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MANRES A

REVIST A

D E

ESPIRITUALIDA D

IGNACIAN A

83

cuerpo er Ejercicios espirituales

83

Mariola LÓPEZ UILLANUEVA

Religiosa del Sdo. Corazón, Doctoranda en Teología. Granada

M a Clara L. BINGEMER

Profesora de Teología. Río de Janeiro

Asun PUCHE

Psicóloga, acompaña Ejercicios. Manresa

Josep M. RAMBLA

Jesuíta, colabora en EIDES-CiJ. Barcelona

Ceferino GARCÍA

Jesuíta, Superior de Comunidad. Salamanca

Carlos DOMÍNGUEZ

Jesuíta, Psicólogo Director del Centro Francisco Suárez. Granada

MANRESA

REVIST A

DE

ESPIRITUALIDA D

IG NACÍ AN A

Sumario

Mariola LÓPEZ, rscj: El cuerpo en nuestra cultura. Habi­ tar sabiamente y con otros el propio cuerpo

5

M a Clar a LUCCHETT I BINGEMER: El misteri o de la encarnación como "ejercicio". Reflexiones sobre la corporeidad en los Ejercicios

15

Asun PUCHE: Las bases somáticas del discernimiento

 

27

Josep M. RAMBLA, S.J.: El sentido de la penitencia corporal, hoy

39

Ceferino GARCÍA RODRÍGUEZ, S.J.: Enfermedad, En­ fermos y Cuidadores en los escritos de san Ignacio ...

55

Carlos DOMÍNGUEZ, S.J.: Claves psicosociales del éxito. Reflexiones de cara a la "Cuarta Semana" de Ejer­ cicios

71

Recenciones

93

Vol. 83 - N° 326 - CENTRO LO YOLA - Madrid

- Enero - Marzo

2011

Director: José A. García, S.l.

Redactor Jefe: Pascual Cebollada, S.l.

Secretario: Carlos Coupeau, S.l.

Consejo de Redacción: Antonio T. Guillen, S.L; Javier Melloni, S.L; Diego M. Molina, S.L; Luis M. a García Domínguez, S.l; M. a Luz de la Hormaza, ACI.

Redacción: (Artículos.

Reseñas.

Notas

bibliográficas). Centro

Loyola.

Pablo Aranda,

3.

28006

Madrid. Teléf.: 91

562

49

30

-

Fax:

91

563

4 0

73.

wvw.monomedia.biz/jesuitas/pages/compaF1 EDa-de-jesFAs/publicaciones/manresa.php e.mail: manresarev@jesuitas.es.

Diseño de cubierta: Belén Recio Godoy.

Precios de suscripción para 2011

España:

29

Europa

48

USA / Canadá

58

América Latina / África

55

Asia / Oceanía

66

Número suelto

8

(IVA incluido)

En las tarifas al extranjera se incluye el transporte aéreo, por medio de un servicia especial de reparto, con garantía de entrega y en tiempo reducida.

MANRES A

tratará durante 2011 los siguientes temas:

Enero-marzo:

El cuerpo en

los Ejercicios espirituales.

Abril-junio:

La elección, camino y nombre de la unión con Dios.

Julio-septiembre:

La vida cotidiana como vida en el Espíritu.

Octubre-diciembre:

La tercera semana de los Ejercicios.

Depósito Legal: M-1.436-1958 I.S.S.N.: 0214-2457

TPG

-

La

Granja, 45

28100 Alcobendas (Madrid^

Presentación

iempre fue verdad que somos cuerpo, no que tenemos cuerpo, pero durante mucho tiempo la espiritualidad cristiana pudo olvidar esta verdad considerando al cuerpo como algo accidental al ser humano e incluso como su enemigo. En los tiempos modernos, sin embargo, la vuel- ta de ese olvido ha derivado en el peligro contrario: como si sólo fuéramos cuerpo, como si el cuerpo fuera el único centro de atención de la vida. Entre esos dos extremos la revelación bíblica se distancia por igual del primero y del segundo. La encarnación la aleja del primero ya que en ella la corporalidad humana es asumida por el propio Dios en ese maravilloso intercambio del que tantas veces nos habla la liturgia cristiana. El realismo bíblico se distancia también del segundo pues conoce muy de cerca los infi- nitos desvarios a los que puede llevar el "hombre carnal"

¿Y san Ignacio? ¿Cómo ha visto y tratado el tema del cuerpo en los Ejercicios? ¿Ha contado con él en el proceso espiritual del ejercitante cami- no del encuentro con el amor y la voluntad de Dios o lo ha dejado de lado? De eso precisamente trata este número de Manresa. El artículo de Mariola López sobre el cuerpo en nuestra cultura tiene un carácter introductorio. De soporte de nuestra historia personal y de una vida abierta a la plenitud de Dios, el cuerpo se está con virtiendo actualmente en extensión de la imagen de nuestro ego. Desconectado de su intimidad se vive como objeto de las miradas exteriores y por ello se cosifica y tecnifi-

ca como si fuera una mercancía

¿Qué hacer ante tal presión cultural?

A quién,

... ¿Cómo recuperar al poeta: "De un cuerpo se me ha hecho don

... dime, debo agradecer por la apacible alegría de respirar y vivir"? Siguen a continuación tres artículos que entran de lleno en el tema cen- tral de este número. Uno primero de M a Clara L. Bingemer rastrea la pre- sencia de la corporeidad humana a lo largo de todo el proceso: en las Adiciones para las que el cuerpo de quien se ejercita ocupa un papel cen- tral; en la Aplicación de sentidos que buscan con-formar en cuerpo y espí- ritu la persona del ejercitante con la persona o personas contempladas; en

el uso de los sentidos, llamados a ejercerse al modo de los de Jesús, etc. Asun Puche escribe un segundo artículo sobre las bases somáticas del discernimiento, tema muy poco abordado hasta ahora y muy original. "El cuerpo, dice la autora, contiene todos los niveles de profundidad del ser y habla de ellos mediante las sensaciones; más gruesas en las capas más exte­

riores y más finas y sutiles en las más interiores. Abrirse al lenguaje de las sensaciones en todos sus gradientes de densidad es la escucha en el sentir" Ése es el tema y recorrido de este artículo que se apoya en descubrimien­ tos neurológicos y en algunas técnicas llegadas a nosotros desde Oriente. El tercer artículo es de Josep M. Rambla quien aborda el tema de las penitencias corporales en los Ejercicios. Con la solvencia y profundidad que le son propias, Rambla va recorriendo los momentos, objetivos, for­ mas, condiciones y reservas que toma la penitencia corporal a lo largo de los Ejercicios. Un tratamiento modélico para quien desee comprender la importancia de que la corporalidad humana se adhiera también a la decisión

de nuestro yo; de que el cuerpo

se entere y secunde lo que Dios quiere de

nosotros. Todavía dentro de este tema monográfico el lector podrá encontrar un último artículo de Ceferino García sobre la enfermedad, los enfermos y los cuidadores en los escritos de san Ignacio. Se trata de un recorrido original de las Constituciones y Cartas del santo donde aparecen el pensamiento y los consejos que da Ignacio a estas tres categorías de personas. Muy actual ciertamente. Y por fin, sin una relacionado directa con el tema pero sí en sintonía con él, un estudio de Carlos Domínguez sobre las claves psicosociales del éxito y su relación con la cuarta semana de los Ejercicios. En una primera parte al autor revisa críticamente el concepto de éxito en nuestra cultura. En la segunda se acerca al texto ignaciano para descubrir las luces que arroja sobre este tema y qué podemos aprender nosotros de él.

El cuerpo en nuestra cultura. Habitar sabiamente y con otros el propio cuerpo

Mariola López

E l 16 de noviembre de 1989, aparecían en los medios de comunica­ ción de todo el mundo las imágenes de ocho cuerpos esparcidos por el suelo, seis hombres y dos mujeres, abatidos impunemente duran­

te la madrugada por balas de ametralladoras. Ocurría en El Salvador y todos los que tengamos acceso a esta revista conocemos sus nombres. Sus cuerpos brutalmente enmudecidos, hablaban. La memoria de esos cuerpos continúa alentándonos hoy y han quedado unidos, solidariamente incorpo­ rados, a todos los cuerpos heridos y violentados de la historia, a la multitud de cuerpos vulnerados; a esos cuerpos que sufren, resisten y sanan. Ellos son la otra cara, el reverso de los iconos por excelencia de la era de la glo- balización, de esos cuerpos jóvenes, musculados, bellos y etéreos que apa­ recen por doquier.

El cuerpo es la primera condición de posibilidad de nuestro ser en el mundo 1 . De él depende cómo nos vamos situando y sólo cuando lo habita­ mos realmente podemos recorrer un viaje sanador. Somos el único ser de la creación que posee la capacidad de habitar, el don de establecer en espa­ cios y tiempos vínculos de comunión y de comunicación 2 . Gracias a este cuerpo que somos, a este continente que nos contiene, podemos vincular­ nos y establecer conexiones. Nuestras maneras de relacionarnos están con­ figuradas por él porque no hay experiencia de amor, y por eso no hay expe­ riencia de Dios y de los otros, que no ocurra en nuestro cuerpo. Lo que vemos, lo que oímos, lo que tocan nuestras manos (Un 1) es aquello que conforma la realidad para nosotros y que nos hace existir de un

1 "El cuerpo no es solamente aquello que el hombre tiene delante suyo, sino que es sobre todo

... prolongación que, para bien o para mal, vamos actualizando en todos los instantes de nuestro tra­

aquello que es el mismo en la multiplicidad de sus relaciones históricas

y el mundo es nuestra

yecto biográfico". L. DUCH y J-C. MELICH, Escenarios de la corporeidad. Antropología de la vida cotidiana 211, Trotta, Madrid 2005, p. 238.

2 o.c,

p. 250.

Manola López

modo único y concreto. Nadie tiene nuestro mismo modo de sonreír, de enfadarnos, o de besar, y es a través del cuerpo como el cauce afectivo de nuestra vida toma forma y se despliega. No tenemos otro lugar ni otro acce- so a la experiencia de lo humano, a ese lugar único de Dios que somos cada uno de nosotros.

El Cuerno

es

el

soporte

^ er0

^ a ciutur a

e

n

^ a Q ue est amo s

inmersos no nos

t

conduce a habitar nuestro cuerpo, sino más bien a

precioso

de

nuestra

v

j v

i r

extrovertidos en él, a usarlo, a someterlo, a

historia

y

de

nuestra

condicionarlo estéticamente

...

a convertirlo en un

apertura

a la Plenitud

 

ídol °'

disponemos de medios para ejercer un

grado de control sin precedentes sobre los cuerpos. Se han globalizado los hábitos de comportamiento y es sorprendente el gran número de ofertas sobre la reconstrucción del pro- pio cuerpo y su recreación. Los cuerpos que nos muestran los medios apa- recen desprovistos de todas las señales que asociamos con la experiencia vital y el paso del tiempo. La otra cara de este deseo de diseñar el cuerpo, de querer detener los signos visibles del tiempo sobre nosotros, esconde el anhelo de una identidad lograda, de una aceptación de la propia realidad,

  • f- de una sed por coincidir al fin con nosotros mismos. El cuerpo es el sopor- te único y precioso de nuestra historia limitada en el tiempo y de nuestra vida abierta a la Plenitud. Vamos a recorrer diversos registros sobre esta presencia del cuerpo en la cultura actual, sus aspectos preocupantes y peligrosos, y aquellos que nos ayudan a habitar sabiamente y con otros el propio cuerpo. Pero antes de adentrarnos necesitamos recordar y tener presente que "la mayoría de los cuerpos de nuestro mundo no son cuerpos occidentales bien alimenta- dos, con acceso a agua limpia, cuidados sanitarios y una vivienda digna, y cuyas inquietudes principales son alcanzar el bienestar psicológico, sexual y espiritual. Son cuerpos pobres, abandonados y enfermos que gritan pidiendo justicia a un mundo ensordecido por el poder, el militarismo y la riqueza. 3 "

1. Cuerpos remodelados

Vivimos en una cultura obsesionada por el cuerpo, que valora la juventud, el erotismo y la belleza. La presión mediática de la sociedad de consumo nos lleva a desear conseguir "un cuerpo sano, en buena forma física, más o menos

3 T. BEATTIE, Reflexiones

teológicas, corporalidad

religión. Abril 2002, pp.85-97.

y misticismo,

en Conciliura 295, Cuerpo y

El cuerpo en nuestra cultura

narcisista, volcado al exterior, dentro del canon estético dominante en el que se retrase lo más posible o se disimule su deterioro biológico 4 ". ¿Quién se siente inmunizado ante el virus de querer permanecer el mayor tiempo posi- ble joven y sano? Se nos cuela silenciosamente por todos los poros. "Comprar belleza", cambiar la apariencia per-

sonal, la complexión individual o ponerse implan-

Desconectado

 

de

SU

intimidad,

 

atento

SÓh

tes corporales, se ha convertido en un elemento esencial de la vida de las ciudades de Occidente.

» „ .

i

;

w

,

.

,

a

Las miradas

 

y a Los

Muchas personas consideran que una cara estirada

espejos

que lo

o una liposucción son la mejor senda para mejorar su vida, su carrera profesional y sus relaciones. Los

interpelan

 

cuerpos, y especialmente los cuerpos de las muje- res, se convierten en el campo de batalla de la publicidad 5 . Los sociólogos sostienen que está emergiendo un nuevo individualismo basado en la actua- lización continua y en la reinvención instantánea del yo; se pretende com- prar éxito en la vida. Queda patente hoy día la presión que las técnicas de

consumo ejercen sobre las personas para que transformen y mejoren todos y cada uno de los aspectos de sí mismos 6 . Desde lo más externo (hábitos de vida) a lo más interno (prácticas de ingeniería genética) el cuerpo humano está sometido a múltiples prácticas de modulación. El cuerpo se nos muestra así como una extensión de la imagen del ego, pierde su valor ético y sus dimensiones más gratuitas y aumenta su valor técnico y comercial. Su culto provoca una sacralización de la figura exte- rior del cuerpo, un narcisismo de la apariencia, como si los poderes del cuerpo cultivado propiciaran una mayor felicidad personal, mayor consi- deración y éxito sociales, liderazgo sobre los demás y mayor capacidad de atracción sexual. Se da una sobreestimación del cuerpo como si éste fuera la esencial rea- lidad humana y se asume la cultura de la modificación del cuerpo (body- building) como un proyecto personal. Se dedican horas y horas, dinero,

sacrificios

...

En bastantes ocasiones llevados a sus últimas consecuencias. 7

4

C. PERA,

"Pensar

Madrid 2006, p. 24 ..

desde el cuerpo.

Ensayo

sobre la corporeidad

humana",

Triacastela,

  • 5 "Combate la celulitis", "ataca las zonas rebeldes", "elimina las arrugas", "lucha contra esos kilos de más", "stop a las grasas", "desafía a la flacidez".

* "Hay una generación emergente de consumidores a la que podría denominarse

Generación

Plástica, que equipara la cirugía estética con las compras, se consume rápidamente y con resul- tados inmediatos". A. ELLOT, Dar la talla. Cómo la cirugía estética transforma nuestras vidas, Ed. 45, p. 172.

  • 7 Desde el adelgazamiento obsesivo en la mujer joven que puede abocar en una anorexia y el excesivo remodelado muscular de los gimnasios, hasta las restauraciones, las correcciones y las transformaciones, que afectan a la imagen estética y que en algunos casos llegan a costar la vida.

Mariola López

Hasta en las ofertas de viajes podemos encontrar paquetes turísticos con

"escapadas

para

remodelarse

." 8

En un mundo acelerado, móvil, líquido, la cultura de la cirugía estética fomenta la fantasía de la infinita plasticidad del cuerpo y de sus múltiples posibilidades de transformación. Los anhelos más hondos del ser humano encuentran aquí un espejismo cautivador y adictivo. El mensaje de la indus-

tria de la remodelación corporal es que no hay nada que detenga la capaci- dad de reinventarnos a nosotros mismos. Se quiere celebrar la transforma- ción personal, pero el tipo de identidad alimentada por esta cultura dista

mucho de ser nutritiva

...

"Tal vez el botox haga parecer más joven pero es

poco probable que favorezca la apreciación de la fragilidad y la finitud

humana ...

que nos haga felices durante mucho tiempo 9 ." El cuerpo se des-

conecta de su propia intimidad y ya sólo presta atención a las miradas y a

los espejos que lo interpelan. Este excesivo cuidado externo conlleva una disminución del contacto con la propia hondura de los cuerpos, con su belleza interior, con su capa- cidad para evocar, en cualquier etapa de su limitada existencia, la trascen- dencia que los habita. Frente a estos cuerpos modelables, "radiantes y bellos", preocupados por el más leve indicio de caducidad y de disfunción, emergen otros cuer- pos carentes, invisibles y no respetados, que buscan espacios donde poder afirmarse y sencillamente respirar y vivir.

2. Cuerpos invisibles y desechables

Los cuerpos necesitan su espacio vital para desplegarse. Es el espacio

propio de nuestra corporeidad, de nuestro ser en el mundo, y vamos exten- diéndolo y ensanchándolo. A lo largo de la historia los seres humanos han manifestado, personal y colectivamente, esa tendencia a conquistar el espa- cio, por eso todo "cuerpo extraño" es percibido como un peligro potencial para el espacio vital en el que todo cuerpo se asienta, como si fuera un asal- to de sus fronteras. Así vivimos los países occidentales, levantando barre-

ras: leyes, sanciones, muros

...

frente a aquellas personas "sin sitio", cuer-

8 "Los países de todo el mundo compiten para ofrecer una infraestructura médica y tecnoló-

gica que facilite a los occidentales ricos la oportunidades de someterse a operaciones de cirugía ... En lugares como Malasia, Thailandia y Dubai se ofertan paquetes turísticos quirúrgicos: una com-

binación de tratamientos quirúrgicos, playas soleadas y compras

... tura de la cirugía estética de su inserción y visibilidad en las grandes urbes de Occidente y tras-

Esto conlleva "sacar" la cul-

ladarla a otros lugares del planeta con salarios inferiores", O.c, pp. 138-148.

  • 9 O.c. pp. 127-128.

El cuerpo en nuestra cultura

pos humanos desprovistos de un espacio vital, que sólo disponen de su pro- pio espacio corporal y que buscan un lugar mínimo imprescindible para la intimidad y para la supervivencia. Cuerpos convertidos en objetos de con-

sumo, en mercancías, en instrumentos de usar y tirar tantas maneras el cuerpo del otro! 1 0 Son cuerpos anónimos para los medios que se presentan ante nuestros ojos hacinados, en una bus- queda desesperada de un territorio, de otros espa- cios donde poder coexistir. Muchos son cuerpos de

...

¡Se puede negar de

E¡¡0¡

¡

cuerpo

s

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-V aeseCHüuOS, CUerpc

que

Sufren,

resisten

y

color y cuerpos envejecidos antes de tiempo, ros- sünün tros de mujeres y de niños, que nos ayudan a tomar conciencia de su presencia aquí y ahora y a ensan- char nuestra capacidad de humanidad. Reclaman un mundo que debería ser compartido y cohabitado, y que se va haciendo cada vez más exclusivo y privado.

El escritor Amin Maalouf señalaba en una entrevista: "Hay una crisis del

vivir juntos que se manifiesta en todas partes

culturalismo en Alemania ha sido un fracaso

...

la experiencia del multi-

... pero no es el único país en

el que la experiencia ha fracasado. Eso no quiere decir que no intentemos vivir juntos, porque no queda otra opción, pero hay que ver de qué mane-

ra. ..

La tarea de este siglo es enseñarle

a la gente cómo vivir juntos 1 1 ".

Necesitamos aprender a respetar los espacios, a compartirlos y a huma- nizarlos para poder ver al otro (sacarlo de su invisibilidad) y ver en el otro

(vislumbrar en su interioridad), no a un extraño, ni a un invasor

...

sino a

alguien en quien puedo descubrirme y reconocerme a mí mismo. Otros cuerpos que aparecen como desechables en nuestras sociedades son los cuerpos envejecidos. La cultura occidental devalúa activamente a las personas mayores y sobre todo el cuerpo de las mujeres mayores. El binomio cuerpo/envejecer evoca desencuentro, conflicto, y malestar. La vejez ha dejado de ser la época de la sabiduría, para convertirse en la época de la impotencia. En su provocativo libro "Vidas desperdiciadas", Bauman sostiene que la principal angustia del siglo XXI es la del miedo a ser desechable. Se trata

l 0 "Más de 27 millones

de cuerpos humanos, hombres, mujeres y niños, son esclavos ilegales

del siglo XXI: cuerpos esclavos para el mercado de trabajo o para el mercado del sexo

...

Cuer-

pos humanos vergonzosamente rentables desde el punto de vista económico dada su indefensión

total ...

comprados y vendidos al mejor postor por circuitos mañosos globales; cuerpos alejados

de toda legislación sobre sus derechos como trabajadores y tratados por quienes de ellos se han

adueñado como si fueran desechables". C. PERA, O.C, p. 79. " Entrevista en el diario EL PAÍS, 20-10-2010.

