Programa de un Teatro infantil proletario Walter Benjamin, 1928.

Todo movimiento proletario, una vez salvado de la discusión parlamentaria, ve ante sí a la nueva generación como la potencia más fuerte y también la más peligrosa de las muchas fuerzas a las cuales se halla expuesto repentinamente y sin estar preparado. La autoconfianza de la estulticia parlamentaria se origina precisamente en el hecho de que los adultos permanecen relacionados entre sí. En los niños, en cambio, las frases hueras no influyen para nada. En un año se puede lograr que los niños de todo el país las repitan. Pero la cuestión es cómo lograr que dentro de diez o veinte años se cumpla con el programa del partido. Y en esto las palabras rimbombantes no contribuyen nada. La educación proletaria tiene que levantarse sobre el programa del partido, mejor dicho sobre la conciencia de clase. Pero el programa del partido no es un instrumento para la educación de la conciencia de clase, porque la ideología, de por sí importantísima, al niño le llega únicamente como frase huera. Simplemente preguntamos y continuaremos preguntando con qué instrumentos se cuenta para educar la conciencia de clase de los niños proletarios. Dejaremos de lado en lo que sigue, la enseñanza científica; porque mucho antes de poder enseñar a los niños la técnica, la historia de clases, la elocuencia, etc., en forma proletaria, es necesario educarlos en forma, proletaria. Empezamos a los tres años cumplidos.

La educación burguesa de los niños pequeños es asistemática a causa de la situación de clase de la burguesía. Por supuesto que ésta tiene su sistema educacional. Pero lo inhumano de sus contenidos se revela en el hecho de que fracasan ante la temprana niñez. A esa edad, sólo lo veraz puede surtir un efecto productivo. La educación proletaria de los niños pequeños tiene que distinguirse de la burguesa ante todo por el sistema. Y en este caso, sistema quiere decir marco. Sería un estado insoportable para el

está determinado por el lucro. El teatro de la burguesía de hoy tiene un condicionamiento económico. por eso el teatro infantil proletario es para el niño proletario el lugar de educación dialécticamente fijado. como la burguesía. aparece única y exclusivamente en el teatro dentro de un marco y como espacio.proletariado si. niño es debe el teatro abarcar infantil toda proletario. Así como la primera acción de los bolcheviques fue levantar en alto la bandera . como sucede en los jardines de infantes de la burguesía. un marco. desde los tres hasta los La trece años del cumplidos. pues. No necesita. del cual hablaremos ahora. No así el teatro infantil proletario. antes que nada y sin falta. en su abundancia infinita. Fundamentaremos aquí por qué el marco de la educación proletaria. es la ideología del “seguir mal que bien como hasta ahora” y de la pereza. fundamentalmente un instrumento de sensación. delante y detrás de bastidores. De modo. En cambio. una idea para la cual educar. su vida. educación La educación proletaria debe realizarse dentro de un espacio limitado. como la vida entera. mantiene o no una relación precisa con el gran teatro en los puntos culminantes de su historia. He aquí la dialéctica positiva de la cuestión. ESQUEMA DE LA TENSIÓN No consideraremos si el teatro infantil. Desde un punto de vista sociológico es. Ahora bien. que la educación proletaria necesita. cada seis meses entrara en su pedagogía un método nuevo con los últimos refinamientos psicológicos. un ámbito objetivo dentro del cual educar. afirmamos con toda energía que ese teatro nada tiene en común con el de la burguesía actual. En todos los terrenos —y la pedagogía no es una excepción— el interés por el “método” es una actitud típicamente burguesa.

