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Lecturas 1ra Sesión Talleres de Autoformación

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TEXTO 1

Talleres Abiertos de Autoformación

¿Existen clases sociales? y ¿hay conflicto entre ellas? Vicenç Navarro/ Público.es/18-09-2013 Una característica del tiempo que vivimos es la creencia, ampliamente extendida en los mayores fórums políticos y mediáticos del país, de que las clases sociales han dejado de existir. Aunque se acepta que en periodos anteriores las clases sociales hubieran existido, hoy se cree que han dejado de existir (o han dejado de ser relevantes en el estudio del comportamiento social) debido a los dramáticos cambios que ha sufrido la estructura social. En consecuencia, términos y conceptos como burguesía, pequeña burguesía y clase trabajadora han dejado de utilizarse para definir los distintos colectivos en los que la ciudadanía se ubica. En lugar de estos términos, la sabiduría convencional ha redefinido la estructura social catalogando a la población en tres categorías: los ricos, las clases medias y los pobres. En esta categorización, a la mayoría de la población se la cataloga como perteneciente a las clases medias, tomando como característica definitoria el nivel de renta del individuo, independientemente del origen de tal renta o de la relación que tenga con los medios que producen esas rentas. Se incluyen así en estas clases medias un amplio abanico de rentas, que van desde los que son casi ricos a los que son casi pobres, abarcando de esta manera a la gran mayoría de la población. Para probar la veracidad y certeza de este análisis, los que presentan esta redefinición de la estructura social presentan encuestas que muestran que la mayoría de la ciudadanía se define como perteneciente a la clase media. Estas encuestas, sin embargo, son poco creíbles por la manera como se hace la pregunta en dichas encuestas: “¿Pertenece usted a la clase alta, a las clases medias, o a la clase baja?”. Puesto que se asume que la llamada clase alta son los ricos y la clase baja son los pobres, la identificación de la población con la clase media quiere decir (y solo quiere decir esto) que la mayoría de la población no se consideran ni ricos ni pobres, con lo cual tal identificación carece de relevancia y valor explicativo de comportamiento social. Ahora bien, la definición de la mayoría de la población como clase media no es inocente. Por extraño que parezca, responde a un proyecto político profundamente conservador que intenta, por todos los medios, la desaparición de las categorías de clase social de los análisis sociales científicos (que derivan de todas las tradiciones sociológicas, desde Marx a Weber) y sobre todo de la categoría de lucha de clases, categorías definidas como “anticuadas” por la sabiduría convencional que se reproduce también entre las izquierdas. Se quiere hacer olvidar cómo el poder se genera y reproduce, que continúa basándose primordialmente, aunque no exclusivamente, en la relación que la población tiene con los medios que generan y distribuyen riqueza y rentas, así como en el tipo y condiciones de su trabajo. Las categorías de Raza y Género continúan siendo categorías de poder que nos ayudan a

“El derecho laboral y las luchas de los trabajadores”
Pikete Sindical Derecho UChile

1ra Sesión: “Estructura de clase del Chile actual y conflicto social” A modo de introducción, abordaremos el debate sobre la estructura social del Chile actual. A partir de un análisis sociológico, entraremos en los debates históricos y políticos relacionados con la existencia e importancia de la clase trabajadora como sujeto político, y sobre el conflicto social y lucha de clases en la actualidad.

Bibliografía básica - “¿Existen las clases sociales y hay conflicto entre ellas?”, Vicenç Navarro (Septiembre 2013). Fuente: Público.es - “Situación de la clase trabajadora en Chile” (Fragmento), Nicolás Miranda (Mayo 2013). Fuente: Revista “La Batalla”
https://www.facebook.com/PiketeSindical - “La clase trabajadora en los gobiernos de la Concertación” (Fragmento). Santiago Aguiar (Abril 2011). Fuente: www.estudiosdeltrabajo.cl

Bibliografía complementaria - “Las estructuras de clase en América Latina: composición y cambios durante la época neoliberal” (Fragmento), Alejandro Portes y Kelly Hoffman (Mayo 2003). Fuente: CEPAL, Serie Políticas Sociales n°68 - “El sentido estratégico de la clase social en Marx”, Iván Neira (Abril 2013). Fuente: www.rebelion.org

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entender también como se genera y reproduce el poder en nuestras sociedades. Pero la categoría clase social continúa jugando un papel fundamental para entender a nuestras sociedades, así como a sus instituciones. (En un artículo reciente he mostrado como el conflicto Capital-Trabajo ha jugado un papel determinante en la crisis financiera y económica actual -“Capital-Trabajo, el origen de la crisis actual”. Monde Diplomatique. Julio 2013-). La realización de este hecho está reapareciendo muy rápidamente en estos momentos de profunda crisis financiera, económica y política. Y un caso claro es lo que está ocurriendo en EEUU, donde la percepción conservadora de la estructura social se inició, extendiéndose a otros países. La revista Truthout acaba de publicar una recopilación de datos sobre cambios en la pobreza en EEUU, Gary Lapon “Poor Prospects in a ‘Middle Class’ Society” (18.08.13), en que muestra la validez de las categorías de clases sociales para entender la situación de EEUU. En realidad, la mayoría de las clases medias son clase trabajadora cuya situación está deteriorándose muy rápidamente. Y los pobres son, también, en su gran mayoría, miembros de la clase trabajadora. Según el censo de EEUU, en el año 2011 había 46.2 millones de estadounidenses considerados pobres, representando el 15% de la población (308 millones). El nivel de pobreza es de 11.900 dólares al año para un individuo y 23.550 dólares al año para una familia de cuatro personas. El Economic Policy Institute, EPI, uno de los centros de análisis económicos de mayor credibilidad en EEUU, indica que esta cifra es muy inferior a la que debería considerarse como mínima para llevar una vida modesta pero digna (que se calcula, es el doble de estas cantidades). Algo menos de la mitad (40%) de la población estaría en esta condición. Y este porcentaje ha ido aumentando, resultado, sobre todo, del deterioro del mercado laboral, y muy en especial del descenso salarial. Mientras que el 60% de la población trabajadora tiene salarios que van de los 14 a los 21 dólares por hora, en la gran mayoría (el 58%) de nuevos puestos de trabajo pagan mucho menos. Solo el 22% pertenecen a los primeros niveles. Esto ha forzado el pluriempleo, una condición común que incluso no es suficiente para salir del nivel de pobreza de la población. En realidad, la mayoría de pobres son trabajadores de baja cualificación, cuyo salario no les permite salir de la pobreza. ¿Existe lucha de clases? Este empobrecimiento de los diferentes componentes de la clase trabajadora y de sectores importantes de las clases medias que derivan sus ingresos de la renta del trabajo, junto con el enorme enriquecimiento de las rentas superiores que derivan sus rentas de la propiedad del capital, ha llevado a una polarización de la estructura social con un claro resurgimiento de la conciencia de clase.

Varias encuestas (véase la Pew Survey. 01.11.2013) han mostrado el gran crecimiento de la conciencia de clase y de la percepción de conflicto existente en tales clases, percepción que se ha dado en todos los sectores de la población. Así, el porcentaje de la población que indica que hay una lucha de clases (class conflict) ha subido de un 43% en 2009 a un 65% en 2012, porcentaje que alcanza incluso cifras mayores (un 74%) entre los afroamericanos. Entre los latinos es un 61%. Es también interesante indicar que entre la población joven (18-34 años) esta percepción (71%) era mayor que en los otros grupos etarios. Ni que decir tiene que la composición de las clases sociales ha ido variando (siempre ha estado variando), así como la manera como se produce y expresa dicho conflicto. Por regla general, las clases más pudientes rechazan el concepto de conflicto de clases, y solo lo utilizan cuando ven que las otras clases toman acciones en defensa de sus intereses que afectan negativamente los intereses de las clases más pudientes. Así, el Partido Republicano, hegemonizado por la ultraderecha, acusa al movimiento sindical de incentivar la lucha de clases cuando propone aumentar los impuestos sobre los beneficios del capital. Pero en cambio, no utiliza tal expresión cuando se han bajado esos impuestos a costa de aumentar los impuestos sobre el trabajo. Hoy la polarización social, con la enorme concentración del poder financiero y económico, ha redefinido la lucha de clases, creándose una alianza de clases (la clase trabajadora con componentes de la clase media, que constituyen las clases populares) frente a una minoría que incluye los miembros de las élites económicas y financieras, aliadas a las élites de los partidos dominantes y mayores medios de información, que hoy dominan la vida política y económica de nuestros países. El eslogan utilizado por el movimiento Occupy Wall Street, el 1% en contra del 99%, intenta reflejar esta realidad, aun cuando supone una simplificación que tiene costes políticos, pues el 1% (en realidad es un porcentaje incluso menor el sector de la población que posee los medios de producción de bienes y servicios. En Catalunya son, como reconocía uno de ellos, el Sr. Millet, ex Presidente del Palau de la Música, persona conocedora como nadie de cómo funciona la burguesía catalana, solo 400 familias) tiene como aliados otro 9% ó 15% de la población (los sectores de las clases medias de rentas altas encargadas de la gestión y gobernanza del sistema, que incluye sectores importantes como los propietarios y gestores de los mayores medios de información) que juega un papel clave en la reproducción de su poder. De ahí que el eslogan del conflicto entre los de abajo contra los de arriba, aunque exitoso desde el punto de vista mediático, sea insuficiente, pues no tiene la suficiente característica definitoria de señalar por qué unos están arriba y otros están abajo. Las categorías científicas de clases trabajadoras y medias (o clases populares) frente a las clases dominantes, llámense burguesía, clase capitalista o Corporate Class como en EEUU, describe mejor lo que está ocurriendo, que es un conflicto entre las clases

populares, que son la mayoría de la población en cualquier país, y la minoría, que deriva su poder de clase de la propiedad de los medios de producción y distribución, así como de los medios de legitimación y persuasión, y sus aliados en las distintas ramas del estado encargadas de reproducir su dominio sobre la mayoría de la población. Así de claro. Aconsejo la lectura del libro The Democratic Class Struggle, por desgracia nunca traducido y publicado en España, de mi amigo Walter Korpi, el analista más interesante e influyente entre las fuerzas progresistas del norte de Europa y de gran influencia en el mundo académicoanglosajón. En España aconsejo el excelente libro de Marina Subirats, Barcelona: de la necesidad a la libertad. Les clases sociales en los albores del siglo XXI). Vicenç Navarro. Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