Manola López

del temor que las personas sienten actualmente a que se prescinda de ellas, a quedar desplazadas o a ser desechadas: "Lo que todos parecemos temer

es el abandono, la exclusión, el que nos rechacen

nos despojen de lo que

... somos, nos nieguen aquello que deseamos ser. Tememos que nos dejen

solos, indefensos y desgraciados. Privados de compañía, de corazones que

aman y de manos que

ayudan

...

Tememos

que se deshagan de nosotros' 2 ."

En cualquier etapa de la vida, nuestro cuerpo busca relación. Esos cuer- pos invisibles y desechables llaman a nuestras puertas como catalizadores de lo más valioso del ser: su profunda dignidad y gratuidad. Son cuerpos que sufren, resisten y sanan, nos sanan cuando nos volvemos permeables a sus presencias y a sus historias, y toman rostros y nombres concretos para nosotros. ¿Podremos ayudarnos a reconocer en nuestra cultura de la apa- riencia y de la eficacia el valor escondido de estos cuerpos y todo su poten- cial de humanidad?

3. Integridad de la creación y de los cuerpos

En este ensalzamiento actual del cuerpo necesitamos encontrar la justa cercanía y el cuidado necesario para relacionarnos con él, ni por exceso (la atención desmedida al cuerpo) ni por defecto, (no escuchar sus necesida- des), podremos establecer un vínculo sano con el propio cuerpo. Mantener una relación saludable con nuestro cuerpo y restablecer el

espacio digno y el respeto hacia el cuerpo de los otros, tiene que ver tam- bién con recuperar el contacto con la tierra. Una compañera comenzaba así hablando de ella: "Soy tierra, agua, fuego, aire, minerales, fragilidad y posi-

bilidad de plenitud

La conciencia de nuestra propia corporeidad se con-

... vierte en la gran maestra de la vida porque a la vez que nos lanza a la cre-

atividad y al futuro, nos hace tocar el límite y la vulnerabilidad que nos her-

mana con todo y con todos

Te alegras con la belleza de las palmeras y te

... dueles con el humo contaminante del cobre o del dióxido de carbono " ... Somos con la creación y el daño que le infligimos a ella, recae sobre noso- tros. La violencia que hacemos al cuerpo de la tierra se multiplica en los cuerpos humanos. Necesitamos recuperar la tierra para sanarnos, necesita- mos dejar que pueda armonizar sus dimensiones, respetar sus ritmos y ciclos, honrarla en su misterio.

1 3

12 Z. BAUMAN, Vidas desperdiciadas: la modernidad y sus parias, Paidós, Barcelona 2006, p.

164.

1 3 "Pegados a la tierra que tocan nuestros pies nos hacemos barro con el barro, agua con el agua, viento con el viento, fuego con el fuego, humano y humana con el olor de los humanos y sus luchas cotidianas", C.M. FAGOT, en www.rscjinternational.org/es/profiles/2948-carmen-mar- garita-fagot-rscj-provinces-of-puerto-rico-haiti-and-cuba.html

El cuerpo en nuestra cultura

Constatamos con dolor que la actual destrucción del medio ambiente en todo el planeta incide de lleno y de manera negativa en las personas. Cuan-

do nuestro entorno natural ya no remite a un cosmos de belleza y armonía sino que se convierte en caos, este desequilibrio resulta desestructurador para la misma corporeidad humana. La degradación de la naturaleza pro-

mueve la incomunicación, y "sirve de válvula de escape a la violencia

.La

.. actual crisis ecológica es un grito de alarma ante el posible trastocamiento, e incluso destrucción del cuerpo humano, en medio de una sociedad que ha

aplicado hasta el paroxismo el mortal esquema economicista de la oferta y la demanda". 1 4 Sin un verdadero cuidado de la tierra, del respeto por su bio-

diversidad, de tomar de ella sin avaricia

.no podrá darse un cuidado esen-

.. cial de los cuerpos. Una tierra herida es una de las mayores amenazas para

las poblaciones más vulnerables. ¿Aprenderemos a dejar respirar a la tierra, a dejarla ser, para poder recu- perar con ella nuestra respiración profunda? Practicar con la tierra esa

voluntad de no dañar, de no herir, de no violentar nada de lo que vive por- que todo está interconectado con todo y todo repercute en todo. Le decía una abuela indígena a su pequeña nieta en una novela de Laura Esquivel:

"Somos como las cuentas del collar de la creación y estamos unidos unos

con otros, cada uno ocupando el lugar y el espacio que le corresponde

...

El

movimiento de los astros es sagrado y el nuestro también. Nos une el mismo Invisible 1 5 "

4. Aprender de Oriente

Un rasgo de la cultura actual que repercute en nuestros cuerpos es la rapidez, la velocidad, la aceleración de la vida. También las redes provocan una "multipresencia" que tiene sus costos físicos y psíquicos. Nos sentimos fragmentados y divididos y necesitamos conectar con la sabiduría del cuer-

po,

recuperar su unidad esencial.

Las tradiciones espirituales de Oriente conceden una gran importancia

al cuerpo. Es con el cuerpo que todas las cosas comienzan

y

la

medita-

ción es un arte que enseña el uso de los pulmones, el abdomen, la espina

dorsal, los ojos Johnston).

...

"El

cuerpo

es lo primero,

Dios

viene

al final"

(W.

En las prácticas del hinduismo, el budismo o el taoísmo, el

cultivo

espiritual es, ante todo, corporal. Se cuida el crecimiento e integración

1 4

L.

DUCH y J-C.

MELICH, O.C. p.

215.

" LAURA ESQUIVEL, Malinche, Ed. Suma, 2006.

Manola López

espiritual de la persona comenzando por prácticas de entrenamiento físi-

,

,

co: "la espiritualidad, en Oriente, es corporalidad

Al monje

... meditar se le recomienda que cuide primero la higiene de garganta, nariz y oídos; que haga gárgaras, limpie bien sus cavidades nasales y se ejerci- te en respirar bien; que no se precipite a sumergir- se en el mundo del espíritu sin dar antes importan-

,

que va

a

Tendriamos

que

estar

.

,

A

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,

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ci

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¿el cuerpo. También lo hacia

ante nuestro cuerpo COmO el labrador

ante

V/Y

tPYYPYiO

así san Ignacio de Loyola en las adiciones

y ano-

taciones de sus

Ejercicios espirituales." 1 6

Desde las artes marciales a la meditación, pasando

por la estética del adorno floral, de servir un té, o de esmerarse en la caligrafía, en Oriente se le da una gran importancia a la respiración para que el cuerpo pueda retornar a su equilibrio primordial. Aprender a respirar bien tiene que ver con aprender a vivir hondamente porque en ese ritmo básico de la respiración está con-

tenido el latido profundo de nuestra vida: recibir y entregar, anhelar y aban- donarse, nacer y morir. A través del contacto con la respiración nos hace- mos presentes a nosotros mismos, a esa Vida Única que nos trasciende, a las presencias que acontecen cada día: "A través de esta conexión con lo más elemental de la existencia, accedemos al mismo tiempo a las mayores

profundidades de la experiencia interior

...

Tenemos

la sensación, cuando

estamos atentos al flujo y reflujo del aire en nosotros que experimentamos

una extraña plenitud

 

reencontramos

el contacto perdido con el cuerpo y

con

su ritmo sanador

(

...)

Es también el camino de vuelta

a

casa 1 7 ".

En las grandes ciudades ha crecido la oferta de centros de salud inte-

gral relacionados con el cuidado del cuerpo que adoptan prácticas de Oriente. Las imágenes occidentales, más dualistas, se encuentran someti- das a distintas influencias de regulación del propio cuerpo: las prácticas del yoga, el Tai- Qi ("energía fundamental"), el Qi-Gong ("trabajo sobre la energía") y las artes marciales japonesas, entre otras. Son herramientas que promueven la armonía y el equilibrio psicosomático de la persona y que aportan enormes beneficios cuando las incluimos en nuestras prácti- cas meditativas. El cuerpo necesita mantener regulado su equilibrio interior y el de su relación con el mundo externo. "Permanecer en nuestro cuerpo con los ojos

1 6 J. MASÍA, Cuerpo, mente y salud en el budismo de CHIH-I, THÉMATA. Revista de filoso- fía. Núm. 39, 2007. 17 J. MELLONI, El deseo esencial, Sal Terrae, Santander 2009. Recomiendo la lectura del capí- tulo 1: "Respiración y deseo esencial".

El cuerpo en nuestra cultura

abiertos, los oídos abiertos, con las palmas abiertas, con los hombros abier-

tos

...

con

una postura de atención," 1 8 enteramente presentes. Reconocer en

nuestro cuerpo el anhelo por recobrar la unidad, ese deseo de contacto y de intimidad verdaderos, una esperanza de totalidad y de completud.

5. Cuerpos amados y ofrecidos

Escribía Madeleine Delbrél: "Tendríamos que estar ante nuestro cuerpo como el labrador ante su terreno: saber lo que vale nuestro cuerpo, amar-

lo

"" Y sólo podemos experimentar algo así cuando no nos sentimos pro-

... pietarios de él, ni intentamos retenerlo ni apropiárnoslo, sino cuando, con las manos extendidas, lo acogemos como el mayor regalo, el don más valioso que hayamos podido recibir. Cuando nuestro cuerpo se sabe amado podemos ponerlo al servicio de la vida de otras personas y es capaz de comulgar con otros cuerpos.

Porque respiramos y late nuestro corazón estamos vivos, y vamos des- cubriendo que nuestro cuerpo, hecho para la palabra, necesita el silencio. Silenciar el cuerpo para poder reconciliar en él, la exterioridad y la interio- ridad, que constantemente necesita ser rehecha. Y en este cuerpo nuestro que va poco a poco envejeciendo, en este cuerpo frágil y caduco, poder experimentar algo tan sencillo y gratuito como respirar, acallar los ruidos, entregarnos a la sabiduría profunda de nuestro cuerpo y gustar con él y en él toda la realidad. Dejarlo erguirse desde dentro, buscando la verticalidad, como la buscan los árboles y las flores, brotando desde el interior. Recep- tivo y presente, abierto sin rechazar nada, ofrecido sin retener nada.

Cuando venimos al mundo lo primero que experimentamos es que alguien tiende sus manos para recibir ese cuerpo único y precioso que nos acompañará toda nuestra vida. Alguien nos toca al comenzar a exis- tir y también seremos tocados por última vez algún día. Recibimos un cuerpo para permanecer en él mientras dure nuestro viaje y para estable- cer con él contactos humanizadores, transmitir con nuestra piel, y con todos nuestros sentidos, el afecto, la calidez y la presencia que necesita- mos para desplegar este anhelo de amar que nos habita. El tiempo pasa por nuestro cuerpo y deja en nosotros sus profundas huellas, y en cada arruga del rostro de un hombre o una mujer ancianos, en sus cuerpos vacilantes y temblorosos, si miramos con detenimiento podremos descu-

1 8 B.J. SAMAIN, "El Zen me ha encontrado",

Collectanea Cisterciensia 6 2 (2000) 287-290

1 9 M. DELBRÉL, La sainteté des gens ordinaires, Nous autres gens des rúes, Missionnaires bateaux, Tome VII, Nouvelle Cité, 2009.

sans

Manola López

brir aquel reflejo de su niñez, aquel cuerpo que recién estaba siendo, en toda su inocencia y su belleza. Saber que algún día tendremos que despedirnos de este cuerpo, quizás con dificultad o con la misma naturalidad con la que acontecimos en él, emergiendo de la carne de tantas generaciones. Nuestro cuerpo nos ha rega- lado cuanto somos, desde aquel primer gesto de amor de los que nos engen- draron, hasta el último aliento que nos contendrá. Todo lo que vivimos se habrá grabado en su memoria, toda caricia y todo dolor quedarán final- mente guardados en su secreto y su ausencia nos devolverá esa Vida Pro- funda que no se pierde. Aquella madrugada del 16 de noviembre en El Salvador esos ochos cuerpos violentamente traspasados nos hablaban de un gran amor, de una pasión por rescatar los cuerpos más indefensos, por no dejar que los dañe el mal. Ellos nos enseñan a reverenciar cada rostro humilde, nos muestran el poder de nuestros cuerpos para sanar y bendecir, nos conducen en silen- cio hacia el cuerpo vulnerado de Jesús; hacia el misterio de su cuerpo ofre- cido y comido.

"De un cuerpo

se me

ha hecho

don

¿Qué

hacer

de este

bien?

¿Qué hacer

de este cuerpo

tan único

y

tan

¿A quién,

dime, debo

agradecer

por la apacible

alegría

de respirar y vivir?

mío?

" 20

O. MANDELSTAM, poemas en

El misterio de la encarnación como "ejercicio". Reflexiones sobre la corporeidad en los Ejercicios

M a Clara Lucchetti Bingemer

uizá nunca como ahora haya estado el tema del cuerpo tan en el • centro de la atención humana. La sociedad occidental, durante ^k^f largo tiempo identificada con una mentalidad dualista que desco­ necta cuerpo de espíritu, material de espiritual, tierra de cielo, mantuvo la cuestión del cuerpo un tanto exilada y silenciada. Desde hace no mucho, sin embargo, el cuerpo ha vuelto a ocupar el lugar que le corresponde: estar en el vértice de la comprensión misma del ser humano. Somos cuerpo, el cuer­ po es nuestra identidad. Cuanto más reprimamos todo aquello que se refie­ re al cuerpo, más veremos cómo eso que intentamos barrer de la atención personal y comunitaria reaparece con vigor, exigiendo sus derechos. Nues­ tro cuerpo dice quién somos y no prestarle atención significa perder el rumbo de nuestra propia identidad, incluso espiritual. Nuestro objetivo en este artículo será demostrar hasta qué punto

San Ignacio -al

revés de lo que dicen muchos de sus críticos- es plena­

mente consciente de la centralidad del cuerpo en la identidad humana. Esperamos demostrar igualmente que como fundamento de esta concep­ ción suya está una sólida teología que emerge de su propia experiencia espiritual. Finalmente esperamos que la llamada de atención sobre estos puntos ayude hoy a quienes hacemos o damos Ejercicios buscando la voluntad de Dios y el crecimiento de su Reino.

De la importancia de "ser" cuerpo

En las sociedades occidentales se piensa normalmente que el cuerpo humano es un objeto sólo relevante para áreas del conocimiento como la biología o la fisiología. Ahora bien, los trabajos antropológicos, así como los filosóficos y teológicos, presentan una extrema variedad de concepciones del cuerpo y de su papel en las relaciones personales y

comunitarias según las diferentes

culturas. Y lo que se percibe en esa

M a Clara Lucchetti Bingemer

gran diversidad es que el pensamiento occidental no aparece en este punto más "racional" que el de las sociedades llamadas "primigenias". Para estas últimas, el cuerpo es uno de los elementos constitutivos de la persona. Y se le concibe como hondamente integrado con todas sus otras dimensiones. La teología cristiana, que emerge del enlace entre la antropología

hebrea con la filosofía griega, encontrará ante todo en la Biblia las orien- taciones que le van a enseñar cómo entender su cuerpo y regular su rela- ción con él. La visión semita del Primer Testamento comprende al ser humano como cuerpo animado por el espíritu de Dios, pero también frá- gil y mancillado por las muchas situaciones de conflicto y violencia que recorren la historia de la humanidad. Es a historia no es otra sino la

misma

historia de la salvación. Al leer el N T percibimos que la expe-

riencia de Dios y la reflexión teológica son en el cristianismo experien- cia y reflexión sobre un Dios encarnado. Fuera de este dato central y absolutamente necesario, no hay cristianismo. 1 Sin encarnación, se eli-

mina la posibilidad de que Dios asuma todas las cosas desde dentro y viva la historia paso a paso, a contramano, por así decirlo, de su eterni-

«r

dad. Sin ella no hay cruz, no hay redención, no hay salvación

...

Tampo-

co alianza entre la carne y el Espíritu. El cuerpo humano está, por tanto, en el centro de la revelación cristia- na, ya que se trata de algo asumido por el mismo Dios en la Encarnación de su Hijo Jesucristo, que toma cuerpo humano y habita entre nosotros. Aunque ello lleve consigo consigo una fuerte Efl las Adiciones el dimensión kenótica y humillante, de acuerdo con . ' las palabras del himno de la Carta a los Filipenses

Cuerpo

ae quien

se

ejercita

buscando

encontrar

a Dios

y su

(Fu 2,5-11), ese gesto divino eleva por oro lado y engrandece la corporeidad humana. La rescata para

siemp 5 e

ya , q u *!í

í, vinida d abraz a l a carn e asu "

miendo su fragilidad hacia dentro de Si misma. Voluntad, es Central Dios se revela encarnándose, asumiendo un cuer- po que siente, que vibra, que goza y que sufre, una carne que tiembla, vulnerable al frío y al calor, al hambre y a la sed. 2 Cuer- po que comulga con nuestra mortalidad, padeciendo la tortura, la agonía y la muerte, siendo sepultado entre las tinieblas de la tierra como toda cria- tura.

y

  • 1 Cf. lo que dice el Diccionario

de las Religiones,

voz "Encarnación"; "Entrar adentro de la

carne", P. RODRÍGUEZ SANCHIDRIÁN, (aut.), Alianza Editorial, Madrid 2004.

2 Cf.

Ej

116.

El misterio de la encarnación como "ejercicio "

La fe cristiana proclama, sin embargo, que ese mismo cuerpo vence a la muerte por la fuerza del Espíritu, resucitado por Dios su Padre al tercer día. Ese mismo Espíritu presidirá la continuidad de la revelación del Crucifica- do-Resucitado hacia la plenitud. Y lo realiza habitando ahora en el mundo, en la Iglesia y en la corporeidad humana, en esta carne unida para siempre a la divinidad del Hijo de Dios. Así, el Espíritu hace del ser humano su tem- plo, su morada. Eso hace que Pablo exclame, lleno de admiración: "¿No sabéis qué sois templo del Espíritu y qué el Espíritu del Señor habita en vosotros?" (ICor 3,16)

Es ese cuerpo habitado por el Espíritu

Santo el que

se

va

a

ejercitar

según el método y el itinerario que Ignacio de Loyola propone en sus Ejer- cicios.

"Ejercitarse": cuerpo y espíritu

La Anotación primera (Ej 1), pórtico de entrada de los Ejercicios, nos dice, utilizando una analogía, que "así como pasear, caminar y correr son

ejercicios corporales, por la misma manera todo modo de preparar y dis- poner el ánima, para quitar de sí todas las afecciones desordenadas y, des- pués de quitadas para buscar y hallar la voluntad divina en la disposición

de su vida para la salud

del ánima, se llaman ejercicios espirituales"^ Esa

tónica permanecerá a lo largo de todos los Ejercicios, especialmente en su aparato crítico, las diversas Adiciones .

En las Adiciones, conjunto de orientaciones prácticas que da el Santo al director y al ejercitante (Ej 73-90), el cuerpo de quien se ejercita buscando encontrar a Dios y su voluntad, es central. Ignacio utiliza la cronología de un día de ejercicios para enseñar al ejercitante cómo posicionar y tratar su

cuerpo en el reposo y en la actividad (Ej 73-74.84), en los tiempos de ora-

ción y fuera

de ellos (Ej 75-77), al comer y al ayunar (Ej 83), al aplicarse

penitencias o dejar de hacerlo (Ej 85-89).

También el ambiente externo es parte importante de las adiciones, jus- tamente por el efecto que provocan sobre el cuerpo del ejercitante. Así es como san Ignacio recomendará durante la primera Semana (Ej 79) "privar- me de toda claridad para el mismo efecto cerrando ventanas y puertas el tiempo que estuviere en la cámara, si en el fuere para rezar, leer y comer", mientras en la cuarta Semana recomienda alterar el modo de proceder cor- poral, a fin de que la blandura de las estaciones y de la naturaleza puedan

M a Clara Lucchetti Bingemer

ayudar -por los efectos que producen en el cuerpo- a los sentimientos de

alegría

que deben acompañar la experiencia. 4

Pero es ciertamente al detenerse en el tiempo de oración propiamente dicha cuando la importancia del cuerpo brilla de manera más plena. Igna- cio explícita diversas posturas corporales que puede tomar el ejercitante

cuando reza y que deberán reflejar sus estados de alma. En ellos podrá sen- tir cuándo se le comunica más Dios. "Entrar en la contemplación, cuándo de rodillas, cuándo postrado en tierra, cuándo supino rostro arriba, cuán- do asentado, cuándo en pie, andando siempre a buscar lo que quiero. En

dos cosas advertiremos: la primera es

que,

si hallo

lo que quiero

de

rodi-

llas, no pasaré adelante, y si postrado, asimismo, etc.; la segunda, en el

punto

en el cual hallare lo que quiero, ahí me reposaré, sin tener ansia de

pasar

adelante,

hasta que me satisfaga.

