaran —dijo Max, alcanzando
abajo para palmear a Keith—. Estaba un poco apaleado, como si se hubiera
involucrado en muchas peleas, y cuando lo llevé al refugio de animales,
descubrieron estas viejas costras y cicatrices como si sus dueños no lo hubieran
tratado muy bien.
—¿Así que no lo dejaste en el refugio? —preguntó Neve.


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—Oh, sí lo hice —le aseguró Max—. Pero regrese por él cinco minutos
después. Tenía una condición en la piel y se agachaba y ladraba cuando
alguien, excepto yo, se le acercaba y no podía verlo siendo adoptado muy
ponto, así que lo saqué de allí.
Neve podía sentir su boca convertirse en un puchero. —Aw, pobre Keith
—arrulló ella—. Pobre perrito.
Era una voz que otras mujeres reservaban para los bebes y gatitos, pero
Neve aún no había visto un bebé que no luciera como un enojado, calvo
hombre mayor, y desde que había sido mordida por el gato de su vecina
cuando tenía seis y tuvo que recibir una vacuna antitetánica, se había
convertido en una amante de perros. Cuando su madre la había acorralado
para que fuera a Goddess Workshop para aumentar su autoestima, allí se había
dado una gran cantidad de golpes buscando su lugar feliz. Resultó que su lugar
feliz era un campo de alegres cachorros de Labrador flotando y, aunque no era
una llorona, un conmovedor episodio en particular de “It’s me or the Dog”
podía hacerla pedazos.
—Keith vive en el regazo del lujo estos días —dijo Max, agriamente, sus
ojos arrugándose, como si estuviera intentando suprimir una sonrisa—. Es un
mimado.
Neve sintió que era justo revisar su mala opinión de Max. No podía ser tan
irresponsable y superficial, si realmente se las arreglaba para comprometerse
con otro ser vivo, quien obviamente lo adoraba si los ruidos rasposos de debajo
de la mesa eran una guía.
—Merece ser mimado —insistió Neve, y después estaba metiendo la
cabeza bajo la mesa para poder hablar en esa voz enfermiza otra vez—. Tú
necesitas montones de TLC
33
¿No es así? Si lo mereces.
Keith alzó la cabeza, y justo cuando Neve esperaba que él le mostrara los
dientes o se retirara más lejos debajo de la silla de Max, salió por el otro lado,
precavidamente se acercó a ella a su mano extendida y la olisqueó.
—No lo creo —murmuro Max, cuando vio lo que estaba ocurriendo.
—Él sabe que soy una amiga —dijo Neve, rascando suavemente la palma
de su mano contra la cabeza de Keith—. Eres un chico adorable, ¿No es así?
—¿Tienes algunas golosinas de hígado escondidas bajo tu manga?

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TLC: Marca de comida para mascotas.


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Neve sacudió su cabeza. —Normalmente no cargo golosinas de hígado
en caso de que quizás me cruce con algún perro asustadizo del que quiera ser
amiga.
—Keith usualmente odia a los extraños. —Max frunció el ceño, mientras
observaba a Keith hociquear la mano de Neve—. Deberías sentirte muy
honrada.
Considerándolo todo, era un buen momento para que su desastrosa cita
terminara, Neve decidió mientras jalaba el monedero de su bolso e intentaba
llamar la atención de la camarera. —Bueno, esto ha sido, umm… interesante,
pero creo…
Max alcanzó a través de la mesa para colocar su mano sobre la de ella
para evitar que abriera su monedero. —Me encargaré de esto —dijo
firmemente. Sus dedos estaban sorprendentemente calientes contra su piel
helada—. ¡Estas congelándote!
—En verdad, estoy bien —le dijo Neve mientras intentaba no tiritar, pero
tenía que ver menos con el frío, que con el pulgar de Max acariciando el lugar
sensible en el interior de su muñeca donde sus venas se cruzaban como líneas
de un mapa de tuberías—. De todas formas, realmente debería irme.
—Bueno, antes de que lo hagas, probablemente deberíamos decidir qué
vamos a hacer en nuestra próxima cita —dijo Max—. Hay un desfile y una
proyección de una película en el V&A que luce muy bien.
—¿Próxima cita? No estamos saliendo —farfulló Neve—. ¿Por qué
pensarías eso siquiera?
—Bueno, técnicamente hemos tenido tres citas ahora, así que creo que
estamos teniendo una de esas relaciones de prueba en las que eres tan
experta. Y tu sí me llamaste y me pediste salir, ¿Así que por qué estás tan
sorprendida? ¿Qué pensaste que estábamos haciendo?
Era una muy buena pregunta y una que Neve no podía ni siquiera
comenzar a responder. —No lo sé. No estoy segura… —Intentó otra vez—.
Realmente, ¿Por qué estarías interesado en esa clase de arreglos con alguien
como yo? ¿Es mi valor de novedad?
—Algo así, sí —admitió Max. Él hizo un puchero suavemente—. Puedo
decir que no te gusto tanto y eres la única persona que he conocido que no
piensa que soy un experto con experiencia añadida. —Invitó a Neve con un
guiño indignante—. Al final te será imposible resistirme.
Neve no tenía las agallas para decirle a Max que probablemente le
gustaba mucho más si no salía con esos disparates arrogantes. Obviamente su


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rostro la delató, porque Max dejo de sostener su mano para así poder mover un
dedo hacia ella en amonestación.
—Ya verás. Es como la vez que todos dijeron que no había manera de
que podría tener a Madonna para la portada de Skirt, pero pasé un año
cortejando a su publicista y, luego, cuando la entrevista fue acordada, todos
dijeron que ella sería muy difícil y tendríamos suerte de tener diez minutos. —
Max sonrió triunfante—. La entrevista duró dos horas y después nos fuimos de
fiesta. Si Madonna me ama, entonces tú también lo harás.
Fue la primera y única vez que Neve había sido comparada con
Madonna. Se sentía extrañamente insultante. Levantó sus cejas. —Max, no es
que no me gustes, eso es, no me gustas, pero no puedo verte en este tipo de
relación.
Max agitó su mano frente a su rostro como si estuviera aplastando una
mosca. —Mira, cortos de estar follando algún fenómeno de circo y subir los
videos a YouTube, o lo que sea, lo he hecho. Al menos dos veces. Tener una
relación y ni siquiera una sexual es demasiado correcto, es prácticamente
perverso.
Ahora Neve estaba definitivamente insultada. —Bueno, estoy feliz de estar
de servicio —espetó.
—Ahora no te pongas toda malhumorada. —Max agitó su dedo otra
vez—. Seamos realistas, soy la mejor oferta que tendrás cuando se refiere a
novios de prueba. Al menos no soy un agente inmobiliario y no tengo ninguna
tendencia suicida. Por cierto, tu hermana realmente necesita recordar que su
voz llega de un lado a otro de la oficina,
Iba a asesinar a Celia. —Entonces, tuve un par de malas citas, pero solo
tengo que seguir aplicándome a mí misma y estaré destinada a tener una
buena cita eventualmente —dijo Neve, a la defensiva.
—¿Aplicándote a ti misma? Ir a citas no debería ser un calvario. —Max
presionó sus libros—. Tienes veinticinco, ¿Correcto? Eres la mayor de veinticinco
que jamás he conocido.
—No puedo evitar ser Madura para mi edad. —Aunque Neve prefería
pensar que solo tenía un alma muy antigua—. Quizás debería haber pasado
unos años emborrachándome y teniendo sexo sin significado, pero no lo hice.
—Mira, ¿Estás absolutamente segura de que este Billy Bloke es tu
verdadero amor? —Preguntó Max, como si toda la idea de William y de tener
siquiera un amor verdadero no fuera para ser tomada en serio.


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Neve inmediatamente se erizó. —Su nombre es William —le recordó
fríamente a Max—. Y sí, sí, él lo es, y no tienes que ser tan sarcástico sobre eso.
Max se encogió de hombros. —Solo estoy diciendo que antes de que
sientes cabeza con William, o cualquiera que sea su nombre, deberías divertirte
un poco, y yo soy un dios divirtiéndome. —Max estaba realmente hablando en
serio, aunque era la cosa más ridícula que Neve hubiera escuchado jamás a
alguien decir. De nuevo, todo el punto de todas esas atroces primeras citas
había sido inyectarle un poco de diversión y romance a su vida, y ambas, la
diversión y el romance, habían estado escaseando gravemente. A veces, Neve
pensaba que la diversión debería venir con señalización de balas, un plan de
acción y diagramas a mano.
—Bueno, cuando lo pones de esa manera, supongo que puedo tener
algo de diversión. —Neve dijo alegremente. Alegremente era a lo que ella
estaba apuntando, pero la ejecución fue más sombría que determinada,
cuando algo muy importante se le ocurrió—. Pero necesito que prometas que
definitivamente no tendremos sexo.
—Nada de sexo a menos que me ruegues por él. —Max sonrió ante la
acida mirada en el rostro de Neve—. Y no usaré lengua cuando nos estemos
besando. A menos que tú lo hagas primero.
Había demasiadas cosas objetables acerca de esa afirmación que Neve
ni siquiera sabía por dónde empezar, pero mientras estaban estableciendo
algunas reglas… —No creo que debamos ir de la mano tampoco —espetó.
—¿No lo crees? —Preguntó Max ligeramente.
—Bueno, es solo que necesitamos alguna clase de recordatorio de que
esto es una relación de prueba y no una propiamente dicha. Entonces, si por
algún milagro, nos estuviéramos llevando realmente bien y yo sostuviera tu
mano, tendría que detenerme y recordar que no nos tomamos las manos,
porque no somos una pareja. —Neve balbuceó, mientras Max solo se quedó
sentado allí y la miraba como si estuviera teniendo un ataque psicótico—. ¿No
lo ves? No tomarnos de la mano sería como una palabra de seguridad.
—¿Qué sabes de palabras de seguridad? —Max arrastró muy lento, y
antes de que Neve pudiera ofenderse, porque ser inexperta no significaba que
estuviera completamente desinformada, él se encogió de hombros otra vez y
dijo—: Bien. Nada de sexo. No tomarnos de las manos y tomaremos las cosas
entre el sexo y tomarnos de la mano bajo consideración, ¿Está bien?
Neve asintió. —¿Deberíamos tomar esto una cita a la vez?


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Max la miró con la expresión en blanco. —Supongo que eso funcionará.
—De pronto él puso su cabeza entre las manos y bostezó—. Lo siento, no sé
dónde está María con mi siguiente expreso. Aún no he ido a la cama y creo
que mi segundo impulso acaba de pararse e irse.
Era hora de tomar un poco de control de regreso. Neve metió su
monedero de regreso a su cartera y se puso de pie. —Bueno, estoy contenta
de que aclaramos todo eso —dijo oficiosamente—. Usualmente puedo en las
tardes de lunes, jueves y viernes así que, um… te llamaré.
—O yo te llamo a ti —ofreció Max, pero su voz era tan tranquila y sus
párpados estaban cayendo, como si no descansar su cabeza en la mesa
estuviera sacándole toda su energía y fuera a caer dormido allí mismo.
—Correcto, bueno, me alegra que eso esté arreglado entonces. —Antes
de que pudiera ser una despedida dolorosamente larga, Neve se agachó para
acariciar a Keith, sonrió firmemente a Max y caminó lejos.





















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Traducido por Vero
Corregido por Chio

eve había imaginado que las citas serían noche tras noche en el
bar, teniendo conversaciones forzadas, mientras escuchaban las
historias de otros que se encontraban atrás, pero no era así en
absoluto. O las citas con Max no eran así.
Max tenía un calendario social tan completo y variado que sus citas se
duplicaron por los eventos de trabajo que él simplemente debía atender. En el
transcurso de tres semanas, había llevado a Neve a una carrera de perros para
el lanzamiento del álbum de una banda, en la que todos tenían peinados
MopTop
34
y acentos Mockney
35
.
Habían estado en la ostentosa primera noche de la fiesta de una
exposición fotográfica en el V&A
36
, con camareros que pasaban
constantemente llevando bandejas cargadas de champagne y canapés.
Habían estado en la apertura de una tienda, que había ofrecido bailarines
burlescos, un mago y una bolsa de regalos repleto de cosméticos de primera
calidad, vales de spa y un par de pijamas de cachemira, que Neve le regaló a
una agradecida Chloe. Hubo premier de películas, fiestas de cócteles y
conciertos de bandas en vivo y Neve fue a cada una acompañada de Max y
no menos de veinte de sus amigos más cercanos.
Nunca se había sentido tan sobrepasada en este nuevo y extraño
mundo de los eventos de prensa y las post-fiestas y la fiesta después de la post-
fiesta y aunque difícilmente pudiera admitírselo a sí misma, había encontrado

34
MopTop Hair: Se trata del nombre de un corte de pelo de mitad de longitud popularizado por
Los Beatles. Se trata de un corte recto con longitud hasta el cuello en la espalda y sobre los
oídos a los lados con un flequillo recto. Debido a la popularidad de Los Beatles, el corte fue
ampliamente imitado en todo el mundo entre 1964 y 1966.
35
Mockney: (un acrónimo de "simulacro" y "Cockney") es un acento afectado y la forma de
expresión en la imitación de cockney, o de la clase obrera de Londres, o una persona con tal
acento. Un estereotipo mockney proviene de una familia de clase media o media-alta en los
condados de Inicio de Inglaterra
36
Se refiere al museo Victoria and Albert. Es el museo más grande del mundo dedicado al arte y
el diseño, con colecciones sin par en cuanto a su alcance y su diversidad.
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alivio en el hecho de que Max mantuviera su brazo suavemente alrededor de
sus hombros la mayor parte del tiempo. Primero iban a recorrer la habitación; lo
que por lo general les tomaba alrededor de una hora para poder hacer el
circuito completo, debido a que apenas daban el primer paso se topaban con
algún conocido de Max y había un aluvión de besos al aire, abrazos y
cumplidos sin aliento.
No había ninguna razón terrenal para que los publicistas o periodistas,
modelos, actrices o estrellas de reality shows, hicieran algo más que sonreír
vagamente en dirección a Neve, excepto que Max la tomara del brazo para
llevarla hacia adelante, desde donde ella se escondía detrás de él, para decir:
—Ésta es mi gran amiga, Neve. —Entonces continuaba la presentación
agregando—: Neve justamente me decía que estaba pensando en tomar
clases de burlesque
37
—O decía—: Ayúdame aquí. Neve insiste en que la
película estaba solo por debajo de Tarantino.
Cuando, por lo general, ella no estaba diciendo tal cosa, pero eso hacía
que la conversación comenzara; una conversación de la cual era parte, lo que
era una novedad después de todos esos años de estar sentada en una esquina,
mientras sus más delgadas, bonitas y menos tímidas amigas estaban charlando
y tomando unas copas compradas para ellas.
Después de recorrer la habitación, se sentarían y en cinco minutos se
encontrarían rodeados por todos lados y Neve se sentaría allí con el confortable
peso del brazo de Max todavía a su alrededor y sonreiría, asentiría y
murmuraría:
—¿En serio? Bueno nunca lo supe. —Mientras la conversación giraba
alrededor de ella. No importaba, en realidad, que nunca participara o que no
conocía a las personas que hablaban, porque ninguno realmente estaba
escuchando a alguien más. Era una competencia para ver quién hablaba más
alto, para ver quién decía las cosas más impactantes, jactarse de sus últimos
trabajos, promociones y, en el centro de todo ello, el sol alrededor del cual
todos giraban como satélites, era Max.
El encanto de Max era tan evidente para el rostro de uno, como una
mezcla evidente de coqueteo y adulación con sutiles matices en los que Neve
no había reparado antes. Que solo por bajar su voz y mirar a alguien con fijeza,
sin parpadear, Max parecía ejercer algún tipo de sometimiento sexual sobre las

37
Burlesque es un trabajo literario o dramático que se enfoca en la ridiculización de un tema. El
término ha sido adaptado para referirse al tipo de espectáculo de comedia en el que
regularmente se presentan rutinas artísticas o eróticas. El burlesque se vale de la parodia y
la exageración de rasgos para ridiculizar un tema.


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personas —hombres o mujeres; homosexuales o heterosexuales eso no
importaba— luego, los tocaba, atrapaba un mechón de cabello detrás de una
oreja, colocaba un dedo en la tira de un vestido que había resbalado de un
hombro bronceado y lo ponía de nuevo en su lugar y, de repente, tenía una
víctima voluntaria más que dispuesta a hacer cualquier cosa por complacerlo.
Neve vio a un chico (aunque realmente deseó no haberlo hecho) de
esos modelos de Celia, bajarse sus pantalones para mostrarle a todo el mundo
los resultados de su depilación con cera. Después Max había dicho arrastrando
las palabras. —No puedo creer que tuvieras las pelotas para hacerlo, no
cuando lloraste como un bebé cuando te hiciste un diminuto tatuaje.
Todo lo que Neve podía hacer era permanecer en guardia, lista para
correr, gritando en la noche, en caso de que Max dirigiera toda la fuerza de su
atención hacia ella. Pero, más allá del brazo rodeando su hombro y las caricias
constantes, él había decidido usar su poder en un bien mayor para ella.
En el momento en que Neve finalmente notó eso, fue justo cuando
comenzó a divertirse, iban alrededor de dos semanas en su relación
panqueque. Estuvieron presentes en el lanzamiento de una aplicación para
iPhone (un concepto que Neve tenía dificultad para procesar) y había pasado
los últimos diez minutos hablando con una actriz que Neve vagamente
reconoció de una dramatización de la BBC de The Mill on the Floss
38
. Ella era la
cara oficial de la aplicación (de nuevo Neve estaba teniendo inmensas
dificultades para entender cómo un dispositivo en un iPhone podría tener un
rostro oficial) y estaba desesperada por ser fotografiada para Skirt. Sabía esto
porque la otra mujer que estaba con ella lo mencionaba cada vez que abría la
boca.
—Estoy para un papel en la nueva película de Sam Mendes, y realmente
me ayudaría, Maxie. —Hizo un puchero. Se veía incluso más hermosa con este
gesto que cuando echaba su cabeza hacia atrás y reía a cada una de las
cosas que Max decía—. Y si necesitas un ángulo de la moda, un amigo y yo
estamos pensando en empezar una pequeña línea de accesorios.
—Bueno, me encantaría pero estamos trabajando sobre el tema Agosto,
así que probablemente no sería de mucha ayuda con Sam. —
Max reflexionó, sin hacer más que acariciarla—. No me malinterpretes, eres
hermosa, pero necesito a alguien un poco más que hermosa para convencer a
mi Editor.

38
The Mill on the Floss (1997) (miniserie de TV) Adaptación de la BBC del cuento clásico de
George Eliot de amor, el rechazo y la reconciliación en la que Maggie Tulliver es un espíritu libre
poco común en la sociedad victoriana que tiene que buscar fuera el amor de su propia familia
para encontrar el compañerismo y la vida que anhela.


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La mujer se humedeció los labios y miró de manera significativa a Max. —
Estaría muy agradecida.
—Ah, eso es lo que todas dicen. —Max tiró suavemente de un mechón
del cabello de Neve—. ¿Qué piensas tú?
Neve miró dudosamente a Max, ¿Qué sabía ella acerca de sus criterios
para elegir celebridades para las sesiones fotográficas de Skirt? Especialmente
actrices que no pensaban que hubiera algo moralmente incorrecto en ir tras un
hombre que estaba abrazando a otra mujer. —Me gustaste en The Mill on the
Floss —dijo diplomáticamente—, pero no entiendo todo este asunto de las
aplicaciones electrónicas, cómo funcionan y cómo van a ponerlo en práctica
en un iPhone.
—¿No tienes un iPhone? —susurró la actriz, con los ojos abiertos en
consternación—. Oh Dios mío. Espera aquí.
—¿Voy a ser expulsada por no tener un iPhone? —le preguntó Neve a
Max, que miró hacia el techo y suspiró porque sabía que no estaba
bromeando.
Pero la actriz regresó en dos minutos con un publicista que le regaló a
Neve una caja dorada con una gran ceremonia, y cuando ella miró dentro,
había un negro y brillante iPhone. —Con la aplicación ya preinstalada en él.
Neve apenas había balbuceado su agradecimiento antes de que la
actriz se girara a Max. —¿Entonces?
Max la hizo esperar por unos veinte segundos. —Bien, supongo que veré lo
que puedo hacer.
Fue entonces cuando Neve entendió que su encanto y sus conexiones
eran moneda corriente para Max —él no podía tener uno sin el otro. Luego
tuvo otra revelación sorprendente: Max era su moneda corriente. No importaba
que sus trajes de fiesta consistieran en una variedad de vestidos negros, sin
forma, que eran sólo un poco demasiado grandes para ella, pero no tan
grandes para que Neve sintiera que se mereciera comprar algo de ropa, o que
tuviera una falta completa de capacidad de conversación. Tenía a Max.
Después de eso, Neve dejó de estar aterrada y comenzó a divertirse. Era
como encontrarse en medio de una novela de Evelyn Waugh
39
, pero situada en
el Londres del siglo XXI, donde toda la crema y la nata habrían difundido que

39
Arthur Evelyn St. John Waugh escritor inglés reconocido por su novela Retorno a Brideshead,
que fue llevada a la televisión como serie, con gran éxito. Fue autor de relatos cortos, biografías,
libros de viajes y especialmente novelas, caracterizadas en una primera etapa por su humor e
ironía, y más tarde por sus referencias, también irónicas a la alta sociedad de su tiempo.


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Neve era un encanto y su nueva mejor amiga solo por conseguirle a alguien
tapones o dejar que uno de los compañeros de Max tuviera el último de los
condones de la bolsa de regalos, porque, ciertamente, ella no iba a
necesitarlos. Y todos regresaban de sus frecuentes viajes al baño con una dura
y brillante mirada en sus ojos y charlaban más fuertes y más animados. Al
principio, Neve pensó que las constantes idas al baño eran por todas las
bebidas gratis que consumían, hasta que ella esperaba en la fila del baño de
chicas con una de sus nuevas mejores amigas que le preguntó si quería una
línea para drogarse.
—¿Una línea de qué? —Neve preguntó sin pensar, porque tenía tan poca
experiencia en este campo que nunca había esperado conocer a alguien que
se relacionara con las drogas, y mucho menos que se las ofreciera.
—Mierda, lo siento—dijo la chica—. Max dijo algo sobre que estuviste en
rehabilitación por años. Dios, eso debe apestar.
—Fue muy pesado —acordó Neve y no podía ni siquiera evocar la más
pequeña ráfaga de indignación por la manera en que Max había explicado sus
hábitos abstemios sin que éstos avergonzaran a cualquiera de ellos.
Los amigos de Max pensaban que tenía un pasado interesante y Max no
sufrió la ignominia de tener una novia que solo bebía una copa de vino blanco
antes de cambiarlo por una limonada. Era ganar/ganar.
Sobre la medianoche, Neve siempre se marchaba y Max siempre se
ofrecía a pagar un taxi, antes de caminar con ella a la estación del metro. —
¿Todavía estás divirtiéndote? —preguntó.
Neve alabaría la bolsa de obsequios o los canapés o al actor con el que
había hablado quien había hecho una temporada con la Royal Shakespeare
Company
40
y Max negaría con la cabeza y suspiraría.
—Si piensas que eso es divertido, entonces no te estás divirtiendo todavía
—dijo antes de continuar con la siguiente pregunta—. Pero ahora tienes que
admitir que soy la persona más encantadora y simpática que hayas conocido
¿Lo soy, cierto?
—Estoy comenzando a creerlo —diría Neve, lo que era cierto hasta que él
abría su boca y las típicas insinuaciones zalameras salieran.
En las últimas tres semanas, ella lo había visto más de diez veces y no lo
conocía mucho más que cuando empezaron a salir. No sabía dónde creció
(aunque tenía un ligero acento del Norte) o qué lo asustaba. No sabía dónde se

40
La Royal Shakespeare Company (RSC) es una de las más ilustres compañías de teatro
británicas.


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quedaba en Europa o sus pensamientos sobre el Fair Trade
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. Todo lo que ella
conocía de Max era casi nada.
—Te ves preciosa, estamos en la lista cariño, Querida, Encanto, Vayamos
a la Post-Fiesta y por supuesto, ¿Todavía te estás divirtiendo? —Eso no era
suficiente para forjar una amistad, mucho menos una relación a largo plazo.
Pero Neve difícilmente podría decirle eso a Max.
Entonces él suspiraría otra vez, luego le habría dado un beso rápido en la
comisura de los labios, diciendo que escribiría “los detalles de nuestra
divertidísima próxima cita” y regresaría a la fiesta para encontrar una chica con
quien pasar el resto de la noche.
Neve se preguntaba a menudo qué pasaría si de repente declarara que
se había divertido con una D mayúscula y que Max era su nuevo mejor amigo.
Decidió que su relación panqueque podría llegar a su final rápidamente,
porque ya no sería un reto, o bien, que Max pasaría a la siguiente fase de su
plan, el cual consistía en Neve rogándole que la tomara, porque estaba
desesperada por conocer la sensación de su cuerpo caliente, apretado contra
su piel desnuda. Lo que nunca, jamás, iba a suceder.
Considerándolo todo, salir con Max iba mejor de lo que Neve había
esperado hasta la noche que peleó con Celia. Era jueves por la noche y habían
asistido al lanzamiento de una campaña publicitaria de... bueno, no estaba
segura, pero entendió que era algo relacionado con una línea de ropa de la
calle principal y algunos nuevos diseñadores en ascenso. Ella estaba sentada
en otra área VIP, sobre otro sofá de terciopelo rojo.
Max había desaparecido, momentáneamente, para descubrir por qué las
bebidas gratis no estaban fluyendo como agua del grifo y Neve había
encontrado en realidad alguien interesante con quien hablar —un hombre de
mediana edad— que edita la sección de estilo de vida de un periódico del
domingo y había conocido a Max desde que tenía dieciséis años, cuando
había venido a Londres desde Manchester por una experiencia de dos
semanas de trabajo en una revista para adolescentes.
Jeremy había sido el editor de la revista para adolescentes y no había
pensado mucho de Max cuando llegó recién salido del tren y lleno
de entusiasmo juvenil. —Se puso en el camino de todo el mundo —recordó—. Y

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Fair Trade (Comercio Justo) es una forma alternativa de comercio promovida por varias
organizaciones no gubernamentales, por la Organización de las Naciones Unidas y por
movimientos sociales y políticos (como el pacifismo y el ecologismo) que promueven una
relación comercial voluntaria y justa entre productores y consumidores.


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si había modelos que venían por un casting, él enrojecía y dejaba escapar una
risilla tonta.
—¿En serio? —Neve estaba aferrándose a cada palabra.
—No podía esperar para que comenzaran sus dos semanas —dijo
Jeremy—. Luego llegó el fatídico día en que el Editor de Funciones fue
fulminado por un sándwich de camarones poco fiables, minutos antes de que
se debiera hacer una entrevista con este grupo de chicos terribles… ¿Cómo se
llamaban? No importa. De todas formas, Max se acercó al plató y consiguió
una confesión del cantante líder que se estaba follando a todas y cada una de
las bailarinas del show cuando no se estaba dando cinco pastillas de éxtasis por
noche.
—¡Oh, Dios mío! ¿Y después que pasó?
—Bueno, le dieron a Max un empleo en el lugar, obviamente. —Jeremy
sonrió débilmente—. Y una leyenda nació. Incluso le di su propia columna de
chismes, a la que llamamos Mad Max. Lo gracioso fue que, tan pronto
como su contrato fue firmado, no había más caras enrojecidas con sonrisitas
tontas.
Neve estaba prácticamente sentada en el regazo de Jeremy ahora. —
¿Crees que Max podría haber manipulado el sándwich de camarones?
—Bueno, yo no apostaría mi dinero, pero…
Neve no llegó a oír las teorías de Jeremy sobre el sándwich de camarones
de apariencia dudosa, porque de repente fue jalada fuera de su asiento por
una mano fuerte y determinada que pertenecía a su furiosa hermana pequeña.
—Neevy, ¿Qué diablos estás haciendo aquí? —demandó, empujando a
Neve a través de la sala hacia un rincón apartado—. ¿Por qué estabas
molestando a Jeremy Hancock? ¿Qué está sucediendo?
—No estaba molestándolo —Neve aseguró enojada—. Estábamos
teniendo una charla agradable sobre la oportunidad en Radio Four esta
semana y después hablamos de Max.
Pensó que era un forma bastante hábil de conducir la inevitable
conversación que iban a tener, pero Celia estalló de nuevo. —¿Por qué
estaban hablando de Max? ¿Qué estabas haciendo en la sala VIP tan
acogedora cuando Grace y yo tuvimos que esperar una hora para entrar,
porque la engreída chica de la entrada no entendía la letra de la otra chica
engreída de la entrada?


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—Lo siento por eso —dijo Neve con dulzura, pero el rostro de Celia estaba
todo arrugado y con una expresión insondable—. Y estábamos hablando de
Max, porque bueno, eh... yo estoy aquí con él. Con Max. Nos hemos estado
viendo un poco el uno al otro.
—¡Max! MAX! Oh, Dios mío, ¡Tienes que estar bromeando!
—No jures. —Neve advirtió, a pesar de que eso llevaría a Celia a la furia
defensiva.
—¿Porqué? ¿Por qué estás saliendo con él? ¿Cómo pasó esto? ¿Por qué
no me lo dijiste antes? —Exigió Celia, su cara volviéndose tan colorada como su
cabello y Neve tuvo que tomar las manos de Celia y acariciarlas suavemente
porque eso siempre la calmaba, mientras improvisó una historia acerca de
toparse con Max en Tesco’s y salir a tomar una copa con él y como una cosa
llevó a la otra.
—No sabes cómo es él —dijo Celia, misteriosamente, cuando Neve
terminó su historia—. Hubo esto, una vez, en la cobertura de un lanzamiento, la
actriz fue despedida, entonces Max se la llevó al baño y estuvieron ahí
alrededor de una hora y cuando ella salió era toda una hipócrita cortesía entre
ambos y se mantuvo a tientas con él, incluso cuando... '
—¡No quiero oírlo! —dijo tajantemente Neve—. Sé que Max tiene un
pasado pero nosotros no vamos tan en serio. Es solo una relación de prueba. Es
como fingir salir para estar lista cuando esté en una relación.
—Para que conste, Neevy, siempre he pensado que era una idea tonta,
pero nunca dije nada, porque estaba segura de que no tendrías las agallas
para llevarla a cabo.
—Bueno, eso no es justo.
—¿Y ahora estas fingiendo salir con Max? ¿Estás jodidamente loca? ¿Y
qué hay de los otros chicos con los que salías? Tendencias Suicidas no parecía
tan malo —dijo Celia, empujando a Neve contra la pared para colocar una
mano a cada lado de su cabeza—. Tu problema es que eres demasiado
quisquillosa. Fácilmente podrías haberle dado a alguno de esos chicos otra
oportunidad, porque ciertamente, Max va a romper tu corazón usándote solo
para pasar el rato. Eso es lo que él hace.
—Él no va a romper mi corazón —Le dijo Neve, empujando el agarre de
Celia lejos—. Mi corazón le pertenece a William por lo que no hay manera en
que Max pueda tener algún efecto sobre mí. Y, francamente, éste es el por qué
no te lo conté. No es de tu incumbencia, así que para de decir cosas acerca
de las que no sabes nada.


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Celia quitó sus brazos y golpeó una parte más alejada de la pared con
muy mal humor. —¡Si sigues viendo a ese… a ese pervertido
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, entonces le diré a
Mamá!
—Ni siquiera lo intentes, porque hay cosas que podría decirle a Mamá
acerca de ti que harían que su cerebro saliera por sus orejas. —Le espetó Neve,
incluso cuando parecía que ella estaba dispuesta a alejarse.
—¿Ah sí, cómo qué?
—Como que tu y Yuri fuman marihuana y sales y te embriagas todo el
tiempo, y eso que todavía no llego al tema de tu vida sexual, ya que tomaría
por lo menos una semana para calmar a mamá de los detalles morbosos. —
Neve había sido lo suficientemente lista para empezar a recordarle algunos de
esos detalles a Celia por si ella los había olvidado, como por ejemplo la vez que
ella sacó a un tipo con el que se acostó y se había despertado a la mañana
siguiente encontrando a su madre furiosa amenazando con llamar a la policía
porque una extraña mujer había seducido a su hijo de solo quince años de
edad. Pero fue interrumpida por una tos justo a tiempo y se dio la vuelta para
ver a Max de pie allí.
—Continúa, cariño —dijo él a la ligera—. Tuve todo tipo de horribles
visiones de alguien poniendo Roofies
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en tu soda de limón. Regreso a la mesa,
porque Jeremy quiere decirte en términos poco claros que no he hecho nada
con los sándwiches de camarones.
—Haces algo para lastimar a mi hermana y no me importa que tan en la
cima de la fama estés, te mataré —gruñó Celia, colocándose de puntillas para
estar a la altura de Max—. Lo juro.
—¡Celia! Puedo cuidarme sola —le dijo furiosamente Neve, mientras
trataba de arrastrarla lejos, pero Max sólo sonrió y besó la frente arrugada de
Celia
—Te prometo que cuando tu hermana haya acabado de romper mi
corazón, tú puedes tener lo que queda de mí —dijo, poniendo un brazo
alrededor de su cintura.
Celia resopló y Neve podía verla, abriendo su boca para soltar un poco
de veneno, lo cual nunca sucedió, porque los dedos de Max se deslizaron a
través de las costillas y se echó a reír en su lugar.

42
En el original “skank”. En realidad es un insulto que no tiene traducción directa al español.
43
Roofies ( Rohyphenol ) Término común para un medicamento que sirve para hacer a las
víctimas inconscientes o incapacitados, que son normalmente utilizados por los varones de las
fraternidades de la universidad para violaciones.


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—No hagas eso —dijo, luchando en vano para liberarse—. Sabes que
soy cosquillosa.
Max le tendió la otra mano a Neve.
—Vamos, Neve. A mi representante le encantará que tenga una
hermana Slater en cada brazo.
Neve no tuvo más remedio que convertirse en la otra rebanada de pan
en un sándwich de Max. Sonrió débilmente a Celia, que se aprovechó del
hecho de que Max estaba siendo recibido por alguien del otro lado de la
habitación y siseó a Neve: —Tú y yo no hemos terminado de hablar de esto.









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Traducido por Mery St. Clair & Pixie
Corregido por Chio

elia seguía molesta dos días después.
—No puedo creer que vayas a salir un sábado por la noche —
gimió en posición fetal sobre la cama de Neve. No solo estaba
de mal humor por sus cólicos menstruales, también se quejaba
por perder a Yuri, quien había decidido salir con el diseñador grafico con quien
dormía desde los últimos cinco sabados consecutivos—. Todo el mundo tiene
algo que hacer esta noche, menos yo.
—Tienes algo que hacer —señaló Neve mientras colocaba rímel en sus
pestañas—. Dijiste que ibas a una reunión en Soho, luego Grace te llevaría a un
bar karaoke y aunque tuvieras cólicos después de eso, te irás a otra fiesta.
Celia fulminó la espalda de Neve. —Quise decir que todo el mundo
saldría con sus novios, excepto yo. ¡Incluso tu!
—Sabes que estarás bien una vez que te reúnas con tus amigos y tengas
un par de copas en el cuerpo —murmuró Neve, mientras hábilmente recogía su
cabello en un moño y comenzaba a colocar las horquillas.
—Deja algunos mechones sueltos, así no te verás tan virginal —ordenó
Celia desde su posición fetal—. A menos que tengas algo que decirme.
—Si estuviera haciendo algo con Max, lo cual no lo hago y nunca pasará,
incluso si ocurriera, entonces serías la última persona a la que se lo diría. En
realidad, serías la cuarta última. —modificó Neve.
—¿Después de mamá, papá y Douglas? ¡Muchas gracias! —Celia le dio a
Neve una mirada seria—. Estás haciendo algo con él, lo sé. Estás usando una
falda hasta la rodilla. No debajo de la rodilla, pero justo en la rodilla, y puedo
ver un poco de escote. Conozco las señales.
Neve se regresó hacia el espejo para una última mirada crítica. Se veía
tan estúpidamente aburrida con un vestido negro y sin forma que decidió
expandir sus gustos y usar una falda floja con bordados de flores en el dobladillo
y un abrigo negro sobre una camisa de encaje. En un momento, a Neve se le
ocurrió usar las medias rojas que su madre le había comprado, pero luego
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recordó que sus piernas parecían tan grandes como las de un hombre, así que
decidió usar unas medias negras y opacas.
—Pero me veo bien, ¿No? No me veo… mayor, o muy vieja.
—Te ves hermosa —insistió Celia acaloradamente—. No sabes la suerte
que tienes de tener una cintura. Yo parezco una jodida caña de pescar.
—¡No es cierto!
—Bueno, no pareces muy mayor. En absoluto. —Celia parecía a punto de
llorar y estaba más pálida de lo normal, lo cual era una señal segura de que su
periodo tardaría al menos un día más en desaparecer.
—¿Por qué no te quedas esta noche? —preguntó Neve gentilmente.
—¡No puedo quedarme aquí un sábado por la noche! —Celia sonó casi
al borde de las lágrimas mientras se retorcía en la cama—. Mírame, puedo
levantarme. Caminaré a la estación contigo, pero si te pones zapatos en lugar
de zapatillas voy a golpearte.
Caminaron de la mano por Stroud Green Road, Celia arrastrando sus pies
en cada paso que daba. —Sabes, no hay nada serio entre Max y yo, Seels.
Estoy enamorada de William y Max piensa que soy una distracción divertida.
Soy un juego para él —dijo Neve cuidadosamente.
—A Max le encanta jugar —replicó Celia—. Sé que todos bromeamos
sobre que es un mujeriego y eso, pero es muy difícil resistirte cuando usa su
encanto.
—Pero yo puedo ver lo que hay a través de ese encanto. Por favor, dame
algo de crédito por mi sentido común. —Neve puso una mano sobre el brazo
de Celia mientras seguía a su lado—. Sé que en un par de semanas, Max estará
tan aburrido que muy dulce y suavemente me botará, y está bien. No tenemos
nada en común, y aunque pensé que quizás él podría tener profundidades
ocultas, ahora no estoy segura.
—Entonces, termina con él ahora mismo en vez de dejarte arrastrar a
todas partes —exigió Celia—. Tú odias las fiestas. —Hizo una pausa y miró a
Neve con perspicacia—. Lo extraño es que el jueves no parecía que estuvieras
sufriendo una agonía. Antes de comenzar a gritarte, parecías estar
divirtiéndote. Quiero decir, ¿Qué hay con eso?
—No lo entenderías —murmuró Neve, comenzado a caminar de nuevo.
—Inténtalo.
—¿Recuerdas a Danny McGee de la escuela? —preguntó Neve, aunque
era una pregunta retórica, todo el mundo había conocido y amado a Danny


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McGee. Incluso a pesar de que el hermano mayor de Neve y Celia había sido
considerado como un rompecorazones, comparado con Danny y sus
soñadores ojos azules, su sonrisa pícara y la forma adorable en que sostenía su
cigarro entre su pulgar e índice, Douglas podría muy bien haber sido
Quasimodo. Cuando Neve tenía catorce, una chica un año mayor trató de
cortarse las venas con una navaja de afeitar, porque Danny la había “botado”
después de dos citas.
Celia suspiró con entusiasmo. —Danny McGee. Besé su foto del anuario
todas las noches durando un año antes de superarlo. ¿Qué pasa con él?
Neve había escuchado que estaba en prisión por robo, pero ese no era el
tema. —Bueno, ¿Recuerdas esas dos semanas cuando el Sr. Kent hizo que
Danny y yo trabajáramos juntos en un proyecto de inglés?
—No fue un trabajo en conjunto, tú hiciste todo.
—Y por dos semanas todos me molestaban o se burlaban de mí o me
ponían feos apodos sólo porque Danny se detuvo a hablarme en la escuela —
dijo Neve, con un poco de ardor en los ojos, incluso a pesar de que Danny solo
había querido saber si Neve había dominado el arte de copiar su letra.
—Dios, ¿Yo también lo hice? Estaba tan celosa y él nunca volvió a nuestra
casa —dijo Celia con amargura, como si todavía estuviera enfadada por eso—.
Entonces, ¿Qué tiene que ver eso contigo y Max y las fiestas?
—Bueno, mamá siempre me obligó a ir a esos terribles bailes escolares sin
importar lo mucho que lloraba o fingía tener meningitis bacteriana y pasé todo
el tiempo en el baile ocultándome en los baños de Charlotte y sus amigas
hasta que llegara la hora de que papá me recogiera. —Neve tragó saliva,
porque incluso después de todo este tiempo aún le dolía recordar esos
momentos—. Me sentaba allí durante horas e imaginaba lo que sería entrar en
el baile con Danny y cómo todo el mundo pensaría que yo era genial y
vendrían a hablarme y querrían ser mis amigos. Cuando voy a una fiesta con
Max, es todo lo que siempre quise cuando estaba en la escuela, y sólo deseo
que Charlotte esté allí para verme. Así que deja de ponerte pesada con eso,
Seels, porque estar con Max compensa un poco, un poquito de la miseria que
fue mi adolescencia.
Neve no quería llorar porque su rímel se correría, pero Celia no tuvo tal
reparo. Limpió sus ojos con la manga de su chaqueta antes de darle a Neve un
fuerte abrazo. —Es imposible estar enojada contigo si me dices estás cosas —se
quejó—. De acuerdo, tienes mi bendición para seguir adelante con este
estúpido acuerdo con Max.


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—Gracias —dijo Neve—. Realmente no durará mucho, porque esto de
salir a fiestas es un trabajo muy duro y no he tenido tiempo de leer un libro en las
últimas semanas. William y yo estábamos hablando de que nunca hemos leído
Tristram Shandy
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y acordamos leer dos capítulos por día, luego comparar
opiniones por correo electrónico y él lleva bastantes capítulos más que yo.
Celia le dio a la mano de Neve un pequeño apretón. —Si eso es todo lo
que tú y William pueden hacer, entonces Max parece tener mucho más
material para novio. ¡Por lo menos él sabe cómo hacerte pasar un buen rato!
—Hay tantas cosas malas en esa declaración que no sé ni por dónde
comenzar —dijo Neve resoplando.
Habían llegado a la estación por ahora y Neve miró hacia el reloj y vio a
Celia buscando su tarjeta de metro en sus bolsillos y dentro de los
compartimentos de su bolsa hasta que levantó su mano con un aire de triunfo.
—Será mejor que me vaya —dijo—. ¿A qué hora te encontrarás con Max?
—A las cinco y media —dijo Neve, mirando el reloj—. Pero siempre se
retrasa diez minutos.
—¿Y no tienes ninguna queja con eso? —preguntó Celia con sorna.
—Entiendo que debe haber cierto grado de compromiso envuelto en una
relación. Creo que no voy a quejarme por pequeñas cosas, como llegar tarde
unos minutos, así él no puede objetar esta noche cuando me tome media hora
en elegir que cenaré, luego deberé regresar lo que pedí porque está cubierto
de crema y mantequilla —Neve pellizcó el brazo de Celia, quien se quejó
fuertemente y le regresó el gesto, aunque estaba usando una chaqueta de piel
y no pudo haber sentido nada—. ¡No te rías!
—Eres tan adorable —susurró Celia, alejándose de la mano de Neve, la
cual estaba a punto de sufrir otro ataque—. Me voy. Ahora, ¡Cuídate y no
hagas nada que yo no haría!
Neve trató de no mostrar emoción en su rostro, eso hizo reír más a Celia
mientras se acercaba a la entrada de la estación, deteniéndose para mirar a
Neve una vez más y después desaparecer.

44
La vida y las opiniones del caballero Tristram Shandy (1759–1767) (título original en inglés: The
Life and Opinions of Tristram Shandy, Gentleman), usualmente abreviada como Tristram Shandy,
es la más singular y célebre de las obras del escritor inglés Laurence Sterne. Ha venido a
considerarse como una de las mejores novelas cómicas en lengua inglesa, y como una
predecesora, en tanto que en estilo, de muchas novelas modernas.


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Eran las cinco cuarenta y justo a tiempo, vio a Max apresurándose debajo
del puente. Neve descruzó sus brazos para así no parecer impaciente mientras
Max la reconocía y comenzaba a correr hacia ella.
—Hola, preciosa —jadeó Max, cuando llegó al lado de Neve. La besó en
la mejilla, luego en la otra, su frío rostro contra el suyo—. Siento llegar tarde. Lo
juro, creo que el tiempo se acelera en el segundo que salgo del departamento.
—Justamente Celia se acaba de ir —dijo Neve, bajando la mirada
porque los primeros cinco minutos todavía se sentía incómoda y le tomaba
tiempo relajarse. Cuando Max llegaba, Neve volvía a ser golpeada por su
atractivo. Luego de relajarse, estando cerca de él, trataba de ahogar la voz en
su cabeza que quería saber qué diablos hacía él con ella.
Una vez que recobró la compostura como para mirarlo, Neve notó que
Max llevaba vaqueros y un abrigo de cuello alto que parecía demasiado viejo,
aunque Neve sabía que cuando se lo quitara tendría una etiqueta cosida de
Marc Jacobs o Prada. Él también la miraba de arriba abajo, una leve sonrisa se
formó en su rostro. Luego, la tomó del brazo y comenzó a arrastrarla en
dirección de la entrada de la estación.
Neve no se movió. —¿Dónde crees que vamos?
—Dijiste que ibas a llevarme a los bolos —dijo Max, envolviendo sus dedos
alrededor de la muñeca de Neve para tirar de ella suavemente—. Tenemos
que tomar el metro.
Después de lo que había ocurrido con el drama de la noche del jueves,
Neve pensó que Max había cancelado sus citas. No había tenido mucho que
preocuparse por vestir de acuerdo al lugar o la hora.
Así que cuando Max reveló que no tenía ningún evento social en su
agenda para el sábado, Neve se hizo cargo. A pesar de que sugirió que
tuvieran una noche libre para así poder leer Tristram Shandy, Max pareció
horrorizado. —No me he quedado en casa un sábado por la noche desde que
tengo doce y no voy a comenzar ahora —dijo aterrorizado, aún más
horrorizado de lo que Celia estuvo y por una vez su desconcierto fue cómico—.
Llamaré a un par de personas. Tiene que haber una fiesta en algún lugar.
—Vayamos a los bolos en la tarde y luego vamos a cenar —dijo Neve
firmemente, porque ambas actividades eran razonablemente baratas y ella no
tenía paga por otra semana. En ese momento, se sorprendió de que Max
aceptara fácilmente, pero ahora que observaba su rostro confundido, ella
notó que tenían ideas diferentes sobre ir a los bolos.


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—No necesitamos ir en metro —dijo, señalando un gran edificio gris y
rojizo cruzando la calle—. Hay un gran sitio donde jugar a solo cinco segundos
de distancia.
Max miró el descolorido exterior del edificio con el ceño fruncido. —Pero
creí que íbamos a Bolos Bloomsbury o algún lugar céntrico, no…
No a un feo lugar que no era elegante, moderno, ni con un servicio de
camareras en diminutos vestidos de 1950. —Verás que está muy bien cuando
entres —dijo Neve débilmente—. Mira, pensé que podríamos hacer algo local,
por primera vez.
—¿No tendrán música infantil tocando por todas partes o niños corriendo
por allí tratando de quitarte tu lugar para que ellos puedan jugar bolos? —
preguntó Max.
—¿Estás seguro de que nunca has estado allí antes?
—No, pero se parece mucho a un lugar en Didsbury
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donde tuve una
fiesta de cumpleaños de niño —dijo Max. Respiró hondo—. De acuerdo,
hagamos esto. Puedo ganarte con gente común.
Max tomó la idea del boliche mejor de lo que Neve se atrevió a esperar.
Él hizo una fingida mueca de dolor cuando entraron y vieron los grupos de niños
corriendo por todas partes, gritando y riendo. También puso sus ojos en blanco
cuando Neve insistió al chico a cargo de la renta de zapatos que pusiera varias
veces desodorante en su par. Pero todo estaba bien, porque Neve se sentía en
su propio terreno.
El boliche era una tradición de cumpleaños y una tradición para festejar
buenas calificaciones e incluso era una tradición extraña de su madre gritando:
—Cristo, Barry, estos niños están volviéndome loca, sácalos de la casa.
Neve sabía cómo introducir sus nombres en su marcador electrónico a
pesar de que las llaves habían sido quitadas. Sabía que no debían escoger el
carril más a la izquierda porque la madera estaba un poco deformada y las
bolas se desviaban a la derecha y sabía que siempre era mejor empezar con
una bola verde para luego pasar a la bola naranja, cuando quería derribar los
últimos bolos que quedaban de pie.

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Didsbury es un suburbio en Manchester, Inglaterra, Reino Unido, con una población de 14292.
La RSPB fue fundado aquí en 1889. Es considerado como una de los lugares más prósperos de
Mánchester. De allí surgieron varios miembros de la banda post-punk The Durutti Column, los
guitarristas Vini Reilly y Dave Rowbotham, y los bateristas Bruce Mitchell y Chris Joyce, quien
también formó parte de Simply Red.


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Sí, estaba preocupada de cómo se vería su trasero mientras corría, pero
Max estaba mucho más preocupado por alcanzar su ritmo que cuán grande se
veía su trasero o como esos zapatos hacían que sus piernas se vieran más cortas
y rechonchas de lo normal.
—¿No podemos conseguir que nos traigan unas bolas mejores? —
preguntó él lastimeramente, mientras su bola se desviaba por completo—.
Como la de ellos —señaló hacia el carril vecino.
—Tienen bolas más livianas porque son niños —Señaló Neve y Max hizo un
mohín, quizás si tuvieran un tipo diferente de relación, ella se hubiera acercado
y besado su rostro.
En su lugar, Neve deliberadamente lanzó perfectamente dos bolas hacia
los bolos, porque su lado competitivo en su naturaleza era otro compromiso que
no estaba dispuesta a detener. Ganó sus dos juegos con facilidad, a pesar de
que Max hizo una chuza al final, pero en el carril de un grupo de adolescentes
de al lado. Sencillamente no pudo resistir provocarlos.
—Bueno, realmente apesto en esto —anunció, cuando estaban fuera—.
Pero tú… tienes buenos movimientos.
—Si te hace sentir mejor, me rompí tres uñas —dijo Neve, levantando una
mano enguantada.
—Podría besarlas si quieres. —Max arrastró las palabras y eso era un
recordatorio sobresaliente de que esta noche eran sólo ellos y no sabía muy
bien cómo manejar su coqueteo cuando no tenían por lo menos diez de sus
amigos de chaperones.
—Quizás más tarde. Si te portas bien —añadió, en lo que esperaba fuera
una manera coqueta, pero sonó demasiado forzado para su gusto—. Muy, pero
muy bien.
—¿Y si me porto mal? —Max continuó y cuando Neve lo miró de reojo,
ella supo que él se estaba burlando.
—No habrá postre para ti, entonces. —Tiró de la manga de Max, ya que
iban a cruzar la calle—. Lo cual sería una lástima, porque al lugar donde te voy
a llevar hacen un gran tiramisú.
—¿No vamos a un gastropub
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, entonces?

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Un gastropub es un concepto Británico referido a un public house ("pub") que se especializa
en la comercialización de comida de calidad, llegando a un paso por encima de la más básica
versión del "pub grub" (comida típica de pub).


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—La gente común no va a gastropubs —dijo Neve—. Van a lugares como
éste.
Se detuvo afuera de un gran restaurante italiano que siempre atendía a
toda la familia Slater después de sus excursiones de bolos. Max miró en su
interior con cierto temor, mientras un camarero pasaba sosteniendo un pastel
de cumpleaños con velas encendidas.
—Me parece agradable —dijo valientemente—. No estaría tan lleno si la
comida fuera terrible, ¿Verdad?
Neve no tuvo la oportunidad de ensalzar las virtudes de su horno de leña,
ya que la puerta fue abierta y el propietario, un pequeño hombre con una
sonrisa de oreja a oreja, la atrajo a sus brazos.
—Señorita Neevy —dijo, apartándose de Neve para así poder verla
mejor—. Hace mucho que no venía. Vinieron por algo de pasta, ¿Verdad?
—Solo un poquito de pasta —objetó Neve. Podía oír a Max sonreír
tontamente detrás de ella mientras Marco les indicaba el interior con un
ademán.
—La mejor mesa de la casa para la Señorita Neevy —gritó a nadie en
particular—. La tratas mal y haré que mis chicos te saquen afuera y te corten en
pedacitos —Disparó con un lado de su boca a Max, mientras eran conducidos
a la mesa junto a la ventana.
—Soy muy amable con ella —protestó Max, luego para la mortificación
de Neve, él y Marco tuvieron una confrontación acerca de quién jalaría su silla.
Max ganó esa batalla pero Marco hizo un gran espectáculo para
desplegar una servilleta blanca como la nieve y ubicarla reverentemente en la
falda de Neve.
—Les traeré una botella de vino, cortesía de la casa —insistió, ignorando
los frenéticos gestos manuales de Neve—. ¿Cómo están Barry y Margaret? Están
bien, ¿Verdad?
—Lo siento —siseó a Max, cuando Marco finalmente los dejó luego de
inquirir sobre la salud de todo el clan Slater y preguntarle a Neve cómo estaba
yendo “el trabajo en la biblioteca”—. No esperaba que Marco te amenazara.
—Bueno, mejor que sonrías y te rías de todo lo que diga. No quiero ser
cortado en diminutos pedazos —siseó Max de regreso, mientras miraba
alrededor de la habitación—. ¿Qué dice en la espalda de la camisa de la
mesera?


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—“El mejor lugar de comida Stuff para tu paladar”
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. —Neve trató
arduamente de no reírse. Max era especialista en inaugurar lugares con clase,
besar al aire a modelos y comer canapés hechos con crème fraiche. Este
realmente no era su escenario—. Lo odias, ¿No es así? —preguntó, entre
risotadas.
—No paso todo mi tiempo comiendo mahi-mahi en restaurantes
minimalistas del Soho. Puedo beber cerveza y pizza. —Max abrió su menú—.
¿Tienes a todo Finsbury Park comiendo de tu mano, verdad?
—Finsbury Park hasta mi muerte —dijo Neve tan solemnemente como
pudo cuando se sintió como si otra ronda de risotadas podría desatarse.
—Se ha corrido tu rímel —apuntó Max, alcanzándola al otro lado de la
mesa para frotar su pulgar contra su mejilla. Neve estaba acostumbrada al
brazo alrededor de sus hombros y al moderado beso de buenas noches, pero
este era todo un nuevo territorio de contacto, especialmente desde, ahora que
él se había despojado de sus obscenidades callejeras, Max estaba todavía
ahuecando su mejilla—. Me gusta el lado de ti que estoy viendo esta noche.
—Entonces, ¿Qué lado es ese? —preguntó Neve. Quería apoyarse en la
mano de Max y de repente deseó que significara algo real, porque era muy
lindo ser tocada como si fuera algo precioso, pero se forzó a mantenerse
quieta.
—Cara rosada y sonriente, hace que tus ojos se vean muy azules —dijo
Max, como si no estuviera solo hilándole alguna línea, sino que era la pura
verdad de Dios. Luego alejó su mano—. ¿Ahora qué debo ordenar para
comer? ¿Pizza o pasta?
—Bueno, la pizza es buena —dijo Neve, que aún podía sentir el fantasma
del toque de los dedos de Max en su piel.
—¿Quieres compartir algo de pan de cebolla para comenzar?
—¡ Max! Necesito decirte algo. —Neve dejó escapar.
Él levantó la mirada con sorpresa por su vigoroso tono. —¿Qué?
Neve reorganizó su cubertería y ajustó la posición de los potes de la sal y
la pimienta. —Esto es realmente un gran asunto para mi, cenar contigo
porque… bueno, tengo serios problemas con la comida —Se sentó hacia atrás
y esperó… no estaba segura qué exactamente, pero tenía una imagen en su

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Juego de palabras, “Stuffa” es un tipo de restaurant italiano, pero “ to Stuff” se puede traducir
también “Para joder”.


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cabeza de Max arrojando su servilleta en disgusto y saliendo, singularmente
impresionado por su confesión.
—¿Y cómo eso te hace diferente del noventa y nueve por ciento de las
otras mujeres? —preguntó, inclinando su barbilla por lo que parecía más un
desafío que una pregunta.
—Solo te estoy advirtiendo, porque me toma años ordenar y a veces
debo devolver la comida si no siguieron mis precisas instrucciones —Neve
mordió su labio—. Celia dice que soy un dolor en el trasero cuando salimos a
cenar.
Max se encogió de hombros. —Salgo a almorzar a diario con gente que
trabaja en entretenimiento o moda y son muy especiales. A veces incluso traen
su propia comida y le piden al chef que se las caliente. Honestamente, he visto
problemas de comida y apuesto a que el tuyo ni se les acerca.
Esto no hizo que Neve se sintiera mejor. La hizo sentir peor, dado que la
gente acerca de la que Max estaba hablando era probablemente talla cero y
pagaron millones de libras para mantener sus figuras, mientras, ella ni siquiera
sería capaz de meter su dedo gordo en nada de talla cero.
—Bueno, eso me hace sentir un fenómeno —admitió lentamente—. Como
si no debiera hacer tanto escándalo cuando soy de la talla que soy. La gente
probablemente piensa que voy a casa y me lleno con pastel.
Era imposible leer la expresión de Max; sus rasgos estaban
completamente en blanco. —Estoy seguro que nadie piensa eso —dijo
finalmente, con una mirada que estaba al borde de la exasperación—. Solo
imaginas que ellos lo hacen.
—He arruinado todo, ¿No es cierto? He sido la Chica Rara con Problemas
de Comida y ahora tú estás como, “Dios, simplemente se callará porque ha
arruinado mi apetito y solo quiero cenar y luego alejarme lo más posible de
ella”.
—Mi voz interna no suena para nada así —dijo Max mientras elegía un
paquete de grisines—. Ahora, cambia de tema o me apuñalaré con uno de
estos en el ojo.
Neve abrió y cerró su boca un par de veces más, como un pez dorado
demente. Entonces, entrecerró sus ojos porque Max tenía esa inclinación
desafiante en su barbilla otra vez, como si pensará que no podía retarlo.
—Bien, bien —dijo—. Traje a Celia aquí para su cumpleaños el año
pasado, y hubo un malentendido con el pastel, así que le pedí a los meseros
que improvisaran.


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Max estaba sirviéndoles a ambos una copa de vino y Neve se detuvo
para decirle que parara ya que bien podría devorarse algunos paquetes de
azúcar. Entonces lo pensó mejor, arrebató la copa que él estaba sosteniéndole
y bebió unos tragos fortificantes. —Debes saber que Marco tenía la noche libre,
ese es un hecho muy importante —dijo, retomando el hilo nuevamente—. Así
que, habíamos terminado el plato principal y di la señal, entonces todas las
luces se apagaron y todas las meseras vinieron a nuestra mesa, cantando “Feliz
Cumpleaños” y sosteniendo algo detrás del menú.
—¿Y habían puesto una vela en una porción de tiramisú? —Max
interrumpió—. Siempre hacen eso en este tipo de lugares.
Neve lo miró en silencio. —Ni cerca. Quitaron el menú y allí en el plato
había dos profiteroles y una banana con una frutilla colocada en la punta en
forma de…—Bajó su voz—. ¡Tenía forma de verga!
Max acababa de tomar un sorbo de vino, que procedió a escupir en su
camisa—. ¿Acabas de decir lo que creo que acabas de decir?
—Dije verga —repitió Neve; las risotadas volvieron para otra ronda—. Y
todas las meseras cantaron “¡Muerde! ¡Muerde! ¡Muerde!” hasta que Celia se
agachó y mordió la frutilla de la banana.
—¿Estaba avergonzada?
—¡Si, claro! ¡Le encantó absolutamente! Yo estaba avergonzada; todas
sus amigas pensaron que había sido mi idea. —Neve sonrió, mientras recordaba
la mirada de horrorizado deleite en el rostro de Celia cuando su postre de
cumpleaños había sido revelado, luego miró a Max que estaba secándose la
mancha de vino en su camisa con una servilleta y comenzó a reír
nuevamente—. Espero que el cambio de tema fuera satisfactorio.
—Mi parte favorita fue cuando dijiste “verga” —Max sonrió—. Nunca
pensé que escucharía esa palabra de tus labios.
—Digo todo tipo de cosas groseras una vez que llegas a conocerme —
dijo Neve, dado que realmente no era así de estirada—. Pero no me gusta decir
muchas palabrotas porque pienso que muestra una falta de imaginación. Solo
espera hasta que me escuches decir la palabra con j. Volará tu cabeza.
—No seré capaz de dormir esta noche porque estaré muy ocupado
imaginando todas las variadas razones de por qué podría escucharte decir
“joder” —dijo Max, su voz en su más apasionado tono, su pierna frotándose
contra la de Neve debajo de la mesa—. Sip, veo una ducha fría en mi futuro
inmediato.


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La reacción inmediata de Neve fue calentarse, ponerse nerviosa y negar
que la posibilidad jamás ocurriera. Tomó otro sorbo de vino y siguió con su
segunda reacción.
—Ahora que lo mencionas, puedo pensar en algunas razones por las
cuales yo quisiera decirla, para que la escuches —dijo agriamente, moviendo
su pierna hacia atrás para poder patear la espinilla de Max, solo lo
suficientemente fuerte para que él se ahogara con su grisín.
—Touché —dijo suavemente y cuando le sonrió a Neve fue tan genuino,
quizás incluso un poquito tímido debido a la forma en que ella lo venció en su
propio juego, que no pudo evitar sonreírle de regreso. Y, simplemente así,
estaban en un lugar feliz donde Max no estaba tratando de ser desafiante,
seductor o de atraparla con la guardia baja y Neve pudo relajarse.
Estaban todavía en ese lugar feliz cuando Neve ordenó tres solitarios
ravioles de espinaca y ricotta para su entrada, pidió pez espada grillado sin las
papas para su plato principal y devolvió su ensalada debido a que tenía una
pizca de aceite de oliva, que ella no había pedido y ni un rastro de vinagre
balsámico, que si había pedido.
Fueron la falta de carbohidratos y la copa y media de vino blanco los
que hicieron trastabillar a Neve cuando dejaron el restaurante. El brazo de Max
estuvo envuelto alrededor de su cintura en un instante.
—No estoy acostumbrada a usar tacones —gimió—. Duelen y son
significadores patriarcales diseñados para paralizar a la mujeres y detenerlas de
dar grandes progresos en la vida.
—¿Por qué los están usando entonces? —preguntó Max. Aún tenía su
brazo alrededor de su cintura a pesar de que ella podía caminar por si misma
ahora que se le había ido el vértigo. Caminando con un paso inestable, pero
capaz de hacerlo sin ayuda.
—Bueno, son muy bonitos y hacen que mis tobillos se vean más esbeltos
—dijo Neve, acurrucándose contra Max porque había un viento atroz que
azotaba por la calle.
—No tienes cabeza para el alcohol —le dijo Max—. Eres una cita barata.
De hecho, habían dividido la cuenta. Neve había insistido que fuera su
convite, pero Max había insistido en que había comido y bebido el doble que
ella y se estaba llevando las sobras con él.
Llegaron a la entrada de su jardín demasiado pronto para el gusto de
Neve, dado que Max iba a marcharse y ella ya estaba temblando de frío sin su
cálido cuerpo junto al suyo.


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—¿Quieres entrar por un café? —preguntó—. Y cuando digo café,
quiero decir solo café.
Esta vez fue Max quien dudo. —Realmente debería ir a casa por Keith —
dijo eventualmente—. Necesita su último paseo.
Neve estaba instantáneamente suspicaz. El pobre Keith parecía
manejarlo bastante bien cuando Max salía hasta tarde en su búsqueda de
compañía femenina. —¿Si te hubiera invitado a entrar por “café” —hizo
comillas en el aire alrededor de la palabra—, tu respuesta aún sería no?
—¡Ouch! Estás llena de sorpresas esta noche, ¿No es así, corazón? —dijo
Max, sus ojos relucientes en el brillo de la luz de la calle. La sujetó de la barbilla,
para poder darle un ligero beso en su boca.
Neve estaba esperando su obligado contractualmente, superficial beso,
pero Max rozó sus labios con delicados y ligeros besos mariposa que se sintieron
como un acto cálido. Luego se desaceleró, la beso más tiempo, la besó un
poquito más profundo —y justo cuando Neve se inclinó hacia adelante para
capturar su boca, porque cómo podría no hacerlo, él dio un paso atrás.
—Bueno, realmente debería irme —dijo afablemente, como si eso hubiera
sido suficiente Neve-hostigamiento por una noche —. Te llamaré pronto.
Ni siquiera esperó por una respuesta, sino que se alejó apresuradamente,
mientras Neve quedó de pie allí, consternada.
—Maldición —murmuró, mientras desbloqueaba la puerta y pisaba fuerte
el camino. No estaba destinada a ser ese tipo de relación, pero Max había
dicho bastante específicamente que habría besos. Tal vez él no quiso besarla
apropiadamente debido a que no la encontraba atractiva. ¿Y cuál era el
punto de estar en una relación falsa si tu novio falso no te encontraba
atractiva? No hab…
—¡Neve! ¡Espera!
Se dio vuelta para ver a Max viniendo por el camino, con el rostro
ligeramente rojo y jadeando.
—¿Qué quieres? —preguntó ella con cautela, porque acababa de hacer
un convincente argumento en su cabeza para terminar esto. Tal vez Max
estaba pensando lo mismo.
—Me olvidé de preguntar, ¿Te divertiste esta noche?
Él era imposible y estaba comenzando a parecer un poco…entrañable.
—Casi —dijo Neve sinceramente.


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Max asintió. —¿Y estas lista para admitir que soy la persona más simpática
y encantadora que jamás has conocido?
—¡Nunca! Diré la palabra con j antes de decir eso —le dijo Neve,
bastante segura de que Max no se ofendería. Bueno, no tanto.
Él se detuvo en la parte inferior de los cuatro escalones que conducían a
la puerta principal, pero no fue más lejos. —Realmente me estoy yendo a casa
ahora, lo que significa que no pasaré la mayor parte de mañana durmiéndome
por la resaca, por lo que estaré libre en la tarde si quieres que nos veamos.
Neve se quedó en el escalón. —¿Hay algún almuerzo o gala de noche
de apertura en marcha?
—No, nada de eso. Mira, ¿Por qué no te das una vuelta por mi casa y te
cocinaré la cena? —Max ya estaba alejándose como si no hubiera nada
adverso o inusual en su sugerencia—. Te veré a las cinco.
Había muchas buenas razones de por qué Neve no iba a aparecer en la
puerta de Max como un cordero sacrificado, pero todo lo que se le ocurrió con
tan poca anticipación fue:
—Pero no tengo tu dirección.
—Tendrás que hacerlo mucho mejor que eso —dijo Max, con esa
despectiva pequeña sonrisa que Neve odiaba—. Te enviaré un email, incluso
adjuntaré un mapa de Google.
—No estoy segura, estoy muy ocupada mañana —Neve presagió, lo que
no era una mentira, aunque todos sus compromisos sociales terminarían a las
cuatro como mucho.
—Oh, cierto, ¿Así que si no estuvieras “ocupada” —Max se burló con sus
propias comillas al aire—, tu respuesta aún sería no? Tú eres quien me invitó a
entrar por café hace diez minutos.
—¡Pero de hecho yo si me refería a una taza de café!
—Sí y yo realmente quiero decir cena. —Max le dio una mirada estirada,
que Neve reconoció instantáneamente, debido a que usualmente la veía
reflejada hacia ella cuando se miraba al espejo—. Yo si tengo algo de
autocontrol y estoy bastante seguro de que puedes estar sola en mi piso por tres
horas o algo así, sin mí cometiendo toda clase de actos depravados en tu no
dispuesta carne.
Cuando lo puso de esa forma, Neve estuvo horrorizada. Max lo hizo sonar
como si ella creyera que era tan embelesadora, que él no sería capaz de
resistírsele. También estaba comenzando a preguntarse cuán no dispuesta


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estaba realmente su carne, cuando ella estaba deseando algo más
apasionado en lo que refería a su beso de buenas noches.
—Lo siento Max —dijo en tono arrepentido—. Me encantaría ir a cenar.
Max no se veía para nada convencido por su disculpa y Neve se quedó
de pie en su puerta, sintiéndose ligeramente temblorosa y sin ataduras ahora
que no tenía la autoridad moral. Entonces vio sus hombros relajarse y una
sonrisa perversa se propagó en su rostro.
—Bien, te veré mañana entonces. Y, mientras recuerdes tu palabra de
seguridad, todo estará bien.














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Traducido por Mary Ann♥
Corregido por Panchys

abía sido un día inesperadamente encantador. Neve se había ido
a la cama a las once en punto y se había despertado ocho horas
después, por el temprano sol de primavera calentando el camino
a través de sus cortinas. Ella había estado inmersa en Tristram
Shandy, luego pasó una hora en el teléfono con Philip para ver si había
entendido una palabra de ello y conseguir algunas notas copiadas para
cuando hablará a William más tarde esa noche.
Luego, cuando corrió en bicicleta hacia Kenwood para encontrarse con
Gustav y viajar detrás de él cuando corriera alrededor de Hampstead, en
preparación para el medio-maratón que estaba haciendo en esas semanas.
Neve había estado lista para ir a casa y ponerse con el siguiente capítulo
de su biografía de Lucy Keener, cuando Chloe llamó e invitó a Neve a almorzar,
ya que se había quedado con una amiga en Muswell Hill, después de una fiesta
ruidosa.
Neve siempre sentía como si fuera un placer ver a Chloe fuera del
trabajo, prueba de que eran amigas verdaderas y no solamente unidas por una
mutual antipatía por el señor Freemont y sus referencias cruzadas.
También era un verdadero placer poder hablar sobre Max con alguien
que no fuera Celia.
—Bueno, él es muy lindo —contestó Chloe cuando Neve le había
mostrado una foto que él había insistido en que ella le tomara en su nuevo
Iphone—. Quieres mirar hacia chicos guapos, Neevy. Ellos saben que no tienen
que esforzarse mucho.
—Él realmente está tratando mucho más de lo que pensaría —dijo Neve,
sorprendida cuando pensó acerca de lo bien que había estado Max la pasada
noche. Había mantenido los comentarios lascivos a lo mínimo, y había sido muy
bueno en el deporte de los bolos y la pizza barata—. Es extraño. Sé que él
piensa que soy un poco rara porque soy la única mujer que ha conocido, que
es inmune a sus encantos, pero no ha intentado nada —se mordió el labio—.
Probablemente es porque no le gusto.
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Chloe le dio a Neve una mirada de sufrimiento. —Tengo una resaca
animal, así que no tengo la energía para tratar de convencerte de que eres
hermosa. —Volvió a estudiar la foto de Max otra vez, luego comenzó a
desplazarse a través de las fotos de Neve de sus mejores amigos—. Hombres
que se ven como este, no hacen nada que ellos no quieran. Comparado con el
tipo común de chicas, tú debes parecer como un soplo de aire fresco. Apuesto
a que él no puede esperar para tratar de corromperte.
—De verdad no es como eso —protestó Neve—. Casi no me besó y
estuvimos de acuerdo en que los besos eran permitidos.
—Define casi no besar —demandó Chloe, y Neve estuvo forzada a
describir los besos mediocres que se habían dado y cómo la pasada noche
pensó que finalmente progresaban, cuando Max se detuvo.
—¿Es raro que quiera que Max me bese cuando estoy enamorada de
William? —preguntó preocupada.
—¿Está William en su zona de beso-permitido también? —Incluso con una
resaca debilitante, Chloe no había perdido la capacidad de arquear una
ceja—. ¿No? Bueno, pues ve por ello. No tiene sentido tener un novio
imaginativo y permanecer libre de besos-permitidos. Probablemente está
esperando para que le des una señal de que puede ofender tus sensibilidades
virginales si verdaderamente va por ello.
—Cállate —dijo Neve sin ningún tipo de rencor, porque el recuerdo de
Max cuando realmente estaba yendo por ello, la hacía sentir un poco
mareada.
—Cuando salí por primera vez con Andrew, tiempo, tiempo atrás, nosotros
nos pasábamos horas besándonos en su cama con la puerta abierta, por lo
tanto su madre podía escuchar cualquier cosa que estuviera siendo bajada o
desabrochada y los vasos de prisa de Ribena —suspiró Chloe con nostalgia—.
En serio extraño eso. Incluso extraño los vasos de Ribena —miró por encima de
la cabeza de Neve—. Creo que ese chico está tratando de llamar tu atención.
Neve miró a su alrededor, abriendo sus ojos con horror cuando vio a
Douglas venir hacia su mesa con los labios-apretados en la retaguardia.
Charlotte llevaba un chándal gris perla Juicy Courture metido entre sus
botas (no las de imitación para ella) y la impresión que daba era la de una
nube de tormenta que se avecinaba hacia el camino de Neve, si las nubes de
tormenta le gustaban, usar accesorios con gran cantidad de falsas joyas de
oro, y extensiones de pestañas


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—¿Te importa si nos sentamos aquí? —preguntó Douglas, sentándose—. Es
sólo a esperar media hora para otra mesa.
Charlotte estuvo forzada a sentarse al lado de Neve, quien trataba de
mover lo más lejos posible su silla, mientras que Douglas se presentó a Chloe,
quien dijo podía ver el parecido de familia, lo cual era una mentira, porque
tanto a Douglas, como Celia, les favoreció el lado celta de la familia y fue
considerado para ser el observador del clan Slater.
Neve se tragó el resto de su té de menta mientras Chloe y Douglas
charlaban alegremente sobre los beneficios medicinales de una fritada en una
resaca, incluso Charlotte replicó con un comentario totalmente estúpido
acerca de cómo ella no podía soportar los tomates fritos. —Tenemos que irnos
ahora —dijo Neve, gestionando para salir, tomando su bolsa y su abrigo del
respaldo de la silla sin tocar ni una vez a Charlotte.
—Pensé que ella se vería como una arpía —señaló Chloe, mientras
caminaban de regreso a lo largo de Muswell Hill Broadway—. Malhumorada
como un ciervo, pero nada como Medusa sobre ella. Fue un poco anti-clímax.
—La próxima vez que ella me grite, estaré segura de grabarlo en mi móvil.
—Neve se molestó, su buen humor completamente se fue, especialmente
cuando se dio de cuenta de que era demasiado tarde para regresar a casa y
cambiarse antes de presentarse en frente de la puerta de Max.
No había más remedio que mostrarse con lo que llevaba puesto:
vaqueros, una térmica larga manga, un vestido de verano arrugado por
encima de ellas y una de sus chaquetas ubicuo, su cabello atrás en una coleta
para mantenerlo lejos de su cara cuanto estuviera en la bicicleta, y su gastado
par de Convers. No ayudó mucho que su madre llamara mientras Neve estaba
en la bodega tratando de encontrar una decente botella de vino tinto de
menos de cinco dólares.
Diez minutos después, Neve estaba en la puerta de una gran casa
victoriana en una amplia avenida bordeada de árboles detrás de Crouch End
Broadway y tratando de colgar a su madre. Margaret Slater supuestamente
llamaba porque había leído un artículo en el Sunday Mirror sobre los hábitos de
beber y quería saber cuántas unidades Celia tomaba en una semana, pero
ahora estaba sermoneando a Neve porque había hablado con Douglas “y él
dijo que tú ni siquiera le dices hola”.
—Ella no me dijo hola primero —dijo Neve indignada—. No puedo creer
que me estés regañando sobre esto. —Sobre todo porque su madre no conocía
ni la mitad de ella, o incluso una cuarta parte de cómo Charlotte la molestaba
en la escuela. Y ciertamente no iba a admitir diez años después, que todavía


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dejaba que Charlotte se saliera con la suya—. No es como si fueras a pagar por
ser miembro de su club de fans.
—Bueno, todavía pienso que Douglas precipitó las cosas, pero lo hecho,
hecho está y cuando ellos tengan hijos…
—¿Ella está embarazada? —dijo Neve con horror—. ¡Oh Dios, no!
—Bueno, no aún pero ellos han estado casados cerca de tres años y ella
no va a permanecer siempre joven.
Charlotte era solamente cinco meses mayor que Neve, pero no parecía
el mejor momento para traer eso al caso, no cuando ella estaba
contemplando la terrible idea de lo que podría ser una réplica genética de
Charlotte vagando por el mundo en poco tiempo.
—¿Podemos no hablar de esto, mamá? Estoy en la casa de un amigo —
dijo Neve, cuando de repente la puerta de enfrente se abrió para revelar a
Max en vaqueros, una camisa y una expresión burlona.
—Te vi venir por el camino hace cinco minutos —dijo él.
Neve señaló su móvil y pronunció las palabras “mi mamá.”
—Sólo estoy diciendo, Neevy, sé que ella puede ser muy difícil y sé que
hubo todo ese problema cuando estabas en la escuela, pero tienes que vivir
con ello y sería mucho más fácil si tú dejas que las cosas se encuentren.
—Pero porque debería yo ser la que tiene que…
—Depende de ti tomar la delantera porque su madre, bueno, sabes que
no me gusta hablar mal de la gente, pero esa familia, ellos son tan comunes
como el lodo. Siempre dice que su padre vive en el extranjero, pero no me
sorprendería que estuviera en prisión.
—Pensaré en ello —masculló Neve, cuando Max levantó su bicicleta y la
colocó dentro—. ¿Podrías dejarlo pasar, por favor?
Fueron otros tres larguísimos minutos antes de que su madre colgara y
Neve se sintió cansada y terriblemente avergonzada porque Max había estado
allí de pie escuchando sus palabrerías. —¿Mamá? Mamá, de verdad me tengo
que ir ahora.
—Disculpa por eso —dijo ella, y más porque estaba en la necesidad de
confortar después de todo lo que le dijo Chloe antes, Neve esperó hasta que
Max cerrara la puerta detrás de ella, luego se extendió para rozar sus labios
contra su mejilla y darle un rápido y torpe abrazo—. Traje vino —añadió,
entregándole la botella.


