P. 1
Baroja, Pio - Los Ultimos Romanticos

Baroja, Pio - Los Ultimos Romanticos

|Views: 21|Likes:
Published by skeeper1

More info:

Published by: skeeper1 on Oct 08, 2013
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

10/19/2014

pdf

text

original

>í^^>^'\\.

ico Ico

lo :0
loo

!0

no
Ico

'\>
\
.

^

-ét.

...^>
1*

a

1

V'" V^''

•vi,n^rtc'¿

-->;•.

el EL MAR Las inquietudes de Shanti Andía. £1 árbol de la ciencia. Paradox. dama errante. El LAS TRILOGÍAS TIERRA VASCA mundo es ansí. Inventos. . Isabelina. LA RAZA ^^^^Si \4--Los recursos de la astucia. Los caminos del mundo. tificaciones de Silvestre El escuadrón del Brigante. Idilios vascos. LA LUCHA POR LA VIDA El tablado de Arlequín. LAS CIUDADES ^^Xésar o nada. . \/^a La La ciudad de Los caudillos de 1830. ^1 Mayorazgo de Labraz. La ruta del aventurero. aventuras ymix- aprendiz de conspirador. Con la pluma y con el sable. LA VIDA FANTÁSTICA V- MEMORIAS DE UN HOMBRE DE ACCIÓN El Camino de perfección. veleta de Castizar. egolatría. Idilios y ^^A^&s horas '-La feria de los discretos. Nuevo quín. Los últimos románticos. la niebla.OBRAS DE Pío BAROJA Vidas sombrías. La casa de Aizgorri. •^^alacain. aventurero. La Busca. Mala hierba. solitarias. Las tragedias grotescas.«^^uventud. Aurora roja. tablado de Arle- EL PASADO fantasías. rey. Paradox.

EL

PASADO

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

EvS

PROPIEDAD

DERECHOS RESERVADOS
PARA TODOS LOS PAÍSES
COPYRIGHT BY

RAFAEL CARO RAGGIO
I

9

I

9

Ragg»©. Petablecimiento tipográfico de Rafnel Caro

o

Pío

B

A R O

J

A

EL PASADO

LOS ÚLTIMOS

RO MÁNTICOS
,0^

Rafael Caro Raggio: Editor
Ventura Rodríguez,
18, y

Plaza de Canalejas, 8

MABRTD.

1919.

Bn donda

el

autor presenta a su héroe

día era nublado, gris; un día de primavera parisiense, con las calles constantemente húmedas y el aire empañado por la niebla. A cada rato alternaban el sol y la lluvia. El cielo bajo, plomizo, se abría rara vez para mostrar entre las nubes un trozo de espacio azul, bella mirada, suave como una esperanza. En aquel momento, una hora antes de anotorrencial,

EL

checer, diluviaba. El agua caía de una manera en grandes gotas; sonaba en las aceras con un chasquido metálico y mojaba las hojas nacientes de los árboles del Luxem-

burgo, en cuyas enramadas verdes piaban los
pájaros con algarabía estrepitosa. Un gran tropel de gente, guarecida en los arcos del Odeón, esperaba el escampo; los

pasó por delante del Senado y siguió costeando la verja del jardín del Luxemburgo hasta detenerse frente a una casa blanca de dos pisos. gente de aire universitario. un coche que venía del bulevard Saint-Michel entró por la calle de Médicis en la de Vaugirard. no sin haberse mojado en el poco tiempo que estuvo fuera del coche. los señores de sombrero de copa. cuando más fuerte.10 Pío BAROJA Ómnibus pasaban lentos. mirando al cielo con impaciencia. el cual le devolvió la vueldio propina y entró en el portal de la casa rápidamente. con una maleta en la mano y un gabán en el brazo. el conductor. con una gran caja de cartón al brazo. En el instante álgido del chubasco. aguantaba el chaparrón impertérrito. los coches volaban. vestido con una librea . Un viejo conserje. con las faldas recogidas. entregó. aprendiza de taller. en lo alto del pescante. con los cristales em- pañados. enseñando las pantorrillas. gran puerta en arco de medio punto y espacioso zaguán. corriendo. Del coche bajó un caballero de cierta edad vestido de negro. tejado agudo de pizarra. una moneda de cinco ta. d3spués de registrarse los bolsillos. y alguna muchacha. le francos al cochero. densa y sonora era la lluvia. esperaba. se metían en los portales cerrando sus paraguas. el momento de seguir su camino. saltando los charcos.

Creo que el le están espe- rando. se acercó al recién llegado. se detuvo aquí y tiró del cordón de la campanilla. lle- la- : verla. le permitió pasar al recibimiento. de expresión Una tida entre arisca. a ver lo que deseaba. zafia y suspicaz. subió por una escalera ancha. que — sé que está enferma — y recién gado añadió balbuceando en un francés mentable — vengo de España únicamente para — ¡Ah! eso es otra cosa. el Sí. La vieja. con una coña blanca. después de largo rato. dejando sólo el para lo cual abrió la puerta. el obscura. de cara angulosa. hasta el primer piso. El señor cruzó zaguán. El caballero volvió a preguntar por la señorita de Montville y explicó como mejor pudo que acababa de llegar de España. Era una mujer de aire monjil. espacio iruiispensable para . en cuyo fondo se columbraba un jardincillo sombrío de paredes negras invadidas por yedras. alfombrada. —En primer señorita no caballero. luego de examinar al recién venido con una mirada recelosa. llero. cabaéste. preguntó ^La señorita de Montville? piso. Suba usted. en la puerta.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICO» II — — Le advierto a usted. vesde negro. vieja flacucha. suba usted. la recibe. se presentó.

se alisó el pelo y esperó. en donde entraba la luz de la calle. se arregló la corbata mirándose a un espejo. Blanca. — He tenido un ataque do dos días entre vida y —(De veras? pasado. . Atravesaron una sala-biblioteca grande y obscura. ^Y en tu casa? Todos buenos. cernida al pasar por cortino- nes de muselina. He estala muerte.^* la abriendo sus brazos. — ¡Fausto! ¡Fausto! — — Cuente usted.^ preguntó el caballero estrechando la mano de la anciana señorita entre las suyas. tomando la tarjeta que señor le entregaba. la nariz corva y la boca bondadosa. Mal. En una cama grande. y pasaron a una alcoba tapizada de blanco. muy mal. le rogó que esperase. Después. envuelta en un mantón de seda. volvió a aparecer la criada por otra puerta y le indicó al señor que le siguiese. apoyado el cuerpo en varias almohadas. El caballero dejó en un rincón la maleta y encima el abrigo. ¡Gracias a Dios que has venido! ¿Y cómo está usted. Era la señorita de Montville. Al poco rato. y se fué rápidamente. descansaba una anciana de pelo blanco. Tenía la piel transparente y algo rosada. ^'Y a usted. qué le ha — exclamó — la señorita — — al corazón. hijo. monumental.12 Pío BAROJA el que pasara. luego un gabinete.

Salió la criada sin darse prisa en obedecer si orden. no creo que usted es de las que se dejan dominar. verdadera- Don Fausto miró — — — — — mente inmensa. las paredes cubiertas de raso blanco. un gesto de impaciencia al advertir la tardanza significativa de la Plácida. Se sentó don Fausto. la habría despachado ya. Hizo lo dicho don Fausto y entró la última claridad de la tarde en la alcoba. monumental. la la cual hizo quisiera demostrar su domi- a la señorita de Montville. me fastidian las gentes dominadoras y absorbentes. una cama de Imperio. Te si te necesito. Enfrente del balcón. mostrando la puerta por donde había salido la criada es una mujer que vive conmigo hace muchos años y quiere mandar en mi casa. Si no fuera por ciertas consideraciones. y la señorita de MontSí.3 LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 Ahora parece que ha pasado el peligro inmediato. Mira. de madera. Si. No. en el centro del cuarto. — ville dijo —Puedes a la vieja criada. se levantaba la cama. con incrustaciones de cobre y pinturas de pavos reales y pájaros estilo . Esta dijo la anciana señorita por lo bajo. como nio en la casa. Plácida. en francés: llamaré marcharte. abre un poco las cortinas. Se hallaba ésta alhajada a la antigua. ¡Siéntate! Tenemos que hablar. el techo pintado y con molduras.

Se sentó don Fausto. Abre esa puerta dijo la señorita de Montville. es algo dominadora. las la la más a mí.14 PÍO BAROJA con las colas espléndidas extendidas sobre un fondo de oro. No me gustan los espionajes. ¿Son bonitas? — Al menos a mí me parecen. —¿Qué edad tienen? — La mayor diez y ocho años. y la vieja señorita siguió preguntando: Dime. así lo la siete. Ya tenía también bastante edad. En un almohadón colocado encima de una silla dormía un gato de Angora con un lazo azul en del Paraíso el cuello. indicando la que acababa de cerrar la criada Así. ^ vi feliz el Sí. Es que se parece No.fY hijas? Sí. tres? lo creía. . La mayor ha salido a su madre. Asunción. feliz. — — — . tú. otra va a cumplir diez y —¿Cuál de dos es más cariñosa? — La menor.. — — — ^setenta y — Setenta y cinco. Ahora siéntate.. — ¡Ah! No Y ves bien? ¿Has sido en matrimonio? — muy — tus <:Cómo son? Tengo muchas ganas de conocerlas. . (fde qué murió tu madre? Estaba muy delicada con los catarros. —¿Y amables? —También.

. y me gusta más cuanto más alegre y más sonriente es... Te voy a hacer una propoel Sí.. ^iqué te parece? soy me —A muy bien. Fausto. Pero. mí. para que me haga —^Aquí? — ^'Qué vieja. no estoy para vivir mucho tiempo. ^Por qué no me compañía? traes a tu hija. Para eso te le lo he escrito. ¡Si está usted hecha una niña! Yo parece que tengo muchos más años que usted. no me encuentro fuerte.Ah. Eso no. fuerte. yo le dejaré lo que tengo.^* Yo no voy a sujetarla ni a convertirla en enfermera. De eso no se puede prescindir.. si tú le das permiso a tu hija para que venga. Blanca. Pero no hable usted de morirse. claro! . Aunque gusta mucho la juventud. si le gusta esto y si quiere vivir conmigo hasta que se case.. pero. quiero que sea para vosotros. te extraña. pero es verdad. sición. Ya sabes lo que he^icho siempre a tu pobre madre. Pues no creas. Oye. Eh.. cuando muera. lo creas. -cQué? — Que habrá que consultar a su madre. — ¡Bah! — No Sí. — . ni mucho — — menos. Todo que yo tengo..5 LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 — ^De manera que tu mujer tiene genio fuerte? — algo — Oye.

ella? la Es preciosa. No tiene usted que insistir más. Si viene Asunción. cribir a tu mujer? . le quedan ocho mil a tu chica. la única dificultad.l6 PÍO BAROJA dijo don Fausto Si fuera un chico bastaba con que yo lo permitiera. ella le tomará cariño a usted y usted la querrá también. lo cual es una bonita dote. pero que produce algo. es encantadora dijo ella. es distinto. Aunque le deje mil quinientos o dos mil francos de renta a la Plácida. — . porque es como — — — una — (íQué edad me has dicho que tiene? — Diez y siete años. Tengo una renta de diez mil francos y una finca en Normandía. Además. hay que contar con el asentimiento de su madre. contemplando el retrato ¿Cuándo vas a es- — una fotografía. tratándose — — — de una muchacha. Es natural. por el momento. Yo conozco bastante gente distinguida en París. — — . es que consienta su madre. — tienes algún retrato de — aquí en cartera debo tener uno chiquito. y quizá encuentre aquí algún buen novio. niña. Dile a tu mujer lo que te propongo. aprenderá bien el francés. pero.Es graciosa? — Mucho. Mire usted — y don Fausto enseñó a Blanca ^'No Sí. pequeña. Blanca dijo don Fausto.

?* te pero creo que por unos días más te vale ir a algún hotel. Aquí no tendrías libertad y estarías importunado a cada instante. ¿Conoces alguno? Me han recomendado una casa española. — Bueno. No me olvidaré. — ido a parar a algún hotel? —No. como a quien se le desbaratan los planes. Yo te lo digo francamente.Eh? te Vete a descansar y escribe esa carta.7 LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 — Esta misma noche. — Descuide usted.. y la vieja criada de la coña acompañó a don Fausto hasta el recibimiento. — — Nada. Es natural. — Yo tendría en casa con mucho gusto. Allí. ({Has la ^'Sin detenerte. Estaba el hombre un tanto cariacontecido. . Entonces puedes ir ahí. — Hasta mañana entonces. estando usted en- — — — — — ferma.. porque aquí no estarías bien. — No tenga usted cuidado. el buen señor cargó con su maleta y el gabán y bajó a la calle. Sí. Blanca. Tiró la señorita de Montville del cordón de la campanilla. Claro. — No olvides. me iré a un hotel. —Adiós. He venido directamente de estación. Tenía la idea de hospedar- .

8 1 PÍO BAROJA se en casa de Blanca. Rendido. se decidió a ir a pie. y la criada. sin siber la salida apenas francés. al no entender lo que decía don Fausto. sórdida y negruzca. — Yo quisiera venir a hospedarme aquí. es posible. con la maleta al brazo. ante una casa grande. Don Fausto sacó un plano. lo cual le facilitaba su estancia en París. Llamó. ¡Bulero! Sí. allí tomó un coche y poco después se detenía en una callejuela larga y tortuosa. lo consultó. Adonde iba con poco dinero. una catalana gorda y ventruda. ^Vive aquí el señor Bulero? le preguntó don Fausto. aquí vive. en la gran ciudad? dieron las señas de una casa de Madrid. Había cesado de llover. Buscó don Fausto entre los papeles de su cartera y dio con las señas. hablando en un extraño galima- . pero no está en — — — casa. avisó a su ama. — ¡Ah! ^quiere ustet una chambre}— si dijo la catalana.1 A muy lejos. y le pareció que la tal calle no se encontraba . y viendo que no pasaba ningún coche. La casa indicada estaba en la calle de l'Arbalete. Bajó del coche y subió hasta el segundo piso. le de huespedes española y una carta para uno que vivía en ella. se detuvo cerca del Odeón.

^Por adelantado? Sí. Salió una jamona casi de tanto volumen como la catalana. Llamó la catalana en la puerta de enfrente. Pues ahora no tengo ninguna llibre. pero más joven. con letra clara: «Fausto Bengoa. con una cama de matrimonio. de cuarenta y ocho años. contestó invitando a pasar a don Fausto. es la costumbre. vestida con una bata azul y llevando un quinqué en la mano. la jamona lo guardó en el corsé. se oyó el ruido de la rejilla y abrieron poco después. Toda la casa está plena. profesión. ^No sabe ustet el fransés? ^'A su edat? Pues yo preguntaré. en donde había que indicar el nombre. ^ Cincuenta francos al mes. un lavabo y varias sillas. ¿•Sap? te — — — — — — — — — Sacó doiTTáusto un billete de la cartera. un armario de espejo. salió del cuarto y volvió al poco rato con un boletín de identificación. residente habitualmente en Madrid. del huésped. Pregunte ustet. pero ahí enfrensuelen loíetyr unas chambres.. Le enseñó un cuarto bastante grande.LOS ÚLTIMOS ROM/NTICOS IQ tías — . propietario. Don Fausto se caló los lentes y escribió. ^Cuánto cuesta esta habitación? preguntó don Fausto.» . A las explicaciones dadas por su vecina. etc. El caso es dijo don Fausto que no sé hablar francés.

comenzó a escribir una carta. La vela se consumía y don Fausto dio por terminadas sus notas y se metió en la cama. luego sacó la ropa de la maleta y la extendió cuidadosamente sobre la cama para quitarle las arrugas. . ^e lavó. Encendió la bujía. le dejaron solo. Tras de esto. y cuando la concluyó sacó sonriendo un cuaderno.20 Pío BAROJA Cumplido el requisito. lo abrió y comenzó ¡París! así: «¡París! ¡Ya estoy en el cerebro del mundo!» Llenó don Fausto varias hojas del cuaderno con frases igualmente felices y originales.

imperiosa. — — — — . todo le contentaba. el regalo más pobre. Entre las dos muchachas se estableció una am. Pilar.istad estrecha y celosa. el último premio del colegio. ^Para qué? contestaba Pilar sonriendo. Pero sé orguUosa le decía Blanca. Cualquier cosa le parecía suficiente para ella. esta amistad se hallaba cimentada en una absoluta divergencia de ideas y de inclinaciones. Como sucede casi siempre. servicial.II Historia de dos amigas de y P BLANCA conocieron en un Montville se ilar Ponc e de León colegio de Angule- ma. en donde ambas se educaron y pasaron los primeros años de su juventud. Blanca era altiva. inteligente y de buen corazón. afable. humilde. sin ningún orgullo.

penas imasiguiente se despertaba buena y humilde. de una soberbia belleza. lloraba.á2 PÍO BAROJA Blanca. y al día . y Pilar. Al lado de Blanca. En los días de comunión. era la calma. Muchas noches. durante la Semana Santa. mística y extravagante. ginarias. exaltada. se consideraba desgraciada. Pilar. que son imágenes esqueléticas de las cosas. una hostilidad contra todo. con un porvenir halagüeño en perspectiva. con su buen sentido. en condiciones de ser feliz. En lo hondo de nuestro ser. erisituación igual o parecida. todo el manantial de la felicidad o de la desgracia proviene de la vida orgánica. envidiada por las amigas. su conformidad y su alegría. después de un día de irritación rabio- durante horas enteras. pues su padre pasaba por rico. sombras sin realidad. pero las sa. en su cuarto. Blanca de Montville. con placer se hubiera mortificado. se encontraba desgraciada. un deseo de perder de vista lo ya conocido y de huir a cualquier parte. Blanca sentía un misticismo agudo. ni tampoco de las ideas. Muy a menudo experimentaba una tristeza punzante. mimada en el colegio. se sentía feliz. no de los acontecimientos adversos o felices. Ése rodaje interior de los órganos da el tono alegre o triste a nuestra conciencia. del último resultado enviado a la conciencia per los sentidos.

se despidió de Blanca para marcharse a Madrid. embellecidos por la luz mágica del recuerdo.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 2$ madres directoras del convento no lo permitían. como ambas tenían el convencimiento de que no volverían a verse más. paseando en coche. Pilar tuvo que contener las lágrimas. luego. pasados esos accesos. Se reconocieron inmediatamente y se saludaron. en el Prado. más vulgarmente y con menos literatura. Se enviaron recuerdos. Nunca. de una manera romántica. se manifestaba. sino incrédula. Cuando frecuencia. Blanca. así lo hicieron. no sólo indiferente en materias de religión. entre lágrimas se juraron no olvidarse nunca y escribirse con Pilar. la más apropiada para sus gustos. por muy alta que . Pilar esperó a su amiga. Durante un par de años. luego cesó la correspondencia. se contaron sus impresiones. llamada por sus padres. y comenzó a llevar una vida modesta. pero el coche no paró y siguió adelante. Pilar. cuando un día se encontró a Blanca en Madrid. Pilar se casó con un militar. Ya no se acordaba apenas de su amiga más que en algunos ratos melancólicos en que pensaba en la infancia y en los años de su vida de colegiala. recomendaciones para no ser olvidadas. ayudante de su padre el general Ponce de León. Fernando Bengoa.

buenos consejos. unos le ofrecieron hospitalidad.24 Pío BAROJA fuera su posición. Aquella época estaba saturada de gérmenes purificadores lanzados en el seno de la sociedad por la listas. los novedramaturgos. los No Revolución francesa. pero Blanca no quería hablar de hospitalidad ni de favor. Seguía. Blanca preñrió esto último. dejándola la miseria. y dejaron a Blanca en la alternativa de implorar protección entre sus parientes o de buscar trabajo. otros. Los usureros se lanzaron como perros de presa a devorar los restos de la fortuna. hubiera desdeñado asi a una amiga de la infancia. sin dejar traslucir su es- en tado económico: Al morir el señor de Montville. La mayoría de sus allegados sonrieron al oir hablar a la muchacha de trabajo. empalmando pagarés y atrasando el pago de las cuentas. Algunos negocios ruinosos obligaron al buen señor a pasar los últimos años de su vida defendiéndose de los acreedores. Los poetas. sin notarlo. las tendencias del tiempo. La explicación de este aparente desdén Pilar. cantaban de una ma- . el castillo de naipes levantado por él se vino abajo. la dio Blanca pocos días después en casa de El padre de Blanca había muerto. sino de trabajo. quería depender de nadie.

la misma que en el colegio pasaba noches enteras llorando. fermentaba en el ambiente una mezcla de socialismo sentimental y de ideas caballerescas. las heridas de su amor propio tan susceptible. un producto mixto de cosas heterogéneas. En las nuevas visitas de Blanca a casa de su amiga fué expansionándose. Su situación de dependencia le había dado cierto retraimiento. Blanca siguió a la familia con la cual vivía. Cuando la institutriz fué a visitar a su amiga. plomático de Roma . no había palabras para denigrar al holgazán de todas las castas.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 25 ñera un tanto enfática y superficial a la institutriz. saturada del jarabe venenoso de Lamartine y demás compadres. a los pocos días de verla en el Prado. sus íntimos dolores. y en sus palabras se notaba un dejo amargo y sarcástico. Se hallaba en toda la plenitud de su belleza. Pasó un año en Roma. a Pilar le pareció Blanca de Montville más hermosa que nunca. al obrero. y. al trasladar al dia Madrid. Seguía siendo una romántica impenitente. mostrando sus penas. Blanca obró como no podía menos de hacerlo una mujer orgullosa y romántica. leyendo Jocelyn. al artista. y entró de institutriz en casa de un diplomático. despreció la hospitalidad que le ofrecieron sus tíos los vizcondes de Baucemont.

Le escribían a Blanca que fuera a hacerles compañía.20 PÍO BAROJA enseñaba. otras por culpa de los demás. y lo era. por ligereza. los vizcondes de Baucemont. tenía una verdadera imposibilidad para ver las cosas tal como eran: o las concedía una importancia exagerada. no quería abandonarla. proíundos en muchas cosas. La vida nada le . amable. benévolos. de prejuicios aristocráticos. cuando pueden vivir en su casa tranquilamente. Que sus luchas. o las despreciaba sin causa ni motivo. Entre éstos. ellos la acogerían sonriendo. eran las personas a quienes más detestaba. de orgullo violento. una confusión en el sentir y en el pensar. Se consideraba una mujer desgraciada. Había entrado de institutriz por orgullo. de sentimiento igualitario. quizá se permitiesen alguna alusión acerca de las muchachas correntonas que quieren ganarse la vida dando lecciones. sus preocupaciones por libertarse se tomaran por chifladuras ridiculas. unas veces por culpa suya. por no tener que cantar la palinodia ante sus parientes. por no depender de nadie. y las detestaba por su carácter. En el fondo de su alma fermentaba una mescolanza de ideas revolucionarias. y. gente del antiguo régimen. a pesar de las humillaciones de su posición. volteriana. sus tíos. a fuerza de ser superficiales. que no le permitía el sosiego. Eran marido y mujer viejos.

siempre que se hallase dispuesto a consagrarle su vida entera. otros porque no tienen tiempo de tenerlo. con una altivez de diosa. como si hasta su altura no purios diesen llegar los apetitos del vulgar tropel humano. regalos. Ella rechazaba cartas. humilde y buena. el cartas de sus tíos contestaba orgullo de Blanca. los millona- de la sociedad frecuentada por ella. unos porque no y éstos son los más felices. Hubiese aceptado al hombre pobre y trabajador. siempre que le agradara. para ser mujer. y mujer afectuosa. y más de uno había pretendido seducirla. . las heridas de su amor propio sangraban. a pesar de su aparente impasibilidad. su pensamiento íntegro. Blanca no contaba con que en la vida es bastante difícil encontrar personas que consagren a otros su pensamiento. no tenía esperanzas de casarse. y algunos pocos porque se han formado una idea tal de la importancia y de la transcendentalidad de lo tienen. Ella abdicaría entonces de su orgullo. los aristócratas. proposiciones. con un olímpico desprecio. ningún hombre modesto se atrevía a dirigirse a una belleza tan arrogante. la consideraban como una presa. y a las con acritud y con Con la manera de ser de Blanca y en su po- sición le era muy difícil orientarse en la vida.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS ¿7 no podía permitir desdén. pero.

Blanca se creía de una pasta especial.^ — les le gustan las mujeres preguntaba Pilar inéste esa belleza. pero no en una . todas esas habilidades están bien en una princesa. como quien oye las palabras de un niño. claro que no! Pues si se casa con un hombre de modesta posición. en que se íabrican los héroes y las heroínas de los poemas. Estoy seguro de que tu amiga no sabe guisar unas patatas. trataba de consolarla. A Pilar no le cabía en la cabeza que Blanca pudiese vivir en un cuarto estrecho. no tendrá más remedio que guisar y barrer. Ella no sirve para eso.28 PÍO BAROJA SU vida. esa arrogancia. que todos sus pensamientos los necesitan para adornar su persona. pero esto no era fácil. Pilar. genuamente a Bengoa. ¡Ah. Pilar y su marido hablaban de Blanca con mucha —A — frecuencia. al comprender el estado anímico de Blanca. Se la tas . Es natural contestaba — — pobre. los hombres más tontas. de inducirla a vivir con sencillez. atendiendo a la cocina. con vis- muchacha — — a un patio.. riñendo a la criada. ^verdad. remendando medias.. de esa pasta refinada y artificiosa. y Blanca aceptaba los consuelos sensatos de su amiga benévolamente. con el alma tranquila y humilde.

Se llamaba Luis Viterbo. una idéntica elegancia en el vestir. elegante. de hermana de la Caridad. un muchacho joven. hijo único de la marquesa de Yelves. — ^Y quien es? Quién es? ^' El novio era un militar joven. de una familia aristocrática arruinada. Viterbo era un tipo byroniano. y Viterbo. de la Guardia de Corps. guapo. un día comunicó a su amiga que tenía novio. distinguido. Al año de estar Blanca en Madrid. de abadesa de un convento. pero nunca podía imaginársela rodeada de chicos. era la verdad que parecían hechos el uno para el otro. Para Pilar. hablando espiritualmente. es que no se habían formalizado la — — nuestras relaciones. si se casaban Blanca y Luis. el dandysmo consistía en aparentar un aire sombrío y desesperado. cantando o tocando el piano. en un campo de batalla. llevando una vida desastrada y vulgar. ninguno de los dos contaba con una fortuna. En esta época. el mismo continente altivo y orgulloso. la misma presencia aristocrática. el hospital Si y la misericordia. su amiga Blanca era de las llamadas a representar un papel importante en vida trágica. de conti- .LOS ULTEVIOS ROMÁNTICOS 29 figuraba siempre en un salón. se iban a reunir el hambre y la necesidad. Según Bengoa. ¡Ah picara! ¡Cómo lo tenías guardado! No.

Este dandy escéptico creia que nadie se podía volver loco sin poner los ojos en blanco y lanzar una carcajada histérica tres o cuatro veces por lo menos. toda la balumba romántica creada por Byron y los novelistas franceses. fría y glacial que hizo de Jorge Brummel el rey de la moda en Inglaterra. creía también que era indispensable de cuando en cuando ir a un cementerio. de prostitutas candidas. a pasear. era un verdadero dandy. de santos criminales. de asesinos piadosos. que dio a Santos Alvarez motivo para escribir una novela encantadora y absurda al mismo tiempo. desdeñoso e impasible. pasaban como axiomas entre los iniciados: la influencia social del traje. Al conocer Luis Viterbo a Blanca se figuró ver en ella la candida paloma. con su acompañamiento de carcajadas sardónicas. menos vulgarizados que ahora. que entonces. la inocente . era para él artículo de fe. Manifestaba la actitud cortés.30 Pío BAROJA nente altivo. la venta de las conciencias. de vírgenes perversas. aunque no había llegado hasta el punto de rasparse los pantalones como el célebre dandy inglés. la perfidia de las mujeres y de los amigos. Creía el joven guardia de Corps en todos los lugares comunes siniestros. no para hacer la digestión. sino para pensar en los hondos problemas de la vida y de la muerte.

el dicula. en vez de ser Viterbo el cazador. altivos. con un fin utilitario para adquirir rentas y luego derrocharlas gallardamente en tempestuosas noches de orgía. pretextaba obstáculos puestos por su madre al matrimonio. En la lucha de estos dos caracteres fuertes y egoístas. fuera él el cazado. pero tenía la firme decisión de no casarse. fueron en sus amores perfectamente desgraciados. El romanticismo no se cuidaba de la dispepsia ni de la gota. los dos orgullosos.1 LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 3 presa sobre la cual él caería como un gavilán. en principio. Blanca se sentía enamorada de Viterbo. al irla conociendo.. para no casarse. ninguno de los dos llegó a quedar vencido. El pensando en seducir. Blanca espe- . ella en casarse. vio que la paloma tenía un collar de acero. al tratarla. pero era demasiado orgullosa para dejarse seducir. Su pasión. Viterbo. tenia un fondo altivo y duro. ^'No había dicho matrimonio por amor como una cosa riByron que el matrimonio procede del amor como el vinagre del vino? Sólo se podía pasar por el matrimonio. soberbios. según Viterbo. luego. Consideraba. una coraza de orgullo invulnerable y un alma tan templada que hacía muy posible la suposición de que.. la escasez de sus recursos. El se enamoraba. formada por más amor propio y terquedad que cariño.

Al cabo de los dos años de amor y de correspondencia. sus ojos fueron tomando una expresión de ñjeza siniestra y rodeándose de un círculo violáceo. noviazgo. . unos meses después Viterbo se casaba con una señorita millonaria de Sevilla. pero a los pocos días se la vio languid^r. y. Blanca recibió una carta de Luis. Le aconsejaba la boda con alguna persona rica. murió la madre de Viterbo y Luis heredó el título de marqués. sus mejillas palidecieron y sus labios perdieron su color. El la dirigía frases de amor desde una taberna. Blanca recibió el golpe con entereza. Le aseguraba que la seguía queriendo. sin quejas ni reclamaciones. al parecer se sobrepuso a su dolor.31 Pío BAROJA raba orgullosamente. desde una casa de juego o desde una logia masónica. Entonces Blanca y su amiga supusieron que la boda se celebraría en seguida. podrían reunirse en Viena o en París y vivir libres y amarse. una carta literaria. efectivamente. Una semana después. los dos casados y con dinero. salpicada de frases byronianas. se cambiaron enmontones de cartas. ella le contestaba sentada en un banco del tre ellos En dos años de Retiro o después de un baile. escritas a horas intempestivas y en sitios extraños. por ella era capaz de todo menos de afrontar la miseria. libertados del yugo de la miseria. luego.

Poco a poco. su caudal de bondad y de gracia. las . Le parecía horrible ver malograrse su belleza. Blanca destruyó las cartas y el retrato de su novio. llegó a explicarse el carácter de su antiguo novio y comenzó a creer que casi había tenido suerte al no casarse con él. al pasear por el Retiro y al ver a los niños jugando. Blanca sentía un malestar profundo. le disgustaba todo lo que le rodeaba. A ella le parecía el matrimonio lo más sa- proposiciones de Viterbo le horrorizaron como una ofensa satánica a todo lo divino y humano. Muchas veces. le entraba una pena desgarradora y lloraba en la soledad. pero en el fondo de su espíritu brotaba la esperanza como una pálida aurora detrás de una noche de tempestad.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS ^3 Cuando Pilar leyó la carta dirigida a su amiga. Fausto. no tuvo palabras bastantes para insultar a aquel hombre. todo su consuelo era ir a casa de Pilar y hablar y llorar y contar sus penas. El hijo de su amiga. Blanca comprendió claramente su equivocación con respecto a Viterbo. Melancólica y abatida. sin que nadie lo adivinara. pero grado de la vida. se confesaba sin aliento. era un niño y le tomó un gran afecto. oculto bajo su continente altivo y orgulloso.

Bien estaba la alegría. luego con un diplomático. volvió Blanca a Madrid a visitar a su amiga. Estuvo para casarse con un general. pensaba la madre de Fausto al oir a Blanca reír a carcajadas y decir frases maliciosas.34 otras. al verla después. Las mil cosas que Blanca contaba de la vida . de religión y preguntándole por Fausto. Contaba veintiséis cuando recibió una carta de su tía. de política. participándole la muerte de su marido y pidiéndole por favor que fuera a hacerle compañía por el resto de su vida. años. pero no se decidió y prefirió quedar soltera. Fausto. que a Pilar le sorprendieron y hasta le escandalizaron. Pilar se encontró sorprendida al encontrarla más bonita que nunca. Blanca marchó a París. quedó entusiasmado Ya de cuarenta con ella. con gran frecuencia escribía a su amiga Pilar largas cartas hablándole de negocios. pasó Blanca en Madrid varios años. que de niño había mirado a la francesa como a una segunda madre. la vizcondesa de Baucemont. ya de muchacho. su tristeza se había evaporado por completo y manifestaba una jovialidad y un buen humor. Tan pronto esperanzada como abatida. pero' no tanta. la ilusión PÍO BAROJA cantaba en su alma como una alondra al amanecer.

de le — qué no quedas más tiempo?— preguntaba no. tienes que — ^Qué —Muchas cosas.. Al mes de estancia en Madrid. —Ya diré yo a ese — comenzó a decir —No. qué? ^-Por te le Pilar. luego — Blanca se echó a — hay otra cosa. y también para mis negocios. no. — No. -^Qué? — Que tu hijo se ha enamorado de mí. <iPara qué. tenían a Fausto vuelto el juicio. — No. hacer.. Pilar. tengo que marcharme. Blanca indicó que se marchaba.^ <ípor reír le tonto. le jipara . quédate. — Es que tengo mis ocupaciones. personas que me esperan impacientes — — Para hablar. Hay. no digas nada.^ allá. hija.y LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 35 la sociedad y de los líos políticos de París. además. para conspirar. —Anda. qué? — Pero.

.

poco entusiasta de los juegos violentos. para obviar este inconveniente. de calaveradas y diabluras. apocado.III Jóvenes románticos Bengoa y Ponce de León era muy niño cuando murió su padre. fué muy mimado. De pequeño. Como hijo único. Pilar estaba contenta con su hijo. dejaba de ir a la escuela cuando le parecía. nunca dio grandes disgustos a su madre. Muchacho de carácter tímido. no estudiaba las lecciones y se encontraba muy atrasado con relación a los de FAUSTO su edad. Siempre se mostró formal. pero. Cierto que la falta de aplicación del chico le preocupaba. y luego ya de mayor. cuando llegaba la época de los exámenes. juicioso y discreto. la buena señora ponía a contribución todas sus . poco revoltoso.

que. parecían dos buenos camaradas. Mudarra fué el acompañante de Fausto. Tenía la familia una criada y un mozo. Cuando Fausto Bengoa comenzó a estudiar Derecho. por Era un muchacho huérfano. apellidado Mudarra. vivía con su madre en la calle del Carmen. Este viejo librero era un hombrecito encanijado. y. andaluz. jugó"con el de niño. velas. En la juventud. había una librería de lance. con la cabeza metida entre los hombros. Enfrente de su casa. sino por influencia extraña. se reveló de pronto como aficionado a los libros y lector de no- apego a ella. el cuerpo flaco y anguloso y la cara de zorro inteligente y maliciosa. al lado de las covachuelas del Carmen. Tenía el viejeci- . Tal afición no se despertó en él espontáneamente. al cumplir el servicio. se había quedado en la casa. más que amo y criado. regentada por un viejeciilo que le atrapó a Fausto. cuando Fausto comenzó a acudir a la Universidad. asis- tente del padre de Fausto. enfrente de la iglesia del mismo nombre y cerca de la calle del Candil. le brindó con la lectura de sus tomos empolvados y le convirtió en comprador de su tienda.38 PÍO BAROJA amistades e iba desde su casa un carr/o de cartas de recomendación al Instituto y luego a la Universidad.

a los santos más respetables los consideraba como unos egoístas o como unos farsantes. de Hurtado y. Su cara. delgados. para él los mis- entraban en la categoría de las mojigangas. era de una expresión de astucia vivísima. enseñaban unos dientes irregulares y unos colmillos blancos y puntiagudos de alimaña. con una pellica en el cuello. el que había lanzado la sonda en todos los las abismos de la vida. que son un pozo de ciencia y de malicia. A los libros de Volterios la religión taire. al sonreír. Era el tal un volteriano. que. y. los ojos encarnados como los de un albino y los labios pálidos. prefería novelas de Ayguals de Izco. la nariz picuda y larga. Cuando Fausto se encontró con algunos libros. más sublimes de que el librero le recomendaba. sobre todo. envuelto en un gabán rojizo. adornada con unas barbuchas amarillentas. de Eugenio SuS. Este era el ídolo de la época. el monstruo. cuando se le veía metido en su covacha. Este librero fué indicando a Fausto las novelas más picantes de Paul de Kock y de Pigault Lebrun e imbuyéndole ideas antirreligiosas. parecía un gnomo malévolo o un zorro de esos de los cuentos. la frente ancha.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 39 lio las cejas como dos acentos circunflejos. Fausto Bengoa no encontraba bien tan grande irrespetuosidad. sintió la necesidad de formar una bi- .

se enzarzaban en discusiones literarias y sentimentales. en la época anterior a los exámenes. la figura de Rodín de El judio errante les bailaba a todos en la cabeza. A los tres amigos. Los libros en rústica y los desencuadernados los encuadernaba él mismo. les intrigaba la iglesia del Carmen. de Lamartine. al verlos colocados en los estantes simétricamente. ansiosos de misterio. y. En los balcones de la fachada de la iglesia se veían macetas con flores: ^de quién eran aquellas flores? ¡Ah! ¡Misterio! ¡Misterio imposible de averiguar! . sentía una gran satisfacción. Estaban conallí dentro había algún secreto tenebroso. las Pío BAROJA Sacó de la librería de su padre todas obras de Táctica y de Castramentación y fué substituyéndolas por novelas. se sentaban en el balcón. Quizá detrás de aquella pared amarilla se vencidos de que preparaban una porción de cosas siniestras. de Víctor Hugo y de Dumas. se reunían con el pretexto de estudiar. Por las tardes solían reunirse los tres en el cuarto de Fausto a charlar y a discutir los méritos de Sué. y.40 blioteca. también de la cofradía romántica y también entusiastas por la lectura. Sus aficiones literarias hicieron a Fausto intimar en la Universidad con dos muchachos. entre lectura y lectura. En la primavera. leían de mala gana algunas páginas del libro de texto.

a las covachuelas. a la planta y a todo. abandonó sus ideas antirreligiosas y se hizo deísta. ^quién sabía la verdad? ¡Qué grandes. a Picciola. unas tiendecillas puestas en los sótanos. de Saintine. olvidó en un momento a Rodín. ^A qué iba? A comprar un rosario o una sortija. con el mismo entusiasmo con que se hubiera hecho miliciano nacional.1 LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 4 baja de la iglesia. Alguna que otra vez. de la mujer. Con el cuidado de la planta alternó la ocupación de llenar las paredes de su cuarto de sentencias profundísimas acerca de Dios. Al mismo tiempo. estaban las covachuelas. se dedicó a cuidar de una planta. Quién vivía en estas covachuelas? Otro ^ la parte En comunicación con la iglesia? Se ignoraba. Fausto leyó Picciola. debajo de la terraza de piedra que daba acceso al templo. Una noche en que Fausto fué al teatro del Príncipe a ver una comedia de Bretón. Se había enamo- . pero. del amor. Ese era el pretexto. que entraba en las covachuelas. etc. ^Tenían labras. con el techo de piedra abovedado y con cuatro o cinco escalones para bajar. etcétera. a la que regaba y dirigía tiernas pamisterio. de la ley del inquilinato. qué tenebrosos misterios debían ocultarse allí! Cuando se estaban olvidando Rodín y las covachuelas del Carmen. se veía apearse de un coche una dama.

pero para Fausto todas estas hablillas eran calumnias de los despreciados por ella. La cómica no gozaba de muy buena fama. pero no enamorado vulgarmente. sino de procacidades. hubiera intentado acercarse. y fué el ir todas las noches al paraíso del teatro. de que su amor iría con él al silencio de la tumba. que ni siquiera le indignaban. y desde allí admirar a su amada. se contaba que había estado enredada con el criado de un cómico.42 Pío BAROJA rado de la segunda dama. no. Cuando algún amigo le aconsejaba que no . Fausto encontró un medio mejor para influir en su adorado tormento. sólo le hacían sonreír. de alardes de cinismo. convencido de que ya no podría vivir sin ella. cómica pronunciaba con fuego alguna frase de amor de una comedia. pero Fausto no. Cualquiera otra persona menos poética hubiera tratado de manifestar los estragos de su pasión. un tipo bajo y grotesco. no de amores. era demasiado idealista para seguir una conducta de una vulgaridad tan chabacana. recta o tortuosamente. se hablaba. Fausto la Cuando pensaba: — Lo dice por mí. sino enamorado hasta los huesos. al objeto amado. Estaba convencido de que ella le reconocía entre el tropel de gente del gallinero.

más — Mira..^ ¿Para qu4? Si yo comprendo su honestidad en su andar. Era posible lo que aseguraba Fausto.. fuese porque quería afegentuza... de y ella tiene que disimular la nobleza de su alma y fingir corrupción y dejar pasar lo que digan para que no se rían de ella. en la manera de recitar los versos. Pero hay pruebas en contrario. encontraba intenciones malévolas donde nadie las sospechaba y picardías en la mayor candidez. en las inflexiones de su voz. Las apariencias engañan. sostenía que quizá fuera cierto. y alguno de sus amigos. No hay prueba ninguna. Fausto lo explicaba todo coi^ razones contrarias a las admitidas generali^nte. ¿Sabes lo que le pasa? — — — — -¿Qué? Que vive en un mundo de — canallas.LOS ULTDIOS ROMÁNTICOS 43 se pusiera en ridículo por jante. Fuese porque no pudiera creer que la mayoría de las cosas son porque son. tengo la certeza. alh' donde los demás hallaban vicio y corrupción. sin misterios ni obscuridades. honrada y más pura de todo el mundo. ante una confianza tan grande. él replicaba: una perdida seme- chico. el caso era . rrarse a ideas agradables para él. ¿Es que tú la conoces. la absoluta certeza de que es la mujer más noble. él veía virtud y pureza.

esa fe salvadora de nuestros mayores. Vio Fausto una lu¿!én un balcón. que ma^^s.44 Pío BAROJA que su norma de juicio con relación a hombres y a cosas tenía unos cambios tan absurdos. venciendo su natural timidez. y a la Una noche. Acompañaba a la cómica a todas partes y ella le trataba con grandes extremos de amistad.. la cómica se enredó con un militar. a la salida del teatro. y. — Será algún pariente — se dijo Fausto. Báseó la calle arriba y abajo durante mápí-de dos horas. que un se cerraban las . asombrado candorosamenijdtóe que los hechos se barajasen de tal mo^Fque a otro cualquiera menos convencido qfc él le hubiesen obligado a creer en un amancebamiento entre el militar y la dama. tan poco enturbiada por nubes de sospecha.á4-ie tiró a su casa. que llegaban a lo grotesco. se decidió a seguir al militar cómica. y por encima de todos los hechos estaba su íntimo convencimiento de la pureza inmaculada de aquella mujer. Afortunadamente para él. y durante algún tiempo este militar fué la pesadilla de Fausto. y los vio entrar en una casucha de una callejuela de no muy buena fama. Fausto. tenía la fe. dos sombras en los cristaleávójhamina'dos y. Al año de comenzar los amores paradisiacos de Fausto. luego. rendido de tanto and ar. Tan fuerte era su conñanza.