" 5

El cuerpo es el lugar donde Dios escribe su "texto". Texto que deberá ser leído tanto por el ejercitante como por aquél o aquélla que lo acompa- ña. Las posturas corporales durante la oración deben, por tanto, ser muy bien observadas, ya que son altamente reveladoras de cómo está el ejerci- tante, siguiendo las mociones que el Señor le concede. El tiempo que sigue a la oración es de gran importancia también, ya que en él va a examinar el ejercitante su oración para poder narrarla fielmente a quien lo acompaña. Hay que distinguirlo y desconectarlo del tiempo de la oración propiamente dicha para que se pueda ver más claro. Nuevamente el cuerpo entra en acción. Ignacio deja bien claro que no hay que examinarse

en el mismo lugar ni en la misma postura en la que se hizo la oración. Al

revés, "después

de acabado el ejercicio, por espacio de un cuarto de hora,

quier asentado, quier paseándome, miraré cómo me ha ido en la contem- plación o meditación; y si mal, miraré la causa donde procede y, así mira- da, arrepentirme, para me enmendar adelante; y si bien, dando gracias a Dios nuestro Señor; y haré otra vez de la misma manera." 6

A través del rápido examen de estos párrafos tan importantes en el texto ignaciano, podemos ya ver más clara la importancia del cuerpo en los mis-

  • 4 Ej 229, 4 a nota. En esta 4 a semana en todas las

diez adiciones se han de mudar la 2 a , la 6 a , la

7 a , y la 10 a . La 2 a será luego en despertándome, poner enfrente la contemplación que tengo de hacer, queriéndome afectar y alegrar de tanto gozo y alegría de Christo nuestro Señor. La 6° traer a la memoria y pensar cosas motivas a placer, alegría y gozo espiritual, así como de gloria. La 7 a usar de claridad o de temporales cómodos, así como en el verano de frescura, y en el hibierno de sol o calor, en cuanto el ánima piensa o coniecta que la puede ayudar, para se gozar en su Cria- dor y Redemptor. La 10 a , en lugar de la penitencia, mire la temperancia y todo medio, si no es en preceptos de ayunos o abstinencias que la Iglesia mande, porque aquellos siempre se han de cum- plir, si no fuere justo impedimento.

  • 5 Ej

76,

4 a adición.

  • 6 Ej

77,

5 a adición.

El misterio de la encarnación como "ejercicio "

mos. Ignacio en su texto - a pesar de que pocos santos en la Iglesia lo supe- ran en rigor y osadía ascética- no se mueve en las clásicas distinciones entre ascética y mística, meditación y contemplación, que introducen en la idea y en la práctica de la relación de Dios con el mundo y el ser humano una concepción indefendible para un cristiano. Está ahí en juego la fe en el propio misterio de la Encarnación, alrededor del cual gira todo el Cristia- nismo. Y los Ejercicios dan testimonio de eso.

Los sentidos, puertas del cuerpo

Si creemos verdaderamente que Dios asumió nuestra humanidad en su ser divino, ningún hecho o ejercicio espiritual está pensado para sacarnos de lo terreno y lo natural, perdiéndonos en elucubraciones men- tales sofisticadas o racionalizaciones sobre verdades abstractas. Lo que

contemplamos y que se ofrece a nuestra oración hecha con todo nuestro ser, incluso de manera especial a nuestros sentidos, es la propia persona del Verbo Encarnado, camino único y privilegiado para el verdadero

Dios. 7 Ignacio pretende hacernos

experimentar este infinito misterio de

manera directa y sin preámbulos, con nuestros sentidos, ya desde la pri- mera Semana.

Puede resultar curioso que la primera vez que se propone en los Ejer- cicios el modo de orar de la "aplicación de sentidos" sea en la medita- ción del Infierno, al final de la primera Semana. Ignacio no la llama con ese nombre, aplicación de sentidos, pero el contenido de los puntos no deja lugar a duda: se trata de ver, con la vista de la imaginación; oír, con los oídos; oler, con el olfato; gustar, con el gusto; tocar, con el tacto (Ej 66-70). Es exactamente la misma terminología que usará después en las otras tres semanas, cuando el objeto de la aplicación de sentidos sea la persona de Jesús.

Sin embargo, aquello que se presenta a los sentidos del ejercitante (que Ignacio califica como "de la imaginación" pero que, siguiendo la línea interpretativa que asumimos arriba, no pueden ser separados de la corpo- reidad) es otra cosa distinta. Se trata de aplicar los sentidos para sentir ver- dadera e internamente la ausencia de Dios. El ejercitante debe abrir las puertas de sus sentidos para que en ellas entren para siempre "los grandes fuegos y las almas como en cuerpos incandescentes; llantos, alaridos, gri- tos, blasfemias contra Cristo nuestro Señor y contra todos su Santos; humo, azufre, sentina y cosas en putrefacción; cosas amargas, así como lágrimas,

7 Cf. PH. ENDEAN, Diccionario

de Espiritualidad

ignaciana, voz "Aplicación de sentidos".

M" Clara Lucchetti Bingemer

tristeza y el gusano de la conciencia; cómo los fuegos tocan y abrasan las almas." La composición de lugar propuesta para este ejercicio es el abismo

sin fondo

y sin perspectiva de salida de una situación

de

la que

Dios

 

está ausente y en

la que

no hay

modo de

retomar

la relación

con Él. Ignacio

usa

aquí las

mismas

Se trata

de aplicar

 

los

palabras de Pablo en la Carta a los Efesios

cuan-

sentidos

para

sentir

d

o

s

e

refier

e

a

l

Crist

o

glorificado:

"largura,

 

, , anchura y hondura" (Ej 65; Ef 3,18-19). Por con-

 

Ver

a

era

e

traposición, Ignacio desea que el

ejercitante

internamente

la

"sienta" verdaderamente aquello que desea sentir

ausencia

de Dios

 

desde los ejercicios

precedentes

de

la

primera

 

Semana: el aborrecimiento de sus pecados,

del

desorden de sus operaciones y del mundo con sus engaños y falacias. Si este quinto ejercicio de la Primera Semana no es aún una aplicación

de sentidos en la plena acepción de la palabra, es innegable que moviliza el sentir. Y de una manera muy profunda. Se trata de pedir y consentir que los n sentidos y la sensibilidad corporal sean afectados en el nivel de la repre-

sentación bajo el ángulo

negativo del rechazo, la repulsa. 8 Esa petición de

sentir internamente algo que duele y provoca asco y rechazo es motivado por el amor que se sabe débil pero desea ser fiel. Por ello suplica "al menos la fidelidad del temor" provocado por el "interno sentimiento de la pena que padecen los condenados, para que, si del amor del Señor eterno me olvida por mis faltas, a lo menos el temor de las penas me ayude para no venir en pecado." 9

Ahí está, según importantes autores, un argumento irrefutable contra la corriente de los comentaristas de los Ejercicios que ven en la aplicación de

sentidos un modo de orar "más fácil", puesto al final del día de retiro, cuan-

do lo esencial de la jornada ya

fue vivido. 1 0 El ejercicio del Infierno, quin-

to ejercicio de la primera Semana, exige del ejercitante mucho desprendi- miento de sí mismo, toda la apertura posible y entrega en manos de Dios para -después de haber constatado su pecado que llevó a la muerte de Cruz el Inocente (Ej 53); después de haber dado un grito de admiración ante la misericordia infinita de Dios que podría haberlo destruido y no lo hizo (Ej 61)- seguir aplicando sus sentidos en aquello que es repugnante y desagra-

  • 8 Cf. sobre este punto el bello libro de F. MARTY, Sentir et gouter. Les sens dans les Exercices Spirituels de Saint Ignace , Paris, Cerf, 2005, pp 78-79.

    • 9 Ej 65. 10 Ibid., p 79 n. 2.

El misterio de la encarnación como "ejercicio "

dable a su sensibilidad creada y poder así saborear el misterio del Amor creador, redentor y santificador. La intención de Ignacio es, parece, configurar de tal manera el sen- tir de aquél que hace los Ejercicios que su imagen misma de Dios sea re- configurada. El Dios omnipotente y justiciero, que descarga su espada para castigar a los malos y recompensar a los buenos, debe dar paso al Dios débil e impotente, victima pura y sin mancha que toma sobre sí todas nues- tras violencias, enfermedades y pecados. Así es como nos salva. Alejarse del amor de ese Dios es caer en la nada donde sólo existe desesperación, gritos, llanto, lamentación y fuego que quema sin consumir ni dar calor. Eso es lo que le enseñará el ejercicio del Infierno con su impacto sobre los sentidos del ejercitante, para el resto de su vida.

Los sentidos aplicados sobre la(s) persona(s) contempladas

El quinto (o último) ejercicio de un día típico en los Ejercicios de Segunda Semana es el llamado por Ignacio "aplicación de sentidos" (Ej 121-126). A pesar de la línea continua que puede encontrarse en todos los ejercicios del día -dos contemplaciones, dos repeticiones y finalmente la aplicación de sentidos- hay una diferencia por así decir estructural entre este modo de orar y los otros.

Las contemplaciones, y las repeticiones que sobre ellas se hacen, se van a detener sobre dos sentidos apenas: la vista y el oído que son los sentidos de la distancia. Se ve y se oye algo exterior que está fuera de nosotros. Los ojos y los oídos captan la imagen o el sonido de algo que no está en noso- tros, en nuestra interioridad. A pesar de que Ignacio recomienda que no se tome el contenido de la contemplación como algo extrínseco a nosotros mismos e invita explícitamente al ejercitante a hacerse presente al misterio (Ej 114), se trata con todo de ver y oír a otros que no son yo, y que busco y percibo con mi cuerpo y mis sentidos. Después de ver y oír se pasa a un mirar, considerando lo que hacen las personas vistas y contempladas. Se busca con ello que su hacer penetre en mí a través de la mirada que ya vio y escuchó anticipadamente y que ahora lo deja reposar en sí, considerando lo que fue visto y oído. Después se pasa al coloquio.

En la aplicación de sentidos se nombran los cinco sentidos. Y justa- mente el paso de los sentidos de la distancia (ver y oír) a los sentidos de la cercanía e intimidad (oler y saborear) y por fin al sentido de la expresión amorosa íntima y directa, con los gestos de abrazar y besar, denota una intensidad afectiva creciente. Todo ello parece indicar que Ignacio está pro- poniendo un ejercicio que exige una mayor concentración emocional y

M a Clara Lucchetti Bingemer

afectiva que los otros del principio del día. Se trata de "pasar" explícita- mente por el cuerpo todo lo que fue vivido durante el día

Nos parece central, ahí, la reafirmación que hace Ignacio de su antropo- logía y de su concepción sobre la relación entre Dios y el ser humano. Lo cual se vuelve más claro justamente al proponer la aplicación del olfato y del paladar al misterio con-

que COn-foriTlCl la

persona

del ejercitante

 

con

la suya

en cuerpo

y

templado.

El

texto ignaciano

no propone

oler

y

saborear "la divinidad" o "el ser divino" o "la sus- tancia divina", sino literalmente "oler y gustar con

e

l

olfat

o

y

co

n

e

l

gmt

o

l

a

in fl nita

suav id a d

y

dulzu-

espiritU ra de la divinidad del ánima y de sus virtudes y de todo, según fuere la persona que se contempla." (Ej 124) Se siente el perfume y el sabor de una divini- dad personal y encarnada, dotada de alma y virtudes, divinidad ésta que puede encontrarse también en otras personas totalmente humanas (María, los apóstoles) y no sólo en Jesús, que es divino y humano. La suavidad y dulzura infinitas de la divinidad de Jesús y de la santidad de las otras personas contempladas deberán conducir el "sentir" del ejerci- tante a máxima potencialidad. Absorbido por el amor que lo mueve, lo expresa tocando, abrazando y besando los lugares donde las personas pisan y se sientan. 11 Podrá, sin embargo, llegar el momento en que el rumbo de la aplicación de sentidos se altere; en el que el ejercitante se vuelva cada vez más pasivo y sea admitido por el Señor a una comunicación amorosa táctil de la cual no sea sólo emisor, sino también receptor. Ejemplos varios en la tradición mística del cristianismo nos permiten suponer que tales experien- cias suceden y dan fruto, aunque esos fenómenos más extraordinarios nunca sean muy divulgados o valorados, sino mantenidos por los místicos bajo una profunda discreción y pudor.

La aplicación de sentidos recoloca así los horizontes del ejercitante sobre la humanidad del Señor en la apertura de toda su afectividad que reci- be, siente, ve, oye, huele, saborea y toca el misterio del Señor que lenta- mente lo transforma de pecador en discípulo, de indiferente en apóstol y mensajero de la buena noticia. En testigo de que el Señor se deja encontrar y derrama la suavidad de su persona humana y divina en los cuerpos y cora- zones humanos, transformándolos y con-formando la persona del ejerci- tante con la suya en cuerpo y espíritu.

11 Es de notar el detalle de Ignacio, que frena cualquier exceso erótico que pueda haber en este punto y que lleve al ejercitante a sobrepasar los límites de la reverencia debida. Solamente Dios podrá superar las fronteras, haciendo de la experiencia una experiencia donde el Eros se movili- za. Esta iniciativa nunca podrá ser de la creatura.

El misterio de la encarnación como "ejercicio "

Imitar en el uso de sus sentidos a Cristo Nuestro Señor (Ej 247-248)

Al final del libro de los Ejercicios, después la Contemplación para alcanzar amor, Ignacio propone a quien da y recibe los ejercicios algunas

sugerencias sobre modos de orar. El titulo, "Tres modos de orar

..."

puede

parecer raro a quien ya practicó muchos más que estos tres a lo largo de sus Ejercicios.

Tal vez lo que desee Ignacio es salir al encuentro del futuro inmediato del ejercitante con la convicción de que éste, al final de su experiencia, conoce mejor sus facilidades y dificultades para orar y pueda entonces apli- car más libremente cada modo de orar a cada situación concreta. La preocupación pedagógica de Ignacio es que las personas consigan el fin que pretenden, esto es, "sentir la voluntad de Dios y enteramente cum- plirla". Estos modos de orar pueden ayudarles a combatir sus cobardías y reforzar sus buenos deseos y mociones en su vida cotidiana. Lejos de ser modos de orar para principiantes, parecen ser, por el contrario, orientacio- nes para cristianos conscientes de dónde se sitúan los puntos en que nece- sitan más conversión y perfeccionamiento espiritual.

Basta para ello mirar al n°. 239 de los Ejercicios donde ya en el primer modo de orar, al proponer al ejercitante la actitud que debe buscar antes de entrar en oración, después de remitir a la segunda adición de la segunda semana (Ej 131.130,2.75), aconseja Ignacio considerar "adonde voy y a qué , \ mientras pasea o se sienta, "como mejor le parezca". Ignacio desea que la persona espiritual que va a orar de uno u otro modo tome conciencia de adonde va y a qué. O sea, a qué mandamiento necesita ser más fiel, de qué pecado necesita convertirse y qué virtud debe practicar más intensamente, qué potencia del alma desea abrir para que sea más toca- da y configurada por la gracia, cuál de sus sentidos corporales desea santi- ficar más. A primera vista, la oración sobre los sentidos corporales no parece dife-

rir de las anteriores

que aplican

éste primer

modo

de orar

a

los

manda-

mientos, a los pecados mortales y las potencias del alma. Tanto es así que

Ignacio no se alarga en mayores explicaciones al presentar esta oración

como el cuarto modo de aplicar el primer modo de orar. Dice solamente:

"4 o .

Sobre

los cinco sentidos

corporales.

Modo.

Cerca los cinco

sentidos

corporales se tendrá siempre la misma orden, mudando la materia

dellos."(Ej 247) En la nota que añade a este cuarto modo refuerza, sin embargo, su importancia y nos permite conectarla con la aplicación de sentidos. A nues- tro entender, ahí esta la clave de lectura para la centralidad del cuerpo en

M a Clara Lucchetti Bingemer

los Ejercicios: "Nota. Quienquiera

imitar,

en el uso de sus sentidos,

a

Cris-

to nuestro Señor, encomiéndese en la oración preparatoria a su divina majestad y, después de considerado en cada sentido, diga una Avemaria o

un Pater noster; y quien quisiere

imitar,

en el uso de los sentidos

a

nuestra

Señora, en la oración preparatoria se encomiende a ella, para que le

alcance

gracia

de

su Hijo

y Señor para

ello y, después

de considerado

en

cada un sentido, diga un Ave María. "(Ej 248)

Se trata de orar sobre los cinco sentidos para imitar, en su uso, a Cristo

Nuestro Señor

o a nuestra Señora. Ignacio deja que se desborde ahí, aun-

... que con el estilo sobrio del libro de los Ejercicios, todo aquello que consti- tuyó el núcleo amoroso de su vida y que lo transformó de gentil hombre y noble caballero del Rey de España en peregrino y servidor de la Divina Majestad, "puesto" para siempre con el Hijo que carga con la Cruz. Imitar a Jesús era el gran deseo que lo apasionaba.

Todo el itinerario de los Ejercicios está puntuado por la gracia de esta imi- tación que debe ser deseada, querida, pedida y suplicada en todos los tonos. En los momentos álgidos de la jornada, ahí estará la petición de la gracia de imitar al Señor, siguiéndolo en la pena y en la gloria (Ej 91-98); siguiéndolo e imitándolo desde su Encarnación (Ej 109); pidiendo gracia para conocerlo como vida verdadera y "más imitarlo" en su pobreza, humillación y humil- dad (Ej 139. 147); queriendo y escogiendo más la pobreza, los oprobios y menosprecios con Él para más imitar y parecerse a Él (Ej 168).

La imitación de Cristo es el único y verdadero camino para el cristiano que quiere ser fiel a su Bautismo y vocación. Y de esta imitación no pueden quedarse fuera el cuerpo y los sentidos. El primer modo de orar desea ayudar a que éstos se conviertan cada vez más a la persona de Jesús conformando al discípulo con el Maestro. Así, después de haber hecho al fin de cada día de las tres últimas semanas el ejercicio de la aplicación de sentidos que lo fue embebiendo del misterio de Jesús, se invita al ejercitante a que considere en el uso de sus cinco sentidos al Señor Jesús y su santa Madre.

Después de "encomendarse a su Divina Majestad', considerará por dónde anda y cómo es su mirada, su escucha, su olfato y paladar; por qué espacios y superficies se mueve su tacto, teniendo como horizonte a Jesús que mira, escucha, huele, saborea y toca. Y así con María. Y después de eso un coloquio, un Padre Nuestro, un Ave María. El proceso de cristificación vivido en los Ejercicios sigue en la vida dia- ria. Se trata de ser en el mundo ojos, oídos, sentidos, cuerpo del propio Jesús. Ser otro Cristo, sintiendo como Él para poder vivir como Él. Practi- car humildemente ese modo de orar sobre los cinco sentidos irá decantan- do toda la re-configuración que el Espíritu realizó durante los Ejercicios en

El misterio

de la encarnación

como

"ejercicio'

la carne y en el cuerpo humano, marcados para siempre e inscritos en la persona del Señor Encarnado.

Conclusión: el Señor para el cuerpo, el cuerpo para el Señor

El gran teólogo Karl Rahner afirma que "el misterio del Verbo Encar- nado y el misterio de nuestra vida en gracia son un solo y mismo misterio". Si es verdad que el Dios que nadie vio nunca tomó carne semejante a la nuestra en el seno de María; si es verdad que ése que se encarnó, el Verbo de la vida, fue visto, oído, tocado y palpado por pecadores como nosotros (Un l,lss); entonces es verdad también que Dios tiene y revela una mane- ra humana de mirar, de oír, de oler, de saborear, de tocar. Una manera humana de estar en su cuerpo que abre el camino hacia la comunión con Dios. Una manera plenamente humana que es divina y en la que la divini- dad pasa salvíficamente por la corporeidad humana, santificando la carne débil y mortal, reconfigurándola a semejanza de Jesucristo Señor Nuestro.

Si el mismo Espíritu que viene del Padre y que movió a Jesús de Naza- ret en todo su camino terreno fue derramado sobre cada uno de nosotros con su resurrección, eso quiere decir que podemos -gracias al grande, infi- nito amor con que somos amados- comunicarnos con los otros con la cor- poreidad y los sentidos de Jesús. El mismo Espíritu que lo movía habita en nosotros. Y transfigura nuestro cuerpo y sentidos para que podamos ser vis- tos, oídos y tocados por todos aquéllos y aquéllas necesitados hoy de que alguien les haga ver la luz en medio a las tinieblas; oír una palabra de con- suelo en medio a la desesperación; sentir el perfume de la vida que vence la muerte; sentir en su boca el gusto del vino de la Nueva Alianza; tocar la salvación que llega bajo forma de manos amorosas

y compasivas que curan y acarician, de brazos que

Podemos

rezClf

YIO SÓ

sostienen, de labios

que besan.

