Bourdieu, p. Argelia

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PIERRE BOURDIEU
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ARGELIA
Imágenes del desarraigo
Obra concebida por
Franz Schultheis y Christine Frisinghelli
TRADUCCiÓN AL ESPAÑOL POR ALICIA B. GUTIÉRREZ
UNIVERSIDAD NACIONAL DE CÓRDOBA, ARGENTINA
EDICIÓN PREPARADABAJO LADIRECCIÓN DE
MIGUEL J. HERNÁNDEZ M. y HUGO JOSÉ suÁREz S.
EL COLEGIO DE MICHOAcAN, A.e.
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El Colegio de Michoacán
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Centro de Estudios Mexicanos
y Centroamericanos
305.8965
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Bou rdieu, Pierre
Argelia: imágenes del desarraigo / Pierre Bourdieu obra concebida por
Franz SchuIrheis y Chrisrine Frisinghelli; traducción alespañol por Alicia B.
Guriérrez, edición preparada bajo la dirección de Miguel J. Hernández M. y
Hugo José Suárez S..-- Zamora, Mich.: El Colegio de Michoacán: Camera
Ausrria: Centro de Estudios Mexicanos y Centroamericanos, 2008.
251 p.ril., 23 cm. -- (Colección Imágenes)
ISBN 978-970-679-245-7
l. Argelia - Condiciones Sociales - 1830-1962 - Exposiciones
2. Fotografía - Argelia
3. Sociología y Etnología
ÍNDICE
PREFACIO A LAEDICiÓN EN ESPAÑOL
9
© Camera Austria
Kunsrhaus Graz
Lendkai I,A
8020 Graz, Austria
1. Schulrheis, Franz, coaur.
Il. Frisinghelli, Christine, coaur,
III. Hernández M., Miguel J., ed.
IV. Suárez S., Hugo José, ed.
Imagen de porrada: Ain Aghbell, Collo, N 6/7.
© D. R. El Colegio de Michoacán, A. C; 2008, edición en español
Centro Público de Invesrigación
Conacyr
Marrínez de Navarrere 505
Las Fuentes
59699 Zamora, Michoacán
publica@colmich.edu.mx
Centro de Esrudios Mexicanos y Cenrroamericanos, 2008
Minisrere des Affaires Érrangeres, París, Francia
Sierra Leona 330, Colonia Lomas de ChapuJrepec
11000 México, D.E
Impreso y hecho en México
Printedandmndein México
l
ISBN 978-970-679-245-7 primera edición en español
ISBN 3-900508-47-X CameraAustria, 2003
PIERRE BOURDlEU y ARGELIA.
DE LAAFINIDAD ELECTIVA A LAOBJETIVACIÓN COMPROMETIDA
Prólogo de Franz Schulrheis
FOTOGRAFfAs DE ARGELIA
GUERRA y MUTACiÓN SOCIAL EN ARGELIA
HABITUS y HÁBITAT
HOMBRES - MUJERES
CAMPESINOS DESARRAIGADOS
ECONOMfA DE LAMISERIA
DE ARGELIA A BUDA.
SECUENCIA DE IMÁGENES COMPUESTA POR PIERRE BOURDIEU
OBSERVACIONES RELATIVAS A LOS DOCUMENTOS FOTOGRÁFICOS
DE PIERRE BOURDIEU (por Christine Frisinghelli)
OBRAS DE PIERRE BOURDIEU SOBRE ARGELIA
ÍNDICE DE FOTOGRAFfAS
REFERENCIAS DE LASCITAS
15
27
59
83
109
137
169
197
223
239
245
251
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PREFACIO A LAEDICIÓN EN ESPAÑOL
..
En América Latina, Pierre Bourdieu ha tenido un tránsito itinerante
marcado por distintos tiempos, obras y acontecimientos. Quizá su
primera incursión fue por medio del ya clásico El oficio del sociólogo,
traducido por Siglo XXI en 1975, que se convirtió rápidamente en una
reflexión ineludible para el mundo sociológico. En la actualidad ese
texto ha sido reimpreso 25 veces con un total aproximado de 75000
ejemplares. Pero sus reflexiones posteriores no fueron tan afortunadas.
La distinción aparece en castellano -en España por Taurus y con un
precio elevado- una década más tarde de que lo hiciera en Francia; El
sentidopráctico -por la misma casa editorial- es accesible al público his-
pano en 1991. Y así, como cuentagotas, fueron editados en castellano
varios títulos.
Un nuevo impulso sucedió luego de las apariciones públicas de
Bourdieu en apoyo de los movimientos sociales y contra el neolibera-
lismo en el transcurso de los 90. Una cascada de libros fueron publica-
dos entonces con mayor fluidez: Contraftegos en 1999 (al año siguiente
de laversión francesa); La miseria del mundofue editado por elFondo de
Cultura Económica en 1999 (a seis años de la original); Respuestas. Por
una antropología reflexiva apareció en1995 (tres años después). Ya para
finales de la década, aparecieron una gran cantidad de títulos en varias
editoriales españolas y latinoamericanas; hoy se puede conseguir una
buena parte de su obra en nuestra lengua. Además, se han escrito una
serie de libros que buscan vincular su teoría con esta sociedad.
Sin embargo, paradójicamente las reflexiones de Bourdieu que
tienen mayor relación con la realidad en nuestro continente (realidad
9
...
que nunca abordó de manera directa), fueron traducidas muy tarde,
casi tímidamente. Me refiero, por supuesto, al Bourdieu que mira y vive
Argelia.
Argelia en la vida intelectual de Bourdieu es de fundamental impor-
tancia. Recordemos que se traslada a esepaís de 1955 a 1960 para cum-
plir con su servicio militar y le toca vivir el proceso de liberación. Como
se podrá apreciar en las páginas de este libro, es cuando el sociólogo se
construye y gesta su primer habitus científico. Ante las duras condicio-
nes sociales, Bourdieu debe realizar múltiples rupturas y conversiones,
analíticas y disciplinarias, que le permitan dar cuenta de lo que tenía en
frente. Conceptos clave de su sistema teórico -como habitus, reflexi-
vidad, correspondencia, etc.- nacen en ese particular COntexto. Es ahí
cuando aprende a observar lo social de manera distinta, autónoma,
creativa.
Ante Argelia encendida, Bourdieu se pregunta: ¿cómo se vive la
transición de una sociedad esencialmente rural hacia una racionalidad
económica de mercado? ¿Qué implicaciones analíticas tiene el proceso?
y sostiene que "un sistema económico supone la existencia de un sis-
tema determinado de actitudes Conrespecto al mundo y Conrespecto al
tiempo";1 existe una correspondencia entre las estructuras económicas y
las estructuras simbólicas, sea capitalista o precapitalista, yeso es lo que
está en juego en el país.
Años más tarde, en La miseria del mundo, Bourdieu sostiene que la
situación de Argelia de los 50 es similar a la de Francia de los 90. Pero
podemos empujar más el argumento. Sus observaciones sobre aquella
sociedad tienen un paralelo remarcable con la experiencia latinoame-
ricana, que vivió el desencuentro entre un proyecto de modernización
a ultranza con culturas rurales profundamente arraigadas. El desfase
entre una estructura de conciencia vinculada a lógicas rurales e indíge-
nas y la racionalidad económica capitalista -o neoliberal en las últimas
décadas- fue y es uno de los temas analíticos ineludibles para cualquier
lectura de lo social en el continente. ¿No hubiera sido útil tener accesoa
la\ primeras reflexiones de Bourdieu para tender los puentes entre socie-
10
."..
dades con extraordinarias coincidencias? ¿Cómo explicar que recién en
el año 2006 se publique en castellano el texto Argelia 60?
La edición en castellano de Argelia. Imágenes del desarraigo tiene la
intención de saldar algo de aquella deuda y construir los puentes necesa-
rios entre teorías y contextos.
Como se verá a continuación esta obra muestra otra faceta de Pierre
Bourdieu: su relación con la fotografía, relación compuesta por dos
entradas, por un lado, la que se analiza como producto cultural, y por
otro la utilizada como herramienta de trabajo para la investigación.
En su texto Lafotografia, un arte intermedio (investigación finan-
ciada por Kodak y publicada por primera vez en 1965), el autor
reflexiona sobre cómo y por qué la fotografía puede ser objeto de inves-
tigación sociológica. La foto, afirma, no debe ser vista en "sí misma y
por si misma? sino como un producto resultado de un grupo que
ocupa un lugar en la estructura social. El uso de la foto responde a fun-
ciones y necesidades sociales predeterminadas: "la imagen fotográfica,
esa invención insólita que hubiera podido desconcertar o inquietar, se
introduce muy temprano y se impone muy rápidamente (entre 1905 y
1914) porque viene a llenar funciones que preexistían a su aparición:
la solemnizacion y la eternización de un tiempo importante de la vida
colectiva"."
Bourdieu analiza la fotografía como un producto que llevael sello de
valores estéticos y éticos que pertenecen a un grupo determinado que,
de la "infinidad teórica de fotografías técnicamente posibles ... selec-
ciona una gama finita y definida de sujetos, géneros y composiciones".
4
La foto así expresa, por mediación del ethos, "las intenciones explícitas
de quien la ha tomado, el sistema de esquemas de percepción de pen-
samiento y apreciación común a todo un grupO".5 En este sentido,
ninguna foto es casual, pues "nada puedeser fotografiado fuera de lo que
debe serlo".
6
Cualquier imagen, sea fotografía popular, profesional o familiar,
posee significaciones -unas explícitas y otras implícitas- que responden
al grupo que es responsable de ella. Bourdieu pone énfasis en el hecho
de que las condiciones objetivas en las cuales se inserta una claseson las
11
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que delimitan el escenario de lo posible, lo imposible, lo pertinente y lo
que debe o no ser tomado en cuenta.
Pero como dijimos, la relación de Bourdieu con la fotografía no se
restringe a estudiarla sociológicamente, sino que, como sociólogo, hace
uso de ella, y este libro es su testimonio. En las páginas que siguen podre-
mos ver la mirada del investigador que observa lo social con cámara en
mano. La organización del propio texto, concebido y organizado por
Franz Schultheis y Christine Frisinghelli, tiene la intención de mostrar
la correspondencia entre su mirada y su inquietud académica, por ello
se ofrecen fotos con reflexiones científicas de distintos momentos de su
producción.
La mirada de las fotos de Bourdieu nos dibuja sus búsquedas inte-
lectuales: toma a hombres y mujeres en sus lugares de trabajo, niños
trabajando o jugando, conjuntos habitacionales en el campo, campesi-
nos, animales y caminos, bares, afiches, mensajes pintados en el suelo,
lugares públicos, paisajes urbanos y rurales. En suma: el espacio social
argelino.
En una foto una niña teje una canasta, en otra cuida a sus hermanos
menores; adelante unos niños juegan y otros trabajan recolectando
agua, vendiendo periódicos o lustrando zapatos; todavía más adelante,
ahora niños bien vestidos de clase alta, disfrutan de helados o se divier-
ten en un carrusel. ¿Qué pretende mostrar Bourdieu? ¿La formación del
habitus de género y de clase desde los primeros años de vida?
En una foto, una mujer cubierta entera de blanco -hasta el rostro
y la cabeza sólo enseñando los brazos- va por la avenida en una moto
en la ciudad. Adelante, un hombre de origen rural utiliza una máquina
de coser de pedal. En el bar comparten la barra cuatro mujeres y un
hombre, todos tomando café, ellas cubiertas hasta el rostro y él vestido
de militar; otra pareja igualmente vestida, ahora con un bebé en brazos,
se pasea en la ciudad: la criatura es cargada por el hombre de traje.
¿Cuáles las fronteras de los roles sociales? ¿Cómo definirlos?
Una serie de imágenes muestran el desfase entre la sociedad capita-
lista "moderna' y las formas tradicionales argelinas. Una tienda ambu-
lante de pequeños productos se sitúa frente a un cartel de cigarrillos
12
...
"Bastos" que promueven "el gusto francés"; una mujer vestida de blanco
y con una canasta en la cabeza, pasa por la vitrina de una tienda que
ofrece refrigeradores, televisores y radios; unos niños miran un negocio
de juguetes "DinkyToys" que tiene un perro vaquero que les devuelve la
mirada; otros adolescentes observan una vitrina de comics: Fantax, Old
Bridger, Back john, Tótem... ¿Cómo se transforman las estructuras
mentales con la introducción de productos de consumo foráneos?
De por medio, las fotos de la guerra: un afiche que sugiere "prote-
gerse de los asesinos"; un anuncio de Kodak cubierto con panfletos que
dicen "todos unidos votemos", "por un futuro mejor"; un coche al lado
de un tanque en la carretera; niños paseando al lado de una barricada
de alambre de púas. En esas condiciones de agitación social, ¿cuál es la
posición del sociólogo? ¿Qué implicaciones epistemológicas tiene inves-
tigar en momentos donde se arriesga la vida?
Las fotos tomadas en un contexto de investigación, nos enseña
Bourdieu, son inseparables de la reflexión misma; las imágenes captadas
sociológicamente no complementan: argumentan, razonan, explican.
Sirvan las páginas que siguen para recordar a Pierre Bourdieu, cuya
obra tiene bien ganado un lugar en la inmortalidad.
Hugo José Suárez
1 Bourdieu, Pierre, Travai/et trauailleurs en A/gérie(con A. Darbel, J.-P. River y C. Seibel), Mouton,
París-la Haya, 1963, pp. 24 - 25.
2 Bourdieu, Pierre (comp.), La¡Vtografia. Unarte intermedio, México, Nueva Imagen, 1979, p. 42.
3 Ibid., p. 39.
4 [bid., p. 22.
5 [bid, p. 67.
6 Ibid., p. 44.
13
,....
NOTA DE LOS RESPONSABLES DE LAEDICIÓN
EN ESPAÑOL
La publicación de esta primera edición en castellano de Argelia. Imágenes
del desarraigo ha sido el resultado del esfuerzo colectivo que involucró a
El Colegio de Michoacán, Cámara Austria, la Fundación Pierre Bour-
dieu y el Centre d'Études Mexicaines et Centramericaines (CEMCA).
Gracias a Franz Schulrheis, presidente de la Fundación Pierre Bourdieu
y a Christine Frisinghelli de Camera Austria fueron concedidos los
derechos al Colegio de Michoacán para realizar este proyecto editorial,
mismo que fue apoyado con entusiasmo por Odile Hoffmann, direc-
tora del CEMCA para colaborar en su coedición.
La traducción de la versión en francés de Pierre Bourdieu. Images
d'Algerie" al español la realizó Alicia B. Gutiérrez de la Universidad de
Córdoba, Argentina, a quien debemos un especial reconocimiento por
su generosidad y calidad profesional en esta empresa. Cabe aclarar que
la edición en alemán de Pierre Bourdieu In Algerien. Zeugnisse der Ent-
wurzelung fue la que sirvió de modelo para organizar la edición de las
secciones y fotografías de la versión en castellano.
Miguel J. Hernández Madrid
Hugo José SuárezSuárez
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• Pierre Bourdieu, ¡magrs d'Algrrir. Uneaffinitéé!rctilJr, Francia, Acrés Sud/Fondarion Líber/Camera
Austria. 2003.
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PIERRE BOURDIEUy ARGELIA
DE LAAFINIDAD ELECTIVA
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"La mirada de etnólogo comprensivo que he asumido sobre Argelia, he
podido asumirla sobre mí mismo, sobre la gente de mi país, sobre mis
parientes, sobre el acento de mi padre, de mi madre y recuperar todo
esto sin drama, lo que es uno de los grandes problemas de los intelectua-
les desarraigados, encerrados en la alternativa del populismo o, al con-
trario, de la vergüenza de sí ligada al racismo de clase. He podido asumir
sobre gente tan semejante a los kabiles, gente con quien he pasado mi
infancia, la mirada de comprensión obligada que define la disciplina
etnológica. La práctica de la fotografía, en primer lugar en Argelia, luego
en Béarn, ha contribuido mucho sin duda, acompañándola, a esta con-
versión de la mirada que suponía -creo que el término no es demasiado
fuerte-, una verdadera conversión. La fotografía es, en efecto, una mani-
festación de la distancia del observador que registra y que no olvida que
registra (10 que no siempre es fácil en las situaciones familiares, como el
baile), pero supone también toda la proximidad de lo familiar, atento y
sensible a los detalles imperceptibles que la familiaridad le permite y le
ordena aprehender e interpretar en-el-campo (¿nosedice de alguien que
se conduce bien, amistosamente, que es 'atento'i}, a todo aquello infini-
tamente pequeño de la práctica que escapa frecuentemente al etnólogo
más atento. Está ligada a la relación que no he dejado de mantener con
mi objeto, del que jamás olvidé que se trataba de personas, sobre las
cuales sostenía una mirada que llamaría gustosamente, si no temiera el
ridículo, afectuosa, y, frecuentemente, tierna".
1
Las fotografías tomadas por Pierre Bourdieu durante sus investigacio-
nes etnológicas y sociológicas en Argelia, en el momento mismo de la
guerra de liberación, nos permiten compartir su mirada sobre el mundo
17
.....
-------------- y
social bajo otro ángulo. Escondidas cuatro décadas entre cartones, estas
fotografías dan testimonio de un viaje iniciático y de una conversión
profunda que se encuentra en el origen de una trayectoria científica e
intelectual extraordinaria.
En Argelia, país sacudido por una guerra anticolonial particular-
mente violenta y desgarrado por anacronismos y contradicciones exa-
cerbadas, se afirma, a finales de la década de 1950, la vocación de Pierre
Bourdieu por el oficio de sociólogo. En ese "laboratorio social" gigante,
como él mismo lo designa, se someterá cada vez más consciente y metó-
dicamente, a una conversión radical, basada en un largo y lento trabajo
en el sentido cuasi analítico del término, sobre el habitus de filósofo que
sus maestros de la Escuela Normal Superior de París habían intentado
inculcarle. Frente a la situación de crisis y a los peligros reales encontra-
dos durante sus años argelinos, el rechazo profundo al punto de vista
escolástico experimentado por el joven Pierre Bourdieu y su inaptitud
para "hacerse el filósofo", encontrarán una solución durable, bajo la
forma de una conversión de la mirada sobre el mundo social.
CONTEXTO DE EMERGENCIA DE UNA MIRADA SOCIOLÓGICA
Esta experiencia argelina es, en buena parte, fundadora de la aproxima-
ción teórica y empírica del mundo social que él desarrollará, al modo
de un autodidacto, en las condiciones de urgencia y de peligro que se
pueden imaginar. En ese clima de violencia física y simbólica, el joven
Pierre Bourdieu forja las armas conceptuales y las herramientas metodo-
lógicas que le servirán in situ, y más tarde en Francia, para construir una
teoría completa y coherente del mundo social y para ponerla a prueba
en los terrenos de investigación más diversos. Sociedad esencialmente
rural, todavía profundamente arraigada en sus tradiciones, según las
cuales la lógica del intercambio estaba siempre, en buena parte, fundada
sobre el honor y una "ética de hermano" (Weber), Argelia parecía opo-
nerse en todo punto al espíritu utilitarista del homo economicus y a su
racionalidad unidimensional ("los negocios son los negocios"). Bajo la
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colonización francesa, la introducción brutal de principios económicos
extraños en todos los sentidos del término (destrucción rápida de un
modo de producción agrario y de los lazos de solidaridad tradicionales
que lo acompañan, precariedad económica y social, desarraigo geográ-
fico y cultural) hacía de la sociedad argelina de la época un terreno de
observación sociológica particularmente rico a quien osaba plantear
preguntas del tipo: ¿Qué ocurre con una sociedad cuando debe hacer
frente a nuevas situaciones económicas y sociales que contradicen todas
las reglasde juego establecidas desde generaciones atrás? ¿Cómo el habi-
tus económico tradicional limita el campo de los posibles de los actores
económicos encerrados en su lógica y de qué manera pre-estructura lo
que les es pensable o impensable? ¿Cuáles son las condiciones económi-
cas del accesoa la racionalidad económica? ¿Qué significan los términos
"crédito" o "ahorro" en tal contexto?
El joven Pierre Bourdieu las plantea con una madurez teórica asom-
brosa, traduciendo así las interrogaciones filosóficas que se había plan-
teado durante sus estudios en la Escuela Normal Superior en preguntas
de sociólogo empíricamente verificables. Su competencia filosófica se
invertía en el análisis de las interdependencias entre estructuras econó-
micas y estructuras temporales, su interés por una fenomenología de
las estructuras afectivas, objeto de su proyecto de tesis de doctorado,
se concreta en el análisis de las formas de sufrimiento que resulta de la
confrontación entre estructuras mentales y afectivas -el habitus de los
actores sociales- y las estructuras económicas y sociales impuestas por
la sociedad colonial. Repetidas veces, Pierre Bourdieu ha señalado el
estado de efervescenciay de agitación permanentes en el cual se encon-
traba durante esos años de investigación.
UN SOCIÓLOGO DE CIRCUNSTANCIAS
Sintiéndose totalmente desposeído frente a este inmenso laboratorio
social, en un estado de guerra que hacía del terreno una verdadera aven-
tura, se lanzó inevitablemente al trabajo, experimentando y utilizando
20
~
..
21

,..