tardío e inmaduro. en esta resistencia es la angustiada conciencia de que el teatro despierta la poderosa fuerza del futuro en los niños. Sin embargo. es el hecho de que nada considera la burguesía más peligroso para los niños que el teatro. actos. y como su centro. las funciones se producen como de paso. tema fundamental de la educación bolchevique. casi como una travesura de los niños. (Y en éstas se basa la régie del teatro burgués. Allí. como las de los grandes teatros burgueses. más bien. podría decirse por descuido.roja. se desarrolló el teatro infantil proletario. así su primer instinto los llevó a organizar a los niños. Tampoco existe influencia directiva. ¿Por qué? Porque en el club infantil no podría mantenerse ningún director que intentara. Y esa conciencia hace que la pedagogía burguesa proscriba el teatro. Esto no es tan sólo un efecto residual del viejo espantajo del comediante vagabundo que secuestraba a los niños. Lo que se expresa. influir en los niños directamente como “personalidad moral”. nunca termina. Las tensiones del trabajo colectivo son las que educan. A él le interesan las tensiones que se resuelven en tales funciones. las funciones de ese teatro no son.) Lo único que cuenta es la influencia indirecta del director sobre los niños por medio de materiales. El director concede poca importancia a esos finales. de manera típicamente burguesa. A ello se debe . la meta específica del esforzado trabajo colectivo que se realiza en los clubes infantiles. Los inevitables equilibramientos y correcciones surgen de la propia colectividad infantil. por principio. que de esa manera interrumpen el estudio que. que el régisseur burgués verifica en el actor burgués. Allí no existe influencia moral. Ese sistema prescinde del precipitado trabajo educativo. tareas. La contraprueba. Cuál no sería su reacción si sintiera de cerca el fuego que en los niños producen realidad y juego amalgamados y confundidos de tal modo que los sufrimientos representados pueden convertirse en verdaderos y que las bofetadas simuladas se convierten en reales. que no deja resquicio. En el seno de esa organización.

como pretende el psicólogo. La misión del director consiste en liberar las señales infantiles del peligroso reino . exigen inexorablemente un ente colectivo como público. el ejército. ha permitido formular el postulado de que el niño vive en su mundo como un dictador. en cambio —y con ella empieza la educación— toda acción y todo gesto infantil se convierten en señal. Y es privilegio de la clase obrera el prestar mucha atención al ente colectivo infantil. censurado. No tanto en señal del inconsciente. carece de efectividad. la “teoría de las señales” es más que una mera palabra. (Remitimos a las exposiciones más recientes de dibujos infantiles. para ser fructíferos. El que todavía no se haya idiotizado por completo tal vez sienta vergüenza. Pero esto tampoco nos lleva adelante. El conocimiento del niño. Sólo ella constituye el núcleo de un amor no sensiblero. la fábrica. De hecho. Un público que se sintiera superior no tendría lugar posible frente al teatro infantil. se libera una fuerza enorme. sino también las más actuales. Ese cuerpo social irradia no sólo las fuerzas más potentes. que favorece la esencia misma de la educación: la observación. Cualquier amor pedagógico que no pierda —en nueve de cada diez casos— el coraje y las ganas de corregir. que se ha ido gestando en los clubes infantiles rusos. El primero de ellos fue Jean Paul. sólo la clase obrera posee el sentido infalible de la existencia de entes colectivos. Casi todo gesto infantil es orden y señal de un medio del cual sólo unos pocos hombres geniales abrieron una perspectiva. En una palabra: la clase. Para la observación. Pero también lo son los niños. la actualidad de la creación infantil no tiene igual. Por otra parte. de lo latente.) Al restar importancia a la “personalidad moral” del director. Por eso. Es sensiblero y vano. reprimido.que las funciones del teatro infantil causen en los adultos el efecto de una auténtica instancia moral. al que la burguesía no podrá ver jamás. sino en señal de un mundo en el que el niño vive y manda. Tales entes colectivos son el mitin. Los teatros infantiles proletarios. al observar la vida infantil.

Honrad Fiedler fue el primero en demostrar. al final sólo llenaba sus armarios y memorias con baratijas. Es un hombre que ve más de cerca con la mano allí donde el ojo no alcanza. infantil. como “rendimiento” acabado. la representación teatral no es más que la síntesis improvisada de ellas. Todo gesto infantil es una inervación creadora exactamente relacionada con la inervación receptiva. que transmite la inervación receptora de los músculos ópticos a la inervación creadora de la mano. en sus Schriften über Kunst [Escritos sobre el Arte. que el pintor no es un hombre de visión más naturalista. poética o estática que otra gente. en cuanto a autenticidad.mágico de la mera fantasía y llevarlas hacia su realización en lo material. Lo que persigue toda realización infantil no es la “perpetuidad” de los El productos. hacia la confección de utilería. Esto se lleva a cabo en los distintos departamentos. Incumbe a los distintos departamentos desarrollar ese gesto infantil hacia las diversas formas de expresión. danza e improvisación. con la improvisación. . Lo que se obtiene de los niños por la fuerza. la improvisación es el núcleo central. pintura. sino por ser el arte “momento” perecedero. los gestos señaladores. ella es el estado de ánimo del cual surgen las señales. en última instancia. música. recitación.]. teatro. precisamente porque sólo en esa síntesis se halla esa súbita unicidad que constituye el espacio genuino del gesto infantil. La representación teatral tiene que ser la síntesis de esos gestos. La improvisación es lo predominante. que se cuidaban con gran piedad para atormentar después a los propios hijos en memoria de la juventud de los padres. del es gesto. En todas ellas. nunca puede compararse. El aristocrático diletantismo que buscaba esas “realizaciones artísticas” de los pobres educandos. Sabemos —para hablar tan sólo de la pintura— que también en esa actividad infantil lo esencial es el gesto.

