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Saurabh Dube. Llegadas y Salidas. La Antropologia Histori

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  • 596 ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA XLII: 3,2007
  • 598 ESTUDIOS DE ASIA Y AFRICA XLII: 3,2007
  • 600 ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA XLII: 3,2007
  • 604 ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA XLII: 3, 2007
  • 612 ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA XLII: 3,2007
  • 628 ESTUDIOS DE ASIA Y AFRICA XLII: 3, 2007
  • 636 ESTUDIOS DE ASIA Y ÁFRICA XLII: 3, 2007
  • DUBE: LLEGADAS Y SALIDAS: LA ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA 645
  • YUNERSY LEGORBURO Y ADRIÁN MUÑOZ

historia, antropología, modernidad, sur de Asia

LLEGADAS Y SALIDAS:
LA ANTROPOLOGÍA HISTÓRICA
SAURABH DUBE
El Colegio de México
Este ensayo exami na las recientes transformaci ones de l a an-
tropol ogí a y l a hi stori a, así como l a formaci ón de l a antropo-
logía hi stóri ca. Es l a conti nuaci ón de u n ensayo anteri or, don-
de efectué un acercamiento a l a antropol ogí a hi stóri ca de forma
tal que replanteara sus di sci pl i nas consti tuti vas y las amplias
interacciones entre ellas. Anal i cé las tendencias formati vas de
la antropol ogí a hacia el ti empo y l a temporal i dad, así como las
tendencias i ni ci al es de l a hi stori a hacia l a cul tura y l a tr adi -
ci ón. Con esta fi nal i dad, consi deré l a hi stori a y l a antropol o-
gía no como di sci pl i nas herméti cas si no en u n senti do más
ampl i o, como confi guraci ones del conoci mi ento y modal i da-
des del saber que con frecuenci a han i mpl i cado suposiciones
mutuas sobre los mundos sociales que las sostienen y ampa¬
ran. A l respecto, las jerarquías y oposiciones temporal es, así
como las ambivalencias epi stemol ógi cas y l os excesos de l a
antropol ogí a y l a hi stori a durante las formaci ones de l a mo-
derni dad, fueron aspectos de suma i mportanci a.
El presente ensayo se elabora sobre dichas consi deraci o-
nes. Se di vi de en dos partes fundamental es, cada una con sus
respectivas secciones. La pri mera parte, "Salidas cruci al es",
considera las transformaci ones recientes de la antropol ogí a y
la hi stori a. Para el l o no sól o se hace referencia al diálogo entre
ambas, si no que se presta debida atenci ón a sus cambios decisi-
vos y a sus renovaciones mutuas, l o cual i ndi ca disposiciones
convergentes y arti cul aci ones divergentes. De hecho, l a expo-
si ci ón no está formul ada a modo de narrati va heroi ca de las
Este artículo fue recibido por la dirección de la revista el 4 de abril de 2006 y
aceptado para su publicación el 21 de septiembre de 2006.
[595]
596
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3,2007
salidas progresivas de l a antropol ogí a y l a hi stori a, si no como
algo que regi stra las ambigüedades y contradi cci ones en este
terreno. La segunda parte, "Conjunci ones formati v as", estu-
di a los desarrol l os esenciales que han teni do l ugar en el estudi o
de pasados y comuni dades, i mperi o y naci ón, cul tura y poder
en el sur de Asi a, como parte de una i nteracci ón may or entre
l a antropol ogí a y l a hi stori a. Aquí tambi én, en l ugar de una
preocupaci ón exclusiva con convergencias metodol ógi cas en-
tre esas formas de i ndagaci ón, esta exposi ci ón se centra en las
sensibilidades compartidas que subyacen tras las contri buci ones
sustanciales de tales estudios. En l ugar de restri ngi r, esto sirve
para ampl i ar el campo naciente de l a antropol ogí a hi stóri ca e
i ndi ca sus posi bi l i dades producti vas, i ncl uyendo los ti empos
por v eni r.
1
Salidas cruciales
En años recientes, los escritos de los antropólogos y los hi stori a-
dores han produci do lecturas penetrantes sobre el papel del sig-
ni fi cado y el poder en el pasado y en el presente. Durante las
dos últimas décadas, de hecho, fue una cuestión de ortodoxi a crí-
ti ca el que a comi enzos de l a década de 1970 el énfasis enérgi co
sobre l a prácti ca, los procesos y el confl i cto hubi era reemplaza-
1
Este ensayo y su precedente no son sólo un registro del diálogo entre la antro-
pología y la historia, en especial en relación con los estudios sobre el sur deAsi a. Es
también una búsqueda por expandir la noci ón del diálogo y la disensión entre discipli-
nas, precisamente a través de reconsideraciones críticas de la antropología y la histo-
ria. El l o significa que mis esfuerzos analizan y amplían los énfasis de múltiples einflu-
yentes debates sobre la interacción entre la antropología y la historia. Las siguientes
obras pueden ser de interés para los lectores. Brian K. Axel , "I ntroduction: Historical
anthropology and its vicissitudes", en Axel (ed.), From the Margins: Historical Anthro-
pology and its Futures, Durham, Duke University Press, 2002; Saloni Mathur, "Hi story
and anthropology i n South Asi a: Rethinking the archive", Annual Review of Anthropo-
logy, 29,2000, pp. 29-16; J ohn Kel l y y Martha Kaplan, "History, structure, and ritual",
Annual Review of Anthropology, 19,1990, pp. 119-150; Peter Pels, "The anthropology of
colonialism- Culture, historv and the emergence of Western govemmentality",,4rcrató/
Review of Anthropology, 26,1997, pp. 163-183; Ann Laura Stoler y Frederick Cooper,
"Between metropole and col onv Rethinking a research agenda" en Frederick Cooper v
Ann Stoler (eds.), Tensions of Empire: Colonial Cultures in a Bourgeois World, Berkeley.
Uni versi ty of California Press, 1997, pp. 1-56; James D. Faubi on, "Hi story i n anthro-
pology" Annual Review of Anthrotoloey 22 1993 op 35-54 v Tohn Comaroff v
J eanC omar of f , £i t eog r a p/ ^ 1992.
DUBE: LLEGADAS Y SALIDAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
597
do el pri v i l egi o anteri or que se daba a l a estructura, las reglas y
el consenso dentro de l a etnografí a. Afi rmaci ones si mi l ares
pueden encontrarse hoy en rel aci ón con l a forma en que l a
hi stori a abraza i nmacul adamente a l a antropol ogí a. Estas com-
prensiones apuntan hacia transformaci ones fundamentales de
las di sci pl i nas acaecidas en las úl ti mas tres décadas. A l mi smo
ti empo, al traslapar l a si ngul ari dad de l a etnografía y l a hi stori a
en nuestros propi os ti empos, tambi én se mi ni mi za l a di feren-
cia y l a di versi dad en l os pasados de estas di sci pl i nas.
Ambigüedades de la antropología
En el ensayo anteri or, a parti r del cual surge éste, busqué acla-
rar algunas de las di sti nci ones en l a hi stori a de l a antropol ogí a.
La cuesti ón ahora es que desde las décadas de 1940 y de 1970
las transformaci ones dentro de l a etnografí a estuvi eron i nfl u i -
das por procesos de contracol oni al i smo, descol oni zaci ón y
otras luchas contra el i mperi al i smo y el raci smo. Este contex-
to mol deó las crí ti cas emergentes de paradigmas reinantes den-
tr o de l a di sci pl i na.
2
Aquí hubo u n i ntercambi o entre l a auto-
nomí a y l a l ógi ca domi nantes en las conti nui dades y cambios
dentro de las tradi ci ones di sci pl i nari as, por u n l ado, y los pr o-
cesos de hi stori a y pol í ti ca que afectan las comprensiones he-
redadas del mundo, por el otr o.
En otras ocasiones he expl orado estas cuestiones medi ante
el examen de l a controv erti da rel aci ón entre acci ón y estructu-
ra, especialmente en el seno del funci onal i smo, el estructura-
l i smo y el cuesti onami ento de estas tradi ci ones teóri cas.
3
Per-
mí tanme recapi tul ar esta di scusi ón. El funci onal i smo y el
estructural i smo han consti tui do paradigmas destacados den-
tr o de las ciencias sociales, el pri mero hasta l a década de 1960 y
el segundo hasta l a década de 1970.
4
Las dos tradi ci ones han
2
Véase, por ejemplo, Joan Vincent, Antbropology andPolitics: Visions, Traditions,
and Trends, Tucson, Uni versi ty of Ari zona Press, 1990, pp. 225-229, 308-314.
3
Saurabh Dube, "Térras that bind: Col ony, nation, modernity", en Dube (ed.),
Postcolonial Passages: Contemporary History-writing on I ndia, Nueva Del hi , Oxford
Uni versi ty Press, 2004, pp. 2-3.
4
No obstante, los principios funcionalistas y los análisis estructurales no desapa-
recieron con facilidad de la escena académica a partir de la década de 1970. Antes bien,
598
ESTUDI OS DE ASIA Y AFRI CA XLI I : 3,2007
entendi do l a "estructura" de manera di ferente. Si n embargo,
ambas han otorgado pri mací a al (los) objeto(s) de l a estructura
por enci ma del (los) sujeto(s) de l a hi stori a, u n énfasis que ope-
ró conjuntamente con el pri v i l egi o concedido a l a si ncroní a so-
bre l a di acroní a. Todo el l o definió la caracteri zaci ón atemporal
de l a acci ón humana sobre l a estructura subyacente en estas
tradi ci ones teóri cas, l o cual pasó por al to el entrel azami ento
de las nociones de estructura y agencia a través del ti empo.
5
En las úl ti mas tres décadas, las i nterrogantes sobre estas tradi -
ciones han dado l ugar a u n enérgi co énfasis en l a prácti ca, el
proceso y el poder en el campo de l a antropol ogí a, l o cual
i ncl uye arti cul aci ones de materiales hi stóri cos
6
Lo que qui ero subrayar es que el cuesti onami ento de tales
paradigmas -d on d e l a acci ón social fue caracterizada a parti r
de una estructura soci ol ógi ca- no debe considerarse como u n
proceso di sci pl i nari o i nel udi bl e que fue puesto en marcha sól o
después de finales de l a década de 1960. Consi deremos, por
ejempl o, l a discrepancia entre las percepciones funci onal i stas
continúan ejerciendo su influencia sobre la antropología de diversas formas, e incluso se
han reconfigurado de distintos modos dentro de la disciplina. S. N . Eisenstadt, "Func-
tionalist analysis in anthropology and sociology: A n interpretive essay", Annual Review
of Anthropology, 19,1990, pp. 243-251; Sherry Ortner, "Theory i n anthropology since
the sixties", Comparative Studies in Society and History, 26,1984, pp. 127-132,135-141;y
Vincent, Anthropology andPolitics, op. cit., pp. 335-341. Para trabajos destacados que
han reelaborado el funcionalismo y el estructuralismo dentro de la antropología, véa-
se: Maurice Bl och, From Blessing to Violence: History and I deology in the Circumcision
Ritual of the Merina of Madagascar, Cambridge, Cambridge Uni versi ty Press, 1986; y
Marshall Sahlins, I slands of History, Chicago, University of Chicago Press, 1985
5
Pierre Bourdieu, Outline of a Theory of Practice, trad. Richard Ni ce, Cambridge,
Cambridge Uni versi ty Press, 1977, en especial pp. 4-9.
6
No sólo el funcionalismo y el estructuralismo, sino también otras tradiciones
antropológicas importantes del periodo pudieron privilegiar, de una forma u otra, la
estructura sobre la acción. Por un lado, distintas versiones del enfoque de la "ecolo-
gía cultural", relacionado con Marvin Harris, exteriorizaron las dinámicas de la historia,
considerada como práctica y proceso, así como los significados de actores desde dentro
de su fuero. Por otro lado, la obra deCl i fford Geertz introdujo nuevas posibilidades
para la antropología y la historia, en especial mediante su hincapié en la orientación
del actor, incluida la acción significativa. Tambi én intentó eliminar la temporalidad de
los términos de la práctica dentro de la cultura, así como sus reconstrucciones del pa-
sado (balinés). Marvi n Harri s, "The cultural ecology of India's sacred cattle", Current
Anthropology, 7,1966, pp. 51-64; Cl i fford Geertz, TheI nterpretation of Cultures, Nue-
va York, Basic Books, 1973; Cl i fford Geertz, Negara: The Theatre State in Nineteenth
Century Bali, Princeton, Princeton Uni versi ty Press, 1980; y Munn, "The cultural an-
thropology of time", Annual Review of Anthropology 21, 1992, pp. 98-100.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
599
clásicas de l a acci ón social y l a agencia enfática de los sujetos no
occidentales tal y como se observó en los mov i mi entos col o-
niales, las luchas nacionalistas y otras prácti cas de subal ternos
col oni zados. Podrí a decirse que este vacío suscitó diversos cam-
bios dentro de l a antropol ogí a bri táni ca al menos desde l a dé-
cada de 1930/ Entre éstos se cuentan l os esfuerzos emprendi -
dos por el Rhodes Li vi ngstone I nsti tute en Áfri ca para trasladar
el locus de l a indagación de l a etnografí a de las tri bus a l os pr o-
l etari os.
8
Se extendi eron hasta l a i nterrogaci ón naciente del
funci onal i smo dentro de l a antropol ogí a bri táni ca, en parti cu-
l ar en sus muchas variantes de Manchester, las cuales forma-
r on parte de l os i ntentos para entender de modos novedosos
las nociones de confl i cto, proceso y acci ón en los órdenes so-
ciales. En ese ámbi to, las cuestiones de estructura y prácti ca
adqui ri eron forma a través de novedosas teorí as de acci ón (i n-
di vi dual ) y análisis de procesos (colectivos) parti cul armente a
parti r de los años ci ncuenta.
9
Aunado a l o anteri or, se encontra-
7
Estas transformaciones ocurrieron a partir de que, desde finales de la década de
1920, algunos antropólogos británicos de prestigio se "enfrentaron no con poblacio-
nes pequeñas, confinadas al aislamiento [sic], sino con tribus y naciones comparativa-
mente enormes, extensas y dispersas [en Áfri ca]". Estas sociedades contaban con me-
canismos gubernamentales que planteaban un problema para las autoridades coloniales
que buscaban administrarlos con eficacia, lo que implicaba adaptar sus formas "tradi-
cionales" de gobierno bajo el principio del dominio indirecto. Éste era el vasto contex-
to colonial para importantes antropólogos británicos de las décadas de 1930 y 1940, el
cual se centró fundamentalmente en Africa. Adam Kuper, Anthropologists and An-
thropology: The British School 1922-1972, Londres, Al l en Lane, 1973, pp. 107-108.
8
La naturaleza política de la creación del Instituto Rhodes Livingstone pudo
combinar el profundo escepticismo de los administradores imperiales hacia el trabajo
antropológico. I bid., pp. 133-135. Sobre los cambios iniciados en la investigación an-
tropológica por el Instituto, véase Vincent, Anthropology and Politics, op. cit., pp. 276¬
283 y sobre una valoración reciente y crítica, James Ferguson, Expectations of Modernity:
Myths and Meanings of Urban Life on the Zambian Copperbelt, Berkeley, Uni versi ty of
California Press, 1999.
9
Véase, por ejemplo Edmund Leach, Political System of Highland Burma: A Study
ofKachin Social Structure, Londres, G . Bell and Sons, 1954; Max Gl uckman, Order
and Rebellion in Tribal Africa, Londres, Cohen and West, 1963; F. G. Bailey, Caste and
the Economic Frontier: A Village in Highland Orissa, Manchester, Manchester University
Press, 1957; F. G . Bailey, Stratagems and Spoils: A Social Anthropology of Politics, Oxford,
Basil Bl ackwel l , 1969; Fredri k Barth, Political Leadership among Swat Pathans, Lon-
dres, Athl one Press, 1959; J . P. S. Uberoi , The Politics of the Kula Ring: An Analysis of
the Findings of 'Sron^i ei Afa/i nows^, Manchester, Manchester University Press, 1962;
y Vi ctor Turner, Schism and Continuity in an African Society, Manchester, Manchester
Uni versi ty Press, 1957. Además, Peter Worsley, The Trumpet shall Sound: A Study of
"Cargo" Cults in Melanesia, Londres, MacGi bbon y Keo, 1957.
600
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3,2007
ban en juego diversos esfuerzos para l i di ar con los cambiantes
contextos de l a antropol ogí a, para responder a las amplias trans-
formaciones políticas e históricas que afectan l a di sci pl i na y para
refl exi onar sobre l a autonomí a de las tradi ci ones anal í ti cas.
10
Estos esfuerzos si mpl emente no podían romper con l a larga
sombra de los esquemas funci onal i stas. A l mi smo ti empo, se
anunci aron compromi sos crí ti cos con las visiones y l os mode-
l os heredados de l a acci ón social y l a prácti ca antropol ógi ca.
11
10
Como pane de un mayor replanteamiento de la disciplina, se puede conside-
rar la célebre aceptación de Evans-Pritchard (EP) de las intersecciones entre disciplinas
"hermanas" como la antropología y la historia, cuyas diferencias entre sí evaluó como
"ilusorias". Resulta significativo que sus afirmaciones estuvieran basadas en el hecho
de que los antropólogos estaban cada vez "más interesados de lo que solían estar en
comunidades que distan de ser simples y subdesarrolladas..." Así, los antropólogos
"no podían seguir ignorando la historia" como había ocurrido con anterioridad, especial-
mente debido a las inclinaciones antihistóricas de la antropología funcionalista. Las
reflexiones de EP propiciaron una réplica por parte de Isaac Schapera, quien señalaba
que numerosos antropólogos funcionalistas habían hecho historia por mucho tiem-
po. Si bien reconocía la existencia de situaciones en las cuales los antropólogos podían
hacer uso útil de las herramientas de los historiadores, Schapera añadió que en última
instancia las disciplinas eran diferentes. La antropología estaba interesada en el "pre-
sente social" y la historia en el "pasado social". El debate muestra que mientras se
dejaba atrás a la antropología británica, lo que Bri an Axel denomina su "fetiche de la
preguerra en torno a una Dureza orecolonial" todavía se concebía a la historia v el
cambio como si penetraran en la sociedad nativa, en particular debido a la influencia
europea E E Evans-Pritchard Anthropoloev and History Manchester Manchester
Uni versi ty Press 1961 p 19-Isaac Schapera "Shouldanthropoloeists be'historians'»
Man 93 1962 pp 198-222-V Axel "Introduction- Hi stori al anthropoloev" p 7
Véase además' I M Lewi s (ed) His'tory and Social Anthropolosrv Londres Tavístock
Publ kati ons, 1968.'
11
Estas'transformaciones no fueron menos evidentes en la antropología norte-
americana después de la Segunda Guerra Mundi al , sobre todo al implicar movimien-
tos disciplinarios hacia el estudio de "civilizaciones complejas". Las implicaciones que
ello tuvo en el estudio de la I ndia, en particular aquellas formulaciones de tradiciones
"grandes" y "pequeñas", se analizarán más adelante. Mi análisis se centra en la impor-
tancia crítica, dentro de este contexto, de los estudios sobre los grupos subalternos que
articularon las texturas de la historia y la temporalidad, una tradición de la antropolo-
gía según ha sido representada en Sydney Mi ntz, Worker in the Cañe: A Puerto Rican
Life History, New Haven, Yal e University Press, 1960, y Eri c Wolf, Sons ofthe Sbaking
Earth, Chicago, University of Chicago Press, 1959. Esta tradición fue continuada pos-
teriormente en trabajos de antropología histórica, como en Sydney Mi ntz, Sweetness
and Power: The Place ofSugar in Modern History, Nueva York, Vi ki ng, 1985; Eri c
Wol f Europe and thePeople without History Berkelev Uni versi ty of California Press
1982, y Wül i am Roseberry, Anthropologies and Histories: Essays in Culture, History
and Política! Economy, New Brunswi ck, Rutgers Uni versi ty Press, 1989. Otro campo
académico, delineado crucialmente en la década de 1950 en los Estados Uni dos y que
ha combinado la historia y la antropología con limitaciones y posibilidades, es la "et-
nohistoria", analizada con grun agudeza en Krech ni, "The State of Ethnohi story".
