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¿Cree ud., en el diablo?

En el presente, la mayoría de las personas ya no conciben al diablo de esa manera. Pero aún hay muchos que creen que existe el diablo, que posee un inmenso poder para el mal (algunos afirman que es un ángel caído), y que está tratando constantemente de destruir la obra de Di-s entre los hombres y mujeres. Dicen que es el diablo el que susurra secretamente en nuestro oído y nos tienta hacia el mal. Por supuesto, surgen verdaderas dificultades al aceptar semejante idea. Para empezar, si el diablo era un ángel verdadero, ¿Cómo es que llegó a rebelarse contra "El Altísimo"? ¿Y por qué permite El Altísimo que un ser sobrenatural destruya su obra en la tierra? En todo caso, ¿dónde está el diablo en este momento? ¿Y cómo puede actuar?

La Enseñanza Bíblica Acerca de la Tentación
¿Dónde puede encontrarse la respuesta? Una cosa está clara: esta es una pregunta religiosa. Así que si hemos de resolver el asunto, debemos acudir a la Biblia, la única gran fuente de todo lo que sabemos acerca de Altísimo y su enviado [Jn 17:3]. ¿Adónde más iría Ud. para encontrar una respuesta seria a semejante pregunta? Ahora bien, la Biblia ciertamente contiene varias alusiones al diablo y a Satanás. Así que acudamos a la Biblia. Pero dejemos una cosa clara desde el principio: debemos hacer todo esfuerzo por entender lo que los escritores bíblicos quisieron decir con las expresiones "diablo" y "Satanás". Es muy fácil, a medida que leemos los versículos bíblicos, que demos a los términos diablo y Satanás el significado que nosotros queremos. Y si ese significado no es el mismo que le dieron los escritores bíblicos, entonces ¡estamos cambiando su verdadero sentido! Muchos de nosotros hemos tenido la experiencia de discutir con otros el tema del diablo y Satanás, y nos hemos dado cuenta de que la discusión no parece llevarnos a ninguna parte. Y la razón es clara: cuando se leen los pasajes bíblicos acerca del diablo y Satanás, diferentes lectores entienden su significado en un sentido diferente. La conclusión es clara: si hemos de llegar a la verdad acerca del diablo y Satanás, debemos averiguar qué quisieron decir los escritores bíblicos cuando usaron esos términos. No es bueno confiar en nuestro propio entendimiento o en el de otras personas. Debemos saber qué entendieron los escritores inspirados de la palabra de Dios acerca de este importante tema.

En una breve obra como esta, no podemos examinar todos los versículos de la Biblia que se refieren al diablo y a Satanás. Pero lo que verdaderamente necesitamos es una especie de llave--un entendimiento básico de lo que significan estos términos. Armados con esto, deberíamos poder desentrañar bastantes pasajes bíblicos. Primero, Satanás. Para encontrar la llave vital es importante empezar con el Antiguo Testamento, y no con el Nuevo. Para la oídos modernos esto puede parecer extraño, pero recuerde que el Antiguo Testamento se escribió primero, muchos siglos antes que el Nuevo. Y en vista de que realmente ambos forman una sola revelación de Dios, los escritores del Nuevo Testamento conocían el Antiguo Testamento muy bien en verdad. Lo citaban y usaban sus términos; y entre los términos que usaban estaba está Satanás. (En realidad, el término "diablo" ocurre muy rara vez en el Antiguo Testamento, y ahí se usa de manera diferente a como se usa en el Nuevo). Así que empecemos con Satanás, el término del Antiguo Testamento. ¿Qué significa la palabra "Satanás"? No es difícil averiguarlo. Tome el caso de Balaam, que vivió en los días en que los hijos de Israel andaban errantes por el desierto. Él era un profeta al cual le había dicho YHVH que no fuera a cierta misión contratado para maldecir a los israelitas. Pero él deseaba el dinero que se le había ofrecido como premio, así que fue. Montado en un asno, de pronto encontró que un ángel bloqueaba su camino: "Y el ángel de YHVH se puso en el camino por adversario [o enemigo] suyo" (Números 22:22). La palabra para adversario en hebreo es satan (de la cual procede nuestro término "Satanás"), y eso es precisamente lo que significa. Note dos cosas: satan aquí es una palabra corriente, que significa adversario o enemigo, y no es el nombre de una persona. La palabra ocurre de nuevo sólo diez versículos más adelante: el ángel dijo a Balaam: "He aquí yo he salido para resistirte" (v. 32), literalmente, "para ser un adversario tuyo". Esta es la primera vez que aparece la palabra satan en el relato hebreo. Note que este satan es un ángel bueno, "el ángel de YHVH", el cual está haciendo lo que quiere YHVH, ¡y no un ser maligno! Si miramos en una concordancia bíblica la manera en que se usa la palabra satan en el Antiguo Testamento, descubriremos que significa un adversario y un enemigo. Por ejemplo: "¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Sarvia, para que hoy me seáis adversarios? [satanases] (2 Samuel 19:22). Y así en media docena de otros casos, donde la alusión es por lo general a hombres.