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todas las técnicas de investigación etnológica y sociológicas posibles. De
la observación participante a la entrevista en profundidad, de la recons-
trucción del sistema de parentesco al análisis del espacio doméstico,
pasando por el de las visiones y divisiones cosmológicas del mundo, de
la encuesta estadística llevada a cabo con sus amigos que trabajan en el
Institut Nacional de la Estatistique et des Études Économiques (IN5EE)
a los estudios de presupuestos de los hogares, de la observación de las
formas de división del trabajo y de los tipos de dominación masculina
que les corresponden al análisis de la lógica del intercambio de dones,
de la puesta a punto de esbozos topográficos al uso sistemático de la
fotografía como medio de documentación y de testimonio, todas las
técnicas de investigación, todos los procesos metodológicos, han sido
convocados al servicio de un infatigable trabajo en terreno. Tomaba
la motivación y la energía de dos fuentes complementarias. Resuelto
adversario del colonialismo francés y de la opresión militar, Pierre Bour-
dieu inscribía sus investigaciones en una gestión radicalmente política y
comprometida: quería dar testimonio de todo lo que veía, comprender
un mundo social desorientado y atravesado por contradicciones yana-
cronismos. Frente a la violencia insoportable de lo que observaba, la
distancia reflexivay una postura que más tarde llamará la "objetivación
participante" le permitían no caer en la desesperación.
A esta objetivación comprometida corresponde su manera de
recurrir al objetivo fotográfico: materializar las observaciones y memo-
rizarlas. Pero estas imágenes de Argelia, tales como puede vérselas en la
actualidad, han adquirido otra función, pues pueden servir de espejo.
Las sociedades contemporáneas están confrontadas a una radicalización
neoliberal brutal del capitalismo y de su lógica mercantil. Estas fotogra-
fías contribuyen, a través de los índices sociológicamente pertinentes
que muestran, a una mejor comprensión de las apuestas y de los efectos
de las conmociones económicas y sociales que afectan a categorías cada
vez más amplias de la población. Éstas están igualmente confrontadas
con un nuevo modo de funcionamiento económico que exige mano
de obra perfectamente flexible, móvil, sin historias y sin ataduras,
incompatibles con sus disposiciones cognitivas y éticas. El paralelo entre


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22
23
~
el campesino "des-campesinado" de Kabilia yel asalariado "des-asala-
riado" de las sociedades capitalistas contemporáneas deviene evidente:
basta con comparar los testimonios presentados en la obra colectiva
dirigida por Pierre Bourdieu titulada La miséredu monde [La miseria
del mundo] con los testimonios reunidos en las obras publicadas, hace
cuatro décadas ya, bajo los títulos Trauail et trauailleurs enAlgérie [Yra-
bajo y trabajadores en Argelia] y Le Déracinement[ElDesarraigo]. Y hay
que creer a Pierre Bourdieu cuando observaba, hacia el final de su vida,
hablando de esasinvestigaciones argelinas: "setrata de mi obra más anti-
gua y, a la vez, más actual" .
Es hablar de la actualidad social y política de estas imágenes; actua-
lidad hecha posible gracias a la objetivación sociológica que permitía
el uso militante de la fotografía. Estas fotografías son por primera vez
reunidas en un volumen -si se hiciera abstracción de las que han sido
utilizadas para ilustrar las obras precedentes de Pierre Bourdieu sobre
Argelia-. Uno encuentra allí esa mirada, una mirada sociológica que
conforma su unidad. Pero también una mirada política. Como varias
veces lo ha señalado Pierre Bourdieu durante nuestras entrevistas, él
concebía estas fotografías como una forma de compromiso político y
no solamente como un testimonio: ver para hacer ver, comprender para
hacercomprendeL
IMAGENES DE ARGELIA: UN LIBRO - UNA EXPOSICIÓN
Para terminar esta introducción, parece útil evocar rápidamente las
etapas de la realización de este proyecto. En 1999, luego de la prepara-
ción en lengua alemana del libro A/gérie 6(j2 [Argelia 60], Pierre Bour-
dieu me habló de sus trabajos etnológicos y sociológicos en Argelia hacia
finales de la década de 1950, así como de las centenas de fotografías que
entonces había tomado. Luego de una serie de entrevistas sobre aquella
época, y sobre el rol clave de su experiencia argelina en el nacimiento
de su teoría del mundo social, me mostró finalmente algunas centenas
de ellas; las otras, alrededor de medio millón según su estimación, se
24
...
l
25
...
habían perdido luego de diversas mudanzas. Observando elgran interés
que tenía sobre ellas, en mi tentativa de reconstruir esta experiencia,
me dio finalmente su acuerdo para hacerlas públicas, bajo la forma de
una exposición y de un libro, a pesar de las dudas y de las reticencias
que había que esperar cuando uno conoce la modestia y la timidez
de Pierre Bourdieu." Hemos encontrado en la revista internacional
de fotografía Camera Austria un compañero ideal. En efecto, Camera
Austriadisponía de todos los recursos en el campo del arte fotográfico y
ya había publicado entrevistas con Pierre Bourdieu. Éste debía jugar el
rol de una suerte de informante etnográfico, comentando las fotografías
en el orden, a la vez cronológico, geográfico y temático, que sirven de
soporte de la memoria para comenzar una empresa de historia oral. Si
bien Pierre Bourdieu pudo acompañar este proyecto hasta el otoño de
2001, se tuvo que, desgraciadamente, terminar el trabajo en su ausen-
cia, intentando permanecer lo más cercanamente posible al sentido
que él le daba y sin traicionarlo demasiado. Presentamos este trabajo
al público bajo la forma de un libro y de una exposición en el Instituto
del Mundo Árabe, inaugurada el 23 de enero de 2003, un año después
de su desaparición, para rendirle homenaje y decir que él está más que
nunca presente entre nosotros.
FRANZ SCHULTHEIS
1 Extracto tomado de Pierre Bourdieu: Ein soziologiscber Selbstl'ermch. Frankfurr, Suhrkamp. 2002.
2 Pierre Bourdieu, Diezuuei GesiclJter derArbeit, UniversitJtsverlag Konsranz, Consrance, 2000.
.3Tenemos mucho <¡ue agradecer a las personas <¡ue han contribuido en las diferentes etapas de lareali-
zación de este proyecto, gracias a sus competencias ya su apoyo práctico. Gracias a Sallah Bouhedja,
Andrea Buss-Notrer. Pierre Caries, Christian Ghasarian, Marc-Olivier Gonserh, jaques Hainard,
Melk Imboden, Perer Scheilfele, Eva Schrey, Anna Schlosser, Thierry Wendling, Tassadir, Yassine,
Nicola Yazgi. Gracias también a Remi Lenoir por su lectura crítica del manuscrito de este texto y sus
pertinentes sugerencias.
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FOTOGRAFíAS DEARGELIA
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Entrevista con Pierre Bourdieu del 26 de junio de 2001, en el College de
France, por Franz Schultheis. 1
PranzSchultheis: En el momentoen que nos hadado acceso a lasfotograflas
que ha tomadodurante su estancia en Argelia-encerradas entrecartones
durante cuarentaaños-, usted nos ha concedido, al mismo tiempo, una
entrevista sobre el uso delafotografla enel marco desustrabajos de terreno
etnogrdjicos y de susinvestigaciones sociológicas in situ. Comencemos por
una pregunta muy prosaica. ¿Cudl erael aparato que utilizó para tomar
estasfotos deArgelia?
Pierre Bourdieu: Era un aparato que había comprado en Alemania.
Era un Zeiss IkoRex. Ese aparato se rompió durante mi viaje a Estados
Unidos en la década de 1970, y lo he echado mucho de menos, mucho.
Cuando tengo tiempo, voy a ver en las tiendas de ocasión si encuentro
el mismo, y repetidas veces me han dicho que no existe más. Los Zeiss
IkoRex eran tecnología alemana de punta en aquella época. Lo había
comprado in situ. Debía ser el primer año en el que tenía dinero para
mí (había sido nombrado profesor en 1955), por otra parte, creo que
lo pasé de contrabando... Tenía una lente extraordinaria, es la razón por
la cual era tan caro, si no estaba el modelo Rolleifex clásico, con el visor
en el cuerpo... Era muy útil para mí porque en Argelia había situaciones
en las cuales era delicado tomar fotografías y yo podía fotografiar sin
ser visto. Por ejemplo, tuve también una Leica, tenía amigos fotógrafos
profesionales en Argelia a quienes pedía consejos, porque uno de los
problemas de Argelia, es que la luz es muy, muy blanca, muy brutal,
muy fuerte, yeso borra completamente la imagen, por lo tanto estaba
obligado a consultar. Lamayor parte de estos amigos, pues, utilizaban la
Leica, que era el aparato de los profesionales, pero que supone que uno
29
f' .
...-----------------
trabaja frente a la persona fotografiada. Con frecuencia, eso no era posi-
ble: si, por ejemplo, se fotografiaban mujeres en un país en el que eso no
está muy bien visto, etcétera.
En ciertos casos, he pedido autorización, por ejemplo, cuando
estaba en terreno en la región de Colla o en la región de Orléansville.
Allí evidentemente, tomaba muchas fotos y la gente estaba muy con-
tenta. Por ejemplo, allí hay una serie de fotos sobre una circuncisión,
que son bastante dramáticas por otra parte, y las he tomado a pedido del
padre de familia, que me dijo: "Venga a fotografiar". Era un medio de
introducirme y de ser bien recibido. Enviaba luego las fotos a la gente.
¿Ustedmismo lasha revelado?
He comprado un equipo para revelar,pero solamente mucho más tarde,
porque todos mis amigos fotógrafos me decían: un verdadero fotógrafo
es alguien que revelaél mismo, es en el revelado donde se ve la calidad y
se puede trabajar, se pueden hacer retoques. En la época no podía, pero
tenía un laboratorio en Argelia donde podía pedir casi lo que quería
mandaba hacer placas de prueba, imágenes en pequeño, y luego pedía
cosas más elaboradas discutiendo con el encargado. Como yo hacía
muchas fotos, le interesaba, y por eso, le dejaba hacer, pero intentaba
controlar, así, así.
En cierto modo, de arranque, ustedya eraun enamorado de lafltografla, le
gustabahacereso; durantesu estancia, ¿teníaelproyecto deservirse sistemá-
ticamentede lafltografla?¿Ése eraun proyecto?
Sé que le he concedido allí mucha importancia. Había comprado cua-
dernos de dibujo en los cuales pegaba negativos y, por otra parte, tenía
cajas de zapatos en las que clasificaba las películas: había comprado
pequeños sobres de celuloide donde metía las fotos, indicaba un número
sotre el sobre y los números correspondían al cuaderno en el cual esta-
ban los negativos. Tenía muchos allí. Tenía un problema: ¿guardo todas

30
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las películas? He tenido tendencia a guardar mucho porque tenía siem-
pre dos funciones.
Estaba la función documental: hay casos en que tomaba fotografías para
poder recordar, para hacer luego descripciones, o bien objetos que no
podía llevarme y que fotografiaba; en otros casos, era una manera de
mirar. Hay una sociología espontánea de la pequeña burguesía (es el
caso, por ejemplo, de tal pequeño escritor pequeño burgués: en Fran-
cia, Daninos) que ridiculiza a la gente que parte con un aparato en
bandolera a hacer turismo y que, finalmente, no miran los paisajes que
fotografían. Siempre pensé que eso es racismo de clase. En todo caso,
por mi parte, era un modo de intensificar mi mirada, miraba mucho
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mejor, y luego, con frecuencia, constituía una entrada en materia. He
acompañado a fotógrafos en sus reportajes y veía que no se dirigían del
todo a la gente que fotografiaban, no sabían prácticamente nada sobre
ellos. Había, pues, muchos tipos de fotografías: fotografiaba una lám-
para de casamiento para poder analizar luego cómo estaba hecha, o un
molinillo de granos, etc.
En segundo lugar, fotografiaba cosas que me parecían bellas, amaba
mucho ese país, estaba en un estado de extrema exaltación afectiva y
tomaba fotos de cosas que me gustaban. Todavía veo una foto en la que
había una pequeña niña con trenzas y con su pequeña hermana alIado,
se habría dicho una pequeña virgen alemana del siglo XV; o bien, hay
otra que me gusta mucho, es también una pequeña niña, recuerdo que
estaba al borde de un suburbio, medía ochenta centímetros y llevaba,
pegada contra su vientre, una hogaza de pan que acababa de ir a buscar
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y que era casi tan grande como ella. Era muy sobria, se destacaba sobre
un muro blanco.
¿Apartir de qué momento comenzó a hacerfotos sistemáticamente?¿Des-
pués desu servicio militar?
~ í , así es, era en la década de 1960: tuve la idea de tomar fotos de
situaciones que me impactaban mucho porque mezclaban realidades
disonantes. Hay una que me gusta particularmente: es una foto que
tomé un día de mucho sol, en pleno verano, en Orléansville, uno de los
lugares más calurosos de Argelia. donde hay una valla publicitaria de
una auto-escuela con una ruta que serpentea en medio de los pinos y,
justo alIado, una publicidad para Frigidaire. Esta especie de mezcla me
emocionaba. Otra que puse en la cubierta del libro Algérie60,2para mí,
era también muy típica.
Son dos hombres con turbante, árabes a la antigua, que están
sentados sobre el estribo de un automóvil (se ve mi automóvil, un Re-
nault Dauphine, que está estacionado un poco más lejos) y que están
hablando muy seriamente.
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35
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La cuestión que seplantea cuando uno mira esas fotos es la siguiente: se ve
que no sonfotos turísticas, sinofotos que están dirigidas o montadas. Hay
una orientación específica, usteddecía que tomaba unafotopara objetivar,
para tomar una distancia oparaponersefuera del tiempodurante un breve
momento. Por lo tanto, es totalmente lógico pensar que h!!:1 unarelacián
entreel modode objetivara través de la miradafotográfica y la
aproximación etnológica que ustedestaba construyendo, y los dos ojos, el ojo
del etnólogo, delantropólogo, y el ojo delfotógrafo, deben teneruna afinidad
electiva.
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Sí, sin duda, usted tiene razón. En los dos casos había esta especie de
relación, a la vez bbjetivante y afectuosa, a la vez distante y próxima,
algo así como lo gliese entiende por el humor. Hay toda una serie de
fotos que he tomado en la región de Collo, en una situación bastante
dramática en la que yo estaba bajo el control de gente que tenía el dere-
d10de vida y de muerte sobre mí y sobre los que estaban conmigo, toda
una serie de fotos donde la gente está bajo un gran olivo, discutiendo y
bebiendo café. Hacer fotografías era un modo de decirles: "Me intereso
en ustedes, estoy con ustedes, escucho sus historias, voy a testimoniar
sobre lo que ustedes viven".
Hay, por ejemplo, toda una serie de fotos, no tienen nada de esté-
tico, que he tomado en un lugar que se llama Nn Aghbel, y también
en otro que se llamaba Kerkera: los militares habían juntado gente
que hasta entonces vivía dispersa en las montañas, en alineaciones
de casas al modo de un castrum romano, y yo había partido solo, a
pie, a la montaña, contra la opinión de mis amigos, hacia los pueblos
destruidos, y había encontrado casas a las cuales se les había quitado el
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techo para obligar a la gente a partir, No habían sido quemadas pero no
estaban más habitables y ahí adentro había tinajas (era algo que había
comenzado a estudiar en otro pueblo, en Ain Aghbel: hay sitios donde
todo lo que uno llamaría el mobiliario, era de tierra, fabricado, mode-
lado por las mujeres) que se llaman en Kabilia los aqoufts, esas grandes
tinajas en las cuales se mete el grano, decoradas con dibujos, que repre-
sentan con frecuencia serpientes, porque la serpiente es un de
resurrección.
y por ello, estaba muy feliz de poder fotografiarlas, a pesar de la
desolación de la situación, yeso es muy contradictorio. He podido
tomar fotos de esas casas y de esos muebles inmóviles gracias al hecho
de que allí no había techo ... Esto era bastante típico de mi experiencia,
que era bastante extraordinaria: estaba a la vez muy conmovido, muy
sensible al sufrimiento de toda esta gente, y, al mismo tiempo, había
también una distancia del observador, que se manifestaba en el hecho-..
de tomar fotos. He pensado en todo esto leyendo a Germaine Tillan,
etnóloga que ha trabajado en los Ames, otra región de Argelia, y que
cuenta -en su libro Ravensbrück- que, en el campo, ella veía morir a la
gente y que ponía una muesca cada vez que había un muerto. Hacía su
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41
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trabajo de etnóloga profesional y dice que eso le ayudaba a sostenerse.
y yo pensaba en eso, me decía que era un tipo raro: estaba allá, en ese
pueblo donde hay un olivar, un sitio donde la gente, el primer día de
nuestra llegada -no el primer día, es el segundo día, el primero, era
más dramático, no lo cuento, era algo de parhos heroico-, por lo tanto,
el segundo día, la gente comenzaba a decir: "Yo tenía esto, yo tenía
aquello, yo tenía diez cabras, yo tenía tres carneros", decían todos los
valores que habían perdido y yo estaba con otros tres y anotaba todo lo
que podía. Registraba el desastre y, al mismo tiempo, con una suerte de
irresponsabilidad -eso es verdaderamente la irresponsabilidad escolás-
tica, me di cuenta de ello retrospectivamente-, tenía en la cabeza estu-
diar todo esto, con las técnicas de las que disponía -me decía sin cesar:
"Mi pobre Bourdieu, con los pobres instrumentos que tienes, no estás a
la altura, sería necesario saber todo, comprender todo, el psicoanálisis,
la economía"; implementé tests de Rorschach; hacía todo lo que podía
para intentar comprender -y, al mismo tiempo, tenía en la cabeza la
intención de recolectar los rituales, los ritos del primer día de prima-
vera, por ejemplo. Y esa gente me COntó historias, historias de ogros y
de juegos a los cuales se han puesto a jugar: habían tomado olivas en
el olivar encima de ellos, olivas no totalmente maduras, era un juego,
uno tira las olivas, debe recuperarlas sobre el dorso de la mano y según
el número de olivas perdidas, se tiene derecho a tres o cuatro golpes
con los dedos. Bajo ese olivar he interrogado a esos tipos que tenían
entre treinta y cincuenta afias, y algunos de los cuales tenían un fusil
oculto bajo su chilaba, se pusieron a jugar (si se perdieron dos, hay un
golpe con dos dedos, tres, tres dedos, erc.) y pegaban muy, muy fuerte,
jugaban como niños. Es típico de mi relación con ese país. Hablar de
manera justa de todo eso, era muy difícil: no eran en absoluto campos
de concentración. Era dramático, pero no como se lo decía. Yo obser-
vaba todo eso, que era realmente tan complicado jtan por encima de
mis medios! Cuando me contaban -a veces estuve dos o tres días segui-
dos para comprender nombres de lugares o de tribus complicados,
c ~ f r a s de las pérdidas de ganado, de bienes-, estaba sumergido, pues
todo era bueno para tomar, y la foto, era eso, una manera de intentar
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afrontar el choque de una realidad agobiante. En un centro verdade-
ramente cercano de allí, que se llamaba Kerkera, un centro enorme,
implantado en una gran llanura pantanosa que la gente del país no
43
Por lo tanto, desde luego son importantes esos soportesde memoria, y sería
necesariover si en un segundo momento...
cultivaba porque no tenían ni arados ni yuntas lo suficientemente
potentes, se había instalado gente allá, era inmenso, dos mil, tres mil
personas, era trágico, esta especie de suburbio sin ciudad y allá pues,
hice la cosa más loca de mi vida: una encuesta de consumo a la manera
del INSEE'} (una encuesta de consumo es muy pesada, usted llega con
un cuestionario y dice: "Ayer, ¿qué es lo que usted ha comprado?".
Velas, pan, zanahorias, usted enumera y pone sí, no, usted vuelve a
pasar dos días después y una tercera vez). Era un trabajo enorme -yo
no estaba solo, éramos tres o cuatro-s. organizar y realizar semejante
encuesta en una situación tan difícil; de esta encuesta no ha salido nada
extraordinario, si no que en esta población, que tenía la apariencia de
estar completamente abrumada, homogeneizada, nivelada, reducida al
último grado de la miseria, uno encontraba una distribución normal,
estaban todas las diferencias que uno encuentra en una población ordi-
naria, una dispersión normal.
Cuando uno Lo escucha, tiene laimpresión de que usted no ha seguido un
proyecto concreto, usted quería ir un poco por todas partesy hacer toda la
sociologíaen poco tiempo.
Sí, pero ¿cómo hacerlo de otro modo? ¿Cómo quiere usted, ante
algo como eso, una realidad tan agobiante, apremiante? Evidentemente,
estaba el peligro de dejarme sumergir y de hacer una crónica alucinada
donde hubiera contado todo. Ése es uno de los grandes errores que
cometí, no tuve un diario, tenía fragmentos de notas desordenadas. Hay
que decirlo, era duro; no había tiempo, era fatigante.

Para volver una vez más a esta cuestión de la mirada, loaftctivo está en el
centro mismo, y luego, está el corte, que cuenta mucho para usted, un corte
45
Hubiera sido necesario... pero yo no tenía la íuerza, trabajaba, era ini-
maginable, desde las seis de la mañana hasta las tres de la tarde, Sayad
era el único que resistía, los otros estábamos todos reventados, era muy,
muy duro. \
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Sí, yo puedo decir: "Ésta, era en Orléansville, ésta era en Cheraía"...
Pregunta concreta: si usted no tenía diario, teóricamente, estoy casi
seguro que viendo fotos, usted flega a re-situar todo y de manera bastante
confiable, y puede certeramente decir, viendo tal niña sentada en la tierra:
"Eraallá': ¿no?Pues son soportesde memoria muy. ..