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—Pobre Neevy —susurró Max—. ¿Se te acaba de regañar?
—No. Bueno, algo así, entre una conferencia sobre los peligros del
consumo masivo de beber. —Neve frunció el ceño mientras trataba de mover
sus dedos por su cabello y se acordaba de que no había tenido tiempo para
liberarse de su cola de caballo—. ¿Está bien mi bicicleta ahí?
Max había colocado su bicicleta en la pared del salón, y como había
cinco timbres en el pasillo, era lógico pensar que al menos uno de los otros
residentes protestaría por su presencia. Probablemente no tanto como
Charlotte, pero aún así.
—Oh, está bien —le aseguró Max. Hizo un gesto hacia las escaleras—.
Segundo piso. Ven, Keith ha estado fuera toda la tarde.
Siguió a Max hacia las escaleras, fascinada por la vista de sus largas y
delgadas piernas y la pequeña franja de piel expuesta entre su camisa y sus
vaqueros cuando llegaron a la planta superior y abrieron la puerta. Luego, él
fue empujado bruscamente a un lado, cuando Keith corrió por el pasillo para
darles la bienvenida, rodeando a Neve en círculos un par de veces, luego subió
por las escaleras pintadas de azul y los miró expectante.
—Creo que Keith quiere darte un recorrido —dijo Max, ayudando a Neve
a quitarse su abrigo.
—Voy a ir en un minuto.
Las escaleras daban hacia un estrecho pasillo, que se abría a una
enorme sala de estar. Neve se quedó allí parada por un momento y miró
alrededor mientras se orientaba. Las brillantes losetas azules le llevaron un
tiempo acostumbrarse, así que ella desvió la mirada hacia los cuadros en la
brillante pared blanca; Marilyn Monroe de Andy Warhol, colgaba sobre la
chimenea y en la pared de enfrente le devolvía la mirada su Majestad la Reina,
con Never Mind the Bollocks Here’s the Sex Pistols blasonadas en su cara.
Había un sofá de cuero negro y sillones, una mesa de cristal, un
interesante estudio de arte que parecía a la cadena de DNA de doble hélice,
seis bocinas montadas en diferentes partes a lo largo de las paredes, un gran
televisor y un montón de aparatos electrónicos debajo.
Estaba en el dominio de un soltero moderno.
Donde ella tenía libros, libros y más libros, los estantes de Max tenían un
registro de discos de pasta y CDs. Había montones de revistas perfectamente
catalogadas y sólo en un estante, al cual Neve se dirigió. No había esperado
compartir su gusto por la literatura con Max —no había muchos hombres, en
oferta en eBay con copias clásicas de Virango, pero se quedó asombrada al


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descubrir que no tenía libros. Bueno, tenía libros en la mesa de café de cristal
con nombres de diseñadores de moda y fotógrafos, pero no hubo novelas más
allá de unos libros de tapa blanda, espeluznantes. Con un poco de miedo,
Neve cogió uno de ellos del estante: Goals and Gucci de Mandy Mclntyre. ¿No
era ese el nombre de la mascota de Max WAG? Neve dio un pequeño chirrido
de excitación y abrió el libro…
Fue un buen día para ir de compras, Brandy Ballantyne pensó ella para sí
misma mientras cogió las llaves de su Golf GTI y….
La mano de Max golpeó la página. —Nuh-huh, si quieres leer esto, lo
haces en tu tiempo. No voy a tenerte parada riéndote de mi estilo de prosa.
Neve trató de aferrarse al libro cuando Max gentilmente, pero con
firmeza, sacó sus dedos afuera. —Yo no haría eso.
—Lo odiarás —dijo Max, colocando los tres libros en lo más alto del
estante así Neve no podía cogerlos sin una escalera—. Pero si quieres, después
de la cena, encenderé las luces un poco y te leo algo pervertido.
Neve se prometió a sí misma que la primera cosa que haría mañana sería
comprar los tres libros en Amazon, así ella podía ver cómo los trozos sucios de
Max eran diferentes de los trozos de romance de las novelas de su abuela, que
fueron escondidos en una caja de plástico debajo de su cama. A la tierna
edad de trece años había sido sorprendida al ver lo sucios que eran, pero
entonces, ella había leído todos y cada uno de ellos por lo menos dos veces, ni
siquiera Celia sabía sobre eso.
—Vamos a sacar uno de los trozos pervertidos —dijo ella, mientras
caminaba a través de la habitación hacia la repisa de la chimenea, con Max
pegado en los talones, mientras ella miraba las fotos enmarcadas en blanco y
negro.
¡Oh! Estaba Max con Sarah Jessica Parker. Y también Max besando la
mejilla de Lady Gaga y también abrazando a Kate Moss.
—¿Quién es? —preguntó Neve, tomando una foto de color, que contaba
con Max con una pareja de mediana edad y dos niñas rubias en sus veintes, y
cinco de ellos llevaban orgullosamente unos Snuggies
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y sombreros de papel y
sentados en una largo sofá con envoltura de papel envueltos en todas partes—.
¿Es tu mamá y papá? No sabía que tenías hermanas.

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Batas estilo monje, que cubren totalmente del cuello a los pies.


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—Dios, debería tener un Neve-verificación antes de que vinieras —dijo
Max, arrebatando la foto y poniéndola otra vez en la repisa de chimenea—.
No, no son mi familia. Yo solo los veo para los días festivos.
Neve trató de mirar por encima del hombro de Max. —En serio, ¿Quiénes
son?
—Son los McIntyres, quienes conoces si has leído un periódico
sensacionalista.
—¿No pasas la navidad con tu familia? —se aventuró tímidamente,
porque a pesar de que Max había tenido un asiento en primera fila para
escuchar a su madre regañándola (y probablemente había oído cada
palabra, porque su madre era incapaz de hablar en voz baja), él tenía las
aletas de su nariz expandidas y frunciendo sus cejas, generalmente daban la
impresión de que Neve estaba yendo hacia algún lugar donde él no quería que
fuera.
—¿Piensas en secreto que soy un bastardo? —Ni siquiera esperó que
Neve negara que nunca pensó una cosa tan atroz, pero sólo le dirigió una
rápida sonrisa de complicidad—. Bueno, técnicamente lo soy. Nunca conocí a
mi padre, mi madre murió en accidente así que me cuelo en la cena de
Navidad de alguien.
—Oh Max. Lo siento por tu mamá —Neve dio un paso vacilante hacia al
frente con la vaga idea de que Max necesitara otro torpe abrazo, pero él se
cruzó de brazos.
—No es gran cosa, Neevy. Sucedió hace años atrás, los amigos son mi
nueva familia, blah blah blah. —Inclinó la cabeza—. ¿Estás hambrienta?
Ella siempre estaba hambrienta. —¿Qué estás haciendo?
Max parecía más nervioso que cuando ellos habían discutido de su falta
de familia. —¿Por qué no me dices qué puedes comer y qué no?
—La verdad es que es Domingo de Trato. No gimnasio y puedo comer
carbohidratos después de las seis. —Había más sobre el Domingo de Trato que
solo las subrayadas pero ellos iban hacerlo ahora.
—¿Así que si te hago una papa al horno con carne y ensalada te sentará
bien? —preguntó Max dubitativo.
—Si la papa tiene la cascara crujiente no estaría bien, pero si está pura
está bien. —Neve cerró sus ojos al pensar en ello y cuando volvió a abrirlos, Max
estaba dándole una mirada que ella imaginaba era un espejo perfecto de sus
propias características.


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—Lo siento, me siento muy entusiasmada con la idea de mi papa
semanal.
—Eres una chica rara —dijo Max, como si fuera una cosa buena—. Ahora
que has rebuscado en todas mis pertenencias personales, es el momento para
que tú me veas esclavizado en la estufa.



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Traducido por Mery St. Clair & Mary Ann
Corregido por Panchys

eve se sentó en un taburete en la cocina roja y verde de Max y lo
observó preparándole de comer. Aunque, observar se convirtió
en supervisar, mientras le instruía cómo preparar los filetes a la
parrilla, en lugar de cocinarlos en un sartén con mantequilla. Y le
decía que el vinagre balsámico era mucho mejor en una ensalada que el
aceite de oliva, y también ¿Cómo podían las patatas asadas seguir crujientes
después de ser cocinadas en el microondas?
Una vez que Max estuvo siguiendo sus precisas instrucciones, Neve se
permitió sentarse nuevamente y simplemente mirar, mientras él picaba tomates
y lavaba la lechuga y giraba los filetes con una pequeña sonrisa en su rostro.
Había puesto su iPod en una base con altavoces y se movía alrededor de la
cocina al ritmo de la música, mirando de vez en cuando a Neve, quien estaba
sentada con sus piernas elevadas del suelo para evitar que Keith la ensuciara
con la baba que caía de su boca e intentara limpiarse con sus vaqueros.
Había estado demasiada preocupada sobre estar sola con Max en su
piso, pero en realidad él parecía menos atemorizante en su casa, que cuando
estaba rodeado de una multitud de personas en una habitación VIP. Neve
siempre pensó que Max era alguien cómodo rodeado de lujos, pero
observándolo ahora, con un cuchillo en la mano sobre la tabla de cortar, sintió
como si viera un poco del verdadero Max que se escondía debajo del glamur y
las bebidas gratis y los besos al aire, esto era algo que ni siquiera había notado
que existía.
Comieron en una pequeña mesa en la cocina. Max encendió diminutas
velas porque dijo que no quería que Neve viera el desastre que hizo con la
ensalada, pero mientras comenzaron a comer, chocaron sus rodillas por debajo
de la mesa. La poca luz de las velas, más la ensalada y la carne a las cinco y
media de la tarde del domingo hacía una romántica comida para una pareja.
Bueno, eso sí quitabas el hecho de que Max corría a Keith de la cocina hacia el
pasillo porque él saltaba hacia Neve y se aferraba a su pierna.
Neve trató de evitar dejar salir un suspiro de alivio cuando comió el último
trozo de su muy crujiente patata, y entonces se echó hacia atrás con un suspiro
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de satisfacción y palmeó su estómago. —El remordimiento de esta patata me
acompañará hasta el siguiente domingo.
—No es nada —insistió Max, pero parecía halagado mientras limpiaba lo
último del jugo de su carne con un trozo de pan—. Está es una de mis
especialidades. Pero mi favorito es el curry verde de pollo. ¿Cuál es tu favorito?
—Probablemente el pescado al vapor. —Neve hizo una mueca al pensar
en la comida que tendría que cenar mañana por la noche para compensar los
excesos de este día—. Puedo hacer asados y guisados, pero nada
extravagante. No fue hasta que me marché de casa cuando noté que la salsa
boloñesa comprada en el supermercado no podría ser todo lo que supiera
cocinar.
—La única lección de cocina que he recibido de mi mamá fue “Hay una
sopa instantánea allí, viértele agua y listo” —dijo Max a la ligera, y Neve sonrió,
pero resistió agregar algo más. No cuando estaban pasando un rato tan
agradable.
—Mi mamá es una terrible cocinera, creo que una sopa instantánea
hubiera sido preferible a su tradicional guisado de salchichas.
—Por favor, tú nunca has comido una sopa instantánea. —Max apartó su
silla para así poder comenzar a limpiar la mesa—. No, tú te sientas allí y te portas
bien. Eres mi invitada —dijo cuando Neve tomó la ensaladera.
Se sentía bien allí, sentada con los dos botones superiores de su vestido
desabrochados y su cara enrojecida por el vino y porque Max había encendido
la calefacción, cuando le entregó una cuchara y sintió sus dedos fríos.
Max estaba hurgando en la nevera. Cuando se enderezó, escondía algo
detrás de su espalda. —Ahora sé que probablemente no comerás pudín, pero
esto no puede terminar sin un postre.
—¿Qué es?
—Algo que preparé temprano —dijo crípticamente mientras buscaba en
un armario. Sacó algo que parecía un termo con una pequeña boquilla, lo cual
no le dio a Neve una pista. Max tenía una gran cantidad de electrodomésticos
en su cocina.
—¿Qué es y qué vas a hacer con eso? —preguntó, mientras Max lo
dejaba sobre la mesa.
—Espera y verás —sentenció, acariciando su hombro mientras pasaba a
buscar el postre que acababa de bajar del congelador—. Crema catalana —


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anunció pomposamente, poniendo dos pequeñas cazuelas en frente de ella y
rociándolas con azúcar morena.
Neve bajó la mirada con interés no disimulado. Aunque prefería los
postres a base de chocolate, las reglas de su dieta para el domingo le permitía
al menos probar tres buenas cucharadas, ya que había pedaleado algunas
millas temprano ese día y aún tendría que pedalear a casa…
—¿Qué vas a hacer? —gritó cuando Max tomó ese termo de aluminio y
una llama salió de la boquilla.
—Solo observa… es la cosa más genial —Max agarró su postre y acercó
la llama al azúcar sobre la crema catalana hasta que esta se volvió caramelo—
. Dale un momento para que se enfríe y luego tomaremos un bocado al mismo
tiempo.
—Oh, Dios mío —musitó Neve mientras Max hacía el mismo truco a su
propio postre—. ¡Ten cuidado con esa cosa!
Max apagó la llama que derretía el azúcar y se sentó. —Sé que no podrás
resistirte, eso es parte de mi truco —le sonrió—. ¡Terminé nuestro postre con mi
soplete! Tienes que admitirlo, eso fue muy genial.
—Fue muy genial, aunque temí por mis pestañas. —Neve tocó con su
cuchara la capa de azúcar para comprobar su dureza y todo el tiempo que
ella estuvo quejándose con Chloe sobre Max y sus nefastos juegos que
supuestamente jugaba, él estuvo preparándole crema catalana.
Porque, lo importante no era Max midiendo cuidadosamente el azúcar y
separando las yemas de los huevos, era Max pensando en ella. Era Max
tratando de impresionarla.
¿Y que fue toda esa cosa que hizo Max con el fuego? Ese era el
equivalente metrosexual de cazar un animal salvaje, luego arrastrarlo de
regreso a su cueva para tener la aprobación de su hembra.
Esto no era crema catalana. No en absoluto. Era Max tratando de
seducirla. ¿Por qué no simplemente la seducía más fácil?
Neve estuvo lejos de su silla, y antes de que Max siquiera tuviera tiempo
de levantar la mirada, ella estaba en su regazo, llenando su rostro de besos.
Max trató de hablar, pero no había nada que pudiera decir y que Neve
quisiera oír, no cuando quería besarlo y él se resistía. Su boca apenas se movía
contra la suya, con las manos sobre sus hombros para mantenerla a distancia y
dejar a Neve presionándose contra él, deseando algo más fuerte, más feroz y
más apasionado.


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—Dios, ¿Por qué no me besas bien? —preguntó ella, apartándose y
levantándose para poder poner sus manos en las caderas. Además, estar en su
regazo cerca de esa mesa era un infierno para sus rodillas.
—Porque no quiero que tengas un ataque de pánico a medio camino. —
Max la miró, sin un rastro de burla en su rostro—. Es mejor que estés segura de si
esto es lo que quieres.
—Tampoco estamos haciendo algo muy profundo después de todo —
espetó Neve—. Dios, esto es un desastre. No encajamos juntos. Nunca sé si estas
bromeando o no, y tú ni siquiera sabes si quiero ser besada, realmente besada,
y si no quieres hacerlo es…
Su tartamudeo se detuvo abruptamente cuando Max se puso de pie y
besó las palabras en su boca.
Besos apropiados que hicieron que sus doloridas rodillas se doblaran un
poco.
Neve recordó la primera noche en el sofá, porque esos besos eran muy
calientes, pero no eran lo mismo, debido a que, esta vez, cuando Max tocó su
pecho fue ella misma quien puso las manos de él allí.
Estos no eran besos que conducían al sexo, ella había puesto sus
sentimientos perfectamente claros, eran sólo besos. Lo cual estaba bien con
ella.
Se apartaron solo cuando Keith ladró y rebuscó en la puerta de la cocina
cerrada. Llegó corriendo a la habitación y luego se detuvo y los miró con
desconfianza, ladeando la cabeza.
Después de alimentarlo y haberlo lavado, se reunieron de nuevo en el
sofá, donde Max le dio de comer exactamente tres cucharadas de crema
catalana y luego se besaron otra vez.
Los primeros besos fueron un poco desesperados, pero ahora eran lentos
y profundos, y a veces ellos ni siquiera se besaban, solo se quedaba en el sofá
abrazados. Luego Max se pudo desplazar un poco, por lo que pudo deshacer
el tercer botón del vestido de Neve para revelar un poco más del chaleco, y
ella vagamente había recorrido con su dedo la parte inferior del brazo de él y
luego se besaron otra vez. A pesar de que la habitación de estar, estaba
pintada de azul y blanco, Neve se sintió como si estuviera envuelta en una
cálida roja luz.
—¿Soy demasiado pesada para ti? —murmuró en uno de los momentos
de no-besar.


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—Por quinta vez, no —dijo Max, alisando el cabello de ella hacia atrás,
para poder besar la punta de su nariz. Miró por encima de la cabeza de ella—.
Se está haciendo tarde. ¿Te quedarás si prometo no romper tus térmicas?
Neve estiró su cuello para ver el reloj en la chimenea. Era casi las diez.
William había dicho que llamaría a las nueve.
—Debo irme —dijo con poco entusiasmo. La idea de dejar la calidez de
Max no era muy atractiva. Tampoco era ir a casa con la fría bicicleta y por un
momento pensó en quedarse y seguir besando a Max un poco más, pero luego
pensó en William en el otro extremo del teléfono.
El placer de su voz cuando dice hola y la forma gutural cuando ríe, si
Neve dice algo remotamente divertido y la forma en la que podía hablar y
hablar horas y… hablar con William en el teléfono era mejor que quedarse
besando a Max y algo más. Lo cual no era por las habilidades de besar de Max,
en la experiencia limitada de Neve, Max parecía ser un experto besador, pero
en una competencia entre besar a Max y hablar con William, William siempre se
llevaba la victoria.
—Solo a dormir —aclaró Max, sentándose con un pequeño gemido y
balanceando las largas piernas hasta el suelo—. No dijiste que necesitabas
practicar en dormir con alguien. ¿No?
—Lo hice —dijo Neve, lentamente. Ahora no estaba segura sobre eso,
había momentos cuando ellos se besaban que había tenido el deseo de
arrancarle sus muchas capas de ropa, tirar lejos la camiseta de Max y hacer
más que besarse. ¿Qué pasaría si ella sentía el impulso otra vez cuando
estuvieran en la cama juntos? Y no estaba segura de cómo sentirse acerca de
compartir la cama de Max, cuando él había dejado perfectamente claro que
iba a dormir con otras mujeres cuando ellos estuvieran saliendo. Otra
bocanada del perfume del alguien en la almohada podría arruinarlo todo—.
¿Has compartido la cama con mujeres y no, hmmm, tú sabes, tenido relaciones
sexuales con ellas?
Max pensó un poco. —Bueno, no, pero estoy dispuesto a intentarlo
contigo.
—No es que no quiera dormir contigo, pero nosotros solo hemos estado
haciendo la cosa de besar y tengo que ir a casa porque hay cosas que tengo
que hacer. —No había punto en mentirle sobre eso, Max sabía que William era
la única razón porque estaban haciendo esto, pero Neve se aseguró de estar
sentada en el lado derecho en el otro lado del sofá antes de decir—. En
realidad, estoy esperando una llamada de William.


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—Bien, ve a casa y susurra cosas dulces en el teléfono a William —dijo
Max arrastrando las palabras—. No duermas conmigo, tú te lo pierdes.
—Bueno, no es como si dormir conmigo fuera a ser algo emocionante,
cuando estoy segura de que haces todo tipo de cosas mucho más
emocionantes cuando estás en la cama con otras mujeres. —Neve podía
comenzar a imaginar los lujuriosos juegos sexuales que Max hacía con las otras
mujeres, tenían que ser mucho más emocionantes y exóticos que besarse con
una chica con un vestido termal, pero su espina dorsal estaba en una recta
línea tensa como si él no estuviese muy contento respecto a Neve
conduciendo su bicicleta en la noche. Probablemente no estaba
acostumbrado a ser rechazado.
—Y no es como si fuera a casa a dormir con William, aunque sería difícil
de hacer ya que está en California y yo no.
Neve dejó de hablar porque estaba divagando y también porque no le
gustaba pensar en William de esa manera, su vínculo era mucho más espiritual
que eso.
—No follo con una mujer diferente cada noche —masculló Max—. O
todas las noches, para el caso. Tengo algo de control sobre mi polla.
Neve hizo una mueca por el lenguaje sucio de Max. —Lo sé, lo sé —dijo
con prisa, a pesar de que no conocía algo semejante. Ellos habían estado
pasando un buen momento, por no hablar de los besos, y ahora todo iba muy
mal y ella no sabía por qué o cómo hacer un buen ambiente otra vez.
—Bueno, pues mejor vete —dijo Max, parándose y estirándose. Y así Neve
pensó que toda la situación y su relación imaginaria irrevocablemente se
rompía, le tendió la mano para poder tirar de ella del sofá—. Vamos a tomar un
vale para dormir juntos.
—Tal vez el siguiente domingo, tú y Keith pueden venir a la mía y
prepararles la cena —sugirió Neve tentativamente, ya cuando encontró sus
zapatos—. No soy una gran cocinera y no habrá ningún soplete involucrado…
Quizás luego podemos pasar la noche, una vez que tuviera tiempo para
acostumbrarme, si aún quieres.
—Aún quiero —dijo Max lentamente—. Estoy en todo eso de expandir tus
conocimientos de relaciones, siempre y cuando prometas nunca llamarlo fiesta
de pijamas otra vez.
—Supongo que lo hace parecer un poco adolescente. —Neve se detuvo
y le dio una mirada y una sonrisa temblorosa—. Así que ¿Estamos bien?
¿Todavía estás bien con hacer toda esta cosa de relación?


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Max le sonrió de regreso. —Una relación de panqueque. Francamente,
no me gustaría otro tipo.



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Traducido por Panchys
Corregido por Deydra Ann

er adecuadamente besada y el estar en una relación inapropiada,
puso a Neve en tal estado de ánimo alegre en los días siguientes,
que no importó cuando Charlotte comenzó a golpear en el techo
como si tuviera un sexto sentido para esas cosas, y sabía el
momento exacto en que Neve había despedido a Microsoft Word para trabajar
en el próximo capítulo de su biografía de Lucy Keener. O que William odiaba a
Tristram Shandy también, pero aún insistió en que terminaran de leerlo.
—Pero Neve, no se puede iniciar un libro y dejarlo a medio camino —él
había dicho implacablemente—. Es casi tan malo como doblar la esquina de la
página, en lugar de utilizar un marcador.
Tampoco importó que Gustav estuviera de muy mal humor, porque se
había lastimado un músculo del muslo y tuvo que tener una semana de
descanso del entrenamiento de su media-maratón. Había decidido usar el
tiempo para dar una conferencia a Neve sobre los peligros de las relaciones
panqueque.
—Pensé que te estabas guardando para William, tu único y verdadero
amor —dijo con amargura, mientras Neve sopló y resopló sobre una colchoneta
de gimnasio, mientras trabajaba la base de sus músculos—. No muestra ningún
compromiso con tus metas románticas. Espero que no vayamos a tomar la
misma actitud caprichosa que sus objetivos de fitness.
—Esto demuestra un compromiso total con mis metas románticas —jadeó
Neve, parando sus abdominales, sólo para empezar de nuevo cuando Gustav
le apuntó con un dedo en dirección de su abombado abdomen—. Salir con
Max es como tu entrenamiento para el maratón. William es mi meta.
Eso hizo que Gustav incluso gruñera más. Tenía que ir a buscar una bolsa
de hielo para su muslo lesionado y, cuando volvió, hizo a Neve pasar diez
minutos tendida en el suelo haciendo patadas de tijera. Sin embargo, las
patadas de tijera no la destruyeron, sino que acabaron de construir el músculo,
lo cual quemó la grasa para bien.
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El buen estado de ánimo de Neve ni siquiera se había roto, incluso por la
extraña atmósfera en el trabajo. Cada vez que iba a la cocina, Chloe y Rose ya
estaban allí, teniendo una conversación intensa, en voz baja, que se detenía
inmediatamente cuando Neve les preguntaba si la cafetera estaba en marcha.
El encuentro anual de la Junta de Síndicos era inminente, lo que siempre
puso a todos nerviosos, ya que sus pensamientos se dirigieron primero a la falta
de financiación, y luego a los recortes salariales, las semanas de cuatro días e
incluso despidos. Neve estaba segura de que no llegaría a eso, ya que los
fondos siempre se presentaban en la hora undécima y, por primera vez, en su
vida, ella no iba a preocuparse por las cosas que no podía controlar.
Lo que importaba era que las cosas con Max iban sin problemas y, si
podía tener éxito en una relación falsa, entonces una relación real con William
sería pan comido, un paseo por el parque, como caerse de un tronco.
Neve nunca lo admitiría a Max, porque él nunca dejaría de cantar sobre
ello, pero estaba sin duda divirtiéndose.
Aunque, a las dos del próximo domingo por la tarde, Neve se sentía
menos divertida y más agotada. Tenía una cazuela de carne a fuego lento, una
máscara para reducir los poros de su rostro, que estaba haciendo que le picara
la piel y, a pesar de que había cambiado a mediados de la semana las hojas,
rehízo su cama, intercambiando ramitos de flores por una banda de dulces,
que era la más varonil ropa de cama que pudiera encontrar en su armario.
Entonces atravesó el cajón de sus pijamas para algo adecuado para dormir.
Nunca se había dado cuenta cuántos desaliñados pijamas a cuadros había
acumulado. Neve siquiera contemplaba llamar a Celia para preguntar si los
lunares eran más sexi que el tartán
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, pero Celia estaba probablemente aún en
la cama e, incluso si ella se las arreglaba para contestar el teléfono, querría
saber exactamente por qué Neve estaba teniendo una crisis de ropa de noche
y esa era una conversación que Neve no quería tener.
Hubo un sonido de timbre precisamente a las tres, mientras Neve estaba
secándose con furia el polvo en su rostro. La máscara puede haber minimizado
sus poros, pero había dejado el resto de su cara roja y manchada y, mientras
iba de puntillas por las escaleras a gran velocidad para abrir la puerta, se dio
cuenta de que estaba vestida aún con sus jeans estrictamente “alrededor de
la casa” con las rodillas flojas y estirados en la cintura en lugar de sus jeans “casi
puedes caminar en ellos.” Era demasiado tarde para volver atrás y cambiarse.

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Es un tipo de tejido de origen escocés.


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Neve tomó una profunda y centrada respiración, luego abrió la puerta
con una sonrisa fija, que se convirtió en una sonrisa de puro deleite cuando
Keith saltó a lamer sus manos y mover su rechoncha cola.
—Hola, mi niño precioso —cacareó Neve, teniendo sus patas delanteras
en sus manos para que pudieran dar un poco más de dos pasos.
—Y hola para ti también —dijo Max, dando un paso más allá de ellos y
cerrando la puerta con el pie, ya que estaba cargando dos bolsas de viaje, una
bolsa de transporte, un ramo de flores y una cama de perro.
—¿Así que tú y Keith se están quedando definitivamente otra vez,
entonces? —Neve soltó las patas de Keith, para poder evaluar la enorme
cantidad de cosas que Max consideraba esencial para quedarse a dormir.
A pesar de que había pasado la mayor parte de la mañana con pánico
sobre la ropa de cama y la ropa de dormir, se había medio-esperado que Max
tuviera una buena razón de por qué no podía pasar la noche.
—Pensé que Keith podía actuar como acompañante, pero sus requisitos
para una estancia de una noche rivalizan con cualquier celebridad de
Hollywood —se quejó Max, mientras empezaba a subir las escaleras—. Perro,
cama, manta, una selección de sus juguetes favoritos y sólo bebe y come de
sus propios platos. Incluso tuve que traer un poco de paté de salmón ahumado
para disfrazar el sabor de sus comprimidos antiparasitarios y vitaminas.
—Eres un perro de muy alto mantenimiento —le dijo Neve a Keith, quien
estaba realizando un progreso muy lento al subir una escalera y luego
deteniéndose mirando a su alrededor para asegurarse de que Neve y Max aún
iban detrás de él—. Te tengo algunos ricos dulces de perro.
—Por favor, no hables con él con esa voz espeluznante. Es un perro, no un
niño de cinco años con dificultades de aprendizaje.
—No hay postre para usted, señor —le espetó Neve, chocando con Max
con su cadera, mientras que llegó a su destino. Esperó a que él recuperara la
cama del perro, que se le había caído al suelo, y luego hizo un gesto hacia la
puerta abierta—. Sólo tienes que pasar, ya sabes dónde está todo.
Se estremeció ante el recuerdo de esa noche horrible, borracha; pero de
nuevo, si no hubiera sido por esa terrible noche, borracha, luego Max no dejaría
sus maletas en el suelo para poder tomarla en sus brazos.
—Oye —le susurró, besando la marca rojiza de piel que cruzaba su mejilla
izquierda.


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—Oye a ti mismo —dijo Neve. A continuación, se besaban en su pequeño
pasillo, con la puerta abierta de par en par y Keith golpeando su cabeza contra
sus pantorrillas.
Fue absolutamente perfecto; o lo fue hasta que Neve escuchó un
golpeteo fuerte, seguido por una puerta que debió estrellarse sobre sus bisagras
y el ruido, ruido, ruido sordo de pasos. Keith empezó a ladrar y perseguir en
círculos, mientras Neve trató de zafarse de los brazos de Max porque…
—¡Joder! ¿Qué coño está pasando ahí arriba?
Charlotte aún estaba en la mitad de aterrizaje entre las dos plantas, con
el pie en alto para completar la subida, cuando se detuvo y miró, la boca
abierta.
Neve podía sentir su corazón latiendo y su rostro encendido, por lo que
sería imposible decir dónde comenzaba el sonrojo y dónde terminaba la zona
adolorida.
Dio un paso hacia atrás y tropezó con Alex, mientras que ella misma quiso
mantener la calma. Había retrocedido y tenía un perro de aspecto feroz, quien
aplastó las orejas y gruñó cuando Charlotte decidió subir otro escalón.
Charlotte se apresuró a retroceder a la seguridad de la planta baja. —
¿Podrían acallar el ruido? —le preguntó cortésmente, como si la bruja gritando
treinta segundos atrás hubiese sido sólo una alucinación—. Me duele la cabeza.
—Lo siento mucho —ronroneó Max, sacando las manos de los hombros
de Neve para que pudiera presentarse y dar a Charlotte una buena
reprimenda, porque era lo que los novios hacían cuando conocían al némesis
de sus novias—. ¡Keith, deja eso! —Keith dejó escapar un torrente de ladridos
desafiantes, y luego se escabulló detrás de las piernas de Max—. Lo siento —
repitió Max—. La culpa es mía. No creo que nos hayan presentado. Soy un
amigo especial de Neve y no puedo creer que ella se olvidó de decirme que
hay otra hermosa hermana Slater caminando por la tierra.
Neve contempló empujar la cabeza Max primero por las escaleras, pero
se conformó con unas palabras de maldición en silencio mientras miraba a su
espalda.
Charlotte se echó el pelo hacia atrás y emitió un sonido horrible, media
risita y media sonrisa boba. —Yo sólo soy una Slater por el matrimonio —dijo con
complicidad, como confesando un crimen terrible. Dio a Max una mirada larga
con los ojos entrecerrados, como si fuera un enorme diamante en bruto y
estaba tratando de calcular que tantos quilates valía la pena—. Soy Charlotte,
la cuñada de Neve.


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Era, probablemente, la primera vez que Charlotte había admitido que
estaban tenuemente relacionadas. Neve tembló de ira. Charlotte había
decidido, obviamente, que Max era heterosexual, guapo y perdido por Neve
porque agitó su largo, brillante y estúpido cabello fuera de su rostro otra vez.
Luego sacó su pecho en su estúpido chándal
50
Juicy Couture
51
. Celia y Yuri
habían intentado una vez adivinar cuántas prendas de Juicy Couture poseía
Charlotte, pero lo habían abandonado una vez que habían llegado a cifras de
dos dígitos.
—¿Por qué siempre son los más hermosas las que han sido tomadas? —
suspiró Max—. Por lo menos dime que tu matrimonio está en las rocas y hay una
posibilidad de que pudieras recuperarte en los brazos de otro hombre.
—Oh, hay muchas posibilidades —dijo Charlotte, mirando a Neve, razón
por la cual ella probablemente dejó de reír, su sonrisa tonta y de sacar sus
pechos, y sonaba más como la misma de siempre. Luego le aio Keith otra
mirada inquieta, a pesar de que estaba acostado en la alfombra de Neve y
rascándose la oreja—. ¿Es eso un Rottweiler
52
?
—No, no lo es —dijo Neve, indignada—. Es un Staffordshire Bull Terrier
53
.
Neve saltó a la lucha recordándole a Charlotte por qué estaba allí, en
primer lugar. —Bueno, sólo trata de no golpear mucho. Honestamente, es como
tener un elefante viviendo por encima de mí.
Y con esa frase de despedida, Charlotte volvió a su guarida,
balanceando las caderas más de lo estrictamente necesario.
—Nunca dijiste nada acerca de una cuñada —remarcó Max, y Neve se
dio cuenta de que estaba tan tensa que se sentía como si sus huesos se
rompieran en pedazos—. Ella es muy linda una vez que pasas el bronceado
anaranjado y las extensiones de cabello.
—Oh, yo puedo pensar en algunas otras formas para describirla —dijo
Neve amargamente, cerrando la puerta—. Sé que te sientes obligado a

50
Un chándal, buzo, salida de cancha, sudadera, jogging, mono o pants es una prenda de
vestir que consiste en dos piezas: unos pequeños pantalones y una chaqueta. También puede
incorporar capucha.
51
Es una línea contemporánea de ropa casual y elegante con sede en Arleta, Los Ángeles,
California, fundada por Pamela Skaist-Levy y Gela Nash-Taylor en 1997.
52
Es una raza de perro tipo moloso (grupo de perros caracterizados por tener una constitución
musculosa, fuertes mandíbulas, gran cabeza y hocico corto, lo que les hace excelentes
guardianes y defensores.
53
Es una raza originaria del Reino Unido y con más de 200 años de antigüedad fue creada a
partir de cruces de los antiguos Bulldog inglés con Terriers de la época para dar vida a las
peleas de perros.


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coquetear con cualquier persona y cualquier cosa que se cruce en tu camino,
pero me gustaría que a veces pudieras ser un poco más exigente.
—Oh, Neevy, así que coqueteo. Es lo que hago. No me digas que estás
celosa —dijo Max en broma—. Está bien, conversar con tu cuñada era un poco
raro, pero yo sólo estaba teniendo un poco de diversión.
—¿No le oíste gritarme? —preguntó Neve a Max—. Si tuvieras el poder
para contener tu encanto durante cinco segundos, se te podría haber ocurrido
que ella no me quiere y que, desde luego, a mi no me gusta ella.
De la expresión de perplejidad en el rostro de Max, era evidente que
estaba muy conectado con el encanto en cualquier circunstancia. —Bueno, sí
—murmuró—. Supongo que te estaba dando un mal rato. ¿Hace mucho eso?
—Ella ha estado haciéndolo siempre —dijo Neve, mientras caminaba
hacia la cocina—. Yo estaba en la escuela con ella y me hizo la vida un infierno
todos los días durante cinco años. Voy a poner la tetera al fuego, ¿Quieres un
trago?
—Café, por favor. —Max se sentó en una silla y recogió a Keith—. ¿Qué te
hizo ella?
Neve no respondió al principio. Estaba poniendo cuidadosamente frescos
granos de café en la cafetera que había comprado en honor a la visita de
Max. Normalmente se hacía con un frasco de Kenco
54
, pero Max prefería elegir
pequeñas tazas de expreso.
—¿Neve? ¿Qué hizo ella? —le preguntó Max amablemente.
—Qué no hizo —dijo Neve con amargura, lista para lanzarse en una
perorata acerca de las veces en que Charlotte y sus compinches la habían
seguido a casa desde la escuela, llamando su nombre y lanzándole piedras, y
cuando había llegado finalmente a la seguridad de su casa, la parte de atrás
de su chaqueta estaba salpicada siempre con pegotes de saliva.
Hubo tiempos en que la habían arrinconado en las duchas de la escuela,
hasta que Neve había convencido a su madre de escribir una nota
excusándola de los juegos. Incluso hubo un momento en que Charlotte se
había acercado a Neve en el comedor escolar, vertiendo una lata entera de
Coca-Cola Light por encima de su almuerzo y diciéndole—: Si cambiaras tu
Coca-Cola de grasa por esto, tal vez no serías como una cerda. Neve había
pasado la mayoría de los domingos por la noche vomitando y llorando al

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Marca de café instantáneo.


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pensar en ir a la escuela a la mañana siguiente y las nuevas torturas que
Charlotte había tenido que idear en el fin de semana.
Pero ahora no iba a llorar, porque ya había perdido demasiadas lágrimas
sobre Charlotte en su vida. —Ella tenía este apodo para mí —dijo finalmente—.
Creo que es, probablemente, el único flash de genio que Charlotte ha tenido.
Solía llamarme “Pesada.” Entonces, todo el mundo en la escuela comenzó a
llamarme así. Incluso una vez la señorita Harris, nuestra maestra de los juegos, lo
dijo, aunque ella fingió no haberlo hecho.
—¿Te llamaba así por… por… la forma en que te veías, o…? —Max
estaba pisando cuidadosamente, tratando de abrirse camino a través de un
campo minado con las palabras y realmente no había forma fácil de decirlo,
así que Neve lo hizo por él.
—Yo era gorda o más gorda —dijo sin rodeos Neve—. Y la belleza de ese
apodo era que significaba muchas cosas para toda la gente. Como, que yo
estaba tan gorda que hacía que la gente quisiera estar enferma o que yo
debería enfermarme en lugar de digerir grandes cantidades de alimentos, o yo
estaba tan gorda que resoplaba cuando caminaba, o estaba tan gorda que
tendría que hacerme el gran miembro final de un equipo de tira y afloja. Haz tu
elección.
—Pero tú ya no eres la misma persona —dijo Max—. Así que ¿Por qué aún
la dejas llegar a ti?
—No sé. —Neve empujó hacia abajo la cafetera—. Ella siempre se las
arregla para hacerme sentir como si yo tuviera quince años, y no importa la
cantidad de peso que perdiera, la grasa aún estaba al acecho, justo debajo
de la superficie y Charlotte siempre hace su ascenso a la cima.
Puso una taza de café frente a Max y le permitió que pusiera a Keith en el
suelo para que él pudiera tomar su mano y hacer patrones en la palma con el
pulgar, incluso aunque ella no quería ser tocada. —Te prometo que nunca voy
a coquetear con ella de nuevo —dijo con seriedad—. Dios, debe haber sido un
shock cuando empezó a salir con tu hermano.
—Yo estaba en la universidad y mi mamá no me lo dijo, porque pensó
que eso no duraría. Las novias de Douglas no se quedaban mucho tiempo,
pero Charlotte… Dios, ella se quedó. —Podía recordar volver a casa después
de las finales y chocar con Charlotte saliendo a escondidas de la habitación de
Douglas, al mismo tiempo que Neve se dirigía a la cocina para tomar un
aperitivo. Ninguno de las dos había dicho una palabra, a pesar de Neve aún
podía sentir la sacudida repugnante que su corazón había dado.


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Luego, hubo otras cosas de qué preocuparse, y cuando Douglas y
Charlotte se habían ido a Las Vegas y se casaron, Neve había estado
simplemente esperando a lidiar con el hecho de que su verdugo adolescente
vivía un piso debajo de ella y compartía su apellido.
Max no dijo nada, no hacía más que acariciar su mano y, cuando Neve
hizo un movimiento para tirar de su mano, se negó a dejarla ir.
—Nunca nos vamos a convertir en las mejores amigas —dijo Neve—, pero
he aceptado sus disculpas, salvo que ella nunca dijo ni una vez: lo siento. Ni
siquiera ha insinuado nada que se acerque a lo siento, y sus tácticas podrían
haber sido un poco más psicológicas, pero ella aún está torturándome y la dejo
porque soy débil e inútil y…
—Estupideces —dijo Max—. No serías mi novia panqueque si fueras una
perdedora.
Ella no quería, pero Neve sonrió. —¿Cómo dices? Creo que encontrarás
que yo era la creadora de todo el concepto de relación panqueque. Deja de
molestarme.
—¿Cómo sabes siquiera lo que significa “molestar”? —preguntó Max—. Si
me dices que fumas porros
55
, todo mi sistema de creencias colapsará.
—Yo podría fumar porros por todo lo que sabes. —Sólo que nunca lo
hubiera hecho, no en la universidad y, desde luego ahora no, porque ella había
visto a Celia y Yuri arrasar a través de su refrigerador cuando tuvieron un ataque
de hambre y eso era algo que Neve y sus caderas podían prescindir.
—¿Pero no lo haces? —Max le dirigió una mirada lastimera, frunció el
ceño con consternación.
—No lo hago —confirmó Neve—. Sólo leo un montón. —Y no era como si
el encuentro desagradable con Charlotte, o la posterior caída emocional,
hubiese sido olvidado, pero Neve se había trasladado del pasado, porque Max
tenía destreza y la llevó lejos de las rocas. Deseaba saber cómo lo hacía, así
sería ser muy útil la próxima vez que Celia estuviera teniendo una crisis
existencial o Philip estuviera teniendo problemas de relación.
Antes de que devolviera su atención a su cazuela de carne de res, la cual
había sido descuidada por la emoción, Neve dejó un beso impulsivo en la parte
superior de la cabeza de Max, sólo para decir gracias. Luego esperó a que él
hubiera dejado de mirarla con sorpresa, para limpiar a escondidas sus labios de
la suciedad de su cabello.

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Término popular que en varios países hispanohablantes se le da a un cigarrillo de marihuana o
hachís.


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• • •

Neve estuvo un poco apagada durante la cena y Max estaba
atípicamente amable, alabando a la ternura de la carne en la cazuela,
alabando su audacia en la elección de hinojo, y pidiendo por segundos, que
Neve se preguntó si se trataba de algún nuevo juego de los suyos.
Incluso insistió en ayudar a limpiar la mesa y lavar los platos y la besó
cada vez que ella le entregó un plato o un tazón para secar. —¿Qué quieres
hacer ahora? —le preguntó Max después de que la última cuchara había sido
guardada—. Pensé que podíamos escribir la otra sesión en el sofá.
—Bueno, el sofá se presenta muy en lo alto de mis planes para la noche
—estuvo de acuerdo Neve—. Te voy a iniciar en los rituales de Deleite de
Domingo.
Max levantó las cejas. —Pensé que Deleite de Domingo era sobre comer
carbohidratos complejos después de las seis.
—Es mucho más que eso —suspiró Neve—. Si entras en la sala de estar,
hay un armario debajo de la estantería al lado de mi escritorio. Porque tú eres el
invitado, llegas a escoger.
Neve esperó hasta que lo oyó hurgando antes de empezar a recoger sus
suministros. Cuando entró en la sala de estar, Max estaba de rodillas y
rebuscando en su colección de DVDs. —Creo que tienes toda la comedia
romántica que jamás se ha hecho. ¡Incluso tienes el cine mudo! —añadió,
agitando una copia de My Best Girl, hecho en 1927 y protagonizada por Mary
Pickford, como prueba.
—Es un clásico —dijo Neve suavemente, colocando la bandeja cargada
que había traído en la mesa de café.
—Yo no veo nada con Meg Ryan. —La voz de Max era apagada,
mientras metía la mano en el último rincón del armario y pasó el dedo por los
lomos—. Está bien, ¿Te apetece Katharine Hepburn y Cary Grant en Bringing Up
Baby?
—Siempre. —Neve se acurrucó en el sofá y contuvo el aliento mientras
Max cerraba la bandeja del reproductor de DVD y se volvía. Se quedó mirando
el contenido de la bandeja y luego a Neve, quien se encogió de hombros—. Es
Deleite de Domingo —dijo, a modo de explicación.
—Creo que me gusta eso —dijo Max, sentándose a su lado—. ¿Me es
permitido poner los pies sobre la mesa de café?


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—Sólo si te quitas los zapatos en primer lugar. Además, tengo plena
jurisdicción sobre el control remoto y no me importa si hablas durante la
película, pero no quiero ningún comentario acerca de lo que estoy comiendo o
cómo lo estoy comiendo —finalizó Neve en su más estricta voz.
Max se sirvió una copa de vino de la botella que Neve había traído, pero
no tocó nada en la bandeja. —¿Cómo vas a comer?
—Eso es lo que yo dije —Neve aclaró, entregándole una enorme bolsa de
bocadillos y una barra de Snickers—. Esa es la tuya. —Aziz, en la tienda de
conveniencia, le había asegurado que eran bocadillos muy masculinos y, como
un bono adicional, no le gustaban ninguno de los dos, así que no se vería
tentada a robar alguno.
—Gracias, pero tengo todo esto y tú sólo tienes un tubo de Smarties
56
y
una bolsa de Hula Hoops
57
—protestó Max, mientras Neve ponía los Smarties en
una pequeña taza de porcelana.
—¿No has oído la parte donde dije que no se debía hacer comentarios
sobre mis opciones de bocadillos? —Neve rasgó la bolsa de Hula Hoops y los
derramó en un plato un poco más grande que el de porcelana.
Max no dijo ni una palabra, a pesar de que pulió sus bocadillos y Snickers
en quince minutos, mientras que a una hora en la película, Neve aún estaba
delicadamente abriéndose paso a través de los contenidos de los tazones de
porcelana.
Ella siempre iniciaba con los Hula Hoops, dejando que ellos se sintieran
crujientes en su boca, y sólo cuando estaban a punto de perder su crujido tenía
que empezar a mascar. Entonces, cuando Neve estaba a mitad de la porción
de patata, se trasladó a los Smarties.
Aquellos se los comía de acuerdo al color. Marrón, verde, azul, morado,
rosa, rojo, amarillo y los naranjas para el final, porque tenía su propio sabor
único. Ella tomaba un Smartie en su boca y succionaba el tiempo suficiente
para deshacer el dulce, pero dejando intacto el centro de chocolate.
Entonces, ella chupaba el chocolate hasta que no quedaba nada.
Cuando estaba a medio camino de los Smarties, en la brecha entre el
púrpura y el rosa, Neve dejó de comer bocadillos durante diez minutos, sólo
para demostrar que podía. Había contado el tiempo en su reloj y, cuando los
diez minutos pasaron, tomaba un Smartie color rosa en su boca.

56
Es una marca de productos de chocolate con leche, consisten en pequeñas pastillas de
chocolate recubiertas de azúcar.
57
Son aperitivos a base de patatas en forma de cilindros cortos y huecos.


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Después de que los Smarties se terminaran, fue de nuevo por los Hula
Hoops. Todo el proceso duró por lo menos poco más una hora. De cualquier
manera, los créditos estaban rodando mientras Neve terminaba aplastando el
último Hula Hoop, con los ojos cerrados mientras saboreaba la salada papa que
tendría que durarle toda una semana.
Cuando abrió los ojos, fue para encontrar a Max mirándola como si fuera
una pieza de un rompecabezas que no acababa de encajar. —No se puede
decir nada —le advirtió—. Esa era la regla.
—Yo no voy a decir nada. Además, no hay palabras. —Neve estaba a
punto de ponerse a la defensiva y erizarse toda, cuando vio la manera en que
Max estaba mirándola, a pesar de que acababa de tomar una hora para
comer un tubo de Smarties y una bolsa de Hula Hoops y llevaba sus “jeans de
casa.”
—¿Por qué me miras así? —preguntó ella, porque no había hecho
absolutamente nada para justificar el brillo especulativo en los ojos de Max o la
forma de mantener su lengua humedeciendo el labio inferior—. ¿Puedo hacer
café?
—No estoy de humor para el café —dijo Max, tirando de Neve más cerca
antes de que ella se diera cuenta de lo que estaba sucediendo—. Tú, ven aquí.
Así que ahí estaban besándose. Besándose sin pensar, por lo que todas
las voces de la cabeza de Neve estaban tranquilas y, cuando Max desabrochó
cada botón de su vestido, no le importó, porque él besó cada centímetro de
piel que descubrió.
La camisa de Max salió y también la camiseta que llevaba debajo, de
modo que Neve, suavemente, podía rastrillar sus dedos a través de la pelusa de
vello que desapareció debajo de su pretina y, aunque jugó con la hebilla de su
cinturón porque le gustaba la forma en que Max contenía la respiración cada
vez que lo hacía, sus manos no se apartaron más.
Las manos de él sí lo hicieron. Acarició la curva de sus caderas cubiertas
de mezclilla y, cuando estaban acostados frente a frente en el sofá, Max
levantó la pierna de Neve, por lo que se enganchó a él y sus cuerpos fueron
presionados juntos. Neve no sabía de dónde venía la necesidad de moler,
oscilar y presionar en contra de Max, pero se sentía tan bien de un modo
exasperante, frustrante, que ella dio en eso.
—Tenemos que parar ahora —le susurró Max de repente con urgencia en
su oído—. ¡Alto!


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Neve, momentáneamente, dejó de besar la apretada mandíbula de
Max. Él estaba duro contra de su vientre—. ¿Detenerse un minuto o detenerse
por completo? —preguntó ella. Su voz sonaba gruesa y pesada,
probablemente porque su cerebro, su sangre y sus miembros se sentían
demasiado gruesos y pesados.
Max retrocedió dos centímetros. —A menos que estés lista, por lo menos
para la tercera base, tenemos que parar porque tengo que… ya sabes, dejar
que mi flujo sanguíneo se dirija en dirección a mi cabeza.
Neve realmente no quería parar, pero sólo podías besar durante tanto
tiempo, con tu parte superior desabrochada y con la erección de tu pareja
empujando en tu contra, antes de que el beso se convirtiera en otra cosa. Alisó
el pelo de Max y, cuando él apretó los dientes, hizo una nota mental para
buscar en Google erección no aliviada + dolor.
Se deslizó del sofá, con cuidado de no tocar a Max, porque cada vez
que lo hacía, sus fosas nasales se expandían. Max rodó sobre su espalda y,
ahora que el beso había terminado y el estado de ánimo fue cambiando, de
pie allí con su parte superior desabrochada y la cintura de sus pantalones hasta
la mitad de las caderas parecía importar un poco. Neve dio la vuelta y
rápidamente se abrochó.
Max se sentó muy lentamente, como si estuviera recuperándose de una
cirugía mayor. —Tengo que llevar a Keith a su último paseo. ¿Puedo tomar tus
llaves?
Max cojeó hasta el pasillo. Keith, quien estaba rígido por dormir tanto
tiempo bajo el escritorio de Neve, cojeó después de él. Neve buscó su juego
extra de llaves de un cajón de la cocina y los dejó caer en la mano extendida
de Max.
Era un momento decisivo en su divertida relación, pero Neve tenía otras
cosas en su mente. —Si yo estuviera dispuesta a tener relaciones sexuales, que
no estoy, pero si lo estuviera, ¿Te gustaría? ¿Conmigo?
—Esto no es sólo una reacción involuntaria que recibo por comer
demasiados bocadillos —dijo Max de mal humor, inclinándose para enganchar
la correa de Keith—. Por supuesto que quiero hacer algo más que darte un
beso, pero te estás reservando para tu único y verdadero amor, y estoy
tratando de demostrar que soy más que un juguete sexual.
—No digas eso —dijo Neve, reflexivamente, porque ella nunca, nunca iba
a follar con alguien. “Hacer el amor” sonaba mucho mejor, poético, incluso—. Y
sólo estaba comprobando.


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—Yo diría que lo siento por romperme, pero como tú eres en parte
responsable de mi agonía actual, no lo voy a hacer. —Teniendo en cuenta que
estaba hablando de su erección, era un poco dulce que Max pareciera un
niño enfurruñado que había sido simplemente tirado hacia fuera por tirar
piedras—. Te veré en unos quince minutos —añadió, con un poco menos
petulancia.

















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Traducido por Munieca
Corregido por ★MoNt$3★

an pronto como escuchó la puerta de la calle cerrarse, Neve se puso
en acción a toda velocidad. Aunque estaba perfectamente limpia,
tuvo la ducha más rápida de todo el mundo mientras esperaba que
la tetera hirviera. Llenó su botella de agua caliente mientras bebía
enjuague bucal. Arrastró su ropa de dormir sobre su todavía húmedo cuerpo y
rápidamente roció su cama con un aromatizante de lavanda mientras
empujaba la botella de agua caliente bajo los cobertores. Luego fue por la pila
de libros sobre su buró, sin piedad descartó cualquier cosa que pueda
parecerse a una novela de romance al ojo sin educación.
Neve pasó sus últimos cinco minutos ayudando a su crema de noche a
que se absorbiera más rápidamente mientras trataba de arreglar su cabello en
una cola de caballo despeinada. Oyó una llave girar en la cerradura justo
cuando decidió que estaba satisfecha con el intento número nueve y se dio a sí
misma un rápido vistazo en el espejo del baño; su crema de noche se había
absorbido, dándole un aspecto húmedo, y los mechones sedosos de pelo
oscuro enmarcaban un rostro que habría visto mucho mejor si no estuviera
mordiendo su labio inferior.
Se apresuró a salir al pasillo para saludar a los invitados. Max daba la
impresión de estar de mucho mejor humor; estaba sonriendo por alguna cosa y
la sonrisa se hizo más grande en cuanto captó la mirada de Neve.
—Te ves tan dulce —dijo y sonó sospechosamente ronco como si fuera
Keith quien lo hubiera dicho.
—No, no lo hago —protestó Neve. Dulce no era lo que había estado
buscando. Tiró de los bordes de los puños de encaje de su camiseta térmica de
manga larga, luego se agachó para acariciar a Keith—. ¿Dónde va a dormir
Keith? ¿Con nosotros?
—En la sala. No tiene permitido dormir en el dormitorio. Pasará toda la
noche tratando de meterse en la cama.
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—Pero ¿qué hay de malo en eso? —Neve había estado esperando dormir
con Keith sobre la cama, preferentemente en sus pies, ya que tenía mucho frío
por las noches.
Max sacudió la cabeza.
—He pasado mucho tiempo estableciendo algunos límites. No desharé
toda mi buena obra.
Vio cómo Max instalaba a Keith en su cama de perro con una manta
harapienta sobre él y un muñeco de peluche raído metido entre sus patas
delanteras. Luego colocó el cuenco de agua y un dispositivo de luz de noche
porque a Keith no le gustaba la oscuridad, y Neve comenzó a preguntarse
dónde estaban los límites de Keith.
—Voy a la cama —dijo, cuando se hizo obvia la intención de Max de
quedarse con Keith hasta que estuviera dormido.
Neve había pasado cinco minutos con un espejo de mano para juzgar su
mejor ángulo cuando estaba acostada y otros diez minutos de lectura antes de
que Max hiciera su aparición.
—Así que duermes en el lado derecho —comentó, como si se tratara de
una pregunta que había estado molestándolo durante mucho tiempo—. Yo
duermo en el lado izquierdo, así que funciona.
Normalmente, dormía en el centro de la cama, pero eso parecía una
cosa de solterona como para admitirlo, por lo que Neve dejó el libro y ahuecó
las almohadas a su lado así estarían óptimamente hinchadas para Max. Podrías
culparla por un montón de cosas, pensó, pero era una anfitriona muy atenta.
Max se sentó en el borde de la cama y rebotó de forma experimental.
—Colchón firme —remarcó—. Me gusta una cama en la que no tengas
que hundirte.
Neve en realidad podía sentir su presión arterial comenzar a elevarse.
Dormir con Max en su ropa de cama a rayas le había parecido una buena idea
en teoría, pero la realidad actual de Max en su dormitorio de nuevo se sentía
amenazante y emocionante, todo al mismo tiempo. No ayudó que él estuviera
hablando en voz baja, su voz sugerente y tenía una sonrisita socarrona en su
cara que salía a relucir cada vez que etraba en el modo seductor, cuando
estaba en una habitación con ella.
Max fue desabrochándose sus botas Doc Marten y Neve tomó
rápidamente el libro otra vez. Todo esto era territorio nuevo para ella, pero trató
de ignorarlo con una facilidad que realmente no sentía.


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—¿Qué estás leyendo? —Max se quitó los calcetines y movió los largos
dedos de los pies. Tenía los pies bonitos para un hombre, al menos no eran muy
peludos.
Neve levantó su copia de Rebecca de Daphne du Maurier así Max podía
leer el título, luego hizo un gesto a la cuidadosamente editada pila de libros
sobre su mesita de noche.
—Eres bienvenido a pedir uno prestado.
Con la camiseta medio desabotonada, Max se inclinó sobre la cama,
clavando inadvertidamente a Neve en el colchón, mientras observaba la pila.
—Oh, siempre he querido leer este —dijo, cuando Neve trató de mirar por
encima de su hombro.
¿Cómo nunca has leído El guardián entre el centeno?, quería gritar pero
se conformó por un simple:
—Creo que ese realmente te gustará.
Neve deseaba que Max terminara de desvestirse y meterse en la cama
para que pudieran negociar el siguiente paso de su relación, pero en su lugar
estaba buscando dubitativo con su copia de Mansfield Park. Lo cuál era malo
porque...
—Si no has leído ninguno de Jane Austen, no empieces con ese —dijo
con gran fuerza—. Fanny Price no funciona tan bien como heroína moderna
como Elizabeth Bennet lo hace.
Max dejó el libro rápidamente, como si estuviera cubierto de algo tóxico.
—Bueno, tal vez voy a tratar con El guardián entre el centeno y trabajaré
mi relación con Jane Austen.
Se movió hacia atrás, así que Neve ya no tenía un peso muerto en sus
piernas, y golpeó el libro contra la palma de su mano.
—Te prometo que no voy arrugar el lomo.
—Por supuesto, El guardián entre el centeno es la novela más conocida
de Salinger, pero personalmente prefiero su historia sobre la familia Glass. —
Neve se oyó a sí misma decir en la arrogante voz que jamás había conseguido,
como si su boca estuviera repleta de ciruelas—. Creo que Franny y Zooey
tienen la ventaja sobre Levantad, carpinteros, la viga del tejado
58
, pero es muy

58
Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: es una introducción en un libro escrito por
J. D. Salinger. Como la mayoría de las historias protagonizadas por la familia Glass, el relato está
narrado por Buddy Glass, el segundo de los hermanos.


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difícil evaluar la obra de Salinger como un todo, cuando su mayoría se
compone de novelas y cuentos cortos.
—Correcto. Me aseguraré de recordar eso —murmuró Max, y luego dejó
de hablar porque se estaba sacando la camisa y la camiseta en un solo
movimiento, por lo que ver los ondulados músculos de la espalda era mucho
más interesante que J.D Salinger.
Max era enjuto, sin ser larguirucho, sus músculos definidos sin abultados
como los de Gustav… de tal manera que Neve siempre se preguntó si él podría
reventar las estrechas camisetas de lycra que le favorecían. Ella sostuvo su libro
en su cara y se asomó por la parte superior mientras Max comenzaba con la
hebilla del cinturón, flexionando sus bíceps mientras liberaba el cuero de sus
pantalones vaqueros.
Neve tragó saliva.
—Uno podría argumentar que los únicos textos disponibles que tenemos
de Salinger son técnicamente juveniles, y que su reclusión posterior fue un
intento de crear su propia leyenda en lugar de admitir que no podía cumplir
con la promesa de su trabajo anterior. —Simplemente no podía dejar de hablar.
Neve dio un respingo al escuchar su voz ponerse chillona y más chillona, pero
no había nada que pudiera hacer al respecto—. No tiene precedentes.
Después de todo, Rimbaud abandonó todos sus esfuerzos literarios para el
momento en que él tenía veintiún años.
Max le dirigió una sonrisa lenta y perezosa.
—¿Neevy?
—¿Qué?
—No tengo ni idea de lo que estás hablando —le informó Max
amablemente—. No hay necesidad de estar nerviosa. Sólo vamos a dormir en
la misma cama. Piensa en mí como un desgarbado oso de peluche.
Eso fue en realidad un buen consejo, o lo hubiera sido si el sonido de la
cremallera de Max yendo hacia abajo no hubiera descarrilado completamente
a Neve. La golpeó lo ridículo que era todo esto. Había un hombre
desnudándose en su cuarto rosa para chicas, no haciéndolo menos femenino o
menos rosa por el hecho de que hubiera un hombre desvistiéndose en él.
—¿Trajiste una pijama? —graznó, mientras Max se quitaba los vaqueros y
se quedaba en sus boxers, rascándose despreocupadamente el pecho.
—Nunca usé —le aseguró, y Neve supo con certeza que si él quería
dormir desnudo a su lado, entonces ella pediría que durmiera con todo puesto.


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No estaba preparada para un desnudo frontal entero y, a veces creía
que nunca lo estaría.
Había sido el único miembro vestido de una familia desnuda y había sido
terrible. Cuando era una niña, la tarde de los viernes habían sido
particularmente angustiantes. Tan pronto como su padre llegaba del trabajo,
era enviada por cinco porciones de merluza y patatas fritas. Para cuando
regresaba, su padre estaba sentado en la cocina en sus Paisley Y-fronts
59

bebiendo cerveza de la botella. Neve ni siquiera poseía un traje de baño hasta
que tuvo cinco años y había montado un motín en una playa de Margate
hasta que su padre había sido enviado a Woolworth para comprarle un bikini
de Barbie, a pesar de que realmente había querido uno de una sola pieza.
A lo largo de toda su infancia, Neve había deseado que su madre
hubiera sido como las otras madres católicas de sus compañeros de la Escuela
Dominical. El tipo de madres que prometían azufre y fuego si sus hijas se atrevían
a llevar faldas por encima de la rodilla o se pintaban las uñas de los pies. Pero
no, ella tenía una madre católica que decía cosas como:
—Por supuesto, si todo lo que Dios creó es hermoso y Dios creó el cuerpo,
entonces, tu cuerpo es hermoso.
Pero Neve había sabido que su cuerpo no era hermoso. A la edad de
cinco años, podía decir que su cuerpo era más redondo y más rechoncho que
los cuerpos de sus amigas. Tenía una barriga prominente y los muslos parecían
como si tuvieran bandas elásticas excavando en ellos cuando se sentaba.
—Muy bien, esta es tu segunda advertencia de cinco segundos —
anunció Max. Neve lo miró trémulamente, mientras se quedaba parado sobre
ella. Era mejor mantenerse mirando hacia arriba, a su cara, y no en ningún otro
sitio, aunque al menos había mantenido sus boxers—. Estoy a punto de entrar en
tu cama.
Las mantas fueron echadas hacia atrás y Neve se obligó a permanecer
completamente inmóvil mientras Max se metió en la cama junto a ella y dio un
pequeño suspiro dichoso como relacionado con su postura en el colchón
paedic y las almohadas de espuma con memoria
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. Lentamente se estiró, luego
frunció el ceño.
—¿Es eso una botella de agua caliente?

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Paisley Y-fronts: ropa interior masculina, se distinguen por una forma de Y con solapa y
abertura en la parte delantera. El Paisley es un tipo de diseño o estampado con formas de
gotas o riñones muy común en pañuelos y corbatas.
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A- paedic y almohadas con memoria son la última tecnología en productos para un mejor
descanso.


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—Sí, sí lo es —dijo Neve a toda prisa, enganchándola entre sus pies y
arrastrándola a su lado.
Max apoyó las almohadas detrás de su cabeza para poder sentarse y
examinar su lugar de descanso para la noche.
—¿No te parece que está un poco caliente debajo de todas estas
mantas? —Levantó el edredón para poder confirmar que había un cobertor por
debajo de él—. Es casi el comienzo oficial del Verano Británico.
Neve se levantó a sí misma de su posición reclinada.
—Pero todavía tengo que tener la calefacción durante todo el día y hay
heladas y realmente siento frío.
—No hay ningún frío que sentir —dijo Max—. Vamos a deshacernos de la
colcha de encima.
Neve decidió que era tiempo de acción, no palabras. Incluso pensó que
había resuelto que no habría ningún tipo de tacto, alcanzó la parte posterior
del cuello de Max con una de sus manos heladas.
—¡Mierda! ¡No hagas eso! —gritó Max, y Neve retiró la mano y la metió
bajo el edredón y la colcha, que se estaba quedando exactamente donde
estaba—. Dios, no pensé que podías ser tan mala.
—No seas un bebé —dijo Neve, llegando hasta Max para poder darle un
beso en la mejilla y quitar el aguijón de sus palabras. Él hizo un gran show de
pestañeo, como si previera que sus labios estarían a la misma temperatura bajo
cero que sus manos.
—¡Hey! Mantén tu lado de la cama —dijo él, acurrucándose bajo las
mantas—. No voy a ser capaz de dormir si estoy preocupando por el hecho de
que vas a saltar sobre mis huesos.
Neve había estado pensando exactamente lo mismo, pero cuando Max
lo dijo en voz alta, no pudo evitar sentirse un poco rechazada. Por supuesto, no
quería saltar sobre sus huesos, pero quería que él lo quisiera, con la única
excepción de cuando estuvieran totalmente vestidos y no juntos en la cama. A
pesar de su reputación de mujeriego, Max parecía notablemente enfocado en
sólo dormir juntos. Había estado lo suficientemente feliz como para darle un
beso, pero tal vez sólo la imaginaba de una manera besable o tal vez era
realmente mala en los besos y no tenía el corazón para decirle, o... ¡No! No iba
a pensar en más suposiciones o estaría tan estresada que no sería capaz de
dormir.


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—Bien, bien, no hay beso. —Neve se dio la vuelta en su lado,
asegurándose de que hubiera al menos un metro entre ellos—. Buenas noches.
—Apagó la luz, sin ni siquiera preguntar a Max si estaba listo para dormir, pero
era su cama, así que eran sus reglas.
Yacieron en silencio por un rato. Neve se concentró en no exhalar
demasiado alto, en caso de que Max pensara que era una roncadora. Su
ataque de resentimiento la había empujado hasta el borde del colchón, por lo
que si hacía algún movimiento brusco, iba a terminar en el suelo, y habría una
brecha con corrientes de aire porque Max tenía un extremo de la manta y ella
tenía el otro, y básicamente dormir con otra persona era horrible y Neve estaba
empezando a entender por qué algunas personas casadas dormían en camas
separadas, o incluso en dormitorios separados.
—¿Estás de mal humor? —preguntó Max de repente.
—No —dijo Neve malhumorada—. Es sólo que estás acaparando las
mantas y hay este hueco y...
Neve estaba esperando que Max renunciara a su derecho a la colcha,
pero se deslizó en la cama y puso un brazo alrededor de ella. Era como estar
envuelta por una gigantesca botella de agua caliente.
—Sé que cancelé el beso, pero todavía nos podemos abrazar —le susurró
al oído, que le hizo cosquillas porque había llegado a esa etapa donde todo la
irritaba. Su brazo se movió más bajo y ella se apartó alarmada.
—¡No toques mi estómago! Es la única parte de mí que no me gusta que
la gente toque —se corrigió a un menor volumen perforador de oído.
—Está bien, necesitas relajarte porque no vas a conseguir dormirte y yo
tampoco puedo cuando tú estás enviando señales de angustia —dijo Max,
moviendo su brazo así no se presionaba contra su vientre, sino más arriba,
cepillando la parte inferior de sus pechos, pero no era como si ella pudiera
quejarse ahora que había jugado la carta de la barriga—. Sólo pretende que
soy Celia.
—Tú no hablas tanto como Celia —ofreció Neve—. Y ella es mucho más
huesuda que tú, siempre empujándome con los codos.
—Al menos eso es algo. —El pulgar de Max estaba acariciando
rítmicamente una pequeña porción de piel en su brazo no cubierto por la
manga de su camiseta térmica y se sentía bastante bien, casi reconfortante.
Neve cerró los ojos y se concentró en respirar por la nariz y exhalar por la boca.
Pero no demasiado alto.


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Fue el calor lo que despertó a Neve. Se quedó allí para escuchar una
segunda vez los silbidos y crujidos pero fue incapaz de localizarlos, entonces se
sentó y apartó las mantas en un movimiento torpe, y se dio cuenta de que la
casa ¡estaba en llamas!
El calor casi se impulsó por su espalda cuando abrió la puerta del
dormitorio. Neve se abrió paso a través del humo espeso que atrapó en su
garganta, y entró en el vestíbulo donde brillantes llamas anaranjadas lamían las
paredes y veteaban los muebles. Afortunadamente, había un camino
despejado a su escritorio y ella lo tomó.
Su mente estaba corriendo sobre dos vías. Sabía que tenía que llamar a
los bomberos, pero en este momento salvar la biografía de Lucy Keener era
mucho más importante. Está bien, no había mucho de una biografía para
salvar pero Neve seguía encendiendo su computadora y hurgando en los
cajones por un disco y, ¡oh! Allí estaba Cómo Escribir Un Libro En Quince Minutos
Todos Los Días, que ella lo había tomado de Phillips… la mataría si se quedaba
hecho cenizas.
Las llamas se estaban introduciendo cada vez más cerca y Neve bailó en
el mismo lugar ya que la madera, bajo sus pies descalzos, era extremadamente
caliente. Sus ojos lloraban, estaba tosiendo y ahogándose y su jodida
computadora estaba tardando mucho en arrancar. Finalmente, allí estaba su
protector de pantalla de Virginia Woolf. Neve escarbó por el disco, con todos
los dedos y pulgares mientras trataba de abrir la bandeja del disco.
—¿Por qué molestarse en hacer eso? —dijo una voz en su oído, y se volvió
para ver a Max justo detrás de ella—. Sabes que no tienes nada ahí que valga
la pena salvar.
—Tengo cinco capítulos y medio y notas —dijo Neve, y empezó a arrastrar
los archivos al disco—. ¿No crees que deberías estar haciendo algo útil, como
llamar al 999 o estar tratando de romper y liberar una ventana?
—Bueno, lo haría pero tengo una fiesta de presentación muy importante
a la que asistir —dijo Max despreocupadamente justo mientras que, ¡ERROR EN
DISCO!, brillaba en la pantalla.
—¡Maldita sea!
—¡Desearás estar en el infierno, Neve, si alguno de mis chándales Juicy
Couture se quema! —Ahora, Charlotte estaba parada allí, manos en las
caderas, gritándole—. ¡Esto es todo por tu culpa! Apuesto a que decidiste
hornear un pastel en medio de la noche porque no podías estar una hora sin
rellenar tu bocaza.


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—No lo hice —protestó Neve, arrojando cajones abiertos para encontrar
otro disco—. No fui yo, debe ser un fallo eléctrico.
—Esto es tan Neve, ¿no te parece? —Charlotte se desvaneció en una
nube de humo, para ser remplazada por Chloe y Rose hablando en susurros
insinuantes.
—Ya sabes, ella siempre enciende las tres barras de la calefacción en su
oficina.
—Tienes razón, lo hace. Alguien debería decirle al Sr. Freemont que está
malgastando nuestros fondos en su propia comodidad personal y causando un
riesgo de incendio.
—Pero mi calentador tiene una pegatina en él que dice que ha sido
comprobado como seguro —protestó Neve, ya estaba arraigada a través de
una pila de sobres por un disco en blanco difícil de alcanzar.
—Te dije que necesitabas remplazar las baterías en el detector de humo
cada seis meses. —Genial, ahora que su padre estaba allí para darle un mal
rato… y en sus Paisley Y-fronts también—. Pensé que estabas destinada a ser la
inteligente.
—¡Gente! No están ayudando. O hacen su camino de salida o me
ayudan a encontrar un disco, pero realmente, no puedo tratar las constantes
críticas en este momento.
Hubo un gran estruendo y una de sus estanterías dio una embestida bajo
las llamas y Neve cubrió con sus manos su expresión de horror. ¡Todos sus
agotados Clásicos Modernos Virago se fueron!
—Pobre Neve —dijo una voz mucho más simpática y miró hacia arriba
para ver a William de pie allí, con esa suave y cálida sonrisa que siempre tenía
para ella—. Espero que mi copia de Escritura y Diferencia no esté en aquel
estante, porque nunca podría amar a alguien que trató a los libros de una
forma tan irresponsable.
En especial los libros que estaban en préstamo.
—Pero no es mi culpa. No inicié el fuego. —Estaban ahora sólo Neve y
William, y la biografía estaba todavía atascada en su computadora y las llamas
casi los envolvía, pero eso no era importante—. Oye, William, ¿notaste algo
diferente en mí?
William miró a través del humo.
—Es difícil de decir. ¿Has cambiado tu cabello?
—Bueno, dejé crecer mi flequillo... ¡No! ¿Qué más es diferente en mí?