TEXTO 2 II.b) La estructura de oportunidades políticas para el ciclo entero de los 20 años, se caracteriza por haber galvanizado la unidad de las diferentes fracciones de la burguesía y los partidos políticos, de la derecha y de la Concertación, que representan y gestionan sus intereses. Con esto, se produjo un proceso de bonapartización, más precisamente cesarismo, del Estado. Esa unidad se manifestó en la continuidad en lo esencial por la Concertación de las transformaciones de la dictadura. Esto se ve claramente reflejado en la Constitución de 1980 y su sistema binominal, en el Plan Laboral, y también en el llamado modelo económico1. Además, este pacto fue voluntario. Se suele afirmar que la correlación de fuerzas en el Congreso no daba para modificar la legislación. En primer lugar, no todo empieza y termina en el Congreso. En segundo lugar, esto fue aceptado voluntariamente por la Concertación en el otro plebiscito: el de julio de 19892.
Esto es así incluso para autores que han defendido que hay más ruptura que continuidad. Pues comienza diciendo: “Así, una tercera variante o tercer modelo chileno comienza en 1990. Hemos denominado a esta etapa la de la reformas a las reformas, pues hubo un perfeccionamiento del modelo de mercado, fortaleciendo el componente social y corrigiendo fallas graves de la política económica (...) Fue en este contexto en el que Chile expandió su capacidad productiva, en forma sostenida en los ’90, a tasas sobre 7%, mejorando al mismo tiempo los indicadores sociales; es decir, se logró en parte el esquivo crecimiento con equidad” (Ffrench Davies, 2008: p. 17). Pero concluye admitiendo que: “El balance neto de estos años, al comparar 1970 con el 2006, muestra que Chile retrocedió en vez de avanzar hacia mayor equidad” (p. 283). “Por una parte hubo fuertes efectos directos negativos sobre diversos indicadores sociales, producto del paso de un modelo que consideraba a la distribución del ingreso y la lucha contra la pobreza como objetivos de primer orden, a uno que concentró sus metas en la neutralidad de sus políticas. Por otra, la omisión de consideraciones sobre la heterogeneidad de los agentes y la segmentación y fallas de los mercados, se tradujeron en costosos procesos de ajuste y severas recesiones, en un marco caracterizado por una escasa inversión productiva y un alto desempleo. Así, estas políticas tuvieron un impacto negativo indirecto sobre una población desprotegida. Por esto, no resulta extraño el evidente empeoramiento de la distribución del ingreso y los altos niveles de pobreza que predominaron durante el Gobierno de Pinochet” (Ffrench Davies, 2008: p. 310). “En efecto, la Constitución del 80 –en el obvio entendido de que Pinochet sería ratificado como presidente en el plebiscito del 88- estipulaba, mediante sus artículos 65 y 68, que el futuro presidente dispondría de mayoría parlamentaria simple teniendo mayoría en una cámara y solo un tercio en la otra (…) Sin embargo, dada la derrota de Pinochet en aquel plebiscito, el prospecto anterior favorecería inminentemente a la Concertación. Era prácticamente seguro que su candidato presidencial –Patricio Aylwin- sería electo a fines de 1989; y lo mismo se esperaba en relación a las elecciones parlamentarias: La Concertación obtendría con creces –pese al sistema binominal- la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados; y también lograría con seguridad el tercio del Senado. Ella elegiría de todas maneras un senador por región (13), siendo el total de senadores 35, por lo que un tercio correspondería a 12. De tal manera que, dado el “error” de la dictadura de haber dejado la mayoría de los ámbitos económicos, sociales y culturales normados a través de leyes simples –solo la educación escolar y la minería quedaron impuestos a través de leyes orgánicas constitucionales que requerían quórum mayores para su modificación-; la Concertación, sin que se hubiese variado una coma del texto constitucional de 1980, estaba en condiciones de reformar profundamente, y tal como lo planteaba en su Programa, los sistemas sindical, laboral, previsional, de salud, etc. Y aquí vino lo aparentemente inexplicable: El liderazgo de la Concertación aceptó propuestas de reformas constitucionales efectuadas por el propio gobierno de Pinochet que estipulaban mayoría absoluta en ambas cámaras para poder aprobar leyes simples. Es decir, ¡dicho liderazgo aceptó perder su mayoría parlamentaria! (…) Y como en ese período todavía se necesitaba plebiscito para modificar la Constitución, aquel se realizó en julio de 1989, en el contexto de un “paquete” de 54 reformas cuya mayoría eran liberalizadoras, pero sin eliminar los principales “enclaves autoritarios” de la Carta Fundamental. Lo notable es que en el voto esas reformas no se especificaban; y que tampoco hizo mención de las que específicamente modificaban los artículos 65 y 68 la Declaración del 1 de junio que la Concertación entregó al país para justificar dicho paquete”. (Portales, F. 2010).
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Una de las mayores expectativas del movimiento sindical y de los trabajadores era la reforma al plan laboral, para recuperar derechos adquiridos y conquistas históricas. Sin embargo, la Concertación prácticamente no modificó el Plan Laboral. Se promovió, por el contrario, la concertación social, es decir, que se llegara a acuerdos bilaterales (es decir, no tripartitos, sin la intervención del Estado). La relación de fuerzas desfavorable, azotada por las transformaciones del patrón de acumulación que vimos, hacía eso impracticable. Finalmente, se concluyó en legislar sobre derechos individuales, en detrimento del derecho laboral, protector y promotor de los derechos colectivos3; y en empujar a la corporativización y reivindicacionismo de las demandas sindicales4. Revisemos los principales puntos que se plantearon como intentos de reforma por los tres gobiernos de la Concertación: Gobierno de Aylwin, 1990-1994: • Obligación del empleador de justificar los despidos, incluyendo el afamado recurso a la “necesidad de la empresa” • Mayores atribuciones a la Inspección del Trabajo • Que las huelgas no tuvieran un plazo de término, pero permitió el re-emplazo de trabajadores en huelga • Incorporó la negociación pluriempresa, pero de carácter voluntario Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, 1994-2000. Recogía demandas de la CUT tales como fijar la negociación colectiva supraempresa, reincorporación de trabajadores, no multas, por despidos por prácticas anti-sindicales; además incluía ampliar los objetos de negociación colectiva, ampliar el fuero, no permitir el re-emplazo de trabajadores. Finalmente, no se legislaría ante la negativa de la derecha. Gobierno de Lagos, 2000-2006: • • • • Incorporó los convenio de la OIT Encareció el costo de los re-emplazantes Estableció el seguro de desempleo Legisló la subcontratación, regulándola

Este conjunto de procesos, la continuidad esencial de las transformaciones de la dictadura, y la galvanización de la unidad de las diferentes fracciones de la burguesía y los partidos políticos, de la derecha y de la Concertación, que representan y gestionan sus intereses, dieron un fenómeno específico que ya teorizara Gramsci y Trotsky: el cesarismo y el bonapartismo sui generis. Trotsky aplica la categoría de bonapartismo en base a los escritos de Marx para pensar la realidad latinoamericana, integrando el análisis de clases con las relaciones entre los Estados imperialistas y semicoloniales. El bonapartismo sui generis es la elevación del gobierno por sobre las clases maniobrando entre las presiones del capital extranjero y la clase trabajadora, unas veces apoyándose en uno, otras veces en la otra5. Aún así, las formas de relación entre las clases y fracciones de clase, se desplazó de la predominancia del dominio durante la dictadura, basado en la imposición de la fuerza brutal, a la combinación de dominio con hegemonía, otorgado por las formas democráticas de esta democracia llamada restringida, protegida, o de los consensos. Por su parte, Gramsci, para este concepto, se atenía al estudio de los procesos políticos al interior de los estados nacionales, donde ese bonapartismo que parece elevarse por sobre las clases, no necesita necesariamente del sostén en los fusiles, sino que puede sostenerse precisamente en las fuerzas sindicales y políticas, fácilmente corrompidas, aterrorizadas, o, podemos agregar, hegemonizadas6. Ya veremos con qué mecanismo. En el caso del ciclo concertacionista, lo que se buscaba era deshacerse de las presiones que pudieran ejercer las clases sociales fundamentales, en particular la clase trabajadora, para poder asegurar precisamente esa continuidad y esa galvanización de su unidad. Como afirma Gramsci, un bonapartismo sin Bonaparte, y en su lugar, un gobierno de coalición. La forma en que se expresó, superficialmente, esto en la política chilena, fue la discusión de los políticos vs. los tecnócratas, donde estos se elevaban por sobre “las presiones” para tomar las “decisiones técnicas

De conjunto, se puede observar que, aunque se alcanzaron mejoras parciales, no se modificó lo sustancial del Plan Laboral.
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"En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capitalismo extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura poilicial, o bien maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros" (Trotsky, L. 2007). “Todo gobierno de coalición es un grado inicial de cesarismo, que puede desarrollarse o no hasta grados más significativos (naturalmente la opinión vulgar es que los gobiernos de coalición son, al contrario, el “baluarte más sólido” contra el cesarismo). En el mundo moderno, con sus grandes coaliciones de carácter económico-social y político de partido, el mecanismo del fenómeno cesarista es muy distinto al que funcionó hasta Napoleón III (cuando) ...las fuerzas militares eran un elemento decisivo para la aparición del cesarismo que se verificaba con golpes de Estado precisos, con acciones militares, etc. En el mundo moderno, las fuerzas sindicales y políticas, con medios financieros incalculables, de los que pueden disponer pequeños grupos de ciudadanos complican el problema. Los funcionarios de los partidos y de los sindicatos económicos pueden ser corrompidos o aterrorizados sin recurrir a acciones militares”. (Gramsci, A. 1985).
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“A partir de 1994, las sucesivas gestiones gubernamentales en materia laboral marcan una opción por las menores regulaciones posibles al mercado de trabajo, focalizadas en la consagración –en los hechos sólo formal- de derechos individuales. Al priorizar las dinámicas del mercado y su fluidez, el debilitamiento progresivo del actor sindical se constituye, incluso, en uno de sus supuestos implícitos”. (Feres, M.E. 2009. p. 209).

“Sindicalistas, empresarios y actores políticos se comportan, en la práctica, asumiendo que el orden laboral y económico social diseñado está básicamente instalado y que por tanto la agenda posible en esta materia está definida en los marcos de la institucionalidad en operación. Ello conlleva agendas progresivamente más desagregadas y relaciones asociadas a coyunturas”. (Campero, G.. 2007. p. 5).

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adecuadas”. Pero más allá de esto, se trataba de, usando la legitimidad democrática, impedir el desarrollo de las demandas propias de la clase trabajadora7. Esta continuidad de lo esencial de la dictadura, que aseguró la Concertación al acceder al gobierno, estableció una estructura de oportunidades políticas desfavorable para la clase trabajadora. ¿Significa esto una tensión, una autonomización, entre lo social y lo político? No en este ciclo que se abría, donde las diferentes dimensiones se articularon entre sí para configurar su especificidad. II.c) Los marcos interpretativos, o el rol de las direcciones del movimiento sindical y de los trabajadores. Este carácter hegemónico, y considerando la situación de la clase trabajadora en los gobiernos de la Concertación, tuvo su acto fundacional en la firma de los Acuerdos Marco. Estos consistieron esencialmente en que la dirigencia sindical de la CUT (de la Concertación y del Partido Comunista) abandonaba definitivamente los fines de una sociedad no capitalista y los métodos de la lucha de clases, que habían orientado en general la actuación del movimiento sindical y de los trabajadores en la décadas anteriores (y que se reflejaba por ejemplo en las Declaraciones de Principios de la FOCH de Recabarren de 1918 y la CUT de Clotario Blest de 1953). Con los Acuerdos Marco, se buscaba legitimar la propiedad privada, antaño cuestionada, y promover el entendimiento entre empresarios y trabajadores, la colaboración de clases entre las clases sociales fundamentales, antagónicas8. ¿Quiere decir esto que no hubo tensiones y conflictos tanto con el gobierno y los empresarios como al interior del movimiento sindical entre sus
“Quería (el proyecto de reformas laborales) mantener lejana la presencia del Estado, evitando que éste retomara su antiguo rol de tercero en los conflictos laborales (…) se había optado por la concepción de autonomía colectiva, según la cual la ley protege los derechos laborales básicos, y se establece, al mismo tiempo, un amplio espacio para la negociación entre los actores, donde, respetando estos límites legales, la norma adquiere la flexibilidad que las partes acuerden sin que el Estado intervenga en este último nivel de regulación”. (Henríquez, H. 1999. p. 94). “A pesar de que la CUT había elaborado la ‘Propuesta para la transición a la democracia’, su participación en el debate programático fue precaria (…) En definitiva, la CUT sólo pudo manifestar sus posturas discrepante (en aquellos puntos donde las tenía) en un marco que la dejaba fuera del ámbito de las decisiones (…) Es un hecho entonces que a los equipos gubernativos se les ha otorgado una amplia autonomía, evitando que ellos sean permeables a la presión de los actores sociales (…) Fue durante el régimen militar que se hizo sentido común decir que a los actores sociales no les correspondía ‘cogobernar’. Es obvio que esta idea era funcional a la intención de sustraer de las decisiones políticas cualquier influencia ajena a quienes mantenían el monopolio del poder”. (Echeverria Bascuñan F., Rojas Hernández J. 1992. P. 166/168). El Marco de Referencia para el Diálogo, del 31/1/1990, afirmaba el rol de la empresa privada como principal agente del desarrollo; que el desarrollo es crecimiento económico, conquista mercados externos, incremento ahorro (inversión); que se debía garantizar el derecho de propiedad y el derecho al trabajo; que se debía buscar la erradicación de la pobreza; que se debía estimular el empleo. Quedaban para seguir discutiendo, justamente algunas de las reivindicaciones caras al movimiento sindical: las relaciones contractuales, la negociación colectiva, la organización sindical. El Acuerdo Marco Tripartito “Chile, una oportunidad histórica” del 27/4/1990, afirmaba que había que conjugar desarrollo, democracia y equidad. El contenido general era dejar atrás el sindicalismo de la lucha de clases: “Por el contrario, de parte de los sindicatos existe un interés expreso por establecer relaciones constructivas con los empresarios. Muchos trabajadores han llegado al convencimiento de que no es posible mejorar las condiciones salariales y de trabajo, sin que medie un entendimiento con los empresarios. Aquí se observa un cambio en la cultura de los trabajadores. En el pasado, la empresa era un lugar de conflicto, por donde pasaba la lucha de clases. Y el empresario era el enemigo de clase. Aunque los conflictos siguen existiendo, los dirigentes sindicales tienden a transformar la empresa en un lugar de gestación de consenso. La propiedad privada no sólo ganó la batalla, sino que al parecer también la guerra”. (Echeverria Bascuñan F., Rojas Hernández J. 1992. p. 249).
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diferentes partidos? Muy por el contrario, las tensiones y divisiones estuvieron acompañando siempre esta historia. La CUT congeló relaciones con el gobierno en 1991 y 1992, por la insuficiencia en las reformas laborales y ser muy pro-empresarial; y en 2003 con el Ministerio de Trabajo. En el mismo sentido, se conformaba un discurso y listas para las elecciones de la CUT sobre la autonomía (respecto a los partidos de la Concertación; aunque la mayoría mantenía su militancia en esos mismos partidos). Y se debatía arduamente cuánto de confrontación o de diálogo debía asumirse9. Se realizan constantes denuncias al empresariado por prácticas antisindicales, y por pretender una mayor flexibilidad laboral (lo que será una constante a lo largo de todo el ciclo concertacionista). Las divisiones al interior del movimiento sindical, son mayores: en 1995 se forma la CAT; en el Congreso eleccionario de la CUT de abril de 1996, gana Alarcon (PS) con apoyo del PC, y la DC se niega a integrar el Ejecutivo; en 1998, dirigentes de más de 50 sindicatos encabezados por Luis Mesina, forman la Multisindical, y en una cuestionada elección, Etiel Moraga (PC) es elegido presidente de la CUT, por lo que se convoca a nuevas elecciones y un nuevo Congreso en julio de 1999, siendo elegido como presidente Arturo Martínez; en 2001 con el ex PC Jorge Pavez y fuertes críticas a la conducción de la CUT se forma la Fuerza Social y Democrática; en 2003 se convoca al Congreso Refundacional donde se vota el la orientación de un sindicalismo sociopolítico y se habla de una modalidad de elección de directiva en base a la elección universal, comienza a conformarse la Unión Nacional de Trabajadores- UNT, dirigida por el DC Diego Olivares; en 2004 se forma la CGT con el ex PC Manuel Ahumada; en 2005 se constituye la UNT. Además, muchas organizaciones intermedias, Federaciones y Confederaciones, no se afilian a la CUT (es el caso de la Federación Minera de Chile que agrupa a los trabajadores de la minería privada), o solo pertenecen pero formalmente (es el caso por ejemplo de la Federación de Trabajadores del Cobre que no adhiere a las convocatorias de la CUT, como la del Paro Nacional del 2003), o amenazan intermitentemente con desafiliarse (fue el caso de la Confenats). Estas constantes divisiones, de todos modos, no afectaban la base de los Acuerdos Marco, y la nueva orientación general que de allí se desprendía; a lo más, criticaban que no iban hasta el final (como la UNT, que rechaza el recurso a la movilización, promoviendo mayor diálogo con el empresariado y hasta la mayor flexibilidad laboral que éste reclama). Aunque se afirma que los Acuerdos Marco no lograron su cometido, en parte por el despotismo patronal10. Y aunque la firma de los Acuerdos Marco se justificaba en la