44
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que atraviesa un mundo que está en vías de desaparecer bajosusformas
conocidas y habituales, y un nuevo mundo que se impone muy rápida-
mente. Por lo tanto, la no-contemporaneidadde los objetos. En el libro
Trabajo y trabajadores en Argelia," loque estructura la miradasociológica
parece serel desfase entreestructuras temporales y estructuras económicas,
por lotanto, sepuede decirque uno vuelvea encontrar el mismo leitmotiv
en lasfotos, enla miradafotográfica sostenida sobre ese mundo social...
Hay una foto, para mí muy típica, que puse en la cubierta de Trabajo
y trabajadores en Argelia, son obreros agrícolas, en la llanura de la
Mitidja, cerca de Argel. Están en cadena, sulfatan y están unidos por
una manguera que los enlaza a una máquina que transporta el sulfato
y avanzan de a cinco, seis, quizá más. Eso hace ver bien la condición de
esa gente y, al mismo tiempo, esa industrialización del trabajo agrícola
en las grandes granjas coloniales que estaban muy adelantadas en la
agricultura francesa. Había hecho pequeñas entrevistas con esa gente
que, mientras ganaban un salario de miseria como obreros agrícolas,
cultivaban frecuentemente su pequeño terreno para ellos, sobre las
fronteras de los grandes dominios de la colonización.

Frente a loque usteddicesobre S1/ manerade concebiry de haceresasfotos,
unosepreguntacómo aprehenderlasypresentarlas de maneraadecuada. Es
necesario crear una relación conla investigación etnológicay conlos libros
que hablandeS1/S comienzos dondeustedanaliza elobjeto queseencuentra
también en las fotos: hacerun vínculo entrelos dos parece evidente, pero
uno duda unpoco, pueses un modo, aprimeravista, másespontáneoy más
simplista quizá que buscar enlos textos descripciones desituaciones. relatos,
que hacen pensarenloque uno veenlasfotos.
Es normal hacer el vínculo entre el contenido de mis investigaciones y
mis fotos. Por ejemplo, una de las cosas que más me había interesado
\:n la época, era lo que yo llamaba "la economía de la miseria' o "la eco-
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nomía del suburbio". El suburbio era visto, de ordinario (no solamente
por la mirada racista, sino simplemente por la mirada ingenua) como
malo, feo, desordenado, incoherente, etc., mientras que, de hecho, es el
lugar de una vida muy compleja, de una verdadera economía, que tiene
su lógica y en la que se despliega mucho ingenio, y que ofrece a mucha
gente los medios mínimos de sobrevivencia, y, sobre todo, razones para
es decir, para escapar al deshonor que representa. para
un hombre que se respeta, elhecho de no hacer nada, de no contribuir en
46
,
47
nada a la existencia de su familia. Hice una cantidad de fotos al respecto,
sobre todo de los buhoneros, de los vendedores ambulantes, y estaba
verdaderamente pasmado por el despliegue de ingenio y de energía que
representaban esas construcciones insólitas que evocan una vitrina o
una tienda, o esos escaparates de objetos heteróclitos sobre el suelo (eso
me interesaba también estéticamente, porque es muy barroco), por esos
boticarios que interrogaba, que vendían todos los recursos de la magia
tradicional de los que registraba los nombres, afrodisíacos, etc. Había
también carniceros muy pintorescos (esos tres grandes pilares de madera
en haz, en los cuales se cuelgan los trozos de carne), tema típico para el
fotógrafo que está a la búsqueda de lo pintoresco, de lo exótico. Tenía
siempre en mente algunas hipótesis sobre la organización del espacio:
hay un plano con una estructura, una estructura de la casa; igualmente,
había observado que la estructura de la distribución de las tumbas en
los cementerios, reproducía grosso modo la organización de la aldea por
clanes: ¿voya encontrar la misma estructura en los mercados?
Esto me hace pensar en una foto que tomé en un cementerio: sobre
la tumba, anónima, una lata de estofado llena de agua. El séptimo día
después de la muerte, se debe poner el agua para amarrar el alma feme-
nina; pues en ese caso, se trataba de una lata de estofado que había con-
tenido un producto tabú, cerdo...
Vólviendo después a Francia, usted empezó rápidamente investigacio-
nes sobre lafOtografia.
5
¿Cómo tuvo la idea?¿Le vino del exterior, por así
decirlo?
No recuerdo bien, y no quiero decir tonterías. Sé que estaba ligado al
hecho de que Raymond Aron me había confiado la secretaría general
de un centro de investigaciones que acababa de crear; yo no estaba muy
seguro de mí y pensé que era necesario que me las ingeniara para tener
dinero para mí mismo: así, si yo hacía tonterías no sería demasiado
grave... Firmé, pues, un contrato con Kodak.
La fotografía era un objeto que me interesaba. Tenía en la cabeza,
evidentemente, que la única práctica con dimensión artística que era
48
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49
accesible a todos, era la fotografía, y que el único bien cultural univer-
salmente consumido era también la fotografía. Por aquél rodeo, pues,
iba a poder hacer una teoría estética general. Era, a la vez, muy modesto
y muy ambicioso. Habitualmente se dice que las fotos populares son
horribles, etc., y yo quería, en primer lugar, comprender por qué era así
e intentar dar cuenta, por ejemplo, de la Ironralidad de esas imágenes,
por el hecho de que allí se manifiestan relaciones entre las personas, por
un montón de cosas que hablan de la necesidad y, al mismo tiempo,
tenían un efecto de rehabilitación. Yluego emprendí el análisis de una
colección de fotos, la de mi amigo de la infancia que se llama Jeannot,
las he mirado una a una, me he impregnado de ellas, pienso que encon-
tré muchas cosas en esa caja de zapatos.
Pero ya cuando estaba enArgelia tomandofotografias, usteddijo también
que ha observado a los fotógrafos de oficio; usted dice: "YO no hubiera
tomado la misma foto" o "La hubiera tomado de otro modo': a veces
"Hubiera hecho como ellos': Hayya una reflexividad en el uso de lafotoy,
por tanto, es como un debut, un núcleo departidaparalareflexión...
Es verdad. Si bien los fotógrafos profesionales llegaban a veces a hacer
fotos que me hubiera gustado hacer, incluso las cosas más bizarras,
hacían también muchas cosas que yo no hubiera hecho, que eran
simplemente pintorescas. Pienso que no les era fácil tomar, salvo por
accidente, una visión no convencional de esta sociedad, sin otra herra-
mienta que la categoría de lo pintoresco, tejedores en su oficio, mujeres
regresando de la fuente. Entre mis fotos más "típicas", hay una, una
mujer con velo, montada sobre una motoneta, que, sin duda, hubieran
podido hacer. Ese es el aspecto más "fácil" de lo que intentab\,apre-
hender. Tengo una anécdota que expresa bien mi experiencia de ese
país (un país bizarro, donde experimentaba sin cesar un sentimiento
trágico -estaba muy ansioso, soñaba con ello por la noche- y donde,
~ i n embargo, no dejaba de ver cosas divertidas, que me hacían reír o
sonreír), una historia que expresa muy bien esta experiencia doble,
contradictoria o ambigua, que siempre he tenido mucha pena en
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expresar o en hacer comprender aquí en Francia, o incluso en Argelia,
a ciudadanos argelinos de origen burgués -pienso en una joven estu-
diante, originaria de una gran familia de Koulouchlis, que participaba
en nuestras encuestas en medio urbano (me escribió recientemente)
y que no podía impedirse experimentar un sentimiento de temor
mezclado con horror frente a gente que a mí me impactaba mucho,
hasta en las estrategias un poco irrisorias o lamentables, por las cuales
intentaban poner en escena, o hacer valorar, su miseria y su desgra-
cia-. (Es la razón por la cual me gustaba mucho la mirada de hombres
como Mouloud Ferraoun, cuando me contaba sus enredos con los
padres de alumnos, o Abdelmalek Sayad que sostenía sobre la gente
que encontrábamos, una mirada frecuentemente a la vez, divertida y
un poco tierna). Vuelvo a mi historia: un día que yo salía de una playa
de estacionamiento, una mujer con velo, joven, viendo que yo dudaba
en pasar con mi automóvil, se volvió hacia mí y, bajo su velo, me dice:
"¡¿Entonces, tesoro, tu me aplastas]?".
Loquediceme recuerda, al menos unpoco, laobservación de Günther Grass
queprobablemente ustedrecuerde también. Dijo: ';La sociologfa es dema-
siado seria!"¡No es verdad!En absoluto, peroloqueél noha comprendido, es
quenohubiese sidoposible hacer entrarla risa en Lamiseria del mundo."
El Desarraigo.' que separece mucho a La miseria del mundo, no da dema-
siado lugar a esecostado gracioso. Ypor otra parte, si quisiera un modelo
literario para expresar experiencias tan terribles, hasta en sus aspectos
más divertidos, pensaría más bien en Arno Schmidt. Me ocurre con fre-
cuencia lamentar no haber tenido un diario. Estaba muy comprometido
con mi "deber" de investigador y de testigo, y ponía lo mejor de mí, con
los medios que tenía, para transmitir experiencias extraordinarias y, ¡des-
graciadamente!, universales, las de todos los éxodos y de todas las guerras
de liberación. Ocurría también que yo no quería contentarme con tes-
timoniar, a la manera de un buen reportero, quería desprender la lógica
y los efectos transhistóricos de esos grandes desplazamientos forzados
52
,
de población. Y luego, hay una censura del decoro académico que hace
que haya un montón de cosas que uno no sueña, incluso, con contar. Y
lo que yo le cuento en este momento, es probable que hace treinta años
no hubiese podido decírselo, o bien, lo hubiera dicho pero, quizás, no
como he osado decirlo ahora.
Ahora ustedpuedepermitírselo, de todas maneras, la obra está ahí, usted
puedeexaminarla retrospectivamente, para mostrar el rostro oculto.
53
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De hecho, la preocupación por ser serio, científico, me ha llevado a
reprimir la dimensión literaria: he censurado muchas cosas. Pienso que
durante todo el primer periodo del Centro de sociología europea, había,
sin que eso fuera una consigna, un estímulo tácito a censurar todo lo
que era filosofía y literatura. Era necesario respetar las reglas tácitas del
grupo. Eso parecía impúdico, narcisista, complaciente. Pues, me ocurre
con frecuencia, lamentar hoy no haber conservado rastros utilizables de
esta experiencia. Es verdad que he vivido entonces muchas cosas que
me han separado de mis contemporáneos intelectuales. He envejecido
mucho más rápidamente... Sí, sería necesario que algún día intentara,
con un grabador, decir lo que me vuelve a la mente mirando las fotos ...
Unapreguntapersonalpara terminar: ¿qué roljuega, en su opinión, esta
experiencia argelina, enel contexto delautosocioandlisis que ustedacabade
esbozar ensuúltimocurso enel College?
Yvette Delsaut había escrito un texto al respecto, donde decía muy
acertadamente que Argelia es lo que me ha permitido aceptarme a mí
mismo. La mirada de etnólogo comprensivo que he asumido sobre
Argelia, he podido asumirla sobre mí mismo, sobre la gente de mi
país, sobre mis parientes, sobre el acento de mi padre, de mi madre y
recuperar todo esto sin drama, lo que es uno de los grandes problemas
de los intelectuales desarraigados, encerrados en la alternativa del popu-
lismo o, al contrario, de la vergüenza de sí ligada al racismo de clase. He
podido tornar sobre gente tan semejante a los kabiles, gente con quien
he pasado mi infancia, la mirada de comprensión obligada que define
la disciplina etnológica. Lapráctica de la fotografía, en primer lugar en
Argelia, luego en Béarn, ha contribuido mucho sin duda, acompañán-
dola, a esta conversión de la mirada que suponía -creo que el término
no es demasiado fuerte-, una verdadera conversión.
La fotografía es, en efecto, una manifestación de la distancia\::1 obser-
v ~ d o r que registra y que no olvida que registra (10 que no siempre es fácil
en las situaciones familiares, como el baile), pero supone también toda
54
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la proximidad de lo familiar, atento y sensible a los detalles impercepti-
bles que la familiaridad le permite y le ordena aprehender e interpretar
en-el-campo (¿no se dice de alguien que se conduce bien, amistosa-
mente, que es "atenro'P), a todo aquello infinitamente pequeño de la
práctica que escapa frecuentemente al etnólogo más atento. Está ligada
a la relación que no he dejado de mantener con mi objeto, del que jamás
olvidé que se trataba de personas, sobre las cuales sostenía una mirada
que llamaría gustosamente, si no temiera el ridículo, afectuosa, y, fre-
cuentemente, tierna. Por esta razón, jamás he dejado de llevar a cabo
entrevistas y observaciones (así he comenzado siempre cada una de mis
investigaciones, sobre cualquier tema que fueran) en ruptura con las
rutinas del sociólogo burocrático (encarnado para mí por Lazarsfeld y
el Bureau de Columbia, que instituían el taylorismo en la investigación)
que no accede a las encuestas sino por encuestadores interpuestos y que,
55
a diferencia del etnólogo más pusilánime, no tiene ocasión de ver ni a
las personas interrogadas, ni a su entorno inmediato. Las fotos que uno
puede volver a ver con tranquilidad, como los registros que puede volver
a escuchar (sin hablar del video), permiten descubrir los detalles inad-
vertidos a primera vista y que no se pueden observar detenidamente,
por discreción, durante la encuesta (pienso por ejemplo en los interiores
del obrero metalúrgico de Longwy o de su vecino argelino, en el curso
de la encuesta de La miseria delmundo).
1 Esta entrevista ha sido publicada con anterioridad (alemán/inglés) en Camera Austria, núm. 75, Graz,
2001, acompañada de una introducción de Franz Schulrheis.
2 Algérie 60. Structures ecouomiques et structttres temporelles, Paris, Mínuit, 1977.
3 lnstitut Natíonal de la Sraristique et des Études Économíques (Nota de la edición en español)
4 Traoail et trauailleurs en Algérie (con A. Darbel et al.), París, Minuit, 1964.
5 UII art moyen. Essai surles mages sociaux delaphotographie (avec L. Boltanski et nl.), París, Minuit,
1965. [Lafttografia. Un arre intermedio, México, Nueva Imagen, 1979].
6 Lamisen: du monde, París, Seuil, 1993. [Lamiseria del mundo, Buenos Aires, FCE, 1997] [N. de laT.]
7 Le Démcinement, París, Minuir, 1964. [N. de laT.]
56
57
60
,
Las consecuencias sociológicas de la guerra se sitúan en dos órdenes muy
diferentes que no hay que confundir: por una parte, las mutaciones socio-
lógicas determinadas por el sólo hecho de que la guerra existe; por otra
parte, las transformaciones y las conmociones acarreadas por la conducta
misma de la guerra, por los choques culturales que ha provocado y por
las medidas de orden político o militar que han sido tomadas para hacer
frente a la situación de guerra.
El primer tipo de transformaciones merece ser considerado en primer
lugar. En efecto, la sola existencia de la guerra ha suscitado una transfor-
mación radical de la situación, es decir, del campo sociológico en el cual se
realizan los comportamientos, al mismo tiempo que una mutación de la
actitud de los individuos insertos en esa situación, respecto de la situación
misma. Ése es sin duda, desde el punto de vista sociológico, el aconteci-
miento más importante que ha sobrevenido en Argelia después de ciento
treinta años. Todo ocurre como si esta sociedad que, más o menos cons-
cientemente, había elegido detenerse y encerrarse sobre sí, que oponía a
toda intrusión de la novedad mil murallas invisibles e inexpugnables, se
hubiera abierto bruscamente, se hubiera vuelto a poner en marcha repen-
tinamente. ¿Cómo interpretar esta suerte de mutación brusca y global,
cuyos mil detallados rasgos testimonian?
Es que la guerra constituye el primer cuestionamiento radical del sis-
tema colonial y, lo que es más importante, el primer cuestionamiento que
no fuera, como en otro tiempo, simbólico y, de un cierto modo, mágico,
sino real y práctico. Se ha visto que muchos rasgos culturales, tales como
el apego a ciertos detalles indumentarios (por ejemplo, el velo o el tur-
bante), a cierto tipo de conductas, de creencias, de valores, podían apa-
recer como una manera de expresar, simbólicamente, es decir, a través de
los comportarnienros implícitamente investidos de la función de signos,
el rechazo a adherir a la civilización occidental identificada con el orden
colonial, la voluntad de permanecer en sí, de afirmar la diferencia radical
e irreductible, de negar la negación de sí, de defender una personalidad
amenazada y asediada. En la situación colonial, todo renunciamiento a
61
esosrasgosculturales dotados de un valor de símbolos hubiera significado,
objetivamente, el renunciamiento a sí y la obediencia aceptada a la otra
civilización.
El hecho sociológico esencial es, quizá, que la guerra, solamente por
sí misma, constituye un lenguaje, que presta al pueblo una voz, y una
voz que dice "no". También, entre los miembros de la casta dominada y
los miembros de la casta dominante, se interpone siempre otra presencia
que Raymond Aron ha llamado en algún lugar, "el tercer hombre". Desde
entonces, el encanto del cara-a-cara se encuentra roto; la relación del
dominante y del dominado no puede ejercerse más en su pureza esencial.
Lalógica de la humillación y del desprecio se encuentra quebrada.
Desde el momento en que la negación radical está instalada en el
corazón mismo del sistema, real, concreto, temible, capaz de preocupar a
la gran Francia, capaz de determinar la inquietud y la angustia de los euro-
peos hasta entonces seguros e inquebrantables, capaz de provocar crisis
ministeriales, debates en las Naciones Unidas, programas, conferencias
y discursos, visitas de ministros y de observadores extranjeros, desde el
momento en que el mundo entero se encuentra coaccionado a reconocer
la existencia de esta negación, todas las negaciones mágicas y los rechazos
simbólicos pierden una gran parte de su función y de su significación.
Así, cada argelino puede asumirse y asumir los préstamos profundos
que ha tomado de la civilización occidental, puede incluso confesar y con-
fesarse' como me decía uno de ellos con una sonrisa, que está "integrado";
puede proclamar, sin caer en contradicciones, que adhiere a los valores
de la civilización occidental e incluso a su estilo de vida; puede incluso
negar, sin negarse, una parte de su propia herencia cultural. La negación
queda, permanente e inalterable. El tradicionalismo colonial revestía,
esencialmente, una función simbólica: jugaba el rol, objetivamente, de
un lenguaje de rechazo. Por el hecho de que la negación existe, en lascosas
mismas, negación que constituye la suma de todos los rechazos individua-
les, la innovación aportada por Occidente puede ser recibida sin que la
acJptación exprese la obediencia.
Los renunciamientos más manifiestos, y tambiénJos más espectacula-
res, son quizás los que conciernen a las tradiciones in)estidas de un valor
esencialmente simbólico, tal como llevar el velo o el turbante. En efecto,
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a la función tradicional del velo, venía a agregarse, como en sobreimpre-
sión, una función nueva, en referencia al contexto colonial. Sin llevar muy
lejos el análisis, puede verse, en efecto, que el velo es ante todo una defensa
de la intimidad y una protección contra la intrusión. Y, confusamente,
los europeos lo han percibido siempre como tal. Al llevar el velo, la mujer
argelina crea una situación de no-reciprocidad; como un jugador desleal,
ella ve sin ser vista, sin dejarse ver. Yes toda la sociedad dominada que, a
través del velo, rechaza la reciprocidad, que ve, que observa, que penetra,
sin dejarse ver, observar, penetrar. Es frecuente escuchar en boca de los
europeos proclamaciones indignadas contra esta suerte de deslealtad,
ese rechazo a jugar el juego, que hace que los argelinos tengan acceso a la
intimidad de los europeos mientras que prohíben todo acceso a su propia
intimidad. El velo puede, pues, ser considerado como el símbolo del cierre
sobre sí. Ahora bien, en el curso de los últimos años, se observa, entre las
jóvenes esposas y las jóvenes hijas, una tendencia muy marcada al aban-
dono del velo, con una disminución y una regresión en el momento del 13
de mayo [1958] -llevar el velo retomaba entonces su sentido de negación
simbólica, y su abandono podía ser entonces aprehendido, objetivamente,
como signo de obediencia- y, actualmente, una reanudación muy neta
del movimiento, observable incluso en las campañas. Esta transformación
global de la actitud aparece también en otros dominios. Ciertas insti-
tuciones eran, con razón o sin ella, confusamente aprehendidas por los
miembros de la casta dominada como solidarias de la situación colonial y
de hecho recibidas con mil reticencias. Así, por ejemplo, la enseñanza de
la medicina. Larelación entre el enfermo yel médico, entre el alumno y el
maestro, se ejercía en el marco de la situación colonial y tomaba de ella su
sentido. Las prescripciones del médico y las enseñanzas del maestro o del
instructor podían ser intuitivamente sentidas (sin que los fundamentos
de ese sentimiento afloraran necesariamente a la conciencia) como tantos
esfuerzos para imponer las normas de una civilización extranjera.
Las resistencias y las reticencias han hecho lugar, desde hace algunos
años, a una extraordinaria sed de instrucción, que el ingreso escolar ha
dado la ocasión de observar y que aparece en otros mil signos. 1 A pesar del
importante esfuerzo que ha sido llevado a cabo para multiplicar las clases
y los maestros, el número de niños que no han podido encontrar lugar en
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las escuelas permanece, uno lo sabe, considerable. Y todos los maestros,
sobre todo en las ciudades, han sufrido la embestida y el asedio de los
padres que venían a exigir la inscripción de sus hijos. La instrucción de
las niñas, ocasión, hasta una fecha reciente, de las más fuertes resistencias,
constituye actualmente el objeto de un profundo interés, al igual que la
instrucción de los varones.