En forma de juego. su educación ideológica de clase empieza con la pubertad. El proletariado no debe acercar a los jóvenes a sus intereses de clase utilizando los medios espurios de una ideología destinada a someter la sugestibilidad infantil. que jamás pueden despertarse políticamente en forma directa. en el niño conduce a su pleno poder al genio de la variación. El proletariado sólo disciplina a los proletarios adolescentes. Si para el actor profesional el estreno no pocas veces es momento para hallar las más felices variantes del papel estudiado. Allí el director desaparece por completo. en oposición a la ejercitación pedagógica. Pero no por eso el ámbito donde esto se realiza ha de estar aislado del escenario de las luchas de clases. Esa nueva tendencia intenta ocultar el dilema que plantean las exigencias de la sociedad burguesa (como las de toda sociedad política) frente a las energías de la juventud. Los apuros de la pedagogía burguesa y de la burguesía en desarrollo se revelan últimamente en el movimiento de “cultura juvenil”. Porque ninguna sabiduría pedagógica es capaz de prever cómo los niños reunirán. La representación es. La disciplina que la burguesía exige a los niños es su estigma de ignominia. a efectos de sustituir clandestinamente las ideologías formales del idealismo alemán por contenidos de la clase burguesa. La “cultura juvenil” trata ahora de realizar este desesperado compromiso: elimina el entusiasmo juvenil por medio de reflexiones idealistas acerca de sí mismo. la liberación radical de un juego ante el cual el adulto sólo puede ser espectador. Esto se refiere sobre todo a las energías infantiles. sus gestos y sus habilidades en una totalidad teatral. con mil variantes sorprendentes.ESQUEMA DE RESOLUCIÓN El objeto de la labor pedagógica en los departamentos es la representación teatral como resolución de la tensión. sus . La pedagogía proletaria demuestra su superioridad al garantizar a los niños la realización de su niñez.

y así como en las saturnales romanas el amo servía al esclavo. “empáticas”. de vez en cuando. Por eso el proletariado puede abstenerse también de la utilización de las mil palabrejas con que la burguesía disimula las luchas de clases en su pedagogía. La representación teatral es la gran pausa creadora en la obra educacional. Verdaderamente revolucionaria es la señal secreta de lo venidero que se revela en el gesto infantil. Al mismo tiempo. estimulan acciones irrealizables y desaparecen ante la primera reflexión sobria a la salida del teatro. lo que el carnaval era en los cultos antiguos. y no durante el trabajo. una actividad libre de sentimentalismo. así como de las educadoras llenas de “amor al niño”. el gesto pseudorrevolucionario del más reciente teatro burgués. Los niños que han hecho teatro de esa manera se han liberado en tales representaciones. Pero no pueden asumir un dominio formal sobre el niño. Aparecen nuevas fuerzas. Pues no es verdaderamente revolucionaria una propaganda de ideas que. ni lo pretenderán. nuevos impulsos que el director a menudo no conocía. No arrastran un lastre que más tarde inhibirá. Se invierten los términos. en esa salvaje liberación de la fantasía infantil. ese teatro es el único que sirve al espectador infantil. que sólo ahora. Es en el reino de los niños. Se podrá prescindir de prácticas “imparciales”. Su niñez se realiza jugando. infantil vive resultan una fuerza de que ello aniquilará tonterías. con sus plañideros recuerdos de infancia. durante la función están los niños en el escenario para enseñar y educar a los atentos educadores. “comprensivas”.contenidos y símbolos pueden —y quizá deben— encontrar muy bien su lugar. . Cuando los adultos hacen teatro En para ese teatro niños. llega a conocer.

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