¡Qué vanidoso! murmuró quiere hacerme creer que es el amante de esa mujer —Soy estudiante.y Los ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 45 día. caballero. ¿Pero usted de dónde sale? preguntó con verdadera curiosidad ¿Qué es usted? ¿Estudiante? ¿Empleado? — — — — — — . sin añadir nada más. todos los días con esa señorita y me pregunta por qué la acompaño? Entonces usted es tonto y el militar. y le dijo: (Me quiere usted decir. comprendió que estaba en presencia de un tipo raro. El único . El militar creyó sin duda que Fausto era un loco o un borracho. después de ser testigo de la despedida cariñosa del militar y la cómica a la puerta del teatro. Fausto se acercó al militar. No había medio de que Fausto se conven- ciera de la conducta escandalosa de la cómica y de que dejase de pensar en ella. — la idea casi le hizo gracia. pensó si insultaría gravemente a aquel hombre. pero no se atrevió y se marchó a su casa. pero notando el aire candido y atento de Fausto. supuso luego si trataría de provocarle. — — — . le volvió la espalda. Fausto quedó parado. por qué acompaña usted a esa señorita diariamente? ¿Cómo dice usted? Le pregunto porqué acompaña usted a esa señorita a diario. le saludó cortésmente. —¿Y me ve usted — .

la mos que exigen imperiosamente de insondables. perorar. de esos abislo dio la casualidad. que estaban todos heroicamente dispuestos a abandonar sus ideas revolucionarias al primer destino que se les presentase. Ninguno de estos jóvenes era capaz de nada arriesgado ni grande. se dedicó a melancolía y a la lectura. Con el matrimonio de la cómica se abrió en el corazón de Fausto un abismo. Todo su romanticismo era literario. pero fué tan benévolo. casando a la dama. con un traspunte. Era Werther dedicado a imitar a Saint-Just. sino de una manera exaltada y morbosa. en Valencia. Con este abismo en su la el calificativo interior. el sentimentalismo amoroso de Fausto se transformó en sentimentalismo político. discutir. Rene haciendo de descamisado. Estos jóvenes republicanos estaban de lleno dentro de ese liberalismo español puramente retórico . Fausto entonces se juró a sí mismo olvidar a la pérfida. Fausto comprendió que se debía al ideal y se hizo republicano. violentamente. pero no de un republicanismo tranquilo. que ni siquiera le lanzó una imprecación en verso ni dejó de creerla pura como la azucena. sin transición apenas. Su republicanismo le hizo amigo de algunos jóvenes de la Universidad. Hablar.46 PÍO BAROJA modo casualidad en forma de amor. aprendices de oradores.

o señor mío. Si hubiese dicho: amigo mío. un tipo. el antiguo asistente. Se aprendió de memoria el discurso de Enjolras en la barricada y lo reci^ taba a todos sus amigos. que a pesar de los esfuerzos del autor en hacerle grande. entonces ya se le antoja- completamente despreciable. Su furor republicano se lo comunicó a Mudarra. resulta un mamarracho. en una taberna. le hubiera parecido a Fausto una frase vulgar. A Fausto le entusiasmaba sólo lo grande. que andaba idiotizado. pero diciendo Ciudadano y República.LOS ÚLTIMOS RO>L\NTICOS 47 que no pudo hacer revoluciones más que adulando y comprando al ejército. mi — padre es ría el Estado». y entonces un estudiante le dice: Ciudadano. Mario. y luchaban ambos para demostrarse cuál de los dos era más rela frase una frase publicano. tenían en- . si el estudiante llega a decir: «Caballero. Algunas frases de la novela le daban escauna de ellas era la contestación que daba uno de los estudiantes al joven Mario. lofríos. va a una reunión de estudiantes en donde alguien lee unos versos en los que recuerda a su madre. Mario piensa en la suya. mi madre es la República. Como decía muy bien Mudarra. Cuando apareció Los Miserables Fausto leyó este libro y le produjo tal impresión. le bastaba a Fausto para conmoverse.

viendo a su hijo cada día más apartado de la escondida senda por la cual se llega a ocupar una alta posición social. señora muy hábil y muy diplomática a pesar de su bondad. acompañada de . Estaba expuesto a ser un alma solitaria. pero Fausto rechazó la coyunda. capaces de dormirse sobre un tomo de Los Miserables? Nada. el mundo. les gustaba hablar de los bailes de Palacio y de las joyas lucidas por las señoras. ni siquiera habían leído Picciola^ ni los folletines de Las Novedades. porque abrigaba la sospecha de no ser comprendido. cuando conoció en el puesto de libros del viejecillo zorro pasaba por allí una muchacha rubia. Ninguna de aquellas muchachas tenía opinión acerca de las novelas de Sué. La madre de Fausto. a vivir en este valle de lágrimas sin ser comprendido. Además. tan poco letradas. ^Qué iba a hacer él con cualquiera de aquellas mujeres. casi todas bastante feas. manifestaban un sentimiento monárquico y reaccionario inaguantable para Fausto. les preocupaba la sociedad. Llevaba Fausto camino de la soltería y sin probabilidad de alcanzar una mayor posición social. que durante algún tiempo se llamaban uno a otro ciu- dadano.48 PÍO BAROJA tre ellos el pugilato del republicanismo. Tanto pugilato había entre amo y criado. hijas de amigas suyas. que con frecuencia. intentó casarle con algunas señoritas.

y ésta se marchó en seguida a su casa. pero el condenado del librero decía que no. Cruzaron unas cuantas palabras Fausto y la hija del sombrerero. Conocer a la muchacha y a los pocos días hablarla se le figuraba demasiado audaz. — ¡Qué sé yo! — No sea usted tonto. pero. la fuga de Fausto fué imposible y se efectuó el conocimiento. Le presento a usted a ella. Fausto iba con más frecuencia al puesto de libros. . — ^'Cómo se lo le —iSi} la llama. y éste le indicó que era hija de un fabricante de sombreros de paja de la misma calle. es aficionada a Le conviene a usted. y compraba al librero folletines y novelas por entregas. Fausto preguntó al viejecillo volteriano por ella. conviene a usted. Yo le arreglo a usted la cosa. — chica. en las tres o cuatro ocasiones propicias que hubo para hacer una presentación. dejando al viejo cómicamente desolado.^ — Clementina. — ¡Ya creo! Además. Luego añadió: ^Por qué no se dedica usted a esa Es guapa y tiene dinero. que con las mujeres las decisiones prontas son las mejores. Fausto no se atrevía. En una de las veces.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 49 SU criada.^ lectura. se marchó. Es hi'a de un sombrerero de aquí cerca muy rico.

—¿Tan pronto? — hombre. —A decirle. Los encontraba poco espirituales. al correo. Lleno de vacilaciones. No sea —Pues no sé qué — . en Sí. y el mismo librero echó la carta en el buzón de un estanco de la calle. en donde hablaba del fuego de su pasión. se decidió a consultar al librero. Este leyó uno de los borradores e hizo una mueca de desdén.Quiere usted que escriba yo —Sí. hombre. pero ninguno le satisfizo. no dijo dQué le va usted a contar que usted no tiene dinero ni vo- — — — . luntad? usted primo.50 Pío BAROJA Al día siguiente. . chacar tonto. del temor de no ser correspondido. el librero le aconsejó a Fausto que le escribiera una carta a la muchacha. hierro en caliente. donde colaboraron desde Lord Byron hasta Alfonso Karr. — Que la copie usted en seguida y la man- de — Bueno. Eso ya lo verá ella cuando se case con usted. No. el seguida. Fausto copió el borrador. la carta? ver. El librero escribió rápidamente una carta. — Lo hago con una condición. Hay que maNo sea usted Fausto escribió una porción de borradores para la primera carta.

. Había hecho un disparate. le Cuando Fausto A . y comenzaron sus amores. Aquella carta era digna de un hortera.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICO! 51 vio volver sonriendo. la hija del sombrerero contestó a Fausto.iQué iba a decir la muchacha. se sintió avergonzado.^ los pocos días.

.

en el momento de llegar de de los macarrones. y traía por todo medio de vida el muchacho una gran codicia y despreocu- CLExMENTTNA. dueño de una casa de huéspedes de la calle de la Biblioteca. atrezzistas y demás gente relacionada con el Teatro Real. llamado Jenaro Menotti. era hija de ^"nn^fSBficante de sombreros de paja. era un muchacho sin escrúpulo alguno. egoísta. de nacionalidad italiana. desde Ñapóles. Para él no había ideas o la tierra . la pación. a la sazón muy rico. en compañía de un tío suyo. servil y ambicioso como pocos.IV Un íabrícante de sombreros de pa|a novia de Fausto. frecuentada por cantantes modestos. Venía recomendado a un paisano. Jenaro Menotti. corista. había llegado a los catorce años a Madrid. Este hombre.

una oficiala arrogante.54 Pío baroja hechos morales o inmorales. el tiempo. a la que no se le rendía por los halagos. se va siempre Jenaro estuvo de criado en la casa de huéspedes. se zafó de mala manera de la peinadora y se trasladó a una tienda de la calle del Carmen. lo malo lo que le Con una lejos. puso un taller de sombreros de paja en un piso alto de una callejuela. amenazaba con quitarle el jornal. Menotti. a quien le sacó los cuartos. la despachaba. Una de las seducidas. lo bueno era lo que le convenía y. y si aún no cedía así. perjudicaba. además de egoísta y avaro. tuvo una hija con oi sombrerero. Esta mujer. decidida y tenaz. lógica tan sencilla. que la . La industria naciente prosperó cada vez más. hacía de sultán. Como en su taller tenía muchas modistas. y el sombrerero se vio en la precisión de alquilar toda la planta baja de la casa y parte Andando del piso principal. el taller fué agrandándose y quedó de posesión única de Menotti. era vicioso hasta la medula de los huesos. al contrario. era una murciana. liquidó con su socio. fregando platos y sirviendo la mesa durante dos años. y con ellos y la ayuda de un obrero italiano inteligente en el oficio. luego se enredó con una peinadora vieja.

a no haberse muerto a los ocho años de entrar en la casa del sombrerero. la señora Tomasa. hinchada por una hidropesía. Acarició desde el principio una idea ambiciosa y. la murciana hizo que el napolitano reconociese a la niña. se mezclaba con las oñcialas y modistas y manifestaba una malicia y un descaro impropios de su edad. ella y su madre pasaron a instalarse a casa de Menotti. intentó apo- derarse de su voluntad y lo consiguió. y a consecuencia de sus costumbres relajadas se encontraba un tanto reblandecido. porque se veía viejo. distraído con sus placeres. El italiano no hacía ningún caso de ella. y Tué la señora Tomasa la que instó a Menotti para que metiese a la niña en un colegio. Del taller. en su egoísmo. correteaba por los almacenes y el taller. la hija del sombrerero. . Clementina.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 55 tenía el empaque altivo de la gente del Mediodía y el tipo de mora. Como todo hombre vicioso se hace moral a medida que envejece. y probablemente se hubiera casado con él y hubiera llegado a meterle en un puño. vivió hasta los doce años sin saber apenas leer ni escribir. Menotti. Menotti no quiso volver a llevar una mujer joven a su casa y encomendó la dirección de sus asuntos domésticos a la madre de su querida. en vez de quejarse y de importunar al patrón. sintió la muerte de su compañera.

los envidiosos. imperfección o deformidad moral se averigua en los demás tan pronto y imperfección o el vicio propios. era Clementina una muchacha esbelta. de inteligencia sutil. que su buen padre era un redomado egoísta. de inteligencia viva y de carácter amable. Ningún vicio. la gente de sentimientos mezquinos. los defectos de la misma clase se repelen como las corrientes eléctricas la tan bien como del mismo signo.5^ PÍO BAROJA Efectivamente. muy viva y¡ ' Al encontrarse padre e hija juntos. la zón y estuvo allí llevaron al Sagrado Corahasta los diez y seis años. pero graciosas. Cuando salió del colegio. Menotti. pero en el fondo era fuerte y enérgica. sin más preocupaciones que su interés. Parecía. Clementina advirtió. a primera vista^lnsinuante. se comprendieron y se juzgaron al momento. se conocen unos a otros en seguida. En Clementina se revelaban la tenacidad de su madre y la astucia y la marrullería del padre. los egoístas. su conveniencia y sus placeres. a los pocos días de volver Clementina del colegio. comprendió que no sería ella consuelo de su vejez. de facciones pronunciadas. capaz de forjar un proyecto cualquiera y de. con una clarividencia completa. el menor detalle. mañosa. manteel . la más insignificante manifestación les basta para establecer el diagnóstico.

ante la carta fogosa de amor. A los diez contar el y tardar algún tiempo en la cuenta. En la casa del sombrerero era conocido por todos el furor epistolar de la niña y su trasiego de novios. ante el hombre que la miraba. Tenía Clementina. novios de todas clases y matices. Clementina podía número de sus novios con los dedos . novios de entretiempo. novios ligeros. verdadero entusiasmo por llevar a alguno detrás para cambiar con él miradas. Sólo en un punto su inteligencia se obscurecía y su comprensión fracasaba: tratándose de amoríos. De cartas había escrito más que Madame Sevigné en toda su vida.LOS lÍLTIMOS ROMÁNTICOS 57 nerlo sin desmayo durante mucho tiempo. Las criadas andaban a cada paso con recados y cartas y solían discutir y hacer cabalas y apuestas sobre el tiempo que durarían estos o los otros amores. se olvidaba de todo y perdía los estribos. Menotti llamaba a esos jóvenes los tripulantes. novios de verano. cuando salía a paseo. que. contra viento y marea. Su instinto femenino y su coquetería le turbaban de tal modo. y ocho años. Había novios formales. En la calle casi siempre iba escoltada por uno o dos muchachos que la seguían hasta su casa y luego se plantaban en la acera de enfrente y quedaban allí paseándose de arriba a abajo.

y cuando se fué. Hablaron de noche. Después de bien enterada. y no sólo no tenía un cuarto aquel chulapo. viudo. marchó a su cuarto a llorar y a desahogar su ira. ella desde el balcón. Para no exponerse a otro chasco. y si . vivía con ella en su salón de peinados. él en la callp. Clementina. le dio las gracias. Detrás del chulo polizonte. se presentó Fausto Bengoa. soportó ofendida y rabiosa el tono protector de la peinadora. ella. un capitán de Caballería y un señorito chulo. le animó y allanó el camino de sus relaciones. además.58 PÍO BAROJA Los tuvo a veces a pares y en una ocasión tres a la vez: un señor currutaco. sino que estaba empleado en la policía secreta y a ella le había robado y vendido todas sus alhajas y su ropa. peinado para adelante. ya viejo. a pesar de su aplomo. y en su presencia dijo que aquel chulo con quien hablaba todas las noches Clementina desde el balcón era un canalla. lo que no le fué nada difícil. viendo a su novio tímido. cuando un día se presentó en casa del sombrerero una mujer de mantón. de sombrero cordobés y aire flamenco. quiso Clementina enterarse antes de la vida y familia de su nuevo pretendiente. ella era peinadora. Este iba siendo el más favorecido. no supo qué contestar a aquella mujer. Preguntó por la señorita. de aire bravio y decidido.

por no entenderle bien. una serie de patrañas ridiculas que contó Clementina. no dudaba de nada de cuanto ella le decía. Historias de nobleza de su familia. yo voy a) a montaña». ella le endilgó una porción de mentiras que Fausto fué depositando en su corazón con tanto entusiasmo como si fueran versículos de Los Miserables. invocó varias veces a San Gennaro con un tono muy lánguido y le despidió sin contestarle nada. actos de caridad reali- zados por su padre y por ella con sus mismos enemigos. le rogó que repitiera un par de veces sus palabras. frotó con bencicon las dijo: «Puesto que del sombrero de copa y se presentó padre de Clementina. lista y corrida como pocas. Tan grande candor y confianza entusiasmaron a la niña é instó varias veces al novio para que hablase a su padre. preparó una sonrisa amable y su traje nuevo. Llevaban los amores de Fausto y Clementina la traza de ser uno de tantos conatos de el ala el na ante . pronto conoció la clase de hombre que era su galán. además. fueron para Fausto artículos de fe. Daba crédito a todos sus embustes. El italiano le recibió en su despacho. le habló en chapurrado.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 59 él se manifestó leal y sumiso como una candida paloma. La niña. se acorazó máximas de los hombres fuertes y la montaña no viene a mí. Fausto se armó de todo su valor.

y alguien sospechó si estaría en la cueva. el Se preguntó por que no estaba . y el italiano se hizo pesado. Menotti quedó con medio lado paralizado y con la boca torcida. lo encontraron en el suelo desmayado. con los trajes claros. se le buscó por todos los cuartos y rincones. se llamó al médico. El viejo sátiro había descubierto que esta cueva. Una tarde de verano. Se acercaba la hora de tomar el tren y el italiano no parecía. y Clementina portero aseguró que no le había visto salir a la calle.6o PÍO BAROJA matrimonio de sombrerero. efectivamente. desde la obscuridad de la cueva. se les veía las pantorrillas y los muslos. dijo en su casa. tenía una reja en el techo que daba al portal por donde las modistas entraban en el taller. Clementina le atendía lo menos posible. al anochecer. y a los tres días. machacón y jaquecoso. varios comisionistas de la fábrica de sombreros estaban esperando órdenes del patrón para salir a viajar. Bajaron y. y en verano. enél allí. Se le subió al sombrerero a su casa sin sentido. Allí encima esperaban las muchachas a que se abriera el obrador. donde se guardaban cajones y cosas inservibles. cuando un accidente imprevisto arregló las cosas de la hija del otra manera. Vino después para él un largo período de enfermedad.

servirle de muleta. Al poco tiem. Le hacía ir y venir a su capricho. luego le llamó y le dio permiso para entrar en Gasa. se hizo la boda con gran suntuosidad y lujo.po de entrar el novio en casa. leerle periódicos. familia y carácter de Fausto. Al sombrerero le convenía que el marido de su hija no tuviese mucha independencia ni fuera hombre de empuje. su egoísmo le sugirió la idea de casar pronto a Clementina. sin notarlo él mismo quizá. y Fausto manifestaba estas cualidades negativas en un grado superlativo. fué un verdadero mártir. Era un novio ideal. Menotti se enteró por la señora Tomasa de las condiciones. Entonces el napolitano se pasaba los días enteros lamentándose. para que ella y el yerno pudieran estar frecuentemente a su lado. el paralítico se apoderó de su yerno y le tomó a su servicio. y Fausto. la señora Tomasa. y el italiano quedaba encomendado a los cuidados de la abuela. por alguno de estos influyentes personajes si quería curarle. Pasada la luna de miel.1 LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 6 contraba siempre pretexto para ausentarse. dirigiendo ruegos y promesas a la Madonna o a San Gennaro. escribir cartas o visitar a sus amigas. Viéndose solo y en manos ajenas. . para ir a charlar con Fausto.

Clementina.62 PÍO BAROJ4 Llegó a tenerle un gran cariño. sino que agarraba de las solapas al interlocutor y le miraba de cerca a los ojos. Andaluz de nacimiento. estupefaciente. el bigote blanco. En cambio. despedía a los criados. un cariño semejante al que se siente por un buen cocinero o por una robusta ama de cria. sino las explicaciones del médico de la casa. Don Fausto se constituyó en administrador de las cosas pequeñas. con una calva reluciente y puntiaguda. podía ponerse a hablar con el más charlatán del globo. Era mareante. además del de marido. el doctor de Diego. cobraba letras y facturas. no se contentaba sólo con charlar. Se instaló en el despacho de su padre. Este doctor era un vejete casi enano. un señor que ejercía los cargos de mayordomo y de enfermero. No sólo tenía que aguantar las chinchorreba la marcha del rías del sombrerero. Parecía el amo y era. se hizo pronto independiente. corto. rojizo. daba órdenes a los viajantes y lleva- almacén y del taller. en el fondo. daba dinero para la compra. y los anteojos de oro. pagaba a los oñciales y a los obreros. a quien el oñcio de enfermera agradaba poco. Conocía el doctor de Diego todas las martingalas de la práctica para contentar a la . uno de los hombres más pesados y más insoportables de la cofradía galénica. y desde allí lo manejaba todo.

el doctor de Diego buscaba otra cosa para darle. lo cual para la mayoría es signo de gran ciencia. Desconfiaba de lo nuevo. . como la moda de hoy no ayer. Además. el doctor poseía conocimientos acabados y profundos del arte culinario. cuya escala de conocimientos abarca desde las alturas de la psicología hasta las vulgaridades del fogón. pues en seguida. llamaba a la cocinera y le explicaba. Su mayor habilidad Un médico. es tampoco mejor que la de Practicón en su oficio. y cuando el ama de la casa no le comprendía. la leche o el caldo. sobre todo. lo que no es mejor ni peor que ir al día. e indicaba el verdadero modo de hacer el puré. el doctor de Diego pasaba por tal. en una pobre y miserable condición de doraesticidad. la sopita de ajo o el ponche. con todo detalle. Iba treinta o cuareata años atrasado en sus ideas. Soportando al enfermo y al médico. el tiempo que debía estar la cazuela o la cafetera en el fuego y otros extremos igualmente interesantes.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 63 gente. los caprichos del consistía en satisfacer enfermo y resolver sus incompatibilidades: que a éste no le gustaba el chocolate. sino igual. y. necesariamente debía ser un sabio. lo que era más importante para él. lo fuera o no. ganaba mucho dinero recetando agua de malvas y aceite de ricino. obtenía grandes éxitos y.

que estaba siempre al lado de Clementina. rubio. alguna que otra vez quiso dar un consejo referente a la marcha de la industria. . Durante una época. un hortera satisfecho de sí mismo. Don Fausto no dijo nada. y dijo que le iba a enseñar el papel a su mujer. le parecía bastante duro tener que cerrar la cuenta del sombrerero de una vez para siempre. hubo momentos en que don Fausto casi se sintió celoso. le vas a dar un disgusto. Clementina tuvo dos hijas. diciendo que su mujer le engañaba con el dependiente. sonrió coh una sonrisa verdaderamente digas nada a Clementina.64 PÍO BAROJA vivió don Fausto más de diez años. El más apesadumbrado fué el doctor de Diego. le —No cínica. había un dependiente joven. rompió la carta y se olvidó de lo que decía. pero le demostraron que no tenía idea de lo que era el negocio y que debía callarse. y el sombrerero llegó a agravarse hasta morir también. y dijo: Asunción y Pilar. En este tiempo. murió la madre de don Fausto. hecho a aquellas crecidas cuentas mensuales. No estaba enterado de nada de cuanto pasaba en la casa. Don Fausto consultó el caso con el suegro. El italiano miró a su yerno con curiosidad. con lo cual dejó tranquilos a todos los que le rodeaban. Un día don Fausto recibió un anónimo.

ya fuesen civiles. Cuando don Fausto se aburrió de derribos. de construcciones. a la parada de Palacio y a todas las fiestas callejeras. La libertad le pesaba a don Fausto de un modo horrible. lo cual no era obstáculo para que hablase a todas horas de los beneficios de el la libertad. pprte porque no encontraba ocupación adecuada y parte porque su energía era tan insignificante. de militares y de curas. Para distraerse un poco de estos beneficios. CUANDO tado ni siquiera para ser ministro en España. militares. hombre iba a ver cómo marchaban las construcciones en Madrid. que no le hubiera bassuegro.La libertad inútil don Fausto se encontró libre de su el hombre no supo en qué emplear su energía. religiosas o entreveradas. se .

y trabó nuevas amistades con él y lo llevó a su casa con frecuencia. Clementina. Mudarr? seguía siendo republicano y asistía a una tertulia del Café Universal. . En don Fausto. el antiguo asistente de su padre. naturalmente alegre y comunicativo. de portero en un ministerio.66 PÍO BAROJA dedicó a pasar horas y horas en el café leyen- do periódicos. manifestó pocas simpatías por aquel hombre. se figuraba a sí mismo un terrible revolucionario. empleado. y como todos los de la tertulia llevaban algún disfraz parecido sobre sus pieles de conejo. Buscó luego a su amigo Mudarra. incapaz de llevar la contra a su mujer. Don Fausto comenzó por escuchar religiosamente y terminó por perorar. desde hacía algunos años. se hizo querer por las hijas de don Fausto y al último ganó también la amistad de Clementina. El tiempo que calló hizo que se le considerase por los correligionarios como hombre reservado y fuerte. La adhesión que el antiguo asistente había guardado a su suegra durante toda su vida le molestaba como un insulto. y el buen señor. nadie protestaba. adonde llevó a don Fausto para presentarle a sus amigos. como en todo buen español. al principio. se decía enemigo de las cosas hechas a medias. Se disfrazaba de león. pero Mudarra.

antes tan sencillo en medio de sus chifladuras. que el hombre.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 6/ había el germen de un orador. Mirabeau. pero se hablaba. había algunos que. La Internacional y la aparición del Socialismo les amargaba la dicha. lo que un pedrusco es a la tierra laborable. poseedores del secreto en la política y en la vida siempre hay para los románticos un secreto sonreían burlonamente. Ciertamente que nadie sabía nada de todo esto. A medida que frecuentaba el café. un chasco — — . Krausse. habían saludado la República y la Democracia como la aurora de una vida nueva y se encontraban con que a sus pies germinaba una idea más radical que la suya. a la substancia con que se constituyen las ideas. La Revolución francesa. Danton. Era. Proudhon. Se figuraba que toda frase era una idea. se hizo de palabra engolada y altisonante. En el fondo. y entre españoles esto siempre es algo. sin comprender que ese conglomerado de palabras que forma una frase es. ciertamente. los buenos republicanos no estaban contentos. . En la tertulia del Universal se hacían derroches de oratoria. estaban siempre sobre el tapete. Ellos habían creído dar en el fondo de las ideas radicales. Este vicio español de la oratoria se le contagió de tal modo. desagradable. iba saturándose de elocuencia y comenzaba a hablar escuchándose.

del trabajo realizado de consuno. del yugo de la odiosa reacción. y casi se asombraba al ver que aquellas líneas en donde se hablaba del condigno castigo. consigue una entrada para una fiesta de invitación y se encuentra después que todo el mundo pasa sin billete. pudiesen salir de sus ios En manos. casa leía sus noticias y sus sueltos. Algunas veces. En la tertulia del Universal nació la idea de fundar un periódico y don Fausto aportó para la realización del proyecto algunas pesetas que tenía sisadas a su mujer. después de mucho empeño. como quien no da importancia a la cosa. en general. sólo suyos. desprecia al que esy respeta lo escrito con tinta de imprenta.ÓS PÍO BAROJA parecido al del hombre que. del espectro de la anarquía. establecida en un piso principal obscuro y sucio de la calle de Silva. La época del periódico fué una de las más felices de la vida de don Fausto. don Fausto sentía una íntima satisfacción. como a un santuario. Es una de las fórmulas más imbéciles del fetichismo en la civilización actual. iba a la redacción. y al entregar su trabajo al director y al ver que pasaba la mirada distraída por la cuartilla y la enviaba a la imprenta. don Fausto escribía una noticia. don Fauscribe . un suelto político. El burgués. AUí se discutía la orientación del periódico.

estaba con ellos forzosamente por no encontrar medio de evadirse. se distinguían dos compadres. y esto se le figuraba que le daba más lustre que si hubiera dicho: Ahora salgo de mi palacio o de conferenciar con el Santo Padre. lleno de entusiasmo. y todos los que le conocían aseguraban la autenticidad del hecho. sublevado el 22 de Junio. se había batido contra la tropa. Entre los que asistían frecuentemente a ella. Esto ocurría por la mañana. a los indiferentes. De él se contaba. tra los . Dantín.ros rLTiMos ROMÁNTICOS 69 to no era de éstos. les decía don Fausto: Ahora salgo de redacción. como una fiera. la A los amigos. pero valiente hasta la temeridad. en una barricada. si no demostraba su probidad política. por la tarde. formada por unos cuantos chanchulleros y por algunos desdichados muertos de hambre. prisionero de los sublevados. Dantín se lanzaba al frente de las tropas con- sublevados. Se llamaba Dantín. El uno era un andaluz charlatán y chanchullero. militares ambos y ambos expulsados del ejército. La redacción del periódico era por extremo pintoresca. denunciaba su valor temerario. Al asaltarla el ejército. Dantín se presentó al coronel de la fuerza diciéndole que. batiéndose con tal bravura y arrojo. una cosa que. para él era santo y el periodista un el papel impreso ser superior. que el coronel.

Era un hombre muy inteligente. que luego llevaba a que los firmasen abogados muertos de hambre. Dantín vendía el caballo y jugaba las pesetas que le le habían dado por él en una chirlata. pero desde allí siguió la marcha de sus asuntos y envió a sus amigos. serio. ¡Que me den el hacha del verdugo de Astrakán! No se sabe lo que hubiese hecho don Ro- — . Este hombre llevaba grandes bigotes y perilla a lo Napoleón III. afeitado. Uno de los negocios. ciudadanos.70 Pío BAROJA regaló su caballo. El otro militar era el reverso de Dantín. Dantín. con un gorro. vestido de presidiario. que le salió mal. aquí lo que hace falta es energía. Le llamaban don Román. una fotografía en la que. como recuerdo. es vigor juvenil. estaba tocando la guitarra en medio de un grupo de tipos patibularios. enredado con una mujer echadora de cartas. expulsado del ejército. El era el que había dicho en una reunión revolucionaria esta frase dantoniana: Aquí lo que hace falta. honrado. era una especialidad en chanchullos. pero cobarde como un conejo. Por la noche. vivía trabajando de procurador. de probidad. todo se enredaba o se desenredaba en sus manos a su capricho. le obligó a pasar una temporadita en presidio. Hacía escritos.

Don Román y Dantín sableablan a don Fausto. hasta que sus bigotes y su perilla crecieron lo bastante para presentarse de nuevo ante sus correligionarios como un héroe y como una víctima. ese día clásico en que hay que echarse a la calle. Don Román trató de convencerle va- . perder su empleo por vergiáenza y estar durante largo tiempo escondido. y el pobre don Román. tuvo que escapar de Madrid. se afeitó el bigote y la perilla y se escondió donde nadie pudiese verle. se metió en una peluquería.LOS i5ltimo5 rom/nticos 71 man con hacha del citado verdugo. pero cuando uno tiene la suerte de crear una frase tan definitiva. en el momento en que don Román se vio seriamente comprometido en un movimiento revolucionario. Se susurraba que su salida del ejército no había sido ni tan terrible ni tan el digna como él aseguraba. comenzó a pasar la vida temblando. don Román sintió la prudencia como una voz suave. Tenía don Román el semblante duro y el corazón blando. A creer a los murmuradores. asustado de su miedo y de su facha de cura. se echó a la calle. afeitado. e impulsado por ella. El movimiento revolucionario abortó. su nombre queda consolidado. con el corazón palpitante. como una voz amiga que hablaba en el fondo del alma. Un día. sin pensar si el peligro era tan grande como su imaginación lo pintaba.

al llegar al término de sus aspiraciones se encontraba sin poder ir más lejos. si la fortuna es pequeña. como no hay clase media que tenga prestigio. ensanchando el negocio. no se hallaba en el fondo de las interioridades de su familia y su mujer era para él un enigma. ahora. intenta en seguida sumarse a la aristocracia. Clementina no estaba contenta. y notó con gran asombro que Clementina no rechazaba el proyecto. sino que lo consideraba como una cosa que había que aclarar. En las ciudades españolas. habló a su mujer de esta propomedio en serio.72 Pío BAROJA veces de que debían ir los dos a París. no le es difícil la incorporación de su nombre al mundo brillante. medio en broma. Don Fausto quedó estupefacto. Si el advenedizo posee una gran fortuna. no se le acepfó'nj siquiera en esa clase subaristocrática de aspi- y . no comprendía el motivo de una transigencia así. Después de trabajar con verdadera ansia para aumentar su fdrtuna. La revolución se aproximaba. Esto es lo que le sucedió a Clementina. La causa era sencilla. para ver por qué registro salía ella. este ascenso en el escalafón social es más difícil. ver el pro y el contra sición Don Fausto estudiar detenidamente. cuando la gente se enriquece. rgciiaítada con desdén por la sociedad elegante. con el triunfo era seguro que pudiesen alcanzar los dos altos rías cargos.

etafísicas. la delicadeza. de aquí la envidia y el desprecio. 'En estas sociedades. la distinción. envidia del de abajo. que no es el fondo más que la vida de una raza berberisca. En la Castellana. al presentarse en coche con sus hijas. sentía el desprecio hasta el íondo del alma. En las sociedades aristocráticas hay cosas que no se pueden perdonar. y en la española sobre todo. la gracia. sentía las miradas impertinentes las señoras de la aristocracia. es insigniñcante en nuestra sociedad ante las categorías artificiosas del rango. conocían a Clementina del despacho de sombreros. todo lo que tiene verdadero valor natural. que es de las más incultas. La bondad.LOS ÚLTIMOS r. desprecio del de arriba. las únicas enérgicas de la vida de relación española. y una de ellas es el haber tenido talento. otras la examinaban con curiosidad y volvían la cabeza al pasar. Algunas llegaban a saludarla. la belleza. de una raza de y burlonas de las cuales ^ desierto. energía. Clementina. aunque lo disimulaba. las únicas pasiones fuertes son las pasiones de vanidad: la envidia y el desprecio.OMANTICOS 73 rantes en donde gimen las familias con instintos trepadores. los desdenes de la gente aristocrática eran trallazos que . constancia o suerte para conseguir una fortuna. Son estas dos tristes pasiones las únicas fuertes. formalistas y m.

tomó una carta de don Román para un correligionario. situación de la familia. Libres y con dinero. Clementina y sus hijas el marido no entraba en sus cálculos más que como una parte alícuota abandonarían Madrid durante algún ñempo y gozarían de la vida. quería hatal En blarle. se puso en camino. aunque el perder un ingreso seguro como el que daba la industria no le agradaba — — nunca-. más que por nada por miedo al ri- dículo de decir que se marchaba y no marcharse. consultó con su mujer y sus hijas. pensó en abandonar el almacén de sombreros de paja y traspasarlo a su dependiente principal. llegó la carta de Blanca de Montville.74 Pío BAROJA le cruzaban el rostro. y cuanto más notaba el desvío. la más ansia tenía de acercarse a los que desdeñaban. luego. Esta idea a ratos le seducía. Don Fausto anunció a varios amigos que se marchaba. transcurridos algu- Don Fausto nos días. a ratos le disgustaba. . Suplicaba a don Fausto que fuera a visitarla a París. En uno de esos momentos de ira. y las tres fueron de parecer que debía ir a París.

tan temido como deseado. tardó don Fausto en dormirse y oyó sobresaltado durante toda la noche pasos de gente en la escalera. meses. ^iQué iba a hacer en París? No lo sabía. allá estaba.VI El despertar en la calle de TArbalete TARDÓ don mirse. Fausto mucho tiempo en dor- en la que le reservaba París. que fuese un obstáculo para ponerse en camino. El aspecto de Blanca no era tan malo. anduvo dando vueltas y vueltas cama. Sin embargo. La verdad era que nunca había supuesto que se realizaría su viaje. pensando en las mil peripecias . años quizá. podía vivir mucho tiempo. siempre contaba con algún accidente imprevisto. Pensando alternativamente en estas y otras muchas cosas.

zambo. esperando la continuación de la escena. Un grupo de curiosos miraba al interior de un portal De pronto. encorvado. pinches con sus cestas y chiquillos de blusa.7<^ PÍO BAROTA y •y V ^ ^ ^y V \ Se despertó muy de mañana al oir un tumulto en la calle. un tipo de bruto. la golpeaba con un bastón nudoso. Abrió el balcón y se asomó a él. Hacía un hermoso día. un joven alto. presenciaban la escena con un regocijo encanallado. El otro intentó agredir al joven. de barba do- rada. desgreñada. viejas y chiquillos se alejó un poco. por viejas de cofia. y el público. andaba dando traspiés. se levantó y descorrió las cortinas. fuerte. a empujones de un hombre que la golpeaba de un modo brutal. la mujer salió del portal y . porteros con mandiles. el hombre. formado por los dueños de las tiendas de la calle. En esto. con la cara llena de arañazos y de sangre. mandó marchar a cada cual a su rincón. le dio tal empellón que le hizo dar violentamente contra con la muestra de una tienda. se acercó al furioso que golpeaba a la mujer y le separó de su víctima. Todo el grupo de porteros. aturdida o borracha. La mujer. tiznado como un carbonero. Luego el joven hizo que la mujer se metiera en un portal. sin esfuerzo alguno. todos abrieron paso y salió a la calle una mujer gruesa. y encarándose con el público. a medio vestir. y éste.

^ es. El espectáculo ocasionó a don Fausto una impresión desagradable. Don Fausto era bastante romántico para suponer que el triunfo en la lucha física entre dos hombres era un fenómeno más de convicción que de dinámica. defraudando con la marcha de los protagonistas la curiosidad del público. pero aquel abuso de su fuerza. en la casa de la catalana. No se había tomado el trabajo de comprobar cuál de los dos era el fuerte en su matrimonio. Respecto a la intervención del joven alto de la barba dorada. valiente y rudo. El creía en el sexo débil. que vivía amparado por la protección del hombre fuerte. medio derrengado con el golpe. como si nada hubiese sucedido. usted criada le hizo . el joven alto de la barba rubia siguió calle arriba. Pase ^El sí! Bulero. — ¡Ah. Recordando la escena un tanto molesta. — señor — No sé quien — Un español. se vistió don Fausto. no le gustaba. — preguntó a —y la la criada.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 'J'] se escapó. salió a la escalera y llamó en la puerta de enfrente. que le permitía echar como una pelota al agresor. se fué también. y el hombre zambo. si su mujer o él. se figuraba que la mujer era siempre un ser delicado. le había parecido oportuna.

. con el tono y el aire pensativo de un hombre — — — — ¡Oh! muchas — Siéntese usted. el fondo. con unos cuantos sillones raidos y unos periódicos atrasados encima de la mesa. Salgo en seEsperó don Fausto. Acompañó a don Fausto hasta un cuarto con pretensiones de sala de lectura. 78 PÍO BAROJA entrar por un corredor y le indicó una puerta en tro. la abrió. al poco rato. le invitó a sentarse.. — Espere usted un momento. se entreabrió la puerta y un hombre en calzoncillos apareció y dijo: Entre usted. ^Quién es? trae — — Un español que una carta para usted.e usted entre sus amigos. — — — que tiene que resolver un problema difícil — . se sentó luego él. (Y qué tal por Madrid? ^Cuándo viene la Revolución? Desgraciadamente. se colocó los quevedos y leyó con aire grave. de nariz aguileña.. Cierto. parece que eso tarda. y si en algo puedo serle útil. Hágame gracias. magro y cetrino. sentó un hombre bigote afilado.. se oyeron pisadas den- Llamó don Fausto. de guida. usted el favor. Pues cuéntem. ciertísimo dijo el señor Bulerc.. y. ¡Ah! ^'De modo que es usted el señor Bengoa y milita en el campo republicano? Sí. tengo esa honra. se prebajito. tomó la carta.

nadie tenía la abnegación de sacrificarse por la causa. Don Fausto le contempló un tanto azorado. era un tacaño. espero. Castelar un charlatán. El hombre tenía un aire grave y solemne y el cuello de la camisa bastante sucio. La gente de segunda fila valía menos aún: el que no un pillo. con su voz reposada y cavernosa. Sagasta un intrigante. Pí y Margall un sectario intratable. Conque usted cree que vendrá repitió — hacer algunas salvedades. — Hombre. Serrano otro. yo creo que —Usted cree que — replicó pausadamente sí Bulero. y cualquier majadero aspiraba a ser un personaje. que en el primer alto de — de nuevo.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 79 des- ^•Pero usted cree que vendrá? sí. y de afirmar con energía la honradez del partido levoluoionario y de sus hombres. menos. después de al — así io . El señor Bulero se sumergió en las honduras de su pensamiento. que parecía impregnado de vanidad y de grasa. así. Es mi parecer. Prim era un ambicioso sin ideales. se dedicó a injuriarlos individualmente. — preguntó pués. —Yo. para formarse una idea justa del alcance de estas palabras. todo el mundo quería figurar. — El señor Bulero. Don Fausto escuchaba con disgusto a este hombre sucio.

a unos pasos. espéreme . a un lado. sí. mire usted. vamos. Era un local estrecho como un corredor. y don Fausto y él salieron de casa. podemos ir a almorzar allá. Bulero hizo un gesto.. —Pues yo acompañaré a ver monumentos.. volvió al poco rato con un sombrero de copa alta y con unos puños postizos que se fué poniendo.. por aquí cerca. en cuarto de en— ¿Conoce usted París? —No. ¿'Vive usted cerca de aquí? el señor Bulero. pero si necesita alguna cosa. con el objeto de frente. Desapareció Bulero. Hombre. estaba la cocina. A la entrada. Si quiere usted. Pues. —Muchas tengo muy poco tiempo le despedirse. hay uno.. libre. el le los gracias. en la que se veían dos mujeres gor- — Bueno.. — — preguntó — En esta misma casa. Entonces no le digo a usted nada. —Entonces. Desearía que me indicara usted un restaurant barato. El restaurant se encontraba en la misma calle de l'Arbalete. verdad. en la esquina de la calle de Feuillantines. como quien oye una impertinencia.8o PÍO B A ROJA la conversación se levantó. la — — — usted un momento.

una vez le había enviado unos asesinos corsos para despacharle. impul- . contenía a Blanqui. a la vista de los platos sucios y de las fuentes con salsa. y la regla se cumplía sin excepción. un Hércules de unos cincuenta años. con los brazos al aire. No parecía sino que las habían puesto allí para que. se le quitara 1? gana de comer al más fuerte de estómago. se sentaban los parroquianos antiguos. Entraron don Fausto y Bulero. En el restaurant había columnas de madera y tres filas de mesas de pino. El Emperador le conocía. El era uno de los directores del movimiento revolucionario. sonriente.1 LOS ÚLTIMOS ROMÁ^'TICOS 8 das lavando platos. sin que valieran para quebrantarla ni las amistades ni las recomendaciones. para que no se lanzase a hacer algún disparate. permanecía de pie. en los que se marcaban sus bíceps de atleta de circo. En el fondo. en el mostrador. cerca del mostrador. la más grande. Bulero se dedicó a darse tono y a soltar baladronadas. y ni el Emperador ni nadie podía nada contra él. pero él sabía guardarse las espaldas. sin manteles. a medida de su antigüedad. Durante el almuerzo. Badinguet y la Española le tenían a el más miedo que a Mazzini. En la mesa última. era regla establecida por los abonados al comedor el ir avanzando desde la puerta hasta el fondo. Según dijo éste.