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—Supongo que has perdido un poco de peso, y no antes de tiempo, pero
todavía estás demasiado gorda para mí, Neve. Nunca podría amar a alguien
que no es una talla diez —le dijo William con tristeza, luego se tornó envuelto en
humo y fuego y desapareció de la vista de Neve.
Dejó que el disco que acababa de encontrar cayera al suelo, y
realmente, ¿cual era el punto de tratar de salvar la biografía o…?
¡Espera! William estaba en California, por lo que no había manera de que
repentinamente acabara de aparecer en su departamento. ¿Cómo podría
haber ido de todos modos? Y en su fondo de pantalla había una imagen de
dos cachorros Schnauzer vistiendo camisetas, no Virginia Woolf.
Por segunda vez, Neve se despertó. Adecuadamente se despertó y esta
vez el piso no estaba en llamas. Pero podía ver porqué su subconsciente podría
haber pensado así, se sentía como si estuviera siendo hervida de adentro hacia
afuera.
Las puntas de su cola de caballo estaban pegadas sin arte a la parte de
atrás de su cuello y su piel estaba empapada en sudor. Neve no creía que
alguna vez hubiera estado así de caliente, ni siquiera cuando el aire
acondicionado estaba roto en el gimnasio y había sido incapaz de agarrar un
ventilador portátil y estaba en el nivel diez de la quema de grasa en el
programa de la máquina elíptica.
En realidad, no era de extrañar que tuviera sobrecalentamiento ya que
estaba compartiendo su cama con Max. Siempre estaba caliente al tacto, se
acurrucaba —y roncando fuertemente— debajo de su peso, durante un
invierno, con el edredón nórdico y la agua caliente añadida a la mezcla, él
estaba emitiendo suficientes rayos termonucleares como para lanzar un arma
de destrucción masiva.
—Oh, Dios, ¡suéltame! —siseó Neve, empujando el brazo de Max fuera de
ella. Ni siquiera se movió, simplemente gruñó y se dio la vuelta, dejando las
mantas hechas un manojo entre ellos. Con un gruñido de enojo, Neve se sentó
así podría sacarse sus calcetines. Luego, se enterró bajo las sábanas para
alcanzar la botella de agua caliente, la que tiró al suelo, junto con la colcha de
encima. Se sentía menos como estar en un edificio en llamas y más como
embalaje de un barco que hace agua.
Neve se dejó caer de nuevo, sin cobijas, y trató de conseguir algo de
calma interior, hasta que sintió que su piel se volvía húmeda con frío. Se puso la
manta alrededor de ella y cerró los ojos, a pesar de que tenía el impulso
irracional de comprobar la habotación sólo para asegurarse de que no estaba
en llamas. Pero eso era estúpido, porque sin duda había apagado el horno


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después de la cena. Al menos, pensó que había apagado el horno. Se quedó
allí durante un largo rato escuchando a Max resoplar como un cerdo
alimentándose de una trufa, pero siempre y cuando ella tuviera el edredón a su
alrededor y la colcha entre ellos, entonces no tendría que sufrir el calor del
cuerpo todopoderoso.
Empezó a quedarse dormida, y estaba en ese suave y pacífico lugar
entre dormida y no dormida-del-todo, cuando un pesado brazo serpenteó bajo
el edredón y una mano ardiente sujetó su pecho.
—¿Qué pasa contigo? —Neve se lanzó usando los codos y los brazos y las
piernas para empujar a Max a su lado de la cama. Fue del mismo modo que
utilizó para el levantamiento de pesas—. ¡Suéltame!
En la penumbra, vio los ojos de Max parpadear abiertos, luego los cerró
de nuevo y volvió a dormir.
Nunca iba a volverse a dormir, Neve sabía que era un hecho. Pero si salía
de la cama, estaba admitiendo la derrota. Estaba admitiendo que no era
capaz de —o estar lista para— dormir con alguien más, y dormir con otra
persona era un requisito previo para una relación. Iba a permanecer ahí, incluso
si eso significaba no dormir durante toda la noche.
Media hora más tarde, Neve estaba recitando en silencio la mayor
cantidad de T.S Eliot, La Tierra Baldía que podía recordar, Max se dio la vuelta,
se curvo a sí mismo en contra de su lado y comenzó a respirar aire caliente en
su cuello.
—¿Max? ¿Puedes moverte? —susurró, y cuando no hubo respuesta, ni
siquiera una pausa en las húmedas exhalaciones golpeando su cuello, Neve lo
apartó con las caderas en un esfuerzo para echarlo.
Esta vez ella obtuvo una reacción inmediata. Max presionó su pelvis
contra su trasero y Neve pudo sentir su polla endureciéndose, lo cual fue una
sensación interesante, pero no era realmente el punto ahora mismo.
—¡Max! —repitió con más sentimiento y volumen—. Eres demasiado
pesado. Por favor, ¿aléjate de mí?
Neve yació allí por algunos momentos sudorosos tratando de pensar en
cosas interesantes sobre ventiscas, tormentas de nieve y cómo realmente su
congelador necesitaba descongelarse, pero no estaba funcionando, no
cuando podía sentir un hilo de sudor correr por su escote. Estaba debatiendo
los pros y los contras de pellizcar a Max muy duro en el brazo, tal vez incluso
usando las uñas, cuando oyó un zumbido.


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Antes de que incluso tuviera la oportunidad de descubrir que era o de
dónde venía, Max estaba rodando fuera de ella con un gruñido enfático. Neve
dio un agradecido suspiro de alivio y estiró sus piernas acalambradas, sólo para
darse cuenta de que el zumbido se estaba volviendo cada vez más fuerte, Max
se sentó y se inclinó para recoger su BlackBerry de sus pantalones vaqueros.
Neve no sabía quién debía estar más molesto, ella con quienquiera que tuviera
la osadía de estar llamando a la gente pasada la medianoche de un domingo,
o Max, que dormía sin importar los empujones y súplicas, pero que se
despertaba en un nanosegundo con el trinar distante de su BlackBerry.
Estaba teniendo una discusión tensa y acalorada con alguien en un tono
monótono, que era totalmente innecesario ya que estaba despierta y
probablemente siguiera así por algún tiempo.
Neve se sentó y encendió la luz de la mesita así Max sería capaz de
obtener el efecto completo de su ceño más feroz. Parece que no se molestó
por ello. Claro, hizo una mueca de disculpa, pero luego volvió a su
conversación en voz baja.
—Está bien, Max —siseó Neve, a pesar de que realmente, pero realmente
no lo estaba—. Estoy levantada. Estoy despierta. Podrías también dejar de
susurrar.
—Realmente lo siento por esto —susurró, su mano sobre el micrófono del
teléfono—. He estado tratando de apoderarme de este publicista por semanas.
Neve decidió que unos extravagantes ojos en blanco eran suficiente
respuesta, pero Max ya se había volteado. Iban a tener unas palabras serias
una vez que Max estuviera fuera del teléfono con la gente de Jennifer Aniston o
quienquiera que fuera.
—Bueno, sí, puedo firmar algo que dice que no le preguntamos acerca
de Brad o Angelina —estaba diciendo Max, y los ojos de Neve se abrieron
como platos cuando se dio cuenta de que no estaba tan lejos de la verdad.
¡Imagínate!
Realmente era una persona de prensa de una famosa estrella de
Hollywood llamando a Max mientras él estaba en su humilde departamento de
Finsbury Park.
—Sí, entiendo que le estoy pidiendo un día de toda su vida, pero sé que
estaría muy contenta con la sesión de fotografía. Armani nos está dando los
vestidos que no se han prestado a nadie más y… no, eso es absolutamente
correcto. Sí, llámame de vuelta en diez minutos.


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No tenía sentido darle a Max un mal rato cuando la persona que estaba
al otro lado del teléfono le estaba dando un momento mucho más difícil.
—No voy a gritarte —dijo Neve, cuando Max terminó la llamada y se
volteó hacia ella con una mirada cautelosa—. Bueno, en mi cabeza estoy
gritándote, pero tengo entendido que no es tu culpa y tú tienes que tomar la
llamada.
—Lo siento —dijo Max rápidamente—. Sé que realmente no estoy aquí
tratando con la paz en el Medio Oriente, pero en cuanto a la persona que
acabo de hablar está preocupado, y asegurarse de que su cliente se
mantenga feliz es mucho más importante que eso. —Puso la cabeza entre las
manos—. Dios, realmente odio a ese publicista.
Neve frotó la espalda de Max y esperó que pensara que se trataban de
detalles de confort y no toques de una chica que iba a saltar sonre sus huesos.
—Estoy segura de que todo se va a resolverse —dijo, aunque no estaba
segura de que lo haría, pero le pareció lo correcto para decir. La suave piel de
la espalda de Max estaba todavía candente.
—Para cambiar el tema por completo, cuando has dormido con otras
chicas, ¿cualquiera de ellas ha mencionado que hay algo seriamente mal con
tu termostato interno? —aventuró, porque ahora era un momento tan bueno
como cualquier otro para abordar este tema.
—¿Qué ellas han qué sobre mi qué? —Max ya no tenía la cabeza entre
las manos, pero estaba mirando a Neve como si le hubiera confesado orinarse
en la cama.
—Estás realmente caliente. Como, la temperatura caliente —aclaró
cuando Max sonrió como si hubiera sido un juicio sobre su atractivo sexual—. Y
cuando te vas a dormir, te pones más y más caliente y te colgaste de mí, y me
siento como si me hubieran hervido viva, como una langosta.
—¿Me estás acusando de ser un abrazador? —preguntó Max, cruzando
los brazos.
—No, no te estoy acusando y esa no era la parte en la que yo quería que
te centrarás —dijo Neve. Alargó la mano para tocar el brazo de Max—.
Podrías… no sé, ¿hay algo que puedas hacer…?
—¿Hacerme un poco menos caliente? En realidad no es algo en lo que
tenga mucho control, pero tú puedes llevar menos ropa en la cama. —Max
asintió hacia la camiseta térmica de manga larga de Neve—. Tal vez usar
mangas cortas y quitarte los calcetines.


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—Ya he perdido los calcetines y la botella de agua caliente y el edredón:
si pierdo algo más, entonces estaré helada —protestó Neve y se encontraron en
un punto muerto.
De todos los problemas que Neve había imaginado que tendrían entre
ellos, la incompatibilidad de temperaturas corporales no había sido uno de
ellos. Así también fue que ella no había comenzado con otro mal hábito
nocturno de Max de sentirla en su sueño.
—Podemos dormir con una almohada entre nosotros.
—Eso va en contra de todo el propósito de dormir juntos.
—Bueno, no estoy haciendo mucho más para dormir cuando estás en la
misma cama que yo. —Neve levantó las manos—. No puedo ver un camino
más allá de esto.
Max se salvó de tener que responder cuando su BlackBerry sonó. Él la miró
sin poder hacer nada.
—Tengo que atender esto.
—Lo sé —dijo Neve, ya saliendo a la mitad de la cama—. No estoy
enojada contigo, realmente no lo estoy, pero me voy a dormir al sofá.


















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Traducido por gaby828
Corregido por Mery St. Clair

esulto que el sueño de Neve fue profético. Al día siguiente, cuando
encendió su computadora había un email de su padre (¿Continúa
la fuga de la ducha?) y un mensaje imperioso de la Junta del
Archivo de Administración, recordándole a Neve que la Junta General de
Accionistas era la semana siguiente y su asistencia obligatoria.
Y porque la mala suerte viene por lo menos de tres en tres, también había
una carta de William en la puerta, la cual usualmente era causa de una jubilosa
celebración, excepto que omitió las agradables palabras por unas muy bruscas
tres frases.
Tengo que ser breve ya que tengo una reunión en media hora. ¿Has
enviado las galletas Carr y bolsitas de té rojo de Label Sainsbury, como te lo
solicite previamente? Estaría muy agradecido si lo hicieras lo antes posible.
No había ni siquiera una mención a la ultima carta de Neve le envió, la
cual le tomó horas escribir, había comparado cuidadosamente su amistad a la
relación entre la literatura teórica de Lou Andreas-Salomé y el poeta Rainer
Maria Rilke, con citas.
Puso a Neve de tan mal humor que le respondió al Sr. Freemont cuando
le regañó por volver del almuerzo tarde, ya que había tenido que hacer fila
para comprar las galletas y bolsitas de té que William quería más que la vida
misma —ciertamente más de lo que la amaba.
Responderle al Sr. Freemont no era un buen movimiento táctico cuando
la Junta estaba tan cerca, no había fondos entrando ni figuras literarias
importantes que tuvieran la decencia de morir recientemente. Neve no tenia
nada que archivar o transcribir, lo cual normalmente sería todo el incentivo que
necesitaba para pasar un par de placenteras horas en la Biblioteca Británica,
pero tenía el horrible presentimiento de que su nombre estaba en la cima de la
lista de los empleados a ser despedidos. ¿Qué otra razón habría para que
Chloe y Rose la evitaran? Incluso Philip se había unido a la conspiración, y cada
vez que Neve se encontraba con ellos, cuchicheaban en la cocina o en la
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oficina de Rose, comenzaban inmediatamente a hablar innecesariamente alto
acerca de a quién le tocaba hacer el té o el hedor impío que Nuestra Señora
de la Santísima Hankie dejó en los aseos de las damas.
Neve aprovechó el tiempo de inactividad para trabajar en su biografía
de Lucy Keener, por lo menos parecía trabajar cuando el Sr. Freemont hizo su
recorrido usual por las oficinas, pero en el interior, ella era en tormento.
Su madre no ayudo en absoluto con los problemas relacionados con el
trabajo de Neve.
—No sé porque sigues trabajando en esa biblioteca, te pagan una
miseria —criticó cuando Neve intento hablar con ella sobre eso—. ¿Has
pensado en algo más que el Servicio Civil? ¿Debo buscarlo en Google por ti?
Incluso una inesperada llamada telefónica de William para darle las
gracias por la rapidez de entrega de bolsitas de té y bizcochos no levantaron el
ánimo de Neve. Por lo general, podía hablar con William acerca de los
problemas de trabajo y ni una sola vez la llamaba bibliotecaria, pero está vez se
encontraba menos simpático.
—Estás siendo desperdiciada allí —dijo sin rodeos, después que Neve
pasó veinte minutos detallando su última teoría de conspiración, que Chloe y
Rose organizaban un golpe de Estado, acabaría con el Sr. Freemont, instalarían
a Chloe como Archivista Jefe, sacarían a Neve por bajar a la Biblioteca
Británica y dividirían su salario entre las dos—. Era un buen trabajo de medio
tiempo mientras estudiabas para tu maestría, pero no es una carrera.
—Pero me gusta trabajar ahí —protesto Neve—. O me gustaba, antes de
se victima de la ambición de Chloe.
—Está es una señal de que debes hacer un doctorado. Luego puedes
comenzar a enseñar en tu segundo año, y una vez que hayas terminado tu
tesis, serás una candidata fuerte para ser profesora en una universidad de
renombre. Los dos sabemos que lo harás tarde o temprano, Neve, así que ¿por
qué no hacerlo antes?
Neve no sabia nada. No estaba hecha para enseñar y, prefería que le
cortaran los brazos, piernas y orejan antes de ser maestra, no podía pensar en
nada que la hiciera sentirse menos inútil que pasar cinco años escribiendo una
tesis sobre... Dios, ni siquiera quería pensar sobre escribir una tesis de nada.
—Por favor, William, no me presiones —declaró Neve—. ¿Crees qué yo
debería enviar mi currículo a la Casa del Senado y a la Biblioteca Británica?
Pero la cosa es, sé que Rose es muy estricta con el Staff de Administración de
ambos lugares.


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—No te puedes rendir tan fácilmente —Insistió William, con un toque de
exasperación que Neve nunca había escuchado en él antes, a pesar de que se
exasperaba por como ella sonaba quejumbrosa—. Una cosa es conseguir por
tu cuenta un doctorado, pero no puedes dejarlo sin una pelea. No te rindas. No
es una cualidad atractiva.
En un giro inesperado de ironía, Max le había dicho casi las mismas
palabras cuando despertó el lunes después del domingo, la noche anterior.
Cuando le dijo que no repetirían su desastroso intento de dormir juntos, él le
dijo—: A nadie le gusta alguien que se rinde, Neve. No es como si yo hubiera
dormido mucho tampoco, contigo dando vueltas y suspirando cada cinco
minutos, pero estoy dispuesto a aguantarlo.
Neve pudo sólo jadear silenciosamente ante la injusticia de todo y se
irritaba por ello una semana mas tarde, cuando lo intento de nuevo. Al menos
esta vez, no habían llamadas de publicistas de LA y abandonó la idea de
colcha y la botella de agua caliente, y usó una camiseta de manga corta. Sin
éxito. A los diez minutos de apagar la luz, Max estaba profundamente dormido,
roncando y haciendo una muy buena imitación de un pulpo sexy, un pulpo
muy amoroso, que continuaba empujándola contra su erección.
A diferencia de Neve, Max se despertó de un estado de ánimo alegre e
incluso se quedo para el desayuno, aunque el lunes pasado se fue diez minutos
luego de despertar. De todas maneras, el buen humor de Max no duro mucho.
Su labio superior se curvo, hasta que tuvo la misma forma que la banaba que
Neve le dio, junto con un bol de muesli sin azúcar y leche de soja.
—¿Este es el desayuno? —pregunto incrédulo—. ¿Puedo preparar
tostadas?
—Bueno, este es tu desayuno —Lo corrigió Neve—. Siempre trabajo con el
estómago vacío los lunes en la mañana y no tengo pan en la casa. Lo siento.
Neve no sabía que fuera posible comer muesli con resentimiento, pero
Max lo consiguió. No quería empezar la nueva semana con una nota tan
amarga, a pesar de que el pensamiento de la reunión del Consejo de
Administración de la tarde del miércoles le formó un nudo en el estómago. La
cual era otra buena razón para no desayunar; no estaba segura de ser capaz
de mantener nada.
—En realidad, este muesli no esta tan mal —Anunció Max
repentinamente—. Siempre y cuando me asegure de que hay al menos dos
pasas en cada cucharada. Y puedo tomar café, ¿no? No me privarías de café.
Tres tazas de expreso después, Max regresó su usual estado alegre y listo
para irse. Neve camino con él y Keith hasta el pasillo, su mente ya estaba en su


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entrenamiento y lo que les diría a Rose y Chloe, e incluso Phillip, si es que
encontraba algunas reservas de coraje y los confrontaba sobre su campaña de
susurros. Era claramente evidente que los tres planeaban lanzarla bajo un
autobús para mantener sus propios trabajos. Después de todo, había pasado
un tiempo desde que Rose la encontró enviando una carta personal en la
correspondencia y...
—...y quizás durante la semana no es una buena idea, pero deberíamos
tener otra oportunidad el siguiente domingo.
Neve notó que Max le hablaba sobre algo importante, juzgando por su
expresión seria. Incluso Keith la observaba solemnemente.
—¿Una oportunidad de qué?
—¡Dormir juntos! —Max empujo su brazo—. Si no podemos dormir juntos sin
que te vayas a la mitad de la noche, entonces esta relación esta condenada al
fracaso.
—Es una relación panqueque. —le recordó Neve.
—¡Lo que sea! ¿Sabes que es para mí un logro compartir la cama con
una mujer con la cual no he tenido relaciones sexuales? ¿Y levantarme a las seis
y media sin una palabra de queja? —Le dio un codazo a Neve en el brazo y le
lanzó esa sonrisa pícara que derretir a todas—. Creo que he crecido como
persona.
—Sólo sería un logro si yo fuera tu novia de verdad y que tú en realidad
quisieras tener sexo conmigo, pero te las arreglaste para contener tus deseos —
dijo Neve—. Pero no lo soy y no lo hiciste.
—¡Cristo! ¡No se puede tener las dos cosas, Neve! Tu eres la que te estás
guardando para ese tipo, William, y yo soy a quien le permites algunos besos y
andar a tientas antes de tener que parar. —Max le frunció el ceño—. Y
comienzas a sonar como una novia de verdad. Tienes la parte molesta a la
perfección.
—No he dormido —gruñó Neve, y notó que nunca le había gruñido a
nadie antes—. ¿Tienes una idea de cuán difícil es ir a entrenar dos horas sin
dormir?
—No lo sé, ni me importa.
Ambos dejaron de caminar, mucho mejor que quedarse quietos y mirarse
el uno al otro. Neve no sabía cuanto tiempo permaneció allí, pero al final dio un
pequeño suspiro, derrotada. —No tengo tiempo para esto. Gustav se pondrá
furioso si llego tarde.


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Ella esperaba que Max espetara algo. —¡Como sea! —En vez de eso, él
tomo su barbilla en una mano—. ¿Estás bien? —Quiso saber—. ¿Hay algo
molestándote, aparte de nuestro fracaso durmiendo juntos?
Neve no le había dicho a Max sobre la Junta General, ni de sus miedos de
ser despedida por mala conducta. Él nunca le preguntaba sobre el trabajo y ya
había dado constancia de que el Archivo era donde sólo usaban anticuados
trajes a cuadros, y que estaba muy lejos de su mundo de fiestas y celebridades
mala copas. Y ciertamente no podía decirle que ella y William tuvieron su
primera discusión.
—No es nada. Solo cosas aburridas del trabajo. Te lo diría, pero te dejaría
en estado catatónico —murmuró ella, volviendo la cabeza para que Max
tuviera que dejar caer la mano de inmediato—. Me tengo que ir. Te llamo en la
semana.
Luego se alejó, porque Gustav realmente estaría furioso con ella si no se
echaba a correr.
Cuando estaba apunto de cruzar la calle, un impulso hizo que Neve se
girara, aunque sólo fuera para ver a Max y Keith caminar en la dirección
opuesta. Pero Max todavía se encontraba donde ella lo dejo, y cuando atrapo
la mirada de Neve, en vez de levantar su mano y saludarla como una persona
normal, Max se quedo allí, mirándola de manera que Neve no tuvo otra opción
que comenzar a caminar de nuevo, sus mejillas rojo fuego, como si hubiera sido
pillada haciendo algo completamente horrible.
Era la clase de situación que a Neve le gustaría hablar con Chloe y
pedirle su consejo, lo cual ya no era una opción.
Cuando llego a casa del trabajo esa tarde, encontró una nota de
Charlotte metido debajo de su puerta.
Cuando vas a hacr algo cn tu bicicleta. Quítala de mi camino. No te lo
diré otra vz!!!!!!!!!!!!!!
Por un breve momento, una leve sonrisa apareció en el rostro de Neve y
por un momento aun más breve, contempló llamar a la puerta de Charlotte
para pedirle consejos de relaciones, aunque sólo fuera para qué la cabeza de
Charlotte pudiera explotar.
De todas maneras, incluso si Charlotte no fuera Charlotte, con pura
maldad corriendo a través de sus venas en vez de sangre, era difícilmente una
experta en relaciones. Últimamente, ella y Douglas tienen la misma pelea una y
otra y otra vez.
—¡Cierra la jodida boca!


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—¡No, tu cierra la jodida boca!
Siempre estaba Celia, pero si Neve daba a entender que no todo iba
bien en el paraíso de los panqueques, Celia saldría con cincuenta diferentes
variaciones de “te lo dije” y estaría increíblemente petulante al respecto. Así
que cuando Neve fue con Celia y Yuri la noche antes de la Junta General para
empacar la maleta de Celia porque ella volaría a Berlín por un caso de moda
de Skirt, decidió quedarse callada.
No fue difícil. Celia estaba más interesada en cuantas opciones de
vestuario necesitaba para cinco días, y mientras Neve diligentemente plegaba
ropa y se aseguraba de que todas las botellas y frascos de cosméticos
estuvieran bien cerradas, Celia revisaba en su iPhone el clima en Berlín,
entonces tuvo que llamar a Grace para averiguar cuantos vestuarios tenia que
empacar, y todo lo que le quedaba hacer a Neve era hacer bola las medias
de Celia y ponerlas en sus zapatos, cuando finalmente Celia se digno a hablar
con ella.
—Así que, bueno, ¿quería preguntarte si estás planeando dejar a Max en
el próximo par de días? —pregunto esperanzada.
La cabeza de Neve se disparo de su contemplación silenciosa a la
maleta de Celia. —¿Por qué? ¿Ha dicho algo?
Celia no noto la tensión de Neve, mientras ella estaba de pie en el espejo
con pantalones estrechos y una blusa ajustada, con una sandalia de
plataforma en un pie y una bota en la otra. —¿Me atrevo a arriesgarme y usar
una zapatillas abiertas —reflexionó, antes de volverse hacia Neve—. Es que su
cumpleaños es este fin de semana y Grace dice que si ustedes siguen saliendo
de mentira, deberías colaborar con más dinero para el regalo del
Departamento de Moda. ¿Seguirás saliendo con él?
En cuanto a lo que Neve sabía, aún salían, pero Max ni siquiera le había
dicho que era su cumpleaños, quizás él no se imaginaba que seguirían saliendo
de mentiras por mucho tiempo. —Supongo —dijo, sin mucho entusiasmo.
—De acuerdo. ¿Puedes prestarme cincuenta libras, entonces?
Neve arrojo un par de calcetines en bola a Celia, que erraron del blanco
por unos buenos pocos metros. —¡No, no puedo! Son tres días antes de que me
paguen y estoy en banca rota —y ahora tenia que comprarle un regalo de
cumpleaños a Max, también.
—Pero son tres días antes que me paguen a mi también, y gano menos
dinero que tu. —señaló Celia.


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Era difícil de creer cuando Neve apenas ganaba catorce mil al año
menos impuestos, antes que Celia encontrara realmente un trabajo que
pagara menos. —Pero no tienes que pagar renta, ni hipoteca.
—Bueno, tu tampoco —olisqueó Celia—. Vamos, no seas tacaña.
—No estoy siendo tacaña —dijo Neve, indignada—. Tendrías un montón
de dinero si no lo desperdiciarás en botas y jeans que te quedan cortos.
—Se llaman pantalones cortos, abuela.
—Bueno, yo estoy pagando dos préstamos estudiantiles y cuotas al
gimnasio y honorarios a Gustav… ¿y tienes una idea de cuanto cuesta una
semana de frutas y vegetales orgánicos? —Inquirió Neve—. No te voy a prestar
más dinero. Nunca, nunca me pagas.
Era un punto justo, porque según los cálculos de Neve, Celia le debía más
de mil libras, pero era algo que ninguna de las dos mencionaba. Aparte de
ahora, porque Neve se encontraba mal humor y Celia era la única persona con
la cual se atrevía a sacarlo.
—Que insolente —Celia pateo su bota y se quedo con una pierna en su
tacón de plataforma, pero se las arreglo para emitir grandes cantidades de
disgusto—. Si no me vas a prestar dinero, entonces sería de gran ayuda que
botarás a Max, así solo tendré que poner veinte libras.
Neve no lo había considerado, pero dejar a Max podría ser una solución
a muchos de sus problemas que actualmente la hundían.
—Bueno, lo pensaré —dijo y ni siquiera trato de ser graciosa, pero Celia
sonrió y fingió consultar el calendario en su teléfono.
—¡Yuju, Neevy! Dijiste que saldrías con él por dos meses y todavía tienes cuatro
semanas por delante —Le dio a su hermana una mirada severa—. Sabes lo que
dicen de las personas que abandonan, ¿no?











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Traducido por Munieca
Corregido por Mery St. Clair

ose había ordenado sándwiches de Pret A Manger para la Junta
General Anual. Estaban colocados en bandejas en la sala de
lectura (el Archivo fue cerrado a los visitantes en honor a tan
auspiciosa ocasión), junto con una bandeja de fruta de aspecto arrugado.
Neve se detuvo en la puerta y miró los sándwiches con consternación —
Rose sabía que sólo podía comerlos por los carbohidratos. Lo sabía, y era
evidente que no le importaba, porque ya pensaba en Neve como una ex-
colega.
—No te quedes ahí parada, Neevy —gruñó Chloe detrás de ella—.
¡Muévete!
Los cinco Directivos siempre se sentaban en el lado de la ventana de la
larga mesa que se extendía a lo largo de la habitación, y el personal del
archivo se abarrotaba a lo largo del otro extremo. Pero no era tan simple como
eso, porque nadie quería quedar atrapado junto al Sr. Freemont. No sólo por su
mal humor, sino porque tenía serios problemas de olor, lo cual no era de
extrañar cuando ha usado el mismo par de pantalones grises, camisa gris y
chaqueta de punto marrón todos los días durante los tres años que Neve había
trabajado en el Archivo. Podría ser un día lluvioso, brillante, haber una ola de
calor, e incluso nevar, pero el Sr. Freemont nunca dejaba de trabajar y
tampoco se quitaba el traje a juzgar por el hedor que emanaba.
Así que elegir un asiento en la Junta General Anual, o en cualquier
reunión que el Sr. Freemont asistía, era como un juego de sillas musicales. El resto
del personal se empujaba, de lado y, en el caso de Chloe, se esforzaba por
asegurarse una silla lo más lejos posible del Sr. Freemont. En este momento,
balanceaba su peso de un pie a otro por el área de recepción, esperaba que
el Sr. Freemont entrara en la habitación y tomará su asiento.
A las cinco con un minuto exactamente, él irrumpió en el cuarto,
deteniéndose con cada persona, momento lleno de suspenso, y luego caminó
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intencionalmente a una silla a mitad de la mesa exactamente —pero no se
sentó.
—No se queden ahí parados —Exigió en tono quejumbroso a su
personal—. ¡Siéntense!
Nadie se movió, además de Neve, quien dio un tímido paso hacia
adelante.
—No lo hagas, Neve —susurró Phillip en su oído, pero no le hizo caso
porque estaba enojada con él, y avanzó poco a poco por delante del personal
hasta galopar hacia el otro extremo de la mesa cuando el Sr. Freemont se sentó
exactamente al mismo nivel con la bandeja de bocadillos, que fueron
colocados a la izquierda del centro, tal como lo hacía cada año.
Neve se permitió una leve sonrisa de triunfo cuando Rose fue empujada
casi volando por uno de las estudiantes de doctorado y perdió segundos
preciosos, así que ella no tuvo más remedio que sentarse al lado del Sr.
Freemont, con la cara hacia otro lado y rezumando odio absoluto por todos sus
poros.
Después de quince minutos de charla inconexa y comiendo bocadillos
que resultaron deliciosos porque el Sr. Freemont no los había tocado con sus
dedos malolientes (era una certeza absoluta e inequívoca de que no se lavaba
las manos después de hacer pis), los cinco Directivos desfilaron.
Allí estaba el viejo que se quedaba dormido en los primeros cinco
minutos. Detrás de él se encontraba profesor de Historia Medieval de la
Universidad College London, quien siempre quería saber por qué no se archivó
cualquier material escrito antes de la década de 1700. A Neve no le gustaba la
mujer despeinada del Consejo de las Artes, pero tampoco le gustaba Jacob
Morrison, súper-agente literario, con sus trajes caros, aire de superioridad y la
forma en que siempre miraba a través de ella. Cerrando el desfile estaba la
presidenta de la Junta, Harriet Fitzwilliam-White, cuyo padre había fundado el
Archivo y, en general, considerado por el personal como mentalmente no
competente, lo suficiente como para proteger su legado. El año pasado, Neve
pensó que ella y Rose podrían llegar a los golpes sobre el espinoso tema de la
actualización de Windows98.
Era imposible que Neve se hundiera en su silla de respaldo duro como
todos los demás cuando la reunión comenzó. Ella se sentía demasiado ansiosa
como para desplomarse y fue repasando mentalmente el apasionado discurso
que daría en defensa de su ética de trabajo cuando llegará el momento. El
momento se tardaba mucho en surgir. En su lugar, pasaron una hora de plática


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sobre la última Junta General Anual, antes de pasar a los demás puntos de la
agenda.
Fue igual como siempre lo fue. La única buena noticia fue que habían
asegurado una financiación de un par de pequeños legados y una subvención
de un montón de libros-de amor-hacen-el bien pero a ella no le pareció como
mucha financiación. Ciertamente, no lo suficiente como para mantener cuatro
miembros de tiempo completo, una variedad de tiempo parcial y mantenerlos
con notas Post-it y bolsitas de té. No es que nadie pareciera especialmente
preocupado, aunque era difícil de decir. Cuando Neve escaneó los rostros
reunidos se encontró con miradas perdidas.
El Sr. Freemont fue el único empleado del Archivo que realmente habló, y
explicó pedantemente sus criterios de selección de las últimas adquisiciones, y
planteó la posibilidad de contar con un procedimiento de selección más
estricto para permitir el acceso al Archivo. Se había sentido con mucha
seguridad desde que él atrapó a Nuestra Señora de la Santísima del Pañuelo
haciendo estallar una menta en su boca mientras estaba en la sala de lectura.
—... A pesar de que me gustaría llamar su atención sobre la poca
atención que pone en Recepción, el reglamento establece claramente que
toda comida y bebida está estrictamente prohibido.
Neve comenzaba a sentirse menos ansiosa y más como si en realidad
pudiera morir de aburrimiento. Ella ahogó un bostezo y llamó la atención de
Mary Vickers del Consejo de las Artes, que le sonreía.
—Bueno, eso ciertamente nos ha dado a todos, algo en que pensar,
George —dijo Jacob Morrison de pronto, interrumpiendo al Sr. Freemont a mitad
de la oración—. ¿Vamos a pasar a Cualquier Otro Asunto ahora?
—Yo no he terminado —El señor Freemont les recordó—. También quería
hablar sobre el paragüero en…
—Por favor, George, me gustaría salir de aquí algún momento antes de la
medianoche —dijo Mary Vickers, con una ligera sonrisa compungida, como si
estuviera fascinada por la conversación, pero tuviera otro compromiso muy
importante.
El Sr. Freemont se acomodó en su silla con un agraviado resoplido y Neve
se aferró al borde de la mesa porque Cualquier Otro Asunto podía significar
cualquier cosa. Tal vez, Rose también había descubierto que a veces enviaba
faxes a su madre en España, cuando no había nadie más alrededor, y eso era
probablemente un motivo de despido inmediato.


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—Así que, ¿Cualquier Otro Asunto? —Harriet Fitzwilliam-White miró
alrededor de la mesa sin mucho entusiasmo.
—Sí. A Rose y a mi nos gustaría hablar de algo —dijo Chloe, en realidad
atreviéndose a ponerse de pie—. Tenemos una propuesta para tomar el
Archivo en el siglo XXI y atraer nuevas fuentes de ingresos, también.
—Pensé que habíamos hablado de esto, Chloe —le espetó el Sr.
Freemont, rociando migas de pan encima de la mesa porque comía el último
sándwich de langostino—. Y dejé mis pensamientos perfectamente en claro.
—Sí, es cierto —dijo Chloe uniforme, mirando directamente a Jacob
Morrison mientras hablaba, y Neve se dio cuenta de que Chloe llevaba un lápiz
de labios mucho más oscuro de lo que normalmente usaba, y un inteligente
vestido gris y un chaqueta con pinzas que la hacían lucir mucho mejor que con
sus usuales pantalones y jersey.
—Pero quizás fui yo quien no fue muy clara, ya que no pareció entender
el concepto de incorporar en nuestras fuentes ingresos propios, demostrar que
no somos dependiente de las donaciones.
—Eso es ciertamente algo que me gustaría oír —dijo Jacob Morrison,
descansando de nuevo en su silla—. ¿Quién no ama una nueva fuente de
ingresos?
—No tomará mucho tiempo —dijo Rose secamente—. Hice una
presentación en PowerPoint.
Hubo un leve murmullo elevándose. Neve aún no estaba completamente
emocionada, ya que tenía la horrible sensación de que una manera de
conseguir una nueva fuente de ingresos era deshacerse de ella con su salario
anual de catorce mil trescientos y cuarenta y siete libras (antes de impuestos)
para asegurar parte de la recopilación literaria caliente. Ella tampoco sabía
que el Archivo poseía un equipo que era capaz de producir una presentación
en PowerPoint sin que se apagara.
Todos los demás parecían mucho más entusiasmados cuando Chloe
empezó a hablar y Rose pulsó botones en un viejo ordenador portátil. Su plan
era empezar la digitalización del Archivo y la introducción de las cuotas de
abono, así como unirse con otros archivos literarios y bibliotecas académicas
para crear una base de datos de los escritos de personalidades ya muertas.
Al parecer, había todo tipo de organizaciones haciendo cola para
financiar un proyecto tan innovador. En realidad, esto parecía capaz de
realizarse, a pesar de que Neve podía ver una gran cantidad de trabajo extra
en su futuro, si es que lograba mantener su trabajo.


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Tal vez querrían contratar a un chico genio de las computadoras, pensó,
mientras miraba la mesa y vio como la cabeza del Sr. Freemont se hundía más
y más en la derrota, lo cual hacía que los tres grasientos mechones de pelo que
se peinaba por encima de su cabeza calva fueran aún más prominente.
No podía dejar de sentir lástima por él, y no por primera vez tampoco. Sí,
olía fatal y era cascarrabias, gruñón y también misógino, ya qué siempre intenta
rechazar cualquier nueva adquisición de mujeres escritoras, pero Neve sabía lo
que era no encajar. Dudaba de que el Sr. Freemont hubiera encajado nunca
en cualquier lugar de su vida, por lo que no era de extrañar que hubiera dado
la espalda a la higiene personal y buenas habilidades sociales.
Chloe y Rose habían terminado su presentación y compartieron una
pequeña sonrisa satisfecha ante todo el mundo, excepto a Neve y el Sr.
Freemont, les lanzaron preguntas, lo cual era absolutamente desconocido en
una Junta General Anual. Por lo general, sólo hablas cuando es necesario y
pasas el resto del tiempo evitando el contacto visual.
Jacob Morrison sacó su BlackBerry y anotó una reunión con Chloe, Rose y
Harriet Fitzwilliam-White para discutir el asunto. Chloe estaba radiante, Rose
tranquila por su victoria y el Sr. Freemont abría la boca, sólo para cerrarla de
nuevo, cuando se dio cuenta de que la digitalización del Archivo iba a ocurrir le
gustara o no. Neve vio a Phillip darle un subrepticio pulgar hacia arriba, y la luz
se hizo finalmente: el Sr. Freemont fue el arrojado frente al autobús, no ella.
Neve se removió en su silla, dispuesta a que la reunión terminara ahora,
para que pudiera regresar a la seguridad de la oficina en el sótano y evitar al Sr.
Freemont, preferiblemente por el resto del año, porque estaría de un estado de
ánimo asqueroso después de esto. —Hay otra cosa que queríamos discutir —
anunció Rose, una vez que el bullicio se calmó—. Se trata de Neve.
Todos se volvieron a mirarla, incluido el viejo Sr. Granville, quien no había
podido dormir con toda la emoción.
Neve sentía un rubor ardiente en las mejillas, era extraño que el resto de
ellos se hubieran vuelto fríos como el hielo. —Mira, si se trata de esa carta —se
tropezó—, la cosa es que... había una fila en la oficina de correos y…
—Se trata de Neve —repitió Rose, mirando a Neve en silencio—, y una
mujer llamada Lucy Keener, que murió un par de años atrás. Nunca tuvo nada
publicado...
—En realidad, ella tenía dos poemas el Tiempo y Marea —Interrumpió
Neve, y luego guardó silencio cuando Alicia, uno de los trabajadores a tiempo
parcial se sentó a su lado y le dio un pellizco de advertencia en el muslo.


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—Lo cuál es probablemente porqué el Sr. Freemont no sentía que había
ella tuviera un lugar para su patrimonio literario en el Archivo —Rose siguió sin
problemas, como si Neve no hubiera hablado—. Si bien, esto es perfectamente
comprensible, pensamos que la decisión debe ser revisada.
—Es algo que todos sentimos muy fuertemente, gracias a Neve, quien ha
defendido incansablemente a Lucy Keener —dijo Philip, tan pronto como Rose
llegó al final de su oración, y Neve se preguntó si realmente habían ensayado
esto, porque, cuando Chloe empezó a hablar de lo mucho que todos habían
querido leer Bailando en el Borde del Mundo, le dio la impresión de que era
algo muy pulido.
Ella se sentó allí en un silencio congelado y, uno por uno, los otros
miembros del personal intervinieron por el amor de Lucy. No sabía si estar
enojada con ellos porque planearon defenderla a sus espaldas o levantarse
para poder abrazar a todos y cada uno de ellos. Ella nunca habría tenido el
coraje de abogar por el caso de Lucy ante la Administración.
—Y Neve incluso ha comenzado a escribir una biografía de Lucy Keener
—terminó Phillip con orgullo—. ¿La tienes, Neevy?
—Bueno, yo no lo llamaría una biografía —murmuró, la cabeza inclinada
para poder mirar el rastro de migas de pan del Sr. Freemont—. Empezó como
una cronología de la vida de Lucy, mientras trataba de compaginar su
correspondencia con sus diarios y en cierta forma, bueno... eso fue lo que
ocurrió. —Ella frunció el ceño y llegó aun punto muerto y agonizante.
Hubo un silencio, alguien tosió y Neve levantó la vista para ver a Mary
Vickers dándole una sonrisa alentadora e incluso tenía toda la atención de
Jacob Morrison, que no eran necesariamente una cosa buena.
—Así que, Neve, nos puedes contar un poco acerca de los misteriosos e
inéditos de Keener Lucy? —preguntó.
Ella balbuceó unos cuantos primeros hechos cronológicos acerca de
Lucy, luego se detuvo. Esto no era difícil, no le pedían encontrar la raíz
cuadrada de algo, y ella se lo debía a sí misma y Dios, se lo debía a Lucy
Keener por sobre todo, no arruinaría esto. Y después Neve pensó que el resto
fue fácil.
Neve no sabía cuánto tiempo habló, aunque en un momento, en que los
trabajadores se fueron y Rose se levantó para encender las luces, pero
eventualmente cuando pudo oír que su voz fue volviéndose ronca, intento
contenerlo.


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—... y ella se avergonzaba de Charles por traicionar a su país y trabajar
para la KGB, pero también se sentía en parte responsable porque ella le había
introducido al Socialismo. Cuando él dejó a su esposa y su familia y huyó a
Rusia, ella se fue con él... era la única manera de que alguna vez pudieran estar
juntos. Pero estaba horrorizada por lo que vio allí y regresó a Inglaterra dos años
más tarde para encontrarse a sí misma por completo condenada al ostracismo,
no sólo por desertar, sino porque se había fugado con un hombre casado, un
miembro del Establishment que se había convertido en traidor, y lo destruyó. No
escribió nada durante treinta años, luego empezó de nuevo. Sus últimos
poemas y cuentos, son sólo... bueno, son una especie de rompe corazones.
Hubo otro silencio, cuando Neve se detuvo y tragó fuerte porque no
había pensado que se pondría tan emocional con un nudo en la garganta
hablando de Lucy. Sonrió débilmente y esperó a que alguien dijera algo.
—Esta Lucy Keener, ciertamente parece haber tenido un gran efecto
sobre ti —Le dijo Harriet Fitzwilliam-White a Neve. Era la primera vez que le dirigía
la palabra a Neve—. Puedo recordar cuando Charles Holden desertó; los
documentos dejaron entrever que podría haber una mujer involucrada, pero
nunca la nombró.
—Bueno, la familia de Laura Holden, la esposa de Charles, estuvieron muy
bien conectados y trataron de mantener los detalles lo más lejos posible de la
prensa —explicó el Neve—. Ya era bastante malo que Charles fuera un traidor,
sin ser un adúltero también.
—Probablemente, debería leer esta novela entonces —dijo Jacob
Morrison, aunque no sonó excesivamente interesado ante la posibilidad.
—No puede —El Sr. Freemont había permanecido en silencio todo este
tiempo, aunque periódicamente su lengua se deslizaba fuera de su boca para
que pudiera mojarse los labios agrietados—. Neve está bajo estrictas
instrucciones de enviar todo lo referente a Lucy Keener al abogado que
administra sus bienes.
—George, creo que es bastante obvio que todo lo referente a Lucy
Keener no fue enviado a ninguna parte —dijo Mary Vickers suavemente. Ella
parecía muy divertida por todo—. Es muy emocionante. Tal vez la Sra. Slater ha
descubierto una nueva estrella literaria.
—Así que, Neve, ¿tienes una copia de esta novela? —le preguntó Jacob
Morrison, y por la vida de ella, Neve no sabía si tener todos los papeles de Lucy
era algo bueno o una posibilidad de ser despedida. Lanzó una mirada
suplicante a Chloe.


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—Lo tienen almacenado fuera del sitio —dijo Chloe, sonó mucho mejor
que admitir que se encontraba en una caja en la habitación de invitados de
Neve—. También querrá ver los primeros capítulos de la biografía que Neevy ha
escrito. Absolutamente atrapante.
—En su lugar, ¿por qué simplemente no me da una sinopsis? No más de
dos páginas —sugirió Jacob, alcanzando el bolsillo interior de su chaqueta para
extraer una tarjeta de visita—. Puedes enviar una copia del manuscrito a está
dirección, ¿verdad?
Neve se estiró para tomar la tarjeta y le dio las gracias y sonrió y asintió,
pero sabía que Jacob sólo le había pedido que escribiera una sinopsis sólo por
ser cortés, en gran parte de la misma manera que probablemente sólo leyó la
primera página de Bailando en el Borde del Mundo y decidió que no tenía
mérito literario. Él era un super-agente con un par de ganadores del Premio Man
Booker en su lista de clientes y por lo menos tres novelistas de sexo-y-compras
que siempre estaban en las listas de los más vendidos. No quería —conseguir—
la novela y Neve casi no quería enviarle el manuscrito, porque se sentía muy
protectora de Lucy —Esa tenía que ser la razón por la cual el universo (o un
abogado de Lucy) le había confiado su patrimonio literario a Neve.
La reunión termino finalmente. Neve era dolorosamente consciente de los
ojos entrecerrados el Sr. Freemont descansando por primera vez en ella, y luego
en Chloe y Harriet Fitzwilliam-White les dio las gracias a todos por asistir, como si
hubieran tenido alguna otra opción. Luego, los Consejeros fueron
levantándose, Jacob Morrison le deslizó a Chloe otra de sus tarjetas, mientras
caminaba junto a ella.
Chloe, Rose, el Sr. Freemont y Neve y se sentaron allí, escuchando el
sonido de cinco pares de pies marchando sobre el suelo en el vestíbulo. El Sr.
Freemont esperó hasta que oyó cerrarse la puerta detrás de ellos, luego se
volvió hacia Neve, su mentón débil oscilando con furia. —Bueno, yo nunca
hubiera esperado eso de usted, Srta. Slater —siseó, Neve se encogió en su silla.
Hbía sabido que tendría que soportar el peso de la ira el Sr. Freemont. Él no se
atrevería a empezar con Rose o Chloe, porque ni siquiera pretendían respetar
su autoridad. —Yo expresamente le ordené devolver esos papeles. Lo que has
hecho... bueno, es un robo.
—Oh, no, no lo es, George —replicó Rose, y Chloe aprovechó la
distracción para escapar de la habitación—. No es para nada como robo. Es
una lástima que no dediques menos tiempo escribiéndome memos acerca de
mi uso excesivo de la notas Post-it y pases más tiempo pensando en maneras
de generar nuevos negocios.


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—No estamos aquí para generar nuevos negocios, estamos para proteger
el patrimonio literario —le espetó el Sr. Freemont de regreso. Una vez que
comenzaron este tema en particular, estarían hablándolo durante horas, por lo
que Neve se sintió perfectamente justificada por saltar y correr hacia la puerta
con un murmurado—: Lo siento —Que echó por encima del hombro.
—¡Quiero hablar contigo! —gritó con furia a Chloe, quien corría por las
escaleras que conducían al sótano—. ¡Detente ahí mismo!
Chloe no se detuvo, sino que esperó a Neve en la parte inferior de los
escalones, las manos en las caderas y una expresión inocente en su cara. —
Todo está bien Neevy —dijo ella con recato—. No hay necesidad de darme las
gracias.
—¿Debo darte las gracias por tomarme completamente por sorpresa? —
Protestó Neve—. Una advertencia habría sido agradable.
—Bueno, mira, yo no pensé en ello, pero Rose y Phillip dijeron que tú
fingirías que estarías de acuerdo con esto, luego tendrías un ataque de pánico
cinco minutos antes de entrar en la reunión y te acobardarías —reveló Chloe.
—Yo no haría eso —dijo Neve, frunciendo el ceño mientras pensaba en
ello—. Excepto que, lo haría totalmente.
—No contarte fue un acto de bondad —Chloe entrelazó su brazo con el
de Neve—. Y todo salió bien al final, ¿no?
—No creo que a Jacob Morrison le vaya a gustar la escritura de Lucy.
Casi no hay sexo en la novela.
—Aparte de eso, hay un poco en el callejón durante el apagón —Le
recordó Chloe al entrar en la cocina, ya que no hacía falta decir que ambas
necesitaban una taza de té restaurativo—. Eso fue seriamente caliente, sin ni
siquiera mencionar partes específicas del cuerpo. De todos modos, él es sólo un
agente...
—¡Un super-agente!
—Sí, pero si él no lo consigue, entonces alguien más lo hará. —Chloe llenó
la pava—. Y ese alguien más va a querer representarte también, como biógrafo
oficial de Lucy Keener.
—Yo no soy un oficial de nada. Honestamente, yo sólo empecé a escribir
sólo para ver si podía. —Neve negó con la cabeza—. Yo solo... no se trata de
mí, Lucy merece ser publicado.


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—Entonces, ¿qué me perdí? —preguntó Phillip desde la puerta, porque se
había largado de la reunión con el resto del personal una hora antes de que se
hubiera terminado.
Como Neve se hacía cargo de preparar del té, Chloe comenzó a
informarle sobre los detalles de como que Rose se enfrentó con las mejillas
rosadas e irritada con el Sr. Freemont. —Ese hombre pequeño y horrible —le dijo
a nadie en particular—, ¿Cuándo se puso a favor de nuestra miseria y jubilación
anticipada?
Era una pregunta retórica que surgía al menos una vez al día, así que
nadie se molestó en responder. Además, Neve tenía una pregunta propia.
—Así que, ¿por qué no me dijiste de la digitalización del Archivo? Tú
hiciste una presentación en PowerPoint —añadió en tono acusador—. Yo
podría haber ayudado.
Phillip puso su brazo sobre sus rígidos hombros. —Dos palabras: ¡Santa
Secreto!
Neve se escurrió de debajo del brazo de Phillip, porque los tres se estaban
riendo. De ella, no con ella. Porque no había nada sobre el asunto del Santa
Secreto del año pasado que Neve lo encontrara remotamente divertido. —No
quise decirle a Alicia que tú eras su Santa Secreto, pero ella sabía que yo sabía
y ella no paraba de darme la lata al respecto. Y luego me dijo que consiguiría
que Chloe me sacara la información... —Neve metió las manos en su pelo,
deshaciéndose de los broches que sujetaban el moño—. Nada de eso fue mi
culpa. Fue culpa de todo el mundo por decirme a quien debían regalar. Me
rompí bajo la presión.
—Es por eso que no te dije sobre la Operación Digital —dijo Rose—. Treinta
minutos y habrías confesado todo a Freemont.
—No treinta minutos —se quejó Neve.
—Tú tal vez no hubieras trabajado por un día —reconoció Chloe—.
Vamos, Neevy, no te lo dijimos por tu propio bien.
—Fue horrible. Sabía que algo pasaba y pensé que iban a decirle a los
Consejeros que me despidieran para ahorrar algo de dinero —admitió Neve, y
mientras se oyó decir las palabras en voz alta, notó lo muy poco probable que
el escenario podría haber sido.
Phillip negó con la cabeza. —¿Por qué pensarías algo como eso?


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—Sí, ¿por qué lo harías? —Chloe hizo una mueca dañina—. Estoy
realmente ofendida de que lo pensaras. ¡Tú eres una de mis mejores amigas,
Neve!
Neve se retorcía impotente. —Lo siento, pero todo el cuchicheo en las
esquinas sacó lo peor de mí. Soy muy propensa a la paranoia, cuando la gente
no hace contacto visual conmigo.
Rose estaba sin duda haciendo contacto visual con Neve, el contacto
visual que transmitía decepción e incredulidad. —Creo que es hora de que
vayas a otro Taller de la Diosa, porque el primero, obviamente, no cuenta.
Chloe tenía otras ideas. —¿Sabes qué? —dijo, dejando su taza en el
escurridor—. El té no hará efecto. Vamos al bar.









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Traducido por Cmmlrules
Corregido por Mery St. Clair

na hora después de que llego a casa, Neve estaba
completamente vestida en el baño, con un ordenador portátil en
las rodillas y una toalla de cuña debajo de la puerta, así Charlotte
no sería capaz de oírla cuando comenzara a escribir su sinopsis.
Y a pesar de que Neve no quería echarse la mala suerte a sí misma, iba
muy bien. Había escrito su nombre y el título de trabajo de la biografía: Bailando
en el Borde del Mundo, sin detenerse. Incluso había logrado un párrafo
completo que explicaba el por qué ella escribía una biografía sobre una mujer
que nadie había oído hablar, y ahora miraba a una grieta en el techo e
intentaba decidir si Jacob Morrison necesitaba saber el nombre de la escuela
de gramática a la que Lucy había asistido.
Neve miró los diarios de Lucy cuidadosamente apilados en su taburete
de baño, y esperaba que la inspiración diera un salto y la tomara por la
garganta, cuando sonó el teléfono.
Lo cogió y respondió en el corto plazo de dos timbrazos, porque era justo
el tipo de ruido que solía enfurecer a Charlotte.
—¿Hola? —Susurró.
—Cara de ángel, es Max. ¿Cómo estás?
Ahora que la Junta había terminado y Neve se sentía más en control en
este aspecto de su vida, también se sentía mejor equipada para hacer frente a
Max. No estaba segura de si tenía las agallas para botarlo, pero no iba a
aguantar ninguna tontería tampoco. O por lo menos, iba a intentar ser dura
con él. —Estoy bien —dijo en voz baja—. ¿Cómo estás?
—Mucho mejor al escuchar tu voz, preciosa. —La voz de Max sonaba
como si hubiera sido aceitada y Neve lo conocía lo suficientemente bien como
para saber que cuando él hablaba así de lambiscón sólo podía significar una
cosa.
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—Si quieres un favor, entonces simplemente pregúntamelo, y si es algo
que quieres que haga, entonces lo haré —le dijo.
Neve escuchó a Max tragar saliva. —Oh, así que ahora no estoy
autorizado a hacerte cumplidos, ¿es eso?
Ella no tenía la energía para esto, no después de un día tan
emocionalmente agotador y dos copas de Pinot Grigio, quería ir al grano. —
Max, no quiero pelear, pero ¿hay algo que necesitas de mí?
Max hizo una pausa y Neve juró a sí misma que si las siguientes palabras
que salieron de su boca eran el indicio de una pelea, mandaría al diablo su
relación panqueque. Realmente lo haría. O le enviaría un correo electrónico
una vez que colgaran.
—Bueno, sí, hay pequeñito favor, el cual quiero pedirte —dijo Max,
finalmente, y a pesar de su declaración anterior, Neve estuvo inmediatamente
sospechosa. Ahora que Max lo había escupido, recordó que cuando la gente
quería un favor de ella, por lo general involucraba a Celia pidiendo préstamos o
Rose intentando compartir su trabajo.
—Está bien, pídelo ya —dijo, tratando de parecer entusiasta.
—Mi niñera acaba de llamar y no puede cuidar a Keith cuando yo este
en Los Ángeles, porque dice que Keith aterroriza a su Cocker Spaniel, aunque
creo que es al revés —menciono Max con indignación—. Cristo, el perro se
llama Luis. Automáticamente te hace querer que le aterroricen. Y sí, Keith le
ladra a otros perros, pero es un ladrido nervioso y él nunca…
—¿Quieres que me quede con Keith? —Interrumpió con impaciencia
Neve—. ¡Me encantaría!
—Derek dice que lo sacara a caminar durante el día, pero yo tendría que
darle la llave y sé que es mucho pedir...
—Max, no hay problema. Me encantaría tener al pequeño cachorro
como compañero de piso.
—Estás usando la voz escalofriante de nuevo —Max le recordó con
severidad—. Mira, ¿estás segura de que no te importa?
—No, en absoluto —Neve le aseguró—. Keith incluso podría mantener a
raya a Charlotte. No creo que ella pueda distinguir de un ladrido nervioso a un
ladrido que dice: "Si no dejas de gritarle a Neve, voy a deshacerte la yugular."
—Keith jamás le arrancaría la yugular de nadie.
—Por supuesto que no, pero Charlotte no sabe eso. Y puede venir el
domingo contigo y asentarse y puedo sacarlo a correr conmigo.


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—A él le encantaría eso. No puedo ponerlo en perreras durante una
semana, tendría un ataque de nervios.
—Bueno, no tienes que hacerlo —dijo Neve—. Honestamente, debes
haber sabido que yo diría que sí.
—¿En serio? Después de lo ocurrido el lunes, pensé que me dijiste que me
fuera a la mierda.
Neve escuchó un ruido por la planta baja y se quedó inmóvil por un
segundo. La puerta principal se cerró de golpe y contuvo el aliento, pero el
sonido de los pasos era más débil, en lugar de llegar a un crescendo a medida
que se acercaba a su casa. A pesar de ello, bajó la voz—: Yo no hice eso, y no
hubiera dicho eso porque no uso esa palabra.
—Bueno, puede que me hayas dicho vete a la mierda muy
educadamente —se rió Max—. ¿Por qué sigues susurrando? ¿Estás con alguien?
—Estoy en casa —dijo Neve, todavía en voz baja—. Creo que Charlotte
acaba de salir, pero ella y Douglas han estado discutiendo toda la semana, lo
que la hace realmente susceptible a los ruidos, así que estoy haciendo un
trabajo en el cuarto de baño. De esta manera, sólo me oye, si ella va al baño.
—Cariño, esto no es una manera de vivir —dijo Max con suavidad—. No
puedes dejar que te afecte.
La forma en que Max la llamó “cariño”, no fue en su habitual manera
descuidada, casi burlona, fue como si la palabra encapsulará exactamente
cómo se sentía por ella, hizo que a Neve le doliera la garganta. —Lo sé. Es sólo
que ahora estamos atrapados en este ciclo y no sé cómo romperlo.
—Es como tú y yo y esas peleas estúpidas que seguimos teniendo, ¿no?
—dijo Max, y era la última cosa que Neve esperaba que dijera—. Mira, Neevy,
lo digo de verdad, la mayor parte de la vida es una mierda y no se debe tomar
en tan en serio. —En el teléfono, con la acústica realmente buena de su cuarto
de baño de azulejos, todas las palabras, los sonidos y respiraciones eran
amplificadas, por lo que Neve podía oír la reticencia en su voz—. Es sólo que
parecías muy triste en la mañana del lunes. Como si te sintieras completamente
derrotada. ¿Te estoy haciendo tan infeliz?
Neve sacudió la cabeza con incredulidad. —No. ¡No! Quiero decir, el
dormir juntos no me entristeció y todo este experimento de citas es mucho más
difícil de lo que pensé que sería, no es por eso que estuve decaída el lunes. —
Hizo una pausa—. Hubo un problema en el trabajo, pero todo esta mejor ahora.
—¿Qué clase de situación? —Preguntó Max.


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—Es muy amable de tu parte preguntar, y lo aprecio, pero ambos
sabemos que mi trabajo no es el tema más interesante de la conversación.
—Neve, me estás matando un poco —se quejó Max—, Por favor, ¿Dime
qué va mal en el Archivo?
Max estaba haciendo un esfuerzo, a pesar de Neve ya había dicho que
estaría feliz de quedarse con su perro, y él no había llamado “la biblioteca” al
Archivo, por cul Neve decidió tomar su palabra.
—Bueno, tuvimos nuestra reunión anual del Patronato —empezó
vacilante, pero pronto se relajo y le dijo a Max todo acerca de las
conversaciones en voz baja que había mantenido sobre una separación,
chismes y las sospechas que corrieron de forma salvaje. Le contó sobre el golpe
de Estado en la Junta General. Incluso le habló de la biografía y la forma en
que la desconcertaba idea de escribir una sinopsis de dos páginas—. No lo
entiendo —dijo al fin—. Ya he escrito seis capítulos y ahora tengo un bloqueo de
escritor. ¡Lo que es peor! Tengo una parálisis del escritor y ni siquiera creo que a
Jacob Morrison le vaya a gustar la novela de Lucy, y mucho menos mis intentos
aficionados en una biografía, pero por lo menos voy a intentarlo. Oh, Dios mío,
no estoy segura de que pueda hacer esto.
Max no dijo que no pudiera, a pesar de todas las pruebas que decían lo
contrario. Y no trato de darle un “Échale más ganas, chica” como palabras de
ánimo. Él simplemente dijo—: ¿Por qué no me dijiste nada de esto?
—No sé —admitió Neve—. No tengo un trabajo muy interesante y tú
piensas que el Archivo está poblado por lesbianas que usan suéteres de punto.
—No puedo decidir si tienes una mala opinión de mí o una mala opinión
de ti misma. —Max suspiró—. ¿No acabo de decirte que la mayoría de las cosas
que salen de mi boca es una mierda absoluta?
—Lo siento —susurró Neve—. Ojalá no fuera así. Sé que es tedioso y
aburrido.
—Tú no eres aburrida, Neevy —dijo Max, como si lo dijera en serio—. La
sinopsis es algo completamente duro de escribir. Lo odio. Sólo comienza a
escribir, hasta que pienses que puedes intentarlo de nuevo, no te fijes en ella
durante al menos veinticuatro horas, a continuación, comienza a editar.
—¡Oh! Solía hacer eso cuando escribía ensayos en Oxford —dijo Neve—.
Eso es una gran ayuda. Gracias.
Pero Max no había terminado. —Me puedes contar estas cosas, ya
sabes. Yo te cuento mis cosas.


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Neve cerró los ojos y cuando los abrió, decidió que si Max iba a ser tan
cercano, entonces tal vez podría ser demasiado. —Max, ambos sabemos que
hay un montón de cosas que no me dices. Como por ejemplo, no me dijiste que
es tu cumpleaños es el sábado. Tuve que averiguarlo por Celia.
Max hizo un ruido despectivo. —Odio mi cumpleaños.
—Entonces, ¿Cual es el plan para la noche del sábado? —insistió Neve.
—No te enfades conmigo.
En el momento en que dijo eso, Neve pudo sentir sus vellos erizándose de
punta. —¿Por qué me enojaría contigo? —Preguntó ella, entrecerrando los
ojos—. ¿Qué has hecho?'
—El próximo sábado yo... que es esto... Mandy ha reservado una mesa
en el Ivy para mí y para ella y nuestros respectivos agentes, para que podamos
hablar sobre el próximo libro. —Hizo una pausa—. Lo siento, lo planearon hace
mucho tiempo.
Neve se horrorizó. —¡Pero es un día especial! —Exclamó—. Hay que hacer
algo que no sea una reunión de negocios disfrazados de una cena de
cumpleaños.
—Bueno, luego me va a arrastrar a clubes y no es mi cumpleaños real
hasta el domingo, pero tengo que volar a Los Ángeles al día siguiente...
—Podríamos ir a la bolera. Celia y yo siempre jugamos a los bolos en
nuestros cumpleaños.
—Por favor, Dios, no. Nunca más —dijo Max débilmente—. ¿Has olvidado
lo mucho que apesto en los bolos?
—Pero si quieres hacer algo conmigo en el día de tu cumpleaños... —
Neve dejo de hablar al darse cuenta de lo presuntuosa que estaba siendo—. Sé
que tienes que levantarte temprano el lunes, pero tienes que venir a mi casa
para dejar a Keith y yo... yo podría cocinar tu comida favorita, lo que quieras,
siempre y cuando no implique hacer la pasta a partir de cero. Incluso cocinaría
algo con mantequilla y crema y manteca de cerdo.
—¿Puedo tener pollo asado con patatas asadas, y puedes hacer
pudines de Yorkshire? —La voz de Max sonaba melancólica—. Me gustaría eso.
—Por supuesto que puedo. Tengo sangre de Yorkshire corriendo por mis
venas —declaró Neve, aunque estaba bastante segura de que ella ni siquiera
tenía un tazón para mezclar—. Y puedes escoger el DVD y no tiene por qué ser
una película para chicas. Honestamente, voy a ver una película de la mafia o


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algo muy violento por Quintín Tarantino que está lleno de referencias de cultura
popular que de ninguna manera voy a entender.
—Hemos llegado a un acuerdo, entonces —dijo Max, y Neve estaba
segura de que él sonreía. Ella también estaba segura de que era hora colgar.
—Bueno, supongo que...
—¿Neevy? No sé si lo he mencionado, pero Mandy se va a casar en
Manchester en un par de semanas y creo que deberías venir conmigo. Se trata
de tomarse libre varios días, de jueves a lunes, así que no sé si sería un problema
pedir esos días en tu trabajo. —Lo oyó tragar—. ¿Qué te parece?
—¿Con quien va a casarse? ¡Oh! Se trata de un futbolista. Ese tal Darren.
—¿Cómo no sabes estas cosas? —Le preguntó Max en una voz
exasperada—. ¿Lees los periódicos?
—No tengo que hacerlo —dijo Neve a la defensiva—. Mi área de
especialización es la literatura británica de entreguerras, y los periódicos están
llenos de cosas deprimentes sobre la economía y el terrorismo que no necesito
saber. ¿Por qué es en un fin de semana?
—Se van a casar el sábado, después de que todos los invitados hayan
renunciado a traer cámaras y teléfonos, ya que han vendido los derechos a la
revista Voila, pero hay una fiesta en la noche del jueves y Mandy es muy
agradable y su familia han sido muy buenos conmigo y quiero que los
conozcas.
—¿Como qué? ¿Como tu novia? —dijo Neve—. No van a creer que soy
tu novia.
—¿Por qué no? —Exigió Max.
—Por mi apariencia y así, por mi forma de vestir y porque no tengo
mucho de qué hablar que no sea la literatura británica de entreguerras.
—Pensé que yo era el que hablaba de basura absoluta —dijo Max muy
escuetamente—. ¿Vas a venir a la boda conmigo?
—¿Puedo pensarlo?
—No, tienes que decidir aquí y ahora —insistió Max.
—¡Eso no es justo!
—Si te doy tiempo para pensarlo, encontrarás un centenar de razones
poco convincentes por las que no puedes ir. Y nunca se sabe, Neve, si viene, es
posible que te diviertas. Se suponía que te divertirías más, ¿recuerdas? —
Funcionó igual de bien como cuando Max le daba esa mirada perspicaz, y con


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su tono más lúdico fue imposible tomarlo a mal, lo cual era una lástima, porque
una boda WAG sería puro infierno.
—Me parece recordar que pasé un buen momento en el 2005. —
Esperaba que bromear durante estás tensas negociaciones pudiera hacer a
Max ablandarse.
—¿Qué es lo peor que podría pasar? —Exigió—. Tienes la oportunidad de
beber champagne gratis y mezclarte con algunos futbolistas de primera división
y sus esposas y novias. Eso no es tan malo.
—Lo peor que puede pasar es que voy a caminar por allí contigo y todos
pensaran que estoy mal vestida, sin brillo, con sobrepeso. —Era la persistente y
constante voz en su oído, y Neve no podía creer que dijo esas palabras en voz
alta, a pesar del gemido de Max—, Por ejemplo...
—Tienes la autoestima más baja que cualquier persona que haya
conocido —dijo Max en voz baja—. Va a ser un fin de semana divertido, muy
interesante y pasarás setenta y dos horas burlándote de todo y de todos a la
vista. Es muy difícil burlarse cuando se esta solo.
Eso sonaba como divertido. Más o menos. —¿Realmente significa mucho
para ti que yo esté ahí, para ser tu compañera de burlas?
—No te lo hubiera pedido de ser lo contrario. Podría haber invitado a una
chica en Skirt o, ya sabes, elegir a alguien en un club de Manchester el viernes
por la noche —reveló Max, y Neve sintió algo que podría haber sido su corazón
desplomándose—. Pero no quiero hacer eso. No sólo porque estoy harto de
hacerlo, sino porque quiero ir contigo.
El órgano interno no especificado volvió al lugar de descanso apropiado.
—¡Pero no tengo nada que ponerme!
Max se echó a reír. —Realmente comienzas a sonar como una novia
normal. Usa ese vestido que tenías en la primera noche que nos conocimos.
—Pero es negro. ¿No es de mala suerte vestir de negro en una boda? —
No es que ella hubiera aceptado ir.
—Será un tema en blanco y negro, probablemente para que Mandy
pueda destacar en un vestido de novia de color rosa o de estampado de
leopardo. Ama vestir de manchas —musitó Max—. Y la fiesta será en Malmaison
y voy a conducir hasta allí, así que te regresaré hasta la puerta de tu…
—Está bien, puedes parar de tratar de convencerme —suspiró Neve—.
Voy a ir. Voy a ir para burlarme. Voy a usar algo negro.


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—Bueno, está bien, entonces. En realidad, pensé que sería más duro
convencerte —dijo Max con otra sonrisa—. Por lo tanto, ¿Estamos listos,
entonces?
Neve murmuró estar acuerdo y miró fríamente a su ordenador portátil, al
que tenía que regresar su atención una vez que colgara el teléfono.
—Y vamos a intentar por última vez dormir juntos el domingo y si todavía
no puedes relajarte, lo dejaremos.
El alivio que sintió Neve casi rivalizaba con el alivio de aquella tarde,
cuando se dio cuenta de que a sus amigos todavía les agradaba, y que aún
conservaba un puesto de trabajo. —Bueno, al menos somos muy buenos en la
parte de besar —dijo ella—. Creo que me he acostumbrado a eso.
—Iremos de poco a poco —dijo Max—. Y recuerda, me puedes decir
sobre cualquier cosa que te esté molestando y siempre y cuando no se trate del
contenido de carbohidratos en todo lo que estoy comiendo, no habrá juicio.
—Bueno, va lo mismo para ti —respondió Neve, su voz se tambaleó un
poco, porque ella se conmovió más allá de todo—. Incluso cosas del trabajo.
Bueno, en especial cosas del trabajo porque soy un tercero imparcial.
Se hizo el silencio, pero no era incómodo. Parecía que Neve era
acusada de algo profundo y significativo, pero no sabía exactamente lo que
era hasta que Max dijo—: Creo que estamos teniendo un momento, ¿no?
—Totalmente—Concordó. Entonces, vio un libro en el montón en el piso
que era la respuesta a todos sus problemas—. Lo siento, Max, pero creo que el
momento ha terminado. Acabo de encontrar mi inspiración.
—Bueno, creo que se llaman momentos porque no duran mucho tiempo.
Vuelve al trabajo y nos vemos el domingo.
Neve termino la llamada y cogió el libro que había visto, y luego volvió a
abrir su ordenador portátil y comenzó a escribir.
Al pasar el resto de la semana, Neve sintió un vago descontento,
molesto, como si se hubiera olvidado de apagar el horno o se le hubieran
extraviado las llaves. Trabajo, ejercicios, trabajo y luego volvió a trabajar en la
sinopsis —en lugar de sentirse como si tuviera una rutina segura, poco
confortable, comenzó a parecer como si Neve estuviera estancada, inmóvil en
lugar de avanzar. El único punto brillante fue el envío de un libro y una copia
de su resumen (después de haber sido aprobada por Chloe, Rose y Phillips)
frente a Jacob Morrison. Mientras Neve entregó el paquete a un empleado de
oficina de correos, se prometió que una vez que lo perdiera de vista, iba a
hacer lo posible para asegurarse de que estuviera fuera de su mente.


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Entonces, pensó en la noche de Max —Otro sábado, lo cual se sentía
francamente mal. Max era sábado por la noche y había sido así durante las
últimas semanas, pero cuando terminó su Neve entrenamiento de la tarde con
Gustav y le dijo que no tenía ningún plan, la invitó a cenar con él y su novio
Harry, quien era agradable.
No sólo era una novedad ver a Gustav en ropa casual, aun cuando
vestía de negro como su ropa de gimnasia, pero adoraba a Harry. Gustav se lo
dijo a Neve cuando era obvio que ella calculaba mentalmente cuantas
calorías había en cada bocado de comida que comía.
Pero lo mejor de salir con Gustav y Harry fue que Harry siempre
emborrachaba a Gustav (Lo cual no era difícil, ya que tenía aún menos
tolerancia para el alcohol que Neve) y Gustav era muy risueño en estado de
ebriedad. Para cuando el budín de Harry llegó con tres cucharas, Gustav
abrazaba a Neve y no dejaba de tocarla de una manera paternal, a pesar de
que Neve le decía que no.
—Si yo no fuera homosexual, te amaría más de lo que ya hago, Neve —
dijo, acariciando en su cuello—. Me recuerdas a mi madre.
—Oh, cariño, debes sentirte muy orgullosa —dijo Harry entre carcajadas,
mientras Neve intentaba asegurarse de que Gustav no babeara su vestido, que
sólo debía lavarse en seco.
—Gustav, si no te detienes voy a comerme todo el chocolate del pastel
de Harry —dijo Neve en advertencia, pero Gustav solo resopló con alegría.
—Siempre hueles bien —comentó—. Incluso cuando estás muy sudada.
—Creo que es hora de llevar a casa a este peso ligero —dijo Harry, y
Gustav sonrió socarronamente a Neve.
—Me encanta Harry, también —confió—. Tiene un pene enorme.
Neve seguía riendo mientras ayudaba a llevar a Gustav en la parte
trasera de un taxi. —Voy a recordar esta conversación y la sacaré a colación
cada vez que trates de torturarme —le dijo a Gustav mientras se recostaba en
el asiento y le lanzó besos hasta que el taxi se alejó.
Ella se quedó de pie en el centro de Old Compton Street, a las nueve de
la noche del sábado, y aunque sabía que Charlotte estaba en Brighton en una
despedida de soltera, Neve no tenía ganas de volver a casa.
Si hubiera estado con Max, habría media docena de lugares para ir o
cosas para ver, pero Max no tenía el monopolio en su diversión, decidió Neve
mientras bajaba la escalera mecánica en la estación de metro de Leicester


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Square y en un movimiento audaz se dirigió a la plataforma sur. La banda de
Chloe, Los Títeres Fuck, estaban jugando en Brixton, y aunque Neve intentaba
evitar las guitarras chillonas y el sur de Londres a toda costa, podría ir allí por un
par de horas.
—Oh, Dios mío, ¿Qué hizo que decidieras pasar el control de fronteras? —
le preguntó Chloe con aspereza, cuando vio a Neve haciendo fila para entrar,
luego le dio un abrazo repentino y feroz—. Déjame poner tu nombre en la lista
de invitados.
Basto con ir a un concierto (¡un concierto!) Fue el estímulo —de decidir ir
de un momento a otro— lo que le dio una emoción vertiginosa a Neve por su
propia osadía, que la hizo disfrutar del resto de la noche, a pesar de que la
música era muy chillona y alguien derramó su copa sobre ella. El público era
una extraña mezcla de chicos y jóvenes universitarios, y Neve no sólo se aferró a
sus colegas del Archivo como había planeado, pero tropezó con un par de
gente que conocía de Oxford y logró entablar una conversación con un
hombre al que reconoció en la Biblioteca Británica, quien también estaba
obsesionado con Nuestra Señora de la Santísima Hankie, quien hizo apariciones
allí. Incluso estuvo interesada en ir a tomar un café la próxima vez que sus
caminos se cruzaron en la Sala de Lectura de Humanidades. No fue un buen
día porque tenía mal aliento muy mal y no la acompañaba Max, pero aún así,
puso una pequeña sonrisa de orgullo plasmada en su cara, la cual todavía
estaba allí cuando llegó a casa a las dos y media de la mañana.