CQ

n

h

g

¡

a

El cuerpo en los Ejercicios es parte constitutiva

 

de todo el proceso espiritual que en ellos acaece.

mente,

 

Sino

COn el

 

Con él y a través de él, la afectividad tocada por el

cuerpo,

porque

el Sef,

^

Espíritu,

se pacifica

exponiendo los sentidos al

Creador que los recrea constantemente en su amor. r

 

fl/

akanc

e

d

e

Y eso es igualmente —¿por que no?—y sobre todo

nuestros

Sentidos

 

una profesión de fe en el misterio de la Encarna- ción. Podemos rezar no sólo con los labios y la mente, sino con el cuerpo, porque el Señor, misericordiosamente, se puso al alcance de nuestros sen- tidos. Al hacerlo así nos está repitiendo, como dice San Pablo, "el Señor es

LA DIALÉCTICA DE

LOS EJERCICIOS

ESPIRITUALES

DE SAN IGNACIO DE LOYOLA

LA DIALÉCTICA DE LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO DE LOYOLA MENSAJERO • SAL TERRAE

MENSAJERO • SAL TERRAE

Las bases somáticas del discernimiento

1. Ignacio y la escucha en el sentir

Asun Puche

gnacio de Loyola se dejó seducir plenamente por Dios, dando así un giro radical e integral a su vida. Convertido en peregrino, fue apren­ diendo a escuchar los movimientos que en él se daban en ese proceso de atracción transformadora hacia -y desde- Dios, en un ejercicio cada vez más afinado de plena consciencia. Ignacio compartió la trascripción de esa escucha inscribiéndola en sus Ejercicios Espirituales, para así "ayudar a muchas ánimas". De manera muy intuitiva, y arriesgándose en la ausencia de marcos conceptuales en los que apoyarse, Ignacio se adentró implícita e inductivamente en un modelo integrado del ser en el que el cuerpo se sitúa como medio, y lugar de reso­ nancia, de la vida espiritual. Es en este aspecto en el que voy a tratar de centrarme, apoyándolo desde una nueva concepción psicológica y médica de la unidad cuerpo-mente, a la que la cultura occidental ha llegado muy recientemente y que ha estado presente, desde tiempos lejanos, en las sabidurías orientales. Esta concep­ ción apunta ya a identificar, también por parte de las ciencias humanas, a una conciencia unitaria que asume, integra y trasciende ambas dimensiones y en la que podríamos ubicar las experiencias propias de la vida espiritual. En este nivel, tanto la propuesta ignaciana como la de los nuevos mode­ los de unidad cuerpo-mente, parten de las sensaciones y afectos para entrar en lo más hondo de ellos, buscando el sentido más noble y elevado desde el que se originan y hacia el que mueven, y hallar que éste no es otro sino el de la vida que lleva a su Plenitud. Para ello, convendrá conocer lo que se interpone en este dinamismo. A todo modo de prepararse interiormente con ese propósito Ignacio le llamó ejercicios espirituales. Y propuso una serie de procedimientos y dis­ posiciones con los que transitar un recorrido para abrirse a la vida del Espí­ ritu teniendo la humanidad de Cristo como eje central.

Asun Puche

Ignacio profundizó

en los movimientos aparentemente duales que se

daban en su deseo de seguir a Cristo Jesús hasta llegar a ver en ellos el

modo por el que Dios mismo le llevaba a recorrerlos y trascenderlos en el encuentro con Él. Encuentro cuyo fruto tomará forma de servicio, un modo de actuar y de ser en el mundo. El cuerpo contiene Esta profundización llevó a Ignacio a conectar con

todos

los niveles

de

f

Smtir :

bas

e

1 discernimiento

implica sentir

profundidad

labia

de ellos

del

ser

y

mediante

los matices de ambos impulsos -e l de movimiento hacia la mayor vida y el que la aleja de ella- en sus

diferentes manifestaciones, para llegar a diferenciar-

,

. los desde su misma impronta corporal. Un sentir que

las sensaciones

,

,

,

,

va transparentándose hasta llegar a percibir el movi­ miento más hondo del que la persona pueda ser receptora. Hasta llegar ahí, se atraviesan otras densidades de movimientos que producen diversos tipos de sensaciones internas, y que apuntan a dife­ rentes respuestas. Desde los diversos niveles del sentir, Ignacio fue perci­ biendo las resonancias corporales que se daban en él y fue aprendiendo a identificarlas y a diferenciarlas según su naturaleza y sus efectos sentidos. >o El cuerpo contiene todos los niveles de profundidad del ser y habla de ellos mediante las sensaciones, más gruesas en las capas más exteriores y más finas y sutiles en las más interiores. Abrirse al lenguaje de las sensa­ ciones en todos sus gradientes de densidad es la escucha en el sentir. Una escucha desde la que somos interpelados, pues la Palabra de Dios se hizo carne, y desde entonces estamos llamados a ser eco de la palabra que en nosotros desea ser pronunciada. El eco resuena en nosotros, y de la mano de Ignacio se nos ofrece una vía de transformación para desalojar otros ruidos ajenos y así abrirnos a la escucha cada vez más nítida del soni­ do de la palabra en lo más hondo de cada uno. Para así dejar que se pro­ nuncie en la asunción cada vez más plena de su expresión particular, a la que todos somos invitados, y cada uno lo es para beneficio de todos. Si bien los ejercicios que Ignacio propone son espirituales, éstos lo son en el cuerpo, pues no hay "sujeto" sin un cuerpo que se sepa como tal. 2 La transformación personal -conversión- se da de forma integral en el ser, y éste se recibe y se da en y desde su cuerpo.

  • 1 Para una revisión del término ignaciano sentir, remito a lo expuesto por JAVIER MELLONI en:

GRUPO DE ESPIRITUALIDAD IGNACIANA (ed). Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, Mensajero-

Sal Terrae, Bilbao-Santander 2007 , pp 1631-1636.

  • 2 Para enmarcar el lugar del cuerpo en los Ejercicios, véase la reflexión de José A. García-

Monge, "Los Ejercicios corporalmente espirituales" en Psicología y Ejercicios ignacianos.

CAR­

LOS ALEMANY Y JOSÉ A. GARCÍA- MONGE, Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-Santander

1996, pp 294-

309.

Las bases somáticas del discernimiento

A continuación voy a tratar de exponer, apoyado desde el modelo cien- tífico actual de las emociones, cómo el discernimiento de las mociones de consolación y desolación tiene su arraigo en el cuerpo. Desvelar su base somática es de gran ayuda para poderlas reconocer, identificar y actuar con- forme a lo que ellas nos dicen sobre el roce de Dios en nosotros.

  • 2. Una perspectiva integral del cuerpo como locus del ser

El ser humano está constituido por diferentes dimensiones: física, psi- cológica, energética y espiritual. Cada una de ellas tiene un desarrollo y un modo propio de expresarse, y un único vehículo en el que realizarse en tanto que ser: el cuerpo. La integración de sus diversas dimensiones le da al ser su unicidad. Esta integración se produce en el cuerpo y a través del cuerpo, de un modo integrado. Es en el cuerpo y desde el cuerpo donde el ser va a vivirse, a ser vivido, y a dar vida. En la actualidad se ha ampliado con nuevas perspectivas el conoci- miento sobre la importancia de incidir en la integración de las diferentes dimensiones del ser para el desarrollo espiritual. Ha llegado a partir de las corrientes actuales de la psicología y los modelos de alineación Cuerpo- Mente sustentados desde las neurociencias, así como de las aportaciones de las antiguas tradiciones de sabiduría orientales.

La moderna cultura occidental se consolidó como dueña de la razón y desdeñó asuntos que consideró menores como las emociones, y en general el mundo de lo corporal. Se cayó en la negligencia del cuerpo en tanto que lugar originario de la vida, y la atención que éste recibió fue la banaliza- ción. Todo ello ha ido alejando a las personas del acceso vivencial a su fuente, que no se halla en los conceptos, ideas o razonamientos sino en lo

más íntimo y profundo ción, sino vivencia.

de cada una de sus células. La vida no es abstrac-

  • 3. La escucha interior y la alineación cuerpo-mente

Uno de los mayores cambios en la psicología contemporánea se da en la nueva comprensión de la inteligencia, que va de la mano de los avances de la medicina en su nueva concepción de la unidad mente-cuerpo. Los pasos se han dado desde la apertura a la inteligencia emocional hasta el descubri- miento de la inteligencia corporal. Lo intelectual cede el paso a lo viven- cial. El cuerpo es quien percibe. El cuerpo es sujeto inicial en todo predi- cado de significados culturales. Antes de poder razonar, el cuerpo percibe y siente. La mente conjuga la información que el cuerpo proporciona y

Asun Puche

cuya sabiduría confirma. En el proceso de decisión, la mente humana añade elementos de capacidad ejecutora, que son funcionales y adaptativos en la medida que están sintonizados con las sensaciones y señales producidas en el cuerpo, que es quien conecta con la realidad e informa sobre ella. La capacidad de la mente de atribuir significados coopera - o interfiere- en este proceso. Para que la mente decida, el cuerpo ha de sentir. Es la mente corporal o el cuerpo pensante. Es esencialmente, la mente-en-el-cuerpo. Nuestra existencia es encarnada; así pues lo son los procesos mentales y los fenómenos espirituales. Esto nos posiciona en un modelo integrado del ser. Desde la inteligencia del cuerpo queda expresada la sabiduría del ser. A partir de recientes hallazgos procedentes de las neurociencias ya se dispo- ne de la evidencia para poder concluir que no es tan sólo el "cerebro quien piensa", sino que es la totalidad del organismo físico, y lo hace a partir de la información sentiente. Como consecuencia de su aprendizaje adquirido, el cuerpo genera lo que se ha denominado "marcadores somáticos", sensa- ciones propias que informan de las consecuencias de una decisión antes de que el cerebro haya razonado sobre las diferentes opciones. 3 La inteligencia del cuerpo se manifiesta a través de diversas expresio- nes, que van coordinándose a partir de un complejo recorrido. El conoci- miento se elabora a partir de un gradiente de cambios físico-químicos que denominamos sensaciones, emociones, sentimientos y pensamientos. Todos ellos son diversos movimientos -mociones- del cuerpo interno de los que podemos tomar consciencia y llegar a diferenciar, si bien se inter- comunican unos con otros, indisociablemente. Así, por ejemplo, las emociones son cambios internos que genera el cuerpo como respuesta a una determinada situación. Su raíz etimológica del latín "moveré" más el prefijo "e-") expresa un "movimiento hacia" e indica que en toda emoción hay un impulso hacia una acción. De hecho, la e-moción es energía en movimiento. Es un cambio energético que se pro- duce en el cuerpo y que guía hacia algún tipo de acción. Por ejemplo, en una situación de pérdida de alguien o de algo significativo para nosotros el cuerpo produce un patrón de respuestas orgánicas internas específicas. Es un estado corporal que nos prepara para un tiempo de menor energía vital

3 El autor de la hipótesis de los marcadores somáticos es el Dr. Antonio Damasio, neurólogo, investigador de reconocido prestigio especializado en el estudio de la interacción mente-cuerpo.

Sus principales libros son: El error de Descartes, tica, 2005.

Ed. Crítica, 2001 y En busca de Spinoza,

Cri-

Las bases somáticas del discernimiento

y descenso de la actividad en el que podemos tomar consciencia del valor de la persona o de la situación ausente y asimilar esa pérdida, así como pre- pararnos para iniciar una nueva etapa. A este estado corporal lo denomina- mos "tristeza". La tristeza nos lleva también a buscar consuelo y la cerca- nía de otros seres queridos.

3.1. Diferencia entre emoción y sentimiento

La diferencia entre emoción y sentimiento es tan sutil como importante de conocer. La emoción -en cuanto conjunto de cambios internos en el organismo- se da como respuesta automática a un estímulo. Luego, aso- ciamos esa reacción del cuerpo con ideas relacionadas con ella y con el objeto de la reacción. La consciencia de todo este proceso, la percepción de todo ese conjunto, es lo que constituye el sentimiento. En el ejemplo ante- rior, la toma de consciencia del estado corporal y la capacidad de designar ese conjunto de cambios adecuadamente, nos permite decir: "siento triste- za" o bien "me siento triste, afligida, desorientada".

Las cinco emociones básicas son: asco, miedo, enfado, tristeza y alegría. En su génesis más primitiva, estos estados corporales fueron llevando a situaciones que permitían, de un modo u otro, la supervivencia. En el com- plejo entramado evolutivo, en el que el lenguaje entró a formar parte, se fueron desarrollando matices derivados de estos patrones básicos en una bella y sofisticada interacción entre sensación y consciencia. Así, aparecie- ron los sentimientos, que descienden de los cinco grupos de emociones básicas. Cada uno surge ante situaciones específicas y apunta a diferentes tipos de respuesta para la mejor resolución del estado del que informan.

Así por ejemplo, los sentimientos derivados del miedo, como la indeci- sión o la inseguridad, señalan la conveniencia de realizar acciones encami- nadas a reducir la vulnerabilidad frente a una situación, favoreciendo la capacidad de afrontarla, lo que conllevará un aumento de la confianza. Los sentimientos como la satisfacción, la dicha, o el gozo hablan de la conve- niencia de la situación en la que nos hallamos e invitan a proseguirla, pro- fundizarla y enriquecerla. Asimismo, como todos los sentimientos deriva- dos de la alegría, invitan a un compartir. Un análisis más detallado de las emociones y de los sentimientos en interacción con el pensamiento y con las opciones de actuación excede el propósito de este artículo. La intención es apuntar al potencial que se halla en el adentramiento y el afinamiento de estos dinamismos, viendo en ellos manifestaciones de la vida evolucionando hacia una mayor plenitud. Seña- lar que desde esta clave, se puede hacer una lectura de los sentimientos, y

Asun Puche

por tanto de las emociones, como un movimiento vital que contiene la posi­ bilidad de desvelar mayor realidad y de generar mayor comunión. Para ello, una mayor capacidad para detectar estados internos y un mayor conocimiento sobre la naturaleza intencional de las emociones y los sentimientos, permitirá una mejor adecuación de la

Una

lectura

de

las

emociones

que

nos

desvele

niveles

de

mayor

realidad

y

 

comunión

respuesta personal ante los variados y ricos matices de nuestra experiencia. Este aprendizaje lleva con­ sigo conocer también los modos de operar de la

mente, en concreto, las interferencias y desviacio­ nes que se producen en el proceso de toma de cons- ciencia del estado interior, así como en el de su interpretación. Por lo tanto, afectará también al tipo de resolución y acciones que se llevarán a cabo.

Estas interferencias vienen dadas por los condicionamientos adquiridos familiar y culturalmente tales como prejuicios, expectativas, valoraciones morales y demás construcciones mentales, como el temor o la culpabilidad.

3.2. Inadecuación de la respuesta

En el caso de que el estado corporal propio correspondiente a una emo­ ción no sea adecuadamente identificado, o convenientemente expresado, debido a dichas interferencias mentales, el cuerpo continuará produciendo sensaciones más fuertes en un intento de guiar a la persona hacia la resolu­ ción de su estado. A la intensificación de ese estado generado por las resis­ tencias de la mente se le puede denominar un "estado mental", para dife­ renciarlo del estado corporal originario -espejo pulido- que refleja limpia y honestamente la situación de la persona en relación a lo que está vivien­ do. Corporalmente, ese estado mental se percibirá como malestar. "Mal­ estar" indica que no estamos en el lugar adecuado, y eso remite directa­ mente a un estado - o punto de vista- mental, pues el ser-en-el- cuerpo sólo puede estar en un solo lugar, que es en la realidad tal y como se presenta.

Así pues, aprender a tomar consciencia de las sensaciones internas y de los pensamientos momento-a-momento es una práctica de discernimiento continuado, y que se realiza desde una instancia superior, o más honda, que la de la propia mente.

4. La escucha interior en los Ejercicios espirituales: el discernimiento.

Ignacio, maestro de la escucha interior, llegó a captar con gran finura los diferentes y sutiles matices que resonaban en las diferentes capas de sus ser,

Las bases somáticas del discernimiento

hasta escrutar en las honduras del mismo. Las consolaciones y desolacio- nes serían un tipo de emociones asociadas a vivencias de tipo espiritual: el impacto en la materia corpórea de la vida sutil del Espíritu. Abrirse a esa escucha y actuar desde ahí para ir realizando la expresión más auténtica y plena de cada ser. Ignacio percibió lo que la neurología más actual ha descrito, y es que primero se da la sensación y luego el pensamiento, y que las emociones se acompañan de pensamientos. Todo ello queda recogido cuando anota que:

"los pensamientos que salen de la consolación son contrarios a los pensa- mientos que salen de la desolación" [Ej 317]. Y cómo se debe combatir a "las varias agitaciones y tentaciones del enemigo" [Ej 320], que hoy en día identificaríamos con el ego como conjunto de condicionamientos mentales que coarta la expansión de la persona hacia la mejor expresión de su ser. En este sentido, en una de las descripciones que hace Ignacio del modo de pro- ceder del "enemigo de natura humana" [Ej 326] es llamativa su correspon- dencia con la concepción actual del ego que actúa en el "modo inconscien- te", es decir en aquellas zonas psíquicas de las que la persona no ha alcan- zado aún plena consciencia [Ej 327].

Asimismo, las "razones aparentes, sotilezas y asiduas falacias" [Ej 329] son claramente mecanismos de la mente condicionada que apartan de la verdadera experiencia que se da a sentir, y que puede quedar enturbiada por una inadecuada interferencia mental. Esa es la razón de en las reglas de Segunda Semana centre Ignacio la atención justamente en los pensamien- tos [Ej 332, 333, 334], pues puede ser que a través de ellos haya entrado "serpentinamente" el ego aduciendo intereses que no conducen al mayor bien. Pues si bien la moción es previa al pensamiento, éste también causa efectos, movimientos, en el cuerpo interior. Una idea construida desde el ego y no desde la autenticidad del ser en la que se manifiesta Dios, también puede producir algún tipo de "consolación". Pero se la podrá reconocer como falsa bien porque en el curso de los pensamientos vaya derivando hacia alguna "cosa mala o menos buena que la que tenía propuesta hacer", bien por los efectos sensibles que produce, como inquietud, confusión, que alejan de la paz y serenidad. Efectos todos ellos perceptibles en el interior de la persona, y con claras resonancias corpóreas que remiten, todas ellas, al estado de mal-estar. Tan claras llegaron a ser esas resonancias, que Igna- cio las pone como pista a partir de la cual examinar todo el proceso. [Ej 334]. Cuando la persona está adiestrada en la escucha interior, el discerni- miento deviene hondamente sensitivo. La diferencia es tan sutil como dis- tinguir el tipo de eco que resuena en el interior: suave y dulce y sin resis- tencias "como gota de agua que entra en esponja", o agudo y con sonido y

Asun Puche

topando con la materia "como cuando la gota de agua cae sobre la piedra" [Ej 335]. En el terreno de la certeza, sólo es atribuible a Dios "dar consolación a la ánima sin causa precedente" [Ej 330] pues la mente condicionada no puede con sus facultades crear una experiencia de

La sabiduría

oriental

amo , r ta

n íntegr a

l ta "

plena ' y

meno s

n e

n

ausen "

cía de ningún estimulo -sentimiento o conocimien-

esarrolla

prácticas

que

to - previo. El plano de tal

experiencia no procede,

incorporan el cuerpo pues, de la mente, ni se da en ella, sino en un lugar

1 , 1 r que la antecede y la trasciende, asumiéndola al

como

vehículo

en

el

,.

D

,.,

,

.

,

.

,

,

mismo tiempo. Por ello deja a la persona sin dudar

Camino

espiritual

ni poder

dudar de que esa experiencia de amor sea

verdadera, procedente de Dios. No hay juicio ni valoración, sino tan sólo experiencia; consciencia de pura gratuidad. Cuando la persona se ha vaciado de sí misma, de sus propios conteni­ dos afectivos y mentales -disposición a la que Ignacio desea llevar al ejer­ citante-, puede Dios darle a sentir su Presencia y comunicarle su esencia de amor. >A Como aventajado conocedor de los recorridos interiores, Ignacio advier­ te de lo que puede suceder cuando la mente discursiva entra en acción des­ pués de dicha experiencia [Ej 336]. "Como consecuencia de los conceptos y juicios", y por una inadecuada interpretación, o por ingenuidad, o por una enturbiada intención, puede la persona llegar a conclusiones que no se deri­ van directamente de la gracia de la que ha sido receptora. Traduciéndolo a otro lenguaje, es como si Ignacio estuviera diciendo que la conciencia no- dual, que es aquella que se experimenta en la consolación sin causa prece­ dente, no es frecuentemente sostenida. Y por tanto, en el retorno a la con­ ciencia ordinaria dual, de separación, la persona puede "formarse pareceres que no son dados directamente por Dios". De ahí la recomendación de poner "mucha vigilancia y atención" en la observación y discernimiento entre un tiempo y el siguiente. El tiempo en el que se da la consolación sin causa precedente es un tiempo de puro presente, de plena vivencia en la Presencia de Dios. Es un tiempo sin-tiempo. Un momento unitivo en el que se da en la persona una conciencia no-dual. Pasado ese tiempo de silenciamiento, la conciencia regresa al modo de procesamiento dual del pensamiento y del lenguaje, de la separación en el tiempo, y "muchas veces" se identificará de nuevo con él. Por ello, la elección por primer tiempo -e n el que también se da la expe­ riencia unitiva- ha entrado en el ámbito de la prudencia. Si bien, cuando se da, la decisión es diáfana pues a la persona le ha sido mostrada una con-

Las bases somáticas del discernimiento

creción en un lugar de su ser al que no puede acceder por sí misma, sino a la que es conducida. Acompañar en el proceso de discernimiento y recono- cimiento de ese estado al que por la gracia, y a partir de la asunción de su pura receptividad, la persona es llevada, ayuda a que ésta permanezca en la conciencia de unidad desde la que ir aprendiendo a actuar. En definitiva, se trata de poder aportar todos los elementos de apoyo posibles para que la persona se viva desde ese estado a la que es convocada: "la contemplación de amor".