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
601
Las ambigüedades y las contradi cci ones no fueron una ca-
racterí sti ca menos recurrente de los esfuerzos por reconfi gurar
l a di sci pl i na antropol ógi ca después de las experiencias de l os
años sesenta. Cabe recordar que en esa década se susci tó una
intensa articulación tanto de los movi mi entos antirracistas y en
pro de los derechos ci vi l es como de acciones estudi anti l es radi -
cales y anti i mperi al i stas, las cuales se expresaron en l os mun-
dos occidentales y no occidentales. A l menos de manera mu y
i mpl í ci ta, di chos aconteci mi entos y procesos apuntaron una
vez más hacia las tensiones entre un centro algo abstracto que
subyacía bajo las estructuras de una academia i nfl uy ente, por
un l ado, y una clara y pal pabl e naturaleza de l a acci ón humana
dentro de los mundos sociales, por el otr o. A l mi smo ti empo,
a finales de l a década de 1960 y durante l a de 1970 hubo en la
soci ol ogí a v l a antropol ogí a u n eran avance de esquemas expl i -
cativos que conferí an preferenci a a las estructuras y sistemas
desplegados para comprender l a hi stori a y l a sociedad Tal fue
el caso de las teorí as de «si stema-mundo''y de «dependencia"
que proyectaron l a l ógi ca i rrevocabl e de u n capi tal i smo
di al que orquestaba l a conducta de l os actores hi stóri cos l a
metrópolis v en la col oni a
12
En ese ti no de esquemas el i usto v
anal í ti co reconoci mi ento de l a hi stori a y el poder podía r mu y
bi en de l a mano con el model o de si stema/estructura de pri v i l e-
gios inestable debi l i tami ento del model o de acci ón/prác-
ti ca Hav aue reoeti r aue no debemos oerder de vi sta las ambi -
güedades y contradi cci ones cuando consideremos el gi ro que
ha habi do dentro de l a antropol ogí a hacia l a prácti ca, el proce¬
so y el poder.
12
Estos modelos y teorías cuestionaron las continuidades imperialistas y capita-
listas de la dominación occidental en los escenarios no occidentales mediante polaridades
como centro y periferia, desarrollo y subdesarrollo. Un estudio reciente y disponible
se encuentra en Patrick Wolfe, "Hi story and imperialism: A century of theory, from
Marx to postcolonialism", American Historical Review, 102,1997, pp. 380-420. Véase
además, Ann Stoler, "(Prefacing capitalism and confrontation i n 1995", i n Ann Stoler,
Capitalism and Confrontation in Sumatra's Plantation Belt, 2a ed., Ann Arbor, Uni -
versity of Michigan Press, 1995, pp. V I I - XXXI V y Dube, "Terms that bi nd".
602
ESTUDI OS DE ASIA Y AFRI CA XLI I : 3, 2007
Reconfiguraciones de la antropología
Una vez ubicadas estas cal i fi caci ones, es posi bl e aproxi marse a
las reconfi guraci ones más recientes de l a antropol ogí a. La dé-
cada de 1970 fue testi go de varias y crí ti cas expl oraci ones en
tor no a los ví ncul os entre estructura y prácti ca, formul aci ones
que estudi aron deteni damente los agudos enredos de l a repro¬
ducci ón social y l a transformaci ón cul tural . Di chos esfuerzos
podían tomar l a forma de una refl exi ón soci ol ógi ca crí ti ca;
tambi én podí an, de manera i magi nati va, conjuntar l a etnogra-
fí a y l a teorí a para repl antear las cuestiones de l a estructura y
l a prácti ca, las normas y l os procesos.
13
Después de esto suce-
dió que a i ni ci os de l a década de los ochenta la l abor académica
etnográfica y sociológica cada vez más optara por l a práctica co-
mo una categorí a clave, u n concepto que ayudaba a medi ar las
oposiciones de l a sociedad y el i ndi v i duo, por u n l ado, y l a
estructura social y l a acci ón hi stóri ca, por el otr o.
El i nci pi ente énfasis en l a noci ón de prácti ca parecía estar
vi ncul ado con una acrecentada sensi bi l i dad hacia l os procesos
temporal es y las consideraciones hi stóri cas dentro de las i nda-
gaciones antropol ógi cas. Tales tendencias deri varon sus brí os
de las teorí as de sistemas-mundo y de los modelos marxi stas,
i ncl uyendo sus variantes estructural i stas. Si n embargo, se ex-
tendi eron hacia diversas disposiciones de l a práctica etnográfica,
especialmente consideraciones de las texturas temporal es de
las formaciones culturales y las transformaci ones sociales.
14
Los
13
Por ejemplo, Bourdieu, Outline of a Theory of Practice; Philip Abrams, Historical
Sociology, Ithaca, Cornel l University Press, 1982; Anthony Giddens, Central Problems
in Social Theory, Londres, McMi l l an, 1979; J ohn Comaroff y Simon Roberts, Rules and
Processes: The Cultural Logic of Dispute in an African Context, Chicago, Uni versi ty of
Chicago Press, 1981; Ortner, "Theory in anthropology" y Sahlins, I slands of History.
Además, E. P. Thompson, The Poverty of TheoryandotherEssays, Nueva York, Monthly
Revi ew Press, 1978.
14
Johannes Fabian, Time and the Other: How Anthropology makes its Object, Nue-
va York, Col umbi a University Press, 1983; Renato Rosaldo, I longot Headhunting 1873¬
1974: A Study in Society and History, Stanford, Stanford University Press, 1980; Sahlins,
I slands of History; Bernard Cohn, An Anthropologist among the Historians and Other
Essays, Del hi , Oxford University Press, 1987; Gerald Sider, Culture and Class: A New-
foundland I llustration, Cambridge, Cambridge University Press, 1986. Véase también
Arj un Appadurai, Worship and Conflict under Colonial Rule: A South I ndian Case, Cam-
bridge, Cambridge University Press, 1981, y Nicholas Di rks, The Hollow Crown: Ethno-
history of an I ndian Kingdom, Cambridge, Cambridge University Press, 1987.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
603
escritos antropol ógi cos más sobresalientes que l i di aban con el
regi stro hi stóri co se centraron en sujetos no occidentales del co-
l oni al i smo y el capi tal i smo. Así , l os significados y las prácti cas
de esos sujetos no surgi eron como meras respuestas a los pr o-
yectos col oni al es y los procesos capitalistas. Antes bi en, se ex-
pl oraron sus acciones y percepciones como atri butos crí ti cos de
l a el aboraci ón contradi ctori a del col oni al i smo y el capi tal i smo,
ambos entendi dos como campos compuestos de capas hi stóri -
cas y cul tural es en u n terreno aparentemente margi nal . Lejos
de tratarse de di sti nci ones preconcebidas entre l os mundos oc-
ci dental y no occi dental , se suscitaron discusiones de i ntercam-
bios sustentados entre di chos terrenos.
15
Por enci ma de todo,
ese ti po de l abor académica podía i nvol ucrar un reconoci mi ento
i mpl í ci to y expl í ci to de que no sól o los procesos sociales, si-
no tambi én los análisis antropol ógi cos estaban representados
a l o l argo del ti empo.
U n gran parte de esta variada l abor académica subrayó l a
presencia del poder y l a contumaci a en las confi guraci ones del
si gni fi cado y l a prácti ca. A través de modos nuevos y al mi smo
ti empo crí ti cos, los procedi mi entos de l a prácti ca etnográfi ca
fueron cuestionados, pues concebí an a sus objetos de estudi o
como entidades constreñi das, insinuadas, l i mi tadas y coheren-
tes, sobre todo al trazar di sti nci ones dominantes entre los órde-
nes tradi ci onal es y las sociedades modernas. N o hay mejor
ejempl o de l os gi ros dentro de l a antropol ogí a debi do al fresco
énfasis en las relaciones de poder - y en térmi nos de prácti ca y
pr oceso- que el reciente repl anteami ento, reevaluación y adap-
taci ón del concepto de cul tura, una de las categorías domi nan-
tes dentro de l a etnografí a, especialmente en su mani festaci ón
estadounidense.
15
Por ejemplo, Jean Comaroff, Body of Power, Spirit of Resistance: The Culture
and History of a South African People, Chicago, Uni versi ty of Chicago Press, 1985;
Stoler, Capitalism and Confrontation, y Michael Taussig, The Devil and Commodity
Fetishism in South America, Chapel Hi l l , Uni versi ty of North Carol i na Press, 1980.
Consúltese también ^{chxáVúce,Fint-Time: TheHistorical Vision ofanAfro-American
People, Baltimore, J ohns Hopki ns Uni versi ty Press, 1983; June Nash, We Eat the Mi-
nes and the Mines Eat Us: Dependency and Exploitation in Bolivian Tin Mines, Nueva
York, Col umbi a Uni versi ty Press, 1979. En la escritura de la historia, estos temas ha-
llaron expresión en registros complementarios y al mismo tiempo distintos. Como
ejemplo, véase Ranajit Guha, Elementary Aspects of Peasant ¡nsurgency in Colonial
I ndia, Del hi , Oxford University Press, 1983.
604
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
Las cambiantes defi ni ci ones de cul tura han caracterizado
el pasado de l a antropol ogí a. Éstas han surgi do de ori entaci o-
nes antropol ógi cas duraderas y más amplias frente a l a cul tura
como u n sistema de val ores, creencias, sí mbol os y ri tual es com-
parti do por un puebl o. Estas defi ni ci ones se han extendi do
hasta refinarse en l a i nfl uyente obra de Cl i ffor d Geertz, qui en
conci bi ó l a cul tura como "telarañas de si gni fi cado' dentro de
las cuales vi ve cada puebl o, u n si gni fi cado codi fi cado en formas
si mból i cas (lenguaje, artefactos, costumbres, ri tual es, calenda-
ri os, etc.) que debe entenderse a través de actos de i nterpre-
taci ón análogos con el trabajo de los crí ti cos l i terari os".
16
Ahora
bi en, aunque es i mportante reconocer l a central i dad de las de¬
fi ni ci ones cambiantes de l a cul tura para con l a di sci pl i na, no es
éste el l ugar apropi ado para repeti r las cambiantes genealogías
que han teni do l ugar en el pasado de l a antropol ogí a. Mi argu-
mento se centra en l os repl anteami entos básicos de la catego-
rí a de l a cul tura desde l a década de 1970, los cuales han estado
en consonancia con los urgentes énfasis de l a etnografía crí ti ca
sobre l a hi stori a, l a temporal i dad, el poder y el proceso.
Podríamos comenzar con tres críticas generales y relaciona-
das entre sí sobre las ori entaci ones antropol ógi cas anteriores
que total i zaron l a cul tura. Pri mero, dichas disposiciones por
l o general presentaban a l a cul tura no sól o como esencialmen-
te coherente si no como v i rtual mente autónoma desde di ver-
sas modalidades del poder, i ncl uyendo las caracterizaciones de
sociedades "fuera del Estado". Estos procedi mi entos menosca-
baban las formaci ones de domi naci ón, las contenci ones de la
autori dad y los térmi nos de disonancia dentro de las di sposi -
ciones de l a cul tura, di sti nci ones crí ti cas que conl l evaban, por
ejempl o, relaciones de poder de comuni dad y género, de raza
y ofi ci o. Segundo, por l o general la cul tura apareció como si
fuera i rremedi abl emente ¿cr e ta y estuviera i nexorabl emente
l i mi tada. Esto qui ere deci r que l a cul tura no occi dental queda-
ba al margen de los ampl i os patrones de cambi o social -en tr e
16
ShenyB. Ortner, "I ntroduction", en Sherry B. Ortner (ed.), The Fate of "Cul-
ture": Geertz and Beyond, Berkeley, Uni versi ty of California Press, 1999, p. 3. Los
hincapiés hechos por Geertz insinuaron, además, que el concepto de cultura necesita-
ba liberarse de sus atributos abotargados, con el fin de asegurar su relevancia constan-
te. Geertz, The I nterpretation of Cultures, op. cit., p. 4.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
605
los cuales se cuentan las arti cul aci ones del col oni al i smo, el ca-
pi tal i smo, l a naci ón y l a mod er ni d ad - y que era concebi da
como conjuntos de imaginerías que sobre todo gi raban sobre
sí mismas de u n modo autorreferenci al . Por úl ti mo, estas pr o-
bl emáti cas estaban relacionadas con el hecho de que las com-
prensiones etnográfi cas de autori dad no tuv i er on hacia l os
val ores, creencias, sí mbol os y ri tual es que exami naban acerca-
mi ento al guno que di era cuenta de ellos dentro de l os procesos
temporales, ellos mi smos formados y transformados por los su-
jetos hi stóri cos. Por el contrari o, se representó a los elemen-
tos cul tural es como i mperturbabl es ante los cambios y las mu -
taciones, las rupturas y las conti nui dades que di eron forma al
pasado y al presente.
17
Este ti po de cuesti onami entos en tor no a las arti cul aci ones
antropol ógi cas de l a cul tura estuvi eron desde el pri nci pi o rel a-
cionados con el repl anteami ento de su concepci ón marxi sta co-
mo una superestructura i deaci onal que parte de una base mate-
ri al . Ahor a bi en: al señalar los procesos sociales y pol í ti cos, las
comprensiones marxistas - j u n to con las antropol ógi cas- ha-
bían roto con las percepciones "estéticas" de la cul tura que hacían
referencia a obras de arte o arquitectura, pi nturas y diseños, mú-
sica y l i teratura. A l mi smo ti empo, al poner l a superestructu-
ra en l a base, l os esquemas marxistas ortodoxos representaron
la cul tura como una enti dad epi fenoméni ca, a l a vez que dota¬
ban a las abstracciones, tales como los modos de producci ón,
de vi da pr opi a.
18
Así , l a naturaleza i ndi sol ubl e de l os procesos
17
Entre los trabajos que dieron inicio a estas consideraciones críticas, se cuen-
tan Talal Asad, "Anthropological conceptions of religión: Reflections on Geera",
Man (n.s.) 18, 1983, pp. 237-259; Geral d M. Sider, "The ties that bind: Cul ture and
agriculture, property and propriety i n the New Foundl and village fishery", Social
History, 5,1980, pp. 1-39, y Hermán Rebel, "Cul tural hegemony and class experience:
A critical reading of recent ethnological-historical approaches (parts one and two)", Ame-
rican Ethnologist, 16,1989, pp. 117-136, 350-365.
18
Con ello no negamos la aparición de versiones sofisticadas del modelo base-
superestructura, especialmente el que ha sido ofrecido por el filósofo francés Loui s
Althusser. Sin embargo, el problema esencial con la metáfora base-superestructura es
que desplaza o, en todo caso, no puede explicar de forma adecuada la práctica signifi-
cativa. Esto también es cierto para el modelo de Althusser. Loui s Althusser y Etienne
Balibar, Reading Capital, Londres, New Left Books, 1970; Raymond Williams, Marxism
andLiterature, Oxford, Oxford University Press, 1977, pp. 81-82; Raymond Williams,
"Base and superstructure in Marxist cultural analysis", New Left Review, 82, 1973,
pp. 3-16; Thompson, ThePoverty ofTheory.
606
ESTUDI OS DE ASIA Y AFRI CA XLI I : 3, 2007
sociales e hi stóri cos no fue tomada en cuenta. El repl anteami en-
to crí ti co y etnográfi co de los model os marxistas ortodoxos, y
tambi én de otros dentro de l a di sci pl i na, acerca de l a cul tura
hi zo énfasis en el hecho de que di chos procesos han consi sti do
en prácti cas específicas de sujetos hi stóri cos dentro de las rela-
ciones de poder. Estas prácti cas y relaciones conl l evan reservas
tácitas de conoci mi ento y contornos cambiantes de si gni fi cado,
de modo que el conjunto en su total i dad define l a cul tura.
Desde una perspectiva di sti nta, el gi ro "refl exi v o" de l a et-
nografía "experi mental " en l a década de los ochenta trajo consi-
go cuestiones de "autori dad" en l a "representaci ón" de l a cul -
tura. Hu bo algunas estrategias para evocar las múl ti pl es voces
etnográficas dentro de los escritos antropol ógi cos, las cuales re-
gi straban sobre todo las compl i ci dades de poder entre el
etnógrafo y el i nfor mante.
19
Se i nterrogaron los térmi nos y las
técni cas de l a l abor antropol ógi ca que confi guraba l a cul tura
como si ésta perteneciese a u n grupo en parti cul ar y como si
estuviera ci rcunscri ta en u n escenario di screto.
20
Se cri ti có tam-
bi én a l a antropol ogí a por tratarse de u n mecanismo que en sí
mi smo generaba l a al teri dad y que, en consecuencia, exoti zaba
y rari fi caba - e i nsti tuci onal i zaba y pr od ucí a- l a di ferenci a
para sus propi os fi nes.
21
N o es de sorprender que todo esto se
conv i rti era en el eje rector al escri bi r sobrecul tura en contrapo-
si ci ón con las exigencias de escri bi r en contra de l a cul tura, en
donde l a cul tura es concebida como i mpl i cada en provectos do-
mi nantes -desde esquemas antropol ógi cos hasta regímenes
i mperi al es e i ncl uso ruti nas de Estados-naci ón- que produ-
cen u n feti che a parti r de l a di ferenci a.
22
19
James Cl i fford y George Marcus (eds.), Writing Culture: The Poetics and Politics
of Ethnography, Berkeley, University of California Press, 1986; George Marcus y Di ck
Cushman, "Ethnographies as texts", Annual Review of Anthropology, 11,1982, pp. 25¬
69; George Marcus y Michael Fischer, Anthropology as Cultural Critique: An Experimen-
tal Moment in the Human Sciences, Chicago, Uni versi ty of Chicago Press, 1986.
2 0
Véase George Marcus, "The uses of complicity in the changing mis-en-scéne
of anthropological fieldwork" y Li l a Abu-Lughod, "The interpretation of culture(s)
after television", en Ortner (ed.), The Fate of "Culture", op. cit., pp. 86-109, 110-135.
21
Micaela di Leonardo, Exotics at Home: Anthropologies, Others, and American
Modernity, Chicago, University of Chicago Press, 2000; Catherine Lutz y Jane Collins,
Reading National Geographic, Chicago, Uni versi ty of Chicago Press, 1993.
22
J ohn Pemberton, On the Subject of "J ava", Ithaca, Cornel l Uni versi ty Press,
1994, y Ortner (ed.), The Fate of "Culture", op. cit.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
607
Sól o en años recientes se ha emprendi do este ti po de cues-
ti onami entos crí ti cos. Ha habi do u n creciente reconoci mi ento
no sól o de l a naturaleza intensa y diferenciada de la(s) cul tura(s)
y los conoci mi ento(s) «l ocal (es)", si no tambi én de su i nsi sten-
te i nteracci ón con las amplias formaci ones de regi ón, Estado,
naci ón y gl obal i zaci ón. Si estas insinuaciones hubiesen estado
presentes con anteri ori dad, las arti cul aci ones crí ti cas de l a cul -
tura en l a antropol ogí a estarían hoy mezcladas con u n cre-
ciente i nterés en l os procesos transnacionales de i mperi o, diás-
pora y moderni dad, cada uno a su vez en funci ón de identidades
embrolladas e historias hí bri das.
23
Se encuentran en juego las i r o-
nías y l os desafíos para replantearse l a cul tura.