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Traducido por Cmmlrules
Corregido por ★ MoNt$3★

eve no sonreía cuando abrió la puerta la tarde siguiente y se
encontró a Max apoyado contra la pared. Los ojos hinchados,
pálido de rostro y sin afeitar.
—Estas retrasado por dos horas y te ves horrible —dijo Neve, y se agachó
para acariciar a Keith.
—Me siento muy mal —se quejó Max—. Tengo una resaca monumental
de mierda y me pareció que el aire fresco podría hacerme sentir mejor, pero en
realidad me dieron ganas de morir.
—No tengo ninguna simpatía por ti. Es totalmente auto infligido —Neve se
hizo a un lado para dejarle entrar tambaleándose por la puerta—. Apenas he
comenzado con el pollo —añadió ligeramente, debido a que la única razón
por la que el pollo tardo en entrar en el horno se debía a que paso dos horas
haciendo pudines Yorkshire a partir de cero y luego William le envió un correo
electrónico inesperadamente de Rhode Island, donde le pedía consejos y
necesitaba su ayuda de algunas citas.
—No estoy seguro de poder retener nada en este momento—dijo Max,
que se desplomó en el último escalón—. ¿Cuándo voy a aprender a no
mezclar la uva y el grano?
Todo el buen trabajo de su última conversación telefónica fue
rápidamente desechado, pensó Neve mientras reprimió un comentario molesto.
—Podría ser capaz de digerir una pequeña taza de café —dijo Max
lastimosamente, justo cuando la puerta del piso de la planta baja se abría y
Celia asomó la cabeza por el hueco.
—Bajen la voz —les espetó—. Tengo dolor de cabeza, resaca y no quiero
escuchar sus peleas de amantes.
—No lo somos. —Neve le golpeó la espalda—. Y no se puede tener dolor
de cabeza por un vuelo de dos horas de Berlín.
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—En realidad, se puede. —Celia olió el aire—. Hmmm, algo huele bien.
¿Es el pollo? ¿Hay suficiente para mí?
—No —dijo Max de las escaleras, mientras levantaba la cabeza para
darle una mirada torva a Celia—. Es mi comida especial de cumpleaños. No
hay regalos, no hay admisión.
—¿Vas a dejar que me hable así? —Le exigió Celia a su hermana—. ¿Me
puedes bajar un plato cuando esté listo? Un montón de patatas y... ¡joder!
¿Qué coño es eso y por qué me está gruñendo a mí?
Keith se había escondido detrás de Max, pero ahora levantaba su
hocico para ver de dónde venía el ruido. Ya que provenía de una chica alta
con el pelo pegajoso y de piel blanca fantasmal, se trataba de una reacción
perfectamente normal elevar las orejas y gruñir.
—Es Keith, el perro de Max —explicó Neve, corriendo hacia la mascota
Keith, quien incluso le enseñó los dientes a ella, hasta que le tendió la mano
para mostrarle que no tenía armas ocultas—. Está gruñendo porque emites un
ambiente muy hostil. Tiene más miedo de ti que tú de él.
—La gente siempre dice eso de los perros, justo antes de que te muerdan
y encajen sus colmillos en tu brazo —insistió Celia, alejándose un poco de Keith,
quien se negó a dejar de gruñir—. Voy a volver a la cama. Puedes enviarme un
mensaje cuando estés a punto de bajar con mi cena.
Neve y Max se estremecieron cuando Celia cerró la puerta.
—¿Puedes manejar las escaleras? —preguntó Neve con aspereza,
cuando Max salió—. ¿O podría arrojarte una manta y un par de almohadas?
—Voy a estar bien —dijo Max con valentía—. Sólo necesito descansar.
Era el cumpleaños de Max y él tenía el perfecto derecho de pasarlo con
una resaca, pero Neve había planeado todo tipo de comidas para él y gastó la
mitad de su presupuesto semanal en el proceso, por lo que se sentía muy
perjudicada, todo lo que quería hacer era colapsarse en el sofá cuando
llegaran a su piso.
—Café —murmuró—. Necesito el café.
Neve se tomó su tiempo haciendo el café, sobre todo porque tenía otro
correo electrónico de William esperando por ella. Eres un ángel y un salvavidas,
leyó mientras esperaba a que la tetera hirviera. No sé qué haría sin ti y espero
nunca estar en condiciones de averiguarlo.
William era en realidad un premio entre los hombres, en comparación
con Max, quien había conseguido la difícil tarea de rodar sobre su espalda


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mientras ella salía de la habitación, y ahora tenía las zapatillas descansando
sobre su cojín favorito.
—¿Tienes la energía para servirte tu café o necesitas que lo haga por ti?
—preguntó Neve malhumorada mientras ponía la cafetera y una taza sobre la
mesa del café.
Max se sentó y se pasó una mano por el pelo despeinado.
—No se te permite ser insolente conmigo hoy, no cuando ni siquiera has
llegado a decir feliz cumpleaños.
Neve recapituló inmediatamente.
—Lo siento. Feliz cumpleaños. —Se acercó a Max—. ¿Quieres un poco de
paracetamol?
—Más bien quiero el primero de los besos de mi cumpleaños —dijo Max,
tirando a Neve hacia su regazo para poder besarla profundamente, deslizando
la lengua en su boca, con una mano acariciando su pecho, con el pulgar
rozando su pezón, que alcanzó su punto máximo, obediente a la orden de Max.
El antiguo sofá crujió en protesta mientras Max recostó a Neve hacia
abajo, dejándola aplastada entre los cojines y su cuerpo caliente, duro.
—Tengo que poner las patatas en el horno —dijo sin aliento, después de
lo que se sentía como horas de besos largos y dulces. Max le había
desabrochado su suéter lentamente, de modo que puso la boca en sus pechos
a través de su vestido, y ahora el material se aferraba húmedamente en ella y
sus pechos se sentían hinchados y llenos—. ¿Todavía necesitamos el
paracetamol?
Max sonreía y se veía tan elegante y sexy a unos centímetros del rostro de
Neve, casi no podía creer que esto lo tendría y lo mantendría por las próximas
semanas.
—Resulta que tus besos curan la resaca, Neevy.
Se ruborizó y su sonrisa se hizo amplia, más perversa, de la forma en que
siempre lo hacía cuando estaba tomándole el pelo.
—Por lo tanto, ¿Eso es un no, entonces? —preguntó, dándole una
palmada en su pecho para apartarlo—. Iré a poner las patatas.
Sin embargo, otro correo electrónico había llegado de William y Neve
sintió una punzada de vergüenza familiar. Estaba William, el propietario único y
verdadero de su corazón, y también Max, quien sería el primero en admitir que
ella no era firme o fiable o lista para tomar una decisión en un buen momento.
Ellos tenían dos lugares diferentes en su vida, pero parecía erróneo e


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inadecuado por completo seguir aturdida y dolorida por los besos de Max,
mientras que rápidamente respondía al mensaje de William y le preguntó si
había escuchado en la radio el podcast de Christina Rossetti.
Max estaba dormido en el sofá, Keith recostado en suelo cerca de los
ventanales, por lo que Neve podría continuar cortando las verduras y revivir el
recuerdo caliente de todos y cada uno de los besos de Max. Luego, cuando
comenzó a sentirse culpable, trató de recordar cada palabra de la llamada
telefónica de William con ella.
Después de que le envió un mensaje a Celia para decirle que le llevaría
la cena en diez minutos, Neve fue a la sala para despertar a Max. Había estado
pensando en él mientras sacaba las costillas del horno con su mano
enguantada, pero él se veía tan dulce e indefenso, por una primera vez, que se
encontró inclinándose para darle un suave beso en la boca.
Para el momento en que abrió sus ojos cansados, ella estaba de pie en
la puerta.
—La cena estará lista en cinco minutos —dijo, mientras sonaba un
imperioso golpe en la puerta—. Esa es probablemente Celia buscando la cena.
Era Celia, y de pie detrás de ella estaba Douglas, quien traía una bolsa
de Tesco.
—Date prisa y déjanos entrar —dijo Celia, tratando de irrumpir y pasar al
lado Neve, quien se mantuvo firme—. Tengo tanta hambre que podría
comerme un caballo.
—¿Estás bien, hermanita? —gruñó Douglas, Celia le dio un poderoso
empujón a Neve, quien no tuvo más remedio que hacerse a un lado y dejarlos
entrar.
—Oye, Neve, dile a tu hermana que se vaya a la mierda —dijo Max al
aparecer, y su pequeña sala de repente se lleno con tres personas muy altas y
un perro robusto que se mantenía olfateando las espinillas de todo el mundo.
—Soy Douglas, el hermano mayor de Neve —dijo Douglas, ignorando por
completo a Neve—. Supongo que tú eres el novio y dueño de ese perro del
demonio.
Max no dijo nada al principio, y estaría en su derecho como presunto
novio y propietario del perro del demonio el de correr a Douglas del
departamento… el perfecto cumpleaños que Neve había planeado se había
salido de control por completo.


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Neve dejó escapar el suspiro que estaba conteniendo, Max sonrió y le
tendió la mano a Douglas, él no tuvo más remedio que estrecharla.
—Soy Max, ese es Keith, pero estoy seguro de que eso Celia ya te lo dijo.
Neve no creía alguna vez haber fulminado con la mirada a Celia como
lo estaba haciendo en ese momento.
—Te dije que te llevaría el plato. ¿Qué parte de eso no entendiste?
—Bueno, sí, pero Max me dijo que si no tenía regalos entonces no podía
venir a tomar el té…
—¡Eso no era exactamente lo que dije!
—Y entonces me encontré con Dougie, y Charlotte se fue y ha estado
atormentado por el olor del pollo durante la última hora —balbuceó Celia.
—Vamos, Neve, hace siglos que no tenemos una cena en familia —dijo
Douglas—. Y les trajimos regalos.
—Es mejor que sean regalos fantásticos —se quejó Neve, dirigiendo a sus
hermanos a la cocina. Ella agarró el brazo de Max cuando pasó a su lado—.
Lamento mucho esto —le susurró al oído—. Les daré dos pequeñas porciones y
los correré de aquí.
—Es genial. Puedo sonsacarles las historias más embarazosas de cuando
eras pequeña —dijo Max, frotando sus labios contra su mejilla—. Y me darán
regalos, así que todo está bien.
Pero no todo fue bien, fue muy, muy mal, pensó Neve mientras trataba
de dar los últimos toques a la comida con todos dentro de su cocina. Max tuvo
que encerrar a Keith en el salón porque no paraba de gruñir y Douglas tuvo que
ir a su casa por otra silla, la cual Neve quería desinfectar con su gel
antibacterial, ya que probablemente tenía gérmenes de Charlotte por todas
partes, pero finalmente, los tres estuvieron sentados codo a codo, rodilla con
rodilla en torno a su pequeña mesa.
Neve puso el pollo sobre la mesa, se quedó allí con los brazos cruzados.
—Denle los regalos a Max y entonces les daré de comer —ordenó.
La bolsa de Tesco fue entregado y Max sacó dos botellas de vino —que
Neve sabía que eran de una promoción de dos por cinco libras—, y un par de
calcetines de Homero Simpson.
—Dios mío, ¿no tienes vergüenza?


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—Mira, eran las cuatro de la tarde del domingo, por lo que nuestras
opciones de compra fueron muy limitadas. —Celia levantó las manos
defendiéndose—. Alimentos. Ahora, ¿Por favor?
—Bien, bien —suspiró Neve, recogiendo el cuchillo del pan, que iba a
tener que usarlo como un cuchillo de trinchar—. Pero estoy realmente molesta
con ustedes dos. —Ni siquiera continuó su regaño… iba a tener que sacrificar
sus patatas asadas por un bien mayor, y todavía habría lo suficiente para una
segunda porción. Además, había gastado más en el pollo orgánico de lo que
generalmente se paga por un par de zapatos.
Neve se dejó caer en su silla, tenía un hermano a cada lado y Max
sentado frente a ella, y empezó a repartir las verduras, haciendo caso omiso de
las protestas de Celia de que ella era alérgica al brócoli y las zanahorias.
No era la cena del domingo que Neve había planeado, y no se molestó
en encender las velas que había comprado y la condenada botella de
champán que estaba enfriándose en la nevera. Todo se había arruinado.
Neve cortaba una zanahoria con su tenedor y fingía escuchar a Celia
hablar sobre una artista del tatuaje que había conocido en Berlín, pero sobre
todo trató de espiar en la conversación entre Max y Douglas en caso de que
Dougie comenzara a cuestionar las intenciones de Max hacia su hermana.
Neve pensó que eso era poco probable. Douglas nunca se preocupaba por lo
que ella hiciera o dejara de hacer.
Fue increíble ver a Douglas sentado en su mesa para comer en su vieja
vajilla, porque por lo general rara vez pasaba de la sala y preguntaba:
—¿Estás bien, hermanita? —Y se marchaba del departamento antes de
que ella pudiera responder. Cuando Neve pensó en eso, recordó que la única
conversación seria que habían tenido fue cuando regreso de Las Vegas,
después de casarse con Charlotte ante un imitador de Elvis.
—Maldita sea, todo eso sucedió hace años —Había gritado Douglas
luego de que Neve pasara diez minutos divagando, explicando cómo le dolía
que decidiera hacer su esposa a Charlotte—. Tu problema es que te fijas
demasiado en las cosas. ¿Quieres dejar los libros de vez en cuando y salir de la
casa?
Pero para Douglas fue bastante fácil decirlo. Siempre había sido muy
popular, siempre había feliz, sonriente y muy guapo desde que era pequeño, la
gente siempre le hacía saber a su madre en la calle sobre sus rasgos
angelicales. Características de las cuales Celia se burlaba, pero ella mataría por
tener sus pómulos y él tenía la nariz y la barbilla de los Slater para
contrarrestarlas. También había heredado la altura del lado de su madre y su


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pelo era un castaño rojizo del que nadie podría jamás burlarse con chistes de
zanahorias. Incluso si lo hubieran hecho, Douglas se habría reído y unido a las
burlas porque él era así, pensó Neve.
Por el lado positivo, nunca, nunca, nunca dijo nada despectivo sobre su
peso, y cuando eran pequeños y su padre le había gritado, y ella lloraba —
porque su padre tenía un mal genio y siempre había sido una llorona—, Douglas
siempre robaba para ella chocolates de la caja de galletas para levantarle el
ánimo. Además, no podría ser fácil estar casado con Charlotte y ser
responsable de la oficina de Londres de Slater & Hijos, Constructores Generales.
Según su padre, que le había dicho a su madre, quien se lo había dicho a Celia
y que no pudo esperar para contárselo a Neve, Douglas hizo un gran lío en el
trabajo y le pidió al tío George que supervisara las cosas.
En realidad no era tan malo, decidió Neve. Y como si Douglas pudiera
leer su mente, dejó de dar sus predicciones para Arsenal en la temporada, para
poder mirarla y darle su aprobación.
—Fantástica comida. Supongo que tú chico tampoco está nada mal.
—Bueno, a mí me gusta —dijo suavemente, y Max le sonrió como si fuera
una broma privada y sólo ellos entendieran esta última frase.
—Estás muy callada —le dijo a ella—. ¿Te encuentras bien?
—Oh, Neve no tiene oportunidad de hablar cuando está conmigo y
Dougie —dijo Celia—. Es aún peor cuando mamá también está aquí, la mujer
no para de hablar. Papá dice que necesita tapones para los oídos cuando
estamos los tres juntos.
—Sí, pero papá se puede pasar días sin decir más de diez palabras.
¿Recuerdas cuando fuimos a Morecambe? —le preguntó Douglas a Celia.
Ella puso los ojos en blanco.
—¡Dios, sí! Sigo pensando que deberíamos haberlo denunciado a la Línea
Infantil.
—¿Qué pasó cuando fueron a Morecambe? —preguntó Max, y fue el
turno de Neve de poner los ojos en blanco.
—Es una de esas historias que son realmente aburridas a menos que estés
allí. Y en realidad, yo estuve allí y no fue tan divertido.
—Sí, eso es porque papá te permitió quedarte en el coche —recordó
Douglas, volviéndose hacia Max—. Entonces, fuimos de vacaciones a
Morecambe, todos juntos en el Ford Mondeo, todos estábamos muy


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emocionados. Neve se sentó entre Seels y yo, con alrededor de cincuenta
libros...
—Ella estaba profundamente involucrada en su fase de Chalet School
en ese momento...
—Celia y yo estábamos haciendo cosas de niños en ese momento, como
jugar al veo-veo, contar todos los coches blancos y negros y...
—Ustedes comenzaron a pelear desde el momento en que se subieron al
coche —dijo Neve, interrumpiendo el pequeño viaje por los recuerdos, ya que
había muchos detalles que habían sido pasado por alto—. Y mamá seguía
dándose vuelta cada cinco segundos para gritar: Si no se detienen en este
momento, voy a ir allí y a darles un golpe en…
—... sus malditas cabezas —dijeron los tres al unísono.
—¿Y qué estabas haciendo mientras todo esto ocurría? —preguntó Max,
empujando el pie de Neve con el suyo.
—Estaba tratando de leer Eustacia Goes to the Chalet School a pesar de
que Celia seguía pegándome en la cara con su Barbie ballet.
Celia trató de parecer arrepentida mientras roía un hueso de pollo.
—En mi defensa, tenía sólo seis años pero de todos modos, papá estaba
tan harto con nosotros que se detuvo en una estación de servicio...
—A pesar de que había tenido que detenerse en cada estación de
servicio porque tan pronto como mamá entró en el coche y el motor arrancó,
sintió su vejiga llena —explicó Douglas, a pesar de que Neve estaba segura de
que su madre no quería que esa información fuera revelada en comidas
familiares, o en cualquier otro momento—. Así que Seels y yo salimos del coche
porque cualquier cosa era mejor que seguir dentro, pero Neve no se movió ya
qué estaba muy concentrada en Chalet School, ¡Y cuando regresamos al
coche ya no estaba allí! ¿Qué piensas de eso?
—Um, no sé —dijo Max—. ¿Dieron un paseo por ahí cuando salieron de la
estación de servicio?
—¡Ni siquiera! —Lloriqueó Celia—. Papá sólo se marchó sin nosotros.
Tuvimos que esperar durante una hora y como fue en la era prehistórica antes
de los teléfonos móviles no podíamos llamarlo, así que mi madre estuvo a punto
de llamar al 999 desde un teléfono público porque pensaba que habían sido
secuestrados, cuando mi padre regreso nos dijo que no nos iba a dejar de subir
de nuevo hasta que prometiéramos quedarnos callados.


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—Excepto que sólo fueron veinte minutos —dijo Neve—. Máximo, media
hora. Y él sólo condujo al otro lado de la estación.
—No puedo creer que dejaras que papá se marchara de esa forma —
dijo Douglas, porque incluso aunque habían pasado diecisiete años aún no lo
olvidaba.
—Pero no me había dado cuenta de que no estaban allí —explicó Neve
por enésima vez—. En ese momento, llegué al capítulo en el que se vieron
atrapados en una tormenta de nieve y tuvieron que quedarse en un refugio en
la montaña, era fascinante.
—Dile a Max lo que tú y papá hicieron cuando por fin sacaste tu nariz de
Chalet School —ordenó Celia y Neve pensó que exagerada con la indignación,
pero Max sonreía, observando a cada uno de ellos, a medida que hablaban.
—Comimos huevos, patatas fritas y frijoles, compramos para después un
cornetto y papá leyó el periódico mientras yo leía mi libro, ninguno de los dos
nos dijimos ni una bendita palabra —recordó Neve con gusto—. ¡Buenos
tiempos, mis amigos, buenos tiempos!
—Mientras que nosotros tuvimos que conformarnos con unos sándwiches
de queso y pepinillo —dijo Douglas—.Y cuando regresamos al auto, creo que
nos las arreglamos para permanecer en silencio, mmm, como cinco minutos.
—Más bien como dos minutos —dijo secamente Neve. Ella miró los restos
de pollo, si tuviera un poco de suerte podría hacer sopa con los huesos—.
¿Todos han terminado?
Había platos vacíos por todas partes, a excepción del de Max que tenía
una muy solitaria papa asada y crujiente. Que Celia ya quería alcanzar.
—Si no vas a comer eso, ¿puedo tomarlo? —le preguntó, con su tenedor
listo.
—No —dijo Max, golpeando su mano mientras ella hacía un el intento de
tomarla—. Es de Neve.
Neve pudo ver a Douglas y Celia intercambiando miradas y guiños
cuando Max le entregó su tesoro, así que cerró los ojos para disfrutar de su
pequeño momento de felicidad y carbohidratos sin que ellos lo arruinaran.
—Gracias —dijo ella, cuando terminó. Había pastel, y no podría ser
compartido entre los tres, pero para su sorpresa, Neve se dio cuenta de que no
quería echar a Douglas y Celia todavía. Aunque le dolía admitirlo, había sido
bonito tener una cena familiar y Max no hubiera abierto la segunda botella de
vino si quisiera que se fueran.


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—Entonces, tengo una pregunta que quiero hacer sobre su hermana —
anunció como si fuera un experto en descorchar la botella. Había un brillo en
sus ojos en el que Neve no confiaba para nada, pero estaba segura de que no
podía haber nada demasiado embarazoso. Había llevado una vida intachable.
—¿Sobre qué? —quiso saber Douglas, ligeramente molesto, como si
tuviera que defender el honor de Neve, lo que era dulce y muy inesperado.
—Sobre, ¿alguna vez han oído que diga La palabra con M? Como ella la
llama —explicó Max, mientras Celia soltaba una carcajada.
—Ni siquiera se atreve a decirlo cuando nos regaña para que no digamos
esa palabra.
—¡Oh, basta! —Neve intentó golpear a Max con su guante de cocina,
pero estaba demasiado lejos—. Te lo dije, no me gusta maldecir.
—Es verdad, realmente no maldice mucho —dijo Celia, negando con la
cabeza como si no pudiera entender por qué alguien tiene problema con los
insultos frecuentes—. Yo marco en el calendario si ella dice “Maldición”.
—¡No soy tan mala!
—Excepto en aquella ocasión, por supuesto. —Douglas se inclinó hacia
atrás en su silla y sonrió con aire de suficiencia.
—¿Qué ocasión? —preguntó Neve enfadada mientras trataba de darle
a Max una mirada que dijera, ¿Puedes creer esto? Aunque por la expresión
ansiosa sobre su rostro, él quería creerlo más que nada.
—Aquella vez que regresaste de Oxford y trabajabas todas esas horas en
un ensayo y me despertaste con tus gritos: ¡Que te jodan! ¡Maldita
computadora de mierda!
Celia se sentó con la espalda recta y sin aliento.
—¡Me había olvidado de eso! El día que Neve maldijo, van a hacerlo un
día festivo.
—¿Qué se suponía que hiciera? La computadora acababa de morir y
no había respaldado nada. —Neve se cubrió el rostro enrojecido con la
manopla—. Existían circunstancias atenuantes.
—Ninguno de ustedes grabó eso, ¿verdad?
—No habrá regalo de cumpleaños... —le gruñó en advertencia, aunque
Max estaba demasiado ocupado agarrando su costado por la risa para
hacerle caso.


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—No hay cinta —dijo Celia con tristeza—. A pesar de que el recuerdo
sigue vivo en nuestros corazones. Hubo bastantes más “maldiciones” después
de ese primer estallido. Mamá hizo todo lo posible para conseguir que el Padre
Slattery le hiciera un exorcismo, porque pensaba que Neve fue poseída.
—No puedo creer que me hayas escondido esto todo este tiempo —dijo
Max entre risas. Todos los ángulos agudos de su rostro se suavizaron y se veía por
lo menos diez años más joven—. Vamos, Neve, sólo dilo. Di la palabra con M. ¡Es
mi cumpleaños!
Neve arrugó la cara como si estuviera sopesando seriamente las
consecuencias de dejar caer la M-bomba, mientras que los tres se veían
expectantes.
—Nunca va a suceder —dijo al fin—. Maldecir no es algo maduro, ni
inteligente y no voy a ceder ante la presión de grupo.
—Oh, siempre haces eso. —Celia saltó para pretender estrangularla,
mientras que Neve intentó golpearla lejos hasta que el falso estrangulamiento
se convirtió en un abrazo—. Menos mal que te quiero, pequeña fenómeno que
no dice insultos. —Celia apoyó la barbilla en la parte superior de la cabeza de
Neve y miró a Max—. Así que, ¿qué hay de ti, muchacho del cumpleaños?
¿Tienes alguna historia infantil embarazosa para compartir?
—Ninguna que vaya a decirles —dijo Max, empujando su plato—. Soy
hijo único así que no hay testigos —dijo, miró a Neve, Celia, y luego a, Douglas,
una mirada larga y dura—. Es genial que los tres sean tan unidos.
—Éstas dos son uña y carne, pero no hay manera de que me guste salir
con mis hermanitas —anunció Douglas alegremente—. Y ustedes dos no solían
ser tan unidas hasta que Celia se largó a Nueva York.
—Cierto —concedió Celia, dejando ir a Neve para que pudiera empezar
a limpiar la mesa—. Pero estaba tan molesta y enojado cuando me fui, y Neve
había estado en Oxford durante tres años, así que sentía que no la conocía tan
bien, pero entonces... ¿Te acuerdas de aquellos correos electrónicos que me
enviaste, Neevy? Eras tan dulce, y luego volaste a Nueva York y nos divertimos
mucho esa semana.
Era obvio que existía una historia de fondo, pero Max no comenzó a
disparar preguntas en diferentes direcciones. Simplemente esperó hasta que
Celia regresó del fregadero, ladeó la cabeza y se limitó a decir con una voz
que era tan cálida como la miel bajo el sol.
—¿Nueva York?


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Neve entendía por qué Max entrevistaba a celebridades para vivir. La
inclinación de cabeza y la voz suave era una combinación letal que te hacia
querer sentarte lo más cerca posible a esa mirada compasiva y de alivio.
Bueno, lo habría hecho si Neve no hubiera tratado de reprimir todos los
recuerdos dolorosos de lo que había hecho Celia en la carretera al largarse a
Nueva York. Pero Celia no estaba hecha de materia dura.
Neve terminó de limpiar la mesa, hizo la colada, colocó los platos e hizo el
café. Celia y Douglas aún compartían las intimidades de la última comida del
domingo que habían tenido en familia. Había sido un magnífico día dorado, las
puertas francesas estaban abiertas de par en par lo que causaba una ligera
brisa en el comedor. También significa estar felices para celebrar el primero día
de Neve en Oxford, los resultados de Celia en el Nivel-A, Douglas haciéndose
cargo de la empresa familiar y los tres niños Slater dando grandes pasos hacia
el mundo.
Excepto que también había sido la semana en que Celia había
fracasado espectacularmente en todos sus niveles A, porque en lugar de
repasar había estado saliendo a hurtadillas de la casa para encontrarse con sus
amigas y charlar con los chicos.
Douglas había echado a perder un gran contrato de la municipalidad
local y fue arrestado por estar en estado de embriaguez y alteración del orden
público cuando se había ido a ahogar sus penas. Así que la comida del
domingo, donde sus padres planeaban hacer el gran anuncio de que sus tres
hijos adultos y responsables recibirían un piso cada uno en la casa de su abuela
mientras sus padres se pensionaban anticipadamente, dividiendo su tiempo
entre Yorkshire y el nuevo lugar que habían comprado en Málaga, habían
llegado al final de una semana de discusiones, lágrimas y portazos.
Neve había pasado la mayor parte de la semana en su habitación
constantemente releyendo todas las novelas de Jane Austen —una alegría
para leer por placer, ahora que sus finales habían terminado—, llorando porque
William se marchó a California el día anterior y comiendo paquetes de
chocolate sumergido en el helado de vainilla. Pero ella había tenido un asiento
de primera fila en la mesa del comedor cuando su padre se tambaleó hacia
atrás y hacia adelante cayendo ebrio.
Su madre ni siquiera había tenido tiempo para terminar de servir en la
mesa un cordero cocinado antes de que él hubiera caído sobre Celia y
Douglas.


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—Ustedes dos me dan asco —Había gritado, la cara roja de ira y el
alcohol mientras seguía golpeando el cuchillo eléctrico de trinchar en la mesa
para marcar su punto—. Si fuera por mí te cortaría una oreja.
Douglas había gritado de regreso, Celia había llorado, su madre se lo
había llevado diciendo:
—¡Barry, es suficiente! ¡Barry, podrías detenerte! —Y Neve se había
quedado allí sentada esperando a poder encerrarse en su habitación y
desaparecer a un mundo donde nunca existieran los gritos, sólo los comentarios
mordaces de los aficionados.
—Fue horrible —dijo Celia—. Pero eso es lo que pasa con papá. Es tan
tranquilo y luego los tragos se les suben a la cabeza y explota. Después estaba
muy arrepentido, envió un enorme ramo de flores a la casa de la tía Catherine
en Nueva Jersey. Debe haberle costado una fortuna.
Douglas retomó el hilo.
—Sí, él se durmió afuera, entonces me llevó a la taberna para decirme
que lo sentía mucho y me dio un discurso sobre la dotación y aceptar la
responsabilidad. Lo prefería más cuando me estaba gritando.
—¿Y qué hay de ti? —preguntó Max a Neve, que estaba sentada en
silencio, con las manos sosteniendo una taza de té de menta—. ¿Escapaste de
toda la ira paterna?
—Más o menos. Bueno, no, no realmente —dijo en voz baja Neve.
—Por lo menos, no te gritaba a ti —dijo Douglas, como si eso lo hubiera
hecho mejor. No sabía. Se había hecho peor.
Debido a que Neve había estado sentada allí, aclimatándose, luego
distrayéndose y tal vez incluso había estado sintiéndose un poco superior, ya
que le habían otorgado un lugar principal y había sido aceptada en su curso
de Maestría con el financiamiento de la Academia Británica. Esos fueron logros
de los cuales cualquier padre estaría orgulloso.
Sí, definitivamente había estado sintiéndose un poco superior y luego
liberada ya que su padre dejó de gritar, se hundió en su silla y le puso una mano
en la frente, y...
—Él me dijo “En cuanto a ti, no puedo soportar verte. Estás comiendo
hasta la muerte”. —Cuando su padre lo había dicho, las palabras habían sido
respaldadas por una ira plana, resignada, lo que era mucho más aterrador que
cualquier cosa que él le hubiera dicho a Celia y Douglas y después de años de
práctica, Neve podía repetir las palabras sin ninguna emoción perfectamente


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con la cara en blanco. Max, sin embargo, logró mirarla indignado y horrorizado,
simpático por su parte.
—No debería haber dicho eso. No tenía ningún derecho...
—Él tenía todo el derecho —replicó Neve bruscamente—. Era la verdad,
me hizo un favor. Sí, me dolió y sí, fue una sorpresa, pero fue una sorpresa que
necesitaba. Así que aquí estoy un poco más fuerte que a los doce.
—¿En serio? No parece que pesaras mucho —dijo Douglas, ganándose
una bofetada de Celia y su enojo.
—No le digas a Charlotte lo mucho que pesé —dijo Neve.
—Bueno, ella no lo sabe, papá si le hizo un favor. Nos hizo un favor a todos
nosotros. Neevy ya no es más obesa, Seels encontró a su ética de trabajo y me
hizo honesto para Charlie.
—Se necesita más que eso para hacer que una mujer sea honesta —
murmuró Celia oscuramente, tal vez los comentarios sarcásticos y la recolección
de costras antiguas que se han quedado para sanar era sólo una parte
importante de tener una cena familiar, todas las risas más los largos viajes a la
playa. Se giro hacia Max, quien no había quitado los ojos de Neve, aunque se
negó a mirarlo.
—A pesar de lo que Neve pudiera decir, mi padre no es tan malo.
—Sé que puede ser difícil para ti entender, mocosa, pero con Neve
tenemos muchas cosas de que hablar las cuales no le incumben a tu familia —
dijo Max y Neve todavía no entendía cómo podía decir algo tan molesto y
hacerlo en un tono ligero y juguetón de modo que la gente no se ofendiera.
Celia ciertamente no lo hizo. Sólo asintió con la cabeza y dijo:
—Bueno, a Neve no le gusta hablar de eso porque entonces tendríamos
que admitir que ella no ha hablado con mi padre desde que ocurrió.
—¡Eso no es cierto! —dijo Neve, desenroscando las manos de su taza, así
podía colocarlas sobre la mesa—. Hablamos. Lo veo a él y a mamá cuando
vienen a la ciudad. Honestamente, las cosas salen bien a veces.
—No hablas con él —insistió Celia—. Mamá dice que él te envía correos
electrónicos todo el tiempo.
—Sólo para preguntar si hay algo que arreglar en el piso, lo cual no hay.
—Y siempre la llamas a su móvil, en lugar del teléfono de casa porque mi
padre siempre contesta el teléfono.


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—Sí, todo lo que solía decir era: “te voy a pasar a tu mamá” —dijo Neve
furiosamente—. No es que no hable con él. Siempre puede llamarme, pero no
lo hace, e incluso si lo hace, apenas dice nada de todos modos.
—Lo que sea. —Celia arrastró las palabras, recostándose en su silla, para
que pudiera cubrir el resplandor de Neve con el suyo—. Ambos son tan tercos
como el otro. Eso es lo que dice mamá.
—Sí, lo son. —Estuvo de acuerdo Douglas, y si Neve fuera tan testaruda
como su padre, lo cual no era, entonces Douglas y Celia eran igual a su madre
y nunca dejaban de hablar de cosas que era mejor no decir.
Hubo un tenso enfrentamiento cuando los tres se sentaron con los ojos
entrecerrados y los brazos cruzados hasta que Max tosió.
—Bueno, supongo que hay algunos beneficios al ser hijo único.
—Lo siento, amigo. —Douglas le dio unas palmaditas en la espalda a
Max—. ¡Las hermanas! Peor que tener una esposa.
—¿Cómo esta la querida Charlotte? —le preguntó Celia con dulzura, le
lanzó entonces una mirada de la forma en que habría dicho su habitual
“maldita sea, cállate”, 'No, maldito, cállate tú”. Le recordó a un par de noches
atrás, cuando Yuri había abierto la puerta de su piso para gritar por las
escaleras, “¿Por qué ustedes dos no se callan?”
—Charlie no es tan mala —dijo Douglas con firmeza, pero sin mucha
convicción, y cuando Celia abrió la boca para contradecir esa afirmación,
arrastró la silla hacia atrás y se levantó—. Bueno, esto ha sido genial, pero
probablemente debería irme...
Neve se puso de pie también, así Douglas podría darle un torpe abrazo.
—Diría que gracias por venir, pero no recuerdo en realidad que te
invitara.
Douglas se limitó a sonreír.
—Gran cena, Neevy. Debemos hacer esto de nuevo en algún momento.
Tal vez tú y Max, Charlie y yo...
Celia hizo un gran espectáculo de asfixia en su último sorbo de café.
—Sabes que la querida y dulce Charlotte aterroriza completamente a
Neve —farfulló, pero Douglas ya estaba caminando fuera de la cocina,
diciendo:
—Vamos, Seels, voy a dejar que me lleves al bar y me compres una
bebida.


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Quejándose, Celia también se puso de pie.
—Los dejo a solas, enamorados, así pueden hacer lo que sea que hacen
cuando están solos —dijo con un guiño teatral que hizo reír a Max y Neve se
apresuró hacia la puerta principal.
—Realmente eres una mocosa —dijo Neve con una mano en la espalda
de Celia para mantenerla en movimiento hacia adelante. Abrió la puerta y
empujó a Celia a través de ella—. Voy a hablar contigo mañana.
—¿Podemos hacer algo mañana por la noche, solo nosotras dos? Incluso
si es sólo uno de tus malos abadejos al vapor y combos de arroz con un DVD?
—declaró Celia—. ¡Nunca tienes tiempo para mí!
Eso no era completamente cierto, pero Neve estaba muy feliz de hacer
planes.
—Siempre y cuando te des cuenta de que yo te voy a dar una
conferencia por lo menos durante diez minutos sobre las cosas que podemos
decir en nuestras conversaciones y las cosas que no hay que decir.
—Cuento con ello. —Celia sonrió—. Vuelve con Max y hazle unas tortitas.
Celia bajó por las escaleras y Neve cerró la puerta y caminó lentamente
hacia la cocina para poder hablar un poco más sobre las cosas de las que
realmente no quería hablar.



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Traducido por maggiih, Mery St. Clair & ƸӜƷYosbeƸӜƷ
Corregido por liRose Multicolor

ax aún se encontraba sentado en la cocina y, mientras Neve
caminó junto a él con una débil sonrisa para finalizar la última
compensación, la agarró alrededor de su cintura y la tiró hacia
su regazo.
—¿Estás loco? Soy demasiado pesada —insistió Neve mientras trataba de
liberarse—. Romperé tus piernas.
—No seas ridícula —dijo Max, levantándola y estirando sus piernas para
que Neve pudiera descansar sus pies en el suelo y aliviar la presión en sus
fémures—. Mírame, Neve. Por favor.
Sin quererlo, levantó su cabeza y entonces estuvieron nariz con nariz. —
¿Qué?
—Gracias por mi preciosa cena de cumpleaños —dijo en una perfecta
voz seria y Neve no podía ver el parpadeó de diversión en sus ojos.
—No fue perfecta —se quejó, agachando su cabeza otra vez—. Celia y
Douglas lo arruinaron todo, y tuviste que comprar pudines en Yorkshire porque
mi masa para pastel seguía cruda. Fue una cena de cumpleaños horrorosa.
—Dios, no seas tan pesimista —dijo Max abruptamente.
—¿Puedo quitarme de tu regazo ahora, porque no creo que sea muy
cómodo para ninguno de los dos?
—No —dijo Max, y puso una mano en su mejilla para sostenerla mientras
la besaba el tiempo suficiente para que Neve comenzara felizmente a besarlo
de vuelta, pero no lo suficiente antes de que él la apartará y Neve suspirara un
poco—. Prometiste regalos antes de que nos invadieran —recordó.
—¡Sí! Dios, se siente como hace días atrás. —Neve saltó fuera del regazo
de Max, aliviada de que no comenzara inmediatamente a masajear sus piernas
como si tratara de hacer volver la circulación, y sacó una bolsa de regalo con
dibujos de estrellas de atrás de la papelera de la cocina—. Feliz cumpleaños —
dijo, empujándoselo a Max.
M


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Max tomó la bolsa, sacó cada paquete y los amontonó en la mesa, y
leyó su primera tarjeta, donde sólo le deseaba feliz cumpleaños y una X de
besos al final.
Entonces, abrió el paquete más grande mientras Neve se encontraba
ocupada en el mostrador de la cocina preparando la siguiente parte de su
sorpresa de cumpleaños, a la vez que su atención se centraba en otra parte.
—Sabes, realmente quería conseguir El Guardián del Centeno y quería
leer estos otros —dijo Max, golpeando suavemente otros tres libros de J.D.
Salinger con un dedo—. ¿Qué debería abrir después?
—El pequeño —murmuró Neve sobre su hombro, y cuando la cabeza de
Max se inclinó sobre el más pequeño de los regalos, ella aprovechó la
oportunidad para sacar un par de paquetes de debajo del armario.
—¡He estado pensando en tener uno de estos por años! —exclamó Max
cuando sacó un pequeño aparato que podía pasar de un iPod a un grabador
de voz. Neve miró a Max para asegurarse de que se veía realmente
emocionado y no fingía su entusiasmo, ya que empezó a desenvolver el último
regalo y descubrió una pequeña taza de café expreso con una foto de Keith
impresa en ella—. Oh, esto es para morirse de la risa.
—Tenia algunas fotos de él en mi teléfono, las puse en un disco y las llevé
a este lugar de fotos… ¿Realmente te gusta, Max?
—Me encanta. Todo esto —dijo, levantando la copa de café expreso y
sosteniéndola para una cercana inspección—. Has dado en el clavo.
—Nunca sé qué comprarle a otra gente, porque el mejor regalo que
alguien podría darme a mí es un libro —explicó Neve, retorciéndose las manos
con nerviosismo—. Puedo regresar todo si no te gusta, a excepción de la taza,
estás atrapado con eso, me temo.
—¡Neve! Dije que me gusta y es cierto. ¿Podemos dejar a un lado la
autocrítica por el resto de la noche?
—No por el resto de la noche. Puedo hacerlo cerca de media hora, luego
la fuerza de los hábitos regresa —admitió Neve—. Entonces, ¿trajiste un DVD?
—Sí, pensé que podrías disfrutar viendo mi colección de Bruce Lee.
—¿Bruce Lee? —Neve sabía perfectamente bien quien era Bruce Lee, y
tener que ver películas de kung-fu por las próximas horas realmente
sobrepasaba la paciencia de cumpleaños—. ¿Una colección? ¿Cuántas
películas son?


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—Puedes relajarte. Las dejé en casa. —Max se puso de pie y Neve se
plantó firmemente en el frente de la encimera, brazos extendidos para así
poder esconder toda evidencia de la siguiente cosa en la agenda de su
cumpleaños—. ¿Qué tienes detrás de ti?
Neve alargó su pierna hasta la rodilla de Max para tratar de mantenerlo a
raya. —Ningún otro pasó o arruinaras la sorpresa —ordenó—. Ve a la sala y
coloca un DVD, estaré allí en diez minutos.
Max trató de mirar por encima del hombro. —¿Esta sorpresa es mejor que
una panera?
—¡Esa es mi panera!
—Pero no comes pan, Neve —dijo Max, y dio un paso hacia delante y
Neve tuvo que tensar su pierna, y gracias a Dios, se dio por vencido—. ¡Bien,
bien, me voy!
Doce minutos más tarde, Neve dio un codazo para abrir la puerta a la
sala con su dedo del pie, mientras tenía una botella de champán y una caja de
dulces debajo de un brazo, y en sus manos sostenía un pequeño pastel de
chocolate con una triste vela y copas.
—Podría cantar “Feliz cumpleaños” pero no canto bien —dijo, colocando
cuidadosamente su intento de pastel en la mesa de café frente a Max—. Pero
aún no has soplado la vela ni pedido un deseo.
—¿Cómo hiciste un pastel de chocolate en diez minutos y por qué está
en una taza? —Max miró con recelo a la humilde ofrenda de Neve—. ¿Es
comestible?
—Es totalmente comestible —dijo Neve, sentándose a su lado—. Tengo la
receta de Rose en el trabajo. Lo hacen en una taza en el microondas. Dice que
es perfectamente comestible. Vamos, apaga la vela.
Max cerró sus ojos y sopló la vela, y se quedo inmóvil, sus párpados bajos
por un momento como si no estuviera desperdiciando su deseo con una
petición frívola, como que el Manchester United ganara la Liga Premier, pero
quería un deseo importante.
—¿No quieres saber qué deseé? —preguntó a Neve, cuando abrió sus
ojos.
—No se hará realidad si me lo dices —dijo a la ligera, tratando de sacar el
corcho de la botella de champán—. Entonces, ¿Qué quieres ver?


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—Pensé que podríamos divertirnos con un juego —dijo, sosteniendo una
familiar caja verde oscuro—. Encontré esto en el estante inferior de tu estantería
de DVD… Si no inclinas tu copa, el champán no tendrá espuma.
Neve terminó derramando el caro champán que consiguió en descuento
en la tienda y espero a que Max bebiera toda su copa en dos grandes tragos.
—Lo cosa es, quizás encuentres raro de creerlo pero, puedo ser muy
competitiva y tengo un amplio vocabulario ya que pase mucho tiempo sin vida
social y leo demasiado… y bueno, si juegas Scrabble conmigo, voy a patearte
el trasero.
Max estaba a punto de comer su primer bocado de pastel, pero se
detuvo con la cuchara a medio camino a su boca. —¿Vas a patear mi trasero?
—Hasta que se vuelva negro y azul, y no seas capaz de sentarte durante
una semana. —Sonó muy arrogante—. En realidad, mamá sólo me dejo jugar
hasta que tuve trece, después de conseguir una alta puntuación, y también
jugué cuando me encontraba en Oxford, acostumbraba a jugar junto a dos
chicos con post-grados en Lingüística.
—Bueno, mi pequeña novia panqueque, he jugado Scrabble contra
Carol Vorderman y le pateé su trasero porque Scrabble no tiene nada que ver
con vocabulario; se trata de lógica y tácticas —informó Max con altanería,
tomando un gran bocado del pastel.
Por un momento, Neve espero que la torta tuviera mal sabor mientras
analizaba el discurso sarcástico de Max, pero él pasó la lengua por la parte de
atrás de la cuchara, pensativo. —Esto es sorprendentemente delicioso, ¿Quieres
un poco?
—Creo que voy a pasar.
—Bueno, no conseguirás ganar en Scrabble tan fácilmente. —Max se
recostó contra los cojines, acunó el tazón en su pecho, y apoyó sus pies sobre la
mesa de café así podía extender la caja de Scrabble hacia Neve—. Vamos,
comencemos. A menos que tengas demasiado miedo.
—Max, tengo todas las palabras monosílabas memorizadas y, en cuanto
a Carol Vorderman… Bueno, podrá ser buena en matemáticas, pero nunca
estuvo leyendo diccionarios, así que no me sorprende que la vencieras en
Scrabble.
—Menos plática y más acción. —Max golpeó los nudillos suavemente
contra la cabeza de Neve, poniéndola furiosa—. Te lo recordaré cuando te
haga comer cada palabra y me reiré porque te creías muy buena.


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—Sí, eso nunca pasará. —Neve le arrebató la caja y prácticamente
arrancó la tapa, y golpeó el juego contra la mesa de café.
—No puedes ser tan buena en Scrabble, si mantienes tus juegos
olvidados. —Notó Max, retándola.
Neve sabía que sólo hacía eso para molestarla, pero Dios, funcionaba. —
Juega, Chico Panqueque —gruñó, lanzándole una letra a Max, lo cual lo hizo
reír—. Y no creas que te dejaré ganar porque es tu cumpleaños.
Ésta fue la ocasión que Neve más disfruto de jugar Scrabble. Incluso,
podría ser el juego más divertido que nunca jugó. Por cada palabra de alta
puntuación que ella intentaba utilizar, Max ponía tres diferentes palabras y
alcanzaba su puntuación.
Cada vez que trataba de enojarse o usar una frase como, “Estás en
contra del espíritu del juego”, Max detenía sus quejas con un beso, mientras
decía—: Es domingo y sólo has comido una patata asada.
Cuando el juego estuvo cerrado y bebieron todo el champán, él
comenzó a darle un lento y devastador beso entre cada ronda.
Al final, Neve fue la ganadora. Consiguió muchos puntos utilizando la “q”
y Max sólo invento palabras, consiguiendo que ella se burlara de él por
atreverse a retarla.
Luego, fue su turno de besar el rostro malhumorado de Max hasta que se
entrelazaron en el sofá. Las manos de Max desaparecieron debajo de su suéter
y vestido, y Neve estuvo feliz de enredar sus dedos alrededor de la hebilla del
cinturón de Max, pero estaba tan duro y ella tan curiosa que lentamente
desabrochó su cinturón para así poder deslizar su mano dentro de sus vaqueros
y explorar su larga longitud a través de sus calzoncillos.
Todavía se sentía extraño tocar una erección, pero era una cosa extraña
tan buena como los dedos de Max deslizando las copas del sujetador de Neve
para así poder rozar sus pezones con su lengua y dientes, y también besar un
punto de pulso en su cuello. Y pronto, tener una barrera de tela entre su
miembro y sus dedos no era tranquilizador, sino irritante. Neve bajo su mano y
por un momento le sorprendió lo cálido, suave y palpitante que era en su mano,
hasta que Max se separó de ella.
—No hagas eso —jadeó, su cabeza echada hacia atrás, sus ojos
cerrados, y Neve pensó que él nunca se había visto tan hermoso como lo hacía
en ese momento; con la suave luz proveniente de la lámpara, con los planos de
su pecho descubierto y las tensas líneas de su rostro con un brillo fantasmal—.
Hora de parar.


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Neve no quería detenerse, ya que se encontraba un poco borracha por
el champán, el chocolate y su victoria de Scrabble. Tenía una extraña e
imperiosa necesidad de arrancarse la ropa, sin importarle sus imperfecciones y
rogarle a Max terminar lo que comenzaron.
En su lugar, se recostó sobre el sofá y trató de recobrar el aliento mientras
Max subía la cremallera de su sudadera hasta su barbilla, así no se vería
tentada de lujuria por cada centímetro de su piel.
—Voy a pasear a Keith —anunció Max innecesariamente, porque siempre
tiene que pasear a Keith cuando las cosas se ponían candentes y pesadas
entre ellos. Era parte de la rutina del domingo en la noche.
Neve se encontraba sentada en la cama con sus dientes cepillados, cola
de caballo y con una absoluta certeza de que iba a ser otra noche sin dormir,
mientras Max se sacaba sus jeans y se metía bajo su edredón.
—Está helado aquí —se quejó, acaparando una gran cantidad de la
manta, la cual Neve intentó apoderarse de nuevo—. ¿La calefacción está
dañada?
—No, pero apagué el radiador y he tenido las ventanas abiertas todo el
día, no hay botellas de agua caliente y estoy usando mis pijamas de verano. —
Neve se acurrucó más cerca de él—. En el momento en que quieras empezar a
hacer una buena imitación de una explosión termonuclear estará bien por mí.
—Aléjate de mí —dijo Max, empujando a Neve al otro lado del colchón—
. Es como compartir la cama con un bloque de hielo.
—Bueno, es más frío para ti que para mí. —Neve se acurrucó bajo el
edredón, demasiado friolenta para incluso leer un libro, ya que supondría
exponer a sus brazos a los elementos. Sólo tenía que pensar en cosas calientes
en su lugar.
Diez minutos después, todavía se congelaba y seguía despierta. Tan
despierta que cada vez que cerraba sus ojos, se abrían por voluntad propia.
Neve pensó que Max podría estar dormido porque quedó muy quieto y
tranquilo, a pesar de que no lo suficientemente profundo para comenzar a
roncar, cuando de repente rodó y tuvo cada deliciosa pulgada de él
acariciándose contra ella.
—Supongo que puedes poner tus pies sobre mí si quieres. —Neve
inmediatamente presionó la planta de sus pies contra sus espinillas con un
suspiro de alivio.
—Eso está mejor. —Max presionó un beso en su hombro, sus brazos
apretados aunque tensos alrededor de ella como si estuviera preocupado de


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que pudiera romperse en pedacitos—. Puedes decirme si estoy sobrepasando
la línea, pero no deberías dejar que esta cosa con tu papá se prolongue.
Ella había estado aliviada de que Max no mencionara nada relacionado
a su papá después de la salida de Celia, porque, muy en lo profundo, Neve
sabía que era verdad; no había hablando con su papá. O más bien, no le
hablaba en su manera habitual pasiva agresiva.
—Lo sé —dijo suavemente, esperando que fuese suficiente para satisfacer
a Max y terminar la conversación.
—Lo que dijo fue injusto y doloroso, lo entiendo, pero va llegar el
momento en que será muy tarde para enmendar las cosas con él porque ya no
estará allí. —Max besó su hombro de nuevo casi como si supiera que Neve se
debatía con la manera más rápida de evadir la conversación, incluso si eso
significaba salirse de la cama—. Entonces, lo que dijo y cómo lo dijo ya no serán
importantes. Lo que será importante son las cosas que nunca llegaste a decir.
Ella no quería escapar más, pero se dio la vuelta para poder abrazar a
Max en lugar de ser abrazada. Neve se retorció en sus brazos hasta que pudo
trazar patrones en su cara en la oscuridad con sus dedos.
—Si tu mamá todavía estuviese cerca, ¿qué te gustaría decirle? —susurró,
y se sentía como la cosa más valiente que jamás había hecho, esperando que
fuese lo suficientemente digna de que Max le permitiera compartir algo de su
dolor.
No respondió al principio, pero se suavizaron las arrugas de preocupación
que habían aparecido en su rostro.
—No lo sé… probablemente no le diría que la extraño ni que la amo, sólo
le haría una taza de té y le preguntaría cómo estuvo su día y qué pensaba
acerca del episodio de anoche de Coronation Street
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. —Hizo un pequeño
ruido confuso y por un momento el corazón de Neve se abatió, él apoyó la
frente sobre su hombro—. Supongo que las cosas que siempre damos por
sentado, que no te das cuenta, son las que más echas de menos.
Neve abrazó con fuerza el cuerpo rígido de Max. —Está bien extrañarla,
¿sabes?
—Siempre andaba tan enojada. Enojada con mi papá por andar
agobiando. Molesta conmigo porque tenía la fantasía de que hubiese tenido
una vida increíble y satisfactoria, si no hubiese tenido que cargar con un niño. —
Max se frotó los ojos y tragó fuertemente—. No era tan malo cuando mi abuela

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Coronation Street: También conocida como Corrie, es una serie británica que se emitió por
primera vez el 9 de diciembre de 1960 en la cadena Independent Television (ITV).


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seguía viva, pero después de que murió, mi mamá se puso, incluso, mucho más
deprimida. Mudarme a Londres, cuando tenía dieciséis, fue la mejor cosa que
había pasado. Pero si hubiese sabido que sólo le quedaban dos años, me
hubiese quedado. Debí haber estado allí para ella.
—Pero no podías saber eso, Max, y en algún nivel, debió haber tenido
algo de paz sabiendo que eras independiente y podías cuidar de ti mismo. —
Neve no sabía qué más decir para hacerlo sentir bien así que lo besó.
Fue un beso torpe y se golpeó la nariz, pero eso hizo que Max sonriera
contra sus labios y Neve pudo sentir la tensión dejando lentamente su cuerpo
como el aire escapando de una picadura.
—Entonces, sólo digo, que debes reconciliarte con tu papá —dijo Max—.
Porque no quiero que tengas que vivir con esta clase de arrepentimiento. Es un
dolor en el trasero.
—Bueno, hablaré con mi mamá —decidió Neve, porque había beneficios
en tener una madre que quería saber los asuntos de los demás—. Vamos a
tantear el terreno. —Trató de encogerse de hombros, lo cual era
sorprendentemente difícil cuanto estas acurrucado con alguien—. Lo tonto es
que estoy feliz de que lo dijera. Necesitaba escucharlo, pero deseo que no
hubiese sido él.
Ella se volteó porque ahora era el turno de Max de abrazarla. Ni siquiera
le riñó por poner una mano sobre su vientre. —Para mi sonó como si tú y tu
papá solían ser cercanos —ofreció él.
Y lo habían sido. Habían compartido… el silencio y había sido de oro.
—Cuando me encontraba en Oxford, me visitaba y me llevaba a
almorzar —dijo Neve vacilante—. Íbamos a un restaurante en el río y yo leía una
novela y mi papá leía algún Manual de Usuario y no diríamos una palabra, pero
estábamos tranquillos allí juntos. Fue el único momento en que alguna vez me
sentí cómoda siendo simplemente yo, como si me amara y no me juzgara, así
que cuando dijo lo que dijo y la manera en cómo lo hizo, me sentí traicionada.
Max no trató de besar y alejar la herida o abrazarla con más fuerza, pero
seguía acariciando su vientre en círculos lentos y concéntricos. Se quedaron allí
en silencio hasta que él se aclaró la garganta.
—Cuando estoy entrevistando a alguien y me callo, por lo general alienta
a seguir hablando.
Neve ahogó una risita. —Lo siento, he terminado con mis significantes
problemas paternos por ahora.


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—Sólo tú puedes usar esas grandes y verbosas palabras en este momento
de la noche —gruñó Max, moviéndose ligeramente con el fin de que Neve
pudiera poner sus pies de nuevo sobre sus espinillas—. Dios, todas estas
confesiones realmente me han agotado.
—A mí también. Deberíamos dormir —murmuró Neve. Debía estar
exhausta porque había tenido un día del demonio, pero la mano de Max se
deslizó por debajo de su blusa y podía sentir la calidez de su palma en la carne
desnuda de su estómago. Todas esas urgencias de antes, simplemente se
habían dormitado y ahora se despertaban, suplicándole para hacer algo. Algo
similar a arquearse contra Max o desengancharse su sujetador para que
disimuladamente pudiera rozar sus pechos contra su brazo.
—Sí, dormir. —Max arrastró las palabras, como si él ya estuviese a mitad
de camino y no se dio cuenta de que el pulgar se enredó en la cintura de su
pijama.
Si se sentía fría antes, ahora Neve ardía. Cerró sus ojos, pero eso hizo que
la urgencia se volviera peor, como si sus sentidos se hubiesen intensificado y
todo lo que tenía eran las terminaciones nerviosas debajo de la mano de Max.
Neve podía haber gritado en frustración cuando la mano de Max se
movió hacia arriba en vez de hacia abajo, pero le pareció bien porque la
puntas de sus dedos rozaron la parte inferior de su pecho. Respiró con fuerza.
—Lo siento —murmuró soñoliento, como si ni siquiera estuviese al corriente
de lo que hacía, cuando Neve quería que él supiera exactamente lo que
hacía, y lo estaba haciendo más y más difícil y sólo… —. ¿Por qué duermes con
sujetador?
—Me lo quitaré —dijo Neve rápidamente, buscando a tientas con una
mano para liberar el broche—. Y no pasa nada… con lo que hacías. Quiero
decir, puedes seguir haciéndolo si lo deseas. No me importa.
—¿Haciendo qué?
Neve consiguió sacarse los tirantes del sujetador por sus brazos, luego
sacó el sujetador por una de las mangas de la camiseta. —Me tocabas aquí —
dijo, y colocó la mano de Max en el pecho desnudo, porque la urgencia le
ganó de lejos a la tímida modestia. Sin competencia.
Max trató de alejar su mano, pero el roce de su palma contra su pezón ardiente
era el único incentivo que necesitó Neve para mantener un férreo control sobre
su muñeca.


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—Pensé que habíamos acordado no hacer esto —dijo Max, y su voz no
sonó espesa con el sueño sino más bien como si estuviese tenso por apretar su
mandíbula para detener sus dientes de que temblaran.
—No, dijimos que no íbamos a tener sexo pero no quiero eso, quiero que
me toques —explicó Neve, empujándose en la mano inmóvil de Max en el caso
de que necesitara una demostración práctica también—. Y estoy muy tensa y
sé que no voy a poder dormir.
—Por lo tanto, ¿estoy realizando un servicio público?
—Servicio personal —corrigió Neve, y pudo dejar ir la muñeca de Max
porque su mano ya se movía ahora, presionando, cada toque de sus dedos la
habían arqueado contra él, así que Neve no estuvo tan impresionada cuando
sintió su pene endureciéndose contra ella.
—¿Algo más que quieras que toque? —La voz de Max se había espesado
de nuevo, no por el cansancio sino por otra cosa.
Neve ni siquiera tuvo que pensarlo. —Aquí —dijo, tomando la mano de
Max de nuevo para poder deslizarla debajo de su vientre y, no había punto en
prolongar su agonía, debajo de su pijama.
Esta vez, ella dejó libre su muñeca rápido porque Max ya saboreaba su
vagina, probando cuan mojada se encontraba con la punta de un dedo,
luego lo deslizó en su interior para poder empujarlo superficialmente, mientras
ella se presionaba contra él en un placer conmocionado.
—¿Te gusta? —preguntó con voz ronca—. ¿Te gusta eso?
—¡Sí! —jadeó Neve, estirándose torpemente para tratar de tocarlo. Estuvo
sorprendida de encontrarse con la piel desnuda y el hueso de su cadera y sus
nudillos se mantenían rozando su pene hasta que Max tiró de sus pantalones de
pijama hasta las rodillas y comenzaron a moverse juntos.
Max encontró la combinación perfecta de su pulgar rozando contra su
clítoris, sus dedos moviéndose dentro de ella y Neve podía escuchar lo que su
otra mano hacía detrás de ella. Nunca había escuchado esos sonido suaves de
golpeteo antes, pero sabía instintivamente lo que significaba y no le sorprendió
cuando de repente Max gimió y sintió algo cálido y húmedo golpear la parte
baja de su espalda.
Debía haber sido asqueroso, pero Neve se concentró más en envolver su
mano alrededor de la muñeca de Max para llegar al clímax, que no era capaz
de pensar en algo más. Sus jadeos sin aire sonaban ensordecedores mientras
Neve cerraba fuertemente los ojos y sentía como si estuviera en caída libre a


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través del tiempo y el espacio, hasta que, en esa fracción de segundo, antes
de caer al suelo, Max se encontraba allí para cogerla.
Después, cuando se limpiaron inútilmente el uno al otro con pañuelos y
quedaron medianamente decentes, Neve se dejó acurrucarse de nuevo en los
brazos de Max. No ser capaz de dormir era de los puntos más discutibles, pensó,
mientras se sentía ir a la deriva.
—¿Estás entrando en pánico? —preguntó Max de repente.
Era difícil hablar cuando Neve sentía como si sirope corriera por sus venas
hasta su cerebro.
—No en este momento —bostezó—. Probablemente por la mañana.
—Algunas veces me preocupa que si me sigo enfocando en
gratificaciones sexuales, nunca seré capaz de mantener una relación. Es eso lo
que mi… uno de mis amigos me sigue diciendo —admitió Max—. ¿Qué piensas
de eso?
Neve trató de darle al asunto la seria consideración que merecía. Luego,
se rindió. —Creo que necesitas encontrar nuevos amigos.






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Traducido por munieca.
Corregido por liRose Multicolor.

la mañana siguiente, la mitad de la cama del lado de Max se
encontraba vacía, pero el cobertor se había apretado alrededor
de Neve. Ella dio un paseo a Keith y empacaba su bolso del
gimnasio, cuando recibió un texto de Max.
Gracias por mis hermosas sorpresas de cumpleaños. Especialmente la
última. ¿Ya enloqueciste?
Él quería saberlo, como si Neve enloqueciendo fuese su única respuesta
racional a lo que había sucedido la noche anterior.
A decir verdad, se sentía un poco alucinada y un poco avergonzada
también. O en realidad muy avergonzada, pero Dios, tenía veinticinco años y
resultó que tenía necesidades que ya no podían ser satisfechas por su propia
mano ni por una lectura manca del Delta de Venus de Anaïs Nin.
Más o menos. Escribió en respuesta, y cuando iba a apretar enviar,
decidió que si Max hacía alusión a lo que ella pensaba, entonces necesitaría
dejar sus sentimientos claros. Pero quiero hacerlo de nuevo y la próxima vez,
quiero devolver el favor.
No estaba segura de a que hora era el vuelo de Max pero, después de
noventa minutos de cardio y pesas, había otro texto de él. No puedo esperar,
chica mala. Dale un beso a Keith por mí y uno para ti también.
Max había dejado comida para perros con mal olor para una semana y
dos páginas de instrucciones acerca del cuidado diario para perros. Neve
había esperado consejos sobre paseos, comprimidos antiparasitarios y el
número telefónico de emergencias del veterinario, pero resultó que Max tenía
una visión muy pobre de sus habilidades de niñera de perro:

• NO lo dejes en tu dormitorio.
• También es necesario decir que NO va a dormir en tu cama.
• NO lo dejes que en el cuarto de baño. Va a tratar de
beber de la taza del inodoro.
• NO lo alimentes en la mesa. Come comida de perro no comida
humana.
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• Y NO le des chocolate. Lo digo en serio. El chocolate humano puede
enfermar mucho a los perros. En su lugar, he dejado una bolsa de hígado.
• No le gustan los hombres mayores, especialmente si tienen bastones o
andadores.
• No le gustan los globos, bolsas o cometas.
• Evita también los niños pequeños.
• Un niño pequeño que intenta volar una cometa, mientras sostiene un
globo y una bolsa en su otra mano sería casi acabar con él.

En el momento en que Neve fue a la cama esa noche, Keith se había
quedado en el cuarto de baño mientras ella tomaba una ducha (y trató de
entrar en el cubículo para beber el agua), porque había ladrado y escarbaba
en la puerta con tanta fuerza, que temía por su pintura.
Él también había tenido un pedazo de abadejo al vapor de su plato
porque no había sido capaz de comer la cena sin su nariz en la entrepierna y su
pata empujando su pierna hasta que lo alimentó.
Neve había sospechado secretamente que Keith no tendría tantos
problemas emocionales si Max se rehusaba a mimarlo, pero resultó que ella era
la más suave de los suaves toques, no pudo ejercer ningún tipo de disciplina o
decir—: No, Keith, tienes que dormir en el salón. —En una voz autoritaria.
Había durado cinco minutos, hasta que el sonido de Keith gimiendo y
aullando, y generalmente dando la impresión de que era torturado, la había
obligado a ir a la sala a recoger su cama y sus juguetes junto a su tazón de
agua. Pero si tenía que dormir en su habitación, entonces podría hacerlo en su
propia cama, razonó Neve, y se incorporó con los ojos fijos en Keith. Cada vez
que quitó la mirada de él y trató de leer, éste se lanzaba fuera de su cama y
empezaba a avanzar hacia ella.
—Vuelve a la cesta, niño malo —decía y él se escabullía, la mirada baja,
sólo para ser regalada por el meneo alegre de su corta historia, como si fuera el
mejor juego del mundo.
Era inevitable, tan pronto como Neve apagó la luz, se produjo un sonido
de uñas en el suelo de madera, luego, un peso muerto cayó sobre sus pies.
—Perro malo —espetó, pero ambos podrían decir que su corazón no
estaba en ella. Además, si Keith se queda en la parte inferior de la cama, se
podría doblar como una botella de agua caliente.


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Aunque Keith tenía otras ideas. Se arrastró en la cama sobre su vientre,
como si estuviera siendo sigiloso, y se instaló junto a Neve, golpeando sus patas
contra su espalda, hasta que fue empujada sobre la derecha y pudo meter la
cabeza en su almohada y jadear aliento caliente de perro contra su cara.
—Celia tenía razón —se quejó Neve—. Eres un perro del demonio.
Celia no había cambiado su opinión de Keith cuando vino la noche
siguiente por comida china y apoyo fraternal.
—¡No puedo creer que lo dejaste dormir en tu cama! —exclamó con una
mirada horrorizada a Keith, que observaba todos sus movimientos mientras ella
se zampaba el pollo y los anacardos en su boca—. Podría haberte atacado
con fiereza en tu sueño, y es asqueroso y antihigiénico.
—Leí en alguna parte que la saliva de perro es más limpia que la
perteneciente a los seres humanos —respondió Neve, sintiendo el golpe de una
pata contra su pierna estando de acuerdo. Se quedó allí hasta que ella le dio
de comer la mitad de su bola de masa vegetal al vapor. El único alimento que
Keith no quería comer era el apio—. Seels, déjale un poco de tu rollo de huevo
y tendrás un amigo para toda la vida.
—No le voy a dar uno de mis malditos rollos de huevo. —Keith volvió sus
ojos implorantes hacia ella hasta que partió uno por la mitad y cautelosamente
le dio de comer—. Pensé que tenía uno de mis dedos —dijo con sorpresa, y
Neve sonrió mientras Celia acarició la cabeza de Keith para darle el resto de su
rollo de huevo.
Para el momento que Celia comió su sopa wonton, pollo agridulce, arroz
con huevo frito, gamba Foo Yung y rollos de huevo con la ayuda de Keith, los
dos fueron convirtiéndose en buenos amigos.
—Si está enfermo, lo estás arreglando —dijo Neve.
—Él no es tan malo para ser un sarnoso, pulgoso chucho que,
probablemente, maltrata a los niños pequeños cuando nadie mira —susurró
Celia rascando a Keith debajo de la barbilla. Parecía que la voz escalofriante
fue enterrada profundamente en ambos de sus ADN—. Por lo tanto, me has
dicho acerca de los domingos y yo te he aburrido hasta las lágrimas sobre Yuri y
el estúpido diseñador gráfico, y sigo diciendo que no va a durar una semana
más. Creo que es hora de que nos quejemos de Charlotte.
—No me voy a rebajar a su nivel —dijo Neve santurronamente, mientras
esperaba que la pava hierva y roció Fairy Liquid sobre los restos de arroz con
huevo frito de Celia para no tener la tentación de comerlo más tarde.


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—Sí, siempre dices eso, pero igualmente lo haces una vez que te he
calentado. —Celia sonrió y agrietada con los nudillos—. ¿Por dónde empezar?
Tiene un nuevo chándal Juicy Couture, azul polvo. Me pregunto, ¿cuánto le
costó a Douglas?
—Ella trabaja, probablemente, lo pagó por sí misma —dijo Neve,
volviéndose a sentar y tomando un sorbo de té de menta.
—¿Cuánto crees que le pagan por acumular bofetadas en el rostro de
sus víctimas reacias? —se burló Celia, porque a pesar de que odiaba a
Charlotte por muchas razones válidas, la mayor parte de su desprecio se dirigía
a la elección de carrera de Charlotte, que en gran medida consistió en estar
parada detrás de un mostrador de maquillaje, tratando de interesar a los
compradores en los nuevos colores de la primavera—. Ni siquiera trabaja en un
sitio con onda como Selfridges. Trabaja en una enorme sucursal de Boots, y esas
prendas no son baratas.
—¡Son chándales! ¿Cuánto pueden costar?
Celia dio a Neve una mirada compasiva. —Prueba cien libras por la
sudadera con capucha y unos noventa por los pantalones.
—¿Doscientas libras por un chándal? —Neve casi se atragantó con su
indignación—. ¡Eso es una vergüenza! Es tan típico de ella pagar por el privilegio
de tener la palabra jugosa garabateada sobre su trasero.
—¡Ahí tienes! Sabía que no podrías aguantar mucho más. Ahora, ¿qué
piensas sobre su última pelea? ¿Oíste cómo la llamó Douglas?
Neve no lo sabía, y antes de que Celia pudiera rellenarla en los detalles,
su teléfono sonó. No hay nada inusual en esto, pero la forma en que su
estómago dio una vuelta cuando cogió su teléfono de la superficie de trabajo,
porque pensaba que podría ser Max, era un territorio nuevo.
—Espera un momento —le dijo a Celia, y contestó la llamada—. ¿Hola?
—¿Eres Neve? ¿La Neve de Max? —preguntó una mujer joven con un
acento cantarín de Manchester.
—Eh, sí, soy Neve —replicó.
—¡Genial! Soy Mandy. Él me contó todo sobre ti. Bueno, no quería, pero lo
amenacé con bajar medio punto porcentual de sus ganancias de derechos de
autor, y eso funcionó como un encantamiento. Así que, ¿cómo estás?
—Estoy bien —dijo Neve cuidadosamente. No tenía ni idea de quién era
la mujer, pero parecía conocer muy bien a Max—. Lo siento, ¿Mandy...?


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—Mandy McIntyre. Max dijo que no se encontraban muy bien en su
relación actual. Y cuando le pregunté por qué, dijo que recientemente habías
salido de un convento, no te encontrabas lista para tomar Órdenes Sagradas,
pero pensé que me tomaba el pelo. Por lo general lo hace.
¡Oh Dios, esa Mandy!
—Oh, sí, hola. Lo siento, no podía ubicar el nombre —dijo Neve, tirando
de un rostro angustiado a Celia y pronunciando "Mandy McIntyre", mientras
señaló su teléfono—. Él te tomaba el, eh, pelo. No he estado en un convento,
sólo no veo mucha televisión ni leo revistas calientes.
Celia se posicionó prácticamente en su regazo, con la cara apretada
contra Neve, mientras trataba de escuchar. —¿Qué está diciendo? —dijo entre
dientes.
—¿Qué haces contigo si no ves televisión? —Era lo que decía Mandy—.
Tuvimos un corte de energía la semana pasada y la Sky box no grabó Glee, y
pensé que iba a morir. De todos modos, probablemente te preguntarás por qué
estoy llamando, aunque es agradable conocernos, ¿no es así?
—Muy agradable —dijo Neve, dándole un codazo a Celia quien
empujaba tan fuerte que se encontraba en peligro de caer de la silla—.
Felicitaciones por la boda. Debes estar muy emocionada.
—Es una pesadilla total, si quieres saberlo —suspiró Mandy—. Pero no es
por eso que estoy llamando. Ahora, ¿Max te ha dicho sobre el código de
vestimenta, que es blanco y negro? Esto es negro o blanco, pero también
puede ser negro y blanco. Por ejemplo, podrías usar un vestido blanco, si tuviera
un patrón floral negro.
Celia se quejó como si estuviera adolorida, después se llenó tanto de su
mano como pudiera entrar en su boca para silenciar las risas.
—Creo que me voy a vestir de negro —murmuró Neve—. Um, ¿está eso
bien? —Mandy parecía ser el tipo de persona que no le gustaba quedar
atrapada por sorpresa.
—Negro está bien, y necesitarás un numerito sexy para el viernes, cuando
vamos a tener una noche de chicas. Esa es la otra razón por la que estoy
llamando. Honestamente, pones mi cabeza al lado de un colador y no serías
capaz de notar la diferencia.
—Oh, estoy segura de que no es cierto —dijo con una sonrisa tonta, y
Celia hizo un gesto para hacerle saber a Neve que no se impresionó mucho por
los intentos poco convincentes de su hermana en conversación—. Pero no
estoy segura de cuándo estemos llegando. Puede que sea demasiado tarde


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para salir en la noche del viernes. —O más bien, iba a asegurarse de no estar
disponible para una noche de chicas con Mandy y sus amigas. Ella parecía de
la comedia de oro, pero ¿sus amigas WAG? Sería como salir con una banda de
Charlottes.
—Bueno, ya le dije a Max que tienen que llegar el jueves y eso es una
orden de Mandy McIntyre —dijo Mandy, sin un ápice de ironía—. Así que,
necesitas conseguir un vestido exuberante porque vamos a ir a discotecas en la
ciudad y vamos a tener un día de spa antes de eso, entonces no te preocupes
si no hay oportunidad de tomar el sol antes de salir de Londres. Ellos hacen
bronceados terribles ahí de todos modos. Fui a un lugar en Mayfair y salí de
color beige. Puedes tener lo que quieras en el spa, siempre y cuando no sea un
facial profundo, porque no quiero a nadie lucir manchado en las fotos de mi
boda.
—Eso es muy amable de tu parte, pero…
—Ahora, Neve, ¿estás a punto de decirme que no?
—Bueno, es sólo que…
—Porque la palabra “no" no está en mi vocabulario, junto con las
palabras "no puedo" y "Victoria Beckham”. Por lo tanto, aunque has dicho que
no, yo no lo entendería, y no te preocupes por los gastos. Es un regalo de
promoción porque ya he hecho una sesión de fotos pre-boda en el Spa de
Voila, y una de las otras chicas tuvo que abandonar. Verás, la mejor amiga de
mi hermana Kelly, Shelly, iba a salir con uno de los compañeros de equipo de
Darren hasta que la pillaron con alguien del Chelsea y ella se enteró y vendió su
historia así que le dije a Kelly: No me importa si es tu mejor amiga...
Neve apartó el teléfono a pesar de que todavía podía oír Mandy
explicando felizmente lo que había dicho a Kelly sobre Shelly. —Voy a matar a
Max —dijo a Celia, que fue batiendo sus manos y su cara retorciéndose en una
mueca terrible cuando trató de contener su alegría.
—... Necesito que firmes un acuerdo de confidencialidad para que no
cuentes a los periódicos ninguna cosa sobre lo que suceda durante el fin de
semana. —Mandy hizo una pausa, porque su tanque de oxígeno tenía que
estar escaseando—. Probablemente debería haberlo enviado por fax antes de
llamar, pero tienes una voz muy agradable y estoy segura de que no irías a los
periódicos. Soy realmente buena juzgando el carácter sobre estas cosas. Nunca
me gustó Shelly, sus ojos están muy juntos.
Mandy se quedó en el teléfono por otros diez, muy largos, minutos y luego
tuvo que llamar de vuelta porque se había olvidado de conseguir el número de


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fax de Neve. Cuando finalmente colgó el teléfono y permaneció en silencio
esta vez, Neve se derrumbó sobre la mesa.
—¡Oh, Dios mío! voy a ser una honoraria WAG por todo un fin de semana.
—Te van a comer viva —anunció Celia con satisfacción sombría—. No
puedo creer que no me dijiste nada sobre esta boda. ¡Suena
histérica! Y, más importante aún, ¿qué vas a llevar?
—Ese vestido negro vintage que llevé en la fiesta de Skirt, el cual sólo
encaja si me pongo foundation garments (shaping underwear) debajo —
murmuró Neve.
—Oh, has perdido mucho más peso desde entonces.
—No lo he hecho. He perdido dos kilos y apenas dos centímetros de mis
caderas —dijo Neve, tratando de resistir a los intentos de Celia de tirarla a sus
pies—. Y estoy encaminada a tener, y cito, “un número de va-va-Voom, que
muestra a sus chicas” para ir de discotecas. No puedo hacer esto.
—Ahora, ahora, las palabras “no puedo” no están en el vocabulario de
Mandy —bromeó Celia introduciendo una mano en la axila de Neve y
acarreándola a levantarse—. Debes tener algo medio sexy en tu guardarropa.
Vamos a echar un vistazo.
Celia era otra persona quien nunca había oído la palabra “no”, pensó
Neve, mientras fue arrastrada a su dormitorio, y luego la hizo parar frente a su
guardarropa, donde Celia saqueó los contenidos y aportó un comentario
corriente.
—¡Cinco vestidos cruzados! ¡Cinco! ¿Por qué necesitas cinco? —Celia los
arrojó sobre la cama, como si no pudiera soportar verlos nunca más.
—Bueno, uno tiene mangas largas, y uno tiene mangas de kimono, y uno
tiene un ribete de raso en la cintura, y…
—¿Cómo conseguiste un rasgón tan grande en esto? —Celia ya había
avanzado y fue alzando el vestido vintage negro que Neve había usado la
primera vez que conoció a Max, lo llevó a su casa y había hecho un enorme
agujero raído en el vestido en la prisa por perder su virginidad adecuadamente.
Neve se quedó mirando el vestido y parpadeó rápidamente. —Bueno —
dijo lentamente—, ¿supongo que debo haberlo enganchado en algo?
—¿Me estás preguntando o estás diciéndome? —exigió Celia con
severidad—. Max no te lo arrancó en un arrebato de pasión, ¿verdad?