5. Afinar la escucha interior mediante recursos de otras tradiciones

La escucha más honda se realiza desde la quietud y el silencio interior. Como en el lago sin olas en cuya superficie alisada se reflejan las imáge- nes, el oído interno capta el sonido de vida creada y creadora sólo cuándo los ruidos construidos han sido acallados. Es como escuchar el latido- el pulso vital- en la frecuencia que resuena en el interior de cada ser, y devolverlo en forma de acción en una invitación sorprendente a dejar una impronta de personalización en el eco de Vida. Es la acción congruente con la manifestación de Vida que pulsa en cada uno. Afinar la escucha permite ajustar la acción a la frecuencia vital, en un reso- nar conjunto entre lo escuchado y realizado. Tradiciones milenarias de sabiduría oriental desarrollaron prácticas que incorporan el cuerpo como vehículo en el camino espiritual con una clara vocación integradora. Estas tienen en común facilitar la quietud y el silen- ciamiento interior, trascendiendo el discurso mental en el que el ego - "mal espíritu"- tan cómodamente se instala, apartando sutilmente de la plenitud a la persona iniciada y comprometida en un camino espiritual. Podemos ver enriquecida la disposición "a quitar de sí los afectos desor- denados", así como la capacidad de percepción y de escucha interior a par- tir de la consideración de determinadas praxis procedentes de otras tradi- ciones. Se trata de ayudar a afinar más la capacidad de escucha interior para mejor sentir y discernir. En concreto, consideramos a estos efectos la dieta y la práctica del Chi- Kung (Qi-Gong), prácticas que se pueden incorporar durante los Ejercicios, ya sea de ocho días como de Mes.

5.7. Alimentación

La dimensión física del ser humano tiene un componente muy determi- nante que es la alimentación. Se ha llegado a escribir que "somos lo que

Asun Puche

comemos". Esto es así desde el punto de vista energético, pues los alimen- tos son fundamentalmente energía. De hecho, la física moderna, con la teo- ría cuántica ya ha demostrado que la materia es energía condensada. Así pues al comer absorbemos el tipo y la calidad de energía de los alimentos ingeridos. Por eso desde diversas corrientes se aconseja no consumir carne, como parte del proceso de desarrollo espiritual -además de los criterios éti- cos y solidarios que lo acompañan. La carne animal tiene una vibración energética muy gruesa y de baja frecuencia, que promueve estados físicos y emocionales poco sutiles y que dificulta la capacidad de interiorización. 4 Por otro lado, el arroz integral es el alimento recomendado para ayudar en prácticas meditativas y contemplativas, pues es el que más centra la energía en el cuerpo- facilitando la interiorización. El arroz integral predis- pone a la serenidad mental y a la quietud interior, pues es el que mayor capacidad tiene de armonizar y regular el organismo, aportando equilibrio energético, emocional y lucidez.

5.2. Qi-Gong

El cuerpo es un vehículo bio-energético que requiere una armonización de la energía. Desde las tradiciones orientales milenarias se otorga mucha importancia a las prácticas corporales energéticas como camino de desa- rrollo humano y vía de crecimiento espiritual. El desarrollo espiritual implica, desde una perspectiva energética, aumentar la capacidad de perci- bir la energía en sus recorridos internos más profundos y entrar así en con- tacto con la energía más sutil.

El Qi-Gong es una práctica corporal energética de origen milenario basada en la circulación del qi -energía- a través del cuerpo 5 . Forma parte de la medicina tradicional china, y fue practicado por los sabios taoístas, los confucianos y los monjes budistas. Es una vía de profundización interior e incide en la salud y la longevidad.

La finalidad del Qi-Gong no es sólo modificar la energía interna para armonizarla, sino sobre todo, ampliar la conciencia. Su práctica es una vía para la transformación interior.

  • 4 En nuestro contexto, el Dr. Jorge Pérez-Calvo expone un sistema de alimentación para la salud y para el desarrollo de la persona fundamentado en los conocimientos nutricionales más vanguardistas así como en principios energéticos procedentes de la medicina tradicional oriental y avalado por su experiencia clínica. Se puede consultar en su obra Nutrición energética y salud, Ed. Grijalbo, Barcelona, 2003.

    • 5 Especialmente recomendada para introducirse en el tema es la obra de Isabel Calpe Rufat:

Qi gong: Práctica corporal y pensamiento chino, Ed. Kairós, Barcelona, 2003, desarrollada a par- tir de su tesis doctoral en antropología cultural.

Las bases somáticas del discernimiento

Según la tradición china y la concepción taoísta, la materia no es una realidad excluyente opuesta a la mente o al espíritu. La materia es densi- dad, forma pero contiene su opuesto, lo no material, lo leve, sutil, invisible.

Es un estado de transición, un devenir en el movimiento de retorno hacia la Unidad primordial del origen. El cuerpo y el espíritu son manifestaciones dife-

rentes del qi, el principio universal. El cuerpo es qi en estado denso y compacto, mientras que el espí- ritu es una expresión muy sutil del mismo qi. La práctica del Qi Gong amplia la percepción, tanto a un nivel sensitivo como energético, y tanto la exterior como la interior, haciéndose ésta cada vez más fina, y permitiendo percibir fenómenos

El encuentro

con

Dioi

se realiza

desde

le

totalidad

del

ser ..

podemos

reconocerlo

e

través

del

lenguaje

de

nuestro

cuerpe

más sutiles, hasta llegar a comprender "la naturale- za de las cosas". Mi experiencia como acompañante es que es posible proponer cada mañana antes del desayuno 30 o 40 minutos de ejercicios de Qi Gong a aquellos que lo deseen. No se requiere ningún conocimiento previo para practicarlo. Sólo la disposición para hacerlo.

Conclusiones

Los EE ignacianos apuntan a buscar y hallar la voluntad de Dios sobre la propia vida y orientarla a tal fin.

San

Ignacio tenía muy en

cuenta - a

pesar de los obstáculos que ello

generaba en su época- la dimensión corporal y afectiva en el proceso de Ejercicios.

El encuentro con Dios se realiza desde la totalidad

del

ser;

y

en

ese

punto de unión las diferentes dimensiones de la persona se hallan alineadas dando lugar a una elección congruente con su realidad. Desde los modelos actuales de integración cuerpo-mente, se puede hacer una lectura contemporánea acerca del planteamiento ignaciano del discernimiento de espíritus. Atender a las resonancias corporales, en forma de sensaciones y emociones, que son previas al juicio mental condiciona- do, para saber cómo el ser responde incondicionalmente frente a la materia que se está considerando. Pues el cuerpo es el lugar, el medio, el vehículo para vivir el "aquí y ahora", la realidad tal y como se manifiesta y desvela en este instante; para acceder al eterno presente de Dios, que en la historicidad de cada persona despliega su Ser para que cada uno llegue a ser en Él.

Asun Puche

Ser en autenticidad es dejar que el Ser total se haga plenamente presen­ te en cada uno de nosotros. El hecho de existir es voluntad - deseo- de Dios en nosotros. Desplegar la propia existencia es decir sí a esa Voluntad que se va revelando en el progresivo encuentro con lo Real. Ser en plenitud es unión de voluntades, encuentro de deseos. Ser la voluntad de Dios es dejar­ se modelar por Él para que nuestro modo de ser sea Su ser en nosotros. Que advenga en nosotros y lo podamos reconocer a través del lenguaje y las resonancias de nuestro cuerpo.

Vol. 83(2011)

MANRESA

pp. 39-54

I El sentido de la penitencia corporal, hoy

Presupuestos

Josep M. Rambla

A bordar el tema de la penitencia corporal en la actualidad no puede f\ hacerse sin despejar antes algunos malentendidos que, a buen JL J L seguro, todavía se encuentran en muchas mentes. Unos, debidos al lastre de lamentables experiencias pasadas; otros, quizá la mayoría, bajo el influjo de la mentalidad ambiental. Pasemos, pues, a un somero recorrido de algunos puntos que dejar bien asentados. 1. En primer lugar, conviene no olvidar en la práctica que Dios no es un Moloc, un ídolo que necesita nuestros sufrimientos o se complace con ellos. Esta manera de ver, es decir, hacer penitencias para agradar a Dios, sin más, es una deformación grosera de la imagen del Dios Amor, Padre misericordioso, del Nuevo Testamento, un Dios que se compadece del sufrimiento humano y que ha enviado al Hijo para libramos de nuestras dolencias. Por desgracia, esta ima­ gen deformada de Dios no ha desaparecido del todo del inconsciente cristiano.

  • 2. La penitencia, además, no es ningún mérito para conseguir algún bien

espiritual. Si así fuera, se caería en un craso pelagianismo, como si median­

te esfuerzos dolorosos pudiésemos hacernos merecedores de la gracia y el beneplácito de Dios.

  • 3. Además la penitencia no puede ser de ningún modo una acción que

perjudique al ser humano, ya que Dios es no menos autor de la naturaleza humana que de la gracia. Para el Nuevo Testamento, y también para Igna­ cio, es el diablo el verdadero "enemigo de la naturaleza humana". Por tanto un modo de mortificación que causase mal físico o psicológico a la perso­ na no se correspondería con los designios de un Dios que se ha revelado haciéndose hombre, humanizándose. Y, sin embargo, humanizar la vida, como veremos, es una tarea que tiene un alto precio de ascesis 1 .

1 Conviene tener en cuenta que aunque la penitencia es sólo el aspecto doloroso de la ascesis, que es ejercicio de vida y no de muerte, sin embargo no ha de apartarse de esta misma finalidad positiva; es decir, la penitencia corporal ha de ser una forma de desarrollo o de defensa de la per­ sona humana. Son interesantes y de gran actualidad las reflexiones de Karl Rahner en su famosa conferencia de 1966, más tarde convertida en artículo: Espiritualidad antigua y actual, en Escri­ tos de Teología, VII, p. 13-25.

Josep M. Rambla

4. Finalmente, no podemos olvidar que ya participamos de la Resurrec­ ción de Cristo: "hemos resucitado con él" (Col 3,1) y hemos entrado ya en

su vida nueva. Es decir, el Cristianismo es Vida y afirmación de vida, es un "sí" y negación de todo lo que es "no" (cf. 2Cor 1,19-20). Por tanto, cual­ quier práctica de penitencia, en nuestro caso corpo­ ral, que pretenda ser cristiana no puede olvidar este

 

Las

razones

para

practicar

la penitencia

i

r

i

'

pueden

formularse

asi:

rectificar,

formar,

vivir

la gratuidad

postulado elemental y, por tanto, ha

de ser más bien

reflejo existencial de una actitud de esperanza esca-

tológica que de una negación de lo corporal y mate-

6

rial ,

M

6

F

J

*• Un a P™mera aproximación ignaciana 3

Al centrarnos sobre todo en Ignacio, no podemos olvidar que la mistagogía ignaciana es un eslabón de la larga tradición bíblica y cristiana. Si Pablo habla de las exigencias y privaciones que com­ porta el seguimiento de Cristo comparándolas con las del atleta que corre en el estadio, toda la tradición anterior a Ignacio desarrolla una larga sabi- JJQ duría espiritual que ilumina el sentido de la penitencia. En los Padres y Madres del desierto (Apotegmas, Evagrio del Ponto, Casiano, Filocalia, etc.), que constituyen una escuela imponente de sabiduría humana cristia­ na, la penitencia aparece como una búsqueda de la pureza del corazón, una disposición para la oración, una ejercitación para la lucidez del discerni­ miento y la fidelidad a la voluntad de Dios en el seguimiento de Cristo.

l.l. La penitencia en los Ejercicios Espirituales

Cuando Ignacio presenta la penitencia en Ejercicios (Ej 82-89) distin­ gue la penitencia interna, que es propiamente la actitud de conversión, de la externa, que se ejercita en el cuerpo: dormir, comer, mortificación del

  • 2 A propósito de la respuesta de Jesús, "vendrán días en que se lleven al esposo, entonces ayu­ narán" (Le 5,35), a la crítica de fariseos y escribas porque sus discípulos no ayunaban, escribe uno de los mejores especialistas en el evangelio de Lucas: "Lo mismo que la oración, el ayuno formará parte, para Lucas, de la liturgia cristiana, de aquel lugar y de aquel tiempo en que se sien­

te la presencia de Cristo y en que los cristianos se hacen accesibles al Espíritu (Hech

13, 2).

Durante la vida de Jesús, la presencia de la salvación se caracterizaba por el rechazo del ayuno, pero ahora, en el tiempo de la Iglesia, adquiere un nuevo significado, ligado a la presencia de la

salvación, precisamente por la práctica del ayuno" (Francois Bovon, El evangelio según san Lucas Le 1-9, vol I, Sigúeme, Salamanca, 1995, p. 372-373).

  • 1 Para una visión de conjunto de la penitencia en Ignacio de Loyola, véase el completo y exce­ lente estudio de PASCUAL CEBOLLADA en el Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, (Grupo de Espiritualidad Ignaciana, GEI), Mensajero/Sal Terrae, Bilbao-Santander 2 2007, p. 1431-1440.

El sentido de la penitencia corporal, hoy

cuerpo con algún instrumento. Aparte de dejar bien claro que esta peniten- cia externa no ha de dañar a la persona o al cuerpo, presenta tres motivos de ella (Ej 87): satisfacción de los pecados, ordenar a la persona de modo que las partes inferiores obedezcan a las superiores y obtención de alguna gracia. Estas razones para la práctica de la penitencia se pueden formular y explicar del modo que sigue: rectificar, formar, vivir la gratuidad.

Rectificar. La conversión es la reacción contra el pecado, la cual supo- ne de un modo u otro rehacer el mal hecho. Un mal del cual ha sido vícti- ma otra persona mediante un acto que ha perjudicado a sus bienes econó- micos o a su cuerpo o su vida. O tal vez el pecado ha dañado a la misma persona en su integridad física o sobre todo en su condición moral (alco- holismo, drogadicción, incompetencia en el ejercicio de la profesión, etc.). En estos casos se impone por justicia o por rectitud moral rehacer el mal causado mediante alguna forma de satisfacción dolorosa: inversión de dine- ro, esfuerzo por devolver la fama perjudicada, restitución de lo cometido contra la salud de otra persona, etc. Si el daño se lo ha causado uno a sí mismo, ya se ve que se impone un esfuerzo doloroso para combatir las adicciones, ordenar una vida descalabrada, ponerse al día en la competen- cia profesional para un ejercicio digno y justo de la misma ...

Ordenar. El ser humano forma una unidad armónica. Pero la realidad es que solemos desviarnos un tanto de esta armoniosa condición humana. Nuestra vida a menudo es una contraposición de tendencias, de acciones, de fuerzas que convierten la existencia humana en disgregación y disper- sión de la vida. A veces, la sensibilidad se nos impone para reaccionar de modo destemplado; otras, el instinto domina lo que una serena reflexión nos llevaría a hacer al revés; con frecuencia, los miedos se nos imponen de modo irracional, etc. Ignacio dice que una de las finalidades de la peniten- cia es la de ordenar el propio ser: "que la sensibilidad {sensualidad, dice él) obedezca a la razón y todas partes inferiores estén más subiectas a las supe- riores" (Ej 87). Con palabras de Lanza del Vasto: "Sólo quien coloca el cuerpo en su lugar, debajo, merecerá el nombre de sabio, aquel cuyo cuer- po está so-metido". La penitencia podría ser una de las ayudas de auto-edu- cación o de formación, imprescindibles para llevar una vida equilibrada y madura, y no una vida arrastrada por impulsos descontrolados.

Vivir la gratuidad. Ignacio dice que la penitencia puede practicarse para "buscar y hallar alguna gracia o don que la persona quiere y desea" (Ej 87) La penitencia, pues, puede emparentarse con la oración de petición. Es

Josep M. Rambla

decir, así como la oración de petición no es para convencer a Dios, que nos conoce y quiere nuestro bien, sino para abrirnos más a El, a su voluntad y a su don, del mismo modo la penitencia puede convertirse en una oración del cuerpo, en una oración existencial. Por la penitencia se da un cierto éxodo de nosotros mismos: intentando dejar de ser el centro de la vida y procurando no absolutizar nuestras acciones y proyectos, abandonándonos

en Dios

Todos estos deseos que se pueden expresar con la palabra oran-

... te, se dicen también mediante la penitencia corporal, que encierra un cier- to grado de negación, para afirmar la primacía de Dios. Esta penitencia es, pues, una experiencia de gratuidad, de apertura al que es todo don, pero al cual no podemos acceder por nosotros mismos o por nuestras fuerzas y recursos. Así, pues, por la penitencia corporal, el cuerpo puede hacerse ora- ción. Puesto que la penitencia no tiene un valor en sí misma, sino que forma parte del conjunto de la actividad de toda la persona, la práctica de la peni- tencia estará integrada en todo el proceso de la experiencia espiritual de los Ejercicios. Así, pues, en la medida que el ejercitante va consiguiendo lo que busca, hará más o menos penitencia o de un modo u otro (Ej 89,1-2). O, incluso, para superar el autoengaño de dejar la penitencia con falsos moti- vos de salud, para vencer la tendencia a evadirse en tiempo de desolación o de excederse confiando en exceso en su resistencia corporal (Ej 89,3-5;

319,2).

Además, conviene notar, como prueba del sentido humano que han de tener las penitencias en Ejercicios donde tienen una parte destacada, el con- sejo de Ignacio de que no se den al ejercitante "cosas que no pueda des- cansadamente llevar" (Ej 18). Y, aunque esto lo dice a propósito de perso- nas más bien débiles, el principio tiene un alcance general. De hecho, Igna- cio, después de haber tolerado a Pedro Fabro y a Francisco Javier en sus Ejercicios Espirituales penitencias que emulaban las que él mismo había practicado en Manresa, confesaba (refiriéndose a los ayunos) "que agora esto no se atrevería a consentillo más de un día a algún sujeto recio" 4 .

1.2. Las reservas ignacianas

Ignacio fue un gran penitente y durante mucho tiempo rivalizó con los grandes penitentes: "Cuando se acordaba de hacer alguna penitencia que

hicieran los Santos, proponía de hacer la misma y aún más" (Au

14). En

4 Recuerdos

Ignacianos

(Memorial

Santander 1992, p, 209-211.

de Cámara),

n. 305-306, Mensajero-Sal Terrae, Bilbao-

El sentido de la penitencia corporal, hoy

Manresa las duras penitencias (ayunos, disciplinas, pocas horas de sueño, etc.) lastimaron su salud y acentuaron hasta tal punto sus crisis y angustias que se le cruzó el pensamiento de suicidio (Au 20-24). Como buen peda- gogo, sabe bien que el amor lleva a locuras, y también a "locuras santas",

dirá él, pero que a la larga el exceso en este campo lleva a actitudes espiri- tuales de endurecimiento interior (dureza de juicio y autocomplacencia), y resta energías para otras obras espirituales o de servicio apostólico que han de tener una prioridad. Por esto, Ignacio en unos casos es muy firme en ata- jar los excesos y, en otros, dirige la atención hacia otras experiencias espi- rituales que son de más valor y utilidad. En cuanto a atajar los excesos en las penitencias corporales, es ya clási- ca la doctrina que Ignacio expone a los escolares, jesuítas en formación, de Coimbra, llevados a penitencias excesivas y llamativas y, en cambio, escu- rridizos por lo que se refiere a las exigencias de un trabajo intelectual rigu- roso y, sobre todo, a la disciplina que comporta una vida comunitaria seria. Así, Ignacio, lejos de frenar los buenos deseos de los jóvenes jesuítas y de

desaprobar sus "locuras santas,

útiles para vencerse y haber más gracia,

... mayormente en los principios", les anima a dirigir su fervor al trabajo del estudio, al progreso en las virtudes, al testimonio de vida y a la orientación de todo lo que se hace al servicio de Dios y bien del prójimo 5 . En definiti- va, Ignacio descubre en los excesos de aquellos estudiantes una tentación con apariencia de bien y, por tanto, les exhorta a apartarse del "indiscreto fervor" 6 .

En cambio, muy distinta es la situación de Francisco de Borja que, muy adentrado ya en la vida espiritual, pide orientaciones a Ignacio sobre su ora- ción y penitencia 7 . En cuanto a los ayunos y abstinencias, que Borja prac- ticaba con un rigor extremo, Ignacio le llama la atención sobre la impor- tancia de cuidar el cuerpo, que es del Criador, al que hay que darle cuenta también de él, pero además el buen estado corporal repercute en la correc- ta actuación de las operaciones interiores y es necesario para el servicio de Dios. Atendiendo a estas consideraciones de la relación del cuerpo con los ejercicios interiores, del cuidado del cuerpo por respeto al Creador y de la necesidad del buen estado corporal para el servicio de Dios en el servicio a los demás, el mismo Francisco deberá determinar la forma de sus ayunos y abstinencias.

