El espejo de piedra José Carlos Becerra Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, los cuchillos de jade hallaron su visaje ceremonial

en boca de las ametralladoras. Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, Nuño de Guzmán oró ante Huitzipochtli y le ofreció el sacrificio. Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, descubrieron aterrados que otra vez existía ese país, aquel que ellos creyeron sepultado bajo el jade y las plumas y los estípites y los palacios de Adamo Boari y los desayunos en Sanborn’s, de su oportuna y mestiza retórica. Detrás de la iglesia de Santiago-Tlatelolco, treinta años de paz más otros treinta años de paz, más todo el acero y el cemento empleados en construir la escenografía para las fiestas del fantasmagórico país, más todos los discursos salieron por boca de las ametralladoras. Lava extendiéndose para borrar lo que iba tocando, lo que iba haciendo suyo, para traerlo a la piedra del ídolo nuevamente. ¿Pero lo trajo de nuevo a la piedra del ídolo? ¿Pero tantos y tantos muertos por la lava de otros treinta años de paz, terminarán en la paz digestiva de Huitzilopochtli? Se llevaron los muertos quién sabe adónde. Llenaron de estudiantes las cárceles de la ciudad. Pero al jade y a las plumas y al estofado de los estítipes y a los nuevos palacios que ya no construyó Boari, y a los desayunos en Sanborn’s, se les rompió por fin el discurso. Y cuando intenten recoger esos fragmentos de ruido para contemplarse, encontrarán en ellos solamente a los muertos hablándoles. A treinta años de paz —como a otros treinta años de paz—, más todo el acero y el cemento empleados en inventar la sombra de un país, más a todos los discursos y los planes de negocios dulcemente empapados por el olor de los desayunos en Sanborn’s, se les rompió, de pronto, el espejo.

el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado. 1974. De El otoño recorre las islas. y otras “Noches” y otras “Matanzas”. escucharon —ya uno de los últimos conciertos— el vals Dios nunca muere. Era. . en la Plaza de las Tres Culturas. poco importa si laica o religiosa. vinieron en ayuda de ellos. descubrieron que en realidad eran uno solo. En la Plaza de las Tres Culturas.Se apostaron como siempre detrás de una iglesia. México. porque secretamente siempre desearon parecerse a Limantour. el “Cacique gordo de Zempoala” y don Nuño de Guzmán y el anciano general perfectamente empolvado. Después de haber desayunado juntos en Sanborn’s.