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—¡No! Dios, ¿por qué dices esas cosas? —Neve le arrebató el vestido a
Celia, rompiéndolo aún más en el proceso—. Sólo concéntrate en el problema
en cuestión. ¿Esto se puede reparar?
—No, lo has roto justo enfrente de la falda —dijo Celia de mala gana—.
Has arruinado algo vintage. Hay una palabra para gente como tú.
Si la hubiera, entonces Neve no le importaba saber cuál era. Hizo un
gesto hacia su escaso vestuario. —Por favor, ¿podrías enfocarte? En tu opinión
profesional, ¿hay algo aquí que sea remotamente apropiado para una boda o
una noche en la ciudad con un grupo de chicas que están realmente en el
falso bronceado?
Celia se dejó caer sobre la cama y puso sus brazos detrás de su cabeza.
—Esta relación panqueque tuya... quiero decir, pensé que habrías roto con él
para este momento. Se suponía que sería por un par de meses y no sonabas
como si fueras tan feliz con esto la semana pasada. Pero luego, cuando fuimos
a cenar el domingo, fuiste muy dulce con él como si quisieras serlo y no sólo
hacerlo para acumular algunos puntos en la relación.
Neve suspiró y se sentó en la cama porque Celia sonaba muy agresiva, y
quedó claro que lo del trabajo del guardarropa de su hermana estaba muy
abajo en su lista de prioridades inmediatas. Además, Celia había golpeado, sin
saberlo, a una verdad incómoda; hace unos días el pensamiento de romper
con Max había parecido la respuesta a varios problemas, o por lo menos el
problema de no poder dormir juntos, pero ahora todo había cambiado. No
podía decirle a Celia por qué todo había cambiado. No importa cuántas veces
lo explicara a los demás, el arreglo siempre sonaba extraño y cruel. Pero
cuando Neve no lo explicaba y tan sólo era como era, empezaba a sentirse
natural. Como si estuviese exactamente donde tenía que estar, lo cual era con
Max.
—Bueno, él ha crecido conmigo en los últimos días —admitió—. Y sí,
supongo que, en cierto modo, es algo así como convertirse en una relación
apropiada, aunque con el entendimiento de que no va a durar más allá de
cierto punto.
—Todavía no estoy convencida —decidió Celia, sentada y envolviendo
sus brazos alrededor de sus rodillas—. Sé que vas a encontrar a un chico y no
hay manera en el infierno de que podría alguna vez ser El elegido, pero aún así
terminas follando con él por un tiempo. Sin embargo, estar con alguien que
conoce que estás enamorada de otro tipo... Max sabe algo de William, ¿no?
—Por supuesto que sí —dijo Neve de mal humor, porque, realmente, ¿qué
clase de chica pensaba Celia que era?


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—Bueno, sé por qué estás con todo los de los panqueques, pero ¿Max
qué consigue de esto? Aparte del placer de tu encantadora compañía, que no
tiene precio —agregó Celia rápidamente, cuando vio a su hermana un destello
en sus ojos.
Esa era una pregunta a la que Neve no tenía una respuesta adecuada
todavía, por lo que trató de hacer caso omiso despreocupadamente. —No lo
sé. Tendrías que preguntarle.
—Sí, como si él me lo fuese a decir. —Celia se arrastró fuera de la cama
para poder estudiar el lamentable estado del guardarropa de Neve—. No hay
nada aquí con lo que pueda trabajar.
—¿No crees que pueda llevar uno de mis vestidos cruzados a la boda si
añadiera algunos accesorios? —sugirió Neve.
—Em, a menos que sea un vestido cruzado de Diane von Furstenbergen
con una impresión gráfica de moda, entonces no. No tienes nada
remotamente sexy para usar en las discotecas tampoco. No creo que ninguna
de tus ropas se consideré sexy incluso en el autobús. —Celia se puso las manos
en las caderas—. Vamos a tener que ir de compras.
—Cualquier cosa menos eso. —Neve hizo un gesto de horror, como si
Celia le hubiera preguntado si se podía sacar todas las uñas de los pies una por
una. De hecho, eso sería preferible—. Estoy completamente quebrada y me
prometí no comprar ropa nueva hasta que fuera una talla diez.
—Pero cariño, vas a una boda WAG, necesitas un vestido nuevo. —Celia
palmeó el hombro de Neve—. Sólo para hacer tu miseria cien veces peor,
mamá estará para el fin de semana y me dijo que fuera de compras con ella el
sábado. Salvo que piensa que vamos a la calle Oxford, pero en realidad me la
llevo a Westfield, tiene mucha más onda. Vas a tener que venir también. No
puedo permitir que compres dos vestidos de moda sin supervisión.
—No voy a ir de compras con mamá y no hay nada que puedas decir
que me haga cambiar de opinión. —Neve levantó la barbilla desafiante.
—Bueno, a) le voy a decir a mamá que te negaste a ir de compras con
ella y dejaré que te desgaste con llamadas telefónicas a cada hora exigiendo
saber cómo podría haber criado una hija sin corazón que no quiere pasar
tiempo de calidad, creando lazos afectivos, con la mujer que casi muere
dándola a luz. También, debo advertirte que ella va a pasar, por lo menos, un
cuarto de hora recordándote que la partera no había visto nunca a un bebé
con una cabeza tan grande. Y b) Grace me presta sus tarjetas de descuento,
así que voy a conseguir entre veinte y cuarenta por ciento de descuento en


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todas las tiendas que vayamos. —Celia sonrió beatíficamente—. Pero si tomaste
una decisión, entonces está bien.
—¿Te he dicho últimamente lo mucho que te odio?
—Todo el tiempo, y lo mismo para ti —contestó Celia, dejándose caer
sobre la cama para poner un brazo en los hombros caídos de Neve—. Ahora
bien, si tenemos que pasar un día con mamá, entonces necesitamos hablar
sobre todas las cosas que absolutamente no se hablan en su presencia.



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Traducido por Annaiss y Panchys.
Corregido por liRose Multicolor.

eve sabía que había perdido casi seis kilos. Que sus caderas se
habían reducido de 154 centímetros a 109 centímetros. Sus
sostenes ahora eran 34DD y no 52GG. Objetivamente, lo sabía.
Pero, subjetivamente, cuando iba de compras y se probaba la ropa en
un vestidor iluminado y podía ver toda su carne blanca y blanda expuesta,
todavía se sentía como una Gorda de Muerte, y sabía que se parecía a una,
también.
Peor aún, comprar ropa con su madre le daba a Neve una terrible
sensación de déjà vu de cuando fueron a comprar un nuevo uniforme escolar.
Para el momento en que tenía catorce años, Neve era demasiado grande para
entrar en la falda de talla más grande de Marks & Spencer
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y tuvo que
conformarse con una de color marino de talla mucho más grande. Luego,
estaba el año en que había reventado la chaqueta escolar y su madre
consiguió el permiso para que su amiga Agnes hiciera una en tela barata poli
que no se asimilaba para nada a las demás chaquetas. Charlotte casi había
explotado con pesar cuando Neve se había presentado a la escuela usando el
mejor esfuerzo de Agnes, con las costuras fruncidas y le daba descargas
eléctricas en el laboratorio de Física.
Neve se sentó en la banca del vestidor y trató de apartar la mirada de su
reflexión, porque, realmente, ¿alguien se veía bien bajo las luces fluorescentes
cuando llevaba el sujetador y las bragas más robustas que el dinero puede
comprar? ¿Y qué le tomaba tanto tiempo a Celia?
Neve había pensado que Celia y su madre se encontraban en la misma
página que ella, en la página donde tenía una foto de sí misma llevando un
lindo vestido negro. Pero Celia había decidido que iba a acosarla para que
comprara un traje de pantalón negro de vestir “con una chaqueta al estilo
esmoquin. Te verás como Marlene Dietrich.”

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Marks & Spencer: Se especializa en la venta de productos alimenticios, ropa y accesorios de
lujo.
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Neve la había mirado incrédulamente porque la única cosa que la haría
lucir como esa señora era una cirugía plástica radical, una liposucción y un par
de genes diferentes, su madre había añadido sus dos peniques.
—Nunca puedes verte mal con un par de pantalones negros. —Había
informado a Neve—. Y van a resultar útiles para entrevistas de trabajo y
apariciones ante los tribunales. Ah, y también para los funerales.
—Aquí tienes —dijo la voz de Celia desde atrás de la cortina del cubículo,
pues Neve la había entrenado lo suficiente como para saber que no tenía
permitido entrar en lugares sagrados sin su permiso—. Pruébate éstos.
Dos trajes de pantalones negros fueron empujados a través de la brecha
en la cortina, ya que se trataba de una cadena de lujo, ésta tenía delirios de
grandeza, las cortinas eran de cretona ondulante.
—Celia, ¿podrías sólo traerme algunos vestidos negros? —dijo Neve, pero
simplemente hubo silencio.
Sin mucho entusiasmo, Neve colgó los trajes. Celia le había traído uno de
talla catorce, ella no lo sabía, pero se probaría el de talla dieciséis primero sólo
para hacerlo voluntariamente, y cuando los pantalones se atascaran en sus
caderas, insistiría a que siguieran adelante con los vestidos negros.
Los pantalones se deslizaron fácilmente, y Neve pudo incluso abrocharlos,
pero eran demasiado apretados en la cintura y eran muy estrechos sobre sus
caderas y muslos. Neve tomó la chaqueta de la percha y se la puso sobre su
sostén, sólo para satisfacer su curiosidad. La chaqueta, por lo menos, le
quedaba; podía abotonar todos los botones, pero…
—¿Cómo vas ahí? —El tono estridente de su madre viajó a través de la
cortina, y para horror de Neve, ésta se recorrió para dar paso a ésta hacia el
vestidor—. Vamos a echarle un vistazo.
—Los pantalones no me quedan bien —dijo Neve, envolviendo sus brazos
alrededor de su cintura defensivamente—. La chaqueta está bien, supongo.
—Déjame ver. —Su madre obligó a Neve a bajar sus brazos y luego tuvo la
osadía de meter la mano en la cintura de los pantalones—. Éstos son
demasiado grandes para ti.
—Son demasiado pequeños. Están aferrados a mi trasero y muslos.
—Tonterías. Son demasiado grandes y la chaqueta se embolsa sobre tus
pechos.
—¡Mamá! ¡Suélteme! —Neve trató de alejar las manos de su madre, las
cuales se encontraba ocupadas desabrochando la chaqueta.


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—Yo di a luz este cuerpo y no fue fácil, créeme, y somos todas mujeres.
No hay nada de qué avergonzarse. —Su madre había conseguido deshacerse
de la chaqueta—. Oh, tienes mucho menos busto de lo que había pensado.
—¿Qué te dije? —Ahora Celia retiraba la cortina para que pudiera mirar
a Margaret Slater con horror—. No entres en el probador sin haber sido invitada.
No ofrezcas tu opinión, a menos que Neve pregunte por ella y, definitivamente,
no tocar. ¡Quita tus manos de ella!
—En serio, nunca había oído de eso —se quejó la señora Slater, viendo a
su hija mayor—. No tienes nada de qué avergonzarte, Neevy. Casi no queda
nada de ti.
—Queda mucho de mí —espetó Neve, abrochándose la chaqueta
nuevamente y ofreciéndose para la inspección de Celia.
—Necesitas una talla menor —dijo su hermana—. Todo es demasiado
grande.
—¿Estoy hablando conmigo misma? Sí, los pantalones son demasiado
grandes en la cintura, pero son demasiado pequeños en mi descomunal
trasero.
—Por favor, sólo ponte el de talla catorce para que podamos comparar y
contrastar porque estoy perdiendo mi voluntad de vivir aquí —pidió Celia.
—Está bien, lo que sea. —Neve tomó el otro traje, después miró a su
madre y hermana a través del espejo. Si Margaret Slater no tuviera unos buenos
veinticinco años sobre su hija menor, podrían haber sido confundidas como
gemelas. Misma altura, misma figura, misma mirada de indignación en sus
rostros, aunque la señora Slater había comenzado a preferir las tonalidades más
claras del gráfico de color de Clairol
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, una vez que el rojo encendido de su
cabello había comenzando a desvanecerse—. No necesito a una audiencia,
muchas gracias.
—Bueno, ya estamos aquí —dijo su madre, dejándose caer en el banco
acolchado—. Señor, mis pies me están matando. Ahora, esta boda, ¿sabemos
quiénes se van a casar?
Neve agarró el otro traje y le lanzó una mirada de desesperación a Celia
porque cuando habían elaborado su lista de Cosas Que No Se Discutirán Frente
a Mamá, también habían hecho un pacto para proporcionar una distracción si
su madre no dejaba el tema por vencido. No dejar algo de lado es la razón de
ser de Margaret Slater.

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Clairol: Marca de tintes para cabello.


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—Ya te hemos dicho, mamá, es un amigo de un amigo de Neve que no
conoces —dijo Celia rápidamente—. De todos modos, ¿te he dicho que Dougie
y Charlotte están discutiendo todo el tiempo? Parece que tendremos el primer
divorcio en la familia en poco tiempo.
—Mmmmm. Cuando pienso en todas las chicas hermosas que cortejó y
se casó con ella. —La señora Slater frunció los labios y miró hacia el cielo—.
Realmente debería pedirle a Padre Slattery que se deje caer sobre ellos. Pero,
vamos, no es católica, ¿verdad?
—No lo es, mamá —dijo Celia piadosamente, aunque ella no había ido a
misa en años, y tal vez tomaría todo un día en el confesionario, una semana de
Ave Marías y realizar los Hechos de Contrición antes de que fuera absuelta por
todos su pecados—. Eso sucede cuando se casan fuera de fe.
Sobre todas las distracciones ésta fue una segura, una ganadora
garantizada para que Neve pudiera cambiarse de trajes con la certeza de que
su madre se encontraba ocupada protestando sobre todos quienes eran
responsables de las terribles agresiones con arma blanca hasta los de la gripe
porcina.
Neve tiró de los pantalones y los subió hasta la mitad del muslo donde se
negarían a subir. Excepto que había más que suficiente lugar para tirar, lo cual
era inútil ya que no sería capaz de abotonarlos.
—Celia, no crees que debiste haber tomado dos de talla dieciséis —dijo
Neve, cuando deslizó la cremallera hasta arriba—. Quiero decir, todavía son
demasiado grandes en la cintura y muy apretados en los muslos. Pero la
chaqueta parece más pequeña. ¿Es la chaqueta demasiado pequeña?
—Déjame ver —dijo Celia, y después en una total violación de la regla de
no tocar, metió una mano detrás de la cintura de Neve para poder ver la
etiqueta—. No, es talla catorce. Y no son demasiado apretados; deben caer
desde la parte ancha de la pierna, lo que están haciendo, hasta ajustarse en tu
estómago. —Se volvió a Neve para poder tirar y ajustar la chaqueta—. La de
talla dieciséis era demasiado cuadrada. Ves cómo estos te envuelven en la
cintura.
—Pero no puedo estar en un par de pantalones de talla catorce. Mis
caderas miden 109 centímetros. La talla catorce es para 106 centímetros. —
Neve sacudió la cabeza—. ¿Estás segura de que no son demasiado apretados?
—Por supuesto que no —dijo la Sra. Slater, quitando a Celia del camino
para poder auscultar y pinchar a Neve también—. Tienes una figura adecuada,
mi niña. No como Celia, que está como un palo. Son demasiado largos en la
pierna, pero nada que unos zapatos de tacón mediano no puedan arreglar.


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—¿Palo? Recibí mi falta de curvas por parte de ti, mamá —susurró Celia—
. Y no vas a comprar cualquier calzado sin mí. Pero creo que estás lista para un
tacón de siete centímetros.
—No puedo creer que esté en unos pantalones de talla catorce —
murmuró Neve sorprendida, estirando el cuello para ver cómo se veía su trasero.
Sinceramente, no podía decir si el traje se veía bien en ella o no. Todo lo que
sabía era que se trataba de una talla catorce y eso significaba que tenía que
tenerlo—. ¿Qué debería ponerme debajo de la chaqueta?
—Ya sabes, la mayoría de las mujeres no llevan nada debajo de la
chaqueta, pero sé que no eres como la mayoría de las mujeres —dijo Celia
rápidamente cuando los ojos de Neve se abrieron con horror—. Dejé unas
prendas afuera.
Había una blusa de gasa decorada con una impresión de flor de cereza y
con la cintura y puños fruncidos que Neve amó, un vestido que Celia había
seleccionado en caso de que Neve se hubiese negado a los pantalones.
Estaba hecho de raso color ostra con una capa de encaje negro y tenía un
cuello tipo chal, mangas de medida corta, cintura ceñida y una falda amplia
que relampagueaba alrededor de las piernas de Neve cuando caminaba. Era
el vestido más hermoso usado por Neve y ahora vacilaba, ya que funcionaría
igual de bien como el traje de pantalón para la boda. Aún mejor, había dejado
a su madre sin palabras.
—Oh, Neevy —suspiró porque el mutismo sólo había durado un minuto—.
Te ves hermosa. En verdad tienes buen busto.
—¿Podría ser éste mi vestido de discotecas? —preguntó a Celia con
esperanza.
—Sólo si el club es de la década de 1940 —dijo Celia exasperada.
Después bajó su voz—. Es bonito, pero no es estilo WAG y obtendrás más usos
del traje de pantalón. Además, escogí algo para las discotecas y quiero que te
lo pruebes con la mente abierta, sé que podría ser difícil para ti.
—¿Por qué? —preguntó Neve sospechosamente—. ¿Qué tiene de malo?
—¡Nada! —dijo Celia, metiendo un brazo a través de la cortina—. Sólo no
es tu estilo habitual.
—Tengo estilo clásico —dijo Neve, aunque sabía que realmente no tenía
mucho estilo en absoluto. Por sus caderas, muslos, vientre y la parte superior de
sus brazos, se declaró su ropa un éxito. Pero podía tener una mente abierta; ¿no
había comprobado el traje de pantalón?—. Oh, Dios mío, ¡no me pondré eso!
De ninguna manera. Tiene lentejuelas por todos lados.


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El vestido que Celia sostenía era corto y cubierto de lentejuelas de plata.
Lo único favorable eran las mangas largas, única razón por la que Neve dejó
que su madre y Celia la convencieran de probárselo.
Neve miró su reflejo en el espejo, pero todo lo que podía ver era destellos
delante de sus ojos por las lentejuelas y sus piernas carnosas. —Es demasiado
corto. No tengo nada que ponerme con él y sólo se ve estúpido y ridículo y
poco favorecedor. ¡No!
—Es un jodido vestido de línea A. Eso es como, el corte más favorecedor
del mundo y lo puedes usar con mallas…
—¿Mallas? —repitió Neve—. Yo no uso mallas.
—Tienes veinticinco años —añadió la Sra. Slater—. Es un vestido bonito
para discoteca y deja muy poco para la imaginación. Algunas de estas chicas,
podrían muy bien salir fuera de casa en ropa interior.
Neve se miró por el espejo nuevamente. Lucía sonrojada de irritación y,
cuando sus ojos se dirigieron hacia abajo, su cuerpo cubierto de lentejuelas no
combinaba con su rostro ansioso. Y Santo Dios, sus piernas se veían enormes.
—Me veo horrible —dijo rotundamente.
Eso debió haber sido todo, excepto que Celia explotó, aunque Neve
pensó que no se trataba sobre ella, sino ante la exposición prolongada con su
madre. —¿Por qué no puedes ver lo que nosotros vemos cuando te miramos a
ti? —demandó, apretando sus manos en los hombros de Neve de modo que
estuviera frente al espejo—. ¡Te ves hermosa y sexy! O lo harías si borraras esa
expresión agria. ¡Cristo, Neve!
—Ahora bien, no hay necesidad de tomar el nombre de Dios en vano…
—¡El vestido es talla catorce! Eres talla catorce. En ningún tramo de
imaginación te ves gorda, a no ser que estuvieras probándote cosas de Chanel
y, francamente, en ese mundo la talla seis es obesa.
—No estás ayudando, Celia. —Neve apretó los dientes. Era sólo un vestido
de lentejuelas y no podía entender por qué su hermana se comportaba como si
fuera de vida o muerte—. Mira, compraré algo con pocas lentejuelas para mi
traje de discoteca.
Celia se cruzó de brazos y se puso delante de la cortina. —Te llevarás ese
vestido.
—Celia, soy una mujer adulta y muy capaz de tomar mis propias
decisiones, así que puedes pararte allí y darme esa cara de pelea por el tiempo
que quieras, no servirá de nada.


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—Voy a comprar ese vestido para ti —insistió Celia agresivamente, como
si estuviera ofreciendo llevar a Neve a la parte de atrás y darle una buena
bofetada.
Era hora de sacar la artillería pesada. —¡Mamá! ¡Dile!
La señora Slater se puso de pie. —Celia, no comprarás ese vestido para
Neve. Yo compraré los dos vestidos y el traje. Ahora, ¿dónde vamos a conseguir
estos zapatos de los que hablabas?
Celia generalmente podía ser intimidada por una voz dura y una mirada,
pero no era más que una copia de segunda generación. La Sra. Slater era la
que mandaba, quien se negó a escuchar las súplicas de Neve sobre por qué no
quería el vestido de lentejuelas y que podía comprar el traje de pantalón ahora
en efectivo y agregar el otro vestido en su tarjeta de crédito.
—Vas a dejarme comprarlos para ti y sin importar qué tanto no te gusten
—gritó la señora Slater al llegar a la caja—. Ahora, espérame afuera porque no
eres tan vieja como para no ponerte sobre mi rodilla y golpear algún sentido
dentro de ti.
Neve se sentía mortificada. Al igual que Celia, quien había estado a
punto de decir algo, cerró la boca con un chasquido audible.
—Gracias, mamá —dijo Neve tontamente cuando la señora Slater salió
con una bolsa de cartón—. Realmente lo aprecio.
—Bien, no puedo recordar la última vez que fui de compras contigo,
Neevy, y es un placer no tener que ir a Evans. Ahora, los zapatos.
Encontraron el par perfecto de zapatos de gamuza negros en Office no
con una, pero sí con dos correas y un tacón bastante sólido ya que Neve
decidió que probablemente sería capaz de caminar en ellos—. Así que, ¿hemos
terminado? —preguntó impacientemente, después de tomar la bolsa—.
¿Deberíamos ir a tomar un café?
—Necesito ir a Marks y comprar algunas toallas. No tienen toallas
demasiado suaves en Continent y éste puede ser un centro comercial lujoso,
pero les pregunto: ¿Cómo pueden tener un centro comercial en el centro de
Londres sin un John Lewis
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? —La Sra. Slater sacudió la cabeza.
—Yo digo que vayamos por las toallas y luego a tomar una bebida. —dijo
Neve con firmeza—. Chole del trabajo, dijo que hay una bonita tienda de café
en el balcón.

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Tienda departamental de alta calidad en Reino Unido.


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—Mientras haya algún lugar para sentarse. No les desearía mis juanetes ni
a mi peor enemigo. —La señora Slater ajustó la correa de su bolso en su
hombro—. ¿Cuál es el camino hacia Marks?
Celia sonrió victoriosamente. —¿Podemos ir a Topshop porque no me has
comprado un regalo y la nueva colección de Kate Moss acaba de llegar.
—No te compraré un regalo. —La señora Slater dijo bruscamente—. No he
ido de compras con Neve desde que salió de la escuela y ella nunca me llama
para decirme que la electricidad está a punto de ser cortada porque tú y la
pequeña señora no pueden pagar la factura. Y Neve nunca me llama para
decirme que no tiene dinero en su tarjeta Oyster y no puede llegar al trabajo.
Creo que has tenido mucho de tu padre y de mí a lo largo de los años.
—Mamá, Celia no gana mucho dinero —dijo Neve, poniendo una mano
sobre cada uno de sus hombros, ya que ambas se lanzaban miradas asesinas y
no quería que llegaran a los golpes en el centro de Westfield—. Los trabajos de
moda son muy mal pagados.
—Realmente lo son —exclamó Celia—. Y Londres es la ciudad más cara
del mundo. Además de Tokio.
—Pero tú no tienes que pagar alquiler o hipoteca cada mes —dijo la Sra.
Slater enojada—. Ese fue el punto de darte un piso. Y si no eres tú, es Douglas
pidiendo una limosna. Pero, vamos, ¿Neve llama? No. ¿Y sabes por qué?
—Porque nunca sale y vive de pescados al vapor y arroz integral —dijo
Celia malhumorada—. Sin ofender, Neevy.
—Bien, estoy ofendida. ¡Trataba de dar la cara por ti!
—¡La razón por la que Neve nunca pide dinero es porque tiene un
presupuesto mensual y se apega a él a pesar de que recibe una miseria de esa
biblioteca y se graduó con honores de primera clase de Oxford!
—¿Esto es una indirecta porque nunca obtuve un título? Jesús, ¿cuándo
vas a dejarlo ir?
—Hubieras podido retomar tus niveles A, pero desapareciste a Nueva York
sin dejar siquiera una nota…
Neve se sentó en el banco más cercano. Celia y su madre estarían
discutiendo por horas ahora que habían empezado. Sacó su teléfono de su
bolso para revisar sus mensajes y como lo había esperado, había un mensaje de
texto de Max; se convirtieron en un hecho diario.
No puedo dejar de pensar en las groserías que quiero hacer contigo.
¿Cómo está Keith? ¿Cómo estás? ¿Cómo está Lucy? Max x


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Por supuesto, Neve respondió, porque los mensajes coquetos no eran su
fuerte. Keith está bien, te envía su amor. Lucy también está bien. Espero que los
publicistas de Los Ángeles se estén comportando. Neve x
A pesar de que no había oído nada de Jacob Morrison, Neve seguía
trabajando en la biografía de Lucy. Durante la semana pasada, se había
convertido en un hábito escribir por lo menos quinientas palabras durante la
noche. Neve había puesto su nueva ética de tener a Keith viviendo con ella, ya
que cuando Charlotte había subido para gritarle a Neve, Keith había hecho
una buena imitación de un perro apunto de atacar.
—¡No me importa cómo era la vida cuando tenías mi edad! Apuesto a
que la gente se casaba tan joven sólo para poder tener relaciones sexuales.
La discusión todavía seguía en pie. Neve se corrió al final del banco para
que las personas quienes observaban discretamente no se dieran cuenta que
estaba relacionada con las dos pelirrojas, con la cara roja de enojo que se
gritaban la una a la otra.
—Es mejor casarse joven que pasar todas las noches de cama en cama
quitándose las bragas a izquierda, derecha y centro. Sólo te estoy diciendo,
Celia, un par de noches no le hacen bien al mundo. Con todo el sexo pre-
matrimonial, no es de extrañar por qué tienes tan mal genio. Nunca tenemos
que preocuparnos de Neve. Siempre ha sido una chica buena.
Neve realmente deseaba que su madre la dejara fuera de esto. Celia
obviamente se sentía igual, porque su rostro llegó al cenit de la rojez cuando
señaló con su puño hacia su hermana. —Ella tiene novio —gritó—. A quien está
usando para practicar relaciones sexuales porque está enamorada de alguien
más. Lo siento, mamá, pero tu chica buena se ha vuelto mala.
—Tú pequeña víbora —dijo Neve, su voz siniestramente baja, mientras que
su madre se quedaba sin habla por segunda vez ese día.
—Como sea. —Celia arrastró las palabras, pero Neve se dio cuenta de
que se arrepentía de su arrebato verbal ya que la palabra favorita de Celia
carecía de su garbo habitual—. ¡He terminando con la relación madre/hija!
Celia se dispersó como una adolescente dando pisadas fuertes. Neve se
quedó con su madre, quien la miraba como si de pronto hubiera comenzado a
mostrar signos de estigmas.
—No es tan malo como Celia lo hizo parecer —dijo Neve débilmente—.
No te hablé sobre él porque…


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—Toallas. Marks & Spencers —dijo su madre, como si eso fuera lo único en
lo que podía concentrarse porque enfocarse en la vida sexual de Neve le daría
un dolor de cabeza.
Su madre mantuvo un flujo constante de charla hasta llegar a Marks,
haciendo una breve pausa para comprar dos juegos de toallas en un color
melocotón que complementarían los tonos otoñales en el baño de invitados de
la villa en España, luego habló todo el camino de regreso a Finsbury Park.
Neve ya sabía todo acerca de los niveles de colesterol de su padre
(“mucho más bajo desde que se ha hecho cargo de la cocina, aunque sigo
pensando que no puedes tener una salsa sin un poco de mantequilla y crema
en ella”), el sufrimiento silencioso de su tía Catalina, en Nueva Jersey, quien era
una esclava de su Síndrome de Intestino Irritable y la vista esquemática de su
madre sobre lo que hizo durante todo el día.
—¿Tiene esta biblioteca los DVDs tuyos? —preguntó, mientras abría la
puerta de su antigua casa, que había sido convertida en dos pisos.
Sus padres habían alquilado la planta baja a una familia de Testigos de Jehová,
y aunque su madre tenía mucho que decir acerca de las personas que metían
su nariz en las transfusiones de sangre, al parecer, eran muy buenos
arrendatarios que siempre pagan el alquiler a tiempo—. Tú sabes, Neevy, eres
demasiado sobre-calificada para dirigir a las personas a los libros de mayor
impresión. ¿Has pensado en convertirte en una profesora?
—No es ese tipo de biblioteca, mamá —dijo Neve, siguiendo a su madre
por las escaleras. Habían tenido esta conversación en innumerables ocasiones,
pero tanto como su madre sabía, las bibliotecas eran donde iba a sacar las
novelas románticas, que costaban nueve dólares—. Es un archivo literario. Y no
creo estar hecha para enseñar. —Sería un verdadero infierno tener que sentarse
en una sala llena de adolescentes arrogantes, que preferirían enviar mensajes
de texto a otros adolescentes arrogantes que respetar la autoridad de Neve y
escuchar lo que tenía para decir acerca de la novela post-moderna.
—Bueno, es importante tenerlo en cuenta —dijo la señora Slater, mientras
se sacaba los zapatos—. Oh, Neve, podrías obtener un trabajo en una escuela
privada agradable. Eso sería encantador. Tienen un nivel muy alto, no hay
sudaderas con capucha…
—Voy a poner la tetera al fuego, ¿de acuerdo? —interrumpió Neve
rápidamente. Estas pequeñas palabras de ánimo también la hacían
dolorosamente consciente del enorme abismo entre su realidad actual y las
expectativas de su madre.


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Tomaron su té en la sala de estar, que había sido la habitación de sus
padres. Al igual que la habitación en la villa española, se encontraba decorada
en los tonos otoñales favoritos de su madre: alfombras de color rojizo, sofá y
sillones de terciopelo marrón y un par de brillantes cortinas de color naranja que
herían los ojos de Neve, si las miraba por mucho tiempo.
—¿Segura que no tomarás una galleta? —le preguntó su madre de
nuevo—. Una sola no va a doler. Vamos, atrévete.
Éstas eran sus favoritas, llenas de chocolate que Neve solía devorar por
paquetes, pero negó con la cabeza y volvió a picar la barra de proteína que
había encontrado en el fondo de su bolso.
La Sra. Slater miró alocadamente alrededor de la habitación y Neve
sabía que buscaba desesperadamente algo qué decir para no tener por qué
hablar de sus aventuras sexuales. No es que eso fuese algo que quisiera
conversar con su madre, maldita Celia.
—¿Te he dicho acerca del SII
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de la Tía Catherine?
—Mamá, vamos a terminar con esto —le interrumpió Neve con calma,
aunque se sentía claramente no-calmada—. Estoy viendo a alguien y es muy
agradable, pero no es serio, por lo cual nunca te dije sobre él.
—¿Y por qué no es serio? —exigió su madre, pequeñas manchas de color
aparecieron a lo largo de sus pómulos—. Eres una chica hermosa. Él debería
estar locamente enamorado de ti.
Neve no sabía quién era esta hermosa chica muy inteligente de la cual su
madre hablaba, pero deseaba ser más como ella. —No está enamorado de mí
y yo no estoy enamorada de él. Es por eso que no es serio, porque, bueno, me
toca estar enamorada de otra persona. William —añadió imprudentemente,
porque sólo decir su nombre se sentía como tentar a la suerte. Aunque mientras
lo dijo, Neve se dio cuenta con una pequeña punzada de culpa que apenas
había pensado en William en todo el día. Lo cual era raro y malo, cuando no
hace mucho tiempo, era su primer pensamiento cuando salía de la cama y,
antes de que pudiera lavarse los dientes, iba de puntillas por las escaleras para
ver si había un sobre de correo aéreo esperando por ella.
Su madre, sin embargo, no parece haber pasado algún tiempo
pensando en William. —¿Quién es William? ¿Es uno de tus amigos de la
biblioteca?

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Servicio de Impuestos Internos: Servicio fiscal dedicado a la recolección de impuestos. Incluye
declaración en línea e información sobre tributos y leyes tributarias.


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—Es un archivo… ¡William! William de Oxford, quien me llevó en aquél
momento que yo había dejado mi ensayo olvidado y se quedó a tomar el té. —
La Sra. Slater aún, obviamente, se desplazaba a través de los bancos de su
memoria—. Y vino después de la Navidad en mi segundo año, le hiciste un
sándwich de pavo y te llevó un brandy en el día de la graduación, cuando le
dijiste que te sentías realmente nerviosa, porque ninguna de las otras madres
llevaba un sombrero y tú necesitabas algo para calmar tus nervios.
—¡Oh, ese William!
—¿Por qué lo dices así? —Neve dejó la taza—. Siempre fue
perfectamente agradable contigo.
—Bueno, sí. Sí, lo fue. Tenía modales encantadores. —Su madre hizo una
pausa con delicadeza, lo cual era muy distinto de ella—. ¿No te parece, bueno,
que está un poco fuera de tu liga?
—¿Qué se supone que significa eso? Hace cinco minutos me decías que
era hermosa. Sí, sé que William es muy guapo, pero nos conectamos en un nivel
mucho más profundo que la mera estética.
—No empieces a usar esas palabras largas conmigo. —Su madre miraba
alrededor de la habitación de nuevo, como si quisiera que cambiara los hábitos
de toda una vida y seleccionara sus palabras con más cuidado—. Eres una
chica muy bonita, Neve, pero los hombres como ese no van para mujeres
como tú. Y no tiene nada que ver con la apariencia, se trata de dónde vienes.
—Yo vengo de Finsbury Park, William se crió en Fulham, ¿qué tiene eso
que ver con el precio de la leche?
—Es elegante y tú no. Sé que hablas muy bien y no sé cómo, teniendo en
cuenta que tu padre suena como si se hubiera criado en una mina de carbón y
está esa terrible escuela a donde fuiste, pero eres de la clase trabajadora y ese
William... bueno, ¿que hacen sus padres para ganarse la vida?
Neve tuvo ganas de decirle a su madre que ser dueño de dos casas en
Londres, una casa de campo en Yorkshire y un chalet en España significaba
que sus padres se encontraban ahora firmemente arraigados en la clase
media, les gustara o no, pero sabía que su madre acabaría de contra-atacar
con la huelga de los mineros, la hambruna y no avergonzarte de sus raíces.
—Su padre es un abogado —admitió Neve, aunque no se iba a
desarrollar con mayor profundidad y revelar que él estaba realmente en control
de calidad—. Y su madre es doctora.


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—Bueno, ahí lo tienes entonces. Y apuesto a que él fue a una escuela
privada de lujo y comía queso después de su té en lugar de un postre como la
gente normal. —Su madre sonrió—. Nunca va a funcionar.
—Bueno, yo no como postre —le recordó Neve calmadamente—. Así que
estoy segura que William y yo estaremos bien.
—Si tú y ese William van a estar bien, entonces, ¿por qué andar por ahí
con otro hombre? ¿Cuál es su nombre de todas maneras?
Por lo que parecía ser el momento de la guillotina, Neve le explicó, a
pesar de que su madre sabía muy bien que ella no tenía ninguna experiencia
en relaciones. —Sólo quiero que las cosas con William sean perfectas y así salir
con Max es como la revisión antes de un examen importante.
—Tú... realmente... ¿qué diablos? —Su madre abrió y cerró su boca, sus
ojos parpadeaban de lado a lado—. ¿Todavía no tienes una pizca de sentido
común? Nunca he escuchado semejante disparate. Las relaciones no son algo
que puedes preparar y no hay tal cosa como un perfecto. Son un montón de
trabajo duro —dijo la señora Slater sin rodeos—. El primer año que tu padre y yo
nos casamos, no hicimos nada sino discutir. Incluso le tiré el plato de la
mantequilla una vez.
La mención de su padre le dio otra punzada dolorosa a Neve mientras
recordaba lo que había pautado para el próximo debate. —Sé que es un
trabajo duro —rechinó—. Pero la mayoría de las chicas de mi edad tienen
mucha más experiencia en cómo hacer que tengan éxito.
—No pensé que te interesaba ese tipo de cosas —dijo su madre—. Todos
pensamos que lo habías dejado después de tu tía-abuela Sinead.
Neve se horrorizó. —Ella es una monja, mientras yo era enormemente
gorda. Tiza y queso
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. Nada en común con la tía Sinead en absoluto, aunque
sea una dama muy agradable. —Era realmente horrible y malvada, y Celia
siempre dijo que sería mucho menos horrible y malvada si alguna vez tenía un
buen polvo y un par de copas de Jack Daniel.
—Sólo espero que estés siendo precavida. —Su madre hizo una mueca
cuando dijo la palabra—. En el departamento del dormitorio.
—Eso no es nada por lo que te debas preocupar, mamá —dijo Neve
rápidamente.
—Sé que los chicos piensan que soy anticuada, pero no quieres tirar el
regalo más precioso que puedes dar a un hombre, idealmente a tu marido,

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Chalk and cheese: expresión usada para decir que dos cosas no tienen nada en común.


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porque estás siendo presionada por este Max o incluso ese William. Una vez que
lo has regalado, no se puede recuperar.
Incluso, hace un año, cuando todavía era de talla veinte y desesperada
sobre que jamás volvería a ver una etiqueta de tamaño dieciocho en la parte
posterior de su ropa, Neve habría estado de acuerdo con su madre. Pero
cuanto más se movía hacia el tamaño del mítico diez y la realidad de estar en
una relación, su don precioso se sentía como un obstáculo más del cual tenía
que deshacerse. Además, la mayoría de los hombres que conocía preferirían
tener un iPad o un televisor de plasma que el precioso don de su virginidad.
—Ya lo sé, mamá —dijo, preguntándose cómo diablos iba a cambiar de
tema.
—Así que no quieres hacer nada con este Max de lo que puedes llegar a
lamentarte más adelante —insistió su madre.
—No es realmente acerca de Max —dijo Neve, ya que no lo era. En la
mayor parte clínica y calculada de su relación panqueque, él era sólo un
medio para un fin. Y el final era…—. Es acerca de William. Yo... bueno, lo amo, y
me siento como si parte de mí faltase mientras no esté aquí. Y cuando regrese,
todo va a cambiar. Todo va a estar mejor.
—Has dicho eso acerca del peso. —Su madre le recordó con una voz
fuerte para que coincidiera con la mirada penetrante que le daba—. ¿No
están las cosas ya mejor?
—Por supuesto que sí, pero será aún mejor cuando sea un tamaño diez, y
luego William y yo estaremos juntos y todo será perfecto. —Neve tenía esta
imagen en la cabeza ahora de un campo verde salpicado de flores silvestres,
los restos de un picnic tendido en una alfombra y William con una camisa
blanca, su cabello rubio cayendo en sus ojos mientras yacía en la hierba, con
un murmullo suave y relajante mientras hablaba. Ella se encontraba en algún
lugar de la escena en un bonito vestido de verano tamaño diez, pero aunque
lo intentara, Neve no podía imaginar eso, por lo que se centró en William y
sonrió cuando le dijo a su madre—. William es mi alma gemela.
—Honestamente, Neevy, suenas como una adolescente enferma de
amor. No debí haberte dejado leer mucho y hacerte tener más aire fresco
cuando eras pequeña. —Su madre ni siquiera trató de hacer que sonara como
una broma—. Sólo espero que sepas lo que estás haciendo.
—Lo hago —dijo Neve, y lo hacía, hasta que tenía que explicar sus
acciones a la gente que no era ella ni Max y entonces todo parecía vago e
indefinido—. Mira, de todos modos, eso no es realmente lo que quería hablar
contigo. Quería hablar de papá.


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Se llegó a algo cuando cambiar al tema sobre su no-relación con su
padre fue un alivio bienvenido. Aunque su madre no parecía pensar así. —¿Y
qué quieres platicar sobre él?
—Bueno, Seels y Dougie tienen esta loca idea de que no le hablo a papá
porque estoy enojada con él. Acerca de lo que dijo. Ya sabes, en ese
momento.
No podía manejar frases completas, pero su madre asintió con la cabeza
como si comprendiera y no estuviese tan sorprendida de que Neve hablara de
ello.
—¿Estás enojada con él? —Había algo qué decir sobre la forma como
Margaret Slater no se molestó con las sutilezas y sólo fue directo al grano.
—Creo que lo estaba —dijo Neve lentamente—. En un primer momento.
Pensé que me odiaba. Eso me dio asco. —Tragó saliva, las lágrimas no tan lejos
de nuevo.
—Tu padre te adora, siempre lo ha hecho, siempre —dijo su madre
contundentemente—. Entre tú y yo, tú eres su favorita y todavía está hecho
pedazos por lo que dijo ese día. Él desearía nunca haberlo dicho.
—Pero lo dijo y nunca ha tratado de hablar conmigo sobre el tema o
decir que lo siente, porque si lo hubiera... —Neve tuvo que detenerse porque su
voz se espesaba.
—¡Oh, ven aquí, muchacha tonta! —La Sra. Slater dio unas palmaditas en
el sofá a su lado, y con veinticinco era demasiado vieja para acurrucarse
contra su madre, pero Neve se levantó de su silla para poder acurrucarse junto
a su madre y descansar la cabeza sobre su muy huesudo hombro—. Sabes lo
viejo y testarudo que es tu padre y se corresponde que tú seas exactamente
igual. No puede hablar de sus sentimientos, en el mejor de los casos, no le
importa salir con una disculpa. Trata de mostrarlo de otra manera.
—¿Con e-mails preguntándome si necesito algo, algún piso que arreglar?
—Neve sorbió, limpiándose la nariz con el dorso de la mano.
—¿Te acuerdas de esa cola horrible que tuvimos en el camino de regreso
de Brent Cross en aquél entonces? Le dije que iba por el camino equivocado,
mas no quiso escucharme, oh no, y terminamos en un atasco terrible en
Neasden y él se encontraba demasiado ocupado gritándome para prestar
atención a lo que hacía…
—Y se fue a la parte de atrás de ese coche, que pertenecía a un policía
fuera de servicio. ¿Qué tiene eso que ver?


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—Nunca recibí una disculpa, pero me dio una nueva cocina unos meses
más tarde. —Recordó con cariño su madre—. Yo había estado pidiéndoselo por
años.
—Él podría estar arrepentido, pero todavía lo pensó, aún lo dijo. “Yo no
me atrevo a mirarte.” —Esta vez Neve no podía decirlo de manera casual, pero
se ahogó cuando su madre la hizo callar y le acarició el pelo hasta que podría
tenerlo bajo control y luchar por sentarse derecha.
—¿Te sientes mejor ahora? —le preguntó la señora Slater, masajeando la
espalda de Neve—. Se encontraba borracho, se enojó con Celia y Dougie,
pero no contigo, Neevy. Y nunca debió haber hablado así, pero él estaba
preocupado por ti, ambos lo estábamos, y deberíamos habernos sentado a
hablar contigo acerca de… bueno, tal vez bajar algunos gramos. Tú hiciste ese
horrible sonido sibilante cuando subías las escaleras.
—Esa es la cosa, mamá. Él tenía que decirlo y yo tenía que escuchar
acerca de perder mucho más que unos cuantos gramos, pero, todavía así,
dolió de verdad.
—Nunca conociste a tu abuela porque murió antes de que hubieses
siquiera sido pensada, pero ella era una señora muy grande. —Su madre
mordió su labio, y luego decidió seguir luchando—. Otra cosa es que tu padre
no le gusta hablar, pero creo que es necesario escuchar esto. Tenía problemas
de corazón y contrajo la diabetes...
—No puedes contraer la diabetes, mamá —corrigió Neve porque no
podía evitarlo cuando se producía un uso incorrecto de un verbo.
—Bueno, ella tuvo diabetes y no iba a cambiar su dieta, finalmente
perdió la vista en un ojo y tenía terribles problemas con sus dientes y los pies. Dos
de sus dedos de los pies tuvieron que ser amputados. Luego se murió de un
ataque al corazón cuando tenía cincuenta y uno con tres hijos menores de
dieciocho solos para cuidar de sí mismos. Esa no es edad para morir, Neevy. Y tu
tía Susan, bueno, va de la misma manera. El lado de tu padre de la familia,
corren a engordar.
Neve se había horrorizado cuando Gustav insistió en que fuera al médico
antes de comenzar su programa de acondicionamiento físico, y sus niveles de
azúcar habían estado en cifras de dos dígitos altas, aunque ahora nunca se
desvió de un muy respetable cuatro punto ocho. Sí, ella hubiese conocido la
diabetes tipo dos durante sus años estando gorda, pero nunca había sido un
incentivo suficiente para dejar de desenvolver otra barra de chocolate..
—Estoy desagradablemente delgada ahora, mamá —le aseguró Neve—.
Quiero decir, sé que estoy todavía con un poco de sobrepeso pero estoy sana


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realmente, y todo está funcionando como debería ser. No hay sibilancias a
menos que Gustav me hiciera hacer súper-series sin interrupciones.
—Bueno, no sé lo que son las super-series pero tu padre está muy
orgulloso de ti, los dos lo estamos. A menudo dice que eres la viva imagen de su
madre cuando era más joven. La Navidad pasada, dijo que era como ver un
fantasma entrando por la puerta principal. —Dio unas palmaditas en el brazo
de Neve—. Esto significaría un mundo para él si le dejaras entrar en tu vida.
¿Qué hay de malo en dejarlo reparar una canilla que gotea o algo así?
—Bueno, voy a pensar en ello. —Neve puso su cabeza sobre el hombro
de su madre—. Gracias por decirme sobre la abuela Slater. Por lo menos puedo
ver de dónde venía papá.
—Tu padre dice que hablo demasiado, aunque no es fácil estar casada
con un hombre que puede pasar horas sin decir nada, pero “¿Voy a poner a
hervir el agua entonces, mascota?”
—Pero no lo tendrías de ninguna otra manera, ¿verdad? —preguntó
Neve con curiosidad.
Su madre hizo una mueca y tomó demasiado tiempo para tener una
respuesta al gusto de Neve. —Bueno, no me importaría si se viera un poco más
como Pierce Brosnan pero lo hará —resopló ella, y entonces no dijo nada
porque estaba demasiado ocupada riendo como una hiena.




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Traducido por Annaiss
Corregido por Deydra Ann

abía una carta de Will esperando a Neve el día en que Max
regresaría de LA.
Por lo general, la vista de ese sobre azul pálido le daba a Neve un
serio caso de felicidad, pero esa mañana le regaló una
desagradable sorpresa, como si alguien hubiera puesto excremento de perro
en el buzón. Neve lo tomó y lo metió en el bolsillo y no fue sino hasta la hora del
almuerzo que por fin tuvo el valor suficiente para leerla.
Y, de alguna manera, deseó no haberlo hecho, porque era el tipo de
carta que ella siempre había soñado que William le enviaría.

Querida Neve,
Te quería llamar. Debí de haberte llamado, pero a veces es mucho más
fácil poner mis sentimientos y pensamientos en papel, porque cuando trato de
decirlos en voz alta, mis palabras son torpes e inadecuadas.
Me he dado cuenta de que te he tratado terriblemente en estas últimas
semanas. Mi cabeza duele de la vergüenza y te ofrezco la más abyecta de las
disculpas por el inexcusable enfado en mi última carta. Aunque cuando te digo
carta, me refiero en realidad a mi petición de bolsitas de té y galletas. Todo lo
que puedo decir en mi defensa es que había tenido un día horrible que terminó
en una discusión con un profesor sobre una nota al pie de página que faltaba,
lo que significaba que sería arrastrado en frente de Dean. Todo esto y además
me encontraba bajo una abstinencia de Sainsbury’s Red Label
67
. Pero en
realidad, esa es una explicación en lugar de una excusa. Después estuvo la
infame llamada telefónica donde debí de haberte ofrecido compasión y
comprensión en lugar de intimidarte sobre tu futuro en el Archivo. Sólo deseo,
Neve, que pudieras ver lo especial que eres. Tus amigos son afortunados de
tenerte en sus vidas, como yo lo soy, y me entristece cuando no puedes ver tu
gran potencial. Sé que lograrás cosas importantes en tu vida, pero eso también
lo tienes que saber.

67
Marca de té muy conocida en Reino Unido.
H


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Ah, sí, hay muchas cosas más por las que tengo que disculparme, ¿no?
Como haber arruinado la tranquilidad de tu domingo con mis peticiones de
ayuda para la investigación. Y por ignorar completamente la carta que me
enviaste comparando nuestra conexión mental con Lou Andreas-Salomé
68
y
Rilke
69
. Después de haber leído tu carta apropiadamente, con una copa de
Shiraz y con un ferviente deseo de que estuvieras sentada a mi lado, para así
debatir los puntos más finos de tu argumento, me di cuenta de que eres mi
alma gemela intelectual.
Tengo buenos amigos en LA, gente que significa mucho para mí, pero
contigo, Neve, a veces se siente como si estuviéramos compartiendo el mismo
cerebro, a menos que hablemos de la señorita Austen, ¡por supuesto! Nunca he
conocido a una mujer con una mente tan inquisitiva y una imaginación viva y
elegante. Ah, los lugares a dónde llegarás…
Debería de estar de vuelta en Blighty
70
a mediados de julio, y estoy
muriendo por verte. Tengo tanto que compartir contigo que creo tendrás que
bloquear una quincena entera de tu horario (te aseguro que no he comenzado
a utilizar esa palabra en la misma forma que mis colegas americanos), para que
podamos volver a reencontrarnos. A pesar de que siento que te conozco
profundamente. Qué extraño que los años y el océano entre nosotros nos
hayan acercado más. Tengo que irme. ¿Te he dicho que algunos expatriados y
yo hemos comenzado un equipo de Críquet? Temo que estoy tarde para la
práctica.
Mucho amor,
William
PD: Lamento interponerme (¡una vez más!) pero, ¿podrías buscar las citas
adjuntas la próxima vez que estés en la Biblioteca Británica y enviármelas por
fax? El número está al final de la página.

Neve bajó la carta y suspiró profundamente. Con William tan lejos y con
Max de pronto al frente de su vida, se permitió desviarse.
William era el premio de oro, tan brillante y a su alcance, tan cerca que
podía tocarlo. Habían sido las horribles palabras de su padre para impulsarla a
tomar los primeros pasos tambaleantes en su viaje para perder peso, pero de

68
Fue una escritora rusa, con inclinaciones liberales.
69
Rainer Maria Rilke es considerado uno de los poetas más importantes en alemán y de la
literatura universal.
70
Término coloquial británico para hacer referencia a Gran Bretaña.


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alguna manera entre más se acercaba el regreso de William, su transformación
se convirtió en más sobre él. No se trataba que su pérdida de peso hiciera caer
de rodillas a William a sus pies y decir: “Dios, mío, Neevy, ¿cuándo llegaste a ser
tan hermosa?”, era más sobre convertirse en el tipo de mujer que quería ser. La
clase de mujer que se merecía un primero brillante y de oro, porque, maldita
sea, había trabajado tan duro y durante tanto tiempo que merecía su
recompensa.
Pero, ¿cuándo comenzaría a sentirse como la chica de oro? ¿Sería el día
en que fácilmente subiría la cremallera de un de vestido de talla diez o sería
cuando William regresara y todo estuviera en su lugar? Tenía poco menos de
tres meses antes de que él estuviera de vuelta en su vida y no sólo una voz en el
teléfono o en una ondulante caligrafía en papel, y Neve no se sentía como si
estuviera lista. Dios, su cuerpo ciertamente no, y aún se sentía torpe y tímida
como lo había estado cuando vio a William de pie en el andén de la estación
de trenes mientras se despedía desde la ventana del tren.
Por lo cual era la razón de tener a Max. Él debía de ser el gurú de los
buenos ratos; trayendo diversión a su vida y prepararla para una relación real.
Pero aún tenían mucho terreno para cubrir y ni siquiera habían dormido juntos
aún. Inevitablemente, la mente de Neve se derivó hacia la oscuridad de su
habitación y el recuerdo de las manos de Max sobre ella… en su… y el nudo en
su estómago formado con un placer profundo y oscuro que nunca antes había
sentido.
Tenía que aprender a ser más como Max, Neve decidió mientras
ejercitaba en su casa. Max no se fijaba en cada aspecto de su relación falsa y
no tenía ningún problema de estar con Neve y ver a otras mujeres. Él
probablemente se acostó con una mujer diferente cada noche que había
estado fuera, y ella dudaba que estuviera teniendo remordimientos sobre ello.
El hecho de que Max despertara dichas pasiones en ella no significaba nada;
había estado prácticamente célibe toda su vida, ¿era de extrañarse que
tuviera todos estos nuevos sentimientos confusos a los cuales no sabía cómo
enfrentarse?
Lo que sí sabía, Neve pensó, mientras que rápidamente se cambió en
pantalones vaqueros y una camiseta con estampado de un tulipán al estilo Art
Noveau que Celia le había dicho estaba de moda, era que ella tenía que
relajarse. Todo lo que Max y ella significaban el uno para el otro era algo sin-
compromiso, una aventura llena de diversión, de la cual ambos caminarían sin
mirar atrás y sin arrepentimientos y recriminaciones, pero lo que tenía con
William sí era real. Era lo que su corazón anhelaba.


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Luego, Neve escuchó dos pequeños timbres de la puerta y su estómago
se contrajo de nuevo.
Tan pronto como abrió la puerta, Keith frenéticamente pasaba entre sus
piernas para poder deslizarse por las escaleras con una serie de agudos
ladridos, como si instintivamente supiera quién había llegado. Después corrió
hasta el final del pasillo, ladrando, hasta que Neve abrió la puerta principal.
Neve apenas tuvo tiempo de registrar a Max allí de pie con una sonrisa
que hacía a su rostro entero iluminarse, porque trataba de detener a Keith por
su correa, pero él se lanzó por la puerta para correr por el camino, regresar de
nuevo a la puerta y volver a correr. Hizo eso varias veces, hasta que finalmente
en el último salto a la puerta, saltó sobre Max, sus patas delanteras sobre su
chaqueta de cuero, su lengua lamiendo frenéticamente las manos de Max.
Neve nunca había visto algo así.
—Hola, muchacho, ¿extrañaste a tu viejo? —preguntó Max roncamente,
poniéndose de cuclillas para que Keith pudiera lamber su rostro con su lengua
grande y rosada. Luego levantó su vista hacia Neve, quien trataba de no
llorar—. Hola, ángel, ¿tú también me extrañaste?
—¡Hola! ¡Sí! Me alegro de verte —dijo Neve, tratando de inyectar enormes
cantidades de alegría en su voz. En sus oídos, sonaba desquiciada—. Dios mío,
te has bronceado.
La piel de Max se había profundizado a un color caramelo y se veía
totalmente apetecible. Allí, en cuclillas en sus pantalones vaqueros y su jersey a
rayas.
Keith se había calmado lo suficiente para que Max se pusiera de pie.
—Hacía mucho calor en LA —dijo Max—. Bueno, cuando no me
congelaba el trasero en edificios con aire acondicionado. Y todo mundo lucía
tan bronceado y musculoso que tengo que comenzar a correr otra vez ahora
que el clima está mejorando.
—Bueno, podríamos correr juntos —sugirió Neve alegremente. No había
dejado de sonreír y sus mejillas empezaban a doler, y tratando de mantener
cierta distancia emocional era difícil cuando Max se encontraba de pie junto a
su puerta, haciéndole darse cuenta de lo mucho que lo había extrañado. Es
más, se había olvidado de lo guapo que era, y cuando le sonrió, todo lo que
quería hacer era devolverle la sonrisa—. Tengo las cosas de Keith listas para ti.
Ella entró por la puerta abierta, esperando a Max para que la siguiera
adentro, pero él se quedó en su lugar. —¿Neve? Tengo que decirte algo.


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Eso sonaba siniestro y la sonrisa estúpida que adornaba su rostro se
esfumó al instante. —¿Ah, sí?
Por lo menos ahora Max había cruzado el umbral y no pensaba entregar
las malas noticias en la puerta. Pero sí sonaba como si fuera a romper con ella
ahora mismo, lo que le parecía bien. De hecho, haría las cosas mucho más
fáciles, Neve trató de convencerse a sí misma mientras que Max se sentó en las
escaleras y le dio unas palmaditas al espacio vacío junto a él.
Neve se sentó y miró a Max con ansiedad. —¿Qué sucede?
—No sucede nada —le aseguró Max rápidamente, y tragó como si
estuviera nervioso—. ¿Estás de acuerdo con lo que sucedió la noche antes de
irme?
Ella podía sentir sus mejillas sonrojarse porque una cosa discutirlo en un
texto que hablar de ello… —Bueno, sí. Quiero decir, fue divertido, ¿no? —Neve
todavía podía sentir el eco de la necesidad, el cual se había arañado en
pequeños gritos fuertes de dolor, mientras que los dedos de Max se retorcían y
giraban en su interior, la palma de su mano acariciando su clítoris. Divertido no
le hacía justicia a ese sentimiento—. Um, ¿tú no estás de acuerdo con ello?
—Oh, sí. —Max arrastro las palabras—. Me puso duro cada vez que pensé
en ello, y he estado pensando mucho en ello.
Neve se llevó las manos a las mejillas, las cuales se sentían como si
estuvieran en llamas. Si estaba a punto de ser terminada, entonces Max lo haría
de una manera muy peculiar. —Así que, um, ¿es eso lo que querías decirme?
Max colocó su mano sobre su rodilla. Neve se quedó mirando sus largos
dedos apoyados sobre la mezclilla azul oscura de sus jeans. —Es sólo que si
vamos a hacer eso, entonces no voy a acostarme con otras mujeres. Parece
grosero, ¿no crees?
La declaración de Max hizo sentir su complicada relación aún más
complicada, pero Neve casi lloraba de alivio. —Bien, bueno, bien. Si eso es lo
que quieres. —Palmeó su mano nerviosamente—. Estoy bien con que hagas
eso, o variaciones sobre eso, pero nosotros acordamos que no vamos a tener
relaciones sexuales, ¿verdad? Porque si necesitas tener sexo, entonces
totalmente lo entenderé si deseas seguir con otras mujeres.
Max suspiró. Luego sonrió. Después suspiró de nuevo. —¿Sabes a cuántos
hombres les encantaría escuchar eso de sus novias?
—Las novias panqueque —le recordó Neve.


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—Lo que sea. —La mano de Max lenta y deliberadamente se deslizó de
su rodilla a su pierna—. Hay cientos de maneras diferentes en las que podemos
satisfacernos el uno al otro sin sexo pleno.
—No cientos, ¿seguramente? —Neve frunció el ceño y le dio un codazo a
Max en las costillas porque él ni siquiera trató de ocultar el hecho de que se reía
de ella—. Cuatro o cinco sin duda alguna, pero el resto son sólo variaciones del
tema.
—Así que, ¿estamos de acuerdo? Un montón de momentos sensuales,
¿pero no follaremos de verdad?
—Y no nos tomaremos de las manos —intervino Neve porque, ahora que
pensaba en ello, comprometiéndose a no tomar la mano de Max había sido
una de sus mejores ideas.
Durante las últimas semanas, había habido un sinnúmero de
oportunidades en las cuales Neve habría podido tomar la mano de Max, pero
siempre se contuvo porque eso de tomarse de las manos era algo que parejas
reales hacían. Y ahora que iban a tener “momentos sensuales,” cada vez que
se contuvo era un recordatorio de que esto no era para siempre. No se
encontraba enamorada de Max y, Dios lo sabe, él tampoco de ella, juzgando
por la expresión de exasperación en su rostro en ese momento.
—Por lo tanto, estás de acuerdo en que te manosee, ¿pero no puedo
sostener tu mano? —aclaró con ironía profunda y pesada.
—Sí, y cuando lo dices de esa manera suena ridículo. —Neve lo fulminó
con la mirada—. No me levantes las cejas. Está bien, suena ridículo, pero
necesito tener límites. Los límites son cosas muy buenas; sin ellos sólo habría
caos, incertidumbre y confusión.
—Tú cabeza debe de doler de todo el pensamiento innecesario que le
haces hacer —dijo Max, poniéndose de pie—. Te ayudaría, pero no quiero que
pienses que estoy tratando de sostener tu mano.
Neve se levantó y empezó a subir las escaleras. —No estés enojado
conmigo, Max.
—No estoy molesto —dijo Max, pero Neve pareció subir las escaleras en
un silencio tenso.
—Sólo necesito poner las latas de comida para perros en la bolsa —dijo
Neve, una vez que entraron en su apartamento—. No tomará más de un
segundo.
—Entonces, no nos tomaremos de la mano…


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—Te lo dije…
—Si no tengo permiso para tomar tu mano, ¿todavía tengo permitido
hacer esto? —exigió Max y, cuando Neve iba a preguntar de qué se trataba, la
apoyó contra la pared, puso sus manos alrededor de sus muñecas, y la besó.
Neve tiró de sus manos, no porque era casi igual que tomarse de las
manos, sino porque tan pronto como Max mordió su labio inferior, ella quería
envolver sus brazos alrededor de él y devolverle el beso.
—Ahora, ¿me dirás que me has echado de menos o eso también es en
contra de las reglas? —le preguntó Max cuando dejaron de besarse, mientras
Keith ladraba furiosamente porque, si alguien debería de tener la atención de
Max, era él.
—Lo lamento —dijo Neve—. Por supuesto que te he extrañado, y
quieres… ¿quieres quedarte a tomar el té o tienes al menos tres lanzamientos
de productos o una apertura a la que tienes que asistir por la noche?
—No lo sé. Depende de lo que harás.
—Tengo dos filetes de salmón y… oh, ¡ya veo! —Neve hizo un mohín—.
Bien, ciertamente no echo de menos que te burles de mí. Ven a la cocina,
pondré la tetera al fuego.
Neve estuvo a punto de tomar su mano pero se contuvo, haciendo una
pausa notable, porque tomar la mano de alguien después de besarse durante
diez minutos era un gesto automático y el cual acababa de demostrar que era
una línea que no se debía cruzar.
—Piensas demasiado —dijo Max, mientras veía a Neve agregar una
cucharada de café en la cafetera—. No te voy a dejar por tu cuenta una vez
más, tienes mucho tiempo para pensar y no te conduce a nada bueno.
—¿Qué va a pasar la próxima vez que vayas a Los Ángeles?
—Tendré que llevarte conmigo —dijo Max a la ligera, porque era una
broma. Tenía que ser una broma—. No hay nada más que hacer.
—No creo que yo sea una chica de LA —dijo Neve también a la ligera,
porque si pensaba en ello podría tomarlo enserio—. Pero quiero oírlo todo.
¿Cómo te fue?
Hablaron durante horas. Durante el café, durante la cena y luego sobre el
vino tinto que Max compró cuando llevó a Keith a dar un paseo.
Max era tan bueno describiendo imágenes con sus palabras, que Neve se
encontraba allí con él mientras conducía por Sunset Boulevard, el camino
bordeado de palmeras, luego estacionándose en el camino de Polo Lounge,


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donde su coche fue tomado por el valet, quien llevaba una camisa polo de
color rosa. Ella podía imaginarse el estudio fotográfico minimalista en el que
había esperado por cinco horas para que una actriz llegara a la sección
fotográfica, y podía ver la expresión obsequiosa en la cara de su publicista
mientras descaradamente le mentía a Max acerca de las razones de su cliente
para no presentarse.
No había manera de que su semana se comparara con la de él, pero
Neve le contó sobre la expedición de Westfield y la rabieta de Celia, sólo para
aparecer unas horas más tarde cargada de regalos y una disculpa. Neve
incluso le habló sobre su plática de corazón a corazón con su madre y le mostró
el mensaje de texto que su padre le había enviado más tarde esa noche.
—Jennifer Aniston tiene una nueva película. —Leyó Max en voz alta—.
¿Tal vez podríamos verla cuando estés en Londres? ¿Es eso un código secreto?
—Es el código secreto para, “Sé que lo sientes y yo también lo siento”. —
Neve sonrió ante la mirada perpleja en la cara de Max—. Mi padre ama a
Jennifer Aniston. Me refiero a que realmente la ama. Celia y yo compramos las
diez temporadas completas de Friends para su cumpleaños número cincuenta,
y estamos seguras de que lo vimos limpiarse una lágrima cuando lo abrió.
Max le dio unas palmaditas a los pies de Neve, los cuales se encontraban
sobre su regazo. —Entonces, ¿funcionó?
Neve asintió y le tendió una mano hacia su teléfono, para que pudiera
buscar entre sus mensajes. —Me envió un mensaje más tarde. Me encantaría.
Revisaremos la cartelera de cine. Lo mejor, Papá. —Se removió ante la mirada
de Max—. Mira, vamos a ver la película, después hablaremos sobre las
actuaciones de Aniston dignas de un Oscar y hablaremos mal sobre Angelina
Jolie por ser una destructora familiar y todo estará bien.
—¿Es así de fácil? —preguntó Max.
—Lo es si lo quiero que sea. Es mi padre y no puedo cambiar su forma de
ser, mi única opción es aceptarlo con todos sus defectos. Eso es lo que es el
amor, ¿no?
—Eso me han dicho. —Max de pronto sonrió con malicia—. Para que lo
sepas, si tenemos una discusión y eres demasiado cobarde para pedir
disculpas, envíame un mensaje de texto y pregúntame si quiero ir a ver la nueva
película de Angelina Jolie, porque ella para mí nunca será una destructora
familiar.
Neve cogió un cojín y se lo arrojó. —Estamos a favor de Aniston en mi
familia.


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—Repite eso y no te daré tus regalos. —Max le pellizcó el dedo gordo del
pie y lo sostuvo con fuerza mientras Neve intentaba retirar su pie—. Tengo una
bolsa llena de regalos, pero los podría dejar afuera de Oxfam
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mañana.
—¿Me trajiste presentes? Pero falta demasiado para mi cumpleaños.
—Son para darte las gracias por cuidar a Keith y pensé que por lo
general, si los novios viajan, vuelven con regalos para sus novias. Incluso novias
panqueque. Eso no es cruzar las líneas, ¿verdad?
No lo era. Especialmente cuando Max sacaba una caja de cartón
elegante con listón de un lado del sofá.
—No me molesta cuidar de Keith —dijo Neve, encogiéndose ligeramente
porque Keith la había tenido envuelta alrededor de su pata durante toda la
semana. Max sostuvo la bolsa y la sacudió suavemente haciendo que ésta
hiciera un crujido prometedor—. Bueno, si tú insistes.
Neve abrió la bolsa, miró dentro y sacó una caja grande. —Auriculares
con reducción de ruido; ¿eliminan el ruido de fondo cuando estoy escuchando
mi iPod? —preguntó ella, sacando un enorme par de auriculares que parecían
rosquillas unidas a una banda de pelo.
—Bueno, pueden, pero anulan todo tipo de ruido de fondo, incluso si no
estás escuchando tu iPod, por lo que no tendrás que sentarte en la bañera
nunca más.
—Pero mis dedos harán ruido mientras escriba y Charlotte golpeará el
techo con su palo de la escoba.
Max sonrió. —Sí, pero con estos chicos malos en tu cabeza, no la
escucharás.
—¿Cómo puede ser eso posible? —Neve levantó los auriculares—. Así
que, ¿puedo usarlos en la cama y ahogarán el sonido de tus ronquidos?
—¡Yo no ronco! —siseó Max.
—Bien, lo haces cuando duermes boca arriba —le dijo Neve mientras Max
sacudía su cabeza en señal de protesta—. Creo que es el mejor regalo que
alguna vez me han dado. Aún mejor que cuando me dieron el Oxford English
Dictionary cuando cumplí doce años.
—¿No vas a abrir el resto de tus presentes? —Los ojos de Max estaban
entre cerrados, como si el dar regalos fuera tedioso, pero cuando Neve volvió

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Es una confederación de 14 organizaciones que trabajan en conjunto con 3000
organizaciones locales en más de 100 países, para encontrar soluciones definitivas a la pobreza,
el sufrimiento y la injusticia.


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su atención a la bolsa, se sentó e inclinó hacia adelante para no perderse su
reacción.
Hubo un estuche de terciopelo color verde musgo para mantener sus
piezas de Scrabble seguras, una caja de chocolates bajos en carbohidratos y
sin azúcar, y luego, en el fondo, había un paquete plano envuelto en capas y
capas de papel suave.
Neve sintió a Max tensarse repentinamente cuando comenzó a retirar
con delicadeza la etiqueta de color oro que sellaba el paquete. Había tantas
capas de papel de seda, cada una de un tono pálido, desde rosa, amarillo, lila
y verde, Neve sintió como si estuviera jugando una versión elegante de Pasa el
Paquete, pero cuando la última pieza de papel fue retirado, no había ningún
juguete sorpresa, sólo tres piezas de ropa perfectamente dobladas que se
sentían suaves y frágiles como la seda bajo sus dedos.
—Pensé que podrían solucionar el problema de la ropa de dormir —dijo
Max con una voz extrañamente tensa—. ¿Te gustan?
Neve sostuvo una pijama en un color oscuro que no era ni rosa ni
lavanda, pero que probablemente tenía un nombre antiguo, algo como
Cenizas de Rosas, encajes delicados en color negro fueron cosidos en el
corpiño y el dobladillo. Había otros dos descansando sobre el nido de papel;
uno era rojo, el cual se encontraba a kilómetros de distancia de ser
desagradable y espeluznante de la ropa interior de nylon barata, el otro era un
azul oscuro, ambos adornados con telarañas de encaje negro. De hecho,
pijamas era una palabra demasiado prosaica para ellos; Neve tenía ganas de
llamarlos algo francés como peignoir o negligée.
—Son una preciosidad —suspiró con reverencia. Realmente lo eran, pero
no había manera de que le ajustaran.
—Una de las asistentes era aproximadamente de la misma talla que tú,
bueno, tal vez un poco más grande, y vio tus fotografías en mi teléfono. —Max
tragó nerviosamente mientras Neve lo miraba con escepticismo, porque las
tiendas de lujo llamadas, ella miró el logotipo en la etiqueta de oro, Boudoir, no
tenían asistentes de ventas de su misma talla o un poco más grandes—. Te
gustan, ¿no?
—Por supuesto que sí, son preciosas. —Neve fue capaz de decir
sinceramente, porque incluso si no le ajustaban, bien podría enmarcarlas y
colgarlas en la pared de su dormitorio—. No tenías que comprarme regalos, me
gustó tener un compañero de habitación de cuatro patas.
—Sé que puede ser un dolor en el trasero y me sentí culpable dejando
todas esas instrucciones, pero él parece feliz. —Max miró a Keith, que se


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encontraba tendido en el suelo frente a ellos, lambiéndose entusiasmadamente
su entrepierna.
Neve empujó la bolsa de regalos y se mordió el labio. —Max, no me
merezco ningún regalo. Fui un terrible perro-niñera. ¡Keith no respetó mi
autoridad en lo absoluto!
Max no pareció sorprendido cuando Neve le comenzó a explicar cómo
había dejado de obedecer su lista. Neve se dio cuenta que él trataba de no
reírse como si hubiera sospechado desde un principio que ella se rendiría de
inmediato bajo la presión de una pata empujando su pierna o el lloriqueo
nocturno. Él sólo pareció molesto cuando Neve confesó que Celia había traído
una gama de trajes de perro de las oficinas de Skirt, lo vistieron y luego le
tomaron fotos.
—Cristo, Neve —espetó—. Gracias por su violación.
—Pero le encantó —protestó ella—. La noche siguiente me trajo una de
las camisetas en su boca, como si quisiera ponérsela de nuevo.
Decidió, en reflexión, que era mejor no decirle a Max que uno de los
vestuarios había sido un tutú y esa misma noche, Celia y ella habían permitido
que Keith se sentara en una silla de la cocina para poder comer su carne
picada recién preparada.
También decidió que, para alguien que se interesaba tanto en los límites y
las líneas que no debían de ser cruzadas, no era muy buena en cumplirlas.
—Menos mal que he convencido al caminador de perros que tome a
Keith otra vez cuando estemos lejos —dijo Max, de forma más ligera—. Por lo
menos él no vestirá a Keith.
No había excusa al respecto, pero Neve colgó la cabeza. —Nunca lo
volveré a hacer —prometió—. Y gracias por los presentes, a menos que quieras
llevártelos de vuelta.
—Bueno, lo haría, pero esos colores no me favorecen —dijo Max con
solemnidad—. Por qué no te pruebas uno mientras llevo a Keith a tomar su
paseo nocturno y, si me gusta lo que veo, entonces podría ser persuadido a no
donar tus regalos a Oxfam mañana.
Neve podía sentir el pánico tomar parte de ella mientras Max se levantó y
le dio un codazo a Keith suavemente con el pie. —Puede que no me quepan —
dijo nerviosamente, pero Max ya había abandonado la habitación y no la pudo
haber oído cuando él abrió la puerta principal y después se había ido.