Al terminar el almuerzo. haríamos algo en el chefort. Hacía un día de espléndido. y le preguntó Bulero: lero. aun sabiendo el engaño. Víctor mundo. — aquí. si le parece a usted. le daba envidia la frescura y la audacia de aquel hombre al fingirse amigo y consejero de tanta personalidad ilustre.» a Buclaramente que todas sus historias eran un tejido de mentiras. Lo que podemos hacer. Tiene usted tiempo de sobra. hasta tomar por una calle transversal a la plaza del Odeón. pero.82 PÍO BAROJA sado por su fogosidad. sólo un señor me- . Yo tengo que estar en Vaugirard a eso de dos. Bajaron el boulevard Saint-Germain. Garibaldi y yo. es ir al café de Voltaire. Mayo de Entraron en el café de Voltaire. Estaba vacía. en la sala la derecha. aconsejaba al joven Gambetta y dictaba los artículos a Enrique Ro- Hugo le había escrito una vez desde el destierro: «Entre usted. Salieron — del restaurant. Le viene a usted de paso.^ la calle de las Es muy temprano aún. donde se reúnen algunos correligionarios. puestos de acuerdo. La idea de conocer a alguna persona notable encandiló a don Fausto y se plegó a los deseos de su antipático compañero. pagó don Fausto. veía Don Fausto escuchaba de mala gana —^'Tomamos café — No.

con un montón de revistas sobre la mesa. el café tenía carácter. con una dobladera de hueso. las cortini- blancas de las ventanas ocultaban el intea los transeúntes de una manera velada y discreta. no pasaba un alma. Bulero le dijo confidencialmente a don Fausto que este café había sido el verdadero cenáculo de la Bohemia. hallábanse adornadas con grandes espejos de luna. en aquella hora. Enfrente. sin estar raídos.uselina de un ventanal. abría y cortaba las hojas. los divanes. — — ^'De veras? jYa lo creo! la sala Don Fausto contempló con respeto. por la cual pasaba de tarde en tarde algún estudiante del brazo de una mujer o algún poeta melenudo. Por la otra ventana del café se veía la calle Voltaire. a través de los visillos de m. no tenían ese rojo brillante del terciopelo nuevo. como si fueran de un oratollas rior del café . intimo. febrilmente. Se oía de cuando en cuando el ruido de algún coche.LOS ÚLTIMOS RO>L\XTICOS S3 lenudo. se veía la plaza del Odeón. Las paredes. por la cual. tapizadas de blanco. Ciertamente. Se sentaron Bulero y don Fausto en un ángulo de la sala. algo pálida y borrosa. el grito de algún comprador de ropa vieja o las notas de un organillo. un carácter antiguo. de familia.

un rincón propio de poetas o de académicos. tenía tipo militar. y perilla. Mientras tomaban café Bulero y don Fausrio sacristía. unos cogían algún periódico y se enfrascaban en la lectura. dos debía sentir gran simpatía por Bulero. ostentaba una completa facha de dómine. un militar revolucionario amigo de Prim. interrumpiéndole a cada instante los Ninguno de . viejo. fuerte. te Uno de ellos. ^afectivamente. El más joven era Bardón. Bulero se levantó para saludarlos y les presentó a don Fausto. grueso. cuando se presentaron dos señores que.84 PÍO baro.bre era conocido y casi célebre en el barrio Latino. o de una caico elegante. la sala. Sí. conoció don Fausto que eran es- pañoles. porque se les vio molestados por el encuentro y le oyeron sin hacerle apenas caso. el otro se llamaba don Segundo Paz y su nom. otros pedían al mozo una caja para jugar a los dados o un tapetito para echar una partida de cartas. el otro. afeitado. ^Suele venir por aquí Bardón. de bigoflaco. no acababa de decir esto. El humo del tabaco llenaba to. por su empaque..a Era un café de aire ary y la chabacanería de las cosas nuevas. sin el brillo comenzaron a entrar parroquianos. ñoP-T-preguntó Bulero a un mozo. — — el espa- no tardará.

El hombre se acercó. Era un tipo notable. del.f* le dijo éste. Ya vendrá si es él agregó Bulero. adornada de manchas... El tartamudo no se dignó contestar. Llevaba una levita abrochada hasta el cuello. como si su charla les enfadase más que otra cosa. polainas amarillas y un sombrero de paja de grandes alas . desgarbado. al poco rato se abrió la puerta y apareció en el café un hombre flaco. cuando ya don Fausto se preparaba a levantarse y salir del café. estrechó la mano de don Segundo Paz y dio dos palmadas amistosas en el hombro de Bardón.. contestó — ¿Ya se ha quitado usted pluma del chambergo? — preguntó Bulero con desven. a través de las cortinillas. estuvo mirando el interior largo rato. con una capa española doblada y echada sobre el hombro. — — cam.. Ese es £i£ot— dijo don Segundo. Efectivamente. go. ha- — — — — — ciendo un gesto desdeñoso. el la le aire deñoso..... Parece que sí añadió Bardón.— LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 85 con observaciones acerca del tiempo. campo — Ven. seguido de un perro de lanas de color de chocolate. a la mesa donde estaba don Fausto. una cara apareció en el cristal de la ventana de la calle Voltaire y. con los brazos abiertos. recién venido tartamudeando. ^Pero de dónde sale usted. En esto.. llamó al mozo y le pidió una silla..

¿Un poco nada más? exclamó don Sela — — Habrá ido a Morny era. — es el único hombre a quien yo en- —^Y por qué? — Porque es usted un hombre — Moniy-y yo no tenemos grandes — contestó el feliz. pero rusa tartamudo. cortándole la palabra. si sí — —Yo no sé es — contestó —Usted el es princesa o no. . nomía un — aire entre Pues. Cada uno busca la vida como puede. lo que daba a su fisocómico y audaz. ^'Y dónde se ha marchado Morny? — pre- — — gundo riendo. <iPero sigue usted con las polainas y la capa en este tiempo? dijo don Segundo Paz con una voz de característica irritada. 86 PÍO BAROJA incliiiaJo hacia la oreja. Yo. necesi- dades tartamudo.— . la pipa y un poco de imaginación. estoy contento. con unos cuartos. a pesar de su torpeza en pronunciar. repitiendo una porción de veces cada sílaba gracias a eso estoy dando lecciones de español a una princesa rusa. cocina del café a ver si le dan algo. el perro. guntó Bardón. y siguió hablan- do. el tartamudo. ¡Este hombre siempre tan fantástico! — — mire usted — replicó — exclamó Bardón. como una devanadera. vidio dijo de pronto el militar.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

87

mí es poco lo que para otro quizá demasiado. fuera Llegó Morny con el hocico lleno de grasa y se arrimó a su amo. El tartamudo le dirigió un severo discurso. Don Fausto, a pesar de que le hubiera gustado quedarse, vio que se hacía tarde y era ya hora de ir a casa de Blanca. Se levantó, saludó a todos con el aire modesto, propio del que no está iniciado en las interioridades de la vida
parisiense, salió del café Voltaire, dio la vuelta
al

— Para

Odeón y

entró en la calle de Vaugirard.

VII

Los amigos de Blanca de Montvllle

AL
le

llegar al hotel

portero,

donde vivía Blanca, el que reconoció a don Fausto, se

— La señorita está mejor. —Vamos. Me alegro mucho.
Subió don Fausto, y
la

acercó y

le dijo:

criada vieja, la Plávis-

cida, le hizo pasar a la sala.

— Espere usted

un momento. Estamos

tiendo a la señorita. Don Fausto esperó. El salón donde se encontraba era un gran salón-biblioteca estilo Luis XV. Tenía el techo muy alto, con molduras de guirnaldas y amorcillos, ya resquebrajadas por la acción del tiempo. Se hallaba la estancia en aquel momento a media luz. En un testero, en una gran chimenea, ardía un alegre fuego de leña. Un olor vago de rosas se
sentía en el cuarto.

90

Pío

BAROJA

Don Fausto anduvo de

puntillas de

un lado

a otro, observándolo todo con curiosidad. Había en la sala unos cuantos sillones de pies rectos, con incrustaciones de cobre, que brillaban con el fulgor de las llamas del hogar; las paredes estaban ocultas por dos armarios bajos llenos de libros y encima se destacaba una serie de retratos obscuros. Entre los dos balcones se veía un secretaire de laca y sobre él un espejo claro y transparente, en donde se reflejaban los objetos y los cuadros a la luz mezclada de la claridad que venía por los intersticios de las cortinas y del resplandor del fuego. En el mármol de la chimenea, sobre un mantel de terciopelo blanco, brillaba un reloj Imperio entre dos figuritas de Saxe; en un rincón, un antiguo piano mostraba sus teclas desgastadas y amarillentas.

Estaba ya don Fausto cansado de esperar, cuando entró Blanca, apoyada en la Plácida; se acercó a la chimenea y se sentó en un
sillón.

— jPero qué valiente! —
dijo
la

le dijo

don Fausto,
frases

que tenía un gran repertorio de estas que se emplean con los enfermos.
dió:
las

vieja señorita, y aña— Ya ves — —Placida, descorre un poco cortinas.
la criada lo

entró en la sala, amortiguando los reflejos de las llamas del hogar.

Hizo

mandado y

la luz

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

QI

Ahora tráeme uno de esos biombos y ponió aquí, porque hay corriente de aire. Blanca se sentó en un sillón, con la cabeza reclinada en una almohada. A pesar de su enfermedad y de sus años, no dejaba de estar
ataviada con coquetería.

—;Has
—Sí.

escrito.í^

le

preguntó a Fausto en

seguida.

—¿Por qué no has venido esta mañana? — Es que no me he levantado temprano; además, he ido a vivir un poco de aquí. —Pues por este lado tenías buenos hoteles. — pero como no conozco ninguno y
lejos
Sí,

guardaba

las señas de la casa donde vive un conocido, he ido allá. ¿'No hablas francés? No. Es decir, hablo algo, pero muy poco. Pues tu madre lo hablaba muy bien. Mucho mejor que yo el castellano. ^Se le olvidó

— — —

al último?
Sí,

llano,

— casi por completo. —Yo todavía hablo regularmente caste^verdad? — No, hace usted muy bien. —Y cuidado que ha pasado tiempo. (Tú
el

lo

te

acuerdas de Madrid?

la

última vez que estuve en
lo

—¿No me he de acordar? ¡Ya creo! — Es verdad; hasta se me ñgura que queun poco enamorado de
mí.

daste

92

Pío BAROJA

— ¡Un poco nada más!
Se echó a reir alegremente Blanca y luego, señalando un cuadro, dijo: Ahí hay un retrato que me hicieron poco después de volver la primera vez de Madrid. Don Fausto se levantó para verlo y ex-

clamó: ¡Oh, qué cosa más bonita! Lo hizo Delaroche, Paul Delaroche.

una preciosidad. ¡Pero qué hermosa ha sido usted, Blanca! Ella se echó a reir. Entonces tenía treinta años. Ahora puedo decir, como en la leyenda de una caricatura de Gavarni, que de la belleza del diablo ya no me quedan más que las uñas. Eso no es verdad, Blanca... usted no tiene uñas. Era curioso lo que le pasaba a don Fausto; con ninguna mujer sabía ser galante, excepción hecha de Blanca; su antigua amistad, mezcla de cariño, de conñanza y respeto, le daba en su compañía un gran aplomo. Ella consideraba a su amigo como un hombre de mundo, y el ser estimado por tal hacía a don

— — — Es

Fausto tener soltura en su conversación. Don Fausto, después de contemplar el retrato y de pasar revista a las miniaturas, grabados y daguerreotipos de salón, echó una ojeada a los armarios, en donde se veían las obras, encuadernadas en tañlete, de Walter

aunque les digas que eres republicano.. Si no tuviera con quien hablar. que todos son legitimistas. ellos. — Pues estorbo. dígamelo usted. no son intransigentes. Además.. A las preguntas de don Fausto. todos somos legitimistas.. sería muy desgraciada. Alfredo Montville. no lo creerán. Dentro de aquel salón se compendiaba toda la vida. todos los recuerdos de la señorita de Scott. contando historias. si No. se ñgurarán que es una broma.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 93 de Vigny. Ya ves.. eso sí. le Pero. — Te presentaré a Te advierto. ¡Ca!. Jorge Sand y otros muchos escritores de la misma época. Lamartine. hoy van a venir a verme mis — — — amigos. siendo español y amigo mío. Blanca contestaba con largas explicaciones. <I — Ahora? —Sí. a veces conspiramos. ¿Por qué? — — — — — .. es decir. ¿Y tú sigues tan republicano como antes? Igual. Si son intransigentes sus amigos. me marcharé. al revés. enlazadas unas con otras. ¿no se cansa usted de hablar? preguntó don Fausto.. Chateaubriand. No. me encuentro mejor. ¿Pero platónicos? No lo creas.

94 Pío BAROJA con el poco francés que sé. Gastón Baucemont d'Havray. después tendió la mano a don Fausto con cierta tristeza. Entró el matrimonio. como si considerase el mal irremediable. cuando un criado viejo. — Por amigos. vestido con librea azul. Blanca les presen- — tó a don Fausto. — Pues yo no soy legitimista. Don Fausto se levantó. Siguieron charlando la señorita de Montville y don Fausto. porque es una buena persona.. no se lo digas a mis — nándose: El señor vizconde de Haracourt y señora. — Será —Es que lo — Porque para ellos un español no puede ser más que hidalgo. católico y legitimista. inclidifícil. La viz- . Don Fausto nada replicó.. Estuvo con los carlistas en la legión extranjera. Hecho esto. entró en el salón y dijo. El vizconde besó la mano de Blanca y la vizcondesa dio a su amiga dos ósculos sonoros en las mejillas. menos. se sentó delante de la chimenea y colocó sus pies en la barra dorada. como si le hubiesen arrancado una muela. esto es un antro de clericales. el vizconde de Haracourt hizo un gesto tan exagerado de dolor. al advertir que éste no sabía francés. te lo advierto para que no le digas nada ofensivo. Luego. hay uno que habla el español muy bien. pero. aunque no dejó de murmurar con cierto disgusto: Pues señor.

LOS ÚLTESIOS ROMÁNTICOS 95 condesa comenzó a hablar por los codos. el criado volvió a presentarse en la sala. muy amablemente. con un acento solemne. tez transparente y manos de mujer. En el acto de las presentaciones. lleno de sonoridades nasales: señores de Baucemont y de Baucemont d'Havray. mofletuda. con unas patillas rizadas hasta las orejas. El señor de Baucemont. sonriéndole amablemente. y. se dirigía a don Fausto. ostentaba una roseta roja en la levita y otra en el gabán. vestida de negro y con el pelo blanco como la nieve. tras de la consabida reverencia. calvo y con el pelo abierto en raya en la nuca y pegado y llevado con artificio hasta encima de las orejas. era un hombre de cabeza blanca como la nieve. Eran tío y sobrino y parecían de la misma edad. el señor de — Los . parecía una dama del tiempo de Luis XV. sonriente. el vizconde contemplaba el fuego y alguna que otra vez hacía alguna observación a su mujer. La vizcondesa. dijo. Don Fausto estaba algo violento. Charlaban las dos señoras. con una voz de flauta. a veces. Entraron estos señores. llamándola querida mía. Iba afeitado. pariente de la señorita Montville. Poco después. El vizconde de Haracourt era un señor de bigote blanco. gorda.

frunciendo el ceño. El señor de Baucemont era un hombre del antiguo régimen. y tuvo el sobrino que traducir la frase al castellano.96 PÍO BAROJA Baucemont dijo algo a don Fausto. El señor de Baucemont era especialista en el empleo de locuciones parasitarias. un tanto inclinado a la sátira. miraba con su lente cualquier cosa. Contó algunos episodios cómicos de la . sin ser mucho más joven que su tío. no se enteraba de nada. El sobrino Baucemont d'Havray. un paraguas. su charla era un mosaico de frases hechas y de giros populares ya olvidados. luego sonreía y seguía hablando. como de un país de héroes. como si le intrigase mucho lo que contemplaba. Llevaba algodones en los oídos y polvos de arroz en la cara. era un hombre a la moderna. en medio de la conversación. y. no le gustaba leer ni pensar. de barba blanca y ojos azules. De vez en cuando. escuchaba siempre sonriendo. y hablaba bien el castellano. con la sonrisa del que está en el secreto de todo. Le quedaba una idea muy romántica de España. Era un hombre alto. pero éste no lo entendió. un sombrero. probablemente. Parecía una buena persona. Le dijo a don Fausto que sentía un gran placer en hablar castellano cuando se le presentaba la ocasión. durante la guerra carlista. Había estado ocho años en España. de unos sesenta años. grueso. un cuadro.

— Será gente — No crea usted. al que sólo consideran bueno para los extranjeros. ¿Se ha fijado usted en el peinado del vizconde? le djio de pronto a don Fausto. — — Tengo datos. ^No le recuerda a usted el escudo de Toledo. —No. ^eh? cierto. Mire usted ahora.. que el bulevar se venga de todos nosotros no haciéndonos caso. Viven en faubourg ^'Cree usted.^ la hijos? rica. Ella ha sido muy brava y su marido —(Y tienendescuidaba demasiado.. y unas rentas exiguas para vivir. Está peinado a lo águila imperial. los advenedizos. — — — —No. Visitan a sus amistades y sienten un profundo desdén por el París bulevardier. los americanos y los negros. la vizcondesa en sus buenos tiempos adornaba la cabeza de su marido con algo semejante a esos dos mechones de su peinado a lo águila imperial. Tienen los Haracourt una casa de campo. Ahora.^ Es una obra maestra de peluquería.LOS ÚLTIMOS ROMÁN i ICOS ^ guerra y luego se dedicó a satirizar a sus conocidos. a sus dos o tres criados les llaman la servidumbre y a un cura . a la que llaman castillo. ¡Pse! el Saint-Germain a la antigua. — Es — Se dice que Sí.

sonriente. es un buen chico Baucemont d'Havray — — siguió diciendo . ¡Raza cansada! . verá usted que es afectado y que todo en su persona suena a falso. flaco. Su hija Susana se parecía a su madre. Si se fija usted en él. Baucemont explicó a don Fausto que Blanca protegía las pretensiones amorosas de Matías con respecto a Susana Demange. una señora gorda con su hija acompañada de un pollo. sin pelo de barba. Matías Surennes. ca y bonita. Con eso y con leer todos los días la Gaceta de Francia^ ya tienen bastante. sin ambición. pero a la chica no le entusiasmaba gran cosa el aire parado del joven —Y M itías. cuando se llega a acostumbrar a su afectación se nota que es un hombre excelente. madame Demange. con unos ojos azules muy Cándidos. muy fres- El joven que las acompañaba. era una mujercita redonda y sonrosada. mujer de un profesor de la Sorbona. pues.98 PÍO BAROJA que de vez en cuando les dice misa en su casa le dan el título de capellán. fueron entrando más personas en la sala. sin iniciativa de ninguna clase. Mientras estuvo hablando Baucemont d'Havray. La señora gruesa. tenía todo el aspecto de un galgo. ahora. era rubia. con los ojos claros. sin embargo. una naricilla respingona y un pecho que no le cabía en el corsé. alto. un cura y un joven elegante.

ninguno de los dos se saludó con simpatía. Después de saludar a todos. Su madre posee unas propiedades. Presentado a don Fausto. se sentó el cura y habló de política en un tono brusco. sino si la hicieron antes. que tenía un tipo de gitano. negro. Según dijo Baucemont d'Havray. Como los españoles. — No. había estado en la guerra carlista. el cura estaba muy bien relacionado en París. . con los dientes sucios y un aspecto brutal. pero son tres hermanos y les ha de tocar a poco. El cura. Seguramente era la primera vez que oía ese nombre. ya verá usted que no se preocupa nunca de si una cosa es buena o mala.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 99 Los únicos dogmas para este muchacho son el apellido y la costumbre. y apartándose del sitio en donde peroraba. necesita el — ¿Y tiene fortuna? — preguntó don Fausto. Si le oye usted hablar. de ademanes bruscos. que parecía agradar a los contertulios. se marchó a un extremo del salón. ella sonrió sin saber qué decir. era un cura aragonés pequeño. A don Fausto le era soberanamente antipática la charla y el accionado de este cura. Matías de Surennes preguntó en voz baja a Susana Demange si había leído a Alfredo de Musset. precedente. en donde estaba madama Demange con su hija y el pretendiente.

— — j — —No. ^'Y cree usted que no se hace más? preguntó don Fausto Cualquiera diría que aquí se conspira también.loo PÍO BAROJA Baucemont d'Havray se acercó de nuevo a don Fausto y le contó las pequeñas intrigas y rivalidades del salón. — De cuando en cuando. Todos amigos de la casa hemos escrito en esas páginas nuestra pequeña vaciedad.Ca! Si se conspira será labor de gente de faldas. Hay tomo de Lamartine en esta biblioteca que está regado por las lágrimas de tres generaciones de mujeres románticas. Se comentan los libros publicados hace cuarenta años como cosas recientes. hay pensamientos ^lQ\xé entusiasmo luminosos. Mire usted este mío: produce ver tantos nom- I . —Aquí se habla. -— ^'De mujeres? Y de curas. — Le obligarán a usted a poner algo. Conspirar! . Rió Baucemont alegremente y preguntó después a don Fausto: ^Ha visto usted el álbum de Blanca? — — — . se juega al whist y al bezigue. Baucemont cogió el álbum de un velador y leyó con cierta sorna las frases que habían estampado allá desde madama Stael hasta Luis los Veuillot.

siguiendo en su papel de cicerone es Ernesto de Erolles. . extraordinario. Mientras Baucemont se dedicaba a su charla satírica. después de saludarle. poniéndose su lente. Baucemont accedió sin esfuerzo alguno a reconocer la justicia de tales afirmaciones. Este joven dijo Baucemont d'Havray. y le miraba un tanto azorado. le preguntó si no encontraba más joven que antes de su enfermedad a Blanca. un muchacho excelente. y el joven. si no creía que Susana Demange estaba más bonita que nunca y si no hallaba completamente chic a la vizcondesa de Haracourt. y. ?. de su vida. notable. le dio un apretón de manos efusivo y se acercó al grupo en donde peroraba el cura. Todo le parece admirable. para todo tiene exclamaciones de entusiasmo. de haber nacido en París. ~^Eh? . se acercó a él un muchacho elegante. de llevar monóculo. del tipo de los demás. — — — —Entonces es un hembra feliz. de ser francés. de ir bien peinado. Baucemoní d^Ha- — Muy bien. que está satisfecho de sí mismo.No es shakespiriano? Don Fausto no comprendía bien cuándo hablaba este hombre en serio y cuándo en broma. de su tipo.— LOfi I^LTOIOS SOMXxTICOS TOT bres ilustres reunidos!» vray.

lo repite. ^es de veY cuando escucha la confirmación de lo que le han dicho. Se figura que todos son tan torpes como él. El tiempo que le dejan libre sus ocupaciones lo dedica a visitar a sus amigos. suponiendo. Al saber una notiras? ¿'Es cierto. que los que le oyen no se enteran a la primera vez. — — — — Y. Este chico está empleado en un ministerio y trabaja en su oficina con entusiasmo. Eso de tener que obedecer a un cualquiera. del todo feliz feliz. a un burgués muchas ve- . cuando cuenta algo. felicidad tie- ne un punto negro.. que son antiguos republicanos. Todo le coge de sorpresa. Es un muchacho amigo de hacer un favor a cualquiera y amable y servicial como pocos.102 Pío BAROJA ¡Ya lo creo! Vive de una manera ideal. además. para saborearla a su gusto. que al de más allá le engaña la mujer. no lo crea usted. a un Dubois. se ilumina su cia. a un Martín. que otro se ha ido de viaje. porque. en un continuo asombro y una continua alegría.^ — pregunta cariacontecido: Pero. es. Lo que le amarga la existencia es tener que estar a las órdenes de funcionarios bonapartistas. Es usted muy severo dijo don Fausto. cara. sin duda. Le tengo afecto a Brolles. No.. completamente no Su — No. Que uno se ha casado. se ríe como un loco a carcajadas y aun necesita que le cuenten la historia dos o tres veces más.

ofende su dignidad. Pero bueno dijo don Fausto. Blanca indicó que estaba fatigada. los amigos. ¡pero formas! No. no las tienen. sí. — — Pues parece que se — Lo que decía a usted. ^eh? — — — — — . intrigas de mujeres y de curas. porque él acepta que estos tuncionarios del Imperio tengan talento. En estos. y don Fausto se encaminó hacia su casa. . La Plácida le acompañó a su cuarto. al ver la confianza de Baucemont d'Havray esta tertulia tiene algo de política. Así llevan su causa. Pero eso es natural en un legitimista dijo don Fausto. Y a él se le figura que lo principal en el mundo es tener formas y luego antepasados. Cosas de ¡Ca! intriga. después de despedirse. Al anochecer. le faldas.— LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS IO3 ees sin formas. se fueron.

.

el amo. una voluntad directora. no encontraba pretexto ni motivo para marcharse. el ex- . Le asustaba el hablar francés. el deseo de dejar París cuanto antes. si le veían en Madrid sin haber hecho ni resuelto nada? ¿Qué diría Blanca? tristeza. El miedo al ridículo le retuvo. dos sentimientos contrarios luchaban en el alma de don Fausto: uno. por falta de aliento. Si se hubiera decidido a mudarse de casa. se hubiera encontrado mejor. el otro.VIH Bl comedor del Padre Manpit los días sucesivos. pero no se atrevía a intentarlo siquiera. el miedo al ridículo. por timidez. necesitaba el superior. sus amigos. con que no era bastante fuerte para vivir con independencia. Comenzaba don Fausto a comprender. ^Qué dirían EN I I I su familia.

pringosas. que destilaban pringue. el salir y buscar otro aloiamiento. sucias. próxima a un cuartel. a las puertas. Las* verdulerías exhalaban hedores de berzas podridas y mostraban sus géneros averiados sobre estantes de madera. Ciertamente. entonces era una calle infecta. sobre todo.I06 PÍO BAROJA con la patrona. el barrio donde vivía le comenzaba a inquietar. próxima a la suya. Aquella calle de Mouífetard. casas negras. le daba horror. y en las carnicerías hipofágicas. plicarse como adorno. no era nada tranquilizadora. Hoy la calle Mouffetard es una calle mala. vejigas y pieles de gato. tenía miedo de que le engañasen. una. de color sonrosado. Las triperías. libreas y uniformes. alternaban con las tiendas de los ropavejeros. a cuyo alrededor revoloteaban nubes de moscas. con tabernuchas y tiendas miserables. La constituían dos filas de casas. engalanadas con intestinos blancos inflados. Aquella calle de Mouífetard era para don Fausto un motivo de intranquilidad. parecía la callejuela de . y. Las bocacalles que desembocaban en ella eran aún peores y más estrechas. por otra parte. los interiores negros de las tiendas le daban horror. que desde la plaza de la Contrescarpe baj iban hasta la calle Lourcine. sucia y pobre. colgaban grandes muías despellejadas. en las cuales se amontonaban una porción de ropas usadas.

Según la costumbre de la casa. Según Fausto el blaba al sentirse solo en París. a veces suponía que su barrio era pobre. con este tratamiento.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 107 barrio judío de cualquier pueblo oriental. don Fausto fué avanzando poco a poco. A medida que pasaba el tiempo. Los chicos se perseguían a pedradas por las callejuelas el obcuras y desiertas. en otras se sentía tranquilo y todos sus temores quiméricos desaparecían por encanto. interiormente le halagaba. pero nada peligroso. adquiría confianza. mendigos y traperos que entraban en las ta- un bernas. le saludaba afectuosamente al verle entrar y le estrechaba la mano. el Hércules del mostrador. vagabundos. a veces tem- En el donde más se restaurant de la calle de TArbalete era soltaba. y sólo aquellas cosas aprendidas de viva voz y que estaba seguro de pronunciarlas bien las decía. y don Fausto. así veía don carácter de su barrio. En algunas ocasiones se alarmaba sin motivo y se preparaba a tomar el tren inmediatamente. el amo. Por esta calle de Mouffetard veía don Fausto con inquietud. hasta sentarse en las mesas del interior. tenía más vergüenza de decidirse a hablar francés. y este detalle. Al fondo del comedor solían acudir parro- . llamado o apodado el Padre Maupit. de tan poca importancia. estado de su ánimo. al anochecer. en un sitio de mala gente.

estas muchachas se mostraban golosas. Hablaban y reían guiñando los ojos.I08 PÍO BAPOJA quianos antiguos. Era la raza popular parisiense. En la mesa. en su mayoría. al vino y a los licores. una conmiseración profunda. aficionadas al dulce. Eran. boca fresca y bermeja y tez de una finura de nácar. glotonas. azul o negro. muchas mujeres y algunos hombres. niñas grandes y abultadas. haciendo que se dibujase el talle y el contorno del pecho. Vestían casi todas un delantal unas lo llevaban entallado. Abundaba entre ellas un tipo de mujer rubia y pómulos abultados. otras iban envueltas en él como en un camisón y parecían. hermosa. bien hecha. risueños. y al reír se apoyaban unas en largo. al ver que no hablaba francés. Estas mujeres eran trabajadoras de distintas fábricas cercanas. Se comprendía en ellas una naturaleza sensual. accionando mucho. claros. al andar. estas obreras. le . de cara cuadrada. fuertes. de pie grande. muchachas altas. quizá algo basta. A don Fausto le cedían el sitio muchas ve- saludaban amablemente y sentían por él. alguna vez se ces. brazos musculosos y manos huesudas. muy otras con abandono. de ojos azules o verdes. No eran estas niñotas tan buenas y tan afables como al principio parecían.

lanzándose injurias violentas. Las riñas solían ser frecuentes los días posteriores a las fiestas. y en la pizarra del Padre Maupit se acumulaban los gastos del galán y de la dama. otras. Muchas de aquellas obreras vivían en pleno amor libre. alguna de las muchachas más despreocupadas se presentaba en el comedor de la calle de l'Arbalete con algún obrero joven o con algún golfilio de la barrera de Italia. hablando con la garganta. en el restaurant se hacía un derroche de frases más o menos ingeniosas. y terminaba la pareja un día cualquiera. Mientras duraba la luna de miel. y mientras el entusiasmo amoroso iba en creciente. que no sabían lo que hacer. cuando no dándose a sí mismas manota- das furibundas en el trasero. A la mayoría no les duraba el amante más que meses o días. cambiaban de hombre como quien se muda de ropa. al notar la atención con que la miraban. se reía alegremente .LOS lÍLTIMOS ROMÁNTICOS IO9 trababan de palabras y había que oirías insultarse. y con el recuerdo del jolgorio quedaban casi siempre agravios que vengar. yendo a la alcaldía y casándose. la aludida. por el contrario. A veces. el gesto encanallado y despreciativo en el labio. en los cuales solían ir al campo varias amigas con sus novios o sus amantes. comía con su elegido. daban ejemplo de fidelidad viviendo siempre con el mismo hombre. haciéndose cortes de mangas.

ni mucho menos. los labios gruesos y rojos como cerezas. compañeras de tauna era rubia. el hombre quedó asombrado. como un viejo español del — tiempo del Cid. la otra morena. Don Fausto se creía un hombre sin preocupaciones. Había muchachas muy serias que. porque era como el estallido de la personalidad. Don Fausto no las entendía bien. que producían en los concurrentes una gran curiosidad. y allí resultaba un tipo arcaico y fósil. no chocaba más que lo feo. mientras él la oprimía por la cintura.I I o Pío BAROJA O pasaba el brazo por el cuello de su amigo. Había dos amigas. . asiduas parroquianas del establecimiento. Y estaba bien la frase. libertándose de prejuicios y de consideraciones ridiculas. se decían unas a otras: Virginia o Luisa ha hecho ya hum. tenían otra conducta. en aquel comedor obscuro y triste la moral se había sustituido por la estética. bravia. Las dos eran. aunque no se escandalizaban de las costumbres de sus compañeras. No eran todas tan libres. blanca. sin duda. con los ojos azules. Cuando alguna de las notadas por su sensatez y su recato se lanzaba a seguir el ejemplo de las demás. pero las veces que Bulero comió con él y le explicó lo que hablaban y decían. ller. En el restaurant del Padre Maupit nada escandalizaba. de aspecto muy decidido.

y mientras estaban sentadas. enseñándoles la lengua. en donde les esperaba una vida más fastuosa. por la originalidad del tocado y porque algunas de ellas fumaban. le daba con el codo y le agarraba de la mano. salían las dos del restaurant. entonces. La morena. veces. La rubia miraba a su amiga con cierto aire melancólico. la morena pasaba el brazo por la cintura de la rubia. agarrándose estrechamente del brazo de su amiga. luego. Eran la mayoría italianas. cuando no le daba besos sonoros. con cara de Madonna. y la morena le daba palmaditas en la mejilla como a un niño. al levantarse. y. Se señalaban por la bede sus facciones. comían juntas. que levantaban protestas irónicas de los parroquianos. dirigía a los hombres un gesto de desprecio. Se notaba que había entre las dos una amistad exigente y celosa. Muchas glaba el llo. la morena arrevestido a la rubia o le alisaba el cabe- También acudían pit lleza a la casa del Padre Mau- algunas modelos. llamándola mi corderito. . y pronto desfilaban hacia la otra orilla del Sena.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 I I Tenían las dos amigas una amistad estre- chísima.

.

sus libros y algunos otros efectos. . estuvo don Fausto pensando en marcharse a otra casa. Ya no le quedaba al buen señor pretexto alguno para la fuga. y esperó. sucediera lo que sucediera. Don Fausto marcharía hasta la frontera a reunirse con su hija y los dos volverían a París. no tenía más remedio que quedarse. pero no se decidió. Al cumplir el mes en la calle de l'Arbalete. se armonizaba demasiado con su timidez y le la Fausto DON Aceptaba recibió carta de su mujer. expresada en ese necio refrán «más vale malo conocido que bueno por conocer». Pidió a su casár~qu"e" té enviaran su ropa.IX Las tribulaciones de don Fausto proposición de Blanca con gusto. la tonta prudencia. una familia amiga iba a Biarritz en Junio y con ella enviaría a Asunción.

iba pasando allí los días. acudía a un café próximo al Museo de Cluny. en donde pasaba la tarde.114 Pío BAROJA Mal que bien. el Padre Maupit le conocía. y esto ya le tenía sujeto. al cual había conocido don Fausto en el café Voltaire. oyó dos tiros en la calle Lourcine. luego iba a almorzar a casa de Blanca. entre ellos Bulero y el tartamudo dé las botas de montar y de la capa española. al salir don Fausto a dar su cotidiano paseo. se iba decidiendo a decir algo en francés. Pipot le era muy simpático a don Fausto. Por las mañanas. donde solían reunirse algunos españoles. Una mañana. don Fausto paseaba. llamado García Pipot. viviendo los dos en la misma casa. Corrió a ver lo que sucedía y se encontró con un grupo de curiosos reunidos frente a un portal. parecía bastante adelanto para estar satisfecho. De pronto. abriéndose paso entre el tumulto. entraron con precipitación en la casa ante la cual se agolpaba la gente. Entre la multitud vio don Fausto al hombre . dos guardias y un hombre de sombrero de copa. después de comer. Si transigía con éste era porque. tenía don Fausto quién le acompañase de noche por aquellas calles desiertas que había de pasar para llegar a la de l'Arbalete. y de noche. tanto como desagradable le resultaba Bulero con su petulancia y su vanidad.

uno viejo. el otro un jovencito rubio.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS II5 de la barba rubia que había separado al agresor zambo y de la cara tiznada que pegaba a una mujer en la calle de l'Arbalete al día siguiente de su llegada a París. que desapareció en un momento. lo Estaban los guardias separando a los curiosos. Al día siguiente contó don Fausto lo sucedido a Blanca y a Baucemont d'Havray. con aire delicado y aristocrático. pero por la noche leyó un periódico y vio que se trataba de una sorpresa llevada a cabo por la policía en un antro de conspiradores instalado en un hotel de muy mala fama de la calle Lourcine. No se pudo enterar don Fausto de lo sucedido por las conversiones de la gente. cuando el jovencito se desasió con rapidez y corrió con tal velocidad. de unos veinte años. . Este hombre hablaba enérgicamente contra la policía sin que nadie se atreviese a discutir alto que decía. pero el joven desapareció. (A qué ha ido usted por allá?~le pregun- — tó — De paseo. El hombre de la barba rubia y otros varios fueron tras él por la calle de Lyonnais. Poco después salieron de la casa de la calle Lourcine los guardias y el señor del sombrero de copa agarrando a dos hombres. de barba larga y blanca. éste.

pasado usted por la calle Mouffetard? Sí. ya de noche. pero al volver al restaurant del Padre Maupit. al pasar por delante de la tapia negra del Val-de-Grace. ^'sabe les —Sí. (ña. quiso estudiar su cuarto. apenas comió y se fué a su casa. antes de meterse en la cama. en París lo que el de San Juan de Dios en Madrid. los Se habló luego de otras cosas y don Fausto casi olvidó el suceso de la calle Lourcine. ahí. que es más. los subterráneos. madrigueras donde se albergan Baucemont — Ese es un barrio — por ahí . moneda co- . pero. Adeahí está el hospital de Lourcine. malo — tahúres. Las puertas secretas. recordando en aquel momento las palabras de Baucemont. ^eh? A los que viven por usted como llaman? — ^'Cómo? — La tribu de Beni-Mouffetard. bandidos ^'De veras? todo eso tiene muy mala lama. . —También es buena. Se metió en su cuarto y se entretuvo en leer los folletines de un periódico hasta que se le acabó la bujía y se decidió a acostarse.No sería su casa una madriguera de las que hablaba Baucemont? Preocupado con este temor.'tí V it6 pío baroja V siguió diciendo todos son hoteles sospechosos. las trampas practicadas en el suelo. se acordó de lo hablado en casa de Blanca y se echó a temblar. — — y mala gente.

reUcionado con la patrona. El descubrimiento le sobrecogió. era sólida. Si olfateaban que el huésped tenía dinero. deduciendo. No le quedaba por registrar más que un colgador oculto por una cortina roja que se hallaba en un ángulo cerca del balcón. una noche rasgaba . La velase consumía entre sus dedos. el bandido misterioso. Pensó en lo dicho por Baucemont y.LOS lh.TIMOS ROiMÁKTICOi II7 mente en las novelas de Eugenio Sué y Ponson du Terrail. tanteó la pared del fondo y notó con espanto que no era tal pared. sin duda. y azorado. sino un biombo que cerraba seguramente alguna puerta. Estaba visto el juego. descorrió la cortina. vinieron a su imaginación y le hicieron estremecerse y al mismo tiempo sonreir. el En de su solidez. Cogió la bujía. el cómplice. vino a sacar en consecuencia que aquel cuarto debía ser una ratonera en la cual él hacia el triste papel de ratón. Luego se desnudó y se metió en la cama e intentó calmar su espíritu con algunas hábiles reflexiones. sin saber qué hacer. bría porque tenia la seguridad de que no haen su cuarto nada de esto. con intenciones aviesas. Don Fausto dio puñetazos en las paredes y quedó satisfecho puerta. condenada de este modo. Allí la patrona alber- gaba a sus huéspedes. examinó la cerradura de la suelo no se veía indicio de trampa ni de agujero. quedó un momento inmóvil de espanto en la obscuridad.

brillaban a largos trechos los faroles de gas. luego rechinó la puerta de la casa. Escuchó don Fausto con el oído atento y oyó a la par de la voz de la patrona otra de hombre. Se tranquilizó de nuevo don Fausto y volvió a acostarse. A eso de las dos de la noche oyó que ¡habrían la puerta de la calle y después sintió pasos en la escalera. de lanzarse al balcón y empezar a pedir socorro. pero distinguió en la conversación teni- da en voz baja la palabra español. abrió el balcón y se asomó a él. Se oyeron pasos de dos personas. humedecida por la lluvia. Se levantó en camisa. la patrona entraba con alguien. el menor ruido le alarmaba. No pudo dormir.Il8 PÍO B A ROJA biombo con una navaja o con unas tijeras. seguramente con su amante. Oir esto y sentir todo el cuerpo inundado en sudor. ^Gritaría ¡Socorro! ¡Socorro! o diría en fran . Esta explicación que don Fausto se dio a sí mismo le amilanó por completo. entraba en el cuarto con su puñal y su linterna sorda y despachaba el negocio en un moel mento. quizás el encargado de rasgar el biombo y despachar para el otro barrio a los huéspedes. fué uno. Con el alma en un hilo estuvo don Fausto incorporado en la cama esperando el momento de saltar. no pudo entender lo que decían. ronca. No se veía un alma en la calle.

se dedicó a estudiarla.LOS ULTmOS ROMÁNTICOS I IQ cés ¡Au secours! ¡Au secours!? No estaba decidido. se tendió de nuevo. se encontró con la patrona y le preguntó cómo se arreglaría para recoger el equipaje. le enviaba el talón del equipaje. en el vestíbulo. Al salir de su cuarto. Era una mujer gorda. Ella le dijo que fuera a la estación y que le diera el talón a un mozo y la llave del baúl. acercarse a él y murmurar como en los melodramas: ^Duerme? Aho- ra es el momento. apoyó el pie en una . con la liíerna sorda en una mano y el puñal en la otra. Temía que si lo decía en francés no le iba a dar a la frase bastante energía. Durante la conversación. Mientras hablaba la patrona. sólo a la mañana. el crujido de un mueble. le intranquilizaba. Viendo que pasaba el tiempo y no ocurría nada. Ya estaba viendo al bandido misterioso. apretada en un corsé azul que aparecía debajo del peinador blanco. cuando la luz del día entró en su alcoba. don Fausto. Al levantarse. Cualquier cosa. En este estado de sobresalto pasó toda la noche. el ruido de pasos en un cuarto de arriba. bostezó varias veces. distraídamente. pudo dormir. de unos cuarenta años. luego. vio que tenía carta de su mujer. pero no pudo dormir. Tenía trazas de cortesana a medio jubilar. que tenía sus pretensiones de psicólogo. para que pudiesen hacer el reconocimiento en la aduana.

ozos pasaban corriendo de un lado a otro. pero no lo encontró. anduvo por allá sin saber qué hacer. El mozo le dirigió a las oficinas. símbolo de pureza. un empleado. llegó al muelle indicado. de que su patrona merecía el tradicional ramo de azahar. Tomó por la calle Fer-a-MouUn. — — — — . se le figuraba que le iban a tomar por un bandolero. En la entrada de la estación le dijeron que silla aquella parte era sólo para los viajeros. No quería decir dónde vivía. después de tomar el papel y de confrontarlo en varios libros. Preguntando varias veces.120 PÍO BAROJA jeta y se remangó la liga. que la llevaba suen lo más alto del muslo. Aquí. la destinada a las mercancías estaba en el muelle de Austerlitz. hasta salir al bulevard del Hospital. Don Fausto hizo como que no había visto nada. luego por la de Poliveau. por este ligero detalle. don Fausto se decidió a parar a uno de ellos y le ensepó el talón. dijo que estoy en un hotel El caso es por unos días y pienso mudarme. con su plano en busca de la estación. le dijo que el baúl probablemente estaría detenido en la frontera. Salió luego don Fausto de casa. Dígame usted las señas de su casa. y quedó convencido. con la esperanza de encontrar el suyo por casualidad. Don Fausto se inmutó. Los m. entre montones de cajas y baúles.