  • 5 Carta de san Ignacio a los hermanos estudiantes del colegio de Coimbra, en: Obras

comple-

tas de San Ignacio de hoyóla, BAC, Madrid 2 1963, p. 680-689. La cita se halla en la p. 687.

  • 6 Ibid., p. 685.

  • 7 Carta de san Ignacio a Francisco de Borja, duque de Gandía, de 20 de septiembre de 1548, en op. cit., p. 711-714.

Josep M. Rambla

Por lo que se refiere a lastimar el cuerpo hasta la sangre, Ignacio

piensa que "es mucho mejor dejarlo, y en lugar de buscar o sacar cosa alguna de sangre, buscar más inmediatamente al Señor de todos, es a saber, sus santísimos dones", como lágrimas por los propios pecados o en la contemplación de los misterios de Cristo o en la consideración y amor del las personas divi-

nas. Con la convicción de que lo mejor es poner aquellos actos "donde Dios nuestro Señor más se comunica, mostrando sus santísimos dones y gra- cias espirituales, porque ve y sabe lo que más le conviene, y como quien todo lo sabe, le muestra la vía". Ignacio cita estos dones: "intensión de fe,

Ignacio

 

sitúa

la

renitencia

en

la

escala

de

la vida

espiritual,

subordinada

a

valores

istianos

más

elevados

de esperanza, de caridad, gozo y reposo espiri- tual, lágrimas, consolación intensa, elevación de mente, impresiones y iluminaciones divinas, con todos los otros gustos y sentidos espirituales". Por tanto, Ignacio, al dirigirse a los estudiantes previene sobre los posi- bles engaños que se infiltran en la práctica de las penitencias corporales, en cambio al responder a la consulta de Francisco e Borja, sitúa la penitencia corporal en la escala de la vida espiritual y, como se ha podido ver, subor- dinándola a valores cristianos más elevados.

2.

Condiciones de una penitencia corporal cristiana: Libres, solidarios y amantes de la vida

El campo de las penitencias corporales, en la historia de la vida cristia- na, ha sido un terreno minado. Una larga retahila de manifestaciones de una triste patología espiritual han dañado a muchísimas personas de innegable buena voluntad, pero víctimas de costumbres y de orientaciones en sí mis- mas poco evangélicas: perfeccionismo, narcisismo espiritual, masoquismo, emulación, angustia, escrúpulos, etc. Por esto, al recuperar de modo evan- gélico la penitencia corporal, creo que al menos hay que tener en cuenta estos tres indicadores: libertad, solidaridad, humanización.

Libertad. Un test de que la penitencia corporal que uno practica es cristiana es que hace a la persona más dueña de sí misma, más libre para asumir la propia responsabilidad, más positiva en la consideración de sí misma y sus posibilidades. La persona ha de estar más liberada de com- plejos, de miedos, de escrúpulos, de inseguridades. En una palabra, la persona que practica algún modo de penitencia corporal debería, median-

El sentido de la penitencia corporal, hoy

te ella, conseguir una mayor higiene psicológica y sentirse mejor "dentro de la propia piel".

Solidaridad. La penitencia cristiana no puede ser de ningún modo un ejercicio de perfeccionamiento propio a espaldas de las exigencias de soli­ daridad que comporta el mensaje evangélico. No se nos oculta el riesgo, comprobado por repetidas experiencias de antes y de ahora, de encerrarse en un esfuerzo de autocontrol y de desarrollo de potencialidades humanas personales, pero al servicio de un deseo de auto-perfeccionamiento espiri­ tual o corporal o de unos intereses humanos de poca calidad evangélica o de bajo nivel humano. La tradición cristiana, avalada ya por la historia de los primeros cristianos, en Jerusalén y en Corinto, practicó la privación material, una verdadera penitencia, para compartir y para poder ayudar a los más necesitados. Y yendo más al fondo de la penitencia corporal, ésta podría hacer a la persona que la practica más sensible a las realidad del otro y más capaz de valorar lo que es la privación de quienes por imperiosa necesidad del sistema social y económico dominante padecen privaciones, a menudo de una gravedad escandalosa 8 .

Humanización. En todo caso, si el cristianismo es profesión de Vida, la penitencia ha de ser motivada por razones de conservación o desarrollo de una vida humana que ya participa de la condición de Cristo resucitado. La penitencia corporal en ningún modo debe alimentarse de ideas negativas o concepciones platonizantes que minusvaloran el cuerpo, lo material o las cosas simplemente humanas. Debemos estar muy atentos a que nuestras prácticas no encierren o revelen poca simpatía hacia lo que es verdadera­ mente humano. Sigue siendo muy válido, y por cierto demasiado olvidado, el mensaje cristiano de amor a lo humano y a la vida de Pierre Tielhard de Chardin en El Medio Divino. Estas palabras de un verdadero cristiano teilhardiano expresan bien lo que quiero decir:

"Si nos atreviéramos a ver verdaderamente lo divino en la eflorescencia de lo humano, amanamos a los hombres, a nuestros amigos, nuestro trabajo, el arte, etc., con un ímpetu divino y a Dios con una espontaneidad humana. Pero nos detenemos conti­ nuamente en nuestro amor de lo humano por el pretexto del amor a Dios, y en nuestro amor a Dios por el pretexto del amor a los hombres." (Egide van Broeckhoven).

8 Se trataría de penitencias corporales aparentemente inútiles (ayunos, vigilias, austeridades, etc.), pero generadoras de una sensibilidad especial para captar desde dentro el sufrimiento de las personas que soportan habitualmente en toda su crudeza la pobreza real.

Josep M. Rambla

3. Mirando hacia el presente

3.1. El "cuerpo" como

sujeto de la fe

Sabemos muy bien que, según la antropología bíblica, tan cercana a

nuestra experiencia humana contemporánea, el cuerpo, el soma, es la per­ sona misma en su totalidad, pero en su manifestación exterior y en su rela­ ción con lo que no es uno mismo. Por tanto, la peni­ tencia corporal ha de ser expresión de la penitencia

La penitencia

corporal

tiene

Valor

Cuando

ixpresa

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i

7

s

de algún

°

i

modo

de la profunda actitud de fe, que necesita expresarse en su corporalidad de distintos modos,

i

ntern

a

y

una corporalidad

inextricablemente unida a la inte-

nondad de cada

T

.„

,

uno. La penitencia es una, no la

la totalidad del Ser única, de las manifestaciones verdaderamente humanas de la propia fe y lejos de agredir a lo humano, es manifestación de la actitud personal creyente, que se halla en el corazón de cada uno, pero que pugna por expre­ sarse, por manifestarse, por salir al exterior. Y, en definitiva, la penitencia ^ corporal sólo tiene sentido cuando de algún modo es expresión de la totali­ dad del ser humano y no como algo puramente exterior a él y no practica­ da como un valor por ella misma. Es, pues, muy comprensible que la penitencia no pueda imponerse, sino que ha de nacer de modo connatural a la persona creyente, con las distin­ tas formas que mejor expresen su condición personal. Esto no quita que se puedan sugerir algunos motivos y modos de la práctica de la penitencia. Es más, dentro de una mistagogía, en la que se acepta con confianza la media­ ción de un guía o una guía cabe la posibilidad de aceptar determinadas penitencias mistagógicas que dicho guía puede proponer a la persona que se ejercita espiritualmente 9 . En este campo, caen también las penitencias, que para expresar el carácter comunitario de la fe, puedan (siempre, creo yo, con mucho tino y sobriedad) imponerse a la comunidad eclesial en determinados momentos o situaciones (tiempos litúrgicos, constituciones de órdenes religiosas, acontecimientos que pueden invitar a una expresión colectiva de la conversión o de la solidaridad con personas o pueblos opri­ midos o empobrecidos, etc.).

5 Éste es el caso de los padres y madres del desierto que a veces proponían determinadas acciones, sin sentido en sí mismas, pero formativas de actitudes importantes para la vida cristia­ na ordinaria: libertad interior, discernimiento, docilidad a la voluntad de Dios, sentido comunita­ rio, etc.

El sentido de la penitencia corporal, hoy

3.2. Redescubrir

la "sobria

ebriedad"

Estamos llamados a la vida, vida íntegra, en la que lo material y lo pro- piamente humano deben tener parte. Por tanto, al pronunciarnos como sole- mos hacer tan a menudo, contra el consumismo, deberíamos a la vez ento- nar una oda al consumo, es decir, a la participación de los bienes de la tie- rra por parte de todas las personas. Esto supone desde luego la resistencia a la manipulación de nuestro deseo realizada por la publicidad y los intere- ses de la sociedad neoliberal que la mueven. Pero, a la vez, la tarea de la educación del gusto de la vida: los auténticos goces de la vida, los más per- sonales como la amistad, la fiesta, el arte, la belleza, la contemplación, etc.; y también los más materiales como el bien comer y beber, el descanso y el deporte, el bienestar corporal, etc. La "sobria ebriedad" de que hablaban los antiguos, una ebriedad que era fruto del Espíritu, debe impregnar lo huma- no, sin ceñirse a lo puramente interior, ya que el Espíritu lo llena todo y cul- minará su acción cuando haga de nosotros un "cuerpo espiritual" (ICor 15,44). No es necesaria una gran lucidez para darse cuenta de que esta ple- nitud humana, que exige controlar el deseo todopoderoso manipulado desde fuera, es una tarea humana dura, fuente de dolor, verdadera peniten- cia.

3.3. Solidaridad

y sensibilidad

para

el dolor

ajeno

En el movimiento de solidaridad y de compromiso se produce una cons- telación de comportamientos humanos que constituyen verdadera peniten- cia llena de sentido cristiano. Ante el sufrimiento de los demás es humano comprometerse para aliviarlo o eliminarlo o luchar contra las causas que lo producen. Esto comporta entrega personal de tiempo, de energías, cargar con privaciones y fatigas; requiere una constancia en el trabajo y la lucha que sólo se consigue a fuerza de disciplina y de combate contra las resis- tencias de las tendencias personales. En la tercera semana de Ejercicios aparece repetidamente, en los puntos específicos, el verbo "padecer", y el ejercitante llega a preguntarse "qué debo yo hacer y padecer por él" (Ej 195-197). La solidaridad con Cristo, que se realiza en la solidaridad inter- humana (cf. Mt 25,31-40), conduce de modo inevitable, como fruto del amor, al sufrimiento también corporal.

Sin embargo, hay una profundidad humana en la forma de relacionarlos con las víctimas de cualquier tipo de dolor o de injusticia que supera la sim- ple acción por ellas: captar, es decir ser consciente de lo que le ocurre al otro; acompañar, es decir, estar al lado de quien sufre; compartir algo de lo

Josep M. Rambla

que le acontece a la persona que sufre. Porque existe un conocimiento del sufrimiento ajeno que es el de la información, "conocimiento sobre", que es importante en un mundo de islas ambulantes y de anonimato gélido; pero existe un conocimiento más intrínseco y movilizador, que es el "conoci- miento de", es decir el conocimiento que se tiene cuando se participa de algún modo del dolor del

La fe

invita a una

mirada positiva hacia

/

• J

J

A

las pasividades

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otro. ¿Q u é

significa vivi r

con unos ingresos que no pcr-

miten llegar a fin de mes? ¿Qué supone no poder

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p r e ferido? ¿Qué signifi-

disminUCÍÓn ca tener que privarse de unas vacaciones necesa- rias? ¿Qué significa sentirse amenazado de desahu- cio del piso? Algunas de las penitencias aparente- mente inútiles (ayunos, recortes en el presupuesto de vacaciones, abstinen- cia de determinados gastos en vestir, en cenas, en espectáculos, en viajes, etc.) quizá no "arreglen" nada, pero puedan proporcionar un mayor cono- cimiento de lo que sufren muchas personas de nuestra sociedad. Y, claro, puede también dinamizar para el compromiso y la lucha más generosa y eficaz. En cualquier caso pueden despertar aquella solidaridad humana que no tiene resultados verificables, pero que se archiva en el corazón de la per- sona que sufre. Un joven que había pasado ya por el consumo de drogas, por el robo y por la cárcel, se expresaba así junto a compañeros a quienes quería ayudar, sin posibilidades de sacarlos de su hoyo: "no os podré libe- rar de vuestra marginación y exclusión, pero pasaré frío y calor con voso- tros".

3.4. Sensibilidad espiritual

Hacernos transparentes a la luz, hacernos atentos a la Palabra. Jesús en la parábola del sembrador se refiere al embotamiento que se produce en las personas a causa de sus apegos y compulsiones (dinero, confort, gula, etc.). Cuando una persona se halla atenazada por la obsesiva búsqueda de lo fácil y del placer sólo material, por el deseo de imponerse a los demás, por la ambición y por la carrera del éxito y aplauso a cualquier precio, no es raro que vaya endureciendo y anulando sus sensores espirituales. Posiblemente sentirá dificultad para la oración, resistencia a la libertad interior que pide un serio discernimiento, esclavitud del propio ego, vanidad, poca sensibili- dad y gusto por los valores evangélicos, etc.; en definitiva por el estilo de Jesús, lleno de matices que, para ser captados, exigen una "una sensibilidad entrenada" (Hebr 5,14). No basta con hacer, no basta con amar, hay que

El sentido de la penitencia corporal, hoy

amar "como yo os he amado" (Jn 15,12). Con una facilidad sorprendente escuchamos las palabras del himno de la caridad, "el camino excepcional" (ICor 13,1), y quizá no percibimos del todo que el amor es una generosi- dad no sólo cuantitativa, sino cualitativa. Dejarse educar en la escuela de Jesús encierra una penitencia libe- radora de las esclavitudes que deterioran nuestra forma de vivir el evange- lio, sobre todo el amor. Vivir en el amor, vivir evangélicamente es un arte

que pide un progreso y un afinamiento progresivos y que, como en la músi- ca y el arte en general, exige un trabajo personal, que poco a poco va sien-

do connatural a la vida misma. Como decía Maurice Béjart en L'Art sobre el bailarín:

Sacre,

"Cuando me preguntan qué es la danza, yo respondo: para los que no saben es ponerse de pie y hacer cualquier cosa; para los buenos bailarines es haber adquirido una disciplina de diez o quince años y hacer cosas bien codificadas; para el verda- dero bailarín, es ponerse de pie y hacer cualquier cosa, pero después de haber hecho

veinte años de ascesis bajo preliminar" 10 .

...

Es reencontrar la inocencia y la libertad, pero con un tra-

3.5. Las disminuciones

Hasta aquí hemos considerado las penitencias que responden de algún modo a las pasividades de crecimiento de Teilhard de Chardin. Se trata de las penitencias que constituyen el precio de una vida evangélica humana- mente sana. Pero la vida humana está llena de situaciones inhumanas: acci- dentes absurdos, fracasos de todo tipo, pérdida de facultades intelectuales o físicas, conflictos relaciónales muy dolorosos e insuperables, etc. Asumir con serenidad, sin ansiedad, y quizá con humor, las limitaciones progresi- vas que la vida nos trae es una batalla contra sí mismo, que constituye una verdadera penitencia. Al mismo tiempo, la fe, que contempla la existencia como un proceso de crecimiento hacia adelante, como nos enseña el Nuevo Testamento (cf. Rm 8,18-39; ICor 15,20-28; 1 Jn 3,1-2), invita a una mira- da positiva hacia las pasividades de disminución y las hace sentir como un acercamiento a la Vida, que ya germina en nosotros por la participación en la resurrección del Señor. Como he apuntado más arriba, el mensaje de arraigo en la vida humana, con todas sus limitaciones y sufrimientos, y hondamente esperanzador de Teilhard de Chardin en El Medio Divino, y en general en todo el conjunto de su obra, mantiene toda su actualidad en

1 0 Cuentan de Pau Casáis que todos los días se sometía varias horas al ejercicio de interpretar a Bach ...

Josep M. Rambla

nuestro tiempo. No me resisto a transcribir las palabras que escribió Teil- hard en el prólogo de una vida de su hermana Marguerite-Marie, largos años clavada en el lecho de la enfermedad, con un espíritu gozoso y espe- ranzado:

"Un sobreañadido de espíritu que nace de un defecto de materia. Sí, verdaderamente el milagro, constantemente renovado desde hace dos mil años, de una posible cristificación de sufrimiento ... ¡Oh Marguerite, hermana mía!, mientras que yo, consagrado a las fuerzas posi- tivas del universo, recorría los continentes y los mares, apasionadamente ocupado en ver cómo ascienden todos los matices de la tierra, tú inmóvil, yaciente, meta- morfoseabas silenciosamente en luz, en lo más profundo de ti misma, las peores sombras del mundo. Ante los ojos del Creador, dime, ¿cuál de nosotros dos tuvo la mejor parte?"".

3.6. "Sólo los que han recibido el don" (Mt 19,11)

La apertura total de nuestro ser es la experiencia más pura de Dios:

dejarse invadir y poseer plenamente por Él. Esta experiencia que es el cora- zón de la vida cristiana, a veces puede tomar formas más expresivas o casi- sacramerítales. Pueden ser llamadas formas muy personales e irrepetibles que han vivido algunos cristianos y cristianas y que han respondido a ellas. Experiencias místicas de respuesta a Dios que quiere comunicarse de un modo particular y que mediante ellas se expresa la primacía absoluta del Dios Amor en la vida personal. Puede tratarse de prácticas más corrientes como un ayuno prolongado, un tiempo largo de soledad y de desierto, una vigilia nocturna, un dolor no perjudicial al cuerpo (por ejemplo, dormir en el suelo), la abstinencia que comporta el celibato o voto de castidad, etc. Sin embargo hay casos en que esta penitencia gratuita reviste una forma especialmente llamativa, sólo comprensible desde la gratuidad del amor: la dura vida de penitencia de Pedro de Alcántara que sorprendía a la misma santa Teresa de Jesús, el ayuno y privación de todo placer corporal de Gandhi, la vida de soledad y de silencio de los Cartujos y Cartujas, la vida en el desierto de Charles de Foucauld, la entrega sin medida a los pobres del Abbé Pierre, etc.

Todas estas formas de penitencia, que sólo tienen sentido si son expre- sión del don recibido (cf. Mt 19, 11), hacen más visible y perceptible el núcleo de la experiencia, la fe en un Dios que es Amor, de un Amor que es Dios, que nos ama gratuitamente y, que en consecuencia, nos puede sub-

" La activación

de la energía, Taurus, Madrid 1967, p. 215.

El sentido

de la penitencia

corporal,

hoy

yugar del todo y hacernos felices. "Dios mío y todas las cosas", dirá Fran- cisco de Asís" y "Sólo Dios basta", Teresa de Jesús.

3.7. Hallar a Dios en todo

Dios es siempre "más" y la relación con él pide siempre el despojo de lo que es sólo cosecha nuestra para dejarnos desbordar por Él, salir de nues- tro "propio amor, querer y interese" (Ej 189). Hallar, pues, a Dios en la acción y en todas las cosas, implica deshacernos del amor, sucedáneo del amor verdadero, y dejarnos poseer por el amor "derramado en nuestros corazones" (Rm 5,5), liberándonos de nuestras formas posesivas y devora- doras de de vivir la vida. Así se consigue que en todo nos mueva el amor de Dios, que desciende de arriba (cf. Ej 184, 338) y que podamos "en todo amar y servir a su divina majestad" (Ej 233). Ahora bien, aquel éxodo de nuestro "amor, querer e interese", que según Ignacio, es la clave para aprovecharse "en todas cosas espirituales" (Ej 189), comporta en la práctica la continua "mortificación y abnegación de voluntad" 1 2 , que conlleva obviamente la abnegación de nuestros juicios 1 3 , de modo que nuestra manera de valorar las cosas y orientar nuestras deci- siones sea según los valores evangélicos, no pensando como los hombres, sino según Dios (cf. Me 8,33); y que también nuestra voluntad se adapte a lo que Dios quiere (cf. Me 14,36). El resultado de esta experiencia de transformación continua, dejando que obre a través de nosotros y en nosotros el amor de Dios, es la posibili- dad de hallar devoción en todo o de hallar a Dios en todas las cosas, una experiencia espiritual de encuentro con el Señor que es fuente de vida, y de paz profundas. Que este encuentro con Dios exige un despojo personal grande, pero que es posible conseguirlo en cualquier condición de vida, lo podemos ver en un testigo excepcional de nuestra época. El segundo Secre- tario General de la ONU (1953 a 1961), Dag Hammarskjóld (más conoci- do por Míster H), escribe en su diario íntimo:

"Sufres la tentación de 'ponerte en primer lugar', sirva esto a la causa o no. Qui- zás, incluso, sin considerar si ocasiona perjuicio o no.