Pero el hecho esencial es, quizá, que lo que era resistido hasta entonces
como una coacción impuesta o como un don gracioso, es actualmente
reclamado como un deber. Esto aparece con evidencia, a través del com-
portamiento de los padres que vienen a pedir la inscripción de sus hijos
en los registros escolares o incluso, de esas mujeres que se presentan, cada
mañana, en la puerta de los centros sociales. La actitud del mendigo que
viene a solicitar humildemente un don benéfico, ha hecho lugar a una
disposición de espíritu reivindicativo y seguro que conduce a reclamar
como deberes los cuidados y servicios. La actitud de sumisión devota
estaba ligada, confusamente, a una actitud de dimisión motivada por el
sentimiento, confesado o inconfesado, de que el europeo era inimitable
e inigualable, sea en derecho, sea de hecho. Los miembros de la casta
dominada han podido admitir a veces, si no en sus conciencias y en sus
voluntades, al menos en sus actitudes, que las diferencias de esratus tradu-
cían diferencias de naturaleza. ¿No es natural, cuando el orden social es tal
que, para el individuo de la casta dominada, la experiencia de la relación
con el superior, se trate del patrón, del médico, del maestro de escuela o
del policía, se superpone y se confunde con la experiencia de la relación
con el europeoi" En consecuencia, el argelino tiende a componerse un
personaje de árabe-para-el-francés. El que va a solicitar un empleo a un
francés, sabe que es necesario expresarse de una cierta manera, que es
necesariollegar a tiempo, que es necesario asegurar un cierto rendimiento,
y así sucesivamente. El europeo no aprehende de él más que esa máscara
y ese rol. Ocurre con frecuencia que esta actitud sea torpe y forzada, que
el argelino lleve su personaje como un traje de mal corte y que dé lugar,
'por la preocupación de ser irreprochable y conforme a lo que se espera de
él, a la acusación de disimulación o de falsedad. Un ejemplo bastará para
ilustrar este análisis: en una casa francesa, el hijo de la empleada doméstica
argelina es recibido un día como invitado; durante toda la duración de
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la comida, la madre se comporta como empleada doméstica, silenciosa,
activa, solícita. En el momento del café, es invitada a sentarse entre los
anfitriones. De golpe, ella cambia totalmente de actitud, a la manera
de un actor contenido entre bastidores. Aparece plena de dignidad y de
distinción; participa en la conversación; todo en ella se ha transformado,
hasta su manera de sentarse en la silla, de sostener la cabeza o de sonreír.
La actitud de protección abusiva que conduce a desposeer a una
sociedad de la preocupación y de la responsabilidad de su propio destino,
tiende a desarrollar en ella una actitud de dimisión resignada, de repliegue
sobre sí y de indiferencia respecto a su propio destino. También la política
paternalista de asistencia tiene por efecto, en el mejor de los casos, ubicar a
quienes son su objeto en la posición de niños irresponsables e inconscien-
tes, desprendidos de toda inquietud concerniente a su propia suerte y, al
mismo tiempo, indiferentes, o si se quiere ingratos, respecto de aquellos
que "tanto hacen por ellos".
Aún más, la guerra ha cambiado muchas cosas. En efecto, ha propor-
cionado a ese pueblo, largo tiempo mantenido a raya, la ocasión de apare-
cer y de aparecerse como adulto, consciente y responsable; le ha permitido
también formarse la experiencia de la disciplina libremente asumida, en
resumen, de la autonomía. Se sabe, por ejemplo, que los repudios eran
extremadamente frecuentes en Argelia y, según un folleto oficial, "es en
esedominio que la intervención de una medida de autoridad seríasaluda-
ble, pues no parece que los musulmanes estén, al menos por el momento,
muy dispuestos a renunciar a ese privilegio",
3
Ahora bien, ha bastado que,
en diversas regiones de Argelia, el Ejército de Liberación Nacional decre-
tara directivas precisas, para que se pudiera observar una regresión muy
neta del número de repudios. En otros dominios, la autonomía del Ejér-
cito de Liberación ha podido realizar en unos días lo que ciento treinta
años de "acción civilizadora" no habían podido hacer. Se cuenta que en
diversos sitios, procesos que arrastraban desde años, poniendo ambas
partes en ello cierta complacencia, pudieron ser regulados en algunos
minutos por el arbitraje de los combatientes del Ejército de Liberación
Nacional. La experiencia de una disciplina libremente consentida por
argelinos para argelinos en nombre del interés común, ha hecho caer
muchas otras resistencias consideradas comúnmente como insuperables.
68
Pero, hecho importante, la mayor parte de lasdisciplinas así impuestas
eran en todo punto idénticas en su contenido a las que la administración
francesa se había esforzado siempre en hacer respetar. El Ejército de
Liberación Nacional recauda los impuestos, controla el estado civil, alve
escuelas a veces, etc. De igual modo, las técnicas introducidas son pro-
piamente occidentales, ya se trate de las técnicas medicinales, sanitarias,
jurídicas o administrativas. Así, retomando por su cuenta a instituciones
y técnicas que, para la conciencia popular, aparecían como indisociables
del sistema colonial y que, por esta razón, suscitaban actitudes ambivalen-
tes, imponiendo consignas y directivas análogas en su contenido y en su
formulación a las que hubiera podido decretar la administración francesa,
el Frente de Liberación Nacional parece haber roto el lazo intuitivamente
sentido que unía a esas instituciones y a esas técnicas con el sistema de
dominación colonial. Sólo por ese hecho, ellas se han encontrado afecta-
das por un cambio de signo.
En razón del cambio de contexto, la relación entre los miembros de
la casta dominante y los miembros de la casta dominada se encontró
también modificada. La guerra ha revelado a cada uno que la situación
de dominante puede ser cuestionada y, al mismo tiempo, la situación de
dominado. Con el principio de la guerra, la descolonización ha comen-
zadoya.
La guerra era, en primer lugar, como una aventura por episodios,
vivida por cada argelino día a día y en el horizonte de su pueblo. Poco
a poco, mediante los intercambios de informaciones, a través de la con-
frontación de las experiencias, cada uno viene a saber que los mismos
acontecimientos se producen en diferentes lugares. El sentimiento de
estar comprometido en una aventura común, de sufrir una suerte común,
de compartir las mismas preocupaciones, de afrontar los mismos adver-
sarios, ha determinado un ensanchamiento del espacio social; el pueblo
replegado sobre sí, microcosmos cerrado en el que vivía el campesino, se
ha abierto; el sentimiento de solidaridad se ha extendido hasta los límites
de Argelia. Esta solidaridad, profundamente experimentada, se expresa
a través de mil conductas: los usureros han prácticamente desaparecido,
ya sea porque hubiesen sido objeto de sanciones muy populares, ya sea
porque, en nombre de ese sentimiento nuevo, se otorguen préstamos sin
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--- --- -
interés; reclamar una deuda contraída antes de 1954 es considerado como
deshonroso: cuando sobreviene una disputa basta, la mayor parte de las
veces, con que un mediador se interponga, invocando la solidaridad de
todos los argelinos, para que cese el conflicto. La fraternidad era experi-
mentada antaño como el hecho de pertenecer, de manera real o ficticia, a
la misma unidad social (más o menos amplia) o bien a la misma religión.
En la actualidad, el término fraternidad tiende a devenir sinónimo de soli-
daridad nacional y pierde toda coloración étnica o religiosa.
Así, la guerra, por su sola existencia y por la toma de conciencia que ha
suscitado, bastó para determinar una verdadera mutación sociológica. A
este fenómeno global, vienen a agregarse las perturbaciones y las conmo-
ciones que son las consecuencias directas e inmediatas de la conducta de
la guerra y entre las cuales se pueden señalar, por orden de importancia,
los fenómenos de migración interior, voluntaria o forzosa, la inseguridad
generalizada, las medidas tomadas por la administración y el ejército, en
fin, la intensificación considerable del contagio cultural.
El pueblo argelino conoce en la actualidad una verdadera diáspora.
Los desplazamientos de poblaciones, forzados o voluntarios, han tomado
proporciones gigantescas. Según estimaciones, el número de personas
desplazadas se sitúa entre un millón y un millón quinientos mil, siendo
esta última cifra la más próxima a la realidad. Se puede admitir, sin riesgo
de error, que un argelino de cada cuatro vive fuera de su residencia habi-
tual. Los fenómenos de migración interna son, en realidad, muy comple-
jos, y toman formas muy diversas. De tal manera, los reagrupamientos no
constituyen más que un aspecto de ellos. Es frecuente, por ejemplo, que
los pueblos abandonados por sus habitantes que han partido a la ciudad,
sean ocupados por gente que viene de regiones menos calmas o más mise-
rabies," sobre todo en Gran Kabilia y en Pequeña Kabilia.
La migración interna toma también la forma del éxodo hacia las ciu-
dades, que se muestran a los campesinos como un refugio contra la mise-
ria y la inseguridad. "Esto es el paraíso -se escucha decir con frecuencia en
Argel-. Usted está fuera de la tempestad". Lagente que trabaj¡ en Francia,
con frecuencia hace ir a su familia a una ciudad, a lo de un'bermano o
un pariente, cuando no pueden hacerla llegar a Francia. A veces, toman
algunos días de vacaciones y ellos mismos van a buscarla. Los suburbios
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coso En resumen, todo ocurre como si la toma de conciencia de la ruptura
(más que la ruptura propiamente dicha) hubiera hecho surgir en ella el
sentimiento de tener que adaptarse a un mundo nuevo frente al cual,
hasta entonces, podía permanecer extraña.
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no dejan de incrementarse. Los antiguos habitantes de Casbah que han
podido reubicarse en otra parte para huir de los controles y de las perse-
cuciones, son reemplazados por la muchedumbre de campesinos que se
amontona en condiciones inverosímiles.
Por otra parte, es conocida la situación miserable de la mayor parte de
las poblaciones reagrupadas. Muchos centros de reagrupamiento no son
otra cosa, para emplear una expresión tomada de un estudio oficial, que
"hogares de miseria" o, si se prefiere suburbios rurales. Según este estudio,
en efecto, rodo indica que el tercio de los reagrupamientos son viables;
en ese caso, los reagrupados tienen acceso a sus tierras o bien disponen de
tierras concedidas; elproblema de la subsistencia no se plantea y elhábitat
es adecuado. Se puede concluir que en los otros dos tercios, el problema
de la subsistencia se plantea, y se plantea de modo particularmente grave
en los reagrupamientos (un tercio) llevados a cabo para responder a impe-
rativos operacionales y "destinados a desaparecer en cuanto la seguridadse
encontrara reestablecida" .
El simple hecho del cambio de residencia -que rome la forma de un
reagrupamiento, de una partida para la ciudad, o para Francia- está desti-
nado a determinar una mutación global de la actitud respecto del mundo;
el hecho de vivir en un entorno nuevo acarrea una ruptura con la tradi-
ción, ruptura que se encuentra acabada, en la mayor parte de los casos, por
la imposibilidad, experimentada como provisoria o como definitiva, de
volver a la residencia habitual. Puede verse mediante el análisis de un caso:
se trata de una mujer de aproximadamente sesenta años que habitaba la
ciudad desde los catorce años, y que no había dejado de tener relaciones
estrechas con su pueblo de origen (Pequeña Kabilia) a donde volvía a cada
año para pasar algunos meses. En 1955, el rerorno al pueblo se vuelve
imposible. Esta ruptura definitiva de los lazos con el medio familiar y tra-
dicional, ruptura que una estadía de cincuenta años en la ciudad no había
podido operar totalmente, acarrea un cambio global de la actitud respecto
del mundo, y particularmente respecro de las técnicas occidentales.
Mientras que antes ella se contentaba con hacer los trabajos fuertes, con
exclusión de los trabajos de técnica europea, ahora se ha puesto a planchar
ya tejer. Antaño, jamás hubiera probado un plato que no conociera. No
escuchaba laradio y no se interesaba nada por los acontecimientos políti-
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El hombre comunitario deja lugar al hombre gregario, desarraigado,
arrancado de las unidades orgánicas y espirituales en las cuales y por las
cuales existía, separado de su grupo y de su terruño, ubicado frecuen-
temente en una situación material tal que incluso no sabría recordar
el antiguo ideal de honor y de dignidad. La guerra y sus secuelas, los
reagrupamientos de poblaciones y el éxodo rural, no hacen sino preci-
pitar y reforzar el movimiento de desagregación cultural que el contacto
de civilizaciones y la situación colonial habían desencadenado. Más, este
movimiento seextiende esta vez al dominio que sehabía encontrado rela-
tivamente protegido porque había permanecido al abrigo, parcialmente,
de las empresas de colonización y porque las pequeñas comunidades
rurales, replegadas sobre sí mismas en la fidelidad obstinada a su pasado
y a su tradición, habían podido salvaguardar los rasgos esenciales de una
civilizaciónde la cual, en adelante, no se podrá hablar más sino en pasado.
Una nebulosa de pequeñas comunidades, fuertemente estructuradas,
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hace lugar a un conjunto de partículas individuales, sin ataduras ni raíces.
Los antiguos valores de honor se derrumban al contacto con las cruel-
dades y las atrocidades de la guerra. Un viejo kabil decía: "No es un
hombre quien, al finalizar todo esto, podrá decir, yo soy un hombre".
La imagen ideal de sí y los valores que le están asociados son expuestos a
la prueba más cruel. Están las violaciones y los raptos de mujeres; están
las escenas en el curso de las cuales el marido es interrogado y empujado
o abofeteado en presencia de las mujeres. Me contaban que, en una
ciudad de Gran Kabilia, los militares van a acompañar a las mujeres a
la fuente que se encuentra un poco al exterior de la aglomeración, a fin
de protegerlas. A la vuelta, algunas de ellas van a beber el café con ellos o
los invitan. "El joven militar viene a la casa. El viejo, defensor del honor,
que ha recibido del exilado el encargo de velar por su mujer o su hija,
sabe que no puede decir nada. Sufre y se calla en el rincón. Un día, el
militar aporta para comer. El toma su parte y se calla. Está arruinado".
Como una máquina infernal, la guerra hace tabula rasa de las realida-
des seciológícas, machaca, tritura y dispersa las comunidades tradiciona-
les, pueblo, clan o familia. Miles de hombres adultos están en el monte,
en los campos de concentración, en prisión, o refugiados en Túnez y en
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Marruecos; otros han partido hacia las ciudades de Argelia o de Francia,
dejando a su familia en el pueblo o en centros de reagrupamiento, otros
están en el ejército francés; otros están muertos o desaparecidos. No son
más que familias dispersas y desgarradas. Regiones enteras, en Kabilia por
ejemplo, están vacías de hombres. En una clínica sostenida por religiosas,
cerca de Chabel eI-Ameur, no se hacen partos desde hace varios meses.
Se asiste a una mutación de la relación de hecho entre el hombre y la
mujer. Muchas mujeres, y no solamente las viudas, se encuentran inves-
tidas de responsabilidades y de tareas que hasta entonces incumbían al
marido. Muy frecuentemente, la mujer debe asegurar la subsistencia de
la familia, aun cuando ella recibe la ayuda de un hermano o de un tío. Su
espacio de vida, hasta entonces extremadamente reducido, se encuentra
ampliado. Se desplaza en la ciudad europea, entra en las grandes tiendas,
toma el tren para ir a visitar a su marido o a un hermano, realizagestiones,
cumple con las formalidades administrativas. De su universo cerrado y
secreto, hace irrupción en el espacio abierto, antaño dejado a loshombres.
Comprometida en la guerra, sea directamente, sea indirectamente, sea
como actor, sea como víctima, llevada por la fuerza de las cosas a asumir
un rol nuevo. La argelina, mujer casada o muchacha, ha adquirido, en el
curso de los últimos años, una mayor autonomía. El estallido del bloque
familiar conduce a cada miembro del grupo a tomar conciencia de su
personalidad, al mismo tiempo que de sus responsabilidades. Las jóvenes
citadinas escapan a los controles tradicionales y a la presión de la opinión,
fundamento esencial del orden de las comunidades aldeanas. Además,
resulta que la ausencia del padre las deja enteramente libradas a sí mismas.
Muchas jóvenes, sobre todo en las ciudades, están hoy en la situación de
aquellos que los kabiles llaman "el hijo de la viuda" (aun cuando todavía
tienen a su padre), es decir, sin pasado, sin tradiciones, sin ideal de sí,
abandonados a sí mismos. La autoridad del padre, aunque muy viva aún,
se encuentra frecuentemente alterada. No es más aprehendida como el
fundamento de todos los valores y el ordenador de todas las cosas. Es que
la mayor parte de la gente joven y de las mujeres jóvenes se adhieren a un
nuevo sistema de valores en nombre del cual las tradiciones se encuentran
cuestionadas.
79
Esto es verdad sobre todo entre los jóvenes de quince a veinte años:
formados en la guerra, habitados por el radicalismo propio del adoles-
cente, vueltos hacia el fututo e ignorando todo de un pasado en el cual
los más ancianos -hagan lo que hicieren- están enraizados, ellos están
frecuentemente animados de un espíritu de revuelta y de un negativismo
que a veces los separan de sus hermanos mayores. Yel cisma psicológico
entre las generaciones está frecuentemente agravado por la separación de
hecho. El mantenimiento de la tradición suponía el contacto continuo de
las generaciones sucesivas yel respeto reverencial para con los ancianos.
En las comunidades aldeanas, la influencia de los ancianos se prolongaba
incluso más allá de la infancia, yel adulto continuaba sometiéndose a la
autoridad de su padre, tanto tiempo como viviera a su lado. Con la dis-
persión de la familia, es la continuidad misma de la tradición la que se
encuentra fundamentalmente cornprornetida,
Así, junto a otras influencias tales como la de la educación que refuerza
la presión de los jóvenes y su deseo de emancipación, o del contagio
cultural que tiende a oponer el estilo de vida y el sistema de valores de
las diferentes generaciones, la guerra ha conmocionado el sistema de las
relaciones que se establecen entre los miembtos de la familia argelina.
Lafamilia desgarrada está a un paso de ser una familia desagregada si no
encuentra un nuevo equilibrio. Que los efectos de la guerra hayan podido
alcanzar tan fuertemente a la sociedad argelina y a su corazón mismo,
prueba hasta qué punto el cuestionamiento ptovocado por la guerra es
radical y brutal.
"Estamos en el Siglo XIV... ". Siglo del fin del mundo donde todo lo
que era la regla deviene la excepción, y todo lo que era defendido, permi-
tido. Los hijos no respetan más a los padres, la mujer va al mercado, y así
sucesivamente. Laconciencia popular expresa así la experiencia de un uni-
verso invertido donde todo va a contrapelo: ve en el desorden y el caos que
la rodea el mundo del fin, anunciador del fin del mundo. Peto el fin de ese
mundo es también vivido como el anuncio de un mundo nuevo.
Lasociedad argelina sufre una conmoción tan radical como es posible.
No hay dominio que esté protegido. Los pilares del orden tradicional han
sido estremecidos o derribados por la situación colonial y la guerra. La
80
burguesía urbana ha sido desagregada; los valores que encarnaba han sido
arrastrados por la irrupción de las ideologías nuevas. Los grandes feudos,
frecuentemente comprometidos por el apoyo que otorgaban a la adminis-
tración colonial y asociados por ello, para el pueblo, al sistema de opresión,
han perdido, la mayoría de las veces, su potencia material y su autoridad
espiritual. Lamasa rural que oponía un conservadurismo obstinado a las
innovaciones propuestas por Occidente se ha encontrado arrastrada en el
torbellino de la violencia que hace tabula rasa del pasado. El Islam mismo,
por haber sido utilizado, más o menos conscientemente, como una ideo-
logía revolucionaria, ha cambiado progresivamente de significación y de
función. En resumen, la guerra, en razón de su naturaleza, de su dura-
ción y de su amplitud, ha determinado una revolución radical. Se puede
augurar que la paz retomada dejará descubrir una Argelia completamente
diferente de la Argelia en la cual la guerra ha comenzado, una Argelia pto-
fundamente revolucionaria porque profundamente revolucionada.
Hacer un análisis sociológico de las consecuencias de la guerra, no
es solamente establecer la constatación de las ruinas y el inventario de
los escombros, En efecto, la mutación radical que hoy tiene lugar en
Argelia, no presenta solamente aspectos negativos. La lección de los
hechos proporciona los elementos de una política capaz de transformar
en algo bueno esta experiencia catastrófica de cirugía social. Parece que
--contrariamente a lo que siempre se había afirmado- todo es posible
en Argelia, a condición de que esas masas, que la situación colonial y la
guerra hacen surgir destruyendo los conjuntos comunitarios en los cuales
estaban enraizados, puedan, en total libertad y en plena responsabilidad,
asumir su propio destino. Entones, el agregado de átomos desorientados
y sacudidos dejará quizá el lugar a un nuevo tipo de unidad social fundada
no más en la adhesión orgánica a los valores entregados por la tradición
secular, sino en la participación activa, creadora y deliberada, en una obra
común.
Étudesméditerranéennes, 1960, pp. 25-37.
1 Un sondeo efectuado en una biblioteca de los alrededores de Argelia ha mostrado que los adultos leen
mucho y,sobre todo, leen obras de alto contenido literario. Lalectura de los periódicos franceses (Le
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monde,en particular) motivada originariamente por un deseo de información polItica, ha contri-
buido enormemente a desarrollar esta sed de instrucción, de la cual podría encontrarse, quizás, lallave
en esta frasede un niño argelino referida por Roberr Davezies (Le Front, Éd. de Minuir). "Si Argelia es
libre yyo no puedo leer, no sirve de nada".