Don Fausto se dirigió al centro de París.. y la elevación de una piedra en una casa en construcción o el funcionamiento de una grúa le interesaba lo bastante para estar mirando cómo se llevaba a cabo la maniobra durante más de una hora. toneladas de carbón. panzudas barricas. La animación del río y el movimiento de los muelles le distrajeron de sus desagradables preocupaciones.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 121 aquí. Tenía don Fausto el gusto algo infantil por los espectáculos de la calle. se veían gabarras cargadas hasta el tope. y al lado se veían pirámides de pedruscos y de grava. luego la giúa giraba como un brazo rígido y dejaba suavemente en el suelo grandes piedras. —Bueno. con los enormes pesos que sostenían.. Las grandes grúas negras de la orilla iban sacando el cok o los sacos de yeso del vientre de estas embarcaciones casi sumergidas. En los muelles se levantaban montones de sacos. cubiertos de telas blancas y verdes. atracadas a los muelles del Jardín de Plantas y del Mercado de Vinos. Pasado un puente. pues venga usted a menudo por — Salió don Fausto de estación y fué desla pacio por la orilla del Sena. deteniéndose a cada instante. . con un aspecto de tiendas de campaña. rechinaban las poleas y las cadenas.

amarradas una a otra. . con algún balde de agua. Siguió la tapia del Mercado de Vinos. con su tejado. sus chimeneas y su barandado de madera. El remolcador arrojaba nubes de humo espeso lleno de partículas carbonosas. La mañana era tan fresca. y un remolcador negro y rojo arrastraba con esfuerzo tres gabarras casi hundidas por el peso del carbón de piedra. pasaban los barcos de viajeros rasando la superficie del fío. cargadas hasta el tope. dejando una estela en la obscura y verdosa superficie del río. Desde aquí se veían las torres de Nuestra Señora y la flecha de la . pilas larguí- simas de leña. como casas flotantes. silbaba y aullaba. ' que don ^ Fausto estaba encantado. Adelantó don Fausto hasta la entrada del bulevard Saint-Germain. y dos o tres chiquillos.. rubios como el lino. que corrían suave- mente. siempre mirando al río. se veían gabarras anchas. fatigado por las tres pesadas barcas. tan pura. corrían y jugaban con algún perro. y sujetas a ellos.122 Pío BAROJA barricadas de toneles y de fardos. una muchachita sacaba una jaula y la colgaba de un clavo. Cerca de los malecones. Una draga echaba bocanadas de agua sucia por una de sus bordas. Salían por la cubierta de estas habitaciones acuáticas mujeres descalzas. ^ - ^••:^.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 123 Santa Capilla. en blado. . el cielo azul pálido algo nu- sol amarillo iluminaba los botareles de la catedral 3^ brillaba en la alta vidriera de una Un casa lejana.

.

antes o después de ir a la daba un paseo por el barrio de San Marcelo. en . don Fausto fué in- variablemente a la estación de Orleáns a preguntar por su equipaje. presentaban en las primeras horas del día un aspecto de calles Por estación. que ocupan el espacio comprendido entre el Panteón y el Jardín de Plantas. en donde almorzaba. provincianas. Al mediodía iba a casa de Blanca. Pensaba mudarse de casa inmediatamente que recogiera su equipaje. y por la noche al café del Museo de Cluny. mañana. inundadas de sol. ya había escogido el sitio donde la vivir: un hotel de la calle Vau- girard.El excéntrico de la calle Galande DURANTE una semana. Estaban silenciosas. Todas estas callejuelas tristes.

126 PÍO BAROJA empedrado. una calle de esas para un escritor no comprendido o para un sabio. y allí se sentaba en un banco y pasaba el tiempo mirando a los niños que jugaban en la arena. Hacia la plaza de la Contrescarpe. pensaba don Fausto. pero los que más le intrigaban eran los viejos. retirada. como la calle de Ulm. una calle de esas en las cuales se suele ver una casita baja con una lápida de mármol en Don Fausto allí Buffon. le seducían. sin grala el algunas crecía hierba en dación apenas. sus casitas bajas con emparrados. otras. casi siempre pasaba por la calle hubiera ido él a vivir. a cuyas puertas charlaban obreros desarrapados y mujeres astrosas. Era una calle humilde como él. los pájaros que piaban en los árboles del Jardín de Plantas. eran tristísimas y desiertas. la tristeza del barrio se transformaba en fealdad y miseria. el ilustre naturalista o el gran filólogo. De la estación de Orleáns solía entrar don Fausto en el Jardín de Plantas. sin pretensiones. el silencio de esta calle. esos . por las calles próximas a la plaza se comenzaban a ver tabernuchos y casas de comidas. que pasaba entre los jardines de un convento y los de un seminario. a los obreros sin trabajo y a alguno que otro vagabundo de mirada huraña y amenazadora. donde se lee que allí vivió y murió el célebre historiógrafo.

Imposible. Una noche. llegó a la de l'Arbalete. siense! Luego. como de costumbre. Como h ombre aj)rensivo y dej)oca energía. Llamó al conserje. se le ocurrió pensar que sus miedos eran de una ridiculez indigna de una persona sensata. ¡Cuántas conjeturas acerca de sus ideas y de sus costumbres no hizo don Fausto al ver aquellos viejos inválidos de la vida pari- viejos de París de cara surcada sentarse al sol. por una partía desde cerca del Panteón. pensionistas de las casas de huéspedes miserables del barrio. don Fausto experinientaba cambios bruscos en sus ideas. y sin pagarle. sintiéndose otro hombre.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 12/ y marchita. sin aguardar a Bulero. la menor cosa le animaba o le deprimía. el café. cuando se cansaba de estar sentado y de filosofar. sacó la llave del bolsillo e intentó abrir la puerta. salía al muelle y seguía a lo largo del Sena. encontrándose en el café del Museo de Cluny. Subió por calle bulevar Saint-Michel y. En- . le abrie- que ron. contemplando las orillas de la vieja ciudad y el reflejo de sus casas y de sus torres en las aguas obscuras del rio. de charla con Pipot el tartamudo. valientemente. que salian encorvados de algún portal de la calle de Lacepede e iban a inmóviles. y alegre. sin receles. y solo. se marchó a el casa. subió a su casa.

luego miró la cerradura. subió hasta la habitación e intentó tamV V bien abrir la puerta y no lo consiguió. forcejeó. Inmediatamente la idea del robo se le vino a la cabeza. Don Fausto le explicó como pudo lo que le pasaba. habiendo perdido en un momento toda la serenidad traída de fuera. Tiró de la campanilla de la casa. por si tenía algún impedimento. se puso una ^ ^«á* ^ falda y una toquilla y con un candelero en la V f mano. seguramente le habían robado. La mujer comprendió las ^ explicaciones de don Fausto. Es que no duerme aquí. El conserje supuso. a las tres o a las cuatro de la mañana. observó la llave. ^Y a qué hora vendrá la patrona? Esa viene muy tarde. ^Y la criada. llamó con más fuerza en el cristal. por qué no contesta?— pre\^ guntó don Fausto.138 PÍO BAROJA cendió una cerilla. Don Fausto quedó perplejo ante esta invitación silenciosa a tomar el portante. Apurado. bajó al portal y en una lucerna que daba al cuarto del conserje llamó con los nudillos. apuradísimo. nadie contestó. sin duda. y nada. dejaba todos los días el dinero en el armario de su cuarto. volvió a intentar abrir. y para demostrar que no eran éstos sus deseos. que algún vecino quería salir y abrió la puerta. Se encendió una luz y apareció la portera en camisa. — — — — .

aun sin casas seguidas a los lados. brillaba intermitente y mortecino un farol blanco roto. siniestro. La noche estaba negra. tiene. un tanto turbado y medroso. como un pasillo largo. fábricas y algún edificio de seis pisos que parecía una torre por su altura en medio de estas construcciones bajas. le Sí. Eran bulevares recientemente abiertos. cuando se encontró sorprendido y despistado en una plaza anchísima y desierta. Por aquí cerca hay algunos. en la calle Lourcine. almacenes. en donde se leía: «Hotel de Cahors».LOS iJlTIMOS ROMÁííTICOi 12^ —¿Con qué polaco? —El amante que — (Y qué hago yo? ¿Dónde espero? — Busque usted un hotel para pasar che. — será mejor. Creía que iba acercándose al bulevar SaintMichel. Echó a andar de prisa. con tapias negras. Don Fausto. y siguió adelante desorientado. sin saber por dónde marchaba. atemorizado. vallas de solares. El portal angosto. tomó por una de aquellas avenidas. cruzada por dos grandes avenidas. le espantó a don Fausto. la no- lo la Bajaron los dos las escaleras hasta el portal. por la que le pareció me- . cerca. — ^Pues a dónde va? — Habrá ido a Mabille con su polaco. mujer se metió en su cuarto y don Fausto salió a la calle. alguna luz roja iluminaba la puerta de cristales de un tabernucho.

miraba la luz con un aire misterioso y grave. luego. de un estante una palmatoria y llamó a gritos a un mozo que dormía a la larga tendido en un banco. escribía alumbrada por un quinqué de petróleo. Se oían a lo lejos ladridos de los perros. sentada a una mesa. pero pronto se arrepintió. . atraído por gran farol que brillaba en el primer piso de una tró casa. con alotra barraca de madera a los lados. colocado sobre unos papeles. Don Fausto se acercó a la vieja. Si- abandonada guió don Fausto estremecido. Era un hotel. pensando que en lugares semejantes ocurrían los crímenes. cumplida esta formalidad. Subieron una escalera El mozo don Fausto a que terminay al final ba en un pasillo. — Es un franco. la vieja se levantó. Un gato negro. recorrieron éste. Era una carretera guna que llena de polvo. tomó a la derecha. acarició al gato. Don Fausto lo dejó le dijo: encima de la mesa. ésta le preguntó su nombre y de dónde procedía. creyendo acercarse a sitio más poblado. entró don Fausto y se enconen un vestíbulo en donde una vieja con anteojos. grande. lo apuntó en un libro y. esperanzado.130 Pío BAROJA nos triste. se levantó e invitó a seguirle. tomó de un clavero una llave con un número. de ojos de oro.

le preguntó: — ^Cómo se llama esta — Calle de los Dos Molinos — contestó calle? el trapero. luego inspeccionó las sábanas. don Fausto se marchó en seguida. En un corredor del tercer piso estaba el cuarto que acababa de alquilar. Don Fausto al quedarse solo cerró la puerta. Al despertarse saltó de la cama y salió del hotel. Entró en su cuarto e inmediatamente fué a ver si le habían robado. pero completamente húmedas. el de la EstaMouffetard arriba llegó de a su casa. Preguntó en varios hoteles de la calle de Vaugirad y le enseñaron cuartos interiores que no le gustaron. El miedo. A un trapero. la ridiculez de haber pasado la noche asustado por nada. Se acostó vestido y las impresiones recibidas le hicieron dormir profundamente. La calle de día presentaba peor aspecto que de noche. entró un momento a ver a Blanla enferma aquel día se encontraba sin ganas de hablar. Con esta intención de casa. le decidieron definitivamente a mudarse. que revolvía en un montón de basura. la calle ción. y como . y por intacta. e iba por la Avenida del salió ca.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS I3I comenzaron a subir otra escalera. Allí estaba la cartera Salió don Fausto a un bulevar. Llamó y le abrieron en seguida. Estaban limpias.

el bigote ralo. Vestía traje negro. Pipot se explicó con la patrona de don Fausto y.132 PtO BAROJA ' Observatorio cuando se encontró con Pipot el tartamudo y le contó lo que le pasaba. Pipot era un hombre de unos cuarenta y cinco a cincuenta años. Ese Bulero es un bandido le dijo Pipot no me chocaría nada que se haya puesto de acuerdo con su patrona para robarle. melenas encrespadas. — — — . catalán y argot de París. pero el tartamudo le odiaba y le achacaba todos los daños imaginables. desgastado y lustroso. detrás del tartamudo iba su perro. la boca sumida y la nariz larga y arqueada. — — — — — ^Dónde vive usted? — Bastante cerca de aquí. pero tranquilo? terminó diciendo Pipot. aduciendo que éste del segundo mes no había pasado en la casa más que unos . ^Usted quiere vivir en un sitio pobre. ^Vamos? — El caso es que tendría que a mi casa a recoger algunas cosas. Nada tenía que ver Bulero en su casa. Tenía la mirada viva y penetrante. fl?xo y raro. — Las recogeremos. sí! ¡Ya lo creo! Entonces. y hablaba en su media lengua una mescolanza extraordinaria de castellano. ir Don Fausto y la calle Pipot se encaminaron hacia de l'Arbalete. ¡Hombre. véngase usted a mi casa.

Ella contestó de mala manera. entraron por una callejuela y se detuvieron enfrente del angosto portal de una casucha. La casa era alta. Allí vivía Pipot. y una vez uno y otra otro. . alternándose para llevar la maleta. seguidos del perro. un tipo de judío con unas barbuchas negras. ponía: «Entrada al hotel». la escena concluyó devolviendo la patrona veinte francos a Pipot y sacando una botella de vino. el amante de la señora. de la que bebieron todos. Salieron don Fausto y Pipot a la calle. En el hervor de la disputa se presentó el polaco. montaron en un coche y el perro subió con ellos. pidió a la la calle de Ulm. Estaban en la calle Galande. chillaron todos y. A un lado de la puerta. negra. en un bastidor pintado. él la insultó y se trabaron de palabras. llegaron a días. con gran estupefacción de don Fausto. leprosa. hizo retroceder a don Fausto. Esperaron un rato. con las ventanas abiertas hacia afuera y los cristales rotos. sin duda para demostrar que aquello era El portal un le hotel y una entrada. con una porción de huecos. Un farol blanco y torcido se destacaba en la pared y en uno de sus cristales se leía con letras negras: «Hotel déla Lorena». — Calle Galande — dijo Pipot. bajaron por la calle de Santa Genoveva hasta la plaza Maubert. Bordearon el Panteón.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 133 patrona que devolviera el importe de los días restantes.

se leía: FERMÍN GARCÍA PIPOT DE LA FACULTAD DE MEDICINA ÚNICO REPRESENTANTE DEL DIGESTIVO BLONDEL don Fausto a el — es cuarto Pipot. estaba substituido por una cuerda. al ver a Pipot.134 PI^ BAROJA Era un agujero continuado por una hendidura larga y tortuosa. —Y suyo. en la cual había una fuente. Un segundo corredor partía de este patio a otro más hondo y estrecho como un tubo. una vieja encorvada. ensanchada luego formando un patio cubierto por losas. pero daba la impresión al recorrerlo que se debía de andar sobre charcos e inmundicias. Del primer patio comenzaba una escalera obscurísima. —Muchas gracias. con los escalones resbaladizos. <íEste el de usted? — preguntó . en algunos sitios. Al final de la escalera había un corredor con puertas negruzcas y en una de ellas. con una taima raída en los hombros. La portera. salió con un manojo de llaves. se asomó a una ventana con rejas y. en un tarjetón clavado con cuatro tachuelas. húmeda. donde faltaba el pasamanos. No se veía el suelo en el pasillo.

enfilando la calle Fouarre. Por una ventana.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS I 35 — Ahora vamos a ver que destinan a usted. pero no fue así. le enseñaron una habitación grande. No. Don Fausto no quería porfiar y entregó un luis a la portera. una guitarra y en el sitio más visible un trofeo formado por un sable. señor replicó Pipot— se lo dejarán a usted por menos. un sofá viejo y un hornillo de barro. y don Fausto pasó al cuarto de Pipot. una cama de madera. En las paredes rias pipas. con un aguamanil. Está bien. una mesa. retratos. una bayoneta y una bandera roja. dos sillas. se veían las rígidas estatuas y las quimeras de Nuestra Señora. mi gente dijo Pipot. Bueno. — Don Fausto temía que mostraran un el le le escondrijo infecto. con el techo aguardillado y un tragaluz en él. vaun kepis. ¿Y cuánto cuesta este cuarto? preguntó don Fausto. La portera se fué a traer el recibo. blanqueada. Veinte francos contestó la portera. un espejo y varias perchas. Por todo mueblaje había una cama hecha con tablas. Era la habitación donde vivía el tartamudo un desván inhabitable. . — colgaban litografías iluminadas. jDemonio! Va usted a acostumbrar mal a — — — — — — — — — .

sin sombra de moderantismo: Rochefort. según dijo Pipot. luego indicó de quiénes eran los retratos que aparecían en su museo. a cual más finos. puede estar tranquilo. Blanqui. Delescluze. Después de las celebridades de su galería de retratos. casi con tanta pompa y majestad como Ruy Gómez de Silva. desencuadernados y con la cubierta manchada de sebo. consistente en un par de docenas de libros metidos en un cajón. cuando muestra sus antepasados a Carlos V. que el mejor día le iban a dar un disgusto a Badinguet. y otros muchos.. Luego explicó las excelencias del es- . y si ve que yo he puesto a un hombre en esa pared. Se veía que estaba satisfecho de su casa y de lo que él llamaba su pequeüfiLiü-Useo. eran recuerdos de la Revolución del 48. en el drama de Víctor Hugo.. la mayoría — — — .136 PÍO BAROJA Todas estas cosas. que no tendría más remedio que largarse con la Española a otra parte. Raspail. Explicó con grandes detalles la historia del fusil. sin duda. Pipot tenía la costumbre de matar la vela poniendo el libro de ellos encima. don Fermín García Pipot mostró su biblioteca. El tartamudo invitó a sentarse a don Fausto. Todos los que aparecían allí eran revolucionarios de la pura cepa. de la bayoneta y de la bandera roja. Si alguna vez el pueblo quiere saber quiéno tiene más nes son los puros dijo Pipot que venir aquí.

El perro avanzó en el cuarto. — Debe ser no sabe usted bien. ya sabe nuestro contrato. lanzó una mirada inteligentísima por entre las lanas amarillentas de su cara y puso su hocico húmedo en la mano de don Fausto. ^Y cuál de los nombres entiende él? Los dos.LOS lÍLTTMOS ROMÁNTICOS 137 que vendía en las farmacias y concluyó contando la historia de sus pipas. — — — . Viene a ver si puede hacer amistades con No le haga usted caso. hubiera ido lejos. este perro. si no has comido. — Se pierde de — ^Y cómo se llama? — En llamo Morny^ por molestar listo vista. este perro. en casa le digo sencillamente Capitán. que te conste. pero yo creo que prefiere que le llame Morny. Conmigo no ha aprendido más que a reir. ^iHa- brás comido ya. si hubiese tenido educación artística. por vanidad. aquí no encuentras nada. la comida es cosa suya.^ Pues mira. Aquí donde le ve usted tan feo. que se las arregle como pueda. Durante la explicación se abrió la puerta y apareció en ella Morny^ el perro de aguas. lo la calle le a los bonapartistas. yo le doy casa y luz. ahora. que entró despacio y con cierta gravedad en el cuarto. — Ah. — — . ahora. usted dijo Pipot Yo no me cuido de él. ^ya estás aquí? — le dijo Pipot — . historia pecífico larga y complicadísima.

Ahora hay que metió lúe- hacer el fuego. efectivamente. ^Y esto quién lo va a traer? preguntó — — — — — — — don Fausto. El hace lo que quiere y yo también. Pipot echó carbón en el hornillo. dijo Pipot — . Capitán! El perro frunció la nariz y movió la cabeza. se acercó a una estera que había cerca de la cama y se tendió —^A — reir? en —Yo. Pipot escribió unas letras en un papel. ^Con un franco vamos a cenar? Con un franco de usted y otro mío hay de sobra. Somos buenos amigos. lo puso en un plato y encima las dos monedas. jRíete. Bueno. Aporte usted un franco. charlando de mil cosas. salió ?1 corredor. por medio de una cuerda. qué quiere usted — ella. se estuviera riendo. A don Fausto y a Pipot. Creo que sin autonomía no es posible la vida.I3S PÍO BAROJA Sí. — La chica — de la portera. se les hizo de noche. ten- go to cierta debilidad por los perros. lo bajó rápidamente. ^Quiere usted que cenemos aquí? preguntó Pipot. mirando a su amo. como si. . pero respesu independencia. colocó el plato en un cesti11o y. luego.

al cabo de un rato ya la cena. y después estuvo soplando hasta encender el fuego. subió el cestito y sacó el plato con cuatro huevos. Lo llevó todo a Pipot. que dice así: «Limitarse es hacerse f^liz». hierva. los carbones el que llenó — — — — — — . Don Fausto se marchó a su cuarto. arreglaron la mesa y co- mieron alegremente. que examinó la carne como inteligente. Fué don Fausto al extremo del corredor. por la mañana siguiente. Suba usted la cesta le dijo a don Fausa ver si han traído to. dos trozos de carne. pensando que su amigo era un hombre admirable. Hubieran estado charlando hasta tardCj si Pipot no pretextara el tener que acostarse temprano. para.LOS ÚLTIMOS ROM/NTICOS I 39 un trapo untado con cuarto de mal olor. Hecha la comida. correr la plaza con su específico. . ahora llene usted ese Es fresca dijo bote de agua y cuide usted de él hasta que go entre petróleo. yo me encargo de la carne. dos panecillos y un trozo de manteca. La verdad es que Pipot parecía seguir al pie de la letra el consejo de un gran filósofo alemán.

.

no era el barrio de Saint-Séverin lo que es ahora. que ocupaban el espacio comprendido entre el Petit Pont y el Pont-au-Double. En este tiempo. eran dos edificios paralelos. que arrojaban sus inmundicias en el río de aguas verdosas inmóviles y siniestras. con galerías subterráneas y bocas de vertederos negros.XI El barrio de Saint-Séverin y la plaza Maubert EK la época en que don Fausto fué a vivir con Pipot a l^calle Galande. Subsistía aún el Hotel-Dieu. que se remonta a unos cua- . el hospital más viejo del mundo y uno de los edificios más sombríos de París. Al lado del hospital y cerca del puente de San Miguel estaba la Morgue. lóbregos. Tenía este hospital dos cuerpos a ambos lados del Sena. largos y estrechos.

era siniestro. entre la nueva vía y los muelles de Saint-Michel y de Montebello. Trois-Portes y la de Lavandiéres. que conducían al muelle de Montebello. pero. el Palacio de Justicia y la Morgue: la Iglesia. a pesar de las demoliciones consecutivas al bulevar. . bohemia y maleante. constituida por callejuelas estrechas. La plaza Maubert era el centro de esta barriada miserable. La prolongación del bulevar Saint. de rincones sos- pechosos. de callejuelas estrechas. A ella afluían las calles de Maitre Albert. tenía enfrente. de los iluminadores y de la gente de la Universidad de la vieja ciudad de París. punto en donde acaban ahora las manifestaciones radicales. pobladas por genovillo pobre.142 Pío BAROJA renta años. El barrio. y dentro de su perímetro actual había una manzana de casas viejas que formaba la calle de Lavandiéres. además de pobre. la Catedral. en la isla. Grands-Degres y Haut-Pavé. Tampoco existía entonces la estatua de Etienne Dolet. llenas de tabernas. te quedaba aún un típicas. tres venerables harpías sedientas de sangre. de asilos de bandidos y malhechores de todas clases. era la plaza Maubert más pequeña que ahora.Germain había abierto una gran brecha en este antiguo barrio de los escribas. la Justicia y la Muerte. casi siempre a garrotazos. la de la Bucherie. ruidosas.

como la de una vieja ciudad flamenca. Era todo el barrio ilustre por demás y a la cabeza de él estaba la plaza Maubert. hoy de Dante. a falta de otra nombradía.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 43 estas calles. En esta antigua plaza. la calle del Chat-qui-Perche. próximas a Saint-Séverin a San Julián el Pobre. y con el transcurso del tiempo. negra. en el Cháteau-Rouge. como en las demás callejuelas . la calle de San Julián el Pobre tenía la iglesia románica del mismo nombre. tenían su historia: la corta calle de Boutebrie había sido de los iluminadores. que destilaba alcohol y clientes para la guillotina. vivió la duquesa de Baufor. en la calle Fouarre. en la calle Galande. la bella Gabriela d'Estrees. húmeda. procedente de una enseña. conocida modernamente por las orgías revolucionarias celebradas en ella. habitó el autor de La Divina Comedia. que formaba como un pólipo dentro de París. la más importante animada era la de Saint-Jacques. el nido de amor de la dama de Enrique IV se había transformado en una guarida de criminales y de borrachos. la calle de la Parcheminerie. De y y Todas las callejuelas del obscuro y lóbrego barrio. notable por sus vidrieras y por los ex votos del altar de Nuestra Señora de los Siete Dolores. ostentaba la extravagancia de su título. que era la capilla del viejo Hotel-Dieu. de los escribas. La calle de Saint-Séverin tenía la iglesia gótica.

Allí los critales. sucios y polvorientos. sostenidas por pies derechos. el aire por y la lluvia. parecida al rastro de algunos moluscos. derrengadas. una entrada de caverna. prenderías. mal oliente. Había por todas partes una porción de patios y tiendas en donde se alquilaban carritos de mano. constantemente llenos de vagabundos. unos vagabundos más desastrados y miserables que los de parte alguna. negras. y colgaban en las ventanas harapos puestos a secar. torcidos. Había casa en el barrio donde vivían más de doscientas familias. en los cuales se ahogaban los hombres en una atmósfera nauseabunda. colmenas de tugurios estrechos.aban estas callejuelas eran viejisimas.144 PÍO BAROJA adyacentes. los tejados los balcones atestados En casi todas aquellas casas antiguas se veía desde el portal un corredor larguísimo. abundaban las tabernas y los chamizos. negro. estrechísimo. a cuya puerta se amontonaban enseres de menaje. sin luz ni aire. con las losas del suelo siempre mojadas y cubiertas por una baba brillante. con las paredes de piedra corroídas puntiagudos enseñas mugriende y tas. de faroles viejos. Las casas que form. de los hoteles baratos y de los refugios de noche. . las persianas estaban rotas y torcidas. tiendas de hierro viejo y de ropas usadas. y al final un patizuelo sombrío. reforzadas con grapas de hierro. tenían tiras de papel.

en el fondo. El futuro rival de Dupuytren se codeaba con el futuro émulo de Lacenaire. con fuertes barbazas. cargadores fornidos. pordioseros de cara inyectada y rojiza. no era raro ver una mujer hombruna. y en estas casas un arroyo de jabón o de agua de colores corría por el pasillo a desaguarse en el sumidero del patio. que fumaba como un hombre y hablaba como un presidiario. de aire todavía virgi- nal. Había hoteles y garitos en donde los obréros y los estudiantones de grandes m^elenas se mezclaban con los perdidos más abyectos. había en la calle de la Parcheminerie un hotel de la Literatura. en compañía de una ' 10 . Además. poco dinero dormían los bohemios que en vez de trabajar aguardaban. la conversación científica con el proyecto del crimen. donde se lavaban los vecinos. La poesía rrio tenía también su lugar en el bade Saint-Séverin. en donde poi. en algunos. se protegía a los poetas. resoplaba la máquina de un lavadero o de una tintorería. cuando no salía a la calle por encima de la acera. En las tenebrosas tabernuchas y casas de comidas del barrio. En casi todas las taber- nas se recitaban versos. y al lado de la muchacha bonita.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS I^^y En muchos de los angostos patios solía haber una fuente. veíanse mendigos con gabanes rotos y remendados. algunos ladrones y al• gunos diletantis del asesinato.

Había también algunas industrias sabias: talleres de iluminación. carnes que comenzaban a corromperse. La policía contaba en este barrio con muchos espías. que sonase para ellos la hora de la gloria. El comercio del barrio lo constituía el sin fin de tabernas. En las tiendas desalquiladas y en los solares se organizaban bailes. fábricas de microscopios y de planchas de cobre. de los mercados centrales. El comercio ambulante del barrio se establecía en algunos puntos fijos. por debajo de cuerda. de hoteles y de restaurants baratos que había por todas partes. pero en donde la actividad comercial se desarrollaba con mayor fuerza era en los muelles de Montebello y de y . A casi todos estos restaurants y casas de comidas del barrio de Saint-Séverin llevaban clandestinamente. en algunas otras callejuelas solían establecerse los traperos. funcionarios del Imperio. en donde las pequeñas Maub lucían la gallardía de su cuerpo la agilidad de sus piernas en los más desenfrenados can-cans.146 PÍO BAROJA copa de ajenjo. en medio de la plaza Maubert solía venderse hierro viejo y colillas. por la madrugada. pescados pasados. casi todos los taberneros eran. caza podrida y otra porción de desechos. que allí los adobaban para utilizarlos de nuevo.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 47 Saint-Michel. se agrupaban las gabarras. En las ventanas . en el muelle del Arzobispado se veían pescadores de caña. Al lado de un trapero se establecía un negociante en colecciones entomológicas. hasta los cuales se prolongaba esa línea de cajones de baratillero colocados sobre el pretil del Sena. para los bibliófilos y anticuarios. inmóviles. Allí la ciencia se codeaba familiarmente con la literatura y hasta con la sastrería. que constituye uno de mayores encantos de París. aquí el comercio era más complicado y pintoresco. estrecho y encajonado. sentados en los bordes de los malecones. y cerca de un vendedor de pájaros. el viejo microscopio no se ruborizaba al verse al lado del insulso tomo de poesías o del rameado chaleco de otra época. andaban allí revueltos los libros con los unifor- mes. un óptico. En el río. algunos vagabundos lavaban su ropa desde las escaleras. las espadas y los devocionarios. que corría negro entre paredes lisas. estos dos muelles del barrio de SaintSéverin. los retratos de reyes con las canciones de caféconcierto. un numismático o un mineralogista. numismáticos y filatelos listas. los cajones ofrecían al comprador En más sorpresas que en los otros. algunos chicos se zambullían en el agua y otros lavaban perros. en el brazo del Sena del lado izquierdo de la Cité.

a impulsos del viento. En el fondo del río encajonado. los faroles rojos y blancos de los hoteles y de los refugios brillaban en la obscuridad. se adivinaban corredores obscu- Desde los portales. galerías laberínticas. iluminando una fachada negra. no se oía una risa. obscuro. alguna luz de un farol temblaba en la obscuridad. se veían hombres de mal aspecto sentados a una mesa. De noche.. a través de las vidrieras empañadas de los tabernuchos. que parecía espeso. de cuando en cuando. comiendo algo que llevaban envuelto en un papel. de un quinqué de petróleo. abandonados. voces broncas. ni una voz amiga. irritadas. entrecruzadas.. con el suelo húmedo y resbaladizo. en el puerto de la Tournelle una porción de mujeres hacían colchones y vareaban la lana. en cuyo marco se veía la silueta de un zapatero. teniendo el vaso de vino delante. ni un canto. Gentes encorvadas de aire miserable andaban por el interior de ese pólipo de callejuelas sin hacer ruido. siniestras. las callejuelas negras del barrio estaban más animadas que de día. brillaba el ventanillo de los muelles En . a la luz ros y estrechos. ni una carcajada. Eln el fondo de algún patio brillaba el rectángulo de luz de una ventana iluminada..148 PÍO BAROJA del Hotel -Dieu aparecían enfermos con el gorro de dormir en la cabeza..

-v^ > .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 49 una gabarra como tre. . brillaba alguna luz en la Morgue o en el Palacio de Justicia. el un aire húmedo y malsano ojo inyectado de un buisubía del Sena y sus aguas negras. Se adivinaba en el aire opaco Nuestra Se- ñora de París. y a intervalos las campanas de un reloj sonaban y se esparcían por el aire silencioso.P'^ A . cargadas de impurezas pasaban lentas reflejando las luces del sombrío hospital y gemían por debajo de la arcada única de un puente con toda la pesadumbre de sus horrores..

.

cerca del lavabo. Morny para el público y sencillamente Capitán en casa.XII Conspiradores día siguiente. no. No. Abrió la puerta y se encontró con una muchachita que venía con una jarra de agua y una toalla. AL — — — . Le dio las gracias don Fausto y ella le preguntó sonriendo si quería alguna cosa más. Pasó la chiquilla. estaba vistiéndose don Fausto cuando llamaron repetidas veces en su habitación. La muchacha salió corriendo y al poco rato volvió con una cafetera. eso sí. por la mañana. ¿No quiere usted café con leche? Sí. dejó la jarra y encima la toalla. una botella de leche y un panecillo. El azúcar lo traía en un papel. Escoltándola venía el perro de Pipot.

y unos labios muy gruesos y rojos. porque le iba a pasar lo mismo que a una amiga suya. la llenó de nuevo para que tomara don Fausto. Capitán comprendió el momento en que ya no había nada que comer allí. un señorito rico le había propuesto varias veces que fuera a vivir con él. soñadores. . eso no. a quien la hicieron un chico y luego la dejaron en la calle. lo Llenó la muchacha una ^Y usted no quiere? — taza. a fuer de hombre galante. y. delgadita. pero ella no quería.152 PÍO BAROJA — Fausto. deJaxasa. Dijo que tenía quince años. haciéndose el distraído. la preguntó don lo que quede. Don — — — líanatte. Hablaba con gran desparpajo y con un candido cinismo. y que sobre Fausto. —Tomaré para Capitán.> la preguntó don Fausto. Era una niña aún. con ojos azules. que los cogía al aire. Cuando Nanette tomó enjuagó la taza. cuarto. y los trozos de pan sobrantes fué echándoselos al perro. no podía permitir tal cosa. La muchacha no se hizo rogar y se sentó a la mesa a tomar café. Su padre estaba imposibilitado y solía ir a pescar al muelle de los Orfebres. —No. Era hija de la portera. se marchó del el café. ^Cómo se llama usted.

aunque dice mi madre que no vaya a su cuarto a preguntarle si quiere algo. porque nunca tiene dinero. no conozco. si no hay riqueza. ¡Costumbres españolas! Yo ya he dado mi primer paseo por la plaza. <íAh. — — — . —Muy bien. Dicho esto. Que pase quien sea. y. hay alegría. Salió don Fausto al corredor. — Pues es español. Al principio. llamó en la puerta con los nudillos. el as- . He vendido tres digestivos. — La casa es tranquila. le recados marqués. y se fué corriendo y can- tando. — No. al la botella y la taza. Nanette. ^ha dormido bien? — — . Y usted. ^-No? sí. al pasar por delante del cuarto de Pipot. — pero todos los españoles no se conocen. —^A qué marqués? que también es es—Al marqués pañol. La verdad es que esta casa es origin al pensó don Fausto Al menos.— LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS I53 — ^-Usted conoce marqués? — preguntó Nanette a don Fausto antes de marcharse. es usted? dijo el tartamudo Tarde se ha levantado. le Sí. — — Claro que no. la muchacha recogió la cafetera. —Yo creía que Yo suelo hacer los al viejo.

arrimados a la verja del Luxemburgo. el otro Dantín. mismo. — Hemos venido con una misión revolucionaria — añadió Dantín misteriosamente. ¿'Dón- — — — — No sabemos dónde —^No? Entonces aquí jardín. de quieren ustedes que nos veamos. ^Dónde nos veremos por la tarde? Donde usted quiera. dentro de un momento? Dónde tú digas dijo Mudarra. — Eso ^A qué hora? A — Está bien. Yo ahora tengo que hacer. Bueno. de Blanca. que se le acercaban con los brazos abiertos.154 Pío baroja pecto asusta. le llevaré a un restauí-ant barato de aquí cerca. ¿'En el café del Museo de Cluny? está. que estaban de pie. Uno de ellos era Mudarra. vio a dos hombres. Se despidieron y entró don Fausto en casa de Blanca y la encontró. aqui. — Bueno. pero no es malo esto. a pesar de lo tempra- . ¡Ah! Si quiere usted.^ les dijo. es. — Marchó don Fausto a casa Allí iré — ^Qué hacen ustedes — —Te estábamos esperando — contestó Mudarra. de siete a ocho. En este las seis. — — — yo también. Yo estaré en el café del Museo de Cluny. y^ al ir a entrar en el portal.

Contó éste. se deducía que éste. se veía que era un escéptico. Luego hablaron de El profesor Demange. Intentó pero Blanca no se lo permitió y le presentó al señor diciendo: Mr. Tenía este señor un aire ñno e inteli- no de la retirarse. con aire burlón.LOS ULTEMOS ROMÁNTICOS I55 hora. a niño mimado de los legitimis- . conversación del amable señor Terrat. y del cual podía asegurarse. pesar de ser el la marcha del partido. y el señor Terrat siguió hablando con Blanca. Luis Terrat. el padre de Susana. Según dijo él mismo en el curso de la conversación. mil detalles cómicos de las luchas y rivalidades entre las señoras de las Juntas. que a Blanca le interesaban mu- Por la chísimo. sin duda alguna. de visita con un señor. ocupaba una porción de cargos en Asociaciones y Juventudes Católicas. cambiaron pocas palabras. luego añadon Fausto Bengoa. como hombre que no da importancia a nada. profesaban un catolicismo especial militante. pero indicó que los desempeñaba por entretenimiento. que tenía más de sacristía que de iglesia y más de iglesia que de fe. dió Se saludaron los dos. A pesar de sus afirmaciones legitimistas y clericales. como Blanca y casi todos sus amigos. senador . Blanca oía encantada al señor Terrat. que era todo menos cristiano. — — — : gente y hablaba con un tono irónico.

Terrat y Blanca se exaltaron hablando de esto. Según la frase de monseñor Richer. y poco después estuvo con el maestro de obras. había que sacar el oro del crisol sin aleaciones ni mezclas. Al salir de casa don Fausto. pues no creía gran cosa en la eficacia de un partido católico. O todo o nada. como no podía salir de casa. parecía que en el fondo se inclinaba a una aproximación hacia los elementos de Thiers. era su divisa. y quería que don Fausto se entendiera con él. se reunió con Dantín y Mudarra. y que habían correteado ya por medio París. y fueron a reunirse con Pipot al café del Museo de Cluny. que le estaban esperando. Ellos y sus amigos querían la tradición pura. estaba gestionando del obispo el permiso para poner una capilla en la sala. Cuando se marchó el señor Terrat. Don Fausto tuvo que escuchar la conversación amablemente. a pesar de lo que ofendían aquellas palabras sus sentimientos demócratas y progresistas. . para ponerse de acuerdo sobre la manera de hacer los trabajos. Blanca le comunicó a don Fausto que.IS6 Pío BAROJA tas. Por la tarde iba a venir un maestro de obras. mientras almorzaban. por orden del médico. Don Fausto le dijo que no había inconveniente por su parte. tomando medidas en la sala y dando instrucciones para poner el altar.

allá los todos juntos y pagó Dantín. Al pasar por la calle de Saint-Sé verin. Dantín propuso ii' al café-concierto de los Embajadores a oir a la célebre Teresa. en la cual se veían a la luz de un farol los arbotantes negros de la iglesia.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 157 Comieron sin duda fresco. y lo demás le parecía odioso e infecto. Ni yo tampoco añadió don Fausto. ^Qué es esto. Esta palabra no salía de sus labios. pero Pipot no encontraba en París un barrio como el suyo. Se llama la «Taberna Alsaciana» y en el barrio la cono- — cemos también por el nombre de la «Marmita». Aquello era hermoso de veras. Aquí suelen venir algunos revolucionarios. señalando una puerta de cristales iluminados por una luz roja. ¿Vamos? . ^Quiere usted que entremos? Como usted quiera. y Pipot y don Fausto se fueron a su casa. conspiradores tenían dinero Mudarra y Dantín hablaron de que habían visto los grandes bulevares y la Avenida de los Campos Elíseos. un restaurant? Sí. dijo Pipot: —Aquí es donde suelo — yo comer. Yo no voy dijo Pipot. — — — — Se marcharon Mudarra y Dantín a correrla. Al terminar la cena. restaurant y cervecería.

En el fondo había un mostrador como una tribuna y a un lado la parte destinada a restaurant ya a obscuras. Dos quinqués de petróleo colgaban del techo. Había en la sala hasta un par de docenas de personas. Una muchacha con una cofia blanca la le pre- guntó a Pipot lo que quería tomar. Bajaron diez o doce escalones y se encontraron en una sala grande. Estaba distraído. se le acercó y le dio una palmada en — ¡Hola. esseñor — y señaló a tudiante de Medicina. elegante. Cuando se marchó la muchacha. muchacho joven. Se sentaron don Fausto y Pipot y éste se puso a leer un periódico. con una mesa de billar con troneras. có a mesa y siguió jugando. el le dijo él. presenver tó luego a don Fausto — Es Raúl Rigault. quién es? ^Cómo me ha dicho usted que se llama? — — — . dijo Pipot: Esta chica es de Estrasburgo. ^Y él. don Fausto — es español republicano. —Ahora vuelvo —y se acer— Voy — le dijo. Tráenos dos bocks de cerveza. señor Pipot! — — exclamó Pipot. cuando uno de los billaristas. y se levantó — estrechó mano y joven.158 PÍO BAROJA — Bueno. Raúl! — gritaron los jugadores. el hombro. ¡Raúl! al al le la le . con melenas y lente en un ojo. negra. — ¡Eh. Es la amiga de ese joven con quien hemos hablado.

— — — ^-Sí? —Sí. Toda la brigada Ber- — ¡Bah! No importa. Este será nuestro Saint-Just. Pipot guardó el aviso. policía es me- jor que ia de Badinguet dijo Rigault. después de hacer un chapean^ se acercó a Pipot y se sentó a su mesa. Las primeras letras de estas siete palabras formaban el nombre Blanquí e indicaban a los iniciados el lugar donde se escondía el Marquesito. un^ instant. — Estoy esperando Israel. —Tiene facha de templado — dijo don Fausto. Está el Marquesito le dijo en voz baja.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 59 lugarteniente de —Raúl Rigault. ahora.^ — pregun- a Enrique y al padre . y sacando una hoja impresa. Nuestra — andará ya tras él. es Blanquí. se la dio a Pipot. Rigault. Rigault tenía aire de dandy. hablaba burlo- namente y decía una porción de frases que eran celebradas con grandes risas por los espectadores. Era una alocución vulgar que tenía marcadas imperceptiblemente estss palabras: Bonkeur^ loi^ amour^ nont^ qu. ¿Y qué hace usted aquí — tó a Rigault. — Es uno de hombres más valientes del el los mundo. toglio — Que tenga cuidado.

Ya sabe usted que vamos a organizar la gente de Belleville y de Montmartre por centurias. Era el padre Israel. cuadros. No hay cuidado. cuando entró en la taberna un hombre bajito. tenemos al judío cogido por las narices. —Vende muebles. sables. otro jugador substituyó al estudiante y Raúl y el judío se sentaron en un rincón. <íTienen ustedes confianza en el padre Israel. Acababa de decir esto. medallas. Tengan ustedes cuidado. Se acercó a Rigault y se puso a hablar con él. cerca de ese edificio largo y negro. No lo sabía. de bigote negro. pieles la calle. — es —Riquísimo.1 6o PÍO BAROJA —¿Se han entendido — Sí. un sombrero blando y melenas que le tapaban el cuello. de gato y de conejo. de unos cincuenta años. esquina a la de Fouarre. rico? él mismo quizá sepa el di- . mirada brillante y pelo ensortijado. ustedes con el judío? ha prometido dinero. ^Y quién es ese padre-lsfael? preguntó — — — — — don Fausto. de todo. Hay muchos agentes provocadores del Gobierno.^ Completa. Ni ^-Y con un puente sobre (JY qué vende? botellas. su tienda en la calle de la Bucherie. llevaba un macferland seboso. Es un^prend^ro — — — — dijo Pipot — tiene .