“Sin embargo, durante los últimos quince años, la CUT no ha tenido ni una estrategia confrontacional ni una estrategia de colaboración, sino más bien una actividad básicamente reactiva al gobierno”. (Espinoza, M. 2007. P. 439). “En los empresarios se constata una falta de voluntad para entenderse con los sindicatos. El tipo de empresario despótico, que surgió bajo el alero del autoritarismo, no ha cambiado nada. El Acuerdo Marco, firmado a comienzos de 1990 por la CUT y la CPC, prácticamente no ha tenido consecuencias en las regiones ni en las empresas. Por el contrario, después de firmado dicho acuerdo, se han producido despidos masivos en las empresas”. (Echeverria Bascuñan F., Rojas Hernández J. 1992. p. 249).
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persecución de objetivos políticos inmediatos11, de lo que se trataba era de promover la colaboración entre las clases sociales fundamentales, antagónicas. Estos Acuerdos Marco, no sólo fueron un documento de la política nacional, sino que se buscaba hacer práctico en el mismo lugar de trabajo. Mediante la hegemonía, es decir, el consenso sobre esta nueva posición12. Y también mediante la fuerza, reflejada en el siempre presente problema de las llamadas “prácticas anti-sindicales”13. Lejos de un movimiento sindical debilitado, el papel de la CUT con la firma de los Acuerdos Marco y esta nueva posición trasladada al lugar de trabajo, fue decisivo14. Y era el único “movimiento social” organizado, con legitimidad por su lucha contra la dictadura, y con presencia nacional. Con ese acto fundacional, en la política nacional y traducido a los lugares de trabajo (en los términos que pudimos ver) –la promoción de la colaboración de clases, el respeto a la propiedad privada-, la orientación política de la CUT se iría desplazando, ahora sí de acuerdo de las tensiones de las demandas reivindicativas y la política coyuntural: pasaría de una más defensiva a una más ofensiva (Ensignia, J. 2005). Veámosla en 3 hitos. Año 1990 a 2000 Orientaciones Respeto a la Acuerdos Marco- propiedad privada: Foros de Desarrollo promoción de la Productivo - Consejo colaboración de Espacio de acción 2002

de Diálogo Social

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clases entre empresarios y trabajadores. Desplazamientos a demandas reivindicativas “No más flexibilidad sin distribución” Demanda por un Expresa las Chile Justo reivindicaciones tradicionales junto al reclamo por DDHH Congreso Fortalecimiento del Refundacional de la sindicalismo, para CUT: Sindicalismo incidir en el desarrollo sociopolítico nacional

En cada uno, tratamos de marcar como orientaciones las claves distintivas de cada una: en todos los momentos, la demanda por reformas laborales que equilibraran la relación capital- trabajo, se expresó permanentemente. Pero la clave está en el contenido de este desplazamiento: reafirmar la promoción de una política de colaboración de clases, que deje atrás la impugnación del capitalismo15. No fue sólo a nivel nacional, se promovió se trasladar al lugar de trabajo: pasando del “fin de la explotación” a nuevas demandas: formación profesional y técnica; condiciones de trabajo (salud ocupacional); modernización, reconversión, innovación tecnológica, cambios en los procesos productivos, y en el mercado de trabajo; medio ambiente y ecología; aumento de la productividad y participación de los trabajadores; deportes y recreación; desarrollo de la cultura. (Díaz- Corvalán, E. p. 118) Y se consolidaron las bases así para una involución en la conciencia de clase, a una conciencia de clase elemental16. Al contrario que la clase burguesa17.
“Emerge el concepto del “sindicalismo sociopolítico”, dispuesto promotor de la concertación social, como respuesta y alternativa al sindicalismo clasista y confrontacional del pasado (…) que la sociedad civil y sus organizaciones abandonen los proyectos totales de sociedad (socialismo, comunitarismo). En consecuencia, se propone romper con la arraigada noción de que los trabajadores tenían reservado un papel central en la abolición de la sociedad de clases, para ahora admitir la existencia de múltiples actores, donde el sindicalismo es “uno más”, con legítimas posibilidades de existencia como cualquier otro (empresarios y capital incluidos).”. (Guzmán Concha, C. 2002. p. 21/22).
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Los empresarios: evitar alianza CUT-Gobierno, y reciclarse; los trabajadores: alejar a los empresarios de las fuerzas anti-democráticas; el Gobierno: afirmar su autoridad ante los actores sociales (Echeverria Bascuñan F., Rojas Hernández J. 1992. p. 174)

“Muchos trabajadores han llegado al convencimiento de que no es posible mejorar las condiciones salariales y de trabajo sin que medie un entendimiento con ellos (los empresarios). Esto revela un cambio en la posición de los trabajadores, para quienes en el pasado la empresa era un lugar de conflicto, por donde pasaba la lucha de clases, con el empresario como enemigo. Aunque los conflictos siguen existiendo, los dirigentes sindicales aspiran a que la empresa sea un lugar de entendimiento y consenso”. (Rojas Hernández, J. 1993. p. 3)
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“Las prácticas antisindicales ‘son legítimas… cuando los sindicatos, que a veces llamamos incluso clandestinos, son formados con un objetivo diferente al de la empresa propiamente tal. Los sindicatos que tienen un objetivo a favor de la empresa y defienden su interés, los consideramos absoluta y totalmente legítimos, incluso los apoyamos’, reconoció a la revista ‘Siete+7’ del 15 de mayo de 2002, el Presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio, Ricardo Ariztia”. (Medina M., Carrasco R. 2002p. 247). Y en forma más drástica se nos dice que: “All of these elements remained in place and continued to put limitations not just on organized labor but perhaps even more on ununionized workers. In fact, what workers witnessed in the 1990s was an intensification of the production process along with a decline in job security, work benefits, and participation in management decisions. In essence then, Chilean labor witnessed a paradoxical situation: while outside their workplace they saw a return of democracy (they could vote, they no longer had to fear the police, etc), inside their firm they continued to be subjected to the same if not worsening authoritarian working conditions”. (Winn, P. 2004. p. 84).

Refiriéndose a los Acuerdos Marco, este autor nos dice que: “El comportamiento del movimiento sindical tiene una importante función explicativa en la construcción del nuevo consenso entre empresarios y trabajadores. En este sentido, el sindicalismo chileno ha hecho una gran contribución para la estabilidad política del régimen democrático después de un largo período de autoritarismo”. (Volker, F. 1994. p. 582). Además, en los últimos años de la dictadura, en el proceso de constitución de la Concertación, el rol de la CUT también fue decisivo.

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“La conciencia básica que parece haberse extendido en muchos trabajadores --aunque no necesariamente en los dirigentes sindicales de cúpula-- consiste no tanto en pensar o imaginarse una transformación lejana de la sociedad, sino más bien en progresar o avanzar hoy día, en luchar por obtener beneficios tangibles, que se traduzcan en una mejora de sus condiciones de vida”. (Rojas Hernández, J. 1993. p. 8).

A diferencia de los trabajadores, el empresariado actúa en el sentido histórico de una clase: tiene proyecto, ideología, discurso, poder y presencia social, y el gran empresariado mantiene un liderazgo hacia el sector privado, independientemente de las diferencias de intereses y heterogeneidad de sus componentes. Esta constitución plena de

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Se puede decir entonces que hubo una doble derrota: la asestada con la represión de Estado de la dictadura y sus transformaciones en el patrón de acumulación capitalista, y la infligida por la Concertación y las direcciones sindicales políticamente18. Podemos plantear entonces que más que una autonomización de lo social y lo político, y una tensión entre partidos y sindicatos (en términos de la política histórica del movimiento de los trabajadores, no de las naturales tensiones en el terreno reivindicativo o de la política coyuntural), lo que podemos observar es precisamente lo contrario, una articulación entre ambos19. De lo que se trata, es de un cambio en las estrategias y políticas del movimiento sindical y de los trabajadores, en condiciones de relaciones de fuerzas desfavorables, sobre las bases de una transformación profunda del patrón de acumulación. Cambio que se produjo junto con el de los partidos de la Concertación, otra muestra más que no se trata de un tensionamiento o autonomización entre las esferas de lo social y lo político, sino un entero ciclo político que condicionaba al conjunto de la clase trabajadora. También Gramsci desarrolló una categoría para estos procesos: la de transformismo, que consiste en que organizaciones políticas y sindicales que provienen o representan históricamente los intereses de las clases subalternas, realizar transformaciones en beneficio de las clases dominantes y sin otorgar nada a las clases subalternas. Es claramente lo que sucedió con el PS y la CUT, y más parcial y confusamente con el Partido Comunista, que aunque no integró los gobiernos de la Concertación, llamó siempre a votar por ellos, buscó acuerdos y pactos, y hasta dirigieron conjuntamente la CUT20.
actor social se la deben al régimen militar que les permitió un rol gravitante en el modelo económico y un poder político intocable en el diseño de la democracia restringida. La política de los consensos (que dominó fuertemente los primeros años de la transición) fortaleció aún más el rol de veto y de equiparamiento de fuerzas en la arena social. El liderazgo empresarial, encarnado en la CPC, Sofofa y otros gremios de la gran empresa, creció a la par que se fue erosionando la influencia de la CUT”. (Espinoza, M. 2007. p. 422). “It was little wonder then that the return of democracy in the 1990s brought no upsurge in labor militancy. The decline of strike activity during the 1990s that Volker Frank chronicles, however, was less a sign of worker satisfaction than of labor weakness and worker alienation in a context of increased personal indebtedness, decreased union power, and a government that was unable or unwilling to defend their interests. Under these circumstances, many union leaders ceased to view the strike as a viable weapon of the workers. Social concertation, the center-left coalition’s new model of ‘modern’ labor relations, would prove a recipe for labor union weakness and worker vulnerability. Chile’s workers would become victims not only of the Pinochet dictatorship that they had fought against but of the center-left democracy that they had fought –and vote- for (…) What Pinochet had not succeeded in imposing with state terror, the Concertacion accomplished with its neoliberal democracy”. (Winn, P. 2004. p. 59/60). A nivel nacional: “Los sindicalistas chilenos, directa o indirectamente han sido parte de los tres pactos implícitos o explícitos, según el caso, que definen la transición chilena.” (el pacto institucional, el pacto constitucional y el pacto económico social). (Echeverria Bascuñan F., Rojas Hernández J. 1992. p. 180). Y también a nivel del lugar de trabajo: “Respecto a la identificación con la empresa, la percepción de muchos dirigentes es que ésta existe en un alto grado, incluso algunos estiman entre un 80 y 90% del personal. Esta identificación es evidentemente más decidida en los casos de la existencia de la alianza estratégica. Un aspecto interesante al respecto, en los casos de su vigencia formal o informal, es que el sindicato propicia esta identificación. Ello puede producir algunas resistencias entre los trabajadores, sin tener el sindicato empacho en hacerlo ver, con franqueza, reconociendo que pueden ser motejados de estas ‘más vendidos que la empresa’.”. (Frias, P. 2001. p. 315). Tomás Moulián da cuenta del mismo proceso, aunque relatado como algo objetivo, dejando de la lado el rol de las direcciones de la clase trabajadora, principalmente del PS, la CUT y el PC: “lo central no es constituir el consenso sino
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¿Cuál es la diferencia entonces con anteriores experiencias de políticas de colaboración de clases, como durante las décadas de los ’30 a los ’70 (gobiernos de Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos, Alfredo Duhalde, el primer momento de González Videla, y Salvador Allende)? Creemos que en aquellas experiencias anteriores, tres fundamentales. La primera, una orientación ideológica de base general de impugnación al capitalismo y lucha por el socialismo. La segunda, que se atravesaba un proceso con flujos y reflujos, triunfos y derrotas, pero ascendente de la lucha de clases. La tercera que las organizaciones políticas y sindicales que representaban los intereses de la clase trabajadora (principalmente, aunque no únicamente, el PS, el PC y la CUT) mantenían sus posiciones como tales, resultando en un equilibrio inestable entre las clases, que permitía la negociación y la confrontación. En esta experiencia más actual de políticas de colaboración de clases, por el contrario, se parte de una doble derrota, como dijimos, la del golpe y la dictadura de Pinochet, y la del transformismo, que se inició varios años antes de la asunción del gobierno por parte de la Concertación: el resultado fue la ruptura de aquel equilibrio inestable, para aunar a la dominación de la clase burguesa, la hegemonía sobre la clase trabajadora a través de sus organizaciones políticas y sindicales. Lo que queremos decir es que las organizaciones políticas y sindicales de la clase trabajadora actuaron para contener las demandas históricas de la clase trabajadora y toda manifestación de la lucha de clases. Aunque sin eliminar los antagonismos de clase, resultando en una ilimitada subordinación de la clase trabajadora a la clase burguesa. ¿Pero había alternativa? ¿se podían reponer las viejas luchas? En la discusión intelectual y política dominante se lo rechaza de plano21. Seguramente tras la doble derrota, las posibilidades de una alternativa así, se habían alejado. Pero el carácter antagónico de la relación de clases, no. No puede ponerse un signo igual entre una derrota, por más honda que ésta sea, y fin del antagonismo de clase. De aquí que, aunque la alternativa práctica inmediata se alejara, su vigencia se mantenía. Pero, más que fatalistamente plantear que no quedaban alternativas, se

