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Psicoanálisis y criminología

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concepción económica, el ocio se considera un bien de consumo de primera

necesidad; en este sentido la función de utilidad de un sujeto está en relación a

dos variables: renta y ocio. En una primera aproximación se puede considerar el

ocio en cuanto una medida de tiempo equivalente a tiempo libre. A partir del inicio

del siglo XIX el tiempo libre aumentó: la comparación entre 1860 y 1960 de las

estadísticas nos muestra una reducción de la semana laboral: en EEUU de 70 a

37 hs. y en Francia de 85 a 48 hs. Desde esta perspectiva el ocio surge como un

efecto del sistema de producción. Entonces: ¿a menor tiempo de trabajo, mayor

tiempo libre? Creer que es una relación simple es ingenuidad, puesto que la

relación es metabolizada en el discurso capitalista a través de la implementación

de un "mercado del ocio" que se ocupa de su planificación, surgiendo la dialéctica:

diversión-aburrimiento.

La connivencia del sujeto referida por Lacan al respecto del trabajo del

obsesivo, hoy vale para todos, ¡qué negocio! El mercado del ocio es el mejor

negocio (nec-otium). Para el tedio que genera, el capitalismo también tiene una

numerosa oferta: psicofármacos, drogas, alcohol, SPA, realidad virtual y hasta

ludoterapia. Nada se pierde, todo es aprovechable en la producción, y de este

modo el discurso capitalista se impone como rechazo a la castración y su producto

es un “in-mundo” ideal en donde sus habitantes son “his majestic de global

baby”, alienados en los gadgets (objetos ready-made-trush) y que sufre de

“panic attack”.

Sobre finales del siglo XX y principios del XXI, el “ataque de pánico” –así

denominado– se convierte en un síntoma contemporáneo que es padecido por

muchos y que revela un modo de sufrimiento particular. Como psicoanalistas

sabemos que el trieb –pulsión– es el dato radical (Imbriano, 1997). Por ello

plantear el tema conlleva la pregunta: ¿cuál es la situación de la satisfacción

pulsional –goce– en la vida contemporánea?

Sigmund Freud nos ha legado un saber respecto del poder de las palabras.

Las palabras utilizadas para una denominación son, en principio, tan solo

palabras, ni más ni menos que palabras. Tienen el poder de definir las cosas,

también de construirlas. Sirven para que expresemos sentimientos,

pensamientos, también para crearlos, no sin sus consecuentes imágenes que

suscitan emociones y conmociones.

El denominado “Ataque de pánico” no queda fuera de este destino. ¿Qué

construye la expresión ‘ataque de pánico’?

Los medios masivos de comunicación muestran, en parte, la vida

contemporánea al modo de una “vidriera de maldad insolente” (Discépolo, 1935).

Tomaremos dos ejemplos, entre muchos estilos que abundan, ilustrativos para

nuestro propósito: 1.- Los titulares de los diarios tales como: “Enviarán otros diez

mil soldados a …, se anunció un nuevo despliegue de fuerzas… se considera una

guerra preventiva: sigue la violencia” (La Nación, 2003); 2.- Los bloques

publicitarios televisivos tales como: “¿te asustan los deportes tranquilos?”,

pregunta llevada a la imagen por una placa en pantalla que aparece luego de

otras imágenes que muestran dos figuras - un joven jugando al golf y otro joven

jugando al ajedrez -, unidas por un único efecto sonoro: un desgarrador y

penetrante grito de una voz desesperada siendo la concreta figura de la pulsión

invocante. No por casualidad, ambas figuras se conjugan con una imagen que

muestra juveniles caras apáticas. ¡Y todo eso, para publicitar la práctica de

deportes de alto riesgo!

Medios masivos de comunicación, ¿qué comunican? En parte,

comunican sobre aquello que se puede hacer, tener, comprar, adquirir, cambiar,

consumir, violentar, etc. (no descartamos que cumplen con otras funciones).

Desde este punto de vista, relacionan a productores con consumidores:

¿Libres para comprar?

Y, hablando de negocios, ¿qué mejor negocio que sembrar semillas de

violencia? Luego de ver los noticieros, al desvanecerse las últimas imágenes

invade una inquietud que no es más que el retorno en forma desordenada de

retazos de violencia: la violación a un menor, un crimen premeditado, un

asesinato por error, un niño desnutrido, un secuestro-express, bombas estallando,

cuerpos despedazándose. Violencia mezclada en innumerables vericuetos.

Violencia organizada, violencia espontánea, se conjugan en un caleidoscopio de

escenas: el cuerpo de un suicida roto en el pavimento, las figuras despedazadas

de múltiples víctimas de las guerras, una catástrofe natural, etc. Ha sido sin duda:

¡un noticiero interesante!

Se renueva una pregunta: ¿Por qué las sociedades cultivan la

violencia? Buscando algún horizonte releímos la carta que en 1932 escribiera

Einstein a Freud y su respuesta a la Propuesta de la Liga de las Naciones. En

estos documentos se destaca la pregunta: ¿Hay algún camino para evitar a la

humanidad los estragos de la guerra? Y una respuesta:

(…) cuando los hombres se encuentran exhortados a la guerra, por

cierto que, entre ellos cuenta el placer de agredir o destruir,

innumerables crueldades de la historia y de la vida cotidiana

confirman su existencia y su intensidad,… muchas veces tenemos

la impresión de que los motivos ideales solo sirvieron de pretexto a

las apetencias destructivas aportándoles un refuerzo inconsciente.

(Freud, 1976,j)

No podemos dejar de mencionar otras formas de violencia como la

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