Satanás en el libro de Job
Aquí tenemos uno de los casos que con más frecuencia se cita en toda la Biblia. Los primeros versículos del capítulo uno describen a Job, que vive en la tierra de Uz, un

hombre temeroso del Altísimo Dios, que tenía muchas posesiones. Entonces, el versículo 6: "Un día vinieron a presentarse delante de YHVH los hijos del Altísimo Dios, entre los cuales vino también Satanás". '¡Ahí está', dirán algunos, 'Satanás estaba en el cielo entre los ángeles! ¡Él debe ser un ser sobrenatural! Pero recordemos nuestra regla vital: Debemos entender los términos bíblicos en un sentido bíblico. Por ejemplo, los "hijos del Altísimo Dios"; es cierto que una vez en Job (38:7), se usa este término en relación con los ángeles; pero en la Biblia en conjunto a menudo se usa con respecto a hombres y mujeres que verdaderamente adoran a Dios Padre en contraste con aquellos que no lo hacen. Dios Altísimo lo usó refiriéndose a Israel por medio del profeta Isaías: "Trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los confines de la tierra, todos los llamados de mi nombre" (Isaías 43:6-7). Así en el Nuevo Testamento, el apóstol Juan, refiriéndose a los creyentes en Cristo, escribió: "Amados, ahora somos hijos de Dios" (1 Juan 3:2). Así que no es necesario que los "hijos de Dios" entre los cuales vino "Satanás" (en el capítulo 1 de Job) sean ángeles del cielo; podrían ser personas de la tierra. Pero, ¿cómo podrían estar ellos "presentes delante de YHVH", si no estaban en el cielo? De nuevo, la Biblia misma nos da la respuesta. A Moisés y a Josué se les dijo que se presentaran en el "tabernáculo de reunión", donde YHVH nombraría a Josué como el nuevo líder de Israel (Deuteronomio 31:14-15). Muchos años después, Josué reunió a todos los ancianos de las tribus de Israel en Siquem donde "se presentaron delante de YHVH" (Josué 24:1). Tiempo después, Samuel, a su vez, dijo a Israel: "Presentaos delante de YHVH" (1 Samuel 10:19). en el Nuevo testamento se dice que María, la madre de Yeshúa, poco después del nacimiento de su hijo, fue al templo de Jerusalén "para presentarle al Señor [...] para ofrecer conforme a lo que se dice en la ley del Señor" (Lucas 2:22-24). Entonces, los "hijos de YHVH", que se mencionan en el libro de Job, que "vinieron a presentarse delante de YHVH" habían ido juntos a adorar al Altísimo en el lugar correspondiente, y, por supuesto, en presencia del sacerdote designado en aquel tiempo. Este es un caso de adoración en la tierra, no en el cielo. Pero, ¿qué puede decirse de "Satanás", que vino entre ellos? Aquí los traductores realmente no nos han jugado limpio, porque el idioma hebreo dice "el adversario". La letra mayúsculo inicial, S, de Satanás es una invención de los traductores, porque el idioma hebreo no hace distinción entre letras mayúsculas y otras. Incluso en el margen de algunas versiones de la Biblia los traductores han impreso la expresión "el Adversario", sugiriendo por la letra mayúscula inicial A (para lo cual no tienen evidencia alguna) que este es aquel Adversario especial, Satanás. Todo lo que el idioma hebreo nos justifica para decir es que "el adversario vino entre ellos".