impedir la organización y representación política e ideológica de los sectores populares, integrando a sus conducciones políticas y sociales”. (lo que vacía los acuerdos marcos, etc: prima dominio sobre hegemonía) (…) Para Moulian, en tanto, una de las claves de comprensión de Chile en la actualidad se encuentra en el vínculo de continuidad que lo une con el Chile de la dictadura. El autor sostiene que este lazo se encuentra en el concepto de transformismo. Para Moulian, “‘transformismo’ [es el] largo proceso de preparación, durante la dictadura, de una salida a la dictadura, destinada a permitir la continuidad de sus estructuras básicas bajo otros ropajes políticos, las vestimentas democráticas. El objetivo es el ‘gatopardismo’, cambiar para permanecer. Llamo ‘transformismo’ a las operaciones que en el Chile Actual se realizan para asegurar la reproducción de la ‘infraestructura’, creada durante la dictadura, despojada de las molestas formas, de las brutales y de las desnudas ‘superestructuras’ de entonces. El ‘transformismo’ consiste en una alucinante operación de perpetuación que se realizó a través del cambio de Estado [...] pero no hay un cambio del bloque dominante pese a que sí se modifica el modelo de dominación” (Moulian, 1997: 145). El concepto de transformismo, como fenómeno y proceso que explica la continuidad y viabilidad del viraje neoliberal, se manifestaría (…), en las estrategias emprendidas con el objeto de conseguir que los únicos que en aquel momento podían desarrollar una oposición activa otorgaran validez y/o legitimidad al modelo económico”. (Guzmán Concha, C. 2002. p. 35). “La expectativa implicaba pues, reconstruir el sistema de relaciones laborales. No se pensaba en reponer la antigua institucionalidad laboral ni en retomar prácticas anteriores a 1973, pero tampoco se aceptaba mantener una normativa en que la voluntad del empleador tenia tanto espacio y los trabajadores tanta dificultad de expresión”. (Henríquez, H. 1999. p. 93).
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podía haber asumido que de lo que se trataba era del aborto de esas posibilidades22, y volver a prepararse para el futuro. La historia de la clase trabajadora, y su lucha emancipatoria, está plagada de estos procesos. Antes de abordar las últimas dimensiones, que debemos tratar aparte, podemos concluir que considerando estas: la transformación del patrón de acumulación capitalista como su base material que condiciona las dimensiones de un ciclo, en este caso el ciclo concertacionista, la estructura de oportunidades políticas y los marcos de la acción colectiva o rol de las direcciones de la clase trabajadora y el movimiento sindical, la situación para la clase trabajadora resultaba del todo adversa. No es la primera vez que debía enfrentar condiciones como éstas. I. La historia: punto cero, punto de inicio La situación actual de esta nueva clase trabajadora emergente moldeada en este nuevo patrón de acumulación capitalista, tiene puntos de contacto con la situación de la clase trabajadora de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Tanto en Europa23, como en Chile24.
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Algunos de los autores que venimos discutiendo coinciden en esta apreciación25. La importancia de repasar esto, es que los ciclos que van produciendo continuidades, desplazamientos y rupturas, no significan el final de la clase trabajadora, sus luchas y sus proyectos emancipatorios. Y específicamente, que la actual fragmentación con la centralización/desconcentración que impuso este patrón de acumulación capitalista, así como el entorno político hostil que la estructura de oportunidades políticas impone, a la vez que los marcos para la acción colectiva, o el rol de las direcciones de la clase trabajadora, todas estas dimensiones que se engarzan entre sí, han sido ya parte, con sus especificidades, de la historia de la clase trabajadora. El punto aquí es estudiar la especificidad del ciclo concertacionista, para estudiar su desenvolvimiento y tratar de establecer si estamos en presencia de un fin de ciclo. Con este engarce hostil, ¿hay ruptura del ciclo concertacionista, o una crisis que pueda abrir curso a uno nuevo? II. La lucha de clases durante el ciclo concertacionista: subordinación a la burguesía, y crisis de la subordinación En el debate intelectual y político se destaca que la lucha de clases alcanzó su mínimo nivel, comparado con las décadas anteriores, incluyendo la dictadura, donde la resistencia de los trabajadores fue protagónica, culminando en los años de las Protestas Nacionales.
mercado interno (considerando que ya había industrias bastante modernas a fines del s. XIX), agotamiento del sector orientado al comercio exterior (la crisis salitrera de 1921 fue central en la percepción del agotamiento), mayor presencia del estado en la economía a través de políticas proteccionistas (ya se aplicaron aranceles proteccionistas y políticas de fomento industrial en 1928), y surgimiento de canales institucionales orientados a la integración de ciertos sectores populares, en especial los sindicatos (leyes laborales de 1924)”. (Rojas Flores, J. s/f. “Los trabajadores chilenos desde la Colonia hasta 1973”). “Thus, as Chile enters the 21st century, many of its workers wonder whether they are not headed toward 19th-century Manchester, England”. (Winn, P. 2004. p. 74). “La hipótesis que plantea el necesario debilitamiento de la acción sindical en la sociedad moderna no reconoce las condiciones que rodearon la gestación de la conciencia de clase en el proletariado industrial clásico. Esa identidad debió sortear múltiples problemas y no siempre las condiciones le fueron favorables. Por ejemplo, la dispersión de los trabajadores en pequeños talleres no impidió su organización; y no fueron los obreros de los sectores más modernos los que protagonizaron las primeras formas de asociación. (Rojas Flores J., Aravena Carrasco, A. 1999. P. 149). “Desafíos, que no son más duros que los enfrentados por la organización de los trabajadores en los fines del s. XIX, o después de la crisis del ’29 o en la posguerra”. (Echeverria Bascuñan F., Rojas Hernández J.. 1992. p. 183). “En realidad, no es la primera vez que los trabajadores chilenos atraviesan por un ciclo de desestructuración/reestructuración como el que viven actualmente. Recuérdese que entre 1910 y 1930 sucedió algo similar con el núcleo central del proletariado minero, que había construido un protagonismo social pocas veces visto en la historia chilena. Las sucesivas crisis económicas, la represión estatal, las grandes masacres y la dictadura de Ibañez del Campo, tuvieron un efecto desarticulador en la clase y en sus expresiones sociales. La situación se invirtió después de 1932, y especialmente después de 1936. A partir de entonces hubo un proceso de recomposición social y política, y surgió una nueva clase con una estructura y un perfil muy diferente a los que prevalecían hacia principios de siglo. Guardando las distancias y diferencias históricas, un proceso similar –más extenso y más trágico- tuvo lugar durante una década después del golpe de 1973. Actualmente ya se ha iniciado un proceso de recomposición obrera y sindical que puede tomar varios años antes de madurar. Es nuestra impresión que la desestructuración objetiva llegó a su fin. Pero, tal como sucedió a partir de los años treinta, el actual crecimiento del proletariado no parece reconstruir ni el perfil ni tampoco las conductas del viejo proletariado. Parece que está surgiendo una nueva clase obrera que, a las puertas de la transición democrática, presenta grados muy elevados de diferenciación interna.(Díaz, A. 1989. p. 31).
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Volvemos a Trotsky para pensar estos procesos como un aborto de sus posibilidades, aunque lo planteaba en un momento de agudización de la lucha de clases: "En cuanto a la ‘revolución antifascista’, la cuestión italiana está más que nunca ligada íntimamente a los problemas fundamentales del comunismo mundial, vale decir, a la llamada teoría de la revolución permanente (...)A partir de todo lo anterior, surge el problema del periodo ‘transicional’ en Italia. En primerísimo lugar, hay que responder claramente: ¿transición de qué a qué?. Un periodo de transición de la revolución burguesa (o ‘popular’) a la revolución proletaria, es una cosa. Un periodo de transición de la dictadura fascista a la dictadura proletaria es otra cosa. Si se contempla la primera concepción, se plantea en primer término la cuestión de la revolución burguesa, y sólo se trata de determinar el papel del proletariado en la misma. Sólo después quedará planteada la cuestión del período transicional hacia la revolución proletaria. Si se contempla la segunda concepción, entonces se plantea el problema de una serie de batallas, convulsiones, situaciones cambiantes, virajes abruptos, que en su conjunto constituyen las distintas etapas de la revolución proletaria. Puede haber muchas etapas. Pero en ningún caso puede implicar la revolución burguesa o ese misterioso híbrido, la revolución "popular" (...)¿Significa esto que Italia no puede convertirse nuevamente, durante un tiempo, en un estado parlamentario o en una ‘república democrática’? Considero -y creo que en esto coincidimos plenamente- que esa eventualidad no está excluida. Pero no será el fruto de una revolución burguesa sino el aborto de una revolución proletaria insuficientemente madura y prematura. Si estalla una profunda crisis revolucionaria y se dan batallas de masas en el curso de las cuales la vanguardia proletaria no tome el poder, posiblemente la burguesía restaure su dominio sobre bases ‘democráticas’". (Trotsky, L. 1977. P. 901).

“Dos caracteres del pauperismo permiten captar la novedad de esta formulación. Por una parte, se opone al pensamiento liberal elaborado durante el s. XVIII, en virtud del cual ‘un hombre no es pobre porque no tenga nada, es pobre cuando no trabaja’ (Montesquieu). Por lo tanto, había que ‘abrir los talleres’, ‘proporcionar los medios de trabajo’ (La Rochefoucauld- Liancourt). El resultado había sido una indigencia no debida a la falta de trabajo sino a la nueva organización del trabajo, es decir, al trabajo ‘liberado’. Esa indigencia era hija de la industrialización (...) los autores que intentaron su análisis preciso, como por ejemplo Eugene Buret, habían demostrado que se trataba del efecto directo de la nueva organización del trabajo, factor permanente de inseguridad social. ‘Estas poblaciones de trabajadores, cada vez más presionados, no tienen siquiera la seguridad de contar siempre con un empleo; la industria que los ha convocado sólo los llama cuando los necesita, y en cuanto puede prescindir de ellos, los abandona sin la menor preocupación’. Se está hablando, literalmente, de la precariedad del empleo”. (Castel, R. 2004. p. 219/220). “Aunque no siempre los contextos estructurales (económicos y políticos) permiten comprender el comportamiento de un sujeto social, la profundidad de los cambios que se produjeron a partir de los años ’20 marcaron profundamente el escenario nacional e internacional, haciendo inevitable una nueva estrategia sindical, una nueva cultura laboral y una recomposición de las relaciones entre la clase trabajadora (y el pueblo en general) y el Estado (...) Como sea, no hay grandes diferencias en la identificación del carácter de esos cambios: surgimiento de un sector industrial orientado al
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En base a esto, se teorizó sobre el fin de las luchas de los trabajadores26. Se resaltó la involución de la clase trabajadora como sujeto27. Se resaltó el cambio en el carácter de los procesos de la lucha de clases28. De conjunto, lo que se hizo fue aislar, unilateralizando esta dimensión del resto de las dimensiones que constituyen un ciclo. Y de este modo, cundió el desaliento, que a la vez sostenía, y autojustificaba, el proceso de transformismo que alcanzó también a los intelectuales. Hay otras visiones más optimistas29. Sin embargo, el desarrollo de la lucha de clases no es un fenómeno acumulativo30, sino que por el contrario, disruptivo, por eso, debemos intentar ver el carácter cualitativo que asumen y su relación con el resto de las dimensiones que constituyen un ciclo.