Adiós. señores —y el . con el som- brero torcido. Era el mismo que don Fausto conocía. —^No ha tenido ninguna recaída? —No. comenzó a bajar las escaleras. ^eh? — —Preciosa. Aquí estamos le dijo este último. de barba rubia. se oía la voz dura. El judío y Rigault charlaban animadamente. del padre Israel. del es- tudiante revolucionario. mirando atentamente a don Fausto. En esto se abrió la puerta de la taberna. acompañado de otros dos. le preguntó: ^Cómo está la señorita de Montville? alto hombre — — Bien. El que se case con su hija hará un buen negocio. entre el murmullo de la conversación de los jugadores. y el que estaba en la calle Lourcine cuando prendió la policía a dos hombres en un hotel. quejumbrosa. muy bien. El — saludó a Pipot y. luego. metálica. resolver la contien- da entre una mujer y un carbonero que la golpeaba en la calle de l'Arbalete.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS l6l ñero que tiene. y la palabra suave. Tiene una hija. — —Ya voy. y un hombre alto. al día siguiente de llegar a París. —Me alegro mucho. El hombre alto de barba rubia bajó a la sala de billar y dirigió la mirada a todas partes hasta dar con el padre Israel y Rigault. por haberle visto.

dieron una vuelta por la orilla del río y volvieron a casa.102 PÍO BAROJA hombre con alto se acercó a la el estaban Rigault y ellos. Don Fausto estaba muy intrigado pensando de dónde podría conocer aquel joven a Blanca y saber que él era su amigo. <:Quién es este que acaba de saludarnos? preguntó a Pipot. . — de apellido? — Creo que se llama Saint-Preux. Es un amigo de Rigault que se llama En- — —— rique. mesa en donde padre Israel y se sentó Salieron Pipot y don Fausto de la taberna. <jY Salieron Pipot y don Fausto al bulevar Saint-Michel.

hijo de un fisiólogo notable llamado Flourens. No podía comprender qué relación habría entre uno y otra. De vez en cuando. Raúl Rigault peroraba y Enrique SaintPreux. De las intrigas de casa de Blanca no había comprendido nada y no estaba mucho más adelantado con relación a las maniobras de Pipot y de sus amigos.XIII Lo que germinaba QUÉ pasaba a su no ""^ alrededor? Don Fausto lo sabía. se presentaba un joven exaltado. La «Taberna Alsaciana». también solía aparecer en la taberna Gustavo . Allí. el conocido de don Fausto. hombre de una elocuencia fogosa. era un verdadero club. discutía. Lo que le chocaba extraordinariamente era que el hombre alto de la barba rubia le hubiese preguntado por Blanca. donde don Fausto solía cenar con Pipot.

el pintor que venía del Cochon Pídele de la calle Cordíers. cerca de la Sorbona. Estos revolucionarios y bohemios se rela- cionaban con otros de distintos países. No todos los parroquianos de la «Taberna Alsaciana» eran de tan tremendas intenciones.164 PÍO BAROJA Courbet. o dedicarse a beber. con su alambique y su mostrador de cinc. había algunos indiferentes que preferían charlar de literatura o de mujeres. donde tenía su cenáculo artístico. estaba dispuesto siempre a examinarse y a salir bien. Bouton d'Or era un pozo de ciencia. que tenían su punto de reunión en cafés y cervecerías. Bouton d'Or había encontrado una manera extraña de vivir. hablaba de política y de literatura y decía muy en serio que para salvar la Francia se necesitaban cincuenta mil cabezas. a quien llamaban Paragot. Se tratara de Filosofía. que se titulaba pomposamente la «Academia». Paragot se pasaba la vida en una taberna a la antigua. Este bohemio y otro a quien llamaban Bouton d'Or andaban siempre juntos. En el café Soufflet peroraba Flourens en un . Uno de estos partidarios de Baco era un viejo estudiante de Medicina. Julio Valles iba alguna que otra vez por la taberna. célebre por una composición poética dedicada al cólera morbo asiático. de Ciencias o de Derecho. y era el examinarse por otro. de la calle Saint-Ja cques.

de ciencias. un deseo de avanzar aún no concreto. Eran estas reuniones algo proteico. Paul y Ángulo defendía los procedimientos radicales sumarísimos entre los revolucionarios españoles. y se hablaba entre ellos de cortar la cabeza al Sultán como de una medida de precaución. y algunos jóvenes valacos y rumanos preparaban la revolución en su país. Gambetta preRepública y Delescluze y Julio Valles la Commune. en el café del Museo de Cluny. Rault Rigault inventaba historias escandalosas en donde figuraban el Emperador y la Emperatriz: no había escritor. pero el café revolucionario cia era el café por excelen- paraba de Madrid. Así como en casa de Blanca tenían las aspiraciola . se discutía de todo. allí. cómico. aparecían tipos chiflados que querían rasolver todos los problemas humanos con una fórmula sencilla. allí. en el En <^ Taberna Alsaciana».LOS ÚLTDIOS ROMÁNTICOS 1 65 grupo de revolucionarios turcos que formaban la Joven Turquía. periodista. de literatura. un jefe feniano predicaba la guerra santa contra Inglaterra. informe. allí. Cochon Fidéle ponían clase de socialismo político y artístico el pintor Coubert. de arte. bailarina o aprendiz de político que no tuviera su centro de conspirala ción. se proponían las ideas más extravagantes al mismo tiempo que las más cuerdas. Al lado de los hombres prácticos con ideas definidas.

obligada por la miseria. <iQué quería esta gente? Don Fausto no lo pedía comprender. Aquellos aristócratas y clericales.1 66 PÍO BAROJA movimiento progresivo. la revolución socialista que comenzaba a iniciarse a consecuencia de las predicaciones de la Internacional. brotaba la protesta contra el régimen social. el amor libre. de los escenarios de los teatros. de los cenáculos literarios del barrio Latino. la Bohemia se preparaba a hacease revolucionaria. riquecerse a toda costa. la repartición de la propiedad. de Julio Valles. que no trataba de reir y de mostrar los agujeros de la levita. y al mismo tiempo que de los salones y de los palacios salía esta tendencia al orden. no la Bohemia falsa y ridicula de Murger. una Bohemia pesimista. nes de reaccionar contra el aquellas damas elegantes aspiraban a detener con asociaciones anodinas. así estos bohemios querían de un solo golpe hacer avanzar la Humanidad unos cuantos siglos. de los estudios de los pintores. más radical . le molestaban como una imperel En la «Taberna Alsaciana». todas estas cosas chocaban con las ideas de don Fausto y tinencia. la federación de todos los pueblos europeos. Sus proyectos le parecían locuras peligrosas. sino la Bohemia cínica. sino de enseñar los colmillos y de encon intrigas. llena de ansias. Arlequín se vestía de conspirador. la supresión de la herencia.

. Don Fausto. preguntó una vez a uno de los partidarios de Enrique: ¿Qué política defiende Saint-Preux? La de Bakunin le dijeron un ruso al que ha conocido en Suiza. con la bomba. — — — — . éste aseguraba que había que atacar la organización social con todas las armas: con el puñal. escandalizado. con el veneno.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 67 de todos era Enrique Saint-Preux.

.

se dedicó a mirar a la sala por la rendija de la puerta. Aburrido pronto de la lectura. llevó gabi- un libro y se puso a leer. . toda la cohorte legitimista se reunió en el salón-biblioteca. oculto. no quiero obligarte. Así. — Bueno. Don Fausto optó por quedarse en nete. si tú quieres quedarte lo en el gabinete o el salir.XIV Bl secreto de Blanca EL día en que se bendijo el altar en casa de Blanca. la ceremonia le pareció interesante y divertida. transformado en capilla. Don Fausto advirtió a Blanca que prefería no asistir a la ceremonia. lo diré. — Se —Y bueno — dijo la anciana — . porque tendrán que tomar algo los invitados en el comedor. haz que te parezca. Di a la Plácida que ponga la mesa en mi gabinete.

La mujer. Ernesto de Erolles se acercó a la marquesa a cumplimentarla. a un viejo carlista vascongado y al antipático cura aragonés con dos jóvenes abates. poco después. ^Será fiel a su marido esta mujer? pen- che a la gún nuevo — — . cuyo nombre ignoraba. comprendía quiénes eran. Además. rubia. al profesor Demange con su mujer y su hija. se oía parar un co- puerta y. don Fausto había oído decir a Blanca que no se llevaban bien. Algunos. encantadora. El marqués de Quinson y su señora tuvieron una acogida afectuosísima. a Ernesto de Brolles. Mientras el marido saludaba a las señoras. ella sonreía coquetamente. a Matias de Surennes con su madre y sus tres hermanas. Durante la conversación que tuvieron en voz baja. Era un matrimonio que daba la impresión de estar hartos el uno del otro. El era un gentil-hombre de aire irónico. Don Fausto los conocía a casi todos. una torcida y escrofulosa. a Baucemont y a Baucemont d'Havray. de pelo cano y trazas de un joven decrépito. con una sonrisa burlona llena de malicia. entraba alinvitado en la sala. por las explicaciones y señas dadas con anterioridad por Blanca.170 Pío BAROJA Vio entrar al vizconde de Haracourt y a su señora. De cuando en cuando. algo entornados. miraba con los ojes azules. elegantísima. las tres altas y desgarbadas. candidos.

un hombre grueso. frente despejada y la mirada orgullosa y brillante. con el brazo en . El Duque era gran prestigio. titulo. el amante era un hombre feliz. Es posible que. se le figuraba que no. la hizo un saludo ceremonioso. con la cara sonrosada y las melenas blancas. Al acercarse este familiar a la marquesa de Quinson. levantaron todos al entrar el obispo. de labios abultados. no hubiera sido de la opinión de don Fausto. para que se sometiese a la moral corriente.LOS lÍLTIMOS ROMÁXilCOS I7I só don Fausto. acompañado de dos familiares y del Duque. si éste existía. Sin saber porqué. el uno era un tipo de viejo abate francés. si se hubiera consultado al amante. el otro. demasiada inteligencia en la expresión de aquella mujer. y él se sentó. entró el señor obispo. Cuando ya estaba el salón lleno. era designarle a él. un aristócrata legitimista de No había necesidad de decir su y y Decir el Duque. ¡Una mujer tan bonita y desdeñada por su marido! ^Se resignaría a ser una victima? Había demasiada ironia. uno de esos saludos a lo antiguo régimen. que van bien con los trajes de cola. De los dos familiares del prelado. Ella le dejó sitio a su lado. lo mismo en las mujeres que en los eclesiásticos. Don Fausto se dijo que si aquella mujer tenía un amante. Se ésie pasó repartiendo bendiciones a un lado a otro y dando la mano a besar.

que nada les puede inmutar. Tras del obispo. dejó de mirar por el resquicio puerta y paseó de un lado a otro del gabinete de Blanca. Aquí no habrá nada de particular pensó.172 PÍO BAROJA el respaldo del sillón. Iba a cerrarlo de nuevo. Daba la impresión de uno de esos hombres que poseen una confianza en sus fuerzas y en su aplomo tan enorme. Estaba la llave puesta. pasó el Duque. y dio vuelta a la llave y abrió el pupitre. Don Fausto — — Era un mueble precioso. saludando a todos con una cortesía exagerada llena de desdén. Era igual a uno que tenía su madre. en una actitud de con- quistador. —Este es el secreto — se dijo — . . Había delante del balcón un secretaire de laca. preguntaba de cuando en cuando. Llevaba patillas grises. con una porción de cajoncitos. mucho más complicado que el que tenía su madre. danted? do a entender que iba a dignarse escuchar por un momento a su interlocutor. cuando se fijó en una moldura ancha que había debajo de uno de los cajoncitos del centro. Don Fausto lo estuvo contemplando. No faltaba ninguno de los invitados y co- — — menzó de la la misa. los cabellos cuidadosamente peinados. durante mucho tiempo. recuerdo que mi madre guardó. e iba ves({Dice ustido con una severidad inglesa.

Miró por la rendija de la puerta. dejó rró el secreto la carta y encima el retrato. La ceremonia seguía. Su asombro no le dejaba comprender bien. y ce- y luego el mueble. en cuyo margen se leía: «A mi madre.» Don Fausto. Una de ellas debía ser reciente. Era inaudito. En el sobre ponía: «Señorita Blanca de Montville. y primero que vio fué un retrato de un muchacho joven. (íSi se abrirá lo mismo? En el de su madre había que sacar el cajón de arriba y. Entonces. en el secretaire la curiosidad de hacer la cajoncito inmediatamente se abrió con violencia. Enrique. por el hueco que quedaba. Estaba lleno de papeles. para con- . Tan pronto el descubrimiento le daba ganas de reír.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS I73 suyo las cartas de mi padre. Don Fausto quedó perplejo y espantado. ¡Blanca tenía un hijo! No había duda. como le producía una estupefacción extraordinaria. Tenía intenciones de volver a abrir el secretaire. Lo Don Fausto tuvo el prueba. don Fausto echó un vistazo al fondo del cajón. levantar una espiga de madera y después apretar un botón. decidido a enterarse de todo. con lo cual el secreto se abría. cada vez más intrigado. Don Fausto. espantado del descubri:¿> miento.» Debajo del retrato había varias cartas formando un paquete. sacó la carta y no leyó más que la fecha y las primeras palabras: «Mi querida madre.

174 PÍO BAROJA templar el retrato. otra vez sale. — Pero debe ser muy el pasillo. dio unas vueltas por el Luxemburgo. apareció Blanca. Blanca estaba muy cansada y se acostó después de comer. de barba corta blanca. se abrió una de las puertas del corredor y apareció en él un hombre decrépito. preocupadísimo con su descubrimiento. Al subir a su cuarto. Mire usted. ^quién — El marqués de^Yelvea» — ^De Yelves? —Sí. que hablaban en la escalera. y a media tarde volvió a la calle Galande. pero se arruinó. dijo Sí. que ha venido borracho — Pipot. se encontró a Pipot y a Mudarra. Don Fausto salió de casa. ^En dónde? No lo recordaba. lo es? si rico. ^No se había dicho a usted? — No. el sombrero de . — ¡Ah! ^Tenemos un vecino marqués? — hombre. La ceremonia en la sala fué larguísima. duró más de dos horas. paseó de un lado a otro lleno de impaciencia. al co- mienzo del — <iQué ocurre?— preguntó don Fausto. Estaba seguro de que había visto a aquel joven en alguna parte. Por fin. —Nuestro vecino marqués. Don Fausto tuvo tiempo de aburrirse encerrado en el gabinete. Eefectivamente. — Lo era. La Plácida trajo el almuerzo.

don Fausto y Mudarra se marcharon a la calle. preguntó don Fausto. Yo he oído hablar mucho de este marqués de Yelves dijo Fausto. luego. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 75 copa raído. <í — te Don Fausto hizo el una mueca de disgusto. marqués se acercó <íEstá al grupo y preguntó en francés: — Na —Ya le^ttamaré— ¡Muchas — nette? dijo Pipot. — — . volvió a su cuarto. — — — — ^Que quedas aquí? —Sí. tambaleándose. una levita ajada. <iQué le pasará? Que no puede tenerse en pie con la de- — — El — bilidad. Dantín se fué ya contestó Mudarra yo no me voy. las botas abiertas con los tacones torcidos y una cinta roja en el ojal. Y vosotros.. Llamó Pipot a la chica de la portera. Parecía un desenterrado. Me quedo aquí. guantes amarillos con agujeros. el tartamudo. cuándo os vais? preguntó don Fausto a Mudarra. antiguo asistente quisieFueron a la calle SaintSéverin y entraron en la Taberna Alsaciana a comer. —^Y qué vas a hacer? —Veremos. Le molestaba que ra quedarse en París. llena de arrugas y manchas. jGracias! gracias! —y — el viejo.

En fin. El hombre parece que se abandonó y se dedicó al ajenjo. luego estuvo al servicio de la Española. que cayó en desgracia por una trastada que quiso hacer con Griselli.Qué? — — — — —^Y ahora no? —No. me contaron — — — — — . vivió durante muchos años gastando miles de francos. Parece que el tal Griselli manejaba el puñal que era una maravilla. Después de — — Sí. ¿Y cómo llegaría a caer así? La edad y luego el vicio. Había que ver su casa cuando vivía cerca del Arco de la Estrella. {Y de qué vive? No lo sé a punto fijo. . pidiendo dinero sobre fincas que no tenía. y todo el que estorbaba a la buena señora desaparecía. preguntó don ^Pero eso es verdad? Fausto. ^Y quién es ese Griselli? Ese era un agente de Badinguet que le servía para prepararle sus citas. ¡Qué coches! ¡Qué troncos de caballos! Dicen que ha sido un genio este hombre. pero cuando ya estaba arruinado. Antes creo que tenía una pensión de la Emperatriz.176 PÍO BAROJA ha sido un lion de París afirmó Pipot Yo le he conocido. haciendo pagarés y embrollándolos. . para sacar dinero a un embajador español. que era una especialidad. — arruinarse por completo.

Es verdad. con ayuda del gabinete negro. La Revolución viene dentro de dos o tres años. gente escogida que asesinaba por orden del Emperador o de la Emperatriz. — hombre — repuso Pipot — Sí. ha habido la puñal. Mazzini le ha perseguido a Badinguet hasta en la misma Francia. duguerra del — — — todos los de policía secreta. los iban asesinando uno a uno. Volvieron a casa. Los dos han sido carbonarios. descubría la conjuración. Hubo una época en que casi Aquí. pero la policía del Imperio. — — — 12 . solía enviar gente para matar a Napoleón. al que los . Y entonces. Cuando el italiano estaba en Londres. Lo que usted oye. Sobre todo entre Napoleón y Mazzini. sobre todo los de la eran corsos. Era una lucha a muerte. ¿cómo no se hace lo mismo ahora? preguntó Mudarra. Porque ahora hay la seguridad de la Revolución. ¡Pero eso no es posible! dijo don Fausto. se acercó al cuarto del marqués y miró por el agujero de la policía. que era muy curioso. y Mazzini le tiene todavía un odio profundo a Napoleón y Napoleón un miedo bárbaro a Mazzini. Mudarra. Don Fausto escuchaba a Pipot intrigado.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 177 — Eso de que hayan asesinado estorbaba. rante muchos años. y cuando llegaban los enviados.

. Colgaban de unos clavos la levita. mi querido príncipe decía ^Y cómo se encuentra su esposa?. que servía de colocada sobre una silla... envuelto en una manta raída y con un pañuelo sucio atado a la cabeza. A — — — — . el marqués hablaba... —Y sueña que es — añadió Mudarra. hecha en el suelo. . — Sueña despierto — Pipot. muy bien. Mudarra llamó a don Fausto y a Pipot. Aguzaron el oído. la luz de una botella. el viejo Yo bien. Pase usted. ^lY qué tal le va a usted en el Círculo? Yo he perdido mil luises la otra noche. se veía al candelero. — .. el sombrero de copa y un cuello postizo.178 PÍO EAROJA la llave. ^-Está hablando les dijo. Está espléndida la duquesa. <Jse ha fijado usted? Es encantadora. Efectivamente. viejo aristócrata incorporado en la cama.Qué miseria! — murmuró tristemente don dijo rico Fausto.

Entre usted. adornada con media docena de tiestos. encima una terraza pequeña. y no comprendió qué clase de establecimiento era aquél. y en la muestra se leía: — A u B o N o y luego una cosa pintada que quería representar una naranja o una manzana o una fruta por el estilo. Don Fausto contempló la tienda. situada en un rincón. .XV El Buen Membrillo y el Padre Lunette UN — sábado por la tarde volvía don Fausto de casa de Blanca. cuando al pasar por la calle de la Huchette oyó que le llamaban. en una casita baja. Tenia un tejado de zinc. don Fausto le dijo Pipot. Se volvió y en la puerta de una tiendecilla vio a Pipot y a Mudarra.

había dos mesas. que es cura. Tenia esta mujer unas miradas llenas de rojo. don Fausto añadió Pipot. unas banquetas. <|Qué es que dice en muestra de esta tienda? — Es un calembour. El local en donde se encontraban tenía una ventana ancha a la calle de la Huchette. cetrino. una mujer de unos treinta a cuarenta años. lo la quiere ser un membrillo. un mostrador y a los lados de éste — — — — — dos puertas. Don Fausto saludó al individuo y se sentó. Eso que está pintado. — ^Hay mucha gente en bazar?— pregundel mostrador. Siéntese usted. con una cortina blanca. de nariz aguileña. — Primera. remendaba unas medias. Es la Abadesa dijo Pipot mostrándola. y luego. Ella saludó y don Fausto siguió pensando en la clase de establecimiento que podría ser aquél y en la clase de fruta que había pintada en la muestra. el la dijo . — Vengan. tó de pronto Pipot a — No hay nadie. malicia y era muy simpática. — Bueno — don Fausto en voz baja a Pipot — Tengo que hacerle a usted dos preguntas. dijo: Quintana.1 8o PÍO EAROJA Pasaron a una tiendecilla tapizada de papel En el mostrador. que en francés se . indicando a un individuo afeitaMi amigo do.

y de muebles unas cuatro un farol. Como no venía nadie. — Ni yo — agregó Mudarra. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS l8l dice coing y se pronuncia como el De manera que rincón». . aquí tuvimos un médico frany yo una clínica. — Entonces me marcho dijo don Fausto. —Tiene razón páter— repuso Pipot— donde está un cura puede estar cualquier otro ciudadano — . el las traiga. que lo convirtió en una casa de trato. y mismo tiempo «Al buen — ¡Ah!. como ve usted. ^'De manera que esto es un burdel? Un burdel discreto. cés La verdad es que po- seíamos por todo arsenal quirúrgico che de sillas un estu- bolsillo. que las el el — — diri- la . — Te advierto —dijo cura — que yo no entiendo cartas francesas. para lo cual mandó pintar en él un número muy grande. — Bueno. trasy pasamos el establecimiento a esta señora. y jqué clase de tienda es ésta? —Es un misterio — contestó riendo Pipot. — Pues ^que es? — Verá usted. título al de la cotn^ rincón.. tienda es: «Al buen membrillo». Desde entonces somos buenos amigos la señora y yo. no importa. utilizando el farol. — — ^No estoy yo? — preguntó cura con indiferencia.Señora Teresa — añadió giéndose a del mostrador — tráiganos usted una baraja.

se pusieron a tocar a la puerta de la tienda. dos chiquillos italianos.— 82 PÍO B A ROJA 1 — Lo que podíamos hacer —indicó es comer aquí. del pantalón y de la frente. ¡Qué hombre! ¡Qué talento tiene! decía — — Mudarra. sacando las cartas que primero mostraba entre sus dedos del interior de la americana. Moniy. pero él no la hizo caso. el uno con un arpa y el otro con un violín. —A seis — Cada uno depositó su parte sobre la mesa y Pipot se entendió con la del mostrador para la comida. retirándose hacia el mostrador. distraído como estaba con las habilidades de Pipot. idea! dijo el cura reales por barba. anduvo royendo huesos por debajo de la mesa. — Excelentísima— Mudarra. luego cogió los naipes y. En esto. La Abadesa y una muchacha del bazar estaban encantadas. La muchacha se fijó en la corona de Quin- tana y le preguntó respetuosamente si era cura. comenzó a hacer juegos de manos. — ¡Excelente — exclamó Pipot. Don Fausto se las dio. Pipot salió a verlos. y la Abadesa y la muchacha les acompañaron. nos traerán el festín de Baltasar añadió Pipot. alias Capitán. —De Napoli. sacó unas monedas de cobre y . Comieron. —^Dove siete} — les preguntó severamente.

decidido.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 83 — Ahora Himno de ha}^ que tocar dijo Pipot Garibaldi. . — — gún gomoso. ^'Quieren ustedes que vayamos al Pere Lunette. Mudarra. en propina. Don Fausto estaba avergonzado. Ahora debíamos ir a otra parte dijo el cura después de cenar. estaba buscando dinero para hacer un viaje a Roma a implorar el perdón del Papa. se leSí. una taberna de por aquí? preguntó Pipot Hoy es sábado y estará animada. Luego Pipot explicó a don Fausto que el cura Quintana había ahorcado los hábitos y que. Es una especie de taberna literaria. vamos vantó del asiento. Alguna vez los de la policía llevan allá a algún extranjero o al- — — Buena gente. ^eh? — — el Los chicos tocaron el Himno de Garibaldi y Pipot. y Mudarra. el cura. la Abadesa y la otra muchacha cantaron entusiasmados: ¡Zito! ¡Si- lenziol hasta cansarse. después de algunos años de secularización y de libre pensamiento. el local — . Repitieron la canción varias veces. y le piden una —Vamos allá — dijeron el cura y Mudarra. le dicen que todos los que están son unos bandidos. ^Y qué gente va a esa taberna? dijo don — — — — — — — Fausto. aunque pobre. Pero bien. Esto me hace llorar decía el cura.

hablaba — Bueno. que comunicaba la calle Galande con el bulevar Saint-Germain. ya en andaluz. Abrió la puerta Pipot y pasaron todos. tú que tienes mejores piernas que yo. un banrojo. Pipot entró en el portal de su casa y llamó a Nanette. y encima de ellos retratos dibujados al carbón con sus correspondientes marcos. entre balcón y balcón. colgaba de un alambre un farol de luz roja y vacilante. por la influencia del instrumento que llevaba en la mano. después de despedirse de la Abadesa y de la muchacha. vamoz zeñore — El Pere Lunette era aire torero. —Anda. Encima de una barra de hierro. había un mostrador de cinc. Había obscurecido. una taberna pintada de de la calle de los Ingleses. A un lado. y paralelamente a él. Tenía la tasca como enseña unos quevedos grandes y sin cristales. Esperaron hasta que se presentó Nanette con la guitarra.184 PÍO BAROJA Salieron del establecimiento. . callejuela estrecha. a lo largo del establecimiento. a los que debía su nombre. hermosa — la dijo — . y enfrente. Pipot la tomó y echó a andar con dijo. vete a mi cuarto y tráeme la guitarra. Al pasar por la calle Galande. y don Fausto notó que el ilustre Pipot. Al entrar se veía un local largo y estrecho con barriles empotrados en la pared.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 85 co que ocupaba toda la taberna. y guiñando los ojos. Blanqui. debidos. al lápiz de una mujer. Uno de los nuestros siguió diciendo de los del 48. El padre Lunette se inclinó con finura. señores. — — — — — — — — . don Garcías le dijo a Pipot. el padre Lunette mostró los retratos de la taberna. estaba el padre Lunette. y en las paredes había dibujos. trador. con su aire mefistofélico. En el fondo de la taberna había una puertecilla de cristales. En el mossin sitio para revolverse. Era un hombre de unos cincuenta años. Pipot la abrió. Este cuarto estaba iluminado por un meche ro de gas. Algo hicimos contestó el hombre moaunque no tanto como da a destamente entender el amigo. de barba entrecana y cara de sabio. Después. Aquí tienen ustedes al padre Lunette dijo Pipot Estos señores son españoles. dos hombres de aspecto miserable estaban sentados. Pipot señalando al tabernero ^De veras? preguntó don Fausto. añadió: Éstos son de los buenos. Pasen ustedes. — — . Pipot no se cuidó de ellos. Raspail. — — — . Dentro. entró e hizo pasar a sus amigos a otro departamento con dos grandes mesas y cuatro bancos. entre los que se distinguían Rochefort. amigos míos. según aseguró Pipot.'a quien saludó Pipot. Adelante.

— le dijo Pipot con una con- don Garcías? Salió el chico y Pipot explicó a sus amigos. tenía el pelo y la barba blancos. Café. — — — Cuatro. el otro un tipo de viejo vagabundo. . que aquel padre Lunette no podía considerársele como el verdadero. Leía atentamente im periódico. Vino el mozo con el café en unas copas de vidrio con cubierta de cinc. de largas barbas. ojos hundidos y antiparras. — ¡Hola. Al ruido. don Fausto contemplaba a los dos hombres sentados en la otra mesa. de aire tranquilo y apostólico. señora! — le dijo Pipot. de estos vagabundos filosóficos. Uno de ellos era un mendigo que limpiaba las tapas de un reloj de oro con una gamuza.I 86 PÍO BAROJA dejó la guitarra encima de la mesa y llamó dando con el puño del bastón. mientras examinaba las cuerdas de la guitarra. Marck cisión telegráñca. El auténtico había sido su antecesor. y se le llamaba así porque llevaba siempre puestos unos anteojos de cobre. y luego una vieja entró con una botella y cuatro vasitos que llenó de aguardiente. ^^Cuatro. listo como una ardilla y con una cara de granuja completa. Este llevaba un gabán atado con cuerdas. se presentó un muchacho de unos diez y seis años. Mientras hablaba Pipot.

las mandíbulas fuertes y en ángulo recto. Eran pequeños comerciantes del barrio: el señor Renard. la nariz corta y cínica. los ojos con arrugas en los párpados y éstos entornados que dejaban pasar una mirada burlona. ^'Ha traído usted su guitarra. una de esas miradas de vieja viciosa que parecen adivinar en los demás todos los bajos instintos que duermen en el légamo de las almas. Es una antigua querida del tabernero — dijo Pipot. pero no se casa. —Ahora vendrán los amigos. don Garcías. Mientras los cuatro españoles tomaban el entrando gente. puerta. — aquí los esperamos. —¿La mujer del tabernero? — preguntó Mudarra. fué . la la la el . mujer cerrando Salió — Esta es madre Lunette — dijo Pipot. mucha gente del pueblo se amontona. Muchos conocían a Pipot. a quien saludaron afectuosamente llamándole don Garcías. La madre Lunette era ya vieja. eh? — — Hay que entretenerse. Pipot los presentó a sus compatriotas. dueño del lavadero Vieux-París Blandelle. la boca sin dientes. que tenía una carnicecafé. — La mujer no será— replicó cura— aquí Sí.— LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 87 Buenas noches. tenía la cara ancha con los pómulos salientes y rojos. De ese modo no tienen que pagar a la clerigalla.

advirtió el El herbolario se incomoda tuerto riéndose. — — — hombre! ^Y tú qué has hecho.íHas acabado tu ungüento de manteca de chicos? ^'Has vendido los dientes y el pelo de tus macabeos? ^'Has hecho algún emplasto con sesos de persona? ¡Ca. es un farsante. Estos cuatro se pusieron a jugar a los dados.1 88 PÍO BAROJA cería hipofágica. — — — . no haga usted caso de este herbolario. y al oir la conversación entre Pipot y Salvar. cartel que decía: «No con- fundir esta tienda con la del otro charlatán de enfrente. apellidado Salvar. Salvar. dijo: Don Garcías. un herbolario de la calle de Saint-Séverin. viejo buitre? .» Todo eso estaría bien dijo Salvar con desdén si hubieran puesto alguna tienda enfrente de la mía. el herbolario y Pipot hablaban de Medicina cuando se presentó un tuerto muy jovial que llevaba una gorrita con galón dorado. si yo hubiera colocado el letrero y si ese cuento no fuese más viejo que la sarna. y un suizo empleado en una fábiica de microscopios de la calle de la Parcheminerie. Saludó a todos. no — Pues puso un sé. ^'Sabe usted el letrero que puso en su tienda cuando se le estableció otro del oficio en la vecindad? — —No.

que don Fausto había visto al entrar leyendo un periódico. es verdad! —^Y quién es Rinaldi?— preguntó Pipot. al oir esto. le . Yo le llamo el doctor Tibia. Cabet.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 1 89 —Aquí tiene usted este hombre — tuerto — Es a don Fausto señalando al . de viejos partidarios de — Un italiano los Fué de los que marcharon a fundar Icaria y estuvo preso cuando el atentado de Trabucco. Allá duerme en la sala de disección vigilando a sus macabeos. vive en la calle de Mouffetard. llamado Lapersonne. —Sí. — ¿Usted conoce? — preguntó Pipot. Ahora es trapero. Es de los amigos ñeles de Mazzini. creo que es un nombre muy a propósito. Greco. donde tiene una tiendecilla. cuando un joven obrero. acercándose a Salvar y señalando al viejo con aire de apóstol. — Convídele usted a una copa. dijo Pipot el en- cargado del depósito de cadáveres del HotelDieu. que trabajaba alisando planchas para grabado en un establecimiento de la calle de la Huchette. Imperatori y Scaglioni. Estaban jugando a los dados. — ¡Toma. ^Sabes quién es ese? — —¿'Quién? — Rinaldi. se reía. le dijo al herbolario. El tuerto. El dice que lo mismo le podía llamar el doctor Peroné.

Llene us- ted las copas. peteneras y una canción cubana.1 90 Pío BAROJA — ¡Eh. ciudadano Rinaldi! — dijo herbolario — estos señores quieren invitarle a usted a tomar una copa. gol. don Garcías. ¡Por la de usted. el mesa y madre Lunette! el cristal — gritó puerta peando en la de la — Pipot. Pipot se hizo rogar un poco. dijo: Vamos. Brindaron todos. una canción española. luego cogió la guitarra y comenzó a tañerla. Y el viejo de las barbas blancas contestó: — — ciudadanos! Habían quedado los concurrentes un poco conmovidos. levantando los vasos y haciéndolos chocar. — . el docla Social. pero pronto se distrajeron con la conversación y el juego. Entró le grupo de y sus amigos se leestrecharon la mano. — ¡Por tor Tibia. — ¡Gracias! ¡Muchas gracias! le el . Con una habilidad consumada cantó malagueñas. El viejo se acercó a la los que jugaban y Pipot vantaron y — ¡Eh. mujer con la botella de aguardien- te y llenó las copas. El tuerto del depósito de cadáveres. que comenzaba diciendo: Tengo una china en Matanzas de mi gusto y afición. ciudadano Rinaldi! exclamó Pipot. que fué la que más gustó.

guitarra se cansó Pipot. vertidos — decía —Ahora tú — dijo a éste herbolario. Era esta una canción inventada en el padre Lunette. si dejan el vaso en el mostrador. Dieron una vuelta por la orilla del río para despejar un poco la cabeza. —^Yo? — Gradiis ad giiillotmam. que el tuerto cantó con mucha gracia. Garcías? — le Se despidieron Pipot y sus amigos. don preguntaron todos. le acompañaron al cura a la calle Jean . Es el reglamento del padre Lunette. el di- le el Sí. guiñando un ojo y llevándose el índice a él. Cuando de la — . el tartamudo dijo a sus paisanos. hay que estar de pie. ahora. una canción macabra. que estaba llena. Hay que saber las costumbre de la casa añadió. luego. se va usted. Luego. riendo. con el interés pedagógico que le caracterizaba: aquí. — ya es mi hora.Pero qué. al salir a la parte anterior de la taberna. — Si — El padre Lunette salió detrás del mostrador para dar la mano a los españoles y éstos se fueron a la calle. aflojó las cuerdas y se levantó. quieren ustedes tomar alguna cosa pueden sentarse en el banco teniendo el vaso en la mano.LOS l'LTBIOS ROMÁNTICOS IQI — La verdad es que los españoles son doctor Tibia. Sí. en latín macarrónico.

Pipot. una calle próxima. en cuesta. . donde vivía. con altos y bajos. de Bouvais. Después.192 Pío BAROJA. don Fausto y Mudarra volvieron a su casa y cada uno se marchó a su respecti- vo cuarto.

vio a Mudarra que entraba en su cuarto con un aire espantado. pero prefería quedarse mientras pudiera en la calle Galande. y la vieja criada la halló en la calle de Garanciere. Una mañana don . Nanette y los demás tipos raros que allí vivían. Podía don Fausto haberse trasladado inmediatamente. había encargado a la Plácida que buscara una habitación próxima a su casa para padre e hija. al saberlo. ~ Blanca.XVI Historia de un músico saboyano LLEGÓ el Junio y a don Fausto le escribieron de Madrid diciéndole que le indicarían día fijo en que saldría Asunción para la " " frontera. antes de levantarse. a poca distancia del hotel de la calle de Vaugirard. encariñado como estaba con Pipot. Fausto.

194

Pío BAROJA

— <;Qué sucede? — preguntó don Fausto. — Chico, una cosa — Bueno, cuenta; ¿'qué pasa? — Un descubrimiento. Hay asesinos aquí. — ¿Eh? ^En dónde? Explícate. — Tú ya sabes — dijo Mudarra — que desde
le

terrible.

que estuve a punto de ser achicharrado en Madrid, cuando hubo fuego en la casa donde vivía, les tengo un miedo atroz a los incendios. Muchas noches me despierto con la preocupación de que huele a quemado y ya no puedo dormir. Pues bien: esta noche me he despertado... ^Y no ha habido nada? Sí, sí, ha habido. Pues yo no sé que se haya quemado nin-

— — — guna cosa. — Espera.

Al despertarme

me

sorprendió

un

olor a trapo quemado que había en mi cuarto. Me levanté, encendí la luz, registré por todas partes... nada. Sin embargo, el olor aumentaba; abrí la puerta, salí al pasillo, olfateé por allí... nada tampoco. El olor estaba en mi habitación, allí no se quemaba nada, de algún lado venía. (Y de dónde venía? De una rendija de la pared. Estaba con la luz encendida, tendido en la cama, cuando me fijé que de una rajadura que había cerca del

— —

techo salía humo. Me subí a la cama y comprobé que, efectivamente, venía de allá. Apa-

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

1 95

gué la bujía y vi que de la rendija entraba algo de luz, y acercando el oído a la pared noté como murmullo de voces. Yo soy curioso, no lo puedo remediar, y quise enterarme.
Cogí la mesa, puse encima una silla y me subí, a riesgo de romperme la cabeza, y apliqué el ojo a la hendidura. Se veía una guardilla y tres hombres que andaban de un lado a otro. Al principio no distinguía bien. Luego vi claramente. Los tres hombres estaban quemando unas blusas llenas de barro y manchadas de
sangre.

— veras? — No, no;
^'De

<iNo sería

una

ilusión tuya?
las

lo vi bien.

Estaban quemando
puntillas.

De ahí venía el No hablaban y andaban en
blusas.

olor a trapo quemado.

La im-

presión y el cansancio de estar en una postura violenta hizo que estuviera a punto de caerme; pero, en fin, pude bajar y acostarme. Se contó el caso a Pipot, y se discutió si sería conveniente avisar a la policía. yo tengo un amigo de No dijo Pipot confianza, empleado en la Prefectura, y consultaremos con él. Efectivamente, por la noche, a la hora de comer, Pipot se presentó en la Taberna Alsaciana con un viejecillo de aspecto insignificante. Era un señor de unos cincuenta años, bajito, grueso, con abdomen pronunciado. Tenía la nariz aguileña, el bigote gris, unas barbas recortadas a punta de tijera y anteojos

— —

;

1

96

PÍO

BAROJA

azules. Vestía

una chaqueta de alpaca, unos pantalones amarillos y un sombrero de paja

ennegrecido por el uso. Este tipo era el señor Gadobert, empleado en la Prefectura, según Pipot una verdadera eminencia. Mudarra comenzó a contar lo que había visto y Pipot a traducir al francés sus explicaciones, pero el señor Gadobert dijo: No, que hable en castellano; lo entiendo

bien.

Mudarra contó lo sucedido con todos sus detalles, y el empleado de la Prefectura le hizo
algunas preguntas. Me figuro quiénes son dijo al último; y luego preguntó: ^Y el cuarto ese corresponde a la misma casa de la calle Galande.^

— No sabemos — contestó Pipot. — ^Es una pared gruesa o un tabique
lo

el

que

separa el cuarto de usted del otro cuarto? dijo Gadobert. Parece más bien pared gruesa. ^Le dio a usted la impresión de que el piso de la guardilla estaba al mismo nivel que el de la habitación de usted? No; me pareció que estaba más alto. Bueno. Vamos a verlo. Me pareció que ese cuarto no debe pertener a la calle Galande, sino a alguna casa de la calle del Yeso. Después de cenar, fueron al cuarto de Mudarra y comprobaron lo dicho por éste. Gadobert miró por la rendija y no vio nada.

— —

— —

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

1

97

— Lo que parece es que
voz, ¿no?

se oye

como una

Hubo
to

distintos pareceres:

rra decían

que se oía

algo; Pipot

Gadobert y Muday don Faus-

que no sentían nada. La casa debía dar a la calle del Yeso, pero quizá no sería fácil encontrarla en seguida, por el amontonamiento de tejadillos y cobertizos que había. Alguno tendrá que quedarse aquí dijo
Gadobert. preguntó Pipot. ¿Para qué? Vamos a ir por la calle del Yeso, y no será tan fácil dar con ese cuarto como parece. No es cuestión de decir que es uno de la policía. Convendría que aquí estuviera alguno y, de cuando en cuando, hiciera una seña, como, por ejemplo, sacar la luz a la ventana. Es verdad dijo Pipot ¿y si hay alguna pared o saliente que nos impida ver esta ventana? Entonces lo que vamos a hacer, además, es que el que se quede aquí encienda fuego en la chimenea. Raro será que no veamos o la ventana iluminada o el humo. ¿Se verá el humo? preguntó Pipot. Sí, hay luna. Y a estas horas no habrá ninguna chimenea encendida. Se dispuso que Mudarra quedase en el cuarto, que encendiese fuego y que, de rato en rato, sacase la luz y la pusiera en la ventana.

— — —

;

— —


198
PÍO BAROJA

Dispuesto esto, Gadobert, don Fausto y Pipot salieron y, por el callejón del Yeso, entraron en la calle del mismo nombre. La casa debía estar entre el callejón del Yeso y la calle Fouarre. Había dos portales de unas casuchas sórdidas, y en uno de ellos entraron; recorrieron un pasillo del último piso, y Gadobert se convenció de que en la otra vivienda debía de estar el cuarto que buscaban. Esta segunda casa en donde entraron era mucho peor que la anterior. La escalera no tenía más que de dos en dos tramos un quinqué de petróleo. Subieron hasta el último piso, en donde había un corredor, bajo de techo, sin luz, con unos cuantos ventanillos cuadra-

dos en

—A

lo alto.

ver, usted

dijo

Gadobert

.

que es más Suba usted

flaco,
;

Pipot
ofreció,

y

le

— — Esperaron un momento. —Ahora — Pipot—

gimnasta, sus dos manos, para que apoyara en ellas el pie. Pipot se encaramó sobre las espaldas del policía, hasta agarrarse a las dos rejas en cruz del ventanillo. (fNo se ve nada? No, todavía no.
dijo
;

como un

allá está la luz

y

el

humo de

la

chimenea.
está la guardilla?

Bajó Pipot.
^-Hacia

donde

le

pre-

guntó Gadobert.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

IQQ

—Este recto —

dijo Pipot

corredor debe torcerse en ángulo o hay que tomar alguna

otra escalera.

Avanzaron. El pasillo se torcía, efectivamente en ángulo, y tenia guardillas a los lados, de donde sallan voces y lloros. Por indicaciones de Pipot, el cuarto debía
estar al final del

segundo pasillo. En la última puerta llamó Gadobert, y salió una vieja. ¿Vive aquí un mecánico que ha venido a preguntó. esta casa hace unos días?

—No.
puerta.

— Se ha mudado hace — No, pues no es aquí—y

tres

o cuatro días.
la vieja

cerró la

Llamó Gadobert en la puerta siguiente, y salió a abrir una niña, con un cabo de vela en la mano. Miró a Gadobert asustada y exclamó: No, no es él y luego apagó la luz. Gadobert encendió una cerilla y pasó adentro; tras él pasaron don Fausto y Pipot. Notaron al entrar un olor y un tufo irrespirables; luego, en el fondo de un chiscón, vieron a un hombre tendido en un camastro. El hombre se incorporó y dijo:

—¿Son ustedes de policía? — No — respondió Pipot. — \ mí me es igual —y volvió a tenderse en
la

el

camastro.
El cuarto era

una guardilla de techo

bajo;

en

le si como cabeza fuera una una cosa desesperada. flaco de un el suelo.^ Sí. modo inverosímil. lleno de barro. echó sebo derretido sobre el alféizar de to la ventana y fijó allí la vela. Este hombre tiene una fiebre terrible ^Hace mucho tiempo que dijo. y añadió está usted enfermo? Sí. Era un hombre extenuado. no. la he visto a usted mover . la policía? dijo. Sí. ¿verdad? — — — : — — — —No. El enfermo le preguntó: ¿Qué pasa? Eso debe estar muy mal. tenía los labios sin color y los ojos sin ninguna fijeza. hace tiempo. El enfermo contempló la maniobra con cier- — veras no son ustedes de — No. . cerca de él se había colocado la niña que había abierto la puerta. esté usted tranquilo hemos replicó Pipot — Somos vecinos que ^iDe asombro. le oído a usted quejarse y hemos venido a ver qué le pasaba.— 200 Pío BAROJA en una cama de paja. hombre. estaba un hombre vestido. la encendió. Creo que tengo vida para poco tiempo. Pipot le tomó el pulso. ^Está usted malo. Muy malo. Gadobert sacó una bujía del bolsillo. Gadobert le agarró de la mano.