Pero, ¿quién podría ser este adversario? Si este era un grupo que vino junto para adorar, él sería uno de ellos; en otras palabras, él era un hombre; y era enemigo de Job porque estaba celoso de él y deseaba perjudicarlo. Pero, ¿cómo entonces pudo producirse una conversación entre el Señor y el adversario? De nuevo, la Biblia misma provee la respuesta, porque en los tiempos del Antiguo Testamento a menudo los hombres recibían mensajes de YHVH por medio de los sacerdotes designados en aquel tiempo. Por ejemplo, más de una vez David consultó al sacerdote cuando quería saber cuál era la voluntad del Eterno para él, y el sacerdote le hablaba en representación del Eterno. Así que este celoso enemigo de Job--quizás uno que posaba como amigo suyo--dijo a Dios por medio del sacerdote: 'Job sólo te sirve por lo que puede recibir. Pero trata de causarle problemas y entonces verás'. Y YHVH, que tenía un gran propósito para con Job y deseaba verlo perfeccionado, permitió que el adversario realizara su envidioso deseo sobre Job. Pero, como el libro nos dice claramente, el poder era del Altísimo, no del adversario (Job 2:4-6).[1] De modo que en este episodio no hay necesidad de un satanás sobrenatural ni hay tampoco prueba de que haya alguno. Todas las expresiones se usan comúnmente en relación con los hombres. La palabra satanás, en el Antiguo Testamento, significa un adversario; pero como nos muestra el ejemplo de Job, se desarrolla una tendencia natural para usarla en relación con un adversario maligno. Pedro << ===== >> un Satanás Con este valioso entendimiento básico, veamos ahora un ejemplo del uso de "satanás" en el Nuevo Testamento. Pedro había hecho recién su notable declaración de creencia en Yeshúa como "el Ungido, el Hijo del Dios viviente", y, como resultado, Yeshúa había pronunciado una bendición sobre él. Pero entonces Yeshúa siguió hablando acerca de su destino; tendría que ir a Jerusalén y allí los líderes de los judíos lo apresarían y le darían muerte, pero él resucitaría al tercer día (Mateo 16:21). Pedro no podía entender ni aceptar esto, y empezó a reconvenir al Mesías: '¡El Eterno no lo quiera! Que esto nunca te ocurra'. en otras palabras, 'No debes pensar en semejante cosa'. Pero Yeshúa le dijo a Pedro: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo". ¿Por qué era Pedro un "satanás"?[2] Porque estaba actuando como 'un adversario' para Yeshúa; estaba tratando de persuadir al Mesías para que no hiciera lo que él sabía que tenía que hacerse por su obediencia a la voluntad de Dios. Si Pedro hubiese salido con la suya, El Ungido habría rechazado la voluntad de su Padre, y su gran sacrificio por el pecado en la luz no se habría realizado jamás. Así que Yeshúa tuvo que decirle a este "adversario" (satanás): "¡Quítate de delante de mí!". Y entonces añade un comentario que es muy importante para nuestro entendimiento: 'Tú eres un adversario y un tropiezo para mí', le dijo en efecto Yeshúa a Pedro, porque tu mente no está "en las cosas del Eterno, sino en las de los hombres" (v. 23). Así que este importantísimo ejemplo del Nuevo Testamento nos enseña algunas lecciones valiosas. Primero, este "satanás" era un hombre;segundo, rechazó la voluntad del Eterno;

tercero, lo que lo distinguía era que él deseaba en cambio hacer la voluntad de los hombres--una pista muy importante, como veremos más adelante. Recordemos lo que hemos aprendido hasta ahora: un "satanás" es un adversario, y casi siempre un adversario malo. En los ejemplos que hemos visto, "satanás" era: un ángel del Altísimo Dios, que hacía la voluntad divina;

un hombre que aparentaba ser un verdadero adorador de Dios Altísimo;

otros hombres que eran "adversarios";

y ahora a Pedro, un apóstol del Señor, que estaba oponiéndose a la voluntad de Dios. Con este entendimiento general del significado de "satanás", deberíamos encontrar más claro una buena cantidad de pasajes de las Escrituras [Biblia]. Y ahora el diablo Este es un término griego, no hebreo, y por lo tanto sólo se encuentra en el Nuevo Testamento. De nuevo debemos tratar de descubrir lo que realmente significa ese término. Podemos hacer esto fácilmente, porque hay pasajes en que los traductores mismos nos han mostrado. Escribiendo a Timoteo, el apóstol Pablo dice que "en los postreros días vendrán tiempos peligrosos"; en estos tiempos "habrá hombres amadores de sí mismos, avaros [...], calumniadores", etc (2 Timoteo 3:1-3). La palabra traducida como "calumniadores" es el plural de un término que generalmente se vierte como "diablo", y está relacionada con la palabra "diabólico". De nuevo, al dar instrucciones acerca de cómo deben comportarse los creyentes cuando se reúnen para adorar, se refiere a las mujeres: "Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo" (1ª Timoteo 3:11). Nuevamente, la palabra es la que se traduce generalmente como "diablo", aunque aquí está en plural. Los traductores nos han dado en estos dos pasajes el sentido básico de la palabra. Note una vez más que estos "diablos" son personas. Pero el pasaje clave para entender la expresión "el diablo" del Nuevo Testamento, está en el capítulo 2 de Hebreos. A medida que leemos los primeros versículos de este capítulo, es evidente que el apóstol está escribiendo acerca de Jesús y sus seguidores; y él se