Los gobiernos de la Concertación, buscaron evitar toda manifestación de conflicto social31, como una decisión política y no como resultado de dificultades económicas para satisfacer las demandas32; creaban así un entorno hostil con efectos significativos sobre el proceso de lucha de clases33. Dentro del ciclo concertacionista, la lucha de clases tuvo dos momentos, conectados por un punto de transición. Aquí queremos proponer un perfil general de ambos, no detallar los diferentes y múltiples procesos de lucha. El primer momento lo ubicamos entre 1990 y 2002. Se caracteriza en lo fundamental por una lucha defensiva34; al principio de este primer momento más de contenido reivindicativo; sobre el final más de confrontación con el empresariado por sus exigencias de mayor flexibilización laboral, y con el Gobierno por el incremento del desempleo. Las demandas por reformas laborales se hacían no para retornar a sus conquistas históricas, sino para equilibrar el terreno35. Y se aceptaban la continuidad de las transformaciones iniciadas en dictadura36. Las demandas principales se concentraban en: las denuncias contra las malas relaciones laborales, contra las
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“Chile: el ocaso de las luchas sociales y la privatización de las relaciones laborales”: “”Es esta historia de protagonismo de los actores colectivos, de lucha social y de centralidad del Estado la que a fines del siglo XX ha sido dejada atrás en Chile (…) En síntesis, el régimen militar impulsó la desregulación del mercado de trabajo y la privatización de los servicios sociales, en salud a través del sistema de Isapres y en previsión con las AFP. Diez años de gobiernos de la Concertación no han modificado lo esencial: primero, un sistema de relaciones laborales que se ha sustraído progresivamente de la esfera pública; y segundo, la gestión mercantil de los servicios sociales y de educación” (Montero C., Morris P. 2001. p. 79)

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“Así, las transformaciones de la sociedad y de la economía durante los 20 últimos años, han contribuido a debilitar la condición de sujeto social de los trabajadores. La fragmentación de los procesos productivos (subcontratación), la disminución del peso relativo de los grandes complejos industriales en el empleo, la desintegración de las grandes empresas públicas y los nuevos regímenes de trabajo con flexibilidad temporal del empleo que ya mencionamos, han contribuido a fragmentar al propio movimiento obrero. Por otra parte, la propia institucionalidad política de la dictadura, no sólo terminó con toda pretensión protagónica de los trabajadores en el ámbito de la participación política por medio de la represión directa y sistemática, sino además, desmembró los mecanismos institucionales que contribuían a la mantención de ciertos lazos de identidad: los tarifados nacionales, las federaciones y confederaciones ramales, las comisiones tripartitas y la mayor parte - la precisa- de la legislación laboral basada en el principio del ‘rol tutelar del estado en las relaciones laborales’. En consecuencia, no está demás reiterar que la debilidad del movimiento obrero y de los trabajadores en general, es un fenómeno social resultante tanto de la política antisindical implementada desde el propio Estado, como también de -e incluso condición para- las grandes transformaciones económicas impuestas por el régimen anterior y que en lo fundamental han sido continuadas durante la Transición. La traducción directa de esto es que hoy los trabajadores están más cerca de constituir una categoría estadística que un sujeto social”. (Agacino, R. s/f. Acumulación, distribución y consensos en Chile). “Más aún, los sindicatos no han desafiado a la nueva democracia con demandas explosivas, a pesar de su desilusión ante algunas de las reformas laborales. No solamente ha habido pocos conflictos; éstos además se han limitado a su área legítima, vale decir, se desarrollaron dentro de los parámetros legales prescritos en las leyes laborales”. (Volker, F. 1994. p. 599).

“La gobernabilidad ha sido entendida como una contención de las demandas sociales que pudieran implicar una paralización de la normalidad institucional post dictadura. Ello condujo a que en el discurso oficial se percibieran las movilizaciones como una amenaza a la estabilidad democrática, con la consiguiente deslegitimación de las organizaciones sociales, en particular del sindicalismo”. (Feres, M.E. 2009. p. 211). “Las huelgas que tuvieron lugar en el lapso 1991-1992 así como las que han tenido lugar entre 1994 y 2003 (sobre todo de profesores, médicos, enfermeras y otros profesionales del sector público), se explican por demandas que hubieran podido ser resueltas sin ellas: en efecto, el estallido de esas huelgas obedeció más a bloqueos políticos que a restricciones económicas por parte del gobierno, el cual niega sistemáticamente la satisfacción de las demandas de esos sectores más por evitar el fortalecimiento político de esas categorías que por falta de recursos para acceder a sus demandas”. (Zapata, F. 2004. p. 150).

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“Los derechos colectivos parecen haberse desplazado de la centralidad que histórica-mente tuvieron dentro del imaginario de los dirigentes. ¿Es esto tan así? Las entrevistas muestran que lo que parece haber ocurrido es que el ejercicio de lo derechos colectivos ha perdido la eficacia que tradicionalmente pudo haber tenido y, por ello, se aleja del horizonte de posibilidades reales contempladas por los sindicalistas … El hecho de sentirse “dislocados” del imaginario sindical no significa la emergencia de formas de protesta, sino –según los datos de la investigación de retraimiento, ya sea en términos de aislamiento de otras relaciones sociales o de retirada de la labor como dirigentes”. (Morris, P. 2002).
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“Más que una crisis en el sentido de fin o término de la relevancia del actor sindical y de la acción colectiva en el mundo del trabajo, creemos que podemos hablar de un proceso de búsqueda y redefinición de estrategias”. (Aravena C., A. 2004. p. 120). “Hay quienes plantean una visión más optimista en el diagnóstico de la situación del mundo sindical. Consideran que, efectivamente, el sindicalismo se encuentra en una situación de crisis; pero que dicha crisis no es terminal sino que se trata de un lento proceso de adaptación producido por las dificultades que han encontrado las organizaciones de los trabajadores para retomar su accionar y su función propia en un contexto económico, social y político, que al mismo tiempo está inmerso en un proceso de cambio violento y profundo, diferenciándolo fundamentalmente de las condiciones imperantes en el mundo en que el sindicalismo fue creado y en el que desarrolló su existencia”. (Yanez H., Espinoza M.. Sindicalismo en Chile: un actor que sobrevive contra viento y marea). “Los movimientos sociales no son fenómenos sociales continuos, y pocas veces en la historia alcanzan la estatura que tuvieron entre 1968-73 o 1983-86. Lo que nuestra generación conoce es una parte de un excepcional período refundacional de la historia de Chile que abarcó un cuarto de siglo (1964-90), y que se caracterizó por una lucha política y social, dirigida por élites portadoras de proyectos radicales de transformación del país. El triunfador de esas batallas sociales es conocido”. (Díaz, A. 1993).
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Esto tanto a nivel nacional como en el lugar de trabajo: “El proceso de debilitamiento progresivo como actor social, incrementó las insatisfacciones en su interior, acabando con su política de colaboración, sin capacidad para transformarla en una de confrontación o de presión por sus demandas (…) De este modo se transitó crecientemente hacia una posición meramente reivindicativa o defensiva (…)• “Sin embargo, en los hechos, su gran debilidad orgánica así como la profunda y extendida precariedad laboral, los arrincona a posiciones defensivas de derechos básicos en los lugares de trabajo, dificultándose su capacidad de convocatoria para temas que no sean los concretos y cotidianos de cada realidad laboral. Las dificultades se incrementan con el avasallante discurso neoliberal: con sus contenidos simultáneos de individualismo y de desesperanza aprendida”. (Feres, M.E. 2009. P. 220/224). “Therefore most workers and unionists were quite realistic and understood that the new democratic state would not favor workers more tan capitalists. Their hope was that in democracy, economic and political elites would be willing to negotiate the creation of an industrial relations system that would facilitate worker’s attempts to move toward a ‘balance of power’ and a level playing field”. (Winn, P. 2004. p. 72).

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“Como podemos apreciar y como hemos venido insistiendo, las demandas laborales, junto con presentar sus dimensiones reivindicativas tradicionales, muestran importantes aspectos de modernización. En particular, su aceptación del nuevo contexto de las relaciones laborales que imponen los actuales procesos de internacionalización del mercado y sus exigencias (mejorar la calidad de la producción, desarrollo tecnológico, etc); sin embargo, esta apertura a la modernización de las relaciones laborales choca con su percepción de la persistencia de una orientación tradicional del empresariado”. (Frias F., P. 2008. p. 129)

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relaciones autoritarias y las prácticas antisindicales, las demandas de salarios y reajustes, las reformas de sus estatutos particulares, contra las privatizaciones en diversos sectores, y contra la inclinación pro-empresarial de los gobiernos (el énfasis en los equilibrios macroeconómicos, y no en los equilibrios sociales); contra la flexibilización laboral y en reclamo de medidas por el incremento del desempleo. Sus protagonistas fueron principalmente los trabajadores del sector público, aunque hubo huelgas y paros en el sector privado eran dispersos y fragmentados. Esto es porque estos trabajadores no se rigen por el Código Laboral, y los despidos, persecuciones y prácticas anti-sindicales son más difíciles (aunque sus condiciones de trabajo no sean mejores: abunda el empleo a contrata, con boletas, y diferentes modalidades que también hacen inestable el trabajo). También se debe a que se iniciaban los procesos de reforma del Estado y las privatizaciones. Aunque también, y es significativo, hacia el final del período, se organizan y movilizan trabajadores cesantes y eventuales; pero es un proceso que no prospera. Este carácter resultaba impactante por contraste con las anteriores décadas, inclusive en la resistencia contra la dictadura37. En el cuadro que sigue a continuación, destacamos algunas de las principales luchas de los trabajadores en este primer momento, a modo de referencia general.

1990 18,1% de los trabajadore s participan en huelgas: 170 huelgas con 25.010 trabajadore s (en ‘89, 101 con 17.857)/ Concentraci ón en Estadio Chile, 21/8/90: para
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1991 Conflictos reivindicativ os en ferrocarriles, cobre, magisterio, salud, carbón, acero, FFCC/ Contra las privatizacion es: Comando Nacional de Defensa de las Empresas

1992 Conflictos en empresas privadas, empleado s municipal es, Banco Estado, del carbón, portuarios , textiles (P. Frias, actor nacional, p. 28/29). De los

1993 Reclamos por despidos por ley 19.010 (después refundida en 19.250 de 1994), apoyada por movilizació n CUT 16/6/93 / Conflictos sector salud, municipales

1994 Movilizaci ón de entre 6 y 11 mil: “primera protesta contra el Gobierno y los empresari os convocad a por la CUT, “Día de la dignidad”, por los lentos

1995 Paro de trabajador es contratist as de El Abra

1996 Paros y movilizació n al Congreso de la ASEMUCH, contra ley de reforma al sistema de administrac ión municipal/ Paros del sector salud: CONFENA TS,

“El contraste entre 1983 y 1993 es notable. Hace una década, las jornadas de protesta y los movimientos sociales que germinaron con ellas marcaron un clivaje en la historia política chilena (…) Por ahora no han reaparecido movimientos sociales, pero existe un vasto proceso de constitución de nuevos actores sociales que, a diferencia del pasado, son intrasistémicos y tienen — hasta ahora— un bajo grado de conflictividad social”. (Díaz, A. 1993).

presionar por reformas laborales/ Marcha frente al Congreso, 16/10/90, de 1500, pidiendo aprobación reformas laborales / Movilizació n portuarios contra ley de pesca de la dictadura/ Luchas de profesores/ Movilizació n en Rancagua de trabajadore s contratistas de El Teniente/ Concentraci on en Estadio Chile para fijar posición CUT sobre despidos y reformas, 31/7/ Movilizacio nes trabajadore s

Estatales/ Movilización en Rancagua y Santiago de trabajadores contratistas de El Teniente, con malos resultados, y terminó en la Alianza Estratégica// Huelga en Chuquicama ta, 7/91

telefónico s (que se extiende por meses)

/ Movilizació n de 15 mil profesores/ Violenta huelga en Madeco contra la reestructuraci ón, que terminó con malos resultados y una corrupción del sindicato

progresos en las ref. laborales, 11/7/94

Coordinado ra de Atención Primaria, Colegio Médico/ Paros del carbón y los profesores/ Movilizació n de la CUT como Día de la Dignidad del Trabajador Público, convocand oa 380.000, 23/10/1996/ 248.772 trabajadore s en huelga

construcció n, de Ues, de Hospitales, de Profesores/ Diversas luchas del sector privado: 59 días de huelga de Textil Viña