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En realidad, era su primera noche a mediados de semana, pero Neve no
tenía tiempo de preocuparse por su significado. Se duchó rápidamente, se puso
uno de los suaves sostenes para dormir ya que sus pechos eran demasiado
grandes para estar sin restricciones, y miró la bata de color azul con un poco de
miedo. Tenía una etiqueta de talla M cuidadosamente cosida en la costura
lateral y aunque lo intentara, todavía se sentía como una G o EG, incluso en un
mal día.
—Oh, bueno, aquí va absolutamente nada —murmuró para sus adentros
y se la puso con cuidado sobre la cabeza porque no quería romper la tela fina
como el papel. Luego, contrajo su estómago tanto como pudo, como si eso
fuera a ayudar, y dejó la seda caer. Se atascó en sus caderas, pero un suave
tirón fue todo lo que necesitó para que el material estuviera flotando alrededor
de sus muslos y ella llevara puesta una bata de talla mediana.
La bata era de un corte imperio y caía en graciosos pliegues por debajo
de sus pechos, deslizándose amorosamente por encima de sus rodillas. Sí, ella
aún tenía brazos flácidos y sus pantorrillas seguían robustas y musculares, pero el
efecto en general era…
—Sexy —dijo una voz detrás de ella—. Te ves increíblemente sexy, Neevy.
Sabía que te quedaría perfectamente.
—¿Cómo lo sabías cuando yo no estaba segura hasta que me lo probé?
—preguntó Neve.
—Bueno, no se me tiene permitido ver, pero sí se me permite tocar, ¿no?
—Cuando Neve se recostó hacia atrás, podía sentir la pared sólida de su pecho
contra su espalda mientras que sus manos se deslizaron hacia su cintura,
después hacia sus pechos.
Neve vio a la chica en el espejeo inclinar su cabeza complacientemente
hacia atrás para que Max besara su cuello mientras frotaba sus pezones con los
pulgares de sus manos, los cuales se pusieron repentinamente duros.
Ellos se veían… no, ella se veía sexy por primera vez en su vida. Se dio la
vuelta dentro del círculo de sus brazos, se levantó de puntillas y depositó besos
feroces contra su boca.
—Gracias por mis regalos —murmuró contra sus labios. No sólo se veía
sexy, también se sentía sexy con Max detrás de ella. Era su turno de tocar,
retirando la camiseta fuera de su camino para que sus manos pudieran
deslizarse por su piel caliente y seca y el escaso cabello, ella siguió bajando y
bajando. Max contuvo el aliento, lo que permitió que Neve deslizara sus manos
dentro de sus pantalones vaqueros y sentirlo ponerse cada vez más duro
mientras trazaba el contorno de su polla—. ¿Quieres tu regalo ahora?


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Era una línea cursi, pero Max no se burló, porque él empujaba contra sus
manos, sus rodillas golpeando contra las de ella. —Sí —susurró contra su cuello—
. Sí.
Y era el momento perfecto para tomar su mano y llevarlo a la cama. Por
un momento, Neve se preguntó si debía hacer una sub-cláusula ante la regla
de sostener manos, pero eso habría arruinado el momento. Empujándolo hacia
atrás funcionaba igualmente.
Max dejó que lo empujara hacia la cama, sus ojos ardiendo ante la luz
brillante de la lámpara, Neve se sentó a horcadas sobre él, con cuidado de
sostener su peso sobre sus rodillas y sus manos mientras se inclinó para besarlo;
pequeños mordiscos en sus labios, pasando su lengua sobre ellos, pero luego
retrocediendo cada vez que Max trataba de besarla.
—¿Qué te ha sucedido esta noche? —le preguntó, cuando Neve lo jaló
por el cuello para poderle retirar la camiseta sobre su cabeza.
—Creo que esta bata tiene poderes mágicos —dijo Neve con una sonrisa,
ella sí se sentía diferente. Se veía sexy; él lo había dicho dos veces y ella
también se sentía así. No parecía importar su falta de experiencia ya que su
sangre hervía por sus venas y cada centímetro de su piel se sentía en llamas, y
había un latido en su clítoris, lo que la hacía actuar instintivamente—. Ahora, sé
que dije que te tengo un regalo, pero tengo que abrirlo. ¿Estás de acuerdo con
ello?
Max asintió con la cabeza. —Me parece muy bien.
—Pensé que dirías eso. —Incluso su voz sonaba diferente, un poco oscura,
desesperada mientras se ocupaba de retirar el cinturón de Max con dedos que
no vacilaron.
La polla de Max se puso dura y húmeda en la punta, extendida contra su
estómago. Neve pasó su dedo por la gran vena que corría por debajo de ella.
—¿Te duele cuando estás así?
Max cerró los ojos. —Sí. Más o menos. Pero es un dolor estupendo.
Neve se encontraba allí para sacarlo de su agonía. Se apoderó de su
pene en un agarre firme y movió su mano hacia arriba y hacia abajo, midiendo
lo bien que lo hacía ante la manera en que Max echó su cabeza hacia atrás y
se arqueaba en la cama.
—¿Hay algo particular que te guste?
No pensó que Max la había oído hasta que sus ojos se abrieron de golpe.
—Dame la mano —exigió con voz ronca y cuando Neve lo hizo, tomó su


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muñeca, se llevó la mano a la boca y pasó la lengua por la palma de su mano.
La hizo estremecer. Y cuando deslizó su lengua entre sus dedos, ella se puso
sobre uno de sus muslos para así poder rozarse contra él. —Ahora apriétame
más fuerte —dijo Max, poniendo su mano de vuelta sobre su pene, cubriendo
sus dedos con los de ella y apretando—. Ahora puedes hacerlo más fuerte y
rápido.
Ambos trabajaron juntos y, cuando él retiró su mano, líquido pre-
eyaculatorio se deslizaba por sus dedos, Neve se inclinó hacia adelante y se lo
llevó a la boca. Ella ni siquiera intento hacer algo elegante; sólo apretó sus
labios a su alrededor y continuó succionando a lo largo de su pene.
Las manos de Max se enredaron en su cabello como si él no supiera si tirar
de ella más cerca o más lejos y decía su nombre una y otra vez, hasta que le
dijo—: Me voy a venir. —Como si fuera una advertencia.
Neve ahuecó sus mejillas y eso fue todo lo que tomó.
Fue como tragarse una bocanada de agua cuando nadaba. Excepto
que el agua sabía a un poco de sal, un poco amarga, pero no tan mal que
quería vomitar. Plantó un último beso en la punta de la semi-dura polla de Max,
luego se sentó sobre sus talones y se pasó el dorso de la mano por la boca.
—¿Estuvo bien?
Max no dijo nada, sólo estiró los brazos por encima de su cabeza para
que Neve pudiera observar la frenética caída y subida de su pecho.
—¿Dónde aprendiste a hacer eso? —preguntó finalmente. Con lo que
parecía un esfuerzo, logró levantar la cabeza—. No has estado practicando
con otra persona, ¿verdad?
—Difícilmente —resopló Neve—. Hice lo que siempre hago cuando
necesito información.
—¿Sacaste un libro sobre la técnica de mamadas en la Biblioteca
Británica? ¡No deberían tener libros como esos allí!
—No estaba segura si debía de estar buscando en Ciencias Sociales o
Humanidades. Fue vergonzoso, déjame decirte.
—Neve, por favor. Me acabas de dejar venir en tu boca y en este
momento ni siquiera me acuerdo de mi nombre. No puedo decir si estás
bromeando.
—Lo busqué en Google —suspiró Neve. Se arrastró hasta la cama y se
acurrucó al lado de Max, alisó su cabello húmedo y lo besó en la oreja, al lado
de su cuello—. Todavía tienes tus jeans.


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Se encontraban en torno a sus rodillas porque no había habido tiempo
para quitarse los calcetines y zapatos de deporte. Neve se movió al pie de la
cama y retiró los tan ofensivos elementos y después besó el cuerpo de Max,
rodeando su lengua alrededor de cada pezón, pero él no se movió y cuando
ella se acostó junto a él una vez más, vio sus ojos cerrados.
—¿Max? ¿Estás dormido?
No hubo respuesta y, mientras Neve se alegró de ser un gran aprendiz en
el arte oral gracias al artículo en La Guía de un Chico Gay que había
encontrado en línea, esperaba que Max encontrara su segunda ronda. Porque
el artículo no decía nada acerca de qué tan excitante era dar, no sólo recibir, y
ella ahora se encontraba mojada y con ganas. También contemplaba
seriamente la posibilidad de tomar el asunto en sus propias manos. ¿Quería Max
observar? ¿Lo dejaría?
—Nunca había visto a nadie verse tan complacido de sí mismo. —Max
encontró la energía para abrir un ojo.
—Bueno, yo no diría que fui complacida exactamente —dijo Neve
significativamente, mirándolo por debajo de sus pestañas y con la esperanza
de que captaría la pista.
—Presumidos, ¿entonces? —sugirió Max adormilado.
—Creo que fue un primer esfuerzo respetable. —Neve se acurrucó más
cerca, para así poder enganchar una de piernas por encima de la de él y
deslizar su mano por su pecho casualmente, como si fuera una simple, cariñosa
caricia que llevó sus dedos hasta su polla, la cual parecía tan dormida como el
resto de él.
Sin embargo, no hacía ningún daño en intentarlo, Neve pensó y la
levantó suavemente con la punta de su dedo índice para ver si tenía un poco
de vida en ella. —¡Dios, no! —Max hizo una mueca—. ¿Tienes una idea de lo
sensible que es una polla después de que un hombre eyacula?
Neve alejó su mano. —¡Lo lamento! Yo sólo estaba… quería… —Se dejó
caer de nuevo en su lado de la cama—. No importa.
—¿Querías qué?
—Nada —dijo Neve con firmeza, porque en el momento en que Max se
durmiera ella iría al baño con su copa de La Perla—. Vete a dormir.
Max dejó escapar un gruñido feliz y se acomodó hacia abajo. Se quedó
dormido en un instante, Neve se dio cuenta porque había un constante subir y
bajar de su pecho. Ella se sentó y puso sus pies al borde de la cama, pero antes


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de que sus pies tocaran el suelo, el brazo de Max se envolvió alrededor de su
cintura y tiró de ella hacia atrás.
—¿A dónde crees que vas? —preguntó con una voz que no sonaba en lo
más mínimo soñolienta.
—Al baño… ¿Qué estás haciendo? —Neve gritó cuando Max le dio la
vuelta y sujetó sus brazos por encima de su cabeza.
—Revancha —respondió brevemente, liberando sus muñecas ya que
ambos sabían que mantendría sus brazos exactamente donde él los quería—. Es
hora de que tomes lo tuyo.
Todo lo que necesitó fue una mano cálida deslizándose hacia su muslo y
un beso ardiente presionando contra la piel que Max acababa de descubrir
para tener a Neve en el momento. En el momento en que ella quería retorcerse
y arquearse ante el toque de los hábiles dedos y boca de Max.
—¿Alguna posibilidad de que pudiera quitarte esto? —preguntó él,
cuando se recostó sobre su estómago en medio de sus piernas y tiró de la bata.
—De ninguna manera —murmuró Neve, estirándose para apagar la luz
de la mesita de noche por si acaso.
—No puedo ver lo que estoy haciendo —protestó Max, su aliento sobre los
labios húmedos de su coño. Y cuando Neve dejó escapar un gemido
impaciente, su lengua se lanzó a probar el glaseado pegajoso—. Oh, bueno.
Supongo que tendré que sentir mi camino.



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Traducido por LizC
Corregido por Melii

eve durmió toda la noche con el brazo de Max apretado
alrededor de ella, y no fue demasiado caliente o demasiado frío.
Fue perfecto. Simplemente perfecto. No había dormido tan bien
en meses.
Sólo abrió los ojos cuando sintió a Max rodear y besar la parte de atrás de
su cuello.
—¿Qué hora es? —murmuró.
—Casi las siete —dijo Max—. Tengo que pasear a Keith y tengo dos piezas
de copia por archivar antes de que vayamos a Manchester el jueves. Tengo
que levantarme.
Neve se sentía tan cómoda que sujetó su brazo por encima del suyo
cuando Max trató de aflojar su apretón en la cintura. —No te vayas. Keith te
hará saber cuándo quiera salir. Es mejor que la alarma de un reloj.
—Debería... bueno, supongo que diez minutos no hará mucha diferencia.
El sol entraba por una rendija en las cortinas y Neve sentía como si toda la
habitación estuviera bañada en luz y eso era un precursor de que iba a ser un
día glorioso, aunque tuviera que pasar la mayor parte del mismo en un sótano
sin ventanas, transcribiendo cintas de un muerto académico que había tenido
un empleo suplementario en estudios botánicos.
Max pasó los dedos por su cabello. Podía sentirlo como tiraba de las
hebras, manteniéndolo en alto hacia a la luz. —Tienes hebras de castaño rojizo
en tu cabello. Nunca me di cuenta de eso antes. ¿Cuánto tiempo tenemos?
—Dijiste que estábamos bien por lo menos durante otros diez minutos.
—No, me refería: ¿cuánto tiempo antes que el Sr. California no esté ya en
California?
Neve se dio la vuelta debido a que este cambio repentino de tema se
sentía como el tipo de cosa que se debe discutir cara a cara. —Su nombre es
William —dijo en voz baja—. Y en su última carta, se refirió a julio. A mediados de
julio.
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—Estamos a mediados de abril ahora —dijo Max, mientras Neve
acariciaba la pequeña peca que se hallaba asentada en lo alto de su
pómulo—. Esos son tres meses y quiero sacar el máximo provecho de ellos. ¿Me
prometes que dejarás de obsesionarte acerca de lo que significa todo esto y
simplemente, ya sabes, vives el momento?
Vivir en el momento era algo que Neve había evitado siempre de lejos,
en gran parte de la misma manera que evitaba los pantalones y cosas fritas,
pero se encontró asintiendo. —Me gustaría eso. Aunque aun así no voy a
sostener tu mano.
Max sonreía tan dulcemente que Neve podría haber conseguido que se
le subiera el azúcar sólo por la curva de sus labios. —No esperaría nada menos
—dijo, avanzando poco a poco, a pesar de que se encontraban casi nariz con
nariz—. ¿Qué tal si lo sellamos con un beso en su lugar?
—Déjame lavarme los dientes —comenzó a protestar Neve—. Aunque
supongo que el no lavarme los dientes cae en la categoría de “vivir el
momento”.
—Soy capaz de manejar un poco lo de la "boca matutina" —dijo Max, la
sonrisa aún ahí mientras la besaba.
Neve pensaba que los besos de ensueño, suaves, y matutinos podrían
transformarse en algo más urgente a medida que sus cuerpos se tensaban el
uno hacia el otro y las manos comenzaron a explorar, hasta que algo escarbó
en la puerta de su habitación, seguido de un gemido lastimero y urgente.
Con una chaqueta por encima de su camisón, Neve vio a Max y Keith
salir. A pesar del sol, todavía había una adherencia en el aire y se quedó en la
puerta tratando de no temblar a medida que ellos se arreglaban para el paseo
a Manchester.
—Te recogeré a las once en punto de la mañana del jueves después de
haber dejado a Keith en la perrera —dijo Max—. Bill y Jean van a estar reunidos
en lo de los cócteles del hotel desde las ocho. Debería dejarnos tiempo
suficiente para llegar y alistarnos. ¿Está bien?
Neve no sabía si su guardarropa limitado pudiera aproximarse a los
cócteles de la noche del jueves también, pero asintió. —¿Supongo que esto es
un adiós hasta el jueves entonces?
Max sonrió con tristeza. —Pasemos hasta el jueves, cuando tendré seis mil
palabras de copia por escrito y presentado. —Sus hombros cayeron—. Será
mejor que compre cantidades industriales de café en el camino a casa.


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—Logro aguantar con una gran cantidad de té de menta cuando estoy
trabajando en mis capítulos de Lucy —dijo Neve—. Quiero decir, ni siquiera está
en la misma liga con tus cosas que la gente suele de verdad leer, pero bueno,
tengo una idea muy vaga por lo que estás pasando.
—Sabes, ya que ambos somos autores, te voy a dar permiso para leer mis
novelas WAG si me dejas echar un vistazo a esta biografía en la que estás
trabajando —ofreció Max casualmente.
Neve se mordió el labio. —No lo sé. No estoy segura que lo que he escrito
sea apto para el consumo público, pero tal vez debería leer tus novelas antes
del jueves. Así como investigar, para saber qué puedo esperar antes de la
boda.
—Va a estar bien, Neevy. Todo el mundo estará tan sorprendido de que
vaya con una buena chica que dice por favor y gracias, que van a caer sobre
ti con gritos de agradecimiento.
—Sigo pensando que voy a pasar por Waterstone en el camino al trabajo
y comprar tus libros —decidió Neve—. Sólo para que pueda recoger algunos
consejos.
—No, definitivamente te lo prohíbo —dijo Max con fuerza—. No te voy a
mostrar el mío, si no me enseñas el tuyo.
Neve sonrió. —Así no es cómo funcionaba ayer por la noche. —Y
entonces no sonreía porque tuvo que tomar un momento para recordar cómo
Max había trabajado a ciega para hacerla rogar y suplicar y gemir.
—No cambies el tema —dijo Max, incluso cuando se atrevió a levantar su
mano y frotar su pulgar sobre su pezón mientras Neve se retorcía lejos de él,
porque se encontraban en su puerta, ¡en plena luz del día!―. ¿Me vas a dar tu
palabra de que no los leerás?
—¡Pero te molestaste mucho cuando dije que no los había leído!
—Eso fue antes de que realmente llegáramos a conocernos entre sí y no
quiero perder esa pizca de respeto que tienes hacia mí por leer mis tontos
escritos fantasmas —dijo Max y eso era una tontería, una cosa de Max por decir
mientras Neve tomaba su cara como un preludio a darle un último beso,
cuando hubo un ladrido y una tos aguda detrás de Max y Neve abrió los ojos
para ver a Gustav allí de pie, su rostro impasible. La cara de Gustav era
generalmente impasible, así que eso no significaba nada, pero Neve podría
decir por la especial rigidez de su mandíbula pronunciada que se sentía menos
que feliz.


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—¿Estás lista para correr unas vueltas alrededor del parque antes del
trabajo? —preguntó con voz apagada, aunque era bastante claro dado el
estado actual de Neve en ropa de casa (siempre solía permanecer en un
estado de ropa de casa, pero no como este), que no lo estaba.
Max hizo una mueca hacia Neve antes de que se diera la vuelta para
sostener en alto una mano hacia Gustav y calmar a Keith con la otra, porque
tiraba de la correa y gruñía. Parecía que los entrenadores personales de Austria
en licra negra de la cabeza a los pies eran otra de las cosas que hacía que
tirara de su correa.
—Soy Max —dijo casualmente—. El novio de Neve. Debes ser Gustav.
—Sí, supongo que debo serlo —dijo Gustav en ese mismo tono uniforme,
pero al menos estrechó la mano que Max ofrecía.
Neve podría decir por la mirada de dolor en la cara de Max que Gustav
tenía sus dedos de escritor insignificante en un triturante apretón. Ella miró a
Gustav, quien le devolvió la mirada, pero liberó a Max, quien corrió por el
sendero del jardín con un adiós apresurado y un patético gesto de la mano que
casi se había roto.

* * *

—¿Por qué estás tan enojado conmigo? Sabes que he estado viendo a
alguien —jadeó Neve una hora más tarde, mientras Gustav la tenía haciendo
flexiones en el Finsbury Park en sí. Flexiones bien hechas, no flexiones de chicas,
en el césped, a pesar de que se había quejado de que se encontraba cubierto
de orina de perro y cosas peores.
—Dijiste que era casual. Que él era como un panqu… y deja de arquear
la espalda —dijo Gustav con amargura—. Nunca dijiste que dormías con él.
Neve estaba segura de haber hecho veinte flexiones para ahora y su
espalda la mataba. —Por favor, Gustav. Abdominales, tablones laterales,
cualquier cosa... no puedo hacer nada más.
—Abdominales, entonces. Hace dos meses jamás te escucharía decir “no
puedo” y nunca te habrías olvidado una sesión de entrenamiento.
—Por lo general nunca me obligas a hacer flexiones de verdad —siseó
Neve con los dientes apretados cuando comenzó sus abdominales—. Mira,
estoy comprometida con esto. Sabes que lo estoy. Tengo que reducir las últimas
dos tallas en tres meses.


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—Es fácil decir eso, pero lo veo todo el tiempo. Mis clientes crean vínculos
—Gustav riza su boca alrededor de la palabra como si fuera de un sabor
amargo—, y comienzan a descuidar su estado físico. Salen a comidas a luz de
vela todo el tiempo y suben de peso. Ese novio tuyo se ve muy fuera de estado.
Va a ser una mala influencia sobre ti.
—Te lo he dicho un millón de veces, Max no es realmente un novio de
verdad y honestamente, Gustav, ¿crees que he llegado tan lejos sólo para
volver a caer en viejos hábitos? —insistió Neve sin aliento, porque aparte de
unas cuantas copas de vino, no se había desviado de su dieta—. De todos
modos, Max va a comenzar a correr de nuevo ahora que el clima se está
calentando.
Fue una de las peores cosas que podría haber dicho, a falta de admitir
que había estado bebiendo la manteca de cerdo líquida. Gustav tenía mucho
que decir acerca de los corredores de buen tiempo, y cuando Neve le dijo que
ella no sería capaz de hacer su sesión del sábado porque se iba, pensó que su
mandíbula se rompería, la apretaba con tanta fuerza.
—Pero nunca te pierdes una sesión del sábado —espetó Gustav—. Es
nuestro tiempo especial. Siempre pienso en cosas nuevas y emocionantes para
nosotros.
Lo hacía, aunque Neve nunca clasificaría a los ejercicios con hervidores
de campanas de agua o cuerdas para saltar como emocionante. —¿No es
que tus otros clientes tienden a saltar de la sesión extraña debido a sus
compromisos personales?
—Tú no eres como mis otros clientes —dijo Gustav, y Neve sabía que lo
decía en serio como un cumplido, pero después de haber visto algunos de los
demás clientes de Gustav, todos exitosos, encantadores, del tipo de vuelos
especiales, sospechaba que probablemente tenían que cancelar las sesiones
de entrenamiento personal debido a que tenían que volar a un fin de semana
de esquí en Gstaad o por quince días en St. Barts. Mientras que Neve no viajaba
en avión a ningún lado porque era seria, predecible y, hasta que Max hubiera
aparecido, en realidad no tenía mucho en el sentido de una vida social.
Celia también parecía un poco molesta que Neve saliera con su audaz
plan para salir del área metropolitana de Londres durante el fin de semana.
—Pero, ¿y si tengo algún tipo de emergencia este fin de semana y te
necesito y tú no estás aquí? —exigió, cuando subió las escaleras a la noche
siguiente a pedir prestado un poco de leche y se encontró a Neve probándose
el pantalón de su traje para asegurarse de que sus caderas no se habían
ensanchado desde que lo compró.


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—Me puedes llamar por teléfono —sugirió Neve mientras se giraba
alrededor para ver como se veía su trasero en el espejo y vio la cara de dolor
de Celia—. Seels, sabías que iba a esta estúpida boda WAG porque te
encontrabas conmigo cuando me llegó la convocatoria de Mandy McIntyre y
sé que no has olvidado ni un segundo insoportable de nuestro viaje de compras
por trajes de boda.
Celia se echó en la cama de Neve y de hecho, agitó sus piernas en
frustración. —Sí, pero nunca pensé que realmente ibas a seguir adelante con
ello. —Se cruzó de brazos y miró fijamente al techo—. Te apuesto todo el dinero
que en la mañana del jueves, cambiarás de opinión.
—¡No, no lo haré! —soltó Neve, a pesar de que tenía en cierto modo la
esperanza de que el novio de Mandy podría ser uno de esos futbolistas que no
podía tener sus pantalones puestos y se vería expuesto por la prensa
sensacionalista como una sabandija serial y que la boda se cancelaría, pero no
hubo suerte.
Su única otra esperanza era que ella o Max surgieran con algo repulsivo e
intestinal como el Novo virus, pero cada vez que había hablado con él por
teléfono, toda su habitual frescura estudiada y despreocupación había
desaparecido mientras balbuceaba acerca de buscar su traje Pour Homme
Dior de la tintorería y preguntando si Neve tenía preferencias por qué música le
gustaría escuchar en el auto.
No, no podía salirse cuando Max se veía tan entusiasmado con la boda.
No sólo porque iba a estar repleto de celebridades, sino porque parecía ser un
miembro honorario de la fiesta de bodas. Mandy y Darren le habían incluso
pedido que los ayudara a escribir sus votos, y Mandy también había hecho que
Max cargara su iPod con clásicos del soul del norte porque no confiaba en el DJ
que había reservado para la recepción. Para alguien que no creía en las
relaciones, Max parecía muy emocionado de ver a Mandy y Darren
condicionando su fidelidad. —Aunque no creo que voy hablar de
“condicionando su fidelidad” en los votos —le había dicho a Neve—. ¿No es la
palabra fidelidad algo que los cerdos comen?
No era sólo la idea de aparecer con Max y con los McIntyre y los
consiguientes WAG que la mantuvo preguntándose qué demonios pasaba con
ella que la tenía en tal estado de pánico. No, también enloquecía acerca de
que los estragos de la boda podrían romper con su rutina. ¿Y si no podía
resolverlo por los cuatro días enteros que estarían en Manchester? ¿Y si el hotel
no tenía muesli sin azúcar en su menú de desayuno sino los regulares que están
rellenos por completo de azúcar, y si no podía dormir sin su vieja almohada de


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espuma? Estas eran cosas tontas por las que entrar en pánico, Neve lo sabía,
pero era una criatura de hábitos y ese hábito se puso a prueba por la boda.
Fue casi un alivio tener un correo electrónico de Jacob Morrison
esperando por ella cuando fue al trabajo en la mañana del miércoles. Por lo
menos sería algo diferente de qué preocuparse.
Estimada Neve.
Lamento haber tardado tanto tiempo en contactar contigo. Leí “Dancing
on the Edge of the World” ayer por la noche; en realidad me quedé hasta las
tres, porque no lo podía dejar. Creo que has descubierto algo muy especial
aquí. Me encanta la voz de Lucy, su humor adusto y la forma en que puede
escribir con una profundidad de sentimientos sin tener que desviarse en el
sentimentalismo. ¿Podrías llamar a mi asistente y hacer arreglos para los cuentos
y poemas de Lucy? También he leído tu sinopsis y me gustaría ver lo que has
escrito hasta ahora.
Mis mejores deseos.
Jacob.
Era imposible decir si le había gustado la sinopsis o no. Neve se atrevía a
esperar que el hecho de que Jacob pedía ver lo que había escrito fuera una
buena cosa. O bien, sólo quería confirmar sus sospechas de que apenas podía
hilar una oración.
Neve abandonó por completo cualquier pensamiento acerca de la
transcripción, pero cada vez que el Sr. Freemont asomaba la cabeza por la
puerta de su oficina y la veía trabajando de forma diligente, le daba una
sonrisa tensa (aún se encontraba resentido por el golpe bajo en la Junta
General) y la dejaba sola para tratar de espolvorear un poco de polvo mágico
en su prosa.
Neve pasó el resto del día y una buena parte de la noche, también,
empujando y empujando a su seis capítulos y medio, sólo interrumpida por los
correos electrónicos regulares de Chloe que se mantuvo enviándole vínculos a
historias sensacionalistas cada vez más absurdas sobre la boda, aunque Neve
dudaba de que Su Majestad la Reina había concedido realmente el permiso a
Mandy McIntyre de tener cisnes nadando en estanques de lirios especialmente
construidos en el centro de la pista de baile en la recepción.
El mensajero llegó a las diez de la mañana del jueves para recoger dos
maletas Jiffy cargadas mientras que Neve seguía sin ducharse y en pijama. No
había tenido tiempo ni para ir al New Look en la hora del almuerzo para
encontrar un vestido adecuado para asistir al bar con los WAG, por lo que Neve


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no tuvo más remedio que meter el vestido de lentejuelas plateado en su bolso
de fin de semana. Era eso o uno de sus vestidos abrigado negro, y Celia había
dejado perfectamente en claro su opinión acerca de ellos. Además, ya eran las
11:20 y Max se apoyaba en la puerta. Neve decidió que iba a tratar el horror de
lentejuelas de nuevo una vez que hubiera comprado algunas mallas ajustadas
que dan forma al cuerpo para ver si era tan malo como lo recordaba.
—Eso me recuerda, ¿crees que vamos a tener tiempo para ir a un Marks &
Spencer, cuando lleguemos a Manchester? —le preguntó a Max cuando éste
se deslizó en el asiento del conductor del brillante Mini Cooper rojo que le
habían dado gracias a su editor.
—Podemos hacer tiempo —prometió Max. Le dirigió una mirada de
soslayo—. Te ves un poco aterrorizada. No te vas a lanzar del auto si me
detengo en un semáforo en rojo, ¿verdad?
Neve asintió con la cabeza. —Pienso en ello. —Con la prisa por hacer
todo lo posible por Lucy, no había tenido tiempo de tener más ataques de
pánico acerca de la boda, pero ahora Neve se encontraba libre de trabajar en
sí misma hasta un estado de histeria sobre los días de spa y discotecas con
Mandy y sus amigas WAG con quien no tiene nada en común; ¿y si los trajes en
el Spa no le quedaban, y…?
—Te has puesto muy pálida —notó Max—. No te enfermas en los viajes,
¿verdad?
—No es eso —dijo Neve, bajando la ventana para tomar aire fresco—.
Simplemente no quiero arruinarte la aparición.
—Bueno, eso no va a pasar, siempre y cuando no le digas a nadie que tu
hermano apoya el Arsenal. ¿Eso es una sonrisa?
—Podría ser —concedió Neve, y dejó que su mano descansara sobre la
rodilla de Max por un momento porque extrañaba tocarlo. Lo cual era ridículo,
porque sólo lo había visto tres días antes. Tal vez era porque siempre había
apisonado cualquier deseo sexual que tuviera, y ahora su cuerpo quería
recuperar el tiempo perdido. Y algo más.
Max miró abajo a su mano, todavía en la rodilla. —He venido con una
canción que está absolutamente garantizado que van deshacer tus nervios —
anunció con orgullo—. ¿Quieres oírla?
—No sabía que podías cantar.
—Bueno, no puedo, pero creo que eso sólo se añadirá a mi presentación.
¿Estás lista para esto?


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No hubo tiempo suficiente en el mundo para preparar a Neve para la
versión de Max fuera de sintonía de “It’s a Nice Day for a Wag Wedding”. Su
ruidosa voz fuera de tono, era casi tan malo como su chillona y aguda voz,
porque después de que hubiera dejado de reír, Neve no pudo resistirse a
unírsele.
Al momento en que pasaban Birmingham, se encontraban animados y al
azar agregando la palabra WAG a cualquier canción que se les ocurriera,
cuando Neve se inspiró de repente y comenzó a gorjear: “Con su bolso Fendi/Es
mi maravillosa WAG”.
Max tuvo que cortar a través de dos líneas de tráfico, detenerse en el
arcén, descansar la cabeza sobre el volante y tratar de mantenerse bajo
control antes de que estrellara el auto. Sus hombros se sacudían violentamente,
mientras trataba de controlar las risas. Cada vez que se detenía, Neve pensaría
en otra línea para torturarlo con: “Y toda la ropa que tenemos que usar son muy
ceñida/ Y si no nos bronceamos demasiado seríamos lirios blanco”.
—No más —le rogó, con la voz ronca de la risa, a medida que ponía en
marcha el motor.
Llegaron a Manchester justo después de las cuatro, dejando el buen
tiempo detrás de ellos, mientras se unían a la M6. Malmaison Manchester es un
elegante edificio de ladrillo rojo; a la vuelta de la esquina de un inmenso Marks
& Spencer, notó Neve con satisfacción. Una vez que habían desafiado a los
paparazzi que ya acechaban en el exterior, demasiado para la incredulidad de
Neve, luego tuvieron sus detalles de la reserva, invitación a la boda y sus
identificaciones aprobadas en dos controles de seguridades diferentes. Sólo
entonces se les permitió acercarse al mostrador de la recepción. Otro guardia
de seguridad los acompañó hasta el ascensor y, finalmente, Max y Neve
llegaron a su suite junior. El enorme espacio era elegante y moderno, todo de
un blanco fresco con toques de color azul hielo y papel pintado a rayas, lo que
hacia borrosa la visión de Neve si lo miraba durante mucho tiempo. Max ya
había abierto su ordenador portátil y revisaba el acceso wi-fi, mientras Neve se
asomaba al cuarto de baño negro y dorado, y contempló con profunda
admiración la enorme ducha y la bañera hundida, lo cual era la última palabra
en decadencia.
—Esto es increíble —dijo Neve, mientras caminaba de vuelta en el
dormitorio—. Nunca he estado en ningún lugar como éste. De hecho, creo que
nunca me he alojado en un buen hotel antes.
—Pero esto es sólo una suite junior. No es tan increíble —protestó Max—.
¿Y qué quieres decir con que no has estado nunca en un hotel antes?


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—Bueno, me quedaba en hostelerías cuando fuimos de vacaciones
cuando yo era pequeña, y cuando fui a Nueva York, dormí en el sofá de Celia.
—¿Y qué hay cuando vas de vacaciones ahora? —preguntó Max.
—Bueno, por alguna razón pasar dos semanas en una playa de Corfú
nunca me atrajo.
—No soy fanático de las vacaciones tampoco. No son muy divertidas
cuando vives por tu cuenta y luego te vas de vacaciones por tu cuenta y
terminas yendo a los bares de crucero para encontrar a alguien... —Max llegó a
una abrupta pausa cuando se dio cuenta que se dirigía firmemente a la puerta
marcada TMI—. ¿Tal vez podríamos escabullirnos en una semana de
vacaciones entre ahora y julio?
—Siempre he querido ir a Francia —espetó Neve, su corazón palpitaba
emocionado. En todo su estrés sobre el fin de semana patrocinado por WAG,
no había habido un momento de angustia dedicado a pasar tres noches en
una habitación de hotel con Max. Por el contrario, Neve incluso había
intentado a la primera, una depilación con cera muy aficionado media hora
antes de que Max hubiera llegado a recogerla. Ella sonrió a Max, quien le
devolvió la sonrisa—. En este momento, sin embargo, realmente quiero ir a
Marks & Spencer.
Max miró la hora. —Son las 4:30 ahora, así que podríamos tener un
almuerzo muy tarde o una cena temprana, pero aún tenemos un par de horas
que matar antes de los cócteles. —Adoptó una postura pensativa, con el dedo
de la mano apoyado en la barbilla—. ¿Qué te gustaría hacer en esta gran
habitación cómoda, con una cama grande y cómoda en la misma?
—Necesito tomar un baño y lavarme el cabello —dijo Neve
inocentemente, mientras se deslizaba de su chaqueta—. Y eso me lleva una
eternidad, diez minutos por lo menos, para hacer mi maquillaje. Eso todavía nos
deja una hora sin nada que hacer.
—Una hora y media —decidió Max, mientras apresuraba a Neve fuera de
la habitación—. No podemos aparecer a las ocho exactamente. Eso son
noventa minutos, Neve.
Neve esperó hasta que las puertas del ascensor se encontraban a punto
de abrir antes de que se dirigiera a Max—: Siempre podría darte otra felación si
lo deseas. Sólo para matar el tiempo.



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l final, Neve sólo tuvo tiempo para una ducha rápida y se
conformó con un poco de champú en seco y cinco minutos para
el maquillaje. En el momento en que se había deslizado entre las
cubiertas de la cómoda cama grande, y chocó con Max, quien ya se
encontraba caliente y duro, el tiempo parecía ir más despacio, y luego, rápido,
y no fue hasta que estuvo pasando de su segundo orgasmo que pasó a
observar el reloj y descubrir que ya eran las ocho en punto.
—No estamos elegantemente tarde —le dijo a Max, mientras giraba la
parte superior trasera de su máscara—. Estamos simplemente tarde.
Max se encogió de hombros. —Valió la pena. La próxima vez te voy a
convencer de quitarte tu bata en algún momento.
—Buena suerte con eso —dijo con aspereza Neve, porque sí, había
recorrido un largo camino, pero dejar caer esa última barrera... no creía que
alguna vez sería tan valiente. Dio un paso atrás para mirarse en el espejo,
inclinándose hacia atrás y delante de modo que la falda de su vestido de
encaje negro y satén ostra revolotearan a su alrededor.
Sus nuevas sandalias negras de tres pulgadas Mary-Janes ya hacían que
sus dedos de los pies quisieran acurrucarse y morir, pero combinadas con
medias opacas negras, hacían que sus piernas se vean más largas y más
delgadas, y el vestido le daba a Neve un escote decente y una cintura más
pequeña. Pero fue algo más que el reflejo agradable que Neve vio en el
espejo, era Max sentado en la cama, mirándola a sí misma verse, con nada
más que apreciación, sus ojos demorándose en sus pechos.
—Te ves hermosa —dijo en voz baja, a medida que descendían en el
ascensor al bar.
Neve robó una última mirada de ella apresuradamente de arriba abajo
en las paredes de espejos del ascensor y nerviosamente dio unas palmaditas a
un riso suelto del cabello. —Tengo que encontrar algo que hacer con mi
cabello desordenado que no sea una cola de caballo o un moño desordenado
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—murmuró—. Pero gracias a ti —agregó, cuando vio un destello de irritación en
la cara de Max, porque lo único en lo que no tenía ninguna paciencia era con
su auto-desprecio—. Y te ves bastante bien tú mismo, pero sigo pensando que
deberías haber llevado los pantalones del traje, así como la chaqueta del traje.
Y tal vez unos zapatos que no fueran hechos por Converse.
Max miró a su Levis y zapatos deportivos. —Pero estos son mis pantalones
buenos y mis menos desgastados Converse —protestó. Y protestó aún más
cuando Neve sacó su peine del bolso y tiró de él a través de su cabello.
—Para alguien que no iba a tomar mi mano, estás agarrando mi brazo
firmemente —le susurró una vez que habían dado su nombre a otra persona de
seguridad y caminaban hacia el bar.
Neve apenas podía escucharlo por encima de los latidos de su corazón y
el murmullo de conversaciones y las risas que se hacían más y más fuertes a
medida que se acercaban a las puertas abiertas al final del pasillo. A Neve le
daba una vaga impresión de un burdel muy exclusivo; luces rojas descendían
desde el techo e iluminaban las mesas pequeñas y sillones de cuero decorados
con enormes clavos de metal que se extendían en un arco suave alrededor de
la enorme sala.
—Agarrar tu brazo firmemente no es ni por una pizca igual a tomar tu
mano —susurró Neve de vuelta, su voz aguda y chillona, y se encontraban
cada vez más cerca ahora y quería clavar sus talones en la gruesa alfombra, o
mejor aún, dar la vuelta y correr de regreso a la seguridad de su suite junior. En
cambio, se inclinó en contra de Max, tratando de extraer algo de su calma, y
poner un pie delante del otro, hasta que estuvieran en el bar y abriéndose paso
entre la multitud.
Las caras eran un borrón y en todo lo que Neve podía centrarse era en la
manga de lana negra de su chaqueta, mientras seguía con un apretón de
muerte en Max. Trató de encogerse para pasar por el estrecho sendero entre la
prensa de personas, cabeza abajo, y sólo cuando se encontró mirando a un
par de mocasines con borlas de color rosa y uñas pulidas asomadas de un par
de sandalias doradas de dedos abiertos que se dio cuenta de que habían
llegado a su fin.
—Neve, me gustaría que conozcas a Bill y Jean, los padres de Mandy,
está es Neve, mi… novia. —Escuchó decir a Max y su mano cubría la suya, la
que todavía seguía en su brazo por lo que se obligó a mirar hacia arriba.
—Es un gran placer conocerlos —dijo de forma automática, tal y como
sus padres le habían inculcado desde una edad temprana, y sonrió débilmente
hacia ellos.


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Bill tenía el cabello blanco como la nieve peinado hacia atrás, a partir de
un rostro bronceado y tiraba del cuello de su camisa de vestir de color rosa con
una mano mientras que los gruesos dedos de su otra mano se apretaban en
torno a una delicada copa alargada de champán. Parecía como si estaría más
cómodo con jeans y una camiseta con una lata de cerveza para sostener.
—Bien, Max nos ha dicho todo acerca de ti, pero nunca mencionó cuán
hermosa eres. Mira esa piel —dijo Jean, y de hecho levantó una mano y pellizcó
la mejilla de Neve, justo como la abuela Annie solía hacer, aunque la abuela
Annie nunca habría salido con un traje de pantalón blanco y una camiseta de
lentejuelas negra, a diferencia de Jean McIntyre con su cabello largo rubio y
labios de color rosa brillante, el cual se extendía en una sonrisa cálida y
acogedora—. Suave como el trasero de un bebé, también tiene título de
Oxford, Bill.
—Sin duda, una chica inteligente como tú podrías conseguir algo mejor
que este pequeño bruto —dijo Bill, con un gesto en dirección a Max, su pecho
como un barril sacudiéndose con la risa.
Luego, pasó un brazo alrededor de Max para poder alborotarle el
cabello, mientras que Max se retorcía y ponía los ojos en blanco. —Este
muchacho es el hijo que nunca tuve y que nunca quise. Espero que no vayas a
romper su corazón.
—Bueno, voy a tratar de no hacerlo —dijo Neve sin poder hacer nada, y
ambos no dejaban de sonreírle de modo que les devolvió la sonrisa y se devanó
los sesos para algo más que decir.
—Así que, Bill el padre de Neve también está en el sector de la
construcción —dijo Max, una vez que lo dejó ir, y cuando Bill de inmediato
comenzó a disparar preguntas a ella, Neve le disparó a Max una mirada de
agradecimiento.
Después de que habían discutido el impacto de la crisis de crédito se
habían adentrado en las nuevas construcciones, Neve mencionó que su padre
era dueño de un patio de constructores en Sheffield y resultó que la hermana
de Jean vive en Brincliffe, justo en la calle de la prima de Neve, Linda, y diez
minutos habían pasado.
Neve aún se sentía nerviosa. Sus dedos tamborileaban contra el brazo de
Max, pero ya no la paralizaba por el miedo, cuando Jean de repente abrió la
boca y dijo—: Será mejor ir a buscar a nuestra Mandy. Se muere por conocerte.
Tú te quedas aquí, Max, y cuéntale a Bill acerca de cuándo conociste a esa
Paris Hilton. —Neve fue capaz de soltar el brazo de Max y dejar que Jean la
guiara a través de la multitud.


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Fue un proceso muy lento porque cada vez que daban un paso, Jean le
presentaría a alguien que Neve vagamente reconocía de la Coronation Street
o de los viejos temas de Now and OK! Que había tomado de Rose para que
pudiera soportar en sus WAG.
—Esto es tan amable de tu parte —le dijo a Jean, al llegar a la parte de
atrás de la sala y la gente comenzaba a diluirse—. Quiero decir, tomarse el
tiempo para presentarme a todo el mundo cuando debes tener a tanta gente
con quien hablar.
Jean le acarició la mano. —No te preocupes por eso, pequeña. Sabía
que te sentías aterrorizada tan pronto como clavé los ojos en ti. Entre tú y yo,
daría mi brazo derecho por estar de vuelta en casa con una buena taza de té y
una caja de pasta de azúcar fantásticas. Ahora, ¿a dónde se habrá metido esa
chica?
No encontraron a Mandy McIntyre porque ella las encontró. En un
momento Neve miraba boquiabierta a un hombre al otro lado de la sala que se
parecía mucho a Thierry Henry (y ni siquiera ella sabía quién era), al siguiente
hubo un ensordecedor chillido y alguien lanzaba sus brazos alrededor de ella.
—¿Neve? Eres la Neve de Max, ¿no?
Neve no podía ni confirmar ni negar esto mientras su boca se apretaba
contra el cuello de Mandy y casi era asfixiada al inhalar grandes bocanadas de
Envy de Gucci.
—¡Mandy! Deja ir a la pobre muchacha. La estás asfixiando.
Neve fue apartada por dos fuertes manos cuando Mandy, dijo—:
Entonces, vamos a darte una buena mirada.
Todo lo que Neve podía ver era piel bronceada, muy bronceada, cabello
rubio, muy rubio y corto, un vestido apretado blanco, el más apretado del
mundo, hasta que sus ojos llegaron a la cara de Mandy. Una vez que superabas
el bronceado y los reflejos y el vestido ajustado, incluso los lentes de contacto
azules brillantes, Mandy McIntyre era lo que su madre llamaba de aspecto
hogareño. Sus ojos con máscara incrustada eran pequeños y tenía la nariz
chata y un labio superior delgado, pero había algo tan inofensivo y viable sobre
la manera en que se veía, que Neve entendió totalmente por qué se ganó
millones de libras al hacer propagandas a las cadenas de supermercados,
protagonizando videos de ejercicios, prestando su nombre a una amplia gama
de productos para el hogar de bronceado y pretendiendo escribir libros acerca
de una ordinaria chica que vive en un mundo extraordinario.


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—Sabía que Max iría tras una chica bohemia. Eres tan artística y fresca —
declaró Mandy tan sinceramente que incluso Neve estuvo convencida por
algunos pocos segundos felices—. Me encantaría manejar eso de las medias
opacas, pero creo que, bueno, ¿cuál es el punto de conseguir un falso
quemado? Luego me paso toda la noche congelando mi trasero.
Y esa era la otra cosa que había hecho a Mandy McIntyre una multi-
millonaria: dentro de los cinco minutos de haber sido introducida, ocho de
cada diez personas pensaban que era la persona más agradable que jamás
habían conocido.
Neve no fue la excepción. Por segunda vez esa noche se tomo de la
mano con alguien que no era Max y dejó que Mandy la llevará alrededor del
bar como un pequeño perrito faldero para ser palmeada y acariciada. De
hecho, conoció al Shih Tzu de Mandy, Gucci, quien se encontraba detenido por
el novio de Mandy. Darren Stretton era desgarbado, de lengua atada, y no
tenía mucho que decir a alguien cuyo pie derecho estaba asegurado por dos
millones de dólares. Neve logró establecer que él se encontraba “en la luna
acerca de casarse con nuestra Mandy.” Él y Mandy compartieron una mirada
larga y cariñosa, que fue interrumpida por la llegada de los compañeros de
equipo de Darren, quienes estrecharon la mano de Neve educadamente y no
parecieron que le molestara que apenas pudiera tartamudear a través de las
presentaciones. Siendo así las cosas, deseó, como nunca hubiera deseado
algo, que Douglas, Celia y especialmente Charlotte estuvieran aquí para verla
rodeada por todos lados por once hombres vestidos con trajes de diseñador
oscuros y toneladas de cara colonia.
—¿Lo ves? —decía—. Hay algo genial en mí, después de todo.
Excepto, que Neve no estaba siendo genial. Sino que actuaba tonta y
sonrojándose como una niña de doce años en el concierto de los Jonas
Brothers y fue un alivio cuando Mandy le tomó la mano y la arrastró a conocer
a su abuela y su tía abuela y Wendy, quien solía vivir al lado antes de que los
McIntyre se mudaran a Alderley Edge.
Neve trató con cortesía defenderse contra las acusaciones de que todo
en Londres era terriblemente caro, lo que servía a los correctos londinenses por
ser tan engreídos, cuando Mandy le tomó la mano de nuevo.
—Quiero que Neve conozca a las chicas —explicó ella, tirando de una
agradecida Neve a distancia.
—Lo siento. Mi abuela sólo seguirá tan lejos hacia el sur hasta el Centro
de Trafford, y entonces gime y gime sobre el estado de los aseos. Ahora, vamos
a ir a buscar a las chicas y ni siquiera has tomado un trago. Debe haber un


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poco de champán rodando por ahí, pero tengo que preguntarle a alguien
cuántas calorías hay en un vaso.
—Setenta y cinco —dijo Neve, sin ni siquiera tener que pensar en ello.
—Dios mío, eres tan inteligente —canturreó Mandy, llevando a Neve una
zona de estar levantada en la parte posterior del bar—. Aquí están las chicas.
Neve, esta es mi hermana, Kelly, y mi mejor amiga, Tasha, y mi otra mejor
amiga, Chelsy, y Emma, quien también es mi mejor amiga y Lauren, quien es mi
mejor amiga y mi asistente personal. Esta es Neve… la Neve de Max.
Las cinco mejores amigas de Mandy se encontraban dispuestas en un
sofá de cuero negro y dos sillones. Veían a Neve de arriba hacia abajo, con
caras que no eran totalmente antipáticas, pero tampoco exactamente de
bienvenida. Neve sabía que todos sus peores temores se habían confirmado:
Kelly, Tasha, Chelsy, Emma y Lauren fueron cortadas exactamente de la misma
tela que Charlotte.
Eran todas bronceadas con cabellos largos, con reflejos, súper brillante, y
la única cosa más pequeña que sus faldas eran las bolsas pequeñita
empuñadas adornadas con dorados soportes y logotipos que incluso Neve
podía reconocer: Gucci, Louis Vuitton y sí, Fendi, excepto que no parecía tan
gracioso ahora, estando de pie delante de ellas llevando un mullido vestido
grande que era más para la madre de la novia que de la pretenciosa y genial
novia del fantasma escritor de la Novia.
—Voy por un poco de champán. Vamos, muchachas, arrímense —exigió
Mandy y Kelly, Tasha y Chelsy (¿o era Emma?) se movieron a regañadientes
para que así hubiera un pequeño espacio en el sofá, que no iba a acomodar
las cuarenta y tres pulgadas de las caderas de Neve.
—Está bien —murmuró ella, posándose incómoda en el brazo del sofá y
con la esperanza de que no estuviera metiendo su parte inferior en la cara de
alguien—. Me puedo sentar aquí.
—¿Así que, tú y Max, entonces? —preguntó Kelly, echándose su largo
cabello con mechas lejos de su cara. Neve contó al menos cinco tonos
diferentes en sus reflejos y se maravilló con el nivel absoluto de aseo exhibido. Le
debe tomar horas para prepararse.
—¿Cuánto tiempo han estado saliendo?
¿Saliendo era lo mismo que tener citas? Neve no estaba segura. —Bueno,
nos hemos estado viendo un poco más de dos meses.
—¿Qué? Habla más alto. Apenas puedo oírte.


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Neve se repitió a un volumen que tenía que calificar como un grito y las
cinco asintieron con la cabeza y consultaron entre sí.
—¿Cuándo Max empezó a salir con Shelly entonces? No fue hace tanto
tiempo, ¿verdad?
—Bueno, fue después de Ricky, pero antes de Bryan. Y ella estaba con
Ricky para Navidad, pero Bryan se la llevó a la Seychelles para el Día de San
Valentín, así que debe haber sido en enero. —Todas se volvieron hacia Neve,
quien no tuvo más remedio que sentarse allí con un rostro en blanco mientras
consideraban oportuno discutir exactamente cuándo Max había estado
teniendo relaciones sexuales con otra chica que no era ella.
—Pueden decir lo que quieran de Shelly, pero es realmente hermosa y
siempre se tira a los hombres más aptos —hiló Kelly en defensa de su amiga
carente moralmente que había sido expulsada de la fiesta de bodas por follar
al sujeto equivocado de jugador de fútbol, y luego vender su historia a los
tabloides—. Siempre pensé que ella y Max estarían perfectos juntos. —Le dio
otra mirada escudriñadora a Neve, que rayaba en la incredulidad—. ¿Cómo se
conocieron Max y tú de todos modos?
—A través de mi hermana —escupió Neve, aceptando una copa de
champán de Mandy, quien con suerte había llegado a su defensa.
—Neve es la chica más inteligente que he conocido —le informó Mandy
a sus amigas, quienes parecían singularmente para nada impresionadas—.
Tiene un título de Oxford y Max dice que tiene más libros que cualquier persona
que ha conocido y sabía cuántas calorías hay en una copa de champán sin
tener que mirar primero en su iPhone.
Este último punto fue recibido con murmullos de aprobación cuando
Mandy siguió adelante. —Tienen que ser muy buenas con Neve porque no
conoce a nadie excepto a Max —anunció, desplomándose en la brecha entre
su hermana y Tasha—. Así que, Neve, ¿qué vas hacer mañana por la mañana?
Preparándome mentalmente para la posibilidad de tener que pasar una
tarde en un spa con tus amigas, quería decir Neve, pero sólo sacudió sus manos
y derramó champán en la parte delantera de su vestido. —Um, no sé. Max dijo
algo sobre...
—Va a tener una reunión con mi agente acerca de nuestro próximo libro
—le dijo Mandy con dulzura—. Entonces, vas a venir a nuestra última sesión de
campamento de entrenamiento para novias. Lo vamos hacer en los terrenos
del Country Club, donde está el spa y es donde vamos a tener la recepción. Es
increíblemente maravilloso. Tenía muchas ganas de casarme en un castillo,


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pero no pudimos encontrar uno bueno que estuviera cerca de Manchester y
me sentía destruida pero luego mi papá dijo…
—¡Mandy! Hemos estado haciendo el campamento de entrenamiento
para novias desde hace meses. Ella probablemente no será capaz de
mantenerse al día con nosotras —le interrumpió Chelsy—. ¿Realmente quieres
tener que ir a una velocidad media para el último campamento de
entrenamiento cuando todavía tienes que perder otros dos kilos antes del
sábado?
Mandy se mordió el labio y Neve podía ver su vacilación. Su buena
voluntad innata se puso a prueba por las exigencias de encajar en un vestido
de novia de diseñador.
—Está bien —dijo Neve rápidamente—. Simplemente puedo hacer mi
entrenamiento habitual en el gimnasio del hotel.
—¿Te ejercitas? —Las esculpidas cejas de Kelly desaparecieron entre su
flequillo—. ¿En serio?
—Bueno, sí, un par de veces a la semana, pero no en grupo, con un
entrenador, y no…
—Eso es perfecto entonces —suspiró Mandy en alivio—. Neve puede
hacer el campamento de entrenamiento para novias y estar con nosotras todo
el día. —Se puso de pie—. Tengo que ir a rescatar a Darren. Creo que Gucci
está siendo traumatizado por todo el ruido.
Neve la vio alejarse con consternación. Estiró el cuello para ver si podía
localizar a Max en la multitud y se preguntaba si ahora sería un buen momento
para hacer su excusa cuando Lauren le dio unos golpecitos en la rodilla.
—Necesito hablar contigo acerca de tus tratamientos de spa —dijo ella
bruscamente, mientras sostenía su iPhone—. Te tengo anotada para una
limpieza de cutis, depilado de piernas, pero la depiladora tiene una media hora
extra gratis, así que ella dijo que también te haría la línea del bikini.
—Oh, eso es muy agradable, pero…
—Pero tengo que comprobar si ¿deseas una pedicura de lujo o una
medi-pedi? —Lauren miró expectante a Neve.
—Um, ¿qué es una medi-pedi?
—¿No sabes lo que es una medi-pedi?
Las cinco se veían horrorizadas. Indignadas, incluso, como si no hubiera
ninguna razón para ser dueño de una gran cantidad de libros si ni siquiera sabes
qué es una Medi-pedi.


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—Una pedicura de lujo va a estar bien —dijo Neve inexpresivamente, y
eso era una tontería y exageraba porque había tenido un tratamiento mucho
peor de muchas chicas más viles que estas, pero podía sentir su labio inferior
temblar y tenía que dejar de parpadear, porque la próxima vez que
parpadeara, sabía que las primeras lágrimas empezarían a correr por su rostro.
—Luego nos dirigiremos de nuevo a la ciudad para arreglarnos nuestros
cabellos y rostros pero no tienen tiempo para hacernos nada más que un
lavado y secado y…
—Eso está bien. Me tengo que ir ahora y encontrar a Max. —Neve ya se
ponía de pie, casi cayéndose de los tacones en el proceso—. Fue muy
agradable conocerlas a todas. —No esperó a escuchar lo que tenían que decir
sobre eso, sino que tropezó por las tres etapas y frenéticamente escaneó la
habitación por Max.
Él se encontraba justo donde lo había dejado, de pie en el bar, y el sólo
ver su fácil sonrisa encantadora, mientras hablaba con alguien era como volver
a casa a un piso caliente después de caminar a través de una tormenta de
nieve.
Neve comenzó a abrirse camino entre la multitud, toda lista para lanzar
una diatriba acerca de cuán vil fueron las amigas de Mandy y ella no iba,
repito, no iba a hacer campamento de entrenamiento o ir al Spa con ellas,
llegaran a eso. Si Max tenía que encontrar un médico que le escribiera una
nota de reposo por enfermedad, entonces que así sea. Pero a medida que se
acercaba a Max, incluso con los codos cuando en realidad tenía que hacerlo,
Neve vio que él seguía hablando con Bill y Jean. Jean tenía el brazo envuelto a
través del de Max, con la cabeza inclinada para captar cada una de sus
últimas palabras. Luego, cuando llegó al final de su discurso, Bill le dio una
palmada en la espalda, tal vez un poco duro, porque Max se balanceó sobre
los talones, pero le rompió un poco el corazón a Neve.
Probablemente estaba siendo demasiado caprichosa, eso es lo que su
madre decía, pero viéndolo de afuera hacia adentro, se le ocurrió que Bill y
Jean eran en realidad los padres honoríficos de Max, o lo más cerca que tenía.
Esto no era sólo un evento de trabajo para él. Había sido invitado por personas
que se preocupaban por él y no quería que dijeran: "Fue agradable ver a Max,
pero esa malhumorada novia de él fue un verdadero dolor de cabeza” cuando
se fueran en la mañana del lunes.
No había nada más que hacer que aguantarse y pasar el día de
mañana, aún si eso la mataba; no subestimaría a esas chicas horribles de poner
algo tóxico en su cera caliente. ¿Qué fue lo que aquellos publicistas asustados


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de Los Ángeles dijeron a Max cuando pidió un tiempo libre con sus clientes
famosos? Fue un día fuera de toda su vida.
Max miró por encima, atrapó su mirada y la saludó. Él les dijo algo a Bill y
Jean, quienes sonrieron, y no hubo nada más que hacer que pegar una sonrisa
en su rostro y caminar hacia ellos.










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Traducido por edith1609
Corregido por Vericity

ienes exactamente la misma mirada que tiene Keith cuando lo llevo
al veterinario —remarcó Max cuando lo empujé en frente del Country
Club Alderley Edge, el cual era un horrible edificio Victoriano que
lucía como una muy florida casa de jengibre—. Pensé que te
gustaba hacer ejercicio.
—Lo hago —dijo Neve, tratando de enmascarar el malestar que sentía
cuando Max apagaba el motor. Rogaba para que estrellara el auto o algo a lo
largo de la A34; no lo suficientemente malo para que alguien quedara
fatalmente herido, pero ella habría estado perfectamente feliz con una pierna
rota—. Estoy bien. Sólo estoy cansada.
—Ah, así que eso es lo que te ha estado molestando —dijo Max
conscientemente mientras le daba un codazo a su mano—. Te lo compensaré
esta noche, lo prometo.
—¿Compensarme qué? No es eso —suspiró, mientras finalmente
amanecía.
La noche anterior, ella dejó a Max en el bar para que tuviera “uno más
para el camino.” —No espero eso cada noche.
Habían sido otras dos horas antes de que finalmente tropezara de vuelta
a su cuarto y despertarla por haber caído sobre su bolsa de fin de semana.
Luego, se tambaleo sobre su cama y trató de comenzar algo, lo cual
obviamente no tenía intención de terminar porque se encontraba tan borracho
que no podía ni siquiera quitarse su ropa. Neve lo empujó fuera de la cama, lo
desnudó y lo ayudó a cepillarse los dientes, luego le dejó el resto a él mismo. Él
terminó pasando la noche en el sofá, porque no podía lograr volver a la cama.
—¿Qué es lo que pasa entonces? —preguntó Max, y una mano en la
barbilla de Neve hizo que volteara su cabeza hacia él—. ¿De qué estás
asustada?
—No estoy asustada de nada —declaró con voz temblorosa.
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—Ya no puedes sacar esa mierda conmigo nunca más. Te conozco mejor
ahora —dijo Max, con un deje de acidez en su voz—. ―¡Sé que las compañeras
de Mandy son, bueno, son un poco... tú no tienes mucho en común con ellas,
pero después de que hubieran tenido su mandíbula en bolsos de diseño y
bronceados falsos por un par de horas, podrías haberlas entretenido diciéndoles
qué novio genial soy.
—Creo que están al día en ese tema —dijo Neve mordazmente, y no
había querido tener una pelea con Max, pero las buenas intenciones de la
noche anterior se desgastaron—. Pienso que tu amiga, Shelly, golpeó lo más
destacado para ellos.
—¿Es eso de lo que se trata todo esto? Nunca he salido con Shelly.
—Eso escuché. —Condescendencia goteaba de cada silaba y no era
sólo que una pela con Max fuera una gran manera de quitar de su mente lo
que le esperaba, era también por la cantidad de tiempo que Neve pasó la
noche anterior pensando en la famosa Shelly. Ella sólo tenía un puñado de
hechos para seguir; durmió con Max además de dos futbolistas de primera
división, era realmente hermosa de acuerdo a Kelly McIntyre, y era una chica
que no tenía problema con compartir detalles de su vida sexual con los lectores
de los tabloides del domingo.
Era una muy abrumadora evaluación de carácter pero Neve se
encontraba lista para saltar adelante para llenar los espacios en blanco. Shelly
obviamente estaba adherida al estereotipo WAG y era larga de piernas,
grandes senos, tenía brillante cabello rubio y piel naranja mejor visualizada en
pequeños vestidos y tacones Hoochie Mama.
O sea, era el polo opuesto de Neve, lo cual era lo suficientemente
humillante, pero no tan humillante como tener que averiguar de esas chicas
horribles que Max había dormido con Shelly.
—Si Shelly es el tipo de mujer que prefieres, entonces no tiene en verdad
mucho sentido que cualquiera de nosotros continúe con esta “pequeña
charada” —le dijo a Max fríamente—. Odio tener que pensar que todo el
tiempo que estuviste conmigo, deseabas que estuvieras con otra chica quien…
—¡Tienes un nervio de mierda! —Neve nunca había escuchado a Max tan
enojado y realmente no le gustaba. Él se volteo hacia ella. Su cara lucía
apretada y tiesa, sus ojos ardiendo con repentina furia.
—Todo el punto de “esta pequeña charada” es porque estás enamorada
de algún chico en otra parte del mundo, en el caso de que lo hayas olvidado.
Así que, si yo no traigo tu futuro, entonces ¿porque en el infierno estás trayendo
mi pasado? ¿Por qué?


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—Bueno, porque... debiste haberme advertido que habías dormido con
las amigas de Mandy —fanfarroneó Neve, porque cuando había decidido
escoger una pelea, había imaginado una pelea de un lado, cuando tuviera la
oportunidad de sacar toda su frustración, mientras Max sólo se sentaba ahí y lo
tomaba. Aunque ahora él la miraba y podía sentir su enojo agitando el aire, y
debería haber sabido que no se sentaría ahí sumisamente y tomaría cualquier
cosa.
—Fue mortificante.
—Sí, casi tan mortificante como saber que cada uno de aquellos
movimientos que recogiste en el internet estaban siendo perfectamente
clasificados y catalogados en tu cabeza para el momento en que puedas
usarlos con el Sr. California, son perfectos. —Max se inclinó hacia ella. Neve se
hizo para atrás en alarma, pero solo abrió la puerta—. Vete.
—Tú no estás actualmente en la posición de tomar la superioridad moral
aquí...
—Te iba a decir que me llamaras cuando quisieras que te recogiera, aún
si decidías que tenías suficiente después de una hora, pero ¿sabes qué, dulce
corazón? Puedes llamar a un maldito taxi.
Neve se liberó de su cinturón con dedos temblorosos y salió a toda prisa
del carro. —No tendría que traer tu pasado si hubieras sido un poco más
selectivo con las personas con las que tenías sexo —siseó, antes de azotar la
puerta tan fuerte que podía sentir la reverberación todo el camino hacia su
brazo.
Max arrancó el auto y giró en un rápido, cerrado circulo, grava rozando y
pegando a Neve en la cara antes de que pudiera retroceder. Los engranajes
crujieron, luego tomo gran velocidad barriendo el camino de entrada,
tambaleándose a la izquierda para dar lugar al monovolumen que venía en el
otro camino.
Pelear con Max no hizo sentir mejor a Neve. Se sentía insegura, resentida y
aterrorizada, y medio esperaba que Max volviera, le dijera que se metiera en el
carro, condujera hasta la estación y la metiera en el primer tren de vuelta a
Londres.
Pero no volvió y las personas del monovolumen llegaron y se detuvieron a
su lado, las puertas se deslizaron y sus compañeras para el día emergieron,
cada una de ellas usando un chándal de terciopelo rosa. Mientras Chelsy
trepaba fuera del auto, Neve vio Equipo McIntyre escrito en el reverso de su
sudadera con capucha en diamantes y espera que no fuera forzada dentro del
sangriento chándal rosa de la maldita Shelly.


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Chelsy, Kelly, Lauren, Emma y Tasha, todas asintieron fríamente a Neve
mientras se alineaban, como un pequeño comité de recepción para Mandy,
quien era la última en desembarcar. Mandy al menos lucía satisfecha de verla
ahí mientras saltaba fuera del carro.
—¡Neve! ¡Estoy tan agradecida de que pudiste hacerlo! —Su cabello se
encontraba en dos coletas que se balanceaban mientras hablaba, lo cual era
distraía mucho—. ¿Ese era Max en el otro camino? Corrió cerca de nosotros por
el camino, y el día antes de mi boda también.
—Está tarde para una cita en la ciudad —mintió Neve, su voz aguda con
ansiedad.
—Oh, tendrías que haber venido con nosotras —dijo Mandy, tomando su
brazo en el de Neve mientras empezaban a caminar hacia la entrada—.
Tuvimos que recoger a Chelsy y Tasha de Malmaison ¿nadie lo mencionó
anoche?
Ellos no lo hicieron y podrían haber salvado a Neve de pelear con Max a
favor de ser tratada con frialdad por la multitud de trajes rosas. No podía decir
cuál podría ser menos malo.
Dejaron sus bolsas en el guardarropa, luego Neve vio como todas
sacaban bolsas de maquillaje de diseñador de bolsas de viaje de diseñador y
comenzaron a retocarse el bronceador, rimel y gloss. Sólo como era brutal un
campo de entrenamiento nupcial si podías hacer algo sin manchar tu
maquillaje o si tu cabello se rizaba se preguntaba Neve, mientras comenzaba
sus estiramientos de calentamiento. Siempre terminaba una sesión de ejercicios
con su cabello y su piel empapados en sudor.
—¿Cuánto tiempo hacen ejercicio? —le preguntó a Mandy mientras
dejaban el guardarropa y caminaban a través de un set de puertas francesas a
un césped verde, el cual parecía como si fuera usado mas para juego suave de
cróquet que un campo de entrenamiento.
—Hasta tres horas —dijo Mandy con alegría—. Pero nos tomamos
montones de descanso y la última hora es Pilates. Pilates muy gentil. —Miraba a
Neve de arriba abajo, pero por una vez Neve no conocía el miedo. A veces
pensaba que le gustaría vivir en ropa de ejercicio, era cómoda y tenía un alto
contenido de lycra que siempre sentía placenteramente contenida. Incluso sus
senos se comportaron cuando eran encerrados en un sostén deportivo y
estaban en la parte superior bajo una delgada playera de manga larga. Su
conjunto, incluso, tuvo la aprobación de Mandy porque ella asentía
felizmente—. No tenias que traer tu propia toalla o agua, Jacqui los da.


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Justo cuando Neve iba a preguntar quién era Jacqui (¿Cuántos asistentes
personales necesitaba Mandy?), las puertas francesas se abrieron y una
pequeña, atléticamente construida mujer con un cabello rubio platino y
agresiva cara trotaba, seguida por una hilera de empleados del Country Club
cargando equipo de gimnasio y una gigante nevera portátil.
—Bien, señoras, en línea y empiecen a estirarse —gritó.
Las WAG rápidamente se pusieron en una línea y Neve se encontró a sí
misma al lado de Kelly, quien ya doblaba su cintura con entusiasmo.
Neve trató de hacer lo que todos los demás hacían casi al mismo tiempo,
aunque las WAG se movían en “paso, toque, brazo doble,” mientras ella seguía
con “paso, toque,”
Jacqui trotó cerca y se quedó mirando fijamente a Neve mientras daba
un paso y tocaba y rotaba sus brazos.
—No estás usando rosa —dijo acusadoramente—. ¿Quién eres tú?
—Oh, esta es Neve y por dentro está usando rosa —dijo Mandy
amablemente desde más abajo en la línea—. Está aquí por Shelly y está bien,
hace ejercicio todo el tiempo. Incluso su novio dice que lo hace.
Neve trató de sonreír pero Jacqui se encontraba impasible. —Trata de
mantenerte —ladró—. Es la última sesión del campo de entrenamiento, no
puedo tener rezagados.
—En realidad, em, sabes, probablemente debería sostener tu espalda —
balbució Neve—. Voy a dar algunas vueltas mientras tú, er, lo que hagas.
Entonces, sin esperar el permiso para irse, despegó bajo el césped bien
cuidado como si los perros del infierno estuvieran pisándole los talones.
Cuando alcanzó el final del césped, siguió un camino de grava con un trote
suave así podía tomar los ondulantes campos a su alrededor y mirar a la
pequeña extravagante construcción en una pequeña isla en el medio del lago.
El aire era fresco y limpio y por primera vez en el día, su estómago no se sentía
como si fuera atado en grandes, retorcidos nudos.
Gradualmente incrementó su velocidad y dejó su mente en blanco así
podía sentir sus pulmones quemándose y el dolor en sus muslos para poder
empujarse a sí misma más y más fuerte. Cada vez que sentía como si no
pudiera seguir adelante porque sentía que sus piernas podrían colapsar,
convocaba otro chorro de energía y se forzaba a sí misma a hacer otra carrera
alrededor del lago. Era celestial no pensar, sólo sentir.


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—Despacio, despacio —dijo una voz y Neve se dio cuenta que Jacqui
cayó en el piso a su lado—. Una vuelta más y quiero que camines el último
cuarto.
—Bien —jadeó Neve, y disminuyó su velocidad hasta parar—. Lo siento...
por salir corriendo... solía hacer ejercicio...
—Mucho más fuerte que ese montón de culos flojos —dijo Jacqui con una
sonrisa—. Mandy es una buena chica pero todas ellas son malditamente inútiles.
Vamos. Baja la velocidad, chica.
Neve se detuvo y se inclinó con las manos en sus rodillas mientras trataba
de sostener el aliento. Jacqui corrió de vuelta a donde las WAG se encontraban
tendidas en un montón de rosa pastel, mientras Neve estiraba sus tendones,
entonces se reunió con ellas.
Neve se emparejo con Chelsy, lo cual no llenó su corazón de alegría. A
juzgar por la mirada infeliz en la cara de Chelsy, se sentía de la misma manera.
Debajo de su espeso maquillaje, lo cual era decididamente manchado ahora,
la otra chica parecía verde mientras se paraba opuesta a la otra y
comenzaban a pasarse una pelota de ejercicios.
Mayormente Neve sostenía la pelota de ejercicios porque cada vez que
trataba de dársela a Chelsy, se asustaba, sus manos estaban en guardia de
cualquier posible tipo de paso de acción.
—Dame un minuto. —Seguía jadeando, hasta que se inclinó y empezó a
secarse de un empujón.
—¿Estas bien? —preguntó Neve amablemente, porque otro ser humano
tenía dolor y no podía quedarse de brazos cruzados, aun si ese otro ser humano
había sido hospitalario y hostil. Cautelosamente, frotó la espalda de Chelsy.
—Creo que voy a vomitar y tengo una terrible punzada.
—¿Lado derecho o izquierdo? —preguntó Neve.
—Derecho.
—Bien, necesitas levantar tu brazo izquierdo en el aire y apoyarte en mí
con tu brazo derecho, tan fuerte como puedas —ordenó mientras ayudaba a
Chelsy ponerse en una posición vertical.
—Más fuerte que eso. Soy muy sólida, puedo tomarlo.
Chelsy se enderezó. —Creo mi resaca lo está pateando —suspiró
conspirativamente con una ansiosa sonrisa a Jacqui quien gritaba a Emma por
rehusarse a tomar la pelota de ejercicio en caso de romperse sus uñas
acrílicas—. Me golpeé la noche anterior.