1 2 Es sobradamente conocida la insistencia de Ignacio en dar prioridad a la abnegación y mor- tificación, entendida como una disposición profunda de la persona. Cf. por ejemplo: Recuerdos Ignacianos (Memorial del P. Cámara), op. cit., n. 196, 256, pp. 148-182. 1 3 Por esto, Ignacio aconsejaba a los estudiantes de Coimbra: "si tenéis mucho deseo de mor- tificación, empleadle más en quebrar vuestras voluntades y subyugar vuestros juicios debajo del yugo de la obediencia" (Op. cit., p. 687).

Josep M.

Rambla

¿Quieres, pues, desmerecer incluso de aquello a que tus esfuerzos te permiten acceder? Sólo si tu esfuerzo es guiado por una entrega al deber, en la que te olvides completamente de ti mismo, podrás conservar la fe en su valor. Pero si ha sido así, tu esfuerzo hacia la meta te habrá enseñado a alegrarte de que otro la alcance" 14 .

Parecería que me he apartado del tema de las peni-

Una penitencia

que

no

 

nos

lioeve

personalmente

y

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abra

a

los

demás

no

es

 

cyi

v/7 a n a

tencia

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corporales,

pero

no

es

así.

Porque

del

mismo modo que la penitencia corporal, si es ver-

daderamente cristiana, ha de expresar la realidad

más íntima de la persona, también el trabajo, '

vece

s

e

l

dolor

d

e

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r

y

^justando continuamente el jui-

a

cio y la voluntad propias a lo que Dios quiere en la

práctica de lo cotidiano conlleva una pesada carga de privación, de incomodidad y de lucha contra inclinaciones materiales que se resisten a someterse a los designios de Dios

y a su voluntad. Es más, difícilmente se llega a adquirir la docilidad a la voluntad de Dios, en la cual consiste el encuentro real con Él, si, cada uno en la vida corriente no trata, con la conveniente discreción, de "buscar en el Señor nuestro su mayor abnegación y continua mortificación en todas cosas posibles" 1 5 . Conclusiones

Para terminar quiero añadir unas conclusiones y consideraciones finales.

I a . Al fin de este recorrido por algunas pistas

de penitencia, que tengan

sentido en el mundo de hoy, conviene tener muy en cuenta lo expresado al

comienzo, que el test de todas ellas es que en el fondo sean formas huma-

nizadoras de vida 1 6 . Se ha dicho que el

ideal de los griegos era "conócete a

ti mismo"; el de los romanos "véncete a ti mismo"; el de los cristianos:

"date a los demás". Es elemental no olvidarlo nunca y tener muy presente

14 Te conocimos, Señor! El "hecho extraordinario" Manuel García Morente - Marcas en el camino Dag Hammarskjbld - Dios existe André Frossard, Edición preparada por Teodoro H.

Martín. Introducciones de Juan Martín Velasco, BAC, Madrid, 1999, p. 195.,

15 Constituciones

de la Compañía

de Jesús,

n. 103.

n.

.342.

1 6 Más arriba he hecho referencia a las durísimas penitencias corporales de san Pedro de Alcántara: durante 40 años no durmió más de hora y media entre día y noche, en una celda tan

cinn sólo sentarse y recostar la cabeza, se pasaba a veces

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minúscula que no le permitirá acostarse, sino soiu scn«u¡>v.

. 8 días sin comer y ni en invierno ni en verano se defendía de las mclemencias del tiempo y siem-

pre andaba descalzo. Y, sin embargo, Teresa de Jesús, verdadera experta en humanidad, decía de

Pedro Alcántara, su confesor, que era "muy afable

. muy sabroso porque tema muy hndo enten-

dimiento" (Libro de la Vida, capítulo 27, 17-18). Porque si la penitencia deshumamza no es cris- ti ana.

El sentido de la penitencia corporal, hoy

que una penitencia

que no nos libera personalmente

y

no nos

abre

a

los

demás no es cristiana y hay que abandonarla decididamente.

2 a . Aunque es verdad que en tiempos no muy lejanos el campo de las penitencias y mortificaciones estaba muy minado con exageraciones, deformaciones y desviaciones de la verdadera línea evangélica, sin embar- go, no podemos caer en la ingenuidad de ignorar la carga de limitación y de sufrimiento que conlleva la vida humana. De esto hemos podido ser más conscientes estos últimos años cuando hemos experimentado las grandes limitaciones de la humanidad, limitaciones que constatamos en nosotros mismos, pero que en buena parte han sido las causas del triste panorama que ofrece el conjunto de nuestro mundo, donde lo que llamamos primer mundo, que no es más que un apéndice de la humanidad, no sólo ha sido en gran parte el responsable de que exista un "tercer mundo", sino que ha producido un "cuarto mundo". Por esto, asumir nuestras limitaciones per- sonales y sociales para superarlas y para integrar aquellas que no se puedan eliminar, es tarea que impone el buen sentido humano y, naturalmente, la conciencia cristiana 1 7 .

3 a .

En algunos

de los últimos puntos expuestos aparece la penitencia en

el mismo corazón de la experiencia cristiana de Dios, y podría parecer que es extremar las cosas pensar que en estadios avanzados de la vida cristiana desparezca la penitencia, en el sentido expuesto. Por esto, es importante tener presente que todo estadio avanzado de cualquier empeño humano, y la vida cristiana es un empeño humano, creyente desde luego, pide un tra- bajo incesante de sí mismo 1 8 . Recordemos con todo, como decía San Beni- to, que en la vida espiritual los inicios son trabajosos y dolorosos, pero a

1 7 Lo ocurrido hace pocos años en un concierto en el Lincoln Center de Nueva York es una parábola viviente de nuestra situación y también de las posibilidades abiertas a nuestra precarie- dad humana. Según una nota de prensa del año 2002, al extraordinario violinista Itzhak Perlman, que padecía una polio infantil que le limitaba la movilidad, en pleno concierto se le rompió una de las cuerdas del violín. Entonces, en lugar de desplazarse con dificultad para cambiar el violín, dio la orden de proseguir el concierto. Todo el mundo quedó sobrecogido al ver que seguía tocan-

do con una cuerda menos. Pero lo hizo con tal arte que al terminar se hizo un silencio impresio- nante, cortado por un aplauso imponente. El violinista se enjugó el sudor, pidió silencio y dijo al auditorio: "Miren, a veces el deber del artista es descubrir cuanta música puede hacer con lo que

... música, primero con todo lo que tenemos y, luego, cuando esto ya no es posible, hacer bella músi- ca con lo que nos ha quedado".

le ha quedado

Tal vez la manera de vivir en este nuestro mundo agitado y cambiante es hacer

1 8 Gandhi resume bien lo que digo: "La mortificación de la carne ha sido considerada en todo el mundo como condición para el progreso espiritual. No hay oración sin ayuno, tomando el ayuno en su más amplio sentido. Un ayuno total implica una completa y literal negación de uno mismo. Es la oración más auténtica" (GANDHI, Truth is God, Ahmadabad, 1997 1955, p. 50, cita- do por J. MELLONI, en Mistagogía de los Ejercicios, p. 156, nota 61).

Josep M. Rambla

medida que se avanza en el camino de la vida cristiana el progreso se hace

llevadero, "con la inefable dulzura del

amor" 19 .

*

*

*

A lo largo de este artículo han aparecido repetidas alusiones o símiles relativos a la música o a la danza. Desde los salmos y el rey David, pasan- do por Francisco de Asís y Teresa de Jesús hasta Madeleine Delbrél, entre otros, la danza ha sido una forma de expresar la fe y la docilidad gozosa a la voluntad -la música- de Dios. Y la música es un medio privilegiado de acercamiento al misterio de Dios y expresión de su inefabilidad. Del Orien- te cristiano nos viene la definición del Espíritu como "poesía sin palabra" (Paul Evdokimov), es decir la misma música. Por esto, al fin de estas pági- nas sobre la penitencia corporal, que fácilmente nos ofrece un rostro hura- ño y repelente, conviene subrayar que la penitencia es algo así como el revés del tapiz de la belleza cristiana, ya que la belleza comporta siempre un esfuerzo escondido, que hace posible su esplendor. En la vida espiritual, en la vida cristiana, una vida al estilo de Jesús, que es de belleza iniguala- ble, se esconde un arte, el trabajo de todo nuestro ser para que emerja aque- lla. La penitencia corporal es, pues, una de las tareas necesarias para afinar el instrumento que ha de interpretar la sinfonía del evangelio. Porque

"quizá nuestra vida sea un mal instrumento, pero vivir

es música" 2 0 . Noso-

tros, en efecto, hemos resucitado con Cristo y nuestra vida está escondida con Cristo en Dios (cf. Col 3,1-4) y, por tanto, sólo desde el gozo de la

Buena Noticia tiene sentido la penitencia corporal.

19 Prólogo

de la Regla,

vv. 46 y 49.

2 0 Palabras del poeta catalán Márius Torres, el centenario de cuyo nacimiento se celebra este ano: "Potser la nostra vida sigui un mal instrument, / pero és música viure".

I Enfermedad, Enfermos y Cuidadores en los escritos de san Ignacio

Ceferino García Rodríguez

P ocos santos ha habido que hayan tenido la experiencia de la enfer- medad tan viva como la tuvo Ignacio tanto en sus años de Manresa, como en París o Roma. Pero cuando narra en su Autobiografía estos

achaques no hace reflexión sobre ellos. Simplemente los cuenta. En cam- bio en las Constituciones de la Compañía o en sus cartas, a personas cono- cidas o a jesuitas, aparecen reflexiones numerosas sobre estas realidades. Por eso nos podemos preguntar qué pensaba Ignacio sobre la enfermedad con formulaciones derivadas de la concepción teológica del tiempo lo cual no impide que aprovechemos sus pensamientos y los formulemos con la teología actual

1. La enfermedad es un acontecimiento de lectura variable

Nadie entiende hoy que Dios sea el causante de la enfermedad directa- mente. La enfermedad es una consecuencia de factores físicos o psíquicos que residen en el ser humano. Es consecuencia de la interacción de la gené- tica y de los factores del medio ambiente en los que vive. A veces los genes se modifican, se alteran al azar y otras veces debido a malos comporta- mientos sanitarios de la persona que los posee (las llamadas mutaciones genéticas). Las interacciones genes-medio ambiente se manifiestan en fallos metabólicos, que constituyen la base de los síntomas por los cuales se caracterizan las enfermedades.

¿Que

Dios

en

su

infinito

misterio

ha

dejado

actuar

a

las

causas

segundas y son ellas las que al final

se hacen

responsables

de

sus

hechos? Pues eso es lo que nosotros experimentamos: unas

genéticas

debilitadas, unos hábitos insalubres (sean conscientemente

deliberados

y aceptados o no) o unas condiciones de vida totalmente opuestas a la

viabilidad de la vida humana. Y eso es lo que conduce a que

determi-

Ceferino García Rodríguez

nadas personas presenten las alteraciones que conocemos con el nom- bre de enfermedad. También es cierto el dicho de que "no existen enfer- medades, sino enfermos" porque cada persona responde de una manera propia debido al conjunto de factores que la caracterizan. Unas son más sensibles, otras más resistentes. Sin embargo, lo que sí es cierto es que cuando llega Para satl Ignacio la e l momento de vivir la enfermedad cada persona

enfermedad

es

"una

i

r\-

»

r\

'

i

ita de Dios

. /Que

la

 

°

^

define ? ¿ Cómo responderle en ella?

P ued e hace r un a lectura propia de ese hecho. Así,

donde uno no ve más que fatalismo -"me tocó",

,

..

,,

t

,

a

cuando nos llega nos llega - otro puede ver que no todos los que están a su alrededor les sucede lo

mismo y por eso grita: ¡"esto es una

injusticia"!.

Quienes están fuera de la situación pueden pensar

que la enfermedad para alguno, es "un justo casti-

go" por el comportamiento desarrollado anteriormente

Finalmente están

... aquellos que como Job ven en la enfermedad un acontecimiento más de la vida: "si aceptamos de Dios los bienes, ¿no vamos a aceptar los males?" Es una consecuencia de la teología del Antiguo Testamento en la que Dios pre- mia (en esta vida) al bueno y castiga al malo, ya que el Sheol era un lugar de difícil definición y donde nadie podía saber cuál era la situación de los que allí llegaban. 2. Para Ignacio la enfermedad es "una visita de Dios"

"He entendido que Dios N. S. os ha visitado, hermano carísimo, con

enfermedad no ligera''' Y si hemos de comprender que quiere decir esto habrá que recordar los rasgos que definen esta "visita" tan especial. En primer lugar es la llegada de algo no esperado, ya que la enfer- medad no se puede programar. Llega en cualquier momento. La mayoría

de las veces nos cuesta precisar la causa, excepto en los casos de acci-

dente: caídas, golpes

Podemos decir que la enfermedad se nos presen-

... ta, irrumpe en nuestra vida sin aviso previo, sin consentimiento personal. Y esto es lo que nos desconcierta porque no podemos prepararlo y reac- cionamos con "lo puesto". Quien ha tenido ya entrenamiento reacciona mejor; los que no, se encuentran frecuentemente sin armas, desconcerta- dos, como pensando que lo que les sucede no es normal, que no se ajus-

' Carta

al P. Teutonio de Braganza en

Madrid H963, p. 846.

Obras

completas

de San Ignacio

de hoyóla,

BAC,

Enfermedad, Enfermos y Cuidadores en los escritos de san Ignacio

ta a ninguno de sus esquemas. Pero lo curioso es que todas la "visitas" del Señor son así. ¿Quién podía esperar que el Hijo de Dios se presentara en forma de niño, naciendo en las afueras de un pueblo insignificante y sin ningún tipo de solemnidad? ¿Cómo iban a suponer los judíos que el Mesí- as les llegara desde Nazaret y fuera hijo de un carpintero? Y ¿quién espe- ra que el Señor se le presente en un accidente, una bancarrota económica o un fracaso amoroso? Las llegadas misteriosas del Señor son continuas y no nos puede sorprender que también nos llegue por medio de la enfer- medad En segundo lugar nos cambia la inercia, porque es un parón en la mar- cha de la vida; un cambio de ocupaciones o de ritmo que antepone el cui- dado de la salud a todas las preocupaciones anteriores debidas a la realiza- ción de la misión. Hay que deshacer el calendario de actividades, de viajes,

de encuentros

y sustituirlos por la "inactividad", si es que así se puede

... llamar a la dedicación a las visitas de los médicos, la recepción de los cui-

dados prescritos ...

Lo tercero que debemos tener en cuenta es que lo importante ante una

visita semejante es saber lo que tengo que responder. Saber hacer la lectu- ra correcta de los acontecimientos es muy importante y es el primer paso, pero lo definitivo es la respuesta. Y para acertar con ella hay que tener claro quién nos llama y a qué. Solamente responderemos correctamente si somos conscientes de lo que tenemos delante, sin falsificaciones, ni subterfugios.

3. Pero San Ignacio continúa: "es una gracia de Dios"

"La

enfermedad

como

gracia

de

la mano

de Dios

N.

S. pues

no

es

menos que la sanidad" (Co 272). Y también en otra parte: "Estas enferme- dades y otras pérdidas temporales son muchas veces de mano de Dios " 2 Es una concepción de toda la vida. Toda ella es una gracia de Dios y por tanto no podemos separar los momentos "agradables" de los "desagradables". Juzgar de las situaciones y acontecimientos diarios según se adapten a nuestros gustos o no es, cuando menos, una superficialidad. Es creer que nuestra existencia es el centro del universo y que lo que nos agrada es lo "bueno" y lo que nos desagrada es lo "malo". En este paralelismo es pre- tender jugar a ser Dios: lo que le agrada, lo que es su voluntad es lo bueno y por tanto lo que desagrada es lo malo; no puede ser de otra manera. Pero en el hombre es una incongruencia porque pretender eso es caer en el peca-

2 Carta a Isabel Roser, Op. cit., p. 617.

Ceferino García Rodríguez

do de los primeros padres. Lo malo que tiene este principio es que nos con- vierte en animales: ellos siempre aciertan dejándose llevar del instinto, del gusto. Ellos jamás se equivocan. Comen cuando, y lo que, les apetece y en la cantidad justa. Si en algún momento comen algo que no les gusta es por- que saben que les va a producir algún beneficio. Duermen cuando les viene en gana; se aparean cuando el instinto les llama a ello y nunca fuera de los períodos señalados. Nuestra vida, sin embargo, debe estar regulada por otros criterios. La salud y la enfermedad son estados de la vida, tan importantes el uno como el otro. Es claro que a todos nos gusta más la salud que la enfermedad, pero también es cierto que si debemos aprovechar la salud para hacer lo que debemos hacer (para Ignacio: lo que Dios quiere de nosotros y está en la línea del último fin del hombre) no menos debemos hacerlo en la enferme- dad. El hecho del gusto o del disgusto no puede cambiar el sentido de las cosas.

"Y cuando

estuviere

enfermo,

escribe

el

P. Polanco, no

quiere

(San

Ignacio)

que predique,

si el médico

no dijere que el tal ejercicio

no

le

hará

daño " 3 . Ver la salud, y la

enfermedad como un don del Señor es dar el ver-

dadero sentido a la vida y a nuestros actos.

4. Porque ¿de dónde nace nuestra preocupación?

El disgusto, la preocupación e incluso la ansiedad, cuando llegan estos momentos de enfermedad y de decaimiento de las fuerzas propias de la ancianidad, nacen de unas afecciones desordenadas, no bien orientadas,

aunque no las tengamos suficientemente conocidas y aceptadas. Por eso nos dice: "y si alguna vía hay para evitar trabajos y aflicciones de espíri- tu en este mundo, es esforzarse en conformar totalmente su voluntad con aquella de Dios, porque si El poseyese enteramente nuestro corazón, no pudiendo nosotros sin nuestra voluntad perderlo, no podría acaecer cosa de mucha aflicción, porque toda la aflicción nace de haber perdido o de temer perder lo que se ama*

Bien claro está: de la falta de aceptación de la voluntad de Dios, de la falta de indiferencia ante la salud o la enfermedad. Cuando queremos una cosa y no la logramos nos sentimos defraudados. Si la tenemos y la perde- mos nos sentimos tratados injustamente. Y es que lo que hemos tenido

3 Carta al P. Gaspar Berze, Op. cit.,

p. 854.

  • 4 Carta a María Frassona, op. cit., p. 851.

Enfermedad, Enfermos y Cuidadores en los escritos de san Ignacio

siempre y de lo que estamos acostumbrados a disfrutar, nos parece tan nuestro, tan natural y propio, que no entendemos cómo puede desaparece de un momento a otro. Y no digamos nada cuando se introduce otro factor: el miedo a per- derlo. Entonces nos podemos convertir en esclavos de ese miedo. La carta

a los Hebreos 2, 14 nos dice hablando de la resurrección del Señor: "libe-

rar a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera

como

esclavos" Si hacemos de la salud, de la vida, el máximo valor de la exis- tencia del hombre sobre la tierra, todo se podrá dar por bien empleado con tal de conservar la salud y la vida. Todo lo demás será insignificante con tal de lograr mantener lo más importante. Se puede llegar a dar incluso la misma salud mental. Tal puede ser la obsesión por la salud que se convier- ta en objeto de la existencia: cuidar la salud para poder cuidar la salud. Es una esclavitud que atenaza la libertad. Solamente la consideración de la resurrección del Señor devuelve la libertad al presentar unos valores de esta vida que tienen proyección en la otra.

5. ¿Qué podemos lograr en la enfermedad?

Si partimos de la base de que la enfermedad es un don de Dios tenemos que concluir que debe tener alguna utilidad, aunque no aparezca a primera vista y nos exija un esfuerzo de atención encontrarla. "Me persuado en su

Divina Bondad, que para más importante salud y merecimiento

vuestro,

y

ejercicio de vuestra virtud, habrá sido todo, y que habréis procurado de

sacar el fruto

que de semejantes

visitaciones

quiere

Dios nuestro Señor

se

saque, cuya sapiencia y caridad infinita, no menos con las medicinas

amargas, que con las consolaciones muy gustosas, busca nuestro mayor

bien y perfección" 5

(San Ignacio no es corto en presentar los efectos posi-

tivos que podemos y debemos lograr en el tiempo de la enfermedad: "por- que más nos conozcamos y más perdamos el amor de las cosas criadas, y más enteramente pensemos cuan breve es esta nuestra vida, para adornar-

nos para la otra que siempre ha de dura

...

pienso

que un servidor

de Dios

en una enfermedad sale hecho un doctor para enderezar y ordenar su vida

en gloria y servicio

de Dios

N.

S. " 6

"La Providencia

...

que

con aquellos en este mundo,

mucho ama

tanto más les purga

con símiles

trabajos

... el cual no quiere podamos

quietarnos,

ni reposar

en el amor nuestro;

en

y por

  • 5 Carta al P. Teutonio de Braganza, op. cit., p. 846.

  • 6 Carta

a Isabel Roser, op. cit., p. 617.

Ceferino García Rodríguez

 

eso a sus escogidos no solamente suele estimularles

 

con

 

los deseos

 

del

cielo, más también

con el fastidio

de

la

tierra.