Conflictos en transportistas, ANEF, petroleros El punto de transición entre uno y otro momento, lo ubicamos entre los años 2003 y 2005. Se caracteriza por la realización del primer Paro Nacional desde la vuelta de la democracia. En el marco de la realización del Congreso Refundacional, que define la orientación de un sindicalismo sociopolítico, y ser oposición al neoliberalismo. Levanta el Pliego de la Dignidad. Publica (por un breve tiempo) el periódico de la CUT Chile Justo. Y por una mayor politización de sus demandas: Cambio al sistema binominal; derecho de los dirigentes a ser candidatos; la CUT impulsa el CUT forma el Parlamento Social y Político demandando además del cambio al sistema binominal, la reforma educacional y previsional, y cambios en la negociación colectiva, aunando lo social y lo laboral. De todos modos, la capacidad de convocatoria y movilización seguía siendo exigua. Algunos aducen que es por estar muy politizado, sin embargo, ese carácter exiguo también se aprecia en los sindicatos de base, en especial del sector privado38. Esto no significó no mantener la política de compromiso de clase: se reasienta el diálogo social con la CPC (excluyendo la discusión de la flexibilización laboral). Los protagonistas de la lucha comienzan a variar: además de los trabajadores del sector público, ganan en relevancia los trabajadores subcontratistas del cobre, de Codelco. 2003 Paro nacional CUT, 13/8/2003 / Paro nacional de la ANEF, 10/2003/ Toma de la Carretera El Cobre por
38

1997 Movilizaciones de trabajadores de AFP, Cobre, Profesores, Salud, portuarios, pescadores artesanales/ Paro nacional trabajadores AFP, organizados en Coordinadora de Sindicatos de AFP , 12/11

1998 Paro Colegio Profesores, 10/1998

1999 Movilización para protestar por el desempleo, rechazo al proyecto de Seguro de Desempleo, nueva Constitución, 10 de agosto/ Paros portuarios en marzo y 21 de mayo, hasta el Puertazo, de julio 99, por privatización de puertos, e incumplimiento plan reactivador para Valparaiso)/

2000

2001

2002

11,1% de los trabajadores participan en huelgas/ Marcha nacional contra la cesantía y por salarios dignos, de los trabajadores eventuales, 8/2001

Paros de ANEF y Salud/ Concentración en la Plaza de la Constitución de la Coordinadora Nacional de Trabajadores Eventuales y Cesantes de ChileCONATECHI, 8/2002

2004 Movilización de 4000 dirigentes al Congreso, y en Regiones, para la entrega del Pliego de la Dignidad/

2005 11.209 trabajadores en huelga/ 40 mil personas en acto 1 de mayo/ Paro subcontratistas

“Bajo el autoritarismo, los dirigentes podían hablar y convocar en nombre del movimiento y de los trabajadores. Tuvieron una importante resonancia. Las condiciones eran otras. El enemigo y los objetivos de las movilizaciones eran claras. Con el advenimiento de la democracia, el enemigo se diluyó. El nuevo gobierno era sentido como algo propio. Se iniciaba una nueva fase histórica: la de la negociación y las reformas. Pero la correlación de fuerzas cambió rápidamente y el sindicalismo no tenía las fuerzas suficientes como para imponer reformas a su favor. Los bloqueos e impasses con el sistema político no se dejaron esperar. A estas alturas, puede decirse que ni el mercado ni el sistema político son capaces de frenar el proceso de disgregación y exclusión social. En el marco político-institucional actual, el sindicalismo "de sindicatos" difícilmente puede desarrollarse como actor colectivo”. (Rojas Hernandez, J. 1993. p. 19). • En términos de estrategia sindical pueden determinarse dos subperíodos a partir de 1989. En el primero de ellos, la CUT participó de una estrategia de concertación social (…) El cambio de gobierno en 1994 marcó el fin de la estrategia inicial y el inicio de una etapa de mayor ‘autonomía’ de los actores respecto al gobierno (…) En el contexto que se le propone (de modernización económica), el sindicalismo tendría que transitar de un papel de ‘actor político nacional’ a uno de ‘actor de la empresa’, pero ocurre que no existe el contexto de empresa donde ello pudiera suceder, por lo que se vuelve, esta vez con mayor debilidad, al papel político, ya sin apoyo ni concertación con el gobierno y los partidos que lo sustentan”. (De la Maza E., G.. 1999. p. 387/388/389).

SITECO, 6/2003, “una verdadera. Revuelta”/ Enfrentamiento con Carabineros de SITECO, 12/2003

de Codelco Se había convocado a Paro Nacional para el 29/7, que terminó en día de movilización/ Marcha de 250 trabajadores por la represión habida en la huelga en Mindugar, 20/12/2004 / Paro de la Confederación MarítimoPortuaria de Chile / Paro ANEF 5/10 / Paro funcionarios de la DT, 27/9/ 2 Paros de la ANEF en Octubre/ Paro CONFENATS, 19/10 / Por Cumbre APEC, CUT convoca a Cumbre Social y Sindical para un Chile y un mundo justo, 16 y 17/11/04

El segundo momento, lo ubicamos entre 2006 y 2008. Se caracteriza por sobre todo, por un cambio cualitativo en el carácter de las luchas, sus métodos, y sus protagonistas. El carácter de las luchas pasa a ser más ofensivo. Y esto en un escenario económico de crecimiento y no de crisis (recordemos que el movimiento secundario del 2006 tuvo entre sus consignas de “el cobre por el cielo, la educación por el suelo”). Y también más político: cuestiona el régimen laboral vigente en el punto sensible de la externalización de trabajadores: se abre un debate nacional sobre la subcontratación; si en algunos momentos se demandó la eliminación de este régimen de trabajo, después se concluyó regulándolo mediante una ley, y fiscalizándose por la Dirección del Trabajo (lo que sería impugnado en su aplicación por las empresas en los tribunales de Justicia). Sus protagonistas comienzan a ser los trabajadores subcontratados de sectores estratégicos de la economía nacional: el cobre, la industria forestal, la industria del salmón; también los trabajadores mineros del sector privado, como la huelga de un mes de Minera Escondida. Los métodos de lucha ganan elementos de radicalización: se toman los lugares de trabajo o se bloquea su acceso; se realizan paros en solidaridad; se producen enfrentamientos con la policía que busca impedir el derecho a huelga (resultará con el primer trabajador muerto en democracia, el forestal Rodrigo Cisternas); se sobrepasa la restrictiva legislación vigente imponiendo negociaciones colectivas inter-empresa de hecho (lo que abrió el debate sobre el uso de los multiruts por las empresas para vulnerar la ya débil legislación laboral). De conjunto, podría definirse como un nuevo momento de acumulación de fuerzas. Estos procesos de huelgas y luchas con estas características, estuvieron dirigidas por dirigentes sindicales principalmente del PS, el PC y ex concertacionistas, que hasta ayer promovían el diálogo social como principal camino para las demandas del movimiento de los trabajadores. Revela un descontento genuino entre los trabajadores39. ¿Y alcanzan a producir una ruptura con la práctica de los más de quince años anteriores? En este mismo segundo momento, la dirigencia sindical firmaba la alianza estratégica con la CONUPIA en el 2007, volvía a llamar a votar por Bachelet y después por Frei Ruiz- Tagle, y en los procesos de huelga mismos recurría a alianzas con ministros y dirigentes de la Concertación, inclusive de la UDI (como la invitación en el 2006 al entonces alcalde de Estación Central Gustavo Hasbun al palco en un acto del 1º de mayo). En este mismo sentido, algunos autores explican este que aquí llamamos un segundo momento en función de una estructura de oportunidades políticas más favorable, con la presencia de Osvaldo Andrade calificado como un

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“Pero la creciente agitación en el trabajo no sólo interpela a las grandes empresas. En realidad se trata de un nuevo desafío para nuestra democracia. Es muy posible que deba considerarse un criterio adicional para evaluar las futuras propuestas de leyes en materia laboral: ¿lograrán contener la creciente conflictividad laboral? Algunos asesores empresariales, dirigentes gremiales de asociaciones de empresarios y políticos, se han apresurado a desautorizar los conflictos laborales que han ocurrido en los últimos años, acusando que se trata de acciones ideologizadas, políticamente lideradas por agitadores profesionales con intereses específicos en soliviantar el orden público e institucional. Estas opiniones no consideran la naturaleza estructural y social de las últimas movilizaciones, que reflejan algo más que el accionar de operadores políticos: revelan un descontento profundo cada vez más organizado”. (López E., D. 2008. p. 41).

dirigente sindical del PC, Arturo Cuevas como “amigo de los trabajadores”40. Por el contrario, y ya en finalizado el ciclo concertacionista, con la derecha en el gobierno y una estructura de oportunidades políticas desfavorable, se produjo la semana de lucha en Magallanes, en enero de 2011, que resultó en la conformación de un organismo para la lucha, la Asamblea Ciudadana de Magallanes y que tuvo toda la zona bajo su control durante una semana. Otro proceso que indica un cambio en el carácter de los procesos de lucha de clases.

temporeros de la fruta ¿Qué sucedió para que se produjera este cambio del primer al segundo momento? ¿Es el resultado de un proceso acumulativo que se fue gestando lentamente, o por el contrario de una ruptura? Y si se trata de una ruptura, como creemos, ¿cuál es su carácter? Indudablemente que hay una “historia interna”, un proceso de acumulación que va cuajando en algo nuevo41. ¿Pero resulta suficiente esta explicación? Creemos que es necesario integrarla a una proposición como la que aquí presentamos de ciclos políticos y de la lucha de clases, con sus distintas dimensiones. Creemos que estamos presenciando el final del ciclo concertacionista, en un proceso que no tuvo ni tendrá un final abrupto. Se reflejó obviamente en la pérdida del gobierno por la Concertación, pero también en un cambio en el carácter de los procesos de la lucha de clases en este período. Si bien de conjunto estamos asistiendo a su fin, se produce un desarrollo desigual de sus diferentes dimensiones. Donde más claramente puede observarse es entre las dimensiones del repertorio de lucha y de los marcos para la acción colectiva: si bien los procesos de lucha de clases contienen elementos de mayor radicalización, el rol de las direcciones, como pudimos ver, sigue marcando el paso en su estrategia de colaboración de clases. Desde este punto de vista este proceso de fin de ciclo, está en sus inicios: lo que podemos ver es que estamos ante la crisis de la subordinación por el camino de la estrategia y la política de la colaboración de clases que caracterizó al ciclo concertacionista con las especificidades que planteamos. Esta crisis nos planteará presenciar nuevos procesos
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2006

2007 Movilización trabajadores forestales de Arauco; muere R. Cisternas; de la CMPC ; de Codelco/ Subcontrato del cobre 25/6 al 31/7/2007 – forestal, entre 11/3 y 9/5/2007 – salmoneros, 12/2007 a 3/2008/ Jornada Nacional de Movilización y Huelga Acción subcontratistas Sindical: “¡No El Teniente, al liberalismo! 12/2005 a A conquistar 1/2006 / un Estado Huelga de un social, mes de democrático y trabajadores solidario”, de Minera 29/8/07/ Escondida, Huelga Agrosuper, y 8/2006

2008 Movilización y paro temporeros de la empresa frutícola Atacama; de los trabajadores salmoneros de AquaChile

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“Finalmente, los conflictos se inscriben en un período de mayor apertura política que posibilitó la ampliación del espacio de acción de las organizaciones sindicales”. (Aravena A., Nuñez D.. 2009. p. 35)

“Es obvio que este fenómeno (la subcontratación) divide al sindicalismo. Más aún cuando su actividad se relegó a los márgenes de “la empresa” y la empresa en términos laborales pasó a ser una unidad cada vez más pequeña e irrelevante frente a “la empresa” en términos económicos. Cada sindicato se hace cargo de su parcela, de los problemas de su empresa, queda establecido en la Plan Laboral (…) Pero esa no es esa la única dirección del movimiento. Montajistas industriales primero, trabajadores subcontratados de la minería, forestales después, trabajadores portuarios y recientemente del retail; trabajadores muy calificados o encargados de tareas más sencillas van construyendo su identidad y se van organizando (…) A pesar de ello diversas franjas de trabajadores a fines de los años ochentas y primera mitad de los noventas empiezan a ensayar nuevas formas de convivencia y organización, sistemas de apoyo mutuo y realizan negociaciones de hecho y acciones directas que aparecen como inorgánicas y hasta anárquicas (…) Estos movimientos tienen características distintas a las del sindicalismo tradicional”. Echeverría Tortello, M. 2009. p. 16/17). Eran experiencias que, a diferencia de aquellas vinculadas al sindicalismo clásico, construyeron formas propias de convivencia y apoyo mutuo, promovían una militancia social amplia y enfrentaban negociaciones de hecho al amparo o no de organizaciones legales y que usaron métodos de participación colectiva y acción directa (…) Entre estas experiencias, las más conocidas fueron: la de los trabajadores del montaje industrial agrupados en el SINAMI (Sindicato Nacional de Montaje Industrial), la de los contratistas del cobre de la división El Teniente de CODELCO y la de los grupos de mujeres temporeras de la agroindustria que se incorporaron casi espontáneamente a reclamar mejoras en sus salarios y condiciones de trabajo. Al amparo del SINAMI, entre los años 1984 y 1988, se reúnen y desarrollan las organizaciones de trabajadores subcontratados especialmente en El Teniente. En el Congreso del 1987 en Rancagua se resuelve formar sindicatos interempresas en cada una de las divisiones de CODELCO. En febrero de 1988 se funda en Rancagua el SITECO y otros sindicatos de empresas contratistas en Andina y Calama. En marzo de 2003 se produce un violento paro que da la voz de alerta sobre las condiciones de trabajo en el sector y son despedidos 200 trabajadores. Siempre en la primera década del 2000, una experiencia emblemática y no muy conocida, previa a las movilizaciones de trabajadores contratistas del año 2007, fue la de los estibadores subcontrados de los puertos de Coronel, Lirquen, Talcahuano y San Vicente ocurrida en el año 2003. (Idem. p. 148 a 150)

de lucha de clases probablemente con el carácter que vienen asumiendo los últimos años. Los marcos para la acción colectiva, el rol de las direcciones, será crecientemente puesto en cuestión (los escupitajos y monedazos a dirigentes de la Concertación el 1º de mayo del 2010 son un indicador de esto). La estrategia de colaboración de clases será puesta en cuestión, trabajosamente. En estos días reemerge con fuerza también la discusión en el sindicalismo sobre la autonomía sindical. ¿Responde a esta crisis? Creemos que no, sino se erige sobre las bases de una estrategia alternativa, de independencia de clases, que rescate lo mejor de la tradición del sindicalismo de la lucha de clases y que pueda reconstruir un partido político para estos fines. El debate intelectual y político que aquí hemos rescatado profusamente, también debe dar cuenta de estos nuevos procesos que pugnan por abrirse paso. Con este artículo queremos colaborar a su discusión.