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Por un momento Neve sintió como si tuviera una punzada también
porque sintió un pinchazo agudo en su intestino mientras se preguntaba si
Chelsy había recibido golpes de Max.
—Mandy pensó que me fui a casa a medianoche, pero fui a hurtadillas
con Billy, mi estilista, y terminé tomando mojitos en un club en Canal Street hasta
las tres de la mañana. —Chelsy se inclinó otra vez—. Desearía no haber
mencionado los mojitos.
La puñalada de dolor desapareció de repente como había llegado así
que Neve trotó a la hielera y agarró una botella de agua para Chelsy.
—No te la tomes de un trago, sólo pequeños sorbos —dijo,
desenroscando la tapa y dándole la botella a la otra chica.
Para el momento en que Chelsy se sintió mejor para pasar la pelota de
ejercicios, el entrenamiento casi terminaba. Sólo quedaban cinco minutos para
enfriarse, entonces Neve se sorprendió de ver a las WAG converger sobre
Jacqui para abrazarla y agradecerla por “ser una absoluta mare
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”.
Después de eso, las llevaron al salón de baile para hacer Pilates en un
piso elástico que chillaba bajo Neve cada vez que cambiaba de posición.
Usualmente, le encantaba hacer Pilates pero le resultaba difícil concentrarse en
sus músculos principales y su respiración cuando su mente se encontraba en
otras cosas.
Hubo un colectivo suspiro de alivio cuando la clase terminó, y mientras las
otras chicas se reunían alrededor del instructor, una serena mujer de voz suave
quien sin embargo gobernaba la casa con una firmeza de acero que no
toleraba lloriqueos y quejas, Neve se lanzó hacia las puertas. Se apuró por las
escaleras, tomó un mal giro bajo una conejera de pasillos, pero por fin encontró
el guardarropa. Seguía hurgando en su bolsa de gimnasio por su teléfono,
cuando otras chicas entraron en tropel.
Ninguna de ellas parecía arreglada. El maquillaje había sido sudado, el
terciopelo rosa parecía decididamente sucio, y cada brillante hebra de cabello
había sido amarrada atrás; el efecto en general era menos amenazante que
antes. Chelsy le sonreía a Neve y le toco gentilmente en el brazo.
—Gracias por mirar por mí —dijo, mientras abría su propio armario—.
Vamos al vapor ahora, antes de tomar una ducha. Para sudar todas estas
toxinas.

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Es el término usado para una chica sexy que obtiene todo lo que quiere, pero como no hay
una palabra para describirla en español, se deja el original.


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—Oh, creo que sólo tendré la ducha —masculló Neve, evitando sus ojos
mientras los trajes empezaron a desecharse. Nunca se cambió en el gimnasio, o
se duchó, o hizo algo que podría significar que otra mujer en el cuarto de
cambio pudiera ver su cuerpo todo estriado y bultoso. Ahí no había ninguna
manera que fuera a desnudarse en frente de seis extrañas que realmente no le
gustaban tanto.
Podía ducharse mientras ellas se encontraban al vapor, entonces volver a
por sus jeans y su túnica antes de que terminaran de enjabonarse y enjuagarse.
Neve se sentó en uno de los bancos acolchados que se alineaban en el cuarto
y estudió su teléfono atentamente, aún cuando sabía que no había mensajes o
llamadas perdidas de Max.
—Vamos, Neve, todas somos chicas unidas —la llamó Emma desde el otro
lado del vestuario—. Si una gorda como yo no le importa desnudarse, tú no
tienes de que preocuparte.
—Sí, mi celulitis estuvo en la portada de Heat —dijo Mandy felizmente,
girando para mirar la parte de atrás de sus muslos en los espejos—. ¿Crees que
tengo menos celulitis que la semana pasada?
—¿Llamas a eso celulitis? ¡Parece que mi culo esta hecho de piel de
naranja!
Neve miró a sus entrenadoras y dejó que los defectos de su cuerpo
rivalizaran sobre ella. Había escuchado esa charla incontable veces para
contarlas, de otras mujeres con cuerpos por los que ella mataría. Era sólo un
ejercicio de unión, de la misma manera en que los hombres hablaban de
futbol.
—¡Neve! Deja ese chándal y ven y tengamos vapor —demandó Emma.
Neve podía ver sus pulidas uñas rosas de los pies en su dirección y tragó
fuerte.
—En verdad. Estoy bien —dijo con una mueca, mientras vio dos pares más
de pies desnudos viniendo y tuvo a tres WAG paradas directamente en frente y
tuvo un horrible recuerdo de las duchas después de las clases de Educación
Física. Se arrastró en el cuarto de vapor, mientras alguien más escondía sus
ropas. Sólo lo sabía.
Pero Mandy no la iba a dejar hacer eso, se dio cuenta, mientras
murmuraba algo acerca de su planificadora de bodas, se puso una bata y
desapareció fuera por la puerta.
Así que la dejó mientras se encontraba resueltamente en el piso rodeada
por todos lados.


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—Mira, sé que hemos estado dándote un mal rato pero no te conocemos
de nada —dijo Tasha, plantándose junto a Neve. Ella, al menos, seguía estando
completamente vestida—. Y la cosa es que Mandy es nuestra amiga.
—Sé eso —dijo Neve calmadamente, ¿Por qué pensaban eso? ¿Qué ella
tenía un elaborado esquema en mente para alejar a Mandy de ellas?—. Ella ha
sido realmente agradable conmigo, pero…
—Mandy es realmente amable —acordó Tasha—. Podría haberse
convertido en una engreída vaca con todas las cosas que le han pasado en
estos últimos tres años, pero sigue siendo la misma vieja Mands. Y las personas
tratan de tomar ventaja de ella y somos sus amigas así que tenemos que
asegurarnos que eso no pase.
—¡Pero yo nunca haría eso! —jadeó, la indignación hizo su mirada subir
así que todo lo que podía ver era carne bronceada y pezones—. Soy una
buena persona. O al menos trato de serlo.
—Sí, bueno, tú pareces estar bien —dijo Kelly, y había un murmullo de
acuerdo mientras Neve pensaba que había pasado alguna prueba que no se
dio cuenta que tomaba—. Pero si tienes una cámara escondida y tú mejor
amiga está en el escritorio del mundo del espectáculo de News of the World
73

—Uno de mis mejores amigos es un hombre gay de unos cuarenta y
tantos quien está escribiendo su doctorado en Stephen Spender —protestó
Neve—. Mi hermana trabaja en Skirt, pero no está interesada en otra cosa que
en la moda.
—¡Oh! ¿Ella consigue ropa gratis? —preguntó Lauren.
—En realidad no, pero a veces pretende que las cosas se pierden en las
sesiones de fotografía y no las devuelve. —Neve forzó sus hombros por debajo
de sus orejas—. Miren, estoy segura que no puede haber mucha diversión
teniendo una nueva persona impuesta a ustedes cuando es el día antes de la
boda de tu mejor amiga y sólo quieren relajarse y tener su Spa Day
74
. Entiendo
eso y voy a tener una ducha y entonces tomaré un taxi para volver al hotel.
—No seas tonta —se burló Tasha—. Vamos y tengamos vapor y cuéntanos
cuales celebridades ha conocido tu hermana.
—No puedo —insistió Neve sombríamente, e iba sólo a contarles.

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News of the World era un tabloide sensacionalista británico que se editaba en varios países y
que se centraba en temas relacionados con leyendas urbanas, ufología, noticias de
celebridades y otros temas de difícil contrastación.
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Día en una estructura que ofrece tratamientos de belleza.


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—Miren, solía ser muy grande. Muy, muy grande y sigo siendo grande y no
me gusta…
—¿Qué tan grande eres? —demandó Emma valientemente—. Porque no
puedes ser más grande que yo.
Neve pestañeó para aclarar su visión y entonces miró a Emma, quien se
había despojado de su tanga y sujetador y era cerca de dos tallas menos que
Neve.
—Solía pesar 160 kg —admitió—. Y tú eres más alta y delgada que yo y
estoy mucho, mucho más gorda que todas ustedes.
—Vaya —resopló Emma—. ¿Te hiciste un bypass gástrico o una banda
gástrica?
—Oh, no tuve ninguno. Sólo, tú sabes, comí menos e hice más ejercicio.
—Así que, ¿Cuánto perdiste exactamente?
—¿Cuánto tiempo te tomó?
—Fui a Atkins para deshacerme del peso del bebé después de que
tuviera a Keiran y me puse estreñida ¿Cuántos carbohidratos bajaron?
Las preguntas volaban gruesas y rápidas y Neve empezó mirando más
allá del falso bronceado y las Manicuras a la cesárea de Lauren, los
desequilibrados senos de Emma y Kelly señalo las estrías en sus muslos y Tasha
dijo que la gente venía a ella en la calle y le preguntaban si era anoréxica.
Cada una tenía algo que odiaban acerca de sus cuerpos. Neve no
estaba segura si eso la hacía sentirse mejor o peor, pero se puso de pie y
comenzó a quitarse sus ropas aunque sentía como si estuviera a punto de saltar
de una aeronave sin paracaídas. O sumergirse en aguas infestadas de
tiburones. O cargar desnuda dentro de la batalla. Seguía sin ir desnuda al
cuarto de vapor pero podía comprometerse y envolver una toalla alrededor de
sí misma o algo.
Cuando finalmente bajó sus bragas y su sostén y frenéticamente arrebató
una toalla de la pila cuidadosamente doblada en un estante, Kelly dijo—: No sé
de qué es de lo que te estás quejando. Te ves bien para mí. Menos mal que el
champán debe llegar pronto. Realmente necesitas relajarte.
Era una lástima que los varios vasos de champán que había bebido
durante el curso de la tarde no suministraran a Neve la necesaria cantidad de
coraje que necesitaba para enfrentar a Max después de su suplantación de
una verdulera de Billingsgate esa mañana. También la hizo tratar duramente
con la llave que abría la puerta.


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Neve esperaba que pudiera entrar furtivamente en el cuarto, entonces
podría sólo mirar a Max con su expresión más culpable (ella tenía una gran
autoridad que era embutida con la esencia misma de la culpabilidad), así que
Max podría instantáneamente perdonarla, así no tendría que tartamudear a
través de una miserable disculpa. Ese era el plan. Pero después de buscar a
tientas con la llave y sacudir el mango, la puerta de repente se abrió.
Levantó la mirada, esperando ver a Max parado ahí pero simplemente
había dejado la puerta entreabierta. Neve sabía que él seguía enojado con
ella porque su teléfono se encontraba apagado y cada vez que había llamado
para disculparse simplemente iba directo al buzón de voz, pero no imaginaba
que seguiría así de enojado. La única persona que sabía que podía soportar un
rencor así de grande era, bueno... ella misma.
Neve dio un paso a través de la puerta, mentalmente preparándose a sí
misma para la fría mirada en la cara de Max y los comentarios mordaces que
tenía todo el día trabajando, pero él se encontraba sentado con su espalda
hacia ella en el pequeño escritorio entre la cama y la ventana, sus dedos
volando por el teclado de su laptop.
Al menos, podría obtener una disculpa sin interrupciones desde la galería,
pensó con tristeza.
—Lo siento —dijo, porque era el mejor lugar para empezar—. Lo lamento
si fui una bruja contigo esta mañana y tenías razón, tenía miedo de pasar el día
con las amigas de Mandy porque fueron muy hostiles anoche y la tomé
contigo. Y actualmente, ellas son realmente buenas conmigo. Bueno, no al
comienzo pero eventualmente nos unimos y dimos cuenta que tenemos mucho
en común, pero no lo habrías pensado nunca, ¿verdad?
Seguía sin haber respuesta de Max, pero paró de teclear, lo cual tenía
que ser una buena señal. Francamente, Neve tomaría sus victorias donde
pudiera.
—Mira, lo siento por lo que dije sobre Shelly. —Se acercó a Max—. Sé que
no tengo derecho para hacer juicios acerca de las personas con las que
estuviste antes de mí, pero pudiste haberme dado pistas sobre ella, Max. Debías
saber que alguien podría mencionar que estuvieron juntos. Eso era por lo que se
sentía enojada. —Hizo un gesto en su cara que era difícilmente parte de la
disculpa—. Bueno, además me enoje porque me sentí celosa y sé que es
ridículo porque no mencionamos que tuviéramos algún tipo de relación, pero
cuando pienso acerca de las chicas con las que estuviste antes de mí, en como
se ven, sé que no estoy a su altura.


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Neve colocó sus manos sobre los hombros de Max y él se estremeció por
un segundo. Ella trató de comunicarle todo lo que sentía a través de las puntas
de sus dedos, y cuando eso no parecía funcionar, Neve empezó a amasar los
nudos de tensión que encontraba. Allí había uno, justo debajo del cuello de
Max, ese era absolutamente grande.
Se inclinó, así podía respirar sobre su oído, su voz baja y urgente.
—Tú sabes que cuando estoy contigo, no estoy pensando en William.
Bueno, casi nunca. Y las cosas que hicimos, que hice, podría nunca hacerlas
porque traté de sacarlas contigo así yo podría... podría... afilar mi técnica. Eso
fue realmente bajo, Max.
Ahí no había mucho que decir, especialmente mientras Max le daba su
tratamiento de silencio. Era mucho mejor en estar de mal humor que ella. Neve
siempre se derrumbaba tan pronto como Celia se escapaba.
—Lo siento —dijo con la apropiada cantidad de convicción—. Dios, ¿Por
qué sigues enojado conmigo? —demandó lastimosamente, enderezándose y
tomando las manos de Max, porque ella calmada no tenía ningún efecto—.
Traté de disculparme, ¿qué más puedo decir?
Estaba punto de renunciar y esconderse en el baño hasta que fuera
tiempo de irse con las chicas, cuando Max aclaró su garganta. —Tú dijiste que
querías terminarlo —le recordó con una voz que no era tan helada como
esperaba.
—No, dije que no había ningún punto en seguir cargando con esto si... si
no era el tipo de chica con la que querías estar, y ya te he dicho porque dije
eso. Pero si quieres dejarlo, entonces sólo dímelo —declaró Neve, pero Max se
retiró otra vez a su silencio. No hizo tanto como mover un músculo.
—Dios, eres malditamente imposible a veces.
Cuando iba a girarse en torno a sí misma para prepararse a la más
majestuosa fiesta de su vida, Max pasó el brazo alrededor de su cintura y ahora
era su turno de tirar de una rígida Neve, resistiéndose a tener su cuerpo más
cerca.
—No quiero que se termine —dijo, con suficiente sinceridad para que ella
casi le creyera. Y entonces, besó la parte trasera de su brazo, lo cual era la
única parte de ella en donde podía poner su boca.
—Y lo siento también. Debí haberte dicho sobre Shelly, pero es un punto
un poco doloroso en realidad.


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—¿Por qué es un punto doloroso? —preguntó Neve, y se retorció un poco
en el agarre de Max sólo para dejarle saber que tenía que hacerlo mejor que
eso.
—No quiero hablar de eso. Es el pasado. Me estoy moviendo hacia
adelante —dijo Max mecánicamente, como si se hubiera aprendido las
palabras de memoria—. Estoy aquí contigo y eso es todo lo que importa. No lo
que hice hace meses con otra chica o tu partida hacia el atardecer con Sr.
California en el tiempo de unas pocas semanas. Pero aquí mismo, en este
momento.
Neve enrolló un mechón del pegajoso cabello de Max alrededor de su
dedo. —No es que esto va a terminar y al siguiente día estaré con William.
La verdad era que no sabía cómo iba a ser, porque siempre saltaba la
logística y se iba derecho al final feliz.
—Y espero, que pase lo que pase, sigamos siendo amigos. Me gusta
tenerte en mi vida, aparte de cuando me estás dando una ducha helada.
Max empujó a Neve más cerca, la volteó, así podía descansar la cabeza
en su pecho.
—¿Fue realmente malo? Voy a tratar de calentarte —dijo, y era como si
tratara de desviar una honesta pero dolorosa discusión por una más sexy, pero
aún a través de dos capas de ropa, Neve podía sentir su aliento en la piel y sus
senos se sentían más llenos y pesados así que quería presionarlos contra la boca
de Max para que quitara el dolor. En lugar de eso, le dejó rodear todo a su
alrededor y ella besó la cima de su cabeza, y cuando él trató de empujarla a su
regazo, adivinó que eran otra vez amigos.
—Tú sabes, vivo en el temor de romper tus piernas cuando tratas de
hacerme eso —le dijo, retorciéndose libre de sus brazos, así podía ponerse en el
borde del escritorio.
—Así que, ¿qué has estado haciendo todo el día?
—Oh, hice algo escrito —dijo Max, inclinándose y mirando a Neve
correctamente por primera vez desde que camino a través de la puerta.
—¡Jesucristo, Neevy, te ves genial!
Neve recordó ahora que no se parecía remotamente a la chica que él
había visto esa mañana con su cabello raspado atrás y una expresión
malhumorada en su cara. Después de que la sesión de Spa Day estuvo hecha,
la habían conducido a un ostentoso salón Manchester para tener su cabello y
maquillaje listo para esa tarde.


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—¿En serio? —preguntó—. Ellas trataron de ponerme bronceador, lo cual
resistí pero me pregunto si eso no sería demasiado.
—No, es lo suficiente —dijo Max, su mirada fue a la cara de Neve mientras
revoloteó sus pestañas a él. Cuando trató con los ojos ahumados, terminó
luciendo como si no hubiera dormido en un mes, pero el maquillador tuvo que
mostrarle cómo hacerlo correctamente y le hizo un centenar de tonos más
profundos que su usual bálsamo labial rosa, así que tenía unos brillantes labios
rojos que le hicieron querer hacer pucheros, aún cuando sabía que no había
mucho con lo que hacer pucheros.
Trató de inclinarse así podía ver su reflejo en el espejo opuesto.
—Ni siquiera luzco como yo —dijo, porque sería realmente arrogante
decirle a Max que actualmente amaba su encarnación presente quien era
toda ojos, mejillas y labios.
—Sí, lo eres. Sólo pareces una realmente de alto mantenimiento versión
de ti. —Max la miró—. Tu cabello es tan grande.
—¡Lo sé! —Neve asintió felizmente. El estilista no quería secar, mucho
menos cepillar lo que él llamaba “cabello virgen”, pero tenía que dejar su usual
cepillo de pelo de pony por un recorte de espuma de su cabeza y poner su
cabello sobre este así podía ser más esponjado. Neve esperaba que fuera más
Audrey Hepburn en Desayunando en Tyffany’s que Amy Winehouse.
—Creo que es al menos cinco centímetros más alto.
—Al menos. —Max se hizo eco—. Así que, ¿tuviste un lindo tiempo al final?
Neve no estaba segura si habían hablado correctamente las cosas, pero
era un alivio que ver esa fría expresión en la cara de Max remplazada por su
usual sonrisa fácil y escucharlo reír mientras le contaba sobre hacer ejercicio
con las WAG y Mandy haciendo que su planeador de bodas se desvistiera y
viniera al cuarto de vapor así podía sudar las toxinas y bloquear el final de la
configuración de asientos.
—Y entonces, finalmente me dijeron lo que es un medi-pedi —dijo Neve,
doblándose hacia abajo para empezar a desenredar sus tenis—. Un podólogo
calificado apareció con esta cosa como un pelador de papas y quitó toda la
piel dura de mis pies como si fueran dos trozos enormes de queso parmesano.
—Qué asqueroso.
—Lo fue —acordó Neve, quitándose los calcetines y casi cayendo del
escritorio en el proceso—. Pero siente como de suaves están mis pies.


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Agitó su pie en frente de la cara de Max mientras él se echaba hacia
atrás aunque sus pies estaban fragantes y suaves como la seda como lo solían
estar.
Max no miraba sus pies pero si su cara otra vez.
—¿Estás borracha?
—Por supuesto que no —se burló Neve, porqué no se encontraba
borracha. Además ahora la riña terminó y eran amigos otra vez y el puro alivio
la hacía sentir mareada—. Sólo tuve un poco de champán. —Trató de sostener
su pulgar y su dedo índice para ilustrar la poca cantidad de champán que
había tomado, lo cual no era tanto respecto a lo que habían tomado las otras,
y tenía algunos crutones con su ensalada de pollo en el almuerzo para limpiar el
alcohol, pero ahora tenía dificultad en hacer que su pulgar y dedo índice
hicieran lo que quería.
—¿Qué te han hecho esas chicas? —Max sacudió su cabeza—. Estás. Tú
estas molesta.
—Tal vez sólo un poco más alegre —decidió Neve, agarrando el brazo de
Max así no podía caerse del escritorio—. Pero sólo voy a beber spritzers esta
noche y Mandy quiere que todos estén en la cama a las once así no tendremos
resacas mañana. Fue detallada en la orientación.
—Deberías comer algo antes de irte —dijo Max firmemente—. Algo
cargado con carbohidratos para darte algo de lastre.
Neve dio una mirada al reloj en la mesita de noche.
—No tengo tiempo. —Max siguió sus pasos mientras fue desde del armario
al baño—. ¿No vas a estar encerrado aquí toda la noche escribiendo, verdad?
—Me voy a encontrar con Bill para ir por un trago así podemos trabajar en
el discurso padre-hija —dijo Max, mirando el vestido que Neve tenía en la mano.
—No se supone que tiene un cierre con el que podrías necesitar una
mano? —preguntó con una mirada lasciva.
—No, sólo va sobre mi cabeza así que... —Neve puso sus manos en su
cintura y trató de lucir dura—. No vas a hacer nada que podría manchar mi
maquillaje o aplanar mi cabello —dijo, cerrando la puerta del baño.
Cuidadosamente, logró ponerse el vestido sin desmantelar su peinado
cuando escuchó un golpe en la puerta de la suite, entonces el sonido de
chillidos y risa.
Neve se abrochó sus Mary Janes de siete centímetros, que lucían menos
cómodos de los que ellas llevaban, y era sólo cerca de un paso atrás, se miro a


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sí misma en el espejo y decidió que ese vestido plata con lentejuelas no era lo
suyo, cuando la puerta del baño se estrello atrás en sus bisagras y el baño fue
invadido por un insuficiente vestido, piernas desnudas, cabello reluciente, muy
emocionada mujer.
—Correcto, estás bien —dijo Kelly—. Vamos. Tenemos una limosina rosa
esperándonos es una zona de no estacionar detrás del hotel, porque el frente
está lleno de paparazzi.
Neve tuvo que sacar a Tasha y Lauren así podía tener una buena mirada
de sí misma en el espejo.
—¿Luce bien? —Tiró del vestido—. ¿No luzco gorda?
—Te ves hermosa —dijo Emma mientras se rociaba generosamente con el
Chanel Nº 19—. Pierde las medias.
Neve podía perder su 60, las fajas opacaban las medias cuando se
encontraban en sus frías, muertas piernas.
—No lo creo —dijo—. Tal vez debería usar pantalones y un lindo top. Mi
hermana Celia dice...
Nadie se interesó en la opinión de Celia que tacones, pantalones y un top
podían llevar una chica desde el día hasta la tarde y también en cócteles.
Tasha tomo el brazo de Neve y la sacó del baño. —Sólo agarra tu
teléfono —ordenó.
—Bolso.
—No necesitas un bolso —dijo compasivamente Lauren—. La cena está
pagada, la limo está pagada, estamos en seis diferentes listas de invitados en
bares, ¿para que necesitas dinero?
—Toma tu bolso —dijo, Max, quitando a Emma del camino—. Y llámame si
quieres salir temprano… Cristo, ese vestido es un poco corto.
Neve miro hacia sus piernas con disgusto. —Mis piernas lucen robustas
con medias.
—Por supuesto que no —chasqueó Max, su cara enrojeció cuando Emma
se rió de su sobreprotectora rutina de novio—. Te ves genial, de eso es de lo que
estoy preocupado.
—Aww, dulce —susurró Tasha—. No te preocupes, chico amante, la
traeremos a medianoche. O alrededor de la media noche.
—No, Mandy dijo que regresaremos a las once —les recordó Neve—. Fue
realmente particular sobre eso.


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—Once, doce, ¿Cuál es la diferencia? —Emma arrastró las palabras,
agarrando la mano de Neve y empujándolas hacia la puerta—. ¿Pueden
moverse?
Mientras era empujada fuera de la puerta, escuchó el grito de Max. —La
quiero de vuelta en una sola pieza.
Hubo una risa desde los asientos baratos.
—Una pieza nunca fue parte del trato.



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Traducido por ♥...Luisa...♥ y Carlota.
Corregido por Vero y July.

lgo enfermo y peludo había entrado y salido de su boca mientras
dormía. Esa era la única explicación posible de por qué Neve
tenía un sabor rancio en la boca y una viscosa capa de pasta en
sus dientes y lengua.
—Creo que me estoy muriendo —gimió. El lamentable estado de su boca
era lo de menos importante. Había un golpeteo en su cabeza, haciéndose eco
en su turbio intestino, sus huesos dolían, sus órganos vitales dolían, su garganta
dolía e incluso los folículos de su cabello dolían.
—No te estás muriendo —dijo una voz en su oído, que sonaba como uñas
raspando una pizarra, a pesar de que la voz de Max había salido casi en un
susurro—. Tienes una resaca.
Neve había tenido resacas antes y sólo la hacía sentirse un poco
mareada y de mal humor. Ésta se sentía como el hijo bastardo de la peste
bubónica y el virus del Ébola.
—Muriendo —repitió y ahora se dio cuenta de que se encontraba en la
cama, había sido una cama muy cómoda la última vez que había dormido en
ella, pero ahora se sentía como si estuviera acostada sobre un montón de
piedras, y a pesar de que tenía la colcha y el brazo de Max a su alrededor,
seguía sintiéndose fría y pegajosa. Neve intentó levantar la cabeza, pero su
mirada chocó con el papel pintado a rayas y además de chamuscar sus
retinas, hizo que se le revolviera el estómago—. Enferma. Voy a estar enferma.
—Cariño, no lo creo —dijo Max, acariciando la parte de atrás de su cuello
con sus suaves dedos como plumas—. Has vomitado casi todo lo que comiste la
última semana.
—Urgh... —¿Lo había hecho? La noche anterior era un gran hueco vacío
en su memoria—. ¿Qué pasó?
—No sé lo que pasó, pero recibí una llamada telefónica del jefe de
seguridad del hotel a las tres de la mañana preguntándome si podría identificar
una loca delirante en un vestido plateado que no podía recordar su número de
A


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habitación, pero insistió en que alguien llamado Max Panqueque dormía allí.
Ellos pensaron que podría ser un truco del Sunday Mirror
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, alguien pretendiendo
estar absolutamente drogada como una manera de entrar en el hotel.
—Oh, no...
—Sí, al parecer, Ronaldo se quedó en una de las suites Penthouse y vi a
Wayne y Coleen
76
en el bar anoche. De todos modos, a medida que te
tambaleabas por el pasillo, me dijiste con mucho orgullo que habías perdido tu
teléfono y sólo habías comido dos trozos de KFC y una bolsa de patatas fritas.
—¿KFC? ¡Oh, Dios...!
—Pero yo no me preocuparía por eso, porque después de que trataste de
convencerme de ponerme perverso contigo, empezaste a vomitar y no
paraste, por horas. En un punto, pensé que ibas a dormir acurrucada alrededor
del inodoro.
—Dios mío...
Los espacios en blanco que Max llenaba no fueron una sorpresa total y
Neve empezaba a ver una presentación de imágenes: siendo seguida por
un flash, gritándole a los paparazzi dondequiera que estuvieran, cuerdas de
terciopelo siendo desabrochadas, un tutorial de Kelly y Mandy sobre la manera
de contonearse en lugar de caminar, una mesa llena de vasos vacíos un
puñado de desaliñadas sombrillas de cóctel.
Hubo un chico que no la dejaba sola en el Dry Bar hasta que Kelly
mencionó que él jugaba para el equipo juvenil del Manchester United y sólo
tenía quince años. Se acordó de Mandy yendo a las diez, acompañada de dos
guardaespaldas corpulentos, después de hacer a las chicas prometer
solemnemente que dejarían el bar en el que estuvieran a más tardar a las once.
Obviamente, ellas habían estado allí, mucho mas que pasadas las once porque
Neve podía recordar claramente golpear a Canal Street, donde había
cantado No Leave Me This Way en un bar de karaoke con Dolly Parton. Una
Dolly Parton de aspecto muy masculino y...
—Creo que baile sobre un escenario. ¿Por qué haría eso?

75
Sunday Mirror es el periódico hermano del Daily Mirror, comenzó en 1915 como el Sunday
Pictorial y después fue llamado el Sunday Mirror.
76
Wayne Mark Rooney es un futbolista inglés. Juega en la posición de delantero y su actual
equipo es el Manchester United de la Premier League de Inglaterra. Rooney está casado con
Coleen McLoughlin, a quien conoció mientras cursaban el último año de secundaria.)


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—Por favor, dime que hay fotos. —La voz de Max burbujeaba de risa
apenas contenida a pesar de que no podría haber sido mucho más divertido
para él, cuando ella regresó en tal estado de embriaguez.
—Lo siento, te levanté de la cama —murmuró Neve, con cuidado y
lentamente rodando sobre su espalda, donde estaba acostada. El movimiento
hizo que la habitación y su estómago se tambalearan alarmantemente.
—No me había acostado. Me paseaba por el piso, preocupándome de
que hubieras muerto en una zanja, cuando no contestaste el teléfono las
primeras diez veces que te llame.
—Oh, Dios mío. Malo alcohol malo. Muy, muy malo.
—Es muy malo, pero creo que vas a vivir para beber otra copa de
champán —dijo Max, apoyándose en un codo para poder mirar hacia abajo a
Neve que yacía con los ojos cerrados—. Probablemente te sentirás mejor una
vez que hayas tomado una ducha.
—Me matará.
—No, no lo hará, te sentirás de esta manera durante los primeros cinco
minutos —dijo Max, sentándose, lo que hizo que la cama se moviera y Neve
gimiera lastimosamente—. Voy a pedir servicio de limpieza para que envíen a
alguien a arreglar el cuarto de baño y entonces tendrás que levantarte, porque
odio tener que decírtelo, Neve, pero tenemos que asistir a la boda del año en
cinco horas.
Neve trató de decirle a Max que no podía salir de la cama, y mucho
menos pararse sin ayuda en un futuro cercano, pero él ya se había levantado.
Lo oyó hablando por teléfono en voz baja, por la habitación, mientras se
dejaba entrar y salir del sueño, agitada, incluso cuando apenas dos camareras
llegaron a empezar a trabajar en el cuarto de baño. Tal vez fue la vergüenza lo
que la obligó a dormir, cuando oyó a uno de ellos decir—: Vamos a necesitar
más lejía. Mucho más cloro.
La segunda vez que Neve abrió los ojos, se dio cuenta de que no iba a
morir. No hasta que limpiara sus dientes, de todas maneras. Apartó las mantas y
trató de transmitir un mensaje a su cerebro de que realmente quería mover las
piernas.
—¡Oye! ¿Qué estás haciendo? Deja que te ayude. —Max se encontraba
de pie en la puerta del baño y Neve sólo podía bostezar hacia él con asombro.
—Estás usando un traje —señaló con sus afilados poderes de deducción,
porque él llevaba un traje negro, ceñido al cuerpo, de bonito corte con una
camisa blanca como la nieve. Incluso, su pelo había sido domesticado a la


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sumisión con lo que parecía una bañera completa de Brylcreem
77
. Sólo los
dedos de los pies de sus calcetines rojos que sobresalían de la parte inferior de
sus pantalones estaban en contra de la elegancia general de su conjunto—. Te
ves muy inteligente. —Max metió las manos en los bolsillos de su pantalón.
—No me gusta llevar traje. —Frunció el ceño—. No me pondré mi corbata
hasta que escuche las primeras notas de La marcha nupcial. —Se acercó a la
cama y suavemente aplacó la posición de pie de Neve. Se tambaleó por un
momento incierto, pero luego decidió que podía seguir estando vertical,
siempre y cuando Max la sostuviera con su brazo.
—Tengo que lavarme los dientes —dijo, mientras comenzaban a caminar
muy despacio, peligrosamente hacia el baño, pasando por un montón de tela,
con lentejuelas de plata, arrugada en el camino.
En algún momento durante las travesuras de la noche anterior, Neve se
había despojado, o había sido despojada, hasta del sujetador y las bragas,
pero todavía se sentía demasiado miserable como para que le importara. Max
no había estado tan traumatizado por la visión de los muslos temblorosos de
Neve, la flacidez y la panza que generalmente se mantiene oculta a todos los
hombres, porque los haría salir corriendo. De hecho, era increíblemente dulce y
paciente mientras la llevaba con cuidado al cuarto de baño como si estuviera
hecha de cristal.
—Lo que necesitas es una muy buena fritura —dijo a Neve, sonriendo
mientras ella hacía una mueca—. Pero te voy a pedir un poco de té y tostadas
para empezar. Te sigues viendo muy paliducha.
Paliducha era la mayor subestimación de todos los tiempos, decidió Neve
al mirarse en el espejo mientras se cepillaba los dientes. Mechones de cabello
asomaban de su cabeza como los tentáculos de Medusa y tenía los ojos
manchados con delineador negro alrededor y cayendo como una corriente de
hollín por sus mejillas, donde se mezclaba con los restos de su labial rojo.
Se vería y se sentiría mucho mejor después de una ducha y de lavarse el
cabello. Eliminando las manchas moradas alrededor de sus ojos, donde
explotaron los vasos sanguíneos mientras vomitaba con tanta violencia.
—La gente va a pensar que te he estado golpeando —dijo Max, cuando
Neve salió del baño envuelta en una bata blanca y suave con una toalla de
estilo turbante alrededor de la cabeza—. Tenemos que enviar por algún
corrector de alta resistencia.

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Brylcreen gel para el cabello.


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—En caso de que no me oyeras la primera vez, quiero que sepas que
nunca, nunca beberé alcohol de nuevo —suspiró Neve, sirviéndose una taza de
té, pero evitando la tostada que había llegado también, no se sentía lista para
los sólidos por el momento—. Pero gracias por cuidar de mí. —Se sentó en el
sofá junto a Max y le echó otra pequeña mirada incrédula. Sí, no era un DT.
Llevaba un traje—. Te ves muy lindo
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.
—¿Lindo? —Max casi escupió un bocado de tostada con mermelada—.
Eres la única persona que conozco que usa palabras que sólo he leído en los
libros.
Neve envolvió sus dedos alrededor de la taza y bebió cautelosa un sorbo
de té. El sabor era como el néctar de los dioses, y cuando Max le pasó su brazo
alrededor y se acurrucó contra él, con la cabeza en su hombro, decidió que la
resaca no era terminal. Tal vez podría lograr pasar el día de manera intacta y
llegar incluso a sonreír en las fotos de la boda.
—Quiero que comas por lo menos un pedazo de tostada, luego tendrás
que estamparlo en la pintura de guerra —murmuró Max como si pudiera leer sus
pensamientos—. No puedo verte toda pálida y demacrada en las fotos de la
boda, Mandy te va a matar. Y te quiero luchando en forma con tus deberes de
burla.
Incluso teniendo en cuenta el frágil estado de su salud, Neve esperaba la
boda. No sólo para mirar boquiabierta y sin vergüenza a las celebridades que
asistirían, o incluso por pasar el rato con su pandilla de nuevos mejores amigos
que habían prometido señalarle todas las celebridades, sino que más que nada
no podía esperar para pasar el día con Max. Él se encontraba de un humor
increíblemente bueno y cuando Max estaba así, las bromas para partirse de la
risa, el guiño de sus ojos, era tan divertido estar con él.
—Eres mucho mejor burlándote que yo —dijo Neve. Max bajó la cabeza
en reconocimiento de ese hecho indiscutible.
—Oh, no lo sé, Neevy, haces de una agradable línea un chiste ácido.
Ahora bien, comete un pedazo de tostada como una niña buena. —Estaba a
medio camino de un pedazo de pan tostado cuando el teléfono de Max sonó.
—Es Bill —dijo, mirando a la pantalla de llamada—. Es probable que llame
para preguntar si alguien ha visto a Kelly. Dios sabe a qué hora llegó a su casa
anoche. —El último recuerdo que Neve tenía de Kelly era haciendo Slammers

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En el original spiffy: Una manera divertida/linda para expresar satisfacción general por una
persona, situación o cosa.


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de Tequila
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en el karaoke bar, hizo una mueca dudosa, lo que hizo reír a Max
cuando contestó el teléfono.
—¿Bill? ¿Cómo está el padre de la novia esta mañana? —preguntó
alegremente—. Precioso día para una WA… boda de blanco. —Todavía seguía
envuelta en los brazos de Max así que Neve pudo sentir el momento exacto en
que se puso tenso, antes de que él llegara a decir—. Oh, está bien. Sí, eso suena
como un poco problemático.
No queriendo entrometerse, Neve se levantó y, masticando con poco
entusiasmo su tostada, comenzó a reunir su traje de boda. Esperaba que el KFC
de la noche anterior no hubiera ido directamente a sus caderas.
—No, está bien. Por supuesto que entiendo —decía Max con voz tensa,
como si, fuera lo que fuese, no estuviera del todo bien—. Bueno, puedes decirle
a Mandy que deje de llorar para empezar. No es el fin del mundo y va a ser
destruida cuando mire las fotos dentro de veinte años y tenga los ojos
inyectados en sangre. —Neve miró a Max que se encontraba sentado
encorvado, con los codos en las rodillas y una mirada triste en su rostro—. En
realidad, Bill, está bien. Si te digo la verdad, Neve ha estado enferma toda la
noche. Debe haber sido algo que comió, y se encontrará probablemente mejor
pasando el día en la cama.
Algo malo había sucedido, a pesar de que Neve se nubló en los detalles.
Por un momento se preguntó si alguno —Mandy o Darren— habían cancelado
la boda, pero no podía deberse a que no habían fotos de boda en las que
Mandy no se viera perfecta. Tal vez había más pedidos de la iglesia o... oh Dios,
al hecho de que había hecho una exposición de sí misma ayer por la noche y
no la querían en cualquier lugar cerca de la fiesta en caso de que ella
comenzara a darle al Veuve Cliquot
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de nuevo.
—Honestamente, Bill, tú no tienes que hacer eso. Está todo bien. Le deseo
a Mandy todo lo mejor y voy a hablar con ella cuando regrese de St Barts, ¿De
acuerdo? —Neve debatía la posibilidad de descomprimir la bolsa para la ropa
y ponerse el traje de pantalón, cuando Max colgó.
—Bueno, no necesitas preocuparte por eso —dijo—. De hecho, si quieres ir
a la cama, entonces no te detendré.
—¿Qué ha pasado? ¿La boda fue cancelada? ¿Hice algo tan terrible
anoche que no quieren…?

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Los slammers o shooters son combinados en los que los ingredientes se mezclan directamente
en el vaso sin remover. En este caso un coctel de Tequila.
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Veuve Cliquot Champaña.


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—Tú no eres el problema, soy yo. —Max sonrió débilmente—. No estoy
autorizado a ir a la boda.
—¿Pero por qué? —Neve colgó la bolsa para la ropa y se tambaleó
hacia el sofá para poder tomar la mano de Max y... Max chasqueó la lengua y
se alejó.
—No tomarse de las manos, ¿recuerdas? —espetó, y sabía que se sentía
molesto y enojado por la misteriosa llamada telefónica y lo volvió contra ella
porque era la única persona cerca, pero aun así, le dolía. Neve se sentó junto a
Max con la esperanza de que pudiera emitir rayos de simpatía y apoyo a través
de su gruesa bata de toalla de felpa.
—Por favor, dime lo que pasó.
—Bueno, no vendes los derechos de tu compromiso, boda y luna de miel
por dos millones de libras sin necesidad de firmar un contrato legal con un
montón de cláusulas —explicó Max, recostándose en los cojines, como si
estuviera totalmente a gusto con la situación. Podría haber sido más
convincente si su voz no fuera capturando cada palabra como si le doliera la
respiración—. Resulta que a los periodistas que no están empleados por la
revista Voila se les prohíbe asistir a la boda...
—¡Pero vas como un amigo!
—...En cualquier calidad ya sea de amigo, profesional o de otro modo —
repitió Max con voz átona—. El agente de Mandy tuvo que comprobar la lista
de invitados con el periodista de espectáculos de la revista esta mañana y se
desató el infierno.
—Bueno, es moralmente reprobable perder la entrega de la decisión del
libre acceso a todas las áreas en tu propia boda, de todos modos —dijo Neve
enfadada, porque a pesar de que le gustaba Mandy, realmente lo hacía, le
gustaba Max mucho más.
—Sin palabras largas, Neevy, no en estos momentos. —Max sonrió otra de
las excusas parecida a una sonrisa—. Esa perra. He hecho sus cientos de miles
de libras.
—Si yo fuera tú, no me gustaría tener más nada que ver con ella. Es una
manera impactante de tratar a alguien.
—Sí, lo es, pero entonces esa perra me ha hecho decenas de miles de
libras —dijo Max con amargura—. Bueno, al menos no tenemos que pasar siglos
sentados en una iglesia con corrientes de aire y luego tragar el pollo seco en
salsa de crema de la recepción, mientras que Mandy hociquea para las
cámaras.


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—Lo siento —ofreció Neve. Parecía una cosa inadecuada para decir
cuando Max se encontraba sentado allí, su cuerpo herido con tanta fuerza que
Neve se asustaba de tocarlo, y una mueca horrible en lugar de una sonrisa en
su rostro.
—Sí, bueno, todo este fin de semana ha sido un completo malgasto de
gasolina —dijo Max, poniéndose de pie—. También podríamos sólo volver a
Londres. —Agarró su chaqueta de cuero de la parte posterior de la silla—.
Necesito aclarar mis ideas. Puedes volver a la cama una hora, si quieres.
—¿Estás bien? —Fue una pregunta tonta. Neve lo supo tan pronto como
lo había dicho—. Bueno, por supuesto que no lo estás. Te vi con Bill y Jean el
jueves por la noche y me di cuenta de que eres más que el escritor-fantasma
de Mandy. Eres parte de la familia, Max, por lo que…
—¡No! No soy parte de la familia —dijo bruscamente, mientras se dirigía a
la puerta—. Claro, soy divertido al tenerme alrededor, pero eso es parte del
trabajo. Todo esto realmente se reduce a cómo de útil puedo ser para la marca
McIntyre, y en este momento, no soy jodidamente útil en absoluto.
Cerró la puerta detrás de él y por un momento de tensión, Neve pensó
que el pedazo de tostada iba a reaparecer, pero no lo hizo y se sentó en el sofá
echándose a llorar.
Neve no era una llorona, pero los excesos de la noche anterior la habían
dejado sintiéndose temblorosa y frágil. Sobre todo, lloraba porque Max estaba
enfadado y herido, y eso le hacía sentirse enfadada y herida, especialmente
porque no sabía cómo hacer que se sintiese mejor. Incluso si lo hacía, no estaba
segura de que Max le permitiría acercarse lo suficiente como para intentarlo.
Si ella no hubiese perdido su teléfono, el que probablemente era usado
para hacer una llamada muy larga y muy cara a un número extranjero en este
mismo momento, sabía que habría cualquier número de teléfono de la gente a
lo que podría llamar quienes le ofrecerían toda clase de consejos: Celia, su
mamá, Philip, Chloe, Rose, incluso Gustav quien, después de darle una
conferencia sobre las calorías ocultas en el alcohol, le diría que corriese un gran
trayecto, lo que haría que se sintiese mejor. Y sabía, como sabía las unidades de
contenido en grasa, las calorías, y el número de hidratos de carbono que
contienen más de 400 tipos de alimentos, que si llamaba a su padre, él lo
hubiera dejado todo para buscarla y llevarla a casa.
Tenía a todas esas personas en su vida y seguro, que Max conocía a
cientos de personas a los que podría llamar amigos suyos, pero cuando
realmente llegó el momento, no tenía a nadie que realmente estuviese allí para
él cuando se sentía herido, a excepción de un Staffordshire Bull Terrier, con


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grandes problemas de límites. Y a ella. Max merecía tener una red de apoyo
más grande que una chica y un perro.
Cuando Max regresó casi dos horas más tarde, los ojos de Neve se veían
aún más hinchados que la última vez que la había visto. Pero se encontraba
pálida, serena y había leído a su manera el periódico the Guardian, CityLife, el
pack de información del hotel y la guía del área local, y había visto un antiguo
episodio de Ven a Cenar Conmigo mientras lo esperaba.
—Estás vestida —dijo Max, mientras cerraba la puerta detrás de él—.
¿También has hecho las maletas?
—No. —Tenía un largo discurso preparado, pero ver a Max atravesando la
puerta con la misma mirada fría y distanciada en su rostro, dejó claro que este
no era el momento para los discursos largos. En cambio, Neve se puso de pie y
se lanzó hacia Max.
De inmediato se puso rígido, retorciéndose, mientras le rodeaba con sus
brazos—. ¿Qué estás haciendo?
—Cállate y déjame abrazarte —murmuró Neve, aunque ella no lo
abrazaba tanto, era como si lo agarrara.
—No necesito ser abrazado —dijo Max con rigidez—. Estás siendo
estúpida. —Y para demostrar a Neve hasta que punto lo era, mantuvo sus
brazos a los lados y una expresión de gran sufrimiento en su rostro, mientras le
acariciaba la espalda y besaba sus mejillas con los labios.
Era como abrazar una viga de concreto y Neve se preguntó qué
necesitaba hacer para ser aceptada por Max, porque se le habían acabado
las ideas. —No soy tu novia panqueque, soy tu amiga —le dijo ferozmente—.
Voy a cuidar de ti, preocuparme por ti y quiero que seas feliz, te guste o no. Así
que es mejor que te acostumbres a esto, ¿de acuerdo?
Max frunció los labios como si tuviera mucho que decir acerca de eso y
de lo que no sería para nada bueno. Luego, murmuró algo demasiado bajo
para que Neve lo oyese.
—¿Qué fue eso?
—¿Puedes dejarme ir? —preguntó Max, todavía rígido en su abrazo. Sonó
horriblemente solemne como si estuviera pidiéndole que hiciese algo más que
dejar caer sus brazos.
Neve aflojó sus brazos, pero mantuvo sus manos alrededor de la cintura
de Max, porque de pronto le pareció terriblemente importante mantener un
contacto entre ellos. —¿Qué acabas de decir?


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Max no miró a Neve, sino que fijo la vista en un punto por encima de su
cabeza. —Te dije que no me querrías como amigo, o como cualquier otra cosa,
si supieses lo que soy en realidad.
—¿Qué eres en realidad? —preguntó Neve, aunque temía la respuesta.
Max se apartó de ella, como si no soportara que lo toque. Se acercó a la
ventana. —Estoy jodido de la cabeza —dijo con dureza—. Todo en mi vida está
jodido y la única razón por la que estoy en esta falsa relación contigo es porque
mi terapeuta pensó que sería una buena idea.
Al final, Neve tenía la explicación que había estado buscando, la razón
por la que alguien como Max querría estar con alguien como ella, incluso si era
sólo fingido. Se sorprendió al descubrir que no se sentía muy molesta, en
realidad no le parecía muy importante en ese momento.
Se dejó caer en el sillón de cuero en forma de cubo que había usado
como taburete. —¿Qué te hizo decidir ir a ver a un terapeuta?
—Porque hay algo mal en mí —dijo Max con una voz distorsionada
porque tragaba duro, pero al menos hablaba, por lo que Neve se quedó en el
mismo lugar—. Tengo este gran trabajo, un piso guay, salgo todas las noches a
esas fantásticas fiestas, conozco a todos esas personas famosas, glamorosas y
ellos son mis mejores compañeros pero me siento vacío por dentro. Como si
todo esto significara nada y nada fuera real.
No había nada que Neve podía decir, así que sólo dijo—: Hmmm. —Para
que Max se diera cuenta que lo escuchaba.
—Y la razón por la que estoy alrededor tuyo es porque no puedo soportar
estar por mi cuenta. Mi terapeuta me dice que no me comprometo con
ninguna de las mujeres con las que tengo una aventura porque tengo miedo a
establecer una relación seria, pero la cosa es que no sé como relacionarme
seriamente con alguien. Y sólo estoy viendo a mi terapeuta porque dormí con
Shelly. Mandy y Kelly se enojaron conmigo y Bill me llevó a darme una charla
como si fuese mi puto padre o algo así, me dijo que necesitaba resolver esto
porque yo era mejor que eso.
—Lo eres —dijo Neve suavemente, mientras trataba de procesar el furioso
arrebato de Max.
—Me acosté con una de las internas del trabajo y no sabía que estaba
comprometida con el hijo del MD
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y casi pierdo mi trabajo, mi editora dijo que
si no recibía alguna ayuda entonces tendría que despedirme. Así que estoy “en

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MD: Médico.


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terapia” —Max seguía de espaldas a Neve, pero ella podía verlo tomando
aire—, y está intentando eliminar mis capas y llegar a la persona real pero yo no
creo que exista. Sólo soy apariencias y ninguna sustancia de mierda.
—Vamos, sabes que eso no es cierto. —Neve se puso de pie e incluso se
acercó a Max un par de pasos, pero podía ver sus hombros temblando. No
sonaba como si estuviera llorando, pero su voz sonaba como si estuviese cerca
de hacerlo, y Neve sabía instintivamente que sólo aguantaba porque ella se
encontraba en el otro lado de la habitación—. Mira, te conozco y soy sólo
temporal, pero cuanto más te conozco, más me gustas.
Max tosió húmedamente. —Dices eso porque eres una chica agradable y
estás intentando hacerme sentir mejor, me doy cuenta pero no somos reales. La
única cosa real que tuve eran los McIntyres y tuve la idea de que se
preocupaban por mí y que era el hijo que nunca tuvieron, pero eso era mierda.
—No —dijo Neve drásticamente, olvidando sus dudas mientras se
tropezaba hacia Max—. Eso no es cierto. Me he pasado toda la vida al margen,
simplemente observando a otras personas. Soy una experta observadora de
gente, cuando te vi con Bill y Jean, era evidente que se preocupaban por ti, y…
bueno, yo también. Yo también me preocupo por ti, Max.
Envolvió sus brazos alrededor de él, apoyó su cabeza contra su omóplato
y le abrazó tan fuerte como pudo. Esta vez, Max no se te zafó ni se retorció, sino
que pareció relajarse contra ella. —Ni siquiera sé a lo que se parece que se
preocupen por ti —murmuró él.
—Sí, si lo sabes —le dijo Neve—. Una vez que dejaste de hacer el esfuerzo
conjunto del coqueteo y el ligue, no has sido otra cosa que amable y paciente
conmigo. Sé que no soy la persona más fácil para tener alrededor, pero has
aguantado y tal vez es porque tu terapeuta te ha dicho que lo hagas, pero
estás comprometido con nuestra falsa relación y deberías estar orgulloso de
ello.
Max acarició las manos de Neve que estaban cruzadas en su estómago.
—¿Debería estar orgulloso de que me las he arreglado para durar dos meses en
una relación falsa con una chica que está enamorada de alguien más?
Era imposible sostener una conversación con Max de espalda, por lo que
Neve giró a su alrededor, quedando entre él y la ventana, mirándolo
directamente a sus ojos enrojecidos. Ella había tenido razón en lo de las
lágrimas. —Sí, estoy enamorada de William y sí, él tiene mi corazón, pero no lo
tiene todo. —Levantó su pulgar y su índice—. Diría que hay una pequeña parte
de mi corazón que te pertenece solo a ti.


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—Lo dices por decirlo —insistió Max de mala gana, como si no quisiera
hablar de su espiral descendente—. Apuesto a que interiormente estás furiosa
porque no fui honesto contigo desde el principio.
Y tal vez se sentía un poco molesta, pero la verdad era mejor que la
versión de la verdad con la que Neve había estado atormentándose a sí
misma: que Max no la vio como nada más que un reto y una vez que ella había
caído por sus considerables encantos, su trabajo habría estado hecho.
—Bueno, deberías habérmelo dicho pero puedo ver por qué era difícil
para ti contar ese tipo de cosas a una completa extraña. —Se encogió de
hombros y sonrió—. Me alegro que me lo hayas contado y te guste o no, voy a
estar por aquí un poco, así que solamente tenemos que aguantar, ¿de
acuerdo?
Max hizo una mueca, pero luego, increíblemente, apareció la pequeña
luz de una sonrisa. Tal vez era el primo hermano de una sonrisa, pero fue
recibido como el primer rayo de sol tras semanas de lluvia. —Está bien —admitió
él.
—Me alegra oír eso. —Y cuando Neve lo apretó más, él gruñó en señal de
protesta pero entonces, le devolvió el abrazo. Max era bueno abrazando. Neve
siempre se sentía como una cosa pequeña y frágil cuando envolvía sus brazos
alrededor de ella.
La cabeza de Neve le decía que saliese tan pronto como pudiese porque
el peso de la responsabilidad la presionaba, sólo podía cuidarse a sí misma y
nunca le importó nadie más. Pero le acababa de entregar a Max un pequeño
pedazo de su corazón en voz alta, por lo que se quedó allí.
—Tengo un regalo para ti —dijo Max, cuando finalmente Neve a
regañadientes le dejó en libertad. Sacó un objeto de aspecto familiar del
bolsillo de su chaqueta—. Al parecer lo dejaste en la limusina.
—¡Pensé que nunca lo vería de nuevo! —exclamó Neve, tomando el
teléfono y sosteniéndolo contra su pecho. Inmediatamente, comenzó a leer sus
mensajes de texto.
—Ya sabes, la habitación está paga hasta el lunes por la mañana —dijo
Max casualmente mientras Neve se sentía infeliz al descubrir de que se había
hecho una foto a sí misma haciendo pucheros y acicalándose en el espejo del
baño del club y la había enviado a todos sus contactos, incluyendo a sus
padres y al señor Freemont, con el mensaje: ¿Parezco zorra o qué? —. ¿Si
quieres quedarte?


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—¿Quedarme en dónde? —murmuró Neve distraídamente, mientras se
preguntaba si podría soportar leer los mensajes de texto que había recibido por
respuesta.
—En Manchester, el fin de semana, conmigo —dijo Max inseguro, mientras
se miraba los pies—. Deberíamos estar bien siempre y cuando evitemos Alderley
Edge. Creo que la revista Voila probablemente ha puesto controles de
carretera de todos modos. Quiero decir, a menos que haya echado todo a
perder completamente por el exceso de compartir y comportarme como un
instrumento.
Neve dejó su teléfono porque si iban a quedarse hasta el lunes, podía
retrasar el tener que preocuparse sobre su mensaje de borracha hasta
entonces. —No seas tonto, no has arruinado nada y es una habitación muy
bonita, aunque el papel de la pared a rayas sigue dándome ganas de vomitar.
—¿Entonces deberíamos salir? —Neve no sabía cómo hacerle frente a
esta versión vacilante de Max que aún parecía plano y triste, especialmente
cuando le daba una mirada cansada y resignada—. Supongo que te gustaría ir
al Old Trafford Centre y hacer algunas compras.
—Dios, ¡cualquier cosa menos eso! —Después de la última expedición de
compras del pasado sábado, Neve estaba totalmente fuera de las compras
hasta que fuese hora de empezar a pensar en la Navidad—. He estado leyendo
una guía del Gran Manchester y al parecer hay algunas zonas locales muy
bellas. ¿No podemos ir a alguna en su lugar? ¿Por favor? Creo que un largo
paseo aclararía nuestras cabezas.
Max no le diría a Neve a dónde iban. En su lugar, se subió la cremallera
de su sudadera favorita de color rojo con capucha y se fueron en coche por
Manchester hacia Ashton-under-Lyne.
Había pasado mucho tiempo desde que Neve había salido de Londres y
se había olvidado de que el norte de Watford Gap se sentía como otro país. El
paisaje era más salvaje y más escarpado que los campos y los jardines del sur
de Inglaterra e incluso los nombres de los lugares Rusholme, Cheadle Hulme,
Wythenshawe sonaban exóticos de una manera tipo oscura de molinos
satánicos.
Max había estado tranquilo y discreto durante la mayor parte del camino,
pero de pronto sonrió mientras aparcaba en el parque nacional de Daisy Nook.
—¿Supongo que ni la resaca te desanimará a dar un largo paseo con vistas al
río?
Un largo paseo era justo lo que necesitaba y Neve esperaba que Max
también se beneficiara de las endorfinas. El centro del parque era el río


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Medway que fluye por un boscoso valle entre Oldham y Ashton-under-Lyne. Se
detuvieron en el Centro para los Visitantes para agarrar un mapa y se fueron
hacia el Acueducto Waterhouse, así podrían tomar la senda que se encontraba
a veinticinco metros por encima del parque.
Neve podía sentir los últimos restos de la resaca flotando en la brisa
mientras respiraba el aire limpio y sabía que cada vez que oliese esa fragancia
a carbón, siempre se acordaría de este fin de semana. Se inclinaron sobre el
muro para ver a los niños remando en el río por debajo de ellos. Aunque era un
soleado día de finales de abril, todavía había un frío que permanecía bajo la
calidez del sol, ciertamente no era un tiempo para remar, pensó Neve, pero la
juventud de Gran Manchester evidentemente fueron hechos de material
resistente.
Apenas hablaban mientras bajaron por el acueducto y fueron por el
camino del canal. De vez en cuando, sus brazos se rozaban y Neve deseaba no
haber emitido nunca un decreto contra ir de la mano. La frontera imaginaria
que se violaría si se tomaban de las manos no parecía importar mucho más
pero ella se contuvo por la sudadera de Max, que era suave, cálida y olía a
Brylcreem así que se sentía como si estuviese siendo abrazada por él, incluso
cuando iba adelante para ver si había una cafetería en la siguiente curva.
Después de un par de horas, el cielo se nubló y el sol desapareció. Las
primeras grandes gotas de lluvia comenzaron a caer tan pronto como Max
mencionó regresar al coche. Entonces, las primeras grandes gotas se
convirtieron de repente en un colosal torrente, que les obligó a refugiarse bajo
el dosel de ramas.
—Sólo es una ducha —dijo Max esperanzado, quitándole la capucha a
Neve mientras la lluvia caía inclinada a sus pies—. Probablemente.
La lluvia agitó la tierra, por lo que todo olía terroso y maduro, y no había
ninguna señal de que alguna vez fuese a parar. Neve sacó el mapa y echó un
vistazo en la penumbra. —¿Puedes recordar exactamente en dónde te
estacionaste?
—¿Creo que cerca de Stannybrook Road? —Lo hizo sonar como una
pregunta en vez de como una ubicación definida—. ¿Crees que deberíamos
echar una carrera hacia él?
—¿Tienes alguna idea mejor?
Max no la tenía, por lo que a la cuenta de tres de Neve comenzaron a
correr. Era difícil leer el mapa bajo un aguacero mientras corrían a toda
velocidad. Se perdieron dos veces y volvieron al lago del centro del parque,


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hasta que Max vio un cartel del Centro para los Visitantes y desde allí, corrieron
hasta el coche, con las zapatillas empapadas y llenas de barro.
—Puedo sentir a mis vaqueros hacer chaf cada vez que cambio de
marcha —se quejó Max mientras avanzaba lentamente por la carretera
principal—. Y tú estás goteando sobre mi coche.
—Tú también estás goteando sobre tu coche —señaló Neve,
agachándose para quitarse las zapatillas y los calcetines, para poder poner los
pies sobre el salpicadero—. Sabes lo que significa la palabra lluvia, ¿no?
—¿Qué vamos a morir de neumonía bronquial?
—La boda… Ayer vi la marquesina en la entrada de la universidad, y
Mandy me mostró el lugar del lago en el que se van a hacer las fotos de la
boda. —Neve miró a Max por debajo de sus pestañas y sonrió—. Diría que esta
lluvia es un castigo de Dios por tratarte tan mal, ¿no crees?




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Traducido por Mery St. Clair & Munieca
Corregido por Juli_Arg

ax comenzó a quitarse la ropa mojada antes de que Neve
llegara a la puerta de su suite abierta. Ella lo dejo luchando por
liberarse del estrangulamiento de algodón mojado mientras
corría hacia la privacidad del baño. Sabía que si fuera una chica normal, le
permitiría tomar una ducha de agua caliente mientras se sumergía en la
bañera. Podrían incluso bañarse juntos, pero no era una chica normal y no
podía culpar a Max por golpear la puerta del baño para preguntarle cuanto
tiempo más iba a necesitar.
Eventualmente, salió y le permitió ducharse mientras ella peinaba su
cabello húmedo y untaba crema hidratante en su piel que aún se sentía
horriblemente deshidratada. Sin embargo, se quedó mirando el reflejo de Max
en el espejo mientras salía de la ducha y rápidamente se secaba. Amaba
observar la flexión de sus bíceps mientras frotaba su cabello con una toalla, y
sus largas piernas delgadas hasta subir a esas nalgas tensas y sus dos deliciosos
hoyuelos. Esperaba que él se girara para así poder tener una vista frontal
completa también, cuando notó que su boca colgaba abierta y
prácticamente babeaba.
Max se giró entonces y la miró a los ojos mientras ella tomaba un poco de
crema hidratante una vez más y untaba una enorme porción en su rostro.
—Te veías realmente zorra anoche, cito tu mensaje de texto —remarcó
casualmente.
—¡Envié eso a todo el mundo!
—Pero creo que te ves mucho más linda ahora, envuelta en una toalla
con tu cabello húmedo y crema sobre tu rostro —continuó suavemente—. Si
quieres pasar el resto del fin de semana en una toalla, bueno, está bien para mí.
—No soy linda —resopló Neve, mirando críticamente las manchas oscuras
alrededor de sus ojos—. Estás seriamente mal de la vista, pero apreció tus
intensiones.
M


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—Sabes, creo que estás mejorando en tomar un cumplido —reflexionó
Max, jugando con el borde de su toalla y sonriendo cuando Neve graznó de
indignación—. Eres linda, Neve, acepta eso.
Envuelta en una bata suave y esponjosa, Neve salió del baño y se acercó
a la enorme ventana que abarcaba toda la pared. Seguía lloviendo, pero
ahora que había entrado, Neve podía apreciar como la lluvia hacía que las
farolas y las luces se atenuaran en la calle.
—¿Hago reservaciones para el restaurante del hotel o quieres ir a otra
parte? —preguntó Max, sus manos alrededor de su cintura.
Era sábado por la noche y tenían toda la ciudad debajo de ellos y… —
Umm, ¿tendré que vestirme y secar mi cabello y salir de nuestra habitación?
—Bueno, no me importa si quieres salir usando una bata, pero no todos
pensarán que es la ropa adecuada para ir a un restaurante. Podemos
quedarnos dentro y pedir servicio a la habitación.
Neve se dio la vuelta. —¿Te importa? Aún estoy adolorida y tengo seis
ampollas por los estúpidos zapatos. —Tenía una larga lista de quejas, pero
fueron interrumpidos por el ruido ensordecedor de su estómago. Pareció durar
por siempre y sonaba muy parecido a los truenos en el cielo.
—Comí mucho después de haber hecho la rabieta, ¿Pero tú has comido
algo más que ese trozo de pan tostado? —preguntó Max.
Neve negó con la cabeza. Se acostumbró a no escuchar a su cuerpo
exigiendo comida a cada hora, que no notó que tenía hambre. Un gran, fuerte
y voraz hambre. Si Max no la estuviera abrazando, probablemente ya hubiera
caído de rodillas y comenzado a roer las patas de la mesa de café.
—Quiero carne —anunció—. Un gran trozo de carne que goteé sangre
sobre el plato. Y una ensalada, supongo.
—Asumiendo que vomitaste todo lo que comiste ayer y el hecho de estar
en ese campamento de boda y la larga caminata de hoy, la cual terminó con
una carrera de regreso al auto… bueno, creo que debes consumir al menos
cinco mil calorías y probablemente tendrás que consumir más carbohidratos…
—No seas un lambiscón, Max.
—No seas una quejosa, Neve.
Llegaron a un acuerdo. Max pidió un plato extra grande de papas fritas y
Neve comería algunas, porque comer alimentos de otra persona tenía la mitad
de calorías que tu comida regular.


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A pesar de que Max insistió en que una bata de baño estaba muy bien
para una cena en la habitación, Neve decidió cambiarse a algo un poco
menos cómodo, especialmente porque Max hablaba de su escote cada que el
cinturón comenzaba a aflojarse.
Ella se puso sus jeans de repuesto y una blusa que había planeado usar
con su traje de boda, cuando escuchó un golpe en la puerta y se apresuró a
salir del baño a tiempo para ver a dos camareros traer un carrito de comida
con placas cubiertas por metal en forma de cúpula como se veía en películas.
Neve trató de no acercarse a las placas y tragarse de un solo bocado el
filete de carne mientras los meseros seguían entrando a la habitación con cajas
de regalo, cubos de hielo, un plato de fresas cubiertas de chocolate y un
enorme ramo de rosas y lirios.
—Sé que dijiste que querías ordenar mucho del servicio de habitación,
¿Pero esto no es un poco excesivo? —le siseó a Max.
—Pero yo sólo ordene la cena y una selección de DVD —siseó él de
regreso. Entonces se aclaró la garganta—. Discúlpeme, pero creo que ha
habido una confusión. No ordene flores o champán o esas cajas de… cosas.
—Llegaron mientras usted se encontraba afuera, señor. —El mayor del
personal, juzgando por su edad y el corte de su traje, le entregó un sobre a
Max—. Que tengan una buena noche.
—¿De quién es? —preguntó Neve, mientras Max abría el sobre y
escaneaba el contenido—. ¿Qué dice?
—Léelo tu misma. —Max le entregó el papel arrugado y Neve bajó la
mirada a los garabatos infantiles.

Queridos Max y Neve,
Me siento tan mal de que no formen parte del gran día de Dazza y mío.
Desearía nunca haber firmado ese estúpido contrato, pero dos millones son dos
millones y le prometí a mi Nana que tendría una nueva cocina.
Como sea, desearía que estuvieran aquí con nosotros y no puedo creer
que no podrán verme en mi vestido de boda rojo y mi vestido de estampado
de leopardo para la recepción en la tarde.
Pero aún pueden brindar por mí y Dazza, a menos de que me odien
totalmente.
Espero que no lo hagan.


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Con mucho amor,
Mandy (McIntyre—¡Pero no por mucho tiempo!)

Max abría las cajas y examinaba sus nuevos productos para la piel Clarins
y su nuevo reloj cuando Neve le dijo que escogiera un DVD mientras ella
llevaba las placas a la mesa de café, junto con una botella de champán que
no iba a ser completamente bebida.
Después de comer la carne y ensalada y un par de papitas, Max se vio
obligado a golpear su mano para que él pudiera tener algunas también, Neve
razonó que una copa de champán no la mataría.
Además, sería más fácil charlar con Max con un poco de alcohol dentro
de ella, especialmente cuando aún había asuntos pendientes entre ellos, ya
que tenía que decirle algo que él no quería escuchar.
—Bebe —le ordenó mientras llenó el vaso de Max, y luego tomó con
cuidado un sorbo de su propia copa, en caso de que el sabor le provocara una
sensación horrible y tuviera que ir a toda prisa al baño. No ocurrió. En realidad,
sabía bastaste bien.
—Así que, ¿Era una nota de Mandy escrita a mano? —preguntó
casualmente—. Parecía como si lo hubiera escrito ella.
—Bueno, los pequeños corazones sobre las ies son su marca —dijo Max,
mientras se levantaba y comenzaba a llevar los platos vacíos hacia el carrito—.
Voy a poner esto afuera en la puerta.
Su respuesta no fue exactamente alentadora, pero cuando regresó y se
sentó lo suficientemente cerca para que su pierna se presionara con la suya,
Neve persistió. —Entiendo porque estás molesto con ella, pero creo que es
realmente dulce que se tomara un tiempo el día de su boda para darnos
regalos.
Max levantó sus manos en señal de protesta. —No es como si no tuviera
unos segundos libres entre su peinado y la recitación de sus votos.
—Bueno, es cierto, pero obviamente ha pasado algo de tiempo
pensando en cuan molesto estás mientras debería estar organizando los
regalos, y te escribió una nota entre su peinado y la practica de sus votos.
—¿A dónde exactamente quieres ir con esto, Neve? —preguntó Max, con
voz fría y acusadora, pero si él estuviera muy molesto no habría colocado un
mechón húmedo de su cabeza detrás de su oreja.


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—Es sólo que, obviamente, ella se siente realmente mal porque no estés
allí y tú tienes que ceder un poco. —Neve clavó su mirada más intensa sobre sus
ojos, la única que podía hacer que Celia obedeciera—. Deberías llamarla para
darle las gracias y dejarle saber que aún son amigos. Eso te hará sentir mucho
mejor.
—Creo que estará un poco ocupada cortando el pastel y escuchando a
Darren gruñir en el discurso —dijo Max malhumorado y haciendo puchero
también. Era adorable.
—Bueno, entonces déjale un mensaje. —Neve lo miró sin pestañear, hasta
que Max se rindió con un suspiro y sacó su teléfono.
—Una pérdida de tiempo —murmuró en voz baja, pero marcó el número
y parecía totalmente desconcertado cuando alguien respondió.
—¿Mandy? ¿Por qué diablos respondes tu teléfono? ¿Sí? Bueno, los
discursos de boda suelen ser aburridos, todos tienen derecho a esconderse
para fumar un cigarrillo.
Neve decidió escabullirse y darle a Max algo de privacidad. Se sentó en
el piso del baño y leyó un capítulo de Lavender Laughs in the Chalet School,
cuando Max asomó su cabeza por la puerta.
—Está bien, puedes salir ya —dijo, y el puchero había sido reemplazado
por una sonrisa, lo cual fue un alivio, aunque el puchero había sido lindo—.
Mandy y yo somos amigos de nuevo.
—Me alegra escucharlo —dijo Neve, y cuando trató de pasar a su lado, él
la apretó contra la pared y cubrió sus muñecas por sobre su cabeza en un
gesto posesivo.
—Gracias —dijo, y lo selló con un largo y lento beso que hizo que Neve se
alegrara por decidir quedarse dentro—. No olvidaré esto, Neve. Nada de esto.
—De nada —dijo ella, y le devolvió el beso con tan ardor que le tomó un
tiempo notar que Max trataba de apartarse.
—Es demasiado pronto para eso —dijo con voz ronca, poniendo algo de
distancia entre ellos—. Hay varias cosas que podemos hacer esta noche para
que yo no pueda violar tu inocente cuerpo.
—Pensé que esto era totalmente mutuo. —Neve cruzó sus brazos y trató
duramente de no hacer un puchero; No hay ni una posibilidad de que ella
parezca tan linda como Max con su labio inferior sobresaliendo—. ¿Quieres ver
otro DVD?


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Max se encontraba de rodillas delante del armario y hurgando en su
maleta de fin de semana. —No, me debes una revancha —dijo, y sacó una
pequeña caja verde que le era muy familiar.
—Um, si estás buscando en mi equipaje, entonces verás la misma sorpresa
—le dijo Neve, y esperó hasta que él sacó su pequeña caja verde—. ¡No puede
ser!
—¡No puedo creer que trajeras Scrabble!
—Bueno, ¡Tú lo hiciste también!
—Sí, pero no traje una enciclopedia también. Me pegunté porque tu
bolsa era tan pesada.
Neve se dejó caer en el sofá. —Usemos mi juego —decidió—. No quiero
llevarme sorpresa porque tú pusiste piezas extras para así ganarme y burlarte de
mis habilidades de vocabulario.
—Por supuesto, aún sigo en un estado emocional delicado —dijo Max,
mientras se sentaba con las piernas cruzadas en el suelo al otro lado de la mesa
de café—. ¿Puedo confiar en que no te aprovecharás de eso?
—Mi resaca no ha desaparecido por completo —dijo Neve, sacando las
piezas—. Así que digo que será un juego bastante parejo.
Max esperó hasta que eligieron una letra cada uno para ver quién
comenzaba primero, y cuando él sacó una A y Neve una R, le dirigió una
mirada medio engreída, medio feliz.
—Oh, Neevy —dijo con una voz cantarina—. ¿Hacemos esto un poco
más interesante?
—Define interesante.
—Quien gane dos de tres. Si tú ganas un juego, entonces el perdedor
tiene que pagar una multa. —Su expresión era de completa alegría ahora.
—Define multa.
Max sonrió de puro placer propio. —El perdedor tendrá que hacer una
cosa que el ganador le pida que haga. Sin preguntas. Sin discusiones. Sin
quejas.
Los ojos de Neve se entrecerraron. —De acuerdo, define una cosa.
—Sabes a lo qué me refiero. —Max metió su mano en la bolsa de piezas
de juego—. Una cosa sexual. Algo que le guste al ganador.


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Si Neve tuviera la habilidad de arquear una ceja, entonces, lo estaría
haciendo justo ahora. —Alfred Mosher Butts debe estarse revolcando en su
tumba —dijo y no sabía porque se sentía tan avergonzada de estar ansiosa por
jugar Scrabble usando temas de sexo, pero Max seguía de un humor
impredecible y creía que eso condujera algo bueno.
—¿Quién es Alfred Mosher Butts? Juro que estás inventando todo esto
para distraerme, porque sabes que soy un jugador mucho mejor que tú. —Max
formó una palabra con una arrogante sonrisa que hizo que Neve apretara los
puños.
—¡Es quien invento Scrabble! —Neve apenas podía tomar sus propias
letras—. Déjame recordarte que gané la última vez y probablemente voy a
ganar los siguientes tres juegos y me pedirás clemencia, así que recuerda eso.
Max pudo arquear una ceja. —¿Clemencia? Si esa es una amenaza, no
está funcionando. De hecho, estoy tentado de perder los tres juegos. —Le dio a
Neve una mirada traviesa—. Será mejor que aceptes el trato, Chica
Panqueque, hagámoslo oficial.
Neve estrechó la mano de Max con cada onza de fuerza que tenía, la
cual era mucha, pero él únicamente sonrío. —Va en contra las reglas ejercer
presión sobre tu oponente.
Max no perdió el primer juego. En cambió, dejó a Neve con muchas
vocales mientras él formó palabras con q, z, j y x, logrando en dos ocasiones
ganar puntos triples.
Él consiguió la puntuación más alta, mientras ella consiguió la puntuación
más baja en todos sus juegos, esa fue toda la motivación que Neve necesitó
para concentrarse en el juego. Especialmente cuando Max hizo un baile de la
victoria por la habitación, incluso cuando le dijo que eso era extremadamente
humillante.
Ella ganó el segundo juego por un margen decente, y a medio camino
del tercer juego, cuando Max se dio cuenta de que perdía por casi cincuenta
puntos, esto se convirtió en una batalla a muerte. Ambos realmente trataban
de ganar, pero el no reclamado orgasmo era un fuerte motivo para dejar de
bromear y burlarse el uno al otro, dejaron de hablar y establecieron un límite de
tiempo de tres minutos en cada ronda.
A pesar de que Max usos sus habituales trucos para formar palabras
difíciles para tener puntos dobles y cerrar el juego, Neve sabía que ella ganaría.
Perder no era una opción.