2 También es verdadero lo recIproco. Muchos europeos de Argelia me han dicho cuánto se han asom-
brado, durante su primer viaje a Francia, al ver a franceses trabajar corno peones o barrenderos, o bien
habitar tugurios "como árabes".
3 LaFemme musulmane, Argel, 1958.
4 Se establecen acuerdos entre los refugiados y los antiguos habitantes del pueblo, por ejemplo, en lo
que concierne al reparto de las cosechas.
..
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HABITUS y HÁBITAT
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..
Lo esencial es, en efecto, agrupar a ese pueblo que está por todas partes
yque no es de ninguna parte; lo esencial para nosotros, es hacerlo apre-
hensible. Cuando lo tengamos, podremos entonces hacer muchas cosas
que hoy nos son imposibles y que nos permitirán, quizás, adueñarnos
de su espíriru luego de habernos adueñado de su cuerpo.
Capitán Charles Richard,
Étude sur l'insurrection du Dabra (I845-1846)
Soy lorenés, me gustan las líneas rectas.
La gente, aquí, está malquistada con la línea recta.
Lugarteniente de Kerkera, 1960.
LeDéracinement; p. 19.
85
_,A
Laguerra y la represión han acabado lo que la política colonial y la genera-
lización de los intercambios monetarios habían comenzado. Las regiones
más fuertemente alcanzadas por esta descampesinización son las que
hasta entonces habían estado relativamente protegidas, porque habían
permanecido al abrigo de lasempresas de colonización; en efecto, es en las
regiones montañosas que las pequeñas comunidades rurales, replegadas
sobre sí mismas en la fidelidad obstinada a sus tradiciones, habían podido
salvaguardar los rasgos esenciales de una cultura de la que desde entonces
no se podrá hablar más sino en pasado. Esasí en el caso de las Kabilia, del
Aures, de los Nemencha, de los Bibans, del Hodna, del Atlas Midjien, de
la cadena del Titteri, del Ouarsenis, donde la cultura tradicional se había
mantenido relativamente inalterada, a pesar de los secuestros consecuti-
vos a las insurrecciones, a pesar de la creación de unidades administrativas
nuevas y de tantas otras medidas, a pesar, en fin, de las transformaciones
determinadas por el simple contagio cultural. En 1960, las zonas monta-
ñosas donde el Ejército de Liberación Nacional se había implantado más
rápida y fuertemente -más incluso que en las zonas fronterizas-, habían
sido casi totalmente vaciadas de sus habitantes, reagrupados en lasllanuras
de pie de monte o instalados en la ciudad.
Todo ocurre como si esta guerra hubiera proporcionado la ocasión de
realizar hasta el fin, la intención latente de la política colonial, intención
profundamente contradictoria: desintegrar o integrar, desintegrar para
integrar o integrar para desintegrar, es entre esos dos polos opuestos que
ha oscilado siempre la política colonial, sin que la elección fuera clara y
sistemáticamente aplicada, de manera que unas intenciones contradicto-
rias podían animar unos responsables diferentes en el mismo momento,
o el mismo responsable en momentos diferentes. Lavoluntad de destruir
las estructuras de la sociedad argelina ha podido, en efecto, inspirarse en
ideologías opuestas: una, dominada por la consideración exclusiva del
interés del colonizador y por preocupaciones de estrategia, de táctica o de
prpselitismo, se ha expresado frecuentemente con cinismo; la otra, asimi-
lacionista o integracionista, no es más generosa sino en apariencia.
Le Déracinement, p. 23.
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Imponiendo sistemáticamente una organización idéntica del hábitat,
y ello hasta en las regiones de más difícil acceso (por lo tanto, las más
favorables a la conducta de una guerra revolucionaria), la empresa
de reagrupamiento ha actuado en el sentido de la homogeneización
de la sociedad argelina. Sin embargo, las transformaciones del orden
económico y social dependen tanto de las características ecológicas,
económicas, socialesy culturales de las sociedades perturbadas, cuanto
de la forma y de la intensidad de la acción perturbadora. También, para
comprender plenamente el sentido y el alcance de esta acción, es nece-
sario saber que las diferencias que se debían a la etnia y a las tradiciones
culturales han sido redobladas en el curso de la historia colonial.
Ala manera del colonizador romano, los oficialesencargados de organi-
zar las nuevas colectividades comienzan por disciplinar al espacio como
si, a través de él, esperaran disciplinar a los hombres. Todo está ubicado
bajo el signo de lo uniforme y de lo alineado: construidas según normas
impuestas en emplazamientos impuestos, las casas se disponen, tiradas
a cordel, a lo largo de anchas calles que dibujan el plano de un castrum
romano o de un pueblo de colonización. En el centro, la plaza con la
tríada característica de los pueblos franceses, escuela, ayuntamiento,
monumento a los muertos. Y se puede pensar que si el tiempo y los
medios no le hubieran faltado, los oficialesSAS (Secciones Administra-
tivas Especializadas), enamorados de la geometría, hubieran sometido
también el terruño a las leyesde la centuria.
Le Déracinement, p. 29Y26.
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Fuente: El reagrupamiento de Djebabra, tomado de Le Déracinement; p. 155.
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Las constancias y las vueltas de la política colonial no tienen nada que
pueda sorprender: una situación que permanece idéntica, segrega los
mismos métodos -dejando aparte algunas diferencias superficiales- con
un siglo de intervalo. La política de reagrupamiento, respuesta patoló-
gica a la crisis mortal del sistema colonial, hace estallar a todas luces la
intención patológica que habitaba el sistema colonial.
Los campesinos arrancados de su residencia habitual, fueron hacinados
en centros desmesurados, cuya situación había sido elegida frecuente-
mente por razones puramente militares; se sabe de la miseria material
y moral que conocieron los habitantes de esos reagrupamientos primi-
tivos, tales como los de Tamalous, Oum-Toub o Bessombourg en la
región de Collo. Nada menos concertado ni menos metódico que esas
acciones. Es en vano intentar encontrar un orden en el torbellino de
desplazamientos anárquicos determinados por la acción represiva.
Los "reagrupados" se encontraban ubicados en una relación de depen-
dencia absoluta respecto de las Secciones Administrativas Especiali-
zadas. También, bajo la presión de la situación que él mismo había
creado, el ejército debió asumir la preocupación de encargarse de gente
que, hasta entonces, sólo pretendía neutralizar y controlar; se comenzó
entonces a "aflojar" ya "desagrupar". Es pues, bastante tardíamente-
según parece- que el reagrupamiento deja de ser la consecuencia pura y
simple de la evacuación, para devenir el objeto directo de las preocupa-
ciones e, incluso, progresivamente, el centro de una política sistemática.
A pesar de la prohibición, decretada a comienzos de 1959, de desplazar
a las poblaciones sin la autorización de las autoridades civiles, los reagru-
pamientos se multiplican: en 1960 el número de los argelinos reagrupa-
dos alcanzaba 2 157000, un cuarto de la población total. Si además de
los reagrupamientos, se toma en cuenta el éxodo hacia las ciudades, se
puede estimar en al menos tres millones, es decir, la mitad de la pobla-
ción rural, el número de individuos que, en 1960, se encontraban fuera
de su residencia habitual. Este desplazamiento de la población está entre
los más brutales que haya conocido la historia.
LeDéracinement, p. 27, 12 Y13.
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101
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hacia los años sesenta, en el curso de una investigación llevada a cabo
en la región de Collo, y que deben su buena calidad, aunque hayan sido
tomadas sin flash, al hecho de que el techo de la casa a la cual estaban
incorporados estos muebles "inmóviles" (ya que estaban "construidos")
había sido destruido en el momento en que sus habitantes fueron expul-
sados por el ejército francés. No era necesario, pues, tener una lucidez
epistemológica particular, o una vigilancia ética o política especial, para
interrogarse sobre los determinantes profundos de una libido sciendi tan
evidentemente "desplazada".
Lesenspratique, pp. 10-11.
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Jamás hubiera podido llegar al estudio de las tradiciones rituales si la
misma intención de "rehabilitación", que me había llevado a excluir de
entrada el ritual del universo de los objetos legítimos y a sospechar de
todos los trabajos que le hacían un lugar, no me hubiera planteado, a
partir de 1958, intentar arrancarlo de la falsa solicitud primitivista y a
forzar, hasta en sus últimos atrincheramientos, el desprecio racista que,
por la vergüenza de sí que llegaa imponer a sus propias víctimas, contri-
buye a prohibirle el conocimiento y el reconocimiento de su propia tra-
dición. En efecto, por grande que pudiera ser el efecto de licitación y de
incitación que puede producir, más inconsciente que conscientemente,
el hecho de que un problema o un método venga a ser constituido como
altamente legítimo en el campo científico, no podía hacer olvidar com-
pletamente la incongruencia, incluso lo absurdo, de una investigación
sobre las prácticas rituales llevada a cabo en las circunstancias trágicas
de la guerra: recientemente, he revivido la evidencia de ello, volviendo
a encontrar fotografías de vasijas construidas, decoradas con serpientes
y destinadas a recibir el grano para la semilla, que yo había tomado
Plano de la casakabil.
• Términos locales no traducibles.
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Algéríe 60, p. 24.
Los kabiles encierran el trigo o la cebada en grandes vasijas de tierra
taladradas con agujeros a diferentes alturas, y la buena ama de casa,
responsable de la gestión de las reservas, sabe que cuando el grano
desciende por debajo del agujero central llamado thimitb, el ombligo,
es importante moderar el consumo: puede verse que el cálculo se hace
completamente solo, y la vasija es como un reloj de arena que permite
percibir en cada momento lo que ya no hay y lo que queda.
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La ~ e x i s corporal es la micología política realizada, incorporada, con-
vertida en disposición permanente, manera durable de mantenerse, de
hablar, .decaminar, y, por ello, de sentir y depensar. Laoposición entre lo
masculmo y lo femenino se realiza en la manera de mantenerse, de llevar
el cuerpo, de comportarse, bajo la forma de la oposición entre lo derecho
y lo curvo (o lo curvado), la firmeza, la rectitud, la franqueza (que mira
a la cara y hace frente y que lanza su mirada o sus golpes directamente
al objetivo) y, de! otro lado, la contención, la reserva, la flexibilidad.
Como lo testimonia el hecho de que la mayor parte de las palabras que
designan posturas corporales evoquen virtudes y estados de! alma, esas
dos relaciones con e! cuerpo están en la base de dos relaciones con los
otros, con e! tiempo y con e! mundo y, por ello, de dos sistemas de valo-
res. "El kabil es como el brezo, prefiere romperse a doblarse". El paso
de! hombre de honor es decidido y resuelto; su porte, e! de alguien que
sabe a donde va y que sabe que llegará a tiempo cualesquiera fueran los
obstáculos, se opone por su determinación a la marcha indecisa (thikli
thamahmahth) que anuncia la irresolución, la promesa vacilante (awal
amahmah), el temor a comprometerse (lo que, al contrario, se espera de
la mujer) y la impotencia para mantener sus compromisos (mesurado, se
opone tanto a la precipitación de! que "hace grandes zancadas", como
un "bailarín", cuanto a la lentitud del que "se arrastra"). Las mismas
oposiciones se encuentran en la manera de comer: en primer lugar, en
la manera de mantener la boca, e! hombre tiene que comer con toda la
boca, francamente, y no, como las mujeres, con el borde de loslabios, es
decir, a medias, con reserva, con contención, pero también de manera
disimulada, hipócrita (todas las "virtudes" dominadas son ambiguas,
como las propias palabras que lasdesignan y que, como ellas, están siem-
pre dispuestas a convertirse en defectos); luego, en el ritmo, el hombre
de honor no debe comer ni demasiado rápido, con glotonería y avidez,
ni demasiado lentamente, dos maneras de ceder a la naturaleza. El
hombre viril que va siempre al grano, sin rodeos, es también el que, evi-
tando las miradas, las palabras, los gestos, los golpes bajos y retorcidos,
enfrenta y mira a la cara de aquél a quien quiere acoger o hacia quien se
dirige; siempre alerta, porque siempre amenazado, no deja escapar nada
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de lo que sucede a su alrededor; una mirada perdida en el vacío o fija en
el suelo corresponde a un hombre irresponsable, que no tiene nada que
temer pues está desprovisto de peso en el seno de su grupo.
Al contrario, se espera de la mujer bien educada, la que no comete
ninguna inconveniencia "ni con su cabeza, ni con sus manos, ni con
sus pies", que esté ligeramente encorvada, la vista baja, cuidándose de
todo gesto, de todo movimiento inoportuno del cuerpo, de la cabeza
o de los brazos, evitando mirar otra cosa que el lugar donde apoyará
el pie, sobre todo si ocurre que debe pasar frente a la asamblea de los
hombres; su marcha debe evitar el contoneo demasiado marcado que se
obtiene apoyándose fuertemente sobre el pie; debe siempre estar ceñida
por la thimebremth, pieza de tela rectangular con rayas amarillas, rojas y
negras, que se lleva por encima del vestido, y velar para que su pañuelo
no llegue a desanudarse, dejando ver su cabellera. En resumen, la virtud
propiamente femenina, labia, pudor, contención, reserva, orienta todo
el cuerpo femenino hacia lo bajo, hacia la tierra, hacia el interior, hacia la
casa, mientras la excelencia masculina, el ni¡, seafirma en el movimiento
hacia lo alto, hacia el afuera, hacia los otros hombres.
Lesenspratique, pp. 117-119.
Las divisiones constitutivas del orden social y, más precisamente, las
relaciones sociales de dominación y de explotación que están instirui-
112 113
das entre los géneros, se inscriben así progresivamente en dos clases de
habitus diferentes, bajo laforma de hexis corporales opuestas y comple-
mentarias y de principios de visión y de división que conducen a clasi-
ficar todas las cosas de! mundo y todas las prácticas según distinciones
reductibles a la oposición entre lo masculino y lo femenino. Pertenece a
los hombres, situados del lado de lo exterior, de lo oficial, de lo público,
de lo derecho, de lo seco, de lo alto, de lo discontinuo, realizar todos los
actos a la vez breves, peligrosos y espectaculares que, como e! degüello
del buey, la labranza o la cosecha, sin hablar de! asesinato o de la guerra,
marcan rupturas en el curso ordinario de la vida; al contrario, las muje-
res, situadas de! lado de lo interior, de lo húmedo, de lo bajo, de lo curvo
y de lo continuo, se ven atribuir todos los trabajos domésticos, es decir,
privados y ocultos, incluso invisibles o vergonzosos, como e! cuidado de
los niños y de los animales, así como todos los trabajos exteriores que le
son impartidos por la razón mítica, es decir, los que tienen que ver con
e! agua, con la hierba, con lo verde (como la escardura y la jardinería),
con la leche, con la madera, y muy especialmente las más impuras, las
más monótonas y las más humildes. Dado que el mundo limitado en el
que están relegadas --el espacio de la aldea, la casa, el lenguaje, las herra-
mientas- encierra las mismas llamadas al orden silencioso, las mujeres
no pueden sino devenirlo que son según la razón mítica, confirmando
así, y, en primer lugar, a sus propios ojos, que ellas están naturalmente
destinadas a lo bajo, a lo retorcido, a lo pequeño, a lo mezquino, a lo
fútil, etc. Están condenadas a dar en cada instante las apariencias de un
fundamento natural a la identidad menospreciada que les está social-
mente asignada: a ellas incumbe la tarea larga, ingrata y minuciosa de
recoger, incluso del suelo, las olivas o las ramitas de madera que los
hombres, armados con la vara o con e! hacha, han hecho caer; son las
que, delegadas de las preocupaciones vulgares de la gestión cotidiana de
la economía doméstica, parecen complacerse con las mezquindades del
cálculo, del plazo y del interés, que el hombre de honor debe ignorar.
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LaDomination masculine, p. 36.
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Por todas partes, las mujeres han sufrido particularmente el reagrupa-
miento. Permanecen encerradas, a lo largo del día, en húmedas cha-
bolas. Son los hombres o los niños quienes hacen las compras o van a
buscar el agua a la fuente: en Kerkera, los hombres van a buscar el agua
con cubos o toneles cargados sobre asnos, a veces incluso con vasijasque
las mujeres van a depositar y luego a retomar en la esquina de su casa, sin
atravesar la calle. Sin embargo, situada más abajo del reagrupamiento,
lejos de la calle principal, oculta a la mirada de los hombres, accesible
por caminos indirectos, la fuente tradicional de Ain Boumáala, donde
se aprovisionaba la zriba kerkera, reúne también a las mujeres que van
allá a lavar ropa, mantas, pieles de ovejas; muchas mujeres continúan
extrayendo de ahí su agua Ca pesar de la proximidad de las fuentes
nuevas) únicamente porque así tienen la ocasión de conversar un rato.
En Djebabra permanece la nostalgia por lo antiguo, y la vida social de
antaño se expresade otro modo: lasmujeres van en grupo a pasar la tarde
a sus antiguas casas, situadas a un cuarto de hora de caminata, las más
cercanas, o una media hora, las más alejadas. Esos esfuerzos para perpe-
tuar, mal que bien, el modo de vida antiguo, testimonia la amplitud del
desasosiego experimentado por las mujeres en el reagrupamiento. Si se
piensa que a estas influencias específicas y directas se agregan todas las
que actúan sobre el conjunto de la vida económica y social del grupo,
puede estimarse la transformación del rol que el grupo confiaba tradi-
cionalmente a la mujer.
Le Déracinement, p. 134.
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El reagrupamiento impide a las mujeres cumplir con la mayor parte
de sus tareas tradicionales. En primer lugar, el intervencionismo de las
autoridades se ha concentrado de alguna manera en ellas, porque, a los
ojos de los militares como a los de la mayoría de los observadores inge-
nuos, la condición de la mujer argelina era el signo más manifiesto de
la "barbarie" que se trataba de combatir por todos los medios, directos
o indirectos. Por un lado, los militares crearon, casi por todas partes,
círculos femeninos y obradores; por otro lado, se esforzaron por derribar
brutalmente todo lo que les parecía que obstaculizaba a la "liberación de
la mujer": en Kerkera (como en muchos centros), las casas fueron priva-
das de patio; la fuente y el lavadero fueron ubicados, casi en todas partes,
en pleno centro del quadrivium. Más generalmente, las acciones milita-
res y la represión han sometido a una terrible prueba la moral del honor
que regulaba la división del trabajo y las relaciones entre los sexos.
"Paysans déracinés, bouleversements morphologiques
et changements culturels en Algérie", p. 72.
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En primer lugar, la intervención de las autoridades y el simple hecho del
contacto entre grupos diferentes por su historia reciente y por su grado
de aculturación, determinan una aceleración del proceso de cambio cul-
tural. La acción de los responsables se inspiraba en la intención, implí-
cita o explícita, de "hacer evolucionar" a las poblaciones argelinas hacia
estructuras sociales y actitudes de tipo occidental: la unidad del clan o
de la familia de base genealógica, se pretendía sustituir por la unidad
aldeana, de base espacial; la familia extensa, compuesta de varias gene-
raciones viviendo en indivisión, por el hogar en el sentido occidental.
Así, en muchos lugares, los "reagrupados" han sido forzados a construir
tantas casas como hogares que hubiera; algunos debieron construir la
casa de tal o cual de sus parientes emigrados; a veces fue necesario que el
emigrado mismo fuera a cumplir con esta obligación. El hábitat sepa-
rado acentúa y acelera el debilitamiento de los lazos familiares: desde
entonces, cada familia tiene su propia marmita y su propio presupuesto,
del mismo modo en que ya tenía, la mayoría de lasveces, su propia tierra.
Además, el acercamiento de grupos diferentes, el desmenuzamiento de
las comunidades, la influencia disolvente de la situación de suburbio y
la precariedad de las condiciones del hábitat, tienden a debilitar los lazos
habituales ydeterminan la aparición de solidaridades de un nuevo tipo,
fundadas en el vecinazgo y, ante todo, en la identidad de las condiciones
de existencia.
Le Déracinement, pp. 118-119.
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Además del incremento de la autonomía del hogar que tiende a devenir
una unidad económica independiente e, incluso, cada vez que sus recur-
sos se lo permiten, a soltarse, el cambio de la estructura de la actividad
de los diferentes miembros de la familia determina un cierto número de
transformaciones importantes. En primer lugar, aun cuando la urbani-
zación acarrea la emancipación en otros dominios, la dependencia eco-
nómica de la mujer se incrementa, y ello tanto más cuanto la adopción
(incluso parcial e inconsciente) de las disposiciones económicas capita-
listas conduce a despreciar las actividades femeninas, no reconociendo
como trabajo verdadero sino el que aporta un ingreso monetario. No
pudiendo trabajar afuera, tiene la carga del interior y permanece com-
pletamente extraña (salvo en las capas más favorecidas) a las decisiones
económicas importantes, ignorando a veces cuánto gana su marido.
Mientras la ideología adecuada para justificar y para valorizar su nueva
función no se ha formado, ella se encuentra relegada a un rol y a un
rango inferiores de modo más brutal y más total que antaño, porque el
nuevo universo económico y social tiende a desposeerla de las funciones
mismas que le reconocía la antigua sociedad.