refiere a los seguidores como los "hijos" del Mesías. Ahora bien, en el versículo 14, él llega a su notable declaración acerca del "diablo". Primeramente la presentamos aquí en extenso, y después la estudiaremos frase por frase para asegurarnos de que la entendemos: "Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo". La primera frase dice muy claramente que los seguidores del "Ungido" son "carne y sangre", es decir, son hombres y mujeres corrientes. No hay problema en esto. La segunda dice que Yeshúa participó de lo mismo, es decir, "carne y sangre". En verdad, el apóstol debe haber estado muy interesado de que sus lectores entendieran claramente que la naturaleza de Yeshúa era realmente la misma que la de sus seguidores--naturaleza humana; porque él recalca el asunto: "él también participó de lo mismo". No era necesario que el apóstol escribiera de esta enfática manera, a menos que haya estimado que era especialmente importante que sus lectores entendieran esta verdad vital. Que el Mesías Yeshúa era un ser humano en todo sentido. La tercera oración contiene tres declaraciones: (1) que el Mesías Yeshúa destruyó al diablo (2) que lo hizo "por medio de la muerte", y que eso sólo puede significar por medio de su propia muerte, muriendo él; y (3) que el diablo tiene "el imperio [poder] de la muerte". Antes de que prosigamos, debemos clarificar una causa de malentendido. El lector, al ver una frase como "al que tenía el imperio de la muerte", naturalmente se siente inclinado a suponer que el diablo debe ser una persona, o un ser. Pero esto no es necesariamente así. En nuestro idioma tenemos un sistema muy sencillo de representar el género; todos los varones pertenecen al género masculino, y se les menciona como "él"; todas las mujeres pertenecen al género femenino, y se les menciona como "ella"; todas las otras cosas son neutras, y se les menciona como "ello", o se omite el pronombre. Y a veces nos referimos a las cosas como si fueran personas. Esto se llama personificación. Sin embargo, el griego (en cuyo idioma se escribió el Nuevo Testamento) es diferente. Tiene tres géneros, pero se usan de otra manera. Por supuesto, a los varones se les dirige como "él", y a las mujeres como "ella"; pero otras cosas pueden pertenecer a cualquiera de los tres géneros: masculino, femenino, o neutro. Ahora bien, la palabra griega para el término diablo es masculina, así que el pronombre que se le aplica es "él". Pero esto no aclara si el diablo es una persona o no. El término