Por mí. Estoy ya harto de vivir. es por esta niña. — . — En este cuarto. . lo gritos. ^Y qué es lo que han oído ustedes? preguntó con ansiedad el enfermo.. —Entonces. enfriar. el y se de nuevo la . aquí nos vamos a asfixiar todos. LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 201 cualquier cosa puede ser grave. Pues hemos oído todo contestó Gadobert los lamentos de usted y la conversación que tuvieron ustedes el otro día mientras — — — — — . ¿Sabe usted lo que quisiera? Beber. y como no encontró gran cosa. — — — — — Hay que ventilar esto — dijo Gadobert — si no. le pidió a don Fausto un franco y salió a la calle.Por qué? — ^Porque dice su cara de usted a — ¡Gracias! ¡Muchas gracias! —y enfermo lanzó un suspiro tendió en nal dijo el quemaban las ropas. Se abrió la puerta del corredor y la ventana que daba al tejado. la así le . Y en otra parte sería igual argüyó el hombre Si lo siento por alguien. Pipot registró su bolsillo. para ustedes soy un crimi— enfermo incorporándose en cama. tomar una limonada fresca y morirme pronto. Pues le traeremos a usted una limonada. — No se levante usted — advirtió Gadobert — se va usted a Usted no puede ser un criminal. no. obscuro y sin ventilación.

y en mi infancia y en mi juventud también he hablado el alemán. el segundo fué cerca de Basilea a ponerse al frente de una hacienda . y dijo: Les voy a contar a ustedes mi historia. El más pequeño de mis hermanos. Esperaron don Fausto y Gadobert a que viniera Pipot. el enfermo suspiró. un pueblecillo que está entre el Ródano y el lago Bourget. La niña se tendió en una estera. sabrá que es delicioso. hable usted. Yo soy hijo del apellido es Klein. luego miró a la niña y le dijo: Jenny. — . de Lucey. no tiene usted necesidad de hablar. y después comenzó su historia así: Yo. El enfermo contempló a sus tres visitantes. soy saboyano.202 Pío BAROJA cama. —Entonces. luego apoyó el brazo en la almohada. (No ve usted que llevo años de estar ca- — — — — llado? Y esto me consuela. de las cuales administró una al enfermo. como mi madre. Si alguno de ustedes conoce el país. mayor se quedó en la reloje- de nuestro pueblo. acuéstate. el cual trajo la limonada y unas pildoras de quinina. señores. Para mí es el más her- — — moso del mundo. Este bebió con ansia hasta calmar su sed. He ría sido el Eramos tres. ^Para qué? advirtió Gadobert no se lo exigimos. relojero del pueblo y mi Mi padre procedía de la Suiza alemana.

me divertía y nunca pensaba en el mañana.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 20$ de la familia de mi madre y a mí me dedicaron a la música. luego. todos hablan de la cigarra con odio? .. alegre y brillante... ^Se han fijado ustedes en que. la verdad. Me parecía que con ser bueno bastaba. y cuando se ve que la sociedad es un nido de víboras y que todo se pudre de maldad. La gente de orden dirá que ha sido merecida. De chico me mandaban a guardar vacas. he tenido mala suerte. Nunca me ha preocupado el porvenir. ja. perezoso. Así ha marchado mi vida. como quien da un remedio nuevo y definitivo: Hay que ser buenos. La verdad que para los negocios y el trabajo asiduo no servía. lo que me encantaba. cuando se habla entre aldeanos de la fábula de la cigarra y la hormiga. hasta que obscurecía y me volvía al pueblo. La imprevisión les parece a todos un crimen. de joven. y allí solía estar horas y horas mirando el cielo y las nubes. en todas las fiestas estaba yo. vuelve a decirse otra vez. Ja. Es la vieja canción: Hay que ser buenos. ¡qué farsa! Yo. nos dicen. Era atrevido.. Solía echarme entre las hierbas. y los hombres no :«> piensan más que en allegar y en apoderarse de todo lo que pueden y en subir unos sobre otros. He sido y soy todavía como el personaje de esa canción de Goethe que se titula: «En nada coloqué mi deseo.

Fui. Yo comprendía que marchaba mal. un gran porvenir. miran- . la verdad. Aquélla fué mi buena época. sentado en un banco de la Treille. el violonchelo y el violín. ¡Es admirable ese instrumento!. Mi maestro de música fué el organista de Lucey. todo mi entusiasmo ha sido ser violonchelista. según él. Pero no había plaza para mí y tenía que tocar el violín en las romerías y en las fiestas. que no se aviene con mi manera de ser. Como decía. Y A los diez y ocho años me marché de sia. Hubiera podido quedarme en el pueblo y adquirir una posición. Lucey a Chambery y entré en la orquesta de la igleTuve allí algunos éxitos.. un viejo muy bueno y muy cariñoso. cuando un amigo me calentó la cabeza y me convenció de que debía ir a Ginebra. pero.. Me enseñó el órgano. Este es un instrumento que no me gusta. en las calles. di lecciones de música a señoritas de la mejor sociedad.204 Pío BAROJA yo pregunto: ¿Por qué? ¿No tiene la pobre cigarra bastante desgracia con no saber más que cantar? Son injusticias. ¿verdad? Pues nunca he encontrado sitio donde tocarlo. a veces. donde tenía. y he tenido que ganarme la vida con el violín. no me apuraba. he tenido mala suerte. ¡Cuántos días me he pasado sin comer. no encontré trabajo en ningún sitio y tuve que dedicarme a tocar el violín en los cafés y.

me marché con ellos en una de las dos carretas que tenían. un domingo que fui a tocar a un pueblo que se llama Nyon. se deslizaba por un alambre. pero no cesaron en su hostilidad contra nosotros. El director de la compañía. y trataron de desunirnos provocando celos en ella o en mí. vi una compañía de acróbatas. además.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 205 do el monte de la Saleve y recordando versos de Goethe y de Heine! En esto. que era un perdido. durante algún tiempo. un jugador y un borracho. se ha- — . agarrándose con los dientes al trozo de cuero adherido a una polea. los seres más felices de la tierra. Eso hice. estábamos en un pueblo del Norte de Italia. La muchacha correspondió a mi amor y fuimos. el más terrible de mi vida. Esta muchacha era hija de un equilibrista. Yo la vi y me enamoré de ella. Había en la compañía una volatinera que. Esto no podía durar. No lo consiguieron. que daba funciones en la plaza. no me pagó los días que toqué y me dijo: Venga usted con nosotros. Un día. El alambre bajaba de un balcón a una argolla clavada en la calle. aquella armonía nuestra era como una provocación para los demás. y por él tenía que deslizarse la muchacha. me invitó a entrar de violinista en la compañía. al ver mi enamoramiento. Hay que creer que los hombres son muy malos cuando así les molesta la felicidad ajena.

Yo pensaba en no me retirarme a mi pueblo. . Aquel día cerré los ojos y los abrí anhelante al oir el alarido de todo el público. como un autómata. Ella me engañaba y todo lo que yo tenía de artista lo perdí por completo. dejamos la compañía y anduvimos los dos de feria en feria y de teatro en teatro. Yo no la tenía ningún cariño. Mi mujer había caído del alambre y estaba en tierra con las piernas destrozadas. Tocaba el violín maquinalmente. siempre se me encogía el corazón y cerraba los ojos. yo no la quería.206 PÍO BAROJA bían terminado varios números y venía el momento en que mi mujer tenía que descolgarse desde el balcón de una casa por el alambre. Mis compañeros se burlaban de mi. ella Era una mujer que necesitaba a alguien para hacerle sufrir y me tomó a mí. Murió la pobre siguió diciendo el músico y desde entonces para mí no hubo cosa buena. Yo caí en una melancolía profunda. pero se empeñó en que viviéramos juntos y ésta fué la mayor torpeza de — — — mi vida. pero mi alma siempre estaba pensando en ella. En este instante. Una de las mujeres de la compañía se apoderó de mi voluntad. Afortunadamente. Al llegar aquí. dejó. don Fausto. La vida con ella fué un infierno. el enfermo comenzó a llorar amargamente. Gadobert y Pipot le contemplaron emocionados.

yo tocaba el violín y pedía en las casas y en las gabarras. En esta época fué cuando encontramos a esta niña y la recogimos. Cuando teníamos dinero. Solíamos ir por los caminos. el otro no. Yo siempre he creído que la propiedad es era un bruto y le . a lo largo de los canales. nos acostábamos debajo de los puentes o en el campo. por desgracia mía. era bueno. Desde que éste se asoció con el Dab y con Hipólito.LOS ÚLTMOS ROMÁNTICOS 20/ los treinta años hasta los cuarenta y cinco que tengo ahora. Me separaba de esa mujer y la encontraba luego. Un día. Había dos voceadores en la barraca. nos metíamos en alguna cantina. Uno de ellos. por un desfalco que hubo en la caja. Cuando no ganábamos. Me pusieron a tocar el violín a la puerta. Hace cinco años. ellos ganaban dinero descargando barcos. Al verme. cada día más desilusionado y más triste. Era hacia la parte de Bélgica. Estaba a la puerta de una barraca de ñguras de cera. Un día el Dab vino con otro hombre que se llamaba el Rouquin. el bello Hipólito. comenzaron los tres a robar. nos despidieron a los dos voceadores y a mí. llamaban el Dab. volví a encontrarla. me brindó protección y yo tuve la de- Desde bilidad de aceptarla. Yo me fui con ellos. mi vida ha sido una desdicha continua y he andado por el mundo como un sonámbulo.

y según los informes que yo les daba iban o no a robar. se emborrachaban los tres y nos trataban muy mal a la niña y a mí. el Dab y el bello Hipólito. Muchas veces pensé en escaparme con la niña. la mujer del patrón dio a luz y le enviaron a él a buscar una comadrona. compraban los periódicos y los leían en medio del campo para ver si habían sido descubiertas sus íechorías. he considerado la propiedad como sagrada. Me enviaban a mí a las casas y a las iglesias de los pueblos. pero estaba enfermo y no tenía fuerza ni para darme cuenta de las cosas. podíamos dormir en las posadas y comer bien. Cada día iban haciéndose más atrevidos en sus robos y llegaron a extremos de audacia inconcebibles. pues. debí protestar. Los dos amigos. Claro que las ganancias del robo eran mayores que las del trabajo. Según dijo.208 PÍO BAROJA cosa respetable y no he tomado nada de lo que no fuera mío. Hará un mes o mes y medio. estando empleado en un barco. el Rouquin propuso a los amigos un robo. Yo. El Rouquin no sabía a punto ñjo cuál era el pueblo de la comadrona. pero marchando por . al saber los propósitos del Rouquin. De cuando en cuando. se dejaron dominar por el Rouquin. Generalmente. que había ganado en su profesión una buena cantidad de miles de francos. como he dicho siempre. Era ésta una vieja de cerca de setenta años. pero estaba ya hecho a aquello y no me animaba.

y arrastrándome. hasta que llegamos a Colombes. A pesar del mal estado en que me encontraba. Yo oí dos aldabonazos fuertes que sonaron en el interior de mi cabeza. con la cabeza que parecía que se me iba a partir. al saber que iban a dar el golpe. cuando vimos abrirse la puerta de la casita y salir a la vieja con un farol encendido y un paraguas. Al ver que se alejaban el Rouquin y la vieja. en donde el Rouquin encontró la casa. pero yo no quise. el 14 . la vieja primero se negó a salir y luego con las explicaciones que le dieron asintió. pretextando que no podía tenerme en pie con la fiebre. una casita con persianas verdes y enredaderas en la pared. cerca del río.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 209 ' Sena estaba seguro de encontrarFuimos desde Poissy remontando el río. El mismo Rouquin fué el que llamó. A mi me quisieron enviar a avisar a la comadrona. El Rouquin le tomó el farol e iban los dos por camino cuando el Dab y el bello Hipólito entraron en la casa por una de las ventanas. pañaba. la curiosidad pudo más que mis achaques. que se iluminó. La comadrona y el Rouquin estuvieron hablando durante largo rato. Estábamos la niña y yo detrás de un bosquecillo. La vieja abrió la ventana. Esta niña me acomla orilla del lo. me acerqué a la casa. La vieja comadrona vivía en una casita baja del campo de Argenteuil. Él Rouquin le dijo que la conocía.

Hipólito y el Dab volvieron a salir. Cometido el crimen. por la vieja. luego me contaron que habían registrado la casa y lo habían encontrado todo cerrado. Yo no me explicaba estas andanzas. Al poco rato.210 PÍO BAROJA me que sospechaba que aquella vez intentaban algo más que robar. haciendo un nudo corredizo y pasándolo por el cuello de tranquilicé. En este cuarto quemaron las blusas. entre el Dab y el Rouquin cogieron el cuerpo y lo tiraron al río. Yo no sé cómo he podido venir. Luego. que echó a correr en dirección de la casa. Después echaron el farol y el paraguas. — A esta vieja momia sería mejor echarle la hacer compañía a Rouquin por mí. Esta es mi historia.^ Ahora. . qué van ustedes a hacer de mí? Yo no quiero más que saciar esta sed y luego morirme cuanto antes. nos buscaron y nos encontraron. río a comadrona — al dijo el El Dab e Hipólito se opusieron y me trajeron a empujones. Entonces el Rouquin sacó una cuerda y. El Dab e Hipólito fueron detrás de la vieja y el Dab le dio un golpe en la espalda. Yo estaba temblando y la niña lo mismo. se repartieron el dinero y la noche pasada se fueron. señores. le el Dab quitó las llaves que la vieja guardaba en el corsé y se las entregó a Hipólito. pensaron en nosotros. Registraron el cadáver de la comadrona. tiró brutalmente y la mató.

y volvió a decir: (íQué quieren ustedes hacer de mí? Yo desearía que me dejaran morir en este rincón y que se encargaran de la niña. ¿No debo temer nada de policía? — No. tiene el pelo policía — íQué tipo es Dab? — preguntó Gadobert.. Sí. incorporándose en la cama. Lo conozco dijo don Fausto. ¿De veras harían ustedes eso? preguntó el músico. le proporcionaríamos un billete en el tren para su pueblo y le enviaríamos allá con la niña.. zambo.LOS i5ltimos románticos 21 i — Es un chico que parece un niño de coro. El enfermo esperó impaciente a que acabara de hablar don Fausto. Espere usted lo que voy a decir. debe conocerle. puede usted estar tranquilo — dijo sí.Y bello Hipólito? el el muy rubio y los ojos negros. ^De veras? preguntó Gadobert. Sí y don Fausto contó lo que había visto una mañana en la calle Lourcine. Si usted tuviera energía aún. — Fuerte. ya creo que los tendré. La — — — ánimos. Hace pocos meses estuvo a punto de ser cogido con un monedero falso en un hotel de la calle Lourcine. de mucha espalda.. — . pero sería necesario que usted tuviese — — — — — — — — — — — lo la le . Si usted tuviera alguna energía aún. N© la tengo dijo el enfermo. Gadobert quedo pensativo. — Pues los tendré..

se mar. ¡Pse! No me seduce. Venga usted por allá alguna vez. la A semana. . aquí. Gadobert le trajo un billete para él y para la niña. vendremos a verse encuentre con fuerzas.^ — No. cha usted. eh? Sí. Al día siguiente tenía don Fausto que ir a la frontera a reunirse con su hija. Se despidió de Pipot. don Fausto le dio algún dinero y el hombre se marchó llorando de emoción. eso no importa para ser amigos. Usted tiene que en- — — — — trar en el gran mundo. creo que sí.212 P[0 BAROJA Gadobert le. — Cuando La cara Cuídese usted. Se despidieron. Pipot. yo me quedo entre mi — lY por eso no quiere usted ser ya mi amigo. yo vendré por — Si usted no quiere ir allá. la del músico cambió como por encanbesó a la niña y hasta quiso levantarse de cama para acompañar a los visitantes. <íNos veremos. Me tengo que ir en busca de mi chica e iré a vivir a la calle Garanciere. gente. Mudarra quedó encargado de arreglar los últimos detalles en la casa de la calle de Garanciere y de esperar en la estación a don Fausto y a su hija. Bueno. to.

don Fausto de y Asunción de las últimas cosas ocurridas en casa. cuando se abrió la portezuela y se oyeron voces que gritaban: — Eh^ Sacrebleu! Sacredieu! Al momento unos gendarmes comenzaron a lanzar mochilas y fusiles al interior del tren.— XVII Asuncioncita EL de la tren salía de Biarritz a las seis. te parezca. vagón y se pusieron cerca Charlando. llegaron a Burdeos. con la perspectiva de llegar solos a París. Tenían aquí que cambiar de tren. ^Quieres que vayamos en tercera? — preguntó don Fausto a su — Lo que hija. Asuncioncita estaba asustada al ver los fusi- . Se habían acomodado ya en un vagón vacío. el Entraron en París ventanilla. y no lo hicieron sin sus dificultades y confusiones.

y cuide usted de la niña — bonita. sacres! el silencio la oyeron sus en de . y don Fausto miró a un lado otro. fnuqueras valientes. y le dijo: Adiós.. A media noche. caballero. Españolas. Luego saltó con los demás del tren. al oir a Asunción hablando el castellano. tengo sed — dijo No había la muchacha. Don Fausto miraba a Asuncioncita dormida en el banco. (jUsted ser española. —Papá. ella fusiles. Si. el que hablaba castellano tendió la mano a don Fausto. Fumaron todos.214 Pío BAROJA Se acomodaron los gendarmes. de gran bigote rubio.. y uno de grueso. agua. y a él y a los demás les ofreció la petaca. — Entonces.. le dijo: les. sin saber dónde podría encontrarla. y se noche. Quedaron solos el padre y la hija. al llegar a Limoges. y los gendarmes se enfrascaron en una animada conversación acerca de la política y el Gobierno. lo llenó y se lo ofreció a Asunción. a y El gendarme rubio sacó una botella y un vasito de hoja de lata. bajaron todos. y bellas. que bebió y le dio las gracias.. señorita? — — señor— contestó algo temerosa. Luego la muchacha quedó dormida. ellos. Don Fausto sonrió con la galantería del gendarme. El que sabía castellano amontonó las mochilas en el banco e hizo sitio para que Asuncioncita pudiera reclinarse. usted no tener miedo a ¡Ah!.

al ver que don Fausto coloca- hay — el banco — aún faltan tres estaciones. de barba rubia. al ver que don Fausto le contemplaba atentamente. . Asuncioncita durmió toda la noche. tan pura. Tenía confianza en que la suerte de la muchacha había de ser próspera. Me parece que sí contestó don Fausto Nos hemos visto en la Taberna Alsa- — — — — — ciana. — ¡Ah! Es verdad. El hombre. fuerte. con la mira- — — da viva. Iba a asomarse a la ventanilla.LOS ih. ^Qué le reservará el destino a esta niña en París? se preguntó don Fausto. Una o dos estaciones antes de llegar a París. Era Saint-Preux. — No fumaba ba la maleta en prisa dijo el hombre mientras la pipa.. . mientras el tren iba en marcha.. que apenas se levantaba su pecho.TIMOS ROMÁNTICOS 215 tenía una respiración tan dulce. el que había visto en la calle de l'Arbalete y en la Taberna Alsaciana. el que tanto preocupaba a don Fausto. Creo que nos conocemos dijo de pronto el hombre. un hombre alto. le examinó también con su mirada penetrante y viva. es verdad. don Fausto se preparó para bajar. cuando por la otra puerta entró. Al volverse don Fausto y al verle experimentó gran asombro.

— Saint-Preux preguntó: — . ^Estamos cerca. Luego. sin duda es él. pipa — presiones de Enrique. y cuando aun estaba el tren en marcha. Dicho esto. guntó luego a don Fausto. al salir de su asombro. Si ve usted. la — — un poco. Sí.Es hija de usted — señor.2l6 Pío BAROJA — señor. Le molestará Sí. usted es español amigo de señorita Montville. déle usted exla y dando con ella en la palma de la mano. la vació. murmuró: él. falta . bajó y fué andando por el campo. echó el tabaco al suelo y lo apagó con el pie. Ya cerca de París. el hombre alto se levantó y saludó. — ^'No se llama usted Saint-Preux? la un Pasaron rápidamente dos estaciones. La fotogra fía encontrada en el s ecretaire de Blan'ca_era dé^aquel ho mbre indudablemente era el hijo^e ta"geñoníQfiJMbntvineEl tren comenzaba a pasar por entre alma: —Es . — Me alegro. Todo ocurrió de un modo bastante rápido para que don Fausto quedara en suspenso. — Perdón. — Ese mismo. luego abrió la portezuela. la niña se despertó. papá? dijo. la — ^Cómo sigue señorita de Montville?— pre— Está mejor. Ahora recuerdo.í* Sí.

una encuademación y dos zapateros de portal. Era una una calle de antigua ciudad abandonada. Mudarra les esperaba. Había en esta calle. calle triste. Llegaron. grabada en una lápida de mármol. La calle la iglesia de Garanciere pasaba por detrás de de San Sulpicio. y el paso del agua había ido desgastando y corroyendo uno de los labios. Había en la casa un cuarto grande que daba a la calle. los baúles y estuvo . sin tránsito. Llegaron don Fausto y la muchacha.7 LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 21 cenes negros. y como Asuncionita había dormido. una calle de esas de capital de provincia próximas a las en la fachada de una casa grande. Entraron en un coche. no estaba cansada y no quiso acostarse. Encima de la hornacina podía leerse una inscripción en latín. y al poco rato estaban en la calle de Garanciere. El caño de esta fuente salía de la boca de una cabeza de Medusa de bronce. Luego sacó su ropa de arreglándola. y allí se lavó y peinó Asuniglesias y los cuarteles. ción. con una mesa de escribir. una fuente en una especie de hornacina excavada en la pared. andenes con grúas y filas de vagones. El comercio de la calle lo constituía una casa de grabados y de estampas.

^EsSé muy bien venida dijo Blanca — — — . Asunción tenía una gran curiosidad por ver algo de París y se asomó a la ventana. — A doce iremos le A ver si te pones sencillita. Estás muy bien asi le dijo don Faus^Vamos? Salieron a la calle de Vaugirard y entraron en casa de Blanca. como dándole a entender que no contestaba por la prudencia que había prometido.2l8 PÍO BAROJA pa — dijo don Fausto — Bueno. La vieja señorita estaba en su gabinete sentada en un sillón. ^eh?. Al entrar padre e hija. que la abrazó y la besó en la mejilla. Desde allí. que se aproximaba tímidamente. ella. — ¡Y pensar que yo he sido amiga de tu cuando ella y yo éramos como tú! ¡Qué vieja debo ser! ^Verdad? Asunción se calló y miró a su padre. . pero gua- al levantarse. por encima de los árboles del Luxemburabuelita. tás cansada? —No. Pero. . Ten cuidado con lo que — — — to — — Cuando tú quieras. no me asustes. Asunción se puso un traje blanco. La muchacha tomó su mano y se acercó a la anciana. Blanca miró con sus ojos penetrantes a la niña y extendió la mano a Asunción. papá. las a ver a Blanca y al- morzaremos con dices.

y ésta sentía por la vieja señorita un gran entusiasmo. En los días siguientes. unos con incrustaciones de oro. ^Qué es ese jardín tan bonito? preguntó Asunción. medallones de oro. Ya te El Luxemburgo le dijo Blanca llevaremos a él. Luego se levantó. y luego contaba la historia de todas estas cosas. Ella lo abría y la anciana sacaba de un rincón abanicos en cajas estrechas. alhajas barrocas. ver. se puso un chai y le enseñó a Asunción una porción de cosas guardadas: cadenas antiguas. se veía a lo lejos torrecillas. otros con madera de olor. crucecitas. después de almorzar. —A — .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS IIQ una hilera de tejados." La anciana le y enseñaba francés a la niña. En los árboles piaban los gorriones. y algunas palomas cruzaban el gran horizonte azul. la amistad de Blanca de Asunción se hizo mayof. Almorzaron y. algunos con paisajes al estilo de Watteau. de altas — — — — — . de chimeneas. la anciana estuvo tendida en una butaca. ábreme este armario le decía a la niña. go.

.

verlos entre la multitud. sobre todo.XVIIÍ Don Segundo Paz hubiera querido que Asunción fuera inmediatamente a vivir con ella. recorrieron calles y calles. pero don Fausto daba pretextos para conservar durante algún tiempo su libertad y la de la niña. Don Fausto tenía gustos un poco chabacanos. ni lo rico. Un día de feria en un barrio extremo. Don Fausto tenía la afición por lo mediocre. un borracho quiso besar a la muchacha y ella volvió a casa medio llorando y furiosa contra su padre. y se figuraba que su hija los había de compartir. entre Mudarra y don Fausto llevaron a Asuncioncita por entre la gente. Siguiendo sus gustos. todas las BLANCA . No le gustaba lo pobre. Le encantaban los festejos populares y. sino las cosas medias.

Se entraba al comedor por una puertecilla de al lado. tan frecuente en los hoteles baratos. comprendida entre la crujía y las ventanas. En el departamento de adentro. En la parte de adelante. de cosa ruin. Enfrente de la puertecilla de entrada había una chimenea de mármol blanco y encima un reloj parado. soKa estar habitualmente el dueño del restaurante cortando trozos de queso y racimos de uva para colocarlos en los platos. Estaba dividido por una crujía de columnas en dos partes. con una escopeta en la mano derecha y la . tenía una puerta de cristales a la calle Voltaire. Un papel amarillo. El local tenia aire un aire viejo y desteñido. en el mostrador. cubría las paredes y las cuatro columnas de la crujía. cerrada y convertida en ventanal.232 Pío BAROJA noches. y en la otra cuatro o cinco. con sus cortinillas correspondientes. que representaba un caballero de casaca y tricornio. la anterior que daba a la calle y la del fondo a un patio. con su hija y Mudarra iba a cenar al restaurant del Odeón. Era este restaurant pequeño. todas cubiertas de manteles blancos. con un zócalo de madera de color de chocolate. había hasta nueve mesas. ese de mezquindad. con una estatua de bronce. estaba ennegrecido por el humo de dos lámparas de gas. gastado. que a don Fausto le seducía. El techo pintado.

zapatos con un lazo y sombrero de alas planas y sin brillo. a . Había en las paredes hasta cuatro espejos. las lámparas. de hablar meloso y cierto aire de negro. los colgadores de cobre. con la luna muy pálida y ennegrecida por las moscas. chaleco de terciopelo con dibujos. era un viejo bajito. pantalones estrechos. calcetines de lana azul. de bigote blanco. de marco estrecho y sin molduras. los manteles. el vientre abultado. Uno de ellos. grueso. de minero en Cardiff y de pinche en una compañía de barcos del Báltico. de esos antiguos. Acudían allí algunos españoles y muchos americanos de todas castas. como sirviéndole de pantalla para mirar a distancia. Uno de los mozos era un marsellés. Asunción y Mudarra. era allí Todo desteñido y viejo: las cortinas amarillentas. el que estaba de cara a don Fausto. Una noche había en el restaurant del Odeón dos señores que discutían. Llevaba el tal señor un perro. Este muchacho se llamaba Miguel y atendía muy obsequiosamente a don Fausto y a Asuncioncita. el otro un chico asturiano que había recorrido medio mundo y había estado de limpiabotas en Nueva York. con los quevedos en el extremo de la nariz. este restaurant comenzaron a ir a don A Fausto.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 223 izquierda sobre los ojos.

largo y estrecho como un espadín. Hablaba daluz. como hacer versos y que tenía además una enormidad de absurdas preocupaciones. el que estaba de espaldas. ^Y qué hacen ahora en España? . El señor del perro y el de la levita discutían sobre cuestiones de religión. contestó don Fausto. según don Segundo. el cual era un señor que se dedicaba a cosas tan inútiles. 124 Pío EAROJA quien el mozo trajo madera. dijo a don Fausto: Ese señor bajito del perro es un poeta. el mozo. Vestía un levitón a la Berryer. Era don Segundo Paz. Sí. don Fausto se levantó para saludarle y le invitó a sentarse a su mesa.. cuello alto y corbata de muchas vueltas. cuando el ex fraile se volvió. Dijo el exclaustrado casi en an- que estaba queriendo convencer de la verdad de las ideas positivistas al que estaba con el perro. ^Se murió Mendizábal? dijo de pronto el ex fraile. El ex fraile se despidió del poeta y se sentó con don fraile Fausto. era un viejo. el otro viejo y flaco es un español que ha sido — y que sabe mucho. Miguel. la comida en una cajita de El otro. ya hace tiempo — — — — ¡Pobrecillo! —murmuró — don Segundo — Era un reaccionario. Mudarra ardía en deseos de ir a ver al español.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

22^

Revolución. Y don Fausto habló de Olózaga, de Orense, de Ruiz Zorrilla, de Salmerón y de Casla
telar.

— Preparándose para —

Son unos mentecatos afirmó rotundamente el ex fraile El único hombre de España es Prim. Don Fausto no se atrevió a contradecirle y
.

el

— ^Y Fernández y González? —Escribiendo novelas. —Aquí estuvo hace algún tiempo y no

exclaustrado continuó preguntando:

lo-

gró aprender francés. Entraba en una tienda y pedía las cosas a gritos en español. Al último le entendían. ¡Y qué discusiones armaba! Según él, Víctor Hugo, Dumas, todos los grandes escritores de aquí eran unos mamarrachos. Entre los modernos no había más que Schiller. ^Y sabe usted por qué tenía esa predilección?

—No.

—Pues porque
decía en
nuel?:i>

no

lo

había leído.

Una

vez

el café Voltaire:

— preguntó también es poeta; es mahembra y yo cho.» — Es pintoresco ese Manuel y mentiroso
le

más que un

poeta, yo.»
él

— «^Y alguno. —
la

«En España no hay Zorrilla, Ma«¡Zorrilla!
el

Sí,

pocos. Una vez vino contándome que se habían reunido Víctor Hugo, Dumas y él, for-

como

mando un

tribunal,
la

y explicaba

la

colocación
el

de este modo: a

derecha se ha puesto

226

PÍO BAROJA

poeta, a la* izquierda el novelista y en medio el genio. El genio era él. Don Segundo reía al contar estas anécdotas. Asuncioncita estaba impaciente oyendo historias que nada le interesaban, y en el primer
alto

de la conversación manifestó el deseo de marcharse a casa. Don Fausto se despidió de don Segundo, y Mudarra, que sentía entusiasmo por todas las
trado.
los dos por la calle Racine, y en esquina de ésta con la de Monsieur-le-Prince, don Segundo Paz mostró una casita de dos
la

superioridades, quiso acompañar al exclaus-

Tomaron

pisos y dijo:

—Ahí ha vivido más grande de los tiempos presentes, pasados y futuros. —^Quién?— preguntó Mudarra. — ¡Quién ha de — exclamó ex — Augusto Comte.
el filósofo

ser!

el

frai-

le

;

Mudarra no recordaba haber oído tal nombre; miró la casa, no se le ocurrió ninguna observación, y esto le pareció depresivo. Haciendo un esfuerzo de memoria encontró algo como una idea y preguntó: Oiga usted, este filósofo Comt^ ¿es el que

se escribe Kant? El viejo ex fraile lanzó a Mudarra una mirada de desprecio y, sin saludarle, se alejó de su lado; luego, le dio tal risa la pregunta, que se tuvo que apoyar en la pared de una casa

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS

227

a su gusto y toser y sonarse y hasta quitarse los dientes postizos y guardarlos en el pañuelo. Mudarra miraba corrido al viejo, que con la mano en el costado no paraba de reir; al ver las muecas que hacía se le contagió la risa y comenzó o reir también a carcajadas. Al notarlo el ex fraile se indignó. para
reir

— ¡Imbécil! —

dijo.

Luego, se arregló la corbata, se puso la dentadura postiza y se alejó de allí con aire sarcástico y desdeñoso.

XIX

Rincones de París

anochecer, padre e las mañanas y POR hija daban grandes paseos por Luxemal
el

Miraban las estatuas, los macizos de heliotropos, de geranios y de rhododendros; veían a las niñas jugar a la comba y a los chicos que botaban lanchitas en el estanque octogonal del centro
burgo y
la

Avenida

del Observatorio.

del jardín. Al caer de la tarde, en las avenidas, algunos

muchachos y muchachas jugaban
en

al cricket;

los bancos, señores tranquilos leían

un pe-

riódico o miraban el espacio vagamente; algún abate grueso e inyectado, de melenas blancas,

meditaba con su breviario en la mano; algún poeta melenudo pasaba lanzando miradas orguUosas a su alrededor. Sentadas en las sillas, charlaban viejas arru-

230

Pío BAROJA

gadas, de cofia blanca unas, otras de cofia negra, mientras hacían media; las mamas jóvenes cuidaban de los chiquillos, mientras ellos correteaban o, tirados por el suelo, jugaban con la arena; algunas muchachas solitarias leían

un

libro.

res

Cerca de la fuente de Médicis, viejos, mujey niños se entretenían en echar migas de
los atrevidos gorriones,
la

pan a
entre

gente,

sin

que andaban miedo alguno de los

hombres. La domesticidad de aquellos pájaros entusiasmaba a don Fausto. Estos gorriones y el letrero del Panteón: «A los grandes hombres, la patria reconocida», eran para don Fausto las pruebas verdaderas de la civilización de

un pueblo.
¡Cuándo habría en Madrid letreros como aquí y gorriones como los del Luxemburgo! Probablemente, nunca. En estos paseos se presentaban muchos galanteadores de Asunción, a los cuales la niña no miraba, pero entre ellos hubo uno que le
fué interesando.

Era un muchacho de
bre; tenía esa timidez

aire

modesto, casi po-

mujeres
lejos,
la

al

que tanto agrada a las principio de sus amores y que tandesde tan

to les molesta al final. Iba tras ella

que muchas veces volvía Asuncioncita cabeza y no le veía. Algunas veces, cuando la muchacha estaba

No le daba París la impresión de un pueblo activo y comercial. Tenía. pensando en que se iba a abrir para ella un balcón hacia el ñrmamento de las eternas felicidades. No estaba aún prolongado el bulevar SaintGermain y había. Ya entonces los románticos del pasado ase- con el cielo días luminosos y las guraban que París no era París. don Fausto y Mudarra se dedicaron a investigar los rincones del barrio Latino y a dar grandes paseos por la orilla del río. Esto le tranquilizó a Asunción. vio a su pretendiente hablando con un jorobadito. Una mañana. ^Sería francés? ¿Sería español? Esto le preocupaba a Asuncioncita. un gran atractivo este París solitario de Septiembre. el joven paseaba por el Luxemburgo mirando a los balcones. en lo que luego fué calle ancha y recta. azul. Mientras Asuncioncita vivía soñando. al ir a San Sulpicio con Susana Demange. que el barrio Latino había desaparecido. para don Fausto. Los dos hablaban el castellano. formadas por casas viejísimas y destar- . algo pálido. de vida tranquila y agradable. los puestas de sol espléndidas.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 23I en casa de Blanca. sino de una ciudad plácida. una porción de callejuelas estrechas. hubiera tenido una verdadera decepción si su galanteador hubiera sido francés.

de casullerías y de imágenes sagradas. en su diario. de prenderías. refugios miento. la de Soufflot. como quien hace un descubritaladas. la del Sena y de Mazarine. como en la buena época. Había otras calles sin especialidad manifiesta. sus casas de comidas. que con sus tiendecillas. el barrio comenzaba a verse desanimado y las galerías del Odeón. la de Santa Margarita. Aún había calles de mucho carácter. pero que caracterizaban admirablemente una época. Eran también muy características las callejuelas estrechas próximas a Saint-Germaindes-Pres: la calle de Buci. de Bonaparte y la de Saints-Péres eran calles de tiendas de grabados y antigüedades.2 32 PÍO BAROJA y madrigueras de bohemios de todas castas. la de San Sulpicio y la calle Madame. daban la impresión del París del año treinta. sus puestos de verdura. la calle Taranne. asignaba su especialidad. a las cuales don Fausto. De algunas plazas y callejuelas parecía que calle La . la de Childebert con sus prenderías y sus tenduchos obscuros y negros. estaban desanimadas. de éstas eran la calle del Horno. Ya no se paseaba por la calle Dauphine. antes paseo y punto de cita de estudiantes y de grisetas. de librerías de obras de Derecho. y Los últimos románticos de París se lamentaban amargamente de la transformación de los tiempos. la del Dragón.

En la vecindad de don Fausto había admirables rincones para pasar el rato. Además de las glorias antiguas de los tiempos casi heroicos. Allá estaba cerca el café Voltaire.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 233 se iba a ver salir alguna diligencia grande y pesada y pasar traqueteando por el empedrado. grabados en mármol. trozos de las Odas Funambulescas de Banville y de las Escenas de la Vida de Bohe- mia de Murger. el café tenía otras glorias modernas: en este diván se habían sentado durante muchos años Gustavo Planche y Julio Valles. Una de estas plazas típicas era la de SaintAndré-des-Arts. Mudarra era el gran descubridor de curiosidades. en donde se marcaban las lineas negras de las chimeneas y el papel de color de las habitaciones. soldados y criadas llegadas de la aldea con sus papalinas blancas. En el piso entresuelo del café había. Quedaban de los derribos paredes altísimas. con las ventanas abiertas hacia afuera. bajas. Las casas que la circundaban eran blancas. en todos los pisos aparecían enseñas comerciales y sobre el tejado se levantaban guardillas enormes. que conservaba caliente aún el recuerdo de la Bohemia. se- . sin adornos. aquí charlaba de arte Barbey d'Aurevilly y de política Clemenceau. sin balcones. Muchas veces decía a don Fausto. conduciendo lechuguinos y damiselas. llenas de chimeneas. como casas negruzcas construidas encima de otras.

234 Pío BAROJA ñalando a un joven perilla: alto. no le llamaban así. la taberna del Cisne y otras muchas. se llamaba Georgina Gambetta y que era pariente del célebre abogado León. en esta calle del Alias Citoyen había una porción de tabernas. españolas. y en donde de cuando en cuando había algún escándalo. tuerto era Generalmente eran gratuitas suposiciones de Mudarra. en donde se cantaban canciones italianas. flaco. de bigote y — ^Sabes quién es ese? —^Quién? — Rochefort. casi todas servidas por damas de distinta nacionalidad. argelinas. También averiguó Mudarra. y este detalle pareció a don Fausto un hallazgo importantísimo para su diario. que a la calle de Monsieur-le-Prince. sino calle del Alias Citoyen. Entonces. era que siempre el decía: Lo curioso distinto. Casi todos los días le indicaba algún tuerto y le — Ese que ha pasado es Gambetta. de las cuales las más celebradas eran la Clínica. Todas las observaciones recogidas por don . los verdaderos revolucionarios como Raúl Rigault. el secretario de Blanqui y sus amigos. de la calle Monsieur-le-Prince. El fué el que averiguó que la dueña de la cervecería de Apolo.

Don Fausto y Mudarra no .LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 235 Fausto y Mudarra eran anotadas y comentadas. con el tiempo. El límite de sus paseos era por una parte. Una vez los dos amigos llegaron hasta Petit Montrouge en busca de la calle Plumet. Había cerca del Odeón un establecimiento cuyos caracteres se fijaron en el diario de don Fausto. el río. Era la üenda de un trapero y anticuario a quien llamaban el Padre Monaco. El ingenio del trapero no era cosa mayor. Don Fausto se pasó muchas horas copiándolos uno a uno. iban casi nunca a la orilla derecha. No encontraron la calle. En un espéculo. En una jeringa: Modelo especial para música di camera. las notas de su diario serían un rayo de luz para el historiador del porvenir. una tienda en donde se vendía de todo y que tenía este letrero ambiguo: «Instituto filantrópico de la orilla izquierda del Sena». le alentaba a seguir escribiendo. una calle que don Fausto quería conocer porque aparece en Los Miserables^ sirviendo como de decoración a un idilio. y además se perdieron. Sobre todo el pensar que. y por las otras el bulevar de los Inválidos y el de Montparnasse. ponía: Speculum^ especulorum^ amen. pero a don Fausto le pareció completamente ático. Monaco ponía rótulos humorísticos a los géneros que vendía.

por todas partes. En los solares trabajaban los canteros y por encima de las vallas aparecían altas chimeneas de ladrillo. fábricas que brotaban de un erial pedregoso y casas viejas medio campestres que iban abajo para formar avenidas. se veían solares llenos de montones de cascote.236 PÍO BAROJA Entonces por allí. hoteles nuevos. huertecillos deshechos. casas altas con estudios de pintor. .

De cuando en cuando pasaba por ella un coche. muy poco transitada. bastante negra. y alguna vieja muy vieja. El hotel era de piedra. Esta calle era. en donde nacían hiedras obscuras que iban escalando la pared de la casa hasta el piso segundo. tenía delante un jardincillo enverjado y sombrío. salía a la ventana de su casa a mirar el carruaje que se paraba siempre delante de un hotel antiguo y medio arruinado. bastante sórdida. que se llama de la Barouillére. Los balcones estaban rotos.XX Una un convento visita a HAY che-Midi una entre la calle de Sevres y la de Cher- callejuela bastante estrecha. de cara apergaminada y de nariz puntiaguda. algunas piedras de la cornisa habían caído al jardín y quedaban medio . hace años. ennegrecido por la humedad y los años.

cruzando el jardincillo del hotel. La señora Demange le presentó a Asuncioncita. debajo de los aleros se veía como un rosario formado por nidos de golondrina. y las tres señoras. y la madre San . entraron en el hotel. Al mismo tiempo que llamaban. vestida de negro. sobre él las flechas de las veletas tomadas por la herrumbre. —Ahora saldrá.23S PÍO B A ROJA ocultas entre las hierbas parásitas. Asunción Bengoa y Susana Demange con su madre llamaron en esta casa misteriosa. de aire determinado y cara enérgica. y al poco rato apareció la madre San Juan. Esta casa tenía el tejado puntiagudo.. apareció una criada que abrió la puerta. el pretendiente de Asunción aparecía en el extremo de la calle. — siéntense ustedes — dijo la criada.. Poco después. ^La madre San Juan? preguntó la señola En ra — Demange. por un camino cubierto de grava. Un domingo. agrupados como pólipos. antes del medio día. no lanzaban al aire más que débiles humaredas azules. ya no giraban. de pizarra. a un lado. había una cadena negra. y los tubos de chimeneas obstruidos. y tirando de ella sonaba a lo lejos una campana. Se sentaron en un vestíbulo que tenía varios cuadros negruzcos. puerta de la verja. Era una mujer de unos cincuenta años.