Por otra parte, aunque el subempleo crónico tiende a actuar en
sentido opuesto, la dependencia de las jóvenes respecto de los padres
decrece desde el momento en que ellas aportan un salario, y muy par-
ticularmente cuando, más instruidas que sus hermanas mayores, están
mejor adaptadas al mundo económico. Así, mientras que en la sociedad
tradicional permanecían en la dependencia de su padre tanto tiempo
como él viviera, la sociedad urbana les asegura a veces las condiciones
económicas de la emancipación. Conscientes de aportar una parte
del ingreso familiar, consideran que participan en la gestión del pre-
supuesto, aun cuando continúan, como ocurre con frecuencia, remi-
tiendo su salario a su padre, en parte o en su totalidad. No hay familia
que no sea el lugar de un conflicto de civilizaciones.
AIgérie 60, pp. 62-63.
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Otro signo de la transformación del estilo de las relaciones sociales, la
aparición del velofemenino. En la sociedad rural de antaño, las mujeres,
que no tenían que disimularse ante los miembros de su clan, tenían que
seguir, para ir a la fuente (y, secundariamente, a los campos), itinerarios
apartados, a horarios tradicionalmente fijados: así protegidas de las
miradas extrañas, no portaban velo e ignoraban al-b'ujba (la existencia
enclaustrada en la casa). En el reagrupamiento como en la ciudad, no
hay más espacio para cada unidad social, y, además, el espacio mascu-
lino yel espacio femenino interfieren, en fin, el abandono parcial o total
de los trabajos agrícolas condena a los hombres a permanecer todo el
día en la aldea o en la casa. Por ello está excluido que la mujer pueda
continuar saliendo tan libremente sin acarrear desprecio y deshonor
sobre los hombres de la familia. No pudiendo, sin negarse como cam-
pesina, adoptar el velo de la citadina, la campesina transplantada a la
ciudad debía cuidarse de aparecer solamente en el umbral de su puerta.
Creando un campo social de tipo urbano, el reagrupamiento determina
la aparición del velo que permite el desplazamiento entre los extraños.
LeDéracinement, p. 70.
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El día en que nos fue manifestado "buenas noches",
Hemos recibido un golpe en la mandíbula:
Nos hemos hartado de prisiones con llave.
El día en que nos fue manifestado "buenos días",
Hemos recibido un golpe en la nariz:
Las bendiciones han acabado para nosotros,
El día en que nos fue manifestado "gracias",
Hemos recibido un golpe en elcuello:
La oveja inspira más miedo que nosotros.
El día en que nos fue manifestado "cerdo",
Un perro va mejor que nosotros para el honor,
El khammes ha comprado un mulo.
El día en que nos fue manifestado "el hermano",
Hemos recibido un golpe en la rodilla:
Caminamos en la vergüenza hasta el pecho.
El día en que nos Iue manifestado "el diablo" ,
Hemos recibido un golpe que nos ha vuelto locos,
Hemos devenido portadores de estiércol.
HANOTEAU, Poésiespopulaires delaKabylie du Djurdjura, 1862.
Le Déracinement, p. 117.
139
Yano hay deshonor (Jib'): ya no se teme abandonar su tierra o venderla
a extranjeros; ya no hay vergüenza de abandonar a su padre o a su madre
en la miseria; no se duda ante ningún recurso, ninguna astucia, para
ganarse la vida. Decir que ya no hay deshonor, para significar que no
hay más honor y pundonor, es recordar que el honor, como el deshonor,
no se experimenta sino frente al tribunal de la opinión, frente al grupo
seguro de sus normas y de sus valores. En resumen, la crisis del sistema
de valores es la consecuencia directa de la crisisque afecta al grupo, guar-
dián de los valores: en razón de la dispersión de las unidades sociales,
del relajamiento de los lazos sociales tradicionales y del debilitamiento
del control de la opinión, la transgresión de la regla tiende a devenir la
regla: ya nada obstaculiza al individualismo que se introduce con la eco-
nomía moderna; en el seno de los reagrupamientos, agregados enormes
y disparatados de individuos aislados, cada uno se siente protegido por
su anonimato; cada uno se siente responsable de sí mismo, pero sólo de
él y sólo ante él. "En estos tiempos, es cada uno por sus propias manos.
Cada uno no puede contar más que con su habilidad. Cada uno debe
'nadar su mar' y contar con sus 'propias rodillas' para ganarse la vida. No
hay más 'mi tío' ni 'mi hermano'. Ahora los hombres dicen 'cada uno
para su vientre', 'cada uno para sí', mientras que antes era 'cada uno su
tumba', porque es solamente más abajo (en el más allá) donde cada uno
está confrontado con sus actos: aquél día, no puedo nada para ti, tú no
puedes nada para mí, mientras que aquí la vida no es posible sino por
la ayuda mutua. ¿Quién puede jactarse, sobre todo en la actualidad, de
no necesitar a nadie? Como se dice, 'un hombre (es hombre) por los
hombres' (rajal betjat)". Yase trate de su subsistencia o de su honor, el
individuo sabe que no puede contar más que consigo mismo y que no
debe dar cuenta sino a sí mismo. "Honor para ti y vergüenza sobre ti"
(rejala lik u/a el-éib lik), se dice: cada sujeto es libre de sus actos, pero
debe asumir solo el deshonor que puede atraerse: como la tierra, como
la marmita, el honor ha dejado de ser indiviso.
Le Déracinement, p. 86.
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El espíritu campesino no podría resistir mucho tiempo al desarraigo:
el campesino, poseído por su propiedad más de lo que él la posee, se
define por la atadura a su campo y a sus animales. En consecuencia, la
actitud respecto de la tierra parece ligada directamente al tipo de hábi-
tat. En Kabilia, porque el hábitat se concentra en grandes aldeas, los
cultivadores no habitan en su propia tierra; el terreno está extremada-
mente parcelado, y las parcelassesitúan a distancias variables. Si bien las
mejores (thimizar) están muy próximas a las habitaciones con las cuales
se comunican a través de caminos secretos (thazribth, plural thizribin),
algunas parcelas pueden, ya sea, estar muy encaramadas en la montaña
-lo que incrementa el tiempo de caminata para acceder a ellas-, ya sea,
pertenecer al terreno de otra aldea: evidentemente, son las más medio-
cres y las menos cuidadas. Lamayoría de las veces, son dejadas sin cul-
tivar o bien son sembradas con leguminosas (nuwar). En todo caso, no
son abonadas, y en consecuencia, no conocen la alternancia trienal de
cultivos (habas, cebada, trigo), sino el barbecho desnudo. Incluso, son
tan mediocres que no se cultivan; sirven de pastura para los animales de
la familia o tienen algunos árboles frutales, viejos, pobres y mal cuida-
dos. Pero de modo general, aún cuando están -corno ocurre a veces- a
varias horas de caminata, el campesino mantiene el contacto con sus
tierras, que "visita" de va en cuando.
Le Déracinement, p. 112.
Si en Djebabra o en Matmatas uno se declara con frecuencia agricultor,
aún cuando no se realizan más (o sólo apenas) los trabajos habituales,
es porque todas las actividades llevadas a cabo por quien es campesino
de condición, deben ser tenidas en cuenta como trabajo, es decir, no
solamente la labranza, sino también el tiempo pasado en "visitar" los
campos o en mirarlos de lejos, por no poder "visitarlos". La cualidad
de campesino le permanece asociada porque la ha heredado al mismo
tiempo que el patrimonio familiar, porque ha sido alimentado y
educado en las virtudes que le son inseparables, porque el grupo se la
confiere y porque debe proclamarla frente a él a través de todo su corn-
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portamiento, porque, en fin, no puede disociarla de la idea que tiene de
sí mismo.
Aunque la pauperización sea objetivamente tan grande como en
otras partes, los fellahs desposeídos de sus tierras permanecen como
campesinos porque no pueden reconocerse como desprovistos de tra-
bajo sin negarse como campesinos. La dignidad campesina les prohíbe
esta confesión: es la última barrera cuando no queda nada de lo que
su condición. El campesino permanece como campesino
mientras no pueda concebirse otro y diferentemente que campesino;
146
tanto tiempo como permanezca así, el espíritu campesino puede perpe-
tuarse, extraño, indiferente, e incluso hostil a la seducción de los otros
modos de vida que conoce y rechaza.
Aun aquí, todo es cuestión de forma: en efecto, se admite que el
campesino pueda devenir provisoriamente comerciante en una ciudad
de Argelia, obrero agrícola en una gran hacienda o peón en una fábrica
de Francia, a condición de que lo haga en tantocampesino, es decir, para
el bien de la comunidad campesina, para incrementar el patrimonio
familiar, adquirir una pareja de bueyes, ganar el monto de la compen-
147
sación matrimonial, construir una casa o, simplemente, alimentar a la
familia.
El campesino auténtico debe permanecer fiel a los valores campe-
sinos. aun cuando haga frente a la vida urbana: la sociedad campesina,
aunque avara de elogios, no retacea alabanzas para quien ha sabido per-
manecer respetuoso de sus modelos y de sus normas, que ha continuado
viviendo, sintiendo o pensando como campesino, "siguiendo el camino
de su padre y de su abuelo". Se dice de él: "Vive allí, tal como en el país",
"no se ha hecho beldi (citadino)", "todavía no se ha enorgullecido". Y
el apego a los valores campesinos se mide con dos criterios: en primer
lugar, el alimento debe permanecer frugal. prueba de que no tiene "el
148
vientre más ancho", que no trabaja "para su vientre"; en segundo lugar,
la mujer no debe, a la manera de las citadinas, salir bajo la única protec-
ción desu velo: "Ella no franquea el umbral de la puerta', se dice, yes un
elogio que se dirige tanto al esposo como a la esposa.
Lo que se condena por encima de todo, es la imitación del citadino:
comer como él, vestirse como él, adoptar su lenguaje y sus costumbres,
es renegar de la tradición de los ancestros y lanzar un desafío a todo el
grupo. Por ello se comprende la complacencia con la cual se restituye al
emigrado el lugar que era suyo y que no ha dejado sino provisoriamente,
bajo la coacción de la necesidad. El grupo tanto como el emigrado expe-
rimentan el exilio urbano como una prueba que es necesario suspender
149
desde el momento en que se pueda; se teme que haya sido sensible a la
seducción urbana. También, a fin de disipar toda sospecha. el emigrado
debe manifestar claramente que retoma plena y simplemente su lugar
en el grupo. El traje traído de la ciudad no debe reaparecer antes de la
próxima partida. Algunos se llevan en su equipaje el albornoz y el tur-
bante que volverán a ponerse eldía de regreso a la aldea.
En efecto, puede que la crisis de la agricultura sea, a la vez, elsíntoma y el
efecto de la crisis que afecta al agricultor tradicional o, mejor, al espíritu
campesino. En Kerkera, como en Ain Aghbel, la casi totalidad de los
antiguos agricultores que se declaran desocupados añoran el abandono
de sus tierras, lamentan su renunciamiento a la condición de agriculto-
res y aspiran a recobrar sus derechos de propietarios; sin embargo, no
hay nadie que diga querer continuar cultivando su tierra en lo inme-
diato, que declare haber participado en los grandes trabajos estacionales,
cosecha del heno o acopio, por ejemplo, ya sea porque hayan efectiva-
mente renunciado a toda actividad agrícola, lo que es poco verosímil, ya
sea porque estiman que los pequeños trabajos que han podido realizar
no merecen ser mencionados. En resumen, todo parece indicar que la
gran mayoría de los antiguos cultivadores rechaza el trabajo de la tierra
deliberadamente; todo ocurre como si, bajo el pretexto del reagrupa-
miento, ellos asumieran explícitamente su condición de desocupados,
aunque tengan con frecuencia (al menos idealmente) la posibilidad de
continuar cultivando. Todos los deseos formulados, todas las búsquedas
efectivamente emprendidas están orientadas hacia el sector no agrícola,
hacia elempleo permanente y asalariado.
Le Déracinement, pp. 100-101Y66.
Con más incertidumbre que nunca hacia el futuro, el fellah se encierra
~ i e m p r e más estrechamente en sus conductas, que se inspiran en la bús-
queda de la mayor seguridad posible; mientras más se le escapa el pre-
sente, más se aferra a él, sacrificando toda actividad que comprometería
un fururo a largo plazo a la prosecución de la satisfacción directa de las
150
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necesidades inmediatas. Para los más pobres, ha terminado la previsión
que exigía la tradición. Una vez rotos los equilibrios tradicionales, se
ve desaparecer, con el mínimo de seguridad que lo hacía posible, el
esfuerzo por ponerse al abrigo del porvenir. Sabiendo que -hiciese lo
que hiciera- no llegará a asegurar la transición, el fellah se resigna a vivir
al día recurriendo al crédito, agregando al ingreso de su tierra el importe
que le procuran algunas jornadas de trabajo con el colono. Laimprevi-
sión forzada es la expresión de una desconfianza total en el porvenir que
condena al abandono fatalista.
Le Déracinement, p. 19.
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El atractivo de un salario incita a muchos cultivadores a hacer trabajos
(la labranza o la cosecha, por ejemplo) por cuenta de otros propietarios,
a veces en detrimento de su propia tierra. Un fellah kabil de los Ouad-
hia, luego de haber convenido que era uno de los últimos de su pueblo
en permanecer auténticamente campesino (cosa que traicionaban su
ropa, su lenguaje, el estilo de sus relaciones con sus familiares), luego
de haber deplorado con mucha sinceridad y nobleza la decadencia de
thafallah'th y denunciado las seducciones ficticias de la ciudad, decla-
raba (en abril de 1963): "Soy el único de la aldea que tiene una pareja de
bueyes. Labro para la gente a razón de 2 500 F (antiguos] por día y pido
152
3000 F en período de Ramadán" (en compensación de las comidas que
no toma); eso, lo más natural del mundo. Reclamar una indemnización
en dinero por la comida que asocia a todos los que han participado en
un trabajo colectivo constituye ya una innovación escandalosa; pero,
además, la pareja de bueyes deja de ser el orgullo del propietario territo-
rial, como símbolo de su honor de campesino, para devenir una fuente
de ingresos monetarios.
Le Déracinement; p. 71.
153

Recuerdo haber estado largas horas acosando con preguntas a un
campesino kabil que intentaba explicarme una forma tradicional de
préstamo de ganado, porque no me entraba en la cabeza que el presta-
mista pudiera, contra toda razón "económica", sentirse obligado con el
prestatario en nombre de la idea que éste aseguraría el mantenimiento
de un animal que, de todos modos, habría que alimentar. Recuerdo
también la suma de pequeñas observaciones de apariencia anecdó-
tica o de constataciones estadísticas que tuve que acumular antes de
comprender, poco a poco, que yo tenía -como todo el mundo- una
filosofía implícita del trabajo, fundada en la equivalencia del trabajo y
del dinero: la conducta juzgada soberanamente escandalosa del albañil
que, al retornar de una larga estadía en Francia, pidió que se agregara a
su salario una suma correspondiente al precio de la comida ofrecida al
finalizar los trabajos y que él había rehusado tomar, o el hecho de que,
para un número de horas o de días de trabajo objetivamente idénticas,
los campesinos de las regiones del sur de Argelia, menos afectados por la
emigración, se decían con más frecuencia ocupados que los kabiles, más
inclinados por su parte a declararse sin trabajo o desocupados. Algunas
de las personas que yo observaba, especialmente los kabiles, estaban des-
cubriendo esta filosofíaque para mí (ypara todos mis semejantes), iba de
suyo, y se separaban, muy laboriosamente, de una visión, para mí muy
difícil de pensar, de la actividad como ocupación social.
Les Structures sociales del'économie, p. 14.
Los grupos de obreros de las granjas de colonización presentan el resul-
tado del movimiento de desagregación que el reagrupamiento ha acele-
rado sin llevarlo a su término, en primer lugar, porque la duración del
desarraigo ha sido demasiado corto como para que las transformaciones
más profundas pudieran manifestarse; luego, porque el sentimiento
muy vivo de que se trataba solamente de una prueba provisoria venía
a debilitar la eficacia de la acción perturbadora. Por eso se puede ver
un símbolo de la historia del campesinado argelino durante esos diez
154
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últimos años, en la aventura de esos obreros de la CAPER* de Arn Sultan
que, desde mucho tiempo atrás instalados en el dominio, han encon-
trado junto a sus congéneres montañeses el recuerdo de su pasado, en el
momento en que la memoria colectiva amenazaba con aniquilarse con
el desarraigo, el desmenuzamiento yel desorden del grupo.
"Paysans déracinés ...", p. 94.
• Cajade Acceso a la Propiedady a laExplotaciónRural.
155
A falta de esas "predisposiciones" que los escolares espontáneamente
stuart-millianos de Lowestoft habían mamado en la cuna, los agentes
económicos que yo observaba en la Argelia de la década de 1960 debían
aprender o, más exactamente, reinuentar, con más o menos éxito según
sus recursos económicos y culturales, todo lo que la teoría económica
considera (al menos tácitamente) como dado, es decir, como un don
innato, universal e inscripto en la naturaleza humana: la idea del trabajo
como actividad que procura un ingreso monetario por oposición a la
simple ocupación conforme a la división tradicional de las actividades
o al intercambio tradicional de servicios; la posibilidad misma de la
transacción impersonal entre desconocidos, ligada a la situación de
mercado, por oposición a todos los intercambios de la economía de la
"buena fe", como la llaman los kabiles, entre parientes y familiares o
entredesconocidos, pero "domesticados", por así decirlo, por el aval de
allegados y de intermediarios capaces de limitar y de conjurar los riesgos
ligados al mercado; la noción de inversión a largo plazo, por oposición
a la práctica de la reserva o a la simple previsión inscripta en la unidad
directamente experimentada de los ciclos productivos; la concepción
moderna, que se nos ha vuelto tan familiar que olvidamos que consti-
tuyó el objeto de interminables debates ético-jurídicos, del préstamo
a interés y la idea misma de contrato, con sus vencimientos estrictos,
hasta entonces desconocidos, sus cláusulas formales, que ha tomado
progresivamente el lugar del intercambio de honor entre hombres de
honor, que excluía el cálculo y la búsqueda del beneficio y obedecía a
una aguda preocupación por la equidad, etc. Otras tantas innovaciones
parciales, pero que se transforman en sistema, porque se enraízan en
una representación del porvenir como lugar de posibilidades abiertas y
susceptibles del cálculo.
LesStructures sociales de l'économie, pp. 14-15.
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158
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159
El trabajo no es ni un fin en sí ni una virtud para sí. Loque está valori-
zado, no esla acción orientada hacia un fin económico, es la actividad en
sí misma, independientemente de su función económica y sólo a con-
dición de que tenga una función social. El hombre que se respeta debe
siempre estar ocupado en algo. Si no encuentra nada para hacer "que
al menos talle su cuchara'. "El pastor desocupado -se dice inc1uso-,
talla su bastón". El perezoso no cumple la función que le incumbe en el
seno del grupo: por ello, se pone al margen y se expone a ser rechazado.
Permanecer ocioso, sobre todo para quien pertenece a una gran familia,
es traicionar sus compromisos respecto del grupo, es eludir los deberes,
las tareas y las cargas que son inseparables de la pertenencia al grupo. Por
eso se apresuran, por ejemplo, para reubicar en el ciclo de los trabajos
y en el circuito de los intercambios de servicios al que ha permanecido
separado de la actividad agrícola durante cierto tiempo, elemigrado o el
convaleciente. Se dice a los adolescentes de familias pobres, a los hijos de
viudas: "Vayan ustedes a arrendar, se convertirán en hombres tirando el
arado y cavando la tierra'. Con derecho a exigir a cada uno que se pro-
porcione una ocupación, por improductiva que ella sea, el grupo debe
asegurar a todos una ocupación, aun puramente simbólica. El cultiva-
dor que ofrece una ocasión de trabajar en sus tierras a quienes no tienen
tierras de labranza, arado que tirar, árboles que podar, hijo de khammés
(obrero agrícola) o de viuda, recibe aprobación de todos porque asegura
a esos individuos marginales la posibilidad de integrarse en el grupo, en
resumen, de convertirse en hombres realizados.
En tal contexto, lo que aparece como simple ocupación cuando se refiere
implícitamente a la concepción del trabajo como actividad productiva,
no era y no podía ser percibido como tal. Así, el jefe de familia era natu-
ralmente el de mayor edad, porque su trabajo, a sus ojos como a los ojos
del grupo, se identificaba con la función misma de jefe de familia, res-
ponsable de cada uno y de todos, encargado de ordenar y de organizar
los trabajos, los gastos y las relaciones sociales. La distinción entre tra-
bajo productivo y trabajo improductivo, como la distinción entre tra-
bajo rentable y trabajo no rentable, estaba relegada a un segundo plano,
160
estableciéndose la oposición fundamental entre el ocioso (o el perezoso)
que falta a su deber social y el trabajador que cumple su función social,
cualquiera que pudiera ser el producto de su esfuerzo.
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Afgéríe 60, pp. 37-38.
La ruptura con la condición campesina y la negación del espíritu cam-
pesino son el resultado de un proceso puramente negativo que acarrea
el abandono de la tierra y la huida hacia la ciudad o la permanencia
resignada en una condición devaluada y desvalorizada, más bien que la
invención de un nuevo tipo de relaciones con la tierra y con el trabajo
de la tierra. Han terminado los campesinos "encampesinados", pero
también son raros los agricultores modernos. Si bien en cada aldea aún
existen algunos "ingenuos" obstinados en perpetuar un arte de vivir
anticuado, si bien existen algunos agricultores capaces de gestionar su
explotación según las reglas de la racionalidad económica, la oposición
entre el campesino tradicionalista y elcampesino moderno no tiene más
que un valor heurístico y define solamente los polos extremos de un
continuum de conductas y de actitudes separadas por una infinidad de
diferencias infinitesimales.
LeDéracinement, p. 161.