TEXTO 3 Estructura de la clase trabajadora en Chile hoy 1. El peso de cada rama de la economía Del total de los sectores o ramas de la economía, las que más peso tienen en el total del PIB 2011 son: servicios personales y empresariales (25,8%), la minería (representa el 16,6% del PIB42), la categoría “otros” que incluye los Servicios de Vivienda, Administración Pública, Agropecuario-Silvícola y Pesca (representa el 13,6% del PIB), la industria manufacturera (representa el 11,9% del PIB), Comercio (10,3%). Identificarlas, nos sirve para aproximarnos a identificar las posiciones estratégicas en las que descansan y pueden ser afectadas las relaciones sociales entre la burguesía y el proletariado.

Fuente: SOFOFA En este sentido, las principales estructuras donde se posiciona estratégicamente la clase obrera en Chile está dada por el peso relativo de cada rama o sector de la economía, por su peso en la economía nacional, más que por el número de trabajadores. Por ejemplo, es claro que la minería, y el cobre en específico, sigue siendo “el sueldo de Chile”, sin embargo, ocupa una proporción insignificante de trabajadores (1,4%). De todos modos, hay que estar advertidos contra toda lectura mecanicista: aunque el sector de la electricidad representa un peso en la estructura del PIB, es notorio que una paralización de los trabajadores de las empresas eléctricas afectaría al conjunto de la producción. Dentro de la industria, que es un sector estratégico por sí mismo, por el peso objetivo que tiene dentro del PIB, por ser un sector más concentrado de la clase trabajadora en su conjunto, y por la tradición de la clase obrera industrial en la lucha de clases, también puede intentar establecerse cuáles son los sectores más dinámicos.

Estos porcentajes varían de acuerdo a varios factores: precio internacional de los productos, las crisis económicas, etc. Por ejemplo, en 2007, la minería representaba el 24,4% del PIB.

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Como puede observarse, el sector de la alimentación es el más dinámico de todos: representa el 38,3% del PIB industrial.

2. El número total de obreros y su distribución por rama de la economía, por ocupados/desocupados, por grupo de ocupación ¿Y cuántos son los trabajadores en Chile?, ¿cuál es su composición interna?, ¿en qué ramas/sectores de la economía se reparten?, ¿cómo es la estructura general de clases? Se puede intentar hacer un mapa general de la clase trabajadora chilena: • Número de todos los ocupados en Chile, a diciembre 2012: son 8.230.510. Esto incluye a directivos, gerentes, trabajadores por cuenta propia, trabajadoras domésticas, etc. Total fuerza de trabajo / Ocupados-desocupados Fuerza de trabajo 8.230.510 Ocupados 7.742.420 Desocupados 491.090 / 6% Fuente: Fundación SOL

En síntesis, más de conjunto, puede intentar identificarse las posiciones estratégicas y posiciones clave que conforman el “centro de gravedad” a nivel nacional, al menos en esta primera aproximación general: • la clase obrera de la minería, que ocupa la posición estratégica decisiva del proletariado de Chile. • La clase obrera de la industria forestal43. • La agricultura es otro de los pilares de la economía nacional, es por eso que ocupa una posición clave la clase obrera de la agricultura, los “temporeros”44. • Puesto que la economía chilena tiene su otro pilar, además de la explotación de sus recursos naturales, en la exportación, es clave la clase obrera de los puertos45. • La clase obrera industrial, en particular su fracción de la industria alimenticia, y dentro de ésta destaca la industria del salmón46. • También, deben considerarse los trabajadores de los servicios básicos como la electricidad, pues al cortar el suministro, pueden paralizar completamente toda la industria y la minería.

• Dentro de este total, la cantidad de asalariados solamente, es de 5.517.970. Lo que permite afirmar que, objetivamente, el debate de la teoría social iniciado algunas décadas atrás sobre la dinámica hacia la desaparición de la clase trabajadora queda saldado: representa la inmensa mayoría del país, es la gran fuerza social por su número, y por su importancia decisiva para la creación de la vida social. • Para entender bien el peso propio de la clase trabajadora, puede verse el total, que permite una idea aproximada (no exacta) de cómo se distribuyen las clases, fracciones de clase, y capas sociales en Chile. Estructura de empleo total Empleadores 319.210 Cuenta Propia 1.453.880 Asalariados 5.517.970 Personal de Servicio 344.250 Familiar no Remunerado del 107.110 hogar TOTAL 7.742.420 Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas- INE Puede verse entonces que los trabajadores son la inmensa mayoría con 5.517.970 personas (o el 71,41% del total). Por el contrario, los empleadores (aquí más que los grandes propietarios, se cuentan a los medianos y pequeños, a los gerentes, directivos de empresas, etc.), son una minoría: 319.210 (o el 3% del total). Entre medio, se ubican fracciones de clase y otras capas sociales: representan un número intermedio entre unos y otros, aunque son menos que la clase trabajadora:

Es la segunda generadora de divisas, con exportaciones por casi 5.000 millones de dólares en 2010. Ocupa 140 mil empleos directos y 140 mil indirectos. En 1890 empresas (www.corma.cl), 1001 exportadoras (www.infor.cl). 44 Dentro de esta rama, los sectores más consolidados y dinámicos en la exportación son los vinos, las frutas y hortalizas procesadas, las carnes de aves, y las carnes de cerdos y ovina (www.seminariochilepotenciaalimentaria.cl). Con exportaciones por más de 10.000 millones de dólares. Ocupa el 12% de la fuerza de trabajo total del país. Con 700.000 puestos de trabajo en temporada baja y 900.000 en la alta. El sector frutícola declara ocupar 450 mil empleos directos (150 mil permanentes y 300 mil temporeros), y cuenta con 9057 productores, 423 compañías exportadoras, 385 cámaras de frío, 100 packings, 1000 packings satélites (huertos). Esto da una idea de los puntos estratégicos que observar a la hora de estudiar ramas específicas. 45 Por los puertos se comercializa el 85% del comercio exterior chileno (www.camport.cl). Se distribuye en 10 puerto públicos, 6 concesionados. 46 A la que se ha llamado “el segundo sueldo de Chile”. Tras la crisis del 2007, ha recuperado sus exportaciones con caso 3.000 millones de dólares en 2012, y el empleo con 50.000 trabajadores (30.000 directos).

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por ejemplo, su sector más numeroso son los Trabajadores por Cuenta Propia con 1.453.880 personas (o el 18,8% del total)47. • Mirando la composición interna de todos los asalariados ocupados, puede verse que predominan lo que clásicamente se llama “obreros” (que realizan trabajos manuales), por sobre las capas de trabajadores que realizan trabajo no manual, de oficina u otros. Trabajadores por grupo de ocupación Miembros del poder ejecutivo y 188.120 de los cuerpos legislativos y personal directivo de la administración pública y de empresas Profesionales científicos e 843.720 intelectuales Técnicos y profesionales de 801.400 nivel medio Empleados de oficina 725.930 Trabajadores de los servicios y 1.097.520 vendedores de comercios y mercados Agricultores y trabajadores 317.710 calificados agropecuarios y pesqueros Oficiales, operarios y artesanos 1.085.560 de artes mecánicas y de otros oficios Operadores de instalaciones y 706.480 máquinas y montadores Trabajadores no calificados 1.917.560 Otros no identificados 58.430 TOTAL 7.742.420 Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas- INE Así, puede verse que son mayoría las capas “obreras”: Oficiales, operarios y artesanos de artes mecánicas y de otros oficios, Operadores de instalaciones y
Para un análisis marxista de las clases sociales (ver una consideración general en la nota 12), los TCP pueden ser considerados como “trabajadores que se explotan a sí mismos”. “Dentro de la producción capitalista ciertas partes de los trabajos que producen mercancías se siguen ejecutando de una manera propia de los modos de producción precedentes, donde la relación entre el capital y el trabajo asalariado aún no existe de hecho, por lo cual de ninguna manera son aplicables las categorías de trabajo productivo e improductivo, características del punto de vista capitalista. En correspondencia con el modo de producción dominante, empero, las relaciones que aún no se han subsumido realmente en aquél, se le subsumen idealmente. El trabajador independiente, a modo de ejemplo, es su propio asalariado, sus propios medios de producción se le enfrentan en su imaginación como capital. En su condición de capitalista de sí mismo, se auto-emplea como asalariado” (Karl Marx. “El Capital. Capítulo VI inédito”. Siglo Veintiuno editores. México, 1990. p. 82). Así, son aliados inestables de la clase trabajadora.
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máquinas y montadores, Trabajadores no calificados, agrupando a 3.709.600 personas. Por el contrario, las capas de trabajadores no manuales son minoritarias –aunque significativas- en comparación: Profesionales científicos e intelectuales, Técnicos y profesionales de nivel medio, Empleados de oficina, agrupando a 2.371.050 personas48. • Según cómo se distribuyen los trabajadores por rama/sector de la economía, puede verse que donde se concentran más asalariados/trabajadores es en el comercio, la industria, la agricultura y la construcción. Distribución por rama económica: total ocupados Comercio al por mayor y al por 1.516.990 menor; reparación de vehículos automotores, motocicletas, efectos personales y enseres domésticos Industrias manufactureras Agricultura, ganadería, caza y silvicultura Construcción Transporte, almacenamiento y comunicaciones Enseñanza Hogares privados con servicio doméstico Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler Administración pública y defensa; planes de seguridad social de afiliación obligatoria
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867.320 781.010 650.090 553.470 571.060 490.040 469.850 441.770

Estas clasificaciones, permiten sólo una aproximación a la división de clases sociales. En general, la estadística y las ciencias sociales, clasifican según ingresos. En el marxismo, es según una serie de variables más complejas. El punto de partida es con relación a la propiedad, y la función social que cumplen: mira las relaciones sociales. Todas las clases son heterogéneas. Es el caso también de los asalariados no obreros, los aquí clasificados como “Profesionales científicos e intelectuales, Técnicos y profesionales de nivel medio, Empleados de oficina”. Algunos los ubican directamente como “clases medias”, a algunos dentro de ellos como “clases burocráticas”. Aquí preferimos considerar su heterogeneidad con los criterios señalados. Así, podemos encontrar diferenciación, segmentación interna. Sectores que sirven al funcionamiento del capital, como por ejemplo profesionales que son gerentes, o altos administradores del Estado para asegurar la buena marcha de los negocios generales de la burguesía. Otros sectores, por el contrario, también profesionales, conforman una fracción de la clase trabajadora por sus funciones, auxiliares en la producción de la plusvalía de la que se apropia la burguesía. Los primeros, agentes de la burguesía. Los segundos, una fracción de la clase trabajadora. Otros tantos, se hallan en una posición intermedia, como los “empleados” en las fábricas. Aunque refiriéndose a las determinaciones de “trabajo productivo” o “trabajo improductivo”, Marx señala cómo todo análisis debe ser concreto y más complejo, en el sentido que aquí señalamos. Un ejemplo: “Un maestro de escuela que enseña a otros no es un trabajador productivo. Pero un maestro de escuela que es contratado con otros para valorizar mediante su trabajo el dinero del empresario de la institución que trafica con el conocimiento, es un trabajador productivo” (Karl Marx. “El Capital. Capítulo VI inédito”. Siglo Veintiuno editores. México, 1990. p. 84).