griego es totalmente neutral. si deseamos probar que el diablo es una persona o no, debemos buscar nuestra evidencia en alguna otra fuente, no en esta expresión. Veamos ahora nuestras "tres declaraciones" en este versículo. Yeshúa el Mesías destruyó al diablo. Así que el diablo está "muerto", o al menos será destruido para cuando esté terminada la obra del Ungido. Pero hay dos puntos notables acerca de esta declaración en Hebreos 2:14. El apóstol dice claramente que a fin de destruir al diablo, el Mesías Yeshúa participó de la naturaleza humana. Bueno, ¿no es esto algo sorprendente? Si el propósito del Mesías Yeshúa era destruir a un enemigo poderoso, ¿no habría sido mucho mejor que hubiese tenido una naturaleza fuerte e inmortal como los ángeles? ¿Por qué razón participó de la débil naturaleza de carne y sangre? Obviamente, aquí hay un misterio que necesita explicación. Pero eso no es todo. El apóstol dice claramente que la manera en que el Mesías Yeshúa destruyó al diablo fue "por medio de la muerte" Y esto sólo puede significar por medio de su propia muerte". ¡Qué extraordinaria manera de liberarse de un enemigo poderoso, muriendo uno mismo! Por estos dos puntos, que para eliminar al diablo, Yeshúa el Mesías primeramente participó de la débil naturaleza humana, y después tuvo que morir, es evidente que "el diablo" de la Biblia debe ser algo completamente diferente de la idea que se tiene generalmente acerca del diablo. Cuando usted encuentra un pasaje bíblico difícil de entender, es siempre útil localizar otro que se refiera al mismo tema, aunque en términos diferentes. Los dos pasajes se complementarán mutuamente. Ahora bien, existe semejante pasaje que nos puede ayudar en este caso. El mismo apóstol, en la misma carta, en el capítulo 9 de Hebreos, escribe acerca de la obra del Ungido. Se refiere así a su primera venida (que condujo a su muerte en la cruz): "Pero [El Ungido] ahora, en la consumación de los siglos[...], se presentó una vez para siempre por el sacrificio de sí mismo" (v. 26). De inmediato notamos que una de las cosas que se dice aquí es lo mismo que en Hebreos 2:14. La frase "por el sacrificio de sí mismo" significa claramente lo mismo que "por medio de [su propia] muerte". Así que probablemente las otras expresiones significan lo mismo. Pongámoslas frente a frente: Hebreos 2:14 por medio de [su propia muerte] para destruir al diablo = = Hebreos 9:26 por el sacrifico de sí mismo para quitar de en medio el pecado

En este valioso comentario paralelo aprendemos que "destruir al diablo" es lo mismo que "quitar de en medio el pecado" Entonces, el diablo debe ser una manera de referirse a la rebelión humana contra el Altísimo, a lo que la Biblia llama pecado. Ahora tenemos una valiosa manera de probar este entendimiento, porque Hebreos 2:14 declara que el diablo "tiene el imperio de la muerte".Ahora bien, según se dice en la Biblia, ¿quién tiene este poder? El apóstol Pablo nos da la respuesta en dos pasajes muy útiles en la Carta a los Romanos: 5:21 -- "Así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna". Aquí al pecado se le considera como un rey que gobierna sobre sus súbditos; y el efecto de su poder sobre ellos es la muerte. Veamos ahora en: 6:23 -- "Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna.

Aquí el pecado es un amo que paga el salario a sus siervos; por su servicio a él, él les paga con la muerte. Estos dos pasajes son ejemplos de personificación; es decir, se habla de algo como si fuera una persona, cuando en realidad no lo es. En ambos casos el pecado está personificado; y en ambos claramente es el pecado el que "tiene el imperio de la muerte". De este modo la Biblia nos está diciendo que el verdadero diablo es el pecado. ¿Cuál es el verdadero enemigo del Altísimo Dios? Suspendamos por un momento nuestra consideración para hacer una pregunta muy importante: Según dice la Biblia, ¿cuál es el gran enemigo de Dios Altísimo? ¿Es algún ángel caído? ¿Es algún misterioso ser espiritual que trata de deshacer la obra de Dios Altísimo en la tierra? De ninguna manera. Desde la primera hasta la última página de la Biblia hay pertinaz enemigo del propósito de Dios--el corazón y la mente humanos, la voluntad de hombres y mujeres de todo el mundo por satisfacer sus propios deseos. Ya hemos tenido un indicio de esto en la reprimenda del Ungido a Pedro: "¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres" (Mateo 16:23). Él dijo casi lo mismo a los judíos que lo rechazaban: "Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer" (Juan 8:44).

Sólo tenemos que preguntar: ¿Con qué se relacionan los "deseos" en toda la Biblia? La respuesta es clara: es siempre con la naturaleza humana. El apóstol Pablo en su Carta a los Romanos presentó con mucha firmeza las tendencias naturales de nuestra naturaleza. Él está haciendo un contraste entre la vida de servicio a YHVH (el espíritu) con la vida ocupada en satisfacer los deseos naturales (la carne), y declara: "Porque ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz" (Romanos 8:6). De modo que hay dos maneras que podemos elegir para vivir: tratar de hacer la voluntad de Dios Padre, o hacer nuestra propia voluntad. Acerca de la segunda, Pablo hace este devastador comentario: "La mente carnal es enemistad contra El Eterno". Así que aquí está el gran enemigo de Dios: el deseo humano. ¡Y qué obstinado enemigo es este! Porque Pablo prosigue: "Porque [la mente carnal] no se sujeta a la ley del Eterno, ni tampoco puede" (Romanos 8:5-7). Él había dicho lo mismo al escribir a los gálatas: "Andad en el Espíritu [es decir, vive según el camino del Eterno], y no satisfagáis los deseos de la carne". Note que "la carne" exige que se le satisfaga. Luego añade: "Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí", y el resultado es: "para que no hagáis lo que quisiereis" (Gálatas 5:16-17). No hay duda de que donde debemos buscar al gran enemigo del Eterno es en nuestro corazón y mente. Y Santiago nos dice donde debemos buscar la fuente de nuestras tentaciones para hacer el mal. ¿Somos desviados por algún espíritu sobrenatural que nos susurra al oído? De ninguna manera, porque él dice: "Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido". Así que nuestro propio "deseo" es el origen de nuestras tentaciones; y Santiago nos dice cuál es el resultado:

"Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte" (Santiago 1:14-15). La larga historia del género humano consignada en la Biblia muestra cuan verdadera es esta enseñanza. La primera pareja de seres humanos prefirió su propio deseo antes que la obediencia al Altísimo Dios, y pecaron. La raza humana decayó en "corrupción y violencia", y Dios tuvo que castigarla con el diluvio. Israel, al que Dios rescató de la esclavitud en la tierra de Egipto, y se le dio una oportunidad especial para que fuera el pueblo del Altísimo, se apartó de YHVH y prefirió adorar ídolos y comportarse de una manera inmoral como los impíos pueblos que tenían a su alrededor. Yeshúa, el Hijo del Altísimo, demostró la verdad y gracia de su Padre entre los hombres; ellos lo rechazaron y lo crucificaron. Y en los siglos siguientes, los hombres han abandonado la enseñanza de Dios y pervertido sus caminos. Sí, el gran enemigo de Dios son los hombres y mujeres que realizan sus propios deseos naturales. Cómo se usan los términos diablo y Satanás De modo que el diablo y Satanás son personificaciones del pecado; es decir, son palabras que se usan para representar al pecado. A veces la personificación se efectúa en una sola persona. Ya hemos visto que Pedro fue "Satanás". El Ungido dijo a los discípulos: "¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo?" (Juan 6:70). Y ese era Judas, el cual lo traicionó. A esta clase corresponde la serpiente de Edén, la cual sugirió a Eva que lo que le había dicho YHVH no era cierto. De modo que "la serpiente" se convierte en un símbolo bíblico del poder del pecado. A veces a una organización de personas, un gobierno, por ejemplo, se le podría describir como el diablo o Satanás. Hay dos interesantes ejemplos de esto en Apocalipsis, capítulo 2. En su carta a los creyentes de Esmirna trasmite las palabras del Mesías Yeshúa de la manera siguiente: "No temas en nada lo que vas a padecer. He aquí, el diablo echará a algunos de vosotros en la cárcel, para que seáis probados [...]. Sé fiel hasta la muerte" (v. 10). Esto se escribió en el primer siglo de nuestra era, cuando los creyentes en el Ungido Yeshúa estaban sufriendo persecución, por motivo de su, a manos del gobierno pagano de Roma. Ese era "el diablo" que echaría a algunos en la cárcel; aptamente llamado "el diablo" porque era enemigo de los siervos de Dios. O en el versículo 13, en la carta a Pérgamo: "Yo conozco [...] dónde moras, donde está el trono de Satanás" (v. 13).