Se ha hecho evidente el hecho de que la cul tura no debe
entenderse sól o como una herrami enta anal í ti ca si no como
una enti dad-concepto que ha sido esencial en las imaginerías y
prácticas de las personas que l a noci ón buscó descri bi r y defi ni r.
Desde el Cuarto hasta el Pri mer Mund o, desde los puebl os i n-
dígenas empobreci dos hasta l os grupos étni cos pri vi l egi ados,
y desde l os mi l i tantes rel i gi osos vi ol entos hasta sus i gual mente
fervientes oponentes se encuentran sujetos que han rei vi ndi cado
sus derechos sobre l a "cul tura" para expresar sus térmi nos en
formas poderosas e i ntri gantes. Tales afirmaciones urgentes de
la cul tura - y de «costumbre", "i denti dad", "ci vi l i zaci ón" y "tra-
d i ci ón "- han aparecido al mi smo ti empo en proyectos de u ni -
dad y di vi si ón, las cuales i ncl uy en estrategias de supervi venci a
y diseños de destrucci ón.
24
Todo el l o ha pl anteado cuestiones
clave en relación con l a cul tura a través de las configuraciones de
l a moderni dad en el pasado y el presente.
23
Un mayor análisis de estos temas paralelos se encuentra en Saurabh Dube,
Stitches on Time: Colonial Textures and Postcolonial Tangles, Durham, Duke Uni versi ty
Press, 2004. Véanse, además, los estudios literarios en Robert Foster, "Maki ng national
cultures i n the global ecumene", Annual Review of Anthropology, 20, 1991, pp. 235¬
260; Sally Engle Merry, "Anthropology, law, and transnational processes", Annual
Review of Anthropology, 21,1992, pp. 357-79; Robert W. Hefner, "Multiple modernities:
Christianity, I slam, and Hi ndui sm i n a globalizing age", Annual Review of Anthropo-
logy, 27, 1998, pp. 83-104 y Ana Maria Al onso, "The politics of space, time, and
substance: State formation, nationalism, and ethnicity", Annual Review of Anthropo-
logy, 23,1994, pp. 379-400
24
Véase, por ejemplo, Faubion, "Hi story i n anthropology", p. 36; J . D. Y. Peel,
"Maki ng history: The past in the Ijesha present", Man (n. s.), 19, 1984, pp. 111-132.
608
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
Es evidente que di chos compromi sos crí ti cos ante el con-
cepto de cul tura no están cortados por el mi smo patrón. El a-
borados en di ferentes momentos a l o l argo de las décadas pa-
sadas, se caracteri zan por varias y notabl es opi ni ones entre
el l os. Tampoco insinúo que las críticas han sido necesariamente
justas, pacientes y modestas en su refutaci ón de las tradi ci ones
previ as. Serí a absurdo no aprender de las posi bi l i dades y pl ura-
lidades de las discusiones anteri ores sobre cul tura dentro de l a
antropol ogí a. A l mi smo ti empo, los esfuerzos i nterrogati vos
que he presentado son i ndi cadores de las reconfi guraci ones
recientes de l a di sci pl i na, desde su cuesti onami ento de las supo¬
siciones formati vas de l a antropol ogí a hasta sus propi os pun-
tos débiles en l a prácti ca de l a etnografí a.
Los énfasis conjuntos en el proceso, l a prácti ca y el poder
han dado u n nuevo í mpetu al estudi o de temas dentro de l a
di sci pl i na, tales como rel i gi ón y r i tual , magia y brujerí a, si m-
bol i smo y l ey, parentesco y real eza.
25
Muchos de estos escritos
combi nan lecturas históricas con una imaginación etnográfi ca.
26
Muchos otros han refl exi onado acerca de las elaboraciones tem-
porales que son inherentes al presente.
27
Tomadas en conjunto,
las investigaciones sobre Estado, naci ón y gl obal i zaci ón, así
como las reconsideraciones de cul turas col oni al es, archi vos
25
Esto se aclara en los siguientes ensayos, que también orientan al lector sobre
los trabajos sobresalientes en los campos que se discuten. Wi l l i am Reddy, "Emoti onal
liberty: Politics and history i n the anthropology of emotions", Cultural Anthropology,
14, 1999, pp. 256-288; Michael G . Peletz, "Ki nshi p studies i n late twentieth-century
znúirovo\ o%?", Annual Review of Anthropology, 24,1995, pp. 343-372; Merry, "Anthro-
pology, law, and transnational processes"; Krech HI , "The state of ethnohistory";
Kel l y y Kapl an, "Hi story, structure, and ritual".
2 6
Dos estudios que se enfocan solamente en la colonia y el imperio son Dube,
"Terms that bi nd", pp. 6-12; Stoler y Cooper, "Between metropole and colony".
2 7
En relación con los estudios antropológicos que explícita e implícitamente se
dedican a tratar los temas de la modernidad en el sur de Asi a, véase Akhi l Gupta,
Postcolonial Developments: Agriculture in the Making of Modem I ndia, Durham, Duke
Uni versi ty Press, 1998; Emma Tarl o, Unsettling Memories: Narratives of I ndia's
"Emergency", Del hi , Permanent Black, 2003; Thomas Bl om Hansen, Wages of Violence:
Naming and I dentity in Postcolonial Bombay, Princeton, Princeton Uni versi ty Press,
2001; Arj un Appadurai, Modernity at Large: Cultural Dimensions of Globalization,
Mineápolis, Uni versi ty of Minnesota Press, 1996; Wi l l i am Mazzaarella, Shovelling
Smoke: Advertising and Globalization in Contemporary I ndia, Durham, Duke Uni -
versi ty Press, 2003, y Purni ma Mankekar, Screening Culture, Viewing Politics:
Television, Womanhood and Nation in Modern I ndia, NuevaDel hi , Oxford Uni versi ty
Press, 2000.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
609
i mperi al es y modernidades vernáculas han hecho una sorpren-
dente apari ci ón en l a escena etnográfi ca. El l o ha dado l ugar a
excepcionales l ogros, empíricos y analíticos, teóri cos y metodo-
l ógi cos, en el área de l a antropol ogí a. Una semejante renova-
ción de la di sci pl i na en las décadas recientes ha sido especialmen-
te evidente en l a creaci ón de diversas variedades de etnografías
hi stóri cas e hi stori as antropol ógi cas, mismas que han experi -
mentado transformaci ones a l o l argo del ti empo. Regresaré a
estas tendencias más adelante.
Registrar las recientes reconfi guraci ones de l a antropol o-
gía y reconocer sus i mportantes contri buci ones no si gni fi ca
pasar por al to las profundas disensiones y las formi dabl es l í -
neas de fal l a que aún caracteri zan l a di sci pl i na. Esto es: el énfa-
sis en l a prácti ca, el proceso y el poder insinúan l a reestructu-
ración de l a antropol ogí a, pero sus elaboraciones reales tambi én
anunci an que l a di sci pl i na permanece heterogénea e i ncl uso
di v i di da en l o más profundo. Las transformaci ones contempo-
ráneas de l a etnografí a hacen frente a las i nfl uenci as antagóni -
cas del pasado. Se han repensado las pri meras tradi ci ones de
análisis dentro de l a antropol ogí a, pero esto no si gni fi ca que se
hayan abandonado las tendencias anteriores hacia esquemas
favoreci dos. Asi mi smo, las transformaci ones actuales de l a an-
tropol ogí a como u n terreno l l eno de tensi ón son el resul tado
de di scuti dos entrecruces en el presente. Las marcadas i ncl i na-
ciones hacia l a práctica el proceso y el poder en l a antropol ogí a
hoy en día se exti enden más allá de las lógicas exclusivamente
disciplinarias El i mpacto sobre la etnografía de los grandes "gi -
ros l i ngüí sti cos" e "i nterpretati v os" en las ciencias sociales, que
fueron en parte anti ci pados por ciertas versiones de l a antro-
pología ha servi do para d i v i d i r la di sci pl i na Lo mi smo resul ta
válido para los compromi sos etnográfi cos con el pensami ento
anti v oosfundaci onal así como la crí ti ca l i terari a v sus i ntermi -
nables refutaciones di sci pl i nari as. Aquí se suman diversas ori en-
taciones oouestas a las ooeraciones de ooder sus nexos con el
conoci mi ento l a naturaleza de su producti v i dad sus conexi o-
nes con l a prácti ca hi stóri ca y su conformaci ón de sujetos so-
ciales.
Estas reconfi guraci ones di sci pl i nari as han estado estrecha-
mente ligadas con los grandes cambios en el mundo. Indi caré
610
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
tres desarrollos clave al respecto. Pri mero, anteri ormente se
señaló que el naci onal i smo anti col oni al y l a descol oni zaci ón
en l os Estados-naci ón reci én independizados fueron poderosos
ejemplos de l a producci ón hi stóri ca. A l menos i mpl í ci tamen-
te, desafiaron las proyecci ones etnográficas de l os nati vos eter-
nos y su ti erra encantada.
28
Hu bo un rechazo y una ambi va-
l enci a hacia l a i ntegraci ón de tales recordatori os de la agencia
de l os sujetos antropol ógi cos como parte de l a prácti ca etno-
gráfica. Mas los recordatori os fueron de todas maneras tras-
cendentales para las crí ti cas emergentes de l a antropol ogí a. En
especial tras l os mov i mi entos y las protestas estudi anti l es en l a
academia contra l a Guerra de Vi etnam, tuv o l ugar una crecien-
te i nterrogaci ón acerca de l o que Tohannes Fabi án denomi nó
el «escándalo" de l a domi naci ón occi dental .
29
Este cuestiona-
mi ento se extendi ó hacia la refl exi ón del papel de l a antropo-
l ogí a en di cho escándalo, e i ncl uí a consideraciones sobre la
compl i ci dad de l a di sci pl i na con el col oni al i smo.
30
Las crí ti cas
di sci pl i nari as a l a empresa antropol ógi ca podrían andar de l a
mano con las i ncl i naci ones pol í ti cas hacia los puebl os del Ter¬
cer Mund o, cuando l a transformaci ón de estos úl ti mos en
sujetos (de prácti ca proceso v poder) dentro del esfuerzo et-
nográfi co fue mucho más prol ongada y contradi ctori a de l o
que con frecuencia se i magi na
Segundo, precisamente como las tendencias críticas que he
descri to se fortal eci eron en el terreno académi co, las naciones
reci én independizadas (y otras, no occidentales), fueron desen-
trañadas de una forma tal que sugería que l a simpatía y l a sol i -
dari dad no eran del todo suficientes para comprender sus so-
ciedades y pol í ti cas. En parti cul ar, los temas del autori tari smo
y l a corrupci ón en esas naciones subrayaron l a necesidad de
perspectivas más crí ti cas en estos contextos acerca del Estado,
28
Por ejemplo, Davi d Lan, Guns and Rain: Guerillas and Spirit Mediums in Zim-
babwe, Berkeley, University of California Press, 1985; Comaroff, Body of Power, Spirit
ofResistance.
29
Fabian, Time and theOther: How Anthropology makes its Object, op. cit., p. x.
30
Por ejemplo, Kathleen Gough, "Anthropology: Chi l d of imperialism" Monthly
Review, 19,1968, pp. 12-68; Jairus Banaji, "The crisis of British anthropology", New
Left Review, 64, 1970, pp. 71-85; Tal al Asad (ed.), Anthropology and theColonial En-
counter, Londres, Ithaca Press, 1973, y Del l Hymes (ed.), Reinventing Anthropology,
Nueva York, Pantheon Books, 1972.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
611
el gobi erno, l a cul tura y l a sociedad. De hecho, muy pr onto el
espí ri tu de sol i dari dad con el Tercer Mund o -mani festado en
procl amaci ones y sensibilidades de l a era de Bandung, durante
dos décadas a par ti r de mediados de l os años ci ncuenta- co-
menzó a di smi nui r. En esta si tuaci ón, la i nvesti gaci ón de l a
antropol ogí a desde dentro (y fuera) de l a di sci pl i na ha teni do
di sti ntas consecuencias a parti r de la década de 1960. Como
hemos v i sto, di chos desarrollos y debates condujeron al surgi -
mi ento de l a etnografí a "experi mental " de los años ochenta,
i nfl ui da por lecturas l i terari as críticas, al mi smo ti empo que i n-
formaron acerca de l a reestructuraci ón de l a antropol ogí a de
los sujetos, los Estados-nación y l a moderni dad, atendidos como
procesóse hi stori as.
Tercero y fi nal , las salidas di sci pl i nari as recientes han esta-
do mu y relacionadas con los rostros cambiantes del mundo
contemporáneo: desde l a caída del muro de Berl í n hasta l a ex-
presión de etnonaci onal i smos en Europa del Este, desde las
afirmaciones de los naci onal i smos mayori tari os en Sudáfrica
hasta los eventos del 11 de septi embre de 2001 y sus repercu-
siones han estado en juego diversos llamados a favor de una
antropol ogí a cambiante para ti empos cambiantes. Por u n l ado,
estos llamados se han uni do a rechazos si mpl i stas de tradi ci o-
nes antropol ógi cas i ni ci al es, tildadas de viciadas y de compl i ci -
dad con el poder i nsti tuci onal , procedi mi entos que tambi én han
pasado por al to que el mundo comenzó a cambi ar no desde
hace poco, sino desde hace ya mucho ti empo. Como. consecuen¬
ci a, en los úl ti mos 15 años, ci erto ti po de sabiduría etnográfi ca
ha comparti do el concepto contemporáneo que "exagera l a
si ngul ari dad de nuestros ti empos" juzgando parti cul armente
la relevancia de l a i nvesti gaci ón antropol ógi ca según se ha
apoyado en l a presunta novedad del tema de i nvesti gaci ón.
31
Por otr o l ado al aceDtar el reto de reoensar v trabaiar nueva¬
mente l a prácti ca etnográfi ca, una vari edad de antropol ogí as
n o sól o han hecho USO de teorí as sociales y pol í ti cas si no que a
menudo han reconsiderado l os casados de l a di sci ol i na De ese
modo, han arti cul ado i magi nari amente u n ampl i o espectro de
31
Mi chel -Rol ph Trouillot, "North Atlantic universals: Analytical fictions, 1492¬
1945", en Saurabh Dube (ed.) Enduring Enchantments, a special issue of South Atlantic
Quarterly, 101, 4, 2002, p. 840.
612
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3,2007
cuestiones clave que resul tan cruciales para el mundo contem-
poráneo.
32
Semejantes transformaci ones y tendencias opues-
tas, caracterí sti cas de l os escenarios académicos y de l os mun-
dos sociales, han sido i gual mente cruciales en las modi fi caci ones
de l a di sci pl i na de l a hi stori a.
Historia: ambigüedades y reconfiguraciones
Ya he señalado que las narrati vas que describen l os esfuerzos
antropol ógi cos desde l a década de 1970 en adelante y que r om-
pen con el pasado - a l estar cada vez más orientadas hacia l a
prácti ca, el proceso y el p od er - pueden ser demasiado excl usi -
vas en cuanto a i ntenci ón y alcance. Problemas similares pueden
yacer bajo los argumentos singulares del ascenso heroi co de l a
hi stori a soci ocul tural , los cuales operan sobre todo como mar-
cos pedagógicos que se mani fi estan en el salón de clases y en
l os semi nari os. Aquí se ubi can las proyecci ones de una escri-
tura de l a hi stori a que se vuel ve cada vez más democráti ca y
que i ncl uye paul ati namente temas del pasado margi nados has-
ta l a fecha (temas de investigación y ci rcunscri pci ones huma-
nas), l a cual , en consecuencia, comprende cada vez más otras
di sci pl i nas, en especial métodos antropol ógi cos. Di chas narra¬
tivas a menudo comi enzan con el lugar pri vi l egi ado de l a pol í ti -
ca en l a i nsti tuci onal i zaci ón de l a hi stori a como una di sci pl i na
de l a segunda mi tad del siglo xi x en adelante y hacen énfasis en
que semejante escri tura de l a hi stori a social y cul tural , desde
una perspectiva académica, tuv o un papel secundari o, que i n-
cl uye l a prácti ca de l a hi stori a y excluye l a pol í ti ca. Por otra
parte, se enfocan en l os pri nci pal es avances dentro de los estu-
di os hi stóri cos que expandi eron progresi vamente el conteni -
do de l a hi stori a desde l a década de 1930 para i nv ol ucrar di ver-
sas dinámicas de l a sociedad y l a cul tura; i ncl uyen además varios
32
Por ejemplo, E. Valentine Dani el , Charred Lullabies: Chapters in an Anthropo-
logy of Violence, Princeton, Princeton University Press, 1996; Catherine Lutz, Home-
front: A Military City and the American Twentieth Century, Boston, Beacon Press,
2002; Michael Taussig, Law in a Lawless Land: Diary of a Limpieza, Nueva York, New
Press, 2003, y J ohn Kel l y y Martha Kapl an, Represented Communities: Fiji and World
Decolonization, Chicago, Uni versi ty of Chicago Press, 2001.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
613
temas subal ternos al ti empo que sostienen un diálogo con las
ciencias sociales, sobre todo con l a antropol ogí a, l a soci ol ogí a
y l a psi col ogí a. La discusión acerca de los "maestros" y las "es-
cuelas" que marcan estos avances supone l a menci ón del traba-
jo de l a Escuela de los Annal es en Franci a,
33
el anti guo Gr upo
de Hi stori adores Bri táni cos Comuni stas,
34
los hi stori adores de
Europa y l os estudiosos de l a escl avi tud afronorteameri cana
en los Estados Uni d os,
35
así como relevantes tendencias hi stóri -
cas en Europa, como l a "mi crohi stori a" i tal i ana y l a "Altagsges-
chi chte" alemana ("hi stori a de l a vi da coti di ana").
36
Por úl ti -
mo, es con este tel ón de fondo que dichos argumentos esbozan
los probl emas y las potencialidades de la hi stori a soci ocul tural ,
que i ncl uye el diálogo con la antropol ogí a o l a soci ol ogí a, en
diversos contextos i nsti tuci onal es en el presente.
Una vez más, las di fi cul tades con estos argumentos estri -
ban no en que estén equivocados sino en que son al tamente
tendenciosos. I nterpretados desde la posi ci ón estratégica del
presente y moldeados i ncondi ci onal mente en moldes tel eol ó-
33
Luci en Febvre, New Kind of History: From the Writings ofFebvre, editado por
Peter Burke, Londres, Routledge, 1973; Marc Bloch, The Historian's CraftManchester,
Manchester Uni versi ty Press, 1954; Fernand Braudel, The Mediterranean and the
Mediterranean World in the Age of Philip I I : vols. land I I , Londres, Fontana-Collins,
1973;Emmanuel Le Roy Udurk, Montaillou: The Promised Land of Error, trad. Barbara
Bray, Nueva York, Vintage Books, 1979; y Roger Chartier, Cultural History: Between
Practices and Representations, Ithaca, Cornel l Uni versi ty Press, 1993.
34
Edward P. Thompson, Customs in Common: Studies in Traditional Popular
Culture, Nueva York, The New Press, 1993; Christopher Hi l l , The World Turned
Upside Down: Radical I deas duringthe English Revolution, Nueva York, Penguin Books,
1973, y Eri c Hobsbawm, Nations and Nationalism since 1780: Programme, Myth, Reality,
Cambridge, Cambridge Uni versi ty Press, 1993.
35
Natalie Z. Davi s, Society and Culture in Early Modem France: Eight Essays by
Natalie lemon Davis, Stanford, Stanford Uni versi ty Press, 1977; Robert Darnton,
The Great Cat Massacre and Other Episodes in French Cultural History, Nueva York,
Vintage, 1985; Wi l l i am H . Sewell, Jr., Work and Revolution in France: The Language
of Labor from the Old Regime to 1848, Nueva York, Cambridge Uni versi ty Press,
1980; Eugene D. Genovese, Roll J ordan Roll: The World the Slaves Made, Nueva York,
Pantheon, 1974, y Lawrence Levine, Black Culture and Consciousness, Nueva York, Ox-
ford Uni versi ty Press, 1977.