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Le gustaba pensar que era buena persona cuando ganaba, a diferencia
de algunas otras personas. —Honestamente, Max, fue un juego muy parejo —
murmuró tímidamente cuando le ganó por ciento veintisiete puntos—. Fue pura
suerte.
—Nunca he visto a nadie que logre triple puntuación con una palabra. —
Max sonaba como si quisiera llorar. Suspiró—. De acuerdo, ¿Cómo me quieres?
Neve se echó hacia atrás y se estiró excitadamente. —Bueno, tú ganaste
el primer juego. Eliges primero —dijo con magnanimidad. Él pasó la mayor parte
de los dos primeros juegos hablando de sexo oral para distraerla, pero a ella no
le molestó la idea—. Así que, ¿Qué pedirás?
Era curioso cómo Max podía alterar el estado de ánimo entre ellos sólo
con mover sus labios. El humor juguetón rápidamente se convirtió en pesada
tensión mientras sus ojos se oscurecieron y mordió su labio inferior con sus
dientes.
—Levántate —dijo, no había rastro de burda en su voz. En cambió, era
una orden que hizo que la respiración de Neve quedara atorada en su
garganta mientras obedecía.
Se quedó allí de pie, balanceando sus brazos nerviosamente, a la vez que
Max se acercaba hacia la cama y se sentaba. —¿Y ahora qué? —preguntó ella
con voz ronca.
—Quiero verte desnuda. —Y lo dijo vacilante, como si supiera que pisaba
un terreno peligroso—. Por favor, Neevy.
Neve cerró sus ojos. —No puedo —dijo implorándole—. Elije otra cosa,
porque no estaré cómoda así y ninguno de los dos se divertirá mucho.
—Pero quiero que tú… —Max negó con la cabeza—. Ven aquí, ven a mí.
—Extendió sus brazos—. Sólo ven aquí.
Neve se puso entre las piernas de Max, incluso dejó que sus manos se
apoyaran en sus caderas, pero su expresión era decidida. —No me siento
cómoda o relajada cuando estoy desnuda —repitió, su voz tan baja que Max
tuvo que inclinarse más cerca para escucharla.
—Quiero que estés cómoda conmigo —dijo suavemente—. Quiero que
confíes en mí como yo te he confiado cosas que no le he contado nunca a
nadie, y de todos modos ya he visto casi cada parte de ti. Quizás no todo a la
vez, pero he visto tu cuerpo.
—Pero es diferente cuando está oscuro y estamos en la cama y, Max, no
es sólo un poco de celulitis. —Giró su cabeza para así no poderlo ver—. No


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pierdes tantas libras sin dejar una huella. Tengo estrías y la piel floja, y mi
estómago parece un cartón corrugado. Y se siente así también. —Se sintió lo
suficientemente valiente para acunar su rostro con sus manos porque él aún la
miraba tan dulcemente que pensó que podía ponerse a llorar—. Sé que no te
gusta que lo mencioné, pero has estado con otras mujeres y puedo garantizar
que de todas ellas, tengo el peor cuerpo, el más feo y…
—Shhh, shhh. —Max besó sus manos y no trató de decir elogios vacíos
que ella no quería escuchar y que no los creería de todos modos—. Han
pasado tres meses, Neevy, y siempre hueles bien y eres divertida y tratas y
cuidas de mí, ¿Y de verdad crees que voy a levantarme e irme y no volverte a
vez porque tienes alas de bingo? Por favor, dame un poco de crédito.
Sólo dijo “Alas de bingo” porque sabía que podría hacerla sonreír, y Neve
lo hizo. Le dejó desabrochar los botones de su blusa, porque su discurso lo había
creído y quería creerlo. Pero cuando sus dedos trazaron los surcos fruncidos y
feos que se encontraban grabados en su piel flácida, Neve se estremeció, y si
Max no hubiera tenido un brazo alrededor de sus caderas, anclándola en ese
lugar, ella se hubiera apartado.
—Son repugnantes —escupió.
—Son tus cicatrices de guerra —dijo Max, y ni siquiera miraba su
desfigurado vientre, pero levantó su mirada hasta su rostro, hacia los ojos para
asegurarse de que no lloraba—. Has pasado por algo difícil y doloroso, y eso ha
hecho a la chica que está en frente de mí justo ahora.
—Menos gorda…
—Bueno, pero también eres una luchadora y nunca olvides lo que se
siente estar al otro lado y sí, tienes tus problemas, Neevy, pero yo también. —Se
detuvo y dejó sus manos caer, así ella estuvo allí de pie por su propia voluntad—
. ¿Por qué no puedes tener un poco de fe en mí?
Y cuando lo puso así, no pareció haber ninguna razón para avergonzarse.
Los dedos de Neve nunca se habían sentido tan torpes mientras desabrochaba
los dos últimos botones de su blusa y luego se encogió de hombros y permitió
que la prenda cayera al suelo. No pudo apartar la mirada de Max y él la
miraba justo a los ojos, sin desafiarla o retarla, pero con un tipo de
preocupación como si estuviera preocupado de que la presionara mucho,
demasiado pronto.
—Está bien —dijo ella—. No voy a ir a ninguna parte, tampoco —dijo
llevando sus manos a su espalda para desabrochar su sostén y luego quitárselo.
No pensó que sus pechos fueran tan feos ahora que eran más firmes, ya que
había trabajado lo suficiente sus pectorales para que no cayeran hasta su


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ombligo. Pero cuando no estaban cubiertos por su ropa interior y elástico,
difícilmente podían ser descritos como firmes o hermosos, y parecieron felices
de ser liberados mientras Neve bajaba su mano hasta el botón y bragueta de
sus vaqueros.
Trabajó para que sus pantalones se deslizaran por sus piernas, luego los
pateó lejos así pudo quedarse de pie allí con sus bragas. Ayer, se dijo así misma
firmemente, casi te desnudaste en frente de seis completas extrañas y Max no
es un extraño. Él consiguió meterse en su mente y sus manos y su boca ya
habían tocado los lugares que había tratado de protegerse. Y en realidad,
ahora que ya había visto sus pechos, su vientre y sus muslos, realmente no se
sentía tan preocupada porque viera su intimidad, especialmente mientras ella
había sufrido la gran angustia de haber usado un traje de baño el día anterior.
—Mírame —dijo Max en voz baja, y Neve notó que sus mirada había
bajado para mirar ciegamente el esmalte rojo en las uñas de sus pies—. Ya casi
ha terminado, Neve. Vamos, quítate tus bragas, cariño.
Había esperado que él dijera otro discurso de “Quítate tus bragas”, pero
nunca pensó que estaría riéndose mientras se quitaba sus bragas negras de
encaje.
Y entonces Neve estuvo desnuda, en frente de un miembro de sexo
opuesto. En frente de Max. Luchó por no taparse con sus brazos para que
pudiera ver todo y él ya no miraba únicamente su rostro; sus ojos viajaban por el
cuerpo que ella trataba duramente de no ocultar.
—Y esta soy yo —dijo Neve sin poder soportar más el silencio—. Te lo
advertí, y podemos fingir que esto no ocurrió si quieres irte o pedirme que me
ponga mi ropa nuevamente.
Max rodó tan fuerte sus ojos que Neve podría jurar que sus pupilas
desaparecieron por completo. —Algunas veces realmente quiero nalguearte —
espetó, y antes de que ella pudiera señalar que no había nada absolutamente
gracioso en la violencia doméstica, las manos de Max se posaron en sus
caderas otra vez—. En lugar de eso, te besaré —dijo, y se dejó caer hacia atrás
sobre la cama, y tiró de Neve para así caer sobre él con un chillido asustado.
Él calló su grito con un beso mientras Neve trataba de quitarse, porque
era demasiada pesada y se encontraba desnuda y toda la cosa se sentía
ridícula.
Neve no estaba segura de cuando su lucha se convirtió en caricias y
toqueteos. Pudo haber sido en el momento en que comenzó a devolverle el
beso a Max y rodaron por la cama. Eso era mejor. Mucho mejor, ya que podía


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llevar sus manos a su cabello y frotar su clítoris contra su muslo, la tela de sus
pantalones era una fuente de irritación y deleite.
—Quítate la ropa —le ordenó ella, cuando se separaron por aire. Casi no
reconoció su propia voz, sonaba muy entrecortada y bordeando lo maníaco—.
¿O prefieres que yo te desnude?
Max se sentó de nuevo para tirar de su camisa y Neve quiso llorar cuando
se alejó, para así poder deshacerse de sus vaqueros. Pero luego volvió a estar
encima de ella y estuvieron piel contra piel por primera vez; Todo era carne
caliente deslizándose una contra otra.
—Se siente tan bien —exclamó, con sus pechos apretándose contra su
torso y abrió sus piernas para que Max pudiera posicionarse entre ellas,
apretando sus dientes cuando notó cuan lista ya se encontraba—. ¿Max? ¿Qué
quieres?
—Este es mi turno —dijo, pero no era cierto. Porque ya había pedido que
ella se quitara su ropa y desnudara su cuerpo en plena luz—. ¿Qué es lo que tú
quieres? ¿Dedos o lengua o ambos?
Neve no tuvo oportunidad de argumentar, porque él ya tenía dos dedos
dentro de ella y frotaba ese punto que la hacía contraerse alrededor de él y
sentía como si todo buen sentido abandonaba su cuerpo. —Hazme venir —
gritó, cuando disminuyó el ritmo un poco y no era capaz de pensar
racionalmente de nuevo—. No me importa como, sólo hazlo.
La hizo venirse con sus dedos y su lengua, y aún seguía con su clímax
cuando sus manos trataban de inmovilizar sus caderas para mantenerla quieta
mientras se arqueaba contra su boca, hasta que al final Neve estuvo
pateando, casi fuera de la cama, porque nunca había sentido algo tan intenso
antes.
Era como si el orgasmo hubiera hecho un corto circuito en la parte de su
cerebro que se ocupaba de la inhibición, porque a Neve no le importó estar
desnuda. Atrajo a Max a sus brazos para poder besar su mandíbula mientras
sentía sus piernas temblorosas —su miembro no podría estar duro y húmedo
contra su muslo si la encontrara repulsiva.
Neve pudo probarse a sí misma en los labios de Max mientras lo besó;
lentos besos que se sentía como si estuviera moviéndose debajo del agua. Pero
entonces, Max tomó su pecho y pellizcó el pezón entre su pulgar e índice, lo
cual hizo que su polla se estremeciera y una nueva ola de excitación
atravesara su languidez.


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—Creo que debería poner fin a tu agonía —murmuró, llevando su mano
alrededor de su polla—. ¿Qué fue lo que dijiste? ¿Dedos o boca, o ambos?
—¿Sabes lo que me haces cuando dices cosas así? —gimió Max y Neve
simplemente sonrió porque podía ver exactamente lo que le hacía, podía
sentirlo bajo sus dedos.
—Bueno, ¿Qué decides?
—¿Quieres probar algo nuevo? —preguntó Max, apartando su mano un
poco pegajosa—. Pero podemos hacerlo sólo un poco.
—Lo que quieras —dijo Neve, porque tan pronto como eso terminé con
sus ojos poniéndose en blanco de placer y su corazón latiendo furiosamente,
haría cualquier cosa que Max tuviera en mente.
Lo que Max tenía en mente era un tormento, puro y simple. Se posicionó
entre las piernas de Neve nuevamente y con mucho cuidado, muy lentamente
frotó su clítoris con la punta de su miembro una y otra vez.
Entonces, ella se movió, ¿Por qué no iba a hacerlo? Y luego Max se
detuvo, su cabeza echada hacia atrás, con una mueca en su rostro y dijo—:
Tienes que quedarte totalmente quieta, Neevy, por que te juro, si pierdo la
concentración un minuto…
Neve quería que perdiera el control. Lo quería más que nada en este
mundo, y cuando él comenzó a moverse de nuevo, siempre a pocos
centímetros del área resbaladiza que realmente necesitaba, Neve inclinó sus
caderas y la punta de su polla se deslizó dentro de ella un pequeño instante
que fue suficiente para que comenzara a crearse un muy pequeño, muy poco
satisfactorio orgasmo.
Max se echó hacia atrás y no sabía como podía controlarse tanto,
cuando ella lo único que quería era atarlo al colchón y cabalgarlo hasta llegar
a la línea de meta. Luchó por levantarse sobre sus codos y apartar su cabello
de sus ojos.
—Me debes esto por el sanguinario juego de Scrabble —jadeó—. Sin
preguntas, sin argumentos, sin quejas. —Más tarde, estaría impresionada por su
buen vocabulario en condiciones extremas como estas, pero no ahora—.
Quiero que me hagas el amor.
—Haremos el amor, pero no tiene que haber pene…
—No te atrevas a usar la semántica en mí —argumentó Neve—. O usar
excusas poco convincentes. Esta no es una venganza por desnudarme, y


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tampoco es porque siento pena por ti y no es por él, es porque moriré si no lo
haces. Sólo quiero que esto terminé, te necesito dentro de mí.
—Dijiste, desde el principio, que tú no podías…
—¡No podía!
—Está bien, que no tendrías relaciones sexuales. Esa fue tu única regla
porque... porque... —Max habría sonado mucho más convincente si aún
pudiera recordar por qué Neve había instigado la prohibición de relaciones
sexuales y si no estuviera apretando su polla y mirando el coño de Neve.
Ella abrió las piernas un poco más. —De acuerdo, mira, si voy a dar una
regla, entonces tú puedes escoger una nueva regla y compensarlo. Eso es justo,
¿no?
—Bueno, no, no realmente. ¿Qué pasa si cambias tu...?
—Ya no me preocupo más por esa regla estúpida. Elige. Algo. Más. —No
fue una sugerencia. Era una orden.
Y dada la tensión sexual que impregnaba el aire como el hielo seco y la
forma en que ambos respiraban con dificultad, Neve se sintió más que un poco
sorprendida cuando Max le dio una sonrisa astuta y calculada. Como todavía
él era capaz, no sólo de pensamiento racional, sino también pensamientos
astutos y taimados.
—Tienes que prometerme que respetarás mi nueva regla porque es
completamente no-negociable. —Arrastró las palabras, sumergiendo la cabeza
hacia abajo para darle una succión al duro pezón, luego retirándose antes de
que Neve tuviera tiempo para ahuecar la parte posterior de su cabeza y
mantener su boca ocupada.
—Te lo prometo. —Él iba a insistir en que se tomaran de las manos; lo
sabía y no le importaba.
—No quiero oír salir de tu boca ni una sola palabra autocrítica nunca más
—dijo rotundamente, mientras Neve dio un gruñido de sorpresa—. Estoy
cansado de escucharlo.
En cualquier otro momento, eso habría sido la señal de Neve de dar
rienda suelta a toda una corriente de palabras de autodesprecio, pero la mano
de Max se encontraba entre sus piernas haciendo cantar a todas esas
terminaciones nerviosas de nuevo y ella se limitó a suspirar. —Bien, lo que sea.
Ahora, ven aquí. —Y le tiró hacia abajo, encima de ella.
Hubo cinco minutos frenéticos de caricias y tanteos, a pesar de que no
era como que cualquiera de ellos necesitaba más juegos previos, y cuando


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Max se fue al baño para conseguir un condón, Neve fue con él, pegada a su
espalda, con la mano envuelta alrededor de su polla de nuevo, porque no
podía soportar no tocarlo.
Incluso el sonido de la rasgadura de la lámina puso en marcha el calor y
cuando Max se enfundó, Neve estaba lista esperando. Ella se lanzó hacia él,
terminando en su regazo, las piernas separadas a cada lado de las suyas, y se
detuvo con su polla situada en contra de su clítoris y los labios de Max pelaron
un gruñido, porque el retorno de la inversión era una perra.
Luego, se bajó a sí misma con mucho cuidado y la punta de la polla de
Max se encontraba dentro de ella y este era el lugar donde por lo general era
horriblemente malo, pero esta vez se sintió tan bien y con cuidado Neve se dejó
caer, hasta que estuvo todo el camino en su interior. Entonces, se detuvo.
Max levantó las caderas y los ojos de Neve se abrieron de golpe. —No te
muevas —dijo sin aliento.
Se quedó paralizado. —Oh, Dios mío, ¿te estoy haciendo daño?
Ella sacudió la cabeza. —No. Simplemente... no quiero apurar esto.
Neve inhaló adentro y afuera lentamente y esa era la más rara, la
sensación más extraña, pero podía sentirse a sí misma revoloteando alrededor
de su pene, como si a su cuerpo no le molestara hacer un balance de la
solemnidad de la ocasión, pero avanzaba sin ella.
—Me estás matando —gimió Max, con la cabeza apoyada en su hombro.
—Pobre bebé. —Neve acarició la parte de atrás de su cuello, y luego
cogió un puñado de su cabello cuando ella misma se levantó y luego se meció
de vuelta, porque no pudo evitarlo—. Puedes moverte. Por favor. Ahora.
—Maldito pasajero que da órdenes al conductor —murmuró Max, con las
manos amortiguando las nalgas de Neve mientras la puso sobre su espalda—.
Envuelve tus piernas alrededor de mí. Más fuerte que eso.
Neve siempre había tenido esta idea vaga de que el sexo era una
experiencia espiritual que evoca olas rompiendo en las playas y de las flores
que despliegan lentamente sus pétalos, pero la verdadera realidad era mucho
más visceral que eso.
Era como si cada uno de sus cinco sentidos había sido diseñado
específicamente para el sexo. Sabía a sal en su boca mientras mordió el
hombro de Max cuando le dijo que fuera más rápido y empezó a empujar más
y más profundo que lo que la tenía antes. Y se podía oír el cabecero de la
cama golpeando contra la pared al mismo tiempo con el latido de su corazón.


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Luego estaba el olor a sexo —almizcle y maduro— y pudo ver las pequeñas
gotas de sudor en la frente de Max y el brillo en el pecho mientras miraba hacia
él—Neve sabía que debía cerrar los ojos pero no lo hizo, no quería perderse ni
una cosa. Pero sobre todo hubo contacto, moviendo sus cuerpos lisos con
avidez unos contra otros y su polla frotando contra ese lugar profundo dentro
de ella que sus dedos conocían tan bien, a continuación, Max le dijo de
tocarse, ya que se encontraba cerca y Neve infiltró la mano entre ellos y podía
sentir donde se unían, pero sólo por un momento porque quería que sus dedos
presionen y froten y luego tuvo que cerrar los ojos porque se iba a venir en
blanco-calientes ráfagas de calor y luz y su último pensamiento consciente fue
que todo lo que pensó que sabía, se había equivocado.
Entonces fue después, mucho después. Se habían duchado juntos, a
pesar de que Neve había tenido una recaída de la inhibición, pero Max le puso
la mano sobre su boca cuando trató de decirle eso. Habían rehecho la cama
porque el cobertor había sido arrojado al suelo y alguien había retirado la
sábana de la cama. Neve se había deslizado en su camisón de seda roja,
porque Roma no se construyó en un día y no podía simplemente tumbarse
perezosamente en la cama completamente desnuda, ahora que todos sus
impulsos habían sido completamente saciados.
—Y, Neevy? ¿Te estás divirtiendo? —preguntó Max con una sonrisa, que
rápidamente se convirtió en un—: ¡Ay! ¿Por qué coño hiciste eso?
—Estoy ofendida de que incluso necesites preguntar —dijo Neve, mientras
Max frotaba la mancha en el brazo donde ella justo le había dado un
puñetazo.
—Supongo que iba bastante bien —dijo Max, haciendo estallar una fresa
en la boca de Neve. Ellos trabajaban a través de la bandeja de fresas cubiertas
de chocolate; Max mordiendo el chocolate y pasando la fresa a Neve cuando
acababa—. Y tengo que decir, Neevy, tienes algunas habilidades de locos, y
como un bono adicional, no me has preguntado si te puedo presentar a un
publicista que conozca, o crear una pequeña sesión de fotos con Skirt. —Max
se inclinó hacia atrás sobre los codos—. Una vez, antes de que yo apenas me
hubiera retirado, esta mujer me dijo que había sido muy agradable, pero tuvo
que ponerse en marcha porque había dejado a su marido de niñera.
Las cejas de Neve se alzaron. —Eso no es... bueno. —Se mordió el labio—.
¿Crees que estás menos asustado del compromiso ahora? —Ella no sabía por
qué contenía el aliento mientras esperaba que Max respondiera, y parecía
como una extraña conversación que se tiene después de lo que acababan de
compartir, pero tal vez ambos necesitaban un recordatorio de que éste no era


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ese tipo de acuerdo de para siempre. Fue un tipo de acuerdo de ocho
semanas y contando.
Se encogió de hombros. —No lo sé. Quiero decir, sí, hemos estado
saliendo durante un par de meses, pero esto es salir con panqueques y tal vez
estoy bien con eso, porque sé que no va a conducir a escoger los patrones de
porcelana china y hacer planes para vivir juntos, ¿no?
Ella lo sabía, pero todavía sentía una punzada de lamento de que Max
no estaría en su futuro a pesar de que era su primer amante, el primer hombre
en verla desnuda, el primer hombre en decirle que era hermosa cuando se
encontraba vestida o desvestida o temblando de la ferocidad de la primera
vez que habían hecho el amor. Qué peculiar que la gente pudiera hacer el
amor, y luego nunca ver o hablarse el uno al otro de nuevo.
—No, pero vamos a ser amigos después de esto, ¿no? —Empujó a Max
con el dedo cuando simplemente gruñó—. No vas a deshacerte de mí tan
fácilmente. Sé donde vives, Max.
—Vamos a ver cómo te sientes cuando estés acostada con el Sr.
California —dijo Max, sin mirar a Neve mientras recogía la última fresa.
—Me voy a sentir de la misma manera —protestó Neve—. Y no lo llames
así.
—Lo siento —dijo Max, a pesar de que no sonaba en lo más mínimo
arrepentido. Él sostuvo la fresa por última vez justo por encima de su boca, así
Neve tendría que levantarse a sí misma, una mano sobre el hombro de Max
para alcanzarla. Lo que significaba que se encontraba de vuelta en los brazos
de Max antes de que hubiera tenido tiempo de masticar y tragar—. El
resplandor post-orgásmico se ve muy bien en ti.
—Por resplandor post-orgásmico, supongo que quieres decir con la cara
roja y llena de manchas... ¡Ay! ¿Por qué demonios hiciste eso? —Neve escupió,
frotando la mancha en su trasero que Max acababa de golpear.
—Tuve que hacerlo. —Max besó en la comisura de su boca—. Estabas
siendo autocrítica y tenemos un acuerdo sobre eso ahora.
Neve suspiró. —Si me vas a golpear cada vez que se me olvide, entonces
voy a estar de color negro y azul en una hora.
—Sólo tendrás que esforzarte más —dijo Max sin compasión, la mano
deslizándose hacia arriba a la taza de su pecho—. Porque tengo planes para la
siguiente hora que se echarían a perder si tu culo estuviera demasiado dolorido
para que puedas acostarte en el.


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Neve miró hacia abajo. Luego, su mano hizo una incursión rápida para
asegurarse de que no era sólo la forma en que los pantalones cortos de Max
tenían arrugas. —¿Otra vez?
Max ya la bajaba sobre la cama. —Tenemos un montón de tiempo
perdido que compensar.



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Traducido por Annabelle
Corregido por Deydra Ann

Neve le parecía que el mundo se había dividido en dos. Por un
lado, el mundo que tenía a Max en él, donde parecía
permanecer la mayoría del tiempo desnuda, pero Max también,
así que funcionaba bastante bien.
También estaba el otro mundo donde Neve tropezaba, siempre
cansada y parpadeando sus ojos debido a la brillante luz a la que no se podía
acostumbrar luego de la primavera fría y gris. Era como si estuviese caminando
dormida; sólo se sentía real la molestia entre sus piernas y sus labios mordidos a
besos.
Cuando no se encontraba con Max o pensando en él, Neve se sentía
contenta de haber esperado hasta ahora para tener sexo. No sólo porque era
lo suficientemente mayor para haberse saltado todo ese manoseo y revuelto de
adolescentes que las otras chicas habían pasado hasta llegar a lo bueno, sino
también porque nunca había imaginado que sería tan insaciable.
En realidad, debió haberlo sabido. Ella había sido el tipo de chica que
nunca pudo comer sólo un biscocho de chocolate, no cuando aún había otros
veintinueve en el paquete. Cuando pudo deshacerse de eso, recibía un asalto
tan grande de endorfinas en el ejercicio, que hasta los empleados del gimnasio
habían planeado una intervención porque se encontraba en peligro de
convertirse en una vigoréxica
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.
Así que era algo bueno que no hubiese empezado a tener sexo a los
dieciséis como la mayoría de las chicas, ya que de ser tan bueno, Neve
sospechaba que se hubiese rendido con el CGES
83
, nunca se hubiese
molestado con los de enseñanza media, y una licenciatura sólo hubiese sido un
obstáculo en el camino hacia sus orgasmos.

82
Persona adicta a hacer ejercicio, a tal punto de poner a prueba su cuerpo sin importar las
consecuencias.
83
Certificado General de Educación Secundaria.
A


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La única razón por la que salía de la cama para ir al trabajo era porque,
finalmente, el Sr. Freemont y Rose se unieron en su desaprobación de ver a
Neve sentada en su oficina de atrás soñando despierta con una ausente
mirada de sexo, y porque Max tenía que salirse de la cama. Y la única razón por
la que Max salía de la cama era porque tenía un agente, y un editor de libros, y
un editor de revista que lo llamaban para gritarle sobre todas las fechas límites
que se perdió.
—Creo que he descifrado porque siempre lo estamos haciendo como
conejos —le había dicho a Neve una mañana, cuando habían decidido tener
tiempo para uno rapidito, incluso cuando ya Neve tenía una hora de retraso
para ir al trabajo—. Perdimos dos meses sin tener sexo y aunque sólo tuviésemos
sexo una vez al día, esos serían al menos sesenta orgasmos que nos estaríamos
perdiendo. Tenemos bastante en que ponernos al día y no hemos tenido
suficiente tiempo para hacerlo.
Neve aún lograba llegar a sus tres sesiones semanales con Gustav, ya que
él la habría cazado si no llegaba, pero aun así, bostezaba durante todo el
proceso y no tenía el mismo aguante que solía tener.
—Es ese chico —murmuraría Gustav tristemente, cuando Neve colapsara
luego de cinco flexiones—. Sabía que esto pasaría.
Por primera vez en su vida, Neve no tenía hambre, así que en realidad no
importaba si su régimen de ejercicios y entrenamiento decaía un poco. Podía
manejar el almuerzo fácilmente, pero tomar el desayuno implicaría salirse de la
cama media hora antes y la cena nunca parecía ocurrir, ya que tan pronto
como llegaba a casa del trabajo, o se iba de inmediato a casa de Max, o él
estaría esperándola en su puerta, y ambos sólo tendrían el tiempo suficiente
para decir, “¿Tuviste un buen día?”, antes de que comenzaran a besarse, y los
besos ya no eran suficientes.
Saldrían de debajo de las sabanas alrededor de las once para pasear a
Keith a la tienda, comprar pan y algo que poner en él. Neve sobrevivía con una
dieta de sexo, café negro, aros de espagueti en tostadas, queso en tostadas,
mantequilla de maní en tostadas, y todo lo que pudiese ser esparcido, apilado
o echado sobre dos piezas de pan ligeramente tostadas.
Habían pasado cuatro semanas de estar unidos por la cadera (y otros
lugares más placenteros), hasta que tuvieron que hacer lo inimaginable y pasar
la noche separados. Max tenía una reunión con un publicista, luego una cena
de premios y Neve tenía que ponerse al día con la ropa sucia y pasar tiempo
de calidad con Celia. Aunque pasar tiempo de calidad con Celia implicaba un


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bombardeo de preguntas que hacían que la Inquisición Española pareciese un
suave alivio.
—¿Qué te ha pasado? —soltó Celia tan pronto Neve abrió la puerta—.
No te he visto en semanas y escuché a Charlotte gritándote sobre los golpes
que hacían tu cama contra la pared, y ¿desde cuando caminas por ahí en
sudaderas y deportivos, y tienes tres, no, cuatro, chupetones? ¿Cómo logras
tener un chupetón justo encima de la rodilla?
Neve sabía que debía callar a Celia, pero cuando abrió la boca, lo único
que salió fue un bostezo. Así que mientras lavaba suavemente a mano sus
camisolas de seda en el lavado del baño, Celia tomó asiento en el borde de la
tina y la sermoneó sobre cuán estúpida era.
—Se lo que está pasando —criticó Celia mientras comía un paquete de
galletas saladas—. Tú y Max obviamente lo están haciendo. Pensé que ya lo
habían hecho, pero ahora sé que no era así, porque ahora completa y
obviamente lo están haciendo.
—Celia, ¿nunca debes parar para tomar oxigeno? —preguntó Neve,
mientras colgaba su camisola azul oscuro sobre el tendedero que tenía en su
baño.
—El oxigeno está sobrevalorado —dijo Celia sin darle importancia, ya que
se iban saliendo del tema—. Esto es más que sólo ambos aliviando tensiones.
Max ya ni siquiera coquetea con las chicas lindas cuando entra a la oficina, y tú
sonríes de esa manera tonta cada vez que digo su nombre. Ambos se están
enamorando. Así que, ¿esto todavía sigue siendo una relación de
panqueques? ¿O van en serio con el otro? ¿Le vas a decir a Willy McWordy que
es historia? ¿Qué está sucediendo?
Esa era una muy buena pregunta: ¿Qué sucedía?
Neve no lo sabía porque no era algo de lo que ella y Max habían
hablado. Hablaban de cuanto tiempo les quedaba y cuanto de ese tiempo
podían estar de forma horizontal. Y murmuraban cosas contra la piel del otro,
pero no hablaban de lo que hacían, y las consecuencias, ni siquiera de que si
debían hacerlo en primer lugar. Lo que funcionaba muy bien para Neve, ya
que había pasado toda su vida pontificando y haciendo hipótesis, y eso no la
llevaba muy lejos.
Así que simplemente se giró hacia Celia y se encogió de hombros. —No
sé lo que está sucediendo —murmuró—. Es decir, como sea.
Siempre y cuando viviera, Neve nunca olvidaría la mirada en el rostro de
Celia, justo antes de ahogarse con un pedazo de galleta. Ni siquiera había


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tenido esa mirada tan sorprendida aquella vez cuando se enteró de que
Charlotte había comprado el mismo bolso de marca Chloe que ella había
pasado meses ahorrando para comprar.
—¡Oh por Dios, Neevy! —jadeó una vez que le regresó el poder del
habla—. ¡Te convertiste en mí!
Neve tenía en la punta de la lengua señalar que para que ella se
convirtiera en Celia, debía crecer unos dieciocho centímetros y perder unos
veinte kilogramos, pero podía imaginarse la reacción de Max, luego el furioso
sonido de su mano conectando con su trasero y tembló, un temblor bastante
bueno, y sonrió.
—¿Eso significa que tú te estas convirtiendo en mí, Seels? —preguntó
maquiavélicamente—. ¿Has leído algún libro bueno últimamente? Y no, la
ultima edición de Vogue no cuenta.
—Deja de sonreír así y no hagas chistes de Vogue, me estás asustando —
gimió Celia, pero parecía gustarle la nueva relajada Neve, aunque le
molestaba bastante que la nueva relajada Neve no tuviera un refrigerador lleno
y que no dejara salir los datos sucios de su vida amorosa.
—¿Pero es más grande que una panera? —demandó, luego de lo que
parecían ser horas de intensa exanimación—. Bueno, obviamente no es más
grande que una panera, ¿pero es más grande que una barra de chocolates de
tamaño King?
—En realidad, no puedo recordar cuán grande es una barra de
chocolate de tamaño King —respondió Neve, mientras oía como la puerta se
abría y luego a Max llamando.
—¿Cariño? Estoy en casa. Me fui luego de los discursos.
—¡Tiene su propia llave! —exclamó Celia, mientras Neve saltaba de su silla
y corría por el pasillo.
—¿No te molestaste en vestirte? —preguntó Max mientras se quitaba su
chaqueta de vestir, la cual usaba con vaqueros y una camisa de Clash—.
Bueno, eso nos ahorrará algo de tiempo.
Antes que Neve pudiera decirle que tenía una muy inquisitiva hermana
pequeña en la habitación, Max la tomó y la besó tan largo y fuerte que hasta
olvidó completamente que tenía una hermana pequeña.
—Oigan, ustedes dos, búsquense una habitación —dijo la hermana
pequeña detrás de ellos—. Por las escaleras, segunda puerta a la izquierda. Me
voy antes de que me traumen de por vida.


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Neve le sonrió vagamente a Celia desde la seguridad que representaban
los brazos de Max, y él murmuró algo que pudo haber sido un “Hola”, o un
“Adiós”, o incluso un “No dejes que la puerta te golpee en el trasero cuando
salgas.”
Neve sintió una punzada de culpa al empujar a Celia fuera de su
segundo hogar, pero no lo encontraba en su corazón para sentirse tan mal, en
realidad. Estaba bastante segura de que vería a Celia cada día por el resto de
su vida, pero tener tiempo de calidad con Max, tiempo de calidad desnudos,
era un muy escaso acontecimiento.
Luego, mayo cambió a junio, y sentía como si el tiempo se estuviese
resbalando de sus dedos. Todo lo que les quedaba era más o menos un mes.
Escasas semanas, si William regresaba cuando dijo que lo haría, pero él se había
convertido en una figura borrosa y lejana en la que Neve no podía enfocarse,
cuando en lo único que podía pensar era en Max. Había recibido dos cartas de
él e incontables correos, y los había leído inmediatamente, pero era más por la
costumbre que por la emoción que provocaban las palabras de William y que
se le salían por los poros, como sucedía normalmente. Todo lo que Neve sintió
fue un conflicto horrible cuando le envió un rápido correo a William, afirmando:
hemos estado muy ocupados en el trabajo. Escribiré apropiadamente cuando
tenga la oportunidad.
Habían temas que había evitado hablar con William, como su pérdida de
peso y sus aventuras en las relaciones, pero nunca le había mentido antes, y
aunque no era algo de lo que estuviese orgullosa, había sido necesario. William
era su figura dorada, y Max era el aquí y ahora.
Así que cuando Max se fue a LA con sólo veinticuatro horas de aviso para
salvar una sesión de portada para Skirt, la cual rápidamente se convirtió en un
escándalo entre el estilista de la celebridad, el fotógrafo de la celebridad y la
celebridad y su publicista, quien había llamado a Max a las tres de la mañana
para gritarle, se sintió bastante como el fin del mundo, incluso aunque sí pudo
tener a Keith como compañero por el resto de la semana.
Neve no necesitó mucha persuasión para salirse temprano del trabajo y
acompañar a Max a Heathrow para que ambos pudieran apretarse muy fuerte
en el Control de Pasaporte, como si él se fuera para la guerra.
—Estaré de vuelta para el fin de semana —dijo Max, una vez que
llamaron su número de abordaje y fueron forzados a dejar de besuquearse.
El rostro de Neve decayó. Era la mañana del lunes, y el sábado parecía
como a años luz de distancia. —¿Lo prometes?


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—Lo prometo. Aunque tenga que tomar la sesión con la cámara de mi
teléfono. —Max tomó su mejilla—. No será tan malo. Tú misma dijiste que tenías
millones de cosas que hacer esta semana.
—Esas serían las cosas que dejé porque no quería hacerlas —dijo Neve.
Enderezó el collar de la camisa negra de Max—. Se siente bastante extraño
besarte con…
—… ¿la ropa puesta?
—Iba a decir con toda esta gente alrededor, pero eso también funciona.
—Neve sabía que debía dejar de manosear a Max, pero no podía detenerse al
intentar arreglar su cabello. Sobrevivir los próximos cinco días iba a ser una
agonía—. ¿Qué opinas del sexo telefónico?
—Estoy muy de acuerdo con el sexo telefónico —enfatizó Max—. También
sexo por e-mail, sexo por textos y también estoy deseando que tu laptop tuviese
cámara como la mía.
Neve miró hacia el tablero de vuelos. —Tu vuelo sale en treinta y cinco
minutos. Debes irte.
Max se inclinó para otro beso y, justo cuando Neve decidió que otros
cinco minutos no dañarían, él la alejó. —Tú vete primero.
—No, tú primero —contraatacó.
—Pero no puedo irme a ningún lado si sólo te quedas allí, luciendo tan
besable.
—Pero si te vas primero, tendré al menos otros dos minutos más para verte
antes que desaparezcas de mi vista.
—Tú solo quieres deleitarte con mi trasero. —Max arrugó la nariz, luego su
mirada se suavizó—. En serio, ve tu primero.
—No, tú. —Neve no sabía en que momento se había convertido en una
de esas chicas tontas y sensibles que solían irritarla hasta más no poder cuando
las escuchaba en el autobús, arrullando a sus novios por el teléfono, “Tú cuelga
primero.”
Al menos, ella no soltaba risitas tontas.
—Voy a irme —le dijo decisivamente a Max—. Tengo una enorme lista de
cosas por hacer que necesito terminar sin alborotar el departamento y sin
distraerme.
Max llevó una mano a su corazón y actuó como si estuviese herido
mortalmente, pero luego escucharon que llamaban su vuelo.


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—De verdad debo irme —dijo él seriamente—. Si me pierdo el vuelo,
estaré en busca de otro trabajo.
Neve pensó en tener otro beso, pero al final la única manera en que se
iría era caminando sin mirar atrás.
Fue una tortura regresar a su vieja y aburrida rutina. Con ocho horas para
dormir en la noche, dos horas en el gimnasio, tanto en las mañanas como en las
tardes, tres apropiadas comidas al día, más dos carbohidratos bajos en grasa,
bocadillos de bajas calorías, llegar a tiempo al trabajo y sentarse en la bañera
con la portátil sobre las piernas y los audífonos que acallaban todo sonido
firmemente en su lugar, ya que Charlotte se enteró que Neve ya no entretenía
al caballero que visitaba todo el tiempo y había comenzado de nuevo con su
escoba, pero ahora en tiempo extra.
También significaba que Neve tenía que lidiar con su enorme
correspondencia. Jacob Morrison había enviado un e-mail con invitaciones a su
club. No había mencionado los seis capítulos y medio que había enviado, lo
que sólo significaba que la iba a desilusionar gentilmente. O peor, quería que
ella le entregara todo lo que tuviera que ver con Lucy para que así él pudiera
escribir los honores apropiadamente. O incluso peor, odiaba los poemas e
historias cortas de Lucy y quería lavarse las manos con respecto a ella. También
había un e-mail de su padre, quien venía a la ciudad al final de mes y quería
comprar dos entradas para la nueva película de Jennifer Anniston.
Neve decidió deshacerse de esos dos obstáculos en un solo día, para así
poder terminar con seis horas de llevar un tsunami de extrema agitación en vez
de extenderlo durante toda la semana. Si los veía a ambos el jueves, entonces
podría pensar y torturarse con ello hasta el almuerzo del viernes, cuando dejará
de pensar y comenzará a emocionarse de que Max ya volvería a casa.
También había dos cartas apenas leídas de William, que había lanzado a
una gaveta. Pero en la mañana del jueves, el cual había bautizado como el día
DTA (D por difícil, T por temible y A por abatido), Neve se armó de valor para
leerlas. Normalmente se comprometía a memorizar cada una de las sílabas,
pero ahora, mientras enderezaba el papel del correo, se dio cuenta de que
sólo los había hojeado antes, y que apenas podía recordar algo de su
contenido.
El pensamiento de que estarían juntos había sido tan constante y
reconfortante por estos tres años, que Neve se sentía aliviada de darse cuenta
de que no estaba lista para darse por vencida aún, al finalmente darle a las
cartas de William la atención que merecían. Lo que tenía con Max era
maravilloso, pero nunca fue creado para durar; mientras que lo que ella y


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William compartían era algo más intenso y más profundo que sólo atracción
sexual.
Él sostenía su alma en sus manos.

Queridísima Neve,
Siempre es soleado en California y no puedes imaginar lo aburrido y
monótono que puede ser el implacable resplandor. Anhelo los días grises y
húmedos con té, tostadas y el periódico. Extraño caminar en la lluvia y ver todo
el mundo a mí alrededor verde, brillante y perfecto con promesas. El sol inglés
no es la misma luz dorada en el Valle de Napa o el molesto calor en Los
Ángeles. Es una ilusión delicada y efímera. ¿Puedes darte cuenta de mi
nostalgia? Hay muchas cosas que extrañaré de LA y desearía poder llevar
algunas de ellas en mi equipaje de mano, pero estoy listo para regresar a
Londres y, sin importar el clima, quiero caminar contigo por el Río Támesis y
hablar de nada y de todo. Incluso compartir un silencio acompañado contigo
sería una dicha. En otra nota más prosaica, ¿podría humildemente pedir más
bolsas de té y una barra de chocolate Cadbury’s Dairy Milk?
Todo mi amor, como siempre,
William.

Neve suspiró al abrir la segunda carta. Las palabras de William ya no eran
la panacea que solían ser, pero eran como pequeños puñales enterrándose en
su corazón como si, de algún modo, supiera que ella había hecho espacio
también para Max allí.

Querida Neve,
¿Me has olvidado? Siempre respondes mis cartas más rápido de lo que
habría creído posible, incluyendo los caprichos del correo, pero ya han pasado
dos semanas y no he tenido nada de ti en mi buzón. Me llegó tu e-mail diciendo
lo ocupada que te encontrabas en el trabajo. Una vez más, me pregunto si
estar rodeada de esos libros llenos de polvo es la mejor manera de usar tus
dones académicos, pero eso es algo que podremos discutir cuando regrese.
Todavía anhelo una taza de té decente y algo de buen chocolate (aunque
uno de mis más queridos amigos en LA me ha iniciado en las delicias
refrescantes del helado de yogur o el “froyo” como nunca lo llamaré) así que, si


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tienes tiempo, puedes enviarme un poco, estaré eternamente en deuda. No
queda mucho, Neve, para que podamos compartir un buen té en persona.
Con Amor,
William.

Neve sólo había leído ambas cartas dos veces cuando su celular sonó.
Tan pronto como vio el nombre de Max en la pantalla, su corazón se aceleró,
justo como lo hacía cuando solía leer las cartas de William.

¿Puedo hacer el amor locamente con tu línea de teléfono a las 11 p.m.,
tu horario? Max x.

A diferencia de cualquier correspondencia de William, sólo tomó quince
palabras de Max para que sus senos se hincharan y para sentir ese punto en
medio de sus piernas pulsar de anhelo.
Los sentimientos que Max despertaba en ella eran emocionantes, pero
sólo se trataban de sexo. No era romance y, definitivamente, no era amor, así
que no había necesidad de sentirse tan culpable al responderle a Max: ¡Creo
que eso puede ser arreglado! Neve x, antes de irse a alistar para su cita con
Jacob Morrison.







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Traducido por Pixie
Corregido por Fangtasiia.

ra muy difícil planear la vestimenta adecuada que te llevaría del té
de la tarde al rechazo de un súper agente y al cine con tu
distanciado padre.
Neve quería verse guay y bajo control y desvanecer todos los recuerdos
del sudado y aturdido lío en el que había estado la última vez que había visto a
Jacob Morrison —o su padre, llegado el caso. Después de un falso comienzo
con un vestido envolvente negro, se decidió por su nuevo traje de pantalón y la
blusa con estampa cereza daba la impresión adecuada. Usualmente, vestía
pantalones con largas remeras o túnicas que cubrían la barriga y el trasero,
pero luego de contorsionarse de aquí para allá en el espejo del baño, debía
admitir que ni la barriga ni el trasero se veían lo suficientemente ofensivos como
para ser cubiertos. También era la primera vez que se vestía para un evento
mayor sin enviarle fotos a Celia, por mensajes de texto, de sus opciones de
vestuario, Neve se dio cuenta de eso mientras colocaba clips en la cuña de
espuma en la coronilla de su cabeza y se las arreglaba para hacerse una cola
de caballo abultada, luego de sólo dos intentos.
Luego se puso sus Converses, pero llevaba sus tacones de siete
centímetros en la cartera, Neve se detuvo en la Oficina de Correo para enviarle
a William una caja de PG Tips, dos enormes barras de Cadbury’s Dairy Milk y una
rápida nota de disculpa por el retraso y por la ausencia de correo, y disculpas
en general. Neve se sentía tan culpable de que no había tenido tiempo para ir
a Sainsbury’s y comprarle a William sus bolsas de té preferidas Red Label, que
envió el paquete con prioridad por una suma que habría hecho que sus ojos se
hicieran agua si no estuviese determinada a evitar que su máscara se corriera.
Pero tan pronto como empujó el paquete hacia un empleado del correo, Neve
sintió que empujaba lejos a William, para lidiar con él en una fecha posterior y
así ponerse en camino a la reunión con Philip, con la conciencia limpia y una
cantidad, de regular a mediocre, de mariposas en su estómago.
Se refugiaron en el café cruzando de la calle del club de Jacob Morrison,
cada uno con una taza de grasiento té, así Neve podría escuchar la última
entrega de los problemas de relación de Philip, que era exactamente igual a
las entregas anteriores.
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—…así que él se ha mudado con este pequeño jovencito que estoy
bastante seguro que tiene el hábito de la metanfetamina —terminó Philip al
final de un disperso monólogo enlistando los muchos errores que Clive había
cometido para con él—. ¿Realmente crees que el amor lo puede todo?
—¿Pero realmente lo amas? —preguntó francamente Neve—. Quiero
decir, ¿se conectan a un nivel espiritual?
Philip vaciló debido a que no había absolutamente nada espiritual
acerca de Clive, aparte de su consumo de vodka. —Bueno, no pero…
—¿Así que es el sexo absolutamente fenomenal? Como, cuando lo ves
realmente no estás escuchando nada de lo que dice porque todo lo que
puedes pensar es ¿cuánto tiempo pasará antes de que ambos estén
desnudos? No puedes comer o dormir porque estás pensando en el sexo, y
todo lo que él tiene que hacer es enviarte un mensaje de texto y tú estás
mojad… tienes una erección.
—Dios, no. No hemos tenido sexo en semanas. Clive dice que me ve más
como una salida emocional que… —Los ojos de Philip parpadearon
rápidamente detrás de sus anteojos—. ¿Acabas de decir erección sin siquiera
bajar tu voz?
—Es una palabra perfectamente aceptable —dijo Neve a la defensiva—.
Creo que deberías ignorar mi vocabulario y concentrarte más en el contenido.
—Tomó un momento para reunirse a sí misma—. Tienes que dejarlo.
—¿Dejarlo? —repitió Philip incrédulo—. No puedo simplemente dejarlo.
—¿Por qué no puedes? No viven juntos, no dependen uno del otro y él te
hace completamente miserable. Yo diría que dejarlo es tu única opción.
Philip miraba su taza de café. —Él puede ser muy amable y comprensivo
cuando quiere.
Neve se abstuvo de pedir a Philip que le diera tres ejemplos de Clive
siendo amable y/o comprensivo. —Sé que es difícil siendo esta tu primera
relación gay…
—No sé porque de repente piensas que eres experta en relaciones gays o
cualquier otro tipo de relación —dijo Philip malhumorado. Philip estando
malhumorado era todo un tema ya que odiaba la confrontación. Ni siquiera
podía mirar EastEnders porque todo el griterío y las peleas, en y alrededor de
Albert Square, lo molestaban muchísimo—. Sólo has estado en una relación por
cuestión de semanas.


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—Meses de hecho —dijo Neve, tan malhumorada como él, hasta que
recordó que debía contenerse—. Sé que no es una relación real pero, bueno,
estoy feliz, y si puedo sentirme así en una relación falsa entonces, tú deberías
sentirte así en una real. Honestamente, Phil, hemos estado teniendo la misma
conversación sobre Clive por tres años.
—La misma conversación no. Hay variaciones en el tema.
—Pero las variaciones son que está tratándote aún peor de lo que lo
hacía la última vez que hablamos sobre él. Prométeme que al menos pensaras
en decirle que te largarás. —Neve empujó su té ya que tenía un resabio rancio
y aceitoso—. Quiero decir, si ni siquiera están teniendo sexo, entonces ¿Cuál es
el punto?
—Bueno, no hay necesidad de preguntar si ese aspecto de tu falsa
relación está yendo bien —dijo Philip con aspereza.
Neve espero a que sus mejillas ardieran, y cuando no lo hicieron, decidió
que no había daño en una enigmática sonrisa, aunque se sintió más como
sonrisa de oreja a oreja. —No me puedo quejar —dijo—. Bueno, tengo muchas
quejas pero ellas tienen más que ver con tener que ver a Jacob Morrison en
quince minutos.
—Quizás él quiere felicitarte por tu brillante estilo de prosa —admitió
finalmente Philip, vencido y empujando su té lejos también—. Después,
prometerá que puede darte un adelanto de seis cifras y dejaras de venir al
trabajo y tomar mis llamadas.
—Difícilmente —dijo Neve, pero se permitió unos segundos para tratar de
imaginar cómo sería si las palabras de Philip se hicieran realidad. Parecía tan
inverosímil que se dio por vencida—. Y siempre tomaré tus llamadas. O tendré
mi AP para que tome tus llamadas.
—Nunca se sabe, Neevy. La gente tiene agentes y logran tratos por los
libros. No es completamente inaudito.
—Todo lo que realmente quiero que me diga es que va a presentarles
Bailando en el Borde del Mundo a los editores. Luego, me dirá que si bien
disfrutó leyendo mi lamentable intento de escribir una biografía, debería
atenerme a transcribir. Dios, nunca le pedí a él que lo leyera —dijo Neve con
mal humor—. Y le diré eso. Bien, no lo haré, pero estaré pensándolo muy
fuertemente.
—Estás siendo muy vulgar hoy, Neve. ¿Qué en la tierra te tiene así?
Esta vez la enigmática sonrisa fue más una sonrisa satisfecha. —Una dama
nunca besa y lo cuenta. —Miró el reloj en la pared—. Supongo que será mejor


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que termine con esto. ¿Y al menos pensarás en lo que te dije? Mereces estar
con alguien que te haga feliz.
Neve pensó que iba a tomar más que una agitada charla de ánimo para
convencer a Philip de liberarse de décadas siendo un felpudo. Era difícil
cambiar, pero no imposible, y si seguía presionándolo gentilmente en la
dirección correcta, entonces quizás él se liberaría de los agarres malignos de
Clive y mientras tanto, patearía a su malvada ex esposa a la cuneta también.
Aún reía a su imagen mental de un soltero y seguro Philip bailando en el
podio de un club gay, rodeado de musculosos hombres admiradores, mientras
ella caminaba hacia el comedor del club de Jacob Morrison, a lo que parecía
ser su mesa habitual, escondida en un hueco. Probablemente prefirió esa mesa
para que no haya muchos testigos cuando reduzca a una infeliz aspirante a
escritora a las lágrimas.
Jacob no sacó la vista de su BlackBerry mientras Neve se acercaba, pero
dado que él nunca aceptó su existencia voluntariamente, esperaba eso.
También olvidó cambiarse sus Converses, se dio cuenta al correr la silla,
pero no era como si la había invitado ahí para discutir su elección de calzado.
Neve ordenó una taza de té a una mesera que pasaba, luego decidió
tomar el toro por las astas —¿Jacob? Disculpa, pero tengo otra reunión después
de esta. —Sonó mejor que decir que iba a ver una comedia romántica con su
padre.
—Oh, lo siento. Creo que paso más tiempo en Twitter que trabajando —
dijo Jacob, aún paralizado por su BlackBerry y no sonando molesto en lo más
mínimo de que Neve haya decido hablar antes que él—. ¿Cómo estás? Te ves
bien.
—Estoy bien —dijo cuidadosamente Neve, porque no estaba segura si era
una pregunta capciosa y que Jacob la golpearía con un “¿Cómo es posible
que puedas estar bien cuando los capítulos que me enviaste fueron mal
escritos, pobremente construidos y carentes de cualquier contenido
discernible?”
Pero no lo hizo. Apagó su BlackBerry, levantó la mirada y le sonrió, y Neve
no pudo evitar destacar lo obvio. —No sabía que usabas anteojos.
Él usaba un par de gruesos y negros anteojos de nerd que lo hacían ver
cien veces menos intimidante que cuando no hay nada interponiéndose entre
él y su mirada penetrante. Jacob toco el marco con un gesto nervioso y se veía
un poco perplejo. —Bueno, me pongo mis lentes de contacto cuando voy al


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Archivo, aunque irritan mis ojos —reveló. Al menos eso explicaba por qué
fruncía tanto el entrecejo.
Neve tomo el señuelo. —¿Por qué no puedes usar tus anteojos en el
Archivo?
Jacob Morrison, súper agente literario, realmente se retorció en su silla. Si
quitas el traje de diseño, el corte de pelo costoso y la línea de la mandíbula
cincelada, se veía como un pequeño niño que había sido atrapado con sus
manos en la lata de galletas. —Solía trabajar en el Archivo cuando vine de
Cambridge —dijo finalmente—. George, el Sr. Freemont, se sentaba en el
escritorio de al lado y pasaba una gran parte de cada día burlándose por el
grosor de mis anteojos. Eso era, cuando no se burlaba por mis pocas
habilidades para catalogar y mi fracaso general como ser humano.
—¿Así que él era así, incluso entonces? —pregunto Neve.
—Peor. Creo que de hecho se suavizó con la edad —dijo Jacob con una
sonrisa—. Pero Rose solía dar la cara por mí. Y hubo un tiempo cuando hice
algo absolutamente inconcebible mientras hacía una taza de té, así que no fue
todo tan malo.
—¿Qué le hiciste a su té?
Jacob sacudió su cabeza solemnemente. —Eso es un secreto que me
llevaré a la tumba o hasta que me tengas horriblemente ebrio.
Neve rió, y a pesar de que se había imaginado pasar la reunión entera
con monosílabos, pasó los siguientes diez minutos disparándole preguntas a
Jacob para poder conseguir toda la mugre del Sr. Freemont y reportársela a
Chloe y Philip, porque Rose obviamente se las había guardado para ella todo
este tiempo.
Eventualmente Jacob elevó sus manos en protesta. —¡Suficiente! Eso no
fue para lo que te invité a tomar el té. Quiero hablar sobre Lucy Keener.
Cada instinto que poseía Neve le gritaba que se tensara y entrara en
pánico, pero trató de ignorarlos debido a que se encontraba aquí por Lucy en
primer lugar.
Todo lo demás era sólo salsa, aunque si Jacob odiaba absolutamente lo
que había escrito, esperaba que lo hiciera rápido y relativamente sin dolor.
—Dijiste que te gustaba Bailando en el Borde del Mundo —solicito
nerviosamente.
—No me gusto —dijo Jacob, mientras Neve fruncía el ceño ya que él le
había enviado ese email—. Me encanto. Y también a mi asistente, mi corrector


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y mi novia que lo leyó de una vez y lloró las últimas cincuenta páginas. Creo
que has descubierto una de las grandes novelistas británicas, Neve.
—¿Lo he hecho? —Neve se permitió relajarse un poco—. ¿Y los poemas e
historias cortas? ¿También te gustaron?
Jacob asintió. —Sí, mucho. Aunque los poemas e historias cortas son más
difíciles de vender que las novelas, pero cruzaremos ese puente cuando
lleguemos a él.
Neve decidió que el hecho de que Jacob haya dicho “cruzaremos” en
vez de “cruzaré” no significaba nada importante. —¿Así que presentaras
Bailando en el Borde del Mundo a los editores, entonces? —Sonrió tristemente—.
Sé que está fuera de mis manos, pero me siento muy protectora hacia Lucy.
Él le frunció el ceño a través de sus anteojos y Neve se cerró otra vez. —
¿Vamos a ir al grano, Neve?
Ella asintió abatida.
—Los primeros dos capítulos que enviaste eran muy artificiales. Era todo
contar, no mostrar. Realmente quería darle sentido al trasfondo de Lucy, dónde
fue a la escuela, quién dirigía la tienda de la esquina, cómo se veía su cuarto,
los lectores necesitan tener una idea de quién es Lucy para poder comenzar a
importarles.
Neve bajó la cabeza. —Oh, bien, bien…
—Pero luego agarras un ritmo cerca de la mitad del capítulo tres, cuando
su hermana Dorothy se va de casa para casarse, y realmente me gustó como
comenzaste a construir la relación que Lucy tenía con su padre —dijo Jacob
sonriéndole—, creo que estás lista para un buen comienzo.
—¿Lo estoy? —Neve no pudo ocultar la sorpresa en su voz.
—Lo estás, pero que no se tu suba a la cabeza —dijo Jacob
bruscamente, pero con otra sonrisa para quitar el resquemor de sus palabras—.
Ahora, quiero presentar un paquete a los potenciales editores de Bailando en el
Borde del Mundo, junto con un manuscrito completo de la biografía y una
colección de sus mejores poemas e historias cortas. Me gustaría que trabajemos
juntos en eso ya que tú tienes un mejor entendimiento del material.
—Pensé que quizás podrías dividir los poemas e historias por décadas,
para que funcione casi como una autobiografía —dijo Neve enérgicamente—.
Su escritura cambio muchísimo si comparas sus historias cortas escritas durante
la guerra con los poemas que escribió tres años después de que terminó y


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Charles Holden se casó. Aunque supuse que habría un vacío cronológico
cuando…
—¿Neve, escuchaste lo que dije? —pregunto Jacob, frunciendo el ceño,
a pesar de que ella ya se acostumbraba a eso—. Me gustaría que tú terminaras
de escribir la biografía de Lucy para poder presentársela a los editores.
—¿Estás seguro? Porque no soy la escritora adecuada. Quiero decir,
tengo un par de cosas publicadas en Isis cuando me encontraba en Oxford,
pero eso en verdad no cuenta. ¿Qué pasa si me estanco? ¿Qué si tengo un
bloqueo de escritor? —Neve estaba a punto de pasarse una mano por el
cabello debido a la agitación cuando recordó que tenía una cuña de espuma
allí. En cambio, se conformo con exprimir sus manos—. Un libro entero. —¿Cuán
largo se supone que debe ser, de todas maneras?
—Vale, necesitas tomar unas respiraciones profundas —le aconsejó
Jacob, llamando a una mesera—. Te pediré un vaso de agua para que no
comiences a hiperventilar.
Esperó hasta que Neve se aferró al vaso de agua mineral para salvar su
vida, antes de continuar. —Sólo piensa en escribir este libro como si fuera la
disertación para tu MA, pero con menos teoría literaria.
Neve había llegado al club de Jacob esperando lo peor, y ahora que lo
peor parecía ser que ella tenía una representación literaria y luz verde para
terminar la biografía de Lucy, no sabía cómo reaccionar. Tomó respiraciones
superficiales y trató de abrir su boca para decir algo. Cualquier cosa.
—Gracias —dijo finalmente—. Gracias. No puedo decirte lo que significa
para mí.
—Bueno, lo que significa es que te he pedido que escribas un libro en tu
tiempo libre y sin pago. Y una vez que este hecho, si puedo lograr un trato, tú
nunca ganaras dinero por él.
—No me importa el dinero. —Neve respiró y era la absoluta verdad.
Jacob Morrison teniendo fe en ella y su escritura era más que suficiente.
También era más de lo que jamás espero—. Oh Dios mío, puedo casualmente
referirme a “mi agente” cuando hable con la gente. —Se pausó ya que Jacob
la miraba como si estuviera loca. Se sentía más que desquiciada—. No es que lo
vaya a hacer, porque la gente pensará que soy una completa tonta.
—Realmente lo harán —dijo Jacob—. Iré a mi oficina para elaborar un
contrato, pero ¿debemos firmarlo antes de comenzar a hablar de la logística?
Pasaron una feliz hora discutiendo la gran cantidad de trabajo que Neve
se comprometió a hacer. No sólo la escritura, sino contactar a la Asociación de


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Ex Alumnos de Oxford para ponerse en contacto con los contemporáneos de
Lucy, y hablar dulcemente con la mujer a cargo del archivo personal de la
familia Holden sobre dejarle tener acceso a sus papeles privados. Incluso
contactar al Agregado Cultural de la Embajada de Rusia para echar algo de
luz a los dos años que Lucy pasó en ese país. Era intimidante pero también muy,
muy excitante.
Incluso mejor, Jacob iba a usar su influencia para conseguirle una
semana de cuatro días en el archivo sin que le recortaran su salario, dado que
cualquier publicación del trabajo de Lucy Keener beneficiaría al ALL y —Estás
prácticamente con salario mínimo.
Justo cuando tenía los ojos llorosos por la posibilidad de una película
biográfica de Lucy Keener con Kate Winslet en el papel principal, Neve miró su
reloj. No podía creer que había estado allí por dos horas.
—Querido, no tenía idea de que fuera tan tarde —dijo disculpándose—.
Tengo que estar en Camden en cinco.
Jacob asintió, pero ya sacaba su BlackBerry. —Mi asistente te mandara un
email —dijo, mientras Neve arrastraba su silla hacia atrás—. Y tendré un gran
placer al llamar a George Freemont mañana para decirle que tendrá que
arreglárselas sin ti un día a la semana.
—Gracias —dijo Neve fervientemente, dado que había estado temiendo
esa conversación en particular.
—Créeme, será un placer. —Cuando Jacob rió y le guiñó un ojo, Neve
decidió que era algo bueno que su corazón ya tuviera dueño, porque tener un
enamoramiento con tu agente sería muy poco profesional—. Mejor corres, no
querrás llegar tarde.





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Traducido por ♥...Luisa...♥
Corregido por MaryJane♥

eve habría escrito en la caminata de media hora de Bloomsbury a
Camden preocupándose por el rencuentro con su padre, pero
pasó los treinta minutos de eso en el teléfono con Phillip
volviéndose cada vez más nervioso mientras ella visualizaba puerta tras puerta
cerrándose en su cara, mientras que los guardianes de los documentos privados
de la familia y los archivos literarios se negaban a admitirla. De hecho, se
encontraba tan ocupada en el llanto de Phillip, mientras giraba en la autopista,
que le tomó un segundo recordar por qué estaba allí. Aunque llegaba diez
minutos antes, porque siempre llegaba diez minutos antes, su padre ya se
encontraba de pie fuera del cine, dándole una dura mirada al hombre sin
hogar que le contaba una historia un poco triste con la esperanza de ganar
cincuenta peniques. Neve esquivó el carrito de compras del hombre sin hogar,
que estaba lleno hasta el tope con abultadas bolsas de transportistas, y se
detuvo junto a su padre.
—No voy a decirlo de nuevo. Sal de aquí y consigue trabajo —decía Barry
Slater, cuando vio a Neve—. Ahí estás. Entremos, no quiero perder los
adelantos.
Hubo un breve abrazo de narices chocando y codos golpeándose, antes
de que entraran. Por supuesto, su padre ya había comprado las entradas y
Neve fue enviada al baño ("tu madre siempre va diez minutos durante la
película y se pasa el resto del tiempo haciéndome preguntas"). Cuando salió, su
padre la esperaba de pie con dos botellas de agua y una pequeña tina de
palomitas de maíz.
—Es salado —dijo, mientras se dirigían a la sala uno—. ¿Puedes comerlas?
¿Está bien para mis niveles de colesterol?
—Cogeré unas pocas, pero tal vez no deberías comer cosas que tienen
mucho sodio —dijo Neve, y se obligó a mirarlo bien, sin que sus ojos se desviaran
en el último momento. Se veía bien, bronceado, sin las líneas grabadas en su
cara que había pensado que eran permanentes, y su estómago era mucho
menos panzón de lo que lo había sido—. Mamá dijo que estabas buscándote a
ti mismo, parece estar funcionando. —Su padre se acarició la tripa.
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—Echo de menos mi cerveza —murmuró con voz ronca, por lo que Neve
supuso que habían acabado de hablar acerca de su colesterol, también sabía
que una vez que se sentara, se moriría por no abrir la boca.
Mientras esperaba que la película comenzara, Neve se preguntó qué
hacía allí. Su padre no parecía incluso un poco atormentado por la culpa por
las cosas que se habían dicho y por las que no se había dicho. Tal vez pensaba
lo mismo sobre ella. Era difícil saber con Barry Slater.
Noventa minutos después, Neve se encontraba de un humor mucho
mejor. El pelo de Jennifer Aniston había sido súper brillante, su co-estrella era
guapo de una manera muy resistente, la mejor amiga obligatoria era
excéntrica, la trama no era muy falo-céntrica, y todo había terminado con un
beso en el Central Park en primavera. Neve sabía que probablemente debería
dedicar más tiempo a ponerse al día en el cine de Europa del Este, pero
realmente amaba una buena película para chicas.
—¿Lo disfrutaste, papá? —preguntó ella, mientras hacían su camino fuera
del cine, la mano de su padre en su codo en caso de que no pudiera bajar por
las escaleras por su cuenta.
—Estuvo bien —dijo—. Aunque no sé lo que Brad Pitt pensaba. Imagínate
dejar a una mujer así.
—No creo que lleguemos a conocer la verdadera historia —murmuró
Neve porque no quería animarle.
—Tienes el coche aparcado en la esquina. Pensé que tendríamos una
cena en casa de Marco —dijo su padre, y Neve se resignó a otras dos horas
llenas de tensión.
Se dirigieron a Finsbury Park, en un silencio interrumpido sólo por el salvaje
y asesino carácter de Barry Slater frente a todos los conductores en la carretera.
También puso en entredicho a sus madres, mientras que Neve apretaba el pie
en un pedal de freno imaginario.
Ella podía decir el momento exacto en que su padre estuvo relajado. Fue
cuando la puerta del restaurante se abrió para dejar salir el soplo cálido de ajo
y pan fresco y Marco, el dueño, se apresuró a darles la bienvenida en su interior.

—Señor Slater, ha pasado mucho tiempo —exclamó, y luego él y su padre
se aplaudían entre sí con valentía en la espalda y mientras se abrían paso a una
mesa junto a la ventana, fueron recibidos por el señor y la señora Chatterjee
que vivían al lado, pero una puerta enfrente de la casa de sus padres.


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El buen humor de su padre no mostró signos de disminuir, sobre todo
cuando Neve le dijo que su corazón podía manejar una pizza, siempre y
cuando no estuviera cubierta de demasiado queso, y una vez que sus dedos se
enrollaron alrededor de un vaso de vino tinto, Neve estaba segura de que todo
iba a estar bien. Habían tenido un mal comienzo, pero era de esperar después
de tres años de no decirse mucho el uno al otro. Sonrió cálidamente a su padre
mientras sacaba un rollo de papel arrugado del bolsillo trasero de sus
pantalones.
—¿Trajiste algo para leer? —le preguntó su padre mientras abría ¿Qué?
un computador.
Fue entonces cuando Neve supo que nada había cambiado. Sentado
allí, leyendo como solían hacer no significaba que todo iba a estar bien.
Significaba que su padre no tenía nada que decirle y Neve no tenía ni idea de
qué decirle a él. Rebuscó en su bolso y sacó Gay de China en Chalet School
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.
Si no podía tener comida reconfortante, entonces, tendría una lectura
reconfortante en su lugar. Ni siquiera había terminado el primer párrafo cuando
su padre soltó un gruñido.
—No sigues leyendo todavía esos sangrientos libros Chalet School,
¿verdad?
—Bueno, releyéndolos, pero…
—¿Te acuerdas cuando tu tío George se encontró con el conjunto
completo de cincuenta libros de tapa dura en el despeje de la casa en Lytham
St. Annes ... —Neve tuvo que detenerlo ahí.
—Tenía cincuenta y ocho libros de tapa dura, en realidad.
—Manejé toda la noche a recogerlos, y cuando abriste la caja la
mañana siguiente, comenzaste a llorar lo suficientemente fuerte para despertar
a los muertos —recordó Barry Slater, como si la reacción de Neve aún le
preocupara.
—Eran lágrimas de felicidad.
—Esa es razón suficiente para llorar sin hacerlo cuando estás también feliz
—dijo, dándole a Neve una mirada extraña.
—Supongo —murmuró Neve sin comprometerse mientras empezaba a
leer de nuevo.

84
Es una serie de aproximadamente sesenta novelas de Elinor Brent-Dyer, publicadas
inicialmente entre 1925 y 1970.


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—Me acuerdo de Eustacia va a la Chalet School —anunció su padre con
orgullo y Neve se vio obligada a levantar su cabeza otra vez.
—¿Cómo es posible que te acuerdes de eso? No los leíste cuando yo fui a
la cama, ¿verdad?
—Supéralo —se burlo Barry Slater—. Me lo contaste todo en ese tiempo
cuando fuimos a Morecambe, cuando almorzamos juntos. Tu madre aún no me
ha perdonado por ello.
—Para que lo sepas, tampoco tenían Seels y Dougie —dijo Neve, y no
tuvo que forzar una sonrisa en esta ocasión, su padre sonreía también.
—Así que, ¿por qué estás leyendo esos libros sangrientos una vez más
cuando tienes una licenciatura sangrienta en Oxford?
Así que, Neve le dijo que había empezado a releerlos en busca de
consuelo cuando las cosas habían sido muy agotadoras en el trabajo.
Entonces, le habló de la Junta General de Accionistas, y cuando Marco llegó a
recoger sus platos de la cena, le contaba acerca de su nueva actuación en la
escritura y su agente recién adquirido.
—Estoy tratando de no tener un completo ataque de pánico con esto —
concluyó ella, mientras su padre pedía un café descafeinado y un té de menta.

—Siempre has tenido un don para contar historias. Recuerdo cuando
ayudaste a Celia con su tarea de inglés, rescribiendo Romeo y Julieta y
estableciéndola en Coronation Street, eso no le hizo ningún bien.
—Oh, no sé nada de eso. A ella le encantaba trabajar en moda.
Su padre resopló porque en lo que a él concernía, trabajar en la moda no
era un trabajo adecuado y nunca lo sería.
—No pensé que tendría un escritor en la familia. Tu abuela estaría muy
orgullosa de ti, Neevy.
—¿En serio? —preguntó ella, pisando con cuidado, ya que su tregua era
tan nueva, tan frágil, y su padre nunca hablaba de su madre.
—Ella era una mujer muy brillante, pero su padre, que sería tu bisabuelo,
no creía que las niñas necesitaran educación. No la dejaba ir a la secundaria
local, después de sus 11-plus
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. Así que tuvo que dejar la escuela cuando tenía

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En el Reino Unido, el 11-plus o, eleven plus es un examen administrado a algunos estudiantes
en su último año de educación primaria, para la admisión a los distintos tipos de escuela
secundaria.


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quince años para que pudiera comenzar a ayudar económicamente en casa.
Ella siempre lamentó eso.
—Debes de extrañarla mucho. Quiero decir, murió cuando tenías
dieciocho años y, bueno, no puedo imaginar lo que haría si algo te pasara a ti
o a mamá. —Su padre levantó las cejas.
—Le harías frente, cariño. —Neve respiró hondo.
—Mira, papá, lo siento acerca de lo que…
—Estoy orgulloso de ti. Puede que no siempre lo demuestre, pero tú eres la
primera Slater en ir a la universidad, por no hablar de Oxford, y no puedo
pretender que sé exactamente lo que haces en la biblioteca, pero nunca se te
ocurra disuadirte de las oportunidades que se te presentan en el camino.
Puedes hacer cualquier cosa si fijas tu mente en ello, y no sólo estoy hablando
sobre escribir un libro.
Ella se sentía agradecida de que eso fuera todo lo que su padre iba a
decir acerca de su peso, porque en la última hora, Neve podía sentir el
resentimiento y el dolor de los últimos tres años, poco a poco menguando,
desvaneciéndose en el fondo, aunque no fueran totalmente exorcizados.
—¿Sabes, papá? no importa cuántas cartas tenga a mi nombre, sigo
siendo yo. Y nunca voy a olvidar de donde vengo.
—Eres un Slater hasta la médula —dijo su padre con orgullo—. De ahí
sacaste ese cerebro. Amo a tu madre, pero su familia, se encontraba en la cola
de la fila cuando se repartía el sentido común, toda la porción sangrante de
ellos. —Una vez que se había aclarado, de repente, era fácil saber lo que había
que decir.
—¿Puedes venir a mi piso? La manija está suelta en el cajón de los
cubiertos y la ducha sigue goteando, incluso cuando la he apagado.
Barry Slater nunca era más feliz que cuando podía realizar algunas
reparaciones domésticas menores. Después de que Neve hubiera encerrado a
Keith en su dormitorio, porque los hombres de mediana edad con cajas de
herramientas eran otra cosa que le daban a él un ataque de vapores. Su padre
también inclino un cuadro, ajusto la hora en su reloj del horno y se ofreció a
montar un estante en la sala del corredor para su bicicleta.
—Sería sacarla del camino —comentó mientras Neve le mostraba.
Sacaría la bicicleta del camino, pero haría también que Charlotte pensara que
Neve lo había hecho para su beneficio y eso nunca podría suceder.
—No, está bien —le dijo Neve—. Realmente no molesta a nadie.


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Neve estaba a punto de abrir la puerta cuando su padre le puso la mano
en el brazo.
—Por lo tanto, este tipo con el que tu madre dijo que salías... espero que
te esté tratando bien. —El tipo en cuestión llamaría en media hora a hablar
absoluta basura por el teléfono. Neve se ruborizó.
—Por supuesto que lo hace.
—Mejor que lo haga. No está bien que te lleven a cuidar a ese perro.
Podría volverse contra ti en cualquier momento —murmuró Barry Slater oscuro,
un complemento perfecto para la expresión de su rostro, y al igual que Neve se
resignó a terminar su reunión con una nota amarga, abrió los brazos hacia ella.

—¿Tienes un abrazo para tu viejo, entonces? —Nunca hay y nunca habría
nadie que pudiera sostener a Neve y hacerla sentir tan segura y a salvo. Fue de
buena gana a sus brazos y hundió el rostro en su hombro para poder oler el
suavizante de su madre y el aserrín de donde había estado perforando agujeros
en la pared y ese otro olor indefinible, indescriptible que era su padre.
—Bueno, podemos soltar los brazos alrededor de nosotros ahora —dijo su
padre con aspereza, y trató de dar un paso atrás, pero Neve lo sostuvo más
cerca, hasta después de varios minutos, la besó en la parte superior de la
cabeza y la dejo ir—. Será mejor que me vaya. Tu madre creerá que fui
secuestrado.
Neve finalmente abrió la puerta de la calle, y al igual que su padre salió, y
dijo—: ¿Tal vez podríamos ir a ver una película de Cameron Díaz la próxima vez?

—Ella no puede sostener una vela
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a Jennifer Aniston, pero me gustaría
un montón.





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No se puede comparar.


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Traducido por Violet_7
Corregido por LizC

ax voló de regresó a un Londres que era tan soleado que incluso
las tiendas tapiadas en Stroud Green Road lucían bonitas con la
luz reflejándose en sus rejillas metálicas. Neve casi podía
pretender que también había estado en L.A, ya que cada tarde, ella y Max
cenaban en la terraza de él, o descendían por la destartalada escalera de
incendios que llevaba desde su cocina hasta el jardín comunal trasero. Neve
prefería la terraza de él porque no había ninguna Charlotte quitando
deliberadamente la ropa tendida o haciendo comentarios mordaces sobre
Neve y la fragilidad de los muebles de jardín.
Neve se movió por la semana, aturdida por la fatiga ya que Max sufría de
jet lag y seguía despertándose en la mitad de la noche. Claro, una vez que Max
despertaba, estaba despierto y Neve despertaría jadeando porque él le hacía
cosas deliciosas. Tampoco ayudaba que iba a la cama tarde y despertando
temprano para reescribir el capítulo siete de su biografía de Lucy Keener,
después de que Philip le hubiera dado algunas críticas constructivas y Jacob
Morrison le hubiera dado algo de crítica que era tan brutal que dejo a Neve
devanándose. Cuando no se encontraba inmersa en el mundo de Lucy Keener,
Neve se atascaba en la oficina trasera de los Archivos o en los brazos de Max.
De cualquier manera, no le dejaba mucho tiempo para dormir.
El brillo rosado que siempre había dado por sentado, ahora era eclipsado
por las sombras bajo sus ojos, y la única cosa que le ayudaba a Neve a pasar a
través de los días eran cantidades industriales de café.
—No puedo creer que aún estés en la etapa de falta de sueño de tu
relación —dijo Chloe una tarde de viernes cuando fue a la oficina trasera para
descubrir que Neve había cabeceado en medio de una cinta que transcribía—
. ¿No se ha acabado la novedad aún?
—Si tuvieras que escuchar a Lavinia Marjoribanks hablar acerca de como
hubiera tenido una carrera literaria más exitosa sino hubiera rechazado los
avances de Vita Sackville-West, también te d