Ayahuasca, es un vocablo quechua compuesto de dos voces, Aya “muerto, difunto, espíritu” y “waska” soga.

Soga de los muertos, es decir una liana que permite a un sujeto desdoblarse hacia la región de los muertos, sin que sea condición sine qua non el haber muerto. Se cuenta de al menos 700 modos distintos de decocciones de la Ayahuasca en la cuenca amazónica, las distintas culturas indígenas que la han habitado durante el transcurrir desde milenios precolombinos, tienen su propia variante a la hora de añadir los ingredientes del brebaje. Estos finos conocimientos de la farmacopea selvática son transmitidos de generación en generación. Indagaciones de la amazonía, sitúan el uso de la Ayahuasca con una antigüedad aproximada de 5000 años. Uno de los preparados más comunes mezcla la liana Banisteriosis caapi con el arbusto Psychotria viridis, Chacruna en uno de sus nombres nativos. También se puede encontrarla mezclada con la Diplopterys cabrerana o chacopranga, o con la Mimosa hostilis. Estas plantas aportarían al preparado, en su caso, la molécula dimetiltriptamina o DMT, este compuesto psicoactivo se encuentra en cantidades variables en diversas plantas y animales, también está presente en el cuerpo humano, aunque aún se desconocen sus funciones en el metabolismo; del mismo modo que se especula acerca de la liberación de DMT en la glándula pineal al nacer, situaciones de estrés, en sueños, o de estar al borde de la muerte.

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