36
Carl o Gi nzburg, The Cheeseand the Worms: The Cosmos of a Sixteenth Century
Miller, trad. J ohn and Anne Tedeschi, Baltimore, J ohns Hopki ns Uni versi ty Press,
1980; Edward Mui r y Gui do Ruggiero (eds.) Microhistory and theLost Peoples of Europe,
trad. Eren Branch, Baltimore, J ohns Hopki ns Uni versi ty Press, 1991, y Al f Lùdtke
(ed.) The History of Everyday Life: Reconstructing Historical Experiences and Ways of
Life, trad. Wi l l i am Templer, Princeton, Princeton Uni versi ty Press, 1995.
614
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLH: 3, 2007
gicos, pasan por al to las contradi cci ones y ambivalencias cons-
ti tuti v as, los silencios y tensiones, así como los probl emas y
posi bi l i dades en el centro de l os desarrol l os de l a di sci pl i na de
l a hi stori a: desde el l ugar pri vi l egi ado de l a hi stori a pol í ti ca y
di pl omáti ca en el pasado hasta l a gran relevancia de l a hi stori a
cul tural y social en el presente. Las constantes discusiones y
l os excesos de l a escri tura de l a hi stori a como una forma de co-
noci mi ento moderno están en juego.
En pri mer lugar, las historias políticas pasadas y actuales han
teni do sus propi as arti cul aci ones de cul tura y sociedad, tradi -
ci ón y moderni dad. Pueden i mpl i car conjunci ones clave de
tendencias hermenéuticas y analíticas y de sensibilidades román-
ticas y progresistas. Estas conjunci ones han formado parte de
l a i nsti tuci onal i zaci ón de l a di sci pl i na hi stóri ca, i ncl uyendo el
pri v i l egi o de u n terreno de l o "pol í ti co" demarcado exclusiva-
mente, pero tambi én han opuesto resistencia a l a transforma-
ci ón del conoci mi ento hi stóri co en un aliado meramente subor-
di nado a l os recargados esquemas de las ciencias sociales. U n
sol o ejempl o debería ser sufi ci ente. Los escritos del fi l ósofo e
hi stori ador francés de pri nci pi os del si gl o xi x, Tules Mi chel et,
han sido cri ti cados como l a obra de u n si mpl e "románti co"
que idealizó poéti camente a u n "puebl o" popul ar en sus na-
rraciones de l a Revol uci ón Francesa. Por otr o l ado, han sido
celebrados por desvelar u n nuevo objeto de estudio de l a his-
tor i a, atacando mentalidades colectivas y fuerzas anóni mas en
las extensiones del pasado. Si n embargo, estas lecturas i gnoran
l os procedi mi entos reales de Mi chel et en cuanto a i nvesti ga-
ci ón y escri tura, que posi bl emente reestructuran los métodos
«ci entí fi cos" y "hermenéuti cos" con el objeti v o de crear un es-
tudi o hi stóri co genuinamente "moderni sta". La escri tura de la
hi stori a de Mi chel et, señala Tacques Ranci ère, trajo a discusión
el notabl e pero repri mi do "tema de l a hi stori a" i nsi nuando
l os requeri mi entos de l a i nvesti gaci ón hi stóri ca para hacer
honor a sus tres acuerdos "ci entí fi co pol í ti co v l i ter ar i o" con
las ci rcunscri pci ones pol í ti cas y democráticas modernas.
37
Sin
"J acques Rancière, The Ñames ofHistory: On the Poetics ofKnowledge, trad.,
Hassan Melehy, Mineápolis, Uni versi ty of Minnesota Press, 1994. Véase, además,
Jacques Rancière, The Philosopher andHisPoor, trad., Andrew Parker, Durham, Duke
Uni versi ty Press, 2004.
DUBE: LLEGADAS Y SALIDAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
615
l ugar a dudas, al i gnorar el "método" de Mi chel et y al adaptar
sus escritos a esquemas prefi gurados, los hi stori adores moder-
nos fueron "capaces de conti nuar la antiquísima tradición de man-
tener a 'l os pobres' en su l ugar -f u er a de l a h i s tor i a- y de
pretender que narraban sól o los hechos, i gnorando sus si gni fi -
cados".
38
Leer a hi stori adores como Mi chel et (Herder o Ranke
y muchos, muchos otros) si n sucumbi r ante los esquemas hi s-
tori ográfi cos heredados si gni fi ca comenzar a recorrer los ca-
mi nos que han sido i ni ci ados y que, si n embargo, están casi
ol vi dados dentro de la prácti ca hi stóri ca. Tambi én si gni fi ca
estudiar deteni damente las preferencias i nconcebi bl es y las
suposiciones no enunciadas de l a di sci pl i na hi stóri ca.
N o es de sorprender que las proyecci ones hechas sobre el
tr i unfal ascenso de l a hi stori a social y cul tural no sean del todo
crí ti cas, en especial con rel aci ón a sus invocaciones de "escue-
las" y "maestros" del ofi ci o hi stóri co. N o i nvesti gan adecuada-
mente l os conceptos que consti tuyen tales tradi ci ones. Consi -
dérese l a Escuela de los Annal es de escri tura de la hi stori a, en
Franci a, que ha exi sti do desde 1929 hasta l a fecha y que fue de-
cisiva para romper con las antiguas narrati vas que se basaban
en los aconteci mi entos de l a hi stori a pol í ti ca. La Escuela de l os
Annales no sólo ensanchó el ámbi to y l a temática de l a escri tura
de l a hi stori a, de modo i nsi nuante y considerable, sino que tam-
bién creó versiones i nfl uyentes de hi stori a "estructural " a parti r
de amplias consideraciones sociológicas e impresionada especial-
mente con las formul aci ones de Emi l e Du r khei m. A l mi smo
ti empo, es i mportante preguntarse si las hi stori as escritas por
Luci en Febvre y Fernand Braudel , dos de las figuras fundadoras
de la Escuela de los Annal es, no pri v aron a la "hi stori a de su te-
ma humano, de sus vínculos con una agenda generalmente pol í -
ti ca y específicamente democráti ca y de su forma caracterí sti ca
de representar el modo de existencia de su tema en el mundo, a
saber, la narrati v a".
39
Tambi én vale l a pena refl exi onar acerca de
cómo los escritos i nfl uyentes de Braudel no sólo han converti do
regiones enteras del mundo mediterráneo en islas flotantes fuera
de las corri entes de l a hi stori a y l a ci vi l i zaci ón, si no cómo han
38
Hayden White, "Foreword: Rancière's revisionism", en Rancière, The Ñames of
History, p. XV H. En esta obra White comenta la lectura que Rancière hizo de Michelet.
39
Whi te, "Foreword", p. XI . Rancière, Ñames of History.
616
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
transformado l a esfera de l a "cul tura materi al " coti di ana en al -
go hi stóri co, sobre todo cuando se les compara con el di nami s-
mo hi stóri co del mercanti l i smo moderno temprano.
40
Otros fac-
tores que i nterv i enen aquí son las distinciones de peso entre l o
"atrasado" y l o "ci v i l i zado", que i mpl i can los mapeos jerárqui-
cos del ti empo y el espacio que hemos vi sto con anteri ori dad.
Asi mi smo, es cruci al reconocer que l a obra del hi stori ador
socialista de ori gen bri táni co, E. P. Thompson, expl oró i ma-
gi nari amente los contornos de l a cul tura y l a conci enci a del
"públ i co pl ebeyo" del si gl o xv m en I ngl aterra, i ncl uyendo las
transformaci ones del ti empo entre estos sujetos a parti r de l a
llegada de l a medi ci ón del ti empo-en-el -trabajo, como parte de
los nuevos regímenes de los procesos manufactureros capi tal i s-
tas.
41
Si n embargo, es i mportante notar que los trabajos de
Thompson solían ubi car l a cul tura plebeya del si gl o xv i n a l o
l argo de u n eje i rrevocabl e de moderni zaci ón hi stóri ca que
establece una muy sólida oposi ci ón entre l a economí a moral
ligada a l a "tradi ci ón" y l a economí a de mercado del capitalismo
"moder no".
42
Este eje rige además l a i nterpretaci ón de Thomp-
son de las ori entaci ones no occidentales en tor no al ti empo en
l a segunda mi tad del siglo xx, a las cuales se considera como
rezagadas con respecto al ti empo de Occi dente y como i nsi nua-
ciones de una tradi ci ón desafortunada que espera ser superada
i nevi tabl emente por l a hi stori a moderna.
43
Es evidente que
estamos frente a jerarquías, oposiciones y oposiciones jerárqui-
cas de moderni dad en apariencia normati vamente neutrales,
pero en real i dad profundamente i deol ógi cas.
4 0
Según Braudel, la historia de las regiones montañosas como mundos alejados
de la civilización propiamente dicha significa no tener hi stori a. Braudel , The
Mediterranean and the Mediterranean World in theAge of Philip I I : vol. I ; Hans Medick,
"Missionaries i n the rowboat'? Ethnological ways of knowi ng as a challenge to social
history", en Lüdtke (ed.) The History of Everyday Life, pp. 4244.
41
E. P. Thompson, "Patrician society, plebeian culture", J ournal of Social History,
7, 1974, pp. 382-405; E. P. Thompson, "Eighteenth century English society: Class
struggle without class", Social History, 3, 1978, pp. 133-165; E. P. Thompson, "Ti me,
work-discipline and industrial capitalism", Past and Present, 38,1967, pp. 56-97; E. P.
Thompson, "The moral economy of the Engl i sh crowd i n the eighteenth century",
Past and Present, 50, 1971, pp. 76-136.
4 2
Sobre estas cuestiones, consúltese Hans Medick, "Plebeian culture i n the
transition to capitalism", en Raphael Samuel y Gareth Stedman Jones (eds.), Culture,
I deology andPolitics, Londres, Routledge and Kegan Paul, 1983, pp. 84-113.
43
Thompson, "Ti me, work-discipline and industrial capitalism".
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
617
Lo antes expuesto no rechaza las agudas transformaci ones
de la escritura de la hi stori a en las pasadas décadas recientes. Más
bi en, el l o supone aproxi marse a tales cambios consi derando
con cautela las suposiciones no expresadas y carentes de senti -
do crí ti co, así como l os conceptos formi dabl es y subyacentes
a la di sci pl i na. La extensi ón duradera y l a promi nenci a pal pa-
ble de l a hi stori a soci ocul tural en ti empos más recientes ti enen
que entenderse como parte de una expansi ón más ampl i a de l a
di sci pl i na hi stóri ca después de l a Segunda Guerra Mund i al , l o
que ha sido el caso de l a antropol ogí a y l a soci ol ogí a. La expan-
sión i ncl uyó u n aumento constante de l a especialización pro-
fesi onal y u n creci mi ento si gni fi cati vo de las oportuni dades de
trabajo, que han apuntalado el trazado y el desarrollo de los cam-
pos sociales y culturales i denti fi cabl es de l a escri tura de l a hi sto-
ri a. A l mi smo ti empo, las propagaciones de l a hi stori a soci ocul -
tural han sido el resultado de intereses intelectuales perdurables
y diversos, compromi sos de archi vos, inquietudes i nterdi sci pl i -
narias y responsabilidades pol í ti cas, i ncl uyendo i mpul sos hacia
l a democrati zaci ón de l a escri tura de l a hi stori a.
44
La gran mul ti pl i ci dad de estos procedi mi entos y procesos
hace muy di fí ci l proporci onar aquí una rel aci ón si stemáti ca y
detallada de sus trayectori as. N o obstante, es posi bl e presentar
con cri teri o selectivo algunas de las tendencias clave en este te-
rreno. En pri mer l ugar, l a el aboraci ón de corri entes i mportan-
tes dentro de l a hi stori a soci ocul tural , i ncl ui das sus reconside-
raciones crí ti cas de la di sci pl i na durante las décadas de 1960 y
1970, puede comprenderse muy bi en como parte de i ntentos
comunes, con diferentes énfasis, por i nterpretar explicaciones
que se centraban en l os sujetos hasta l a fecha marginados de
los registros hi stóri cos.
45
Más tarde, todo esto fue seguido de al
menos dos desarrollos relacionados. El pri mero estuvo rel aci o-
4 4
Exami no estos temas en Dube, Stitches on Time, en particular pp. 133-137.
4 5
Ranajit Guha (eds.), Subaltem Studies I -VI : Writings on South Asian History
and Society, Del hi , Oxford University Press, 1982-1989; Partha Chatterjee y Gyanendra
Pandey (eds.), Subaltem Studies VI I : Writings on South Asian History and Society, Del hi ,
Oxford Uni versi ty Press, 1992; Arnol d y Hardi man (eds.), Subaltem Studies VI I I ;
Shahid Ami n y Di pesh Chakrabarty (eds.), Subaltem Studies I X: Writings on South
Asian History and Society, Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1996; Gautam Bhadra,
Gyan Prakash y Susie Tharu (eds.), Subaltem Studies X: Writings on South Asian History
and Society, Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1999.
618
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XI I I : 3, 2007
nado con i ntentos que buscaban di sti ntos materiales de archi -
vos y que proponí an lecturas i nnovadoras de las fuentes hi stóri -
cas, aunque tambi én abrían i nterrogantes sobre las variedades
y l a val i dez de las "fuentes" hi stóri cas, en parti cul ar al conside-
rar l a escasez y l a obsti naci ón del regi stro de los pasados de l os
sujetos margi nados. El segundo suponía u n diálogo con otras
di sci pl i nas, desde la antropol ogí a y l a soci ol ogí a, hasta l a demo-
grafía y l a psi col ogí a, que tambi én encami nó l a escri tura de l a
hi stori a hacia nuevas di recci ones.
46
Ahor a bi en, estos procesos no fueron n i i nexorabl es n i
exclusivos. I ncl uso cuando tuv i eron l ugar diversas conversacio-
nes trascendentales dentro de l a escri tura de l a hi stori a y con
otras di sci pl i nas, las nuevas formas de hi stori ografí a podían
acercarse y entender cul turas, subalternos, disciplinas relaciona-
das y l a hi stori a mi sma en formas l i mi tadas y tendenci osas.
47
De hecho, los nuevos modos de escri tura de l a hi stori a surgie-
r on fundamental mente, aunque de maneras diferenciadas, como
arti cul aci ones alternativas de l a hi stori a de l a naci ón. Las obras
de Chri stopher H i l l y E. P. Thompson i ntentaron v ol v er a
redactar las i nterpretaci ones autori tari as de l a hi stori a inglesa
al traer a col aci ón patrones de i nconformi dades religiosas radi -
cales y populares en el siglo xv n, así como esquemas de significa-
do y prácti ca del públ i co pl ebeyo en el si gl o xv m. Cada estu-
di oso buscó la aprobaci ón y el cuesti onami ento de l a autori dad
entre estos sujetos subal ternos.
48
Los escritos de Eugéne Geno¬
vese y Lawrenc Levi ne i ntentaron resti tui r a los esclavos afro-
norteameri canos sus propi as modalidades de cul tura y acci ón,
conciencia y agencia, con el f i n de repensar de manera crí ti ca l a
hi stori a de l a naci ón norteameri cana, que en sus versiones l i be-
4 6
Véanse aquí los debates entre la historia y la antropología, según han sido re-
presentados por Kei th Thomas, Religión and tbe Decline of Magia Studies in Popular
Beliefs in Sixteenth and Seventeenth-Century England, Londres, Weidenfeld and Ni -
colson, 1971; E. P. Thompson, "Anthropology and the discipline of historical context",
Midland History, 1, 1972, pp. 45-53; E. P. Thompson, "Fol kl ore, anthropology, and
social history", I ridian HistoricalReview, 3,1977, pp. 247-266y Kei th Thomas, "History
and anthropology", Past andPresent, 24, 1963, pp. 3-24.
4 7
Esto resulta evidente a partir de las discusiones precedentes acerca del lugar de
la cultura dentro de los primeros trabajos de los estudios subalternos (explorados en el
ensayo que constituye la primera parte de éste) y las disposiciones en torno a la tradi-
ción y el tiempo en la obra de E. P. Thompson.
48
Hi l l , The World Turned Upside Down; Thompson, Customs in Common.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
619
rales y conservadoras había pasado por al to las texturas empí ri -
cas de l a escl avi tud y concebi do a l a pobl aci ón de esclavos como
objetos, y no como sujetos de l a hi stori a (naci onal ).
49
La tarea
central que se propuso el col ecti vo de estudios subal ternos fue
anal i zar «el fracaso de l a naci ón por afianzarse", prestando es-
pecial atenci ón al l ugar de l o subal terno en l a hi stori a de l a na-
ci ón i ndi a que habí a desatendido a su propi a gente desposeí-
da.
50
Estas tendencias hi stori ográfi cas expandi eron de manera
i magi nati va l os térmi nos de l a combi naci ón domi nante entre
hi stori a y naci ón bajo l a moderni dad, pero fueron incapaces
de romper con l os lazos de u n modo senci l l o y fáci l .
Lejos de resultar inútiles, las ambigüedades han sido produc-
ti vas. De hecho, a los desarrol l os en la escri tura de l a hi stori a
di scuti do antes, les han sucedido mayores aperturas de hi sto-
rias crí ti cas en las dos décadas pasadas. Como en el caso de l a
antropol ogí a, las transformaci ones más recientes de la escri tura
de l a hi stori a han estado muy i nfl ui das por contextos pol í ti cos
cambiantes, por el «giro l i ngüí sti co" en las ciencias sociales y
por las intersecciones clave con perspectivas anti fundaci ona-
l es.
51
Las consecuencias han sido realmente diversas: desde l a
expansión de i mperati vos de hi stori as de «mi norí as" hasta nue-
vas explicaciones históricas de col oni a y naci ón, cuerpo y sexua-
l i dad, prisión y di sci pl i na, y desde reconsideraciones crí ti cas
de entidades-concepto de moderni dad y el Estado hasta el re-
pl anteami ento radi cal de los térmi nos de teorí a y las di sci pl i -
nas, l o cual i ncl uye l a escri tura de l a hi stori a.
52
Todo esto se
verá a conti nuaci ón.
49
Genovese, Roll J ordan Roll; Levine, Black Culture and Consciousness.
5 0
Ranajit Guha, "On some aspects of the historiography of colonial I ndi a", i n
Guha (ed.), Subaltern Studies I , p. 7. Énfasis en el original. Para una discusión más am-
plia de estas cuestiones, véase Dube, Stitches on Time, capítulo 5.
51
Acerca de la influencia del giro lingüístico sobre la escritura de la historia, ta-
les desarrollos tuvieron sus antecedentes dentro de la disciplina en, por ejemplo, las obras
de Paul Veyne y Hayden White, las cuales subrayaron la importancia de la "trama" y
el "tropo", respectivamente. Paul Veyne, Writing History, trad. Mi na Moore-Ri nvo-
lucri, Middletown, Wesleyan University Press, 1984 (originalmente publicada en francés
en 1971); Hayden White, Metahistory: The Historical I magination in Nineteenth-Century
Europe, Baltimore, J ohns Hopki ns Uni versi ty Press, 1973.
52
Véase más adelante la discusión de las secciones "Genealogías", "Comuni da-
des" e "I mperio y nación", donde se tratan estos desarrollos dentro de los estudios
sobre el sur de Asi a.
620
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
Conjunciones formativas
Hasta ahora, se han señalado diversos terrenos de i ntersecci ón
entre la antropología y la hi stori a. Ahora analizaré, en pri mer l u -
gar, las conjunciones entre estas disciplinas a parti r de los térmi -
nos i ni ci al es de su i nteracci ón en l a academia i ndi a. Después
consi deraré cuestiones como genealogías y comuni dades, i m-
peri o y naci ón, cul tura y poder. Estos temas se superponen
unos a otros.