. vive de sus rentas. la madre San salieron las Cuando concluyó tres la entrevista señoras a la calle. Asunción no creyó oportuno hablar de fábrica de sombreros. ¿Qué edad tiene usted? le dijo la monja. Asunción aparecía ya en el catálogo de las novias. Asunción cambió una mirada con él. son? — preguntó Asunción a Susana. y ésta se despidió.íqué —Y estas señoras.. era una viuda conocida en las altas esferas de la vida parisiense. —Vamos. que Asunción contestó con bastante dificultad.Le dijeron que estas Damas solían dar reuniones y que la madre San Juan. mientras pensaba en su enamorado.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 239 Juan hizo a la muchacha una porción de preguntas acerca de su familia y de su vida. Sí. la directora. — Son Damas Auxiliadoras. sin que ella supiera nada. — eso jjY es..^ padre?. Por una extraña coincidencia.. Diez y siete años. El pretendiente de Asunción se paseaba por delante del convento como un desocupado. las No preguntó más la muchacha. El auxilio de estas Damas Auxiliadoras era arreglar bodas. el mismo día ... es.Mi no es nada. — — — — su padre de usted —. la Al cuarto de hora llamaron a Juan.

recibía una carta de su galanteador. y habiéndole contestado y no pudiéndole entregar su respuesta. y los dominicos desde el pulpito con su palabra fogosa y elocuente. no se decidía. en donde madame Demange tenia que dejar a Asunción. Madame Demange hablaba de la gente de iglesia con verdadero desdén. arbitro de los dos bandos. porque tiene un miedo terrible a las Asociaciones religiosas. situación del obispo. temía la rivalidad de las órdenes religiosas. y expuso en pocas palabras el tal —Y amigos de Terrat. El obispo. Sobre todo. obispo es un necio decía madafogosamente da-^a razón a mi marido en todo. los jesuítas y dominicos estaban minando el terreno de la la religión. los jesuítas tolerancia casuística confesonario con su y sus procedimientos serviles. Este. En el trayecto de la calle de la Barouillere a casa de Blanca. estos en el .240 PÍO BAROJA aquella monástica agencia matrimonial. como a los intransigentes. y no se atreve a ponerse en contra de Terrant. partidarios de Demange. como si la conociera a fondo. la madre de Susana habló de las luchas que tenían en la sociela visita a de dad frecuentada por ella. porque quiere ser académico. como todo el clero francés. me Demange — — . tan pronto parecía inclinarse a los oportunistas. la llevaba doblada dentro del guante.

preocupada con el modo de entregar la contestación a su pretendiente. De cuanto dijo madame Demange. más adocenados y mediocres. 16 .1 LOS ULTEMOS ROMÁN 1 ICOS 24 frailes del hábito blanco. herederos de los in- quisidores de España. tenían que dejar el campo libre a los dominicos y recluirse con su oratoria meliflua y azucarada en los rincones de provincias. se ruborizó al verle. arrastraban los corazo- nes de las damas. Susana y su madre se despidieron da Asunción. sacó el papel del guante. Los mismos jesuítas. luego salió de nuevo a la calle y se encontró con su seguidor. ésta entró en el portal. lo dejó caer al suelo y echó a correr escalera arriba. Asunción no se enteró. con sus anatemas y sus pinturas del infierno. Al llegar a la calle de Vaugirard a casa de Blanca.

.

UN — — — — — — . ^Y qué era lo que me quería usted? preguntó don Fausto. ^Y del músico? preguntó don Fausto ^qué se sabe? Pues parece que ha llegado muy bien a su pueblo con la niña. Fué allí y se encontró con el empleado de la Prefectura. va un joven que tiene todas las señas del bello Hipólito. citándole a la noche en el café del Museo de Cluny. que charlaba con Pipot. el Chateau-Rouge. dadas por el violonchelista. quisiera que viniera usted esta noche conmigo al Chateau-Rouge. Una cosa sencilla. A una taberna de la calle Galande.— XXI £1 Chatoau-Rouge día don Fausto recibió una tarjeta de Gadobert. Como usted conoce al bello Hipólito.

hacia Montrouge. El Gobierno da un jornal a unos cuantos desdichados para qué vayan a esa taberna a hacer de bandidos. quier rincón del barrio donde vivió usted era mucho peor. — Ninguno — dijo Pipot— Yo creo que ^'no .^* preguntó Gadobert. es si el sistió — — es peligroso lugar — — Lo malo don Fausto. Estuvieron contemplando la casa durante — — — . Don Fausto no las tenía todas consigo. torcida y cuarteada. el Chateau-Rouge es literatura. viejísima. hombre! — exclamó Pipot — cual— repli- in- ¡Ca. jDónde vivió. del color de la guillotina. Yo tengo datos para creer que va có Gadobert. pintada de rojo. Por eso creo que ese joven asesino no estará ahí. entre la pintura de color de sangre de toro. Salieron del café. Tenía la casa tres ventanas en cada piso y un balconcillo encima de la tienda. El Chateau-Rouge era una casa pequeña. atravesaron el bulevar y entraron en la calle Galande. pero tantas seguridades le dieron. . En la pared de esta casa.244 Pío BAROJA hay peligro? — preguntó don — Pero. que no se opuso a ir a la taberna. se destacaban las vigas negruzcas. Fausto. Por ahí. de donde colgaba un farol con el letrero: «Refugio de noche>. con el tejado puntiagudo.

dijo don Fausto a ^'Se ha fijado usted? hay dos que nos vienen siGadobert los —De — allí le sacamos. cuando dos mozos fornidos abrieron la puerta y sacaron del interior a un borracho. agarrándole el uno de los hombros y el otro de los pies. hasta cerca del mostrador. El borracho se puso en cuatro patas y comenzó a dar alaridos que querían ser notas de una canción. cerradas. porque está fastidian- — — — . Gadobert y Pipot en establecimiento. — Son de los míos — contestó el policía. con tres puertas a la calle. e iban a entrar en elia. do a demás contestó el mozo. guiendo.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 245 algún tiempo. en donde un joven con lentes llevaba las cuentas a la luz de un mechero de gas. y lo llevaron a la calle y lo dejaron en un rincón en donde había unos toneles vacíos. Era una especie de sótano con pilares de madera. con una indiferencia admirable. Gadobert y Pipot llegaron al fondo. A uno y otro lado había dos mozos encar- . las cuales tenían montantes por donde entraba el aire. Don Fausto. ^Por qué no le llevan a ese ciudadano a preguntó Pipot a uno la Sala de los Muertos? — — de los mozos. Estaba el local iluminado por luces de gas y lleno de un público abigarrado y extraño. el Entraron don Fausto.

. vie- mujeres y niños. a las luces vacilantes del gas. algunos roncaban. otros bebían.— 246 PÍO BAROJA gados de echar a la calle a los alborotadores y de calmar a puñetazos las disputas. De los parroquianos. ¡Y pensar que aquí. y cada una de ellas era una confluencia de andrajos. con la cabeza apoyada entre los platos llenos de salsa y los mendrugos de pan. Se sentaron los tres a una mesa. berna. unos fumaban recostados en la pared. — — — . un aire siniestro. tenía jos. voy a ver si Es ingenioso dijo Pipot hago yo con mi apellido una cosa semejante. durmió la bella Gabriela d'Estrees! dijo Ga- — — — — — dobert. había encontrado en varias partes la cifra de Gabriela. Es un sitio a donde llevan a dormir a los borrachos contestó el tartamudo. Don Fausto no sabía quién era esta señora. Aquella concurrencia. que consistía en una S atravesada por un rasgo: Es-trait. se apiñaba en las mesas. rascando las paredes. ^'Qué es eso de la Sala de los Muertos? preguntó don Fausto a Pipot. la gente. pero se creyó en el caso de decir: ¡Mucho han variado los tiempos! Ya ve usted añadió el policía Me dijo el anterior amo de aquí que. en esta misma casa. Desde el sitio en donde se colocaron don Fausto y sus amigos se dominaba toda la ta- — — — — .

. pálidos. Miraban con desdén a los mendigos de la ciudad. hombres torcidos para adelante. vendedores de caballos de la barrera del Trono y de Montparnasse. por sus caras atezadas. la tela arrugada. y se explicaban sus jugarretas y sus engaños. uno a uno. Casi todos eran mendigos. Aquello no era literatura. y no se dignaban hablarles. Estos vagabundos hablaban fuerte. una mezcla pe- sada de humo. el horror vago por la negrura de aquel antro se convertía en un temor bien definido. Mirando la traza de los allí reunidos. el sombrero seboso y la pipa en los labios. se contaban sus viajes. a los viejos alcohólicos de barba gris sentados a su lado. de alcohol y de miseria. las malas pasadas hechas en les pueblos a los aldeanos y a los gendarmes-. a los obreros sin trabajo. la impresión desagradable se acentuaba. agotadas por la fatiga. la melena crecida y la mirada brillante. como decía Pipot. de emanaciones acidas de los cuerpos. Había unos tipos de una miseria horrorosa: mujeres de aire vago. como si la hubieran pisoteado con rabia. colilleros. Contrastaban con los mendigos ciudadanos algunos vagabundos de carreteras. sin expresión en la mirada. con unos gabanes con las mangas muy cortas o muy largas. La repugnancia desaparecía ante la sensación del peligro. astrosos.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 247 El ambiente era irrespirable.

— . andaba de un lado a otro tambaleándose. tomaban algunas rapé. Su costumbre de fingir daba cierto aire insinuana estas harpías humildes. había algunas de más de cincuenta años. vestidas con taimas grasicntas y harapos recubiertos de un barniz aceitoso. con las mejillas jaspeadas por los vivices alcohólicos. pesadotas. Las mujeres de vida alegre se distinguían por sus ademanes provocativos y descarados. cayéndose sobre unos y otros. de aire compungido. Unas eran gordas. grasicntas. y se pone usted a leer. . Aquí seguramente no está ese Hipólito el suspicacia y le dijo Si ve usted al muchacho ese. mendigas vergonzantes de las que iban a los barrios ricos a pedir limosna por la noche. otras esmirriadas. y en sus miradas oblicuas se leía la te — — Estará arriba — repuso Gadobert— Tome usted ese periódico — a don Fausto — dijo Pipot. 248 PÍO BAROJA . . y fumando una pipa corta. con un kepis en la cabeza. Eran muy niñas o muy viejas. con las mejillas de color violáceo y las vetas rojas del alcohol en la piel. saca usted el pe- riódico — Bueno. Iban ataviadas con cofias. cinismo. bebían aguardiente. grasicntas. Una chata completamante borracha. Las mujeres tenían un aspecto menos triste y más grotesco que los hombres. hablaban con el extremo de los labios.

con aire del vaudepálido. Era una canción brutal en la horrores. — a Guillotina — dijo Gadobert. de color de cera. Ahora que nadie se fija en nosotros. los amigos de Badinguet. con una barba rubia ensortijada y la melena hasta la espalda. mientras una muchacha.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 249 Esperaron un rato. Era un tipo de mirada huraña. fué pidiendo por las mesas. y el Gobierno no tiene fuerza ni prestigio. se levantó. . ville — cómo se permite esto? — preguntó don Fausto. El mismo que había cantado vino con un bastidor y varios papeles y se dispuso a hacer retratos mos ahí se debía llevar a todos. inclinada hacia la oreja y la colilla en los labios. una gorra alta. Le que se decían drido el país. se metió las manos en el pantalón y cantó con un tono de indiferencia rencorosa una canción contra Badinguet y la Española. tiró la colilla. —Es que estos años del Imperio han po^'Y Sire de Franc-Boisy. con un platillo en la mano. va- . Comenzaron a subir unas escaleras. Llegó delante del mostrador. En esto. — Bonito nombre — exclamó Pipot— la de personajes conocidos. un tipo de golfo. Después salió otro artista. pintada. se colocó delante del mostrador y cantó una canción de una golondrina que se moría. después silbó imitando a varios pájaros.

golñllos de diez y seis a diez y ocho años. los trajes de los parroquianos menos raídos. otros eran niños.250 Pío BAROJA — lA qué llaman ustedes Guillotina? la escalera. la mirada encanallada y el gesto burlón. Había chulos de sombrero de paja y melenas. — ¡Pues entonces es una imprudencia en— exclamó don Fausto deteniéndose. — El verdugo. bigote retorcido y barba afeitada de tono azul. trar! . Unos y otros tenían el aire equívoco. guntó don Fausto en — pre— a donde vamos.Ca! le Gadobert. . — No pasa a usted nada— aseguró tierra sitio el París. chiquillos abandonados que dejaban su oficio de marmitones o de conductores de caballos y se lanzaban al aprendizaje de la chulapería y el crimen. —¿'Quién es Monsieur de París? —preguntó don Fausto. por qué la llaman ustedes así? Porque ha habido muchos parroquianos de esa sala contestó Gadobert riendo que han hecho conocimiento con Monsieur de la sala —A — — ^-Y — —Y que ahora están durmiendo en Vitry en sábanas de — añadió Pipot. El público del piso primero era más selecto que el de abajo. —¿Y Vitry? — El cementerio de en donde está los ajusticiados.

— — — — — ija. risa La — — — — — .. Llevaban los labios y los ojos pintados. hay algunos asesinos. En un grupo vio don Fausto al padre Israel. retirados del oficio. . ^Es un judío. que hablaba con unos cuantos.. fumaban cigarrillos y tenían un aire entre candido y deEllas eran muchachitas los bailes. Gadobert le dijo por lo bajo: Tenga usted cuidado. ja. verdad? —Sí. pravado.. ^quienes serán? Bandidos que le llevan cosas para vender a su tienda dijo Gadobert Ese flaco. No. Y esos que hablan con él. todos no— repuso Gadobert en el mismo idioma. Sí. que tienen su capital en la Caja de ahorros.1 LOS ULTmOS ROMÁNTICOS 25 que rondaban por ayudaban y muchas veces a sus amantes a desvalijar al burgués y daban su corazón a un chulo gallardo que las hacía sufrir. Como Pipot comenzase a hablar a gritos. ¡Bah! Todos estos son chulos cobardes replicó Pipot en castellano... Los franceses son muy económicos. de Pipot atrajo las miradas de la gente de las mesas próximas.. Le conozco a ése. Se sentaron don Fausto y sus dos acompañantes.. que aquí una puñalada viene sin saber de dónde. ja!. asesinos ya convertidos en buenas personas.. los cafés las tabernas.

Separado de estos grupos. Llevaba Pas-jolie un chaleco rameado. eran penetrantes como dos estiletes. levita entallada sucia. entre de proporciones monstruosas. que todas las noches tienen que llevarle a la Sala de los Muertos. había un hombre grueso. negras y grasicntas. corbata grande flotante. Fumaba el hombre en una pipa corta. Este añadió Pipot puede decir oomo — . pero la verdad es que viene a beber. hablaba con el padre Israel una jerga incomprensible. Este es un ckansonnier que dice que — — viene aquí a estudiar tipos.Y éste también es algún bandido? — preguntó don Fausto. de gato. afeitado. lían como hebrea y germánica. — . de aire siniestro. No to huía la cabeza para atrás. con los ojos medio cerrados. un sombrero de paja y paraguas. en una mesa aparte. Gastaba melenas largas. y los dos parecían lamentarse a cada paso. su tenía frente. Era un hombre de unos cincuenta años. es también Es conocido por el mote de Pas-jolie. De los bolsillos le salían papeles. y en la mano derecha sostenía una copa de ajenjo. —No. y de tal modo lo hace. afeitado. tanmandíbula era las cejas le sapinceles grises y los ojillos claros. de nariz larga. con cara de cerdo. y un sombrero de copa como un tubo. picado de viruelas.252 Pío BAROJA judio. que caía por encima de la pechera. de alas planas.

dio la mano a los amigos. Se presentó un hombre grueso. calle Lourcine. El dice que ha sido cochero. luego. de bigote y pelo blanco.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 253 aquel caballero que al pie del cadalso dijo a sus amigos: «Ayudadme a subir. el joven debió entrar en sospechas. Pipot sonrió. pero creo — — — — que no. rojo. Es el padre Prichard dijo Gadobert. porque desapareció como una exhalación. el sombrerito torcido. el pelo una sonrisa de hombre guapo y tera. gruesa y fuerte. Al poco rato apareció un joven con rizado. Su mano. ^eh? Sí. saludó a las mujeres y a una muchachita rubia la besó en los labios. . Era el señor Prichard muy barrigudo y tenía que estar sentado con las piernas separadas. el traje Don Fausto el lo Era joven de la riódico e hizo como llamativo de un horreconoció al momento. volvió a su sitio. Otro punto. El aludido entró taconeando. Gadobert se aso- mó disimuladamente al balconcillo de la sala y estuvo un rato. jugaba con la cadena del reloj. pesado. sacó el peque leía. con los pulgares en las aberturas del chaleco. que luego no tendré necesidad de pediros que me ayudéis a bajar.» Después de una prueba tal de erudición histórica. Al sentarse de nuevo Gadobert.

La discusión versaba sobre Rochefort. flaco. Vestía este hombre un levitón largo y unos pantalones bombachos. Algunos se levantaron. En el grupo en donde estaba el padre Israel nadie se alarmó. otros permanecieron quietos en sus sitios. entre exclamaciones el matón decía que gritos. de bigote negro. estaba discutiendo con un truhán alto. Era. Era el tipo de un espadachín. salir Sí. el color oliváceo. a quien llamaban también Bec-Salé. — ¿Nos vamos?— preguntó don Fausto. porque en el momento en que más excitados se hallaban los contricantes se oyó y un vocerío en — ¡La la calle. el célebre periodista estaba vendido a los ingleses y Pipot le contestaba insultándole y afirmando. policía! — exclamó una voz. No se sabe en qué hubiese acabado la discusión. Juan Malou. de un verdadero matamoros. — ahora mismo. Nadie se había dado cuenta de lo sucedido. sin saber cómo ni cuando. Ya se iban a marchar cuando vieron que Pipot. que todo el que asegurase tal cosa no podía ser más que un miserable o un imbécil. Bec- .254 PÍO BAROJA — jBah! Al caerás — murmuró Gadobert. tenía la nariz arqueada. los bigotes afilados y en la mano un bastón nudoso. los ojos negros y brillantes. Llevaba un poco de melena y un sombrero garibaldino. según dijo Gadobert.

Entre Gadobert y don Fausto le tranquilizaron y le dejaron en casa. extendió el brazo y del interior de la manga le corrió a la mano un puñal que agarró. Salé. Gadobert y Pipot salieron a la calle. Vamos entonces. más que de lo que había bebido. Las ventanas estaban iluminadas y de las tabernas salía gente. el contrincante policía. — <|Ha pasado algo? la uno que estaba a — preguntó Gadobert a puerta de la taberna. Don Fausto. La batida había producido cierta intranquilidad en la calle Galande. — Bueno. dispuesto a herir a cualquiera. pasó el —No El te muevas bert desde su silla — dijo — que le . —Nada.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 25 S de Pipot. al oir hablar de bastón de la derecha a la izquierda. fríamente Gadote estoy apuntando hace un momento. Pipot estaba algo mareado. del tufo de la taberna. — ^Lo han trincado? —Sí. y se lamentaba de no haber abierto la cabeza de un botellazo a Bec-Salé. . Efectiva- mente. matón dio un salto hacia atrás. Gadobert había sacado un revólver con disimulo y lo tenía en la mano. Nada tenemos que hacer aquí. Entraron dos agentes de policía y pidieron documentos a los que estaban allí.

.

Sí. cómo — se meterse en esa —Pues una amiga me recomendó una casa calle la calle le sí! Saint-Michel. ^Dónde está eso? ^'Y calle? en ese rita. — — pequeña que hay detrás de San —Una Sulpicio y que sale a de Vaugirard. sitio. ocurrió a usted jAh. 17 .XXII Bl final de tina mujer romántica SALIERON don Fausto y Gadobert dijo al bulevar — — Gadobert. Está usted bien relacionado. Usted quizá conozca a esa señovive en la calle de Vaugirard. tiene en su casa una tertulia legitimista. ^En dónde vive usted? En la calle Garanciere. la conozco. — — — señor Bengon. (Y cómo se llama? Blanca de Montville.

al los lles. yo no tengo inconveniente.258 PÍO BAROJA señorita. sé. Le contaré lo que Un día. — ¿'Qué quiere usted decir con eso? — Que me parece que es de que han nido algún — ¡Bah! Eso no se puede uno ñgurar lo historia. Este señor duque. — Puesto que está usted en todos deta5I señorita. hará de esto ocho o diez años. aunque nos da mucho que hacer a — ^Y padre? —Lo conocí también. — ¡Ya creo! Tiene mucha influencia esa — Y yo que apostaría cualquier cosa a que mi amiga tiene su señor Gadobert. . lo ^Qué sabe usted de esa — Que tiene un sepa Usted quizá también. porque tengo gran curiosidad por saberlo. lo sin datos. me rogaba que pasara por su casa. avisé a la oficina que no podía ir y me fui a casa del aristócrata. o por lo menos hijo. estaba vistiéndome para ir a la oficina. cuando el criado de un duque amigo mío me entregó una carta de su amo. -¿Sí? las te- lío. sin sospechas. — Cuénteme usted eso. — ¡Claro! — Conoce usted a su — Es amigo mío. Yo le debía al duque algunos favores. que usted ya comprenderá quién es.^* hijo? (fA Sairií:£x:fcux? la policía.

Una señorita amiga siguió diciendo ha tenido un hijo con un hombre casado. Su conocimiento con la señorita de Montville había sido muy vulgar. rodeado de trastos antiguos y. intenta apoderarse del niño. Si como — siempre. y deportarlo. complicándolo en un asunto polí- — — — un servicio. Necesito que me haga usted Gadobert me dijo. frío e impasible. Enrique Saint-Preux. el padre del niño es un pintor.^ — La señorita se llama Blanca Montville. y el padre. un pintor bohemio del barrio Latino. y el niño. (E\ nombre de esos señores. sabrá usted que es un museo de muebles viejos y desquiciados. Lo encontré al hombre en su despacho. Estoy a su disposición le contesté yo. que algunos valen un dineral. colegio Stanislas. siempre con la decisión de arreglar la cosa de una manera algo menos violenta de la preconizada por el aristócrata. Un día Blanca quiso res- . que es un hombre de clase baja. — — tico cualquiera — Está bien. de apellido Capissou. Capissou era conocido mío. está en el dije que me bastaban estos datos y me despedí del duque. La señorita tiene su hijo en un colegio. Le Me enteré del asunto. Se trata de inutilizar a ese hombre.— LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 259 ha estado usted alguna vez en el hotel del duque. Se dedicaba a la decoración y no era ciertamente ningún genio.

Pues. viniera o no a cuento. era . un como como decía. pero. quizá por lo raro. según el punto de donde se las mira. La pareja Capissou-Blanca debió ser rarísima.26o PÍO BAROJA taurar las pinturas del techo del gabinete y llamó a Capissou y éste le habló como hablaba a todo el mundo. porque Capissou era fanfarrón. decía que era hijo de una planchadora y de un mayoral de ómnibus y que estaba satisfecho de su ascendencia. holgazán y republicano maratista. ella tan elegante. A mí ya todo me parece igual. según decía. A mí me parece esto muy bien dijo don Fausto. y se acostumbró a sus modales y a su conversación y hasta llegó a enamorarse de él. diciendo una porción de disparates y jurando a cada paso. — — — — — una pareja muy rara. Odiaba. se afirma en los folletines y en los melodramas. lo consiguió Capissou. y lo que no había conseguido el conde o el marqués. contestó Gadobert las cosas tie¡Pse! nen importancia. como si fuera nieto de Montmorency. para el amor no hay clases. Le hizo gracia el hombre a la señorita. tan espiritual. sin duda. La señorita Blanca de Montville tenía. y él tan bárbaro y tan tosco. a los aristócratas y. tan aristocrática. si Capissou no estuviera ya casado con la hija de un mesonero de la calle de Buci. Blanca se hubiera casado con el pintor.

contemplaron París desde las alturas de Meudon. que se llama Saint-Preux. que es excelente. y su mujer. Blanca tuvo un hijo. cuando le llevaba de la mano. Un día que pudo lo sacó del colegio y se lo llevó al restaurant de la calle de Buci. a consecuencia de estos viajes y contemplaciones. Se trataba de complicar a Capissou en un proceso político cualquiera y . que no tenía hijos de su mujer. y. se le desarrolló con la edad el instinto paternal y buscó a su hijo y lo encontró. le gustaban los merenderos de las orillas del Sena y del Marne y los guisos a la marinera. y a Capissou. Enrique estuvo en esta aldea hasta ¡os seis años. a cuya edad Blanca lo trajo a París al colegio Stanislas. y se decidió por la mujer del pueblo. si no le gustaba el campo. A Capissou. El muchacho comparó seguramente la manera de ser de su madre. y la de aquella mujer que. que figuran con tanto éxito en las novelas de Paul de Kock. En esto se enteró Blanca. a orillas del lago Leman.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 201 gran fondo de sentimentalismo y por la naturaleza. recibió al chico alboel culto rozada. y fué cuando me llamó el duque. Los dos amantes recorrieron todos esos merenderos sonrientes de los alrededores. que nació en una aldea próxima a Ginebra. se sentía orgullosa como una reina. que para verle tenía que ir siempre de tapadillo.

Los dos me prometieron que no volverían a buscar al chico. Capissou chilló y echó una porción de bravatas. Transcurrieron después de esto que digo doce o catorce años.202 PÍO BAROJA después amenazarle con que. y éste. influiré para que le asciendan a usted. el hombre se inmutó. Pre- — le caracteriza. Lo que no había podido conseguir aguzando la inteligencia y exponiendo la vida. yo no podía luchar con un personaje tan influyente como el duque. me dijo: gunté dónde vivía madama Capissou y me . En esta época. pero. fui a verle y le advertí que no intentara ver a su hijo. con la frialdad que Está bien. si no quería hacer un viaje. y me dio verdaderamente pena. cuando le advertí yo que no se trataba de ninguna broma. me ascendieron. si no dejaba de ver a su hijo. efectivamente. y un día recibí la esquela de Capissou. fui por la calle Buci a dar el pésame a la mujer del pintor y me encontré con el restaurant cerrado. intrigas por el estilo eran más frecuentes todavía que ahora. Así son las cosas. Y. pero. Su mujer lloraba a lágrima viva. del cual probablemente no volvería. se le enviaría a Cayena para toda su vida. sino de una cosa seria. lo conseguí por este servicio sin importancia y sin peligro. en vez de tramar nada contra Capissou. Comuniqué yo el resultado de mi gestión al duque.

no me conoció al principio y luego me presentó a un muchacho. Gadobert y don Fausto se separaron. Considera como madre a la mujer del pintor.. — ¡Es extraña — ¡Hay tantas por ¡Pse! la historia! el estilo!. Era un internacionalista furibun- do de los más radicales. (Y Saint-Preux se trata con su madre? Creo que no. Ahora está mezclado en todos los manejos de los revolucionarios. era Enrique SaintPreux. que vivía con ella. Hablé con él. Enrique tenía un taller de grabado.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 263 dieron sus señas en Montmartre. . La encontré.. y no quiere ni oir hablar de — — Blanca. en donde ganaba bastante. y don Fausto se marchó a su casa.

.

al separarse don Fausto. ^Quién será este muchacho? dijo don Fausto a su hija. A la noche siguiente estaba también el galanteador. Charlaron los dos un rato. se dieron la mano. hablando con don Segundo Paz. pero solo. vio Asun- ción a su galanteador en una mesa de al lado. pero Asunción dijo a su papá señalando al ex fraile: Ese señor fué el que estuvo hablando contigo el otro día. y. el joven se inclinó. — — — — — . y don Fausto al entrar le saludó. UNA taurant de al e hija en el res- la calle Voltaire. Don Fausto no le conoció a primera vista.XXIII El colaborador de don Fausto entrar padre noche. ¡Ah! Pues es verdad y don Fausto fué a saludar al exclaustrado.

muchacho un — — — — — — . don Fausto preguntaba y joven Yarza respondía. ¡Hombre. papá —replicó Asunción.^ ({Pero particular? al al otros. y el chico asturiano contestó que conocía a aquel joven hacía tiempo. «iQué tiene eso de — mozo añadió: — Dígale usted dirigiéndose ¿'Por no.y 266 PÍO BAROJA —No sé — contestó — Le voy a preguntar Lo hizo así. Yo vivo enfrente de San Sulpicio repuso Yarza. en nuestra misma calle. ella con ingenuidad. El mozo dio el encargo y el galanteador. — No hagas eso. al mozo. Lg voy a convidar a tomar café dijo — — don Fausto. vivamente. A don Fausto le pareció el tanto tímido y se sintió dispuesto a concederle su protección. si quiere tomar café con nosque tendremos mucho gusto. — qué — ¡A una persona desconocida! — Esas son tonterías y preocupaciones. — qué va pensar de nosotros? —Nada. se acercó a saludar^^a hija. señor Yarza muy un el pálido. Dijo que vivía en París hacía ya cuatro años y que trabajaba para una casa editorial. ^'Dónde vive usted? le dijo. En la calle Garanciere. y a su aire don Fausto La conversación entre ellos tuvo de examen. que se llamaba Carlos Yarza y que era escritor.

^Conocerá usted bien París. en donde se despidió. a pesar de las protestas de Asuncioncita. sin duda el joven sabía perfectamente dónde vivían ellos.^ Sí. —^Quiere usted que vayamos a un café? —Bueno. — — —Sí. Después la muchacha echó a correr por el portal. sonriendo algo ruborizada. (Y qué trabajo tiene usted en la casa edisiguió preguntando don Fausto. . llamó a Yarza y se puso a hablar — — — — — con él. Don Fausto estaba madurando su proyecto. Asuncioncita sonrió. y luego. que la estrechó muy conmovido. Salieron del restanrant y Carlos Yarza acompañó al padre y a la hija hasta su casa. encontraron a Carlos en el jardín del Luxemburgo. que había ideado un proyecto la noche anterior. Al día siguiente por la mañana. jclaro! Aunque la orilla derecha no la conozco bien.TIMOS ROMÁNTICOS 20/ — Pues nosotros que tiene al lado de una casa grande una fuente. Fueron los tres paseando y acercándose a casa de Blanca. voy muy poco por allá. Aquí Asunción se despidió de su padre presentándole la mejilla.LOS Úí. les saludó y don Fausto. torial? Escribo y traduzco. <iHa almorzado usted ya? dijo a Carlos. antes de ir a casa de Blanca. tendió la mano a Carlos.

pero con la enfermedad de esta señora amiga mía no tengo tiempo. Lo he prometido al director.. político literario te. literario. Yo quisiera dijo después de charlar de asuntos indiferentes poner en orden unas notas que tengo escritas. —También me gustaría hacer una informa— —¿Cómo que clase? — La índole.. y el ción para un periódico de Madrid. Sí. — El tamaño de un artículo corriente.. ¡Ya lo creo! Dígame usted qué clase de información quiere que haga.Usted podría en- — — — — cargarse?. muy bien. cien— ^Pero quiere usted que sea económico? principalmen— No.1 68 • PÍO BAROJA Bajaron a la calle Taranne y entraron en un café que había en una esquina. señor. . usted? — Sí. . Sí. Al ver la espontaneidad con que Carlos se brindaba a trabajar. Si usted pudiera... político. don Fausto se aventuró a seguir. con mucho gusto. no. tamaño. sin comprender la causa de la entrevista. señor. señor.. Don Fausto buscaba la forma más adecuada para explicar su proyecto. Yo le diré a usted el asunto que se ha de ^Le parece a tratar y usted lo desarrolla... Carlos Yarza estaba intranquilo. tífico.

Eso mismo. sabe usted. Citando a César. ¿Qué color político tiene el periódico donde va — — — — usted a escribir? Republicano. no.LOS ÚLTDIOS ROMÁNTICOS 269 escritos en estilo castelarino. históricas. artículos — ^'Con muchas imágenes y comparaciones hablando del Imperio Romano y de la Revolución Francesa? Eso es. natural. —Veinte francos por dos. Dígame usted. le artículos los usted bien? . — No sé parecerá a usted una vanidad.. — No. a Espartaco. — — Entonces pega muy bien nante. a Napoleón.. Pues los haré. — ¿Cuántos va usted a enviar por semana? —Dos me parecen bastantes. Es fácil imitar a Castelar. a Miguel Ángel. — ¡Ah. —A mí me gustaría. pero también quisiera firmar esos — Es Usted se ha comprometido a enviarlos. (Lq parece a el estilo altiso- saliera claro! si le artículos. —¿Y cuánto cree usted que debo dar por eso? — Lo que usted quiera. —Yo quisiera que esto no de entre nosotros.

la — Lo decía porque es domingo. hombre. entonces. . Estos franceses. — Mañana es mejor. — Le acompañaré a usted. —^Va usted lejos? — No. Yarza enseñó a don Fausto el jardín en donde se conservan los restos de la anti- gua Abadía. perdóneme usted. Luxemburgo —dijo don Fausto. a una librería de calle Jacob. Mañana. ser brutales Todos los pueblos son brutales mursólo los individuos pueden ser muró Yarza buenos. Llegaron a la calle Jacob. a la misma hora. deben dijo don Fausto. Ahora. — No importa. tengo que marcharme a trabajar. artícu- ^'qué — — — — — — . Mañana o pasado. cuando se ponen. Salieron del café y bajaron por la calle Bonaparte. Le daré a usted cuarenta francos por los dos. Aquí tiene usted motivo para un lo Abadía. el — Bueno.270 Pío BAROJA No. donde ocurrieron aquellas terribles matanzas del tiempo de la Revolución. Es muy poco. estaré en el la — — — Pues es esto? — Son restos de antigua dijo. — — ¡Muchas gracias! — ^'Cuándo me traerá usted primero? — Cuando usted quiera. mañana.

estaba nublado. Asunción había ido a misa a San Sulpicio con madama Demange y Susana. al reflejarlo. luego. a preparar otro — —Vamos. . Allí iré yo también. La campana de San Sulpicio tocaba a misa mayor cuando fueron don Fausto y Carlos a dar un paseo. Al día siguiente. de mediados de Septiembre. — — manos. dijo. Yarza y don Fausto se vieron en el Luxemburgo. Don Fausto estaba entusiasmado. Salieron a la altura del Panteón. frotándose las rial. el cielo era ligero. de color gris. — — —Sí. —Bueno. ^ artículo? — Vamos a dar una vuelta. parecía de plomo. El día. Yarza entró en la casa editodon Fausto volvió a contemplar las ruinas de la Abadia. vago. Se sentaron en un banco y leyó Yarza lo que había escrito. — Descuide usted. Se separaron. Entre tíste muchacho y yo vamos a hacer cosas magníficas se dijo. bajaron por la calle de Santa Genoveva al muelle de Montebello.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 2/1 —Pero que quede esto entre nosotros. y el río. ^Trae usted el artículo? preguntó don Fausto inmediatamente al ver a Yarza. Estaba contentísimo.

(ipor qué? Es que yo era muy romántico. Las explicaciones que dio Carlos Yarza acerca do la restauración de la iglesia. la —^Y Morgue? — preguntó de pronto don Fausto. ¡Qué horrible desencanto! Admiraron la Hgereza y la elegancia de los arbotantes del ábside. Yarza no pudo contener una sonrisa. . preguntó ^^Le parece a usted ridículo? don Fausto riendo. No. la plaza — —La Morgue. yo era estudiante. ¿'Cuáles? — — — —¿Cuál? — — T. También había otro sitio que me hubiese gustado ver. no. Precisamente él creía que aquella flecha tan airosa debía ser lo más antiguo de la famosa catedral. desilusionaron a don Fausto un poco. ¿Qué. hiciera mal Temía que —^*Sabe usted — dijo don Fausto — cuando la visita le efecto. — Está aquí cerca. hecha conforme a los planos de Viollet-le-Duc.a calle de Jerusalén. . cuáles eran las cuatro cosas que tenía curiosidad de ver en París? de la Greve. la Torre de Nesle y las Catacumbas. y resultaba construida el año 1859.272 Pío BAROJA Cruzaron el puente del Arzobispado y contemplaron Nuestra Señora de París. quiere usted que vayamos? — No.

LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 2/3 licía. entraron en la isla de San Luis y pasearon por uno de sus muelles silenciosos. Volvieron a la Cité. dispuesto a conmoverse con el relato de alguna horripilante tragedia. miraban el río. En la orilla izquierda. tranquilas. Pasearon por las calles de la isla. 18 . sentados en los bordes del malecón. se veía la cúpula plomiza del Panteón y las torres de San Esteban del Monte. sombrías. torcidos y negros. como las de alguna pequeña ciudad flamenca. enfilando una calleja. Siguieron el paseo. No replicó Yarza He oído decir que la mujer sin cabeza era la muestra de una callejuelas — — — — — . — por qué tenía usted curiosidad por esa —Porque figura en todas novelas. que era — Eso Estaba ahí cerca del —Pues ya no ^rY calle? las la calle la es. ¡Qué drama ocurriría aquí! exclamó don Fausto. de po— ¡Ah! Es verdad. puente de Saint-Michel. Había una calle que se llamaba de la Mujer sin Cabeza. Algunos pescadores de caña. tienda. inmóviles. existe. por encima de los tejados. Cruzaron el puente de la Cité. unas abandonadas. con las piernas hacia afuera.

al romanizarse. Brunellesco. quedó ahogado. el Edgard Quinet es el que ha hecho una descripción poética de Lutecia en uno de sus libros. — como — él dice? ¡El París gótico! Ya lo creo. y poco — — Yo. que levantó Nuestra Señora de París y la Santa Capilla y otras muchas cosas que han desaparecido. ^'Cree usted? sí. si hubiesen vivido aquí. hecho . Mucho más hermoso que ahora. no produjo más que malas imitaciones de Roma. estos galos debían ser gente basta artista. pesadas y sin gracia. es el del Sena. tello. que no tenia más que un barrio pequeño en la orilla izquierda — — antiguo París. Aquí el elemento fino era el sajón. Yo no creo que estos franceses sean artistas. los florentinos. La raza franca al mezclarse. Figúrese usted lo que hubiesen con DonaMiguel Ángel. los Médicis. La antigua Lutecia. Se ve claramente que el genio sajón. Sí. verdad? —(Y París que describe Víctor Hugo en Nuestra Señora? — Ese es ya relativamente moderno. París del siglo xv. — dijo don Fausto asombrado.— 274 no ¿'Esta isla era el BAROJA preguntó don Fausto. con las condiciones admirables de clima y de suelo que tiene París. ¿Y usted cree que ese París que pinta Víctor Hugo sería más hermoso que el de ahora.

. Además. Y la misma impresión da Moliere. — dijo don Fausto. yo no niego la importancia de París.. es igual. y Montaigne.LOS ÚLTDIOS ROMÁNTICOS 275 — — No. Mire usted. Todo es equilibrado en Francia. ¡qué ingenio!. no ha dado ese producto algo anómalo que se llama el genio. o como estos señores que se ven en los restaurante con la cabeza cuadrada y el cuerpo pesado. y su arte y todo. — ^Y Víctor —Víctor Hugo un italiano.í* es. ¡qué claridad!. ¡qué gracia! Hay todo en él menos genio. nacida — — — . Eso dicen. que ha producido una pléyade de hombres de gran talento. Yo creo que tiene usted prevención contra los franceses dijo don Fausto París es el cerebro del mundo. ¡Qué talento!. equilibrado y poco airoso. Este es el pueblo que tiene más amor al precepto y a la ley. Y cuando se presenta el tipo del desequilibrado de genio es Bonaparte. lo que digo es que esta raza francesa bien alimentada. Hugo. son como esos caballos grandes de patas gordas. por ejemplo. fuera de los góticos. yo lo dudo. <jNo? A mí me dan la impresión de una raza plana. Sus edificios. y Racine. Voltaire. y su filosofía. y los pintores y los escultores y hasta los mismos polí- ticos de la Revolución francesa. Todo lo hacen en extensión y nada en intensidad. los escritores de todos . — en una de las regiones más ricas de Europa.

el mérito era algo como un perfume.276 PÍO BAROJA franceses. Si don Fausto hubiese podido apuntar lo que le decía Yarza. una especie de simulador del genio. un desarreglado con reglas. También le hubiera preguntado qué eran arbotantes y otros nombres técnicos que Yarza empleaba. o se contemplaba un cuadro o una estatua. pero estaba convencido de que el espíritu de las cosas lo comprendía como nadie. Para mi es un gran retórico. Luego. Don Fausto no entendía los detalles de lo que explicaba el joven. como Romeo y Julieta o Pablo y Virginia. Don Fausto movió la cabeza como hombre no convencido. una cosa inexplicable. y filósofo Abelardo. que lo mismo se encontraba en un paredón viejo que en un trapo sucio. un enigma. él . Para él. Se ponía uno delante de un edificio cualquiera sin saber si se había construido en tiempo de César o de Napoleón. don Fausto y Yarza pasearon por estas calles tristes que hay entre Nuestra Señora y el muelle de las Flores. ¡cómo hubiera enriquecido su diario! Pero no era posible. imposible de analizar. ¡Cómo preguntarle quién era el Porque que había vivido en la Cité! había oído hablar de Abelardo y de Eloísa. Dentro de cincuenta o sesenta años le podrán juzgar. pero se los figuraba como dos amantes fantásticos. pero temía que la pregunta fuera de un pésimo efecto. el Por ahora es que tiene más aspecto genial.

le — ¡Qué románticas estas casas viejas decía Yarza. por el Puente Nuevo. y de aquí. Entraron en la plaza Dauphine. casas antiguas. según explicó Yarza. En el cielo gris se destacaba la silueta atrevida de la torre Saint. entre la arboleda amarilla. con paredes llenas de hiedra obscura. Era el mérito. ron Luego dieron vuelta a la Cité y contemplala torre del Reloj y las paredes negras de la cual. de canónigos gordos y de amas de cura. había habido un molino para fabricar moneda. herida por un rayo de sol. de piedra. la Conserjería. fueron hasta el muelle del Louvre. También eran típicas estas calles próximas al palacio de Justicia. Entonces decía uno: Esto es artístico. por donde salía una humareda azul. esto tiene mérito. la Renommée de la plaza del Ghatelet brillaba como oro pálido. eran casas eclesiásticas.Jacques.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 277 de repente sentía uno en la inteligencia como quien siente un tufillo en la nariz. con ventanas sin cortinas como ojazos apagados. pero en . a lo lejos. Por la superficie del río pasaban rápidos los barcos y los remolcadores con un estremecimiento ligero. Salieron al muelle de las Flores. Y era verdad. la calle de la Calandre y de Marmousets. con tejados en punta y chimeneas medio caídas. mostrándole gras! — la y nede la calle Canonesa y de los Ursinos. con patios grandes. en tiempos antiquísimos.

parece ^'verdad? se detuvo a contemplar la ciudad. en este ambiente opaco. dijo Yarza a don Fausto: París. En la isla de la Cité se veían. con sus encajes de piedra.278 PÍO BAROJA don Fausto no quería otra orilla. cuyo extremo se hundía en el agua como la proa de un barco. por encima de la punta del Vert-Galant. se elevaban rojizos y desnu- de plomo. un vapor estaba desembarcando objetos de porcelana. las casas del muelle de los Orfebres y las paredes negras del Hotel-Dieu. una estampa antigua. y más lejos aún. la flecha alta y finísima de la catedral. Al llegar al centro del puente. —Mire usted desde aquí Don Fausto la vista clásica de Ahora. ¿Ve usted dijo Yarza ese espacio entre el cielo En alto — — — . las dos torres negruzcas de Nuestra Señora de París. alejarse al y volvieron a la En el muelle próximo Louvre. más lejos el Puente Nuevo. surcadas por rayos de sol. y cuyos árboles dos de ojas. al otro. Sobre el río gris se tendía el puente de las Artes. la cúpula gris recién construida del Tribunal de Comercio y las torrecillas cónicas de la Conserjería. a un lado. en parte escondida tras una de las torres. en donde nadaban algunas nubles claras. más atrás. por debajo del puente del Carrousel. se perfilaba la aguja dorada de la Santa Capilla.