Otras actividades de servicios 235.930 comunitarios, sociales y personales Servicios sociales y de salud 332.200 Hoteles y restaurantes 307.380 Explotación de minas y canteras 258.057 Intermediación financiera 151.750 Suministro de electricidad, gas y 54.740 agua Pesca 55.770 Organizaciones y órganos 2.630 extraterritoriales Total: 7.742.420 Fuente: Instituto Nacional de Estadísticas- INE • Por último, viendo la distribución de los trabajadores según el tamaño de las empresas, puede verse que si consideramos las empresas de 10 trabajadores para arriba (que es el número que se establece en los estudios internacionales comparados para poder formar sindicatos, u otras formas de organización de los trabajadores), suman 4.636.040 trabajadores. Y en las empresas con menos de 10 trabajadores suman 2.762.150 trabajadores. Tamaño Menos de 5 De 5 a a10 Entre 11 y 49 Entre 50 y 199 200 y más Total Fuente: INE En síntesis, puede verse que: - La clase trabajadora es la inmensa mayoría del país, y ubicada en los sectores estratégicos de la economía nacional. - Que sin embargo hay una proporción, menor pero significativa, de capas sociales intermedias. - Que dentro de la clase trabajadora/asalariada, tiene más peso su capa que puede llamarse clásica: el “obrero”, más que otros sectores, no manuales: Frecuencia 2.262.430 499.720 1.086.690 995.720 2.553.630 7.398.170

aunque también tienen un peso menor pero significativo (y han sido protagonistas de las luchas de la clase trabajadora, como los profesores, por ejemplo). - También puede verse que donde se concentran más trabajadores en Chile es en el comercio, la industria, la construcción y la agricultura. - La mayor cantidad de trabajadores se agrupan en empresas con más de 10 trabajadores, lo que permite impulsar políticas de construcción de organizaciones de los trabajadores (sindicatos, cuerpos de delegados, comités de empresas, etc.). 3. Las condiciones de vida de la clase trabajadora Durante el Gobierno de la derecha se redujo el desempleo al 6%. Se trata por sobre todo de trabajo precario. Repasemos algunos datos: *De los nuevos empleos creados en este gobierno, el 70% son externalizados (subcontratados y otras modalidades). * Los trabajadores subcontratados ganan hasta un 30% menos que los de planta. * El 76% de los trabajadores vive con menos de $350.000. Y el 50% con menos de $251.000. * De los trabajadores de planta, el 40% de los contratos en las empresas privadas dura menos de 1 año. * Con el sistema de pensiones privado, las AFP, las pensiones serán de $178.000, debido a las condiciones de un trabajo inestable y de bajos salarios. *Además, la desigualdad es insultante: los ingresos por mes de los empleadores aumentó de $1,7 millones mensuales a $2,4 millones desde noviembre del 2010 (un aumento de casi $700 mil), en contraposición los ingresos de los trabajadores pasaron de $234 mil a $266 mil (un aumento de sólo $32 mil). Son promedios: los máximos ejecutivos llegan a sueldos de hasta $ 30 millones por mes. * El Gobierno festeja que el salario real aumentó un 4,7% real en el 2012. Pero la “inflación de los pobres” es mayor: sólo el precio de los alimentos aumentó un 10%. * Más de 1 millón de trabajadores no tienen contrato. * El subempleo (aquel que es de 3,5 horas por día, y quiere trabajar más), llega a casi 700.000 trabajadores, * Para los funcionarios públicos, aunque el Estatuto Administrativo permite hasta un 20% de funcionarios a contrata, la cifra real llega al 60%. * En el 2012 aumentaron los accidentes laborales: 225.000, desde los 182.000 del 2011. La vida es mala: salarios de hambre, inseguridad laboral, humillaciones y abusos empresariales, enfermedades laborales, falta de tiempo libre. Agreguemos algunos elementos más: a) Un crecimiento económico con cierta distribución progresiva, que contribuyó a la estabilidad político-social reciente, está concluyendo La estabilidad político-social de los últimos 20 años, descansó en gran medida en el crecimiento económico con una cierta distribución progresiva. No fue el único factor,

otros más fueron indispensables: la “paz de los cementerios” del período dictatorial; los pactos CPC- CUT al final de ese período. Pero el factor del crecimiento económico con cierta distribución progresiva resultó determinante. Esta situación, tendencialmente, está concluyendo, y la participación de los salarios en el PBI tiene una tendencia decreciente. También hay que resaltar que la concentración del ingreso es regresiva: de toda la riqueza nacional, la mayor proporción la apropian las clases dominantes: siendo apenas el 3% de la población total, se quedan con más del 60% de toda la riqueza. Aunque esto no alienta por sí mismo y en forma inmediata la lucha de clases. Participación Salarios en PIB 1970-72: 48,5% a) 1973-75: 37,8% 1976-78: 38,7% 1979-81: 38,1% 1982-84: 39,1% 1985: 33% 1985-87: 33,8% 1988-90: 32,3% b) 1991-93: 35,4% 1994-95: 35,9% 1996-98: 38,9% 1999-2001: 40,9% 2002-2004: 39,5% Para el año 2012, esta proporción es aún menor: 35,8%49. b) La desigualdad salarial y la emergencia de la figura del trabajador pobre De todos modos, esto no oculta la desigualdad salarial: “El ABC1 reúne al 7%, los C2 y C3 en conjunto suman el 37% y los grupos D y E constituyen el 56% de la población total. Esta clasificación revela que la clase media ya no es homogénea sino que se divide entre un sector acomodado, C1, otro medio, C2, y un tercero de bajo o decadente nivel de vida. El C1 con ingresos mensuales de millones se asimila por su estilo de vida y su manera de pensar a la elite más rica. Los C2 perciben ingresos de entre 600.000 y 1 millón. Los C3 registran entradas entre 400.000 y 600.000. Los D se sitúan entre 200.000 y 300.000. Y los E obtienen alrededor de 160.000 y menos. Dentro de los C2 y C3 hay pequeños comerciantes e industriales, profesionales sin postgrados, profesores, vendedores o mandos medios de grandes o medianas empresas, técnicos y trabajadores especializados. En los niveles D y E se encuentran campesinos pobres, microempresarios, trabajadores por cuenta propia, obreros no
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calificados y eventuales.” (...) “El sector ABC1 parte con ingresos mínimos de unos 2 millones de pesos mensuales por persona y puede llegar a un centenar de millones. A pesar de no constituir más del 7% de la población su peso en el mercado es igual al 40% del poder de compra de todos los consumidores” (Cademartori). Puede verse que mientras en la minoría de los que conforman las capas dominantes se tienen sueldos de más de 2 millones de pesos para arriba, mientras que los sectores más bajos de la clase trabajadora tienen sueldos de apenas 175.000 pesos. Las encuestas CASEN vienen mostrando la emergencia de la figura del trabajador pobre: El 70% de los pobres que aparecen en la CASEN, son trabajadores. En síntesis: la participación de los trabajadores en la riqueza nacional disminuye. La brecha de ingresos se incrementa. Recibe salarios de hambre. Se despliega una dinámica de creciente precarización. 4. Los cambios en la morfología, en la composición, de la clase obrera, y sus efectos políticos Dentro de esta dinámica de creciente precarización, su forma más extendida es la de la subcontratación, que está aumentando en todo el mundo y Chile no es la excepción. La Dirección del Trabajo en su Séptima Encuesta Laboral, mostró que el trabajo tercerizado aumentó: “la subcontratación ha aumentado en términos relativos como forma recurrente de producción y de organización del trabajo”. Poco más de un tercio de las empresas del país utiliza la subcontratación (37,8%). Esta cifra supera la arrojada por la Encla 2008 (30,5%). Del total de empresas, 24,1% lo hacen el giro principal (en 2008 representaba el 31,6%). Y representaría el 30% de los trabajadores: “por cada diez trabajadores contratados directamente, hay tres subcontratados (según las empresas usen suministro o subcontratación, respectivamente)”. En este sentido es que puede verse que la clase trabajadora viene cambiando su morfología, su composición, su forma, con relación a las décadas anteriores al régimen dictatorial. Está determinado por el cambio en los pesos relativos de los sectores económicos, con la disminución relativa del sector industrial50. Adicionalmente, se la ha precarizado, flexibilizado, con los graves efectos que esto tiene; se la ha desarticulado: sus organizaciones sindicales, sociales y políticas están fragmentadas, débiles, casi inexistentes. La tasa de sindicalización llegó a su punto más bajo en 1999, y desde entonces fluctúa alrededor del 11%. La negociación colectiva, alcanza apenas al 13,9% de los trabajadores al 2011. a) Efectos en sus formas tradicionales de organización y acción, debilitándolos, al dificultar la capacidad de organizar a los trabajadores

Orlando Caputo y Graciela Galarce. “Piñera repite el Fraude Estadístico denunciado en 2007 por Felipe Larraín”. 2012-07-17. G80. http://www.generacion80.cl/noticias/columna_completa.php?varid=15712

50 También esto está distorsionado en las clasificaciones estadísticas. Muchas actividades antes clasificadas como “industriales”, hoy son clasificadas como de “servicios”, simplemente por tratarse de empresas subcontratistas que prestan servicios a las industrias mandantes. Pero el contenido de la actividad desarrollada no se ha transformado.

Entre el período anterior al régimen dictatorial y hoy día, ha disminuido la sindicalización, ha disminuido el número de huelgas, y ha disminuido la negociación colectiva. Los trabajadores sindicalizados, antes de la dictadura, se elevaban hasta casi un tercio de la fuerza de trabajo. Posteriormente, tras una importante recuperación a principios de los noventa, caería en forma dramática, a niveles similares a los de la dictadura. Similar es la historia de la negociación colectiva. b) Una legislación laboral de tiempos de la dictadura, aún bajo los gobiernos de la Concertación Estos resultados, nacen con el Plan Laboral en 1979 instaurado en dictadura, que consistía básicamente en cuatro puntos esenciales: • Colocar la negociación al nivel de la empresa, en vez de la rama • Negociar materias sólo relacionadas con el salario • Debilitar el sindicato al quitarle el monopolio de la negociación • Debilitar el derecho a huelga, al fijar un tope de tiempo, posibilitar la vuelta al trabajo con sólo un 10% de los trabajadores, etc. De conjunto, se buscaba la mayor subordinación del trabajo al capital. Aumentar la explotación. Posteriormente, se iniciaron reformas parciales por los tres gobiernos de la Concertación, revisemos sus principales puntos. Gobierno de Aylwin, 1990-1994: • Obligación del empleador de justificar los despidos, incluyendo el afamado recurso a la “necesidad de la empresa” • Mayores atribuciones a la Inspección del Trabajo • Que las huelgas no tuvieran un plazo de término, pero permitió el re-emplazo de trabajadores en huelga • Incorporó la negociación pluriempresa, pero de carácter voluntario Gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, 1994-2000. Recogía demandas de la CUT tales como fijar la negociación colectiva supraempresa; reincorporación de trabajadores, no multas, por despidos por prácticas anti-sindicales; además incluía ampliar los objetos de negociación colectiva, ampliar el fuero, no permitir el re-emplazo de trabajadores. Finalmente, no se llegue a legislar ante la negativa de la derecha. Gobierno de Lagos, 2000-2006: • Incorporó los convenios de la OIT • Encareció el costo de los re-emplazantes • Estableció el seguro de desempleo • Legisló la subcontratación, regulándola De conjunto, se puede observar que, aunque se alcanzaron mejoras parciales, no se modificó lo sustancial del Plan Laboral c) Cambios en la política sindical, y continuidad de su estrategia de colaboración de clases con la clase burguesa

En estos años, la política de las direcciones oficiales de la CUT, el PS y el PC, se fue modificando: pasó de una más defensiva a una más ofensiva. Veámosla en 3 hitos. Año 2000 2002 Espacio de acción Consejo de Diálogo Social Demanda por un Chile Justo Orientaciones “No más flexibilidad sin distribución” Expresa las reivindicaciones tradicionales junto al reclamo por DDHH Congreso Fortalecimiento del Refundacional de la sindicalismo, para CUT: Sindicalismo incidir en el desarrollo sociopolítico nacional

2003

Sin embargo, este paso a una orientación más ofensiva, se mantiene en el terreno del marco general de acción, abandonando las causas de las transformaciones producidas: nada se plantea sobre el proceso de producción mismo. El tradicional sindicalismo de clase, se desplazó al sindicalismo socio-político51. Se expresa entonces en la concentración del proceso de acción sindical en temas salariales, de condiciones de trabajo. Pero esta orientación de política sindical, contrasta con el agudo impacto en la estructura y composición de la clase trabajadora, que fue dando pie al trabajador precario. Esta política ha entrado en crisis, con la crisis contenida del régimen, y en especial de la Concertación. Se expresó en el nuevo ciclo de la lucha de clases iniciado el 2011 con las luchas del movimiento estudiantil, seguido el 2012 con la entrada combativa del pueblo trabajador en revueltas locales como Aysen y Freirina. Pero contó con antecedentes.

“El sindicalismo socio-político busca hacer posible un cambio en la conducta de las organizaciones y de sus afiliados en el sentido de que los problemas no se resuelven sólo con la acción en el lugar de trabajo, porque hay otros temas que sobrepasan el ámbito de la empresa e incluso del sindicato”. (Martínez, A. (2005). Estrategia sindical en un Chile internacionalizado. En: Ensignia, J. (2005). Mitos y realidades del mercado laboral en Chile. Santiago- Chile. Fundación Friedrich Ebert. p. 207).

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