Primeras formaciones
Aún quedan por escri bi r i nformes crí ti cos sobre la i nsti tuci ona-
l i zaci ón y l a el aboraci ón de l os estudios antropol ógi cos e his-
tóri cos relacionados con la I ndi a, aunque tenemos algunas notas
que serán de uti l i dad para esta empresa. Di chos i nformes ne-
cesitarán aclarar l os pri nci pi os recí procos que sostienen l a an-
tropol ogí a y l a hi stori a del subconti nente, en especial las con-
fi guraci ones del ti empo y l a hi stori a en l a pri mera, y de cul tura
y tradi ci ón en l a segunda; cada uno debe i nvol ucrarse con las
cuestiones de ci vi l i zaci ón y naci ón. Además, los i nformes ne-
cesitarán sondear los modos parti cul ares en que l os hi stori a-
dores y los antropól ogos del i mi taron sus di sci pl i nas respecti-
vas, una de l a otra. Después de haber di cho esto, centraré mi
atenci ón en las tendencias académicas que operan en el subcon-
ti nente y las cuales i ni ci aron de formas diversas l os diálogos
entre l a antropol ogí a y la hi stori a; estas tendencias son precur-
soras de las encrucijadas más recientes entre estas di sci pl i nas.
La creciente especialización de l a antropol ogí a i ndi a desde
l a década de 1950 en adelante condujo a sus del i mi taci ones ma-
nifiestas con respecto a l a hi stori a.
53
A l mi smo ti empo, preci -
53
Es interesante que algunos de los mas destacados etnógrafos sobre Sri Lanka
han demostrado desde hace tiempo un interés crucial por la historia. Gananath
Obeyeskere, Land Tenurein VUlage Ceylon:A Sociological and Historical Study, Cam-
bridge, Cambridge Uni versi ty Press, 1967; Gananath Obeyeskere, The Cult ofthe
Goddess Pattini, Chicago, Uni versi ty of Chicago Press, 1984; Stanley J . Tambi ah,
World Conquerorand World Renouncer: A Study ofBuddhism andPolity in Thailand
against a Historical Background, Cambridge, Cambridge University Press, 1976; Da-
vi d Scott, Formations of Ritual: Colonial and Anthropological Discourses on the Sinhala
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
621
sámente en este escenario, hubo esfuerzos di sti nti v os por par-
te de algunos antropól ogos para entrar en discusiones sobre te-
mas hi stóri cos. Los esfuerzos se concentraron no tanto en l os
l í mi tes di sci pl i nari os borrosos, si no en expresar consi deraci o-
nes antropol ógi cas medi ante el uso de materiales y compren-
siones hi stóri cas, muchos de l os cuales eran sospechosos ante
los hi stori adores profesionales de esa época. Hasta muy avan-
zada l a década de 1960, estos esfuerzos estuvi eron i nfl ui dos a
menudo por amplias formul aci ones de i nteracci ones entre las
tradiciones "grandes" y "pequeñas".
54
Tal trabajo incluía el estu-
di o de patrones de hi stori a "l ocal " en el norte de l a I nd i a,
55
cas-
tas de bardos y sus explicaciones geneal ógi cas,
56
l a estructura
social de una aldea a pri nci pi os del si gl o xi x en l a I ndi a occi -
dental ,
57
y vínculos hi stóri cos entre la formaci ón del Estado, los
mi tos de l a realeza y l a integración tr i bal .
58
En l a década de 1970,
este trabajo se extendi ó hasta i ncl ui r estudios sobre las forma-
ciones de mi to, leyenda y parentesco en las genealogías reales,
así como en l a estructura soci al , l a realeza, el ter r i tor i o y l a
propi edad en estas regiones de l a I ndi a central precol oni al .
59
Yaktovil, Míneápolis, Uni versi ty of Minnesota Press, 1994, y Gananath Obeyeskere,
The Apotheosis of Captain Cook: European Mythmaking in the Pacific, Pri nceton,
Princeton Uni versi ty Press, 1992. Acerca de la antropología histórica sobre Nepal ,
véase Sherry B. Ortner, High Religion: A Cultural and Political History of Sherpa
Buddhism, Princeton, Princeton Uni versi ty Press, 1989; y Sherry B. Ortner, Life and
Death on Mt. Everest: Sherpas and Himalayan Mountaineering, Princeton, Princeton
Uni versi ty Press, 1999.
54
Robert Redfield, Peasant, Society, and Culture, Chicago, University of Chicago
Press, 1956.
55
Mcki m Marriot, "Village structure and the Punjab government: A restatement",
American Anthropologist, 55, 1953, pp. 137-143.
56
A. M. Shah y R. G . Shroff, "The Vahivancha Barots of Gujarat: A caste of
genealogists and mythograpers", i n Mi l ton Singer (ed.), Traditional I ndia: Structure
and Change, Filadelfia, Ameri can Fol kl ore Society, 1959, pp. 40-70.
57
A. M. Shah, Exploring I ndia's Rural Past: A Gujarat Village in the Early
Nineteenth Century, NuevaDel hi , Oxford Uni versi ty Press, 2002. Una gran parte del
trabajo para - y la redacción de- esta monografía se realizó a fines de la década de los
cincuenta e inicios de los sesenta.
58
Surajit Sinha, "State formation and Rajput myth i n tribal central I ndi a", Man
in I ndia, 42, 1962, pp. 25-80.
59
Véase K. S. Singh (ed.), Tribal Situation in I ndia, Shimla, I ndian Institute of
Advanced Study, 1972; y Ravi ndra K. J ain, Between History and Legend: Status and
Power in Bundelkhand, Hyderabad, Ori ent Longman, 2002, el cual incluye numero-
sos ensayos escritos en la década de 1970. Para otros textos tempranos de la antropolo-
gía y sociología india con diversas orientaciones en torno a la historia y la temporali-
622
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
N o es de sorprender que l a i nsti tuci onal i zaci ón y l a acla-
raci ón de l a escritura de la hi stori a profesi onal del subconti nente
tambi én prosi gui eran a distancia desde l a investigación antropo-
l ógi ca durante buena parte del siglo x x .
6 0
Después de l a i nde-
pendenci a, los desarrollos en el estudio de l a hi stori a anti gua y
medi eval de la I ndi a han sido satisfactorios y reveladores, i n-
cl uyendo el énfasis más reciente sobre las "formaci ones so-
ciales" en este terreno, aunque muy pocos investigadores en
estos campos han empleado l os térmi nos de l a antropol ogí a.
61
En cuanto a la escri tura de l a hi stori a de l a I ndi a moderna, los
pri meros estudios de l a admi ni straci ón y l os admi ni stradores
bri táni cos fueron perfeccionados, aunque tambi én suplanta-
dos por los estudios extremadamente antagónicos sobre nacio-
dad, véase: Ramkri shna Mukherjee, The Rise and Fall of the East I ndia Company: A
Sociological Appraisal, Nueva York, Monthl y Revi ew Press, 1974, y Satish Saberwal,
Mobile Men: Limits to Social Change in Urban Punjab, Del hi , Vi kas, 1976. Véase tam-
bién, Bailey, Caste and the Economic Frontier; Adri an Mayer, Caste and Kinship in
Central I ndia: A Vdlageand its Region, Berkeley, University of California Press, 1966, y
A. R. Desai, Social Background of I ndian Nationalism, Bombay, Popular Prakashan,
1959.
6 0
Para un informe de esto, véase Sumit Sarkar, Writing Social History, Del hi ,
Oxford University Press, 1997, cap. 1; véase también, Partha Chatterjee, "Introduction:
Hi story and the present", en Partha Chatterjee and Anj an Ghosh (eds.), History and
the Present, Del hi , Permanent Black, 2002, pp. 1-23. De diferentes maneras, Sarkar y
Chatterjee señalan la existencia de historias sociales en las lenguas vernáculas que, al
menos desde hace un siglo, han yacido fuera del canon de la escritura profesional de la
historia. Hay que atender con mayor escrutinio estas cuestiones.
61
Por ejemplo, D. D. Kosambi , An I ntroduction to the Study of I ndian History,
Bombay, Popular Prakashan, 1975; D. D. Kosambi , The Culture and Civilisation of
Ancient I ndia in Historical Outline, Londres, Routledge and Kegan Paul, 1965; Romi l a
Thapar, Cultural Pasts: Essays in Early I ndian History, Nueva Del hi , Oxford University
Press, 2000; Kunal Chakrabarti, Religious Process: The Puranas and the Making of a
Regional Tradition, Nueva Del hi , Oxford University Press, 2001; Phillip B. Wagoner,
Tidings of the King: A Translation and Ethnohistorical Analysis of the Rayavacakamu,
Honol ul ú, University of Hawai i Press, 1993. Véase también, Norbert Peabody, Hindu
Kingship and Polity in Precolonial I ndia, Cambridge, Cambridge Uni versi ty Press,
2002; Burton Stein, Peasant State and Society in Medieval South I ndia, Del hi , Oxford
Uni versi ty Press, 1986; Vel cheru Narayan Rao et al., Symbols of Substance: Court and
State in Náyaka Period Tamil Nadu, Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1992; Romi l a
Thapar, Time as a Metaphor of History Early I ndia, Del hi , Oxford Uni versi ty Press,
1996; S. C . Mal i k, I ndian Civilization: The Formative Period: A Study of Archaeology as
Anthropology, Shimla, I ndian Institute of Advanced Study, 1968; Ronal d I nden etal,
Querying the Medieval: Texts and the History of Practices in South Asia, Nueva York,
Oxford Uni versi ty Press 2000- v Ri chard M. Eaton, The Rise of I slam and the Bengal
Frontier, 1204-1760, Berkeley, University of California Press, 1993.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
623
nal i smo (y comunal i smo), versiones que hacían uso de la di s-
poni bi l i dad conti nua y creciente de materiales ya clasificados
desde comi enzos de l a década de 1960. Esa década y l a si gui en-
te estuvi eron además marcadas por sorprendentes l ogros en l a
redacci ón de l a hi stori a económi ca, que tuv o sus corol ari os
para las comprensiones de los patrones sociales. Desde media-
dos de l a década de 1960, las ciencias sociales presenci aron una
gran preocupación por el l ugar del campesinado en el desarrol l o
económi co, el cambi o hi stóri co y l a transformaci ón revol uci o-
nari a, i nfl ui das por diversas corri entes del marxi smo, entre ellas
el maoí smo,y enel contexto de agitaciones radicales a l o l argo
del mu nd o.
62
Estas preocupaciones tuv i eron sus efectos en l a
redacci ón hi stóri ca de l a sociedad campesina, que a menudo
i mpl i ca cuestiones de hi stori a económi ca, aunque tambi én de
cul tura y poder. El i mpacto se propagó a la escri tura de l a
hi stori a soci opol í ti ca sobre mov i mi entos contracol oni al es y
nacionalismos populares de agrupaciones campesinas, clases tra-
bajadoras y comunidades de adivasis." Como veremos, a par-
ti r de finales de l a década de 1970 todo esto di o l ugar a debates
i mportantes dentro de l a hi stori a que reestructuran la di sci pl i ¬
na y que sostienen conversaciones i ntroductori as con l a teorí a
crí ti ca v comprensiones antropol ógi cas Si n embargo tambi én
es ci erto que antes de estas transformaci ones l os encuentros
producti vos con l a antropol ogí a eran casi desconocidos dentro
de los estudios hi stóri cos sobre l a I ndi a moderna cju.e se efec-
tuaban en el subconti nente Aparecí an con energía en l a obra
de u n solo i nvesti gador. El admi ni strador y académico K. S.
62
Sin lugar a dudas, los sociólogos podrían recurrir al registro histórico para
explicar las consideraciones en torno a las sociedades y los movimientos campesinos.
Véase, por ejemplo, Kathleen Gough, Rural Society in Southeast I ndia, Cambridge,
Cambridge University Press, 1981; D. N . Dhanagre, Peasant Movements in I ndia, 1920¬
1950, Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1983; y Hetukar J ha, Social Structures of I ndian
Villages: A Study of Rural Bihar, Nueva Del hi , Sage, 1991. Véase también, Jan Bre-
man, Patronage and Exploitation: Changing Agrarian Relations in South Gujarat, I n-
dia, Berkeley, University of California Press, 1974; y A. R. Desai (ed.), Peasant Struggles
in I ndia, Bombay, Oxford Uni versi ty Press, 1979.
65
Por ejemplo, Ravinder Kumar (ed.), Essays on Gandhian Politics: TheRowlatt
Satyagraha of 1919, Oxford, Clarendon Press, 1971; Gyanendra Pandey, The Ascendancy
of the Congress in Uttar Pradesh, 1926-1934: A Study in I mperfect Mobilization, Oxford,
Clarendon Press, 1978; Davi d Hardi man, Peasant Nationalists of Gujarat: Kheda District
1917-1934, Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1981, y Majid Siddiqi, Agrarian Unrest in
North I ndia: The United Provinces, 1918-22, NuevaDel hi , Vi kas, 1978.
624
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
Si ngh, un mi embro menor dentro del gremi o de hi stori adores,
usó expl í ci ta e i mpl í ci tamente consideraciones antropol ógi cas
para enfocarse en las transformaci ones coloniales de l a socie-
dad de adivasis, así como en los térmi nos y consistencias de las
respuestas y los mov i mi entos anti col oni al es de los adivasis.
64
Asi mi smo, al menos desde comienzos de la década de 1960,
l os enredos entre estas di sci pl i nas hal l aron arti cul aci ones
disímiles sobre el sur de Asi a moderno y contemporáneo en l a
academia norteameri cana. Aquí desempeñó un destacado papel
l a obra y l a i nspi raci ón de gran alcance de Bernard S. Cohn,
qui en con el ti empo eludió y subvi rti ó los l í mi tes entre antro-
pol ogí a e hi stor i a." Si bi en Cohn pertenecí a a l a pri mera gene-
raci ón de l a antropol ogí a norteameri cana de l a posguerra que
habí a sido entrenada para efectuar trabajo de campo conti nuo
en las aldeas i ndi as, él se resi sti ó a la tentaci ón de emprender
u n estudi o meramente si ncróni co. Por ejempl o, su trabajo de
doctorado sobre l os chamars de la aldea de Senapur en el norte
de l a I ndi a, efectuado en l a década de 1850, se ocupó de los pro-
cesos de cambi o social entre estos subal ternos." En unos pocos
años, Cohn ensanchó sus investigaciones hacia diversas cuestio-
nes de hi stori a y antropol ogí a, basado en varias encrucijadas
entre estas di sci pl i nas.
67
A l o l argo de l os años sesenta, estos es¬
tudi os, centrados en l a I ndi a del norte, expl oraron temas como
l a rel aci ón entre las pol í ti cas de rentas públicas v el cambi o es-
tructural l os niveles de i ntegraci ón pol í ti ca en regímenes pre-
col oni al es, y l a conformaci ón de l a vi da l ocal y la prácti ca legal
a través de los sistemas de l ey col oni al . Una gran parte de este
64
K. Suresh Singh, The Dust Storm and the Hanging Mist: A Study ofBirsa Munda
and his Movement, 1874-1901, Calcuta, Fi rma KLM, 1966; K. Suresh Singh, "Col oni al
transformations of the tribal society in middle I ndi a", Economic and Political Weekly,
13, 1978, pp. 1221-1232, y K. Suresh Singh, Tribal Society in I ndia: An Anthropo-his-
toricalPerspective, Del hi , Manohar, 1985. Véase también, K. Suresh Singh, BirsaMunda
and his Movement, 1874-1901: A Study of a Millenarian Movement in Chotanagpur,
Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1982.
65
Para distintas evaluaciones de la obra de Cohn, véase Nicholas Di rks, "Foreword"
en Bernard Cohn, Colonialism and its Forms of Knowledge: The British in I ndia, Prince-
ton, Princeton Uni versi ty Press, 1996, pp. LX-XVI I ; Axel , "I ntroduction: Historical
anthropology", en particular pp. 7-9, y Ranajit Guha, "Introduction" en Coh.n, Anthro-
pologist among the Historians, pp. V H- XXV I .
6 6
Cohn, Anthropologist among the Historians, caps. 11 y 12.
67
Bernard Cohn, I ndia: The Social Anthropology of a Civilization, Engl ewood
Cliffs, N. J ., Prentice-Hall, 1971.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
625
trabajo se apoyó en materiales de archi vos, aunque tambi én
estuvo i nfl ui do por el trabajo de campo que Cohn habí a real i -
zado anteri ormente en l a regi ón.
68
Estos énfasis fueron seguidos por otras salidas a medi da
que Cohn giró su atenci ón cada vez más hacia "l a antropol o-
gía hi stóri ca de l a sociedad col oni al en sí ".
69
La i nqui etud i n i -
ci al de Cohn por l a i nvesti gaci ón de las bases hi stóri cas de las
relaciones sociales en el sur de Asi a no fue jamás ol vi dada. A n -
tes bi en, encontró nuevas confi guraci ones. Por ejempl o, du-
rante los años setenta, l a obra de Cohn sobre el desarrol l o y la
uti l i zaci ón del conoci mi ento col oni al de l a I ndi a se i nvol ucró
con l a "etnosoci ol ogí a" de sus colegas McKi m Mar r i ott y Ro¬
nal d I nden.
70
Di cho diálogo es evidente en el ensayo fundamen-
tal de Cohn sobre l a Col ecci ón I mperi al de 1877, celebrada
para procl amar a l a rei na Vi ctori a como emperatri z de l a I n-
di a, donde exami na las formas y lógicas de l a sociedad i ndi a a
medida que entra en detalles sobre l a consti tuci ón cul tural y la
transformaci ón hi stóri ca de ri tual es y sí mbol os de l a autori -
dad col oni al y el poder i mper i al .
71
Si n embargo, Cohn tambi én
reconoci ó cada vez más que las cul turas coloniales de gobi er-
no reestructuraron radi cal mente l a sociedad i ndi a. En ensayos
escritos después de l a década de 1980 sobre temas tan disímiles
como usos coloniales del lenguaje l a l ev v l a vesti menta Cohn
se centró en las diversas dinámicas entre el conoci mi ento y el
poder, y el col oni zador y el col oni zado.
72
Cohn escri bi ó dos
provocati vas v juguetonas piezas programáticas que refl ejaban
l a rel aci ón entre l l h i stor i a y l a antropol ogí a, en ambas de las
cuales se sentía en casa.
73
Estos textos tuv i eron una ampl i a ci rcu-
68
Cohn, Anthropologist among Historians.
69
Di rks, "Foreword", p. XI I .
70
Algunos de los colegas antropólogos de Cohn que trabajaban sobre el sur de
Asi a también abordaron las cuestiones de temporalidad e historia de diversas maneras.
Véase, por ejemplo, Ronal d B. I nden, Marriage and Rank in Bengali Culture: A History
of Caste and Clan in Middle Period Bengal, Berkeley, University of California Press,
1976; Mi l ton B. Singer, When a Great Tradition Modernizes: An Anthropological
Approach to I ndian Civilization, Nueva York, Praeger, 1972. Véase también, Mi l ton
Singer and Bernard Cohn (eds.), Structure and Change in I ndian Society, Chicago,
Al di ne, 1968.
71
Cohn, Anthropologist among Historians, cap. 23.
72
I bid.; Cohn, Colonialism and its Forms of Knowledge.
73
Bernard Cohn, "Hi story and anthropology: The state of play", Comparative
626
ESTUDI OS DE ASIA Y AFRI CA XLI I : 3, 2007
l aci ón, tanto como ocurri era una generaci ón antes con las re-
flexiones de Evans-Pri tchard sobre el tema. A l mi smo ti empo,
en l a total i dad de la obra de Cohn encontramos varias señales
y formaci ones i nci pi entes de l a antropol ogí a hi stóri ca.