Lo cual, no obstante,

 

sirve

para aumento

de gloria,

si es aceptado

con la paciencia

 

y acción

de

 

gra-

cias con que conviene

aceptar

los dones de su paternal

 

caridad,

 

de

la

cual

 

tanto los azotes

como

las caricias

 

proceden" 1

 

Por

 

L podemos

caer

en

el

tant o

ha ^

^

labo

r

po

r

* ace

r

e

n

e

l

tiemp

o

d

e

l

a

B

i

_

enfermedad, ademas

...

o

al mismo

tiempo que

se

yictimismo

y pensar

que

procura la salud:

"y no penséis

ser poco

 

negocio

 

estamos

enfermos

ya

atender

a recobrar

la salud,

 

no deseándola

 

para

no hay nada

que

hacer

otr o

fin

sin

o

de

l

servici

o

divin

o

y

segú

n

e

l

divin

o

beneplácito" (carta 119 al P. Francisco de Attino. p. 868) porque no podemos caer en el victimismo y pensar que si estamos enfermos ya no hay nada que hacer sino dejarse y abandonarse a lo que sea. Por eso Ignacio, hablando por la experiencia pro- pia de sus años de Manresa, también nos dice: "con el cuerpo sano podréis

hacer mucho,

con él enfermo

no sé que podréis

hacer"*

5.1. Conocimiento propio

Para San Ignacio la motivación de la persona es la clave. Si tiene salud es para el divino servicio; si tiene que poner los medios para recuperarla es por la gloria de Dios. En todas sus argumentaciones el fin último es el obje- tivo al que el hombre tiene que tender con sus fuerzas y deseos. Porque cuando tenemos salud damos por sentado que nuestra actividad es por el Reino de Dios y que todo lo que hacemos no tiene más finalidad que llevar adelante lo que Dios quiere. Aquí coinciden la voluntad de Dios y la nues- tra. Pero cuando llega la enfermedad, y ya no coinciden las dos, ¿nos man- tenemos en la misma paz y aceptación de todo lo que lleva la enfermedad:

duración de la inactividad, medios necesarios para salir de ella, secuelas que nos deja ...?

En las reglas para conocer las mociones que se producen en el interior de la persona, las Reglas de discreción de espíritus, San Ignacio nos dice que la desolación nos sirve para "probarnos para cuánto somos, y en cuán-

to nos

alargamos en su servicio y alabanza, sin tanto estipendio de conso-

laciones y crecidas gracias" (Ej 322) Es que cuando uno tiene salud todo parece fácil y aunque la lucha por la vida y el trabajo son duros, todo se

7 Carta a María Frassona del Gesso, op. cit., p. 851. 8 Carta a Sor Teresa Rejadell, op. cit., p. 629.

Enfermedad, Enfermos y Cuidadores en los escritos de san Ignacio

lleva bien

al menos es lo que nos parece cuando nos encontramos en

... medio de la enfermedad y el retiro. De lo que antes nos quejábamos ahora

nos parece insensatez y minucias sin fundamento porque lo comparamos

con la situación actual. Y esto nos da la medida de nuestra aceptación de la voluntad de Dios. ¿Seguimos juzgando de las cosas de la vida con el crite-

rio de "lo agradable", "lo fácil", "lo cómodo", "lo brillante"

...

y sobre todo

de "lo eficaz"? Y entonces la pregunta que nos hacemos es ¿soy capaz de mantener la paz interior y la paciencia, es decir, la tenacidad en la lucha por superar la enfermedad y la esperanza de lograrlo? Porque la enfermedad nos des- cubre nuestras capacidades y principalmente aquellas que son menos apa- rentes, porque son capacidades de resistencia, de pasividad. Y esta capa- cidad es tan importante que marca la diferencia en los enfermos. Los que no se dan por vencidos nunca y perseveran en sus tratamientos hasta el último día; y los que se acobardan y se encierran en algo que resulta peor que la situación producida por el mal físico: la depresión o el tirar la toa- lla en un victimismo que reduce la vida de la persona a un vegetar sin pulso vital.

5.2. Para que más perdamos

el amor de las cosas creadas,

símiles

trabajos

en este

mundo ...

les purga

con

Del conocimiento de nuestras afecciones desordenadas, en este caso del apego a la salud, podemos percatarnos de dónde y en qué cosas pone- mos nuestros amores, y todo el esfuerzo de nuestra vida. Por eso, esta nueva situación nos purifica de esos apegos por medio de las interrupcio- nes, los fallos de la programación, las disculpas a quienes no podemos contentar con nuestra actividad, la jubilación y el cambio de actividad que conlleva, de una más comprometida a otra más llevadera. Y lo hace de una forma "brusca", sin paliativos porque nos hace tocar fondo en la confianza en nosotros mismos y porque nos deja abierto el camino de la duda que hasta ahora no habíamos recorrido nunca. A partir del momen- to de la enfermedad las cosas no serán iguales que antes. Antes de acep- tar cualquier compromiso, por pequeño que sea, la duda se nos hará pre-

sente: ¿cómo estaré entonces? ¿Volverá la enfermedad

...

la misma o

de

otra especie? Esto nos hace perder "el amor de las cosas creadas" a las que hubiéra- mos podido dar la categoría de absolutas. Descubrir que no hay nada a lo que podamos llamar totalmente "nuestro".

Ceferino García Rodríguez

5.3. Cuan breve es esta nuestra vida

Pensamos poco en la brevedad de la vida mientras estamos en plena posesión de la salud, porque nos parece que todo va seguirá siendo igual indefinidamente. La llegada de la enfermedad nos sitúa en otro escenario diferente: lo mismo que se ha perdido la salud en esta ocasión, se puede perder más adelante con otro episodio más severo e incluso nos podemos ver abocados a la muerte. No es una consideración banal, pues es lo que vemos en muchas personas de nuestro entorno, de igual o de menos edad que la nuestra. Y es que en la duración de la vida no existe el escalafón. La muerte llega a persona en un momento y no obedece a factores controlables. Vemos como hay personas que alcanzan los 100 años y están con una situación admirable. Pero a la vez vemos que la muerte alcanza a personas que no han cumplido los 60. Tampoco el estado de cada persona obedece a patrones de la edad. Unas demencias se presentan a los 60, 70 u 80 años; y en cambio hay personas que pasados los 80 tienen la cabeza en su sitio. Hoy las enfermedades y las deficiencias locomotoras determinan aspectos tan importantes como la dependencia y la autonomía. Para muchos estos aspectos son tan importan- tes que se les hace difícil entender su vida en unos estados tan indeseados. Llegan a formular que prefieren la muerte antes que verse reducidos a nece- sitar personas que les aseen, les vistan, les den de comer o les lleven de un lado para otro.

5.4. Adornarnos para la otra que siempre ha de durar

La visión de Ignacio es clara ante todos los problemas de la vida: la con- tinuidad de esta vida y la otra. Y por eso siempre hay que mirar por encima del techo "siempre bajo y corto" de lo que cae dentro de este mundo. Sin trascendencia no se entiende nada del pensamiento de Ignacio. ¿Qué sentido puede tener mantener una lucha por la salud cuando la medicina actual nos asegura una duración de meses de la vida? Pues senci-

llamente la obligación de cada uno de nosotros por el crecimiento y desa- rrollo de la persona que no acaba aquí, sino que se prolonga en la siguien- te. Todo lo que se haga en esta vida tiene plenitud en la otra, en la que ha de durar siempre. "Le hará crecer de día en día en todo bien, en especial

ayudando

a

él y

a todos

las oraciones

de

V. R.,

de cuyas indisposiciones

corporales rogamos al que es verdadera salud y vida de todos mucho se

Enfermedad,

Enfermos

y Cuidadores

en los escritos

de san

Ignacio

sirva, y así en enfermedad como en sanidad

se glorifique

en la persona

de

"Con razón le tenemos

envidia. Porque tiene el doble mérito de la

V. R. " 9 paciencia

de sus trabajos

y de

la caridad,

con lo cual él acepta

y

reconoce

el beneficio

de la divina mano,

teniendo por cierto que nuestro

Sapientísi-

mo y amantísimo Padre no

le manda

sino aquello

que

le conviene para su

último y sumo bien"

(Carta al Sr. Jerónimo Vignes, op. cit. p. 938). Todo lo

que el enfermo realiza: paciencia, caridad

...

son virtudes que adornarán a

la persona. Si se cura podrá ejercitarlas en esta vida; si muere serán adorno para siempre, como nos dice en uno de los textos citados: "mayor bien y

perfección

" o

"más importante

salud y merecimiento

nuestro y ejercicio

de

nuestra virtud".

 

5.5. El merecimiento

El texto del evangelio más explícito sobre el mérito o merecimiento se encuentra en Le 17, 9-10: "¿Tenéis que estar agradecidos al siervo porque

hace lo que

se le manda? Pues vosotros lo mismo: cuando hayáis hecho

todo

lo

que

os han mandado, decid: somos unos pobres siervos, hemos

hecho lo que teníamos que hacer". El Discípulo de Jesús debe tener en cuenta que para hacer todo lo que está mandado cuenta, ya de antemano, con la gracia del Señor. Por tanto no puede adjudicarse mérito en lo que es obra fundamental de la gracia en él. Tenemos la impresión de que el méri-

to se adquiere cuando se hace algo gratuitamente, sin ningún tipo de obli- gación, o cuando hay un "plus" no exigido en la obra que tenemos que

hacer. Es lo que sucede en el caso de algo que no nos queda más remedio

que hacer

el caso del esclavo o del contratado (a quien se paga por hacer

..., lo que hace) pero que en ese mismo trabajo pone de su parte tal cuidado,

cariño o dedicación que lo hace admirable.

En el caso de la enfermedad o de la ancianidad no hay más remedio que llevarlo adelante, pues son situaciones irreversibles, no caen bajo la capa- cidad del libre albedrío, no son buscadas y no puede uno escapar de ellas voluntariamente. ¿Cómo se puede hablar de mérito entonces? Pues en la forma de llevarlo adelante. Porque el Señor nos pide colaboración en todo lo que hacemos. Y si la falta de esa colaboración es achacable a la libertad humana, también cuan- do la colaboración se produce libremente habrá que atribuirlo a la decisión correcta del discípulo. Por otra parte la misericordia del Señor es tan gene-

9

Carta a San Juan de Ávila, op. cit., p. 899.

Ceferino

García

Rodríguez

 

rosa que tendrá en cuenta hasta ese pequeño esfuerzo de colaboración

...

"y

cualquiera

que

estos pequeños

le dé a beber, aunque por su calidad de discípulo,

sea

un vaso

de agua

no se quedará

fresca,

a uno

de

sin

recompensa,

os lo aseguro"

(Mt 10,

42)

 

Por tanto es correcta la interpretación de Ignacio

Ser agradecidos

COn

citada más arriba: "Con razón

le tenemos

envidia,

. •

i

porque tiene el doble mérito de la paciencia de sus

quienes nos atienden:

1

medÍCOS, enfermeros, compañeros ...

7

-

/

Descubrir el amor que

? .

,

,

.,

,

,

,

trabajos

y

de

la caridad,

con

la cual

el acepta

y

reconoce

el beneficio

de la divina

mano"'.

5.6. Acción

de

gracias

 

5

nOS dan ijn beneficio de la enfermedad es el caer en la cuen- ta de lo que hemos recibido hasta ese momento: que

la salud no era algo que se nos debía, sino pura gracia de Dios. Y con

ella

todo lo que hemos realizado por el Reino de Dios en los años anteriores.

Nos enseña también a ser agradecidos con los que nos atienden: médi-

cos, enfermeros, compañeros

porque "de bien nacidos es ser agradeci-

... dos". Y esta tarea es tan importante que a veces debería ser obligatoria. Nos

enseña a recibir con humildad y sencillez, a descubrir el cariño y el amor

que otros nos dan

Tan importante es esto que sólo se aprende a amar

... cuando se ha sido amado. Rompe estiramientos y rigideces y hace caer barreras que nos separan de los demás. Sentirse deudor de otros no es una humillación, sino una señal de pertenencia a un cuerpo en el que la interre- lación conlleva la dependencia de unos con otros. El "yo me basto a mí mismo" "no quiero ser un estorbo para nadie" es lo contrario de la comu- nidad y está manifestando lo que se piensa de las debilidades de los demás. Si ahora se expresa es por que antes se pensó cuando les tocó el turno a los

que nos precedieron. La debilidad no es estorbo, ni una carga, es una reali- dad que permite la convivencia en situaciones límite y ver las cosas con otras miras distintas de la "eficiencia". Miras así llevaron, ¡en su extremo!, al exterminio de los discapacitados, y a la pureza de la sangre. 5.7. Mirará al Creador y el deseo del cielo

Cuando se nivela el interés por las actividades que podríamos clasificar en activas y pasivas se está más libre para atender a Aquel por quien todo se hace. Se pasa de una valoración sobredimensionada de los oficios y car- gos que llevamos en esta vida a descubrir otra forma de mirar las cosas. Es

Enfermedad, Enfermos y Cuidadores en los escritos de san Ignacio

que el atractivo que ellas tienen llega a impedir ver con claridad y a remon- tarnos por encima de lo superficial. Hoy hasta los trabajos más espirituales nos producen un cúmulo de satisfacciones, tanto en la preparación, como

en el ejercicio de ellos. Los medios técnicos con los que contamos se han multiplicado y nos hacen más fácil y agradable el trabajo. Solemos expre- sarlo diciendo que nos "multiplican la eficacia". Lo que antes llevaba muchos días de preparación, haciendo borradores, tachando, tirando pape- les a la papelera, hoy se resuelve con una tecla de borrar. Lo que antes era un tormento -hacerse escuchar en lugares abiertos o en locales con reso- nancia- hoy se resuelve con una buena megafonía. Las preparaciones de las clases cuentan con medios abundantes de libros, internet, imágenes, víde- os, y no digamos en las cosas más materiales: cocinas, lavanderías, fincas

agrícolas

Todo nos resulta más grato, nos da más tiempo de descanso y

... nos permite disfrutar de un ocio mayor y más culto.

La enfermedad nos despega de este mundo y nos hace mirar más lejos y de otra forma. Nos hace palpar la impotencia del ser humano: no todo se vence con la tecnología ni todo se puede convertir en actividades agrada- bles. Se nos escapa de las manos la intensidad del dolor, la duración de los tratamientos, las pruebas a las que tenemos que ser sometidos, los aciertos y los errores de los que nos rodean. Y esto nos hace descubrir que hay muchas cosas que están por encima de nosotros. Para un creyente ese nivel es lo que llamamos cielo y morada del Señor.

5.8. Enderezar y ordenar su vida en gloria y servicio de Dios

"Lo cual, no obstante, sirve para aumento de gloria, si es aceptado con "

...

10 .

En el pensamiento de San Ignacio

la paciencia y acción de gracias

siempre está presente el contenido del Principio y Fundamento. En estos apartados aparecen dos conceptos: por una parte enderezar y ordenar, y por otra la gloria y el servicio de Dios. La enfermedad nos facilita momentos de sinceridad al encontrarnos con nosotros mismos en condiciones de mayor silencio exterior. El ruido y la agitación de las actividades, aunque sean espirituales, nos impiden encon- trarnos de cara a la verdad de nuestras intenciones y motivaciones; distra- en nuestros pensamientos hacia lo que vamos a hacer y cómo; tenemos que escuchar a aquellos con los que colaboramos o a quienes dirigimos nues- tras actividades. En cambio en el tiempo de la enfermedad o del retiro todo

1 0 Carta a María Frassona del Gresso, n.

109, op. cit., p. 851.

Ceferino García Rodríguez

eso ha dejado de llamar a la puerta de nuestra atención y permite que aten- damos a nuestro interior. De ahí surgen los recuerdos, el repaso de la reper- cusión que tuvo nuestra actividad, los sentimientos que nos dejaron y los que aparecen cuando lo recordamos. Ahora no tenemos que justificarnos ante nadie. Tampoco tiene interés engañarnos a nosotros mismos. Ante la verdad desnuda podemos intentar (durante algún tiempo) dis- traer la atención, incluso distorsionarla, pero al final cedemos ante lo incuestionable. Es el momento de "enderezar y ordenar". Trabajo necesario para volver al trabajo con la salud recuperada, o del arrepentimiento y el propósito de enmienda para otros casos semejantes que puedan ir apare- ciendo en los años del retiro y la jubilación. Porque enderezar y ordenar se refieren a las motivaciones e intenciones personales y eso se refleja en todo lo que hacemos, sea de importancia o no. El segundo aspecto importante al que se refiere el santo es la finalidad

de todo ello: la gloria y servicio de Dios. Que el ser humano acepte, en

plena libertad, el Proyecto

de Dios

sobre su

vida es el fin

último y lo

que

constituye la gloria y servicio de Dios. Porque el mayor don que Dios ha

dado a los seres humanos es su libertad, su capacidad de optar libremente por el estilo de vida que dé sentido a todas sus acciones.

"Como

en

la vida

toda,

sí también

en la muerte,

y mucho

más,

debe

cada

uno de la Compañía

esforzarse

y procurar

que Dios

N.

S.

sea

en

él

glorificado

y servido

...

(Co

595)

6. Conducta personal durante la enfermedad: humildad y paciencia, edificación

Cuando Ignacio habla del comportamiento de los jesuítas en las enfer- medades destaca dos virtudes: humildad y paciencia, que han de dar como resultado la obediencia a los médicos y enfermeros y por supuesto al Superior. Y da la motivación o las causas de ello: porque son los que tienen que gobernar su situación. Es cierto que en algunos casos la per- sona puede conservar su buen sentido y todos tendrán que tenerlo en cuenta. Pero lo frecuente es que la situación, por novedosa o por doloro- sa, oscurezca su forma de razonar. En esos casos la obediencia y la cola- boración leal a quienes solamente pretenden su bien y además poseen el conocimiento suficiente para lograrlo es la única forma de comporta- miento racional. Sin embargo es muy normal que si las cosas no salen todo lo deprisa que uno desea o las molestias son más de las previstas se produzcan recelos y suspicacias sobre lo métodos empleados e incluso

Enfermedad, Enfermos y Cuidadores en los escritos de san Ignacio

surja la desconfianza de la capacidad de los médicos para lograr la cura- ción y de la eficacia de la medicinas. Por eso San Ignacio indica que se llame a un médico, y solamente cuan-

do el Superior vea la necesidad se pueda llamar a un segundo, como nos dice en el n° 304 de las Constituciones que cito más abajo.

"En

el tiempo

de las enfermedades,

no sólo

^vO menos

procure

debe observar la obediencia con mucha puridad a

edificar

en

tiempo

los superiores espirituales,

para

que gobiernen

su

^

^

enfermedad

ánima; más aun con la misma humildad a los médi-

 

cos corporales

y enfermeros,

para

que gobiernen

 

ejue

en

el

tiempo

de &

su cuerpo; pues los primeros procuran su entera entera Salud"

salud espiritual, y lo segundos toda su salud cor-

 

poral

(Co 89. Examen

89)

"Haga

en todo

V. R. lo que le sea más cómodo

y más a su

satisfacción,

sin ir empero contra el parecer de los médicos, a los cuales es razonable en las cosas de su profesión creer y obedecer."

.al Superior, cuya orden se guarde, cuanto se pueda, en el regimiento

.. y medicinas, sin que el enfermo se entremeta en otro que en ejercitar su

paciencia y obediencia, dejando la cura de todo lo demás al Superior y sus ministros, por medio de los cuales le rige la divina Providencia (Co 304)

San Ignacio tiene una confianza total en que la paciencia y humildad de la persona es una forma óptima de "estar" en la enfermedad. Y lo es pos su confianza en la divina Providencia, pero podía añadir que es la actitud mejor para una colaboración con todas las disposiciones de los médicos. La resistencia, la desconfianza, el recelo sólo pueden surgir de una valoración excesiva del propio juicio frente a todos los demás. Esta actitud de tensión y de resistencia genera un desgaste y a veces afecta al sueño con lo cual se está incidiendo en un estado peor del inicial. Un segundo aspecto es la edificación del prójimo tan cuidado por Ignacio en todas sus determinaciones. La enfermedad impide hacer muchas cosas, entre ellas algún tipo de oración mental como lo reconoce él mismo en carta a Sor Teresa Rejadell: "toda meditación en la cual tra- baja el entendimiento, hace fatigar el cuerpo; otras meditaciones orde- nadas y descansadas, las cuales son apacibles al entendimiento y no tra-

bajosas,

...

no fatigan

el cuerpo,

más hacen

descansar

12

...

Pero lo que se

  • 11 Carta al P. Viola, op. cit., p. 859. 12 Carta a Teresa Rejadell, op. cit., p. 629.

Ceferino

García

Rodríguez

puede hacer en cualquier tiempo y estado y es dar buen ejemplo, o como

 

decimos hoy: dar testimonio: Así mismo el tal enfermo mostrando

su

mucha humildad y paciencia,

no menos procure

 

edificar

en el tiempo

de

la enfermedad

a

los

que

le visitaren,

 

conversaren

 

y trataren,

 

que

en

el

 

tiempo

de su entera salud, a mayor gloria