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"Ahora todo es oficio (al-mityz). ¿Cuál es tu oficio?, se pregunta. Y cada
uno debe encontrarse un trabajo. Hay quien, por haber almacenado
cuatro cajas de azúcar y dos paquetes de café en un local, se dice comer-
ciante; quien, porque sabe clavar cuatro planchas, se dice carpintero; los
choferes son innumerables, incluso si no tienen automóvil: basta con
tener su permiso en el bolsillo" (Fellah de Djernáa-Saharidj.)
Le Déracínement, p. 61.
''Aveces, yo trabajo, a veces diez días, a veces quince días, pero jamás
así, de un solo golpe, de modo continuo. Estoy actualmente en un taller
como chofer. Hace falta pan para los hijos. Y por eso, no importa cuál
oficio se desea. Es mejor eso que dar vueltas, para nada, sin aportarles
nada. Vea usted a mis hijos, están desnudos. Vea mi casa, una pocilga,
no es una casa. Haría cualquier oficio con tal de ganar bien para alimen-
tar a mis hijos. Esto es mi vida, sólo el salario no va. El resto, nosotros
estamos hechos para eso" (Chofer, Orán).
Trauail et travailleurs enAlgérie, p. 503.
171
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Si trabajo quiere decir un oficio, ejercerlo de manera estable y vivir de ello
de manera correcta, no es para todo el mundo y se trata de otra cosa. Si
trabajo quiere decir hacer algo, no importa qué, para no estar de brazos
cruzados, para ganarse el pan, allá, sólo los perezosos no trabajan. Un
hombre digno, que no quiere vivir a expensas de los otros, incluso si debe
vivir de cuento, debe trabajar. Si no encuentra ningún trabajo, puede aún
dedicarse a laventa callejera. Muchos se han encontrado obligados a hacer
eso para vivir, aunque ahora por nada del mundo harían otra cosa. Esto
es malo, porque lo que era una necesidad al inicio, deviene una forma de
pereza.
"Yo soy un fellah. Mi padre vino a la ciudad porque no podía vivir más.
Yosabía cortar un poco el pelo. Aprendí ese oficio solo. Como no podía
hacer otra cosa, tomé ese oficio. Alquilé este local, pago 3 000 F de alqui-
ler. Es caro. Aprendí mi oficio trabajando. Nunca tengo ganancias fijas,
hay mucha competencia. Uno nunca puede estar seguro en este tipo de
oficio. Gano apenas como para pagar el pan de mis hijos, pero es justo,
justo. Cuando no llego, tomo mercadería a crédito en lo de un tendero
que conozco. ¡Ah!Si yo pudiera, tendría Otro oficio. Para mis hijos, yo no
quisiera que ellos hicieran esto. Quisiera que ellos fueran obreros especia-
lizados, mecánicos, o alguna otra cosa parecida. El que tiene una especiali-
dad, está tranquilo, no hay necesidad de pensar en mañana. Con un oficio
como el mío, uno siempre está con la soga al cuello. ¿Cómo quieres que
haga algo?No puedo incluso pensar en instalarme como es debido. Debo
considerarme felizcuando gano mi pan. No hay que pensar en el resto".
Si la presión del "ejército de reserva industrial" es siempre vivamente
experimentada, se expresa a veces explícitamente, ya sea a través de juicios
al al "h h b ""h h " vagos Ygener es, t es como ay mue os razas, ay mue a gente
"está todo el mundo", "la población se ha duplicado", ya sea en términos
más concretos, más cercanos a una experiencia vivida y todavía viva: "Vas
po\-los muelles una mañana y verás: son centenas, miles, que esperan para
tener un trabajo, para trabajar una jornada, para ganar el pan de sus cha-
vales" (Peón, Argd).
Travail et travailleurs enAlgérie, pp. 511 y 533.
178
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179
Para todos estos jornaleros, trabajadores intermitentes, desocupados,
vendedores callejeros, que trasladan al medio urbano actitudes rurales
y que no tienen los medios para realizar la mutación necesaria para
adaptarse a la vida urbana, toda la existencia transcurre bajo el signo de
la necesidad y de la inseguridad. "Aveces, trabajo un día, a veces, cuatro
días, a vecesdurante un mes entero estoy desocupado. Tengo casi 5 000
F de deudas. Pido prestado a uno para pagaLal otro, siempre es así.
Estoy sin oficio, sin instrucción, ¿cómo quiere que viva? Trabajo como
peón, llevo el agua, piedras para la construcción ... ¡Ah! ¡Si encontrara
trabajo! Vea usted que tengo la soga al cuello (makhnouq, literalmente
"estrangulado"). Cuando no trabajo como peón, vaya la ciudad y tra-
bajo como changarín en el mercado. Tomo a derecha y a izquierda. Pido
prestado a uno para pagar al otro. Salgo a la mañana, a las cinco horas
y hacia delante. Busco, busco. ¡A veces, vuelvo al mediodía o la una y
siempre nada, nada ... ! Lo que gano es como mi trabajo. Nunca es
regular, nunca seguro. ¿Qué es lo que se puede hacer? Cuandotú noestás
seguro del hoy, ¿cómo estarás seguro del mañana?Gano en promedio casi
10 000 F. Haría cualquier cosa para ganar el pan de mi familia" (Peón,
sin empleo regular, Constantina).
El empleo del tiempo dividido entre la búsqueda del trabajo y los traba-
jos improvisados, la semana o el mes cortados al azar de la contratación,
en días laborables y no-laborables, todo llevala marca de la precariedad.
Nada de horario regular ni de lugar de trabajo fijo. La misma disconti-
nuidad en el tiempo yen el espacio. La búsqueda de trabajo es la única
constante de esta existencia balanceada a merced del azar; y también
el fracaso cotidiano de la búsqueda. Se busca trabajo "a derecha y a
izquierda", se pide prestado "a derecha y a izquierda", se pide prestado a
derecha para devolver a izquierda. }ó sigo pidiendoprestado como desper-
dicios sobre elagua, dice un desocupado de Constantina.
Travail et trauailleurs enAlgérie, pp. 352 y 353.
180
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181
"Yosalgo a la mañana para buscar trabajo, no me quedo. ¡Ycómo que-
darse! Durante el día, la casa es un horno, a la noche, es una heladera".
Cada mañana se parte en busca de trabajo, más o menos temprano
según que verdaderamente se lo espere o se esté ya resignado. Uno va,
toda la mañana, de obra en obra, confiando en los dichos de un amigo,
un primo o un vecino. ¿Volver a la casa a mediodía? Uno se detiene en el
café, donde lo consume mientras fuma con los amigos. Se llega a hacer
profesión de buscador.
El único fin de la actividad es la satisfacción de las necesidades inme-
diatas. "Yogano mi pedazo de pan yeso es todo". "Lo que yo gano, lo
como". "Gano justo el pan de mis hijos". "Yo trabajo para alimentar a
los hijos". Se han acabado las antiguas tradiciones de previsión. El cita-
dino tiende a parecerse a la imagen que se formaba de él el campesino
tradicional: "Lo que la jornada ha trabajado, la noche lo ha comido...".
A veces, se ven resurgir conductas tradicionales, totalmente aberrantes
en el nuevo contexto, e inspiradas por la obsesión de la subsistencia.
"Tengo provisiones listas, dice un pequeño tendero de Orán que gana
400 a 500 F por día. Si en algún momento no gano nada, al menos
puedo comer". Tradicionalismo de la desesperanza, tan inconsecuente
como la existencia al día. Pero, ¿cómo esperar más allá del presente, más
allá de la subsistencia, cuando este objetivo primordial apenas si está
satisfecho?"El salario alcanza justo para el pan. Pero para ascender, no"
(Peón en una pescadería, Constantina).
Como los sacrificios se refieren primordialmente al consumo,
los ingresos pueden aumentar sin que el ahorro o, incluso, la idea de
ahorrar, aparezca; de tal modo las necesidades exceden a los medios: en
efecto, se sabe que la porción de la alimentación crece paralelamente
a los ingresos en los presupuestos familiares hasta un cierto umbral.
Cuando se les pregunta si tienen ahorros, la mayor parte de los subpro-
letarios responden con risa o con indignación: 5,4% de los subprolera-
Tios tienen ahorros y el 50,9% tiene deudas. "¿Ahorros?, dice con una
sonrisa un chofer de Orleánsville; cuando recibo la paga, me enfermo,
no sécómo hacer. Yo vivo al día".
Travail et travailleurs enAlgérie, pp. 356 y 357.
182
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183
La melancolía colectiva revela e! desasosiego y la ansiedad, e! debilita-
miento de las antiguas solidaridades. Si la miseria material alcanza a cada
individuo en lo más íntimo de sí mismo, es porque precipita e! desmo-
ronamiento de! sistema de valores que imponía la identificación de cada
uno a todo e! grupo y que, por ello, lo protegía contra e! descubrimiento
de su soledad. Si e! grupo no llega más a ejercer su acción reguladora, no
es solamente porque duda de sus normas y de sus valores, desmentidos
por la situación, es también porque las estructuras más profundas han
sido quebradas: e! desplazamiento forzado y todas las manipulaciones
arbitrarias han transformado e! sustrato de la vida social, no solamente
en su extensión y en su volumen, sino también en su forma. Emigración
con escasaamplitud, impuesta a todo e! grupo por razones extrañas a la
lógica económica, el reagrupamiento afecta toda la vida social, transfor-
mando la organización de! espacio habitado, esquema de las estructuras
sociales proyectado sobre e! suelo, y quebrando el vínculo de familiari-
dad que une los individuos a su entorno. Como e! mundo familiar es
para él e! mundo natal, como todo su habitus corporal está "hecho" en
e! espacio de sus desplazamientos habituales, e! campesino desarraigado
está herido en lo más profundo de su ser, tan profundamente que no
puede formular su desarraigo y menos aún, definir su razón.
"Paysans déracinés ...", p. 87.
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"Yo, dice un comisionista de Orán, voy a decirle, los padres, no eran
instruidos, ellos no sabían lo que es el porvenir. Yo, en lugar de ganar
100 F, prefiero trabajarcuatro veces mdsparaganar200 F y educar a mis
hijos. Por otra parte, es lo que hago en este momento. Los competidores
refunfuñan, pero pueden gritar; ellos ganan dos veces más trabajando
dos veces menos que yo".
Travail et travailleurs enAlgérie, p. 207.
Un desocupado de Constantina, desprovisto de todo recurso, calcula
en 2000 NF por mes el ingreso que necesita para satisfacer las necesida-
des de su familia. Interrogado sobre el futuro que desea para sus hijos,
declara: "Ellos irían a la escuela; cuando estuvieran bastante instruidos,
elegirían ellos mismos. Pero yo no puedo enviarlos a la escuela. Quisiera,
si pudiera, instruirlos durante mucho tiempo para que fueran doctores
o abogados. Pero yo no tengo ayuda. Me estdpermitidosoñar".
Travail et travailleurs enAlgérie, p. 300.
188
189
Sin otra esperanza que ganar lo suficiente para sobrevivir, los más mise-
rables tienen la opción entre ese fatalismo de los desesperados que no
tiene nada que ver con el Islam y la partida forzada hacia la ciudad o
hacia Francia. Más que el resultado de una libre decisión fundada en
la voluntad de instalarse verdaderamente en la vida urbana, este exilio
forzado no es, la mayoría de lasveces, sino el término ineluctable de una
serie de renunciamientos y de derrotas: una mala cosecha y se vende el
asno o los bueyes; se pide prestado a tasas exorbitantes para continuar
o para comprar la semilla; en fin, habiendo agotado todos los recursos,
uno no parte, salecorriendo.
O bien, harto de penar para vivir tan mal, uno se va allí a la buena
de Dios, dejando la tierra a un khammes. En todos los casos, la partida
hacia la ciudad es una suerte de huída de antemano determinada por
la miseria. Los más ricos, los que disponen de un peculio, esperan ins-
talarse como comerciantes en la pequeña ciudad vecina que tienen por
costumbre frecuentar para los mercados. Con el artesanado tradicional,
el comercio es, en efecto, el único tipo de actividad que conviene a los
propietarios terratenientes preocupados por no contravenir, sobre todo
cuando han permanecido en la región donde son conocidos por todos.
Por su parte, los pequeños propietarios desposeídos, los antiguos kha-
mmes, o los obreros agrícolas a los que nada prepara para la vida urbana
y que no tienen ni lasactitudes ni lasaptitudes necesarias para adaptarse,
no pueden esperar sino la condición de jornalero, de pequeño vendedor
ambulante o de desocupado que espera ese "paraíso" del empleo perma-
nente.
LeDéracinement, pp. 20-21.
"¡Ah! ¡Yo tenía mundo! Antes del servicio militar era algo así como
repartidor de perfumes en I... Trabajé cinco años. Tenía diecisiete
años. No había nada, de otro modo no podía hacer otra cosa. En ese
momento todo estaba cerrado. Es siempre la misma cuestión, la que le
dije: lóseuropeos tenían todos los empleos. Tenga, le doy una historia
mía. La recuerdo como si fuera ahora, eso me impactó. Calle Michelet,
había un negocio que pedía un aprendiz de sastre. Yo acababa de salir
190
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de la escuela. Mis padres eran pobres. Era necesario comenzar a hacer
mundo, a trabajar. El patrón me pregunta: ¿Usted sabe leer? Sí. ¿Escri-
bir? Sí. ¿Tiene el certificado de estudios? Se lo presento, él lo ve. En ese
momento, entra un hombre joven de mi edad. Lo recuerdo todavía hoy.
Él no sabía una palabra de francés. Yocreía que el patrón iba a hacer un
pequeño examen. Me dijo: Señor, puede irse, le escribiré. Nunca recibí
nada. El hombre joven era español. Eso no lo olvidaré jamás".
Trauail et trauailleurs enAlgérie, p. 461.
"Estoy en Constantina desde marzo de 1959. Antes estaba en Cháteau-
dun du Rhumel. Fui al suburbio de Hatabia. Se destruyeron chabolas
y nos "recolocaron" en la ciudad de EI-Bir. La casa pertenece a la SAS
(Sección administrativa especializada). No hay ni agua ni electricidad.
Somos ocho personas en dos piezas, una para mi hermano, la otra para
mí. Mi abuelo, no sé lo que hacía. Mi padre era jornalero, la pala y el
pico, y antes, fellah. Yo trabajé como "trabadjar" (nombre peyorativo
de peón agrícola). Ahora estoy desocupado. Todos los días busco que
me contraten en varias obras y no he encontrado, ni en Bellevue ni
otra parte. Haría cualquier cosa, si encontrara, con tal que aportara un
pedazo de pan a mis hijos. Pero no tengo ningún oficio. El especialista
se contrata inmediatamente, no puede estar desocupado". El hermano
interviene en francés: "Él busca trabajo por todas partes, no hay -Yo
haría todo trabajo, cualquiera (en francés), pero no tengo oficio, el que
lo tiene no queda sin trabajo" (Desocupado, Constantina).
Trauail et trauailleurs enA/gérie, p. 502.
191
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N
"¡Para tener un buen empleo, hay que estar enchufado (gesto enérgico
con la mano)! ¡Hayque tener 'espaldas' duras! Hay que usar 40000 o 20
000 F de soborno, digo eso así, yo no sé. Vea, hay una segunda manera.
Si uno conoce un amigo, un pariente, puede ayudar a entrar. Pero lo más
fuerte, es el 'enchufe-dinero' lo que cuenta" (Obrero-pintor, Orán).
Vendedor de huevos. Tlemcén.
"Eso depende, es Dios y la suerte, eso no me incumbe. Todo depende
del destino. Hay que hacer regalos para los patronos, propinas para los
capataces, con eso seguro, uno puede encontrar un trabajo.
-La esposa: Cada uno trabaja en lo que puede.
-El marido: iUsted cree que esto es Francia donde uno encuentra
fábricas! ¡Aquí no hay nada de eso!
Un desocupado de Orán, que habita una casucha en un suburbio (dos
piezas de tres por dos metros, sin mobiliario), con su padre que ocupa
una pieza, su hermana y los hijos de ella -rodos a su cargo-, declara que
él ha dejado hace cuatro días de vender higos silvestres -ocupación a la
cual se consagraba desde hacía un mes- porque se lastimaba las manos:
"Yo busco continuamente, no trabajo desde hace dos años. Quisiera un
empleo de peón. Pero para contratarme me piden una libreta de obrero
que no tengo. Para tenerla, es necesario trabajar seis meses en la misma
empresa. En Argel entregan ahora esa libreta. Hice un pedido a la alcal-
día. No he tenido respuesta. He sido vendedor ambulante, vendía bote-
llas. Yollegaba a ganar 200 a 300 F por día. Era mejor que nada, como
ahora'. Ysu hermana agrega: "Él no puede pagar la leche de su hijo. Su
esposa se ha ido a lo de su padre, estaba harta de no tener qué comer".
Trauail et trauailleurs enAlgérie, pp. 464, 473 y 502.
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194
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195
DEARGELIAABLIDA
SECUENCIA DE IMÁGENES COMPUESTA
POR PIERRE BOURDIEU
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224
"EnlaArgelia en luchapor suindependencia, trabajar en un análisis cien-
tífico de lasociedadargelina, era intentar comprendery hacer comprínder
losfundamentosy los objetivos reales deesta lucha. . . 1 " .
Este libro presenta, por primera va, un conjunto de documentos foto-
gráficos que datan de los años 1958 a 1961, traídos por Pierre Bourdieu
de su estancia en Argelia; fotografías que serán, simultáneamente, el
objeto de una exposición itinerante. Tomadas' en conjunto en Argelia,
ellas agregan una faceta esencial a los estudios etnográficos y sociológi-
cos de Pierre Bourdieu, en una época que estaba profundamente mar-
cada por los acontecimientos trágicos de la guerra colonial.
Durante una entrevista llevada a cabo por Franz Schulteis para la
revista Camera Austria -en el comienzo de nuestro trabajo común en
este proyecto-, Pierre Bourdieu sitúa su obra fotográfica en el contexto
de su trabajo antropológico y sociológico. La comenta echando una
mirada hacia atrás sobre su estancia en Argelia, etapa decisiva en su vida,
señalando los lazos afectivos con ese país, yel respeto que experimen-
taba por aquellos hombres que quería rehabilitar a toda costa en sus
obras.'fGt-fotografía lo cautivaba, pues expresaba la mirada distante del
investigador que registra, pero que, sin embargo, permanece consciente
de lo que registra, con su capacidad de fijar inmediatamente y a una dis-
tancia familiar, los detalles que, en el momento de la percepción, pasan
desapercibidos o escapan a un examen más profundo. La fotografía "está
ligada a la relación que no he dejado de mantener con mi objeto, del que
jamás olvidé que se trataba de personas, sobre las cuales sostenía una
mirada que llamaría gustosamente, si no temiera el ridículo, afectuosa, y.
frecuentemente tierna".
2
Estas fotografías constituyen pues, igualmente,
un medio de comunicación con los hombres que estuvieron siempre en
el centro de sus reflexiones: los campesinos deportados a los centros de
reagrupamiento o instalados en las grandes ciudades y su inactividad
forzada; las familias de vida precaria que vivían en los suburbios de las
metrópolis en condiciones miserables; la miseria de los desocupados y
de millones de personas desarraigadas.
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Sin embargo, estas fotografías son igualmente -y sobre todo- el
resultado de una investigación científica. Era necesario, pues, examinar-
las a la luz del contenido de esta investigación y situarlas en un contexto
que permitiera enmarcarlas a nivel histórico y temático. La primera fase
de nuestro trabajo consistió en el examen de los documentos fotográ-
ficos, en busca de los contextos que Pierre Bourdieu analizaba en su
obra escrita. Hemos intentado leer los archivos de Pierre Bourdieu, más
el conjunto de su colección de negativos, de pruebas y
de comentarios, así como su colección de esbozos y manuscritos en el
volumen de las "fichas de Argelia", en el contexto de sus estudios. El
226
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..
autor mismo nos ha legado sus primeras ideas del reagrupamiento de las
'imágenes y de los textos.
Los archivos
Pierre Bourdieu había elegido no utilizar sino una parte ínfima de sus
fotografías en sus publicaciones, es la razón por la cual la mayor parte
de sus documentos fotográficos son inéditos. Los que conocen su
obra reconocerán, sin duda, las fotografías sobre las coberturas de sus
primeras ediciones: Le Déracinement (con Abdelmalek Sayad); Travail
et travailleurs enAlgérie(con Alain Darbel et al.);AIgérie 60 y Le Sens
pratique.
227
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Si bien un cierto número de las fotografías de su stock han servido
para ilustrar los artículos y las entrevistas publicadas en diferentes revis-
tas, un gran número, sin embargo, ha desaparecido de los archivos,
incluyendo los clichés, pues una buena parte de las casi dos mil foto-
grafías (el fruto de cuatro años de trabajo) se perdieron durante diversas
mudanzas. Los stocks actuales comprenden seiscientos clichés con un
formato de 6 por 6 cm, así como ciento noventa y nueve placas de
prueba, con formatos de 6 a 12,5 centímetros.