Esto es parti cul armente ci erto, puesto que sus i nvesti gaci o-
nes fueron frecuentemente continuadas y a veces acompañadas
por los trabajos de otros estudiosos sobre temas si mi l ares, en
especial de sus estudiantes. Por supuesto, tales i nvesti gaci o-
nes estuvi eron a menudo i nfl ui das tambi én por otras tenden-
cias académicas. N o obstante, pueden verse como arti cul aci o-
nes de u n conjunto de temas que han sido traí dos a col aci ón
por los escri tos, las enseñanzas y l a supervisión de Cohn.
7 4
H an de mencionarse estudios basados de forma expl í ci ta y di ¬
versa en las conjunci ones entre l a antropol ogí a y la hi stori a:
desde el estudi o de los patrones de transformaci ón social y
económi ca a l o l argo de l os siglos xi x y xx en una úni ca aldea
del Punjab, hasta análisis de l a estructura hi stóri ca de agrupa-
ciones pol í ti cas a ni v el l ocal y sus i nteracci ones con l a maqui -
nari a gubernamental estatal en parte del norte de l a I nd i a,
75
y
desde las discusiones de l os mundos de templ os a través del
ti empo, hasta una "etnohi stori a" de u n "pequeño rei no". Cada
uno de estos trabajos replantea los conceptos de casta y realeza
al centrarse en l os honores, favores y servicios reales y di vi nos
que abarcan procesos de su redi stri buci ón y que son consti tuti -
vos de di ferentes grupos, rangos e identidades
7 6
Estas salidas
Studies in Society and History, 22,1980, pp. 198-221; y Bernard Cohn, "Anthropology
and history i n the 1980s: Towards a rapprochement", The J ournal of I nterdisciplinary
History, 12, 1981, pp. 227-252.
7 4
Es importante advertir que el impacto de la obra de Cohn también influyó en
el mundo de la historiografía. Este impacto puede rastrearse hasta el modo como los
textos de Cohn -acerca del censo, por ej empl o- eran capaces de abrir campos específi-
cos de investigación hacia maneras de ser igualmente útiles para términos amplios de la
indagación histórica. Cohn, Anthropologist among Historians, cap. 10; FrankF. Conl on,
A Caste in a Changing World: The Chitrapur Saraswat Brahmans, 1700-1935, Berkeley,
Uni versi ty of California Press, 1977; y Davi d Lel yvel d, Aligarh's First Generation:
Muslim Solidarity in British I ndia, Princeton, Princeton University Press, 1978.
75
Tom G . Kessinger, Vilyatpur 1848-1968: Social and Economic Change in a North
I ndian Village, Berkeley, Uni versi ty of California Press, 1974; Ri chard G. Fox, Kin,
Clan, Raja and Rule, Berkeley, Uni versi ty of California Press, 1971. Véase también,
Richard G. Fox (ed.), Realm andRegion in Traditional I ndia, Durham, Duke University
Press, 1977.
76
Appadurai, Worship and Conflict; Arj un Appadurai y Carol Breckenridge,
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
627
fueron acompañadas por otros estudios que tambi én combi na-
r on l a antropol ogí a y l a hi stori a como parte de di sti ntas tradi -
ciones académicas. Estos estudios, efectuados dentro y fuera
de l a academia estadounidense, entraron en detalles acerca de
cuestiones de secta, casta y sus transformaci ones/
7
confi guraci o-
nes de parentesco y realeza en el sur de l a I nd i a,
78
y l a natura-
leza ideológica de las representaciones (coloniales) etnográfi cas
y oficiales de l a I nd i a.
79
Desde l a segunda mi tad de l a década de 1970, se pusi eron
en marcha i mportantes salidas en la hi stori a del subconti nente.
Las nuevas evaluaciones de l os pasados del naci onal i smo i ndi o
fueron a menudo decisivas para estas empresas. A l mi smo ti em-
po, surgi eron convergencias de si gni fi cado. Las lecturas i magi -
nativas de los materiales hi stóri cos fueron especialmente de
i nterés: desde l os regi stros de archi vo convenci onal es, como
documentos de admi ni stradores col oni al es, hasta las pri meras
etnografías como fuentes hi stóri cas, y desde los regi stros ver-
náculos históricos antes calumniados hasta las diversas expresio-
nes subalternas del pasado. Estas lecturas podían probl emati zar
l a naturaleza mi sma del archi vo hi stóri co así como los di ál o-
gos iniciales con otras ori entaci ones, como l a lingüística estruc-
tural y l a teorí a crí ti ca.
80
N o menos destacados fueron los reco-
«The south I ndian temple: Authori ty, honour, and redistribution", Contributions to
I ndian Sociology (n. s.), 10, 1976, pp. 187-211; Di rks, The Hollow Crown. Ésta no es,
claro, sino una lista de referencia. Otras obras que sugieren énfasis y arenas diversos
son, entre otras, Paul Greenough, Prosperity and Misery in Modern Bengal, Nueva
York, Oxford Uni versi ty Press, 1982; Ri chard G . Fox, Lions of the Punjab: Culture in
the Making, Berkeley, University of California Press, 1985; y Ni ta Kumar, The Artisans
of Bañaras: Popular Culture and I dentity, 1880-1986, Princeton, Princeton Uni versi ty
Press, 1988.
7 7
Ri chard Burghart, The Conditions of Listening: Essays on Religion, History, and
Politics in I ndia, C . J . Ful l er y Jonathan Spencer (eds.), Del hi , Oxford Uni versi ty
Press, 1996; Peter van der Veer, Gods on Earth: The Management of Religious Experience
and I dentity in a North I ndian Pilgrimage Centre, Del hi , Oxford University Press,
1988; Susan Bayly, Saints, Goddesses and Kings: Muslims and Christians in South I ndian
Society 1700-1900, Cambridge, Cambridge Uni versi ty Press, 1989; y D. H . A Kol ff,
Naukar, Rajput, and Sepoy: The Ethnohistory of theMilitary Labour Market of Hindustan,
1450-1850, Cambridge, Cambridge Uni versi ty Press, 1990.
7 8
Thomas Trautmann, Dravidian Kinship, Cambridge, Cambridge Uni versi ty
Press, 1982.
79
Ronal d I nden, I magining I ndia, Oxford, Basil Bl ackwel l , 1990.
80
Ranajit Guha, "The prose of counter-insurgency", en Guha (ed.), Subaltern Stu-
dies I I , pp. 1-42; Guha, Elementary Aspects; Gayatri Chakravorty Spivak, "Subaltern
628
ESTUDI OS DE ASIA Y AFRI CA XLI I : 3, 2007
noci mi entos clave del carácter pol í ti co i nnato de l a escri tura
de l a hi stori a. En conjunto, surgi eron nuevas cuestiones y se
pusi eron de rel i eve posibles conversaciones, como l a i nvesti ga-
ci ón etnográfi ca, i ncrementando así el estudio del sur de Asi a.
81
Todo el l o i nfl ui do por l os recientes contactos entre l a hi stori a y
l a antropol ogí a, las arti cul aci ones de l a antropol ogí a hi stóri ca.
Genealogías
El repl anteami ento crí ti co de la hi stori a como concepto y como
enti dad ha sido central para l a antropol ogí a hi stóri ca. A conti -
nuaci ón, subrayo cuatro series traslapadas de desarrol l os que
han abordado estas cuestiones. Si bi en estas salidas prov i enen
de las diversas intersecciones entre l a escri tura hi stóri ca y el es-
fuerzo antropol ógi co, tambi én han i nvol ucrado perspectivas de
pensami ento crí ti co y teorí a soci al .
En pri mer l ugar, cada vez más se ha observado que las
formas de conci enci a hi stóri ca varían en dependencia de su
grado de el aboraci ón si mból i ca, su habi l i dad para penetrar múl-
ti pl es contextos y su capacidad para capturar las i magi naci o-
nes de l os puebl os. Tal reconoci mi ento i ncurre en las teorí as
que oponen las nociones cíclicas del pasado como caracterí sti -
ca del Ori ente a las concepciones lineales de l a hi stori a como
consti tuti v a de Occi dente; tampoco evalúa meramente las dis-
ti ntas notaciones del ti empo en las cul turas, proyectadas como
entidades separadas y del i mi tadas. Más bi en, este reconoci mi en-
to i nvesti ga los esquemas alterados que di v i den l os mundos so-
ciales en l os ámbi tos encantados del mi to y los ámbi tos desen-
cantados de la moderni dad. Hace esto siguiéndole el rastro a las
Studies: Deconstructing historiography" en Guha (ed.), Subaltern Studies I V, pp. 330¬
363; y Rosalind O'Hanl on, "Recovering the subject: Subaltern Studies and histories of
resistance i n colonial South Asi a", Modern Asian Studies, 22, 1988, pp. 189-224.
81
Bernard Cohn, "The command of language and the language of command",
en Guha (ed.), Subaltern Studies I V, pp. 276-329; Veena Das, "Subaltern as perspecti-
ve" en Guha (ed.), Subaltern Studies VI , pp. 310-324; Upendra Baxi, "The state's
emissary': The place of law i n Subaltern Studies", en Chatterjee and Pandey (eds.),
Subaltern Studies VI I , pp. 257-264. Véase también, Sherry Ortner, "Resistance and the
probl emofethnographi crefusal ",CO O T p^t¿t;e5f«rf¿es¿«Soc¿eO'«^^£oO'.37,1995,
pp. 173-193.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
629
arti cul aci ones y comprensi ones de l a hi stori a, formada por
procesos i ntercal ados y confl i cti v os de si gni fi cado y autori -
dad.
82
Están latentes las expl oraci ones de l a v ari abi l i dad y l a
mutabi l i dad que pueden ser i nherentes a las percepciones y
prácticas del pasado de las comunidades hi stóri cas, así como a
las indagaciones sobre l a persistencia de l a oposi ci ón entre mi to
e hi stori a en las proyecci ones, las expl oraci ones y las indaga-
ciones autori tari as que están atentas al incesante i ntercambi o
entre poder y di ferenci a.
83
En segundo l ugar, de formas muy diversas se ha admi ti do
desde hace u n ti empo que l a hi stori a no sól o se refi ere a l os
eventos y procesos externos, si no que existe tambi én como u n
recurso negociado en el centro de las confi guraci ones cambi an-
tes de los mundos sociales.
84
Más cercano a nuestra época, el
reclamo pasado acerca de las afi rmaci ones de autori dad y alte-
ri dad ha propi ci ado otr o gi ro en estos patrones al elaborarse
sobre las oposiciones de l a moderni dad. Col ocar en pri mer
pl ano estas apropiaciones y enunciaciones del pasado como
temas i mportantes para l a antropol ogí a y l a hi stori a no si gni fi -
82
Véanse tambi én los capítulos de Ravi ndra K. J ain, Saurabh Dube, Susan
Visvanathan e Ishita Banerjee-Dube en Saurabh Dube (ed.), Historical Anthropology,
Nueva Del hi y Nueva York, Oxford Uni versi ty Press, 2007; Shail Mzymxa, Against
History, Against State: Counterperspectives from the Margins, Del hi , Permanent Black,
2004; y Yasmi n Saikia, Fragmented Memories: Struggling to Be Tai-Ahom in I ndia,
Durham, Duke Uni versi ty Press, 2004. Véase también, Wendy Singer, Creating His-
tories: Oral Narratives and the Politics of History-Making, Del hi , Oxford Uni versi ty
Press, 1997; los capítulos de Aj ay Skaria, Ann Gol d y Bhoj u Ram Guj ar, y Paul
Greenough en Dube (ed.) Historical Anthropology; y Vel cheru Narayana Rao et al,
Textures of Time: Writing History in South I ndia, Del hi , Permanent Black, 2001.
83
Shahid Ami n, Event, Metaphor, Memory: Chauri Chaura 1922-1992, Berkeley,
Uni versi ty of California Press, 1996; Ann Gol d y Bhoj u Ram Guj ar, I n the Time of
Trees and Sorrows: Nature, Power, and Memory in Rajasthan, Durham, Duke University
Press, 2002; Aj ay Skaria, Hybrid Histories: Forest, Frontiers and Wildness in Western
I ndia, Nueva Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1999; S. Dube, Untouchable Pasts:
Religion, I dentity, and Power amonga Central I ndian Community, 1780-1950, Al bany,
State Uni versi ty of New York Press, 1998; Prathama Banerjee, "Re-presenting pasts:
Santals i n nineteenth-century Bengal", en Chatterjee and Ghosh (eds.), History and
the Present, pp. 242-273; e I . Banerjee-Dube, Troubled Times: Religion, Law, and Power
in Eastern I ndia, Londres, Anthem Press, 2006.
84
Véanse los capítulos de A. Appadurai e I . Banerjee-Dube en Dube (ed.),
Historical Anthropology; Aj ay Skaria, "Wri ti ng, orality, and power i n the Dangs,
western I ndia, 1800s-1920s", en Ami n and Chakrabarty (eds.) Subaltern Studies I X,
pp. 13-58, y Dube, Untouchable Pasts. Véase también, Daud Al i (ed.), I nvoking the
Past: The Uses of History in South Asia, Nueva Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1999.
630
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
ca sostener que cada una de ellas sea válida por i gual . A l contra-
r i o, si gni fi ca rastrear l os usos del pasado y su val i dez antagóni -
ca en l a creaci ón de mundos y ubi car l a presencia del poder en
l a producci ón de l a hi stori a.
85
En tercer l ugar, las expl oraci ones i magi nati vas de l os pasa-
dos de l os puebl os subal ternos y los grupos el i ti stas, en con-
junci ón con las i nterrogaci ones enérgicas de las concepciones
uní vocas de l a hi stori a uni versal , han teni do consecuencias sig-
ni fi cati vas. Ha habi do una apertura hacia temas crí ti cos que
consi deran l a uni ón entre l a escri tura de l a hi stori a y la idea de
l a naci ón bajo regímenes modernos. ¿Acaso deben todas las
hi stori as ser hi stori as nacionales? ¿Por qué el esfuerzo hi stóri -
co, que i ncl uye sus manifestaciones crí ti cas, sigue siendo de-
termi nado por l a i mpronta de l a naci ón? ¿Qué formas debería
adoptar una prácti ca al ternati va de l a escri tura de l a hi stori a?
86
Estas preguntas han estado acompañadas por revisiones conti -
nuas de l a presencia i nqui etante de u n Occi dente dei fi cado en
las creencias di fundi das en el progreso hi stóri co. ¿Acaso el regis-
tr o de l a hi stori a es fundamental mente el regi stro de l a presen-
cia del progreso en algunas sociedades y su ausencia en otras?
¿Cómo deberíamos entender las expectativas subyacentes del
Progreso en el pasado y del desarrol l o en el presente, u n calle-
jón en el ti empo enmarcado como el sello di sti nti v o de l a his-
tori a en los esquemas académicos y en las comprensiones coti -
dianas? ¿Cuál ha sido el l ugar de Europa al si gni fi car el punto
de salida y llegada en el cami no del progreso y l a moderni dad
en los terrenos occidentales y no occidentales? En resumen,
todo esto ha colocado u n signo de i nterrogaci ón en las proyec-
85
Michel-Rolph Trouillot, Silencing the Past: Power and the Production of History,
Boston, Beacon Press, 1995; Saikia, Fragmented Memories; Shahid Ami n, "On retelling
the Musl i m conquest of north I ndi a", en Chatterjee and Ghosh (eds.), History and the
Present, pp. 24-43; Skaria, Hybrid Histories; I . Banerjee-Dube, "Tami ng traditions:
Legalities and histories i n eastern I ndi a", en Bhadra, Prakash y Tharu (eds.), Subaltern
Studies X,-pp. 98-125.
8 6
Gyanendra Pandey, Routine Violence: Nations, Fragments, Histories, Stanford,
Stanford University Press, 2005; Ami n, Event, Metaphor, Memory; Dipesh Chakrabarty,
Provincializing Europe: Postcolonial Thought and Historical öüjference, Princeton, Pri n-
ceton Uni versi ty Press, 2000, y Dube (ed.), Postcolonial Passages. Véase también, Ashis
Nandy, "Hi story's forgotten doubles", History and Theory, 34, 1995, pp. 44-66, y
Vi nay Lai , The History Of History: Politics And Scholarship I n Modern I ndia, Nueva
Del hi , Oxford University Press, 2003.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
631
dones predomi nantes de Occi dente y de la naci ón como hi s-
tori a, moderni dad y desti no.
87
Di chos térmi nos de discusión
han atraído y expandi do las crí ti cas de una razón arbi trari a y
las oposiciones perdurabl es del conoci mi ento moderno. Tam-
bi én han formado parte de i nterpretaci ones i magi nati vas y
crí ti cas del Estado, l a naci ón, l a moderni dad y l a gl obal i zaci ón.
Más adelante retomaré estos puntos.
En cuarto y úl ti mo l ugar, es evidente que hacer uso y par-
ti ci par de estos esfuerzos mul ti l ateral es por reconsi derar las
disciplinas no supone necesariamente rehui r de l a tarea de escri-
bi r l a hi stori a, en especial de maneras etnográficas y crí ti cas.
A l acercarse al pasado y al presente, dichos esfuerzos de escri-
tura de la hi stori a pueden contener el i mpul so para i nvesti gar
y declarar con cautela el deseo de narrar y descri bi r cuidadosa-
mente, conservando l a responsabi l i dad que i mpl i ca el desafío
de reconsiderar cuestiones i nextri cabl es como l a memori a y el
trauma. Los esfuerzos toman mu y seriamente los requeri mi en-
tos de evidencia y fi del i dad a l os hechos. Si n embargo, tam-
bi én pueden tami zar l a evi denci a hi stóri ca medi ante fi l tr os
crí ti cos y hechos de i nterpretaci ón i mprevi stos que den v oz a
ecos agitados de dudas restri cti vas en l ugar de tratar con cer¬
tezas agresivas.
88
Estas amplias arti cul aci ones de l a hi stori a se
mani fi estan de di sti ntos modos en los estudios sobre el sur de
Asi a.
Comunidades
N o debe sorprendernos que las reconfi guraci ones de l a hi sto-
ri a hayan estado acompañadas por reconsideraciones de comu-
ni dad en las transformaci ones mutuas del conoci mi ento hi stó-
ri co y l a comprensi ón antropológica. La investigación perspicaz
de las proyecciones dominantes de l a comuni dad como una en-
ti dad i nel uctabl emente anacróni ca y harto l i mi tada - u n a que
8 7
For instance, Chakrabarty, Provincializing Europe; Di pesh Chakrabarty,
Habitations of Modernity: Essays in the Wake of Subaltern Studies, Chicago, Uni versi ty
of Chicago Press, 2002; Dube, Stitches on Time; y Dube (ed.), Enduring Enchantments.
88
Peter Redfield, Spacein the Tropics: From Convicts to Rockets in French Guiana,
Berkeley, Uni versi ty of California Press, 2000; Dube, Stitches on Time.
632
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
ofrece/muestra una i nteracci ón cercana entre sus mi embros,
que conl l eva l eal tad a vetustas costumbres y tradi ci ones p r i -
mordi al es, que ti ende al consenso en su expr esi ón- ha teni do
graves consecuencias. Las comunidades l l egaron a ser entendi -
das como parti ci pantes activos en l os ampl i os procesos del
col oni al i smo y el i mperi o, l a formaci ón del Estado y l a mo-
derni dad, l a naci ón y el naci onal i smo. Estas comunidades se
han revelado como jugadores hi stóri cos que i mbuy en estos
procesos con sus propi os térmi nos y texturas, que arti cul an l o
"or al " y l o "escri to" - l a "tradi ci ón" y l a "costu mbr e"- de
formas fascinantes. De modo si mi l ar, se ha salvado a estas co-
munidades de ser absorbidas por análisis omni comprensi vos
que las conci ben como recreadoras perpetuas de l a i ntegraci ón
y el consenso de su consti tuci ón y el aboraci ón. Antes bi en, las
comunidades han sido entendidas como insertas en diversas re-
laciones de si gni fi cado y poder, como acceso y exceso de auto-
ri dad con el f i n de negociar, cuestionar y subverti r de modos
heterogéneos y cambiantes los esquemas de domi naci ón que
apuntal an l os mundos sociales.