¡Así que Satanás reinaba en Pérgamo! Ciertamente este habitaba ahí; no hay duda de que era el cuartel general del gobierno romano para esa parte de la provincia de Asia. Pedro se refiere a la misma época de persecución con estas palabras: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar" (1 Pedro 5:8). Que él estaba refiriéndose en verdad a los cristianos que eran perseguidos es evidente por lo que dice a continuación: "Al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo" (v. 9). El gobierno pagano de Roma era el diablo en este caso. A veces "el diablo" o "Satanás" representa el principio o poder del pecado, como quiera que sea manifestado. En este sentido podemos entender el relato de la tentación del Mesías Yeshúa. Ya hemos visto cómo Yeshúa participó plenamente de nuestra naturaleza humana (Hebreos 2:12). Como resultado, él experimentó todas nuestras tentaciones, porque la Escritura nos dice: "Fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado". En su tentación en el desierto "el diablo" es la personificación de esa urgencia humana por satisfacer sus propios deseos; él la venció completamente y permaneció sin pecado. Cuando los discípulos regresaron donde Yeshúa, contentos porque habían podido sanar enfermedades, él les dijo: "Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo" (Lucas 10:18); es decir, previó el tiempo venidero en que no sólo las enfermedades, sino todo el poder del pecado y del mal, resumidos en el término "Satanás", será derribado de su posición reinante en el mundo; será "destronado" y reemplazado por el poder del Altísimo, cuando regrese el Ungido del Altísimo a establecer el reino de Dios Padre en la tierra. Esta es, pues, la sencilla llave que desentraña los pasajes difíciles acerca del diablo y Satanás; busque su origen en el poder del pecado mostrado en los deseos, las debilidades y las acciones de los hombres; y la mayoría de los pasajes se aclararán. Por qué es importante ¿Tiene importancia si entendemos o no entendemos esto? Sí, la tiene, por dos razones al menos. Primero, si la Biblia realmente nos está enseñando que el diablo y satanás representan en general el pecado humano en todas sus actividades, entonces eso es lo que el Señor quiere que sepamos. Es una verdad revelada en su palabra, la Biblia, y deberíamos querer entenderla; no deberíamos contentarnos con dejarnos extraviar por falsas ideas que son comunes en el mundo.

Segundo, la razón por la cual Dios ha expresado esta verdad en su palabra es que para nosotros hace una gran diferencia. Considere un momento: si tenemos la idea de que nuestras debilidades y fracasos a la vista de Dios se deben a la sutil influencia de algún espíritu maligno sobrenatural independiente de nosotros, ¿no nos sentiríamos inducidos a evadir nuestra responsabilidad? ¿No nos sentiríamos inclinados a decir: 'Bueno, no fue mi culpa--me tentó el diablo'? Culpar a otro de nuestro pecado es algo que la Biblia nunca nos permite hacer. Es absolutamente esencial que entendamos el estado de nuestra naturaleza a la vista de Dios. Como lo expresó tan vigorosamente el apóstol Pablo: "Todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios" (Romanos 3:23). Entender la enseñanza bíblica acerca del diablo y satanás es una gran ayuda para aceptar esta verdad. Por otro lado--¡piense en el beneficio! si realmente entendemos que todos tenemos en nuestro interior un poderoso impulso de ignorar la voluntad del Altísimo y seguir nuestros propios deseos y buscar nuestra propia satisfacción, entonces estamos en el camino adecuado para darnos cuenta de cuan grande es nuestra necesidad de liberarnos de esta presión hacia el pecado, de manera que podamos recibir de parte de Dios el perdón de los pecados y tengamos una esperanza de vida eterna en el reino que Dios establecerá por medio de su Hijo. Mientras más nos damos cuenta de nuestra desesperada necesidad de liberación del estado de la naturaleza en que vivimos, más apreciaremos lo precioso que es el evangelio que predicó el Mesías Yeshúa. ¿Cómo podemos valorizar un ofrecimiento de vida si no sabemos que estamos muriendo--para siempre? Para un hombre que sabe que está ahogándose, una mano de rescate es la vida, en verdad. Y este es nuestro caso: Dios Padre está ofreciéndonos la vida en lugar de la muerte eterna. Entonces, ¿tenemos que temerle al diablo? Con toda seguridad debemos hacerlo--pero no al diablo de la creencia popular. Nuestro diablo está dentro de nosotros, en nuestro corazón y mente. Pero una vez que entendemos eso y lo asumimos, podremos regocijarnos en el gran ofrecimiento de vida que nos hace Dios Padre en su palabra por medio del sacrificio de su Hijo.

[1] Un punto de vista alternativo es que el libro de Job es un diálogo dramático acerca de acontecimientos reales, que necesita un prólogo para montar la escena. Entonces este sería provisto por medio de imaginar una escena en la corte divina, en la cual aparece El Satanás como fiscal, recibe permiso para someter a Job a prueba, y luego de hacer su trabajo, desaparece del relato. Lo mismo se aplicaría en la escena similar en Zacarías 3:12, el único otro pasaje donde aparece la expresión "Satanás". Pero lo esencial que hay

que notar es que este Satanás, sea una figura literal o ficticia, no tiene absolutamente nada en común con ningún Diablo que se supone que había sido expulsado de la presencia del Altísimo siglo antes. [2] Los manuscritos griegos del Nuevo Testamento no muestran diferencia entre las palabras que empiezan con letras mayúsculas y aquellas que no--todas las letras son mayúsculas.
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Biografía prohibida del "diablo"

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