El corpus más importante de los archivos, con excepción de los cli-
chés, comprende ciento cuarenta y dos tiradas de gran formato (entre
25 por 25 cm y 30 por 30 cm), que Pierre Bourdieu había clasificado
en tres álbumes, según criterios temáticos. Veintiséis clichés de las
228
ciento cuarenta y dos tiradas están irremediablemente perdidos, y los
ciento sesenta restantes constituyen las únicas fuentes disponibles para
la posteridad. Todas las leyendas y fechas, sin excepción, están hechas
por Pierre Bourdieu, los nombres topográficos han sido agregados allí
donde ellos emanaban sin ambigüedad del material disponible o de las
publicaciones existentes. Lanumeración de los clichés, en función del
número atribuido a una imagen dada del archivo, ha sido conservada y
sigue un sistema aila-numérico cuyas letras expresan que se trata de una
tirada original con un cliché existente (O), de una tirada original sin
cliché (R) o de un cliché únicamente (N). Hemos tomado la decisión
de realizar placas de prueba de todos los clichés y de escanear todas las
fotografías originales, así como las fotografías esenciales de la selección
229
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destinada a la exposición y a la publicación, para evitar deteriorar más
los originales.
La selección que constituye el objeto del libro y de la exposición, se
articula alrededor de las fotografías que Pierre Bourdieu había utilizado
para sus publicaciones anteriores. Además, hemos integrado la mayor
parte de las fotografías originales que él había elegido personalmente.
Las secuencias de las fotografías contenidas en sus álbumes y comen-
radgs en parte por él mismo, figuran aquí como unidades bien defini-
das. Una secuencia extraída de un álbum de Pierre Bourdieu ilustra la
manera como él reunía sus fotografías.
Ella comienza en la página 198 de este libro, sin comentario tex-
tual. Hemos intentado respetar las decisiones de Pierre Bourdieu, en
la medida de lo posible, y de aprehender los archivos tal como nos eran
transmitidos.
El método
Pierre Bourdieu describe las condiciones en las cuales realizó esta
documentación, que fueron metódicas pero, también, el resultado de
una gran presión afectiva. En un momento dado, tuvo la intención de
describir las diferentes vestimentas, con el fin de asociar las cualidades
sociales con los diversos modos de combinar las vestimentas europeas
230
231
»
con las vestimentas tradicionales; registró secretamente
en lugares públicos para estudiar las razones subyacentes del pasaje de
. una lengua a otra, llevó a cabo entrevistas, estudios basados en cuestio-
narios, tests en las escuelas, discusiones en los centros sociales, y proce-
dió a la evaluación de diferentes archivos. "Esta libido sciendi un tanto
exaltada, enraizada en una pasión por todo lo que concernía a este país
y a sus hombres, así como en un sentimiento oculto de culpabilidad y
de rebelión frente a tanto sufrimiento e injusticia, era incansable, sin
fronteras ...
El simple deseo de absorber esos acontecimientos me hizo continuar,
con el alma y con el cuerpo, un trabajo encarnizado que me permitía
232
..
estar a la altura de lasexperiencias de lasque yo era el testimonio indigno
y, a la vez, impotente, y del que deseaba dar cuenta a toda costa'. 3
Reflejando la Argelia de los años cincuenta, el trabajo fotográfico
de Pierre Bourdieu se inscribe en la tradición de una fotografía huma-
nista comprometida que uno encuentra (y no solamente en razón de su
proximidad temática) en las grandes documentaciones sobre la miseria
de los campesinos sin tierra, o en gran parte reducidos a una condición
de aparceros o de obreros agrícolas de los Estados Unidos de los años
treinta. En particular, los textos de James Agee y las fotografías de Walter
Evans, su descripción lúcida y comprometida de la vida miserable de
233
tres familias campesinas en Louons maintenant lesgrandes hommes.' des-
cripción que cuestiona la actividad misma del narrador, marcan un giro
en la reflexividad del trabajo documental y artístico comprometido y
constituyen igualmente un punto de referencia metódico válido para las
fotografías presentes. Pierre Bourdieu logra de una manera semejante,
establecer una base de confianza que le permite desarrollar una práctica
fotográfica que documenta, a la vez, su compromiso, su autenticidad y
su.afectividad (sin olvidar, ante esta comparación un poco osada, que
aquí no se trata de un trabajo periodístico ni artístico y, sobre todo, que
realizaba sus trabajos durante la guerra, en la que la vida y la muerte se
codeaban cotidianamente).
234
"
.. "
Para nosotros, fue muy revelador ver cómo Pierre Bourdieu, el fotó-
grafo, se acercaba a su objeto y con qué precisión se acercaba a las cosas
con el fin de asir el contexto integral en la fotografía. Pierre Bourdieu
cercaba el objeto de su investigación con la ayuda de su aparato fotográ-
fico, eligiendo incansablemente nuevas perspectivas y aproximaciones.
O bien registraba, observador pasivo, todo lo que pasaba frente a su
lente, como en esa serie de una veintena de fotografías tomadas en un
cruce de Blida que muestran, siempre bajo el mismo ángulo, los pea-
tones que pasan frente a su objetivo. O incluso la serie de fotografías
tomadas frente a un kiosco de periódicos, en una plaza cercana a la
misma esquina de la calle de Blida, donde, como en un film, grupos de
adultos y de niños, en una composición siempre renovada, se empujan
frente a los periódicos expuestos. Pierre Bourdieu, que trabajaba con un
aparato con dos objetivos, adoptaba siempre un ángulo visual bastante
bajo, utilizaba este aparato a la altura del pecho, lo que le permitía, sin
estar obligado a levantar el aparato hasta sus ojos, fotografiar las situa-
ciones más delicadas y pasar casi desapercibido.
El Proyecto
Los intercambios y la colaboración con Pierre Bourdieu comenzaron
en 2000, bajo un ángulo completamente distinto que el que luego iba a
dar el impulso decisivo a este libro. El año 2000 representaba para noso-
tros, "trabajadores de la cultura" (en Austria) una ruptura política, en lo
inmediato simbólica: el advenimiento al poder del FPÚ (Partido Liberal
de Austria) parecía anunciar en Austria la hegemonía de un consenso
anti-intelectual, xenófobo, y justificar nuestro miedo de que la reduc-
ción de la complejidad deviniera el leitmotiv de una nueva política aus-
triaca. Pierre Bourdieu sostenía el debate conducido en nuestra revista
Camera Austria, donde publicó su primer texto, "Contre
une politique de la dépolitisation" ["Contra una política de la despoliti-
zación"], una contribución esencial al movimiento social europeo para
el cual militaba y que debía permitir ir en contra del pensamiento único
de la mundialización y del neoliberalismo.?
235
Franz Schultheis, que era el punto de unión entre Pierre Bourdieu
y Camera Austria, nos presentó el stock fotográfico, hasta entonces
prácticamente inédito, el fruto de sus estudios etnológicos a finales de la
década de 1950 en Argelia. Confrontado con la idea de publicarlas y de
hacer con ellas una exposición, Pierre Bourdieu fue primero escéptico,
pues no pretendía sobreestimar el impacto artístico y estético de sus
fotografías. Esa fue para nosotros, la ocasión para reflexionar sobre la
cuestión de saber si una institución como Camera Austria, que se consi-'
dera indudablemente un proyecto artístico, podría ser el lugar propicio
para la elaboración del material fotográfico de Pierre Bourdieu concer-
niente a la etnografía. Pero es justamente en razón de sus investigaciones
sobre la fotografía, en la obra colectiva "Un art moyen. Essai sur les
usages sociaux de la photographie", y de sus ensayos sobre la definición
y el análisis del campo artístico y de su impacto en la sociedad, que nos
ha parecido particularmente interesante someter esos documentos a un
análisis más profundo. Por otra parte, la posibilidad de adentrarnos en
sus stocks de fotografías, significaba para nosotros un retorno a nuestro
campo tradicional, que es el del análisis de los materiales fotográficos y
de su significación social, política y cultural. Finalmente, la exposición
de los documentos fotográficos de Pierre Bourdieu en el Kunsthaus de
Graz en otoño de 2003, situará este proyecto en una institución artís-
tica, lo que permitirá discutir ese trabajo específico, y la posición de
Pierre Bourdieu en general en el contexto del arte conternporáneo.f
Christine Frisinghelli
236
,..- - . . . " . . . . . - ~ ~ ...... - - ~ ~
...
Agradecimientos
Tenemos que agradecer en primer lugar a Pierre Bourdieu, por la
confianza que nos ha testimoniado para la realización de este proyecto
común, así como por su colaboración hasta sus últimos días. Agrade-
cemos a jerórne Bourdieu por su asistencia y por las fructuosas discu-
siones que hemos tenido con él, en particular durante la última fase
del proyecto. A Franz Schultheis que ha proporcionado el marco que
nos permitió inscribir las fotografías en su contexto científico, biográ-
fico e histórico. Agradecemos igualmente a Salah Bouhmedja por su
paciencia durante el estudio de los archivos, por sus comentarios y la
identificación de las fotografías. Igualmente, tenemos que agradecer a
los organizadores de "Graz 2003 - Capital europea de la cultura" por el
financiamiento de base de este complejo proyecto.
I LeSenspratique, Paris,Minuir, 1980, p. 8.
1 PiereeBourdieu / Franz Schulteis:"Entrenen", véasesupra.
3 Pierre Bourdieu, Ein soziologiscber Selbttersucb, Francforr, Suhrkarnp, 2002.
4 JamesAgee,Walrer Evans, Louonsmaintenant lesgrandeshomes, París,Plon, 2002.
, Camera Austria, núm. 72, Graz, 2000.
6 El proyectofue en gran medida realizadopor el equipo de Camera Austria,y especialmentepor Seiichí
Furuya, Maren Luebbke, AnjaRoschy Manfred Wjllmann.
237
l
--,. _LLL - . ~ _--' 1- 51
OBRAS DE PIERREBOURDIEU
SOBREARGELIA
Sociologiede I'Algérie, Paris, PUF (col. "Que Sais-je"), núm. 802, 1958,
nueva edición revisada y corregida, 1961, 8
0
edición, noviembre de
2001.
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Sous-Développement en Algérie, Alger, Secrétariat social, 1959, pp. 40-
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"Le choc des civilisarions" en Le Sous-Développement en Algérie, Alger,
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"Cuerre et rnutation sociale en Algérie", Études rnediterraneennes, 7,
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Interventions (1961-2001). Science sociale et action politique (T. Disce-
Rolo, F. Poupeau, eds.), Marseille, Agone, 2002, pp. 29-36. (Interven-
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240
f"= .;
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242
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.. a ¡ .-, •
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Sayad), Ethnography, 1 (2),2000, pp. 173-182 (con L. Wacquant).
"Entre amis" (Institut du monde arabe, Paris, 21 mai 1997), Aioal, 21,
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Annuaire de l'Afrique du Nord, XXXVII, 1998, Paris, CNR5 éditions,
2000, pp. 9-13.
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Politics During theDecolonization ofAlgeria, Philadelphia, University of
Pennsylvania Press, 2001, pp. IX-X.
243
ÍNDICE DE FOTOGRAFíAS
1
t
PIERRE BOURDIEU y ARGELIA. DE LAAFINIDAD ELECTIVA A LA OBJETIVA-
CIÓN COMPROMETIDA
p.16 0591502.
p.19 R4.
p.21 N 66/558.
p.23 N 56/475x.
p.25 N 11/2.
FOTOGRAFfAS DE ARGELIA
p.28 Cheraía, O 86/770.
p.31 N 86/774.
p.32 Centro de reagrupamiento de la Chiffa, enero de 1960, O 74/633.
p.33 Castiglione, junio de 1959, 018/450.
p.34 Djebabra, Chélif, 030/1.
p.35 06/5.
p.36 El molino de granos, arriba: N 16/2019; abajo: N 16/2020.
p.37 AinAghbel, Colla, N 26/2010.
p.38 Orléansville, Chélif, 048/281.
p.39 Blida, Foto publicada en la cubierta del libro Algérie 60, N 24/465.
p.40 AinAghbel, Colla, O 91/796.
p.41 AinAghbel, Colla, O 94/825.
p.43 Ain Aghbel, Colla, N 93/819.
p.45 N 47/289.
p.47 El sulfatadode lasviñas, llanura de laMitdja, N 24/606.
p.49 Carnicero, mercado de Warnier, R7.
p.51 Arriba, O 73/623; abajo, N 71/611.
p.53 R 1.
p.55 El sastre, en la nueva aldeade Sangona, R2.
p.57 Lasseube, Béarn, de arribahaciaabajo:L1; L10; L3; L8; L 12; L4.
244 245
~ . , .--
~ _ ~ __ , ._ ... 11 5 ~ "
GUERRAy MUTACIÚN SOCIAL EN ARGELIA
p.60 N 66/556.
p.63 Arriba N 28/6; abajo N 90/838.
p.65 Arriba N 35/158; abajo N 46/434.
p.67 Arriba N 47/282; abajo N 811690.
p.7l Arriba: N 17/464; abajo: N 50/248.
p.73 R 10.
p.74 080/682.
p.75 Blida, O 59/500.
p.76 Tixeraine, diciembre de 1959, O 65/552.
p.n N 28/7.
HABITUS y HÁBITAT
p.84 Cheraía, centra de reagrupamiento en construcción. Fotografía
publicada en la cubierta del libro LeDéracinement. N 85/766.
p.87 Cheraia, O 25/753.
p.88 Arriba: Secciónadministrativa especializadade Cheraia, N 84/719;
abajo: Chera'ia, N 84/715.
p.89 Cheraía, O 83/771.
p.91 AinAghbel, Colla, N 90/896.
p.92 El reagrupamiento de Djebabra, Chélif, con los itinerarios de los
campesinos reagrupados, extracto del libro LeDéracinement.
p.93 Djebabra, Chélif centro de reagrupamiento, N 9/1.
p.94 Djebabra, Chélif, centra de reagrupamiento, N 29/2.
p.95 Djebabra, Chélif, centro de reagrupamiento, O 29/6.
p.96 Djebabra, Chélif centro de reagrupamiento, N 29/8.
p.97 Djebabra, Chélif, O 31/1.
p.98 Djebabra, Chélif arriba: N 31/6; abajo: N 31/2.
p.99 03/3.
p.lOl N 15/728.
p.l02 Plano de la casakabil, publicado en LeSens pratique. X 4.
p.l03 A'in Aghbel, Colla, N 24/2011.
p.1lb4 Esbozo del plano de la casa kabil; manuscrito Pierre Bourdieu,
colecciónde lasfichasde Argelia. X 3.
p.l05 AinAghbel, Colla, N 88/786.
246
p.106 Ain Aghbel, Colla, arriba: N 26/2009; abajo: N 24/2012.
p.107 Ain Aghbel, Colla, N 25/724.
HOMBRES - MUJERES
p.110 Djebabra, Chélif, O 9/7
p.112 Djebabra, Chélif, O 9/4.
p.l13 Djebabra, Chélif, N 9/6.
p.115 AinAghbel, Colla, N 6/7.
p.116 De arriba hacia abajo: A4a, A 4b, A4c, A4d, A4e
p.117 Ain Aghbel, Colla, página del álbum (fotos tomadas con Leica): de
arriba hacia abajo: A 2a; A 2b; A2c; A2e; A 2d.
p.118 De arriba hacia abajo: A3a, A 3b, A3c, A3d, A 3e.
p.119 Ain Aghbel, Colla, página del álbum (fotos tomadas con Leica): de
arriba hacia abajo: A la, A lb, A Ic, A Id, A le,A lf..
p.120 y p. 121 Trabajosmasculinos, trabajos femeninos, manuscrito Pierre
Bourdieu, colección de lasfichasde Argelia. X 1YX 2.
p.123 Ain Aghbel, Colla, O 87/780.
p.125 AinAghbel, Colla, O 76/656.
p.126 Lafuente de Ain Aghbel, Colla, O87/783.
p.127 Lafuente de Am Aghbel, Colla, N 92/809.
p.128 AinAghbel, Colla, arriba 088/790, abajo O 91/797.
p.129 AinAghbel, Colla, arriba 093/813, abajo N 34/144.
p.13l AinAghbel, Colla, N 31/7.
p.133 Palestra, O 90/839.
p.135 Oued Fodda, Chélif, R 3.
CAMPESINOS DESARRAIGADOS
p. 138 El cultivo de las higueras en Kabilia, N 75/644.
p. 141 Ain Aghbel, Colla (en el centro, con camisa blanca, Abdelmalek
Sayad) N 88/788.
p.142 ArnAghbel, Colla, O 87/781.
p. 143 Aín Aghbel, Colla, N 88/787.
p.145 El centenario deA'inAghbel, Collo, N 89/793.
p. 146 A'inAghbel, Colla, O 93/815.
- p. 147 Arn Aghbel, Colla, O 93/817.
247
p.148 La cosecha, cenero de reagrupamiento de Mihoub, R 13.
p.149 Lamedición del grano, Matmatas, Chélif, N 89/794.
p.151 N33.
p.152 0211754.
p.153 020/757.
p.155 Djebabra, Chélif N 30/3.
p.156 Djebabra, Chélif N 30/4.
p.157 Cheraía, N 8/6. Foto publicada en la cubierta del libro LeSens pra-
tique.
p.159 El sulfatado de las viñas, llanura de la Mitdja, N 48/262. Foto
publicada en la cubierta del libro Iravailet trauailleurs enAlgérie.
p.162 N 19/755.
p.163 Cheraía, R 17.
p.l64 Oued Foundouk, N 3/4.
p.l65 N 19/738.
p.l66 Djebabra, Chélif, O 3/2.
p.167 N 5/3.
ECONOMíA DE lA MISERIA
p.170 Vendedor ambulante con su hijo, Orléansvil1e, Chélif R 14.
p.l72 080/684.
p.173 R6.
p.174 R21.
p.175 El-Bihar, diciembre de 1959, 064/539.
p.176 079/675.
p.177 R8.
p.179 Rouiba, junio de 1959, O 24/466.
p.181 Baratillo, Bab-el Oued, abril de 1959, R 12.
p.183 N 55/207.
p.184 N 68/576.
p.185 N 4/1.
p.187 Mendigo, Bab-el Oued, N 391188.
p.18S Mostaganem, Chélif, O 23/276.
p.189 05/8.
p.192 AArgel,032/300.
248
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p.193 Blida,R9.
p. 195 El-Bihar, diciembre de 1959, 065/549.
DEARGELIA A BLIDA, SECUENCIA DE IMÁGENES COMPUESTA t
POR PIERRE BOURDIEU
p.198 Avenida de la Marga, Argel, abril de 1959, 036/168.
p.199 Square Bresson, Argel, abril de 1959, O 36/167.
p.200 Diar el-Mahsoul, Argel, abril de 1959, O 38/184.
p.201 R 11.
p.202 Diar el-Mahsoul, Argel, O 38/180.
p.203 Diarel-Mahsoul, Argel, 22 de abril de 1959, O 37/171.
p.204 Blida, abril de 1960, O 69/578.
p.205 R26.
p.206 Blida, abril de 1960, O 69/583.
p.207 Blida, marzo de 1959, O 33/142.
p.208 O 50/250.
p.209 Blida, abril de 1960, N 69/585.
p.210 Babel-Oued,037/175.
p.211 Bab el-Oued, abril de 1959, O 38/177.
p.212 Babel-Oued, abril de 1959, 055/202.
p.213 Babel-Oued, abril de 1959, O 55/203.
p.214 Argel, mayo de 1959, O 58/491.
p.215 Bab el-Oued, junio de 1959, O 40/196.
p.216 Feria de Argel, abril de 1959, O 53/224.
p.217 Feria de Argel, abril de 1959, 054/212.
p.218 Feria de Argel, abril de 1959, O 54/217.
p.219 Feria de Argel, abril de 1959, 053/222.
p.220 Feria de Argel, abril de 1959,0 54/215.
p.221 Feria de Argel, abril de 1959, O 54/218.
p.222 O 50/251.
OBSERVACIONES RElATIVAS A LOS DOCUMENTOS FOTOGRÁHCOS
DE PIERRE BOURDIEU
p.224 N 4/6, GPRA: Gobierno Provisorio de la República Argelina.
p.226 Blida, N 12/2.
p.227 Blida, N 67/563.
249
p.228 Blida,N 67/564.
p.229 Blida,N 67/567.
p.230 Blida,N 67/569.
p.231 Blida, N 68/570.
p.232 BliJa, N 68/571.
p.233 Blida, N 67/562.
p.234 Blida,N 68/572.
I Laclave de clasificación de las fotografías corresponde al acervo de Cámara Austria; su distribución
y secuencia capitular es la de la edición en alemán Pierre Bourdieu. In Algerien. Zeugnisse der
En/Wurze/ung(CameraAusrria. 2003) [NOTA DE LOS EDITORES]
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REFERENCIAS DELAS CITAS
Trauail et trauailleurs enAlgérie
© Éditions Mouton & Co., 1963
LaDomination masculine
Col!. Liber, © Éditions du Seuil, 1998
LesStructures sociales del'économie
Col!. Líber, © Éditions du Seuil, 2000
LeSenspratique
© Éditions de Minuit, 1980
Algérie60
© Éditions de Minuit, 1977
LeDéracinement
© Éditions de Minuit, 1964
"Guerre et mutation sociale en A1gérie"
© jeróme Bourdieu, 1960
© Revue Études méditerranéennes, 1960
"Paysans déracinés, bouleversements morphologiques et changements
culturels en A1gérie"
© P. Bourdieu/A. Sayad, 1964
© Revue Étudesrurales, 1964
251
F 1

deltÚsarraigo
se terminó de imprimir el16 de OCtubre de 2008
en los talleres de Papelería Graphos, S. A de C. V.
Dr. Lavista 127
Col. Doctores, Distrito Federal
La edición COnsta de 1 000 ejemplares.
Coordinación:
Patricia Delgado González
Revisión:
Héctor Canales González
Composición tipográfica:
Rosa María Manzo Mora
Porrada:
Guadalupe Lemus Alfaro
t.

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