Exi sten tres series de ori entaci ones diferentes y superpues-
tas que han i nfl ui do sobre estas reconsideraciones, l o que sig-
ni fi ca, por supuesto, que en l a antropol ogí a hi stóri ca se ha
expl i cado a las comunidades de diversos modos. Para comen-
zar, los estudios etnográfi cos e hi stóri cos se han enfocado no
sól o en l os "componentes si mból i cos de l a conci enci a comu-
ni tari a", si no tambi én en l a "natural eza si mból i ca de l a idea de
comuni dad mi sma", en especial según ha sido expresada en las
formaci ones de sus l í mi tes.
89
A l mi smo ti empo, el énfasis en la
construcci ón simbólica de l a comuni dad ha estado acompañado
por i ntentos de i ncl ui r en el concepto una gran heterogeneidad.
El l o ha supuesto exploraciones de numerosos si gni fi cados de
comuni dad i nterpretados por sus mi embros, comprendi en-
do su si mbol i zaci ón y el aboraci ón de l í mi tes que dan sustento
a sus diferencias e identidades. Tambi én supuso ubi car l a loca-
ci ón consti tuti v a de l a comuni dad dentro de los diversos pro¬
cesos de poder, así como el reconoci mi ento de sus di vi si ones
8 5
Anthony Cohen, The Symbolic Construction of Community, Londres,
Routledge, 1989, p. 14.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
633
i nternas, articuladas a l o l argo de l os ejes de propi edad, género
y ofi ci o o cargo.
90
Estos acentos se han entrecruzado con vari os retratos de
comuni dades, los cuales cuesti onan y refutan los proyectos
domi nantes de si gni fi cado y poder, i ncl uso aquellos sobre i m-
peri o y naci ón. El l o ha sido parti cul armente caracterí sti co de
los investigadores en el subconti nente i nd i o, donde el empeño
col ecti vo de l os estudios subal ternos ha ejerci do una i mpor -
tante i nfl uenci a. Ahor a bi en, ya he adverti do con anteri ori dad
que las pri meras encarnaciones de este proyecto pudi eron es-
tar l i mi tadas por sus concepciones de acci ón, cul tura y tr ad i -
ci ón de las comunidades subalternas y que tal vez desatendieron
las fisuras i nternas de estas agrupaciones al presentarlas de ma-
nera homogénea. Del mi smo modo, estas preocupaciones por
l a agencia, l a autonomí a y l a resistencia de las comuni dades
subalternas han conduci do a extensos resultados. Tanto dentro
como fuera de l a empresa de l os estudios subal ternos, estas
preocupaciones han i mpl i cado reconoci mi entos i mportantes
e i nterpretaci ones i magi nati vas de tales comunidades como
actores hi stóri cos sobresalientes, aclarando su desafío a l a auto-
ri dad de manera histórica v etnográfi ca
91
Más recientemente ha
ocurri do u n gran cambi o dentro de los estudios subal ternos,
90
Véanse los capítulos de Nandi ni Sundar, Gyanendra Pandey, Susan Visvanata-
han, Aj ay Skaria, Saurabh Dube y Shail Mayaram en Dube (ed.) Historical Anthropo-
logy; Harj ot Oberoi , The Construction of Religious Boundaries: Culture, I dentity, and
Diversity in theSikh Tradition, Chicago, Uni versi ty of Chicago Press, 1994; Rowena
Robi nson, Conversion, Continuity, and Change: Lived Christianity in Southern Goa,
Nueva Del hi , Sage, 1998; Prem Chowdhry, The Veiled Woman: Shifting Gender
Equations in Rural Haryana 1880-1980, Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1994; Pi ya
Chatterjee, A Time for Tea: Women, Labor, and PostColonial Politics on an I ndian
Plantation, Durham, Duke University Press, 2001; Dube (ed.), Postcolonial Passages; Ma-
lavika Kasturi, Embattled I dentities: Rajput Lineages and the Colonial State in Nineteenth-
Century North I ndia, Nueva Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 2002; Charu Gupta, Se-
xuality, Obscenity, and Community: Women, Muslims, and the Hindu Public in Colonial
I ndia, Del hi , Permanent Black, 2002, y Sandra Freitag, Collective Action and Com-
munity: Public Arenas and the Emergence of Communalism in North I ndia, Berkeley,
Uni versi ty of California Press, 1990.
91
Véanse los capítulos de Ranajit Guha and S. Dube en Dube (ed.), Historical
Anthropology; Shail Mayaram, Resisting Regimes: Myth, Memory and theShaping of a
Muslim I dentity, Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1997; Davi d Hardi man, The Coming
of the Devi: Adivasi Assertion in Western I ndia, Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1987,
y Anand Pandian, "Securing the rural citizen: The anti-Kallar movement of 1896",
The I ndian Economic and Social History Review, 42, 2005, pp. 1-39.
634
ESTUDI OS DE ASIA Y AFRI CA XLI I : 3, 2007
desde l a reconstrucci ón de los pasados de grupos subordi na-
dos hasta el análisis de l a col oni a y l a naci ón como expresiones
monumental es del poder moderno. La fi gura de l a comuni dad
ha real i zado di sti ntas apariciones en este punto. Las discusio-
nes se han extendi do desde el l ugar de l a comuni dad como ele-
mento clave de l a moderni dad, que si n embargo escapa i ntrí n-
secamente a su poder di sci pl i nari o, hasta sus transformaci ones
contemporáneas, ligadas a técnicas emergentes de administración
gubernamental ,
92
y desde l a presencia de l a comuni dad como
u n fenómeno ya/si empre "fragmentado", hasta su i nextri cabl e
entrel azami ento con las narrati vas de l a naci ón.
93
Una vez más,
diversos estudiosos expl oran hoy las arti cul aci ones de l a comu-
ni dad a través de noci ones como género y raza, moderni dad y
Estado, pensami ento pol í ti co y teorí a soci al .
Sin duda, las recientes reconfi guraci ones de l a categorí a
han sido úti l es a parti r de los estudios detenidos sobre las dura-
deras oposiciones de los mundos modernos, i ncl uyendo l a an-
ti nomi a entre comuni dad y Estado. Estos estudios han estado
i nfl ui dos por l a crí ti ca de una razón que se centra en el sujeto,
una raci onal i dad que determi na el si gni fi cado y sus dualidades
jerárqui cas. Tambi én ha pl anteado grandes desafíos a los bi -
nari os anal í ti cos de las di sci pl i nas modernas, al ti empo que
cuestiona las atractivas i nterpretaci ones de otredad y proyec-
ciones perdurables del progreso, estrechamente en rel aci ón con
pl anti l l as total i tari as de l a hi stori a uni versal y l os proyectos
exclusivos de l a moderni dad occi dental .
94
Los efectos de di -
chos procedi mi entos se han hecho senti r en el repl anteami en-
to crí ti co y en pugna no sól o de l a comuni dad y l a hi stori a,
si no tambi én del i mperi o y l a naci ón, por u n l ado, y l a cul tura
y
el poder, por el otr o.
92
Partha Chatterjee, The Nation and its Fragments: Colonial and Postcolonial His-
tories, Princeton, Princeton Uni versi ty Press, 1993; Partha Chatterjee, The Politics of
the Governed: Reflections on Popular Politics in Most of the World, Nueva York, Co-
lumbia Uni versi ty Press, 2004.
93
S. Dube, "Presence of Europe: A cyber-conversation wi th Di pesh Chakrabar-
ty", en Dube (ed.), Postcolonial Passages, pp. 254-262; Ami n, Event, Metaphor, Memory.
9
" Por ejemplo, Skaria, Hybrid Histories; Banerjee-Dube, Troubled Times; Dube,
Untouchable Pasts, y Chakrabarty, Provincializing Europe.
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
635
Imperio y nación
N i l a col oni a y el i mperi o, n i l a naci ón y el naci onal i smo son
nuevos para l a antropol ogí a y l a hi stori a.
95
A l mi smo ti empo,
los recientes cruces decisivos entre l a hi stori a y la antropol ogí a
han deri vado en nuevas i nterpretaci ones de estas categorías y
entidades. En rel aci ón con l a col oni a y el i mperi o, podemos
i ni ci ar con dos tendencias generales que han coi nci di do y , al
mi smo ti empo, di senti do. Ambas han parti do de y han roto con
los análisis antropol ógi cos e hi stóri cos que debati eron las com-
plicidades entre l a prácti ca antropol ógi ca y l os proyectos co-
l oni al es, crearon i nformes detallados acerca de l os sistemas
económi cos y las estructuras sociales generadas bajo el i mpe-
r i o y si gui eron l a trayectori a de las respuestas de los col oni za¬
dos ante l os procesos de col oni zaci ón.
96
Por una parte, u n i mpresi onante número de i nvesti gaci o-
nes actuales ha analizado con detalle las conti nuas suposiciones
relacionadas con l a col oni a y el i mperi o como esquemas bi en
arti cul ados de expl otaci ón económi ca, contr ol social y domi -
naci ón pol í ti ca. Los análisis más recientes, por su parte, han
expl i cado l a col oni a y el i mperi o como procesos accidentados
y contendi entes de l a cul tura y l a hi stori a. Tambi én se han
ocupado fundamental mente de las prácti cas, los si gni fi cados,
los sí mbol os y l os l í mi tes de los empl azami entos col oni al es de
personas euroamericanas como mi si oneros, admi ni stradores
y col onos de comuni dades, con el propósi to de i denti fi car las
contradi cci ones consti tuyentes y las elaboraciones opuestas de
las cul turas col oni al es. Por otra pane, u n conjunto i nfl uy ente
de investigaciones ha parti do de l a crí ti ca l i terari a y de l a teorí a
crí ti ca para enfocarse en representaciones imperiales, en especial
de los pueblos col oni zados que forman proyectos más am-
pl i os de domi naci ón discursiva bajo el col oni al i smo. Estos tra-
bajos, además han subrayado l a compl i ci dad entre las i magi -
naciones imperiales anteriores y las interpretaciones académicas
contemporáneas de los terri tori os no occidentales. Notabl es
i ntervenci ones, a menudo articuladas como perspectivas anti -
95
Véase Dube, "Terms that bi nd", pp. 6-8.
9 6
Para una discusión de los entendimientos previos de la colonia y el imperio,
véanse, entre otros, Sarkar, Writing Social History, pp. 24-49.
636
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
humani stas, han cuestionado desde ángulos di ferentes l a éti ca
de l a eficacia i ndi scuti bl e de l os proyectos col oni al es. Cuanti o-
sos estudios crí ti cos tambi én han hecho uso de materiales hi stó-
ri cos para l ocal i zar dónde y cómo i nteractúan l a construcci ón,
l a el aboraci ón y l a i nsti tuci onal i zaci ón de los límites raciales, las
identidades de género y las di vi si ones de clase en las expl ora-
ciones de las imaginaciones i mperi al es, las cul turas col oni al es
y las arenas poscol oni al es.
97
Ambas tendencias han i nfl ui do de diversas formas en las
discusiones sobre col oni a e i mperi o en el sur de Asi a. A l mi smo
ti empo, en el contexto de los estudios sobre el subconti nente,
una l í nea di vi sori a bi en di ferenci ada, con frecuencia conside-
rada como una l í nea de fal l a, entre las concepciones conten-
dientes del col oni al i smo, ha i nfl ui do en i gual medi da en las
obras sobre el i mper i o.
98
A l respecto, algunos ensayos sobre-
salientes sobre los siglos xv i n y xi x en l a I ndi a, que han revisado
nuestras comprensiones de este peri odo, basan las cuestiones
de culturas coloniales pri nci pal mente en temas de formaci ón de
Estado y procesos de economí a pol í ti ca. N o resul ta sorpren¬
dente que estos trabajos puedan conferi r algo de pri v i l egi o
heurí sti co i nnato a las conti nui dades en el Estado y l a sociedad
entre los regímenes i ndi os y el domi ni o col oni al . A l a inver¬
sa, en una parte considerable de l os trabajos i nnovadores sobre
l os pasados de l a I ndi a en el núcl eo de l os estudios subalternos
v poscoloniales los térmi nos de poder col oni al aparecen habi -
tual mente c o m ó proposi ci ones i rrebati bl es de l a hi stori a. De
aquí se desprende que en estos escritos las consideraciones am-
plias de las cul turas col oni al es no coi nci dan bi en con l os pri n¬
ci pi os supuestos del poder i mperi al que puede permi ti rse una
prerrogati va analítica a priori ante l a i ntroducci ón por parte
del domi ni o col oni al de supuestas rupturas en l a hi stori a del
subconti nente. Ahor a bi en, resul ta cruci al adverti r que l os
pri meros énfasis insinúan l a envergadura de atender l os atri -
butos parti cul ares v los l í mi tes de l os procesos coloniales- los
argumentos posteriores anunci an l a i mportanci a de i nvesti gar
97
Elaboraciones conceptuales más amplias de estas dos tendencias -basadas en
obras escritas en diferentes partes del mundo- incluyen Stoler y Cooper, "Between me¬
tropole and colony", y Dube, "Terms that bi nd", pp. 8-12.
98
Los argumentos de este párrafo están basados en Dube, Stitches on Time.
DUBE: LLEGADAS Y SALIDAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
637
los ampl i os efectos y condi ci ones del poder i mperi al . Es de
esta forma como podemos mantener las posi bi l i dades produc-
ti vas de estas ori entaci ones contrari as hacia el col oni al i smo y
el i mperi o.
¿Cuáles son los cambi os que han sido posibles gracias a las
intersecciones actuales entre l a antropol ogí a y l a hi stori a en
los estudios sobre i mperi o y col oni a en el sur de Asia? Para co-
menzar, estas transformaci ones se mani fi estan profundamente
en los rechazos crí ti cos por tratar los pasados de las col oni as
como meros pies de página o apéndices de l a hi stori a de las me-
trópol i s, una tendencia domi nante que conci be a esta úl ti ma
como si dotara a l a pri mera con l a ci vi l i zaci ón occi dental y el
gobi erno europeo. Los ensayos recientes, por el contrari o, han
analizado las í nti mas relaciones entre la metrópol i s y l a col o-
ni a. Estos estudios han teni do en cuenta análisis anteri ores y
discusiones contemporáneas de las hi stori as i mperi al es y las
cul turas coloniales como proveni entes de interacciones de gran
alcance entre el col oni zador y el col oni zado. Tambi én han con-
siderado de manera cruci al la conformaci ón mutua de los proce-
sos europeos y las prácticas col oni al es, indagando i magi nati -
vamente sobre l a forma en que los desarrollos en los i mperi os
lejanos pudi eron provocar cambios en la metr ópol i
99
Además, los trabajos actuales en la antropol ogí a hi stóri ca
han i nterrogado con agudeza las proyecci ones de col oni al i smo
como u n proyecto homogéneo o u n esfuerzo monol í ti co. De
di sti ntas maneras, han considerado las di vi si ones trascendenta-
les entre los diferentes agentes del colonialismo y las diversas agen-
das del i mperi o. Como ya he adverti do, aquí se ubi can las discu-
siones sobre las representaciones y las prácti cas, así como los
l í mi tes y contradi cci ones de agentes i mperi al es, de las comuni -
dades de col onos y mi si oneros evangélicos en las col oni as, l o
99
Véanse los capítulos de Uday Mehta, Peter van der Veer y Bernard Cohn en
Dube (ed.), Histórica! Anthropology; Sudipta Sen, Distant Sovereignty: National
I mperialism and the Origins ofBritish I ndia, Nueva York, Routledge, 2002; Sumathi
Ramaswamy, The Lost Land ofLemuria: Fabulous Geographies, Catastrophic Histories,
Berkeley, Uni versi ty of California Press, 2004; Michael H . Fisher, Counterflows to
Colonialism: I ndian Travellers and Settlers in Britain, 1600-1857, Del hi , Permanent
Black, 2004, y Antoinette M. Burton, At the Heart of the Empire: I ndians and the
Colonial Encounter in Late- Victorian Britain, Berkeley, University of California Press,
1998.
638
ESTUDI OS DE ASIA Y AFRI CA XLI I : 3,2007
cual si gni fi ca enfocarse no sól o en las poblaciones col oni za-
das sino tambi én en l os col oni zadores.
100
A l mi smo ti empo, las
i ndi caci ones sobre las arti cul aci ones pl ural es del i mpero han
dado a conocer entendi mi entos sobre las transformaci ones de
casta y realeza, comuni dad y parentesco, bajo el domi ni o col o-
ni al .
1 0 1
Estas discusiones ofrecen consideraciones i ncompl etas
de las transformaci ones ambientales bajo los regímenes i mpe-
ri al es.
102
En conjunto, di chos énfasis han sugerido además l a
i mportanci a de exami nar cómo los intereses encontrados y las
visiones antagónicas del i mperi o de l os diferentes actores loca-
les pudi eron l l egar a manejar u n úni co proyecto col oni al .
Fi nal mente, las diversas dimensiones de las cul turas col o-
niales han hal l ado una expresi ón crí ti ca en l a antropol ogí a his-
tóri ca. Están en juego formas variadas y traslapadas, a su vez
i mpl i cadas por l a col oni a y el i mperi o, las cuales se han expl o-
rado de modo heterogéneo dentro del campo: las numerosas
modalidades de conoci mi ento y poder expresadas en l os discur-
sos y las prácti cas col oni al es;
103
las arti cul aci ones i mperi al es de
100
Véanse los capítulos de J ohn Kel l y y Nicholas Di rks en Dube (ed.), Historical
Anthropology; Cohn, Colonialism and its Forms of Knowledge; Pi ya Chatterjee, Time
for Tea; Guha, "Not at home i n empire", en Dube (ed.), Postcolonial Passages, pp. 38¬
46; E. M. Col l i ngham, I mperial Bodies: The Physical Experience of the Raj, C. 1800¬
1947, Cambridge, Polity Press, 2001; Dane Kennedy, The Magic Mountains: Hill Stations
and the British Raj, Berkeley, Uni versi ty of California Press, 1996; Dube, Stitches on
Time, en particular cap, 1, y Di rks, Castes of Mind. Véase también, Thomas Metcalf,
I deologies of the Raj, Cambridge, Cambridge Uni versi ty Press, 1995.
101
Pamela Price, Kingship and Political Practice in Colonial I ndia, Cambridge,
Cambridge Uni versi ty Press, 1996; I . Banerjee-Dube, Divine Affairs: Pilgrimage, Law
and the State in Colonial and Postcolonial I ndia, Shimla, I ndian Institute of Advanced
Study, 2001; Davi d W. Rudner, Caste and Capitalism in Colonial I ndia: The Nattukottai
Chettiars, Berkeley, Uni versi ty of California Press, 1994; G . Aruni ma, There Comes
Papa: Colonialism and the Transformation of Matriliny in Kerala, Malabar, c. W0-
1940, Hyderabad, Ori ent Longman, 2003, y Veena Naregal, Language Politics, Elites
and the Public Sphere: Western I ndia under Colonialism, Londres, Anthem Press, 2002.
102
Ramachandra Guha, The Unquiet Woods: Ecological Change and Peasant Re-
sistance in the Himalaya, Berkeley, Uni versi ty of California Press, 1990; K. Sivarama-
krishnan, Making Forests: Statemaking and Environmental Change in Colonial Eastern
I ndia, Nueva Del hi , Oxford Uni versi ty Press, 1999; Skaria, Hybrid Histories, y Gol d
y Guj ar, I n the Time of Trees and Sorrows. Véase también Sumit Guha, Environment
and Ethnicity in I ndia, 1200-1991, Cambridge, Cambridge Uni versi ty Press, 1999.