Le acompañó Carlos Yarza hasta la calle de Vaugirard. el teatro de Chatelet y los tejados del Hotel-deorílla Ville.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 2/9 las torres de la Conserjería y la aguja de la Santa Capilla? Pues esa es la cuna de París. Hubiera querido encontrar en aquel momento una frase escultural. una columna de humo negro. porque don Fausto tenía que ir a comer a casa de Blanca. lo cual le pareció bastante depresivo. largo. Hombre. de color de plomo. y después de despedirse de su amigo. . la chimenea de una fábrica arrojaba en el aire gris. pesado. subió entu- — — — — siasmado con su artículo en el bolsillo y con otro en preparación a casa de Blanca. una frase víctorhnguesca como un relámpago para manifestar su admiración. En esta misma casa vivió madama Montespán dijo Carlos señalando la de la señorita de Montville. Don Fausto estuvo contemplando largo tiempo la vista de París. azulado. En la Más lejos. Volvieron. luego la torre blanquísima de Saint-Jacques. ^De veras? preguntó don Fausto. entre la niebla. derecha del rio se levantaba el Louvre. pero no se le ocurrió nada. Don Fausto contempló lo que le indicaba Yarza.

.

de veinte años.XXIV Inconvenientes de los éxitos literarios AQUELLOS días don Fausto sintió grandes impaciencias. ¡qué profunda emoción! Ya se figuraba don Fausto que era un personaje de Balzac. Cuando llegó el periódico con su artículo. Don Fausto comenzaba a creer que hasta entonces no había vivido. intrigando. como Rubempré o como Rastignac. hasta aprendérselo de memoria. encender la bujía y leer allí y leer el artículo. haciendo el amor a la duquesa de Maufrigneuse. Ser escritor y vivir . saludando afectuosamente al doctor Bianchon y yendo en los momentos de apuro a pedir dinero a Gobseck. ya se veía joven. paseando en el Bosque con Marsay o con Máximo de Trailles. ¡qué inmensa alegría! Meterse en su cuarto.

o un árbol. cerca del Pasaje del PontNeuf. lo que le entretenía muchísimo. iba al Museo del en París. dividida por la verja. ¡Había adivinado el mérito de una cosa sin ayuda de nadie! En las calles contemplaba una casa.282 PÍO BAROJA centro del mundo. indudablemente. hasta que se aburría lo bastante para hacerle creer que lo había comprendido en su verdadera esencia.» Don Fausto comparaba el natural con la estampa. llena de ómnibus. la isla de la Cité parecía un barco amarrado por los puentes a ambas ori- . de coches y de personas. y algunas veces que le gustaba espontáneamente un cuadro y luego veía que era de un autor célebre. con los dos jardincillos con sus estatuas en medio. Don Fausto se perfeccionaba. Se veía delante de la plaza del Louvre. y la del Carrousel. Debía estar la vista tomada desde el tejado de las Tullerías. en donde había encontrado una gran estampa en colores. Muchos días iba a contemplar la vista clásica de París que le había mostrado Carlos Yarza. que se titulaba: «París a vista de pájaro. se esforzaba en comprender las cosas mejor que las había comprendido hasta entonces. pero antes se paraba en una prendería de la calle del Sena. o el río. se entusiasmaba y se admiraba a sí mismo. A la derecha. él era alguien. en el Louvre.

con la esfumaba los contornos. A los quince días de aparecer su primer arliteratura le dio La . y ya de noche el cielo comlas aristas. En estos días grises todo era azul y negro. por las chimeneas de las casas salían humaredas tenues blanquecinas. algunos disgustos a don Fausto.. un azul suave de un tono de perla. anaranjados. El aire envolvía los objetos como en una gasa. el asfalto humedecido de las calles parecía un metal en fusión. Uno fué el conocimiento de un bohemio llamado César Andion. Había crepúsculos de ópalo. se alejaba al anochecer. El grabador había sido. sin duda. les.. a veces todo París tomaba un color de malva. y grandes nubes plomizas volaban por el aire. borraba lias. de París. Sentía don Fausto una gran satisfacción contemplando esta vista. parecían brumas flotando sobre el suelo. don Fausto iba a contemplar el natural. Por la tarde el río tomaba un color azul verdoso. notando y señalando las variaciones experimentadas por el pueblo. Los árboya desnudos de hojas por el otoño. Luego de estudiar a su gusto la estanpa. un hombre concienzudo que no había olvidado un detalle en su obra.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 283 proa en la punta del Vert-Galant y las velas en las torres de Nuestra Señora. el cielo ligero. pacto adquiría un tono de sangre. alto.

—^Cuánto dinero — Cinco o francos. a darle un abrazo fraternal y a pedirle diez francos. A . incapaz de trabajar. Tenía una seriedad de embaucador interrumpida a ratos por una sonrisa de pillo de playa. César comenzó adulando a don Fausto de una manera escandalosa. Perezoso como un turco. dijo tuteándole. — llevas? ti no te conviene beber. 284 tículo se presentó PÍO BAROJA en casa de don Fausto un hizo pasar una tarjeta que decía así: «César Andion. Andion era un andaluz que vivía hacía tiempo en París y que había tomado el aire de ios bohemios del barrio Latino. y cuando tomó el dinero. estrechó con todas sus fuerzas la mano de don Fausto y se marchó inmediatamente Pocos días después don Fausto se encontró al bohemio en la calle. Me tienes que convidar a una verde le Era ya viejo. o quizá los escribirías mejo- — Entonces a dos verdes. — —Bueno.. endiabladamente vanidoso. poeta. no podrías escribir esos artículos que escribes. se pasaba la vida en un continuo ajetreo más duro que cualquier trabajo.» César venía a felicitar a don Fausto. le hombre que con la barba con hilos de plata y los ojos tristes de borracho. recitó luego con una solemnidad sacerdotal versos de Baudelaire. seis .

to- intentan desviarme de mi camino. — La musa verde. No. . señor don Fausto Bengoa: usted no es nadie a mi lado. ¡ja. si me ignorasen. — murmuró — todos los grandes hombres beben ajenjo.. la verdad. — — ^Y por qué no entiendes bien francés? — Porque hace poco tiempo que estoy aquí. de Baudelaire.. ^tú entiendes el francés? — — — — No muy bien... A usted sucedería mismo. añadió: —Todos jPse! el le lo no.. hondamente mortificado. no me mire usted con esos ojos espantados... mando un acento sarcástico. tu prosa es bastante vulgar.. — A mí porque soy Dios — Luego... LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 285 res.. Entraron en un café. Andion pidió ajenjo y comenzó a echar agua poco a poco en la se sintió Don Fausto copa.. (De qué maestro ha de ser?. Porque haya usted escrito unos cuantos artículos despreciables. no crea usted que puede compararse conmigo. Del único. Yo sé que aquí hay algo y César se dio una palmada en la frente y lo que hay aquí algún día saldrá para hacer la admiración del universo. ^De qué maestro? preguntó don Fausto. ja!. porque. — Entonces eres un pobre diablo.. — — .. Ya lo sé. ^eh?. hacen como Es como si quisieran tapar el cielo con las manos.. Ahora te recitaré algo del maestro.

Cree usted que soy bueno? Don Fausto sintió una profunda repulsión por el bohemio. ^Usted un desgraciado. que porque me haya ^Es cree usted — que trato prestado diez miserables francos ya somos iguales? No.Ha ido a pedirle a usted dinero? gándole la mano con — de esos que han dejado pasar la hora de la gloria y no han llegado a tiempo más que para la del ajenjo. se — vale o no? —Yo creo que no. Soy me quiere? ^. No haga usted caso — — — don Fausto irritado. no de compararme con nadie. sí. (íPero ponga a trabajar! Tiene un repertorio de . y sin contestarle se levantó y se fué del café. A los pocos días don Fausto vio a Yarza y le preguntó: (jQuién es ese César Andion? . que pudo hacer. Sí. — — — ^Quién es? — Un bohemio de tantos. 286 PÍO BAROJA —No. — (Y de qué vive? — Vive del prestigio escrito Sí. no creo nada y se levantó de la mesa. Algunos amigos suyos dicen: ¡El día que ése de lo — (Ha algo? — creo que — (Y tiene talento? — Eso dicen. alar- — dijo Andion acento sentimental necesito olvidar..

— ¡ya creo! — Y tipo — Figúrese usted que vino a París hace cuaSí. — Pero ése es buena persona. encontró una frase igual en Labruyere y desde entonces el ex fraile no le puede ver Segundo manera. no puede soportar que se hable sin admiración de ese filósofo. pero luego. a lo último. renta años con la idea de pasar tres o cuatro días y no ha vuelto a su tierra. que nadie se ocupa de Comte. Paz. luego cansa. Le siguió como a un profeta. Hoy mismo. pero. y cuando — — . ^'por qué no acompañarlo con una sonrisa. — Es comisionista de una casa de América.LOS ÚLTIMOS ROM/nTICOS 287 y salidas que son patodas las tabernas del barrio Latino. se hizo amigo de algunos escritores de aquella época. El primer día ese repertorio sorprende un poco. Sin duda le gustó París.^> La ocurrencia le hizo mucha gracia a don Segundo. Se cuenta que un día César Andion fué a pedir dinero a don frases e ingeniosidades trimonio común de le recibió de mala con despego. — ^'Y Paz de qué vive? lo raro. Sí. le dijo: «Ya que me da usted el dinero. Entonces César. al alargar la mano. sobre todo de Augusto Comte. y luego ya no se separaba de él. Don Segundo le trató a César. según parece. Es notable. le dio cinco francos. aunque muy enfurruñado y con cara de vinagre.

don Segundo era de los tilde oficiantes.. Don Fausto hubiera querido tener la misma virtud. de encargo. ^De veras? — — — — —Sí. los Don Fausto no . en recuerdo de su amada Clode Vaux. Un día. hacía ya tiempo que hubiese ido a saludar a los literatos ilustres.288 PÍO BAROJA Comte inventó. —¿Y ha algo Paz? — pero cosas sin escrito Sí. Sin embargo. le dijo Yarza. libros para chi- cos. señalando una casa: Ahí se han urdido más crímenes que en la misma torre de Nesle. Solo no se aventuraba a hacer el ensayo y Yarza había dicho que él no iba a casa de ningún personaje porque era gente orguUosa que apenas si se dignaba hablar con un desconocido. ^Pues qué hay en esa casa? Que ahí vive Javier de Montepin. Mazzini. Félix tiene la virtud de atraer a los hombres célebres. si no hubiera sido por esto. Pyat. que tanta curiosidad tenía usted por ver. se olvidó de la casa y todos horas. pero no se atrevía a relacionarse con los grandes hombres. interés. una ceremonia religiosa completamente ridicula. al pasar por la calle de Rennes.. a ver salir al a distintas días iba. Lo que guarda correspondencia con Don Segundo es una gran Garibaldi. don Fausto no perdía sus ilusiones.

por el río.. Iba adquiriendo aplomo y confianza en sí mismo y creía que lo único serio en la vida era el arte. que le pareció el más asequible. En el cielo resplandecía un crepúsculo espléndido. no conel viejecillo.. Un día vio a un señor con- decorado. si lo siento. es una broma. que nadie miraba el cielo. que se consideraba un profesor de estética. de traje raído. Es Javier de Montepin. —balbuceó don Fausto. Don Fausto comenzaba a ponerse cargante. con cierta indignación. vulgar. con cierto aire de militar. ¡Condecorado y con aire de militar! se dijo don Fausto Indudablemente es él. 10 . Don Fausto echó una ojeada a los que ocupaban el banco en donde iba y dirigiéndose a un viejecillo enclenque. en dirección a Auteuil. ¡El arte! ¡Sólo el arte! Ya hasta despreciaba la política como una cosa baja y — — — . Don Fausto.. en un barco.. mire usted qué hermoso espectáculo. Una unos leían el Petit Journal o el Cha- rivari^ otros hablaban. — ^Eh? ííQué quiere usted decir con eso? — preguntó levantándose incomodado — ^Es una broma? — No. — Caballero. en mal francés le dijo: no. — Es que. . notó.LOS ÚLTIMOS ROSLÍXTICOS 289 ilustre folletinista. sus éxitos literarios le embriagaban. tarde marchaba.

290 Pío BAROJA. la mayoría sin saber fijamente lo que había pasado. todo el mundo se le había quedado mirando como a un malhechor. . Don Fausto se tuvo que levantar del banco y marcharse avergonzado.

llevaba a Yarza y a Asunción por los sitios que él había descubierto. que no tenía los mismos motivos de dicha. estaba también satisfecho. Vivían los dos en plena ilusión. Siempre que podía. Don Fausto. y en donde los momentos más monótonos eran feliciinteligencia entre LA dades.XXV Un paseo y una aventtira de Sainte- Beuve Asunción y Carlos Yarza aumentaba. Asunción no había tenido novio hasta entonces. La vida se les presentaba como algo luminoso y claro. cuya vida había sido azarosa y llena de trabajos. por donde se pasaba sin esfuerzo. era la primera vez que se enamoraba. Un domingo en que las amigas de Asunción . Esperaba que Yarza le diera datos y explicaciones. Yarza.

Miró don Fausto a Yarza. que la calle del Bac es la calle de Baco. don Fausto con su hija y Carlos fueron a pasear antes de comer. rota a cada instante. Asunción. Mira. con sus plumeros colgantes. de las peluquerías. Asunción. . las bolas doradas. pero Carlos no recordaba que allí hubiera pasado nada. las guardillas empinadas. donde había unas casas negruzcas. ^'eh? Esa línea de los tejados. era lo que a don Fausto le encantaba y le hacía creer que era un arqueólogo. Don Fausto les llevó hasta la calle de Grenelle. no. iQué bien hace la calle del Bac desde — — — — ^Tú creerás. el bac era una especie de barca. ¡Y pensar se decía a sí mismo que nunca me había fijado en eso! Y miraba con entusiasmo la calle llena de enseñas. qué calle más interesante decía don Fausto. ¡Qué perspectiva hay desde aquí!. nada de eso. que servía para pasar de un lado a otro del río. Don Fausto quería comunicar a su hija el amor que él sentía por lo arqueológico. Ya veo. papá. esperando el dato histórico referente a estas casas negruzcas. con guardillas de pizarra y chimeneas altas.292 Pío BAROJA no se presentaron en casa de Blanca. los faroles rojos de las tiendas de tabaco. ^eh? — — — brosas veletas. cerca de la del Bac. los salientes de los aleros y las herrumaquí!.

que Yarza dijo que estaba dedicada a un estudiante muerto en la revolución del año 30. a instancias de don Fausto. y por la calle de Sevres subieron hasta la de la Barouillere. pues.— LOS ÚLTIMOS ROaiANTICOS 293 Abandonaron la calle del Bac y tomaron la de Babilonia. — (Y se usted? — preguntó Carlos muy — por qué no? quieren casar a usted? — — Con que yo no quiera. en donde también don Fausto había hecho grandes descubrimientos. Luego fueron por la calle Vaneau. ¡Ah. usted lo que dicen. (íQué dicen? Que ese convento de la calle de la Barouillere.Sabe — — — — riendo. es una verdadera agencia matrimonial. fué este! exclamó don Fausto mo- — — — — — . que fué nombrando Yarza. Pasaron por la calle de Sevres. a donde usted va. Este abate dijo Yarza es el que dijo que la historia de los reyes es el martirologio de los pueblos. Quizá lo sea repuso la muchacha — . serio. una calle con muchos hospitales y conventos. Asunción? preguntó de pronto Carlos Yarza a la hija de don Fausto. basta — ríe ^-Y ^-Y si le dijo la niña. y entraron en la del abate Gregoire.

sí —y muchacha el reir. Sí. se acercó a examinar la casa. Este seguía preocupado con los negocios matrimoniales del convento de la calle de la Barouillere. con ventanas. — la la . . ¿Y por qué? Porque me desespero cuando va usted — — — . y miró a Carlos sonriendo. se echó a — Si me fijo. Tomaron por una callejuela y subieron a la calle de Montparnasse.294 Pío BAROJA viendo afirmativamente con respeto la calle Asunción. y quedaron solos Asunción y Carlos. Don Fausto cruzó la acera. tontería. Luego le contaré a usted una anécdota curiosa. cabeza y mirando Pero tú no te ñjas. Asunción le contestaba en broma. enamorado. lo será. La historia de los reyes y martirologio de los pueblos le pareció una frase chusca llena de gracia. No me conteste usted en broma dijo Yo quisiera que no fueCarlos a Asunción ra usted más a ese convento. — — — ¿'Teme usted que me enamore de cualquiera? Eso es una — Es que estoy estúpidamente allá. Sainte-Beuve. dijo Carlos Fíjese usted en esa casa Yarza a don Fausto Es la del gran escritor — — — . Era una casa pequeña de dos pisos.

no viene todavía. — De manera que Víctor Hugo. aun de viejo.. Asunción? — ^Por qué quiere usted ser tan categórico? Espere usted. ya viene papá! — No. y no de lauá Víctor Hugo. lo él . Dígame usted. engaña usted para — Es usted un que nos deje solos. sí. Asunción se reía de Carlos. le (jLo la mano de Asunción la las la muchacha cruzó padre. —Pues tanto que coronó. ¡Ah. pero ^'De lo la traidor. Llegaron a casa de Blanca. y don Fausto preguntó a Yarza: ¿Y qué anécdota me — contar? — ¡Ah. Está contemplando casa. las mujeres.. — No. ^por qué no me contesta usted categóricamente. ^'puedo esperar? —^Por qué no? — Pero. — ^'Cómo? iQué me dice usted? — Lo que usted oye.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 29í> — veras? —Ya sabe usted. donde dejaron a la niña. no sabía. muy amigo de reles. tenía usted que sí! Ya sabe usted que Sainte-Beuve y es era de joven. — siente usted? —y Yarza intentó coger entre suyas. acera y se acercó a su Fueron los tres hasta la calle de Vaugirard.

Es que Barcelona está en Cataluña para dijo Yarza españoles pero para los los franceses está en el corazón de Andalucía. —Yo — No. .296 PÍO BAROJA — Es uno de los más de Francia. Dona Vasquez aceptó. Sainte-Beuve encontró un día ilustres. morena. Sainte-Beuve se entusiasmó con aquella descendiente del Cid y le ofreció su corazón y su casa. al ver a la española del Palais Royal. nombre muy común en conquistarla. con los ojos negros. ^'Cómo una andaluza de Barcelona? preguntó don Fausto. Sainte-Beuve.. esa andaluza de Barcelona que cantó Alfredo de Musset en sus versos. usted? — supongo. Eso es una cosa sabida. gloria atrae mucho. él la preguntó cómo se llamaba y ella le dijo que dona Vasquez. Pero siga usted con su anécdota. que le recordó la marquesa de Amaegui. — ¡Qué barbaridad! — murmuró don Fausto. así! las les (¡Cree así lo la en el Palais-Royal una desconocida. —Pues bien. dama no parecía muy severa. una española de pura raza. . A los quince días. y añadió que era hija de un hidalgo andaluz nacido en Mondoñedo. lleno de santo horror — ¡A un genio — A mujeres no preocupa gran cosa eso del genio. la España.. sin embargo. se dedicó a — — — — — .

por orden de dona Vasquez. insultó groseramente a dona Vasquez. ^'Sería que dona Vasquez se dedicaba a empinar el codo? No. llegó un agente. preguntó a todos sus nombres y dona Vasquez dijo con modestia que se llamaba Nicolasa Michu o Duval y que era de un pueblo cerca de Angulema. luego fué al cuarto de la hija del hidalgo que tan plebeyas inclinaciones tenía a pesar de su noble origen y cogiendo sus ropas las tiró por el balcón. acudió al puesto de Policía próximo. mientras cincelaba su prosa para los Lunes. Desde entonces a SainteBeuve no le gusta la literatura española. con una aceituna. una a una. El carretero. se le presentaban a su imaginación. que era agarrado como una lapa y llevaba una contabilidad minuciosa y sabía los pares de calcetines que tenía. al volver a su casa. Sabido es lo sobrios que son los españoles. Un día. El gran crítico se encontraba preocupado y. le siguió y se encontró con que dona Vasquez y el carretero estaban vaciando una botella de vino. El gran crítico. un azucarillo y un vaso de agua tienen para todo el día. todas las botellas que faltaban en su despensa. . Esperó.LOS ÚLTINÍOS ROMÁNTICOS 297 Sainte-Beuve. vio que el hombre entraba en su casa. enfurecido. el gran crítico vio que dona Vasquez hablaba desde la ventana con un carretero. que. notó que le faltaba el vino. Esto era imposible.

Don Fausto se fijó bien en los detalles de estas pequeneces para fijarlos en su diario. —No — ¡Ah. riodista clerical le llamó libre . hasta que supo que en una comida de Viernes Santo Sainte-Beuve dio a sus amigos una comida con carne y pescado y desde entonces el pe- siempre al crítico el comedor. pues es un escritor muy notable! Al último se ha manifestado completamente anticatólico. unida a algunas ligeras consideraciones acerca de los escritos del protagonista.298 PÍO BAROJA he leído nada de Sainte-Beuve dijo don Fausto. que quería algunos datos del gran crítico para escribir la anécdota de dona Vasquez en su diario. le solía — llamar siempre el libre pensador. el periodista clerical. Veuillot.

de UNA puerta con un hombre se encontró a al salir casa. don Fausto. tres ta abrió el sobre y sacó una tarjey una carta de Pipot. Los dio Don Fausto . El cubierto costaba tres francos. dijo. — El hombre y. la barbudo.^ — señor. Si.XXVÍ ¿Quién era el Revelador? mañana. de esos que tienen por cara una zalea. le Fausto viendo que hombre le preguntó: Sí. alargó un el sobre. que preguntaba por él. (EX señor Bengoa? — —Soy yo. lo tomó don miraba. —^Hay contestación? — son francos. en donde le invitaba a un banquete a las ocho de la noche. — ^Don Fausto. Lea usted.

Al aparecer Pipot. que decía así: LUTECIA SOCIAL BANQUETE DE SOLIDARIDAD HUMANA EN MEMORIA DEL REVELADOR DE LAS LEYES DE LA ARMONÍA UNIVERSAL POR LA ASOCIACIÓN INTEGRAL Don Fausto leyó la tarjeta y quedó perplejo. esperaba encontrar a Yarza para que le las siete. todavía no había nadie. Cuando llegó don Fausto. encaminó al sitio en donde se celebraba la cena. Todo el día estuvo pensando en este banquete. don Fausto se acercó a . Todos llevaban levitones antiguos y tenían cierto aire de pastores protestantes. A esperó y fueron llegando una porción de melenudos. preguntó dónde estaba el restaurant en el que se celebraba la cena y.300 Pío BAROJA don Fausto con gusto. la pipa en los labios. No pudo comprender quién era el Revelador. luego que se fué el hombre de las barbas. pero no lo encontró. con grandes barbas. leyó la tarjeta. que era un restaurant del bulevar SaintMichel. sombreros de ala ancha. La cita era a las ocho en el café. se iluminara.

Contéstele usted en francés dijo Pipot. Pipot advirtió al presidente que don Fausto apenas hablaba francés. exclamó: (Y qué. un tipo de Don Quijote de levita. Celebro mucho que haya usted venido dijo este hombre a don Fausto alargándole — la mano. por miedo al ridículo. Pipot presentó a don Fausto al jefe. lo hago muy mal. Hubiera podido preguntar a alguno y decirle: «¿Quién es el Revelador de las Leyes de la Armonía Universal. contándolos y se- — .^^ Don Fausto sonrió. de bigote y perilla negros.— LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 3OI él y quiso llevarle aparte para preguntarle en honor de quién se daba el banquete. que disimuladamente sacó su cuaderno y la apuntó. presidente o lo que fuera de la Lutecia Social.^» Pero no se atrevía. No. pero Pipot no paraba un momento. exten- — — Don Fausto — diendo los brazos con verdadera solemnidad. la frase le pareció tan admirable. un hombre alto. ciudadano Pipot. calvo. Lo que le seguía preocupando era no saber en honor de quién se daba el banquete. Pipot y un hombre de anteojos pasaron revista a los congregados. y el presidente. Estuvieron los allí citados charlando un rato. se la estrechó con gravedad. las manos no hablan por nosotros. andando de un lado a otro.

en y entraron en donde había for- mesas cubiertas de manteles blancos mando como una U. Don Fausto oyó petuosas. a cuya memoria se daba el banquete. preguntó a una amiga: — iQné será esta colonia? — Es colonia de los barbudos — contestó la la otra riendo. Una muchachuela. de cara redonda y cuidadosamente afeitada. Fueron sentándose la todos.302 Pío B A ROJA ñalándolos con un lápiz. y ya reunidos todos. Este señor era un sabio. al ver aquella procesión de gente hirsuta. la observación y dirigió irres- una mirada apostólica a estas muchachas Subieron todos las escaleras un salón tres del piso entresuelo. con el hombre flaco de aire quijotesco a la cabeza. le salía iin libro . entretenido en hablar a gritos. Don Fausto buscaba la ocasión de preguntar a Pipot reservadamente quién era el Revelador de las Leyes de la Armonía Universal por la Asociación Integral. anteojos y melenas. esperaron a alguien. vestía un gabán gris. Don Fausto se colocó entre Pipot y un señor de barba larga. presidencia se acomodó en la mesa central. Llevaba anteojos de oro. raído y seboso y del bolsillo del gabán viejo empastado. pero Pipot no le oía. Durante algún tiempo estuvo discutiendo con un señor viejo. según dijo Pipot. emprendieron el asalto de la escalera del fondo.

pronunció una arenga incomprensible acerca de la frialdad de la vida colectiva en la sociedad moderna y de la necesidad que se iba experimentando. de la Asociación Integral.Qué Revelador? — preguntó tartamudo el asombrado. Cuando concluyó ple hubo una trisalva de aplausos con sus momentos de el orador. —Es verdad — repuso un comensal ingeentiendo. con un tono entre evangélico y dolorido.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 3O3 En un momento de rró del brazo a PJpot. — Cantagrel hablará a su tiempo — replicó gritar ¡Sí! el presidente con energía. y Pipot siguió moviendo los brazos como aspas de molino. silencio rítmicamente intercalados. cada dia con mayor fuerza. nuo — yo casi no el . don Fausto agael —Pero bueno — dijo — ^quién es Revelador? — <. a cada paso Pipot en le — ¡Qué talento tiene este hombre! — decía colmo del entusiasmo. Nueva salva de aplausos. se levantó a hablar el hombre de figura quijotesca y. le calma. — ¡Que hable! ¡Que hable! Hubo una salva de aplausos. Al llegar a los postres. Don Fausto se turbó y no dijo nada. . tagrel! — ¡Cantagrel! ¡Cantagrel! ¡Que hable Can— comenzó a Pipot.

ha estado Marquesito muchas veces. porque en su discurso las citó varias veces. en el cuello y una pipa corta en la boca. pero debía proponer algo y decir cosas muy acertadas. a cuadros. pañuelo rojo. se produjo un gran alboroto. Estas dos figuras históricas debían producir gran entusiasmo a Saint-Preux. dijo: El ciudadano Saint-Preux tiene la palabra. No le entendió don Fausto apenas. Se levantó Enrique. una voz parda y sin huesos. Comenzó a hablar con voz al viejo tranquila. dos o tres quisieron periodista intentó rebatir lo dicho por el viejo y no se le oyó. de cuando en cuando. porque. saludó con entusiasmo y dedicó una frase a Blanqui. a quien llamó pariente espiritual de Cellini y de Maquiavelo.304 Pío BAROJA Se levantó en un extremo de la mesa un viejo con barbas de color de lino. Llevaba un traje azul. hasta que se al hablar mismo tiempo. dando con la cuchara en la mesa. un — restableció el silencio. el hijo de Blanca. cuando lo consiguió. intentó imponer silencio y. Después comenzó la explicación de sus . todos de- en con el cían: ¡Bien! ¡Muy bien! Cuando concluyó de hablar el blanquista. Comenzó a hablar con una voz confusa. — Es un blanquista— la cárcel dijo Pipot — . El presidente. y paseó la mirada por el comedor.

— — — — cales. en el económico. amigo de Pipot. que ya no se veía. Pipot explicó a don Fausto que este señor era socio de una especie de falansterio establecido en Guisa por un discípulo de Fourier. Don Fausto comprendió en aquel momento que el Revelador de las Leyes de la Armonía Universal era Fourier y. todos encontraban sus ideas extremadamente radiellas. El orador del Familisterio era poco interesante y nadie le escuchaba. sintió cierta tranqui- lidad al despejar la incógnita. el libre acuerdo. la posesión en común de todo y la supresión de la herencia y del capital. es el de Bakunín advirtió el sabio de los anteojos de oro. que los allí mismos congregados no estaban conformes con El pedía.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 305 ideas políticas. ían radicales. El humo de las pipas había enturbiado la atmósfera de tal modo. se levantó un hombre grueso. Pipot le interrumpía a cada paso. El discurso de Enrique no convenció. gritando: 20 . Entre los gritos y el murmullo de las conversaciones. Se llamaba esta fundación cooperativa el Familisterio de Guisa y tenía una tienda en París. aunque no había leído nada de ese escritor. de bigote gris. No. en el terreno político. Ese es el programa de Baboeuf dijo uno. en el terreno religioso: la substitución de la religión por la moral.

al ver a y . Intentaré Don casa. Yarza y Saint-Preux se acercaron a la calle de Vaugirard. está enferma. La criada Plácida.306 PÍO B A ROJA — jCantagrel! tagrel! ¡Cantagrel! ¡Que hable Can- comenzaron a levantarse. Don Fausto cogió el sombrero salir. Fausto. si no me hubiese prohibido entrar en su casa aunque se encuentre moriIría — bunda. Saint-Preux movió mán sombrío. y don Fausto vio en la puerta a Yarza que le hacía señas para que se acercase. Asunción le dijo ^'Pues me lo ha dicho desde el balcón. Llamó don Fausto y entraron todos en la La puerta de la habitación estaba entornada pasaron los tres. Pero una madre perdona siempre — — dijo don Fausto. esto algunos . la cabeza con un ade- — Está bien. La señorita Blanca Montville a verla. le dijo: — Caballero. y. verla. qué sucede? — — Que se ha puesto muy mala. — Vamos —murmuró don Fausto. antes de la viendo a Enrique Saint-Preux en puerta.:qué En — (íQué hay? ocurre? — Vaya usted en seguida a casa de doña Blanca — Yarza.

. Preux para esta gente su posición y sus prestigios sociales valen más que los sentimientos hu- — — — — — . ró en voz baja Yo le he querido indicar el estado grave en que se encuentra. A la mañana siguiente. A la media hora salió Saint-Preux. pero no me he atrevido. Don Fausto entró en el cuarto de la enferma y al poco rato volvió con el rostro alterado. dijo amargamente Saint(Ve usted? razas hay que hay que exterminar. La entrevista no la presenció nadie. manos. y poco después vino un cura de San Sulpicio con los sacramentos. ¡Adiós. Saint-Preux. Dice que no le conoce a usted murmuque no sabe quién es usted. señor! Iba a salir Saint-Preux cuando sonó panillazo. y volvió poco rato y dijo: Pase usted al cuarto. y con voz irritada le dijo: —^A qué viene usted aquí? — Saint-Preux no contestó. ahora le llama a usted.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 307 Saint-Preux se alborotó. Entró en al — la habitación de Blanca. un cam- — Espere usted un momento — dijo don Fausto. Blanca de Montville había muerto.

.

la criada Plácida tomó su manda y se marchó inmediatamente de la casa y se co- recibieron las visitas de pésatestamento de la señorita de menzó a hacer el inventario. y don Fausto. en donde quedaba como heredera Asunción. porque él. se abrió el Montville. si quería seguir viviendo allí. por consejo de Asunción y de Yarza. . muy claro y muy alegre.XXVII La familia de don Fausto muerte de Blanca. en la calle del Bac. El dueño del hotel manifestó a don Fausto que. Buscaron entre los tres una habitactón y encontraron un tercer piso. pagaría el doble. decidió mudarse. por consideración a la señorita de Montville. días posteriores a Los los parientes como Baucemont y Baucela mont d'Havray me. le cobraba el mismo alquiler que cuando entró a habitar la casa.

con los cuales había el camino. Eran doctor Gálvez. una rubia preciosa.310 PÍO BAROJA La casa tenía un balcón corrido con tres huecos. vestida Cuando hecho grandes amistades en el con un traje vaporoso y con un aire virginal. brillaba entre nubes plomizas. esbelta. El viento era húmedo y fresco. y . Fueron a esperarle don Fausto y Asunción. alta. había escrito a su mujer y a su hija que traspasasen cuanto antes el almacén de sombreros y fuesen a vivir a París. empañado por neblinas azuladas. de ojos azules. y a principios de Noviembre escribió que llegaría a París. Era una mañana de otoño. llegaron la mujer de don Fausto y la hija mayor. Don Fausto estaba en sus glorias. Era muy joven. y su hija Rita. viuda del banquero Aguado. Clementina presentó su marido y Asuncioncita a sus compañeros de viaje. que aburre a todos menos a los enamorados. sin fuerza. después de abrazarse. Un sol pálido. el ambiente. Se hizo el traslado de los muebles que habían pertenecido a Blanca. Clementina activó las gestiones para vender su almacén. que adornaron con plantas. acariciaba los contornos indecisos de las cosas. y quedó la casa alhajada con verdadero gusto. ex ministro de una república sudamericana. Carlos y Asunción se dedicaban a esa dulce monotonía de las conversaciones sobre el mismo tema.

subió por la calle de Saint-Peres. con sus pabellones azulados. enfrente.. Don Fausto mostró a su hija la Santa Capilla. de muy mal humor. . como un escenófrago que tiene éxito con sus decoraciones. dejando una estela blanca en el agua. a quien todo disgustaba. con una figura dorada. se veían unas casas altas. Pilar se asomó a la ventanilla del coche. Por el río pasaban los vapores del Sena. oculto en parte por la fila de árboles ya aire. cruzó la de SaintDominique y se detuvo en la calle del Bac. Avanzó el coche hasta el Puente Nuevo y apareció el Louvre. Despacio dijo don Fausto al cochero. El coche pasó por delante del Instituto. Asunción. en otro. la Prefectura.. la torre de Saint.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 3 I I tenía una niña pálida. y Clementina y su hija mayor se prepararon al poco rato para salir. muy bonita. y a lo lejos la columna de Julio.Jacques. en la otra orilla. que brillaba al sol y parecía volar por el — — luego comenzó a verse el perñl del Hotelde-Ville y de Nuestra Señora. amarillentos de la orilla del río. Don Fausto estaba contentísimo. No quisieron descansar las viajeras. con su madre. Luego entraron en dos coches. en uno y don Fausto. Se despidieron de los americanos ofreciéndoles su casa. con la hija mayor. Don Fausto encargó a un mozo que llevara los baúles.

se dispuso que fueran en el coche.312 Pío EAROJA Don Fausto un restaurant llevó a su familia a almorzar a del bulevar Saint-Germaint lue- go les fué enseñando el Luxemburgo. el Panteón. Después de charlar de una porción de cosas. las calles eran un hervidero de gente. Un día fueron a visitar a la familia el señor Gálvez y su hija. Le molestaba que a su mujer y a su hija mayor no les entusiasmase lo que él les enseñaba. Sin duda no experimentaban ninguna efusión por lo arqueológico. y como el señor Gálvez tenía que hacer una visita en el barrio. Los días siguientes anduvieron constantemente en coche. Asunción apenas veía a Yarza. don Fausto. el sol calentaba aún. . Asunción no quería ir. Rita dijo a Clementina: ^-'Quieren ustedes venir a dar una vuelta por los Campos Elíseos? Tenemos el coche — abajo. Nuestra Señora de París. los rias .. con Rita. El tiempo de Octubre era espléndido. —^Y grandes bulevares? — preguntó vaveces Clementina — ^'dónde están? — Ya veremos — contestó de mala gana los don Fausto. Venían los dos en un magnífico lando.. estaba cansada de ir y venir y recordaba con gusto los días tranquilos y los paseos por el Luxemburgo. Clementina y Pilar.

Al salir de aquellas obscuridades a la luz del sol. pasaron por delante de las TuUerias y entraron en la Avenida de los Campos Elíseos. ya hechos a la claridad.LOS ÚLTIMOS ROMÁNTICOS 313 aspecto de su mujer y de su hija. hasta aparecer en la plataforma. sí al arco? Pilar. Cortando los grupos de casas se . en medio de una multilud de coches elegantes y de troncos de caballos soberbios. mientras iban en el coche. Luego. dijo el Don Fausto notaba en Rita: — ^'Quieren ustedes que subamos — — contestaron Clementina y Sí. la satisfacción orgullosa que sentían. quedaron cegados. Su amor por lo mediocre quedaba herido ante un lujo y una fastuosidad tan grandes. Subieron unas obscuras escaleras de piedra. París se extendía inmenso. Don Fausto experimentaba un sentimiento confuso de humillación. comenzaron a mirar el extenso panoi ama que se ensanchaba ante sus miradas. Bajo el cielo azul pálido. Al llegar cerca del Arco del Triunfo. entraron en la plazoleta limitada por cadenas que rodean al arco y entraron. Bajaron del coche. Desde allí se comprendía la extraordinaria magnificencia de París. Atravesaron el Puente Real. cruzaron un pasillo interior iluminado por un farol.

a lo lejos se perfilaba entre la niebla la silueta del Monte Valeriano. . La Avenida de los Campos Elíseos estaba negra de coches. hacia la plaza de la Concordia había ya bruma y el obelisco se destacaba vagamente. mostró a sus amigas la Magdalena. como por entre una nube. Dieron la vuelta entera a la plataforma. como un San Don Fausto anduvo buscando las torres de Sulpicio. Por todas partes se veía la grandeza y la esplendidez del pueblo. murmuraba: conocedora de París. y una cometa roja destacaba su figura geométrica en el cielo. que irradiaban desde la plaza de la Estrella. Subía de las chimeneas de las casas el humo blanco. el Panteón. En la Avenida de Neuilly los coches brillaban al sol. algunas no terminadas aún. como quien busca un amigo eny no las llegó a encontrar.. cuyo tejado aparecía rectángulo verde. A pesar de la claridad de la tarde.314 Pío BAROJA veían las avenidas rectas. en forma de varillas de abanico. absorta. Clementina. Los macizos verdes del Bosque de Bolonia mostraban su infinita variedad de tonos.. los Inválidos. la altura de Montmartre cubierta de tejados grises. tenue-. tre la multitud. como un encaje de plata. — ¡Qué hermoso! ¡Cuánto coche! Rita.

aquél era el gran París de los príncipes. de los millonarios. entraron en el coche y volvieron hacia la plaza de la Concordia. Miraba la ciudad sin querer separar de la vista. ¡Vivir allí! ¡Dominar allí! ¡Oh.NTICOS JI5 Por encima de los tejados húmedos. algún lucero de cristales deslumhraba reflejando el sol. todavía no — contestó Clementina en súplica. entre la bruma lejana. el París inasequible para las modestas fortunas.LOS ÚLTIMOS ROMA. . ba como algún remate dorado de un edificio brillasi fuera de metal fundido. de los artistas de universal fama. desvió la vista de Pa- y murmuró. un tono de rís Lluego. las altas chimeneas de las fábricas iban destilando un humo negro. y alrede- dor del pueblo.. de los aristócratas. Aquél era el París rico. ¡qué hermoso! — murmuró Cleella mentina varias veces. — Vamos?— preguntó don Fausto a sú mu— No. — Dios mío.. como contestando a un peninterior: samiento — ¡Quizá! ¡Quién sabe! Y bajaron los cuatro del Arco de la Estrella. que quedaba inmóvil en el horizonte. al trote largo de los caballos. decidiéndose. qué hermoso sueño! ^- jer varias veces.

.

XVII. — La libertad de l'Arbalete. — Don Segundo Paz XIX. X. VI. — Lo que germinaba XIV. Galande. 179 193 212 221 229 . — Rincones de París . — El excéntrico de XI. lll. — Las tribulaciones de don Fausto.. V. — El comedor del Padre Maupit IX.índice Págs. — Un fabricante de sombreros de paja. la 169 XV.— El XVI. — El despertar de VIL — Los amigos de Blanca de Montville. inútil 37 53 65 75 la calle 89 105 113 125 141 151 163 . VIH. — Conspiradores Xni. — El secreto de Blanca I. — Historia de un músico saboyano. Buen Membrillo y nette el Padre Lu. — El barrio de Saint-Séverin y plaza Maubert XII. — Asuncioncita XVIII. . la calle . — En donde autor presenta a su héroe — Historia de dos amigas — Jóvenes románticos IV. el 9 21 II.

^ XXVII. . 237 243 257 265 281 291 los lite- el 299 309 . — ¿Quién era Revelador. — El de una mujer romántica.— Una a un convento —El Chateau-Rouge XXÍI. XXIII. visita XXI. — El colaborador de don Fausto XXIV. — Un paseo y una aventura de SainteBeuve XXV. — La familia de don Fausto XX. — Inconvenientes de éxitos rarios XXV. final .

Un oficial Leuwen). Capitanes valientes. El último Romanoí.. — El relevo galante. » Enrique Barbusse. Abel Botelho. II. I. — — — — cias. Frou-frou. COLECCIÓN SELECTA VOLÚMENES PUBLICADOS Valles. (Historia del > Juiíio — El Niño. I. El libro de Alda. vela). . * Margot peca siete veces. enamorado. Aventuras del submarino alemán U. El libro de Alda. vendedora de cariPucHRÍN. —II. (Luciano (Luciano Un oficial Leuwen). La condesa busca un amante. A.-Ventura Rodríguez. (No- RüDYARD KiPLiNG. Henry Kistemaeckers. José María Salaverría. Tsar de Rusia y su corte). . — Claridad. El bandido Dubrovsky. Abel IIermant. (Vida de Jaime Vigntras). Los amores de Fanfán. Stendhal. — Carlos Rivet. Los conquistadores. — El fuego en las trincheras. » > » Juan Gualberto Nessi. — — — — — En la Vorágine. — — enamorado. (El origen heroico de América). De tobillera a "cocotte".. GuiLMAiN. 18.— — Rafael Caro Raggio: Editor.

-—España.-—Fantasías v devaneos.-—Un pueblecito. . Clásicos y dernos. XVI. XV. xvu. XIV.-—Castilla.Rafael Caro Raggio: Editor. — Los — ñolas. CASTE- n.- —La voluntad.-—Antonio Azoríx. RrvAS Y Larra.) V. 9 ptas.- terarios. 3. pografía. — vm.rgen de los clasicos. DEADO Y Madrid SENTIMENTAL.- —Al —Las confesiones DE UN PEQUEÑO FILÓSOFO (Aumentada.-—El licen ciado Vidriera. vu. XI.-—Lecturas XX. —La ruta de Don espali- Quijote. — París. JOSÉ MARTÍNEZ RUIZ (AZORÍN) COLECCIÓN DE I. España y - Francia.- PUEBLOS.»la. 18. IV.-—Un discurso de La Cierva. mo- OTRAS PUB T Tr.- OBRAS COMPLETAS xm. X.- —Los XIX.Arín>jR<.50 ptas. valores XU. — Entre XXI. — Parlamentaris Mo español. > » » — Lecciones de To— Sistema de acota- ciones. — El IX.-Ventura Rodríguez. —El alma LLANA.-—El paisaje de visto espa- España POR LOS ñoles . bo^karXXII. político. m. XVIII. VI. Lorenzo Gallego Carranza.

.

iSi-Mí .

" O iSF ^ ' " .ai^ií¿ 1 V-. Universíty of Torooto ?5 A Library «a d oí DO NOT REMOVE THE CARD FROM. "Ref. THIS 4> o Vi o o Q ^ •o +5 POCKET Acmé Library Card Pocket Pat. Index o PQ Under Fue" Made by LIBRARY BUREAU Aít^fS^üií^ .¿auji.

..^^ H^-v..Hl -^^ y ..^-. -ni^ fc/.

You're Reading a Free Preview

Download
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->