103
Véanse los capítulos de J ohn Kel l y, K. Sivaramakrishnan y Paul Greenough
en Dube (ed.), Historical Anthropology; Martha Kapl an, "Panoptican i n Poona: A n
essay on Foucault and colonialism", Cultural Anthropology, 10,1995, pp. 85-98; Scott,
Formations of Ritual; Gyan Prakash, Another Reason: Science and the I magination of
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
639
espacio, cri men y cuerpo,
104
y las pol í ti cas relativas al arte, l a
representaci ón popul ar, el vi aje, los museos y el consumo.
105
El espíritu crí ti co de este trabajo se ha ampl i ado mediante otros
dos desarrol l os, a saber: l os ensayos de l a antropol ogí a y l a
hi stori a que se han centrado en el obl i gatori o trabajo de géne-
ro como una causa que i nfl uy e, mol dea y estructura los proce-
sos de las cul turas del col oni al i smo, i ncl uyendo l os térmi nos
de sexualidad y raza en el i mperi o, por u n l ad o;
106
y l a manera
en l a que no pocos de los análisis arri ba mencionados han re-
considerado el pasado y el presente de las di sci pl i nas, especial-
mente si n pasar por al to sus ví ncul os con las cul turas de l a
col oni a y l a naci ón, por el otr o.
1 0 7
Modern I ndia, Princeton, Princeton Uni versi ty Press, 1999; Ri chard S. Smith, Rule by
Records: Land Registration and Village Custom in Early British Panjab, Del hi , Oxford
Uni versi ty Press, 1996; Carol Breckenridge and Peter van der Veer (eds.), Orientalism
and the Postcolonial Predicament: Perspectives on South Asia, Filadelfia, Uni versi ty of
Pennsylvania Press, 1993, y Metcalf, I deologies of the Raj.
104
Manu Goswami , Producing I ndia: From Colonial Economy to National Space,
Chicago, Uni versi ty Of Chicago Press, 2004; Mathew H . Edney, Mapping an Empire:
The Geographical Construction of British I ndia, 1765-1843, Chicago, Uni versi ty Of
Chicago Press, 1997; I an Barrow, Making History, Drawing Territory: British Mapping in
I ndia, C. 1756-1905, Nueva Del hi , Oxford University Press, 2003; Davi d Arnol d, Colo-
nizing the Body: State Medidne and Epidemic Disease in Nineteenth-Century I ndia, Berke-
ley, University of California Press, 1993; Collingham, I mperial Bodies; Satadru Sen, Disci-
plining Punishment: Colonialism and Convict Society in the Andaman I slands, Nueva
Del hi , Oxford University Press, 2000, y Meena Radhakrishna, Dishonoured by History:
"Criminal Tribes"and British Colonial Policy, Hyderabad, Ori ent Longman, 2001.
105
Carol Breckenridge, "The aesthetics and politics of colonial collecting: I ndi a
at worl d fairs", Comparative Studies in Society and History, 39, 1989, pp. 195-221; Ta-
pati Guha-Thakurta, Monuments, Objects, Histories: Art in Colonial and Post-Colonial
I ndia, Nueva York, Col umbi a Uni versi ty Press, 2004; Metcalf, An I mperial Vision;
Christopher Pinney, Camera I ndica: The Social Life of I ndian Photographs, Chicago,
Uni versi ty of Chicago Press, 1997; Dani el J . Rycroft, Representing Rebellion: Visual
Aspects of Counter-I nsurgency in Colonial I ndia, Del hi , Oxford University Press, 2005;
A. R. Venkatachalapathy, I n Those Days therewas No Coffee: Writings on Cultural His-
tory, Nueva Del hi , Yoda Press, 2006; Emma Tarl o, Clothing Matters: Dress and I dentity
in I ndia, Chicago, Uni versi ty of Chicago Press, 1996.
106
Mri nal i ni Sinha, Colonial Masculinity: The "Manly Englishman" and the "Effe-
minate Bengali" in the Late Nineteenth Century, Manchester, Manchester Uni versi ty
Press, 1995; Lata Mani , Contentious Traditions: The Debate on Sati in Colonial I ndia,
Berkeley, Uni versi ty of California Press, 1998; I ndrani Chatterjee, Gender, Slavery
and Law in Colonial I ndia, Nueva Del hi , Oxford University Press, 1999, y Kumkum
Sangari y Sudesh Vai d (eds.), Recasting Women: Essays in I ndian Colonial History,
New Brunswi ck, Rutgers Uni versi ty Press, 1990.
107
La inspección de los vínculos de las disciplinas con el archivo colonial ha
desempeñado un papel muy importante. Axel , "I ntroduction: Historical anthropolo-
640
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
Las conjunci ones crí ti cas entre l a antropol ogí a y l a hi stori a
han desempeñado una funci ón destacada en las reformul aci ones
de l os acercamientos a l a naci ón y el naci onal i smo. Obras i m-
portantes han estudiado deteni damente las suposiciones pre-
vias y las predi l ecci ones presentes en rel aci ón con naciones y
naci onal i smos, en cuanto expresan ideas i nnatas, patrones p r i -
mordi al es y diseños perennes. Tambi én han i nterrogado las
formas en las cuales las variedades de las i nterpretaci ones del
pasado pueden estar ligadas, diferenciada e í nti mamente, a re-
tratos autori tari os - d e hecho, bi ogr áfi cos- de l os Estados-
naci ón y los esfuerzos nacionalistas, cada uno entendi do como
i magen y prácti ca. En este cuesti onami ento, los reconoci mi en-
tos perspicaces de que las naciones, los naci onal i smos y las cul -
turas nacionales se enumeran entré las caracterí sti cas más tras-
cendentales de los ti empos modernos, han teni do u n papel
clave, aunque muestran atri butos de l o que Benedict Anderson
ha l l amado "comuni dades imaginadas" l o que a menudo supo-
ne procesos que giran alrededor del "capitalismo de i mprenta" y
reori entaci ones del ti empo y el espacio bajo l a moderni dad.
108
Después de estos reconoci mi entos de l a arti cul aci ón de S6n-
sibilidades antiesencialistas ha habi do estudios sa.ga.ccs sobre
l a construcci ón hi stóri ca de naciones, nacionalismos
y
cul turas
nacionales como provectos v procesos de poder En este pun-
to varias etnografías e hi stori as han comul gado con las dis-
cusiones soci ol ógi cas y las expl oraci ones l i terari as con el pro-
pósi to no sól o de cuestionar las comprensiones consabidas de
estas categorías v entidades sino de indagar sus diversas creacio-
nes y sus formi dabl es fabri caci ones.
109
A l mi smo ti empo, otros
gy", p. 15, y Tony Ballantyne, "Rereading the archive and opening up the nation-
state: Col oni al knowledge of South Asi a", en Antoinette M. Burton (ed.), After the
I mperial Turn: Thinking With and Through the Nation, Durham, Duke Uni versi ty
Press, 2003, pp. 102-121.
108
Benedict Anderson, I magined Communities: Reflections on the Origin and
Spread of Nationalism, Londres, Verso, 1983.
109
Véanse los capítulos de Emma Tarl o y Shail Mayaram, en Dube (ed.), Historical
Anthropology; Pandey,RememberingPartition; Peter van der Veer, Religious Nationalism:
Hindus and Muslims in I ndia, Berkeley, Uni versi ty of California Press, 1994; Sumathi
Ramaswamy, Passions of the Tongue: Language Devotion in Tamil I ndia, 1891-1970,
Berkeley, Uni versi ty of California Press, 2001; Joseph S. Alter, Gandhis Body: Sex,
Diet, and thePolitics of Nationalism, Filadelfia, University of Pennsylvania Press, 2000.
Véase también, Vasudha Dal mi a, The Nationalization of Hindu Traditions: Bharatendu
DUBE: LLEGADAS Y SALI DAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
641
esfuerzos afines han subrayado l a i mportanci a de averi guar
los modos en que las prácti cas ideológicas y l os desempeños
pedagógicos que i nterpretan l a naci ón y el naci onal i smo con
asiduidad, adquieren una presencia enérgica en el mundo, mi en-
tras asumen atri butos mundanos y domi nantes.
110
Estos énfasis se v i eron apoyados por análisis que subrayan
las di sti nci ones y diferencias en el centro de las elaboraciones
de naciones y naci onal i smos, consi derando parti cul armente
sus expresiones subalternas, sus manifestaciones anti col oni al es
y sus dimensiones de géneros. El proyecto de estudios subal -
ternos y desarrol l os académicos asociados ha conduci do a nu-
merosas expl oraci ones de los lenguajes y las trayectori as de
una ampl i a gama de esfuerzos subal ternos. En contra del desa-
r r ol l o de propuestas nacionalistas y de proyecci ones i nstru-
mentales referidas a l a pasi vi dad pol í ti ca de los estratos más
bajos, estos análisis han mostrado que en el ancho terreno de l a
pol í ti ca anti col oni al , las empresas subalternas si gui eron u n pro-
ceso creati vo de elusión y subversión de ideas, sí mbol os y prác-
ticas que defi nen el naci onal i smo domi nante. Estas i ni ci ati vas
arti cul aron así una pol í ti ca suplementaria con di sti ntas visiones
de la nación y expresiones particulares de nacionalismo que i n-
curri ó en y rebasó las metas y estrategias de u n l i derazgo que
por l o general di manó de l a clase medi a. Si extendi éramos l os
térmi nos de estas discusiones, no sería de sorprender que el
énfasis dado al hecho de que los naci onal i smos anti col oni al es
de l a clase medi a encarnara en sus propi os atri butos de di feren-
cia y di sti nci ón, más allá de las semejanzas de l a naci ón en el
espeio de Europa A l recurri r v cambi ar las tradi ci ones euro-
peas democráti cas y republicanas y los pri nci pi os de l a I l ustra-
ci ón y l a postl l ustraci ón di chos esfuerzos tradujeron y trans-
formaron los ideales de l a naci ón soberana y las imágenes del
ciudadano l i bre medi ante potentes fi l tros de l a patri a sojuzga-
da y el sujeto col oni zado.
111
Con acentos disímiles otros acer-
HarishchandraandNineteenth-CmturyBanaras,nueyaDeM,OidordVmversayPiess,
1999.
1 , 0
Considérense, por ejemplo, los énfasis de Christopher Pi nney en Photos of the
Gods: The Printed I mage and Political Struggle in I ndia, Londres, Reakti on Books,
2004; Ami n, Event, Metaphor, Memory, y de Butalia en Other Side of Silence.
111
El aboro estas cuestiones en Dube, Stitches on Time.
642
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
cami entos crí ti cos han puesto al descubi erto temas de l a pre-
sencia de género y del l ugar que ocupan las mujeres en las
formaci ones de l a naci ón y las arti cul aci ones del naci onal i smo.
La atenci ón se ha extendi do, por ejempl o, desde el mapeo de l a
naci ón en térmi nos de domesticidad y la i nterpretaci ón de géne-
r o de l a patri a como una fi gura femeni na, hasta l os térmi nos
de l a parti ci paci ón de las mujeres en el naci onal i smo y las am-
bigüedades de su defi ni ci ón como sujetos-ci udadanos.
112
De tal
manera, el análisis de género ha i nterrogado con agudeza l os
atri butos de autori dad y al teri dad en el corazón de naciones y
naci onal i smos, en sus encarnaciones domi nantes y subalternas,
tanto en el pasado como en el presente.
Todo l o antes menci onado ha si gni fi cado tambi én que las
obras sobresalientes dentro de l a antropol ogí a hi stóri ca han
i nvesti gado las condi ci ones y opi ni ones de naci ón y Estado,
exami nando especialmente sus asociaciones í nti mas, fami l i a-
res y reveladoras, aunque tambi én sus relaciones desconoci-
das, conti ngentes y antagónicas con el poder moderno y las
transacciones globales. En l ugar de aceptar el espacio y el ti em-
po de l a naci ón como coordenadas analíticas establecidas, los
trabajos recientes han expl orado l a i nteracci ón entre l os i mpe-
rati vos de l a naci ón y el naci onal i smo y l os procesos transna-
cionales, exami nando de manera crí ti ca cómo uno puede ser
i nextri cabl emente insertado en el otr o.
1 1 3
Otros estudios se han
enfocado en el Estado-naci ón y en l a i mpl i caci ón de una serie
de di sci pl i nas que suelen enfrentarse y las cuales normal i zan y
ordenan l a sociedad, con l o que traen a col aci ón l o que Hansen
y Stepputat han resumido como los tres lenguajes «prácticos" del
gobi erno y los tres lenguajes "si mból i cos" de l a autori dad, cru-
cíales en el entendi mi ento del Estado y la naci ón.
114
Las pedago-
112
Kamal a Viswesaran, "Small speeches, subaltern gender: Nationalist ideology
and its historiography", en Ami n and Chakrabarty (eds.), Subaltern StudiesI X, pp. 83¬
125; Tani ka Sarkar, Hindú Wife, Hindú Nation: Community, Religión, and Cultural
Nationalism, Del hi , Permanent Black, 2001, y Anupama Roy, Gendered Citizenship:
Historical and Conceptual Explorations, Hyderabad, Ori ent Longman, 2005.
113
Bri an K. Axel , The Nation's Tortured Body: Violence, Representation, and the
Formation ofthe Sikh "Diaspora", Durham, Duke University Press, 2001, y el capítulo
de Peter van der Veer en Dube (ed.), Historical Anthropology.
114
Thomas Bl om Hansen y Fi nn Stepputat, "Introduction: States of imaginatíon",
en Thomas Bl om Hansen y Fi nn Stepputat (eds.), States oflmagination: Ethnographic
Explorations ofthe Postcolonial State, Durham, Duke Uni versi ty Press, 2001, pp. 7-9.
DUBE: LLEGADAS Y SALIDAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
643
gías, desempeños y prácticas del poder del Estado y la nación han
sido desentrañados de modo crí ti co a través de investigaciones
encauzadas en las confi guraci ones cotidianas y las arti cul aci o-
nes diarias de estos conceptos y enti dades.
115
Aunque diferenciados, estos énfasis interrelacionados han he-
cho evi dente que a l o l argo de terrenos y contextos cambi an-
tes, avivados por agendas y aspiraciones diversas, las naciones
y los naci onal i smos han arti cul ado un si nfí n de prácti cas hi stó-
ricas y poder di sci pl i nari o. A l a vez, las discusiones incisivas
sobre naci ón y naci onal i smo, así como las de hi stori a y comu-
ni dad, col oni a e i mperi o, han señalado l a necesidad de evaluar
críticamente l a moderni dad, sus procesos y sus persuasiones. N o
resul ta nada extraordi nari o que las obras notori as dentro de l a
hi stori a, la antropol ogí a y l a antropol ogí a hi stóri ca hayan exa-
mi nado con cl ari vi denci a las abstracciones analíticas y los mar-
cos formal i stas que incesantemente se ocupan de las compren-
siones de l a moderni dad. Han dado a entender que más allá de
las imágenes exclusivas de l a moderni dad, sus arti cul aci ones y
representaciones divergentes han estado relacionadas con pro-
cesos hi stóri cos parti cul ares, cuyas prácti cas y si gni fi cados
generativos hay que exami nar con sumo detal l e. Del mi smo
modo, este artí cul o ha resaltado que las varias manifestaciones
de la moderni dad han teni do l a i nfl uenci a de una rei nci denci a
por las semejanzas singulares de l a moderni dad occi dental Así ,
las elaboraciones y formaci ones de l a moderni dad están siendo
cada vez más examinadas y debatidas como procesos contradi c-
tori os v conti ngentes de l a cul tura v el poder como hi stori as
accidentadas y antagónicas de si gni fi cado y d omi ni o.
1 1 6
Cultura y poder
Llegado a este punto, las nociones de cul tura y poder apenas re-
qui eren otra exégesis. Si n embargo, es i mportante adverti r las
115
Tarlo, UnsettlingMemories; C . J . Fuller y Véronique Bénéi (eds.), The Everyday
State and Society in Modern I ndia, Nueva Del hi , Social Science Press, 2000; Hansen,
Wages of Violence.
1 , 6
Para una discusión más amplia de estas cuestiones, véase Dube, Stitches on
Time, y S. Dube, "Introduction: Enchantments of modernity", en Dube (ed.), Enduring
Enchantments, a special issue of South Atlantic Quarterly, 101, 4, 2002, pp. 729-755.
644
ESTUDI OS DE ASIA Y ÁFRI CA XLI I : 3, 2007
tensiones tangibles que conci ernen a estos térmi nos, l os cuales
abundan en el campo de l a antropol ogí a hi stóri ca. Los acerca-
mi entos que l e confi eren pri mací a anal í ti ca a l os procesos de
economí a pol í ti ca y de formaci ón del Estado se enfrentan a
% ori entaci ones que atri buyen un pri v i l egi o teóri co a l os órde-
X
nes discursivos y a l os regímenes representacionales. Cada uno
da u n gi ro di sti nto a la cul tura y el poder; l os lee e i nterpreta a
su manera.
En térmi nos fundamental es, podemos di sti ngui r entre dos
tendencias. Por u n l ado - m u y i nfl ui do por l a teorí a crí ti ca,
en especial por l a obra de Mi chel Foucaul t y Jacques Derri da,
aunque tambi én por la obra de fi l ósofos y crí ti cos como Mar ti n
Hei degger y Edward Sai d -, u n conjunto esencial de estudios
se ha concentrado en las formaci ones y l os regímenes del po-
der moderno. Estos estudios han seguido l a trayectori a de las
i mpl i caci ones discursivas y las inserciones consti tuti vas del po-
der en los proyectos y las condi ci ones de, por ejempl o, el i m-
peri o y l a moderni dad, el Estado y l a naci ón. Se ha conferi do
una gran eficacia al domi ni o y a su di sonanci a, de modo que
las prácticas y l os procesos i nterpretados por sujetos hi stóri -
cos han pareci do estar rodeados sobre todo por el poder y su
producti v i dad. Por otro l ado, di sti ntas disposiciones se han
centrado en elaboraciones contradi ctori as y conti ngentes de
l os procesos sociales y las prácticas cul tural es representados
por sujetos hi stóri cos. Estas prácti cas, procesos y sujetos han
sido considerados de golpe como si pertenecieran y arti cul a-
ran a l a vez las relaciones de poder, pero si n conv erti r el poder
en una fuerza fetichizada y en una total i dad omni presente. De-
bemos menci onar l os análisis sobre las polémicas relaciones
entre cul tura, estructura, acci ón y evento, comprendi endo las
formas medi ante las cuales l a hi stori a actúa como medi adora
en cada uno de estos térmi nos. Tambi én deben descubrirse
discusiones que formul en l a metrópol i s v l a peri feri a l o domi -
nante y l o subal terno como parte de campos analí icos mu -
tuos i ncl uyendo las transformaci ones del ti empo dentro de l a
antropol ogí a.
Las tendencias en pugna que he descri to, en realidad confl u-
y en en el ofi ci o preciso de las antropol ogí as hi stóri cas. Empe-
r o, a menudo ambas habl an si n escucharse. Para el l o, sosten-
I
DUBE: LLEGADAS Y SALIDAS: LA ANTROPOLOGÍ A HI STÓRI CA
645
go, no hay soluciones sencillas; antes bi en, resul ta trascenden-
tal estudiar deteni damente estas conjunci ones y di syunci ones,
con el objeti v o de comprender mejor l a antropol ogí a hi stóri ca
y sus transformaci ones en curso. •
Traducci ón de
Y U N E R S Y L E G O R B U R O Y A DRI Á N M U Ñ O Z
Dirección institucional del autor
Centro de Estudios de Asia y África
El Colegio de México, A. C.
Camino al Ajusco No. 20
Pedregal de Sta. Teresa
C. P. 10740
México, D. F.

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